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                  <text>Registrado como articulo de 2~ clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda Epota.

,.

Sábado 23 de Mayo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 14.

�INDICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los s.S.b..dos por h.

Cia. Periodíst!Ga MexlGana, s. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
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MEXICO, D. F.

Hambre! ....
Al discutirse en la Cámara de
Diputados el proyecto de reformas a las leyes sobre impuestos
prediales, el licenciado Mediz
Bolio subió a la tribuna para
hablar en pró del proyecto discutido, y, entre otras cosas dijo
una inmensa verdad: que nuestro pueblo tiene hambre.
Y s.e quedó corto el tribuno,
debió haber dicho que nuestro
pueblo sufre todas las hambres;
seguramente que esto fué lo que
quiso decir: el hambre abarcando
sus infinitas formas; el hambre
del cuerpo y el de1 alma; el deseQ insaciado de alimentos para
el espíritu y el cuerpo; la necesidad de nutrir uno y otro para
poder salir del marasmo en que
le ha tenido su suerte desde que
salió del fantástico Aztlán, de
donde probabl~mente no debió
haber salido nunca.
Cuando en estas columnas hable de la tristeza étnica de nues•
tro continente, un hijo de la raza, un poeta y un observador
me decía que además de las razones que aducía yo para explicar esa tristeza había la razón
primordial del hambre; la mala
alimentación de nuestro indio
que nunca ha sabido lo que significa tener el cuerpo sano y bien
alimentado para poder di~rutar
de un espíritu tranquilo y dispuesto a gozar de la vida con la
noción completa de lo que ella
es y lo que significa.
Y )'.ª que Carlos Wil,d . Ospina
y el J1cenciado-- Mediz ·Bolio es-

tán de acuerdo en que el mal
primordial de nuestra raza estriba en el hambre, creemos justo
aver iguar algo acerca de esa
hambre.
Indudablemente que el origen
del hambre estomacal de nuestra
raza lo hemos de buscar como
decía antes, en la larga ; penosa peregrinación de nuestros antepasados desde el Az, lán de la
fábula hasta esta desolada meseta del Valle de México.
Deben haber sido muy malas
las condiciones en que vivían los
aztecas en su país autóctono
cuando decidieron buscar cualquier cosa que valiera algo más.
El enorme viaje a través de los
desiertos de lo que es hoy los
Estados Unidos; Sonora Chihuahua, el Salado o el Bolsón
de Mapimí, acostumbraron a los
viajeros a los horrores de la sequía y foeron su mejor escuela
para dejar de comer.
Cuando aparecieron a su vista los lagos de la meseta central
deben haber esperado salir de
su hambre forzada, pero el agua
de los lagos era salada y en ella
apenas s i podían vivir animales
rudimentarios con los que tuvieron que conformarse; de allí v iene la privanza de que aún gozan
el juil, el ajolote, el acosil y el
aguautle, y en el reino vegetal
el epazote, el culantro y una infinidad de manjares cuyo uso
sólo explica el hambre étnica de
nuestra pobre raza indígena.
Cuando el agua dejó libre una
pequeña superficie de tierra o
cuando el esfuerzo de los indios
creó el maravilloso «poder&gt; que
se llama chinampa, se conocieron algunas yerbas más comestibles y los cerros produjeron el
maguey y con él ese manjar que
aún goza de grandes privilegios:
el gusano del maguev.
Durante la conquista el e~pañol no se preocupó para nada por
mejorar la alimentación del indio, porque de haberlo li.echo lo
hubiera igualado con el conquistador; y en los ciento y tantos
años de vida independiente tampoco se ha hecho nada por mejorar al peón, ya que mejorándolo
hubiera dejado de ser peón.
Y así es como el hambre que

o

sufrió el pobre indio al venir de
su tierra acá la sigue sufriendo
y la seguirá mientras que no baya quien fije su atención en este
probl:ma q_ue es el capital para
el meJoram1ento de nuestra afligida raza.
Con el hambre intelectual h.a
suced ido algo peor: el indio n:l
tenía hambre de esa antes de la
conquista; la civilización indígena era seguramente más amplia
~n muchos respectos que la que
importó e l europeo; en astronomía, en artes decorativas, en indumentaria y en infinidad de manifestaciones la cultura indígena
de México era superior a la del
español, y si con el tiempo la
c_ultura hispánica fué muy superior a lo que pudieron hacer los
indios, fué porque a éstos se les
prohibió el progreso y porque rn
mató su civilización apenas tomada la ciudad de Tenoxtitlán.
Desde entonces el indio no ha
tenido derecho para aprender
nada; se les instruyó en el formulismo de una rel igión que nunca han comprendido; se les hizo
creer que en el padre Ripalda estaba toda la sabiduría del mun·
do, y sus espíritus que no podían
aceptar tal aseveración porque
sabían que existía algo más alto
tuvieron que doblegarse ante l;
f~erza d~l conquistador que los
hizo olvidar lo que sabían para
no enseñarles nada en su lugar.
De esta manera. tanto el alma
como el cuerpo del indio quedaron ayunos; no saben alimentars~ en ningú~ sentido porque no
t ienen autorización para ello, rn
sabe 9ue el día que esa raza pueda alimentarse y estudiar sabrá
ser la dueña de su país, y se tiene miedo de este hecho desde la
dominación colonial.
Y por eso va a la revolución
y por eso saquea y mata cuando'
se cansa de sufrir, y por éso será
meritori'a toda labor que tienda
a enseñarlo a alimentar su cuerpo y su espíritu.
Mientras esto no suceda se.
'
gu1remos viéndolo
pasar como
,
'
dec1a en otra vez, con el alma marchita y el pensamiento triste,
que no se compadece el hambre
con la alegría y la lozanía.

J.

M.C.

GLORIFICACION DEL HEROISMO -Funerales del heróico capitfo Azueta, muerto a consecuencia de las heridas
que recibió combatiendo contra el yaokee en Veracruz.-El cadaver del héroe expuesto en su capilla ardiente.

�•

r

Los uniformes

..,

~=========================r=or=G=EO=R=GE=S=º'=ES=PA=RB=ES==.
Se babia adoptado en el ejército una
frase para designar a las tropas desarre~
gladas: «MALFORJAoos como los dragones de Villeguen&gt;.
Estos soldados formaban tres oompa·
ñías francas. Cada una de ellas tenla
ciento cincuenta hombres, como sigu'e:
un capitán comandante, no capitán re•
formado, un primer teniente, un segun·
do, cinco tenientes reformados, tres ma•
riscales de alojamientos, seis brigadie•
res, ciento cuarenta dragones y dos tam•
bores; y entre todas daban cnatrocien•
tas cincuenta buenas cabezas que gns·
taban de galopar rombo a la muerte.
Pero so manera de vestir disgustaba
mocho a los gtinerales, a los oficiales y
aun a los soldados mismos. En logar de
ir señidos con sos jostacoerpos rojos,
los hombres montaban a caballo con
uniformes flotantes; no abotonaban sus
casacas mú que en las bolsas, y aun
babia algunos que llevaban so elegancia basta el punto de ostentar vistosa•
mente so ropa interior, preciosamente
arreglada. Estas compañias tenían un
aspecto propio, caracteristico. Todo en
ellos era elegante, coqueto, a la vez
atrevido y gracioso; lodooodolante, flo•
tante. En lugar de jerga roja sos man tos eran de Romorantin, y en todos los
detalles sus uniformes eran mú cuida,
dos: en los galones, en las bojas de las
espadas, hasta en los botone! que eran
de plata labrada y montada sobre ma•
dera.
Este cuerpo de dragones &amp;éaboba de
hacer la campaña de Bohemia. Se le
babia visto, al rededor de Chevert,ame,
nazaodo al enemigo por encima de las
murallas de Praga. Después de la terrible carga de Dettiogen, Noailles ha•
bia revisado sus filas, babia sonrefdo a
los dragones, nno por uno, y los había
acariciado la barba como si fueran se,
ñori tas. Casi• todos estaban heridos,
ollao a ámbar y a sangre-y cuando el
mariscal se mostró satisfecho y les ex·
presó su deseo de recompensarlos por
sos servicios, ellos, desdeñosos del dine•
ro, se levantaron sobre las si1llas de sos

