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                  <text>��EL MUNDO I LU::S;T=:::=R:=A=D=O~=====================:=::

El Trabajo de las
Mujeres No Tiene Fin
) En la mayoría de los casos, ésta es
la pura verdad. Las mujeres trabajan
desde por la mañana hasta por la noche,
cocinan, barren, sacuden, van al mercado y regresan á la casa con multitud
de paquetes para proceder Juego á preparar las comidas. Todo esto significa
un desgaste de energías nerviosas las
cuales el rlelic'.?.do sistema de la mujer
no debe perder.
Pero el trabajo tiene que hacerse
y el cuerpo debe estar en buena condición, y para esto las mujeres deben de
tomar, cuand&lt;.o están malas,

EL COMPUESTO VEGETAL DE LA
SRA. LYDIA E. PINKHAM
HE AQUI UNA PRUEBA.
Providence, R. I. - "Le escribo para darle cuenta del mucho bien que
me ha hecho su medicina y para que otras mujeres sepaa que pueden encontrar ayuda en este remedio. Hace unos tres años estaba sufriend~ con
dolores tirantes hacia abajo, menstruacion irregular, constipación y dolores
de cabeza. Estaba muy triste todo el, tiempo. Comencé á tomar el Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia E. Pinkham, las Píldoras del Hígado y á
usar la Loción Sanativa y al poco tiempo estaba curada y tan bien como
estoy ahora. T engo una casa de huéspedes y trabajo todo el día pues yo
soy la que atiendo á los huespedes. Confío en que toda mujer que sufre
pruebe sus remedios. Sus medicinas hacen esposas y madres felices." Sra. .ANNA HANSEN, 579 Potter Avenue, Providence, R.I.

inútiles habían terminado la dura y difícil
jornada de la tierra.
Aquí ni la envidia. ni la hipocresía, oí
la perfidia arr.istraban con su podercsa
fuerza a los débiles mortalef •..... allá
afuera, al traspasar el muro gris,e inmenso
de la entrada, eotrábase en el grao esce·
oario del mundo: y un cbouquet&gt; de bella
apariencia y espantoso fondo se bailan
reunidas: todas las infamias, todos los crí·
menes, todas las falsedades, las infamias
todas que para saciar sus pasiones, los bu·
manos emplean!
Al salir pensaba en esto, y mirando el
inmenso campo verde sembrado de mármol
blanco y puro, como el ropaje de la muerte,
que se alzaba en el lejano horizonte, pensé: «allí la paz,&gt; y continué hacia el ocea·
no del mundo donde tan difícil es no nau•
fragar en la difícil lucha con el egoümo y
las pasiones humanas!
ELISA MARIA BORDAS.

IID©)lffi(EIB)lJílil(Sl:rll=

Se trata ~e la célebre Margare! Toller,
la gran amiga de Emerson y de Mazzioi,
y de quien la «Semana Literaire&gt; trazó,
no hace mucho, una interesante biogra·
fía.
Margare! Toller fué educada por su pa·
dre, que le enseñó el latín y las virtu,·es
Si está Ud. sufriendo alguna de e~tas enfermedades y desea un
romanas.
conseJo especial, escriba confidencialmente á Lydia F,. Piukl1am MediA los ocho años.de edad lefa los libros
cine Co., Lynn, lllass., E. U. de A. Su carta será abierta, }Pida y con•
de Sbakespeare y de esa lectura descansatestada por una señora y considerada estrictamente confidencial.
ba leyendo los de Cervantes y de Molié·
re.
De allí su desprecio para las cosas vul·
yo misterio la venera la Santa Iglesia Ca· gares, llegando a ser uo verdadero espíritu
tedral de México como a su titular. San selecto.
Tarcisio Acólito Mártir y San Arnulfo De ella dij_o Emers&lt;?n:. &lt;Todo_ lo que en
arte, pensamiento y d1g01dad distingue a
übispo Coofernr
la Nueva Ioglaterra, se refleja en ella."
Sin embargo no olvidó sus deberes y
LUNES II.
SÁBADO r6.
ocupaciones familiares atendiendo siempre
con amor a su hogar y sus amados.
San Alfonso María de Ligorio Obispo Sant'Js Roque y Jacinto Confesores.
Una vez enfermóse de cansancio y el
Confesor y Doctor, Santos Tiburcio y Supadre creyéndola a punto de morirse le
DOMINGO 17.
sana Mártires, Taurino Obispo Confesor y
escribió con ternura y cariño estas frases:
el Beato J uan María Vianney Confesor.
Señor San Joaquín, Padre de María «\1i querida bija: he pensado en tí toda
MARTES 12.
Santísima. El B. Bartolomé Laurel Mártir la noche y no he podido encontrarte un
Mexicano.
solo defecto; podrás tener pequeñas im·
Santa Clara de Asís Virgen Y San Forperfecciones, pero defectos ninguno, te lo
ti no Mártir.-Función titular en la iglesia
aseguro,&gt;
O O O
de Ja primera santa.-En la Basílica de
F-ero Margare! vivió y poco tiempo des.
•
d
s·
t
Alt
pués era ella quien lloraba la muerte del
Guadalupe v is1ta . e_ 1os. ie e . ares Y
padre adorado.
función de la Arch1d1óces1s de Linares.IB\@j)© Il©i~ ~ll!I~
Entonces la activa feminista empezó a
Vísperas cantadas en Catedral.
escribir para ganarse la vida y compuso:
&lt;La mujer del siglo XIX,&gt; &lt;El arte, la liMrlÍRCOLES r 3teratura y el trabajo,&gt; y otras obras más.
· 61"1to y c asiaoo
·
Má rt1r€s,
·
p a· Era en invierno• durante una fuerte ne• · El
mayor
de esta mujer con·
Santos H1p
,
su pa:ractivo
I b
ás
·•
. .
.
.
vada, cuando visité aquel Jugar del repo- sis1ia en
a a ra m
que en sus escn·
1
tronos principales de • ciudad de México so donde- el olvido con su blanco manto tos.
Sao Juan Bercbmans Confernr, Santa Au- co,bija a todos, graodeE y pequeños, iguaC~amoin_g es~ribió ~e ell~:
.
lándolos en un abrazo fraternal....
«;-;o habia _una reunión sm esta mu1er;
rora Virgen.
Era un díd. blanco cuando llegué, en ella ~'.'s deleitaba con su palabra vivificaJUEVES I 4.
que el infinito del firmamento, de un gris dora.
.
,
.
pálido parece esfumarse en las lejauías El~a misma lo coofe~o:«La conversación
San Eusebio Confesor y Santa Anastasia del horizonte!
es mi elem:oto. Necesito ser llam_a.ta fue.
Me sorprendió allí la nieve: lenta y si• ra de J_DÍ misma Y no sé.pensar sin hacerViuda.
lenciosa caía en blancos copos envolvien- me la idea de que al_gmen me escucha Y
VIERNES 15
do el verde de los árboles el mármol blan• me conteSt a. La escntura es c&lt;1:sa muerta.
ca de los monumentos, la piedra de las lá- ¡Oh mis queridos griegos que hablaban
La Asunción de María Santísima , en cu- pidas.
tanto!···· · · &gt;
En una capilla me refugié: y allí, en Y ella f~é la que fundó en Bostco _«Las
aquel silencio, pensaba en la mezquind¡,d C~oversac,ones,&gt; que más tar~e. dieron
de toda vanidad, la inutilidad de todo es- origen ª los mod:rnos clo~s fem 1_1;11stas.
fuerzo, la melancolía de todo anhelo al- «ES!a es 1~ muJer "n 901~n-d 11° Emercaozado y la amargura de toda realidad.
son-se podian descubrir siempre faculta·
CREME DE
Abstraída no había notado que la nieve des elevadas&gt;
CONSERVA LA BELLEZA Y JUVENTUD DEL había dejado de caer y de repente un aire
CUTIS.
fuerte agitó las ramas de los árboles que
ANGELINA FANTOLY.
Evita y cura los barros ahora parecía n de cristal: un rumor de
las pecas. las'erupciones, y delicadísimas campanas vibró en el sileolas
manchas
en la piel.ElDes• d. e Ia t ar_d e y a ¡ 1ns
· t t
O O o
vanece
las arrugas.
cu- cio
ao e observé que
tis áspero. marchito. páll- la meve cua¡ada sobre las ramas al chodo_y quemado de! sol, fld· car, unas contra otras lo producía.
-iQué le ha parecido a usted el estre·
quiere
suavidad.
lozania
· 01'd
'd
·
· ?
buen color
con p0cas
apli-y . Jam á s b a h. eri"do mis
_ os un so01 o oo, a_m1go m10
cacionesdeCremedeLuxe. igual: eran miles de pequenas campanas -,Horrendo! Me figuro que el que ha
~r:~~t•0 us~fs~/sª:a:;;'J! de cristal las q?e vibraban....
. escri'.o. e_sa obra. de!&gt;e _ser un excelente
le pesará Y haber lelctd este
Aquella mus1ca de los muertos, era sin prest1d1g1tador o ilus1001sta.
anuncio.
duda ninguna un homenaje de Dios!
-/Por qué?
.
Los moradores de aquel recinto en -Pues porque al terminar el acto seba~i":ºt~:~i~~~~~:7-lí'!: que los goces y los males terminan y gundo habían desaparecido del teatro tres·
fante, México.
en que la fuerza y el talento nos resultan cieotas personas.

Calendar.,o de la semana

LUXE

CONTRA LA CORRIENTE.
El remar contra la corriente es
un trabajo muy duro, aun cuando

d bote sea ligero y el remero sea
fuerte. Cada golpe de remo se
lleva un poco de fuerza. Los
pulmones trabajan mucho para
ir dando oxígeno á la sangre.
Las cosas que están en la orilla
no parecen pasar sino con una
lentitud. descorazonadom. Los
brazos y la espalda duelen y el ánimo decae. El enfermo que tiene
el hígadc pesado, la sangr-3 mala
y la digestión peor, es como el
hombre que se empeña en ir contra la corriente. Su lucha para
conservar la vida da pena. N cccaita un tratamiento, pero ningún
beneficio duradero puede esperarse del que quedó fuera de su uso
y está ya enmohecido por el pasa•
do. El tratamiento seguro es la
PREPARACION de W AMPOLB

que contiene una solución de un
extracto que se obtiene de Hígados Puros de Bacalao, combinados con Jarabe de Hipofosfitos
Compuesto, Extractos de Malta.
y Cerezo Silvestre. Es tan sabrosa como la miel, y como remedio
para las enfermedades procedentes de debilidad, se coloca á la.
cabeza en el progreso de la.
medicina. Purifica la sangre,
promueve la digestión, aviva. el
cpetito natural y reorganiza t()do
el sistema. Los que sufren de
Pulmones Débiles, Dolor en el
Pecho, Bronquitis y Desórdenes
de la Sangre, pueden atestiguar
su mérito transcendeutal. El Dr.
Germán Díaz Lombardo, Profesor
de Clínica externa en la Escuela
Nacional de Medicina de México,
dice: '' La Preparación de W ampole puede ser un buen recurso
oara hacer la medicación tómcareconstituyente, sobre todo en
los casos en los que por alguna
causa no se pueda usar el aceite
de bacalao puro." A cambio de
la desgracia de la enfermedad,
ofrece la dicha de una salud
robusta. En todas las Boticas.

!L~ llllll@V@ y Il@ llílil@©'&lt;!ll'&amp;
Por raro que parezca, la ausex;cia de
nieve dobla tl precio de la m adera. La
mayor parte de la madera que se gasta en
Europa procede del Canadá, Escandinavia y Rusia, y estos países sufren mncbo
con los inviernos crudos.
Durante cinco meses del año, sn superficie permanece enterrada bajo una capa
de nieve, y en el corazón de los grandes
pinares P.l termómetro desciende a veces
hasta 35º centígrados bajo cero.
La nieve es una de las mejores substancías no conductoras del calor y del frío.
Un termómetro que marque treinta centí•
grados bajo cero, por ejemplo, en )a su•
perficie de una capa de nieve de un pie
de espesor, sube al cero si se entierra de·
bajo.
L a nieve
·
es, por 1o t ant5'• una enorme
sábana que protege las raices contra los
grandes hielos, y, además, conserva el caJor oatur_a1 de1 sue 1o.
.
Los pinos grandes resisten cualquier
gra?o ~e frío: pe~o no así los jó'::'eoes,. y
un 10vierno sin nieve los mata urernisiblemente.
Por esta causa, si dejase de nevar desaparecerían los enormes buques de Eoropa del Norte, Asia y América.

�~BIBLIOTECA UNlVERS IT,AíllA
''ALFON"(9 REY ES
~fONDO RICARDO -COVARRUBIAS

EL MUNDO ILUSTRADO

BRAZOS VELLUDOS
com o los del mono , o

LABIOS SUPERIORES CON
BIGOTE
c omo los de un hombre .

Una sola a~Jlr.,rlón de REAL EXTIRPADOR DE
VELLOS "SIREN." basta para extirpar en pocos

Registrado como articulo de segunda clase e,. 3 de Noviembre de 1894.- Impreso en papel de tas Fábricas de San s:tafael.

minutos toda clase de pelos en cualquier rarte del

Año XX.- Tomo 11.

cuerpo: no imp0rta cuantos años hayan ex:istlJo

México, Agosto 10 de 1913.

allí. Esta modernísima
prepa.racion cuenta mu-

chos años de ser fa vorechJa en México, pues no
sólo es sumamente eficaz.
sino que no causa moles-

Galería artística

tia ni Irritación en la piel.
por delicada que sea, y la

deja fresca, limpia y suave como si jamas hubiese

tenido vellos. Frasco$,. 50.
Perfumado, $3.00. (si se
pidiere por correo certifi-

ca.Jo, envíense 25 cts. más.) Mue,tra suficiente para
una aplicación, 30 cts.
Depásltos:-J. Labadie Sucs. Co .. Av. San Francisco, 39.-Ulhlein Sucs.. Coliseo 3.-J oh,nosen
Félix Co., Av. San Francisco 39.-A. Varga, Sucs.,
Isabel la Católica. 6.-México.

Sócrates le detuvo, sonr iendo con estoicismo.
- l Por quó te has de ir?-le dijo. -No
hay razón p ara ello. E l otro día, cuando
¡ Cosa e xtraña!
comíamos en tu casa, una gallina saltó
-Sabes-dice Carlitos a Pepe-que yo
Mlle. Léoa Bruze.
sobre la mesa y lo derribó todo; sin embe bebido var ias botellas de agua de Co- _______________ ______________________ bargo, no hicimos más qoe reirnos de la
1
Jonia/
ocurrencia ....
-!Es posible?
Las Actrices de Pa rís
nera per fecta de declamar, y la simpatía Ignoramos la cara de Xaotipa al verse
-Sí, y no me hao hecho daño.
que ostenta en todos sus trabajos, han sido coi_nparada con el bí~edo de corr3:J. . . ...
-¿Y cuáudo ha sido?
Una de las actrices de moda en Joscírcu• motivos más que suficientes, par a que la Mas amarga que la cicuta que _beb1? en su
-Este ver ano pasado me llevó m1 papá los teatrales de París es Mlle. Léoa Bru· crítica parisiense la elogie con calor, s ien- muerte fué par ~ Sócrates la vida ¡unto a
por Alemania. Estuvimos en Colonia, y ze la cual acaba de tener un grao éxito, do, puede afir marse, una de las artistas fa. aquella mu¡er 1otolerab1e.
cuando tenía sed b~bía, naturalmente, en una obra de P aul Mouchot, siendo mo· voritas, no solamente de los públicos, sino Era, sin duda, signo de filósofos. Ter esa
agua del país.
tivo de ~u ingreso como socia en la Come- también de los autores, pues muchos de Levasseur , costurera vulgar y desleoguadia Francesa.
ellos han anunciado obras escritas expre- da, dió a Rousseau, su marido, consta ntes
Su bella figura, su mucha gracia, la ma- sameote par a tao notable actriz.
disgustos. Tachábale de haragán y de imPor si acaso
bécil por que escribía en vez de dedicarse
a más lucrativas tareas. Tomás Carlyle no
-Pt!ro, Carlitos, ¿por qué com•s con tal
glotonería, si hay muchos dulces en el
Pero sn esposa apr ovechando el sopor fué más afortunado en e~te punto que el
'
.
autor de &lt;El contrato social.&gt;
plato?
en
que caye~a ª po~o, ,orbió el veneno Y Washigotoo, el libertador de Norte
-Sí, papá ; pero tengo miedo de que se
le salvó la vida, sacrificándole la suya.
A é •
• •, ·
b
· d b · ¡
m! vaya el ap~tito antes de terminarlos.
Otra mujer enamorada, a pesar de todo m ,nea, v1v10 ~1empr e a erro¡a o a¡o a
fué Ana B'.&gt;leoa Su esposo, Enrique VIII, féru ª de su m u¡er._
.
Cuentan los biógrafos del poeta inglés harto de ella hasta el remate de la corona Otro tanto le babia sucedido al ~uque
Un tema
Shelley-y B~naveote al ude a ello en una r eal, no se limitó a suplantarla más o me- de Malbor~ug-e_l célebre &lt;Mambru&gt; de
El tema que Manolía debía resolver de· de sus más bellas comedias-cierto curio· nos daodestioameote, sino que se propuso la caoc1óo iofao~1I.-Sar a , la duquesa, era
sísimo episodio que los hombres cooside· librarse
ch, así: "Un acto de valor."
r com leto de su resencia. Y un~ hermosa mu¡n, de la que, pese a su
r aremos símbolo de abnegación, y las mu· para que~! infa!e p lan se re~lizara con 0~1oso carácter. estaba enamorado su maMaoolio escribe, muy ,atisfecho:
"Ayer noche, mientras estaba en el tea· jeres de estupidez y de locura.
el mayor boato y ostentación posible, en· n do. Sobre todo, _las bellas trenzas de oro
tro con el ab'lelo, al terminar el acto se- Es el caso que Shelley se enamoró cie· volvió a la infeliz en un proceso ioícuo, de la dam:1 entusiasmaban al pr_6cer. Hasgundo, el público aplaudió caluro~ameote. gameote de una hermosísima dama, Emi· haciéndola condenar alevosamente. Hor;,s t3: que, ella, dese3:odo pro_porc10oar le _un
Entonces, un señor que estaba sentado lía Viviaoi. Esto era muy natural. Sólo antes de la ejecución, la desdichada es- disgusto, no tuvo 10cooveo1ente en_ sacnficerca de 0010tros e xclamó: "Este sí que que .... Shelley era casado. Tampoco hay cribía a su verdugo: &lt;Siempre habéis pro· t~r sus magoificos cabellos y cogió unas
hasta aquí nada de anómalo, d~spués de curado encumbrarme. De simple dama me IJ~ras. · · ·: ·
es un acto de valor."
.
todo.
hicisteis marquesa; de marquesa, reina; de iOh, mu¡eres, ~u¡eres! No todas hao _de
Lo grave empieza al considerar que la reina, hoy me eleváis a la categoría de ser como Artemisa, e_s cierto. Pero ¿qméo
Un deseo a m bicioso
esposa del poeta, enterada del asunto, no santa.&gt; Poco menos que agradeciéndole nos asegura q~e 1": vrnd_;,, de Mausoleo o_o
Pedrito h~ itlo a buscar a su abuelo. lo desaprobó. Lejos de ello, puso en preo· el hachazo que había de cercenar su ca· fué un~ ~ruel 1ron1sta? , Por qué ~o hab1_a
sa el caletre , ideando medios para que su beza....
d~ ao11c1parse .ª don Juan Teo?no al er!·
D~spués de un rato le d ice:
- /Sabes, abuelito, que hoy es mi cum· marido consiguiera el amor de la esquiva; ¿y doña Juana, enloqueciendo por amor g1r el ce!ebérnmo panteón ? cS1 buena v1y vista la utilidad de sus esfuerzos, le ay u· a su esposo? ¿Y Artemisa, elevando en re· da ?s quité, buena sepultura os.dí&gt;-penpleaños?
- /De verdad? Pues muchas felicidades, dó a ra piarla.
cuerdo de Mausoleo una de las siete ma· sana tal vez, acor dándose de_l di~ooto . • •.
¿ Verdad que es un caso estupendo ? Pues ravillas del mundo clásico?.... Indudable- Y_ que me perdone Ar t~ro1sa s1 esta su
hijo mío. ¿y cuántos añ?s cumples ?
no
es
el
único.
Luis
XIV,
&lt;el
Rey
Sol&gt;
mente, l as mujer es son muy buenas para pos1c1óo resultase calumniosa.
-Diez.
-Pues toma diez pesetas, uoa por cada después de amar doraote una temporada sus maridos.
A UGUSTO M ARTÍNEZ ÜLMEDJLLA.
a
la
duquesa
de
La
Valliére,
se
cansó
de
año.
Pedrito mira los dos duros y después, ella. Bueno; convengamos en que si fué
o o o
como nos la pintan, debía resultar empaalzando la vista. lt dice al abu elo:
lagosa,
en
su
adoraciónsin
lím
ites
al
egre·
- iC uánto me gu staría tener una edad
gio amante.
COCIO la tuya!
E llo es que el gran Lu is se hastió de Pero ... . hay un &lt;pero&gt;. O lo que es
QUE MADRE NO CONOCE las tao te• mer engue, sustituyendo a La Valliére por igual, a bundan los ejemplos en demostra·
midas enfermedades del niño de oecho, el la Montespau Al saberlo la postergada, ción de lo contrario. Antes de que el pa· En el pueblo de Viterees (Roma} falle·
catarro intestinal, la diarrea, etc ? Felices ma rchó pr esur osa en busca de la nueva ciente Job se dedicara de lleno a la vida ció u na religiosa de aquel monasterio, a la
las m1.dres que hao aprendido a conocer favorita. ¿ Par a arrancarla el moño en un contemplativa, cuentan las Sagradas Es· que se consideraba como santa.
las notables p ropiedades de la &lt;Kufeke&gt; ataque de celos furibundo ? Xada de eso. crituras que su esposa bacía todo lo posi- Por espacio de más de medio siglo perpa r a niños y que saben que alimentando a
Para perfumarla y vestirla del modo que ble por poner a prueba su mansedumbre. maoeció en el lecho una posición invasu s hijos con d icha harina los conservan por propia exp eriencia, sabía era más del Es muy probable que se dejara invadir r iable, sujeta por un rígido aparato que fué
sanos y favorecen en alto grado su desa- agrado del inconstante ...... Claro está por la lepra, no sólo por amor de Dios, necesario aplicarle par a evitar la rotur a
que se trataba de una esposa &lt;de la ma- sino para evitar la proximidad de su cóo- de la espina dors::l.
rrollo.
no izquier da&gt;; per o esto no desvirtúa el yuge.
Su resignación y su martirio er a n tan
techo, toda vez q ue la lesión de amor Xantipa, la muje r de Sócrates, fué otro conmovedores, q ue generalmente, era lla·
propio era la m isma.
cmo:ielo&gt; de esposas. De baja extracción, mada &lt;la Santa,&gt; y el día en que se cum•
Junto a los dos &lt;casos&gt; t raoscriptos, se había unido al célebre filósofo supo- plió el cincuentenar io del comienzo de ta·
COGNAC
cuantos pudi eran citarse, carecerían de oieodo que con sus enseñan zas ganaría les sufrimie ntos, el Papa Pío X le envió
relieve, Roberto, hijo de Guillermo el mucho dinero. P r onto advirtió su error, su bendición y una carta cordialísima.
Conquistador, fué her ido por una flecha toda vez que Sócrates daba gratis sus lec- Al monasterio iban muchas peregrina·
envenenad a .
ciooes, y además invitaba a comer a los dones, porque .a religiosa daba p ruebas
Dié roole lo3 médicos por desahuciado, discípulos más aventajados. Xantipa pro- de una clarividenci;,, asombrosa, al punto
a menos que alguien succionase la llaga, cur aba vengarse acibarando su existencia, en que el día que fué asesinado e l r ey
salvando al moribundo. a trueque de p er e- poniéndole en ridículo constan temente con Humberto se Jo anunció a la Comunidad
cer inmediatameo1e el salvador. Con loa- su s intemperancias y sus groserías. Una horas antes de que la noticia llegase a Vi·
altruismo, Rober to se opu~o a que vez tiró la mesa donde el filósofo y un su terbes.
Ninguno tan delicioso como éste. ble
p r acticasen el r emedio, resignándose a amigo se disponía a comer. El invitado La muerte de "la Santa" imp resionó do.___________________ sucumbir.
se levantó, dispuesto a m archarse. Per o Jor osameot e a cuantos la conocían.

