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                  <text>Registrado como articnlo do 2' clase, el 26 d" Febrero rte 1914

Segunda Epo&amp;a.

Sábado 20 de Junio de 1914.

Tomo 1.-Núm. 18.

\

' COLOMA, BELLEZA DE LEON.-Fot. Ojeda Leroy.
SRITA. SANTA

�nuestro precioso valle se veían ble para el engrandecimiento cocon todos sus. d.e.talles a través lectivo.
El sueño de la Patria grande
de aquella atmósfera en la que
no se advertía un solo vapor de nacida de sus hijos buenos, que
tanto ha obsecado mis ojos en
Se publica todos los sáb;,.dos por la ai;ua; el aire estaba limpio y
estos
últímos días, reraació ante
transparente y las montañas no
Cía. rerlodíst!Ga Mexi&lt;;ana, S. A.
los
campos
verdes y relucientes,
tenían ese tinte azuloso que tanDIRECTOR:
to gust.. a los pintores de am- ante los brotes enér¡!icos de los
árboles jóvenes, ante aquellas
J. M. COE LLAR.
biente.
flores
que tienen ahora más de
El suelo, a pesar de su pobre•
GERENTE:
za de agua mostraba una exu- perfume que de color.
MIGUEL LANGARICA.
Y el Verano ardoroso de las
berancia propia de los buenos
OFICINAS:
pasiones
en que se halla nuestro
3' Rinconada de San Diego 41.
,, años; por todas partes la yerba
Teléfonos:
invadía lo qu~:en el Invierno fué país me pareció la promesa de
Mex. 20-85Neri.-Eric. 14-51.
claros y el pasto verde, de un un Otoño opíparo en frutos, un
Apartado postal 45 bis.
verde oscuro, casi no dejaba ver Otoño en que la mies dorada se
MEXICO, D. F.
un palmo de tierra libre. El sol cortará con el mismo acero con
hacía bri"Jlar aquella verdura con que se ha combatido en los camPRECIOS
un brillo que no lastimaba a los pos de batidla; en el que los homEjemplares sueltos . . . . .. . • . . . . 20 cs.
ojos,
y al sentir las gotas de su- bres, descalzos de los coturnos
Subscripción, trimestre ... •... 2.50
dor resbalar por las espaldas re- de guerra, pisarán en los lagares
Extraoj~ro, trimestre... .• ..... 5.00
con excepción de Estados Unidos y Cn· cordé la escena de Barba-Azul la uva negra y harán escurrir el
ba, en donde regirá el mismo precio en que la esposa pregunta: &lt;Ana,
vino rojo que, como sangre nueque para la República,
hermana mía, no ves nada?&gt; y va v rica teñirá los campos de
NO GIRAMOS
la hermana contestaba: &lt;Sí veo un ~ojo alegre y risueño para
TODO PEDIDO DEBERA VENIR el sol que a rde y la yerba que borrar las manchas rojas que
gembraron la muerte en la estaCON SU IMPORTE.
verdeguea&gt;.
No se devuelven originales.
ción calurosa.
A eso se reducía todo el paisa•
Así cuando llegue el invierno:
je ante mis ojo~: sol ardiendo cuando haya que escribir la hisarriba y yerba verdegueando toria de nuestro suelo como de
abajo, y entre el sol y la yerba un país que fué, se hablará de
las montañas amarillentas en las un pueblo que ha pasado por el
cimas y verdes abajo.
siclo evolutivo que impone la naiCómo sentí envidia ante la turaleza a todos los seres animamanifestación de tanta esplendi- ies y animados.
dez! cómo me dolió el pensar que
Se hablará de un origen emPara los que v1v1mos en el en muchas partes de nuestro Mé- brionario, de una Primavera incampo, por gusto y por cariño a xico los c~mpos no muestran ni fantil y florida, de un Verano caél, los últimos días del mes de quizás mostrarán por rnucho tiem- luroso, vehemente y apasionado;
Junio tienen un encanto espe- po esa yerba verdegueante bajo de un Otoño rico en frutos y de
la caricia del sol ardiente.
un Invierno apacible y tranquilo
cial.
Y este año parece que el Vera•
Pero el entusiasmo del trabajo en que nuestra patria irá a la
no se prepara hermoso como no fecundador de la tierra; l;is co- tumba con la concienciadel deber
lo habíamos visto hace mucho rrientes de sabia que me figura- cumplido.
ti~mpo.
¿Será verdad esto? ¿Estará
ba corriendo bajo mis pies; la
Siguiendo el proverbio que di- enorme riqueza de la madre uni- cerca el término de la estación de
ce que:
versal ofreciéndose 1 ma vez más los acaloramientos estivales? Sia la justa envidia de sus hijos, go esperándolo así. Todavía soy
Las aguas por San Juan
me infundió nuevo valor y nue- optimista; todavía creo en la bonQuitan el v100 y oo dan el pao,
vos alientos; el aspecto de aque- dad de los hombres come reprellas flores que han cambiado mu- sentantes de la raza más alta en
•
después de los torrenciales agua- cho del color que tuvieron en la escala de la animalidad.
ceros de los días pasados con pe- Abril por el delicioso perfume de
J. l\J. c.
d rizca y todo, han sucedido días Junio. la oblación que la tierra
calurosos, resecos, en los que la parecía ofrecer al cielo me llelengua se pega al paladar y el naron nuevamente de confianza
en la bondad de los hombres que,
agua adquiere todo su valor.
Ayer, el primero de los dfas aunque separados del justo ca&lt;más largos&gt; del año, salí a ver mino por un extravío, han de
cómo entraba el Estío; eran las ,,aber volver a la única vía del
tres de la tarde y el sol parecía poder y del en¡!randecimiento
de fuego; los cerros que rodean individual, elemento indispensaINDICADOR

'' Arte y Letras "

"El sol que arde y la
yerba que verdeguea"

ARTE FOTuGRAFICO.-Dos crepúsculos eo las cercanías ele Saltillo, véase a la vuelta.

�CrepusGular

Tu recuerdo inefable me perfuma
Y mi espfritn llena de embeleso.

Es el instante, rabia soñadora,
Se oculta el sol tras de la parda cresta De olvidar el dtlor que nos ..brama
Y en su lecho de blanca! muselinas
Y fundir nuestras almas en nn beto.
Que simulan las pálidas neblinas,
La tarde blandamente se recuesta.
Vierte la lana so fulgor de plata
Ra~gando de las nubes el encaje.
Exhala sos aromas la floresta;
El ruiseñor oculto en el boscaje,
El arroyuelo de aguas cristalinas
Las perlas de su cántico desata.
Finge refr. Canciones argentinas
Desgranan los zenzootles en orquesta
En el lago trangniln se retrata
De les sauces llorones el follaje •
En la dulce quietad embriagadora,

Y ante la perspectiva del paisaje,
En éxtasis el alma se dilata,
Tiembla mi corazón enamorado
Cuando miro en tu rostro albi,rosaio
Brillar tus ojos como dos puñales.
¿Hay en ellos amor, indiferencia
O desdéu ? No )o sé; pias mi existencia
Alumbran con sus luces aurorales,
PEDRO PON CE DE LEON.

o oo

MARA VILLAS DEL ARTE CHINO.-La &lt;Puerta del Dragón.&gt; Uno de los gigantescos guardianes
tallados en la roca.
Dos estudios de nubes en el crepúsculo de la misma procedencia de las anteriores.

