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                  <text>���R ~gistrado com'l artículo de 2~ 'clase, el 26 de Febrero de 1914.

Sábado 7 de Marzo de 1914.

Segunda EpoGa.

Tomo 1.-Núm. 3.

FONDO

fERNNiD,O DIAZ RAMtREZ
Fotografía de Arte por Smart, Guad .

•

�INUlCADOK

"Arte y Letras''
Se publica todos los sáb..dos por la

Cía. rerlodístlGa MexlGana, s. A.
DIRRCTOR:

J.

M. COE LLAR.
GERENTE:

MIGUEL LA.NGARlCA.

l

OFICINAS:
Rioc?oida. de Sao Dieg'l ,¡r.

Teléfonos:
Mex. 20-85 Neri.-Eric. 14-51.
Apartado po,tal 45 bis.
MEXICO, D. F .

PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . . .. . . . . . . 20 cs.
Subscripcióo, trimestre . .. .... 2.50
Eltlraojero, trimestre.. . . . . . .. 5 .00
con excepción de E~hdos Uoidos y Cuba, en doode regirá el mismo precio
qne para la República,
NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA. VE~lR
CON SU tMPORTE.

No se devuelven originales.

Por la Cuaresma......
A una alma buena.
El santo tiempo escogido por la
iglesia para la oración y el recogimiento, como preparación de la
semana en que se recuerda la
muerte de Cristo, ha venido asacudir en este año de una manera dolorosamente tierna mi viejo espíritu de pecador empedernido e impenitente.
El recuerdo de la reciente muerte de los séres más queridos me
ha llevado a rememorar los días
en que en su compañía iba al
templo y frente al ara santa, oraba pidiendo: al principio el q1m plimiento de algún capricho infantil: mác; tarde la satisfacción
de algún deseo de la juventud o el
perdón de alguna falta que en
aquellos tiempos me parecía casi
monstruosa.
Tirando del hilo del tiempo,
vino después la escuela con sus

nociones de ciencia, y más tarde
la lógica con sus inflex ibles conclusiones y sus fríos razonamientos, y me apartaron del ara y del
oratorio para llevarme a las especulaciones de la escuela positivista que ahora trata de condenar,
quizá sin mucha razón, el elemento oficial educativo. La transformación fué radical; el misticismo
de los primeros años y la fé de
los buenos padres desapareció
para dar lugar a las consideraciones de cáracter lógico. De allí el
rechaz tr toda idea que estuviera
reñida con las inflexibles leyes de
la naturaleza; de allí el aceptar
solamente lo que se pudi~ra pesar
y medir; de allí el declarar indigno
del criterio humano todo lo que
no fuera evidente a la luz de los
principios científicos.
o oo
Han pasado los años y los hilos hlancos cubren mi cabeza en
una abundancia alarmante; el
hielo del tiempo parece querer
aplacar la vehemencia de las
ideas, y, serenamente, lleg:i. el
tiempo de pensar en lo que se
ha hecho.
'
¿ A dónde nos ha llevado la
consideración de lado puramente científico de la vida? ¿Qué
grado de bienestar puede proporcionarnos la existencia pisada lejos del idealismo?
El alma, estrujada por la inflexibilidad de los procedimientos lógicos, protesta sangrando
contra esos conocimientos que
un tiempo creyó que eran la clave del mundo, y que, después
de los años, le han dejado tan
ignorante como antes y le han
quitado las inmensas satisfacciones que le proporcionaron sus
ratos pasados en éxtasis ante la
imagen de un ídolo cualquiera
en voluntaria cesión de facultades y potencias, sin más idea .
que Ta adoración sublime, sin

pensar en otra co:,a que en ser
enteramente el juguete del ídolo
adorado.
Pero, ¿cuál de las dos satisf acciones es más justa y má-; legítima? la de abandonarse en el éxtasis místico en brazos del ser
hecho superior por una volición
e:5pontánea, o la de dominar todos los acontecimientos de la vida y sujetarlos a las leyes inflexibles del peso y la medida?
El orgullo humano se siente
seguramente más satisfecho con
lo segundo, pero la diosa razón
al fin llega a ceder y convencerse de que no ha servido de nada
a su~ devotos.
El recuerdo del santo tiempo
de la cuaresma ha hecho nacer
en mí estas ideas; ya que es tiempo de meditar, meditemos, y si
de es te naufragio de la razón sobrenada algo. hay que ver si aún
es tiempo de hacer nueva ruta
con ese algo que queda.
¿ Es posible reconsrruír un alma lacerad'\? ¿ Ace;¡tará !'uevamente d yugo de que huyó en
otro tiempo? ¿ Caída la estatua
de la diosa razón se p::,dría erigir
nuevamente en su lugar uno de
los antiguos ídolos?
I ,a proximidad de la catástrofe
no nos deja pensar; pa~a la solución de estas cuestiones, que debe de hacerse en el terreno de la
vida práctica, se necesita una
ayuda y esa sólo puedes darla tú,
alm:i. buena que has substituído
el afecto de los séres muertos.
Vamos de la mano a la vida
nueva; ojalá sepas encarnar el
recuerdo de los buenos padres
que me llevaban frente al ara
santa para pedir el perdón de
muchas faltas que quizás todavía
no sean irreparables.

J. M.C.

de su esposa la Excelentísima. Señora. de
Lie.
El Diplomático ea
mención lleva varios
años como Ministro de
Noruega en nuestro
pafs y·Hoto él como la
Exceleotfsima ::,eñora
. de Lie gozan de g.randes y merecidas simpa-·
tías en nuestros círcu ·
los sociales, por lo que,
la partida de dichos
señores ha sido gene·
ralmente sentida
'
Los Excelentlsimos
Señores de Lie han podido ju•tificar el aprecio que se le tiene en
Sociedad con el cari·
ñoso adiós Ge que fueron objeto al partir a
bordo del ferrocarril
Mexicano con de5tino
a Veracruz, en donde
se embarcarán rumbo
a la Habaoa.
000

En onestros círculos
diplomáticos sociales se
habla coa pena de la
pró1ima partida del
Excelentísimo Señor
Panl Lefaivre, Enviado .Extraordinario y
Ministro Plenipotenciario de Francia, ante
nuestro Gobierno, y de
su e~pma la Exctltn·

Crónica Social
La Dirección de este artístico
semanario con bondad que mucho estim_o se ba servido designarme en su redaccióo como su
crooista social.
El hooor que disfruto dirigiéorlome ál ilustrado público de
ARTE Y LETRAS oo roe hace
olvidar lo muy delicada de la
misión con qne se me ha honrado; por tanto ruego a mis amables lectores, reconociendo como reconozco mi iosuficiencia
en mi labor, para la que si tengo grandes anhelos de trabajar
su indulgencia.
'
Esta sección atenderá de pre·
ferencia semaoariamente los sucesos que en nuestra sociedad
descuellan y para ello mucho
agradeceré y conmigo ARTE y
LETRAS que se nos avise oportunamente de las fiestas qqe en
nuestra sociedad se preparen a.
efecto de respooder al fin que
nos proponemos.

ººº
S:gún c?stumbre periódica
los d1plomát1cos acreditados an•
te nuestra cancillería disfrutan
de unas vacaciones y para hacer
uso de ellas salió el miércoles de
esta semana por la vía de Veracruz el Excelentísimo Señor Michael Lie, Enviado Extraordina•
río y Ministro ·Plenipotenciario
de Su Majestad, Haakon VII,
Rey de Noruega, en compañfa

J

.

Profesoras y alumnas del. curso Devavry, qn: tema.roe parte en la llefta
tnfaotil del domingo.

�tísima Señora de Lefaivre quienes el
jueves de la entrante semana saldrán
para Veracruz en donde se embarca·
rán a bordo de un trasatlántico fran·
cés.
El Excelrntísimo señor Lefaivre sale para Francia a donde va a pasar un
cor~o período de vacaciones.
o o o
Los aristocráticos salones del Auto·
móvil- Club qoe hace algún tiempo bao
dado indicios de muy poca vida social
se abrieron el domiogo último en oca•
sión de un almuerzo qoe en honor de
un grupo de sus relaciones ofrecieron

Al coocluir el servicio los comeosa·
les regresa roo a las terrazas en dood e
fué sostenida uoa ameoa "causarie;" se
sirvió el té a las ci oco de la tarde.
Hemos sido ioformados que este al•
muerzo será el preludio de diversas
fiestas que daráo albergue deotro de
breve tiempo en los salones de este
aristocrático centro de reunión a la
elite de nuestra sociedad.
o o o

Uo testimonio de adelanto indiscuti·
ble y de grao progreso intelectual presenciamos con positivo placer el domiogo último en la fiesta que CJfreció el