La Media Naranja

l

LA SANTA

=-------------------:

1

Retrato de Miss. Robinson, por Gainsborough .

Número 6.

�DlRECTORIO
EL MUNDO ILUSTRADO
SEMANARIO DI!. ACTUALIDADII.S, ARTE y L ITERAT URA.

DIRECTOR PROPIETARIO
LIC. ERNESTO CHAVERO.

OFICINAS:
3' Calle de Ía Rinconada de San Diego No. 41.
Teléfonos: -Mexicana, 20-85 Neri
Ericsson, 14-51
Apartado Postal 149. - México, D. F.

PRECIOS DE SUBSCRIPCION MENSUAL:
En la Ciudad .. . . ..... .... .. . . ........... $
(pagadero por adelantado.)
En los Estados . .. .. . .. . .. .. . .. .. . . . . . .. . . . $
(pagadero por t rimestre adelantado.)
En el Extranjero .. . . . . .............. . ..... $
(pagadero por semestre adelantado.)

1.00

I. 2 5

2 .00

NUMEROS SUELTOS:
En la Capital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
$ o.~"
En los Estados . . . ... .... ..... .... ....... . .... 0 .35
En el Extranjero ..... ... .. .......... ... ..... 0.50
Atrasados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. o.50
Para la publicación de avisos en este periódico, dirigirse a B . &amp; G. Goetschel, Avenida 16 de Septiembre,
16. Sus agentes en Europa, la Societé Mutuelle de Publicité, 14 rue de Rougement, (9 e).
NO SE DEVUELVEN ORIGINALES.

CRONICA EN VERDE
Como la esperanza en los corazones de veinte años,
Agosto derrocha todas las gamas del verde sobre nuestro valle. en estos hermosos días estivales,-limpias de
nubes las frentes radiosas-Que pasan arrastrando las
púrpuras vespertinas con un vago aire de sensualidad.
Es el color que prefiere. Antes de que el mal de otoño
ponga una sombra en su lozanía, el mes de los aguaceros y de los soles esplendorosos, hace variaciones ioagotables con el almo color teologal, que nata en las hojas de los árboles con más riqueza que la escuela veoeciana y con una inspiración más diversa que el s~ ñor
de Phocas, amigo sólo de las pupilas felinas y de las
esmeraldas enfermas. Agosto oo. Es más amplio también que Arturo Rimbaud , el que únicamente veía de
color verde, determinada vocal, en el curioso paisaje
de su iridiscente soneto. Pero no olvidemos que estas
líneas están escritas para una mayoría de lectores que
probablemente ignoran a Rimbaud, y por ende, su célebre soneto. No todos tienen tiempo para inscribirse
en el Ateneo, oi mucho menos para traducir a Rimbaud, el poeta de adolescencia buracaoada, y de versos
~xtraños y originalísimos que hicieron la delicia de
Veclaioe en los años ya distantes df'l simbolismo. Así,
creemos que esos lectores nos ag radecerán, a propósito
del agua ma rina, en cuya corriente comienza a bogar
la barca de esta cróoica ligera, que les demos a cooocer el soneto citado, en donde se expone la pcética teoría de la audición colorida:
A neg ra, E blanca, I roja, {l verde, O azul, vocales,
be de decir algún día vuestras :1.lcuroias latentes.
A, negro corce l ,·elludo de moscas resplandecientes
que zumban en derredor de fetideces brutaleF,
golfo de sombra; E, candor de vapores y de tiendas,
temblor de umbela, rey blanco, lan za de hielos altivos;
I, púrpura, esputo, saog re, reir de unos labios vivos
de cóle ras o embriagados de penitentes enmiendas;
U, ciclos, vibrar divino de mares verduzcos, pa z
de las dehesas sembradas de reses, ruga tenaz
que la alquimia en la amplia frente pone a los !Jledita(bundos;
O, clarín sumo, estridente suscitador de despojos,
silencios atravesados por Serafines y Muodos,
-0, la Omega, el puro rayo violeta de Sus Ojos!
Tal es este bello soneto, tao fár ilmente vertido ;,.l
castellano por el poeta español Enrique Diez Canedo,
(que a pesar de su belleza no a consejamos que imiten
los futuros justadores aspirantes a la Flor Natural en
tos próximos juegos flo·rales, organizados por la culta
Escuela de Jurisprudencia, si quieren llevarse PI premio) y donde la U, que en todo caso. para nosotros sería
negra y orlada de rojo, puesto que nos suscita e~pactáculos espantables y s iniestro~, por ejemplo, el rugir

de la tempestad, el tumbo del trueno, el grito ululante lizábase pesada y tarda, bajo el desmayado impulso de
remeros fatigados, hasta atracar pesadamente a la oride las fieras, para el lírico francés evoca el vibrar de
los mares verduzcos y la paz de las dehesas sembradas lla del mercado. La vida, tan intensa allí por las mañanas, a esa hora de la tade parecía aplastada bajo el
de reses; Se ve, pues, que Agosto difiere de Rimbaud
y de nosotros. Porque todas sus vocales son verdes y es manto candente de los cielos.
Por el opuesto lado, las brisas marinas iniciaban tíseguro que contempla la tierra a través de una gran esmerald1, como cuenta Suetooio que hacía Nerón, el midamente sus refrescantes soplo~, rizando levemente
la superficie acerada del caudaloso Pánuco.
césar de la barba de bronce.
Por allí la actividad se adivinaba sino se percibía.
Coronado de hojas y de frutos, como un rústico dios
de los campos y de los bosques, con la arbórea cabelle· Sordo rumor de lejana colmena simulaba el constante
ra mojada por el rocío de las últimas lluvias, no lo bus- ajetreo en la carga v descarga de los vapores atracaquéis en los prados de las alamedas urbanas ni en los dos a los muelles. El chirriar destemplado de los ca·
setos de los jardines ciudadanos, lugares para él empe• bles, los gritos de los cargadores, el ríspido tableteo de
queñecidos por la geometría y las tijeras del jardinero. láminas caídas, el sordo rodar de los toneles, formaban
Id a Tlálpam, a San Angel, a Coyoacán. A favor del uoa extraña y discordante sinfonía, sonancio a la sorpaisaje que se desarrolla al paso del tren como una pe- dina a través de la distancia.
Casi simultáneos, rasgarou el aire dos silbatos: uno,
lícula, lo veréis en sus naturales dominios, perdido en
espesuras umbrosas, ensayando todas las gradaciones de prolongado y tétrico, de un podero~o trasatlántico, y el
su color favorito en el follaje que se riza suavemente otro, estridente y rápido, de nuestra locomotora, que
bajo la bonanza de la tarde. Desde el verde tierno y lentamente se puso ea movimiento.
De la multitud apiñada eo el anden,salíao voces cla•
delicado Que recuerda los brotes abrileños en el primer
despertar de la savia, hasta el verde maduro y profun- m indo recomenda dones postreras y expresivos adioses,
do, que ya anuncia la serena vecindad de Septiembre; mientras las manos se tendían en ademán de despedi·
desde el verde vivo y brillante que se espejea en las da
Una mujer, que había ocupado un asiento junto al
lontananzas marinas, hasta el fúnebre que demora en
las copas silenciosas de los cipreses; desde los óxidos y mío, a través de la ventanilla despedíase, con silencioel orín que cubren la armadura plebeya 'd e algún rep- so ademán, de algunas personas que desde el andén le
til, hasta los sinoples egregios que blasonan las plumas dirigían expresiones cariñosas y efusivas. Mi joven
del quetzal ; desde el color de !;is algas deshojadas en compañera de viaje quiso decir al)¡o, pero comprendí
un sumergido jardín, hasta el de los cabellos glaucos que la emoción ahogó la voz en su garganta, mientras
que flotan ea los hombros de hs ondinas, hasta el de sus ojos, profundos y expresivos, se licuaban en llanto.
Me interesó su actitud . Vestía humilde traje negro,
las verdes crines revueltas en el cu~llo de los hipocam•
pos, todos los tonos y matices del color propicio a la coa la pulcritud y el aliño característicos de la clase
esperanza, detalla Agosto con sus paletas ec. estos días media: Su rostro, ~ofl~quecido y pálido, revelador quiestivales, que con perezas criollas se duermen ea los zá de 1gooracias miserias, no estaba exento de cierta
horizontes de nuestro valle, borrachos ce luz y de gracia sugestiva y atrayente. Su actitud de pena reconcentrada. las profundas ojeras que rodeaban sus ojos,
calor.
Hasta la serranía del Ajusco, más bronca ahora que las lá~rimas que a su pesar acudían a sus párpados, me
es guarida de discíp•1los descarriados de Tolstoi, pare- hicieron pensar ea algún hondo e inmediato sufrimience haber perdido su vago color de amatista, vestida, to.
A poco pareció serenarse su semblante, adquiriendo
como está, con los toisones espléndidos de la Estación.
Todo abarca la gran esmeralda de Agosto, con exc ~p- una actitud de fría resigoación, mieotras sus ojos obsción de la frente pelada de los volcanes, q ,;e como tinadamente se clavaban en la ciudad que se perdía a
abuelas desengañ ados y escépticos, ya perGieron la es• lo lejos, y de la que ya sólo se destacabao, como avao·
peranza de ser felices. Mai:, a pesar de ellos, algunas zados centinelas, algunas casuchas de madera sobre las
ondas de vida los alcanzan y los ciñen de verdes cintu- colinas del poniente.
Refrenó el convoy la velocidad adquirida, para crurones, cual las algas qne se enredan liberalmente eo
los arrecifes del Golfo. La única fiesta de los colosos z:tr el grao puente que se tiende sobre la confluencia
se halla en los crepúsculos, que siguen glorificando sus de los ríos; y aceleró luego su marcha a través de la vecanas venerables coa las rosas blancas de las auroras, getación lujuriosa, que se abría a trechos mostrando la
y con hs guirnaldas votivas que les tejen las tardes. reverberante superficie de las aguas.
Cuando el día está a puoto de morir y la tierra se pone . Los ~jos de la e_nlutad.., secos e impasibles, seguhn
triste al verse lentameote iov~dida por la sombra ooc• 1mprec1sameote fi¡os en la borrosa lejanía.
La lascitud eogendrada eo mi organismo por el ca·
turna, un supremo beso de luz santifica la frente del
Popocatépetl y riela como una sonri~a, en los labios ce- lor excesivo; la pesadez de mis párpados que obstinarrados de la &lt;Mujer Blanca,&gt; la bella-durmiente de la damente se cerraban, eran obstáculos para saborear las
bellezas del paisaje, y sólo de vez en cuando reclamaeternida1.
Entretanto, bendigamos al mes de los aguaceros y de ban mi atención algunas notas pintorescas y atrayentes:
(os soles brillantes que ceo su nota de color canta el el revuelo pesado y majestuosa de algunos pájaros acuápoema del verde, viejo símbolo de la esperanza, sobre ticos. o la actitud impa, ible de las vacas, que ó.luodo
hs campos fecundos Con hojas y frutos en la cabellera sus hocicos de la yerba, fijaban en el tren sus grandes
arbórea, lo veréis en cualquier pueblecillo de los alre- ojos melancólicos.
Dejamos atrás alg unas estaciones; el sol comenzó a
dedores pre;idiendo como ur. dios nístico, las giras y
los paseos campestres, bajo los palios de las frondas, a ocultarse tras _el vago perfil de la lejana cordillera; sala orilla de los mugidores torrentes, ora sentado sin turóse el ambiente de luz y de colores, y decreció el
pretensiones sobre la grama. Es el b11en padre de los calor hasta hacerse soportable. Ahora el paisaje era
idilios; y los enamorados, que lo sabeo, se acogen a su monótono y tedioso: deslizábase el convoy a través 1e
sombra para ser venturosos También es fama que pro· uaa llanura inmensa, cubierta de una vegetación raquíteg!, de pref uencia, a las muchachas que tienen los tica, pero compacta, uniforme, interminable.
Poco a poco habían ido au~eotaodo los viajeros en
oj ,s verdes y aterciopelados. como las hojas de los plátanos. Tú dirás, bella lectora, si reclamas su protec- el carro, dando lugar a sucesivas reconcentraciones de
bultos y maletas. FtJé preciso compartir mi asiento con
ción.
Verás cómo se abril!aotan los antiguos chalchihuitls un yanqui de traje amarillo, sombrero tejano, polainas,
que s ..eñan eo las sedas de tus ojos, esmaltados de es- y un puro formidable y humeante entre sus labios. Con
la aglo~eración de ge.1te. el humo del tabaco y el olor
p eranza y de amor.
de las viandas q~e alg~nos c_omeozaban a iogerir, la
atmósfera se ve01a haciendo irrespirable.
Uaa fam_ili3; oumer_osa se había_!nstalado a mis espaldas ; los ch1qu11los chillaban y reman, disputáodose frutas y dulces, mientras dos señoritas, las hijas mayores
probablemente, lanzaban miradas recelosas y tímidas,
a algunos varone; que las observaban con insistencia
impertinente. En el asiento frontero al mío, la enlutada
con~in~a~a insensible y abstraída, y uo poco más lejos,
un 10d1v1duo, gordo y sang uíneo, sudoroso y con la boca abierta, roncaba ruidosamente.
_Al hac~r alto el t~eo en la estación de Valles, atrajo
m1 atención, por lo rnusitado, el grao número de hombres y mujeres, de la mejor sociedad de la población,
c?ngregados en el andé n. Entre . algazara alegre y voPara &lt;El Mundo Ilustrado&gt;
c_1ngle~a, realzad~ por exclam_ac1ooes picantes y cristaAcercáb1se la hora ral{lamentaria de partida. Canta• hoas risas de mu¡eres, desJ?ed1ao a una joven pareja.
dos pasajeros nos colocábamos holgadamente en el ca• que a las claras se denunciaba como un par de novios
rro de primera, ocupando cada cual varios asientos, en su viaje de bodas.
•
como si el mucho espaci'l pudiera salvarnos del calor
En
un
instante
precipitóse
en
el
carro
una
invasión
terrible y asfixiante.
Tendido el convoy a la intemperie, recibía oblícua- de faldas y perfumes, sacudiendo fuertemente la conmeote los abrasaotes dardos de un sol de fuego, que cupiscencia de los hombres y la curiosidad de las murecalentaba cristales y maderas, haciéndonos respirar jere!. Muchachas ~e tez morena y ardientes ojos, desp~draose d1; la novia entre abrazos y besos y envidiosas
en el interior del carro un pesado aliento de horno.
Por las venttaillas de la derech'l. per-.:ibíase la bru- miradas, mientras los hombres, amostazados y circuos·
ñ ida y tersa plata del Tamesí, en cuya inmovilidad te• pectas, Bxternaban sus buenos deseos eo frases manodiosa quebraba el sol sus dardos, ea mil haces temblo- seadas y vulgares,
Al anun~io del conductor,_precipitóse hacia las puerrosos que deslumbraban la retina. Sobre la cinta inmovil y brillante, parecía reposar Pl panorama opere- tas el aluv1?~, de faldas .Y risas y perfumes, dejando
tesco de Tampico, envanecido con los presuntuososedi· una grata v1s1on en los o¡os de los viajeros, hasta entonces a dormilados por el fastidio.
ficios circundant"s de la plaza.
Una que otra buca, sobrecargadaenormemeote, des·
El ú°nico sitio vacío era una parte del asiento ocupa-

