<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="4463" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/4463?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-25T23:47:36-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3023">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/101/4463/Arte_y_letras._1914._Vol._1_No._33._Octubre._0002012422.ocr.pdf</src>
      <authentication>a46caf03256c984f7913fc4a381a8804</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="119664">
                  <text>Registrado como artícalo de 2• clase, el 26 de Febrero de 1914

Segunda EpOGa.

Sábado 3de Octubre de 1914.

Tomo 1.-Núm. 33.

..

VENDEDORA DE PERIODICOS EN PARIS, por Antolne Thivet.

�VE-R SOS

(

-Oiga usted! ...... Quiero leerle unos versos ...... ; malos, es verdad, pero quiero leérselos. ¿Qué cosa buena se nos puede pedir a nosotros los impresores? :No nos queda tiempo ..... .
Además ...... ¿ Escucha usted?
-Sí : con gusto, léalos; ya sabe que a mí no
me desagrada lo que usted escribe.
Y aquel hombre, cuyas manos callosas parecen hechas pira maneiar cualquier otra cosa que
no sea la pluma, desenvuelve un papel cruzado
por todas partes de líneas a manera de estrofas.
Son yersos malos, como él mismo lo dice, malí-·
simas, que encierran temas sentimentales ya muy
trillados; versos que e~harían abaio la reputación
de cualquier poeta, por muy célebre que fuera;
versos que no tienen de tales más que el sonsonete de la consonante.
Y sin embargo ...... no hay por qué burlarse.
¿ Acaso un obrero no siente tan hondamente cerno cualquier poeta? Es cierto que habla en sus
versos de decepciones amorosas, pero ya sé que
es el tema de la mayoría. Habla de una puesta
de sol, ¿cuántos líricos se han dado a conocer
hablando de una puesta de sol? Estos habrán
leído mucho, habrán recibido una educación refinada y por eso saben interpretar mejor sus sentimientos. Y eso, mismos que se dicen sentimentales habrán pasado muchas veces indiferentes
ante una rosa, que este hombre vulgar aparentemente, que no tiene pretensiones de poeta, admira y ante la cual se detiene embelesado.
¿ Despreciaré los lirismos falsos de un versero
como este que me aburre con sus lecturas? El,
que consume sus· energías imprimiendo diariamente producciones mediocres, no tiene quien le
edite las suyas, ni siquiera a quien leérselas. Sus
amigos se burlan de él. Nadie lo toma en serio.
Al llegar a su casa se ve en la necesidad de esesconder las cuartillas escritas porque su mujer
no se di vierta a su costa.
Y sin embargo-vuelvo a pensar-ese hombre
habla con más sinceridad, es más sensible a la
belleza que muchos otros empeñados en figurar
en el campo de. las letras a golpe de martillo. Por
ahí andan muchos escritores y poetas &lt;a fuerza,&gt;
que porque gozan de una buena posición social
o de una profesión lucrativa, se creen con suficiente derecho para meternos por los ojos suc;
producciones que nadie leería si se les diera el
lugar que merecen.
Nunca suelo llorar el tiempo perdido, a excepción de cuando me ve::i obligado a leer una de
esas poesía~ forjadas a palos, como las frutas que
se maduran artificialmente Entonces me pregunto si al fin y al cabo la poesía 110 es más que un
pasatiempo como el ajedrez o el boliche.' i'CuanJ:io todos pueden hacer versos!
. ~· ··
Petronro, en el momento de morir escribe a Nerón:
«Te lo perdono todo, menos que me hayas

MALOS
obligado a ':llabar tus ridículos versos.&gt; Y algo
parecido sucede muy a menudo con algunos poetas de guante blanco y de levita: se les puede
perdonar la levita y el guante blanco, pero no
que sean tan malos.
Ese pobre impresor me lee sus poesías con fogosidad, como si estuviera declamando frente a
un público que lo.escucha entusiasmado. Adopta
una actitud cómica y me dirige de vez en cuando
miradas de soslayo, para observar el efecto en
mí producido. Y pienso que él no escribe por
dar~e tono ni en espera de alabanzas. Lo hace
por una verdadera necesidad psicológica. Leyó
aigún tomo de versos- por ahf, lo releyó y después de mucho llegó a comprender que no eran
otra cosa que estados de alma trasladados al papel. Y pensó en imitar al aut0r desconocido. ¿ Por
qué no había él también de escribir versos? Si
aquel era un medio de desahogar el sentimiento ..... .
Y ese hombre cumple su misión en la vida con
mucho más méritos que cualquiera de nosotros.
Si algunos nacieron sólo para cantar o trabajar, él puede hacer la~ dos cosas a un mismo
tiempo: canta y trabaja. ¿ Es al~ún hombre que
se adelantó a su época? ¿ O el precursor de un
futuro no lejano? Quizás habla por su boca al
hombre de la Edad de Piedra junto al hombre de
esta época de la electricidad: el hombre del año
2000 en quien se fundirá todas las tendencias del
pasado y de]· porvenir ....
Y yo continúo dialogando conmigo mismo, entretanto que mi amigo sigue declamando con vehemencia. Repaso el pentagrama del pensamiento y encadeno una serie de ideas hasta formar
una verdadera profesión de fé poética. Muchas
cosas que antes no comprendiera. ahora las veo
tan claras como la luz del día. Durante mucho
tiempo las cosas parecen incomprensibles hasta
que, de pronto, hay una mano que nos entreabre
la puerta de lo incognosibli:., algo así, como si se
levantase una cortina frente a un ojo que permanece en la obscuridad, dejándola entrever la luz
del sol, reflejada sobre una colina.
-iAhora lo comprendo todo, todo!
:'\oto que me he distraíao demasiado, desvariando. Poco a poco he dejado de pensar en los
versos del impresor para meditar en otros asuntos. Mi hombre, que con fa última exclamación
comprende que estoy pensando en cualquier otra
cosa menos en él, se detiene, me mira compungido. avergonzado. Cree que me estoy burlando,
y poniendo una cara de arrepentido. exclnta:
- Qué! ¿ no le parecen mis versos?
-Sí, hombre; sí. Estoy oyendo. Siga Ud.: Es
que yo soy así. ....
PORFIRIO HERNANDEZ.

LA EXCLAUSTRACION
DE LAS MONJAS

Cooveoto de la 3a. calle de S. Lorenzo
No. 74. de donde bao sido expulsadas
por orden del Gobierno Coostituciooatista varias monjas qnfl faeroo eocon•
tradas alli.-Refectorio,- Corredor -Ca,
pilla. Comisario de la 3a. Demarcación
que procedió a desocupar el edificio.

�[@r

•

~=====================================
''Lámparas en agonía"
Eo una edición que no es, a mi jui•
cio, ánfora propia para guardar el romántico zumo de las vides de don Luis
G. Urbina, oigo la vibración otoñal de
un alma ingénua, bañada por los ful·
gores de puestas de sol, mientras el
oleo sagrado psalmodia un requiem de
luz que tiembla en lámparas agonizantes.
El egregio poeta de &lt;Los Senderos
O~ultos&gt; dice, al concluir el prólogo:
cLa deuda que J,. critica mexicana tiene pendiente con Ucbina,queda.sin salo
dar.&gt; Y esto, después de haber afirmado que no será él quien avalore la obra
de su bien amado amigo; pero, no obs•
tante ellp, en las palabras luminares
ltrlllarán quienes lean &lt;Lámparas en
agonía&gt;, importantes observaciones del
prologuista, y apreciaciones justas que
serán más tarde estimadas en su alto
valor.
El robusto cmo de Manuel Jo&amp;é
Othón, el historiado vitral de Rafael
López. las brasas del incensario de Ama·
do Nervo, la llama que alimenta nna
inefable &lt;codicia. interior&gt; en González
M&amp;rtínez, las claridades del fastuoso
candelabro de siete brazos de Díaz
Mirón, dan luz en el mismo recioto: y
en esta sinfonía del fuego espiritual de
los poetas mexicanos brilla dulcemente
la votiva lámpara del maestro Urbina
qne de la alcuza de la existencia tomó
a.:eile nuevo para un reciente esplendor.
La magnificencia de la primera com•
posición-en el libro de qne hablotiene realmente la riqueza ue un Pór,
tico Antiguo.
Yo que sí creo en lo fructuoso de la
selección fragmentaria en los florile•
gios, para dar idea del mérito de una
obra poética en su integridad, copio de
los versos iniciales del libro lo que va
enseguida:
&lt;Limpia el amatista de mi óesaliento,
Bruñe de mis iras el rubí sangriento;
A mis dolorosas lágrimas secretas,
Como a los diamantes, les pule facetas;
Hace filigranas y monta en suspiros
De mi último ensueñ• los claros zafiros,
B incrusta en el onix de mi desconsuelo
La esmeralda anémica del postrer anhe·
(lo&gt;.
Y la labor del poeta puede haber una
explicación, en el mandato que aparece tres ocasiones en la misma primera
composición:
e Acero es el arte; oro la palabra;
Labra, F antasla, labra, labra, labra ....&gt;
D espués: desdé el jardín de plata, en

