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                  <text>R~gistrado como anícnlo de

Segunda Epo&amp;a.

2~

clase, el

26

de Febrero ele 1914

Sábado 4 de Julio de 1914.

AMOR FRATERNAL.

Tomo 1.-Núm. 20.

Fot. Col. Ozuna .

�INDI CADOR

"Arte y Letras "
Se publica todos los sáb«dos por la

Cía. PeriodístiGa MexiGana, s. A.
DIRECTOR:

J.

M. COELLAR.
GERENTE:

MIGUEL LANGARICA.
OFICINAS:
3\l Rincon'lda de San Diego 4r.
Teléfonos :

Mex. 20-85Neri.-Eric. r4- 5r.
Apartado postal 45 bis.
MEXICO , D. F.
PRECIOS
Ejemplares sueltos . . . ... . . . . . . 20 es·
Subscripción, trimestre.. ...... 2.50
Extranjero, tr imestre. ....... . . 5.00
qon excepr.ión de Estados Unidos y Cn·
qa, en donde regirá el mismo precio
cue para la República,
NO GIRAMOS

TODO ' PEDIDO DEBERA VENIR
CON SU IMPORTE.
No se devuelven origin ales.

La Bestia
La virgen duerme en su lecho:
la silenciosa estancia apenas resuena con la suave respiración
del seno aun mal formado, la
tranquilidad que comunican al
sueño la ausencia d~ todo peligro
y el cansanc o del día pasado en
el cumplimiento del trabaj~so
deber se retratan en la normal idad de las líneas del semblante
y en la natural soltura de aquel
cuerpo, débi! ovillo que parece
va a deshacerse al contacto de
las puntas de los dedos de un niño.
Repentinamente rompe la tranqu ilidad de la estancia un sutil
ruido. Por la puerta, abierta con
toda clase de precauciones, aparecen dos ojos y con ellos una
cabeza; por el brillo, los ojos parecen de un tigre o de una pantera; por lo escondido del movimiento parece ejecutado por una
culebra. Pero no es lo uno ni lo
otro, es algo peor: un hombre,
el a nimal que es capaz de todas
las ferocidades de los primeros y
todas las rastrerías de la última .
Cuando se ha asegurado de

que la doncella está sola, penetra resueltamente y se dirige al
lecho. Todos los instintos brutales que un falso barniz de civilización hahía tenido adormecidos
dentro de aquel hombre se despiertan y siente la necesidad de
hacerse dueño, de un solo golpe,
de aquella virginidad que parece tan débilmente defendida.
Un salto :de panterao un rastrear de culebra le lleva hasta el
objeto deseado, y . contra lo que
se esperaba, encuentra una tenaz
resistencia. Aquel débil ovillo
q ue parecía iba a abrirse al contacto de los dedos de un niño se
anuda y defiende el tesoro que
g uarda cou una tenacidad de acero y con una resistencia de bronce.
L a resistencia enardece al energúmeno y la lucha empieza, desigua l, desesperada. La joven no
cuenta más que con la fuerza que
le da el temor de perder lo que
aprecia más que a su propia vida; está casi de~nuda, un momento an tes dormía y no tiene
nada que la proteja. En cambio,
é l tiene pensado de antemano lo
que ha de hacer; sus músculos de
hombre rudo están templados por
el brutal deseo; tiene medidas
las posibilidades y todos los obstáculos que se le pueden presentar; ha pensado en perfecta vigi1ia en lo que intenta hacer y, para el caso de una resistencia tenaz está di~puesto hasta el homicidi o. para el cual lleva ar mas ,·
resolución.
·
Con esos elementos se empeña
la lucha. En medio del silencio
impuesto por la mordaza los dos
cuerpos se unen, se rechazan, se
estrujan, se huyen o se acometen,
según el caso, y la tenacidad heroica por una parte, y la terquedad de la bestia por la otra, hacen du~oso por algún tiempo el
éxito de aquel combate.
El enardecimien to del hombre
instintivo aumenta por instantes:
la resistencia lo lleva hasta el
paroxismo y, cuando ve que todos sus esfuerzos se estrellan ante una resistencia que nunca sospechó en aquel cuerpo de virgen
nubil, de músculos suaves y aun
mal modelados; cuando comprende que no ha de triunfar en aque-

lla lucha inícua decide terminar
de una vez y de terrible puñalada acaba con la vida de la niña
que al morir debe haber sentido
algo semejante al fulgor que di cen miraban los mártires primeros del cristianismo al sentir.,e
en las fa uces de las fieras del circo máximo de Roma.
El momento que siguió a la
feroz decapitación de la virgen
debe hab~r sido el de mavor 1,ensación para el asesino: si conserva algo de sentimientos humanos
debe haber quedado espantado
ante su obra de destrucción: los
nervios, después de la ruda tarea, deben haber quedado laxos
y el animal, fatigado por su mis
mo trabajo debe haber sentido
el horror de la propia felicidad
destruída: la laxitud de los deseos no sati fechos y el peso enorme de Ta cul pabilidad del homicidio: quizás aun haya llegado a
sentir el desprecio que debe inspirar a todo sér el triunfo en una
lucha tan desigual y tan injusta.
Después se fué, desapareció, y
quizá; no se le vuelva a ver. Si
es pantera se habrá refugiado en
las cavernas: si es tigre, volverá
a espiar en alguna encrucijada
para privar de la vida a otro ser:
si es culel,ra, rastreará pcr debajo de la hojarasca seca para enredarse en otro cuer~o virgen
que duerma con la tranquilidad
que da la ausencia de peligro, y
si es hombre y está dotado de
tocios los vicios de los tres animales, entonces quién sabe donde irá. ~o será remoto que se
esconda bajo la hojarasca de u n
proceso y vaya ante un jurado
para que lo devuelva al seno de
la sociedad, donde procu'rará vivir ejerciendo las malas artes de
las fie ras con la rastrera astucia
de la serpiente.
] . 1\1. c.

MEXICO ARTISTICO Y MONUMENTAL.

o o o

Templo de Santa Clara, Querétaro.

�~---=--~
Buenas amiguitas
Por Henry Lavedan, de la Academia Francesa.

