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                  <text>��EL MUNDO ILUSTRAD.~O======================
o o o

o o o

Recordad Este
Paquete
Ninguna otra medicina en el
mundo, exclusivamente para ~ujeres, ha hecho tan tas curaciones
verdaderas ni se ha vendido en tan
grandes cantidades como e l Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia E.
Pinkham.
Miles de mujeres han recuperado
· la salud con este remedio, cuya
brillante historia es por mérito.
Lll mujer que está enferma y sufre no tiene
excusa en segmr sufriendo pues no hay duda alguna
de.qiie_este antiguo y gran remedio cura los males
fem emnos.
Cárdenas, Prov. de Matanzas, Cuba.-"Estuve
,friendo por muchos años de males en el útero y
en los ovarios y seguí tratamientos que me estuv ieron sando notables médicos por espacio d e 12 años. Estos tratamientos
no me curaron y finalmente, los doctores opinaron que era necesaria una
operación , pero yo no accedí á eJlo.
"Después de leer un folleto gue publicó Ud. determiné probar el Compuesto Vegetal de la Sra.LydiaE.Pinkham aunque sin fé alguna, p ero
después de tomar siete pomos estaba curada. Esj;o sucedió hace seis años
y desde entonces no he experimentado l a menor molestia. Antes de tomar
su remedio tenía tows los años fuertes dolores en el v ientre los cuales me
obligaban á guardar cama por espacio de t res meses. Sólo siento n o haber
conocido antes su medicina pues me hubiera evitado muchos sufrimient os.
"Puede Ud. hacer público este t estimonio para b eneficio de las mujeres
que sufran. Cualquiera mujer puede venir á verme ó escribirme. Estoy
segura que la convenceré de lo excelente que es el Compuesto Vegetal

Alejandría posee el puerto artificial En Suecia a un cura que estaba preso
más grande del mundo.
se Je ha permitido decir misa en su cel·
da.
oo o
o o o
Los avestruces viven de doce a quince
De diez y ocho expediciones que se han
años.
hecho al Polo Sur, nueve han sido inglesas.
o o o
o o o
El si~tema de canales de China es el
más extenso del mundo.

La golondrina vuela a r azón de más de
kilómetros por hora.

I 50

f

&lt;le la Sra. Lydia E. Pinkham."-Sra.

I Vd. cree que la palabra Worcest ershire significa
la Salsa Worcestershire de origen o sea la
LEA &amp; PERRINS, os engañais.

S

Esté V d. prev:nido ! De la primera impresion por parecida
que sea la semeJanza de el fra~co y de la etiqueta con los de
Lea &amp; P.:rrins no acepte la marca que le ofrescan, antes de
haber visto l:i etiqueta detenidamente y de comprobar la firma
de Lea &amp; P errins, en letras blancas.

REBEQA FLORES DE MORALES,

calle Ang!ona No. 153, Cárdenas, Prov. de Matanzas, Cuba.

Si está Ud. sufriendo alguna de estas enfermedades y desea un •Jon•
sejo especial, escriba confidencialmente á Lydia E. Pinkliam Medicine
Co., Lynn, M:ass., E. U. de A. Su c&amp;rta será ahiert.a, l&lt;&gt;ida y cont~~tada
por una señora y considerada estrictamente c,:mfidencial.
.,__)

Calendario de la Semana
SEPTIEMBR E .

MIERCOLES 3.
Santos Nemorio Diácono Mártir, Regina
S antos Aristeo Obispo Mártir, Serapia Vir gen y los Beatos Tomás Tzugiy Miguel
Vi rgen y el Beato Aotonio Ixida Mártir.
Nacaxima Mártires.

Extracto con1puesto vejetal Arvelina 1 15 gramosí
Jarabe compuesto de hipofosfitos,
45 gramos;
Jarabe compuesto de Zarzaparr illa, 6o gramos.
Cómprense estos ingredientes en cualquier
Botica, mézclelos cada uno en su propia casa y
tómese una cucharadita después de cada comida
y al acostarse.

,'.

.,.

-,

JUEVES 4·
Santas Ros1Jía y Rosa de Vite rbo Vír·
genes Y San Moisés Legislador y Profeta.

VIERNES 5.
LUN ES 19
Nuestra Señora de los Remedios. Santos Sao Lorenzo Justiniano, Obispo ConfeAugusto Confesor, Gil Abad, Constancio sor .
Obispo Confesor y los Santos doce herma·
SABADO 6.
nos Mártires.
Santos Dona ciano Obispo, Fausto P resMARTES 2.
bítero Mártir y Zacarías Profeta.
Santos E steban Rey de Hungría ConfeDOMINGO 7.
sor y Antonino o ALlolín Mártir.

RECETA PARA EL REUMATISMO.

La escritura blanca sobre
la etiquet:i roja :

ROSA CAMBIANTE
Tomas u na rosa ordinaria que esté en·
ter amente abierta ; enciende uo p oco de
fuego en una estufilla y echa allí un poco
de azufre reducido a polvo; házle recibir
el vapor a esta rosa y se volverá blanca;
si se mete en seguida del agua con un po·
co de vinagre, volverá a tomar su color
natural.
Toda guerra ofe nsiva es en puridad un
asalto a la despensa ajena. Los soldados
combaten sin saberlo por los intereses de
unos cuantos fondistas ansiosos de renovar
sus provisiones.
o o o
La popularidad es casi siempre sioóoimo
de mediocridad. El genio rara vez es po•
pu lar. Esto explica porqué está llena la
sala de un coliseo cuando se representa
&lt;Los sobrinos del capitán Grant&gt; y vacía
cuaodo pe nen en e! ceoa &lt;El Promet eo&gt;.
o o o

Un hombre muy celoso es un ser ridículo, pero un hombre muy c onfiado es un
oecio. Partid, si podéis, la diferencia y
¡Dios y las mujeres sobre todo!
o o o

Eo la isla del Príncipe Eduardo se pesvan anualmentrl langostas por valor de
cien millones de peses.

b5

,

LOTERIA
NACIONAL
- PARA EL DIA

-

16 DE SEPTIEMBRE DE 1913
A LAS NUEVE DE LA MAÑANA

GRAN SORTEO DE

$500,000.

00

2,887 Premios que importan $1.401,900
70.09 pg Repartible en Premios
OFICINAS:

5a. Donceles 121.
México, D. F.
Entero $1 OO. Vigésimo $5.
El Administrador, Pedro Sandoval y Gual

�BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
'' ALFONSO RE YES"

EL MUNDO ILUSTRADO

.SABROSA COMO LA MIEL.
Antes de conocerse la caña da
azúcar, haca unos 300 años lo
único "dulce" que el ho~bre
poseía era realmente la miel -liba.da por las industriosas abejas en
los cálices de las flores. Durante
muchos siglos, la miel ha simbolizado lo sano y agradable al paladar. Las gentes dicen que nuestro
remedio es tan sabroso como la
miel. Asi es en efecto. ¡ Qu_é
contraste con la mayoría de las
medicinas, muchas de las cuales
son tan nauseabundas que las
personas de gustos refinados no
pueden soportarlas, prefiriendo
sufrir antes que asquearse y enfermarse á causa de ellas! Y
tienen razón, porque tanto las
medicinas co~o los alimentos,
para ser beneficiosos, deben sentar
bien á la persona que los usa. La
PRBPARACION de W AMPOLB
al mismo tiempo que es agradable
al paladar, no por ello deja de ser
un antídoto cierto y poderoso
contra el mal; no se ha prescindido de una sola de sus facultades curativas. Es tan sabrosa
como la miel y contiene una solu-0i6n de un extracto que se obtiené de Hígados Puros de Bacalao, combinados con J araba de
Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Maltá y Cerezo Silvestre,
lo que forma un remedio distinto
de todos los otros, eficaz desde
h primera dosis, y tan agradable
al paladar que las personas de
gustos más difíciles dicen: "Es
tan sabrosa como la miel." Sí, y
como remedio, es mil veces mejor
que la miel. Debe usarse en los
casos de Anemia, Debilidad N erviosa, Influenza, Pulmonía, Tísis
y s~ quedará seguramente satisfecho. El Sr. Profes or Roque
Macouzet, de México, dice: "Hace
muchos años que receto á mis
enfermos con el mejor éxito la
Preparación de W ampole como
tónico reconstituyente." Es el
dulce favorito de los inválidos.
De venta en todas las l3oticae.

FONDO RICARDO COVARRUBIAS

o o o

me llevas a la estación Constitución en
cinco minutos.
A bordo:
.
-Imposible, señor; yo me dejo sabor·
-1Qué le pasa, capitán, que está tan ca· nar, pero los caballos no
bizbajo?
·
-Una gran desgracia: se ha roto el ti0 0 0
món y vamos sin gobierno.
-Hombre, no se apure por eso. Como Entre amigos:
está ba1·0 el agua, nadie lo notará.
.
-1 Conque por fin conseguiste
un empleo en el Banco? Supongo que en parte
000
lo debes a que conoces al Gerente.
_ -En parte eso, y en parte también pnr•
-Míra, cochero, te doy cinco pesos s1 que él no me conoce a mí.

o o o
En casa del médico:
-1Por qué no me abona lá cuenta?
El cliente:-Pero, vamos a ver, ¿cuando se despidió de mí en la última visita
me
b 1dijo: "Está bien• ya es ust'e d otr0 hem-·
re · S í
-P~es si so t
•
la ;uenta de a~:e~f• é cómo le voy a pagar

Registrado como artículo de seg11nda clase 3 de Noviembre de 1894.- lmpreso en papel de las Fábricas de San Rafael.

Año XX.-Tomo 11.

CAPITAL SoctAL:

$10.000,000

EL BUEN TONO, S. A.

Cuarta Colección No. 44

MEXICO.

E. PUGIBET

México, Agosto 31 de 1913.

Número 9.

DIRECTOR GENERAL:

•

lQ

~

00
.,....

o o o

El Camuero:
-1Q uiere ustecl uua costilla y de postre una manzana?
El cliente.- ¡Horror! ¿Las dos cosas
que perdieron a Adán? ¡Nunca!
o oo
Ea el restaurant:
El camarero tiene los ojos enrojecidos
y le pregunta un cliente:
-ITiene usted acaso una oftalmía?
- .... Creo que no hay más. Lo preguntaré al cocinero.

CREME DE LUXE
CONSERVA LA BELLEZA Y JUVENTUD DEL
CUTIS.
E vita y cura los barros
las pecas, las•erupciones, y
las manchas en la piel. Des-

vanece las arrugas. El cutis áspero. marchito, pálido y quemado del sol, adquiere suavidad. lozanía y
buen color con pocas apli-

caciones de Creme de Luxe.
.

Empiece usted a usar esta

\" crema hoy mismo y jamá~
le pesará haber leído este
Jx)~· anuncio.
,t

Arte fotográfico.-Monumento a Cuauhtemoc en el Paseo de la Reforma de la ciudad de México.

Depósitos: Johansen. IAbadfe y_ Droguería del Ele •
fante, México.

Fot. Ramos. (Propiedad.)

�DIRECTORIO
EL MUNDO ILUSTRADO
S&amp;MA!'IARIO DE AcTUALIDADEs, ARTE y LrTERATURA.

DIRECTOR PROPIETARIO
ERNESTO CHAVERO
OFICINAS:

LIC.

3• Calle de la Rinconada de San Diego No. 41.
Teléfonm:-Mexicana, 20·85 Neri
Eriessoo, 14-51

Apartado Postal 149.- México, D. F.

PRECIOS DE SUBSCRIPCION MENSUAL:
En la Ciudad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8 r.oo
(p~gadero por adelantado.)
En los Estados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8 r. 25
(pagadero por trimestre adelantado.)
En el Extranjero ........... ... .... ........ 8 2.ol

( pagadero por semestre adelantado.)

NUMEROS SUELTOS:
En la Capital .........._. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8 o.~"
En los Estados . . ........... .. ........ . .. : .... 0.35
En el Extranjero .. ...... ....... ............. ., 0.50
Atrasados ..... : . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,. o. 50

La enfermedad que mina la vida, que nos encadena
al dolor como Prometen a la roca: el desengaño y la
desilusión que vierten gotas de acíbar en las almas; la
pérdida de seres queridos por la ley natural del orga•
cismo; los crímenes que buscan víctimas inoceutes; la
lucha para vivir, para sustentarse, para evitar la miseria; todo es poco I nada basta! ..... , la civilización moderna ha de suministrar con sus adelantos y rns pro·
gresos, más contingente a la desesperación y a la muer·
te. El Dios ·Molloch, que se alimentaba de seres humanos, resucitó en los tiempos que corremos, y nada le
basta para sus banquetes de sangre, para sus orgias de
víctimas; sólo se recrea cuando escucha los ayes de dolor del mundo. los gritos de pena de los nacidos, las
estridentes voces del dolor sin remedio, sin esperanza,
que es el más hondo de los dolores.
iPobre humanidad siempre castigada, siempre en el
ara del sacrificio! . ... En semejantes momentos, cuando
la vista dirigida a la tierra se cansa, se fatiga, se ano·
nada viendo las negruras de la desgracia y las penumbras ele! pesar, espontáneamente, se levanta a otros horizontes serenes, llenos de calma, de traaquilidad, que
ni una nube oscureció el horizonte diáfano del sen•
riente valle mexicano en la ma ñana de la inolvidable
caiástrofe; que ya dijo el poeta:
Que insoportable es tu calma,
¡Oh!, madre naturaleza,
Nunca a la humana tristeza
Das el ansiado consuelo,
Y en los momentos de duelo
Nuestra pena es más aguda,
Bajo la impasible y muda.
Indiferencia del cielo.
o o o

A la voz de la caridad han acudido en estos días las
almas buenas a remediar en lo posible las comecuen•
cias de la tragedia referida. El dinero levantara la casa, y ha de dar de comer a los supervivientes de la catá,trofe que todo lo perdieron. Las ruinas del corazón,
lo, cariños fenecidos, los lutos del alma, los pedazos de
NO SE DEVUELVEN ORIGINALES.
entrañas que en forma de hijos o de padres la pólvora
n6gra aventó a los abismos; esos no vuelven, esos para
siempre se perdieron; para ellos victimas inocentes, in·
felices seres, están de más las billetes de los Bancos, y
los pe,os duros, brillantes, sujestivos, hermosos, reco·
lectados entre armoníis de conciertos, chistes de saine·
te y madrigales galantes en las amplias salas del Salón
Rojo.
Ahora a seguir viviendo; esa es la marcha de la huLA POLVORA NEGRA
manidad. Quizás dentro de unos minutos,_volveremos a
ver algo terrorífico, o puede que séamos víctimas de
ello Pero las doradas alas de la ilusión, los lazos de
seda finísima y seductora de la esperanza, nos atan de
El drama fué pavoroso, terrible, de esos que produ- tal s..terte, que nos impiden el suicidio; y de este modo
c ~n el efecto de no amar la vida. Contra las fuerzas entre sueoo~ que casi nunca se realizan, y sugestiones
brutales de la naturaleza no hay recurso: la guerra, la del mañana, del eteroo mañana.de la continua esper a,
lucha. de los hombres uno; con otros, tiene su razón, de la diaria busca de la felicidad, que nos burla a cada
sus causas, sus motivos; viene precedida de sucesos y instante, y nos humilla ;L cada hora, los años pasan y el
-de antecedentes que la tngendran poco a po.co, en di- tiempo nos enseña verrlades, que los prejuicios y las
versos períodos, y por todo esto, aunque nos causa pa- r utinas, y las mentiras cocvencionales nos ocultan, covor, este p:arece corno preparado, para resistir sus con- mo hojarascas que cubren abismos.
•
secuencias. En cambio, lo que no se prevee, lo que esEl progreso grita .... ¡inventa! .... (crea! .. ,. idescu•
talla en un momento, nos sobrecoge, nos aplana, y ¡que brel. ... la filosofía moderna exclama ¡niega! .. , . (dupequeños nos vemos entonces ante la fatalidad horroro- da! . ... las religiones dicen . ... icree ! el mundo con sus
sa ante la cual sucumbimos! Yo creo que la muerte, con atractivos entona la canción del amor, y allá vamos en
ser la muerte, se siente espantada y atónita, al ser lla• galerna humana, en huracán devastador, agitador por
m'lda po,r las voces estentóreas de las víctimas de un lo que a veces no comprendemos, y por las diversas cosuceso trágico como el ocurrido no hace muchos días rrientes que nos traen y llevan, siendo juguetes de
en esta c ..pital.
efectos, de apetitos, ele instintos, de enseñanzas, de suUna irnprude.ocia y un invento humano, se unieron persticiones, queriendo esquivar el terremoto, la enpara producir la es'?eoa. El teatro no pudo _ser. más fermedad, la guerra, el crimen, el explosivo, en fin, que
amplio; la decoración la formab•n las estnbacrnoes nos asesina; barreras que nos impiden andar; grillos
del valle de México, saturado de la luz de una mañana qur soo obstáculos para correr, fuertes cadenas que
de Agosto; en el fondo mucho azul, mucha trasparen- convierten en sarcasmo la libertad en los actos: barrocia, el sol en sus ardores de Estío; por una y otra par· tes de hierro que nos hacen prisioneros; jqué bien es·
te casas esparcidas ea la verde fsplaoada, nirguna cribió Miguel de los Santos Alvarez ;
!!Untuosidad ni lujo; viviendas pobres delatando modes·
cantad en vuestras jaulas, criaturas!. .....
tos recursos; en el foudo de los hogares la tranquilidad
del tra.b~jo. HJras antes ha. pas..do cerca el peligro; el
AMADIS.
eipíritu infernal de la destrucción nada ha hecho para
mostrarse terrible, y como los Dioses malos de las le·
yendas orientales, perdoneí'la vida, v e!_esterminio no
ha tendido sus negras alas por fa camprna, envuelta en
resplandores de oro., •• Parecía que nada iba ya a pa·
sar; ¡quien Je todas aquellas gentes podría suponerse
que el peligro esti1vo a la puerta de sus moradas!
Más la fatalidad así lo decide, y como Júpiter entre
truenos se oye pavorosa detonación, sncumbe todo, y
ea minutos las ruinas, el aniquilamiento, las casas por
-Buenas tardes, teniente Moreno. Usted es puntual.
el suelo, los gritos de angustia, forman un cuadro dan- Pero yo también lo soy. Aquí están las cartas. ¿Usted
tesco impósible de describirse. La noticia como el ra· está siempre resuelto a llevar a cabo mi comisión i
.Jl!O cdrre por to:ia la ciudad y un temblor de angustia
-i Y cómo oo, padre! Ya le he dicho que disponga de
ria sacude de un extremo a otro, y allá, camino de la mí, siempre que sea para servir a la patria.
" bec3 tombe en caravana de desesperados, corren el.
-Usted sabe que ese es mi único objeto, teniente.
-consuelo y la curiosidad, en tanto que eo el sitio de la Debido a los desmanes que los mismos patriotas come-catá;trofe la vista se pierde ante tanto destrozo, y los tieron después de Sipe-Sipe, cuando más que defenso•rostros de los espectadores están más pálidos, que los res parecieron enemigos de estos pueblos, a las últimas
derrotas y a la muerte de nuestro pobre Padilla en el
,de las víctimas.
.
Hao p asado días, y el recuerdo no se borra de nues· Villar, nuestros asuntos andan bastante mal. Los jefes
.tras mentes. Ha tr~scur_rido el tiempo, y el espíritu hu• van cayendo ea rivalidades y rencilla,; cada cual aco•
'l!laoo i4-!&gt;il,. pequeno, pigmeo ante lo _qµe la vida le re- mete por su lado, y si toma cuatro prisioneros y cinco
·serva, inÓ sabe que · pensar de la existencia que de . calíallos, ya ·no quiere oír consejos de nadie y va dere,cuando ,e n cu;lndo, unas veces,. aquí,. otras en otros paí• cho a su perdición, como el amigo Padilla, últimamen!les, cóa ~tantem:ents. se manifiesta.cruel y pavorosa, con te. Los realistas ya están aprovechando nuestra divi,desgracias y catá~trofes.
sión y h ita de disciplima. Por eso yo, que soy testigo
Para la publicación de avisos en este periódico, _dirigirse a B. &amp; G. Goetschel, Avenida 16 de Septiembre,
16. Sus agentes en Europa, la Societé Mutuelle de Publicité, r4 rue de Rougernent, {9 e).

