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                  <text>R~istrado como artículo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda EpOGa. Sábado 26 de Septiembre de 1914.

Tomo 1.-Nóm. 32.

UNA BELLA POBLANA. - Srita . América Beltri.

�Periódicos viejos
En los más apartados y obscuros rincones de
la Biblioteca duermen los periódicos viejos. Nadie los toca, salvo algún anticuario o leguleyo
que se a,oma cada cuatro años, con las lentes
calada,; sobre la nariz, a desempolvar papeles en
busca de una fecha. De no ser ellos, ¿quién repasaría esas páginas amarillentas que encierran
hechos y acontecimientos fuera de oportunidad?
La labor del periódico diario, así como es de intensa y frívola a un mismo tiempo, logrando despertar el interés del público por algunas horas
~s obra muerta al día siguiente. Un acontecimiento obscurece a otro y así sucesivamente.
Un crimen sensacional logra extremecer los nervios a un millón de per;onas; ese día el periódico
no se lée, se devora con la vista. Después, en las
colecciones de la biblioteca, no hay una sola persona de todo ese millón que se tome el costo de
repasar siquiera el título.
Ese es el destino del periódico diario, parecido al destino del pan, que una vez engullido no
vuelve a servir para nada y hay que buscar la
manera de agenciarse otro. Y sin embargo, iqué
poderoso impulso el de la prensa! Se ha dicho
que es una palanca poderosa que levanta de una
vez y exhibe ante los ojos del mundo los vicios,
las flaquez~s, las virtudes de los hombres. De
ahí que su labor no sea ni pueda ser estéril, aunque sí la del periodista. La labor de éste es puramente anónima; agota todas sus energías en
ella para procurarse únicamente lo necesario para no morirse de hambre. En cambio, el autor
que publica un libro, sabe muy bien que su obra
lleva un nombre, que las páginas de ese libro no
servirán, dós días después de publicado, para envol ver una longaniza o para alimentar el fuego
de una estufa, puesto que al lector le cuesta algún dinero que no se puede tirar por la ventana.
La biblioteca es la única aya cariñosa del periódico, la única que no lo desdeña jamás y que
más aprecio tiene por él entre más viejo es. De
no ser la biblioteca, cuyas colecciones guardan
desde el último periodicucho trimensual hasta el
gran diario de veinte páginas, no encontraríamos
cuatro o, cinco días después, un número atrasado
en ninguna parte, ni en la misma redacción muchas veces. Y pensar que cualquiera de esas hojas que están sirviendo para defender de las mos·

J!J

casa un terrón de azucar, guarda más enseñanzas que muchos libros!
El periódico es ave de paso que lleva enredada en cada ala una página perdida de la historia.
Su fragilidad, su ligereza para tratarlo todo, desde una vulgar nota de policía hasta un conflicto
internacional, le hace más temible que un arm-1.
de dos filos, por ·acostumbrarse a decirlo todo con
el mismo lenguaje. El tirano que no vacila ante los
ejércitos o ante la iracundia de su pueblo, tiembla
solamente ante la idea de que en algún rincón de su
reino pueda existir una imprenta libre; el criminal que no se inmuta a11te los estertores de ~u
víctima, se incorpora de pronto en su lecho, enciende luz y abre convulsivamente las páginas
de un periódico para convencerse una vez más
de que las señ~s no corresponden a su filiación .
Pero el peligro se desvanece pronto; después
de veinticuatro horas, el periódico pasa a la colección, de donde no vuelve a salir.
o o o
Gusto de registrar los anaqueles de las bibliotecas para desenterrar periódicos viejos y repasar esas líneas amarillas convertidas en ceniza,
después de haber sido latigazos de fuego, carbón
encendido en el vértice de una pluma. Gozo leyendo notas de sociedad , bodas alegres de una
pareja que ahora peina canas y que sabe de nietos. Me río de las promesas exaltadas de un político ultra-radical, que ahora duerme la siesta sobre sus millones, producto de la buena fe del pueblo. Héroes de un día, cuyas proezas se obscurecieron muy pronto; infamias de caballeros que
hoy no saben de miedo ni de tacha; gestos catonianos de aquellos que se han convertido en turiferarios incondicionales; comentarios desacertados
que hoy nos parecen ridículos; primeros tanteos
de grafómanos que han resultado siendo gloria
de las letras nacionales; en fin, cuantas cosas que
olvida pronto nuestra piadosa memoria y que el
periódico no olvida jamás.
Ah, los periódicos viejos! Allí duermen su sueño, ininterrumpido, en las estanterías obscuras de
las bibliotecas. :\'ada dicen, pero todo lo saben.
Cuando se les pregunte, pueden responder a
todo.

¡

1

PORFIRIO HERNA TDEZ.

MEXlCO ARTISTICO Y MONUMENTAL.-Parroqaia de Metepec (cerca de Toluca.)

�(

Resumen de la Semana
EGOS

de la manifestatión en honor del señor Madero

El señor don Veoustiaoo Carranza; a su derecha el general Pa•
blo Goozález, rodeado del público y de varios jefes revolucionarios al llegar al Panteón Francés, ¡¡ dende fué a colocar una corona eo nombre del Poder Ejecutivo y del Ejército, sobre la tum•
ba del señor don Francisco l. Madero. La llegada del señor Ca•
rraza al panteón aludido provocó grandes muestras de simpatía
por parte del pueblo ali! reunido.
o o o
EN CAMINO DEL PANTEON

Una de las coronas más grandes que se depositó en la tumba del
señor Madero, llevada por varios ccmisionadosdel«Expnss Ccos·
tituciooalista,&gt; a la cabeza del cortejo que se organizó eo la Es•
tatua de Carlos IV y que llegó al panteón cerca del medio día.
o

'O

Notas de Actualidad
ECOS DE LAS FIESTAS PATRIAS

El Sr. Gral. Lucio Blanco, Jefe de la caballer1a constituciona·
ista, ea el Palacio Nacional, la noche del r5 de Ssptiecnbre.
o o o
EL GABINETE DEL SR. CARRANZA

D.i pie: Sres Iog. Blnillas, encugado del Ministerio de Comu·
nicaciooes; lag. Félix F , Pal¡ivicini, de Instrucción Pdblica; Iog.
Pastor Rouaix, de Focne'oto; Gral. Jacinto Treviño, de Guerra.Sentados, a la derecha del Sr. Carranza, Lic. Isidro Fabela, de
R~laciooes; Eliseo Arredondo, de Gobernación; a la izquierda,
Felícitos Villarreal, de Hacienda, y Lic. Manuel Escudero Verdago, Oficial M1yor,encargado d,1 D.i1p1ch, ds Ju;ticia.
o o o
EN CHAPULTEPEC

o

EN EL RECINTO DEL PANTEON

L:is maf'lifestaotesagrnpándose para oír el discurso del orador
don Jesús Urueta. El señor Urueta, que con bellas palabras emal,
zó la memoria del ex-presidente martir, terminó so discurrn eco
estas palabras: «Señores Jefes de la Revolución: Poned v~estra
oreja y vuestro corazón sobre ese sepulcro; y que el espíutu de
Madero se comunique con vuestro e5plrito para que aprovechéis
su propio ejemplo y eoseñaoza. ¡El murió como bueno: vivid vo•
sotros como justicieros!&gt; Al concluir foé calurosamente aplaudido
por los circunstantes.

c o o
EN EL PANTEON

Otro aspecto de la concurrencia, rodeando a los oradores. En
nuestra fotografía aparece el Mayor don Vieeote F . Escobedo, de
espaldas, el cual leyó ooa composición pcética dedicada a 13: me•
moria de don Francisco I. Madero. Hablaron después el teniente
coronel Guillermo Castillo Tapia, teniente coronel Marciano y
varias damas, dos de las cuales lo hicieron en veno. Cerca de las
dos de la tarde se retiró la concurrencia, entre qoieoes figura bao
acompañando al señor Carranza, varios miembros de la familia
Serdáo.
o o o
LA HUELGA DE LOS SASTRES

El Sindicato de Sastres, de la Casa del Obrero Moodial,ha dis•
puesto declarar la huelga general basta que se reformen las tari•
fas de sueldo conforme a la categorla de cada establecimiento y
de los trajes confeccionados. También enviaron uo memorial al
señor Gobernador del Distrito poniéndole en conocimiento las ra,
zooes que tuvieron para exigir el ao_meoto de pago. Se cree_q~e
los dueños de sastrería se verán obhgadcs a acctder a las pehc10·
nes del Sindicato de Sa~tres.

