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                  <text>Registrado como artícttlo de 2~ clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda EpoGa.

"

Sábado 6de Junio de 1914.

Tomo !.-Núm. 16.

�INDICADOR

horrible tensión en que los ha fratricidas, no será la que ha ins ·
tenido el ruido lejano de la fusi- pirado los odios de partidarismo:
lería, el retumbar del cañón y las será la que pide, la que exige que
Se publica todos los sáb;,.dos por la reproducciones de escenas lamen- todos jnntos trabajemos por su
tables en las páginas de los pe- elevación, como pueblo conscienCia. rerlodíst!Ga MexiGaná, A.
riódicos.
te de los altos destinos a que nos
Si durante tres años, ya lar- tiene llamados la fortuna de haDIRECTOR:
gos hemos vivido entre sangre, ber nacido en un país nuevo, so•
J. M. COELLAR.
ruinas, incendios y desolación, bre un suelo rico, en un contiGERENTE:
¿ por qué no hemos de tener de- nente que tiene todavía una soMIGUEL LANGARICA.
recho a vivir en un sueño an ti- berbia historia por hacer.
OFICINAS:
3~ Rinconada de San Diego 41.
cipado de paz y de tranquilidad?
Y no hay que temer a los veTeléfonos:
Los encabezados de los perió- cinos; el hombre honrado y consMex. 20-85Neri .-Eric. 14-51.
dicos siguen diciendo que las ciente no debe sentir temores:
Apartado postal 45 bis.
conferencias de paz van por buen una vez que hayamos prescindiMEXICO, D. F .
camino, aun se ha dicho que ter- do de nuestras debilidades no
minaron, y que en ellas SP. ha tenemos por qué temer al fuerte,
PRECIOS
llegado a la completa pacificación los hombres honrados, lo mismo
Ejempl;lres sueltos . . . . .. . . . . . . 20 cs. nacional, interna y externa, deque se ha dicho de las mujeres,
Snbscripción, trimestre ... ... . . 2.50
jando incólume el honor de la no tienen historia y cuando quieExtranjero,"lrimestre ........ . .. 5.00
con excepción de Estados Unidos y Cn· Patria. Y si tal cosa es cierta, si ren tenerla, deben fijarse en los
ba, en donde regirá el mismo precio el ensueño acariciado por tanto males para curarlos y en los bieque para la República,
tiempo tiene visos de estar cer- nes para cumplirlos; sólo así es
NO GIRAMOS
cano, ¿por qué no hemos de per- como se debe pensar en ocupar
TODO PEDIDO DEBERA VENIR mitirnos el inefable placer de un sitio en la historia de los homCON SU IMPORTE.
anticiparnos a lo que pronto pa• bres honrados y conscientes.
No se devuelven originales.
rece que será un hecho?
Así esperamos que será nuesNos figuramos vivir las precio- tra nueva vida; después de la hosas e,cenas que evoca Zolá en rrible pesadilla de tres años tesu «Fecundidad.&gt; La deliciosa nemos derecho a esperar un refantasía del «Chantebled&gt; se nos surgimiento g-eneral, tenemo,; deantoja un hecho consumado, y recho a pensar en una ascención
Acabamos optimistas las líneas consumado en nuestro país; y de. t't&gt;dos v de cada uno de nosotrazadas para el número anterior, Mateo, Mariana, la siembra, y °'1r'bs hacia un ideal de patria
y el impulso que nos dió l¡;, fuer- la madre alimentando la tierra grande y fuerte por el esfuerzo
za del elemento oficial combina- al pie de la encina, nos partee de todos hacia el bien.
Eso es lo que nos ha hecho soda con la de los cablegramas de que van a ser hechos comunes y
corrientes
entre
nosotros
el
año
ñar
el impulso que las noticias
la prensa diaria sigue encaminos han dado hacia arriba; henándonos hacia arriba por el ca- entrante.
Todo el acero de las espadas; mos IJegado muy alto; quizás
mino ,de los buenos deseos.
la
herrumbre de los fusiles y la demasiado alto. pero ha sido soParece que el contagio optimadera
de los armamentos se bre las alas &lt;le! genio de la buemista se ha convertido en enfermedad, que amenaza con hacerse han convertido en instrumentos na voluntad. Durante nuestro
crónica. ¿y por qué no? Quién de labranza; todos los campos de sueño nos ha parecido volar con
nos veda el soñar en favor de la República están surcados por alas de acero movidas por resoresta nuestra dolorida patria. ferrocarriles y por caminos ve- tes de voluntades, animadas por
cuando todo parece querernos cinales que sirven para el trans- el amor de la verdadera patria.
convencer de que al fin ha llega- porte de los productos naturales, Si nos hemos equivocado, si no
do la hora de que los fusiles se y nuestra patria, rica y fecunda, se rea.liza lo que hemos visto, en
conviertan en arados, los cam- comprendida al fin por este po- medio de nuestro dolor nos quepos de batalla en tablas de labor bre pueblo que nunca ha sabido dará el consuelo de haber sido
v la sang-re que riega ahora la donde vive, sonríe contenta so- capaces de soñar tal ensueño.
tierra se cambie por ríos de agua bre el trabajo de sus hijos que al
fecundante y en canales de irri- fin han aprendido a conocerla y
J. M.C.
a saber quien es ella: la patria
gación.
Por qué no hemos de soñar en buena que, como madre, cuida '"
algo alto y bueno ya que nues- sostiene a sus hijos, y que, com~
tros cerebros han pasado años madre también. necesita del tradelirando y estremeciéndose en bajo de sus hijos para vivir hon11111111
medio de visiones de sangre y rada, grande y próspera.
desolación y que nuestros nervios
No será ya la patria que exige
están cansados en fuerza de la la vida de sus hijos en combates

"Arte y Letras "

La Cruz Roja en León

s.

•

OPTIMISMO

Damas distioguidas de ta sociedad leonesa, practicando bajo la dirección de los facultativos de _la Cruz Roja.
Fots, O¡eda Leroy.

�---.:::::::::(¡

- F RO G(r)

ror EDGARD ALLAN POE.

&amp;~==========~~~=--~
Nunca he visto a una persona ccás vi•
vamente apasionada que ese rey por los
placeres de la farsa. Pareda oo vivir
más que para hacer farsas. Contar una
historia de ese ¡iénero, y contarla bien,
era el medio má~ srguro para disfrutar
de su favor. De aquí venía que sus mi·
nistros eran notables por sus talentos
en lo que atañe a farsas. fados eran
copias vivas de Su Majestad, tacto por
su amplitud, su corpulencia y su grasa,
como por sus cualidacles inimitables de
personajes graciosos. El que el hombre
se baga grasoso a fuerza de farsas, o
que la grasa predisponl(a a la farsa, es
algo que nunca he podido averi¡iuar ;
pero lo erecto &amp;S que un gracio5o flaco
es erara avis in tenis&gt;.
Por lo que respecta a los rtfinamien •
tos, no se cuidaba mucho de ellos. En
materia de farsas era partidario de la
&lt;amplitud&gt;, y si S3 contentaba con la
cloogitud&gt;, era pn amor al arte. Las
finezis le fatigaban. Era de manera tal
que prefería el cGargantua&gt; de Rabelais al &lt;Zadig&gt; de VoJtaire, y, rnbre to•
do, las farsas en acción eran mu.:ho más
de su ~grado que las de palabra.
En la época en que ocurrió mi histo•
ria, los bufones de profesión no habían
pasado de moda en las cortes.
Muchas grandes &lt;potencias&gt; del con·
tiuente tenían aun sus e loco~&gt;, que lle•
vaban vestidos abigarrados, que debían
estar listos para suministrar, al momeo·
to, ocurrencias picantes a cambio de
miR:ójas dej.idas ca,r de la mesa real.
Nuestro rey, y esto no hay ni que decirlo, tenía su loco. Hay que confesar
que tenía buena necesidad de algo lo•
cuaz, aun cuaoclo no fuera más quepara hacer contrapeso a la sólida pruden·
cia de aquellos siete sabios que campo•
oían su ministerio, y eso sin tenerle en
cuenta a él mismo.
Y su bco, su bufón profesional, no
solamente na un loco. Su valor se tri•
plicaba ante los ojos del monarca por
la consideración de que era enano y
cojo. En aquella época de los enanos
eran tan comunes en las cortes reales
como los bufones, y muchos mooarcas
no hubieran sabido cómo pasar los oías
-esos días que en las cortes son mucho
más largos que en cualquier otra parte.si no hubieran tenido a la vez un bufón
que los hiciera reir, y un enano de
quien reírse Pero, Gomo ya lo hice notar, sucede que, de noventa y nueve ve•
ces sobre cien, los bufones son adipo·
sos, redondos y chaparros, así es que
P.ra una verdadera felicidad para nues·
(1) Sapo Saltador.

