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                  <text>sos

LA ILUSTRA(.,'ION MILITAR

maior sequito y distincion¡ á otros con estipendios
esconderlas pudiendo servir de aliento al Enemigo, torioso, deviendose en este caso antep~ner la o~e- c~ecidos lo que ha de arreghr segun la propension
al qua\ si en el suio se le conoziese se ha de operar racion á la inaccion: pues en esta son siempre exis- en que conociese se inclina cada uno¡ en fin, todo
sin dilazion, siendo muy factible se aventaje para tentes los mismos accidentes, quando por la otra ha de poner en obra el esmero de su conato para
busca el espíritu el líbrarse del peligro, el qual ene\ logro de sus pensamientos.
lograr el intento de quedar vencedor.
.
Así como es inexcusable e\ uso del rígor en la contrandole con.la maior res olucion suele á veces
Procurara se reduzca el vagaje del Ex~rcito al
..
obstinazion de la defensa de los Pueblos, despues afianzar un seguro laurel.
numero mas corto que se pudiese pues siendo gran•
Quando el General da una.orden mm importande conseguida la victoria en un Pais, tanto es com·
de perjudica á veces á que no se puedan intentar
beniente con los vendidos la suavidad de el trato te ba de ser con terminos mui llanos y claro: para operaciones que se piensan, retiene la marcha del
'
d
lguna eqU1vocade el qual dimanan muy buenos efectos para la que quien la recive no pa ezca
Exercito y embaraza el cuidado que se debe para
venebolencia de aquellos extendien&lt;lose su fama cion, repitiendosela para mejor instrlllr~e y r~pasan- su resguardo la que quizás harán 'fa.~ para tenerlas
asta los parages mas remotos para adquirirle nada &lt;lo en su semblante si ha comprehend1do bien sus ~ cuerpo del Exercito.
.
forzada la sumission, pero devense siempre asegu- palabras y el fin á que va, y si dudase se le á de
La Artilleria de campal'la debe proporc10narse,
rar las conquistas, con prudente reflexion para no hir imponiendo con suavidad y reposo. a~nque se segun la fuerza de su Exercito, y la de batir, Y los
dar lugar á la inconstante fortuna á que juegue de lo haia explicado bastantemente por escr~to, para morteros se arreglara segun la calidad y numero de
. • 1m
· tento, y al partir el. ofique entre en su prmc1pa
su rueda con adverso y impensado accidente.
Plazas que deviesen sitiarse, y la convenienc!a de
cial,
se
ha
de
hacer
conocer
esa palabra de_ estima- poderla sacar de las snias mas cercanas, deviendo
No se ahorre la recompensa en ganar espías de
amm;;;rle á
la maior confianza, ni en procurar guias practicas zion la confianza que hace d e él , para
haber en el parque los pertrechos que corresponsalir
bien
de
su
co!T'ision,
sin
dejarle
temeroso
ge den, y de reserva assimismo todos los instrumentos
y inteligentes de hombres del mismo País, pues las
primeras con su puntual referencia, daran el azierto que se le haia de imputar el contrario sucesso, an- necesarios, y cantidad de utiles, para quando s~ hupara qualquiera operazion deel General, franquean- tes bien conclui&lt;lo se le disculpará en las faltas no biese de trabajar, y los artifices que se necesitan,
dole las otras todas las luzes que combiniesen á la dimanadas de su omision Y que los accidentes ma- como son; Albañiles, Barqueros\ Carpinteros, H!!rruta que &lt;leve seguir con las individuales zircuns- lo~asen.
reros, Herradores, Artilleros, Bombistas, Gastado.
··
emprehender
Las operaciones
qne ~e qms1eran
tancias de lugares y caminos para la disposizion de
res, Maestros de puentes, con las suficientes munisu marcha, y quando se sospechare de sus fidelida- sobre el enemigo, las deven proporcionar 1~s ~ue~zas ciones, las que se &lt;leven dar con suma regl 1 para
. temen
. dose s1enmr
·
e por prmc1pal
des, se finjiran diversos designios recatandoles el de su exerc1to
el término de faltarle.
q ue no lle(Tue
o
•
Norte de su intencion, y en caso de que confesaren basa de que el que va á atacar ( si la necesida~ no
Se ha de procurar que el Exercito no este escaso
6
alguna empresa que fuese á intentarse se deveran Je ohliga ) debe ser mas fuerte que su contrano,
de víveres, pero este consumo ha de ser bien arreasegurar sus personas como responsables, si con en el ~úmero 6 en la calidad de sus tropas Y solo glado, para qae su falta no imposibilite las operapodra ex·,futarse siendo inferim encontrandol~ en ciones, deviendo haver un Gefe que tenga este enengaño hubiessen caminado.
Para la resolucion de una empresa á de consi- algun terreno 6 paso adonde su desorden haga irre~ cargo y cuide de que haya el numeró de Horneros
derarse el util de su Prinzipe y el exito de su fin, parable su perdida, reflexionando al mismo que si v P.tnaderos que sean necesarios y de que se cons·
siendo nada estimable el no concluirse, pudiendo sus fuerzas consisten en Infantería se obrara en ter- ~ruian los hornos en donde combenga.
no obstante mudarse el designio por al6un movi- reno Montuoso, si en Cavalleria en Pais llano
Si hubiese voces de paz se ha de precaver de los
miento de el Enemigo, que le obligare, para cuio abierto, teniendo esta mira. aun i::ombiniendo vem_r engaños del enemigo.
.
efecto no siendo dable, que perso~almente el Ge- con el enemigo á una Batalla, atrahien_dole e~ siQt!ando se tuviese aviso, quel Exerc1to contraneral asista en todas las operaziones, á deponer la tuacion favorable, pero se ba de advertir que si las rio se fuese arrimando, sin que se le pueda oponer,
maior vigilancia en la eleccion de el Cavo que fuese tropas contrarias son gloriosas y acostumbr~das á ni 'mantenerse en el mismo paraje, 6 que haia de
mandado, asi para que su experienzia sea arbitra vencer ( cuia fama sin duda se havrá extendido al obligar á una retirada, se premeditara con tiempo,
de tomar el partido mas aproposito en los casso.s concepto de sus soldados) convendra mucho, antes previníendose con hacer marchar los víveres Y muque solo en el mismo paraje puedan prevenirse, de llegar con ellas á un combate general, probar niciones, anticipadamente á la parte que deve ocucomo para que afianze su pensamiento con la exe- en algunas funciones particulares el logro de alg~na parse, procurando no dejar cosa alguna en el Camventaja, para que se les desvanezca aquella 1m- po, y ejecutando con buena borden su retirada, para
cuzion de su azertada conducta.
Quando se conoce ventaja, se han de emplear pression.
abiar el semblante de fuga, lo que desalentara el
No se debe despreciar un corto exercíto que se Pais, y alentara~ animo de los enemigos, dand~ fin
las Tropas y no ponerlas en paraje á donde sin sacar
fruto la ozíosidad les fastidie, siendo cierto q_ue los resuelve á hacer frente, y si conviniere atacarse ha á las máximas generales, con las anotadas, dev1en·
buenos suzesos las alientan y descahezen las con- de ser con todas sus foerzas y sin de3cuidar la dose destinguir otras, segun correspondan á las ditrarias, deviendo pero medirse de tal modo las ope- maior reO'la pues no es tan segura la Victoria con- versas operaciones de Guerra que se propongan.
º '
.
raziones que se emprehendiesen, que no las malo- tra los que la precision alienta su defensa; pero s1
( Se continuará.)
gre con apresurar el preciso tiempo, ni por ahorrar huien con apariencia de retirada, pocas tropas en su
•H..flil'H•
el maior trabajo y gasto de provisiones, pues no seguimiento bastaran para su ruina, aunque siempre
BIBLIOGRAFÍA
por el mas prompto venzer á de arriesgarse junta- se ha de hir con el cuidado de no caer en alguna
mente con su exercito, el favorable exito de et su- emboscada.
BREvi-:s CONSiDERACiO '.\' F.S SOBRE ARTILLERiA MOO~:RNA,
El exercito que estubiese batido, antes de empezesso, advirtiendose pero que la dilazion sera daPOR B. S.
fíossa si puede el enemigo reforzarse con nuevos ñarse en otro combate, se hara mediar algun término
Los momentos en que los altos poderes necesisocorros d~ su Prinzipe de Aliador, 6 que pueda para que se recobre, y se le aparte de temerosa Ím·
tan atender con urgencia á la reconstit~c100: del
ponerse en estado de que alguna díversion suia le pression en que deje un mal sucesso, procurando país favoreciendo su desarrollo en el mtenor Y
obligue á desirtir de su accion, pues en este caso en este tiempo el que se difondan noticias favora- rec¡bando en el exterior el prestigio que se niega á
se deve aventurar algo, para dar el mas breve fin bles(y fomentadas algunas veces) que enciendan los los pueblos cuando carecen de virilidad, entereza Y
animas de la tropa, á dessear nueva accíon para lo- robustez para rechazar en. cualquier fo:mll; toda
á su intento.
imposicion 6 desmembramiento de terntono ¡ en
Quando se vaia á buscar al enemigo para dar un grar con feliz exito.satisfacer su espiritu.
estos momentos, repetimos, el libro que tenemos á
No se ha de poner la tropa fatigada en un com- la vista es de una importancia imponderable.
combate, se deve estar noticioso de su fuerza, de la
Faltos de medios mecánicos para lle"ar á 1~
situacion de su campo y terreno en que pueda sa- bate, no siendo precisso, y se evitaran por peligrolir á redvirle el qua\ se ha de tener reconocido con so los distintos movimientos de un exercito á vista práctica en toda su extension los productos de bnJlantes estudios é ingratas vigilias de que han da~o
toda atencion, antes de empel'íar las tropas; y consi- del enemigo.
Se han de buscar quantos medios conduzcan al patente prueba los Sres. Sotomayor, Plasen~ia,
derando la salida de esta accion pues las que se
Verdes Perez Hontoria y otros ilustrados arulle'
'el autor de las &lt;?mideraa~nes
.
comprenden, atenidas su logro á la mera esperanza fin destruir su contrario, sea componiendose aquel ros españoles,
sobr_e
de la fortuna son temeraria.e; en la inteli~encia Y las exercito de coligados, con procurar desunirlos por Artillería moderna, cuya excesiva modestia ~o_s pn·
retiradas en la funcion son ignominiosas llamando- algunas discordias, que se le introduzcan para que va de conocer su nombre, examina las cond1c1ones
de las piezas Krupp y Amstrong, con que hoy s~
se fuga disfrazada y evidente señal de flaqueza de unos de otros por sus intereses puticulares se ha;an fortalecen nuestros puertos, y despues de un anált·
la qual (por la impresion que hace en el animo de sospechosos, sea fomentmdoles disercion, lo qué
sis sintétii::o de sus condiciones, presenta los resulsus ~oldados y comprehendida del enemigo) dima- puede lograrse con algunos papeles que se derra- tados que ofrecen, aduciendo gr~n acopio de datos
men en su campo, con promesas de alguna corres• experimentales como demostrac1on de sus teorías.
narán mui malas consequencias.
Esta sola especialidad de la ?bra, que rev~la_ en
Quando el General reconociese que la inaccion pondiente entrada á los soldados que se pasassen Y
el
autor de este traba.jo excepcionales conoci~ien·
deja consumir su exercito lentamente, sera mas gló- quisiessen sen-ir, 6 pasaporte para donde_ gustaren tos, bastaría para recomendar tan interesante hbro.
rioso el partido de recurrir á la contingencia, para hirse, 6 sea atraiendose los animas del Pa1s á su vo ·
MADRID 1884: Imp. de E. l\le~eguer, Fuencnm1l, 137
no dar Jugar á que sin riesgo quede su enemigo vic- !untad con promesas de honores. á los hombres de

REVISTA

DECENAL.,.

ª .

!

•
ADMINISTRACION, REDACCION

:18 MARZO :1884

ALMIRANTE,

SUMAR!O

GRA.BA.Dos.-Combate hcróico de la guarnieion de Sinkat.-Vista
de Suakim.-Batalla de Teb.-Est átua de Crist óbal Colon.-EI
Ministerio de la (-luerra en París.-El asalto de Son-Tay.Snc-esos de Verdú (Lérida), agresion injustificada de la.s turbas,
contra el Teniente de la Gua rdia Civil Sr. Sastre.

TBxoT.-Crónica.-Explicacion de los grnbndos.- EI triunfodel
Visionario, por D. Mariano Prestamero.-La recluta en Egipto,
1ior el General D. Juan N. Sen·crt.-La Milicia y la Ciencia,
i&gt;or el Coronel de E. Jli. D. Ignacio Salina.s.-Los séres su1,criores, por un desconociclo.-.Advertcncia.