&amp;~=======~
Juaoa.-Claro, además, tiene barba.
Paulina.- Para los dos.
Paolina.-Eso es lo mejor que tiene.
Juana.-Es lo mismo que yo pienRizada, preciosa la tal barba. Parece
so. Y eso es Jo que me da cólera!
Paulina.-Tienes unas ideas famosas. astrakfo de manguito.
Jua.oa.-Crin de asiento de sillón.
l Qué se te da que Torigny se case o
¿Sabes lo que dicen?
deje de casarse? ¿ Acaso te gusta?
Paulina.-No. Dime pronto.
Juana.-cA mí? !Dios míol Pero, ldóu,
Juana.-Que se pone bigodls por la
En casa de los Bresseuil, a las seis de tienes la cabeza?
P aulina.-iDigol Hace un momento noche para ri zársela..
de la tarde. En un amplio gabinete' de
Paulina.-Debe verse precioso. La
dec!as
de tal modo: el bello Torigoy! . .
tocador en donde se pnede uno mirar
Mme. Cbainon,-Y la señorita no es noche de bodas Francisca. tendrá un
en tedas direcciones y en todas las pos•
turas por la abundancia de espejos; la única. Muchas damas a quienes pei- bello eipectáculo.
Mme. Cbaiaon.-Mis señoritas, son
Juana está peinada estilo Ofelia, con no no hablan de él sino en los mismos
los cabellos me iclados de llore~. y ba- términos. iAb! conozco a mochas que ustedes terribles.
Paulinn.-Pero eso sí, baila de una
bia y gesticula con gran animación. van a saltar cuando se deo cuenta de
este matrimonio.
manera deliciosa.
Mme. Chainon, está acabando de polPaulioa.-Allá ellas. A mí no me pa•
vear a Paulina para la comida de cea·
Juana.-No tan mal. Pero le gusta
bezas&gt; que se prepara en la casa. Pau• rece bello el jovencito. Muy lejos de mucho oirse valsar, se eterniza, baila
eso.
lina está peinada estilo Luis XVI.
coa dema~iada suavidad, muy en reden•
Juana.-Ni yo. Si lo que dije antes do, muy acaramelado. Me gusta m.ís al·
fué en tono de ironía. Hay qoe ver que goieu menos perfecto, pero más neres bajito.
vioso.
Paulioa.-De talla media.
Juana.-Te digo que es verdad. To•
Paulina.-El hecho es que con su au•
Juana.-Bueoo, ni chico ni grande. recia de director de cotillón me parece
rigoy, el pequeño Torigny, el hermoso,
el t'.inico, se casa con Francisca, con No se sabe. A mi eso me disgusta muy ridículo.
mucho. Me agrada que sea una o otra
nuestra amiga Francisca de Cyran.
Juana.-Dí de una vez que es un
cosa.
Paulina.-1Nol
&lt;gamo&gt;.
Paulina.-lDJn Quijot~, o Tom Pou·
Juana.-Tiene chi~te que neme quie•
Paulioa.-lJnanal
ce?
ras creer.
Paulina -Me das risa.
Mme. Chainon.- Si se mueve usted
de ese modo, señorita, voy a echarle a
perder los bucles.
Juana.-Te digo que lo sé por mi primo que es amigo íotimo de Torigoy. Es
un matrimonio hecho, archihecho.
Paulina.-Rehecho.
Juana.-Oyeme en vez de estar bus·
cando la manera d" hacer maks juegos
de ?ªlabras Ya le dió su anillo. Ya ve rás que las cosas adelantan. Un rubí
grande como mi puño.
Paulin1a.-lNada más? Tn puño no
me parece enorme!
Joana.-Como puño no es muy gran,
de, pero como rubí, ya te parecería famoso.
Paulina.-(Buenol ¿Qué quieres que
te diga? Jan to peor si es cierto.
Juana.-lTanto peor para quien, se,
gúo tú?

o

JUANA L1rnARQUIS, 18 años.
PAULJNA BRESSEUIL, 20 años.
FRANCISCA DE CYRAN, 20 años.
MME. CttAINON , peinadora.

•

Mme. Cbainon.-iOh, señori1al Una
persona tan bien educada.
Juana -lQué? Es acaso una mala pa•
labra? ¿Tiene algún sentido inconve•
niente?
Paulina.-No. Perr- ... .. .
Mme. Cbainon.-No t:s exactamente
conveniente,
Juana.-Mi hermano la usa a cada
rato.
Mme. Cbainon.-Su hermano de urted es un hombre, y además militar.
Juana.,-Ya sé qne se les permiten
muchas cosas. Retiro la palabra gamo.
No por eso ha de ser F rancisca más
feliz . Pero la verdad es qne atarse por
un rubí no vale la pena, no me parece
bien pagado.
Paulina.-La verdad es que no los
veo muy casados.
Jaana.-No til'cen nada de común,
ningún gusto, absolntamente nada. No
creas qucl ella se divierta todos los
días.
Paulina.-Y eso sin trner en caeota
que le legará sFguramente.
Juana.-Me abres nuevos horizontes.
Le pt&gt;gará, estoy segura de que le ha
de pegar.
Paulina.-Es muy violento. Un mal
carácter en el fondo. Egoísta, sombrío,
siempre ensimismado. Es un señorito
negro y lustroso; tiene las mismas cualidades de sn barba.
Juana.-lPobre Francisca ! ¿Si la pre,
vioiéramos?
Paulina. -Ern es muy delicado.
Juana.-Sí, tienes ra zón. Si tiene que
sufrir, vale más, aun en sn propio inte·
rés, no impedírsPlo.
Paulina.-Pronto ha de darse cuenta
de que ha hecho un disparate. ¿ Para
qué anticipárselo?
Mme Chainon - Mis stñoritas obran
muy cuerdamente. No hay que poner
nunca el dedo entre el matrimonio y la
corteza. Ya nuestro peinado empieza a
verse. (Le pasa. un espejo de mano.)
Juana.-lQuieres que te diga todavía
otra cosa de Torigny?
Paulina.-Sí, ya qce lo tentmos en•
tre manos.
Juana.-Bueno, pues tiene dientes
postizos.
Paulina. -lNo todos?
Juana.-No, ocho o diez. Los que se
Vt&gt;n más. Lo~ más bonitos.
Paulina.-! Oh 1
Juana.-Y parece que lleva corsé pa~
ra sostenerse el busto, poi:que sin él se

caería. l No te has fijado en su espalda ?
Paulina.-Yo nunca me fijo en la es·
palda de los señores.
Juana.-Pues ellos se fijan bien en
las nuestras. Está abultada. Antes de
dos años será jorobado. Uno de los más
hermosos jorobados de París.
Mme. Cbaioon ,-La señorita Juana
exajera. Quien la oyera creería, en pri·
mer h-gar que es malvada, y lurgo, que
babia por despecho.
Juana.-lDe,pecbo de qué?
Mme. Chainon.-De ver qne T origny
se casa.....
Juana.-Esa sí que es buena! Tiene
usted algnnas cosas que no pasan.
Mme. Cbainon.-O más bien, de ver
que ~e casa Francisca de Cyran ... .. .
Paulina, picada -Es verdatl que
F rancisca es menor que norntras, y bu,
biera podido bien esperar a que esto•
viéramos casadas.
Juana.-¿Y eso qué prueba ? Que es
fácil de contentar ya que se echa en la
boca del primero que pasa, eso es todo.
Si usted se figura que a mi me importa
algo el que Francisca se case y que sea
esposa de todos los Torigoys de la tierra, ,e equivoca redondamente, mi señora Cbainoo.