"Cours Devavry" en honor de distinguidas familias de nuestra sociedad.
A la fiesta que se vió presidida por
el Excelentísimo señor Paul Lefaivre,
I' aviado Extraordinario y Ministro Ple·
oipottnciario de Francia, coocurriecon
las principales familias de la Colonia
francesa residente en nuestra metró,
poli.
o o o
El cable ha tra!do a su Señoda Nel·
son O'Sbaugnessy, Encargado de N~gocios ad- ioterim de los Estados Uo1dos de América ante nuestro Gobierno
la penosa nueva del fallecimiento del
padre del referido diplomá·
tico señor James F. O'Sbaog-·
oessy, quien victima de pul•
mooía falleció en Nueva Yo1 k
en la Colonia que lleva el nom·
bre del finado, el miércoles último a las seis de la mañana.
En tao penoso trance Su
Señorfa O'Sbaugnessy ha re,
cibido de oue~tra sodedad
las pruebas de la grande e~timacióo que en ella ba sabido
conquistarse el diplomático
norteamericano.
En sufragio del alma del
finado se verificaron hoy en
la mañana unas solemnes bon•
ras fúnebre, en el Templo
de San Loreozo, que se vieron concurridas por el H.
Cuerpo Diplomático res(deo•
te aquí y por altos fuoc1ona,
rios de nuestro Gobierno.
EL D UQUE DE STO . D OMINGO.

~~~

~¡=;e=!,'~:?"""'=~=§___=~==

a medio día los matrimonios
de losseñores Licenciado Luis
Fernáodez Castelló, Arturo J.
Braniff, Arquitecto Enrique
Fernáodez Castelló y las es•
posas de estos caballeros, se·
ñoras Dolores Miranda de
Fernández Castelló, María
Garamendi de Braoiff, y María Meodía de Feroández Cas•
tel16.
Los anfitriones después de
una amena charla en las terrazas del Club en la que se
sirvieron los "Cock - Tails"
pasuon a so~ invitados al lu·
joso salón comedor en el que
foé servido el almuerzo.
Para este servicio se dispusieron diversas mesas co•
quetamente adornadas con ramilletes de violetas y en torno de las que tomaron asieo·
to los convidados al almuer·

--

~

Caballeros que tomaron parte en el Cross Couotry organizado por el Club Hípico
loternacional para el domingo pasado.-- Fots. Tagle y Agúilar.

.ZJ.

DAMAS DISTINGUlDAS.- Srita. Luz Viicarra y García Teruel.

�r0if

Vieja Lir-a Mexicana

~

Vicente Riva Palacio
Dvl
~=============~======================)[Ji
LA FLOR
una

l~

I
De la mont1ña en el abrupto flanco,
Lircitando el barranco
Por donde turbio, atronador, hirviente.
Revolviendo entre rocas y entre brumas,
Se despeña el torrente
Arrojando con furia sus espumas.
II
Acantilado muro se levanta
Con altitud que espanta,
Coronado de robles y de encinas,
En donde tiPnden húmedo su velo
Las nieblas matutinas
Con la prirnera luz que b1ña el cielo.
II I

BJrd•n soberbio manto a su grandeza
El musgo y la malen,
Y los punzantes cactus, y atrevidcs
Ar bastos, que las rocas aferrandc
Se inclinan suspendidos,
El espant;iso abismo sombreando.

IV
El agua del torr.ente evaporada,
Retorna condensada
En anchas venas o menud~s gotas
Por la rugcsa falda del g:gante,
Y en las quiebras ignc.tas
s~ pi ~rde misteriosa y murmurante,
V

Como lacia melena en los crestones,
Los tupi dos foi tones
Lánguidos flotan a merced dd viento,
0,cil,ndo eu cbnstante y rumoroso
Y vaJo movimiento
Scbre la frente altiva dei coloso.

VI
Levantan incansables tejedoras
Las plantas trepadoras
Su verde malla en la pendiente hreña
Y se agrupan el hongo y el helecho, ·
D&lt;l la desnuda peña
Luchando pJr asir el bord~ e~trecho.

VII
Al abrigo del sol crece y florea
La fragante orquidea
Y es de aquella montaña la espesura
Fantástica cortina recamada
De flores y verdura
Al alcance no más de la mirada.

VIII
Por la flo rida senda pedregosa
De la cañada umbrosa
Que al pié de la montaña se estrechaba,
En fresca tarde de apacible día
Feliz atravesaba
En juvenil y alegre compañía.

IX
Dd aquella sierra en los peñascos bue·
(cos.
D~~pertaban los ecos,

Con el duro trotar de sus corceles,
Lucida cabalgata de amazonas ·
Servidas de donceles,
Animosas, galla,das, jugnetonas.
X
Ya saltaban osadas y ligeras,
De robustas palmeras
Los abatidos troncos seculares;
Ya bnscaban la sombra de lustrosos
Crujientes platanare~,
O de frescos naranjos olorosos.

XI
IoquiP.tos, jadeantes, fatigados,
Y de sudor bañados
Lns !Z"nerosos brutos gorbetean,
Y al viento arrojio eo ligeras plumas,
De sus fauces Que humean
Lucientes y blanquísimas espuma~.

XII
Sob•P. un ¡zarbr&gt;so y trntarlor overo
Que relincha altanero
S icudieodo su crin lueoiza. y ~P.dn~a,
Entre aQuel bello j!ruoo iba María,
La virgen pudorosa
Por quien de amor mi pecho se eor.Pn·
(dia.

XIII
Era Psbelta y flexiblP. Su cabeza
Con noble gentileza
Coronaban uodo~os sus cabello~, .
Negrns, finos, profusos y brillao tes,
Y de sus r jos bellos
Lampos de luz brota bao deslumbra1Jte~.

XTV
La amaba yo con la pasi6o primera;
Con mi existencia eater a
llo'l hora de su ~mor pagado habría;
Pero ell'l altiva ~iempre y dei &lt;leñosa,
s~vera repumia
De mi edad la corriente tormPot·sa.

XV
Coot,.mplaorlo la hirviente catarata
La: geotit cabalgata
'
S'l detiene, y se escucba entre las rocas
El rnmor de las vocP.s argentinas
De aquellas liadas bocas
Como el parlar da alegres goloodrioa~.

XVI
Mas ne pronto eo la oeña acantilada
Con rápida mirada
'
Descubre entre la~ quiebras mi María
Roja. espléndida flor Que altiva cree~
Y al hombre desafía
Desde la iomeosaalturaeo que se mece.

XVII
iCoo qué iofa.otil candor, con oué ioo•
(ceocia,
Expresó la impaciencia
Qae le causaba contemplar tao lejos
Aquella fl'lr, mira.orfo su hermosura
A los libios refl,ijos
Del sol que penetraba eo la espEsural

xvm
No puile resistir, seo•í coovulfo

Con repentino impulso
Agitarse mi sér; el pensamiento
Se incendió coa el fuego de
idea,
Y dijo mi ardimiento:
&lt;Suya será esa flor, pues la desea.&gt;

XIX
Antes que alguno mi ioteocióo com,
(prenda,
Con la flexible rienda
De mi corcel d~s;:,ierto el noble brío;
Y puj.i.nte se mueve y se eocab rita
Y eo las aguas del do
Saltando el peñascal se precipita

XX
Entre sordos rumores coofur.didos
Llegan a mis oídos
Ecos de angustia y grito; de quebr.ioto
Qae oresuroscs a llamarme vienen
·
Y oi me dan e~paoto;
Ni me hacen v.1cilar, oi me detienen.

XXI
Fuerte, ligero, audaz y apasionado,
Con el pecho inflamado
De aquella edad pcr el intenso fuego,
De ilusiones y amor llena la mente,
Atravesaba ciego
Las encrespadas olas del torrente.

XXII
El prtro vigorcso hiende el agua;
Como de ardiente fragua
Es su aliento agitado. L'I onda fiera
Espomante Je envuelve hasta la silla;
Pero su esfuerzo impera
Y el borde alcanza de la opuesta orilla.

XXIII
Salto de mi caballo, y diligente
Por la áspera pendiente
Q1e mi osa:la intención to roa eo es-::al~,
As1lt0 con valor el alt:i muro
Eo donde el pié resbala,
Y el apoyo eo el br.izo es inseguro

XXIV
Co.110 el reptil que eo antro pavoroso
Se arrastra cautelorn,
A,í avanzaba yo . Ya :ifspreodida
Escaoaba una piedra de mi mano,
Ya eotngaba mi vida
Al seco matorral, fragil y vano.

XXV
Sobre ~¡ musgo mi planta se escurría;
En inútil porfía.
Me aprisionaban eo flexibles lazcs
Trepadoras iio fin y enredaderas,
Y al hacerlas pedazos
Se llevaban tras sí rocas enteras.

XXVI
A veces con esfuerzo sobrehumano
Y teniendo mi mano
A punzadora yerba mal sujeta,
Pugnab1 por hallar, inútilmente,
El relieve o la grieta
Eo la pulida faz de la pendiente.

XXVII
Era supremo triunfo la conquista

xxxvm·

De la tajante arista,
Que duro pedernal me presentaba,
Y ofreciéndome apoyo pasajero
Mis carnes destrozaba
Con sus cortes más fioo3 que de acero.

De la callada brisa el dulce beso
Sobre mi frente impreso
Calmó la fiebre, me sentí dichoso,
Y radiante 'de amor y de alegría
Me inlioé presuroso
Buscando con la vista a mi María.

XXVIII
Con negras alas de cambiantes rojos,
Azotando mis ojos
El vértigo asomó; ya oo vda
El abismo a mis pies; pero terrible
Su aliento me eovolvia
Atrayéndome mudo, irresistible.

XXXIX
Donde yo le dejé, cerca del río
Inmóvil y sombrío
Me contemplaba el grupo fijam'lote,
Y ella, lejos de ali(, puesta de hinojos,
Ioclioaba la frente,
Con las manos cubriéndose los ojos.

XXIX
Y ví nubes sangrientas, y ví estrellas
Rutilantes y bellas
Cruzando eo oscurísimas regiones;
Y escuchaba tañidos de campanas,
Y regir de aquilones,
Y conciertos de músicas lejanas.

XL

¡Ella por mí temblando y solitaria
Alzaba su plegaria!
Yo oo puedo decir qué sentimiento

Movió mi"corazóo: fué de ventura,
O fué remordimiento
v
Al contemplar su pena y su amargura.

XLI
Ligero como el tigre perseguido
Dejo el peñón erguido ..:.,
Encuentro mi corcel, salto fla !itlla
Y cruzando el torrente. en la cañada,
Doblando una rodilla,
Le presento la flo r a mi adorada,

XLII
Ella se acerca pálida, me mira,
Se estremece, suspira,
Y luego apasionada, como loca,
La flor de entre mis manos arrebata
Se la lleva a la bocil
"'
Y eo llanto de ternura se desata:'

XXX
Parecía.me sentir que de su asiento
Con rudo movimiento
Quebrando las cadenas de granito,
Se arrancaba ligera la montaña,
Cruzando el infinito
Con torpe vuelo eo lentitud extraña.

XXXI
Sentí helarse mi sangre; de pavura
Crugir mi dentadura,
Y eo mi cerebro el soplo de la muerte.
Dejé de respirar ; cerré los ojos
Y me detuve inerte,
Como eo mullido lecho, eo Jo.; abrojos

XXXII
¿ Pasé inmóvil una hora o un instante?
Lo ignoro; delirante
Seguí subiendo Todo parecía
A mi vista cambiar; por Jo~ cantiles
Precipitada huía
La repugnante tropa de reptiles.

XXXIII
Se animaban los cactus· erizados
S us dardos acerados
Procuraban herirme. Rencorosas
Me lanzaban fosfóricas miradas
Víboras espantosas,
Eo las oscuras grutas refugiadas.

XXXIV
Hirviente muchedumbre me rodea
De insectos, que hormiguea
Bajo la yerba, o se alza eo de&amp;Sa nube
Y con formas diversas y biz\l:rl\\;
Sobre mi cuerpo sube,
~ ·
Clavando sus harpooes o sus giJ:.ras!

XXXV

.

Sangrando voy, y a detener me obliga
Mi empefio; la fatiga,
Eterno aquel camino me parece .. '.. ·,
Alzo la vista .... y miro que colgando -~
Cerca de mí se mece
, ..
La codiciada flor que voy buscando.

XXXVI
Renace mi vigor, vuelve el aliento;
Con rudo movimiento
Me adelaot9 salvando la distancia
Que me se¡iara de la flor, y ufano
Con soberbia arrogancia
Tiendo sobre ella la sangrienta mano.

XXXVII
Y al contemplarme así sobre la altura
•
Con extraña locura ·
• Sentí de la barbarie el atavismo,
, , . ., Y or¡¡ulloso lancé como un ultraje
,
Sobre el profundo abismo
,. ~El. estriderit~ grito del salvaje.

~

NUPCIAL-El señor don Trinidad Villa y sus hijos: la señora Mercedes Villa·
de Armandís y Alejandro Armandís miembros distinguidos de la colonia
italiana que contrajeron matrimonio el domingo pasado.

�C uando Daniel Charmy se encontró
en el andén de la estación de Tours,
una emoción le embargó el espiritu, y
sin embargo, ningún recuerdo dcloro•
