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                  <text>R 1¡:istrado r:omo articulo de 2• clase, e l 26 dA F ebrero rle 19t4.

Segunda Epoca.

Sábado 30 de Mayo de 1914.

Tomo 1.-Núm. 15.

EL MEDICO DE LA CASA . -Colección "Amphosuco. "

�INDICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los sáb..dos por la

Cía. PcrlodístlGa McxlGaná, S. A.
DIRECTOR:

J. M. CO~LLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3~ Rinconada de San Diego 41.
Teléfonos: •

Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51.
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MEXICO, D. F.

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Ejemplares sueltos . . . ... • . . . . . 20 es·
Sabscripcióo, trimestre ........ 2.50
Extraojero, trimestre ....... .'... 5.00
coo excepción de Estados Unidos y Cuba, en donde regirá el mismo precio
qne para la República,
NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven originales.

¿Qué sabe usted?....
Desde el día veinte del quemañana termina, flota en el aire de
nuestra tnetrópoli un ambiente
de interrogación que no se sacia
a ninguna hora. Tanto de día
como de noche nuestro cielo
muestra, como cauda de enorme
cometa, un inmenso signo de interrogación cuyo punto parece
formado por la estrtlla de la esperanza nacional.
Desde que en Canadá se está
decidiendo nuestra su':!rte como
nación consciente y libre; desde
que los tres representantes de
nuestro pueblo. en cuyas manos
se depositó la vida de la pó.tria ,
están tratando con los delegados
americanos por la valiosa v alta
mediación de nuestros her~anos
de la América del Sur, una ansiedad tremenda tiene suspenso
e indeciso al espíritu popular.
Y de todas las bocas brota la
fatal pregunta; se empieza por
interrogar al periódico matutino,
con la esperanza de que al fin
diga algo, y cuando se obtiene

la sempiterna respuesta: &lt;Las
conferencias siguen por buen camino;&gt; involuntariamente viene
a la boca la interrogación y a la
primer persona a quien se encuentra se le pregunta: e¿ Q ué
sabe usted? .... &gt;
El interrogado empieza por
negar; nada sabe, pero el deseo
de parecer bien informado, por
una parte. y la incomodidad que
produce el flotar en el medio de
duda ambiente, obligan a decir
a 1go; cuando realmente se ha oído decir alguna cosa, por inverosímil y disparatada que sea, rn
dice; si no se tienen elementos
informativos del exterior, se forja una noticia con dícer!ls y se
lanza a la circulación, sin pudor
ninguno, aunque se sepa que se
adquiere la paternidad de algo
monstruoso.
Y el que por la mañana empezó a consultar el periódico con la
esperatiza de saber algo, a medio
día, si ha caminado un poco por
las calles, sabe más de lo que
hubiera querido. El primer interrogado le ha dicho algo que el
segundo ha destruído con una
noticia que por ser más absurda,
le merece la primacía. Generalmente sucede que el que solicita
informes acepta los que están de
acuerdo con sus propias ideas y
desecha todo lo que se oponga
con ellas; de ese modo antes del
mediodía, en los mentideros de
las once ya se han formado bandos que sostienen noticias opuestas y a cual más absurdas.
El resultado de esto es el que
haya interrogado durante lamañana y haya recogido las vers iones en c irculación, si es hourado, tendrá que confesar que todavía no sabe nada, y seguirá
preguntando ¿ qué sabe usted? ...
Y en la tarde tampoco sabrá
nada; al desorden de las contradicciones matinales se vienen a
juntar las dificultades digestivas
bajo un sol abrazador; la cabeza
se convierte en un nido de ideas
que se retuercen, se juntan y se
separan como serpientes dentro
de un canasto; si las convicciones o las conveniencias individuales dominan por un momento
se levanta dominadora la idea
que más conviene, pero en segui-

da por esa debilidad de caracter
propia de nosotros o por la excitación nerviosa del momento, se
teme, se pierde la serenidad; las
ideas contrarias se enderezan
amenazadoras y el hombre se
siente anonadado por un terror
instintivo; entonces, ya sea para
hallar un consuelo a esta dolorosa situación de espíritu, ya sea
con la sana intención de rectificar el criterio, se echa a la ca)le
el indeciso, y, como por lamañana, al primer transeunte que
halla con cara bondadosa y espíritu expansivo le pregunta an1
sioso: ¿qué sabe usted?
Mientras tanto, la prensa diaria aconseja el optimismo, el cu~ 1
parece reinar en los círculos oficiales; después del
título vistoso
.
¡
en q~e s~ anuncia oue las conf~renc1as siguen por buen camino
viene un segundo título que no~
anuncia que el Primer Magistr,ado de la Nación, o los señor~s
delegados, o los mediadores, se
muestran optimistas acerca del
resultado de su misión pacifista.
Y hay otro índice, que estimamos como más seguro: el índice
de las finanzas que son el verdadero índice del bienestar humano porque, dolosamente, es cie~to aquello de que: &lt;donde no hav
harina hay mohina&gt;, y ese índice nos hace tender al optimismo.
Casi todos los días tenemos noticias de alzas de los valores
mexicanos en los mercado.-; de
Londres o de París, lo cual nos
asegura que pronto habrá harina
para que desaparezca la mohina
Y si la prensa nos aconseja. qu~
seamos optimistas; si en los elementos oficiales se sienten también el optimismo y si los juristas dicen que en caso de duda
hay que escoger la hipótesis más
consoladora, dejémonos llevar
también de la corriente óptima·
será una ilusión más que acari~
ciaremos por algunos días con
los mejores deseos de que se realice cuanto antes.

1.

•

l

J. M.C.
11111111

Militarización administrativa.-Ea:pleados ?e las secretarlas_ de_ Relaciones
Presidente de la Repubhca.

y Gobernacióo, revisados por el
-

�~

TEATRALES

yó a gran altura {valga el éliché) coro•
nando sus &lt;palabras&gt; con un mntis que
el público Jes claro! no sopo comprender, y vamos con el &lt;tertio&gt; y último
acto.

~

Alegato y nada más alegato, defde
que se descorre la cortina precipitase
en él de tal modo la acción, que vemos
sin el menor asombro &lt;tirarse&gt; . . .... al
lago (segundo término izquierda del
espectador ) a doña Prudencia que mal,
dilo lo que abriga con tal determinación.

