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                  <text>R ~gi-11rado como artículo dd 2' clase, e l 26 de Febrero tie 1914.

Segunda fpoGa.

Sábado 21 de Marzo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 5.

La genial artista Lyda Borelli que está obteniendo ruidosos triunfos
Interpretando p~llculas oinematográficaa .

�IN DICADOR

"Arte y Letras"

s~ publica todos los sáb..áos por la
Cia. Perlodístl&amp;a Mexi&amp;aná, S. A.
DIRl!CTOR:

J. M COEL LAR.
GERENTE:

MIGUE L LANGARICA.

OFICINAS:
3~ Rioc\Jnadi\ de Sao Diego 41.
Teléfonos :

Mex. 20-85 Neri.-Eric. I4-5r.
Ap;irt;ido postal 45 b is .
MEXICO, D. F .
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E j; mplares sue ltos . . . . .. . . . . . . 20 c,
S ub~cripcióo, trime~tre .... . .. 2 50
ExtranjJ ro, tr imestre.... . ..... 5.00
con excepción de Eshdos Unidos y Cu•
ba, en d ootle rt&gt;girá el mismo precio
q ue para l:t República .
NO GIRAMOS
T ODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IM PORTE.

No se devuelven originales.

CAMPESTRE
Ayer que salí a pasear por los
campos topé con una lindísima
muchacha oue e~taba tendida
sobre los mismos campos.
Se hallaba sobre la ladera de
una montaña que tenía un suave
_declive; su cabeza estaba más
baja que sm pies. Tenía los cabellos de un color bermejo tirando a rojizo, y en la postura c11
que estaba, se extendían sobre
la ladera como si escurrieran por
ella e iban a dar ha~ta la orilla
de u n arroyo que corría al pie
de fa montaña.
Su cara era un óvalo perfecto,
tenía ojos g-randes y claros, nariz recta no muy· afilada; boca
grande y carn osa y una barbilla
agusada: muy poca ceja, entrecejo arn µl io y pestaña corta, muy
ig-ual y no muy poblada: la cabeza era sostenida por un cuello
largo y esbeltc}.: cabeza y cuello
recordaban los hermosos retratos
ele los pintores del renacimiento
italiano.
Sus ojos estaban abiertos v fi jos en el azul del cielo; par.ecía
::orno que trataba de dar descan!&gt;O a ,;u cerebro después de un
trabajo agobiador, y veía al infinito sin mirar nada.

Lo que más me :-;orpre:1dió fué
su indumentaria; era una túnica
sembrada toda de ramos de plantas floridas, ·con una labor de flores en el cuello, · y ligeramente
reñida la cintura con una guía
de flores también. E I desorden
de sus ropas dejaba ver la e1eliciosa forma del arranque de sus
piernas y u11 par de piecesitos
que parecían do~ hermosos lirios
b lancos. ligeramente sonrosados
por las fatigas de un viaje largo.
Con ~u mano izquierda sosteni-l ;.lgunos pliegm•s de su túnicaén los cu des p:irecía haber
llevado algo, y la derecha que
caía a lo largo de su cuerpo con•
servaba una contracción que pare::ía indicar que hahía repartido
puños de alguna cosa durante
larl-(o rato: aquella contracción
de su mano derecha y la postura
de la izquierda, que indicaba
tamhién una actitud sostenida durante al~ún tiempo,en vez de c:,usarle dolor parecían ser para el la
un deleite. Todo en ella hacia
notar que, satisfecha de una labor grata, descansaba con la conciencia del deber cumplido y la
satistacción de un deseo contenido por mucho tiempo.
Me acerqué de pun tilhs para
no hacer rnido y poder contemplar más de cerca aquella belleza: estaba tan embelP-sada en la
contemplación del infinito que no
se dió cuenta de mi proximidad .
Una vez q ue estuve ce¡ca, mi
sorpresa no tuvo iímites por que
me dí cuen ta de q ue aquella cara no me era desconocida: la había visto en alg-una parte. ¿ pero
dónde?' No había ~ido en el tranvía, porque las ciudades g-eneralmente no producen tipos tan
puros: no era ninguna de las vecinas del pueblo. porque el corte
de su cara era enteramente exótico en él. ¿Dónde la había visto?
En fuerza de mirarla me pareció que se animaba. pero sill moverse. Sus cabellos quP- al principio había visto inmóvilts sobre
la ladera, ahora me parecían
animados de un movimiento de
descenso hacia el arroy, : cada
uno de e!los era como un sutil
hilo de agua que bajaba por la
ladera llevando consigo las flo-

res que primero me parecieron
como adorno del peinado: una
vez que el caurlal líquido llegaha
al pie de la montaña seguía el
cauce de la corriente y luego parecía ascender por los flancos y
extenderse por los prados, salpicando sus flores por todos ellos;
aquella cabellera no tenía fin,
todo lo abarcaba y todo lo cubría
con aquellas flores que i e multiplicaban sin cesar .
Viendo, empecé a mirar; mis
ojos, acomodados al ambiente y
la distancia, comenzaron a distinguir por los c,impos la huella
de los piecesitos lindísimos de
la muchacha; además &lt;le la hueila leve del pié, e l cam no se
marcaba por la profusión de flores arrojadas a un lado y otro:
esto me explicó la postura qll c
co'lServahan las manos de mi
preciosa medio-conocid,1. Todo
aquello me hizo recapacitar y de
recuerdo en recuerdo vine a caer
en la cuenta de que aquella muchacha tan linda era n;i.da menos que la Primavera del cuadro
de Botticelli. Era el veinte de
marzo y todo estaba explicado.
Cuando me volví para cerciorarme de la verdad de mi haHazgo la muchacha había desaparecido: el arroyo cubría todo el
campo y subía por todas las laderas, y en el sitio en que había
estado tendida descansando de
8 11 trabajo había un lirio, una
azucena y un rosal.
Volví a casa siguiendo la huella florida de los pies de lirio:
aspiré los vientos que habían levantado el pecho de azllcenas. y
contemplé extasiado los arreboles
que se habían reflejado en a4uellas mejillas de rosa. Cuando entré en mi pobre biblioteca f í a
consultar mis obras de Botl icell1;
no me cu po duda de que había
topado con· la creación maestra
del pintor florentino .
Hojeando mi libro tuve otro
hallazgo fel iz: entre lo, ver~os
que se supone inspiraron aSandro
me encontré los dos bellísimos
que apunto:
Beo veoga Primavera
Che voul l'uom s'ioamor i.

T. M . C.

P uebla y de la señora Mercedes
- • Güe-reña de Hernández.
Cerca de las cinco de la tarde
los salones del viejo castillo se
abrieron dando cabida como an•
tes dije a lo que existe d,i más
relieve en nuestra sociedad.
En el salón de recepciones la
señora 1Emilia Aguila de H uerta
con su gentil hlja la señorita:Ele,
na hizo los honores con refinada distinción y elegancia a sus
huéspedes.
Los novios firmaron las act~
de sos presentaciones religiosa y
civil ante'-el señor Presbítero Ma•
tute y ante el señor J uez Licenciado J osé Bernardino Nava,
habiendo sido apadrinados en la
ceremonia eclesiástica por• los
señores Teniente Coronel Car,
los Aguila, Mayor Jorge Huerta,

Banquete campestre ofrecido por los empleados del Ministerio de Comuoicaciones, al secretario del ramo, Lic. Jos,
M . Lozano, el sábado pasado en Xochimilco. con motivo de su onomástico.-Concurreotes a la fiesta.

DE SOCIEDAD
A una brillante fiesta de sociedad, a la
que tuve el alto honor de asistir, debo
referirme en primer término; es:esta la
efectuada la tarde del miércoles último
e!l el viejo Alcázar de Chapultepec, re•
s1deocia oficial del P rimer Magistrado
de la Nación, General Victoriano Huer•
ta y de su esposa la señora E milia Agui,
la de Huerta.

La fie&amp;ta a que aludo en la que se
reuoió lo más granado de nue!tra socie,
dad, así como las familias del H. Cuerpo
~ iplomático acreditado ante nuestro go·
b1erno tuvo el doble motivo de la soi,
rée que mensualmente ofrece a sus re •
laciones la esposa de nuestro P rimer
Mandatario y el acto de las presentaciones canónica y civil del mayflr Víctor
Huerta, hijo del Stñor P residente de
la República, y A}'odante de su Estado
Mayor, con la señorita Concepción Her ,
nández, bija del señor General Juan A.
Hernández, Gcberaador del Estaco de

Licenciado José _Maria Luján, Subse• ,
cretario de Gobernación e Ingeniero
Manuel Hernández hermano de la no•
via.
Como testigos de la p resentación ci,
vil firmaron el acta ea compañía de los
novios las señoras Emilia Aguila de
Huerta, madre del pretendiente, Mer•
cedes Güereña de H emández, madre
de la oovia, y los señores General de
División Victoriano Huerta, General
Juan A. Heroández, Goberoador de
P oebla, represeotado por e l señor Li•
cenciado Nemesio Gard a Naranjo, Se•

�cretario de Estado y
del Despacho da
Iostrucción Pública
y Bellas ·Artes y los
caballeros que apadrinaron a los futu,
ros cónyuges en la
ceremonia religiosa.
Al concluir el acto
civil, el Primer Ma,
gistrado de la Nación y la señora
Aguila de Huerta
condujeron a sus invitados a una de las
galerías del alcázar

ART.E MODERNO MEXICANO

o o o

Un número de la parte deportiva de la fiesta campestre en Xochimilco.
Señorita vencedora en el concurso de sombreros adornados. Fots. Lupercio.
El enlace Hnerla- Hernández que sin
en donde fué dispuesto un lunch- cham·
disputa será un gran acontecimiento
pague.
En tono paternal y a la hora del cham• social se efectuará a mediados del en•
pagne el señor Presidente habló, acon• trante Abril en uno de los más aristo•
sejando sabiamente y alentando para la cráticos templos d a la metrópoli.
lucha en ol futuro hogar de los novios,
El cariñoso brindis del señor Presi •
o o o
dente fné recibido con calurosoi. aplausos.
El Excelentísimo Señor Alexaudre
En la soirée la orquesta típica Lerdo
y la Banda de Estado Mayor Especial, de Stalewsky, Enviado Extraordinario
alternativamente estuvieron tocando se• y Ministro Plenipotenciario de Rusia
lectas pieza.s musicales y amenos trozos acreditado ante nuestro Gobierno, ha
· regresado en esta semana de su viaje
de baile.
Dado el poco espacio de que dispon• · de placer por Guadalajara y Chapala,
go, omito la lista de l:1. selecta concu- en donde fué objeto de múltiples aten·
rrencia de esta soireé, básteme tan sólo ciones de los principales fnncionarios
decir que, independientemente de las de esos lugares así como de las princi,
familias de nuestros principales funcio- pales familias radicadas en esas capi•
narios públicos y del H. Cuerpo Diplo• tales.
mático, concurrieron a ella las principales de nuestra sociedad.

Eu la Hacienda de Coapa se verificó
el sábado último un Torneo de Pichón
en el que los caballeros se distinguie•
ron por so habilidad en este elegante
deporte.
La tirada de pichones principió a las
tres y media y fué muy interesante la
sesión, de cuyo cómputo, hecho al final,
correspondió el primer logar al señor
Delfín Algara, el segando fué conquis•
tado por el señor Antonio Villalba y el
tercero por el señor Antonio Alvarez y
Gómez de la Cortina,
Los icvitados a esta fiesta, al concluir
la tirada, fueron conducidos por los
dueños de la finca, al salón comedor de
la Hacienda, en donde se sirvió un téchampagne.
Hoy se repetirá el torneo en el que
se seguirán disputando la copa de plata
que se adjudicará al vencedor.
o o o
La brillante soirée primera nota de
esta crónica me impide el placer de re•
ferirme por falta de espacio a algunas
notas de las que haré mención en mi
próxima crónica.
EL

D UQUE DE S ANTO D OMINGO.

ge;
CABEZA DE ESTUDIO AL_CARBON , POR EMILIANO VALADEZ.