CRÓNICA
Pocos sucesos de importancia. en el exterior. Sin
embargo, ha.y que consignar una. victoria. de los franceses sobre los chinos á 10 millas de Bairninh.
Segun un despacho del Tonkin, el General Negrier marchaba sobre esta ciudad.
En el Sudan continúa dando sorpresas el General
Gordon, pues el mismo gobierno inglés no ha ocultado la. suya. al conocer la recomendacion que ha.
hecho Gordon de Zobebr-Bajá para el cargo de Gobernador general del Sudan. En cuanto á las tropas
inglesas, avanzan hácia Sinkat, en cuyas inmediaciones ha sufrido Osman Digma otra derrota
La prensa inglesa discute la. con~niencia de conservar la plaza de Jartnm, y El Times opina que el
Ejército inglés puede abrirse con poco trabajo el camino entre Sna.kim y Berber. Una. vez en comnnicacion con Jartum, sería, á su juicio, un acto de demencia. el abandonar una. posicion tan importante
bajo el doble punto de vista estratégico y comercial.
El aspecto general de la. cnestion de Egipto, parece autorizar una. conclnsion pesimista: que su
pacificacion no se conseguirá, que el fracaso de la.
mision Gordon es definitiva. La insnrreccion se generalizará más rada vez, y se pasará mucho tiempo
quizá sin que las tribus situadas entre Berber y
J artum sigan las excitaciones de los emisarios del
M:1.dhí.
Ha.y, sin embargo, un caso en el que estos pronósticos podrán ser desmentidos. La accion inglesa. puede
transformarse de vacilante en decisiva. La perplejidad de su Gobierno puede cesar; en vez de parecer
dispuesto á abandonar el Sudan, en vez de hacer
salir de Jartum á las viudas, huérfanos y empleados
del Gobierno del Cairo, puede adC1ptar una. actitud
resuelta., puede proclamar y dar á conocer su voluntad enérgica de constituir un Gobierno durable en
el Sudan, y entonces el Ma.dhí quedará. reducido á la.
impotencia, fuera de Obeid, de cuya poblacion desconfiará como desconfia de los beduinos de los alrededores.
El Ministerio de Marina francés ha circulado instrucciones á los Comandantes de sus buques para
evitar que la condescendencia del General inglés

2,

QUINTUPL!OA.DO

Gordwi, respecto á la esclavitud en el Sudan, estimule este tráfico de esclavos en la costa oriental de
Atica.

•

La. Cámara. de diputados de Portugal ha aprobado
el escrutinio por lista, el derecho á representacion
de las minorías y la. eleccion por acumulacion de votos. Hé aquí reformas electora.les que en España. debieran ser planteadas en seguida, si se quiere que
los diputados representen una opinion real del país
y no una fuerza local de tal ó cual cacique.
El presupuesto ordinario de gastos que ha de
regir en Francia para. el año 1885, asciende á
3 048 544.744 francos. En la distribucion de esta
cantidad observamos que las mayores partidas están
destinadas á Deuda pública, Guerra, Hacienda, Ma-

rina, Correos y Tdégrajos, Instrucl-ion pública y
Obras pzíblicas.
El extraordinario asciende á 208.121.818 francos.
Aquí la partida mayor es la de Obras públicas, pues
pasa de 115 millones de francos la cantidad consignada á este ramo; sigue luego Guerra, Marina Y
Colonias, quedando así agotado este presupuesto.
Se observa tambien en esta distribucion de gastos,
que los destina.dos á cultos han bajado considerablemente, porque se han suprimido todas las becas de los
seminarios que deben vacar durante el año.
En suma, F rancia. gasta en Instruccion pública
l 37 millones y medio de francos ( aparte de la instrnccion prima.ria. á cargo de los ayuntamientos y 1011
liceos departamentales), y 242 en obras públicas.
Dedica además 78 millones á la. agricultru·a, comercio y bellas artes; lo que ha.ce ascender á la cifra
de 457 millones y medio la. suma consagrada al fo.
· mento moral y material de la República.
La décima parte próxima.mente de esta suma, gastamos nosotros en los servicios equivalentes, cuando
nuestro presupuesto total de gastos es poco menos
que la. cuarta parte del presupuest,1 francé~. Y como
nosotros creemos que el secreto de una buena administracion ó Gobierno, consiste en la inversion de
fondos, en que los gastos tengan un carácter evidentemente reproductivo, nos contrista. el estado de
nuestro país, y mucho tememos que si no se procede
pronto á desenvolver la riqueza pública, que si no se
procede al encauzamiento de todos nuestros rios, á la
construccion de todos los cana.les de riego y navega.cion necesarios, á la construccion y arreglo de puertos marítimos, á la. construccion de ferro-carriles,
carreteras y caminos vecinales, que no dejen aislado
ningnn pueblo, al establecimiento de nuevas líneas
telegráficas, á la. edifica.cion de escuelas de oficios ó
artes ó profesiones, y á fomentar, en fin, todo cuanto
es más ventajoso al país en general, surgirá una terrible crisis económica, de la. que es ya un síntoma.
bien claro la gran baja. de poblacion que acusa. la última esta.dística demográfica de España, pues las
causas principales de ella son segura.mente la muerte
prematura por hambre ó miseria. y las consecuencias
na.tura.les de este hecho en la generacion.

TOMO 2. 0 • NÚM. 20

Otro destino racional de los fondos q ne recauda el
Estado, y sobre todo el de los que tiene en la. Caja de
Depósitos, seria el de plantear operaciones como las
de los Estados-Unidos (bonos Folger), ó de Italia
( comandita del Rey Humberto), ó de Alemania
(banca popular ). En su consecuencia., no en grandes
cantidades, sino paulatinamente y con tacto, nuestra.
Caja. de Depósitos podría hacer tres géneros de explotacion:
1 o Los préatamos al comercio; 2.o el crédito a.grí•
cola; 3.o los bancos populares.
Dti este modo ú otros análogos es como se podría
bajar las contribuciones, ó mejorar, en fin, algo el
estado general de todas las clases socia.les.
Por último, y por las estrechas relaciones que
guarda. la. cuestion monetaria con la económica , urgente es tambien, en prevision de toda crisis, que se
reforme el sistema monetario con gran meditacion y
maduro exámen de cuanto hacen en este punto las
principales naciones de Europa.
En las presentes circunstancias seria más que
nunca inútil encarecer la necesidad y urgencia. de
grandes reformas en nuestra. Arma.da. El creciente
poderío naval del moderno autócrata de l,1s mares, la
gran cuestion llamada de Oriente, la situacion y
condiciones geográficas de nuestra península; todo
impone una a.tencion igual, si no mayor, que para el
Ejército, para el fomento de nuestra Marina, Por
otra. parte, no hay ninguna potencia en este momento que no se cuide de pi:rfeccionar cuanto concierne á la orga.nizacion de sus fuerzas marítimas.
lta.lia. acab~ de dar su nombre á un poderoso acorazado, que será. sin duda. la más grandiosa. representacion de la pátria en los mares.
Holanda se dispone á aumentar considerablemente sus fuerzas navales. La Cámara. de Diputados
dando un ejemplo verdaderamente patriótico, votó
un crédito extraordinario á este objeto. Alemania se
apresura. á adquirir un nuevo sistema. de defensa
contra. los torped-os, y en cuanto á Inglaterra no ha.y
para. qué decir que ya tiene en práctica ese sistema
de defensa
Y no es esta sólo, sino que, á imitacion de los modernos simulacros de comba.te que vienen haciendo
tod;s los ejércitos con el título de maniobras, Alemania las prepara importantísimas entre sus fuerzas
de mar. El puerto de Kiel será, en su consecuencia,
bloqueado, y nada se omitirá en esta. funcion de
combate na.val para que se adiestren sus tropas marinas y se experimente sobre todo su gran artillería.
Calcúlese ahora hasta qué punto tendrán que hacer
todas las naciones citadas, sacrificios económicos para obtener estos resultados. Pues bien; en todas ellas
el país, dotado de excelente sentido, estimula. más
bien que entorpece esta actividad de los gobiernos,
que es, en efecto, tanto más plausible cuanto que va
muy resueltamente encaminada. á lograr para sus
respectivos países un influjo colonial ó una. extension
de territorio más ó menos exigida. por las circunstancias.

�CRONICA DE LA GUERRA.

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SUDAN.- VISTA DE SuAKIM, PUERTú DEL MAR

ROJO. ( Dibujos de N L.)

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BATALLA DE TEB ENTl&lt;E EL 1:t1ERPO EXPEDICIONARIO lNGLtS AL MANDO DEL GENERAL GRAHAM Y LAS FUERZAS SUDANESAS,

�312

LA ILUSTRAOION MILI'l'All

tA lLUS'l'RAClO~ MILITAR
Triste -es tener que condolernos del distinto giro
de estos asnntos en nuestro pais. Annque recient~mente las necesidades reales de nuestra Armada hubieron de snscitar un movimiento de atencion patriótica, ningnn resultado eficaz ha producido, y no
se diga, no !\e atribuya á incapaci la'l dti nuestra industria, porque aunque por causas de muy varia fo.
dole no sea muy floreciente, tampoco puede ser ar.
güida de incuria, sin incurrir en injusto agravio.
Hay sentimientos que tocar, hay fuerzas vivas que
poner en accion, y muy recientemente, ese mismo
pueblo que salndaba conmovido la botarlura de los
gallardos cañonervs Elc'lno y Magallanes. ha refleja.do inequívocas muestras de e11tusiasrno, de amor á
Ja patria, que bien dirigidas, podrian conducirnos al
ideal que habremos de desenvolver ca.fa vez con mayor energía y firme:r.a. Porque preciso es decirlo;
enérgicos tenemos el deber de ser, por la gravísima
consideracion de que, en la crisis enropea contemporánea de extension indeterminable, JJerecerá irremisiblemente aquella nacion que t-mga en completo
abandono su organizacion general militar, y sobre
todo, el e3tado de sus fuerzas navales.
Se ha vuelto á hablar de Pxcedente. La Epoca
pide que se cierren las Academias. Ya hemos indicado nosotros, en más de una ocasion, que tan pronto
comQ acabó la guerra debió redncirse lo más posible
el número de plazas para ingreso. Pero nos sorprende que La Epoca sea en este punto tan poco fecunda
en soluciones.
Sin perjuicio de recurrirá la clausura de la~ Ararlemias en el último extremo, La E,Joca, con más autoridad que nosotros, é influí la por altas consideraciones
de patriotismo, hubiera debido proponer antes que na,fa
la salida de Oficiales á destinos civiles, porque esta
es la solucion más natural y ventajusa para. t&gt;l país.
Esperamos qne el colega prnpondrá al Gobierno
esta medida, que ,,i por la interposicion de su influencia fuese aceptada, le valdria el reconocimiento de
todo el país, pues el tesoro economiza1 ia todos los
sueldos correspondientes á los destin'ls desempeñados
por Oficiales del Ejército.
Algunos colegas han dicho estos dias qne el Ministro de la guerra piensa someter á reglas preci~as
el ascenso de Coroneles ó Brigadieres. En tal casu, sti
exigiria un cierto tiempo de mando de r~gimiento
con el aplauso de sus jtl.l'es, se formaria una escala.
y dentro de ella tomarían puesto: 1.0 I.Ai UuronPles
qu'.l reunieran mayores servicios de gu.:1·,a sin recompensar: 2. 0 Los que hubieran dado pruebas de gran
aptitud en utros mandos y comisiones difíciles; y por
último, los que no hubieran tenido ocasion de mostrar
sus aptitudes ó méritos extraordinarios.
El pensamiento es buen~; el desarrollo es lo difícil, porque la defioicion, la determinacion de lvs
méritos, es el punto verdaderamente árduo, y á la
verdad, no puede ser confiado á un Oficial de bufde,
por muy distinguido qne sea, sino á personas muy
ejercitadas en la ob.stirvacion social y capaces, por
tanto, de conocer con aproiimacion, qaé cualidades
son más indispensables en cada caso particular de las
tan múltiples y diferentes actividades humanas.
De todos modos, ya lo hemos dicho en otras ocasiones; el camino para acertar en todo linajti de materias sociales, es la detinicion, por imperfecta que
ésta sea al principio, pues puede ser corregida. En
cambio, cuando todo se df'ja á la. pura arbitrariedad
de los hllmbres, y no á la d.isposicion prévia de las
leyes, los clamores de injusticia son frecuentes y
casi siempre justificados.
L'\s crónicas de «El Centro Militar» no pueden
menos de ser, para honra suya, más que una série de
elogios siempre en crescendo. ¡Tántas son las aptitudes notabl~, que seguramente no ltubieran hallado

