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                  <text>Registrado coma artículo de

Segunda Epoca.

2~

clase, el

26

de Febrero de 19r4.

Sábado 25 de Abril de 1914.

Tomo 1.-Núm. 1O.

EN EL CAMPO, FOT. DE ARTE POR MU NANA.

�de ello t ienen los de,;ver~o:1za- c1de11tes a cual ma; iJetios y condos yanques que creyeron em- movedores.
Un anciano, de ochen a años
presa lácil el manchar la playa
de Veracruz con el polvo inmun- de edad, llegó a la oficina el
miércoles llevando de la man" a
Si publica tod'lS los sáb~rios por la do de sus piés.
El alma nacional ha dec;perta- dos mozos de unos vein te y veinCía. rcrlodístlGa McxlGana, A.
do, y, con un solo g ri to ex pre-a ticinco años, respect•viimente.
su odio reconcentrado hacia quie- &lt;Señor, dijo, ya soy muy viejo,
DIRECTOR:
nes han cometido el espantoso tengo ochenta años, y no esto.v
J. M COE L LAR.
crimen de lesa civiliz'lción, de ya capaz de comhatir, pero aquí
GERENTE:
leso sentido moral, de penetrar están mis dos hijos, hágame el
MIGUEL LANGARICA.
en son de guerra al territorio de favor de filiarlos para que sirvan
OF ICINAS:
un país que les ha permitido te- a la Patria.&gt;
U na madre, al ver pasar una
3~ Riocoo'lda de San Diego 41.
ner sus buques dentro de un
manife~t
ación patrióti,·a, eleva
puerto en son de fingida am:sTeléfonos:
en
el
airea
su hijo, de cuatro años
tad .
Mex 20-85 Nd ri.-E ric. 1 4-51.
Y así, las proezas de nuestro de eda,J, dice: ~Lástima hijo qne
Apartado postal 45 b is .
valeroso pueblo nos hacen recor- no ~e:is ?Ún homhre, para que
MEXICO, D. F .
dar ya el hermo!'o verso de V~- vengaras e l ultraje a tu Patria.&gt;
P RECIOS
El pueblo que es capaz de talarde q ue dice, modificado por
Ej~mplares sueltos . . . . . . . . . . . 20 cs.
le,;
::tetas no está muerto, siente
las circunstancias:
Sub~cripción, trimestre .. .. . .. 2 50
en
la,;
venas correr una sangre
E xtranjero, trimestre.. . ....... 5.0 0
viva y ardorosa, y de ninguna
con excepción de Estados Unidos y Cu•
&lt;Cuando en "mexicaoa&gt; tie rra
ba, ea donde regirá el mismo precio
manera sufrirá qne nadie, sea
&lt;Extraños pasos se r,yeroo,
que para la República,
quien sea y tenga la fuerza que
e Hasta las tumbas se 'lbria, o
tenga insulte imounemente la
c G ritaodo veog,oza y guerr a &gt;
NO GIRAMOS
bella patria que nos ha dado el
TO DO P EDIDO DEBERA VE NIR
ser
y de la que debemos mostrarCON SU IM PORTE.
Y ese g rito: Guerra y Vengannos
dignos hijo .
za, resonará en boca de todos los
No se devuelven ~ • iginales.
Y así -;erá, no lo dudemos ni
mexicanos hasta que el e~fuerzo
nacional haya hecho desapare- por un momento, hov más que
cer hasta el recuerdo del inmun- nunca mcstcaremos q ue no es
do insulto de que solo es capaz fal~o el juramento hecho en la
e~a alma ruin, gobernada por última estwfa de nuestro him ~o;
los q ue llevan en lugar de con- 110 en vano invocamos nuestro
ciencia y de corazón u11 saco de ca.,to patrio en estos días por las
calles, en las plazas, en los hocOigo Patria ,u , fl ccióo .... &gt; dólares, y que pasan por toda
indi gnidad y por toda desve r- gares y en todas partes donde
•
güenza
con tal de acrecen tar sus ali,:mra un pecho mexicano.
El horrendo crime1 se ha reaPronto
verá
el
m
undo
entero
lizado!. ... El hipócrita m estro capitales y satisfacer su sórdida que, como lo hemos jurado, ex·
de escuela que. a las órdenes de avaricia .
~o que se ha hecho es garan- halaremos el último alient,i en
la plutocracia yanqui. rigP. los
las ara-; de la Patr ia an tes que
destinos de un puehlo que mere- tía &lt;le lo q ue se hará; los alum- tolerar q ue •e mancille a e.;.L
cería a alguien más g, ande a su nos de la escuela naval de Veranuestra querida Pa· ria.
cabeza, ha tenido la felc.nia de cruz se cuhr ieron de gloria comordenar a sus secuaces que hue- combatiendo al gringo, y, a
J. M C.
llen con sus patas el santo terri- imitación de los gloriosos cadetes
to rio donde duermen las cenizas de Chapul te pee en 1847. han
·de nuestros padres, de nuestros dado a su patria un eterno mutiahuelos, de los fun dadores de vo de orgullo.
El patriota pueblo veracruzanu~stra raza, tanto azteca como
no, regando las calles desu puerlatina .
P ero, afort unadamente. la vi- to con s u sangre, y con la de los
ril idad de que tantas pruebas insoientes invasores ha justificahan dado esos a;,;tecas e iberos do una vez má5 que es dig,o &lt;le
que mezclando sus sangres die- vivir en una ciudad que se llama
ron origen a la nuestra, no se tres veces heróica.
Y, como garantía de que esos
h:i. extinguido en nuestras venas;
el glorioso empuje que creó la ejemplos no han de quedar sin
~oche Triste y el que hizo de- imitadores, en los registros de resesperar por primera vez - el ge- clutamiento se han inscrito más
nio militar de Napoleón viven de vein te mil personas en dos
aún en nosotros y buena prueba días, y a dia rio se registran inl NDICADOH

r;r_

Letras"
s.

♦

Crónica Social

•

Frente al Enemigo

Jnegos del campeonato de teonis
del Reforma Atbletic Club,
efectuados el domingo pasado.
En la elegante iglesia del Buen
Tono.
Flores, muchas flores, y bajo la
amplia bóveda, distinguidfsima con•
correncia apiñándose, barajándose,
entre hondas de perfumado incienso,
y efluvios de esencias parisinas.
Cuchicheos discretos, fuego graneado de sonrisas, murmi:llos admirativos,
saludos, apretones de enguantadas manos, felicitaciooes elegantes; Jagrimitas
que arraaca, más que el dolor, íntimo
e inefable gozo. , .... Y poco después
la aparición trinnfal de la novia, alba
como dulce paloma dispuesta al sacri•
licio, ocultando el leve temblor de sus
labios, bajo leves también, y discretisimos toques de colorete.
Entre la blanca espuma de tules la
novia, cual todas las npvias que el muo,
do han sidp, semeía un hada de ensue•
iio que apenas si envuelve una mujer.
¿Qué pensamientos, en huracanado
tropel asaltarán, en éste instante, el ri•
zado cerebrito de enamorado pajari•
llo . ... ?
Nadie ni el mismo dneiio de ese te·
soro, aprisionado entre blondas, enea•
jes, y gasa, serfa capaz de adivinarlo.
Ambos se hallaban conmovidísimos.

No tiembla menos la robusta mano
entrelazada, del caballero, que la de
so illconsútil damita solloiante.
¿Acaso el dolor es simbólico en las
humanas alegrlas?
Ciertameote: sólo él dolor es, padre
lt gítimo, de nuestras mayores dichas.
Por 'esó, intuitivamente, con esa di •
vioa intuición de la mujer, llora la novia.
P or eso tambié n ligera nube de trfateza oscurece la frente del novio.
. Ya están junto al Ara, celosa guar•
dadora del misterio.
Ahora la orquesta, con hálito munda,
nal, ejecuta selectas y delicadas melodlas, profanas, como con so armonfa
1iuisiera disipar el vaho mfstico de la
religión, sfmbolo de todos dolores, que
parecen anatematizar el amor humano.
Y se casan .. ....
Y desfilan los invitados.
Y queda vacío y penumbroso el tem•

plo, a ·solas con el Ara celosa guardadora del mito religioso ..... .
Y la crónica rotativera, groserota
Y- ramplona, como quien tiene baria
prisa, recoge lacónica la nota si•
guiente.
''El Sr . Dr. Abe) Ortega y la Se•
iiorita J nana Zaballa, se unieron en
matrimonio ayer, en la iglesia del
•·Buen Tono."
Un bello adorno . floral lució el tem·
plo. Distioguida y numerosa concurren•
cia se congregó bajo sus naves.
El matrimonio civil se efectuó aníe
el juez, Sr. Ceballos, a las seis &lt;le la
tarde, en la residencia de la novia. FiFmó el acta como testigos, un grupo de
amigos de consideración de losnovios."
,
Fuera, en la ru~oro~a alegria''de la
asoleada calle celebran también sus do- .
ratlas nupcias la tierra y el cielo: todo i
lo qµe vive y alienta fecundado por el
beso ae lo impalpable y eterno; traducido por el rayo de sol que convierw
eo·polvillo aureo el mismo poivó de la
calle . •....
E L C ABALLERO DEL VERDE GABÁN.

