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                  <text>Registrado como articulo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914.

Segunda Epoca.

Sábado 27 de Junio de 1914.

Tomo 1.-Núm. 19.

�INDICADOR

"Arte y Letras"
Se publica todos los sáb...dos por la

Cía. rcriodístita Mexltana, s. A.
DIRECTOR:

J. M. COELLAR.
GRREIITE:

MlGUEL LANGARICA.
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3' Riocouada de Sao Diego 41.
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ba, eo donde regirá el mismo precio
que para la República,
· NO GIRAMOS

TODO PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven originales .
•
I

ALVUELO
Parece que está a la orden d~l
día eso de entre¡¡;ar el alma al
Cr~ador en pleno pavimento, después
de un descenso rápido desI
de la mayor elevación que se encuentra a mano.
Una joven se deja caer desde
el tercer piso de un cajón de ropa; otra de una ventana del palacio de correos; la tercera del
se¡to piso de la &lt;fatídica casa
roja,&gt; según los señores reporteros; y la cuarta desde la parte
más alta de la rampa de Chapultepec, No pienso imitar a ninguna de ellas, pero me parece que
la última es la que tuvq.~Jllejor
gusto, sobre todo si tenemos en
consideración que es quien menos probabilidades tiene de acercarse a la muerte: entre el prosaico pavimento del patio de asfalto o la banqueta de cemento
y los agrestes picachos del montículo del Chapulín valen más los
últimos, y, ya lo dijimos, matan
menos.
Por supuesto que todas las señoritas han dejado ~us cartas
más o menos mal escritas, las

cuales, si en el caso de muerte
suelen ser trágicas, cuando la
muerte no sobreviene son soberanamente ridículas. Tenemos la
seguridad de que si se muestra
a la señorita seudo-suicida de
Chapultepec el fragmento de su
carta que publicaron los periódicos. queda curada de sus intenciones auto-homicidas: lástima que a las que se mueren no
se les pueda hacer lo mismo; sería uno de los mejores castigos.
Pero no todo ha sido vuelos en
esta furia por aband-:rnar la vida;
para variar, una joven se su icidó con bicloruro de mercurio, y,
para variar también. no dejó escrita la consabida carta: siquiera esta se puso menos en ridículo: sus gestos solo habrán sido
entretenimiento de loscamilleros
y muerteros de hosp.ital, que son
gente muy poco respetuosa, sobre todo cuando se trata de los
que desertan tan voluntariamente de una vida que, por más que
se diga, tiene muchas razones de
ser.
Ya estov viendo rostros huraños que s~ enfrentan conmigo y
me dicen que no hay derecho para burlarse de la muerte ni de la
miseria; pero a los propietarios
de esos rostros les diré que el
suicidio no es la muerte natural
y augusta, y que no hay miseria
ninguna que autorice al hombre
a destruir una obra que ni siquiera ha llegado a comprender.
,Quién es el que ha resuelto
la difícil ecuación humana? Con
qué derecho se resuelve de una
manera tan brutal un problema
que los hombres más sabios del
mundo no han llegado siquiera a
plantear de modo satisfactorio.
El día que el hombre sepa lo
que es, por qué es y .cómo es,
podrá dedicarse a estudiar la
mejor manera de encontrar la resultante del enorme conjunto de
fuerzas que hacen al individuo;
pero mientras que esto no pase,
y probablemente no pasará nunca, no tenemos derecho para negar a la natura·leza su predominio absoluto en materia de destrucción.
Ya sea que consideremos esas
fuerzas como un destello de la
divinidad; ya que sean solamen-

te producto de una fu nción de la
naturaleza, ni los naturalistas
ni los deístas nos pueden dar la
razón para aniquilar al individuo
resultante de ese conjunto, y el
hombre seguirá siendo una entidad moral indestructible, y el yo
individual no tendrá derechopara arrancarse de una vida que es
algo, para anonadarse y descender del carácter de yo pensante
al de montón de escombros inertes.
Y el deseo de destrucción llevado hasta la propia persona es
un síntcma funestísimo de inmoralidad; la destrucción, cuando
no se impone por un deber de saneamiento, indica instintos perversos y no puede haber perversidad más grande que la destrucción llevada hasta el colmo de
olvidar que se atenta contra sí
mismo.
Si desde el punto de vi,ta social el suicidio es ridículo, desde
el punto de mira moral es un crimen de lesa razón. No hay derecho, repetiremos cien veces para huir ante dificultades que, como ocurridas dentro de la naturaleza, son naturales.
Hay quienes admiran a los suicidas porque dicen que es un acto de supremo valor enfrentarse
con la muerte. pero esto tampoco es cierto; losquese enfrentan
con la enorme interrogación de
la cesación de la vida animal lo
hacen porque ignoran lo que puede ser esa desaparición material;
no han meditado jamás en lo que
significa esa destrucción del cuerpo, y el que no ha sabido meditar sobre punto tan serio carece
absolutamente de sentido moral.
No son los terrores del infierno, no es el miedo al mundo astral de los espiritistas, es algo
más alto; es la obligación que
tienen todos los seres de dedicar
to&lt;:los los momentos de la vida
natural a estudiar el enorme problema vital para poder mirarlo
con mayor seren idad; con má-,
alteza de miras, y el que deserta
antes de haber tratado de adicionar su grano de arena a los de
los demás hombres se ha negado
a cumplir con el deber más alto
que le impone el acto de nacer.

J. M. C.

Paisajes

.

mexicanos

CercaDfas de S.tDta Ro~a, al pié de la serranía del Ajuscc, D. F.-Fcts. Melbado.

�rr==========---==--==--==--==--==--==--==---==----==----==-~--==--1

ll
,1

La barrica de amontillado

Yo había soportado las mil iojusficias
de Fortuoato de la mejor maoera , pero
cuaodo llegó al iasulto. juré veagarme.
Ustedes que coooceo la oaturale1a de
mi &lt;carácter, oo irán a supooer, me figuro, que haya proferido la meaorame·
oaza. Tarde o temprano me veogatía,
ese era punto resuelto; pero precisa·
meate el hecho de que mi resolución
era défioitiva desea ria ba la idea de to•
do peligro po~ible. Necesitaba, oo solo
castigar, siao castigar impuaemeLte. No
se corrije un mal cuaodo la corrección
puede volverse de alguoa manera contri el corrector. Ni lo es tampoco caao•
do el qué se veoga ao se da a coaocer
al que ha hecho el daño.

.