EN VIAJE

Van- Eyck, el piotor flamenco, el prín•
cipe y señor del Iris, ya habita en París.
¿Q ué hace allí ? quiere vivirlo.
Pero se acuerda de los encantos de los
cielos natales. Aquellas dos torres de la
catedral, vistas desde su quinta, semejan·
tes a dos palomas morenas echada~ en.
una lejanía. Del celaje vespertino que ostenta oco, rubí, topacios, y parece que
tras él flotara uo cisne albo en un lago
celeste. De la colina de ópalo, como
con un vt:lo azul, donde tras ella, enroje•
cido y luminoso se ocult~ el Sol, hermoso
pontífice que inspira con sus rayos el co·
razón de las cosas, con lo cua! se veo
alegres como si quisieran cantar. De
la majada de vacas y bueyes, que
levantan polvo en el camino, en una tarde

do por la enigmática eoluhda. Allí se
instaló Id. novia, colocando dificultosamente y ea cualquier parte, maletas,
bolsas y ,:anastas, ayudada torpemente
por su marido. Para éste ya oo hubo sitio, y se quedó de pie, al lado del asien•
to, todo amosti.zado y cohibido bajo las
miradas impertinentes de los viajeros,
oo sabieodo qué hacer ni . en donde
colocar sus manos.
Era la novia una muchacha m,&lt;;&gt;reoa
y agraciada, inquieta y vivaracha, de
ojos picarescos y expresivos, y desenvueltos ademanes. Al instante trató
de conversar con la enlutada, que tra·
bajosameote parecía despreoderse de
su abstracción, para atender con fioa
cortesía a la locuacidad de su campa·
ñ era.
Afuera, las sombras de la noche de
varaban los últimos girooes del ere·
púsculo, mientras en lo alto del cielo y por entre el desgarramiento de
las nubes, asomaban los astro~ sus pupilas radiantes.
-Esta mañan11. nos casamos-decía
l a novia rebosante de:, alegría. - Pedro no quería que nos viniésemos
hoy. ¡Figúrese Ud.! quedarnos eo
Dos aspectos de la mesa del banquete con que celebró la Colonia Suiza el sábado de la semana pasada el 622 aniversario
V alles con ese calor espantoso y esas
de la Confederación Helvética.
moscos infernales! Vamos a San Luis.
la
felicidad
y
la
fortuna!
El
había
obtenido uo puesto fresca, coa uoa luz ténue, eomedío de la regía armonía
Allá vive mi familia, y ya nos tiene arreglada uoa ca·
sita primorosa, donde pasaremos la luna de miel. Yo eo una compañía petrolera de Tampico, y allá marcha- de la naturaleza, que ofrenda su himno al grao Cristo,
poeta de los versos soberanos y áureos, como el mar.
vine a Valles, de visita, a casa de mis tíos, hace apenas ron coa su amor y sus esperanzas. Fueron muy dicho
dos meses, y ea ese tiempo se ha arreglado todo, to- sos los primeros meses, Se querían mucho; él era muy ~e.l canto de no pájaro que sólo arpegia una nota, nota
do . . .... ¡Qué raro me va a parecer llegar ahora a San bueno, muy cariñoso, muy apegado a s:is deberes. Eo u01ca que se repercute en las copas de los árboles cobreve, con la estimación de sus jefes, conquistó rápidos mo en el seno de instrumentos metálicos; émulo de un
Luis, ya con marido!
Su verba pintoresca prosiguió fluyendo inagotable, sin ascenscs ea rn empleo. Pero ¡ay! era muy grande su ruiseñor benedictino que posara rn oido fD los cabelograr arrancar de su compañera más que forzadas res- dicha para ser duradera. Su marido enfermó del pe· llos de Mo~art. De una rubia ador¡,ble, de ojos azules
cho; abandonó su trabajo; el clima iohmpitalario lo como los cielos nocturnos que tienen la música de las
puestas y tristes sonrisas.
Casi todos los pasajeros dormían. El tren ascendía agravó rápidamente, hasta que poco a poco vió extin- melancolías; de cuerpo ágil, émulo de las palmas tropicales; que inspira sus cuadros y pone eosueños a sus
ah.:ira por las estribaciones de la cordillera que limita guirse a aquella vida de su vida entre sus brazos!
-iPobrecita amiga mía!-dijo la novia .-iHaber sa- crepúsculos y es la dulce amada eo los sacros festines
la Mesa Central. La máquina resoplaba ruidosamente,
de la lu:,,.
iluminando a intermitencias, con resplandores cárde- lido de su pueblo eo viaje de boda y regresar sola!
Un relámpago brilló en los ojos de la eo lutada
Ya lo veis.
nos, el paisaje nocturno misterioso y fantástico.
- iSola! .... ¡sola! .... joo, oo he tenido valor para
Las torres serenas, los crepúsculos vibrantes, los
La enlutada, vencida acaso por la ingeouidad parle·
ra y sugestiva de su compañera, abría su corazón a las volver sola! iNo he tenido valor para abandonarle allá! celajes apacibles, los encantados cielos natales tienen
su alma. Cada uno de ellos una r á faga. El la llama.
c onfidencias, resonaoao su voz coa suaves sonoridades )Allí viene ... . allí .... en el carro del express!
Se cubrió el rostro con el pañuelo y se agitó su cuer- Así irán llegando, una a una, tal vez en-la dorada urna
e inflexiones de lágrimas.
de una. o_ube viajen~, para con ella vivir París y pi otar
-1 Oh, no, oo puede u5ted imaginarse! .... La pena po en convulsivos sollozos.
Su compañera, que pareció anonadada por la impre- sus dehrios en los henzos blaocos de los lioos mooa,
que me destroza el alma es muy l.onda .... muy hond a! Hace apenas seis meses, yo también, como usted, sión, a poco se levantó calladamente, yendo a cuchi- cales.
hice mi viaje de bodas por este mismo camino, sólo que chear en voz baja con su marido, instalado ya eo cero o o
eo dirección opuesta. Yo también. como usted, venía cano sitio.
En tanto, los silbatos de la máquina, al rebotar de
radiante de felicidad; queriendo hacer a todos partíciEn F raocia hay quien cree que encender tres ciga-'
pe de ella; pareciéndome que todo en torno mío son- cerro en cerro, resonaban con desoladora persistencia, rrillos con el mismo fósforo trae mala suerte.
reía ...• Y ya ve usted, han basta:io apenas seis meses hasta extinguirse imprecisos y lejanos. El nocturno
para que el iofortuoio de~garre mi corazón . ..... Mi paisaje se tornaba lívido bajo los rayos de la luoa, que
o o o
asomaba su disco enrojecido tras el perfil de uo moote.
marido, mi pobre Antonio, ha muerto!
La
temperatura
del
océano
antártico es inferior a lá
San Luis Potosí, 12 de Julio de 1 9 12.
La novia, como espantada de ver tao honda pena al
del océaoo ártico.
lado de su propia dicha, escuchaba absorta. La voz de
LEIROF EA~AT.
oo o
la enlutada proseguía, rumorosa y atrayente. Era de
En ~ á poles hay eo las iglesia, gatos maotEnidcs por
Rioverde, doode vivía su madre anciana. Allí se había
~
cuenta de las auttridades para que no haya ratoces en
casado hacía seis meses. Su marido era pobre, ella
los templos.
también: pero era inmensa su fe para conquistar uoidos

�hecho el destino! mucho daño vas a hacer a los hombres.
Magda.-lLe parezco a usted hermosa?......
.
Sibila.-Sí, hija, pero nada temas Yo soy u~a bru¡a
que bien pudiera ser un.. santa. Me ac1:rco '.' ti, con la
boca llena de verdades; pero has de 01r mis palabras
como si fueran sentencias.
Magda.-Sí. ..• pierda usted cuidado.
Sibila-jLa fe te salve. hermosa joya de carne! Dame tu mano, la izquierda. Tan blancas ~ tan suaves como )as tuyas fueron en un tiempo las m1as; pero ahora
míralas ...... Manos propiamente de bruja, de uñas largas y encorvadas como las de º?~stro p~dre Sata~ás.
¡ Malhaya la joven que llega a v1e¡a! ¿Tu sabes quién
soy yo?
.
Magda.-No sé ...... ";le han dicho _que e~ usted una
mujer extraña y para quien el porvenir no tleoe secretos. Pero ... . . tengo miedo de lo que me vaya usted a
decir.
.
::,ibila.-Sí, no te han engañad".; yo_ soy una m~¡er
extraordinaria, conocedora de la c1enc1a de las ciencias, yo soy el orácu(o de la_verd~~.
Mira, yo be conocido la vida v1v1endo; m1 g!ªº saber
es la experiencia; mi única compañera la tr!steza; he
sufrido mucho porque he amado mucho. El !1empo me
ha hecho vieja: la tristeza enamorada d 71 ?11steno. Ya
be aprendido el arte fabuloso de la alqu1m1a en los romances del Marqués de Villena y he estudi~do con_ los
augures el canto de los pájaros y con 1~ qu1romáot1cos
la adivioaci6n del pasado y del porvenir de los h0m•
bres, por el exámen de las planicies, montes, valles,
surcos y líneas de las manos; yo s~ leer en los s~te~ta
y ocho cartones jeroglíficos del hbro de los eg1pc1os,
!amado &lt;Tarot&gt;; yo poseo el elíxir de larga vida, des•
Recreo de los niños asilados en el nuP.vo hospicio
de niños pobres en San Juan de Dios.

La Sibila
(Lugar de la acción: Un jardín con vegetación exubera!lte y extraña. Una fuente que canta el rumor dd
agua. Noche de luna).
Personajes: MAGDALENA y LA SIBILA
Magda.-¡Gracias a Dios que be l~egado! V1:ogo m~erta de cansancio. iQué largo el camino, qué mtermma·

ble! La casa de la :Sibila debe ser esta casa de miste·
rio. Tengo miedo .... quisiera huir ..... .
Sibila.-Alguieo ha entrado en el jardín.
Magda.-iOb, en la fuente hay una sombra . ... una
mujer .... ¡ La Sibila!
·_
Sibila (levantándose).-Nma, ¿qué buscas aqu1?
Magda.-jPerd6neme usted! venía a ...... consultarla ...... pero no ...... mejor mañana.
.
Sibila.-Vamos, tranquilízate, no tengas miedo, yo no
bago mal a nadie.
Magda.-No .... si no es eso ....
Sibila.-Bueoo, dime qué quieres ....¡quieres saber
tu porvenir?
Magda.-Si ...... señora.
Sibila.-Todo lo sabrás, vamos a la fue::ite. Estás
temblando, pobrecita.
Magda.-1Oh, Dios mio!
Sibila.-Llora, sí. . .. eso te hace bien; tú todavía no
puedes comprender el triste bien de las lágrimas. .
Magda (cooteoiéodose).-Es que estoy muy nerviosa ......
Sibih,.-Dios te bendiga, hija de Eva; ihermcsa te ha

El descanso rlominical en el asilo de mendigos.

cubierto por Ashaverus, el llamado Judio
Errante; yo sé el medio para atraer a los
hombres; yo conozco el bálsamo que cura
el dolor-placer de amar y apaga el fuego
sagrado de la concupiscencia . . .. Yo soy
lo que el vulgo llama una bruja, una maga,
una hechicera . . .• Yo lo sé todo .... y no
sé nada.
Magda.-Dígame usted lo que dicen las
raya, de mi mano.
Sibila.-lMaoo de reina! !Brazo de diosa! Tú serás lo que quieras ser; tú llegarás a donde quieras llegar.
Magd:i.-¿Y qué más?
Sibila -Más que tus manos, me dicen
tus ojos. La mujer vence por su belleza,
que es el soplo de los Dioses; es el grao
talismán, y tú vencerás hasta que quieras
o hasta que el tiempo mate tu juventud,
como ha matado la m;a.
Magda.-/De veras venceré?
Sibila.-Sí, pero iay de tí! si te enamoras. Para triunfar e11 la vida estorba un
poco el corazón; hazte querer de uno o de
muchos; pero tú quiérete a tí misma.
Magda -Pero es que yo quiero amar y
ser amada.
Sibila.-Me das lástima, pobre joven.
Triste destino sería el tuyo, yendo en la vida con el corazón en la mano, ofreciéndoselo a los hombres; todos tomarí.10 un poco y al cabe te eo&lt;;ootrarías, con que habías repartido tu corazón a pedazos, sin
haber encontrado al hombre de tus deseos.
Magda.-¡No! Yo entregaré entero mi
corazón s6lo al hombre que ame.
Sibila.-Dios te depare pronto a ese
hombre. Porque en amor no hay mujer
que no seequivoque, yde equivocación en
equivocación, puedes ir dejando, como te
dije antes, en manos de unos y de otros,
ese corazón que quieres conservar evtero
para uno s61o.
Magda -lPero seré feliz, seré desgraciada?
Sibila.-La vida es un camino muy largo; ándale de prisa; al final encontrarás
la felicidad: algunos la miran en forma de
esqueleto, llevando una guadaña en la
mano.
Magda.-iQué horror!
S1bila.-Pero no te asustes. Ya te dije
que el camino es largo, pero hay muchcs
que lo recorren riendo. La cue~tión está
en no preocuparse de nada; diviértete tú
y deja sufrir :t !os demás ... . . .
Magda.-Me asusta usted.
Sibila.-/Por qué? Ten fe en mis palabras y ya verás. La vid:i es un farsa; diviértete, goza lo más que puedas
¿El Bien? ¿El Mal? No te preocupes de
eso: sé buena o mala, según te convenga.
Ríete de todo y de todos hasta de tí misma.
Magda.-No la entiendo a usted.
Sibila -Ya me entenderás con el tiempo. Mira, ya ves que soy una bruja a la
moderna, que toda mi ciencia consiste en
haber vivido. Tu mano me dice que sólo
eres hermosa; no quiero engañarte c.on falsas predicciones, pero te aseguro, que si sigues mis consejos, la vida será para tí un
camino de flores.
Magda.-Le prometo obede.:erla.
Sibila.-Temo que te pierda el cora:r.6n, como me penli6 a mí, cuando tenía
tus años ...... Entonces m~seotí morir; pero no se muere tan fácilmente y en un
momento determinado. La tristeza hace
vivir y sostiene con más eficacia que la
dicha. Desde entonces vivo como la mayoría de los mortales: con la melancolía de
no haber sabido ser feliz: el único sentimiento que nos está permitido a los fracasados, a los viejos, a los débiles, a los pe·
queños y a los desdichados.
No tengo más qué decirte. !Adiós, hija
de Eva!
MANUEL M. JIMENEZ.

Nil\Jll@mJÍ m Il1l!lIID1a:ir
En la tranquila y recatada estancia,
de áureos brocados y de roja alfombra,
un manojo de rosas su fragancia
al aire daba, en la naciente sombra.
Suelto el rubio cabello, blanca y leve,
apueci6 la virgen stñadora,
y semejaba como airón de nieve
besado por un rayo de la aurora.
En la penumbra medio oculto el piano,
confidente de sueños, se veia,
como aguardando conocida mano,
mensajera del ritmo y la armonía.
.... Y las notas vibraron. De la luna,
que desceñía sus flotantes velos,
U o grupo de asilados

Juegos infantiles en el jardín.

NUPCIAL

Sr. don Manuel Rodríguez Lozano y señora Carmen Moodragóo de Lozano.-6 de Agosto de 1913.
un ra}0 entró a la estancia, como una
indiscreta mirada de los cielos.
Al oro de los cuadros di6 fulgores,
brill6 en las colgaduras de brocado,
hizo en la sombra resaltar las fi.cres,
y ca y6 .... como un beso en el teclado.
Y el rayo de la luna y las ignotas
cadencias se fundieron en fragancia ....
Surgían, como luz. las claras notas
y la luz ...• era música en la estancia.
Y en la calma, a los sueños oportuna,
el corazón absorto no sabía
si era cadencia el rayo de la luna,
o era rayo de luna la armo..:iía,
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

Háblame, me dijiste con locura
e.a ese hermoso instante de la vida
en que se siente el alma entristecida
en medio de la dicha y la ventura •...
Y me viste amorosa y con terour..
mostrando en tu mirada indefinida
ese "adios" que formó la despedida
de tu alma virginal en la amargura •...
Y yo miré tus ojos fijamente
porque no pude hacer que de mi frente
llegara hasta la boca; el pensamiento
Mas fué aquella mirada tao hermos.i,
que me sentí dichcso, y tú dicbosa
pudiste interpretar mi sentimiento .... !
ENRIQUE R. MARTINEZ,

�Dice a la guitarra
su pena el gitano,
canta soleares como las saetas
del Miércoles Santo.
Desoladas las cuerdas sollozan
su dolor amargo.
dolor sin consuelo del que ya ha perdido
lo que fué su encanto.
Desoladas las cuerdas gotean
suspiros y notas temblando,
como pecho que el lloro estremece
con intermitencias Penosas de llanto.
Son las soleares •
el lamento aciago
de un alma que gritasuspenas más hondas
partida en pedazos:
son sus lloros el ritmo bohemio
del hombre sin patria que va caminando
por todas las razas, y ve que la suya
no raya los cielos con su campanario.
Andar, andar siempre,
los hijos en hombros llevando,
prendido el ajuar a la espalda
como choza de seres extraños,
con los rizos caídos al cuello,
llenas de tendones negruzcos las manos,
desgoznadas las libres caderas,
los ojos profundos y bravos,
y el perfil nazareno y sombrío
de una ura hermosura bañado.
Andan,anddn,andan,
y cruzó su paso
bajo de los cocos velludos de Oriente,
bajo de los cedros de bíblicos ramos,
bajo las arcadas del pino del Norte,
bajo de las bóvedas triunfales del plátano.
Oid cómo canta
la voz, sollozando
sus hondos lamentos como un miserere
de negros y huraños:
&lt;Solo por el mundo
camina el gitano;
las gentes le escupen; todos le apedrean;
va crucificado.&gt;
Y arranca a los tristes bordones
un acorde infausto,
igual que una gasa de luto
que queda del mástil colgando.
Luego da a los vientos
otro triste canto:
como un velatorio, acompaña
la guitarra sus sones llorando:
«Yo no tengo casa,
yo no tengo a naide;
no tengo tan sólo ni un palmo de tierra
que muerto me guarde&gt;.
Y lt1ego flamea
su voz melodiosa de chorro afelpado,
estos cuatro versos cual cuatro blandones
que incendian el aire chisporroteando:
«Antes que agonice,
taparme la cara:
si me ve la muerte, temo que no quiera
llevarse mi alma&gt;.
Es en la subida
del verso más largo
en donde ,oe queda la voz quejumbrosa
como gallardete de luto ondeando;
es una fermata
personal, la que tiene lo mágico
de las soleares llenas de amargura,
de" sudores de muerte y de llanto;
y al bajar de la altura del cielo,
la voz se recoge llorando,
y en el pecho otra vez se acurruca
como el ala sed;isa de un pájaro.
Oyendo cantar desde niño

soleares a Juan el gitano
al compás de los duros. martillos
dando en las bigornias y tarareando,
aprendí de su música libre
los rítmos diversos y descoyuntados,
y ampliando en cadencias
de las seguidillas gitanas el canto,
compuse la silva ilexible
de versos elásticos,
sueltos cual serpientes,
libres ,;:orno lazos,
en que a veces suelo vaciar la armonía
que el cielo me vierte de un cáliz sagrado.
Cuando terminaba de alzar los martillos
el herrero bravo
y cogía la dulce guitarra
para acompañarse la voz suspirando,
hasta el pueblo cercano subía
el feliz maoantial de su canto,
Entonces la gente,
viejos y muchachos.
hombr.-s y mujere~,
acudían a oírle a un picacho,
y sobre las peiias
a donde lleg-.ba la voz desde abajo.
igual que en un templo
religioso y santo,
la gente sentía
subir el milagro
de la voz de ternura inefable
del triste gitano,
mientras de muy lejos
también con la brisa llegaba volando,
de un ruiseñor en la noche despierto
la canción de su nido de Mayo,
snjeto a la greña de plata y de verde
de un álamo blanco.
El herrero en la paz de la noche
este treno gorgea al espacio:
&lt;Yo morí hace tiempo
y estoy enterrao;
el alma la tengo de cuerpo presente;
yo la estoy velando&gt;.

~ífW©&gt;
De pié, sobre la márgen del Camino,
contemplando el erial lleno de abrojos,
increpo al Cielo. con tranquilos ojos,
oprimiendo el bordón del pert·grino.
Nada me importá que el adverso sino
haya roto mis piés, en saogre rojos:
han de quedar erguidos mis despojos
como reto inmortal contra el destino!
Y cuando caiga en la tenaz porfía,
sin rendirme jamás en la contienda,
a Dios he de llevarle, como ofrenda,
un alma bien templada, por ser mía...
¡Adelante, que al fin de la jornada
llegaré, con la frente levantada!

•
Vivo para luchar. Nada me arredra
ni podrá contener mi ardiente brío;
su mejor garantía es el ser mío:
firme baluarte, coracín de piedra.