LA VIDA QUE PASA

LA CORRESPONDENCIA

imp:i.rcial y no aspiro a niogún mando, por mi propia
cuenta y riesgo escribo a mi amigo el general Güemes
dándole cuenta de fo sucedido y pidiéndole mande u~
hombre de valor y ascendiente, oara hacer entrar en
razón a nuestros caudillos y evitar que S!l malcgren
todos los esfuerzos hechos hasta ahora. Quiero encomendar la i:n~sión a usted, pues aunque muy joven, tiene las condiciones necesarias para esta empresa difícil.
Va a tener que cruzar hasta que llegue a Salta, como si
dijéramos entre los pies mismos rlel enemigo. Elija algunos hombres de su confianza como escolta, y recuerde que del resultado de este viaje puede depender la
suerte del Alto Perú. Lo recomiendo a usted en estas
cartas, y no dudo de que será tratado con las consideraciones mertcidas. Preseute al general Güemes .mis
respetos y saludos y hágale una narración circunstanciada de todos los acontecimientos y urgencias de¡ t, airo de la guerra. Vaya con Dios, amigo.
-Adiós, padre

•

II

El teoieot7 Moreno, después de despedirse ,d el padre
José Indalec10 de Salazar, capellán voluntaric, y d~sinteresado de la división del malogrado cor6nel Fadilla, fue a elegir su escolta. Escogió cinco hombres dos
s¡¡.lteños y tres oriundos del Alto Perú, con duya '1ea ¡.
tad sabía poder contar en vida y eo muerte. ' Les e .
plicó su misió~,, tomó_ las meiores mulas que pudo e:.
contrar, y pMllo hacia el Sur.
Evitó en lo, posible los poblados y, conocedor eximio
de las serramas, cruzó vastas comarcas infestadas de
enemigos y no demasiado lejos de su destino, llegó a
creerse en salvo.
P~ro un t~ánsfugo que le ~u.ardaba rencor por algunos
castigos aph~ados, tuvo not1c1a_s de este viaje e impuso a los real~stas de _que el teniente Moreno, con muy
poca_ g_ente, iba cam1no_al Sur. con.cartas y comisión de
pa!ric10s. No p~do d 7c1r.,, quien 1ban dirigidas, ni de.
quienes proced1~n, 01 de que comisión se trataba. Afirmab_'.1 haberlo visto en marcha rápida con escolta por
cammos no frecuentados. Los jefes espa6oles no d .
d:iron_un momento de que el. distinatario de las com~D1cac1ones ~ue llevab~ _el teniente Moreno, fuese Güemes, el terrible guard1an de las provincias del Sur.
. La captu~a ~e la correspondencia del adversario significaba casi siempre un factor de victoria para quien
la log~aba, y era, por ~anto, una de las principales preocupaciones de los bf:~1gerantes~ En el caso del teniente
Mor7no J:i perse_cuc1on se llevo a cabo con mayor encarn1za~1ento aun q~e el acostumbrado, porque las ci rcunstaoc1as eran delicadas para patricios y realistas.

I II
Cierto día, despu~s_de una marcha larga, y penosa,
Moreno creyó permitir a su gente y a sí mismo también ,
un poco de descanso y refresco en un especie de paradero, tambo ~ fond.a _de arrieros, situado en el punto
final de uoa alt1plan1c1e de muy difícil acceso El du .
ño Y s~ fam_ilia decla_rar~n q_ue desde hacia ti~mpo neo
se babia de1ado sentir n10gun realista en la regió 0
que los huéspedes podían descacsar tranquilos.
' y
Poco.después de éstos lleg_ó un indio en su mula flaca, bebió un vaso de aguardiente y siguió su e.amino
~ uoa media legua de allí esperaba, oculta entre los
penasc?s sembrados en la fal~a de los cerros. u na fuerza realista cuatro veces superior a la pequeña partida
de Moreno. El indio habló con el comandante·
-Sí, señor, allá están .. . . el teniente y cin.co hombres, nada más, al teniente arreglando unos papeles
que llevaba al cinto.
-/Una cartera? ¿Has visto bien?
-Sí, señor. Todo lo be visto bien.
- Perfectamente. Entonces es lo que buscamos. iEn
marcha!
Los mensajeros patriotas dormían exhaustos por la
larga y ruda jornada De prouto despertaron a los gritos
despavoridos de la gente de casa:
-iEI enemigo! ¡Deben ser como treinta hombres!
¡Santisima Virgen) ¡Señor San Josét ¡Señora Sant~
Ana!
Los t~n bruscamente recordados, se precipitaron a
la galena, ~e_lante de l_a casa y se convencieron de que
la mala oot1c1a era cierta,. _Los. enemigos ya e~taban
bastante cerca, y cuando d1sllogu1eroo prevenidos a los
patriotas, se detuvieron. Uno, sin embargo, se adelantó
un poco y exclamó·
-Que se presente el jefe con lo que lleva y les perdonamos a todos la vi:ia.
-iLos coodenados!-murmuró Moreoo.-Muchachos
-dijo volvi~ndo~e a l'ls suyos,-ustedes sabeo que yo
llevo ~om~D1cac1?nes que, para nuestra patria, significan victoria o ru10a.
De~c entregarlas a quien van dirigidas. / Comprenden?
Hubo uua pausa de segundos. L u ego, ubo de los soldados respondió por todos:
-Comprendemos, teniente. •Vaya tranquilo; nosotros
le daremos tiempo
Una ruda palabra de aprecio les recompensó en nombre de la patria.
El teniente designó para reemplazarle a un veterano
que había estado con Belgraoo en Tucumán y en Salta,
y dió r ápidamente algunas instrucciones.
-/Han resuelto yal-gritó el emisario del enemigo.
-Sí, ¡adelante!-r espood ió el teniente, apuntó y l&amp;
derribó del caballo.

En seguida, mientras su gente celebraba
con unacarcajada de guerra la respues!a y
los realistas enviaban a so vez una lluvia de
balas, entró en la única habitación de la ca·
sa, que halló vacía, pues los moradores habían huído a la montaña, ocultándose en los
breñales. Desprendióse la cartera que lleva·
ba al cinto, ocultó las cartas en su pecho,
volvió a cerrar la cartera y la arrojó bajo
un mueble . En seguida buscó la puerta del
fondo, que daba sobre una cuesta escarpada y pedregosa, y como una culebra, se desli zó entre las zar ~as y monstruosos cactus,
que en un momento le ocu~taron a la mirada más penetrante. Un mstante· se detu·
vo para escuchar el tiroteo, formuló un voto Mesa del banquete servido el Eábado de la semana pasada en la ca~a habitación ?el se~or PresHeote de la República,
mudo por los valientes y abnegados compañe·
para despe1ir al Excmo. sEñor von Kardoff, encargado de nPgocios d~ Alema01:,, quien abandonará pronto nuestro
ros, y se alejó con toda la rapidez que per·
país.-Invitados de honor al banquete de despedida del senor von Kardoff.
mi tía la extrema prudencia je que debía usar.
-Señor, no está aquí-dijo el judío avieso, que había
En la profunda amargura de sus palabr as había tal
o o oconvencimiento de sentirse aislado, que ese triste y sen•
vuelto con la partida.-No es ninguno de éstos. .
El jefe no respondió. Con manos temblorosas hizo un cillo exclamar llevó lágrimas a sus ojos y una frase de•
rebelaía a sus labios .• ,. Porque en esa hora de a¡:ar•
tajo en el cuero de la cartera militar,
Los patriotas se habían atrincherado en la pieza y
-i ...... ! ¡Está vacía!-exclamó.-JEse perro se ha (amiento casual, horro de convencionalismos, at&gt;strafdo
mantenían un fuego vivo sobre los asaltantes. Más de escapado con las cartas! ¡A alcanzarlo!
y reflexivo. dábase cata de su vivir desorientado, incier•
uno de éstos cayó muerto o inutilizado, y sólo uno de
Pero, ¿ cómo alcanzar en la oscuridad que ya en vol· to, sin orden ni fin.
los defensores aparecía herido; pero estos últimos no vía siniestra la serranía salvaje, a un hombre aislado,
Y es que acontece que, en el correr del tiempo, vitardaron en ver agotar se sus escasas municiones. Espa- conocedor de cada paso, de cada portilln, y que llevaba
ciaron sus tiros, no haciendo fuego sino cuando estaban una hora de ventaja? Mustios, desanimados por elsacri· viendo la monótona y vulgar vida diaria~ confundido
seguros de su blanco. Los realistas lo notaron pronto y ficio inútil de tantos compañeros, seF?uros de otro fra- entre la batahola de la muchedumbre, no advierte uno
atacaron con redoblado vigor. Se echaron sobre la caso ea su nueva misión, los hombres abandonaron mismo la intensidad de su drama. Pero llega un día en
puerta, pues las fuertes paredes de piedra resistían a
aquel recinto de la muerte, desesperando de vencer una que hacemos algo, aunque sea brevemente, en el ajetreo desenfrenado y sin ob jeto de la vida de siempre,
sus esfuerzos por derribarlas, y consiguieron destro- · causa así defendida . .
y nos paramos a analizar, a razonar nutstro existir.
zar la.
Asi fué que el poeta dióse a discurrir de su mala- iEntréguense!-gritó el comandante realista.
ventura {retrogradando al pasado su imagioación, exaADA M . ELFLEJN.
-Le entregaremos .... -una gruesa palabra terminó
minando el presente y queriendo adivinar el po1ve-la frase, seguida de la última bala que el veterano
nir) y sintió pena a la vez que odio.
guardaba para su fusil de chispa; erró el blanco, y anIohábil en las artes del logrero, nunca gozó de pretes de que pudiero. h;.cer u so de su sable, cayó mortalbendas que otros, con menos merecimientos, había o,
mente herido.
porque no supo o oo quiso doblegar"e ante los podeLa lucha volvió a iniciarse con superioridad manirosos para ganar su favor, ni menes e xplotar la vani•
fiesta de los realist?,s, que no se veían como sus adver•
dad del necio, adulándole servilmente .
sarios, reducidas al arma blanca. Uno tras otro calan
los patriotas, muertos o moribundos en el estrecho re•
cinto. Sobre el cuerpo del último todos los asaltantes se
o o o
precipitaron dentro de la pieza.
-(La cartera, la cartera!
Iba a la ventura, barzcneando ¡:orlas calles, ya a lgo
Perdieron tiempo en registrar la habitación, ya casi
Y como en esta tragicomedia de la sociedad, donde
oscura. Uno hizo saltar la chispa del ped , roal, y por entrada la ocche, y se llegó ha,ta un lugar muy a¡::ar· cada ente tiene marcado su papel y es prueba de intado
de
la
gran
ciudad,
cerno
si
huyera
del
torbellino
fin encontraron el objeto buscando en un rincón, deba•
genio o de talento represeotarlo a maravilla por lo
bochinche de las geot(s.
jo de un mueble. El jefe la asió, triunfante.
.
que de afortunados histriones se hacen altas persona-(Aquí la tenemos! Pero .... ¡Caramba!-La agitó. Y en un memento íntirro, de dolorosa coo~cirnc ia, lidades que medran en arte y en política, nada hay de
Yo creo que .... / dónde está la llave? Registren a los zahondando en su alm~. ,e dijo: ¡Qu é ,ólo estcy! iQué noble y grande, el ¡ioefa libre, que no vende sus ditisólo!
muertos. ¿Cuál es el teniente More no?
rambos ni recata sus diatribas cuando sen justas, se

SOLEDADES

�destac.l, se aleja de la farsa, ya que en ella, para ser
comprendido, no puede hablar su lenguaje, sino el de
¡,.,s demá~, ni exteriorizar su propio pensamiento, sino
el de todos.
Da esta suerte reflexionaba el poeta en su soledad,
ya la noche cerrad1 en una negrura de misterio. Por
unos instantes le distrajo un muchachuelo que pasó
cerca de él y le miró extrañado. Pero se alejó, sin detenerse, balando una tonadilla que el populacho sabía
de coro. Tornó el silencio augusto y solemne.
El poet~. en aquellos momentos de sentimentalismo,
quiso revelar todos sus pensamientos en este: ¿habría
en el mundo, entre las gentes, un alma hermana de la
suya? No.
Ni un vínculo de amistad verdadera, oi una pura relación de afecto, ni unos ojos bondadosos de mujer am•
paradores de su mela,:,colía ....
La costumbre ha hecho, o las leyes de la sociedad
han establecido. que la m;i.yor glorj¡, de un h0mbre sea
vencer, por lo que uaos y otros nos destruímos con el
anhelo del triunfo, Y háse de ver que suelen llevarse
pJr arm1s las m \hs pasiones, y los bajos instintos, y el
egoísmo por bandera y la hipocresía por escudo. De
doode los hombres, nacidos para ser hermanos, somos
siempre enemigos. Y de nuestros brazos, que debieran
s?rvir, humanos, para sostener al compañero menos
fuerte o levantar al caído, hemos hecho garras san•
grientas de fieras intratable~.
El vencido, por más débi! e menos pícaro, eleva su
mirada, suplicando ternura. a la mujer que le· ofrece
amor. Y en los ojos de ella cree ver una alma de santa, y en los labios, que acaso le fingea un cariño, espera hallar la sublimidad del beso, y soñando que ha encontrado uo corazón unísono con el suyo, se da a los
brazos de la am1.da que saben rodearle acariciadores.
Pero, las m!is de las veces, esa mujer que le subyugó
con todas sus perversidades de dominadora, no es el
amir doo:le le lleva, sino a la traición y al deshonor.
Por eso el poeta, que no tiene el regazo amante de
una mujer, ni la mano leal de un amigo, se siente sólo
y busca de•nocbe, entre las sombras, la compañía du\•
cemente con,oladora de la novia Quimera.
JOSE LUIS MAíl ES.

