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                  <text>Registrado como artículo de

Segunda tpoGa.

2~

clase, el

26

de Febrero de 1914.

Sábado 1h de Abril de 1914.

Tomo 1.-Núm. 9.

AGUADORAS EN JALAPA, POR TOVAR.

�Seguimos aproximándonos, atraídos
chosas; abajo todo era sombrío, y había
que levantar la cabeza p¡,,ra ver colores por aquella sensación de abismo y dP.
peligro cercano que nos llevó a la plaza
agradables.
Arriba sí había hermosos colores; de Armas, y al terminar la travesía del
cuando después de un derrumbe se al• jardín oímos un ruido acompasado y
sordo precedido por el estridente grito
Se publica todos los sáb«dos por la zab1. la 11am ,ra·da coa nuevo brío, o de uu silbato; eran las bombas que es•
cnaodo por alguna otra circunstanci11
se establecia uoa corriente de aire, de tabao tra\:&gt;ajaudu para tratar de atajar
entre la masa obscura se levantabas la obra de aquel demonio destructor.
unas flam1tas brillantes que iluminaban La desigualdad de la lucha no dejó de
DIRECTOR:
primero aquel caos de fuego, cruzaban darme risa. A la energía avasalladora
J. M . CO ELLAR .
eo seguida el penacho de humo rojo y de las toneladas de combustible presas
después seguían so viaje por el azul del fuego desenfrenado, se oponía la
GERENTE'.
obscuro del cielo hasta que terminaba de unas cuantas rajas de l1iña dentro
MIGUEL LANGARICA.
dti un fogón; hay rato, en que la pe·
so efímera vida de meteoros. Todo el
dantería del hombre es soberanamente
coronamiento
del
edificio
que
se
vela
OFICINAS:
por sobre los rem ,tes de la Diputacióo, ridícula. Unos cuantos seres, heróicos
por la escases de sus elementos, auxil Riacooada de Sao Diego ,p.
estaba convertido en un haz de leognas
da fueg, qo'3 habla destruído y aniqui- liados por unas máquinas muy imper•
Teléfonos:
fectas, trataban de oponer una flama
lado cuanto en otro tiempo tuvo forma
Mcx 20-85 Ndri.-Edc. 14-51.
en aquel sitio Y a la vista de aquello de fogón contra el millar de fl;,mas que,
posesionada~ de todo Ju que fué edifi ·
Apartado postal 45 bis.
tuve la visión del genio del anonad .. cío, se reian de los que intentaban Ju·
micnto
b.tilando
deseofreuadamente
~uMEXICO. D. F.
tre las flamas y ~ozaodo voluptuosameo• char. Es admirahle la labor de los bom,
PRECIOS
te coa el espectáculo desolador de la b,iros, cuando menos por osada. Es he·
róico ir a retar a un coloso cuando no
Ejemplares sueltos . . . . . . . . . . . 20 cs. devastación.
Reflexionando, tuve ~1 fin que admi - se cuenta con nada para luchar contra
Subscripcióo, trime~trti ... -... 2 50
rar; la obra paciente de más de veint➔ él.
Extraojero, trimestre..... ..... 5.00
El genio destructor siguió su obra
con excepción de Estados Unidos y Cu• años de tra b:Ljo, la energía desplegada
ba, en donde regirá el mismo precio por varias generaciones de hombres h!ista que no'.tuvo ya nada que destruir :
para levantar aquel monumento de la cuando apareció la luz de la mañana,
que para la República,
como los dueodes de los cuentos. exteactividad humana, había sido destruído
en poco más de sesenta minutos; real• nuado de fatiga, se retiró a una de las
NO GIRAMOS
mente el genio de la destrucción tenía colinas CP.rcanas y, desde allí, contem·
TODO PEDIDO D!&lt;:BERA VENIR
pió con irónica soarisa el montón de es·
para estar contento de su obra.
CON SU IMPORTE.
Sobrecogidos de estupor empezamos combros que dejó de!pués de su noche
a caminar por la plaza sin poder apar• • de trabajo, ea el sitio en que la pacien•
No se devuelven o•iginales.
tar los ojos de aquella feria de movi• cia y la euergia humanas bat¡ían levan•
mientos y contorsiones que pa.reciao tadu un tialacio a la actividad.
otras tantas risotadas del genio negro
o o o
que presidía la catástrofe
Ea fuerza de mirar. y familiarizado
Ayer vi los escombros; las paredes se
con la idea de que ague llo era real,
sentí despertar dentro de mí el espíritu levantan calcinada~ como especttos de
un cuerpo que fué. Ea mPdio de un
neroniano y empecé a mi vez a recrear,
me ante la horrible belleza de la ho· desorden absoluto los mootooes de es•
combros parecen aún humear; triste·
guera. Hablamos llegado a la acera de
la Catedral y desde allí vefa.mos la si· mente me retiré de allí como quien sale
Cuando al fio penetramos en la plaza lueta de los árboles del jardlo y los re•
de un panteón después de haber hecho
de Armas, pudimos darnos cuenta de la mates y corredores de !;,, Diputación una visita a la tumba de un ser aµlasta•
magnitud del desastre; de lejos habíamos recortarse sobre aqííel fonda que se me do bajo la garra de uno de tacto; moas•
visto una ligera columna de humo, pri~ antojó algo más que un crepúsculo y truos cuyas formas toma el espíritu de
mero, y más tarde algunas chispas esca· algo menos que una aurc.ra.
la nada para entrar en posesión de algo
padas da la hoguera, pero al llegar a
Las sombras pesadas de los árboles que estima que le pertenece.
campo abierto el horror apareció com• se destacaban duras sobre el rojo del
J. M.C.
pleto. Hacía más de una hora que ar,
humo. y los detalles arquitectónicos del
día el Palacio y ya no quedaba en él
palacio municipal, más cercanos al fue·
nada por quemar; desde los cimientos go, se iluminaban suavemente por el
basta lo poco que babia de techumbres, frente y aparecían nimbados por las
todo era presa ele las llamas.
puntas de las flamas como si fueran de•
En el. medio de la bocacalle nos de· talles de una decoración propia para un
tuvo la estupefacción ante la vista de baile fantástico.
El amor persuade, consuela, anima.
aquello. Uo enorme penacho de humo
La movilidad de la fl 1ma, la riqueza
rojo descaosaba sobre algo que pudié· del colorido, el primoroso contraste de s~ posesiona del alma y hace desear t 1
bien por medio del bien.
ramos llamar la danza del fufgo; no
los árboles y los encajes de piedra so•
hacía viento y las flamaJ bailaban solo bre el fondo rojo me tenían hipnotiza·
FENELON.
por su movimiento propio: se recogían do; involuntaridmeute recordé a :Mila
o o o
sobre sí mi•mas y luP.gO se lanzaban al di Co:ira y dije para mis adentros: "La
El amor hace a los hombres generoespacio con furia renovada; alcanzaban fiama é bella."
sos, sinceros y cortesei.
alturas desmesuradas, podían ser lo mis·
De mi éxtasis mólévolo me distrajo
mo veinte que treinta metros o más, pe· la voz de Ella que, , jerciendo una sua•
SAINT PIERRE.
ro eran inmensamente altas.
ve presión scbre mi brazo, me decía:
Su coloración no era brillante, pare Qué horrible ¿verdad?
o o o
cía que estaban veladas por un crespón
Mientras que yo considerab.. el lado
fúnebre ; el color azolado que todas las
Para las mujeresordeuadas, la mayor
flamas tienen en so base estaba substi· bello del espectáculo, Ella poseída de
tnído ea estas por una masa negra como su piedad femenil, seguía pensaodo en dicha es la vida de familia.
el mundo de dolores y tristezas que
de humo pesado; en sus saltos y cantor·
MADAMEDE GIRARDIN.
sienes tomaban las formas má~ capri· significaba el tremendo siniestro.
INDICADOR

"Arte y Letras "
Cía. Perlodístlta Mexitana, s. A.

r;r
'3.-

Crónicéi So,cial -

_La recepción acostumbrada, terceros
~1érco_les del mes, en Cbapultepec; ré
g1a, brillantísima.
1;,a _Pluma de un Muntecristo, resulta.na impotente para reseñar elegancia
Y fa~tuosidad tanta.
. Al ~ié df'l histórico Alcázar, piafar
1mpac1ente de briosos troncos, ronco
lamento del latón de charolados autos
res~all~r de fustas, y mareante este);
de _mcttables Y patricias elegancias, en
tra¡e de suprema etiqueta, sedas y ga·
sas, con honores de nubes, por f'Dtre

las que a trecbos arrojan hiriente y
deslumbrador centellf'o, t:l oro de los
~ordados uniformes diplomáticos y mi·
litares ..... .
Toda la gama en fin, de ese gran
mundo, aristocrático y perturbador,
congregado en torco del sol centro de
su sistema, como 'si ansioso de bañarse
en_s~s rayos, a~ mariposear 'ea torno,
qu1S1_era dar_ f~ dii su brillante, agitada,
febril y cod1c1able existencia ....
"'.'-gregad la_ austera y épica figura del
Primer Ma¡¡tstrado de la Nación; la

bondadosa y elegantísima silueta de su
virtu_osa ~sposa, el aura de gentileza,
gracia y ¡uveutud de sus gentiles hijas,
desvelándose en hacer los honores de
la casa, y tendréis pálido e inexpresivo reflejo de la ,;untuosa fiesta.
Asistentes ... . ?
El carnet del Creuiqueur, registra, de
golpe, todo el México conocido; nadie
f~ltó porque quien. excusaría su asisten·
c1a, esquivando elegancias y honor tan·
tos?
.
La orquesta típica de Lerdo amenizó

La Hoguera

Pensamientos

Btnda_ de los Cuerpo~ Rurales de la Federa&lt;;ión que dió su audición
, tUaugural el sábado pa~ado -Concurre~cia a la audicióo.

la 5 ?irée presidencial, ejecutando los
~ 0!•~os mas jogoscs de su vasto y escogtdis,mo repertdrio, cosechando de paso
t:l apetecible halago del aplaus~ a qu;
tao acostumbrada se halla.
Coa la esplendidez acostumbrada en
la ca$a, _fué obsequiada la selecta ~00 ,
currenc1a con uu suculento luoch- cbam•
pague,_ danzáodose en los salones bas·
tante tiempo, a _los nacionales acordes
de u_ue 5tra patna música tan del gusto
part1cula~ d~ _enamoradas parejas ....
y en medtol de la ·mayor cordialidad
Y,ª~mooía, pletóricos los salones de be·
lhSlmas damas' Y apuestos caballeros
trans_c~rri~n, sin sentirse, las •horas ... .'
P~1v1leg10 exclusivo, de e~tas fiestas
féerica~. •eó las que· pensárlise éonstitu ye la vida, el más agr'áda ble ·y· risueño
de los su, ños.
,, ·
El paisaj_e; notas perdidas; embria,
gador vol ti Je o del vals . . .. el ¡ mismo vi.
gorcso Y perfumado aliento' del Bosque
en la dulcedumbre de _la tar~e exp/rante. .....
,
;
lQuien osára afirmar que~ Ja:vida no
es buena?....
,
_·
¡•·
!Horas imborrable.s; ~qiiát suéños y
ª?helos, mucho más im~orr'ables todav1a •.•• !
. ;' ~a
A la _acostumbrada; d'16{~á yiptiÓ.to )a
re,cepc1ón de Ch¡¡.pult~pec. · ~ ,
fü CABALLERD'.°h~L

VE,~;:

G ABÁ N . .