�tación del Señor Presidente de la
\

República, abrió las llaves del agua,
que brotó en hermosos chorros de

DEPORTES

los artísticos juegos dispuestos al
efecto.
El señor ministro de Comunica•

•

ciones, Lic. D. José María Lozano,
p:onunció una patriótica arenga que
llenó de entusiasmo a cuantos la es•
cucharon, como si ya presintieran el
odioso atentado qe que nos iban a
hacer víctimas los odiosos fúbditos
d~I prócer indigno de la Casa Blanca.
Es doloroso que tengamos que unir
a uoa neta de prcgreso y adelanto
nacional el sentimiento doloroso del
infame ultraje de los salvajes dtl
Norte.

Agua en
Guadalupe
Esceoas del concurso de tiro de
fa Asociación Nacional, efec•
tuado en Chapultepec el
domingo último.

Hidalgo
Desde el domingo pasa·

Lo que yo amo
A mi rubia amiguita

r

María González, la
de los ojos negros y
m1.nos impecables.
,PARA ARTE Y LETRAS

Amo la soledad porque allí existe
esa inmensa quietud que tanto ansio
amo el misterio de la tarde triste;
amr, -los cisnes del estanque frío.
Amo la soledad, amo el misteri:J
y esa &amp;anta quietud del ermitaño;
porque llevo en el alma un cementerio
y el coiltacto de los hombres me hace
(daño.
.
'Porque temprano, sin piedad me hiere
la loca humanidad con sus miserias;
me parece· que escucho el miserere
y qn_e siento la m11erte en mi, arterias.
Yo quisiera vivir en las regiones,
donde todo es bondad, doode se quiere;
donde viven de ambr los corazones
y el cariño en los hombres nuoca muere.

Para adorar alser quem~comprenfa
y que' sepa curar mi mll extraño;
y cual beduino levantar mi 'tienda
ansiando la quietad del ermitaño.

do cuenta la ciudad de

Amo la soledad. Porque allí existe
esa gran libertad que tanto ans!o;
cantos de cisnes en la tarde triste
rumor de alas Jel estanqne frío.

el nombre de la Villa, con

Guadalupe Hidalgo, tradi,
cionalmente conocidt con
una importantísima meje,

ra: agua potable de losma•
nantiales de Xochimilco.

ERNESTO PARRES.

El fausto acontecimien•

Hace ya mucho tiempo
que llevo en mi interior todo ese frío
que dejan las angustias
y las pálidas nieves del olvido ..... .
(Hace ya macho tiempo
(Inédita.)
que en esta soledad en donde vivo
Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt; se levanta el .peñón de mi triste;_a
donde se estrellan los ensoeño~ míos! .. ,
Vaga tristeza del amor, no vuelvas.
Mi seoda es larga. Por la paz que anhelo
Las nieves del destioo
.
he de olvidar aquel amor marchito.
ror,-.pieron rosas, marchitaron vidas
Si la vida es ingrata,
y apagaron ensueños con so f¡ío.
olvidemos moy prooto lo vivido.
Vaga tristeza del amor, ila' mucho
No fué el dolor estéril. So ira loca
que mi viejo jardío está marchito,
me tornó más sereno y pensativo:
qne mi afáo, como todo lo que es bello, me dió tranquilidad para escudarme
me dió un vago placer en el camino,
}' una dulce canción para el camino.
uria dulce tristeza en mi esp~i:anza
y una grata aosied¡i.d -en mi delirio.
-CESAR CAMACHO.

La CanGión del Camino

to se celebró dignamente.
El señor general den Ra,
m6o Coroca, en represen ·

0

La fuente del jardfn Juárez en la fiesta inaagural.-El estrado.cficial.-U110 Qll !o¡¡ !ieraldos ~ue lleva~o~
¡a J?ue!l! ?!leva IPda la ciudad.

ª

�~
~====~~
Saxe levantó la mano:
-Vamos señores, hay que dar lustra
a vuestros nombres!
Inmediatamente el cuerpo de ejérci•
to partió al son de los pífanos; en las
brillantes filas iban: El Delfin, Luis de
Nasau, Royal Pologne y Booffiers•Va·
llon, un enjambrP de oro entre flamas.
Era al terminar el día, la última car·
ga. Al empuje de los nobles brutos to•
do se doblegó. Pero, allá muy lejos,
donde no se les pedía ver. tras un ma·
ciso de viña, el cuerpo de Infantería
cVieuxfonds,&gt; regimiento famoso p&lt; r
haber sido balaceado por ooa carga del
regimiento Hesse, volvió la cara repen•
tinamente ... .
Entonces el perro de las derrotas,
cSálve,e quien-pueda,&gt; con so feroci,
dad habitual, desbandó las compañías;
rompió las secciones, las escuadras, y,
con las fauces abierlas empezó a cazar
hombres. Todo se convirtió en desorden. Una voz noble gritó en medio de
la confusión:
-!Reunión!
Los oficiales, llevados en medio de
la avalancha, hacían e~fuerzos inútiles
por detenerla; tiraban de las piernas,
de los brazos, arañaban las es;&gt;aldas.
-!Cobardes! eso es huírl
Un caballo sin gioete, laozado en la
multitud, acabó de completar el desor•
den. Por todas partes pasaba el fantasma; sus puños caían sobre todos los
blocs. No se veía más que brazos con•
torcionados, risas feroces! Como vicio•
nes feroces se veían garras amenaza·
dora~. Los bonetes de piel, las pelliz~.
los tricoroios, las ha chas, los fusiles y
las bandoleras volaban por t&gt;I aire en
desorden. Las manos se adelantaban
con ganas de asirse, aún cuando fu era
del viento, para huir má, de prisa!
, Eo un momento el camino se vió lle•
no de sombras; los fugitivos, ea medio
de la polvareda, pasaron ciegos, como
na ganado de becerros locos! Parali•
zado por la rabia, pero frío, con los
ojos fijos, so coronel los veía pasar y
volaba cabezas con naa:puotería asom•

brosa; cuatro eficiales, tan pálidos como él, le pasaban pistolas cargadas y él
disparaba. Era el coronel Vienxfoods,
el que había tocado los costados de la
gloria en Fribnrgo. El regimiento pa•
só a su lado, terrible, sin comover sieqoira a su caballo, volvió un recodo
del camino, notó la presencia de un
gran edificio de donde emanaba un
ambiente de paz y de silencio, e, ins,
tiol'ivamente se entró en él destruyen•
do a so paso puertas, puentes y todo
cuanto le estorbaba. Iomediatamente
cesó todo ruido en el camino .. ,.
El regimiento estaba atrincherado
de[¡tro.

- l Qué hacemos ahora? prt&gt;guotó el
conde. ¿Habrá que entrar?
Un oficial respondió lleno de cóle•
ra;
-Yo sería de opinión, señor coronel,
de que se debería sitiar la casa. Es un
antiguo convento de nrsulinas abando·

nado desde hace cinco años. Nuestros
hombres no tieden víveres, y se verán
obligados a salir. Entrar ahora, sería
tanto como ir a la muerte y sin prove·
cho.
-Entónces?
-Somos nueve. Nos alicearemos cer•
ca de la puerta principal, y cuando los
cobardes salgan en masa mataremos a
los más que podamos.