11

~

tad; su cabeza estaba cubierta con un
gorro puntiagudo cor. campaoillas. Ex·
perimenté tacto placer en encootrarlo
que no podía acabar de estrecharle la
mano.
Le dije; &lt;Mi querido Fortunatol Qué
placer de encontrarle •.... Qoé buen
aspecto tiene usted eI día de hoy! Ahí
tiene usted: Acabo de recibir una ba•

cio de Amontillado sin consultar antes
a usted. Temía no encontrarle y de~•
perdiciar una buena oca!ióo.
-IAmontilladol
- Tengo desconfianza ..... .
-1 Amontillado!
-Y quisiera asegurarme.
-IAmootillado!
-Como usted parece tener alguca

rrica de vino que me dan por Amontillado y yo siento desconfianza • ..... &gt;
-lCómo? dijo él. ¿Amontillado? l ona
pipa? No es posible. !Y en pleno carnaval!
- Tengo desconfianza, respondí; y
be tenido la inocentada de pagar pre•

invitación, pienso ir a casa de Lucbesi.
Si hay alguien que tei::ga gusto crítico
es él. El me dirá •.. . ..

Hay que teaer preseote que, ai por
uaa palabra, oi por acto, ni siquiera por
un gesto, había dado motivo a Fortuaato
para c;ludar de mi b:ieoa disposicióo res•
pecto a él. Coatia ué, como de costum,
bre, recibiéodolo con la mejor de mi~
soarisas. él oo sos pee baba que &lt;ahora&gt;
esta soarisa respoodla a mis peusamiea•
tos acerca de su destruccióa.
Este Fortuoato tenía un punto débil,
si bien es cierto que en cualquier otro
respecto era no hombre ao sólo respe,
table, sino temible. Se vanagloriaba de
ser un buen conocedor en materia de
vioos. Pocos italianos tieaeo eI seoti do
crítico de los bueoos coaocedores. La
mayorfa de ellos acomodan su gusto a
la hora y a la ocasióa, adulación de su
parte a Jo¡ milloaarios ingleses y aus•
triacas. En materia de piatura y de pie
dras preciosas, Fortunato era un ha•
blador como todos sus compatriotas,
pero en cuestión · de vinos sí era leal.
Y a este respecto yo me encontraba po•
co más o menos en el mismo caso que
él; yo también era un buen conocedor
de caldos italianos y los compraba am•
pliameote cuando podía hacerlo.
Al oscurecer de una ncche, ea medio de las faertes locoras del carnaval,
encontré a este buen amigo. Me recibió con una cordialidad excesiva, por,
que había bebido mucho. El periltán
estaba disfrazado. Llevaba un traje
ajustado y partidQ de color por la miOtros dos paisajes de los alrededores de Santa Rosa.

-Locbesi no es capaz de diferen,
ciar entre un Jerez y un Amontillado.
- Sin embargo, hay necios que pre-

�tenden que pu'.lde cam¡ietir en cu,stión
de gustos con usted.
-Vaya! vamos.
-lA dónde?
-A sus bodegas.
-No, amigo mio. No quiero abusar
de su bondad. Veo que está usted invi·
tado . Lucbesi .. . .. .
-No tengo ninguna invitación. Va•
mos.
,....No, amigo mio. No será por la in•
vitación, pero tiene usted un catarro
formidable. Los sótanos son muy búme•
dos, de una humedad insoportable. Los
techos están cubiertos de salitre .. ••
- Vamos aun cuando sea así. Mi catarro no vale nada. ¡Amontillado! Habráj abusado de usted .... . . Y Lucbesi
oo es capaz de distinguir no Amontilla•
do de uo Jerez.
Al decir esto, Fortunato se apoderó
de mi brazo. Me puse una máscara ne•
gra, me envolví en mi capa y me dejé
conducir h3.cia mi palacio.
No había oiogún criado en mi casa,
se habían marchado a divertirse con el
carnaval. Les babia dicho que no re•
gresiri l sino basta la mañana y :pensé
que esto era bastante para que se m~r•
charao todos tan luego como yo bub1t1•
ra vuelto la espald3..
Tomé dos teas de una araña, ofrecí
una de el11s a Fortunato y lo llevé con
mil salamerías a través de noa infinidad
de cuartos basta la bóveda que coo:lu·
ci I a los sótanos. D~scendi por una es·
calera de caracol, encargi.odo a mi ami
go que tuviera cuidado al seguir mis
pasos. Llegamos al fin al pie de los es·
calones y nos encontramos los dos sobre
el suelo húmedo de las bodegas de los
Montresors.
La marcha de mi amigo era insegura,
y a caia paso sonaban las campanillas
de su gorro.
,....¿La pipa? pregutó.
-Está más adelante, respondí. Pero
mire usted ese tejido blanco que cintila
eo las paredes de la cueva.
Se volvió hacia mi y me miró eo los
ojos ceo sus papilas vidriosas de las
que corrían las lágrimas de la embria•
guez.
- l El salitre? preguntó al fin.
-El salitre, respondí yo. ¿ Cuánto
tiem;&gt;o hace que tiene usted esa tos?
La mism1 tos irnpijió al pobre hombre c:mtestarme durante alguo rato.
-No es nada.
-Venga usted, dije eo tono resuelto;
vamos a regresar. Su salud es antes que
tod(!, Usted es rico, respetado, admira·

do, amado; usted es feliz .... como yo
lo fuí eo otro tiempo. Un hombre como
usted dejaría uo grao vacío detrás de
sí. Vamos a regresar; se enfermaría us·
ted y yo oo quiero tener esa responsa,
bilidad. Además. allí_ está Lucbesi pa•
ra .....•
-B.1sta, me interrumpió él; esta tos
oo es nada. No es eso lo que me habría
de matar. No pienso morir de cata•
rro.
-Es verdad, es verdad, repliqué, y
además;yo oo he tenido la intención de
alarmarle sin razóo ;pero debería usted
tomar toda clase de precauciones Uo
trago de este Medoc le protejerá contra
la humedad.
Al decir esto rompí el cuello de noa
bctella que se hallaba en fila con mu•
chas iguales, acostada eo el suelo.

-Beba usted, le dije ofreciéndole la
b:itella.
Levantó los labios al mismo tiempo
que me bacía uo saludo familiar, lo
cual hizo sonar las campanillas del go•
rro.
-Bebo, dijo, por los muertos que
descansan a nuestro derredor!
_y yo por la larga vida de usted!
Me tomó nuevamente del brazo y
continuamos nuestro camino.
- Estas bóvedas son amplias, dijo él.
-Los Montresor, respoodi, eran una
familia grande y numerosa.

