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                  <text>egistrado como articulo de segun~a clase er 3 de Novle~!i•e de 1894.-

Impreso en papel de las Fábricas de San Flafael,

México, Julio 13 de 1913.

Número 2.

México Artfstico y Monumental

. . FONDO
'RICARDO GOVA R

UNO DE LOS SIETE RETABLOS QUE CUBREN LAS PAREDES DE LA CAPILLA OCTAGONAL
DEL SAGRARIO DE LA CATEDRAL DE PUEB!.A.

Fot. Kahlo

��DIRECTORIO
EL MUNDO ILUSTRADO
5BldANARIO DE ACTUALIDADES, ARTE Y LITERATURA.

DIRECTOR PROPIETARIO
LIC.

ERNESTO CHAVERO.

OFICINAS:

3' Calle de la Rinconada de San Diego No. 41.
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Para la publicación de avisos en este periódico, dirigirse a B . &amp; G. Goetschel, Avenida 16 de Septiembre,
16. Sus agentes en Europa, la Societé Mutuelle de Pu·
blicité, 14 rue de Rougement, (9 e).

·te agrade el entretenimiento que te prop~ngo. Observo
no sé que sello de aristocracia en tu cara de pilluelo y
podría ser que vieras con repugnancia el grabado que
representa a Santerre a la cabeza del buen pueblo que
va a demoler a la Bastilla o que lloraras viendo clava·
da en la puota de una pica la adorable cabeza de la
Lamballe. Eres exquisita y delicada. Cuando menoslle·
vas en las venas gotas de sangre azul. L 'ancient regi·
men se traiciona en tu manera de mirar, tus ojos de al·
mendra lucen ccn un fulgor discreto teñido de una sua•
ve ironía. Son ojos que todo lo adivinan y todo lo per·
donan. Y ese fulgor es hermano de la sonrisa un tanto
maliciosa y no ayuoa de misericordia que no se caosa
de eocender la flor de tu boca. Si hubieras vivido en
aquellos tiempos de persecución y de muerte, de seguro
que no te perdona cualquier representante del pueblo
de corazón puro. La Revolución se erizaba contra todos los privilegios y tú posees el privilegio de la hermosura. Corrías cuando menos el peligro de haber representado a la diosa Razón en alguna fiesta republicana o
de que se extenuara en tus brazos la ursina crueldad
de algún insigne "sa~s-cullotte." Y en los dos extremos
hubieras sido una víctima del ciego destino. Bien es
verdad que en ambos ev~ntos hubieras contribuído al
triunfo de las nuevas ideas y a que ¡,. libertad, la igualdad y 13. fraternidad se exte ndieran sobre la tierra, re·
hti vamente.
Por fortuoa, feliz Jeanette, eres contemporánea de
Mr. Poincaré y sólo te ha tocado en suerte cosechar los
b ~aeficios de aquella siembra fecundada con tanta san·
gre. Pero convendrás conmigo que la Revolución fué
;mpotente para acabar con el privilegio de la bermosu·
ra Dígalo la bella Teresa Cabarrus que llevaba, como
un león. encadenado a sus plantas, al procóosul Tallien.
Nuestra Señora del Thermidor triunfaba por su berma·
sura como uoa reina en los jardines de Burdeos y en
las fiestas romaoas del Directorio. Dígalo también la
viuda del General Beauchernais, que ya en el declive de
su juventud, logró envolver en sus brazos blandos, como
las lianas de su país, al joven Bonaparte, cuya estrella
comenzaba a levantarse como un sol, en un infinito cielo de victoria Si la hermosura fuera vencida, quiere
decir que desaparecerían de la tierra el amor y el dolor y las ansias impotentes de los hombres que ni crean•
do ni destruyendo encuentran la felicidad.
o o o

NO SE DEVUELVEN ORIGINALES.

El 14 de J ulio
Jeanette, Claudine, Suzon, cualquiera que sea tu
nombre. que todos esto, son bellos y fueron cantados
por Roosard y el viejo Villon; tú que llevas el oro pá·
!ido del cbampagne en los cabellos anudados sobre l.:
cuca y en los OJOS color de almendra la embriaguez de
las uvas que melifica la tierra de la dulce. Francia; tú
que tienes en los labios finos la seda con que tejieron
los maravillosos gusanos de Sbakespeare el pañuelo
embrujado de Desdémona, y en la que se pinta la son•
risa con los más exquisitos piuceles de la tentación y de
la voluptuosidad; tú, mi buena Jeanette, que tienes na·
ricillas de griseta y elegancias de gran señora, con frivolidades y fragilidades tan delicadas que hacen pen·
sar en las orfebrerías y el bric·a·brac, en las deliciosas
figulinas del miniaturista Bauvitle y en los bombones
azucarados del bonachón de Catulle Mrndés; no estes
triste, alegre Jeanette, que mañana es catorce de Julio
y aunQue estás lejos de París y n-o puedes divertirte a
la sombra de tu bosque de Bolonia, ni en el campo de
Marte, consagrado por el heroísmo de tus mayores, en
donde quiera que te halles, eocontrarás corazones amigos y buena compañía para conmemorar esa gloriosa
fecha que brilla con esplendores siempre nuevos en el
calendario de tu país.
Mira, aquí tengo un libro de estampas que reprodu•
cen algunas figuras históricas de la época. ¿Ya tienes
listo el traje de seda mordorada con el cual me pare·
ces una orquídea gigantesca llena de atrayentes malefi·
cios? ¿te trajeron ya aquellas botinas que vimos en la
.avenida de San Francisco y que se ajustan como un
guante a las Hneas nerviosas de tu parvo piesecito de
Cendrillon? 1 está allí d sombrero en cuya falda se esponja la pompa de un aigrette, como el orgulloso penacho de un pájarc de nuestra selva? 1no te falta, en fin ,
ningún encaje. ningún listón, ningún adorno, que serán
mañan'&lt; otros tantos sortilegios para los imbéciles que.
quisieran apresarte con los lazos de sus serpentinas,
cuan'lo pases triunfadora por la fiesta de la kermesse?
Bien. Vamos entonces a hojear estas páginas interesan·
tes llenas de figuras, Vosotras, las mujeres, sois como
los niños y como los poetas. Os encantan las imágenes.
Sólo que estos últimos aman las figuras ...... de retórica. Pero no te acerques mucho, mi dulce Jeanette. Tu
cabellera huele a ,;ampo empapado en lluvia juliana;
suelta perfumes de rosal y de madreselva y toda tú tienes aspecto de égloga. ¿ No sabes que en la bella esta•
dón los poetas más citadinos sienten inclinaciones a la
bucólica? no te acerques mucho, inge oua Jeanette.
Porque dan ganas de hundir las manos en tu ca bellera
perfumada, como en maoojos de heno recien cortado.
Mas ahora que caigo en la cueota, me temo que no

Lo que no impide que glorifiquemos a Francia por
su Catorce de Julio que es un esplendoroso jalón en la
historia de la humanidad, más acá del cual como que
se amplificao las sendas seguidas por las modernas na·
cionalidades; sabido es que una chispa de ese colosal
incendio, tocando la frente predestinada de un oscuro
fraile de aldea, nos hizo libres de un yugo secular.
La conmemoración del 14 de J ulio es para los mexi·
c;.nos el pórtico gigantesco en una de cuyas planchas de
bronce está esculpida la fecha brillante del 16 de Sep·
tiembre.
Y por esto, dulce J eanette, te decía poco ha que te
encontrabas entre corazones amigos y buena compañía.
El árbol de la libertad cuyos raigones se clavan tan pro•
fundamente en tu tierra de Francia, extiende sus ramajes bajo los cielos de estos lejanos países y a su sombra compartimos el júbilo del glor ioso aniversario. De·
ja que duerman en el libro las figuras hi~tóricas de los
que lucharoo y murieron por dar a los hombres una
vida más amplia y más boodadosa. Y mientras te atavías para las próxim'ls fiestas y sueñas con los triunfos
que te esperan en el ruido de la kermesse y del baile,
alcemos esta copa donde chispea el vino de tu país, por
las glorias de la bella Francia, la Francia de Rabelais
y de Racine, de Hugo y de Zolá, del divino Verlaine y
del maravilloso Anatole F rance, ese impecable benedictino, padre y señor de la ironía sutil.

AMOR NO COMPRENDIDO
Especial para &lt;E l.. MUNDO ILUSTRADO&gt;
I.

Adela y Lu;s, así se llamaban. ¿Cómo eran?
Ella: un ramillete de encantos; las rosas y los lirios
congregároose a formar su cuerpo de suaves contoroos,
en sus ojos aprisionáronse dos estrellas y los labios fue·
ron hechos por las fresas y claveles, unos cabellos sedosos encuadraban su rostro encantador; isu alma! hubiera sido más bella, pero desgradadamente mal cultivada, dejaba mucho que desear; un poco frívola, alegre,
coquetuela.
¿ Y El ?- ni rubio, ni moreoo; físicamente hablando
una persona "comment il y a beaucoup," pero sí con un
temperameoto de artista, y una alma soñadora, carácter
propenso a melancolías; tales eran Luis y Adela.
Cuando se conocieroo ella contaba 18 ¡;rimaveras y
él no le aveotajaba más que en cuatro. ¡Edad pródiga
en ideales! Una casualidad, una presentación de salón
los coodujo el uoo hacia el otro, la primera impresión
no produjo nada; ¡ah sí! la simpatía mútua, pero des-

pués vino el trato íotimo, las visitas se menurlearon y
ya fué cosa distinta; en las conversaciones los asuntos
triviales pasaron a ocupar la segunda fila, dándoles el
primer puesto a los amorosos. Por aquel entonces tenía
ella un novio, podría asegurarse que no le quería y es·
to no es raro. Una vez en que se habló de él, Luis sintió que aquella convensación Je hacía mal:-Tratare·
mos de otra cosa-dijo-y Adela calló.
Es que empezaba, aunque imperceptible, la llama
del amor; así como allá en el firmamento al de~puntar
la aurora se dibuja una vaga línea, tinte rosa, para
después convertirse en un disco de fuego cuando se
remonta el astro Rey, así Luis sintió en su alma una
vaga claridad precursora de los grandes incendios, una
leve inquietud que siempre precede de los internos
combates.
Todo avanza, esta ley gravitaba sobre Luis; desde un
principio encontró que Adela era bella, pero día a día
más le fascinaba esa belleza. iQué miradas tan adormecedoras! ¡Qué suavidad de manos! aquellas manecitas que tanto gustaba oprimir. iQué impulso secreto Je
retenía a su lado!
·
Delicadamente, como quien hace un bosquejo. iosinuando apeoas su cariño, más que coofesión de amante, galana flor de cab..llero, sintiendo a la vez el no poder expresarse le trazaba estas líneas:
&lt;Quisiera escribirte un rítm!co, alado poema, un verso muy bello de dulces cadencias, saberte cantar, decir• ·
te un ant.elo, decirte un pensar; si, bien que quisiera
hacerlo "mi vida" más no puedo, no soy ni poeta ni
bardo, no tengo ni lira, no tengo laud; no se de las ~ves
sus trinos, nose de las flores cantar sus aromas; las musas tan bueoas pródigas, dadoras de gracias con otros
d_ichosos mortales, a mí º? ~e quier~n, sus dones preciados no me conceden; m•s hneas, mis frases son toscas
carecen de ritmos, sin gracia, s.in nada que de ellos re~
clame atencióo, no merecen tus bellas miradas ui tampoco que suene en tu oído mi mustia canción&gt;
&lt;Tú acostumbrada a oír de galanes-ensoñados donceles- la frase dorada, el canto de ~mor de un modo
elegante expr esado, mi prosa resulta un ronco cencerro que ni) se compara, al r uido muy leve y sonoro de
alguna campana de rico metal&gt;.
~
&lt;Por eso un poema, un verso, un anhelo no te lo escribo: tan_sólo te digo,, muy quedo, que nadie lo sepa,
tan solo tu y yo, que tu eres poema, que tú eres anhelo
que tú eres en fin ...... un cielo de dicha y amor.&gt;
'
LUIS.
I I.
Adela se sintió lisonjeada, agradeció la pequeña composición con uoa encantadora sonrisa y una mirada cari?osa y en recompensa permitió qu~ el autor imprimiera un beso en su blanca mano. Luis fué dichoso su
nat~ral soñador !1º necesitaba nada para vagar por' es·
pac1os azules, as1 es que con aquella demostración de
cari~o. t~mada_por él en otro sentido, engañado por las
apariencias, sonó mucho; adelantaodo el porvenir en•
trevió la casita blanca descrita por el poeta. ¡Qué suave se deslizaría allí la existencia! Seré todo para ella
- decía- juntos compartiremos la carga de la vida. ¿Y
si fuere grande? i con cuánto gusto depositaría a sus
pies, mis laureles y mis triunfos !
Pero el amor,ya se ha dicho, es mal y bien,,;,s amigo
que consuela y tirano que martiriza, lleva a la cumbre
de la felicidad y luego abate basta los más profundos
abismos del deseogaño; y así era en Luis, tras las hor as dichosas se sucedían las horas negras, las dudas
amargas, los celos implacables; amaba tanto, q ue no po·
día consentir que mirasen a su Adela, que Ja tocasen. y
luego ella, ¡tenía tantos amigos! jera tan cariñosa
con ellos!
Una ocasión salieron de paseo, fué el lugar designado un jardín; la naturaleza propicia a los amantes estaba bella, entre el caprichoso encaje formado por la
verde enramada distinguíase un cielo rojo; y el crepúsculo en sus destellos murientes envolvía a la pareja
en un lampo de luz haciéndolos aparecer cual seres
eterizados, las flores difundían sus perfumes, la brisa
acariciaba.
U na guinda flor mecíase muellemeote en su tallo
Adela la vió, formular el deseo de db•enerla y sentir ¡~
car icia de sus pétalos fué cosa del momento.
-Mira qué hermosa es-d1jo, -cuando la tuvo en sus
manos-aspira su perfume-y llevóla hasta el rostro de
Luis-éste, confundiendo la suavidad de la rosa con la
de la maoo que_ se_ le pre_sentaba, besó ambas y des·
pués .......... smttó el aheoto de Adela, siotió como se
r!lc~inaba ~quella cabecita _blonda sobre el hombro, y
smttó también como le atra1a aquel cuello tibio y perfumado, posó sobre é l sus sedientos labios y .. . ...... .
oyóse algo muy imperceptible; así como el aleteo de
una mariposa, que se va a perder entre el zuzurro de
las hojas; la luna sintiendo envidia, lanza un rayo de
argentada luz que va a besar la frente de Adela.
Esa noche, Luis, más enamorado que nunca, escri·
bia:
¿Por qaé será ...... ?
&lt;Dime. 1 Por qué siento tristeza tan infinita cuaodo
te dejo, por qué te busco, por qué te anhelo? /Por
qué eo tus ojos me ansío mirar? /Por qué tus labiosclaveles rojos-por qué tus macos-lirios divioos-quiero,besar? ¿Porqué los celos negros y fieros a mí
se vienen, teniendo envidia de todo aquello que te rodea, sintiendo letal tristeza, fatal peosar, cuando imagino que el c ruel destino de mí te aleje y ya nunca tus

va el buea deseo del autor del frac as:&gt; g ~a eral en que
yacen sobre sus páginas los sofism1s, los errores y las
falsas concepciones del hombre y el mundo.
La crítica, q11e debiera du hecb~ esta selección, es
uaa c:&gt;quetuela que apenas mira má; allá del bello ges·
to y su espíritu banal gusta más de consolar con sonri· ·
sas q11e de crear espíritus fuertes con observaciones y
consejos.
La lectura puede ser un3. medicina eficacísima con·
tra las dolencias del espíritu si en su elección se medita y se acierta, pero en cambio puede ser uno de esos
venenos agradables, como la morfina y el opio, cuando
se procede con ligereza o no están en relación las fa.
cultades comprensiva y asimilativa con las materias que
se tratan en el libro al que se pide coa;uelo, rec reo,
g uía o educación.
Recué~dense a este propósito los efe:to, desdichados
de las lecturas caballerescas sobre el cerebro enfermo
de don Q 11ijote, y si desde la altura de este hermosa
símbolo, desceodemos a la realidai y nos tomamos lo
molestia de observar en !;. esfera de nuestras relacio·
nes los efectos de las lecturas desatinadas, encontrare·
mos:
Señor~s enamoradas de alg unos vocablos más o menos
raros, de las que en la c ooversación familiar llamamos

lt.

