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                  <text>Rdgistrado como articulo de 2' clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda Epoca.

Sábado 16 de Mayo de 1914.

TIPO~ NACIONALES.

Tomo l. -Núm. 13.

�INDICADOR

'' Arte y Letras "
Se publica todos lo; s.ib;,,dos por 1,

Cía. Periodística Mexicana, s. A.
DIRECTOR:

J. M.

COELLAR.

GERENTE:

MlGUEL LANGARICA.
OFI CINAS:
3~ Riocooada de San Diego 41.

Teléfonos:
Mcx. 20-85Neri.-Eric. 14-51 .
A;,a rtado postal 45 bis.
MEXICO, D. F.

Los Delegados
Partieron, se marcharo~ llevando la representación de todo
un pueblo que ansiosamente desea el preciado don de la paz, del
que se ha visto privado durante
cerca de cuatro años.
Representantes de un anhelo.
depositarios del símbolo de una
nación. lian sido colocados en el
puesto más alto a donde puede
llevar la voluntad colectiva; van
en busca de la paz. el supremo
deseo, pero al mismo tiempo llevan encomendado el honor nacional, el cual han de depositar
en el 'santuario patrio en el mismo estado de pureza en que se
les entr.egó. Si bien es cierto que
deseamos ardientemente la tranquilidad pública y el restablecimiento del orden, también lo es
que estos bellos ideales se han
de realizar sin haber mancillado
para nada la blanca túnica con
que el alma del pueblo se muestra revestida en las ocasiones solemnes.
Tal es el difícil dilema que la
Patria ha impuesto a los ilustres
ciudadanos que partieron pocos
días ha, rumbo al "Norte para trazar con sus codelegados las condiciones en que se ha de fundar
un tratado de µaz y amistad, que
tiene todos los visos de ser duradero, entre nuestro país y los poderosos y a la par ambiciosos vecinos que por desgracia nos deparó la suerte.
Por una parte oirán los gritos

desolados de los combatientes en
los campos de baralla; el inmenso clamor de cuarenta meses de
lucha fratricida que se escapa de
los campos empapados en sangre,
la cual corre en ríos brotando de
la tierra del mismo modo que dicen los creyentes que brotaba al
c::mjuro del Sumo Pontífice la
sangre de los mártires cristianos
cuando tomaba entre sus blancas
manos un puño de arena del circo de Roma.
Al salir del paí~, al considérarlo de lejos tendrán que ver que
de esos campos regados con sangre no puede brotar ninguna buena semtlla, lo que el arado fecundó durante treinta años, la
espada lo ha esterilizado en poco
más de treinta meses; donde antes se cogía hermosa cosecha de
·trigo ahora solo hay cadáveres
colgando de trecho en trecho a
árboles que están tan muertos
como los cuerpos que sostienen ·
los ferrocariles que en otro!&gt; tiem~
pos servían para llevar los sacos
rebozantes de maíz, llevan ahora soldados que van a la guerra
dejando hogares y familias v regresan trayéndolos heridos o
muertos.
La maldad de los hijos indignos de la Patria ha hecho todo
esto, y ahora es cuando el invasor extrangero quierP. interven ir
en nuestros asuntos nacionales,
con intención .que solo la historia puede calificar. Si los males
de la guerra intestina han sido
horribles, es probable que los de
la internacional lo sean más; espanta figurarse lo que suc(lderá.
Ante este cuadro los señores
delegados tendrán que pensar en
que el deseo nacional de paz y
de tranquilidad es muy justo; ya
se ha luchado mucho; la Patria
está casi agotada; su enorme vitalidad ha sido puesta a una prueba tremenda, es muy justo que
los soldados vuelvan a empuñar
el arado y dejen la espada; la paz
es una inmensa necesidad nacional.
Pero después de reflexionar en
todos estos horrores los señores
delegados verán aparecer una
forma blanca que les hará vol.
ver del país de los sueños do.
loro.sos para ir al de los heroicos.

«Yo soy, les dirá, el alma nacional, la blancura de mi túnica no
debe ser maculada ni con !asombra de una mancha porque, como
dice Soroastro, mi amor es como
un globo del que salen tempestades cuando se le hace una picadura; mi túnica ha sido puesta a
vuestro cuidado, estais obligados
a responder de su perfecta pureza el día que entreguéis de nuevo el precioso depósito que se os
ha confiado.&gt;

Doble ultraje nacional

Y entonces empezará la lucha·
las miserias y horrores prolonJ
gándose hasta e[ infinito por una
parte; las viudas, los huérfanos
y los cadáveres llamando a las
puertas de la compasión humana·
de los delegados, que al fin son'
hombres, y por otra parte el pueblo exigiendo que no se lastime·
en lo mínimo el altivo caracter
de su espíritu; que se le devuel ..
va incólume -;u honor.
Pocas veces creemos q ue se haya conferido misión más difícil
a un terceto de hombres; es cierto que el terceto es digno de la
misión conferida; ya Jo dijo el
Senado: "enviamos tres sabios y
tres hombres honrados," pero
aun así, deben tener momentos
en que se sentirán agobiados bajo e_l peso de la enorme respon sabtl,dad que se ha colocado sobre sus hombros.
Si s¡¡ len a van tes de ella, si regTesan a la Patria. como lo
esperam os. después de haber
asegurado la paz y trayendo incólume el honor de la enseña naciona l, habrá que erigirles un
monumento y si no es compatible una cosa con la otra y en su
conciencia está que es necesaria
la continuación de la lucha para
garantizar la blancura de la túnica del alma del pueblo, no hay
que perder los ánimos : la patria
les vivirá siempre reconocida por
su buena voluntad v si el sacrificio se impone, e~viará a sus
hijos a los campos de batalla para conquistar con su sangre Jo
que no se haya conseguido por
medio de la justicia y la razón.

J.

M. C.

ritari_nos invasores emplazando ametr~lladoras coo~ra los mexicanos sobre nuestro propio territorio.-Profaoa•
c160 del moonmento del Benemérito de América por hs metrallas del invasor. Fot. y clisé La Ilus, Sem.

�EL PEON CAMINERO
ror FRANCOIS corrEE, de la Academia francesa.

Su Magestad la reina de Bohemia,para los cuentistas ba~r~ siei:npre _uo
r eino de Bobemia,-v1a1a baJO el 10cógoito más estricto y más modesto,
con el nombre de condesa de SieteCastillos, y acompañada solamente por
la vieja baronesa de Georgeotbal, su
lectora, y el general Horscbowitz, su
caballero de honor.
A pesar de las estufas y las pieles, ha
hecho frío comtaotemeote en el depar,
tameoto reservado, y cuaodo la reioa,
caosada de su oovela inglesa o impa·
ciente de ver hacer calceta al general,
porqne el general hace calceta, desea·
ba contemplar por un momento e_l ca_m,
po cubierto d-e niev_e, ~en!a que hm~1ar
con su pañuelo el v1dno del ventao1ll0
cubierto de algas formadas por la con,
deosaci6n del vapor de agua. Realme_o·
te es un capricho singu'lar, y muy d1g•
no de una cabeza de veinte años, :1
qu, ba tenído Su Mag7st~d de pa!tar
rumbo a París en pleno 10v1erno, e 1r a
ver a su madre, la reina de,Moravia, que
había de ir a visitarla en la Primav:ra
siguiente A pesar de esto ha querido
pooerse en camino c~o una temperatu,
ra de diez grados ba¡o cero; la baroo_e·
s:i. tuvo que sacudir sus viejos reumahs•
mos, y el general, dese~perado, a~;iodo,
o6 un hermoso cubrep1és que te11a pa,
ra su bija política, y tuvo que coofor·
marse con llevar, para los ocios del ca•
mino, a penas lo basta~t~ para t~jer un.U:
medias de lana. El viaJe ha sido rudo,
toda Europa está cubierta de nieve, y
se acaba de atravesar la mitad de ella
con mucbot retardos y dificultades, por
ferrocarriles cuyo servicio está dernr•
gaoizado por el rigor de_ la esta~i~o.
l'or fin se acerca el término del v1a¡e;
se cenó en la estación de Macon, y aun
que esa noche también las estufas es·
táo casi frías y fuera revolotean blaucos
copos de nieve, la baronesa y e 1 gP.oe·
ral se han dormido bajo las mantas y
Jas pieles y sueñan, cada uno en su rio•
eón, con su próxima llegada a Par~s
donde la buena señora podrá cun:phr
con una antigua devoción y el general
irá en llegando, a uo expendio de la•
na~ de la calle de Sa int Honoré, único
donde podrá reponer . su estambre ver·
de gastado eo el camino.
La reina no duerme.
Febricitante y calosfriada bajo su
pe.lliza _de piel de zorro azul, con el
codo apoyado en el brazo del sillón y
la mano crispada entre el desorden ~e
sus magníficos cabellos color de paJa
que se e~capai:i de su coque!º ~tal_Pack&gt;
de viaje, sueña, con los o¡os abiertos,
escuchando las vagas y lejanas músicas

que las orejas fatigadas de los viajeros
creen percibir entre el ruido del galo·
pe de hierro del expreso. Por medio
del recuerdo pasa revista a toda su vi,
da y la pobre reina concluye que es
muy desgraciada .