�Atardecer
El tono gris dt:1 la urde sin SJI se di·
lafa ea mi alma poniendo amugor eo
mis labios. El cielo, coao io11eoso ópa·
lo, velase de vez eo vez con vetas sao•
grieotas generadas por el rayo; las oe•
grazcu oabe,, com:&gt; gigantes etíopes,
escondían e trueno rufiaoescameote:
rachas de aire prendían lameohs ea los
árboles y calofríos ea los cuerpos La
tristeza me rodeaba; salla yo del Hos·
pita!, transido de dolor y cansado de
avalorar snfrimieotos; añorando una
cabell,ra rabia, como espigas qae el sol
orea, y aoa boqnita roja que se juntaba
coa la mía al fru- frú de ua beso .... . .
Recordar es envejecer, y envejecer, co·
mo dijo el poeta, es morir poco a po•
co ....
Iaconscieotemente caminé paso a pa~
so por la calzada de la Piedad, (Oh,
irooia! Llamarse Pied1d y coodocir al
transeunte a la Plaza de Toros, al Hos·
pihl o al Panteón! Con mi libro deb1·
jo del brazo, llegaé a la reja de la Ne,
crópolis. Mi cerebro eutristecido, re•
cordábime las palabras del grao lírico:
"un cielo gris, un horizonte negro y
andar, andar." Llegaé al cementerio;
110 viejecito me dió las buenas tardes,
!pobre hombre!, qaid.s era la propia
maerte con algo de vida, o qaizás la
vida con macho de muerte-.
El terreno "de primera clase" oo me
impresionó: ahí oo encontré el dolor
que se aboga eo una lágrima, sioo la
vaoidid que se petrifica eo el mármol.
Eo "tercera clase," ioteosameote expe•
rimeoté el placer de sufrir, con todas
sas voluptuosidades; aquí no hay lá.pi•
das de piedra blanca, ni colamoas de
óaix, ni tetras de plata, ni filigranas de
Carrara, ni epitafios en verso, ni cru•
ces sostenidas por ángeles qae impoaeo
silencio; h1y tao sólo un mootoocito de
tierra, flores deshojadas y hnmildes; una
croz pintada de negro y una hojalata
ea qae toscamente se v"n escritas la~
siglas del rnaerto, iot,ligib\es nada más
para los d eodos.
Vibra el metal de un'l campana y lle,
gau basta mi sus notas lúgubres y tris·
tes, (;Orno procesión de monjes en co•
rredor conventual; campanadas que son
la repetición monosilábica del fallo del
Destino. Oraciones que mi madrecita
masit6 ea mi oído, creéocias, fe, espe,.
ranza de un más allá, venid a mí. ¿Por
qué no temo a la muerte? Con los ojos
abiertos, may abiertos, busco entre los
cipreses del cementerio a nuestra Se·
ñora la Enlutada, a la fria, a la traidora. a la certera, y no la encuentro; es
natoral: la maene no es má, que 110 ,
cimbio de, actitad, de forma: la muerte
no es más qae uo_desoaoso que su,pao,
de el dolor de una· conciencia y et bu•
llir tormentoso de un cerebro. No com·
prendo por qoé hay que retroceder ao~
te la corta brega con la muerte, cuan
do oÓ se ha retrocedido ante la Juch,
larga y penosa de la vida.
La lluvia destrenza sus hilos perlino,
sobre el cementerio y lot noche, malbu,
morada, pone un paréntesis negro en,
tre la miseria de aquí ab ,jo y las mari
posas de luz de allá. arrib1, Antes de

N U PCIAL. -Sr. D. Nicolás Moraotes Mantilla y Srta. Maris Tella Son Saochez
Mármol de la sociedad de S. Juan Ba.otiata que contrajeron matrimOllio.
s.,.lir del paeteóo, · inclino la cabeza,
musito, por todos aquellos que oo tie•
neo quien les rece, aoa ora cióo mía, no
aprendida eo los devocionarios; jauto
los labios para decir "mamá." y surge
110 beso que cae eo la cabeza de esos
pobres ignorados que, eo la vida, e1t11•
vieron ayuoos de la miel dulcfsima de
los labios maternos, y salgo del pafs de
los muertos.
Ya en el treo, distingo a lo lejos la
ciudad, como un pulpo iomeo99, eriza•

do ¡le chim11oeas, coa tocres cual ten•
tá.culos, con azoteas como escamas, y
recuerdo que ese mónstruo devora minuto a mioqto, hora por hora y dfa por
día, el cúmulo de eoerglas que propor•
ciooa la voluntad y quema las reservas
funoioualeis que nos da la Naturalen.
Atrás, todo es Sllmbra: adelante, todo
es luz. ¿Cuál de las do■ ciudades será
la ciudad de los muertos?
GILB&amp;RTO F. AGUILAR.

LA KERMESSE DEL CENTRO
ASTURIANO

Sritas. Ana Maria y Emyré Pacheco
e_o trajes de af~ican" _Y g,taoa. respPC•
hvameote. Sntas. L1ha Cañt•do y Ea•
carnación L~gaza, p1nro1 y cootrabaodi,ta. La señor'&lt; E•peraoza Alc'•cer
de Capilla pre~ideota de la Cruz Blao,
ca Neutral, en cuyo beneficio fué la
kermesse, y damas que la acompañaron
durante la fiesta. Puesto de postales
eu la kermesse.

