<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="5143" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/5143?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T02:44:54-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3722">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/50/5143/La_Ilustracion_Nacional_Revista_literaria_cientifica_y_artistica._1884._Ano_5._Tomo_2._No._43._Noviembre_10..pdf</src>
      <authentication>6e90c359a996942e67c37a864bade376</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="139257">
                  <text>LA ILUSTRACION NACIONAL
El médico de la Armada, llamado por los deberes
de su profesion á una vida de constantes sacrificios,
separado de la familia, alejado de la vida social,
gastando su salud y su existencia en lejanos climas,
compartiendo las penalidades del marino sin participar de sus gloria&amp;, es uno de esos mártires ae la
ciencia que pasan desapercibidos, sin haber alcanzado, cuando han llegado á sus últimos dias, otra renumeracion, otra gloria que el sentimiento de un
deber cumplido, de una conciencia satisfecha. Su
nombre no figura en esos notables descubrimientos
que enaltecen á nuestros ilustres navegantes; su
nombre no aparece en la resefla de esos combates
que tanto han encumbrado nuestro pabellon nacional; pero en cambio en sus horas de meditacion vienen a su mente, cual consoladores recuerdos, sus
constantes afaues por iialvar á infelices cuyo nombre hasta ignora, que á sus cuidados debieron volver á sus hogares, y á sus desvelos el porvenir y el
amparo de sus familias.
Entre tantos y tantos médicos de nuestra Sanidad naval que en la ignorada enfermería de sus buques libraron tan rudas luchas con la muerte, sin
estimulo, sin gloria, sin recompensa; héroes de virtudes condenadas al eterno olvido, la Armada conmemora otros que las circunstancias han arrancado de la oscuridad, para grabar su recuerdo en las
páginas de la Historia; y los nombres de un Valdivieso, que cae mortalmente herido á la entrada del
Arsenal de Cavite al dirigir~e al punto donde su
honor le llamaba; el de un García Loranca, que sucumbe en el fragor de un combate contra feroces
piratas; el de un Gomez Nieto, que perece _.ictima
de una epidemia colérica por llevar los auxTlios de
la ciencia más allá de los límites del deber; el
nombre, en fin, de un Fernandez Menendez Valdés,
que en medio de los horrores de un huracan, en
un buque destrozado por las olas y rompiéndose contra inclementes arrecifes, ante espantosa escena de
desolacion y muerte y despues de inútiles esfuerzos, pagados con la vida de otros náufragos, dignos
de mejor suerte, se lanza á una pPrdicion segura y
salva con su arrojo multitud de individuos, evitando
mares de lágrimas á mil infortunadas familias; esos
nombres merecen estar grabados con letras de oro
no ya en la historia de nuestras glorias, no ya en
los anales de nuestra Marina, sino en lo ;más profundo de nuestros corazones: que para las virtudes
y el heroísmo, la patria se extiende hasta el último
confin donde existe la humanidad.
En nombre, pues, de la Marina, del Cuerpo de
Sanidad de la Armada, de Menendez Valdés, reciba
usted el testimonio de mi gratitud por las atentas
frases que su ilustrado periódico le dedica, y al propio tiempo por su !isonJera mencion de los altos servicios que los Cuerpos de Sanidad del Ejército y Armada han prestado á la patria, mostrándose siempre dignos de una distincion que nunca les ha sido
escaseada por la opinion de todo el pais.
Reciba V., seflor Director, la seguridad de la más
distinguida consideracion de S. S. S. Q. B. S. M.EI Inspector general de Sanidad de la Armada,-

•

miento se inauguró el Ilipódromo nacional, la aflcion á _las carreras ~a tomado pasmoso incremento,
.\ partir de aquel dia, en que el arte consumió para
el adorno de las tribunas y de la pista. le¡;ua y media de percalina, segun dijo con sal ática el Sr. ~loyano, se ha verificado una completa trasformacion:
las primeras carreras tenían un carácter sui gene1·is; el conjunto parecía abigarrado por una extrana
mezcla de tipos pertenecientes á sociedades distintas en gustos, en trajes y en idiomas. Era un especEL DJ&amp;BOTOB Y RBDAOTORBS DB LA JLUSTBACION NACIONAL.
táculo extranjero representado ante un público espaflol. Hoy ya no sucede asi. El extranjero que presencia en el paseo de la Castellana el desfile de trenes y carruaJes en aia de carreras, cree hallarse en
RECUERDOS DEL CORDON SANITARIO
los alrededores de Epson, ó en las avenidas que conducen al Hipódromo de Longchamps, cuando conCon este ep1grafe publicamos hoy un hermoso templa en su veloz carrera los monumentales
grabado en la pág. 5'71. Hecha esta composicion con hreacks que se suceden, arrastrados por soberbios
unos discretos apuntes de Irabien, nuestro corres- troncos; los elegantes niails-coachs, semejando inponsal artístico en Yitoria, que han sido ampliados mensos ramilletes formados de deslumbradoras bepor Lagarde, resulta, como no podia ménos de re- llezas; los carruajes tirados á la Daumont, con volansultar, un trabajo que merece fijar la atencion delr tes de rizadas pelucas y lacayos de vistosas y originales libreas, los sportnia,1i sobre caballos inglPses
público.
Nuestros lector!!s juzgarán: á ellos remitimos el de gran precio, y los jockeys que han figurado en el
fallo. Sólo diremos que el Sr. Irabien se ha inspirado espectáculo y que regresan cabalgando indolentes
en la verdad, copiando del natural perspectiv~a y sobre sus enmantados ponneys de course.
El grabado á dos páginas que publicamos en este
figuras, que el Sr. Lagarde ha combinadoecon m
gracia ingénita, con el arte y el buen gusto q le número da una idea exactísima del espectáculo que
son propios. La vista de la costa cantábrica, en su se ofrece al empezar el desfile, despues de termiextremo oriental, con el promontorio que la limi- nada la fiesta, y prueba la verdad de nuestras afirta; el desembarcadero do Santiago; el aspecto de maciones. El artista ha copiado del natural, y sin
aquellas abruptas estribacione~ del Pirineo, han embargo, si no fuera por el gallardo y severo guarsido trasladados á la estampa cun rigurosa exacti- dia civil que aparece en primer término, lo mismo
tud. El carabinero veterano, de fisonomía curtida podría suponerse en España la escena que reprepor la inclemencia de la temperatura en aquella re- senta, que en cualquier otro país de Europa.
Esta consideracion, que quizás disguste por su
gion septentrional y la mano fatídica del tiempo, es
un retrato de gran parecido. Ante su vista, muchos misma realidad á ciertos espíritus refractarios á
labios pronunciarán un nombre. La pareja de guar- toda luz, demuestra el admirable progreso de las
dias civiles que se desliza por el derrumbadero, sin costumbres, y es, para los que, como nosotros, preparar mientes en el peligro, y atenta sólo á la voz fieren pecar de optimistas, Jo que presenta el lado
del deber; el grupo ae soldados de infanteria que más simpático de este espectáculo moderno.
vigila en uno de los puestos del cordon; todos estos
detalles realzan el dibujo y le dan animacion y vida.
Pero no han atendido ni el Sr. Irabien ni el séflor
Lagarde tan sólo al sentimiento artístico, al bosqueVITORIA MILITAR, MONUMENTAL Y ARTÍSTICA
jar y dibujar estas figuras. Tal vez esta idea no
haya obrado en olios más que como secundaria. El
atezado rostro del veterano; las actitudes de los
La capital de Ala va, antigua Gazteiz, ó Vélica en
guardias que descienden como las cabras por el di- algunos documentos históricos, ó la Victoriacum de
ficil vericueto; la presencia de los soldados de linea,
Leovigildo, situada en el centro de una dilatada llatodo esto constituye en primer término un home- nura, ha tenido desde sus primeros tiempos gran
naje de gratitud, un testimonio de reconocimiento importancia militar, no sólo por ser cabeza de disque debemos á las honradas y sufridas clases que trito y contener, como tal, grandes almacenes, paren todos los lances extraordinarios, en todas las si- ques y depósitos, sino porque su admirable situatuaciones anormales por que el país atraviesa, sa- cion estratégica la hará representar siempre un
ben acudir al puesto de honor y peligro, lo mismo gran papel en nuestras contiendas con Francia,
cuando se trata de combatir al enemigo armado, como lo desem_peñó anteriormente y como lo ha
que cuando hay necesidad de cerrar el paso á una desempeflado en las civiles discordias de que ha
epidemia; de idéntico modo cuando las aguas des- sido teatro aquella reglon.
·
bordadas de los ríos arruinan riquísimas comarcas,
En la actuali~'ld hállase en Vitoria establecido el
que cuando plagas como la de la langosta amenazan cuartel genera~{, del cuer¡&gt;o de ejército del Norte,
dejar yermos los campos y destruidas las cosechas; con todas sus ¡1pendencias y la brigada de vanel ejército es la providencia salvadora, la egida que guardia, comp 1•sta de seis batallones de cazadores.
.Mai~uel Chesio.
ampara todos los intereses, el brazo bienhechor que
El grabado d ,a pág. 5'78, que debemos á nuestro
solicito se extiende á todas partes d,mde hay males corresponsal artístico el Sr. Irabien, ventajosamenHemos insertado esta carta como testimonio de
la agradabilisima sorpresa que nos ha producido la que precaver ó desgracias que remediar.
te cónocido de los suscritores de LA ILUSTRAcro:s,
En la ocasion presente, si hubiéramos de enume- reproduce algunos de los locales habilitarlos interibondadosa distincion con que hemos sido honrados.
Al tributar nuestro aplauso á un dignísimo indivi- rar los titulos que han adquirido al agradecimiento namente para cuarteles, pues ocupados los antiguos
duo del respetable cuerpo de Sanidad de la Armada,
del país esos sufridos guardias civiles, esos modes- con las fuerzas que ya existían en Vitoria, ha habihemos cumplido un deber, mejor dicho, hemos in- tos individuos del cuerpo de carabineros, los jóve- do que improvisar acuartelamiento fara los cuatro
nes soldados del ejército, que en la frontera han batallones que en tiempo del genera Pavía reforzatentado cumplirlo, pues bien poco es lo que hemos
hecho comparado con los méritos del esforzado mé- prestado el penosisimo servicio de vigilancia para ron la guarnicion. En el dibujo se ofrece una vista
dico del Gr(l,viiia, al que la nacion entera debía impedir la imasion del cólera, uo terminaríamos parcial del Hospital militar y almact&gt;nes situados en
ofrecer de algun modo expresivo el homenaje de su nuestra tarea en mucho tiempo, y nuestras pala-, las dependencias del antiguo convento de Santo Dobras jamás llegarian á pintar la realidad. Por fortu- mingo, descubriéndose en lontananza la catedral y
simpatía.
na, el país sabrá estimar tantos merecimientos, y
Agradable será para todos los individuos que forsu airosa torre cubierta de pizarra; se observa taroman el citado Cuerpo, ver cómo su Inspector gene- tal vez los poderes públicos acierten á recompen- bien un bosquejo del palacio episcopal, edificio que
ral se identifica y enorgullece con sus glorias y tra- sarlos. Pero si asi no fuera, cuando esos honrados despues de servir durante la guena de prisiones
diciones. Por nuestra parte, estamos tan acostum- espafloles recojan de su conciencia el premio de sus militares, se halla ocupado ahora por el batallon cabrados á presenciar el divorcio entre la autoridad
hechos en la satisfaccion que siempre produce el zadores de Barbastro, asi como el antiguo convento
y sus administrados, que este caso, tan nuevo y ori- deber cumplido, recuerden que una humilde, pero de capuchinos, que tambien se reproduce en el diginal, nos ha llenado de gratísima satisfaccion.
entusiasta publicacion, consagrada á enaltecer la bujo, sirve de albergue á cazadores de las Navas .
Llevamos cuatro años en esta campana de reivin- . virtud y á honrar el mérito, supo elevar su voz amiUno de los detalles de esta composicion repredicacion de las instituciones armadas. Hemos pa- ~a y ofrecerles la expresion de su aprecio, si mo-' senta un fragmento de la antigua Vitoria. Es un
gado tributo á todos los merecimientos, á todas las desta, verdaderamente espontánea y desintere- edificio conocido con el nombre de'Villasuso, y cuya
virtudes, pues no hemos querido ser nunca avaros sada.
historia va unida á legendarias tradiciones. En un
en homenajes á ninguna clase de jerarquias, y
ángulo de esta casa se ostenta un soberbio escudo
mucho ménos á las que pudiéramos llamar del tade nobleza, enlazado por ricos artesones y situado
lento y la virtud.
.
bajo antiquísimo balconaje que da á 13. plazuela del
EL REGRESO DE LAS CARRERAS
Cumplíamos un deber, y no podía alejarnos de su
Machete, en que se supone fué ejecutado Barahona,
cumplimiento el que, 1:n más de una ocasion, la incaudillo de los comuneros aleYeses, despues de la
Las carreras de caballos son ya un espectáculo rota de Durana.
diferencia ó el desden fueran el fruto inesperado de
tan aclimatado en Espafla como las corridas de to
nuestros espontáneos homenajes.
La cruz elevada en el punto de union de varios
Hoy que hemos luchado con la dificultad de ex- ros, comprendiéndose desrte luégo que su Jlorvenir caminos, donde fué la antigua Avendaño, completa
es mucho más dilatado que el de aquella diversion la composicion; pero como el Sr. !rabien es imprepresar nuestra admiracion á un rasgo he•óico, resultando que los materiales acopiados por nuestro popular: o~jeto de tan ef!1_peflada~ controversias.
sionista, ha tenido el buen gusto de afladir algunos
Prescmdiendo de su ut1hdad ba¡o el punto de vista detalle~ de grupos y personas tomados de su álbum,
entusiasmo no han logrado formar más que mezdel
progreso
de
la
cría
caballar,
hay,
por
lo
ménos,
quino pedestal de tan majestuosa figura, hoy llega
donde suele trasladar cuanto llama su atencion en
que considerar las carreras como una diversion que esta género tari dificil de cultivar, de cuyas dificulá nosotros la expresion de la gratitud en la forma
más afectuosa y más delicada que pudiéramos am- tiene visos de culta, pues da lugar á todas las ma- tades triunfa siempre nuestro estimado companebicionar; siendo el que de tal modo nos lisonjea, un nifestaciones del lujo y á todos los refinamiento~ de ro, con la constancia y la inteligencia del verdadeCuerpo entero, tal vez aquel al que hemos dedicado la moda, esa deidad de los tiempos presantcs, que ro artista.
ménos espacio en las continuas vigilias de la peno- cuenta por prosélitos á la inmensa mayoría de los
sa cam_paña que venimos sosteniendo en defensa séres que se llaman civilizados.
Desde que para solemnizar un fausto :acontecíde las instituciones armadas.
Imprenta de Enri,ue Rubiiios, plaza de la Paj.., 7, bis,
Despues de delineado este contraste, puede el
seflor D. Manuel Chesio, autor de la carta anterior,
á quien no tenemos el gusto de conocer, formarse
idea del estado de nuestro ánimo, dispuesto en este
instante á la alegria del más vivo reconocimiento,
y á la pesadumbre de no haber merecido la senalada honra con que se ha servido favorecernos.
Por hacerse digna de ella, no habrá méritos ni esfuerzos que no estén dispuestos á hacer con regocijo

