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                  <text>RlY CR~7 ~=l·
R,gistrado corno a.r•iculo de 2~ clase, el 26 de Febrero ile 1914.

Segunda Epoca.

Sábado 9 de Mayo de 1914.

Torno 1.-Núm. 12.

SRITA. AMERICA BELTRI.-BELLEZA POBLANA.

Fot. Rodríguez Avalos,

�INDICADOR

"Arte y Letras "
Se publica todos los sábados por la

Cía. reriodístlta Mexitana, s. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3~ Rinconada de Sao Diego 41.
Telé fonos:

Mex. 20-85 Neri.-Eric. 14-51.
Apartado postal 45 bis.
MEXICO , D. F.

El 5 de Mayo
Cuando los veintiún golpes del
cañón me despertaron al amanecer y recordé que la historia nos
enseña que en igual fecha las armas de la P.atria se cubrieron de
gloria al rechazar el avance de
tropas extraryjeras que venían a
invadir nuestro territorio, inconscientemente me llené de ilusiones
sobre el orgullo patrio; la épica
leyenda de la gloriosa batalla,
con todos sus detalles reales, y
con los fantásticos que el amor
del pueblo le ha prestado, pasó
por mi memoria como una ráfaga de viento acariciador que hizo vibrar todas y cada una de
las celdillas cerebrales animán dolas del movimiento ardoroso
que inflama y fortalece en las
ocasiones solemnes en que se halla en peligro la vida personal o
la nacional; soñé que el eco de
esos veintiún cañonazos había
despertado un sentimiento igual
en todos los habitantes de nuestra República, y, volviendo los
ojos al pasado recordé los versos
del himno patrio que dicen:
Si el recuerdo ñe a~tiguas h~.zañas
De tus hijos ioflama la meute . .. .

Animado de estos pensamientos salí a la calle; esperaba hallar algún movimiento denunciador del estado de ánimo de mis
compatriotas, pero no ví nada;
los tranvías llevaban banderas
como en los buenos ti empos, pero en los edificios apenas si t&gt;ndeaba una que otra. como si tuvieran vergüenza de exhibirse;
en algunos como en la secretaría
de Relaciones, la enseña nacio-

na! se había detenido a la mitad
del asta, más semejaba señal de
duelo que recordación de una
gloria nacional.
Por sobre toda la ciudad parecía tendido un velo de crespón,
como si la bandera cuya asta se
ha plantado en nuestro primer
puerto flotara sobre todo el país,
y como si el cielo de nuestro brillante mes de Mayo se viera a
través de un tejido de barras y
de estrellas que en vez de animar el espíritu como las que han
brillado en otros años en nuestro
cielo, llenaran de luto el alma
popular.
Todo daba señales de un pesar
grandísimo, muy explicable en
las dolorosas circunstancias porq,,e atraviesa la Patria; pero junto a ese pesar se notaba un hálito de indolei;icia que no se compadece con lo que pronostica el
canto nacional. Las antiguas hazañas parecen dormir en el olvido, y si alguien recordó que era
«5 de Mayo&gt; no fué seguramente
para sentir el alma inflamada.
La contemplación de esto me
hizo preg untarme: ¿será posible
que no vuelvan a ornar la frente
patria los laureles de que babia
la estrofa? ¿ Cuánto tiempo permitiremos que nuestro cielo siga
viéndose a través de la bandera
que tiene plantada su asta en
nuestro primer puerto?
Algo me contestaron los periódicos del día: «El Supremo
Gobierno ha nombrado delegados para la convención pacifista
que se reunirá en Canadá.&gt; En
manos de esos delegados la Patria ha depositado su honor; ellos
tendrán que responder ante la
historia de lo que hagan de él.
El «conflicto&gt; se resolverá en
una conferencia de paz que se
efectuará en la pintoresca ciudad de Niágara Falls. en territorio del dominio de Canadá.
Indudablemente que esta solución está más de acuerdo con
les adelantos de la civilización
mundial, pero ¿se podrá decir lo
mismo por lo que hace al corage
naciqnal? ¿ habrían permanecido
lluestros abuelos que combatieron en 62 tan tranquilos como
nosotros esperando los resultados de las conferencias mientras
que los marino, extranjeros v i-

ven confortablemente en nuestro
territorio?
Fundados en lo que relata la
historia nos permitimos creer que
no. En 1862 se reunía el pueblo
por las calles; se cantaban
cantos patrióticos; se procuraba hostilizar al enemigo de
cuantos modos se podía y , sin
desdecir del decoro de una nación civilizada, se mostraba el
corage que hacía vibrar el alma
del pueblo que ni por un solo
momento se sintió conforme con
que el francés se considerara
dueño ni siquiera del terreno que
necesitaba para poner los pies.
Ahora no es lo mismo; la ciudad está triste, pero resignada;
después de algunos excesos en
los que hubo mucho de brutalidad, ha renacido la calma, y pa•
rece que hemos olvidado que en
los edificios de la ciudad de Veracruz ondea un pabellón que
no es el nuestro.
¿ Se deberá esto acaso a mayor
cordura de nuestro pueblo? ¿ no
será desgraciadamente una muestra de debilitamiento del espíritu público? ¿ es posible que las
calamidades que han afligido a
nuestro pobre México durante
tres años hayan decepcionado
hasta ese punto a nuestros hombres?
Preguntas son estas de muy
difícil contestación. Nada podemos decir de cierto, en el terreno de los hechos consumados,
porque estamos muy cerca de
ellos y su misma proximidad nos
ofusca la razón y no podemos
juzgarlos serenamente.
Ante la imposibilidad de contestar tenemos que conformarnos
con hacer votos porque el alma
nacional no haya muerto ni esté
atrofiada; esperamos un resurgi miento de los hechos que dieron
gloria a la patria en su lucha contra los invasores franceses; de
esa manera podremos ofrecer a
la Patria los dos versos siguientes de la estrofa aludida:
Los laureles del triuofo tu frente
Volverán iomortales a orear

J.

M.C.

• e1 2 d eI actu aI ea el Colegio Militar
pasaoJo revista
Los valientes cadetes de la Escoa1a N ava1 de Verac.ruz
de Chap~ltepec.

Gracias
Para cArte y Letras.&gt;
Pasaste a mi lado, y h soberbia visión
de tu cuerpo iluminó mi alma; fui5te
como una btisa de primavera que cru·
zó por el verjel de mis ilusiones sem•
braodo de pétalos los senderos y espar,
cieodo aromas de las flores y trinos de
las enramadas; fuiste rayo de sol abri·
leño que me hizo recordar el cielo

premo. Fué uaa visión rápida, pero tu
imagen quedó ea mi mente llenáodola

ensueño..... pero has traído a mi alma
los efluvios de pasadas primaveras,
has puesto ea mis labios las plegarias

de claridad; brotaron a mis labios las
estrofas que creía idas al soplo del

de amor que aprendí coa la fé de una
adoleceocia dulce y lejana; l qué im,

desengaño; volví a sentir ea tumulto el
miedo de perder una ilusión, el ansia
de verla colmada, la duda, la esperan•
za engañosa y hasta el glacial cooveo•
cimiento de mi iosigoificancia. Pasaste,

porta que me hayas dejado más triste·
zas? Me has hecho soñar: te lo agra•

azul, donde brilla la luz coa amor su•

perdióse la silueta, pero tu recuerdo
me hizo soñar algunas horas; después,

dezco!

OCTAVIO.
México.

y

la amarga realidad ha ahuyeotadQ mi,

,r

�EL C I E O O

~
~

1

ror MIGUEL rRIVI~~

&lt;JO

~

U oa pequeña ciucilad del Oeste a la
que el clima brumoso de Bretaña. ha
dado ese aspecto lamentable de las co•
sas sobre las que llueve siempre. En
una de las callejas estrechas de la ciu ·
dad-calles so111b1ías en las que los ra•
ros transeúntes se deslizan como som•
bras sobre el pavimento calafateado con
lodo- una modesta vivienda: la dt 1 pro·
fesor Lebret y su esposa.
Hacia algunos años que la llegada de
este matrimonio misterioso al puebleci,
llo, ávido de chismes, causó gran sensa·
ción. ¿De dónde venían estas gentes? ..
El, un guapo hombre, coa los cabellos
casi blancos a pesar de que apenas con·
taba cuarenta años; que, según se de•
cía, había ocupado una buena posición
y que, después, habiendo cegado repen·
tinamente a causa de un accidente, se
veía obligado a aceptar una plaza de
profesor de ciencias en el colegio libre
de X . ..... Ella aun joven y hermosa,
pero con un encanto doloroso, con el
rostro adelgazado y las sienes surcadas
por arrugas apenas perceptibles y con
unos ojos de azul pálido, impreciso, que
tiene como el vago reflejo de tristezas
que no se quiere confesar.
Se instalaron y habhn vivido sin os·

•

tentación, sin visitar a nadie, pagando
su vida; el &lt;chisme&gt; falto de material,
murió dejando e n las almas de la buena
sociedad un sentimiento de egoismo in•
diferente, ya que esa sociedad no tenia
nada que esperar de aquella pareja y
que la misma sociedad juzgaba sin la
mínima simpatía a aquel ciego, de dig·
nidad altiva, que oo pedía más que tra,
bajo, y a aquella mujer que renunciaba
a todo sio quejarse, cuidaba a su mari·
do, le ayudaba, se dedicaba a áridos
estudios para preparar las lecciones del
profesor ciego y corregir con él las co•
pias de los disc! pulos.
E n la casa de los Lebrel, un jueves
por la tarde, dfa de asueto en el cole•
gio.
Lebrel, a su esposa.-, Podremos salir?
Germana -No, llueve! ...... (Con to•
no de pesar ): Cómo llovió ayer . .... .
cómo lloverá mañana ...... nunca hay
sol en este pueblo!
Lebret.-,Estás triste?
Germana.-Por el mal tiempo...... .
Lebret, acercándose.-,A causa de
nuestra vida, sobre todo? .... . •
Germana.-No, te lo aseguro .. •.
Lebret.-Sí, lo adivino, lo veo ..... .