~====================---==--===-===-==========~Jf}::::::;..JrJ
El estreno de &lt;Lazo Odioso&gt; en el
Mexicano hizo saborear a nuestro pú•
blico las delicias de una obra de tésis
(apasionado alegato en pró del divorcio) en la que la té cnica y factura se
han sacrificado al asunto y ello, de mo•
do impla cable.
Es, a no dudarlo, Novelli un gran
pensador pero hay qne convenir que los
traductores señores Troceo y Alcázar,
podfan haber espigado algo mejor en
el floreciente campo del teatro ital iano
contemporáneo, el más completo y avan•
zado a juicio del reseñador.
El señor Alcázar, literatizó en exce,
so el diálogo omi)iendo los imprescindi·
bles 4.bocadillos,&gt; destinados a aligerarlo, ofreciendo así el conjunto un ama·
zacotamieoto pasable en la lectora, pe,
ro imposible en escena. !Defecto iogé•
nito en quien oo conoce el teatro!
El diálogo escélito es al2:o muy dis·
tinto al familiar, callejero, o de novela,
y constituye, precisamente, el más pre,
ciado resorte dificil de dominar.
El primer acto de &lt;Lazo Odioso&gt; de
una exposición líogoida y cansada, sin
más figura de relleno que el anticuario
destrozido por Rivas, da ñn con un
cescenón&gt; entre los prota gonistas, esce•
na cuyas innegables bellezas de pensa•
miento se pierden por entrelaioaguao•
table pesadez del diálogo intermioa,
ble.
Pero, Job! inconsciencia adcrable de
un público más inconsciente todavial
El honorable que cha entrado,&gt; como se dice en &lt;argat&gt; de bastidores, no
se dió por aludido y aharrotó. por com·
pleto, el elegante coliseo feudo del
afortunado e industrial don Joaquín
Coss.
Nadie entendía una palabra, pero la
escena y toilettes agradaron: al fin Ar·
te, también.
El segundo (escenas finales) llegó al
público oca vez desaparecida la tésis
para dar franca entrada a la ráfaga de
pasión que anima a los protagonistas
Gdfell y Mutio que estuvieron seccillamente admirables.
Y asómbrese el lector!
Don Joaqufn {Tullio Mala somma) en
so &lt;~óle&gt; dificil!!imo y complicado ra-

I

Quizás porque no la vemos ser ex,•
traída, ceo la cabellera flotante como
Ofelia y la seda escorr ida pegada al
torso, tampoco nos conmueve ni pisca
tao tri~te fin.
Ni a ella creo yo le conmo\"erá &lt;tan•
tico&gt; so kilométrico papel.
En fin, una desdicha de las muchas
con que se &lt;delecta&gt; obsequiarnos e1
dilec lísimo Don Joaquín, q ne en esto de
adaptaciones, traduccion¿s y refundi•
ciones tiene buena mano.

&lt;Lazo odioso&gt; en el Mexicano.-Fots Lopercio.

Enrique Catalá, del teatro Lfrico, en &lt;No tiene usted nada
que declarar.&gt;,-Fot. Lupercio.

�S.3 anuncia un &lt;culebrón&gt; titulado
&lt;El hu~so del GJrila&gt; de Don Luis de
Larroder, el atildad!&gt; y querido &lt;croni•
queur&gt; muy amigo nuestro.
Esto del &lt;culebrón&gt; es dicho del t.i.m·
bién atildido traspunte del Mexicano,
porque bueno es que sepa el lector,
que en aquel &lt;corral&gt; en materia artfstica &lt;hay opiniones&gt; contrarias casi
siempre a la excelsa batuta que el cota,
rro di rige (¿ acertadamente ?)
Le queda un hábil recurso a D. Luis
an!e e;tas insolencias intimas: el de en,
derezar el indice y el meñique (bajan•
do el restó de los dedos de la diestra) y
exclimar a pulmón batiente: ¡Lagarto!
1Lagarto!. .....
Y con ésto y con que se le atragante
el hueso a Don Joaquin . . ..•.
Porque al &lt;honorable&gt; ...... más va,
le no tomarlt• en cuenta!
DON NADIE.

º'' g¡¡t

Dos escenas de c:Lazo Odioso&gt; por la compañía del Mexicano.-Fots. Lupercio.
NUPCIAL.-Sc. duo Lui; Oj ed.i. Leroy y señora María Teresa Trucy Aubert de Leroy.

L eón, 14 de Mayo de r9r4.

�íf

l1
~ maravillosa historia del SiredeNide~
Ofrecfmos a auestros
lectores este preciorn
cueato debido a la pluma de Jean Variot, el
celebrado autor alsacia•
no, desigoado por la Academia Francesa para el
gran premio de literatu•
ra en el presente año.
Servíos escuchar la historia de un
cierto conde de Nideck, el cual, hallán•
dose cerca de sos dineros, como se dice
comuomente, se negaba a casar a su hi·
ja Teodolioda con el señor de Dettlin•
gen, para n_o tener que darle dote.
ALGUNAS CONSIDERACIONES
Se puede clasificar a los padres en
dos categorías. En la primera colocaremos a los que atormenta el aguijón
de los celos.
Póogaose ustedes ea su lugar.
Tienen ustedes coa niña, la escuchan
respirar cuando duerme, la veo crecer.
Que se pone enferma? Ya están ustedes
sin saliva. Que se siente bien y es ad,
mirada por todos? El corazón se os in•
fla y parecen ustedes un pavo real luciendo orgullosos su abanico. Ella os
hace compañía; os cuida con toda asi·
duidad; os seotis nadar en medio de la
beatitud. Pero un buen día, aparece
un guapo joven que suspira ruidosa•
mente Junto de ella. Tiene todas las
audacias. No vacila en hacerse subir
las lágtimas a los ojos para enternecer
a lo que más arnais en el muodo. Y bay
que tener en cuenta qu~ la belleza de
ese joven es muy discutible. Seguramente que a su edad ustedes tenían un
aspecto mucho más gallardo. Esto no
impide que todo lo que más amais en el
mando se tome en día de su brazo,
marche rumbo al altar (donde se dicen
palabras irreparables), y parta sin si•
quiera volver la cara dejaodoos como
a una vieja bestia inútil. ¿ Verdad que
es muy deplorable?
Ea la segunda categoría colocaremos
a los que atormenta el aguijón de la
Avaricia.
Pónganse ustedes en su lugar.
Se dan ustedes a todos los males para
tener una fortuna asegurada. Pasan
días y noches haciendo adiciooes, divisiones, sustracciones y multiplicaciones,
hasta que adquieren una gran fuerza
como calculistas.
Se privan hasta de las cosas más úti•
les para no desperdiciar lo que han
juo_tado con tantos desvelos; prestan ns•

tedes dinero a los que lo solicitao,a eco
dición de obtener on provecho seguro
(único caso en el que hacen un favor
a un prójimo,) ejercen ustedes pre~ión
a coociencia rnbre los que pueden pro•
porciooarles alguna vea taja, y hacen
otras mil pequeñas combinaciones de
las que prefiero no hablar. Pero llrga
un joven que ronda a vuestra hija.
Tiene todas las audacias. No vacila ro
hacerse ioformar acerca del dinero
guardado en los fótaoos, debajo de mu~
chas baratijas. La niña, on poco cansa•
da de la vida que lleva a vuestro lado,
se deja prendar de los encantos de
quien le ha de arrancar de una vida
poco agradable. Y ustedes se ven en la
necesidad de sangrarse de las cuatro
venas y dar so dinero a ano a quien ao
coaocían seis meses antes y que ni siquiera ha de agradecer todos vuestros
sacrificios!
¿Verdad que es cosa muy lamenta·
ble?
ALGUNAS PALABRAS ACERCA
DEL SIRE DE·NIDECK.
Iocontestablemeote, el conde forma•
ba parte de la segunda categoría. El
pobre y buen hom't&gt;re-sea dicho sin
la menor intención de ofenderle,- te·
oía on carácter iosoportable. Hay que
confesar que esta familia de los Nideck,
que tuvo entre sos antepasados Jobos y
lobas, carecía enterameate de alegría,
de atractivo y de cortesía-cosas que
son muy necesarias, como todo el muo·
do sabe, para la~ buenas relaciooes en•
tre las gentes.
Coostanterueote estaba poseído del
terror de que se fueran a d:scobrir sus
escondrijos. En la o:,che erra.ba por
bosques y selvas; con las oiias rascaba
la tierra para desenterrar las piezas de
oro y plata, y contarlas a la luz de la
luoa; si sosp€cha ba que se le había
perdido uoa, bacía oír un aullido moaótooo y sio fio; eotooces los campesi·
aes ioquielos, se volvían y Sil revolvían
en sos lechos, y oo podían áormir ....
Lo que sí daba de la mejor gana eran
boeoas palabras. Laozaba muy propia•
men¡e no discurso, segúo las reglas del
arte, con exordio, desarrollo y coaclusión, aconsejando que se fuera a pedir
prestado &amp;. cualquier parte para pagar·
le lo que se le debía; explicaba que era
un pobre hombre sin recursos y sin fe,
licidad sobre la tierra; comprometía al
deudor a devolverle tres veces lo que
le babia prestado, bajo pena de verse
golpeado, perseguido, colgado por de•

