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                  <text>��EL MUNDO ILU STRADO

Contestad ÁEsta Pregunta
., Cl!ando un remedio ha vivido por más de
treinta años, aumentando continuamente su popularidad é influencia, y miles de miles de mujeres
declaran que deben sus vidas á él, no es
lógico suponer que es un artículo de
gran mérito?
Desafiamos al mundo entero á que
se nos presente otro remedio para
cierta clase de enfermedad que haya
obtenido la jnmensa demanda y man•
tenido la misma por tantos años como el
Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia E.
Pinkbam, el famoso remedio para enfermedades de señoras. Solamente siendo
una medicina que produce r esultados
maravillosos y muy honrados los reclamos
de ella se hacen, es posible
alcanzar el admirable éxito obtenido
por este remedio.

.,\!&gt;~

.EL COMPUESTO VEGETAL DE
LA SRA. LYDIA E. PINKHAM
"Elkbart, Indiana.-" Por espacio de catorce años estuve sufriendo de
inflaJ'!lación orgánica, debilidad femenina é irregularidades. Los dolores
en mis costados aumentaban cuando camini.ba ó permanecía de pie y tenla
U;rrible dolores tirantes hacía abajo. Además, estaba triste, sentfa mis
OJOS pesados, y me volví flaca y páhda. Seis ¿octores intentaron curarme,
pero el alivio que me proporcionaron fué sólo temporal.
Decidí probar el Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia E. Pinkham y usar
la Loción Sanativa. Durante cuatro meses estuve haciendo uso de los citados remedios y no tengo palabras ahora para darle las gracias por los
beneficios obtenidos. Si estas líneas pueden serle útiles, tiene Ud. mi
permiso para publicarlas. "-Sra. SADIE WILLIAMS, 455 James Street,
Elkbart, Indiana.
. Si está Ud. sufrit'ndo alguna de estas enfermedades y desea un consejo
t.Speclal, escriba confidencialmente á Lydia E. Pinkham Medicine Co.,
Lynn, Mass., E. U. de A. Su carta será abierta leida y contestada por
llDa señora f considerada estrictamente confidencial.
...._

COMO NUBES EN EL GIELO SON LAS PEGAS EN EL ROSTRO

canonista; y eran motivo de controversias vo necesidad de las luces de_! docto profe·
apasionadas en los ceoáonlos y en los co• sor; y Je despac~ó un propio con carta
rrillos, desde el puente de Sao Stéfaoo al autógrafa o sem1an!ógrafa, el ~nal a ~u de·
de Sao Felice.
bido tiempo cumplió ~u cometido. G1ovao·
A mí, de paso sea dicho, se me oc!1rre ni. catól_ico fervcroso y ª!1st_ero, no menos
una solución del primero, de que casi me que sabio profundo, se s10hó_ ~ob!emtote
avergüenzo por su misma trivialidad. ¿No balaga~o por ~sa s_eñalada . d1s110c1óo_. 9ue
cabría suponer que las costumbres de la prove~1a d_el v1can~ de Cristo y s~ dir!gía
época no eran tao contrarias, como sopo· a su c1eoc1a, y se dispuso a la gloriosa ¡or·
oemos. a que las mujeres de la clase aco• uada.
modada se dedicasen a graves estudios? Y Pero su cátedra no podía quedar buéroo sería posible que los comentarios de los faoa ; y era difícil, en aquellos tiempos en
convecino~ de Aodrea naciesen, más que que no se tropezaba con un doctor en ca•
de la extrañeza, de la natural propensión da esquina, encontrar sustitoto al egregio
a fiscalizarse mutuamente de los que viven comentarista.
muy cerca unos de otros?
En este apritto fné donde se pusieron
Mientras este árduo y delicado proble· de re_lieve 1~ sagacidad _de Aodrea y su
ma histórico se p&lt;-oe en claro, contenté· espíritu previsor. Traoqu1Jameote propuso
monos con saber que los boloñeses esta- al senado de la Universidad que Novella,
bao divididos en dos bandos, con motivo so bija y su discípula eminente, lo sustitu•
del caso, extraño o no, de Novella. Unos, yera en su ausencia y explicara cánones a
los menos, aplaudían al padre y encomia• sus alumnos.
.
bao a la hija. Otros los ceusurabao agria· No hay par a qué decir que la propoesta
mente o los crucificaban con burlas dis- cayó como centella fulmiuante en el claus·
cretas.
tro universitario, y poso en conmoción pri·
De todos modos el hecho mantenía cier· mero a los ebtudiaotes y al vecindario
ta agitación agradable en la ciudad. Bolo· luego.
oia, en aquel_los tiempos remotos, no peca· El catedrático de prima, conservador a
ba de al:gre, a pesar del grao concurso macha·martillo, declaró que Aodrea co•
de estudiantes, ~ume~tado eoto~~e3 por el meozaba a chorrear; y que Ja preseor.ia
renombre de G1ova01 todrea, lux, ceo- de Novella en la cátedra producir!a ver•
sor, oormaque morum.
.
dadero escándalo.
En honor de la verdad, tanto más digna
de honra cuanto menos pródiga de su pre· El de súmulas. hcmbre amigo de ooveseocia, debo decir que las facciones pro y dades, Je alegó que eso dependía del puoaotioovellista habían perdido un poco su to de vista; porque tal ~e escandalizaba
antigua virulencia, cuando ocurr ió un in- por el arrullo de una tór tola, y tal vtía,
cideote que las hizo buJJir y eofervori• sin fruncir el ceño, apedrear un judío o
zarse.
descuartizar no crisriaoo,
La santidad del Papa Booifacio VIII tu•

El Feminismo de Antaño
_

Novella era muy docta y muy linda. Las
doocellitas de q uioce se detenían siempre
Ocultan la Limpieza y Lozanía de la para verla pasar, como embobadas; las
Tez. Desperfeccionan la Belleza. mozas de su edad le pooíao tachas; las
cuarentonas la llamaban marisabidilla.
Es lo cierto que No.vella era eocaoto
para la vista y regalo para el oído. En to
Por qué no desvanecer las pecas y todas da ~olooia no había mucbac~a ~e ma.l'.or
las manchas en la ca· gentileza; y en su famosa uo1vers1dad 010•
ra , con la CREME gúo estudiante disertaba con más facuo&lt; SIREN &gt; CONTR A dia.
LAS PECAS? Prepa· Por la apostura no parecía Novella nija
rada por especialistas de su padre, célebre a la vez por su mu·
con muchos años de cho sabe r y su poca estatura; en cambio
experiencia, UNICA· con él corría parejas en eso de glosar de·
MENTE para destruir cretales y clementinas. Sus ojos, negros,
de una manera radical húmedof, profundos, como los de las man·
toda clasi: rle pecas y docas de Aodrea de Sarto, chispeaban eco
manchas en el rastro. Esta CREMA &lt;SI· el f~ego sacro,_cuaodo disputaba sobre el
REN&gt; COXTRA LAS PECAS es ya bien sentido recóud1to de alguna ?e las reglas
couocida como muy eficaz, en México y en de Sextus. Y su voz argeot10~, de tonos
todas partes. Tarro con valiosas indicacio- tao su~ves c~mo los de Cordeha, se alza·
oes 2.50. Por correo, certificado S2 6S.
ha cas, al diapasón_ pedantesco.
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En venta: Johaooseo, Félix y Co., Av. . l Por qué ~1ovao1 Aodrea había _perm1S Francisco 39 -J. Labadie Sucs. y Co,• tide a su h1¡a engolfarse en estu01os tao
Av. Sao F rancisco 43-J Uihleio Suc., poco acomodados a su sexo, dadas las cos·
3a Av Bolívar, 25.-A Vargas Sucs, Isa- tumbres de la_ época? Y ¿por qué la b~lla
bel la Católica 6 -México.
mucha~ha olv1dab_a tanto tiempo su luc1eo
te espe¡o de bruñida plata por el polvoro·
so "!&gt;peculum" de Durando( Estos dos in·
trincados problemas, que pudieran ten tar
la paciencia, el espíritu crítico y la invectiva de los eruditos, preocupaban ya a los
compatriotas y coatP.mporáoeos del gra0

RECETA PARA EL REUMATISMO.
Extracto compuesto vejetal Arvelina, 15 gramos;
J a rabe compuesto de hipofosfi tos,
45 ¡¡ramos,
Jarabe compuesto de Zarzaparrilla, 6o gramos.
Cómprense estos ingredientes en cualquier
Botica, mézclelos cada uno en su propia casa y
tómese una cucharadita después de cada comida
y ~1 acostarse.

S

I Vd. cree que la palabra '\Vorcestershire significa
la Salsa Worcestershire de origen o sea la
LEA &amp; PERRINS, os engañais.

Esté V d. prev~nido ! De la primera impresion por parecida
que sea la semeJanza de el fra ~co y de la etiqueta con los &lt;'e
Lea &amp; Perrins no acepte l1 marca q ue le ofrescan, a m es de
haber visto la etiqueta dete r.idamente y de comprnLar la firma
de Lea &amp; Perrins, en letr:is blancas.
La ucfrara l,J .nea socre
la

cllqu~t • rcfa:

A -

~

/'//.r.=:;.,_A!.q¡

ind ica

la verdad era

~ALSA ,✓".:RCESTER~ HIRE
de origen.

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EL MUNDO ILUSTRADO

LO MALO DEBB
desaparecer. ¿ A cuántas persoi

CAPITAL SOCIAL:

EL BUEN TONO,

$10.000,0QO

naii les gusta el sabot· y olor del
aceite de hígado de bacalao 1
" Seguramente á nadie," contes◄
tarán todos. " Es una de las
cosas más repulsivas en el mundo.
Algunos lo toman indudablemente, pero sólo porque se les dice
que debe tomarse." ¡Pensa,r que
1m medicamento precioso no puede emplearse cuando es neces1Pio,
sin repugnar y molestar al pacienie I Y, según el público declara,
las emulsiones son pQCO menod
ofensivas que el aceite al natural.
Pero el reinado del te1Tor pasó ya.
La ciencia vino al fin al rescate.
Ahora puede usarse una medicina
eficaz sin que su olor y sabor causen repugnancia. Porque en la

s. A.

Cuarta Colección No. 45

P'ONOO RICARDO COVARRUBl.4\ft

DIRECTOR GENERAL:

E. PUGIBET

MEXICO.

Registrado como artículo de seg11nda clase 3 de Noviembre de 1894.-lmpreso en papel de las F'ábricasde San

Año XX.-Tomo 11.

México, Septiembre 21 de 1913.

Rafael.

Número 12.

f&gt;REPARACION de W AMPOLE

se tiene el resultado de un triunfo farmacéutico probado y bien
merecido. Es tan sabrosa como fa
miel y contieue una solución de un
extracto que se obtiene de Higados Puros de Bacafao, combinadon
con Jarabe de Hipofosfitos Compl:.02~-o, y Extractos de Malta y
Cerezo Bi!vestre. Estimula las
secreciones de~ iugo gástrico y es
el remedio más eíi.caz contra la
•Anemia, Enfermedades Agotantes, Postración que sigue á las
Fiebres, Bronquitis y Tísis. El
Dr. G. Malda, Ex-profesor, Ciruj~no y miembro de la Academia
Nacional de Medicina de Méxir,o,
dice: "Una de las mejores '-ormas de administrar el aceite de
hígado de bacalao, es prescribiend :&gt; la Preparación de Wampole, de
s:ibor agradable y perfectamente
toleracia por las vías digestivas.
Yo la receto hace muchos años,
con el mejor éxito." La nuestra
satisface á los más difíciles, porque cumple lo que se espera de
ella. Es efic3z desde la primera
dosis y justifica la confianza que
aconsejamos se ponga en el1a.
Basta una botella para convencerse. " No tiene substituto."
De venta en todas las Farmlcio.s.

¡Caso?a~ apacbismo en Arvejonia!
¡ladrones automovilístas. émulos de
Bonot r Cía. haciendo victimas de sus
!echonas a los honrados arvejones!
ésto rebasaba toda medida y el rey
Borraja XVI bízo llamar a su ministro
de poli~í~ '""" 8

.,___.,, ~
_tt-C ~

fil
. ! 11111/i l.'

.....

.,!! • -

de la casa F. Wollt y Son. recuerda la

tragar. ◄

Boca .voluptuosa~Labios deliciosos, suave fragancia en el üllento

---..

VIULETAS RUSAS DE_QUENTIN
A

esas

ho&lt;;as de
mu¡er entrto cuyas
perlas 1se
ª r ru( ª
la ~onrisa,
esla, pas•
•illa~ les
"' crasrnit e o

su fragan•
cia cc,lestial. D ,j,.o sabor de ambrosía y eo la &lt;'Oo·
versación y eo su e 1010 coostituven el almi fascioadora dc, la mujer eleg rnte. Eo
el hombre son su espíritu con ¡uistarlor.
Cajita artística 50 es Cc,rrificada oor correo, 6o cs.-En México. J. Lab,die -.ucs ,
y Co., Profesa 5.-Joh~onsen, Félix y Co.,
Av, Sao Francisco 39.-A. V ,ri,s, ',uc~.
Isabel l:i Católic1 6.-J. Uihleio S1.:s, Co·
liseo 3.

--

Cu~;;-dolc;'s cacos. seguros de su ímpunidad se apeaban del coche para repartirse el botin, como un buracan se
les vino encima el ministro que no tuvo mas que tomarlos del ciiello, montarlos en su propio auto y llevarlos a
chirona.

ta de tan grandios
rey ordenó que todos los polizontes fumaran ALFONSO XIII, po"r lo que los apaches, perdida la esperanza de ~
hacer de las suyas, ahuecaron el ala y •
gracias~ los cigarros del Buen Tono,
la se~un~ad ha renacido en el plácido
y fehz pa1s de los arve1ones.

"EL BUEN TONO," S. A., tiene registrada conforme.á la ley, la propiedad de estos anuncios.

EL PERFUME ROSE DE CHIRAZ
cla suave de las rosas de Persla.

' - -~

· ~ ~ Al doblar la esquina pudo ver como
- unos apaches, des1,&gt;uesderobarsumu.
~ !-eta a un pobre COJO, hujan velozmen~ te en su auto. Una idea 1lum106 el cerebro del ministro: colocó el cigarro
ALFONS(? XIII entre las roe~ de
unos paunes, se los calzó Y . • - • -

6RANDtS PREMIOS: PARIS 1900

Y ST. LOUIS MISSOURI 1904.

PROVEEDORES DE LA
REAL CASA DE ESPAÑA

POR REAL DECRETO DE
17 DE FEBRERO 1909.

LA MEJOR CERVEZA DE LA REPÚBLICA, ES LA DE MOCTEZUMA, ORIZABA .
A la iuna

Los días de la semana

El profesor.-Pues bien, ¿cuánto tiempo Eduardo que es un niño ioteligeotísimo,
necesitaría usted para llegar a la luna que de siete primaveras, llamó a su primo En·
dista 384.000 kilómetros de la tierra?
rique y le dijo:
El discípulo.-Nó lo sé. Eso depeorlería
-Querido Enrique. ¿A que no eres cade los caminos.
paz de citar ciuco días de la semana sin
prnuunciar sus nombres ?
- - - - -- - - - - - - - - - - - ' - Eorique exclamó tranquilamente:
p
.
-Ya lo creo que los digo, lunes, marara niños Y
Alimento ._exce- tes...
Iente p_ara nmoi;de
-Bueno. pero los otro cinco sin pronuocualquiera _edad, ciar su nombre.
O
sanos
débiles Y Enrique se quedó irrésoluto. y entonretrasados ~ en su ces Eduardo ante el estupor de su primo
derrollo. N1ngun~ exclamó:
le supera par~ evi-Anteayer, ayer, hoy, mañana y pasado
y combatir la mañana.
diarrea, el cólera
iofaotil, el catarro
adultos.
o o o
ictestinal, etc.
"El Niño de p~cho," folleto instrcctivo
gratis en las dro; uerías y farmacias.

Una peseta más.

Doña Salustiana Ruilova tiene on hijo
de ocho años, muy aficionado a las repre•
seotaciooes teatrales.
El otro día cediendo a las iosinuaciones
de su hijo lo lle,-ó al teatro, y naturalmeate, á la entrada que se llama de gallinero.
Durantelarepresentac ión,intensado por
d
·
la marcha el asunto, se apoyó el n,ño demasiado en la baranda sacando fuera su
cab~za.
-Niño mío-exclama la sEñora muy
alarmada -Te vas » caer a las plateas, y
ya sabes que se paga uoa peseta más.

tu

El desfile m litar del día 16.- La . Escuela Preparator,·a desf,"lando por I

a

A

venida de San Francisco.

