<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="4451" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/4451?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-31T01:29:20-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3011">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/101/4451/Arte_y_letras._1914._Vol._1_No._11._Mayo._0002012421.ocr.pdf</src>
      <authentication>4744a2799460b185702d273293195890</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="119652">
                  <text>R igistrad:, c oml artículo de

e, Segúnda Epoca.

2~

clase, el

26

de Febrero de 1914.

Sábado 2 de Mayo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 11.

1.--;~==_.j

LIRIOS. - ESTUDIO ARTISTICO POR HANS.

�•
INDICADOR

.\bundio Martínez. Y no es que
estimemos a Abundio como un
genio musical; estamos conformes en que no inventó teorías
Se publica todos los sáb;,.dos por la
nuevas sobre composición ni soCía. Periodíst!Ga MexiGana, A.
bre armonía; aun es más, creeDIRECTOR:
mos firmemente que no supo haJ. M. COE LLAR.
cer el debido uso de las teorías
Gl!Rl!NT!!:
existentes, pero eso no obsta paMIGUEL LANGARICA.
ra que creamos que ern digno de
OFICINAS:
mejor suerte el hombre que ha3a Riat:oaada de San Diego 41.
bía dedicado la mayor parte de
Te léfonos:
su vida a expresar, en una forMex. 20-85 Neri.-Eric. 14-51.
ma más o menos imperfecta, la
Apartado postal 45 bis.
inspirnción de nuestro pueblo diMEXICO, D. F.
luida en una infinidad de compoPRECIOS
siciones, la mayoría de las cuaEjemplares sueltos . . . . .. . . . . . . 20 cs. les obtuvo gran favor entre el
Subscripción, trimestre .... . . . 2.50
pueblo, lo cual quiere decir que
Extraoj~ro, trimestre..... ..... 5.00
con excepción de Estados Unidos y Cu- reflejaba el alma de ese pueblo .
ba, ea donde regirá el mismo precio En la misma nota informativa a
que para la República,
que hacemcs referencia más arriNO GIRAMOS
ba, ha_v una listad~ las compoTODO PEDIDO DEBERA VENIR siciones de Martí nez, y seguraCON SU IMPORTE.
mente que no hay una sola de
No se devuelven originales.
ellas que no haya merecido los
honores de una gran popularidad.
Nos hemos figurado un vtaJe
de Abundio por las calles de M éxico en un o de los últimos días
No es nada nuevo ni raro, pe- de su vida. De todos o de la maro no por eso es menos doloroso. yoría de los pianos que existen
Desde que el mundo es mundo en la capital habrá oído brotar
ha sucedido que' el que dedica su fragmentos de sus composiciotiempo a ensueño" más o menos nes, hasta el punto de llegar a la
bellos, a impresiones artísticas ilusión de que sus melod ías flomás o menos altas, arrastra una tan sobre la ciudad como el alma
vida miserable donde aparecen metropolitana; su déb il cerebro,
a veces puntos fugaces en que predispuesto por la enfermedad,
brilla la glor ia por momentos, y habrá soñado en u n río de melomuere olvidado. despreciado y días que, saliendo de su cabeza
vejado. para que, con los años, como manantial se habrá ido exsi la labor es extraordinariamen- tend iend'J por las calles, por las
te alta, se aquilate y se estime plazas, por el aire, hasta formar
en un porvenir demasiado remo- un oceano en el que se han bato para la vida material, y si no ñado las almas que g ustan de la
es titánica, desaparezca en me- inspiración popular . de esa insdio del mar de las medianías piración que retrata nues tro caanónimas.
rácter &lt;le indios conquistados; en
Los soñadores no han sido la que se ve la melancolía de
nu nca hombres acomodados y el Netzahualcoyotl mezclada al sen esfuerzo hecho para elevarse un sualismo de los orientales y a la
poco y elevar al mi:=-mo tiempo indolencia que los españoles reciel medio en que se vive ha sido bieron de su contacto con los hisiempre el más ingrato y el me- jos del profeta.
nos apreciado.
Las danzas lúbricas . 1os val T odo lo anterior nos ha sido ses que quieren ser vieneses y
sugerido por la lectura de la no- que resultan tan mexicanos en el
ta in formativa en que se relata fondo, y esa multit11d de trozos
cómo murió el pobre mus1co po- bailables imitados de todas las
pular que llevó el nombre de músicas del mundo, pero que .

"Arte y Letras"
s.

La caída

tienen siempre el sello de nuestra
alma, habrán tcmado forma de
nuevo dentro de las circunvoluciones cerebrales que les dieron
origtn y , creído de aquella visión; sintiéndose autor de ar¡uella
invasión de harmonías habrá
perdido el sentido el pobre músico para ir a decpertar, o a la
cama de un hospital, o entre las
cuatro paredes que formaban el
tugurio en donde sentía que había de exhalar su último aliento
sin haber recibido de ese mundo
al que tantas melodí:ts había dado, m's que un olvido muy cercano al desorecio.
Y, cuando des'Jués de muchos
de estos desengaño~, se haya encerrado en su pobre cuarto a esperar la muerte, habrá sentido
«en la boca el amargo sabor de
la agonía~, mezclado al no menos amargo de la soledad y la
desesperación.
Al fin murió, nadie supo cómo
ni a qué horas; la portera de la
casa dió parte a la comisa ría, y
ésta se con fermó con hacer constar que se había recogido el cadáver de un individu:&gt; llamado
Abundio Martínez.
Pero hay que ' onfesar que si
su vida fué miserable, en cambio
su entierro fué espléndido; él,
que en vida ha de haber viajado muy pocas veces en un coche de primera clase, muerto fué
conducido en un lujcso carro fúnebre que llevab1. por acompañamiento coches de rrimera en
los que ',ay que advertir que no
iba nadie, porque no hubo un sér
caritativo que supiera que se podía hacer un viaj/.) gratis al panteón de Dolores; el precio de la
fosa en que se le enterró hubiera
bastado para pagar por un año
una habitación menos mala que
en la que acabó sus dias.
Y ese cortejo imponen te y frío,
qne parecía un insulto a la miseria del difunto, pasó por las
calles de la ciudad en medio del
duelo nacfonal por los acontecimientos del día, ~- llevando dentro el duelo también muy grande
de 1 :tima del soñador que tuvo
que mori r p1ra disfrutar de las
e,plendideces de la vida.

J. M.C.

O==========~

-:::--.-:--===--===-===E====L===GA===T===O===NE===G===R

ror Edgard Allan roe.

~::::::::=::::=====~~===========--_-_-_-_-_-_
No espero que se crea Jo que voy a
escribir; la relación que sigue, a pesar
de su carácter familiar, es una de las
más raras y extravagantes y no sólo no
espero que se crea, ni siquiera lo ima·
giao. Sería una locura esperar que se
creyera Jo que mi razón se niega a
creer a pesar del testimonio de mis sen,
tidos. Sin embargo, no estoy loco ni he
soñado. Pero debo morir mañana ,y desde hoy quiero descargar mi conciencia.
Mi objeto es ofrecer al lector, con to•
da franqueza, brevemeote y sin co·
meatario, una sucesión de sencillos
acontecimientos de carácter doméstico.
Por las consecuencias que han tenido,
estos acontecimientos me han aterrori ·
zado, me han torturado, me han aoooadado. Sin embargo, no quiero tratar de
explicarlos. Para mí no han producido
más que horror, quizás más tarde haya
una alta inteligencia capaz de sujetar
mi caso, tan fantástico como es, a re·
glas comunes; una inteligencia más
tranquila, más lógica y. mucbo menos
excitable que la mía, que no vea en las
circun5taocias que relato con horror,
nada más que una sucesión ordisaria
de causas y efectos del orden más nor,
mal.
Desde niño tuve fama por la docilidad y la humanidad de mi carácter. El
exceso &lt;le mi sensibilidad era tan nota, •
ble qne mis compañeros me ponían en
ridículo por él. Sobre todo, tenía un
cariño entrañable por los animales:
eran mis favoritos y mis padres me psr•
mitían la fantasía do, poseer una gran
variedad de ellos. Pasaba la mayor par•
te de mi tiempo en su compañía, y nun•
ca me reputaba tan feliz como cuando
les distribuía comida y caricias. Esta
particularidad de mi carácter se acre,
centó con la edad, y cuando llegué a la
de hombre fué uno de mis priocipales
motivos de placer. A quienes han sentido un cariño entrañable por un perro
fiel e inteligente no necesito explicarles
la naturaleza e intensidad de los place•
res que proporciona un afecto de esta
clase. E t amor a la bestia, formado por

~
&gt;LJ

completo de desinterés y de sacrificio, tiene algo que va directamente al
corazón de quien quiera que haya teni•
do ocasión de experimentar la amistad
mezquioa y la inconstaote fidelidad de
quien no es más que &lt;Hombre:&gt;.

uu ptjscacto rojo, un precioso perro, co·
nejos, un mocito y un &lt;gato:&gt;.
Este últime era un animal de un tamaño y de una belleza muy notables,
enteramente negro y de una inteligen•
cia admirable. Cuando mi mujer habla·

Me casé joven y tuve la felicidad de
encontrar en mi esposa gustos que concordaban con los míos. Al ver mi cari·
ño por los fa-.oritos del hogar, no desperdiciaba ocasión de procurarse los de
tas mejores especies. Teníamos pájaros,

ba de esa inteligencia hacia alusión "
la creencia popular de que en los gatos
negros se esconde el alma de las becbi,
ceras. Esto no lo tomaba ella en serio,
y si hago mención de .esto es porque lo
recuerdo en estos momentos.

•

�•

Plutón-as( se llamaba el gato,-era
mi favorito y mi compañero preferido.
Yo, y sólo yo, era el encargado de dar•
le de comer, y él me seguía por toda la
casa. Pasaba todos los trabajos de
mondo para impedir que me siguiera a
la calle.
Nuestra amistad doró as( por trans·
cuno de muchos años, durante los coa·
les mi carácter caml:ió radicalmente
bajo la iofloencia del demonio de la in•
temperancia, y, lo reconozco :coa vergüeuu, este cambio faé para empeorar.
Cada día me bacía más caprichoso, más
irritable y más indiferente para los sen·
timieotos ajenos. Me abandonaba a iocongroeocias de lenguaje para con mi
mujer. Llegoé hasta las vías de hecho.
Se comprenderá que mis favoritcs ta·
vieron que sufrir también por este cam•
bio de mi carácter. No sólo los despre•
ciaba sino que los maltrataba. Sin em•
bargo, conservaba por Pintón algunas
consideraciones que me impedían tra·
tarlo tan mal. como a los otros, a los ~ue
tiranizaba cruelmente cuando por ca·
sualidad o por afecto se acercaban a
mi. Pero mi mal empeoraba a cadi mo,
mento, porque no hay peor mal que el
Alcoboll-y al fin Plutón mismo, que
ya estaba viejo y por lo tanto de carác
ter menos locuaz, empezó a sentir los
efectos de mi mal humor.
Una noche que llegaba a mi casa, en·
terameote ébrio, después de salir de
una de aquellas indecentes tabernas de
barrio donde me embriagaba por cos·
tumbre, se me metió en lc1. cabeza que
el gato huía de mi presencia. Lo ccgí,
pero por el espanto que le produjo mi
acometida, me hizo un rasguño insigoi·
licante en la mano. Se apoderó de mi
un furor demoniaco, no me di ya cnen·
ta de quien era. Toda mi naturaleza
primitiva desapareció de golpe y un de•
seo-•de maldad, más que diabólico; exas·
perado por el alcohol, puso en vibra•
ción todas las fibras de mi sér. Tomé
un cortaplumas de la balsi, de mi cha•
!eco y lo abrí, cogí a la pebre bestia
por el cuello y, deliberadamente, le hi•
ce saltar no ojo fuera de la órbita! M-e
avergüenzo, siento la fiebre, me estre·
mezco solo ..1 pensar en esta atroci·
dad.
Por la mañana, cuando volví a la ra•
zón, y cuando el sueño hubo pasado
por los humos de mi orgía nocturna
experimenté un sentimiento de horror
que se mezclaba a los remordimientos
por el acto criminal de que me babia
bec:o culpable; pero esto no era más

que un sentimiento superficial e impre•
ciso que no tuvo ninguna resonancia en
el interior de mi alma. Me sumergí
nuevamente en el vicio, y pronto el vi•
no borró todo recuerdo de la acción
cometida.
Mientras tanto, el gato se curaba len•
lamente. Sn órbita privada de ojo pre·
sentaba un aspecto horrible, pero no
parecía sufrir ya. Iba y venia por la
casa como antes, pero, como era de es,
perarse, bula ante mi con un terror
extremado. Yo conservaba ano bastante
de mi antiguo carácter para experimen·
lar algún pesar por la aversión maoi •
fiesta de parte de un ser que me había
mostrado un afecto tao grande. Pero
pronto este sentimiento &amp;e convirtió en

irritación, y sobre esta irritación se
agarró, para hacer mi ruina final ioevi·
table, el espíritu de la &lt;Perversidad&gt;.
Los filósofo~ no cuentan para nada con
este espíritu. Y sin embargo, tao cierto
es que yo existo, como que este espíritu
es uno de los impulsos primordiales del
corazón humano, algo irreductible en
las facultades y sentimientos originales
que imprimen una dirección al carác•
ter del hombre. ¿Quién no se ha sentido cien veces impelido a cometer una
mala acción sólo por ·e1 hecho de que