o o o
Se ve otra vez como cuando era uua
princesita con las manos rojas y el pe·
cho liso, junto a su hermanita gemela,
a la que se ca~6 por allá en el Norte,
su hermanita a quien tanto quería, y
que se le asemejaba tanto. que, cuando
llevaban trajes iguales, había necesidad
de ponHles en la cabeza listones de
diferente color para distinguirlas. Era
antes de que la revolución hubiera derribado el trono de sus padres, y recordaba con gusto la atmósfera de la
corte de Olmutz porque en ella la eti,

queta se hallaba moderada por la bonhomia; era ea los tiempos en que su
padre el rey Luis V, que había muerto
ea el destierro, la llevaba de la mano
por en medio del parque para qoe tamara el café con leche en compañía de
su hermanita, a las cuatro de la tarde,
en un chalet de estilo chino invadido
por las viñas, de donde se veía el curso
del río y el aofiteatro de las moct, ñas
enrojecidas por el Otoño.
Después recordaba su matrimonio y
el grao baile de presentación, en aque•
lla hermosa noche de julio en la que
oía sobir el murmullo de la moltitud
que aodaba por las calles de los jardines inundados de luz ¡Cómo temblaba
cuando la dejuon sola con el joven
rey eo el invernadero! Sin embargo, lo
amaba ya, lo había amado desde la pri·
mera mirada, cuando se había adelao·
tado con el sombrero eo la mano, coo
uu aire tao elegante y distinguido, lle·

vando su uniforme azul lleno de dia•
mantes y haciendo sonar a cada paso
sus espuelas de oro. Después del primer
vals, Ottokar le había tomado el brazo
y acariciando su largo bigote negro, la
había llevado al invernadero, donde la
hizo sentarse al pie de una gran pal•
mera y después, sentándose a su lado,
le había tomado la mano con toda ama,
bilidad, y le había preguntado: e¿Princesa, quisiera usted hacerme el honor
de ser mi esposa 1&gt; Entonces ella había
bajado los ojos, se había ruborizado y,
conteniendo con una mano los latidos
de su corazón, contestó: &lt;Sí, sire,&gt;
mientras que los violines de los músi•
cos tziganos atacaban todos a la vez la
prime1a nota de la mar eha !cheque, ese
canto sublime d11 entusiasmo y de triun·
fo.
¡Ay! cuán pronto se había disipado
toda esa felicidad I Seis meses de enga,
ño y de ilusión, seis meses apenas, y
después, un día, poco aocEs del nacimiento de su hijo, una casualidad bru•
tal le hacía ver que estaba equivocada,
que el rey oo la amaba ni la había ama·
do nunca, y que el día siguieote de su
matrimonio había ceoado en casa de
Gazella, la primera bailarina del teatro
de Praga. Y eso no era todo! Supo tam•
biéu que ella era la úoica persona que
todavía la víspera ignor..ha la unión
del rev coo la condesa de Pzibrano, de
la que tenía tres hijos; a quien oo ba·
bía abandonado nunca aúo ea medio de
sus otros mil caprichos, y a quien babia
tenido la audacia de nombrar primera
dama de honor de h reina. El amor de
esta m11ri6 de golpe, ese amor tímido y
delicado qoe nunca se atrevió a confe•
sar a su esposo y que ahora comparaba
a un pájaro prisionero que ella mi~ma esto es por lo que, a veces, cuando se
había muerto entre sus manos un día sentía sucumbir al pesar y al fastidio,
por haberlo estrechado demasiado fuer, obtenía del rey licencia para ir a visi,
te en uo movimiento nervioso produci• tara la reina de Moravia que se halla•
do por el ruido hecho al romperse un ba refugiada en Francia; se escapaba,
se evadía como de una prisión, sola,
jarrón de porcelana.
iSu hijo! Seguramente, ella tenía on porque la tradición se oponía a que el
hijo y lo amaba ; pero cosa horrible! a príncipe heredero viajan sin su padre,
menudo, sentada cerca de la cuna do• y corría a arrojarse con los bra zos
abiertos al cuello de su madre, para
rada y timbrada con la corona Real, en
la que dormía su pequeño Ladislao, la llorar coo todas sos lágrimas.
reina-había sentido pasar por su cora•
Ea esta vez había partido re¡:entioa•
z6u como una corriente de hielo al mi• mente, sin pedir permiso, y después de
rar ese niño engendrado por un hombre
haber dado un beso en la lreote de La•
que la babia ultrajado atroz y cínica• dislao que dormía; porque estaba ya
mente. Además, nunca podía tenerlo loca de dolor y de vergüenza. La vida
enteramente para ell"; para ella sola. desordenada del rey era cada día más
No sucedía como en la casa de sus bue• pública; tenía matrimonios y familias en
nos padres, a los que una nueva revo, todas las ciudades de Bohemia y en to,
lución acababa de enviar muy lejos, y dos los sitios de can. Por todas partes
en aquella fastuosa corte de Bohemia se ríe de él y se cantan coplas por las
todo se llevaba a cabo bajo las reglas calles de Praga en las que se pregunta
más estrictas del ceremonial. Todo un satíricamente qué se hará con esa raza
enjambre de dueñas y de nodrizas se•
espúrea, y si, como en los tiem¡:os de
cas, damas viejas de aire señorial, re• Augusto el Fuerte, Ottokar hará con to•
voloteaba al rededor de la cuna Real, dos sus bastardos un escuadrón de guar•
y cuando la reina se acercaba para indias he honor. Para subvenir a los gasformarse de su hijo le decían eco ,toda tos de esta pululaci6o, el rey sacaba
solemoidad: &lt;Su Alteza tosió un poco
dinero de todo, agotaba y llenaba de
anoche ••.... Los dientes hacen sufrir deudas al Estado. El comercio de con•
a su Alteza •..... &gt; y le parecía que los decoraciones era escandaloso, y se cita,
alientos de estas mujeres soplaban sobre ba a un sastre de Viena que se había
su corazón de madre para helarlo y hecho rico vendiendo, por qoinientos
apagarlo.
florines, a los amantes de cruces extrau·
Ah! la pobre reina no podía más, la jeras, casacas negras en cuyas bolsas y
vida era demasiado mala para ella. Por ojales se encontraban los diplomas y

los distintivos de la orden más iluitre
de Bohemia, de una orden militar que
data de la guerra de Treint~ Años.
o oo
¿Q ué pa~a? El tren retard~ su marcha, se detiene. /Qué significa este alto
eo pleno campo raso y a media oocbe1
El general y la baronesa despierta o muy
iuquietos, y el Có ballero de honor, después de abrir la ventanilla, se asomó
para investigar, En el mismo instante
que la linterna del convoy iluminaba
la cara de gato enojado y la gorra de
nutria del general.
- lQué sucede? ¿A qué se debe esta
detenci6o1 pregonla el viejo Horscho•
witz.
-Lo que sucede, señor, es que va•
mos a tener que detenernos aquí por
espacio de ona hora cuando mecos . ...
Hay dos pies de nieve y es imposible
avanzar 1.... Los parisienses oo podráu
tomar mañana café con leche.
-Pero, cómo1 Tendremos que pasar
aquí una hora, y coo este tiempo!. .. ,
Sabe usted que las estufas están frías....
- l Qué quiere usted, señor ?.... Se
acaba de telegrafiar a Tonnere pidiendo una cuadrilla de barrenderos . • ....
Pero repito que tendremos cuando menos para una hora.
Y el hombre se alejó con su linterna,
del lado de la locomotora.
-Esto es abomioablel Vuestra Ma-