Llegada del Sr. D. Venustiaoo Carranza, primer jefe de la Revolución, lttgaodo a la tribuna monumental de CbapultepEc, el
16 de Septiembre, acompañado del Gral. Pablo Gonrález y de los
encargados de las Secretarías de Instrucción Pública, Gobernación, Justicia, Fomento y C()municaciooes. También iban el Gral.
Fr1ustro, Procurador de Justicia Militar, y del Comaiidaote de la
Plaza, Gral. Dávila Sáochez. L1 ceremonia oficial terminó a las
1 r de la mañana.
o o o
CARRERAS EN EL HIPODROrllO
DE LA CONDESA

L3 Junta Patriótica Privada de la 4'-' Demarcación organizó
el domingo pasado un concurso de carreras en el Hipódromo de
la Condesa que tuvo muy buen éxito. Todas las pruebas fueron
muy interesantes y la concurrencia fué muy numerosa. Entre las
carreras de caballos, hobo dos planas de 300 metros para charros.
Vencieron en la primera el Sr. Pablo Velázquez yt:n la segunda
el Sr. Miguel Paedal, que hizo el recorrido en veinte segundos
tres qoiotos. Hubo también carreras a pie y en bicicleta, distinguiéndose como vencedores Jesús Gutiérrez y Ernesto Goozález,
respectivamente. Los Sres. Fernando Hernáodez, Mateo Peréz,
Rafael Rojas, Carlos Moreno, Fernando Gaismáo obtuvieron pre•
mios.
o o o
BANQUETE A LOS POBRES

En el antiguo rastro de la ciudad se dió el miércoles r6 del pre,
seote un banquete a los pobres el cual fué atendido por bellas da•
mas, quienes se ofrecieron ama blemeote para repartir las vian•
das puestas a su di~posición por la Junta Patriótica de la 4~ De
marcación. El antiguo Rastro, situado en la plazuela de San Locas, foé decorado cou festones de pino y con haces de banderas
para tal objeto. Tres fueron las mesas en las que se sirvió la co,
mida a los obsequiados: y entre las damas que las atendieron vi•
mos a las señoras de Gálvez y Barberi; señoritas Javien. B. Eche•
verrfa, Esperanza, Maria y Refugio Sodi; Josefina Echeverría,
Magdalena Corté~, María Luisa y Luz Ross, Aurora Gutiérrez,
Goillermioa y Adela Barberi, Natalia Aragóo, Ana María Muro y
Beatriz Gnal,qne fueron ayudadas por los seño,res comisario y
sobcomisario de la demarcación y los principales miembro, de la
Jonia Patriótica.

�Através de MexiGo
LOS DESOCUPADOS
-Precioso tema-me decid mi com•
pañero el fotógrafo.
,......Magoifico, eocantador y, sobre
todo fecnndo. ¡Hay tontas cosas que dew
cir sobre los cdesocupées&gt; -ccmo di·
ría un mal estudiante de franrssl Y
mocho más ahora qne abuodan. Váyase
Ud. ahí por la Alameda o por el Z6ca·
lo v se dará gusto.
En efecto no
crea el lector
que se trata de «atorrantes&gt; como en
la Argeotina o de cgneux&gt; como en
París, a de ctramps&gt; como en los Es•
tados Uoidos, No; son otra clase de desocupados mucho más pacíficosque los
terribles ctramps&gt; y que no tienen na•
da que se les pneda echar en cara, co·
mo no sea el .-,ermaoecer día y noche
sentados en las bancas del Zócalo o ba•
jo las froodas de nnestro hermoso pa·
seo cLa Alamtda&gt;. Yo me inclino a
creer que estos que nosotros llamamos
desocupados, no son tales Son hombres
qoe permaneceo quietos aparentemen•
te, casi a media siesta, pero pensando
en la fragilidad de las cosas humanas
y en la iomortalidad de la pereza. Mu,
chos serán poetas, otros ñl6sofos ....
- l Filósofos?
-Si, señor. Hav ñlósofos y de los
buenos. ¿Crée Ud. que una persoo:&gt; que
permanece en actitud hierática duran•
te más de cuatro horas, sin decir esta
bocil es mía, no piensa prcfundamente?
No hay nada más difícil qu, estar
desocupado-me decia hace poco un
amigo que, por los síntomas exteriores,
era un verdadero «atorrante&gt;
-Aunque usted se ria. Es un arte
para el cual no todos nacemos con ap•
titudes y en el cual on todos podemos
descollar con nntaja. Mire Ud. solo en
esa baoca hay más de tres que son unos
verdaderos artistas Por ejemplo, aqnel

Los desocupados de &lt;La Alameda.&gt;
gordo que se rtcoesta muellemente Es
un verdadero mae!tro; el otro no es
más que un aficionado, un camatenr&gt;,
sin duda algún empleado cesante que
no ba encontrado trabajo.
_¿Luego hay persooas que no están
aquí por falta de trabajo sino por amor
al arte? interrumpí.
_ Naturalmente, hay arthtas qnc se•
rían capaces de todo, hasta de morine

d ! b 1mbre, coa tal de dedica.rse pura·
m~nte a la perfecci6o de su ideal,
-lY cuál cree Ud. qne sea el ideal
de un desocupado ? No puede ser otro
que ocuparse,
, ¡Ca, no stñorl Hay una volnptuo·
sidad especial que nos innnda el c°:er•
po cnai:do nos reccstamos en una bao•
ca de esas y sabemos mny birn que po·
demos permanecer indefinidamente,
sin tener que coosultar el reloj para
cada: No sabe Ud, lo qne es leer el pe·
riódico, mientras un limpia,botas ncs
lustra el calzado y nosotros :ipoyamos
la rabadilla sobre un atravesaño.
Y francamente, no es la primera vez

Pasau las horas y no saben ni cuando.
que al pasar por algún sitio público y
contemplar una fila de desocupados que
permanecen h:&gt;ras y horas sin iomutar·
se, fumando o charlando, seotimos ver,
dadera envidia de los que para ga oar
los garbanzos nos vemJs obligados a co·
rrer desde las seis de la mañana
h 1sta las seis de la tarde.
¿Cómo vive esa gente? Por lo me·
n:is no se les ve la cara de rentis•
tas porque éstos mái comunmeote
permilnecen en los centros de recreo o en so casa. E~ nna secta es
pecial comJ decía hace poco, que
merece por lo mismo un nombre
especial. Cada paseo tiene los su
yos propios, inconfundibles. Todo
el que va al Zóc1lo encuentra en
sus mismos puestos y a la misma ho•
ra las msmts personas. Cada banca
tiene sus eisocapados y cada des•
ocupado tiene su banca. Como un
dato curioso añadiremos que es la
gente más alentada del mando por
la simple razón del medio. IY es
clarol ¿Cómo va a gozar de la mis·
mi salu:l una persona que perma·
nece a tod 1 h:ira !ornando oxigeno
y otra que pasa la mayor parte de
su vida en la atmósfera viciada de
uua fábrica o de un almacén?
o o o

Es de mu}.'. buen gusto echar una sie~ta después del medio dia.

En todas partes del mundo existen
desocupados. Ea México no esca•
sean, principalmente en estos últi·
mos dias, Pero aparte de eso, no hay
duda fque es una clase de indivi•
daos • dignos de estudiarse.
Da en quet pensar cnando se

cootempla a una persona tle esas que
todo lo toman en serio, que viven en es,
tado de sobreexcitación y de fiebre sin
pararse un momento, luchando a brazo
partido con la txistetJcia, al lado de
otra qne se sieota plácidamente, sin

~

preocupaciones de ninguna clase, a ver
p1sar la vida como quien mira llcver.
Es huta entonces cuando uno se dice:
¿ para qué correr? ¿ para qué preocupara
se? ¿ para que tomar tao en serio la
"'ida? Si todos, con difereotes caracte·
res e inc lioaciones diferentes hacemos
lo mi,mo y concloímos lo mismo en qué
se diferencia de un desoc upado de es•
tos una persona que vive continuamen•
te en acci óo? El mundo marcha solo.
siü que nadie lo empuje; la Naturale•
za marcha sola, sin qoe nadie le ayude,
Nacemos sin que nadie nos lo partici•
pe ni nos pida permiso para darnos la
vida y morimos sin que nadie nos ad·
vierta la proximidad de la muerte ni
nos pida excusas por nada No se sabe
si el camino que estamos abriendo con
tanto afáo y que esperamos que con·
duz ca a li!. cumbre. nos conduce al a bis•
mo; y,asi nuestra propia mano, labra su
perdición. Ansia de subir, dolor de no
llegar, presentimientos del futuro, son
cosas que no pasan por el cerebro de
los desocupados. ¿Entonces para qué
preocnparse?
PETRONIO.
Ilu ,!raciones de To;tado.

�El Tzar de Rusia en el Campo de Maniobras

El

Ejército Alemán

El Tzar, Jefe Sapremo del Ejército y Pcotffice de la ngi6n ortodr xa bendicit cdo a sus tropar.

SJldados de caballufa perteoecieotu al famorn Rfgimiento cHúsares Imperialu&gt;.

Pssando revista a la caba)Jeiía en el campo de maniobras, tres dh.s antu de estallar la guerra,

Un destacamento avanzado de iofaoterfa, atriocher2do en los alrededores de Toul.