•

&lt;oo debía&gt; haberla 1;ometido? ¿No te•
nemas una tendencia especial a violar
todo lo que sea Ley, únicamente por el
hecho de que es &lt;Ley ?&gt; füte espíritu
de Perversidad, decía yo, vino a consumar mi ruina. Esa sed inacabable de
hacer el mal sólo por amor al mismo
mal fué lo que me condojo a continuar
mi obra y a llevar a término el mal que
mt1 había propue~to hacer a la pobre
bt:stia. Una mañana, con toda sangre
fria, le pasé un nudo corredizo al cue•
llo y lo colgué a la rama de un árbol;
lo colgué con las lágrimas en los ojos,
sintieo:lo en el corazón los remordi•
mientes más amargos; lo colgué &lt;por•
que&gt; sabia que había tenido un afecto
pua mí, y &lt;porque&gt; sentía que no me
babia dado oingúu motivo de enojo; y
&lt;porque&gt; sabia que obrando así cometía
un pecado mortal que ponía en peligro
ami alma inmortal, basta el punto, si
ello es posible, de colocarla fuera del
alcance de la misericordia iofioita dtl
Dios Todo Misericordioso y Terrible.
La noche que siguió a la comisión de
este acto abominable, desperté a los
gritos de: 1Foegol Las cortioas de mi
cama se habían incendiado. Toda mi
casa ardía. Con grandes trabajos podi•
mos esca¡:ar coo vida yo, mi esposa y
un criado. La destrucción foé comple•
ta; toda mi fortuna en este mondo esta•
ba destruida, y yo me abandoné a la
desesperación.
No soy bastante simple para tratar
de establecer una relación entre este
desastre y la atrocidad que había co·
metido, Pero sigo, en todos sus detalles,
una cadena de hechos, y no quiero dejar pasar un solo eslabón. Al día si•
guieote del incendio visité las ruinas;
todos los muros se habían derrumbado,
excepto uno, que resultó ser una pared
medianera muy delgada, casi en el ceo,
tro de la casa, y donde apoyaba la ca•
be cera de mi cama, La obra~ de cante·
ría babia resistido aquí la acción del
fuego, y lo atribuí a que i.Jabia sido re·
parada recientemente. Al rededor de
este muro se babia agrupado una mal•
titud curiosa que parecía examinar minuciosamente una parte del moro. Las
palabras de &lt;singular,&gt; &lt;extraño!&gt; y
otras expresiones por el estilo hicieron
que a mi vez fijara mi atención. Me
aproximé y ví, como un bajo relieve es•
culpido en la parte blanca de lo pared,
la imagen gigantesca de un gato. Esta
imagen era de una exactitud verdade•
ramente maravillosa. Había una cuerda
en el cuello del animal.

Al darme cuenta de esta aparición
no podía considerarla de etra manera,
-mi sorpresa y mi terror no tuvieron
limites. Pero a la largil la reflexión vino en mi ayuda. Recordé que el gato
babia sido colgado en un jardín que co•
lindaba con la casa. En el momento de
la alarma la multitud invadió este jardín, y algoien, quizás con la idea de
despertarme, echó al gato por la venta,
na. El derrumbe de los otros muros de·
bió haber comprimido a la víctima de
mi crueldad contra la parte reciente•
mente reparada, y la cal bajo la acción
:lel fuego y del amoniaco despedido por
el cadáver debió haber formado la
imagen que se presentaba a mis ojos.
Esta explicación samaria satisfacía
mi razón, aunque no mi conciench, en
lo que se relacionaba con el hecho ad,
mirable que acabo de citar, ~i bien es
cierto que hizo una impresión muy profunda en mi imaginación. Durante más
de un mes no pode deshacerme de esta
imágen fantástica de gato, y durante
ese tiempo se llegó a esbozar en mí un
sentimiento que parecía, pero que no
era remordimiento. Llegué ha~ta sentir
la pérdida de mi animal y buscar en
medio de los innobles sitiof que fre·
coentaba con asiduidad, no gato de la
misma especie y que se pareciera algo
al primero, para reemplazarlo.
Una noche, me hallaba sentado, me·
dio embrutecido, en un togurio infame
cuando me llamó la atencióu ua objeto
colocado en el quicio de la puerta y
cuya presencia no sé por qué no había
advertido antes. Me aproximé y lo toqoé con mi mano. Era un gato negro,
muy grande, tan grande como Platón,
y que se le asemejaba en todo, excepto
en que Pintón no tenía un solo pelo
blanco, y éste tenía una mancha de pelo blanco, de contornos mal definidos
en el pecho.
Cuando lo toqué ronroneó vigorosa•
mente, se frotó contra mi mano y pare,
ció sensible a mis atenciones. Este era
el animal que yo buscaba. Ofrecí inmediatamente al dueño de la taberna
comprárselo, pero este personaje de·
clinó toda consideración a ese respecto
diciendo que no lo conocía ni lo había
visto nunca.
Seguí acariciándolo, y cuando me
dispuse a volver a mi casa el animal
hizo intento de seguirme. Lo dejé obrar,
Y en el camino me b4jaba de cuando
en cuando a acariciarlo. Al llegar a ca•
sa estaba enteramente domesticado, e
hizo buenas relaciones desde luego con
miro ujer.

Por mi parte, no tardé mocho en este gato y Plutón. El lector recordará
sentir antipatía contra él. Era precisa· que aunque de grandes dimensiones, la
mente lo contrario de lo que babia pre• mancha no tenia contornos definidos,
visto; pero no sé cómo sucedió que sus pero lentamente, por grados impercep•
manifestaciones de simpatía hacia mf tibies-y muchas veces traté de recha•
acabaron por disgustarme, obsecada· zar esto como un capricho de mi ima,
mente. Poco a peco estas impresiones gioación-a la larga babia afectado una
de disgusto llegaron basta la amargura forma definida y de dibujo perfecta•
del odio. Evitaba la presencia de la mente distinto. Era la representación
bestia: no cierto sentimiento de ver• de un objeto cuyo nombre no puedo
güenza y el recnerdo de mi acto de mencionar sin estremecerme, y por eso,
crueldad me impedían maltratarla efec• sobre todo por eso, es por lo que odiativameote. Durante algunassemanas me ba y aborrecía aquél mónstroo, del que
abstuve de golpearla y de ejercer vio• me hubiera deshecho de boena volun,
lencia sobre ella en alguna forma, pero tad, &lt;si me hubiera atrevido,&gt; la man•
gradualmente, muy poco a poco, lle~oé cha tenia la forma de no objeto borri
a mirarla con una aversión invencible y ble: de la &lt;horca;&gt; aparato siniestro y
a hoir su presencia como se huye de la horrible de horror y de crimen; de agonía y de muerte!
cercanía de un apestado.
Y ahora en verdad, mi miseria sobre·
Lo que indudablemente agraviaba mi
odio contra el animal era el descubri· pasaba todo lo que la humanidad puede
miento que hice, desde el día de so tolerar de miseria. Y una &lt;bestia brota&gt;
llegada, de que le faltaba, como a Plu, cayo semejante había destruido dtsde·
Ión, no ojo. Para mi mujer, esta cir• ñosamente, nna &lt;bestia bruta&gt; realiz~ba
cuostancia lo hizo aún más estimable;
porque poseía, ya lo he dicho, en el
más alto grado, esa flor de sensibilidad
que en otro tiempo babia sido la cuali•
dad distintiva de mi caracter y la causa
de mis goces más puros y sencillos.
Sin embargo el afecto qne me mos·
traba ese gato parecía acrecentarse en
razón directa de mi odio hacia él. Me
seguía en mis idas y venidas con una
tenacidad de la que no podré dar justa
idea al lector. Cuando yo me sentaba,
él se acurrucaba junto a mi silla o sal•
taba sobre mis rodillas, prodigáod,&gt;me
sos caricias acostumbradas, Cuando me '
ponía en pie para caminar, él se levan·
taba al mismo tiempo y se Interponía Para mí, hombre hecho a la semejanza
ante mí basta el ponto de hacerme va• del Dios Todopoderoso, una enorme su·
cilar algunas veces. o bien se agarraba made horribles sufrimientos, !Ay! ni de
con las uñas a mis vestidos y de esta día.ni de noche sentí ya consuelo ni re
manera trepaba hasta mi pecho. En ta· poso. Durante el día la criatura no me
les momentos sentía el deseo de exter, dejaba un solo momento, y por _la nominarlo en el acto, pero me retenía el che, me despertaba hora por hora, per,
recuerdo lile mi primer crimen, y sobre seguido por ensueños de un terror in•
todo, el terror qne me inspiraba este definible, para sentir en mi rostro el
soplo de aquella cosa, pesadilla vivien•
animal.
te que no podía sacudir, acostada eterEste terror, no era el terror de no namente sobre mi corazón.
mal físico y sin embargo yo DO podría
Bajo el agotamiento de semejantes su•
definirlo de otra manera. Casi me causa frimientos, lo poco bueno que quedaba
robor el confesarlo,- aon ahora que me en mí sucumbió al fin. Los.malos penbaJlo dentro de este calabozo, me rubo, samientos se convirtieron en mi única
rizo de confesar que el terror y el ho- intimidad. La tristeza de mi carácter
rror que me cansaba el animal se ha, se exacerbó hasta llegar al odio genebian agravado por una de las más ton• ral por todos los hombres. y por todas
tas quimeras que se pued.a imaginar. las cosas. Repentinas, frecuentes e in·
Mi mujer me había llamado varias ve• domables, las explosiones de furor a las
ces la atención hacia la mancha blanca qne me entregaba se dirigían a menudo
q,1e formaba la única diferencia entre a mi esposa, que sin quejarse, era mi