�En el arte flamenco los c ie~os son motivo de l!enzos
y de asuntos para grabados. W_ael _en _su proces_1ón de
EL MUNDO ILUSTRADO
ciegos ha m1strado suma_ perspicacia, viéndose d1feren:
tes ti pos de esos desgraciados unos tras de ~t ros. El re
5BlldANARIO DE ACTUALIDADES, ARTE Y LITERATURA.
signado, el razonador, el místico, el que siempre bromea, el charlatán sempiterno, todos marc~an cantando,
como en otro tiempo los leprosos, en los d1as en que s~
DIRECTOR PROPIETARIO
les perdonaba.
.
LIC. ERNESTO CHAVERO
Van Dyck en su &lt;B~lisario&gt; prese~ta al ilust_re ~eneral romano, que como se sabe e~a ciego con c1er,a ac•
titud soberbia, dimanada más bien de su carácter gueOFICINAS:
rrero, que de la desgracia que s~fría. ~o vemos más
bien ecbado que sentado en un sillón; hende la mano
3f Calle de la Rinconada de San Diego No. 41.
con un ademán al que no nos tienen ac~stum~r:dos los
Teléfonos:-Mexicana, 20-85 Neri
mendigos, su rostro es atormentado, t~ág,co; d1r!ase q!1e
Ericsson, 14-51
sirvió Mounet·Sully de modelo al artm~ del s1gl&lt;;&gt; diecisiete. En torno suyo las mujeres. se ap1ada!1! un ¡oven
Apartado Postal 149.- México, D. F.
capitán considera, inquieto, al &lt;virtuoso m1htar&gt; que
restauró el trono de su emperador y se ve recompen·
s'ldo por el destierro, la miseria y la más. cruel de las
PR.ECIOS DE SUBSCRIPCION MENSUAL:
desgracias. Pura leyenda, por lo de':llás, 10ve!1ta~a por
En la Ciudad ............................ S 1.00
un fraile del siglo doce que confundió ~ Behsa~10 con
Juan de C:i.padocia, leyenda poco _conoc1d~ en tiempos
(pagadero por adelantado.)
de Van Dyck, pero que habla de 10mortahzar más tar·
En los Estados ....................... ,,,,, S 1.25
de la escuela de David
_
(pagadero por trimestre adelantado.)
A veces el ciego es motivo de burla y de enganos de
En el Extranjero .......................... S 2.00
ciertas almas perversas Aquel &lt;Guzmán de Alfarache&gt;
de la clásica novela que juega uo_a mal": ~~da al ve. nerable anciano, privado de_ la vista, s1rv10 de asu~to
(pagadero por semestre adelantado.)
al pintor francés Teódulo Rlbot para uno de sus me¡_ores lienzos. Sin embargo, en todas las épocas de l_a h1s·
NUMEROS SUELTOS:
toria, .el ciego ha encontrado un verdader':' es(?irttu _de
caridad; ya en su propia familia c~mo el 10fehz Ed1po
En la Capital ................ . ...... .
que gozó de la filial pie:l.ad de Anllgone, ya e!1 un s10En los Estados ............ ...... ....... .
número de instituciones, ya en fin, en actos s10gula~es
como el que acabo de citar y que me ha dado mouvo
En el Extranjero . . .......................... 0.50
para estas líneas.
Atrasados .................................. 0.50
Y no creas, benévolo lector, que sólo estos ciegos víc•
timas de cruel dolencia, son dignos de lástima; que tamPara la publicación de avisos en este periódico, diribién los otros los del espíritu, los que &lt;tienen ojos y co
ven&gt; los que se aferran a grandes errores, los qi.e regirse a B. &amp; G. Goetschel, Avenida 16 de Septiembre,
chazan la luz de la verdad, los que se niegan a &lt;;ue las
16. Sus agentes en Europa, la Societé Mutuelle de Pu·
mayores certidumbres les enseñen, toda esta gente ahoblicité, 14 rue de Rougement, (g e).
gada por el murmullo· de que todo lo saben, y con la
hinchazón vacía de la vanidad, es mucho más ciega c¡ue
el que cerrados sus párpados a la luz o padeciendo alguna de las múltiples enfermedades que atacan ~ la
vista, se nos presenta causándono_s profunda compasión.
Esta no la merecen aquellos: ¡de¡adlos que se estrellen
contra la realidad que les convenza de sus errores! ..••
DIRECTORIO

La vida que pasa
UNA HERMOSA ACCION

El suceso al parecer no tuvo nada de particular,
y sin embargo me conmovié hondamente. Fué al terminarse el desfile de tropa en la mañana del 16 Por
)as amplias avenidas desemboca~'.'- un tropel de . gente.
una ola humana. Coches, autos, ¡10etes en veloces ca·
bailas multitud desbordante, un escuadrón de caballería, todo ello sin orden, sin camino fijo, rnovi~ndose
como huracán de una parte a otra. En esto, con 1mpre·
meditada insensatez, vi a un pobre ciego en 1~ mitad
del arroyo, sólo, sin amparo y que en un momento viose rodeado de infinitos peligros. Fué un mom~nto d_e
angustia para mí, tanto más cuanto que me era 1mposi•
•ble socorrerle, por estu en un balcón viendo el cua•
-dro pintoresco de tan abigarrada multitud De pronto,
pasando por los peligros, casi atrope!lada p~r los ve•
bfculos, jadeante, pero serena, apar~c1ó una )~&gt;Ven que
apenas contaría 18 años y con decisión atrevida coge
ia mano del infeliz, lo arrastra a la banqueta, lo salva,
recoge el sombrero de aqut:1 hombre, que se había
-caído al suelo, lo limpia con su mano enguantada por
fina piel de Suecia, y solícita deja al cieg.:i en una caHe segura y libre de todo peligro
.
.
JQué sublime acción!. ... ¿no es cierto? .... Me 1m·
presionó tanto que hubiera querid&lt;;&gt; _saber el nombre
de la joven no para darlo a la pubhc1dad, que ~ veces
la publicidad mancilla, sino Pª:ª recordarlo ~iempre
con veneración y resp ~to. E I ciego es para mi el ser
quizás más desgraciado de la tierra, y la literatura y el
arte Jo presentan hasta como símbolo. En la infancia
leemos con embeleso, con ternura, el milagro Ele Cristo dando vista al ciego con sólo haberle pasado los de·
dos por los ojos, y entre las muchas ilustraciones de
este suceso, el agua fue-r te de Celestino Nanteuil rl~stinada a los &lt;Evangelios&gt; de Beda, es una de las me¡ores por su admirable factura. La :ictitud del que 110 ve
echado de espaldas en una puerta , apoya?~ ~n su ba~tón, con los ojos cerrados, y el rostro . dirigido hacia
adelante, es muy expresiva. Ante él, Cristo suavemente
aureolado se adelanta en un rayo de lu z y se contenta
-con levantar con un dedo el párpado caído.- En la som·
bra están los apóstoles y en el fondo ap'\rece la ciudad
-con sus azoteas luminosas y sus paredes brillantes.
Otro trozo del Evangelio, aquel que se refiere a ,los
-dos ciegos que se conduce el uno al otro, produce emeción intensa. Ambos son peregrinos; uno de ellos sirve
de lazarillo al otro: pero -uinguno da con el puenteci·
Uo y caen al agua y recuerdo el verso que hay al pie
-del grabado:
Mirad qué mala suerte la del infeliz ciego,
Que se confía en otro tan ciego como él._ .
Aunque se apoya en él marcha con paso 10c1erto
Y al hoyo ha de caer con su ~ísera escolta.

AMADIS.

LA MUERTE DE PAN

campo, la frescura de la fuente, la espesura de la enramada.
.
Nunca quiso reinar en la ciudad, n1 pretendió _q~e
sus devotos le erigiesen templos suntuosos en los sities
públicos; contentábase _co!1 ser adorado de la ~ent~ del
campo, bajo formas rusilcas y. groseras, al aire hbre,
·e n plena naturaleza, en. e_l propio centro de las fuer~a~
que reconocían su dominio. ¿ Pan qué altares magn1ficos si él lo era todo y estaba en todo ? El ritmo de su
flauta concertaba la armonía universal; una nota de su
camarillo resumía los murmullos de la selva, el rumor
de las corrientes, el canto de las aves, todas las voces
de )a naturaleza corpórea e invisible. Adorar el eco
más imperceptible era rendirle tributo.
Después, fué acrecent~ndose,su poderío. De las ,·er·
des praderas de Arcadia paso a los campos de to·
da la Hélade y su cuico fué extendiéndose, propagado
por los poetas bucólicos.
.
.
La frente del númen arcádico llenóse de pensamientos sombríos, al llegar a este punto de su evocaci_ón.
Como náufrago de un desastre, encontrábase en la isla
solitaria, s10 otra compañí~ que la de un fiel faun&lt;;&gt;, el
único sobreviviente, también, de la raza de los sáttros,
silenos y faunos.
El inmenso mar glauco se hundía en las primeras
sombras del crepúsculo que iba a presenciar el ocaso
del último dios heleno. Pan creJó percibir un debilísimo eco del canto de las sirenas y las nceanidas bacía
tiempo ex1inguido.
De los montes de la isla descendía a la pradera como un murmullo de trinos apagados Eó una verde colina triscaba una manada de cabras. En la distante
costa se aprestaban a lanzarse a alta mar unos barqueros.
.
b'é
-Ya que todos han muerto, voy a morir yo tam I n
-dijo el númen, saliendo de su abstracción melaocó•
lica.
-No quiero sobrevivir a la desgra&lt;:ia que ha caí~o
sobre la raza de los dioses; pero conmigo ha de hundirse para siempre algo que ya no conocerán las gentes
venideras
Luego dirigiéndose al fauno, ordenó:
-Pás¡me la flauta .... Voy a to~arla por última vez.
Tomó su instrumento favorito, hinchó los carrillos y
sonaron los cuatro primeros tonos de una solemne y
fúnebre melopea hipolida. Con la mirada fija en dirección a Atenas y con el pensam ieoto puesto en las
praderas de Arcadia, arrancó a su flauta los postreros
sonidos de la melodía infinita del Olimpo y de la augusta armonía del pensamiento griego.
El fauno, al oírla, comprendió toda la intensa angustia humana del dios agonizante y procuró consolarlo de
nuevo, exclamando con júbilo:
-ilo, Pan! ¡Lánzate a la conquista del cetro del
mundo, salva a los tuyos como en otros tiempos ve!1ciste al enemigo, infundiéndole terror con tu presencia!
Pan dejó de focar y repuso serenamente:
-Es tarde ya, y, además, no puedo eludir el cumplimiento de la voluntad del destino. Nuestra sue1 te t sta•
ba ese tita, antes de existir nosotros, les primeros dioses,
de los cuales salieron los demás.
Era inevitable la extinción de la desceodenc ia de
Zeus, y la ley va a cumplirse totalmente. El 01áculo de
Delfos ha enmudecido, y es fuerza que tedas las voces
divinas, que han venido resonando en las prcfuodidades del mar, en las alturas del firmamento, en las umbrías del bosque y en el fondo de los santuarios, se
apaguen para siempre. Día vendrá en que sobre las
rninas de los nuevos altares aparecerá otro dios desconocido ...... Y así, incesantemente, hasta el fin del mundo por disposición de la fatalidad, pero siento que las
fuerzas se me escapan, que la inmortalidad me abandona, que muero....
•
Fueron sus últimas palabras, dichas con la serenidad
de la inmortalidad caduca, de la agonía humana y del
crepúsculo moribundo que se extendía sobre la isla desierta.
Rodó la flauta al suelo y el cuerpo de Pan cayó pesadamente sobre la fresca hierba en medio de un profundo silencio, sólo interrumpido por los gritos del fauno.
Entretanto, los barqueros, atraídos por la extraña melodía que sonaba allá lejos, en la isla solitaria, venían
remando hacia ella. Cuando llegaron a la ribera, cesó
repentinamente la m1steriosa melopea, y, al cabo de una
breve pausa, oyeron aterrorizados un grito de~garrador,
que retumbó en la inmensidad del mar, y que decía:
- iEl gran Pan ha muerto!

Pan fué el último sobreviviente de los diorns de la
Hélade.
Extinguido el reinado de Ztus, conforme a la profecía de Prometeo, y viendo que no le era posible librarse del inexorable decreto del destino, anti cuya voluntad se doblegan los propios dioses, se refugió en una
isla desierta, pesaroso del espectáculo que ofrecídn a
su vista los altares destruídos y las estatuas mutiladas.
Veía próximo su fin, y la congoja que sentía ante la
idea de la muerte, era para el dios el más claro te~timonio de quu su inmortalidad tocaba a su término. Su
condición divina experimentaba ahorl\ las zozobras de
la naturaleza humana, inaccesible al dolor, conocía hoy
el sufrimiento; inmutablt!, perdía a menudo la serenidad inherente a los seres olímpicos; exento de flaque•
zas, desfallecía con frecuencia. Come, participaba de
las dos naturalezas, sufría como divinidad y como criatura perecedera El Pan humano suspiraba por una in- mortalidad inextinguitle, en tanto que el Pan divino
acataba sin prctesta el fallo de los hados.
Según su costumbre, hallábase aquella memorable
tarde a la sombra de una enramada, frente al mar azul,
cuyas olas llegaban bland;¡meote a la playa arenosa de
la isla, desde la cual se distinguía la costa de la sagrada tierra de los dioses. Una rama colgante acariciaba
sus cuernos de cabra.
-iOh, Pan, la tierra ya no es digna de ser habitada
ELOY FARIÍ\'A NUÍ\'EZ.
por los inmortalesl-díjole el postrer fauno, tratando de
endulzar sus últimos mc.mentos. Mira a tu alrededor y
o o o
no verás más que ruinas por todas partes. Oprime el
corazón pensar.en lo que ha venido a parar tanta granLas, primeras mesas de billar se hirie ron en 1827.
deza.
Hasta los olímpicos, menos tú, el más antiguo de ellos,
o o o
han desaparecido.
Todo lo que está pasando, es extraordinario y me lleUn joyero italiano ha esculpido un barco en una
na de terror. Algún titán, más poderoso que nosotros, perla.
se habrá hecho señor del mundo. Tal vez el dios desconocido ..... .
O CT O
Nada repuso el inmortal a las palabras del fauno, el
cual se tendió resignado scbre la hierba a los pies caEl aire es tan puro en Spitzberg, que puede disprinos de Pan, en v-i sta del tenaz silencio de éste.
claramente a una distancia de ochenta mi•
Nada del idílico paisaje ambiente veía el númen en tinguirse
llas
aquel momento; su imaginación volaba por los rientes
y húmedos prados de Arcadia, donde viviera feliz y
o o o
respetado durante tantos siglos, en compañía de pasto·
res y ganados que amaban, como él, la libertad del
Cada abeja cosecha una cucharada de miel por año.

Las razas balkánicas
La guerra entre Turquía por una
parte, y Grecia, Bulgaria, .Servia y
Montenegro por otra, oo ha sido
más que una fase de la contienda
que desde hace siglos está empeñada entre los pueblos de la península de los Balkanes y los turcos que
invadieron y conquistaron esa región, favorecidos por la decrepitud
y disensiones que minaban la existencia del imperio bizantino en la
primera mitad del siglo XV. Se trata, pues, no sólo de una guerra de
r,.Jigión, sino de una lucha de razas.
Los turcos, originarios del Asia
Central, forman una rama de la gran
familia de los tártaros, al igual de
los turcomanos que han permanecido en las llanuras del Turquestán,
y constituyen, por consiguiente, una
sección del grupo étuico llamado
··turanio."
En muchas épocas de la bistoria
los turaoios se han señalado por las
grandes invasiones que han t.echo
en todos los países limítrofes con la
región de donde son originarios. Con
el nombre de '·Hunos" conquistaron
la Tartaria, invadieron la China y
devastaron gran parte de Europa.
El nombre de Atila se ha tr..nsmiti·
:lo a través de los siglos como sím ·
bolo de f~rocirlad. Bajo la denominación de "Húngaros" se establecie•
ror. a fines del siglo IX en el país
que aun habitan y al que dieron su
nombre. Apellidándose "Seldyúci·
das" fundaron en Asia un inmenso
imperio, que fué destruído por otros
Entreg;¡ de
turaoios, los tártaros •de Gengis•
Kban.
La primera vez que la denominación de "Turcos"
aparece en la historia es a principios del siglo VI, con
ocasión del alzamiento de ciertas bordas del Asia
Central. E,3.t'ls bordas, con el nombre de "turcos," fundaron un tfitperio inmenso, pues se extendía desde las
fronteras de la Mancburia hasta los Cárpatos, y por el
Sur hasta las márgenes del Indo. Andando el tiempo,
su poder en la región Sur-occidental de Asia fué arro·
liado por los árabes, que fundaron el imperio de los
Samaois. Pero los turcos quedaron rlm,ños de las grandes estepas centrales, y durante mucho tiempo proporcionaron a los Samanis tropas mercena.rias, cuyos jefes
llegaron a suplantar. a los amos a quienes servían, y
fundaron una famosa dinastía turca en Ghazni, · Poco
tiempo después nuevas masas de turcos invadieron el
Korasan, y crearon el espléndido imperio de los Seld·
yúcidas, los cuales, del siglo XI al XIII, rigieron la mayor parte de los dominios de los Califas en Asía y extendieron ei poder musulmán hasta las montañas de
Anatolia, preparando así el camino a sus sucesores los
oto14anos.
En efecto, entre los emires que quedaron independientes cuando Geogis-Kban d?strU)Ó el imperio de

bandera al cuerpo de la Escuela Nacional Preparatoria.-Los infantes en línea desplegada y el abanderado
en su puesto de~pués de recibir la e11seña.
los Seldyúcidas, figuraba Otmao, quien fué venciendo
a ot ros emires y gru¡:,os de tártaros hasta hacerse el más
prominente de su tiempo. Sn hijo Orklan continuó las
conquistas, concluyendo p or hacerse dut ño de gran
part~ de Asia, y, en fin, los demás sucewres de Otman
fueron extendiendo, a expensas del imperio bizantino,
les límites del imperio turco fundado por aquél, basta
que Mahomet II coronó la ohra con la toma de Constantinopla en 1453.

clamación de Chateaubriand: "Los torces no esrán en
Europa sino acampados "
Actualmente los turcos constituyen mecos de fa quinta parte de la población de la península de los Balkanes. En muchas comarcas de ésta han ido pa~ando de
dominadores a dominados; y no pocos de ellos, por oo
soportar el nuevo estado, emigran a las provincias don·
de aun impera el r égimen otomano.

Así dominaron los turcos la península de los Balka·
oes, y tuvieron por mucho tiempo en jaque a Europa,
luchando contra toda la cristiandad, y en particular
contra Venecia, füpaña y el Papado, haciendo temblar
a Viena y amenazando a Pclonia y la Moscovia.

o o o

Pero en esta larga lucha ha ido gradualmente dismi·
ouyendo su poder, estrechándose poco a poco sus fronteras por la acción de las oacioots próxim;.s y alzándose contra ellos algunos de los pueblos oprimidos,
como los griegos, los servios y los húngaros, que han
llegado a constituir nacionalidades independientes en
territorios un tiempo dominados por completo por los
otomanos. Así está eo vías de coofirmarse la famorn ex·

La guardia de honor de la nueva bandera .