Allí se estrellan los que en ruda guerra
me lanzan dardos con furor impío ....
pues del Honor y del Deber me guío,
jamás el miedo en mis sentidos medra.
Fuego patricio en mis entrañas arde!
y la puerta del pecho está cerrada
para todo cuanto es bajo y cobarde

Muertas mis ilusiones, voy a solas
embarcado en la nave del deseo,
abrigando mi Ideal, tan gigantéo
como del mar las encrespadas olas.

&lt;Calle e la amargura,
yo te vov pasando;
mi sangre de hombre se quea en tu&amp; piedras
tendía en un rastro&gt;.

Son eco del dolor mis barcarolas;
y bogo convertido en Prometeo.
cuando en mis ansias solamente veo
de mis tardes sin luz, mustias aureolas

&lt;Soy como la víbora
que vive en el campo:
todos se desvían al ver que se acerca
y tu~rcen el paso&gt;.
Y se arremolinan los nerviosdeangustia
de la copli. a los l:.ondos zarpazos,
cual si, estremecidos, quisieran los huesos
salir de la carne gritando.
SALVADOR RUEDA.

El templ~ del Sagrado &lt;;orazón de Jesús (San Fr..ncisco),durante la m,sa de la colonia vasca en honor de San Ignacio d.,
Loyola.-Mons. Mora y c'!el Río en el templo de San
Francisco después de la misa a San Ignacio.

solo quiere saciar mi alma angustiada,
la sed de Libertad que me maltrata
y el hambre de Derecho qlle me mata!

Y luego se arraoca
las entrañas latentes de cuajo,
al cantar esta copla de adelfas
de tuera y de acíbar mezclados:

Gime la guitarra
un feroz alarido temblando
baio la epilepsia de los largos dedos
del mozo bizarro,
y váse extinguiendo por ondas de música
el lamento trágico,
como se desata por ondulaciones
un nudo de llanto,
Está el pneblo todo
&lt;cloroformizado&gt;
por el son de la voz religio•a
de este Jeremías profundo del canto,
hasta que desriza
igual que un prodigio encantado,
la postrer seguidilla gitana
que impregna los aires de sones amargo,;

,

mi grandiosa majestad y poder, no todos alcanzais a
comprenderme ..... .
Soy-oidlo bien-¡soy el PATRIOTISMO!
E vGE?-;I O MAR Tf:-; E z L.~zzERJ.

Orizaba, Junio de r91 3.

Ail1@ ~llll~ Il@~ lhl~~!l"~~ in®llh&lt;Sll'il ~ !Jifü(to
ll\lllll&lt;&amp;i@ ~lfü Il&amp;

¡y qué larga es la noche de la ausencia!

~ll'il

¡qué triste es el mirage de los cielos,
si amenazan mi barca, en su inclemencia,
las tempestades del terrible; hastío ;
y al contemplar fallidos mis anhelos,

me abandono en las ondas del vacío..,!
M. A. DIAz.
De &lt;Pétalos&gt;.
o o o

Sereno y humilde, de cara al Destino,
llevando los brazos abiertos en cruz,
un monje recorre su austero camino
que alumbra el reflejo de mística luz.
No tiene rencores, ni sabe de insidia,
su espíritu ha sido sencillo y veraz,
y en todas las luchas que ahíja la envidia
alzó las dos manos pidiendo la paz.
Le alcanza la gleba. Hirsuta y clamante,
le befa, le insulta; y, al irse delante,
no se qué le dice nombrando a Jesús.
El pide para ella la fé de la enmienda ;
y humilde y sereno prrsigue su senda
llevando los .brazos abiertos en cruz.
JAVIER SORONDO.

a

~ 9 ;/

¡pi©:&lt;C©:~ V~~~

dente pupila debhecha en llanto ...... los ojos de una
madre, de una esposa ...... de una uovial
o o o

(ell OO!l"lru:tll\l

-lQuién soy? -La fé que conduce a las grandes
proezas, un átomo de Dios; un amor que sacrifica en
el altar de ~u adoración los más sagrados vínculos, la
amistad, la fraternidad, la vida .... !
AMOR que se posesiona en absoluto de los corazo·
nes, que hace h&lt;!rvir tumultuosamente la sangre en las
venas .... que provoca extremecimieoto supnmo de un
pueblo entero al recuerdo de su raza: ese soy yol!!
Hago vacilar y destruyo coronas testas; vindico a las
generaciones vilipendiadas; y el sagrado DERECHO
de un pueblo inflamado en ígneas flamas dentro de los
pechos a mi contacto es mortal para los opresores, para los que tratan de usurpar un poder inviolable!
En el alma de los hombres soy algo como un proemio
a los grandes cataclismcs de sangre, precursor de la
muerte o de la victoria!
Mi espíritu está caldeado por un hálito divino, por
eso reanimo y vivifico a los decaídos, a los humildes, a
los eternamente oprimidos por extraños! -Muchos ha·
blan de mí .... pero .... ¡cuán pocos me practicaD .... !
Sin mi no tienen valor alguno los acontecimientos·
políticos de las naciones. Soy algo necesario para el ho·
nor de la bandera.
A veces me oculta el centelleo flamígero de una es·
pada de combate, la boca de un cañón despidiendo me·
tralla, y con esta la irrupción de la muerte y el txter•
minio; a veces reflejo mi poder insuperable en el gesto
heróico de un soldado muerto de frente al enemigo...
Pero, a las veces, tambi(n suele ser"mi refugio la can·

Mi poder que obra milagros, abate a los poderosos,
desbarata las mayores ambiciones y desprecia a los &lt;co·
!osos&gt; ....
Mantiene incólumes y re~plandec;entes. las tradiciones, el nombre legendario de una raza, el símbolo sagrado del pabellón!
Pocos hombres sabeo que dtsposeyéndome, jamás serán buenos hijos, jamás serán buenos padres de fami·
lia ..•.
Todo lo dicho, quizás os dé luces para imaginar quien
soy ....
Sin embargo, os diré:-que soy el que torna heróicos
a los pusilánime,s, gigantes a los pigmeos, y •..... -lo
que es más-posible Jo imposible!
También debéis saber que ante mí la fantasmagórica
MUERTE a nadie arredra; que el egoísmo desaparece
y .... el milagro surge!
Ya véis, pues, que soy excelso, que soy terrible y omnipotente!

o o o
JNo tembléis .... ! que soy el más bello de los amores,
la más sublime de las satisfaccionesl-Acercaos a mí,
prosternaos y bendecidme!
Mi contacto os fortalecerá el espíritu, os hará felices ..... .
Vedme: ¡cuán blanco, cuán impalpable, cuán radioso
e inmaterial soy! .... _.-,Os turbais? ..... .
¡Es que sois culpables) ¡Bajais la vista porque no me
posee is ...... y al aparecer delante de vosotros en toda

/

Para la señorita D. :\1.
Tus bucles negros, tu tez moreoa
con tus mejillas color de fresa;
ese bosito fascinador,
cabe tus labios rojos do impera,
como reflejo de una alma fresca,
una sonrisa de tentación;
tus grandes ojos, la gentileza
de tu mirada, pura y serena .... ,
que irradia vida, fuego y amor,
cantan muy alto que eres princesa
del arrogante linaje azteca
de la gran raza de Cuauhtemcc.
o o o
Deja que lleve, virgen azteca
hasta tu trono-como una ofrendade yoloxochitl la blanca flor;
mi flor amada, mi flor de selva,
la que te brinda mi alma bohemia
porque es emblema del corazón.
Y si piadosa curas mis penas
con tu mirada pura y serena .... ,
que irradia vida, fuego y amor.
seré tu esclavo, linda princesa
del arrogante linaje azteca
de la grao raza de Cuauhtemoc.
PORFIRIO TORO RAMIREZ.

�c;©1~©

~l ~., Jl~ ~1~íit)):rit&amp;
i\.ot1e~lña

Viendo a Minna poner una cara un tanto desolada
me atreví a interrumpir al doctor:
'
-Me parece que íbais a demostrarnos que el tiempo ..... .
-Y bien, dijo, puesto que no os placen las disertaciones por prólogo, vamos al cuento que debo contaros
y es el siguiente:
'
-Hace veintitrés años, conocí en Buenos Aires a la
familia Revall, cúyo fundador, un excelente caballero
francés, ejerció un cargo consular en tiempos de Rosas.
Nuestras casas eran vecinas, era yo joven y entusiasta
y las tres señoritas Revall hubieran podido hacer com'.
petencia .ª las tres Gracias. ~e más está decir, que muy
pocas chispas fueron necesarias para encender una hoguera de amor ....
-&lt;Am-0- 0--r&gt;, pronunciaba el sabio obeso, con el pulgar de la diestra, metido en la bolsa del chaleco y
tamborileando sobre su potente abdomen con los dedos
ágiles y regordetes, y continuó:
Que el doctor Z. es ilustr_e, elocuente, conquistador,
-_Puedo co?fesar francamente que no tenía predique su voz es profunda y vibrante al miEmo tiempo y
lección por n10guoa, y que Luz, Josefina y Amelía ocusu gesto avasallador y misterioso, sobre todo desp~és
paban en mi corazón el mismo lugar. El mismo, tal vez
de ~a publ~cación d~ ~u obra sobre &lt;La plásti~a de Enno; pues los dulces al par que ardientes ojos de Amelia,
~uen&lt;:&gt;,&gt; _quizás podna1s negármelo, o aceptármelo con
su alegre y roja risa, su picardía infantil ........ diré
restricciones, pe_r~ que_ su calva es única, insigne, herque era ella mi preferi~a. Era la menor; tenía doce
mosa, solemne, hnca s1 gustáis Joh, eso nunca estoy
años apenas, y yo ya había pasado de los treinta. Por
seguro! ¿ Cómo negaríais la luz del sol, el aroma' de las
!ªl _motivo, y por ser la chi~uela de carácter travieso y
rosas y las propiedades narcóticas de ciertos versos)
¡ov1al, tratábala yo como niña que era, y entre las otras
- l Sabéis cuáles son los priacipios del hombre? Gru- dos repartía mis miradas incendiarias, mis suspiros, mis
Pues bien, esta noche pasada, poco después que saluda:
pa,
jiva,
!inga,
sharira,
b.ma,
rupa,
manas,
budhi,
alma:
mos el toque de las doce con una salva de doce taponaa~reto~es de manos y hasta mis serias promesas de mazos del más legítimo Roederer, en el precioso comedor es decir, el cuerpo, la fuerza vital, el cuerpo astral, el tr!mon10, en una, os lo confieso, atroz y culpable bigarecocó de ese sibarita de judío que se llama Lowens- alma animal, el alma humana, la fuerza espiritual y la mia de pasión. ¡Pero la chiquilla, Amelía! ...... Suceteinger, la calva del doctor alzaba aureolada de orgu- esencia espiritual ..... .
día que, cuando yo llegaba a la casa, era ella quien prillo su bruñido orbe de marfil, sobre el
mero corría a recibirme, llena de sonrisas
cual, por un capricho de la luz, se veían
y zalamerías:
sobre el cristal de un espejo las llamas de
c¿Y mis bombones ?&gt; He aquí la pregundos bujías, que formaban, no sé cómo, alta sacramental. Yo me sentaba regocijado,
go así como los cuernos luminosos de Moidespués de mis correctos saludos, y colsés. El doctor enderezaba hacia mí sus
maba las manos de la niña de ricos
grandes gestos y sus sabias palabras. Yo
caramelos de rosas y de deliciosas grahabía soltado de mis labios, casi siempre
geas de chocolate, los cuales, ella, a plena
silenciosos, una frase banal cualquiera.
boca, saboreaba con una sonora mtísica paPor ejemplo, ésta: &lt;¡Oh, si el tiempo pulatina!, lingual y dental. El por qué de
diera detenerse!&gt; L~ mirada que el doctor
mi apego a aquella muchachita de vesme dirigió y la clase de sonrisa que decotido a media pierna y de ojos lindos,
ró su boca, después de oír mi exclamación,
no os lo podré explicar, pero es el caso
confieso que hubiera turbado a cualquie·
que, cuando por causa de mis estudios tuve
ra.
que dejar Buenos Aires, fingí alguna emo-Caballero - me dijo saboreando el
ción al despedirme de Luz, que me mirachampaña-si yo no estuviese completaba con anchos ojos doloridos y sentimentamente desilusionado de la juventud, si no
les; dí un falso apretón de manos a J osefisupiese que todos los que hoy empezáis a
oa, que tenia entre los dientes, por no llovivir estáis ya muertos, es decir, muertos
rar, un pañuelo de batista, y en la frente
del alma, sin fé, sin entusiasmo, sin idea·
de Amelia incrusté un beso, el más puro y
les, canosos por dentro; que no sois sino
el más encendido, el más casto y el más
máscaras de vida, nada más .... sí, si no suardiente ¡qué sé yo! de todos los que be
piese eso, si viese en vos algo más que un
dado en mi vida.
hombre joven de fin de siglo, os diría que
Y salí en un barco para Calcula, ni más
esa frase que acabáis de pronunciar: &lt;iOh,
ni menos que como vuestro querido y adsi e 1 tiempo pudiera deteuerse !&gt; tiene en
mirado general Mansilla, cuando se fué a
mí la respuesta más satisfactoria.
Oriente, lleno de juventud y de sonoras y
-iDoctor!
flamantes esterlinas de oro. Iba yo, sedien- Sí, os repito que vuestro escepticismo
to ya de las ciencias ocultas, a estu:liar
me impide hablar, como lo hubi~ra hecho
entre los mahatmas de la India lo que la
en otra ocasión.
pobre ciencia occidental no puede ense-Creo, -contesté con voz firme y sereñarnos todavía.
na--en Dios y su iglesia. Creo en los milaLa amistad epistolar que mantenía con
gros. Creo en lo sobrenatural.
madama Blavatsky, habíame abierto ancho
-En ese caso, voy a contaros algo que
campo en el país de los fakires, y más de
a otro que vos haría sonreír, Mi narración
un gurú que conocía mi sed de saber, se
espero que os hará pensar.
_
encontraba dispuesto a conducirme por
En el comedor habíamos quedado cuabuen camino a la fuente sagrada de la
tro convidados, a más de Minna, la hija
verdad. Fuí iay! en busca de la verdad, y
del dueño de casa: el periodista Riquet, el
si es cierto que mis labios creyeron saciarabate Purean recién enviado por Hircb,
se en sus frescas aguas diamantinas, mi
el doctor y yo. A lo lejos oíamos en la alesed no se pudo aplacar.
gría de los salones, la palabrería usual de
Busqué, busqué con tesón lo que mis
la hora primera de año nuevo: &lt;happy new
ojos ansiaban contemplar, el Keherpas de
year! happy new year! iFeliz año nuevo!
Zoroastro, el Kaleb persa, el Kovei-Khan
El doctor continuó:
de la filosofía india; el archoeno de Pa-¿Quien es el sabio qne se atreve a deraceiso; el limbuz de Swedenborg; oí la
cir &lt;esto es así&gt;? Nada se sabe. &lt;Igoorapalabra de los monjes budhistas en medio
mus el ignorabimus&gt;. ¿Quién conoce a
de las florestas del Thibet; estudié los diez
punto fijo la noción del tiempo? ¿Quién sasephiroth de la Kabata, desde el que simbe con seguridad lo que es el espacio? Va
boliza el espacio sin límites hasta el que,
la ciencia a tanteos. caminando como ana
llamado Malkuth, encierra el principio de
ciegi, y juzga a veces que ha vencido
la vida.
cuando logra advertir un vago reflejo de
Estudié el espíritu, el aire, el agua, e 1
la luz verdadera. Nadie ha podido des·
fuego, la altura, la profundidad, el orienprender de su círculo uniforme la culebra
simbólica. Desde el tres veces más grande En el comedor h1b íamos quedado cuatro convidados, a rnás de Miona, la hi ja te, el occidente, el norte y el mediodía; y
del dueño de la casa.
llegué casi a comprender y aún a conocer
el Hermes h~st~ nuestros días la mano humana ha oodidoapenas alzar una línea del manto
que cubre a la eterna Isis.
Nada ha logrado saberse
con absoluta seguridad en
las tres graudes ex presio·
nes de la naturaleza: hechos, leyes, principios. Yo
que be intentado profundizar ea el inmenso campo del misterio, he perdido casi todas mis ilusionfs.
Yo que he sido llamado sabio en academias ilustres
Y libros voluminosos; yo que he consagrado toda mi vida al estudio de la humanidad, sus orígenes y sus fines;
yo que he penetrado en la Cábala, en el ocultismo y en
la teosofía, que he pasado del plan material del &lt;sabio&gt; al plano astral del &lt;mágico&gt; y al plan espiritual
del &lt;mago,&gt; que sé cómo obraba Apolooio el Thianense Y Paraceiso, y que he ayudado en su laboratorio, en
nuestros días, al inglés Crookes; yo que ahondé en el
Karma Dtídhico y en el misticismo cristiano, y sé al
mismo tiempo la ciencia desconocida de los fakires y la
teología de los sacerdotes romanos,' yo os digo que e-no
hemos visto los sabios ni un solo rayo de la luz suprema,&gt; y que la iomensidad y la eternidad del «misterio&gt;
forman la única y pavorosa verdad.
Y dirigiéndose a mí:

\

íntimamente a Satán, Lucifer, Ashtarot, Bee lzebutt,
Asmodeo, Belphegor, Nahema, Lilith, Adrammeleh y
Baal. Y en mis ansias de comprensión en
mi insaciable deseo de sabiduría, cuando
juzgaba haber llegado al logro de mis
ambiciones, encontraba los signos de mi
debilidad y las manifestaciones de mi pobreza; y estas ideas, Dios, el espacio, el
tiempo, formaban la más impenetrable
bruma del.lote de mis pupilas .. , ... Viajé
por Asia, Africa, Europa y América. Ayudé al coronel Olcot a fundar la rama teo·
-sófica de Nueva York. Y a todo esto-re·
calcó de ~úl&gt;ito el doctor, mirando fijamente a la rubia Minna-¿sabéi~ lo que
es la ciencia y la inmortalidad y todo ?
¡Un par de ojos azules., .... o negros!
-¿Y el fin del cuento ?-gimió dulcemente la señorita.
El doctor, más serio que nunca, dijo:
-Juro, señores, que lo que estoy refiriendo es de una absoluta verdad. ¿ El fin
del cuento ? Hace apenas una semana
he vuelto a la Argentina, después de veintitrés años de ausencia, He vuelto gordo,
ba~tante gordo, y calvo como una rodilla;
pero en mi corazón, ha mantenido ardiente el fuego del amor la vestal de los
-solterones. Y, por tanto, lo primero que hi·
ce, fué indagar el paradero de la tamilia
Revall c¡Los Revall-me dijeron-las del
caso de Amelía Revall!&gt;, y estas palabras,
acompañadas con una especial sonrisa.
Llegué a sospechar que la pobre Ame·
lia, la pobre chiquilla .. . . ,. Y buscando,
buscando, dí con la casa. Al entrar, fuí
recibido por un criado negro y viejo, que
llevó mi tarjeta, y me hizo pasar a una
sala donde todo tenía un vago tinte de
tri ,teza. En las paredes, los Pspejos es·
taban cubiertos con velos de lnto, y dos
grandes retratos, en los cuales reconocí a

las dos hermanas mayores, se miraban, mPlancólicos
y oscuros, sobre el piano. A poco, Luz y Josefina: i&lt;Oh,

amigo mío, oh, amigo mío!&gt;Nada más. Luego, una conversación llena de reticencias y de timideces, de palabras entrecortadas y de sonrisas de inteligencia, tristes, muy tristes. Portado lo que
logré entender, vine a quedar en que ambas no se habían casado. En cuanto a
Amelía, no me atrevía a preguntar nada .... Quizás mi pregunta llegaría a aquellos pobres seres, como una amarga ironía, a recordar tal vez una irremediable
desgracia y una deshonra ... , En esto vi
lleg,u saltando a una niñita, cuyo cuerpo
y rostro eran iguales en todo a los de mr
pobre Amelia. Se dirigió a mí, y con su
misma voz exclamó: c¿Y mis bombones?&gt;
Yo no hallé qué decir.
Las dos hermanas se miraban pálidas.
pálidas, y movían la cabeza desoladamente ......
-Mascullando una despedida y haciendo una zurda genuflexión, salí a la calle.
como perseguido por algún soplo extraño.
Luego, lo he sabido todo. La niña que yo
creía fruto de un amor culpable, es Amelia, la misma que yo dejé hace veintitrés.
años, la cual se t,a quedado en la infancia,
ha contenido su carrera vital. Se ha detenido para ella el reloj del Tiempo, en
una ho1a señalada ¡quién sabe con qué
designio del desconocido Dios!
El Dr. Z. era en este momento todo calvo ....
RUBEN DARIO.
o o o

En Alemania hay trenes eléctricos que
pueden correr doscientcs kilómetros por
hora.