�UNA MARAVILLA DEL ARTE CHINO
=::::::::::::::=================:::::::::::::::~
Las esculturas de Loung-Men
Ea el preciso corazón del país miste•
rioso del oriente, a las arillas del río
Yi se leYaota, o mejor dicho: ~e ahueca
entre las rocas una ciudad muerta q1Je
debe haber existido hace naos doce si·
glos; era esta una ciudad sagrada dedi·
cada enteramente al culto de los dioses
budistas que en otro tiempo tenían una
ic.fiaidad de templos. Esta ciudad per·
mioeció ignorada aun para los mismos
chinos durante muchos siglos, y apenas
Ri se hace mención de ella eu algunos
libros de misioneros de la edad media
Hubiera seguido ignorada a no ser por·
q u, la casualidad _llevó a ella a los in·
geuieros eu copeos que se ocupan de los
trazos y construcción de la línea de fe·
rrocarril que ha de unir la troncal de
P~kiu- Haukeu con la ciudad de Ho•
uau- Fu. :Así es que la invasión de lo~
civilizadores europeos es Jo que ha be•
cho que se conozca esta preciosidad
del arte oriental que, seguramente, uo
tiene igual eu su estilo eu todo el muo•
d'&gt;.
El sitio se conoce con el nombre de
Louug-Meu, que significa: la Puerta
del Dragón. Este nombre está basado
ea una leyenda muy curiosa; en la que
se mezcla lo real coa la fantasía más
amplia.

La pagod.. di} Koan-Ti-Miao ea el c1miuo de la Puerta del Dragón.
El río Yi, a cuyas orillas se levanta
la ciudad, era según los cronistas del
imperio. un afluente del río Amarillo o
rio sagrado de la China, cuyas frecuen·
tes inundaciones causaron graves males
a la región. Los chinos, hábiles eu la
construcción de canales, pensaron eu
la posibilidad de disminuir las aguas
del río abriéndole un túnel, y el empe•
rador Yu emprenaió la colosal tuea en
la cual se vió ayudado, segúu la leyenda, por un dragón que dejó sus huellas
en la entrada del gran . canal.
Por el siglo sétimo de nuestra era,
se vino a establecer en Louug-Men una
colonia de artistas guiados por el mis•
mo ideal artístico-religioso, y a ellos se
debe la idea de adornar el sitio con
esculturas y relieves cuya maguitod
asombra, pues apenas se concibe que
seres humanos hayan sido capaces de
llevar a cabo una obra tan colosal.
De!de la orilla opuesta del Yi se ve
un muro inmenso lleno de perforacio•
nes rodeadas o adornadas con grandes
pórticos y escalinatas adornadas con ar•
te exquisito.

La escala de rocas esca !pidas de la
Puerta del Dragón a la orilla
del rfo Yi.

Las rocas están ahuecadas y eu su
interior hay una enorme cantidad de
templos dentro de los cuales se han con•

tado basta ocho mil esculturas; desde
el pequeño idolito que tienta la enrio·
sidad y la rapiña de los coleccionado·
res, basta el enorme budha de veinte o
más metros de altura. La mayoría de
las esculturas son de carácter sagrado,
excepto algunos que según la autoridad
del orientalista señor de Cbavannes,
representan a los donadores, quienes
se pudieron permitir ese lujo; estos re·
lieves son preciosos documentos para
la historia de la indumentaria china.
En el camino que conduce a la Puer·
ta del Dragón se levanta otro precioso
documento que habla muy alto del de·
sarrollo del arte religioso en China; es
la pagoda de Koan-Ti-Miao elevada a
la memoria del general Koan-Ti que
fl 1reció bajo la segunda dio astía de los
Han entre el año 50 y 250 de la era
cristiana, según la mitología popular
china es el gran justiciero.
Nos permitimos el placer de ofrecer
a nuestros lectores alguaas fotografías
que dan idea de la magaificeacia de
estos monumeotos del arte oriental del
que tan poco queda acle los avances de
la civilización occideotal que todo lo
destruye.
MEXICO ARTISTICO Y MONUMENTAL-Altar ~burrigueresco de lá clpilla del Colegio d'3 las Vizcaínas
en la ciudad de México.

�~ El teniente de navio Jolifo de Rbe
había regresado, después de su residen·
cía en Coochinchina, en un estado muy
h.meotable, y cuando después de tres
meses de enfermedad en casa de so fa,
milia en Tureoa, entró en convalecen,
cia y pudo dar sus cien pasos por la te·
rraza en compañía de su madre y de so
hermana que lo coidaban con tanta de•
voción, elToven experimentaba a menu•
do aún, ante el soplo frío del Otoño es·
tremecimieotos moy inquietantes.
-Vaya usted a pasar el invierno a
p .10, lo aconsejó el médico •.. . Clim~
suave, caliente, calmante y sedal!•
vo por excelencia .. . . Es lo que le con·
viene ....y dentro de tres meses regre·
sará a la casa de tu madre convertido
en un robusto mozc.
Por eso es que amediadosdel mes de
NoYiembre, de codos en el alfeizar de
so ventana en el hotel de Garderes, Ju,
tiáo de Rhe contemplaba el soblime
paisaje de los Pirineos fumando los ~eliciosos cigarros de la coovalecenc1a,
tan ásperos al gosto, qoe le recordaban
los qoe en otro tiempo babia quemado
a escondidas bajo el poente del cBor·
da y que le daban la sensación de los
diez y siete años.
_ Vaya! Vaya! con este Pau .. , .está
lleno de muchachas lindas, observó el
joven la primera. vez que fué a escu•
char ta música a la plaza Real Y a pa•
sear a ta toz del sol delante de la esta•
toa estilo trovador del buen Rey Enri•
que.
y aunque 00 fuera ni un lib!rtioo ni
un fatuo, el marino, poseido por un
boen apetito de ta vida, se poso su ca·
chucha de uniforme número uno Y su
levita de tres galones nuevos, ,:n la que
brillaba la roseta de la Legión de Ho•
oor que le h1.bía sido impuest1. por su
madre en el lecho y que estovo a puo·
to de no lucir m1.s que sobre su fére•
tro.
Sin embargo, ¡qué contento se sentía
de haber venido a P,rnl Era exquisito
el dulce sol qu~ cal!eota sin abrasar, el
cielo azul y el amplio paisaje; el lejano
anfiteatro de colinas, y, allá lejos, ague•

~

.