so le venía a la mente, por el contrario, recordaba haber pasado allí los
mejores días de su infancia, Un momento antes se regocijaba al pensar
que iba a ver el jardin florido del tío
B eojamín, cuya risa sonora llenaba la
casa donde antaño, turbulento cole·
gial, pasaba algunas semanas de vaca•
cienes.
Qué lejano estába ese tiempo feliz
de indolencia y alegria!
Y asi como así, habían transcurrido
quince años, llevándose en su huida,
tantas ilusiones queridas!
Sí, Daniel experimentaba ahora otra
felicidad! Amaba profundamente a la
joveo esposa que le había dado dos
adorables bebés, y sabía que estaba
bieu correspondido su cariño. Y qué

de más encantador que la eot(ada ·en
la noche, en esa a trr ósferá de amor
de su bogar, donde cuatro bracitos se
extendían hacia él?
Es cierto que en la época de las vaca·
cienes escolares, cuando llegaba a esa
misma estación, donde lo esoeraba rn
tío Benjamín y la tía Julieta, no cono·
cía los sinsabores de los negocios, ig·
noraba la áspera lucha de la vida, y si
no podía rizarse el bigote, al menos no
tenía ninguno de esos hilos blancos
que ya, a los treinta, se mezclabao en·
tre sus cabellos negros,
Pero Daniel era ftlósofo.
-Vaya I Vaya! Acaso voy a llori·
quear como uoa viuda sentimental?....
Mi primavera ha muerto, viva es estío!

los elegantes uniformes de los oficiales
de caballería. A lo largo del puente
que atraviesa el Loire, admiró la grao
corriente bordada de oro con sus verdes islótes y sus bancos de arena ama•
rilla Saludó a sus viejos conocidos, fe·
liz de volverlos a ver; salu¡ló a las to·
rres majestuosas de la antigua catedral,
como babia saludado a la entrada del
puente, a las estatuas de Rabel.iis y de
Descartes, erigidas enmedio de las pe·
qutñas plazas.
Tuvo entonces la impresión delicio·
sa que muy poco tiempo había transcu·
rrido desde su último viaje. ¡Tan le·
janol
Nada había cam~iado,
Hasta el cochero que lo conducía,
recordaba b,berlo visto ya, era el mis·
moque un domingo el tío Beojamío,
babia contratado, en aquel puente, pa·
ra conducirlos a San Av ertino, donde
fumó ~u pri!ller cigarrillo.

:..

M EXICO ARTISTICO Y MONU rYI ENTAL,-Facbada de la Colegiata de O~otlán, Tlaxcala.-Fot. Kahlo.

Y brincó a un carruaje .. ..
Le pareció qu" la ciuñad lo recibía
con cariño. La calle Nacional estiba
alumbrada oor uo sol radiante, y esa
claridad sol u resaltat' a la alegria de

�Fu~ uua verdadera nesta en 1.i casa
del tío; tfa Jnlieta lo abrazó materoal·
mente, no sió haberle reproch,ido su
presencia inesperada, sin un aviso, sin
un telegrama que anunciara su llegada.
Explicó que la ldea de detenerse al·
gunas horas en Tours, le vino al mar·
char en el tren rápido tomado en Burdeos para, después del arreglo de ne
gocios, regresar a París, por lo cual les
avisaba que partfa la misma noche.
-Sea, pero entretanto, dijo el tío
Beojamfo, voy a la cueva a traer una
botella añeja de vino blanco.
En el jardín, bajo un pabellón cubierto de yedra, Daniel saboreaba el vino
espumoso.
-Saboréalo, muchacho, es del paf, 1
Daniel quiso visitar todas las piezas
de la casa. Ningún objeto había cambiaio de sitio. Los mismos trofeos estaban en la antecámara; cascos prusianos y armas, recuerdos de la guerra de
1870; sobre la chimenea del comedor,
dos fusiles alemanes, y asf todo igual.
Despqés d~ la afectuosa alegria del
desayuno, al pasearse el jov110 por el
jardlo, experimentó otra vez la emoción punzante qoe había sentido al
descender del tren.
Levantó los ojos hacia la habitación
vecina, blanca entre la verdura del
parque, y largo tiempo, so mirada se
detuvo en las persianas cerradas de la
ventana más próx·ima al jardín de 50
tío. Su corazón se estremeció. Como en
no sueño, vió aparee~ a una joven de
tinte mate, grandes ojos de azabache y
una boca parecida a las rosas rojas que
trepaban por el moro.
Tenía dieciseis años, como él.
Sobre sus negros cabellos llevaba una
mantilla blanca. Todo ea ella había al·
go de deliciosamente español. liba b
niña a arrojar a los pies del galán uoa
escala de seda, como en las novelas andaluzas?
No, era una carta que cala cerca de
Daniel, quien se apresuraba a recol(er,
la y la niña cerraba la ventana después
de haber enviado un beso con la punta
de sus dedos.
Ayl ahora, todo aquello no era más
que un recuerdo exquisito y dolora,
so .. , ... Las persianas permaneclan ce,
rradas!

ooo
Qué había sido de ella, de esa liada
Aogela que contestaba así a sos cartas
apasionadas de colegiala?
Sin dada se había casado. Sería uoa
buena madre de f•milia adorando a su
marido, y cubriendo de caricias a sos
bebés adorados. Harfa ya tiempo que el
joven Daniel Cbarmy habría desaparecido de su memoria l

Eocaot,1,dor idilio de los primeros
amores de niños!
Y mil recuerdos ardieotes se agolparon en el peusamiento del joven; la de·
cluacióo de amor a sos pies, bajo la
sombra de no gran castaño del parque
vecino; las fl-,res cambiadas, besadas y
guardadas tanto tiempo ea uo cofr1:,
cito; la canción sentimental de Angela
escuchada con adoración en una noche
de luna; el paseo matinal alrededor de
la fuente donde el agoa se estrellaba
sobre las rocas esperando que unas maoecitas abrieran la ventana para diri ·
gicle un saludo, y más tarde un beso;
después, las cartas, las confidencias, las
promesas recibidas y el pesar de la despedida! ....
Se acordó de pronto de otro detalle:
durante los últimos días de vacaciones
pasados en la casa del tlo Bsnjamfo, la
madre de Aogela se habla apercibido
que la joven lanzaba cartas al jardín
vecino, y los dos jóvenes hablan convenido ocultar en lo de adelante sos cartas
en el agujero de un muro, detrás de una
piedra, que se quitaba fácilmente.
D&lt;1niel quiso ver el escondrijo. Abrió
la puerta del jardln. El vetusto muro,
donde ooa viña vírgen se enlazaba trepadora con la yedra, no babia sido re·
parado. Encontró fácilmente la piedra
que habla marcado coa qoa 'A" y la
reti~.
•
Ea el fondo del agujero, entre dos
pequeños caracoles, que hablan formado
alll so nido de amor, vió un papel amarillento. Sioti6 que su corazón se le
escapaba del pe::bo.
Lo desdobló.
Era una carta de Aogela que leyó
temblando:
"Mi querido Daniel:

"Hace cinco añosqueno vienesa Tour
y yo no lene-o noticias tuyas, mis padre
están disgustados coa tu tío; pero como
sé que vendrás algún dfa y que pensarás
ir a nuestro escondrijo ..111 encontrarás
uoa carta
"Sé que es imposible que meolvides,
porque has prometido amarme toda. la
vida. Yo te amaré siempre. Y si la desgracia hiciera qoe no nos pudiéramos
unir, moriré, te lo joro.
"Te envío todo mi corazón y todos
mis besos.
'
.

AN GEl.A.

ARTE MODERNO MEXICANO

11

-!Qaé haces ah!, muchacho? Exclamó el tío. después de buscar a su sobrino durante algunos minutos.
El joven se ·eojogó las lágrimas, es,
coodió vivamente la carta en la bolsa•
y con voz entrecortada por la emoicón'
solo pudo balbutir:
-Sí. ... es que .... sencillamente me
paséaba ..... .
-Ven a beber una espléndida botella
de vino añejo, después te acompañaré a
la estación; puesto que no quieres perm;¡.necer aquf por más tiempo.
Se aproximaba en efecto . la hora ea
que Daniel debía tomar el tren y que
casi babia olvidado, _de manera que precipitó los "'adioses," besó a la tia Jolieta y se llevó del brazo al tío.
Hasta la estación, respondía maqui•
nalmente a las interrogaciones del tío
Benjamfo.
Una pregunta le quemaba los labios.
Eu fin, ya en el andén, se decidió
bruscamente:
-lY la Srita. Aogela, qué ha sido de
ella?
- i Ab,I no sa_bes, respondió el t!o ... .
Murió, el año pasido, pobre joven! ... .
So padre la obligó a casarse, seis meses antes, con on macbacbo, a quien no
amaba, según parece . .... .
- i Muerta! Repitió 'Daniel, muerta!
Un escalofrío sacudió su cuerpo, y
añadió:
_¿y de qué murió, sabe Ud .... ?
-No, según se dice, lcis médicos no
han podido explicarlo.
Y, soltando uoa gran carcajada, añadió el tío:
Bien que os besabais los dos a ocoltis,
eh? .... Ah, bribonazo! .... Cosas de la
edad .... Los enamorados .... !
En ese momento los empleados gritaban:
Viajeros para Paris, al tren!
Y el treo partió, llevándose a Daniel
con el alma entristecida, hácia su hogar, hácia so felicidad!
AMADEA DE CHA.BRIERE.
Ilustraciones de Alfonso Garduño.

ose; ose; wc, wc;,_q c; ose; wc;
fütudio a lápiz por Germán Gedovius,

�ARTE MODERNISTA

El Papelero
Qué tarde tan triste. Llueve. El agua
al caer en el Hospital Juárez donde
estoy de guardia, recita una siniestra
melopea rimada con el conjunto de
aye, doloridos, suspiros lastimeros e
imprecaciones lancinantes. No es el
agua que brota en la fuente como flo·
rete de cristal, florete que por no poder
llegar basta el cielo aturqnezado, se
quiebra en el mármol blanco del tazón,
c:&gt;n ruido cantarioo; no es tampoco t"l
rugido del mar con sus olas recortadas
que llevan de playa a playa aderezos
de perlas y pnñados de ópalos; no es el
suwe murmurio del agua que acaricia
el 1ostro de la niña cuando muy de ma·
ñ \Da se entrega al· aseo de su persona.
Nó, el ruido de la lluvia, esta tarde incoloro y triste, como vida sin amor, es
melancólico, suena a oración, a con~ejo,
a suspiro; ca.en la.s gotas sobre las bojas
de los árboles con ruido seco, como li·
bro que se cierra, se escooden en el
pasto de los praditos, brincan en la so·
perficie negruzca de la fueote, desbo ·
j ,e una que otra rosa y limpian los tris·
tones focos de luz. El cielo, cual in·
menso ópalo se \·é con vehs sangrien·
1as generadas por el rayo; rachas de
aire 1&gt;rende0 lamentos en los árboles y
calosfrío en mi cuerpo.
Qué imponente es, a esta hora crepuscular el tlospital Juárez. Los medios to·
nos en que naufraga t:I edificio, borran
de él todos los afeites y todas las compos·
toras que le ha hecho la higiene, y sur·
ge, cou. negrura de retablo antiguo, el
convento de San Pablo; por los corre·

fl.

dores anchos y enladrillados, se desliza
la leyenda, la adusta matrona hija dd la
historia, sobrina de la imaginación y
nieta de la ignorancia.
Tres campanadas me anuncian la lle
gada de un herido. Ec la "camilla" de
lámina, socia por la sangre de mochos
lesionados, se baila un niño muy pálido,
con el pelo hirsuto, los ojos entreabier·
!os, la respiración anbelaJte, los brazos
cruzados sobre el pecho y las dos pier·
nas horriblemente trituradas. Me inclino
sobre él para auscultarle el corazón:
apenas si late, como pajarito herido que
ya no puede volar. Lo suben a la Sala
de Operaciones. Nos preparamos para
operarlo.
Y mientras se arreglan los instrumen·
tos, nos cuenta que por vender un pe·
riódico, corrió para subirse a on tren,
al brincar cayó y las ruedas le destrozaron las piernas. Todo esto narrado
con voz débil, subrayado con suspiros,
con acotaciones lagrimeantes ....
-Doctorcito, córteme nada más una