-Ya oo recuerdo cuáles son sus ar•
mas ?
-Un ancho pie de oro, sobre campo
de azur: el pie aplasta a una serpiente
rampante cuyos dientes se implantan
en el talón.
-lY la divisa?
-&lt;Nemo me impune lacesit. (x)
-1Bravol
El vino chispeaba en sos ojos y las
campanillas tintineaban. Yo mismo me
sentía excitado por el Medoc. Habíamos
pasado a través de muros de osamentas
en los que las barricas se mezclaban
con los fémures en lo más profundo de
las cataccmb1s. Hice un nuevo alto, y
esta vez me permití tomar a Fortuoato
por uo brazo, arriba del codo.
- El salitre) dije, aumenta de ooa
manera alarmante. Cuelga como espu·
ma a lo largo de las bóvedas. Nos bailamos debajo del río. Las gotas de hume·
dad se filtran a través de las osamentas
Venga usted, regresaremos antes de que
sea demasiado tarde. Su tos ..... .
-No es nada. Continuemos. Pero sí
sería bueno otra copa de Medoc.
R Jmpi el cuello a otra botella y se la
ofrecí. La vació de un sorbo. Sus ojos
brillaban ardientemente. Sonrió y lanzó
la botella por el aire haciendo una seña
cuyo sigaificado no comprendí.
Lo miré con sorpresa. Repitió la señii, una seña grotesca.
- lNo comprende usted?
-No, respondí.
-Eatooces no es usted de la logia.
-lCó:no?
-No es usted de la masooeria ....
-Sí, hombre, sil .•... .
-Usted ma~óo? no es posiblll, .....
-Yo masón.
-Alguna seña.
-Aqui está, respondí, enseñándole
una cuchara de albañil que saqué de
debajo de mi capa. (2)
-Usted se burla, dijo, retrocediendo
algunos pasos. Pero vamos al Amonti•
liado.
-Amén, dije, poniendo de nuevo el
utensilio b1jo la capa y ofreciéndole mi
brazo.
Se apoyó pes1dameote. Continuamos

( 1) Nadie me humilla impunemente.
(2) En inglés lo mismo que en fran•
cés, se puede hacer uo juego de pala•
bras que en español oo resulta, porque
albañil y masón se designan con la mis,
ma palab¡a. (N. del T ).

nuestro camino en busca &lt;le! Amooti•
liado. Pasamos por debajo de una serie
de arcos; descendimos, caminamos más,
luego volvimos a descender para llegar
al fin a una cripta cuyo aire estaba tau
viciado que bacía enrojecer la fhma de
nuestras teas en vez de avivatla.
En la parte más profunda de la crip·
ta se hallaba otra menos espaciosa. Los
moros estaban tapindos de huesos que
subían hasta la bóveda por arriba de
nuestras cabezas como eo las catacum·
bas de Paris. Tres de los muros estaban
tapizados de esta manera, eo cuanto al
cuarto los huesos habían sido despreo·
didos y estaban dísemioados por el sue,
lo formando un montón de altura con•
siderable. En el muro desnudo de sus
ornamentos ootamos otro reducto iote•
rior de una profundidad de cuatro pies
por tres de ancho y como seis o siete
de alto. No parecía destinado a ningún
oso especial; era simplemente el in•
tervalo entre dos de los colosales pilares que sostenían la bóveda de las ca•
!acombas, cerrado en el fondo por uno
de los moros que las limitaban.
En vano quiso Fortooato investigar
lo que babia dentro con la débil luz de
su antorcha. La luz, debilitada por la
pesadez del aire no nos lo permitía.
-Adelante, le dije, aquí es donde está el Amontillado. Y Luchesi ..... .
,....Es un iguoraote, interrumpió mi
compañero que caminaba difícilmente,
y de quien oo me separaba oo solo paso.
En un instante llegó al fondo del re·
ducto, y al encontrar la roca que le cerraba el paso permaneció estúpidamen·
te perdido. Un momento después estaba
encadenado al granito. Había fijos en
el muro dos garfios de hierro separa•
dos como dos pies e.o el seatido bori·
zootal.
A uno de ellos estaba ádherida una
cadena y al otro un ~andado. Colocar
la cad,oa alrededor del cuerpodeFor•
tuoato y cerrar al caodido fué asunto
de pocos instantes. Estaba demasiado
ebrio para oponer resistencia. Quité la
llave y retrocedi algunos pas\)s fuera
del recinto.
-Pase usted su mano por la pared,
dije, oo dejará de sentir el salitre. La
verdad, esto está muy húmedo. Por la
última vez, permítame usted &lt;suplicar•
le&gt; que regresemos. ¿No? en ese caso
me veré en la dolorosa necesidad de
dejarlo. Pero antes debo prodigarle to•
das las atenciones que están en mi ma•
no.
-El Amontillado, dijo mi amigo, qoe

aun no se reponía de su admiración.
-Es cierto, el Amontillado! ..... .
Al decir esta, palabras me arrojé so·
bre el montón de huesos que había a la
entrada y lo hice a un lado. Pronto des·
cubrí piedras de construcción y arg1masa. Con estos materiales, y ayudado
de mi cuchara, me dediqué activameo•
te a tapiar el reducto.
Apenas babia colocado la primera
hilada de piedra cuando me di cuenta
de que la embri1guez de Fortuaato se
babia disipado en parle. La primera
~eñal de ello fué un grito sordo y su•
plicaote que venia del fondo del reduc•
to. &lt;No era el grito de un hombre
ebrio&gt;. Después hubo un largo silencio.
Puse una segunda hilada, luego uua ter·
cera, y ooa cuarta; y entonces oí sacudir la cadena furiosamente.
El ruido continuó por algunos mino•
tos durante los cuales, para complacer,
me más, sospeodf el trabajo y me senté
sobre el montón de huesos. Cuando el
ruido calmó, tomé de ooevo mi cuchara
y continué la colocacióa de hiladas de
piedra, puse la quinta, y la sexta y la
séptima; el muro me llegaba a l.. altura
del pecho. Suspecdf de nuevo el traba•
jo y poniendo las teas sobre la parte
construída dirigí algunos rayos hacia el
sitio donde se bailaba el hombre eoce•
rrado.
Una sucesión de gritos agudos y penetrantes que salieron de la garganta
de la figur_a i:ioc1deoada me hicieron
retroceder. Vacilé por algunos instan•
tes-me estremecí. Sa:qoé de la funda
mi espa:lío y me pose a tirar mandobles

al interior del reducto. Pero un instante d, refhxióo me tranquilizó. Apoyé
la mano en la sólida construcción de
las catacumbas y me sentí calmado. Me
aproximé al moro, respondí a les aullido~ que salían de la cueva; les hice
eco y ano llegué a dominarlos en volu,
meo y en voz. Neoesitaba esto para que
callara mi hablador.
Era la media noche, y mi trabajo casi estaba terminado. Había colocado la
octwa, la novena y la décima hilada, y
llevaba parte de la décima primera y
última; no me faltaba más que una pie•
dra y su argamasa. Levanté la piedra y
la puse cerca de su sitio. Pero entonces
salió del reduc!o una risa contenida que
me puso los cabellos de punta. Después
oí una voz compasiva qoe me costó tra,
bajo reconocer como la del noble For•
tuoato.
La voz decía:
-Jal Ja! Es buena realmente. Una
excelente broma! Ya la alabaremos como merece en el palacio,-ja! ja! el fa,
moso vino.
-El Amontillado, dije.
-Jal ja! sí, el Amootilh1dol Pero ¿no
se hará tarde? l Qué no nos esperan en
el palacio la señora, Fortunato y los demás ? Vámonos.
-ISi, vámonos!
-&lt;!Por amor de Dios, Mootresorl&gt;
-Sí, por amor :le Dios.
En vano esperé respuesta a estas palabras. Introduje una de las teas por la
abertura y la dejé caer dentro. Por to•
da respuesta obtuve un tintineo de las
campanillas. Sentí on dolor en el corazóo, seguramente era debido a la hu·
medad de las catacu~bas. Me apresuré
1\ terminar mi trabajo. Puse la última
piedra en su lugar y la fijé con su mezcla. Contra mi muro coloqué de ooevo
su adorno de osamentas; hace medio
siglo que nadie lo toca.
•
&lt;!lo pace requiescatl&gt;
EDGARD ALLAN POE.
Traducido de los Cuentos Extraordi•
oarios, especialmente para ARTE Y
LETRAS.