Ullílm ~ll'®llm'i'Q&gt;llílMl ©1$ ll!Illíl@ @Il"~®!l'u @l&lt;e
~Il&lt;eirlím &lt;ew lllfügllma~m
Una solem:iidad muy curiosa ac1ba de tener efecto
en Ingbterra, que recuerda en pleno siglo XX, antiguos tiempos de la nobleza británica: El Rey Jorge V
fué solemnemente a la Ab3día de Westmioster a tomar
posesión de la capilla de la Orden del Baño, que como
se sabe es 001 de las más antiguas del Reino Unido,
por haberse fundado en r399 por el Rey Enrique IV,
con ocasión de su coronamiento.
El nom':&gt;re del &lt;B1ño&gt; de esta orden llama, a no dudulo, la atención, y es porque se ignora por muchos
que en la Edad Media, al ser un noble armado caba·
llero, se le becía tomar un b1ño para que a la purificación espiritual se uniese la material.
La Orden del B1ño era y es de las que se conceden
a Jos Soberanos, "º cuanto ascienden al trono o con

Galería artística

El cortejo de Caballeros de la Orden del Baño caminando eo dirección al viejo Palacio de Westminster.
mJtivo de al~ún m1trim,aio, coa personas de sangre
real. Por primera vez fué reorganizada por el Rey Jor•
ge I eo r725, y más tarde recibió nuevos estatutos dados por la Reina Victoria en 1847, y eo fin, al actual
~onarca ha _querido que la Orden tenga su capilla propia, y la ha. 10augurado en estos días, como Gran Maes·
tre que es de dicha. Institución.
La Orden de que hablamos tiene tres grados; uno de
grandes cruces, otro de Comendadores, y el tercero de
Compañeros:
El distintivo es una medalla. de oro esmaltado,
que lleva en su centro un cetro, una rosa y un cordón,
t~do_ ello d~b~jo de la corona imperial. Debajo se lee la
s1gu1ente divisa: &lt;Tres juntos en uno&gt;, que hace alusión
a las t_res Naciones reunidas en una sola, Ioglaterra,
Es_coc1a e Irlanda. El cordón que sostiene la insignia es
r?Jº• Todos lo! personajes que s~ distinguen en la milicia, en- la marina, en la alta gobernación de un Estado,
o hacen méritos en la diplomacia o en cualquier eleva•
da gerarquía, son Caballeros de la Orden del Baño.
Por algún tiempo fué la Orden más preciada y de
más honor en Inglaterra, hasta que apareció la de la
Jera ti era, la cual ha logrado que se la considere hoy
por hoy como la más ilustre1 hasta el punto que sólo se

Algunos al!os dignatarios de la Orden que ocupan
los pnrn~ros puestos dentro de la misma.
conceden a los Monarcas o Herederos al trono, siendo
s&lt;;&gt;lo 25 caballeros. Las insignias de esta Orden son originales en alto ~rado; consisten en una liga de seda
azul, que se sostiene en un broche de oro, debajo del
c~ia_l hay un medallón repre~entando a San Jorge con la
d1v1sa francesa &lt;Honi soit qui mal y pense.&gt; (Maldito
sea quien mal piense.) Esta orden data del año 1348,
de manera que su antigüedad es grnnde, pero no tanto
"Orno la de ::&gt;an Andrés de Inglaterra, también que se
fundó en 787.
Cosa siagular, los ingleses que al parecer desprecian,
o por lo menos miran con indiferencia la vanidad de las
cruces y coodecoracioc.es, tienen un gran número de
estas, la m_ayo_ría creadas por la Reina Victoria, que
más que n10gun Jefe de Estado de su tiempo, aumentó
lu Ordenes que ya existían. Entre esas nuevas se encuentran las siguientes: la cruz de Victoria, resen·ada
": los soldados o marinos que se distinguen por algo, y
tiene el que la posee, derecho a una pensión; la ordPn
de l_a E~trella de las Indias, que ostenta en medio la
e~g1e de la Seberana; la orden del Imperio de las Indias; la_ orden de las Indias Británicas, reservada para
lo_s oficiales en activo servicio en ti ejército de las In·
d!as_; la orden Real de Victoria y de Alberto, que se
d 1stiogue por una placa rodeada de brillantes con los
bustos de ambos Sobera nos, condecoración reservada a
las damas; la Orden Imperial de la Corona de las Indias, también para las mujeres, por todo lo cual resul1a,
&lt;1ue raro es el perwnaje inglés que no ostente alguna
cond&lt; coración.
El Rey Jorge V con el uniforme de caballero de la Orden del Baiio, camino de la Abadía de W estminster.

«¿Vale la vida la pena de vivirla?&gt;
He aquí una pregunta que hace un
escritor inglés, Sir·John Lubbock, en su
famosa obra &lt;La dicha de vivir,&gt; y es
para mí un tema curioso e interesante,
Esa pregunta se traduce por esta
otra: ¿Están ustedes, benévolos lectores, contentos de haber nacido ? o más
claro: ¿Qué opinan ustedes de eso, de
que la vida es buena ?
Antes de contestar a este interrcgatorio hemos de dividir la vida ea dos
porciones; las horas de vigilia, las !:oras de labor; y. las horas de du Ice su e•
ño, ese período delicioso, apacible, en
que se dividen las veinticuatro horas
que teje el giro diurno. De estas dos
porciones del día, ¿cuál de ellas preferimos nosotros? ·
Para el pobre trabajador, no hay duda que las horas de descanso, en brazos del dios Morfeo, son las más feli•
ces: pero no pensará así el hombre de
negocios, la noble cortesana, ni la cán·
dida doncella que vive de gratas ilusio·
nes. Para estos la vida es sueño, y para
aquéllos el sueño es vida.
Se dice que en el cementerio todos
somos iguales y que la muerte es la
gran niveladora social que nos enseña
la más radical democracia; y a estas
crudas verdades podemos añadir; que
el sueño es también privilegio de ricos
y pobres; pues tomºado el sueño, logra·
do el aniquilamiento, ¿qué importa que
sea con una dura cama sin sábanas; como que sea en otra de dorado bronce
con &lt;sommier,&gt; v con edredón rellena
de plumas de ave?
En ambos casos, cuando se extingue
la última ilusión de bienestar o de vida
atribulada, viene el momento de ir cons·
ciencia, de aniquilamiento y el sueño,
ese dulce sopor embarga nuestros senti•
dos y sin ser poderosos a resistir, rendidos, exánimes, cedemos a un letargo
repentino, dormimos.
Y lo mismo duerme el rico que el po•
bre, el joven que el viejo, el de alta pn•
sición social, como el humilde proleta•
tío.
De modo que, lo que no es vida, o
segun otros lo que es plenitud de vida
vale la pena de vivirla..
Pero la gran cuestión a resol ver es la
vida real, las horas de vigilia, esas diez
y seis horas de labor cotidiana que se
deslizan tan suavemente para unos, y
tan largas y amargas para otr9s.
Esa suerte o desgracia de la vida es
ona ficción de nuestras menteS' que de•
be ser corregida por nuestro robusto
pensar.
La vida vale la pena de vivirla, siempre que haya un ideal ennoblecedor en
nuestro espíritu, siempre que tengamos
una concepción clara de la vida.
La vida es continuo movimiento, es
ansia eterna de bienestar, es la intui•
ción de la felicidad que brota de nue~tro espíritu; y ésta no se realiza, porque de realizarse dejaría de tener movimiento, deseos, ansias; esto es, dejaría
de ser vida, como nos acontece cuando
estamos durmiendo.
Dice el autor inglés citado: "Somos
capaces de dirigir nuestra navegación
a través del océano del tiempo, o esta•
mos condenados a dejarnos llevar por
las corrientes." En esta frase están cara.eterizadas las dos razas que se han
enseñoreado de la vida, y han visto
realizados sus deseos; la raza latina y
la. raza anglo- sajona. Esta dice que el
hombre crea las circunstancias, aquella afirma que el
hombre es hijo de las circunstancias.
Esta última afirmación es propia de una raza vieja
y caduca que, decepcionada de la. vida, se deja arras•
trar por la. corriente, siendo tronchados sus ideales y
viviendo del escepticismo y la incredulidad. Para éstos
la vida no vale la pena de vivirla.
Mientras el grupo étnico anglo-sajón, raza joven y
vigorosa, siente brotar el ideal de la vida y trata de
darle forma y vivirla, y por eso afirma que: si los hom•
bres no son felices, suya Ps la culpa, pues él crea su
propia felicidad o desgracia. Más hombres han debido
su ruina a sus propias culpas que a la malevolencia
ajena. Amase el hombre a sí mismo con mayor ardimiento que cordura, y por eso tiene que lamentar muchos de sus yerros. Esto lo confirma el sabio pensador
Lily, al decir: &lt;El ardor de la sangre nos indujo a hacer en la juventud cosas de las cuales se arrepienten
en la vejez nuestros huesos doloridos.&gt;
Una vida de placer y de indolencia no es una exis-

Retrato de homore, por Rembraadt.
tencia de bienestar real. El excern de I iquezas es un
Un padre satisfecho.
obstáculo al desarrollo de nuestras aptitudes y al culti·
vo de nuestros mejores talentos.
La verdadera riqueza se halla en una inteligencia
- I Y las chicas?
clara y en una voluntad fuerte. Esto da éxito en la vi·
- Se casaron las tres. Una con un poeta, otra con un
da.
pintc,r, y otra con un banquero.
Si tales prendas poseemos, la vida vale la pena de vi·
-IY qué matrimonio es el más feliz ?
virla. En estas condiciones estaremos contentos de ha•
-Los dos primeros, que viven a expensas del ter-b er nacido.
cero.
La vida es buena, y hay que vivirla; no durmiendo,
sino perfeccionándonos más y más, para poder gozar
o oo
de todos sus encantos.
JOSE RIPOLL .
1mpresiones de viaje.

Fulánez vuelve de su viaje a Roma y le cuenta a su
mujer sus impresiones.
- i Muy hermosa! .... iY si vieras cuánto me be acordado de tí, contemplando aquellas ruinis! ....

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las sienes de los sáciros flautistas! ..... .

Era Unél. noche azul .... ya los violines
en la "t~rrase" del parque habían callado:
iy se abrían las rosas del pecado
en el fasto otoñal de los jardines! ....

y retornar después de los _iardi_nes,
a la "terrasse" del parque, s1lenc1osas,
¡a deshojar de amor todas s_us _rosii¡s
ante el mágico son de los violines.• • · ·
]OSÉ

M.

DE

ANGUITA·ZEBALLOS.

Cabe la fu,¡ote ideal, donde su tienda
entre rosas en flor Cu.pido hacía,
iun sátiro biGoroe scoreía
a la Venus de Milo de la senda!
Era una noche azul ..... . iba la luna
por el cielo litúrgico y sonoro.
jcomo un cisne sonámbulo de oro
por la planicie azul áe una laguna!
Las damas en un mágico derroche
de esplendor juvenil y gentileza,
paseaban su magnífica belleza
en los verdes jardines de la noche ..... .
Donde bajo el fulgor de las estr4:llas
y entre un místico son de arpas eohas_.
ise abrían en las somb.-as, las magnohas,
como senos de púberes doncellas!. . ....

1

.: f
.

Era una noche azul. ... donde los bardos
componían sus éitlogas agrestes,
entre un coro de Náyades celestes
y un perfume romántico de nardos!
Donde las bellas damas ante el vago
miraje de los búcaros sutiles,
se extasiaban coquetas y gentiles
en las góndolas de oro de los lagos.
Inquietando con tirscs de asfodelos
los cisnes adormirlos en las ondas,
¡bajo el húmedo olvido de las frondas
y las gemas radiantes de los cielos! ....
Era una noche azul. .•. los surtidores
cantaban en las fuentes augurales,
y :iecían sus áureos madrigales
los bardos del amor entre las flores! ...•
Los pájaros inquietos en los nido~,
soñaban con la luz del nuevo día;
y el vieuto, entre las cosas, esparcía,
un enjambre de pé talc.s caídos ..... .
Todo era ideal en el celeste espacio:
las estatuas, las flores, y las fuentes ....
¡ y en el cielo los astros refulgentes
como mágicas dalias de topacio! ....

Y en esa noche a z ul como ninguna,
las damas opulentas y jovialts,
por las sendas en flor de los rosales
bajo el sueño de plata de la luna.
Perfumando el jardín con su respiro,
volvían de los lagos, voluptuosas:
¡para hacer su "bouquet" de varias rosas
junto a las viejas fuentes de zafiro!. .....
¡Quizás pensando en el doncel galante;
que una rosa, al pedirli!s, en un ruego:
¡les ofreciera algún clavel de fuego
en la pálida tez de su semblante!

¡Para ir con sus sueños simbolistas
a la gruta senil de blancas piedras,
a coronar de pámpanos y hiedras

Siento la nostalgia d_e t!'ls maoe~itas; .
extraño la dicha de m1 bien perd1d?· .. ;
•Dónde está la virgen que oye_ra mis cuitas!,
~o las avenidas del jardín fiando.
Me hace falta el fuego de aquellas miradas,
que olvidar hacían mis negros d?lores .. ... .
¿ No veré ya nunca tras de tus rizadas
pestañas, al aogel de nuestros amores?..... .

A la Srita. G. V.
Aquí, en el interior, en lo más hondo,
en el oculto fondo
del pobre corazón, tiembla y se agita
una inmensa pasión que me anonada,
dolorosa punzada
. .
que en lágrimas de hiel se prec1p1ta.
¡Cómo me duele el alma! !Cómo siento
brotar el s ufrimiento
en suspiros y quejas y gemidos ... ... _!
1Y cómo siento que por la ancha henda
se me escapa la vida
en torrentes de roncos alaridos!

iOhl, recuerdos dukes de la vida mía;
fantásticas sombras que pafan llorando;
corazón que mira su lenta agonía
y siente la herida que sigue sangrando.
Queja interminable que del peci10 brota,
y que se convierte en doli1;ntes versos ..... •
Es llorido triste de cadee.c1a rota,
por las negras manos de genios perversos.
¿Qué harás en tus horas, m_i virgen amada;
¿ soñarás acaso, tras de los cristales,
mirando la lluvia descender cansada,
como si lloraran ojos espectrales 1• ....•. ...•.

Sufro ••.. lo que se· sufre cúando se ama,
cuando erótica llama
lentamente devora la existencia ..... .
Y siento soledad y siento frío
y algo fiero y sombrío
diviso con pavor en mi conciencia.

Desde mi ventana contemplo a lo lejos,
la feliz pareja_queva si~ congojas.: ....
¡Crepúsculo tnst1t, sangrientos refle¡os! .. : .. .
¡Oh brisas de otoij?, que arrastran las ho¡as!

¡Lucha terrible y cruel .... ! mortal veneno
guarda el alma en ~u seno
y ni siquiera puedo destrozarla
y hundirla en el reposo de la tumba ....
No quiero que sucumba,
¡es de ella y me sirve para amarla!

Yo siento la tristeza ..... .
Yo siento la tritteza profunda de la vida,
cuando miro la tarde que agoniza en reflejos ..... •
El paisaje se pierde, misterioso, a lo lej?s,
como ilusión postrera de una cosa perdida,

¡Oh, mujer! si supieras cómo te amo,
cómo sueño y te llamo,
cómo me desespero y me maldigo:
quizá compadecida de mi pena,
tú que eres pura y buena.
¿dejarías solo a mi dolor conmigo?
¿ No sabes que te adoro hasta el exceso,
y tiemblo bajo el peso
de la fatalidad que me persigue?
Olvidarte q,1isiera, mas no puedo,
te adoro .... y me da miedo
mirar tu faz que por doquier me sigue.

Parece que solloza la brisa en la espesura;
las aves temblorosas, eomedio del boscaje,
tal vez sientan la _ignota tristeza del paisaje,
que oculta, silencioso, su arcáoica amargura.
Por la angosta vereda, cual fantasmas humanos,
van dos niños mendigos, sus rostros se demudan
p:ir el hambre, sus manos, entrelazadas, sudan,
y se escuchan sus voces, como rezos lejanos
1Dónde van 1... . iQuiéo lo duda! a morir tristemente,
en la noche implacable de su negro destino ..... .
Mañana sus dos cuerpos, enmedio del camino,
los verá, con ternura compasiva, la gente.

¿Qué me importa sufrir? iAh, no! bendita
esta sed infinita
de amarte con pasión, hasta el delirio!
soy feliz consagrándote mi llanto,
mis ayes y mi canto,
y acepto resignado mi martirio.

Pienso en los rostros pálidos; en ojos espectrales.••·
En sonrisas diabólicas del mónstruo de la h isteria,
que se arrastra llevando la espantosa miseria,
por los salc-nes sucios, de horribles hospitales.

¡Déjame que te adore ...... iSólo quiero
que el dolor de que muero
no te pase, mi bien, inadvertido ....
Soy feliz con mi amor aunque me mate,
jsi sólo por tí late
este mi corazón adolo_rido!

Es la oración .... muy lejos, e~cúchase el tañido
triste de una campana e n la iglesia derruída .. • •
Parece que el sonido se aleja de la dda,
o que la muerte pasa a través del sonido.

VICTOR DIAZ DE LEON.

Y por eso en un casto desaliño,
las damas del jardín como no tesoro:
¡ llevaban su "bouque!" de rosas de oro
s"bre el florero ideal de su corpiño! ..... .
Y en grupos de color y de alegría
al soñar con idilios no lejano~.
se partian unidas de las manos
como ninfas de amor en pagaoía ..... .

Es otoño y llueve .... Cayendo_ las hojas,
como aves c:iosadas, llenas de tristeza,.
lentamente arrastran sus negras coogoJas ....
Parece que llora la naturaleza.