...:...=.l

-~

_-_

•

- =-~~ - ---=..

-

~

-

~

= = ~ - - - - - - - - -_:-;.::-========
ADMINISTRACION Y REDACCION
TOMO 2,0 -NOM. 43

�LA ILUSTRACION NACIONAL

580
SUMARIO
GRAB.\Dos: Dcspues de la guerra (cuadro de Horacio
Lengo).-Cruz de Voluntarios de Cuba.-D. Miguel Perez y Céspedes, Teniente Coronel de milicias.-D. José lllaría Fortun, marqués dti Placetas
Coronel de caballería.-D. Juan A. Bancés y Ál:
varez, Coronel del batallon Yoluntarios ino-enieros de la llabana.-D. Juan Antonio Castillo Castresana, C?mand~nte jefe de Guías del Ca pitan general.-D1stracc10nes en la costa.-Posesiones de
.\frica: recuerdos de Melilla -¡.\dios, adios!-Don
Emilio Bonelli, rodactor de LA ILUSTRACJON N.1c10N.\L.-Artillería china: Conferencia 'sobre los efectos de una ametralladora.-Descubrimiento y
conquista de Filipinas (cróquis de D. D. E.).
TExro: Crónica., por D. Alfonso Ordax.-Despues de
la_ guerr'.1.-.\lbum militar (cuatro biografias).D1stracc1ones en la costa.-Recuerclos de Meli. lla.-¡.\dios, adios!-D. Emilio Bonelli.-Artillería
china.-:-Recuerdos de Filipinas: monumento á la
memona de 111::.gallanes y de Lep:aspi.-Cruz erigida en Cebú por '.\Iagallanes.-¡Spoliarium! (ante
el inspirado cuadro de Luna), por D. José Jackson
Yeyan.-Ciencias y sus aplicaciones, por S.-Estudios históricos: órden militar de Alcántara (continuacion), P?r D. Angel Alvarez Araujo y Cuéllar.-_La levita y la chaqueta (observaciones de
actualidad), por D. A. D.-Observaciones sobre el
concepto de la guerra, por D. ·Nemesio Fernandez
Cuesta.-El anacoreta, por D. José de Siles.-¡Bebamosl poesía, por D. Cayetano de Alvear.-La
novia del regimiento: escenas de la vida militar,
por D. Eduardo Lopez Bago.-Sobre cubierta, por
D. Eduardo del Palacio.-\'ariedades.

y

CRÓNICA
La crísís económica de Cuba reconoce
como principal causa su subordinacion á un
grupo determinado de productores peninsulares. Las personas competentes en esta materia creen que urge estimular por todos los medios posibles las relaciones mercantiles de
aquella isla con Puerto-Rico y la repúblira
norte-americana. Una administracíon civil
ménos costosa, una hacienda preocupada ante
todo del carácter reproductivo de sus gastos,
un sistema de impuestos que no entorpezca
el desenvolvimiento industrial, y otras disposiciones auálogas, pueden ser incluidas en el
sumario de esta obrn difícil: la reconstítucion
de la riqueza cubana, en creciente riesgo de
completa extincion.
Pero la iniciativa individual debe mostrarse ahora enérgica bajo todos los aspectos y en
todas direcciones. Si la baja de los azúcares
determinase la decadencia de esta industria
forzoso es buscar nuevos medíos de produc-'
cion nacional. Un periódico indica, á este fin,
que el bagazo de la caña de azúcar hace un
papel útil con muy poco coste. La civilizacion de los territorios africanos y otros, aumentará en breve proJigiosamente el consumo de
este artículo. Se idean además nuevas aplicaciones del papel; ya no sólo sirve para envolver géneros ele bastante peso; se trata de darle
una consistencia capaz de competir con la madera, y áun el hierro, en la construccíon de
ciertos artefactos. El campo, en fin, de la invencion humana no parece tener límites, y un
deseuyolvimiento de la instruccion científica
puede promover en Cuba, como en España,
nuevas industrias más ó ménos apropiadas á
las condiciones de las primeras materias de
quo estos países disponen. Asimismo, en las
cuestiones administrativas (con preferencia á
los más generales de política), la iniciativa individual no debe ser indolente ni tímida. Apoyaremos desde aquí sus quejas, con el vivo
afecto que esa infortunada isla nos inspira, y

creemos que el Gobierno de lá metrópoli hará
justicia á estas reclamaciones. Porque nos es
imposible imaginar ioiquiera que haya aquí,
entre nosotros, á esa distancia que constituye
una probabilidad natural de imparcialidad y
desinterés, quien no sienta la necesidad de
salvará Cuba, para ligarla por el agradecimiento con más solidez que todos los artificios
deleznables del puro temor ó de pasajeras conveniencias.

El Globo ha impugnado, bajo ciertos aspectos, el plan del general Salamanca. Nuestro
colega ha visto claro el conflicto económico general; pero ha esquivado el problema de fondo
y se ha circunscrito á una enurneracion de loe
inconvenientes prácticos y los pe1juicios que
las disposiciones del general Salamanca pue.
den irrogar á las clases civiles. Plan~adlY. la
cuestion de este modo, las cdticas de l?l /§zobo pueden ser argüidas de incousistencia. Y la
demostracion es fácil. ¿Qué pasa, no ya en el
ejército, sino en todo el país? Lo decíamos en
nuestro anterior Crónica:
cEs absurdo que el trabajo de circulacion
Rea más reproductivo que el de la invencion ó
produccion directa, y sin embargo, así suce
de; en términos que hoy, la más escandalosamente lucrativa de las profesiones es la de co.
mi.sionista, bajo todos aspectos, y con inclu.
sion de los acaparadores, bolsistas y agiotistas
de todo género. Investíguese bien el fondo último de sus funciones, y se verá que descansan en hábiles y bien concertadas ó protegidas interposiciones entre el productor y el
consumidor.»
El Globo reconocerá que tal es, sin hablar
de otras complicaciones económicas afines,
una de las causas más importantes de la presente crísis económica. Y en presencia de este
hecho, cuyas consecuencias han sido ya hace
largo tiempo sentidas y sufridas con resignanacion, ¿cómo se ha de negar al individuo el
derecho de ampararse en el grupo, y al grupo
el de organizarse con tanta solidez como sus
fuerzas ó circunstancias le permitan, para resistirla y no caer en esta fatal concurrencia
que constituye el ideal de algunos individua-'
listas~ La batalla se da hoy en los mostrado .
res, y en esa batalla ha intervenido el general
Salamanca con un carácter firme y un buen
deseo, por los que sería injusto reo-atearle calificaciones lisonjeras.
b
Lo demás que insinúa El Globo, no le incumbe ya al expresado general. Compete á
los hombres de Estado y á. los pensadores
que investigan una reorgauízacion social de
que muy pocos, en España, tienen un presen tímiento siquiera.
El sentimiento de una poblacion entera (la
fastuosa Viena) por la muerte de su predilecto
pint~r ~ans Ma~art, revela hasta qué punto la
adm1rac1on hacia los artist:ts va rayando en
idolatría.
. ¿Podre°:1-os inferir de este hecho que crece la
1mportanc1a del arte mismo, que se le procura y se le asigna influenc:ia en la educacion
pública? _En alg~nos países es muy probable
que esta 10flnenc1a esté reconocida, ya que no