Los griegos, famosísimo~ en la antigüedad prr su civilización , su genio artísticn y su carácter emprendedor,
llegaron a extenderse por las comarcas deocmioadas
Tes&lt;1lia, Epiro, Acaroaoia, Etclia, Doria, L ócrida, Fó·
cida, Beocia, Atica, Megaria y Pelopooeso, al Sur de
la península balkánica y p&lt;&gt;rtodas las islas del mar Egeo
y dd mar Jónico. Fundaron colonias en el Asia Menor,
en Afric:i, en !licilia, Italia, Francia y España, esto es,
se e.;parcieron por toclo el litoral mediterráoto, dejando rn todas partes huellas de su civilización y de su
genio.
Dominados por los macedonios y más tarde por los
romanos, la mayor parte de la Grecia Quedó constituyendo una provincia romana bajo el nombre de Acaya.
Pa•ó después a formar parte del imperio de Oriente,
en el que los helenos predominaron tanto, que se llam ó
también imperio griego. Subyugados por los turcos en
el siglo XV, pasaron a poder de los veneciancs en 1685,
pua volver bajo el dominio otomano en 1715, bajo el
cual permanecieron hasta que en 1821 se rebelaron
contra el yugo tu reo, coostituyéndose el reino independiente de Grecia en 1832.
Esto y el hallarse d iseminados gran número de griegos por todas las provincias que dependen del imperio
otomano, explica las aspiraciones del panbeleoismo, es
decir, la constante ambición de los griegc-s a recuperar
todo el territorio que en la antigüedad fué ocupado
por los de su raza y aun más, a constituir un núcleo
poderoso e independiente en la parte Sur oriental de
Europa. Esta es la causa de sus repetid.;s luchas contra
T urquía, y una de las razones que han motivado la
guerra actual, ansiosos los g riegos de recuperar el
prestigio moral y político que ✓ perdieron en la para
ellos desastrosa campaña de 1897.
Actualmente los griegos pueblan, además de la Grecia independiente, el Su!' del Epiro, gran parte de la
Macedonia, Creta y otras islas del archipiélago. A lo
largo de las costas forman un cordón que se extiende
todo alrededor del imperio turco.
Son preponderantes en todos los puertos del Asia,
Menor, ocupan las dos orillas del mar de Mármara, y
en el mismo mar Negro se les encuentra desee Con s•
tantinopla hasta el Danubio, y desde el Bósforo hasta
Trebisonda. El resto de la raza se baila repartido formando colonias, más o menos numerosas, por todas las
comarcas eslavas de la península balkánica y aún en
las provincias turcas de Asia.
\ 'IC EN fE VERA

�'

TARDE DE VERANO

-

.

,CASTeILANA
-

...... ~...,,•

l/._,,

r

v'~

Copa de Hiel

Abismos insondables, misteriosos,
No vienen con su luz a acariciarme

Para "El Mundo Ilustrado."

Yo quisiera dec irte que tu eres
Mi aspiración más noble y más querida,
Ddcirte de rodillas,
Contemplando tus pálidas mejillas,
Que eres mi sueño, mi ilusión. mi vida!

Elevanio la copa
de licor renegrido,
suspiró tristemente
exclamando:
Yo brindo,
Por la horrorosa mueca
de los que entierran vivos,
de los que se debaten
en su prisión estrecha
cuaoio se ven perdidos.
y al contemplar la muerte
se aturden con sus gritos,
bajo la tierra muda,
h 3Sta perder el juicio.
Por los ajusticiados
que en las noches sombrías,
tienen sobre sus hombros
a las aves malditas
que les vacían los ojos...
Y las horcas rechinan
cual si entonar quisieran
tétricas elegías
Por la irónica risa
de los desesperados
que se arrancan la vida ..
¡seres desvePturados!, ...
el alma se contrista,
al ver bañada eo sangre
la pálida cab"eza
de algún loco suicida ...
Por los que mueren de hambre
con los ojos hundidos...
ipupilas apagádas
de los viejos mendigos!,
que fijas eo el cielo .
con h"rrible fastidio,
pueceo implacable
signo interrogativo ...
Por los que van llorando
sus esperanzas muertas,
y llevan sus pesares
com:i una cruz a cuest ,s ...
Por las alm \S que buscan
la sombra de otras almas,
formando interminable
cortejo d" fantasmas...
Y exhalando un suspiro,
apuró lentamente
el licor renegrido ....

Decirte que tu imágeo adora&lt;la
Amante viene a consolarme en sueños,
Que eres reina y señora
De mi espíritu triste que te adora
Con la dulce ilusión de los ensueños.
Decirte que en las noches de verano,
Contemplando el azul del firmamento,
Oigo tu voz de amores,
Más dulce que el trinar de ruiseñores,
Que lli,ga a mí, vo!ando con el viento.
Decirte que en las noches del invierno,
La lluvia al deshacerse en mis cristales,
Me trae a la memoria
Con tu imágen, tu espíritu y tu gloria,
El alivio a mis penas y mis males.

Yo qui;iera decirte de rodillas
Lo que mi alma enamorada sientE',
C uando tus ojos bellos,
Llenos de luz y pálidos destello~
Se posan con amor sobre mi frente.
Yo q uisiera decirte lo que sufro
Cuando a mi lado pasas sin mirarme,
Y tus ojos hermosos,

GABRIEL GOMEZ MENDOZA.
o o o

LOS NIÑOS HEROES
Dadicada a los alumnos del &lt;C Jlegio Militar&gt;
Para &lt;El Mundo Ilustrado&gt;
Egregios palad ines de mi patria
Surgid entre las sombras de la muer te,
Y escuchad él hosanna sacrosanto
Quo, el pueblo entona a sus humildes héroes.
Mirad, cual se refleja el entusiasmo,
Cómo se inclinan las altivas frentes,
Y en ese monumento que os recuerda
Depositan coronas de laureles.

Y quisiera decirte, reclinado
En el seno de amor de tu reg'lzo,
Q ue mi sueño, mi vida,
M i dicha y mi Ilusión, a tí está uoija
Con intangible y sempiterno lazo.

Cómo goarda la historia vuestros nombres
Q ue entre nimbos de luces aparecen;
Y al recordar vuestros g randiosos hechos
El labio los pronuncia reverente .... .. ... .

Y quisiera mirar tus ojos garzos
D;,nde asoma tu alma inmaculada,
Con amor y ternura
Premiar mi corazón con la ventura
Sin igual de la luz de to mirada.

Y vosotros, apuestos militares ....
Que su memoria honráis. cual se merece,
Y que seguís la senda que os trazaron;
Con marcial y atrevido continente,

Y quisiera sentir sobre mi frente
Para olvido a mi llanto y mis agravios
Al darme en su embeleso
Con la caricia virginal de un beso,
La humedJ.d de las fresas de tus labios.
Mas ay!. . que mis sueños, mis deseos,
Visiones son de los dolores míos
De amugos descoosuelos;
Q ue solo son mis qoejas, mis anhelo,,
Tristezas .. ilusiones... des,aríos!.. ,
F. DE FUENTES, jr.
o o o

Mística

. .. ······· ... ... ··· ··.

Era un canto suave la brisa de mayo,
Tifón cootemplab3 a O,iris que moría,
Y Eros en tus ojos, como en uo&lt;!esmayo,
Me hablaba de besos y de poesía...
Bajo los ramajes, junto a tus encantos
Como un viejo esclavo tus manos besaba,
Y el sutil aroma de los amarantos
Entre aquella brisa pasaba ... pasaba.
!Como me gustaban tus gráciles man os!
i Cómo eran hP.rmosos tus ojos azules...
Y mi alma qué ingenua! ante los arcanos
Reía al mirarlos envueltos eo tules.
iOh encanto sublime de los veinte abriles!
( Mujer-diosa, ensueño. perfume, alegría)
¡Oh gratos recuerdos de años juvrniles!
(Viv_iste cual viven las rosas:. un día.)

······ ................ · · ··•· ······ ... .

El señor Presidente de la I-&lt;epública presidiendo la ceremonia cívica dtl día 16 ~n la tribuna de Cbapultepec.
actitud iodoleote; dejé que mi vista errante se perdiera
en el confío lejano, €O d,lDde la azulada cumbre c e los
distantes montes se unía y confundía con el porísimo
zafir de un cielo sin nubes.
Haciendo un esfu erzo me levanté, sacudí la cabeza
de donde huyeron como parvada de asustadas aves los
mil peosamieotos que me hacía n scñar y lentamente,
como el que no quiere dejar un lugar en que ha sido
muy feliz, me aparté de aquel sitio y emprendí el ca•
mino de regreso al pintoresco pueblo de Juanacatláo en
doo:le me Pocontraba pasando unas vacaciones desde
hacía seis días.
E l campo envuelto en una semiobscuridad de nuevos
encantos se cubría. La tembl&lt;,ro~a luz de las estrellas

difundía discreta claridad, nflejáodose eo el agua su
incierto parpadeo; las luciérnagas aparecían aquí y allá
semejando lágrimas de oro. La noche llegaba cerno una
soberana envolviendo con su regio manto salpicado de
brillantes a la tierra, que dulcemente se adormecía entregándose a pro fu odo reposo,
Preciso era dejar el campo; así lo bice y trabajosa·
mente empecé- a subir el pedregoso camino que al sim·
p ático pueblito conducía ........... .
MARIA LUISA.
Guadalajara, Agcsto de 1912

··· ········· ······

Volved vue;tra m_e moria, hacia el pasado,
Y mirad esos jóvenes imberbes
Q 1e apenas pueden contener su arrojo,
Del enemigo ante la innoble hueste.
Esos niños que aún llevan en sus labios
Del seno maternal la dulce lP.che;
S)o los mismos que empuñan el acero,
Y lo esgrimen serenos y sonrientes.
S:,n los mismos, que lucban con denuedo
Y cuyos e uerpos pálidos e inertes ,
Poc¼s horas después, están cubiertos,
Con el negro sudario de la r..,: uerte.
Y cuando al fin, su saog•e derramaron
Ese grupo glorioso de valieotos,
Al salpicar los muros del castillo,
Temblaron de dolor, los ahuehuetes ....... .

. ....

o o o

Para ........... .

Hoy mi alma no ríe, no siente, se muere;
Te extraña, te espera, te busca, te implora,
Como en otros tiempos contera plarte quiere
Y al ver que no vienes, suspira, te llora .....
Le hacen mucha falta tus gráciles manos!
Le hacen mucha falta tus ojos azules!
Y muy seria mira los negros arcanos
Qoe envuelven morta jas en vez de los tules.

Decirte con acento enamorado
Que en la senda sin luz de mi existencia
Tu eres la sola estrella
Que brillas sin cesar, fulgente y bella.
Con suave y misteriosa transparencia.

LUIS G. VALDESPINO jr.

A morosa

--

• .~

Las tranquilas aguas del río Lermadeslizábaose man·
sam,rnte eo su anchuroso cauce, cuyas riberas veíanse
cubiertas de verdes lirios acuáticos y de estos en apre·
tados grupos erguían de trecho en t recho hermosas espig;is de azules flores.
Buscando ref rigerio al excesivo calor que mA abrasaba encontré uo hojoso árbol que con su espeso follaje
brindaba grata rnmbra ; a su amparo me seo1é y abriendo una preciosa obra del inmortal Hugo me puse a leer .
Rápiclas e inadvertidas se deslizaron las horas.
El céfiro perfumado traía hasta mi oído como vago
suspiro, el eco lejano de algo ya ido ... ... El leve mur·
mullo del agua corriendo a mis pies, parecía el remedo
de una voz q uerida contando una historia muy dulce y
seo1ida; de un amor que nace, crece, se agiganta y luego .... se esfoma, se p ierd", se acaba muriendo en los
brazos del olvido cruel, dejando en el alma tristes re•
membr,ozas de besos furtivos y ardieo,es suspires que
luego se truecan en tristes gemidos del alma que siente
mor: r la ilusión ..... .
El tiempo transcurría insensiblemente para mí, estao·
do fascinada ante el espléoctido cuadro que la na tu raleza a mi vista ofrecía, y la soberbia creación de Víctor Hugo, que con verdadero deleite mis ojos recorrían.
Aotojábas, me pasar así la vida entera , lejos del mundo
falaz y cerca del genio cuya alma sentía palpitar en
aquellas páginas sublimes que parecían escritas con ra•
yos del sol primaveral. A medida que leía sentía entrar
a torrentes la luz a mi pobre y obscuro cerebro, que
disipando las tinieblas hacía sentir a mi alma noble aspiracióo.
Iaevitablemeote empezó la caída de la tarde. ¡Cuán•
to hubiera deseado detener el sol en su carrera C'lmo
el Josué de la Biblia, para segui r empapando mi ardie01e imaginación en la frescura de aquellas páginas
llenas de filosofía y excelsa verdad!. .....
El sol moría y en su lenta agonía enviaba a la tierra
sus pálidos rayos faltos ya de calor. La luz se extinguía
con dificu ltad apenas percibía los caracteres del volu·
meo que entre mis manos cerno un tesoro con afán
oprimía . ...
A mi pesar cerré el libro y recliné la cabeza en el
duro tronco de aquel hojoso árbol que durante el día
habíame prestado bienhechora rnmbra. No sé cuáoto
tiempo me qaedé sumida en profunda meditación y eo

········ ·· .... . .. ....... . ······· .. .

Ejemplos de valor, nos da la histori a.
Cada línea en sus páginas eovuel ve
Hechos gloriosos que c.:ioserva el mundo
Y que la patria conmemora siempre.
Pero ante aquellos mártirt:s sublimes,
Ejemplos del honor y los deberes;
Ante aquellos campeones del derecho,
Hasta lo íntimo ei alma se conmueve ..... .
Mujer, y ffi fx icao~, yo os admiro,
Héroe! insignes que escogió la suerte,
Y os ofrezco entusiasta y conmovida
Mis cantares, sencillos y dolientes.
México, 8 de Septiembre de 19r3.
A. G. A.

E l estrado oficial eo la tribuna de Chapultepec eo la fiesta cívica del día 1 6

�ltlL, Il~VAILil~~

ºIl() Lallr

La tarde empezaba a caer, y aún no había llegado el
vapor. En el mue11e esperaban dos hombres, ambos de
edad avanzada.
- iQué raro que no venga! exclamó Blagoz, el herre·
ro, un poco fatigado. Era un hombre bajo y grueso.
-Cierto, quién sabe por qué será-repuso el capitán Jetitsic, hermoso tipo gigantesco, que al menos medía sus tres varas.
- , A quién espera usted, señor capitán?
-A mi mujer.
•
- Y yo a mi hijo. E~tá herido, pobre; pero una cosa
de nada-agregó apuudo el herrero. Yole, un amigo de
él me escribió que mi hijo había estado unos días en el
hospital, y que ahora necesitaría un poco de descanso
en su casa, a fin de recobrar las fuerzas antes de volver al batallón. Hay que castigarlos a esos paganos,
pues. iQue Di;)s nos asista!
-Su hijo de usted ,qué es?-preg 11ntó el capitán en
q,tien recién se había despertado el interés por el hijo
del herrero.
- l Mi hijo? Mi hijo es herrero, como yo, señor capitán ¡herrero con el alma y vida! ¡Ah, si lo viera traba•
jarl Sus minos son tan grandes como las mí,is_ El
tiempo hoy día es muy malo, capitán; he tenido que
vender casi todo, no me quedan sino las herramientas,
pero teniendo a e11as y las manos de mi hijo, no nos faltará la comida p~r más bocas que hubiera que Henar.
-Sí, si, lo interrumpió impaciente el capitán, pero
preguntaba no más a qué pertenece su hiio en el ejército?
-!Ah! a la infanteria, señor capitán. Yo siempre le
decía: hijo, debes ssr artillero, nadie mejor que tú
puede maneja r los cañones. Pclro me contestaba que no
le gustaba pelear a la d:stancia. ¡No, mano a mano_ . . .
us ar la bayoneta .... ¡Si lo hubiera visto enojarse! ¡ Don·
de él pegaba, no salía má~ pasto! . . . .
- , En qué bata11a fué herido ?
-En la de Kumanovo, señor capitán ... . ¿ Ha visto
usted al inválido, aquel que siempre está en li puerta
de la iglesia? ,aquel que anda con mulet11s ? le serru•
chuon la pierna; pob re diablo, a mí no me puece bien
q11e un h:imbre que sacritica la s~ngre y la vida por l.1
p 11ria se vea obligado a mendingar _.....
-,-Todo se debe a la patria,-le interrumpió el capitán-todo; la sangre que cada uno da por e11a amortigua algo de la deuda que tenemos para con ella. L:i
püria no no, debe nada; pero repito que nosotros deb~mos todo a ella.
-Ah sí .... gracias! eso mismo he oido muchas veces. Antes .... pero si se perjudica en mi servicio me
obliga a mí a pagarle daños y perjuicios ...... ¡El Esta1o debía tener la misma obligación . . .. .
-Bueno, pues ;,.sí es, la caja del! Estado socorrerá a
lo, inválidos una vez terminada la guerra.
El capitán reconoce a su mujer, que sacudiendo el
pañuelo lo saluda desde a bordo. Se apresura a subir
al puente. Da pronto el capitán se qued;,. ::omo petri6:ado; se encuentra frente a frente con un soldado a
quien le falta la pierna derecha y el brazo izquierdo
-,Eres tú el hijo de Blagoz?
-Sí, señor capitán-contesta el soldado que trata de
dar al superior el saludo correspondiente, mas pierde
el equilibrio y el capitán tiene que sostenerlo.
-Gra-::ias a Dios que salvaste la vida. To.1o se arre·
glará ...• El pueblo te recompensará, por haber sacrifi·
~ado tu sangre por la patria.. . . . . .
.
El capitán, conmovido, saca el reloj de oro y lo entre·
ga al inválido.
-iGracias! ¡Gracias!-balbucea el soldado.... De
Tres interesantes instantáneas del
Circuito Chapultepec.
pronto rompe en llantos .. . , recién ahora se da cuenta de que es ioútil. .....
un mendigo.
- iNo, no!-grita el padre-no llores,
hijo mío .... todo se arreglará. El pue•
blo te recompensará.
El capitán lleva los dos consigo en
el carruaje a la ciudad.
Durante el primer tiempo todos ayu•
daban de buen corazón al pobre invá•
!ido, pero a todo se acostumbran, sea
el entusiasmo como la compasión, todo
se marchita. Blagoz, que había empezado dir.ieodo: la patria te recompen•
zará lo expresó poco a poco de otra manera, diciendo: Dios te pagará. Corto
tiempo después se murió.
El hijo consiguió una pensión insignificante del caud al de inválidos . . .. y
sigue mendigando .. . .

La avenida de Sao F rancisco aotEs

SAGAR SAC AREVIC.

la Coostitución.- La mis-

gio Militar frente al Palacio

ma escuela desfilando

Muoicipal.-EI Colegio
Militar.

¼N\.S'"
El señor director del servicio de Aguas Potables y sus acompañantes en la ceremonia de inaugur,.,,ióo riel servicio de
aguas para Guadalupe Hidalgo.