�jestad se va a acatarrar! sollozó la ba·
ronesa.
-Efectivamente, siento frío, dijo la
reina estremeciéndose.
El general comprendió que era el
momento de mostrarse heroico; salta
fuera del carro, se mete en la nieve
hasta las rodillas y alcanza al hombre
de la lioteroa. Le habla en voz baja.
-Aun cuaodo fuera el Gran Mogol,
no puedo hacer nada, respondió el em·
pleado. Sin embargo, nos hallamosfren•
te a la casa de un peón caminero; debe
haber lumbre, v si la &amp;eñora quiere b1•
jar ?... Eh! Sabartier?....
Se acerca otro hombre coo lioteroa.
,-Vaya a ver si el peóotieoe lumbre
en su casa.
Afortunadamente si hay. El general
se siente má.s feliz que si hubiera ga·
nado ooa batalla o terminado la última
tira de tejido de su famoso cubrepies.
Regresó al compartimento de la Reina,
dió parte del resultado de sos gestiones,
y, uo iastaote después, los tres viajeros
sacudían la nieve de sus zapatos delante de la chimenea del enarto del peón,
quien acababa de hacerlos entrar y, sin
quitarse su piel de cabra, se arrodilla
para echar leña.
o o o
La reina, sentada delante de la ale•
gre flama, ha arrojado su pelliza sobre
el respaldo de la silla de paja; ha qui·
tado sos largos gnaotes de Suecia y se
calienta las maoos mirando a su aire•
dedor.
Se baila en un cuarto de campe~ioo.
El suelo es el mismo del campo lleoo
de hollaocos y promioeocias; de los mu•
ros peod~o ramos de cebollas y de ajos;
atriba de la chimenea está suspendido
con dos clavos un viejo fusil de saltea·
dor, y sobre la mesa b'ay algooos trastos coo flores. El general no hizo muy
boeoa cara cuando vió en la pared el
retrato de Epioal; uoo de M. Thiers, y
Guibaldi con su blusa roja. Pero lo
que más ha llamado la ateocióo de la
reiua es, cerca del lecho y medio escondida por cortinas de tela rayada,
uoa cuoa de madera de la que acaba
de salir el gemido de uo niño que des•
pierta ;

En seguida el pe_ón se olvida del fue·
go, se dirige a la cuoa y la mece suavemente.
-Duerme, chiquita, duerme. No es
nada. Soo amigos de papá.
El hombre parece uo bueo padre,
coo su calva de San Pedro, so bigote
de viejo soldado y sus dos arrugas gran·
des y tristes en las mejilla~.
-lEs hijita de usted? pregunta la
reioa coo interés.
-Si señora, es mi Cecilia ... . El mes
que eotra cumplirá tres años.
-Pero .••. y su madre ?..•. interroga
Su Magestad con algooas vacilaciones.
El hombre mueve la cabeza sin res•
pooder. ¿Es usted viudo ?
El hombre vuelve a negar. Eotooces
la reioa, conmovida, se acerca a la cu·
na y mira a Cecilia que ha vuelto a
dormirse, apretando entre sus maoos
uo perrito de cartón.
-Pobre oiñital susurra.
-Verdad, señora, dice el peón coo
voz apagadd, ¿no es verdad que se oe•
cesita teoer muy poco corazón para
abaodooar a uoa hijita a esta edad?
Que me haya abaodooado a mí, es casi
justo, yo tengo la culpa por haberme
casado con una mujer mucho másjoveo
que yo y por haberla dejado ir libre·
meote a la ciudad doode ha hecho amis·
tades ioconveoieotes .... Pero abando•
nar a este amorcitol Verdad que es uoa
iafamia! Eo fio .... teodré que educarla
yo solo! .•.. Es difícil en razóo del ser·
vicio ... •Eo las noches me veo obligado
a abaodooarla con frecuencia, lbraodo
y gimiendo, cuaodo oigo el ruido del
treo .... Pero eo el día la llevo coomig1;
ya está muy aguerrida, oo tieo!l miedo
al ferrccarril. ... Mire usu d, aytir la
llevab1 en mi braz::, izquierdo mientras
q ne coo el derecho presentaba mi fa·
nal ; pues ni siquiera se estremeció al
paso del rápidb .... Lo que me causa.
más molP.stias es tener que coserle sus
cofias y sus vestidos . ... Por fortuna fuí
cabo de suavos eo otro tiempo y coooz•
co uo poco el hilo y las agujas.
-Pero, bneo hombre, continúa la
reioa, ese es no trabajo demasiado difí ·
cit. .. . Oiga usted deseo ayudarle ....
Debe haber eo los pueblos de los aire·
dedores, y aúo aquí mismo, personas
caritatilas que quieran encargarse de

cuidar a su cbiqoita . .-~. Si es cuestiótt
de dioero .....•
El peón movió nuavamente la .cabeza
en señal de oegacióo.
-No, mi buena señora, oo. Yo no
soy orgulloso y aceptaré de muy buena
gana lo que se quiera hacer por Ceci•
lia ...... pero no me separaré de ella
por oada, ni uua hora.
- Pero ¿por qué?
_¿ Por qué ? Porque yo no me fío de
nadie sino de mí mismo para hacer de
esta oiña lo que no ha sabido ser su
madre ...... uoa mujer honrada! Pero,
perdón, señora, l quisiera usted teoer la
bondad de arrullar uo poco a Cecilia? ...... Me necesitan eo la vía.
o o o
l Llegará a saberse alguna vez lo que
pensó la reioa de Bohemia durante
aquella hora que pasó arrullando a la
bija de un peón caminero, mientras que
el general y la baronesa se fastidiaban
jo oto a la lumbre ? Coaodo el jefe del
tren abrió la puerta y gritó: &lt;Señoras y
caballeros, el tren va a cootiooar .... al
treo&gt;! la reina depositó en la cuoa de
la pequeña Cecilia su portamonedas
lleno de oro y el ramo de violetas que
llevaba a la cintura, y eo seguida subió
de ouevo al vagón.
Pero Su Majestad oo p isó más que
dos días en París; regresó en seguida a
Praga, y oo se ausenta de allí casi para
nada, consagrada po1 completo a la edu·
cación de su hijo. Las institutrices y
dueñas que se encargaban del cuidado
del niño disfrutan ahora de verdaderas
~ioecuras. Si cuaodo el pequeño Ladis•
lao crezca hay aún reyes eo Europa,
será lo que no ha sabido ser su padre:
un bueo rey. A la edad de cioco años
ya es muy popular, y cuaodo viaja con
su madre eo los bueoos ferrocarriles de
Bohemia, que camioao a paso de ómni•
bus, y ve por la veotaqilla a uo guar•
davía que lleva eo brazos a su hijo y
hace señas con su faoal; a uoa indica,
ca cjón de la. reioa, le envía no beso con
h puota de sos deditos.

Chapultepee,

(Traducido especialmente para &lt;Arte
y Letras,).

Tres aspectos de la peregrioacióo que ful el domio·
go a la Villa a implorar la mediación divioa
para el arreglo de nue~tras dificultades
nac\onales.-Fots. Lnpercio.

_Bajo la sombra del boscaje espeso,
mirando la postal que adjoota eovío,
!Cómo he pensado en tí, dulce amor mío
coo profundas nostalgias de tu beso.
'
... . Eo la cima, el Castillo ... . y en la falda
prad~s que adornan coruscaotes flores.
Avec1lias que caotao sus amores
eotre las ramas verdes de esmeralda.
Cisnes gallardos de oevada pluma
c~rtao el lago que los vientos rizan.
Ligeras lanchas por doquier deslizan
dejando estelas de argentada espuma.
&lt;Por qué no estás aqoí para que a solas
en _nuestro eSGOife, al golpe de los remos,
uo1das nuestras voces entonemos
románticas y bellas barcarolas?
PEDRO PONCE DE LEON

�Cuartillas de Ensueño

del coito de lo bello, la que nos recuer,
da la dulce superfluidad de la contem•
plación artística, la que nos hace pen·
sar en elegantes imágenes y en emocio·
nes profundas.
Es )acrónica • .. . .... ....
Pero no, no proseguiré en esta forma,
COMO PREAMBULO
abandonaré la legión de fras1:s que se
levantan en mi memoria con arrogan,
cías conquistadoras, más vivas aún que
la mano ardiente que ahora c~cribe es•
E s la crónica una rica joya arranca• tas líneas.
d a dd prefacio monumental, jaspe y
He pensado largamente, y confieso,
oro, qae sirve de pórtico a esa rara pa• be sentido temor de escribir semana l•
goda de las letras levantada por e~cri· mente en esta página, porque creo que
1ores de genio . . .... 1
mis esfuerzcs uo corresponderán jsmás
E s la crónica como la abeja de oro a la radiante y bella idea que persi·
que sintetiza el recuerdo y que fabrica go.
sus panales en la, grietas de los tem•
¡Cuando se arrastra la vista por el
plos derruidos, en las viejas a !menas cieno entre miserias no tiene el pensa•
que empurpuró la sangre de los hé roes; miento fuerzas para levantarse al C iew
e a los vetostos palacios donde estalló la lo !
cólera de los reyes, o se alzaron al cie)Qué dificil y caosadn es meditar en
lo, como lirios eucarísticos blancas ma,
estos días de pasión y desenfreno, sobre
nos de princesas.
algo fir!Ile, constante, no mudable coEs la crónica a semE'janza de rico
mo esa alegria falsa que cro za muchas
cofre de sándalo que periumara de con·
tíouo la vida social, " una Esfioge de veces por las calles!
Contemplad ese cuadro de mudo do•
pórfido tallada al Sol por un geni.. 1 eslor en los c.i.mpos, en los que se levancultor galante y cortesano . . ... 1
Es la crónica como la yedra que ta la tosca imágen de la Rebelión y se
tiende brocados sobre las úlceras del ;,.nuacia con sos resplandores rojizos la
tiempo. y c•1bre los hombros seniles de guerra santa, como visiones trágicas, de
las rotas murallas, o las altas ojivas da sangre y exterminio, et1 tanto que los
siete pecados capitales recorren la ciu•
los claustros solitarios, en donde vaga
el recuerdo de albas tocas y rostros pá• dad y se confunden con la turba doliente y agitada, como una carnavalina
)idos de Vírgenes.
Es J,. crónica en este siglo de oro y comparsa en son de bullicio descarado
de la prosa, cuando el materialismo se y ruin.
impone quedando agonizante el Cisne
Y sin embargo, en este torbellino que
del Ideal, la panacea del goce estético destruye y aniqail~ . hay bechos q11e nos
en nuestra alma dolorida, la que babia vencen y nos subyugan, y que merecen