LA ILUSTRACION NACIONAL
eficaz y directamente apoyada. En otros, y
sobre todo en los que más se jactan de artistas,. se desdeña el arte; no se le considera más
que como un elemento de placer ó vanidad·
no se comprende su valor en el desenvolvi~
miento intelectual.
De todos lmi medios favorables á este desenvolvimiento, el de las Exposiciones es quizá el
de mayor eficacia, porque bajo ciertos aspectos, una Exposicion es tambien uua escuela.
Salvo la organizacion disciplinaria, todo lo
damas es lo que nosotros quisiéramos que fue- ,
se una escuela: un mundo en miuiatura; una
coleccion animada de todos los objetos más
diversos, y buenas clasificaciones científicas
para la percepcion más fácil posible de los
contrastes ó las semejanzas.
Es imponderable, bajo este punto de vista,
el carácter útil de las Exposiciones, ya especiales, ya universales. Pero siemp1·e que fuera posible, debería perfeccionarse este gran medio
de instrucciou asociando el movimiento, las
funciones peculiares, á cada forma expuesta.
Así, por ejemplo, en la Exposicion, organizada por la Sociedad de EscriLores y Artistas,
que en breve va á inagurarse, nos La c:omplacido ver que se ha pensado en esos detalles
que dejan una impresion viva y facilitan el
conocimiento de lo que es un periódíc:o; de
las complejas, múltiples y tan diferentes operaciones que exige.
Se podría hacer tambíen algo como una reproduccion real de toda esta série de trabajos
que se conocen con los nombres de comp·&gt;SÍ·
cion, confeccion, ajuste, imposicion en mútluina, tirada, etc. Parece posible que el teatro
mismo admita algun dia este género de re-presentaciones, que serían no ménos agradabks
que útiles.
La seccion de pinturas, está presentada en
dicha Expo~iion con la cariñosa solicitud que
requería el ,1érito de las obras expuestas.
Pero, conte . ,lándolas, entristece la consideracion de que hay muchas personas de regu.
lar posicion á las que se les podría clasificar
una parte de su presupuesto, del modo siguiente:
G.ISTOS EN VEINTE .15'OS
En los cafés ... .
En teatros . . . . .
En toros . . . . . .
En obras de arte.

30.000 reales.
60.000 »
16.000 »
Cero.

¿Es creible que una persona que invierte
semejantes sumas de este modo, no destine la
más insignificante cantidad para adquirir una
obra artística~ Es muy posible, y muy cierto
por desgracia.
La Exposicion se halla en la escuela cons truida bajo la direccion del Sr. Galdo en la
calle de Alcalá, frente al parque del Retiro.
D. LúcasAguirre dejó á este objeto un lega•
do; y el Sr. Galdo, propagandista incansable
de la instruccion, ha cumplido la última vo·
luntad de aquel honrado hombre de ciencia
con tan viva solicitud como admirable acierto.
El edificio se encuentra poco ántes de llegar
á la plaza de toros. El Sr. Galdo, al elegir este
siiío, parece que ha querido decir á las gene·
raciones venideras: Deteneos aquí. No vaseis
adelante Aquí está el solo camino de la feli-

ciclad posible: una série de satisfacciones intelectuales.
. La _escuela está do~~a de un material muy
bien ideado para facilitar los conocimientos
científicos ó fundamentales sin recurrir á los
libros, que sólo en un período y condiciones
muy delicadas de desenvolvimiento intelectual
pueden ser utilizados con fruto en una enseñanza verdaderamente racional. El método de
las lecciones de cosas constituye sin duda una
proscripcion del libro en todo el período inicial
" de la ínstruccion, y se debe siempre reservar
al maestro la apreciacíon de la oportunidad
en que será ventajoso reemplazar la ensefíanza de una impresion ó un ejemplo, con el frio,
mudo y no siempre claro, ni bueno, ni conciso texto de una obra doctrinal. Es verdad que
el desenvolvimiento de la memoria no debe ser
absolutamente descuidado; pero para este caso
bastará con un pequefl.o volúmen, en el que
se coleccionen todas aquellas fórmulas científicas de más importancia, y algunas fraioes literarias ó históricas de mérito extraordinario
Tal parece haber sido, con más ó ménos exa:
geracion de -sistema, el pensamiento del señor
Galdo, que en otro país, como en Francia,
Paul Bert, hubiera sido objeto de las más altas distinciones oficiaJes; pero aq uf rara vez
va á buscarse al hombre de ciencia á su bufete.
Varios periódicos han enumerado hasta

veintidos libros de literatura pornográfica,
que, con títulos más ó ménos trasparentes de
su objeto, SA disputan el favor del público. En
Jerez fué vitoreado Mazzantini en términos ,
que (segun El Guadalele) se vió obligado á increpará aquella muchedumbre por la imbécil
ovacion que destinaba á un hecho de ninguna
. utilidad para el pueblo.
Otro periódico continúa haciendo una estadística de crímenes que no es nsoladora ni
lisonjera
para el Estado, cuya P.1 imera mision
•
es, sm duda, la seguridad pers al.
Terminemos estas tristes citas.
El resúmen es ya desgraciadamente harto
conocido. Los estudios superiores están abandonados. La instruccion y la educacion de los
sentimientos no avanza apénas. Crece, en cambio, un innoble deseo de goces absurdos y pueriles.
Mazzantini, en fin, ha dado al Gobierno un
ejemplo distinguidísimo de cómo se debe ya
proceder con respecto á ciertos extravíos populares. Con la desaprobacion y áun contradic cion más ó ménos expresa.
Paralelamente hay que crear á toda prisa
grandes focos de cultura general y profesional.
El movimiento colonial extranjero, la cuestion de Africa, el libre-cambio internacional,
cada vez más inevitables, y otra multitud de
problemas análogos, van á sorprendernos,
si no, en una decadencia de proporciones y
resultados indeterminables.

ií

En el Centro Militar, la aperturn de sus sesiones literarias ha sido solemnizada como en
afíos anteriores, con lecturas notables de género diverso.
La primera conferencia de este afl.o fué
dada por el general Servet, y la segunda por

581

DESPUES DE LA GUERRA
el general Ruiz Dana. Como el mejor modo
de encomiar á las personas de verdadero mé( CUADRO DE IIORAC!O LENGO)
rito es á nuestro juicio, el de hacer resaltar
Los cuadros del autor de J1tlieta 71 Romeo, El,
éste por un profundo análisis de sus obras, Ella y otros muchos, que el público aprecia en el
nos proponemos destinar seccion especial al alto grado que se merecen, se distinguen siempre
exámen de estas notables conferencias y otras por lo original de la idea que ha presidido á la ejemuchas que han sido ya muy justamente cucion, tanto ó más que -por la entonacion y el colorido, en que es extremadamente correcto y hábil
aplaudidas en el Centro Militar.
•este artista.
Se han recibido ya los trabajos para el cerEl cuadro que reproduce el grabado de la página
támen en honor del marqués de Santa Cruz, primera confirma nuestro aserto. En el que fué
y han pasado á las comisiones correspondien- campo de terrible batalla, yace olvidado, entre las
tes, presididas por los generales Ros de Ola.- quebraduras de la empinada roca, y envuelto en
cortina de follaje, el yelmo que cii'IÓ un día la noble
no, Bermudez Heina y Daban.
cabeza del guerrero. Dos aves, que simbolizan la
Para el otro certámen (el dispuesto por la paz, han hecho su nido en la que fué arma de guerf unta directiva), se admitirán trabajos hasta ra y será reliquia si algun dia los ojos del hombre la
el 15 del mes actual. Los premios son dos: descubren. Caída la babera, la visera alta, asoman
uno de dos mil pesetas y otro de mil. Ha sido por el hueco sus gentiles cabezas las dos palomas y
u~ b1',ena idea la de establecer premios en parecen arrullarse dentro de aquel objeto en que
se agitaron mil ideas de destruccion y de muerte,
m~lálico, y nosotros quisiéramos que se imi- y mil pensamientos de ventura y amor, malogrados
tase este ejemplo en todos los concursos, por- por la mano implacable de la fatalidad.
que si un agraciado prefiere convertir la cantidad en uu objeto de recuerdo, se le podría
ÁLBUM MILITAR
complacer sin dificultad ninguna, miéntras
Un largo paréntesis, no debido á nuestra volunque si otro prefiere ó necesita dinero, es imtad, ha sufrido la pubHcacion de la galería de retraposible complacerle por el sistema ordinario
tos de los jefes de cuerpo que veníamos publide las rosas, las plumas, las bandejas, prévia- cando.
mente hechas.
Nos proponemos reanudar nuestra interrumpida
tarea, aumentando la coleccion de este curioso é inEl general Primo de Rivera, director de In- teresante álbum con los retratos de los jefes de vofantería, estudia el medio de imprimir algun luntarios de la isla de Cuba.
Entre las instituciones que en los difíciles tiemmovimiento á las escalas. La de alféreces y pos por que atravesamos se han :mostrado merececapitanes, sobre todo, es objeto de su mayor doras al reconocimiento de la patria, y respondido
atencion. Si lograra amortizar el excedente de más cumplidamente al objeto de su mision, figuran
esta clase, el beneficio refluiría naturalmente los cuerpos de milicias y de voluntarios de la gran
Antilla espafl.ola.
en las de subalternos. Pero, á su juicio, esto
En repetidas ocasiones, desde las columnas de
no es suficiente. De modo que, en el caso de esta Revista, hemos procurado poner de relieve los
aumentar la oficialidad de depósito, como pro- valiosos servicios que dichos cuerpos han sabido
yecta, este aumento no será sólo de un capi- llevar á cabo con ínclita constancia, con sin igual
desinterés y valor durante la terrible guerra sepatan por batallon, sino de un alférez tambien
ratista, sus admirables virtudes cívícas y militares,
'
hasta lograr así, por combinaciones análogas, y sus inquebrantable lealtad, sosten firmísimo de
el ascenso simultáneo de próximamente 180 la integridad nacional y escudo de los más caros inalféreces.
tereses patrios. Admiradores entusiastas de esos
Mucho influirá en el porvenir de nuestro espafl.oles que viven léjos de la Península, y que
ejército el general Primo de Rivera, si llegara viven alentando siempre la dulce esperanza de regresar á terminar en ella sus dias, ó embelleciendo
á realizar tan plausibles prnpósitos. Y nos en-. su existencia con el recuerdo sagrado del pail¡ en
contramos en la obligacion de aplaudirlos con que les cupo nacer, no perdonamos medio de detanta más vehemencia, cuanto que nuestros mostrarles nuestras simpatías y de honrar sus cuacompañeros recordarán tal vez algunas de lidades, convencidos de que, al obrar así, nos honnuestras consideraciones anteriores sobre este ramos tambien nosotros, como hermanos nuestros
que son, no solamente por hijos de la misma papunto concreto:
tria, sino por comunidad de ideas y de principios.
4: Abrase el escalafon de alféreces (decíamos
¡Todo por Espafla! dicen ellos, en las apartadas
en Marzo último), y se verá que el número 16 tierras donde moran, porque otros ecos que aquí
tiene la antigüedad de Abril 1875 y el 1.251 resuenan, se apagan en las aguas del Océano; ¡todo
la de Diciembre del mismo año. Pues bien: por Espai'la, todo por la dignidad y el decoro nacional! decimos tambien nosotros, cerrando los oídos
este alférez que sólo es ocho meses más mo. y el corazon al clamor incesante que producen las
derno que el anterior, ascenderá, con el movi- estériles luchas de partido, al espectáculo desolador
miento actual de la escala, seis ó siete años más que ofrece por do quiera una sociedad acostumbrada á no preocuparse del maf'lana.
tarde que su compaliero.
A los Yoluntarios de ambas Antillas, á cuantos
La injusticia de la suerte es aquí notoria.
sirven en los cuerpos de milicias de Cuba y PuertoPero el deber del que gobierna es disminuir Hico, consagramos por igual estas frases, hijas de
todo lo más posible la influencia del acaso. Por un afecto tán sincero como eiipontáneo. La ocasion
consiguiente, si no en una sola propuesta, en ha sido buscada por nosotros con tanta solicitud
dos ó tres lo más, todos los alféreces del 75 como buen deseo. Del mismo modo que hemos ido
dando á la estampa los retratos de gran número de
deberían ascenderá tenientes,.
jefes y oficiales de nuestro ejército, pensamos hacer
Si esto se consiguiese por la patriótica ini- extensiva esta manifestacion á los de voluntarios
ciativa del general Primo de Rivera, habría y milicias, y practicamos al efecto gestiones para
que reconocer que entramos en un período , que nuestros corresponsales en Ultramar no los
normal de organízaciou, que ya era de todo proporcionase~, insistiendo una y otra vez hasta lograr el resul~ado ~ue nos prometíamos; y hoy tepunto necesario.
nemos la sahsfacc1on de dar modesto asilo en estas
ALFONSO ÜRDAX,
columnas á los retratos de cuatro jefes de dichos