1

\

Traje de calle.

Traje de mañana.

pequeñas "moscas" de un matiz más obscuro, colocadas
en los plieg ues de las draperías, en el cuello, vueltas, y
puño; del jaquel. es uaa muestra indiscutible de cuán
bonito es el citado adorno, que acaba de aparecer como
una de las novedades más originales de las modas de la
presente estación.
MARGARITA

LA~ Llt&lt;Cífl.U!R?.A~
Si resulta importante ante todo el organizar la inver·
-sión de la actividad con arreglo al medio ambiente en
que se desarrolla la vida y con arreglo a las coodicio·
nes person:i.les del individuo, no menos importaote es
el estudio de la forma en que debemos invertir nuesiros ocios, para que, sin robar al espíritu el reposo que
busca en ellos, sean útiles desde algún punto de vista.
Una mujer que ::io esté dedicada por completo a tareas cerebrales, encontrará en la lectura, no sólo los
-dos efectos anotados, sino todo cuanto le haga falta pa·
-ra orientar su ioteligencia, para mitigar, avivar o sofocar sus pasiones, o para completar uoa educación que
las falsas leyes sociales o la carencia de medios econó·
micos dejaroo iocompleta.
Pero es preciso pooer mucho tino en la elección de
1as lecturas que convieneo a una mujer; hoy se publican muchos libros, todos apreciables por el hecho de
ser tales libros, pero en muchos de ellos apenas se sal·

Traje de baile.

" redichas", que ensartan desatino sobre desatino, y ex·
citan una risa que la disc reción oblig:i. a sofocar con
grave tortura del paciente.
No se va de mi memoria una de estas señoras r edichas a quien le enseñaban un magnífico jardín, contiguo a un botelito, cuya dueña le hacía los honores .
-e Le gusta?-preg uotó ésta amablemente.
- Sí-contestó la sabia,- pero aquí en el centro estaría muy bien una "claraboya."
Ante un dis¡&gt;arate de esta medida, ni la piedad ni las
conveniencias sociales pueden imponer quietud a uoa
carcajada francamente burlona, sanción peoal justa pa·
ra un delito que no merece tolerancia; pero si aquí es
bastaote sanción la carcajada, en cambio ya merece un
castigo mayor la pedantería de un caballero de los incluídos en el primer grupo deseres perjudicados por
las lecturas.
Contábale una señora que se le había roto un "bibe·
lot" en el mismo día en que lo había comprado. El ca•
ballero ahuecó e l pecho de la camisa, estiróse los puños, e nderezó las g uías desu bigote, pasóse la mano por
la frente, tosió y dijo con la misma entooación que se
puede suponer a l que da cuenta de haber descubierto
el "radium."
-Para ser objeto decorativo, o sea de mero ornato,
su existencia fué efímera y su muerte asaz' prematura.

�!

. j
•

1

1f®llilffiloo ®llil ~n

..
~IIUIIIAS
ve el gusto de contestarle por correo su carta; espero
que habrá recibido mi respuesta.
OBSEQUIO.-Triste felicidad: He recibido oportunamente todas sus cartas, a las cuales ya contesté por
correo; ¿aún no llegan a su poder mis respuestas ?
En cuanto a la pregunta que atentamente me hizo,
sobre si podía ofrecerle a su novio algún obsequio en
el día de su santo, a pesar de .l a oposición que hay en
la familia de ust~d para aceptar erns relaciones, crrn
que no hay el menor inconveniente en hacerlo,
pues cuando dicha oposición no se funda en ra zones de importancia, sino
solamente en peca simpatía para un pr~tendiente,
no debe atenderse ni to·
marse en cuenta, porque
la felicidad de una persona no puede sujetarse al
capricho de los demás.
.No se llame desventu•
rada; el amor grande, fiel
y sin.:ero, es un tesoro de
tal cuantía, que no deja
lugar a ninguna miseria,
por eso no debe llamar
" triste" a su felicidad pre·
seote, pues esto sería una
contradicción de sentimientos que no cabe den·
tro de un cora:zón que ama
y es amadc.
Luche con energía, cal·
ma y constancia; el más
fuerte de voluntad es
siempre el vencedor; si
existe en el mundo algu·
na facultad casi omnipotente. ~s sin duda la fir·
meza de ci.rácter. Si us·
ted y su novio luchan de
tal manera, el éxito más
completo coronará sus es·
fuerzas, y verán cumplidos sus hermosos sueños
de amor.
VARIAS RECETAS.Inocencia: Si desea mejo·
rar su cutis de un modo
eficaz, le recomiendo que
consulte con un médico
para afecdones de la tez.
Yo tendré el gusto de indicule cuál es ese doctor,
si se atiene a mis indicaciones. Pero en el caso de
que no quiera sujetarse a
un tratamiento especial,
haga uso de las siguientes
fórmulas, y acaso cense·
guirá lo que pretende. Para curar los barros es muy
eficaz el agua de végeto
mezclada al agua con que
lava el rostro diariamente. En seguida debe
ponerse «Suavisina,&gt; que
es muy útil a ese respecto.
Se venden en la drogue•
ría de Grisi en esta capi·

s.,

tal.

AMISTAD MISTERIOSA.-OFEL1A: Muy bien re·
cuerdo su asunto, querida amiga; es usted aq uella jo·
ven que sufría crueles tormentos por el amor ta,:; pro·
fundo que su maestro de idiomas supo inspirarle. Aquel
maestro de nacionalidad italiana y de antecedeutes ra·
ros, obscuros y novelescos, llegó a dcmioar de tal mane-

advertencias. En efecto; recuerdo que le aconsejé unie·
ra su destino al de ese caballero misteriorn, pues usted
no podía resolverse a. despedirlo de su casa, y siendo
cerno era, sumamente joven, rnla, rica y débil de voluntad, su fama estaba 1nuy comprometida con aquellas vi·
sitas de un hombre extranjero, de arrogante fig ura, y
cuya sospecho~a conducta ¡:odía dar a la murmuración un amplio campo donde desarrollarse: perositm·
pre creí 'que s{mejante enlace no había de ofrecer a
usted la dicha que soñaba
mucho más teniendo la
desgracia de ser tan celo·
sa.
Sin embargo; su situa·
ción actual no me parece
tal cual pudo haber sido;
su esposo la quiere mucho, le guarda toda clase
de atenciones; no tiene
mala conducta, ni se han
desmentido las noticias re·
ferentes a la primera es·
posa; las deudas de honor
se han liquidado; sóloator·
menta a usted el carácter
impresionable de su ma·
rido, en cuestión de sim•
palías femenrnas; gusta delI!asiado del trato con mujeres hermosas; asiste con
frecuencia a los teatros
en donde figuran actrices
bellas; hasta las sirvientas
de la casa, exige que sean
de aspecto agradable ....
¿ Esto la hace sufrir atrozmente, mi buena amiga?
Pues ye, le aseguro que,
dados los antecedentes de
su matrimonio. es poco lo
que lamenta; acaso "Pao·
Jo" es un enamorado de
!a belleza, y por eso nece·
sita saciar su vista con es·
pectáculos hermosos. Usted es linda; procure ata·
viarse artísticameote; resígnese con esa afición de
su m~fido, y no se indigne porque la mayoría de
las mujeres lo ven ·con
agrado por su notable belleza varonil; ¿ac~w usted
misma no sintió c.;on vehemencia ese atractivo?
La mejor filosofía que
existe en el muodo, es la
de "adaptarse al medio o
perecer." Vea los acontecimientos a través de esta
máxima, y será dichosa.

.
j,,
~

~

fp$

'.\'

~

bellas gracias pueda admirar ? ¿Por qué en su~pirrs se torna el alma y a ti
se va ? Dime. ¿Por qué es todo esto? ¿Por qué será?&gt;
I I I

Entretanto ¿qué hacía Adela ?
¿Correspondía al cariño de Luis? cierto que no, a rn oido resonaren muc .. as veces palabras de amor. ¡Cuánto te quiero! le habían dicho uno por
uno de sus innúmeros adoradores. ¡Cuantas p1cmesas de~graoadas a su paso! ¡y ella! adormecida por el suave murmurar de esas frases cristalinas,
se dejaba arrastrar por su impulrn, se dejaba querer por todos, asi ccmo
la flor que perfu ma y que r:o muestra resistencia a que acaricien sus péta·
los, no había delinquido, pero jugaba al borde de un abi!mo; r:o era suya
toda la culpa puesto que no Je habían enseñado a reprimir sus inclinaciones, y así er::&lt; con Luis y con sus demás amigos. El empezaba a vislumbrar algo, él que tenía: hacia Adela un cariño intenso y puro, que la había
soñado más blanca que los lirios, sentía ic quietudes amargas, no podia
ver con buenos ojos aquel carácter; aquella ligereza le alarmaba, le bada
pensar en negros porvenires. ¿Qué iba a ser de aquella niña tan delicada
si así seguía? No-decía estremeciéodose-jmejor muerta! Reprochábase
él mismo de haber un día, ( n un acto de pasión, permitídose besar a que)
cuello de cisne, y luego continuaba:-Yo la amaré mucho, le mostraré la
pureza de mi car iño, le haré ver lo que no es bueno, y si ella me quiere todo quedará arreglado. ¡Es una flor tan bella que no puedo ni debo permitir
que se agoste!-Así ilusionado con estos dulces pensamientos, soñando en
una redención, se encaminó hacia su mesa de trabajo y escribió hasta muy
entrada la noche, después dió lectura a lo escrito en voz baja ....
CONSEJOS
«Bella niña de ojos negros soñadores, que revelan al mirarlo~. alma ingenua, pura y blanca, rosa reina, lirio níveo y azucena, palomita que comienzas a volar, sube alto a regiones luminosas, ¡no desciendas a pantanos!
¡oo tus alas sedatinas, primorosas, se te vayan a manchar!&gt;
«Tú no sabes de la vida los amargos sinsabores; tu pensar feb ril y ardiente se divaga, corre y vuela por jardines no soñados y en su~piros prolongados, tu alma anhela sed de amores, mas escucha, bella niña, tras la flor hay
una espina y el dolor sigue al placer: imaripos:,. cr istalina! ino te acerques
a la llama, puede arder .... ¡y si quemas tus alitas, jcnántas penas! ¡cuántas cuitas te podrán acontecer!&gt;
«Yo quisiera describirte las torturas y desvelos de las almas que han perdido su pureza, las nostálgicas tristezas de las rosas agostadas en capullo, y la muerte de los lirios que, manchados por insectos asquerosos, no
han podido ver desvanecerse la blancura de sus pé_talos hermosos&gt;.
«Mas a qué contarte esas negras desventuraS-ho1as secas arrancadas por
horrísono huracán-yo no quiero torturarte con visiones espectrantes de
locura, con historias Jugubrantes de tristeza sin igual ; yo tan ~ólo anhelo
y ambiciono para tí, que tu frente blanca y pura la c".nserves siempre asf;
que ta vida se deslice entre flores y perfum!ls, entre dichas y placeres; de
placeres inocentes que no quiten paz al alma, que no roben dulce calma,
que así vivas .... siempre así. ... &gt;
.
.
.
.
Terminada su lectura hizo un gesto de disgusto, hubiera quendo decir
algo más, pero le faltaron fras'ls: ?º obstante, _confo~móse con lo hecho y
así Jo envió, ¡que fuera comprendida, no el eshlo, la idea!

LIBROS EMOCIONANTES - AuGusTo: Lea usted "Salambbó," de Gustavo Flaubert, "La Hija
del Rey de Egip,o" y
"Amor triunfante" de Jorge Ebers,el notable recoos•
tructor histórico del anti·
guo Egipto. Estas obras
reunen a su admirable be·
lleza artística una potente
facultad de emocionar,
aun a lo~ caracteres más
tranquilos y poco propensos a impresionarse con la
lectura. - MAR GARlT A.

Los puntos negros de la
nariz, sólo se extirpan por
medio de la presión, aunHermoso grupo de peinados y adornos de cabeza propios para teatro o soirée.
que este procedimiento es
bastante doloroso, pero
o o o
ra el corazón de su discípula, que ésta, no pudiendo
también suelen quitarse con aplicaciones de éter su!•
vivir sin "su dueño," resolvió sacrificar parte de su for"
fúrico.
Las autoridades médicas dicen que, de todos los aliLas manchitas que dejan los barros al desaparecer, tuna para pagar las deudas dt&gt; juego que él tenía en su
mentoc el más nutritivo es la manteca y el que Je sitambién se van desvaneciendo con el uso de la «Sua- patria; rectificar las noticias de la muerte de la prime·
gue en valor alimenticio, el tocino.
visina,&gt; y si esta no produce buenos resultados, se pue- ra espma del citado señor, y casarse con él, aunque su
de usar alguna crema exquisita como «Floreine,&gt; &lt;Si· pasado fuese tan tenebroso y amenazador •. .. Ya ,·é uso o o
ted cuán buena es mi memoria; no he omitido un solo
rene&gt; o «Favorita.&gt;
detalle de su relato, ni tampcco he dado al olvido las
opiniones que me tomé la libertad de manifestarle, ya
Los ferrocarriles ingleses ga nan doscientos millon(s
RESPUESTA ,-REBECA DE LA GARZA LANno1s: Ya t ude pesos por año.
que usted tuvo la ,bondad de atenene a mis modestas

~~-cd!!IV'

-....

IV

•

•

Escenas y actitudes del juego de campeonato de Tennis efectuado el domingo últin.o
en terrenos del "Junior Club."