caballos y con un solo grito pidieron
vino.
-Para eso se entenderán con mi mayordomo, dijo el mariscal al comandan•
te; haréis beber a vuestros hombres mis
tres barricas de Astí.
Después, golpeándole en el hombro,
le preguntó:
-lY tú qué quieres:
Iba a contestar el dragón cuando apa,
reció el rey con su Estado Mayor.
-Sire,-dijo el mariscal, la jornada no
me fué feliz, pero pido que sea favorable para .. .. . .
-El &lt;coqueto&gt; Villegueo, dijo el rey.
Quería interrogarle, pero repentina•
mente detuvo su caballo; revisó al dra,
góo de los pies a la cabeza y no dijo
nada. M. de Villegoeo comprendió y
guardó sus encajes debajo del unifor•
me .. . . . .
- Quiero el Estado, por regimientos,
de mis oficiales muertos o heridos.
Se lo presentó. Lo recorrió rápida·

mente y después se puso ~ inspeccionar
de nuevo a Villegueo. El comandante,
sin decir nada, abotonó su cuello ... .. .
,-Descuidado, dijo el rey.
Olvidando toda justicia habló dura·
mente.
-A ver vuesta espada.
M. de Villeguen la mostró, el rey la
sacó de la funda.
-La hoja no tiene treinta y una pul•
gadas..• . . . Sin embargo, os felicito por
el valor que habéis mcstrado esta ma•
ñaoa.
-Veo, dijo melancólicamente el sol•
dado, que Su Majestad sigue mostrán,
dose riguroso conmigo en lo que res•
pecta a armas y uniformes,
-Sf, dijo vivamente el rey. Sois ccom,
pañia franca&gt;. Hay que obedecer los
reglamentos! No me gustan esos uoifo11
mes chillantes, vuestros soldados pare,
cen más bien danzarines. Hay que vol·
ver a la ordenanza, o de lo contrario
licenciaré a vuestros hombres y os enw

viaré a vuestras tierras de Aojou. Esto
no es más que una advertencia al sol·
dado, el gentilhombre es digno de toda
mi estimación. Os cito para días mejo,
res, señor.
Villegnen inclinó t.. cabeza, hizo girar a su caballo y penetró en el cam pamento seguido por sus trescientos
hombres. Sentía cólera terrible en el
corazón, pero no dijo nada, y veinticuatro horas después signió peleando.
A partir de ese día no se oyó hablar
mis que de él en Fontaioebleau y en
Versailles. Todos los corrws que lltga•
ban al rey hablaban de la gloria de Vi•
lltgueo. Parecía que una tempestad
empajaba a sus hombres al futgo, de
combate en combate, de ciuda d en ciu·
dad, y parecla que sus caballos tenian
alas! Por todas partes donde reventaban
las bombas se veia a los guapos drago•
aes. No se veia por todas partes más
que a ellos.
Se les creía muertos y aparecfan re·
peotioameotel Se les vió romper las
cadenas del puente levadizo de Meoin,
lanzarse ~obre los holandeses, tomar la
plaza, saltar sobre Ypres; acelerar el
sitio de esta plaza para poder marchar
contra Friburgo sin haber siquiera des•
bridado los caballos, deshacerse de los
que le estorbaban el camino, caer sobre la plaza, tomarla y jugar '. a los da•
dos en ella; levantarse al ruido de las
trompetas, con la pipa en la boca, ecsaogreotados, pero sonrientes, volver a
montar a caballo para cargar a las ór•

•

denes de Estrées, contra los ingleses eo
Footenoy, y más tarde, en Lawfeld,
adelantarse a la carga de Cravates, has•
ta que al ño, tras seis añes de combates,
y no quedando mú que quicce hom•
bres de las tres compañías, se les vió
sentarse gloriosos pero abatidos scbre
las murallas de Bergop-Zoom, una vez
qne se babia formado la paz, y pedir
descanso a rn vez ....
-1Nol De piel dijo M. ;de Villegueo,
Antes de separarnos vamos a ver al
rey.
Todos se levantaron sin esperanza,
con las miradas parecian decir:
-lAl rey? ¿Y para qué? Nunca nos
ha querido por lo cuidado de nuestros
uniformes.
Villegoen los miró atentamente •. . .
Estaban ledos desgarrados, cubiertos
de polvo. Sobre sus ropas, blancas en
otro tiempo, había sangre de Lawfeld
de diez meses antes.
-En pie, a pesar de todo, camara•
das! quiero presectaros acte él en traje
de gala. Ese será vuestro último uci,
forme.
Nadie comprendió de qué se trataba,
pero estaban acostumbrados a obede•
cer, y nadie se desobedeció. Fatigosamente, armados con sus lanzas,' se die•
ron apenas el tiempo de beber un trago
y montaron nuevamente a caballo; partieron y entraron a Versailles al sonar
el toque de alba un martes por la ma,
ñana.
El rey estaba en el palacio.

'

M. de Villegoen hizo desmontar a sus
dragones fuera de la ciudad, los alojó y
pidió audiencia para el dia siguiente.
El rey le recibió a las diez de la ma•
ñana; se hallaba prevenido, le acaba~
ban de rizar el cabello.
,....¿ Están vuestros soldados en el pa•
tio ?
-En el patio de honor, Sire,
El señor de Argeoson que entraba en
esos momentos, dijo en voz baja a Vi•
lleguen: «Temed la cólera del rey,
acabo de ver a vuestros hombres, son
una mascarada.&gt;
,-Habéis visto mal, señor ministro,
contestó el jefe de los dragones.
El rey se levantó y dijo:
-Señores, que se me siga, vamos a
ver a esos preciosos dragones, tan coquetos.
La Pompadour, advertida ae lo que
pasaba, descendió con sus damas de
compañía.
A las diez y diez minutos, la multi•
tud se precipitó por las puertas. En me•
dio del patio se vió a quince dragones
en fila, frente al rey, montados, iomó•
viles, coo la espada en la mano, y ves•
tidos con trajes tan: extraordinarios que
en todos se notó un estremecimiento.
- l Qué es esto? preguntó el rey.
Y se detuvo, pálido y pensativo.
-Tenéis mucho ingenio señor de Villeguen. En esta vez no es habéis con·
formado con hacer que se desabotonen
las casacas y que se echen al viento los
listones, sino que habéis inventado uni•
formes que nunca han existido.
- Sed benévolo, Magestad, han cos•
tado la vida de cuatrocientos soldados.
El rey golpeó el suelo con el pie. Los
quince hombres oo se movieron.
Aparecian enormes ante el sol de la
mañaoa, vestidos con sus uniformes fan•
tásticos que el sol hacia brillar. No babia eotre ellos oicguna armonía. Los
dos primeros eran negros con palabras
estrañas bordadas con oro en la espal•
da; el quinto parecía de nieve, y los
otros, terribles, pintados de púrpura y
azul, mostraban en el pecho dibujos
bárbaros cifras, estrellas y pájaros erizados de plumas raras. La corte, in•
quieta, se aproximó a aquellos fantas,
mas con pasos menudos . . ..
-Sire, susurró la Pompadour, estos
hombres sufren. Hay algunos que se
desangran. ¿De dónde vienen ? Ved al
segundo . . ... . el sexto . . . .. . están vesti•
dos de seda. Vaya qoa idea; hacedles
partir •. . .

�•
Trescientos rostros se movían esto,
pefactos al rededor de los caballos. El
rey se exaltó al fin:
- Hablad, señor de Villegueo. Ex•
plicadme ese nuevo caprichol Esns sol•
dados .... eson trajes de carnaval des•
conocidos ... , .. ¿De dónde pr~cedeo
esos uoiformrs? .. ... .
Apenas hal:..1d pronui:iciado estas pa•
labras, cuando se vió que los hombres
se inclioaban ,todos a la vez .... Treinta
pupilas se fijaron en el rey como para
absorver su enojo, y el conde de Ville•
guen, quitándose el sombrero, saludó y
dijo:
-Sírvase :I; eiestra Magestad perdonar
una vez más esta infracción a su regla·
mento. E~tos uniformes, Sire, &lt;son de
pabellones enemigos.&gt;
(Trad~cido e~pecialmente para &lt;At;·
te y Letras&gt;)

.,

.

~(¡

La fábula no moraliza

.r

)}

•

.

.

Para ARTE

Y LETRAS.·

l\

&amp;~=================~~
Respetuosamente dedico
este ensayo al Sr. Dr. Al
fonso Pruneda, de quien
conservo gratos recuerdos.

do la fábula de &lt;El niño y- el Cohete&gt;
de D. José Rosas.
Dice así:
A un cohete que rápido cr;ubía&gt;
Un niño le decía:
-Tu &lt;luz&gt; envidio y sin C'e;ar quisiera,
Volando como tú, cruzar la esfera.
Entonces el cohete, con cariño,
Le dijo:-¡Pobre niño!
No envidies mi &lt;esplendor.&gt; mi gloria
(es humo.