la noche divina, en la aurora ardientt',
del día en la siesta cálida., y cuando
nuevamente la noche sus lumbres apa·
gó; en estío, otoño, invierno, primavera , El Ruiseñor Cantaba ....
&lt;El ruise ñor se había vuelto loco; se
(había
Enl&gt;riag1do d, luna, de sueño y de pa,
(sión,
Y cantaba, cantaba! ..... .
( Como la. poesía
Que llevo en el oscuro jardin del cora,
(zón.&gt;)
Es la poesía de Ucbioa: así canta;
mas sin la in ~onsciencia amable del
alado cantor en éxtasis de armonía. Por•
que el dolor que hiere lo hace cantar,
el mal q ae daña lo hace cantar, la ju,
ventud que huye para siempre lo hace
cantar.
Sea para otros, hábiles margioalisias,
la tarea da extraer del cofre arcaico
qne es este libro, los primores, las joyas
de dicción, los felic3s hallazgos lexico•
gráficos. Ea mi peregrinación por las
páginas de &lt;Lámparas en agonía,&gt; hoy,
sólo he buscado el alma. del poeta. Na•
da más
He oido que dice:
&lt;Fnf como tantos: audaz e ilnso
V:Jy por el mundo sin desengaños,
Sin ilusiones, sin h,s extra ños
Romanticismos de la ternura;
Porque mis cuerdos cuarenta años
&lt;No me permiten esa locura.&gt;
cN ada me queda, nada. ¿Que me impor-

(ta alma mía
Que hoy la gloria me llame y el amor
(me sonría,
Si he perdido el t.esoro de la infiel ju(ventud ?&gt;

Pero mny adentro, muy solo, muy mío,
Un pesar causado se me vuelve hastío
Y un último anhelo se me extingue aprisa&gt;
palabras que integran la descripción de
la personalidad del poeh, con este gri•
to de infinita angustia:
c¡Resucítame-oh madrel-la t'speranza
Que murió de esperar! ..•.
o o o
A creerle a Urbina, este libro sería
la floración mustia. de un árbol decré•
pito: en la &lt;Elegía Infantil&gt; dice: &lt;es·
tán cansadas todas mis ideas, y desfa•
llecidos todos mis anhelos&gt;; pero aun•
que quizá lo segundo es verdad, lo
primero es venturosamente falso. Y a!í
podrán comprobarlo quienes lean.
Aun en las oraciones por las esperanzas que naufragaron hay vigor; y
copiosa coloración en paisajes dolien ·
tes como el de la Vespertina XII.
En la poesfa cA Felicidad&gt; leo es·
trotas como éstas:
&lt;Porque faiste blancura de mi oscuro
(destino,
Y, aun hiriéndome el alma con un nue·
(vo dolor,
Al pasar me dejaste perfamado el ca•
(mino
Y endulzada la boc;:. con uu beso de
(amor . . .• &gt;
Et caetera .• , ..•
cVan, por eso, estas hojas a tus ma.•
(nos de santa,
Este libro es abeja que te ofrece su miel ;
Es el verso glorioso como uu ave, que
(canta

A la fresca penumbra del soñado laurel&gt;
Y en la Serena.ta de Antaño, ·como
en Serenidad y en la Vespertina XI, la
tristeza y el hondo desconsuelo interior
Y en &lt;La muchacha a misa va,&gt; agre, manan en un chorro de cristal leve y
manco, pero i1isa.do y trémulo.
ga:
Sobre &lt;Pnestas de Sol&gt; tiene este
&lt;El esquilón del templo llama impa·
(ciente a misa ; volumen un mérito: aquel por el cual
la obra de arte no hace pensar en el
Y ella va . ... mas de pronto se detiene
(indecisa; esfuerzo que para crearla realizó el
B.ljo un árbol la aguarda su galán, su artista.
(poeta.
o o o
En la oscilante verdura de los árboo oo
les próximos a mi ventana, miro algu&lt;Símbolo de mi alma a quien una son• nos toques amarillentos q ue presienten
(risa a Octubre, y para olvidar el presagio
De amor, detuvo siempre que, devota e del inminente triunfo invernal, recor(inquieta, dando la. última &lt;arenga lírica&gt;, vuelvo
Fué camino del templo para oir una los ojos hacia el &lt;limpio, radiante,
(misal&gt; profundo, se.reno, misericordioso cielo
P rosigo reuniendo los rasgos de la. de la Patria •
melodiosa antobiografía y anoto:
JO SE D . FRIAS.
c ... .. . Me río
Porque es uoa forma del pudor la risa ; México, 15 de Septiembre MCMXIV.

E NIGMA.-D,bujo por Carlos D. Neve.

El espíritu de justicia
-==============:=:::,
Un rey justo, que estab a en el trance
de morir sin herederos, decidió legar
su reino al más josto de sus súbditos.
Con cnyo fin hizo llamar a todos los
hombres del reino para examinarlos,
sabiendo que las muieres soa incom·
patibles con la justicia.
Pero es ésta un bien tan difir.il de
encontrar sobre la tierra, que los días
y los súbditos pasaban sin que el rey
bailase el heredero de su reino. Persis,
tía no ob itante, en ello; pues, ¿cuál
bien semejante al de un josto mandatario, podfa aquel monarca legar a los
hombres?
Al fin de la :irdua selección, quedaron
tres candidatos apenas. Dos que habían
bablailo bien, y uno que no ha•
bía hablado. Porque el rey respetaba
el silencio, que como una mina precio•
sa suele encerrar el oro de la cordura.
. Y la cordura decía el rey, es uaa forma
de j osti cía.
¡Cuántos habían hablado del asunto
con el rey! Todos decían ser jnstos, pe·
ro no eran sino vanidosos que se admi·
raban Pretendían que la justicia coa·
sistiera.en no acomodo del mundo a
sus conceptos.

Por último, vino el primero de los
tres que restaban, y solicitado para que
hiciera nn resúmen de sus ideas, dijo.
- Señor, he sido juez. Apliqué la ley
con inflexibilidad y sin pasiones. Cre•
yendo que encerraba la sabiduría de
vuestra majestad y de su pueblo, cons·
tituirme en instrnmento suyo. No h-,
faltado una sola vez a la ley. Mi con•
cepto de la jnsticia es la estricta. de la.
ley, sin una debilidad, sin una pasión.
.El rey dijo:
-Es claro tu concepto de la justicia.
Y habló el segundo de los hombres
restantes.

-Señor, be sido pobre y rico . En
todo tiempo hice el bien a los amigos
como a los adversarios. A los que labraron mi fortuna como a los que consumaron mi ruina. Pude causar daño a
mis enemigos y les hice f uores. Domé
mis impulsos de veogaoza en bien de
todos Para mí la jasticia consiste en ha•
cer el bien á aquellos cuyo mal nos
complacería. Justo es aquel que domina. su egoísmo.
Y el rey sentenc ió:
-Has procedido confo rme a tu concepto de justicia.

El tercer hombre, el silencioso, dijo:
- Señor yo no tengo conceptos. Pero
he aqní lo qne me sucedió una vez.
Yendo camino del hospital, llegué a una
población dooda tenía. un conocido. Es•
taba fatigado, hambriento. Pedíle al•
bergue y me lo negó. Cuando arribé al
hospital, encontré otro conocido que
salía ya, dado de alta. Llevaba como
bagaje dos mudas de ropa y le dije:
- T ú que estás sauo ya, hallarás tra•
bajo. Yo e~toy enfermo y no tengo sino
ha.rapos. Haz el favor de darme uno de
tus tra jes. Y él convino en ello. Años
después, áquellos dos hombres fueron
condenados por un consejo de guerra
al ostracismo. Yo mandaba en jefe y
podfa acotdarles el indulto que ambos
me pidieron por conducto de sus fa.mi•
lias y d ~ mis amigos. Dejé c umplirse la
sentencia del que me negó albergue y
agracié al otro. Esto es todo.
Entonces el rey tendió su mano al
narrador. Un rayo óe alegria hermoseó
sus barbas ancianas. Y volvién dose hacia los ministros congregados dictami•
nó:
- He aquí el hombre justo.
LEOPOLDO LUGQNES ,

�EL APOTEOSIS DE VICTOR HUGO EN GUERNESEY
Cuatro días mis tar·
de, al alba, Víctor Rugo se embarcaba con
sn hijo Francisco en
&lt;El Despatth,&gt; vapor
que hacía el trayecto
de las islas con Ioglate·
rra. Al fin de una hora,
el navio se detuvo ante
Saint-Pierre. la capital
de Guernesey, escogi•
da por el grande hombre para ser la primera etapa de su nuevo

Uo periódico frao•
cés, cEI Hombre,&gt; que
apareció en 1855 en
J erst y, publicó en su
número de 10 de oc•
tubre una &lt;Carta a la
Reina de Inglaterra,&gt;
en el curso de la cual
Félix Pyat se burlaba
de la Soberana, en términos muy poco respetuosos, acerca de su
visita a N ipoleón III
La lealista población

V. Hago, eo 1836. de un retrato de
Loui1 Boulal'ger.
~el

Jaliette Drouet, novia de Hugc.