oocasion de manifestarse, á no existir este núcleo de
cultura expresamente rlerlicitdo al Ejército!
En las últimas conf,irencias, Ita toca,J.o al Capita n
de Artillería Sr. Martinez Cánovas, y al Teniente
de Iufant.ería Sr. Rubio, el turno natural de nuestro aplauso, y no s.e lo escasearemos, porque, preciso
es repetirlo, aparte de la rara fortuna que, hasta la
fecha, ha tenido PSta suciedad, aunque así no hubiera
sido, la crítica en materias de iostrnccion y sobre jóvenes llenos de la más plausible de las emulaciones
humanas, debe Pjercerse siempre con los caracteres
de la benevolencia, que , stimula, y no con los de la
acritud, que desanima
La situacion clifícil que atravieba el imperio de
Marruecos reclama la atenciori prefcrente de todos
los españole~, porque ya nalit1 ignora que esa pequeña parte del continente africano es la base0rle
nuestra. independencia. y el vallada.t· qnf', en poder do
otra potencia, impediria. el desarrollo de nuestras
a~piraciones nacionales.
U u ~úbdito francés, ~[r. Clnva.gnac. penetra en los
d Jtninios del Riff y pl'etende rjerce1· el comercio que
lus tratados autorizan, aun cnando este dereclto se
halle restringido por po3teri,,res y malhadadas concesiones di¡.,lomá ticas. Las kabilas riffefias I y con
especialidad las autol'idades, consideran esta invasion CQroercial cm miras Pgoistas y ambiciosas I temen ver comprometida su indepenr!encia y ofrecen
viva resistencia al extranjero, mientras la legacion
r!e Francia en Tánger a.poya enéra-ica.mentP- las reclamaci"nes de su súbdito. El Saltan I al cóntemplar
el cumpleto desquiciarniento'de sns Estados, se acoge
á los rnedins empleados por la diplomacia oriental
cuando el peligro es inminente; transige primero,
opone luego obstáculos á los deseos de los gobiernos
europeo~, procura el aplazamiento de toda resolncion
definitiva., y al final, cuando la resistencia sería contraproducente, pide á los represe11tantes extranjeros
el reconocimientu, como paí; turbulento é inquieto, de
toda l&lt;1 comarca del Rifé para eximirse de la responsabilida•l en los conflictos qne puedan acarrear las
transacciones comerciales.
!'ero el Ministro francés rechaza la proposicion de
Muley-Hasau, y cumpreudiewlu qnt: en toda esa
parte de la costa del hlcdilerráueo Jia de hallar el
comercio ricos recu1sos que explotar, autoriza á
olr. Uhavagoac pata cu11tinuar su empr,isa, acogiendo bij-, el pabellon tl'iculor á 1.uautos iudígenas le
sei:uuden en sus trabaj"s; cundui:t,~ digna. de encomiu que España no supo imit.ar cuando algunos Shejes ritieños recorrian los ceutros oficiales y las calles
de Jladrid implorando la protecci()n iucondicional de
nuestro gobierno.
Aun hay más; Mr. Chavagnac desembarca en
territorio español,-Velez de la Gomera, -y al contemplar nuestro iuca ilicalile abandono, se cree todavía en país salvaje, atropella todos los derechos y
prttende imponer su voluntad como soberano de toda
aquella comarca.
Semejantes hechos nos inspfran tristes consitleraciones. l:li la l!'rancia pa1 a sub ti:ucr la actitud enérgica y patriótica de su Ministro plenjpotenciario ve
comprometido el prestigio de la 1,acion y los iut.ireses de sus súblitos, no tardará en encontrar al Oeste
del Malaya las fuerzas necesarias para sostener los
uerechos de los europeos que el Sultan pretende desa.wpa1ar; y entonces habrá llegado el moruento de
que otr.1 puttincia, amparándose del Estrecho, adquiera la parte princi_¡,al de los despojos de un imperio que se desmorona rápidamente.
.l'ur esta causa, volvemos á inJistir hoy en cuanto
ya hemos manifestado en esta Revista. La costa septentrional de Africa debe constituir para los espafloles una parte inherente de nuestro territorio, porque si un pueblo fuerte la ocupase, rodearia nuestro

litoral Cl)n estrecho círculo de hierro, ahogaría nuestro comercio y la Península seria. pronto invadirla. en
cualquier complicacion int.ema.cional. Estas consideraciones, con otras que se deducen fácilmente, deben
alarmar al pnís en general, ohligáridole á vigilar de
cerca la~ complicaciones actuale~, porque e1t sn resolucion estn ba la vida ó la mnflrte dti nuestro p 11lerío y bienest.ar fot.uro.
CI

S?iJIJlaD ► c(J1119119,•-

-

EXPLICACION DE LOS GRABADOS
,gr

o

CRÓNIUA DE LA GUERRA.

COMBA.TE llll:RÓICO DE LA GUARN!CION' DE ~INKA.T

Lús detalles que constantemente se reciben de la encarnizada lucha que asuela el Egipto y gran parte del S,d1111,
revisten un caráctrr de encarnizamiento sólo complrttble
al empleado en las guerras que los bárbaro, del Norte
sostuvieron hasta la desmembracion del colosal Irnv~rio
Romano. El Mahdí actual, á semejanza de lo que hicitiron
en otras épocas Atila, Genserico y Amalarico, ttcomete en
apiñadas masas de f,máticos creyentes á cuantos preteuden
el dominio de aquella vasta comarca; y sólo el exterminio,
la guerra sin cuartel, es la suerte que espera al vencido.
l'or e3ta razon, además de la teseña hacha á su tiempo
de todos los acontecimientos de esta campañ~, creernos
ne~esario trasladar á nuestras páginas, gráficamente representados, aquellos hechos que merecen p11sar _á la posteridad ó que revelen el aspecto de e~ta salvdje contiend'l.
Nuestro grabado es, pues, la representacion del último
esfuerzo de la guarnicion de Sinkat, que como nu~stro;
lectores saben, sucumbió bajo la cuchilla de los implac:t•
bles sudaneses. Intimada la rendicion de Ja plaza por el
J efe insurrecto Osman Digma, ofreciendo re8petar tan
sólo la vida de Teufik-Ba.já, (tue mand11ba las fuerzns
egipcias é inglesas, éste rechazó con altivez tan inhumana proposicion, resolviendo intentar una salida, empeñar
un combate aventurado, por la superioridad numérica del
enemigo, pero pre ferible á las priv&lt;1ciones y el hambre
que veni11n sufriendo.
Quemadas las municione3 que no pudiero, trasportar,
de,truidos los polvorines y clavados los cañones, salieron
de la plaza unos 300 hombres que componian las fuerzas
de combate, seguidos de centenares de mujeres y niños de
la poblacion; y á unos cinco kilómetros de marcha, cuando la columna penetraba en un desfiladero, cayeron sobre
su derecha las tribus insurrectas de Amb11d y por su izquierda. las de los Bishranis, trabándose una lucha encttr•
nizada. L~s tropas sitiadas resisten hasta el tercer ttt11q ue
de las huestes del Mahdí; pero desfallecidas por el cansuncio y el hambre, sucumben todos á la fiereza de sus contrarios, siendo Teufik (i,,el primero que buscando una muur·
te honrosa se abre paso entre los densos grupos del enemigo, haciendo pagar cara su existencia.
E,te desastroso combate conmueve á la opinion pública
de Inglaterra, que vé emp11ñado el brillo de &amp; us armas con
una derrota sin ejemplo, y fué la cano'\ de la precipitacion
con que luego se han enviado los refuerzos preci,o, á fin
de coatenn los prog resos de tan imponenti:s sublevados,

SUAKUI
El grabado du la pág. 311 representa una vista de la
plaza de Suakhn, toma1a desde el ¡merto por corresponsales especiales.
Como base de operaciones y depósito del cuerpo expe•
dicionario de la soberbia. Albion, tiene una importahcia
excepcional en esta guerra, y su ocupacion por los in•
surrectos hubiera sido tan sólo una contrariedad para la
existencia. material de la poblacion, porque el enemigo no
contaba con e!ementos para CODiervarla y resistir un b.,m.
barJeo de la escuadra inglesa. üomprendiendolo así Osman Digma, ha limitado sus correrías á las inmedi11ciones
sin arriesgarse á penetrar en una ciudad de 15.000 ttlmns
próximamente, fituada sobre· el Mar Rojo, coa ttncho
puerto y excelente fondeadero para los buques.
Segun el plan adoptado por los ingleses en la divi,ion
que del Sudan queria hacer el gabinete de Lóndres, esta
plaza va á ser objeto de grandes fortificaciones, con:;ervundo ilU carácter de depósito y concentracion de fuerzas en
. puntos de Berber y J11rLum' , á
enlace con los estratégicos
fin de no comprometer las fuerzas del Reino-Unido en
empresas al interior, cuyo resultado, aun cuando fuera fa.
vora.ble, no ofrece compensacion, ni menos ventajas purll
sus proyectos de invasion colonial y mercantil.
EPISODIO DE LA. BATALLA DE TEB
La batalla de Teb es el primer triunfo obtenido por las
armas de la Gran Bretaña sobre 1"8 huestes del Mahdf¡ y
aun cuando e'. enemigo, cuyo valor indomable supera é,

toda ponderacion, no ha modificado sus condiciones beliCOlias ni la audacia. de sus excursiones, es indudable que
el efecto' moral causado por esta derrota influye ventajo•
samente en la rehabilitacion del prestigio de las tropas
isleñas entre los musulm11ones.
Al amanecer de un dia lluvioso se avistaron ambos contendientes, en terreno llano y dispuestos á la lucha. Los
secuaces del Mahaf e,npiezan por reconcentrar sus fuerz11s
al ver el avance decidido de los ingleses, mientras el navío Sphínx intenta batir su ala derecha desde la rada de
Trinkitat, lo cual no pudo conseguir por la gran distancia
que le eeparaba d.il enemigo. Una vez replegadas las masas musulmanas,énician éstas el ataque, s•Jtriendo al mismo tiempo un vivo fuego de artillería; al avance sucesi,¡&gt;
de los ingleses, se precipitan á su encuentro los sudaneses,
y desafiando los disparos incesantes del armamento roo•
derno, sal van con la velocidad de 1 rayo la distancia q ne
los separa, empréndese la lucha cuerpo á cuerpo, el encarnizamiento aumenta con la confusion, hasta que diezmados por nutrido fuego, empieza la retirada. dejando en
pod•r de las fuerzas británicas un gran _número de muertos y algunos cañones.
La caballerfa pretendió completar la victoria; pero ante
la resistencia tenaz del vencido, que se retiraba en orde.
nadas masas, paso á paso y sin decaer su ardimiento ni
un instante, guarda una prudente distancia para no comprometer en aventuradas empresas el corto número de
sus jinetes. Sin embargo, como resultado de la accion, el
enemigo abandonó á Toker y los ingleses se apresuraron
á recuperarlo sin encontrar resistencia.
Los dibujos que representan los hech~s que acabamos
de narrar, son originales y basados en apuntes de corresponsales extranjeros, que hansido testigos presenciall¡s de
aquellos sucesos.
No nos cansaremos de llamar la atencion sobre el sacrill•
cio que representa para esta clase de empresas la publica.
cion de dibujos y grabados originales, y habremos de repetir una vez más que con el valor de un grabado original,
por malo que sea, pueden presentarse á veces hasta una docena de grabados extranjeros, comprados al peso, muy bo·
nitos, y muy correctamente acabados, pero sin oportunidad ninguna, sin que representen sucesos de a~tualidad, y
sobre toElo con el pecado de lesa nacion de ser productos
extranjeros.
La objecion inmediata. es que nuestros grabadores y
nuestros dibujantes lo hacen mal; pues ya lo harán mejor;
pero para esto es preciso alentarles, recompensar sus esfuerzos de hoy con toda clase de estímulos, y entregarles
cuando menos el dinero que llevamos al extranjero.
En el presente número, como en la mayor parte de los
publicados, toaos los grabados son hechos en Madrin, todos
absolutamente todos, y si estos esfuerzos no son tomados
en consideracion, tanto peor para este ¡uestro desgraciado
pais, donde las asphaciones patrióticas no pueden lograr
nunca, ni adhesion ni recompensa.
ESTÁTUA DE CRISTÓBAL COLON
Muchos de nuestros lectores habrán tenido ocasion de
ver la hermosa estátua. recientemente colocada sobre el
alto y esbelto pedestal del monumento construiJo por
disposicion de la corporacion municipal de e,ta córte, en
el centro de la plaza que lleva el nombre del genovés
más famoso.
Esta obra escultural, que tanto honra el arte moierno
español, es debida al habflisimo y delicado cinc•l del señor D. Jerónimo Suñol, ya conocido ventajosamente por
otros trabajos, merced á los cuales ha tomado asiento, con
aplauso del público, en la Academia de San Fernando. La
estátua de Cristóbal Colon pone el sello á la fama de este
modesto y notable artista.
Basta. fijar la vista un solo instante en la figura del Gran
Almirante, para comprender los talentos del escultor. La
actitud del insigne descubriclor del Nuevo Mundo es arrogante y majestuosa., tal como lo suponemos por la tradi.
cion histórica, en el instante de tomar posesion, en nombre de c~stilla, de la primera isla descubierta en el ignorado hemisferio; en la diestra empuña el egregio pendon
de leones y barras, y alza al cielo los ojos, en que se
trasparenta una emocion sublime, selialando con la mano
izquierda la tierra que pi•a, como si diese gracias al
Omnip1,tente por la merced que acaba de dispensarle,
coronando su audaz empresa con un triunfo maravilloso.
El grabado que ofrecemos hoy en la pág. 814 de nuestra .Revista, reproduce la estátua del Sr. Sui'iol, segun una
fotografía hecha por Laurent. Dentro de poco tiempo, y
coincidiendo con el aniveraario de alguna fecha memora•
ble en la vida de Colon, se procederá á la inauguracion
ollcia.1 del monumento.