Al día siguiente Adela se encontraba leyendo " Los Consejos" de L uis,

�y un tanto parecían preocuparle, pues se mostraba
pen~ativa, ~uando 11'.'gó un amigo, el que muy en breve
le hizo olvidar a Lms y a sus consejos; juntos fueron a
pasear, y cuando el delicado amante fuéen busca de su
du?ña, se en;o1;1tró con que estaba ausente. ¿Y con
quién se babia ido? ya lo sabía. ¿No era con quien muchas veces la había visto ?
A_lgo muy lúg_ubre debió pasar por su frente, muy
tétrico y sombno, pues la expresión de su rostro no
significaba lo contrario.
('j: q~é, la imp_resión recibida ese día no sería capaz
de 10sp1rarle? Si: por eso en sus notas diarias escribía·
&lt;i M!s t_ristezasl aves negras, silenciosas que transita~
por m1 c1_elo, y en su vuelo, lentamente van· dejando
huella~ vivas de hon~o tedio, y en sus picos torvos lle·
van los pedazos de mi alma de mi alma de bohemio·
las triste~as que se adhiere~ y torturan, las tristeza~
que me siguen y persiguen por doquiera, son tristezas
de añoranzas de otros días, son nacidas al calor de los
en!ueños disfrazados, difumados por los crueles desea·
ganos; son recuerdos de ale,iría; son anhelos no alcanzados; son.secretos sofo_cados que se mueren por salir;
las nostalgias de unos o¡os, las no,talgias de unos labios
de unos labios de carmín.&gt;
'
&lt;Ya lo sabes, lo has oído de mi labio desmayado en3•
morado de otro labio de coral, donde en sed d'e fiel
amante, anhelante quise un beso desflorar&gt;.
&lt;i Ella_ m3ra 1 i E_lla vive en mi ardiente pensamiento,
no hay_ instante nt _momento de mi vida en que mi alma
adolorida no la de¡e de querer! ¡Y n o obstante, yo lo sé,
que otro amante vive en ella! y el p~nsarlo e imaginarlo son las causas de mi ardiente padecer.&gt;
_&lt;Ya gu': sabes, ~ue conoces mis amargos estrabismos,
mis letarg1cos mutismos y las causas de mi mal ¡díme
acaso! idíme lue¡¡-ol si hay co?suelo en esta vida que me
cure de esta henda ...... ¡Dime cual&gt;.
o o o
Pensó en mandárselas y después se dijo: /Para qué?
lsi no me comprende!

V
Hasta entonces no había declarado abiertamente su
amor, 1 p~r qué? le detenía la ligereza de Adela, temía
ser enganado; porque para él sería muy grato oir de
aquellos labios tan ambicionados un "Te amo" dicho
má~ 9ue con ellos con el corazón, pero si después se le
tra1c10,naba,_s! otro venía a ocupar el lugar que tan sólo
para s1 amb1c10naba. ¡Cuánta no sería su penal ¡Quién
llegara a profundizar la herida! ¡Quién a curarla! y si
esto le hacía callar, había algo superior que Je impulsaba a declarar su amor, a no permanecer con un secreto
que le torturaba, que le hacía pedazos el alma, por eso
resuelt? a ponerse a los pies de su Diosa, a decirle tod_o, a pi_ntarle con vivos coloridos lo sublime de su pa·
s1ón, a implorar el amor de Adela; sus mirada~. sus besc:is, sus c;,.ricias; pero todas para él y por siempre en la
vida, se fué en busca de su amada ¡Pobre Luis! ¡No sabía lo que se le esperaba, crEaía encontrar la dicha y tan
sólo encontr_aría_, por decirlo así, el golpe de gracia que
matara sus ilusione~.
. Luego qu~ h~bo llegado a la casa, presuroso se diri·
g1ó a la hab1tac1Jn de Adela y ...... tuvo que asirse al
respaldo de una silla para no caer, extraña confusión
d_e pens~mientos vinieron en tropel a ocupar su e,pí·
ntu: al_h, por la entornada puerta 11ió cómo aquel mismo amigo que en días anteriores fuera a pasear con
Ad~la, aquél a quien tenía íntimos rencores, ahora sosten1éadola entre sus brazos, sus labios sobre los de ella,
la besaba .... hubiera querido matarle pero, /para qué ?
No era una alevosía, era un consentimiento; ahora si ya
no eran sospechas, realidades son las que se presentan
a su vista Alejóse de aquella casa para no volver.
Dos día~ ?espués recibía Adela una carta, le particiPª?ª su v1a¡e efectuado la víspera y le dedicaba la si·
gu1ente:
DESPEDIDA.
&lt;Coa mis negros pensamientos, con mis penas, mis

tristezas, abrumado y fatigado ya de tanto caminar, a
las puertas de tu alma con el ansia del viajero que sus•
pira por la calma, por la dicha y por la paz que le brinde dulce hogar, yo llegué y en fa,::,tástica ilusión de poe•
ta y quimerista, de trovero y soñadcr, dulce anhelo me
formé&gt;.
&lt;Hacía mucho tiempo que mi templo se encontraba
sin su Diosa, sus altares desolados y rns luces sin arder·
en sus naves espaciosas se escuchaban los graznidos d~
las aves nocturnales; y las yedras y zarzales empezaban
a nacer. Y pensé colocarte en mi santuario, incensarte
con mi amor, dedicarte mi esperanza, consagrar a tí
mi fe&gt;.
&lt;Una tarde que recuerdo con tristeza; una atmósfera
callada; tu belleza deslumbrante; yo anhelante mi mirada en tu mirada refundir. Una mano que alevosa se
posaba; una mano cual reptil, tus encantos soberanos
profanaba; Y" mis celos, mis enojos sin decir.&gt;
&lt;Las pasiones en mi pecho se debaten; oigo gritos ca•
vernosos, y combaten con denuedo negras furias· son
venganHs impulsadas p.:&gt;r mi amor. Un instante ~ada
más; pasa rauda la fatídica visión y al espíritu la calma se retorna : sin embargo queda algo: es dolor&gt;.
&lt;Y lo siento muy profundo, muy amargo, pues no puedo confor~arme que una mano te profane, te deshoje.
iQue te qmeran y te amen! iEn buena hora!Mas no así.
Con el alma hecha pedazos yo_ prescindo de quererte;
pues comprendo no poderte, nt poderme hacer feliz&gt;.
&lt;Y esa tarde que recuerdo con tristeza y esa tarde en
que pensaba mis amores, mis anhelos revelarte: esa tarde se murieron mis ideales, se esfumaron mis ensueños
de zafir, hice empeño en olvidarte, tuve anhelos de mo·
rir&gt;.

q~~- ¡;;bí~· ~¡d¿

. ·É~~~~~~~-f~é ~-~;~d~ -~~~Í;r~·n·d16°
amada, pero ya dema~iado tarde, cuando el amante estaba muy lejos, con sus ilusiones muertas.

-~¡¡;

ANGELINA DOMO DI GORCE.

México Desconocido

o

b

"
Templo de San Francisco Acatepec, Cholula.

Altar mayor del templo de San Francisco Acatepec, Cholula,

•

�Galería Artística

..

o

,.

Especial para &lt;El Mundo Ilustrado&gt;.
No recuerdo quien dijo que hay historias que parecen
cuento,, y cuentos que parecen historias; ec ño, no me
meteré en tao semej•ote hondura para avtriguar quién
fué el autor del retruécano en cuestión, pues por hoy
bástame sin duda agarrarme de la mencionada figura
de retórica, para traer a colación cierta historietilla
que se relata con mucha gracia por la gente. de mi
pueblo.
Debo :tdvertir al lector que cuasi cuasi yo no soy el
autor del cuento que ya conocerán, pues lo úoico que
voy a hacer es a trascribir lo que mis ascendientes en
tercer grado me contaron antes de marcharse a la
"Ciudad de los muertos."
Casimiro, protagonista de este cuento, dicen las ma·
las lenguas que tuvo por madre a una comerciante en
legumbres; la pobre madre sufría la pena negra con su
hijo qued e diario le hacía a la humanidad dos o tres
maldades. Cansada señora Rutina de las fechorías de
su hijo, alcanzó la pénsula, como vulgarmente se dice,
de pasárselo al señor cura en calidad de hijo adoptivo.
La idea fué superior, y sin dejar para mañana !oque
hoy se puede hacer, cargó con el muchacho y muy de·
recho marchó a casa del ministro de Dios.
o o o
-Señor cura, señor cura.
-lQué nuevas me traes, Rufina?
-Pues .... ponga mucho ojo al parche, que ya sabrá
su mercé la bromita que vengo a encajarle.
-De seguro que no será el diluvio.
-iQué va a ser eso! lo mío no llega a anega.
-Bueno .... habla pronto y sepamos la broma que
me traes.
-Antes de entrar en· discurso quiero, a zan:adas de
gigante, manifestarle a su señorla el motivo que me trajo a esta su santa casa.
-Bueno, bueno; adelante.
- Este muchacho que usted ve, me lo dió Dios hace
la miseria de doce años para pagar no sé qué pecado,
porque desde que pudo andar y beber agua por su
cuenta, ha sido una de hacerles maldades a las gentes,
que la pura verdad .... yo ya no veo las horas de Dios.
-Y ahora, ¿qué quieres hacer con él?
-iiCómo qué!!, suplicarle a su mercé lo tome p0r
su cuenta, para que le meta en la cabeza todo lo que
usted sabe.
- Eso no es muy fácil.
-!Cómo no! Usted tiene escuela y algunos trabajitos
donde tenerle amarrado como buey dañero.
-Le voy a tomar como tú dices, no más porque veo
el deseo que tienes de que tu hijo se inicie en el camino del bieó; pero te advierto que yo haré de él lo que
mejor me parezca.
-Pe eso no hablemos, pues desde hoy se lo entrego
con todo y nalgas y usted sabrá cómo se las aviene con
este impertinente que para mí no es más que un casti·
go de Dios.
-Convenido, Rufina.
o o o
-Con que tú te carg'&lt;s tus mañas, muchic.ho tonto.
-Maaaa .... meutiras de mi madre.
-iQué mentiras ni qué mentiras! Vamos, qué oficio
quieres aprender.
-Yo quisiera ser torero
-!Qué torero, ni qué ojo de hacha! otro oficio bon•
roso y sin peligros.
-Entoncts paya,.o.
-Tú sí que estás curioso, sales de Guatemala para
entrar en guate'....pear.
-Pues .... entonces titiritero.
-Calla, imbécil, ya veré el oficio que te acomodo ;
por de pronto sabrás que conmigo no se juega, y que
de aquí en adelanta harás cuanto se te m~nde, tomando
empeño en hacer el mandado de lá cocma, llamar a
misa y doblar a muertos, cuando los dolientes paguen
el "Santo Oficio."
.
Casimiro oyó la consigna sin inmutarse y se dijo:-El
señor cur,1. cantará alegre, pero lo que es a mí no me
divierte; además, quién puede ser su señoría que co~
Casimiro no tope en duro, pues lo que es yo .... segui·
ré háéiendo lo que me venga al pelo
El señor cura marchó con Casimiro a ponerlo en po·
sesión de sus trabajos, presentándólo primeramente con
señora Inés, anciana de malos hígados y dignísima co·
cinera del señor cnra.
Señora Inés miró de arriba a abajo a Casimiro, y en
tono agresivo le preguntó:
·
-lQuién es tu madre, mucb.&lt;cho?
-Señora Rufina.
- l La verdulera del parián ?

-La misma,
-lY cómo vienes aquí?
-Dicen que en calidad de hijo adoptivo.
- !Vaya! Buena carga se ha echado el señor cura.
Casimiro hizo otro tanto, mirando detenidamente a
señora Inés, le preguntó:-¿Y usted qué es aquí 1
- lYo?
-Sí .... usted.
-Pues ...... yo soy la ama.
-De manera que usted va a ser mi patroncita.
-Yo mismo.
-Pues ..... .
--&lt; Pues qué ?
-No, nada. Nomás que querí'l saber qué clase de
pájara era su mercé.
-¿Qué es eso de pájara?·
.
-iMire, mire! No se h,¡ga la inocente.
-No gastes mucha confianza conmigo; entiende que
yo no soy la consentidora de tu madre y sábete que
que conmigo se hih muy delgado
-iiA poco!!
-Como lo oyes.
-Pues sepa, señora Inés, que yo también sé poner
el aire.
-Bueno, bueno; ya veremos de qué cuero salen más
correas
-Veremos ..... .
-Por de pronto, largo a traerse el recaudo.
Casimiro cargó con el canasto y se marchó al parián;
por el camino se fué pensando en el porvenir y se de·
cía- de aquí en adelante será otra mi vida; ya no car·
garé los botes de agua, ni limpiaré las ceboll~s y ~enos
cuidaré los animales mostrencos. En este soliloquio en·
!retenía su magín y caminando llegó a donde iba; des·
pués de comprar los garbanzos se dirigió al pu.,sto de
señora Susana, acérrima enemiga de su madre, tan solo
porque vendía cebollas.
Casimiro, en vt,z de comprarle la verdura a su ma·
dre, se la compró a señora Susana, pero Rufioa, que
comprendió la ·mala intención de su hijo, refunfuñó y
montada en cólera le dijo-por qué no me mercas a
mí las cebollas 1
- Porque oo quiero.
-Ya te las avendrás con el señor cura en cuanto sepa tus gracias.
-Mire ...... no me asuste con el petate del muerto,
pues entienda usted que ya estoy curado de espan·
tos.
-Calla, majadero.
-Cálleme si puede.
Rufina cogió uo manojo de cebollas y con más punte·
ría que un carabioero, le plantó tal golpe a su hijo.que
lo hizo rodar por el empedrado. Casimiro se levantó
aturdido y poquito a poco se fué retirando del puesto
de su madre, y cuando ya estuvo lejo5, se puso a silbar·
le la "muerte seca" a todo su sabor.
o o o
Aquí tiene el mandado, señora Inés.
-Bueno, ahora vaya y pó:1gase a las órdenes del re·
verendo.
Casimiro se marchó al departamento donde se eocc&gt;o•
traba el párroco y cumpliendo con lo que había orde·
nado señora Inés, le :lijo-aquí me tiene para lo que se
le ofrezca.-El señor cura abandonó sus meditaciones
e inmediatamente se diriR:ió con él a la escuela; al llegar al establecimiento, el maestro salió a su encuentro
poniéndose toda ht juventud de pié. El párroco le dijo
al maestro: que allí le llevaba a aquel muchacho y que
le suplicaba pusiese empeño en su educación. El maes·
tro, fiel servidor del reverendo, cumplió con lo manda·
do, poniendo a Casimiro en la banca de los distinguí·
dos.
Debo advertir que ta,nto el señor cura como Rufina,
abrigaban la esperanza de que Casimiro cambiase con
el tiempo de conducta; desgraciadamente la creencia
fué ilusoria, pues siguió el mismo; en fin. dicen que na·
tura! y figura hasta la sepultura: sin embargo, pronto se
distinguió entre sus compañeros por su afición al canto.
Si no hubiera sido por esta afinidad con el arte, quizá el reverendo le hubiera despedido, pero todos sabemos que en este mundo por algo nos hacemos necesa·
ríos; además, Casimiro, sabía por instinto aparentar y
sacar partido de las flaquezas de sus semejantes.
En uno de tantos días que van y vienen, se le ocurrió
a Casimiro proporcionarles a sus compañeros de &lt;jolgorio,&gt; un rato de diversión , y sin pararse en pintas,
buscó el medio de llevar a efecto su idea.
¡Ni mandado a hacer! pues hay tienen ustedes que el
maestro se presentó en el establecimiento demasiado
briago; por sunuesto hay que advertir que esto no era
raro, pues con frecuencia atrapaba uoas papalinas fenomenales. Casimiro, al verle de aquella manera, salió