�LA ILUSTRACION NACIONAL

582

•

--

···:--

-

.

~ ~~•-.'

--::~

:.-~~·~~~~-,'~'
..:~.

"··--

..... ~ : s : " ,"- , .....
\. _;,¡,,.,,,~ ,: "

----

0

MIGrEL

PE nE Z y

· • 1 dt1 Milma~,
__
'i'P~i•nte Cori)'Je

-... '~

D

CESPEOES

muerto en e1 campo do/ J1onor.

·
JúSE M\RJ,\

J''º íl'ITNl

ni

• del r11g1micnto
oroncl
ca-!:i a1/eria, volmn ll'JO de ClmttJua '

.N.;,qul:.s de Placetas, C
. bra prOximo pasado.
faller-ido el 23 de Set1em

~

l,.71
~

.

-

D Je\~.

,i,

\

•

--,,,,

8\~CE."i
AL\"_\Rf.Z
• •

·
_ • ros dr Ja Ha~.1oa.
lo· n d,,. Voluntarhs I11geme
Co,·1)1)1'/ del JJ.1tal

. ' •
C-\STILLfl \' C.\STREi.A:,,¡'.\
JUAN 1bTONlO
,
Ca ítan general,
.• de Voluntarios Gu111s del p
Comandante, Jeft' de la rompama

D.

•

�LA ILUSTRACION NACIONAL

584
institutos, dos de los cuales ya no existen, pero
cuya memoria vivirá largo tiempo en el corazon y
en la mente de cuantos aman sinceramente el nombre de la patria espanola.

que apénas concebida, ha empezado á ponerse en
práctica.
Pueblos que así honran á sus hombres ilustres,
bien pueden citarse cómo modelos de cultura.
DON JUA N A. BANCÉS Y ALYAREZ

DON MIGUEL PEREZ Y CÍSPEDES

Este es el nombre del que figura en primer término, y seguramente que nadie, entre la clase á
que perteneció en vida le disputará este lugar.
D. Miguel Perez y Céspedes dejó tras sí una reputacion legendaria. Perteneciente á la raza india, siloney, que poblaba la feraz isla de Cuba, cuando la
descubrió el gran Colon, podía, con más razon que
nadie, mostrarse desafecto á la causa de Espafia; y
léjos de pensar de este modo, vivió consagrado á
ella, y por ella dió su noble existencia.
Nació D. Miguel Perez en 1808; á los diez y seis
anos entró á servir en milicias disciplinadas; conquistó uno por uno sus grados, llegando hasta el
empleo de teniente coronel, y supo prt!star siempre
importantísimos servicios, dedicándose constantemente á reprimir el bandolerismo en el departamento Oriental. Su valor corría parejas con su inteligencia y voluntad; era todo un carácter, y así lo
demostró al estallar la insurreccion de Yara, poniéndose incondicionalmente al lado de las autoridades legitimas, que lo emplearon en los lances de
mayor riesgo y dificultad.
Jefe de una columna el 1)iejo Miguel, como se le
llamaba carifiosamente, demostró una actividad inconcebible en un jóven, cuanto más en quien contaba setenta y un ai'ios de trabajada vida. Su plan
de conducta se condensaba en esta frase: «¡Al enemigo!)) y sin parar atencion en el número de sus
contrarios, iba á su encuentro, y si lograba haberle
á las manos, daba de él buena cuenta.
La fortuna abandonóle el 26 de Mayo de 1811, en
el combate de Sábana Abajo, y cayó victima del
plomo enemigo, gritando «¡Viva Espanab) Hoy su
nombre es objeto de un sagrado culto en la com8.rca
donde nació 1 y generalmente venerado en toda la
isla de Cuba.
DON JOSÉ MARTINEZ FORTUN, MARQUÉS DE PLACETAS

•

Seguramente serán conocidos por la mayoría de
nuestros lectores los brillantes servicios que este
patricio insigne prestó á su patria como militar y
como ciudadano.
D. José Martinez Fortun, el rico hacendado de Remedios, fallPció en Placetas, poblacion por él fundada, el dia 23 de Setiembre último, siendo su muerte
generalmente sentida.
Era coronel de caballería, y mandaba el regimiento Voluntarios de Camajuaní 1 al frente del cual
hizo una gran parte de la campaña, conquistando
una sólida reputacion por su valor, talento y acendrado patriotismo,
Lajurisdiccion de Remedios, agradecida á cuanto
hizo por ella en vida el marqués de Placetas, puede
decirse que acudió en masa á sus funerales, con
sus ayuntamientos, autoridades y corporaciones á
la cabeza.
No bastarían todas las páginas de este número
para hacer la apología del Sr. Forton. Una espada
puso en sus manos el Gobierno al estallar la guerra, y nadie, ni áun los que fueron sus enemigos,
podrán citar un hecho que arroje la más leve sombra sobre su carácter. Victorioso siempre que combatió, jamás se ensañó en el vencido; extraflo á las
pasiones que las civiles luchas encienden, convirtió
con sus nobles procederes á muchos aclversarios, y
produjo más bajas en las filas contrarias por estos
medios, que otros causaron con la violencia. Pacificó
la jurisdiccion de Remedios; creó una sociedad de
inmigracion espai'l.ola, atrayend11 millares de brazos á dicho territorio; fundó tambien un asilo de nifias pobres, y fué autor de un proyecto de colonias
militares, que, de haberse realizado, tal vez produjera inmensas ventajas á Espana y Cuba.
La gratitud de los que fueron sus amigos ó subardinados se demuestra con la idea de elevarle una
estatua en la plaza principal de Remedios; idea

El coronel, primer jefe del batallan de Ingenieros
voluntarios de la Habana D. Juan Bancés Alvarez,
prestó servicios á su µais desde 1800, en que ingresó como soldado de milicias, habiendo pasado
por casi todos los empleos de escala en dicho instituto, y en el de voluntarios hasta llegar al que hoy
disfruta.
Es natural de San Roman, en la provincia de
Oviedo, y nació en 1829. Su larga residencia en
Cuba, su desinteres que llegó al extremo de haber
facilitado muchos miles de pesos en diferentes suscriciones para adquirir armas y equipos con destino á los cuerpos en que ha servido; su amor á su
país, y su decidida vocacion por la carrera de las
armas, le hacen disfrutar en la Habana de in a\t
concepto, habiendo merecido siempre senalaf/s
distinciones por parte del Gobierno español y de
las autoridades de la isla.
DON JUAN ANTO:SIO C,\STILLO Y C,\STRESAN.\

Este es el nombre del comandante jefe de la
companía de voluntarios Guias del capitan ge-

neral.
Lo que decimos del Sr. Bancés puede aplicarse
al Sr. Castillo, persona conucidisima en la Habana
y generalmente querida.
El cargo, verdaderamente de confianza, que des•
empei'la, prueba nuestra afirmacion. El Sr. Castillo reune condiciones de carácter que han sabido
apreciar siempre cuantas autoridades se han sucedido en Cuba desde que ejerce el mando de la compañia de Guias. Es natural de Nava, en la provincia
de Bllrgos 1 nació en 18481 y disfruta el empleo efectivo decapitan de milicias.
Mucho y bueno pudiéraraos aún decir de estos
dos seJ'íores; pero el temor de ofender su modestia
nos detiene, por lo que hacemos punto, enviándoles
desde estas columnas un cordial saludo de campaneros de armas, y el testimonio de nuestra más
distinguida consideracion personal.

DISTRACCiONES DE LA COSTA
Este dibujo es un verdadero idilio.
El contraste entre lo grande y lo pequeJ1o, lo tierno y lo terrible, es la fuente de la belleza, que ha
pretendido copfar el artista.
Hay un especial encanto en esta clase de asuntos.
El mar allí con todas sus iras, es objeto de desden
para dos séres débiles. Como Byron, fiiegan con la
m.clena del leon; pero más tranquilos Que el inmortal
autor de Childe Barold, no temen que la fiera se encolerice y ruja. Mañana crecerán, y entónces el indomable elemento quizás vengue en el hombre los
juegos del niño; quizás la niña que le acompaña, se
hallará destinada á vestir luctuosas tocas por el
alegre compañero que en su juventud creció desnudo á su lado, sin que encendiera sus mP-jillas el
rubor, esa hipocresía santa de la virtud.

RECUERDOS DE MELILLA
Al teniente de infantería D. Fernando Gonzalez
Billon, nuestro estimado compai'l.ero, debemos Ja
caprichosa y artística composicion que publicamos
en la pág. 586.
El Sr. Gonzalez Billon ha probado con ella que
posee la intuicion del verliadero artista. Melilla,
justo es decirlo, carece de monumentos arquitectónicos, de esas obras que, al ser reproducidas por el
pinceló el lápiz 1 recrean la vista y cautivan la atencion; pero este jóven oficial, reuniendo detalles que
pasarian desapercibidos para otros ojos que los del
artista, ha hecho un conjunto por todo extremo
agradable y bello, sin separarse una linea de la
verdad.