Los nueve hombres se iostalaroo co .
mo se había dicho, ataron sus caballos
a las columnas del portal y, llenos de
tristeza, se pusieron a contemplar al
ejército congregado prr las trompe·
tas ... .
Eran las cuatro. Las faofarriasebrias
de entusiasmo; los regimientos, pasaban
gritando alegremente, en medio de ca·
ñones y banderas para presentarse ante
el mariscal de s~ xe. Pasaron los regi•
mientas de Belzuoce, los dragones de
B3auffremoot, las compañías de Gra•

aaderos Reales, Todos gritaban al pa•
sar:
-!Hola! coronell
Y a los oficiales:
-He! señores! qué hacen ustedes
allí?
· Los nueve hombres levantaban la ca·
ben, la movían a uno y otro lado, y
la dejaban caer con des'lsperación.
-ICobardesl murmuraba el viejo coronel. Los ce bardes bao hnídol
Continuaba el desfile brillante de las
tropas victoriosas; los oficiales y los sol•
dados se empeñaban en relevarles en
sos puestos o llevarlos con ellos, pero
los oficiales ni siquiera los oían, conti·
nuabao ensimismados en su melanco·
lía; no oían risaf, llamados ni nada.
-Los cobardes! allí están. Pensar
que dos mil hombres bao sido capaces
de huír delante de su coronell Y ma•
ñanal In de Dios! Cuando el mariscal
pregunte ..•. U11 regimiento que lleva
so propio nombre ....
,....Hola, ¿en qué sueña u~ted st ñor
conde ?
El interpelado levantó los ojos y se
halló frente a frente con el marisclll.
Vieuxfonds estuvo a punto de echar·
se a sos rodillas e implorar el perdón
para so regimiento. Pero el marhcal
sonreía:
- Cansado como todo~. Hay que des•
cansar; esa fatiga del soldado es la me·
jor de las fatigas. ¿Y vuestro regimien •
to? No se rne ha dado aún el informd
de la jornada. Espero que Vieuxfonds
se habrá portado bien en este combate.
El conde se irguió, y un mormullo
sordo salió del convento para caersJbre
sus espaldas.
-Señor mariscal, mi regimiento .•..
-Habl_a d más alto, ccnde. Vntstro
regimiento ....
El coronel miró a las ventanas. Tm·
paciente de venga~za, con el corazón
lleno de lodo, se mantuvo erguido, y,
en voz alta, coo la seguridad de ser
oido por todos los soldados, dijo:
-Señor mariscal, teogo la pena d'l
participares un~ noticia que me llena
de ·duelo. Los valientes soldados pcr
quienes os dignáis interesares bao te•
~ido el honor de morir tedas hoy en el
combate por el bien de Su Majestad,
por el viejo renómbre de su valor, y por
la Francia.

se hizo un profundo silencio . . ...• tan
profundo que se oía el chasquido del
fuete del mariscal a uoa le11:ua a la re,
donda. El convento apareció estupefac•
to •. .. Y, bajo los puños de Saxe el ca•
bal:o dió un salto violento!
-lQnédice usted señor conde ? Muer·
tos tcdos?
-Todos.
-Mil quinientos homres?
-Mil quinientos.

vento.
-Regimiento de Alsacia, a mí!

"Alrncia," que se hallaba a unas cien
toe1as, llegó a grao prisa.
,-Tambores, las cajas a la sordina!
El mariscal estaba rejo:
-Oficiales! a vuestros sitios! Qué se
forme cuadro de honor! Los cañones a
los ángulos. Coronel, aquí al centro!
. Vieoxfonds se acercó. Y cuando el
regimiento de Alsacia se halló en for,
mación de parada, el lobo de Sexe
gritó:
-Tambores, a tocar bando!
Un redoble se levantó como un insul•
to ante la fachada del convento.

Cuando hobo terminado de hablar,

fonds, caídos tcdos en la batalla de
Rocoux, Por orden mía sus nombres se·
rán inscritos en lo~ cuarteles de Fran·
cia entera, y, durante un año, a la hcra
que se ponga el sol, los tambores glori·
ficarán sus nombres, como lo hacen hoy.
No queda más recompensa para los
muertos que el recuerdo de los vivos.
Dios los guarde y que la Francia los
admire. Tambores cerrad el bando.
Lo mismo que al principio, el redo•
ble se levantó como un insulto al con·

-En nombre del Rey! Paz y gloria'
a los hombres del regimiento de VieuxA

-A Versa lles, corooel.

Vienxfonds saludó. iióLko, feroz:
-Gracias pcr mis scldados, rr.onseA
ñor.
Temblando, escuchó el galope de les
caballos que se alejaban. El camino re•
cobró s11 tranquilidad, y, sólo los nneve
hombres permanecieron en sus puestos;
la noche empt:zaba a caer ....
Y Vieuxfonds se dijo admirado:
- l Qué esperan?
Rodeado de sus hombres miró al hos·
pital con ascmbro. Los hombres no se
bab,,íán movido ....
Vino la noche.
Ante la última luz de la tarde, Vieux .
foods se irguió nuevamente y se colocó
delante del convento como en actitud

�de desafío. El hospital pareció mirarlo
con ;u~· trcinta-ojos, p;ro-;;o~dijo
permaneció lúgubre y silencioso ..... .
Quieren huir durante la noche, pensó
el coronel. Los bandidos! habrán senti•
do remordimientos! pero aquí estoy y
los vigilo . . ... .
La noche pasó sin que ocurriera na•
da de nuevo.
Entonces, sintiendo vacilar sn razón
se preguntó el coronel si el hospital es:
tarfa vacfo, y cuando hubo luz del_dí~
rodeó el edificio para examinarlo; los
moros estaban intactos, lo~ hombres Je·
nfan que estar dentro.
-Ya tci sabré, permaneceré aquí has,
ta que tengan que salir.
Transcnrrió el dfa caluroso y vino l.i
noche monótona.
Vieuxfonds comió un pedazo de pan
que le trajo un soldado, bebió agua de
una fuente e interrogó al hospital, pero
el hospital guardó su secreto.
-E5 extraordinario, dijo un mayor,
n..da se mueve y, sin _embargo, s, diría
camo que está pasando algo dentro.
El segundo día pasó silencioso y se
unió al primero.
Al caer las sombras el coronel sintió
que se le escapaba la razón. El ayuno,
el espanto, todoº demolía su cerebro. E~,
cuchó, pero no oyó nada. Nada salía
del hospital más que el viento de la na·
da, el suspiro del vacío . ...• •De pronto
sintió que su boca se salaba como el
mar.

;;d~~

No pudo contenerse por más tiempo,
-Quiero, quiero entrar!
Al rui1o de sus pasos respondió algo
en el interior del edificio. Era como
un murmullo sordo de cólera. Vieux
fonds se detuvo repentinamente.
r ¿Qué pasa?
Fuera de sí, en medio de las tinieblas,
hizo un montón de hierba seca y de
paja y le prendió foego delante de la
puerta, y tomando parte de . esa bogue·
ra para alumbrarse co:1 ella, se adelanto por los patids y abrió tod1s las
puertas para facilitar la evasión El •ai:
re penetró por ellas, y, no hallando má5
que la muerte, murió a su vez. Nadie
salió.
.-Ohl dijeron !os nueve hombres a
la vez.
Y se estremecieron.

La aurora del tercer día alumbró el
hospital, pero náda se movió.
-Mañana entraremos, dijo Vieux•
fonds, de tres en fondo y con las espa·
das en la mano.
El medio día. La tarde. La noche.
Sófo se ofa como un rnmor que se iba
debilitando y que morfa.
'
El cuarto,dfa se oyó el mismo ruido.
Pero el coronel se· dijo:
-Seguramente es la sangre que me
fluye a los ofdo.i .... Y nadie se atrevió a entrar.

cuarteles de Francia ..•. y durante un
año, a la caída del sol, los tambores
glorificaban sn memoria.&gt; Lo que salía del hospital ya no era soplo de vida
era viento de muerte, nna multitud que
se pudría. En el interior del edificio
había"ocurrido algo sublime, algo he•
róico en medio de la vergüenza y el re•
mordimiento. Corrfa sangre por los pi•
sos, por las escaleras, y llegaba hásta et
gran patio •••• Y, como Vieuxfonds se
había quedado pensativo en medio del
camino, sin decir una palabra, envnel·

r

Como hermana
Como hermana y hermano
Vamos los dos cogidos de la mano ..... .

El quinto día hubo nuevos murmu,
llos: choques sordos como de fusiles que
caíar, después ..• • nada ... .
Pero el sexto día el viento atravesó
la casa convertida en criba, y un olor
inmenso de cadaver salió del patio. El
hospital olía a cementerio.
•
Enlences los nueve hombres com•
p :endieron . .. . . .
Una admir.ici_ó n muda los hizo acer·
car.;e unos a otros, pálidos de estupor
mientras que en el cuero de sus cabe·
zas su, cabellos se herizaban de horror.
· Recordaron las palabras del mariscal: &lt;sus no ubres serán inscritos en los

to en su entusiasmo, se vió una g(an
sombra que salía del patio del hospital
y que avanzó hacia él. • . .••
Era el alma. del regimiento.
-El mariscal proclamó que estáb1·
mos &lt;muertos,&gt; dijo.
Y, grave, aotes de borrarse para
siempre por el camino, la sombra hiz'l
oír estas palabras de orgnllo:
-Coronel, no nos esperes más.
GEORGES D'ESPAYBES.
&lt;Traducido especialmente
para &lt;Arte y Letras&gt;)