EL MINISTERIO DE LA. GUERRA. EN PARTS
Constituye este departamento central del ejército francés, cuya vista apuece en el grabado de la pág. 315 uno
de los monumentos más suntuosos del boulevard Saint
Germain, de justa fama entre los barrios notables que en·
cierra la capital del mundo.
La fachada al boulevard, así como la de la calle de Solferino, Fon verdaderas obras de arte. Ambas forman un
ángulo obtuso, en cuyo espacio central concibió el distin•
guido arquitecto Mr. Bouchot la atrevida idea de construir un pabellon que armoniza admirablemente coo los
dos laterales y el rosto del edificio. En esta fachad~, que ya
había sido objeto de gr~ndes mejoras en tiempos del Imperio, se ha'. '11 si,ntad11 una figura alegórica de }'rancia, con
dos leones descamando á sus piés: sobre el pórtico se encuentra la cabe:r.a de Hércules, consideradtt Cllmo una joya de la arquitectura es..,ultural, y todos los huecos ó balcones han sido adornados con cabezas que representan diversos héroes de la mitología.
En~! orni.to y embellecimiento de este centro oficial
n~se han escatimado recurso, ni gAstos que redundasen
en ventaj11 de sus CQndiciones bajo todos conceptos, ascendiendo á dos millones y medio de francos Ja suma empleadll en su definitiva construccion.
\

EL ASALTO DE SON•TAY
J!'orma esta ant'gua plaza anamita, situ•da á k.lómetro
y medio del cnuElaloso rio R0jo, una verdadera ciudAdela
defendid11 por el sist~ma Vauban, cvn fuertes avanzados;
y corno todas lss fortalezas de su género cuenta con un
número respetable dA monum ntos, pagodas reales, pala•
cios de elevados wandHines, tribunales, almacenes de
arroz, etc. Al interior de pintorescos campos, con exuberante vegetttcion, tiene para defensa de la ciudad una
fuerte muralla almenada, c,,n buen foso, rodeada de e~pe•
sos cercados de bambú•, y de excavacione, bastante profundas, que era preciso frttnquear bojo el fuego de las
fortificaciones.
.En esttts condiciones de defensa emprendió el Almirante Courbet, á la c&gt;1beza de ó.500 hombres próximamente,
el ataque de :ioo-Tsy, defündida por unos 10.000 soldados
asiáticos, pabellones negros, anamit.as y chinos. Reconcentrado el Ejército expedicionario, y comunicadas las
instrucciones vreliminsres, emprendió la mMrcha el dia 12
ctel pasado, secundado por la pequeña escuadra que desde
el rio protegía con bUS fuerzas el avance de las dos colu.m•
nas en que el Almir,mte üourbet habia dividido sus
fuerzas.
Ji: l enemigo defiende tenaz mente sus posiciones avanzadas, pero .e ve pronto obligado á abandonarlas por el
destrozo que origimrn los proyectiles de la artillerJa 011.val. Y en su retir,.da elige los núcleos de obras parit resistir el empuje de los franceses. El 14 se dió la órden para
el asalto del fuerte de Phusa, y por dos veces son rechazados, quedando mutilados lvs heridos que cayeron en
poder del enemigo; entonces los franceses, exasperados
con tan inhumano vroceder, escahm la poses1on sin repa•
rar en el peligro, y los turcos son loa primeros que enarbolan el pabellon tricolor, sobre la. línea más avanzada
de defensa. Aún faltaba ocupar otras obras antes de dar
el asalto, pero aproximándo,e la noche, se mandó suspen•
der el tuego, conservando las posiciones adquiridas é,
fuerza de tan costosos sacrificios.
Abandonados estos fuertes despues de numerosas bajas,
y convencido el enemigo de la ineficacia de sus esfuerzos,
reconcentra la defensa en el recinto exterior, que opone
al invasor análoga. resistencia. Pero la victoria ¡¡eeunda.
los esfuerzos de los franceses, y el 16 se apod~ran á viva
fuerza de la pagoda de Gho·Phuni; el 17 111s columnas de
asalto se precipitan sobre la plaza, penetran por la puerta
del Oeste, atravesando una poterna de 160 metros, y no
pudiendo contener tan ttvasallador empuje, Son-Ta.y se
rinde á las fuerzas de Courbet, resonando por todos los
ámbitos un prolongado viva á la Fr•nci11.
Este glorioso hecho de armas, en que los franceses tuvieron 320 hombres fuera de combate, apoderándose de una
plaza importante, de un inmenso waterial de guerra, de
documentos trascendentales para las orgttniz•ciones pen•
dientes y de otros valiosos eh,mentos para la conquista, es
e, que representa nuestro grabado de la pág. 318, debido
á los mejores arListas, corresponsales de los periódicos
ilustrados de la capital de allende el Pirineo.

313
No vamo~ á detenernos en hacer aquí algunt.s re6exio
nes, por más que no serian inoportunM, acerca de la educacion de las clases populares en nuestro país, poniendo de
relieve el extravío que se advierte en sus costumbres, y
que empieza á preocupar sériamente á los que, como nosotl-o ,, opinan que sin alcanzar cierto grado de cultura general, moral é intelectual, de que estamos aún muy distantes, es utópico discurrir medios d~ desenvolvimiento, ó
elaborar planes de reivindicaciones históricas; no tratare•
mos tampoco de aproveehar estlL ocasion para anatematizar esa falta de respeto, ese insultante menosprecio, de que
es muy comun ver alardeará cada paso contra todo lo que
significa autoridad ó se halla revestido de algun cad,cter
respetable; pero sí debemos hacer constar que, en nuestro
bumildejuicio,cumple álos poderes públicos ocuparse, con
preferencia á todo otro asunto, de poner enérgico correctivo é, un mal que adquiere visible desarrollo, porque de
esas turbas acostumbradas á esgrimirá cada paso y en la
sombra la navaja homicida, no puede salir el soldado
gene~oso que da su s11ngre á la pátria sin regatear una
gota, en lucha igual y franca; con tales elementos se nu•
tren los correccionales, no ae alimentan las honrfldas
filas del Ejército.
Con motivo de hallarse algo sobreexcitados loa ánimos
por cuestiones de localidad, que ya sabemos lo que sig•
nifican en las poblaciones pequeñas, el alcalde de Verdli
pidió cuatro dias antes del suceso al Jefe del puesto de la
Guardia Civil de Tárrega una pareja, que le fué al punto
facilitada.
En la mañana del 26, el alcalde comprendió que tan escasa fuerza no seria bastante á dominar el confticto que
amenazaba surgir de un mornentt, á otro, y ofició é, Uiutadilla y Tárrega, solicitando algunas parejas, y desde el úl•
timo de dichos puntos fuéron enviadas tres de que podía.
disponerse, las cuales con su Jefe entraron en Verdú, y des•
deñando las demostraciones hc&gt;stiles que se les hicieron por
los grupos, alguno de los cuales intentó propMarse, se dirigieron á la casa ayuntamiento y se establecieron en ella.
El Jefe de la línea, Teniente D. Clemente Sastre, se hallaba en Ciutadilla pasando revista al puesto; pero apenas
tuvo conocimiento de que en Verdú trataba de alterarse el
ór,len, se dirigió rápidamente á ésta poblacion con dos pa•
rejas, á las cuales, espoleando el caballo, se adelantó, l ,egan-io en breve é, la plaza del pueblo, donde los grupos,
de máscaras, en su mayoría, que habían aumentado consi•
derablemente, apenas vieron al Oficial le rodearon pror·
rumpiendo en denuestos y amenazas, y sin dar lugar á que
adoptase disposicion alguna, le dispararon dos tiros de re"IVólver.
En tan crft:co momento no perdió la calma el pundonoroso Oficial, sino que conteniendo al caballo, que asusbdo habíase descompuesto, dirigió la palabra á los grup01,
advirténdoles lo censurable desu conducta, y con templa
das frases, procuró aquietar los ánimos; pero nada bastó
fi hacer entrar en razon á los amotinados: en un momento
brillaron al aire más de cien armas blancas dirigidas con•
tra el Teniente Sastre, y le fueron causadas dos heridas, una
en el brazo izquierdo y otra más grave en el mismo costado, entre la séptima y octava costilla.
La muerte del Oficial era inminente, porque á la vista
de la sangre se enardecieron más los asesinos, que así cum•
ple llamarlos, y porque de nadie podía esperarse ayuda;
pero lo que no hicieron los hombres, lo hizo un ser irracional; el caballo, que sintiéndose herido en un anca, &amp;r•
rancó á galope, conduciendo á su jinete fuera de la pobla•
cion y poniéndolo en salvo.
Este es el hecho historiad-1 fielmente, tal como LOS lo
refiere un testigo ocular, el guardia del puesto de Tárrega,
Agustin Font11net Pascual, á quien damos aquí testimonio
de nuestro reconocimiento por los datos que nos remitió,
merced á los cuales podemos ofrecerá nuestros suscritores
un ·d ibujo que representa el suceeo, y el retrato del Te•
niente Sastre.
•
Debe advertirse que por las condiciones del paraje en
que se verificó la ocurrencia., no pudieron enterarse del
suceso los Guardias civiles que se hallaban en el Ayunta•
miento, hasta que el tumulto se hubo aplacado.
El Teniente Sastre, cuya conducta valerosa y prudente
á la vez, ha merecido unánimes elogios, es natural de Gro1,
en la provincia de Lérida, é ingresó en el Ejército, en clase
de soldado, en 1858, á la edad de 19 años, habiendo obtenido todos sus ascensos por antigüedad rigurosa. Hállase
muy bien reputado en el Ouerpo, y cuenta con una notable hoja de servicios, habiendo t.. mado parte en diferentes
hechos de armas durante ~~!¡~guerra civil.