Germana, dulcemente.-No puede;
v~rlo ..... .
Lebret.-Ayl por los ojos ·no; pero si
la luz no ll!!ga a nuestros cerebros de
ciegos, las otras percepciones llegan mil
veces más agudas a nuestras almas que
velan en la noche y a las que nada pue·
de distraer de su análisis. Vemos por
los sentidos las vibraciones por esa es·
pecie de magnetismo que se desprende
de los seres-y sobre todo de los seres
a quienes se ama- y que hace que se
lea en ellos apenas formado un pensa·
miento, aun sin verlos! ..... .
Germana. vivamente -Te aseguro ..
Lebret, interrumpiéndola.-Ob! no
asegures oadal Por qué defenderte de
tu tristeza? T ienes miedo de que sea
un reproche; pero yo la comprendo
perfectamente! En esta ciudad absurda,
en esta vivienda ridícula, llevas una vi·
da de en claust rada, junto a mí que
te impongo la resignación de cada día,
casi la pobreza, en vez de la alegría,
del lujo que debo a tu juventud y a tu
belleza! .. . .. .
Germana.-En otro tiempo me las
diste!. ..... ,Eres acaso responsable de
la fatalidad? ...... ,Es culpa tuya? ... .
Lebret -Siempre es culpa de un hom•
bre no dar a una mujer lo que tiene de,
recho de esperar de él.
Germana.-, Por qué me dices eso?...
No creo haberlo merecido!
Lebret.-Si lo digo contra de mí,
porque me lo reprocho; porque cada
vez qt:e las circunstancias te obligan
a un nuevo sacrificio, sacrificio de
bienestar, de amor propio, de placer;
sacrificio de libertad; cuando te obligas
a compartir mi trabajo conmigo, yo me
acaso ante mi mismo!
Germaoa.-Puesto que me siento fe ,
liz haciendo todo eso.
Lebret.-, Feliz ... . .Sí, ya lo sé.....
Eres bastante buena para poner es:i
palabra sobre todas tus dedicaciones
para conmigo! .... Y la acepto porque
es dulce; tú, quizás creas en ella por,
que te sostiene .... Pero en el fondo, a
pesar de todo, a pesar de tí misma,
existe la angustia de la vida fallida y de
la felicidad imposible! Sí. ..... sí . . .. . .
eso es lo que adivino en nna palabra;
en una entonación como las de hace
un momento, y por eso es por lo que
debería desaparecer si oo fuera un
egoísta!. ...
Germana, acercándose a él apasiona•
p.amente.-Andrésl
Lebret.-Síl una vez que yo partiera,
tú podrías rehacer tu porvenir. Yo
siento que tú permaneces hermosa ... ..
te amarían! Pero uo tengo valor para

ello! (en voz baja) .. .• t&gt;orque yo tam•
bién te amo! ...... porque soy realmen·
te egoísta, y un egcísta que DO se atnve
a confesarte una cosa vergoozosa ....
Germana, sorprendida. - eQué cesa ?..... .
Lebret (más bajo aúo).-Qae a menudo .... yo, yo soy fel iz ! Sí, mi pobre
Germana, es verdad, y es odioso! ..... .
Me siento feliz de verte forzada a fer
tan exclusivamente mía, feliz de esta
intimidad de claustro en donde me en·
vuelve tu afecto, tus cuidados, esta ah
raósfera tibia de solicitud exclusiva! En
esos momentos, cuando puedo no pen·
sar en tí, lo que te cuesta esta mons·
truosa volnptumidad, he llegado a ben•
decir el accidente que cerró el mundo
detrás de nosotros! .... ¿Sabemos acaso
lo que hubiera sucedido si hubiéramos
permanecido allí? Esto e~ lo que me
digo cuando llego a olvidarme de :í.. ..
Ya ves que no es bueno . ..... Pero ya
que te lo be confesado ...... (le busca
una mano) Perdóname! ... .
Germana, sonrieo.t~, materoal.-,De
qué te be de perdooar1 De una decla·
ración de amor?..... .
Lebret.-Amor de mí mismo!
Germana,melancólica.- El amor, con•
siste siempre en amarse en otro!
LebrEt, muy conmovido.-Pero no en
la mujer.
Germana, (coomo'l&gt;ida también, le
mira y ve lágrimas en sus ojos)-Va•
mos, qué pasa en esos pobres ojos? ....
Lebrel-Aún mnertos, los ojos llo·
ran! ..... (Dominándose) Cuando píen·
so que en otro tiempo era tenido por
estéptico. ¡Vaya!
Germana (Va a buscar la mesa de
trabajo.)-..El escepticismo es la divisa
de los jóvenes •.....
Lebrel, soñador.-O el pudor de la
suerte!,-.... Vaya!.. .. •.. Quieres traba·
jar?..... .
Germana.-Pnesto q ue no podemos
salir; será trabajo adelantado para ma·
ñana. (Lleva las copias de los discípu,
los). ¿ Te acuerdas del enunciado de la
composición de aver? Sí! Entonces yo
te leeré los ejercicios como de costum,
bre . . .... tú me dirás lis notas ..... .
Se iustalan: Ella lleva a cabo, sin
impacientarse, la fastidioEa lectura de
todas las copias de la clase; él, indicando en voz alta las correcciones o los
elogios que se merecen. Repentinamen·

te la criada anuncia que el señor Dar•
vault desea ver a la señora.
Lebret.-El señor Darváult? .... No
le conozco! (A Germana). , Qué será lo
que te quiere? . ... E11; fin, recíbele. (Se
levanta.) Me voy a m1 enarto a _pe~sar
en mi lección de mañana (Gu1 ánoose
por los muebles, llega a la puerta.. A;llí
~e vuelve y en medio de. una son usa
dice:) Una visita desconoc ida en X .. ..
es casi una aventura!
Germana permanece sola, vagament~
inquieta; llama para hacer entrar al v1·
sitante.
Germana (vivamente sorprendida al
reconocerle).-Señor Savillel

Saville, inclinándose profundamente.
-Señora.
Germana-, Por qué esa mentira?
Saville.-Porque si hubiera dicho mi
nombre, no se me hubiera recibiqo.
(Adivinando un movimiento que ella
hace. ) Oh! le suplico que permijnezca
un momento, no llame a nadie! Está ns•
ted bastante segura de mi respeto para
no tener nada que temer. Es una cir•
cunstancia tan extraña volver a encontrarla en esta ciudad a donde vengo ¡:or
c~snalidad y donde no sabía que estu•
viera usted! .... Ayer me pareció verla ...... Me informé .•.•. . Me han di,
cho algo de la historia de usted y no be
podido resistir el deseo de verla . .•. de
habl¡rle ... ... Hace doce años que no
lo ba'bía hecho, y entonces aún era ns•
IE d la &lt;señorita Germana!&gt; ,Qué tiene
de reprensible mi acto de hoy? ,Es aca,
so una culpa la fidelidad del recuerdo?
Germana.-Es cierto ...... (Con sen·
cillez.) Siéntese usted!
Saville.-Me han conta'1o cosas ioan·
ditas!. .... . , Es verdad que Lebrel ha
quedado enteramente ciego?
Germana •r Sí, a cansa de un acci•
deute en su laboratorio eléctrico ... . . .
Saville.- Y habrá tenido que abando•
narlo?
Germana. - N atnralmente . . , . no se
coose1va un engrane que no sirve. Des,
pués, la emwesa, que había pasado a
otras manos, feneció, y toda noeEtra fortuna con ella . Nos vimos en la necesi,