�En el estudio de las facultades y
tendencias de los móviles primarios del
alma humar.a, los frenólogos han des·
preciado una propensión que a pesar
de existir como inclinación radic:al,
primordial e irreductible, fué también
ignorada por todos los moralistas que
precedieron a los frenólogos. La arrogan•
cia de nuestra razón es lo que nos ha
hecho ignorarla. Si hemos permitido
que su existencia se esconda a nueHra
vista es solo por falta de creencias, por
falta de fé, ya sea fé en la revElación,
¡ a sea fé en la Kabala. Nunca se ha pre,
sentado la idea a nuestro cerebro en ra•
zón de su carácter surerogatorio; e~ta
tendencia, esta propensión, no respon·
día a ninguna d., nuestras necesidades;
por lo tanto nada nos obligaba a considerarla como "necesaria;" aunque a veces
la noción de este "móvil primo" se nos
apareciera por la fnerza de las circuns·
tancias, no sabíamos como había de fi.
gurar para lc,s fines, t,mpcrdts o eter·
nos rte la humanidad. Nose puede negar
que la frenología, como casi todas las
ciencias de carácter metafísico, bao sido
organizadas "a priori". El hombre que
razona sobre la inteligencia o la razón
-más que el que se limita a observar,
- se esfuerza por imaginarse todos los
ñesigoios de Dios, y dictarle planes.
Una vei que ha penetrado a todo su sa·
bor los puntos de vista de Jebová, se
entrega a hacer sistemas acerca de la
naturaleza clel espíritu hasta que se pier·
rte de vista. En frenología, por ejemplo,
determinamos, en primer lugar, lo cual
es de todo punto natural; que la Frovi,
deoci" tuvo intención de que el hombre
comiera. Hemos atribuído al hombre un
órgano de alimtiotabilidad, y ese es el
fuete de que se ~irve Dios para hacerlo
comer, quiera que no quiera. Nuestro
segundo d~scubrimi,mto fué quA Po traba
en los designios de Dios que el br mbre
propagara su especie, y, a rer glóo segui·
do encontramos un centro de la afecti•
vidad Lo mismo hemos becbo para la
combatividad, para la idealidad, para
la casualidad, para la coostruc1ividad,
a cada ó.rgaoo le hemos encontrado una
teodenc 1a, un instinto o una facult,d
puramente intelectual. Y, en esta repar·
tición de los principios de la. actividad
huma na, los discípulos de Spurzheim (1)
con razóo o sin ella, no bao hecho más
que seguir las b uellas de sus prodeceso•
res, determinando cada punto por derluccióo, siguiendo la idea de un destino
humano preconcebido. y tomando como
base los fines del Creador.
Hubiera sido más prudente y más se•

•

(1) Uaode los ap6stol~s de la Creoologí~.

guro fundar esta clasificación, (ya que
se siente la necesidad de clasificar), en
el hecho de que algunos actos son fa.
miliares al hombre y otros excepciona•
les, nada más que excepcionales; en
vez de decir que la Divinidad prescribe el complimieoto de estos actos. Si
nos vemos obligados a renunciar a
comprender a D;os en sus obras visi•
bles ¿qué podremos b;,cer cuando se
trata de los iosood"bles designios que
~•acen vivir a las criaturas? Si tenemos
que renunciar a penetrar en sus obras
objetivas ¿cómo queremos penetrar en
sus disposiciones subjetivas y en las hses de su creación ?
Si los frenólogos hubieran empleado
la inducción, el método "a posteriori."
hubieran sido conducido, a ,dmiiir e,•
mo principio innato y primordial de la
actividad humana alguna cosa paradó·
gica que podemos llamar la "pen·ersi,
dad," a falta de otro nombre que la
caracterice mejor. En el sentido en que
yo la entiendo, es, en efecto, un móvil
..sio motivo," un motivo "no motivado."

A su instigación obramos sin objeto

comprensible; o bien -ya que estas pa·
labras parecerán incompreosibles,-se
puede modificar la propo5ición hasta
jarle esta forma: A su instigación obra•
mos por el sólo motivo "que no debe·
riamos obrar." Teóricamente no hay
razón más irracional. Pero en la prác·
tica es de las más poderosas. Algooos
espíritus, en determinadas circunstancias, son incapaces de resistirla. El he•
cho de qne yo respiro no es para mí
más cierto que lo que voy a enunciar:
la certidumbre de que algo es malo o
reprobado es a menudo la úoica e irresistible "fuerza" que nos empuja a ha·
cerio. Y esta tendencia opresiva de ha•
cer el mal por el sólo amor al mal no
sufre el análisis ni 11 descomposición
ea elementos ulteriores. Es un móvil ra•
dical, elemental, primordial.
Seguramente que se me dirá que si
nuestra persistencia para obrar en de•
terminado sentido proviene de sentir,
nos que esta persistencia es culpable,
nuestra conducta en tal caso no es más
que una modalidad de nuestros hábitos
de "combativid1d" frenológica. Pero

de una plumada vatnos a demosttar la
falsedad de tal suposición. La comba•
tividad frenológica tiene como base
esencial la necesidad de defensa. Es
nutistra salvaguardia contra la iniqui•
dad. Su principio interesa nuestro bie•
nestar de tal manera que paralelamente
con su desarrollo se aumenta el deseo
del bienestar. De ésto se desprende que
el deseo del bienestar debería crecer
paralelamente con todo principio que
fuera una alteración de la compatibili·
dad Pero en el caso qu~ yo he llamado
"perversidad," r.o solo no es el senti·
miento del bienestar el que se pone en
juego, sino ctro totalmente contrario.
Una investigación de nuestra propia
conciencia es, después de todo, la me·
jor refutación del sofisma en cuestión.
Quienquiera que interrogue en confian·
.za su alma y la explore a fondo no po•
drá negar la naturaleza absolutamente
radical de la tendencia de que se trata.
No es menos evidente que ioccmprensible. No hay un solo ser humano que,
en un momento de su vida,
no se baya sentido atormen•
tado por el deseo ardiente·
de &lt;taotalizar&gt; (1) a su audi·
tor por medio de circunlo,
qoios. El que babia a cencien·
cia de que desagrada, tiene
la mejor intención de agra•
dar; comuomente es conciso,
claro; siente en su lengua la
expresión más lacónica, la
que no espera más que ser
pronunciada. Está obligado a
violeotar~e para no decirla;
de buena gana evitaría el dis·
gusto qoe va a causar a quien
le escucha. Sin embargo, sa•
be que por medio de parénte·
sis y circunloquios va a cau·
sar ese disgosto, v esa idea
basta para qoe sienta la pro•
pensión que se convierte en
designio; el designio en deseo
y el deseo en necesidad irre·
sistible. Y, con grao senti·
miento de sí mismo, a pesar
de todo lo que pueda sobre·
venir, tiene que cumplir con
su tendencia.
o o o
Nos ballamcs en presencia de una labor árd ua q u e tenemos que lle·
var a cabo a la mayor breveda1. No ig,
noramos que el retardo en ella nos se·
ría desaitroso. Es la crisis capital Ele
nuestra existencia; como un tcqoe de
corneta nos llama imperiosamente a la
acción. Ardemos en impaciencia por
emprender la obra, y la idea de sus
gloriosas consecuencias basta para eoar·
decer nuestra alma. Es indispensable
qoe la obra se comience el mismo día,

~1 ) Este _verbo es favorito de Poe que
quiere decir con él renovar el suplicio
de Tántalo, ofreciendo al ioterlccutor
la palabra con que ha de sati!facer su
cor!osidad para retirársela después. Es
un Ju.ego de qqe gusta mucho el autor
americano, como se verá en este mismo
t;:ueoto,

y, sin embargo, aplal::amos su ejecuclón
para el día siguiente.' ¿Por qué? No po·
demos contestar más que lo siguiente:
es que sentimos que esto será "perver·
so," para emplear la palabra sin expli•
car su significado. Llega el día siguien·
te, y con él una angustia mayor que nos
empuja al cumplimiento de nuestro de·
ber; pero al mismo tiempo que crece
esta angustia, surge un desPo anónimo
y terrífico, casi insondable, uo deseo in•
saciable de agravar aún nuestro retardo.
Cada momento que pasa aumenta algo
a ese deseo. Disponemos de una última
hora para trabaji.r. Nos estremecemos
bajo la violencia del combate que coloca
frente a frente dentro de nosotros lo de•
Soido y lo no definido; la realidad y la
sombra. Pero una vez que el combate
ha llegado a este punto, ya no hay du,
da de que triunfará la sombra y es va•
na toda lucha. Suena le campana; es la
señal dti nuestra dicha fenecida. Es
también el canto de Cbanteclair que
viene a disipar la sombra que nos ha

no es más que boa idea, pero boa ldeá
espantosa; una idea que biela hasta la
médula de los hoesos, y que insinúa las
salvajes delicias del horror. Es simple•
mente el pensamiento de lo que se seo•
tirá al caer de semejante altura. Y es,
ta caída, este aniquilamiento súbito;
por el sólo hecho de que encarnan la
más atroz y la más horrible, entre las
más horribles y atroces visiones de
muerte y de dolor que se hayan e fre•
cido basta entonces a nuestra imagioacióo,-por ese sólo motivo lo deseamos
arditmtemente desde ese instante. Y el
hecho de qoe nuestro buen sentir nos
separe violentamente de ese bordo,
&lt;ese hecho mismo,&gt; nos lleva a él eco
más impetuosidad. No hay en todo el
mundo pasión más demoniaca y o:ás
ardiente que la de un hombre que, en·
locada al borde de oo abismo, sueña
caer en él Entretener tales pensamien·
tos, aunque se,an por un sólo instante,
es la perdición segura, porque la refle xión nos urge pa1a que abandone•
mos el peligro, v "eso basta" para que
no seamos capaces de huírlo. Si no te•
oemos el brazo de un amigo qoe nos
detenga, o nos hacemos un esfuerzo
brusco para arrojarnos hacia atrás, nos
precipitamos y nos destrozamos en el
foDdo.
Analizando estas acciones y otras se•
mejaotes, concluímos que provienen so·
lamente de la "perversidad." Sentimos
que no deberíamos llevarlas a cabo, y
que esa es la única razón por la que
las ejecutamos. Más acá y más allá de
'e si razón no se pueden encontrar prio•
cipios inteligibles, y bien podríamos
considerar esta perversidad como una
sujestión directa del Rey de los Iofier·
nos, sino hubiera sucedido alguna vez
que ha dado logar a obrar en el sentí·
do del bien.