bajo de los brazos y con los pies que·
mados con leña verde.
So servidumbre se componía de anos
ciocnEnta miserables, largos, pálidos,
cou los dientes huecos y la nariz gan·
chuda.
Por esos tiempos fué cuando se des,
cubrió que el hombre tiene treinta y
dos costillas; fué ooa verdadera revo•
loción en el mundo de la ciencia.
Si pasamos al persooal militar del
coode, hay que decir que sos soldados
hacían, dentro de la armadura, el ruido
de en arvejón dentro de un caldero.
Ea cuanto a sos perrcs, se nutrían
de lo que podían, especialmeote de los
guijarros de los caminos, de manera
que estaban delgados como ramas en
iovieroo, marchaban con los pieroas
débiles, las orejas y la leo,¡ua colgantes,
los ojos tristes,-y como humillados de
servir a un amo tao miserable.
No quiero hablaros del castillo: es no
asunto demasiado aflictivo. Solo diré
que los vientos se daban cita en él para
hacer volar las telas de arañas que peo,
díao de los techos.
CONTRASTE CONSOLADOR
El viejo cueotistd (a quien debo el
relato de esta aventara) que en tiempo
de rni juventud relataba sin descanso
las crónicas aotiguas de la región, y
que ahora está muy serio debajo de so
epitafio gris, acostumbraba decirme:
&lt;Amigo mio, cuando bag1s cu eoto~, más
tarde, no digas: &lt;Esta princesa&gt; o según el caso, &lt;esta burguesa era de gran
belleza. Tenía la cabellera rabia y los
njos azules.&gt; Sería ooa grao insolencia,
porque si tu lector tiene nea marcada
preferencia por las que tienen cabellos
negros y ojos del mismo color, no de·
jará de decir: &lt;Vaya uo autor iosoleo·
te que encuentra bella a uoa mujer ru•
bia &gt; Cerrará tu libro difgostado, y oc
recomendará su lectora a los amigos.
Creeme. Nunca tomes partido en una
cuestióo tan delicada.&gt;
Cooformáodome coo tao sabias pala·
bras, sólo diré que Teo&lt;lolioda era uoa
rersooa eocantatlora, amable desde !o•
dos los puntos de vista, y aumentaré,
para complaceros, que se asemejaba «:o·
terarneotd a vuestro primer amor.
Eo cuanto al señor de Dettliogeo, he
aquí lo qoe hay que decir. Era herma·
so, gra ode, fuerte, distioguido, valeroso,
magaáoimo, geoerofo, temerario, fiel,
inteligente, bueno, paciente, eoérgico,
dulce, abierto a h,s artes y a las cien•
cías naturales, muy competente en ma•

terias históricas, hablaba con profuodi•
dad de las cuestiones filosóficas y I ocabacon perfección ta oto en la dola de
la pieroa como en la del amor.
Ya compreoden ustedes por qué coi
seres tan perfectos quisieron unir , u,
días; y aquí es dood/J comieaza laa,co •
tura.
PRIMER EPISQJ)IO .
La situación es de las más seocillas:
por un lado alguien dotado de tc_dos _los
defectos; por el otro dos persooa¡es 11m·
páticos, dotados de todas las cual id: d~s,
n saber: Teodolioda y el señor de Det·
tliogeo, los cuales se daban citas por la
noche ......
Úoa escala, disimulada duraote el día
eotre el follaje y que se aplicaba e ou·
tra el muro en cuanto lltgaba la ~om·
bra, servía al exceleote joven para su•
bir hasta la veotana, provista, como las
de las prisiones, de barrotes de hit rro.
Allí, basta que llegaba la aurora, se ~otrtteoí 10 en charlar sin descaoso y ¡•más carecían de asuntos en sus coover·
saciooes, las cuales oo daré a cooocer,
porque la discreción es la más graode
dd las virtudes.
(Aquí teogo que suplicar :¡ ustedes
que roe dispensen de haber hecho figu•
rar esta ventana inevitablr; pero con•
veodráo coomigo en que no puede haber escena romáotica sin este detalle,
de otro modo se habría roto la tradi ·
cióo. Y aun tengo que suplicar que se
me perdone :le no haber hecho figurar
tambiéo un rayo de luna ).
Cootiooemos.
E~tas cooversaciooes teoíao el iocoo·
veoiente de eternizarse, por lo tacto,
na día sucedió una dei gracia.
Poco antes de la meaia noche, cuan•
do el coode de Nideck se preparalla a
partir rumbo al Schoeebetg, doode te·
oía más de dos mil doblones debajo de
una roca, le pareció oir murrnul!os de
mal agli ~ro o, si lo prefieren ustedes,
uoa especie de sosurro que venía de la
coroisa y que no dejó d~ ioquietarle.
Ltvaotó la nariz y reprimió un ~u•
gido; huyó sobre la poeta de los pies
para no hacer gemir a la arena, des~en·
dió al foso, tomó la escala, la sacudió Y
la hizo caer mieotras que el pobre ga•
lacte, sorprendido en medio de sus sos·
piros, ~e cogía de los barrot~s, coo la_s
macos crispadas y con las piernas ba1·
laudo eo el vacío de una manera dese·
ladera, con grao de,esperacióo de la
pobre Teodolioda que se arrodilló y se
puso a l'orar con la cara escoodida en•
tre las manos.