pierna, déjeme la otra para que ayuda·
do con un bastón pueda seguir corrien·
do por las calles para vender los periódicos; si no b1ce usted esto 1quién
va a llevar "centavos" a mi mamá y a
mis hermanos, quién dará para los ci·
garros de mi pidre que está encausado en Belem?
Sobre la blancura de las compresas
esteri (izadas los instrumentos qoirúrgi
cos brillaban siniestramente .. , . . .. de
pronto, al sentir el niño la embriaguez
del anestésico, se incorporó y con voz

que jamás olvidaré, dijo:-Doctorcito•
en la bolsa de mi blusa, tengo unas co•
sas que quiero apretar contra mi cora ·
zón: el retrato de mi mamá, el que le
hicieron de frente y de perfil cuando
estuvo presa y una estampita que me
regaló el padre de la iglesia de la Soledad.
Una enfermera fué porloqoe el niño
pedía y cuando le tuvo en sus manos,
se le inundó el rostro de gozo y se
durmió profundamente bajo la acción
del anestésico . ...
Terminada la operación lo llevaron
a so cama y al filo de la media noche
murió. Fuí a verlo: parecía dormido;
en la corola de so boca se hallaba la
sonrisa, como perfume en la corola de
una flor. Me acerqué a él y le dí uo
beso; mis lágrimas sirvieron de morta•
j, a este capullito de bumani:lad que
fué vencido en la lucha por la vida; a
este niño qne no obstante qne carecia
de principios adoraba a su mamá y creía
en Dios; a esta existencia en botón, que
perdió una pierna:pero ganó dos alas,
y con ellas se fué al cielo., ....

Salbmé retibiendo la cab'eza de San Juaii Ba\llilla·, ilu5frati6n di! Allbh)' Btlito~Tt)I p'a'lla fa 1.-M.,n.ll t.i:á Uo\.arW,11.~.

�LOS ZUECOS DE ORO
(Traducido para "Arte y Letras")

•

Al recibir la invitación para ir con
su señora madre, a ' partir la torta de
Reyes a la casa de la Sra. de Bourguet,
Paolioa Avelaoe, había reprimido uo
estremecimiento de júbilo. Esperaba en·
cootrar allí a uoo de sus compañeros de
baile favoritos, al pintor paisajista Roberto Bailleul, por quien ella seo tia uoa
secreta iocliDacióo, y ya eo la soirée,
se decepcionó tanto más de Do verloeo
ella, cuanto que, entre los fracs que se
apresuraron a rendirla sus hcmeoajes,
se h1lló precisameote:coo ReDé Derisle,
aquel joven abogado de aspecto de• cigüeña, atornillado eo su cuello postizo,
quien la horripilaba tanto por la afee·
tacióo de sus modales, y de quien la
dueña de la casa le había hecho eo va•
rias ocasiones el panegírico, pa oegírico
que había acabado por despertar sos
recelos.
Y eo efecto, la bueoaseñoradeBour·
guet tenía eo la cabeza el proyecto de
casarla coo aquel mequetrefe, hijo
de uoa de sus antiguas amigas. Y era
solo por uoa cuestión de óptica .... Mme.
Bourguet veía que la rubia esbeltez de
Paulioa, se pcdla unir perfectamente
con la sosa elegancia de aquel zancudo,
y que uo individuo de grave fisoaomía
oo se vería mal al lado de uoa moza rle
rostro risueño. Y si ella había fijado el
día de su reuaióo para el 6 de Enero
era porque la rifa de la torta de Reyes
le iQa a dar uoa ocasión enteramente
favorable para la realización de sos deseos.
¿ Acaso, cuando en uoa fiesta así, un
"rey" escoje a su "reina", el participio
de esa realeza no equivale por parte
del "monarca" a uoa pequeña demostracióo de simpatfa hacia aquella a quien
corona?
La Sra. de Bourguet había pues em·
plazado sus baterias. Habla mandado
hacer a su pastelero, d,os iomeo~as tortas,- eo cada uaa de las cuales, se ocultaba, 'ln vez de la haba tradicional, uo
pequeño zueco de oro, del tamaño de uo
dije,-que se rifarían separadamente,
uno entre las
señoritas,
y el otro
entre
:
•
.. •·
•
'
... . n. -

los jóveoes. Aquel a qnieo la suerte favoreciera con uoo de los zuecos, no po·
dría tomar como reina, sino a aquella a
quien el otro zueco tocara también en
suerte. Naturalmeote que los dos trozos
de la torta, aunque presentados bajo la
máscara de la más ciega imparcialidad,
estarían arreglados de tal modo, que el
azar favorecería justamente a la pareja
que ella deseaba unir. Y en fin, para
más seguridad, habla puesto al corriente
de todo esto ai'iiropio interesado, y solo
restaba que so hermosa compañera ca·
yese eo aquella red que le estai,a ya
teodida.
A las diez, casi todos los invitados es·
tabau presentes en la~reuoióo, y la soi·
rée comenzó por piezas de canto muy
aplaudidas. Y cuando hacia la media
noche. al penetrar al comedor para pro·
ceder a la rifa de las tortas de Reyes,
taoto los jóvenes como las señoritas, supieron las cooveociooes dictadas por la
dueña de la casa, confiados todcs en
la sinceridad de la operación, desearon
para si, las complacencias de la suerte.
Solo Paulina pareció oo tomar interés
en el resollado de la rifa. No estando
su piotor, a quién le eovidiaría,1a corona? notaba además que la Sra. Bour~oet
se ocupaba demasiado de ella, y que
Recé Derisle oo' le quitaba ojo; y de·
cidida a cuidarse, juró que haría todo
lo posible para descorazonar, llegado el
caso, al molesto abogado.
Larifacomeozóporlatortadestioada
a las señoritas. Seccionada• eo tantos
trozos como candidatas había a aquella
realeza efímera, la torta fué cubierta por
uo lieozo, bajo el cual la Sra. Bourguet,
que se babia constituido eo instrumento
de la casualidad, se encargaba de alean·
zar coo mano claodestioá·las porciones
que uoa grave matrona "d e blancos ca•
bellos designaba para entregarlas a las
que ella misma señalaba. Y a Pauliaa le
tocó su turno para recibir su triáogolo
de'.torta,'y al recibirlo y llevarlo a la boca,
notó por la resistencia que sus dientes
hallaron, que la suerte la había elegido
como reina, y enrojeció de emoción.
Pre:C&lt;
"i§a~e.nt~ !\! qt~ó·el\t~~~o.d_e
la sala,
• ·•
i

. ...
t .'

su zaacudo parecía observarla con in·
sisteacia. y eatooces ella tomó oca reso·
lucióa, la de'. tragarse la "haba ;" más al
hacerlo, vaciló. Al contacto de la leogua,
aquella pequeña cosa dura, cuya forma
y naturaleza le eran desconocidas. le
pareció sospechosa, y sobre todo dema•
siado puntiaguda por uoo de sos extremes, para que ella se arriesgase, sin
saber qué era, a ofrecerle uaa hospitalidad tao iotima; y entonces, volviéadose
de espaldas un iostaate, hizo deslizar
aquel objeto misterioso, y muy diestramente, por la abertura del descote, lugar
donde oiaguao, can toda seguridad irfa
a buscarlo.
¡Ya era tiempo) porque en torco de
la mesa, los ajes se interroga bao con cu•
riosidad. A Paulina le pareció que todas
las miradas se fijaban en ella, y eso la
intimidó de tal modo, que creyó iba a
traicionarse,
-Y bien señoritas, preguntó la Sra.
Bourguet, quién de Uds. tiene el haba?
Todo el mundo se miró, más ccmo
nadie respondía:
-iVamosl quién? aquiéo le ha tocado?
iasistió la dueña de la casa, y dirigiéo•
dose a Paulina, añadió;
-lNo foé a U"I. Pau lioa1
-No, señora.
-1 Está Ud. segura?
- ICiertameotel respoadió la interpelada, y añadió con el rubor en el
rostro:
-Porqué razón la he de tener yo,
más bien que cualquiera otra?

'

nas reales, y no se me llama para la
distribución 1
Al oír so voz, Paulina tuvo oo estremecimiento de alegría. Todos los rostros se volvieroo, y la Sra. de Bourguet,
se volvió también. Y como se halló, por
decirlo a5i, cara a cara con el recién
llegado, y teniendo ella en su mano enguantada el trozo de torta que iba a
entregar justameate a so protegido, el
joven arfüta, creyeodo que aquel trozo
era el que la dueña de la casa le destinaba, lo tomó alegremeote, exclamaodo:
- Coo todo gusto, señora .... muchas
gracjasl
Inmediatamente se puso a coruer su
trc-zo de torta, y un instante después,
con toda delicadeza, con la soarisa en
los labios, y el ademán cómico de oo
prestidigitador que mostrara un objeto
escamoteado, eosE ñó a la concurrencia,
y en la punta de sus dedos, el pequeño
zueco de oro, que le habfa tocado en
suerte. Y ooa misma exclamación estalló:
iEII ifoé él! al Sr. L. de Bailleul le
ha toc¡ado la corona real 1
iLa Sra. Boorguet se habfa quedado
estupefacta .... y el infeliz de Recé . . .
1calculeo Udes!
Sin embargo, a la alga zua general,
sucedió un sileacio impresioaaate. Cada una de las ºjóvenes se preguntaba
con quién de ellas aquel simpático mo·

oarca iba a compatir su reino. Roberto
no creyó vacilar por más tiempo ....
¿acaso los ojos de Pauliaa no le estaban
dictando cual era su deber ?
Pero sus rivales se ioterposieroo.
¡No! de oioguna manera! exclamaron,
no hay derecho para escoger por si mis·
mo ...... y Ud. no podrá escoger como
reioa más que a la señorita que presente el otro zueco ..... .
Pauliaa palideció de cólera. ¿Para
qué se había ctragado&gt; su baba? ¿cómo
rectific:1r ahora su mentira ? sólo sos
ojos hablaban por ella, y los desdicha•
dos hablaron también que su elocuencia acabó por localizar las sospechas.
Sus amigas fueron implacables.
-!Vamos! puesto qae tú lo tienes, para qué obsticarte?
Pero ella se mantuvo en so primera
aegativa, y entonces, aate aquella acti•
tod que Roberto era el primero en no
comprender, la Sra. de Bourguet, que
disimulaba mal su desped:o, dió nervio•
sameote la orden para que se sirvieran
los refrescos. Toda la concurrencia volvió al salón y el baile continuó.
Y cuando en el primer paso de las
cuadrillas, la; señoritas, inclinadas hacia adelaote, separaban los J:&gt;razos al
darse las manos para formar la ccadeaa de señoras&gt; un objeto brillante, me·
audito, se escapó de repeate del descote de Paulina, iy cual ao fué su coofu-

sióo al r.:conocer su pequeño zueco de
oro! Reoé se precipitó para recogerlo,
pero Roberto se interpuso. Lo5 baila;
dores se pararon súbitamente, y todo el
muado creyó por un instante que el
asunto iba acabar muy mal. Se hizo algún escáadalo por aquello, y por finala Sra. de Avelaoe, horrible01eate a ver.
goozada abandonó el baile con su hija.
Pero al siguiente día, ella recibiópara la Srita. Pauliaa-uo soberbio zue·
co de flores,-de parte del joven artista,y al cual iba preoclido uo pequeño zue·
co de oro, acerca de cuyo sigaificado
nadie pudo equivocarse.

ººº
Actualmente, Paulina y Roberto, lle·
van cada uno, en forma de cd;je&gt; uoo
de los zuecos de las chabas&gt; que sirvie•
roo para precipitar so dicha. Y trátese
de los zuecos o de los que lo llevan
todo el mondo está de acuerdo en re,
conocer que la parejita es sencillamente
ideal!
PAUL BONHOMME.
Alberto Michel. (Tradujo.)

"Arte y Letras" y
"LallustraGión Semanal"
El público puede solicitar estos periódic~s en los siguientes puatos del
extrao¡ero:
FRANCIA.-Paris. Hachette y Cía.
III, rue Reaumur.
INGLATERRA.-Londres. J. Barriere y Cía. 17, Green Street. Leicester
S~uare, Loodoo W. C.
ESPA~A.-.Madrid. IViceote Alvanz. Puesto de periódicos de la Cervece,ía de Candela~. Puerta del Sol.

La respuesta era lógica; pero a l mis·
mo tiempo tao descoacertaote, que la