o o o
Todo lo que acabo de decir tao ex•
teoso es para responder, basta cieno
grado a nuestra pregonta; explicar a
usted por qué estoy aquí y darle a ce,•
nacer lo que en rigor puede parecer el
mctivo de las cadenas eco que estoy
cargado y de mi presencia en esta ce 1,
poseído. Se va, quedamos libres. Ha da de sentenciado.
reaparecijo nuestra antigua energía.
Sin las explicaciones anteriores, o no
"En lo de adelante" trabajaremos así• · me hubiera usted comprendido, o me
duameote. Pero ay! Ya es demasiado hubiera tomado por un loco, como la
tarde!
mayoría de los que me escuchan, Mien•
Estamos de pié al bordo de no pre· tras que ahora, ya está usted en estado
cipicio. Sentimos el abismo y nos seo· de comprenderme y saber que soy una
timos molestos y en peligro. Nuestro de las múltiples víctimas del Demonio
primer movimiento trata de alejarnos, de la P-erversidad.
pero sin motivo plausible, no nos reti·
No es posible que baya un acto pre•
ramos. Por grados, poco a poco, oues• meditado con más delit&gt;eración. Duran•
tro aturdimiento y nuestro vértigo y te semanas, durante meses, pe~é y calnuestro horror se coodenrno P.n la nu- culé las diferentes maneras de cometer
be obscura de un sentimiento sin nom• mi asesinato. Deseché una multitud de
bre. Por grados más intangibles aún, proyectos sólo porqoe eooerraban una
esta nube toma una forma, como el va· ligera posibilidad de descubrirme. Un
por sob:e la botella de donde se esca• día, por fin, leyendo unas memorias en
pa el genio de las Mil y Una Noches. franc és, caí sobre la relación de una
Pero de nuestra nube a la orilla del enfermedad mortal contraída por una
abismo se desprende una forma cada dama en razón de haber estado en un
vez más tangible y mucho más temible coarto donde ardió una bujía envene•
que todos los genios y todos los demo• nada por accidente. En seguida tsta
nios de todos los cue~tos; sin embargo, idea se aferró en mi imaginación. Sabía

�que mi víctima tenía costumbre de leer
en la cama, y sabía además, que su
enarto era exiguo y mal aereado. Pero
para qué be de entretener a usted con
detalles fútiles oi coa la relación de las
estratagemas facilfsimas de que me valí
para sub,tituir la vela de su cuarto con
una preparada por mi. Al dia siguieote
por la mañana se bailó a la persona
muerta ea su cama, y la decisión del
jefe de policía fué: "muerta por la vi•
sita de Dios."
Yo heredé sus bi,oes, y tojo marchó.
sin tropiezo para mi durante varios años.
Ni uoasola vez pasó por mi cerebro la
idea de que se me pudiera descubrir.
Había hecho desaparecer con el mayor
cuidado los restos de la bujía fatal. No
había dejado uo solo hilo por el que se
me pudiera convencer o siquiera acusar de la comisión de un asesinato. No
se puede usted figurar la satisfacción
que se extendía por mi c~ando me daba
cuenta de mi estado de seguridad per,
fecta. Durante mucho tiempo me babi ·
toé a complacer con este sentimiento
Me procuraba más goces reales que
todas las veotaj 'IS materiales obtenidas
Poco a poco, llegó un momento en
que este placer S3 convirtió, por grados
insensibles en un pensamiento obsesio,
nante que me fatigaba por lo mismo que
me obsecaba. Apenas si me dejaba un
momento .de reposo, Hay ratos ea que
las orejas, o más bien la memoria, se
sienten invadidas por una especie de
susurro de abeja en medio del cual se
oye uo trozo de ópera o de canción. El
enervamiento es terrible, aunque la par,
te musical sea verdaderamente hermosa
y de algúo valor. Así es como acabé por
pasarme el tiempo meditando constan·
temente sobre mi seguridad. y llegué a
modular en voz baja esta frase: "N.:i
teogo nada que. temer."
Un día que me paseaba por las calles
me sucedió hallarme repentinamente
pronunciando estas sílabas rutinarias
casi en voz alta. Con una volubilidad
febricitante, las profería ea una forma
nueva: No tengo nada que temer; no
tengo nada que temer,- a menos que co·
metieran la bestialidaddedenunciarme,

Apenas hube pronunciado estas pala•
bras cuando sentí un frío glacial que
recorrió todo mi cuerpo y me llegó hasta
el corazón. Había llegado a tener algu,
nas experiencias ea. estos ataques de
perversidad, cuya naturaleza he inten•
tado analizar en vano, y no recordaba
haberme podido sustraer de ellos en nin·
gúo caso.
Y he aquí que esta autosugestión ocasional,- la posibilidad de cometer la locura de denunciarme solo,-parecía
confrontarme con la wmbra de mi víc·
tima y me atraía hacia a la muerte.
Al principio me esforcé por desha·

cerme de esa pesadilla. Me puse a éa•
minar vertiginosamente,-más de prisa,
-más de prisa aún,.....,y acabé por co•
rrer.
Sentía un deseo enloquecedor de
gritar a grito abierto. Cada paso nue·
vo de mi pensamiento hacía pesar s:ibre mí nuevos terrores. Porque me da·
ba cuenta ay! de que ''pensar" en las
circunstancias en que se hallaba, era
estar perdido. Precipité mi carrera.
Como loco caminaba por las calles y
saltaba en medio de la multitud. Al fin
los traoseuotes se alarmaron y corrie•
roo en mi seguimiento. "Entonces"
seoti que mi destino se había cumpli ·
do. Si hubiera podido arrancarme la
leogua, lo hubiera hecho.
Pero sonó ea mis orejas una voz ru •
da, y una mano aún más ruda se posó
ea mi hombro. Me volví y traté de re•
cobrar mi aliento. En un momento pa·
sé por todos los horrores de la sofoca·
ción; me volví sordo y ciego, insensato, y me pareció como que uo deme·
nio aplicaba la palma de su mano ea
mi espalda.
.
El secreto guardado por tanto tiem ·
po, desbordó de mi alma.
Parece que hablé con una voz llena
de sf.'guridad, coa una acentuación
enérgica y coa precipitación sacudida
como si temiera alguna ioterropcióo,
ea el curso de lo que iba declarando.
Mi declaración fué breve pero capital,
y me convirtió ea presa del verdugo y
del infierno.
Cuando hube dicho todo lo CJ.De se
necesitaba para convencer a mis jue•
ces de la verdad de mi dicho, cai de
cara contra la tierra, desvanecido.
Y no tengo más que decir. Ni para
qué había de decir más? Ahora me
bailo en esta prisión y cargado de ca,
denas.
Mañana. Mañana se me libertará .
Pero, ¿de qué manera?
Traducido de los &lt;Cuentos Ex·
traordinarios&gt; especialmente pa•
ra ARTE Y LETRAS.

•
MEXlCO AATISTICO Y MONUMENTAL,-TtmplodeSanta Rosa, Que1étaro.

Fot. Kahlo,

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·s
, e.casara,'....

EL

·e ,

¿ uan d?
o....

~\=============.::
¡

;.

Para &lt;Arte y Letras.&gt;

Eran las diez de la mañana y aún
,permanecía acostado. Había pasado la
noche emborronando cuartillas y co·
'piando manuscritos que Elías, un judío
avaro y déspota como todo buen semita,
le pagaba a vil precio.
Todos los días se le veía pasar por el
puente de Alejandro III, eocamioaodo
sos pasos a la zahurda que Elías había
1coovertido ea despacho y habitación.
Ali! permanecía unos momentos (los
precisos para recibir su miserable sa•
)ario) delante del judío, que medio se•
pultado ea l¡,. heteróclita masa de sus
cachivaches, lo miraba coa insistencia,
esperando descubrir eo so cliente, un
filón que pudiera explotar coa prove·
cho, filón que, magüer en embrión, comenzaba a dar sus primeros frutos ....
Reclinado con indolencia ea el am·
puta.do mueble que le servía de mesa,
de vez ea cuando fijaba su mirada, triste y dolorida como su ulcerado corazóo,
en la borrosa silueta de Sao Garmáo
•l'Auxerrois que desde su desando bel,
vedere conius1mente distioguía; un boa•
do suspiro ha salido de su pecho; ins•
tivamente coge la pluma, pero déjala
caer en se~uida con marcado desa·
liento ....
El Sr. Martín, aciudalado propieta•
rio de Normaodia, de paso en Pdrís,
organizó en su elegante residencia de
la Chaussée d'Aotín, un sarao en ho,
nor de su hija, que lejos de manifestar
el entusiasmo que semejante fiesta de·
bía despertarle, permanecía indiferente
1 a todo cuanto a ~u alrededor pasaba;
' su pensamiento vagaba por el "fau·
b.&gt;urg" St. Aotoine, por el que cierta tar·
· de de Otoño, paseando con su padre, se
encontró de improviso con un joven de
1
mirar dulce y tierno, fisonomía un tan·
to demacrada, su tez pálida hacía os•
teosible contraste con el marco, que a
, su apacible fis:ioomía, formaba su negro
· y reluciente pelo.
· - AÍ ver a la joven, purpúreos rosetones
colorearon un tanto sos mejillas; a su
vez, ella experimentó inefable turbación

a la vista de su modo admirador que
púsose a mirarla, como miramos una
estrella en la lóbrega noche de nuestra
desgr;.cia: su corazón habla quedado
prendido en las negras guedejas de
Olimpia, que tal llamábase ella; creyó
gu_star el delicioso néctar de amorosas
caricias, pero no, eso era un sueño: cómo
atreverse él, vate oscuro sin porvenir y
sin pasado, do tener un apellido que
ofrecerla, a dirigir su mirada a una es·
fera tan distante de la suya. No, eso es
imposible, se dijo, y ahogando la voz de:
su corazón retrocedió hasta su humilde
morada, donde al llegar derramó lagri·
mas de sangre; la imágen de Olimpia;
coa indelebles rasgos trazada en su alma,
no podía borrarla; sobre vaporosa nube
de ilusión se le aparecía, y él, t n su
erótico delirio, imaginándose que lo lla·
maba, cerraba 3US ojos; la fiebre lo
abrumaba, el nombre de Olimpia hro·
taba incensantemeoto de sus labios; con·
fusos sonetos que afuerza de ser repeti •
d"s había acabado por aprenderlos, en
caótica mezcla revoloteaban por su do·
lorido cerebro; estrujábase con rabia
el enmarañado pelo,tratando inútilmen·
te de calmar su agitacióo; decididamente
no podía olvi,iarJa y para evitarse el
tormento de esas lamentaciones que ni
por asomo lograb'ln aliviarle, salió a dar
un paseo por toda la orilla del Sena;
ofrecid so ardorosa faz a las caricias
del viento que por estar un tanto hela•
do, acabó por disipar su alucinación
poco a poco; andaba maquinalmente,
sin conciencia de sos actos; el eifaerzo
que hizo para abogar la insensata pasión
que ea su pecho florecía, le dejó abru·
mado, sin aliento, y el destrozado cora•
zón destilando amargos reproches contra.
su suerte q ne le vedaba como a un ser
indigno, el derecho de aspirar a ser fe,
liz, única ambición de los seres en quie·
oes la desgracia ha clavado sus acera·
das garras.
Cuando el silencio de la media noche
era más profundo; cuando había terminado la lucha por la vida diaria; cuan·
to turbaban a intervalos la paz sepulcral del infinito los estridentc1s grazoi ·
dos de las rapaces nocturnas, que rau•

das cruzan el cielo semejando apoca.
lípticas visiones, nuestro joven se detuvo
rendido en el muelle de las Flores, en
el cual levántase imponente el Tribu·
nal de Comercio, que Mario veía iodis·
tiotameote a través de la leve y sutil
calígine que del Sena se desprendía;
as! que hubo reparado un poco sus ago•
ladas fuerzas, se encaminó a su mise•
rabie guardilla de la roe de l'Harpe...
El baile había terminado y el Sr. Mar•
tía, en unión de su bija despedía afable·
mente a los últimos convidados, que se
apresuraban a retirarse, r~p~rando con
apacible sueño las fatigas de la "sofrée"
que tao gratos recuerdos le dejara.
Solo Olimpia, abominando del con•
lento que disfruhba la concurrencia
trataba de librarse del malestar que le
aguijoneaba, pero después de varios es·
fuerzas se convenció de que no logra,
ría coa facilidad olvidar a Mario, así
como éste no conseguía borrar la imágeo de O limpia ..... .
El sol penetrando ioqiscretamente
en la alcoba de la joven, habíala sor,
prendido casi sepultada en la albura
de sa mullido lecho, pero con ostensi •
bles muestras de haber pasado la noche
en desesperante vigilia; sus sienes ardían, sus ojos estaban encendidos y des
pedían apagadas miradas; cuando coa
vacilante mano logró entreabrir la em plomada celosía y recibir las carici.s
del aire fresco de la mañana, en medio
de ahogados sollozos proouociab.i d
nombre de Mario, al propio tiemp'.l
q ne éste, bacien io un postrer esfuerzo
para dominar su excitación, enviaba a
su amada en apasionado beso, su des•
garrado corazón . .... .
Ved a los de~graciados jóvenes, nacides quizás el uno para el otro, pero
el destino coa implac'lble mano, acaba
de separarlos para siempre. No importa! S us almas vivirán unidas ....
MIGUEL GUTIERREZ R.
(Tamerláo.)
México, Marzo

10

de

1914.