�t,I La muñeca negra q
f1
ts
Da puntillas, de puntillas, para no
despertar a Piedad, entran en el cuar,
to de dormir el padre y la madre.
Vienen riéndose, como dos mucha·
chones
El padre viene detrás, como si fnen
a tropezar con todo.
La madre no tropieza porque conoce
el camino.
¡Trabaja mucho el padre para com•
prar todo lo de la casa, y no puede ver
a su hija cuando quiere!
A veces, allá en el trabajo, se ríe so·
Jo o se pone da repente como triste, o
se le ve en la cara como una luz: J es
que está pensando ea su hija; se le cae
la pluma de la mano cuando piensa así,
pero en seguida empieza a escribir, y
escribe tan de prisa, tan de prisa, qne
es como si la pluma faera volando. Y
le hace muchos rasgcs a la letra, y las
oes le salen grandes como un sol, y las
ges largas como un sable, y las eles es·
tán d,bajo de la línea, como si se fne,
rana clavar en el papel, y las eses caen
al fin de la palabra, como una boj a de
palma: ¡tiene que ver lo que escribe el
pidre cuando ha pensado mocho en la
uiñal
El dice qne siempre que le llega por
la ventana el olor de las flores del jar•
dín, piensa en ella.
O a veces, cuando está trabajando
cosas de números o poniendo un libro
sueco en español, la ve venir, venir des•
pacio, como en una nube, y se le sienta
al lado, le quita la ploma, para que repose un poco, le da un beso en la fren•
te, le tira de la barba rubia, le esconde
el tintero: es sueño no más, no más que
sueño, como esos que se tienen sin dor•
mir, en que ve nao vestidos muy boni·
tos, o un caballo vivo de cola muy lar,
ga, o un cochecito con cuatro chivos
blancos, o una sortija con la piedra
azul: sueño es no más, pero dice el pa•
padre que es como si lo hubiera visto,
y que después tiene má5 fnerza y escti•
be mejor
Y la niña se va, se va despacio por
el aire, que parece de luz todo: se va
como una nube.
Hoy el padre no trabajó mocho, por•
que tuvo que ir a una tienda: la qué
iría el padre a una tienda? y dicen qu'l
por la puerta de atrás entró una caja
grande; ¿qué vendrá en la caja? tasa•
ber lo que vendrá! mañana hace ocho
años que nació Piedad.
La criada fué al jardín, y se piochó
el dedo' por cierto, por querer ccger,
para un ramo que hizo, una flor muy
bermo!a.
La madre a todo dice que sí. y se
puso el vestido nuevo, y le abrió la jau·
la al canario ..
El cocinero está haciendo un pastel,

y recortando en figura de flores los nabos y las zanahorias, y le devolvió a la
lavandera el gorro, porque tenía una
mancha que no se veía apenas, pero,
&lt;ihoy, hoy, señora lavandera, el gorro
ha de estar sin mancha!&gt; Pied1d no sa•
bía, no sabía. Ella si vió que la casa
estaba como el primer día de sol cuan•
do se va ya la nieve, y les salen las ho•
jas a los árboles.
Todos sus juguetes se los dieron ague•
!la noche, todos.
Y el padre llegó muy temprano del
trabajo, a tiempo de ver a su hij• dor·
mida.
La madre lo abrazó cuando lo vió
entrar: ty lo abrazó de veras! Mañana
cumple Piedad ocho años.
o o o
El cuarto está a media luz como la
di, las estrellas, que viene de la lámpa·
ra de velar, con su bombillo de color
de ópalo,
Pero se ve, hundida en la almohada,
la cabecita rubia.
Por la ventana entra la brisa, y parece que juegan, las mariposas que no
se ven, con el cabello dorado.
Le da en el cabello la luz. Y la madre y el padre vienen andando, de puntillas. tAI suelo, el tocador de jugar!
¡Este padre ciego, que tropieza con to•
do! Pero la niña no se ha despertado.
La luz le da en la mano, ahora; parece
una rosa la mano.
A la cama no se puede llegar,porque
están alrededor todos los juguetes, en
mesas y sillas.
En una silla está el baúl que le man•
dó en pa~cuas la abuela, lleno de almendras y de mazap;.nes: boca- abajo
está el baúl, como si lo hubieran saco·
dido. a ver si caía alguna almendra de
un rincón, o si andaban escondidas por
la cerradora algunas mig~jas de mazapán; jeso es, de seguro, que las muñe,
cas tenían hambre!
En otra silla está la loza, macha lo·
za y muy fiaa, y en cada plato una fruta pintada; no plato tiene una cereza,
y otro un higo, y otro una uva : da en el
plato ahora la luz, en el plato del higo,
y se ven como chispas de e~trella: / có·
mo habrá venid, esta estrella a los pla·
tos? &lt;JEI azúcar!&gt; dice el pícaro padre.
&lt;!Eso es, de seguro!&gt; dice la madre:
&lt;ieso es que estuvieron las muñecas go•
losas comiéndose el azúcar!&gt;
El costurero está en otra silla, y muy
abierto, como de qoien ha trabajado de
verdad; el dedal está machucado !de
hato coser! cortó la modista mucho,
porque del calicó que le dió la madre
no quedaba más que un redondel con
el borde de picos, y el suelo está por
allí lleno de recortes, que le salieron
mal a la modista, y alli tstá la cham•

bra empezada a coser, con la aguja cla,
vada, junto a una gota de sangrs. Pero
la sala, y el gran juego, está en el velador, al lado de la cama.
El rincón, allá contra la pared, es el
cuarh&gt; de dormir de las moñequitas de
loza, con su cama de la madre, de col•
cha de flores: y al lado una muñeca de
traje rosado, en una silla roja; el toca•
dor está entre la cama y la cuna, con
sn muñequita de trapo, tapada hasta la
nariz, y el mosquitero encima: la mesa
del tocador es una cajita de cartón cas•
taño, y el espejo es de los buenos, de
los que vende la señora pobre de la
dulcerfa, a dos por un centavo. La sala
está en lo de adelaate del velador, y
tiene en medio una mesa, con el pie
hecho de un carretel de hilo, y lo de
arriba de una concha de nácar, con una
jarra mexicana en medio, de las que
traen los muñecos aguadores de Méxi•
co: y al rededor unos papelitos doblados que son los libros. El piano es de
madera con las teclas pintadas; y no
tiene banqueta de tornillo, que eso es
poco lujo, sino una de espaldar, hecha
de la caja de una sortija, con In de abajo forrado de azul; y la tapa cosida por
un lado, para la espalda, y forrada de
rosa; y encima un encaje.
H ay visitas, por supuesto, y son de
pelo de veras, con ropones de seda lila
de cuartos blancos, y zapatos dorados:
y se sientan sin doblarse, con los pies
en el asiento: y la señora mayor, la que
trae gorra color de oro y est:i en el so·
fá, tiene su levanta pies, porque del so•
fá se resbala, y el levanta pies es una
cajita de paja japonesa, puesta bocaabajo; en un sillón blanco están sentadas juntas, con los brazos muy tiesos,
dos hermanas de loza.
Hay no cu'ldro en la sala. que tiene
por detrás, para que no se caiga, un
pomo de olores y es una niña de rebo•
zo colorado, q ne trae en los brazos un
cordero.
En el pilar de la cama, del lado del
velador, está una medalla de bronce, de
nna fiesta que hubo, cc,n las cintas francesas: en su gran moña de los tres colores está adornando la sala el meda•
llón, con el retrato de un francés muy
hermoso que vino de Francia a pelear
porque los hombres faeron libres, y
otro retrato del que inventó el pararra•
yos, con la cara de abuelo que tenia
cuando pasó el mar para pedir a los
reyes de Europa que lo ayudaran a ha•
cer libre a su tierra: esa es la sala y el
gran juego de Piedad.
Y en la almohada, durmiendo en su
brazo, y con la boca desteñida de los
besos, está su muñeca negra.
Los pájaros del jardín la despertaron por la ma ñanita.

Parece que se saludan los pájaros y

la convidan a volar.
Un pájaro llama, y otro pájaro res
pende.
En la casa hay algo, porque los pájaros se ponen así cuando el cocinero
anda por la cocina sali endo y entrando
c•n el delantal voláouole por las piernas, y la olla de plata en las dos manos,
oliendo a leche quemada y a vino dol•
ce.
En la casa hay algo; porque si no,
1para qué está ahi, al pie de la cama,
so vestidito nuevo, el vestido color de
perla, y la cinta lila que compraron
ayer, y las medias de encaje? cYo te
digo, Leonor, que aquí pasa algo. Dí,
melo tú, Leonor, tú que estuviste ayer
en el cuarto de mamá, cuando yo fuí a
pa1eo. JMamá mala, que no te dejó ir
conmigo, porque dice que te he puesto
muy fea con tantos besos, y que n.'l tie•
nes pelo porque te he peinado mu
chol
La verdad, Leonor : tú no tienes mucho pelo; pero yo te q uiero así, sin pe·
lo, Leonor; tus ojos son los que quiero
yo, porque :on los ojos me dices que
me quieres: te quiero mucho porque no
te quieren: ja ver! ¡sentada aqui en mis
rodilla~, que te quiero peinar! las ni ñas
buenas se peinan en cuanto se levaotan ;
¡a ver los zapatos, que ese lazo no está
bien hecho! y los dieotes, déjame ver
los dieotes: las uñas: !Leonor. esas uñas
no están limpias! Vamos, Leonor, dfme
la verdad: oye, oye a los pájaros que
parece que tienen baile: díme, Leonor,
¿qué pasa en esta casa ?&gt; Y a Piedad
se le cayó el peine de la mano, cuando
le tenía ya una trenza hecha a Leooor;
y la otra estaba toda alborotada. Lo
que pasaba allí lo veía ella. Por la puer·
ta venía la procesión.
La primera era con el delantal de
rizos de los dias de fiesta, y la cofia de
servir la mesa en los días de visita:
traía el chocolate, el chocolate con crema, lo mismo que el dia de año nuevo,
y los panes dulces en unas cestas de
plata: luego venía la madre, con un
ramo de flores blancas y azules: Ini una
flo r colorada en el ramo, oi una flor
amarilla! y luego venía la lavandera,
con el gorro blanco que el cocinero no
se quiso poner, y un estandarte que el
cocinero le hizo, con un diario y nn
bastón: y decía en el estandarte, deba,
jo de una corona de pen~amien1os :c1Hoy
cumple Piedad ocho años!&gt; Y la besa•
ron y la vistieron con el traje color de
perla, y la llevaron , con el estandarte
detrás, a la sala de los libros de su padre, que tenía muy peinada su barba
rubia , como si la hubieran peinado muy
despacio, y redondeándole las puntas, y
poniendo cada hebra en su lugar.
A cada momento se asomaba a la
puerta, a ver si Piedad venía: escribía
y se ponla a silbar; abría un libro y se
quedaba mirando a un retrato, a un re,
trato que tenía siempre en su mesa, y
era como Piedad, una Piedad de vestido
largo. Y cuando se oyó ruido de pasos,
y un vocerrón .que venía tocando música en un cucurucho de papel /quién
sabe lo que sacó de una caja grande?
y se fué a la puerta con una mano eo