llas cimas nevadas confnndiéodo;e con
el cielo.
Era muy divertido circular en medio
de la moltitod cosmopolita, entre las be·
Uas extranjeras y oír sos voces hablan•
do en todos los idiomas del mundo mez•
ciarse como el ruido de ooa enorme
pajarera. Iododablemente babia algo
nos encuentros desagradables, como el
el de un joven inglés, tísico en el ú !timo grado, que un criado llevaba empu•
jando en un cochecito, enterrado en
medio de mantas y cobertores, con ojos
de pescado cocido 1 con no protector
de tafetán negro sobre la boca. Su as•
pecto daba fria, pero despué, del pri·
mer movimiento de compasión-el hom•
brees muy egoistal-Julián pensaba en
que él también babia dado miedo coan•
do desembarcó en Tolón, flaco como
un esqueleto, y que ahora estaba com·
pletamente curado.
Y, respirando el aire a plenos pul•
manes, estremeciéndose en medio de
su bienestar, recibía la caricia del sol
en la espalda, y se sentía feliz de vivir
en el mundo: daba piezas de plata a
• tos •mendigos; cruzaba sos miradas con
tas de las bellas señoritas que hallaba a
su paso y se divertía grandemente con
el grupo de muchachas americanas,

vestidas de blanco con guantes y medias
negras, que bailaban cogidas de la ma·
mo al rededor de un árbol de la plaza
Real al son de la música militar que
tocaba en el kiosko.
o o o
Buena disposición para enamorarse
¿verdad? Por lo tanto no hay que sor,
prenderse de que el feliz coovalecien•
te recibiera el rayo on día que vió a (a
señorita Olg1 B1barine, la muchacha
más hermosa de la colonia rusa, des·
ceoder de su caballo a la puerta del
hotel Gassioo, donde vivia con so ma·
dre.
Eran las cinco de la tarde aproxima·
dameote y regresaba de una caza a la
zorra. Los cinco o seis adoradores que
seguían con sus cas...cas rojas echaron
rápidamente pie a tierra y se e5troja•
ron para disputarse el honor de tenerle
el estribo. Ella se dejó caer en los
brazos del que estaba más cerca y en
se6 uida, golpeando con la contera de
su fuete sobre uoa mesa, se hizo
servir una taza de leche -111e apuró de
un sorbo.
Aparecía muy bella; de pie con su
cuerpo moldeado estrechamer.te por la
amazona negra; sus cabellos color de
cobre escapando locamente en creo•
chas flojas por debajo del sombrero de
hombre y riendo alegremente, con la
taza entre sos dos manos y como em•
briagada por la bebida fre~ca. Su boca
o;teotaba como adorno no par de biga•
tes de crema y en su cabellera parecfa
anidar el sol poniente que rodeaba su
cara de un balo de polvo de oro.
Repentinamente se puso seria, dejó la
tan sobre la mesa e hizo un saludo
d ~s:ieñoso a todos con la cabeza antes

'

1

de entrar en su bote! con aire imperi1l
golpeando su falda con el fuete.
Tres días después, Juliáo deRhe,·que
había pasado su tiempo diciendo a todas
sus amist1d~s: c¿Quiéo es ? estoy loco
por ella. La adoro . ... &gt; era presentado,
caso na'd a difícil, en la casa de las se•
ñoras BJbarioe y formaba parte del
escuadrón de adoradores de la bella
rusa.
Pero, ¿es que realmente era rusa
aquella creatura que desde el priocipio
de la temporada invernal no se cansaba
de galopar todo el día y valsar toda la
noche ? Sí, por lo que hacía a su padre
putativo, el primer marido de la seña•
ra, el conde Babarioe.
Pero todo el mando sabía muy bien
que la madre se había divorciado precisamente en la época en que oacfa la
niña y que la señora Babarine, que era
hija de un banquero de Nueva York:
Mr. Jacobsoo, había tenido rel.iciooes
casi públicas con un príncipe del nor·
te, no Cristiao o un O,car cualquiera,
relaciones de las que muy probable•
mente babia nacido Oiga. ¿Tenía acaso
una nacionalidad aquella niña que ha,
bía sido educada en uaa &lt;oursery&gt; de
Escocia, en un cooveóto de Nápoles,
en un pensionado de moajas de Gioe•
bra; que había dormido la tMcera par•
te de las noches de su vida en les coji•
nes de los carros dormitorios y· que veía
pasar en sos recuerdos como en un es•
teroscopio, los establecimientos de aguas.
los baños de mar, las tstaciooes iover,
nales y otros sitios :le cita de la arista,
cracia donde su madre, persona muy
bella, a pesar de su edad, paseaba sus
fastidios de coqueta desde hacía quince
años? Ay! no tenía patria aquella joven
que, al lado de pudores de niña, teaía
atrevimientos de hombre y que decía,
burlfodose de si misma:
-Yo no soy de Londres, ni de París,
ni de Viena, ni de Sao Petersburgo ....
Soy de &lt;table d 'bote&gt;'
¿Tenía acaso una familia ? Tampoco.
Su verdadero padre, el t,ristiao o el
O;car, al que no dejaba de aludir la
señora B1buine, había muerto hacía
mochos años, y en coaoto el conde roso, su padre segúo la lty, no se ocupa•
ba nuoca de ella. Arruinado enteramente, no tenía otro medio de subsis·
teocia que la peo ta de su fusil; magoí•
fico tirador, viajaba toda Europa ganan•
do todos los premios de tiro de Pichón
que se disputaban en el conticeote e
islas, como un Medias-de-Cuero de la
civilizacióo moderna. En cuanto a la

coodes1., a pesar de ciertas crisis de
enternecimiento maternal, en las que
nadie creía, estaba dotada de ano de
esos egoísmos perfectos, esféricos, que,
no tienen sitio vulnerable, y durante
una fiebre tifoidea que estuvo a punto
de costar la vida a Oiga a la edad de
ocho años, la señora Babarioe, que cui•
daba asiduamente a su hija en presea•
cia de todo mundo, no hubiera olvidado por nada toda, las noches ponerse
sus guantes engrasados que le conserva•
bao las manos tao blancas.
J ulián de }{he aprendió todas estas
cosas c 11ando formó parte de la corte
de admiradores de Oiga y se puso a
amar desesperadamente a la seductora
niña que se dejaba mirar en los ojos,
y que, el día que le fué presentado el
teniente de navío, le dijo, encendiendo
no cigarrillo:
-Ali! ¿es usted el que está tan ena·
morado de mí? ... . .. Buenos días, se•
ñor.
Despuls le estrechó la mano tosca•
mente como cualquier hombre.
El honrado y bravo muioo se poso a
amarla tanto má~ cuanto que no tardó
en comprenderla y compadecerla. El
no se equivocó; Oiga era caprichosa,

mal educada, pero sin coquetería, y su
alma era valerosa y franca. ¿Quién sa•
be? Quizás sintiera toda la vanidad de
su vida de placeres. Lo cierto es que
joigaba muy severamente al grupo de
admiradores que caracoleaban a caba•
llo al rededor de ella en el día y que
en la noche se hacfan inscribir en su
carnet de baile. Todos la deseaban, pe•
ro ninguno la estimaba, porque ninguno de ellos se habla decidido aun a so•
licitarla en matrimonio. Asi es que los
trataba duramente y los llamaba al res•
peto debido, siempre que se permitfao
hablar demasiado cerca de su cuello en
el torbellino del vals, o se permitían
oprimir demasiado tiempo la mano que
los tendía amistosamente.
J uliáo, a quien la delicadeza de so
corazóa dóba penetración de espirita
,-a menudo los más tímidossoo los qoe
mejor conocen-descubrió el tesoro de
lealtad que habla en esta oiiia, tao des•
graciada en el fo~do. La amaba sin
duda por so belleza y sentía que perdia
la cabeza coaodo, en un descanso del
baile, la sentía apoyada en su brazo, en
su esplendor de rubia de ojos negros,
con un tinte de rosa después de la tem ·
pestad, y hablándole con abandono,