tro rey tener en Hop· Frog (a,f se llamaba el bufón) un triple tesoro en una
sola persona.
Presumo que este 0ombre de HopFrog no babia sido p0esto al enano por
los qoe le llevaron a la pila bautismal,
y que le había sido conferido por un
voto unánime de todo el ministerio en
razón de que no podía marchar como
todo mundo. Realmente, Hop Frcg oo
podía moverse más que por medio de
una marcha interjeccional-algo ínter·
medio entre el salto y la cootorsiónmovimieuto que era para el rey manan•
tial i0agotable de alt'grfa, y, natura)!
mente, fuente de amor propio, pues, (a
pesar de la e0ormidad de su panza y la
bufonelÍa de su rostro), este monarca
era considerado por toda so ccrte como
hombre de perfecta coostracción
Pero si Hop•Frog, con sos piernas
de gaucho no podía caminar ~i00 con
grandes trabajos en un camino o sobre
el piso de un cuarto, parecía que la na·
turaleza hubiera querido compensar la
imperfecci6n de sus miembros inferio·
res con unos brazos cuya prodigiosa po•
tencia muscular le permitía llevar a ca•
bo juegos de u0a admirable destreza
luego que tenía enfrente árboles, caer·
das o cualquier cosa por la que se pa·
diera trepar. En esta clase de ejercicios
se asemejaba más a la ardilla o al me·
nito que al sapo.
No podré decir con precisión de qué
pais era originario Hop Frog. Debe ha·
ber sido de alg0na rt'¡:ióa bárbara yde la
que nadie babfa oído hablar, situada a
una gran dista0cia de la C'lrte de nues,
tro rey, Hop·Frog y una niñita, apenas
menos enana que él, pero divioameote
proporcionada y que bailaba a maravi•
lla, habían sido arrancados de sos moradas respectivas en las pt·ovincias limi·
trofes y enviaJos al rey, a titulo de ob•
sequio, por uno de sus generales, hijo
de la victoria.
Dadas estas ci rcuo~tancias, no habría
que admirarse de la intimidad de rela•
ciooes que se eft:lbleció entre los dos
prisioneros, y de hecho se hicieron ami ·
gos jurados en un momento. Hop Frog,
que no gozaba de gran crédito, a pesar
de sos juegos y bufonadas, no estaba en
estado de hacer grandes servicios a Tri,
pelta; pero ella, en razón de so gracia
y de su exquisita belleza era unánimemente admirada y consentida; por lo
tanto tenfa gran influencia, y no dejaba
de utilizarla, siempre que podía, en fa·
vor de Hop Frog.
En no sé qué gran ocasión, el rey decidió hacer un baile de máscaras y
siempre-qne se orgmz~ba 11na masca•

rada o cosa asi e0 la corh, no se deja•
ba de recurrir a los talentos de Hop•
Frog y de Tripetta. Hop Frog sobre•
todo, se mostraba de nna inventiva tal,
cada vez que se trataba de organizar
espectáculc,s o de idear perso0ajes ioé•
dilos y componer trajes para bailes de
fantasía, que de ninguna manera se podfa olviddr so colaboración.
La noche desigoa:la para la fieita ha,
bfa llegado. Bajo los cuidados de Tri,
pella se babi-t preparado una sala suntuosa, con todos los detalles nrcesarios
para realzar el brillo de una mascarad'!.. Toda la corte estaba ansiosa espe·
rando. Por lo que hace a los trajes y
los personajes, , e comprende que se ba,
bia dejado eu libertad de el,gir a cada
000. Muchas personas h~bían escogido
sus personajes con semanas o meses de
anticipación y no babia vacilaciones a
ese respecto, excepto en lo que concer•
nía al rey y a sos siete ministros. ¿ Por
qué vacilaban? No sabré decirlo Qoi•
zás haya sido una verdadera broma de
parte de ellos. Pero lo más probable es
que la grasa baya retardado la concep·
ción de las ideas. Lo cierto es que el
tiempo pasaba, y que, en último Jecurso, tuvieron que recorrir, como siem,
pre, a Hop-Frog y a Tripetta.
Cuando los dos chiquillos llegaron,
cumpliendo con el llamado del rey, lo
encontraron sentado bebiendo vino en
compañía de sus siete ministros; pero
el monarca parecía estar de muy mal
humor. !::&gt;abía que Hop Frog detestaba
el vino, porque el vino excitaba al po,
bre enano hasta la locura. y la locura
00 tiene nada de agradable Pero el rey
gustaba de las farsas groseras, y para
darse gusto bada beber a Hop Frog,
para &lt;ponerlo alegre&gt;, como decia.
-Ven acá, Hop·Frog, dijo, en el mo•
meato en que el bufón y su amiga en,
traban en la sala: trágate esta rasada a
la s~lod de tus amigos aosentes (aquí el
bufón suspiró); y pon tu imaginació0 a
mi servicio. Necesitamos personajes de
carácter, viejo, ah¡o inédito y que salga
de lo ordinario. Y.. estamos caosadosde
la monotonía de PSOS bailes. Ven a be,
ber, el vino te ac !arará las ideas.
Hop·Frog, se esforzó, st'gún su ces•
tambre en re~ponder con alguna agu•
deza a las salidas del rey, pero foé al,
go superior a sus fuerzas. Sucedió que
era el aniversario de su nacimiento, y
la orden de beber a la salud de csus
amigos ansentes&gt; le hizo subir las Já•
grimas a los ojlls. Esas lágrimas cayeron
amargas y pesadas et1 la copa que reci,
bia humildemente de la mano del ti•
ran·o.

-Ha! ahl ahl dijo éste en medio de
una carcajada, mientras que el enano
vaciaba la copa con repognarcia. Ya
vas viendo los eftctos del buen vino.
'Les ojos te brillan.
¡ Pobre diablol sos ojos chispeaban
más que brillar, porque los tfertos del
vino en su cerebro eran tan poderosos
como instantáneos. Colocó oerviosamen·
te la copa sobre la mesa y pas, ó por
sobre todos los que le veían una mirada
de loco. Todos parecian muy divertidos
con la gracia del rey.
-Y ahora, a nuestros nfgocios, dijo
el primer ministro que era un personaje
muy importante y muy gordo.
-Si, dijo el rey. Vamos, Hop-Frog,
ven a ayudarnos. Personaj~s de carác·
ter, chiquillo. Todos necesitamos cea•
rácteu. Ha! ah! abl Y como esto parecía. querer ser un buen juego de pala•
bras, todos corearon la risa.
Hop-Frog rió también pero débil·
mente y como quien no se da cuenta de
lo que pasa a su lado.
-JVamos! dije el rey, no tienes nada
que sugerirnos?
-Estoy bu~cando algo inédito, res•
pondió el enano con aire distraído, pues
estaba completamente pes dido por el
vino.
-!Estás buscandol gritó el tirano con
ferocidad Qué es lo que quieresdeci, ?
Abl ya comprendo, te sientes snmergi
do y nece~itas más vino para ayudarte.
¡Vayal bebe. Y llenando una gran copa
se la ofreció al cojo, qnien se contentó
con mirarla como si no tuviera fuerzas
para más.
- Bebe, te digo, gritó el mónstruo, 0
por todos los diablos! ..... .
El enano seguía vacilando: El rey se
p11so rojo de rabia. Los cortesanos rtiao
con afectación. Tripetta, pálida como
un muerto se adelantó hacia el solio
del rey, y cayendo de rodillas le suplí•
có que dispensara a su amigo.
..
El rey fijó sus ojos sobre ella, v1s1•
blemente estupefacto ante tamaña au·
dacia. Parecía como que no sabía qué
hacer o qué decir, ni cómo ballar una
expresión adecuada para su: indigna·
ción, Al fin, sin pronunciar una síl~ba,
la rechazó con violencia y le arrojó a
la cara el contenido de la copa. La pe·
bre caiquilla se levantó Jo mt&gt;jor 9ue
podo, y sin siquiera lanzar un suspuo,
fué a colocarse a su sitio a los pies de
la mesa.
Dor;.nte un medi(l minuto se hizo un
profondo silencio; se hubiera oído caer
una hoja de papel. Este silencio fué in•
terrumpido por un rechinar sordo, pe,
ro rudo y prolongado, que parecia salir a la vez de los cuatro rincones de
, la sala,
-Quél quél Por qué haces ese ruido?
preguntó el rey volviéndose furioso ha·
cia el enar.o.
Este parecía aliviado por completo
de su embriaguez, y miraba al tiraao
cara a cara con un aire de seguridad.
Dijo:
-Yo? Yo? Cómo babia de ser yo?
-El sonido pareció venir de fuera,
observó uno de los cortesanos. Me figo•
ro que sería el papagayo que afilaba su
pico contra las rejas de su jaula.

-Es verdad, respondió el monarca
como muy aliviado por la ayi:da de na
sugestióo; pero yo hubiera jurado por
mi honor que había sido ese miserable
el que había rechinado los dientes.
En seguida el enano se echó a reir
(el rey era un gran reidor y no se mo·
)estaba de que nadie riera,) e hizo ver
una fila de dientes largos, poderosos y
del aspecto .más horrible. Se declaró
lisio para. beber todo el vino que qui
sieran El monarca se calmó y HopFrr g, después de apurar otra copa de
vino sin parecer incomodado, se entre·
gó con calor a los preparativos del
baile.
-No sabré exolicar cómo se produjo
esta asociación de ideas, hizo notar ccn
gran placidez, y como ii nunca hubiera
probado vino en su vida, pero &lt;justa·
mente después&gt; de que Vue!tra Majes·
tad hubo hecho eso, y mientras que el
papagayo bacía el roído extraño que se
O)Ó del otro lado de la ventana , recor,
dé una excelente diversión, un juego
de mi tierra que nosotros intercalamos
con frecuencia en las mascaradas, pero
que aqui resultará inédlto. Desgraciadamente necesitarla para él una comP"rsa de ocho personas, y ••.•••