la espalda: y con el otro brazo cargó a biese llevado el agua el ramo de nome·
su hija. Luego dijo que sintió como olvides.
que en el pecho se le abría una flor y
o o o
como qae sentía en la cabeza un palacio con colgaduras azules de flecos de
-!Pero, criada, llévame pronto!&gt;oro, y mucha gente con alas: luego dijo
todo eso, l)~ro entonces, nada se le oyó &lt;/ Piedad, qué es eso de criada ? !Tú
decir. Hasta que Piedad dió un salto nunca le dices criada así, como para
en sus brazos, y se le quiso subir por el cfenderlal&gt;-&gt;No, mam:f, no: es que ten·
hombro, porque en un espejo había vis· go mucho su, ño: estoy muerta de sueto lo que llevaba en la otra maco el ño: Mira: me parece que es un monte
padre: &lt;iEs como el sol el pelo, mamá, la barba de papá; y el pastel de la me·
lo mismo que el sol! Jya lo vi, ya. lo vi, sa me da vueltas, vueltas al rededor, y
tiene el vestido rosado! tdíle que me la se están riendo de mí las banderitas: y
dé, mamá: si es de peto verde, de peto me parece que están bailando en el
de tercie-pelo! Jcomo las mías son las aire las flores de la zanahoria: estoy
medias, de encaje como las mías!&gt; Y el mue1ta de sueño: ¡adiós, mi madre!
padre se sentó con ella en el sillón, y ma ñ1na me levanto muy tempranito ; tú,
le puso en los brazos la muñeca de se, papá, me despiertas aotes de salir: yo
te quiero ver siempre antes de que te
da y porcelana.
Echó a correr Piedad, como si bar- vayas a trabajar: ¡oh, las zanahorias!
case a alguien. &lt;IY yo me quedo hoy ¡estoy muerta de so,eño l ¡Ay, mamá, no
en casa por mi niña&gt;, le dijo su padre, me mates el ramo! ¡mira, ya me matas&lt;y mi niña me deja solo?&gt; Ella escondió te el ramo! ¡mira, ya me mataste mi
la cabecita en el pecho de su padre flor l&gt;-«Conque se enoja mi h ija por·
bueno. Y en mucho. macho tiempo, no que le doy un abrazo ?&gt;,.-«iPégamio, mi
la levantó, aunque Jde veras! le picaba mamá! !papá, pégame tú! es que tengo
mucho sutño&gt;.
la barba,
Y Piedad salió de la sala de los libros, con la criada que le llevaba la
o o o
muñeca de seda. &lt;IQné de prisa va la
niña, que se va a caer! /Quién espera a
Hobo paseo por el jardín, y el al- la niña?&gt;- iQaién sabe quien me espe•
muerzo con un \"iuo de espuma debajo ra l&gt; Y no habló con la criada; no le
de la parra, y el padre estaba muy con•
dijo que le contase el cueoto de la ni•
versador, cogiéndole a cada momento ña jorobadita que se volvió flor: un jula mano a su mamá, y la madre estaba guete no más le pidió, y lo puso a los
como más alta, y hablaba poco, y era pies de la cama; y le acarició a la criacomo música todo lo que hablaba. Pie• da la mano, y se quedó dormida : En•
dad le llevó al cocinero una dalia roja, cendió la criada la lámpara de velar,
y se la prendió en el pecho del delan- con su bombillo de ópalo: salió de pon•
tal: y a la lavandera le hizo una corona tillas: cerró la puerta con mucho cui•
de claveles: y a la criada le llenó los dado. Y en cuaoto estuvo cerrada la
bolsillos de flores de naraojo, y le puso puerta, relucieron dos ojitos en el boren el pelo una flor, con sos dos hojas de de la sábana: se alzó de repente la
verdes. Y luego, con mucho cuidado, cubierta rubia: de rodillas en la cama,
hizo un ramo de nomeolvides. &lt;I Para le dió toda la luz a la lámpa ra de vequién es ese ramo, P iedad ?&gt; &lt;No sé, no lar: y se echó sobre el juguete que pu•
sé para quiéo es! Jqnién sabe si es para so a los pies, sobre la mu ñeca negra.
alguieo I&gt; Y lo puso a la orilla de la La besó, la abrazó, se la apretó contra
acequia, donde corría como un cristal el corazón &lt;Ven , pobrecita, ven: que
el agoa. Uo secreto le dijo a su madre, esos malos te dejaron aquí sola: tú no
y lufgo le dijo: «¡Déjame irl&gt; Pero le estás fea, no, aunque no teogas más
dijo &lt;caprichosa&gt; su madre: &lt;/y tu mu- que una trenza: la fea es esa, la que
ñeca de seda, no te gu,ta? mirale la ca• han traído hoy, la de los ojos que no
ra, que es muy linda : y no le bas vi!to hab\ao: díme, Leonor, dime, tú pensas•
los ojos azules&gt;
te en mí ? mira el ramo que te traje, un
Piedad sí se los babia visto; y la tuvo ramo de nomeolvides, de los más lindos
sentada en la mesa después de comer, del jardín: ¡así, en el pecho!- !esta es
mirándola sin reírse; y la tuvo enseñan· mi muñeca linda! ¿y no has llorado ? ¡te
do a andar en el jardín. Los ojos era dejaron tan sola! Jno me mires a!Í, porlo que le miraba ella: y le tocaba en el que voy a llorar yo! Jno, t ú no tienes
lado del corazón: &lt;!Pero, muñec", há- frío! 1aqui conmigo, en mi almohada
blame!&gt; Y la muñeca de seda no le ha- verás cómo te calientas! IYme quitaron
blaba, &lt;I Con que no te ha gustado la para que no me hiciera daño, el dulce
muñeca qne te compré, con sus medias que te traia l ¡asi, asi, bien arropadita!
de encaje y su cara de porcelana y su Ja ver, mi beso, antes de dormirte!
pelo fino?&gt; &lt;I Sí, mi papá, si me ha gus- ¡ahora, la lámpara baja! !y a dormir,
tado mucho. Vamos, señora muñeca, va- abrazadas las dos! Ite quiero, porque
mos a pasear. Usted querrá coches y no te qieren !&gt;
lacayos, y querrá dulce de casta ñas, se,
ñora muñeca. Vamos, vamos a pasear.&gt;
JOSE MAHT I.
Pero en cuanto estuvo Piedad donde no
la veían, dP.jó a la muñeca en un tronco,
de cara contra el árbol. Y se ~entó sola,
a pensar, sin levantar la cabeza, con la
cara entre las dos manecitas. De pronto
echó a correr, de miedo de que se ha•

�D'Annunzio Cin~l11atografista

~I

Gabriel D' Annunzio, el gran
escritor y poeta italiano es el primer dramaturgo que utiliza el cinematógrafo como un medio de
expresión artística.
Después de haber sido periodista. novelista, poeta, ha logrado concebir el gran drama-film
&lt;Cabiria&gt; que ha costado dos
años de trabajo y más de ...... .
~i250,ooo.
D'Annunzio predice un brillante futuro a la cinematografía. y
crée que su obra está llamada a
emancipar el moderno teatro, tan
calumniado v despreciado por muchas person~s que no comprenden
todo el porvenir que encierra.
o o o

El Ginematógrafo
No hay quien no conozca esos. apa•
ratos mecánicos en los cuales, 1ntro·
duciendo una moneda de un centavo,
vemos desfilar delante de nuestros ojos
una serie de escenas animadas, obteoi•
das por medio de una banda de foto·
grafías, que- dando vueltas rápidamente
alrededor de un círculo, dan la impre•
sión del movimiento. La primera de
estas máquinas fué EXhibida en Cbica•
go durante el año 1893, y es debida a
la invención de Ediwo, el gran &lt;m~gc &gt;
americano, como le llaman sus compatriotas. E ste fué el punto de partida del
cinematógrafo, cuyos result.dos del:.ían
más tarde maravillar al mundo entero.
Poco tiempo después Edison pet fec•
cionó esta invención proyectando las
fotografías a través de uoa linterna,
dando la ilusión del movimiento scbre
ona especie de telón blanco.
La idea P.ncootró en seguida imita·
dares, tanto ea América como en Euro·
pa, y el resultado no se hizo es_perar
mucho tiempo. Eo 1895 , por primera
vez en un teatro, apareciero.1 las esce,
nas con movimiento, y el mismo año
unos franceses trataron de dar una re·
presentación de cierta duración .
Sin embargo los esfuerzos hechos pa·
ra du repre~eotaciones continuada~.
durante los añcs 1897, 1898 y 1899, no
dieron gran resultado. La luz de la
linterna de proyección relampagueaba
c::intinuamente sin producir figuras cla•

coa.,curridos. Algu·
nos de esos cinemas
son unasverdaderas
barracas, cuya ex•
plotación se ha comenzado con un pe•
queñísimo capital, 1
pero no son raros
los que necesitan
1 0 0 0,000 de fran•
cos para levantar uo
cinematógrafo de
)ojo en una gran
capital.
No menos notable ha sido el des·
arrollo adquirido ea
h explotación del
cinematógrafo.
Once años ha da•
rado el proceso pa·
ra establecer el de·
recho de invención
de Edison.
Uno de sus com·
patdotas, un tal
Green, reclamaba la
patente de inventor
"'\•
de Jasmtquinas, de
La erupción del
las cuales hemos
hecho mención al
principio de este ar•
tículo pero al fin, el Tribunal de
Apela'ción de los Estados Unidos ~a
dado razón, definitivamente al grao 10•
ventor.
Si calculan entre 50 a 75.00::1 francos
semanales, los ingresos que Edison re·
tira de la explotación de su patente.