Ensay_o crítico
La fábula es un género de composi,
ción literaria que por medio de ficciones, difande la moralidad. En la fábula
los actores s)!11 personas, animales y
aun cosas ioa !S:!madas. Esta es la definí•
cióo, que en ,~as pala~ras, dan los r¡,
tór~cos.
Sentado esto, cumple analizar qué
clases de personas la fábula moraliza y
como lo hace. Omitimos a.la gente cul•
ta (que suponemos ya moralizada) y só·
lo nos referio m a los niños JI los anal•

fabetas a quienes es menester enseñar,
por medio de la ficción, la verdadera
senda _d e la vida.
Para darnos cabal ideal de si la fáv
bula eo~ereza los pasos de los niños y
de las gentes ignorantes hacia el no
muy frecuentado camino del bien, eché•
mos una mirada atenta ~obre la natura•
leza íntima de la fábula.
Es ésta una metáfora; pero continua,
da, no compendiosa como la verdadera
metáfora; él fabulista traduce sus ideas

en un lenguaje simbólico, pintoresco,
en el cual cada palabra pierde su sig,
niticado primitivo y toma otro que n!&gt;
se encuentra en ningún diccionario; el
fabulista diafaniza el sigoifica&lt;;lq prís,i
tino de la palabrc o frase que us-a para
ver por trasfloracióo de ellas, las suü~
les se¡nejanzas que encuentra ~u espíritu entre lo que de~igoa tal o cual
dicción y la ideal moral que trata de
comunicar.
Tomemos un caso concreto estudian

Qué no ves que &lt;brillando&gt; c=ie consumo?
Es m~jor eo la senda que cruzamos
Nunca en el fausto oi en la gloria vernos:
Que si ardientes el brillo ambicionamos.
Nuestro propio esplendor puede perder(oos,
NOTAS DE SPORT.-Momeotosde los campeonatos de teoois y golf ju·
gados el domingo último ea el &lt;Reforma~ Atletic &lt;::lub.&gt;-Simpfüco gro•
po de chiquillos que recogen las pelotas perdidas.

Desde luego encootramoa los siguien•
tes slmbolos;

�, •••.. csubía &gt; Subir; el significado
neto de esta palabra es la 1sceoción de
cualquier cuerpo sobre el nivel del
suelo: pero cuando algún Miembro de
la sociedad, ya sea por rns méritos, o ya
por tener demasiado flexible el espina•
zo, ocupa un coospícuo empleo, se dice
tambi~o eo sentido metafórico que ha
csubido,&gt; por destacarse su personali·
dad, como acontece con los cohetes que
trepan las alturas sir. alas, sio pies, ni
otras máquinas.
e Luz,&gt; voz que significa lo que vo•
sotros y nosotros bien sabemos, f.S decir,
lo contrario de las tioitblas, lo que oos
hace gozar del espectáculo de las monta·
ñas.del cielo, de los jardines, del rostro
de nuestras amadas .... ; la luz procede
del sol, de las vibraciones elécti ic~s.
de la combustión del humilde pábilo
de uoa vela. etc. Eo esta sección com•
prendo también los vocablos cesplendor&gt; y cbrillo,&gt; que oo defioo por
ahorrar tiempo. He aquí, pues. el sig·
ai6cado primordial de esa palabra; y
ahora, imaginad un cohete enseñoreado
del espacio, pero sin luz, sin esplendor,
sin brillo, y comprenderéis sin dificnl·
tad que, no obstante su peregrina posición e.o será percibido fácilmPnte. Ade·
má•, la luz es bell:t V por ende, admirada y ~iempre elrgi•da. Tanto cuanto
hemos dicho aplicadlo metafóricamente,
al hombre que se eleva, y veréis que el
fausto con que vive equivale a la luz,
al brillo y al esplendor del cohete.

cHumo.&gt; H.sta palabra exprefa las
partículas de la substancia . que en el
fenómeno químico de la combostióo,
oo se han oxidado ccmpletameote; pero
el vulgo por uoa fimilitud grcsera de~
signa coo este mismo vocablo lo que oo
fir ve, lo inútil, y de aquí que, por se·
mejaoza, aplique ésta misma palabra a
cualquier acción humana infructuosa;
también se designa con éste término oe
gacióo.
Hecho el análisis de las palabras
mencionadas arriba, vemos que eo to•
das ellas se ha modificado el significado
primitivo para tener después otro abs·
tracto. Ahora prt gueto, ¿la mente del
oiiio y la del hombre ignorante, están
suficientemente evolociooadas para per·
cibir los significados posteriores y le·
jaoos de hs palabras que el fabulista
emplea?
Pasemos a la consideración de las
palabras cfausto&gt; y cgloria.&gt;
&lt;Gloria.&gt; Palabra abstracta que oi el
niño, oi el burdo comprenden, a oo ser
que interpreten por ella el lugar a donde van a disfrutar de inmarcesible di·
cha los que fueron buenos eo este va·
lle de lágrimas.
Fausto. Otra palabra a que oo llega la
comprensión de los niños oi de los ili·
teratos. Bien pueden tomarla por el
nombre individual de algún hermano,
amigo o pariente suyos.
B1ste de análisis. y preguntemos: 1Q ué

queda eotooces en la mente del niño y
del igooraote, def pnés de haber leído
la fábula de &lt;El Niño y el Cohete?&gt; Un
absurdo que les divierte: la mera contemplación de un niño que coovena
con un cohete.
Hecho el estadio precedente habrá
alguien que nos diga que la fábula lo·
J¡ra morali zar ? No; la fábula no mora•
liza; y no se crea que d~cimos esto porqoe la fábula sea inmoral, sino porque
los medies que emplea no son idóneos.
Se nos objetará, sin embargo, qoe si
los niños no entienden la fábula, no por
eso debemos proscribirla, qoe las imá·
genes que encierra son las;emillas que,
eoterradls en lo profundo de su conciencia iofantil, espigarán mañana, os,
tentando el exqnhito fruto de la mora,
lidad.
Acepto provisionalmente como buena
e~ta objeción y argny" : 1Mientras frac·
tifica la semilla de la fábula, que hace
el niño? /oo tiene acaso deberes que
cumplir en la exigua sociedad del ho·
gar y eo la de la escuela? Si tiene de·
beres que cumplir, antes que hacerle
perder el tiempo leyendo fábulas, que
se le iocnlqoe la verdad. sencilla, directamente, por medio del ejemplo y
de la palabra, o haciendo qoe lea cueo•
tos moral es de autores selectos.
::,¡ alguno dudara aún de que la fábula no es entendida a pesar de su a pa,
rente sencillez, ni por los niños, oi por
los analfabeta•, 1por qué los fabulistas

NUESTRO PAi S. -Dos hermosas fotografías de. l~s. calles de Cuernavaca, tomadas por el artista José C . Tovar.

�oo pueden prescicdir de la moraleja
final dé cada apólogo?
No; la fábula oo m.,raliza, porque ¿a
quién moraliza? Los niños y los igooraotes no están eo aptitud de compren•
derla, y, los hombres cultos ya estáo
moralizados, porlo menos teóricamente.
Eo cooclusióo diremos que si la fá·
bula oo moraliza, a pesar de sn noble
ioteooióo, oo por eso huelga en el mun·
do literario.
El hombre culto después de sns labores serias, después Ge la sujeción meló·
dica y tirat te de sus facultades meo ta·
lfs. siepte la necesidad, de que sus peo•
samieolos fluyan sio dique alguno, y
por eso, entre otras diversiones, se em•
barca eo la meotira-la fábula-para
bogar caprichosamente en torno de la
verdad.
MIGUEL A. CEVALLOS.
Tacubay,a. Mayo de 1914.

Fragmentos de una

Los momentos de las carreras de
bicicletas efectuadas el domingo pasa,
do en el hipodrómo de la Condesa a
iniciativa del Club Ciclista de la P re•
paratoria.

Carta

El beso de Cleopatra

Para &lt;ARTE Y LETRAS&gt;

....... .................. . .........
1

..