~

1

1

El siguiente suceso, que es histórico, ocurrió durante
la revolución de los "púgiles," en China, y demuestra
que también entre la raza amarilla se encuentra amistad
-sincera y fiel.
Hwan-Tsa-Chen, joven y m.:y distinguido chino, vivía
en Kew•Kwiang, pueblo donde también se encuentra
una gran colonia de europeos.
El y su linda mujercita, "1:ei-Hwa-equivale a rosa
florecida-habían tomado la religión cristiana, y eran
muy apreciados en l.i. colonia, y principalmente en la
-familia del médico de la misión, con quien se trataban
diariamente.
Mei-Hwa saltaba radiante de alegría, en sus pequeño3 za.patos de fieltro con suela gruesa, porque uno de
los más poderosos príncipes del país había nombrado a
su esposo miemDro del famoso grao consejo: Tsung-LiYamen.
Para Hwan·T~a-Chen, el nuevo empleo era muy im-portante; él ocuparía ahora un puesto elevado y poderoso.
La gran noticia se extendió rápidamente en todo el
-pueblito.
-1 Y no siente usted la menor tristeza al dejarnos?
-preguntó sonriendo el m~dico. .
.
- Sí, señor. estoy muy Inste. Me1-Hwa quiere mucho
.a todos vosotros, pero pronto les escribirá.
-Es un gran honor para su esposo-continuó el mé-dico, con gravedad,-como miembro del consejo, puede
hacer mucho por los cristianos.
-Sí. señor,-coatestóle Mei-Hwa, y su rostro delicado se puso muy serio-y lo hará.
-Promet0-continuó con gravedad,-que si Mei-Hwa
en algo puede ayudar a los cristianos, entonces lo hará,
Hwan, también hará lo que esté en su poder, para apoyarlos.
Mei· Hwa hizo de todo corazón esta su gran promesa.
Dos dí..s después 5e fueron en su coche chinesco, atado con dos bueyes, a la gran ciudad Pekín, donde
Hwan debía tomar su asiento en el consejo.
Pertenecían ahora a la Corte y debían vivir a nivel
de su elevada posición,
::Mei-Hwa no se olvidaba de sus amigos; les envió larga; y c.iriñosas cartas, deplorando no haber tenido ocasión de hacer algo en favor de ellos, y Hwan agreg'? en
una pequeña nota que les aseguraba su buena y amistosa voluntad.
Como rayo cayó la novedad horrorosa de asaltos contra los «diablos extranjerof&gt;, y en las legaciones euro-

peas se murmuraba de los &lt;pugiles&gt;. Los buques extranjeros enviaban tropas a tierra y a la capital llegaron rumores de matanzas y robos.
Pero la emperatriz-viuda y el grao consejo aseguraban a cada momento su buena voluntad y ofrecían su
protección en caso de necesidad.
Una noche, llegó Hwan muy tarde a su casa, pálido
y fati¡¡ado y su mujercita tembló al ver la expresión de
su mirada.
-/Qué ha suce_d ído, mi príncipe amado?
-iOh, mi estrella celestial!-gimió Hwi.n, en voz baja en el oido de su mujer, pues las paredes eran como
de papel y se veían rodeados de espías,-nuestros amigos están p~rdidos; mañana saldrá el edicto.
-iEI e.iicto!-repitió Mei-Hwa horrorizada,- /a pe·
sar de todas las promesas 1
-¿Qué les importa al Hijo del Cielo y a su madre
elevada sus promesasl-exclamó Hwao con amargura.-lPodemos avisar a nuestros amigos en Kew-Kwi·
ang?-preguntó
-No, alma mía, a todos nos vigilan, y lo peor es, que
cada miembro del consejo tiene que firmar el edicto, y
al ver la firma mía, nuestros amigos creerán que yo les
he vendido ....
- l Cómo avisan a los virreyes?
-El Hijo del Cielo ha firmado ya, mañana firmare·
mos nosotros y luego los escribientes los despachan.
-Si fuese uno solo- cuchicheó Mei·Hwa,-sepodría
hacerle desaparecer .... aunque fuese un pecado mortal .. . .. .
-Adorno de mi jardín- le contestó gravemente el
marido,-no hay salvación posible ....
-Pero si se presentase un medio-rogó ella,- /tú
cumplirías con tu promesa? .... ¿ la tuya y la mía?
-/No es la promesa tuya la mía?-contestó él con
dulzura.-Teo confianza, cumpliría.
Quedáronse silenciosos, absorbidos por tristes pensamientos.
Habló él y la voz temblaba:
- Si se tratara de nuestras vidas .. ,. ¿quisieras en·
tonces también que cumpliera? Te ruego reflexionarlo
bien, amada mía Pues oye: una sola cosa puedo hacer,
con la ayuda de Dios, para salvarlos ..•. pero el pre·
cio es caro . .... .
Mei- Hwa no contestó durante un minuto; lu~go puso
con sollozo ahogado los brazos al rededor del cuello
de su marido;
-Venga lo que venga-dijo,-seamcs fieles a nuestra fe, y hagamos nuestro deber.

o o o
Hwan llegó a su casa la tarde siguiente sereno y reposado. Mandó llamar al secretario y luego se dirigió
al jardín con su esposa, buscando allí on sitio libre de
espías.
Mei-Hwa lo miraba con ansiedad; pero su semblante
serio no r .?velaba nada.
-1 Por qué escribistes tantas cartas primero, esposo
mío?-preguntó respetuosamente, temblando de miedo..
-No be escrito cartas-contestó con cariño, sentándose en un antiguo banco de mármol,-he hecho mr
testamento.
-Es .... es .... entonces ...... -balbuceó Mei-Hwa
apretando las m.i.nas contra el corazón.
-iLo he hecho!-exclamó él lentamente.-Nos dieron el edicto para firmar. El hijo del Cielo había pues•
to su sello. Arreglé de modo qoe fuese yo el último para firmar.
El edicto ordenaba "extirpar" a to,los los extranjeros, pero al firmar cambié con rápida plumada la palabra extirpar por la de proteger, así- con el dedo dibujó en la tierra las dos letras chinescas, mostrándole con
qué facilidad se había realizado el cambio importante.
Mei-Hwa lo contemplaba con profunda admiración.
-Entonces no hay ningún peligro más-exclamó alegremente. ¿Y nadie te vió hacerlo?
-Nadie,-confirmó Hwan,-pero no puede quedar
oculto por mucho tiempo.
La venganza vendrá al notar la equivocación, y de·
hemos avisar hoy a nuestros amigos.
Cuatro días más tarde llegó Hwan a su casa con un
semblante tan pálido y desfigurado, que su mujer nue•
vameote se extremeció de horror mortal.
-Ya se ha descubierto-dijo Hwan con calma.
-Hoy han llegado protestas de varios virreyes que
preguntan si el edicto es correcto.
-Ruega á Dios que el aviso no haya llegado tarde.
No había llegado tarde .... La matanza secreta y horrorosa, que la temerosa tmperatriz había preparado
fracasó, pues cuando el edicto rectificado llegó a Jo;
virreyes, el golpe no acertó eon la vehemencia con que
se hubiera hecho si Hwao no hubiera sido fiel a su promesa.
Salváronse la mayoría de los cristianos.
El día siguiente estremecióse el alto consejo al· oir la
proclamación de que Hwan-Tsa-Cheo y su familia h,i.bían sido ejecutados.
' S. THALBITGER.

�Autores Modernos

ESTAMOS DORMIDOS....
De nuestro corresponsal literario en Madrid.

Adrián Gual y su "M isterio de Dolor."

Cuando tropecéis en la vida-que será frecuente·
mente-con algún necio, y tengais que sufrir, ya sus
tosquedades, ya sus impertinencias, ya los efectos de su
inercia invencible, procurad no impacientaros; sino
más bien deciros para vuestro coleto, a guisa de disculpa amplia, generosa y a la vez exacta, de la actitud de
quien os fastidia: &lt;Este hombre está dormido&gt;. O si no
queréis ser tao categóricos: &lt;Este hombre no está del
todo despierto&gt; ... .
Si recorremos un poco la escala de la vida; si nos
rem:&gt;otamJs hacia los orígenes, veremos que todas las
formas primordiales han dormido y duermen durante
siglos. El mineral amorfo duerme más que el vegetal;
el vegetal más que el animal inferior; el animal infe•rior más que el superior. Seres tan aventajados en la
escala zoológica como lo, ofi1ios, duermen las tres
cuartas partes de su vida ... , Mamíferos tan complicados y perfecto3 como los osos blancos, dormitan iovier·
nos enteros en sus helados refugios boreales.
El &lt;r&lt;!y de la creación&gt; por su parte, duerme los
caeve meses que está en el claustro materno; duerme
los primeros años que siguen a su nacimiento, duerme
ea realidad el septenario que la naturaleza emplea para traerlo a la conciencia del mundo, y continúa des·
1)Ués durmiendo la tercera parte, cuando menos, de sus
-días sobre la tierra.
Pero, aun en las horas de vigilia., el ser humano no
-está del todo despierto .. ,, La inmensa mayoría de la
;gente: el pueblo en especial, una enorme cantidad de
mujeres y muchísimos hombres de mediana cerebra•
-cióo, pasan la vida consciente en un semi-sueño, igno·
raodo el porqué de las cosas más simples, asomándose
.ap3oas a la existencia p:&gt;r las ventanas aún estrechas y
-turbias de sus sentidos, moviéndose solamente al influjo
-de un instinto obscuro ...•
En las clases elevadas también se duerme mucho.
El aristócrata, casi incapaz de pensar, viviendo conforme a unos cuantos moldes antiguos, a unos caantos
lugares comunes transmitidos de generación en generació~. a tal o cu1l iufiuencia atávica de irrisorio procerato, e; un ser profu3damente dlrmido . ..•

En ese pueblo catalán todo fibra, todo músculo y todo
eoergia, que para. nosotr.is, los hispano-americanos, se
nos representa quizás un poco rudo, en fuerza de ser
robusto, y un poco rnerc:i.ntilizado en fuerza de ser trabajador, y cuya alma se dijera forjada por martillos de
acero sobre el yunque de la vida; en ese pueblo, médula de España, florecen con rara intensidad los artistas y los pensadores.
Tiene la literatura dramática catalana no sé que
fresca serenidad, no sé qué delicado realismo que emociona sin recurrir a los efectos escénicos, y que penetra
en las coocienci1s profundamente, sin sacudidas de melodrama, con una enorme fuerza de verdad y de arte.
U o1 alto representante de las novísimas letras catalanas, es, sin duda, Adrián Gua), el antor de "Misterio
de Dolor."
"Misterio de Dolor" es una obra moderna, no porque
haya sido escrita en nuestros días, sino por sus tendencias, su forma, y hasta podernos decir su psicología.
Un símbolo la encierra. Este símbolo lo formaa tres
corazones sangrantes, bajo una corona de espinas. Un
aire de misterio rodea todo ese vulgar drama arranca·
do a la vida. Una fuerza fatal envuelve en su torbellino a los tres protigooistas y los arrastra hacia el Do-

lor.

A cada nuevo acto, el espectador aguarda el desenlace trágico. Espera ver rasgarse el velo misterioso Y,
sin embargo, la acción es clara, sencilla. ¿ Dónde está
entonces ese misterio de dolor ? En todo y en nada.
Una angustia inexplicable llena el ambiente. Dijérase
que una fuerza invisible trabaja en la sombra. Se siente la proximidad de algo terrible, que llega entre la
calma de las horas familiares. Y cuando, al fin, el drama estalla, es como estallan todos los dramas del corazón: brutal y sencillamente. Es un golpe, un derrumba•
miento, un vértigo de abismo en que una. mujer cae en•
vuelta, por ley fatal, y dos amantes sobreviven, fatal·
mente también.
¿El argumento? Paisaje de campo. Una casa pobre, a
la orilla de la montaña, dentro del pueblecillo sin nombre. Un amor legítimo, de marido y mujer.surgido años

antes ....
Ella, Mariana, la esposa, es el caso especial de la
mujer dotada de una fuerza de ternura extraordinaria,
que casi nunca. encuentra un corazón capaz en que vaciarla. Esa misma imperiosa necesidad de amar, digamos esa superabundancia de ternura, da a su cariño
mucho de maternal. Es en su seno donde encuentra el
arn'ldo la dul:e protección de la madre junto con la tímida fogosidad de la esposa.
Los cuarenta años de Mariaua, al lado de la vigorosa
juventud del esposo, tienen sed de idealidades frater·
nales y, al mismo tiempo, de caricias turbadoras. Es
una oculta fiet&gt;re de la carne y el espíritu; un celo
idealizado; el ansia des~sperada de un último amor que
tiene un sabroso dejo de fruta en tardía madurez ....
Pero el .:ariño de Mariana es un cariño cobarde que
siente miedo a t-0do. Miedo a un peligro sin nombre ....
Como todos los temperamentos excesivamente tiernos, Mariana es aparentemente una mujer débil. Es tímida.ante la felicidad. Por un fenómeno muy explica-

Miembros prominentes de la colonia japonesa que obsequiaron a su nuevo ministro con un banquete el
miércoles pasado.
ble, le parece que aquelh dicha de que goza es algo
insólito, extraño, y se admira iogéouamente de su realidad tangible. Este sentimiento pueril tiene por causa,
sin duda, la costumbre de sufrir, el hábito del dolor,
profundamente arraigado en ella, debido, a su ve,z a
una infancia triste v a una juventud llena de privaciones y desdichas.
De su primer matrimonio-hace ya años-Mariana
conserva una hija de veinte años, Marianeta.
Y el hecho vulgar se sucede. Entre la muchacha y el
padrastro brota el all)or prohibido, como una planta
mal;l.ita. Frente al cariño de Mariana, tímido y humilde, se levanta el amor de la joven; amor que tiene que
triunfar porque la primavera del corazón es toda fuego, toda crueldad y toda inconsciencia; porque en Ma•
riaoeta renace la juventud de Mariana, ya declinante,
y para el hombre el cariño de la hija es como una nueva florescencia del antiguo amor de la madre que él
encontró ya enfriado por la vida.
Inútiles son los esfuerzos de los enamorados para ma•
tar el sentimiento culpable: son profundas sus raíces y

o o o
tienen la extraordinaria resistencia con que arraiga el
mal en el corazón humano .. . .. .
Mari3:oa no lo sabe. Cree que son bastantes los dolores sufridos antes, en toda su existencia lamentable· que
esos ~olores ~a no _vol~erán jamás ...... Su propi~ co•
bard1a la obltga a 10sp1rarse a sí misma cierta confianza. Pero la F~talidad trabaja. Todo, hasta lo ioanimad?, parece u~11rse en contra de la desdichada. El ambiente, la primavera, la casa tranquila, la soledad de
los tres seres, preparan el golpe fatal y lógico. El interés de 1~ esp~cie está _sobre el interés del iodivid uo. y
la especie exige la unión de las dos juventudes
Un hecho sencillo las une. Mariana va a la m~otaña a
casa de un herbolario que le ha de dar una yerba q~e
sanará la mano del esposo, herido en una reyerta. Antes de. marchar, ruelía a la muchacha que cambie el
vendaJe. Y sale. La Joven, trémula de miedo y de amor
obedece a la madre. Pero sus manos torpes no acier:
t~n a colocar l~s vendas y sos ojos, fascinados, se dett_eaen en los OJOS de él. ... Y entonces los labios, martinzad'?s ~e deseo, se unen. Y cuando, temblando de remord1m1entos, SE; apartan, ella, llorosa, pregunta al·
amado como pud~era pregunta~ al Destino: &lt;¿Por qué
Madre me ord_eno que te cambiara las vendas?&gt;
Por fin, la vida ha triunfado. El drama se resuelve
ento~ces. La escena tremenda se ofrece a los ojos de
Mariana que, al tornar a la casa, sorprende a los amantes., - ... Anonadada, sin hablar, como aquel a quien Je
falta. momentáneamente el pensamiento, con la estupefacción de las grandes_ ?esgracias, se aparta del dintel
de la puerta que le deJo ver la horrible verdad. Cuando retorna hacia donde los otros se encuentran es
- convertt'do el corazón en algo, doloya
Co mo en un sueno,
ras~ Y sangrante _que no es ya capaz de sentir los bajos
ego1smos _de la vida. Viene cantando, con voz tranquila
u~a canc1ó~ de amores, aprendida allá en Ja infan'.
Cta ... ,, .V1en: caot:3-ndo, despacio, como otras veces,
cuando era feltz; y viene cantando sólo para que ello
los culpables, la oigan y desenlacen los brazos ...... s,
Después.,, ... Se va a la sierra a traer otra yerba·¡
q~e ha de sanar definitivamente al esposo. En el suíci~
d10 va a buscar la paz que en el mundo no encontrar
nuo~a. Y se marcha tran!:luila, cariñosa, ocultando e~
terrible secreto con esa fuerza de voluntad de los desesP?rados. Y allá, en la montaña, entre los peñascos desptad~dos como su destino, Mariana se precipita y cae
al abismo; pero no tan bajo como antes cayera su alma ......
CARL9S WYLD OSPINA.
La fotogr3:fía ha comprobado que el relámpago se
compone de 10oumerables chispas eléctricas que Sil siguen una a otra en imperceptible espacio de tiempo.

o o o
Mesa del banquete ofrecido al Excmo. señor Adatchi por la colonia Japonesa

El presidente de la República de Andorra tiene
15
pesos oro de sueldo diario.

Sólo h\y en el hJnbre d:&gt;s cons que veh.n: la inteli_gaacia y la intuición; pero pua estar verdaderamente
-despierto, se oe:e,itao un ioteligeacia o uoi iutui:ióu
,muy grandes ...•
La naturaleia p:&gt;r su pirte rara vez echa man:&gt; de
~nas; para los fiaes misteriosos que persigue, le basta
,con el instinto que ha puesto en las especies y sólo ea
•ciertos hombres tip::&gt;s, en ciertos &lt;progeoerados&gt;, que
,son como los más culmioiutes jalones del esfuerzo de
, ta especie, acude a estímulos especiales y produce el
,brote del genio o de la santidad ...•
Todos los seres yacen, por tanto, con ra.rísim"s ex•ce?::iooes, en los limb::&gt;s de ua sueño profundo, iomen:so. Las especies caminan con los ojos cerrados; lléva'las de la mano el instinto. La humanidad entera. no es
.mis que la cb~lla del boque durmiente&gt; ...•
o o o

1-

-¡ Por q aé eaojaroe, pue,, por las llamadas flaquezas
•del prójimo? ..•• El hombre ávido de ganancia, que
roba y esquilma a todo el mundo, estimulado por la
ilusión de poseer, sin darse cuenta de que en realidad
00 pofom~s pJseer nada: ni los muebles que u~amos,
ni el dinero que atesoramos en los ha.neos; que somos
simples depositarios de las cosas, las cuales van pasandJ de m 100 ea mino sin que, eo suma, pertenezcan a
oidie; ese hombre, que sacrifica. su dignidad y su conciencia de una manera tao estúpida., creedlo, está dormido.
Los que combaten por arrebatarse cosas de que ?º
iban de disfrutar los que toman venganza de agravios
. que no existen sino en su ~magioaci_ón; los qu~ aman
-sin saber porqué a una mu¡er que nt conocen n1 conoEl Hombre de la Espada.
·,cerán jamás .. .• están dormidos!
Los sabios han venido a comprender estas cosas con
la lentitud que caracteriza a toda sabiduría; Íos grande dos mil años: Ea tentación caen los dormidos sola·
des poetas las habían ~ompr~odido antes y el monólogo meote: Los desoiertos, oo&gt;.
de Segismundo, síntesis adml(able y suprema de la huJesús estuvo siempre despierto ....
manidad, lo prueba. de sobra . ...
&lt;Sueña el rico en su riqueza,
o o o
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
Cuando el hombre ha llegaJo a una etapa avanzada
su miseria y su pobreza;
de su evolución, siento que va despertando .•.... ¿En
sueña el que a medrar empieza,
qué se conoce esto?
sueña el que afana y pretende,
Se conoce en que, si hasta entonces se había a.soma·
sueña el que agravia y ofende
do hacia fuera, hacia el espectáculo de la materia en
y en el mundo, en conclusión,
movimiento: hacia las ciudades, hacia el amor, hacia la
todos sueñao lo que son,
ambición, hacia el contentamiento de los apetitos inaunque ninguno lo entiende ...•
feriores, lentamento empieza a entornar estas ventanas
de sus sentidos y a abrir las otras, las que dan al mun•
o o o
do interior ... , Empieza a asomarse para adentro ....
Le veréis horas enteras en reposo, divagado al pare•
cVela1 y orad para que no entréis en tentación&gt;, decía Jesús a sus discípulos en la solemne noche de Get- cer, lleno sin embargo de serenidad y de indulgencia
para vuestros ruidos y superficiales ~a!umbas....
.
semaní.
No penséis que descansa: NO, traua¡a con un traba¡o
_¿Cómo, Mautro, pues qné se puede caer en tensuperior a todos; cosecha ... . Empieza a despertar, y
tación estando dormido?
· -&lt;Si, parece respondernos el Cristo desde el abismo a &lt;ver&gt; .... lo que se ve cuando uno despierta!

cuadro por Franz Hals.
Ya no anhela viajar; ya no pretende poseer; bástaole
pocas cos.,.s; sus cariños son fríos, pero inteligentes y
abnegados; nada exigen en cambio ..•. Su alma que
vela mieotras las vuestras duermen, es como un aura
maternal que os rodea, os proteje; es como una coraza
impalpable frente de vuestra vida .. ...
-&lt;Ya no le interesa nada&gt;-decís con desprecio.
No es cierto. Ahora es cuando empieza a interesarle
todo. Lo que pasa es que ya no sueña y en su rededor
se han desvanecido esos fantasmas que la noche trae y
que se lleva la m..ñaoa ....
Felices vosotros si llegais en este planeta a. tan sublime estado de vigilia ... . A medida que el Sueño vaya.
alejándose con sus muselinas azules y rosadas, verdes
y rojas, irá apareciendo ante vuestros ojos embelesados, la maravillosa desnudez de la Verdad ....
AMADO NERVO.
Madrid, Jonio de 1913.