de la isla se di~gnstó y reclamó, con lasu•
presión del perió:iico, la inmediata expul
sión del redactor en jefe, del adminis•
trador y del vendedor. Víctor Hugo in,
tervino. Lanzó el 17 de octubre una
protesta que fué fijada en Saint-Helier,
la capital de la Isla, y en la cual recia•
maba la libertad para los proscriptos.
La respuesta de las autoridades no se
hizo esperar largo tiemro. El sábado
27 de octobre, a las diez de la mañana,
tres notables se prestotaron en cMarme-Terrace,&gt; solicitando hablar con
Víctor Hugo y rns dos hijos. A quién
tengo el honor de hablar? Preguntó el
poeta al primero de los tres-Soy el
condest•ble de Saint-Clemeot, stñor
V!ctor Hugo. Su excelencia el gober•
nador de Jersey me ha encargado decir
a usted que en virtad de noa decisión
de la Corona de Ioglaterra no podrá
permanecer en la isla y que debe usted
Los amores de Victor Hugo.-Casa
abandonarla. de aqnf al 2 de novirmbre • en Metz donde vivió la antigua novia
próxitno.-Esti bien, señor, ae limitó a del poeta.-Claire Pradier, bija de Ju•
liette Di:ouet.
responder el poeta,

destierro. El ...bra de Saint-Pierre
era muy poco profunda para reci•
bir los barcos de fuerte tonelaje, y una
barca de pescadores tuvo que recibir a
bordo a los viajeros, Descender allf,
no faé mis que un juego para el poeta
y su hijo; pero habían llevado consigo
una pesada maleta repleta de manas•
critos preciosos. Los anos estab,a concluidos y los otros solamente bosquejados. Estaban alli; &lt;Las Contemplacio•
nes,&gt; &lt;Los Miserables,&gt; &lt;Las Pequeiia,
Epopeyas,&gt; &lt;DioE,&gt;cEl Fin de Sataoás,&gt;
&lt;El Teatro en Libertad,&gt; cLos Dramas
de lo Invisible&gt; ele ...... La mar estaba
ruda, y como un juguete de nifio, la
barca daozaba sobre las olas. Ansiosos
los dos prosctipte,s se interrogaban, no
osando dar la orden de botar los eqai•
pajes, cuando los marioero~, presuro·
101, pasiercn fi• de una manera bruta~
a sus deseos. Tomando la maleta a bra•
zo, ta laozaroo sin conciencia sobre las
olas encarnizadas. ,con el mismo dea•
dén con que bubierau arrojado un far,

de prooto molesto a esas gentes, muy
quisquillosas en materia religiosa y de
las mis ligadas al régimen moaárquico,
asi como a las vitjas ideas feudales.
La Gaceta local oo habló de prooto
de él, mis tarde se ~xcnió ccn sus lec•
tores de tener que citar frecueottmen•
te el nombre de Víctor Hugo a causa
de los aconlecimieotos políticos. Fué
hasta marzo del año siguiente, a prop6·
to de la publicación de &lt;Las Contem•
placiooes,&gt; cuaodo los periódicos se
decidieron a saladar la llegada del
poeta, &lt;del ilustre escritor que Guer•
cHauteville-House,&gt; donde vivió Victcr nesey tiene el honor de poseer hoy,
Hairo durante su destierro en Gunoe- ~racias a la locura de nuestros herma•
sey.-V1ctor Hago, ea tr.ije de cas~.
oos de Jdrsey .&gt;
El poeta se asombró de la frialdad e
do de algodón o naa banasta de tortu• indifereocia de los habitantes de Guer·
ga. La maleta osciló, indecisa, slbre nesey. Sintió despecho de no deslom•
el agua movrdiza; después, blanca de brar a ese pueblo flemático, de oo oca·
espama, vioo a checar en el fondo dtl par la curiosidad de esos rudos aoglobote. Die.1 mioutos después, la barca normanolos que sen gentes de taota san•
que coudocia al poeta, los frutos de su gre fria y calma como sus primos de
genio y de su fortuna, aboraaba en Francia. Adivioando que no se acerca•
Saint-Pierre. Se instaló en la calle riao, él fué hacia ellos. Arregló los pre
Hiuteville oúmero 2 0, donde may en liminares y, el día de su saoto, 26 de
breve se le reuoió su familia. Y, sopor• julio de 1856, pronunció an brindis en
taodo el destierro con aoa varonil in- ~a patria adoptiva, lo que le proporcio•
diferencia, esforzándose por olvidar oó la ocafión de burlarse de Jersey,
Paris del que coofesi. ba no tener nece- acerca de la cual teoi_a deseos de ven•
sidad, volvió a Empezar, iofatigable, su gzoza. &lt;Gaernrsey, drcía, es superior
inmensa labor. Los goernesianos de a Jersey por las bellezas tie la Natura•
1855, caya isla, perdida en las bramas leza. Los gernesiancs son n:ás atentos,
de la mar, estaba predestinada, como mis inteligentes, inis civilizados. Tie•
Saeta Elena, a c1brigar un grande in- nen además, rl seotido de la jasticia.
fortooio, no suponiendo aún, que un Guernesey verá un día a Jersey desde
día sos rocas servirían de pedestal l(IO• Jo alto de su graodeia cuando los tra,
rioso a la estatua del más genial, del bajos en curso h1yan termiuado y el
poeta mis grande los tiempos moder· puerto se baya concluído.&gt;
Algnncs meses después, daba, ioédi•
nos.
La llegada de Hago fué de pronto to, al periodista mis discreto de la Ga,
con,iderada por ellos, como un obse- ceta una parte de &lt;Las Co11templacio•
quio importuoo de la hh. rival. Este de, nes,&gt; intitulada cEI Maestro de Estumócrata, este hijo de Voltaire apareció dios:&gt;

N &gt; le atormentéis, sufrl', ....
Pero no era por la literatara por lo
que el nombre de Hugo debla ccnmcver a los Guernesianos y cooquistar el
derecho de cita en las columoas de su
diario; fué por la bon da d. Y ese dia,
el nombre de su mujer fué unido al suyo. Los beneficios del poeta y de Mme.
Hugo, qaien &lt;aunque extranjera amaba
a Gaernesey&gt;, se grabaron en el re•
cuerdo y en el corazón de los iosalares
pobres aotes de que los magoificos versos de &lt;La Leyenda de los Siglos&gt; bu·
biesen florecido su frágil ml'motia.
Puesto en acecho por las gentes de
Saint-Pierre, no siotiéodose aun al abri,
go de las persecaciones del gcbieroo
britático que pactaba cntoocts con
Napoleón &lt;d pfqueiio&gt;, Vittor Hogo,
ya muy atraído a la rcca normanda que
iospiraba su genio y vihra ba en él, re·
solvió de pronto teoer un hcgar, un
&lt;home&gt; verdadero, qa e amuebla,ia y
'1ecoraria srgún sus gastos. Además, no
desesperaba de ver la calda del Imperio, no disimulando que su espera po,
d1ía ser larga. Yvolveraeolrara Fran·
cia aotes de esa f1 cha que él se hóbia
fijado.
Y si sólo uoo qaedaba, ese sería él 1
El momento no era propicio ? El éxi•
to de las &lt;Contemplaciones&gt;, que aca,
bao de a¡.,arecer, puso en manos del
poeta ana suma bastaote importante.
El 18 de Mayo de 1856, se hizo propie·
tario de aoa casa sitaada en la calle
misma donde vivía.
Hecha la adquisición Victor Hcgo
puso manés a la e bra. Era preciso trans•
formar esta casa &lt;la casa frecuentada,&gt;
como la llamaban los indígenas, y hacer •
uoa habitacióo original, una morada a
la vez artística y confortable.
Durante tres años, el poeta, que se
babia hecho cb;láo, escnltor, carpiote·
ro, mcdeló el ioterior segl1n sos gostos,
peinaba, cepillaba, clavaba sia dEscanso, marcando todo eco un sello especial,
cuidando cada detalle del meoajeccmo
cuidaba cada uno de sos verses, danc'o
a cada pie za el brillo de una oda y
queriendo qae su hogar fuera un poe·
ma, Después de todo, cHautevilleHouse&gt;, no es quizá~ el menor éxito de
sus obras.
.
Los pisos altos to eran meaos suotac•
sos que el bajo qae cooteoia un vestí·
bulo, el comedor, la sala de billar y an
saloocito. El primero qae comprendia
los departamentos de Mme. Hogo, de
so hija Adela y sus hijos estaba obstruí•
do con los objetos más raros y ricos :