eot,ar en el marco de terciopelo y orn
de la crónita.
Y a veces, ¡quién sabe! esos aconte·
cimientos que nos conmueven, son les
más sencillos, los que logran toda nuesw
tra atención, y que más tarde son ungi ·
dos por el aroma de una tierna poesía.
Y es por eso, ante el contraste de es·
tas ideas, por-Jo que se irguió en mí la
resoh:ción de escribir estas humildes
crónicas, no estilo brillante y perfuma•
do como yo quisiera, sino tan solo bus·
cando sif mpre, poner de pie y en so
ju, ta oerspectiva a la sincerid~d.
Y bien, ya que brever:1eote be ex·
puesto el por qué ha nacido en mí esa
resolución, cabe aquf, para terminar
este preámbulo, aquella frase del gran
bohemio Alejandro S 1wa : &lt;Yo ten¡¡o
calor de soles en mi pecho, oara los
que aman lo bello y lo azul, mucho
azul, enormidades cerúleas, para los
ingenuos que me ayudan y acomodan su
vid" a las mutaciones de mi alma ... . &gt;
Es la crónica ... . . .
ARM ANDO VAHGAS .

0000

L ?s señores Lics. Rabasa, E lg uero y Rodríguez, delegados por México a las conferencias de Ni.;ga ra Falls, momentos
antes de embarcarse en la estación del ferroc u ril Mexica~o.

DE V~R~CRUZ. -Oficiales mexicanos y ameri canos en Te jería, puotn hasta donde llega )a vía del Ferrocarril Mexi•
cano. -El ultimo reducto de las tropas federales a las órdenes _del general Mass.-Muertos eacontrados en las afueras de
Veracruz.-Fots. y clisé de La llus. St:m.

�CONFIDENCIA
Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

Marta:
A usted he considerado siempre como a la mejor de mis amigas, como ....
¡A que nól dirá su corazón por lo bajo,
a que otras antes que yo le han suscita·
do más simpatía, a que ...... ¡Nó siga
usted Marta, no siga levantándome fa!•
sosl ¿qué sabe usted de las Intimas pre·
.ferencias de mi alma, qué sabe usted
de lo que he ·acariciado aqu! dentro,
muy adentro de mi ser?
Créame; usted ha sido y es mi mejor
a miga y comn tal, reciba esta confiden·
cia para que me cure, o al menos, para
que mitigue mi pena con alguna de sus

encantadoras sonrisas o alguna de sus
miradas terriblemente bellas .....
Usted me habrá observado triste ; pe·
ro no siempre be sido triste, no siempre
be mirado d mundo con ojos llenos de
lágrimas: no siempre he sonreído con
esa sonrisa que parece mueca fnnera•
ria; no siempre be dicho: la qué vivir
más! ¡oh, cuánto tarda la muerte! ¡si yo
tuviera valor para aniquilarme, para
arrojar el harapo de mi existencia a la
voracidad de los gusanos!. .....
Yo era alegre, Marta, y mi risa era
fresca y ~spontánea como agna de manantial, y mi risa era un canto que ha•
cía florecer la alegría en el alma de mis
amigos; yo era alegre como las aves,
como los campos, como el cielo azul.. .
¡Quién lo diría! Ahora soy tan triste,

que jamás podrán adivinar en mi paso
tardo y cansado ese mi antiguo andar
pre!to y locnelo; ahora soy tan triste
que nadie podrá descubrir en la flaci·
des de mis actitudes, el secreto encan•
to de vivir que antaño tonificaba mi
cnerpo haciéndolo enhiesto y hasta her•
moso; ahora soy tan triste que de mi se
desprende como una atmósfera de sue•
ño y pesimismo, y cuantos a mi se acer·
can huyen como asfixiados de mi triste·
za y lmíreme usted, Marta, qué sólo me
quedo con mis penares! ..... .
Y no crea usted que no lucho la! con•
trariol Lucho desesperadamente por
ser transparente y bullicioso como el
agua que se desgrana en argentinas so,
noridades al chocar contra el mármol
de ancha fuente; pero, l qué quiere us·

Miembros prominentes de la Cruz Roja de Aguascalientes, reorganizada recientemente.-Fct R Rojas.

Sr. Lic R 1món Sánchez Gutiérrez, que
contraerá matrimonio próximamente.
ted? mi esfuerzo es vano y no veo sino
niebla, niebla que me enturbia el horizonte de mi existir, que me vela los co•
lores de las flores, que me ahoga hasta
las melodías inimitables de los pájaros
que cruzan por el aire repitiendo csu
nombre&gt;
Marta, Marta, ¿ por qué estaré tan
triste? ¿por qué? ..... .
lNo se lo dice usted a nadie? Iguar·
dará este secreto? ...... ¿Sí? ...... Yo
creo estar triste (¡ no se lo diga a na,
diel) porque ...... porque ¡estoy ena~
morado!. ..... ¡enamorado como un lo•
col y tanto, que las horas se me pasan
pensando en ella, pensando en ella ¡tan
hermosa! ¡tan hermosa!
!Oh, si usted la conociera, compren~
dería la razón de mi mal y me perdo•
naría tanta locura .... (¡Cómo no había
de perdonarme si es usted tan compren•
siva y tao buena!) Mire, Marta, se la
voy a describir en unas cuánhs Hneas.
Dasde luego, toda ella es un primor:
donde quiera que se posen mis ojos en•
cuentran, regocijados, una hermosura,
Y con lentitud avara y deleitosa se po·
nen a recorrer la extensión florida de
su cuerpo menudo y repleto de gracia.
Primero, mis ojos van a los suyos obscu •
ros, abrillantados, y con alegrías celes·
tes sumerjo mi alma enamorada en las
profuudidades de sus papilas y siento

como un goce venido de lo alto y siento
que la vida es intensamente bella; luego, despaciosamente, se Extiende el mi
rar de mis ojo~,.....con fruición de contacto sedeño-sobre su rostro oval y
marfilino donde se desparrama un flui·
do de rosas que se acumula y estanca
en sus mejillas carnosas, donde la ne·
grura de su pdo oculta la frente que se
asoma por los huecos del fleco celoso,
donde unos labios delgados, húmedos y
rojos, rojos como rubíes, prometen un
parafso de agudos y dolorosos deleites;
después, ansiosos de embeleso, van mis
ojos a acariciar las morbideces castas
de su ,eno y las curvas que en jufgo de
belleza reptan por la gentileza de so
cuerpo ...... ¡Oh el prodigio de sus ma·
nos gordezuelas y suaves hechas para
ahuyentar los más tercos dolores que
como moscas nos asedian en esta viJa
miserable! ...... ¡Oh la arquitectura de
sus brazos hechos para encadenar con
eterna y dulce presión el busto del
amante desfallecido y tembloroso de
pasión y de felicidad! ..... .
Mis ojos, infatigables, repiten venturosos, una y otra vez, ciento de veces,
miles de veces, el divino viaje por la
extensión florida de su cuerpo menudo
y repleto de gracias, .... .
1Cómo son eternos mis goces efíme•
ros, cómo son '!ternos!. ..... Contem•
plarla, es para mí un día de fiesta, y
sólo de imaginar que voy a estar cerca
de E)la, siento que mi corazón corre y
brinca y palmotea y grita como chiqui·
llo que sabe lo van a llevar a paseo. La
distancia, por corta que sea, se me an•
toja enorme, y aunque un solo minuto
me falte para verla pienso en lo infinito
del tiempo ......
/Ya comprende Ud. ahora por qué
estoy 12 n enamorado~ Tal vez; pero
quizá no se explique la razón de mi
tristeza, porque, después de todo, no
todos los enamorados son tan tristes co·
mo yo. Estoy triste, porque adivino,
porque &lt;siento&gt; que estoy muy distante
de su alma, que, no obstante mi trato
con ella, y mi amor que como un aro·
ma de mí se desprende- invisible-me
desprecia y . . . ¡que sufro mucho, Mar·
h, mucho, mucho! ..... .
¿No dirá Ud. a nadi, la causa de mi
tristeza? ..... .
¡Gracias, gracias!. . ..
Yo no sé por qué siento algún con•
suelo al saber que Ud. únicamente co·
noce el motivo de mi incurable murria;
me parece como si algúu rayito de sol
iluminara mi conciencia, como si ..... .