�dad de buscar un modo de ganar el pan
y hemos tenido la fortuna de encontrar
lo apenas suficiente en una plaza del
colegio de X.
Saville.-l Profesan ustedes las cien•
cias? .... Y digo ustedes porque se me
ha dicho que los dos .•....
Germana.-Sí, indudablemente, me
be dedicado a ello para hacer el !raba,
jo material que mi marido no puede ha•
cer ..•.
Saville -iEs admirable!
Germana.-No, no es más que solida•
ridad conyugal,
Saville.-U;ted dice eso con toda na·
turalidadl. ·... Qué mhterios del destino
y qué lotería, eh!. ..... Cuando pienso
eo nuestra entrevista de hace doce
años! ...... Entonces los padre! de us·
ted se empeñaban en darle el buen nú•
mero imponiéodole al politécnico, al
iogeniero, el dios de los sueños capita·
listas, y despidiendo al emborronador
Saville, un piotor ...... un artista! ... .
como le llamaban desdeñosameete! ... .
( Con embHaz,.) El ingeniero se ha ro·
to las alas ...... y el artista ... .
Germana un poco lastim•da - .... Se
ha hecpo cJiebre, lo sé. Pero oo repro•
cho nada a mis padres poesto que ere•
)eron hacerm~ un bien
Saville, vivameote.-No es hacer un
l:ien a un hijo obligarlo a casarse con·
tra su inclinación, contra sus preseoti·
mientes-porque usted los teofa,-contra su corazón.
Germana.-¿Contra su corazóc?
Saviile.-¿No es verdad que usted
prefería a uno de los dos hombres 9ue
la amabin?
Germana. -Nu nea. he dicho a cual!
Saville.-Me había usted permitido
el a:iiviaarlo muy claramente, si es que
s n ciertos los recuerdos de que Mblá·
bamos hace un momento. Además, los
acontecimientos me han dado la ra zón,
puesto que usted no es feliz.
Germana -Se equivcc3 usted ente•
ramente.
Savtlle -Ohi no hay razón para esa
descoofianza para conmigo. Concédame
nsted al menos la franqueza que debe
á un amigo. Tal como la conocí a usted,
estoy seguro de que no es ...... de que
no &lt;puede ~er&gt; feliz!
G3rmaba, con seriedad-Ya no soy
como usted me conoció, y;por estraño
que ellp le parezca, le certifico gbe mi
vida de aboca me produce una gran fe.'
licidad.
Saville -La voiuptuosid;l.'d 'dd ;acrificiol. ... no h f elicidad! .....En fin,
veamos! usted no amaba a Lebrel cuan·
do. se caió con él? ....
Germ3na, con fraoqueza.-Es ver•
dad.
Slllille-P ues bien! si no lo amaba
usted cu~ndo le proJigaba todas las satisf icciones del lujo y la comodidad, por
las que babía contraído matrimonio con
él, ahora que oo le da más ' que priva,
ciones, no puede usted amarle.
G~rmaoa, ser.amente.-Si ..... .
SiVille.-VamQs!. .. . oo hay amor ...
G'e rma aa.-Le repito que sí ....
Saville.-,Ahl entonces ya comprendo ..... ·. ese amor especial de las her·
manas de la Caridad, de los cuidadores

de enfermos, de todos los resignados:
eso es lo que me decía! El corazón f.,.
menino,. superior eo eso-es no órgano
de varios compartimentos: el del afee•
to, el de la compasión, el de la devo•
ción, el de la pasión, etc., cuando el
corazón ss mueve, la mujer, que ignora
de donde procede la erupción, llama a
todo amorl Dicen cam&lt;J!&gt; ...... Y ese
&lt;amo&gt; es como un alivio, una caricia!
Germana.-No he dado a usted per,
miso . .... .
Saville -Perdone usted si pienso de•
masiado vivamente, pero, después de
todo, cono hace doce años yo ful la
victima,~y no me he cu rado de ellocreo que me está permitido protestar e
indignarme aote la inutilidad desusa·
crificio y del mio! ...... Y bien .. .. no,
citm veces nol usted no siente amor
verdadero poderoso; amor de carne y
de corazón que trastorna a los seres
hasta las fibras más profundas ...... el
qae hibía usted empezado a sentir por
mí. ..... y, vamos, el qne se de~p1e1ta
tal vez en usted eo e~tos momentos eo
que recuerda! ..... .
Germana, muy turbada y dtf~odién,
dose.,....Le suplico . . .. . .
Saville.-Está en sus ojos ... . !Í •.•.
oo los derre! para qué? he visto la chis•
pa y sus párpados al bajarse son tao
elocuentes como la mirada! .... El deseo de todas satisfacciones oo conseguidas, la voluntad de la alegría de vivir
se 1stremecen dentro de nstedl .. . ... las
siento alll!. ..... puede nsted nrgarlo y
hablarme de felicidad ...... sé que oo
la tiene usted .... la naturaleza la ha
traicionado! .. . .
Germaoa.-Y aun cuando fuera a~í...
le he amado .... es posible .... y el es·
tremecimiento es por ustl'dl .... Y des·
pués?
Saville.-Está usted en el derecho de
obedecer esa ióclinación.
Germana - l Abaodooando a mi marido ?
Saville.-Nada le liga aél. . .... ni el
dt ber · maternal, pasto qae no tienen
ustedes hijos. ni el deber con) ueal,
puest'&gt; que la tomó a usted sabiendo que
oo le amaba. Además, oo ha cumplido
sus compromisos.
Germana.-Contra su voluntad ..... .
· Saville.-No importa!. .. . Es11 la de·
sobligal. ... Y sus derechos de crea tura
reaparecen ...... sus derec!-1os a la vida
y a la felicidad! .... No es .más que un:
lazo de cooveocióo que hay que ró&amp;perl .... Germana, :cree usted que es la
casualidad la que me ha puesto ea su
camioo .... o esa fuerza del destioo que
quiere que dos seres se encueotten por
sobre todo y a pesar de todo, cuando
~si lo ha decidido? Es &lt;el otro&gt; quien
ha sido el obstáculo eo la vida de usted ;
yo soy el Sfñalado por el destino. Pues
bieo, yo me apodero de nuevo de ese
destioo; yo lo haré feliz y brillante ... .
todo lleno de adoración y de luz ... . . .
(Ios'nuante) No diga usted que oo al
porvenir que viene a ofrecerse uoa vez
más .... y que, quizás esta misma tarde,
esté cerrado para siempre!. ... Germa•
oal. ...
Germana, perdida.-Odl cállese usted! cállese usted!

Saville, eo loquecido.-No!. ... No l.. .
te amo .. •. te deseo l. .. . Quiero que seas
mi esposa! Dí que si. .. . .•
Germana, se abandona vencida.Sí. ••. (Con voz más débil) Sí. ... (Se
abre la ~uerta del cuarto y ella se hier·
gue súbitamente) Nci, jamás! (Lentameote, con ese paso de ciego que busca
a tientas, Lebrel adelanta algunos pa·
sos mientras que Germana con un gesto
y con un mo9imieoto imperceptible de
los labios, despide a Saville). Márches;}
usted! Váyase usted!
•
Lebrel - l Ya se fué ese señor?
Germana.-Sí amigo mío.
Con un gesto imperioso, ordena a Sa,
ville que salga. Desesperado. él hace
uoa mueca de súplica . .. ... pero com·
prende que todo . ha' terminado ..... .
siente que ella se le escapa; la voluntad
se ha levantado más potente que la car·
oe, y se desliza sin hacer ruido, hacia
la puerta entreabierta.
Lebrel, se acerca a Germaoa.-l Quién
era?
Germana, después de un segundo de
silencio.-SaviJ)e!
Lebrel, presa de una emoción extraordinaria, casi temblando, busca la ma·
oo de su esposa y deposita en ella un
beso prolongado.
Germana, ~orprendida.-l Qoé pasa?
Lebret-Si mt: hubieras mentido ....
me mato!....
.
. Germana.-Luego, ¿ya lo sabías?
Lebrel -Reconocí su voz,
Germana, turbada.- Pero ... . es que
tu ...... no, eo seguida?.... .
Lebrel -Ali!. ... me dí cuenta, oí. ...
tu actitud. (La abraza). Ya vez que
teogo uoa grao suerle con mi eofermedad l
G~rmaoa respotd~ silenciosamente
al abrazo de su esposo, después, coo
tri~teza infinita, va a la mesa de trabajo
y toma de nuevo el montón de papeles
de cálculo -Ibamos eo el problema de
Poc'ichard ....
Lebret.-Cootiouemos en el deber!
Traducido de los &lt;Dialogos de Amor&gt;
especialmente para ARTE Y LETRAS).