La señora condesa de Mirabelle, que •'Cara;" pero una belleza que una rei,
tenia el delirio de casar a todo el mun•
na envidiaría.
do, no obstante de lo muy desgraciada
- No importa! había pensado la se•
que fué en su matrimonio, (quién sabe ñora de Mirabelle, es rico, y lo esencial
sj .ésta fuera la causa,) se fijó en que es que se case!
Oliverio Dujardio, comensal de su casa,
Se bailaba en los salones; cómplice
era una persona enteramente refracta, la luna, llevaba la poesía de su claridad
ria a toda idea de unión matrimonial. en el estrecho jardín donde la señorita
Era tiempq perdido, nada conmovía Lucila, como la más grande de las ca•
a Oliverio, a pesar de su más exquisita soalidades, se encontraba delante del
diplomacia. Los unos después de los señor Dnjardin.
otros, más tarde o más temprano, escu,
Después de algunas vacilaciones, la
chaban sus consejos y caían en sus com, niña dijo que le encantaba la melancobinaciones admirablemente preparadas; lía de los sauces, y él que detestaba a
y .esto hacia crecer su desesperacióo. los peces rojos; después arries¡(ó algu•
No _acertaba a comprender que un gua· nos cumplimientos sobre la belleza de
po Joven, como lo era Oliverio, de la joven quien· de pronto, conmovida,
treinta y cinco años, no se fijara en al· quiso vencer de pronto.
guna de las numerosas y lindas mucha•
-Mirad, dijo ella, con un hermoso
cbas que invitaba a sus soirés de in•
claror de luna, y bajo la sombra de un
vieron.
sauce, quiero que se me diga la frase
Oliverio había bailado con rubias inmortal: "Os amo!"
sentimentales, coa morenas nerviosas,
El nada respondió, ofreció su brazo
conversado con rosas de tez fresca y condujo a la Señorita Lucila al lado de
como los pétalos de las rosas pálidas, su mamá.
coa señoritas convenientemente dota•
El matrimonio había fallado!
das, y que se entregaban todavía a las
Oliverio Dujardin tuvo una explicatravesuriJlas de colegio, con viudas con· cióc co? !ª Se~ora de Mirabelle, que
soladas y verliginosaruente ricas, coa, era su v1eJa amiga.
en fio, pobres muchachas que solo po·
Expuso sus ideas sobre la manera de
dian dar a su marido el encanto de su expresar el amor:
jnveotud.
-Teogo horror, dijo, a esas palabras
Bastante rico, Oliverio había notado necia_s a que se está obligado a pro•
que estas últimas eran coa frecuencia nnnc1ar cuando se ama Parece recor·
las más codiciables, y un día contra· dar una página de novela. Esto es ririaodo a medias el deseo de la señora d~~nlo,_ señora, en nuestra época de ciMirabelle, que gustaba de unir fortunas v1hzac1ón y progreso, decir con los
iguales, pareció impresionarse de una ojos en blanco, como un actor: "¡Os
cierta Lucila, que no tenía más que su amo!" No, me veo ya de rodillas delao•

te de mi novia, y mi mano sc,bre el co·
razón declamando o murmurando. "!Os
amo!" Esa frase ampulosa es la excla·
mación de amores fogosos, un eco de
hermosura sentimental; pero la niña
más tonta se reiría en mis narices, se·
ñora I Seamos de nuestros tiempos, eso
esl Y dejemos las frases viejas que no
tienen corso en la vida actual, a los
novelistas y a los dramaturgos. Expre·
semos nuestro amor de una manera
más nueva, menos anticuada. Se pne•

den decir tantas cosas sín el sempiterno: "¡O; amol" Se puede decir . .... .
se puede decir ...... Qué ~é yo! ..... .
Jamás me he encontrado en ese caso
...... Pero, caramba Jme creo capaz
de improvisar mil declaraciones tan
concisas, tao precisas y . .. .. . mucho
más originales, si el diablo quisiera
que algún día tuviese la menor idea
del matrimcoio l. .....
Después de este discurso · Ja Señora
de Mirabelle creyó deber renunciar al
matrimonio del Señot Dnjardin· decididamente no era para el ca.,so! '
Y sin embargo ... .
¡Se casará! .... Cuándo? ..... .
o o o
La condesa tenía razón, pensaba que
si Oliverio permanecía tan "incasable,"
era porque ninguna de sus invitadas
había producido en él una viva impre•
sióo, y creía en el amor infinito y es·
pootáoeo que se declara como un incendio inextinguible en el corazón del
hombre, y que _la chispa de una mira·
da basta a encender.
El invierno conclu'a. Sólo un baile
faltaba, y la señora Mirabelle pretendía
buscar nuevas bailacloras, cuando recibió la visita de una joven viuda, la señora
Elena de Claves, qu'e· era una amiga de
la infancia de Oliverio. Evidentemente,
el deseo de contraer·ouevas nupcias la
lle\·aba a la casa de la condesa. Y aquella acababa de hablarle extensamente
del Señor Dujardin,-cuanao anunciaron
su llegada.
Sorprendido de pronto por su en·
cuentro, Oliverio declaró muy sin cera•
mente que estaba en'cantado de volver
a ver, siempre tao bella, 'a la niñita con
quien en otros tiempos, jugaba al aro
en el Parque Mooceau.
iTan bella! Elena, en efecto, era adorable. Tenia una tez blanca y rosada
de !~bia, con cabellos negros y finos,
dehc1osamente ondulados bajo un coqueto sombrero. Su boca era pequeña
y roja, y su perfil de líneas puras, ¡:orno
el de _las estát~as griegas. Bajo largas
pestanas sus OJOS eran de color de cie•
lo. No vest!a de luto, porque hacía coa•
tro años que había perdido a un espo-

�so con quien se habla unido, más bien
por razón que por amor. Su toilette era
de las más elegantes. Y, hasta el mo ·
mento de despedirse, Oliverio no cesó
de mirar a la joven
apacible y espiritual.
Cuando se levan·
16 para marcharse:
-Y vos, Oliverio.
dijo, no pemáis en
casaros?
-No he pensado
en ello todavía, respondió.
-Mil veces teoéis ,
razón si no habéis a,
mado, agregó Elena.
Perspicaz, la Sra.
de Mirabelle, creyó
el momento de re·
novar la tentativa
del jardín.Tantas ve·
ces le había dado
resultado ....
La noche del bai•
le, Oliverio, un poco
nervioso fué uno de
los primeros en lle·
gar. Elena no esta ·
ba ali! todavía. Se
instaló ce.rea de la
puerta pan .ser el
primero en saludar•
la.
No hay que eoga,
ñarse a si mismo, es•
taba locamente impresiooadql Esa lio,
da Elena, era la mn: .
jer deseada!.... Pero
no la amaría como
en las novelas o en
las óperas cómicas.
No le diría palabras
ociosas y mancilla·
das por generacio•
oes de borregos de
Pannrgio,tratáodola
como el primero del
rebaño que baló:
"¡Yo · os amo!" Lo
comprendería sin
recurrir a tal frase 1
Entró Elena.
Desembarazada de
su abrigo de pieles,
apareció con una ra,
diante toilette de
baile, con una dia•
dema en el ca bello.
A la claridad de
las lámparas donde
el cristal se irizaba,
parecía más bermo,
sa aún. Y la luz
a zulada de sus ojos
impedía que lucie•
ran los diamantes
que resplandecían
sobre su frente.
No quiso bailar desde luego con Oli·
verio quien, turbado,- celoso ya, tal vez
-po, no verla en los brazos de otro, se
retiró al jardín.
Se sentó en un banco, bajo el sauce
que daba sombra a la fuente. En. un
cielo lleno de estrellas, la luna camina·

ba, ocultfodose ca prichosameote ei;tre
las nubes. Era el mes de marzo y el aire
estaba lleno de efluvios primaverales.

-Es muy inconveniente venir a so·
ñar a la luz de la luna, completamente
solo, y bajo un sauce llorón, cuando se
os espera con ansia!
Elena sonrió.
-Pero, ¿qué te•
oéis? Sufrís quizás.
Coo•tionó ella.
-SI .... 06....yo....
-Hablad, amigo
mío.

-Aquí 06, no,
aquí nól
-Porqué? ......
El asuotoestan gra,
ve?
-Sí, muy grave! .
Ya os explicaré ....
otra vez . .. ...,
-Me asustáis; y
os suplico. . . • soy
una antigua amiga,
y bien podéis coow
fiarme. . . . . . decid,
me de qué prÓvieoe
esa turbación ..... .
-Nó, no puedo,
yo quisiera deci•
ros ...... ¡Oh, Ele·
na, Elena .. •. qui•
siera deciros ..... Pe·
ro 06, no puedo!...
-Es un gran se•
creto? .... . .
-Sí. ... yo ....
- Teméis una in•
discreción ?
-,Elena! ..••
-Vamos! ..... . .
Valor!. .....
-Os burlarlais! ...
-Por qué? ....
-N6, no puedo!
No sé qué me pa•
sa esta noche ...•
pero no encuentro
palabras •••... no sé
lo que quiero de•
cirl ... ,
-Ensayad!
El le tomó Jalma•
no. Temblaba. Ella
sonreía, aproximán·
dole su sonrisa ...·.
-Pues bien, dijo
ella, vamos al salón!
-Oh, 06, Elena.
Todavía nó!
-No comprendo!
- Yo .... ..
-Decid. ·
- Yo os ......
-Qué ?
""Nól
-Ah!
El llevó fogosa•
mente su mano a sus
labios.
- Os amo!