Paulina.-lY a mi? Me esenterÁmente igual.
Jaana.-Lo que hemos dicho es solo
por interés de la pobre de Francisca
que es nuestra buena amiga.
Paulina.-Va a hacer un disparate, y
eso nos da tristeza. No hay que ir más
lejos.
Juana.- Claro que no. Y no es muy
violenta para arrrglarse, Franci~ca.
Pa ulina.-l Está invitada?
Juana.- Srguro. Si ella no estuviera
invitada, ¿qniéo querías que estnviera ?
Mme. Cbainon.-,!Qué cabeza traerá ?
Jnana.-Satisfech.. y encantada, ¿cuál
otia ?
·
Mme. Chainoo.-..No es eso. ¿Cómo
vendrí arr~glada?
Paulina.~Campesina Napolitana.
Juana -Muy banal.
Paulina.-Lo qne le sienta mejor.
( Llama~ a la puerta. t Adentro.
Francisca de Cyran, entra contentí·
sima.-Yo soy, buenos días; buenas tan
des. Qué gnapas están! ¿Cómo les ha
ido desde anteayer?
Panlina.- Siempre lo mi~mo. Y tú ?
F rancisca.-Yo ..... .
Juana.-Puedes hablar delante de la

�aeiora Chaiooo, la primera peinadora
de París. La tumba de los secretos.
Mme. Chainon, amable.-Señorita...
(Sonríe a Francisca.)
Juana.-Háblanos de tus alegrías de
novia. Cuéntanos tus bouquets, tus regalos. ¿Eres feliz? l Te sientes desvaae•
cida de alegría? Taato mejor para ti,
aprovéchate.
Paulina.-Sf, eso es lo que deciamos:
«Nuestra buena Francisca. No es ex·
traño que le haya llegado la felicidad,
porque bien la merece!&gt;
Juana.-Ya sabes que te queremos
bien.
Paulina.-Así es que no te apenes...
E3ta1Ía ea tu amor, puedes radiar im·
pú:iicamente. Torigay es uno de los
hombres más bellos de París, y tienes
razón que te sobra para estar orgullosa
de él.
Mme. Chainon, con malicia.-Puedo
asegurar a usted que hay más de una
persona que la envidia.
Pauliaá.-Esn no nos concierne, pe•
ro Mme. Cbaiaon tiene razón.
Francisca.-1Buenol ¿Ya acabaron
de anonadarme? Pues bien, mírenme
ahora de frente. l Parezco contenta?
Pautiaa.-Más que contenta. Traes•
figurada.
Juana.-l&lt;adiante.
Francisca.-lY saben por qué? Porque todo está terminado.
Paulina.-l Cómo?
Juana.-lCómo dices?
Francisca.-Todo está terminado, al
foso.
Juana.-lYa oo te casas?
Fraocisca.-No.
Paulina.-lY el anillo?
Juana.-lY el rubí?
Francisca -Los be devuelto. Desde
anoche.
Ju1oa, triste.-iOhl ¡Pobre chiquita
míal
Paulina.-Pero qué es lo que nos
cuentas!

Juana.-Eo el fondo debes sentirlo
en el corazón.
Francisca,r Absolutamente.
Paulina.--Eso se dice. Pero interior•
mente debes sentirte triste, es muy na•
tura!.
Francisca.-Les aseguro que oo.
J uana.,-Lo adorabas.
Francisca -Todavía no.
Juana.-Tanto peor. Lo merecía.
Pauliaa.,-No te encontrarás pronto
un partido semejante.
Juana.-Reunía todo.
Panlina.-El físico.
J uana.-El lado moral.
Paulina.-La inteligencia.
Juana.-El corazón.
Pauliaa.-L'l posición.
Juana.-La fortuna.
Pauliua.-Todo.
Francisca, estalla -!Me están aste•
des fastidiando!
P ..uliaa.-Ya lo ves, aos injurias, Es
la mejor prueba de que te sientes hu•
milla:ia.
Juaua.-.Yo te disculpo. Ea tu lugar
yo me sentiría archihumillada.
Fraacisca.~lPero de qué?
J uana.-l Cómo de qué? De haber sido plantada de esa manera la víspera
de la boda.
Francisca,-Pero si yo faí quien lo
rechazó, tonta, Yo fuí quien lo envié a
paseo. Pero! Por quién me toman aste·
des dos?
Juana.-En ese caso, no lo entiendo.
Paulina -Nos damos por vencidas.
Francisca.-Pues es muy sencillo. Ya
no me guita, me convencí de que aun·
ca ~eria respetuoso y le he despedido
sin liquidación. De manera que si las
tienta ahora ....
Juana - Ohl querida!
Pdulina.-Vas demasiado lejos.
Francisca.-Puesto que lo encuentran
ustedes tan perfecto, tan superior, pu'!s
bien, pueden ustedes tomar mi lugar si
les gusta.

Paulina.-No lQ creas.
Francisca.-Como quieran. Y cuenten
con que las conozco bien, queriditas.
Las conozco a fondo!
Juana -lDeveras, chiquita?
Francisca -No soy yo quien se sien·
te humillada, sino ustedes.
Paulina.- l Nosotrasl Vayal
Juana. -l Y por qué? ¡Buen Jesús!

o

Francisca.-Por que ustedes están lo·
ca~ por Torigoy.
Juaoa.-¿Locas por él? Hace un momento que lo destrozábamos; antes de
que tú entraras.
Francisca.-Justamente.-Les da rabia que me baya pedido prefiriéndo•
me a ustedes, y aun ahora, están furi•
bun.iasde ver que yo lo baya despedi·
do con tanta tranquilidad. ¿Es cierto?
Vamos a ver (a la señora Chainon) usted, señora, que parece llena de experiencia l no tengo razón 1 ¿ No responde
usted 1. .'••
Paulina.-No se atrevería.
Mme. Cbainon.-(a Francisca)-Tie•
ne usted su napolitana inclinada hacia
la izquierda, permita que se la arre·
gle.
Jaana.-Diga usted, por el contrario,
que nosotras tenemos razón, señora, y
que esta Francisca es una chismosa.
Paulina.-Dígalo usted

•

il

Francisca.-No Jo diga usted.
Mme. Cbainon. - Les responderé
cuando estén casadas y vaya a peinar a
sus hijas. Mientras tanto, si estuviera
en su lugar votaría por un abrazo muy
estrecho.
Francisca.-Tiene usted razón, voto
por el abrazo ( Las tres sueltan uaa car•
cajada) Somos unas tontas!
(Traducido especialmente para &lt;Arte y
Letras.

Escenas de la fiesta deportiva organizada por el Club cldeal&gt; y efectuada el domic;go pasadg e11 los terre,
nos que el mismo Club posée eQ la &lt;;:olooia de Santo Tom~~-

�fi,_,_1¡jf-===--===---=::::=.;_""":::::::-~===--===---====--===--====-====-~==-=~

»

Dos GrepúsGulos

«

~-==--==---==-~-===---=-~-===::--===--=====~-====~
Para ARTE Y LET RAS

por los tapiales coronando las ventanas
y las puertas. Todo el canastillo de F lo•
ra, que Primavera ha volcado sobre el
c..mpo!. .....
Medio e~condidas entre el verde pálido de )05 limoneros reposan las blancas
casitas con sns techos de encarnadas
tejas, salen por sos chimeneas leves hi•
litios de humo gris que se desvanecen
en el aire, por el que cruzan band1das
de gorriones y bajo los aleros de sus
tejados hacen las golondrinas alegre al·
garabia.
Lanzando mugidos y lentamente, con
c 1denrioso paso que hace sonar a com,
pás los cencerros, las vacas caminan a
la ordeña hundiendo la húmeda nariz
en la fresca yerb1 que bordea el cami•