En el Tepeyac,
Cumpliendo mi promesa escalo el moole
Donde la Vireeo imprimió su huella
Y transformada en rutiiaote estrella,
Llenó de claridad el horizonte.
&lt;Perdona, Madre. que tu enojo afronte;
Mas, si incrédulo fuí, In luz destella
En mi cerebro y con tu mano bella
Hasta el divino alcázar me remonté.&gt;
&lt;Apiadada escuchaste los dolores
Del indio y convertida en flor temprana,
En su alma derramaste tus olores.
Reina de nuestra Patria Mexicana,
Porque fú eres amor de los amores,
Bajo tu amparo dormiré mañana&gt;
PEDRO PONCE DE LEON.

Manifestación pitriótica de protesta contra la invasi6n america,
na efectuada el domingo pasado ante el mooumeoto de Churubusco.

�INVASORES
'

Artilleros americanos posesionados de la plaza principal de Veracruz.-Fot. y clisé de &lt;La Ilustración Semanal&gt;
El éxito obteoido por nuestro colega
y compañero &lt;La Ilustración Semaoal&gt;
coo su espléndida información acerca
de los dolorosos sucesos relacionados
coo la C!&gt;Cupación de Veracrnz por las
tropas de los Estados '.Unidos, y la cir,
constancia de que la copiosa edición
del citado semanario se agotó a las dos
horas de salido 1 la venta nos hablan

sugerido la idea de solicitar del colega
algo de esa valiosa información, debida
a sos agentes especiales.
Nos acabó de uecidir a ello varias
solicitudes de nuestros lectores que desean conservar las fotografias publica•
das y que no pudieron obtener un nú•
mero de &lt;La Tlustracióo Semanal.&gt;
Mcvidos por estas razones ofrecemos

en este número una abundante y valio·
sa información de los acontecimientos
de Veracruz, debida a nuestro colega y
compañero de trabajos, ya que, como
saben nuestros lectores, nos unen con
él estrechos lazos de amistad y compa·
ñerismo.
Esperamos que nuestros lectores a pre•
ciarán en Jo que vale este esfuerzo he·

J.a ocupación de Veracruz.-Muertos mexicanos a la orilla del muelle, en el fondo se veo los guardiasamericanos.Fot. y clisé de &lt;La Ilustración Semanal.&gt;
cho c:io el objeto de cnmplir la prome•
sa que hic~mos en días pasados acerca
de la reorganización de nuestro serna•
nari:i.

0000

Cierto día de Primavera ...
Para ARTE Y LETRAS.
Por el camino que va a Metz, corría
vertiginosamente un ligero (y por lo
tanto fácil de volcarse), tílburi arras,

trado por fogoso hannoveriano. La ca,
rretera estaba envuelta en densas tinie·
bias. Silencio profundo reinaba, inte·
rrumpido únicamente por el frágil co,
checillo al chocar contra las piedras
del camino y los profundos baches imposibles de ver en esos momentos. No•
bes enormes, en grotescas contorsiones,
amenazaban a cada instante desatar el
acuoso caudal.de que estaban henchidas,

�Marinos americanos con una ameti;.llac"ora, en el portal de Diligencias, Ver.
galopando desordenadamente de aquí a
acullá; hiere oue~tro olfato olor a tie•
rra mojada, probablemente en Metz em·
pezó ya el furios:, vendaba!.
Eumioemos a los viajeros que a se·
mejante hora se atreven a desafiar la
cólera de Neptuno.
Uno de ellos, joven· aúo, permanecía
recostado en el fondo del carruaje, tu,
chando fieramente contra el huracana•
do viento, que pagoab¡¡, por desasir de
sus minos-aseguradas sobre la cabe•
za-la elegaote gorra de colegial que
aún conservaba: de vez en cuando fija·
ba su escudriñadora mirada en el lejano horizonte, iluminado brevemeote por
la cárdeoa luz de los relámpagos, que
por momentos cegaba a los presurosos
viandantes.
El otro era viejo v llevaba puesto el
uniforme de los aurigas loreneses, juraba y perjuraba como buen tentón que
ea el foado era, contra los elementos a
punto de desencadenarse; por nada de
este mondo se hubiera atrevido a salir
a la carretera con tiempo semejante;

p~ro sus escrúpulos fueron vencidos por
el argentino són de una bolsa repleta
de dorados luises. ¿Qué servicio tendría
que prestar a cambio de aquella ven·
truda escarcela? ¿Y a quién? A uo francés! tSauto Dios! El, tau patriota como
cualquier bávaro o prusiano, h 1cerle
un servicio &lt;a uno&gt; de allende el Rhin.
Nunca, antes de muerto. Sin embargo,
oo murió, y el dinero pasó a su poder.
Mas su conciencia se h1llaba maculada;
el &lt;peCddo&gt; babíalo ya cometido; pero
no era tiem 10 de volver atrás.
Azotaba despiadadamente al caballo,
descargando su mal humor sobre su in·
sepirable compañero de al egrías y pe·
nas.
Nuestro joven así que distinguió a
través del agua que comenzaba a caer,
las luces de la ciudad, fué presa de vi•
vísima agitación . ....•
Había conocido en otro tiempo en Li•
lle a una niña flamenca, de ojos soña•
dores, tranquilos como el añil del cielo
en mañana estival; el óvalo de su cara,
casi perfecte, irradiaba castidad, pare•

ojos no erall·como nos dice el poeta: ....
&lt;pozos de aguas profundas y tranqui•
las&gt; •..... no, eran ascuas, car bones en•
cendidos, con ese incierto y vago par•
padear de los fuegos fátuos ....
Su padre, antiguo miembro de la &lt;De•
fensa Nacional&gt; y amigo de Gambetta,
mostraba orgulloso el cordón azul de
oficial de la Legión de Honor, que se
Je había concedido como premio a su
valentía; habíase batido como un león
allí en Metz, peleando bajo las órdenes
del Mariscal Bazaine, cuyo espectro
parecía cernerse aún sobre la Alsacia
y la Lorena como una maldición muda
al prusiano, único culpable de aquellas
desdicha~ ...... Había querido qoe su
hijo tuviese coa educación digna de su
tiempo, por cuya causa le envió a Ox·
ford, de donde regresaba todo un ba·
chiller. El día de su ngreso fué escul•
pido en el libro de Sil vida con letras
dd rro. La felicidad reinaba en casa
del viejo de Ramiére ; ese día se sintió
rejuyeoecer como cuando la desvento•
rada emperatriz Eugenia se digoa ba
hacer méritos de la lealtad del edecán
de ~u augusto esposo ..... .
Cierto día de Primavera del año
19 ..••• fué invitado el joven Marce!
antes de partir rumbo a la Universidad,
a pasar una temporada en cierta al·
ta alquería que el señor Colbert, ex·
prefecto de Lille, poseía en l¡¡ Picardía;
hechos los preparativos de viaje, Marce!

partió rebosando de alegria; esperando
descansar un poco de las fatigas que
consigo trae el estudio; después de un
día de marcha, llegaron a la casa de
campo.... Grata sorpresa le aguarda•
ba; fué recibido por Mimí, la bija del ex·
prefecto señor Colbert, ver a la joven y
enamorarse de ella, fué obra de un ins•
tante; sentíase fascinado por la mirada
apasible y casta deMimí •... La casa es•
taba construída en un claro del encinar
que circundaba la alquería; los góticos
ventanales e~taban guarnecidos por tu·
pidas madreselvas; todo un poema de
piedra estaba escrito en aquella solita·
ria casi:a, que era del más puro estilo
a,quitectóuico de la Edad Media; al
atravesar el encinar, Marce! se atrevió
a dirigir su mirada hacia la hermo~a
Mim{, quien se turbó en extremo al
contemplar en aquella mirada, fiel tra•
sunto de la impresión que en ella mis·
ma sentía germinar; Marce! sorprendió
menos que adivinó esa turbacióo, y al
pensar que quizás oo era desdeñado,
estuvo a punto de lanzar un grito de
alegría. A esta impresión siguió un si,
lencio que ninguno de los dos se atre·
vía a romper. Verdaderamente la si·
tuación era muy embarazosa y Marce!
trató de aprovechar el estado de ánimo
en que se encontraba Mimí.- Al · fin la
joven se decidió . a hablar.. Marce! la
escuchaba absorto, oía su voz como una
música deliciosa, ejerciendo en él esa

atracción irresistible que el amor desa•
rrolla cuando hace presa en corazones
ansiosos de placer y voluptuosidad .•..
Terminó de hablar .... Entonces Mar•
cel no pudiendo o creyendo no soportar
aquel deseo, c;on movimiento imprevis·
to apoderóse de la mano de Miml cubriéndola de apasionados ósculo; . . .. . .
No hizo resistencia; 110 se consideró
capaz de hacerla y entonaron juntos el
himno más sublime que generaciones
pasadas y venideras oyeron y oirán: el
himno al Amor. Todo el seotimieoto de
la ra za que más se ha dislioguido en
eróticas hazañas, se refleja.ha en aquel
cántico divino ; las caooras avecillas
alegres secundaban a los dos enamora·
dos; las más lozanas flores se abrían pa·
radar paso a. la feli z p3reja y el bes•
quecillo todo mostraba sus eocautos a
los que &lt;le tal manera turbaban su re•
poso ..... .
El señor Colbert decidió trasladarse
a Metz, donde a la sazón vivía; por eso
Marce! de regreso de Oxford, vuela en
pos de la felicidad que impaciente la
aguarda al lado de Mimí ..... .
MIGlJEL GUTIERREZ R.
México, Abril 6 de 1914.