-Y bien! pero, semos ocho, gritó el
rey, orgulloso de la sutileza con I" cual
había notado esa coincidencia. Somos
ocho, exactamente,-yo y mis siete mi·
nistros Veamos! cuál es ,sa diversión ?
-La llamamos, respondió el cojo,
&lt;los ocho orangutanes encadenados,&gt; y
es un juego del mejor gusto coando es•
tá bién representado.
-Ese ea negocio nuestro, dijo el rey
levantando y bajanao los párpados.
-Lo hermoso del juego está en el
espanto q ae pro:luce entre las muje•
res.
- Justo! rió el rey coreado por sus
ministros.
-Yo me encargo de vestirlos de
orai,gutaoe~. y puedrn confiar en mi
habilidad a ese respecto. La semtjanza
será tan perfec ta que todas las másca,
ras los tomarán por verdaderas bestias,
y natural mente quedarán tan sorpren·
didos como aterrar-izados.
- Eso es algo exquisito! exclamó el
rey. Hop-Frcg, me siento capaz de ha•
certe hombre.
-Las cadenas se ponen con el obje·
to de aumentar a la confusión con su
ruido. Aparecerán ustedes como si hu-bieran escapado de su guardián. V•ues•

�•

Ira Majestad no puede tener idea del
efecto que producen en una mascara•
da ocho oraogutanes encadenados que
la mayoría de los asistentes creen que
son verdaderos orangutanes, y que ha•
cen irrupción, con gritos sal~ajes en
medio de uua sociedad de hombres y
mujeres vestidos con trajes elegantes y
suntuosos. El contraste es inimitable.
-Es necesario qne eso sea, dijo el
rey, y, como se hacia tarde, se levantó
el Consejo precipitadamente para pro•
ceder a la ejecución del proyecto de
Hop- Frog.
So manera de equipar el grupo de
orangotaues era muy samario, pero su•
ficiente para el objeto que se proponía.
El rey y sos ministros fueron eoce·
rrados, en primer lugar, en camisas y
calzones de punto moy ajustados; des•
poés fueron untados con alquitrán. En
este momento de la o¡:,eración alguien
sugitió la idea de ser;irse de plumas;
pero fué descartada desde luego por el
enano, quien no tuvo grandes dificulta•
des para convencer a los ocho qoe el
pelo del oraugutáo se puede imitar mu•
cho mejor con hilo de liuo. En conse •
cuencia se aplicó una capa de lino so•
bre el alquitrán. Se procuré en segoida
una larga cadena, la coa! fué pasada al
rededor del cuerpo del rey, y atada;
después al rededor del cuerpo de uno
de los ministros, y atada; y así socesi·
vameote, basta que estovieron atados
los ocho. Coando se terminaron estos
preparativos, los perseo 1jes se retira·
ron uno de otros lo qoe más pudieron,
formando un circulo con la cadena, y
para dar a la cosa una apariencia más
oatoral; HoP-Frog cruzó el resto de la
cadena de manera qoe formara dos diá,
metros crozados de ese circulo, como
baceu los cazadores de chimpancés eu
el Africa.
El gran salón en que se daba la mas•
carada era uua pieza circular moy alta, y que no recibia la luz del sol más
que por una abertura en el techo. Por
la noche (la pieza estaba dedicada es·
pecialmente a fiestas de noche) se ilo·
minaba principalmente por medio de
una grao araña suspendida con una ca•
deoa a la abertura superior, y que se
elevaba o desceodia por medio de un
gran contrapeso; pero para no perjudi,
car el efecto decorativo de la pieza,
este contrapeso estaba fuera de la c6·
pola y por sobre el techo.
Los arreglos de la pieza habían sido
encargados a Tripetta, pero en algunos
detalles se babia gaiado por la opinión
de su amigo el enano, Así es qoe se ha•
bía qoitauo la araña eo esta ocasión;
las gotas de cera que no hubieran po·
dido evitarse en vista del calor qne ha•
ría, segoramente habían de manchar
los suetuosos trajes de los convidado~ a
quienes la abondancia de personas en
la sala obligaría a estar en el centro de
ella Se instalaron candelabros suple,
·mentarios en varios sitios, de manera
de no molestar a la multitod, y en la
mano derecha de cada una de las cin•
coeota o sesenta cariátides que había
se poso ona tea de la que se despren•
dian deliciosos perfumes.
Siguiendo el consejo de Hop-Frog,

los ocho orangutanes habían de esperar
pacientemente ·ha3fa la media noche,
para qoe la sala estuviera enteramente
llena de máscaras, antes de hacer so
aparición. Apenas hubo dado el reloj
la 6ltima campanada se precipitaron, o
por mejor decir rodaron mezclados por
la sala; poes, embarazados como esta•
bao con las cadenas, algunos cayeron y
todos vacilaron coando menos al entrar,
Como se babia esperado, un boen
n6mero de invitados tomaron aaquellas
creaturas de aspecto tan feroz, por ver•
daderas bestias de al¡¡ona especie, si nó
precisamente por orangotanes. Muchas
mujeres se desmayaron de espanto y si
el rey no hubiera tomado la precaución
de prohibir la portacióo de armas de
todas clases, la haoda hubiera pagado
coa su sangre aquella broma. Se inició
un movimiento general hacia las puer,
tas, pero el rey babia ordenado la clan·
sora de todas, inmediatamente después
de su entrada, y el enano ordenó que
se pusieran en sos manos todas las lla·
ves.
Mientras que el tomulto llegaba al
colmo, y cada quien procoraba su pro•
pia seguridad, pues realmente había
peligro en razón del desorden causado,
5e hubiera podido. ver la cadena que
servia para suspender la araña, que ba·
jaba lentamente, con su gancho eo la
puuta, hasta detenerse a ooos tres pies
de altura del suelo.
Pronto el rey y sos siete acompañan•
tes, después de haber recorrido toda la
sala, se hallarou en el centro de ella, y,
oatoralmeote, en contacto con la cade•
na. Coaodo los vió en este sitio el eoa•
no, que no se les había separado, les
advirtió que no temieran nada de la
sensación que iban a recibir; en segui•
da enganchó la cadena de la araña en
el crucero de la cadena que ataba a los
monos, mientras que noa mano invisi,
ble hacia sobir la cadena y en la punta
de ella el racimo de oraogotanes qoe
se encontraron suspendidos en el aire,
cara a cara.
En este tiempo, las máscaras se ha,
bían repuesto de su terror primitivo y
empezaban a tomar la cosa como una
farsa muy bien urdida; por lo tanto soltaron una gran carcajada cuando vie·
roo a los orangutanes suspendidos en
esta forma.
-Téoganmelosl gritó Hop - Frog,
cuya voz chillona dominó todos los rni•
dos. Téngaomelos que creo conocerlos.

Y si puedo examinarlos a mi gusto, voy
a decirles qoienes son!
Al decir esto ie abrió paso por entre
la multitud y llegó hasta nna de las ca,
riátides; tomó la tea que tenía ésta en
la mano y regresó al centro del salón;
subió de no salto por sobre la cabeza
del rey, y de allí trepó algunos pies por
la cideoa, bajó la antorcha, como para
iluminar a los orangutanes, y dijo: &lt;Ya
voy a decirles quienes sonl&gt;
Entonces, mientras que todo el man,
do se retorcía de risa, el enano lanzó
un silbido agudo, y a esta señal la ca·
deoa subió como treinta pies levantando a los orangutanes y dejándolos sus•
pendidos entre la cópula y el suelo.
Hop- Frog, que seguía conservando la
misma posición con respecto a ello~,
parecía no haber sentido nada, y cootinua ba bajando su tea como para exa•
minarlos.
Todos los asistentes se sorprendieron
de tal manera por esta repentina aseen•
ción que se produjo un silencio mortal.
Fué interrompido por no rechinar de
dientes igaal al que se oyó cuando el
rey arrojó el contenido de la copa a la
cara de Tripetta, pero esta vez no cabi3
dada; el ruido era producido por el
enano. Sus mandíbulas estaban apreta•
das y de su boca salía espuma, mientras
que sus ojos veían con rabia el racimo
de hombres disfrazados.
-Ah! Ah I dijo al fin el bufón furioso!
Ahora ya empiezo a ver quienes son
esas gentes. Y como para ver mejor,
acercó la tea al rey y a su vestido al•
qoitraoado; el alquitrán se inflamó y
las llamas envolvieron en un instante a
todo el grapo debido a la ioflamabilidad del alquitrán y del lino. En menos
de medio minuto todos los monos ar·
dían de una manera horrible en medio
de los gritos de la multitud que los
veía desde abajo sin poder aoxiliarlos
de ningana manera.
Las flamas aumentaban con violencia,
forzaron al bufón a trepar por la cade,
na y al ver este movimiento se produjo
un silencio entre las máscaras. El ena•
no lo aprovechó para dAcir:
-Ahora ya veo distintamente qoie,
nes son estas máscaras. Es un gran rey
y sus siete consejeros privados, un rey
que no se avergonzaba de golpear a
una niñita indefensa, y sus siete consejeros que le elogiaban su croeldad. En
cuanto a mf soy Hop Frog el bufón, y
esta es mi última bufonada.
Gracias a la combustibilidad de los
elementos empleados, cuando el enano
concluyó este discurso su obra de ven•
gaoza estaba terminada; los ocho caer·
pos colgaban carbonizados de la cade·
na; masa negra e informe. El cojo arre·
jó su tea y trepó con gran agilidad has·
ta la cúpula y desapareció por la aber•
tura.
Se supone que Tripetta, colocada sobre el techo de la sala, Je babia ayuda•
do y que huyeron juntos a so país, pues
oo se les volvió a ver más.
(Traducido de los Cuentos Extraordinarios, especialmente para &lt;Arte
i.etras.&gt;)

r

'

Ddcayuno ofrecido a los niños del colegio de los Sagrados Corazones, después de la comunión general efectuada
el domingo pasado en el templo de Loreto.