Sra. Boorguet, se dijo para su coleto:
-Eatoaces, ¿qué le ha pasado al zueco de oro 1 Y en espera de que apare·
ciP.se, se procedió a la rifa de la otra
torta.
De repente, apareció eo la puerta
uaa cara alegre que figuró ilumioar la
sala con su si!llpática expresión. El pin•
tor Roberto Bailleul, el compañero fa.
vorito de baile de Paulina, acababa de
llegar.
-iCómol exclamó, con su franqueza
de costurnbre,-se rifan aquf las coro-

~1 Secretario de G:&gt;beraacióo presidiendo la fiesta iaaugoral del mercado "General V. Huerta" en Ixtapalapa el domiago
pasado ,..-El mercado ioaugurado.

�Rápida
(Para &lt;Arte y Letras.&gt;)
Aquel bohemio hur~ño, llegado de
una lej,ina provincia al medio asfixian·
t&lt;l di, la metrópoli con uu fardo de
desencantos prematuros y pesimismos,
frutos de ingratas filosoffas, fué siempre
ua ri,traido en el "bar" doadi, una juv&lt;lntud literaria cantaba a la vida y al
amor con la mente llt,aa d&lt;l ilusiones y
el estómago beacb1do de cerveza.
Aquel exótico ao parecía traer re•
cuerdos de parajes agrestes, de oxígenos vivifica.ates y hembras llenas :le
vida, bdcbas para el amor provinciano,
que esperan tras de la rej-lea uaa calle
solitaria, húmtlda por la última lluvia y
olorosa a los jardines que bordean las
tapias. Ni las frágiles figulinas metro•
pohtaaas que cruua el b.illici&lt;lso bule•
v.i.r e 1auadan los talleres y oficinas coa
la fiebre modc:1rai,ta del "time is money," lograron arrancar a su lira un
madrigal, uaa ofrenda de su juventud
a lo, oj.::,s qae fasdaan y a
los labio que mienten amor
con ddid-,so fingimiento.
Para él la muene era "la.
amar! ...," la dulce prometida
de uoa ansi•da y eterna no ·
che de araor, la piadosa eaa·
mor..da dti beso~ de hielo y
ropaje impregnado coa el
fr!o de las tumbas y el olvido;
a "i,lla" sólo pdec!a atisbar
en el fondo de las· copas de
ajiiajo y ea el dd1rio de las
drogas coa que emponzoñaba
su s,rngre . . .. . .
Y "ella" llegó al 60: a cu,
brir coa su vt:lo glacial
.qu~l cue rpO coosum1do

por el vicio; a cerrar aquellos ojos apa,
gados, .quizá por no haber reflejado
nunca el jubiloso brillo de la vida; a
poner ea aquella boca de rictus escép,
tico una primera y última sonrisa: la de
1nchador- que alcanza el bien soñado.
En el vasto cementerio, en la tierra
que cubre el ataúd del huraño bohemio,
han brotado flores qne abren sus coro·
las al fuego del sol y al frescor de las
brisas.
-Mira, dijo el poeta romántico que
me acompañaba p&lt;lr la Necrópolis, la
ofrenda que la amistad y el amor han
negado a nuestro sombrío contertulio,
la ha prorligado a manos llenas la natu•
raleza. Odió en la vida todo lo que sig·
nifica lozaoia, Primavera, y sus huesos
dao a la tierra vigor y exuberancia;
ne¡!Ó sus peosamieotos al amor y a la
alegría, y hoy ootre flores coa sus reslos corroídos ¿ Serán e~tas mismas flores las ideas j uv.,niles que gnardó hasta
la tumba, con iacrt:ible egoísmo, y bro·
tan a la luz como reivindicación del
pasado ?
OCTAVIO SIELCKEN.

Desesperanzas
Para "Arte y Letras".
En sn nneva vida.
Mi siempre amada:
La última noche que nos vimos, tus
ojos negros, de no negro ioteoso de a bis•
mo, se fijaron en mí láognidameote, lle·
cando dd ilusiones el pensamiento mío;
y en ese insta0te, en un espasmo de
duelo in60ito, !emblándome el corazón
se llenó mi espíritu de ens0eños.
tOb, ensneños sublimes de mi mente,
que jamás han de realizarse!
Dc!sde mi niñez te amé, tal vez con
capricho de niño, pero si, con la pureza
con que deben amarse los ángeles e0 el
cielo. Entonces era para tí tu mejor
amigo, tu hermano, ¡qué sé yól (Es casi
imposible dar una defioicióo exacta de
lo que es el amor, y más cuaodo aún es
niño! ¡Cómo han cambiado las cosas!
Mi amor onoca es inmutable; si des·
pués de muerto Je plugie.e a mi alma
convertirse en flor, vendría a perfumar•

briagador timbre de tu voz, po ·que
tú, inaccesible, me repudiarás por
iotu.icióo. Pienso todo esto y sufro,
coa tristeza infinita, escondiendo
en lo más profundo de mi alma
este amor temiendo que, al contacto
coo el mundo se profane. De mis
labios no brota oi una queja, ni uo
snspiro, ni de . mis ojos una lágrima
doliente; me mantengo firme sobre
el cráter de un volcán o vago por
senda dolorosa LOO ua dolor pro·
fuodísimo eo el alma y eo la faz
u na sonrisa.
Prtlc1so es, sin embargo, que te
cnente una a una m,s tristezas. Por
eso te! escribo Mi corazón te bus,
Mesa y asistentes al banqnete efectuado el miércoles pasado en el T1voli del Eliseo.
ca eternamente; como el 01ño a la
madre, comoel pájaro so nido.
Y cuando coosi 1ero que a e~te amor en ella van mis idea~ en tropel, desor·
tan exclnsivo como tnmt:nso, no hay UD deoadas, sin htlvdoarlas una a una, coeco qne le responda, siento como si se mo brotao de mi mente, atropelláo~
me revelase algo más terrible que la dese e0 sn pugoa por salir todd.s a un
desesperación. Y sin embargo, me con• tiempo.
(Para &lt;Arte y Letras.&gt;)
formo, no imploro, !lloro en sileociol
Aquella noche una impresión terri•
Somos como dos puertos separados por
ble se apoderó de mi alma, como uno
El castillo se ilumina.,
el inmenso mar, el viento va hacia tí.
de _esos grandes abismos en que el
de la luna al resplandor;
¿No escuchas a la caída de la tarde ,e0
mundo
entero
desaparece
bajo
la
pre·
y el doncel que se aproxima,
el crepúsculo, a esa hora solem0e, di·
viene pensando en su amor;
viaa y soñadora, un gemido que parece sión de un pe0samieoto único, de un
recuerdo o del fuego intenso de una
ya la hermosa.castellana,
una plegaria? Es mi alma que llora sus mirada; aquella nocbe un imán irresis·
al oir dulce canción,
desjicbas. Pero ese viento que siempre
tibie me atraía hacia tí. ¡Cuánto te
asómase a la ventana,
va hacia tl, jamás retorna, es i0variable.
amé en el corto espacio de un instany saluda al trovador;
¿Verdad qne no hay uoo sólo capaz de ~¡
.
la luna en eie momento,
mayores sacrificios, y de más aboega•
tras las nubes se ocultó;
cióo y sinceridad que yo?
Mi alma está de lnto, un grao vado
y un beso en alas del viento,
Cuando los grandes literatos. maes· se apodera de mi espirito, atrozmente
dulcemente resonó,
tres insignes de las Letras, hablan del ideal, caminando con mi fiel compañe•
Juego . .. . uo grito pavoroso
Amor. me parecen ridiculos y hasta ig· ra, la pálida eoformita, siempre sólo,
y un gemido de .dolor.
noraotes; como si ese pequeñito dios siempre triste: La Neurosis.
vendado me hubiese coofiado, sólo a
mí, sns secretos.. 1As! te qnierol
M. LOPEZ CALDERON.
MANUEL LOZANO BERNAL.
Allá va mi carta, mensajera del do•
Jor y las tristezas infinitas,· motivada
por la última nocbi: ea que nos vimos;
Pcebla.
México, 3 de Marzo de r914.

Mect1oeval

Artistas que tomaron parte en el con·
cierto efectuado el lunes último, en el
que se ejecutaron las obras del Sr.
Efrain Pérez, discípulo de com- ·
posición del maestro Carrillo.
te, muriendo nuevamente, al calor sobre
tu pecho. Es tuya mi alma, tuyo mi es•
píritu, mi ser completo; ante ti me pos·
tro en aaoracióo ferviente: eres mi
Diosa.
Puedo permitirme as~gurar que te
amo más infinitameute de lo que tú pu•
dieras imagnar, porque tu peosamien·
to, tu modo de ser y tu espíritu se bao
reunidosolo en ti para cautivarme.
Mi felicidad fuiste tú ; por eso estoy
melaocólico y triste, porque ya no me
amas, porque el fuego de tu lámpara se
ha extinguido.
Comprendo que para ti soy un ausen•
te que jamás ha de volver; no cadáver
olvidado en tumba fría; el olvido; que
ya ouuca m;is volver6aescucb~r el em•

�La EvoluGión de la Raza
Humana.
Uno de los problemas que más han
preocupado a los antropologistas e s 1 a
evolución del tipo hu·
Todas las noches se les veia juntos
paseando bajo las sombras de los árboles del Luxemburgo, cerca del Pala•
cío de Maria de Médicis; el uno ha·
biaba con vehemencia; el otro respon•
dia con más calma, con una voz clara;
y las palabras de libertad, de repúbli·
ca, :ie esperanzas, florecfan sin cesar
en sus labios.
Uno era de la Champagne, el ctro
de la Artois. Habían hecho juntos sus
estudios en el Liceo Luis el Grande;
y juntos, ahora, seguían los cursos de
la Facultad de Derecho.
Parecían muy ocupados de los altos
destinos de la Nación, para pensar en
el amor, aunque fuera parte integrante
de su edad. Sin embargo, interrumpie•
ron su conversación cuando llfgaban
cerca del arbol jnoto al cual una ma·
má cnidaba de sus dos hijas, casi niñas
todavfa. Sus corazones babfao palpita·
do al mismo tiempo, cuando, por casualidad, las doi lindas criaturas les
dirigían a su paso, una inocente son•
risa.
Se llamaban Lucila y Adela Duples•
sis; y los dos amigos: Camilo Desmoulios y Maximiliano Robespierre.
Lucila era una joven pequeñita, pe•
ro rubia y graciosa; Camilo experimen·
tó por ella una ternura absoluta; desde
entonces fueron dos sus ideales: Lucila
y la Libertad.
El joven Abogado carecía de pleitos,
era feo, de esa "fealdad espiritual que
agrada" como ha dicho alguien: la boca
era sarcástica, la sonrisa picaresca, la
frente grande, hermosa, los ojos fogosos, negros, ardientes.
Estaba poco de acuerdo, sin duda,
con los sueños de la romántica Lucila,
y de pronto ella no experimentó nin·
gúo sentimiento por él.
Pero la popularidad de Camilo em·
pezaba a nacer ya, lo que exaltó el
alma generosa de la niña, que llegó a
amarlo,
Camilo pidió la mano de Lucila al
señor Duplessis, antiguo empleado en
el Registro de Hacienda, enriquecido
a fuerza de trabajo. Las ideas revolucionarias de Camilo asustaron al buen
hombre, y rehusó catfgóricameote
aceptar a un yerno tan subversivo.
Durante tres años, gracias a la tierna complicidad de la señora Duples~is, Lucila y Camilo se amaron en se·
creta.
"Oh, tú, que estás en el fondo de mi
corazón, escribía la rubia niña a su bien
amado: tú a quien no oso amar, o mejor
dicho, a quien no oso decir que amo,
me crees insensible! Oh, cruell me juz·
gas por tu corazón, '. y ese corazón po•

dría unirse a un ser insensible? Sí deseo
mejor que tu me olvides! Quién de los
dos ha sufrido más? No quiero confesármelo a mí misma. Lo que siento por
ti, no pretendo disfrazarlo. Sufres, me
dices. Oh! yo sufro más aún, tu rostro
está sin cesar en mi pensamiento, no me
abandona, te busco defectos, los en·
cneotro, y los amo. Dime por qué todos
estos combates? Por qué hago de todo
un misterio, basta a mi misma madre?
Quisiera que lo supiera, que lo adivinara, pero no me atrevo a decírselo"
Por fío, la voluntad paterna cedió a
los consejos de la señora Duplessis y
a las lágrimas de la ciña.
En 1790, cuando Camilo estaba en
todo el expleodor de su renombrada
ju\•eotud, el antiguo empleado le conce·
dió la mauo de Lucila.
"Hoy, 11 de diciembre llego, por fío,
al colmo de mis deseos, e.i;cribía él tam·