violentamente de la escuela y se dirigió a un tendaj6n.
El lector dirá que qué tiene de particular esto; pero
mucho ojo, ¡que ya verán en qué va a parar todo esto!
Casimiro compró eo·e1 tendajón mencionado varias
docenas de cohetes y ~e dijo-tan luego como el maes·
tro empiece a dormir &lt;la mona,&gt; rodearé su mesa de
cohetes y después ...... ¡voy que prendo la mecha y to·
do mundo a gozar.
En marcha a verificar su fechoría, llegó con 3us com•
pañeros y después de manifestarles sus propósitos, les
preguntó: ¡Qué tal, compañeros! Todo el mundo aplau·
dió la idea; pero ahora, ¿quién le pondría el cascabel
al gato ? es decir, ¿quién prendería la mecha?
Después de mucho deliberar sobre el particular, sal·
tó un condiscípulo diciendo: &lt;Compañeros, lo mejor se·
rá echar una porra y el designado por la suerte, irá sin
disputa a encender la mecha.&gt; La pénsula fué ~a proba·
da por el consejo infantil y manos a la obra.
Ahora ¿saben ustedes quién . salió favorecido por el
azar? pues el mismísimo Casimiro, quien después de
prender un cigarrillo, se dirigió al escritorio a coosu•
mar la obra.
No había retrocedido ni dos pasos cuando estallaron
los cohetes. tronando tan fuerte, que el maestro, de un
salto fué a d.ir a un rincón, lanzando al aire tales aspa•
vientos, que sus discípulos temieron de su estado mental; sin embargo, pronto pasó el temor y engolfados por
el placer gritaron a todo lo que supieron: ¡Viva la botella, viva el maestro .... muera tía Inés .... vivan los
monos!!
Los gritos causaron alarma en todo el pueblo, pero
en ninguna parte como en el templo, pues a esas horas
se encontraba el reverendo explicando a los fieles las
hazañas de Sao Expedito.
.
Los fieles pretendieron abandonar el templo, pero e 1
señor cura les suplicó que permanecieran en la sina·
goga del Señor hasta saber lo que pasaba. Los creyentEs
obedecieron, pero eran tales los aspavientos que aquello parecía el fin del mundo.
Entre tanto los muchachos de la escuela, abandona•
ron el establecimiento y en manada entraron a la pa·
rroquia, haciendo tal algazara, que aquello parecía la
invasión de los bárbaros.
Como se ve, esto fué casi casi el disloque, pues P.ra
tan grande la confusión que no hallaban que hacer ni
los feligreses ni el señor cura. A las dos horas más o
menos de estar en aquel encierro, el reverendo y los
vecinos supieron lo que había pasado y enterada la au•
toridad de lo acaecido, supliioó al señor cura se sirviera
despedir al borrachales del maestro.
El párroco, cansado de las peripecias de Casimiro,
sacó de sus tesoros algunas monedas y le dijo-aquí tie·
nes estos dineros para que los inviertas en algo que te
sirva y favor de salir de mi casa. Casimiro se puso tris·
te; pero aquellas monedas no eran cualquier cosa ; pe·
ro ...... ¿cómo dejar aquella casa donde vivía la mujer
del sacristán que le daba carita y le mimaba con un
cariño para él desconocido! esto era lo más doloroso;
pero ante la resolución del reverendo no le quedaba
otro recurso que marcharse a otra parte,
Casimiro echó a correr por el mundo, aventurando
aquí y allá sin e ocontrar oficio ni beneficio, y despuls
de avenírselas con los rigores del destino, cayó a un
puerto de importancia, donde por verdadero azar. fué
a dar a una casa de tahures. Desde este momento cam•
bió su vida; en aquel antro del vicio hall6 la suerte,
jugando diariamente con cuanto &lt;vago&gt; se presentaba
en la pocilga.
En uno dP. esos tantos días que van y vienen, sin que
el hombre abone a su efímera existencia sus venturas
o sus desgracia~, Casimiro topó con un árabe, quien poseedor de una gran fortuna decidi6 aumentarla con los
dineros que le ofreció Casimiro bajo el encanto de la
baraja. Ambos tahures se entregaron al juego y en me•
nos que canta un gallo, Casimiro le ganó a su c0ntrin•
cante algunos cientos de monedas y un gran cargamen•
to de anteojos verdes. Con tan monumental ganancia
Casimiro resolvió transportarse a su pueblo, que hacía
años y fahces días no visitaba. La idea fué puesta en
práctica y cuando lleg6 a su pueblo, todo mundo salió
a recibirlo, inclusive el párroco, que creía de buena fé
que su protegido ya había cambiado de conducta.
Casimiro, que sabía aprovecharsp de la bondad de
sos semejantes, le contó al señor cura algunos de los
rasgos más culminantes de su vida, por supuesto muy
diferentes de los que en realidad había experimentado
contándo!P. que había vuelto a su pueblo, primero por
ver a los suyos, y ~egundo por realizar una poca de mP.r•
cancía· El párroco ofreció ayudarlo en todo lo que pu•
diera.
·
Enterado Casimiro de la buena voluntad de su pro·
lector, le dijo que necesitaba que le ayudase a realizar
un:1 gran cantidad de anteojos verdes que traía.
El señor cura vió la venta muy difícil, primero, por·

o

que era preciso que todos los vecin&lt;;&gt;s estuv_ieran meo·
pes o présbitas para vender tan crecida c;lDhdad de _anteojos; y segundo, porque que él no pod1a con~erhrse
de párroco en comerciante; sin embargo, resolvió. ayu·
dar a Casimiro y echándose en brazos de la Providen·
cía, pensó sobre el medio de resolver el problema de
una manera honrada.
Después de mucho idear hall6 que la única manera
de salir avante, era sin duda inventar algo supra-huma·
no y al efecto le dijo a Casimiro-he pensado, para po·
der vender tu mercancía, manifestarles a los fieles en la
misa del domingo próximo, que un aogel le reveló al
Santo Papa, que para el primer viernes de cuaresma
descenderá el Padre Eterno a la tierra.-Casimiro, que
no tenía ae tonto ni un pelo, exclamó: ¡¡Superior, supe·
rior!l pero ustedes comprenderán que ambos presentían
un lío estupendo, ¿pero qué hacer con tanto anteojo? sin
duda que venderlos como se pudiera.
.
Combinada la venta de los mentados anteo¡os y lle·
gado el día señalado, el reverendo con más valor que
el que le habla a un muerto.le ordenó al campanero
llamara a misa cantada. De balde será manifestar que
todos los fieles de la comarca ocurrieron a. la mencio·
nada misa.
El señor cura, después de verificar el "Sao te Oficio,"
abordó la cátedra sagrada, lanzando al espacio tres o
cuatro frases sacramentales y se perfiló de lo lindo,
manifestándoles a los fieles con las mejores frases que
se supo de co~rido cuando fué seminarist_a, el descendimiento aludido. Como era natural, los fieles tragaron
la píldora, co~siderando el arribo del Padre Eterno
como la maravilla más sorprendente del siglo; yde ver·
dad que lo hubiera sido si el Padre Eterno se . hubiese
tomado la molestia de visitar este valle de lágrimas.
Entre tanto, el señor cura,.antes de terminar su plática
les dijo a los creyentes-que aunque el. Padre. Eterno
se haría visible al género humano, y quizá al inhuma·
00 también, no le verían a aquellos que no se compra·
sen unos anteojos que para el efecto él tenía.
Como ustedes comprenderán, aquello de comprar
unos .&lt;nteojos y confesarse Y. hacer otras . rnen_udenc~as
de la fé no es mucha historia para los villorrios, quie·
nes tratándose de la salvación venden hasta la camisa.
La venta de los anteojos fué superior, según díceres
de los que fueron testigos oculares, faltaado para muchos fieles.
En dos por tres llegó el viernes indicado, reinando
tal entusiasmo en los creyentes, que la pura verdad el
señor cura y Casimiro comereod.ieroo que todo a9u~llo
iba a terminar en algo trágico; s10 embargo, Cas1miro,
dijo a su protector-no tema usted, de los audai:es es la
victoria y ambos, armándose de valor, estudiaron el
modo d¿ darles más solemnidad al acto, para cuyo efec•
to el reverendo ordenó a los monaguillos que todos los
santos de busto fuesen trasladados al ca□po donde todo
mundo se reuniría para ver el descendimiento del Padre Eterno.
A las tres de la tarde, hora citada para ver el deseen·
dimiento del Padre Eterno, el señor cura y los fieles se
encontraban en el llano, esperando el gran aconteci·
miento, pero después de mucho pelar los ojos, se con·
venció, tanto el párroco como los cong regados, de que
el HACEDOR SUPREMO no descendería, pues por
ningún rumbo había señales de tal cosa.
Los creyentes, no obstante su esperanza de estrechar
la mano del Padre Eterno, o cuando menos de besárse·
la, se preguntaban el motivo que había tenid~ para no
hacerse visible; pero el señor cura, que muy bien sabía
que ni por chanza descendería, ideó salir de tao apura·
do trance y con las lágrimas en los ojos, les dijo a los
fieles:-Sin duda, alguco de vosotros no se confesó como lo manda la Santa Madre Iglesia, y por eso no te•
nemos la dicha de ver al Hacedor Supremo.-Los fie·
les al oír las palabras de su reverendo, empezaron a
echarse en cara los unos a los otros tan terrible sacrile·
La Virgen y el niño por Boticelli.
gio, llegando a tal grado la indigm..ción, que el señor
cura tuvo que intervenir en el asunto, resolviéndolo de
Por varios instantes anduvo la pluma flot~ndo en el
- iCalla, calla !; mejor has otra cosa.la manera siguiente:
espacio, sin que la dejasen tomar asiento los fuertes so·
-Pero .... ¿cuál?
De pie en el púlpito improvisado, estudió la manera plidos de los fieles, que ya se habían puesto muy listos;
- Pues abre una cantina, un billar; en fo, algo que
de taparle el ojo al macho, es decir, de salir avante del entre tanto, el reverendo ignoraba el fin que tuviese no nos comprometa.
aprieto.
._
aquella farsa; sin embargo, esperaba que alguien se
Casimiro tomó el consejo de su protector, y después
Los proyectos fueron tantos, que lleg6 a la confes10n ; aplomase al soplido para echarle la culpa.
de deliber;,r c.etenidamente sobre el particular, abrió al
pero en los momentos más supremos, siempre pa~a por
La pluma seguía flotando en el aire, hasta que un público una cantina, con el din1::ro d e los mencionados
la mente algo prodigioso. Después de mucho pensar, vientecillo la llevó a la cabeza de San Pedro, quien no anteojos.
¡gran sorpresa!, el reverendo se mete la mano al bolsi- le sopló, tan solo porque era de palo y carecía de pul·
Esta nueva lucha, al parecer buena y honrosa, le pro·
llo del chaleco y da con una pluma de ave ; y por pura mones.
porcionó tales dolores de cabeza al señor cura, que ya
inspiración la encontró útil para resolver el problema,
El señor cura al ver esto, exclam6: ¡¡Hijos míos, hi· verán ustedes, si tienpn la calma de segu:r leyendo.
y be aquí el desarrollo.
jos míos!!, San Pedro no dejó salir al Padre Eterno.
E n el pueblo de Casimiro se encontraban dos tinteriToma la pluma, y mostrándosela a los presentes, les L os fieles, al oír los aspavientos del reverendo, quisie· llos medio versados en el ateísmo.
dijo:
ron protestar contra la conducta del Santo portero, pe·
Estos amigos, que creían ser pozos de ciencia,"'"arma•
&lt;Esta pluma señalará al hereje.&gt;-Casimiro, que esta- ro ...... en fin, se postraron ante la estatua de San Pe- b:10 1:atalla con cuanto católico presumía de entendido
ba a su lado, le dijo en secreto-que aquello era muy dro, y a voz en cuello le interrogaron: que por qué no en la materia.
aventurado, que mejor inventara otropretexto,-pero el le había permitido la salida al Padre Eterno. San Pe·
El lugar de las discusiones era, por Jo general, la
señor cura, que ya tenía el proceso de su pénsula, no se dro, que era de palo, no les contestó ni en broma.
cantina de Casimiro; prolijo será traer a colación las
paró en mientes y les dijo a los fieles-el culpable será
d isputas de l&lt;;&gt;s polemistas; sin embargo, diré a ustedes
a aquel a quien le caiga esta pluma, y echándola a vo·
o o o
que allí se hablaba de los milagros de los Santos, de los
lar, flotó por el aire, volviendo desgraciadamente en la
/
errores del cristianismo, de la inviola bilidad del Santo
misma dirección del señor cura, quien al verla se puso
-/Qné te parece el apuro en que me has metido ?
lívido; pero en cuanto llegó la pluma a su cabeza, la
-Pues ...... señor cura ¡Tremendo! pero yo ya me Papa, de muchas cosillas que la pura verd.&lt;d aquellos
miserables no entendían ni jota:
arrojó de un fuerte soplido, por supuesto, con un sopli· imaginaba que usted iba a salir vencedor.
Casimiro, que picaba de ilustrado, llegó día en que
do disimulado.
- Dale gracias a Dios que me salvó de tan espeloz•
se declarase p.&lt;rtidario de los ateos y acérrimo eoemi•
La pluma, con s:: nueva dirección, fué a dar al pó· nante aprieto.
pulo, puo éste, que en tratándose tl.e no dejarse tomar
- Ya lo creo que se las he de dar. Ahora dígame ¿a go de los beatos.
el pelo, sé dijo para su coleto: &lt;hacer como hacen no es cuánto ascendió la venta de los anteojos?
Al saber el reverendo el cambio de su protegido, se
pecado&gt;, y en cuanto les llegaba la pluma, se la espanta·
-iFrioleral A seis mil pesillos.
apresuró a sacarlo del error, explicándole diariamente
bao con un fuerte soplido, escapándose así de la culpa
-Bueno, venga la mitad y quédese con la otra, y su los pasajes más elocuentes del Evangelio; pero Casimi•
que quería echarles el párroco sobre su conciencia.&gt;
mercé dirá si repetimos el color.
ro, que se pasaba largas horas conversando con los