Voto infantil
Fr; gm, oto
Allá por el barrio de los Desampara·
dos, frente a la &lt;Tienda del Fénix,&gt; en
una vetusta casa de vecindad, a la en•
trada, en el departamento de la izquier·
da ..... .
Si algún día acertáis a pasar por esa
calle torcida y mal empedrada, siempre
lodosa y llena de fango por el desbor·
dado arroyo, en cuyas márgenes herbo
sas vagan hasta media docena de patos
caseros, fijad vuestra aeención en una
puerta baja y angosta, sobre la cual, en
no cuadrito azul, algo más grande que
una pizarra, dice: &lt;Escuela Particular
para niños&gt; . . .... Alli vive el viejo sol·

dado, en una pobre habitación que le
cuesta cinco duros al mes. Es poco;
otro cualqaiera darla más; pero el propietario, que lo estima y considera, se
la da en ese precio, a coodició:i de que
cuide de los eotraotes y salientes, co·
bre alquileres y se entienda con los in·
quilioos, los cuales le dao mucho Ira·
bajo, unos por malos paga~ores, los
otros por pendencieros y afic1ooados a
la caña. Pero Don Antonio, con sus se•
tenta años y todo, es hombre deh;mple;
y cuidadito! con él oo hay que jugar.
Cuatro piezas tiene el departamento:
en una, la mayor, está la escoela, una
escnelita de barrio, acreditada y concorrida, donde jueves y sábado_se esto·
día el Ripalda, se reza el resano y ....
se canta el Himno Nacional, la herma•
sa canción de la patria mexicana, que

hace latir los corazones; la s;guiente es
la recámara de la jorobadita, la nieta
del inválido, uoa infeliz muchacha tan
deforme como hacendosa; la otra sirve
de alcoba a Don Antonio; y eo la 6ltima tienen la cocina muy arreglada y
limpia, con su brasero de Neccxtla, con
su armario lleno de platos y tazas de
mil colores y con las paredes cubiertas
de cacharros: una multitud de cazuelas
y ca zuelitas simétricamente colocadas,
desde la colosal en que allá por la segunda decena de junio cond imenta la
gibosa un mole de guajolote de recho•
pete, hasta lo más min6sculo de la al•
farería arribeña, jarritas, torteritas, pu·
cheros muy cocos, como para uso de
lilipntieoses, mil chucherlas baratas de
barro de la Puebla, que la pobre cor ·
covada se ha complacido en coleccionar.

�los solares que ocupó en el siglo X IV
la vivienda de Samoel Leví, tesorero
que fué t}el Rey D. Pedro I, a quien la
Historia ha dado el calificativo del
&lt;C ruel.&gt;
La leyenda ha aoidado en las cuevas
que actualmente existen descubiertasgracias a la tenacidad, inteligencia y
P.spa ñolismo del Marqués de la Vfga
Ioclán,-donde Leví, opulento judío,
guardaba inmensos tesoros.
En aquella época, el hebreo gozaba
de ¡¡ran valimento cerca de D. Pedro I,
e iofl ayó poderosamente en favor de
sus hermauos de raza.
No lejos del palacio que ocupaba el
priv11.do, edificóse por orden suya la Si·
oal(oga del T ráosito , hacia los años de
1360 a 66, b3jo la dirección del arquitecto, judío tambiéo, Meir Abdeli.
&lt;Los bieoes que teofa en Toledoescribe D. Rafae1 Domeoech en sus interesantes notas acerca de &lt;La casa del
Greco&gt;-erao de 170.000 doblas, 4 ooo
marcos de plata, I25 arcas repletas de
paño de oro y seda, grao cantidad de
joyas y So esclavos, &lt;moros, moras y
moreznos.&gt;
La leyenda-esa princesa solitaria
qui, vaga entre las ruinas, y canta q ue ·
do b1jo la claridad azul de la looacootinuó visitando el palacio y las cue,

Cámua mortuoria dtl poeta Rafael Delgado en Ocizaba.
Aqaellas buenas gentes viviao a cos·
ta de muchos trabajos y la escuela fué
para ellos una tabla de salvación. Don
Antonio disfrutaba de una pensión del
Gobierno, mal pagada, es cierto, y que
apenas le bastaba para comer sota, ca·
bailo y rey ; pero, en fin, algo era. Y a
fe que Don Antonio se la merecia. Estovo en el sitio de Veracruz, con la
Guardia Nacional de Pluviosilla. luego
fué canjeado según los términos de la
capitulación; y ardiendo en odio contra
el invasor, corrió a la Capital, se alistó
en uu cuerpo que probablemente en•
traria pronto en campaña, se batió co·
mo un valiente en Padierna; y en Cho·
rubusco, después de ver su bandera en
manos de un soldado de Pillow, una bala de cañón le llevó el brazo izquierdo.
¡Vaya si tenia derecho a la pensión!
Allá por los años de 65 y 66, falto de
recursos, abrumado de deudas y con su
nieta en erma, en una palabra, pere·
cieodo de hambre, aceptó del Gobierno imperial un empleo insignificante, el
de portero de una oficina o algo así,
por lo cual, cuando se restableció la
República, el guardia nac ional de Pluviosilla, el batallador de Padieroa, el
mutilado de Churubusco, el bravo soldado que sólo simpatizó con el Imperio
por cuanto éste contrariaba los intereses y desigoios del yanqui . ... fué acusado ..... . de .. .... ¡traidor a la patria!
Iodignóse al saberlo, bufó, maldijo y
no volvió a decir palabra acerca de su
pensión. Colocóse en una hacienda de
gaarda melado; y de allí volv'.ó enfer·
mo de calentaras malignas.
Cierta vez, hice diez añ os, alguno le

El poeta Rafael Delgado muerto
recientemente.

tus servicios son desconocidos o echa•
dos en el olvido, mientras !antos que
lncierou uniformes imperiales y comie,
roo y bebieron a la mesa del Archidu,
que y recibieron de él cruc~s y grados
medran y están en el candelero, ni soli·
cites mercedes ni demandes favores,
que eso seria como si fueras a pedir
limosna a quien tiene el deber de no
dejar que te mneras de hambre. Así
acuérdate de que en tus ve,des años
tuviste algunas letras; recuerdas que si
los bigardooes de tu compañía nunca
pudieron subírsete a las barbas, bien
podrás habértelas con dos docenas de
chiquillos; a bien que si un día se te
pronuncian, ya lo sabes, con la Ordenanza basta y sobra. No, Antonio; no,
señor sargento del Mixto de Santa-Ana,
no hay que pedir favor ni qae rendirle
a nadie, vale más que te metas a maes•
tro de ,iscuela.
Y dicho y hecho. Allí le tienen uste•
des en so escuelita del barrio de los
Desamparados. ¡y vaya si se cumple
allí con la Ordeuaozal
RAFAEL DELGADO.

dijo que insistiera, que no seria difícil
que Je volvieran la pensión; con buenas recomendaciones la c:&gt;sa era sega•
ra ....
-\No en mis diasl-exclamó y habló
de otro asunto.
Pero los tiempos buenos no venian.
Un dia se dijo:
Antonio, bien visto no tienes derecho
a nada; no peleaste por interés de unos
cuantos duros, en defensa de tu Patria
iojustamente atacada; asf, pue$to que

Oriz1ba, Marzo de 1892 .

Donenik::&gt; Teotocopuli, &lt;El Greco.&gt;

El terGer tentenario del
GreGO
El mundo del arle acaba de conmemorar el tercer centenario de la muer•
te del gran piotor Dcmeniko Teotocó·
puli, conocido generalmente con el
nombre de &lt;El Greco.&gt;
La escuela espa ñola se envanece con
la idea de oue el Greco le pertenece,
pero aunque es cierto que el grao pin·
tor trabajó en España y esa nacióc
guarda los recuerdos materiales del
hombre; su geoio es universal, ya que
los españoles son los que más hao reprochado a Teotocópuli su modo de ser
y aúo hao llegado a clasificarlo como a
un desequilibrado.
Sin embargo, al llegar la fecha de la
conmemoración, la ciudad de Toledo la
conmemoró debidamente.
En esa ciudad existe la casa en que
murió el célebre pintor. convertida abo
ra eo museo; acerca de ella tenemos
los siguientes datos.
Elévabe la actual casa del Greco ri:¡

~El entierro del conde de Orgáz,&gt; reputado com o el mejor
cuadro de El Greco.