�La Viudez de Melibeo
A José Sobreyra Ortiz.
Desde que Filis bella, tan bella cuanto huraña,
hicia remotos mundos partióse de mi lado,
sin vivir vivo, a torvos recuerdos entregado
en el umbroso y frío rincón de mi cabaña.
Pace, di;p2rso en am;ios, pJr la vernal camapañ ,.
el de mi aprisco dócil y balador ganado,
huérfano de la guarda del pas1oril cayado
que sigilosamente mis pasos acompaña.
PrnebJ a tañer la ffauta de Pan, y repentiua
nube resuelta en lloro cuelga en mi faz un manto
y el labio tremulante con la nota no atina;

DAMA DISTIGUIDA

Severo Amador, el ci,,oocido poeta y literato, víctima de un accidente que quizás le
cueste la vi da.

paban de las mismas ideas de sus padres, es decir: no
se amaban.
Cierto día llegóse al pié del almenado muro un doncel; no vino rodeado de pajes, ni con faustos de nobleza, no portaba cinceladas armaduras, ni apareció caballero en brioso corcel de enjeazes de oro. ¡No! humildemente vestido, casi con el traje roto, viósele por el
sendero que conducía al puente levadizo; llevando bajo el brazo un mandolin; lentamente avanzó hasta caer
rendido de cansancio a la puerta misma del castillo.
i Ah! si el vigía, que paseaba en lo alto de la torre
hubiese apercibido el centelleo de las armas, o los tricornios en las pelucas empolvadas, de seguro habría sonado la trompeta, como anuncio de que regios huéspe•
des había a la puerta, entrando con esto el personal
del castil_lo en inusitada animación; pero no fué así, mi
bella amiga, y el pobre doncel hubo de estar mucho
tiempo en el sitio donde cayera,cnbierto de polvo, con
su mandolín abandonado y en el semblante marcada
honda pena.
Sucedió que en esto, llegara la hora en que el castellano solía pasear acompañado &lt;!e su hija, la que viendo al desfallecido joven, no pudo menos de acercárse•
¡-, e inquirirle la causa de su pena, el buen Marqués
conmovióle también el triste a~pecto del caminante y
uniéndose a su hija en el sentir, preguntó también, del
mal la ca¡¡sa. El interrogado al volver de su desmayo.

MEDIOEVAL
Llegado que hube a vuestra poética mansión. apare·
ce ante mi vista el ceremooioso portero, inq uiéreme y
contéstele el por qué de mi visita; deseaba veros y gozar por un momento de vuestra conversacióo; así es
que cuando de!pués de haber enviado mi tarjeta, re·
toreó el servidor con la noticia de vuestra anuencia a
recibirme; placióme en mucho el saberlo y encaminé
mis pasos hacia vos, aquí estoy y antes que todo debo
presentaros mis respetos y agradecimientos por la honra que inmerecidam?nte me hacéis y como caballero
corresponderé a tal coofianza, seré breve en mi visita
y para no causaros con mi conversación escogeré un
bello tema, tan bello que por sí sólo ba!te a encubrir
la imperfección de mi lenguaje. ¡Amor! •..... si / verdad? es muy d,;lce ocuparse de él y apropósito de ello
os contaré una historia en q•1e de amor se habla. •
Corrían los años de la edad de oro, caballeros tle ca·
pa _Y espada realizaban proezas incoocebibles por con·
quistarse el corazón de una bella y amor, el pequeño
amor, érase el emperador del mundo.
Viejo castillo feudal erguido levaotábafe en enhiesta
roca desafiando con la altivez de sus perfiles a las hu·
mildes chozas que en derredor se agrupaban, como eo
son de vasallaje.
Como últimos desceodientes de la noble raza que
cesde tiempo iomemorial ocupara el castillo tao sólo
restaban dos personajes, el Marqués de Chaoti y su be·
lla hija Elvira, morena era y negros, muy negros sus
hermosos ojos, cuidábala el Marqués como preciado te·
soro y hubiera deseado verla unida en matrimonio al
joven Rodolfo de Balme, hijo único y por lo tanto be·
redero sólo dé las riquezas y tírulos del Barón de Balme, cuya señorial morada divisábase oo muy lejos.
Por las coches juntábaose ambos señores a discutir
sobre la probable unión de sus vástagos, unión que ven·
dría a estrechar la amistad que desc'.e tiempo atrás lle·
vabao las familias de Balme y de Chaotí. Antes de con·
tinuar debo advertiros que Elvira y Rodolfo no partici-

Sta. María Luisa Briegas.

Señor GenP.ral don Javier de Maure, nombrado
Comandante Militar del Distrito Federal.

que anégase la caña con el copioso llanto,
y al espirar en ella doliente desafina
y vierte muchas lágrimas .... sin preludiar el canto.

al abrir_ sus ojos y e~contrarse con otros muy negros,.
muy brillantes, torno a su desfallecimiento.
_ya repuesto eo par_te qni~o articul~r unaexcusa yno d110 m~s que ~rases sm sentido; agobiado bajo el peso ,
d?_ las 10sta_nc1as que a una !e hacían el Marqués y su
h1Ja, accedió a pasar al castillo a recuperar ,;us perdidas fuerzas; bondadosos en extremo mostráronse con su
huésped y éste hubiera querido prolongar indiúoidament~ tan _grata visita, pero la despedida tuvo que ser
y el s1lenc10 de los labios, suplieron las miradas elocuentes y furtivas que ambos se cruzaron.
Noche color de plata, la diafanía del cielo cortada
bruscamente por la inmensa mole de la fortaleza· el
misterio del silencio; de improviso déjase oír, salid~ de
e?tre las sombras un desfloramiento de notas que empiezan medrosas y asustadizas de haberse iniciad&lt;',
otras segundas menos tímidas que las primeras suenan
más fu_erte; luego dejándose de escrúpulos estalla la
confesión de amor traducida por el instrumento, ora
son dulces como murmullo de fuente; ora fuertes, ve·
be mentes, como la mar picada; lloran, suplican, cuentan penas y _deseoga~os, se tornan melancólicas, ya parecen sonreir. cual s1 entrevieran una felicidad lejana;
suben, so? más vibrantes, más sonoras; semejan el supremo grito de ang ustia que arrojara el náufrago al _

JUAN B. DELGADO.

En Africa hay una tribu que se saluda restregáadose
espalda con espalda.

oo o
La girafa, la mulita y el puerco espín no tienen cuer·
das vocales, 11sí que son mu'.1os. Las ballenas tampoco
emiten sonidos.
o o o
El record de los esquiladores del muodo es de dos
mil trescientos noventa y cuatro ovejas en nueve horas.

Señor doctor Uribe y T,op coso, que reprfseotará a
Méxi co en el IV Coogrern de Higiene Escolar.

ver hundirse la tabla eo que es;iera su salvacióa, ya
terminan, dulces como empezaron formulando una excn ;a, más débiles, m.ls ténu~s. van a perderse al silencio de donde salieron. Lo habéis comprendido /ver·
dad? qu,, el improvisador de aquella sentimental serenata no era otro que el bohemio del mandolín. El castillo abrió una de sus ojivales ventanas, apare-.::iendo la
encantadora silueta de Elvira bañada por la luz de la
luna; una flor desprendida de sus manos, llevó al amante un rayo de esperanza.
Para hacer más breve mi relato bá,teme deciros que
aquí se inició un amor del cual el fuego, sólo extingui·
ría la muerte. Apercibióse el buen Marqués del caso
no respondiendo este a sus ideales de nobleza, aglomeró obstáculos, primero p~rsuasivos, y no valieron lá·
grimas, ni súplic is para ablandar su voluntad, ponien·
do por final un &lt;imposible&gt; inexpugnable, indestructi·
ble.
Ya comprenderéis la pena con que nuestro desventurado amante se alejara de aquellos sitios queridos, al
v,~r perdida su última esperanza; se preguntaba por
qué no nacería bajo ricos artesonados y por qué no
uniría a su humilde nombre pomposos títulos delatores
de saogce noble, presentóse al Marqués, apelando al
último recurso.
-Me marcho-dijo-pero antes suplícoos una gra·
cia, soy pobre, bien lo sabéis, la suerte me hizo nacer
sin abolengos, mecióse mi infanci« en tosca cuna y las
hadas y los pajes no fueron a visitar mi entrada al
mundo; después he vagado inconciente pisando abrojos
y bebiendo desazones. esa misma suerte fatal que me
persigue después de haberme prodiga.do innumerables
amuguras, mostró;o piadosa conmigo; conod a vuestra
hija siendo ella el oásis de mi desierto, pero abora que
veo lo imposible de mi felicidad, creo que ha sido un
sarcasmo del destino; voy pues a partir, pero no quiero i.-me completamente desvalija.do de ilusiones, marcharé con una esperanu. si es que vos queréis conce·
derme lo que demando; se que vuestra hija merece
unir a la corona que vos le heredáis otra no menos bri·
liante, pero ¡si ella no lo ambiciona! ¡si ella tan bondadosamente ha correspondido a mi ca.riño! ¿Porqué
la contraríais? Mirar que en ello va vut:stra felicidad
y la de vuestra hija! Ahora que ya tengo dicho no po•
derla ofrecer ningún título, bareme digno de ella de
alguna otra manera ; iré a buscar los lauros del valor,
luch,ué en cien combates. conquistaré fama y renom·
bre y aquí vendré a vue,tros pies a _ depositar mis con·
decoraciones y cruces, a mostrar mis heridas como tro·
feos de gloria; lo pido en cambio que prometáis conce·
derme a mi vuelta lo que ahora me oegais: la mano de
vuestra hija ...... /Qué decís?
Quedóse pensativo el Marqués y al fin contestó lacó·
nicarnente:
-Juro cumplir lo que vos deseáis.

Grupo de dam,sde la sociedad &lt;Caridad y Progreso&gt; que organizó una kermesse obrera el domingo pasado
en la quinta &lt;Resalía.&gt;
-Gracias, no sabéis lo feliz que me hace vuestra
promesa; permitidme antes de marchar el poderme
despedir de ella.
Salió Elvira al llama.do de su padre y él la dijo:
-Sabéis que voy a partir y a dejaros, voy a d~safiar
la muerte p,ra obtener la felicidad de la vida; es de•
cir, para pJder poseeros, y como vos sois todo p: ra mí,
causa es para que no importe nada cuando al fin de
todas las fatigas se me promete el venir a descansar a
vuestros brazos; esa lisonjera esperanza me alentará y
cuando desfdlezca, cuando caiga herido, será vuestro
solo pensamiento el que me sane y me conforte; pero
vos s~béis también que la suerte me puede ser adversa,
que puedo caer herido de muerte y entonces no podré
volver a contemplaros; tal vez quede tendido en medio
del campo de batalla y allí serán mis últimos instantes
desapercibidos para todos, moriré sin que una mano

suave cierre mis ojos, sin que una voz amiga murmure
a mis oídos frases piadosas y de consuelo, os enviaré
mi último suspiro: pero (quiera el cielo que esto no su•
ceda! pedidle que al menos me conceda la dicha de
morir a vuestro lado.
A esto siguió la d~spedida siempre triste entre los
que se a~an. ¡Adiós! fueron las últimas palabras que
pronunciaron los tres ..... .
Mal ha.ría en terminar aquí mi relato dejándolo incompleto, así es que os suplico os sirvaís dispensar por
un momento más, la bondadosa atención que hasta aquí
me habéis impartido y os contaré el final de esta aventura
·
U oa tarde en que más de lo ordinario sentía la c;is•
tellana la nostalgía del ausente, divisó á lo lejos las si·
luetas de varios caballeros; pero a la vez notó que uno
de ellos venía casi exánime en brazos de los otros; ya
más_ cerca reconoció a su prometido en la persona del
hendo o muerto, ¿quién sabe ? ansiosa deseaba la lle·
gada, ansiosa el retardo, temía por la realidad, pero ya
están en el castillo, ya oye de boca de lc,s acompañan·
tes las proezas de aquel guerrero, ya sabe que única·
mente leve herida es la que lo tiene sumido en aquel
letargo.
·
Dias después, el bohemio aquel del mandolín, ahora
dueño y señor del castillo, y más que todo poseedor de
su ideal, de su Elvira, cuyas manos maravillosas le ha·
bían curado de sus heridas, celebraba sus bodas, y
cuentan que fueroa muy suntuosas y que ellos vivieron
muchos años y fueron muy felices.
Es mucha fantasía, / verdad ? Me diréis que eso no es
cierto, y que si acaso existió sería en épocas muy re·
motas, viéndose ahora únicamente en novelas o cuentos
románticos como el que os acabo de contar; sí, mi buena amiga, tenéis razón, pasaron las épocas de los trovado·
res andantes y de las castellanas detrás de ojivales ven•
taoas; pero el amor aún no pasa, vive y vivirá basta el
fin de los siglos, y creedlo que bav aún muchos trova·
d ores, no precisamente que vayan dt.- poblado en po·
blado modulando serenata;; sus sueños los llevan en el
alma y sus correrías son imaginarias y también buscan
princesitas nobles de alma, no de origen, con tít ulos de virtud, no de pergaminos. Yo os d iría el nombre
de alguno de esos trovadores y el de la princesita con
quien sueña, pero.... mejor será que lo adivinéis;
además, hora es de que termine mi visita; la tarde ha
muerto, las estrellas son las antorchas que asisten a sus
funerale s y la noche empieza a tender su manto sobre
sus despojos; hay melancolia en las cosas y yo también
la siento de dejaros; pero f uerza es partir: respetuosa·
mente me pongo a vuestros pies y os d igo adiós.
ANGELINA DOMO DI GORCE.

Miembros de la colonia vasca de México , organizadores de los festejos en honor de S ao Igna cio de Loyola.

G uanajuato, J ulio

22

de

1 913.

�bi.,n, es sert:no, y cuando no abuse de la exa·
g"ración en los movimientos habrá conseguido mucho. El señor Tovar estuvo a buena altura, sobre todo en el acto tercero. En resumen, entiendo que tanto el maestro como los
discipulos deben sentirse satisfechos de esta
prueba, que el público numeroso celebró con
aplausoe.

Teatro Arbeu.-Escenas de '·El Nido Ajeno," interpretadas por
alumnos del Conservatorio.
TEATRO MEXICANO.-&lt;LA VENDA&gt;.
Es ta vez primera que vemos en México (y para eso
una no.;be sola) una obra del sabio Rector de la Universidad de Salam.tnca Don Miguel de Unamuno, titulada &lt;La Venda&gt; y si el nombre prestigioso del autor,
..trae a no dudarlo, debemos confesar- que la clase a
que pertenece la producción escénica, dista mucho de
ser para el gran público, sin que por eso merezca censura alguna, la predilección del género que el gusto
refinado del antor, ha tenido a bien elegir.
Un auto sacramental moderno, confesó el señor Uoamuno que era su drama &lt;La Venda&gt; y por tanto hay
que buscar la ilustre genealogía de forma tao añeja
rn cruel desarrollo. Tal rs el «'auto rncramrntal&gt; de
teatral, fn el siglo de oro de la literatura española soUoamuno, fruto de su gran iPgeoio, y que el público
bre todo en aquel O.Pedro Calderoo, que fué el maestro de los maestros, en lo que se refiere a esas obras oyó con respeto, pero con frialdad. La interpretación
fué ccrrecta, sin que Da.die de les artistas se distioguie
en las cuales lo humano y lo divino se mezclan de tal
suerte, que PXcitando la devoción de las gentes, las in- ra mucho.
teresaban con el conflicto de pasiones terrenas.
El docto autor ha conseguido dar el debid&lt;&gt; ambienEL BENEFICIO DE MARIA LUISA VILLEGA:;.
te a su obra, de tal manera que hasta los nombres de
las protagonistas &lt;Marta&gt; y &lt;María&gt; traen a la memoNoche de gala relaba el programa, y, en efecto, des·
ria el recuerdo de aquellas dos angélicas mujeres de
la Biblia. Bien sabido es que en los dias de la deca- de el vestíbulo del Mexicano todo cubierto de flores,
dencia de los Felipes de Austria, no había fiesta, ni so- hasta la sala llena de luz, reflejando en sus blancos ma·
lemnidad, ni día de gala, en que no se representase el tices la hermosura de tanta dama como habfa, esmaltan·
do los palcos y las butacas, bien se dfmostraba que ha
correspondiente &lt;auto sacramental&gt; y hasta se refiere
que tomaban parte en la representación damas y caba· bía de ser un acontecimiento notable la C'serata d'ho·
lleros de la más linajuda nobleza, para demostrar el nore&gt; de la primera actriz ieñorita Villfgas.
Flores, palomas, dianas, aplausos constantes, entusias
afecto que se tenía a las ideas católicas, y lo que interesaban las apariciones en la escena de Cristo, de la mo en el público que llenaba por completo el teatro,
Virgen de los ángeles, de toda la Corte Celestial.
tales fueron las notas salientes de la velada, de telón
De manera que resucitar en algo aquello, en los al- para afuera. De telón para adentro, púsose en escena,
bores del siglo XX, no deja de ser un alarde de talen- como saben los lectores &lt;La Hija del Mar&gt;, de Guime·
to, del autor, que ha de contar con el desvío del públi- rá, y para nada tengo que hablar de este drama ya san·
co, por el género completamente fuera de la época. ~ion~do por la crítica, a pesar de sus defectos, que son
No obstante confesemos que el señor Uoamuno ha sa- rnfenores a sus bellezas. Con respecto a la interpreta·
bidú en elevado síIDbolo encerrar el fondo de un auto ción, diré que la beneficiada estuvo a buena altura en
sacramental, y sin embargo en la forma, en los prota· el personaje de &lt;Agueda&gt;, sobre todo en el acto último
muy teatral de suyo. Supo dar al tipo de la joven aban'.
gonistas, darle carácter moderno.
Las dos mujeres antes citadas, que son hermana~, donada t~do el matiz misterioso, y toda la energía dP.
s~fren la pena de tener a su padre muy cerca de la un alma ~~rgen, que por vez primera despierta al
muerte. María, esposa de &lt;José&gt;, tiene un niño que es- amor, y d110 frases con admirable talento. Matilde Citá largos ratos en el lecho del viejo enfermo, el cual
res S~&lt;;ChfZ bien ~n &lt;Catalina&gt;, papel poco simpático;
ruega a su hija que se quite la venda que lleva en los
y Em1ha del Castillo, encantadora en &lt;Mariona&gt; falojos aun doloridos, curados hace poco de grave cegue• tándola_. es o~tural, por. ser una &lt;iogénua&gt; solam~ote,
ra. La joven accede, y en aquel momento muer~ el pa• el nervio trágico necesano en las situaciones culminandre, es decir, que la primera visión que tuvo fué de tes de la obra.
horror, de pena, de sufrimiento. Para eso es mejor vol
Perfectamente Mutio en &lt;Tomás Pedrc&gt;, sobre toélo
verlos a tapar, y así lo hace, vislumbrando en la negru- en los a ctos _segundo ~ tercero; y por lo que toca a
ra de su ceguera, visionas dulces de una hermosura in•
Coss, 1?arre1ro Y C:od,oa, octé cierta teodeocia a dar
descriptible. &lt;Marta,&gt; en cambio, no ha tenido hi jos, ni a sus _hpos respechvos un carácter demasiado cómico,
está ciega, y por eso mismo hacendosa y trabajadora, y entiendo que no es _e~e el ~arácter de les personajes
llevaba las faenas de la casa, vivía en la realidad, los que encarnaron. El v1e10 &lt;-C1oqueoas&gt; es avaro p
ensueños de su alma no habían desplegado sus alas, y
nada más; &lt;Mollera&gt; y &lt;Rufo&gt; son toscos, rudos ~o:~~
tuvo más sereuidad y menos consuelos al fallecer el vie- de aquel pueblo d~ pescadores, mas no por eso deben
jecito. Su hermana pudo mantener un ideal en aquella dPgeoerar en !írac1osos a la fuerza. Con respecto a
dulce existencia, que parecía separarla del mundo ma· Vargas,,se equ,vo~ó al!íuoas v~ces y estuvo vacilante, y
terial y perecedero. La otra, en cambio, co_n los OJOS de Macias nada digo, sigue gr,tatdo ccmo sieIDp
L
re. ª
llenos de luz, vislumbraba las luchas de la vida en todo escena estuvo bien puesta.