..... ··•·· ....... .............. .... .
...... &lt;Alma mía: Estaba prefa de
Sir Edward Carsoo, en la gran maoifestación en Londres para prctestar
una mortal melancolia cuando llegó a
cootra la coerción de Ulster.
mis manos tu hermosa carta, traida a
mi por una alma más hermosa todavía.
es, mi cielo, que yo vivo del azul y de
Te ví aparecer aote mi. como asoma la las flores ¡Hermoso Mayo! mes de arru·
la luz que coroca tu frente, como uo
llos
y
de
noches
nupciales
....
aurora empapada de rocio, con to alien
Por eso me siento yo volver a la vida, nimbo de gloria; de la luz que soorie
to di\&gt;ino de fragante persume. Las ro·
como
vuelven los campos agostados a en la aurora de tus ardientes pupilas,
sas ccloran tus mejillas y tu casta son•
los
dulces
besos de la joven primavera. donde parece que se deshojan los cla·
risa ahuyenta amorosameole las nubes
veles de mis ensueños.
de mi frente y esparce por doquiera la Y es que tú eres para mi la más ideal
Las flores son buenas amigas; ellas
luz de la gloria, la esperanza de la vida. de las virgenes amadas por el sol; la
nos refieren historias interesantes de
que
yo
sueño,
de
los
ojos
azules,-color
¿Qué es lo que tiene tu palabra, que
sus tri~tes amores; nos cueotan los ma•
me aoonaJa y hace que corra por mis del cielo de mi patria adorada;-la de
ravilksos secretos del rocio y del per·
venas un flu ído magnético, y sieoto en los pies breves, finos y nerviorns, pisan·
fume; nos hablan de cómo, al expirar
do
alfombras
de
rosas
y
azucenas;
la
mi la capacidad de amar como en los
boquita roja, que yo bern en mis sueños ellas, sus almas se transforman en be•
primeros días?
llas mariposas de luz, y cómo el sol es
Tu alma y la mía, se besaron a uo de amore~, roja y voluptuosa como ve•
la alegria del mucdo y tú, el amor y el
dada
poma
de
viejo
Edén
que
cantan
tiempo, por eso se quisieron y se des•
pensamiento de mi vida.
las
prístinas
de
orientales
leyendas.
Y
posaron ........ Estamos e11 el mes de

Y todo esto es, porque tú, con .tus eo•
cantos, despertaste eo mi la pas!ón de
la vida, inspirándome una segunda pri·
mavera de ilusiones hermosas y cisne·
ñas todas.
Tú has pnlsado la lira de mis sentimientos; me despertaste . ....•
Para mi, eres sonido, voz de lo invisible, de lo remoto; luz esplendorosa
que ahuyenta mis sombras; maoanti1l
de alegría y de colores, el amor gran•
de, vencedor del olvido, vencedor de lo
imposible&gt; .. ....................... .

Pálida y trémula ·leyó :ella aquella
carta, testimonio fiel de una pasión que
había inspirado, sin que su corazón lo,
grara corresponder en lo más mioimo a

un amor tao lleco de promesas, que ha.
ríao de ella la más feliz de las muje•
res .... -Le quiero, como se quiere a
un hermano, pero, ¡ay de míl oo le
amo, ni le amaré jamás ...• En cambio,
si esa carta oo fuera de él; si me la hu·
biose escrito aquel otro, aquel que está
lejos, que no piensa en mi, que no me
ama .... iah, entonces sería yo la más
venturo!a de las mujeres ....
Las lágrimas que abaodantes brota•
ron de sus ojos, cayeron sobre el papel,
besándolo dulcemente y un nombre se
escapó de sus labios; un ncmbre, toda
una historia de dolores y decepciones ....

LUIS G. CABALLEl&lt;O.

Rodeando con su brazo la escultura
De la divina reioa que adoraba,
Marco Antonio, de hinojos, cootemplaba
De Cleopatra la mágica hermosura.
A su oido mil frases de ternura
El altivo guerrero recitaba,
Y la orgullosa egipcia lo escuchaba,
Admirando su estética figura.
Poco a peco sus cnerpcs se juntaren
Extremecidos de placer, jadeanlPs,
•
Sus ojos con deldte se cerraron;
Sus labios se chocaron anhelar.tes,
Y, como roble que derriba el rayo, .
El gran Triuov1to se trocó visallo.
Guaoajuato.
Luis G . F. MARTINE Z,

�ALMA FUERTE
p.,ra &lt;ARTE Y LETRAS.&gt;

Teñia el sol con reflejos de.s,a ogre el
horizonte, en cil que las bajas .n:u);,es
recogían el ro,ai pálido de los ~µ!timos
rayos.
.
Frente a los altos balcones d\ll ,con•
fortable chalet que, a semejanz&amp; de an·
tiguo castillo feudal, coronan to¿récillas con almenas y troneras, la os.cura
masa df'l bosque levantaba altísima_,b a·
rrera, En el hreve espacio Jiore, el rojo
cable del trolley, recog!a y reflejaba.el
incansable y acerado destello de ambos
rieles Frío y triste resultaba, y más
aún por contraste con el bellísimo bos·
que, el camino de la muerte poore, que
pierde sus cQrvas impecables eotre los
altcs pinos de Dolores.

..... ·· ····· . ... ······ ... ··· ·····.
Las diez. A10.gda de fiesta en el cha•
let. Los claros focos eléctric011,arrojan,
do sn lnz por los amplios ventanales,
recortaban eo la masa del bosque cua•
dros de claridad. Clamoreó ronca la
bocina del primer automóvil-negro
brillante-que se detuvo con chirriar
de muelles soore la blanca arena del
jardín, ante la portada. Sus fanales
marcaron dos estelas luminosas, que
en lineas convergentes, arrancaron a la
lejana curva de la vía nuevos destellos
de a&lt;:ero. Tras el Farkard negro bri•
liante, un Fiat gris perla y bien Juego
un Mercedes gualda, y Juego más, de
todas formas y e~tilos, que alineados al
costado del chalet1 simularon fantástica
formación dEi dtlopes de encendidas
pupilas.
En el amplid salón de colgaduras ale·
gres y sillería Luis XV-rosa y or0-el
ambiente tenía fragancia de violetas. El
último vals de moda desenvolvía una
cadencia suave. Las parejas, en un con•
traste de claro-oscuro por los negros
fracs y las blancas sedas, marcaban sa•
bia mente el ritmo del bostón. A la puer·
ta, inmóvil y e,guido, el lacayo fijaba
sus ojos de obsidiana-raza de Anáhuac
-en la frontera entrada del bestibulo• .

········ .....·········· ....... ······
Triunfaba Silvia ea el salón. Bien
era ella la reioa de la fiesta en qu.e
babíanla presentado como prometida de
Luis Haul, y bien mostraba él en su
rostro, de nerviosa seriedad en la ocasión, el orgullo de la novia, bella, joven
y rica. Cerró alegre acorde el más mo•
deroisimo y aristocrático taogo y huye•
ron Silvia y Luis Raul del bochorno del

baile, al cercano balcón, con frente al
b~sque. Fuera, el tibio ambiente otoñal
olió a musgo y heno. De brazos sobre
el antepecho, los dos callaron largo rato El frescor de la tempranísirna hora
descoloraba paulatinamente sus rostros,
encendidos por el baile.
, -Rá.pido pasa el tiempo, Nena. ¿Te
acuerdas?
-1 Cómo olvidarlo? Y ya ves qué
buenos son mis padres al consentir en
esta fiesta, aniversario de aquella otra
noche en que me dijiste que me que·
rías.
-No Jo creíste entonces, como abo~
ra.
-Entonces .... oó, no podía creerlo.
Te conocía tan poco, Luis, que tuve
miedo. Decían que eras tan alegre ccn
las mu chachas, tan galante ...•
- IY oo lo soy ahora?
-Sí; pero ahora no es lo mismo.
Porque aprendí a saberte baeno y leal
en el fondo, pude quererte tanto. Por·
que has 's ido bueno conmigo; tan bueno
que acaso no paeda pagártelo.
-Pnes mira, Nena; en esta coche en
que ya todos saben nuestro cariño, y en
qne nuestros amigos, que son nueitro
muodo, sancionan nuestro amor, b:en
fácil te es pagarme, no Jo que tú has
creído mis bondades; lo que ha sido mi
cariño.
-IY cómo, Luis?
El cariñoso diá.lcgo había acercado
los rostros. Nervioso,y algo brusco, Luis
Raúl al cír la última frase. tomó entre
sus manos la cabeza de Silvia, y en un
bern lento y callado, bebió la miel de
sus labios.
- iTe quiero mucho, mi Luis. te q u ie·
ro mucho!. ...•
· Rumor creciente volviólos .l. la yida.
Por la vía de Dolores, avanzaba lento
uo cortejo de muerte; nocturno el en·
tierro quizá en previsión de terribles
contagios. Pobre el aspecto. La carroza
negra y pequeña, tirada por mulas, mos
traba poqn(simas flor~s. Se~uían tres
viejos cochecillos, támbién de mulas.
Nada más. La curiosidad detuvo a Silt
via y Luis Raul, y el tri~te desfile, al
perderse en la curva, arrancó de sus
labios un suspiro.