�vas de Leví. Ec él vivió D. Enriqne de Aragón, célebre poeta,
más conocido por el 'Marqués de
Villena, muy aficionado' a · las
ciencias naturales, . físicas y qoí·
micas, cuyas obras perecieron,
por superior mandato, abrasadas,
en razón a qot: eran &lt;de artes
mágicas e non cumplideras de
leer.&gt;
Allí, en los subterráneos donde
el judío Samuel apihra el oro y
las ricas mercancías que.como la
seda, daban a la antigua Toleito·
la con la industria de la espade•
ría alto y merecido renombre,
dídese que el Marqués, sabio y
poeta, se dedicaba al tenebroso
arte de la nigromancia, y al no
menos satánico de la alquimia.
Aunque la leyenda continuaba
floreciendo con los jaramagos y
las margaritas, el tiempo derrum•
bó muros, tapió cuevas, y sólo
quedaron en pie algunas vivien•
das.
A una de ellas, cierto día del
año de 1584 o 1585, vino a instalar ~u morada un pintor, ya co,
nocido eó Toledo, que había
nacido, según se contaba, en la
isla de Candía, vasalla de la po•
derosa república de Venecia.
Llevaba residiendo varios años en la
&lt;Roma española&gt; y era, corno decimos,
famoso ya, uo sólo por sus cuadros
-alguno de los cu;.les, como el &lt;San
Mauricio&gt;, concitó el enojo de Felipe II,- sino por sos pleitos con el Ca•
bildo de la Catedral toledana, amén de
sus &lt;extravagancias&gt; pictóricas y per·
sonales.
El orgullo de¼ gran artista candiota
produjo asombro indescriptible, de lo

J
Vestíbulo de la casa del Greco en Toledo.
que da fe las siguientes palabras del
contemporáneo Jusepe Martfnez:
&lt;Entró en esta ciudad con grande
crédito, en tal manera, que dió a enten•
der no había cosa en el mundo má, su•
perior que sus obras; y de verdad hizo
algunas co_sas dignas de mucha estimación, que se puede poner en el número
de los famosos pintores; fué de extra,
vagante condición; como su pintura, oo
se sabe hiciese por concierto cosa algu·

_..,....._....,pr-

..

fachada de lll Cl\Sª de El Greco.

na de sus obras, porque decía que oo
hab~a precio para pagarlas. y así a sus
d ue~os se las daba por empeño, v sus
duenos, con mucho gusto, le daban lo
que les pedía&gt;.
&lt;Ganó muchos ducados, m~s los gas•
taba en demasiada ostentación de su
casa, hasta tener músicos asalariados
p~r.a cuando comía gozar de -toda deli·
c1a ...... &gt;
En tal vivienda dícese que Domeoiko
Theotocópuli pintó su famo•
so lienzo cEI entierro del
Conde de Orgaz&gt;,D. Gonzalo
Roiz de Toledo, fundador ae
la iglesia de Santo Tomé,
docde ~e halla tan encarecida
obra,
Por ella se abonó al artis·
ta la suma de 24 900 reales, y
fué pintada por eocarl(o del
cura párroco D. Andrés Nú·
ñez de Madrid, sacerdote qoe
aparece retratado en primer
término, con larga sobrepelliz
y un libro abierto, en la
mano.
En la misma casa, el dí.. 7
de Abril de 1614, falleció el
&lt;Greco&gt;,quesi bien tuvo ene•
migas- merced reservada a
los geniales-dejó infinidad
de amigos y algunos fervoro•
sos discipulos, entre ellos el
retratista Luis Tri~táo.

Las ruinas del Desierto vistas desde el campanario,

En el viejo convento
Cuatro kilómetros de ascensión por
una suave pendiente, en medio del bos·

que tupido (para noestras piernas eso
es bien poco), admirando las esplendí·
deces del suelo privilegiado de nuestro
valle, nos llevaron a un claro en medio
del cual se levantan las ruioas del con·
veoto que en otro tiempo fué retiro y
castigo de los frailes de Sao Fraocis·
co.
La placidez del sitio, la hermosa so•
!edad del bosque, el convencional si·
le9cio que forman los mil ruidos de la
selva, todo convida a la meditacién y al
aislamiento; si hubiera necesidad de
probar el dominio del alma hamaca
que tuvieron siempre los frailes basta•
ría la elección de este sitio para dejar

convencido a cualquiera; se necesita
tener el espíritu muerto o muy tardo
para no ~eotir la invitación al recogí•
miento y la contemplación.
Desde que se penetra por el amplio
portalón, a pesar de los desacatos de la
escuela fonstal a la ruina, se siente un
gran deseo de asistir a una aparición;
se des~a que alguno de los frailes que
en aquel recinto pasaron las horas agi·
tadas de su castigo nos venga a dar
cuenta de sus impresiones; nos lleve de
la mano p:ir claustros, capillas y subte•
rránecs relatando sos éxtasis, sus tenla•
ciooes, sus penitencias y su.;; descansos.
El fraile atribulado en el mundo por
las tentaciones del demonio y recluído
por orden superior en aquel tranquilo
retiro debe haber conservado en su bo·
ca el dulce sabor de la carne, rosada
apenas con los labios, ya st&gt;a del cuer•
po. ya del espíritu; las pasiones deben
haber sostenido una luch 1 tremenda

con la austeridad, e iofioidad de veces
se habrá repetido bajo aquellas bóvedas, eo los amplios jardines, 10 las huer•
tas y en los claustros la primorosa fao•
tasía de Flauvert con el santo ermita·
ño de la Tebaida,

¿Cuántas reinas de Saba ha bráo pa•
sado con su ·cortejo de onagros y de es,
claves frente a los ojos atónitos de los
enclaustrados? ¿Coáotas veces los here·
siarcas babráo mostrado a los flacos en
la fe las ardientes visiones de uoode
salieron sus escuelas y sos iglesias;
caáotas veces las bóvedas de los claus•
tros habrán resooado con los gritos del
despertar aogustiorn del fraile que ha
conversado durante horas non Apolooio?
Cada uno de los riocouesobscuros de
los claustros parecen sitios apropiados
para contener a un diablo acurrucado,
y los claros de luz que se destacan en•
cuadrados por las puertas o las venta·

�te sieoteo domioados por la sereDidad
del logar.
Eatooces, cuando se puede prescindir
de las tentaciones sufridas por los. queentraban al castigo, arrancados de la
vida del mundo, se empieza a vivir la
vida de los frailes que, como el visitan·
te, bao sentido ya los nervios apacigua·
dos por la solemaidad del recinto y ban
recordado las obligaciones de ses vo•
tos.
Y es cuando eslá bien bajar a los sub,
terráDeos, aquellos corredores cuyas
paredes se salpicaron coo la saDgre de
los peoitentes; aquellos riocooes en los
que parecen aoi:lar los suspiros arrancados de los pechos de los frailes coaD·

L1 huerta del Convento desde el cuar •
to de los secretos.-Paente sobre
el río en pleno bosque.
nas se nos antojan haber servido de
marco a los ritos del Piton como nos
los describe el antor de l:t Tentación.
De eDtre aquellas yerbas que forman
matorral se siente que la serpiente se
desenrosca y va pasando por sobre los
brazos de los creyentes, que colocan
suavemente sus labios sobre la piel del
animal que se enredó entre las espinas
de la corona de Cristo en la Cruz para
poder estar más alto que É l, según sus
adeptos. Parece oirse los cantos que
arrullan al Pitón, se recorre la leyenda
maravillosa de la serpiente, vencedora
en el Paraíso, veDCedora de Moisés,
v&lt;1ncedora en todas partes, y fascinados
por el cuadro luminoso sólo se sale de
ese sueño cuando el frío del claustro
hiela el sudor en la frente y los nervios

El claustro pequeño a la entra:la del
Cooveoto.-Uoo de los claustrcs
cerrados.-Estatua del patrón
del Convento.
do el azote los ha llevado basta el éx·
tasis del agotamieoto. Aquí se acaban
de domiDar los nervios, y cuando se
vuelve a la luz ~e ve cruzar por el pa·
tia la silueta del fraile que va con paso
ludo y mesurado al oficio de maitioes,
reconfortado, tranquilo y sereno sin temor a la tentación y listo para volver a
la vida del mundo y ohsi,rvar la ejem•
piar conducta de los escogidos de Dios
para su servicio.
En la iglesia del convento los frailes
están en el oficio; en la med ia noche ;
las doce campanadas cortan las oracio•
nes y todos se retiran, pero hay un
&lt;Fray Martío&gt; que ha sentido el paso
de la visión. No es cap1z de revolucio·

nar a la iglesia y no protesta, pero per·
mauece bajo la nave; ora, invoca, pri•
mero al Bien y luego al Mal, y cuando
se conveoce de que DO viene ni uno Di
otro, cae, al sonar las tres de la maña,
na, como el Beato Calazaos diciendo:
Nada, nadie, ay de mfl siento en la
(boc1
El amargo sabor de la agonía.
l
L1 visión cae, se devaoece y tenemos
que salir de allf peDsaudo que nuestro
deseo se ha realizado y que el espíritu
inmenso del convento nos ba llevado de
la mano a averiguar alguDosde sus mis•
terios.
GRILLO

�:.

Afinidades
-Ay, bella oifia, ¡qué caosado estoy!
-lHas camioado mucho, buen mu·
chacho?
-Taoto, que siento desfallecer.
-Se te conoce, en efecto. ¿No quie·
res agua de mi cantarito?
.--Ya que eres tan bondadosa, chi,
quilla, la acepto con todo gusto ..... .
Bendito sea Dios ...... ¡qué agua tan
frescal
,-Muy fresca.
-Oye, niña, ¿tú vives cerca de este
lugar?
·
-Eo aquella casita que apenas se
distingue, tan triste y tan pobre ....
-Y, ¿vienes aqui todas las tardes?
- Todas.
-'ro oo recuerdo haberte visto du•
rante el tiempo que teogo de traositar
estos lugares.
-Ni yo.
-Y .... ¿cómo te ll&amp;mas?
-Marieta, y .... ¿tú?
-Arnaldo.
-Ah, bonito oombre.
-No tanto como el tuyo.
-lCómo el mio? Pero, ¿qué tiene de
bonito el· mio? Ma .. ri .. e .. ta. ¡Pbs!
muy simple.
-Será para tí, pero a mi oído es tan
dulce como tu felicidad.
- l Cómo mi felicidad, has dicho?
-St ¿acaso no eres feliz?
-!Ob, qué facil es eog•ñarsel Podrá
ser feliz quieu jamás sintió los delicados besos de una madre? .... ¿Podrá ser
feliz quien vive de la caridad de algu,
nas gentes; en este triste retiro, donde
no llegan esos goces de que disfruta la
juveotud veoturosa? .... ¿ Podrá ser fe,
liz quien ha soñado con tiernas cari·
cias y a quien nunca se le ha dado, ni
de limosna, un poco de cariño?
-..Efectivamente, Marieta, que quien
tiene tales sufrimieotos no puede ser
feliz.
-Tú si lo serás, Arnaldo, casi lo adi•
vino.
-También tú te ~qnivoc¡¡s. La fe)i,
cidad me abandonó muy temprano.
Despu~~ que _mi padre murió. sieodo yo
pequentto, m1 madre y yo nos fuimos a
u_n pueblecillo donde vivían uno~ pa•
rientes suyos. Allí crecí y fuí feliz. Era
t~n buena mi madre, Marieta; me que•
na tanto .. .. Pero un dia elh enfermó·
arrojaba sangre por la boca y se exte:
nuaba "' toda prisa; yo me espantaba
más que me entristecía, y de un mo..
menlo a otro la dejé de ver. Todos mis
parientes vestían de negro y me decían
que no llorara, que mi madre había sa•
lido de aquel lugar, pero que no tardaría en volver, y me regalaban dulces y
muñecos. Veiote años han pasado y mi
madre no ha vuelto. 100 ha vuelto! Ma•
riela. ni volverá jamás.
-Po~recito Arnaldo; no llores, seca
tu~ lágrimas; mira que padecemos ..1
mismo dolor; seremos dos buenos ami.
guitos: tú vendrás aquí todas las tardes
a platicar y estos huérfanos endulzarán
sus amarguras con palabras de consue•
1~ y pensando que un día irán a reu•
01rse con sos padres para siempre.