�&lt;Pe rdó name, Padre Eterno, que yo dudaba de tu existencia.&gt;
&lt;Perdó name, Padre Eterno, que yo soy nn miserable.&gt;
&lt;Perdóname, Padre Eterno, qne yo soy un mal hijo&gt;
&lt;Perdóname, Padre Eterno, que yo soy un ingrato
con mi protector.&gt;
Perdóname, Padre Eterno, que yo tengo amores con
la mujer del sacristán.&gt;
- Eso no te lo perdono, miserable.
Casimiro, al oír esto, duplicó s us ruegos: pe ro e l Padre Eterno, que era como ustedes saben, el sac ristán y
el marido de la amante de Casimiro, se mostró inflexi·
ble, negándole todo perdón.
Por muchc,s instantes estuvieron b atallando, hasta que
cansado el sacristá n y deseoso d e sabe r los líos que se
traía Casimiro con s u maje r, le dijo-sigue diciendo
tus pecados.-Casimiro, que pretendía reconciliarse
con el Hacedor Supremo, de tendido d ijo cuauto hacía
coa la adúltera.
Fué tanto lo que desembuchó Casimiro y lo que le
pudo al sac ristá n, que como Dios le dió licencia a este
último, se desató y más bravo que un Miara, arre metió
contra el impío, dá ndole tal golpiza, que Casimiro caíÓ
en la cuenta de que el Padre Eterno no era tal cosa,
sino un humano como cualquier otro y reaccionando,
vió que el Padre Eterno era el mismísimo marido de
su am-inte e irritado p0r el engaño y por el descubrimiento, sacó de sus bolsillos uoa daga afilada y cargó
fuertemente sobre el sacristán, dá ndole tales puñaladas.
que el Padre eterno cerró los ojos y abandonó la vida.
Cuando el reveren"o bajó a ver qué resultado había
tenido el simulacro celestial, vió lo que nunca se espe·
raba, un asesinato en el templo del SEÑOR; y abisma·
do de tao horripilante sacrilegio, corrió en busca del
jue:. para que éste tomara coaocimieato· del hecho, pe·
ro u ,te des comprenderán que el representante de la
justicia, al ver ua :,anto asesinado, retrocedió espanta·
do, y sa bedor de sus oblig~ciooes, le dijo al señor cura
q ue él no tomaba conocimiento del hec ho, por la sencilla razón de que su jurisd icción era limitada; además,
que él no podía juzgar de los delitos supra-humanos.

dad enloquecedor a de los hombres. Yo conozco mu~ho
ese viejo jardín que las manos d e mis abuelos cultiva·
r on cua ndo en sus corazones florecía el a mor , y quién
sabe s'i eo las mismas horas de crep úsculo en que he
venido a él para dar a mi espíritu el alimento del perfume, de la suavidad y del silencio, esos abuelitos se
d ie ron muchos besos bajo esos mismos castaños donde
yo he soñado muchas cosas Y quién sabe si ellos, en su
afán d e Henar la copa de cristal de la vida y del amor,
no se apercibieron de esa agonía tao suave de las rosas. Segura mente q ue ellos mismos en sus idilios apresura ron la muerte de muchas flores recién abiertas, y
segura mente que, por descuido o por fal ta de refina·
miento espiritual, no llegaron a gustar la dulzura de
esa muer te.
¡Ah! Entonces hubier a n compre ndido, como yo com·
p rendo ahora, qué fa stidiosa y q ué vulgar ~s la mue rte
de los hombres, en uo rincón penumbroso y solemn e
sio ver e l cielo, sin sentir una caricia de aire tibio y
de perfume que refresque la ú ltima congoja de la
vida ... .

Sr. Coronel don Ra món Castro, nombrado prefec to
político de Tlalpam.

La agonía de las rosas
Bajo el atardecer, frente al viejo jardín donde apren·
dí, siendo niño, el sentimiento de las cosas frágiles, mi
alma mira la agonía lenta de las rosas y p iensa mi alma
que las rosas muere n muy d ulcement e, sin esa vulgar¡.

o o o

Señor Lic. don Adolfo de La Lama, nombrado
Sub,ecretario de Instrucción Pública y
Bellas Artes.

ateos, por nada de esta vida que quiso cambiar de opinión, pues creía firmemente haber salido del error.
Una verdadera lucha se armó entre protector y pro·
tegido, llegando algunas de las discusiones al vivo rojo.
Por mucho tiempo duró esta batalla, hasta que ua día,
cansado el señor cura ·de la obcecación de Casimiro, se
le ocurrió bajar del cielo al Padre Eterno, por supuesto esta vez no para verder anteojos, sino para sacar del
pecado a Casimiro.
La idea fué superior y sin robarle al tiempo tiempo,
le dijo a Casimiro que le iba a demostrar que lo~ Santos
hacían milagros, y que el poderío de Dios estaba manifiesto en todas partes.
Casimiro se dejó llevar por el pá rroco y le dijo-vengan las pruebas.
Aquí fué Troya, pues cómo obligar a los Santos a ha·
cer milagros, ¡imposible! ; pero un rayo de luz providencial cruzó por su cerebro, e iluminado por el cielo
se palmeó la frente y le dijo a su facristán: &lt;Hijo mío,
hay que hacer un simulacro celestial&gt; El sacristán se
quedó ea ayunas, es decir, no entendió ni jota.
Cuando el reverendo ya tuvo madurada la idea, Je
dijo al sacristán: hoy a las siete de la noche, te vestirás
de Padre Eterno; tu hijo .Y yo subiremo, al cimborrio
del templo, y por los agujeros que caen al interior, te
~charemos una cuerda, de la cual y una vez vestido
como te digo, te atarás a ella, entonces nosotros te alza·
remos a pura canilla hasta que quedes en el espacio y
c erca al dombo del cimbqrrio; después yo bajaré y lle·
varé de la mano al incrédulo de Casimiro hacia donde
tú te enc!leotras suspendido, para que éste, al verte, se
arrepienta de sus errores. Muy fácil es que Ca~imiro
aun así dude de la existencia del TODOPODEROSO,
que en esta vez tú vas a hacer sus veces; pero para
consumar mi obra, le dejaré solo en el templo y yo volveré al cimborrio, coa el objeto de irte bajando hasta
una altura que te distinga y pueda hablarte, y tú exortarlo al arrepentim,eoto.
Así pasó todo, pero . . . . .. vamos a la mejor del colo-quio:
Casimiro, con toda su incredulidad, sintió miedo ante
la preseoeia del Padre Eterno y maravillado de la ma•
jest:l.d del Hacedor Supremo, se echó e n brazos de la
f e y a voz en cuello pidió el perdón de sus pecados. En•
tre tanto, el Padre Eterno, o sea el sacristán, esperó el
momento opartuno para dialogar con Casimiro que tragaba la píldora, no obstante su talento.
Frente a frente se encontraron Casimiro y el sacristán, es decir, Casimiro y el Padre Eterno. El pecador,
arrepentido y armá ndose de va lor, le habló de esta manera:

Todo os parecerá cuento, pe ro dejemos a un lado Jaq
menudencias y penetrad en el fondo del cuentecillo y
os encontraréis algo con visos de realidad ; por supuesto,
yome lavo las manos y todo lo paso al costo, es decir,
lo cuento tal como lo oí de los labios de mis antece·
sores.
LAURO G. C ALOCA.

Por un error de formación de nuestro periódico, que
somos los primeros en lamentar, ·apareció en el número
de nuestro semanario, correspondiente al último do·
miago, la preciosa composición titulada &lt;Ojos Verdes,&gt;
del inspirado vate don Salvador Díaz Miróo, calzada
con la firma del señor don Baldomero Hoyuela, autor
de una composición poética que debió haber aparecido
en el mismo número, y que fué retirada a última hora
por falta de espacio.
Esperamos que taoto el señor Díaz Mirón como nuestros lectores, oos perdonarán esta falta, enteramente
ajena a nuestra voluntad .

Una r osa muy bla nca que me recuerda las manos de
una novia d e la infancia , se está poniendo pálida, tao
pálida que da tr isteza verla . Ya casi va a morir, porque
ha inclinado s u blancura hacia tierra, como para nos·
otros los hombres, a pesar de ser hombres, oo hemos
podido descifrar; ya casi va a mor ir , porque uoa flor
vecina la está lloraodo. Allá, hacia la mitad del jardín ,
están agonizando unas rosa~ azules .. . . así eran de azules los ojos de otra novia de mi adolescencia. !Pobre·
citas .... Se están ponien do ta mb ién muy pálidas, y eo
su agonía de du lzura y de paz parece que se interroga n
entre sí. Y a llá, en el rincón obscuro don de se ha muer to el sol, hao agonizado y cootioúao agonizando muc has
rosas azules, blancas y rojas. P e ro todo to silencio,
muy en silencio; sintiendo el dardo invisible de la
mue rte sin da r u n grito, sin desesperációo , sin sobre·
salto y arrojando por la herida abierta toda la sa ngre
de sus venas: el perfu me .. . . Así, eo sile ocio, e n uo sil e ocio q!.!e sólo interrumpe de c uando en cuando el balido de uoa oveja del prado cercano, el murmurio del
l:ilillo de agua y el quejido de uoa y otra hoja seca que
cae. Así. .. . ¡Oh , qué grato es morir así, en ti mayor

Señor Ingeniero don Salvador Echegaray, quien repre·
sentará a México en la próxima asamblea de la
&lt;Asociación Internacional para la Prevención
de las Huelgas&gt; que se reunirá en Septiembre en Gante.

A EFRÉN GóMEZ

Para &lt;El Mundo Ilustrado.&gt;
. .•• Aquella voz incierta,
aquella voz pausada
que en la noche sombría
me dijo, pertinaz, que me engañabas,
fugitiva y auster..
llegó vibrando hasta mi oscura estancia,
y al bailarme agobiado y sin consuelo
penetró en los arcanos de mi alma .. . .
¡Era cierto! .... Las brisas rumorosas,
al besar el cristal de mi vAntana,
con voz débil } triste me decían:
-olvídala, mortal. . .. " ella" te engaña,¡ Era cierto! .... El sollozo de la fuente
la voz de l:is campanas,
'
en mis horas tediosas,
llegaban a mi estancia
dejándome tristezas infinitas
y voces delatoras de tu infamia ....
Cuando la tempestad, rauda y siniestra,
sus torvas iras desató, mi barca,
ya sin timón sobre la mar bravía,
hundiósP., al fin, eo las oscuras a ~uas,
y cuando el ruego se asomó a mi boca
ya estabas lejos de la inmensa playa . . ..

···· ···· . . . ······· .. .. ........ ·······

iEra cierto!. ...
Las brisas Tumorosas,
al besar el cristal de mi ventana,
con voz débil y triste me d,-cían:
-olvídala, mortal. ... "ella" te engaña.
Señor Lic. don J usto Castillo, nombrado asesor de
la Comandancia Militar del Distrito Federal.

CESAR CAMACHO.

•
Palacio Municipal de la Ciudad de México.

Sr. log. doo Jesús T . Acevedo nombrado Director
General de Correos.
silencio, vie ndo el cielo, sintiendo la caricia del a ire,
s in que nadie nos difi culte la muerte! ¡Ah! Si los homb res p ud ié ra mos entr egar a la tie r ra el último aliento
de la vida así como las rosas, iqué dulce ser ía la agonía
de los hombres!
'1:AURICE MAE T E RLINCK.

�.,

IL,m§ i!ii~~llm$ cdl~ llal &lt;C©&gt;Il@m
All!lll~1llll'il&amp;.

•

o~s~il

..

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~

EN

TLALPAM.

o

El día cuatro de los corrientes celebró
la colonia americana residente en nuestra
capital, con el entusiasmo acostumbrado'
la fiesta conmemorativa del aniversario de
la independencia de los Estados Unidos,
iniciada por el gran Jorge Wa~hington. Co·
mo de costumbre, la fiesta se llevó a cabo
en el tívoli del Eliseo y se compuso de una
pule oficial, discursos, banquete presiden·
cial, etc., una deportiva y una popular
consistente en la grande kermesse y com-

bate de serpentinas en las callecitas del
parque del tfvoli.
El señor Presidente de la República fué
c,specialmente invitado para presidir la
fiesta y, cumpliendo con dicha invihci6n,
se presentó en el tívoli a las diez qe la
mañana, acompañado por varios miembros
de su gabinete y asistió a la parte oficial
de la fiesta, habiendo brindado porla pt'bs·
peridad de la colonia americana y por el
gran pueblo de los Estados Unidos.
;Las personas que hicieron uso de la pa·
labra, amantes de México en su totalidad,
hicieron votos por el restablecimiento de
la paz en nuestro país, y predijeron una
era de gran prosperidad.

~
~

~-~--=----=---_ -_-_-_-_-_-11
Sumamente lucida fué la fiesta efectuada el
domingo último en el edificio de la Escuela Co•
rreccional, en Tlálpam, para repartir sus premios y recompensas a los alumnos de las escue·
las nl.cionales de la locdidad que se distinguieron durante el ú1timo año escolar.
El acto fué sencillo y emocionante; como ya
dijimos, el sitio elegido para la fiesta fué el salón de acto, de la Escuela Correccional para
menores, el que fué decorado con panneaux y
artísticas piens florales distribuidas convenien•
temente en los muros.
Hacia el fondo del salón se improvisó un pe·
queño teatro, donde se verificaron todos los ac·
tos de que se compuso el programa.
A un lado, y h~ci;,. el ala izquierda del esce·
n:i.rio, Ae levantó una tribuna en la que tomaron
asiento los señores L~opoldo Kiel, director de
Instrucción Primaria, profesor Lucio Tapia, ins·
pectar de las escuelas de la cuarta zona, seño• Grupos de niños de las escuelas de Tlálpam, que recibieron sus pre·
ritas María Guerrero y Luciana García, directo- mios en la fiesta del domingo pasado.-Niñas que cantaron el Himno
Nacional en la fiesta de premios.-Niñas premiadas. -Alegoría.
ras de las escuelas superiores de Tlálpam y Co•

yoacán; señoritas profesoras Soledad Basurto,
Manuela Montes de Oca, Juana Reyes y profeso•
res Germán Andrade, Jesús Estrada y Francis·
co Nieto.
Cerca de quinientos niños de ambos sexos concurrieron al festival, que fué amenizado con al•
gunas piezas tocadas por la banda del mencio·
nado establecimiento.
Ciento cincuenta alumnos de las escuelas de
Tlálpam y otros tantos de las de Coyoacán, re·
cibieron premios.
El Presidente de la República en las fiestas de la colonia americana el 4 del actual.-Tres damas americanas portando el tradicional
gorro del ejército libertador. -La kermesse en el Tívoli.

..

t

�troversiu. Hocacio, el .:!picureo fué
uno de los moralistas, que rico, feliz, despreció a todos: o, por el contrario, filósofo, hacia vida bohemia,
modesta, sencilla, despreciando el
oro? Tal es la cuestión que se ha
presentarlo a los críticos que se ocuparon de tan inspirado poeta.
Sabemos que después de haber
lanzado su famoso apóstrofe: &lt;O
rus, q uando ego te aspiciam&gt; nos da
alguuas indicaciones, sobre la cuestión citada, diciendo &lt;yo prefiero
una mes:i frugal con legumbres de

CASTelLANA
:,~
-~
de visiones efímeras se puebla mi cabeza
cuando de luz de plata se puebla la llanura. .