�Visiones de la Galle
-

----.

Los mendigos

DI OH
I
El.-Náka yuyutno béhe tilú 1
Ella. Subí tnuyuku bébe tilú.
- lNáka yu ita tibi titú 1
-Ita markoke (1) tibi tilú.
- Náka yundute tibi tilú 1
-Dute ñutoto híchi tilú .
-lNaka yundnte híitilú 1
-Yuyundayabí híitilú.
-Náka yu ichi kíkatilú?
-Ichi ni knchi kíkaiitú
Káhi kanañe kíkatillú 1
Tirumi, tirumi, hikltilú.
II
Hikondul zazuba, yosá indiroy.
Zazuba, zazuba yosá ind_iroy,
~ amaka. ita tibi yosá ind1roy,
Ita tikuába ni tibi indiroy.
Ñana itandóko tibi indiroy,
Hikondo zazuba yosá indiroy,
1ilana kandute, dute nuyabi,
Slana klndute, híchindiroy.
Yute ñntoto, híchindircy;
Hikondu zazuba, yosá indiroy,
Hikondn', zazuba, yosá indiroy,
Saromi, saromi, yosá indiroy.
( 1 ) Markoke, mixtequismo, albaricoque.

El colibrí
TRADUCCION DEL MlXTECO
I
El-lDónde está tu nidito, hermosa niña
De estos huertos de amor ?
.
E lla.-Allá sobre las ramas del sabino
E5 donde vivo yo!
.
.
- Cuál es la flor que chupas, bien de m1 al(ma,
C uál esa bella flor 1
-Es la flor del albérchigo ron:lo
Adonde libo yo!
_ y el agua en que te bañas,¿dónde brota ?
¿En que lugar de ilusión 1
- Es el agaa purísima que nace
Abajo del peñón.
•
_y del agua que bebes, amor mio ?
-Es el agua que al sol
Se mira que del cielo se desprende
Sobre el maguey en _flor! .
.
_y el camino que sigues? dime, dime,

No lo ocultes, amor!
- E l camino que sigJ, ¡oh adorado!
E5e camino .. . . .. ¡no!
Sólo sabe que cruzo suavemente
En mi vuelo veloz,
Zumbando por el aire cuando bu~ co
El cáliz de una flor !
II
El -Escucha: Yo giro y ardiend? en amor,
Verásme violento y alegre doquier,
Buscando en el prado ¡oh niña adorada!
En flores de anona, la más rica miell
C hupar en el cáliz de bella azucena,
Beber en la penca del verde maguey,
Bañarme en el agua más fresca .Y m~ pura,
El agua de peña que brota a mis pie~.
Mis pasos no huyas: y h":re'?os c9oteotos
Saromi, saromi! volando !11• bien,_
Haciendo mil voeltas y giros al aire,
Cerniendo las alas por este vergel 1
ABRAHAM CASTELLANOS.
Ilustraciones de José Tovar.

Estos mendigos de México evocan eo
mí todo uo mundo de visiones fantásti,
cas. Arrastran lamentablemente sos
miembros mutilados por las calles, en,
tre la barahunda de transeuntes, mostrando la desnudez de sus carnes-que
reseca el viento-con una impudicia y
uu cinismo iucoocebibles. Algunos rep·
tao sobre el asfalto como verdaderas
larvas, acechando en la cara del primero que pasa el menor rasgo de con·

G1lería de Pintores modernos mexicanos, inaugurada el
mhmo día.
ble. Pero no termina con eso el espectácnlo: Ahí va un tullido que cabalga
sobre un hombre, a manera de rana.
E sto me recuerda el cuecto árabe
aquél, del cojo montado sobre el tnerto.
¿No os evocan esas fignras toda una
fantasruagorfa de seres extraño~ ? ¿ La
piedad que producen, no se mezcla en
vuestra mente con algo de horroroso?
Un amigo mío me hizo una vez esta
confesión:
- Yo jamás he dado un solo centavo
a los mendigos.
- 1Cómo!¿ es posible ?- repliqué asom•
brado.
-Así como suena. Y no lo hago por
avaricia, sino·por miedo. Ca:la vez que
Galería de Místicos, de la Escuela
de Bellas Artes inaugurada el
domingo últjmo.
miseración. Sus ojos despiden una mi•
rada profunda, trágica ; una mirada in·
cisiva que obliga a jlpartar el rostro
con vergüenza o a exprimir la escarcela para depositar en sus manos callosas
una limosna. Otros permanec1m extáticos, clavados en les recovecos de los
grandes edificios con la imperturbabi,
lidad de un fakir o de una estatua. Ciegos hay que fijan sus dos cuencas salpi•
cadas d~ sangre, agua jinosas, sobre el
misterio de no sé qué mundo interior y
dialogan con lo incognosible. A la vuel•
ta de un_a esqnioa tropezáis con un pe,
dazo de hombre que ambula sobre una
carretilla de mano: parece una araña
monstruosa. Más adelante , una anciana
extiende lo que Je resta de sus brazos
-dos muñones tallados en carne vivay os los mete por los ojos, mientras un
enano, patizambo, se cuelga a vuestros
pies y balbucea una oración ininteligi-

Galería de escultura.

�,

.