Una ventana en el Convento dl'l D!sierto.
- -Sí, Marieta, eres muy buena y tus
palabras alivian mi espíritu enfermo,
yo vendré aquí cuantas veces quieras,
y te qnerré tanto, tanto, como quise a
mi madre en aquellos lejanos días de
mi niñez.
-No sé por qué, y siendo la primera
vez que ces tratamos, he sentido por tí
uo cariño muy grande, un cariño .... no
sé cómo explicarlo, así. . . . como yo lo
había presentido alguna vez.
-De igual manera he sentido que~
1 erte. 1Será que el dolor acerca más los
corazones que la felicidad?
-Tal debe ser.
,.--¿Asi se querrían nuestros padres,
Marieta?
- A5Í deben haberse querido, Arna!•
do.
-Pues entonces, querrámonos como
ellos y bendigamos estos dulces momeo,
tos en que ha sonado para nosotros la
hora del amor.
-!Bendito sea el amor!
-D~me tu maco. Marieta,y deja que
la opnma may fuerte contra mi pecho.

Teatrales

Deja ·que en tu frente blanca te imprima un Leso; beso puro, suave, ardieute,
como aquellos que mi madre me daba.
-Sí, Arnaldo. besa mi frente donde
guardaré por siempre la memoria de
este día.
- l Vendrás todas las tardes a este
mismo lugar?
-No faltaré ninguna. Despidámonos
por hoy, que ya el sol se ha puesto, y
teogo que retornar a aquella c·&lt;.Sita que
se ve allá, tan pobre y tan triste, pero
que boy la llenaré de alegría.la llenaré
de felicidad.
-Adiós, lvfarieta.
-Adiós ....
-No olvides que Arualdo te ama ce
todo corazón.
R AFAEL R OORIGUEZ Y ARANDA.

Orizaba, Veracruz.
Dos escenas de &lt;Cbop!p,&gt; vaudeville de presentación de
la compañía del &lt;Colón.&gt;

. cMat~imonio Interino&gt;, . el inimitable arreglo del in·
signe Vital Aza, ha sostenido el cartel del Mexicano ca·
si toda la semana.
El sábado fué también el famoso &lt;Hueso del Gorila&gt;,
excelente adaptación dramática del compañero don
Luis de Larroder.
La obra inspirada en un cuento inglés de corte Ed•
gay Poe, es de intenso vigor dramático y llegó al pú·
bhco que aplaudió a Larroder coo teda justicia.
Como presumíamos el hueso se le atragaotó a don
Joaquín,que nos recordó, por el gesto y ademán, a un
bu~o en el fondo del abismo, tratando de esquivar cual·
quier pavoroso encnentro.
En cambio Prudencia tuvo acentos conmovedores
con que expresar su terrible angustia de madre ado·
lorida por la trituración implacable del hijo. Recomen·
damos a la Ciudad de Londres el figurín inglés &lt;que
saca&gt; Parra en la citada obra.
1Peluca y patillas adorables!
En Londres (West-End) no se dan iguales ni si•
quiera parecidis.

�El bien perdido

Fotografía artistica

Cuento oriental.
El errante iluso, de hirsuta ca bellera,
de cuerpo desmedrado, como una som.
bra, comprimidos los labios, como los
anhelos de su corazón, brillantes las
pupilas, como insectos de luz en pos de
amores, buscaba la piedra de toque que
todo trocara eo oro.
Ante él rumoraba el inmenso océano.
Las leoguadas olas hablaban de teso·
ros ocultos, burlándose de la ignoran·
cia que oo las iolerpretaba.
Había espirado en su mente la obse·
sióo de la esperanza, pero el iluso no
descaos1ba porque su vida se resumía
en su afán ......
¡Como el oleaje que asalta al cielo
sin alcanzar el arcano ...... 1
iComo los astros en sus órbitas sin
arribar a una meta ..... . !

De esta suerte, en la desierta playa,
el iluso vagaba buscando la piedra de
toque deseada.
Un día uo pescador se le acercó in·
qui riendo:
-Dime, ¿cómo hubiste esa cadena
de oro que te ciñe?
Maravillóse el iluso: la cadena forja•
da en hierro se babia trccado en oro.. .
oo era alucinación; pero el cambio se
había efectuado sin darse él cuenta.

Verdad es que eo el reparto figura como con deseo•
oocido, 40 años&gt;.
Y claro es, resultó &lt;desconocido e iocognosible.
oo o
En cuanto a cMatrimooio Interino&gt; séaoos lícito señ ,lar algunas de sus bellezas de interpretación.
Prudencia hecha una monada de gracia e ingenuidad.
Con el cye~sey&gt; y la corta faldilla de alpinista, estaba
seocillameote &lt;comestible&gt;.
Con decir que eo punto a plasticidad eclipsaba a
la Navarro!
Porque a la verdad, uno de los iofilos misterios que
oo ha logrado descifrar el cronista es el de acabar de
entender cómo co 1 esos corsés de ahora (vá'llos, tao
eXlgeradillos), pueda la señora Navarro escalar cum•
bres alpinas y coquetear con Pitolet, verdadera ave
fría, iodigao de tales encantos aprisionados deliciosamente b,jo aquel sujestivo y ventilado traje.
Pero al fin como eo el teatro ctutto e cooveocionale&gt;
se explica.
Muy bien Paoard-Mutio en su erole&gt; graciosfsimo, que
supo bordar con naturalidad y justeza.
¡Lástima de actor!
Con buena dirección, eo ambiente propicio Mutio
podrla hacer mucho, pero mucho bueno.

Se golpeó la. frente desolado. l Cuán·
do, cuándo había sido, sio saberlo, due·
ño de su ideal 1
Su macia era recoger guijarros y so·
narlos contra la cadena, desechándolos
si oo obtenía una áurea vibración.
Y así había poseído y desdeñado la
piedra de toque ..... .
El sol naufragaba al occidente, el
cielo era de oro.

El cuarteto de bobemios de la Flohemia, por la
compañía de opera del Arbeu.-Mimí,
Srta. Pizoroi (debutante) y
Rodolfo, Arbeu.

•

El iluso volvió sobre sus pasos, bus,
cando nuevamente su tesoro; sus eoer ·
gías vitales le abandonaban, su cuerpo
Sd curvaba y su corazón meogüaba su
ritmo ..... .

F ERN ANDO DURAN.
Tipo tapat!o por J. M, Lup. de Guadálajara,

DON NADIE.

�MIMI
PARA ELLA.
Reclina ayui en mis hombres tu rubia cabecita,
¡Ohl virgen de mis sueños, ¡Oh! blanca priocesita
Que llegas a mi lado brindándome tu amor,
Y entre palabras tiernas y entre sospiros leves ....
Me dices que me quieres, que me amas, mucho, mucho,
Y así pasan las horas en que tranquilo escucho
Tu tierna vocecita que imita a un querubín.
Yo tejeré en tus rizos la red de mis amores,
(Oh! blanca priocesita, iohl flor entre las flores,
¡Ohl virgen soñadora, ¡ohl pálida Mimí.
Descansa, no te apene, que estemos largo rato,
Uniendo nuestras almas en no scñado amor;
Si sufres, te coosoelo, si me amas, te idolatro;
Y entre suspiro y llanto amémooos lo! dos.
Amémooos, me dijo: y eotooc,s en ,u ro.tro,
El velo de la muerte de palidez cubrió,
Y así sobre mi~ hombros, la blanca priocesita,
Me dijo suspirando: &lt;te quiero mucho, mucho,&gt;
M ieotras la blanca luna su rostro il\r:nioó.
N GUILLERMO MELLADO.