Heridos en el Hospital de la Cruz Blanca de Vera.cruz.

Una sala del Hospital de Sao Sebastiáu, Veracruz, donde se atiende
a muchos heridos eo combate.

za; cuando reía, mostraba al descubierto el tesoro de sus labios purpurinos y
unos menudos dientes cual graoos c'le
arroz, hermosos como perlas de Siega,
pur; su esbelto talle se balaoceaba con
los gráciles movimientos de la palmera;
su hermoso pelo, negro y relacieote co,
mo el ala del cuervo caiale sobre el
alabastrino cuello semejando fabulosos
crótalos, y por último , sus piecesitos
aprisionados en diminuto~ cbapinES de
raso, daban la impre~ióu de estar con·
templando una obra de Van Eyck; tal
era la igualdad y puuza de sus líneas;
tal era la arm.ouía que en su coujuoto
reinaba.
El joven que, según reza su acta de
uacimieulo, llamábase Marce\ de Ra
miér_e, era no garrido mozo cuya edad
fluctuaba entre la adolescencia y la ma•
yoría de edad; las blondas gulas de su
naciente mostacho, pugnaban por som·
brear el carnoso labio, apenas si l,ivan·
tado _por voluptuosa contracción; su na•
riz aguileza, signo era de burguesa cu•
na y un grande amor a la molicie; sus

El trasatlántico español &lt;María Cristina,&gt; último que salió de Veracruz antes de la invasión americana,
vista de la proa tomada el dfa de su partida.
Fot Hade~ll.

�í

~~

1

BERTA

'L--~================:::::::::::::::~)
mis enemigos satisfecha su venganza.
¡Pobre Berta! se qut-dará ~in su Octa·
vio; y por sus mejillas ro:laroo dos lá·
grimas, las primeras quizá, desde que
Para &lt;Arte y Letras.&gt;
era niño.
Los clarines sonaron, y el cuadro co•
menzó a formarse. Las órdenes milita•
Serían las cuatro de la mañana; el
res se sucedían.
viento soplaba fuertemente; los á rboles
-Padre, dijo Octavio a uo sacerdote
del jardío crojíao a su impulso; meno·
qce Je acompaiiaba,-se acerca el su·
da lluvia rozaba los cristales Todos
dormían, menos Berta, que perma.iecía ·premo momento.
-Valor, hijo mío, teocoofiaoza eo el
cie rodillas, inmóvil e nte una imágen de
Eterno Padre. Dios es grande y pode,
la Gaadalupana. De sus ojos ya no bro·
taba el liante·. Sus labios se entreabrían roso.
- No, ya es tarde, Padre, moriré
lentamente: oraba. Su oración era
tranquilo y ,onrieote; solo deploraría
ferviente y salía de Jo más profundo de
q11e l,a causa qoe hoy me lleva al se•
su alma.
El reloj de la vecina iglesia dió las pulcro oo llegue a verse triuofaote y
cinco . Aquel sonido (úneb,e y triste victoriosa.
-Oremos,-dljo el Padre, que, ape
bízola estremecerse.-Lascinco, dijo,sar
de su misión, sintió eo su alma bu·
y elevando sus ojos al cielo exclamó:
¡oh, Dios míol-lserá posible que deo· llir un sentimiento de orgullo-oremos.
tro de una hora mi O~tavio ya oo exis• Para los verdaderos cri!tianos no hay
más Patria que el Cielo.
ta?
Octavio se vistió cuidadosamente.
...
..... ' ........ .... . aguardaba con impaciencia la hora d~
.. .. ... .. ... ···· ··· ................ . salid1. Un toque de corneta hízolo es·
tremecerse.-i Las seisl-dijo, y de su
Esbelto y elegante, de ri zada y rubia pecho se escapó un profundo suspiro.
c~bellera; sus ojos de un verde claro,
Uo piquete de soldados llegó a la
Jaezaban eo torno suyo miradas tristes puerta de la capilla y Octavio salió es,
y vagas. En el altar cbi3porroteabao e-ollado de ella.
dos cirio3, y sobre uo fondo negro des,
El cielo, después de aquella noche
tacábase la plateada figura de Cristo tempestuosa, estaba claro y sereno. Los
crucificado. Octavio no había dormido primeros rayos del sol doraban los pin,
en tcd1 la noche; paseábase lentamente torescos alrededores:de la alegre campi •
por la fúnebre capilla. De pronto se ña. Octavic respiró con satisfacción el
detuvo; un rayo de luz penetró alegre· aire de la mañana. Miró al cielo azul y
mente a través d3 los cristales.-Se tranquilo, la naturaleza toda, permaoe•
acerca la hora,-dijo, y sonrió amarga·· cía impávida ante su muerte, Sos ojos
mente -D~ntro de breve tiempo verán se 6juoo entonces en algo que lucía
A MARIA

··· ·· ····· ·····

a Jo lejos: era la gloriosa enseña tricolor.
La luz del sol, reflejándose eo ella,
hacía resaltar aún más sus r¡!lumbrao•
tes colores.• Flameaba entonces victo·
riosa y como satisfecha de sus postreros
triunfos.
La marcha era lenta; el teniente que
mandaba la escolta detúvose on instan•
te. Un emisario avanzó basta él y en•
trególe en pliego sellado. Era el indul •
to de Octavio. Ya no moriría, no, pero
en cambio, pasaría largos añ.is lejos de
su P~tria, allá, en lo más retirado de
un calabozo húmedo y frío,

.... . ..... ..... . .. ..... .. . . .. .. . . .. .
Serían las cuatro de la mañana; el
viento soplaba fuertemente; los árboles
del jardín se estremecían a su impulso;
menuda lluvi1 rozaba los cristales. Tú•
dos dormían, menos Berta, que, absor,
ta contemplaba a Octavio, quien bacía
algunas horas era ya su esposo amaao,
y que en la blandura del lecho ballába•
se sumido en profundo sueño, deliran,
do con ella, y con su amor, sometido
por tanto tiempo a tao doras pruebas.
Soñando, sí, con aquella obscura pri·
sión en donde pasó los días más amar·
gos de su existencia.
El reloj de la vecina iglesia dió las
cinco.
Octavio abrió los ojos y vió a '.Berta·
a su Berta querida, que amorosa Jo con·
templab1. E3trecbóla apasionadamente
contra su pecho, y díjola al oído, quedo,
muy quedo: ¡Jas cioco, amada mía! a
esta hora espira el plazo fijado ..... .. .
LUIS G. CABALLERO.
México, Mayo de 1914.

LEVEN.DAS ARABES
DE LOS KASIDAS.

A la orilla del río mirabas fijamente,
Flotar, cual si fuera una campánula dorada,
T u deslumbrante túnica que boga eo la corriente.
Dejándote desnuda, divina y desolada.
Yo te grité a lo lejos, de paso: Sé dichosa ...
Mas tú me respondiste con acento sombrío:
-Y cómo, si mi túnica, más bella que ooa rosa,
Ha sido arrebatada por el inquieto río?...
-Tal es- te dije eotooceS-tu juveottd: se aleja
Sin detenerse por su~piro, llanto, queja ....
Escucha, no estés triste. S~ de tus penas hondas,
Observa qué quietudes tao gratas y propicias...
No estés inmóvil.... Vamcs allí, bajo las frondas,
Donde te haré una dulce túnica de caricias.
RAFAEL LOPEZ.

�Las últimas obras

de Angel Zárraga

David.

Moctezuma Ilhuicamina.