585

LA ILUSTRACION NACIONAL
Una vista general de la plaza, tomada desde el
cerro de los Camellos, las de la Alcazaba con el barrio de L:.w anderas, plaza de los Aljibes 1 puerta de
la Plaza de Armas 1 y torre llamada de las Siete PaJa'bras, se agrupan formando esta composicion, que
no dudamos complacerá á nuestros favorecedores,
tanto como á nosotros nos ha satisfecho. Por tan
notable trabajo, felicitamos al Sr. Gonzalez Billon,
á la vez que le manifestamos públicamente nuestro
agradecimiento, por su cortés aten cion en remitfrnos este acabado y discreto dibujo.

¡ADIOS, ADIOSI
¡Uno de los primeros efectos de la guerra, la separacion de séres que se unieron para vivir juntos!
En él se ha inspirado el artista de cuyo lápiz salió
este precioso dibujo. Hombre de sentimiento, no
ha visto quizás la lucha armada sino á traves de
estos aspectos sombríos. La ternura 1 el amor los
comprende; la grandeza de la gucrra 1 sus horrores
sublimes, le hacen cerrar los ojos, poseido de
terror.
En la terraza, las dos graciosas mujeres miran
al soldado que se aleja, y con él cambian la última
mirada. Detras del arrogante hulano, ven el poblado bosque; mil.s allá el escuadran que se reune, el
horizonte al fin; pero nada mis. Como el artista,
estas mujeres saben sentir1 saben llorar; mas e
soldado ve léjos algo que hace palpitar su corazon
de entusiasmo y que sonrie á su orgullo 1 y este
algo lo forman el honor y el triunfo; palabras que
para el guerrero tienen un sentido que las mujeres
no alcanzan. Los ojos de ellas se velan con lágrimas; los de él brillan iluminados por el resplandor
de la gloria.

DON EMILIO BONELLI
Redactor de &lt;La llus\racion Nacional. &gt;

La prensa se ha ocupado de la expedicion que
nuestro querido amigo y compat'iero de redaccion
está realizando en el imperio de Marruecos.
Hace un mes que falta á esta Revista su asídua é
inteligente colaboracion, siendo éste el tercer viaje
al Africa que realiza desde su ascenso á oficial. En
sus anteriores e~·r;ursiones, adquirió datos importantísimos, de q e &lt;lió cuenta en la Sociedad Geográfica y en las i i~umnas de esta publicacion.
.Merced á su l~a residencia en Tánger, donde
trascurrieron los primeros ai'i.os de su existencia1
posee perfectamente el idioma árabe y conoce con
bastante exactitud aquel país, acerca del cual ha
escrito un libro interesante.
Como escritor, se distingue por su correcta forma y vasta erudicion, habiendo obtenido el grado de capitan por las diferentes obras que ha publicado, sobresaliendo 1 entre todas, la notable traduccion del tratado de For:ijicacion de JJrialmont.
En la adversidad se fortifican los caractéres, Y
en esta escuela de · tan provechosa enseflanza se ha
educado nuestro buen amigo.
La reaccion arrojó de Italia á los buenos patriotas que con Silvia Pellico y Garibaldi á la cabeza,
protestaban de la dominacion del Austria, y siendo
el padre de Bonelli uno de los más caracterizados.
jefes del partido liberal, por su posicion y especiales condiciones, hubo de emigrar, aband-ona:ido
su cuantiosa fortuna.
La Espa1la que en el siglo xm dió asilo natural a
los proscriptos de la tiranía angevin:1, abrió tambien generosamente sus brazos, en 1849, á los náu·
fragos sublimes de la libertit.d italiana. Con ellos
vino el padre de nuestro compañero, y en nuestro
país halló una nueva patria, enlazándose con una
hija del suelo aragonés.
De lá union del patriota milanés y de la altiva
aragonesa 1 había de resultar forzosamente una sucesion caracterizada por rasgos vigorosos y originalísimos; como resultaron en otra edad remota
de análogos consorcios 1 los terribles guerreros qu~ ·
sin falta á. sus deberes de católicos, pusieron coto a.

•

"I

las demasías del Pontificado absorbente, y escribieron con sus vencedoras espadas los primeros axiomas del derecho moderno.
El hijo del emigrado es lo que se llama un carácter que haría hoy llorar de orgullo á su buen padre si la muerte no le hubiera arrebatado la
existencia allá en Tánger, cuando, con esa perspicacia de los hombres superiores 1 se adelantaba almovimiento de nuestros dias entablando relaciones de
industria y comercio con los naturales de Marruecos.
Dos hijos casi niños dejó; el mayor siguió al frente de los negocios de su padre, mal parados con
tan inesperada y dolorosa pérdida.
El más jóven, que hoy es nuestro compaf'iero, ingresó en el colegio de Toledo, haciéndose notar
desde el primer día µor sus especiales condiciones
de laboriosidad y de inteligencia.
~onelli es uno de esos hombres que alientan en su
corazon fe indestructible en un brillante porvenir
para nuestra nacion, mediante una política de desenvolvimiento en el Noroeste africano; idea á que
lo subordina todo, hasta el punto de que si no fuera
el objetivo tan noble, pudiera decirse que este pensamiento es en él una manía, pues resiste á las mayores cont1·ariedades, y de tal manera se arraiga en
su espíritu 1 que morirá con él.
Ilustrado, activo hasta lo inverosímil, tenaz hasta más allá del heroismo, no dudamos en afirmarlo: Bonelli triunfará de los obstáculos que nuestras
costumbres sociales oponen al hombre que se seí'iala por propios y legítimos méritos.
La Sociedad Africanista lo eligió secretario, y
creemos lo habrá nombrado su representante en
este viaje, pues hace tiempo que esta Sociedad viene trabajando por el establecimiento de algunas
factorías en la costas de Africa.
Debemos suponer que el Gobierno es ajeno á. ~ste
asunto; pero tambien creemos que si surgieran
inopinadas dificultades, ó si (lo que no esperamos) el
Sr. Bonelli se encontrara en una posicion arriesgada, producto de extra11os. sucesos, los que rigen los
destinos del país intervendrían pronta y enérgicamente cubriendo con la bandera española al intrépido viajero, y haciendo soHdaria á la nacion de los
hechos por aquél realizados. Tal por lo ménos es su
deber.
Otros procederes n'J podemos imlinarlos, conocido el carácter de un pueblo que, e as circunstancias más graves de su existencia po ica 1 ni rehuye
responsabilidades, ni sufre morti caciones en su
orgullo.

ARTILLERÍA CHINA
La industria de las naciones que se llaman civilizadas, tiene en los grandes países del extremo
Oriente como la China y el Japon, inmensos mercados e~ que dar salida á manufacturas ó artefactos, que el uso y la moda han desautorizado entre
nosotros.
En armas, por ejemplo, á China se destinan los
fusiles Chasepot desechados por el ejército francés,
los Berdan que abandonaron el espanol y el ruso;
cai1ones que han mostrado inconvenientes e.n la
práctica¡ útiles y arneses, en fin, que acusan cierto
atraso con respecto á los que en Europa Y en los
Estados-Unidos americanos se tienen por perfectos.
El grabado de la página 590 nos ofrece un grupo
de tres mandarines chinos examinando una ametralladora por la que dieron crecida cantidad de
piastras al yankec, corredor del comercio &lt;le Sanghai, ó al hábil gentlomtn negocia11te. El más docto de los tres explica el mecani.~mo, y los otros oyen
atentamente convencidos de la bondad de un &lt;!rtefacto cuyos efectos suplen al de cincuenta fusiles.

RECUERDOS DE FILIPINAS
Mooumen\os elevados á la memoria de Magallanes y de
Legaspi.-Cruz erigida por Magallanes.

Los tres monumen t os que reproduce el grabado
d3 la página {&gt;91 son un recuerdo de aquellos tjem-

pos gloriosos en que el sol no se ponía jamás en los
domir.ios espalloles.
En Cebú, y en una de sus principales plazas, se
alza, dentro de modesta capilla, la cruz plantada en
aquel paraje por el audaz descubridor de Filipinas.
El signo de redencion que hizo adorar Magallanes á
los salv-e.jes de la isla, y el monumento elevado sobre las cenizas del gran navegante, en la isla de
Mactan (Opoon), marcan la última etapa de su existencia, y á la vez el comienzo de la conquista del
Archipiélago. El Gobierno espaflol satisfizo una
deuda de reconocimiento á la memoria del valiente
marino portugués con la ereccion del monumento
referido .
Si 1\Tagallanes descubrió las Filipinas, Legaspi
consolidó en ellas la dominal.'ion española. A este
ilustre guerrero se debe la conquista de Luzon Y
\!ebú, y la fundacion de la capital. Fué modelo de
dt1osos gobernadores y hombresjustos 1y á su muerte, ocurrida en Agosto de 15121 legó á su patria una
gr~colonia sabiamente organizada, riquísima en
pr uctt:t naturales y cuya adhesion y acendrada
lea d á Espana no se han desmentido nunca en el
trae-curso ti.e los tiempos.

SPOLIARIUM!
( \:,;TE EL INSPIRADO CU.\ORO DE

LL"NA)

Buscaba el arte tirano
entre la sombra colores:
brilló el genio soberano,
y alumbró un Circo romano,
lleno de sangre y horrores.

La pudorosa doncella
que la sacrosanta llama
de un perdido amor destella,
que se adivina que es bella
porque llora y porque ama;

La del azulado manto
que muda de horror y espanto
ante la muerte se humilla ...
¡Sol de la pena que brilla
entre las nubes del llanto!
Son dos notas de color:
Una, la escuela real. ..
¡La epopeya del valor!
Otra, la nota ideal...
¡La elegía del amor!
¡Gloria al poderoso anhelo
del artista que así crea,
y en alas de su desvelo
cru:a la Historia e!l, u1i vuelo

al resplandor do una ideal
¡Gloria al que &lt;lió vida y sér
del Circo al sangriento drama 1
y logra al fin récoger
de entre las sombras de ayer,
la. eterna luz de la fama.
JOSÉ JAci-:so~ YEL\K.

CIENCIAS Y SUS APLICACIONES
Y .«in tregua á su desrnlo
alli el arte s;c recrea,
¡que el genio, en su santo anhelo,
cruz.a la IIistoria en un vuelo
al resplandor de una idea!

En el Circo el genio entró;
la horrible lucha que vió
no era bast:1.nte quizás:
La inspiracion dijo: «¡)Iásb)
y al Spoliari-¡i.;;i llegó.
Allí en la sombra flotando
¡la venganza, el odio fuerte!
¡Alli el dolor suspirando,
y un Imperio agonizando
en el festia de la muerte!
¡Madres que ansiosas deliran!. ..
¡Almas que lloran de amor! ...
¡Ojos que irritados miran
cómo, sin temblar, espiran
los milrtires del valor!
Allí está el cuadro sombrío,
de un pueblo triste poema:
1EI S'poliarium impío! ...
¡Sangre que el rostro nos quema
sobre losas que dan fria!
Yése el hirviente reguero
que en rojizo arroyo humea:
óyese el ¡ay! lastimero
el brami&lt;lo ronco y fiero
de la chusma que vocPa.

Y

¡Qué fuerza en las concepciones! ...
¡QL1( seguridad y alientos! ...
¡Qué verdad en las ficciones!
¡Qué lucha de sentimientos
y contraste de pasiones!
1

¡A un lado el garfio que hiere
al herido gladiador,
que aún «¡ave, César!)) profiere! ...
¡Y al otro un alma que muere
en brazos de un muerto amor!