VOZ

NOTA DE SPORT

N anea m,is"coo mis besos e) marfil de ta cuello,
Divinamente hermoso, temblando cubriré,
Ni la casc«da de ébano de tu suave cabello,
Ni alumbrando mis noches con su casto desttllo
Tus soñadores ojos junto a mí miraré.
Oh! Ilusión, te has marchado... Como dulce romanza
Que se muere a lo lejos, entre no suave capúz,
Te has perdido ea la sombra de mi última esperanza,
Y la noche del alma coa so clámide avanza
Y no brillan los astros como perlss de Ormuz.
Solo y triste ... y la senda fatigosa se alarga.,,,
Dónde están tus palabras de coosutlo, Ilusión ?
Oh! qué vida tao triste y qué hiel tao amarga,
Cual se iaclia¡¡ el espíritu con la mísera carga
De pesares que lleva sobre si el corazón.
Nunca más... es la frase que a distinguirse alcanza,
-Negadora terrible-Nunca más te veré ....
Con la Ilusión se aleja mi postrera e~perauza
No me darán tus ojos su luz de bienandanza.
Ni tu~ man1Js de lirio con pasióo besaré
JESUS ROMERO FLORES.
M ichoacáo, 1914.

o o o

o o o

En

Ni en la senda torcida que sl!rpea en la llanura,
Junto al recodo de árboles que forman espesura
Te hablará en su lenguaje de amor mi corazón.

baja

P .. r .. &lt;Arte y Letras.&gt;

No me digas que no, que no me quieres,
Que no has de ser la vida de mi vida,
Q11e no has de consolarme en mis tristezas
Ni habrás de acariciarme en mis fatigas.
l Cómo voy a querer que 110 me quieras ?
l Cómo voy a querer que no me digas:

Tuyos son mis sospiros, m;s ensueños,
Mis lab~os y la luz,de mis pupilas ?
Será mi amor para tu alma on beso,
Una cinta de luz que tú bendigas;
Una estrofa sonora, si me amas
Una celajería, si me miras.
No me digas que no; que para nada
Piensas en mí cuando el siosoote trina,
Cuando las flores abren sns corolas,
La fuente ríe, y la luna brilla.
Y si allá, en el fondo de to pecho,
En lo más escondido y egoista,
No guardas para mí ni una esperanza,
Ni una nota de amor para mi lira;
Si no has de amarme como yo te amo,
Si no has de ser la vida de mi vida,
Entonces, !Av! olvídame, sí, olvídame ....
Pero, niña, ¡por Dios! no me lo digas.
ROSENDO SALAZAR,

o o o

Nun0a más • • •
Para &lt;Arte y Letras&gt;
&lt;Never more.&gt;
Pee.
Nunca más en las tardes que el celaje empurpura
Gozarán mis anhelos tu celeste visión,

Crepúsculo
P ..ra &lt;Arte y Letras&gt;

A Marcos Jiméaez.
1A pesar de los años soy el mismo ?
El mismo p1ra ti virgen querida,
Para nada he cambiado ante el abismo
Que separó tu vida de mi vida.
Y después de la ausencia, larga, austera,
De ooevo vuelvo al pueblo ea donde habla
Para mi alma una fe de primavera
Y una sed insaciable de alegría.

Todo está igual. Ufano el caserío
Se mira entre el verdor de las praderas
Y a mi cerebro taciturno y frío
Siento acudir un mundo de quimeras.
Todo está igual. La fuente y las verdosas
Murmuradoras frondas de las palmas,
Está igual todo el mundo de las cosas
[ólo h1 cambiado el mundo ea nuestras almas.
Todo está igual como ea mejores años
Cuando era yo un galán y tú una mllza,
Pero ya ves, los beodos desengaños
Hao hecho de nosotros otra cosa.
¿Dónde está tu hermosura amada buena ?
¿ Dónde está tu esbeltez de palma enhiesta?
El tiempo me lo dice coa !(rao pena:
¡Tantos años de '\Useocial Es su respuesta.
Todo está igual : Las frondas y el ambiente,
La iglesi:i del lugar y el caserío;
En nuestras almas sólo se presiente
La mano despiadada del hastío .
Y anta la augu~ta realida d sombrí.. ,
Eomedio de un crepúsculo rojizo,
Se apodera de mí la nostalgia
De una ilusión que abandonarme quiso,

BENJ AMIN ORTIZ.

•
Escenas del torneo inaugural de teonis en los terrenos de la &lt;Cima,&gt; Mil\coac.

�Bocetos
Cristina Garza Leal.
A su belleza poco vulgar, aduna un
temperamento artístico potente y ya
bastante definido, para que se la pueda
incluir en el número de los virtuosos, a

Jismo cristalizado en esos &lt;Nocturnos&gt;
melancólicos que arroban el espíritu.
Y alcanza todavía su genio a los mú·
sicos modernos; a esos complicados espíritus productores de bellas sutilezas,
que se llaman Borodino, Strauss (de
quien Cristina, toca admirablemente el
&lt;Danubio Azul&gt;) y Claodio A. Debossy,
amén de nuestros exquisitos compatrio•
tas Ricardo Castro,Elorduy, Villaoueva,
Manuel M. Ponce y su joven maestro
Carlos del Castillo, que en el último
concierto de Invierno, el 4 de Febr,iro
de este año, la preseotó al público ca•
pitolino, en la Casa Alemac;a de Mú•
sica,
Su presentación en unión de Teresa
Rodríguez, tuvo todos los honores del
triunfo expontáoeo, cuando en unión

del Profesor del Castillo, ejecutaron en
Concierto en Re menor para tres pía•
nos y cuartelo de arco, de J S. Bact,;
cuarteto, sabia y delicadamente dirigido
por Julián Carrrillo.
Y ¿qué más pudiera agregarse de la
señorita Garza Leal en esta crónica
efímera, escrita al calor de los recuer•
dos de veladas llenas de poesía ?
Sólo puedo repetir que en Cristioa
existe el hondo sentimiento del estudio
al Arte que cultiva y que le ha llevado
a ocupar un sitio ya envidiable entre
nuestro medio de privilegiados; entre
esos que de un momento a otro, veremos escalar la Glcria ya convertidos en
una hal; gUeñ'l. realidad.
JULIO A MU~IZ.

Yo siento al estribir. ... e

A veces, ~l no canta lo que lloro;

1
)

Yo siento al escribir, amada mía
Algo exterior qnd ~e introduce y canta
En mi espíritu joven .... La harmonía,
Como un himno eo mi pecho se levanta...
Todo lo que a mi espíritu rodea
-!Hasta el alma dormida de las co~aslSe penetra en mi ser, forma la idea
Y la convierte en explosión de rosas ....
Mis versos y mis cautos son dolores
De este mundo exterior. El los inspira
Y ellos van reflejando sus colores
Al brotar del cordaje de mi lira.
Es un espejo de cristal sonoro
Este reino interior del pensamiento:
(r) c~mo nna nota a P.sh composición tomo este
pensar de un uotabl~ estudio de A?1ado. Ne~vo,
referente a &lt;Lo iucouc1eute de la creación literaria:&gt;
&lt;Grao número de altos poetas -dice Amado Nervo-hao
confesado el caracter impersonal de su inspirac ión.
Alfredo de Musset dice: cOo ne travaille pas, on écou,
te c'est comme un icouou qui vous parle a l'oreille."
Y Lamartiue, &lt;Ce n'est pas moi qui peuse, ce soot mes
idées qui p,iosent pour moi &gt;
Y nuestro exquisito Gutiérrez Nájera, expresó con
delicado acierto:
Yo no escribo mi~ versos; c;o los creo;
Viven dentro de mí; vienen de fuera;
A ese, travieso, lo formó un deseo;
A aquel lleno de luz, la Primaveral&gt;
N. del A.

A veces él no dice lo que siento ....

....................... .................. .
Quisiera, dulce amada, tus garzules
Trenzas acariciar, por si mi lira
Al sentir su contacto, al fin suspira
Lo que suspira mi pasión. ¿O azotes
Cautos lejanos otro ser me inspira?
JULIO A. MU~IZ,
9 de Mayo de 1914.
o o o

De

Coa un libro de versos en la mano
Y muchas esperanzas en la mente,
Me arrullo con las voces del torrente
Viendo morir el sol en lo lejano.
Y entonces tu recuerdo es un temprana
Lirio sin maocba que amorosamente
Refresca los ardores de mi frente
Como la lluvia al suelo, en el verano.
Es honda la tristeza del paisaje,
Visten los campos su otoñal ropaje
De bojas de oro que solloz~o penas ....
Las luces de la tarde al fin expiran,
Y me miran los astros, como miran
Los ojos puros de las almas boeuas.
SALVADOR ESCUDERO.
Guadalajara.

quienes el triunfo ya ha sonreído, y el
estruendo del aplauso ha premiado sus
desvelos junto al sonoro piano &lt;que cbvoró la preciada existencia del polaco
melancólico&gt;.
Cristina GarZ3 Leal en pleno triunfo
de su juventud ha vislumbrado la Glo•
ria del Arte a la que con paso firme
llegará, no muy lejos, porque para pe ·
netrar a ese recinto privilegiado, bien
le sobran cualidades, por cierto, acree•
doras a la alabanza más sincera.
Quien a diario tenga oportunidad de
tratarla en su pequeño y coqueto estudio de Santa María de la Rivera, podrá
convencerse de que esta nueva ungida
del Arte, le ha consagrado el tesoro de
su existencia, para arrancarle, en cambio, uno que otro laurel para exboroar
sus sienes ...... Y en ese estudio pláci·
do y riente la he visto en los divioc,s
crepúsculos de invierno soñar eliotenso
sueño de la Belleza, en una de sus más
puras maoifestacioues: la música, que
suele-según el poeta-expresar todas
las emociones del espíritu humano.
Alli la he visto tran~figurada, departir con el genio que sus manos maravi·
llosas, evocan del marfil del piano; Bach
es su predilecto; Liszt, le encanta por
su túoica admirable; el divino Beetbo,
veo por la grandeza de sus concepcio,
aes y Chopin por su hondo seu~imenta,

NUPCIAL.- Srita. Ampllro Avilés y Sr. don Alfcosc Moralrs G.-Fot Melhado.