Horas muertas
Yo deseo una casa con ventanas abiert~s
sobre un jardín dormido y silencioso Y Inste,
y vivir una vida llena de cosas muert~s,
con el aroma vago de lo que ya no existe,
También quiero unas horas de gris melancolía
en una vieja eEtancia, cuando_muera la ta~de,
y que al decir mis versos redimas la elegta
de la sorda epopeya de mi vida cobarde.
Quiero que nos digamos un himno f~nerario
en el que vibren todos los remotos festu~es, .
que al surgir del olvido como de un rehcar_10
caigan sobre nosotros como hambrientos mastines.
Después nos amaremos en un lejano huerto
rodeado de altísimos cipreses sepulcrales,
donde sólo entre pobres blancas flores de JJ?-Uerto
broten nuestras divinos rojos besos nupciales.
Llevarás un vestido de un suave color crema,
para que sea pálido todo cuanto soñemos.
y yo, sobre tus sienes escribiré el P?ema
de una blanca corona de blancos cnsantemos.
y luego de las horas de juegos inf~~tiles
en que a tus pies me tienda_ como un _mno cansado,
deshojarán tus dedos frág1l~s y sutiles
las simbólicas flores marchitas del pasado.
Me contarás tus penas, tus amargas tristezas...
Yo callaré mi negro rosario de dolores ....
¡y cuando sobre el pecho caigan nuestras cabezas
, haré como que río para que tú no llores .... !
y así iremcs la vida pasando poco a poco ... .
¡Tristezas de mbántropo y alegrías de loco
desgranarán mis labios en el atardecer .... !
¡Y en )a penumbra vaga de la ~oc~e cercana,
tú no serás mi amante, por..¡ue ~eras mi he~man~
al cerrar las heridas que me hizo otra mu¡er.....

Horas sedientas
Presentí el grato ensueño de tu vida dicbo~a.
Unas "Rimas" de Bécquer_ estaban sobre el piano,
En el búcaro había marcb1t~d:' una rosa
que de un rosal cortara la tlzianesca mano.
r

r

di
ló
m
ar
te

nu
asi
Inst
pee
rit
ras

Luego, estaba tu lecho bajo la advocación
de una imagen sagraJ_a~ reverente. austera,
a la que cte rodillas dinas la oracton
de tus bellos anhelos de chiquilla soltera.

r

Eras rubia .... tan rubia c~mo un rayo de oro,
Eres bl anca ... •ta n blanca .como un almendro en flor.
Un canario rimaba su cántico sonoro,
y en tus ojos babia puei,to fuego el amor.

No me jures amor, jura tan sólo .
Que cuanc10 muera irá~ al ceme?ter!o
y en mi tumba, al abngo del m1steno
Una flor dejarás.
Entonces mi alma desde el otro mundo
A la tierra vendrá sólo por verte,
y triste, resignada con su suerte
Podrá ya descansar.
Después una oración_~urmura_ q~eda,
Que la .ignoren tus labios y tus ?JOS,
Entonces seutirán tus labios roJos
Un beso, una ilusión.
Mas no temas, es tierna despedida,
Tu rezo puedes terminar con calma:
El beso, es la caricia de las almas,
Es el eterno: Adiós.
Jalapa, Junio 29 de 1913.
JORGE E. GOMEZ.

~ItID&gt;llíiAAID&gt;©
Para &lt;El Mundo Ilustrado&gt;.
¡Oh, qué dulc~ es vivir!
Vivir únicamente
Pensando en ilusiones y quimeras:
Y del cósmico ruido separado;
Y tan sólo, del Ser Omnipotente
Sentir la eternidad de lo ignorado,
Como árbol corpulento
Que altivo y orgulloso se levante,
Mostrando al firmamento
La augusta cabellera;
.
Do fabriquen las aves sus mans10nes
y el filomelo entone sus ende.:has,
Que entre la frond:1 verde y pa_lpitante
Los pájaros preludien sus canciones.
Enhiesto centinela
Del aquilón las furfas desafíe;
Agítese el ramaje, mas el tronco;
Como nervuda pierna
De luchador romano,
No doblegue; y cual roca
Que a la orilla del ponto
De las olas los golpes recibiera,
Y en argentina espuma .
Al piélago agitado devolviera,
Irgase aquel coloso,
Poniendo una barrera,
Al burac án furioso,
Como la roca al mar.
Fiel y mudo testigo
De rudo batallar.
Jalapa, 1913.
FRANCISCO R. VARGAS.

N-octurno XIX
A la Srita. Ro;a Liprandi.

Eras una exquisita, mística figuli~a,
tanagra modelada por la mano ~ebnl . .
de algún lejano artista de la estirpe d1vi?a
que floreció en la Grecia refinada y suttl.

En la tediosa calma de aqueste apartamjento
disipo mis tristezas cantando mi pasado,
y dejo libremente viajar al pensamient? ,
basta el país remoto por la muerte habitado.

Yo anhelaba vinieras al jardín solitario
ara deshojar juntos sus ~o~es una a _una.
~a en la jaula dormía tu hnco canana
y en tu boca besaba blandamente la luna.

Distraigo mis tristezas con el recuerdo hermoso
de todo lo que ha ido hacia región ignota
y, en medio del tranquilo, ~el sepulcral reposo,
dibujo-como Werther- la imagen de Carlota.

................... : ....... ..... .
Eras como nimbada r,or un halo ~ivi?o;

tan cerca de mí estabas, que te tendi mis ~raza, ....
·Mas fueron tus sonrisas para otro peregrmo.

~esbaciendo mi pobre corazón en peqazos! · · · · · ·
G. MORENAS DE TEJADA.

mi ·jardín a lo, banquetes suntuosos y brillantes.&gt; A
men11do Horacio se echaba sobre los campos de su jardín, y bebiendo agua de sus ricos manantiales, vivía
una existencia sencilla y casi bucólica.
Los detractores del poeta, pretenden objetar todo es•
to, afirmando que Horacio fué víctima de sus riquezas,
de su vida fastuosa, fijándose para ello en su amistad
con Mecenas, que influyó tanto en su existencia.
Los descubri!llientos a que venimos refiriéndonos algo aclaran lo que respecto a Horac1ose ha dicho, y a no
dudarlo por su manera de vivir, el gran poeta era afecto a todo lo que fuese lujo y comodidades. Los jardines
de su Villa eran de lo más maravilloso que se conocía
en Roma, y eso que por aquel entonces los palacios de
los patricios presentaban magnificencias asombrosas.

Busco en las noches tristes bañadas por la luna,
el misterioso encanto de sus ojos dormidos
que disip~n la pena que a vtces me importuna
con el dolor acervo de todos los olvidos . ...
y encuentro solamente, tristeza y más tristeza~
y aunque creer deseo disipar mi amargura,

:1

Y, a mi espíritu vuelve, cans~do,
pensamiento
del viaje azul y triste por el pais sonado .
y encuentra el alma mía en este apartamiento
canta::ido eternamente la muerte del pasado.

:1

y en mis noches de tedio,':ºº
recuerdo hermoso
de todo lo que ido hacia región ignota,
en m-dio del tranquilo, del sepulcral reposo,
dibuj~-como Werther-le imágen de Carlota ....
• JULIO A. MUÑIZ.

EN COLONIA
En la vieja Colonia, en el oscuro
rincón de una taberna,
tres estudiantes de Alemania un día
bebíamos cerveza.
Cerca el Rbin murmuraba entre la bruma
evocando leyendas,
y sobre el muerto campo y en las almas
flotaba la tristeza.
Hablábamos de amor, y Franz, el triste,
el soñador poeta,
de versos enfermizos, cual las hadas
de sus vagos poemas,
&lt;Y@ brindo&gt;, dijo, &lt;por la amada mía,
la que vive en las nieblas,
en los viejos castillos y en las sombras
de las mudas iglesias;
por mi pálida musa de ojos castos
y rubia cabellera,
que cuando entro de noche a mi bohardilla
en la frente me besa&gt;.

El soberbio panorama al q ue daban las ventanas
de la Villa de Horacio.

LA VILLA DE HORACIO
Hace poco se han descubierto unos restos muy interesantes de la villa de Horacio, de aquel poeta sublime
que fué en tiempo de los romanos, como es bien sabido, una de las lumbreras de la poesía. ¿ Cómo se ha producido todo esto? Véamos lo que se cuenta: El profesor Pasqui, el sabio Director de antigüedades en Ro·
ma, estaba muy intrigado por cierto muro de construcción fuerte y de caracteres, a no dudarlo, muy viejos,
que existía en un campo situado al pie del monte Lucretilis.
El docto arqueólogo, no ignoraba que en les alrededores estuvo en épocas remotas, nada menos que Ja Villa de Horacio. En efecto, el poeta de las &lt;Sátiras&gt; y
de las &lt;Odas,&gt; habló mucho en sus obras de su casa de
campo, describiendo el lugar y sus accesorias, el jardín
y el río que descendía de la montaña.
Con tales datos se decidió empezar las excavaciones
en 19rr, y fueron interrumpidas basta el año siguiente,
lográndose descubrir la piscina que debía alimentar de
agua a los jat'dines. A la derecha se encontró la villa
de Baños y d~spués el :1cueducto que separa la propiedad de Horac10 de la Villa del Emperador Antonino. La
gran piscina y el Frigidiarium, aparecieron en ruinas
perfectamente conservados.
Pero, a pesar de ello, hubieron de encontrar osamen·
Los canales subterráneos por los cuales el agua
caliente venía a los baños.-Las piscinas en
las cuales se hanencontradoesqueletos.

Y Karl, el de las rimas aceradas,
el de la lira enérgica,
cantor del sol, de los radiantes cielos
y de las hondas selvas,

Las termas lo mismo: bien sabido es que los romanos y las romanas rendían un culto fervit:nte a las
abluciones, al baño, a los ejercicios en las piscinas,
y en las excavaciones a que nos venimos refiriendo,
se ha encontrado mucho del lujo, y la riqueza de los
baños, en el que tenían lugar si vamos a creer a T ácito, escenas no muy e~ificantes. Los grabados que presentamos dan alguna idea de lo que venimos diciendo, y a los arque:5logos les ha admirado lo bien conservados que se encuentran las ruinas y lOl&lt; detalles,
que aun puede ~erse. en las mismas, detalles que
confirman la ex1stenc1a que llevaban aquellos ciudadanos.

el poeta del pueblo, el que ha narrado
las campestres faenas,
el de los versos que en las almas vibran
cual músicas guerreras,
&lt;Yo brindo&gt; dijo &lt;por la amada mía,
la hermosa lorenesa,
de ojos ardientes, de encendidos labios,
y riza cabellera;
por la mujer de besos ardorosos
que aguarda ya mi vuelta
en los verdes viñados donde arrastra
sus aguas el Mosela&gt;.
&lt;Brinda tú!&gt; me dijeron. Yo callaba
de codos en la mesa,
y ocultando una lágrima, alcé el vaso
y dije con voz trémula:
&lt;Brindo por el amor que nunca acaba! .... &gt;
Y apuré la cerveza,
y entre cantos y gritos exclamamos:
c¡Por la pasión eterna!&gt;
y seguimos risueños, charladores,
en nuestra alegre fiesta ....
Y allí mi corazón se me moría,
se moría de frío y de tristeza!
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

l~

Un "frigidarium" reservado a los miembros de
una misma familia.-Estado de las excavaciones hechas en el sitio en donde sonrió en
otro tiempo la Villa de Horacio.
tas y esqueletos, de los tiempos de la República Romana y del Imperio.

La hidroterapia decididamente triunfaba en los tiem•
P?S ?el inmortal poeta! A poca distancia de una a otra
p1scrna se veía el Teatro de los ejercicios acuáticos todo el~o maravillosamente preparado para el confort' necesario.
Un_ atrio de mármol da acceso a la Villa, y soberbios
mosaicos lo "'dornan, y por una y otra parte en rincones huecos, y esmaltando las paredes, se han encontrado vasos, urnas funerarias, medallas y un sinnúmero de
cosas análogas, esculturas de mármol, decoraciones en
los plafonds y fragmentos de estatuas, como una cabeza
de Faustina de gran belleza.
El descubrimiento de la Villa de Horacio ha de enriquecer la Historia y las Ciencias, de un modo inesperado: ellas nos permiten también dilucidar una cuestión
qeu durante siglos ha dado motivo a interminables con-

El río donde Horacio se inspiraba escuchando los cantes de la naturaleza . -El acueducto que bajo tierra
iba al palacio del Emperador Antonino.

/

�111

1111111111111

TEATRO MEXICANO.-&lt;LOS AMIGOS DE LA
NOCHE&gt;.
No he de ser cómplice de la ~mpresa de ~ste coocu•
rrido teatro si se propone seguir por el cam1eo de dar·
nos obras c~mo la que se estrenó últimamente, "novela
escénica" de Dickeos (dice el cartel) cuando el famoso
humorista inglés nunca hizo sino novelas, pero no es·
céoicas.
En contra de los que aplaudieron la obra, en contra
de los que en letras de molde la hao celebrado, m~
permito decir que este género de dramones, pue.s. 01
melodrama es, desprestigia el buen nombre adqu1ndo
por la Compañía Villegas-Coss, su buena fama de aman·
tes del legítimo arte escénico, y echa por los. suelos la "El almacén de antigüedades" del primero, conocerán
constante y meritoria labor, que venían hac1e~do con las obras maestras del humorismo moderno.
De suerte que llevar a la_ escena a un liter~to de es:
alabanzas de los asiduos concurrentes, al Mexicano, y
ta clase es disponerse a tnturar_ una obra, s10. too 01
con elogios de la crítica sana y de alto criterio. _
&lt;Los Amigos de la Noche&gt; arreglada Pº: los seoore~ son y sobre todo sin que sea posible obtener éxito fa·
J. A. y Fernáodez Portero, muy señores mios y de m1 vor~ble digno de anotarse. La mayoría de las escenas
mayor respeto, tanto más respetable~ cuanto má~ des- de "Los amigos de la noche" surgen. sin razón alguna
lógica, aparecen porque sí; y lo más 10t,uesante, los ao•
conocidos son, es una obra sin plan 10teresante, s10 b~llezas escénicas, y que pretende llevarnos co? el se?h·
miento del terror en algunos momentos, a. la 1mores1ón
estética, sin conseguirlo. No es obra P?lic~aca por. fal_tarle los efectos necesarios, y el detective 1mpresc1oéh·
ble; no es drama, por lo burdo de los re&lt;;ursos y la fal·
sedad de los caracteres; y no ~s melodrama, por care·
cer del matiz pa~ional, del juego escénico, y sobre todo
de la intensidad artística de esta clase de obras; pues
por falso tengo, el que se crea hacer estas últimas
obras poniendo venenos, ladrones, . canallas y muchas
detonaciones de pistola; esto horroriza, pero oa~a. más,
y el teatro requiere otra cosa que llegue al esp1ntu y
Jo conmueva.
No quiere todo esto decir, y no es mi intento soste·
ner que ciertas ooveias oo.pued,an ser lle:-7adii;i al tea- . ~
tro. Semejante aserto s1g01ficana un olvido 1mp~rdo- ~"f!
nable de dramas y t.omedias celebradas _que tuv1er?o1~
su origen en libros novelescos. Pero, precisamente Die ,
keos fué un mae~tro del humorismo inglés, y ji;oto con
Thackeray cultivaron ese género con predilección, ~as
ta el punto de quien conozca "La feria de las vao1da
des" del ú1timo autor citado, y "Nicolás Nicklebly" )

tecedeotes del hijo del primer matrimonio del esposo,
de ' Germana" Jo vemos expresado en cuatro palabras,
siendo la premisa principal para los hechos criminales
subsiguientes. Además, la factura de la obra es tan d_~bil que desde el acto segundo sabemos que el graou¡1lla "Mario Rister" es el niño "Roberto" robado a la
referida ''Germana" en la misma noche en que mudóesta víctima de un veneno.
Apesar de lo cual, en el quinto acto lo declara
"Gipsy" como una grao cosa, ''Gipsy" el bandido, que
había logrado h¡,,cerse novio oficial de la hermana de
la muerta, sin explicarnos cómo. En el acto cuarto está,
en la cueva donde los criminales se reúnen y en el final de la obra, ya aparece hecho un caballero, alter·
nando con la familia en la que pretende entrar como,
esposo de la joven. En resumen, una sarta de dispara•
tes, sin una sombra tao siquiera de verosimilitud y de·
lógica.
Muy bien María Luisa Ville~as; la esc-ena de la muerte fué primorosamente hecha. Todos los demás intér·
pretes bien; tomaron sus papeles con cariño ¡qué lás·
tima! Exceptuóse de este armónico conjunto, el señor-

¡

1

(

..