biéo a sus padres con un juvenil ardor.
La felicidad para mí se hizo esperar
largo tiempo, pero ha llegado, y soy fe.
liz, tanto, como se puede ser sobre la
tierra. Esta encantadora Lucila de que
tanto os be hablado va a ser ~ esposa,
sus padres han dado su pe1 miso, y ella
no me rechaza".
El matrimonio se celebró en presen·
cía de los testigos, Robespierre, Pétion,
Brissot, Mercier, etc. El nuevo hogar se
estableció en la casa de la Cámara de
Comercio, donde habitaba Danton. Lu·
cila participaba de las ideas de su marido, de sus esperanzas, de sus ensueño~.
En cuanto a Camilo, cualquiera que
fuese el amor por su mujer, el gozo de
verse feliz, amado, de tener un hogar,
una compañera, continuaba luchando
en la furiosa pelea r,~volucionaria.
Lucila iba a ser madre, y esa nueva
felicidad le hizo olvidar los deberes de
la vida polftica, cuidaba sin cesar a su
e~posa, impaciente de tener un hijo, el
fruto de so grande, de su inmortal
amor. Y ese hijo vino al mundo el 6
de julio de 1792. El pequeño Horacio
figuró en la primera acta del estado
civil de la Villa de París; fué el pri·
mer niño que se presentó en el altar
de la Patria.
No obstante que la joven madre par·
ticipaba de los entusiasmos de su mari·
do, si bien es cierto que lo seguía de
corazón, también lo es, con frecuentes
emociones y, algunas veces con terrores reales.
Camilo ausente de su bogar no olvida•
ba nunca a su mujer, le escribía -para
tranquizarla, cartas como esta:
"Mi buena Lucila, no llores. No me
atrevo a hablarte del niño, de miedo de
hacer venir las lágrimas a tos ojos. Son

las once de la noche, te escribo para
que mañana recibas mi carta. Me voy
a acostar, pero sin que tú pases tu bra·
zo al rededor de mi cuello. Voy a pre•
parar mi discurw. Adiós, n:i aogel bue•
no, besa por mí a Darooa (Sra. Duplessis) y a Horacio."
Robespierre había pedido la mano de
Adela al Sr. Duplessis; pero éste se la
rehusó, sin esperanza de modificar su
decisión, esta vez; la vida agitada de
Camilo era una lección para este bu,gués tranquilo y apacible.
El antiguo condiscípulo de Camilo
experimentó con este hecho cierta herida de amor propio. Fué la primera
nnbe en la ami~tad sincera que nnía a
los dos jóvenes desde el Colegio. Las
divergencias de opiniones abrieron en·
tre ellos una fosa de odio político. Maximiliano Robespierre decretó el arresto
de Camilo Desmoulins.
A la hora penosa en que Camilo lloraba la muerte de su padre, que acaba·
da de saber, escuchó ruido de pasos y
sonido de fusiles. Se estremeció y dijo
simplemente _a su querida Lucila:
- Vienen a aprehenderme(
Ella lo escuchaba, lo miraba, casi sin
sentido, sentía volverse leca. No podía
creer en su separacióe. Camilo besó al
niño que dormfa en su cuna, y después
con toda efusión y durante mucho
tiempo, e~trecbó :contra su pecho a ~u
mujer adorada, que sollo2aba;suslabics
se unieron en un beso ardiente de lá•
grimas, su último beso.
Camilo fué encerrado en la prisión
del Luxemburgo; a través de la reja de
su calabozo veía ub rincón de aquel
jardín que había visto nacer su amor
por Lucila y que le recordaba una
multitud de añoranzas. Pasaba días y
noches escribiendo a su mujer, a Ro•
bespierre, o bien pensando en su que,
rido Horacio. No podía comer, solo
probaba la sopa que le enviaba su Lucila.
-"Mándame, le escribfa, tu pelo y
tu retrato."
Cuando le venía un momento de sutño,
era para pensar en ella.
"Hace un momento que te veía en
sueños, besaba simultáneamente a les
dos, a tí y a Darona, que estaba en
nuestra casa, pero nuestro bijo había
perdido un ojo por un golpe que había
recibido y el :!olor de este accidente
me despertó. Me he vuelto a ver en mi
calabozo, era ya casi de día. He llora•
do, o mejor dicho, he sollozado gritando
en mi tumba: Lucila, Lucila, querida
Lucila, ¿dónde estas?"
Cuando conoció la determinación del
tribunal revolucionario, cuando supo su

mano a través de los
tiempos; dada la teoría de Darwing que
afirma que el hombre
desciende del mono,
la presentación de los
tipos por los que ha
pasado el hombre es
de mucha importancia· para la historia
evolutiva de la humanidad desde el punto
de vista físico.
La !'emejanza o diferencia que existe entre el mono y los tipos
presentados viene a
apoyar o contradecir
la teoría darwiniana,
y su observación es

de la mayor importancia desde el punto
de vista citado.

Cuatro aspectos del hombre en su estado primitivo.

condenación a muerte,suscartas fueron Ante la guillotina recobró su calma y algunas horas, voy a reunirme a mi
más tiernas, más víbrantes, ¡cuánto do- murmuró con un tono amargo:
Camilo!
lor expresabrnl
-Así debe concluír el primer após,
Heroína del amor conyugal, era es·
"Adiós, Lulú, mi vida, mi alma, mi tol de la Libertad.
posa antes de ser madre. Su hijo Ho,
divinidad sobre la tierra, te dejo buenos
Y señalando la guedeja rubia de los racio vivía, Camilo había muerto. Sólo
amigos, todo lo que hay de hombres cabellos de Lucila, que estrechaba en· pensaba en el ausente. Sabía que el
virtuosos y sencillos. Adiós, Lucila, mi tr11 sus manos desde la Couserjeda:
niño no quedaba solo, aunque huérfaLucila, mi querida Lucila. Adiós, Ho,-Enviad estos cabellos a la madre no ; su abuela, la señora Duplessis, le
racio; siento huir ante mí la corriente de mi esposa! Oh, mi pobte Lucilal serviría de madre.
de la vida. Veo todavía a Lucila, la veo, dijo todavía.
Para ir al cadalso, Lncila se atavió
a mi bien amada, a mi Lucila; misma,
Se le colocó bajo la cuchilla y rodó como una nevia. Sonreía junto a la
nos atadas te abrazan y mi cabeza se- su cabeza.
muerte, y su rostro apenas pálido, nim•
par~da tija ,,todavía sobre tí sus ojos
Lucila fué arrestada después. Espe• bada por la aureola de los mártires,
moribundos.
reflejaba la felicidad de unirse-por
Lucila, en el colmo de su dolor había raba. su sentencia con una fiebre gene, toda una eternidad-,al hombre sincero
procurado, aunque en vano, llegar basta rosa.
a quien ella había amado tanto.
Robespierre para enternecerlo_._E~ªª . .•-:-:=9J~.,__ggkol ..t'Xc.ll\lnÓ..&amp;Jl-ªlldQ. le...lu.é~ .·. ........... ,
• ·•
podía salvar a Camilo··c1e fa muerte. preseatado el veredicto.-Dentro de
EUG. BREZOL.

�Una nueva Compañía Petrolera

TEATRALES
&lt;La Condenación de Don Juan&gt; fué
por 60 estrenada en el Teatro Principal
en la noche del miércoles 25 i;le Febrero, y su representación ha sido causa de
que cronistas, críticos, reporters,autores,
amigos y uno que otro zoilo perfecta·
mente desconocido por lo demás, hayan
echado su cuarto a espadas y pluma eo
ristre, hayan arremetido coota la pieza,
la que, en verdad, no se esperaba tama·
ña honra. La mayor parte de las crític~s
hao sido justas, sensatas y razooadísima~,
por más que casi todas hayan aconsejado
al libretista lo que hubiese dtbido de
hacer, en lugar de lo que hizo. Esto es
muy cómodo, una vez conocida la obra,
porque es claro que veinte cerebros concebirán veinte ideas distintas; pero la
dificultad estriba en que a un solo cerebro le venga esa idea, que la des..rro ·
lle, que le dé forma teatral, que la
lleve a la escena, y que se la interpreten debidamente. En lo que todos los
críticos están de acuerdo, es en .que el
libro está algo descuidado y en ocasio.

oes es hasta vulgar. El libretista también
lo cree asi, por más que quizá pueda
servirle de disculpa que la obra se escribió en ocho horas por la premura del
tiempo, que así fué al jurado, que asi se
llevó a la escena sin que hubiera alguna
voz franca y leal que hicies.a notar al
libretista el defecto capital de la obra,
que a haber sido así, el libreto se hubiese corregido en sus deficiencias, y no
hubiera resultado, (únicamente en el
cuadro primero, como es la verdad)algo
fuera de tono, y descuidado en su prosa.
Pero sea de ello lo que fuere,&lt;La Con-

deoacióo de D. Juan&gt; obtuvo un éxito
lisonjero en la noche de su &lt;premiére&gt;,
éxito musical sobre todo, pues el maes·
tro Vigil escribió una partitura nota bi ·
lísima, inspirada, rica en armonización,
soberbiamente instrumentada y admirablemente dirigida por él mismo. El pró·
Iogo, sobre todo, es una página musical,
que no se desdeñaría en firmar cual·
quiera de los grandes músicos coolemporáoeos, y el resto de la partitura,
accesij&gt;le para el público a la vez que
sabiamente escrita. electrizó al auditorio,
qlfieo aplaudió sin reservas,--caso úoi•
co-todos los once números de que
consta la obra Losartistasse esmeraron
en la interpretación, y todos, especial•
rneote Clementina Morio en su Kalidja,
y Gil Rey en el_legendario personaje de
Zorrilla, obtuvieron la aproqacióo del
público. Los hermanos Tara zona pintaron un decorado s'Jberbio, en el que
resultó la Catedral del prólogo, y el lugar de los castigos, del último cuadro.
Las representaciones de &lt;La Condena,
cióu de D. Juan&gt; .se hao contado por
llenos, y creemos no equivocarnos al

Orgaoizadores:de la Compañia: Señor Manuel Centurión, Señor Manuel Gutiérrez Escal .. da, Señor Jubo han, k, S, ñur
·
Carlos Reseodi y Señor Lic. Manuel Septiéo.

;e.".';&gt;

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.

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•

.,

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•n•-X

11JM1t

Personaje11 de "El Tenorio Sam" último éxito en el Principal
CboS'ejc de Administración de la Comp1ñfa Petrolera Cuauhtemoc. en su 6Psh in 1Ugural, efectuada el sábado pasado en su
edifit:io de la aoti'.gua plazuela de Guardiola.

�que el asunto se
prestaba admi- rablemente para
ello, en vez de
ser una pieza de
género chico. Pero hay que ad•
vertir qne el con·
curso era preci•
samente par a
obras de género
chiéo, y qne nna
obra que hubiera
sido escrita como
algunos críticos
lo han aconseja•
do, tal vez habría
s i d o rechazada
por el jurado, por
no llenar las con•
dicionei reqne·
ridas. Ciertoque
el asunto es be•
llo; pero su des•
arrollo req ni e •
re, no las me•

asegurar que la obra alcanzará uo gran
número de aquellas, puesto que la obra
es cada vez más gostaóa por el público
y sn bella música mejor comprendida y
apreciada.
Se le ha motejado al libretista que la
idea de la obra, novedosa y original, no
se haya desarrollado con más alteza de
miras, y no hubiera sido un poema, ya

~
I .

didas estrechas y restrin ·
gidas de uoa pieza en un
acto, sino las dimensiones
de una verdadera opere·
ta, para qne tanto el libre·
tista como el compositor
tengan un campo extenso
y amplio, en el qne sus
ideas puedan volar sin
trabas ni sujeciones. Hay
que tomar la obra tal co·
mo es, de género chico,
ennoblecido sí; pero escri·
ta en ese medio especial
de las piezas en no acto,
y sujeta al cartabón de determinadas dimensiones.
Hubo un pseud0-cronis•