SlJCÉSOS DE VERDÚ (LÉ RIDA)
Los periódicos de noticias Elieron cuenta á su tiempo del
incalificable atropello verificado en Verdú el dia 24 de Febrero último por una turba soez é insensata, atropello de
que fué víctima un dignfsimo Oficial de nuestra benemérita Guardia Civil, el Teniente D. Clemente Bastrey Koca,

EL TRIUNFO DEL VISlONARIO
Nació pobre, y casi no se sabe dónde, ni exactamente cuándo; muri(&gt; pobre, y si se sabe cuándo
y dónde, se ignora el paradero de sus restos. De

�CRlSTOBAL COLON.-EsTATUA

DE MÁRMOL COLOCADA EN LA «PLAZA DE CoLON DE FSTA -CoRTE

rJJejotogra/ladeLaui·entJ

�316
niño, persiguiólo la p~breza; adolescente, los pira:
tas y las olas pusieron muchas veces en riesgo su
vida; hombre, ni tuvo pátria fija ni fué tenido nada
menos que por loco: la casualidad y su indomable
constancia le reivindicó; la envidia le hizo morir oscuramente ¡quién sabe si por intervencion del divino hado, que no viendo en sus contemporáneos talento para comprenderle , los querria humillar negándoles justicia para enaltecerle!
Tal se nos presenta, ó tal fué en su época, á
grandes rasgos trazada la figura de nuestro héroe;
pero como la luz de la justicia, si se oscurece, no
se apaga, convirtiendo sobre él todos sus rayos,
mucho más resplandecientes por reflectar en el pasado olvido, nos lo hace ver hoy tal cual es: como
gr~nd&lt;! entre los grandes! Por eso nosotros quisiéramos ~onocerla desde sus más primitivos y mínimos
detalles; porque 4uisiéramos saber cómo germinó y
se desarrolló en su inteligencia una idea que, si alguno podia admitir como posible, sólo él podia creer
como cierta; idea cuya concepcion es un atrevimiento inusitado, cuya e""&lt;posicion poni l á uno en
tristísimo apuro, cuya realizacion demandaba tanto
esfuerzo; tanta constancia llevaba en sí, tanto peligro.
En general somos poco aficionados á pensar sériamente, y nos ocurre que cuando se nos dice una
cosa que todos la creen ó cuyos resultados estamos
viendo d~sde la infancia, la creemos sin ninguna
dificultad y aun en estos tiempos de maravillosos y
repetidos descubrimientos nos ocurre más: estamos
tan dispuestos á creer cuanto se nos anuncia, que
no paramos mientes en las dificultades de cuanto
hasta ahora se ha hecho 6 en adelante pueda hacerse.
Pero retrocedamos al siglo xv; pensemos cuán
nulo era el desarrollo de las ciencias de aplicacion;
pensemos en que los conocimientos astronómicos y
cosmográficos descansaban en el sistema de Ptolomeo, que haciendo á la tierra centro, parte principal y mitad inferior del universo, no podia tener sino pequeñas partes, que entonces parecian inmensas, para la habitabilidad de la raza humana; despues aguas, muchas aguas, pero no aguas tranquilas
é inofc::nsivas corno las de las orillas de nuestras costas, sino aguas traidoras y absorbentes, que se significaban en los mapas despues de las terribles palabras mare tenebrosum con figura ad hoc, que ya
era una mano negra, la de Satanás, que apr~saba y
hundía al osado que en ellas se presentaba, ya el
pájaro rock, de inmensas alas y poderoso pico para
alzarse con navíos enteros y desuoz:ulos. Esto en
cuanto á los peligros; en cuanto á las razones, la
tierra no podia ser un globo, porque ignorándose el
efecto que causa en los cuerpos el centro de gravedad, se seguia que los del hemisfeno opuesto tendrian entonces que andar con la cabeza abajo y los
piés arriba; á más, que los libros sagrados ó la tradicion fundada en ellos, ensefíaba la unidad de la
tierra, de la humanidad adámica, de la familia redimida por la divina sangre, y que era absurda y
manchada de h~rejía, segun la incontestable autoridad de Lactaneco, San Agustín y Nicolás de Lira,
la opinion de que hubiese antípodas.
La ciencia, pues, con su círculo de hierro, y las
ideas religiosas cohibiendo el ánimo, hacian imposible pensar en un más allá, ó si se pensaba tenia
que ser por intuicion; Jo cual, si muy bastante para
el que la siente y está en condiciones de poder ejecutar, es muy poco para el que ha de disponer á
otro, primero á que le crea, segundo á que se arriesgue a ayudarle.
Hé aquí por qué el que primero habló de haber
más tierras que las del antiguo mundo, halló en el
desarrollo de su proyecto tantos obstáculos, porque
no podia menos de hallarlos: idea tan grande sólo

LA

tA· ILUSTRACION" MILITAR

ILUSTRAOION MILITAR

podia ser comprendida por tan grandísimo génio:
por eso se encarnó en él tal idea, porque sólo él
podia salvarla.

Segun cálculos, hácia el año 1435 ó 1436, y en
Génova ó Sa,·ona, vino al mundo Cristóbal Colon.
Estudió dos años, fué cardador de lana &lt;.Aros dos, y
contando catorce de edad se hizo á la mar. ¡Á la
mar, á P.se espacio de peligros, pero en cuya inmensidad tanto puede ver y concebir el génio! Navegó
por todas las aguas entonces conocidas, tuvo muchas veces en inminente rie,go su vida, particularmente una en que despedazada su embarcacion,
luchó tres días seguidos sobre un mástil contra las
embravecidas olas. ¿Por qué le respetaron al fin?
¿Fué porque la muerte no puede con el génio hOsta
que el génio cumple su destino, ó porque tal lance
no fué más que una prueba para templar el ánimo,
para disponerle á arrostrar serenamente los muC'hos
peligros que en su mision le aguardaban? Decimos
esto, porque en la vida de Colon hay mucho de
providencial. Así, en 1470, arribó á Lisbo2., centro
entonces de los conocimientos cosmográficos y en
dond_e pudo apreciar una serie de detalles que, insignificantes p:i.ra cualquiera, sirvieron de mucho á
su preparado espíritu. Su idea se convirtió en creencia, y para él no hubo ya duda: la tierra era reJonda; y hecha con cálculo y plan, ni podía h,iber la
zona abrasadora de que en último término hablaban
los más transigentes, ni podia haber obstáculo alguno para que los vastos esp1cios complementarios
del mundo conocido fuesen habitables y se comunicasen entre sí. En su géni, no cabi:i. ya otra cosa
sino buscar el camino, y queriendo engalanar á su
pátria con tal gloria, á ella se dirigió en 1476, pero
con tal desprecio fué oido que ni respuesta obtuvo:
encamínaseá Venecia, y, sí más afortunado aquí, se
la dan es para llamarle orgulloso visionario; vuelve á
Portugal y una cornision encargada de oirle, rechaza sus ideas como delirio de un loco.
Colon ejerce, sin embargo, un secreto ascendiente: hace próposiciones que merecen tristes calificativos; pero el entusiasmo, la conviccion con
que las apoya, la majestuosidad con que expone y
pide, deben significar algo. Por eso la junta que
cree expuesta su seriedad si aprueba; que se ve
halagada si, aceptando, acierta, busca un modo,
sin reparar el medio, de alcanzar todas las ventajas
sin correr inconvenientes.
Y con efecto, invita á Colon á presentar un plan
detallado y demostrativo del proyecto, so pretexto
de estudiarlo, pero con intencion de hacerlo ejecutar por cuenta propia y en secreto. ¡Infame estratagema que una tempestad del mar y el poco génio
ctel piloto elegido desbarataron en pocos diasl Irritado Colon, salió inmediatamente de Portugal, fines
de 1484; volvió á su pátria, quiso otra vez entenderse con ella, y ella le dió.. ... otra desdefiosa repulsa.
Pero como si supiese que algo tenia que cumplir,
Colon ante nada ceja. Valerosísimo campean de la
cien ~ia, á quien puede darle auxilio, le dice lo que
piensa; si no se lo da, le desprecia y sigue adelante
y siempre adelante. ¿Que nadie le hace caso? No
importa; él es más que todos, porque representa
algo~ al paso que los demás sólo representan la negaciorz: él vencerá, pues. Vencerá, s!. porque nunca
falta á J,a razon un Fray Juan Perez de Marchena
que la defienda. La dificultad es dar con él, y Colon
dió apenas puso su pié en la noble Espafía, que
teatro entonces del mundo por su heroisrno, lo atrajo; que madre solicitada, por su proteccion, lo hizo
su hijo; porque si Colon hombre, es por azar genovés, Colon génio, por adopcion es espafiol; porque si
en Génova recibió el ser, por España recibió la gloria•

Vino, pu~s, á España con todos sus cariño~ reconcentrados en su jóven hijo Diego, y con todas sus
esperanzas r , concentradas en sus proyectos; mas
dirigiéndose antes de dar éstos á conocer, á Huelva,
con objeto de dejar al hijo en casa de un pariente,
se acercó al convento de Santa María de la Rávicia
á pedir por el am0r de Dios un poco de pan par:i. el
necesitado niño. De aquel convento era prior el padre dicho, quien viendo el porte distinguido aun en
su indigencia, de Colon, le invitó á descansar. Colon
aceptó y habló, y como dice un escrffor contempo•
ráf1eo, el padre Marchena, «escuchó, comprendió
y creyó. » Desde este i"stante, Febrero de 1486, el
padre Marchena, füé la verdadera providencia del
proyecte'. Valido de su ascendientt. sobre Isabel la
Cat_ólica, de la cual babia sido confesor y ante la
cual gozaba gran reputacion de hombre sabio y de
virtud, todo lo empleó en favor de Colon. Por cierto que todo lo necesitó, más una constancia de seis
afios, para vencer los muchos entorpecimientos que
opusieron algunos cortesanos y la empresa de la
reconquista que tanto embargaba á los Reyes.
Isabel, que tambien presentia, se puso del lado
de los menos, nombró una comis1on para formalizar
el contrato de convenio, y resultó un nuevo entorpecimiento, porque Colon pedia lo que la comision,
poco afecta, rechazó por insolente jactancia, y era:
el titulo para sí y sus sucesores, de Grande Almirante, el Vireinato de las islas y continentes que iba
á descubrir, el derecho de proponer gobernadores y
el décimo del total de beneficios; mas los amigos
que ya babia predispuesto el padre Marchena y los
creyentes que ya había hecho Colon, entre los cuales se d1stingU1eron el cardenal Mendoza, Alonso de
Quintanilla y sobre todos, por su energía en apoyar
y ·generoso ofrecer, Luis de Santángel, obraron tal
efecto en el corazon de Isabel, que á todo accedió:
hasta, si era necesario, vender sus joyas. ¡ Qué podía coronar mejor el gran proyecto que ésta ilustre
tnnidad de Colon, Marchena é Isabel, ósea del génio que concibe, el génio que comprende y ampara
y el génio que ampara é impulsa!
Firmáronse, pues, las escrituras el 17 de Abril de
1492, y aunque debia emprenderse el viaje inmediatamente, las resfstencias que opusieron los vecinos de Palos de Moguer, que por una obligacion
que tenían con la corona, eran los que debían prestar los bajeles, entorpecieron la salida hasta el 3
de Agosto, en cuyo amanecer zarpó de dicho puerto la expedicion con tres carabelas, la Santa Maria,
en la que iba Colon, y la Pinta y la Niña comandadas por Martin Alonso Pinzon y Vicente Yañez
Pinzon.
Mucho trabajó Colon hasta verse embarcado; muchísimo trabajó después hasta llegar al descubri•
miento que buscaba; por fin lo halló á la madrugada del 12 de Octubre en la isla Guanahani, que
desde entonces se llama San Salvador. Siguió explorando el archipiélago de las Lucayas, al que
pertenece la citada; continuó al de las Antillas, en
el que exploró Cuba y Haiti, y habiéndosele extraviado Alonso Pinzon con la Pinta é ido á pique la
Santa María, el 4 de Enero de 1493 se dió á la vela para España. Poco diremos del regreso por lo
mismo que tiene mucho que decir: fecundísirno en
adversos trances puede formar interesante cuadro en
la epopeya de que es tan digna la vida de Colon, y
si se concluyó fué sin duda porque todo se concluye en este mundo: por eso arribó á Palos el 15 de
Marzo de 1493.