Pocos problemas preocupan hoy á lC1s hombres
que dedican su actividad á ir apoderándo!sC de los
recursos naturales y á obtener de ellos aplicar.iones útiles, en tan alto grado como la trasmision de
fuerza á distancia.
Es indudable que la sorpresa se apodera del ánimo al idear tan sólo que un salto de agua, por ej emplo, pueda tener á su lado máquinas que conriertan el peso del liquido en trabajo íiti1 1 y éste sea
recogido alli, pero no empleado, pues por ,intermedio de mecanismos adecuados, ese esfuerzo se trasporte á distancias de cientos de kilómetros, y allí
sufra una nueva trasformacion que permita sea
aplicada á una industria cualquiera.
Este portentoio resultado está, sin embargo, próximo á ser obtenido por la electricitlad. En la Expo~icion de Munich presentó M. 11Iarcel-Deprez un
mecanismo que permite el trasporte de fuerzas á
distancia de mis de 60 kilómetros; pero el p1•oblema no se dió como resuelto en definith·a. La Exposicion de Turin ha encerrado en sus galerías otro
invento que podemos calificar de segunda etapa en
el camino de la solucion. MM. Gaula.rd y Gibbs han
conseguido alumbrar simultáneamente 1 por medio
de luz eléctrica1 las estaciones de Turin, Yenaria y
Lanzo que forman un circuito de SO kilómetros, por
medio de máquinas instaladas en la galería de la
Exposicion, las cuales ademas enviaban corrientes
á otros focos luminosos situados en el mismo edificio: todo ello valiéndose de un aparato de su invencion, al que han llamado ge1ierador sociwdario. El
éxito ha sido completo, habiéndose adjudicado á los
Sres. Gaula.rcl y Gibbs el gran premio de 10.000
francos concedido por el Gobierno italiano á la solucion del problema que nos ocupa.
Con moti\'O del nue,•o invento, M. )larcel-Deprez.
ha publicado algun trabajo en que ataca duramente
á los favorecidos Gaulard y Gibb~; pero juzgando
el asunto sin la pasion que embarga al eminente
electricista, es preciso reconocer. como fo han hecho el jurado do la Exposicion, el Gobierno italiano
y cuantas personas peritas presenciaron las experiencias, que éstas han sido concluyent~s, y e! re•
snltado completo. Si se enta\Jla la lucha entre el
premiado de )funic.h y los que lo han sidJ en Turin,
es innegable que sera en pron•cho de la ciencia y
de la industria.

�686

LA ILUSTRACION NACJO-i:iAL

LA ILUSTRACION NACIONAL

1

L_
1ADIOS 1 ADIOS!

POSESIO~ES DE ÁFRICA .-~ElTEIWOS 1&gt;E llELILLI

587

�LA ILUSTRACION NACIONAL

688
No habrán olvida.do nuestros lectores las quejas y
rec1amaciones á que dió lugar cierta fábrica que se
hallaba instalada dentro del radio de Madrid: por

haber sido el asunto ruidoso, creemos oportuno dar
algunos detalles que encontramos en los periódicos

profesionales, referentes á la estacion central de
alumbrado eléctrico que ha instalado en Berlín la
Sociedad Edison:

11

Dos generadores de vapor producen el necesario
para la alimentacion de cuatro máquinas de 70 caballos de fuerza cada una: éstas, á su vez, dan movimiento á. cuatro máquinas dinamo-eléctricas, sis-

tema Edison, las cuales tienen potencia para emitir
las corrientes necesarias para alimentar 2.000 lámparas.
Pues sin embargo de tan poderosos medios indus-

triales, los berlineses que transitan por delante de
1a casa en que aquéllas están instaladas, no se
aperciben de que por debajo del andén, ó cerca de
la calle, funcionan dos generadores y ocho máquinas: parece que para producir el vapor en cantidad
suficiente, sería preciso obtener gran tino en el hogar, y por consecuencia, elevar á gran altura la
chimenea y hacerla visible; pues nada de esto sucede: aquella atraviesa el tejado por un ingenioso
procedimiento que la oculta á los traseuntes; ademas no produce humo ni olor desagradable, merced
á los combustibles empleados y á hogares fumivoros especiales. El ruido del escapfJ del oapor se anula
por un aparato colocado entre las maquinas y la chim-cnea. En una palabra, la fábrica de electricidad es tan
dificil de ser sospechada desde el exterior, como la.
electricidad misma, que sólo se manifiesta por sus
efectos.
El año próximo promete ser fecundo en aplicaciones de la ciencia. Lóndres, con su Exposicion de
Inventos; París, con la del trabajo 1 y Ambéres con
la que se apresta á abrir en breve, ofrecen ancho
campo á los que dedican su actividad al adelanto y
al aprovechamiento de las ciencias .
Los preparativos para la última de las que hemos citado 1 adelantan con rapidez: de los 7.500 metros cuadrados que se destinan á las principales
secciones de la Exposicion, 4.500 se hallan ya con
la cubierta colocada; la galería central tiene 333

metros de longitud. Y á pesar que los cálculos de
extension que se hicieron al comenzar las edificaciones fueron tachados por algunos de excesivos,
en la. actualidad se estudia el modo de aumentar
emplazamientos, pues son ya numerosos los pedidos de locales para instalaciones.
La Exposicion de Lóndres presentará algunas
particularidades: constituyen su objeto los aparatos, prJcedimientos industriales y productos inventados desde el año 1862 á la actualidad, no admitiéndose muestras de productos ni artículos manufacturados que no lleven la descripcion del método
se¿uido en su fabricacion; y á fin de que estas descripc.;iones sean lo más prácticas posible, se considera preferible el modelo de la maquinaria ó dibujos
que la representen.
L1 segunda seccion del certámen estará destinada á los instrumentos, aparatos y accesorios que se
relacionen con _el arte musical; y en cuanto á los
primeros, serán los inventados en lo que va de
siglo.
Los ingleses no olvidan que lo agradable debe
acompañar á lo útil, aunque nos permitimos creer
que ellos prefieren siempre lo segundo á lo primero.
Aunque la industria española no cuenta con el
apoyo y decidida proteccion (no en el sentido comercial) que los anteriores datos prueban se conceden en otros países á las suyas respectivas, no
debo ser esto una razon para que deje de llevar el
pabellon español á los certámenes anunciados, y
colocarlo ala altura que es indudable merece, como
han atestiguado las numerosas distinciones otorgadas en concursos próximos á industriales laboriosos, inteligentes y decididos partidarios de la publicirlacl de sus productos.

s.

ESTUDIOS HISTÓRICOS

consultó á los jefes de su ejército si convendría seguir
al enemigo en su retirada; fueron de esta opiOROEN MILITAR OE ALCANTARA
nion los maestres de las órdenes militares y mu(/Jontinuaeion.)
chos de los ricos homes1 pero opinaron en contraEra tal el aprecio que el Rey mostraba al maes- rio el infante D. Juan y D. Lope Diaz Baro, y contre de Alcántara por su constante fidelidad á la casa forme el Rey con ellos, volvióá Sevilla, dejando bien
real, que le nombró por uno de sus albaceas en guardada la frontera; á poco de esto se vió en Peilasu testamento; murió el Rey el 21 de Abril de 1284 ferrada con el fley de los Ileni-merines AbL1 Yussuf
en Sevilla, y le siguió al poco tíerr:po su fiel maestre; dando éste á D. Sancho dos cuentos de maravedí~
no consta el dia fijo de su muerte; sólo si que fué de oro de los de aquel tiempo 1 por ajuste de una
ántes del mes de Setiembre del mismo ano, estando truega de tres años.
Al maestre D. Fernando Paez hizo el Rey dos
en la villa de Alcántara; se le enterró en la iglesia
de Santa María de Almocáb:ir 1 que él había reedi- mercedes, por los servicios que en esta ocasion Je
ficado1 junto al altar mayor, á su derecha; arri- prestó; fué una de ellas declarar libres de tributo a
mada á la pared, y sobre el sepulcro, se puso su los que en Galicia tenían tierras, casares y cotos daestatua yacente; asi estuvo más de doscientos cin- dos por la órden 1atento á que ésta sirve al Rey en
cuenta anos, hasta que en 154.0 se hizo más capaz las guerra contra los moros; esta concesion está fela capilla mayor y se quitó el sepulcro, que ~e abrió , chada en Sevilla á 12 de Setiembre de 1285: la otra
recogiendo los huesos, que se colocaron debajo del es devolucion al sef'l.orio de la Ól'der. de los castillos
altar que durante la obra se hizo en el cuerpo de la de Moron y Cote, su feci1a siete ele i\oviembre del
mismo ano. Agradecido el maestre, volvió á su coniglesia; la estatua se partió por la mitad, y la pt.r..
:
superior se empotró en la pared de la lonfa d fa vento de Alcántara y á su vez reconoció los buenos
iglesia, y como los maestres no podían llevar ba a 1 servicios de sus habitantes confirm:\ndoles el reel vulgo le cree el busto de una mujer, y le llaman parto de los campos, y haciéndoles libres del quinto·
la Marivella; el sepulcro fué á parará una casa par• de los bienes de los que muriesen abintestato 1á
ticular y sirvió para pisar la uva; al deshacer el que tenian derecho el maestre y los comendadores
altar provisional I los huesos se llevaron al osario en sus encomiendas, y es ne,table la salvedad que
comun¡ tal fin tuvieron los restos mortales y sepul- hace, y es como sigue: «Salvo al orne 6 moger que
tura de uno de los maestres más esclarecidos de la no quisiere manifestarse á la Iglesia una vez en el
órden, reedificador de la iglesia que tan al olvido afio;&gt;) es decir salvo al que no cumpliese con el prele dió; gobernó la Orden treinta anos y la colmó de cepto pascual: tiene esta carta la fecha de 7 de ~larmercedes de los Papas y de los Reyes, aumentando zo de 1286: tambien hizo merced á la villa de Zalasu riqueza y autoridad y cinéndola los laureles de mea de la dehesa del Rincon de los Puercos, para
las victorias obtenidas contra los infieles sus ene- el comun .
En este mismo afio se juró por heredero de los
migos.
El Rey D. Sancho, apénas tuvo noticia de la reinos al infante don Fernando, que babia nacido en
muerte del maestre, envió desde Salamanca, donde Sevilla el 6 de Diciembre del año anterior; el Rey
se hallaba, á Ruy Paez de Sotomayor con cartas recorrió su reino y encontró al maestre en Astorga,
para los caballeros de la órden de Alcántara, á fin donde le dió queja de que el concejo de Ciudad-Rode que confirmaran con su voto la eleccion hecha drigo no guardaba el privilegio de que los ganad')S
por su influencia, el aI1o anterior á favor del co- de la órden paciesen y bebiesen libremente, por lo
mendador mayor D. Fernando Paez y que no siguie- que el Rey dió sobre carta á dicho consejo para 5:J
sen la voz de D. Alfonso de la Cerda, que se llamaba observancia.
El Rey de Portugal D. Dionis y el Rey D. Sancho
Rey en Castilla y Leon, y si la suya, lo cual logró;
se
confederaron en 1287 para cercar al infante D. Aly el maestre, una vez en posesion pacifica de su
fonso,
hermano de D. Dionis, que estaba en Roucbes
maestrazgo, partió de Alcántara para Salamanca,
acompatiado de los comendadores y caballeros á levantado en rebeldía. Sirvió al Rey en esta ocasion
rendir al Rey el pleito-homenaje acostumbrado, con- el maestre de Alcántara con sus caballeros hasta lo.
cediéndole D. Sancho, por cédula de 6 de Octubre grar la rendiciJ\ de D. Alfonso; por este tiempo
de 1284, que los ganados de la órden «anden li- tambien andaba~:·.¡ descontentos del Rey D. Sancho
bremente por todo su reino, sin que nadie nadie el Bravo su her '}no el infante D. Juan y su suepueda impedirlo, ni pida derecho alguno.&gt;&gt; En 18 del gro el conde D. L pe Diaz de Haro; ambos solicitamismo mes y año confirmó á la órden todos los pri- ron de dona Margarita de Narbona, mujer que havilegios concedidos por los Reyes sus antecesores, bía sido del infante D. Pedro, se uniera á ellos para
y en 22 tambien de Octubre, el de que el maes- que, llegada la libertad de D. Alfonso de la Cerda
tre y seis de sus freiles tuviesen racion de I i casa hijo del infante D. Fernando, que se creia próxima,
del Rey el tiempo que estuvieran en la corte; recibi- proclamarle Rey de Castilla y Leon. En cuanto don
dos estos favores, dió el maestre la vuelta á su con- Sancho tuvo noticia del suceso, mandó al maestre
de Alcántara levantase sus gentes é hiciese guerra
vento, á cuidar del gobierno de su maestrazgo.
En 1285 Abu Yussuf, Rey de Marruecos, pasó á Es- á doña Margarita hasta tomarla los castillos y villas
pana con numeroso ejército y puso cerco á Jerez¡ de su seflorio; así lo ejecutó el maestre, y en breve
súpolo D. Sancho en Búrgos y mandó reunir tropas rindió las villas de Sabugal y Granadilla 1 y nofcioen la ciudad de Sevilla, adonde se dirigió el mo- so de que doi'l.a .l\fargarita estaba en Galisteo, se dinarca; á los pocos dias, tenia ya reunidos cuatro rigió allí y atacó á la villa. Temerosa de que la tomil caballos de las órdenes militares y numerosos masen por combate, la abandonó do1'ia Margarita, sainfantes, ademas de los que habían traído otros se- liéndose una noche de ella para Ledesma.
Al año siguiente el maestre recibió de D. Payo
ñores de los reinos de Castilla y de Leon. Súpolo el
Gomez,
vasallo del Rey, los bienes que tenía en BaRey de Marruecos, y para tener idea del ejército
dajoz,
reconocido
á que el maestre le babia dado
que se reunía, mandó á su hijo Abu Yacub, con
doce mil caballos, para que recorriera la tierra de por los dias de su vida todos los que tenia en Gema
Sevilla hasta la misma ciudad, y juzgar de las y su término: el Rey confirmó esta donacion.
A principios de Setiembre de este mismo o.ño de
fuerzas de su contrario; éste, al verlos venir, se li
1288
el Rey de Aragon D. Alfonso puso en libertad
mitó á mandar cerrar las puertas de Sevilla, sin tomar otro género de defensa, puesto que el moro á D. Alfonso de la Cerda y á su hermano D. Fernanno traía elementos para sitiar y asaltar la ciudad, do que estaban presos en un castillo de su reino hay se dispuso á salir al frente de su ejército para cia diez anos, y mandó viniesen á Jaca, donde él se
castigar al enemigo en su correría, y luégo levan- hallaba, y dió á conocerá D. Alfonso, primogénito
tar el sitio de Jerez; acaudillaba el Rey D. Sancho del infante D. Fernando, como Rey de Castilla. Y
en esta o::asion, diez mil caballos 1 y mucha infan- Leon; esto originó discordia entre los dos Reyes, letería, auxiliando al ejército de tierra, cien velas que vantando ejércitos que llegaron á la vista en A~ril
estaban en el puerto de Santa María: los moros no de 1289, y no libraron batalla porque ambos tcmian
sólo no aceptaron batalla, sino que se vieron obli- los resultados . D. Sancho se fué á Bayona para avi~gados á levantar el sitio de Jercz 1 al que hacía seis tarse con D. Felipe, Rey de Francia, habiendo demeses tenía Clilrcada: entró D. Sancho en Je=-ez y jado su ejército en manos de D. Alfonso de Malina.