Macías que sigue gritando, que siempre mira al público, y que exagera sus papeles.
Anoche sábado se habrá estrenado "Madrigal" de·
Martínez Sierra. Veremos arte fino y bello, y los habituales concurrentes al Mexicano, gozarán con esta.
obra, tao apropiada a los gustos de nuestro público.
TEATRO COLON.-"SHERLOCK HOLMES"

Teatro Colóo.-Dos escenas de la obra "Sherlock Holmes.'

Su lucha con un criminal viejo en el oficio,
y que tenía el negocio del delito montado, co·

No me equivoco si digo que 1a mejor obra que se ha·
puesto en escena, pGr la compañía Car~lt, ha sido el,
drama en cinco actos de Conao Doyle y Edwards Willy,
cuyo título acabo de indicar, y en el que aparece de
cuerpo entero, el famoso "detective," creación admira·
ble del e itado novelista inglés.
Los que conozcan las muchas hazañas de ese policía,
modelo, deben verlo en la escena del Colón, pues el in·
cideote que se explota en la obra, da motivo a que veamos a Holmes con todos los detalles de su vida.
f&gt;

mo una oficina ministerial, y el triunfo del
"detective" después de varias artimañas y
golpes de audacia. y hasta el ligero barniz de
cariñ? que sienten mútuameote el vencedor y
"Miss Alicia Beot," a la cual libra de un in·
fame secuestro, todo ello hace que la obra
triunfe en toda línea y que el público pase
unas horas divertido con tanto incic!ente, que
de divertirse tr..t.t, ¡severos Aristarcos! ... y no
hay para qué arrugar el ceño, viendo que con·
curreocia numerosa llena el teatro noche a
noche, cuando a otros espectáculos no fué, Jo
cual demuestra que en elbs se aburría, y bas·
ta; pues estas mismas obras en Londres, París, Nueva York, Buenos Aires, hao tenido
éxito mayor aun que aquí. De modo que todos
esos argumentos de cultura, pueden guardar·
-se para mejor ocasión, que nadie tachará de
facultos a los públicos de las capitales cita
&lt;las.
La interpretación fué buena y la escena se
puso .con verdadero cuidado, siendo algunas
&lt;le las decoraciones muy propias.
E l mutes último se estrenó "El Diamante
Azul" que es uno de los epi~odios novelescos
en que aparecen de frente Sherlock Holmes
y Arseoio Lupia, el ladrón del grao mundo,
,tipo creado por el literato francés Mauricio
Leblaoc.
E, curioso cóm? explica este distioguido
escritor, sus novelas en que el protagonista es
Lupia. Le preguntaron cómo había llegado a
conocer tantas cosas de los criminales.
-Pero si a este respecto- dijo-soy un per·
fecto ignorante. ¡Si en mi vida he hablado
eon ladrones ni con pícaros de esa calaña! ..
Una sola vez en mi vida conversé con un de·
-tective. En cuanto a los criminales sobre
-q uienes escribo,. no tne interesan. Nunca he
· tenido el menor deseo de conocerlos. Mis

obras son, como es lógico, pura ficción- fao•
tasia y nada más,-novelas. No existe un tipo
como Arseoio Lupio. Yo le inventé por ca·
sualidad. Llevaba ya varios años escribiendo
novelas en las que estudiaba la vida real cuando un día el señor Lafitte, actual director del
diari.:&gt; parisiéo ''Excelsior" y muy amigo mío,
me pidió que le enviara una novela corta y
de aventuras para su magazine "Je Sais Tout,"
que había comenzado a publicarse hacfa po·
co. Reflexionando se me ocurrió una idea y
la desarrollé en una oovelita a la que titulé:
"La detención de Arsenio Lupio." Como tal
vez lo recuerde usted, trataba incidentalmen•
te de telegrafía sin hilos. E ste detalle científi•
co me agradaba. El cuento, era más bien un
cuento 1ue una novelita, fué un éxito. "Siga
por ahí, me dijo el director, envíeme más
cuentos sobre ese Arseoio Lupio y le aseguro
un éxito mayor que el obtenido por los cuen·
tos de Sherlock Holmes. " Pero si no es posible, le contesté, si Lupin está preso. " " !Bah!
iQue se e5cape! Vale la pena." Le hice escapar. Llegué a tomarle cariño al personaje. Se
publicaron más cuentos. Los coleccioné y apa·
recieroo en forma de libro. Yo no he imitado
ni remotamente el procedimiento del autor
inglés. Por el contrario, cada vez que Sherlock Holmes se encuentra con Lupio, es Lupia el que vence. Sé que en Inglaterra se ha
considerado esto como insultante. Lamento
que haya sido así. Yo no tuve nunca intención
de ofender a nadie.

Teatro Mexicaoo.-Escenas de la obra '"Los Amigos
de la Noche."

He transcrito las anteriores palabras, para
que se vea cómo fué el origen del célebre Ar·
senio Lupia, que vimos en "El Diamante
Azu(" luchar con Holmes. de potencia a potencia, y q ue sei?urameote veremos en obras
sucesivas. La interpretación fué correcta y
el público salió satisfecho del espectáculo.
LUIS DE LA RRODER.

�EL POMBERO

y el merecimiento de un renombre ganado en bu~na lid. Y ~uando decre_ce _Y vacila, se_mej .lnte a un suspiro que se extingue, es la perspectiva del arribo, del aterrisa ¡e en una pistar
o de una lucha contra la materia mecánica y rebelde que con un n~da p1;1ede detenernosy aun inmovilizarnos, durante quién sabe cuántos ~ías. Pero ...... s1 el &lt;hipo&gt; del motor
resuena, si el exterior se produce, y tras él la a¡l'OD1a y 1~ muerte de toda fuerza propulsora se realizan, en contraste infinito con el ruido a nterior, entonces, ..... eot??ces e~ e_lf
buscar afanoso un punto favorable para t-1 descenso; entonces, es la preocu~acwn de du~gir con matemática exactitud un vuelo planead? ~n desceo~o,_ el cálculo del angulo de ca•
da, y del camino que hay que recorrer; el aoáhs1s, por ant1c1pado, de la_s causas d~ lapa·
rada del motor ..... . todo ello, a la vez, en montón y desorden, pero srn perder 01 un segundo Ja sangre fría, y muy dichofo, si no hay que hacer coosideracicoe~ acerca de una,
muerte posible .•.. quizá probable. He aquí todo lo que un motor canta al c1do de 1:0 o¡:e1 to ..

7

Las princesas reales de Siam, a las cuales a la edad de once años se les corta
los cabellos, no dejándoles más que una cresta que adorna su frente.

A través de todos los cielos
La aviación se extiende a todas partes, y lo confirma
esto las experiencias que se acaban de hacer nada menos que en el extremo oriente por el Secretario del
Presidente de Consejo de Mmistros ruso, Mr Kokovtzeff, cuyo aviador Mr. Alexandre Kouzminski, ha he·
cho vuelos notables.
En un viaje a Francia este aviador se entusiasmó con
los triunfos presenciados alH, por los Reyes del Aire, y
desde entonces su afición creció lanzándose por fin a
las aventuras del aereoplano. En uno de losensayos cayó del aparato sufriendo algunas heridas de las que cu•
ró pronto. Poco después se determinó a volar en diferentes países, y para ello, y como puoto de partida empezó dando conferencias en Siberia a fin de vulgarizar
el arte de la aviación. El resto se ha conseguido ha·
ciendo diferentes vuelos empezando por Kharbine, y
entonces un amigo Je dijo que debería ir a China a
efectuar algunos vuelos.
El primero fué en Moukden, en el campo de batalla.
&lt;Yo guardo-ha dicho el aviador de e5te vuela-una
especie de impresión cinematográfica por el efecto que
me causaron los trajes de los habitantes de toda aquella parte de China.&gt; En Pekin lo recibieron todas las
autoridades con verdadera solemnidad, agasájándole
mucho en banquetes y fiestas.
Le propusieron volar en el &lt;Templo del Cielo&gt; que
es un jardín inmenso y de asombrosa vegetación, pero su situación ce n ref pe clo a los vien
tos no es buena, y por tal motivo el aviador prefirió volar en los alrededores de la Gran
Muralla de Pekín que rodea el palacio Imperial.
Es curioso lo que este aviador describe, de la impresión que le produjo su primer vuelo. &lt;No es ciertamente cómodo- dice-como se está en el banquito; no se sabe dónde poner
los pies, ni dónde crispar las manos. En cambio, nos invade ali! cierta seornción de supe·
rioridad; el valor que, por lo general. no es patrimonio del pasajero, será su galardón de
audacia al bajar. ¿Qué son cinco minutos de acgustia comparados con el recuerdo del pe·
ligro corrido? ¿Listos? El motor funciona ya; la bélice en su girar vertiginoso produce can
su ronquido sordo un acompañamiento diabólico. Y, mientras los mecánicos agarrados a la
popa del aparato, envueltos en un torbellino de viento, esperan mi señal para rnltar, yo es·
cucho el funcionamiento del motor, para asegurarme de su fuerza y marcha regular. Para
el pasajero, todo ese ruido es como el que producida un trompo colosal, girando rápidamente; pero, para quienes Jo conocen íntimamente. es un canto de poesía. Altivo y bien ri•
mado, con su cadencia siempre igual, es la expresión del viaje y la evocacién de rns espe·
ranzas: es la alegría de la esperada llegada ; es la prcmesa de un pnmio bien ccnguistado,

l

(J

Mr. Kouzmiosky ciando al aire libre una conferencia..
sobre su vuelo.-El embajador de Rusia en China,
hablando con el aviador.-Mr. Kouzmiosky ensu apa·
rato. La llegada del equipaje del atrevido piloto a ,
Pekin.

Una pagoda antigua de Pekio.-El Rey de Cambodge con su séquito junto al aereoplaoo.

Un &lt;raté,&gt; es decir, un cilindro que se niega a llenar·
su misión, es tan perceptible, como lo es la suspensión .
del tie-tac de un reloj de pared.
Puede no renovarse; entonces es un accidente sin importancia; pero, si se reproduce, merece atención cuidadosa; y, cuando esta reproducción es con intervalos.
cortos, entonces hay que temer y se impone un alto. De
ah! que sea necesario conocer antes de partir su ca·
dencia, y no partir si. ... ésta no lo aconseja!
iPartamos! A una señal, los ayudantes sneltan y el •
pájaro r ueda. ·
Es preciso que ·1a máquina adquiera la velocidad ne·
cesaria para levantarse, deslizándose por el aire. Es
éste el momento más difícil. Los vaivenes sacuden duro .
y parejo al avión y a los que van en él: es una despedida brutal de la tierra! Bien pronto nos sentimos menos sacudid.os; el aparato danza y salta sobre sus patas ,
como los mirlos que corren para tomar bien la arran·
ca_da. Luego, de pronto, una calma absoluta sigue al terrible traqueteo; y muy suavemente, como hundiéndose
en un media de blandura infinita, el pájaro se remonta.
.l!.n este momento algunos experimentan esa sensación
de lo indefinido que procede al sueño, próximo a ser:
conciliado.

t

mente para llevar a feliz término la f,mpresa que peo·
saba realizar esa noche. En más de una ocasión había
cuidado solícitamente de su caballo domo un fiel amigo. Verdad que él no le escatimaba su predilecta ración de tabaco brasileño y cuidaba siempre de dejar
abierta la puerta del horno para que el pobre pombero
se guareciese allí del frío de la noche.
Montó a caballo y tomó el camino rumbo a la casa
de Margarita, distante dos leguas de la suya. La luz de
la luna caía cenital sobre la campiña, llena de marisma~ y de moot!culos de yataíes, cuyos penachos se dibujaban en la arena.
No iba muy tranquilo, pues no tenía la seguridad de
q ue saliese airoso de la empresa. Los padres de Mar·
garita, naturalme"te recelosos, pudieron haber sospechado algo. Sin embargo, el rapto estaba bien combi·
nado, y difícilmente fracasaría.
Al cruzar un estero, el caballo se asustó de pronto,
de algo que se movió entre el juncal, y desapareció en
seguida. El joven tiró fuertemente de las riendas. vadeó
el paso y siguió tranquilamente su camino, embebido
en la imagen de Margarita, que estaría esperándolo,
palpitante de emoción y de ternura. Por fin iba a unir
su destino al de aquella mujer vehementemente queri•
r1da, cuyos ojos florecían, según le decía él en i;na pintoresca imagen del poético guaraní .
Un ligero ruido como de pisadas sobre hojas secas,
Jo sacó de su abstracción amorosa. Miró atentamente,
y vió que los juncos se movían a intervalos sin que los
impulsase el viento Sobrecogióse un poco, pues vió en
ello uva manifestación de presencia del pombero, qne
iría acompañándolo a modo de un escudero invisible;

garita en la grupa de su t;aballo, vió agitarse otra vez
con ruido seco el lóbrego juncal, sacó una rosca de tabaco negro y la arrojó al pombero con el ademán de
un creyente que presentase, en acción de gracias, una
delicada ofrenda a un dios de gusto más refinado que
el travieso duende de los indios guaraníes.