....................................
Violeoto y bárbaro asalto de uo gru•
pe de bandoleros, obligó a Luis Raúl,
tres días m.l,s tarde, a no menos violen,
to viaje a su hacienda &lt;Tres Marías&gt;
en Morelos. Encontróla poco menos qne
arrasada y después de dictar las más
necesarias disposiciones, pretendió re·
gresar a la Ca~ital, pero fuele imposible. El tráfico había sirlo intet1umpido
y los caminos, pletóricos de bandidos,

hacían más que difícil una travesía en
automóvil o a caballo. Había que te•
mer las proezas de aquel pecnaje, su~
blevado al grito de saqueo y matanza.
Un hacendado joven y rico, resultaba
magnifica presa,
Desesperantes para Luis Raul los
nueve días pasados en la hacienda, a pro·
vechó el primer tren militar qne para
la Capital salió. Lento y receloso el
viaje ante el temor de algún asalto,
vióse Luis Raúl por fin en México, a
las 4.30 de la tarde.
o o o
Raro presentimieoto y ansia enorme
de ver a Silvia, lo hicieron pasar sobre
sus hábitos de hombre elegante, y saJtó,
llegado a su casa, sobre el potente au·
tomóvil (!De partió rá.pido por la Re,
forma, camino del chalet. Cortaba el
aire frío sn rostro y levantaba el ala
del suave fieltro de oscura seda. Llega·
do a Chapultepec, atrave~ó el bosque,
desembocó al Cambio de Dolores y
adelante una calle, viró a la derecha.
Patinaron las llantas del coche frente a
la portada Abierta ésta, Luis Raúl pe·
netró al jardío. Todo quieto. En el ai•
re había olor de rosas frescas y cera
blanca. Por una puerta al fondo, sen·
tada sobre el peldaño. única a la vista
uoa mujer lloraba, Por la mente de
Luis Raúl, pasó fogaz la visión de un
blanco sudario. Pero ¿quién ?....
--tQué sucede?,-inquirió violento a
la mujer.
Esta no alzó la vista, no supo a quien
hablaba, pero respondió llorosa:
-Pobre señorita Silvia ...... ya se la
llevan...... .
Luis Raul comprendió. El súbito re•
cuerdo del extremo de un entierro, al
cruzar rápido la calzada que une laR
de Reforma y Tacubaya, Je encajó basta el alma una pregunta: ¿Por qué iba
aquel entierro rumbo a Méxiéo?,
La horrible certidumbre lo impulsó
hacia fuera. Giró el &lt;starter&gt; del coche,
marcó la palanca Sf'camente tres velo·
cidades y el ronco grito de la bocina
rasgó el silencio. Atrá.s el cambio de
Dolores, Chapultepec y el Parque Lu•
na, en loca carrera por la vieja calzada
de Tacubaya, a la altura de Insurgentes distinguió el cortejo. Adelante Luis
Raul, presto dió alcance al último tren,
mas tuvo que acortar la velocidad. La
calle, transitada, impedía la rá'pida mar·
cha.
Blanca y amplia la carroza eléctrica,
simulaba una explosión de flores, tam•
bién blancas. Seguíanla hasta di7z tre•
nes, con negras colgaduras. Llegado a
la garita, volteó el cortejo, enfilando la

GALEA IA ARTISTICA,-&lt;La virgen con los donadores,&gt; por Van Dyck.

�calzada- de la 'r'iedad. La gente, curio•
sa ante la magnificencia del entierro,
cerraba casi una valla policroma. Se•
rias las mujeres y descubiertos los hombres en todos sos respetos a la muerte,
no supieron del poderoso automóvil que
a sus espaldas detuvo brusco so mar·
cha. Suelto el .-olante y en la mano el
suave fieltro, mis por instintivo impul·
so que por conciencia, Luis Raul con•
templó estúpido el desfile. Inmensa co·
rona, sobre un costado del féretro, mos•
traba en su listón malva dos palabras
bien claras: &lt;A Silvia&gt;. Tembló Luis
Raul en su alma toda y en su cuerpo.
Aquellas palabras eran como la clari•
dad de un sol: A Silvia. Pero no com,
prendía el cerebro de Lnis Raul aquel
coojneto. Igaoraba el terrible contagio
de aquel otro cor.tejo de muerte, uaa
noche de fiesta. El sólo sabía iy cuánto
le costaba entenderlo! que allí iba &lt;su
Silvia?,
Satisfecho el afán de su curiosidad,
la gente extrañó aquel joven pálido y
aquel automóvil quieto en medio de la
calle.
Ya en su casa nuevamente, Luis Raul
buscó el Imparcial. Allí estaba bien
claro, en la diaria gacetilla de &lt;Socia•
les y Personales&gt;:
&lt;Esta madrugada falleció en su resi•
dencia, victima de violenta enfermedad,
la bella y distinguida señorita Silvia
San Miguel, a la edad de veintitrés
años. El sepelio se efectuará hoy, a las
5 p. m, en el Panteón Francés.&gt;

Leído y releído e1 párrafo, la cara· de
Luis Raul mostró una espantosa sere·
nidad.

Se abrió el amplio portón de la ele·
gante casa en la Colonia Roma y sor·
gió el &lt;Protos&gt;, largo y bajo, todo él de
color claro. Firme al volante, Luis
Raul partió a paso moderado. La Reforma, Chapultepec y Tacubaya queda•
ron atrás ~in voltear la cara, siempre
adelante los ojos, fijos en el camino. El
sabía por donde iba, rumbo a Cuerna·
vac¡a, pero acaso no sabía el térmico
del viaje. El aire friolenta de Otoña le
daba ánimo. Li.s 2.15 aseguró en su re•
lox. Bien había andado ya. Sobre el pri •
mer atajo viró a la izqnierdd. 1Dónde?
Ni él mismo lo sabía, pero peosaba:
e Las almas débiles se matan en la som,
bra .•.... 1por q né las al mas fuertes no
han de dejarse matar, de cara al sol?&gt;
Repentinamente, desigual andanada
de tiros, disparados tras hilera de es·
cnetos chaparros, torció brusco el co,
che, a la aogosta zanja del éamino. Un
reducido grupo de bandoleros corrió
hacia Luis Raul, que se levantaba ile•
so Alguien trató de disparar, mas otro
lo contuvo.
-No lo dobles tan pronto. Aguárdate
qne baile un poco.

Codo con codo marchó Luis Raul en·
tre di grupo. Tampoco ahora sabía don·
de iba. Pensaba en Silvia; acaso era el
cismo viaje. (Lo deseaba tanto! Llega·
dos a un pinar, desnudáronlo. Alguien,
el que antes había hablado, aprestó una
cuerda, pero otro se opuso:
-Eso tarda, mejor su · ración de plomo.
Se oyó nueva irregular descarga y el
grupo se alejó. Un último hombre miró
lijo y escupió una blasfemia. Sobre el
árido suelo, el cuerpo de Luis Raul
quedó doblado, más alta la cabeza ru·
bia contra el ár!;ol y los ojos abiertos.

Teñía la puesta del sol, por un claro
con reflejos de sangre el horizonte. So·
bre el largo camino, el &lt;Proto~&gt; bajo y
brillante, destacaba el reflejo de oro de
sus fanales. De pie sobre el más alto
respaldo, un pájaro negro improvisaba
albergue para la noche.
JUAN M. DURAN C.
Tacubaya, Mayo de 1914.

..

l r

Marinos l,e,idos abordo del "Morelo~," que se curan en el palacio de Guardiola convutido en htspital de J;i. Cruz Roja.

¡\RTE MODERNO MEXICANO -Cabeza de eetudio por Eduardo Solares.

�LOSBURRITOS TARDOS
Los burritos tardos subeo la montaña
Trabajosamente, por la senda agreste ...
La mansa alegría matinal los bafia
Y sobre ellos cae la grao paz celeste.
Vao cargados de haces de espigas bermejas
Qoe su aroma esparcen eo el aire frt:sco ..
Y de las Clovibles y graodes orejas
Marca sus andares el ritmo burlesco.

To1inda boca de color de rosa,
Y es el contorno de tu cara hermosa
Muestra admirable de escultora humaoa,

Fotografía artística

o o o
Eu tus seoos turgentes y ~asnales
Y ea tas fúlgidas formas divioales,
Brotan flores de m:igica tre~cura.
o o o
Y es el iri~ que calm.i mis antojo~,
Uo destello de amor y de veotara
Qoe brilla eo el abismo de tus ojos.