En la quietud de la pradera hay una
Blanca y radiosa claridad de luna
Y el paisaje nocturno es tan risueño
Que con ser realidad parece sueño.
De pronto, en un recodo del camino,
Oímos un cantar .... Parece el trino
De un ave nunca oída,
Un canto de otro mundo y de otra vida ....
¿Oyes ?-me dicP,s-Y a mi rostro juntas
Tus pupilas preñadas de preguntas.
La dulce calma de la noche es tanta
Que se escuchan latir los corazones.
Yo te digo: no temas, hay canciones
Que no sabremos nunca quién las canta ....
Como hermana y hermano
Vamos los dos cogidos de la mano ... • '
Besado por el soplo de la brisa,
El estanque cercano se divisa ..... .
Bañándose en las ondas hay un astro;
Un cisne alarga el cuello lentamente
Como blanca serpiente
Que saliera de un huevo tle alabastro ....
Nfientras miras el agua silenciosa,
Como un vuelo fugaz de mariposa
Sientes sohre la nuca el cosquilleo,
La pasajera onda de un deseo,
El espasmo sutil, el calosfrío
De un beso ardiente cual si fuera mío ....
Alzas a mí tu rostro amedrentado
Y trémula murmuras: ¿me has besado?
Tu breve mano oprime
M.i mano; y yo a tu oído: lsabes? Esos

y hermano
Besos nunca sabrás quien los imprime ...
Acaso, ni siquiera si son besos ....
Como hermana y hermano
Vamos los dos cogidos de la mano ....
En un desfalleciente desvarío,
Tu rostro apoyas en el pecho mío,
Y sientes resbalar sobre tu frente
Un lágrima ardiente ..... .
Me clavas tus pupilas soñadoras
Y tiername.nte me preguntas: ¿lloras? ... .
Secos están mis ojos ... . Hasta el fondo
Puedes mirar en ellos . ... Pero advierte
Que hay lágrimas nocturnas-te respondeQue no .&lt;;abemos nunca quién las vierte .....•
Como hermana y hermano
, Vamos los dos cogidos de la 'llano ..... .

ENRIQUE GúNZALEZ MARTINEZ.
Ilustraciones de Saturnino Herran.

�Se suspende nuestro
Concurso de Belleza
Las aflictivas circunstancias
en que se encuentra nuestra
Patria obligan a tod::&gt; mexicano
a dedicar sus energías a la tarea inmensa de salvar y desagraviar a e~a adorada'Patria.
Por lo tanto, considerando que
nuestro Concurso de Belleza
es extemporáneo en estos momentos, lo suspendemos por
todo el tiempo que duren las
aflictivas circunstancias actuales.
· · Damos las gracias más sinceras y exclusivas a nuestros

fOR EL HONOR DE LA PATRIA. - Maoife~tación pop~lar de protesta contra til ultraje del do 0
a nuestro honor nacional.
g g

lectores por el gran interés
que manifestaron por nuestro
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torneo femenil.

La venganza· del indio
Luis ....
A

DA VID

c. M ARTINEZ.
Mi buen amigo.

Era garrido y robusto. Tenía color
de arena y con pieles de leones forma•
ba sus vestiiiuras. Jamás un grito reper•
cutió más alto que su grito. Era formi·
dable y potente y se llamaba Luis .. . .
Panteista, adoró al sol y creyó en la
Naturaleza. Sobre la más alta y triste
de las rocas ,dijo sus oraciones:
&lt;Sol hermano, tú que con tus rayos
claros de lbz aurina, bañas las matas
de mi huerto y les das vida en los atar·
deceres claros y tranquilos, a los robles
de mis montañas, escúchame:
En mi hu~rto tengo un rosal q11e florecerá mañana, dándome unas rosas
que van a ser más blancas que tu luz,
como los fulgores 'de~ t_a hermana, la
luna; serán ...... como mis corderos.

Nuestra Publicación
Señorita Xocbitl Rios.
Una de las damas que más votos recibió en nuestro Concurso de Belleza.
Cuando tú beses el nuevo dia, se
abrirán ante tí . . .. no me las marchites,
sé benigno con ellas.
Y alzando los brazos, cara al sol y
empuñando las manos amenazantes re·
petía entre sollozos: c¡No me las mar·
chite~!" . . ................. . ........ .

.................. ····· .... . ....... .

........... .... ······· .. ······ .... ..
. . . ... Coronando los rosales como dos
mariposas inmóviles que estuvieran sobre ellas; las rosas reventaron con la
aurora. Con una gota de agua el sol
formó nn bello iris resplaodeciente en
los p~talos de las rosas ...... Después
cuando el s.ol rayaba con su calor abra•
zador sobre la mitad del cielo-azul
como una esmeralda-las gotas juntas
con el iris se evaporaron y las rosas

blancas-como sus corderos-se mar·
chita roo ........................... .

....... .... ...... . ······ ... ... .... .

La afrenta horrible causada a nuestra Patr1·a por el ·mvasor yanqui nos encon tró con lamayoría de los ~lementos de esta edición list_a para publicarla; sin embargo, el movimiento en defensa de la Dignidad Nacional, nos ha privado de algunos de los elementos
, ,
personales que inte-

'

. . ..... ... ······ ...... ··············
Con el carcaj lleno de flechas y ves•
tido con pieles de león, a la más alta
roca de las montañas, dando gritos a
intervalos, jadeante, iluminado por el
sol abrazador del medio día, el indio
Luis trepó. Apenas se le veía. Apareció
en la cumbre, hermoso, de cara al cenit, con los brazos medio abiertos, co•
mo un candor que se alista al vuelo; y
poniendo en la roca la rodilla y levan·
taudo la otra hasta su pecho amenaza,
dor y soberbio, empezó a disparar sus
flechas al sol que lo iluminaba ....... .

graban nuestros talleres y nuestra redacción .
Por estas razones nuestra edición ccnsta mio de Yeinticuatro páginas en vez de las treiot; y
dos acostumbradas.
En lo de adeJante, «Arte y Letras» se propone hacer una reorganización de todos sus elementos, que la ponga en estado de responder a las exigenc;ias del momento y proporcionar información amplia que satisfaga la justa a nsieda d pública.

l •

ERNESTO PARRES,

�ama ré siempre, siempre, Eduardo mfo. Y diciendo esto fijaba sus
hermosos y negros ojos en los apasionádos de su amante, que
atrayéndola a sus brazos le decía: Sí, Edelmira mía, todo Jo sé y
la comprendo; tú me amas, y esa es la úoica ilusión de mi alma
que te adora. Olvida eso8!temores y sé feliz con mis caricias. El
no vendrá, nada. temas a mi lado, que yo te defenderé. En último
caso, moriremos jua'tos, como estamos ahora, y estrechándola coaIra su pecho besaba su frente, loco de amor, ébrio de paiióo.
Largo rato permanecieron ambos amantes en el más completo
silencio. Oyóse el chasquido de un beso y en seguida un ayl desgarrador que partía del lecho, Infame, infame!-gritó una voz
rooca y lleno de ira-cara pagarás tu traicióo. Me has abandonado por este ladrón, Edelmira, pero ¡ah! ya que no eres mía, tam,
p~co serás de ese infame.

VENGANZA....
Para «Arte y Letras.&gt;
A MA RIA
El frfo era intenso y penetrante. E l cielo estaba triste; nubes
plomizas le cubrían, sin que un rayo de sol brillara a través de
su densidad . Las hojas secas de los árboles resbalaban sobre el
camino imp~lsadas por el céfiro de la mañana. Todo era si\en·
cio, interrumpido a vec.;es por el mugir de las reses que, aglome·
radas en el corral, buscaban entre sí el calor que no les brinda•
bala átmósfera. En medio de aquel paisaje estaba situada la hu•
milde casita del montero. Bajo su alero crecían fragantes marga·
rihs, hermosas dalias y altivos tulipanes. Las palomas se besaban
~ilenciosamente y los gorriones trinaban alegres como si implora•
ran del !Ol una caricia. Todo, todo era calma en aquella pobre
choza. Solo allá, eu el interior de ella, gemía sin consuelo, con
la desesperación en el alma, el infeliz Juan. En su pecho se libraba en aquellos momentos una batalla terrible. Lloraba su fe.
licidad perdida; la más abominable de las traiciones; en el fondo de su corazón latía un dolor sin limites. Edelmira, aquella
hermosa mujer de ojos negros como el abismo que se abría entre
ellos; aquella mujer por quien luchó contra el destino; por quien
sufría resignado las crueldades del trabajo, Jo había engañado;
había hecho girones so honor, su fé de hombre honrado. (P obre
Jnanl Ya para él no había encantos; su herida manaba sangre.
En su cerebro germinaba una idea terrible, amenazadora. El se·
ría el rayo que heriría de muerte a la infiel que despiadada le
sumía para'siempre en el mundo de la desgracia. A su oído una
voz repetía teuáz y constante: ¡Venganza, sólo venganza!

-Juan, no)o mates-dijo ella con acento desgarrador y suplicante, pu~sta de hinojos a los pies de su airado e~poso-no lo ma•
tes, que él es mi dicha, mi encanto!
-También tú lo eres mía, mujer ingrata, y él te arrancó de mis
brazos para arrojarte en los suyos. Morirá, sí, morirán los des ...
La mortífera hoja de la daga brilló siniestra,.amenazadora, hun,
diéndose sin piedad en el corazón de Edu~rdo. ¡Dios mío, Dios
mío,-exclamó Edelmira en un arrebato de pasión, ~i,razáodose
al cadáver~ moriré a tu lado, Eduardo mío, sin tí pr.ra nadaquie·
ro la vidal
Un nuevo golpe se siotió.