Lunch servido el r 4 del actual con motivo de la inauguración
de las obras para dotar r'l" a2ua potable a Guadalupe
Hidalgo.

La P reparatoria en la pl3Za de

del desfile.-La banda del Cole·

por San Francisco.

�este sitio, mientras la brisa fugiti,·a nos trae el aroma
de tus rosas, yo siento ...... ¡no sé qué! ...... una tristeza inefable que inunda todo mi sér, una angustia in5nita que me dice ..... .
RISELA.
¿ Qué te dice?
OSCAR .
Muchas cosas sombrías. La mú•ica, muchas veces,
arrulla nuestros oídos, pero deja amarguras iofinitas en
el alma. Yo presiento que más tarde, cuaodo alguna ruda inclemencia nos sep..re, mi recuerdo, como un ave
medrosa, huirá de la jaula de tu corazón .... El amor
es como esa música fugitiva que pasa sin dejar huella
en el ambiente .. . .
RISELA.
¡Cuánta poesía! ....
OSCAR .

infancia aletea en mi memoria .... Esa época podemos
compararla con la época del amor.
El niño encuentra gran delectación buscando una
mariposa en un jardío. Cuando la halla, corre, brinca,
se fatiga queriendo aprisionarla. Muchas veces rompe
las flores con mano ágil, y, al fin, después de tantas fa•
tigas apdsiooa la mariposa deseada, no sin sentir que
su mano se empurpura coa la sangre que brota de sus
heridas. Mas, ¡oh dolor! la felicidad dura un momento,
pues repetidas veces la mariposa se le eicapa de las
manos. Y tú, Risela soñadora, eres una mariposa fugi·
tiva que vuela en el jardín de mis sueños .... Voy ha•
cia tí, cerro, me fatigo y . .. , muchas veces no te hallo ....
iFelicidad, mariposa intangible. yo te busco olvidan·
do las flores de mi sendero, esas flores que tal vez po·
drían ser felicidades más seguras .... Por creerte más
dulce que las otras venturas. te he seguido mucho, por
los largos senderos de este erial ....
Ya traigo la frente empurpurada, los labios exhaustos
y el corazón adolorido.
Risela fugaz, en esta noche ya he logrado apr isionar•
te en mi corazóo; pero., .... tal vez mañana. burlando
mi fatiga, recuperarás tu libertad como la maripcsa de
los jardines . .... .

La poesía dolorosa del amor.
RISELA.
Lo que dices carece de verdad, auoque .. . . no totalmente. El amor no e~tá sujeto a nuestra voluntad; es
un sér diminuto que entra en nuestro corazón y sale

A~istentEs a la vel;,da coa SP. coomemoró ~1 primer
aniversario de la moertP. rite! maeHro Sierra,
en la Escuela Pro:,parator ia.

iCalla! icalla! Si la felicidad dura un momento, olvi·
demos en este instante los dolores del futuro.
Sepamos gozar: t0do nos ofrece su belleza; los astros
ruedan esplendorosamente en el abismo de la noche,
las flores vierten su mejor perfume, el agua canta la
mejor de sus canciones, la brisa nos brinda sus mejores
arrullos, mi corazón te ofrece la dicha más he1mosa , ,
¿ Qué rná, quieres ?....
OSCAR.

Antes que nuestras almas se ale jen para siempre, an·
tes que el arrullo de esta música se apague, estréchame
en tus brazos; que la miel que destila tu ser caiga dul·
cemente en mi corazón, y después, mariposa fugitiva,
déjame el leve polvo de tus alas ....

Las sombras que se acercan .....
Para &lt;El Mundo Ilustrado. "
AL SR. Lrc

RI5ELA.

ERKESTO CHAVERO.

CESAR CAMACHO.

Después de una lluvia torrencial, la luna aparece en
un claro del bosque. Las flores recién abiertas perfuman la calma dd a nbiente Son las doce de la noche;
todo se halla sumido en u n silencio profundo ...... Por
todas partes fluctúa una onda misteriosa de melancolía ..... .
Un arroyo interrumpe a veces el silencio con sus pa·
Jabras suaves y a rrulladoras . . . . .. En el balcón de una
casa antigua, Osear y Risela pl;,tican amorornmecte.
De p ronto se oye una música vaga cuyas notas se ex·
tinguen dulcemente al pasar por !os judines....

Puebla, 1913,

AMADO NERVO
E voc a c ion es d e Rubé n Darí o. -La R ev ista
" M e rcu rio " y el ú lti mo r etrato d e Ne r vo .-Efectos del afe lte.- En quécon síste la cal idad del verdader oar tista?- J uic io de Andrés Gonz ález Blanco .

OSCAR.
¿Escuchas?
RISELA.
Sí; ES una música que conocí desde que era yo muy
niña.

Rae~ poco tiempo, el año pasado apenas, Rubén Da·
río escribiendo de Amado Nervo y haciendo las más
sentidas evocaciones de felices horas de vida parisina,
vividas en su compañía en el legendario Barrio Lati·
no, desliza expresiones de fina amargura y de exquisito
sentimiento cuando dice: &lt;Aunque Amado Nervo es

OSCAR.
IQué t ri~te es esa música, Risela! En esta hora , eo
El señor Lic. don José M Lonno, en su calidad
de Ministro de Instrucción Pública, presidiendo
la velad, en honor del m 1estro Sierra en el
primer anive rsario de su muerto.
cuaodo quiere. Por ahora nada temas: yo siento que el
amor ha encontrado buen asilo en mi corazón. ¡Pcsee
tantas comodida:les . .... .
OSCAR.
Pero nada difícil sería que ese ~ér dirniouto, al no
hallar mas comodidades, ~e escapar? para siempre ....
RISELA.
Ya te lo he dicho repetidas veces: la volunt¡¡d no tiene domiuio sobre el amor.

Fiesta efec.tuad~ el 15 del actual en :1onor de Morelos. frente a ~u monumento en la Ciudadela.

OSCAR.
Ni una gota de consuelo destilan tus palabras, y ~qué
hacer? En este momento de supnma beatitud en que
mis labios, corr.o dos mariposas, buscan la flor de tu boca, siento un fufgo iodefioible en el interior de mi ser,
una pira cuyas lt,oguas rojizas me bacen estremecer de
felicidad porque me encuentro cerca de tí; pero al mismo tiempo, un prE:seotimiento lleno de austeridad me
habla en voz baja anunciáodorne el naufragio de nues·
tro amor. muy lejos del verdadero país de la felicidad ..... .
¡Qué loco afán el del hombre! Ir siempre en pos de
algo dulce que ha soñado en esta no,:he bnve d., la vida; pero queriendo acercarse a la felicidad, sólo consigue acerc¡,rse a la mu~rte
¡Cruel destino!. ... Ea esta noche, Risela; en estacoche traoqu ila en que la ft,ticidad . no hallando más espacio en nuestras almas se difuode en el piélago infinito de la noche, mil recuerdos me hostigan. como esas
aves marioas que perdidas en las sombras. buscan la
luz benéñca de los faros. La vida inconsciente de mi

Sr. don José F . Elizondo, autor de --Las Musas
del País" estrenada anoche en el Principal.

mejicano, nada en él encontraréis de azteca. ¿Os he di·
cho ya que se parece a Jesucristo? Mas ahora caigo en
la cuenta de que os estoy hablando del Amado Nervo
que yo he conocido hace algunos años en .t-'arís, y cuyo
busto, plasmado por el escultor Nava, su ccmpatriota,
figuró en los salonts. Sí, aquel Nervo tenía ciertamen·
te una cara israelita y un aire nazareno. El de hoy,
mutilado, pues extirpó su bella barba característica y
apartó su amable aire de ensueño, es el que correspon·
de a las atenciones del prctocolo y al diario contacto
con su jefe, el notorio mundano y distinguido señor de
Béistegui, el mismo que regaló, si no me equivoco. al
rnusea del Louvre de París, una famosa colección nu·
mismática.&gt; (Todo al vuelo; Pág, 70.)
Esto decía de Amado Nervo el gran Rubén Darío el
año pasado, cuando aquel iólo había extirpado rn barba; pero no sabemos qué diría ahora que nuestro EY ·
quisito y sentimental poeta y Primer ::,ecretario de la
Legación de México en Madrid ha extirpado no ~ólo su
bella barba característica, sino también su fino bigote
evocador de aquella barba nazarena;-porque no hay
que olvidar que allí donde falta la barba porque se la
ha extirpado, pero persiste el bigote, éste evoca aquella
en ansia de completar el cuadro en el que el uno harmonizaba con la o tra.
Yo no lo conocía, si he de decir verdad , no lo cono·
cía ni podía creer que fuera nuestro mismísimo pot ta,
aquel cuyo retrato viene ornando el centro de una pá•
gina del último número de la revista &lt;Mercurio,&gt; que
se publica en Nueva Orleans enmarcado por uno de
sus últimos artículos de honda y sabia filosc fía titulado
&lt;Los Amigos,&gt;
Contemplaba su frente, frente amplia, espaciosa,
abierta y honda ;-frente q ue cubre gallardamente ese
poderoso y delicadísimo cerebro en dende ha vibrado
el pensamiento portador del pulso y el fuego de un
hondo sentimiento;-observaba rn nariz recta y fina
deslizándose atrevida sobr e una boca de labios delga•
dos y vagamente plegados; miraba atentamente de con·
junto aquella faz nueva, desconocida y rara para mí, y
hubiera asegurado que se trataba de un actor de alguna &lt;trouppe&gt; de drama, a no haber sido porque me
veían sus dos grandes ojos, grandes y amplios, denun·
ciadores de la grandeza y amplitud de su espíritu que
palpitaba allí dentro de aquel cuerpo ; y tras de aquella
lumbre de su mirada, lumbre latente, mansa y tranqui•
la, adivinaba-diría &lt;reconstruía&gt; en mi interior a nuestro Amado Nervo, fino, de exquisita complicación de
espíritu; al poeta de aristocratismos artísticcs y de misteriosa idealidad envuelto en toda la ambrosía y el perfume que echaban a mi ambiente sensitivo las delicadas flores de sus &lt;Jardines Interiores&gt;
Abajo de la página veía su firma, en el centro su retrato y circundándolo su pensamiento en la concreción
de un artículo, ese pensamiento inconfundibl&lt;! porque
es suyo, porque rtvela su individualidad de que nos habla el mi~mo Rub¿n Dario cuando nos dice: &lt;Es de esos
poetas privilegiados que ponen algo inconfundible en
lo que producen&gt; Y a pesar de tcdo, dudaba de que
fuese el mismo delicado autor de &lt;Ea voz Baja.&gt; A tanto llegaba el disloque que me había producido su faz
completamente afeitada, pues yo también sentía que mi
espíritu esperaba encontrar :iquellos aditamentcs cuya
extirpación absoluta me lo hacían apancer también como desprovisto ya de su &lt;cara israelita&gt; y de rn &lt;aire
de ensueño.&gt;
Pero haciendo una observación más cuidadosa y detenida de aquella faz, atraídos mis ojrs por la luz de
los suyos que es lo que más atrae y dcmioa de modo
especia I hoy en su cara limpia y mutilada por les efee •
tos invasores del afeite, descub rí, cerno no había podi•
do descubrir fácilmente antes, que tras la serenidaEl y
mansedumbre de aquella mirada ebullía toda la encan•
!adora ingenuidad, toda la sutil y misteriorn vibración
del sentimiento poético, toda la ingenuidad del espíritu
finamente sensitivo y profundamente complicado de
nuestro Amado Nervo; aquella inquietud que descubre
en el fondo de sus intimismos tan sutilmente el macizo
y erudito crítico español D. Andrés González B lanco
en un &lt;Fragmento de un Estudio,&gt; y en lo que hace
consistir la calidad de verdadero artista cuando dice....
.. .. &lt;Porque en ser inquieto (pienrn yo y pienso que
acaso no piense mal) se manifiesta quién siente y quién
no siente el Arte, y no en llevar longa y tupida melena ,
rapada faz, flexible sombrero, corb,ta garrafal y gruesa pipa germánica&gt; ...... (Elogio de la Crítica; pág.
2 93.)
No sabernos que Nervo haya recurrido a estos acro·
batismos exhibitorios, pero seguramente les tiene a me•
nos, y además no le hacen falta Referente a Jo de rapada faz ·en él no sienta mal, por lo que este poeta manifiesta su completud de genuino. calidad artística a pesar de la mengua que en su rostro ha producido el in•
vas.:ir afeite.
Pero sobre todo, la opinión que estampa González
Blanco en seguida poniendo a Nervo en parangón ceo
Rubén Darío, enaltece con teda justicia a nutstro insigne compatricid': &lt;Amado Nervo,-dice,-es, ~obre todo, un gran poeta de nuestra época. Nuestras inquieto·
des, nuestras zozobras, él conjuntamente con Rubén
Darlo las ha expresado en delicados y acariciadores
poemas. Quizá es aún más metafísico que el potta de
&lt;Azul ;&gt; aún abstrae más y gusta de los particularismos
psicológicos &gt;
Esa es la inquietud que palpita en toda la delicada
organización de espíritu de Nervo, y que asoma e
irrumpe en buena parte de sus presas galanas cerno en

sus poesías; esadnquietud que ebulle en aquel primoroso cuento &lt;Lía y Raquel&gt; de sus &lt;Ultimas Prosas;&gt;
esas sus ansias íntimas que, pudié ramos afirmar, tienen
su punto más alt:&gt; de intensidad en aquella poesía de la
qui': ti autor de &lt;Azul&gt; dice: &lt;La Scmbra del ala&gt; de·
bía estar bajo la invocación de Mcntaigne. Es un conjunto de variaciones rnbre el &lt;/Que-sai-je r&gt; Eteri:o.
... . Pero dí, ¿qué esfuerzo cabe
en un ah.oa sin bandera,
que lleva por donde quiera
su torturador? ¡quién sabe!
iOh padre de los vivos! ¿a dónde van los muertos,
a dónde van los muertos, Stñor, a dónde ván?
¡Oh, buena hada ! /tendrá Dios
piedad de nosotros?"
No cabe duda de que este &lt;inquietante Nervo,&gt; torturado y torturador, lleva dentro toda un alma de poeta. Por eso, porque es inquieto: porque, siéndolo, &lt;en•
tiende las alm,s a maravilla&gt; y porque, para terminar,
como dice Darío, "el poHa verdadero vive de si. pro·
pía meditación y la persecución de Jo absoluto es causa
de inenarrables angustias."
i Ah! y cuántas angustias, cuán tas torturas, cuántas vi·
braciones pungentemente atormentadoras agitan la de·
licada fibra de la noble entraña del poeta verdadero)
iCuánta seositividad dulcemente dolorosa sacude el corazón de aquel que siente E o conjunto el ~ufrimi, oto
de la colectividad, porque representa el punto más alto
de la masa humana, y que lleva en su espíritu la sed
insaciable, gloriosa o fatal, de la persecucióu de lo ab·
soluto! .. ..
Todas estas delicadas divagaciones afluyeron a mi
m~ote ante la contemplación del último retrato de Ama•
do Nervo, cuya mirada impregnada de una misteriosa
idealidad os da la sensación de que sus ojos están
abiertos continuamente como frente a una portentofa
visióo de lo absoluto, o de que siempre está contem•
plan::lo una visió n superior interna.
JOSE VELASCO.
México, Septiembre de 1913.

E r osof ía
¿Cr{es, acaso mujer, que por tu olvido
no veré más la hermosa luz del cía?
/Q ue no quedan en mi alma todavía
auroras de ilusión que no he sentido 1
Es cierto que tu amor me había mentido
el cielo azul que fl corazón acsía
y tu dul ~e mirar me prometía
un mundo, para mí, desconocido.
Más... ya lo ves... ; fué ensueño colorido
que pa!ó sin dejarme ni una her ida.
Bien sabes que durmiendo el alma es ida.
y el que se hiere en sueños, no está herido...
!Que el sueño es un parénttsis incluido
En la gran realidad que llaman Vida!
GADRIEL GOMEZ MENDOZA.

Sr. don Xavier Navarro, autor de "Las Musas del
País" estrenada anoche en el Priccipal.

�Yo recuerdo la primera representación, en este mismo teatro, de obra
tan bella, y si la memoria no me es infiel, al día siguiente del estreno que
fué un éxito, partía para Guatemala su autor. De manera que no pudo presenciar el triunfo de hs noches consecutivas. Entonces la crítica en general alabó comedia dramática tan hermosa y ¡:;or ese motivo poco he de manifestar sobre elJa.

j

El público de ahora saboreó como el de h•ce ocho años, la's bellezas de esta comedia fuerte, real, vigorosa; obra de un cerebro que tie·
ne de la existencia una visión completa; eogendro de un escritor que al
escribir para el teatro prescindió de ciertos formularismos, apoderándose
del documento humano y bueno o malo, completo o degenerado lo lanzó a
las tablas con toda la fuerza impetuosa de un verismo encantador.
AqnelJos personajes que aman y odian ; que lamentan deshonras y predican noblezas de alma; aquellos tipos arrancados a h vida mexicana, como
se arranca de un bloque de mármol la estatua arrogante, nos interesa de
tal manera que ha5ta la hora de la vengaoza la encontramos beJJa, y el sentimiento del odio, tan rastrero, tan bajo, tan miserable, se nos figura hermoso en grado sumo.
Todo Jo que allí sucedP., la misma fuerza del conflicto, es tan poderosa
que nos c.&lt;utiva, pero no con lazos de ficción ligera, dP. entretenimiento escénico, de juego :ie farándula, sino con cadenas de hierro indestructible
que allí en aquellas bastardías, en aquellos cariñeos de juventud lozana, se
destaca un problema social; hay semillas del odio de clases, hay frutos per~
versos como consecuencia de envidias consuetudinarias; escuchamos gritos
de desheredados, que cuando no exageran tienen razón, y oímos con deleite las ilusiont-s de aquellos viejecitos en la sala de la Hacienda, llena de
recuerdos honrados y de remembranzas consoladoras.