- !Cuidada, hijo mio, con el pombero!
-No me ha de llevar, mamá. ¡No le teogo miedo al
pombero!
.-. 1-N o hables así, que algú 1 día has de acordarte de
ELOY FARINA NUNEZ.
él-dijo medrosamente la madre del joven, asustada de
su apnente o real temeridad.-Y a reglón seguido le
refirió los numerosos casos de aparición del espantab'e
ser, raptor de los adolescentes y de las doncellas, describiéndole punto por punto, por milésima vez, su extraña
figura.
Se representa al pombero en los pueblos guaraníes,
c.Jmo un duendecillo nocturno, de estatura mediana, velludo de pies a cabeza, con un gran sombrero de paja.
Es amigo o enemigo de los hombres, según se atraiga su
Entre el combate contra la pobreza y nosotros, hay un
favor, dejándole en el yuyal tabaco negro para mascar
terreno abandonado que debemos ganar: la Energía; y
o un plato de comida sin sal al pie de un tártago, o se
entre nosotros y lo! vicios, hay armas con que poder
conquiste su ojeriza, faltáodole al respeto debido. L lá·
triunfar y que debemos esgrimir: la F uerza de volunmesele igualmente &lt;guaicurú,&gt; nombre gentilicio de una
tad.
raza indígena y palabra despectiva en guaran!. FavoreLa energía hace desaparecer la pobreza y la fuerza
ce a sus amigos, ya asustando a sus enemigos o dándode voluntad hace al hombre ver su uecesidad recor dánles suerte en las empresas de amor y en las car reras de
dole sus deberes.
caballos, cuando no les trae miel silvestre. Es, más
Podemos dividir la pobreza en dos partes: voluntaria,
bien travieso y picaresco, que maligno; gusta de robar
y es la más general y forzosa y es la más casual. La volos quesos de los zarzos, el cuajo y otras menudencias.
luntaria ~a_ce de alg~oos motivos como: la degradación
Se hace visible o invisible, según su soberano albedrío.
co~ los v1c1os, la vanidad, la pretensión, la falta de
Pronunciar su nombre es evocar su presencia. Ofrece
umón y la pereza; la degradación con los vicios es
no pocos peligros coger el cocuyo, porque puede apagrande c"~~a de_pobreza y se ha dicho : "quien obederecer su dueño, el pombero.
ce a sus v1c1os pierde su razón ;" la vanidad es motivo
De vez en cuando, se oye en el silencio
de pobreza porgue el vanidoso se priva de
de la media noche, un débil pío-pío en el
los buenos sentimientos de los demás; la
patín; es el pombero transformado en popretensión hace existir la pobreza porgue
llito.
el pretensioso pierde la liberal enseñanza
Antes de la guerra de la Triple Alianza,
d~ los demás; en cuanto a la pereza no dehubo una invasión de pomberos, vale decimos más, que es una enfermedad que
cir espías de Corrientes, que informaron
de~emos combatir lo mismo q ue a losanal mariscal López de todo cuanto interesa·
teriores defectos señalados y lo peor en un
ba a 1~ realización de sus planes. Está hehombre es ser perezoso.
cho de la fabulosa. esencia del &lt;yaci-ya•
tere,&gt; del &lt;pora,&gt; del &lt;cuarahy-chara&gt; y
La pobreza obligatoria es el resultado
del &lt;palana,&gt; pero se diferencia de todos
de sucesos inesperados y no se critica a
ellos en varios rasgos fundamentales. El
a9uel a quien le empobrecen las desgra&lt;yacy- yateré&gt; pasa por ser, según la tradi·
cias.
ción más común, un enano blanco, de luenRespecto al entregarse a los vicios no
gas barbas rubias y ojos azules, que anda
se puede permitir en ello ning una disculsiempre de siesta por las espesuras del
pa, y acaso es otra cosa la ctiscul pa ee
monte, con un bastón o vara en la mano.
aquel entregado que la débil voluntad y
Le caracteriza la particularidad de poseer
que es un esclavo de sus vicios se inclina
dos talones. Trátase del genio encantador
hacia ellos donde quiera que e~os exisde la selva; atrae a los seres humanos,
tan ?..... .
que tienen la desdicha de toparse con él
en lo más intrincado del bosque. ConciNos referimos a los vicio¡¡ más que a
bese la &lt;para&gt; como un fantasma también
otras causas de pobreza porque el defecto
nocturno, cousiderándosele generalmente
del vicio es como arbol y los demás como
como un ánima en pena, airada o maligna ,
ramas que contiene.
o e l genio de ciertos árboles, como la higuera, y de los arroyos y los ríos, cuyo
En el espíritu de algunos hombres exis&lt;para,&gt; un negro reluciente, se presenta
ten vicios elevados que ofrecen a una granpor lo común de siest~, bañándose en las
de o pequeña parte de la gente grandes
costas. Los parajes desiertos, en que hay
provech_os, pero no hemos escalado tal paenterrado un tesoro, una botijuela de lira derribar las altas inclinaciones sino
bras·este r linas o rle monedas de plata, Jlapara elevar aquellas que se encuentran esmad;s Carlos Cuarto, o donde murió alclavizadas en el fondo del precipicio.
guien, tiene, por lo común, &lt;pora.&gt; He
Los vicios en el hombre son su mismo
aquí que yendo tranquilamente por el caª?im~I y su inte_Ii~encia es el mismo p1imino de un valle o por la picada de un
v1Iegw que lo d1st10gue del animal; si la
monte, el caballo da un resoplido, se eni?telige~cia domina se elevan los vicios y
cabrita, se para y no puede seguir adelans1 no existe tal fuerza de voluntad, Jo anite; hay que retroceder y toma(otro sendemal juega su turno.
Señora BlaDca Willms de Feroández Vicuña, distinguida y bella da ma c hi·
ro, porque en el lugar mora un &lt;pora,&gt; o
lena que próximamente partirá de esta República. La Sra. de Fernández
bien maneando las patas del caballo con un
Vicuña se distinguió durante la decena trágica por su altruismo, atenJORGE R. SAID,
rosario, se deshace el maleficio. El fuego
diendo eficazmente a los heridos, en los puestos de la Cruz Roja.
fátuo señala los sitios en que es de te·
mer un e ncauto. Cuando el cielo relampa·
guea en la profunda oscuridad de una noche de tor· mas acto con tinuo pensó que o.:i podía esperar daño almenta, una fosforescencia azulada indica de pronto el guno de tan leal amigo. Momentos después creyó senlugar en que un alma en pena se metamorfosea en un,. tir sobre la grupa de su cabalgadura el levísimo roce
sulfúrea llama ondulante. E l &lt;cuarahy-yara,&gt; esto es, de los pies velludos del pombero.
¿En dónde está Dios?
dueño del sol. aparece, corno el &lt;yacy-yateré,&gt; Ge síes·
Dios no es:á en el cielo; p ero sí ~n el corazón de cata en los días de fuerte sol, como una espe..:ie de pomo o o
da
hombre.
bero rojo. El &lt;palana&gt; se complace en tocar con sus
Dios
la potencia que da la vida a todos los hommanos lanudas la cara del desventurado a quien se le
Llegó a las inmediaciones de la casa de Margarita. bres y aestodo
ser viviente.
aparece, eoloqueciéndolo en el acto.
Descendió, dejó su caballo al cuida-:!o de su invisible
Al través del amor podemos reconocer a Dios. El
El pombero posee, además. el dón de g raznar como y fiel es1&gt;olique, y se encaminó hacia la tranquera, punla lechuza, de imitar todos los silbidos y rumores que to de la cita. Al poco rato, vió avauzar una sombra,que amor une al Dios que en nosotros existe con el que vive en las otras criaturas,
se alzan en el misterio de la noche, El &lt;para&gt; está do- hizo palpitar su corazón con dulce violencia.
Por eso toda la religión consiste en esto: &lt;Amar a
tado, en cambio, de un prote!smo macabro singula1ísiLa
madre
;le
Margarita,
que
había
o!do
un
rumor
de
uuestro prójimo&gt; ya que por cada criatura que amamos
mo; ya. es un blanco e indefinible fantasma, un cerdo
pasos
en
el
patio,
dPspertó
a
su
marido,
y
se
levantó
de
conseguimos gozar de una nueva parte de Dios; esto es,
acéfalo, una gallina clueca, un horrible es1ueleto o
la can:.a, para cerciorarse de lo que fuese ; pero en ese de una nueva parte de fel icidad.
cualquier otro ser vago, incompleto, trunco, informe "
cabal
instaate
uñ
extraño
silbido
hirió
la
calma
de
la
Procuremos ahuyentar todo sentimiento que sea condeforme, e~pectral, pavoroso.
trario al amor, y más bien tratemos de amar igualmenTodos estos genios de la siesta, del sol, de los 1Ugares noche
te a nuestro prójimo.
- / Oiste ?- d ijo con voz medrosa a su marido.
malditos y encantados, de las aguas y de la noche,
-iCállate! Quién sabe qué ~erá. ¡No salgas al patio!
oriundos de la maraña de la selva tropical, no son proLEON T OLSTOI.
- iEs el pombero!-añadió en voz baja, persignáapiamente espíritus malignos, como el horrendo y nefando &lt;añá,&gt; el genio del mal por excelencia, el diablo dose.
MANCHAS DE CAFE.
mismo, inspirador de todas las maldades en el corazón
Pusieron oído atento y escucha.rob, al cabo de una
&lt;!el hombre.
breve pausa, el rumor de un galope que se perdió en la
No hay peor insulto en guaraní que enrostrar a algu- distancia. Uespués, volvió a renacer el silencio en la
Estas manchas son las más difíciles de quitar, pero
no su conilici6n de hijo del diablo. Entoncesescuando
campiña, por la cuar marchaban a escape los fugitivos, con un poco de cuidado puede limpiarse d e ellas cualapuradas las sinrazones del denuesto, se cruzan los pu- bajo la protección del pombero, el fiel amigo de los quier tejido por dE:licado que sea. Se frota el sitio manñales en un duelo a muerte.
amantes, que favoreció la obra del amor, amedrentando chado con glicerina pura, se enjuaga en agua tibia y se
No mintió el joven cuando dijo que no le inspiraba con su silbido misterioso a los padres de la raptada.
plancha por el revés hasta que esté completamente semiedo el pombero, con cuya alianza contaba precisaY cuando el joven, desfalleciente de dicha con Mar·
co. La glicerina absorbe la mancha y Iagrasa.

La pobreza y los
vicios

�porque se usan neg ras, de matices vivos, y ..lgunas son
tornasoladas.
Es increíble el efecto tan lindo, y, sobre todo, tan
" chic", que produce en ciertos atavíos este género de
adornos; sólo contempla1,do algunos modeles, ¡;uede
apreciarse el mérito de semejante fantasía. Un traje de
estilo sastre, hecho en seda heliotropo, guarnecido con

CRONICA
Sin duda que mis lectoras tendrán vivos desees de
conocer las últimas novedades que el Estío nos ha traído, en cuestión de elegan cias femeninas, por esto ahora
deseo ofrecerles esas noticias.
Dice un antiguo proverbio que &lt;lo que se ha hecho,
se hará,&gt; y nada más exacto que este refrán, ~¡ ~e refiere al capitulo de la Moda.
Las pasamanerías y los bordados de aplicación. que
en otras épocas han gozado del favor de las damas,
vuelven hoy a tener esa misma privanza. Se usan mucho las de estilo búlgaro, oriental y griego, las combinaciones de colores, que se emplean a ese respecto, son
muy variadas, pues entran en ellas diversos y numerorosos matices, que nunca son desagradables ni vulgares.
Las &lt;broderies&gt; de lana gruesa, cuyo aspecto es casi
bárbaro, están en completo olvido del mundo elegante,
y basta sorprende ahora recordar el éxito injustificado
que tuvieron alguna vez. Hoy se han substituido por
galones y trencillas, que aun cuando wn fabricadas en
máquina, imitan de un modo maravilloso los bellos y
artísticos bordados de Herzegovin; se les emplea, generalmente, para guarnecer las orillas de las faldas, para
bordar las túnicas, y adornar las camisolas y los jaquets
que acompañan a los trajes sastr e.
También se usan dichos galones para confeccionar
graciosos &lt;breteles&gt;, que puestos en forma de V por la
espalda, pasan sobre los hombros y caen por el frente,
hllSta recogerse en una hebilla que semeja una hilera
de botones, la cual se fija al talle o se deja libre, para
que su propio peso la obligue a sostener en su sitio los
breteles de galón.
En el mismo estilo y en idénticos coloridos, se hacen
sardinetas y cinturas angostas, adornadas con botones,
cuyas colores armonizen con el de los bordados. Estos
botones también pueden servir para cerrar las cinturas y fijar las sardinetas en donde sea preciso, pero en
otros casos sólo se usan como adorno. Los angostos cor·
dones de seda y lana se tejen en trencillas que se utilizan para hacer lindas cinturas, cuyas puntas terminan
en bellotas de seda, y tan bonito accesorio de &lt;toilette&gt;
se ha dedicado a confeccionar corbatas muy finas y coquetas que caen sobre las blusas, y para colocarlas en
los jaquets de los severos &lt;tailleurs&gt;, se les hace pasar
bajo el cuello y las vueltas de taffeta o de tercipelo.
Entre las últimas novedades estivales, debemos ~eñalar esas largas trencillas de &lt;seda vfgetal&gt;, ya sean negtas o de diferentes colores, las cuales se aprov.ecban
para usarse como cinturas flexibles, pues su notable suavidad es verdaderamente encantadora, y por esta causa
se adaptan de una manera exacta y perfecta a la Jfnea
del busto y del talle, sobre todo cuando dichas cinturas
requieren algún pequeño movimiento de pliegues y draperías.
Novedad de las modas veranitgas, es también la que
se clasifica con el nombre de &lt;moscas&gt; o &lt;nidos de abejas,&gt; que están haciendo positivo furor en la actualidad. Entended por esto, mis amables lectoras, que se
trata de unos graciosos "motivos" bordados a punto de
lanza; muy lindos y coquetos; hechos en cordoncillo de
Berlfn, los cuales recuerdan eses que se usan en los
corsés para detener las varillas de ballena, pero en
tanto que éstos tienen un papel netamente necesario y
útil, esos otros sirven sólo como adorno fantástico para
guarnecer las sardinetas, las terminaciones de las hileras de botones, las costuras visibles y los angostos ribetes de seda que adornan los trajes.
También tienen la utilidad de retener los pliegues de
las draperfas, "decorar" los cuellos, vueltas y puños de
los jaquets, lo mismo que los escotes de las blusas, con
las cuales se acompañan esos atavfos. En cuanto a la
ejecución de esos pequeños motivos bordados, no deja
de ser monótono y fastidioso, cuando se hace sobre la
misma tela, pero afortunadamente existen ya "moscas
volantes," por aecirlo con toda propiedad, que l'Stáo ya
dispuestas para colocarse sobre el traje, cosiéndolas
con hábil disimulo.
Estas "moscas" y "nidos de abeja" se bordan en uu
triángulo de tela, que el cordoncillo de Berlín cubre
por completo, y en seguida se adaptan al género del
traje, en la forma que hemos indicado.

Dos toilettes ae fantasía para salón.
El tamaño de dichas moscas, varía bastantl', pues las
hay de tres tallas diferentes, como si se tratara de lo~
miembros de un batallón bien organizado; grandes, regulares y pequeñas, sin que por esto las grandes puedan
merecer su nombre con toda justicia.
En cuanto a los colores, también son muy diverscs,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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