�tapicerías hechas pará la reina Cristi•
na, telas bordidas de plata y oro; el segando se compoofa de ooa galerla de
roble, el gabinete de recepción de Víc·
tor Hugo y una alccba reservada a Ga•
ribaldi; ~1 tercer pi, o pertenecía lodo
entero al poeta: era su retiro íotimo.
Se subía por una escalera estrecha y el
tojo se componía de un mirador y dos
pequtñis alcobas, la una para dormir,
sobriamente amueblada, una cama baja,
casi al ras d,1 entarimado, una mesa de
arco y un espejo, la otra guarnecida
con un diván donde se leía o reposaba.
D~b:i.o las dos sobre el mirador. Allí. se
estaba en plena luz. El techo y las pa•
red~s eran de vidrio, y, cuando Vícbr
H~gJ estata d~ pie ante la mesita sobre
h cu,1 e1cribía, semej,ba estar snspeo•
Paul Meurice y Aoguste Vaquerie,amigos del pceta,
di to datre ~1 ci~lo y el ruu. G,oioete
en ~us vtsttas a &lt;H ,utevtlle-HJuse.&gt;
d~ ,r ,-.., ,jo ú ,i : , par .. ur. ooeu úat co
cuyos éxus1s 1baa más allá. di: todos los
su regreso a Francia y donde escribió allí la grao sombra siempre viviente.
pensamientos humaaosl
Gaernesey h a adoptado muerto al
Es ali' donde, tod,s los días, en todos sus libros más hermosos quizás: &lt;L: s
los tiempos, el estio bajo el Sol y el in· trabajadores de la mar&gt;, &lt;El hombre huésped que desdeñó un poco ee su vi•
vieron cerca de su estufa de porcelana que ríe&gt;, &lt;La leyenda de los siglos&gt; y da. ... . •.
La inauguración de la estatua de Hu·
que corooab1 una estatua de Venus, &lt;Los miserables&gt;, esta novela lírica y
go en las alturas de Pleiomoot, en esa
apoyado sobre su grao pupitre de roble, humana que es la cima de su obra.
Fué en Hauteville-House donde de• campiña donde el paseo es un deleite,
vestido con su larga bata roja, Víctor
fioitivameote
conquistó la inmortalidad. será el &lt;coronamiento de esa lenta adHago trabaj1ba basta el fia de su des•
También los hijos de los Gueroesia~ miracióo, tanto mil.s sólida y durable,
tierra, sin darse otros momentos de
descanso, que aquellos que consagraba nos de 1855 y de 186o bao querido res• como lo hao dicho tao bien Leo Ciare•
tie, cuanto má~ tiempo ha transcurrido
a sus amigo,, a su fami lia y a los oiiios catar el error de sus antepasados. Están
para nacer&gt;.
orgullosos
de
poseer
la
ca~a
donde
tao•
pobres que h1bía adoptado.
Fué en esa habitación, donde vino a tas obras geniales h ,o nacido; están
instalarse definitivamente hacia fines orgallosos d~ guiar al respetuoso perrALBERT HOU LGARD.
de 1856, que no debía. abandonar balta grioo de las letri.s qae va a consultar

El Museo Nacional Je Mé•
xico se h 1 eoric¡uocido con
tres nuevas joyas arqueológi·
cas, cedidas galantemente a
dicho centro científico por el
s, ñor Antonio León - Noes,
tras fotol(rafías servirán para
dar una idea de la importan•
cia de esos re~tos monolíticos, perteeecieotes a la aoti•
gua civi lizac· 60 azteca.

La printesa ensangren-

tada
t.

.,

J

1

&lt;Esa Sara Pérez tenla los ojos más
hermosos que en este muooo se pueden
soñu: ojos de agua verde con destellos
de oro, !03 ojos que a usted le gastan,
los ojos de Aotiooo. En Rom1 esos ojos
la hubieran hecho concubina de Adriano. En Madrid la convirtieron en prio·
cesa de Eboli, metiéndola todas las
noches en la alcoba del rey; pero esas
grandes pupilas de esmeralda y sus
transparencias, inspiraban horribles ce·
los a Felipe II, y la princesa que se

aburría en el fúnebre palacio y con las
conversaciones más fúnebre. aún de
su rey, tuv·o un día la desdichada idea
de fijar sus adorables ojos en el mar•
qués de Posa.
Salia de los oficios, estaba en el um•
bral de la capilla, y la princesa creía
estar sola con su camarera mayor; la
vigilancia de las cogullas le hizo trai,
cióo.
Felipe se enteró, y por la ooche en
la intimidad de la alcoba, y durante una
explicación violenta y ooa borrascosa lucha, el H'lsburgo, posefdo de
una rabia febril, derribó por tierra t.
la favorita y le arrancó el ojo de una
dentellada.
Fué la princesa ensangrentada; her•
maso título para un cuento cruel. ViIlers de l'lsle Adam lo olvidó para'.uno de

los suyos. La de Eboli quedó
tuerta, la amiga real tuvo des•
de entonces no agujero abier·
to eo medio de la cara. Felipe 11 que teoía a la judía me·
tida en la sangre, conservó
a su lado a la princesa. La
indemnizó con algunos títulos
y con el gobierno de algunas
provincias; pero el pesar de la
verde pupila que había estro•
peado le i aspiró la idea de incrustar
en la órbita sangrienta y vacfa una so•
b~rbia esmeralda engastada en plata
y a la que los cirujanos de eotonces
dieron apariencia de mirada. Lot ocu•
listas bao becbo muchos progrtsos du•
pnés. La de Eboli ya muy impresio•
nada por la pérdida de su ojo, murió al
poco tiempo a coosecueocia de la ope•
ración. Fné a reuoirse con su ojo a la
tumba.
Todo era bárbaro bajo esii Felipe II,
el modo de amar y los ciruj¡oos.
Felipe II, amante iocoosolable, di6
orden para que arrancasen la esmera!•
da del rostro de la muerta y la hizo
montar en una sortija; la llevaba siem•
ore, no se la Guitaba ni para dormir,
y cuando murió, dicen qne tenla la
Iá,rima verde en el anular de la mano
derecha.-JEA'K LO~RAIN.

�l"111111111111111111111111e111111111111111111111111111111

!•

11111111111111111111

111111111111111111111111111111e111111111111111111111111r,~

Prosa Selecta

1
•

~/llllll'llllllllllllllllllellllllllllllllllllllllllllltllllllllllllllllllU11111111111111111111111111111111e111111111111111111111111l~

EL TIRSO
A FRANTZ LISTZ.

lQaé es 1111 tirso? Según el sentido
moral y poético, es 1111 emblema sacer·
dotal ea mano de lo~ sacerdotes o de
las sacerdotisas que celebran la divioi·
dad q,i que son 101 intérpretes y sier•
vos. Pero físicamente oo es má.s que
uoa varilla, simplemente una varilla,
pértiga de lúpulo, tutor de vid, seca, do·
ra y recta.
Ea torno de esta varilla, en caprichosas revueltas, juegan y loquean ta•
llos y fl nes, aquellos sinuosos y fogiti,
vos, éstas inclinadas como campanas y
copas vueltas Y 110a sorprendente glo•
ri.. brota de aquella complejidad de
laces y colores, chillones o tieroos. l No
se dirfa que la línea curva y la espiral
haceo la corte a la línea recta y bailan
en torno de la misma ea muda admira·
cióo? lNo se ~irfa que todas aquellas
corolas delicadas, todos aquellos cáli ·
ces, explosiones de aromas y de colo•
res, ejacotau no mfstico faodaogo ea
torno de lá varilla hierática? ¿Y qoiéo
es, sin embargo, el mortal impradeote
capaz de decidir si las flores y los pám·
paoos bao sido hechos para la varilla, o
si la varilla oo es más que uo pretexto
para mostrar la belleza dt1 les pámpa•
nos y las flores? El tirso es la represen•
tacióa de la sorpreodeote cualidad de
usted, maestro potente y veoerado,
querido Bacante de la Belleza miste•
riosa y apasionada Nunca oiogooa
niofa ex~sperada por el invencible Ba·
co sacudió su tirso sobre las cabezas
de sus compañeras enloquecidas con
taota energía y capricho como agita us·
ted so g.eoio sobre los corazones de sus
hermanos. La varilla es su volootad de
U5ted, recta, firme e inquebrantable;
las flores so11 el paseo de su faotasía en
toroo de su voluotad; es el elemento
femeaioo ejecutando en torno del ma,
cho sos prestigiosas piruetas Líoea
recta y lfoea arabesca, ioteocióo y ex•
presión, riiide1 de la voluotad. sinuosidad de la palabra, unidad del fin. va,
riedad de 111edios, amalgama omoipo,
tente e iodivisi?ll: del genio, ¿qué aoá.•

lisis tendrá. el detestable valor de d:vi,
diros y separaros?
Querido Lizt: a travésde las brumas,
del otro lado de los rfos, por encima
de las ciudades donde los pianos can·
tao su gloria, donde la imprenta tradu·
ce su sabidurfa, en cualquier logar
donde se encuentre usted, en losespleo•
dores de la vida eterna o en las brumas de los países soñadores que coasuela Cambroous, improvisando campos de delectación o de dolor inefable,
o confiaodo al papel sus meditaciones
abstrusas, cbaotre de la Voluptuosidad
y de la Aogustia eternas, filósofo, poeta
y artista, lsalúdole a usted en la inmortalidad!
CARLOS BA.UDELAIRE.
o o o