Horas agonizantes del crepúsculo triste ..... .
Angustias infinitas de la tarde sombría,
que siente, misteriosa, la gran melancolía
por la noche cercana que de sombras se viste.
Yo siento la tristeza profunda de mi suerte,
al mirar, en las tardes, las soiT'lbras intranquilas.••·
y entre estas sombras buscan mis inquietas pupilas,
otra rnmbra más negra: la sombra de la muerte .

Para &lt;El Mundo Ilustrado.&gt;
Pasa la pareja bajo mi ventana,
preludiando amores en frases sinceras ... .
Y pienso en mi virgen, la novia lejana ... .
,Qué haces en tus horas? .... ¿Qué piensas .. ¿Qué espe(ras1

L uis G. VALDESP1N0 JR.

~~

El beso experlmental
El viejo médico sonrió con bondad y agregó;
-A ninguno de ustedes, seguramente, le ha acontecido una aventura ni más rara ni más cómica que la
mía.
Andaba yo, y esto ya hace algón tiempo, por los al•
rededores de mis cuarenta y cinco; me defendía de las
injurias de la edad con la tenacidad de un vividor a
quien le gusta la vida y conoce su sabor; pero con todo
mi arte no llegaba sino a ilusionarme a mí mismo, y no
es poco beneficio.
F íjense ustedes que un hombre que no se rinde a la
edad es un ·hombre que está pronto, naturalmente, a
correr el vendaval de la vida como se le presente y sin
pedir cuartel ni invocar sus canas para eludir ni el
trabajo ni los lances.
Es, pues, más respetable que el que busca el reparo
de su vejez para llamarse a sosiego como esos perros
viejos que trotan al par de la carreta mientras ésta camina, pero que, no bien se detiene, ya están buscando
la sombra para tenderse a dormir.
Era yo médico de una família respetable, y una de
las chicas, Ana María, a quien había visto crecer des•
de niña, tenía ya sus diez y seis años cuando me lla•
maron para· que la asistiera de una
bronquitis que la molestaba.
¡ Diablo, diablo, qué encontré linda a
la chicuela!
Alta, delgada, rubia cenicienta,y con
todo lo necesario como acompañamiento, es decir, ojos dulces y rasgados, na·
riz fina, un pie que daba deseos de es•
trecharlo por lo pequeño y bien hecho,
y después un gesto riente y picaresco
que iluminaba toda su personita.
En fin, lo 'que se llama, en buea crio·
llo, "una ricura," y basta porque no
e~t0} ahora para turbarme con recaer•
dos gratos.
.
- ,Cómo te va, Ana María? ¡y que
linda te has puesto! Nadie diría, al ver
tu carita de C)elo, que me llaman para
que te asista.
-Es una oerviosa,-dijo la importu•
na mamá y como todas las madres, metiendose de rondón al diagnóstico y
como para que usted les d:ga:
- IY si usted sabe lo que tiene, para
qué diablos me llama?
-No haga caso, doctor, soy nerviosa
un poquito, es cierto; pero tengo tos y
tener tos a mi edad no es programa
que me guste.
Ana María se desabrochó su bat;ta,
dejó al descubierto sus hombros, sus
brazos de leche y no sé qué m ás; porque me quedé grave como debe estar
on médico, aunque le retoce la risa en
todo el cuerpo, la cnbrf con una toalla
estros fotógrafos en la Kermesse efectuada el sábado de la semana pasada
Tres'ioteresaotes
iostantaoeas
logra?as
ºf~1c10
• de las victimas de la terrible explosión de Tacul::aya.
fina y empecé a auscultarla.
~
en el Salón
RoJo a pbor
ene

�11

-Bronquitis ligera-dije al rato, pues no aseguro
no haberme retardado uo poco más de lo necesario so•
bre tao agradable almohada,-brooquitis ligera y tra·
tamieoto benigno y antes de quince días la linda chica
no .t~ndrá más su p~ograma de tos-dije riendo y trao·
qu1hzando a la ansiosa madre, que había seguido todo
mi proceso coa njos como puñales.
-lSeguro que no es nada, c!octor?-dijo Ana María
-Ustedes siempre engañan a los enfermos.
·
-Pero nada serio, chiquita,-agregué, exagerando
uo P_JCO la not~ para inspirar más confianza, sin pen•
sam1eoto ulterior, pero &lt;per si acaso,&gt; como decia mi
viejo portero italiano.
Las visitas siguieron y a los cuatro o cinco días em•
pecé a pavonearme como uo verdadero pavo real, por•
que noté que Ana Maria me hacía ojitos y abiertamen•
te buscaba un flirt coa su médico. No tengo para qué
recordarles a ustedes todo lo asno que somos los hom•
bres a e~e _respecto y tampoco decirles que no hay ente, por nd1culo que sea, que no se crea capaz de inte·
resar uoa mujer, y ello disculpa el que a pesar de todo

yo cayera como uo chorlito en las redes que me tendía
aquel diablillo y como verdadero pavo real empezara
por traerme sobre la frente, a manera de jopo, las cua·
tro mechas que me quedaban cerca de las orejas, y a
disimular otra cantidad de fechorías que el tiempo ha·
bía hecho ea mi cara, por supuesto, convencido, en mi
fuero interno que era, más que la discutible gallardía
de mi cuerpo, mi espíritu, mi gracia y mi talento lo
que me proporcionaba tal triunfo.
JComo si a las mujeres les importara ni uo comino lo
que se llama talento!
Y las cosas siguieron.
Una mañana , en el salón, ya casi en pleno flirt, me
encuentro con Ana María, que me dice:
-Doctor, tengo un loco capricho-y se me acercaba
-tengo el loco capricho de que me dé un beso, pero
uo beso largo en los labios-y me presentaba la boqui·
ta tentadora como una frutilla.
Para qué decirles que no me hice repetir la deman·
da y maldiciendo uo cigarrillo que acababa de arrojar
ea la puerta, porque me sospechaba que mis bigotes

debían apestar a tabaco ea ese momento, estampé ea
los labios que ~e me ofrecían 110 beso amplio, prolongado ..... .
La mamá, coa ojos de puñales, entró ea ese iostao!e
y uo poquito más, coa toda mi respetabilidad, me echan
a la calle, sorprendido ea pleno delito.
-Ana María está ya del todo bieo,-dije,-medio
ahoJado por la emoción.
-Y ahora sí que tengo la seguridad, mamá, de que
el buen doctor dice la pura verdad; oo debo estar ea•
fetma, porque la prueba acaba de dármela, me ha he•
cho uo examen que me ha cooveocido de la seguridad
que tiene de que oo estoy tuberculosa.
Miré a Ana Maria y me dieron ganas de ponerme a
llorar. Me había tomado como conejo de experimento,
~í, amigos míos, como conejo de experimento y nada
más. El beso era el final de la experiencia.
Todos soltamos a coro una carcajada.

contabilidades el capital pasa a la cuenta de caja tam·
bién el corazón se entrega al amor? En esto me b; fun,
dado para hacer dichas substituciones.
El negocio para que resulte bien ~e ha de.llevar úni·
cameat~ entre dos y estos tienen que reportar íntegros
los cap1t...les; pues de otra manera. hay qniebr~; ~sí es
que no se admiten más socios.
·
Uno de los puntqs esenciales para el buen resultado
de las operaciones es: antes de emprender cualquiera'
de ellas, adquirir conocimiento sobre el monto del ca·
pital del futuro consocio y compararlo con el propio;
si ambos resultan igoales o cuacdo menes ap;roxima·
dos, puede asegurarse el éxito; en caso contrario, es
decir, cuando .se diferencíen notablemente, e&amp; · mejor
abstenerse de hacer algo.
Tenemos el cas.:&gt; de capitales idénticos; hay q1:2e abrir
libros y el primer asiento será: «Caja a Capitales&gt;: ya
contando con numerario fácil es hacer operaciones;
pero !mucho cuidado con ellas! Es peligroso erogar
fuertes gastos, porque puede agotarse la existencia. Los
besos reportan grandes desembolsos y no deben efec·
toarse sino permanecer en calidad de Documentos a
Cobrar basta después de haber htcho el Balance (del
que ya hablaremos) y obtener utilidades para hacerles
efectivos.
Las palabras sio los hechos son úcicamecte gastos

ARTEMIO DOMINGUEZ.

LA CORRECCION
A las cinco, la corneta de la cárcel lanzaba ea el
patio su escandalosa diana, compuesta de sonidos discordantes y ~hill~oes, que repetiao como poderoso eco
las cuadras s1lenc1osas, cuyo suelo parecía enladrilla•
do coa carne humana.
Levaotábanse de la almohada trescientas caras soño·
lientas, sonaba un verdadero concierto de bostezos,
caían arrolladas las mugrientas mantas, dilatábanse coa
brutal desperezamieoto los robustos e inactivos brazos
liábanse los tísicos colchones conocidos por "petates':
en el mísero antro y comenzaba la agitación, la diaria
vida ea el edificio antes muerto.
En las extensas piezas, junto a las ventanas abarro•
ladas, por donde entraba el fresco matinal reoov.ando
el ambiente cargado por el vaho del amontonamiento
de la carne, formábanse los grupos, las tertulias de la
desgracia, buscaodose los hombres por la identidad de
sus hechos; los delincuentes por sangre eran los más
inspirando confianza y simpatía con ~us. rostros _enérgi'.
cos, s!ls adema·oes resueltos y su expresión dt. pundpnor
salvaie; los ladrones, recelosos, solapados, con sonrisa
hipócrita; entre unos y otros, cabezas con todos los sig·
nos de la locura o la imbecilidad; criminales instinti·
vos de mirada, verdosa y vaga, frente reprimida y la•
bios delgados, fruncidos por cierta expresión de des·
déo; testas de labriego &lt;extremadamente rapadas, con
las enormes orejas despegadas del cráneo; peinados
aceitosos con los bucles hasta las cejas; enormes man•
díbulas, _de e~as qoe sólo s·e encuentran en las especills
feroces mfenores al hombre; blusas rotas y zurcidas:
pantalones deshilachados· y muchos pies gastando la du·
ra piel sobre los rojos ladrillos.
A aqoella hora asomaban en las piezas las galonea·
das gorras de los empleados, saludados con el respeto
que inspira la autoridad donde impera la fuerza, pa·
saban los cabos, vergajo al puño, con sus birretes blan•
cos, escasos de tela, como de cocinero de barco pobre,
y comenzaban los "quioceneros" la limpieza de la ca•
sa, la· descomunal batalla contra la mugre y la miseria
que aqu.,J amontolllmiento de robustez inútil dejaba
como rastro de vida al agitarse dentro del sombrío edi·
6.cio.
Los "quinceneros" era la última capa de aquella sociedad de mi.,erables, los parias de ·la esclavitud, los
desheredados de la cárcel. El último de los presos re•
sultaba para ellos un personaje feliz, y le coat..mpla·
bao con envidia al verle inmóvil en "la pieza" hacien•
do calcetas con estrambóticos arabescos o tejiendo ces•
tillos de abigarrados colores.
Con la escoba al hombro y arrastrando los cubos de
:agua, pasaban macilentos y humildes ante los penados,
pensando en cuando llegarían a ser "de causa" y ten•
drían el honor de sentarse en el banquillo de la Au•
dieocia por "l\lgo gordo" librándose con esto de doblar
todo el día el espinazo sobre los rojos baldoi-ines e ir
pieza tras pieza lavando el hediondo piso sin quitar la
vista del C'l.bo y del cimbreante vergajo, pronto a arra•
llarse al cuerpo como angulosa serpiente
Iban descalzos, andrajosos, mostrando por los bogue•
tes de la blus,a la carne costrosa, libre de camisa; con
la cara pálida, la piel temblona por el hambre de mu•
chos años y el horrible aspecto de náufragos arrojados
a uoa isla desierta. Eran los cbic0s de la cárcel, los
,que se preparaban r. ser hombres en aquel horrible
-antro, siempre condenados a quince días de arresto
,que no terminaban nunca, pues apenas los ponían en
na puerta y aspiraban el aire de las calles, la policía,
•como madre amorosa, devolvíalos a la cárcel para atrilbuirse un servicio más, e impedir que la adolescencia
&lt;ilesamparada aprendiese malas cosas rodando por el
mundo.
Eran en su mayoría seres repulsivos, frentes angostas con nn cerquillo de cabellos rebeldes que sombreaban como manojo de púas las rectas cejas; rostros en
les que parecía leerse la fat&lt;1,l hereac-ia de varias gene•
raciones de borrachos y homicidas; carne iíacida del

libertinaje brutal que estaba aderezándose para ser
pasto del presidio; pero entre ellos babia muchachos
enclenques e insignificantes, de mirada sin expresión,
que parecian esforzarse por seguir a los compañeros
en su obscuro descenso; y extremando la ley de castas
hasta lo ioverosimil, resultaban los víctimas de aquellos
mismos que pasaban como esclavos de los presos.
El más infeliz era el &lt;Groguet,&gt; un muchacho pali·
ducho y débil por el excesivo crecimiento y sin tiner·
glas para protestar. Cargaba con los enormes cubos, y
agobiado bajo su peso subia la interminable escalera,
pensando en el tiempo feliz en.que tenía por casa toda
la ciudad, durmiendo en verano sobre los cuévanos del
Mercado y apelotonándose en invierno en el quicio
del respiradero de alguna cuadra.
Castigábanle por torpe. Muchas veces, al cruzar el
patio, quedábase mirando aquel sol que se detenía en
el borde de los sombríos paredones, sin atreverse nuo•
ca a bajar hasta el húmedo suelo; y cuando el vergajo
le avisaba el paso, lanzaba entre dientes un &lt;Jmare
mehual&gt; y le parecía ver la &lt;paraeta&gt; del · Mercado,
aquella mesilla coja con la calabaza recién salida del
horno, tras la cual estaba su madre cambiando ochavos
por melosas rabaoadas y peleándose por la más leve
palabra con todas las de los puestos vecinos que la ha·
cían competencia.
Ya h:tbían 1_&gt;asad~ muchos años, pero él se acordaba,
como s1 estuviera viéndolo, de aquellos ojos sin pestañas, ribeteados de rojo, horribles para los demás, pero
amorosos para él: de aquella mano seca que al acari·
ciarle la cerdosa cabeza, manchábala de pringne melo•
so; de aquella cama en que soñaba abrazado a su ma•
dre, y ahora . .. . : .ahora dormía en ur:ia manta que le
prestaba por caridad alguno de &lt;su pieza;&gt; y si en verano se tendía sobre ella, en invierno servíale para ta·
parse, recostando el cuerpo sobre los húmedos baldosi·
nes. resignado a helarse por debajo con tal de sentir
arriba un poco de calor.
Niño, a pesar de sus amarguras, vendía el pan de la
cárcel por diez céntimos para una partida de pelota en
el patio o un racimo de uvas, y a la hor&amp; del rancho
ech~b:'5e a la espalda la mano izquierda, y mirando con
env1d1a a los q~e.ei:npuñabao un mendrugo, hundía su
cuchua en el 10s1p1do rancho para engañar el estóma•
go con ilusorio alimento.
Y así vivía; sin estar aún enterado de por qué razo•
nes se preocupaban de él y lo enviaban a la cárcel
qnince días, para volver a meterlo apenas pisaba la calle. Le cogió la policía en uoa de sus redad..s; pillároo•
le en i:I Mercado, su casa solariega: tal vez conocían
so afic160 a la fruta, que él consideraba de posesión
común, y desde entonces vióse condenado a no gozar
de libertad más que unas pocas horas cada quiuce
dias.
Sabía que _le pillaban por &lt;blasfemo.&gt; ¿Qué sería
aquello? Y, ~10 saber por qué, recordaba que los ageo·
tes, cuando 10teotaba escaparse, le daban de bofetadas
con aco~pañamiento de interjecciones, en que baraja·
ban a Dios y los santos.
El muchacho, siempre en la duda de qué significaría
su titulo de &lt;blasfemo~. resigaábase con su suerte, sin
so~pechar que s~ publ_1caban periódicos con sueltos es•
cntos por_l&lt;;&gt;s mismos mteresados, en que se hablaba del
gran serv1c10 prestado el día anterior por el cabo Fn·
lar:io ~'I fuerza .ª sus órdenes,&gt; prendiendo al terrible
cnmmal conocido por el &lt;Groguet &gt;
Y aquel ba~dido de quince a :ios iba creciendo en la
cárcel, t~aba1ando como una bestia, aprendiendo a ra•
tos P:rd1dos_el &lt;caló&gt; del crimen, oyendo la novelesca
relación ~e interesantes at~acos y mirando como bom·
~res sublimes '.'- los &lt;c~rtenstas&gt; y &lt;enterradores,&gt; senorooes
muy.. ltstos y1 bien
.
. d portados que iban por el pa•
t~o con sorti1as ~ re OJ e oro, y que tiraban el dinero,
s1en~o reverenciados P?r todos los presos. IAy! !Si él
pud1Pse llegar por el tiempo a la altura de aquello
&lt;tíos&gt;!
s