*
**
Colon venció, pero no descansó; llegó al fig je la
obra, pero no al fin del trabajo: en la idea era un
profeta, pero en la vida era un soldado perpétuamente batallando; cuando no los hombres los ele-

mentos; cuando no el ridículo, la ingratitud ¡todo
era contra él! Obtenidos los honores que porde pronto no pudo menos de merecer su triunfo, volvió á
la desgracia; con la desgracia bajó al sepulcro, y en
el sepulcro le acompañó mucho tiempo. Por grande
y por agraviado le debernos mucho. Honrémosle,
pues: honrémosle, sí, qµe honrándole nos honramos,
y aprovechando la oportunidad en que el pueblo de
Madrid eleva un monumento á su memor;a evoquemos su espíritu para decirle: «Hombre eminente, no
te apenen las iwusticias de tus contemporáneos; no
te apene si te despreciaron vivo, hasta hacerte arr31,trar vida miserable, ni si te olvidaron muerto, hasta
dejar perder tus restos. ¡Tus restos, que hoy que la
justicia_ impera se buscan corno una reliquia; tu
vida, que nos inspira tantas bendiciones!
MARIANO PRESTAMERO

LA RECLUTA EN EGIPTO

1

•

En el número 17 :le la ILUSTRACION MrLITAR, página
276, nos ofrece la habilidad dol dibujante el repugn,rnte
cuadro de la humanidad ultrajada, si bien los sucesos venidero• muy pronto debian demostrar al mundo entero,
quo l,1 guerra no puede hacerse jamás con elementos despnjados de los nob,es resortes del esforzado ánimo que
han menester los encargados de conquistar y conservar
la gloria é independencia de la patria. ¡Pobres Fellalisl
Deede lo íntimo de las empedernidas entrañas de los colosales m&lt;•numentos de vuestros Pharaones, erigidos por
generaciones enteras, exhala el génio de vuestra raza un
dolorc.so qU1•j ido al v, ros conducidos al sacrificio de vuestra agonizante nacionalidad, condenada al parecerá morir al estruendo de los frenéticos aullidos de vuestros
enemigos, quienes con salvajes risotadas clavaron el puñal en vuestros exánimes cuerpos.
Si la dei6.cacion de nuestros monarcas fué la primer
causa de nuestro ~ctual anonadamiento, trabajo que tantos siglos no han podido aún conseguir por entero, viene
hny la insaciabilidad de oro de vuestros contemporáneos
á completarlo, con el frio cálculo del tanto por ciento de
sus capitale• invertidos con cruel sagacidad y egoista prevision.
Al contemplaros encadenados y al prever la suerte que
os espera, no podemos menos de exclamar que vivimos
en el peor de los mundos, aunque la eterna just:cfa de la
historia de 103 hechos desplieg, su terrible lógica hoy mio'.no contra los mis~os hombres, para. qutnes érais un dócil
instrumento, ob1Jgándo1es á mezclar su propia sangre
con la "ertida por vosotros, ya que en sus erróneos cálculos soponian qu., el infeliz Fellahs, en su escasa cultura,
en que ha,ta con calculada intencion ha sido conservaao,
seria. elemeoto de guerra suficienta, y como si la guerra
depenaieru en su feliz éxito tan sólo del vulgar recurso
de la &lt;C1trne de cnñon&gt; y no de los impulsos más elevados
de la inteligenci11 y del corazon humano. Sensible es que
lo• eminentes aritméticos europeos no tengan clara y suflcient&lt;i ide,l de l,u propiedades morales y füicas del más
pv&lt;leroso motor en el desarrello de la historia del mundo,
como lo es la guerra, y tal cual resalta espleadorosamente
en cada un11 de sus páginas. Imponderables aquéllos basta
cierto punto en la parte 'moral, por ser dato que afecta la
eminontl! índole de principios cuyos definitivos resultados
no pueden determinarse d~ un modo fijo, no !l!Cede otro
tanto r.ispecto á 111 parte material de las segundas, ('Omo
ahora mismo lo demuestran las muchas cifras con que
h-.bríamos de esc_ribir las cantidades para anotar las invertidas por Inglaterra en ms aventuras egipcias, aun
cuando tan sólo nos fijásemos en los más recientes tiempos. ¿Quién ignora que en la guerra, como en todos los actos humanos, sigue á m realizacion la inmediata. manifestacion de sus ef.icto-? Los errores, si no hemos de c!.siftcarlos basta de producto de egoísta inmoralidud que los
ingleses cometen guiados por sus aspiraciones comerciales, y por más que sus intereses parecen justificados y aun
hasta hacerles hoy inelwiibles, arrojan sobre su nombre
sin emb1trgo, la dudosa luz de si sus hombr.is de Estad¿
pen~tran ó no realmente las profundidades de los infinitog factores que en el taller de la mecánica de los acontemientos del mundo conbtituyen la eterna marcha de su
historia. El sublime proyecto de inundar la negra raza
del Suaan de luz y cultura-¡quién lo creyeral-parece
abor11 engendrar el vergonzoso hecho de la esclavitud legalizada. Al lado de los prineipios de la humanidad en
virtuosa práctica, vamos á ver maniatados y abandonados
millones de halntantes de aquellas desgraciadas zonas

africanas por las cadenas de la barbarie, y muertas las esperanzas de la influencia reproductiva de la civilizacion
europea, en su benéfica pro_Raganda de la cultura, de las
artes, de la industriii y del comercio, abriendo un mnndo
nuevo á la prosperidad de todas las demás naciones, á la
par que aquel desconocido continente africano.
Para corroborar lo referido, y para dar un colorido aún
más vivo al grabado indicado y que nos inspira e~as manifdstaciones, trascribimos para los lectores de LA. I LusTRA.CION MILITAR nnas observaciones digna• de estudio,
puLlicadas por un periódico extranjero, y que dicen lo que
sigue:
&lt;Con sentimientos muy diversos seguimos paso á paso
el desarrollo de la terrible tragedia que actualmente se
representa en las provincias egipcias ecuatoriales. ¿ Para
quién debemo~ temer; para quién podémos alimentar esperanzas? A la vista de los desgraciados egipcios que son
conducidos cual una manada de animales al ejército, nos
$entimos impulsados á preguntar con el grande Shakespeare: ¿ acaso no es el hombre más que esto? ¿ acaso no es
más ~e un pobre desnudo y desvalido animal? Perseguido• y cogidos como fieras por bestias ataviados de uniforme, es arra~trado el infeliz Fellahs desde el Delta del
Nilo, bajo el imperio de la fusta, h ..sta los wagones de los
caminos de hierro, y de aquí á los vapores de mar, para ser
conducidos como sardinas en banasta al puerto de Suakim,
en donde, des•·argados como acémilas de carga se les destina en oposicion á su índole y naturaleza como un rebaño
á los ejercicios y prácticas de la guerra. Tal es la repug.
nancia que los l&lt;'ellahs y los Coptos sienten hácia la profesion de las armas, que rara es la madre que no mutile sus
hijos, inutilizándoles ya de niños las primeras falanges de
los dedos pulga.res de las manes, esperando salvarlos a~í
del servicio militar; y si bien el descendiente de una raza
de hombre, pisoteados sin piedad ni misericordia des~e el
tiempo de los Pharaones, se adiestra. en los primeros rudimentos de la instruccion del recluta, en vano se prescribirá á la tlmida gacela se muestre valiente al frente del
jacal.
El pobre labriego de Egipto está habituado á cultivar la
tierra y á eembrar para verse despojado de la cosecha por
la codiciosa raza domimmte, despues de haberla recogido
con el suaor de su rostro.
Sus deseos no son otros que los .de poder escapar á
los malos tratamientos de sus verdugos, su ambicion se
reduce á que le permitan comer pacilicamente en su
choza y en 1ned10 ae los suyos sus frugalísimas comidas;
no pretende ser valiente, y está en su derecho para ello,
porque desde tiempos inmemoriales, tanto él como sus
antepasados han sido maltratados hasta tal grado, que ni
su espíritu ni su cuerpo tienen ya la necesaria energía
para resistir , hahiendo quedado reducido al pobre y miserable estado de un animal bípedo 6 de dos puas, del que
habla el poeta.
Y ectll .er inofensivo, i.mágen de Dios, lo mismo que lo
son sus tiranos, y lo mismo que aquellos todos á qu.ienes
;:ontra su voluntad y contra todas sus inclinaciones naturales se le lleva á combatir, ha de quedar de.hecho y tri·
tura.do por t!l más fuerte, y á la vista de su ensangrentado
cadáver levanta el enemigo victorioso los gritos de triunfo
mezclados con el desprecio. ¿Acaso no es el hombre más
que esto? ¿acaso es tan sólo un verdugo ó una víctim11? ¿No
es acaso el mundo orgánico entero más que un inmenso
abismo qu11 engulle .us propias criaturas y quien destruye
mañana sus engendros de ayer? ¿ Y el hombre? este animal, el más fi.tJrO y sanguinario cuando se le considera
inexorabltJ cont ·u .u propia raza, envolviendo en sus-guerras de destruccio n á l&lt;&gt;s más desvalidos y débiles de sus
contemporáneos; el hombre, dotado de razon y armado con
armas intelectuales perfeccionad11s ¡,or la experiencia de
siglos, ¿ acaso está coudenaJo á ser esclavo d., las leyes Je
la naturaleza, aun cuando procure con libre y esponta,,e11
determioacion servirá un ideal noble y bueno, y cu11J si
la fatalidad le impulsara para el sostén y para el dtisarrollo
de los suyos, hasta. cierto punto, sin premeditacion, á
hacer desaparecer una parte de sus semej,mtes? l'ero expliquémonos; S11bido es que los ingleses se han propu~sto
hacer desaparecer por completo el tráfico vergonzoso de
esclavos. Para conseguir este fin ideal facilitaron estos en
su tiempo á los egipcios la conquista del Sudan. Mas desgraciadamente han gobernad.o los Turcos como empleados
del Jedive de Egipto en los dominios conquistados tan
cruelmente, que bit:n puede decirse que b11jo los golpes dll
sus fuetHs han perecido infinitamente mayor número de
gentes que antes á los golpes del látigo de los traficantes
de esclavos.
No debe olvidar.e que el mundo lj'.lusulman, en el
cual es enteramente desconociaa la manera de la produccion europea en manufacturas y fábricas. hallándose
el desarrollo de su industria atrasado respec~ al nuestro
á lo menos en dos mil años, no puede aquél prescindir del
comercio de esclnvos, como tampoco fué posible se pres•

cindiera de tan terrible tráfico en el mundo griego y romano, aun en sus tiempos más gloriosos.
Pero no es bastante que los pueblos del Su,fan se vean
maltratados y diezmados por la introduccion de las sanguijuelas turcas egipcias; acorrála.nse á los pobres Fellahs
del Bajo-Egipto para conducirles, á fin de que sirvan de
pnsto en la guerra contra los negociantes de esclavos sudaneses, por más que aquellos mismos no pasan mucho
más allá. de la categoría de esclavos. La humanitaria y
cristiana Inglaterra consiente con sangre fria, y sin sacar
realmente utilidad alguna, sean acuchillados millares de
hombres inocentes, quienes acababan de cultivar como
esclavos la tierra de los dominios en que manda la Inglaterra, en provecho de los tenedores de la deuda de Egipto,
para. arranc~r con su trabajo de aquélla los réditos usurarios con que enriquecer á los acreedores ingleses. ¿Pero
cómo será posible que con semejante proceder se realice
el buen propósito de desterrar el comercio de los esclavos
del Africa interior sin sumergirá un pobre pueblo, mal.
tratado desde los más remotos tiempos de una manera
inicua y cruel, en mayor ese! avitud y aun causar hasta su
total ruina?
Aun más; la empresa de los ingleses, en su origen tan
humanitaria., b.a degenerado hasta ser aun más opresora y
angustiosa, porque desde que con el apoyo de Inglaterra
se conquistó al Sudan, se han formado en bquellas comarcas ecuatoriales, muy partic•1larmente en Jartum en la
confluencia del hilo blanco y azul, importantísim~s colonias Europeas, que traen los inmensos t~soros que encierra
le Africa interior á los mercados del mundo entero. Pues
bien; hasta esos Europeos que van en busca de fortunas
sirviendo desapercibidamente á la propsgacion de la cul~
tura europea, y hasta cierto grado á la destruccion ae Ja.
esclavitud, _se encuentran hoy en el más inminente peligro
de ser víctimas d-e los salvajes instintos de los naturales
del país.
¿ Y los ára~es? ¿son acaso éstos los últimos dignos de
nuestra atenc10n? ¿ A.caso n_o fué la nacion árabe la que,
despues de haber desaparecido la cultura grieg11 y romana, empuñó con rápida audacia el abatido pendon soci,.l,
sacándole del polvo de una edad degenerada, sosteniéndole en su propia m~~o fuertemente durante muchos siglos,
basta llenar la m1su,n por la humanidad encomendad .
la. que c~ltivó y mantuvo en alto la civilizacion genera~'.
la moralidad, las costumbres, artes y ciencia&lt;!, y que tan
célebre se ~izo por su espíritu caballeresco, hasta que su
cultura ce~1~ el puesto á otra nueva represent,.da por los
pu~blos cristiano-germanos1 Uua nacion con aquellos preceaentes, por más que ahora se nos presenta de nuevo bajo el punto de vista de un retroce&amp;o increíble, comparlldo
con su brillo y gloria de pasadas épocas, no puede menos
que. fijar nuestras miradas como interesados en su destino
verudero.
Verdad es que los árabes del Sudan no son ya ¡08
árabes de Bagdad, de la ~lhambra 6 de Córdoba; pero
luchan por su mdependenc1a, por su libertad y su religion.
aún _están llenos de las poderosas y entusilistas ideas qu~
ad_m1ra~os en l~s _héroes de la antigüedlid, y quienes al
~1smo tiempo d1strnguen las naciones dou.dnantes orgamzadores de E;tlldos de los impotentes y desmoronados
grupos populares, hasta cierto punto ya gastados como
abono de cultura.
Nos es imposible entusiasmarnos por los ingleses, quienes pre~eniien dt-struir con e•clavos el trálico de esclavos, cmdando de hacer al lado brillantes negocios pa
sus ~A?rictlS y c_o~e'.cia.ntes. No puede dud11rse que s::
serv1c1os son wfimtamente mayores para la bumanid~d toda, que los de .Mabdí y de su General Ooman
D1gma; pero todo_ su proceder no puede darnos calot
Por los desdichados Fellahs sentimos profunda lástima:
el valor_ de los árabes nos inFpira adcn.iracion; mirando
los almidonado~ y tersos ingleses nos vemos excitados á
levlintar los hombros con fria indiferencia; y á la vista de
1~ gran tragedia que se desenvuelve allá en el negro con~mente, no podemos menos que reprofocir la grave queJa del gran Breton: &lt;¿Acaso no es el hombre más que
esto?,
. La contestacion encierra todo un programa político mih~~r; norntros repetimos, por hoy, lo que en otra ocasion
d1J1mos á una de nuestras eminencias militares: &lt;La cueetion de Egipto es una cuestion muy ardiente., Su solucio
definitiva constituirá, en nuestro concepto, un nuevo mo~
numento de la h'.storia venidera del mundo, y en el que ¡11
cultura. del Ocmdente saludará con elevado espíritu la
lozana Juventud de la cultura de Oriente.