Son fnertes y dulces. Sos graves pupilas
Supieron del fnego de sacras leyendas,
Cuando con pisadas lentas y traoqoilas
Hollaron las rosas de bíbiicas senda.

HEINALDO ESPARZA MARTINEZ.

El azote ioooble sobre el maoso lomo
Les dió los secretos de una antigua ciencia,
Por eso en sus ojos hay como un asomo
De melancolía, perdón y paciencia.

Tus ojos

Ellos desconoceo el Mal y la vaoa
Iaquietud que angustia las almas iociertas.
Viven so existencia matioaly hermana
De las vidas claras cual sendas abiertas.
Porque est:i el sentido de su muo do ioteoso
Eu la yerba humilde y en el limpio río,
Eu la veota, en donde les espera el pienso,
Y ea la tade vaga sobre el caserío ....
Aman el pesebre, y alli, cachazudos,
Gozan sos descanzoi con blanda pereza.
Y si sus ins!iotos se muestrao desoudos
Es porque sos almas son todas pureza.
Hermaoos, les dice la Filosofía.
Elegidos, dice, materoal, la tierra.
Sio embargo toda so sabiduría
Sólo eo su prístina soncillez se eocierra ..
Bajo la mañana, los burritos mansos
Vau llevando a cuestas si: carga florida.
Y eu sos ojos dolces,coal hoodos remaows,
Tiene claridades iomeosas de la Vida!
CARLOS WYLD O3PINA.

o o o

HOJA DE ALBUM
Para &lt;Arte y Litras &gt;
Eo ta cuello de virgeo soberaoa
Y eo tu espalda purísima de diosa,
Vierte rizos de seda deliciosa
Tu rica cabellera de obsidiana.
o o o
Plácido ambieote de perfame mana.

_,

o oo

A PIEDAD,
Oh tu mirada de pasión! .. Tu triste
Mirada de mujer que ama y espera!
Desengaño de todo cuanto existe,
Desilusióo fatal de uua quimera.
Mirada indefinible. misteriosa,
Qae sueña auu con uo ideal marchito!
Ojos que piensan siempre eo otra cosa!. ..
Ojos que mirao siempre al iu6oitol. ..
Ojo5 color de mar, donde idealiza
L;i. 1oz sus resplandores misteriosos!
T ranquilos como lagos de Suiza,
Rebeldes como mares procelosos(
Cómo hablan de tristezas tus pupila~.
Como hablan de venturas oo olvidadas,
Tristezas eaigm:iticas, traoquilas,
Venturas ruelaocólicas, pasadas! ...
Como sigue a soñando eteroameote
Con ua amor ideal eo sus pasiones!
Cómo irradian gloriosa y tri11temeote
En uo deshojamieato de ilusioaesl
Oh tas papilas garzas, donde quema
Sn lumbre uo sol de l:ioguida belleia,
Que hablan mudas y graves de uo poema
D~ !:!.grimas, de amor y de tristeza! ..
Tieoeo ellas misterios igoorados,
Fulguraciooes r:ipidas, ioqu_ietas,
Destellos melaocólicos, callados,
Vagaedades eróticas, secretas,
Yo adoro esos tus ojos, doode miro
La causa de tus penas intranquilas
Y el naufragio de todas tos pasiones.
Y engarzada eo el oro de uo suspiro
La esmeralda a buscar de tos pupilas,
Va la perla sutil de mi~ canciones.
F . FUENTES Jr.

�{0f ======c====uA:=::=-RT:=::=-ILL====AS====D-===-E-E-_N_S_U_E-Ñº-===--====~-~,.._
~

JJg
EL ARRIVISMO

No es ciertamente en esta ocasión,
cuando la crónica tratará de buscar
una impresión definida, precisa, que
pueda ser clara potencia de expresión,
de diafanidad emotiva, de algo que se
ha &lt;vivido,&gt; por decirlo así, en una ho•
ra fugaz que no se repite, pero que ha
dejado ciertas emociones en el espíritu,
al contemplar un uuevo espectáculo.
La' cr6uica que hace vibrar los amo,
res líricos, los sentimientos fugaces, las
C05'\S tenues, las frases purificadas o los
perfumes vagos, se a parta de todo ello,
y encierra en esta vez, una esencia de
amargura, unas gotas de sangre purísi,
ma que ciertos espíritus dolorosos, bao
dejado en la~ zarzas del camino, como
rubíes alados que muestran en sus fa,
cetas el color de la herida que los
produjo! ....
Y es el tema de esta crónica, aquél,
que en el círculo diario donde se habla
de literatura y se gustan unas &lt;cuarti·
llas&gt; como panales de ensueño, disr.útese a menudo, en formas muy diver•
sas, pero que dejan siempre entre ver
el triste estado de nuestro medio, ya
sea artístico o literario.
Y la causa de esa degeneración, de
que tanto se babia y que ha aumentado
día a día, de vatios años a esta parte y
que nos hace palpar el sudario de algo
que ya ha muerto, es muy sencilla, pe•
ro poco conocida. Se llama el carrivis•
mo&gt; ....
El carriviimo&gt; puede considerarse
como una enfermedad que amenaza de
contíouo a todos los &lt;iniciados&gt; ya sea
en la literatura o en el arte, y que mata entre nosotros muchas esperanzas en
flor, dejando desnudas de ilusiones las
almas juveniles que en su deseo de alcanzar la celebridad tratan de &lt;llegar&gt;
sin perseverancia y energía ....
El &lt;arrivismo&gt; hace desaparecer en
poco tiempo el poder lírico del artista,
que piensa ei:: el priocipio de sus en,
sueños, ser un fidalgo con derecho a ,
recorrer el mundo en una perpétua
conquista, entre sonrisas de mujer y
sonrisas de champaña!
Y digan si 06 todos los jóvenes &lt;ioi,
ciados,&gt; victimas del &lt;arrivismo&gt; si alguna vez no se han sentido como el
príncipe blanco de los cuentos de Orieo·
te, como un libertador de cautivas, ccmo un galante amador de primorosas
reinas adorables! •.....
Y es por esto, qoe sus espíritus moldeados en un ambiente de leyen da, co•
mo pertinaces sonámbulos de la vida,
creen haber roto el círculo de la fa.

randulesca bampooía de estos malaveo•
tarados ti,mpos.
Pero veamos ahora, cuando más tar·
de viene la dolorosa realidad, y eoton•
ces, aquello, paralsos artificiales, sólo
quedao como paréntesis lumioosos en
las págioas amarillentas de una vida de
ensueños, y las rojas flores de las qoi•
mera~ se encuentran marchitas y aoó,
cimas. Y entonces es cuando se acercan
al borde del abismo y asustados gritan
¡col ante la danza astral de sus paopias
vidas!
Y aquél joven poeta o artista que so•
ñó conquistar las cumbres de la inmortalidad, se encuentra vencido, sin idea·
les, obligado a resignarse y a pedir por
su labor unas cuantas monedas que de,
jan relegado ca su arte&gt; a uua baja industria .
Pero apartándonos de estas reflexiones fijémonos, aunque sea ligeramente,
en uno de esos cgropos&gt; que forman
parte de lo que se podría llamar, por
un momento, la juventud artística y
literaria de México.
Qué podría decirse del &lt;grupo&gt; de
autores mexicanos? ... . La contestación
no es nada difícil y cualquiera diría:
Es un grupo de resignados y vencidos o
por mejor decir de &lt;hombres sin ideal
o lo que es peor, de hombres que tienen el dioero por todo ideal.&gt; Sus obras
;~más hechas para el Arte, sino para
determinada clase de público, son flo
res de un día, porgue están escritas sin
tomarse tiempo para hacer una compo,
sicióo maestra Eotre los autores mexi·
canos hay algunos que no carecen de
talento, pero descorazonados demasiado
pronto, muchas veces por la indiferen•
cia del público para con sus obras, escriben por un mero entretenimiento o
para buscar el &lt;éxito,&gt; el éxito que
produce dioero, Su estado de ánimo ha
decaído poco a poco, y al igual que su
taleoto, se ha gastado, se ha atrofiado,
por decirlo así, en un trabajo verdaderamente fnoesto.
Y aquí caben muy bien. al t,ablar so•
bre este &lt;grupo&gt; las justísimas quejas
de Aotoioe sobre el teatro francés:
c¿D6ode estáis, mis viejos compañe•
ros? l Por qué e o volvéis a mí con vues,
tros maotos agujereados y vufstros ros,
tros quijotescos? Os burltbais de la mi•
seria, no conocíais el color del dinero,
pero bajo vuestros trajes de mendigos
teulais ojos de emperadores. ¡Días her•
mosos! La gloria es eso . ... Es oecera,
rio trabajar por la ~loria, no esperar
nada y darlo todo. Es tonto, pero ¡es
muy hermoso!&gt;
Ahora hablemos también ligeramente
sobre aquél otro &lt;grupo&gt; que ya no
busca ansioso con el pincel encontrar la
gracia del colorido, la animación y el