Pero sus aspiraciones eran más modestas. Había nacido para be~tia de carga y sólo deseaba que le deja•
sen trabajar con tranquilidad; que no fuesen a buscar•
le cuando no se metía con nadie.
En una de sus salidas quiso vender periódicos pero
apenas lanzó los primeros gritos, ya tenía en el ~uello
la z~rpa de u':1 tío bigotudo, de aquel mismo de quien
dec1a en la caree! la gente &lt;de la marcha&gt; que pooién•
dole dos o tres duros en la mano era capaz de no ver
el sal en. mitad de! día y de dejar que robasen un reloj
en sus mismas nances.
Otra vez, al cumplir la quincena levantó el vuelo y
no paró hasta el puerto, donde con un saco en la cabeza a gui•a de caperuza, dedicábase a la descarga de
carbón, anda_odo con la agilidad de una mona por el
madero tend_1do entre el m~elle y e_l vapor icglés. Lo
pasaba tan ricamente; com1a de cahente ¡y con pac! en
una taberna; pero a los pocos días quiso su desgracia
que asomase p~r allí los bigotes uno de sus sayones, y
otra vez a la carcel para que pudiera publicarse con
fundamento la consabida gacetilla sobre el terrible
&lt;Groguet&gt; y el inmenso servicio del cabo Fulano &lt;y
fuerza a sus órdenes&gt;.
Así iba corrigiéndose el bandido de sus terribles crí·
menes, que él ~o sabía cuáles fuesen: y oyendo a los la·
drones la relación de sus hazañas, estremeciéndose al
i:scuchar el relato de l_o~ asesinos y teniendo que resis·
hrse a monstruosas sohc1tudes que le aterraban, prepa·
rába~e para ser hombre honrado cuando la policía le
quisiera dejar tranquilo.
?:lº le c~gerían más; estaba decidido; aquella era la
úlbma quincena que pasaría. Cuando terminase no se
detendría ni uo instante en la ciudad: iría al puerto para_esconderse en cualquier barco; se metería bajo los
as1~nto~ de un vagón de ferrocarril; el propósito era
huir leios, muy lejos, donde no sacasen al cGroguet&gt;en
letras de molde ni le conociera nicgún cabo Fulano.
• Y el ~uc~acho q_ue antes vivía en la cárcel con re·
s1gaa&lt;:1a 1nd1forenc1a, esperó impaciente el término de
la qumcena.
Por fin llegó el momento. El &lt;Groguet&gt; a la calle con
todo lo que tenga.
. JLo que él tenía! Valiente sarcasmo. Ganas de traba·
Jar, de ri:generarse, de verse libre de aquella estúpida
persecución .•.. y nada más.
.
S~ sacudió co!Do un perro mojado antes ·de salir de
la pieza; no i.e hmpió de los zapatos el polvo de lacár·
eel por9ue carecía de ell_os, y lanzós;e por el entreabier•
to rastnllo como un gorrión fuera de la jaula.
Vamo~; que ahora se fastidiaba para siempre el tío
de los bigotes.
• ~ero se detuvo ea el umbral, aterrado como ante una
v1s1_6n: allí estaba él, en la pared de ecfrente con otro
faris,eo de so clase, sonriecdo los dos como si les com·
placiera el terror del muchacho.
Intentó e~capar; pero inmediatamente sintió la vellu•
d~ zarpa ea el cuello y fué zarandeado con acompaña·
Dl!ento de ..._.esto y aqu~I!~ en Dios y la Virgen. ,
C~mo medid~ de prev1s10n aira quincena. y sin dar
gra,c1as a la_sociedad, gue se preocupaba de él para
meiorar su mdole perversa, atravesó otra vez el portón
en busca del vergajo que enseña y de las conversacio•
nes de la cárcel que moralizan.
Iba preso de nuevo por &lt;blasfemo&gt;. Y lo mejor del
~~~: era.q~e al salir dé la cárcel no había abierto la
: Y un1camente al sumirse de nuevo tras el férreo
r:-stnllo, yensando, sin duda, en los ojos ecrojecidos y
510 pestanas Y en la mano huesosa y acariciadora mur•
muraba, abatido, su lamento de los grandes dolor~s:
-&lt;JAy, mare mebua!&gt;

de ornato; pero unidas a acciones tales como: constan•
cia y mutua abnegación, valen mucho y tienea entrada
directa por caja.
Letras de Cambio son cartas, flores, retratos, etc., y
no deben ser falsas, ingresarán al fondo de reserva.
Los celos deben conceptuarse como asientos virtuales y meramente hay que suprimirlos, sobre todo, los
infundados.
Cuando alguno de los interesados invierta algo de los
f&lt;.ndos en especular negocios agenos, inmediatamente
se procederá a liquidar la negociación, cerracdo las
cuentas respectivamente por medio de los asientos &lt;ol·
vido&gt; y &lt;falta de honor&gt;.
Habra otras muchas cuentas de las que no hablaremos por ser especiales a cada sociedad.
Después de cierto tiempo se impoce hacer un balan·
ce, si llegada esta época se ve que ambos socios son bas·
tante aptos para llevar sus negocies, si se hao obtenido
utilidades y si en fin hay absoluta ccncordancia en las
conclusiones, entonces se podrá consolidar la sociedad
ante testigos, extendiendo el acta ccrr.petecte. De allí
en adelante no vayan a pensar los nue"vos socios ante
contrato legal, que todo va a ser gastar las utilidades.
!No! precisa seguir trabajando para siempre aumentar
el haber de la felicidad.
Cuacdo al practicar el balance antes mencionado

I

Sr. Lic. don Ignacio L. Cortés, nombrado Magistrado
del tribunal segundo de circuito.
(Repetimos este retrato, por haber salido en nuestro
número anterior con nombre falso, error que la·
mentamos)

La contabilidad del amor
Para &lt;El Mundo Ilustrado.&gt;
Se trata de una gran contabilidad; un poco laborío•
sa y otro poco óelicada y voy a daros unas pequeña.;;
reglas que a mi mal parecer he juzgado buenas para el
mejor resultado de las operaciones.
Como para todo negocio se necesita capital, nuestra
contabilidad no podría existir sin él, aquí en mi caso
creo que el capital estará bien representado por el corazón y que el amor debe ser la cuenta de caja y ¿no
estáis conformes con que cada uno, tiene ensu corazón
un capital? ¿Formado por virtudes, sentimientos y aún
por defectos? ¿ No sabéis también que así como en las
El señor Presidente de la República en el cball.&gt;
de la legación francesa el lunes pasado, durante
la recepción ofrecida en.su honor
por el señor Ministro.•
son pérdidas y no util idades las obtenidas, lo mejor,
antes de comprometerse a firmar el contrato esdisolver
la sociedad y liquidar por «Pérdidas y Ganancias&gt;.
i Vaya que hay pérdidas! El Capital (no olvidar que el
corazón representa esta cuenta) suele salir muy dete·
riorado y ¡cuántas veces, sin aliento y con desconfianza
infinj ta para emprender nuevos negocios!
La cuenta del hcnor no es de las que resultac muy
bien libradas, y es de advertir que no admite r affCnes
ni enmendaturas. siecdo que se debe pccer e!pe cial
cuidado en llevarla.
G'ana~cias casi nucca se obtienen, si acarn; 2cierlo
para emprender con más cuidado futuros nE'gccics.
Por último, se aconseja que i:o refulta biec; fo1mar.
y liquidar sociedades a cada memento, pues generalmente es más lo que se pierde que lo que se gana.
Pero. ¡qué crimen! !Comparar el amor! ilo m ás sublime!, lo más ideal que hay, con una simple cuenta de ,
caja; y el corazón .... albergue de tantos impulsos eleva- dos, coa cederle el lugar de un capital 1•••• ••repito: lqne·
delito!...... Reciban elles mis disculpas y ccnste que,
no he tratado de .ofenderlos. Es un &lt;disparate&gt; t omadode la vida real; un &lt;diFparate&gt; del que si se siguie-ran
sus reglas, pienso que co habría que lamentar tantas
quiebras de amor.
ANGELINA DOMO DI GORGE,

V . BLASCO IBANEZ.

o o o

Un ccoic&gt; de la legación de Fraccia.-EI Excmo. señor Ministro, el personal de la legación y las damas invita•
das al banquete que el diplomático francés ofreció al Presidente de la República el lunes pasado.

No te cases con una mujer a quien no le sorprendas
el secreto de que le gustan les homhes que !e te parezcan.

�. 1unto a toda esta pléyade de resurrecciones históricas, vemos a personajes que no
existieron como la señorita D'Ormoize, a quien persiguen como envenenadora de la
Fontanges, para librar a la Montespan; y un abate llamado Griffard que salva a la que
encerrada en la Bastilla, sin él hubiera sido sacrificada, y hacer saber al Rey la culpabi·
lidad de su célebre favorita.
La obra de Sardou no ha gustado en México, hay que decirlo con entera franqueza, y
a mi juicio debe figurar entre las más flojas del renombrado autor francés. Aun basán•
dose en hechos históricos, más que drama histórico, es un melodrama, es decir, que reune la vulgaridad del géoero, coo menos cualidades de las que predominan en el teatro
del citado dramaturgo, maestro, que como es sabido era, en recursos de técnica.
Se trata de una producción compuesta para deslumbrar al público de la galería, aunque la expectación laoguidece en los tres primeros actos seocillamente porque en ellos
oo pasa oada y no son más que uoa larga y pesadá exposición. Pero como no en balde
Sardou fué maestro en arte escéoico, supo concentrar en el resto del drama el interés y
el conflicto, con tal maña y de tal modo, que el espectador sacude algo el cansancio pro•
ducido anteriormente. La actitud de &lt;Griffard&gt; defendieodo a la joven vilmente acusada: las cosas que dice a la misma Montespan, y los ministros, y en fin su esceoa con Luis
XIV, constituyen episodios, en los cuales el actor poco tieoe que hacer, pues el autor puso
brío, energía, y levantadas ideas en boca del personaje. La obra termioa, ordenando el
Rey que se eche tierra al asunto, que la joven encerrada sea puesta en libertad, casán·
-dala con su novio &lt;Desgrez,&gt; y que el abate calle para siempre Jo que sabe, siendo coloca•
do en un buen destino eo la Biblioteca del Palacio, según su deseo ; to:io esto, después de
una escena larga y pesada entre el Monarca y la Montespan que se muestra soberbia,
dominadora, cíoica, y amparándose bajo sus d,erechos de m1dre, por lo, hijos .que ha.bía

· 1 111111111111

I .

TEATRO MEXICANO .

"EL ASUNTO DE LOS VENENOS."

Má~ de 70 años tenía Sardou cuaodo escribió la obra
"L' Affaire des Poisoos" que hemos visto eo la última
semana, traducida por el señor Alberto M1chel y hasta
algo adaptada, ¡)'les no existe en el original la primera
escena de los aldeanos que veoíao persiguieodo a los
fugados del presidio de Tolóo y varios pasajes han
teoido que amoldarse a los artistas que habían de h~cer sus papeles eo esta ocasión. Por lo demás, el tra·
ductor no ha quitado el ambieote al drama eo lo posible, conserváodolo, sobre todo, en las más culmioaotes
escenas.
Dos traducciones, que yo sepa, se hao hecho de esta
mediana obra de Sardou; una la que hizo al castellaoo
el señor don Ricardo Blaoco para María Guerrero.que
la estreoó con el título "El Drama de los Veneoos" y
otra al catalán, de autor cuyo nombre no recuerdo y
que se llamó "La Cort de Luis XlV.'' De manera que,
como se vé,~la fama del celebrado dramaturgo ha ten·

..

tado la voluntad de los afectos a las trasplaotaciones
escénicas que no siempre resultan, dicho sea en honor
de la verdad.
En "El asunto de los venenos," como en casi todas
las obras de Sardou, hay una parte histórica y otra que
el soberano ingenio del autor ponía, y por cierto con
sumo talento. El episodio histórico que ha servido de
base para el drama de que me ocupo es el siguiente:
Bajo el reinado de Luis XIV hubo en Francia el ce·
lebérrimo "affaire étes poisons por el que fué decapita·
da en Paris, en 1678, la famosa marquesa de Brinviliers,
por envenenamieoto de su padre y de sus ~os hermanos y por haber iotentado asesinar · de
igual manera a su hermana y a su cuñada.
A consecueocia de las revelaciones de
la marquesa y otras denuncias recibidas
por la policía, fué presa la Voisio, que re·
sultó ser una especie de bruja, de e nvene•
nadara y de intermediaria de todas las de•
más deliocueotes de la corte de Fraocia.

Era una mujer que había sabido explotar los deseos
de todas las que querían librarse de un marido, de un
novio o de las consecuencias demasiado aparentes de
alguna falta.
Sus revelaciones fueron alcanzandp a la magistratura,
a la nobleza, a la corte y aún casi a las personas rea1es.
Taota importancia tomó el proceso, que se constituyó
una comisión especial llamada Cámara Ardiente, para
continuar rápidamente y en secreto la causa.
A consecuencia de las declaraciones fueron presas
218 personas, de las cuales 36 parece que habían cometi.do delitos que merecían pena de muerte; entre ellas
parece que figuraba la presidenta Leferon, María Mao·
cioi, duquesa de Bouillon, la marquesa de Alluye, la
vizcondesa de Polignac, el conde de Clermont-Lode~e.
el marqués de Cessac, la condesa de Soissons y otros
personajes. Luis XIV suspendió las sesiones de la Cá·
mara Ardiente cuando supo que una mujer, que era su
favorita, madama de Montespao, había querido envenenar a su rival Mlle. de Footanges, y que la misma mujer, en un acceso de celos había tratado de envenenar·
le a él también, y aunque arrepentida de aquel pensamiento oo había vacilado en prestarse a los crímenes
horribles de la "Misa negra" para aplicarle un maleficio.
Ante 'los ojos·del espectador d'esfifan. la Mo·ntespao y
la Fontanges, la perversa Voisin, las lujosas figuras de
la Corte espléndida del &lt;Rey Sol,&gt; duqnesas de Humiéres y de Bouilloo, madames de Nevers, Brisac, Vitry, el gran ministro Colbert, el de Estado Louvois, el
lugarteniente general de la Policía, La Reyoie y otros
muchO's que sería prolijo enumerar, pues los personajes
de la obra, sin contar el acompañamiento de damas,
cortesanos, soldados y lacayos, son ¡treinta y seis!

tenido con Luis XIV, el cual ya estaba enamorado de la Fontange, que era la causa de todo, por el abandono natural que
habría de sobrevenir para la favorita efecto de los nuevos amores
del veleidoso Soberano.
'
No ten~o para qué apuntar los anac_rooismos que ví en la
parte escénica, y no se me ,oculta la dificultad de los intérpretes de la obra, que se encontraban fuera de su centro bajo las
monumentales pelucas··.y· los' bordados levitones de aquellos cor•
tesanos de la época más lujosa de Francia. No entro por tanto
en detal)es, bago constar la buena voluntad de todas y de todos,
para sahr avantes en sus papeles, y sólo me permito lameotar
que el señor Coss, tan estimado como actor y como excelente director de escena, no hubiera encontrado otra obra para su beneficio, que estuvo brillante, como era de esperarse, pues nadie Je
regatea 5U talento, del que ha dado buenas muestras en el tiem•
po que lleva al fren!e de la compañía cVillegas Coss&gt;.
.
.
Y ya que me he permitido entrar en el terreno de las lameotac1ones, dtré que yo creo que el señor Coss t'xageró un poco al hacer su papel del abate
&lt;Griffard&gt;. Yo entiendo que es no personaje astuto, sagaz, conocedor de la época en que
vivía, y hasta si se quiere irónico, mordaz, satírico; pero de eso a representarlo cómico en
extre?1º• hay una distancia grande, que no merece salvarse a trueque de hacer reír a la
galena.
. En la e5&lt;:ena con la &lt;Montespán&gt; en el cuarto acto, en &lt;La Gruta de Thetis&gt;, estuvo
bien el referido actor, pero en el resto de la obra, repito, quizás me equivoque que Jo v'
exagerar la nota graciosa, con detrimento de la verdad escénica. Por lo dem~. el seña;
Coss fué aplaudido en v'lrios pasajes de la obra, momentos culminantes del drama y en
los cu~les s~ figura se hace simpática e1;1 alto grado, p or defender a la inocenc¡'a contra la 1nfaa11a de los esclavos de la favor1t1, que no osaban a~declararla culpable.
Teatro Mexicaoo.-Escenas y personajes de la obra &lt;El Asunto
de los Vent'nos.&gt;
LUIS DE LARRODER.
Señorita Castillo en el &lt;Asunto de los Venenos.&gt;-'María Luisa Villegas (Madame Montespan)_y Mutio (Luis XIV.) en cEl asunto de los Venenos.&gt;

•

�El padre llora, llora como una mujer. El corazón se
destroza con solo verle.
Desde el primer día que se encontraron, los niños se
hicieron grandes amigos.
_¿y tú qué dices, Moche Simion? No, no; yo sé lo
que piensas; pero sería locnra imaginar que entre esos
do3 seres, quebrantados por el dolor, por un mismo
dolor, pudiera ..... . No muevas as{ la cabeza. "\tírales: ni siquiera se ven. ¿ Cómo quieres que lleguen a
conocerse? Para ellos no hay ya ni mundo, ni vida, ni
esperanza; la muerte les ha arrebatado todo. Y tu dices que se conocerán y que .... pero si dos tumbas separan sus corazones!

lnGonsolables