T EATROS DEL SABADO. -ldeal.-La Joerga o María de las Mercedes. -Fots. Lupercio.

({

El infeliz se revolvía en su estrecho recinto, como león que ru ·
ge enjaulado y que busca alguien en quien hacer una víctima.
La noche tendía ya su manto sobre los campos. Ni una estrella
adornaba el firmamento. El cielo eshba sombrío como las ideas
que se agolpaban acaloradas en la mente de Juan. Veloz, como
el pensamiento, montó en su cal:allo; la hoja de su daga brilló
siniestramente en la obscuridad; sintióse el galope del brioso cor·
cel, y el infeliz Juan desapareció llevando en el alma todo un
mundo de odio y de venganza.

.... .. .. . . .. . . . .. . ... . . . . ... ... ..... . . . . . .. . . . . .....

Juan, loco, con la faz dese,ompuesta y el cabello e n desorden,
sintió su alma borriblementfi torturada, contemplando allí, a sus
pies el cadáver de su esposa. Viendo su venganza realizada, quiso
buír, pero una fuerza misteriosa le impedía la foga. Un frío in·
tenso se apoderó de todo su ser ; una angustia mortal invadió su
alma; abundantes lágrimas brot.ron :le sus ojos y cayendo de rodillas ante el cadáver de la perjura Edelmira, lo atrajo hacia él,
Y bi:sando su ensangretada frente dijo: ¡Muerta, oh Dios mío, qué
triste es la veoganzal
Un rayo de luz penetró en aquella alcoba, transformada en le·
cho mortuorio. Eran las cinco de la mañana. Juan despertó- como
de uoa horrible pesadilla; frotó sus ojos desesperadamente como
para convencerse de la r ealidad de tan terrible drama; se iocor•
poró en el lecho con la faz lívida y desencajada, buscando por to,
das partes los cadáveres de sus víctimas, hasta que pudo conven ,
cerse que todo aquello había sido una pesadilla horrible.

o

Una luz pálida y ténue j,luminaba la elegante alcoba, saturad1
la atmósfera por fragantes lirios y rosas que mustias aprisionaban
hermosos jarrones, Adivinábase alli, la estancia de dos seres ena•
morados. Suspiros y frases entrecortadas por la emoción inte•
rrumpían el silencio:
-Mi Eduardo, mi encanto,-decía Edelmira · estrec!:ando las
. manos de su amante con apasionada efusión-cuánto te amo
Prueba de ello es el abandono de mi hogar, pobre, si, pero bon•
rado. ¿Qué será de mi pobre Juan ? Temo, te lo confieso, a un
arranque de cólera de ese hombre que tanto me amaba, pero
bien sabes tú, amor mfo, que no fué el ideal de mi alma, Yo nunca lo ,amé. Me casé obligada por los consejos de mis_padres, pero
ú fnistes siempre el ser a quien yo amaba cou idolatría y a quien

-!afame-gritó Edelmira, como último esfoerzo de su vida, Jo
has matado a él y ahora me matas a mí, pero óyelo bien, tú te
vengas, y yo lo amo, sí, lo a mo, y a tí te odio, Juan , te odio con todas
las fuerzas de mi alma . . . .. . Su voz se extinguió; era un rugido
de cólera, y una maldición postrera que lanzaba a su desveoturado esposo.

Todo, en efecto, estaba en calma. La 'naturaleza sonreía y el
trino de los pajarillos se escuchaba a través del follaje de los ár •
boles que rodeaban aquella tranquila estancia.

LUIS G. CABALLERO.

"El pobre don Benito.'

eD

el teatro Mexicaoc.

�Para la Defensa Nacional

gato asqueroso como su dueña. !Bendito
sea Dios que nos libró de él 1
Dios, en efecto había puesto térmioo
a las tristezas inc'lmprensibles de Oso.
Un chicuelo llegó dicieodo:
- En el pozo ciego del huerto hay
una cosa blanca, como un conejo!
Fueron a ver. La cocioera, curiosa,
se iocliuó sobre el brocal y miró:
-Debe ser Oso, que ha caído.
-Hay que sacado-obsenó alguieo.
,-No, ya debe de haber muerto.
Se alejaron de allí y nuoca se supo
si aquella cosa blanca era efectivam~n·
te Oso . . ... .
CAR LOS WYLD OSPINA .

EN EL CAMPO
Tarde primaveral. ll;jo la eocioa
refrescamos las frentes sudorosas
después de perseguir las mariposas
que revuelan en torno a la colina.
Luego bebemoa agua cristalina
del riachuelo. Tú coges muchas rosas
y al hallar las más frescas y olorosas
canta tu risa alegre y argentina.
Reg11ame ese mirto que prendiste
en tu pecho, rogué cuando cercano
vimos al pueblo al pie de los alcores.

Partida de automóviles militares para la campaña contra el yanqui.

oso
Los chicuelos de la vecindad le lla
maban el Oso. Era un gatazo blancuz·
co y enorme, de aspecto reposado y de
movimientos llenos de una seguridad
tranquila.
Después de las clásicas aventuras por
azoteas y tapancos, regresó una mañana taciturno y golpeado; y, al verlo cru•
zar lentamente por el patio, gritó la
cocinera.
-Vean el Oso, está cojo.
En efecto: como un soldado qne
arrastrara con orgullo sus heridas, el
Oso, cojeando de una pata trasera, dirigióse sin hacer el menor caso de los
juzgones hacia una ventana, en donde
un ~ontón de trapos viejos formaba
una concavidad que como el lecho de
un mendigo inválido, le servía para to·
mar, en el verano, su matutino baño de
sol.
Desde entonces Oso padeció su lamentable cojera.

Nunca el gatazo traspasó en sus co•
rrerías el lindero de las vecindades: su
universo estaba limitado por las pare~
des de la antigua casa nativa y las azo•
teas vecinas. Su gloria veterana, su
bien conquistada gloria de macho, fué
adquirida valientemente entre sus com,
pañeros de vecindad, por la foerza y
la destreza de las propias zarpas.
Alli donde nació dt bía morir. Tal
como su~ nobles ascendientes. Era hijo
de una famosa gata, propiedad de una
viejecita a quien por caridad, se había
cedido un cuartacbo cercano al huerto.

Oso nació como nace un yerbajo en
el patio. Casi nadie dióse cnenta de
aquella nueva existencia. Sas berma·
nos fueron entregados en agenas manos
aún cuando apenas podían andar. Pero
Oso se salvó en fuerza de ser hosco.
Como si la luz del sol le molestase,
cuando tuvo el suficiente vigor en las
patas para corretear por donde se le
antojase, no salía de los más escaros
rincones del cuartucho; y la dueña
viéndola tan huraño y taciturno, le to•

mó cariño y por lástima lo conservó a
su lado.
Oso crecía. Una tarde subió al muro
limítrofe del huerto y quedó estupefdc,
to de las perspectivas que desde allí se
dominaban, del aire que libre y jugue•
Ión le acariciaba el lomo, de los perfumes de la yerba y los árboles frutales
y de aquella infinita claridad del am ·
biente apacible. Otro día se aventuró
más lejos ....
Después, su vida se dislizó como el
chorro de la fuente del huerto: monó•
tona y tranquila.
Envejeció. Tornóse cojo. Y se hizo
triste. Era de verlo en las tardes claras, mientras la viejecita de cabellos
blancos remendaba sns viejísimos tra,
pos, sentada en una silla de anea a la
puerta del cuartucho, llegarse lenta•
mente, cojeando a tomar lugar en la
canasta de los trapos por remendar.
Oso no tenía en el mundo más amigo
que la viejecita. Y la viejecita no tenía
más compañero que Oso. Se amaban
así como madre e hijo. Cuando ella le
acariciaba, O;o entrecerraba los pár,

Srita. Lily González Rubio, quien coenta con 40 votos
en nuestro concurso de Belleza.
pados voluptuosamente y sus pupilas
enignáticas y verdes como piedras de
hechizo, coustelábause de fu~aces y pe·
queñfsimos puntos de oro, como las
aguas misteriosas al cruzar por el cielo
una lluvia de estrellas errantes.
Se dijera que exislfan raras y pro•
fundas afinidades entre aquel gatazo
viejo y equella viejecita claudicante
cuya inteligencia era la de un niño.
Eran dos pobres seres indefensos y
buenos que el Destino reunió un día.
Ella fué madre y los hijos la abandona,
ron. El fué también padre y los suyos
lo abandonaron, como era natural. ...
Pero ni ella ni él s~ entristecían por
esto. U na intuición oculta, un sentido
lógico y frío 1es hacía saber que su tri•
bato a la Naturaleza estaba pagado y
que la vida ya no esperaba nada de
ellos. Eran despojos, escoria, sobras...
Y vivieron así. La viejecita remendaba
sus trapos y Oso dormía. El sol de su

existencia declinaba lenta y apacible·
mente, como en un largo crepúsculo
del verano, y como el hilo de agua que
mana todavía de la roca exhausta .. . .
Un día, la viejecita no salió a coser
sus trapos a la puerta del cuartccho,
frente al huerto. Y Oso no pudo ir a
ocupar su sitio en la canasta de los tra,
pos por remendar. La puerta del hogar
se conservó cerrada. El gatazo rondó
en silencio, taciturno, arrastrando su
pata enferma, lamentablemente ...... Y
había en aquel animal nostálgico una
inmensa melancolía que pesaba sobre
el corazón. Nadie se fijó en él.
En un ataúd de pino, también por caridad, se fué la dueña la ciudad ve•
tusta y silenciosa en que habitan esque•
lelos las pequeñas casas blancas .... Oso
no podía ir ali í.
Una mañana dijo la cocinera:
-Hace días que ya no se vé a ese

Tómalo, temblorosa me dijiste,
y al tropezar tu mano con mi mano,
tu semblante llenóse de rubores.