�lil hembre modesto, casi un burgués!....
embri~gáodole con sos ojos de estrella contempló en silencio durante algun,,s
Ante sus ojos me rebajada. Ahl debo
y so aliento de violeta. Pero la amaba instantes, sin emoción aparente.
inspirarle disgusto y yo me doy ver•
-No,
dijo
ella
al
fin,
no!
.
.....
Y
sin
también, y sobre todo, por sus pesares
güeozal No proteste .... Ustt&gt;d oo qne·
tan orgullosamente ocultos, y expefr embargo, usted es el primero que me rría llevar ante su madre como novia,
mentaba un dolor en el corazón cuando ama y que me lo dice en esa forma. Pe·
como esposa, a la mujer en cuyo cera•
sorprendía la sombrfa mirada que Oiga ro por eso es precisamente por lo que
z'ó o se ha depositado tanto lodo .... Y
dirigía a su madre durante los tés de· reboso ..... .
-Oiga!. . . ... exclamó Juliáo con la además, yo no soy más que un ob•
cuatro a seis de la ta~de cuando la se•
jeto costoso de lujo, del que no tiene
voz alterada.
fiora Babarioe trataba de ocultar los
-Escúcheme usted, continuó ella io• usted necesidad y que no le haría fe•
estragos de la vejez eu su
., rostro y ha·. terrompiéodole, y comprend11 por qué liz .... Por otra parte, no le amo, no
biaba de la m~oera me.nos velada pos1• le digo que no .... Es porque no me sien· amo a nadie; el amor es una de las co•
ble &lt;le sus conquistas en las cortes del to di~na de usted y le haría d~graciasas que se me ha.o prohibido ... . Adiós
Norte de Europa.
do, Recuerda usted aquella carta de su señor de Rhe, levántese usted y már,
¡Casarse con ella! Sf, sacarla de ese hermana que se quejó de haber per:li·
chese sin decir palabra, se lo suplico....
medio lleno de peligr~s,_ lle~arla a la ' do? ...... Pues bien, aquí la dejó usted
Solo quiero que me deje la garra de
casa de su madre, que era una _santa y yo la recogí; la he leído .. . ... So her,
león. Me recordará a un joven honrado
mujer, hacerla respirar la atmóifera mana respondía a la confidencia que
con quien me he conducido como uoa
pura y fortaleciente de una verdadera usted le había hecho respecto a sosseo·
niña honrada .... No me diga usted más
familia; en una palabr?,, salvarla! No ti mientes hacia mi ... •.. sentimientos
y separémonos para siempre... Adiós.
pensaba más que en esto! Creía veces qoe yo he adivinado desde ·hace mucho
Tres años después el transporte de
que Olg1 adivinaba sus deseos y. en )os' tiempo . . .... Ella se alegraba. como ni•
vapor cDu Cuedic&gt;, que regresaba del
tes, cuando ella trataba a sus adorado• . ña sencilla y virtuosa que es, pero en
Senegal, acababa de hacer escala en
res con su franqueza de muchacho, al términos que me bao hecho comprender
las Canarias para tomar el correo, y
presentar lá taza de té al marino, é,te la profunda. y espantosa diferencia que
continuaba su camino en una noche de
creía ver en el fondo de aquellos ojos, existe entre una verdadera niña y yo!. .
mal tiempo, cuando el cootramaéstie
algo como una luz dulce y lejana que leyendo esa carta, llena de detalles ínti•
entró en la sala de los oficiales y depo•
parecía responder .a su compasión ge· mes y conmovedores, he visto tambié:i
sitó sobre la mesa uo paquete de perió•
nerosa y a su ternura infinita.
lo que es su familia, casa vieja de gen• dices.
-Sí, señorita. mi permiso de coova• tes boora.das a la que no debe hacer
Juliáa de Rhe desdobló una hoja de
leceocia termina deoti:o de ocho días, entrar usted más que una mujer honrada. información, procedente de París 7 con
Mañana saldré de Pau, iré _a pasar al· Bendiga a Dios, señor de · Rhe por fecha de tres semanas antes; leyó bajo
guoos días al lado de mi hermana en haberle concedido una madre con ca· el título de «Alojamientos&gt;, las siguieo•
Tureoa y en seguida partiré rumbo a bellos grises en quien puede usted peo• tes lioeas:
Brest con el carácter dei.yuda de cam· sar sin sentir nada que no sea delicio•
&lt;S. M. el rey de Suabia, que viaja,
po del prefecto marítimo, y, dentro de sameote dulce y que se funde en su co• como se sabe, en el más riguroso iocóg•
u.; año o diez y ocho meses me haré de razón .... Yo también tengo una madre, nito, bajo el nombre de coodti de Augs·
nuevo a la mar.
yo también .... Pero me he visto en la burg, se halla desde ayer entre noso·
Estaban solos en un rincón de la sa·
precisión de juzgarla . ... Usted no la tres.
la de lectura del hotel, de pie delante
&lt;Al desembarcar el rey se produjo un
conoce más que por sus impertinentes,
de una ventana abierta, ante el cielo
enojoso
incidente en la estación. La
pero yo la conozco mejor. . . . Si usted
de la noche en el que palpitaban milla•
pidiera mi mano, la rehusaría porque baronesa de Hall que acompañada de
rres de estrellas.
su madre, la condesa de Babarioe, via•
-Adiós, pues, y buen viaje, respoo• usted es de nobleza inferior y porque ja con S. M., perdió una joya de poco
dió Oiga con su voz franca y segura. su fortuna es mediana •...
&lt;Mi madre ha decidido que yo no valor, pero a la cual parece tener grao
Pero quiero pedirle una cosa, señor de
haré un matrimonio si no es en gran• estimación. Es una garra de león mon·
Rhe ...... E~a garra de león montada
de, o de otro modo ella se encargará de tada en no círculo de oro.
sobre un círculo de oro que lleva usted
&lt;La señora de Hall ha ofrecido una
hallarme otra cosa .... Ay! tecgo dema•
como colgante ...... Lá quiero ..... .
prima
de dos mil francos a quien le en•
siada experiencia para una niña de diez
Es seguramente de un león que mató
trt&gt;goe este objeto&gt;.
y nueve años!. ... Es horrible ¿verdad?
usted en Africa en otro tiempo, no es
-Juliáo, cuidado! ...... va uste:1 a1
Pero es cierto. He aquí por qué pasaasfl .... Yo soy noa especie de fiera ... .
olvidar
su coarto de guardia.
mos el invierno pasado en Niza, el es·
Ese juguete me conviene ....•. Démelo
-Gracias, contestó Juliáo como sisa·
tio ea Sheweeicgue, y por qué estamos
usted, lo guudaré como un recuerdo.
ahora en Paul Por eso es por lo que Jiera de un sueño.
J111iáo desprendió el pequeño colgao·
Esa noche, el timonel, que estaba so•
viajamos coa petacas de un lado a otro
lo en la pasadera dt;l· puente, vió al ofi·
te y lo puso en manos de la joven, pero
de Europa, comemos en mesa de hotel
cial de guardia llevar el pañuelo a la
repentinamente le tomó la mano entre
y dormimos en camas de posada.
las suyas y le dijo ardientemente y en
«Mi madre fué casi princesa real, cara con frecoeocia, por más que el
voz baja:
comprende usted, y desde la edad de viento no soplara muy fuerte y la brn•
-La amo, Oiga! Quiere usted ser mi
quince años me ha hecho comprender ma no llegara hasta aquel sitio.
FRANCOIS COPPÉE.
espos"'?
Oiga retiró dulcemente su maoo,coo- que yo debo de ser archid11qoesa, lo
De la Academia Francesa.
(Traducido especialmente para AR·
servaodo la garra.deleóo~después,_cru· menos,_a.UDqoe se.a poJ la; mano iz•
záudose de brazos delante de Juliáo lo qoierda ..•. Un matrimonio con un gen· TE Y LETRAS).