sentimiento de las figuras, la palpitante
vivacidad de la luz qoe pueda quedar
en el lienzo con ~os matices de oro.
Y este es otro de los &lt;grupos&gt; que al
hallarse amenazado por el &lt;arrivismo&gt;
Jo está por el orphismo, el cubismo y la
lí!lima y extravagante modalidad mor•
bosa, la pintura &lt;siucromista&gt; que bace
desnudos en amatillo y- paisajes viole,
tas.
.... &lt;Para encontrar algún vago pre•
cedente de la pintura csiocromista&gt;dicf! un notable escritor- -habrá que ir
a un manicomio y buscar entre las pin,
turas disparatadas, la del más loco de
los aficionados.&gt;
Y en últimas exposiciones abiertas en
México, se bao visto multitud de piotu·
ras &lt;siocromista!&gt; y también se bao
contemplado lienzos ton dibujos he•
chos, con más a menos habilidad caligráfica. Y así ha muerto el amor ilimi,
tadc que se tenía a la gama de esos co•
lores que eternizaron los grandes maes•
tro~.
Pero también de e!e &lt;grupo&gt;, si ha
de decirse verdad, hao surgido verda•
deros artistas, que al verse amenazados
por el carrivismo&gt; y siotieodo que
nuestro medio es tao rehacio para con
el numen que ioteota ampliar el vuelo.
no queriendo ser elemento de las manifestaciones morbosas ya citadas, nos
bao abandonado, porque de dilatarse
un poco más se hubieran visto forzados
a pintar letras o carteles viilaoos. Y es
natural, esos verdader'ls artistas huyen
ante el fantasma. y buscan mucha luz
para no enfermarse de una vida otoñada
de brumas.
Otras muchas consideraciones podrían
hacerse en este sentido, pero no es ese
el objeto que se persigue, sino el de de,
mostrar que el carrivismo&gt; también ha
logrado la degeneración de este &lt;grupo&gt;.
Y ahora, si se hablara del &lt;grupo de
literatos&gt;, de aquellos que escriben pa
ra el público, tendría mucho que de•
cirse, porgue en él el &lt;arrivismo&gt; cuen •
ta con mayor número de victimas, que
hao sentido el histerismo lloroso de
aquellas flores, que no tuvieron el tri un·
fo de uoa hora sobre el pecho temblo•
roso de una virgen!
Bien, aquí podremcs terminar estas
&lt;breves lineas&gt; que rólo tuvieron por
objeto demostrar lá existencia del carri·
vismo&gt; en nuestro medio artístico y Ji·
terario y no el de hacer una crítica en
forma, porque esto no serla posible para quien escribe, que dolorosamente, y
muy a su pesar, confiesa, que él también
es un &lt;arribista&gt;.!.....

Una casa del pueblo de Noachiac, :lestruida por el movimiet to del terremoto.

Una montaña que
.
camma
Los hJbitaotes de Correze, Francia,
no tienen necesidad de ir a la montaña,
porque la montaña ha decidido bac_erles una visita; en efecto, una elev:1c_1ón
que se encueotra cerca de Noah1ac.
cuyo pico dominante es el puy de Coux
se ha puesto a caminar con g rao espan·

to de los habitantes de las regiones ve•
cioas.
Se sabe que cuando las arcillas su~·
yacentes se deslíen en una grao canll •
dad de agua los terrenos que se hallan
sobre ellas o se deprimen, cuando la
capa de a rcil!as s? hall~ en un pla_no
vertical, o se deshz,n s1 el plan~ es 10•
clinado Esto es lo que ha sucedido con
la montaña en cuestión.
Durante el iovierdo pasado se empe•
zaro u a oot:u moYimieotos sobterraoeos
a los que no se dió importancia . por
creerlos debidos a causas plut601cas,
pero al terminar las lluvias invernales

la desorgaoiz.1ci60 de las tierras con•
tiouó y se empezaron a hac~r grietas y
hundimientos en toda la reg160.
Los caminos se han desviado; los dos
se han secado y todo presenta los efec•
tos de una dislocación que amenaza
coo un serio cataclismo en época no
muy remota
Hasta ahora las pérdidas sólo bao si•
do de iotetereses, pero si continua el
movimiento del suelo no será difici 1
que siegue vidas humanas como hades·
truido y¿ considerables intereses.

• 1

ARMANDO VARGAS.
El camino de Meyssac, disgregado por la catástrofe.

�•

~-T-eatrfl1es
•=========-•==========--j

En pleno cvaudeville!&gt;
&lt;Mi papá&gt; de Aroicbes y García Alvarez, en el Mexicano y
&lt;Una noche de amor interrumpida&gt; en el Lírico, hao hecho
las delicias del honorable durante t.:ida la semana.
Menester es confesar que la comedia, en cuatro áctos, ere•
prisada&gt; en el Mexicano no carece de situaciones, y que den•
tro del ~éoero consigue el objeto propuesto: hacer pasar un
rato alegre al espectador.
La interpretación bastante ajustada contribuyo al deleite,
distinguiéndose don Joaquín que nos sirvió un papá apócrifo
graciosfsimo y sin bufonadas de mal gusto.
Lástima grande de que Mari-Pepa ( Ma gdalena Navarro)
que, por lo demás dice admirablemente, posea aquella &lt;obesi•
dad botijeril&gt; tan mal casada con un rostro no mal parecido
pero cuyo &lt;ángel&gt; eclipsa el exceso de tejido adiposo.
En escena oo hay derecho a la exhibición de &lt;fenómenos&gt;
por respetables que se les antojen a sus amigos o favorecedores.
El público &lt;pagano&gt; tiene el de reclamar figuras atrayentes,
bellas, tlegaotes, encanto y deleite de los ojos que a eso se lle·
g t a los ccotrales&gt; en demanda de regocijo o emoción que, es
sabido, p_or los ojos se entran.
'
PoJqoe ~ ra fealdades más o menos soportables, en escena
sobran las tan digna cuanto honrosamente representadas por
el &lt;sexo feo&gt; del Mexicano.

&lt;Una noche de amor interrumpida&gt;, &lt;vaudeville&gt; representado con éxito por la compañía del Lírico.

cUna noche de amer interrumpida&gt; en el Lírico,

�•

Pero en el femenino, repetimos, es de
vigor que se reponga el ganado.
La priocipalísima condición de una
actriz es que ésta sea guapa; todo lo
más c:guapa&gt; posible.
Y si es reqoeteguapa, muchísimo me·
jor.
o oo
En la compañia del Lírico, y sentimos no diferir de opinión con nuestros colegas, fuera de Barreiro, (tiene
mucha c:vi,,&gt; pero de buena ley el
simpático actor) aquello resulta un pandemonium c:vodivelesco&gt; (como ahora
se escribe) que resulta mejor no c:me·
oeallo.&gt;
Y lo peor no es eso, sino que según
parece, el aprovechtdo c:parisiéo &gt; se
propone con la despiadada ayuda de
Michel, a dispararnos tocla uoa cloaca
máxima de ...... parisbas, mal traducidas.
1Pués, señor, ésto más! Era lo único
que nos faltaba.
Decididamente va a resultar pre(eri·
ble ir al c:Colón&gt; a oír cómo destroza
un vals la c:arcaica&gt; c:~orrooga,&gt; pasan•
do por los ojos verdes algo de la c:va•
leosianeta&gt; y las contorsiones epiléptico- artístico-medulares, de Tirado (que
no debiera tir-ar tanto) a presenciar orfandad y horror tanto!
o o o
!Caballé ...... ros!
Pues, y el Principal? Ahí lo tienen
ustedes c:vivito&gt; y coleando a pesar de
la deserción de Maria, ninfa Egeria de
aquel teatro, por obra y gracia de sus
admiradores &lt;plásticos,&gt; (que es el col•

mo de la admiración: algo as! como admirar la juventud, gracia y soberana
belleza de Carlota.)
Muy simpática, muy _b ueua, hooradísima, (lo mejor que ,iene) convenido.
Pero ·en cuanto a garganta, facultades,
dicción, talento, y .... el resto .... ?
No exagerar • .... . 1
DON NADIE.