�•

víctim1 acJstumbrada y la 1I1ás,-p1cien·
te.
Un día me ijCOIJlpañó • para algúo
asuoto casero a los sótanos de la pobre
casa que naestra extre¡na pobreza nos
obligapa a habitar. El gato me siguió por
los derruidos escalones de · la escalera
que tuvimos que descender y estuvo a
punto de hacerme cae_r de cabeza, lo
que me exasperó sobre manera. Tomé
uoa hacha y olvidando.mi terror iofan·
til quise dar al aoimal un golpe que se
gu ramente habría sido mortal si hubie ·
ra llegado al sitio donde lo dirigí, pero
este golpe fué •desviado por ·la mano de
mi mujer que se interpuso. Esta intervención excitó eo mí una rabia más q ne
demoniaca; lipré mi brazo de su mano1
y le abrí el cráoeo con el hacha. G,ayó
muerta sin exhalar un solo gemido.
Una vez cometido e~te horrible crimeo me puse fríamente a calcular la
mejor manera de esconder el cadáver.
Sabía que no podría hacerlo salir d~ la
casa ni de día ni de noche, sin atraer la
ateocíóo-de los vecinos. Pasaron por
mi cerebro una multitud de proyectos.
Pensé en reducir el cadáver a pequeños
fragmentos y hacerlos desaparecer por
medio del fuego. Después imaginé ca·
var una tumba en el suelo de la cueva.
D ~spués pensé en echar el cadáver al
pno, luego en emp..carlo dentro de
una caja y expedirlo para alguna parte
con todos los requisitos legales. Final·
mente me decidí por lo que me pare•
ció el mejor de todos los expedientes:
emparedar el cadáver en el sótano co,
mo dicen que emparedaban a sus vícti·
mas los monjes de la Edad Media,
El sótano se prestaba admirablemente
pua la realización de mi designio. Los
muros estaban coostruídos sin ningún
cuidado, y acababan de ser cubiertos
de una capa de mezcla que la humedad
del sitio no había dejado secar comple•
tameote. Además, uno de los muros
presentaba on saliente producido por
una falsa chimenea, la cual había sido
~elleoada con ladrillos :para emparejar
con el resto de la pared. Evidentemeo•
te que era muy sencillo quitar algunos
ladrillos de ese sitio, meter el cadáver
en el hueco .Yrestablecer el muro en su
estado primitivo de manera que nadie
se diera cuenta de lo que había pasa•
do.
Mis previsi,9oes se realizaron, quité
los ladrillos, y, después de colocar el
cadáver de pie, lo mantuve en esta po•
sicióo mientras que, sin grao trabajo,
volvía a poner todo en el mismo orden

en que se bailaba • antes del crimen.
Cuando concluí mi labor ví que nada
había cambiado en su aspecto general·
Junté los escombros que habían caído
al ~uelo, miré en rededor con gran sa,
tisfaccióo. y me dije: &lt;Aquí, cuando menos, no he perdido mi trabajo&gt; .
Mi primer movimiento, después de
esto, faé b:iscar a la bestia que habí~
si :lo causa de todo el mal; porque esta,
ba plenamente resuelto a hacerla desa•
parecer. Si la hubiera encontrado en
ese momento no habría vacilado un ios·
taute, p.ero parecia que la bestia se ha•
bía asustado con la explosión de mi có•
lera y que huía aterrorizapa de mi pre·
seocia. No me es posible describir la
profunda, !a bienaventurada (impresión
de alivio que me causó la desaparición ·
de la maldita creatura. En toda la noche no dió señales de vida y, desde el
momento en que la iot~oduje en mi ca•
sa, fué la primera noche que dormí ple•
na y tranquilamente; sí, dormí a pesar
del peso de mi crimen sobre la con·
ciencia.
El segundo y el tercer día pasaron
sin que mi verdngo apareciera. Una vez
más respi~é como hombre libre. Era
evidente que en su terror el móostruo
había huido para siemp.re. ¡No lo vql·
vería a ver! Mi felicidad no tenía lími·
tes! El caráctér cr imioal de mi negra
acción no me molestaba sino muy poco•
Se había h'echo una averiguacióo su•
maria, pero no había dado ningún r e•
sultado, Colisideraba que mi felicidad
estaba asegurada para siempre.
El cuarto, día des,:més del asesioato,
una grao tropa de policía se presentó
en mi casa y errpezó una nueva y mi·
nuciosa percjuisicióo. Yo, como estaba
seguro de que no hallarían nada, no
experimenté el menor embarazo. Los
agentes me pidieron que los acompaña·
ra durante las investigaciones; no dejaron un solo rincón por examinar. Al
fio, descendieron a la cueva por la ter·
cera o cuarta vez. Ni uno solo de mis
músculos se movió. Mi corazón latía
con la misma tranquilidad que el de un
inocente que duerme. Recorría la cue•
va con gran tranquilidad con los brazos
cruzados sobre el pecho. Los policías
se declararon enteramente edificados y
se prepararon a partir. Mi alegría era
demasiado gran:le para poderla conte•
ner. Ardía en deseos qedeciralgo, aun•
que fuera una sola palabra para asegu•
rar mi éxito y confirmar su convicción
acerca de mi inculpabilidad.
&lt;Señores, dije, en los momentos en

que los policías empezaban a snbir la
escalera; estoy muy feliz por haber po•
dido al fin anonadar vuestras sospechas.
Os deseo buena salud y un poco más
de cortesía . . .... Y de paso os haré no·
tar la solid~z de esta casa; vaya una ca·
sa bien constroída ...... (En mi preten•
sióo de hablar con facilidad apenas sa•
bía lo que estaba diciendo). Se puede
decir sin temor de equivocación, q ue es
una casa muy bien construida. Estos
muros ... .. . Con que ostedes se marchan ? . . . ... estos muros están construí·
dos, con uoa grao solidez&gt;. Y, diciendo
esto, por una verdadera locura de au,
dacia, golpeé fuertemeote, con un barIón que llevaba en la mano, en el mis•
mo sitio detrás del cual sabía que esta·
ba emparedado el cadáver de mi querida esposa.
Pero, !quiera Dios protegerme y li•
brarme de las garras del rey de los de•
mooiosl Apenas se hubo acallado el ':lCO
de mis golpes, cuando fué respondido
por una voz de ultra- tumba; por un gemido -sordo y entrecortado al prioci·
pio, como el llanto de un niño, pero
que pronto se convirtió en un grito pe•
netraote y continuo, enteramente anormal y que no tenía nada de humaoo,uo ahullido, un lamento de horror y de
triunfo a la vez, unísono de condenados
mezclando su clamor de agonía al coro
de alegría de los demonios en el seno
de la condenación!
•
Sería una locura tratar de explicar
mis pensamientos de ese instante. Me
fuí de espaldas, vacilante, hasta dar
con el muro opuesto. Los agentes de la
poi icía permanecieron en la escalera
inmóviles, llenos de espanto y de terror.
Un momento después doce brazos sóli·
dos se 'dieron a la tarea de derribar el
muro, que cayó en una sola pieza. El
cadáver, cuya descomposición estaba ya
avanzada, y que se había cubierto de
coábulos de sangi:e, se mostró ante los
espectadores. Sobre su cabeza, con su
hocico rojo enteramente abierto, y con
su ojo único que lanzaba flamas, estaba
colocada la odiosa bestia cuyos artifi ·
c ios me habían empajado al crimen, y
cuya voz denunciadora me entregaba
al carctlero. ÍYo había emparedado al
móostruo en la misma tumba!
(Traducido de los Cuentos Extraer,
dioarios, especialmente para ARTE Y
LETRAS).

NUPCIAL. -Dos fot, grafías dtl dia de bodas del Sr. D Eduardo Islas y la Sri ta. Mariza Spencer. -El artista
Saturnino Herran y la señorita Rosario Arellaoo de Herrao.

· Al fin se cumplía mi deseo de estar a
solas con ella, toda una tard!.
R ué un domingo de Marzo; prett'x·
hodo que iría a hacer una visita salió
d'e 9asa y pronto estuvo a mi lado.
•
Hacia un mes solamente q ue babia
obtenido de sus labios, la ddclaración
de que &lt;;orre~poodía a mi cariño y d~s·
de entonces, le rr gaba que me acompa·
ñara a Chapultepec; quería estar muy
cerca de ella y murmurar a su oído mi
eterna cantinela de amor.
Era hermosa y buena, y al abrir por
fin su corazón a un nuevo ideal forjado
por mi amor, me hizo feliz.

Caminábamos siempre unidos y casi
solos bajo la ombtía de las frondas mile·
narias.
A la orilla de un prado de violetas
aromosas, hallamos un banco de pi€ d ra
y nos sentamos.
La noche se acercab1 con sus som·
bras misteriosas; entonces ella, que por
tanto tiempo padecía en silencio, sacri ·
ficaodo su corazón a tri,tes recuerdos,
abaod,oó entre las mías su mano tem•
blorosa y reclinando en mi hombro su
hermosa cabecita, me dijo que me ama•
ba y qoe era mía .... 1 Vibraba todavía
en sus labios la úllima palabra, cuando
los míos aprisionaron con no beso la leve sonrisa que entreabría su linda bo·
ca! fué un mio beso, rápido y ardiente,
{úé el primero.

Empezaba a ocultarse el sol tras las
montañas cuando llegamos a Chapul
tepec.

Ese mlsmo ,ño, en t i foviaoo, mi
dicha se agotaba por mementos, tal v~c

Dos besos

ya no existía más que- el recuerdo, la
sombra de las tardes, como aquella pa•
¡adas a su lado libando el néctar de su
boca en besos que creíamos iofioitosl
Todo pasó rápid-.meote y ahora los mi,
nutos d e aD gustia eran etnnos.
Ella, la dutña de mi amor, estaba
enferma .... y ~e moría leotameote,con·
sumida por la tisis implacable.
Por la ceoté3ima vez me acerqué a
su albo lecho. Parecia un ángel de bon•
dad y de hermosura.
Moría, y al desprenderse so alma pu·
ra de aquel cuerpo adorable, se apa•
gaba la luz de sus pupila5....... . ... .
Frenético y convulso me arrcjé a sus
brazos y recogí el último aliento de su
vid ~ con un beso iutermioablel
ELIAS F . HURTA DO.

�D'ice la tradición que allá en lejanos tiempos
había dos poderosos imperios cuyos soberanos.
estaban ~igados por los lazos de la amistad.
Uno era' el reino de Tollan y el otro era de los
«ñusabi&gt; o mi x:tecos. El uno, poderoso, hu man itario, ci.vilizado, floreciente de grandeza, altruista por excelencia y benigno de corazón.
El otro, hospi talario, amable, sencillo y candoroso; pero altivo, indómito y salvaje.
Los «ñusabi&gt;, grandes corredores, trepaban
por los riscos de la s ierra v se deslizaban entre
la maleza de los bosques con la misma ligereza
del venado.
·
Su vida era la .caza, peq ueñas industrias, tejido de telas, esteras, recolección de panales v cera. Los mixtecas v ivían con los productos de la
tierra, y el sobrante de su producción lo llevaban
los comerciantes para lejanas tierras.

-

nos envíe los genios de la civilización que desea ...... y que la comisión nombrada de mi reino, que os acompañará hasta Ñ ucoyo, podrá
traerlos con entera confianza.
La comisión tolteca se despidió después de
grandes fiestas hechas en su honor, y la acompañaban un-grupo de «ñusabi&gt;.
Así llegaron los enviados a los pies del re\' de
Tollan, admirando todas las grandezas de un pueblo tan diferente al de ellos. L os nobles «ñusabi&gt; se confundían c::&gt;n lo, tolteca. El vestido de
blanca tela de algodón, a manera de capa, el
«cactli&gt; atado al pie por una correa, y el largo
pelo ligeramente recogido por hilos de algodón;
el carácter huraño y asustadizo, contrastaba con
la elegancia, urbanidad y desembarazo del tolteca. Allá, la montaña, la cueva, el barranco.
Aquí, la ciudad, el palacio, el jardín. Y entre estos dos abismos de la cultura, la buena voluntad
y el cariño sincero.

La nación era grande. Reconocía por centro v
capital a Ñuñú (tierra negra), llamada por lo"s
azteca Tlilantonco. Por el Norte no se conocían
bien los límites, y por el Sur, el mar dijo ihasta
aquí! al poderoso pueblo.

Cierto día, el re y de Tollan entregó a los comisionados una ,.;aja primorosamente labrada con
grecas, y bruñida de oro y plata, de rojo ~ negro, como un presente del rey más poderoso de
la tierra.

El rey de Tollan amaba a este pueblo pacífico
y trabajador justamente comparado con las abejas que se multiplican en sus montes. Pensó en
civilizarlo, y una embajada regia tomó rumbo al
Sur a presentar sus respetos al rey de Ñuñú.
«iPoderoso señor, dijeron los enviados, nos manda nuestro rey a ofreceros su ayuda. Un pueblo
bondadoso y trabajador no debe permanecer en
las selvas. Servíos marchar con nosotros. Tenemos extensos campos y dilatadas tierras donde
podéis vivir civilizando a vuestro pueblo ...... &gt;

«Llevad a vuestro Señor esta ofrenda, dijo el
rey. Adentro van los genios de la civilización.
No debéis abrir la caj'l s ino en presencia de vues tro Señor y seréis felices ... . &gt;

El rey mixteco contestó: «iNo puedo' Mi pue, blo ha nacido de estas peñas y de estos árboles
y no abandonaremoe nunca a· nuestros padres ;,
abuelos. Decid al poderoso señor de «Ñ ucovo&gt; ( r)
que si tan vivamente desea nuestra felici d~d, que
( r ) «Ñucoyo&gt;, es el nombre que actualmente
le dan los «ñusabi&gt; a México; pero su etimología.
dice «ñu&gt;, tierra y «coyo&gt; tn le o enea, tierra de
los tules o Tulan.