á

Madrid, Marzo de 1884.
El General

Juu N.

Sll:RVERT

�---------- minar la forma y dimensiones de este planeta que

318

LA MILICIA Y LA CIENCIA
( Continuacion)

Si en docta academia procurais recoger datos de
regiones desconocidas para buscar mercados á los
productos de vuestro c,uelo y nuevos campos de
explotacion, ya vereis cómo se unea las noticias
reunidas por los mártires de la ciencia con las exploraciones del Ejército, que supo arrancar con la

punta de su espada los arcanos encerrados por la
barbarie, para entregarlos á la fecnndante civilizacion, y al abrir el libro de la historia, para consignar en sus imperecederas páginas los hechos de la
humanidad, no podreis menos de examinar cuidadosamente las sencillas efemérides de ese Ejército,
que luego os presenta en artística narracion la sé·
rie de sus proezas. .tifas no se limita aquí su benéfi·
ca influencia; todavía se extiende por esferas más
grandiosas, contribuyendo con sus trabajos á deter-

por tan largo tiempo se resistieron á presentarse
ante las investigaciones de los geómetras; penetra
en la industria, estimulándola con la adquisicion de
sus variados productos; y cuando la ciencia moderna se disponga á conocer las leyes meteorológicas,
no le bastarán sus institutos ni universidades y no
le serán suficientes los múltiples observatorios esparcidos por la superficie terrestre, como nudos de
la malla que, en su dia, extenderá el Ejército para
&lt;S

•

31!)

LA ILUSTRACION MILITAR

LA. If,US'J'RAC1OX !IJU,l'rAR.

servacion, que denuncia la flojedad de los vínculos
que ligan entre sí las variadas ramas de la milicia.
Aparece en la escena política un pueblo guerrero,
que con sus victoriai; obtiene la i;upremacía militar,
y en seguida se apresuran todos los demás á. reformar sus instituciones conforme al nuevo modelo,
desechando como inútiles y anticuadali las formali
que por largo tiempo creyeron perfectas; y este
fenómeno te reproduce tantas veces cuantas son
aquellas en que la inconstante fortuna prodiga sus

•

favores á las naciones guerreras. Sale un pueblo jó.
ven y vigoroso de las brumas del Norte, y guiado
por un gemo militar, toma asiento entre las grandes
potencias y concibe el pensamiento de reconstruir el
imperio germánico; desde este momento aquellas
naciones que desde e! establecimiento de los ejércitos permanentes habian paseado por Europa su
triunfante bandera, abandonan ,u liistema militar
para adoptar las formaciones prusianas, :l. las cuales atribuyen el secreto de las victorias del gran Fe-

derico: ¡error grosero del que no saldrán sino cuando
otro genio bélico, creado por la revolucion francesa,
les enseña artancar la victoria de los brazos de\
vencedor! Entonces, fascinadas quizás por los es·
plendores de la victori-i, aceptan sin exámen prévio
aquellas instituciones que consideran bien pro•
badas en los rudos comb:ites de las campañas na ·
poleónicas, y durante medio siglo siguen imperando
con la despótica imposicion de caprichosa moda;
una cruenta experiencia. ensefia al mundo entero

•
SUCESOS DE VERDÚ

AGRESION lNJU~TlnCADA CONTilA EL "TEXl~.NTE DE LA GUARDIA CIVlL
l)IA DE CARXAVAL.
GUERRA DET, T ox-K1~.-ASALTO DE So~TAY, POR LAS TROPAS FRANCESA~.

aprision1r la rebelde atmósÍ&lt;!ra que tenaz se niega
á mostrarnos sus misterios.
Sociedad; ya ves como el Ejército penetra en tu
seno, vivificándote con la virilidad propia de lo¡¡
temperamentos robustos; ya ves como atentas á tu
vida si te e:npeñas en separ:ir de tí al que necesariamente forma parte integrante de tu organismo; y
tú, ciencia augusta, no desdenes á los que sin cesar
llevan á tu campo rico botin con que enriqueces
tus dominios, y si tu austeridad no acepta más que
los conocimientos purificados por el análisis y la
síntesis y organizados por el m~todo, no pronuncies

D.

CLEMENTE SASTRE POR LAS TURBAS AMOTINADAS EL TERCER

(.Dibujo de l,felendez.J

(Fotograbado de Lapo1·ta.)

todavía tu (a11o inapelable, porque h milicia se
constituirá conforme á tus precepto3 y se presentará satisfecha á demandar el lugar que le corresponde entre los conocimientos humanos.
Hé aquí, el problema cuya solucion abrirá al
Ejército las puertas del mundo cientffico, que á. su
vez enriquecerá. su tesoro con nuevas adquisiciones.
Si os pareciera aventurado el afirmar desde luego que todavía carere de sólida base ese inmenso
edificio, llamado literatura militar, donde trabajaron
incesantemente pasadas generaciones, yo os invita•

ria :1 examinar con desapasionada crítica el cúmulo
de teorías encerradas en los innu,1erablcs vo!úmenes que contienen la enseñanza militar; y pronto
adq·1iririais la conviccion profunda de que si poseemos rico caudal de conocimientos particul:lres, aún
no están sistematizados; ni tampoco los principios
esenciales que contienen el gérmen productor de la
ciencia han encontrado la fórmula adecuada para
que el método Jo extienda por el fecundo c:impo de
la especulacion; pero no siendo posibl~, en el pre·
sente momento, desarrollar asunto de tanta impor•
tancia, habré de concretarme á presentar una eib·

que sólo el estudio y la perseverancia fundan un
sólido sistema militar, capaz de resistir las pruebas
más duras y variadas, acabando en 1870 con la hegemonia militar de la nacion francesa. Este hecho
provoca en el mundo militar un movimiento, hasta
entonces desconocido, y el espíritu despliega toda
su actividad en busca de nuevos procedimientos
para organizar las ingentes masas que se lanzan hoy
día al campo de la lucha. Fran::ia, aleccionada por
dolorosa experiencia, renuncia sus tradiciones y
reforma su ejército, tomando por modelo á. su
más encarnizado enemigo, que se complace en
marcarle cou aguda crítica el poco acierto que ha
tenido en sus imitaciones. Italia, libre de las trabas
impuestas por numeroso Ejército, organizado á la
antigua, encuentra facil la tarea de rormar uno

nuevo, segun el modelo prusiano, pero con felices
variaciones que acusan la presencia del génio latino; y Espaila, en su período de reconstitucion social, se ve impelida por este movimiento progresivo,
y pugna por elevar su Ejército á. la altura que le
corresponde por sus gloriosas tradiciones y brillante historia; pero ya que desgraciadas imitaciones é
influencias extrañas hicieron que la milicia española
perdiera. su carácter peculiar y aun su tecnicismo
propio, aprovech ·mos la experiencia. y nuestra libertad de accion para no precipitarnos en insondable abismo.
No está. la dificultad en resolver los problemas,
sino en plantearlos; y cuanto mayor es su complexidad, más preciso es el análisis de sus elementos y
más indispensable es tambien el empleo de un

buen método, con cuyo auxiho podamos descubrir

y expresar las relaciones existentes entre los datos
de la cuestion y sus incógnitas.
No sigamos, no, esa rutina que nos conduce fa.
talmente á la contfnua reforma, gérmen destructor
del organismo, á. cuyoprogresivodasarrollo se opone
tenazmente con sus incesantes é infundadas variaciones; aceptemos un plan científico para constituir
un sistema susceptible de perfeccionamiento indefinido y de amoldarse siempre á. las varias cir
cunstancias de tiempo y lugar, desterrando para
siempre la incertidumbre ylavacilacion;y,auncuando en el transcurso de las edades volvamos la vista
al tipo primitivo, podamos siempre reconocerlo á
pesar de las modificaciones experimentadas en su
natural desenvolvimiento; y de este modo, no sólo

�ªªº
quedarán vencidas las dificultades inherentes al estudio de tan complicada cuestion, sino que á la vez
los conocimientos irán formando sistema, adquiriendo todos los caracteres exigidos por la crítica
para que legítimamente puedan establecer una
ci~ncia con propia individualidad.
Apenas hemos intentado emprender la jornada
para nuestra exploracion científic'1-militar, cuando
ya tropezamos con un problema, sin cuya prévia
solucion incurriríamos en contfnuas divagaciones.
Necesitamos fijar el punto de partida; no!¡ es indispensable un guia experto para conducirnos por los
inextricables laberintos que hemos de encontrar; es
preciso una luz cuyos fulg-ores nos descubran los
&lt;'bjetos que buscamos; y finalmente, habremos de
llevar consigo la piedra de toque que nos cerciore
de la exactitud de los conocimientos recogidos en
penoso análisis.
Acudamos en demanda de tales auxilios á lalógica positiva que, gracias á los trabajos de la filosofía
moderna, nos puede presentar un plan de coordinacion de las ciencias, en el cual tiene su lugar marcado la milicia, excluida hasta ahora de los cuadros
de clasificacion formados por las c!istintas escuelas
filosóficas; pero antes de engolfamos en tan pro·
fundas especulaciones, tracemos el plan que nos ha
de guiar en la investig-a~ion, en el cual iremos proyectando los diversos elementos adquiridos. ligándolos con relaciones ccnstantes, que nos descubran en
todo tiempo su dependencia mútua y el gérmen vital que los une y compenetra para crear la nueva
entidad científica, meta de nuestras aspiraciones.
Si la milicia, conjunto de conocimientos relativos
al Ejército, ha de figurar entre las ciencias, necesita
demostrar en primer término que su objeto es perenne, pues lo contingente y accidental nunca es de
su dominio, sino lo necesario y general, que son sus
caracteres distintivos en su nacimiento, desarrollo
y progreso indPfinido. Tal es la primera cuestion presentada á nuestro exámen; esta es 1a piedra angular
del edificio yel sólido fundamento que sostendrá el
cúmulo de los complexos trabajos ejecutados por
los que aspiran á levantar grandiosa morada á esta
ciencia que parece no tener dominio exclusivo, hallándose condenada á vivir del préstamo de otras
que tienen propio caudal y extensos dominios.
Penetremos en el fecundo campo de la historia;
y, con atenta observacion y con las luces prodigadas por el resplandeciente favor de la Sociología,
tratemos de conocer á la humanidad, caminando
lentamente por la vía del progreso y luchando sin
cesar; aprendamos á inquirir su naturaleza íntima,
apreciando al mismo tiempo sus sentimientos, aspi•
raciones, los móviles que la agitan y los efectos de
su actividad; y relacionando tan variados datos, deduciremos las imperecederas leyes que le imponen
la necesidad de organizar de un modo permanente
parte de sus fuerzas vivas para destruir los obstáculos que se oponen á su marcha y progresivo desenvolvimiento. Y cuando estemos en posesion de esas
leyes, ya podremos decir álos declamadores utopistas de la paz universal que se hallan ofuscados, 6
por el pavor que infundt la sublimidad de la inmensa labor de los actos humanos, 6 que cobardemente han rendido su corazon á los halagos que
1es brindan los placeres de la vida.
La observacion y la crítica nos entregarán formuladas las leyes y principios fundamentales, y así
tendremos el hilo conductor que nos guiará por las
escabrosidades de la Filosofía de la historia y por el
intrincado laberinto de la Sociología. Y, ahora,
cuando los filósofos y políticos contiendan sopre los
destinos de la humanidad, les haremos ver que son
impotentes para resolver las cuestiones más trascendentes si no cuentan con el apoyo material del Ejército y con las luces que la milicia refleja sobre la