Un día límpido y sereno. El guardián del cementerio
barre las hojas que el viento de la noche ha derrama•
do sobre las tumbas.
El viejo tiene sus muertos, a quienes ama y cuyo re•
poso vela cuidadosamente.
Cuando los parientes o amigos descuidados no ponen
flores en las tumbas o dejan la lamparilla sin aceite
Moche Simion se acerca a la tumba abandonad,/
contempla larga y com'¡lasivamente las coronasmarchi'.
tas, la lámpara extinguida, sacude la cabeza y habla al
muerto, lastimándose de su abandono:
-/Ves? Yo sabía que también te olvidarían. Nadie
v(ene a verte, tehl I Qué les importa? Beben, comen, se
divierten.... Pero, déjalos, déjalos; ya les llegará su turno, como a los demás... Ya les veo venir.., Uno mañana, ot:_o pasado; entrarán por ahí, los piés adelante....
Sus h1¡os les llorarán uno o dos días, y después se quedarán solos, sin flores, sin aceite, sin lámpara. Así es
el mundo... No tiene remedio.

III

El sol de las mañanas de verano derrama los torrentes de su luz sobre la tierra, una luz cálida, benéfica,
bajada del cielo. La tierra exhala vapores. Los árboles
han sacudido sus flores. En el aire flota el amor.
-Perdón, señora, esa es su sombrilla, si no me nu·
gaño.
-Gracias, caballero.
Los dos tienen la vista en el suelo, pero la dama ha
enrojecido ligeramente.
Los niños, con las manos en lc,s labios, se envían, alegrem.inte, besos, y se d icen adiós.
·
Moche Simióo los mira y sonríe, con el aire de un
hombre astuto que comprende y se calla.
En un dia de otoño los tres niños llegaron al cernen·
terio, cogidos de la mano. Algunos pasos más atrás, len•

0

Automóviles con ametralladoras listos para salir
a la toma de &lt;Hermanas&gt;.
Pero hoy, Moche Simion está silencioso. No monologa. /Por qué? La tumba
cerca rle la cual barre, nueva y cuyas letras de oro grabadas en el mármol
brillan al sol, le retiene especialmente. El epitafio dice aií: &lt;Alejandro Cornea, nacido el 6 de marzo de 1849, muerto el 2 de septiembre de 1884. Des•
cansa.&gt; No se oye sino el arrastrar de la escoba y el crujir de las hojas secas.
Espesas bandadas de enerves cargan y ennegrecen las ramas de los árboles
vecinos. El cielo está sereno, la tierra duerme.
Moche Simion sabe quien va a bajar del coche que acaba de detenerse a
la puerta del cementnio. Es Mme. Cornea. Grande, pálida, pasa lentamente,
los ojos opacos y húmedos por el dolor. A su espalda, ondea ligeramente el
crespén de duelo que la envuelve de la cabeza a los pies. No ve nada, el viejo se retira. Ccmprende y respeta el dolor y las lágrimas que todos los días
vienen al ausente cerno un tributo de eterna fidelidad.
¡Pobre mujer! Es joven, bella, rica. ¡Y vtrla llorar, arrodillada ante una
tiimba! ¡Cuánto dolor! iEh! iSi! ... Así, cada uno lleva en sí mismo el gusano
que le roe. Pero... ya se le pasará... vendrá otro... y todo durará hasta el momento en que a su vez duerma debajo de la tierra.
En cuarenta años de vecindad con los muertos, Moche Simion había llega•
do a creerse inmortal.
Pero, ¿por qué las visitas de Mme. Corn~a parecen p~eocuparle tan especialmente? Es que recuerda las tumbas olvidadas, descuidadas... y todas las
mañanas, desde hace algún tiempo, Moche Simion piensa: &lt;No creo que ven•
ga hoy.&gt;
· y espera... Escucha... El trote de los caballos, el rodar del coche, le son
ya familiares.... Ella llega... Y tanta constancia le contraría. ¿ Será acaso, dis·
tinta de las demás?...
El invierno ha llegado. El cementl!rio P.stá cubierto de espeso manto blanco.
- 1Quién deja esa huella en la nieve 1
-Mira, Moche Simioo, soy yo, soy yo. Mi corazón no es de los que olvidan.
· El viejo mira. Ella ha enflaquecido y parece una
s~mbra tan diáfana, t~n ligera como su negro velo.
P1:1dosa~ente, como siempre, se atrodilla, y sus lágrimas, 10undando la piedra funeral corren como
de una fuente inagotable. No más a~or no más felicidad para ella. Una tumba se ha cer;ado sobre e}
que la ligaba a la tierra ..
-Per o, M~cbe Sim_ion, /por qué s:icudes la cabe_za con tanta mcreduhdad? /Acaso la vecindad de
los muertos te ha endurecido el corazón y no tienes.
ya lástima de los pobres vivos?

&lt;iDe profundisl&gt; c¡Requiescat in pace!. ••• La música fúnebre aboga las lágrimas y el ruido de los sollozos;
la multitud se dispersa, y el aomiq.io de los muertos
queda de nuevo en silencio.
El sol se alza en el cielo con imperial majestad.
Y es un nuevo desgraciado que todas las mañanas va
a arrodillarse ante una tumba.
Mocb_e Simion mira al viudo y a la viuda con el ,rabillo del ojo, y murmura:
·
-iToma! ¡No se miran! ¿Es posible? Pero luego ve·
remos •. • •
Y es verdad: entre ambos, inconsolables, la distancia
es tan pequeña que les sería fácil verse y oirse. ¿Pero
están sus almas en sitnación de recH,ir alguna impresión del mundo exterior? Están abismados en su pena
que el hundimiento del universo entero no los distraería del dolor que los absorbe.
1 Y llegaron los risueños días del verano con su verde
vestidura y sus árboles cargados de flores. ¡Ah! iQué
d ulee es la vida1••••
¿De quién son .:sos bonitos niños cuyas claras risas
suenan tan alegremente en el silencioso imperio de los
muertos?
Moche Simion se aproxima:. Se diria que quiere tener parle en esa alegría infantil, que, ignorante de to·
do, se derrocha cándidamente en el triste recinto.
Son tres los niños. ¡Qué bulla hacen!
La rubiecita, ya crecida, es la hija de Mme. Cornea.
La chiquila morena y su hermano son los hijos de la
pobre muerta.
La Estación de Monclova a la llegada de los trenes
militares de la columna Maass, después de seis
meses de interrupción en la vía.
tameote, uno al lado del otro, siguen ..•• los padres de
los tres niños.
o o o

Y ahora las hojas se amontonan sobre las dos tumbas.
Moche Simion n o las barre. Pero, cuando pasa por
ahí, entorva el ceño y masculla:
-jYa lo veis! Pero yo, yo s! que sabía que también
habrían de olvidaros!

II

I

Tres momentos de la solemne entrega del gui(n de la Cruz Roja a las señorihs ~of~rmeras alumnas de la
' ·
Escuela Nacional Preparatori ...

•

. Es la primavera, Los árboles reverdecen. De la
tierra de los muertos brota una vegetación lujuriosa.
En el aire flotan perfumes de juventud 4ue llaman al ~mor. Las puertas del cementerio se abren.
La multitud se precipita dentro de la fúnebre man•
sión. Se oyen g ritos y gemidos. Es un nuevo huésped que viene a gozar el reposo supremo... Se acercan a la fosa.... Los lamentos son cada vez más.
conmovedores y desesperadcs... Los sacerdotes salmodian las últimas oraciones... Los cirio~ arden
dulcemeot., ; en finas volutas azuladas s e eleva en el•
a;re el humo del incienso.
-No, no, no me la guitéis... iOh.! ¡Dejad qu
_ ~ la.
vea una vez más!
·
iQué desgarr~do:res acentos! Un joven vestido de
negro, eoloquec1do por el dolor, se agita como uo,
loco Y rechaza a los amigos que le rodean. Quiere
escapar.se de sus manos para arrojarse a la tumba en,
que se acaba de bajar el ataúd. Le contienen; gime~
llora ...

ALEJANDRO VLAHUTZA.

ORGULLO
Para &lt;El Mundo Ilastrado.&gt;

Campamento de la artillería de la colunma Ma1ss _en el cerro de &lt;La Bartola&gt;.

Mientras adentro toca la orquesta macarena
y se escuchan rumores de fiesta y de alegr ía,
en la terraza vemos como declina el día,
y como el sol esconde su pálida melena.
Estamos silenciosos; hay en la luz serena
de la tarde que muere, vaga melancolía,
hay en sus tintes rojos como una fantasía
llena de sombras vagas, y de misterios llena.
A veces nuestros ojos se encuent ran; nos miramos,
y parece que en esa mirada nos enviamos
algo como un reproche, como un afán de amar,
Acaso aún es tiempo; mas ambos orgnllosos
volvemos el semblante; ahogamas los sollozos,
y mudos contemplamos la tarde declinar.
_
F. DE F U E:-CT ES } R.

�la estufa el olvido en la revista ilustrada, la conversación amistosa entre humo de cigarros, teniendo las ventanas bien cerradas. Así logran aisl:irse de la naturaleza que los abruma, como quien se hunde en un submarino o en una cueva. Lejos de la realidad actual,
,Sobr~ l¡i nieve de las cumbres el último claror del muy lejos del sitio donde están pensando en la vida de
los países llanos y sociables.
crepúsculp se desvanece, se diluye en blancura, y desde enton.ces la noche se apodera definitivamente de la
La luna, mientras tanto, una luna incompleta y oblicordi.l,lera. Sucede al día una vaguedad de ensueño, cua, ha salido imprevistamente de la montaña. La nieuna media luz extraña que no tiene relación con nin- ve ha adquirido una nitidez de fantasía. Todo el cielo
guna otra luminosidad; una media luz que no es siquie- se ha purificado, y la atmósfera está como cernida.
ra penumbra y que no se acierta a discernir por comLas rocas desnudas que se encaraman en aquella cipleto. No se sabe ~i es reflejo de nieve, resto postrero ma remota han recuperado su matiz rojizo: el tono
del crepúsculo o alba de luna. El silencio, que tan enérgico de su color extemporáneo destaca furiosamencompleto era de día, ahora se convierte en algo infini- te de entre la universal blancura y de esta unánime
to y alucinador. Ea el sepulcro los cadáveres deben transparencia sutil. Parece una daga, un manchón de
seotir un silencio como éste.
carne herida, un algo cualquiera que recuerde a la
La primera hora de la noche va asociada en nuestra vida. Pero no. Aquellas mismas rocas han muerto. Ni
imaginación con ideas y emociones familiares. Nada aun con el sudario de la muerte desean vestirse o entan íntimo y amoroso como la preparación del sueño. galanarse. Su antigua muerte está exenta ya de las priLas· bestias más brutales y feroces se amansan y en- meras vanidades suntuarias que acompañar al joven
dulzan cuando se disponen a dormir, y en la copa de cadáver.
los árboles los pájaros errabundos declinan su indepen¡Naturaleza! ¿Qué se hicieron tus galas, tus furores,
dencia al morir el día, y allí gimen y cr.chichean, se tus hecatombes, tus rugidos y tus primaveras? En este
juntan y aprietan cariñosameute. Y nosotros, los hom- momento concibe el alma la fugacidad de todo, el se1;,res, tenemos impresa en el alma, para toda la vida, la creto destino que nos aguarda a todos. Los Andes han
huella de aquel momento en que reclinábamos nuestra terminado su misión, como la luna quizá, como seguracabei:3 indómita en el seno maternal y caía el sueño mente muchos astros que ruedan inútiles por el vacío.
sobre nuest ro ser, empapado en el efluvio materno.
Es un miembro inerte de ese gran cuerpo terráqueo
Pero la· noche de los Andes carece de familiaridad y que tanto nos apasiona. Un aviso de lo que ha de sucedtl ternura. En )03 Andes no hay lugar para el idilio, der más tarde. Como este paisaje yerto de las alturas
sino para la tragedia. Como un rr.undo que cuenta ya andinas, alguna vez será toda la Tierra.
por milenarios de muerte, hasta el recuerdo de la vida
Del mismo modo que al llegar a una cumbre se comha desaparecido No existen árboles, ni hierbas, nr in- place la mirarla en revisar las cosas que quedaron abasectos, ni apenas musgo. La vida está ya olvidada. ¿Qué jo, también aquí se apresura la mente a revisar la hisimporta, pues, que brille el sol o que llegue la noche? toria del mundo. Surge esa historia como una síntesis,
La naturaleza cadavérica de los Andes no cuenta los a grandes rasgos, eo procesos milenarios. Vista desde
días, ni los milenarios, ni men0s el transcurso efímero lejos, la historia se reduce a unos cuantos gestos o adede las hora!: de luz y sombra. Es un esqueleto que se manes, a unos cuantos nombres representativos. Toda
ha entregado definitivamente a la eternidad. Ya no Je Babilonia se sintetiza eo unos jardines aéreos, en una
importan los días. ¿Cómo han de interesarle los días al quimérica torre de ladrillo y en la figura tambaleante
infinito?
• ae Nabucodonosor. Bajo el cielo azul vemos unas coEn el precario hotel qutl se levanta sobre el barran· lumnas de 111ármol, y los filósofos, como sombras de
co, los pasajeros buscan la manera de olvidar el sitio sueño, que frasean vagamente: eso nada más es Grecia.
donde se hallan. Pesa demasiado sobre sus frágiles es• Otros pueblos se nos representan en un ademán único.
píritus la enormidad de las montañas, y sobre todo la Los normandos los vemos remar, todos a un tiempo,
sugestión de esa naturaleza trágica. Buscan el calor de con rumbo hacia las tierras de botín. La España del

Los Andes a la Luz de la Lu'na

siglo XVI vérnosla caminar con el arcabuz y la pica al
hombro, toda unánime, hacia un sacrificio de estéril
gloria. ¿Pero no vemos de la misma manera a las personas en nuestros recuerdos? Fulano es el hombre que
ríe; otro es el hombre que declama, y le vemos hablan·
do, accionando, ea nuestra imaginación. El recuerdo
es gráfico sobre todo y euestra mente está hecha para
las imágenes visibles. La inteligencia, en su fondo, es
gráfica, como la vida, en fin de cuentas.
Y todo eso se irá si!Qplificando, sintetizándose cada
vez más. La historia, proceso de elimim,ción. Cuanto
más avanzamos, lo de lejos se simplifica más. Ahora
todavía percibimos un gesto, una figura, un nombre:
mañana, nada. Hasta que finalmente el muodo todo
será una síntesis absoluta. Una gran bola sin vida que
da vueltas sistemáticas. !Suprema estupidez!
Sin embargo, nuestra imaginación se rebela siempre,
y ve formas de vida en donde no las hay. Aquí, cuando
todo está inmóvil y muerto, todavía la imaginación insiste en representar formas aparentes de vida.
De este modo, aquella cumbre recuerda la cabeza de
un hombre pensativo, aquella roca parece el dono óe
un monstruo, aquella nubecilla copia el vuelo de una
grande y prodigiosa ave. Así logra el espíritu llenarse
de consolador engaño e imaginarse que basta en esta
siniestra concavidad de los Andes la vida no cesa de
existir. Démosle, pues, gracias a la imaginación. Ella
nos envuelve con cendales de ensueño, y ella se encarga de r evestir a la razón con toda suerte de a lenta·
doras mentiras. Por virtud de la imaginación se olvida
el ser vivo de que existe la muerte. Merced a esa maga
protectora, heme" inventado los hombres la ficción de
la inmortalidad. Donde la razón termina con una linde
desoladora, allá acude vigorosa, rauda, juvenil, la imaginación nuestra, a sugerirnos lontananzas inacabables,
mentiras del más allá. !Qué fuera de nos&lt;Jtros sin tanta
mentira!
Y ahora, que rompa el alba coa su claror este delirio de la noche de luna. Que venga el treo a llevarnos,
rumbo a las tierras normales, sociales, llenas de gratas
mentiras, Volver a contemplar los árboles, las flores,
los pájaros, los pueblos. Sumirnos en la enorme ilusión
del mundo rodante y agitado. Olvidar e~tas montañas
inertes, anticipo y promesa de la última muerte universal. Y entrar en la vorágine de las ilusiones, oir la vez
materna de la imaginación que nos habla de inmorta·
lidad,
}OSÉ MA. SALAVERRÍA.

n

NUPCIAL

EL LAGO

Retrato de boda y corte de Amor del s eño r capitán de marica Everardo Landa y de la señorita Zoila Manzano, quienes contrajeron matrimonio recientemente.

Encendió un cigarro y prosiguió:
-No pudo ser de otro modo. Primero, re·
montarse del origen obscuro y pobre, a la entrada. del buen camino. Esforzarse por so·
bresa.lir, por llegar a ser algo, por oo quedar
reducido a ser un simple e ignorado artesano.
Estudiar, pasar días y coches aplicado a sorber rápidamente, ansiosamente el alimento
intelectual.
Hacer la caner a , cuando los derechos de
m1tricula costaban muchos duros en aquellos
tiempos de la colonia que, por suerte tuya,
ao alcanzaste; pobre, casi miserable, t rabajando rudamecte, entre persecuciones p olíticas,
prejuicios y afanes. Llegar al té_rmioo, abrir
e l estudio, lu-::bar para hacer cheotes, luchar
coc los clientes, Juchar por los clientes ...•
¿ Qué tiempo puede quedar para dedicarlo a
las devocioces ?....
Hizo una pausa. F ijó la vista en el horizonte cargado de nubes plomizas de verao_c,, ~n
los labios un rictus de amargura, como si asistiera a escenas de un pasado triste. Al volver