Monte Etaa que d~st_royó la casa de Balto,
padre de Gabma.
e o o
Losh.':iricaotes ds películas han crea•
do una nueva industria interesantísi_ma,
de la que el público no está a.l cernen·
te ni se imagina la importar.c1a.
Se trata de las representacio:ies de

Hannibal.- Personaje del gran drama
cinematcgráfico cGabiria &gt;

Cabiria es protegida por Sv¡;hoohba, desptés de haber escapado a una m~er•
te segura en el templo de Moloch, ayudada eficazmente por su fi,J esc lava
Maciste.
ras, y el ruido era parecido al de un
ciotor de automóvil fuera de aso Poco
a poco, esos defectos fueron ccrrigiéndose, y las proyecciones llrgaron a ser
uo entretenimiento popular.
· El éxito completo llegó a realizarse
durante el año 1908. Al año siguiente

funcionaron ya en New York roo 000
cioematógrafos visitados por 3 000,000
de personas, e~timándose a 187 millones
de francos las somas €astadas en en•
tradas.
El cinematógrafo ha reemplazado
al teatro, viéndose aquéllos mucho m.is

Maciste, el esclavo de Fulovis Axilla.
Maciste intimando al bodeguero Badastoret.,.....Del drama Gabiria de G1.briel
D'Annunzio.
los cuadros, obras, etc., delante del apa,
rato fotográfico.
Para este fin, los fabricantes poseen
v1stísimos locales, donde se encuentran
los diferentes talleres y en donde se
han hacho construír escenarios tan im·

portantes coco los de los teatros de las
grandes capitales.
No se puede dar uao cuenta de la
importancia que esta industria ha to·
mado. sino visitando esas fábricas don•
de los escenarios son de colosales di·
mensiones.
C,uarenta y dos aparatos eléctricos,
de uoa fuerza de !h ooo bujías, sirven
para procurar la luz necesaria a este
escenario.
Para las escenas acuáticas se hdn he·
cho constrnir unas piscinas de dimen•
siones enormes.
Las decoraciones están pintadas en
blanco, negro y gris solamente, para
obtener las fotografías bien claras Con•
tiguo al escenario se encnentran los
cuartos de los artista.s, y más lejos los
talleres, donde no batallón de mujeres
trabajan ea la fabricación de películas.
La venta anual de éstas se eleva en los
Estados Un idos a la cifra colosal de
9 ooo ooo de dólares.
El guardarropa contiene un verda •
dero museo de armadoras y trajes an•
tiguos para las representaciones bis•
tóricas . En uo rincón del inmenso es•
eenario, media docena de obreros con
sus aoaratos y lámparas se ocupan en
cinematografiar una tierna esc ena de

�El buen tirano

amor, mientras que
más lejos, una or•
quesb yloscorosim•
presionan para un
fonógrafo una esce,
na de una ópera,
que deberá aliarse
al cinematógrafo.

Na fa mejor, dijo
el rey de Prusia en
no discnrso proouo·
ciaclo a la Academia
de B~rlfo, que el
gobierno arbitrario
bajo príocipes justos, humaocs y viro
tuosos.

Los actores son
verdaderos profesio•
oales,y las represen•
taciooes se b 1ceo
con tanto cuidado
como si fuera delao•
te de no pdbtico exi·
gente.
H 1y acróbatas con·
tratados para la re·
p ceseotacióo da es·
ce o as fantásticas,
mcoo caerse de una
gran altura, etc. A
veces se llegan a encontrar en escena
basta noaceotena de
actores: Por ejemplo
la película represen•
taodo la ejecución
de Cbarlotte Corday
se hizo, llegando a
reunir e o escena El incendio de la flota romana por medio de una combinación de
espejos qne inventó Arquimides.-Pasaje de la obra cine·
más de cien perso•
matográfica de G1briel D' Annuozio Cabiría.
oajes, y sin descui•
dar todos los deta•
han 11egado a alquilar durante el tiemHes de un grao cuadro histórico.
Las escenas que generalmente inte- po necesuio, a la~ compañías, la vfa
resan más al pdblico, son las que se su· férrea con todos sus equipos, pagando
ceden al aire libre, en los campos, en por ello sumas muy elevadas.
También se representan escenas de
las montañas, etc.
Para poder obtener cuadros y esce• batallas célebres, y en el sitio alegido,
nas cuya acción se pase en los caminos desde por la mañana muy temprano,
de hierro, los fabricantes de peliculas un equipo de fotógrafos toma sus posi• 1

Un hbricaote de Cbicago, para ob•
tener ona pelicnla representando una
aventara de caza en Africa, tuvo que
hacer matar unos leones, y para obtener la escena propuesta, el costo aseen•
dió a la suma respetable de 50.000
francos.

cienes para preparar birn el cua·
dro, y durante horas y horas arre
glan con grao cuidado todos lo
det a11es, con objeto de dar a la es·
cena toda la realidad de una ver•
dadera guerra.
o o o

Karthalo, el Gran Sacerdote del tem•
plo de Moloch.

Para una industria tao impar·
taote como ha llfgado a rer la de
la fabricación de pel!culas, nin,
gún pafs está lejos, oiogúo tra•
bajo es ímprobo, ningún gasto f s
excesivo, con tal de satidacer la
sed de novedades que ;e ampara
del público.

Más aún costaron las pelicula ■ de las
cazas de cRoosevelt&gt; en Africa.
La &lt;mise en scent &gt; de cLa Vida de
Jesuc ri sto&gt; costó igualmente la suma
de 50.0 00 francos.
Esta película es muy larga y contiene
39 escenas diferentes, baio cuatro títu•

los: el nacimiento, la infancia, los mi•
!agros y la muerte.
El fabricaote lleva ya vendidas por
valor de, 75.000 francos, la mayor parte
a sociedades religiosas.
Generalmente, el precio de venta de
las peliculas no es elevado.
Cada fotograffa tiene 2 centímetros
de ancho por 7 de alto, y contiene de
14 a 16 ooo fo1 ograffas por película, éstas prsao por la linterna a la velocidad
de 60 a 75 por minuto.

Y eres tú, Helvecio, el que cita en
églog&lt;1 esta máxima de un tiraool El
gobierno arbitrario de no prfocipe justo e ilustrado es siempre malo. Sus
virtudes son peligrosas y más seguras
pira las se'1uccioces: acostumbran in•
sensiblemente a no pueblo a amar, res·
petar a su sucesor coalquiera que él
sea, malo y est6pido. Quita al pueblo el
derecho de deliberar, de querer o no
querer, de oponerse aún a su voluntad,
cuando ordeoa el bien; no obstaote es•
te derecho de oposición tan insensato
como es, es sagrado; sin lo cual los individuos parecerán un rebaño, del que
se despreciará la reclamación, bajo
pretexto de que se le conduce a un
buen pasto. Gobernando según su vo•
!untad el tiraoo comete el mayor de los
crímenes. ¿Qué es lo que caracteriza al
déspota? ¿es 1a bondad o la maldad?
De oiogúo modo: estas dos naciones no
entran solamente en su definición. Es
la extensión y no el uso de la autoridad
que él se arroga. Una de las más grao•
des desg:acias que pueden llegar a una
nación serán dos o tres reinados de un
poderlo justo, dulce, ilustrado, pero ar·
bitrario: los pueblos serán coaducidos
por la felicidad al olvido completo de
sus privilegios, a la perfecta esclavitud.
No sé si alguna vez un tirano y sus hijos han advertido lo formidable de esta
polftica; pero no dudo absolutamente
de que no la rechazarían. Desgraciado
;,.que! individuo en el cual se han aniquilado todos los celos sobre su liber•
tad, a un por las vías más loables en
apariencia. L,as cuales serán funestas
para el porvenir. Es de esta manera
como se cae en no sueño demasiado
dulce, pero que es sueño de muerte,
durante el cual el sentimiento patrióti·
co se extingue y ~e llega a ser extraño
al gobierno del Estado. Suponed a los
ingleses dominados seguidamente por
tres babeles, y los ingleses serán los úl•
timos esclavos de Europa.