Entró Adolfo por los salones del aris•
tocrático Círculo y fué a hundir su ju•
veotud mustia y entristecida en el mu·
llido diván de terciopelo rojo que pri•
mero se ofrendó a sus carnes flacas.
La eterna nube que entenebrecía su faz
varonil desde hacía un año ~ra más es•
pesa que nunca, Su indolencia distio•
g~ida de muchacho elegante dejaba
atisbar una vida de condiciones rle amar,ruisimas penas. Lleg6,e a él Culos y
le abrai6 cariñoso murmugeaodo al
nido.
-Te estás matando, Adolfo, y no me•

rece esa mujer que te diagnostiquen una
tuberculosis.
- -Elena es una diosa de bermcsura;
ademá~ tiene el entendimiento rebri·
liante perforador de no geoio. ¡Ya vez
si a un genio y a una diosa puede sa·
cri6carse una existe ocia desdichada!
-Y una fortuna opulenta.
-iBah ..•• 1 i El dinero! tEI miserable
dinero!
-Que sirve pua ornar con perlas un
seno suave y caliente qne alguien bese;
para disfrutar uo automóvil que se trague las leguas que la separen de una
quinta coquetona y misteriosa donde los
amores ardan; que ...•

-!Carlos .... 1 ¡Con cien mil demo•
oios! /Te haz propuesto asesinarme o
quieres que mate nuestra amistad de un
balazo? ¿Qué pruebas tienes? ¿ Dónde
viste lo q11e calumnias?
-Cálmate, amigo dé mi alma. Yo no
ví nada. Es má~, sé que basta hoy Ele,
na no ha elegido el dueffQ de sus gracias enloquecedoras. Pero me consta
que mañana, o el mes que viene, o ·den•
tro de un año tus bienes serán el marco
dorado de r.us idolatrías. Y estimo que
no has de ser tú quien los disfrute, pues
,a l paso que vas no duras una semaoa.
Por eso quiero convencerte, para que

Y la señora de Mirabelle había trino,
fado!
El froufrou de un vestido de seda ...
y una mano pequeña se posó sobre la
espalda de Oliverio.

AMADEE DE CHABRIERE.
(Tradujo Enrique Barberi.)

Retrato de boda y coite de amor d~l S':lñor don Jos~ Eoriquez y la señorica c .~talina Muiioz, de.la sociedad
distingntda de Irapuato.-Fot. Alcántara.

�cuides tu salud, para que anudes tu gua! como uo cielo oortefio, si bien lu minoso y embriagador algunas veces'
bolsa.
-1Es may tarde ya! !Estoy arruinado! como ese firmamento cuando eo él rie
so sol blaoqaecioo y tibio.
-tLo presumía,majádero!
Adolfo se entregó con ardores im·
-Me quedan diez mil pesetas de la
liquidación de mis últimos títulos, y hoy ponderables a la adoración envidiada
la he ofrecido una sortija que me cues· de Elena y la sacrificó so tranquilidad
ta seis mil. Está definitivamente enca· y su salud y sus bienes.
Porque era caprichosa y exigente,
prichada por ella .
....._¡Qué disparate! ¡Qué loco eres! ¡Y insaciable. Poco a poco el papel ddl
cuántos miles de duros te ha costado ese Estado que Adolfo poseía trocóse eo
a~bajas de soberana riqueza, en trajes
extravio!
-Bien empleados van. Total, medio fi'iltuosos para escena, en coches, en
caballos. El galán llegó a perder hasta
millóo de pese1as, 1No es machu!
la últim:i brizma de su fortuna
-Tu fortuna.
-Ya sé que te arruioo-deciale ella
--Mi vid~ la hubiera dado cien veces.
-Y a todo esto ¿de corrtSpoudeocia cJo encantadora coqueteria;-pe_ro oo
te importe, asi lograrás qoe sea tuya.
ni uo mimo, oi no buen gesto?
.
, ¡Carlos! Elena será mi mujer. ¡Ve No quiero uo millonario que me com·
tú si a la que Ea de llevar mi nombre pre, que me atroje eo cara ·su plata
humillante, que roe arranque del teatro.
puedo prostituirla por anticipado 1
- l Pero ese lo conseguirás alguna ¡Qpl l El teatro! ¡Mi supremo delirio!
l Verdad q11e tú me dejarás- eo el tea••
vez, criatura?
,-Esta noche misma. Me espera en tro?
Y Adolfo reía con el alma toda abita
su hotel; hoy oo canta. Ha citajo a sus
amigos para oot1ciarles su próximo eo· de dichas y deseaba concluir con pres·
lace. La sortij, será el regalo de pet-i· teza so caudal y notaba la electrización
de aquella mirada quemadora rozándoción o cosa por el estilo.
-Bien, bien; te daré la eohorabae,1 le todos sus nervios sensitivos.
oa, mañana.
-supongo que vendrás conmigo.
Ill
-Iré.
Llegaron Adolfo y su amigo una hora
II
antes qae los invitados. Habiaselo en•
cugado Elena. Pasaron al gabioetito
Elena de Andaiza poseía desde que intimo, confidencial. La cubana deslle!JÓ a Madrid toda la admiración del lumbradora de hermosura que Tealza•
grao mundo cortesano, to:io el delirio b"a una bata de encajes morenos, seotá•
senil de cien viejos aristócratas, toda base al lado de su madre, una anciana
la adoración frenética de mil jóvenes que mostraba eo las líneas rotas de su
superficiales, L'l negrura de sus creo· faz añosa, trazos de espléndida belleza
chas y de sos ojos destellaba excitado, ya lejana
Adolfo iba trasporando placer; Caroes mortificadoras; la gentileza de su
cuerpo, que ondulaba como el de un los, receloso, tenía miedo, mucho mie,
crótalo, producía calofrios traqueado, do por su amigo. Tomó la palabra ella
res eo todas las vértebras masculinas. con cadencias dulcísimas, despaciosa,
Adolfo la idolatró desde que hubo de ioteociooada.
-Querido Adolfo, ya sabes que esta
Vdr sus carnes pálidas de americana y
escachar so voz dulcísima de arcángel. noche tomo rumbo para otros destinos,
Acabab1 Elena de llegar de so país Ante~ de hacerlo he querido hablarte
natal y traía de Cuba la belleza pravo• con dos testigos de presencia tao gratJS
cativa, incitante y morena :le las hijas para mí como Carlos, tu íntimo y cari·
de Pinar del Río. Caotábase "!ida" y fioso amigo mío, y mi madre que por
constituyó el éxito de la noche la nue· serlo lo es todo para su hija.
-Empiezas con rara ceremoniava soprano q11e electrizó el regio coli·
seo cno sus gracias, con sos melodías. añadió Adolfo-,Va a ser ioteresaote
Dcisde aquel momento foé Elena la y larga la conferencia?
-Las dos cosas Larga e interesante.
flor ambicionada del má, espléndido
jardía de bellezas. Pero firme, roque· ¿Tendrán ustedes paciencia?
- iOhl Siendo usted quien habla ....
ña, abroquelada eo uaa coquetería lo·
mioosa y talentuda, oo hobo quien pu· -agregó Carlos con galantería.
Ioclioóse la dama y prosiguió:
'diera adornar su lista de victori1s don•
-Quiero hacer uo poco de historia
juaoescas con el nombre eocaotadoc
mía para que me conozcas, ' Adolfo.
de la artista deliciosa.
Pooíaula eo sns m1oos riquens fas- Quiero rememorar detalles que de la
taos3s, ofrecíaola nombres de'levaota• tuya me contaron para que los ratifiques
d.&gt; rango, trenes y p•hcios esperaban si son ciertos. Apenas recuerdo nada de
su deseo de posesión. Elena cruzaba mi existencia fastuosa Duróme muy po·
con altivo desdén de emperatriz roma- cos años. Cioco teo:lría cuando comen•
na sobre la joyante alfombra que ten• cé a ver lágrimas coostaote~ y dolorfsi•
diao al paso de so hermosura y de so mas eo los ojos de mi pobre madre,
cuando noté que cada dia sacaban de
talento.
Sólo hubo un hombre por quien sin, mi casa una joya, uo cuadro de válor,
tió debilidades y terour.-s, a quien mi· un mueble costoso. El último fué el
ró con amor, a quien habló con acento piano, ¿verdad, mamá? Desde entonces
apasionado. Sólo Adolfo obtuvo de la no he vuelto a escuchar-te las dulcísi•
tirana de todos los enamorados cuanto mas melodías de Grieg. Tras del piano
ella d .ba, que era bien poco y desi· querido, el hambre. As!, así, el hambre.

El oo comer, el oo cenar. Habla muer·
to mi padre eo la Habana y sobre los
bienes cuantiosos de su herencia, que
debieron ser míos ea una mitad a lo
menos, hizo presa la justicia porc(Jae al,
guieo les reclamaba con mejor derecho.
Mi padre oo era el marido de mi madre. Y ya sabes, Adolfo, una cosa más,
que oo es muy grata ciertamente.
-Nada me importa. Tu amor, que
es mi vida entera, hará que sancione
cuanto escuche.
-Mi pobrec ita mamá luchó heróica,
mente con la miseric1 y pudo vencerla y
hasta lograr que muy reputados maes·
tros fueran educando e~ta mi voz que
dicen deliciJsa y ella coosiderab, co•
mo nuestro único porveoir. Para lo•
grarlo padeció meoesterts y privacio·
oes,
-..IY vergüeozasl-afiadió sordameo·
te la vieja.
-Cuando tuve despiertos mis seoti·
dos me esteré de qoieo nos arrebató
unos bienes que nos perteoedao, era
tutor de uo pequeñuelo sin uso de ra•
zóa y por tanto irrespoosable. Eotou•
ces, á mis veinte años tendría él veioti•
cinco. Le escribi largo, muy largo, contándole nuestra historia tristísima.
Le pedía oo ya la herencia que nos
arrebató, sioo anos miserables dineros
para cooclnir mis estudios. La .cootes·
tacióo fné grosera e injuriosa. El oo da·
ria nada a la querida de su padre, él
oo sacrificarla oi una peseta por aque·
lla hija de cien padres. JCaoallal
-iEleoal
-JNo, Elena oo. Luisa!
-1Laisal ¡Luisa!
Adolfo tenía la amarillenta palidez
de uo cadáver. Puesto eo pie se tambaleaba ebrio, con reflejos de locura
ea sus ojos desmesuradamente abiertos.
-!Luisa! ¿Eres tú?
-Si, miserable, sov yo. La hija de
cien padres que sti ha vengado de tu
latrocinio arruioáodote.
Tu hermana eo una ceotésima parte
a lo menos, que te desprecia y que para darte h última prueba de so odio te
llama y te dice: Dentro de cuarenta y
ocho horas estaré casada con Mr. Wil,
man, elbbajador de la Argentina eo
París.
-1Meutiral Antes te ahol(o.
,......¿ Por qué? l Podremos casarnos tu y
yo siendo hijos del mismo padre?
S:ibre Jo¡ brazos de Carlos d.drrum•
bóse el cuerpo agotado d~ su amigo.
- Mi coche espera a usted-agregó
Eleoa,- mis criados le ayudarán a tras•
ladar hasta allí el cuerpo desvanecido
de mi hermano.
-E•tá bien, señorita-dijo Carlc~.y es lástima que todos sus adoradores
no h•yao presenciado esta escena, para
que se hubiese cooveocido de que es
posible que un cuerpo tao hermoso
anide ao espíritu tao repognante.

Terrible erupGion volGániGa
en el Jopón

Una calle en la ciud2d de Kógoshima.~La
colcmoa de fuego y hamo eo Sakurashima.