EN EL PUEBLO
Noche de luna. Se abre lentamente
la ventana y asomo tras la reja
tu albeante silueta que semeja
el perfil de una reína del Oriente.
t

Me ace~co a donde estás, pausada•
(mente,
y te expongo la causa de mi queja:
la honda inquietud que tu hermosura deja
sobre mi corazón de adolescente.
Sacudes los undívagos cabellos,
avivas de tus ojos los deatellos
y ¡il despegar tus labios tentadores,
me precipito a tí con ansia loca.
Y al oprimir mi boca con tu boca,
se despiertan en tu alma los amores.
PEDRO P ONCE DE L EON.

�Fulano, nos dicen · intempestivameo•
egoismos ha nacido la. Moral.- y del instinto geaési::o ea lucha coa el egóismo te, se murió_aaocbe de uo ataque cu·
ha oacido el Matrimonio Coaveociooal. diaco: ¿Sí? Contestamos. Me está do•
¿Qué es lo que hacen losnovioscuao· liendo esta muela.
do se tratan? Coapagiaar sus caracte·
Así como el más pequeñito cuerpo
res, eso es todo. El delicioso instinto , puesto a corta distancia de nuestra pu•
que une los sexos no quiere esas ante·
pila oculta una mole enorme pero dis·
' salas.
taate,' as! también nuestras más iosig•
Pronto nos acostumbramos al dolor niñcaotes molestias nos impiden ver el
ajeno, pero nunca ai nuestro.
más grand~ dolor que agobie a oue!tco
Sufrimientos propios que han dejado semejante.
su huella ea nuestra mente y una ima•
Sabemc,s compadecer mejor cuando
gioacióa viva, simpática, be aqul los
ningún mal presente nos ·asedja.
elementos de la compadón.

Pensamientos
Yo quisiera v1v1r una vida
honda, oscura; yo quiera tener
ttaa vida semejante a la de
esos bosques ingentes, porque
se bastan a si mismos compla,
ciéodose en su p_ropia bellezi.

El eotu~iasmo patrio.-Orador arengacdo a las multitudes en la esquina de avenida de Sao Francisco.

flores de Gampo
Hood~ coma el mar, escucho
De selvas la voz. Discurre
Y en los ámbitos magaificos se pierde
Como extraño rehihite ua aguilucho.
Entre montones de piedra
Que musgo verdoso muerde
Ea zig- zag incierto, escurre
Ua listón de obscura yedra
Como ua hilo de agua verde,
Paz augusta ea las praderas,
Ea el aite olor a inciensos,
Y entre rocas, aopaleras
Como pólipos inmensos.
El sendero q ue perdura,
F inge huella que grabaron
Las costeras de un encino
Que, desde la selva obscura
Hasta el valle melaucólico arrastraron.
Vedijas aca:rmioadas
Rehusan, &lt;lisemiaadas,
Llegar al sol que aún resiste
Y opulentamente arde ....
Yo estoy muy triste. tao triste
C:;mo tú, di~io~ tarde!. ...

... . . ... ' ......... .. ... ............. .

Penumbra
A la noche obscura y fría
Abro el balcón y eoj:ni freo t ~
Siento que la fantasía
Si escapárase ardería
Cual llamarada fulgente.
Entre penumbras un puente
Como·grillete que ansía
Esclavizar la corriente
Que desgrana su armoa!a
Quieta y misteri0sameote;
Ea la calle una jauda
Sin amos, y ea el ambiente
Pardo vencejo... Sería
Una moldura del puente
Que a la hondonada caía?...
¡Maldito el astro luciente
que alumbra la brega impía _
De dos hermanos! Doliente
Se oye una queja sombri:i.:
-!Oh Patria, la Patria pía!
Y en tul de melancolía
Callada, calladamente
Se arropa el ánima mía! ....

. ... ······ .. .... .... ... ..... ... .. .. .
ABEL C. SALAZAR .

Como el aire, la verdad es de todos y
tenemos derecho de asarla, aoaqoe no
hayamos sído nosotros los afortunados
descubridores.
Eso ya se ha dicho! Es cierto señor
petolalite; pero es muy distinto &lt;decir&gt;
a verdad, a &lt;sentir&gt; la verdad y obrar
paralelamente.
·
Repetimos Jo que otrcs han dicho pa
ra que al atravesar por nuestro estilo
la V,l!rdad sea sentida y la consiieremos
como cosa nuestra y teoga. en coose·
caencia, fuerza propulsora de acto~.
Los peasamieotos son como granos de
sal que d,ben dejarse disolver en la
calma de la meditación
Cuando un hombre de talen•o habla,
los de abajo, no sabeo sino escuchar la
masa de sonoridad que en torrentes se
desborda de esos labios anunciadotts
de la verdad y del misterio.
. Exigid a los escritores originalidad
ea el sentimiento y ea la imaginación,
pero nunca en la inteligencia. Comprrn·
der debe ser para todos los hombres
que piensan una operaciéo plebeya;
seotir, imaginar es una aristccracia.
No porque se concluya pronto ua li•
.):,ro se aprende más.
Las meras lectoras no sJ11, como ge,
neralmeote si, cree, instructivas, puts
no cultivan realmente el espítitu; mu
el exordio de la educación y del saber;
ellas por sí mismas no crean más que
hombres fatuos y mediocres y por aña,
didura habladores impertinentes.
Hay ciertos venenos que hacen creer
a los individuos que los toman que son
poseedores de una fuerza muscular ma•
ravillosa aunque estos sean naos mise·
rabies famélicos. Lo mismo pasa con la
simple lectura. La lectora guia, des·
pierta anhelos de verdadera cultura,
eogeodra sanas resoluciones, pero no
forja el espíritu.
El egoismo es la nebulosa de la in•
conciencia convertida en astros iadivi•
sos que giran eo torno de ese grao as•
tri seotral que se flama Sociedad.
Las almas son como los astros, esféd·
cas, y así como termina el astro ah!
donde termina su curva, así termina el
alma ahí donde termina so egoirn10,
Sentimos pavor cuando al contemplar
la naturaleza humana observamos los
espacios siderales de las almas. Entre
alma y alma hay más distancia que ea·
tre los soles que llenan el infinito.
¿ Por qué se condena tanto el egois·
mo? Por egoismo.
El individuo bumaoo está en pugna
constante contra do'.sgraodesmounstros:
la Especie y la Sociedad, y esta pugna
deriva de uo solo principio: del Egoismo.
Del egoísmo en lucha con los otros

Fotografía Artística

1

Retrato de la señorita Carmen Galindo, en l-hapullepec, estudio por Antonio
Garduño,