DIDEROT.
(Refutación a la obra de Helvecio
intitulada: cEI Hombre&gt;

En la Cervari (Italia): por Francois Scbommer. Salón de Parfs 1913•

Bárbaros y civilizados
Ha bastado un cuarto de siglo para
transformar la política del mundo en
todos los mares y en todas las tierras,
sin que las razas atrasadas parezcan
haber bailado en las declaraciones de
la filosofía moderna un beneficio esti•
mable,
La esclavitud está abolida; pero Jc,s
hombres nacidos sobre el suelo primi•
tivo que civilizan los blancos, son despojados de su patrimonio por la fuerza,
caaodo no basta el engaño; y el alcohol
inoculado en sus venas por los hábiles
medios de la expansión colonial, co
rrompe su sangre.
Huye el canibalismo ante los solda•
dos y colonos, pero estos despedazan la
carne humana y violan los principios
ae humanidad que más tarde ellos mislD;ºS restablecen para su beneficio pro•
pta.
Tildan de bárbaras a las pobladas
que arrojan a los invasores las flechas
envenenadas, a pesar de que los fon·
cionario~ brutales y sospechosos se van
a establecer entre los salvajes con balas
dum-dum, opio y mentiras.

La iuftuencia de la idolatría sencilla
Y cru_el cae _vencida, pero el dogmatis•

m? 1otra~s1_gente amuralla el peosa•
m1e~to, d1v1de . las conciencias y las
persigue con hipócritas recursos En
fi?, los civilizados dan a los bárba;os el
e¡emplo de sus luchas fratricidas por
la posesión de un poco de oro o de poder.
En resumen, si la lucha por la vida
se enmascara, es en todo caso por la
fuerza como nuestra raza derrama por
t'!~os los coutin?ntes el chorro de sus
b1¡os y de sus vicios.
La moral de las conciencias moderoiz~das, sumisa~ a las leyes de la evoluc16n que gob1eru el Universo ab•
solverá las expropiaciones guiadas' por
un fin generoso y que conducen a un
prrgreso repartido; pero el hombre
blanco solo opone a la barbarie natu,
ral de sus semejij otes- negros, cobrizos
o amarillos-los vicios complejos de
9~e p~~ece, la ambición, la intriga, la
1n¡usttc1a y el egoísmo que descubren a
la bertia oculta bajo todas las pieles
humanas.
ALBER TO I ,
Príncipe de Mónaco.

�protagonista. Cien mujeres jó•
veoes y bellas, que se hnbie·
rao dedicado a manejar una
lavandería y que lutgo acom•
pañaran al Ejército en cali•
dad de cantineras para venir
a dar en duquesas. Jóvenes,
bellas y, por ende, francesas,
¿apnrrearfan los muebles y
taconearían militarmente, estrujando y tirando las pren·
das de vestir? Huelga la res•
puesta: grotescas, nunca; cohibidas, torpes-pero cdelica•
damente&gt; torpes-si lo esta•
rfan,
Taboada, caracterizando su
aristocr.itico papel, nos pare,

.'

ció bien; un tanto ex?gerado, cayendo
en lo cómico, nos pareció Palacios, in•
terpretando a Fonché, y ro cuanto a los
demás nada que les sea agradable po•
demos decir-les.
Deseamos al caballero don Miguel,
porque se Jo merece, mayor acierto en
los estrenos futuros.
PEPITO.

TEATRALES
COLON. -cMADAME SANS GENE.&gt;
El éxito que obtuvo en el teatro Colón esta conocida e interesante comedia de Sardou, utuvo en proporción a lo deficiente del vestuario y decorado. No le convino segurameo•
te a la Empresa gastarse algunos miles ante el temor de que
quizá la obra no diera lo bastante para cubrir-y para sobre·
cubrir, que es a lo que se aspira-los gastos no desprcciablu
que requiere el aparato de la obra.
La Fábregas, no hace muchos años tod.. vía, en el tHlro
Mexicano, representó con tanto gusto y elfgancia esta comedia, que al presente, en el teatro Colón, demostraron muy po·
co tacto poniendo esla obra de prisa y corriendo, sin esme•
rarse en vestirla, decorarla y ensayarla como se merece.
Lo cual dió por resultado el poco éxito que obtuvo.
El caballero don Miguel, de Napoleón, nada hizo de oola·
ble, manteniéndose en uo11 discrECión que en él-dada sus
cualidades artfsticas-es reprobable: re!poosabilidad a medida de capacidad. De capacidad intelectual, se entiende,
Maria Luisa le dió por interpretar grotescamente el papel
de la Madame, amenizándolo con braceo gimnástico, recio
taconeo, ataques a los muebles, inclinaciones ridfcnlas y otra
porción de detalles que a ella sin dt1da le parecieron de per·
las para hacer reir; pero que, desde el punto de vista artfs•
tico, merecen severa censura.
La Villegas, como mt1jer, ya que no cea.o actriz, tirne que
TEATRO ALCAÍAR.- Fondón a beneficio del monumento saber, por intuición ptopia del sexo, lo que harian, en cien
~I Sr. Madero. Fot. Lupercio.
casos análogos, cien mujeres metidas en el pellejo de la

TEATRO MEXI~ ANO.-EI estreno del sábado.- Fots. Lupercio.

�Sociedad de artístas Franceses

Filosofícula
El pájaro azul

Hablao las leyendas de oo maravi•
lioso pájaro azul que oadie habfa visto
oi oadie podía ver. Por lo cual el joveo
quimérico, que cambiaba por queso y
miel plantas a los pastores, decidió ir
a verlo.
Sin sorpresa oio,iuoa, lo cual prueba
su independencia de carácter, vió al
pájaro no bieo hubo entrado eo la selva. Y era de una belleza come en vaoo
hubiera ioteotado describirla t 1 len•
guaje mortal, y como sólo habría po•
dido sngerirla el encanto de la músi•
ca.
El joven era pronto en sus resolu •
ciones, y disparó al pájaro uoa flecha
Pero marró la puntería y el pájaro voló
a otra rama.
De árbol en árbol, durante uo tiem•
po que oo habría podido precisar, el
joveo persiguió al pájaro hasta salir de
la selva.
Eotouces notó que eoteodía el len,
guaje del bosque. Comunicó sin asombro con los árboles y con las bestias Ji.

bres.

-A dónde 9ás, joveo, decíanle los
cedros.
Y las fieras:
-Joven, a dónde vas?
Y él respondía:
-Voy persiguiendo al pájaro azul,
que oadie ha visto ni puede ver.
Así entró eo la región de las p rade·
ras.
El pájaro, al principio pequeño como uoa curroca, tenía ya el tamaño de
uo faisán. Una especie de largo relám·
pago azu 1 sobre las praderas.
Y cuando salieron de allá,-a los
días?, a los meses?, a los años,? .... el
perseguidor ootó que entendía el leo• •
guaje de las hierbas y de las aguas.
-A dónde vas, hombre insensato ?,
tlecían las voces.
Y él respondió b que ciebía respoo•

der.

Entonces, persiguiendo siempre al
pájaro, que había adquirido la magni•
tud de uo pavo real eo el inalcanzable
deslumbramiento de un incendio de
oro azul, entró en la región de las are•
nas.

· Y cuando salieron de allá, el pere•
grioo advirtió que entendía el lenguaje
de las rocas y de las arenas.
- A dónde vas, oh vagabundo de la
.cabd:ra gris?, decian las voces.
Y él respondió como debía.
Por último, siempre volando el pája•
ro, siempre andando el hombre, flecha
tras flecha eotrarqo a la región de las
montañas.

Las voces de las nieves y de los abis•
mos preguntaban:

La campaoa de alarma suena .. ... . por Eugenio Bonel.

-A dónde v...~, temerario aociaoo ?
Y él las entendía bien.
El pájaro habíase vuelto enorme co,
mo el ave Rock de los caeotos. Saltaba
de peña en peña, y á cada vuelo, su
sombra azol cubría la montaña.
Por último llegó al pico más alto.
Levaotose en el aire, a tiempo que lle•
gaba el perseguidor, desmesurado como
uo oavío.
Y cuando aquel ah:ó la cabeza para
lanzar el último dardo, las alas estu·
pendas tocaron los dos horizontes.
Entonces el hombre vaciló deslum•
brado. Ea torno suyo reinaba uoa io•
mensidad azul.
Abajo y arriba era lo mismo. Ya nada veía. Habíase vuelto ciego de azul
sobre las cumbres inaccesibles, .

Pocos días después, dos pastores que
buscaban por las breñas montañeras el
rebaño extraviado, hallaron un hombre
ciego y muy viejo cuya voz sorprenden·
te cantaba con el lenguaje de los ár•
boles y de las bestias, de las hierbas y
de las agua~. de las rocas y de las are•
oas, de las nieves v de los abismos.
Ioterrogado, sólo contestó esta insensatez:
-Me extravié persiguiendo un pája•
ro azul, que tenía deotro de la cabeza.
Lleváronle a Esmirna, donde dejó
posteridad.
Ernest Dersnrmot: La Primavera.

Geo Roussell: El Desayuno.
LEOPOLDO LUGONES.

Salón de París 1n13.