Y, e5 que cuando un'.l comedia o un drama hace pensar, cuando penetra muy
h'.&gt;ndo, cuando nos conmueve hasta el punto d., conseguir que la huella permanezca
mucho tiemp:&gt; en el alma, entonces puede asegurarse que ha pasado por entre telones pintados y bambalinas de tela un trozo de vida pujante, absorbente, poderosa,
irradiando amor, que es la savia potente que nos anima.
El señor Gamboa fué ovacionado y en unión de los intérpretes salió varias vec~s al palco escénico. María Luisa VilJegas hizo una &lt;Loretc.&gt; admirable por los toques de realismo que supo imprimir a muchas de sus escenas. Emilia del Castillo
nos cautivó en el personaje de "Blanca" todo ilu~ión, todo encanto, todo candor. La
Otazo muy bien, lo mismo que Coss, y con respecto al beneficiado solo diré que su
"Damián" es uno de los tipos mejor hechos que le l,e visto hacer. En resumen una
gran noche de triunfos, de aplausos y de plácemes. para todos.
Una pregunta al ilustre Federico Gamboa, ¿cuándo admiraremos en la escena
la~ otras dos partes :le la t rilogía, pues "La Venganza de la Gleba" es la primera,
t ituladas " A buena cuenta" y '"La Sima ?" ..... .
iAh .. .. pícara política lo que nos arrebatas! ..... .
TEAT RO COLON.-BENEFICIO DE C ARALT.--&lt;SANSON&gt;.
No hace mucho tiempo daba en Buenos Aires con notable éxito, Mr. Víctor
Mugueritte, una serie di} conferencias sobre "La novela y el Teatro Francés" y
disertando sobre la personalidad de Bernstein dijo: "que era el primero de los autores jóvenes, que revela en sus obras la influencia de la esc uela naturalista y que
c onquistó su sitio de preferencia por el éxito colosal de "Detour."
En efecto al autor de "Sansón " por más que digan sus enemigos, posee magnífic1s condiciones para el teatro, en donde ha sido un afortunado en toda la extensión
de la pala[;ra. "El Ladrón" le hizo célebre en una noche y en casi todas sus obras
hay oJSadía, violencias, temeridades, que nos impresionan de tal suerte, que nos ren·
dimos ante tantos atrevimientos. Tal vez con razón Emilio Faguet al escribir sobre
" S1nsón" calificaba a Bernstein de '"freoético" y Doumic llegó a insinuar que había
hecho el conocido dram1turgo, "de la violencia una especialidad."
Yo confieso, mi falta, caso que lo sea, Henry Bernstein lo considero como un
gran dramaturgo dentro de su género, sin por eso negar que lo artificioso de algunos
personajes de sus obras, y la impetuosidad rectilínea que caracteriza la fábula de
sus argumento3, menoscaban en grado sumo, el fondo de sus concepciones. Así el últim J acto de "L1 G 1erra" e, horrible, doloroso, precipitado; y la escena entre San•

Luego, la forma es castiza y depurada; el hermoso castelJano vibra con
todas sus b ellezas, y los que amamos esa lengua hacemos caso omiso de
la extensión de algunas escenas en favor del goce que nos proporcioaa la
palabra sonora, el período redondo, el pensamiento profundo.
No es para todos los públicos "La Venganza de la Gleba" y hay que decirlo en honor al nuestro, que la sala del Mexicano se JJena ~iempre que
se representa.

Teatro Colón.-Dos escenas del drama "Sansón. "
TEATRO MEXICANO.-BENEFICIO DE RICARDO MUTIO.
LA VENGANZA DE LA GLEBA."

Justo por todos conceptos es que un actor tan estudioso y tan infatigable como es Ricardo Mutio, haya tenido su beneficio, y si en algu•
na, obras de las muchas que ha interpretado, se ha hecho acreedor a
mi juicio a ciertas advertencias, eso no quita para que en el largo tiem•
po quP. viene actuanda en los teatros de México, le hayamos visto siempre con deseos de agradar, con modestia si;npática y-con indiscutibles
condiciones para la escena.
El tiempo y algo menos premura en las labores teatrales, lo cual es
bien difícil dada la costumbre del ensayo semanal, han de hacer del
actor de que me ocupo un artista concienzudo, y digno de entusiastas
alabanzas.
El beneficio de Mutio fué, por tanto, merecido y la gente llenó la safa del Mexicano, con doble motivo·puesto que iba a representarse "La
Venganza de la Gleba" de Federico Gamboa (y perm!tame ti inteligente Ministro de Relaciones que lo trate con cierta franqueza ya que al
literato insigne me refiero) la obra mexicana de estos dempos, que se
destaca por sus méritos excepcionales.

tiago B rachat y Jerónimo de Sorain en el acto tercero de " Sansón" es bestial hasta el delirio:
Todo ello ha sido moti vo de que el autor de que me ocupo haya sido víctima de profundos
odios, los cuales no hemos de tener en cuenta para emitir un ju icio, siquiera sea muy somero sobre su obra teatral. Ya conocíamos ''Sansón" por haber puesto este drama en escena la Compañía Fábregas, hace tiempo, es decir, a raíz de su estreno en Pa1 ís, lo que no es obstáculo para
que Caralt estuviera acertado al elegir esta obra para su beneficio.
Si el hebreo Sansón decidió morir entre las ruinas del temP.lo. por él destruído, con tal de
que los filisteos perecieran; " Jaime Bracbart" un Sansón moral, por lo herclÍleo de sus propósitos y !_o fuerte de su voluntad, determina arruinarse por completo ante el goce de la venganza,
dejando en la pobreza al amante de su mujer a la cual idolat raba, sin ser n unca correspondido.

Teatro Mexicano.-Escenas de "La Venganza de la Gleba',

..

T~atr o Colón.-L; señorita Gil y el señor Caralt, en una
escena de "Sansón. '

Tal es la obra llena de- situaciones dramáticas en alto grado, su jestiva en todos los instantes
y con efectos, alguno muy rebuscado pero de éxito seguro. Caralt supo encarnar perfectamente
el p rotagonista; amoroso basta la humillación, cruel y duro al d escub rir ~u deshonra ; frío cern o
hoja toledana al realizar su venganza, mereció aplausos justos en m i concepto. La Gaspar y la
Gil muy bien y muy elegantes: el primer acto lo matizó la primera con delicada y fina ironía,
perfectamente expresadas; y en lo que se refiere a la segunda, tuvo acentcs de pasión que deben
con~ignarse por lo precisos y bien dichos. El resto de les intérpretes no descompusieron el cuadro , sin t raspasar los límites de la discresion. L.~ escena lujosa.
L UIS DE L ARRODER.

�.,,

1

~
1

¡

Los alumno; de la Escuela Industrial de Huérfan:is juran:lo su nueva bandera el 14 del actual.

IRMA
Para &lt;El Mundo Ilustrado&gt;

Los "autos" de la concurrencia.-Coche número4· vencedor en la carrera de

200

kilémetros, piloto-

J. l. Limantour -Coche número 3, vencedor fn la
carrera de

150

n úmero

vencedor en la carrera de 60 kilómetrc s

II

kilóm'!ltros, piloto Casfaux.-Coche-

• piloto José Camacho,-Coche número 5 reto -en Ja
carrera de

200

kilómetros; piloto Buenrostro,

Tuvo la des¡¡racia de nacer hija de un crimen y de
nacer bella.-Su madre, si así pudiera llamarse a la mujer que la envió al mundo era una traficante en amor;
su p i:lre, bien pon ría haber sido un buhonero brusco y
mil formado o algún señorito pulcro y aristó.:rata, a lgún muqués calavera, ¡qué se yo! lo que si se asegura
es que el autor de sus días debe h1.ber tenido entrañas
muy negras. ¡Porq ue eso de dar vida a un ser que ni lo
pide ni lo quiere, crear un angel para convertirlo en
demonio, formar una paloma destinada a vivir en lo
a zul, para h..indirla en el cieno, es verdaderamente
un'!. acció3 que tiene el tinte má; subido de criminalidad!
¡Pero desgraciadamente el caso de I rma se r&lt;!pite con
dem1.sía! -A.sí-decíimos-nació ella, así creció en
m~:iio de una atmósfera m1.leaote, saturada de vapores
impuros, des:onoció las c-&lt;ricias maternales, y si, se le
alimentaba y se le impartí 10 medianas deferenci,s, no
eran por cierto por amor, sino que veíase en ella un
Tico tesoro que más tarde, daría opíparas ganancias; no
de otra manera se obra, cuando se limpia y adereza
una alhaja para adjudicarla al mejor postor; también
-con igual fin un traficante en anim1.les cuida que estén
sanos y rob :1stos para su venta. ¿Y, qué no habrá diferencia entre una muj ~r y un simple bruto? no sólo la
hay ; sino que ni compuación cabe, pero esto no exis·
tí, en la madre de Irma.
L:i oiñ1 s~ transformaba en mujer. crecía en edad,
crecí, en belleza ; sus ojos aoacibles, color turqueza,
hech:i, para reflejar cuadros de bogar; sus labios fiaos,
sus labios coralinos para_recibir el casto beso del esposo ; sus m'l.oos de cGioconda;&gt; su cuerpo adorable, todo
fué v~odido, cu1.odo empezaba 11. décima-sex ta primavera de su existencia; fué vendida al que dió más y al
que volía m~no;; érase él, un mortal, gistado más por
los vicios que por los años; gustab1. de compr:ir flores
pua deshojadas y luego que las pisara el que quisiera.
lrm1. le pareció una flor elegante. y d ió algo más ¡;or
ella, más de lo que le costaba un traje de etiqueta hecho en Londres y menos de lo que hubiera pagado por
ua t.erm:iso cFiat,&gt; t ,mbién se la vistió cnn hermosos
trajes ~e seda y se le dió el trato de g rao señora, ella
inconsciente iba a todo, ¡era tao niña! su pecado fué
sin malicia, el crimen venía de parte d • otros.
Pronto su comprador cansóse y un día de tantos, sin
más decir, poniéndole en las manos unos cuantos bille·
tes de banco, la envió a la calle, Aquí empezó su calva·
ri3, ella tenía ilusión de que i..quello no tendrí 1 fin y
lloró por sus coch ~s. sus sombr.,ros y taotas cosas booi·
tas como p~rdía; lloró tambiéo pn aluel hombre para
-quien seotía si no amor sí algo de cariño; si este, en lugar de despedirla la hubiera retenido en su casa, la hu·
biera hecho su esposa, no tendrí1 por qué arrepentirse,
sin mancha llegó a sus manos y eo el tiempo que la tu·
vo a su lado se por tó cual una honorable dama; pero el
segador de flores no abrigó compasión para su nueva
víctim1., no supo detener al angel en su c.i.ída, al cootraTi J, aceleró el descenso.

Ya en medio de la calle, ya en terreno resbaladizo,
ya sin quien le diera la mano, fué bajando más y más;
sus amantes ya no eran señores de "clarck" y guantef
blancos, un cualquiera, un simple artesano gozaba de
sus favores; y ella vivfa así por costumbre, por necesidad, vivía sin gusto, sin conocer el amor, el amor del
alma, y la ¡pobrecita! lo deseaoa; sentía horr or hacia
su vida, hacia aquellos hombres be~tias que por doquiera la perseguían ¡cuantas veces! las lágrimas se agolpa·
bao a sus ojos al ver los niños de cabecitas rubias jugando en los jardines! i Cuanta envidia sentía por las
mujeres que se oían nombrar madres! y luego recor daba a J uan ... ,¿qué quien era ? un obrero trabajador y
honrado que habitaba una casa no muy distante de la
mísera buhardilla de Irma,
1Qué casa!, ¡tan mona!, ¡tao aseada!. y todo obra de
uoa viejecita con las sienos orladas de plata, con sus
vestidos trascendiendo limpieza; cual infat igable hormiga iba y venía de un lugar a otro, las macetas, los
pájaros, todo daba razón y a tPstiguaba rns fatigas, había que tener listos los alimentos y arr.,glada la rústica
mesa para el regreso de Juan. iQué recibimiento! en·
cant,ada de su hijo y éste enamorado de su viejecita, y
esta felicidad le dolía a lrma, sentía no poseer esa dicha; amaba a Juan y su amor era irreali zable; nunca
gozaría de los amor.is puros, el abismo era iumenso;

entonces llegaba la hora de la desesperacióo ~ de_ mal·
decir a todo el mundo, a todos los que la hab1an mducido a esa carrera y al llegar a su madre .. . , se dete·
nía, la leng ua no acertaba a profer ir iojuriascoo_tra ella
al r ecordar ciertas palabras que leyera en un hbro ve·
nido a sus manos al acaso. "Respetarás a tu padre y a
tu madre"
De nuevo se le presentaba J uan ; ¡ por qué nunca iba
a verle? ¿que no !~quería ? ¡quién sab_e!_ pern _es el c'."·
so que más de al,¡una vez había rec1b1do dmero sin
saber de dónde venía, había tam bié n encontrado algu·
nas cartas anó nimas y presumía que eran de Juan, aunque sin tener razón para ello; todo se red ucía a ciertas
miradas cariñosas cuaodo la encontraba en la calle,
pero se admiraba de que nunca le hubie~a dicho una
palabra. Y en efecto, Irma no se engañaba a l atribuirle a Juan aquellas cosas ; las cart:ts y el dinero que recibiera cuando se encontraba más necesitada eran cosa
suya. J uan conocía la historia de Irma y tenía compa·
sión ·para aquel capullo agostado en primavera ; en ot ro
tiempo la hubiera amado, pero ahora era únicamente
un cariño piadoso el que lt, llevaba a escribirle aconsejándole su regeneración , y también solía enviar le
cortas cantidades de dinero, d~ 1, s que nunca pemó
pagarse.
o o o
¡Muerta! excla mó el Docto r con la frialdad de su oficio y dió las órdenes necesarias para que fuese traosla¿ada a l anfiteatro, el cuerpo de una joven cerno de 21
años que acababa de expirar en la cama de un hospital,
allí se le destrozó y después en un cajón de comunidad
fué conducida a su última morada, un montón de tierra
encima de sus despojos mortales y fué todo
Este es el fin de Irma; pensaba regenerarse cuando
la at&amp;có traidora enfermedad, sola. sin hogar, Gin familia, el único recurso que le quedaba era un hospital: el
abrigo de los desheredados, allí tuvo que acudir, allí
confundida entre otras mujeres, sin que nadie derramase una l:igrima por sn muerte , dejó la existencia en la
flor de su edad, muri5 arrepentida de sus faltas y pt·
dieodo pe•dóo para la autora principal de ellas, y así,
mientras ella moría abandonada en aquel lúgubre hos·
pita!, la desnaturalizada madre reía a carcajadas en
una descomunal orgía.
ANGELINA DOMO DI G ORCE.
Guaoajuato, Agosto 23, 1913.

-Todo está muy mal. No se hacen negocios.
-Me extraña lo que usted dice, porque en casa ha
sido preciso aumentar el personal por el mucho queha·
cer.
- l A qué se dedican ustedes ?
-Tenemos casa de préstamos.

o o o
En un tranvía:
- iEsto es intolerable, conductor! !El agua se filtra
a través del techo!
- !Agua filtrada ! ¿Y todavía se queja usted?

Miembros de la sociedad &lt;Ignacio Pérez&gt; que celebraron su fiésta de aniversario ti sábado último.

,,

�los libros amigos, estaba el retrato de ella en aptitud
pensativa, entre teat ral y romántica, con una enorme
füir blanca en el pectio, corno alentándolo a perseverar
en e l estudio. &lt;;:orina 9cupaba todo su pensamiento, y
por ella, por su amor, por la ventura de ambos y para
premiar su fidelidad, redoblaba su esfuerzo y se aplicaba con más ardor a vencer los obstáculos. El amor,
avivado por la ausencia, espoleaba su voluntad y ennoblecía. su fatiga. En las horas de abatimiento, la imagen
de Corioa se presentaba a su espírit u para iofuoc!irle
fortaleza.
La.s cartas iban y venían, impregnadas del dolor de
la ausencia, del optimismo,de la e3peraoz1 y del encanto d el cariño.
Al principio, se escribieron con frecuencia; más tarde. escasearon las cutas. Corina se quejó amargamente,
habló de enfriamiento de afecto, de olvido quizá;
Leandro la consoló, coatestáoclole que los exámenes no
le dejaban tiempo para nada, pero que e lla seguía ocu•
pando el primer lugar en su corazón.
Y a fe que no mentía : Corioa contiouaba siendo su
prometida ideal, pero al lado de ella, figuraba otra.
Aoatilde, una linda y elegante porteña, a la q ue prin·
cipió cortejando por emplear los ratos de ocio en un
deporte placentero Con el trao~curso del tiempo, la
figura de la a•1sente fué b~rrándose para ocupar su sitio la nueva elegirla. lnsensiblemeote, sin que él lo notara, Aoatilde se enseñoreó de su corazón. Cuando el
estudiante se dió cuenta de ello, sintió remordimiento y
tuvo vergüenza de sí mismo.
Luchó por desprender de su alma el afecto que babia desalojado a aquel antiguo amor de i nfancia. Com·
puó minucios1meote a ambas, y del paralelo, salió

Un Ciego Sepulturero
Diligente sin desmayo, con acabada
conciencia de las muchas obligaciones
que se babía impuesto por sí milfllo,
Eduardo, el ciego de la Casa de Expósitos, era el primero en levantane,
antes de aparecer la luz nunca alcanzada por sus órbitas muertas, y recorría
los corredores y salones de la primitiva
instalación, en busca de puertas sin vidrios, de cerraduras falseádas o de ventanas caídas, para colocar los cristales,
arreglar las llaves, y trabajar los espigones de los quicios, hasta regularizar
los herraj es.
_ Nunca l~s Her~anas debieron repetirle una rn&lt;hcac16n. A cualquier ho·
ra, aún en las de comida. lo dejaba
todo para tomar su diamante y escalera, sacar las m~didas, tallar el vidrio
y enmasillar los bastidores, en una ta•
rea segura, realizada con dcminio de
vident.,_