A la mus1ea
~o hombre de esos se acerca a mí, tiem ·
blo de pies a cabeza. ¿Será miedo o
repogoaocia?

proso de Aosta de Javier de Maislrti,
han encontrado la verdadera clave de
la existencia y no se preocupan sino de
cultivar su jardín interior.

o o o

o oo

La psicologla del mendigo es digoa
de estudiarse. Debe ser interesante y
única porque es la psicología d11l que
esoera siempre.
• El mendigo sabe esperar como oirgúo
otro sér vivo. Espera con más filosofía
que los filósofos, éscodado tras la capa•
razóo de iomoodicia. A través de los
huapos, a través de la lepra se vislum,
bra un ensueño blanco de esperanza ...
E~os ojo, estáo llenos de optimismo. Se
parecen a los ojos de los perros ..... .
Fijao~ bien! ..... .
¡Qué grao imaginación debe desarro·
liarse en la mente de los pordioseros
cuando, hincados medio a medio de la
calle o de la acera, esperan durante
horas interminables el tintineo del e.en•
tavo que rueil:1 dentro la copa de uo
sombrero! ¡Cuántas ~eosaciooes perdí· ..
das para nosotros, pobres mendigantes
de ilosioo~s y esperaniasl
Por eso los sueños de los meodi¡¡os
soo blancos ...... moyblaocos ...... No
conocen la pesadilla 'pOrque no queda
lagu eo el cerebro para ella. Son los
únicos satisfechos de la vida; los qoe
no conocen el dolor. No sé. hasta abo~
ra, del suicidio de un mendigo.
l!n ellos la quej-l se convierte t'D sal•
mo de gloria; el tiempo que tarda en
fruición del espíritu: cuanto m:ls espe·
rao más gozan .•....
Como en el evangelio, ellos serlin los
primeros en el Reino de Dios, aún
coaodo ahora soo los primeros en el
Reino de la Tierra. Hermanos del Le•

..

En el mundo de los limosneros-lo
be dicho-se encuentran todos losseres
de la Creación. Todas las plantas, to·
das las piedras, todos los animales, y
entre estos últimos todos los poetas, sa•
bios, filósofos, prlilcipes, etc.
¿Q11eréis ver a Job? Ali! viflne ..... .
Lo reconozco por el&lt;pellejo purulento&gt;
que destila ochenta siglos de paciencia.
Detrás viene Diógenes, nada más qoe
sin tonel porque la &lt;civilización&gt; se lo
ha destruido. ¿Dndáis? Ved aquel viejo
de la calle de Santo Domingo. Como
el disclpulo de Aotístenes, rechaza la
limosna d~ los poderosos, cuando es in·
significante, pero cuando no, la prefie•
re a cualqoier rayo de sol. Después mi·
ra con fiereza al donante avaro, como
recordando los versos de Campoamor:
Y al partir con mutuo agravio,
¡miserablel-dice el sabioy el Rey dice (Miserable!
Después de ese Diógenes coo camisa
va San Lázaro, arrastrando su carroña
com\l el caracol arrastra su concha.
A1opta uoa resignación y humildad es·
tudiadas. Baja la cal:,eza y alarga el
sombrero, mirando de reojo para des•
cansar en los cortos intervalos que la
vía es!Á libre!
(Ahl ¿y aquella anciana de Hombres
Ilustres? No hay en todo México desde
Peralvillo basta la Tlaxpaoa quien oo
la cooozca. Noventa años de voluptuo•

sidad la han reducido a su última ex·
presión. Impotente para las grandes pe•
roratas de sus compañeros, no hace más
que alargar su mano sarmentosa y mu·
sita apenas: idaaamel Acurrucada en
los días de frlo en un ángulo del edifi•
cio de Correos, Ei parece un costal de
huesos-baciéodole mucho favor!
Pero todos los limosneros de la Ca1
pita! no valen Jo que pesa aquél de la
calJe de Sao Francisco. Es, ha com•
prendido a fondo el alma impresiona·
ble dtl pueblo, con má, ciencia que los
teóricos de academia. El no muestra su
cuerpo al desnudo, ni enseña sus Hagas.
No llora a los traoseuntes ni se arrastra
por el arrovo. Pero se rodea de gran
aparato. Hincado en las esquinas, a la
hora en que más se atropeJJan los paseantes de la aristocr.hica avPnida, pa,
rece más bien un rey qut espera la
bendición. Delaote coloca on platilJo
muy limpio, muy reluciente, cuidaodo
de no retirar de él sino las monedas de
escaso valor. A su lado duerme un pe•
rrillo blaoco, sujeto por uoa cadenita
a un botón de su chaqoeta. La gente
que p3sa derrama lágrimas rle piedad
sólo al verlo-ya se sabe que la llistima
es contagiosa. -Todos sienten una con•
miseración sin límites en presencia de
aquel hombre. Entretaoto, sobre el pla·
tillo llueven los centavos y los décimos
qui" da gusto. Llueven tantos, que al·
¡¡unos golfos, aguijoneados por la feroz
Carpanta que se ha de$atado en estos
' días, lo miran con eovidia, como di·
ciendo:
-!Si todos pudiéramos ser mendi,
gosl
PORFIRIO HERNANDEZ.

Q

Musa radiosa: te adoro; pulsa tu el•
tara de oro, puebla tus selvas sonoras
d_e faunos y aves canoras, preludia en
ritmos cefíreos tus sinfónicos rumores,
traspórtame a tus empíreo3 de melódi,
co, fnlgores. . . . .
!Música! musa armooiosa bada, be•
chicera, diosa......
'

Y? te amo, musa divina, niofa, sllfide,
ond1~a; _tu ~mor es ideal y etéreo, como
un m1ra¡e sidéreo, y tus líricos acentos
S?n dulces, arrobadores, sublimes, mol•
hcolores, raudos, cadenciosos, lP.n•
tos ......
FERNANDO DURAN.
Te adoro, sirena uodosa: en tu fuen•
te rumorosa bebo dulzuras y amores
en tus jardioes florecen los ensueño~
y las flores de ideales que no fene ceo.
Cuando de amores murmuras me
abaodono a tos ternuras, cuando tu co.
ro ~s d~ gloria vibra en himoos de vic•
toria, s1 relatas epopeyas tu verbo es
belJo y brill,10te, si ritmas con melope·
yas te sigue el alma anhelante; si béli,
cos son tus sones ensaochas los coraza•
oes, si láoguidas son tus ootasetérea en
Las olas procelosas, de crestas espu•
la brisa flotas ..... .
mo~s, abate_n sus fra gores y suaves se
Animan tus alegrlas, arrebatan tus desliza~, al 1ovadir la pla" con ondas
grandezas, encantan tus melodías y coo• que se 1rizan ..... .
mueven tus tristezas ..... .
Allá, en lontaoaoza, ·cual frágil espeEre~ vi~gen que suspiras, besas, ele, raoza, surcando bravos mares, de dodas
vas e 10sp1ras•.... .
Y pesares, destácase ligera, como ave

Los suspiros

marinera qae roza con sus alas el limbar de las olas, h, barca pescadora oim•
bada co_n aureolas de fulgor crepuscular, de infladas y albas velas dejando
sus estelas opalinas wbre el mar.
Y sólo en su barquilla, de airosa y
brava quilla, bogando en uo océano de
suaves peosamientos, llevado de sos gi•
ros, ~uspira el m~rinero, huyendo con
los vientos sus cálidos ~uspiros.
Y _al. eoterarse el viento del h Jodo
senhm1ento que engendró los suspiros
que vuelan en sus alas, abatió su ven,
dahal, en eólicas escalas, sobre uoa isla
de coral.
. Y alll, en l?s corales de esa isla de
ideales, perdida en mar ignoto de fondo
de zafiros, dejó el vieoto engarzados eu
u?a madreperla los cálidcs suspiros p.:ir
é1 arrebatados .. ... .
0

FERNANDO D UR AN.