cual es contra la ley de las gerarquías,
y le dijo: , .
.
.
.
&lt;Señor, 01go aba¡o, eo la tierra, a m1
saogre que se lamenta ¿Quisiera usted
auxiliarla en recuerdo de las bellas ba·
tallas que llevé a cabo por el santo sepo lcro 1&gt;
y el Señor lo envió con San Martío.
Hay que saber que San Martío es de
una habilidad y de uoa iogeoiosidad
dignas de la mayor admiracióo.
Nadie como él para componer una
SEGUNDO EPISODIO
puerta, o romperla (según la divina
Pero be aquí que detrás de la ~rao voluntad ); nadie mejor que él para esbóveda del firmameot o había un alluelo currir plomo en la cerradura de un he·
de los Dettliogen goe se había hecho rege que oo puede ya eotrar a su casa
cortar cabeza, pies y brazos ante los y se ve obligado a dormir sobrP la oie•
muros de Jerusalem y que por ello vi- ve; nadie mejor que él para fijar una
vía ea el Paralso, reino de los elegidos, cruz de oro en la puerta de los buenos
ricos que, cuando llega el invierno,
con todos los buenos militares.
Como sabía que vale más dirigirse a comparten con los pobres su cama y so
Dios que a los santos, se prosteroó a los vino caliente,
Así es que San Martín, con la berra•
pies del Señor, sin hacerse anunciar, Jo

mienta sobre la espalda, descendió rom,
bo a Nideck. Sin ser visto, y con una
h11bilidad extraordinaria, se cogió a las
piedras de la muralla y fijó sólidamrote
en el muro una tabla lo cual permitió
seotarse en seguida al atribulado Det·
tliogen y reponerse de una sposacióo
pecosa.
Teogao ustedes en cuenta que no se
podía hacer descender al pobre joven,
ni por medios milagrosos, porque, tao
lurgo como cayó la escala, el conde
ahulló a so guardia, dió orden de que
se le trajera una silla sobre la cual se
sentó cómodamente, e hizo rodear de
seis canallas, armados de picas. el sitio
preciso donde debía caer su eoemigo.
Esperó, devorado_ por la mayor de
las impaciencias.
Esperó ooa hora, dos horas, después
tres, luego cuatro y en seguida cinco,
después apareció la lo z del día y Det•
tliogen seguía muy tranquilo, arriba,

�muy cómodamente, y parecía reirse de
la sitnaci6n.
Entonces Nideck se di6 cuenta del
ridículo. Creyó que un poder diab61i·
co se cernía sobre su morada y sintió
un poco de frío en la espalda, casi co·
mo el que se siente con la fiebre ma·
ligna, y que hace eo un momento de
uo hombre uo racimo seco como oega•
tiva. de avaro, pálido como razooamieo•
to de cuistre; sombrío como la soledad
de uo egoísta!
Se levantó, dió algunos paso~ coo la
esperanza de mejorarse; pero su cuerpo se hallaba helado como el de uo
muerto, sus cabellos de punta y sus ojos
sio luz de vida.
Ordenó que se ensillara su caballo,
el que daba lástima de ver, taoto así lo
atenaceaba el b1mbre. Se llamó al grao
montero y a los perros y Monseñor, pa·
ra cura1se, partió a la caza coo uo as•
pecto triste, no sin haber ordenado f!Ue
se vigilara sobre Dettliogeo y sobre
Teodolinda. que estabaeocerrada eo un
cuarto lejano.
Dos meses más tarde, aún no había
rrgresado. Eo el castillo reinaba el si·
leocio, interrumpido solamente cada
hora por los gritos de los ceotioelas.
De tiempo en tiempo los vientos
de las montañas llevaban hasta él el so
oido de las trompetas y el gemido de
los antecesores.
Dettlingeo, sobre su tabla,seguÍl res[ril.ndose, espiado desde abajo por
aquellos bárbaros que oo hubieran de,
jade de traspasarlo si se dejaba descolgar. Ya se comprenderé. que oo se le
babia dado oiogún alimento, a pesar de
las súplicas de Teodolioda que trataba
de corromper .. los guardas y giDar a

l~s gentes del 12oeblo en favor de su
causa.
Pero el cielo velaba.
Por aquellos tiempos se produjo ooa
lluvia torrencial. Dettliogeo bebía. las
gotas en la palma de su mano, y por
eso es por lo que se sabe, de foeote se·
gura, que hay personas capaces de vi,
v1r de amor coo un poco de agua clara.

TERCER EPISODIO
El sire de Nideck se paseaba por sus
dominios coa los ojos inquietos, el alma
eo peoa, y con tan mala cara que sus
gentes se santignaban a su paso y decian: «Gloria a vos nuestro señor y
ai:no &gt;
Avanzaba precedido por ~us geoles,
y era cosa triste aquel cortejo de cria·
rlos y de perros que caminaban sileo•
ciosos y sio detenerse como si fueran a
un entierro.
No se encontraba alma viviente por
los caminos; oo babia caza ni de pelo
oi de pluma; oi no solo pajarillo en las
ramas de los árboles; el viento mismo
parecía. hallarse ausente; las selvas es·
tabao mudas y la ;lluvia que cala sio
cesar cabria todo de uoa bruma gris.
Uo día, sin embargo, Nideck tuvo un
encuen•ro. Vi6 venir hacia él a un
hombre d, muy pobre apariencia, mon•
tado sobre un asno.
cMi bello señor, dijo el desconocido,
teogo ooa cosa que pediros.&gt;
cNo traigo dinero,&gt; contestó el conde
apresuradamente.
cNo es dinero lo que teogo quP. soli·
citar de Vuestro Honor, sino uoa seo·
cilla iodicaci6o.&gt;

&lt;En ese caso, diga lo que quiera!&gt;
&lt;Quisiera usted decirme si hay mu,
cho que andar de aquí al castillo del
coode de Nideck?&gt;
Al oír estas palabras, el señor se lle•
06 de prudencia, porque el que empie•
za por pedir poco acaba pidiendo mucho. Juzg6 prudente hacer el sabio y
dijo:
cEl conde de Nideck está de viaje
desde hace t!os meses y nadie le ha
vuelto a ver por aquí.&gt;
-Qué lástima, dijo el otro, tenía yo
que comunicarle algo de parte de per·
sooa de grao coosideraci6o ..... .
La c uriosidad se apoderó del conde,
que se estremeció de impaciencia sobre
la silla.
-lDe uoa persona de grao cooside,
ración?
-Sí, Vuestro Honor.
-Pudiera usted decirme de parte de
quien?
-Imposible, Vuestro Honor.
He aquí uo hombre que empieza a
interesarme; hay que ser amable con él
hasta doode sea posible ...... se aconsejó el conde a sí mismo e invitó a su
nuevo conocimiento a caminar junto
COD él.
El asno iba march10do muy calmosa,
mente, haciendo sonar sus suecos y di·
cieodo que csí&gt; con la cabeza.
Debo decir aquí que el asno es uo
animal particularmente respetable . Se
le acusa de ser caprichoso, pero ¿quién
oo lo es eo este mundo? Y ¿acaso los
que le deoigrao soo superiores a él des ·
de el puoto de vista. intelectual ?-Sé
que algunas veces canta sin que se le
haya pedido, y qoe so voz, no poco fal•
sa, carece de esa humooía, de esa me•

¡,

l.
Ji

J,AS CATARATAS DEL NIAGAR A. -La caída del la.do americano; l~s rápidas, abaj~ de la. calda; dos preciosas
vistas de los alrededores de la ciudad donde se discute el porvenir nac1onal.