a

Mascarones al bat.-Team Sao Pedro, v~ocedor.:--Team Masca.rones, vencido en el juego de basse ball tfectuado el
dom1ogo último en terrenos del segundo,

.El muertero
Para ARTE Y LETRAS.
Una figura de hombre pequeño, de
tez amarillenta y con un cráneo grande,
abultado, tal parecfa la recopilación de
todos los cráneos que habla tenido en,
tre sus manos, también amarillentas so•
cias y teñidas de rojo, con el rojo Íaca
de la sangre humana cuando seca.
En su cara, en aquel rostro de facciones toscas, inalterable al sufrimieo•
tº y familiarizado a estar con los muer·
to&amp;, veíanse como complemento, una

nariz chata, respicgada y puntiaguda y
u_oos ojillos negros y vivaces, muy movibles que estaba.u ya acostumbrados a
ver entrañas humanas.
Aqual hombre, insignificante para
quien no lo conociera, pero grande a
pesar de la pequeñez de su cuerpo, era
el muertero, así, desdeñosameote, el
mnertero a secas, el muertero de un
hospital de sangre. La primera vez que
lo conocí, estaba allí, ea el anfiteatro
en su siti.:l, en su cuarto de labor, co~
sus muertos sobre las frias planchas
todo ensangrentado y risueño.
'
En una de- las mesas de disección es,
taba el cadáver de una mujer. ¿Bella?

iQuiéo 'sabe! Su cráneo estaba perfectamente aserrado y la parte que colga•
ba del cuero cabelludo, ostentaba como
una flama de oro, unos cabellos rubios.
El cuerpo era bien formado. El na·
cimiento de los senos, las amplias cade,
ras, ~a pantorrilla torneada y un pie pequeno, estaba.o alli, rlesoudos y rfgido~.
Aquel cuerpo escultural había sido
ya estudiado, las toscas costuras del ab,
áómeo se velan, las entrañas habían sido manejadas por las manos de los prac•
ticaotes, por las de los médicos, por el
muertero. Todos ellos sin piedad, segur•meote, habían cogido el corazón de
aquella mujer y Jo· bab{ao oprimido en•

�'

..

·0EL SALON DE PARIS

tre sus manos: aquel corazón que supo
latir, aquel corazón que palpitó tras
aquellas pómas que ayer fueron rosas,
y ahora están pálidas, con las palideces
de los cirios.
No muy lejos de aquel cuerpo de
mujer cadáver, el muertero tiene otros
cadáveres, allí se mira horriblemente
descuartizado, sangrando por las cavi·
dades, el cadáver de un hombre; un
rostro moreno y tosco, con el snpremo
gesto de la agonía, está allí, rfgido tam•
bién; con las, pupilas empañadas, con
los nervios crispados y dejando ver en
!U rostro una sonrisa, la sonrisa irónica
de la muerte al salir de aquella mate•
ria corrompida.
El cadáver de la mujer era el de una
neurótica, se había suicidado, el motivo
nadie lo sabia, ella, al arrancar la vida
de su cuerpo quería sepultarse con su
secreto.

El cadáver de rostro moreno, de fac•
ciones duras y amenazadoras era el de
uu hombre a quien mano artera había
suprimido de una puñalada. Para esos
dos cadáveres el muertero, con sus oji·
llos negros y vivaces estaba allí, los
cuitlaba, los veía, y tal parecia que en
su familiaridad con los muertos sostenía
macabras conversaciones con ellos.
El muertero veía el rostro mutilado
de aquella mujer, se fijaba en la .rubia
cabellera que como bandera ffotante
pendía del cuero cabelludo y un gesto
de aquel hombre pequeño, era todo un
poema de amor a los muertos, a los
muertos que eran suyos, a los muertos
que recibían de aquella mano amari·
llenta, sucia y llena de sangre de color
de laca, la í\ltima caricia antes de ir a
la fosa donde el amigo o pariente arrojarían la última puñada de tierr,a.

¿Las muertas del anfiteatro er~o las
novias del muertero ?
IIQuién sabe ll Yo así lo creo, aquel
hombre pequeño de cuerpo, que vivía
entre sus muertos, tenía seguramente
sus novias en aquellos cadá veres, cuán·
tas se llevarían el postrer beso de aquel
iofelfz, cuántas en su rostro mutilado
por la sierra o el bisturí, ilevarían la
suprema caricia del muertero.
A ese hombre de cráneo abultado,
que tal parece la recopilación de los
cráneos de sus muertos, lo veo constan·
temeote, lo admiro más y más cuando
sus oji11os se fijan en mí, siento ealos•
frío, tal parece que un cadáver anima•
do, con sus manos ensangrentadas, me
saluda.
Yo venero al muertero del hospital
de sangre, siento cariño para aquel
hombre y cuando me alejo de so lado,
me voy pensando que lo dejo en su
cuarto de labor, en su anfiteatro, con
sos muertos, acariciando a sos novias
pálida3 y haciendo la postrer caricia a
los cadáveres que van al foso abierto a
dormir el sueño eterno del que no des•
pert:\ráo nunca.
N. GUILLERMO ME LLADO.

Retrato de la señorita T . Renouard
por A. de la Gándara, del Salón de París.

. ¡

Retrato de la niña Maud B. por Bfrtieri,
del.Salón de París.

• Momento Feliz,&gt; cuadro d~ L,v; ~trauss, d , 1 S ,!óu d ~ los Artistas F ,aocases en e.l presente año.

Y2Mr

,,
Momentoa de la &lt;ponle&gt; inaugural de tiro de Pichón en el nuevo stand de la Sociedad Nacional de Tiro, en
Sao Lázaro.- F ots. Lnpercio.