T ras los montes que a lo lejos se mi,
rao azulosos, envueltos en la neblina
que sube del valle, asoma la primera
luz de la mañana que parece, al ten·
derse por el cielo un rosado tul aban·
donado por los ángeles en el confin del
espacio, un rosado tul orlado de bl~ncos encajes-las nubecillas que flotan
en los picachos de la sierra. Cerca di'!
occidente aun va la luna caminando en DO.
la l'xtensióo azul, moribunda, como lárn ·
Eotre tanto, ya el sol ha inundado de
para de alabastro que ha consumido &gt;ª h: z lll cielo, ya sus tibios rayos doran
sn perfumado aceite.
la b-laoca torre de la iglesia desde la
Envuelto en las últ i111as sombras co• que 11am, a misa la pequeña campana,
mieza el bosque a salir de su silenciosa y en la dulce quietud matutina, entre
quietud; bajo los altos fresnos y las cei- !.Js mil rumores del campo, la brisa lle·
bas, la fuente brota y su transparente va el argentino son.
hilo de agua saliendo de entre las rocas,
corriendo sobre su lecho de musgo,
modula más alegre y sonora su cristalina canción. De las ramas de los ártoles
se escapan rumores de alas y gorjeos:
son los pequeños habitantes de los oi·
dos, que despiertan en sus áureos pa,
lacios.
En el llano, entre el oro suave de los
Ha pasado el astro- rey; sus rubios
trigales y el verde esmeralda de las
milpas que mecen al soplo de las auras cabellos todavía flotan en el espacio,
los largos listones de su ropaje, se oye con la cauda de su ipanto regio teñido
la triste queja de las tórtolas y en las en Tyro, a la orilla del mar, y el po,
copas de los floridos naranjos que em• niente está anega do en púrpura y en
balsaman el ambiente con el delicado oro. Arriba, hacia el cenit se cubre el
.aroma de los azahares, parejas de pa· cielo de rosa y luego de violeta que se
desvanece en el azul turqui:sa del
lomas se arrullan enamoradas.
Lanza su canto el gallo anunciando oriente.
En el pantano, entre los carrizales y
el día como alegre clarín y pronto el
mismo cauto le responde desde cada los juocos, sobre las a!(nas inmóviles
que reflejan los colores del cielo, patos
rincón del valle.
Uo. téoue vientecillo mece blaoiJa· v zarcetas oadau entre las anchas bomente las flores que entreabriendo sus jas de las plantas acuáticas, lanzando
capullos de seda, salpicados de rocío, gritos y hundiendo hasta el fondo la ca·
cubren las cercas y los huertos y suben beza y el cuello verdioscuro~.

El espeso follaje óe los árboles em•
pieza a tomar un tinte amarillento, em·
piezan a caer las hojas y a desnudarse
las ramas, de las que cuelgan los b)an,
ces penachos del heoo, que pronto agitará furioso el viento de Otoño.
Tieoe uo color rojizo el musgo que
tapiza las piedras y viste los troocos;
en el suelo que amarillea resaltan las
oscuras manchas de las turbias agoas y
el festón de verdura que las circunda.
Poco a poco, dulce calma invade el
campo. Vieoen con el aire los últimos
rumores del día; entre el ramaje el ale•
gre murmullo de los pájaros que llegan
al niño para dormir con la cabecita ba·
jo el ala; a dist~ocia, los '&gt;aliclos de las
ovejas que vuelveo al redil, el canto
pP.rdido de algúo labra&lt;'lor que acaba su
tarea y el toque del Aogelos que da la
campana y sub~ majestuorn y grave.
Tras las ruioas del castillo que levaota sus agrietados mures corooados de
hiedra y jaramago sobre la agreste pe•
ña, brilla el lucero de la tarde y sobre
el viejo torreón que se derrumba los
murciélagos giran en rápidos giros.
Ya se deslíe el carmin del cielo; sua•
ve melancolía envuelve a la tierra que
se adormece e a brazos del sileocio que
llega con la noche. Las sombras cuel•
gao ya sus opacos vetos en las faldas de
los montes lejanos, bajo las tupidas ar·
boledas y sobre el pantano, tendiéndo·
las al fin por la llanura.
T éoue claridad de ópalo ilumina el
oriente y sobre las negras copas de Jos
árboles, asciende f'n el cielo color de
zafiro en que se prenden las estrellas,
el 2lobo pálido de la luna llena. Suave
baja su luz; se filtran sus rayos entre las
hojas hasta el musgo que cubre los troo·
ces, tesbalando por el césped; atravie·
sao las cañas, besan el agua tranquila
y peoetran a las derruidas salas del
viejo castillo, habitado sólo por duecdes
y leyendas.
MARIA L. TAPIA.

Pensativa
¿En qué piensa ? F ugaz melaocolfa
Refleja su pupila s~ñadora,
Vdo azul de quimera y de poesía
Nimba de luz su faz eocaotadora.
1Piensa qJizá en la dicha íugitiva
Qoe el libro en su memoria ha despertado
¿O recuerda que su alma está cautiva
Mientras toca su pecho enamorado?

¿ Uoa duda tenaz? ¿ Amor pndido?
1 El dulce aespertar de una ., ñoranza?
1La p.igioa dolieote del olvido

O la página azo! de la esperanza?
No se sabe; de su iotimo Hcreto
Nada dicen sus ojos rn5adore~.
Nada dice su l~bio, que iodiscreto
Q uisiera descubrir sus iiosabon s.
El crepúsculo muerl', y en la estancia
De la pálida virgen s, ñadora .
Uoa rosa Exhala su fragancia,
Envuelta en la tristeza de la hora .... . .
México, junio de 1914.

PABLO M. SOSA,

�ARTE MODERNO MEXICANO.

El cadaver del general don Manuel M. Zozaya, conducido por las calles de G11adalajara rombo a la estación
del ferrocarril para ser conducido a la ci11dad de México.

Visiones de la Galle
En el tranvía
Edmuodo d' Amicis, el de las frases
blancas e ingéooas como el alma de un
oi6o, llamó al tranvía-ea uno de sus

más grandes aciertos-&lt;La Carrozza di todos los prEjoicios estúpidos de casta.
Tutti.&gt; ¿Qué más habría tenido que La socied.. d de ouestros días tiende a
agregar? L'.1 Carroza de Todos. He ahi estrechar cada vez coa vínculos más
en un sólo nombre encerradas todas las fuertes sus diversos elementos, cuya
consideraciones que pueden hacerse armonía final oo esté quizá muy lejos.
sobre uno de los inventos modernos más ¡Qué diferencia de aquella épJca eo
fecundos. El tranvía es un símbolo eo que los aristócratas de sangre azul con·
este siglo de la electricidad y de la vi· sideraban como una ofensa la simple
da intensa; un paso gigantesco dado ha· mirada de uo plebeyo, a ésta en que el
cia la democratización completa de las más linajudo se6or de Ja comarca se ve
naciones, que oo lograron la guillotina en la necesidad de disputar un asiento en
ni los relámpagos del 93. Ya entreveo el tranvía al obrero más humilde del
desde ahora el molde ea que deberán pueblo!
El aspecto de una ciudad cambia
fundirse más tarde-como en un sólo
bronce-todos los privilegios de secta y completamente desde el momento eo

Fiesta efectuada en G:iadalajara para festejar el octavo aniversario del periódico &lt;Kaskabel,&gt; que dirige el
popular periodista Beojamio Padilla -..Fots. Farías,
Estudio al carbón, por Alberto Garduño.