LA ILUSTRACION MILITAR
escena, en la cual desempeña el papel de primer ac.
tor; y al entrar en el templo de la ciencia vereis
cómo se·coloca entre la Historia y la Sociología para
trazar el cuadro donde irá colocando sucesivamente
los demás elementos constitutivos (JUe se despren·
den de las otras ciencias para fecundizar su obra de
elnboracion. mientras los demás se dedican á su objeto peculiar.
Esta excursion nos hará conocer un nato precioso; nos dirá que la sociedan es una entidad viviente
con ie;uales caracteres que los organismos, compuesta de otroq que á su vez tienen idénticas analogías: pero entre éstos, el má~ c9mplexo, el que se
enlaza &lt;'on todos los demás, con los cuales vive
prestándose mútuamente elementos vitales, es el
Ejercito, que desempefla en la vida social la!: más
importantes funciones: suprimidlo v sohrevcndra la
plétora con sus horribles congestiones. paralizándose toda actividad, anunciando el reinado de la
muerte donde existe la paz perpétua. Mientras haya
sociedad habrá lucha y Ejércitos, y por consiguiente,
se ofrece un motivo permanente á la inteligencia humana para sus ulteriores especulaciones.
Definido el objeto de la milicia, habremos de
proceder al conocimiento de este organismo tan
complicado, cuya permanencia se habrá evidenciado en el conjunto de investigaciones antes citada,.
Estudiaremos su mecanismo analizanño sus formas,
sus relaciones, su estntctura y sus funciones: v despues de tan prolongada exploracion, ya tendremos
axiomas, principios, teoremas, leyes y teorías; en
una palabra, h ciencia militar.
La economía política, buscando las relaciones
entre el capital y el trabajo, para neterminar las
leyes de la produccion, señala las fuerws activas
que pueden ser distraidas de sus naturales direcciones, para encaminarlas á la destruccion de los ohtáculos opuestos á la realizacion de ciertos fines sociales; y aun cuando algunos consideran que estas
fuerzas son perdidas y que nunca deben concederse, no es menos exacto tambien que su empleo es
tan necesario como lo son las que se consumen en
una máquina para vencer las resistencias y rozamientos; pero una vez aceptada la necPsidad de
impulsar determinados agentes hácia el objeto expresado. se presenta el problema de señalar los elementos del cuerpo social que han de contribuir á
facilitarlo, y entonces, el derecho, invocando los
eternos principios de justic¡'a y de equidad, dristribuye á cada miembro su contingente para la obra
comun; y por este medio llegamos á penetrar en
otras dos ciencias, Economía y Derecho, que juntamente con la Soci::ilogfa y la Fisolofía de la historia
cimentan el edificio de la milicia, definiéndola en
su totalidad.
Del conjunto descenderemos á los pormenores
para percibir su constitucion, y su análisis descubrirá los vínculos de union de tantos elementos heterogéneos, que forman esa complicada identidad
cuyo estudio nos proponemos. Así como la Física
considera la coesion como orígen de diversas propiedades de los cuerpos, la milicia especula atentamente y con elevado criterio sobre la disciplina,
verdadera fuerza atractiva que liga á un centro comun los diversos óqanos constitutivos de este admirable instrumento social llamado Ejército.
foNAClO SALINAS

( Se contittuard)

te esas miserias adultera:n con el profundo silencio ,
de los que sufren sus rigores.
No se vende ni se compra la inteligencia, solamente se educa, teniendo buen deseo y ánimo decidido de adquirir ilustracion; pero hemos llegado,
por feltz casualidad, á unos tiempos que ni aquella
inteligencia sirve para recabar el puesto merecido,
ni el afan de educarla conduce á otro punto que al
del estéril sacrificio individual, infiltrando en los
corazones fuertes la duda, el escepticismo, la negacion del bien, nubes sombrías que en el horizon.
te de la vida ayudan de un modo poderoso al extravío del cansado viajero.
TJa anterior idea casi puede tomarse como exac.
to aforismo, tratándose de la sociedad en general;
circunscribiéndola al ejército en particular, aún pa•
rece más cierta, más dolorosa, más susceptible de
amargas deducciones, cuando se observa qui.!nes
pasan frecuentemente por séres superiores y quiénes sufren las naturales consecuencias de la humana frivolidad.
Miradle, en sus ojos lleva impreso el sello de sus
grandes facultades intelectuales; en su espaciosa fren•
te se aprecia desde luego su privilegiado ingenio;
en su conversacion, apenas pronuncia unas cuantas palabras, se puede encontrar la profundidad de
su pensamiento. Estudia, trabaja, anhela la regeneracion militar; es necesario tenderle la mano, es
preciso estimularle delicadamente; es justo correr
tupido velo sobre sus debilidades, que nadie carece
de ellas, para abrir ancha senda á un carácter elevado, á una ilustracio·n notoria, á un ornamento de la
milicia española. ¿Se hace así? No, digámo5lo con
rnda franqueza; parece más bien que el vendaval de
las pasiones vulgares trata de arrancar de raiz plantas de utilidad y belleza, dándolas á lo sumo por
todo riego gotas de envidia para marchitar en flor
fundadas esperanzas.
Y si el talento, ya por genuina desconfianza, ya
por algo de altivez, es callado, retraído, poco bullidor, entonces..... nada suponen las cualidades emi•
nentes, que en esta sociedad perturbadora y perturbada tres cuartas partes de buen camino se hacen
con la fi.ccion, y el resto se divide entre el charlata·
nismo y el aprecio debido de las referidas cuali•
dades.
Por el contrario, la superioridad de los hombres
suele hallarse frecuentemente en caprichos de la loca fortuna, en una verbosidad contínua, y tan superficial como contínua, en los orígenes de la carrera,
no faltando casos en que- determina la concesion
de un génio de primer órden la casual armonía de
las facciones ó el aire más 6 menos elegante de algun predilt:cto de liadas cortesanas. Por todas partes se vá áRoma, dice un antiguo adagio, y hoy, gracias á un conjunto de errores y de nimiedades sociales, suelen servir de recomendacion para empren•
der la jornada hácia el templo de la inmortalidad
las leyes del capricho 6 las manifestaciones ajenas
al mérito efectivo, que únÍcamente otorga tan le•
gítimo galardon.
El sistema, segun indicamos antes, ha formado
iglesia, y con espaciosa nave, en la colectividad llamada ejército, y los séres superiores van abundando de tal manera para abarcar todo, para censurar
todo, para herir sin piedad reputaciones creadas al
calor de un trabajo constante, para no poner de
manifiesto, en fin, nada que sobresalga del nivel
vulgar, que tememos llegue el momento de una
i·nundacion sapientfsima, la cual produzca ricos frutos de más crasa ignorancia.
Ha de consolar, sin embargo, á los observadores
del juego, que lo endeble de la fábrica no permite para siempre el sostemmiento de un edificio levantado sobre arena movediza, pues aun cuandt)
sea tarde, y después del viacrucis impuesto á la superioridad real del génio, se concede exactitud
matem~tica á lo dicho por un querido amigo nuestro, el ilustre poeta Manuel del Palacio.
Y YI\ cerca se miren, ya distanteo,
El pedestal que achica á lo~ pigm•os
!lada puede añadirá. los gigantes.
UN DESCONOCIDO

~~ -

ADVERTENCIA

LOS SERES SUPERIOR.ES

Los suscritores que por cualquier causa :n.o se hallen conformes con los cargos que se les
hacen, pueden devolverlos á esta Administracion, calle del Almirante. núm. 2 quintuplicado,
y so atenderá en el acto su reclamacion.

Mulla ¡:auc,s

En la esfera elevada donde se agita el verdadero
talento, existe tambien un apéndice de continuas
miserias, apéndice tanto más digno de fijar la atencion del hombre pensador, cuanto que generalmen-

REVISTA

DECENAL

ADMINISTRACION, REDACCION
ALHlllANTJ:1

SUMARIO

2,

QUINTUPLIOADO

CRÓNICA

TsXTo.-Crónica -Explicacio11 de los gr11b11dos.-C11rt11 de !11 Habana, por el Comandante de ~rtilleria D J. Ortc¡,a.-La milicia
Y la ciencia, por el Coronel ,de Estado l\inyor D. Ignacio Sali·
nae.-Los héroe• de Filipina!!; por el Comandante &lt;le Infantería
D. Plo A. de Pazos.-Bibliogiiai1a.
En la cubierla.-Yariedades, p~r E de Palacio, )' nmincios.
1

GBABADOS.-Los protagonistas de la guerra del Sudan.-Excelenlfsimo Sr. D. Práxede~ lllate9 Sagasta.-Yoluntario catalan.El General Graham -t·n reconoeimiento en los alrededores de
Tokar.-Despucs de la batalla,-El cabo de mar ~ligue! Pardo
Aparici.-1,;:a..qgaJa.-Accion de tiañaria.

Cuando hace pocas semanas exponíamos la cuestion
de Ant!&gt;rra é indicábamos hasta qué punto requería
nueM.ra preferente atencion, estábamos muy lejos de
sospechar en cuán breve plazo, n 1estros temores se
verian confirmados. El conflicto ha venido, y las li•
gerezas de una parte de esa prensa (francesa y española), q11e sólo persigne efectos populares ó mercantiles, y que explota lo mismo una inundacion, que un

peligro nacional, han. saltado ya á buscarle los mú
absurdos desenvolvimientos.
Un periódico francés habla de gendarmes para el
arreglo de la cuestion de Andorra; otro dice que Es.
palia no tiene nada que ver en este asunto; que la
representacion del Obispo de U rgel corresponde al
Papa. Otros periódicos, en ese estilo desgraciado que
tanto caracteriza á las empresas llenas de vulgar eo.
dicia, con ese retorismo que sólo puede ya oíll8C&amp;l'
l11,9 ~11,9 y ()uyo empleo entrafla, á nuestro juicio,

a

LOS PROTAGONISTAS DE LA GUERRA DEL SUDAN,

EL MAADHI.
una gran responsabilidad moral, alzan contra Francia la bandera del Obispo de Urge!, no la bandera
que Espalia puede tener derecho á desplegar bajo el
punto de vista de la situacion real de las cosas, única fuente de ,·erdadero derecho.
Con máa prudencia, porque nosotros no recurriremos nunca á buscar suscriciones halagando en loa
pueblos, tradicionales y apasionad&lt;,s rencores; con
más prudencia, porque toda debe parecer poca á loa
publiciataa aérios en esta clase d~ complicaciones internacioll&amp;lea; con la mayor prudencia posible, pero
ta.mbien con la indispensable ftrmeza, insistiremos
en plantear la eueation de Andorra de la franca y
tAgmhlaute manera que lo hiclmoe en uno de nues-

troB ant.ériores números.

OSMAN-DIGMA.
El Gobierno eapaliol, por la sitnacion real de las firmeza todu las consecuencias de esta actitud. Porcosas, porque el derecho está en las cosas y no fuera que ¿á qué conduciría ese género de habilidades de
de ellas; porque segun lo reconoce La Gacette Di- una diplomacia trasnochada?
plomatique la anexion de Andorra á li'rancia., consO es verdad ó no que la posioion de Andorra afecta
tituiría una gran desventaja estratégica para E.tpa- á la defensa de nuestro territorio. Si no afecta, nada
ña; porqne en fin, seria una insensatez comprometer nos debe importar ni nlngdn dérecbo tendriamoa ,
bajo ningon aspecto la defensa. nacional, con nimios impedir que Francia se la anexione. Si por el contrarespeto3 á esa e'!pecle de derechos curialescos, á esos rio afecta, de esta aituaclon de 1aa eoaaa, de esta r&amp;títulos de propiedad absurdos de nuestros antepasados, lacion entre la poaicion de Alldorra y laa eondictonea
debe declarar: que Andorra le pertenece en la misma de nuestra de(ensa, ea de donde arranca nuestro deproporclon que á Francia, y que al ésta procede de . reeho, 6 lo que es lo mismo , nueetra neeealdad de no
buena fé, no debe aspirar al dominio exclusivo de un perder probabilldadea de tndepeitdencla en el cuo de
territorio situado sobre la vertiente eapaliola de loi, un eonfileto belicoso con F.nm..cla.
Pirineos.
Ahora bien ; para qu&amp; neeotroe podamos exigir ,
Se debe hablar con eata claridad y aceptar con Fraacl&amp; que :respem nte.llfba derechos en Andorra

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