�Mochas veces hacemos oo bien para
evitarnos un mal.
1Qué son los celos? La expresión
más dolorosa del egoísmo.
Todos los actos buenos que de los de•
más vengan hacia nosotros los conside·
ramos como debidos, como justos; y to•
dos los actos malos que de nosotros va,
yan a los demás, igualmente, los consi•
deramos como debidos, como justos.
1Acaso no tenemos derecho de vivir?
Con frecuencia oímos decir: &lt;Es un
buen hombre, lo estimo, le be ofrecido
mi amistad&gt; ..... , Y lo verán fenecer
de hambre-si por desgracia cae en la
penuria--eon la mayor sangre fría, ex·
clamando con énfasis dramático: JOb
ciega fortuna, cómo haces padecer a
los buenos! ••....
El dinero representa la vida, con su
feroz abincamiento de persistir; y, be
aquí por qué nos ofrecen todo: amis,
tad, aga!ajos, servicios verbales, aten•
cioues, pero dinero jamás.
"Cuidado! Jcuidadol Es muy peligro•
sala enfermedad que usted padece." ...
1Por qué abrirán tau to los ojos y darán
ioflexiones funerarias a so voz las per·
sonas que así nos hablan? Seguramente
no es para que no bagamos locuras,
pues bien saben que es incurable uues·
tro mal.
·
1Cuando os dan una mala noticia no
observais como un ttmblor alegre y la
voz conpoogida de nuestro oficioso in·
ter locutor?
Cuando nos hablan con mocho cariño
nos extraña tan insólita coodocta y bus·
camos la causa. Y tras largo hueco des·
cubrimos que, o uoa buena digestión o
oca forzada soledad, o la próxima solo•
ción de una dificultad, o las necesida·
des del sexo, u otras necesidades, son el
motivo de esa sonrisa halagadora, del
eupeqoeñecimiento de esos ojos por el
placer, y de la susurrante y acariciado·
ra frase.
Suprimid las necesídades y soprimi ·
réis el amor en todas sus formas.
Nos hacen confidencias nuestros ami·
gos, 06 porque las traigan a nosotros
sino porque ellas vienen a nosotros sin
permisión y contra la voluntad de nues•
tros amigos.
No~otros, a la verdad, no nos expli •
camos por qué dicen que hay maldad y
vicio. Esto aebe referirse, segurmen·
te, a los americanos, puesto que no ha·
mos visto nunca un culpable que no se
crea inocente.
Veiamos una vez una representación
teatral cuando nos vino a las mientes
esta involuntaria preg!)ota: ¿si no bu·
hiera espectadores habtía función?
Y, ahora, al ver la comedia humana nos
preguntamos si las acciones de los hom·
bres no tuvieran público ¿habría Orgullo, Vaoidad. amor a la Gloria?
Si quitáis la vanidad, Jcuántas almas
se ¡¡uedaríau harapientas y tiritantes de
friol
Muchos de nuestros placeres serían
iocolo~o11 a no ser porque la vanidad
les presta su efímero tinte. Más aúo:
muchas veces dolores reales'se convierten en placeres sutiles por 09ra de la
maga vanidad.
No caminamos en la vida con la vista

fija en nuestro fin, sino que intranquilos vemos por todas partes observando
si nuestra marcha, si nuestro cuerpo,
agrada a nuestros espectadores, olvi•
dando que el libre andar es más delei•
toso que cualquiera sonrisa aprobato·
ria.
¿Tenéis dinero?-Bueno, pero He•
néis talento? Dinero sin talento es como
linterna sin luz. 1Objetáis que tenéis
muchísimo dinero? JHombre, y qué im•
porta si con todo el oro del mundo no
se compran los gratuitos placeres del
sabio? Lo más que podéis hacer es re·
llenar vuestro estómago de exquisitos
manjares y calentar vuestro cuerpo con
sedas. 1En qué os aventajáis a los bo·
rregos merinos?
Muchas gentes se enorgullecen de su
orgullo vacuo.
Si queremos formarnos idea de Jo
que realmente es la mujer, hagamos
abstracción de nuestro sentimiento r.mo
roso.
La mujer no puede ser más que "mujer;" todo concurre en ella a la femenidad: desde la forma de su cuerpo
hasta su inteligencia y sentimientos que
no saben girar fácilmente en otra órbita que la del amor.
La madre, ya no es la mujer, es un
ser extraordinario que realiza el predi,
gio de vivir sin vivir en ella.
La mujer como amiga es insigoifi·
cante, como novia muy grande y como
madre, inconmensurable.
Novia, esposa, madre. He aquí los
tre(eslabones que encierran h, vida
entera de la mujer. El primer eslabón
está !Jecho de luz, de armonía, de per•
fume; el segando es de acero y el último de magnanimidad, desinterés y sa•
crificio.
La mujer es perversa: le agrada ha•
cer sufrir, aprovecha las mínimas oca·
sienes para suscitar el celo en el aman·
te y el desabrimiento en su coogéne•
re.
Susana, qué manchada estás, qué en•
flaquecida; dícele Isabel con fingida
pesadumbre, pensando en la frescura
sonrosada de su propio rostro y en la
morbidez envidiable de su propio cuer·
po.
Isaura se toma con abandono del bra·
zo de un su amigo y sonríe mentalmen·
te al imaginar la mueca amarga de sa
novio o pretendiente que camina detrás
de ella acompañando a la madre o a la
hermana.
Nosotros reimos de muy buena gana
caando observamos un rostro de mujer
detrás del albayalde, del polvo, del carbón y del cosm~tico
Raquel dejó de · querer a sa novio
porque asaba calcetines colorados y
porque, desgraciadamente, una vez al
srntarse, dejó ver un remiendo en el
pantalón y un agojerito blanco junto al
remiendo.
, •
JY no obstante, la mujer es capital
en nuestra existencial La vida 'para
sentirla hondamente, es necesario vivir
en la mujer.
:Machas veces el aliento ha decidido
de la suerte ya en pro, ya eu contra de
la persona amada.
Pasada la época de la iogenuidad la

mujer estima a los hombres según so
~aber.
El hombre imagina comhioáciones
que en la naturaleza no existen ni exis•
tirán jamá5, y después, no sabfmos por
qaé raro estrabismo mental, confunde
Jo que piensa con Jo que existe y, he
aqui como él es quien ahonda y agran•
da la herida al creer en la Concordia,
la Paz Universal, el Amor Inextiogoi,
ble, la Pefección y la dicha iomarcesi•
ble.
Todo el esfuerzo de nuestra vida se
dirige a conquistar la ventora sin con•
seguirla; la buscamos por todas partes
y a todas horas; la buscamos en el mullido lecho, en la bien sazonada vianda,
en el vestido abrigador y bello, en la
casa amparadora y de buen gusto, en
la mujer hermosa y baena, el amigo
sincero, en la música creadora de sen•
timieotos nuevos, en í.. poesía-que es
música verbal-y en la filosofía inves·
tigadora portentosa de la verdad. Bus•
camos la ventura siempre: de niños, de
jóvenes, adultos y de viejos; buscamos
la ventura por todas partes y a todas
horas y así buscando no encoot ramos
más que la noche, más que el dolor,
más qae la maerte.\
Nada nos alegra de lo que nos cir•
cunda, somos unos desventurados pri,
sioneros que contemplan con ojos de
amor desde las rejas de lo que tenemos,
los países encantados de Jo lejano.....
Obsesionados por este nuevo miraje nos
levantamos. rompemos frenéticos la ca,
dena, avanzamos resueltamente hacia
donde se empica la misteriosa dicha y
al llegar Jtodo se convierte en aridez y
precipicios! Lo qae aotes era azul, abo·
ra es gris y un gris iotolerable que so·
foca, Jo que aotes se presentaba como
sombras del azul ahora son enormes
bocas que causan vértigo; todo ~ bí se
presenta horrible y desolador; sola meo•
te el lugar qae ha poco abaodooaaios
parece rtflejar la belleza que ncs atra·
jo a e~te engañoso paraje.
Poseer, es prenderse con garfios al
corazón todo lo qae es deseable al hom·
bre, ¡Cómo gime el que perdió su hacienda, su parque, su palacio, sus ca·
ballos, sus mujeres! .•..
Contemplar es rnpoior a poseer,
porque está libre de la pérdida y del
temor.
Siempre creemos muy distante la
muerte Jaún en la agonía!
Morir, ¡qué fácil y qué di[ícil ei;I
¿A dónde se fué la llama qoe hace
un instante con voluble y flexible mo·
vimiento iluminaba nuestro cuarto? Sólo observamos en nuestro torno tinieblas, y a nuestra atenta inquisición vie,
ne la certitumbre de que la lhma no
está en &lt;oingnoa parte &gt; A esto llama•
mos la &lt;muerte&gt; de la llama. ¿Por gcé
se empeñarán ciertos filósofos en que•
rer demostrarnos el absurdo de que
después de muertos vivimos?
Tac:ubaya, abril de 1914.
MIGUEL A. CEVALLOS.
Para &lt;Arte y Letras.&gt;