-

LA DESPEDIDA DE CARLOS LOZANO.

Para fin de fiesta se puso en escena la c?·
media aristocrática en un acto, de Eusebio
Blasco, titulada &lt;Mensajero de Paz&gt;, qu_e la
escribió el delicado poeta a raíz del matru~onio de María Guerrero con Fernando D1az
de Mendoza.
Como se ve, es una obra netamente del &lt;gran
mundo&gt;, y cuando se estrenó e11; el Te_atro Es·
pañol de Madrid hubo la paruculand~~ ~e
que se lucieron libreas de la casa nob1har1a
a que pertenece el referido actor, que la es·
cena fué un trasunto del suntuoso comedor de
los. citados esposos, y que, por tanto, más
triunfó la comedia por todos esto~ detalles,
que por el mérito literario 1ue uene Des·
pués, rara vez se pone en escena; recuerd_o
que para presentación de un aficionado, Mi·
guel Monroy, (fallecido hace poco), se puso
por la Compañía Fábregas hace bastante
tiempo, en este mismo teatro, y ahora b~ vuelto a exhumarse con bastante buen éx1_to por
parte de María Luisa Villegas y de Mutio, que
estuvieron correctos, estando la escena me·
dianamente puesta.

El conocido pianista mexicano marcha a Enropa para saturarse de arte verdadero en los
grandes centros musicales, y antes quiso despedirse del público que siempre lo ha considerado en todo lo que vale, y que lo tiene, a
no dudarlo, por uno de los pianistas de técni•
ca más brillante que tenemos. La sala del Ar·
beu estaba repleta de entusiastas del joven
artista, sentíase ese ambiente especi,l de las
grandes s::&gt;lemnidades, y contemplando aquello, se venía en conocimiento de que oo es el
público mexicano tan refractario a las manítestaciones del sublime arte, como sin fundamento alguno por ahí se dice.
LUIS DE L ARRODER.

TEATRO ARBEU.-&lt;EL NIDO AJENO.&gt;
·La preciosa comedia dramática de Beoaven·
te cEl Nido Ajeno,&gt; sirvió para prueb_a de los
alumnos de la clase del profesor Pené en el
Conservatorio Nacional, y la verdad es
que para ser obra de seri~ dificultades:
debemos consignar que los intérpretes es
tuvieron a buena ,altura. Conozco al~o )os
estudios que ha venido haciendo 1~ senont:1
Esther Groizar, y por eso me pareció que
cha joven puede hacer algo más de lo que 1•
zo, y que teniendo talento pa~a la escen~ n~
h,bía motivo para mostrars,';' 1ns7,gura Y t,m1 _
da. Es cierto que el papel pesa, pues ague
Jla mujer de psicología un tanto . rara no es
muy sencillo de interpretarse, Y sirva e•lo de
atenuante al trabajo de la que tuve- escenas
muy buenas en la obra. Pelejero declama

f!·

Señor Luis G, Peredo, quP interpretó esa ooct.e
el monólogo titularln •Un número de Con·
cierto.&gt;

Teatro Mexicano--Tres escenas de &lt;La Hija del Mar.&gt;

�l

,

La oraci6o de la tarde. El caminante se impresiona por el espectáculo de la na!uraleza, al
ocultarse el sol y levanta a Dios su corazón ante la imponente soledad del desierto.

Olvidemos por uo momento los países del nuevo Continente; dejemos a Europa
-con sus delicados refinamientos, y vamos cara al mi, a la luz que abrasa, a la arena
que arde, al desierto, en pos de las fatigadas caravanas árabes que sobre los gigantescos camellos atraviesan un mar de tierra, que no se le ve el fin.
Más sólo que se ve el hombre sobre la cubierta de un barco en el mar botrascoso, se encuentra en el desierto, siempre igual, siempre uniforme, aniquilado por
un sol que derrama toda su fuerza con insólita crueldad. La muerte parece que espía al viajero-dice el capitán Merchand, y añade-yo que he estado en el Sudán y
he pasado por Algeria, y he visto las regiones del antiguo valle del Jgargabar, nunca
recibí impresión más fuerte, más intensa, más duradera, que contemplando las arenas del imponente desierto de Sabara.
El gran explorador antes citado, nos refiere sus sensaciones, y dice que descubrió el oásis de Ouargla, rodeado de casas cúbicas, pintadas de fuertes colores, y coronadas con arrogantes palmeras. llenas de sabtows dátiles, que brindan frescura al
viajero. Dichas casas forman tres círculos, en el primero las sombrean fresca verdura; e~ el segundo, el sol arranca de sus techos como reflejos metálicos, y en fin, en
el último, al traspasarlo, puede decirse que comienza el desierto deshabitado y triste. Todo esto se refleja en la atmósfera de una manera tan especial, que se hace uon
la ilusión de estar en el centro de una gran esfera, donde los colores se coofundeo
y vienen a reunirse cerno si bajaran del cielo unes y como si subieran de la tierra
otros.

Las palmeras de Nefta, en donde reposar. las caravanas, como última etapa del viaje.

El Sabara es siempre la eterna incógnita para el
ho:nbre, lo invencible que se presenta como desafiaodo
su poderío
El. que ha domado la oaturalen, se estrellan sus
energías ante ese mar de arena, y no precisamente por
este motivo, que ya es de importaocia, sioo por el problema del agua, hasta ahora imposible de resolverse. Y, no
es que no haya agua en el desierto, ¡ya Jo creo que la
hay! pero así como en las otras partes del mundo los
ríos, las C'iSCadas, )os torrentes, se ven en la superficie
de la tierra, eo el desierto corren bajo una profundidad que v;;ría entre 10 a 12,000 metros y aún más.
Y es bajo la corriente de estos ríossubterráneos, donde se construyen los pozos artesianos o naturales, con
los cuales se verifica la invasión lenta del Sabara. Cuande la Europa ha querido explorar, conquistar y acopar
el Africa el Sabara se ha opuesto con su infranqueable
barrera, como centinela avaozado, impidiendo el triunfo de la fuerza bruta Después, cuando el explorador se
decidt a forzar la hurera que se le pone por delante,
busca !os medios de encontrar el agua.
Este es el inmenso servicio-escribe el citado capi·
táo Marchand-que se debe a las tropas francesas en
Africa, y que la civihzación entera tendrá que ;;grade·
cer siemp•e. Los ímprobos trabajos de sondaje, descu·
bren poco a poco las aguas subterráoeas y los ríos refrescan el paisaje triste y erial, conforme se va coosiguiendo que asciendan a la superficie. ¡Quién sabe si
con el tiempo el inmenso desierto será habitable, y si
llegue un día en que se diga "aquí existió antes eJ
Sabara! ..... .
Entonces !a bumaoidad ha de verse admirada de las
inmensas riquezas que la vegetación produce bajo los
ardores del sol y eotonces se aquilatará el valor de los
gloriosos sacrificios de los Flatter. de los Crampel, de
los Lamy, de los Moll, y de todos les bravos que hao de·

~

- ,_.~..,, _,,,,~-:,

.

En la frontera del Sabara, sale al encuentro del camioaote, alguo·a mujer nó·
mada, a vender objetos de plata bruñida.

Las palmeras de Tozeur en el límite mismo del Sahara.

En el Reino del Sol

..

Estaba amaneciendo, y sobre las llores de los tiestos
de la ventana había gotas trémulas de rocío que dibujaban en parpadeos fugitivos la luz del nuevo día.

mento tieroísimo cuyas cadencias de~pertaron en el .
corazón materno mil recuerdos! ....
J uaoito era uo verdadero artista, un virtuoso de altfsimos vuelos .... Ea sus venas se agitaba la sangre de
su padre, el seotimiento infinito de su madre!
Y enardecido en aquel juego de armooías y de notas
trémulas que lo inundaban de divina felicidad, el pequeño continuó hiriendo el blanco teclAdo con sus manecitas leves como mariposas, pálidas como las de un
grao melancólico! ....
La madre le contemplaba jubilosa, dejando correr
sobre sus mejillas una a una lágrimas que hablaban de
fúnebres recuerdos, de cosas olientes a muerte ....
Vino un cambio de tono, brillante como uoa caricia
de sol desbordaote de entusiasmo, y que ahuyentó el
dolor .... que se adhería al pobre corazón de la madre!
Un cambio bellísimo, enardecedor, y ea el que puso el
niño toda su inteligeocia de &lt;maestro&gt; .•.. todo su amor
por el recuerdo del ausente ..... .
Y las actas brotaba~ bulliciosas, llecas de fuego, en
un tumulto de armómcas endechas, de voces vivientes .... Eran lágrimas de oiño cayendo sobre PI cordaje
del alma atribulada de una madre; eran trinos de aves
que hacían eco sobre el terso cristal de una laguna! ...•
La mente de un inmaculado en piadosa evocacióo de
cosas idas ..... .

o o o

o o o

-TJea, hijo mío, toca &lt;La Muerte del Lirio&gt;, musitó
la madre;-quiero oír ese fragmento de vida que nos
dejó escrito tu padre ... . ese girón de ternura que rebosa su composición ... .
Y Juanito obedeció silencioso.,. Se puso al piano ....
El preludio arrancado al instrumento por aquel corazón de once años, fué toda una plegaria, todo un la•

.... Debían la renta de la casa. carecían de lo más
necesario para vivir, y .... habían vendido aquel viejo
amigo del padre de Juaoito! ....
Ya era tarde cuando llegaron por él. En esos momentos, el teclado al contacto de los dedos pálidos del artista remedaba formidables bramidos de una deshecha
tempestad; gritos de uoa cólera iocootenible, de un
furor reconcentrado .... !
El artista protestaba ante la necesidad de ser un simple mortal •.. . .. !
Y unía su sentimiento al cordaje musical del instrumento al recuerdo del ausente para producir un cordial saludo, una exquisita y dulce despedida ....
La despedida suprema del artista; el adiós cariñoso
para el viejo amigo de su padre!. ...

jade su sangre en ese mundo silenciorn del desierto, ea
el que cayendo, oadie lo sabe, nadie busca a la víctima
para llorar sobre sus restos.
Ea tanto-termina diciendo Marchand-nuestros oficiales, vencedores o vencidos, siempre resultará que la
Francia, con el tiempo, ha de tener el orgullo de haber
dado ua mundo a la humanidad.

"La Muerte del Lirio"
( Cuento original por Eugenio
Martínez Lázzeri.)
.... Juaoito se apartó del lecho en que reposaba su
madre, y descubriendo el piano, que como principal y
único mueble osteotaba la habitación, recorrió las teclas ea tierna y maravillosa fuga! ....
000

Orizaba, Junio 17 de

Aote la inmeosidad. El árabe al contemplar el horizonte de arena que: tiene que atravesar implora la protección de Alá,

Las olas de arena producidas por le! vioeoto "simouns."

La osamenta del iofeliz camello, víctima de
la furia del huracán.

El agua bienhechora. Después de largas horas de viaje, el precioso líquido conforta al caminante,
al llegar al oasis Si tot.

•

1912.

�general. Así pues, nada tan natural como dedicar a
ese capítulo nuestro mayor interés. En la próxima
semana tendré el gusto de dar a mis amables lecto·
ras, importantes noticias a i,ste respecto, pnes la Mo·
da nos ofrece en la presente estación algunas nove·
dades que sin duda desean conocer todas las damas
distinguidas de nuestra buena sociedad.
MARGARITA.

CRONICA
Aun cuando los trajes, abrigos, yd!más accesorios
de la "toilette" femenina son muy interesantes para
las damas, no hay nada sin embargo, más atractivo
a este respecto que lo referente al capítulo de los
sombreros, pues la Moda pone a !al propósito un
cuidado particular. En vista de esto vemos que las
parisieBses, cuyo criterio sobre elegancias está re•
conocido como el más digno de atenderse por el
mundo entero, conceden el nombre de "modistas" a
las confeccionadoras de sombreros, y a las que ha-

&amp;Il~~(ti)~ (C(ti)IIWS_D©)~ jp)il!l"&lt;!l

ceo trajes y demás artículos solo las llaman "costure•
ras," estableciendo asf u,ia enorme diferencia entre
el genio artístico de unas y otras.

99

llll@

Para convencer a mis lectoras de esta verdad in·
discutible, me permito citarles unas líneas del nota·
ble escritor Enrique Gómez Carrillo, el cual se ex·
presa de este modo sobre el particular: "En francés
se llaman •·modas" a los sombreros y "modistas" a
las que los hacen. La que confecciona trajes no es
modista, es costurera. La modista no viste el cuerpo;
viste la cabeza, Es la que, por excelencia, dispone
del gusto. Por eso su orgullo es grande. Por eso,
cuando alguien se dirige a un3. obrerilla de la rue
de la Paix o de la rue Royale y le pregunta: "¿Es
usted costurera?" contesta, algo indignada: "No se·

Rica toilette de teatro.

..

ll&amp;

66{l(ti)fill@o

íf'&lt;ellll!l&lt;ellilDllil&lt;m

Para el arte de vestirse hay que tener en cuenta
la estética, el tinte de la piel, las circunstancias y el
momento.
Hé aquí multitud de cosas para no olvidadas, ya
que el tocado presta un socorro poderosísimo a la
belleza y a los encantos femeninos.

Traje de ce.lle.

ñor, soy modista." ¡y por mi fe que til'ne r azón! En la costura hay·
un esfuerro humilde, una paciencia encorvada, una atención rígida.
Es necesario no perder de vista las sutiles agujas que van, a pasos
menudísimos por la extEosión infinita de las faldas.
Es preciso seguir con meticulosa eicrupulosidad las líneas trazadas por la tijera, y las indicaciones hechas por el hilván. Ea cambio, en la "mode," todo es fantasía, todo es movimiento, todo es ori·
ginalidad.
Desde muy temprano, la aprendiza comienza a tener "idea~."
Su arte la seduce. Es un arte sin monotonía. Una rosa aquí o uca
pluma allá, y el aspecto de la obra ha cambiado como una decoración teatral. Las "formas" mismas, es decir, lo que constituye el
sombrero, no existe sino conforme al gusto de la obrera. De un fieltro o de una paja informes, redondas y blandas como pedazos de
trapo mojado, ésta hace un nimbo; aquélla, una aureola; la otra, una
guirnalda; la de más allá, un casco; la última, uoa cofia. Es un arte
de metamorfosis y transformación. Las hadas que lo ejercen saben
soñar como poetas, saben meditar como filósofos, saben combinar como químicos.
¿N-:&gt; habéis,acaso, visto, al pasar ante las vidrieras, a esas rubias
esbeltas que con una "toca" a medio hacer entre las manos, se inmovilizan durante largos instantes contemplando el espacio vacfo? ·
Son las hadas que ideau y fantasean y buscan en el éter la forma
defiuitiva, los colores justos, el giro supremo. Ea una pluma que on•
dula hay un esfuerzo sapientísimo, y las coronas de flores que guar-

neceo las cop~s obedecen a doctos cálculos de armonía. ¿No hemos,
por ventura, convenido en que un sombrero es un poema? Es, eo la
"toilette" lo que ríe, lo que alegra, 1? qne goza, lo que_ ~trae. Es el
adorno lírico. Todas las extravagancias le estáo permitidas, con tal
-que sean bellas. Su estética.no tiene, cual _la. del traje, leyes estre·
chas. Las discusiones no le importan. Sus unicos cánoues son l~r del
ritmo Mucho más que en el traje, en el sombrero la elegancia es
cuestlón de hechura y no de materia).,~. Con las m_ás bellas aves _del
paraíso coa las más caras pajas de Itaha, con las cintas más admirables de' Saint Etiéme, uoa "miss" no logrará jamás hacer lo que co~
su metro de tela y sus cinco centímetros de flores hace uoa "demoiselle." Porque no hay que discutir sobre es!e punt&lt;&gt;: el sombrero femenino, el fantástico, el caprichoso, el sonneote ;ombrero que engalaoa, que completa, que seduce, que s?rprende, que es algo loco y
que es tan coqueto; el sombrero ª!tísttco es un pro?ucto de Pans
por excelencia. En Londres, en Viena, en Buenos. Aires, e_n Nueva
York, en Madrid, en todas partes, costureras admirables visten con
uoa ciencia consumada los bellos cuerpos. Pero ¿en ~6nde las modistas rivalizan coa las parisienses? ¿ en dónde con casi n!lda se conde plumas? ¿en dóade igual fantaf ecciooao esos deliciosos, poemas
sía se une a igual armonia?" . . . •
,
. .
.
Ya Jo véis, mis queridas lectoras; segun _la_ op1món de homb~es 10teligeotes, cultos, y de refi~ad? gu~to art1sttco,_ la supremac1a del
sombrero sobre el traje es 1nd1scut1ble. Las mu¡eres elegantes(? son
..más aún por la sabia elección del sombrero que por la del atavio en

A ésta le convienen las líneas severas, precisas,
rígidas; a la otra los vestidos amplios, holgados: el
abandono, el aparente desorden.
Hay quien, en cambio, no puede soportar ese des·
cuido y necesita el traje correcto, entallado, que
ponga de relieve sus formas elegantes; el rostro le
impide hacer que el conjunto pierda la línea donde
railica su principal seducción.
A una convienen los colores oscuros y a otra los
claros; a ésta las sombras y a esta otra la luz.
A todas, el modisto da oportuno consejo, y ellas
obedecen confiándose a ese árbitro del buen gusto;
aceptando cuanto les dicen; dejándose muchas veces
engañar con oropeles de los que el comerciante po·
seía un saldo invendible y -tue Juego se convierten
en moda de la temporada.

EL ARTE DE VESTIRSE

Traje y ~lanteleta de gran lujo.

Una mujer puede estar exqui&lt;ita en su "negligé" ,
si sabe exhibirla con gu!to, elegir la forma adecua•
da y el tinte que armonice con los colores de su ros·
tro.

Y todas rinden sus preferencias a la inconstante
diosa, muchas veces ridícula, ridículo que alcanza a
cuantas no tienen el valor de oponerse a esa tiránica ley de la moda, obrando por cuenta propia, a
despecho de las imposiciones y del criterio ajeno .