�balde: los conductores están ojo al Cris,
to.)
Para comprender la fuerza de la oe•
cesidad que ha creado en México este
vehiculo, basta dirigir la vista a uo treo
cualquiera, perteneciente a lis líneas
que salen fuera de la ciudad; Va ates·
taE1o de pasajeros,
Merced a esta facilidad de comanicacióo con las ciudades vecinas, las le•
gumbres llegan con abundancia de todo
el Di ;tri to Federal y son vendidas a
precios módicos en los mercados ceo,
trales. Este es no comercio que explota
en su mayor parte la clase indígeoa. Al
mismo tiempo muchas familias trasladan
su bogar a los pueblos cercaoos, fuera
de la atmósfera viciada.
De esa manera el tranvía suprime las
distancias ea la ciudad del mismo mo•
dQ que el ferrocarril y el vapor supri•
meo las montañas y los mares entre los
países distantes. En todos los momeo tos
de nuestra vida ejerce su iofluencia el
armatoste eo cuestión. Se parece a los
curas. Es la única comparacióo que le
encuentro (Tom,o nota del chiste los
almanaques). En las altas horas de la ne•
che, el oído se acostumbra de tal modo
a ese murmullo que produce, parecido
al de un rfo lejano, que es impmible
dormir sin él.
D~ día el espectáculo que oroporcio•
na el tranvía es magnífico. En las es•
quioas de parada se estacionan constan·
temente muchas personas que esperan.
Algunos desocupados no esperan ningún
co:he ni a nadie. E~tán allí bajo ese
pretexto, coo el objeto de mirar las
p~otorrillas a las muchachas que subPn.
¡Gracioso espectáculo. en verdad! Hay
indivi foos que pierden la mayor parte
de su tiempo viendo pantorrillas. No se
distraen más que para com¡lr y regresan a su puesto. He de advertir a cnis
lectoras que no pretendo hacer revel~ciones en lo tocante a este asunto. Uni •
cameote escribo lo que observo, y entre
mis observaciones ocupan lugar prefe,
rente las costumbres. pero esto no es
óbice para que de vez eo cuando diri·
ja algunas miradas de soslayo a las pan·
to1 rillas, sobre todo cuando son maci·
ns. Ya ese lo saben las mujeres y oo
habrán esperado a que yo se los diga.
(¿Verdad?)
-lY en el interior?
-iOh! en el interior es otra cosa. El
interior de un tranvía es un verdadero
teatro y de los más divertido3. Se cose·
chao obras de géoero chico, óperas y
dram1s b1stante serios. Sobid al primer

que se tienden los rieles sobre la calle.
Se vuelve más fecundo el trabajo de
sus habitantes; se hace más precisa la
división del tiempo y má~ cordiales las
relaciones de una persona a otra. El
paseo a las afueras se vulgariza entre
las clases que carecen de grandes re·
cursos i Cualquiera paga seis centavos
por respirar el aire puro de los cam•
pos!
No hay duda que el tranvía vino a
dar el último golpe a la inmovilidad de
la Edad Media, La etiqueta sufrió tam·
bién su tiro de gracia. ¿Dónde está
aquella ceremoniosidad de los caballeros anhguos y aque11as mil genuflexio·
ces y caravanas frente a las pesadas
narrozas da Francia, que tiraban ocho
corceles sujetos de la brida por otros
tantos lacayos? Adentro iba un personaje misterioso. cuvo nombre nadie sa•
bía, sino mirando el escudo de armas,
sigoo de so rancia noble za Nada queda
ya. Voló a la eternidad el espíritu de
la Edad Media y so cadáver-si no os
ofende la metáfora-fué lleva:lo a en·
terrar eo un tranvía!
E~ imposible figurarse una ciudad
moderna, de más de cien mil almas, sin
la comod.idad oue presta esta máquina
prodigiosa. Quitadla por un día y cam•
biaréis al momento el aspecto de las
calles y de las plazas públicas, Al ba·
llicio sucederá no silencio colooi~l y a
la buena marcha de los negocios ordi,
oarios, la desorganización completa en
todo sentido,
Al referiroos a México-y esto no
es oiogún réclame para la compañia
canadiense,....oo podemos menos qu~
alabu el servicio de tranvías, que sape,a al de muchas ciudades europeas y
norteamericanas. L '\ topografía del te·
rreao favorece en alto grado ta re~u laridad de la marcha, pues los vehfoulos
ruedan como sobre una mesa. El carro
oo se mueve casi y de ahí que los ac.ciaoos y los niños concluyan siempre
por dormirse.
Hay algo más digno de observarse
en México, respPcto alasuoto que moti·
va estas líneas En aiol(una otra ciudad
como ésta se abu~a hoto del tranvía.
La comodidad que prestan para viaju
es preferible aún a la que prestan los
coches de alquiler. Todas las personas
que b:lll viajado fuera de la República
pueden comprobarlo. Nadie quiere
transitar dos o tres cuadras sin subir a
la cCarrozza di Tutti&gt; (Se entiende
cuando están los seis centavos a maoo,
porque de lo CO[ltrario oo se viaj~ de

'
,,.

En honor de dos Héroes.

México, Julio de 1914.

,..

·~

.

carro que pasa. Tomad asiento. ¿Ya?
Bieo; eofreote se os coloca un viejo
gordo que no cabe en su puesto, al lado
de un jovencito flaco y pálido, que no
haya donde poner la cara. Pronto su•
ben más transeuntes. Ya no hay asien·
tos desocupados. Un tuoante que llega
tarde se ve en la necesidad de agarrar•
se-para no caer-de las correas de
seguridad, fijas a un atravesaño &lt;ad
hoc&gt;. De prooto viene uo s1cudimieoto
brusco y el tunante, aprovecha la ocasióo para sentarse sobre los muslos de
una hembra aoch1 y rosagante, la coal
no se da por aludida.
-Dispense asted, señorita.
-De oada, señor. El tren se mueve
demasiado, ¿ no es eso?
-Ya lo creo. Maldita Compañía que
no manda reparar bieo las líneas y tie·
ne ano que ir trotaodo. ¡Cómo se ex·
plata al público! ¿verdad?
Más adelante, un pisaverde tacaño
que babia escatimado su asiento a las
señoras que van de pie, salta como un
resorte al cotar que entra una simp:!ti,
C'l jovencita, seguida de so· madre.quien
lan za miradas furibundas a todos los
hombres.
-Señorit1, puede usted sentarse aquí.
-iAb! muchas gracias. No cabemos
las dos. Siéntate tú, mamá. Y usted se
queda de pie?
-iOh! Yo oo me caosojamás, con tal
que usted vaya a gasto. Además ..... .
No tiene tiempo de concluir la frase:
U.1 estremecimieoto ha recorrido el
tren. ¿Qué pasa? Toda la gente se levanta. Hay una señora que alarga su
cuello desmesurado pcr sobre las esp~l•
das da un hércules de feria . Un señor
hosco y huraño que va en primera fila
ha dado an bofetón en pleoo rostro a
un joven de bigote rubio que se permi•
tió ¡¡:alantear a su señora.
El patán se queda muy fresco y e l
&lt;don Ju'lo&gt; improvisado se di,pooe de·
volver la iojuria, cuando aparece el
gendarme. El :isuoto se arregla en po•
cas palabras. Todos se sientan. Se rea•
nadan las pláticas interrupidas. El treo
avanza, mientras tanto, sin de~viarse
una sola linea de la vía trazada a cor•
del, y sin pedir permiso a nadie. Y lay
de aquel que se atraviese ea mala h'&gt;·
ra! Ahí va por las calles todo un ejér·
cito de lisiados, que iofuode respeto a
los iocaatosl
PORFIRIO HERNANDEZ.

.!JI

.

'

í'

,::

'
'

.,.

Zicatecas, la ciudad tomada por los revolucionarios Calles de la Caja y del Teatro.