589

LA ILUSTRACION NACIONAL
hermano de la Reina; el de Francia no acudió a la
cita, y D. Sancho se volvió, encontrándose con que
el de Aragon, al retirarse, habíale tomado por las
armas algunos lugares; D. Sancho, consideritndose injuriado, entró por tierra de Aragon talando
todos los campos de Zaragoza 1 viniendo á Búrgos
despues de dejar bien guarnecida la frontera; sirvió al Rey en esta ocasion el maestre con sus caballeros de Alcántara .

Este mismo año hubo turbulencias en Badajoz
originadas por los bandos llamados uno de los bejeranos y el otro de los portugaleses; favorecía á los
primeros el Rey D. Sancho, al que no obedecían los
segundos, llegando el caso de que los bejeranos
acometieran á sus contrarios, pasando i cuchillo
gran número de ellos, y apoderados de la ciudad y
castillo de la Muela, cometieron la deslealtad de proclamará D. Alfonso de la Cerda, á lo cual respondió
D. Sancho mandando á lo:; maestres de las órdenes,
ricos homes de Andalucía y concejos de Córdoba y
Sevilla; llegó primero el de Alcántara, por estar más
cerca y puso cerco al castillo, en el que se habían
refugiado los bejeranos, y que despues fué combatido por todo el ejército, por lo que los sitiados se
entregaron bajo el seguro de sus vidas, que el Rey
no cumplió 1 por este hech.o, y el de Talavera, donde
mandó pasará cuchillo más de cuatrocientos hombres que seguían la voz de D. Alfonso de la Cerda,
le dieron el sobrenombre del Bravo, con que se le
conoce en la Historia.
En 1291 se hizo familiar de la órden D. Pelayo,

clérigo, natural de BaI1eza 1 dando á la Orden la mitad de sus bienes; no se tienen más noticias de este
maestre 1 y se supone murió á principios de 1292,
sin que se sepa en dónde, ni en qué parte fué enterrado .

(Se continuará.)
ANGEI. ALVAREZ DE ARAUJO Y CUÉLLAR.

LA LEVITA Y LA CHAQUETA
OBSERVACIONES OE ACTU.\LID,\O

La levita y la chaqueta se dividían aún, á mediados de este siglo 1 el monopolio en casi todas las
combinaciones del traje español.
Pero del mismo modo que e11 la~asambleas se
forman los centros parlamentariolcon análogo
criterio al del ministro que concibió s grados, resultando que un teniente podía ser
itan sin serlo, por el proceso natural de progresiva evolucion
que sufre todo lo que existe sobre la corteza del planeta, la chaqueta quiso progresar, y alargándose,
alargándose hasta ser americana 1 aspiró á ser leYita.
La sociedad se opu:rn á estos atrevimientos plebeyos, marcó un limite á la americana, colocó los
jalones y dijo: «Hasta aquí.~)
Pero la chaqueta no se &lt;lió por vencida. Prosiguió
su campaña, y hoy se presenta más Uedidida que
nunca, amenazando anulará su aristocrática rival 1
y se alarga, y gallardea 1y toma formas atractivas 1
pretendiendo en estos momentos imponerse como
soberana de una clase fuerte, respetable y numerosa.
Parodiando la conducta de los revolucionarios que
van á turbar la disciplina en los cuarteles, para alcahzar sus fines, ha logrado seducir á muchas individualidades del ejército y se apresta á dar la batalla contra la sociedad entera.
Sólo puede ya fiar su triunfo á•la violencia.
Las clases, más ó ménos acomodadas, la han proscrito tle los salones, y nos asombra ver hoy á. personas que viven en el ambiente social hacer la causa
de esa pretenciosa usurpadora. Sólo padeciendo esas
fugas de la realidad, que suelen ser la consecuencia de el impresionabilidad.de nuestro carácter, afanoso de la novedad, se puede dar el contrasentido
de que las clases militares, que en el lote social tienen más necesidad de realzarse con toda clase de
prestigios, sientan ahora la comezon de descender
de su posicion hasta en el traje.

Despues de exhibida nuestra triste situacion económica, nos hacia falta adoptar, como único distintivo, esa prenda, para adquirir de una vez el diploma de mendigos .
El convencionalismo ha sancionado que el tro car la chaqueta por la levita representa una envidiable elevacion en el rango social. La evolucion
inversa es indudablemente un descenso.
Enrique Gaspar, ese gran anatómico del teatro,
ha dado vida á dos notables producciones dramáticas La leo ita y La chaqueta, en las que ha condensado todas las palpitaeiones más intimas de las sociedades modernas.
Y es que no eS la cuestion del traje una cuestion
baladí. El progreso de las costumbres no llega, ni
llegará probablemente jamás, á borrar estas distancias.

·\

Comprendemos el clamor del ejército pidiendo
un~renda cómoda, sencilla y barata que pueda
llev, se ár,todas las funciones del servicio or.lin ario
del . artel, ejercicios, etc., que facilite los mo,•imientos y ofrezca las mayores ventajas.
Esta prenda, llámese guerrera, blusa, saco, ó de
cualquier otro modo, debe ser una prenda de fatiga, una prenda que sea para el oficial lo que para
el hombre civil es la americana ó cazadora, que
viste por la mañana, que lleva á la oficina bajo la
airosa capa espaf'iola.
Si en las clases que carecen de representacion
oficial tiene verdadera significacion el traje, en las
que se hallan constituidas en autoridad deben tenerla mucho mayor. Hay en esto que ser lógicos.
Si el más humilde individuo de la clase media se
resiste á trocar la levita por 1a sencilla cazadora de
roai'iana para concurrir -á la modesta reunían de
familia, ¿podrá suponerse que eljóven y entusiasta
oficial del ejército ha de asistir gustoso á esas recepciones del regio alcázar, en que el lujo y la suntuosidad se manifiestan exuberantes, vistiendo una
prenda que sólo en unos cuantos botones de la ton, y
en algunas trenc illas de plata, se diferencia del chaqueton que usa por la noche, cuando con el sombrerillo hongo y la rabicorta capa sale á par..&gt;diar
al popular héroe de Zorrilla!