México, Junio de 1914.

,

Consuélate

Y en el amor universal te inflamas,
Y ocultas tul dolores y tus cuitas;
Y del consuelo el bálsamo derramas
Tú, que tantos coosuelos necesitas,
o o o

De Rimas del Alma.
¿Qué vives tú sio luz ?...Y, quién lo piensa ?
Quién te juzga sumido en noche umbrl:i,
Cuanclo falgura en ti con llama intensa
Tu alma que resplandece como el dial
o o o
Dios, que te tiene amor, cerró tus ojos
Para que lleno de dolor no vier~,
Como es el mundo, páramo de abrojos ....
Que cruzan los reptiles y la~ fieras.
oo o
Sereno así, sin ambiciones locas
De la existencia en el amargo viaje,
Si bailas doro y prosaico lo que tocas
Tú le prestas poético ropaje.

,

Más no todo en la vida correspoode
El mal que da ña, al dolo que consume,
Seres violetas hay que el muodo esconde
Y vi1Jrten mil oleadas de perfume.

o o o
Entre ellos vives tú .... de ellos arrancas
El gozo puro que tu pecho siente;
Mientras bandadas de ilusiones blancas
Aletean en torno de tu frente.

o oo
Sigue así. ... que raudales de ventura
Te acaricien con gratos embelesos,
Y te brinde el bogar paz y ternura
Y las mosas ...• sus lauros y sus bfsos.
CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

La señorita El vira Garduño y el se ñor don Maorique .Quijano,
saliendo
del templo' de 1a sao ta
.
.
contra Ido matnmon10 el viernes pasado.

ve1acruz d espués de h

b
a er

�r0f
»-

~

11granas -del Agua

F
.
~1·•·
-

•

Eo tarjetas po1tales, eo fotografías,
eo cuadros y eo libros hemos admirado
los famosos juegos de agua de las fueo·
tes del palacio de Versalles; sabemos
qu!l en ~iertos días del año se abren las
llaves de las fuentes del parque i:x '
real y que los parisieoses haceo la pe•
regrioacióo para ir a cootemplar lao
bellezas acuáticas.
Pero en cambio igooramos que cada
jueves y cada domiogo podemos admi·
rar eo ouestra alameda juegos de agua,
si no tao _graodes como los de Versalles,
sí tao bellos como lo3 de allá, y sin ne•
cesidad de viajar arriba de cinco minu·
tos eu tranvía o diez a pie.
La fuente central de ouestraalameda
no tiene nada que envidiar a los jurgos
de agua de ninguna parte del muodo, Y
las cuatro menores son bellísimas.
La g ran cúpula de agua que forman
los chorros combinados de la fuente
central es uo modelo arquitectónico eo
su género : los cuatro surtidores centra·
les, sobresaliendo de los chorros que en
circulo brotan a su erredor, y estos a
su vez domiuaodo sobre los chorros que
de la orilla van al centro formao un
conjunto difícilmente superable.
La Venus en medio de su canastill&lt;e
de hilillos de plata parece surgir una
vez más de las aguas del océaoo. Y la
graciosa muchacba que deja caer p~r
eotre sus dedos las finas gotas de rocio
en medio de cuatro rnrtidores es uoo
de los adornos más belios que se pue•
den imaginar para uo parqoe.
Coo uo ligdro esfueno de la voluo·
tad y,de la imagioacióo, la fantasía pue·
de ver perlas, diamantes, toda clase de
piedcr.s preciosas en medio de los cho·
rros que descomponen la luz del sol to·
mando todos los tintes del iris.
Como si se tratara de la fuente de
los g oomos de la preciosa leyenda de
Becquer, parece que las ag uas de _la
alameda proceden del centro de la he•

t

rra doode lo, eoaoos h3o acumulado
tl)dOs los tesoros que se pierden eo la
tierra, y que esa.s aguas, al ~!ir arras•
trao con ~llas partículas de oro y de
piedras preciosas para teotar la codicia
de ouestras eleg:intes en lq~ días de pa•
seo, por más que oo seaoJ Ja~ perscnas
elrgaotes quienes más se fijen en los
primores de las fuentes.

Y los que no, fijamos, los p:&gt;co, que
creelllos oir en el chorro del agua U 'l
mensaje de t ranquilidad o de vida; los
que sabemos que las corrieotes de los
arroyos traeo entre ellds las palabras
de la oatoraleza toda, ya oo necesita•
mos oír el aristocrático mensaje de las
aguas caoalizadas. estamos acostumbrados a cooversar coo el agua en medio

de los campos; en las presas y compuer•
tas, en los arroyos y estaoques.
Pero los que no hayan recreado sus
cídos coo el cbarlar incansable de las
corrieotes del . campo harían bieo eo
acudir al lhmado académico del agua
de las fuentes de la alameda, mientras
pueden ir a París a ver los juegos de
ag:ia de Versalles, que son más grandes
pero oo más bellos; quizás de esta ma•
nera llegueo algúo dfa a saber lo mu•
cho que diceo los arroyes y los ríos, los
estanques y las comruertas cuaodo de·
jan escapa r el agua.
GRILLO.

�La tarde eo su rojo celaje fugaz
Que caelvan may presto los idos y viejos
Recaerdos de coaas qae yacen eo paz.

MIMI

~

()::, o
S,:,bre el azul caoa¡;é
De la perfumada estancia
Mimí se muere l De qué? ....
Es u oa flor sio fragaocia,
Sio ilusiones' ~io fé.

En taoto se quejeo la íoeote y el rio:
Las frondas murmureo palabras de amor
Se lleoe de estrellas el cielo sombrlo,
Y cierre muy lento so cáliz la flor ....

11

Q

o o o
o o o

Uo rayo de sol pooieote
Ioceodia la estancia queda;
Como uo amante imprudeote
Que se acaricia eo la seda
l.Je aquella estancia dolieote.
Sr. Benjamín O,ti:i;.

ll

LAS GRANDES GALERIAS DEL MUNDO
La Asociación de Arte de Glasgow

L'.\ muda tristeza de mlstico aceoto,
Q uesieotas en to alma, si pieosaseo mf,
Es rima del poeta, que en alas del vieoto,
Nostálgica y hooda llegaodo va a ti.

oo o
Miml se muere de olvido.
De fastidio y de pesar,
So espíritu s11 ha dormido
Después de tao to soñar,
En ua letargo atrevido.

o o o

Unico amor!

o o o
Por deotro Mimí se muere
Sobre el azul canapé,
Por fuera Mayo que hiere
A Natura con so fe
Para que lavida impere.

o o o
Por deotro la peoa austera
De una alma bue:ia que espira,
Por fuera la Primavera
Como uoa hermosa mentira
Eo uo muodo de quimera.