L?s comisionados salieron de Ñucoyo; pasaron
al pie _de los volcanes: atravesaron las llanuras
del Sur, llevando en gran cuidado los genios encerrados.
.
Así, llegaron a .las primeras asperosidades del
imperio mixteca, y locos de contento al ver sus
b~rr_ancas, sus ríos, sus peñascos y sus árboles,
s inheron el deseó de ver qué figura tenían los
genios de la civilización. Un día de tantos deliberó la comisión ya cerca del . término d~ su ·
viaje, en los montes de Coixtlahuaca. La tentación verició.
El sol brillaba con toda esplendidez en el azul
del cielo. Las montañas se perdían en el horizonte, y la bri?a soplaba suavemente, mientras
el huexolotl gritaba en las profundidades de la

sierra y el jilguero interrumpía el silencio de la
selva.
La comisión inquieta rodeaba la caja. El más
autorizado levantó la tapa, y cuando todos se
avalanzaron a ver el contenido, retrocedieron
asustados, porque una oleada de mariposas salió
del cofre deslumbrando con sus vívidos colores a
los imprudentes mensajeros.
En vano pretendieron recoger la presa. L as
mariposas .remontaron el vuelo y caminaron al
Sur. Al día siguiente, cuan-do los comisionados
pasaban por los pueblos, bajaban los mixtecas
de la montaña, no repuestos de su sorpresa,
manifestando que los genios alados, al tocar la
tierra, se convirtieron en seres humanos, activos
artífices que empezaron a hacer sus moradas.
Los «hombres-dioses&gt; habían caído en el valle de Yancuitlán v Nochixtlán. Desde e11tonces
dice la leyenda, ~se fué un centro de civiliza~
ción.
H oy mismo, cuando se llega a ese precioso valle, pueden verse los restos de su grandeza.

En las lomas cercanas, pueblos extinguidos
cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Cimientos de casas estucadas, y en las tumbas alhajas de oro y de plata primorosamente
labradas; utensilios ricos, notablemente artísticos, como un recuerdo del poderío, y la inteligencia de un pueblo que pereció sin saberse las
causas. Entretanto los mixtecos, huraños y silvestres, aún cruzan altivos y valientes entre las
zarzas del monte con la ligereza del venado, esperando que la ciencia, salvadora del hombre,
vaya al gún día como las mariposas toltecas a
sembrar la semilla del bien .
ABRAHAM CASTELLANOS.

(Debemos las bellísimas ilustraciones de esta leyenda al
lápiz del inspirado artista don José C. Tovar, quien ha be·
cho una especialidad de h reconstrucción de elementos
decorativos en la época precortesiana en nuestro país.)

�A la Patria Atribulada

~

============lfll

li
~===================::::::::
0 ara h:&gt;orar a los héroes que murieron
Ea m~dio del fra g.:&gt;r de la batalla, •
Dadme la voz de las azules ondas
Que del indiano mar las costas bañan.

Nanea llaméis derrota al heroísmo,
La lo( oo sirve si los ojos faltan.
Y aqoí sól:! llegaron los extra ños
Cuando faltó la pólvora en las armas.

Dadme el ramor del viento que saccde
Los viejos abuebut:tes del Aoáhuac,
Cuando de oqche ea el sagrado bosque
Surg~n los manes de la edad pasa'.la.

Tendió la noche sus heladas sombras
Y sobre el ancho campo de batalla,
Fúcebres asomaron las estrellas
Brillando en el espacio como lágrimas.
Sabemos ya los nombres de los héroes,
Sos nobles hechos nuestra historia guarda
Y su grandiorn ejemplo imitaremos
Si nuestro suelo el invasor profana ....

Desde el león espanto de la selva,
Hasta las cumbres en que duerme el águila,
Del cielo al mar y del hogar al o ido,
En la alcoba lo mismo que en la rama,
La madre llora por el hij o tierno
Que la implacable muerte le arrebata .

No llanto femenil sobre sus tumbas
Los ojos melancólicos derraman,
Laurel y encina cubrirán las losas
Que tantos restos en silencio guardan.

Se enluta el nido caaodo el ave muere,
Al arrancar la perla eraje el nácar
Y cruje cuando el hierro abre la v&gt;lta,
El abrupto peñón en 11 montaña.

Los que vivís aún desde aquel tiempo,
Alzad las frentes sin rubor ni mancha,
Cual los sabioos del sagrado bos1ue
Que al cielo elevan sus brillantes canas.

Desde el espacio a znl al hondo abismo
Que la tiniebla pavorcsa guarda.
Todo en amor palpita y todo sufre,
Todo ante el paso de la muerte calla.

Llevadnos a jurar sobre hs fosas
De los mártires mil de esta jornada,
Llevadnos a jurar con noble aliento,
Que la bandera hermosa y sacrosanta

Estas praderas que coa rayos de oro
El sol de Agosto fecuodaote baña,
Donde el silvestre cardo eriza hojas
Con blancas fl 1res ac!croaodo esmalta;
Estos campos que viste primivera
Coa sus ricos tapices de esmeralda,
Fueren en tiempo de invasión iojusta
Ensangrentados campos de batalla.
Ea ellos como altivos gladiadores
Q11e al ancho estadio coa su arroj1 pasman,
Lucharon desde el niño hasta el anciano
Con fe de Atenas y valor de Esparta.
¡Díganlo aquellos m11ros carcomidos
Q11e el ya desierto monasterio guardan
Y en cuyos tri ,tes largos corredores
Las sombras cruzan de Rincón y Aoayal
Díganlo a todos con idioma augusto
Las negras bocas de arcos y ventanas.
Por las cuales sembrando luto y moerte
Entró la llovía de extranjeras balas.

•

Que e I pueblo esclavo presintió en Dolores
Y el pueblo libre tremoló en Iguala;
Esa bandera con que pudo altivo
Proclamar la República Santa Ana,
Coa la que en Veracruz venció a los galos
Y allí en Tampico derrotó a Barradas;
La bandera preciosa con que Juárez
Salvó la independencia mexicana,
La gloriosa bandera que da sombra
A tantas glorias de la edad pasada;
Llevadnos a jurar que será siempre
G rande, feliz, espléndida, sin mancha,
Lo mismo ante los pueblos de la Europa
Que ante la gr"n familia americana,
Siendo ese juramente en este instante
La oracitn a los muertos por la patria.
JUAN DE DIOS PEZA.
20

de Agosto de

Compo~ición recitada en el
Instituto de San José de Tacubaya en la Jura de Bandera
efectu;ida. el 24 de Ab·il próxi•
mo pasado.

Con sus fuegos de horror,
Mil relámpagos salgan de tu boca
• Ardiendo de furor !
Ya la flor de tus hijos. Patria mía,
Todos ellos sedientos de batalla,
Unos han coronado la moralla,
Otros listos están
Con apuesta y gallarda bizarría
Conteniendo su afán.

Dime, hermcsa, l por qué ta oto ~ns piras?
Sí que tienes razón, grande y sobrada
Para estar en tos lágrimas bañada,
Casi fuera de tí,
Ante el cuadro de horror de tantas iras
Y Joco frenesí.

Ya las filas se encuentran apretadas
Relumbrando en el sol las bayonetas
Y al sonido marcial de las cornetas
Mil centellas se ven,
Llama viva se advierte en las miradas
De las tropa también.

Un torrente de lágrimas crc,cido
De tus niños, tus vírgenes, y ancianos,
Y de saogre amadísim!l de hermanos
Un ria muy veloz
Cada vez más te estrechan, y el zumbido
Es más y más atroz.

Ya se ve ven los millares de dragones
Con la espada desnuda en la derecha
De mirada fero z y satisfecha,
Conteniendo el fervor
De sus nobles y rápidos bridones
Que piafan con ardor.

Y tras este pesar ya iasoportable
Qoe destroza tu pecho en mil pedazos
Viene aquel diz que abriéndote los brazos,
A ofrecer protección
De m!loera insolente y detestable
~elando su ambición,

Ya se encuentra en el campo despl, g~da
La pesada y flamante artillería,
Y millares de carros .noche. y día
Como a uo sólo cuarlel
Coa su carga de parque muy pesada
· Llegan c,n grao tropel.
Otra fila, las ametralladoras,
· Hao formado detrás los batallones
Y otras muchas en medio los caño~es
Sólo esperan tu voz,
Patria joven y hermosa, ¿Por qué lloras?
Ten coofiaozDa en tu ios.

Diz que¡ mucho te aprecial y sólo intenta'
L'l. paz entre tus hijos y tu dicha,
Y que quiere ayudute en tu desdicha
(Fc,mentidol iRapazl
¿Y esa daga dP.snoda y avarienta
Que oculta en sn disfra z?
.Y dejando to llanto de terneza
Enjugaste tus ojos maj~stuosa,
Te pusiste de pie! to vista airosa
A ~u cara se alzó,
Le arrojaste su oferta con firmeza
Y to enojo· estalló,

Ya la fama volando en todo el orbe
Va llevando tus frases de coraje,
Y tu d igna actitud ante el ultraje
Del infame agresor:
Un aplauso notrifo al mundo absorbe
Que encomia. tu valor.
Sí que tienes razóo, y harto sobrada
Para no soportar tanta ironía,
Y salir con resuelta valentía
A su encuentro brutal,
Como leona con hijos y hostigada
Q oe no conoce ignal.
iNo te calles, clarín, alerta toca,
Y haz que vibre en los ámbitos sin cuento,
Y tu lengua cañón, sacuda el viento

1891,

..

La justicia divina está contigo.
E l cariño filial de tantos hijos
Ya lo ves, con su madre son prolijos
Nada temen morir.
Venga, pues; si se atreve, tu enemigo
Q 11e sabrás resistir.
•

Imposible que venga el extranjero
A imponerte sus leyes a que acates
Porque ha.brá de sentir tus acicates,
Y el polvo morderá,
A pesar de su fuerza y su dinero,
Y no, oo vencerá,
iMientras tanto, clarín, alerta toca
Y baste oir en los ámbitos sin cuento,
Y tu lengua, cañón, sacuda el viento
Con sus llamas de horror,
Mil relámpagos salgan de tu boca
Rugiendo de furor!

�:. · 1. - L a es,uadra
americana frente a la bahía de VJra-:ruz.
Tristeza nac1ona
•

Mi Enlutada
Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

I.

Perdióse en lontananza, perdióse en·
tre las frondas verdes del parque, entre
las frondas que murmuran amorosas, al
beso purísimo del céfiro . .. .......... .
. . . . perdióse mi enlu~ad~ ..... ,. ... sus
negros ojos ya no me !111ran ......... .
sus labios no me ~onn •n ...... ,Je_rd16·
se la enlutada de mis ensutñvs, m1 mu,
sa querida .. ...... perdióse entre las
frondas del parque ........ • • • • • • • • • •
II.