�dida, de ese registro que hacen que se
escuche con placer a algunos pájaros,
el ruiseñor, por ejemplo, ese indispen
s ,ble adminículo de los trozos románticos de poesía! Pero acaso creen ustedes
que la voz de los hombres es má~
agradable cuando hablan todos a la
vez y ninguno se oye?-Sí, hay que res·
petar mucho al asno que es un resigna·
do, un humilde y un sabio, que s! con·
tenla con cardos y ortigas, porque sa·
be que si se atreviera a echarse sobre
un poco de hierba lo molerían a pa•
los ...... Está lleno de devoción, trabajador, cluro para el mal y, sobre todo
-y esto no hay que perderlo de vista.llevó a I bcen Daos sobre sus lomos.
El compañero de Nideck caminaba
en silencio; y el conde se decía para
sus :&lt;dentros:
&lt;Temo parecer mal educado interrogándole ...... Q ué situación más peno·
sal&gt;
Al r. v !saron un bosq uesito, pasaron
junto de un estanque, descansaron un
rato y siguieron su camino. La marcha.
se hizo más lenta, de repente pareció
:,l conde que el asno se babia puesto
pálido.
Se p ,só el pañuelo por la freo te para
limp iarse el sudor, se limpió los ojos y
miró fijamente. Una lucesita redonda,
como placa de oro, se veía entre las.
orejas del iljlimal, y dejaba huellas de
estrellas de, plata a su paso. El manto
del viajero, que era de tela muy tosca,
pareció iluminarse en un momento. To•
do su cuerpo se convirtió en una luz
incomparable, y sus ojos, de una admi,
rabie b-elleza, miraban tristemente, pev
ro él ,caminaba como si estuviera en la
g 1oria.
Entonces Nideck comprend:ó que el
que se le había aparecido tan humi.lde•
mente era nada menos que Monseñor
J sacristo
Descendió del caballo, cayó de cara
~obre el suelo y se poso a llorar. Y Cristo le dijo:
-Conde de Nideck, ¿por qué lloras?
-Por mis pecados, Señor .. . .. .
- Arrepiéntete y serás perdonado.
Tus padres murieron por mi santo se·
pulcro, bien puedo perdonar a su hijo.
r-AY, señor, ¿acaso seré digno de ser
perdonado?
-Pero es posible, Nideck, que hayas
leí'.!o tan mal lo que dicen los santcs
Evangelios ? no sabes que habrá más
alegría ea el cielo cuando se salve un
pecador arrepentido que cuando vayan
noventa y nueve justos que no hayan
tP.oiuo necesidad de hacer penitencia?
Has reunido hasta aquí 010 a manos
lleoas, ahora eres el hombre más rico
que vive en el mundo. Pero creeme,
deshácete de los bienes del mando y
déjaselos a alguien más joven que tú
- Señor, seréis obedecido)
-Adiós, Nideck, acuérdate de nues
tro encuentro cuando sientas-que te persagu-in las malas ideas.
El conde se levantó y vió a sus gentes
que le rodeaba o lleoas de estupor. El
agua seguía cayendo y oo quedaba na·
da de la aparición, él preguntó:
-lNo vieron ustedes nada?
-No, Monseñor.

-Sin embargo, el Salvador estuvo
aquí hace unos segundos.
Los criados hicieron gestos significa•
tivos, como si dijeran:
&lt;El señor conde está completamente
loco&gt;.
CONCLUSION
A mata caballo, Nideck regresó a su
casa, y moa teros, criados y peones le seguían escurriendo agua y con las piernas flácid iS.
-Traig~n la escala, gritó coa la me ·
jor voz que pudo. Tráiganla prootol
-Hum) se dijo el capitán de losguar,
días, quienes dormían a más y mej1r,
pnrqoe: el que duerme come.
-Les digo qoe traigan la escala, la
apoyen contra el rouro e inviten al se,
ñor Dettliogeo a que baje.
Como se dijo, asf foé hecho.
Pero el astuto joven se rehusó a ba·
ju. Tanta amabilidad le puecía sos·
pechosa.
Veoid acá, chiquito, decía el Nideck,
sonriendo y lleno de las mejores iuteo·
ciooes.
-Muchísimas gracias, respondió el
otro, muy cortesmeore y mirando al va·
cío. Me eocueotro aquí muy bien
-Os nseguro que no tenéis nada que
temer! Os deseo todo bien.
-Pcecisamente eso es lo que me io•
quieta. ,--; . ; .
- Quiero casaros .... . .
-Yo me casaré solo!
-No sois amable ..... .
-Yo creo que sí!
-Debeis sufrir de los riñones ..... .
-lYo? absolutamente!
-Tendré que cantaros: cHermoso
jJvcn, déjate enternecer&gt;
-Si gustais ..... .
Y permaneció tranquilamente sobre
su tabla.
Entonces el conde maodó llamar a
Teodolioda que lloraba a ríos.
Llegó, y viendo a su galante en se·
garidad coa:ido ella creía que ya había
de estar muerto y enterrado, se puso a
caotar . ..... y desde ese día, cuando un
rayo de sol atraviesa las oubes en me•
dio de la lluvia y '17iene a ilumioar los
campos húmedos. se dice que es la hija
de Nideck qoe ríe ea medio de sus lá•
grimas.
Cuando vió esto Dettliogen oo vaciló
ya, y tanto m;',s coaoto que el conde, a
falta de argumentos, se había traofpor·
tado a una de las salas altas, había
abierto las vidrieras y hacía caer li~go·
tes de oro a manos llenas para hacer
ver que se había convertido en un hom•
bre q oe tira el dinero por la ventana,
Los criados se repartieron canastos pa·
ra juntar el oro, y todavía hubo perso•
nas que criticaron diciendo que era uo
grave mal que un príncipe fuera causa
de que sus hombres combatieran por
puñados de oro E~tos mismos eran los
que criticaban al conde el acumular
tesoros y no compartirlos coa nadie. No
s-e puede tener contentas a · las personas.
La mejor prueba que se puede dar
de la. iacreible generosidad del sire de
Nideck es la descripción de la cernirla
que siguió a la fiesta de la boda. Ya
comprenderán ustedes que oo voy a

fa~tidiarles con la descripción de la
fiesta, qoe fué uo poco larga y fastidio·
sa. Tampoco hablaré de la alegría de
los desposados, porque esa ya se com•
prende! Hablaré y ea detalle, de la co,
mida.
Había cuarenta y nueve mesas, de
doce varas de la•go por seis de an•
cbo
El primP.r servicio se componía: Pri·
mero, de un pastel con tres perdices vivas, cabritos rellenos de a vas y. una so,
pa de hoevo; segundo, de una grao ca•
beza de sollo coa un lirio blanco en la
boca, símbolo de la pureza de la desposada; un sollo trufado y pedazos de
res coa rábano; tercero, una torta que
teofa como adorno a los señores Adan
y Eva, en traje de Corte por razones
de pudor.
Ea el intermedio, unos meoestreles,
traídos exprofeso, ejecutaron una pieza
de música, que enterneció notablemen•
te al auditorio.
El segundo servicio se compuso: Pri·
mero, de una torre que dejaba salir por
sus claraboyas vino blanco y pescaditos,
y una carpa ea salsa; segundo, una ca•
beza de puerco. dorada al horno, chtr·
erute y patas de cabrito; tercero, un
carnero completo que escurrfa vino
tinto por una herida del cuello, a modo
de sangre y. un salmón frio
En el intermedio bailaron los menes·
treles.
Tercer servicio: En primer lugar un
pastel, y plato de caza en salsa; segun•
do, una casa de pastelería, cangrejos y
lechoocitos; mermelada de huevo; ter·
cero, un águila dorada, llena de gelati·
na, torta de maozauas y sorbete dP pescados.
Para el banquete fueron muertos: seis
bueyes, diez y ocho terneras, ochenta
carneros, cien cabritos, ciento cincuen•
ta capones, doscientas gallinas, sesenta
perdices, cien lechoncitos.
Se compró: tres mil hoevos, uo millar
de libras de manteca, catorce toneles
de vino, y, por flo, cien sacos de hari·
na.
¿Qoé piensan ustedes de semejante
comida? l No sienten que se les viene el
agua a la boca? l Se atreverían a dada r
de la magnificencia del conde y de la
solidez de nuestros estómagos?
Sepan ustedes, de una vez para todas,
que tenemos muy buenas leyendas gas,
tronómicas; todo lo digerimos, excepto
ciertos procedimientos de algunas per•
socas. Podría hacer muchas considera•
ciooes a este respecto, pero oo creo
que sea aquí su lugar. Además, podríá
suceder que me encolerizara y dijera
alganas malas palabras, las cuales oo
creo que seotarian bien en esta bidtol
ria, que espero habrán encontrado ustedes recreativa.
JEAN VARIOT.
Traducida especialmente para &lt;Arte
y Letras.&gt;
LOS PREMIOS EN LA EXPOSICiON ESCOLAR DE BELLAS ARTES.-Saturniao Herr~o, primer premio
de Pintura, y su cuadro &lt;El Jarabe.&gt;-El jurado calificador. Fots. Luperc10.