�rf EL PEDAZO DE PAN

'~

JI

~~~D
:::::::====================:==ro=r=fr=an=co=is=C=ap=pé=ed=e==,a=A=ta=de=m=ia=fr::an=ce=_sa= ==J}J
•

El duquesito de Hardimont seencon•
traba en Aix, en Saboya, doodd hacía
tomar las aguas a su yegua "Perrichole''
que se había puesto asmática a consecuencia del "caliente frio" que había
atrapado en el Derby, acababa de al·
morzar cuando, al ver distraídamente
el periódico, se dió cuenta del desastre
de Reichsboffen.
Vació su vaso de chartreuse, puso la
servilleta sobre la mesa del restaurant,
hizo dar a su ayuda de cámara la orden
de a listar las maletas, tomó dos horas
después el expresso para París y corrió
a las oficio~s de reclutamiento para ha•
cerse alistar en un regimiento de linea.
Aun cuando se baya llevado de los
diez y nueve a los veinticinco años una
vida enervante de atolondrado, como
se decía entonces, aun cuando se baya
embrutecido en las caballerizas de las
carreras o en los camerinos de las can•
taotes de última clase, hay circunstancias en las que no se puede olvidar que
Enguerraod de Hardimont morió de la
peste en Tunez el mismo día que San
Luis; que Juan de Hardimont mandó
las Grandes Compañías bajo las bande,
ras de Du Guesclin, y que Francisco
Heori de Hardimoot fué muerto en
una carga en Fontenoy con la "MaisonRouge." Por agotado que '!Stuviera por
sus escandalosos e imbéciles amores con
Locy Violette, la prima-donna del tea·
tro dti las "Desnudeces Parisienses," el
duquesito, al saber que los franceses
habían perdido una batalla en territo•
rio francés, sintió que la sangre le su•
bía al rostro y tuvo la horrible impre·
sión rile una bofetada.
Por esto es por Jo que, en los prime·
ros días del mes de noviembre de 1870,
vuelto a París con su regimiento, que
formaba parte del cuerpo de Vinoy,
Henry de Hardimont, fusilero de la
"tercera" del "segundo" y miembro del
Jockey, estaba de guardia delante del
reducto de Hautes Bruyeres, posición
fortificad1 a gran prisa, y protegida
por el cañón del fuerte de Bicetre.
El sitio era siniestro: un camino eri·

los domingos de otros tiempos. Y, sobre
todo esto un cielo gris de invierno en
el que se paseaban pesadas nubes color
de plomo; un cielo bajo, colérico, odio·

zado de palizadas y lleno de baches
lodosos que atravesaba los campos de
l!ls alrededores de la ciudad, y, a una
orilla de este camino, una taberna aban•
donada; una taberna hecha con toneles,
donde los soldados habían establecido
su puesto. Había habido combate aJ:í
pocos días antes; la metralla habí!' par·

S:&gt;.

A la puerta de la taberna el duque•
sito permanecí a inmóvil con su chase:
pot eu bandolera, su kepi, sobre l·os

)

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~,

1

( •

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tido eo dos algunos de los arbustos del
camino y todos ellos mostraban en la
corteza la blanca huella del paso de las
balas. El aspecto de la casa causaba
calo~frío; el techo había sido destroza,
do por no obus y los muros, que escu•
rríao vino, parecían untados con san·
gre. Los toneles estaban deshechos; y
las inscripciones cerca de la puerta ,
arañadas por las balas: "Gabinetes de
sociedad, Ajenjo, Vermouth, Vico a
seseoh centavos litro,&gt; que encuadra·
han la fignra de un conejo mnerto so·
bre dos tacos de billar, todo recordaba
eco ironla cruel la alegría popular de

ojos, cpn las manos metidas en las bol·
sas de su pa,ntal_ón . rojo,. y _tir.itando
bajo su piel de ca_rnero. Se ab..odona•
ba a sus sueños sombríos de soldado de•
rrotado, y miraba con ojos perdidos la
línea de estacas que limitaba. el cami•
no perderse en la bruma de la· que sa•
lía de cuando en cuando una nubecilla
de humo blanco procedente de algún
cañón Krupp.
Repentinamente sintió hambre.
Puso una rodilla en tierra y tomó de
su saco, que estaba arrojado por el sne·
Jo, uo pedazo de pan de munición, des·
pués, como hibía perdido su cuchillo.
mordió nuevamente en el mendrugo y
comió poco a poco.
Pero, después de algunos bocados,
no quiso más, el pan estaba duro y te•
nía un sabor amargo. Y pensar que no
volvería a haber pao caliente sino basta
el día siguient!! por 'la mañana, y eso si
. la intendencia lo ordenaba. Vaya que el
oficio era un poco duro algunasveces,y
en esos momentos se le vino a las mien•

tes lo· que él llamaba en otros tiempos
sus almuerzos higiénicos, cuando, al día
siguiente de una cena un poco caluro·
sa, se sentaba contra una de las venta·
nas del piso bajo del café inglés y que
se bacía servir, Dios me valga; lo me•
nos que podía: nea costilla, huevos re•
vueltos con puntas de espárrago ,como
el mesero conocia sus costombres, le
abrfa dulcemente una botella de leovi ·
lle viejo r ecostada mnt.llemente en una
cesta acojinada. Diablo de diablo! Ague·
llos eran buenos tiempos de verd.i.d, y
sentía que 110 llegaría jamás a acostum•
brarse a aquel pan de miseria.
Y, en ~n momento de impaciencia, el
joven arrojó el resto de su mendrugo
al lodo.

me de o nevo a la compañía .. Hace pocos
días que salí de la ambulancia.... .. Me
hirieron en Cbatilloo ... . Ah! eo la am·
bulancia me hallaba muy bien; elenfer·
mero me venía a dar todos los días buen
caldo de caballo...,pero oo tenía más que
un rasguño, curé pronto y el mayor firw
mó mi alta, y tacto peor, .Ramos a re•
ventar de hambre nuevamente ... • Por,
que tú creerás lo que quieras, pero, aquí
donde me ves, he sufrido hambre toda
mi vida.
La palabra era terrible, sobre todo
dicha a un voluptuoso que acababa de
sorprenderse bacía un momento echan·
do de menos la cocina del Café Ioglés,

las que seguramente enoca ha ddo ha•
blar .... Yo me llamo Juan-Victor, así
a secas, porque soy un niño recogido de
la calle, y el único recuerdo agradable
de mi vida es el de los primeros días
de mi infancia, pasados en el hospicio.
En el dormitorio, eo nuestras camas,
teníamos sábanas limpias; jugábamos en
el jardín bajo hermosos árboles, y ha•
bía una hermana de la caridad muy
joven y muy pálida (estaba muriéndose
del pecho) que me tenía una gran pre•
dilección, y con quien me paseaba de
preferencia, a jugar con los otros niños,
pues me hacía cari ños y recostaba
mi cabeza sobre su falda, tocando mi

Y el duque de Hardimoot miró a so ca·
marada con una admiración casi de es·
pacto. El soldado sonrió dolorosamente,
dejando ver sus dientes de lobo, sus
dientes de hambriento que se veían tan
blancos en su cara terrosa, y, como si
hubiera comprendido que se esperaba
de él una confidencia, comenzó:

frente con sus macos flacas y calien·
tes ...... Pero a los doce años, después
de mi primera comuoióo, empezó la te·
rrible miseria! La administración pú·
blica me puso· de aprendiz en casa de
un componedor de sillas del fauburg
Saint- Jacques. Eso no es un oficio, sabe

o o o
En el mismo instante salió no soldado
de la taberna; ~e bajó a recojer el men•
drogo, se retiró algunos pasos, limpió
el p.i.o con la manga y se poso a devo·
rarlo con avidez.
Henry de Hardimont sintió vergüen•
za de so acto y miró con lástima al
pobre diablo que daba pruebas de tao
buen apetito. Era uo muchacho largo y
seco, muy mal proporcionado, con ojos
de febricitante, una barba de hospital y
oca flacura tal que sus omóplatos mar,
caban dos poetas salientes bajo los hom•
bros de su capote.
- l Tienes mucha hambre, camarada?
dijo el dnquesito acercándose al pobre
soldado.
-Ya lo ves, respondió éste con la bo·
ca llena.
-Perdóname. Si hubiera sabido que
podría gustarte mi pan, no lo hubiera
tirado.
-Va! por qué poco te apuras, con•
testó el soldado. No creas que eso me
causa la menor molestia.
-No importa, dijo el gentilhombre,
lo que he hecho no está bien y yo mis,
mo me lo echo eu cara. Pero no quiero
que te quedes con una mala opinión de
mí, y como tengo un poco de cogoac
viejo en mi caramañola ... . que d iablo!
vamos a beberlo juntos.
El bombre ba.bía acabado de comer.
El duque y él bebieron uo trago de
aguardiente y de esta macera se hizo
la amistad.
-lCómo te llamas? preguntó el sol•
dado,
-Hardimoot, contestó el duque, su•
primiendo su título y su preposición
nobiliaria .... ¿Y tú?
- Juan-Víctor .... Acaban de echar•

-Vea usted, dejó de tutear a su camarada, como si adivinara en él a no ser fe•
liz y rico, nos pasearemos uo poco por
el camino para calentarnos los pies, y
mientras le contaré algunas cosas de

usted, es imposible ganar de comer con
él, y la mejor prueba de ello es que la
mayorfa de las vec€s el patrón oo podía emplear como aprendices más que
a los chiquillos salidos del colegio de

�niños-ciegos. Por lo tanto, alH foé don·
de empecé a sentir el !hambre .
El patrón y la patrona, dos viejos Li•
moosioes que murieron asesinados, eran
dos avaros terribles, y el pan de que
se cortaba un pedazo por las mañanas,
permaoec!a encerrado con llave todo
el resto del día. Y por la noche, a la
hora de la cena, había que ver a la pa·
trona cuando servía la sopa, lanzando
un sospiro de dolor a cada cucharada
que sacaba de la cazuela. . . . . . Los
otros dos aprendices, los muchachitos
ciegos eran los menos d:sgraciados,
porque siquiera no veían la mirada de
reproche de aquella malvada mujer
cuando me tendía mi plato ... . .. Y lo
que ed la desgracia, yo tenía un feroz
apetito. No esculpa mía ¿verdad? ...•
Tres años duró mi aprendizaje, en me·
dio de la miseria horrible .. Tres años!
Se podría aprender el oficio en un mes,
pero la administración no puede saber
como se explota a los pobres niños ....
Ahl y ustt d se admira de verme reco·
g~r el pan . d ,1 lodo. Vaya, si estoy
acostumbrado, junté muchos mendrugos
de entre la basura y cuando estaban
demasiado secos los hacía remojar en
mi cubda durante la n.icbe .... Algu•
nas veces tenia mis gangas: piezas de
pan apenas mordidas por una punta que
tiraban chiquillos di· gastados al ir a la
escuela. Hacia mis correrías para ver
lo que me hallaba .... y después cuan•