�***********************************
Extinguir con }as lágrimas mi profando quebranto;· '
Mas, fné en vano, mi pecho sollozar no podía . ... . .

... . . . ... ... .... ... .. .. . . . . ... .. .. .. . ... . . .. ... .. .
El graznar fugitivo de nn lúgubre mochuelo
Interrumpió el sllencio, cual del dolor el grito,
Y oí vago, muy vago, como el rumor de un vuelo,
El vuelo misterioso de una alma al infinito .. . .. .
Después... Las horas lentas de infinita tristeza,
Envuelta en la penumbra la cámara mortuoria,

Para &lt;Arte y Letras.&gt;
Yacía su cadáver sobre la roja alfombra,
Envuelto de la muerte en la inmortal belleza,
En la estancia callada el reino de la sombra
Hacía más profunda la angnstia y la tristeza.
La palidez marmórea de su cuello emergía,
Como un lirio muy blanco, de si: negro vestido,
Y una mano crisp&lt;1da sobre el pecho yacía,
Cou el ansia infinita del dolor comprimido.
En desorden los bucles, la blonda cabellera
El óvalo de armiño de la frente ocultaba,
Y un ramo de violetas-coqneterfa postreraSobre la sien marchita suave fragancia daba,

-

' "~--=~~~
.
•
•

·,•

Los cirios alumbrando su fúnebre belleza,
Y muy lejos, muy lejos, mi dicha transitoria
_ Sobre el pálido rostro, en los ojos dormidos
Donde estaba ya muerto de la vida el destello,
Y en los labios marchitos, en los labios querido~.
Ya la trágica muerte habfa puesto su sello ••. . ..
La miré largamente,_con vidriosa mirada,
Agita en el pecho mi corazón latía,
Y creí que en mi mente de dolor fatigada,
Soplo cruel de locura mi razón envolvía.
Sobre el cuerpo ya inerte abatí mis dolores,
La estreché totre mis brazos con teroura infinita,
Y mis trémulos labios, apar!ando las flores,
Beso ardiente le dieron en la sien ya marchita.
Q uise abogar mis tristezas en la fuente del llanto,
Dar consuelo a mi mente que estallar parecía,

....... ... .... ... ....... ... .. .......... .,..
t ••• •• •• •••• •••••• • • • • • • ••••••••••••••••••••••••••

En las noches de luna de misteriosa calma,
En el silencio augusto en que duerme la vida ,
Despiertan los recuerdos y llegan basta mi alma
Los pálidos espectros que el corazón no olvida.
Como en la noche tr~gica del pavoroso duelo,
Veo otra ve1 el cadáver sobre la roja alfombra,
Oigo el graznar medroso del lúgubte mochuelr,
y en la callada estancia, del reino de la sombra,
Oigo murmullo vago como el ru111or de un vuelo,
y una voz femenina que muy quedo me nombra . . ... .
México, marzo de 1914.
PABLO M. SOSA.

�mientos artisticos, su natural pacífico,
sucumbian entre las desca_rgas de fusi•
les, entre el traqueteo de la metralfa
no qoedaba de él más que el guerrero,
moría el artista. Ohl y ¡cuán guerrero
eral ¡\r no había de serial ¿ Cómo peri
manecer impasible si allí enfrente es•
taban ellos, los intrusos, los pérfidos mi•
Janes, 103 perros famélicos, mostrando
sus garras avarientas, enseñando sus
afiladas dentaduras, los que qoerfao
hacerle esclavo a él que nació en un
país de águilas amantes de cernirse en
los azules espacios de la libertad?
¡No sucedería tal! y de allí .su bélico
coraje, su indomable saña, su temeri·
dad oeleando .... y ya desalojada su al,
ma de las mortales ligaduras por alguna
bala enemiga, su coerpo quedaría en
tierra, como un obstácolo al avance dFI
invasor, como ooa sublime protesta ante
el inicuo crímeo, so sangre clamar!.:
venganza .... y mancharía las manos del
extranjero; ..•... pero cesa.Ja la lucha,
las bocas de los cañones ya no escupían
sus materias destructoras, silenciosos
quedaban los fusiles, la atmósfera se
hacía más tráslucida al disiparse el hu•
mo de la pólvora, los estragos del combate saltaban a la vista; cuerpos moti•
lados por efecto de las metrallas, cuer·
pos aprisionando algo de vida, deteniendo a una alma que más pertenecía
al mundo de los inmortales que a esta
triste tierra de miseria y ruindades • . , .

~-----==========::::::::::~

El Sueño del . Soldado

I
¡Cuánta Litiga la de aquel día! mu,
cho camino recorrido a pie por cuestas
empinadas, entre zarzas traidor_as que
laceraban los pies, bajo un cielo de
tuego .. y la sed, la sed espantosa, tortu.
rando horriblemente, "nsañándose con·
tra aquel puñado de abnegados patrio·
tas celosos de guardar la tierruca que
en 'precioso legado recibieran de sus
abuelos, los de las grandes hazañas y
e.ipartanos heroismos. 1
¡Ya podían venir los aventureros, los
h-ilcones negros, ávidos de los tesoros
con que el cielo tuvo a bien enriquecer
la patria. ¡Ya podfan venir seguros de
encontrar una roca granítica en cada
pe~ho, un fuerte inexpugnable en toda
voluntad.
y los valientesavannban por los d~s·
6.ladero~. el eco repercutía el mar~1al
andar de sos cansados pies, coofuod1do

Soldado griego de infantería de línea.

El rey Constantino de Grecia ante sus soldados.
con el metálico roce de las armas. Las bri·
sas de la tarde eran un calmante a so
sed, el sol marchando pomposo a su le·
cho de púrpura recamado de oro les
·aba so último ardoroso beso. De ,la
eDVI
frente de los guerreros gota a gota ca1a
el sudor; sus vestido~ se adherfan ~ los
d loridos miembros, las vendas inga·
b:n en las llagas curadas de p~isa, ha·
bía quien no goteaba sudor; sino que
es:nrr(a sangre.
,
Los estómagos mal alimentados ped1an
de comer, la ración del día estovo es•
'iveres enviados por• los com•
C lSa, los V
,
patriotas bs robó el enemigo, d_ec1a
vencerles por hambre ¡iohmial ¡qu1me•
ral los padres fueron dignos r!e los
abuelos, los hijos superarían a ambos
¡nada les vencería! ¿ La muerte ..•... ?
ni esta p:irque les abría las puertas de
la i umortalidad y de la gloria.
¡Altol-dijo el jefe-y los p1sos ce·
saron, en seguida dió órden de acampar,
fusiles, mochilas y demás útiles queda•
roo en tierra. los soldados formaron
grupos; sentados a pierna suelta, re•
costados en las piedras, circularon al•
gunos cigarros encentra dos••Lent re,ª 1as