¡vamos! que me siento mejor al conht
mi mal a la mejor de mis amigas.
¿Me sonreirá Ud. cuando me vea ? ..
1Me verá Ud. con alguna de sus mira·
das terriblemente bellas? ....
Su rendido amigo, FERNANDO
MIGUEL A. CEVALLOS.

Crepuscular
Para &lt;Arte y Letr s &gt;
Eo la bruma del ocaso
Apelo se reclina soñoliento,
y despliega el crepúsculo sangriento
su primorosa túnica de raso.
Albas nubes que flotau al acaso
empañan el azul del firmamento,
y la caricia plácida del viento
va rizando las frondas a su paso.
Tras el bosc:ije túrbido que ondea
se dibujan las torres de la aldea
entre gasas de nubes vagarosas.
Y en el pardo y vetusto campanario
resuenan ingnietantes y llorosas
las esquilas que llaman al rosario.
REINALDO E SPARZA MARTINEZ.
Enero XIV.

Srita. Guadalupe Iglesias y Carrera,
que contraert matrimonio
próximamente.

�Las últimas obras

de Angel Zárraga

El Aviador.

S.n Jorge.

(CONCLUYE)
En su &lt;Ilhuicamina», en su
«David&gt;, en su &lt;San Jorge&gt;, tan
fresco, tan puro, y en su &lt;El Pájaro&gt; ha resuelto, con holgura
artística, un proulema de movi miento, que se hace vivo por un
juego de líneas, cuyo desarrollo
se cumple en perfecto orden lógi-

co, dentro de un gusto caracterizado por su sello de serenidad .
No hay violencias de color ni estridencias de dihujo. El dibujo
es siempre sabio, harmónico y ceñido, como un razonamiento de
rohu~ta mente. Si del cubismo toma Zárraga las preocupaciones
de plan y el estudio de volúmenes, más bien como finalidad es-

tética que por pura especulación
cerebral, una idea concreta preside en larealización de sus obras:
éstas nacen previamente concebidas, no como resultado de tanteos de espíritus sin luz. En &lt;Ilhuicamina&gt;, por la misma opacidad de tonos térreos, como si fueran huérfanos de sol, resplandece
el sentido legendario de la raza

mexicana. Algo de remoto, con
ser muy moderno a lun tiempo,
palpita allí. Representa un motivo decorativo con gran fuerza
de vitalidad, y con clara, muy
clara significación simbólica. Zárraga cumple el milagro de transportarse y transportarnos a un
pasado de fabuloso heroísmo. Lo
cumple, además, con una fuerte

penetración de su raza, y como
ningún artista moderno lo ha logrado; puede decirse de él que
ahora, en verdad, delinea y orien.
ta su personalidad. Con un dihujo ágil, con un pincel ágil camina derechamente por los planes
atmosféricos en &lt;El Pájaro&gt; ese
aviador que produce, estédca y
físicamente, la sensación del ale-

teo. Lo mismo puede decirse de
su «David&gt; y de su «San Jorge&gt;,
uno con su verde, otro con su
amarillo, ambos admirables de
concepción y de ejecución. Zárraga, pues, triunfa en toda la línea
en esa obra de decoración exterior.

�Vida Naciooal.- Aspectos de la temporada de pesca eo el lago de Chapala,

¡mpresiooes fotográficas tomadas eo

5U

recieote viaje, por el artista doo Gerónia:o Heroá11dtz,

�IHeroismo!
Episodios Nacionales

No había avaozado veiote pasos cuao•
eo un oficial de la marica yaokee Id
salió al encueotro, y con frases poco
galantes le hizo una declaración de
amor.
Ella trató de t:sqoivar aquel inesperado encuentro, pero él la detuvo con
fiereza e indigoado preteodió apode•
rarse de ella a viv~ fuerza.
En aquellos momentos y como eovia•
do por la Provideocia, acertó a pasar

Daoiel, guapo y foroido mozo de unos
veinte años, primo de Matilde, y des·
pués de sostener una lucha breve pero
reñida (con aquel aventurero) logró
apoderarse de su prima y salvarla de
las garras del pirata que trataba -de ul·
trajarla.
Uoa vez que se deshizo de su adver·
sario, acompañó a Matilde hasta su ca·
sa y ella, poseida de gran temor, juró
oo volver a salir de su n-orada, para

P.. ra &lt;Arte y Letras.&gt;

Era el crepúsculo de la tarde. El sol,
velado por ligeras oubecillas que vola•
bao impulsadas por un suave oorte,
apeoas dejaba ver de vtz en cuando su
riorada cabeller~. y sus rayos encendí•
dos caldeaban aún el ambiente de aque•
lla tarde triste y sereoa.
El iovasor yaokee, posesiooado ya d~l
puerto, babia fijado ya sus tieodas por
doquiera, y la ciudad seml¡jaba un
eoorme campamento dispuesto al com·
bate al primer toque de corneta.
Matilde, la dulce Matilde, que pasa•
ba largas horas del día clavada eo su
labor, bordando primores para sosteoerse y sosteoér a so hermaoa mayor,
que bacía largos años se eocootraba pa·
ralítica, en aquellos momentos salla de
su humilde morada,llevaodo coosigo su
l~bor ya terminada, para coovertirla eo
el pao cuotidiaoo que debía alimeotar
a aquellos dos seres desberedadcs de
la fortuoa.
Matilde oo era bella, pero su pálido
semblaote y sus negros ojos, que eoce·
rrabao uoa in6oita melaocolia, la ha,
cían ioteresaote en grado sumo. Sn
cuerpo, ligero y esbelto, se cimbraba
como frágil palmera y sus menudos pie·
ct:cillos, al andar, apenas rozaban el
pavimeoto.

..

1 vitarse eocueotros tan desagradables.
Pero el tenaz oficial no ha·
b!a dado por termioada su
conquista, y se oropuso seguir
a Jo lejos a Matilde, hasta ase,
guaarse bien de su domicilio.
No quiso, sin embargo, insistir
aquel mismo día en sus dia·
bólicos 6oes. Dejó pasar tres
o cuatro, a fio de iospirar a
su víctima mayor coo6aoza.
Una noche en que la iofe•
liz Matilde vióse precisada a
salir para entregar algúo tra•
bajo, el imbécil oficial, que
espiaba desde ooa esquina,
oo bien la hubo divisado. se
avalaozó sobre ella y asiéo·
dola del talle la tomó en sus
brazos coo el 60 de llevarla
consigo, pero ella, con rara
habilidad, logró deshacerse
de su verdugo, en un moví•
miento que lo hizo rodar por
tierra.

o o o

NUESTRO PAIS,-Vista5 del puerto de Eoseoad.i. en la Baja Califoro ia.
Sritas alumnas de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, recibiendo eost:?aozas para eufermeras; fabricación de veodas

Por seguoda vez habíao
fracasado los places del iofe,
liz yaokee, pero su seguoda
derrota habíalo exaltado más
aúo, y se propuso perseguir
a Matilde basta lograr su ob·
jeto.
Matilde, eotre tanto, hallá•
base acongojada sio saber
como evadir la persecución
de aquel pirata, que por el
solo hecho de formar parle
del ejército iovasor, cau!ábale
profaoda repugoaoci'a. Esta,
ba, sin embargo, resuelta a uo