~

~

~~----======P---===á_g=====in_a====s--====f_e====m_e==="= n a====s====~
1===·

Las telas destinadas a la composición
de las toilettes de soriée son verdade·
ras maravillas; de una ligereza, de una
suavidad ideales, que favorecen delicic•
samente la caída armoniosa de los pliegues y la caricia envolvente de los
drapeadcs, su serloccióo se acrecienta
aun con· toda la mágia deÍ.color, siendo
muy puros los tintes predilectos de la
moda, opulentos y vibrantes, sin caer,
sin embargo, en la violencia y la dure·
za. El oro, la plata, el acero, mezclan
a menudo sus flamas en el iris de las
telas, ya iosinuándose en Ja trama y
formando grupos con ella, o bien deli•
neando sobre el fondo sedorn finos ara•
bescos o suntuosos decora des, pero man,
teniéndose siempre discretos y conser,
vando a su patina las suavidades exqni,
sitas de los antiguos orfebres. En estas
bellas colecciones de telas las preferen•
cias se reparten entre los crepés de
China, unidor, brocbeados o llameados;
el "crespón Falghali".semi transparente
y tan fino como la muselina- cbiffon; el
crespón gofrado Liverty, la Seda "Au'
rora" de reflejos múltiples que remedan
los del alba naciente; los velos estam•
pados con grandes dibujos aterciopela•
dos de colores diversos o del mismo
tono que el foniio unido o llameado; el
satín tornasol, el "Satín Aspbodele," las
muselinas de seda y los toles de todas
clases.
En la serie de ~asas y velos, se baila
una multitud de novedades entre las
que se hacen notar particularmente los
velos dispuestos, es decir, los que tienen
de un lado un decorado más o men~s
importante siguiendo la orilla y que de·
be corre_sponder a la parte baja y fer•
mar cenefa.
Estos tejidos se emplean atravesados
y h altura de la falda se mide a lo an
cho del velo. De aquí resultan infinidad
de convinaciones ex-:¡aisitas cayo efecto
es delicicso; en algnnas de esl3~ telas
el borde está forrado por dibujos a colores variados, cuyos contornos están
todos delineados en oro, y qae se acer·
can y entre-mezclan como Josfragmen•
tos de un mosaico; en otros, el borde
está hecho por un amplio dibujo de oro
plata, en relieve sobre un fondo de

Veit eo de razo füxible; túoica de muselina de seda; cuerpo
adornado coa fncajE; cinturón bordado con perlas.

·

�color distinto-y limitado por dos lineas
de anchos diferentes, Por ejemplo, ea
un velo bl_aoco, el dibujo bordado corre
sobre fondo amarillo coa listas azules
que forman el cuadro. Un velo gris hu,
roo lleva el bordadoa ea hilo metálico so·
bre fondo grosella otro, azul morioo,
tiene la franja verde Imperio brechada
de:oro.

"

A meoudo estos velos son de un sólo
color liso, armonizando deliciosamente
coa los tooos mates del bordado metá•
lico. En este orden, nada hay tau lindo
como los velos ajenjo, limón, rosa, azul
pálido terminados por un borde en oro
o plata llameados. Las muselinas de se•
da estampadas o pioladas hao tenido
también un éxito maravilloso y son de
una delicadeza y frescura exquisitas.
DELIA.

SECCION DE CORRESPONDENCIA
CON LAS LECTORAS DE
&lt;ARTE Y LETRAS.&gt;
Mari Mari es una rubia de cabellos
tao pálidos que desea obscurecetlo~.
Las subtaocias grasosas obscurecen mu•
cho el pelo, así como tónicos que con·
tengan fierro. Pero le daré aquí una
fórmula creo le será útil, obteniendo
con ella ea poco tiempo, el resultado
que desea. En tres litros de agua se po•
neo ciocueota gramos de té verde y
cincueot1. de salvia seca. Se dejan que
estos tés se remojen ua poco, y · luego
fe ponen a hervir hasta que los tres li·
tros queden reducidos a dos, Se cuela
o filtra el cocimiento, y se deja reposar
doce horas, embotellándolo. Para apli•
cario, es preciso que la cabellera esté
perfectamente limpia y desengrasada,
y enteramente seca. Se hace uso de un
cepillo pequeño, humedecido en el co·
cimieoto, y frota odo los gajos de pelo.
Puede hacer estas aplicaciones todas
las noches.
o o o

Lapita se lamenta de que los queace·
ras e 1~ero1 le pooen las maoos ásperas
y desea una fórmula para blanquear•
las y suavizarlas. Una locióo prepara·
da de•la sigaieote manera, le será muy
convenieote:
Acido láctico .......... dos onzas
Glicerina.. . . . . . . . . . . . . una onza
Agua de roza ..... , . . . . . media onza
Se humedece ilo aieozo suave en es·
ta loción, y se pasa1 por las manos va,

Para que los pet.:es se hallen coofor·
tables, necesitan un litro de agria por
cabeza, y es preciso no cambiar la cla•
se de agua; esto es, si están ea agua de
pozo, ponerles agua de pozo cada vez
que se les cambia; si es agua de estanque, renovarla coa ésta ea la pecera.
En el verauo es preciso cambiarles agua
diariamente, ea el invierno basta ha•
cerio cada tres o cuatro días.
Otro punto importante, y que es pre•
ciso no olvidar si se desea qu! los peces
se mantengan en salud, es que no deben
estar en la solana. Muchas perscoas co·
locan la pecera cerca del Ibalcón o de
la ventana, o bien ea el ccrredor, don•
de da de lleno la luz. La luz fuerte es
sumamente perjudicial para los peces.
La pecera debe ser : bastante profunda,
tener algunas piedras que ofrezcan un
refugio a los peces.
Al cambiar el agua en la pecera, es
preciso hacerlo con cuidado, para no
lastimar a los peces; y de vez en cuan•
do, conviene frotar el dorrn y costados
de los peces, metiendo la mano, perfec•
tamente limpia, dentro del agua y p,saodo los dedos coa suavidad por el
cuerpo del pez.
Cuando hay necesidad de sacar los
peces, debe hacerse con cuidado, pues
la salida brusca del agua al aire, les
ocasiona distención de la vejiga, y esto
puede causarles la muerte.
DELIA.

Grupo de tres trajes para calle o paseo, elegantes y prácticos a la vez,
coa sombreros de última moda primaveral.
Traje de recepción de taffdta, que se puede hacer ea colores claros
como azul o salmón.-Hermoso traje de taffeta también coa
adornos de listón ea un matiz más obscuro que la
tela del vestido.-Traje propio para calle
hecho de serge ea colores obscuros

rias veces al día, Por la noche, aplica
ciooes de grasa sobre las manos, perfectamente lavadas, enjugadas y secas, las
suavizarán. Coovieote usar guantes pa•
ra dormir; los de algodóo, bastante
grandes para que no opriman la mano,
son los mejores. Esto evita que la grasa
manche las ~áb,nas y almohadas.

,,,.

DELIA.

El cuidado de los peces de colores
Mucho se ha generalizado ya entre
nosotros la pecera, colocada ea el corredor, ea el recibidor o ea el hall. Pe•
ro coa frecuencia ocurre que los gra,
ciosos pececillos cesan ea sus covimieo•
tos, se van al fondo de la pecera coa el
vientre vuelto hacia arriba, y despué~
de uoas,cuantas convulsiones, mueren.
He aqul algunos consejos relativos a

los cuidados que hay que tener coa ellos,
para evitarles enfermedades y aun la
muerte; los peces de colores atendidos
debidamente, suelen vivir siete y aún
diez años.
Los encargados de los. acuarios no
dan alimento alguno a los peces durante
cuatro meses: de Noviembre a Febrero.
De Marzo a Mayo comienzan a darles
alimento parcamente, y sólo una vez por
semana. Durante el resto del año, los
alimentan cada tres o cuatro dlas.
No conviene darles migas de pan
porque las substancias que entran en su
maoofactura no siempre son· buenas pa·
ra los peces. Lo mejor es darles galleta
desmenuzada, :mosco, yema de huevo cocida y desmenuzada, y un poco de be·
rro picado fino. •
Cuando aparecen manchu en los cos•
!ados y dorso de los peces, hay que su•
primir enteramente el alimento durante

algunos días, hasta que esas manchas
hayan desaparecido; y cuando nuevamente se les suministra comida, reducir
la ración a la mitad o dos terceras partes de la que se les daba cuando se observaron las manchas.
Para qne los peces se mantengan sa•
nos y en condiciones higiénicas es in•
dispensable que tengan suficiente agua,
Cuando la pecera es de pequeiiás di,
meosiones, poco profunda y demasiado
extensa en la superficie, los peces se
enferman, porque la provisión de oxígeno ea el agua es insuficiente si son
muchos para todos. Pasa con ellos exac•
tameote como coa las personas: si hay
muchas aglomeradas en una habitación
estrecha, poco ventilada, sobreviene la
asfixia1,y se dan casos en :,que, si no se
recurre violentamente al aire libre, al•
guoas personas mueren por falta de
aire.

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E. PUGIBET Director General.-México, D. F.

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CUAUHTEMOC, S. ·A.
Capital Social Autorizado: $750.000

Méxic.o, D. F.
Esta Compañía rindió ya su informe
a la Secretaría de Industria y Comercio, la que conte•tó fo siguiente:
ºSección Administrativa. 11 - Hoy
se recibió en esta Sección: y queda
registrado bajo el número 2695 del
libro correspondiente a la Sección
d~ Industrias de esta Secretaría, el
escrito de Ud. fecha 1 &lt;.&gt; del actual, el
cual se ha pasado a esta última oficina, pilra que por ella se comuniqu~ ¡a Ud. oportunamente la resolución que se dicte. &lt;Dé datos de la
Compañía que representa).

México, Abril 3 de 1914.
El Jefe de la Sección.

Al C. Pedro Méndez y Méndez. CIUDAD.

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�</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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              <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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