Portales &lt;Cadete Uribe&gt; y &lt;Capitán Azueta&gt; de Tulaocio J c ~onmemor~ci6n hech~ en honor de los dos bravos marino~ ~u~~t plac;s fueron descubi_ertas el once de Juoio en la
S aes-V6&lt;:10os prom1ae11tes de Talanciogo qu, asiitieroo a I3os en eracru~ comba~1endo cootra las tropas yanoto orgao1zador de la comisión.
Clomemorac,óa.-S,n!&gt;r don Ezequiel Oropeza y

�~

Las carreras del lunes

CRONICA AZUL
..

JULIO
Especial para ARTE\'. LETRAS.

Llega envuelto en gasas sutiles de co•
lor azul y en perfumes de uardo y ma•
dreselva.
Semeja un bot6o de rosa eotreabier,
to que espera la caricia de uoa maoo
blaoca y sm,ve y llora, llora desde su
principio hasta el último iostaote de su
vida porque sabe que esa maoo cariñosa del tiempo, lo destrozará con impie·
dad.
Eotre sus pliegues y perfumes trae
parte de esa estaci6o estival que nos deleita y como Abril tieoe taotas es¡,eran•
zas como flores que embalsaman.
iQué bello es Julio, cara amiga! ....
Tú que tienes la felicidad de esperar
el retorno del amado ¿oo imaginas que
en este mes verás cumplido tu deseo ? Yo
siempre he pensado que eo Julio regre•

san los ausentes, que las ila~iooes dormidas despiertan ante la magoificeocia
que ofrece la Natura y que los sueños
azules de las almas vivas cual la tuya se
toroao en realidades.
¡Qué bello es J alio!. .....
Trae i:legdas para los que gozan y
consuelos para los qu, sufren; fuego pa•
ra las almas ardientes y frío, mucho
frío para las almas muerta~ ; recuerdrs
y e~peraozas para los que aman y olvido cruel, muy cruel para los prede!ti•
oados al sufrimiento y al dolor. Tieoe
días muy hermosos de Ptimavera eo
pleoo Estío, pero también los tieoe. io·
vernale~; sin embasgo, es uno d1 los
meses más hermosos del año. Eo sos
días llovioscs semeja dulce llanto, en
sus dias sin sol uoa queja muy honda
escapada de lo íotimo de un corazón
que busca eco en otro corazón semejante y en sos días de frío un d,lorpro•
fuodo que no tiene nombre.
Sus mañanas apacibles parecen al·
mas que aman en secreto y apasionadamente, sus tardes sin sol tristezas iofi ·
nitas que oo pueden describirse y sos
noches lloviosas llanto de alma~, con•

cierto de quejas y sollozos prolongados
de los que sufren y no pueden decirlo.
¡Qué bello es J ulio!
Amiga mía, si eres feliz porque amas,
tieoes fe, crees y esperas el retorno del
amado, si esta es la época del año q oe
ansiosa y anhelante esperab1s porque
trae para tí alegrías iofioitas, recuerdos
muy dulces, terouras y caricias en sus
perfumes de oardo y madreselva y sue,
ñas azules, muy ,1zules como el c ielo
que nos mira, vuelve la vista pcr un so•
lo momento a los que sufren amargo ·
ras inteosa~. a los que lloran, a los qu~
sue ñao y en vano esperan el retorno
del amado que se alejó para siempre,
vuelve por un solo instante la vi -ta a
esos corazones. en las mó ñanas apacibles, en la, tardes sin sol, y eo las no·
ches lluviosas del mes de JuliJ deja que
tus lágri-nas se confuodan con el llaoto
de esas almas ignoradas, mientras se esc•1cha a lo lejos el concierto de quejas,
los suspiros muy hoodos y los sollaz, s
proloogados de los que sufren yno poe•
den decirlo.
CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

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Corredores que tomaron parte en la primera carrera del campecnato de resistencia efecluada el lunes último.

Un Guento blanGo
Z1catecas.-Jardío Hidalgo,

Moría la tarde, los pálides rayos del
mortecino sol que tramoptaba, bañaban
las blancas nubecillas y el azul del cielo
con luengos chorros de polvo de oro.

El horizoote era como una inmensa
fraoja de color violeta que se iba dila,
yeodo ha.s ta convertirse en carmesí.
Violeta y yo, desde la ventana de mi
cuarto contemplábamos anonadados
extáticos, el paisaje vesperal lleoo d~
iofioita belleza y de inmensa poesía.
De pronto, ella rompió el sileocio, y
con acariciadora voz ; me Jijo:-cNárrame uo cuento de hadas, un cuento

azul, uoo de esos coeotos que hila la
rueca de to imaginación ; un cuento,
donde gallardos trovadores al pie de
feudal castillo. cantan al son de sus Jaú ·
des, dulces endechas y tiernos madri•
gales, a las melancólicas castellanas d e
cabellos de oro y ojos de turquesa que
reclinadas en el marco de vetusta' ven'.
lana escachan pensativas y sonríen•
tes •..... Nárrame un cuento azul,

�Aparté los ojos del
divioo crepúsculo .....
c¿Uo cuento de trovadores que caotao apa
siooados a hermosas
castellanas que los escuchao arrobadas? ¿No
te he contado ya tactos?
respoodí ..... . .Voy a
narrarte mejor no coeo·
to blanco, que mi ma•
dre oarromealgooa vez
cuaodo era pequeñín y
escuchaba atento, acurrucado eo su regazo.
Un cueota b!aoco .....
escacha:
&lt;Erase q ne se era,
uo iomeoso jardín lle•
oo de flores, donde ouo •
ca el iovieroo eo sus
rigores las flores mar•
chitó: J noto a un lago
que había eo aquel jardío, iumeuso lago de
cristalioas aguas de dia•
maote, doode eo las
ooches, al quebrar la
luoa sus argeotados ra•
yos eo las codas, eoto·
oabao sus cáoticos de
amores lasoodioas, coa
voz de ruiseñores, uoa
hada hermosa, el hada
de las rosas, plaotó no
rosal que floreció al
iostaote, la rosa más
hermosa y más fragante qoe ouuca eo el jaraío hubiera abierto a
los besos del sol y de
la brisa sus pétalos de
raso.
Muy prooto otra ha
da vioo, y el verde ta•
llo de uo hermoso lirio
ju oto al rosal plaotó, y
a los pocos iostaotes,
del verde tallo, no blao·
co lirio, dulce y geotil
brotó.
Y vió a la rosa como
saogre roja; de ella se
eoamoró; y doblao~o
amoroso su corola, de
L::is reyes de Dinamarca en Londres -Desembarqoe de SS. MM. Crislian y
este modo le habló:
Alejaodrioa, acompañados por el Pcíocipe de Gales.
«Divioa rosa eoceodida como los ra• eJhlanquíiimo seno de alguoa -tama de de sus labios más rojos y más hermosos,
yos del sol, que saliste tao hermosa de honor; así os ruego, s, ñor Lirio, vues·
las maoos del Señor, que al abrirse tu tr 0 ,perfume goardéis para alguoa pas· que aquellos rosados pétalos de aquella
flor, que, orgullosa poco hacía lo descorola tao puros rayos laozó, que uoa torcilla que os corte, y en mi boaor oo
deñó, sintió eotreabrirse su alma a uo
pobre mariposa que h;i.bía veoido a ad• lo queméis&gt;.
ouevo divioo amor, y sobre los rojos la•
mirarte, se cegó.-A tí ofrezco, hermcLlegó la noche, la brisa, sus caricias bíos su dulce aroma dejó. La niofa ensa rosa mi iocoomesurable amor; yo prodigó, las oo~as blanc_as d_el lago se
tonces sooriente eotre las ondas se huo·
goardaré mi perfume para quemarlo eo abrieron, y rubia y geohl s..ltó de entre
dió, estrechando dulcemente y iobre su
tu hooor &gt; &lt;Yo te amo, fragaote rosa, te ellas la hermosa ondioa, que era la reicorazóo al blanco y hermoso lirio que
ofrezco mi corazóo.&gt; •.....
na del !ago; y aspiraodo con delicia el la rosa desdeñó.
Eotooces, la roja rosa, altanera y or- perfume de la atmósfera recorrió coa
Los pétalcs de la rosa, de despecho y
gullosa sobre so tallo se irguió, y con la mirada del jardío las bellas flores; de dolor toroároose al punto pálidos y
mohío desdeñoso así al lirio cootestó:
miró la rosa; soorió, y eocorvando su so corola inclioó sobre su delgadotallo,
&lt;Sio que vos me lo dijérais, que era cintura de forma de lira griega, el per• y ouoca el clavel llegó que la rosa ha•
hermosa sabía yo, más oo os quiero, fume de la rosa quiso aspirar, mas eo bía esperado, y al fin ..... .la rosa muque yo espero ver a mis plantas reo, vaoo; la rosa oo perfumaba. Volvió la rió&gt; ..... .
dido algún clavel u otra flor menos cabeza al puoto y sus ojos se encentra•
Ahí tienes am.; da mia,el cueoto blan•
pálida que vos, y eo caso que oo vicie• roo coa el blaoquísimo lirio que triste co que alguna vez mi madre me conta,
seo iré a adornar uo jarrón etrusco, y mustio yacía, e ioclioándose soorien- ba cuando era yo pfqueñío y me acu•
gótico o griego de algún suntuoso sa- te, en sos maoos dulcemeote tomó el rrucaba eo su regazo para oírlo.
lón; ahí me veré admirada por mil ojos lirio y lo besó.
¿Te gustó el cuento blaoco?
femeniles y después iré a dormir sobre
Entooces, el blaoco lirio, al cootaclo
MAN UEL G ONZALO PACHECO,