En el Salón de Otoño de París, el año pasado, nuestro pintor Angel Zárraga expuso cuatro
grandes medallones decorativos
que él titula &lt;Cielo de la Acción&gt;. Escogió como ti pos representativos cuatro piedras mi liares en la historia de la Acción
humana: Moztezuma Ilhuicamina, flechador del cielo, David de

la leyenda bíblica, San Jorge de
la leyenda cristiana y el Aviador
de la Epopeya moderna.-Estos
cuatro medallones son una evolución en la obra de Zárraga pues
del análisis disciplinado de &lt;Los
Reyes Magos&gt;, &lt;San Sebastián&gt;,
etc. , pasa ahora a una concepción .sintética de la forma y del
movimiento. - Zárraga piensa

que la pintura es arquitectura
antes que nada y ha subordinado su esfuerzo a la realización
de una obra arquitectónica, pues
destina estos cuatro medallones
a la decoración de una fachada.
Nos complacemos en reproducir el
siguiente juicio emitido por una
revista de París a raíz de la exposición de nuec;tro compatriota:

Zárraga, como todo artiita altamente dotado, prueba que tiene dón de transformación; y, si
cambia de oroceder estético, no
es para dar temeroso un paso
atrás, es para volar con brío por
las alturas en que el arte se codea con la razón. Es, en medio
a la dominante delicuescencia,
uno de los pocos artistas que tiene conciencia plena de su arte;

sobre estética conoce las más encumbradas y variadas teorí2s; en
punto a técnica y en punto a escuelas, puede decirse q11e no hay
secretos para él, pues ha llegado
al dominio triunfal ele los más
grandes medios de producción.
Como s u espíritu no es vacuo,
sino que está en constante vigilancia, pueden de él esperarse
grandes cosas, bien que no sean

nimias ni pequeñas las que nos
ha dado hasta aquí,
Nos ha reservado en este salón
una verdader.a serpresa con su serie de cartones decorativos, los
que, si bien no son para decorar
ningún interior no dejan de atraer
la mirada de los selectos espíritus.
( Continuará).

�La voz del Ghampagne
Para &lt;Arte y Letras.&gt;
Yo, dice el champagne, soy la bebida
De los grandes magnates y señores,
De los brindis reales; la elegida
De los altos poetas soñadores,
De este siglo; de los emperadores
Y los reyes del dollar y la banca;
El &lt;clou d'or,&gt; la nota culminante
De los trasnochadores.
Soy topacio diluído en ilusiones
Que llego al corazón y a la cabeza;
Soy dinamo de locas vibraciones
De amor y de ansiedad y de terneza;
Caleidoscopio de espejismo extraño
Al través del cual todas las cosas
Se convierten en joyas, en perfumes,
En caricias y en rosas.
Soy en el &lt;cabaret&gt; y en el casioo
Donde la seda cruje y do se chafa
Terciopelo del traje femenino,
Y el &lt;chartreuse&gt; descansa en la garrafa
De cristal de Bohemia, y va ~in tiiio
Rodando la fortuna en la ruleta,
La que consuela al infeliz qne inmola
Peseta tras peseta.
Yo estoy en todas partes. en la playa
Donde el muodo elegaote hace verano,
Donde la joven &lt;citadina&gt; eosaya
El &lt;flirt&gt; cautivador y el soberano
Y dulce sonreir de sus mi¡adas
Que tienen como el mar sus espejismos
Y: en que a veces el alma emocionada
Y por ~I amor solicito empujada
Encuentra dos abismos.
Estoy también luciendo en las escenas

El deseo de la amada
La Niña de mi amor me dijo un dia
Con su sonrisa franca de alegría:
- «Oyeme, mi poeta: tú, que has sido
Por el ensueño uogido
Y que escancias, al par que la dulzura
En tus versos, la miel de tu ternura,
Deseo que de tu mente soñadora,
Donde existe mi imagi:n triuofadora,
Brote en raudales, puro, cristalino,
Sollozaote de amor, un verso suave
Un madrigal azul, casto, divino,
Que simule caricia o trino de ave
Para mis manos que deshojan tactos
Petalitos de amor en tu camino;
Para mis ojos que, por ti, sus llantos
Riegan tu senda ignoto peregrino&gt; ....
o o o
Tembloroso y sumiso ante el deseo
De la pálida virgen que yo adoro,'
Hice llegar hasta ella el aleteo
Del Ave azul de mis ensueños de oro,
o o o

¡Manos de seda y de flor!
Hoyueladas manos mías,
Que encendéis mis alegrfas
Y que calmáis mi dolor ...... !
Si pudi~ra con amor
Teneros sp)?re mi frente,
¡Con qué pasión tan ardiente
Os cantara eo mis endechas!
Para Íní, babéi~ sido hechas,
Manos de seda y de flor,

¡)~ las ópera,:¡ cómicas, mezclada

r.

Con exquisitas raras cantilenas
De una extraña páreja enamorada.
A veces entre lágrimas y pecas,
~ntre s.uspiros y gratos embelesos
O convertida en fuego entre las venas
De la mujer galante y descocada
Que cotiza sus besos.
Soy bebida elegante, la obligada
En bodas y bautizos y reuoioues;
La que como corriente desbordada
luuudo de placer los corazones.
La que como el Falerno de la Roma
De Claudia, de Nerón y Mesalina,
Las voluut..des más potentes doma
Y entorpece y arruioa.
P. H. RODRIGUEZ.
San Luis Potosi, Abril de 1914.

ooo

¡Ojos _glaucos, adormido~
Ojos serenos y scaves ....
Vuestras miradas son aves
Que vienen de ausentes oidc s.

•

Si no me traéis heridos
Los recuercl.os sacrosantos
De amores d~lces y santos
Llegad, que sois mis antojos,
Y besad mis pobres ojos,
Ojos glaucos, adormidos! ....

J. MARDOQUEO CRUZ.
Primavera de 19r 4, Nogales, Ver.

SUCESOS VARIOS DE ACTUALIDAD.-Cañonero &lt;Guerrero,&gt; de la marina nacional que hundió al cañonero
&lt;Tampico,&gt; cuya tripulación se rebeló contra el gobierno C!lnstituído.-.Señor E. Sherwell, alto empleado de la Secretaría
de fostruccióa Pá blic1 y Bellas Artes, que ha dido conferencias patrióticas.-Gral. Guajardo que opera en el Norte. - Se·
rranos de Oax1ca, listos para la defensa nacional.-&lt;EI Tampico.&gt;

�fff:===========A====L====EG===O===R===I====A===S======~

~

~

En un lago de liofas claras, castillo
airoso sus muros levantaba; las peñas
que su base sustentaban preciados te·
soros escondían de noble metal y peareria. Más no toda la riqueza del castillo tao sólo en esto se estribaba, bos•
ques vírgenes babia de maderas oloro•
sas, rosas de coral, grutas de perlas,
arroyuelos cristalinos que regaban praderas de esmeralda, árboles frutales;
plumajes pintados en las aves, voces de
flan ta en sus gargantas.
Y en la torre más alta del castilloemblema de poder y supremacfa-águi,
la real de torvo pico, de férrea garra,
su touco grito lo lanzaba ••. .. .
Los nobles moradores de la islaguerreros valientes y atrevidos , con de·
nuedo sin igual la defeudía:n- y no·su·
pieron conocer del miedo; temores va·
nos, y no pudieron· los pueblos comar•
canos¡ poner un yugo a su hidaJgnia.

S'r. Li~. D. Enrique Ballesteros electo
segundo vicepresidente de la Cáma·
ra de Diputados durante el
mes de Mayo.

1

1

o o o
1

De oriente llegaron oav1s blancas
surcaodp con sus cascos ¡., ~erso de las
aguas. I:.os nobles_ morador15,s de la isla
creyendo un amigo al g.ue venia, Je
dieron las llaves del castillo, le hicieron subir hasta la torre , dó el águila
graznaba. . . y el huésped se tornó se·
ñor y a el águila aberr,ojó con cruel
cadena y ansioso recorrió todo el cas·
tillo busca.ndo el tesoro de que hablara
la fábula hechicera, ab:ó una hoguera
pues él pensaba arrancar asi el secreto
al guardador del oro y pedreria, y en
medio qel dolor. éstes_aUaba, ca,llaba y
soorefa.

Sr. Lic. D. Francisco Pascual G~rcía
electo presidente de la Cámara
de Diputadas en el presente mes,

Señor don Fernando Gil electo
primer vicepresidente de
la Cámara de Dipu•
tados.

La historia se repite, el fuerte está de pie con sus
preseas, la fama lo divulga por doquiera, yel águila en
su torre, siempre llltiva al buitre su rival,con odio
sin igual, le mira.
La sed insaciable de riquezas devora la entraña del
milano y a la isla-tesoro de bellezas - pretende con·
quistar y a ese fin, sus naves manda que surquen las
aguas de aquel lago....
4.
Al llegar a este punto de la historia al futuro se de¡a
que nos diga la resulta final de aquella hazaña .. .. l ~e•
rán los hijcs de la isla, del alma del fiero tesore~o que
ea medio de la llama sonreía? ¿Serán .... . . -iD1os oo
to quiera! como el otro, traicionero-qne su honor y su
patria la vendía .... ?
1Que el mañana se resuelva favorable! Jqu~ luz~a la
aarora sonrosada y bañe con sus luces el cashllo l s1em,
pre libre, siempre altivo, que el águila impe_rial ' lance
su ¡tri to ...... y antes que el ladrón aborrecido pueda
con su garra el sacro suelo profanar, ¡que caiga la torre y el castillo! ¡que la isla se destruya! que se la tra•
gue el mar.
DOMINGO GARCIADE I.;EON.
(&lt; ~ogeliaa Domo di G:irce&gt;).