�El libro de Ana

suprem, sacrificio antes que eatreguse
en manos de ..quel aventurero.
No había transcurrido una semana,
cuando el cuitado oficial, dispuesto a
jugar su IÍltima caria, se dir'igió a una
taberna; ingirió gran cantidad de wis•
key, y mascando una pastilla de inmun•
do tabaco de Virginia, se encamióó ha•
cia la morada de Matilde, resnelto a
apoderarse de ella, viva o muerta.
Bajo el influjo del alcohol, ll(gó ja•
deante al pie del balcón; llamó a la
puerta, y Matilde, que ignoraba quien
pudiera ser aquel noctnrno visitante
abrió, encontrándose con gran sorpresa
soya, frente a frente con su tenaz: per•
segnidor. Este, al verla pálida. e iomó·
vil, traspmo al dintel de la puerta; la
cerró de nuevo y con aire de triunfo
se avalanzó sobre ella, estrechándola
entre sos brazos. Esta vez lo consiguió
sin esfuerzo al6 uno, pues la infeliz Ma·
tilde, fuera de si, no pudo oponer resistencia alguna a los esfuerzos varoniles
de so invasor.
El yankee, en un arrebato de locura
alcohólica, atrájola hacia él, y dándola
un beso en los labios, con su boca io•
monda, dijola con furia:
-Ohl ha llegado el momento de que
seas mía.... .
Este fué el grito supremo que desper•
16 a Matilde de su profundo letargo. No
bien hubo escuchado aquellas frases, se
deshizo de los brazos de so verdugo y
enfrentándose con él, le dijo:
-Sí, seré tuya dentro de unos instan•
tes. Espérame aquí mismo-y veloz co•
mo un rayo voló hacia la alcoba en don·
de yacía so hermana inmóvil, testigo de
la anterior escena.
-Hermana míar la dijo-ha llegado
el supremo momento de morir. Mura·
mos, sí, antes que entregarnos en manos
del pirata yankee, que viene a arrao•
carnes nuestra honra, IÍnico tesoro que
poseemos-y tomando coa mano trému·
la un frasco que encontró a su alcance,
vertiólo en un vaso, dió a beber a su
hermana parte del contenido y ella es,
caoció el resto, cayendo ea seguida a los
pies de aquella, livida, fría, desencaja•
da, pero sin haberse entregado al bru•
tal invasor . .... .
LU[S G. CABALLERO.
o o o

A VICTORIA ROLDAN.

I[

Tarde triste, sol de invierno,
noche negra, pena, olvido,
todo eso llevo escondido
dentro de mi corazón.

Para " Arte y Letras."
I

Es este libro amable de recuerdos lejanos
hecho para posarse entre tus blancas manos;
para que en él, tus ojos-dos estrellas dormidasrecorran estas páginas que tienen de dos vidas
encerrados los ecos de un amor muy humano,
cual caracol que guarda los ecos del Océano ....
Este libro amable, la canción que ritmamos
Ana y yo. Sus estrofas a recordarlas vamos
•a media voz, mny qnedo .... con timidez cobarde,
cuando apaciblemente agonice la tarde;
cuando en tu casto seno se desmayen las flores
y tos divinos ojos irrradien resplandores,
y la rosa escarlata de tu boca E&gt;ncendida
comulgue con mi boca el beso de la vida
que diviniza el alma y pone el calosfrío
eo tu cuerpo demármolyderosalbieomíol
o o o
E.o el jardín florido, en el jardín silente
&lt;nieotras musita una égloga virgiliana, la fuente,
en el banco de piedra, bajo la verde fronda,
leeremos estos versos de ternura tao honda,
de ternura iofloita, de amorosos dese.ayos;
de voluptuosas mlÍsicas, de iooceociasde Mayo,
de quejas al oído, y de besos alados
y suspiros muy tristes, en los pechos ahogados .. ..
Los leeremos muy quedo; con timidez r.obarde
cuando apaciblemente agonice la tarde;
cuando en tu seno pose mi cabeza, y concluya
tu beso, con la frase sonora de c¡Soy tuya ... . !!&gt;
o o o
Y Aoa-lpobre muertal-a cuyo nombre labro
de tristeza y de amor,-crnzará por el libro
amable y misterioso, de recuerdos lejanos.
hecho para el enea.oto divino &lt;le tus manos .... 1
JULIO A, MU~IZ.

Después de tanto caminar, y tanto
hablar de cosas tristes y sencillas,
llegamos a un humilde camposanto
de estrechas y polvosas callecillas,
-No te llenes de pena ni de espanto
si miras mucaas flores amarillas,
Me dijo, conteniéodosele el llanto
que ya surcaba raudo sus mejillas.
¿O no te gusta visitar no día
como éste la mansión pálida y fría
docde reposa la materia inerte ?....
Añadió con acento lastimero,
y penetramos ambos, yo el primero,
al tenebroso campo de la muerte
I[

El sol brillaba aún. Aves cansad1s
a pasar empezaban ate1 idas
sobre aquellas paredes empolvad;is
y aquellas ramazones retorcidas.
Un fuerte olor a tumbas destapadas
llenaba aquel recinto, adonde heridas
hao ido tantas gentes enluta das
de ojos llorosos y alm1s entumidas,
Ni un canto, ni un rumor, ai uaa que•
(rella
que llegara a turbar la calma aquella
donde gemí también para mi d !ño,

(Del libro en preparación: &lt;Las joyas de uaa Muer·
pue,s nunca. como entonces, ea un grito
ele horror, hube acusado al iafiaito
de un hondo malyuograndedeseagaño.

11)

Yo no sé!

RIMAS DEL ALMA
Para "Arte y Letras."
I
Eres ave, nube, brisa,
girón de cielo, fragancia
de flor,
eres hálito de amor
· o gorjee de una sonrisa.
De tu imágeu imprecisa
guardué la vaga idea,
y ojalá que siempre sea
tan mío tu corazón,
como la maña.na aquella
en que de tu imágen bella
quedó prendado mi amor!

TríptiGO del dolor

Para &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

Fotografía artlstica.-El :uño y el perro por E, Navarro.

Más ... ,Ai tus ojos me miran
la dicha vuelve a mi sér,
y coa fuego del querer
en que tu alma fulgura,
Tarde alegre, noche blanca,
oración piadosa y franca
es mi amada linda y pura!
III
¿Qué bicistes del alma mía
qoe a la tuya voló un día
sedienta de tu ternura?

Di ¿la guardas todavla.?
~ ya

le distes lá ventora?
Vivir sin alma no es vida
y de la mía dolorida
ya no sé,
porque la tengo perdida
desde el día en que te adoré,
Eres mi cielo, mi fé,
mi asperaoza mi fortuna,
pero &amp;.lma .... no sé por qué
yo ya no tengo ni oguoa 1
CARLOS MEDELLIN.

Acaso eres estrella de la noche enlutada? ..... .
Acaso eres perfume oculto de violeta? ..... .
Acaso eres la musa de exótica mirada,
que despertó en mi alma las ansias de poeta ?....
Eres acaso el ritmo de estrofa modelada
por las orquestaciones de la noche secreta? ..... .
Acaso eres flameante fulguración de bada,
que domeñar pudiste la furia de un atleta? ....
Yo no sé lo que eres! Solo ré que en la viila
eojagaste las lágrimas de una ilusión perdida
y a mi cansado n\Ímen le volviste la calma.
Sólo sé que tu nombre es para mi una nota
de armónicos arpegios que en mis tristezas brota
de las arcaicas cuerdas temblantes de mi alma.

III
. -Te a¡(rad ieste logar ?-balbutió apenas.
No; la dije... y deshojó afanosa
una porción de castas azucenas
sobre el reciente mármol de uaa fo ia.
Despüés... no supe más ,. sentía en mis
(venas
uoa presión intensa y dolorosa ....
Ella estaba magnifica en sos penas
y, más que una mujer, era uca diosa ..
mas uoa diosa errante y defgr2ei . da,
y por eso maldije la morada
donde repoaa la materia iner te ....
Arriba, en el cenit, fulgía uo lucero ..
y abandonamos ambos, yo el primero,
el tenebroso campo de la muerte.

AGUSTIN LOPEZ ARCINIEGA.
Gua.dalajara, Marzo de 1914.

ROSEN DO~SALAZAH,

�do corazón de la mujer.
Costumbrista, observador
cruel más bien, Beoaveote
en el foodo amoral se limi•
ta a desgranar alguoospeosamieotos magistrales co·
mo Buckingbam perlas ao•
te ~u dama real y .... el
conflicto sill(ue adelante
con la cobarde concesión
(al público) de no deseo·
lace tierno que nunca ofre,
ce la vida,
Y es que Beoaveote en
el fondo, no es más que
un irónico genial: como
todos los genios.
Por otra parte al públi ·
coa lacmasa&gt; y el público
es en todos lados cmnltitud&gt;, le desagrada la Ver·
dad.
Y sin embargo qué incalcu la ble renovación y es•
fuerzo el de ese teatro
que ha hecho más por el
nivel cultural de Españ t,
que toda la vida moderna
que resbalara sobre en~
durante ceoturias enteras,
como cae el agua por el
plumaje, impermeable dd
cisne •.... .
Y ¡obl orodigiol
El mexicano público oyó
complacido: escuchar a
Beoaveote en América, es
casi un !íotoma.
_ Bien baya el gran espa•
no!.