Daslizábase mi vida tranquila, cu•l
arroyito murmurador por la pradera;
en mi ioosencia creía-que un-futuro ro·
sado me esperaba; dedicábame. a mis
libros queridos. Creía que la q1cha _al·
bergábase en mi alma, no CJn~o~1da
hasta entonces y así, cual _no PªJanll~,
pasáb3:nse mis ~ías, tranquilo m1 esp1 •
ritu, dichosa m1 alma.
_
Al florear de los duraznos, una enlu•
ada apacible presentóse· ante mí, y 1~
amé la amé con el cariño virgen de m1
cor:l'zón, levantéle en mi alma -un altar
donde, sin marmóreo~ pebeteros que ·
quemasen la mirra, el 10c1enso sacro de

mi c.uiñJ la envolvía en gasas téoues y
perfumad~s .. . . ... ........ .le dediqué
mi vida, mi pensam1~nto . ....... ¿Am_á·
bame ella? no lo sé; solo sé que el mis•
terio de su vida hízome amarla, más,
mucho más de día en día. ¿Por qué
presentábase siempre envuelta en pa•
ños negros, cual un sudario de ~uer~a?
¿ Po~ qué sus ojos p_rofundo~ y ~1steno•
sos vagaban sin sahr de! dintel de su_s
párpados? ¿Qué_radicahsmos de su v1•
da convirtieron en enlutada a la que
fuera flor de Primavera? ¿Algún amor
fu gitivo que en áscuas de oro encend_ía
su alma ? Quién sabe, rodeábale el 1;111s·
terio.
Y qnizá por eso, mi alma virgen con•
sagróse a ella .....• para amarla y ha·
cerla dichosa.
Paseaba siempre al atardecer. cuan•
do la quietud de Natura,. in~it~ba a
nuestro espíritu a vagar sohtano entre
las ramas de los árboles y recoger las
quejas silenciosas de las hoja~ o las
quejas susurrantes del c~upa-mnto. Se·
guía.la silencioso, cual s1 fuera su som•
bra, encootrábame imprrgnado de ella,
respiraba su perfume. Otras veces, sus
dec1os de marfil apoyábanse indolentes
en el teclado del piano y éste, muy té·
nues sus quejidos dejaba escapar y
siempre sus sonatas eran aires melan,
cólicos añori.nzas tal vez de amores
pasado;. Y siempre así deslizábanse los
días: ella misteriosa, yo enamorado.
Una mañana la enlutada salió al par··
que, seguila, y cuando abrigab~ la es• :
peranza de que me amase, perd1óse pa·
ra siempre entre el bosqne de -abetos
milenarios .. . . . . . ... , .......... • .. •. •

III.
Ahora, a solas con mi amor vuelvo a
preguntarme-, quién era ?-Misterio.
Los dlas que me quedan, tediosos y
tristes van pasando .... van pasando y las
áscuas doradas de mi cariño, chisporro·
tean monótonas en mi pecho ..... . sólo
su recuerdo me accmpaña. Much&lt;ls ve•
ces salgo al parque y creo, que las ho•
jas murmurantes algo de ella me dirán,
pero quedan silenciosas. Sumido en mi
tristeza regreso, y parece que me lle·
gan las sonatas melancólicas qne añora·
bao amores pasados y vuelvo a mi sue•
ño de amor y la invoco ....... .. ... per·
dió~e para siempre entre los árbo·
les .. .... ...... la. que era mi musa ... .
...... mi amor, mi querer ........ 1
LEANDRO DI O'RENS

.......................... ••' • • ·· ....

Ante la invasión americana.-Manifestacióu de eDfermeras de los ho_spitale~ de la capital. cfreciendo sus _~erv~,
cios para el caso de guerra.-Manifestación de protesta ante el Palacio Nac1cnal.- Cano de la BeDEfitEDC1a Publica en la manifestación.

�ARTE MODERNO MEXICANO

Estudio' a lápiz por Antonio Gómez.

NUEVO ALUMBRADO EN LEON .-La plaia principal desde el pa,lacio.-Calle lateral del jardín.- E l
jardín y ~I kiosko desde_la acera.-Fots. Ojeda Leroy.

�Sr. Lic. Guillermo L. Rossell, recibido
recientemente.

Tentativa Inútil
A la señorita Aoge,
tina López Puga que
me sorprende por las
hermosuras que en sí
:&gt;opta y resume.

Srita. Ana María Rangel, quien cotltr~Prá matri·
mooio próximamente con el distinguido pecio·
éÍista don Antonio Regagnon.

~'--:==============:========:::::')
¿ ~o dónde encontrarla felicidad? Yo
h ha buscado por todas partes y mira,
J olio, mis manos están vacías ..• . . • •.

·············· ·············· ....... .

El periodista do~ Alfonso López
muerto recientemente.

Fuí, por último, en busca de la veo·
tura por la senda del amor, y caminaba
a grandes pasos y aspiraba el aire fres•
co del ensueño con fnerza, voluptuosa·
mente.
Cuando emprendí la jornada, estaba
yo convaleciente de una peligrosa en,
fermedad; y mi presto andar era ridícu·
lo porque flaqueaban a cada instante
mis piernas y caía, inspirando compa·
sión o burla a mis espectadore!. Pero
/qué me importaban mis espectadores,
qué mi debilidad, si Susana me atrdía
con fuerza irresistible, si Susana cons·
tituía la esperanza magna de mi vida?
E indiferente a la compasión, a la bar•
la y a mis dolores, continuaba mi mar•
cha hacia ella, hermosa y tentadora.
Sus miradas, sus actitudes, sus fre·
cuentes asomos al balcón, sus deleitosos
rubores; las frescas flores que colocaba
sobre su pecho, los vestidos que en ca·
ricia de linfa envol vía su cuerpo, todo,

presente en forma de amarga eose·
ñanza.
Yo le ofrecía la flor enorme y fuerte•
mente perfamada de mi cariño y e11a,
simulando acariciarla, la deshojaba po·
coa poco.
. Mil de~alles me informaban de que
Susana no correspondía a la alteza de
mi amor. Cuando volaba para en?ºº'
trarme a so lado, so mamá, sn bonísima
mamá, salía a recibirme y me decía
que Susana se había sentido triste y qne
para divagar so pena había ido con sos
hermanas al cinematógrafo ... . .. (¿ Pues
qué-pensaba yo-mi amor no será &lt;su
ficiente&gt; para curar su pena? ••.. ¿será
mi amor la causa de su pena?) Cuando
íbamos en el tren, e11a en vez de esC!1'
char mi voz y ver mis ojos que anhelan•
tes iban a los suyos, miraba distraída•
menté por la ventanilla, o saludaba con
encantadora sonrisa a un·petrimetre que
se qui~ba el sombrero dejando Yer la
linea que dividía su peinado en dos
bandas negras y lustrosas; cuando nos
encontrábamos en alguna reunión yo
sentía que el alma de mi Susana se iba
de mi lado y aleteabil sobre la frente
de los jóvenes contertulios; cuando le
suplicaba, casi llorando, que no saliera
de su casa porque sentía celo de los
hombres me contesta.ha, haciendo terri·
, ble mobin: c¡Ay, tú ; qué fastidioso
eres&gt;.
Yo no podía terminar estas dolorosas
relaciones; me bacía cada día el propó·
sito de no volver más y, llegada la bo·
ra ....•. 1vamos! sin querer, sin saber
cómo, me encontraba frente a ella ad·
mirando las formas perfectas de su

cuerpo exuberante, los fulgores de sos
ojos grandes, rasgados, bellísimos; el
resplandor de so áurea cabellera q ne
bajaba modosamente por so frente y
ocultaba sus orejas; sos manos blancas,
soav1ss, carnosas y su voz blanda, que•
dil, acariciadora ..... .
Su hermosura y una que otra mirada
suya, una q11e otra palabra de ternura
dichr. por sus labios purpurinos, alguna

que otra caricia de sus manos carnosi•
tas me retenían a su lado hechizado,
rendido.
Susana se dejaba amar, se dejaba. ad·
mirar y se complacía secretamente en
hacerme sufrir; esto me exasperaba lo
indecible, sentía a veces ráfagas de
odio y de rebeldía, sentía. impulsos de
abrÍrle el pecho par. gritarle a su co•
razón que no fuera tan crbel, tan des•
piadado, tan iojosto .• .. ..

todo, me impulsaba fatalmente hacia
e11a, !Qué dulce es ver de lejos las ár •
das montañas, querido Julio! ...
Duraron dos años nuestras relaciones
amorosas y cada día fué trayendo su

E'lligracióo.-Vistas tomadas sobre la cubierta del &lt;María Cristina,&gt; trasatlántico español, último buque que salió
de Veracroz lleno de emigrantei¡ europeos, antes de la ocupación del puerto por las tropas americanas. Fots. Hadsell.
El maestro Rafael Tel10, nombrado sab
director del Coos. N. de Música.

�+.J así, ml amor torturado, martirizado
horriblemente se ingeniaba en vano por
Y hablé coo. Lola cerca de una hora,
suscitar en el alma de. Susana la misma e imprim, al toco de mi voz inflexiones
févida pasión que a mi me consumia.
de interés, de cariño, de ing'énua admiUn dia, estando yo en su casa la mi• ración; hablaba redo para que Susana
raba distraidamente pensando en ella, ªme e~cuchara, para que su orgul-to de
cuando vi vaga'mente, de reojo, uo man- mujer dominadora se inquietara, para
chón amarillo oscuro: era el teléfono. que comprendiera que mi cariño podía
Verlo y escuchar en mis oidos el nom· desvilrse, para que .... ¡vamo.;l Susana
bre de uoa amiga mia y sentir un golpe me amase como yo la amaba, como la
en mi corazón y cruzar por mi mente amo todavía.
la idea de levantarme y tomar la boci•
Cuando hube terminado • de hablar
na, todo foé uno.
con Lola entró Susana, rígida, fria, des•
-lA dónde vas? me- preguntó Susa· pectiva y al verla asi, senti gran mieuo
y comprendi al instante que mi último
na.
-Ya lo ves, voy hablar por teléfo• esfuerzo por conquistar su amor habla
sido estéril, ridiculo, estúpido, y me
no.
-Entonces, con to permiso, m, dijo. mordía nerviosamente la lengua hasta
sangrarla.
y s:ilió de la estancia ... . ..... .
Mira, me dijo Susana con acento que
me dió espanto, mira Arturo, ¿por qué
no tomas tu sombrero y vas a la casa de
esa
señorita para decirle lo que a mis
-[Hablo con usted, Lola ?
tidos no le importan? .••. ¿por qué eres
tao tonto, Arturo? ........ ¡Véte Arturo,
- Ya 1,rnia muchos dtseos de esco•
véte, ya todo terminó eutre nosotros ....
cba.r su voz, auoqoe solo fuera por te,
Y Susana extendía so bra'zo y con su
léfooo.
Indice me señalaba la puerta ... .. . .. . .
¡Me corria Jolio, me corrhl. ... . . 10°b,
-1Cuáoto lo siento! Espero que será
qué rabia, qué vergüenza, qué dolor! ..
úoicamente un resfriado.

,

••••••••• ¡¡ ••••

01 , , , , t , • • , • • • • • • • • •

¿En dónde encontrar la felicidad 1 Yo
la he buscado por todas partes y mirá:,
Julio, mis manos están vacias ..... ¿va·
cías dije 1 me equivoqué: plenas de do·
lor.
o o o
Julio, algo nos días después de esta
confide·ncia, vió a un hombre que avao•
zaba delante de él tambaleante coo las
manos metidas en los bol~illos del pan·
talón; llevaba el sombrero sucio, lleno
de polvo; el saco estaba igualmente
blanco de tierra y al rebasar al hombre
que marchaba trabajosamente, Jolio se
quedó perplejo: era Artero,
MTGUEL A. CEVALLOS.

½N\,5""

El úttimo estreno de la Compa,
ñía &lt;Beristain.&gt;

-•~-=--=--=--=--=--=-======•

Teatrales
L

L ~aemp

\

leados de
. &lt;El Palacio de Hierro&gt; en junta en el Centro
, Asturiano pan disentir la manera de arbitrar•
se recursos.