ta, ibe·ro por más · señas
y perfectamente desconocido por añadidura, que
se indignó por la profana·
ción ,Fometida.. por- el . Ji ~
hretista, en·su' sentir, ha-·
cia la {igura de D. Miguel
de Mañara, sjn pensar en
su provincialismo español"gratter le russe et · voús
verr~ le ,cn~aque"-que
Escena y
el propio Zorrilla fué el
,
primero en profanar la -me~oria. ~ e
Mañara en un malísimo drama: escrito
en peores versos. !Hasta corsar_io llámó
al libretista! ¡y pensar en qne tod9s esos
desahogos del ignorado cronista, desabo:

•
Una escena de "Sacrificios" de Benaveote, estreno del sábado en el Mexicano.

sabatino con una obra de
Jacinto Benavente, titula·
da "Sacrificios" qne se
escribió hace la friolera
de unos doce años. La Em presa quiso ·dar al público
gato por liebre; pero el
buen público qne no es
tan lerdo en ocasiones, di,
jo para su sayo: "I Conque
un estreno, eh?" y ''Sacrificios" pasó por la escena
del Mexicano sín pena ni
gloria, y sin dejar huella en
el ánimo del auditorio.
Bien es verdad que es una
obra que como casi todas
las de Benavente, y ci•
taré entre otras "El Nido
Ajeno," "La Comida de
las Fieras,"la misma "Mal·
querida" etc., son obras
más bien psicológicas, en
las que los personajes hablan de nna manera que no
es natural por lo enfático,
y ~e pierden en disquisiciones filosóficas, que des·
virtúan completamente el
personaje de los estrenos del sábadc, en el Ideal
carácter de los mismos.
gos _e1dll_reza~os a los autores m~~jc~_nos , No sé si habré dich~ una heregía de
que escrt~en ~ara el Te_atro _P r!nc_1pal, esas que no tienen nombre, pero ese es
tiene~ ~omo causa los OJOS de una bella . el efecto qi:e siempre me ha producido
hplel
·
.
el teatí:o beóaventino, con excepciones •
El teatro Mexicano cubrió su estreno contadfsiñia~•. E:ntre las que cuento li

�hermosísim~ comedia "Los loteresell Creados." "Sacrificios" adolece de ese
defecto, quizá más que otras obras del
celebrado autor, y se ~omprende desde
el momeoto en que dicha obra, se es,
cribió como ya dije, hace uoos doce
años, y lleva en ella el estilo propio de
quien la produjo, estilo que actualmente se h'i quintesenciado, y ha Jado a
D. Jacinto uno de los primeros lugares
del teatro español contemporáneo.
La ioterpretacióo fué excelente por
parte de Prudencia _Griffell, d~ Emil!a
del Castillo, de Mullo, y de R1vas, sin
que los demás desentoaaran del con·
junto; pero Jo dicho "Sacrificios" no
será una de esas obras que lleven mu·
cho público al coliseo de la calle d'l
Donceles, ni mucho dinero a las taqui ·
llas. ¿Por qué razón la Empresa CossMaurent no llev.i. a la escena obras de
los teatros francés e italiano, tan gus·
tadas de nuestro público, en vez de exhumar vejeces y de recurrir a piezas
que tras de no dar un_ resu(tado práctico, fatig~n a los aru,tas 10fructuosamente? No sabemos-por qué causatan•
to la Empresa del "Mexicano" como la del "Ideal" le hacen ascos a
las producciones que n:&gt; son españolas,
la del "Ideal" meoos que la del "Me•
xicano," cuando en las obras de toS'
teatros francés, italiano y altnfán, se
encuentran verdaderas joyas literarias,
piezas de gran intensidad dramática, y
obras de éxito asegurado. l Por qué el
público metropoli~a~o ha de estar siempre sujeto a ver umcamente obras del
repertorio españoll porque a cambio
de una "Malquerida,"·de una "Celia en
los infiernos,'.' de "Como buitres" nos-

'llega cada pieza que Dios teca a jui·
ciol ¡Con decir que en España, aparte
de las obras citadas, agregando"El Lobo" de Dicenta, solamente ¡dos! han
tenido éxito. "El Orgullo de Albacete"
que es francesa , y " Las Píldoras de
Hércules" que ¡también es francesa!
¡Y a eso se ha reducido la produción
española en el invierno pasado!
o o o
En el Ideal se estrenaron dos obras
a falta de una, obras de dos actos, la
una titulada "La caída de las hójas" de
Alfonso B. Alfare, autor desconocido
hasta ahora, y "La Catástrofe de Bur•
gos" juguete cómico de Antonio Case·
ro. La primera es una baila comedia,
muy bien escrita, por más que el titnlo
no vaya muy de acuerdo con el argu •
mento de la obra En ella se distioguió
como siempre María Luisa Villegas,
quien interpretó el personaje de .Sole•
dad a las mil maravillas, y se veía pero
que muy guapa! En "La Catástrofe de
Burgos" nuestro inconmensurable amigo Luis Barreiro tuvo otra opo1tunidad
para hacer lucir su talento de actor có·

mito, tal,nto que ri: ba: deiarrollado
de~de que ha encontrado un campo propicio para ello. Los demás artistas peI'
fectamente y el buen público, feliz y
contento, riendo hasta desquijararse con
las cómicas peripec ia s de la obra, en
la que en verdad Antonio Casero hace
derroche :le gracia ydecomicidad. ¡Se
concce que Casero la escribió en no
momento de excelente humor!
o o o
En el Principal ha habido una espe•
cie de "razzia" entre los artistas, por
motivos que al cronista no le toca decir.
Han dejado de pertenecer a la Compañía el que era Director Artístico y Representante, Capella; también Miguel
\Vimer se ha separado, lo cual es de
se.ntirse, pues pierde la Empresa un
buen Director de escena, a quien se
dice por ahí que substituirá Romualdo
Tirado; también Teresita Calvó se va,
en seguimiento de Ca¡:,ella, y se habla
de otras remocioots más que aún per·
maneceo en el secreto, por lo meaos
en los momeo tos en que finaliza esta
crónica.
TRIQUITRAQUE.

''Revista de armas''
Al Capitán de La Vigerie,

Eo el regimiento que marchaba, se
oyó el mando del Coronel;
-(Alto!
Y, b&amp;.jando su espada, añadió:
-Señores de Aquitania, a vuestros
alojamieotosl
Sed gentes sociales, diligentes, corte•
se. y galantes. Honrad al bello sexo,
aceptad sin murmuraciones la asistencia que se as dé, pero respetad las co•
secbas y dejad en paz a los ancianos.
Mochilas a tierr.11 Arreglad vuestros
caballos aquí mismo y andad sobre un
pie, teniendo mucho cuidado con lo
que hagáis. Los uaiformes deberán estar cepillados al toque de diaca. Mañana se emprenderá una marcha forza•
da.
No pudiendo ya más a causa de la
fatiga, el Regimiento de Aquitaoia en
el que todos tenían los pies ampollados
de marchar, vaciló como si estuvieran
ebrios, y comenzaron las murmuracio•
nes.
-(Abajo!
-Descanso! Descanso!
-lDe dóode sale este Marqués?
- Es muy fácil mandar "Adelante,"
cuando se va a caballo!
- Al potrero ese borrico.
- iAbajol
-Ya van diez días que no hacemos
más que marchar y marchar!
-Sabe él lo que se dice de nosotros
en el Ejército?

-Y todo por su culpa!
~Para malpasarla, en el Regimiento
de Aquit~oia.
-Los soldados blancos, sobre los
flancos.
-Ya no queremos a este Coronel!
-Basta de paseo! Abajo! Muera!
Mneral murmuraron numerosas voces.
Los Ofü:iales, pequeños nobles, no
osabao moverse ; pero los amotinados
lograron poner de su parte a los Sargentos. Poco a poco, fueron quedando
hileras huecas en las Compañías; después no se veían yi sino Escuadras desligadas, alineamientos rotos. El Regimiento se disgregaba.
-Señor de Belcourt, dijo el Marqués, queréis hacer llamar a los Oficiales?
Y cuando todos estuvieron reuoi·
dos:
~ Deatro de una hora se tocará
&lt;Reunión&gt; ...•..
Todos escuchaban bel.idos de estupor.
- Voy a pasar revista. Mañana se librará un comb ..te. Es pues de absoluta
urgencia, dado que el señor Mariscal
de Sajonia nos lo recomienda, que se
vigile con toda escrupulosidad el estado de armameoto. Durante la revista
cada soldado deberá tener cargado su
fusil-"cargado"-habéis oído bien, señores? así lo deseo-la pólvora para
cebar, en el polvorín y la cartacnera
con las balas unidas a la bandolera.
Desmontó el caballo, el
que entregóa su lacayo y
dijo:
-Hasta muy pronto, señores.
Los Oficiales se inclina•
roa, y él les volvió el sa- .
ludo como si estuvieran en
la corte, y se alejó atrave·
sando, firme y sereno, por
entre los grupos de hom•
bres enervados.
o o o

NOTA DE ARTE.-Detalle y
conjunto del recital _de arpas
organizad_o por la señora Es,
meralda Cervantes de Gross
man y sus discípulas, y efeé•
tuado el sábado de la semana
pasada.

•

No bien hubo entrado
en su tienda, cuando re•
nació el ruido, contiouado,
tumultoso, ruido con sedimentos de rabia, un viento
de tempestad en el que
trascendía el olor a insulto, y a veces a q aeja, uoa
marejada que le arrojaba
sus hierbas sucias, sus pie•
dras tristes.
Poco después entró un
oficial y tímidamente dijo:
-Señor Coronel, sabe
usted 1.. • •

El Marqués volvió la cabeza son·
rieoclo.
-Eh! Eso es precisamente lo que
me desagrada; no sé, y quisiera saber.
Pero como os conozco de gran talento·
veaid, ilustradme,
'
El mapa de Namar estab.1 extendido
sobre la mesa; y al decir Jo anterior,
colocó sobre él un dedo que no tem·
biaba.
-Pero ...... dijo el Oficial estupe·
facto.
. E! Coronel lo observó. Y, tranquilo,
s1gu1endo con la uña la orilla derecha
del Meuse:
- Hay aquí una obra de &lt;Redientes&gt;,
en la qae nuestra artillería ha abierto
una brecha. Yo aconsejaría al Conde
de Clermont y al señor de Lowendal
que son quienes dirigen Este sitio, que
mañana la atacaran aún cnando el camino cubierto no haya sido tomado.
Vos que opináis?
Es aventurado.... balbotió el Capi·
táo . Pero oo se trata de eso . . .. Oís... ?
El Oficial volvió la cabeza hacia la
puerta, temiendo por el Coronel.
,.....Aventurado? Fues el medio me J&gt;a·
rece sumamente sencillo. No hay más
que deslizarse con los granaderos . . ..
Guardó silencio an momento, fija la
vista en el mapa; en tanto que a lo Je·
jos se escuchaban los gritos de: Muera!
Muera! Después añadió:- ..•. los gra•

�naderos de mi Regimiento-Aquitania
es soberbio Regimiento-a lo largo del
río siguiendo el rivazo y prolongándose a derecha del camino cubierto ....
Los rumores lejanos se hacían más
perceptibles cada vez. El Marqués le•
vantó la cabeza y continuó:
- .... y como el enemigo debe de
pensar con entera confianza •.....
- Muera! Muera!
- ... qne no osariamos nunca ata·
car esa brecha ..... .
-Muera! Muera! Muera el Coronel!
- .... sin haberlo rc:chazado previa·
mente del camino cubierto.
-Ois?
--Oiré cuando hayáis hablado, señor
Capitán. Qué pensais de mi proyecto?
Pero el Oficial no respondió. Una
congoja inmensa le anudaba la lengua,
y su cabeza se volvía instintivamente
a los gritos que se escuchaban.
Levantó el dedo ..... .
-Comprendo, dijo el Coronel,
mis hombres se preparan.
En esos momentos, otros dos
Oficiales penetraron a la tienda
atropelladamente:
- Deberla castigaros, señores
por forzar mi puerta, dijo el Mar·
qués.
-Mi Coronel, una conspira·
ción.. ..
.
-El Marqués, cortándoles la
palabra, dijo en tono de broma:
-Esta agitación hace honor al
Ejército. Conspira contra el ene•
migo.
Las voces se precipitaban:
-Acabamos de saber en t-s·
te momento .. que ha sido desig•