do terminó el aprendizaje, empezó el
oficio que, como ya dije a usted, no
bastaba para comer.
No pude resignarme y ejercí otros;
ayudé a albañiles, fui mozo de alma·
cén, infinidad de cosas, todo lo que se
putde ser. Un día alcanzaba para medio comer, otro me despedían .... en
una palabra, nunca había bastante para
comer a gusto .... Rayos! cuántas veces
he sentido rabia al pasar frente a las
panaderías! Felizmente para mí, en
esos casos no he olvidado a la buena
hermana de ta caridád que me reco•
mendaba siempre el conservar mi hoo,
radez, me parecía sentir sobre mi cabe•
za el calor de su manita flaca y calen•
turienta ... . En fin, a los diez y ocho
años m~ enrolé .. .. Y ya lo sabe usted,
el soldado tiene apenas lo necesario....
Ahora no habrá ni para el principio;
viene el sitio y el hambre! ...... Ya ve
usted que no exageré hace un rato
cuando le dije que be tenido hambre
toda la vida!

o oo

El duquesito tenía buen corazón y al
escuchar esh terrible queja de uo hom•
bre como él, de un soldado a quien el
uniforme igualaba enteramente con él,
se sintió conmovido. Tuvo la felicidad,
para no turbar su flema de dandy, de
que el aire viniera a orear a tiempo
dos lágrimas que se le asomaron a los
ojos.
-Juan-Víctor, dijo cesando a su vez
de tutear al pobre huérfano, si sobrevi•
vim:is los dos a esta espantosa guerra.
nos veremos de nuevo y espero serle
útil eu algo. Pero por el momento, co•
·mono hay otro panadero en el regi·
miento que el caporal, y como mi ra·
cióo de pan es demasiada para mi poco
apetito queda convenido ¿verdad? di·
vidiremos como buenob cólilpañeros.
Las manos se estrecharon efusiva y
calurosamente, después, oomo estaba al
caer la noche, los dos hombres entra·
ron en la ruina de taberna, donde se
hallaban reunidos hasta .u'tla doceua de
soldados, estaban aGostados sobre paja,
y se durmieron u ne j'tlntoal otro con
un sueño reparador.
Hácia media noche Juan-Victor des·
perló sólo, segnra'mente con hambre. El
viento había banirlo las nubes y )ll lu•
na, penetrando por un agujero del te•
cho, alumbraba.la encantadora cabeza
rabia del duque, aormido como un
Edimion. Juan..'.Víctor s-e le quedó mir-ando, enternecido.por la bélleza de su
camaratla; efába "áú'll .ell so.contempla,
ción cuand-o 'éótró &gt;-el sarg$to y llamó
a los cinco hombres &lt;fue habían de
montar la guá'tilia. El duq:ue era de
ellos, pero no depertó al mencionar su
sombre.
-Hardimont! 'a'rriba! tepitió el sub·
oficial.
-Si no hay inconveniente,misargen·
to, dijo Juan-Víctor, yo montaré su fac,
ción .... está muy dormido. : .. y es no
buen camarada.
-Como quieras.
Una vez que hubieron partido los
cinco -homb1es comenzaron de nuevo
los ronquidos.
Pero, media hora después, se oyeron
en,medio de las tinieblas de la .noche,
disparos seguidos y muy,cercanos. En
un instante se levantó todo el mundo·
los soldados salieron de la taberna,
marchando con precaución y con la ma:

no sobre el llamador del fusil, mirando
a lo lejos por el camino blanqueado
por la luna.
-lQné hora es? preguntó el duque.
Yo estaba de guardia esta noche,
Alguien le respontlió:
-Juao- Victor tomó el lugar de usted.
En ese instante llegó corrie.odo por
el camino nn soldado.
- l Y bien? le preguntaron ..•.
-Los prusianos atacan, hay que retirarnos al reducto ..... .
-l.Y los camaradilS?
,-Vienen •..... Menos el pobre de
Juan- Vict-or ..... .
-lCómo? p-reguotó el duque,
-Le tocó una de las primeras balas
y murió sin decir siquiera: uf!
o o o
Una noche del invierno pasado, co·
mo a las dos de la mañana, el duque
de Hardimont y so compañero el señor
de Saulnes, salían del casino; el duque
había perdido algunos centena.res de
luises y sentía algo de jaqueca.
-Si no le.parece a usted mal, Andrés,
dijo a su compañero, caminaremos a
pie .... Necesito tomar un poco de aire.
- Como usted quiera, respondió el
amigo, por más que el piso está muy
malo.
Despidieron sus coches, levantaron el
cuello de sus gabanes y se dirigieron
rumbo a la Magdalena. Repentinamente el duque hizo rodar un objeto que ha•
bía chocado·con la punta de su bota·
era un pedazo de pan lleno de lodo. '
.6:ntonces, con gran estupefacción del
señor de Saulnes, el duque se inclinó.
recogió el pedazo de pan, lo limpió
cuidadosamente con su pañuelo de batista y lo colocó sobre un banco del bon·
levard donde lo pudiera iluminar la luz
de un farol.
-lQné hace usted ? preguntó el gen·
tilhombre con una carcajada. ¿Está us·
ted loco?
-Es en recuerdo de un pobre hom·
bre que murió por mí, respondió el du•
quP., cuya voztemblaóaligeramente . ...
No se ría usted, querido amigo,me can·
saría usted una contrariedad!
Traducido especialmente para ARTE
Y LETRAS.

Diversas fotografías del cooocido sportman señor don José I oacio L.
.
sus dos triunfos en las carrerasgdel~ cir~~i~~t~~:J~!~'.iiando los coches con que obtuvo

Las Carreras del
Circuito Condesa
Un doble triunfo ' del señor Li- •
mantour.

La. fiesta deportiva que el domingo
~eotó en las tribunas del hipódromo
e ª Condesa a la elite de nuestra ele•

g~ote sociedad fué una grata demostra·
c1ón de dos cosas: del relieve qoe en·
tre nosotros puede aica azar una fie5ta
de _este género desde el punto de vista
social, y de lo macho que puede signi·
ficar desde el deportivo.
Entre los triunfos obtenidos en ella
~erece especial mención el del cono·
c1do sportman don José Ignacio Liman•
tour, quien triunfó por dos veces. Ob,
tuvo el primer premio en la carrera de

coch~s de primera categoda piloteando
un coche. Clement Bayard de ocho caballos; hizo un recorrido de 21 kilóme •
Iros e_n 19 minutos y 16 segundos; el
premio foé la copa ofrecida por el Sr
Marq_ués del ºApartado y dos mil peso~
ofrecidos por el señor don Agustín E
cudero.
SEi otro triunfo fué en Ja carrera de
C?ches de tercera categorfa en la que
piloteó un Packard de 45 caballos, de ,

�-- . -------_-::..-::..-::..-::.-::.

Afectuosamente a la
señorita BlaocaLópez
Puga,

La coocurreocia.-EI palco
de los jueces.- Alguoos
de los carros que toma·
roo parte eo el coocurso.
seis ciliodros. Recorrió 63
kilómetros eo 48 mioutos y
diez y seis seguodos; obtuvo
como premio la copa ofrecida
por el Sr. Presideote de la
República y mil pesos ofrecidos por los organizadores
de las carreras.
Deseamos al

Había eo el pueblo de XXX un jo•
veo que jamás babia amado; el amor lt,
era tan descooocido como desconocido
puede ser para usted, simpática amiga,
el fondo del mar.
Vivía una vida solitaria, quieta, me·
ditativa ; erao sus mayores placeres va·
gar por los campos, leer, escuchar sus-propios peos, mieotos y despreciar las
riq ae zas, honores, dignidades y todo lo
qoe con falso resplaodor deslumbra los
ojos de los bombres.
Deslizábase su vida suave, silenciosa,
gratamente.
Amar. No teoia él otro amor que el
amor a sus moota ñas, a sus fue otes, a
sos flores, a sus aoimales, a so cielo .... ;
pensllba que el amor a la mujer no po•
día equipararse con estos amores tao pu•
ros y a.remados, amores en los que jamás hay enojos y perfidias, celos y sin•
sabores
El amor a la multiforme y siempre
bella naturaleza llenaba su conciencia
pleoamente.
Recato era su nombre ; veslíá siem•
pre de negro (prefería este color a los
demás porqoe es triste, porque aisla,
porque su aosteridad mantenía en tran,
quila y flébil llama sus sentimientos
melancólicos y dulcemente pesarosos);
usaba sombrero de fieltro, negro tam·
biéo y, cortaodo la oegrura del sombrero y del trllje destacábase su rostr o
blanco, ligeramente soorosado, y tras
los traospareotes cristales de sus lentes
veiaose uoos ojos azules de mirar vago
y soñador; tenía la cariz recta, los ta,
bios gruesos, el pdo castaño; se afeita,
ba; era de cuerpo ceoceño y so andar
era leoto, parsimocioso, diríase que te•
mía que la precipitación y el ruido
ahuyentara sus plácidos ensueños. Le
gustaba hablar poco y cuando se encoo•
traba eotre sus cococidos, por inexpli•
cable cootradiccióo, se mo!traba ale,
gre, algunas veces bnllicioso y otras
b~sta vulgar y gro~cro. De aquí que
n1ogaoo lo cooociera, porqµe al que
cooocfan era al Recato hablador, al Re preciado o iosultado, porque no coosi ·
cato gesticulador, al Renato un poco deraba su igual al burlador, al despre·
~bo y otro poco fastidioso. Y coos- ciador, al insultador como oo coosidera·
c1ecte de esta doble personalidad se ba su igual a la hormiga o abeja que le
sentía triste, mohíno; cuando volvía a
picaban cuando absorto y deleitado
su soledad se reprochaba amargameote admiraba sus instintos prodigiosos. Así,
por haberse desviado de la líoea azul cuando observaba que algún odio sti
trazada por su ideal de hombre soña,
desataba cootra él, seotía un extraño
dor y desdeñoso,
placer al contemplnr a su enemigo marRecato no amaba propiamente a los tirizado por su propia fiereza; cómo le

que desear, desde el deporti:..
vo su éxito foé quizás auo
mayor.
Diez y siete carros tomuou
part, en el coocurio, el coal
estuvo lleco de peripecias
emocionaote~. Ya en otra par•
te hablamos de los principa•
les trioofos obtenidos, Y por
lo tanto no lo h;.cemos aquí.
Sólo manifestaremos oues•
tro deseo de que tales füstas
se repitan con la mayor fre ·

distioguido

sportman muchos triunfos co,
mo éste.

cuenda posible, pues son r o·
tas brillaotes que aoimao nues·
tra mooótooa vida de sociedad

Debe sentirse orgulloso &lt;El

y al mismo tiempo e•timulao

Automóvil en México&gt; por el

a ¡05 amantes del der orte que

éxito de las carreras del cir•

bieo lon~cesitao eotreoosotros

coito Condesa; el aspecto de

ya q•ie somos poco ioclioadrs

las tribunas e:a bellísimo; se

gE'neralmeote a los ejercicics

había dadJ cita en ellas toda

físicos que tanto provecho ha·

la sociedad e le gante de nues·

ceo para el de~arrollo y per•

tra metrópoli y juoto a los vis•

fecciooamieoto de la raza bu,

tosos tocados de las damas,