...... ······ ······ ..... .............. .
De todo, eo torno; se ve,
Amor, eosueño, fragaocia . ...
Miml se muere sin fé
Eo la perfumada eftaocia,
Sobre el azul caoapé,

o o o

Armonías
La mística rima de pálido aceoto
Que acuda al reclamo que le ha mi afáo,
Y que ella te lleve eo alas del vieolo,
M urmulloEde be tos que a tí raudos van.
o o o

Tú y yo nos conocimos, oo sé cuando,
Sólo sé que mi amor nació eo las grises
Tristezas de uoa tarde, eo que velando
Uo crepúsculo rosa los matices
De un cielo todo azul, tú ibas llorando
Tus muertas y pasadas alegrías,
Y yo triste de tristes emociones
Uoí tus peoas a las peoas mías;
E otoo ces olvidastes tus pasiones
Y uo enjambre de hermosas ilusiones
Hizo huir nuestras noodas nostalgias .

. .......... .......... ........ ... ······
Hao pasado ya muchas primaveras
Y el viento se ha llevado muchas fr1Jodas,
Y a nuestra alma aún no llegan las primeras

D~cepciones, contándonos quimeras
De hondos pesards y tristezas hondas,
Y o noca lltgaráo ; eo las brumorns
Opacas e indecisas lejanías
Del porvenir de noestro amor, hay cosas
Q ue oi eo amargos ni en mejores dias
~as formas vagas, traicionaotes frias
Se han de dejar de ver, sino piadosas,
Como vírgenes llenas de tristezas,
Las brisas del invieroo de la vida
A ooestras almas dejarán ilesas
De todo mal; entonces atrevida
La oieve blanqueará nuestras cabezas.
BENJAMIN ORTJZ.

Tlalpam

La mística rima, es triste gemido;
f Arrollo armonioso de grata expresión;
Por eso ella ~ólo habrá comprendido
Las hondas nostálgias de mi corazón.

o o o
Y a la hora eo que triste, se esfum~ a lo te·¡os
cGleofalloch,&gt; paisaje de Willialll Youog.

�~

~·======T===eat====rª=~I
es======:..:i

Bine6cio dela Cruz Blanca en elLíricJ. -&lt;Uaa uoche
de amor interrumpida.&gt;-Artist¡i.s que tomaron
parte en la función.-Fots. Lupercio,

&lt;El adios de la tarde,&gt; por Col{ n Hunter.-&lt;Campamento de gitanos,&gt; por A arown.

La semana teatral, ha ofrecido una languidez digna de
las peores épocas, como si a la furia de estrenos sucediera
ahora, cierto marasmo precursor de grandes catástrofes. (Vulgo disolución de compañía).
El Mexicano, portaestandarte del Arte, háse conteotado con
&lt;reprisar&gt;, &lt;reprisar&gt;, nada más.
Digamos de paso, que la compañia se ha reforzado coo. el
exbarítooo señor Gil Rey, y la escultural y marmórea lite·
rata- sentimeotal, señorita Mimi Derba, verdadero monumento
...... plástico!
Suponemos en camino alguoa, o algunas obras despam•
panizantes (o de -Madrid), destinada:s a hacer· que nos de•
rrita mos de deleite artístico.
Vaya, y por adelantado, nuestra más sincera félicit:lción a
don Joaquín Cos.

�Tres escenas de cEl Misterio,&gt; representado por aficionados en el Centro Catalán el domingo pasado.
Y conste, que uo aprobamos la con•
docta del cervantino cronista Miranda,
al sacudir el polvo al eminente actor,
en terreno eminentemente personal o
&lt;prívate&gt;.
Como actor, el señor Cos (don Joa·
quín) está sujeto a la pública censura
de su trabajo o arte, pero como hombre
es muy dueño de gastarse el &lt;genieci·
to&gt; que le venga en gana.
Es no &lt;Carreña&gt; a la inversa.
¿Tiene él la colpa?
Nol
Sumen ustedes amarguras sin cuento,
disgustos de todo género, quince años
(15!) de incesante labor artistica y apu•
ros pecuniarios, y no les extrañará que
al más pintado se le caiga la bondad al
hígado!

cEl amor en traje de baño&gt; vaudeville arreglado por Rivero y e~treoado con éxito lisonjero en el Lirico.-Fot Lupercio.

Nosotros que hemos atacado, y ruda•
mente, al distinguido actor, disculpamos
so mal humor consuetudinario, y única,
mente procuramos ponernos a respeta·
ble distancia de sos perniciosos efec,
tos.
Por lo menos Cos, tiene un-, cualidad
apreciable; la franqueza!

Y eso, ya es mucho!
o o o
El festival del Lírico a beneficio de
la Cruz Blanca Neutral, resultó lucido.
Excelentes artistas mexicanos, y la
adorable Castillito, pusieron iocoodi·
ciooalmeote so talento al servicio del
dolor y sufrimiento humanos.
Ba.rreiro, el popular Barreiro, estuvo
delicioso en &lt;Los Corridos&gt; en cuya interpretación tanto él, como la encanta·
dora &lt;ingéooa&gt;, cosecharon aplau~os a
granel.
El último estreno, &lt;El Amor en traje
de Baño&gt;, hizo reir grandemente al público, lo que prueba que Don Nadie, es
todavía mucho más imbécil, de lo que
sos admiradores suponen.
La traducción &lt;salpicada de chistes&gt;
digna del pelagatos Martín Gala, joven
aprovechado aunque con dientes de le·
che.
&lt;Ello Inés, se alaba ...... &gt;
Porque al fin, aquí donde impera el
bombo persooalisimo y doméstico,sobre

todo a la hora de comer, fuera gollería
no incensarse a si mismos! ..... .
Forma por lo menos mucho más ori•
gioal y práctica, que la puesta en idem
por el grupo de eminencias inéditas que
juegan al inofensivo jaego de titalarse
artistas, escritores, periodistas, filósofos,
pensadores, etc ...... entre ellos mis•
mosl
-Adiós, Séneca!
-Que lo pases bien, Lord Byróol
,-Preparas algo?
-Si, una tragedia griega., y tú?
-Yo, un cvaudeville&gt; traducido del
chino!
Y pensar que en México, los literata,
zas, no conocen el café con media tos·
tada!
Tienen paesta la proa a Silvayn, por•
que aquí las letras y el talento tienen
derecho, sí, señor, a los &lt;bisteques&gt; del
Priocipall
DON NADIE.