•

_~ba~~onado a la entrada, la "piedad
d1v10a, pregonada en el viejo tablero
lo habí'l recogido, a los pocos días d:
nacer, confiado, quizá, al torno, para
ahogar alguna doble desgracia, ya columbrado el abismo, de tinieblas a
q~e parecían condenados sus ojos sin
vida, y las Hermanas lo habían recogi·
do con el amor que inspira las granD amas y ca b a JI eros as1s
· t €D t ES a ¡a recepc1"6 n ~ f ectuada en la legación
· de Guatemala el 15 del actual para conmemorar la
d es d esven
Iuras.
· 10·
· d••.e.een d enc1· i d e d"1ch a nac1"6n h ermana,
•
,
•
• •
. : ali! hab1 • crecido, en la bulltc1osa morada de los
·
nmos srn madr~, _sano de cuerpo, adormeciéndose en
Luego supo de los muchos nií1os c¡ue morían entre bía acar iciado en su camita o r on quien hubiera corriregazos de rehg1osas y arrullaaos con sus cariños, co- la impotencia piarlosa de las mayor s· .abnfgaciones, y do al calor de un sol de ventura.
Eduardo ponía algo de su alma en el ajuste de las
rreteando por los salones poblados de cunas y de incu- sintió que sus cuerpecitos, después de aih-0.rtajados de
bado::ts, y buscando imitar las inimitables armonías de blanco inmaculado, y de recibir la bendición religiosa tablas sencillas.
Y acaso las serruchase entre sollozos. Después salía
los pa¡aros de sus alegres despertares, los amiguitos 00 Y las plegarias de todas las Hermanas, reunidas en code la casa.
alcanzados de la arboleda vecina.
ro,-las bondadosas Hermanas adivinadas doquiera por
Necesitaba tomar aire, huir de la muerte.
Ya grandecito,_y siempre encanto de las Hijas del el melodioso matraqueo de sus rosarios colosales,-las
Sin anteojos, ni bastón, la frente l~vantada, dijéraseHuer~o y de las rnspectoras, y de los médicos y de los fisonomías no descubiertas en su condenación a inforpractic~n_tes, un día sorprendió a todos, mostrándoles tunio perpét;;o, pero forjadas como reflejo fiel de sus le buscando luz, recorría cuadras y salvaba calles. Mensu dom1n10 del secreto de las cerraduras y de los cor· virtudes,-eran puestos en cajoncitos blancos, y cubier- talmente trazado el plano de su paseo, jamás volvió a
tes de las llaves. Y al saber Ja rotura de una, se apre- tos de flores, para llevarlos al cementerio.
molestar a nadie con ayudas: distinguía el tintineo de
~uró a componerla.
Enternecido at saber de aquella peria, más honda e los tranvías y las pisadas de los caballos, y sabía demo•
Después estudió los vidrios, siempre en las tinieblas intensa que la suya, aprendió a cerrar estos cajoncitos, rarse antes de intentar un cruce.
de su noche eterna. Y si primero fuéron los más chi• Y a atornillarlos con prolijidad.
Eu un almacén defa esquina de Brasil y Buen Orc~s Y a su ~)canee, pronto subió hasta las banderolas,
Después ensayó la fabricación de uno. Su conclusión den, conquistó amistades.
sin más guia que su tacto, ni otra ayuda que la escale- resultó esmeradísima.
Y como era un industrioso. pidió trabajo y se puso a.
ra, por él mismo acomodada.
Le puso un colchoncito de virutas muy cortadas para preparar otra clase de cajones.
Así, se c~nvirtió en el cerrajero y vidriero de la enor- hacer grato el reposo de la inocencia dormida . .•. DesY todos los días, después de revisar las cerraduras
m? casa, sin que nunca se inculpara pulmonía 0 ¡ res- fie entonces, Eduardo se hizo el "cajonero fúnebre" de descompuestas y de reponer los vidrios rotos de rn albergue, se iba al almacén de los amigos, a anunciar la
fno alguno a la-demora en reponer un cristal pedido. los niños,
tarea terminada, y ,. pedir la nueva. •
1:ªm_Poco hubo de lamentarse ninguna hecatcmbe de
Al sentir el frío de los que ya no vivían, tomaba la
v1dn~s rotos por el ciego en su andar a tientas en el medida exacta para cortar las maderas, pues, rebelde
En ese trayecto estrechó la mano de un Padre de
laberinto del taller improvisado en el extremo de una a familiarizarse con la visita de la muerte, tan frecuen- Santa Catalina, al salvar la acera.
·
galería.
te en el hogar de los niños sin hogares, jamás consintió
El ciego habló de sus hermanitos abaodonadcs en Ja
Y ni si&lt;Juiera hubo de tachársele de despilfarro en amontonar ataúdes, como si con su falta detuviera los Casa de Expósitos, y de los que morían t;.o tristemente
y el salesiano le dijo de los protejidos en la escuela d~
l?s materiales, porque su habilidad llEgó a ser de ar- estragos de las fiebres.
lista consumado, para no desperdiciar trozos ni trazar
Cuando el caído era uno de esos amiguitos, de liso- º?cios, taml;,ién .;in madres y sin hogares, o muy pobrecortes innecesarios.
nomía riente, aunque nunca dominada-por sus órbitas, citos, y como aquéllos, rodeados de infortunio. Dos alque no llegaron a traslucir cosa a lguna, pero al que ha- mas que se encontraron.
Eduardo conoció la escuela de la calle de Brasil. Y en el comedor de los
Padres se le puso un asiento. Y en
los días en que la muerte alternaba su.
visita al templo de la piedad de la ave•
nida Montes de Oca- en la primavera, al renacer los á rboles, cuando la vida de los pequeños resiste muchos embates -Eduardo lo frecuentaba.
Era el amigo de los asilados, su hermano mayor y como un asistente de los
profeso res.
Así pasaba su vida este ciego expósito, tranquilo, solícito con las Hermanas, cariñoso con los hijos de la inclusa, ga_oando para sus cigarrillos, con
su traba¡o de cajonero.
La civilización, en su avance estre·
pi toso, sacudió la placidez de su exist~ocia-el "teff·teff" de los automóviles, acoplado al repetido tintineo de
los eléctricos, de marcha regulariza,
da, y al trotar de los caballos.

Grupo de algodoneros industriales, con el Presidente de la H~púhlica a quien ofrecieron su adhessón recientemente.

Eduardo nunca llegó a dominar el
anuncio de los nuevos coches. Sus
desastres lo estremecían Entre el so·
nido de la bocina y la llegada de los
autos,_ m~diaba tan poco tiempo.que su
sacud1m1eoto le resultaba superior a
su percepción mental. Y como le dije·
ran de las muertes causadas, su horror
se tradncía en espanto. Sintiéndose así
más ~iego que en sus anteriores días,
necesitó de ayudas para aventurarse en
las calles. P_ero muchas las pa~ó solo,
la cabeza siempre levantada, sin anteojos sus órbitas, la mano sin bastén
Y con cuidados y sobresaltos, llegab~

destrozar una vida. ;Si al menos pudiese comprender
ella la intensid'td de la luctia que había sostenido entre el amor nuevo y e l amor viejo! Pero no; mejor era
guardar silencio, darla a entender que la ausencia había traído el inevitable elvido.
Corína no lo entendió así, pues achacó a la proximidad de los exámenes el sil Qnc io de Leandro. ¿Cómo
pensar en que otra rival afortunada ocupase su pensamiento? ¡Imposible!
No tardaría en comunicarle que había r ei;ibido, por
fin, el ambicionado t'tu lo y en participarle rn regreso
a la capital provinciana, después de seis años d" au•
seocia.
Se estremecía de secreto gozo, al pensar e n su casamieuto cercano con el hombre ardientemente querido.
¿ Acaso no era digna de la dicha que la vida reserva
a las criaturas que aman y que esperan 1
Y, mient ras Leaodro, sordo a las voces amorosas del
pasado y dueño y;i de un titu lo doctoral, ptdía en Buenos Aires la mano de Anati lde, la desvPnturada amante a¡¡uardaba al lá, en la tierra nath·a, al prometido con
la antorcha encendida en la mano.
ELOY FARIÑA NUÑEZ.

Sr. Lic. don Ramón Corona. nombrado Gobernador
del Distrito Federal.
·al alm \Céa de s01 primeros amigos, y al comedor de
los salesianos Pero tenía p:foico a las travesías.
Un coche a o 1fta le anonadaba hasta hacerle renunciar al paseo.
Coa todo, su cariño a los amigos era superior a los
m1.yores temores, ahogado, acaso, por el ambiente de
tristez'I. de los expó:;itos que lloran o mueren.
Cootiou1.ba saliendo, pues.
Y una tarde no debió oir el "teff teff." el tráfico in,ten,J y cJmplicadl, Cla mu:h &gt;s ruido; y campanas de
eléctricos y bJCtn'ts de bicicletas. L1 ola lo arrolló en
Ja esquina de Ituzaiogó y Montes de Oca. Y cayó para
no levantarse. Tenía t reinta .años. Su rost ro era plácido y sereno.
La.s H~rm1nas y los s'l.lesiaoos, y las inspectoras de
tlos e xpó;itos, y los médicos y practicantes, lo lloraron
·m:ichJ, intensamepte, porque en todos supo dejar un
,dulce recuerdo de bondad y resignocióa.
ALBERTO MEYER ARANA.

LA ANTORCHA ENCENDIDA
Corina, fie l al juramento contraído, dejó trascurrir
añ"l tra, año, aguardan:lo con resignación la fecha en
que Leandro, ya con su título de doctor en Jurfaprudencia, vendría a realizar el sueño dorado de su vida.
-l. Me esperarás hasta entonces?-habíale interrogado él en la víspera de su viaje a Buenos Aires, con la
voz alterada por la emoción de la despedida.
-Te esperaré siempre-habíale contestado ella con
el supremo valo{ de la enamorada y con la sublime
abnegación del amor, vencedor del tiempo, del espacio
y de la muerte.- -Sólo te quiero a tí y a nadie más en
el mundo.
¿ Qué e ran seis años para esos dos seres que se había" conocido en la infancia, y que habían jurado unir
sus destinos, una vez que se dieron cuenta de que na·
cierno el uno para el otro? B ien poca cosa, en verdad.
El tiempo pasa pronto, con la velocidad del deseo,
cuando la esperanza ilumina el porvenir y la felicidad
se entreabre en el foturo como el galardón de un afán.
Coriua, enamorada, paciente y sumisa, s&amp; entregó por
completo al recuerdo de Leandro, cuando éste abandonó la ciudad natal.
Desde entonces, llevó un'\ vida retirada, la viudez de
la ausencia. Raras veces asistía a las fiestas y a los bailes, porque parecíale que cometería una infidelidad no
guardando estrictamente el retiro monacal que se había impuesto como testimonio de constancia. Todos sus
pensamientos estaban fijos en el ausente y todos los actos de su vida reflej aban la firmeza inalterable de su
hondo cariño.
Vivía virtnalmente, en constante comunión espiritual,
coa él. Cualquier motivo o circunstancia le hacía recordar ue Leaodro, una flor marchita, un trozo de música, unos versos .... . . Y su corazón ardía como una antorcha. encendida, siempre en aras del recuerdo.
P or su parte, Leandro no tenía otro recuerdo que el
de Corioa, la compañera de infancia y la fiel prometí. da que guardaba, allá en la capital p rovinciaua, la ter. minacióa de su carrera universitaria, para desposarse
con él y vivir felices. Allí, en su desordenado cuarto
. de estudiante, en el sitio de honor de la mesa, junto a

Grupo de la sociedad de "Damas Católica~" que ct:lebró su pri mer aniversario el

12

del act ual.

malp~rada Corina, la cual, aunque bella y graciosa,
carecía de la distinción, del donaire y de la cultura de
Anatilde.
En esto, recibió una carta de Corina. llena de confianza y de ternura. Pintábale la alegría de su corazón
ante la nueva de la próxima terminación de su carrera.
Nada, absolutamente nada, había cambiado en elh;
seguía .¡ueriéndolo con el mismo cariño de siempre y
esperándolo con la misma fidelidad de antes. Abora,
q ue se acercaba la fe~h-i de la realización del sueño
común largamente acariciado, bendecía todo el sacrificio que había hecho por él Y concluía diciendo quebien merecían ambos la dicha a tanto precio conquistada.
Leandro leyó y releyó la5 protestas de amor de la
novia fiel , con la melancolla con que se contempla un
ramo de flo res marchitas o se bojea un álbum de re
cuerdos. El tiempo h abía hecho su obra, pisando sobre su corazón con su hoz segadora de nobles ilusiones y de pu ros afectos. Nada había respetado, ni la
santidad del juramento, ui h sinceridad del amor, ni
la grandeza del sacrificio, Todo se había h undido en
en el pa.sa.d3, impelido por las arrolladoras y brutales
corrientes de la. vida. ¿Qué quedaba de aquel cariño
inm1culado y grande, nacido en h adolescencia, madurado en la juventud y acend rado por la ausencia en los
primeros tiempos? DJbió ser inextinguible, pero duró
bien pJco, no fué suficientemente fuerte como para
resistir todas las pruebas y sobreponerse a todos los
amores.
·
Y ahora., ¿qué iba a resp3oder a Corioa? ¿Habría de
desengañarla cruelmente, correspondiendo con el olvido
a la lealtad, o seguiría alimentando una esperanza vana,
añadiendo al engaño la burla? · No s1bía qué partido
tom,r. H1bí .. ds:struidJ un coraz6o y no le era dado

Sr. Jesé. de la Fuente Parres, nuevo att 1ché a b
legación de México en Berlín.

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..._,..,.,._.....,,..,.........,..,,,,,,.-_r_¿.,,."¼~,, . ,...,,...,.....,,..~....,,.-=~--=:!m-""111'--oW~..-..,i,-=,r--=~,~wi,,............,,..,........,..,,,N""'',..I__,.;=-=~•"'t-"""li""'.-""""IJ
Cuando Antero Marjaliza fué llamado por el sargento tallador, atravesó la compacta masa de público que
llenaba el salón de la Diputación provincial para acerca~se al estrado donde actuaba la Comisión receptora
de los quintos. Sobre la impresión de tristeza que dominaba a lo~ concurrentes, que eran mozos sorteados,
su¡ padres. sus hermanos y sus amigos, surgió un movimiento de alegría, o más bien un impulso de risa,
p roducido por la breve estatura y la resuelta actitud
de Antero.
Este revolvió en torno sus ojos neg ros y brillantes,
como si deBfia.ra a lo, burlones. Nada más des1gr adable pira él que aquel capricho de la naturaleza que Je
había hecho tan pequeñuelo Hubiese dado la mitad de
los alios que Je quedaran por vivir a cambio de crecer
súbitamente un palmo; pero esos milagros no se dan
más que en los cuentos de hadas. El que nace para
pequeño, pequeño muere.
Desde el co:nienzo de su pubertad Antero Marjaliza
había sentido a diario la amargura de ser tao bajo.
Conf ió algún tiempo en que, cuando el bozo le apuo•
tara, se desarrollaría su figura hasta poder hombrear·
se con los otros mozos de Azutáo, su pueblo nativo,
que no era, ciertamente, patria de gigantes; pero luego
hubo de convencerse de que el donoso ingenio de sus
convecinos había acertado aplicándole un mote por el
que era más conocido que por su nombre de pila y su
Apellido familiar.
L'! llamaban " Quejigueta" en recuerdo del a rbusto
enano que crece en las montaneras de la Sagra. Era
Marjaliza de la altura de ese arbusto, y, como él, recio,
duro, enjuto y fuerte. Lo que no había gastado la naturaleza en la. cantidad, habíalo empleado en la condición, y nadie podía aventajar al mozuelo en la firme za
con que hincaba el azadón en los pétreos terrones, ni
en la rapidez y resistencia enla marcha.ni en el a~uaote para estarse horas y horas en el pegujal, doblando
la espina sobre el surco. Pero "Q uejigueta" hubiera
preferido ser el más endeble de los muchachos de Azu•
tán a cambio de no ser el más menudo de todos ellos;
y esta desesperación suya se mezclaban el temor a la
riS\ ajena y el desprecio de los que le humillaban por
s er más alt9~.
En aquellos días sus compañeros de quinta le habían
di~bo, más con lástima que con envidia:
-Tú te quedarás eo Azutáo. Tú oo sirves para sol•
dado. Tú oo llegarás a la talla.
Por eso cuando " Q uejigueta' se vió sobre el estrado
de la sala, dominando p ~r la altura de éste a los es·
pectadores, creyó que iba a jugarse una partida de la
que dependía su porvenir, porque si, eo efecto, no llegaba a la chapa de bronce que fija la mioima estatura
exigida por la patria a los que bao de servirla con las
a rmas en la mano, esta proclamación de su pequeñez
iba a hundirle para siempre en los abismos del dolor
y de la tristeza. La naturaleza había!'! condenado a
ser eoaoo, y esta sentencia iba a proclamarse con la
solemnidad aparatosa de un acto oficial. Adivinaba
Antero la carca j~da ruidosa -iue iba a sonar cuando el
sargento dije ra:
-Corto de talla. Ioúti I para el servicio.
Por eso cu iodo, descalzadas las alpargatas y desou·
d os los pies, se colocó e l mozo sobre la base del apara·
to medidor, estiróse cuanto pudo, irguióse con toda la
fuerza que le e ra dable, esperando asf tocar con el crá·
neo en la chapa niveladora de los héroes.
Observólo el sargento, y Je dijo:
-Otros se encogen por no llegar, y tú te alargas pa·
ra dar con la cabeza en la meta,
Faltábanle unos milfmetros. Entonces Antero apretó
los músc ulos de la caja torácica, juntó los brazos al
cuerpo, ar rimó las piernas a la columna de la talla, y
con un esfuerzo supremo consiguió lo que deseaba: su
pelo, recio como alambre, raspó en la chapa. Un im·
pulso vigoroso le hizo quedar encajado entre ésta y la
base del aparato.
E l sargento, riendo, le dió un empellón y le hizo descender.
-Util-dijo.
Sonaron algunas palmadas, escucbároose palabras de
aprobación.
-iBien por "Quejigueta!"-dijeroo varias voces.
Y el cura de Azutáo, que asistía al acto, exclamó:
-A ése no le hace soldado su estatura, sino su vo•
!untad.
D.is:le entonces cambió la manera de ser de Aotero
Marjaliza. La tristeza desapareci5 de su ánimo y de su
rostro. Sintió que, ya que oo su cuerpo, crecía su alma,
y su tierna fe en la Virgen de la Asceosióo de Azutáo
atribuyó a la bondad de la Divina Señora el asceo~o