Las Lutiérnagas de Canaam
L1s primeras luciérnagas comeoza.•
bao en el seno del bo~que a hacer co·
rrer sos lá.mparas divinas .... Allá. arri·
ba, las estrellas diminutas y sucesivas
comenzaban tambiéo a iluminar ..... .
Las luciérnaias iban multiplicándose
dentro de la floresta, e iosensiblemeote
brotaban silenciosas e innumerables
en los troncos de los á.rboles, como si,
sus rafees floreciesen cerno pantc.s !ominosos ...... La de~graciada, abatida
por uo grao entorpecimiento, quedó
como adormecida por el sueño ... . Se·
rea,baose aquellas primeras ansias de
la naturaleza al peoetrar eo el miste·
rio de la noche. Cuanto de vago e in•
d istioto habfa en el dibujo de las cosas,
traosformábase en lfmpida nitidez.
L1s montañas se tranquilizabao eo la
inmovilidad perpetua; los árboles es·
parcidos en la llanura perdfan su as•
pecto de fantasmas coofusos ...... En
el aire luminoso todo reconquistaba la
fi;ooomfa imposible. Lar luciérnagas no
volaban ya, y a millares y millares cu•
btllo los troncos que cbispeaban eoiar•
zados con topacios y diamantes Aqne,
llo era una iluminacióo deslumbradora

y gloriosa dentro de la selva tropical, y
los fuegos de las luciéro? gas esparcía o
allf una claridad verde, sobre la que
pasaban ondas amarillas, aoaraojadas o
suavemeote azules.
La figura de los á.rboles se dibujaba
envuelta en una fosforescencia zodia·
cal. Y las luciérnagas se ioc1ustabao
eu las hojas y aquí, allá, y má.s lejos,
mezcladas con los puntos obscuros, eran
esmeraldas, zafircs, to~acics, robles,
amatistas, y las demá.s piedras que guar•
dao partículas de los colores divinos y
eternos Aote el poder de aquella laz,
el mundo era de uo silencio religioso,
ya no se oía el augurio de los pájaros
di' la muerte; el vieoto qoe agita y per·
turba, había callado .... Por todas partes la bie~hechora traoquilidad de
lur ...... Maria fué rodeada por las lu·
ciérnagas que iban a cubrir el pie del
á.rbol en que se había dormido. Su inmovilidad era absoluta, y así recibió en
uo halo dorado la diadema triuofal: e
ioterrumpieodo la ccmbinación luminosa del bosque, la carne de la mujer
desmayada, transparente, era 110 ópalo
engastado en el seno verde de una esmeralda. Luego, luciérnagas iuoumei
rabies la cubrieron, los andrajos des•
aparecieron bajo una profusión infinita de pedrería, y la de•graciada, vesti·
da de luces, durmiendo imperturbable,
como tocada por una muerte divina,
parecía partir pr.ra una fiesta faotá.sti•
c1 eo ~l cielo, para uo desposorio con
la divinidad .... Y las luciérnagas des•
ceodfan ea mayor ot1mero hasta ella,
como !:!.grimas de los astros. Sobre la
cabeza dorada brillaban reflejos azulados, violáceos, y a poco, brazos, manos,
cuello, cabellera, lodo quedaba eovuel·
to eo la hoguera de fuego inocente. Y
otras, y otras, y otras luciérnagas acu·
díao, como si la floresta entera se des·
hiciese en una pulverización de 1oz,
cayendo sobre el cuerpo de María has·
ta sepultarlo en 110a mágica tumba. Hu·
bo 110 momento en que la joven, in•
quieta, alzó suavemente la cabeza y
abrió los ojos que se deslumbnroo Las
luciérnagas, e~paotadas, irradiaban re,
!:impagos de colores ...... Maria pensó
que el sueño la había conducido al
abismo dorado de uoa Estrella. y volvió
a caer dormida en la faz iluminada de
la tierra.
GRACA ARANHA.

G3oeral Francisco Coss, GJb3rnador y Comaadaate _M_ilitar del Estado de Puebla, acompañido de la_ señori_ta Carmen Cer•
dá.n, G,oeral Gilberto Cámacho y grapo áe damas q~e. v_101er?u de Puebla para tomar part~ en la ~a01fes~ac1ón al Aposto!
Madero, ea el Panteón Francés, orgai,izada por el d1v1s100;.no ~~blo Gonzá.lez.-Celebrac1ón del ao1v,rs_ano de la c_oosuma,
cióo de nuestra independencia. Grupo de concurrentes al acto of1c1al, en el Parque de San Feroaudo, el d1a 30 de Septtembre.

�En la pila.

Entrad1 a un palacio de la Colonia.

A través de México
En la Colonía Roma

11

Son las cuatro de la tarde, Hay sol,
mucho sol y el asfalto pulido casi refie·
ja los rayos. Un olor a jazmines y a
violetas llega hasta nosotros desde los
parquesitos que rodean las mansiones
señoriales. Las calles solitarias, sic ese
trajin de las avenidas céntricas que
muea el cerebro. No pasa nadie; solo
de vez en cuando la bocina de algún
automóvil nos hace desviarnos de nucs•
tro camino. Vamos por la Avenida de
Orizaba y por un momento nos bacemos la ilusión de que no estamos en
México, sino en alguna ciudad lejana,
de es:.s de que nos bablan los viajero~,
a orillas del Rhin o del D1oabio. Una
fila de árboles de fresno adorna las
avenidas y la serie de postes de hierro
que sostienen los focos eléctricos da
cierta melancol!a especial a ese rincón
de belleza, una melancolía producida
por la linea recta. Iastiativamellte, res·
piramos con fnerza. e hinchamos nues
tros pulmones con el aire paro de la
atmósfera Dcspoés de pasar por Hombres Ilustres, dond., cada p1so está n-ar·
cado por ura vacilación ante la idea
de ser aplastado por un automóvil o
una carreta, entre aquella atmósfera
caligiaosa, llena de todos los malos olo•
re1 del mundo, sórdida con sus coa,.
tracciones pesadas del tiempo de la
colonia y alineadas simétricamente c 0 ,

mo en una ciudad mercantil, sentimos
como qae senos quita•an peso de encim ~ al penetrar a este arrabal aristocrá•
tico, donde se resume Jo más elrgante
que pueda tener México, en compañía
de la Colonia Juárez La limpieza, la
estética, la arquitectura moderna, im,
peran en todo, desJe el prime= edificio
basta el último. ¡Aquí oo ha y pobres!
Los desheredadcs están lejos; se quedan
ea la Colonia de la Bolsa o en la Tlax•
pana, en cualquier parte que no sea
aquí. La Colonia Roma parece decir•
nos, como Petronio a los romanos:
¡Apártate, pueblo. que hueles mall
H \Y c1stillos feudales qee son mo·
di::roos, sin dejar dd ser foud;.le.s; man·
siooEs regias, a cuya puerta nos parece
ver algún príncipe que besa la mano
ceremoniosamente a la prioce~a; mora,
dis que di no ser de a Jgúo millonario
eoriquecido ea el agio o ea la osura,
creerí ,mos· que pertenecen al Páj uo
Azul de los poetas; jardines impecables
rtoode oo nos atreveríamns a poner el
pie sic colocarnos la sandalia; calzadas
que pareceo guardar aún las huellas
de alguna emperatriz; pórticos que es•
táo pidiendo a gritos la barba de Maxi•
miliaoo Y entre todo esto, no silencio

Vista üci nao de los edificios qu,ctuoJan la plaza.-Un &lt;chalet&gt;
de la Colonia Remar plaza de Orizaba. •

sepulcral, uu poético silencio que nos
obl:ga a detenernos un momento para
preguntar si nos hemos equivocado. De
vez en cuaodo se abre alguna ventana,
enmarcada por aoa guirnalda de Na,
poleooes rojos y asoma la faz alguna
joven rubia, que nos mira con extrañe·
za, como preguntando: la qué viene esa
1eote por aq oí?
Y cierra la vent.ina coa ese deseofa·
do que sólo se puede permitir a las mu•
jeres demasiado bellas y demasiado ri·
cas a uo mismo tiempo.
Lejos, se oye el mormullo de la ciudad que trabaja; los silbidos de los tre·
nes que pasan rápidameotfl hacia la es·
!ación de Baenavista o de Colonia. Si
nos empináramos frente a algún pala•
cio de estos, para ver el interior al Ira•
vé, de alguna ventana semiabierta, mi•
raríamos verdaderos primores de orna•
meotación; muebles de lujo con cada
uno de los cuales nos bastaria para
amasar una fortuna.
-lVerdad que hay mucha poesía en
un millón de pesos 1
,.....Seguramente que la hay, pero mien·
tras ese millón de pe~os nos sirva para
lev'lotar uo palacio como estos. Cuando
se piensa en todas las cosas malas que
se {)Uedeo hacer con un millón, oo creemos que exista en él poe~ía, pero cuan,
do nos deteoem;s frente a algún chalet
de la Colonia Roma y nos imaginamos
siquiera Jo a gasto qae podríamos vivir
allí, el confort qne nos podría propor•
ciooar, entonces ... .. .
Todo el que mira uo nido de estos,
que parece arrancado il las delicias del
Paraíso, piensa instintivamente en un
hogar feliz. No hay soltero. por muy mi ,
sógioo que sea, que no quiera casarse,
si se le pudiera ceder la casa con todo
y algnna de las jóvenes rubias que vi•
ven allí adentro.
Y sin embargo, eso pensamos los que
oo vemos las cosas más que por fuera.