Un orador eu el mitin con que celebró el elemento obrero

de la Ciudad la fiesta del trabajo.

o o o

e(

'Por muéhos años:
ág~ila-S;ñora de otros tiempos-gimió en su encierro,
ed tanto que, en los parques del castillo
ostentoso paseaba un león, manchando
eJ lsuelo.
¼. el águila llegó valiente anciano
qn¡itándole sus férreas ligaduras y así
Mons. Manuel Rivera, Obispo de Querétiro muerto el 3 del actcal.
entablaron, el águila y el león, furio•
sas luchas, la una peleaba por lo suyo,
el 1otro luchaba por guardar Jo hallado; tad se defendían. De tales hechos, exis, gigantes, tendió su vuelo hacia el casti·
vehcido el segundo en la contienda, las ten monumentos que viven por la gloria llo, el agoila imperial que le guardaba,
naves se alejaron del castillo, las aguas de los muertos.
rugió de encono, miró con rabia al ene·
se 'tornaron transparentes, de el ave vol•
migo .... y el sol que desde el cielo con
vió su poderío.
su dorada luz bañó el combate. ¡Qué
o o o
cuente cual aconteció, qué diga lo rudo
o o o
del embate!
Mas por desgracia, el que entonces
Al norte de aquella fortaleza, azules
/C uántas veces despuésl-lo cuentan montes encierran el pafs de los gigan· custodiaba los tesoros, no tuvo lo herói·
del castillo los archivos,.-en nocbes ca• tes; bandidos son éstos, muy tenaces y co de su ancestre y haciendo de traidor
llalias, transparentes, la calma del lago de todos los rapaces enemigos con que el vil oficio, abrió el secreto al merce•
se turbaba por lanchas de piratas que cuenta la ista· pro'digiosa, 'se puede ase• nario y así el plagiario cargó sus na,
acudían en busca del tesoro codicia· gurar a dicho cierto que son los .gue le ves . •.. .. ¡no con el botín del triunfa•
do ..... . tantas otras el grupo de va• tienen más anhelo • . •. y en épocas pa, dor .... ¡pues él llevaba el fruto de trai•
lientes, abnegado, con honor, con leal· sadas-no lejanas-el ave falaz de los ción y de pillajes!

o::ireros que asistieron al mitin efectuado el primero del actual, para_ celebrar la fiesta del trabajo.

�~ Teatrales
L

l
•

Flácidas, colgantes, como pegad~s al mástil, fletan las,
en otro tiempo, hinchadas velas del galeón teatral.
En cuanto a los galeotes, dicho sea de paso, no hay
cómitre que les haga reinar a derechas.
Y es que de la fauna humana, animal es el cómic,,
empeñado ~iempre en conspirar contra sus propios (y
aún agenos) iotere~es.
Por mo:½o y manera, que amagados andamos, a lo que
parece, de desastre, o desilusión teatral, de los de óro
dago.
Susúrrase la llegada de Muñoz.
Háblase de defecciones importantísimas.
Colúmbrase campaña artística formidable que trate
de fnodir el hielo de una indiferencia y mal g usto consuetudinarios, en el público, por estragamiento del gu~to
y peor adobo de lo que se le sirve ...... y ¡váya usted a
saber en qué Pararán estas mi~as!
Averígüelo Vargas.
o o o

Escenas y penonajes de cLa Maldita Bebida&gt;, estrenada
en el Colón el sábado,,-Fots. Lupercio.

cLucha de Clases&gt; desdichado engendro echegariano,
del molde antiguo, ha sostenido el cartel del Mexicano
durante la pasada semana.
Comedia vaudivillesca con toques de &lt;moral de guar,
darropía&gt;, ha suscitado (Quién lo creyera! los escrúpulos monjiles de algunos cbabitués&gt;, que allá en la oque,
dad de las telarañas de sus exiguos cerebros. han adju·
dicado al infeliz Don Miguel, más &lt;pesquis&gt; del que es
susceptible.
Sin embargo, &lt;El Orgullo de Albacete&gt; no ha ahr•
mado las pudibundas y remilgadas__conciencias.
-!Misterios de la vida! como dice la Olazo en &lt;Lu,
cha de clases&gt; al sentirse cansada ca pesar&gt; de haber
lle¡¡ado en coche al Convento.
Al llegar a este punto te hago gracia, lector pío, del

atgomento, entre otras razones, porque.se me ha
tachado y con sobrada razóo, de hacerlo ·muy
nial.
Diréte algo, muy poco, de la interpretación.
Parra sigue empeñado en no suprimir, de la
espaciosa frente, el apéndice capilar o escanda·
loso topé que tan mal }e sienta.
Ptadencia Grifell, no sintió, joh tiranía de
las circunstancias! el menor empacho. en vestir el traje
de desposada.
~
El comandante Alfredo Macias-, no consiguió poder
abrocharse (grave falta militar) los corchetes del cuello
de so guerrera, harto conmovida por su contínuo zaran·
deo epiléptico.
En cuanto a la hermosísima señora Mercedes Nava•
rro, empeñada siempre en lucir toilleles sobrado elegantes para el papel que reoresenta, nos sirvió uoa hija
&lt;Sócialista&gt;, un tanto epiléptica lambién, algo gutural,
peto cesonltarat&gt; en cambio.
El traje aquél de albo raso es realmente capaz de al•
terar el orden social. ..... de los espectadores.
Pero lo que dirá ella:
-IQué culpa tengo yo, caballeros, de haber resulta·
do as!. ..... tan &lt;guapa&gt; como Dios me ha hecho?
Lástima de que el Supremo H1cedor, se haya descui•
dado en la garganta, en los brazos, (ademanes) y en al·
gunas otras cosillas más.
Pero no hay derecho a ser exigente ni con la Diviaa
Sabiduría.
Cuando é~ta fabrica una hermosa mujer, jamás se le
ocurre que le dé por resulfar artista.
Pero en cambio con las feas ...... se esmera
Dígalo si n6 María Lnisa Rejane.
Fea, a matar, pero eximia artista en cambio.
Y hasta con el sexo feo ocurre lo propio.
He ahí a Cervantes, que para ccariáticle&gt; no-tenaría
precio y ••••.• es un excelente actor.
El mismo Don Joaquín, puede aspirar, sin mengua ni
desdoro, a un premio de &lt;belleza&gt; masculina y ..... .
ve•y. gran cruz del mérito y constancia artística.
!Una infinidad de años, _perdidos miserablemente,
irremisiblemente perdidos en América!
!Oh dulce y dorada leyenda americana!
Ni a la cgente de corral&gt; respetas; como que to mag,

-

&lt;Lucha de Clases&gt; ea el teatro Mexicano

�Uoa esceoa d'.l la obra de Paol Hervi~u. traducida por Benavente,
cEI destino manda.&gt;
na y envenenada influencia a todos y a
cada uno alcanza! ......
o oo
Los &lt;templos de la tanda,&gt; y sobre
todo el Principal, pletóricos.
Los ojos gachones de Maria, (asi la
llamamos sus latimos) la frialdad marmórea de la melancólica y pésima li•
terata Mimí; (asf la llama todo el mun•
do) y finalmente los trinos y gorjeos de
Carmen Caossade, enamorada del arte
y del chocolate de la Palma, (con ban,
derillas) reciben el aplauso, benepláci·
to, y dineros públicos.
Dios sea loado, y se lo aumente!
En el Colón, Chole capea el temporal, mar gruesa y de fondo con una sirena de ojos verdes tao sabrcsa como
la paella de so tierra: La Iris!
Iris .... .. digno de la más cfermosa&gt;
gata de Angora.
Pero ni por esas!
Verdad que a mi pobre juicio "Tira•
do" se "tira" demasiado a fondo.
De abi que todos llegoeo pronto al
idem.
!Laos Den!
DON NADIE.

TEATROS ESPAÑOLES
El estreno de cEI destino manda,&gt;
con tanta impaciencia esperado, se ve·
rificó el miércoles.
Manteniendo el pabellón por él crea·
dri en la dirección escénica, Fernando
D!az de Meodoza ha realizado una la,
bor digna de los más eotosivtas elogios
al poner en escena la obra de Hervieo.
Como es sabido, ésta tiene dos actos,
y el lugar de la acción es el mismo en
ambos: un castillo francés del siglo XVII,
en el cual habitan sos propietarios ac•
toales, q'1e se han instalado con todas
las comodidades del ccoofort&gt; moderno.
Tiene on chall&gt; de planta rectaogo,
lar, y sus muros, lo mismo que la bóve•
da, dan la impresión exacta de la pie·
dra obscurecida por el tiercpo.