que él y su linaje habían recibido en las jerarquías
sociales.
Porque su padre, su abuelo, su bisabuelo y todos sus
aotep)\sados de que se conservaba memor ia habían si•
do tao p~q ueños como él, por lo que niogooo de ellos
alca nzó el honor de iogresar eo las marciales legiones
de la patria. ' Quejigueta" iba a ser el primero de los
Marjalizas en cuyas manos iba a poner Españ a un fu.
sil.
Y ese hooor no significaba para él solamente el eono·
blecimieoto de su existencia y el cambio de las vulgares ocupaciones de ella por las aventuras y peligros
d el ser vicio militar: era además la c redencial de hombre que se le entregaba, anulando una excepción vejatoria que sobre él y sobre los suyos pesaba .
P uso Aotero todo e l pode rfo d e su voluntad en c umplir las obligaciones de su nuevo estado, y cuando in·
gresó en las filas del batallón de Cazadores de .... ,
túvose por el más dichoso de los humanos. Allí, como
en su pueblo, era el más chiquitín de todos, y las bro·
mas que en las taberna~ y en la plaz3. de Azutáo ha·
bían ª!Dargado su juventud, continuaron en el cuartel ;
pero ahora no le molestaban ni le ofendían, por.qoe sobre ellas estaba la cifra de la talla : un metro quioieo·
tos cuarenta milímetros.
Verdad es que, como no podía mantenerse en aque•
lla rígida tiesura que le hizo engañar a la patria en
unos cuantos milímetros el día de la declaración de
soldado, sorprendía a cuantos le miraban comparándo·
Je con los otros quintos; y el amplio capotóo, el largo
fusil, el ancho y achatado ros parecía n aplastarle y disminuirle.
E ra como si uo represen tao te de la generación de Liliput hubiera ingresado en el E jé rcito para que apare·
ciesen H.é rcules los hombres de mediana estatura. Pe·
ro las bromas y chanzoneta~ de las cuadras, o eran
contestadas en términos acomodados, o daban lugar a
que ''Quejigueta" enseñara sus puños eu amenazadora
crispatura e hiciese valer la potencia de sus brazos.
Aquel muñeco pareda hecho de hierro.
El periodo de instrucción destacó a Marjaliza por la
rapidez coo que todo lo entendía, por su empeño en
ejecutar los movimientos que se le enseñaban , por su
agilidad de acróbata. E l teniente coronel se fijó en
aquel muchachuelo y le eligió para corneta de órdenes.
Esto obligó a "Quejigueta" a oo nuevo apr endizaje.
Durante mul:has mañanas fué con otros alumnos
de la misma eoseñaaz4 a los barraoccs de la montaña
del Príncipe Pío, y allí se pasaban largas horas ioteo•
tando sacar del dorado cornetín les sones bélicos que
en la paz sueoao como regocijado cacareo de gallo
contento, y eo la hora de la saogre tienen la medrosa
estrideoci1. del g rito de muerte eo la tragedia.
También aprendió rápidamente el manejo de la corneta y su po cómo h1bía dé combiuar el soplo q ue hace
vibrar el metal, y los movimientos de la lengua que modulan, matizan y recortan esa vibración.
C uando Marjaliza fué por vez prime ra detrás del caballo del teniente coronel a unas maniobras eo las cam•
piñas de los Carabaocbeles, tuvo un vivo sentimiento
de orgullo. Las órdenes del jefe pasaban a través d el
cornetín como uo alarido de autorictad y de victoria.
La compacta masa de soldados d isteodíase en hileras,
y a cada nuevo son cambiaba el orden de éstas Agrupábaose, se diseminaban, corría n a ocupar las lomas:
los fusi les apuntaban a uo invisible enemigo imaginado
en el horizonte; sonaban los disparos, y los centenares
de columoillas de humo que aoarecíao aquí y allá,
creía "Quejigueta" que oo o,ran sino el homenaje rendido a aquel instrume nto de cobre que sus labios caleotabao y que se estremecía sonoro bajo la mano que
le oprimía.
•
P icaba el teniente coronel a su caballo y eo r ápido
galope descendía les altozanos, c ruzaba la llanura, volvía a s ubir los montículos subsiguieotes, y a su lado iba
"Quejigueta" con velocidad que mas parecía vuelo qu e
paso, sio que la fatiga molestara sos pulmones. sin que
su respiración dejara de ser isócrona y tranquila. Por
dura que fuera la marcha jamás descendía por su rostro una gota de sudor. So tez morena permaoec!a seca
y fría, y los ojos, fijos ea e l jefe, aguardaban el gesto
que se traducía inmediatamente en uoa nota que cara•
coleaba eo los aires como uo arabesco musical.
-lNo te cansas, "Quejigueta ?"-le decía alguna vez
.:ll teniente coronel.
Y el muchacho, sonriendo, contestaba entre vanidoso
y modesto:
-Mi teniente coronel, ¿qué es cansarse?
H abía comenzado la campaña de Africa Del puerto
de ~1álaga salfan diariamente vapores llenos de tropa.

En el campo de Melilla levaotábaose los campamentos
como por improvisación milagrosa del patriotismo.
Coaodo "Quejigueta" se bailó delante de uoa tienda de
campaña y vió a lo lejos la mole iogeote y temerofa
del Gurugú, experimentó eo su alma seotimieotos oue·
vos para él.
Era la hora del crepúsculo. El sol, al ponerse detrás
d e la negra montaña, pa r ecía apr oximar se a la tierra
para quemarla con su fuego abrasador . En todo el espacio visible, desde el río de Oro hasta el Hipódromo y
la posada del cabo Mor e no, exteodíase la perspectiva
de los campamentos.
Comen zaban a eoc€.oder se las lumbres de los rao·
chos. Iban y venían las acémilas cargadas de víveres.
Pasaban al trote largo las baterías, que iban a ocupar
posiciones para una operación p róxima.
A la izquierda, las tranquilas aguas del ma r reflejaban los últimos resplandores crepusculares, y la Mar
C hica, encerrada en su marco de arena, brillaba como
un espejo de plata. Coincidían la calma suprema de la
Naturaleza y la interrupción de la lucha.
Las hondonadas y los vallecillos del Gurugú estaban
desie rtos. Diríase que el enemigo había desaparecido y
que las jarcas rifeñas no existfao más que eo la imaginación de los españoles. Poco después reinaron las som ·
b ras de la noche, y minutos más tarde lució en lo alto
la luna. La inmensa concavidad celeste iluminábase con
una luz suavísima y misteriosa.
Sonó una corneta: era el toque de silencio, que pareció imponerse, oo sólo a los hombr es, sino a la Natu·
r aleza también. Oíase oo más, de cuando en cuando,
que el rumor de las blandas olas, que dejaban eo las
arenas de la playa una orla blanca. Las luces de los
bar cos anclados frente a Melilla relucían como e~trellas que hubieran cafdo eo el mar.
Un infinito y dulce reposo domioaba el sublime escenario de tantas proezas, como si Dios h ubiera q uerido
otorgar a los que se preparaban para la locha, tal vez
para la muerte, el conteo to deleitoso de: la divina poe •
sía, porque fuese más d olor ow pero más noble y más
grande, el sacrificio. Porque, en efecto, aquella amorosa quietud qoe saturaba el ambiente, aquel hechizo que
templaba los ánimos para el placer de vivir , era el prólogo de la traged ia, y la Juo a, rielando en los picachos
que sobresalían entre las ginestas y los nopales, pan cía
señalar los parajes en que iban a caer los valientes. El
Gurugú alzaba en el lumioorn ambiente su lomo de fiera acostada que espera la presa.
· "Quejigueta," tendido eo el suelo entre su corneta y
su fusil, contemplaba e l cuadro grandioso, y su alma
estremecida sentía conmovedoras emociones. Aquella
ciudad de casitas de tela, improvisada frette a la moo·
taña, parecíanle un r esumen de la patria, una avanzada
de España sobre Jo porve nir. No era la t ierra africaoa
lo que él divisaba e n lootaoaoza, sino los horizontes
morales de la raza hispánica, ante los que ésta se hallaba desde tanto tiempo detenida. Para "Quejigueta"
la idea de patria tenía dos r eprtsentaciooes distintas.
Una e ra la madre, la menuda y eocogida viejecita qu e
le había despedido ante la capilla de la Virgen de Az utáo, con lágrimas y consejos; la iglesia de la aldea, que
e rguía e n los aires su torre mud éjar; las tumbas mar•
móreas situadas eo el carnero d el templo y cubiertas
con las estátuas yacentes de los antiguos caballercs que
realizaron la epopeya de la Reconquista; el bueno fa.
miliar, cuyas tapias semiderruídas estaban cubiertzs de
madrest:lvas, y en c uyo esta nqu e oacíau 11,s lirios y las
azucenas; el habla sonora y eoérgica, aprendida con las
oraciones, que vibraba en los cantares, y resumía eo el
r ico y pintoresco refranero la sabiduría vulga r, el ba·
bla castellana, que se usó en Toledo antes que en
oioguoa otr .. comarca española, y que con el ritmo resonante del "Romancero" evocaba en la imaginación el
paso de andadura d el r ecio caballo eo que el hér oe de
las soñadas aventuras iba por los caminos de la gloria
y de la muerte. Eso era la {latr ía para " Quejigueta, y,
además, la bandera, ~l amado trapo bicolor que ondea·
ba eo los días solemoes en el balcón de la Casa de)
Consejo. Sabía que la patria, como el honor de la mujer , es una esencia intangible, un algo divino y purísi·
mo por el que hay que dar la vida cuando es necesario, que ennoblece a quien la defiende y que eleva les
corazooe~. trocando al más rudc gañán en caudillo de
inmarcesible prez. Pero ahora, eotre el rumor del campameoto, sintiéndose como uo á tcmo de aquel ser orgánico formado por la ley y la disciplina, la patria e ra
a lgo más: era la ser ie de sacrificios ioiciada allá, to las
lejanías de la historia, continuada a tra~és de los siglos.
doliente un día coo los desastres de la derr ota, regocijada otr.&gt;s con lo~ esnleodores del triunfo, sitmpre ex-

celsa y grande. Era el pasado, f_uodiéodose con el presente Y. eogeodra!ldo lo porve01r, e n la continuidad
nunca mterrump1da de las generaciones que se daban
la mano, f~r maodo una fila infinita que penetraba a través de la tierra por la puerta medrosa del sepulcro y
flotaba en los cielos con los ser es que aun no han naci•
do, y qu_e ea su día vendrían a seguir la obra ibé rica.
L: patria e~a les soldados de ayer, de anteayer, dE1 los
anos y los siglos que fueron y los soldados de mañana
de pa_sado mañana, de los años y los siglos que aun 0 ~
b~o s,_do; tod_?S ellos formaban la grao cadena de la
historia espanola, y era preciso que, en cada momento,
los enc«rgados de conser varla hicieran con sus brazos
duros esla bones de hierro que asegurasen la per enne
labor tle la ran.

Ypor el sacrificio de cada uno de ellos, que habían de
entregar su. libertad, sus ambiciones, sus comodidades
Y hasta su vida para constituir uo depósito común de
las en~rgías nacionales, d epositó, o mejor, tesoro, que,
resumiendo y condensando los individuales esfuerzos,
los concretara. constituyendo así una corriente de fuer·
zas, capaz de arrollar los ·obstáculos que el odio ajeno
levantara.
Y él veía la rep resentación de ese caudal de los es·
fuer~o~, de las iniciativas, de los sacrificics y de Jas
amb1c1ooes de todos en el ~jército. eo aquellas legicoes
de soldados, en aquellos millares de bayoneta~. recias
como el valor del hé roe, brillantes como joya de dama.
Hay i:nom_eotos en que las ideas más abstrusas y las
geoerahzac1ooes más vagas se sintetizan eo el cerebro
PO&lt;:o sabia ' ºQuejigueta•· del pasado de España. Ape· más humilde, y e o él adquieren la forma precisa y clanas s1 recordaba los c uadros murales de la escuela, ra de las verdades primarias y de los dcgmas de la fe.
donde aparecían Pela.yo, Alfonso et Conquistador de • 9uejigueta•: se bailaba en uno de esos momeotcs, y el
Toledo, _Colón, el gra~ Capitán, H~rnáo Cortés, I sabel misero destripaterrones de Azutáo percibía con nitidez
la Catóhc'&lt; ; y en los u_empos modernos, el general Al· y comprendfa cou la profundidad de uo pensador que
as~ como la necesidad de conservar y ddender la pa'.
var ez de Toledo, t errible en el dolor de su martirio
subl~me en 1~. ene~~ía ele ,!ª heroi~idad. Estas imágene; tria une todas las voluntades de los ciudadanos en una
ensenaban a Q ue11gueta que la idea de la patria ha- aspi ración común, y así como esa aspiración, orgaoi·
bía tenido mantenedores esforzados, héroes de admira- záodose_ en formas eficaces, constituye el E jército, ts
ble r esolución, cuy_?s nomb res atravesaban los tiempos ne~esano que ;ste grao cuerpo tenga un ;,Jma que la
y d 7safiabao el olvido de la muerte. convirtiendo las gme, uo corazoo qu~ reputa por todos sus miembros
ceo1z4:s sepulcral:s. eo brillantísima polvareda de oro. la sangre, uo sistema nervioso que una a esos miembros
Resuc1t~ban las v1e1as memorias, y el pasado, confusa· e_o la relación pe rm anente de una sola iniciativa y uo
mente visto entre las fi_e~res de su ignora ncia, se eo la• s1ste?1a muscu lar que lo mueva. Ese alma, ese sistema
zab l con el prese.,te, p1d1endo a los hombres vivos el nervioso y muscular era la discip lina .... ¡ La düciplicumplimiento del deber sagrado de continuar la obra oa! • .. . .. La vol u atad de todos sintetizada en una vo•
!untad sola, el poderfo de todos los br azos obedeciendo
de los hombres muertos.
Compr eudía "Quejigueta ", no obsta ote su rudeza de a un_a c_orriente eléctrica, el valor, la abnegación, el
labriego iletrado, que esa obr:. común de la raza 00 sacnfic10 entregados a un entendimiento director que
RW.
podía realizarse s in el acuerdo y el consorcio de todos R~~ ff.

Lema: Churobusco, r y

2

EL GRAN CONCURSO FOTOGRAFICO
De "El Mundo Ilustrado"
Tenemos el gusto de ofrecer a nuestros lectores, en
el presente número, las p rimicias de nuestro concurso de fotografía art'stica.
La re:l~cción de EL MUNDO ILUSTRADO estima
que las fotografías que acc-mpañao eHas líneas seo bellas, y por eso las publica, pero recuerda que, según las
bases del concurso, esta opinión es solamente de los re•
dactores de nuestro semanario, y que en nada compromf;te el criterio del jurado calificador, qoe bien puede
opinar otra cosa.
Respecto a correspondencia r elativa al repetido con•
curso, hemos seguido recibiendo solicitudfs de ~mplia•
cióo del plazo concedido, a legando que oo alcanzaría
el tiempo para recibir fotc-gn fía s de los Estados apartados_ de la República. Como la razón es de peso. y
efectJva~~ote estimamos que no babtía tiempo para
que ~em1t1erao sus fotogr afías los fotógrafos que viven
en c1ud~~es lejanas, hemos decidido ampliar el plazo
de adm1s1óo por un mes más; por lo tanto, se recibirán
fotog rafía,; para el concurso basta el 3r de Octobre
próximo_. &lt;?orno estimamos que en este tiempo pcdre·
mos rec1b1r fotograffas de cualquier p arte del país, no
se hará otra prórrc•ga.
Para terminar, r eiteramos las gracias a los coocorreotes, por el interés grao de que bau demostrado en
nuestro concurso, cuyo éxito está asegurado, debido a
ese interés de su parte.

�.

De París
Estos días ha ~ido el tema cbligado de todas las ccnversaciones los sombreros de una multimillonaria yanqui, por pasar de sesenta los que ha adquirido en su
breve estancia en París.
Tanto tanto se ha hablaao de los famosos scmbrercs
que yo me prometí verlos, para lo cual era preciso ir a
casa de la norteamericana, cosa bastante difícil de ceoseguir cuando no se conoce a una persona.
Pero, al fio, con un poco de ingenio y aprovechando
algunas coincidencias felices, conseguí que me ccnvida·
se a tomar tes, y, naturalmento, pronto hice recaer la
conversación sobre modas, y a los pocos minutos penetraba en el "santuario" de Mrs. R.
Mrs. R. ro es una mujer vulgar: es alta, rubia, delgada y se mueve con una gracia extraordinaria.
Se viste de una manera puramente personal, y no se
la concibe más que envuelta en gasas, indolente meo te
recostada en el fondo de su automóvil.
Es coqueta como la parisiense más presumida, y su
equipaje es digno de verse.
La ropa blanca, los vesddos y los pequeños accesorios de "toilette" son un primor.
El ::alzado, hecho bajo su dirección, rivaliza en variedad con sus sombrillas; pero lo que pudiéramos lla·
mar su "chifladura" son los sombreros.
Los tiene grandes, pequeños, altos, bajos; cada día inveLta uno nuevo: su coquetería es insaciable, y se divierte comprando sombreros como las niñas comprando
muñecas.
Hay días que compra ocho o diez, y quizá más.
Al penetrar en su salón de "toilette" no pude reprimir la sorpresa que me produjo ver sombreros por to·
das partes: sobre las sillas, en los candelabros del tocador y basta prendidos en las cortinas.
Estab.1n dispuestos para guardarlos en las cajas de
viaje, operación que ella misma dirige.
Anuncian una nueva visita, y yo le pido autorización
para quedarme viendo los sombreros.
Con la mayor calma los miro uno por uno, pensando
cuál eligiría paro mí, cuál es el más original y cuáles
son los inaceptables, porque entre tantos hay vuios que
no me gustan.
Aprovechando la soledad tomo las siguientes no·
tas.
Un sombrero de paja verde tiene la forma de un ces. to redondo invertido, una cinta de terciopelo negro cru•
zando la copa pende por ambos lados para anudarse
debajo de la barba, y como adorno dos manzanas con
sus correspondientes hojas bordadas en lana.
El pequeño tricornio de faya blanca con el ala forrada de faya negra y un galón de oro viejo rematado for•
mando un cocarde al lado izquierdo es una evocación
encantadora, que se completa con una de esas casacas
Louis XV, tan elegante para salir por la mañana. Otro,
muy extravagante, tiene la &lt;calotte&gt; de terciopelo negro, el ala de encaje y una &lt;aigrette&gt; blanca.
Una cap~line de crin blanca con un lazo colosal de
tul negro.
Sobre una banqueta vi algo muy pequeño: era una
gorra (casi de bebé) de &lt;tafettas&gt; blanc.:&gt; como una
rosa.
Uno de los canJelabros del tocador sostenía inmensa
pamela de paja de Italia &lt;drapée&gt; de tul rojo y a su lado descansaba una "toque" chiquitita toda de flores.
Luego, en un delicioso barullo, dos "marquis:" uno
obscuro y otro claro rodeado de pluma; tres"canotiers"
para diversos "sports:" ·u no de piqué blanco, otro de
paja marrón y el tercero azul y blanco; dos sombreritos pequeños con ala vuelta de paja de arroz y "calotte"
de hule, que es una nota de última moda para los días

lluviosos; pero suelen usarse en las mañanas espléndidas, cuando el sol brilla sin una sola nube en el
firmamento, y, por último, como el predilecto de to
dos los sombreros de "spcrt," se erguía sobre su pie
de madera un fieltro blanco fltxible, con una cinta
de faya blanca anudada al laao izquierdo.
De la colección dedicada a cubrir su cabecita
rubia durante las horas que pase en el jardín, no
sé qué decir: todos son igualmente bonitos y gracio·
sos.
El de paja gorda con espigasyamapolases ua encanto; otro de pajatostada:coronadode' bluettes;" uno
blanco con rosas y bridas de terciopelo negro y varíes
de batista bordada e incrustada de encajes iguales a
otros tantos vestidos.
Enumerarlos todos es tarea punto menes que imposible; por lo tanto, me limito a hacer un resumen general.