los ojos de la ventana a mí, los posó distraídamente sobre los libros de su biblioteca.
- Mis libros! Ahí tienes uoa prueba. Gasté
y luché por aglomerar volúmenes. Al ~in l:l
sueño de mi niñez lo vi logrado. Una rica biblioteca! Dinero a la calle! Esos libros que
eran mi afán ni siquiera en su décima parte
he podido leerlos. La afanosa brega me rob~
el tiempo para hacer Jo que anhelaba. Ah! Si
yo hubiera nacido rico!
Aquel hombre, que oad~ba aho;a ~nla opulencia, me presentó sus OJOS _enroieci~os. Una
lágrima que pugnaba por_sahr, 1~ ~eso el rostro. La riqueza que babia ambic10n ado, que
ahora tenia, Je había venido demasiado tarde.

- Tuve que contentarme con una sabiduría superficial, con una cultura superfi~ial, con una
erudición superficial. Ceo tantos hbros, con tanto talento como tú quieres ver en mí, con tanta
voluntad como he dado pruebas de tener en mi
vida, con todas mis perseverancias y con todo el
deseo que hoy me tortura, mi obra, mi obra maestra-a la vuelta de todos mis años, después de
haber trabajado y producido tanto, oo está hecha
aún. . . . . . Le miré con perplejidad admirativa.
Veinte obras aplaudidas, agotadas, buscadas con
ahinco, reproducidas muchas veces, que aquel
trabaJador incansable había logrado hacer en los
rºa tos de ocio de una vida sin ellos, no le bastaban! Faltaba la obr .1 maestra . . ..
Aventuré e l título de u na de sus obras: la que
yo juzgué mejor. Le hab!é de ella con ~I calor
de entusiasmo que en mi había producido ...•
- Sí-dijo-mi mejor libro, mi mayor esfuerzo. Pero aquí-y llevó su mano a la frente ¡;ensadora-aquí había, aquí hay algo más grande
que no he logrado encajar en el marco de mi vida; que no_ he podido ~ºtD;P!ender _de1:tro _del espacio de tiempo que s1g01ftcan rms anos ..•. Se
puso de pie como para ~Jejar ~ecu_erdos o deseo~
icoportuoos. Se encaminó a l 1ard1_n. Comp~end1
que iba en busca de otras emociones, a pique,
como estaba, de estallar en lágrimas la toripeot_a
de dolor aquel corazón de poeta que había: tenido que callar muchas veces frente á la brega del
mundo. Allá el "garage" con los automóviles relucientes por la pintura nueva: los gallineros llenos de polluelos, las conejer~s. los pal&lt;;&gt;mares..; ·
Columpios, huertas, terrazas, el palacio de vivien da, las avenidas ....
-No falta más que una cosa-expresé.
-iQué?
-El lago .... un lago de quimera en donde bogar dentro de uo blanco esquife: un esquife de
en,ueño ... . Pero no hay lugar. Todo está ocupado ....
-Como en mi vida-dijo. -- S . S.
Spo r t.-Club "Cosmos" de tenois, que inauguró su s "courts" el domingo
último.-Tres momentos del juego inaugural.

�Una escena de "Namouna."

El teatro en el gran mundo parisién
E l conde Roberto de Clermont-Tonnerre es muy
afecto a dar representaciones teatrales de aficionados,
y a veces de artistas en su delicioso castillo de Maisons·Laffite, y ultimamente las crónicas elegantes del

gran mundo parisién, registran la brillante fiesta ce·
lebrada con motivo de haberse estrenado en la«eñorial
mansión una fantasía en un acto de M. Noziere titula•
da. "Namouna.''
Dicha obra es como una continuación de la "Namou·
na" de Alfredo de Musset, de manera que Noziere una
vez más ha probado en la hermosura de sus versos que

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El Coronel Tereso F. Luua operando un herido en el Hospital que se formó en Monclova después de Ja toma.

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•~n~9

Escena final de "Namouna."

comprende el espíritu romántico que animó la obra del
autor de las "Koches.'
La protagonista fué interpretada por Mlle. Alice Ne·
ry que se mostró melancólic:a, frívola, espiritual apa·
sionada según los diversos momentos de la obra.

�Crónica
La estación estival toca a su fin, lectoras mías, y durante ella hemos visto aparecer multitud de novedades
respecto de atavíos. telas, sombreros y otros accesorios
de la «toilette&gt; femenina.
La incansable reina del bello sexo, oo contenta nunca de dar sorpresas a las damas, nos trae algunas innovaciones acerca de los detalles que complementan la
elegancia femenina. Uno de estos importantes detalles
lo constituye la propiedad y buen gusto en los gu_an_tes,
por tanto, diré una palabra sobre los guantes de ultima
moda.
Para las salidas de mañana, los paseos por la playa o
por el campo, los sencillos trajes &lt;trotteur&gt; de tela de
lino O de lana se acompañarán con guantes de gamuza
lavables, cerrados por grandes _botone~ de n_ácar o por
un puño elástico adecuaqo al tmte del tra1e: blaoc?,
gris perla o beige. Por regla general podemos _decir
que el guante debe ser tao claro o más que el tra1e, pero nunca más obscuro. .
El guante de &lt;Saxe&gt; perfumado,
coa bordados blancos, es siempre de
una distinción encantadora para los
cnégligé~&gt; elegantes; no obstaot«: ~sta
apreciación se nota que en este ano ha
e ;tado un poco abandonado por las damas de buen gusto.
Los trajes de estilo sastre que se lle·
van en la tarde para visitas ó paseos,
se completarán C&lt;;&gt;~ guante~ de piel de
Suecia o de cabnttlla en tmtas claras,
adornados con tres franjas bordadas
con seda negra en la parte superior del
guante.
.
.
Para las recepciones o reuo1ooes ya
sean de día o de noche, se usan los
guantes b\an.cos, ~ha~pagoe. tórt~J~,
gris perla, gris &lt;Tnaoon&gt;, en. cabnt1·
lla O más aún en piel de Suecia. Nada
iguala en efecto, a la elegancia y dis·
tinción de un guante de piel de Sue·
cia tanto por la suavidad de sus mati·
ces' como la flexibilidad y frescura de
su aspecto. Tienen, sin embargo, e~tcs
guantes, el defecto de su extraord1oa·
ria fragilidad, lo cual hace de ellos un
1'erdadero objeto de lujo,
pues su extremada finura
y suavidad hace que no
soporten fácilmente ser
lin;tpiados a fin de volv_er
a servir en otras ocasiones.
Los guantes en punto de .,
hilo o de seda, tao prác•
ticos, ligeros y cómodos
por su frescura en el estío no son absolutamente
co~patibl~s desgraciadamente con los atavíos de
cierta elegancia sin cometer una grave falta de
buen gusto, por lo cual se
r esei:van para completar
los &lt;tailleurs&gt; en tela de
Ji no, )os tra jes de sport,
como el tennis, o los vestidos -sencillos hechos con
telas ligeras como nansú
rayado blanco o de color,

cr espón o velo :le algodón blancos o impresos,
~iempre en tintas claras, limitándose al blanco,
crema, champagne o gris perla en su tono más
suave.
Otro de los accesorios de &lt;toilette&gt; muy importante en la indumentaria femenina es el velillo del rostro.
Actualmente sólo se llevan los blancos en encaje lavable, los de aplicación de Brurnlas o de
Chantilly para las playas, el campo, los estable·
cimientos balnearios y las excursiones campestres; o también ae encaje extremadamente fino,
en los cuales el ramaje muy ligero está colocado sobre
un fondo de tul de red muy abierta.
La gran &lt;echarpe&gt; o chalina en muselina de seda
blanca o de color, envolviendo todo el sombrero, muy
práctica y cómoda pues preserva admirablemente el
rostro del sol y del viento, se reservará únicamente pa•
ra los viajes, los paseos por el campo y las excursiones
en auto, completándose con sombreros de fieltro flexible o &lt;caootier&gt; de paja.
Los sacos de maco hechos en cuero o piel que hace
poco tiempo estaban en pleno favor de la Moda, boy
parece que decaen de dicho favor substituyéndolos unos

hechos en guipure de Irlanda o en macra mé blaacoscrema e, crudos forrados de seda blanca y guarnecidos
con una ancha franja de bellotas de seda o lentejuela.
Se hacen, igualmente, bonitos sacos &lt;besaces&gt; y sacos&lt;mascota&gt; blancos en satén, faya o moaré, incrustados.
con punto de Venecia o de hilo bordado.
Los atavíos de noche se completan por maravillososretículos reproducción de los modelos antiguos que usaron nuestras antepasadas, enteramente bordadcs de tubos y finas perlas de cristal con franjas de perlas y fle·
cos de acero.
Con las &lt;toilettes&gt; de estío se llevarán collares· de
ambar formados por gruesas perlas alargadas, separada~ alguaas veces por peque5as perlas de cristal; otros
están hechos de ónix o de ágata teniendo éstos las cuentas redondas en vez de alargadas como los otros
Algunos abanicos de alta novedad merecen, cierta·
mente, señalarse por su belleza y o r iginalidad. Entre
otros, los &lt;ciso_es&gt; modelo de tamaño pequeño y de forma muy práctica y encantadora, accesible a todas las
fortunas. Se compoot, de una montura en madera obs·
cura Y rle una bonita boja de pergamino cortada de un
mo_do_original, enteramente pintada' a la acuarela. El
pa1sa¡e representa dos cisnes blaccos, oaveg~n do sobre
u_n lago de sueños de un azul intenso y profuado. Otro
hndo modelo es la &lt;Schébérazade&gt;; este lo forma un
pequeño abanico y una bolsa adecuada, hechos aro.besen tela rameada con dibujos persas de colores variadcs.
&lt;Las grandes alas&gt;, bello abanico todo en plumas-cuchillo, las cuales se largan progresivamente de derecha a
izquie_rda así la forma de una ala. Como modelo de alta
fantas1a Y suprema elegancia, recomendamos les abanicos de plumas de pavo: muy estrechos y muy altos, es·
tán formados por bellas plumas colocadas en línea recta. Las de eomedio en su tamaño natural mientras que
las de los la~o.s descienden gradualmente. La montura
es de _nácar 1nzado en la cual, la riqueza del colorido
compite ~on la hermosura de las plumas.
Y termmo aquí, mis queridas lectoras, puEs me he
extendido demasiado y tf mo haber caorndo vufs·
tra atención.

sación de bienestar que se experimenta al hallarse senhdo a la mesa, es del todo diferente si el mantel descansa directamente sobre la madera, o si entre la mesa y el
mantel se han interpuesto varios mullidos de muletón ,
o una cubierta de lana o algodón plegada en dos o en
cuatro dobleces. Esta circunstancia parece cosa de nada, o de escaso valor. Pero acostumbraos a este bienestar poco costoso, y veréis cómo echáis algo de menos
-cuando no 5entís el :r.ullido debajo del mantel.
Lo cual se aplica con toda verdad a todas las peque·
:ñas ~atisfacciooes que se pueden disfrutar en famili.,;
y he ahí por qué el ama de casa dispone así
:¿e un poderoso medio de hacer felices a todos los suyos y de hacerles amar el interior
-doméstico.
Procure. pues, convertir las comidas en un
.atractivo más, añadido a todos los otros. Que
la mesa esté bien puesta, y despida rayos de
.aleg ría, iluminada por la cristalería de vasos
y copas, por las porcelanas, y por el bruñido
.argentado de los cubiertos, todo en buen es&gt;tado y resplandeciente de limpieza.
Nada hay que produzca efecto más deplorable en una mesa, que la vista de un vaso
rajado, de un plato con melladuras, de un cu-chillo cubierto de mao~has de orín.
- iEso no es nadal-diréis.
Sí, es algo, puesto que ejerce una influen•Cia desagradable sobre los ojos y sobre el espíritu.
No hay minucias despreciables, cuando se
trata de agradar.
No toleréis en vuestra mesa una botella sin
·tapón o una cuchara doblada y magullada.
¿Sabéis Jo que hacéis, al procurar esta per•
-.fec-cióa en todo?
Habituar el ánimo de todos los vuestros a
Aa perfección.
Les producís una impresión tan viva de la

necesidad y de la belleza del orden en todas las cosas,
que el sentimiento del orden llega por ese camino a ser
en ellos una segunda uaturaleza.
Ellos pondrán en sus acciones, en sus palabras, en
sus vestidos, el orden que gracias a nuestros cuidados
resplandece en la mesa, y cosa más esencial todavía,
pondrán orden hasta en su alma.
No se presenten tampoco los manjares de cualquier
modo; sino que satisfagan la vista, Jo mismo que al olfato y al gusto.
En la cocina a la alta escuela se "ponen en su pun-

Pues bien, la felicidad se compone de la suce5ióo de
todas esas pequeñas satisfacciones, las cuales se pueden
multiplicar hasta el infinito y con poco gasto.
Los niños son aficionados a los postres. "Las personas mayores también."
Es un gusto natural, un gusto que no engaña: respon
de a una necesidad real de nuestro estómago y de todo
nuestro sistema fisiológico.
Los padres muestran una tendencia a reprimir e~te
gusto; defecto que tiene su raíz en una preocupación
que ya hemos combatido.
Los pasteles, los bizcochos, alimentarán mejor a
vuestros hijos y con menos gastos que una lonja de
"biftec."

El reloj es una de las cosas que más modifica?i~oes han sufrido; pero hasta ahora el que mayor ext·
to ha obtenido es el reloj de pulsera, sin duda por
lo cómodo que resulta ver la_ hora con só~o leva1:1tar
un poquito l;,. man~a _del abrigo; _Y su__éxito hubiera
seguido sin la aparición del relej sorllJa,_ c¡.ue es un
rival poderoso, porq1;1e r~une tres c?od1c10oes que
Je avaloran extraord10anameote: primero, ser tan
cómodo, o quizá más que el reloj de pulsera: segundo, ser más bonito, _Y tercer?, que no puede _vul·
garizarse por su exces,vo precio.
Está montado en un arito plano bastante ancho:
de oro O de platino, y al r~dedor de I_a esfera, casi
microscópica, tiene una hi!era_ de bn~lantes y ~Ira
de zafiros, o rubíes Su úmco ~ocoovem«;n_te_consiste
en que no teniendo vista de hnce es d1fu;1I ver la
hora, y eso ya está solucionado por ~edio de un
cristal de aumento que cubre la pequeoa esfera.

MARGARITA.

Elrefinamiento en el comedor

Gran tnilette de salón.

Las comida!', no solamente están ordenadas a.
satisf'."cer la necesidad de alimentar, sino que·
cooshtuyen aderr ás un plac~r.
En el comedor y alrededor de la mesa se núnen regularmente varias veces al día todos losmiembros de la familia.
El ama de ca~a, que cuida, con solicitud de
convertir el recinto doméstico en un ceotr~ de
a~racción ir_Hsistible Pª1:ª los s, res querido~, topierde de vista esta particularidad.
El comedor, merced a los cuidados de la mujer de gobierno, ha de ser
una de las piezas más
agradables del domiciliode la familia .
La dependencia mencionada debe ser espaciosa, bien iluminada, de temperatura uniforme, y hade estar decorada con gusto, de modo q ue recree la,
vista de los convidados.
La mesa ha de ofrecer·
iguales atractivos.
Aun cuando haya niños,.
es uoa economía mal eu·
tendida la de reemplaza r ·
el mantel blanco por el·
vulgar hule.
Los cual nos lleva a de-·
cir de paso que hay economías qut, nunca deben
h acerse a expensas del•
bienPstar y de la estética.
Así, por ejemplo, la sen--

Traje para paseo.

Traje estilo sastre de verano.

to" los platos, es decir, que se procura presentarlos coo aspecto
agradable, artísticamente preparados.
¿ y por qué esta "coquetería" ha de quedar reservada a la cocina de
alto estilo?
¿Por qué el ama de casa no ha de desplegar en beneficio de todos los
suyos la "coquetería" que le hemos recomen dado en todas las formas con
respecto a su esposo?
Poco significa el aderezo de unas hojas de perejil finamente picado Y
esparcido sobre un plato de puré de patatas; poco cuesta el prepararlo, Y.•
sin embargo, el efecto producido es considerable.
Un plato así recrea la vista y excita el apetito; a un tiempo pro_por·
ciooa muchas satisfacciones agradabJfS.

Traje de mañana.

�no recibiendo a tiempo oportuno su dirección particular, quise responder cuanto antes a sus con~ultas,ya que
entre éstaq había alguna de bastante importaocia.
Ya le rernito por correo su estampilla, acompañada
de unas breves palabras con que me permito saludarla
afectuosamente.

conjunto, mucho más cuando la dama distinguida toma.
en sus brazos el perro favorito, acercándolo asu exquisito traje, o lo qu,e es peor todavía, a su lindo rostro,
pues en ciertas fotogratías de célebres artistas francesas, hemos visto semejante extravagancia que bien puede calificarse de fea y absurda.
La distincióa d~ una mujer discreta nunca debe doblegarse delante de esos caprichos de la Moda, que, por

DA1sv: Ya tuve el gusto de escribir a usted por co·
rreo, remitiéndole el modelo que deS'ea para confeccionar un traje de fantasía; espero que habrá recibido mi
respuesta y le suplico se sirva de&lt;.:irme &lt;si ese modelo
faé de su agrado.&gt;