El reY Constantino de Grecia.-Pablicamos este retrato y las ilustrar.iones de la
pi 1na frontera ea razóa de las noticias cablegráfic1s que h1bhn de la ac•
titad bélica de Greci1 que pr.obablemente hará renacer la guerra en los B:ilkaoes.
eso¡sas prov1S1ooes, Jquieo alargó un
frasco de aguardiente que remojó los
Secos libios! ¡quién con sencilla frater,
nidad compartía alguna h.ta de jamón,
liltimo resto de sus comestibl~s parti•
cularesl y los más comían poco bebían
menos y bromeab..n mucho; sólo un jo•
\·en de lánguido mirar seguía con en,
soñamiento el cintilar el lucero ves·
pertioo y a hurtadillas sacaba su carte•
ra y besab:i dos retratos: ¡su madre! Jsu
novia .... 1
I[

Soldado típico sel ejército griego

L1s nocturnas sombras empezaban su
daaza, primer.o en las hondonadas, des•
pués escalaron las faldas de los montes,
desapuecieroa grietas y picachos a su

paso, y al no coronaron las cimas ex·
tendiendo
en torno su negro
imperio.
.
{
En el campamento los hombres dor•
mían a excepción de los ce11tinelas en·
cargados de la guardia, las fogatas
lanzaban reflejos macabros.
El jovdn de láogoido mirar no le to•
cab1 hacer cuarto de centioela, pero
no conciliaba el sueño. Este joven se
¡Jamaba Earique y se había afiliado a
un cuerpo de voluntarios.
A la hora del c,mbate no pensaba en
idea distinta, DO tenía otra mira más
que pelear y venc,r, la rabia de matar,
de aniquilar a los contrarios se le en•
traba de lleno en todo el cuerpo, la
s~cgre le incitaba, perdía sus aficiones
estéticas, su espíritu inclinado a refina•

Se levantaba el campo, se sumaban
las bajas. !Cuántos compañeros durmiendo en los brazos de la muerte! Se
emprendía la retirada; el ruido de los
pasos marcados, el cboqne de las armas,
Pl silencio en filn ....
Y entonces Enrique tornaba a ser el
sentimental artista. Todas las Jibras de
su ser estremecíaose al recuerdo de su
hogar, a la memoria de sus amores.
Muy lejos la viejecita llorando al hi·
jo, muy lejos la novia espe~aodo al
atnaote ¿qué habría sido de ellas?
Y creía verlas y sentía necesidad de
estar a su lado.
La despedida .•.. iMadrel-la dijose arrojó en sus brazos, y pasaron los
instantes mudos, el dolor ahogó las pa•
labras, lágri:nas brotaron de los ojos y
corrieron confundidas, y la madre ab·
negada, sublime, venciendo a la nato•
raleza, con temblorosa mano bendijo al
futuro soldado y lo cedió .... a la otra
Madre común; a la Patria, .••«por ella
y para ella.&gt;
y

�nuedo •••. Habla una bandera enemiga
qoe ondeaba merced al•viento, lucieo,
do sus aborrecidos colores.
Enrique soñaba desde que fué a la
guerra conquistar tal trofeo. Ciegameo·
te se abalanzó basta ella, sin mirar ene•
migas oi atender el peligro, hecho uo
león pasó por entre los contrarios de•
rribando cabezas con su filosa espa•
da.
Ya estaba al alcance de su mano, ya
la desprendía de su asta y con furor la
escupla delante de sus enemigos ...• al,
guieo le dió uo golpe eo el costado de·
recbo, pues sintió uo grao dolor .....•
pero junto de 1U estaba la oiñ!l de los
ojos negros, su encantadora morenita,
prodigiodole afectuosos d1idados, feli·
citándole por su valor y le enseñó la
bandera arrebatada al e$lemigo que
guardarlan siempre, y ~iotid el roce de
sus labios tibio y suave .... muy pronto
desapareció todo esto, vió sombras, para
después entrever la luz de la luna; m,s
agudo le picó el dolor del ~tado, se
llevo la mano y la retiró baftada en
sangre y en ese momento alct.pzó la
imaginación toda su lucidez •..... sin·
tió lo que nunca volverla a sentir; la
muerte, buscó la cartera y apenas tuvo
tiempo de llevarla basta los labic.s, ea·
tos dejaron escapar el nombre de Dios
y el último soplo de la existencia ...•
Cuando a la luz de la aurora pudo el
batallón darse cuenta de las bajas oca·
sionada.s por el a.salto dado entre las
sombras, se encontró al joven soldado
Enrique muerto por una bala que le
babia atravesado el pecho y pasó a str
uno de tantos héroes anónicios .. . .
DOMINGO GARCIA DE LEON•
(cAogelina Domo di Gorce.&gt;)

Gte. Junio i c -1 914.

(Teatrales J
cA buen Joez .... &gt; cLa Hiedra,&gt; cet
sic ceteris,&gt; han sostenido el cartel de
la ex- bombonera de Virginia Fábregas,
dorante la última:semana.
Grave duelo y no menor quebranto,
ha sufrido la discreta ctrouppe&gt; artísti·
ca de aquel «corral&gt; con la separación
de la adorable ingenua señorita Casti•
lle, y de su señora mamá, artista suma•
mente apreciable.
Con ésto, y con el próximo arribo de
Muñoz, corre Carente (15 años de in•
cesante labor artística) grande riesgo de
no tener pasajeros que transportar por
la Estigia de su infernal dirección.
A bien que «duelos coa pau&gt; ..... .
sean menos, no por ello se amengua el
peligro inminentísimo de la desaparición de una compañia monopolizadora
del Arte, en México.
Porque, si como se rumora, la grao
Prudencia hace cmútis&gt; también, adiós
mi dineral
Lo cierto es que el público mansa•
rrón y de excelente boca. h;!.se fatigado
de comedias y quién sabe si, también,
de comediantes!
De todos modos, .:uando la historia
se escriba (por algúQ Tapsias, mi.e111bro
del Instituto Mexicano de excavac10•
aes históricas) dirá: ¡Cumplieron como
buenos! .... (excepto Casi)
o o o
En el Lírico y el Colón sigue el Vaudeville haciendo las delicias del bono,
rabie que muestra franca predileccióo
hacia el primero.
Bureiro, el inimitagle ·B arreiro, ha
tenido el privilegio exclusivo de hacer
desar~ugar el_entrecejo del púb1ico:9ue,
premia su cv1s&gt; demostrándole carinosa
acogida.
·
1

Como viajará el rey _d e Ioglat_e rra en el futuro, fanta~ía publicada en Ingla•
'
terra con motivo del reciente ~iaje del rey Jorge V a Paris.
Después, al pie de la veotaua ..... .
oprimiendo suavemente las manecitas
de la virgen, ensueño de sus amo·
res. • . . . haciendo esfuerzos sobre hu·
,nanas para contener las lágrimas, por
aparecer el fuerte •..•.. los instantes de
partir ya coitos, muycortos,aprox1mándose el último . . .. los labios no atrevién
dese a pronunciar la palabra que los
separa:la, pero ambos lo comprenden . ..... e instintivamente sus bocas
se buscaron y cambiaron el primer be•
so que basta 1,ntonces se dieran en to•
do el tiempo de sus amores .. . . un beso
Jargo, uo beso no de placer •• • • . . una

prueba de supremo cariño, uo cariño
que mira '.un porvenir brumoso, cual
nave que se hace a la vela y endereza
su proa hacia mares alborotado!, ¿Vol,
verla? ¡quién sabe!
III
La luna disipó las sombras, su luz
proyectó imágenes extravagante!.
Enrique abrumado por las añoranzas
rio conciliaba el sueño;
Sin embargo pudo más el cansancio
y los ojos se cerraron al mundo vivien•
te .... y el combate era encarnizado,
por ambas partes se luchaba con d11·

Sr. Lic. Rogerio Meraz Riveroque aca·
ha de obtener su titulo despues de .
uo brillante exámen pro•
·
fesional,

Tres escenas de cEI Galliue·ro&gt; por la compañía del Colón.