•
1

I

. Grave pérdida y no mecor de!gracia
para el Arte, implica la desaparición
de Maria Luisa &lt;Rejan!',&gt; del mioúscu•
lo Y &lt;polar&gt; escenario del Ideal.
Victimas de preseotimientos doloro,
sos escribiamos, no. ha mucho. en cier·
ta crónica fallida que no llegó a ver la
luz pública .
. L~ desoladora falta de espacio me
1mp1de hablar de &lt;La Juerg~, de Oliver-Cob?ña, el aplaudido autor de &lt;La
Muralla&gt; (y ya h:i. llovido desde que sn
esposa la estrenó )
. Muy_bieo Catalá, Palacios,.. y el rete,
s1mp~t1co Barreiro.
Mediano el resto (las señoras), como
de co~tombre María Luisa Rejane, y
abom10able la escena.
!Una juerga completa!
La pobre María Luisa padece, desde

--

--- -----

�Malvaloca, verdadera obsesión andaluza.
Y cuidado que a &lt;patosidad,&gt; no )lay
quien ga ne a los andaluces cuando les
da (y les da muy a menudo) por echárselas de graciosos.
Pero en fin álguien, guasooamente,
ha supuesto a la emioeote actriz nacida
en Triaoa0 bautizada en el propio Gaa,
dalquivir, y destetada, coo aguardiente,
en la Veota de Eritaña.
De ahí su acento castizo, su aodar
jacarandoso que envidiarla la más ga·
rrida de las &lt;niñas&gt; de la Fábrica de
Tabacos, y el que la pobrecita no sue·
ñe más que coomacetas de&lt;puros&gt; cla·
veles (regalados por los Qaiotero ~ su
geoial intérprete) panderetas, canas,
aceitunitas sio bueso, y ruedas de sal·
chich6o ...... &gt;
Esto decíamos 1ayl y el público sobe·
raoo hi confirmado nuestro terrorífico
fallo.
&lt;i Malvaloca&gt; ha fallecido!
La rP-pt'esFotación de &lt;Lo Cursi&gt; eo
el Mexitano, ha atraído, durante la se·
mana que acaba de transcurrir, b~en
golpe de público al simpático Mex1ca•
no. Y no quiere decir ello que su iottr·
pretación haya sido esmerada, ni mucho
menos.
.
Es. &lt;Lo Cursi&gt; algo tan fioo, tan de•
licado, y sobre todo tan de la &lt;tierra,&gt;
que huelga suponer m•gno estudio y º?
menor aplicación en los artistas desll·
nadas a encarnar creación de tanta
monta.
Comedia esencialmeote de costom·
bres, requerirla para so cumplida in·
terpretacióo, conocimiento, de parte del
actor, de aquel siogolarísimo ambiente. Entre los asistentes se recordaba con
verdadera fruición a García Adamé, y
demás admirables unidades de la com·
pañía de Balaguer, que nos sirvieran
tan selecto maojar en plato digoo y
apropiado.
¡En verdadera vajilla de labrada
plata!
A bien que, sea justo excluir del re·
paro a Prudencia, siempre genial, qué
decir del resto de los distinguidos acto•
res de &lt;Lo Cursi I&gt;
Nada bueno, por de ecotado. Parra,
presentáodose, el iofeliz, en el segundo
acto con aquel precioso cfluss&gt; negro
&lt;ala de mosca&gt; impropio de uo flirtea·
dor de su fuerza.
¿Pues y el peinado? Ningún &lt;babi•
tué&gt; madrileño, señor Parra, estila ooo
parecido.
En cuanto al simpático Mutio, por
más de que no le esté del tcdo mal el
chaquet &lt;ribeteado&gt;, por qué oo sale de
elegante americana (saco) eo el segundo
y tercer actn 1
La Castillito, super en el diálogo,
también se descuidó algo en la &lt;toi,
Uete&gt;.
Demasiado fantástica, vaporosa, lige,
ramente &lt;cuni&gt; y demasiado preocupa·
da por los falderillos en el primer acto.
Tan excelentes actores y actrices, oo
tienen derecho, bajo la dirección de un
Coss, a desea rriarse.
¿No es verdad?
No hay derecho . .... .
DON NADIE.

POR LOS BULEVARES PARISINOS
Páginas Cómicas
¿Debemos empe2ar esta crónica con
lamentaciones más tristes que las del
propio Jeremías (q. e. p. d.), y sentar
nos emocionados hasta el ponto de des·
preciar como cosa supérflua el sacar,
nos la raya en el pelo I Ioduda blemeote
que sí. ¡El taogo va camioo del destie•
rro, del abandono, de la miseria! ¿Ver·
dad que es cosa de apoyar la cabeza
sobre el hombro de un amigo cariñoso,
y abrir el grifo de las lágrimas? !Con
la alegría que te oía .... basta hacieodo
el paso, cosa que no nos sucede a los
mortales cuaodo lo hacemos! ¿y quién
le ha veocido? ¿quiéo? ...... 1Gente de
parl Es decir ¡noa danza llamada la
&lt;furlana,&gt; danza que oi siquiera se lla·
mala cfurlana de tal!&gt; ¿Cabe mayor

como si estuviera embarcado!
,-/El señor tiene invitación para
nuestro malvavfoco-taogo?
-lEso, qué es?
-Uo verdadero acierto del dueño del
establecimiento. Así como en otras par·
tes hay tés-tango, dioers- tango, y su,
pers-taogo, aquí tenemos mootado un
malvavisco-tango, que es más celebrado que los discursos d&lt;l Briaod. Todo
eofermo curado con las medicioas de
la casa tieoe derecho a asistir,y los que
han escapado de alguna enfermedad
verdaderamente grave, pueden asistir
acompañados de uoa se5ora. Para la
próxima fiesta contamos con la asisten,
cia de un procurador que ha tenido
viruelas, y que hoy está más fuerte que
uoa nueva línea del metropolitano re·
ciéo inaugurada.
Pasaron aquellos ~tiempos, a juzgar
por todos los 10Jicios, y ahora, el que
acude a uoa farmacia en busca de un
remedio, nota que el mancebo le pone
peor cara que si fuese el cobrador de
la cootribncióo.
- l Cree usted que esto le sentará
bieo a la persona que sufre?
-Para eso lo vendemos.
-Es que se trata de uoa señora que,
desde que cayó rodando por uoa esca·
iera, tiene los nervios como uoa madeja
enredada ....
-lY a mí qué me cuenta usted? iQue
se deseorede o que reviente!
¿ Es esto natural? No. Esto es una coo·
secuencia de la desaparición del taogo.
¡Hemos de sufrir todavía tao to, por ha•
ber sido ve oc ido este arte! .. ..

desesperación? Vamos, que es cosa de
tirarst: al suelo y no levantarse de él,
basta que no juren que el taogo será
rehabilitado, o hasta que veoga el por•
tero con una escoba y nos ctaogue&gt; de
escobazos.
o o o
¿ Llegará el momento en que, al caer
la· tarde, se entre en noo de esos esta,
Como nuestro ánimo está completa•
blecimientos en que hasta el propio ge- mente triste por las razones apuntadas,
rente se marcaba uoos cuantos pasos, y apenas si nos queda humor para sabo·
aote la seriedad que allí reine, no hay rear las atracciones teatrales.
más remedio que lanzar un suspiro más
Y es verdaderamente lástim«, porque
grande que la torre de &lt;Notre Dame&gt; jamás ha sido tan profunda la ioiciati,
- l El señor va a tomar té?
va de los autores. Hay, sobre todo, el
-Sí, té ¡ay!
ctroc&gt; de la escalera, que oo parece si,
- l Se encuentra el señor enfermo?
no que se han metido a escribir revistas
- No apreciable camarero, es que me de espectáculo la mayor parte de los
acuerdo de' que aquél era el rincón fa, porteros parisienses.
vorito para mis rxpaosiooes taoguiles.
Actnalmeote, en casi todas las obras
¡Oh, qué ratos aquellos!
que figuran en los carteles hay una es·
-El señor ti ene razóu; desde que oo calera, con sus peldañitos, su tapiz y su
se taoguea aquí, h3sta los camareros
oos eocootramos heridos de melancolía,
y hoy mismo se bao llevado al hospital
a uoo de los pinches, atacado de locura
repentina.
El cliente, recordando las pasadas
alegrías del tango, bebe un sorbito de té
y exclama:
- iSeñorl ¿Por qué hemos de pasar
por tales amarguras? ....
1Qué tiempos aquéllos en que el fu.
ror del tango había batido su pleno, y
no podía uno entrar ni en una botica
sin que hasta el propio mancebo le des•
pachase raíz de lirio, cootooeáoclose

barandilla. Vamos, que es cosa de pre·
guntar a la acomodadora:-Diga usted,
¿es que hay por aquí cuartos desalqui•
lados?
• -1 Por qué lo dice usted?
-!Caramba, por la escalerital LlevJ
vistas siete obras en lo que va del mes,
y ea tod3S ellas figura ese armatoste es·
cénico,
Es que en eso, como en todo, hay mo·
d ,s, y los directores tienen ahora buen
cuidado de reclamar a los autores qt:e
oo olviden este detalle
-Aquí tiene usted una obra que o
mucho me equivoco, o va a hacer correr
a tildo París.
-1 Es algún perro rabioso ?
-No, señor; pero se plantea uo pro•
blema más nuevo que los cascos d3 la
g~odarmería.
- l Tiene escalera?

-Lo que tieoe e; un interés supe·
rior a las acciones de Ulla mioa de oro.
Figúrese usted que se trata de que Mar,
co Antonio, al desembarcar en Egipto,
averigua que una antigua patrona suya,
de Roma, ha puesto casa de huéspedes
allí, y posee una cuenta de lavandera,
que se dejó sin pagar, cuando era sim ·
ple centurión.
-1Tiene escalera?
-Ya comprenderá usted el terrible
apuro en que st&lt; encuecitra el tribuno,
porque ¿cómo preseotarse ante Cleopa•
tra coa semejlote aire de tramposo ? El
problema es terrible y de gran novedad
teatral.
-Pues si no tiene escalera, es inútil.
Al público le da usted ahora uoa obra,
eo la que salen bailando, por ejemplo,
doce senadores, y como no vea en el
escenario más de cuarenta peldaños, se
lhma a eogaño, y es capaz de pegar
hasta al empleado del despacho de bi·
lletes.
Ante semejante conflicto, que no se
puede resolver sino a fuerza de made•
ra, el autor se retira descorazonado, y
diciendo:
-Pues, señor, no voy a tener más re·
medio que cambiar el lugar de acción
eo el segundo acto·, y en vez de que pa•
se en la plaza pública, voy a hacer que
ocurra eo un piso qoioto, donde vive la
ex- patrona de Marco Antonio, y de es•
te modo creo que, a escalera, no m~

va a ganar nadie. Casi estoy tentado de
poner un ascensor egipcio ....
Es inevitale, pues, el eocootrarse en
todas las obras con el mismo efecto es•
cédico.
Lo único que a los autores les queda
por hacer, es ingeniárselas para pre·
sentarlas en la forma más nueva que
puedan hacerlo
Yo sé de un autor, que ha decidido
hacer uoa obra para la Cpmedia Frao·
cesa; y para &lt;epatar&gt; a Mr. Carré,quie·
re encontrar uoa forma de escalera
completamente nueva.
Por lo pronto, todas las mañanas se
endosa un traje derrotado, agarra noa
caja de boja de lata, y comienza a re,
correr inmuebles, haciéndose pasar an ·
te los ojos de los porteros, como t:n
obrero del gas que va a reparar alguna
avería.
-Pero si aquí no hay niaguoa-sue•
len decirle.
-No importa, puede ocurrir el dí,1,
menes pensado, y el director de la
Compañía tendrá un verdadero disgus•
to, si alguna noche los vecinos de esta
casa se quedan sio poder guisar. Voy a
recorrer la escalera.
A lo mejor, está a gatas sobre uno dd
los tramos, cuando acierta a pasar un
vecino que es, precisamente, uo a1'ligo
suyo.
,.-¡Damooiol ¿Usted aquí y con ese
traje?
-!Chist! ¡Por Dios, cállese usted!
-Pdro ¿es que se eocueotra usted en
tao mala sitaacióo, que ha tenido que
m~terse a gasista?
- ¿Quién, yo? No, señor. füto es un
secreto.
~ iAb, pillín! Alguna aveoturillaamo·
rosa
-Sí, eso es, pero no me descubra.
Queda, pues, como uo calavera em,
pedernido, cu1ndo, en realidad, no es
más que un desventurado autor, que
quiere seguir la moda de sacar escale,
ras a escena.
o o o
Eo el fondo, esta cuestión es, como
todas, por ganarse la vida. Los tiempos
son más duros que piedra berroqueña,
y en la lucha del hombre contra el

franco, hay que arreglárselas de modo
que el franco quede vencido, o lo que
es igual, en poder del ciudadano que se
había propuesto conquistarlo.