mostrando todos los caprichos

maca

de la moda, se destaca b1n los
correctos de los caballeros,
por ta oto, tambiéo, tod.is los

El culto de lo v~rdadero
está en el foodo ite toda ex,
celencia per,onal.

refioamieotos que se lucen en
la.s tribunas de Opson o en las

carreras del Grand Prix.

y si desde el punto de vista
social la fiesta no dejó cada

hombres, tampoco los odiaba; gustaba
dP su trato pero no de lo que ellos lla•
man &lt;amistad.&gt;
Cococer, amar al hombre como ya
amaba a sas campos era su teodeccia
adquirida por el estudio y la reflexióo.
Y, he aquí por qué Recato, en el fondo,
jamás se enojaba, jamás perdía su olim•
pica calma cuando era burlado o des·

o o o
Arrostrar y sufrir a veces
la muerte para vivir en la
historia es dar tcdi su sangre
por uoa gota de tinta.

'

divertía ver esos ojos inyectados de
sangre, ese rostro coloreado de i;úrpu·
ra estallaote, esas macos convulsas y
ese cuerpo temblorcso. Seotía el mismo
placer que cuando observaba una tem•
pestad y obraba con el colérico del
mismo modo que con la tempestad: se
resguardaba de tal modo qne, sin ser
molestado, pudiera disfrutar del espec-

táculo. Todo era, en fio, para Recato,
un espectáculo: desde la yerba humilde
que crece eo la grieta de escondido
barraoco hasta el hombre, porteotoso e
inimitable qne fabrica locomotoras,
construye palacios, lucha contra la ea•
fe rmedad y la muerte. pesa los astros
mide el iofioito (comprender que el in'.
finito es inconmensurable es un modo
de medirlo,) que canta y filosofa •••.

�No se impaciente, cara amiga, ya ob·
servo que está usted en áscuas por co·
nacer la pasión de Renr.to; perdóname
si fuí largo en la descripción de mi
buen amigo, pero así lo hice con el de •
seo de hacerle ver, por contraste, la
intensidad del amor que tuvo por Lidia,
mujer, segó.n é l me dijo, en sus confi,
dencias, llena de encanto y de ternura
inextinguible.
¿Qué será lo q ue me_pa•
sa, Miguel? me decia, s1en1
to que mi vida se trans·
forma, experimento una
vaga inquietud un sordo
anhelo de ser feliz, mis pa•
seos por el campo ya están
perdiendo su impersonal y
delicado embeleso, y com·
prendo q~e en ellos no está
mi dicha, y sin qoerer, cr,n
un dulce extremecimiento
de todo mi cuerpo, la veo
que avanza hacia mí, do!•
ce y sonriente.
¿Qué sed. lo que me pa·
sa, Miguel ? me repetía, la
azuli1ad del cielo, el per•
fume de la florest a, el can
to de las :aves, el :son de
las campanas, muerden
deliciosamente mi sensibi·
Jidad y sin querer, con un
dulce extremecimiento de
tcdo mi cuerpo la veo que
avanza ~1acia _mí, dulce y
sonriente.
El mundo me parece
nuevo, los hombres mejores
y ella, el sol de ventura
que lo ilumina todo y lo
acaricia todo.
Hoy estuve en so casa
j ugaodo a las cartas y no
cesaba de admirar sus ma·
nos peqceñitl\S y aristocráticas . . . . ¡Si vieras cuán
cortas se me hacen las bo•
ras cuando me eocoeotro
junto a ella contemplando
su cuerpo alto y grácil, su
pecho combado, su cutis
blanco, su cabellera negra,
sus ojos verdes .. ..• . 1Qué
buena siento la vida cuan•
do estoy cerca de Lidia!. .,
Ella sospecha mi amor,
y es tan buena que me mira
con ojos indulgentes; cuan•
do al despedirrce le estre•
cho su mano siento que
por la mia se entra uoa
tibia y suave feli cidad ...•
Y ya en la calle, me per•
sigue el timbre de su voz y la tibieza
de su mano y e l blancor de su piel y
la armooia de su risa misteriosa.
Recato me bacía sus confidencias
cada vez con mayor ardor, con más en•
tusiasmo, con más frecuencia. Me pin·
taba con vívidos colores los estados
múltiples y cambiantes de su alma de
amante bisoño y cándido.
Cruzaba yo una tarde la alameda,
cuando sentí de pronto que una mano
se apoyaba en mi hombro y una voz jubilosa me decía: Miguel, ya soy feli z,

enteramente feliz, y es tanta mi ventura
que mira cómo rebosa de mis oj os, de
m1 rostro, de mi cuerpo; ya no tengo en·
vidia de ese que va en automóvil, ni de
ese otro que lleva banda de General, oi
de ~que) que lo sabe _todo .. .... 100, oo
tengo envidia de oad)e, porque ya so_y
feliz, enteramente fehz. porque ya L1•
dia es mi novia . ... ''Mi novia" !qué her•
masas palabras, verdad ? l dónde encon-

to~y Lidia se estrecbab1n cada día más,
el tiempo y las caricias precipitaban
con irresistible vértigo una alma en la
otra, y esta obra de compenetración
quedó por fin terminada cuando hubo
pasado un año. .
.
.
¡Oh, querida amiga, la vida es mise•
rabie, mil veces miserable)
Parecía que esperaba este instante
de suprema felicidad, para apartar,

- tornaba lejano y su ~ooréir· no sé si re·
signado o despectivo . ... Lidia no tenía
l más qne uo consuelo: su Recalo q ue
jamás se apartaba de ella, que lloraba
como no chiquillo cuando estaba solo,
que se encaraba con la vida y le iote·
rrogaha: ¿Por qué haces padecer a mi
Lidia, por qul me la arreba tas, por qué
la escogiste para tu víctima e~taoclo yo
aquí, por qué no me hieres ahora con
la misma eofe rmP.dad que la atormeo
ta ?...... Y el eco repelía con imitación
de simio el interrcgatorio acusador y
terrible, interrogatorio que delataba uo
crimen.
Lidia se agravaba cada día; difícilmeote, y sólo apoyada del brazo de Re•
' oato, -podía caminar.
-"Recato-le d,jo Lidia on dia,¿ me quieres? n o te da e 1fado si te pido
una cosa ?
-''Dí lo que quieras, Lidia, que es·
toy prool1 a obedecerte.
- "A la noche hay luna .... .. quiero
que me lleves al ja rdío para contarte
muchas cosas ..... .
- " f-ero no ves que le bacedaño,que
estás muy dé bil ?
- , Me quieres, sí o no?
-"iSí que te quiero, vida mía!
- -"Entonces .... ¿me lleva rás .a l Jar,
dío ?......
Llegó la noche, la luoa blanca y pu·
rísima se destacaba redonda en el cielo
azul ; el jardín estaba quieto; diríase que
escuchaba los rumores de la ciudad
cercana; las calzadih s estaban llenas

de misterio y las·bancas se acurrucaba o
eo la sombra-hecha mil pedazos-de
los á rboles si lentes. A lo lejos se oía el
ladrar de los perros, el rumor deslizan•
te de algún tren eléctrico y el tristísimo
silbo de un gendarme.
,.....• Mira cuánta calm a, Recato, hay
en este jardín. ¿Quieres que nos seote•
mos en aque l riocoocito ?" y con paso
lento, muy lento, se eocamioaron al si·
tío desigaado por Lidia. Uoa vez secta·
dos. toreó a decir •'¿no me olvidarás
oo oca? l coo!er varás siempre frescos
esos momentos en que la existencia se
reducía únicamente a tí y a mí, en qne
tú y yo é ramos todo el universo? ¿no me
olvidarás? . . .. . Dí, habh!
A estas palabras siguió un silencio
p re fundo en el que parecían resaltar
los mil murmullos de la noche .Keoato
no habl~ba , oo podía hablar, sentía que
un oudo le oprimía la garganta.
-"l Recordarás ese nuestro pr imer
beso divino que nos dimos en los labios?
¿ recordarás cuando abrazados el uno al
otro no sentíamos valor para despren•
dernos como temerosos de que algo te•
rrible oos pasara estando tan lejos? ¿No
me olvidarás Recato? .... . . !Oh, ruaoto
te amo l. .... . ¿ me querrás aúo después
de muerta?
- "1No repitas eso, L idia ! Y la estre•
cbó fuertemente entre sus brazos, y jun,
tó su cara a la suya pálida yconfundie•
ron sus lágrimas, abuodaotes y a mar •
gas.
- IRenatol I Renatol Q ué dulce calma

Niiia Blanca Rosa Mancera, de di$•
tinguida familia de Orí •
zaba, Ver.

hay en el jar:lío, cuánta placidez eo mi
alma .. . . .. siento que mi virla S'tl alije,
ra ... . q ue el jardín se desvanece, se
aleja, que la luna se vuelve más pt li·
da . . . . ¡Apriétame, apriétame, que siento
que me hundo . ... " Renato, angustiado
y nervioso, no cesaba de oprimirla ere·
yendo salvarla de ese l)recipicio hon,do,
muy hondo, que se llama la mneTte
- "No me olvidará, .... /verd~dl .. . .
Dáme un beso, ... !Me hundo, me buodol ...... )Adiós, Recato! .... .. Y do·
b lando su cabecita , cbocó ligeram~n1e
contra los labios de Reoat, y q uedó
muerta.
La luna, ya en el cenit, ilu'.llioaba e
jardín discretamente, las ramas a l cbo
car pro fo cían uo ruido leve, un ,zri lo
tridulaba triste; a lo lejos, escocbábase
e l ladra r de un perro, el cáotico de no
gallo y el silbo melancólico de un gen•
darme......
·

----

MIGUE L A CEBALLOS.

trar más dulce armonía que enestasdos
palabras: "mi novia?" . . . . . . Y Renato
me hablaba atropelladamente, casi sio
aliento y repitiendo infatigablemente
las dos palabras que le sabían a gloria.
Y desde ese día, Recato andaba más
de prisa, vestía con más cuidado, salu•
daba con más cortesía, y ll"maba cari•
ñosamente a los perros callejeros y daba
limosnas y acariciaba a los niños y me
decía a cada momento que ya era un
gran señor.
Transcurrieron mnchos meses. Rena•

(Ilustraciones de Aolooio Gómez)

desunir lo q ue ya estaba fuercemente
atado coo·lazos de dulcísimo amor.
Lidia, la tierna y encantadora Lidia,
comenzó a enfermar, a languidecer, a
sentir desfallecimientos, vértigos, dolo•
res y un cansancio enervador, y una dificultad, ooa gran dificultad para vivir . . ••. , JCuán honda tristeza ex peri•
mentaba Lidia al sentirse enferma,
coáotas lágrimas mudas derramaba al
comprender que en cada respiro se es·
capaba un poquito de su vida. Lidia
empalidecía, enflaquecía y su mirar se

Nifia Alicia Xocbitl Aguilar, de Mulege, B. C.

'

�Como, fué "El Palacio de Hierro."-Un té en los salones
de recepción.-La fachada.-La misma durante
el ncendio.-Los Sllones de el!_posicióo.
Detalle del e5tado actual de la f., chada de "El Palacio de Hiuro," iuccndi, do el rniérccles pasado.

�JE~¡p:~~TICCil~N
~(C©&gt;!L&amp;li
IDit

E,tudio d.e Manuel _Toledo.- Grupo e~cultórioo
por Asúosolo. \ CarteL de
la t&gt;xposicióo, Herrao y ~e
la Torre.-El secretario
de Bellas Artes y el jura·
do de Admisión en la sesión de elimioacióo. el
miércoles pasado.-Grupo
de los ex¡:ositores.
Retrato de María Mendia de Castelló, por Alfredo Ramos Martlnez. -Los Ciegos por Satl¡rnino Herran.-Paisaje
por Francisco Romaoo.-Tipo nacional por José C. Tova!'