El golfo de Kagothima y sus co~tas
acaban de ser destruidos, si oo eo su
totalidad, sí en uoa grao extensión, por
la erupción de uo volcán que apareció
repeo,ioameole eo la isla Sakurasbioa,
que se halla a la eotrada del golfo,
El ,cootecimieoto ha tenido todas las
proporciones de au desa~tre ; tres ciu•
rhdes hao sido inundadas con lava y sus
habitantes han tenido que refugiarse
,o la tierra firme o perecer; afortuaa•
d~meole la isla está separada del con•

tioPot_e sólo por dos estrechos canales,
y debido a etto grao parte de la pobla·
cióo se pudo rdugiar.
Las t:érdidas materiales hao sido de
grao considera cióo.
Los bosques que rodeaban la mootav
ñ, hao sido ioceodiados, y la ciudad de
Kagosbim.a, cé.Jebre por su .fábrica de
porcelanas, ha sido ameoazada ~eria·
meote.
Como en todas las grandes &lt;"atástro,
fes, se hao registrado actos de grao be·

roicida~ ; el telegrafisra de la ciudad de
Kag~sh1ma permaneció eo su pueMo eo
?Jed10 ~e las cenizas del volcán y del
1~ceodm de su oficina, t.asta que pereció eo su puesto.
Par~ colmo de males, despaés de la
erupción se produjo au alza de la ma•
r~a que destruyó lo q_Qe. noh.bfa pu-e•
c1do ba¡o la lava o el fafgo.
. Las fotografi~s que accmpañau e~tas
h~eas dan una idea de la terrible magnitud de la catástrofe.

JESUS R. COLOMA.

'

~
fiabitaotes de la ciudad de Sokura5bima, asistit odo aterrados a la catástrok

�El Gobernador del Distrito Federal vi,itando el Mercado de San Juao. en el que se haráo graodes refvrmas próximamente.

se a bate, se doblega, y huye y se estremece,
y róm.pese ea girooes al pie de la montaña!

P.ra ARTE Y LETRAS

Y al snspirar del viento, :, .1 son de la secreta
voz suave de Natura, así dijo el poeta:

Bañados ea la noche los dos nos eocootramos,
sintiendo en nuestras almas la sensación que integra
todo lo presentido, todo Jo que ignoramos,
el temor a la sombra con su pupila negra.

1

...... . .... .... ........ ...... .... .... ..... ....... .
~

Oyemel . . .. No me esquives! .. . . Tengo ansias de la
(muerte!
de la muerte en tus brazos, aspirando tu aliento!. ... ..
Ven!. . . Desecha temores!. . .Cumplamos nuestra su1:rtt:I
Dame tus labios, flores de amor, estoy sediento!. ...
Rompe el ob,curo velo de las preocupaciones
vulgares!. . .. Ya la sombra nos cubre y nos ampara!
Mira como sontÍe en sus fulguraciones
Venus en orto!. . . .Nada, mi vida, nos separa!. ...

Aquí, los dos muy juntos, tus manos en mis manos,
en taoto!que en los cielos la luz muere del día.
vas a ju;arme, amada, por J)ios y sus. arcanos,
que siempre has de adorarme, que siempre has de ser
·
(mía!
Seránhs fiel testigo, celos, de tu acento,
,,1 sol q~e ardieute ~ete de~ de,,la llaoura1
y escuchl.ráo tu -d'ulce y ef&amp;rno ¡ur;i.meoto
los árbojes. de{ f&gt;os"'que, las aves de la altura.
¡
Y para que tus gestos seau nobles, sobennos,
y tus palabras teogao más ínclita grandeza,
añadirás al nombre de Dios y sus ~rcanos,
el siempre augusto nombre de la Naturaleza.

Ha muerto el soll La ooc:Je lo ha vencido! .. . Parece
que la sombra, espantada de su tremenda haz«ña,

.,.

Ven, amada, a mis brazos. la hora nos convida!
quizá tras la llanura el sol aúo nos aguarde!
Venl i . . . Haremos un beso de toda nuestra viJaJ
y juntos moriremos al expirar la tude!.'.. •.·.

- -- - - - McÍi¡o el poeta, y al suspira~clvieoto,
en un ;9~_so:_perdióse la nota de_ ,;u acento! . .... .
FERNANDO DE FUENTES, Jr.
F otografía artística.-Un corredor del ex- hospital Morelos; estudio de Antonio Garduño,

�,•11111111111111t11i.t•1111a•1m1111111unm1nw111111111111n1NIUHlllltlllllllHHIIIIUOIIUD-IDlll11811UlllllllHIIIIIIIIIUIIUIIUIIIIHNU•1m1111D111111mnnnmamwm1nn1h11nuu11mm11111111111umm1111111"\

1 La manufactura de los Gobeliñ-0s ·en la exposicion internacional 1
1
de Lyon
1

•
•

A Través de la Alsacia Pintoresca

\IIIIWUUIIIIDIIIIUIIIHIUIIIUIIHllllllllllllllUlllllllilUIIIIWIIIIUUIUHRUIIU:11111111111111111mnnamlllUIIIIIIIIIIUlfflllUIIIIIJIIIIUlllllllllllllllnlnu1mu1111111u1m11111111m11:11m1m11111nmmmnunmmnun•H1Uwwi

.•

Son indudablemente sos ciudades y
sus pueblos de los más antiguos de Eu-

La parte impt rtaote que tomar:!. en
la pn5xima txposicién de Lycn la fá
brica oaciooal de tapices gobelioos, ha

éstes figura el famoso Arco-iris del úl·
timo autor, reputado como un modelo

das que se remontan a épocas que difí•

en so clase.

cilmente se encuentran en otras partes,

atraído la atención de todo e1 mundo

Entre la colección de tapices, clási·

una vez ll'ás hacia eia labcr artistica
que tao bien ha sabido ccoservar Frao·

cos, de los que guardan las tradiciones
de la fábrica, se presentarán el oaci,

cia como patrimonio de la oaci óo.

miento de Venus, de Jcrdaeos: María

ropa; por todas partes se bailan leyen

y el ambiente arcaico que se respira en
ellas difícilmente es igualado.
Uoa vez que se abandona el pueble,
cilio de Porrentroy, en la frontera de

de Médic is, dt 1 cuadro de Rubeos; Ve•

U oa parte que srturameote llamará

Suiza, se entra en pleno país al ;aciano
y se cruza por peodientes abruptas, sen•
deros rocallosos y pasages difíciles hasta
que se llega al valle que se extiende
entre Ferette y Mulbouse.
Lo~primero que se ofrece a la enrio,
Lechera alsaciana.

Sillón dibuja:Jo p:&gt;r Bracquemor.t.

sidad del viajero es el pueblo de Hirtz•
pach, delicioso en medio de su ~senci.

Generalmente los viajeros que van a

Eotce las obras de coocepcióo mo
deroa que figurarán en la e:r.posicióo,
citaremos como prominentes los tapices
llamad&lt;ls Duque de Berry, de Cormoo;
el Salu1o a París, de Willete; las Bo•
das de P~iquis, de Gorguet; la Historia
de Otros Tiempos, de Tapicier, y la
Diana de Mme. Cazio.

Una calle antigua.

llez; cerca corre el Ill_en medio de on

Si qoeremos contrastes · podemos ir

Europa se fijan poco en Alsacia y en_ lecho de piedras bordeaoda por prade,

en seguida a Molhoose, la gran ciudad

Loreoa; parece que el recuerdo de so

ras que lleva hasta Sonoenberg. Esta

fndostrial, para lfe'gar a la cual pasa·

separación de Francia resta mocho del
deseo de conocer esas bellas provincias
qoe, a pesar de todo, son bellísimas y de

pequeña ciudad es la preferida de los mos por los sitios más berrr-osos del va•
amantes de la naturaleza, sos aguas tie- lle del Thurr. Las fotografías adjuntas,
nen fama medicinal y sos truch.as hacen tomadas durante on viaje por esos pa·

no sabor pintoresco muy marcado.

la delicia de los pescadores.

rajes, invitan a repetir la excursión.

Tiene so historia también, según las
leyendas locales; por el siglo XI la re,

Los salones de Cberet y de Bracque·
moot, que se iniciaron ea Tarín y en

gióo fué visitada por Sao Hogo, abad,

Gante, se verán completos en Lyoo; en

de Clumy, y más tarde on rnooge alemán
llamado Moran, hizo gnades bienes al

&lt;L'l.s Ninfeas&gt;, de
Chudio Mooet.

L1s obrero3 traba¡'l.o:fo
en los telares.

la atención, porque si goifi
uoa nueva etapa del
gobelino, es la sección

valle el coa! fué dedicado a su nombre
después de su muerte, la cual fué en
olor de santidad.

ous en el baño y ..,A nor y

Ci\

Cbap!lle, y un precioso

Según los documentos del archivo de

oota-

biombo llama:lo la Músi·
ca, por Boocher.

ble5 de lo5 pintores im-

Tal es el rnv:o con que

el año 1444 y reconstruida después por
el prior Martín Granta En el astado ac,

presioo istas y di visiooistas
moddroos
Entre ellos fü¡urará de

figurará en la exposición
de Lyoo la artí ,ri ca fá1ri·

toal la iglesi ~, a pesar de oo parecer

moderna en
gurarán

la que fi

cuadros

San Moran, so iglesia fué destruida en

muy antigua, es muy digua da visitarse

ca de los Gobelioos, glo-

por su campanario gótico de doblo pi•

ria del arte francés.

,una manera muy notable

so y sos oerva1oras que descansan so-

el cuadro de las Ninfeas
de Cl~udio Mooet, que h~
d ldo origen a uoa discu-

Una calle eo la alta Alsacia.

si fo entre artistas por la
-r..reza de su eje'"ucióo y

ele su concepción

El &lt;Arcc-iril» de Bracquemoot.

bre confolas moy hermosas,

•• • • • • •

Lago de Guebwiller.

• ••

�En cuanto a Prudencia, huel •
ga el elogio.
Su reconocida ductilidad artís•
tica y su gran "conciencia" ponen a la privilegiada actriz fue•
ra del campo de la crítica, que
para ella sólo reserva el mere•
cido elogio.
En suma, "Los Leales" esoora,
eso sí, sentimental y cursi hasta
la pared de enfrente,. . . . . . pero
que durará eu el cartel del Me·
xicano.

Grupo de marinos del acoraz3do japonés &lt;Itzumo&gt; que visita actualmente nuestra capital.

Teatrales

Personajes de &lt;El puñao de rosas&gt;, representado en el teatro Llave, de Orizaba, por personas
de la $OCitdad distioguida de la localidad.

Nada de nuevo ni no.table, arroja
esta semana el balance teatral.
El estreno de "Los Leales" en el Me•
xicano, ba constituído, sin embargo, no•
la artística, digna de tomarse en cuenta,
merced a la excelente interpretación,
que por parte de los actores de aquel
coliseo, mereció la última prcducción
de los celebrados Hermanos Quintero.
La Castillito, deliciosa iogéoua, que
ha adelantado muchísimo, mereció los
honores del proscenio, por su labor
irreprochable.
Bordó materialmente 'Su simpático
papel.
Muy bien Cos, hecho todo un filósofo
quioteriaoo, y sin los desplantes de "ac,
tor mimado," a que por desgracia nos
tiene harto acostumbrados.

Cuestión de psicología.
¿Quién duda de que el pú ·
blico, no sea un niño grande al
que todavía le gustan los jugue•
tes?
o o o

"La Piedra Azul" en el Principal.-Ade,
lioa Iris, la futura debutante. Fots. Tost.