Teatrales j
La reprise de &lt;Rosas de Otoño&gt; en e1 Mexicano, ha cla·
vado la rueda del creciente y merecido favor que dispensa
el &lt;horoorable&gt; a tao hermoso coliseo.
Verdad es. que la compañía entera. se desvive y afana
por merecerlo.
e Rosas de Otoño&gt; obra beoaveotiaoa, hasta el hueso, lle·
gó hasta al idem de nuestro público, y la razón es obvia.
El medio en que se desarrolla: burgués basta dejárselo
de sobra.
A pesar de rus defectos (sobra de exposicióo, alguna lao·
g uidez, y demasiada preparación para llfgar a las escenas
culmioaotes del terce r acto) es &lt;Rosas de Otoño&gt; a juicio
ñel crooista una de las más atinadas creaciones de Don
J1cioto.
Sobre tofo en psi_cología mujeril ; por más que el ca•
rácter de &lt;Carmen&gt; no sea todo lo verdadero que fuera
de desear.
Ed cambie• cuantas, y cuantas, abnegadas &lt;Isabeles&gt;,
no hemos conocido todos?
El grao comedi5~rafo, no apunta (y hace bien) oioguoa solución al grao problema sexual alrededor del que
gira en mariposeo amoroso Gonzalo, clavando las garras
de mi inconsciencia, enteramente mascolioa, PO el delica-

o o o

Transformaciones y caracterizaciones de Ricardo
Mutio, el popular actor del teatro Mexicaoo.

La interpretación de e Ro·
sas de Otoño&gt; fué exceleo•
te.
Hasta Parra, asómbren•
se ustedes, basta Alfonso
Parra, libre del alborotado &lt;tupé,&gt; ostentó un pei•

Nuestra_ compatriota, la actriz Virginia Fábregas, que estre•
nará próxtmameote &lt;Ramón Lull,&gt; drama escrito especialmente
para ella por D. Joaquín Diceota.

nado &lt;chic&gt; (raya en medio) desenvolviendo con
bastante callare&gt; dentro
del correcto frac.
Emilia Castillo, &lt;super&gt;
en su soberbio papel de
fierecilla celosa.
Laura, Matilde Cires
S á n c be z , enteramente
&lt;convaleciente&gt; de su pre·
cioso papel hecho a tira•
buzón.
Luisa Amparo de la Gar•
za ...... hecha una &lt;gar•
za&gt; huida y sin plomas.
Josefina, muy guapa,
(muy exagerada la ctoille·
te) y discreta en el desem •
peño de su papel.
De P rudencia, ¿qué de•
cir?
Tierna, bumzo~ima, inspirada y genial bordó su
&lt;role&gt; con la maestría y
grao . coocieocia artistica
de qne ella sólo es capaz.
Mntio, la discreción be,
cha carne, afortuoadisimo y sobrio, &lt;realizó&gt; un
Goozalo que para sí lo
q uisieran muchos actores
ultramarioos de esos qne
solo por serlo, se les auto·
ja ha ya de revereociárse·
les como eminencias.
Muy bien don Joaqnín
en el mutis del tercer ac•
to.
En soma, uoa grao obra
excelente interpretación,
rrgnlar &lt;mise en sceoe,&gt;
y ctre mile&gt; peseta (por lo
menos) en la florecieo te
taquilla maureotania.
¿Y luego se dirá qne el
arte no da nada?
No tanto, caballero, no
taoto . . .. . .
DON NADIE.

�"Ramón Lull"
Fragmento de la leyenda dramática, en verso,
original de D. Joaquín Dicenta, que
estrenará Virginia Fábregas.

ESCENA Vill
Catalina,-La infanta de Arag6n.-Estrella.-DamaJ.Martín de Proveoza.-Bereoguer-Reoato.Músicos.-Poetas,-Pajes.-Lull y
Arnaldo en el fondo,
Marlin de Provenza (adelaotáodose hasta la infanta).
Ea nombre de todos por ser más anciano,
noble hija de reyes, te beso la mano.
Fuera ajeno al coro de estas juventudes,
si no me enviase la Provenza mía,
para ser heraldo de su poesfa.

con rns temblantes dedos, un bardo provenzal.
(Martín de proveoza baja las gradas y se reune
a los lrovad?res,)
B~reoguer ¡Viva nuestra reina! Ante ella pechemos.
(Damas, caballeros y también la infanta se inclinan ante Ca!illioa que permanece de pie jonio al
trono.)
lofanta. Ante la presencia suya consagremos
al arte y oigamos la voz del poeta
que en lides de ingenio vencer ha sabido.
Catalina Poeta, tus versos aguarda mi oldo.
A él subirá mi alma, y en él asomada
seguirá la estrofa por tu voz r imad1.
¿Dónde está el poeta?
(Ramón Lull av.aoza desde el fondo seguido de
Arnaldo.)
Lull.

Aquí está, señora.
(Arnaldo se reune a los caballeros y trovadores.
Lull queda solo eo el centro del e~cenarh )
JOAQUIN DICENTA.

lofaota. (Cogiendo por la mano a Catalina y subiendo
con ella al trono donde las siguen las damas que•
daudo al pie del estrado los hombres).
•
Ven conmigo al trono, ocúpalo y sea
el bardo, a quien nieve del tiempo pl..tea
la freute, que Apolo ciñó con laureles,
quien ponga en tus sienes guirnaldas de flores
y te aoja por reina del reino de amores.
( Martín de Provenza sube al trono y cogiendo di,
uu cauastíllo de flores, que sostendrá una de las
damas, una guirnalda de rosa se acerca a Catalina)
Martfn de Proveoza (a C4talioa),
No, los hombres, el cielo, donándote hermosura
te ciñen la corona de reina de la fiesta ;
'
de acciaoidad por fuero, me toca la ventura
de ser yo quien la deje sobre tus sienes puesl3.
Trovando amor y gloria viví mis juventudes.
Oyó los cantos míos la tierra provenzal.
Canté de los guerreros la gloria y las virtudes.
Canté por la belleza sagrad;i. e inmortal.
Mis aureos cabellos eo plata se trocaron.
Perdió mi vieja lira su placentero sou.
Mi voz ha enronquecido, mis ojos se nubluon.
Pobre y cansada llega a ti mi inspiración.
Pero aun hay en mi lira uu último sonido,
y~ traerlo llego, reina, a tus divinos pies.
M1 culto es la belleza. Buscándola he veuido
del provenzal terruño, al reino aragonés,
En tí la encuentro. Vive radiante en In pupila:
sonrfe entre los arcos bermejos de tu boca;
eo los huecos rosáseos de tu nariz titila;
el soberano trazo de In perfil la evoca.
Transpira entre las ondas que forma tu cabello;
se afirma en el arranque fid id de tu cintura·
asciende por tu espalda, resbala por tu cuelÍo
emerge del dil:.ujo total de tu figura.
reina eres de la fiesta. En ti, bellen tiene
sacerdotiza angosta, emblema corporal.
Esclavo de su culto, a proclamarlo viene
en tierra aragonesa. uo bardo provenzal.
Sean mis torpes manos quien ciñan la guirnalda
de perfumadas rosas, a tu nevada sien
(colocando la goirnalda ea la cabeza de Catalina )
Caigan ea dulce Jlovia sus hojas por to espalda,
y en nombre mio un beso, sobre tu frente den.
Reina eres de la fiesta. Con tu beldad, pregona
de la Belleza el coito sublime e inmortal.
Reina eres de la fiesta. Ciñóte la corona

Joaquín Diceota con sn bija rnen~r.