nado un hombre por la suerte .....
- .... No se sabe quien sea!
El Marqués se acercó a la
puerta.
-Por favor ..... . dijo uno de
los Capitanes.
- Mi Coronel, no salga Ud!
Pero el Coronel estaba sOfdo.
A caballo ya, galopaba hacia el
campo.
• - ..•. Un griterio enorme salió
a su encuentro.
000

Al momento se formó el RegimieLlo
en lfnea, y comenzó la revista.
Las Compañías vestían de blaocc,
con las mochilas de lona blanca, her·
mosas con sus uniformes cruzados de
vueltas azul pálido, sus medias de se·
da fina, calzado de tacón alto, y les
faldones vueltos hacia atrás com&lt;&gt; co•
las de ave. Era un Regimiento presumido, cuidado de si mismo, que debía
de encantar a las balas.
- El Marqués va a hacerse matar!
murmuró un Oficial.
,-En tres años está es la segunda
vez que este Regimiento se insut&gt;ordi·
na, ,--dijo un cadete. Hubiera hecho
mejor quedándose en la Corte.
-Estos hombres son unos locos. De
qué se queja el Regimiento? Tiene un

-Abrid vuestro polvorin. .
El polvorin estaba atestado de pól·
vora.
--Vuestro saco de balas.
El saco estaba lleno.
Tercera Compañia. Dos filas de ojos
brillantes, vacios como si fueran de vi·
drio. No era una alma la que levan·
taba los pechos; menos que un aliento,
de la vida muerta.
El Marqoés tocó una espada.
-Vuestra funda de bayoneta ?
--Está en reparación.
A otro:
-Vuestra banderola debe de pasar
debajo del quinto botón.
A otro todavia:
- Esas vueltas no están bien, es nece·
sario coser las puntas.
Con el extremo de su bastón golpfó
repetidas veces el tocado de un hombre
diciéndole:
-Tenéis el galón descosido;
no me agradan los descuidos.
El granadero dió un grao paso
atrás, pues, el Marqués se limitó a
observarlo; y las miradas de es·
tos dos hombres al cruzarse produjeron llamas.
- Ah! dijo únicamente el mi·
dado.
Bruscamente apuntó el cañón
de su arma al pecho del Mar•
qués El alma del Regimiento fu.
riosa, subió en los airts como on
soplo; y antes de que los Oficia•
les hubieran acudido, el pedernal produjo una chispa, pero el
disparo no sálió.
- Amigo mío . ..... dijo el co•
ronel.
Completamente- despreocupa·
do, como si no hubiera pasado
nada de particular, con un dedo
sobre el bastón, ni siquiera se
había movido, una claridad sobrenatural folguraba en sus ojos.
Y con el mayor desenfado aña•
dió:
-Dos días de encierro. por
tener vuestras·armas en mal es•
tado.
Y lentamente, giró, dió la es·
palda a la tropa que conducía al
preso y pasó impávido frente
al Regimiento.
&lt;GEORGE D' ESPARBÉS.
El interpelado hizo correr su c;.1 lu•
chera a la derecha.
Traducción de
El bastón, en las manos del Marqués,
:ENRIQUE FLORES ALATORRE
se balanceaba alegremente, sostenido
entre el íodice y el anular constelado de
espléndidos anillos. De improviso se
levantó a la alturá de una mala cabeza:
-Vuestra fornitura está llena de polvo, dijo el Coronel,
El hombre contuvo el aliento.
El Marqués designó a un Sargento
que portaba una pica:
- Vuestros tirantes están desgarrados.
Para qué os sirven las mujeres? señor
Sargento .
~
El portador de la pica enrojeció hasta
la raíz del cabello, pero no contestó
nada.
El Coronel que parecía buscar a al·
guien, se dirigió a otros:

Coronel admirable. Mirad, mirad su
sangre fria.
-1Qué imprudencia! No hay que
dar·un paso en falso, pero al menor
geste ....
El Coronel echó pié a tierra, se des•
armó de su espada, tomó un bastón
barnizado, flexible, con puño de porce·
lana de Sajonia en el que estaban gravadas sos armas, y se dirigió al primer
hombre de la fila. Era un viejo pálido
que lo miraba suplicante. Pasó delante
de él.
Irreprochables, los primeros hombres
no alentaban. En sus cerebros no tenia
vida ninguna idea. Sus rasgos eran do·
ros, respirando aires de lejanos hori·
zontes ....
-Vuestra cartuchera está mal colo·
cada, maestro, dijo el Coronel a un sol•
dado.

¡i1w1UHUUIHIIUIIIIIIIIIIIIIIIDIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIUDIIIUIIIIIIUIIIIIIIIIIIIIIIIUIIIIWUIIIUIIIIIIIIIIIIUIUUIIIIIIUIIIIIIIIIIUIUIUIIIIDIIIIIUl)llffllll1DllllllllllllllllllUIUDllmn11111u11m111111111111n1111111111111111,.

1 Páginas Femeriinas

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\a1111UIIUIIIIIOUIIIIDIIIIIIIIIIUIIIIUIIIIDUIIIIIIIIIIIIIIUUIIIIIIIIIIIIBIIDDIIIIIIIIIIIIIWIIUIIDIIIIIIIIIWIIIBRWDIIIIIIIUIIIIOIIIIIUIIIUIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIUIIIIIIIUIIIIIIIIIIIIIUIIIDlllfflfflllQJUIIDIIIDfflllOIIIIIIIIDIIIIIDllllllllllUU.I

Como de ordinario, los teatros son
los primeros en dar idea, aunque exa•
gerada, de los modelos que adoptarán
las elegantes para la estación venidera.
E~ el Theatre de r Athenée, se repre·

faldas están modeladas al estilo de los
pantalones bombachos de los turcos, y
sin embargo, son muy diferentes de és· i
tos. En la parte superir, la faldaesam- ·,
1
plia, en la lfoea de cintura; luego cae,t'.

senta actualmente una obra llamada &lt;El
Tango,&gt; y las actrices llevan trajes ma·
ravillosos con sorprendentes efectos
en drapea.do, colores, etc. Todas las toilettes de las principales actrices salen
del atelier de Poiret, asi como los efectos escénicos, los muebles, cortinajes Gracioso grupo de modelos primavera·
y tafices. A primera vista, los trajes
les para sombreros, en los cuales
parecen muy sencillos, pero si se les
forma la nota dcminante su alobserva cuidadosamente, se nota que ·
tura, que en algunos casi
tienen un1 característica desusada: las
llega a la exageración.

recta aparentemente, y se enangosta
hacia el bordé inferior, hasta que pare•
ce es imposible andar cuando se lleva
puesta. Pero se descubre que está sujeta en la orilla, y que hay dos aberturas

por las que pasan los' pies. Estas abe r•
turas son apenas perceptibles, y sólo
rara vez se veo.
Estas faldas se hacen de telas muy
variadas, las modistas emplean pues el
chiffon, los satines, los encajes, la sarga
y muchas otras telas pesadas. Las faldas de telas vaporosas están, en aparieo·
cia, volteadas hacia adentro en la parte
inferior, y sujetas en el forro, de manera
que caen muy suavemente y de un modo indefinido en torno de ! los pies. Las
faldas de sarga y otras:! telas pesadas
requieren más cuidado y; presentan ma•

�..
falda ; pero el corpiiio es una
combinación de bolero y
chaquetiila a la espalda, muy
desusada, pero muy gracias,.,
Se ajusta flojamente al cuer•
po y tiene la cintura muy al•
ta: y a la espalda y a los la·
dos, lleva faldellin alambrado
en el bord~ inferior, de modo
que cae en pliegues regulares o sobre las tolderas. Al
frente, el bolero va abierto
sobre un cinturón muy an·
cho de satín negro. y dejando
ver la camisola de tul con bo·
tones de piedras semi-pre·
ciosas. El bolero y el falde·
lliu están forrados de la mis·
m'I. tela quo:'I la falda.
Todas las toilettes de soi•
rée que se veo en esta obra,
son deliciosas. Hay una de
chiffoo crema, con fondo de

yor dificultad para quedar arr;gladas
perfectamente, porque deben tener el
acabado estilo sastre y lineas severas. Sin
embargo, se forran también, y el forro
en vez de ser de satioette o seda, es de
chifon, unas veces del color de la tela,
otras del tono brillante que
haga contraste con el material
empleado en la falda.
Uno de estos trajes estilo
sastre, está hecho de sarga
azul oscnro. La falda cae
recta y, amplia en las cade·
ras, se estrecha excesivamen·
te hacia los tobillos. Se alza
diez ceotimetros del suelo, y
está abierta a los lados unos
ciuco centímetros, lo que no
es demasiado El forro, cuan·
do se le ve, es de chiffon es·
tampado teniendo el fondo es•
carlata con ramos muy tupi•
dos de flores azules, amarillas
y hojas negras.
Esta toilette no tiene sobre

Elegante traje p.ira recepción, falda de
terciopelo bordado, escarlata, y de•
!anta! de terciopelo blanco; ki,
mono también blanco.

Traje propio para té o recepción ves,
perlina. Sobre-falda de taffeta y
falda de tul ; kimono de color
claro.

Original traje de calle hecho en
crepé azul, adornado con bo
tones del mismo color.

Trajes y artículos para el recién nacido.

�la parte superior, y se gradúan al tono
coral hacia la cintura. El cinturón es
de terciopelo color coral.
Se hacen mil comentarios acerca de
estas faldas introducidas por Poiret y
muchos de los &lt;modistos&gt; de más re•
nombre predicen que tendrán éxito de
poca duración, pues son demasiado
extrañas y extremadas para que sean
aceptadas generalmente. Pero estas mis·
mas observaciones se hicieron sobre la
falda llamada &lt;micaret(&gt; que también

chiffcn coral. La falda fs
larga_y lleva uca cauda
pequeña que solo mide, a
la e~palda. diez cectíme·
Iros. Los pies pasan por
aberturas estrechas que
apenas permiten que pase el pie. Sobre
esta falda de chiffon va ura túnica de
cuentas que se gradúan en color. siendo
· coral en la cintura, y terminando en tono
iridiscente en el borde que llega a la
rodilla.
El corpiño es de chiffón crema en la
parte superior, y las mangas también
son de esta tela. De les hombros caen
hilos de cuentas que rno iridiscentes en

a ninguna otra mo·
da o estilo, cre~do
por otros modistos;
y auoqoe sus crea·
cienes no sean dura•
derasy con frecuen•
cia son demasiado
estrambóticas para
ser aceptadas, siem·
pre llaman la aten•
ción, provocan las
críticas.y mantienen
el nombre de Poiret
ante el público.
Muchos de los modistos q ue hace lar·
.go tiempo tienen es,
-r.tb'l'!reida su fama
en París, 'Consideran
a P&lt;iiret como un
charlatán, y afirman
que no es un artista, pero lo cierto es
que no hay otro
que pueda campa·
rársele como anuo·
ciaote hábil y capaz,
Hermofa plana de artíoulos de uso y de to·
que sabe llamar la
cador para las damas
atención de todo P ...
rís y del mundo en·
tero.
fué preS€ ntada por este
El bolero, que había eftado anunatelier, y que ha hecho fu· ciándose, ha llegado ya, y parece que
ror Esta falda, con su ex· permanecerá latgo tiempo, 'pues esgra·
t~aña forma acompañada, cioso, cómodo y fácil. Hay una decena
alambrada en el borde in· de variedades en su corte, y se le con·
ferior de la túnica, sus fec:ciooa, no como parte del traje, sino
recogidos y pliegues y otras como, uo abrigo que puede llevarse eco
rarezas, fué declarada &lt;im·
posiblt&gt; y casi todos los
modistos se pronunciaron
contra su adopción. Pero
a pesar del ridículo con
que fué recibida
del d~sdé:i de los
creadores de modas, la falda &lt;mio atete&gt;
es Ja que.ha teuido mayor_ éxito.!. el que
se ha prolongado por vau_o~ anos y. se
usa aún, y en toda probab1hdadsegu1rá
usándose por otra temporada, a lo me
nos.
Hay una cosa de la que se puede _es•
tar seguro: cu'afquier estilo o mod_a 1m·
plantado por Poiret no será seme¡aote•

y

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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