�La Muerte
Entré a la pieza donde
agonizaba la pobro eofe1 •
mita. En aquel aposento
lleno de misterio. se respiraba un ambiente de
tristeza. Los últimos ra,
yos del sol, que se perdía
ya eo su ocaso, filtrándose
a través de un lienzo mal
colocado ·e'o • la única ventana, iban a
juguetear sobre la blanquísima colcha
queJ amanera de sudario cubría aquel
cuerpo casi inerte Entre la penumbra
·se distiogoia su linda carita, cuyos ojos
azules, rodeados por círculos vi_bláceos,
se iban momeotáoeameote extioguien·
do.
Aquella existencia, qoe oo babia sido
más que uo relámpago eo la vida, i9&lt;1
muy pronto a acabarse. Como una 11.i.,'
roa agitada poi' el viento, cintilaba lanzando leves destellos de juventud. Yo,
anonadado ante aquel cuadro, dejé caer
la cabeza entre las manos y me sumer·
gí eo una meditación muy honda y muy
tdste.
La vida, me dije, viene indudable·
mente al ser humano, para que éste
cumpla uua misión: y eutooces, por qué
la muerte traidoramente, uos sorpreude
cuaud;i comeuzamos a vivir? ¿Por qué,
si oos ha sido dada la vida para gozar,
para sufrir, para ser buenos, iostaotá·
oeameote y cuando menos lo espera•
mes, la muerte ccrta despiadadami;ote
de uo sólo golpe nuestras ilusione~. que
como ooa planta iban creciendo y flore•
cieodo, alimentadas por la savia de los
nobles efectos?
Al nacer, e1 destino oos rodea de se·
res queridos; Dios oos da uoa alma pa·
ra adorarlos, y ya que nos hemos acos·
tumbrado al calor de su cariño, la muer•
te implac-able, con súbito impulso nos
precipita a la tumba . . ..
De pronto, un agudo grito me sacó
.de mi letargo. Levanté la cabeza y oo·
lo ví a la enfermita, que con los ojos
muy abiertos y alzando sus delg~dos
brazos al cielo, contemplaba ext•siada
un pu oto que sólo ella veía, un algo
que sólo ella podía comprender.
Después de este breve diálogo que
todo moribundo sostiene con lo deseo•
oocido, ella i:otoroó los ojos y cayó de

espaldas sobre los blancos almohada•
oes
Un momento después, cuatro ciriM,
con sus amarillentas llamas, alumbra·
bao a aquel aogel muerto.
Roda roo dos gruesas lágrimas r or
mis mejillas y ;volví a mis cavilaciones.
Había entrado la uocbe. Todo se ha·
Haba sumido en profundo silencio, que
sólo interrumpía de cuando en cuando
el ladrido lejano de algún perro o el
lúgubre graznido de una ave nocturna .
Hasta mí lleg..ba muy perceptible el
olor de gardenias, las amigas de los
muertos. que seguramente se marchita•
bao también, clavadas a una corona
para formar el último atavió de aquella
criatura que se iba.
, · •A mi alrededor había algunas 1Duje·
res; cada cara de aquellas se vela vela·
da,p9r !a tristeza •y en cada boc;,. se
cooteo!a un gemido que pronto había
de escaparse.
Hacia el fondo de la pieza se desta·
caba con líneas precisdS el mar-ce de
una puerta sobre la clara atmósfera
que comenzaba a iluminar la luna, y
de tiempo en tiempo atravesaba por
allí, como un fantasma, la figura de al•
11úo hombre que se paseaba por el co·
rredor meditando también.
Así pasó toda la noche, basta que el
alba de una mañana triste y apacible,
vino a alumbru aquella estancia donde
había dormido la muerte.
Despué~. cuando el sol estaba ya muy
alto, se inició la salida del cádaver; y
ya instalado el blanco ataúd en la ca,
rrosa blanca t;; mbiéo, partió el cortejo
maje• tuosameote, para llegar a la mo•
rada de los muertes.
iOh muerte implacable, tan vieja co,
mo el mundo y taa nueva siempre, lleva
entre tus brazo.s a los ancianos, pero oo
arranques la vida a esos seres que ape·
nas comienzan a conocerla!. ...
LUISA SIERRA.

,,e
FOTOGRAFIA ARTISTICA.- Cabe2a de estudio por

J. M. Lup. Guadalajara.

�COMPUTO DE VOTOS RECIBIDOS PARA

NUESTRO CONCURSO DE BELLEZA
Lucía Zabaleta . ........ . ..... .. . .
Xoch itl Ríos ...................... .
E lisa Martínez de Ca:;tro.. . . . ..... ."
Consuelo T oma len . .. ... . .......... .
Isabel Rabasa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .
Luz Vizcarra .. ....... . ... ..... .. . .
Guadalupe P ar&lt;!, .... . ..... . ...... .
Dolores Gaxiola. . . . . ....... .. . ..' ..
_Dolores 1turbide .. . .. ... . . . . ... . ... .
Concepción Hubio ....... .. ........ .
Paz García .... . ... .. . .. .
,sara García.. . . . . . . . . . . ......... .
Emma Antillón .... . . . . . ....... . ... .
Victoria lturbide ... ... . .......... . . .
•María de l.i Luz Pérez Gallardo .... .
Catalina P érez Gallardo ...... .. .

Desde la Habana
Para ARTE Y LETRAS.
Para los que alt'jados de la querida
pa~ria vivimos en esta liada auoque ca,
lurosa Perla de las Aoti llas, es a veces
un dulc: coosuelo, uo amable lenitivo
la 'llegada basta nosotros de los que com
p~tieroo oue~tros momentos de vida
ioteosa en la Ciudad de los Palacios,
qqe tantos atractivos tieoe para los que
hao sabido forjarse no ambiente agra,
dable eo donde la alegría deja deslizar
su, cascada ioagoiable de sonrisas.
·Eofrente de mí, en la mesa de café
atiboro~da de vasos y tazas apuradas,
ecitre el reguero de las cenizas del ci ·
garro, es en esta vez, Eduardo Aroza•
mena, el amigo siocero de siempre, el
que me escucha mis remembranzas de
aquella feliz existencia; es el impecable
ar•t ista el que ha traído auoqoe no sea
más que oor 110 minuto, el diario aje•
tr~o de mi vida bohemia, es la patria
la: que llega hasta mi eo su risa fra¡,ca,
eq su cooversacióo aoimftda y ameoa.
Arozameoa viene de Europa. De Pa·
rífl De Londres! De Berlíu! De Bruse•
la,sl De Madri.d! Y viene satisfecho a
juzgar por su i.ofit1gable charla que no
sa¡be cuando teodfá&gt;puoto de rr poso.
,.-Naturalmente que París, será lo
que más te agradó ?
-Paris!-replica el oaoche, abrieodo

3+
30
25
'20
ll)

,~

IÓ
JÓ
J :i

l.j.
l.j.
l.j.

Luz Vieira ............... . ...... . . .
Eulalia García Cuéllar ....... . ..... .
lsabel Corona y Sánchez .l uárez ..... .
Paz Córdoba. . . .................. .
Eulalia López ~e~retc . . . .......... .
Carmen Monteverdc ........ .. ..... .
Concepción Fortuño. . . .... . ...... .
P az Luna Elguero .. ......... . .. . .. .
Car'ota Morán ................... .
.\na Elena Algara ................. .
Elena Plie~o. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
María Maucebo. . . . . . . . . . . . . . . . . .. .
Isabel lbargüengoi tia ..... . ........ .
Libia Zapata .. . ... ........... .... . .
Dolores Arcocha ................ , .. .
Javiera Parada ................. . .. .
Rutb Rabasa ...................... .

mucho sus enormes ojos.-iOh París! ...
Pero no creas, hay de todo Además, se
mieote mucho, aotes de ir a Europa so•
ñamos con faotásticas cosas qoe oueslra
imagioacióo conserva de legendarias fá·
bulas de la ciudad lnz; cocottes, apa·
ches. crímenes, champagoe .... qué sé
yo. Y no, no es eso, París es mucho
más!
E d uardo g~sticula en este iostaote
querieodo expresar sus verdaderas im•
presiooes de la eoorme urbe; pero oo
puede y me cueota muchas cosas Ele
Bruselas, de Berlio, de Loodres y de
la gracia de las ioglesas.
-No son tan sosas, "maoitn," como
oos cuentan. ¡Me dan una rabia esos
embustes! Las inglesas? !Adorables! ¡Pi•
carescasl ¡Atrayeotesl
-Y de Madrid? 1Te gustó Madrid?
-Ya lo creo Estoy eoc•otado; y so·
bre t,do muv agradecido. No podré ol,
vidar j ,más la acogida franca y hospi·
talaria de aquel Madrid! y aquellos au·
torPs! Mira!
Y sacáodolos de oo bohillo abultadí·
simo, me enseña libros dedicados de
Beoavente, Casero, Perrín y ?alacies.
Carta del maestro Looa, recuerdos ca,
riñ01os de Lleó Qué se }Ó! El bolsillo
de Arozameoa es uo a rseoal rle "sou•
veoirs. i Es su vida eo les madrilesl
- l Y" con qoé obras debutaste?
-Con "La Tiraoa," de Martíoez
Sierra. Híce también esa noche " La
Corte de Faraoo" y "La Verbena de la
Paloma" bajo la direccióo del milestro

13
13
13
12

9
9

8
7
:i
4

+
3
3
'2

Bretón. iNuoca olvidaré los aplausos
de ese público cariñoso, quids los más
agradables de mi vida de artista.
-Y ahora? IA México?
-!Qué se yo! Dicen que está aquello
terrible!
-La política, me atrevo a iosinuar.
Las desmedidas ambidooes ....
-Qui1a. La politica . .•. To::ngo uoas
ginas de que esto concluya, Si sopieras
1~ tristeza que da ver la o¡ ioióo, que
por estas cootieodas bermaoas tieoeo
los extranjeros de nuestro querido Mé•
xico.
- lY ... ... ?
Ante esta indiscreción del crooista,
que en su implacable afán de informa·
cióo se atreve a defceoder hasta lo ío·
timo y recóodito del amigo. El oaoche
se pone triste, rn alegría momentáoea y
desborda ote eo que París se agitaba, se
agota y sin querer, su imaginación ba
vuelto a la eterna y dolorosa existencia
del verdadero vivir .... Del amor ..... .
De las mujeres . ...
Quizás dentro de su alma combatan
eocootrados seotimieotos de románticos
cariños y deberes sagradcs.
Respeto su silencio y levaoláodome
lo abrazo estrechamente y eotooces,
abrazando a uo compatriota y a un com.
patriota que es un camarada, me siento
más mexicaoo.
Nuevamente sus ojos recuperan el
brillo de antes. París bulle de nuevo
entre su rorazóo y su cabeza.
CARLOS M. OHTEGA.

~I Carnaval eo Mérida.-Vieodo
pasar
de la Carroza
premio en el eoncurso.r
·
e la comparsa.-Uo
J
L detalle
F
. . Real.' primer
.
,,.a misma carroza,,.- arro e arr6o&gt;- a ortaleza.--Una ori~1nal victoria eoflorada,

�~=============.::===============~

IL

los amantes, y entonces ésta no tiene
más remedio qne hacer creer al testa•
rudo papá que María de las Caodelas
ha tenido un pequeño desliz con su Ro·
meo .... ¡la cólera del papá llega al pa•
roxismo, y en vista de esta circumtancia
coosiente en el casorio; pero héte aquí
que sabe que han tratado de tomarle la
cabellera, y entonce~ se rehusa da nue·
vo, hasta que María de las Candelas,
fastidiada, coosuma de veras el rapto,
huye con su novio, y entonces D. Justo,
aterrado ante la idea de que Asunción
siga las huellas de su hermana, consien·
te en la boda de ésta, y después en la