l Q .iiéa s1be cuantas tem;iestades se es•
tarán desencad~nando en estos momeo ·
tos por dentro? Olios, envidias; maridos
engañados, abnelos impertioeotes, tíos
implacables, odios de hermano, envi·
dias de la casa vecina . ... Tal vez mu·
chis familias de las que viven allf son
meaos felices que otras que tienen por
único reciato un chiribitil, en algún
entresuelo o en algún sótano.
Llegamos a la plaza de Oriz..ba, cir·
cuida por palacetes elegantes y bnlli
ciosa con las carcajadas de los niños y
las risas de los snrtidores. Las primeras
hojas de los árboles empiezan a caer
lentamente, coa la proximidad del in·
vierno, y al ser arrastradas por el vieo·
to, forman remolinos que se pierden a
lo lejos.
Un viento del noroeste nos azota el
rostro, trayéodooos, a la vez, ecos de
campanas lejanas que tañen melancólicamente ... Los niños siguen jugando y
riendo como en día de fiesta . Para elles
no significan cada las bojas muertas
que arrastran por el suelo, ni la moer·
te de la primavera, oi la muerte de las
ilusiones y la fuga de las esperan,
zas ...... Pero ya llegará el día en que
sientan el dolor de meditar y de peo
su como nosotros en cosas imposibles
o o o
Más tarde, regresamos, bajo la qu ietud de esta tarde invernal, con las pn•
pilas llenas de tuz y en la mente oo sé
qué visiones de jardines encantados y
de castillos señoriales y de princesas
enamoradas . .... .
PETRONIO.
Ilustraciones de Tostado.

�~~

J El úniGo amante
&amp;~=======
¡SI, me equivoqué! ¡Sí, he bla~ftmadol El amor uiste. Tieroo y violento,
casto y perverso, alegre y desesperado,
caricia y combate, caodor y crápula,
risa y sollozo, el amor demasiado ex•
quisito para no espantar a Beatriz ni aVirginia, ni demasiado formidable pa•
ra satisfacer a Mesalina y Sisnia, el
amor verdadero, completo, perfecto,
qne es a un tiempo mismo todo el bien
como todo el mal, ese existe. No tiene
sino falsas ternuras, falsos juramentos,
falsas· delicias El hombre es capaz, en
efecto, de convertirse en nna especie
de Dios: el amante. Yo, yo en fio, he
sido amada!
Tímido como un niño y bueuo como
una madre, más furioso que un mari•
nero beodo y más criminalmente sutil
que na prlncipe joven y melancólico,
con todas las ingenuidades, ceo todas
las adhesiones, con todos los frenesles,
con todos los artificios, un hombre me
ha encantado, mecido, cansado, conde·
nado y sólo por su cau!a hay a veces
en mis ojos esa mirada de éxtasis que
desafía al Paraíso.&gt;
Carolina Fontéje era quien nos de,
cia esto; la poetisa ilustre y bella. Con·
tinúo hablando febril aún, por el tra·
bajo del dla, ritmada la voz por el re,
cuerdo de los versos.
~, Conocéis mi casa de ladrillos ro•
sas en Villenenve· Saint Georges y mi
jardín que trepa por la colina? Una tar•
de qne estaba, completamente sola en
un banco de la avenida, oyenco morir
el ruido de los nidos, de las hojas, de
la lenta corriente a lo lejos, tras una
agita:ión de ramas rotas y desde lo al·
to de una tapia, cayó frente a mi un
bombr~. A penas caldo, se puso en pie,
mirándome de hito en bito, ¡Oh, y qué
aire tan feroz! Enmarañado, la barba
crecida y ruda, sin sombrero, en man•
gas de camisa. Algún vagabundo, un
ladrón sin duda.
Pero por la flama extraviada de sus
ojos, por la púrpura sangrienta de so
boca, era bello; no tuvo tiempodeasus-

tarme a tal grado me fascinó desde
luego. Con las manos perdidamente ex•
tendidas, como quien va a alcaour por
fin un tesoro largamente ansiado, me
hablaba con balbuceos, con soplos de
ternura y de cólera a un tiempo. Todo
cuanto la palabra humana, entrecorta·
da por los sollozos, puede expresar de
amor humilde y amenazador deseo, de
respeto infinito y de insolente furor,
tanto decía. Suplicaba y ordenaba. El
rnego que exige, el ultraje que pide
perdón. Yo no sé qué tenia de adora•
ción, violando. Y sobre todo, mi ¡;uer,
po sentia, como un fluido de manos im,
puestas, la voluntad furiosa y dulce de
sus miradas, y sentia también que non·
ca habla sido ni amada oi deseada con
tan brutales arranques y tan delicadas
sumisiones. De donde quiera que ven•
gas, sé la bienvenida, ¡oh alegria!
Abro mi ventana a los rayos de to·
das las estrellas, a los perfumes de to•
das las flores y a los relámpagos tam•
bién de todas las tempestades. No debe
arrojarse a la dicha, ese buá;ped tan
raro, porque entra derribando la puer·
ta.
Sin una frase, tendi mis manos hacia
las manos del desconocido, tierno y terrible ; mi corazón de~falleció en lán·
guidez deliciosa, mientras él balbocia.
con la frente sobre mis rodillas, sn amor
y su gratitod.
¡Oh, felices diasque siguieron a las noches culpables! ¿De d6nde venia? ¿Par;. qué preguntárselo? A mi habla llegado y eso sólo me importaba. ,Qoiéo
era? Lo sabía moy bien: era mi aman·
te.
Le debl todos los espantos, todas las
lágrimas y tedas las rnnrisas Extenuada
aún por las ferocidades de sus expresiones, me llevaba todos los días por
los campos, por los bosques, a lo largo
del río: sn brazo que me babia magu•
liado, tenla al enlazar mi talle, terno•
ras de cuna, su voz, antes fercz, con
grit.:i de bestia brava, era más ligera y
más dulce que la canción del ave qoe

despierta. Los des éramcs muy 0100s,
él SLbre todo. Nonadas encantadoras
me delcitab.i.n haciéndome reir. Tenía
sobresaltos de alegría al ver una lagar•
tija huyenoo bajo el herbaje; la prne·
guía ayodándose con las manos pa,a
correr, como 110 gato caza un r;tóo.
Anoqoe supiese muchas cosas (debla
haber leido mucho y soñado despué,)
mostrab1 ~iogolares igncrancias en algunos instantes; desconocía el nombre
de flores muy comunes .. er.. necesario
decirselo y explica:le en qne época del
año aparecian y en que pah abunda•
bao.
A propósito de mil cosas bacía otras
tantas preguntas.
Yo, para enseñar ese niño grande,
para hacerle repetir las palabras que
no comprendla de pronto, tomaba el
aire severo :le una institutriz n gañona.
¡Oh, las lecciones adorablllsl Preferla
que fuese menos sabio que yo, que escuchase con el rostro azorado de un•
colegial que se sorprende.
Me sentaba a veces en una gran pie·
dra y mientras que le hablaba matero
nalmente, un poco pedante, él, de ro•
dillas, sus ojos levantados hacia mi, me
abanicaba los labios coa una rama
florida, al mismo tiempo que soplaba
mi rostro pan arrojar decla el mny loco, la sombra temblorosa~de las hojas y
de las flores.
Pero de improviso, a.parecía en sns
pupilas una alegria altanera. El niño
se tornaba bJmbre y el hombre héroe.
Con líricos énfasis y con gestos de glo,
ria cant.i.bi sus sueños. Para que yo
esto villra radiosa de orgnllo, quería
todas los honores y todos los tri uníos.
El s?ría, él era un pr!ncipe victorioso
ante quien temblaban los ejércitos o el
sublime poeta que esperaban los Capi·
tolios.
Evocab1 los palacios de fiesta, pleno
de banderas conquistadas, las plazas
públicas de las que se levantan lasacla,
maciones de las mnltituties. Con el

orgullo en el corazón, yo lo seguía en
la migia de sus gloriosas quimeras!
Hicimos un viaje, no importa si a
caballo o a pie, por las montañas, con•
fiando nuestro amor al acaso de los
sueños de albergne o de las siestas bajo nna piedra a pico. Yo soy audaz, él
fné temerario.
Solos, bastón herrado en mano, esca•
lábamos la inmovilidad convulsionada
de las rocas, o nos deslizábamos por las
verdes y mr;jadas pendientes. Cuando
despué; de haber atravesado les glacial
les, cuya nieve crepitante esconde lagartijas, alcanzábamos alguna cima, él,
en pie, soberbio, en la vasta llanura del
azul, me estrechaba, jadeante ectre sus
brazos, y me besaba los labiós en pleco
cielo!
B1jamos alguna yez a las ciudades.
Entonces espantaba. Le atacaban celos
furiosos. Porque un hombre volvla e1
rostro para mirarme, porque nn tran·