"La Piedra Azul" o el "Mirto Azul.''
que también de este modo pudiera apellidarse la quisicosa teatral, muy prt•
pia de la buena boca del público, fácil,
estrenada en el Colóu, gastó.
Y con ello está dicho todo.
Porque verdadero "mirlo azul," re·
sulta en estos difíciles y calamito~os
tiempos, eso de sostener un género al
que ha muerto-y a mano airada,-su
misma abundancia y disparatado tino.
Humorada que se estrenara en el
"Cómico de Madrid,"sólo como tal pue•
de admitirse, ya que la música, que en

�m ,teri 1 "humorí,ti·
ca" es lo "único que
puede hacer dígeri•
ble" una tontería,
mejor o peor escrita,
resalta deplorable,
y con ciertas remi·
oisceocias tan sospPChcsas, que a la
vista ~alta su procedencia "non sane·
ta."
Verdad que tratáo•
dose de romao,as
arábigas, cualquier
"arabesco" musical,
por endebleqoe•ea,
1 irve de deliciosa hu
morada, ya que no
de rncaje-a una
ídem.
Y claro es, el ho
oorable... . . pues al
son que le tccao bai•
la!
Que es todo lo que
se le puede pe·
dir. .
oo o
"La Señorita del

Almacén" arrrglo
hispaoe-fraocés de
una comedia que
tuvo relativo éxito en
París de Francia,
no ha despertado en•
tusiasmos en oues·
tro público burgués
hasta dejárselo de
~obra, pero amante
también del seotime11talismo crudo,
de ese que no re•
quiere _afeites oí
carmín, para llegar
recto al corazón.
"Lo. Señorita del
Almacén," que real•
mente tiene situaciones ''vaudevilles•
cas," de mucha gra·
cía, retrata un aspecto real e iotere,
sante de cierta modalidad de la vida
parisina, coosti1uída
por el numerosísimo
m o o do comercial
"petit carneree" que
es en Francia, casi
una casta.

jo la frívola urdimbre de una come•
dia, con honores de "vaudeville," pu•
do el público asomarse a las pequeñas
miserias de ese "mundu" que consume
su vida y energías en la lobreguez del
mostrador, donde el autor hace pene•
trar donosamente el amor que alegra
la vida y lo embellece todo, con su so•
• berano influjo capaz de remover la
fría aridez matemática del " debe y ha,
ber," superior cristalización del egoísmo humano, siempre atento a la sobli·
me satisfacción del despojo.
Y ya que hasta filosofamos, viene
aqoí,_como anillo en el dedo, echar on
coarto a espadas, en Jo qoe atañe al
teatro francés entre nosotros.
No bles espírittis han tratado de aclimatarlo aquí, con desfavorable resol,
tado las más de las veces.
Yo creo, (sé que alguien y aún mu,

En París, gustó y
con razóo, pues ba-

Barreiro y Maria Luisa Villegas en "La Señorita
del Alniacéo.-Fots. Tostado.
"Los Leales," obra de los Quintero estrenada el sábado en el Mexicano. Fots. Tostado.

ches, opinarán en contrario) que en punto a "exotismo," corre Da•
rejas con el que, en ciertos y determinados c:'asos, reviste el teatro
español, sin que a nadie por esto, se le ocurra motejarle.
Lo que sucede es, que el t~atro francés invariablemente, tiende a
reflejar estados psicológicos, mas o menos profundos, mientras que
el español se contenta con volcar, en su paleta, mucho color, quizás
demasiado, y por sobre el color, sentimiento verdadero o fdso, es
lo de menos, pero sentimiento al fin, que hace vibrar nuestra ima,
ginación ya que no conmueve realmente nuestra alma.
He abi, porque el primero se rechaza, y el segando se tolera a
falta de otro mejor.
Pero digresiones a un lado, digamos dos palabras acerca de la
interpretación de "La Señorita del Almacén."
En el Mexicano, fuera de un apreciable actor que haciendo de
casero "alegre y correntón" estovo infumable, todo bicho (perdón
señores del margen) "parfait."
Prudencia, por on milagro de arte, se nos llegó a antojar una
mozuela avispada, hermosa, y buena, capaz de prender en la amorosa
red al casquivano y presuntuoso abogadillo en ciernes.
Ces, admirable, en su papel de comert.iante, "curagé" atento a
la prosperidad del negocio y del ingénito egoísmo ancestral.
Mutio, discretísimo en el suyo,
Lástima de que este actor, juzgue como meta del divino arte del
fingir, la corrección más exquisita, vecioa al estancamiento, por ce•
sación del impulso natural a que su talento y grao sentido común Je
arrastran.

�Lo que sí obstirva el~crooista, es que
En el Ideal la representación de "La
Señorita del: Almacén" dejó bas~nte cada día se aleja más y más el público
del Ideal, y cuando el río suena es por·
que desear
Yo creo que aquella familia artística, que •... ..
G. DEL R.
está también algo "dejada" de la mano
de Dios.
~
María Luisa, parisién de la Reforma,
olvida la verdadera proporción de las
cosas, e invierte tan deplorablemente
los términos, que a ratos, a pesar de su
innegable talento, recuerda a la actriz
La bellísima y genial artista Lyda
de arrabal.
Borelli, la eminente actriz que tao gra·
tos recuerdos dejara en México en ague,
O de "carpa" como aquí se dice.
¿Cómo explicar este singular retro• lla famosa temporada del Teatro Ar•
· ben, está obteniendo ruidosos triunfos
ceso?
en casi todas las ciudades de Europa,
interpretando magistralmente pelfculas
"Chi lo sá ...... "

Lyda Borelll triunfa torno artista de
Cinematógrafo

de la casa "Gloria" de Milano, Italia.
Cuentan las crónicas europeas, que
jamái habíase visto en artistas femeoi•
nas de cinematógrafo, una mujer intérprete que la bella Lyda Borelli y que
nunca contemplaron los públicos más
elegancia en el vestir, que la que está
desplegando la elegante artista. De sos
centenares de trajes, se habla en todos
los periódicos y se hace ascender a
uaa fabulosa suma el costo de su guardarropa, único en su género por el lo·
jo y por el buen gusto con que está
formado
Lyda Borelli entre las películas que
ha interpretado, se distingue notable·
mente en una titulada "El Recuerdo
del Otro," muchas de cuyas escenas se
desarrollan en la poética y encantadora
Venecia.

Pc!rdura aún tu espirito remoto
En la desolación del arco roto
Y en la tristeza de la nave trunca ....
Yo renacer haré tus altas glorial.
Levantaré del polvo las historias
De tus tiempos gloriosos ...• Todavfa
Cruzan el gran salqn los sueños viejos,
Que empañan un momento la sombría
Luna de los fantásticos espejos ....
11

Entre altos muros
Ciudad Colonial
Antigua Guatemala

Alma de la vetusta ciudad mía,
Hecha de realidades y de cuentos,
De leyendas que viven todavía
Y de ya derruídos monumentos,

Audic;ióo de los orfeones populares efectuada el domingo en la Alameda.--Aspecto de las bandas -Las masas corales.

•

Tu prestigio ancestral no pasa nunca:

I[[

Gigantescas iglesias tutelares,
Por mohos y por líquenes cubiertas,
Que proyectan sos sombras seculares
Sobre el pavor de las plazuelas muer•
(tas.

Sonoras campanas del convento
Que alzan al cielo su argentino alarde.
Campanas siempre dulces en la tarde
Y cuyo hondo clamor tiembla en el
(viento ....

Cementerios que ya ninguno cuida,
De árboles que se antojan esqueletos
Al viajero que cruza la perdida
Senda que se abre entre silvestres se·
(tos

Campanas tao antiguas que ya apenas
Se oyen sonar a d.estemplados hierros,
En esas plazas de penumbra llenas,
Refagio de mendigos y de perros.

Soledades que angustian las miradas;
Encrucijadas siempre tenebrosas
De trágicas consejas, relatadas

!Cómo sollozan todas las campanas
El Aogelus, dolientes y lejanas
Con ecos de nostalgias infinitas,

Por viejecitas ciegas y temblosas,
Que gustan de evocar distantes cosas
En la paz familiar de las veladas.

Mientras, bajo el crepúsculo murieote,
Murmuran la Oración, calladamente,
Los labios de las buénas viejecitas!

�1V
Me enamora el silencio y esa clara
Paz de los grandes patios coove.ntuales•
Coo su alberca y sus árboles frutales,
Cual plantados allf tan sólo para
Que, al frescor otoñal de sos umbrías,
Algúo fraile filósofo anotara
Gruesos infolios de escritura rara,
Cargados de sutiles teologías.

•
Y, al foodo, uoa calleja eo que no pasa
Nadie . . .. -una calleja medioeval.
Hondo anhelo me asalta, algunas veces,
Ante el claustro cercado de verdura
Y dto celeste paz por los cipreses,
De hacer mi vida misteriosa y quieta,
Y morir abrazado a n-i locura,

Como Juao de Segovia, aoacoreta.

vn
Nada iguala a esa paz sin más ruido
Que de algúo bronce. el familiar tañido
Muriendo leotameote en la espesura ... • La episcopal maosión de ancha portada,
Coo escudos tallados eo la piedra,
En
el patio uoa fuente abandonada
Nada como esa paz, cuaodo en lasquieY
al
tejado asomándose la yedra,
(tas
Aguas de aquella alberca verdi oscura
Los árboles recor~an sus siluetas . . ..
V

l&lt;oba la lui a la plazuela oscura,
Llena de emanaciones salitrosas.
Y en que, bajo una paz de sepultura,
Duermen su sueño secular las cosas

Vagando del cooveoto entre las ruioas,
En el hoodo abaodooo de mí mismo,
Sufro, oyendo piar las golondrinas,
De un cerebral y arcano misticismo.

Nadie penetra a los salones viejos
Ni cruza por los patios de azulejos
Del antiguo palacio abandonado ..... .

Todo mi ensueño va tras la Leyenda,
Cuyas sombras augustas reverencie'.
Y así divago por la vieja senda,
B1jo la gran congoja del silencio .. . :

Sólo de vez en cuan:lo, en la alta no(che,
Ante la puerta se detiene un coche
Y baja de él un clérigo enlutado .. ..

¿Qué me rodea? Muros, grises muros
Por cuyas grietas trepa la reseda;
Negros cipreses de perfilles duros;
Uoa fuente que siempre está vacía ....
1Y la tarde, lleoaodo la arboleda
De yo no acierto qué melancolía !
VI
Uoa plaza minúscula y tranquila.
De golondrinas vuelos fugitivos.
Y uo co.nveoto negruzco ante una fila
De árboles pensativos ..... .
U o sol de primavera que traspasa
De la ojiva el policromo cristal.

Se abre luego la puerta del convento
Y piérdese en la calle retorcida
Un hábito talar que pliega el viento

VIII
El claustro de ventanas ojivales,
Negruzcos muros, acha ladas puertas,
Corredores sin fio, celdas desiertas
En que resuenan ecos sepulcrales,
Da a la paz de callejas silenciosas,
En que guardan secretos del pasado
Desde el severo pórtico labrado
Hasta la yerba humilde de las losas.. ..
De vez en cuando, entre esa paz os·
(cura
En que el rumor se extingue de la vida,
Se oye crujir mohosa cerradura;

l
tf

IX

Un jardín conventual que entre sus
(mures
Guarda añora ozas de los tiempos viejos.
Agua que corre sin rumor .... Oscuros.
Callejones . . .. Es!aoques como espejos.