�Canto V del &lt;Infierno&gt; de la Divina Comedia, jarrón por Tovar.-José C. Tovar, primer premio de esc~ltura de·
corativa.-Trinidad Alvarado, segundo premio.-Beethoven, obra de Alvarado. Fots. Luperc10.

Escoltara de Asúns~lo, primer premio.-,Cabeza por Urbina.- Urbina, segu~d-, premio,-&lt;La Lira rota,&gt; por Co•
rrea Toca.-Correa Toca, tercer premio.

�Visiones de la Alameda
M•ñana tibia de junio. Eo el parque
se agolpa uoa multitud ,.!J-igarrada que
discurre por las avenidas sombreadas.
Es domingo, como si dijéramos el día
mit, mediocre de la semana. Parejas
elegiotes de aristocrática presencia al·
teroao despreocupadamente coo las
onreras almidonadas y los vendedores

ambiente puro, impregnado de olor a
rosas frescas: huele a Naturaleza.
De los costados de la plaza llega uo
mormullo producido por les trenes·
eléctricos al entrecLocar sus poderosas
muelles de acero contri. loE rieles de la
vía. Más lejos, las trompetas de los
taxímetros ponen pavor eo las piernas
nerviosas de los transeuotes.
Yo, entre tanto, medito, eo silencio,
cuánta belleza encierra este pedazo de
campoenclavadoen el corazóode la ur
be clamorosa y febril. La poesía de es·

Francisco dii la Torre
de dibujo.

29

premio

rros cómo se entusiasman y se revuel·
can sobre la grama. Aquí vienen los
enamorados a buscu la complicidad de
las sombras para entregarse a sus expansiones románticas; viene la masa del
pueblo tras la música. Algunos vienen ...... porque no tienen a donde ir
ni nada que hacer. El alma vulgar no
busca sino no fin utilitario y real Los
niños y los perros acuden por una ne•
cesidad espiritual, porque adoran la
belleza &lt;en sl.&gt;
o oo
A mí se me antoja la Alameda un
pedazo del Atica, incrustado en el cuerpo de esta Babilonia moderna. El aura
que mueve blandamente las copas de
los álamos centenarios me ha pareci:io
qae viene desde Grecia. Los bronces
de esas estátnas están destilando ooa
severidad helénica desde sus pátinas
verdosas. El mármol que circunda la
figura del Grao P.i.tricio 5iente la nos-

Dibujo de Fraocisco Goitia. 1er. premio.
de cachivaches. Por entre callejuelas
florecidas de claveles y margaritas pu•
lula aoa chiquillería de todas clases y
tamaños que grita y patea desatoradamente. Los vendedores de perió:licos,
sucios y harapieotcs, pregonan coo chi•
llidos penetrantes so mercancía: 1El
Imparciaaaall Cómpreme El Imparcial,
jefe!
Algunos ancianos toman el sol, secta•
dos en los bancos de piedra, mientras
coo ambas manos acarician la barba
blanca e impecable. Se respira uo

te jardín, digno de que paseen ¡::or él
los discipulos de Academo, y que en
tiempos ya muy remotos vió desfilar por
sos calles a toda la ocbleza ce,looial, es
algo que no comprende la turba-mu Ita
que lo invade cada jueves o domingo,
coa el fio de pasar el rato y oír música.
Uoicameote la comprenden los niños
y los perros ...... y .acaso también los
poetas......Ellos oo pueden permaoe•
cer indiferentes en presencia de tanta
belleza. Ved los niños cómo saltan y
correo llenos de regocijo; ved los pe-

Miguel Angel Feroáodez, primer
premio de pintura de·
corativa.

Estatua de Cbatham, el abogado de la paz entre Ioglaterra y los Estados Unidos, que se inaogarará en Wasbiogto¡¡
en celebración del primer centeoario de la paz entre los dos pafses.

�talgia del Pentélico o acaso de las can·

ter,s de Corinto ••....
Es aqul donde pueden serenarse por
un momento nuestros nervios y múscu·
los enervados en las peripecias de una
lncba incesante y roda contra nuestra
condioión de hombres. Puede contem·
pla,rse desde aquf, como de una torre
de marfil el campo de la locha donde
se debaten por un grano de arena las
larvas de la sociedad.
No sé qué atracción singular ejerce
sobre mí este rincón de belleza. Con,
templo esos macizos de violetas y estas
fuentes que arrojan a loaltosn chorro de
perlas como queriendo agujerear el azul
de cielo y me ha p:,recido que rfen, sin
d uda para darme un nuevo concepto de
la vida, 11na nueva clave que invierte
los valores entendidos del espíritu Mi•
ro los añosos troncos, en los que tras de
cada arruga se oculta un año, demos•
trando que la lucha en la existencia no
es estéril; me extasfo frente a los tOECOS
jarrones de piedra, tras de los cuales
me 'ha pareci:'lo ' ver asomar riente, la
faz de algún Eátiro, q11izá de Pan ... •
PORFIRIO HERNANDEZ.
México, Jnrio 19r4.

Para tí

El beso

Para tí que eres una figulina
De Tanagra, por grácil y armoniosa,
Y que unes a to gracia de menina
Un encanto primaveral de rosa;

-Si la pasión q11e te devora es pura
Y quieres acarrearme algún consuelo,
Deja besar tus labios, g11ardo celo,
Y tras el beso encontraré ventora.

Para ti que denuncias tu presencia
Cón el vago rumor de tus chapines
Y viertes de t11 espíritu la esencia
Al cruzar por mis líricos jardines;

Y sospiró la niña con ternura,
Y sus ojos volvi6 para otro cielo;
De la inocencia descorriendo el velo
A so ama11te entugose con dulzura ... .

Para ti q11e deEpiertas en mi alma
Goces alternos de i aquietad y calma :
Labro la estrofa como labra en oro

Su obra, el joyero, con afán discreto,
Y la co11s.;gro para to decoro
Hecha canto de amor en 110 seudo.