.. . ...

,

-.

Lamentatión de
Primavera
(¡Oh. el matiz de tu eorn€ ño
Líricameote azul!
¡Como el abril risueño,
Manso-como la luz l)I.-SU CANCIO:N.
Dame la divina rofa
De tu lírico rosal ,
Para la azul mariposa
De alas de frágil crbtal.
Suene tu siringa de oro
Coa aceoto funeral
Que ya mi canto sonoro
bs un lame oto in vernal.
Murió mi vida en la rama
Como el ruiseñor que ama
La. clara noche lunar ....
( Rima hermano, el verso de oro
Porque su arrullo sonoro
Má~ dulce hará mi expirar!)
Y verso de oro y de rosa
Vertidos eo tu cai:ción
Haráo la muerte, dichosa,
A mi triste corazóol ......
(Oh, el matiz de tu eosutño
Líl'icamente a zull
iComo el Abril risueño,
Manso como la luz! )
o o o
II.-MI CANCION

•

Los I eyes daoeses ll•g\ndo en los carruajes de Estado al circo ...
de Oxford.

iOh, mi canción
Brota da eterna meo te
De mi corazón!
Hija eternal de mi otoñal tristeza
-Vaga, como el rumor de blaoca eipumaTu, que adoras a la naturaleza.
Vuela, y su corazón, besa y perfuma
Que él co::-ao Goethe al escribirpresieote

•

r4

'1
Banquete ofrecido a los reyes daneses por el Ayuctamiento
de Londres.

Que a bu espfrilu ioquieta, de la pluma
Et correr, cuaodo traza dulcemeo te
El azul peosamieoto que lo abruma.
¡Oh, mi caoción
Brotada eternameote
De mi corazón!
En música coovíertete y levanta
Tu melódico soo de poesla
A él que siempre llora y siempre caota
A la melancolía . .... .
Abrete eo rosas líricas de eosueño,
Caocióo, que abaodooarme oo quisiste
Tó roale a él su porveoir risueño
Mientras yo sigo mi sendero !tiste.
Que él como Goe1he, al escribir presiente
Que a su es¡;iritu inquieta, de la pluma
Al correr cuaodo traza dulcemente
El azul peosamieoto que lo ab1uma.
!Oh, mi C.inción
Brotada eteroameote
De mi corazóol
o o o
lll.-ENVIO.
Dame de tu resal todas las rosas
Que al expirar la tarde recogiste ... .
Suelta a volar tus égkgas hermosas
Sobre el azul de mi esperanza triste.
Y eo mis ioquietas ooches dolorosas
Consuela mi pesar, tú que tuvhte
C laridades de amor, eo las brumofas
Sendas de olvido por do ayer sf goiste.
iDivioo se ñador ; glorioio eftbo
De ateoieoses decir~s .... 70 te llevo
E o el saotuario de mi corazóo,
Porque teodÍ!te a mi dolor tu maoo
Y coor,igo adoraste la ilusión, .....
iOh po•ta, sociólc-go y hermano
Del azul derramado en mi caocióo l
{iOh, el matíz d e tu ensue ño
Líricameote azull
¡Como el Abril. risut ño,
Manso como la luzl)
JUL IO A. MU1i!Iz.

�El callaver del general Zozaya conducido al panteón Francés de esta ciudad.-El Ministro de la Guerra
pre!idiendo el duelo,-Fots. Lupercio,

Tropas chinas que persiguen a &lt;Lobo Blanco,&gt; bandido que ba tenido el privilegio de conmover a toda la flamante
república china.

�Decididamente, Maureote ha clavado
la rueda de la tornadiza Fortuna.
Dios se lo aumente!

o o o
EKpectación !
E.oorme, si lector, ante la próxi,
m1 campaña del ios;goe Muñoz.

ra, que menester &lt;cultivallo&gt; y domarle
a fin de que la potranca no amenace
al cielo, a la tierra y al abismo con sus
peregrinas coces!
María Luisa, bromas a no lado , tiene
talento: si rebaja su or¡¡:ollo a la altora
de so aplicación y se deja embridar por
no actor del fuste de Moñoz, tal vez
pasemos, andando el tiempo, y con él

Iremos a Flandes, vive Dios!
&lt; .... de amores y aventuras en pósl
Es decir tendremos &lt;pápa&gt; si es
que no se le atraviesa en la nacarina garganta a María Luisa Réjaoe,
eso de su fama americana, verd 1de·
ra &lt;blaque&gt; que debemos a las plateadas barb1s de Paco el de las
ídems.
Por de pronto, según chismes de
b1stidores, a la infeliz eminencia no
le lltga la camisa al cuerpo (recuerda sin duda las desastrosas escenas
de &lt;Un drama nuevo&gt;) de pensar en
parlamentes que ni el de Hayti.
Buena ocasión de justificar, en
buena lid, aquello de que María
Guerrero, &lt;allí&gt;, y María Lui,a
&lt;aqoí&gt;.
El laurel, excelente para el &lt;cagón&gt;, sólo se gana librando deseo•
muoales batallas.
Y no b1sta el talento natural.ce rril como potro libre en la prade•