5
OJOQ5

~(2)e

Se lleva todo lo que nuestro capricho o nuestras ne·
cesidades exijan; pocas plumas, aunque están admitidas;
muchas flores, bastantes "aigrettes y tul de todos colores en volantes y en lazos de proporciones alarmantes
cuando llega el momento de cambiar de residencia y
hay que meterlos en las cajas de viaje.
D 'A . .... .

No hay polvos, ni afeites, que puedan competir con un encaje de finísimo dibujo o un tul
::é6ro para prestar al cuello una blancura alabastrina.
.
No hay un sólo vestido en la presente tempc,rac;ta que no tenga cuello camiseta o gola
de tul.
Este tejido de mallas invisibles que parece creado en sueños, desdibuja y esfuma los
contornos con arte inimitable, y es tal el éxito que ha obtenido, que sirve no só!o a los ves·
Jidos y sombreros de verano, si no también a los abrigos, prestándoles un aspecto ideal de vaporosa fragilid,d.
.
Si se quiere tul blanco, deben elegirse los de Alencón o Bruselas; s1 se desea nEgro, debe
optarse por el de Cbantilly o Malines.
Sol:re ser los más bonitos, tienen la ventaja de que no se estropean con la humedad
ni con el aire de mar.
Además, resulta un adl)rno tan elegante como económico, porque dura toda la temporada.
Son infinitos los aspectos a cual más seductor que se obtienen uniendo al tul nE'gro el
blanco, combinación que ha triunfado, después del breve reinado de los colorines llamad:is
búlgaros, que fueron, durante algunas semanas, la nota dominante de nuestras ''toiJ,._ttes "
La más sencilla será en forma de gola Pierrot, muy ancha y plegada a máqutna, para
que forme marco al rededor de la cara. Según lo largo que sea el cuello, puede hacerse
doble ó sencilla. Se montará sobre una cinta que servirá para ocultar los frunces del tul, y
si se quiere adornar esta cinta, puede cubrirse con pequeñas florecillas rococo. .
También es bonita la &lt;colerette&gt; de tul sin cabecilla, plegado a máquina y después fruncido, puesto por dentro y vuelto. Como debe ser muy grande y el menor soplo de viento lo
levanta, es preciso apuntar el tul al abrigo de modo que no se note.
Con estos cuellos la forma de abrigo que mejor armoniza, por su estilo un poco antiguo,
es la llamada &lt;visita&gt;, que se usaba en el año 1860.
o o o
Son muy pocas las señoras que aprisionan su cuello dentro de un tul emballenado.
Dudar que es más cómodo no sentir nada que opri-'
ma y moleste sería absurdo;_ pero ~firmar que es más
bonito para la calle un vestido semiescotado que uno
alto, pod ría discutirse. En este caso la discusión sería

Tules y encajes han sido en todo tiempo el marco
adecuado para realzar fas bellezas de un cuello escultural.

Toilette de paseo.

in~til, puesto que los decretos de la moda se acatan siempre sin protesta, y por lo tanto nos limitaremos a recomendar a las que no tengan una garganta perfecta, que sigan el ejemplo de las
parisiennes, que poseen como nadie el arte de embellecerse.
Todas las que tienen e l cuello demasiado del1tado se ponen un terciopelo negro de dos centímetros de ancho, del cual pende una perla en forma de pera engarzada en brillantes o cualquiera otra joya pequeña, aunque tenga gran valor artístico. El terciopelo debe atarse lo más
alto posible.
o o o o
Entre los diferentes tormentos a que la moda somete a sus devotos, el más elegante es el régimen en las comidas. Cualquiera se atreve a decir en un círculo de gente &lt;comme il faut.&gt; &lt;Yo bebo agua de Lozoya y como de todo.&gt;
El que a esto se aventurase, de seguro sería calificado de loco, si por su calidad no podían llamarle cursi.
Es indispensable estar sometido a un régimen, siendo el más elegante el de la manteca, porque
un doctor alemán lo cura todo, obligando a sus enfermos a tomar diariamente 400 gramos de
manteca; nos parece oportuno recomendar unos moldes de plata para darle diferentes formas, con
objeto de que varíe la vista, ya que el sabor tiene que ser siempre el mismo.
La manceca, trabajada con agua, se moldea perfectamente.
Los moldes a que nos referimos son como la boca de las máquinas de picar; pero en vez de
agujeros pequeños y uniformes, los tiene grandes, y en forma de estrellas o de espiral. La manteca
se introduce en un tubo con agua; a una de sus extremidades se ator nilla el molde, y por la
otra se introduce un mazo de madera, que poco a poco va oprimiendo la manteca, hasta que toda
ella sale convertida en diversas figuras.

He aqui un objeto muy útil, que no debe faltar en ninguna casa. Se trata de una escoba para limpiar el calzado; pero no es una escoba vulgar. Es una borla de lana gorda, llamada de mecha, que se coloca en un palo de 95 centímetros de altura Se cuelga en un sitio visible de la ante·
sala, de modo que al entrar se pueda coger, y sin necesidad de bajarse se pasa rápidamente sobre
los zapatos y los deja completamente limpios de polvo.
Como su utilidad será mucho mayor en el campo, durante el verano, que en Madrid, nos parece l:5gico hacerla de tonos claros, procurando que esté en armonía con los mueb_les y decorado del
recibimiento. El palo de caña, e, pintado de laca blanca, y la borla de lana gris ceniza, por str
el color que menos se mancha, nos parece lo más bonito.

Traje para carreras. Chaqueta de gabardina azul y falda con grandes cuadros blancos y azules.

Traje de rec~pción de tela de plata guarnecido con bordados
de tubos.

Un bonito regalo de boda, o para una de esas personas que tienen de todo, es el alfiler de sombrero &lt;téte de chien.&gt;
En cristal de roca está tallada una cabecita de &lt;bu! dog&gt; con los ojos :le rubíe~ y el collar de
platino con brillantes.
Lo más gracioso de este alfiler es la forma en que está presentado, En vE'z de estuche tiene
una funda de piel verde obscuro, terminada por una especie de garita &lt;ouatée&gt; en raso del mismo
color; t-n la funda se introduce la aguja, y la cabeza aparece como si el perro estuviese confortablemente sentado .

�el cutis una costra ligera, y al día siguiente los labics
se encontrar:in buenos, sin necesidad de usar cremas
ni mantecas de botica, que casi nunca producen un re·
sultado pr:ictico, pues el alivio es muy efímero y lamo·
lestia vuelve a presentarse con una tenacidad extraer·
d ina ria.
Deseo que mis indicaciones le sean útiles.
UN LIBRO AMENO.-OcIOsA: Le aconsejo que busque alguna ocupación constante para distraer sus injus.

tifi~adas melancolías. Si no es afecta, como me dice, a
las labores de manos, ni al estudio del piano, de la pintura o cualquiera de las bellas artes, y sólo res iste lec·
turas amenas, le recomiendo un libro que es a la vez
muy hermoso, interesante y bien escrito. Esta obra es:
cDe Madrid a N:ipoles&gt; y su autor es el insigne litera•
to español. don Pedro Antonio de Alarcón. Creo que
sus deseos quedarían complacidc.s con la lectura de di·
:ha producción.
MARGARITA.

UNA D UDA.-AYMÉE: Si supiera yo con exactitud
el tiempo que tiene usted de haber correspondido al
cariño de su novio, podrla dec irle si esa tardanza para
formalizar su matrimonio depende de falta de cariño,
pues si dicho señor ya tieoe asegurada una manera de
vivir, lo natural es que arrel(le cuanto antes su enlace,
si de verdad quiere a su noYia. Pero también puede
atribuirse esa tardanza al justo deseo de conocer ínti·
mamente la personalidad de usted, porque antes de
unirse para siempre, es necesario saber con quien se
,·a a enlazar el propio destino, y si el novio de usted la
ha tratad_o poco tiempo, es muy prudente que prolongue
sus relaciones amorosas, antes de tomar una resolución
definitiva sob re el particular.
Así, pues, me eximo de dar una contestación conr.re•
ta a su pregunta, en vista de la duda que Je manifiesto,
porque todo dep&lt;'nde, a mi entender, del tiempo que
ha transcurrido desde que comenzó el noviazgo basta
la fe.:ha.
~on todo gusto responderé a su consulta cuando haya
tenido usted la bondad de darme los datos indicados.

J

efecto del sol á ratos p arece que penetra en el cerebro por la fuerza de los rayos que queman, bien por la humedad de

ala rmantes.
P ero a contece que, no obstante lo que lamentamos la más mínima alteración en nuest ra salud, nos cuidamos relati,·amente ,poco de conservarla, ,i,·iendo, mientras n o nos asalt a una dolencia, en la más absoluta t ranquilidad y el más

ri-

sueño de los optimismo'S.
Todas las personas precavidas tienen siempr e á mano

lllil

prevent ivo que en ton e y equilibre el or ganismo al pri-

mN· síntoma de malestar, y en toda nuestra República el popular y benéfico reconstituyente conocido con el nombre de

VINO DE SAN GERMAN

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í

nunca falta en infinidad d e hoga res que, por propia experiencia, saben los maravillosos t&gt;fec~os que produce, así

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l'll

la

c:uración radical de multitud de en fe rmedades, como en oponer resisteneia á las que constantemente nos amenazan.

'Íif

ACEPTEN USTEDES ESTE BUEN CONSEJO : En todas las buenas droguerías y boticas se halla de venta el
antiguo y acreditado tónico fo rtificantr VINO DE SAN GERMAN. Usenlo en las dosis que se indic:an en lo~; frascos y experimentarán la inefable alegría de vt,: alej ado -el peligro en momento que se crean presas d e cualquier dolen cia.

EL VINO DE SAN GERMAN ha dado resultados sorprendentes á los enfe rmos de la sangre, á los tubercu losos,
l'éUlllf ti'!os, anémicos, neurasténicos y, en general, á cuantos padecen de achaques ner viosos.
Pa ra las señoras, dura nte el período d e lactan cia, es un fort~leciente ineomparable.

RECET,A_-AMELI~: Doy a usted ~na fórm?la que le
ser:!. muy uul para evitar que sus labios cambien sin ce-

sar de epidermis
Se derr!te una poca de cera en una cuchara de plata
y en ~egu1da se mezcla con unas gotas de eseucia de
rosas. Se aplica sobre los labios esta composiciou, todu
l_as nochts antes de acostarse a fin de que se forme en

oport unamente á prevenirlas ó cura d as, es decir, á atajarlas ~n su acción dañina ó destructora. Ocurre que, bien por

miembros, ancianos, adultos ó jóvenes. no se encuentra atacado de catarro, d e dolores neurálgicos ó r eumátícos, de cólicos
.

PENAS DE AMOR-MARIA: Comprendo la tristeza
que usted siente al ver la tardanza con que su prometido le escribe, pero si él insiste en recibir diariamente
carta de usted, sin duda es porque la quiere con uo
amor grande y sincero, aunque tenga una negligencia
algo reprncbabl" para.sostener su correspondencia epis·
tnlar.
l Le ha mo,trado usted la _pena que experimenta por
esta causa ? H:igalo en términos afectuosos y si tal re·
curso no le da buenos resultados, sería conveniente que
retardase un poco sus cartas, a fin de hacer ~entir a su
novio la misma inquietud que usted padece por sus
inexplicable~ silencios.
Si tampoco esta tentativa produce el efecto deseado•
entonces, querida amiga, acepte a su novio tal como es,
resígnese con las rarezas de su car:icter, supliendo con
•o propio amor las _deficiencias del de su futuro e~poso ;
esta es una resolución que con mucha frecaeucia tienen
que aceP.tar las mujeres abnegadas y cariñosas, porque
los hombres dejan bastante que desear en cuestión de
sentimentalismo, y no es posible r eformarlos sino m:is
bie~ procurar adaptarse.ª su modo de ser,' ya que la
ley inexorable del amor impone esos sacrificios, en cam·
bio de grandes felicidades que no tienen ni pu.,den te·
ner substitución.
Le déseo un alivio completo en sns penas amorosa~.

Esta mos en la temporad•a d e mil enfermedades, si no graves, sí molestas y no excentas de peligro, si no se acude

que se impregna súbitamente el ambiente y por el estado lodoso del piso, son pocias las familias en que alguno d e sus

Consultas

DOS ~OTlCIAS.-1:AM PIÑo: En las droguerías y
perfumenas de esta capital. venden una substancia que
se llama cBigotina&gt;, la cual servir:!. a usted para conSP.·
guir el objeto que justamente se propone. El buen bigote es el mayor atractivo de un rostro varonil.
Si el baile de que me habla no es de etiqueta ni tam·
poco de mucha intimidad, creo que debe usted presen•
tarse de jaquel negro o de algún color obscuro.

•
me1or
consAun los organismos más resistentes y
tituídos sufren serios trastosnos en estos .días .de
•
inconstante
temperatura.
- - - -

Sombreros de terciopelo y corpiños de tul.- Las modas francesas
·
· vierno con sombmos de terciopelo y plumas, pe ro todaviae:t~::~:r{~

·
~tt:t:~ \~s ~~~;1·i:~~ad
del in-

�E L MUNDO ILUSTRADO

La entrante Semana la

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Neutraliza los ácidos y expele del orgaoismo todo el Veneno Reumático, 50 centavos
y un peso. Marca 3 X, $2.

A QUI ESTA LA PRUEBA:
El .señor presb. P. Flores Vald&amp;rrama, Av-e. del Instituto, Puebl~,
nos escribió el lo. de Enero de 191a:
"El remedio 3X para el Reumati •
mo, que vende la casa de ustedes, e,
inmejora,ble y por tanto inS'llbstituible. Yo fuí un pobre enfermo qu~
venía sufriendo, desde hace más d¿
20 años, de Reumatismo gotoso. Una
persistente enfermedad nerviosa hizo que la eliminación del ácido úrico fuera punto menos de nula en
mi persona; y aihí me tienen 11stedes
sufriendo constantemente da desa
rreglos gástricos y, Jo que es peor,
de todo ese c~rtejo de molestias, sufrimientos y dcilores,--'.Ínclusos lt s
de Cálculos renales--&lt;¡ue trae aparejada una Diátesis Urica. L legué
casi a estar paralítico. En vano fué
que tomara una serie incontable dP
medicamentos nacionales y extran
jeros; la condición ácida de mi or•
ganismo se modificó muy poco y el reu
matismo seguía su marc.ha devastn
dora, hasta que se me ocurrió tomar
el remedio 3X preparado por el profesor Munyon para esta enfermedad. Con este medicamento me hr
curado por completo en menos de
dos meses y con sólo tres frasquitos
Los dolores reumálticos se han reti
rado como por encanto; los r iñon e.,
funcionan muy bien, y la elimina·
ción del ácido úrico es completa y
perfecta. ·
P. F lores Valder rama."

u

«:~!ID©i&amp; y ~n moollIBIIIDil@

Uno de los remedios más sencillos y me•
jores par a cur ar el insomnio es, según se
dice, el olor de la cebolla cruda.
Hay que machacarla para sacarle el ju•
go, y olerlo después durante diez minutos
antes de acostarse.
Asegúrase que el remedio calma losner·
vios de las personas más excitables.
Las cebollas contienen una especie de
opio que le da cualidades soporíferas. Lo
desagradable de su olor desaparece después de llevar un rato oliéndolas. Perso· ,
nas que la aborrecen y que han probado
este remedio, no han sentido náuseas ni
jaquecas,
Al cabo de diez minutos de olfateo, la
persona que recurre a tan heroico remedio ~: siente soñolienta y con los nervios
dcb1htados..
.
Las propiedades médicas de las cebollas
son co~ocidas.
.
Com1écdose una cada noche, en tiempo
de verano, durante un m~s., antes de acostarse, aclara la tez, Aphcand~Ja en emplasto, cura la ronquera y las rnflamaciones. Si se aplica el emplasto al pecho, da
buenos resultados para combatir la br onquitis y otras dolencias de los pulmones.
A Jo menos, esto es Jo quP. dicen los en•
tusiastas de la cebolla.
o o o

El automovilism·o y la salud
Hace poco tiempo un i lustre fisiólogo.
Mr. Mouoeyrat, ha enviado a la Academia
de Ciencias de París un estudio acerca de
la saludable influencia que ejerce el automovilismo sobre la piel, los órganos respiratorios, la circulación de la sangre y el
sistema nervioso.
El Dr. Legendre había observado asimismo los benéficos efectos que los rápidos
cambios de &amp;ire de un viaje ro automóvil
producían a las personas anémicas o neur óticas.
Mr. Mouneyrat ha hecho curiosísimos
experimentos con varias personas y durante ocho días, dando por resultado qu,: in•
dividuos de buena salud que al empezar
las observaciones tenían 5.200,000 corpúsculos sanguíneos por milímetro cúbico, a los
ocho días de paseos en automóvil contaba
con 6. 700,000.
En las personas anémicas el aumento de
glóbulos rojos es aun más notable, oscilando el enriquecimiento entr e el 18 y el 30
por cieato.

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��</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1913, Año 20, Tomo 2, No 12, Septiembre 21</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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