Y elgalán imprimió coa embeleso
El óEculo divinó que anhelaba;
y al sentir de lo humano aquel Exceso
Otro beso pidió porque esperaba
Q ue la niña le otorgara el beso .•.•
Más con placer sintió GUe lo b&lt;saba .•..

RAFAEL DURAND, Jr.

C. M.E.

ll lllllllll lll llll llll lll llll 1111111111111111111

FOTOGRAFIA ARTISTICA.-Madre e hija.
El cuerpo de li\ Escuela de Comercio haciendo ejercicios militares el domingo pas ado.

�r;r
Infausto día ...

De "Ron deles enamorados"

Sintiendo engrandecido de orgullo el corazón:
¡Acaso tras so féretro iremos yo y mis bijas
Ornando 1;oestro luto el sacro resplandor!
Orizaba, abril

1Palab1asl ¿Dónde bollarlas si es pálido el lenguaje,
Si el verbo ya no tiene su mágico esplendor,
Si tris'.e el pensamiento se queda entumecido
Cayendo en la penumbra de un trágico estupor?
La angustia, si, la aogustia, desbórdase del alma,
La oegr'l pesadumbre invade el corazóo,
La cólera inaudita abrasa las entrañas ....
Tortura h . conciencia la amarg1 bumilbcióo!
El Sátrapa altanero decreta nuestra ruina,
Invade nuestr'l suelo, mancilla nuestro honor:
El prócer ambicioso, oos manda sus sicarios
Que escupan nuestra frente caqada de baldón.
tOb Patria de mis padres! tOh cuna de mis hijos!
iOb tierra ese) 1recida de Hidalgo y Cuauhttmocl
¡Tú, madre de mil héroes que ilustran nuestra historia,
No debes ser esclava! ¡No debesserlol. ... tNol
Tu suelo, mancillado ¡;or plantas extranjeras
Lavar debe con sangre vergüenza tan atroi:
Tus hijos ya Ee apre5tan para la &lt;guerra santa&gt; ....
Comience, pues, 11 lucha, y que decida Dios!
Las madres de e~ta 1ierra, cual nuevas espartanas
Daremos noe!tros hijos sin queja ni emccióo;
P.indremos en la diestra dtl ca1 o adolnc, ate
Caldeado por nue:tra ira, el rayo vengador!
Icemos Ira~ su huella, temblando las entrañas,
A restañar 5U sangre, y el vívido Jiror
Tiñendo nuestras manos, se lavará con llanto
De orgullo y de tri~teza, de cólera y dolor!

.

.................................................

Yo tecgo entre mis joyas, mis tres adolescente6:
Son carne de mi carne. Mis bijcs, .... mi ilusión!
Nutridos de amor patrio, se aprest.. o a vengarte
Y a detener el paso del pérfido Iavasor.
Por un divino impulso los tres eo holocausto
A la hora del peligro se ofrecen como on don,
A'lí cristalizando el generoso anhelo
De oo padre, cuyas leyes deifican el honor.
Y el que ofrecí en tus aras, el caro primogénito
Que ausente de sus !::res a tí se consagró,
Está frente al peligro. . . . ly fué de los primeros! ....
Q11izá pronto la gloria le dé su galardóol
Son tres, mas si tuviera aúo más, t, los daría

22

de r9r4 .

Amada mía, se acerca la pelea,
La tempestad de amor ya se avecina
Y una barca veloz nos encamina
Hacia el revoeito mar de Citerea.

oo o

LOS BESOS DE MI AMOR

El oceano orgulloso serpentea,
Listo a admirar tu gracia femeoioa.
En tanto que un bajel nos encamina
Al venturoso mar de Citerea.

¿En dónde habr«o de herirte? !Oh carne de mi carne 1
Prtg uoto cootemplaD&lt;'o al hijo de mi amor:
¿ Será en el grácil pecho, será en la joven frente,
En qué parte del cuerpo? .... Será en el corazón?
Eo dónde el enemigo pondrá la artera bala?
La pérfid1 granada, ¿en dónde hará txplosióo ?
La espada penetrante ¿ dónde te hará la herida,
Del cuerpo donde puse los besos de mi amor?

Tus mants que eo un tiempo formaban mi; deiicia~,
Tus labios que me di~ron sus hálitos de flor.
Tos ojos inocentes que tiernos me miraban,
Tus ojos que pedían cariño y protección,
Tu voz que balbu :ieote formara un bello día
Las sílabas primeras de un oombrP. encantador,
De aquel que tú me diste, que tacto apeteciera
Y que era a mis pesares feliz compepsación;
Mil veces contemplándote soñé en vagos peligros
Lleuándt te de besos .... sentí en el corazón
Un apretado nudo de cruel presentimiento
Y te estreché a mi seno llorando de dolor!
Mis ojos·recorrieroo tu débil coerpecito,
Temtilé por tu inocellcia, pidiendo sólo a Dios
Q ae siempre te guardara de tJdos los pel igros
Y que te hiciea &lt;bueno&gt; cual te soñara yo.

Creciste, y a la hora de la tremenda prueba
To patria necesita lu brazo y tu valor;
-Marcha hijo de mi vida! Defiéod ,la, y Dios salve
El cuerpo donde puse cLos besos de mi amor.&gt;

t

Y si en la tempestad que se avecioa
Sin desastres se pasa la marea,
Ostentarás lo gracia femeoioa
Que acusa en su vigor sangre latina
En el feliz edén de Citerea.
o o o
Fué a la luz de la tarde que moría,
Miré hacia atrás y solamente pudo
Mi vista descubrir tu balcón mudo,
Cubierto de fatal melancolía.
Y ya presto a parlir, tan fólo oía
El rumor de tu charla , como escudo
Impenetrable a la melancolía
De tu balcón entristecido y mudo.
Luego me llegan brisas de alegría,
Me llama el corazón, y al grito acudo,
Mas sólo miro imperturbable, mudo
Tu balcón simulando un gran escudo
A la luz de la tarde que moría.
o o o
Volverá el abril con sos ngias galas,
Vendrá primavera con su viento suave
Y al vergel floriJo del amor el ave
De nuestra 2 lma triste teoderá sus alas.
Flor del Jesencar.to que perfume exhalas,
Cese ya tu aroma y el Jlaoto se acabe,
Porque primavera con su viento suave
Hará que otras flores ostenten sus g 1Jas.

CLE~ENCIA ISAURA.

F. R. de O.
Orizaba, 25 de Abril de 1914.

Alegría muy pronto con su paso grave
De nuevo coritenta vclverá a las salas
De ilu!iooes bellas, y el viento sü ave
De la primavera de lucientes galas
Tocará muy pronto distintas escalas...

DIALOGANDO
Para &lt;Arte y Ldras &gt;
-Sabes-me dijo el alma-mi alma es una locaQue las entrañas puras del azul cristal de roca
Ocultamente guardan los mágicos vislumbres•
De los más bellos ojos y las más vivas lombres
Siderales?
Y yo la dije:-Alma, no sé nada;
Pero si es qo"! has mirado los ojos de mi amada,
Com.:irenderás que todo lo que su rayo toca
Se vuelve más lúmineo que tu cristal de roca.
füa luz que te envuelve, sus pupilas la han dado
Tantas veces cuantas sus ojos has besailo
Por medio de un suspiro, aroma, brifa o verso
Que al tornarse en estrella, quedó igual y diverso.
Tal dije a mi alma-la pebre es una locaE ignora desde entonces que haya cristal de roca.