�Páginas

TEATRO INGLES

femeninas

PIGMALEON
Mr. Buoard Shaw, el céle•
bre autor ioglés, acaba de lla·
mar ouevameote la ateocióo
del público coo uoa obra de
eotreteoimieoto qoe él iotitu•
la cPigmaleoo &gt;
L1. trama de la comedia se
basa eo la idea que tieoe uo
profesor de idiomas de que
todc el muodo se poede traos·
formar por medio del cooocimieoto de la gramática. frah de probar so 1.firoacióo
coo uoa muchacha florista que
veode su mercaocfa ea el atrio
de la catedral de Sao Pablo,
y, apareotemeote logra su ioteoto, pues
hace de Eliza Doolitle toda uoa dama,
por sos ropas y aspecto exterior, pero
basta ooa preguota hecha a la dama de
ouevo cuño para demostrar que oo ha
dejado de ser la misma veodedora de
flores de la catedral de Sao Pabl?·.
El pretexto de la obra está d1v1oameote desarrollado y da oport?o~dad
al autor para demostrar sus coooc1m1e~tos eo el idoma ioglés, el cual maoeJa
a maravilla duraote la obra.
El persooaje priocip~l de \a obra oo
es precisameote la florista, s100 so padre, uo limpiador de basuras, que taro·

Q

El limpiador, El corooel, Pig•
maleoo, El limpiador, traos•
formado.
biéo se tramforma al mismo
tiempa que so hija, pero eo
él la traosforC'lacióo es meaos
efectiva, y a cada momeoto
da muestras de oo hallarse eo
su medio; estos equívocos soo
el cclou&gt; de la obra que ha
sido muy comeotada, taoto eo
Ioglaterra, como eo otra3 par.
tes de Europa doode ha sido
represeotada.

.1

Eliza Doolitle, traosformada.

Mr. Beroard Shaw, autor de la obra.

Eliza Doolitle, antes de la traosformacióo.

No cabe ya dadarlo. El
glacé se ha impuesto sobre
todos los otros géoeros, y
coo él se bao copiado to•
dos los modelos de trajes
seocillos y matioales, ves,
tidos elega.ote,, trajes para
comidas, para bailes y gar·
deo par lys, chaquetillas
cortas y coqaetooes abri,
gos amplios que vieoeo a
recordar el maoto de la
célebre Manoo; sombrercs
écharpes, lodo en fio, se
coofecciooa ea tafetán.
Claro está que para que
un mismo género se preste
a usos tao diversos, fácil es
imaginar que hao sabido
darle mil aspectos distio•
tos; véase glacés cuyos co•
loridos son tao variados
como los del paño y los
crespones de seda; glacés
toroasol mil rayas tafetanes
coa flores estampadas, bor•
dadas una variedad, tan
grande como bella.
Antes de hablar de los
elegantes modelos, quiero
hacer coos¡u cuán eu bo,
g• está el tafetán negro;
sobre diez vestidos de gla•
cé hay seis de glacé Df gro
y por cierto no resollan
mooótonos; sos tónicas,
sos cinturas y sos adornos
pootn ea ellos la nota ori·
gioal y alegre.
Mochos véase combina·
dos con lo! plegado o fron•
cido, con bordados de co·
lor y con glacé escocés.
La mayor- parte de los
trajes de tafetán se componen. primero, del eslre•
cho fourreaux,sobre el que
colocan tónicas volaotes,
draperías recogidos, ele.,
pero eo bastaotes modelos;
estos fourreaux están pli,
sados,sioqoepor esoabol·
tea más que los otros; sus
pliegues son pequeños y
plaoos, pliegues redoodos
muy estrechos, de no ceo•
tí metro y medio, y tao bien
disciplinados y planos, que
no es posible saber si estáo
cocidos o si !asedaba sido
anteriormeote plegada a
máquina; tan solo en el ba•
to, tres o cuatro centíme•
jros del suelo, se abren Ji.
geramente al compás del
andar.
Algooos vestidos elegao•
tes tienen volantes siméJricameote dispuestos en

toroo del fourreaux, cooservaodo siempre la siloe•
ta moderna de que hablé.
Los volantes cosidos a cier·
ta distaocia uoos de otros,
cooviérteose en más volu·
miooso al oivel de las ca•
deras y dismiooyen su vue•
lo y a veces tambiéo su
altura a medida que son
colocados más hacia bajo
de la falda.
Si estos soo de tul, coló·
canse fruocidos o plegados;
los volaotes de tul negro
me bao parecido más va•
porosos, más )iodos y meaos frágiles que los otros.
Algo nos se adoroan con uo
cordóo de azabache, que
viene a tapar so pegadora
con el fourreaux. Los bajos
de estos volantes de tul se
adoroan con oo dobladillo,
con bies de raso o con an•
chas ondas recortadas.
Dejo para mi próxima
crónica hablar de las bol•
sas qoe debeo acompañar
estas elegaotes toilettes así
como una porcióo de novedades parisioM que por
su gusto y comodidad dt:,
ben agradar muchísimo.
CORDELIA.

Sombrillas enanas

Uoa deliciosa combioacióo de encaje. Modelo de )a sede1ía
&lt;El Paje.&gt;

Las lectoras recordarán
que hace dosañosempeza•
roo a osarse uoas sómbri·
llas muy chiquitas, cuya
moda pasó como un relámpago, porque fueroo
ecotadas las señoras que
las recibieroo con gusto,
alegando que eran iocó•
modas de llevar y poco
prácticas para salir a pie.
Hoy vuelven a presea•
tarse las meocionadassom•
brillas, reducidas al tama•
ño de un abaoico graode.
El paño de quince centí•
metros de largo, se des•
pliega al abrir la sombrilla, para poderla llevar sin
levaotar el brazo, y la parte destinada a resguardarnos del sol se dobla por
medio de un muelle, con•
virtiéndola en pequejia
paotalla.

�e¡

Traje de paseo o sport, Modelo parisiense, propiedad de la sederia &lt;El P.ije.&gt;

Elegante toilette de paseo, en gasa floreada sobre razo obscuro. Modelo de Ja sedería &lt;El P ..je.&gt;

�/, Paraguas verdaderamente Impermeables
,(

Fuertes, elegantes y ligeros.
Para caballero .

I
:-lo. 6o. De sarga indestructible, si&lt;·

tema cVelox&gt;.. . ........ .. ..... $3 oo
No. 70 De sarga mercerizada, sí mili
seda, sistema cVelox&gt;... . . . . . . . $4 50
No. 6. De Taffeta pura seda, con
cenefa, sistema clnglés&gt;........ S5.50
Recibimos co nstantemente las últimas
novedades en Corbatas, Cuellos, Camisa5,
Ropa interior, Sombreros y en general toda clase de artículos para Caballero.
VISITENOS O ESCRIBANOS

Au Carnaval de Venise
Esquina

ia.

GRCIBelDOQ

Dos modelos &lt;fin de estación&gt; de la sedería cEI Paje.&gt;

Santo DomiD¡!D y Donceles.
México D. F.

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JOSE ALVAREZ.

S. Francisco 37. México.

1

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