~Páginas Femeninas~
Las verdaderas elegantes adoran cier.
ta atmósfera de intangibilidad exclusiva
para sus trajes. Lo consideran como
prerrogativa femenina, y quizá por es•
ta razón tienen actualmente tal demao•
da los encajes finísimos y las chiffooes
sutiles. Por consiguiente es imposible
hablar de modas primaverales o vera•
niegas sin ocuparse considerablemente
de los detalles relativos a encajes.
Se ven en los almacenes los más de·
Iiciosos estilos, y al alcance de todas las
fortunas.
Los nuevos estilos de enea je son aun
más atractivos por haberlos en combi·
naciones de blanco y negro. Esta es la
combinación primaveral. Con excepción
de los encajes gruesos de Cluoy y de
malla, que se emplean pa•
ra los fondos elegantes, la
mayoría de los encajes pa·
ra toda cla~e de oso son
maravlliosamente sntiles y
finos, bien que el encaje
de macramé en su forma
pesada y sólida se usa con
grao é1ito combinada con
telas de lino y rátioa.
Hay una variada serie
de encajes en efectos sombreados, a precios mode•
rados. Son exquisitas imi·
taciones de los encajes
florentinos y holandeses, y
el valenciano sombreado
está teniendo gran acep·
!ación débido a la facili·
dad con que se lava y plan·
cha sin perder su hermo·
sura.
El encaje irlandés apaw
rece adornando las cha•
quetillas cortas de paseo
hechas de golfina y de
otras variedades de terciopelo de afgodóo·. El limpio
tono blanco de este encaje
es de mucho efecto sobre las telas de
oclores vivos.
Como es de esperarse, se ve el enea•
je combinado en variados efectos coa
el popular tafetta. lJn liado traje de
tafetta color orquidea, tiene el corpiño
de exqui~ito encaje de malinas hecho
en estilo kimono, con las mangas cortas,
brotando, por decirlo asf, de un plisado
del tafelta que sube de la cintura. Plisado del !afeita termina las mangas y
circunda el escote. La falda, con bu•
.fante, lleva, saliendo de este, un volan·
te del mi~mo.encaje. Un plisado mnv
fino bordea la orilla inferior de la fal•
da. .
Otro traje ,xquisito está hecho de luí•
sioa blanca. La falda está hecha en dos

Grupo de elegantes modelos de blusas, propios para la estación.
partes, que cruzan sobre cada cadera,
drapeándose y formando abertura en el
borde inferior, tanto al frente como a
la espalda. Sobre esta falda cae una so·
brefalda de loisioa blanca floreada, que
forma pufs a los costados, terminados
por borlas de seda de ce.lores. El cor•
piño, de luisina blanca, lleva un bolero
muy escotado y sujeto en la cintura, de
la luisina floreada, con cuello médicis
de encaje fino, que también adorna los
puños en plisado sujeto en el centro c9n
no cordón de seda de colores formando
alamar sobre el codo.·
Los botones que actualmente se emplean taoto para ·adoroar los trajes, son,
en los modelos originales, de formas ex•
trañas y atractivas: los hay semejaudo

una sección de pistacho, con el brillo
y tersura de este bombón. Otros tienen
forma de cápsula y algunos semejan un
pequeño cartucho. Para la mujer que
tiene uo poco de habilidad y paciencia,
es muy fácil imitar estas diversas for·
mas, tomando como base algún botón
corriente y cubriéndolo coa miga de
pan en la forma requerida, forrándolo
después con tela apropiada.
Hay botones importados que son ver•
daderas joyas de arte: cameos, mioiato·
ras pintadas a mano, y porcdaoas ex·
qnisitas, que forman un precioso ador·
no para tos traj(as de reunión o soirée.
DELIA.

�BORDADOS EN TUL
Ea la actual temporada es•
táo de moda los bordados de
lana, y especialmente ios d.e
lana fina, llamada de los Gobelioos, que se fabrica en to•
da clase de colores, y coa la
q oe se obtieoeo preciosos
trabajos.
Hay uoa clase de bordado
especial que se hace sobre tul
encaje comprado a la pieza,
rebordaodo _luego en colores
todos- los dibujos.
Después se aplica este bor•
dado sobre el vestido, y como
apenas se percibe la delicada
trama del tul, parece que el
bordado está hecho directamente sobre el tejido.
Se entiende que ha de apli·
A los_ lados, dos preciosos modelos para
carse tul•encaje negro sobre
tra¡e de recepción; al centro la últi,
los tejidos oscuros, y tul blan•
ma creación para traje de calle.
co sobre los tejidos blancos o
de color muy claro.
Los encajes usados cuyos dibujos muy separados naos de otros, y muy es
sean bonitos, podrán ser utilizados para paciados sobre el tul.
este empleo.
Ea tal caso, se recortan, se bordan, y
A veces, los dibujos del encaje están se aplican luego como adorno sobre

vueltas de cuello, orlas de
embocadura, etc.
Estos tules-encajes tienen
la ventaja de ofrecer al bor,
dado uo dibujo ya trazado,
que es facilísimo seguir. coloreándolo y eoriqueciéodolo
coa sedas o con lanas de co• ·
lores.
Pueden también emplearse
para este bordado hilos de oro
o de plata, y has¡ hilos de
perlas.
Como es sabido, para el
adorno de los vestidos, la mo•
da requiere el contraste de
los colores violentos.
Si hemos de conformarnos
al gusto actual, nos es preciso
inspirarnos en los bordados
persas y búlgaros: azul y rojo
exóticos, alternando con ama·
rillo canario, y el azul y el
violeta mezclados y fundidos
que producen matices sor•
preodeotes.
He aquí uo medio muy sen,
cillo de hacer liadas cosas.
Se eligen bonitos dibujos y colores
bien graduados, en telas de Jony; luego
se recortan cuidadosamente dichos di·
bajos, y se agrupan con gusto y arte sq•

Un retroceso de la moaa.- Modelos de
vestidos que recuerdan los de la
mitad del siglo pasado, y que,
sin embargo son la última
creación.

bre el tejido que .se quiere adornar,
bordando después.
Nada es tao fácil como el arreglar
estos dibujos recortados.
Para estudiar la composición, se fijan
los recortes primero con alfileres, y una
vez que se logra la combinacion definí·
tiva, dichos recortes se. cosen. Hecho

esto, se procede al bordado, labor que
es sencillfsima, y se obtiene sin dificnl•
tad un precioso adorno.
Se borda coa todos los matices de
que se dispone, cubriendo toda la ere•
tona o la gasa de manera que sólo que•
de a la vista el bordado, que así sobre~
sale ea relieve.
Puede emplearse para estas labores
oo sólo la lana, sino también la seda de
Argel. coa lo que el bordado resulta
mucho más rico.
También pueden emplearse los algodones lavables, de color, o los algodones
que imitan seda.
Con objeto de lograr una graduación
de matices, se emplean, por ejemplo,
dos o tres tonalidades distintas del rosa,
para bordar noa de estas flores; dos o
tres matices del verde, para las hojas; y
nao o dos matices de color madera, pa.,
ra los tallos.
Si los colores de la tela o de la g~

demasiado pálidos, pueden refor,
z:" se un poco al bordar.
Lo esencial es observar. bien la gra•
dua.c ióo de los matices.
En cnaiito a las hojas y a los tallos
muy p,, qneños, que por serlo no se pue•
g~q roc:orc;i.r, hágase un trazado a lápiz
s 0 11

�rle ellos, y búrdese a cootiouacióo sobre dicho trazado,
Para esto, oo es necesario, saber dibujar,
Se adorna na almohadón generalmente coo uo haz de flores colocado
eo el centro, un poco inclinado al biés.
Las flores más grandes se agrupan for·
mando la base del adorno; las flores
más delicadas y las hojas se distribuyen
haciendo el dibujo cada vez más leve
a medida que se llega al vértice supe•
rior del haz.
Si se trata de uo tapiz, el adorno
más importante corresponderá al centro,
y los áogalos se ocuparán con adornos
secundarios que bagan juPgo e.in el
central.
Una corona de flores es siempre un
lindo adorno decorativo.
Para adornar un vestido o un chale·
co se prefieren las florecillas impresa3,
que luego de recortadas se colocan simétricamente, ooas al lado de otras,
formando uo galón bqrdado.
Todos los dibujos de arte nuevo se
prestan a esta clase de ornamenta·
cióu.

UN MENU

.

·--,

1

Sopa de coles.
Sopa seca de arroz.
Pollo con aceitunas.
Torta de sesos.
Espárragos en salsa blanca.
Frutas surtidas.
Postre de nuez.
Café demi- tasse.

Es

POLLO CON ACEifUNA'i

Verdaderamente

Partido el pollo eo trozos, se fríe en
mantequilla con rebanadas de jamón;
cuando está bien frito, se saca de la ca•
cerola y en la mism:i. mantequilla eo
ésta, se dora uaa poca de harina, agregando luego uoa taza de buen caldo, s:i.l
pimienta y perejil
Cuando eJta salsa está hirviendo, se
vuelve lll pollo a la cacerola, a que
hierva con la salsa naos cuantos minutos, y luego se coloca eo la fuente, coo
la saha y agregando media taza de acei·
tunas deshuesadas S, sirve coo reba•
nadas de pan tostado.

Interesante
El lujoso folleto que ha impreso la Cía. Mexicana de Petróleo

DELIA.

1

¡Ríase usted de las lluvias!

1

LA ESPERAN ZA, S. A.
Ea este hermoso_prospe~to ?ªY multih.td de datos que interesan a todo mundo
Entre otros cont1eoe Jo s1gu1eote:
lofo~mes de los terr_eoos en que se va a operar.
Motivos de la creac1óo de la Compañía:
. F oociooamiento de ésta y personal que subscril:ió la escritura de coostitu •ión et
vanas fotografías adecuadas al estudio en cmstióo.
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�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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