de la otra; sin contar con la de D. Sao·
tns de la Santera con Doña Salomé,

d

TEATRALES

!Señores! ¡vaya un sábado de verdadera gloria que han tenido los teatros
de esta soberbia "urbe"-latiza!-hoy hace ocho días bien contaditosl eran,
en esa noche del sábado, y conste que no aludo a la obra del gran D Jacin•
to, ríos de gente los que se encaminaban a los sitios donde están ubicados
respectivamente los coliseos de la Capital. ¡Como que los elencos publica·

dos días antes, promdían graodes cosas y g ve•
dades a graoell hasta el Colón anunciaba en sus
multicC1lores carteles que había ll(DOCE SEíil'O·
RES CORISTAS. DOCEIIII y ante semejante no•
vedad el público boqniabierto, exclamando: ¡Do,
cel caray! cuay!"
Y la verdad es que han quedado muy guapamente todos los teatros en esa noche de sus de·
buts .. . . Las obras estuvieron perfectamente ensa·
yadas y sabidas, y sobre todo en los teatros de
drama se notó en seguida que habían tenido tiem·
po sobrado para estudiar papeles y ensayar la
obra que los dos coliseo,-eontinúa la desastrosa
competencia-presentaron al público de la metró•
poli. Pero entremos en materia.
Como llevo dicho, el Mexicano y el Ideal, estre•
naron '!n esa noche "La Fuerz,¡_ del mal" de Li•
nares Rivas. Obra es esta muy inferior de mérito
a otras del mismo celebrado autor, y que no tie·
ne más que el aiálogo qtJe sea digno de elogios,
y eso haciendo punto omiso de ciertos chistes, que
parecen traídos de los cabellos, y de los cuáles el
público se ríe porque no digan. El argumento de
la comedia se puEde resumir en el dicho vulgar
nuestro: "si no por la buena, por la mala" y efec,
tivamente .... Don Justo tiene dos hijas, María de
las Candelas, audaz y arrebatada, y Asunción
tímida y . sumisa; ambas tienen novios, es decir su novio cada una, y las parejas desean co
mo es natural, recibir sobre sus cuellos el
yago matrimonial; pero Don Justo se empe•
rra en que no, y no, a pesar de los ruegos y
las artimañas de Doña Salomé, protectora de

Personajes y escenas de &lt;La Fuerza del Mal&gt; estreno
3el sábado en el Mexicano. Fots. Tostado,

&lt;La Fuerza del Mal&gt; por la compañía del Ideal.
Fots. Tostado.

quien se muere de gubto al ver que su viudedad
va a tener un térmico, aunque no sea precis;imeo•
te un joven quien se la quita. Este es en resumen
el ar_gumento de la obra de Linares Rivas, que,
repelimos, no es de lo mejor que ha producido el
autor de ''El Abol~ogo" y " Como buitres". La
i~terpretacióo, inmejorable, gracias a que hubo
tiempo bastante para estudiar a conciencia la
comedia. La Sra. Grifell nos presentó una Doña
Salomé-soberbia, de cuerpo entero, admirable,
mento comprendida y representada. Emilia del
Castillo y Mercedes Navarro, encantadoras y celebradísimas to sus respectivos papeles de Ma•
ría de las Candelas y Asuu¡:ióo: Emilia Otazo
muy bien C?mo s\empre; Coss muy aplaudido y
con gran vis cómica en su personaje de Don
Sa~tos de la Santera; Cervantes dando un grao
r_eheve a Don Justo, y Ricardo Mutio, compar,
hendo con sus compañeros los aplauscs del pG.blico en su papel de novio.
El Ideal, al poner en escena la misma obra
no caminó con taota fortuna como el Mexicano'
pues la comedia resultó algo deslucida ... ¿ten:
dría algo qué ver en esto, los vientos de fronda
que soplaron sobre el coqueto teatro de Dolores?
vientos de fronda que se llevaron entre sus re•
molioos,-y vaya si se oecesitafuerzal-al insigne
Don Francisco Martíoez de Bajaoda, (a) Bar,

�~~======

~~======
Mi Señor Don Quijote pasa en vela
noche estival, conmigo, en mi aposento,
donde parece que se agita y vuela
como un ave gloriosa, el pensamiento.

Mi Señor Don Quijote, sólo anhela
sus fuerzas reparar, y su armamento,
para ocupar la frágil carabela
que a la orilla del mar se mece suave
-como antes de volar se agih el ave En esta breve estancia se respira
un perfume sutil de paganismo,
y flotan los aceotos de una lira
que ha cantado al placer, cuando suspira
por un viejo y azul romanticismo., , ...

lialoca ?, ..... porque
el activo ex·repre•
sentaote de Maria
Luisa Villegas, no
muestra ya su faz
de cosaco, oi sus
barbas emborrasca•
das, ni su sombrero
sobre uoa oreja, en
el vestíbulo del
"Cosmetic Theatre''
como dirla mi ami·
go el diminuto Sr.
Chamaco Longoria.
Una e~c~na de
B1rbaloca, el terror
y el coco de los
aprecia!&gt;les caballeros los revendedo•
res, se ha retirado, mejor dicho, lo han
retirado. a la vida privada .... privada
de ré clames, de programas, de bojas de
gastos y de listas de nóminas! y eso
cuando se preparaba a darnos a cono•
cer una traducción suya, del francés,
(,!) como nos dijo una noche en. el es•
cenaría del Principal! !pero el Señor,

y a fé que no le cos
tó gran trabsjo te•
nieodo en cuenta
los magníficos ele·
mentas de que abo·
ra puede echar ma•
no. Pau abrir boca,
se puso en escena
la obra "!Si yo fue·
ra rey!" que en dos
actos conoció el pú·
blico, hace ya tiem·
po, en los teatros
Principal y Llrico;
&lt;El Gran ~impático&gt; por la compañia del teatro Colón,
con el arre¡tlo en
Fots. Tostado.
ua acto, quedó la
en sus altos juicios, tuvo misericordia obra perfectamente. y así pudieron los
de nosotros, y no permitió en su gran artistas lucirse en ella. Carmen Caus·
sabiduría, que D. Paco perpetrara un sade se presentó en dicha t bra y las
crimen de lesá literatura, con premedi- ovaciones, los aplausos y las flores,
tación, alevosía y ventaja, y cuyo des· amen de las dianas, no escasearon du·
enlace hubiera sido el de cinco tiros rante la representación.
por el delito de asesinato proditorio!
.
o oo
El Principal triunfó en toda la linea,
ALBERTO MICHEL.

En el hogar el fuego se consume,
mientr35 flota el acento y el perfume
por el pequeño espacio gris .... lastante
de honda meditación. El caballero
que acompañara al débil Rocinante
ha tomado unos libros de mi estante
y leído a D'Annunzio-el hechicero
que en versos de tersura de diamante
ha puesto la tragedia de la vidacomo un rayo de luna
que a través de una gota de rocío
manda su imagen brilladora, en una
hebra de luz, al voluptuoso río ..... .

Y el ilustre manchego, el caminante
eterno de los siglos, aún no alcanza
descifrar el enigma de Violante
ni el postrero y augustioso instante
en que le dice "adiós" a la esperanza.
-(Oh, gran D'Annunzio! exclama. Qué
(torturabas puesto ea tns princesas, en las locas
que miran por la tarde a la llanura
con el alma transida de amargnra,
como águilas enfermas desde rocas .... !
IY no pueden volar! Violante muere
su espíritu embriagando con perfume:

Y, Anatolia que te áma y que te quiere
no te puede s,guir y, se consume,
mientras sus senos vírgenes, de rosas,
como aves prisioneras
sin sentir las caricias voluptuosas
de alegres primaveras,
se ajan al soplo del invierno impío
y, la serpiente azul qne recorriera
aquel nido de amor, hoy tiene frío
Y en el breve pezón de vida pleno
expira entre el encaje del corpiño
sin que su sangre, fecundice el seno,
iSeno henchido y fecundo que debiera
alimentar la boca de algún niño!
!Oh, D'Anounzio, prosigne Don Qnijote,
aunque socorro al pobre desvalido
nunca seré para tu gloria azote,
porque eres grande, y luminoso has sido!
Y has sido luminoso, hasta en la onda
pérfida del dolor, que se resbala
de los labios paganos de Gioconda
hasta el alma de Silvia de Setalla!
!Oh, gran D'Aa nunzio, estela victorioso
ni tome~ en mnJeres los molinos
ni turbes el reposo
de mis pobres y alegres campesinos,
con el oro brillante de tus mieles
y las gotas de sangre de tus vinos
-que profanan la albura en lo~ manteles
No a Giocooda, la Dianti voluptuoss
lleves al pedestal de Dnlcinea;
ni a Francesca De Rímini gloriosa,
ni ª Hipólito, ni a Blanca, ni a Panthea ..
Y has que Alligi de mí, huya ligero,
Y retorne de nuevo la esperanza

porque, Señor, no quiero,
que Alligi se convierta en escudero
usurpando su pnesto a Sancho Panza!
Y, conmovido, Don Quijote, vino
hacia mí, dejando en el libre:,ro
de D'Annunzio las obras. IQue divino
parecióme el andante caballero!
1Qné divino, al mirar en sus pupilas

brillar la incertidumbre,
al dudar, que yo paso las tranquilas
veladas juveniles, a la lumbre
de un constante deseo .. . .. .
al dudar del placer voluptuoso
que me produce, si a D'Annunzio leo
delirio delicioso . . .. !
Que divino el manchego me parece
cuando creélo que mira y se entristece ..
Porqne en mi estancia breve se sus•
(pira
un perfume sutil de paganismo
y, flotan los acentos de una lira
que ha cantado al placer, cuando res(pira
por un viejo y aznl romanticismo.
Por que en mi breve estancia
luce su desnudez la cruenta Dnda,
y, en un lecho de mármol, su fragancia
parece despidir Venus desnuda
hasta el pá fido azul de la distancia.
Mi grata expectación duró un instante
y aún que ha tiempo murióse Rocinante,
vino a mí D Jo Q aij ote, coa la freo te
quizá preñada de un pensar doliente;
tocó mis hombros con oervio,a mano,
con la otra mostró el confín lejano
do aguardaba la frágil carabela
y murmurólle "adiós ....;idiós, pagano;
tú que tienes alas de cóndor, vuela
y lleva hast1 el azul tu pensamiento!"
Y, alejóse después de mi aposento
donde noche estival pasaba en vela ....
De pié lo conlemplé,sólo uu momeo•
(to
sobre la carabela gris. El viento
de aquella embarcación rizó las huellas
y como ave de luz, mi pensamiento
perdióse en el confin, tras las estrellas!
México, s~ptiembre

II

de

1912

JULIO A. MU~lZ

�REMINISCENCIAS
Para ARTE Y LETRAS.
Ea el gris invernal de esta mañana
Mientras la lluvia llora persistente,
Azotando glacial e indiferente
El pálido cristal de mi ventana,
Mientras la queja triste y dolorida
De una lánguida musa callejera
Llega a mí, presagiante y agorera,
Me he puesto a meditar sobre mi vida.
Y en plácida calma silenciosa
De mi alcoba, romántica y sombrosa,
He vuelto a ver mis glorias de otros días,
Y ea su recuerdo, grave y misterioso