UN AMOR IMPOSIBLE. BLAXCA: Aun cuando 1:e
leído muchas cartas que tratan de un asunto semejante
al que usted me consulta, pocas me habíao. impresionado tanto c:omo la suya, pues hay en ella una iogenuidad
que enternece y una pena tan iotensa que conmueve.
Es verdad, su amor es imposible pues nunca llegará a
ser correspondido, pero debo decirle, estimad« amiga,
que el verdadero amor no necesita de esto para ser un
sentimiento elevado y noble; usted puede querer a su
amigo con un cariño inmenso, aunque él, por no encontrarse en condiciones de aceptar su ternura ni aún siquiera de cemprenderla, deje sin correspondencia una
pasión tao profunda. Así nos lo indica la experiencia,
y más todavía la historia de algunos amantes célebres.
· La infeliz Eloisa amaba a Abelardo casi gratuitamente,
pues éste le otorgaba su afecto, no con el ímpetu de
una ternura espontánea, sino como una concesión.
Entre Dante y Beatriz no consta que hubiese un claro conocimiento de su mutua y delicada simpatía; más,
a pesar de esto, él se hizo inmortal por s u manera de
sentir y por el arte sublime con que exteriorizó su altísima pasión, produciendo su &lt;Comedia&gt; que mereció el
nombre de &lt;divina.&gt;
Por último, un célebre escultor se enamoró de su estatua, y el mundo entero conoce tal historia, como uno
de los poemas sentimentales más emocionantes que pue·
den existir a ese respecto.
Usted ama a un joven que es ciego de nacimiento; él
tiene una inteligencia extraordinaria y un corazón generoso; ha resuelto no hacer desdichada a ninguna mujer, uniendo su destino al suyo que es tan aciago; sólo
se permite endulzar su triste vida con algunas amistades tiernas, poéticas, y en extremo delicadas; &lt;Blanca&gt;
es su amiguita predilecta; ella lo ama en secreto y lo
rodea de una atmósfera de cariño que lo consuela y Jo
confot'ta .•..•. pues bien; siga usted de este modo y Ji.
mite sus ambiciones sentimentales; el mejor sistema de
filosofía es el de aceptar con resignación la felicidad
que se tiene, y no codiciar con desorden ninguna otra.
Hágalo as! y 11erá como su amargura se cambia en una
melancolía dulce y tranquila.
PARA EL CABELLO. M. L: Es muy eficaz para
evitar la caída del pelo, impregnar bien la raíz de este
en jugo de limón. Varios días debe aplicarse el citado
procedimiento, después se suspende para que no se endurezca el nacimiento del cabello, y luego vuelve a repetirse la misma operación, hasta que se nota alguna
mejoría en ese senti,do.
Si no obtiene un resultado satisfactorio le aconsejo
que use el cocimiento concentrado de una yerba llamada &lt;sangre de drago &gt;

RESPUESTA. Luz MARIA: En el número anterior a
éste se publicó la cont~stación que tuve el gusto de dar
a todas sus preguntas, Me res.Jlví a hacerlo así, porque

No es aventurado afirmar que existe entre estos dos adornos de la
cara humana, un indefinido y misterioso lazo que tan estrechamente
les une, que la hermosura de los unos se realza con el brillo de los
otros. Tal vez de este fenómeno dimane la creencia popular de que la
pérdida de los colmillos, llamados 'dientes del ojo, " tenga por correlativo una disminución de la vista;-creencia que no tiene fundamento
científico alguno, pero que demuestra hasta cierto punto que el fuego
de los ojos parece apagado por una dentadura que afean algunas mellas.-¿ Puede darse el epít'eto de encantadora a la sonrisa de una hermosa mujer, si sus ojos no brillan y sus dientes no resplandecen de
blancura? Nuestras miradas establecen instintivamente estrecha correlación entre estos dos órganos esencialísimos, y se sienten heridas por
los defectos del uno o del otro. i Cuántas veces ocurre que defectos de
esta índole, al parecer imperceptibles, sean la causa de que nos alejemos de las personas a las cuales aquejan, y aun sintamos por ellas una
repulsión injustificada!
Es verdaderamente extraño que se conceda a todos los órganos
del cuerpo mayor atención y cuidado que a los dientes ! ¿ Viene esto de
que los dientes pueden cubrirse con los labios? Es probable. Hay tam bién gentes que limpian solamente lo que se ve: el vestido, las manos,
la cara y la parte del cuello que !&gt;ale de la ropa: todo lo demás, lo que
está oculto, queda sucio. Una cosa e~ casi cierta: los que no cuidan
sus dientes, tampoco cuidan del aseo del cuerpo. Pocas veces se equivocan aquellos que tienen por dejados, sin energía y de oocos alcances
a las personas que dejan que se les pudran los dientes. A estas personas se les puede desear que caigan en la cuenta de que es mucho más
importante cuidar los dientes que lavarse las manos. La naturaleza no
nos da una dentadura completa,sino una vez en la vi da. Del estado de
los dientes depende todo la digestión, por consiguiente nuestro bienestar; luego, en parte también, la duración de la vida.
Si la limpieza de los dientes exigiese un trabajo difícil, imponiendo al cerebro o a los músculos un gran esfuerzo, se podría comprender
el miedo al aseo. Pero ies trabajo tan corto, fácil y cómodo! Todo
consiste en acostumbrarse a lavados antisépticos de la boca diariamente con el Odol. AuI\que no fuese más que por la sensación de refrige-

SIEMPREVIVA

playas, por las hirvientes aguasde un tempestuoso amor; no quiso ya mi alero porque lo asaeteaba el frío, amó la p rimavera,
adiós y siempre adiós!
Adiós y siempre adiós. ¡Partamos pres· ~uyamos presto, golondrina, donde la
to, de otro alero, que el mío lo dejó triste: pnmavera ne, es _fuer~a 9ue apuremos la
en la golondrina, que el invierno llegó con copla del amor, ~1 el 1_ovierno torna a cusus hilos de cristal; surquemos por los ma· b nr n~estro bohio no importa, busquemos
res ~n busca orfandad y sin amor!
un~ pr1mav;ra m_ás....
_
.
M1 compañera ha huido por las remotas I Mas a donde iremos? l Donde la prima-

rio y de bienestar que sigue inmediatamente a estos lavados, todos deberían practicarlos. Estos lavados antisépticos (llamados baños antisépticos de la boca) se hacen guardando primero en la boca un sorbo
de agua odolizada por espacio de 2 o 3 minutos, para que el antiséptico del Odol penetre bien por todas partes; seguidamente enjuagándose
bien la boca con un segundo sorbo, de modo que el líquido pase por
entre los dientes, lavándose luego ccn vigor; y finalmente haciendo
gárgaras: esto es lo que se llama odolizar. Los que se odolizan con regularidad por la mañana, la tarde y la noche, protegen en absoluto
sus dientes contra las caries y purifican su boca de todo hedor. P or
tanto aconsejamos con buena conciencia a cuantos quieran conservar
sanos sus dientes, y exenta la boca de malos olores, se acostumbren a
lavársela con el Odol. Las personas que tienen muelas p icadas serán
las que más especialmente experimentarán la influencia benéfica de es•
tos lavados: en este caso es cuando su acción es rápida y sorprendente. Acostúmbrense, pues, todos a lavarse con regularidad la boca con
el Odol. Los que sigan nuestro consejo nos lo a gradecerán más tarde.
v_e~a ríe ?·¿No es locura en vano buscar el
hb10 a_mor? Y_o sé que la flor. nace para
cumphr S? sino. Como la v!da de este
mundo: baJo el color de un pnsma, un sople Y nada mss. · · ·

esencia de rosas, y una famosa belleza
norteamericana gasta más de veinticinco
mil pesos anuales en baños de esencia de
violetas de Parma. En cada baño echa cin•
co litros de perfume. La moda de los ba[L.©)~ Thi@mí©~ ~(!!) frll~Ir&lt;OO
ños de flores se está extendiendo tanto eo
Nueva York, que ya se ha abierto un esta. .
, . blecimiento de rosas, lirios del valle, pino,
Una popul:r actriz 10glesa toma diana- violetas O cualquiera otra flor .
mente un bano de agua de mar, leche y

Tull©ll\l\!U!filt~ll\l~©:&gt; .mil Il!lilVtll'llfr©lll"
(d]¡ell 001IDm:~~1r
Pablo Mauser, el célebre inventor del
famoso fusil que se ha extendido por todo
el mundo, comenzó su carrera como modesto aprendiz de herrería en 0berudorff.
Al ingresar eo el ejército, prestó servicies
en un arsenal, y unido con su hermano
Guillermo, empezó porinventar un gatillo
automático, que fué el principio de su célebre fusil que se halla adoptado en Francia. Alemania, España, Servia, Turquía,
Bélgica, Japón, México, Chile, Argentina,
Guatemala, Suecia, y . e? muchos otros
países.
Su ciudad natal acaba de erigir un monumento al célebre inventor que de origen
humildísimo llegó a poseer uoa enorme
fortuna

UNA MODA EXTRAVAGANTE
-MIMOSA: Si prefiere ustedatenerse a mi consejo, no dudo indicarle
que no siga la costumbre extravagante y ridícula de llevar en los
brazos o a su lado, en el carruaje,
un pequeño perro faldero. Es cierto que dicha costumbre es actualmente el gran &lt;chic&gt; de las damas
parisienses, pero también es cierto
que no deben aceptarse todas las
excentricidades de la Moda,pueshay
algunas en las cuales no se encuentra ningún rasgo de genio artístico, El antiguo tardado ioglés.-Banda
ni aun siquiera de buen gusto. Esos
de bordado de seda pasada sobre
diminutos y feos animalillos, colocatela de lino.-Motivos florales bordos sobre el lujoso coj&lt;n de seda o de
dados en laca sobre tela de lana.
paño que tienen los asientos del
-Tapiz antiguo bordado con lana
&lt;auto&gt; o del carruaje, preseutan una
Eobre satín.-Motivos para bordanota discordante en la elrgaociadel
do de tapiz de hilo blanco.

n-gla groera ), sólo sen aceptadcs
por caracteres superficiales, a man tes
de la imitación y de las sorpresas
llamativas.
MARGARITA.
o oo
Al hombre, para cooocerlo, es preciso o darle autoridad o eoriqueculo.
o oo
El iostinto de la lógica fe rE bela.
contra todo lo que nos emeñan.

Una niña, a quien su madre le explica
que los peces grandes se comen a los chicos, pregunta:
- l Y también comen sardinas?
- -Sí. h ija mía.
- l Y cómo Laceo para abrir las latas?
o o o

Un frenólogo estudia la cabeza de un
niño y exclama ru;ombrado:
- Señores, estamos en presencia de un
caso extraordioario de amor filial! ¿Verdad, hermoso, que tú quieres mucho a tu
papá?
-No señor, porque me pega y me levanta chichones como e 1 que está usted
toca.ndo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

de sus calles poco aireadas. con su ajetreo
continuo y su hacinamiento humano . ... . .
Amada, ven!
Amada, en los huertos ofrecen ya su'4lro
sazonado las mazorcas. Y por sobre el oro
viejo de las espigas, la tórtola deja oir su
voz -quejumbrosa, su sentida voz, como
arrullo tierno, invitando a la dicha, al
amor ....
Los sentidos se embriagan y se avivan
con el ritmo doliente de esa voz, de esa
dulce voz de ansia, de celo, que cosquillea
nuestras vísceras sentimentales, a las que
sentir hace la llegada de la canción, feliz
espacio de tiempo en que los corazones
florecen y vela el amor .... Amada, a cantar, veo!
Amada, por el día el cielo tiene transparencias profundas; y por la noche, toda
CURA POSITIVA PARA LAS
en reverberación, claridad tenue de lánALMORRANAS.
guido atardecer.
Los horizontes flamean y rutilan, cual
El Ungüento de Muoyóo para las Almo- espejos lunares. Amada , a soñar, v_enl
rraoas alivia instantáneamente. Es un oue- Amada, en los prados _por doquier brovo método completamente limpio. El Un- tan, ~ mont•mes, margaritas y ama~olas, y
güento viene envasado en un tubo de esta- las silvestres flo~e~, que surgen a m~llares,
ño. Es el único instrumento que hace lle- truecan este dehcio~o campo en un ,omeogar el medicamento al origen de la eofer- so vergel que no cuida mano alguna. Amamedad. Con dicho tubo medica usted las da, a coronarte, veo!
partes inflamadas que no pueden alcanzarAmada, el _silencio gra".'e J maje~tuoso
se con los dedos. Precio; 50 centavos.
de la selva virgen. al med1od1a convida al
descanso. Y esta agrada ble laxitud de las
U.N MEDICO PROMINENTE DE HA- horas muertas, de las horas de siesta estivales, me recuerdan tu mirada, llena de
luz y de color, que se apoderaba de mi alBANA TESTIFICA:
ma sumiéndola en exquisitas ensoñacio"El que suscribe. Médico Cirujano, etc,. nes ...... Amada, a descasar, ven!
certifico: Que he usado con buen éxito en ¡Ven, Amada!. ... ¡ Dónde estás, Amatodos los clientes que han padecido de He- da ? / Por qué no vienes, Amada? En estas
morroides, el Ungüento de Munyón para horas febrile~, de sopor y de bochorno
las Almorranas, habiendo 'Obtenido resulta- urbano en que un como fuego lento
dos satisfactorios. Y para que conste expi- parece que recorre todo nuestro sér; en
do el presente en la Habana, a ocho de ju- este campo color de esmeralda, es e.onde
nio de mil novecientos doce.- DR. JOSE está la salud epidérmica, el sosiego, la
F. DAVALOS."
frescura del alma ...... Todo un edén de
EL REMEDIO PARA LA SANGRE, optimismo y esperanzas . . •. Amada, deveextirpa todas las impurezas de la sangre, raneo, veo!
50 centavos. Marca 3 X, $ 2.
o o o
EL REMEDIO PARA EL ESTREfüMIENTO. El más podercso, el más cientí. fico y eficaz para esa enfermedad. En tuAsí con voz melancólica, cual sale de los
bos, por 50 centavos.
maizales la quejumbrosa canción de la
EL REMEDIO PARA EL HIGADO, tórtola, así ll!ma el Príncip~ rubio a su
cura positivamente la Biliosidad, la Icteri- du!ce companera, ª la genh_l Y hermosa
cia, el entorpecimiento del Hígado, la sen- ~r~mavera, que, cual . otra Mir_eya, ~n la
sación del Cansancio y Agotamiento, la ulti_ma decena de J umo sucumbió de insoVentocidad del Estómago, etc., etc. se ceo- lacyió\ i,': · ·.
b'
tá b . 1
d
tavos. Marca 3 x, $ 2 _
e nnc1pe ru 10 e~
aJo e pe 7o e
un gran dolor, aunque siempre ¡el mismo!
Pida usted la "Guía de la Salud," de éuerte e inmutable, trate de ocultarle bajo
Munyon, en las Droguerías de J. Labadié la clámide dorada de su optimismo; su doSuc». y Cía., Av. San Francisca -43: J. lores hondo, intenso: ha visto destrozada,
Uiblein Sucs., 3a. Av. Bolívar25; Johannsen, en la flor de la juventud, su primera ilu·
Félix y Cía., Av. San Francisco 39; Dro- sión, su imagen poéti;:a más bella, su ideal
guería del Elefante, Av. Isabel la Católica más alto, la luz más viva de su estrella d&lt;'
6; y otras. Consultas por correspondencia, amor ..... .
confidenciales y libres de todo gasto.- Por eso, en el monte y en el claro, en la
MUNYON'S 53 AND JEFFERSON,. montaña y en el llano, en el valle y en los
PHILADELPHIA, E. U. de A.
prados se oye el eco sonara de su canción
el_egíaca: ¡VEN, AMADA!

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oo o
cosecha, hasta la menuda tórtola que e"
· d d
d
sus tiernas endechas, parece decirle al
L a cm ~ , sosega. a por 1as man~nas, se hombre urbano:
la v~ respirar con d1_ficultad a medida que --No te quejes, hermano, sin este sueño
El poema del año. Hehos avanza. Su aliento abrasa y por los que semeja la muerte; no te quejes,poblapulmones-qne son los parqueS--echa fue- no, que sin este bochorno que ha ce sudar
Ven, Amada .... !
go, fuego lento. Y en llegand0 las tres de fuego humano. no obtendrías un solo graVen, Amada .... 1 ¿Dónde estás, Amada? la ta_rd~, se hunde todo en un como ador- no ..... .
¿ Qué esperas, Amada? l Por qué no vienes, mec1m!ento.
Amada?
La tierra, dura y seca, ronca. Hombres
PEDRO ALEJANDXO LOPEZ
En estas horas febriles, de sopor y de Y arboleda se sumergen en pesada sies•
bochorno, en que un como fuego ·lento pa· ta.• ....
rece que recorre nuestro sér, todo ; en el
Sólo los mozos se burlan de este bochorcampo, en el bosque o en la montaña, es no.. El amor por sus corazones pasa; amor
donde está la salud epidérmica, el sosiego, estival que abrasa, pero que procrea; amor
la frescura del alma......
multiplicativo que ningún sér humanodes·
La ciudad Amada asfixia con el humo conoce, desde el ingenuo y laborioso cam·
de sus fábric~s, con 1~ monótona estrechez pesino que alegre habla de su abundante
La dicha es un beso que nos da la vi da

LOS CELEBRES

tan de ligero, que apenas sueca su cb .. squido, cuando perdemos su sensación.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1913, Año 20, Tomo 2, No 9, Agosto 31</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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