�ll t !11 UIII 1111111111 llll ll ll llll 111111I ti11 111

111111111111 f/~

111

PROSA MODERNISTA :
I

11

EL FENO~ENO FUTURO

E STREMECIMIENTO DE
INVIERNO

Ua cielo pálido sobre el muodo qoe,
d,crépito, se extingue, a puoto, acaso,
e,tá d, p1rtir cou las nubes: los aodra•
jos de gastada púrpura de los ponieo•
tes, d,stíñ,ose en oo rio que se duerme
en el borizoote som,rgido en falgores
y agoa. Hastlaose los árboles y, b1jo su
follaje albeado (por el polvo del tiem,
po, aotes que por el de los caminos)
álzase la maosióo de looa del Expositor
de la, Cosas P.i.sadas: muchos reverbe•
ros recogen el crepósculo y avivan las
fauces de uo1 desventurada multitud,
veocidil por h enfermedad inmortal y
el pec1do de los siglos, de hombres ca•
be sus raines cómplices, preñadas de
los frutos miserables con los que ha de
perecer la tierra. En el silencio intrau•
quilo de tohs las miradils soplic,ote~,
de lejos, al sol que bajo el agua se buo·
de con la desesperanza de un grito. ved
el sencillo pregón: cN:oguoa enseña os
bilce gracia del espectáculo interior,
porque ya oo hay pintor capaz de figo·
~afio en ooa sombra triste. Traigo, vi•
va (y presernda a travéi de los años
por la ciencia sob3uua) uoa mujer de
otro tiempo Saerte de locura, origin1l
e iogeouil, uo éxtasis de oro, Jqué se yol
pn ella nombrado su cabellera, pliégue cno la gracia de _las estofas aire•
(Jedor de uu rostro esclarecido por la
desnudez saograote de los labios. En
loitar del vestido vaoo, tiene oocuerpo;
y los oj?s Ia piedras raras parecidos ! oo
valeo la mirada que brota de so carne
feliz: pechos erguidos, como si llenos
estuviesen de leche perpetua, con las
puntas al cielo; pieroas lisas que guar•
dan la sal de la mar primera. Recor•
dando a sus pobres mujeres, calvas, en·
fermizas y lleoas de horror, los mari,
dos empúj:i.ose; ellas tambiéo, por cu•
riosidad, melancólicas, quieren ver
Cuando todos hayan contemplado a
la ooble criatura, vestigio de al¡un1
época ya maldita, unos indiferentes.
porque no habrán tenido fuerza para
compreoder; lutimado~ otros, con las
pupilas húmedas de lágrimas resigna·
das, se mirat áo ; en tanto que los po~tas
de este tiempo, siotiendo reioflamarse
sus ojos extintos, se encamioarán hacia
so lámpara, borracho un instante su
cerebro de una gloria coofusa, obsesio·
nados por el Ritmo y en el olvido de
existir en uoa edad que sobrevive a la
befüza.

Este reloj de Sajonia, que se atrasa
y que da las trece entre sos flores y sus
dioses, ¿de qoiéo ba sido? Piensa que
vino de Sajonia por las largas diligeocias de antaño.
(Singulares sombras penden en los
vidrios gastados).
Y tú, luna de Venecia, profaoda como fría fuente eo una orilla de desdoradas moldaras, ¿quiéo se ha mirado
en ella? JAhl estoy seguro de qoe más
de uoa mujer ha bañado en esta agua
el pecado de sa belleza; y acaso verla
u_o fantasma desou:io si mirase largo
!lempo.
-Eres malo y dices muchas cosas que
no están bien ....
(Veo telas de araña eo lo alto de las
grandes ventanas).
Noestro arcón también es muy viejo:
mira cómo esa lumbre enrojece su ma•
dera triste; las cortinas empalidecidas
tienen su edad, y la tapicerla de los si•
llooes desveocijados. y los aotigoos gra•
bados de las paredes, y todas nuestras
vejeces. ¿No te parece que hasta los
b,og llfs y el pájaro azal hao destefiido
coD el tiempo ?
(No pienses 110 las telas de araña que
tiemblan en lo alto de las grandes ven·
taou)
T" gasta todo esto, y h J ahí por qoé
pu,do vivir a tu lado. 1No has deseado,
hermana mía, la del mirar de antaño,
que eo uoo de mis poJmas apareciesen
estas palabras: ch. gracia de las cosas
marchitas?&gt; Los objetos ouevos te desplacen: también a tf te d3n miedo con
sa atrevimiento chillóo, y sentirás la
necesidad de ga~tulos, lo q ae es harto
difícil de hacer para los que no gastan
de la acción
Ve.i, cierra tu viejo almao'lque ale·
má.o, que estás leyendo con ateoción,
aunque se public ira hace más de cien
años y los reyes qae aauocia h1yao to,
dos muerto, y, tendi:lo s,bre la alfom·
br, antigua con la cabeza apoy.ida entre sus rodillas caritativas en tu traje
descolorido, oh, niñ a ten calma, te ha·
blaré horas y horas; ya oo hay campos

y las calles estáo vaclas; te hablaré de
nuestros mueble, .. . . ¿ Estás distraída?
(Esas telas de araña tiritan en lo alto
de las grandes veotaoas)

m

w-·

• LIENZOS MATRI TENSES

••

LA PIPA
Ayer be eacootrado mi pipa, soñando
u 1a larga velada de trabajo, de hermo•
so trabajo de invierno. Arrojados los
cigurillos con todas las alegrlas infan,
tiles d, veraoo, en el pasado que ilumi·
nao la, hojas uoles de sol, las muselinas, y vuelta a coger mi grave pipa por
uo bombre serio que quiere fumar lar,
go tiempo sin molestarse, coa el fin de
trabaju mej,r; pero no esperaba lasor•
presa que me preparaba esta desdrñada; apenas hubo ncado de ella la pri•
mera bocanada, olvidé mis grandes li·
oros qoe están por hacer : maravillado,
eaternecido, respiré el invierno pasado
que volvla. No babía tocado a mi fiel
amiga desde mi voelta de Frl'ncia, y
todo Londres, tal como le viví, por com·
pleto para mf, solo hace un año, se me
ha aparecido ; primero esas amadas nie·
bias que arropan nuestros cerebros y
tienen, allá abajo, un olor suyo, cuando
penetran b1jo la ventana. Mi tabaco
olla a una habitacióo obscura. con mue•
bles de cuero espolvoreados por el poi
vo del carbón, sobre los cuales re des•
pereziba el flaco gato oegro; las gran·
des chimeneas y la sirviente con los
brazos rojos ecbando carbón, y el nido
de esos carbones cayendo del cabo de
lata a la canastilla de hierro. por la
m 1ñ ,na -cuando el cutero daba el doble al iabooazo solemoe que me hacia
vivir! he voelto a ver por la veotana
esos árboles eofermos del csqoare&gt; de•
sierto-be visto la alta mar, tan a me•
nudo atravesada este invieroo, tiritando
sobre la cubierta del csteamer&gt;, mojada
de broma y ot-gra de horno, con mi po•
bre muy ama:la errante, en traje de
viajera, uoa larga falda gris, color de
polvo de los caminos, un abrigo que se
pegaba, húmedo, a sos hombres frfos,
uno de esos sombreros de paja sin pin·
ma J c1si sin cintas, que las se ñoras ri•
cu tiran al llegu. tao despedazados
estáo por el aire del mar, y que las po·
bres muy amadas vuelven a adornar
para muchas tempGradas atio . En torno
a su cuello se arrollaba el terrible pa
ñaelo que agill uuo al decirse adiós
para siempre.

·····"'

••

La Plaza Mayor

Solar de los bigardos y la pobretería
Plantel ~e las busconas y de los gallof~ros
Que reviven un clásico lieozo de picardía
En el abig urado rincón de Cuchilleros.

!Dulce hoca imposible, cuya sombra persigo
Hoy! a través de todo lo que martiriza;
Lab~os que_ co~rnlaron mi sufrir enemigo
Labios cantahvos que partieror. coomigo
El pan de sos palabras y el agaa de su risal
El pan de sus palabras; redentoras, divinas.
Iogeouas, sus palabras_faeroo tan milag1osas,
Que al eotE d9:r su f_ác1l vellón en mis espinas,
Brotaba en mis espinas on milagro de rosas.

Todos y,¡ceo fundidos eo dolientes montones
Oyeo~o_a una rame~a quo eotooa aoa canción;'
Hay s101estros mendigos y harapientos ladrones
Y atezados magnates de cayado y zurróo,

El agua de su _risa : jamás en boca humana
Ha de tener la :isa tocos más siogulares;
hra tao !rgeo 10a, tao musical, tan pura,
ll~e,_ al 01rla, me bacía pensar en la campaoa,
D1m1outa y ale-gre que toca en los alta ns
Y que rie de júbilo cuando consagra el cura.

Eo l.i plaza Mayor, a las horas oocturoas,
s.e oye no coro de lentas saetas tacitoroas,
~egras coplas que lloran el dolor de ta vida
Caoalla y de la carne placentera y podrida.

Dormida para siempre, tras el último rezo
Aquell9: boca santa que me tornara fuerte, '
Y me digo-en los cardos de la existencia presoEra bueoa .. . . la muerte se la lle"ó por eso
Era mfa .... por eso se la llevó la muerte. '

JCaoc_ió~ de la canall•I Negros ojos de crimen
Y de lu1una, bocas que blasfeman y gimen·
Musa ~e esas letrilla■ hoodas y desoladas ·
Qae dicen de los besos y de las pnñaladas

Triste canción añeja, triste canción veoida
De!de la paz alegre de las horas que fueron
H9:sta las a~ritudes preseotes de mi vida ;
Triste caoc1ó0, en tiempos lejanos aprendida
Por el alma, en los únicos labios que me quisieron

Coplas de la canalla, que tienen las aogostias
Y el dolor de la carne que de!garra un pañal
Que añoran en _la_s bocas despintadas y mustias
Y sabeo a pres1d10 y huelen a hospital.
JOjos de la CRoalla que solo veo lo feo
Q ae duermeo en los quicios a la luz de la lona
Ojos de los exhombres que fulgen de deseo
Aote uoa mujer bella y un golpe de fortona !
De las c~pas rafdas y los mantos mugrieotos
Sargeo pálidas manos, secas como sarmientos
MAoos de mendigos. manos dte las rameras '
Qae acarician y roban y plañen limosneras

••

•

E l alma mía piensa:
&lt;Yo conozco esa triste canción que van cantando&gt;
Y el alma mfa evoca
Uo recuerdo moy frágil, que viene desd, cuando
Para mi, desgranaba canciones aoa boca.
'

Los hijos de Pablillos bilvaoao la trapaza
De so "ida aodarifga, mudable y peregrina.
Y antre los soportales se recorta la traza
Barlesca de aoa elegante ninfa de Celestina.