Traje de paseo

�MISTICISMO

CONSULTAS

I

AMISTAD INCOGNITA.-D1ANA: Ya veo que se
acuerda usted de mí con más frecuencia de lo que antes solía hacerlo, pues no hace mucho tiempo tuve el
placer de recibir una carta suya, en la cual mé hablaba de la prolongada enfermedad de su esposo, que boy
por fortuna ya goza de completa salud.
La felicito cordialmente por tan grata noticia, pero
no es usted un carácter apropiado para disfrutar de la
dicha i~comparable de la calma del corazón; parece
que &lt;D1aoa&gt; busca las tempestades sentimentales, con
el mismo ahinco con que los ~iajeros audaces exploran
los países llenos de sorpresas y de aventuras peligrosas. Al r_ecobrar Fernando la salud, usted ha recobrado también &lt;sus energías y su abstinación rebelde y
caprichosa&gt;
Estas son palabras suyas y con ellas condena, sin pretenderlo, su manera de conducirse; ¿por qué volver a
las antiguas dificultades, siendo así que los disgustos
c~n. su esposo se basan en verdaderas insignificancias?
~1 el desea que usted no use el pelo corto y rizado, si
llene placer en contemplar esos hermosos cabellos de
oro, tendidos sobre los blancos hombros de su bella
!)iaoa; .ª¿qué 60 contrariarlo en un gusto tan natural,
¡usto e 10oceote ?

Es verdad que para usted es una molestia dejar crecer su opulenta cabellera, cuando casi siempre ha lle•
vado el pelo corto, pero esa molestia no puede igualar
a la de no complacer al ser amado en un detalle tan
poc_o importante. Sea usted algo más generosa, querida
amiga ; aunque estas palabras le parezcan duras creo
qne por hoy merece escucharlas, y yo,en vista de nues·
tra antigua y sincera amistad, me atrevo a decírselas.
1 No se disgustará por esta causa, ni cerrará para mí
su corazón.

RESPUESTA.-MARIA L u1sA: Con toda oportunidad
recibí la tarjeta, eo la cual me indicaba usted su dirección, y conte~té luego por correo, indicándole el
modo que, a mi entender, podía ser mas eficaz para
conseguir el resultado que se desea, respecto de la felicidad futura de ese pobre niño.
Espero que habrá usted recibido mi respuesta.
I:-IRECCION.-E)DJA: Recibí su tarjeta en la cual
tiene la bondad de ofrecerme su dirección p~rticular;
pero tal vez hay en todo esto algún equívoco que no

Delicioso rincón de jardín muy fácil de improvisar con una banca y estátuas de
piedra artificial o terracota.
p~edo e_xplic?-;me,. pues no recuerdo haberle pedido
dicha d1recc100, smo que contesté aunque con retardo
a las preguntas que se sirvió hacerme sobre las man~
c has del rostro.
¿Tendrá usted la amabilidad de aclarar esta duda~
. RESPUESTA.-~YRLAN: En las corseterías más acreditadas de esta capital encontrará usted lo que desea
pues allí venden ciertas prendas de ropa, llamadas&lt;sos:
tenedores ~el busto&gt;, los cuales son muy útiles a ese
respe~to. Sm embargo, cerno tal recurrn es solamente
arhfic:1al, debe_ usted decidirse a tomar algún medica·
m:nto que. me¡ore su defecto de una manera definitiva,
a 71 pues, s1 desea saber cual substancia puede conventrle, hágame favor rle darme su dirección particular
y con todo gusto complaceré sus indicacfones.
•

MODA~ Y COSTUMBRES.-A~A MARIA: No es co•
rrecto qui_tarse los guantes en el teatro, durante Ja representación y ponérselos nueva1;1ente a la salida; cuan·
do se llevan guantes a un espectacul0, es porque se su·
pone que debe completarse el atavío con dichas pren&lt;l:as, y, en tal caso, lo natural es no despojarse de ellos.
s,no con~ervarlos cc.mo se hace con todo el conjunt~
de \a &lt;toilette&gt;. ¿ Acaso se admitiría descomponer de
algun modo el a~orno_ del traje o del peinado ? Sin duda que no, Y de idéntica manera hemos de pensar sobre los guantes.
. El calzado ba~o,ya s~a de ante, piel de cabra o terc10p_elo, es muy 1mprop10 para salir a pie y en tardes
lluviosa; solamente que vaya u~ted en carruaje pod ,
llevarlo; de lo contrario le aconsejo que use c'hocl ra_
zapatillas de glacé o botas un poco altas.
os.
Grupo de rosales enanos y de sarmiento; en Europa oe~esitan del cultivo eo invernadero, nero en nuestro
clima se dan perfectamente al aire libre.
•

MARGARITA.

El sol, como uo guerrero moribundo,
lannba en uo último esfuerzo la brillante
andanada de sus flechas de oro y envuelto
en su manto de púrpura se hundía lentamente, con la augusteza de un rey oriental.
El río se deslizaba, serpenteando en la
llanura, como una sierpe de fuego de cuyas centelleantes escamas se desprendieran ignescentes reflejos. Las aves cantoras,
ocultas en la enramada, dejaban caer como una cascada de brillantes las argentinas notas de sus trinos.
Las sombras invadían el eter como una
región de titanes que devoraran con frenética alegría las últimas claridad~s del
crepúsculo; y surgía la noche, cual nuncio
del si le ocio
La. brisa se deslizaba queda y susurrante como vagidos de niños enfermos, y las
flores, eotreabrieodosus polícromascorolas
exh,labao sus perfumes cual vivientes incensarios.
El alma de las sombras poseyó nuestros
espíritus y embriagó nuestras almas, ávidas de misterio.
Nuestra fantasía se lanzó , en potente
vuel0, al lejano país de la quimera y en
alas del ensueño.
Mi amada, la casta niña de belleza paradisíaca y c uerpo escultural de virgen
púbera, reclinaba indolente su hermosa
cabecita sobre mi corazón donde se desClaro está como el sol!
peñ~ba la negra cascada de sus rizos.
pna dientes deslumbrantes
Sus pechos se levantaban a intervalos
con rítmicos movimientos como el aleteo
las mujeres elegantes
de dos pa.lomas, prisioneras nostálgicas de
solo usamos el Odol!
libertad, y sus pupilas brillaban en las
sombras, con extrañas fosforescencias de
felino.
Eo el atavismo de mi alma en degene- -Para las manchas de sudor. Una yema
5us purpureos labios se abrían febriles, ración, surgió potente la visión fantasma- de huevo disuelta en agua tibia con un pocomo una herida de alfange en las ancas górica del misticismo, y temiendo manchar
. ,
.
,
cte una tierna gacela..
con mi contacto profano la belleza invio- co de ¡abon quitara las manchas más per·
Sus manos, como una floración de lirios lada de aquel cuerpo querido, corrí bacía sisteotes.
blancos, rodearon mi cuello como una ca- el río, en cuyas azules aguas me lancé,
deoa. de pétalos sedosos y fragantes que huyendo de los gritos de mi lujuria y del
ESt a composición con algunas gota!! de
m, atrajeron suavemente al abismo inson- desengaño de soñada inmaterialidad en el alcohol limpia las manchas de café, sin
dable de sus labios, y me envolvió su alien- amor.
alterar el color del tejido, por muy delito como una nube cálida de perfumes que
El río besó amorosamente mi cuerpo y
se escapara del humeante pebetero de al· lo arrastró sobre sus ondas como una. flor cado que sea.
gún ídolo.
de loto hacia el infinito. mientras la luna
L1 paloma de la inocencia tendiendo al se hundía en el horizonte como uoa góno o o
espacio la nitidez de sus alas, se perdió dola naufragante sobre mares de espuma.
entre 1,s sombras, como uoa pluma blanca.
J. A. OCHOA.
Las botellas de vino que se sirven a la
Mi cuerpo temblaba como ]as hojas del
d
almendro impulsadas por el huracán, y en
mesa_ el rey de Ioglaterra no llevan aunel caroxismo de mi deseo estampé en el
Ailpm:&amp;~ !l"ie(C~Um
ca ellqueta, de modo que los comensales
abierto cáliz de su boca un beso intenso
jamás saben qué marca beben.
y amoroso.
-Para lavar bien la ropa, conviene po·
Y aquel beso culpable fué una revela- nerla el día antes en remojo en agua de
ción.
jabón caliente.

El ideal de,. una artista
Una cantante célebre, Frieda Hempel,
que alternaba sus éxitos entre el teatro regio de Berlín y el Met ropolitano de Nue•
va York, se ha convertido eo una entusiasta propagador?- de la r:fcrma radical de
la 10dumentana mascuhaa.
Los trajes negros de etiqueta le han parecido una miserable vestimenta.
-Me gustaría ver-ha escrito en "Berliner Tageblatt''- vestidos a los hombres
e~ armonía co~ su individ~alidad. Por
e¡emplo, a los ¡ueces y magistrados, con
togas rojas, dibujos de plata y coleto de
seda blanca, peluca del mismo color, máscara de terciopelo rojo y un bastón en forma de espada.
La gendarmería ao debiera esconder la
gentileza de su cuerpo, siempre en un
uniforme antipático, sino vesti r guerrera
~zul, calzones blancos y calzado rojo, de•
bieado llevar los caballos piotorescamente
enjaezados.
Los hombres de sociedad deberían ir
indumentados con casacas de seda de varios colores, calzón corto hasta la rodilla,
de tonos claros, medias blancas de seda,
zapatos de charol con alegres rosetas y llevar un bastón con nuño de oro, orlado de
piedras preciosas. Además, ¿ por qué no
dejarse crecer el pelo en largos cabellos
rizados? ..... .
Frieda Hempel, que confiesa ingénua•
mente sus románticas ideas, piensa en que
lo, hombres debieran tocarse con monter as de airosas plumas.
En el colegio

El profesor, esta m...ñana, me ha preguntado qué entendía por raíz cuadrada.
-Y tú, ¿qué le has dicho?
-Yo he contestado que como"aúono habíamos llegado a la Botánica oo lo sabía.
En la clase de Geografía

-Por qué al mar Muerto se le llama
así?
-Porque está verdaderamente muerto.
_¿y d., qué enfermedad ha fallecidol
-Pues ...... supongo yo que de mal de
mar .

�EL MUNDO ILUSTRADO

1

•

y ellos no le habían pedido a las fronteras
que hablasen ... . Pero la voz crecía, crec'a
y, como un torrente desatado, aumentaba
en intensidad, revelando nuevas fases encantadoras que traducía con la pluma el
poeta de la rebeldía, de la pasión y del
genio.
No era el prisionero del pensamiento
sino el domeñador de la idea. E ra un sublime que subía la cumbre grave y lejana
para clavar sobre ella, entre relámpagos
y nubes, la bandera.
Así triunfó Kipliog.
Con su arte llevaba su escudo: peto so·
bre el franco pecho para salvar la idea.
Llevaba en su arte el misterio, que
era religión de su triunfo. Ha vuelto a la
cooq~ista y ha salido cooqu(staeor. Ha
vencido a su pueblo. Para quien como el
poeta fué el ídolo caído, este renacimiento
genial que inicia con la "Bombay Editioo,"
es el público reconocimiento de su talento
y de su verso.
Y es, además, la hora lírica que marca
la floración de su nueva poesía; la coosagracióo de una fe que h.t vivido comofuego sagrado, y que hoy, el alto sacerdote de
la armonía, el trovero de la India y el raro pulsador de la más vibrante lira britá·
nica, comparte con todas las almas c¡ue
sienten y alientan inmortal ensoñación.
HIGINIO

J. MEDRANO.

Agencia de Inhumaciones

EUSEBIO GAYOSSO

La victoria de la tísis

MARISCALA 3.

Recaudación de Panteones, Cajas Mortuorias,
Servicio Fúnebre por Ferrocarril.
TELEFONOS: ERICSSON, 836.
MEXICANA, 1006.

En el anfiteatro del Hospital Broca de
París ha tenido efecto una brillante y trascendental conferencia, dada por d Doctor Alexis Garre!, sobre los resultados ma·
ravillosos conseguidos por u o tratamiento
especial, para conservar la vida de los atacados de la tisis.
El numeroso público, compuesto en su
mayoría de sabios médicos conocía ya al·
go, de estos resultados, por un informe
que rindió la Academia de Ciencias sobre los estudios del citado Doctor, el cual
ha estado algunos años en Nueva York,
poniendo en prácti.:a su descubrimiento
en el Instituto Médico fundado por Roekefeller.
En su conferencia explicó la manera de
comervar las células de los tísicos, evitando el contagio de las enfermas con las sanas; muchos fueron los aplausos que r ecibió el célebre médico por sus notables trabajos.

Cúrese usted
mismo

EL REUMATISMO SE PUEDE CURAR
Quiero que todo el mundo sepa que mi
Remedir, para el Reumatismo alivia los dolores de las Piernas, en los Brazos, en la
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El señor presb. P. Flores Valderrama, Av·e. del Instituto, Puebla,
nos escribió el lo. d e Enero de 1912:
'' El remedio 3X para el Reumatismo, que vende la casa de ustedes, e-,
inmejorable y por tanto insubstitui ble. Yo fuí un pobre enfermo qu,
venía sufriendo, desde hace más da
20 años, de Reumatismo gotoso. Una
persistente enfermedad nerviosa hizo que la eliminación del ácido úrico fuera punto menos de nula en
mi persona; y alhí me tienen aste des
sufriendo constantemente de desarreglos gástricos y, lo que es peor,
de todo ese cortejo de molestias, sufrimientos y dolores,---!inclusos lvs
de Cálculos renales---que trae apa·
rejada una Diátesis Urica. Llegué
casi a estar paralítico. En yano fué
que tomara una serie incontable dP
medicamentos nacionales y extran
jeros; la condición ácida de mi organismo se modificó muy poco y el reumatismo seguía su marcJ1a devastadora, hasta que se me ocurrió tomar
el remedio 3X preparado pOT el profesor Munyon para esta enferme·
dad. Con este medicamento me h0
curado por completo en menos de
dos meses y con sólo tres frasquitos.
Los dolores reumáiticos se han reti
rado como por encanto; los riñone,
funcionan muy bien, y la elimina·
eión del ácido úrico es completa y
per fecta. '
P. Flores Valderrama."
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y reconozco. Su lira es lira rebelde y de
combate.
El _poeta gusta más del combate que de
la endecha plañidera. Busca el raro delei·
te del ruído fragoroso a la dulce armonía
del canto selvático.
Quizá viva en la modero'.1 literatura bri·
Su lira es fuerte y elocuente. Pero pretá oica, figu~a ?e mayor reheve que la de cisameote en ello se concentra un estado
Rudyard ~,phog, mas os aseguro que en de alma, un motivo de rebeldía, fase del
detalles pintorescos ocupa éste el supi:emo espíritu y del espíritu hálito vital. El can•
lugar.
ta a la Naturaleza agreste; al torrente que
Hay poetas que tienen, en el elocuente se precipita desde la montaña: a todo lo
•
libro de las emotividades y de los senti- que sorprende, y a todo lo que causa admeotalismos, plenas páginas que dicen de miración.
todo~ los deleites del espíritu; que embria·
Ningún otro, en la literatura inglesa, po·
gao con el viejo vino de sus vibrantes ver· see su virilidad y su estilo, Kipliog ha lle13 A LA MESA
sos que entusiasman con la suave sinfonía gado a la cima perfilada, después de haber
de sus rimas... . . .
perdido la estimación de sus cootemporáRudyard Kipling es de éstos. ¿Recordáis ~eos;_ el auto~. de "Dep_artmeotal Ditti~~" y
cuando el malogrado Jesús Castellanos, en Pla10 Tales . ha vencido en la más d1hc1l
admirable conferencia, reveló su persona· de,,las ~uch'.1s 1~e'.1les.
.
Debía celebrarse una comida a la que
lidad a un brillante grupo de intelectuales
, ~eria e¡erc,cio e_ncantador,-d1ce un estaban invitados liieratos-entre ellos,
de Cuba desde la tribuna fraterna del Ate· critico-el de coleccionar todas las excla- Víctor Hugo -artistas y políticos Mas paneo? El joven maestro que hoy mora en el maciolles proferidas por estudiantes e in- saban los mi~utos y las horas y ~o h~bía
UNGUENTO PARA LAS ALMOR~Apaís ignoto de lo Ignorado, tuvo para el telectuales de hace veinte y cinco años, trazas siquiera de que fuese a comenzar ~ AS, U°: n~evo método completamente_ l!m•
poeta genial de la Bretaña el más dulce cuando hizo su aparición &lt;Plain Tales:&gt; la comida en la aristocrática morada.
p10. Ahv1a mstantáneamente. Cura positiva.
de los reconocimientos: la vislumbre de tao poco preparados e staba~ !?ara la lle·
Cansado, un senador se acercó al ama de 50 centavos._
.
verlo llegar, en un foturo amable, a la ~ada del planeta, q1;1e e~~ K1phng, con sus la casa, que parecía muy preocupada, y
Munyon hene_Remed,os P!r'.1 todas la:s en•
gloria que ya reclamaba la fuerza de sus aletazo_s de vulgar!dad s_~bre los elemeo· muy cortesmente le dijo:
fermedades, casi todos al mod1co precio de
obras.
tos de _vida, que 1~ 1mpres1on fué tao ruda
-Si no me equivoco, querida señora se S? centavos. Se ven_den e~ todas las farmaKipling, antiguo ídolo del público inglés, como inesperada.
,
nos ha convidado a comer. Pido a usted cias o pueden pedirse directamente.
ha comenzado a publicar sus obras com·
No era la voz que les ha?ia habla~o an- mil perdones por la impertinencia, si no
Pida usted la "Guía de la Salud," de
00
pletas; y mientras Alfredo Noyes y el doc· t~s;
era la v?lgar ñl~sofia de su tiempo estoy en Jo cierto.
Munyon, en las Droguerías de J. Labadié
tor Eriges luchan por el viejo títu o de sino otra ftlosofí.i tan ltaJos de la suya como - iCierto; pero, ¡Dios miel ocurre una Suc~. y Cía., Av. San Francisco ,ff J.
"Poeta laureado de Albióo," este alto tra- las cosas_ que exp~esaba estaban remota· cosa muy desagradable, algo que es como Uihlein Sucs., 3a. Av. Bolívar 25; Johaonseo,
ductor de los sentimientos de una poesía ment_e le1os de ~u vida. Nu:vos golpes de uno desgracia.
Félix y Cía., Av. Sao Francisco 39; Dro·
única, que siente un como renacimiento e stéttca_ les h~b,an conmo~ido; llegaba un
A última hora, nno de los invitados nos guería del Elefante, Av. Isabel la Católica
st
consolador y el acicate de un vivo eotusias· nueyo simboli a que del s~mbolo humano hace saber que le es completamente impo• 6; y otras. Consultas por correspondencia,
mo, retorna a la arena de la idolatría, y hacia un espada ruda Y ta1a:ote. 1:1° tenían s ible venir, y para que no seamos trece a confidenciales y libres de todo gasto.con renuevos y aliento~ después de ser im· almas para compreud erle ni sentidos para la mesa, he mandado en busca de un ami·
MUNYON'S 53 AND JEFFERSON,.
piameote destrezada su fama, recupera su amarle.
go de la casa.
PHILADELPHIA, E. U. de A.
pedestal de ídolo para lacooquistadeotros
No poseían el pleno corazón, flor hierá· -Trece o catorce, / qué más dá, señolaureles.
tica o inmenso altar ante el cual se rinde ra l
Kinliog es un escritor de fuerza y de la devoción de la creencia, para recibir el
-iAh! Es que si fuésemos trece, uno de
geo1~; de originalidad admirable; el wbe· bautismo de su palabra. Era la moLtaña los convidados no se sentaría a la me~a.
rano de un nuevo estilo; viajero sempiter- que hablaba, y ellos no sabían que la
Poco después el senador charlaba con nosotros un imbécil que por nada del rnun·
do se sentaría a uoá mesa donde hubiese
00 de los romances; peregrino de los idi· montaña era un portavoz. Sólo sabían del Victor Rugo.
lios y, de la emoción y el color hermano.
elocuente reto de la esfinge. y ante su pa· -,Sabe usted por qué no comemos?
trece personas y somos trece.
,Que Rudyard K ipling es a veces teme· sividad y misterio permanecían vencidos y
-No, señor.
-iEse imbécil soyyo!- replicó el poeta.
rariameote brutal y confuso? Lo acepto modos. Aquel era el eco de las fronteras,
-Pues porque parece que hay entre

RUDYARD KIPLING

===========~=====::::

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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