Iogeniáodoselas, se coo&amp;igue r1:solv1:r
tao complicado problema, y uno de los
más prácticos para ellos es acudir al
dulce sablazo, o lo que es lo mismo, a
entrar a saco en el bolsillo ajeno. ¡Es
incalculable la facilidad con que se pi•
de en París!
Eo esto también se ha progresado,
como en todo, y los que acuden al boh
silla ajeno, no tienen que aparecer más
desastrados que si volvieran de una
campaña de diez años, oi contar que
tienen mujer, siete chicos completa·
meote escrofulosos, y que, ellos mismos
aspiran -a morirse de un momento a
otro, porque se les ha ac3bado el re•
puesto de camisetas q11e tenían. No;
ahora los pobres se revisten de cierta
comodidad, de algo de orgullo, y no va•
cilan en iocrepar al clie nte, si éste du,
da en entregarles su óbolo, como si quisieran decirle:-iHombre, le vemos a
Ud. con una corbata lujosa, y aúo duda
Ud. para entregarnos uoa limosna! ¡Ud.
es no sinvergüeozal
Pensando de este modo, un pobre que
tieoe excelente clientela acaba de mar•
car la verdadera posición de los mendi,
gos Ha sido eo la puerta de la iglesia
de San Agustín, y algunos periódicos lo
han relatado.
Era uo pobre con éxito, como si di•
jéramos, y había aquello de: &lt;Buenos
días, Don Fulano ¿No se acuerda Ud.
de mí, hoy?&gt;
Claro, a Don Fulano le daba ver·
güenza decirle al menesteroso, que le .•
tenía más olvidado que el primer cuello
postizo que se puso, y izas! mete mano
al bolsillo y allá te van algunos céoti•
mos, y así todo el dia.
El hombre, de vez en cuando, fuma•
ba algún pitillo, charlaba otro ratito, y
cuando le parecía conveniente cerraba
el puesto, y se retiraba, coo aire de
característico que está encargado del
papel de Grao Inquisidor.
Pero llegó el frío, el hombre sacó uo
brazo por fuera del embozo una buena
mañana, y di jo :-1 Carape, si q ne debe estar desagradable en la oficioal - y vol•

�viendo a meter el brazo, tuvo uóa idea
luminosa.
Por eso, los habituales clientes del
mendigo, cuando llegaron al atrio de la
iglesia, se encontraron sorprendidos con
la presencia de otro individuo descoco•
cido, que les enseñaba el siguiente car·
te!:
cMis generosos clientes me perdona•
ráo si durante el frío no salgo de casa,
pero pueden entregar sus limosnas a mi
secretario, que es persona de con·
fian za&gt;.
¡Eso es sabet vivir! ¡Un pobre que se
echa secrttariol No cabe duda que lo
merece, y que hasta, si lo hubiese pen•
sado antes, ha debido ir a Niza a pasar
los rigores de la estación, y que allí le
hubieran enviado, en cheque o letra de
fácil cobro, las limosnas acostumbradas.
Es posible que este pobre baga es•
cuela, y que imiten su ejemplo otros
que encuentren el oficio lucrativo y poco molesto, sirviéndose, por ejemplo; del
teléfono, ·para hacer l.i recaudación
diaria.
- iAlló! ¡alió! Wagram, 128-43.
- l Quién llama 1
-Yo, Socuéllamos, es para saber si
va Ud. a enviarme la limosna de cos·
lumbre.
·
· -lNo podría Ud. venir a buscarla?
-Imposible. Tengo cita con dos extranjeros que quieren recorrer todos los
cines de París, pero no por eso descui•
do mis intereses ..... .
-Entonces, ahora le mandaré los die z
céntimos con un criado.
-Tantas gracias, y que Dios se lo
pague.
Esto es comodisimo p'o.ra todos, sobre
todo para el pobre, el cual, exteodien ·
do el negocio, y dando facilidades el
público para la mejor entrega de las
dádivas, hasta puede organizar reunio·
nes eo su casa, al final de las cuales,
las almas generosas Je entregarian aque•
llo que tuvieran voluntad.

.. Fotografía artfstica ~ · ·

cMachin Allez-y participa a sus rela• \
ciones filantrópicas. que se quedará en
su casa todos los miércoles de 5 a 7,
para recibir las limosnas que quieran
llevarle. Habrá tango&gt;.
Los honores de la casa los hará el
mendigo con toda amabilidad, y los ge·
cerosos donantes pasarán un par de ho- .L:::::::::::===:=:.._:::.::...:=:::::::::;~:=::::..:...::::::::::::::.=~-..:...~...::..;.;;:;......!
ras agradabilísimas.
Tipos Nacionales por Antonio GHduño.
_¿Hace mucho tiempo que conoce·
U d. al dneño de la casa?
-!Oh, sil Me pidió limosna p.:&gt;r pri·
mera vez, hace cinco años, en el boulevard Malesherbes
-tSe bacía ya entonces pasar por tí·
sico, o explotaba todavia lo del cáncer
retiraba compadecida, dejando la con· acontecimientos parisinos.
en el estómago?
A última hora se ha dicho, en deter·
-No, era en la época en que se ad· siguiente limosna.
judicaba siete chicos, uno de ellos con
-Adiós, conste que lo be pasado muy minadas esferas, que el frío ya ha pa·
una cabeza que pesaba veinte y dos ki• bien en su casa. Aquí tiene usted para sado, y que no tarciará en veo ir el buen
tiempo.
_
los, con el pelo cortado al rape.
ayuda de un panecillo.
La noticia oo be podido comprobar•
-!Qué hombre más agradable! ..... .
-Muchas gracias.
la, porque en los círculos oficiale~gaar•
, tOb, amabilísimo! No hay modo de
1Así da gusto ser pobre 1
dan absoluta reserva.
negarle un socorro. Yo vengo aquí con
mucho gusto.
o oo
BONNAT.
-Y yo. ¿Q11iere Ud. que bailemos un
taoguito?
La gente, después de bailar, de tomar
Y éstos son, que yo sepa, los últimos
algcoas frioleras y charlar bastante, ~e

Coatioúao teniendo grande acepta·
ción los trajes sastre en terciopelo de
lana, con falda cruzada y ligeramente
drapeada en el borde inferior, sobre la
que cae una túnica recortada en arco
al frente y que extendiéndose un poco
snbce los costados, termina a la espalda
en faldón más o menos largo. Las cha·
quetas, muy cortas, se hacen con la es•
palda recta y fruncida bajo una banda
que adorna todo el bordo; y sobre la
que se ven pequeñas &lt;moscas&gt; bordadas
a sedas de colores que armonicen con
el tono del traje. Las mangas de tres
cuartos, van cerradas eo la parte iote,
rior, con una sola costura.
Para la estación de calor, este mismo
estilo se repite en crespón de lana, en
paño sibelioa muy ligero, de color liso;
y se ve marcada preferencia por el co•
lor turquesa o beige, combinándose di·
chas telas con el mismo tejido a cuadros
de color liso, o mezclados con negro,
Los trajes sastre muy elegantes se
hace~ en otomano de seda· y se nota
que dominan los colores ladrillo y
cbacpaña. También se emplea mucho
el mairé suave, en tonos madera o ne·
gro, adornados coa bordados especia•
les
La moda preconiza cada día más
marci.damente los trajes completos y 1JS
coojuotos de un solo color, y la camisa·
la que tiene qur completar estos trajes
es en lo posible, del tono de la tela; es·
tá mny de moda la c;amisola kimono de
muselina de seda de color, sobre un
fondo blanco.
Pero se observa también que se lleva
mucho, como traje de tarde elegant, a la
vez que práctico, la falda negra con ca•
misola de color claro y vivo: orquídea,
gallo de roca, mandarina, tilo, azul na•
tier, son los colores dominantes, en te·
las como la maravillosa, la muselina de
seda, el liberty el crespón de la china.
La falda se hace de diversos cortes; en
terciopelo negro coa túnica de tul fioa•
men•e rizado; el charmeuse con túnica
plisada que a un lado baja sobre la ca·
dera, y que del otro se alarga gradual•
mente ca}'endo en pico a la altura de
Ja rodilla, en paño de seda con dos tú·

¡
f

.1
El modelo más reciente de París.
nicas cortas figuradas, redondeadas y
cruzadas en el delantero, la de encima
teniendo la orilla marcada por un fleco
de seda, la de abajo terminada simple·
mente en una bastílla pespunteada.
Es muy fácil modificar a voluntad es•
tas faldas y hacerlas más vestidoras,
reemplazando la blusa de color por un
corpiño de tul o de muselina de seda
negra, forrada de blanco, sobre el qoe
van tirantes de terciopelo formando V
y cinturón en negro, o eo color coa•
trastante.
Otra variante también muy linda, es
la de poner, sobre el corpiño blanco
crema u ocre pálido, de linóo bordado

o encaje, tirantes drapeados, de tul oe•
gro con borde de color; el cinturón va
cerrado a la espalda por medio de ana
mariposa de tul y dos gajos del tal caen
sobre la falda, basta el borde inferior.
Entre los modelos más recientes, figu•
ra no traje blanco guarnecido de muse•
lioa de seda &lt;cabeza de negro,&gt; esto es
muy rizada en el teíido, y trajes de raso negro drapeados con túnica de env
caje blanco, o muselina de seda ligera•
mente rosa, bordada completamente con
seda floja en tonos de rosa viejo y ma•
dera; en algunos de éstos, la túnica lle•
va un rizado de taffeta en el borde in,
feria r.

�Un delicioso traje modelo es el si•
guiente: de muselina de seda oro, tiene
el delantero formando delantal por me·
dio de alforzas que terminan a los la·
dos, lo que da una amplitud considera•
ble para el drapeado a la espalda; éste
está arreglado en forma de bufaote. El
corpiño, semiajustado, es de la mi~ma
muselina sobre camisola de tul blanco,
abierta en V en el delantero y la espal•
da, y termiuada por un plisado finísimo
con hebra de seda oro a la orilla. Las
mangas de la camisola llegan sobre la
mano, mientras las del corpiño son de
tres cuartos, drapeadas a ambos lados.
En vez de declinar, parece aumentar
la boga de los bordados brillantes Je
chispillas metálicas, perlas de cristal,
hilo de oro y plata, todos los días se ve
una nueva fantasía decorativa agregada
a éstas. Una de las adiciones más re•
cientes es el bordado de pequeñas per•
las de coral y oro mate, figurando es·
!rellas de mar, cuyo efecto es de grande
magnificencia y de originalidad seduc·
tora.
Los bordados en sedas brillantes, ve•
lados con gasa blanca o negra, son
también de muchísimo efecto, y se pres•
tan para armoniosas combioacic'nes.

Las cosas naturales, sencillas, "simples" prosaicas, "cotidianas" (y comunes
a la mayoría) que forman lo "esencial"
de la vida humana, serán preci~amente
las que vivirán para el perenne elogio.
Las cosas anormales, terribles, solem•
oes, suntuosas, o trágicas, que dejan im·
presiones de vacío, horror y deslumora•
miento, y se diluyen en la circustancia,
esfuman su magnitud, exultación y te·
rrible desorden en nuestra memoria,
tienen voz y gesto heroico ...• en la
epopeya; sí, pero carecen de ese orden
amable, de ese gracioso equilibrio, de
esa armooía y proporción que las ha·
ría dignas de bellas glosas ....
Dejad ¡amigos! lo que está fuera de
la órbita natural de la. emoción; volva·
mos a la suave humildad de las c?sas
pequeñas, ingenuas y continuas; por su
insignificancia y la mía las hice afines,
y, al evocarlas, siento qne tienen, como
las reliquias, un marchito perfume de
santidad ..... .

DELIA.
o o o

Glosa de Primavera

Estola y m.. oguitc, d., zorto, sombrero llhlma cnaci6n.

Es hora de que Sigmundo y Siglinda
entonan en la cabaña su divina canción,
por la puerta que abrióse a la noche,
al bosque y a la "Primavera," llega un
murmullo de amoroso encantamiento...
Olvidemos la melancolía de vivir
¡amigos!: sonde la naturaleza, las pal,
mas del "Hosanna" nos han traído el
solemne "Aleluya" de toda resurrección.
Pero la vida es práctica, igualitaria
vertiginosa. Las rutinas atávicas se agravan de intereses banales, vulgarísimos.
¿No veis que para el ensueño, para el
"ideal" .... ya no hay tiempo? La vida
sigue a toda macha; a su paso caen los
· dioses lares de la tradición, como ído•
los inútiles ya desprestigiados, y un pu,
dor nuevo atenaza el espíritu del siglo
XX: es un pudor orgulloso detodaemoción ingenua.
¡Aparecer sensibles a una leyenda, a
un rito ancestrall Eso .... es retroceder
algunos Iostros.