Setene
A . .....

La luna! la luna!
Sus crenchas de plata,
Preciosa desata
Por montes de tal;
Rodaja del cielo
Q ue asciende divina,
La faz caistalioa
Clavada en lo azul . ...

o oo
Ya alumbra los valles
Tu luz ..rgeotada
O caes retratada
Al fondo del mar,
Sus aguas diluyen
Tur albos reflejos
Y besas de lejcs
La flor de azahar ..... .

Tu miras la choza
Del pobre labriego
Que en grato sociego
Reposa su afán;
Y prendes tur rayos
De luz ea las frentes,
Cual febles torrentes
Q ue sueños nos dan ....
o o o
Domina la noche.
La torre esta oscura;
Tu aromas la pura
Y lánguida faz;
Alumbras las cruces
Del mustio simborrio
Y el blanco villorrio
Do reina la paz ..... .
oo o
Reciben tus chales
Los altos balcones,
Los negros torreones,
Allá en la ciudad;
Protejes idilios
Reclamos de amores
Trajedias, dolores,
Perjurios, maldad ....
o o o
Y as! vas surcando
La comba del cielo ....
La noche es el velo
Que rasgas veloz;
Y siglos y siglos
Domiua tu lumbre
Cual astro en la cumbre
Dd solio de Diosl
F. CASTILLO.

Las sedas, los colores y
los brochados en los
chalecos femeninos
Esta moda, que comenzó porno timi•
do ensayo, se ha convertido en una ver·
dadera locura, y así ocurre que de todas las faotasias que las mujeres acep·
tao, para olvidarlas poco después, ésta
es la única que hasta ahora subsiste,
triunfando de la inconstancia, y exteo•
diéodose y generalizándose más en ca•
da día.
Chalecos sin mangas, hechos espe•
cialmeote para servir de complemento
a las levitas y a las blusas: chalecos con
mangas, preparados para llevarse sobre
las blusas, y ano mejor para hacer ve•
ces de tales; y en fin, petos y pecheras
que, formando parte de las blusas y de
los cuerpos mismos, dan la ilusión del
chaleco cuando éste no existe: tales son
las manifestaciones de esta moda imperiosa, cuyo dominio se ejerce indistintamente sobre todas las c:toilettes.&gt;
A veces, cortado conforme al patrón
de los chalecos de hombre usados para
el traje de frac, el chaleco femenino se
hace de tela o de paño blancos, con
bolsillos de no solo botón, con cuello
Robespierre muy alto y vuelto, y con
solapas muy anchas formando escote
muy pronunciado.
En otras ocasiones, laforma,parecida
a la anterior en cuanto al corte, se di•
fereocia de ella en que va cruzada; en
que las solapas, muy vueltas quedan en
hueco; y en que el úoico bolsillo que
lleva, de costado, se adorna con el col•
gante de uoa c:chatelaioe&gt; antigua, de
cuyo extremo pende un sello de coroa·
lioa.
Con 1:ste último modelo se lleva una
fina camisa de hombre, con cuello de
puntas vu·eltas, y pequeña corbata ne·
gra.
Algunos modelps, cuyo principal oh•
jeto es el prestar a la blusa una nota de
color muy variada, están formados por

VERACRUZ.-Uoo de los hidroplanos yaokees, maniobrando al norte del puerto, fuera del mdecón.

..

La última creación pari~ieose.
una cintura c:drapée&gt; que cubre el
arranque de la falda, y que sube muy
alto sobre el pecho.
En este ftltimo caso, se emplean de
preferencia las sedas brochadas o bor•
dadas con oro o plata, que se CO!llbioan
admirablemente con los vestidos negros
u obscuros.
Muy lindo también, como adorno in•
terior de no vestido, es el chaleco hecho
con un Bashlick turco, , de mil colores,
ph,gado y cruzado, terminado en dos
lazos que caen a lo largo de la falda
luego de aoudar3e de costado.
Se ha hecho toda una serie de cha-

leeos, cuyos modelos son copia aproximada de los que forman parte de algunos vestidos de provincias francesas.o
extranjeras.
En este estilo, el chaleco carece de
mangas, lleva por delaote pequeños
faldones cortos, y se completa con una
cintura de seda lisa, de color diferente
del del chaJeco.
J
,
Este se lleva sobre una ~blusa de tgl
blanco, con mangas largas, cuyo cuellg,
alto por detrás, lleva por delante vµel•
tas terminadas en punta.
Una seda ligera, a rayas verdes y
blancas, cortada en forma de chaleco

�de hombre, coo bocamaogas muy anchas guarnecidas de c5ku0gs,&gt; hará tao
efecto inmejorable sobre uoa batistª
muy fioa, fruncida, con volante de en·
caje en torno de la embocadura.
Esta combinación acompañará muy
bieo a uo ctailleur&gt; corto, lo mismo que
a un vestido cuya túnica sea diferente
de la falda.
Uoa novedad de grao efecto está
coostitoída por el chaleco hecho con
cuadros de bordado japonés, yuxta,
puestos uoos junto a otros.
Tal modelo se lleva solamente para
guarnecer el frente de la blusa o del
cuerpo, entre las solap¡¡s de la levita o
los bordes de la túnica.
Otro modelo, dispuesto también para
ser entrevisto tan sólo como el anterior,
es el siguiente: nn chaleco formadopcr
dos grandes cuadros de cguipure,&gt;snje•
tos a los hombros por medio de tiraotes
de enero negro, que hacen juego con un
cinturón abrochado con ana hebilla de
acero.
Las puntas del chaleco forman faldo·
oes por delante, sobre las caderas.

J. R. F.

qneña lección acerca del cuidado de
las uñas.
Comencemos por la enumeración de
aquellos instrumentos y de aquellos
pro:luctos con los cuales hemos de coo•
lar.
En primer térmico, hablemos de un
mueble nuevo: la mesa para las uñas.
Esta mesa es uoa miniatura, y en sus
cajones diminutos se guardan todos los
objetos que componen el ajuar.
Algunas coquetas cuelgan de la pa•
red, en su tocador, un saquito de seda
a.doroado con cintas y encajes, y en es,
te saquito colocan todos los accesorios
necesarios para el cuidado de las uñas.
Cuando estos accesorios son vistosos
de plata repujada, por ejemplo-es me•
jor colocarlos sobre el tocador, bien a
la vista.
Se necesita, en primer lu¡¡ar, uoa tijera en forma de podadera, para cor,
tar las uñas; otra tijera muy fina y de
forma curva se emplea, para cortar las
pielecillas que se levantan; luego se ha·
ce uso de la lima y del pulidor. En el
momento de arreglarse las uñas, hay
que tener dispuestos dos pequeños reci·
pientes: uno lleno de agua caliente, y
otro que ha de contener jabóo. Además,
son necesarios no tarro de aceite ero•
~at&gt;, una caja de polvos especiales y un
lienzo muy fino que puede ser un pa·
ñuelo de batista muy usado.
Se comienza por cortar las uñas con
la pinza- tijera. Después se liman los
bordes de las secciones, hasta qui: quedan perfectamente lisos e iguales. En
tercer lugar, y por medio del lieozo fi.
no, se extiende sobre las uñas una capa
de aceite crosat&gt;, frotando la uña de

()

' ~ ~'

.

.

Las uñas
El cuidado de las uñas exige muchas
y muy delicadas operaciocas, cuyo con-

~ r&amp;&lt;t~

~j-:í.;:)'

~h

- - o.

~

l

Traje de calle o pas, o.

arriba a abajo, es decir, en el sentido
de la raíz al borde. Luego, con el ex·
tremo redondeado, de la lima de con•
cha o de marfil (nunca de acero) se va
rechazando cnidadosamente el reborde
de piel que cubre la base de la uña,
con objeto de llegar a formar, con di•
cha piel, un borde perfectamente re·
doodeado.
Terminado el trabajo precedente, y
para limpiar la uña de aceite, se la frota con el lienzo empapado en agua ca•
liente y untado de jabón. Después, s11
seca cuidadosamente la uña.
Las uñas bien cortadas han de que•
dar largas, y formar en su dibujo total
un óvalo alargado y perfecto.

Los últimos caprichos que la moda puislense ha enviado a Mootecarlo
y la Costa Atol.

El totador de
la parisiense

.

junto constituye noa verdadera cien·
cia.
Verdad es que si el aprendizaje de
esta ciencia nos enoja, podemos reca•
rrir al auxilio de una manicura, pero
aparte de q ne esto significa no gasto
importante, no en lodos lo( lugares
se dispone de tal asistencia.
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              <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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