•

�·BOCETOS
CLOTILDE VILLEGAS LEAL

El martes se estrenó «Marido
ijooorario&gt; (cMoosieur Zero&gt;)
franco éxito, favorablemente aco·
gido por el público, que no se
dignó tomar en cuenta la autori·
zada opinión del pelagatos Mar•
do Gala.
Comprendemos que plumas tao
autorizadas como las de cMonse·
ñor,&gt; cFlorisel,&gt; cTristáo,&gt; Ve,
lasco y aún la del mismo «Cha·
maco Loogoria,&gt; se dediquen a
las delicias de la crónica tea·
tral, pero. francamente, (oese a
la subversión del medio) no se
nos alcanzan las «gracias&gt; de los
iodumeotados literarios, que al
abrigo de la osadía que ~iempre
proporciona la ignorancia, her·
mana gemela de la santa envidia,
hacen o pretenden hacer, peroe•
tas, en letras de molde.
Hizo su aparicioo el cvodevi•
le,&gt; y al punto, porción de meo·
tecatos recordando a Oleodorff,
supusieron tarea facilísima eso
de «traducir &gt;
Y Don Nadie, excelso Palmis•
ta, (dan fe) ilustre desconocido,
perfecto imbécil, con 17 años
(dos más que Cos) de vida lite•
raria a cuestas, y algunas obri•
llas infumables como «Nieve
sobre volcanes,&gt; pongo por ca•
so, se lanza a la palestra, y
«usurpa,&gt; esa es la frase, por no

emplear el término «despojo,&gt;
la empresa a ingenios e~clareci·
dos y gloriosos capaces de dar
leccioot s a Moliere o a Raci·
ne.
¿No es esto atroz?
¡Abl Don Nadie, )infeliz! al
que tantas tempestades hao azo•
lado, conoce demasiado t:l co,
razón humaoo, para cuidarse
del destemplado graznido de las
ranas en la charca! ....
Si hay en México, más plumas
que....••.•. en un gallinero!
DON NADIE.

Como contaminado de la monotonía
gris de· esta tediosa tarde dominical;
como huyendo de ese malestar insopor·
table que invade a veces los espíritus,
me recojo en la quietud de mi sencillo
estudio; entre mis libros y memorias
viejas, sueño y escribo; recuerdo y me•
.dito en el ayer lejano. TJoa colección
de versos juveniles que hablan de &amp;mor,
yacen esparcidc,s sobre mi mesa de tra,
bajo; éllos con so honda y sutil melao •
eolia me han evocado cosas que fueron,
ilusiones que se desvanecen, tristezas
ayer soñadas y hoy convertidas en
amargas realidades .... Como que esta
colección de versos, manuscritos algo,
nos, los de allí pasados en máquina,
4stos, recortados de las páginas de tal
o cual revista han sido escritos por una
compañera y hermana; por ooa mujer
soñadora en pfeoo triunfo de idealismo
y de bondad; bao sido escritos amoro•
sameote por Clotilde Villegas Lealuna poefüa que ya va siendo conocida
del público, por la publicación de sus
escritos amenos.
Esta joven poetisa, esta amiga de mi
juventud y de mis sueños ha ;.bstraidt&gt;
mi espíritu con sus lindos versos-poe•
sfa frágil como el cristal del «tiesto ro•
to&gt; de que Jully Prodbomme nos babla..y aquf (agregaría yo, deja escapar una
onda de seotimeotalbmo exquisito; de
ternura, de amor.)
Exclama en estos versoscDel Cemen·
terio,&gt; que me recuerdan a María En•
riqu·eta:

terna!; estamos eo la cátedra de D. Ma•
nuel Sáncbez Mt:rmol. Somos de cuatro
o seis alumnos, Manuel Cbávez, Clotil·
de Villegas, Miguel Martíoez, Eusebio
, de la Cueva y yo ...• Nos habla el maes•
tro, de Góogora; leemos después, prosa
o verso, según han tenido a bien deparárnoslo las hermanas de Apolo .... Clotilde lee unos versos muy originales por
la infinita melancolía que en ella vibra
como la eterna amargura del libro de
D'Aonuozio en el alma de las Vírgenes
de las Rocas. Previa felicitación del
maestro y compañeros, di a la aotora
de esa poesía la humilde rosa de mi ad·
miraoión que desde entonces florece en
mi espíritu cadoi vez que leo algo de
esa poetisa especial y erótica que ha
logrado como Scharazado, divagar mi
pensamiento con las sonoras alucina•
ciones de su fantasfa, sueltas a volar so•
bre el azul de la mariposa de sus ver•

sos o el cáliz sonrosado de sus cuentos
infantiles.
ll O

o

La interrogo en mi espfritu
- l Quiénes han sido tos maestros, bue•

na hermana?
Y en el recuerdo me contesta:
-«El dicharachero aquel, pequeñín
e ingenioso,&gt; bueno como el pan, afa·
ble como un cura de aldea; risueño co•
mo un colegial alegre&gt; ' (que ha dicho
en cordial elegía Urbioa) ese ioolvida•
ble cMicrós&gt; ....
«Otros de mis nobles educadores,
fueroo-tó. lo sabes, los tuyos-el cvie ,
jecito cantor de las clogénuas&gt; D.
F rancisco M. de Olaguíbel, Balbioo
Dávalos y el Lic. Sáocbez Mármol &gt;
Y medito, en cómo ha evolnciooado
el espirito de esta poetisa dilecta, bajo

-«l De dónde vienes ..•. que has be·
(cho,
di, qué te pasa, por Dios?
-Yo veogo del cementerio,
del cementerio de Amor;
fui a enterrar un imposible
y con él mi corazón,
-¿ Y, te espanta tu locura
y te aterra tu dolor .... ?
- Sí, me P.spaota esta locura
y me aterra este dolor ..... .
porque solo he destrozado
con quererte ...• el corazón!

¿Daspués de leer estos versos no l!IS
queda el espíritu como envuelto en un
perfame de gardenias .. .. ?
O O ll

Escenas de «El Pretendiente,&gt; estreno del
sábado en el Principal.
Fots. Lupercio.

Es la hora melancólica, que dijera
Federico Gamboa.
Surge el recuerdo en mi imaginación
y me hace tornar al pasado.
Estamos en la Escuela Preparatoria,
en la clase de aquel viejecito amable y
bueno, charlador incansable a vecest
irónico en el decir, pero siempre fra,

Srita. Clotilde Villegas Leal, con cuya colaboración nos honramos.

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