'\

Pá:as femeninas

j

e~

Variadi~imos son los efectos que se

observan actualmente en la moda, que
al parecer se declara por lo más pinto·
resco en telas, tejidos, colores y dibujos.
La cuestión de si la falda debe estar
abierta o no, preocnpa muy poco a los
círculos donde se agitan todas las cues,
tiooes importantes de la moda; el problema que en la actualida:l concentra

la atención es el de la silueta: l debe
ésta ser recta, o tener la forma de flor
invertida?
Sabemos qué clase de telas debemos
comprar para los trajes de verano; taro,
biéo tenemos ideas ya definidas acerca
Ge la clase de adornos que se usarán ;
pero cuando se trata de si los rizados

Asilo de un asceta consumido
En las meditaciones silenciosas.
Dulce rincón de amor, rincón de olvido
En que hay perfumes de reseda y rosas.
Oh, sombrío jardí n abandonado
¿Qué misterios encierras del Pasado
Y en tí el dolor qué huella dejó impresa?
Sólo la fuente, la vetusta fuente
Lanza su queja trémula y doliente
Que se alarga .. se alarga .. y nunca cesa

X
Amo el deshabitado mon~sterio,
Eo donde no se escucha más ruido
Que el del agua que charla ·en el mis•
(te.rio
Del huerto, entre cipreses escondido.
Amo la angustia de las desoladas
Celdas y de las lóbregas capillas;
La vejez de las tapias, exornadas
Por el amor de azules campanillas.....
Y en las amables tardes otoñales,
Llenas del soave olor de los rosales,
Bajo la paz que baja de los cielos,
Pienso que son mis versos, solamente,
Un tranquilo rumor de agua corriente
Sobre lecho de verdes terciopelos ....
CARLOS WYLD OSPINA.
Febrero, rgr 4.

J

•

Precioso manto de seda color moqmo obscuro con adornos de skuogs; auoque su aspecto lo hace invernal,
es muy propio para l«s primeras noches primaverales. en las que sienten aún rachas frías,
Manto de taf,itta· en matices verdes y azules: de estilo antiguo, de la época de los
Luises de Francia.

�•

Adornos de cabeza y trajes ideados últimamente en Parfs
en relación c.;n la boga del tango argentino.

deben ir en el borde inferior de la fa¡.
da subiendo estilo tirabuzón hasta la
cintura, o si se bao de colocar en gru~
po en la parte inferior de aquella, de•
jando lisas las caderas o viceversa ....
pues entonces, no sabemrs nada.
Las notas que nos lle¡¡ao de París
causan verdadera c.oofusióo, pues sólo
sabemos que se llevarán pouffs, rizados,
acordonados, faldas estrechas, faldas
amplias, pero oo bay un estilo que esté
marcado como domioaote.
Al menos sabemos que la moda para
el verano ~erá pintoresca en Pxtremo,
que las telas son fascinadoras, tanto en
tejido como eo material, color y dibujos.
Empleando un proceso de deducción,
hallamos que los sacos cortos estarán
muy en boga, he chos de taffeta, popeli•
na o crepé, pues se llevarán mucho pa•
ra calle con las toilettes claras. Entre
los modelos más graciosos que se están
exhibiendo, hay uno de ratina brochada
color oro viejo, de corte redondo en

cho en trajes de este estilo; pero las pe ·
queñitas debE'o evitarlo absolutamente.
Una de las grandfaimas ventajas de
la moda actual es que oermite libre
elección entre sus variados estilos, de
manera que no hay mujer, aun cuando
no sea muy bien formada, que no pueda, empleando un poco de talento y
g usto, vestirse elegantemente, ocu_ltar
sus imperfP.cciones físicas, y dar relieve
a sus "puntes" buenos.
o o o
Trajes y adornos para oiños de seis a
ocho años, cuyas características son
la sencillez y la personalidad.
todo el borde inferior, que a la espalda
c•e diez centímetros abajo de la ciotu·
ra · lle.va un cuello de encaje blanco,
redondo. y puños 'mosquetero, también
de encaje; y del borde inferior, sale un
encaje blanco ligeramente plegado, a
igual nivel en torno de las caderas, espalda y delantero.
Los sacos sueltos, con cinturón colo•
cacfo casi a la altura de las rodilJas, es•
tán muy de moda también, v las moje·
res de estatura arrogante, se lucen mu-

·Ea una soirée danzante, que tuvo luJ!~r oo ha muchos dias, una jovencita
Jlt,vaba un deliciorn traje de organdí
blancc; la falda esta ha cubierta de vo·
Jan tes de diez centímetros de ancho,
bordeados con enea je negro finísimo.
El corpiño t'loia las mangas cubiertas
de volantes, mi,mtras uu volante en for·
rna de chal cubría el busto, cayendo
sobre los hombros y bajando hasta el .
codo. El escote, a la Vir¡¡eo, estaba bor•
deado por encaje negro. Un cinturón
de satín bordado, se anudaba en el
delantero, cayendo hast"' la rodilla, y
terminando en flecos.

Los bordados a mano en los trajes
ocupan un Jugar importante, y las revistas parisinas nos traen noticia de un
traje sensacional visto en el Café de
París. Era de taffeta azul con chispas
rosa y bordado con ramitos de rosas.
El borde inferior de la falda caía
sobre un plisado de tisú de plata bajo
el que se adivinaba una falda de encaje
riquísimo.
Los paniers a la polonesa eran de
crepé color de rosa, forrados de chiffón
azul y bordeados con cordón de hilo de
plata. Los puffs de los paniers eran de
considerable dimensión, tanto a los la•
dos como a la espalda. El corpiño, muy
ajustado, formaba pico en el delantero,
abajo de la cintura; el escote, muy pro•
nunciado, se abría sobre una camisola
de tisú de plata. Naturalmente una toi•
lette semejante no quiere decir que este
estilo dominará, pero cuando una de las
mujeres que establecen la moda, lleva
a logar tan público, un traje semejante,
esto significa que habrá algunas e.legan,
tes audaces que se decidan a usarlo. Y
cuando tanto se ha hablado de resucitar
los estilos Incroyable, Directorio, Pri,
mer Tmperio, etc., no hay que sorpren•
derse de que la moda dé un golf&gt;e aire-

vido presentando un traje de
antaño, que parece reminiscencia de las soirées del carnaval.
Pronto habrán llegado los
modelos más recientes para
nuestras grandes casas de con·
fecciones, y entonces podrá
observarse de un modo más
claro cual sea la decisión de,
ñoitiva de la moda.
DELIA.

Concurso de Belleza Femenina de

Arte y Letras
Nuestro semanario, como lo anunció en su número anterior,
abre un concurso de belleza femenina, en el que podrán tomar parte
todas las mujeres de la República, que se juzguen con títulos para
ello.
Desde la publicación de este número se reciben retratos en nuestras oficinas, durante dos meses.
Búsquense detalles en nuestra próxima edición,

�COMPAÑIA PETROLERA

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Proveedores de la Real Casa de Espana.

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E. PUGIBET Director General.-México, D. F.
Fíjese Ud. en el plano, cuyas flechas marcan la magnífica ubicación de nuestros terrenos, todos con vía fluvial navegable•

No necesitamos constru ir oleoductos
Nuestras acciones valen UN PESO y por lo tanto están al alcance de todas las fortunas.
Pidan datos e i nformes a nuestras oficinas:

AVENIDA SAN FRANCISCO 2, Jardín de Guardiola. - Tel. Ericsson 8220. - Apartado 1360.
C ONSEJ O DE AD Ml NISTR ACl ON:

Presidente: Pedro Méndez y Méndez.-Secret ..rio-Tesorero: J. Miguel Guadalajara.-Vocales: Federico Gamboa, Lic.
F rauéisco S. Carvajal, Ing. Santiago Méndez y Ménde1., Tomás Rivera, Julio Franck.-Comisario: Manuel Auza.-Abogado
Consultor: Lic. Manuel Septién.-Vocales Snpleotes: Lic. Aotonio de la Peña y Reyes, Dr. Fernando Zárraga, Lic. Isau·
ro Bustamante, Lucindo Carriles, lag. Emilio R. Osario, Ing. Ricardo López Guerrero, Iog B.altasar Fernández Cué -Comisario Suplente: Ignacio Raudón Asúnsolo.

�Compañía Mexicana de Petróleo

LA ESPERANZA, '' S. A.
MEXICO, D. F.
Av. Isabel la Católica Núm. 24, Edificio La Mexicana, Departamento 6
El Consejo d~ Administración de la Compañía Mexicana de Petróleo &lt;La Esperanza.&gt; S. A., en
sesión del día 11 de este me~, acordó que el suscrito Secretario hiciera al p(1blico las declaraciones siguientes:
La Compañía tiene como uno de sus objetos, la exploración de cuantos terrenos petrolíferos ha
adquirido y convenga adquirir en propiedad o en arrendamiento, y la perloración inmediata y activa,
de pozos en aquéllos que por el dictamen técnico ofrezcan mayores probabilidades de éxito. Evidentemente que el negocio emprendido por la Compañía, está sujeto, como todo~ los de su clase, a las eventualiaades propias de esta clase de explotaciones, y por lo mismo, estarían en pugna con la honradez,
declaraciones que otra cosa dijeran. Pero para asegurar, dentro de toda humana previsión , que los esfuerzos y sacrificios de les accionistas no han de quedar frustrados, ha tomado. y seguirá tomando,
todas las medidas que aseguren el acierto en las exploraciones, pudie ndo estar seguros los acc 1011istas,
de que no se decretará gasto alguno, s in previo y ddenido examen que lo justifique. De~ea el Consejo de Administración, se advierta al público que se trata de un negocio nuevo, cuyo funcionamiento
se está organizando, y que, por lo mismo, el valor de las acciones puestas a disrosición de éste. va a
invertirse en su TOTALIDAD, en Ja exploración de terrenos petrolíferos y PERFORACION de pozos, que, por lo~ informes periciales, presentan hala¡radoras esperanzas de producir el petróleo en no
lejano tiempo. La proximidad de los terrenos de la Compañía a los }.!randes foco;; de producción de
petróleo, permite presumir que el éxito de sus trabajo3 no será inferior al de otrae; Compañías que tienen ya pozos en plena producción. Por tanto, la subscripción de acciones no es, en definitiva. más que
la participación en una empresa interesante y seria, y no el ofrecimiento de una ill\·ersión de inmediatos heneficios. El Consejo de Administración, para garantía gd público, ha dispuesto:
!.-Publicar un folleto de informes periciales. Son éstos tan satisfactorios, que desde luego, y sin esperarse a la colocación total de acciones, va a procederse, con el producto del capital pagado, a
la perforación de los primeros pozos, bajo la dirección técnica del Ingeniero don Ezequiel Ordóñez, reputado como uno de los primeros geólogos de México.
11.-Se pondrán por ahora únicamente QUINIENTAS MIL ACClO:'llES a disposición del p(1hlico,
porque, a juicio del Consejo, el negocio no exige, por ahora. mayores efectivos. EL PRODU CTv
DE AQUELLAS ACClO~ES, UNIDO AL TOTAL DE LAS PAGADORAS SUSCRITAS
POR LOS ORGANIZADORES, se invertirá, de acuerdo con las ec;t pulaciones expresas de la
escritura social, en la compra de nuevos terrenos, y en arrendamientos; adquisición de maquinaria y tanques, construcción de almacenes. perforaciones y, en una palabra, en cuanto fuere necesario para el desarrollo del negocio.
III.-El capital ya efectivo aportado por los organizadores, está depositado en Instituciones Bancarias de reputación y solidez, para apl icarlo oportunamente a los objetos a que es á destinado. Lo
mismo se ha hecho y se hará con el producto de la subscripción ofrecida al público.
IV .-El señor Gerente don Alonso de Regil está facultado para la realización de la'- acciones ofrecidas
al público y para dar a éste toda clase de informes. La posición que tienen e,i los negocios de México los miembros del Consejo de Administración, y los demás organizadores de la Compañía, es
una garantía de que.los intereses de los accionistas serán protegidos con el celo que se debe a los
intereses sociales.
México,

14

de Marzo de

1914.

E::-,JRJQUE TORRES TORIJA.-Secretario.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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