•••

entonces

De

-~

Hospital de los buscones y la trubaoería
Platoel de los magnates y de los gollotero~
Que revi veo un clásico lieozo de picardía
En el abigarrado riocóo de Cucbilleros.
Amanece: En la plan melaocólica y vieja
Se abre la poerla de uo hosco cafetfo.
Los miserables doermeo . Sólo se oye la qoe ja
De una foeote que llora en medio de un jardlo.
EMILIO CARRER E.

En ta~ Hricas_ o_ndas, que son como las oodas,
De un _no pro~1g1oso, de un rfo pe,fumado,
Con mis ~osuenos hondos y mis tristezas hondas
En on va1vé_o tranquilo, de mi playa desierta '
Me voy hacia el pasado ..... .
Me voy hacia el pasado, por besar a mi muerta.
F . MARTINE Z RIVAS.
o o o

El

••
•
.1

retrato

DE BAUDELAIRE
Trocaron en ceoiza la ~ t e y los dolores,
La Iaz goe a nuestras almas pre~tó su fuf go sa010·
De aqaella bo~a en llamas, prisión de mis aa:ores •
De aquellos OJOS que me dijeron taotol
'
De aqoellos blanco~ besos, más dulces que las flott•
De.§aquellos goces lnhm?s que hicieron ooestro eocaot'c:
Q
Dª qoeda?._. • . ¡,obre niña, pobre alma! les borrares
e on croquis a tre, lápices, de palidez y espanto
Qoe,_como~º• deshace sos formas, solitario
y a quien el hempo-viejo de paño saogaioario
Flagela con sus alas para torearlo escoria ... . •
Ob bárbaro asesino del Arte y de la Vida
No ~atarás el alma donde quedó escolpida •
La virgen que hizo un fümpo mis dicba~ y mi gloria!
GUILLERMO VALEN CIA.

STEPHA~E MALLAR ME.

•

•

••••••••

•

J•

-~

�pirte, qoe e3tos volantes no van monta,
dos sobre el mi1mo forreaux; se cosen
sobre uo.a especie de tdoica muy lige·
ra, diáfana, c isi iovi!ible. L?s volantes
de tul de m lilas irregulares y finas,
bordados de grandes flores y arabescos,
son los que presentan mejor efecto;
confeccionándose asimismo estos volan•
tes en encaje Malioe de L yóo, rebor·
d ,do a mano, y en aplicaciones de ga·
sa sobre un fondo dt! tul imitando el
estilo de los bordados antiguos. Alguoos
efectos de traospa.reocia obtenidos por
. m,dio de e,tos volil0tes son verdadera,
mente iogeoiosos: así por ejemplo. be
aqoi no fourreaux caya. parte superior
es de tafetáo blaoco, el bajo de raso
negro. Tres volaotes de tal borda.do
forman la túoica.; tao solo el primer vo·
la.ate va sobre el glacé blanco traospa·
reatando ya so borbe inferior el raso
negro. Cuerpo de igaal to! sobre viso
blanco, con cuello y puños de raso negro que vienen a dolcificar volantitos
plegados en lencerfa.
CORDELIA.

Páginas fe meninas
Si el grao P cix 00 es ya como a.ate ·
riormeote la fiesta de clausura de la
sociedad parisioa, constituye siempre
nno de los días de mayor exhibición en
cuanto a la Moda femenina se refiera ;
en tribunas y paseos véase mujeres de
refioada elegancia y preciosos trajes
entremezclalios-derto es-con sobrias
toilettes y ridículos arreglos, éstos más
numarosos que aquellas, pues la exage·
racióo d~ las modas actuales condoce
fácilmente a esas siluetas excéotricas
tan bien trazadas pllr los caricaturistas
y que excitarán nuestra hilaridad y
nuestro asombro dentro de unos años,
cuando h.s contemplemos con la fria!·
dad de lo pasado. La Moda necesita no
serlo ya para ser j ozgada.
De esas lastimosas exageraciones oo
be d e hablar aquí. L'l reacccióo hacia
las líneas y colores mb correctos se
acentú1 afortunadamente cada día y
describiré algnaas de un gasto más se•
guro, fáciles de llevar en soirées, ga.r•
den- ;iarties, comidas y reuniones oto,

T ,aj e de calle.

Pronto com3nzará la estacióm de los
baños de mar, que se recomiendan pa,
ra multitud de afecciones y cuyos efec·

Las bandas tienen
el inconveniente de
necesitar raya , cuya
confección repetida
a diario eo el mismo
sitio apresura la cai ·
da de los cabellos,
fatiga e inflama el
cuero cabelludo.

tal de que se lleven oportunamente.
Un rostro redondo será favorecido
por la disposición de los cabellos abut1•
ca.dos o en aureola.
A un rostro largo, sientan mejor las
baodu y finalmente a una cara ovalada
favorece el peinado griego, ej decir inclinado detrás de la cabeza.

Todos los peinados son bonitos, con

tos sedativos y tóJicJs soo diga:» de
notar,
Ss emplean con éxito contra el lia•
fatismo y las escrófolas.
1!:n ciertas ga,tralgías despiertan la
actividad de los órganos digestivos y
cc,ntribuyen a la curacióo de enferm , .
da.des rebeldes a las medici.nas ordinarias.
Se acoosejau estos baños de prefe·
rencia en los comienzos del verano y
del otoño, porque es cuando el agaa los diez Y ocho años poco más
está menos fría; las personas fuertes 0 m.3o,s adopta el moño, es
pueden tomar el baño al levantarse y daicir, los ctbellos retorcid Js
lás débiles esperar el mediodía.
sobre la cabeza, llen la caTodas aquellas personas a las que b 3llera, ya ea casco levaohdo
por cualquiera circuostaocia no les sea CJn una nube de rizos perdi;
posible ir a la orilla del mar, pueden dos por la frente, ya ea b1n,
prepararse uo baño muy saludable en das ond_uladas que ocalsa casa poniendo al agaa sal y alcohol. ha las nenes y las orej t s.
Inmediatamente después del baño se
debe reposar ; pero pasados algnaos mi·
nutos, hay que h icer ejercicio basta
seotir~e que se entra en calor. De esta
minera se evitarán mucbis eofermeda•
des y se coosernráo las personas jóve•
nes por mochos años.

Traje de casa.
ñ ,les. E itas e,tán confeccionadas coa
telas ligeras, tul liso o bordado, encaje,
velo, muselioa de seda o crespón de
China.
Los más lindos de esos trajes aliaban
volantes o túoicas de tul o gasa a llls
foorreaux de tafetáo, y esta unión de
uo género de seda con otro de hilo o
algodóo qoe hubiera chocado hace alguoos meses, resultaba de encantador
efecto por su novedad y por el cooj u oto
d , los ,:;oloridos combinados. Uoo de
estos fourreax era blanco d, tela, otro
negro, otros rosados. amarillos, rosa de
B rngda; los volantes adornaban esas
faldas estrechas; volantes festoneados
en ondas, agudas y peqoeñ,s, volantes
de ondulacióo amplia y redondeada,
volantes bordados por roches o por bo•
nillonoés, otros muy grandes termioáo·
dese con pequeño volantito, otros-to·
davfa, adornados con un borde de pin·
mas de avestruz, estrecho y rizado. La
mayoria de esos volantes comieoz"o a
alguna distancia de la ciotura, por de·
bajo de las C&lt;Lderas y se separan más o
menos.
Cualquiera que sea el número de los
volantes y so aocbura, el último termi•
na siempre a una regalar altura del
suelo, que permita ver bien la estrecha
funda del traje. Hay que notar por otra

Los baños

o o o

El GUidado de los
Gabellos

P recioso sombrero de verano.
Traje de recepción.

Aparte de algunas variedades de detalles, la mujer de hoy, que a partir de
Traje de calle.

~

�Mejor no asar anteojos que usar los
mal adaptados.

- En 1Iéxico, desde el año de 1848, se ha reconocido una sola casa
de Optica.

Cierto que se han visto esté&gt;.blecerse de vez en cuando

otras carns de corta vida y de más o menos confianza, pero el público

1·

siempre vuelve, después de ~aberse convencido de la poca garantía
que hay en otras partes, a LA CASA CALPINI, S. A.
4:La Más Antigua de México, y La Más Moderna.&gt;
A cargo de un oculista que s~ cuenta entre los especialistas de la Capita!, nuestro departamento Optico no tiene rival en México, siendo dotado demodemos instrumentos y accesorios para el exámen de la vista.
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LA CASA "GALPINI," S. A.
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1

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                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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              <text>Maneras y Costubres</text>
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              <text>Vida social y costumbres</text>
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          <name>Description</name>
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              <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
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              <text>Cía. Periodística Mexicana, S.A.</text>
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              <text>Fondo Fernando Díaz Ramírez</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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