Hoy, los años sucédeose incoloros; nue;tras tiendas con cosas amables y
son las estaciones puntuales, irreducti, pequeñas.
La glosa inconsciente de los años in,
bles, como los acreedores; el termóme·
tro, el barómetro, la &lt;ordenanza&gt; son fantiles, de la muerta juventud de la
conspicuos hasta en el vivir de los ni· edad intensa, nos es necesaria, y vamos
ños; somos "maniquíes" o "autómatas" a su recuerdo como a no piadoso pe¡qué horrorl Y como "ha muerto el regrinar.
No importa que las futilidades, e1
Cisne," me interrogó: l Qoé se dirán los
hombres del mañana, de su infancia egoísmo, la lucha por el oro, el sedi·
presente? Cuando la dicha sea no be, miento de rebelión contagioso y la uto·
cho pretérito ¿qné memorias dulces po• pía demoledora nos envuelvan en una
red de teorías deprimentes, absurdas,
dráo evocarse?
Será no cortejo borroso de\horas mo- exultantes. Aunque hemos sentido en el
nótonas de rutina, esfuerzo y sujeción; cráneo el golpe de maza de las teorías
una película de sucesos volga~es, ex• disolventes, ae los dogmas utitilitarios
ternos; urdimbre tosca del dolor y del para la conquista del porvenir. si nos
placer; lógica de "díasordiuarios"-co• han amargado con futurh mos e iocog•
mo diría algún espiritualista sotil-días nitas problemáticas, y nos llegó el más
que no llenó cosa grande, honda, ni hondo desengaño, "aún" sabemos de la
bella inquietud espiritual. no agena a
inefable ....
Para la generación que pisa el pro• todo ideal generoso. . . . pero "necesimedio de la vida humana, la montaña tamos" un oasis, un punto de silencio
del recuerdo tiene aún Tabores de se• comprensivo, un amor ...• y una espe•
reoidad gloriosa. Complicados e inge• ranza .... !Amigos! la espe·raoza que
nuos, somos de los que aúo levantamos invoco es :eocilla, puede ser universa).

Dos trajes de modelos muy originales; el primero es de gabardina
fantasía en color verde oscuro y cuello pekine.
El segundo es de crespón de lana rojo.
LJ. puerta del tiempo abrióse -como en
la cabaña de Huoding -y por ella entró la "Primavera;" eso que no alcanza
el "snobismo" indiferente, ni la mas
escéptica despreocupación, es algo
grande y puro como la alegría de los
pequeños y el llanto de los desventura·
dos, es el rito y es la leyenda de toda
edad.
Los días son largos, y están como un·
gidos de un esplendor nuevo; la savia
del mundo hierve regenadora, y nuestra
sangre tiene una sorpresa de energías
vivificantes.
"Florecen los almendros, y nos brin•
dan su hechizo."
Y esa crsi natur.i.l, sencilla, ingenua,
es u 1a ·'efeméride" de emoción s,,
grada.

o o o
¿ Qué glosarán los hombres del ma•
ñana?
Los grandes ioveoios debtructores,

las arduis conquistas científicas, el am•
plio horizont:! del saber que se extenderá sin límites, y toda esa moostruosi
lucha de pasiones, armuón de la vida
social, que sintetiza la historia de los
pueblos ....
¿Habrá algún canto para el "ocio
helénico," un verso para el ideal, y una
rima para la "risa de Grecia," toda
ironía, elegancia y laconismos ....
Tendríamos que dudarlo lógicamen•
te, si uoa necesidad de equilibrio y ar,
mooía universales no volviese por los
fueros de la espiritual justicia.
Yo quiero esperar que siempre haya
un "grupo electo," una aristocracia del
sentimiento que investirá de un sacer•
docio bello a cierto número, y creed
que este será el de los "héroes" que se•
gún Carlyle, tienen una misión provi•
dencial.
En ese grupo, no todo de caudillos,
pero sí de "ejército libre," habrá, como
siembre los hubo, ·'glosadores" de Jo
más bello y imable.

Por encima del hecho están la.s im,
presiones individuales, y ésa.s hacen tau
agudo como definitivo. el "comento"
que en cada uno de nosotros asume el
sentido pleno de la circustaocia.
Mi circunstancia, hoy es .... la Prima,
vera, la juventud del año, como la juventud es primavera de la vida. Ha ce•
sido la ráfaga desipacible de las no·
ches; una claridad rejuvenece el Me•
diterrá ueo, que parecía un mar de pe,
sadilla, todo "norte" y amenazas. Cesó
la marzada heladora; la flauta de Pan
sonó en las palmeras de Levante, que
erguían su nave sobre naranjos en flor
y fruto, porque de Africa viene el so·
plo cálido, y en un vuelo las goloodri •
nas aportan ya la promesa de &lt;buena
estación.
"Son blancos incensarios que modu •
Jan ' 'iHosaooil" Es verdad; los almea•
dros blanquean en las laderas; su "Ho•
sanua" promete un "Aleluya" magoífi,
co .... La tierra renace de un letargo
profundo; en los troncos escuetos hay
mil pétalos de nácar; en la rama esque•
!ética, los tiernos brotes verdeant~s rezuman savia de juventud, y entre las
olorosas matas silvestres hay tiernos ba•
lides de recentales.
CONDESA DEL CASTELLA.

414i

�SOPA PARISIENSE
En caldo del cocido, cuézase medio
kilo de patatas superiores, que después
se machacan y pasan por un colador a
un cazo con una cucharada de harioa
y otra de manteca de vaca que se mez•
el~ bien, añadiendo después y poco a
poco el caldo.
Se deja cocer a fuego lento hasta que
está un poco espeso, y al tiempo de servi r_se, y fuera del fuego, se pone un poquito de manteca de vaca y una yema
de huevo desleída en agua fría. Con
dos o tres patatas, que se habrán dejado aparte, bien machadas con una yema
d~ huevo y una cucharada de leche, se
hacen unas bolitas poco mayores que
avellanas, en las que se introduce un
pedacito de jamón frito Se untan de
harina, se fríen y, bien escurridas, y co,
locadas en la sopera, se vierte sobre
ellas el caldo.

"Alhajas de OGasion"
''La Casa que se ,undó con este nombre."

Compro Caro y Vendo Barato.

Daniel In GI án.
Av. Bolívar 23. (Antes Coliseo

"Arte y Letras" y
"La llustraGión Semanal"
Compro, Vendo y Ca'llbio

INGLATERRA.-Londres J Barrie·
re y Cía. 17, Green Street. Leicester
Square, London W. C.

mis clientes.

ESPA~A.......,Madrid. Vicente Alvar ~z Puesto de periódicos de la Cervecería de Candelas, Puerta del Sol.

ALEMANIA ......,Berlio. R.Estévez de
Perea, Mauerstr, 66 IV W.
Pónganse las patatas a cocer en agua
quíteseles la piel y córtense en dos pe'.
IT ALIA.-Torioo, Nicola Brunotto·
&lt;lazos. Por separado, derrítase un pe• Vía Po aogolo, Piazza Castello.
&lt;lazo de manteca en una cacerola y
cuando est~ derretido añádanse las pa·
CUBA.-Habana. Carlos M. Orteg1
tatas, pere¡1l, cebollas picadas pimienta Zulueta 32, "Maison Dorée."
y sal, ub vaso de caldo y vino. Déjese
PORTUGAL.-Lisboa. Julio César
cocer a fuego lento durante media hora
Vieira da Cruz, P laza de D. Pedro 2 1 ,
y sírvase.

1)

•
-

dando a ganar dineró a

Infórmese Ud. cómo!

PATATAS A LA MATELOTE

MEXICO, D. F.

-

ALHAJAS

El público puede solicitar estos periódicos en los siguientes puntos del
extranjero:
FRANCIA.-París. Hachette y Cía.
lli, rue Reaumur.

--- - - -

.,...--

.

-

•

En papeles blanco y orozúz.
Marca reformada de cigarro, d~

1

S. Francisco 37. México.

•

-

-

SORIANO

Y HER RE R IAS

1

Tel. Eric. 3673

MEXICO , D. F . .
DIDIIIUllllllllllllllllllllll

Nos encargamos de la publicación de an uncios, reclamos y remitidos en este periódico.

•

E. PUGIBET Director General.-~\1éxico, D. F.

1

INFORMACIONES. ANUNCIOS YCOMISIONES

Apartado 5328.

Grandes Premios: París 1900.-St. Louis Mo. 1904
Proveedores de la Real CarJa de España.

- -

1

San Juan de Letrán No. 3 .

EL BUEN TONO~ S. A.

- -- --

JOSE ALVAREZ.

AGENCIA PERIODISTICA

--

ALFO NS.O X111

-

•

"Al Todo de Ocasión."

-

11111111111111111111110

Enviamos correspondencias a los periódicos de los E stados y del Extranjero.
llllllUIIIIIIDllllllllDIIIID

Gestionamos toda clase de asuntos ante las oficinas del
Gobierno .

•

•

•

•

�Magnífica Oferta
A Nuestros Lectores
Teniendo en cuenta la dificultad de comunicaciones con algunas ciudades
de la República·y deseando que todos nuestros lectores puedan gozar de la oferta que en números pasados hicimos de obsequiar seis preciosas novelas ilustradas
a las personas que nos remitan el importe de una subscripción a este semanario
por seis meses, hemos decidido ampliar el plazo para recibir las solicitudes hasta
el 31 de Mayo próximo, y por lo tanto ofrecemos a nuestros lectores de los Estados, que todo aquel que desee subscribirse a la Revista "Arte y Letras" y nos
remita antes del 31 de Mayo de 1914 la cantidad de CINCO PESOS en giro
postal. chek o express, le enviaremos la subscripci?n de

ARTE Y LETRAS
durante seis meses y le obsequiaremos

Seis .Preciosas Novelas Ilustradas,
encuadernadas con lujosas carátulas en colorés, de renombrados autores, que recibirá a vuelta de Correo.

Todas las remisiones de fondos se harán a nombre de la

COMPAÑIA PERIODISTICA MEXICANA, S. A.
APARTADO 45 BIS.

MEXICO, D. F.

y deberán ser hechas antes del 31 de Mayo próximo pa -

ra gozar del obsequio que ofrecemos.·
Pídanos Ud. un número de muestra que le remitiremos gratis

·------ ww ~------

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="101">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3030">
                <text>Arte y letras</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479280">
                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118756">
            <text>Arte y letras</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118758">
            <text>1914</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="99">
        <name>Época</name>
        <description>Época del la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118759">
            <text>Segunda </text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118760">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118761">
            <text>11</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118762">
            <text> Mayo</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118763">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="118780">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784873&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118757">
              <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 11, Mayo 2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118764">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118765">
              <text>Coéllar, J. M.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118766">
              <text>Literatura Mexicana SigloXX</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="118767">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="118768">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="118769">
              <text>Maneras y Costubres</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="118770">
              <text>Vida social y costumbres</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118771">
              <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118772">
              <text>Cía. Periodística Mexicana, S.A.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118773">
              <text>Langarica, Miguel</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118774">
              <text>1914-05-02</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118775">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118776">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118777">
              <text>2012421</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118778">
              <text>Fondo Fernando Díaz Ramírez</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118779">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118781">
              <text>México, D.F.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118782">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="118783">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="707">
      <name>Arte</name>
    </tag>
    <tag tagId="9785">
      <name>Comedia</name>
    </tag>
    <tag tagId="2559">
      <name>Fotografía</name>
    </tag>
    <tag tagId="325">
      <name>Literatura</name>
    </tag>
    <tag tagId="399">
      <name>Moda</name>
    </tag>
    <tag tagId="11584">
      <name>Petróleo.</name>
    </tag>
    <tag tagId="98">
      <name>Teatro</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