seunte rozaba mi traje, sus ojos de5pe·
dian fümas y rechinaba los dientes con
rabia.
Entonces me llevaba, me escondia
me encerraba. Yo _he conocido, horri~
bles y exquhitos, los espantos de ser
insultada, de ser golpeada por el que
s.i adora, por el que con sangre en los
ojos y espuma en los labios, os arrodi,
lla bajo la amenaza de su puño, y va a
matar tal vez, a menos que no bese per·
didamente con besos que son mordi·
das.
Pero los arranques más desenfrena·
dos-loh, muy queridos, muy ducesltenian por mañanas humildes arrepen•
timientcs, devociones tiernas; reclamaba castigos, rxigía penitencias; un pe·
regrino culpable acle la santa que per•
dona, eso era él y para evitarme una
lágrima, para da1me una sonrisa más
alegre, hubiera ¡frontado la más cruel
de las muertes. Una vez desde lo alto
de un puente, miraba las agnas blancas

y verdes del torrente que espumaban
entre las rocas; al soplo de la calda cayó una flor de mi corpiño y se arrojó
al abismo y con la fr~nte desgarrada
por las piedras me la trajo tinta en la
sangre de sns manos.
Tres meses más tarde, una mañana,
(estábamos en Villeneuve,Saint Geor
ges) mi sirvienta entró azorada, con
ademanes que derriban muebles, a la
pieza en que dormíamos ya.
Los gendarmes que estaban ab.jo
buscaban a un fugitivo.
Al que yo debla conocer el amor ver.
dadero. completo, absoluto, el amant,
tierno y violento y perverso, it&gt;genuo y
m1goánimo, el amante bravo y celcio y
adicto hasta morir, el amante perfecto,
el 6nico amante digno de ese nombre,
si, el úoico ¡ay! era un loco escapado
del asilo de Cbarentóo.
CATULLE MENDES.

A LAURA
Laura, Laura, soy yo. Mi triste acento
Vaya est~ vez a lastimar to oído
Eco desgarrador, hondo lamento
Del amor y el placer desvanecido.
Laura, Laura, soy yo. Y el alma mía,
Tras el bien ideal siempre corriendo,
Con su nunca eogañada simpata
Que aun te acuerdas de mí me está cliciendo.
Qne si amor suele unir los corazones
Con guirnaldas que el céfiro arrebata,
Tambiln tiene cadenas de eslabones
Que la tumb1 quizás no los desata.
Yo arrastro esa cadena. Y tú, que·un día
A cuya última luz morir debimos,
Tu alma sinti6 lo que sintió la mía
Y on alma sola para amar tuvimof;
Cuando anheles la dicha, cuando hastiada
De tanto bien como halagó tu vida,
V nelvas la planta atrás, por la encantada
Región feliz do la ilusi6n querida;
Por mustias que halles las antiguas prendas
L1s flores muertas, los verdores secos,

A mi te llevarán todas las sendas
Y de mi te hablarán todos los ecos.
Mas no, no, que sty yo. Laura, es el niño
Timido, silencioso, enamora do,
Que llevaba en su pecho tu cariño
Como esenr.ia purísima encerrado.
Es aquel niño que en el lento fuego
De ignorada pasión se consumía,
Y alucinado y delirante y ciPgn,
Adoraco imposible te veía;
Que en su misma ilusión embebecido,
Sin osar hasta tí tender su vuelo,
Como en las alas de su amor silbido,
De tu divino amor se halló en el cielo;
Aquél que tu alma dergarró mil veces
Con celos, con rigores, con agravios,
Que apuró la pasión hasta las heces
Pendiente de tos ojos y tus la bies.
Laura,¿ Lo escucharás? 1Cuác torecuerdo
A tu existencia y tu hermosura unido!
1En cuáles mundos de ilusión me pierdo
De tu nombre no más, Laura, al sonido!
GABRIEL GARCIA TASSARA.

�•

Teatro Mexicano.-Dos escenas del drama &lt;Demi•Monde,&gt;
estrenado últimamente.
Fots. Sara.

( Teatrales ]
MEXICANO.-&lt;FERNANDA &gt;

&lt;Fernanda&gt; es una interesante comedia en cuatro actos dé V. Sardou,
tradacida esmeradamente al castellano
-por Planas y Tuero. Es obra que delei·
ta desde las primer.s escenas, cuando
aparece la infeliz joven después de ha·
ber querido suicidarse, arrojindose ba•
jo las ruedas de un coche. Mis su destino no era ese: salvada por Clotilde,
que se convierte en su protectora al
enterarse de su infortunio, logra esca·
parse de las garras de su seductor-un
tahur desalmado-para caer sollozante
y redimida en los brazos que le tieade
su slivadora. Pero un hombre se cruza
en el camino: es el amante tornadizo
de ClotildQ, que lle_gando a fijarse en

la singular dulzura de &lt;Fernanda,&gt; la
recogida, se enamora de tal modo. que
a pesar del confljcto de celos que esta·
lla sobre su cabeza, se decide a casar·
se. Sufre y se desespera Clotilde, al
verse burlada y abandonada; no sufre
m,nos Fernanda, que se ve odiada de
su salvadora. Jora venganza Clotilde;
Andrés jora casarse con Fernanda, pe·
se al mundo entero; la infeliz, sintién•
dose vencida por el amor, siente la
vergüenza de su deshonra, y coufi;indo•
se eu su protectora-que es su mortal
enemiga: hembra celosa-le da una
carta para que se la entregue a él. Y
aquí apunta la venganza de la despe•
chada. Mas la Providencia vela; no se
consuma la villanía, pues al final, gracias a Pomerol, el servicial y buen ami•
go que salva, todo se arregla bien para
Fernanda y Andrés, que se uoen felices ante la desesperación de Clotilde,
la ex-amante que al fin perdona y com·
prende . .... .
Mercedes Navarro, caracterizada de
Fernanda, tuvo uno de esos aciertos
que afirman la personalidad artística.
El delicado sentimiento, la expresión
de dolor, de gratitud y luego de amor

que va reflejando en su rostro a medi·
da que los episodios se suceden; lo
mismo que la juvenil emoción con que
transparenta los estados de su alma,
sopo interpretarles la Navarro con jns·
teza, con talento, con verdadero arte.
Fué Fernanda durante los cuatro actos,
sintiendo y pensando como ella, gracias
a su completa comprensión del papel.
Prudencia Grifell- Clotilde- notable
en sus celos y en su desesperación: ha•
bla con los ojos esta artista; y Coss y
Mntio muy acertados. Los demis ayo·
daroo , con su discreción, al éxito de la
obra, la cual fué vestida y decorada
con el esmero y buen gusto a que nos
tiene acostumbrados la Empresa del
Mexicaoo.
PEPITO.

Teatro Col6n.-&lt;La Corte de Napole6~&gt;-Muñoz y la Villegas. Esceoa del mismo drama-featro Lírico. Beneficio
de Tamés cCoraha y C1a &gt; Esceria final del 29 acto El beneficiado y Galé - Fots. Sara.

�S:&gt;ldados del Ejército Territorial de Iaglaterra d,scansando confortablemtote eo sas ccbaise loogae1,&gt; antes
d, entrar al combate.-Soldados ioglese1 haciendo ejercicios.

I

Morteros en tiempo de pu, dnrante una fiesta. Compárense con loa qne osaron los alemanu para la tom&amp;
de Lieja.-Una mina de tierra, en el momento de estallar, por medio de electricidad.

DE LA GUERRA EUROPEA.-El Saper-dreadaoaght &lt;Moaarcb&gt; de la marioa inglesa, entrando al Támesis.-Car·
caodo ao transporte coa maniciooes del almacéa de pólvora eo Hyde Park, Londres.-&lt;Adiós &gt; Escena ea la estación
de Waterloo.-Un centinela eo las afueras del edificio &lt;Somerset House,&gt; Londres.-Vista de Namar y del Valle del
Mease, doode se haa librado grandes combates entre belgas y alemane$.

..

Ua hospital iciprovisadopara los b,ridos de la guerra, ea W1nchester.-C~balleros locdiaeases, prestando
el servicio d11 policfa

�"

El retrato de la amada

iNO ME DESPERTEIS!
Siento a veces grave
Desfallecimiento;
Mas .~igne tranqailo su hilo el pensamiento,
Como el lento y suave discnrso de un ave
Qne se va quedando dormida en el viento ....

(TRADUCCION DE VALENCI A)

Ni arrullo de palma ni hervor de diatriba,
Conmueven la calma
Coa que voy, a solas, viendo, desde arriba,
La sombra qne entonces proyectaba mi alma,
Cual ve su reflejo la nube que flota
Sobre una
Laguna
B iñada de lona
Remota .. .. . .