Teatrales
El estreno de la de•
licada comedia del gran
Pierre Wolf &lt;El Secreto del Polichinela&gt;
en el Mexicano, coosti·
tuyó el sábado un ver·
&lt;ladero acontecimiento
teatral de primera y le ·
gítima magnitud.
A ello contribuyó, y
no poco. la presentación de&lt;Mimí&gt; de quien
se temía diera el mag,
no salto (de la zarzuela, a la comedia) sin
tropezar con uo solo
acierto.
No fué así, afortooa·
dameote para el Arte,
pues si bien la iosegu•
ridad natural propia de
traosic ióo tao brusca,
atenuó en algo las singulares facultades de la
bella Mim!, demostró
ésta, en cambio, poseer
talento y facultades.
Debidamen.te cultivi•

das, las coalidades de
Mimí, mujer inteligentísima, según dicen,
pueden llevarla a elevado sitial en el Reino
de la Bambalina que
es, a la verdad, el rei•
no de los justos.
La interpretación de
&lt;El Secreto de Poli•
chinela&gt;, sencillamente
ópima.
Muy bien Cos, en su
papel de viejo que dijo
con justeza, intención
y ternura,
Magistral Prudencia,
muy mona con su peluca de abuela.
Singular mujer, iote·
resante aún en pleno
ocaso ( de guardarropía)
por supuestnl
Mutio y Gil Rey muy
bien.
El resto incluyendo
a la Mootiel, que es
muy guapa y tiene un
pie deli cioso, cumplió.
Ah! y mon!simo el niño
Truacol
Nuestras fdlicitaciones, más cordiales a la
señora Taquilla.

Dos fotografías de la función a beneficio de T irado en el Welton, tomadas
por el inteligente aficionado señor Feroáodez.

María, naturalmente, p:ir eso de la
&lt;eminencia verdld&gt; en futuro no lejano.
Estudie y tome azahar ...... para los
nervios, la artista mrxicaoa y ...... veremos!
En cuaoto a Mañoz, Je esperamos
respetu:isa y admirativameote.

�u

,,za AJ!

Panorama de la ciudad de Zacatecas destruida por los revolucionarios.

VEN ...
Para &lt;Arte y Letras.&gt;
Todos los días por la mañana,
H ermosas flores cortando fuí;
Y a 1 acercarme a tu ventana,
Sollozó tri~te la flor lozaoa
Por que estás lejos, niña de mí!
Da aquel frondoso rosal oiveado
Las flores secas temblando estáo,
Porque hace tiempo lo has olvidado;
Y todas ellas se hao marchitado
Como al impuho del huracán.
Aquella hamaca suave y sencilla,
Mucho suspira por tí también:
Te añora tanto la pobrecilla .. . .
Quiere que vuelvas cerca la orilla
Para arrullarte con ~n vaivén!

..

El claro lago de plata lleno,
Cuando la luna vá a reflejar,
Busca la nave, triste y sereno;
Aquella barca, en cavo seno
Jb3mos solos a navegar.
!Niofa adorada! ¡Musa querida!
Todo te espera con mucho amor;
Si tu oo vienef, mi pobre vida
Llena de peca, muy aflijida,
Caerá marchita como la flor!

Sr. Lic. A2p3, dhtiognido veracruzioo, muerto rr-

FRAN CISCO GARNIC.\ DEL TORO.

\

Jardín principal de la plaza de Zacatecas.

cientemente.

Páginas

Femeninas

El color que más domi•
na ahora es el tango, pero
afortnnadamente hay tan,
go y tango, el que se baila
finamente en nnestros más
aristocráticos salones re,
cnerda bien poco al dan•
zado en los cafés concier·
tos y sncede lo mismo con
el color al qne le presta
su nombre. Del tango claro al tango oscnro existe
uoa verdadera escala rica
y variada.
Si una lectora es rubia
como los trigos, o su cabe•
llo es de un castaño dulce
y armónico le sentará per•
fectamente el traj~ de no
tono ctaogo claro&gt; completado por una doble túoica
de encajes. La morena por
el contrario, deberá esco,
ger so vestido en los tonos
anaranjados y cobrizos y
colocará bajo los encajes
del cuepro una gasa o tal
del mismo color, que teñi•
rá ligeramente el blanco
del encaje.
Nos preguntamos por
qné la tiránica moda había relegado al olvido por
tan gran espacio de tiem·
po a los cintnrones. En
cambio en la presente tem1
porada han venido a coas,
titnir ano de los más im·
portantes detalles de la in·
damentaria femenina. Sin
embargo, la cnestión de
los cinturones no es tan
sencilla como a primera
vista parece, pnes confec·
ci6nase hoy día, en verdad
complicada. Y así un traje
relativamente sencillo pne•
de realizarse considera,
blemente un cintnrón for·
mado de tiras de azabache y celnloyde o en tren•
cillas de seda vegetal, bri•
llantes y flexibles, atadas
como las antignas ballade•
ras. Estos cintnrones tienen
unos dos metros de largo y
Ju grandes modistas las
colocan de cien maneras,
a coa! más ingeniosas, he
aquí dos ejemplos: Sobre
no traje de granadina azul
una de esas trenzas negras,
plegadas a pliegnes pla•
nos, está colocada como un
vo!r.nte al borde de la tú•
nica y a manera de pequeños faldones q.el cuerpo, resultaba de un efecto
nnevo y eneantador.
El segando sobre traje
sastre de glacé tabaco, cu•
ya chaqneta tiene la for•

ma de una americana con
largo faldón fruncido; la
trencilla, de ignal tono
qne el vestido, pasa dos
veces encima del talle co,
mo alto corselete.
En cuanto a los cintnro•
nes, qae son independien•
tes, se combinan de todas
clases: rayados, escoceses,
de fay, de otomán, de tafetán. Los lazos grandes y
planos. continúan muy eo
boga; pero aconsejo a las
señoras un poco gruesas
que los coloquen preferen•
temente atrás, y no sobre
el estómago lo cnal eogorv
da siempre.
Sobre los trajes de glacé negro, los cintnrones
colgantes de perlas y de
azabache negrQ son de un
gasto refinado, pndiendo
realizarlos también con
p'!rlas de oro y strass.
Elegantísimo así mismo
los siempre lindos trajes
blanco y negros el cinto·
rón fdrmado con perlas
blancas.
El único inconveniente
qne representan estos nnevos cinturones es so precio q ne relativamente re·
salta algo elevado. pero
hay que pensar qne ellos
solos pueden constituir to,
do el adorno del traje.
Próximamente daré detalles sobre las naevas fer·
mas del sombrero,
CORDELIA.
o o o

LA HIGIENE DE LA
MANO

fraje de calle o paseo. Modelo parisiense, de la sederia
cEI Paje.&gt;

Para tener las manos fi.
nas y bien cuidadas se de·
be adoptar el sistema que
voy a explicar; lavárselas
siempre con agua no poco caliente empleando con
preferencia el jabón de al·
mendras, de lechuga o de
glicerina.
Siempre que se laven
las manos y para dormir
se deben quitar los anillos
pues de otra manera la
mano se deforma comple•
!amente.

•

•

�1

.; 1

Elegante traje de calle co seda floreada. Modelo de la sedería &lt;El Paje.&gt;
Lo último que se ha visto eo el &lt;Bois de Boulogne.&gt; Modelo de &lt;El Paje&gt;

�La Paz InternaGional
En su número del próximo Lunes

La Ilustración
Semanal
publicará la única fotografía de la ímportante sesión
en que se firmó el protocolo de Paz con los Estados
Unidos.

Búsquela Usted
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1

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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