tarde

Interior de sacristfa.-Fotograffa de arte por José C. Tovar,

�Páginas Femeninas
,

La nueva silueta
femenina

~

-.
~~~¡;,~~
e.r--.J~U~~uli

El señor director del Couservatorio_Nacion~l de Música, el subdirector y demás personas que tomaron parte
en la velada que el plantel mas1cal dedicó a los alamuos de la Escaela Naval y del Colegio Militar.

ALEGRIA
Marta, mi buena amiga:
Me be propuesto contarle a asted
cuar.to de culmioaute ocurra en mi alma desamparada y triste, porque ¡mire!
no tengo a nadie que escuche mis in·
contables penas ni mis eflmeros goces;
porque en este mundo despiadado y
crael, necesitamos los hombres, para
poder sobrellevar nuestros dolores, de
la ayada de uoa mujer compasiva y
buena que nos oiga llorar y con no:o,
tros llore, que nos vea reír y con noso•
tros ría. Sé que usted es tierna y bon•
dadosa, y por eso, yo, atrevidamente,
sin coosultarle, la he elegido para mi
confidente ...... lQuiere usted serlo?
¿quiere usted ser la que siu burlarse
de mis amarguras, me escuche ::ompa•
sivameute, cariñosamente, como uua
madre eqcucha a su hijo? ..... . ¿Quiere
usted, Marta, ser mi madre-la perdí
hace ya tau tos años que apenas me acner·
do a qué sabe ese divino afectol-quie•
re usted, repito, hacer las veces de
quien me arrulló eu su seno, d11 quien,
ocultando sus lágrimas me mostraba sus
risas para spliviantar la pesadumbre de
mi sufrir, de quien con sus caricias y
maternales sonrisas aumentaba mi coc;tento? .... ¿Que es usted muy joven? ¡y
qué importa si tiene corazón!. ... ¿Quiere ser mi madre? .... ¿Sí? ...... ¡Tengo
tanta hambre de afecto 1•••• Pues bien,

!madre mía! lo que ahora tengo que
contarte eR algo muy alegre, algo tan
alegre que me parece que se escapa de
mi ser en forma de luz y que romo los
santos tengo un resplandor sobre mi ca·
beza,
Mira, madre, fuí a la casa de unos
amigos míos y los dejé sorprendidos por
mi locuacidad: hablaba sin parar, ale·
gremente, hablaba de todo, de política,
de arte, de filosofía, de historia, de adi,
vinación, de nnmismática, de espantos,
de equitación, de poesía y ¡uf! de quién
sabe cuántas cosas más; lo que sí sé de
fijo es que mi alegría era grande, impetuosa, desbordante, y que, además de
hacerme hablar como un condenado,
me obligaba a dar palmaditas en las
espaldas de mis amigos y augurarles
buena suerte a todos:
Tú, Ricardo, serás un maguffico cirujano ...... ¡qué uó ui qué nól si lo es·
toy viendo en tus manos que son ágiies
y sabias ...... Tft, Juan Manuel, un geuerala zo colmado de victorias y de gloria ...... Tú, Rafael. serás gerente de
una poderosa com¡:¡añía ....•. Tú, Arta·
ro, encontrarás pronto acomodo con
magnífico sueldo. . . . . Tú, Guillermo,
serás poeta de fama mundial ytú, Luis,
hombre de fortuna .. . . Y como un dios
bueno derramé ventura a diestro y siniestro; hubiera deseado que mis palabras en oro se trasmutasen para hacer
uo reparto equitativo y ver realmente
dichosos a mis amigos, pero ¡como e~o

es_ uo impo~ible! no lo deseé. Sentía que
m1 rostro estaba empurpurado y que
un calor grato y fuerte acariciaba todo
mi cuerpo y que los latidos de mi cora•
zón eran fceocueutes y que un deseo
enorme de cantar me asediaba. Mi ale•
gría necesitaba muchos derivativos y
parte de ella se escapó por una de mis
piernas que se movía couvulsivamente
sobre la otra que inmóvil y sufrida no
protestaba. Mis amigos, alarmados por
esa alegría casi patológica, preguutáron•
me la causa de ella, y yo, entrecerrando los ojos y moviendo uegaíivamente
el índice les dí a entender que nadie
lo sabría; pero ellos ante mi negativa se
crecieron y me agobiaron de p_reguutas:
¿Te has sacado la lotetia? ¿ Has heredado? l Has resuelto algún abstruso problema filosófico? ¿Te han nombrado
Director de la Universidad Nacional?
¿Vas a dar la vuelta. al mundo? ¿Qué
te pasa, hombre, dí ? ...... Y yo sonriente y burlón, nada decía. ¿Para qué decirles que estaba alEgre porque La ví
en la tarde, y que Le hablé y que Ella
al saludarme me miró y estrechó mi
mano ?
Al cerrar la puerta del &lt;hall&gt; oí que
alguien dijo humorísticamente: Fernan,
do lo que t iene es que está chiflado!.. ~
Y uua granizada de sonoras risas envol•
vió la satírica explicación. Ya en la calle escuché aún, clara, distinta, fresca
y contagiosa la solitaria carcajada de
Rafael, el Gerente. Su rendido amigo.
Fernando-MIGUEL A. CEVALLOS.

La última &lt;línea&gt; es algo pasmosa,
pero también es excesivamente atractiv
va,
€sto es particularmente cierto de los
trajes para calle, que están compuestos
de una falda muy corta y ajustada, una
túnica larga y suelta, y un bolero sin
forma.
Esta descripción parece excéntrica,
pero en realidad, estos trajes tie11en un
eucauto sutil, son esencialmente c:chic &gt;
Las parisienses han cedido al encau•
to de la túnica ultra- larga, que da la
impresión de una falda sumamente corta ; es!¡. curiosa túnica se lleva sobre
una falda que semeja uu refajo, de tal
modo estrecha y sujeta al cuerpo que
podría confundirse con un ... . pauta·
Ión.

Y para que este estilo de traje sea
aúu más peculiar, la parte superior del
cuerpo está cubierto por uu bolero suelto, sin forma, o por una pelerina larga,
circular.
En todos los restaurantes elegantes y
de moda y en las exhibiciones se ve es·
te traje llevado por mujeres jóvenes y
bonitas, y en todas tiene un 1::ncanto es•
pecial.
Es 10oecesario decir q ne esta clase
de traje sólo puede llevarlo con éxito
la mujer esbelta y joven.
De ordinario la idea de capa está
asociada con la matrona; pero ay de la
mujer de edad incierta que se atreve a
llevar las pelerioas y túuicasque actnal•
mente hacen furor en París.
Entre los numerosos trajes c,~hic&gt;
que se veían en las carreras, había nno
lindísimo; la falda, sumamente estrecha,
fS d-:i taffeta negro con tornasol azul
turquesa, así como la túnica, sumamen·
te plegada, y el ~:quillo, muy corto eu
el delantero y cortado en pico a la es·
palda, es de seda li5tada en negro y
azul, sobre la falda y bajando a la ca•
dera, hay una banda de !afeita negro
c11vos extremos llegan al borde de la
túnica.
El saco se abre sobre uu corpiño de
crespón ecrn, y el mismo crespón for·
ma cuello médicis sólo a la espalda.
La atención se fijó en este traje, por•
que el modelo original faé creado es•
pecialmeute para Gabrielle Robinne,
de la Comédie Francaise, pero la tela
era tafetta rosa con tornasol verde y
plata y el saquillo era de seda listada
de -verde y rosa, bordeadas de plata.
Tanto la actriz como la dama que
llevaba el traje descrito, se ceñian la
garganta con una cintillla de terciopelo

Originales dibujos y composiciones eu telas para muebles.
negro, una moda que es muy graciosa y hermosas, de un solo color o de va
rios.
favorece mucho a todas.
Mochas de las blusas nuevas y corpi•
ños de seda traen esta banda junto con
el escote en V.
Las bandas se emplean par'. confinar
SORBETE DE LIMON
los plisados y ruches de encaje u muselina.
Iogredientes: Un litro de leche, meEl tafetán liso y escocés también tiedio kilo de azúcar, tres limones muy
ne mucha aceptación.
Uu modelo muy elegante tiene la fal• grandes, tres huevos. Se pone la leche
da ajustada y el corpiño hecbo de taf• con el azúcar y la ralla de dos limones,
feta liso, verde Irlanda, con vivos en al btño maría; cuando está a punto de
hervir, se retira del fuego, y se deja
las costuras de color morado.
enfriar completamente; se cuela v se
El capote o esclavina, más corto en
el delantero que a la espalda, pues cae pone dentro de la nevera; uua vez que
más abajo de la rodilla, es de taffeta el hielo machacado y la sal están pues·
tos en el depósito, se hace girar la neescocés a grandes cuadros verdes y mo- vera quince minutos; se abre, y se vierrados con listas negras; el capucho es
ten dentro las claras batidas y el jugo
de satín negro y uua ancha franja del
de los limones; se cubre nuevamente y
satín adorna la capa en todo su derre•
se sigue moviendo basta cuajar perdor; tiene aberturas en los costados pa•
fectamente .
ra pasar los brazos, y se sujeta con uo
alamar de cordón de seda verde.
DELIA.
Otros modelos de capas no tienen
aberturas para las manga l y se lleva u
echadas hacia atrás, sajelas por cordones de seda, rematados por borlas muy

�1t

J&gt;recbso traje. propio para paseo matinal, mcdelo de la sedería &lt;El Paje :t
P ara pasear pOr el bosqoe, modelo $'narisiéo, propiedad de la sedería &lt;El Paje.&gt;

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�</text>
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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784873&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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      <name>Dublin Core</name>
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              <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 16, Junio 6</text>
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              <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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