¡Oh pintor excelente;
del arte dueño en la florida Rodasl
Para que pintes a mi ninfa ausente
vengo a contarte sos bellezas todas.
Sus fértiles cabellos
imiten los plnmones de las aves,
y si la cera lo consiente, en ellos
de esencias pon los hálitos ~iiaves;

Hay ou narcisismo,
Uno a mi manera socratico goce,
Ea irse encontrando dentro de sí mismo
Minas submarinas que nadie conoce;
y h1y un gran orgullo (yo sé lo qoe valgo)
En sentirme dotño de una sola idea,
De un amor, de un sueño, de un dolor, de algo .. . .
y esconderlo para que nadie lo veal

Bajü la oseara mancha
de la melena undivaia y dispersa,
en grácil lfnea, de so frente ensancha
el ara eb6.rnea, laminosa y tersa ;
Porque la curva ceja
no se junte a so hermana ni se aparte
hnyendo esquiva so gen_ti! pareja,
con albo punto sus dom1n1os parte;

Ni pidan que ~ime, ni. teman q~e calle:.
.
Déjenme tranquilo sego1r con el hilo de m1 pensamiento ..
Ya vendrá el rnomeato locuaz de que estalle
Mi volcán en llamas de rosas al viento(

L'l lumbre de sns ojos
lnz de carbones encendidos sea:
imita los de Palas sin enojos
y el húmedo mirar de Citerea;

Desfallezcfl y callo
Mi melancolía;
Pero, en mi orgulloso silencio, batallo ... •
Y, así, la victoria será toda mial
Mis versos dispersos
Cual plomas llenaron las líricas salas;
Pero aunque a los aires echara mis versos,
IQoedáronme siempre muy firmes las alas!

Deshoja ea leve taza
de leche campesina, frescas rosas,
y mojado el pincel, su nariz traza
y de su faz las tintas ruborosas;

JOSE SANTOS CHOCANO.
o o o

En su boca menuda
finja reclamos tu inspirado toque;
incite al beso con palabra muda,
y a desliar sus pétalos provoque;

A G. de la Prada

D e la garganta en torno
las Gracias joguetonas revolando,
escuden con sus alas el contorno
del móvil cuello repulido y blando.

Roja de claveles, rer.ordute quiero,
Tocadi la testa por negra mantilla,
No sé si en oa árabe patio de Sevilla
O ea algún ntr1to de Julio Romero.

La princesa Jacques de Brogelie ea traje de escenario.

Entre las tinieblas tu mirada brilla
Coa el ioq nietaote fulgor de un acero
Y tu talle ágil y to pie ligero
Riman los compases de una segoidilh.

De su carne divina
.
mnéstrenos to· pincel blanco destello,
que el ojo tras la pdrpura adivina
el ágil talle iom~culado y bello

Engañas con cantos los hondos pesares
Qoe lloran sin lágrimas tus ojos de foee:o,
Un sueño imposible perturba to calma.
y aboga tus sonrisas . ... Y son tus cantares
Los (tltimos trinos del ruiseñor ciego
JQué enjaulado muere dentro de tu alma 1
F . VILLAESPESA.

Amor mi labio sella . . ... .
E,cucha la esperanza que me enciende:
¡ya ven mi, ojos la sin par doncella
que de tu claro lienzo se despreodel
ANACREONTE.

'-,...

' - .......,

___

________......

__.

Páginas femeninas
Al final de la estación cuando los se·
ñores modistos, estos tiranos iracnndos
de la moda ya h1bíao dejado de pensar
en el verano pira eogotfarse en las
ideaciones fantá,ticas d~ invierno, vino
la trágic... catástrofe con su gesto iracnndo a poner tristes todos los patrió·
tices cerebros teniendo q ae hacer un
verdadero esfoerzo pua olvidar por uu

momento los desgracias de su patria y hin preseut1do ea estilo Luis XV h3 •
poder cumplir coa el compromiso que cbos de terciopelo muselina eu colores
han contraído con el sexo femeoioo pa- pálidos y fl,reados coa menudas fines
ra hacer sus encantadoras creaciones estampadas como violetas, rositas, clapara la próxima estación.
veles y miosotib. Estos trajes siempre
Después de mucho pensar han pre· van adornados de finos encajes h1cien•
sentado varios y lindos modelos de los do el corpiñ o de tela lisa tanto para
cuales hasta ahora las damas elegantes formar el contraste, como para darle
oo se han resuelto a escoger ningnna el estilo de la época.
forma ni ninguna tela, pnes todas son
tao liudas y distinguidas que las han
CORDELIA.
puesto ea una verdadera disyuntiva que
basta ahora no han podido resolver,pero creo que a Jo que más se inclinan es
a aceptar los vestidos drapeados que

�En México, desde el año de 1848, se ha reconocido una sola casa
de Optica.

Cierto que se han visto est...blecerse de yez en cuando

otras casas de corta vida y de más o menos confianza, pero el público
siempre vuelve, desoués de haberse convencido de la poca gai antía
que hay en otras partes, a LA CASA CALPl:\l, S. ,\.
&lt;La Más Antigua de México, y La l\Jás Moderna.&gt;
A cargo de un oculista que se cuenta entre los especialistas de la Capital, nuestro departamento Opti~o no tiene rival en México, siendo dotado demodemos instrumentos y accesorios para el exámen de la vista.
Garantizamos todo nuestro trabajo, tanto en la cali&lt;iad y corrección de los cristales como en la clase de metal empleada en los armazones.
Tenemos ahora un rico surtido de anteojos para teatro, prismáticos, de marfil legítimo y de carey en calidad finísima y de mucho
lujo .

•

LA CASA "CALPINI." S. A.
;

ESQ . A\"E. SN. FRANCISCO Y 3;¡. MOTOLI\'L\.

Cltima creación.-Trajes de Paseo.

NO TENEMOS ::,UCURSALES
NI AGENTESVIAJE~OSl

�El origen de las modas
Fraocisco I , el pomposo rey de Frao•
cia, se p,rodajo en cierta ocasión uoa
herida ea la cabeza y se vió obligado a
cortars6 a rape el hermoso pelo que te,
oía, cea rabí&gt;.
Al día sigaieote, para imitarlo y sin
haber recibido coscorróo alguao, toda
la Corte mascalioa apareció mocha, y
durante ua cuarto de siglo, en todo el
mando civilizado fué moda llevar la
cabeza pelada
Pero llegó al trooo francés Luis XIII,
que empezó desde moy joven a perder
el pelo, y a los veiotic10co años, por un
tesoro, no se le encontraba no cabello
eo la cabeza.
¿ Para qué están los peluqueros in ¡e•
niosos y de inventiva ?..•.
Uao de ellos aplicó una soberbia pe•
luca a la testa real, monda y lirood•,
para q ue al poco tiempo toda la Corte
apareciese empelacada y la moda se
hiciese universal. segúc aates se hizo la
de ir rapado.
¿ Paes y las &lt;moscas&gt; o laaares posti•
z~s que embellecían a las elegaotooas
del siglo XVIII ?.. . .. .
La daqaesa de Mootmerillon tuvo un
graaito que afeaba su preciosa y bien
coloreada o coloreteada mejilla.
Para h:tcerlo desaparecer aplicó una
oocbe sobre el graoo ana gotita de un
famosisimo uo~üeoto negro.
/
A la ma ñaoa siguiente se olvidó ~e
lavarse la cara. olvido en que iocurriao
a menado las damas de aqu~lla época .
La C=lmarera, descaidada o maliciosa,
la peinó y la a rn gló, sin tocar para na·
da a la maocbita negra, con la cu•l la /
daquesa hizo sn aparición en la Corte
y como la Moo tmerillón tenía fama de
ser la majer má ~ elegaote de su tiea,po,
todas las damas la imitaron, preseotán, L ....= ::!:::::i:::;..__________________;::,____.:__~
dose ea sociedad con uao o varios pun•
Ultimas creaciones de la moda en artículos de lo jo.
tos negros sobre las mejillas.

Señor ofiGial:
s~mos especialistas en la
confección de

Uniformes militares
También confeccionamos trajes para
caballero~.
N uestro lema es:

Puntualidad

"La International"
Casa Mexicana
y a . calle de T ...cuba
MEXICO.

12 .

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="101">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3030">
                <text>Arte y letras</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479280">
                <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119092">
            <text>Arte y letras</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119094">
            <text>1914</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="99">
        <name>Época</name>
        <description>Época del la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119095">
            <text>Segunda </text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119096">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119097">
            <text>33</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119098">
            <text> Octubre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119099">
            <text>3</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="119116">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784873&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119093">
              <text>Arte y letras, 1914, Segunda Época, Tomo 1, No 33, Octubre 3</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119100">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119101">
              <text>Coéllar, J. M.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119102">
              <text>Literatura Mexicana SigloXX</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="119103">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="119104">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="119105">
              <text>Maneras y Costubres</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="119106">
              <text>Vida social y costumbres</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119107">
              <text>Publicación sabatina ilustrada de la Compañía Periodística Mexicana. Dirigido por J.M. Coéllar. Contiene literatura y arte en general. Incluye secciones dedicadas a la mujer, literatura o de cultura como "Por los teatros", "Bellas artes", "Desde París".</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119108">
              <text>Cía. Periodística Mexicana, S.A.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119109">
              <text>Langarica, Miguel</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119110">
              <text>1914-10-03</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119111">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119112">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119113">
              <text>2012422</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119114">
              <text>Fondo Fernando Díaz Ramírez</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119115">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119117">
              <text>México, D.F.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119118">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="119119">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="707">
      <name>Arte</name>
    </tag>
    <tag tagId="325">
      <name>Literatura</name>
    </tag>
    <tag tagId="11582">
      <name>Moda.</name>
    </tag>
    <tag tagId="6591">
      <name>Sociedad</name>
    </tag>
    <tag tagId="98">
      <name>Teatro</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