He hallado, como bálsamo piadoso
El consuelo de mis melaacoHas.
Oh mi primer amor!. ... Esa discreta
Vírgea de suave y frágil hermosura!
La que ~upo saciar con su ternura
Mis ansias de amador y de poeta!
T enfa los ojos garzos!. ... Los ca bellos
Dorados como campo de trigales,
Cuántas veces mis manos sensuales
Posároase feoriles entre ellos! ....
Cuántas veces, las flores de sus labios
Endulzaron los !olimos resabios
De mi tristeza, lóbrega y sombría,
Cuando al poner su alma candorosa
Ea la esencia de un beso, temblorosa:
No sal:&gt;es cnáoto te amo! .... me decfa.
o o o
En la prisión gloriosa de sus brazos
Halló refugio mi ánima vencida,
Y el rito misterioso de la vida
Supo cumplir, en los ardientes lazos
De mi pa!.ióa selvática y bravía! ....
Flor amante y preciada, que el destino
Puso al borde sin luz de mi camino
Como un consuelo a la tristeza mfa!
Por qué la amé? .... Por triste, por hermosa,
Y luego ... . yo no sé .... la misteriosa
Razón que ea el transcurso de un segundo
Hace a un hombre sentir amor sincero,
Me hizo adorar!.., despreciando al mundo,
Me hizo caer gritándole: Te quiero! . . ..
o o o
Murió de amor sin exhalar un grito
Como un ave herida entre la bruma? ....
Se perdió, como un sueño que se esfuma
Ea un atardecer del infinito ?....

No sé. De mi memoria dolorida
He borrado ese ep!logo doliente,
Y una página blanca, cual su frente,
Es su historia ea el libro de mi vida.
Y en el gris invernal de esta mañana,
Mientras oigo llamar en mi ventana
El grito persistente de la lluvia,
Me he sentido cantor de mis dolores,
Y he escrito la odisea de mis amores
Coa nna virgen misteriosa y rubia! ....
F. DE FUENTES Jr.
México. 1914.

Primavera

•

~

~=-=========Pá====gi===na====s===fem====e="==i===na====s===Jf!J:::....::::;;._r2
La estación será u na estación de taf ·
feta: así lo declaran los corresponsales
parisinos al tratar de las telas que apa,
recen como favoritas de los grandes
modistos.
Pero los nuevos taffetas son sedas
~uaves, finas, que pueden oprimirse
fuertemente, arrugarse con la mano, sin
que sufrar, por semejante tratacieoto,
y ª! verse libi:es, recobran su tersura.

No se ven ya las telas brillantes, tiesas,
de aspecto quebradizo, que antes lleva•
bao ese nombre.
La tela moderna bautizada así, tiene
más bien la apariencia del chiffon en
su aspecto y calidad, y es tan suave y
flexible como el crepé de chine. Lo hay
de color unido, y de fantasía, en listas,
en cambiantes, florP.ado y a cuadros.
En algunas de estas novedades apare•

ceo colores nunca vistos y combinacio
nes de tonos verdaderamente fascina•
doras.
Parece que la tela listada es la que
tiene más aceptación hasta ahora. Hay
taffetas listados en tres o cuatro colores
diferentes, siendo las listas de igual an·
cho, y de ordinario, una de ellas es de
color oscuro y las otras de colores cla·
ros.

Para ARTE Y LETRAS.
A la Sra. Dolores Zald!var de Altamiraao,
Asómate al balcón; ya no hay neblinas;
El invierno pasó coa su dolor;
Están de vuelta ya las golondrinas;
Ya revientan las rojas clavellinas:
Ea el prado hay murmullo~, hay amor.
o o o
Asómate al balcón; que la tristeza
Huya de tí coa emoción feb r!l ..... .
La vida su aostálgia despereza ;
Primavera se llena de belleza
Perfumando el risueño mes de Abril,
o o o
A~ómate al balcón; canta la fuente
Su himno triunfal y arrebatador ;
Muy fresco y oloroso está el ambiente;
Ea el prado, ea el bosque ya se siente;
Un efluvio dti vida y de calor.
o o o
Ya ves como se viste de colores
Naturaleza en su entusiasta afio;
Como vuelven los pájaros canoros;
Como se abren de nuevo tantas flores
Y las brisas de invierno ya no están.
o o o
Ya ves como de fro01fas la enramada
Se viste y al pasar
Por el huerto la brisa perfumada
Los capullos revienta y hay ea cada
Nido murmullos de cantar.
o o o
Que se aleje de tí tanta tristeza;
Asómese al balcón tu ansia febril
Y verá como está Naturaleza:
Se ha vestido coa toda la belleza
Que le ha dado el galante mes de Abril.
BENJAMIN ORTIZ·
México, Abril 3 da 1914.

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�Sombreros y tocados vistos en
París al principio del
Verano.

En los oscoros, domina ;el verde oscuro tornaslfado de rosa:e1 negro con
tornasol carmesí o azul. Otros tafettas
tienen las listas mateadas muyvagamen•
te, presentando un aspecto curioso y
coando se combinan con encajes finos
o gasas de color, unido el efecto es en•
cantador.
El tafetta se emplea también con telas

gruesas y s~ obtiPnen así
cómbioaciooes muy chic. Un
traje muy e!Pgrnte para ca•
lle, es de sarga y hffela
azul oscuro. La falda de sarga,
tiene ua tableftl de tafetta ed
PI delantero, que es ancho de
diez centímetros ea el bórde
rle la falda, y se enargosta a
terminar ea punta en la cintura. La falda está dra·
peada, plegándose a la espalda. El
saco es soelto, especialmente a la es·
palda, y se pliega en la cintara dentro
de ua cinturón ancho de charol fino, de
color verde vivo. El chaleco, de ra•
tina a cuadros negros y blancos, está
colocado 1obre los delanteros del sacc.,
y a la altura de la cintura tienen un
botón al que se abotona el cinturón. El

chaleco baja cinco centímetros a cada
lado, y el saco lleva faldón cortado en
punta a ambos lados del delantero.
Las mangas estilo kimooo,llegan arri,
ba del codo, y de ellas sale una manga
interior de tafetta muy plegada en la
parte interior del brazo; en la boca,
manga llevan un ruche del mismo la•
fetta. El cuello es vuelto, de lino blan,

Dijes y utensilios de moda:

�co, y terminado en picos sobre los hom,
b:os.
El sombrero que acompaña este traje
está hetho con ala de paja negra muy
ajustada sobre la cabeza, y copa de tafetta negra; dos plumas largas y delga•
das atraviesan la copa a un lado, y están
sujetas al ala con un cabuchóo de cueo•
tas brillantes.
Muchos de los grandes modistos, por
ejemplo, Beer y Callot, están haciendo
toilettes de tafeta en colores liios. adornados con guirnaldas de florecillas de
seda; y estos trajes no son para soirée:
son para tarde: conciertos, tés, gardeoparties, etc.
Un modelo de Callot tiene la falda
de tafetta de color azul mate; la falda,
muy angosta, se abre en los costados y
terminada con un plegado de quince
centímetros de aoc;ho. Abajo de la ro ·
dilla, comienza el adoroo, que es de
guirnaldas pequeñas de flores de colo·
res vivos, sujetas c'oo pequeños moños
de tafetta, al estilo antiguo, esto es, dos
hojas y dos puntas de~flecadas
El corpiño es sumamente suelto, estando abierto eoterameote en el delao•
tero sobre un plisado doble de tul. Las
sisas son del tamaño ordinario y las
mangas aju~tadas, terminan en el codo,
siendo la bocamaoga algo amplia. Un
plisado de ta'fetta la termina. el que de •
ja ver otro interior de tul. El adoroo de
las mangas está hecho de guirnaldas de
florecillas exactamente como las que
adornan la falda. El cinturón es de ta,

fetta, angosto, anudado a la espalda y
cayendo en dos hojas hasta el borde de
la falda, terminadas por un plisado de
la misma tela.
DELIA.

CORRESPONDENCIA CON LAS LECTORAS DE "ARTE YLETRAS''

ALHAJAS
•

Compro, Vendo y Ca'llbio
M-IGNON: Le conviene aplicarse es•
ta loción:

dando a ganar diner-0 a

Oxido de zinc, poro ....... . 1 onza
Glicerina ........ ........ I dracma
Agua de rosas. . . . . . . . . . . . 4 onzas
Esencia de rosas .. . ...... . 15 gotas

mis clientes.

Primero, mezcle usted el zinc con la
glicerina, vertiendo ésta gota a gota y
mezclándola con una espátula; cuando
se ha formado uoa pasta suave, ésta se
diluye un poco con el agua de rosas y
cuando todo esto está bien mezclado, se
agrega la eseocia de rosas. Se agita la
mezcla y se aplica con un lienzo suave.
M Z.: Es mucho más elegante el papel de color unido, con un monograma
sencillo, grabado en tinta de un tono
más obscuro que el papel.

"Alhajas de Ocasion"
''la Clsa que se fundó con este nombre. n

Compro Caro y Vendo Barato.
Infórmese Ud. cómo!

''Al Todo de Ocasión."
JOSE ALVAREZ. · .

Daniel lnGlán.
Av. Bolívar 23. (Antes Coliseo 1)
MEXICO, D. F.

S. Francisco 37. México.

DELIA.

Antes de casarse
abra Ud. los ojos

- - - -- - -

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ALFON-SO X111

y vea en qué lugar puede entontrar, etonomizando
su dinero, todo lo netesarlo para su matrimonio.

Nosotros podemos ayudarle a descifrar ese problema

En papeles blanco y orozúz.
Marca reformada de cigarro, de

E.L BUEN TONO, S.

si nos pide nuestros Gatáloyos:
De Trajes y Equipos para Novia.
De Sastrería para Caballero.
De Ropa Blanta para Señora y de ArtíGulos
para Caballeros.

A.

Grandes Premios: París 1_900.-St. Louis Mo. 1904
Proveedores de la Real Ca'Ja de España.
E. PUGIBET Director General.-México, D. F.

El Importador, S. A.
s~CapuGhinas.

MéxiGO.

•• ,-w -

• rrmz77ZTT-· a:

- mrammJDa--::m·e w z

=

�Compañ.ía Petrolera

GUAUHTEMOG, S. A.
Capital Social Aut~rizado: $750.000

México. D..F .
1

'

.

'

Esta Compañía rindió ya su informe
a la Secretaría de Industria y Comercio, la que contestó lo siguiente:
"Sección Administrativa." - Hoy
se recibió en esta Sección y queda
registrado bajo eJ número 2695 del
libro correspondiente a la Sección
de Industrias de esta Secretaría, el
escrito de Ud. fecha 1&lt;? del actual, el
cual se ha pasado a esta última oficina, piira que por ella se comuniqu~ a Ud. oportunamente la resolución que se dicte. (Dé datos de la
Compañia que representa).

· ..
_,.

México, Abril 3 de 1914.

El Jefe de la Sección.
Al C. Pedro Méndez y Méndez.
CIUDAD.

Continuamos vendiendo acciones de la Compañía Petrolera Cuauhtemoc, S., A. al preclo de

UN PESO.

en nuestras oficinas.
AGENTES

1

GENERALES DE VENTAS DE VALORES

Avenida San franGisGo 2, Jardín Guanliola.
Teléfono Eritsson 82-20.
Apartado de Correos 1360

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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