UN ECO LEJANO.....
Para el exquisito Artista Enrique G. Martínez.
La tarde muy blanca y el rojo pooieote
Se hao desposado,
Y un eco ltjaoo, lejano y ¡:aosado
E strella en la roca, mirífico y riente
El verso de nupcias que el mar ha cantado.
Un hondo poema se pierde en el prado
Se hao extinguido
Las dolces canciones que bajan del nido.
Y un eco lejano, lejano y pausado
Estrella l!n la cepa del árbol florido
Los viejos sollozos del mdl recordado.
La boda ea el cielo, la muerte en el frío
Valle ca liado:
¡Dos cesas distintas que me bao eofermadc!
Y un eco lejano, lejan o y muy pío
Me dice que salga del antro scmbrío
IY mire las cosas del cielo e~trella dol
Y alígero brota, cadente y alado
Creyente grito
Q ue rnbe deseoso del bien infinito.
Y uc eco lejano, lejano y pausado
Es,rella en el viejo cantil de granito
Las viejas canciones que el mar ha cantado
MIGUEL OTHON ROBLEDO

JOSE AGUILAR MAYA .

1t5t

l.

j

�Páginas Femeninas
~

Hay considerable variación eo las te•
las qoe se emplean para las blusas eo
esta estacióa. Es raro emplear una sola
tela, pues están muy de moda toda cla•
se :le combinaciones pasmosas; y en lo
que respecta al corte, el estilo cbasqae&gt;
ha vuelto al reinado y mochas de las
blµsa1 que se hacen para las matronas
jóvenes son más bi en túnicas qoeblusas
propiamente dichas.
El estilo de la blusa difiere según la
ocasión eo qoe se ha de llevar; para la
mañana, las blusas coa cuello en V soo
de moda ; las blosas hechas de tafeta o
crespón liso, están adornadas coa uo
cuello de colores vivos, de diferentes
cortes, marino, redondo, eo picos.
Todos estos cuellos caen sobre los
hombros dejando libre la garganta. Ya
oo se veo )03 coellos altos, molestos y
aoti- bigiéoicos, y el cuello que más se
les aproxima, es el formado por los pli•
sados y ruches, so jetos al frente con cio·
tas de terciopelo negro.
Para llevar por la mañana, está muy
de moda el organdí plisado coo manga
larga; aooque no es tao práctico para
el oso ordinario, pero que es, sio embargo, popular. Las blusas para Juocb
• y para comida soo io6oitameote más
variadas y adornadas, y coo frecuencia
se emplea eo so confección tela moy
costosa. Se hacen de manga larga y
corta, y para las damas que están decididas eo favor ele la manga corta, es
muy satisfactorio saber que están de
moda asf.
La verdad es que nada es tao agra•
dable como ver oo brazo torneado, son·
rosado, termiaado por una mano cuida•
da, emergiendo de un plisado blaoco o
de color.
Las blasas que se relacionan bien coo
la falda están siendo mas popalares ca·
da día.
U oa blusa e oca atadora, es de fino
punto negro bordado de azabache. El
cinturón de ciolil de seda negra muy
ancha, ca.e al frente formando tablero,
y da al traje el aire de ser de uoa sola
pieza.

Otra blusa elegantísima es de cbiffoo
gris hamo coo cuello japonés de taffeta
pespunteado; el chiffóo está drapeado
a uo lado, permitiendo ver eo la ciotu,
ra oo pequeño chaleco del mismo taf·
feta blanco coo botones de jade. Las
manga~ muy saeltas y largas, terminan
en puños grandes del taffeta.
La mayoría de las lindas blusas que
hoy se admiran, están hechas en esúlo
sobrepelliz, con caoesús de encaje fino
o batista, que a veces forma chaleco.
La blasa kimono de ahora, difiere en
estilo de la del año pasado, debido a
que la de ahora se acorta de modo dis•
_ Capilla ardiente del ilustre dibujante sir Huber, v_on Herkomer, i~ustrador de perió~icos i;Dgleses, muerto
recientemente. cLa capilla de Charter,&gt; cuadro de sir Herkomer existente en la galena nacional de Lóndres.

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Elegante modelo de cortinaje y materiales propios para su fabricación.
tinto: las mangas se r.orta.n de ooa pieza, con otra pieza debajo del brazo y
eu el hombro, de manera que tienen la
apuiencia correcta bombacha, y sin
embargo, oo hacen tiro cuando se le·
vaota el brazo, cosa que ocurría con la
blusa kimono original.
Cualquiera que sea el tipo de la blu·
sa, el efecto debe ser siempre el de las
líneas drapea.ates desde el hombro, y la
extremada amplitud eo la cintura. Mu·
chas de las mangas modernas caen por
completo desde el hombro eliminando
toda línea ajustada desde el busto hasta
la rodilla. Este efecto presenta el traje
algo al estilo de ua globo entre los hom•
bros y las rodillas, mientras que de la
rodilla para abajo, el efecto es ajustado
y esbelto.
DELI,\.

POSTRE DE NUEZ
Ingredientes: litro y medio de leche,
ciento veiote gramos de nuez molida,
azúcar al gusto. Se endulza la leche y
se pone a hervir; caando comienza a
espesar, se le agrega la nuez, desleída
eo uo poco de leche fría; se deja hervir
basta que tome puoto de cuchara, se re•
tira del fuego, se dP.ja enfriar y se vier·
te eo un plato de cristal; se adorna con
medias nueces, pasas y rajillasde limón
cubierto.
DELIA

11111111

�~o las carreras de Loagchamps.-Elegacte modelo acabado de llfgar de París, propied_ad de la se:Jetfa cEJ Paje.J
El último c.tpricbo de los mod,stos de Par!s.-Modelo de la sederfa cEl Paje.&gt;

�EL CUIDADO DE LAS CEJAS

La ceja es uno de los priocipales
adornos del rostro.
Una ceja bien delioeada, da realce al
ojo, y parece aumentar la expresi6o.
Para tener booitas cejas, es necesa.,
rio cnidarlas.
Las cejas demasiado espesas, puedeo
modificarse por medio de la electricidad, hacieodo que un aplicador campe·
tente extraiga afganos de les cabellitos
que las forman.
Todas las malianas conv iene cepillar
las cejas hacieodo uso de un cepillo
blaado impregoado en agua alcoholiz1•
da o gli::ninada, comenzando siempre
por el extremo cercaoo a la nariz, y
terminando en la sieo. El movimiento
debe ser suave y lento.
Esto seocillo medio rfgulariza el
brote de las cejas y además alej1 la
alopecia superciliar,

Para los fisonomistas, las cejas son de
un valor positivo. Si son arqueadas,
indican una naturaleza sensible; $i po·
co pobladas, demuestran falta de vita.
lidad; mientras que las cejas espesas o
tapidas, denotan ana coostituci6n ro•
busta.
Las cejas finas y muy separadas de la
nariz significan indolencia, falta de
perseverancia.
La ceja demasiado arqueada iodica
temperamento melancólico, y muy caídas, carácter dulce.
Las cejas unidas sobre la nariz de,
notan carácter celoso y descoofiado.

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JOSE ALVAREZ.

1S. Francisco 37.' ~é~ico.

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•

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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