Un cuadro de gran tamaño, que se
destaca en el fondo, es obra del notable
artista Anselmo de Miguel Nieto, y representa a María Guerrero ((a doeña
del castillo en la obra) seotada en un
diván. La pintora es digoa de la artista
retratada y de la fama del pintor. Un
arcón que aparece colocado bajo el
coi..dro es de talla, de época y a utéotico.
Las columnas de la chimenea y el es•
codo que las remata en so parte supe,
rior son de bronce dorado y estilo ba•
rroco.
Lo~ moros dan la sensación de la
verdan; la verja es ooa auténtica puerta de hierro De este modo, el pl1blico
tiene una completa impresión de reali·
dad.
Del centro de la bóveda pende una
araña de madera, esculpida y dorada,
del gasto de la época de Luis XIV, co•
piada de las que se cooservan del fama·
so mueblista francés Andrés Carlos
Boulle, qoe floreció como es sabido a
fines del siglo XVII.
Los muebles son, en su totalidad, muy
de carácter de época; están tallados en
nogal y roble, y tapizados con brochados y terciopelo. En ellos se ha atendido especialmente a qoe sean muy cómodos y coofortables, como corresporde a un castillo tan suntuoso. htbitado
por gente prio,:;ipal.

En el centro de la escena aparece una
mesa grande de artística talla, junto a
la que hay un sillón de alto respaldo.
Bajo la balaustrada de la derecha, on
diván lleno de almohadones de pluma, y
junto a la chimenea, dos grandes cver·
géres&gt; y otra mesa, más pequeña, del
mismo estilo.
En el fondo. el arcón ya mencionado,
y convenientemente distribuidas, variad
sillas.
Co:npletan la decoración tipicos ca,
churos de porcelana, figuras de bren•
ce y ricas alfombras orientale~.
Los trajes hao sido también objeto
de un detallado estudio.
Las paredes del salón del castillo es,
tán e-abiertas de tapices flamencos de 1
siglo XVI, propiedad del duque de Ta•
mames, que los ha cedido galantemente.
Todos los detalles, en fin, son de una
realidad y una riqueza verdaderamente excepcionales.
(De nuestro cacje madrileño.)

María Guerrero y Fercando '.Dfaz de
Mendoza en coa escena de e El Des·
tino Manda.&gt;

Páginas· Femeninas
Los brocados aun los de dibujo más
sencillo son tao ornamentales que requieren poco o ningl1n adorno. Con los
rasos, la combinación más usual es el
chiffóo o encaje muy fino, ya sea du,
quesa, irglés, chantilly o valenciano le•
gitimo.
Se nota que para los trajes de soirées,
la falda, en general, es de brocado o
cualquiera otra de las telas de moda,
d~ tejido espeso, como el satín, el vel•
velino o las tafEltas, miantras que los
corpiños son siempre de las telas trans·
parentes.
Hay tal variedad en tintes nuevos,
que cualquiera mujer puede fácilmeote
hallar el tono más propicio para so co•
lar. Al elegir las telas para nn traje de
soirée, conviene vsrlas bajo la luz arti·
ficial, paes con frecuencia sucede que
un color cambia bajo el efecto de la
luz eléctrica, y en los tonos suaves sue ·
len producirse algunos efectos que no
favorecen.
A pesar del famoso dicho relativo al
color amarillo, este color es uno de los
que más favor hacen, si se sabe elegir
el tono; y para las morenas es de parti·
colar realce.
Actualmente los tonos &lt;tango&gt;, q ne
~utiguamente llamábamos anaranjado.
los coros&gt;, el amarillo melón, etc., son
los predilectos de la moda; combinado
con negro, blanco y aun con ciertos tonos de azul, es de un efecto maravi·
llol'&lt;l.
Un delicioso modelo importado re·
cientemente, tiene la falda de brocado
amarillo oro; el drapeado está arregla·
do en pliegues iguales en torno de la
cintura, formando paniers a los lados y
dejando casi liso el delantero. El cor•
p,ño está hecbo de chiffón blanco sobre
punto grueso trapeado con un dibujo
semejante al del brocado, hecho con se·
da amarilla. Las maogas sumamente
anchas, se recogen ligera¡nente en un
puño pequeñito sobre el codo. El cin•
turón es de terciopelo orqofdea, ciñen•
do la cintura a la espalda y terminando
cruzado, a igual altura del escote y cer
ca de la sisa.
Hay una reproducción de Este mo·
delo, en satín adamascado color violeta,
con cinturón de terciopelo turquesa y
esta combinación es también de herma,
so efecto.

miento&gt; Pero deseo llamar la atención
de mis lectoras, de un modo especial,
al hecho de q ne la gracia del movimien
to es no solaocnte asunto de giros del
cuerpo: es en parte,en gran parte, asun•
to mental.
Los movimientos sin objeto, inciertos,
no son graciosos: son torpes como las
vacilaciones de un ebrio. La libertad
de los movimientos forma parte de la
guci-¡; pero hay qoe mantener el eqni·
librio
La regla de D_,Jsarte, es la siguieote:
Fnerza en el centro, libertad en los ex,
Iremos&gt;. 'í ciertamente no hay otra me,
jor. Es preciso, sin embargo, entender
bien que la &lt;fuerza&gt; no es la &lt;tensión&gt;
o ctiraotez&gt;. No hay nanea una excusa
legítima pa:a la tensión de los múscn•
los.
Con el fin de establecer esta libertad
y fuerza que forman la gracia, y que
una vez adquiridas, influencian todos
los movimientos, es preciso, ante todo,
poner las extremidades en condiciones

tales que respondan prontamente a la
dirección del cerebro.
Es necesario enseñar a los brazos a
moverse teniendo como eje los hombros:
el antebrazo debe moverse consideran!
do como centro el codo; las manos de•
pP.odiendo de la muñeca, y los dedos,
de la mano,
El pie debe aprender a moverse teniendo como centro el tobillo, la parte
baja de la pierna, teniend, como eje la
rodilla, y la parte alta, el maslo.
La cabeza debe aprender a moverse
libremente sobre el eje del c uello, el
torso, sobre las caderas, y no la cintura,
seg\10 es el error com11n.
Para todo esto, es indispensable ha•
cer ejercicios con los brazos y piernas,
para acostombrarlos a moverse fácil,
mente, dependiendo de sus centros indicados. El resultado de todo ello será
la eliminación de un gasto inútil de
energía y vitalidad, que estarán substituidas por la buena dirección de los
movimieotos.

DELIA.

ººº

La poesía del movimiento
Maria Guerrero y Fernaodo Dfaz de Mendoza en uua ,scena del segundo acto
de la obra ~eHervieu.

Todos los movimientos que hacemos
deberían expresar lo que los franceses
describen como cLa poesía del movi•

Vestido de visitas o paseo,

�labores doméstiGas

Echarpe de tul oegro.

Nunca los modelos de zapatos bao
sido tao variados como ahora. Después
de los cotoroos vem?s los zapatos a la
cpoolaioe.&gt;

Guarnición para colocar bajo una
levita.

La enagua desterrada durante cierto
tiempo, vuelve a reaparecer. Pero por
su forma y por su ligereza, apenas si
puede coosiderarse c0mo vestido ver•
dadero de interior.

Adorno para zapatos. Para hacerlo,
se borda con perlas de acero una media
luna de raso o de ti,rciopelo.

Ligas de elástico, cubiertas con liberi
ty fruncido, color caucho.

Ligas de mañana, de seda de color,
adoroado.s con pequeñas rosas de &lt;ta.
ffetas &gt;

f".

.

~~

.
•'

.. .,,:\
'

,,

..

\,,"

Peqoeña casaca de velo oioóo, de
color claro, cortada en forma de kimo•
no muy amplio.

Elegante conjunto de trajes propios para té, recepción o baile.

Ciotura-ebaleco, de piel de Suecia•
natural, orlada con un &lt;liseré&gt; de ca•
britilla negra.

�Asi, por ejemplo, si hay que alcaazar
ua objeto colocado en alto, la energía
necesaria acudirá directamente del hom•
bro a la pnnta de los dedos y no a las
falanjes o al codo. Si hay que voltear
a ver a una persona que esté al lado, la
cabeza girará sola sobre el cuello, en
vez de que todo el cuerpo lo haga sobre
la cintura.
Recordemos, pues: fuerza en el ceo·
tro, libertad en los extremos, y de esta
manera, todos los movimientos tendrán
gracia.
Es preciso evitar las posiciones angulosas; los movimientos duros, bruscos;
un poco de ateoción y práctica, hacen
adquirir la gracia tan deseada, la cpoe·
sía del movimiento&gt;.
DELIA.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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