Proscribir la levita es una manifestacion lamentable de la decadencia de ciertos espiritus, ó una
prueba del desconocim iento en que algunas clases
militares viven respecto a las cuestiones de mas
vitalidad para el ejército.
Más de una carta tenemos á la vista en que se nos
dice: « Venga en buen hora la guerrera, y venga
pronto. Una guerrera barata, sencilla y airosa para
diario y campaña; pero consérvese la levita como
prenda de vestir, como prenda de gala y de etiqueta.&gt;)
No somos apegados á las antiguas prácticas; pero
cuando al repasar la Historia de este siglo 1 la vista,
cediendo á la atraccion, cae en las páginas de la
homérica leyenda en que nos educamos dirigido
por Jacquinot, Jomini, Rocquancourt y tantos otros
preceptistas, nos sentimos inclinados á creer que
algunas ideas próximas á natura lizarse entre nosotros, no se compadecen tan perfectamente con el
instinto del guerrero y con el buen espíritu militar
como aquellas costumbres importadas por las huestes napoleónicas á través de la Europa, que modificaron, en su esencia, el modo de ser de tollos los
ejércitos de Europa.
¿Hay, en efecto, espectáculo que conmueva y eleve más el alma del guerrero, que el de aquellas
huestes inmortales vistiendo con esmerada pulcritud sus lujosisimos tr~jes de gala, para tomar
p11rte en la marcial funcion de una batalla ó para
verificar su triunfal entrada en las dos veces sub•
yugada Viena ó en la humillada Berlin?
Hora es ya de poner coto á las arbitrariedades que
en punto tan esencial ha~ venido llevándose. a cabo
desde las esferas del Gobterno. Pasando la vista por
el Albu,1n de la infaiit,cria cspa#-ola, de Cleonard 1 se
ve que, en el espacio de me~io siglo, ~sta d?sd_ichada arma ha cambiado de umforme qumce o diez y

seis veces, sin más razon 1generalmente, que el capricho de los directores ó ministros; lo que demuestra que el mal sólo se cortará de raiz acudiendo al
remedio de una ley hecha en Cortes, con debido
exámen y sancionada por la Corona.
La infantería inglesa lleva hoy el uniforme con
que se batió en Tala vera y ,vaterloo. El gusto trocó
la casaca por la levita, pero conservando su color;
esta es la única diferencia; las demas prendas subsisten ~on algunas ligeras modificaciones, hijas de
la moda.
Recordemos á este propósito el prestigio que disfruta la benemérita Guardia civil; pre\otigio debido
á sus inapreciables servicios, no al aspecto exterior
del uniforme que viste. Pues bien, ninguno de los
generales que se han sucedido en la direccion del
cuerpo, desde el inolvidable duque de Ahumada
hasta la fecha, y eso que los ha habido revolucionariamente reformistas 1ninguno, repetimos, ha soñado, no en suprimir 1 sino en alterar ó modificar
siquiera la forma de ese legendario sombrero en
batalla, que es y continúa siendo objeto de espanto
para cuantos viven fuera. de la ley, y emblema del
órden y de seguridad para las gentes honradas.
No faltará ciertamente quien al pasar los ojos
por estas líneas, nos motPje de exageradamente
idealistas, suponiendo que no nos hacemos cargo
del aumento de gasto que debe significar la conseryacion de la levita para gala; pero todo lo hemos
tenido en cuenta antes de decidirnos á arrojar sobre
el papel estas lucubraciones, y para todo creernos
tener respuesta.
La levita de gala debe ser, al militar, lo que es la
toga al abogado, lo que es el frac al hombre civil;
prenda que se hac1:; una ó dos veces en la vida, y
que para toda la vida sirve; lo que fué para nuestros
abuelos la casaca blanca que ilustró en Bailén Castai'i.os; prenda, en fin, que obligue á desembolso por
una vez, cuando el alumno ó el sargento primero
salen á oficiales; es decir, en época en que el primero cuenta, casi siempre, con el auxilio de su familia, y el segundo con los ahorros que ha ido reauniendo trabajosamente para el dia feliz en que ha
de cambiar sus galones de panecillo por la estrella
del alférez.

Véase 1pues, si un desembolso hecho en estas condiciones, es ó no aceptable, y si habrá muchos que
lo repugnen.
El uniforme de gala, no sólo dura tanto como el
individuo 1 sino que puede pasar de padres á hijos.
Y no se diga que exageramos 1 pues á este propósito recordaremos un sucedido que nos referia hace
pocos dias un veterano y estimable genera.1 1 poco
partidario de estas innovaciones t~n cv,rsis como
peligrosas.
Hace algunos ai'ios, un regimiento que cambiaba
de guarnicion llegó á pernoctar en un pueblo de
alguna importancia dontle, segun la ruta, debía
descansar al dia siguiente, que por cierto era domingo .
El coronel encargó al ayudante que se informara
si en la poblacion residía algun oficial general, con
objeto de parnr á cumplimentarle con la o:ficialidad 1
como es costumbre en estos casos; pero el ayudante
volvió, pasada media hora, al alojamiento de su jefe
y le manifestó que en el pueblo no habitaba ningun
militar de tan alta graduacion.
Grande fué la sorpresa del coronel á la &amp;iguiente
mañana 1 cuando al salir con su regimiento de la
iglesia 1 donde acababa de oir misa, vió en la puerta
del templo a un sef'ior de elernda estatura, ,.,estido
con el uniforme de gala de mariscal de campo, que,
apoyado en su bastan, presenciaba el desfile de
las compaf'iias y devolYía el saludo a los oficiales.
Acercósele respetuosamente el coronel y empezó
á disculparse de la omision que involuntariamente
había padecido; pero en lo mejor del discurso hubo
de interrumpirle el que tomaba por general, diciéndole:
-No hay de qué. Ni yo soy general, ni lo he sido
nunca. Este traje tan reluciente y que costa ria buen
dinero, era de un tío de mi padre, que se murió en
esta villa. La casaca y los pantalones son de muy

�JJA ILUSTRACION NACIONAL

liA' ILUS'l'RA.C10N ·N ACIONAL

590

591

7
11·

J

~

&lt;si
~

tj

.¡¡

1

-~

.,,

! ,:¡i '

1·
1

..

¡

1

,¡

1~
1

!

~

•

·¡;,
00

1

·

!
'l
'

~

·~

.,"
...,"'

11111:

"".e
o"
"',;"'
o

~

111

(
'1
11

1 11
1, 1
·1,l

"O

"'

·¡:
o

s
"s

1
11

,e!

11

'"'"'

1

3

"s

11

00

t

'§

"I

"

'

,e!

e

00

~

v··¡¡:
¡¡¡11

~

111•¡

,\-.

·\1

f:

11

j: j:1,
fi t'' ,11,
1

Q

1

'

1

00

1tn:i h·
!

9. EMILIO BONE Ll.f, REDA CTOR QE ((L:\ Twsrn \CJ{)~ N .\CIONA l.,n E'.'i: PLORADúR EN !U.\Rr: UECOS ' '
En la actu:ilid:i!l s~ diri3.1

ah:icer un

rr ·;rs/01

"'oz

1

w1i:¡. l¡

1 l"j:

la co.sta Ocriderital (/.e .Afriqa.

fJIJI'

~

/

1¡1,. ,

1

:l

u

lf rí'

¡¡¡

1111

u
~

~

~

op..

1\l,,r¡''·

-~
"'ü"
e
""O
"
""o

¡1\1111¡1
¡111',!'
11¡1 1;

~--: -: ~:.;~ =•

i

-=--::;. :;:-_.:_---==..-:-__ --:~----e~'~--=~-

---

00

e

Q

1tt' '

11

e

.,"

""' ';i"'"
"' :;;"

xitm,·"

-,~;:-~:'2'·,c.~'=""=

1

~

"'

;:,;
~

,,, 1'

--~- ~ ~-=-:-~-=--=·

:;;

"'o "'"'

1 1,1

1 I'

1

~

o

~

l¡J

"

"

"
"'¡; se

1

'\.

'Cl

e: 'Eí,
·¡:
¿;;
,., "o

1 ¡1:'

··"'.'·\:'
.

"o

o

"

'I

1..
1,1 111

~

~

l

--~-~~~~

~

.

1¡1¡11
111:111
1 'I 11

ü
1

."

1

6
:;;
e

"

1

i
¡,

lill,11 llil

111

j

'11

"
.§"
00

,

-;;

co
:;;

1

"

1!111

.~
o

1iil1

..,
:;"
~

1

i ' \,1111:

..,"
.,o

L
--- -~

.\ H.TJLLEHU CIIINA.11

1·n~ 1-i::nr~cr.\ s.o uR E

: - ---_ ~

1us

.

-

-

~

J'

f,: H,:CTOli p E o~.-1. .~ !-IE1R,\LL.\l)U liA
.
•

'.

_J

~

o

8

'

�LA ILUSTRACION NACIONAL

LA ILUSTRACION NACIONAL

592
buen pario, me los puse, y me hacen un buen servicio, porque abrigan, abrigan bien, y este pueblo es
muy fria.

A. D.
1.0 Noviom.bre de 1884.

OBSERVACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE LA GUERRA
Dispensad, milítares, si, hombre de profesion civil, invado un terreno que no es seguramente la es

fera de accion que me es propia; pero recordar al
mismo tiempo lo que el distinguido Director de esta

publicacion decía en el primer artículo de su primer número: ((No más exclusivismos, no más distinciones, todos soldados de la patria.&gt;&gt;
Nada más dificil que definir lo que se entiende
por guerra; nada más complicado que expresar su
objeto dentro de las reglas que la lógica asigna á
una definicion: la guerra es oficio, la guerra es arte
y la guerra es ciencia. Ya lo dijo Folard: La guerra
es oficio para los ignorantes y ciencia .Para los hambres

aaOias.
Estudiad las refriegas de los salvajes que atacan
con ímpetu feroz, cuerpo á cuerpo y sin más intencion que la de perjudicarse y matarse, y sin que
ningun otro móvil más digno dirija y produzca sus
acciones, y entónces aquel combate, aquella lucha,
la guerra será un oficio. Adelantad un poco, dad un
paso en el progreso, y examinad los ataques y contiendas de los héroes al frente de'fébas O de Troya,
y encontrareis la expresion de la guerra como arte.
Por último, en el paso del Danubio efectuado en
el año 1809, se encuentra el ejemplo más hermoso
y la demostracion más elocuente de que hay que
considerar tambien la guerra como ciencia. En
efecto, la guerra, en su expresion científica, resulta1 como dice Saint-Cyr, de concebir, operar y efectuar para despues raionar, completar y mejorar.
En el paso del Danubio, cuando 150.000 c6mbatientes procedentes de la Dalmacia, de los Pirineos y
del fondo de Italia, se encontraron sorprendidos, al
reunirse en el mismo dia para pasar, sobre puentes
colocados de improviso, un ancho ria con 400 piezas
de artillería y repentinamente se desplegaron en
batalla sobre la izquierda, en dos lineas, y cerraron
los atrincheramientos del enemigo obligándole á
cambiar de frente dejando detras la izquierda; operacion tan maravillosamente ejecutada, que seguramente no se hubiera efectuado mejor y con más
precision en un campo de instruccion. Y esta operacion ¿no representaba los grandes y acordes progresos de la táctica, los adelantos de la estrategia,
los de la fortificacion, los de las máquinas de guerra y los de la Administracion militar? En esta operacion, ¿no se ve del modo más palpable la guerra,
primero como oficio, más tarde como arte, y por
Ultimo como ciencia?
En la guerra se cumple perfectamente aquella
frase de Bacon: «La ciencia es fuerza.»
La guerra únicamente puede repugnar al ignorante, aquel sér que no ve en ella más allá que la
campii'la sembrada de mutilados cadáveres; para
aquél que no ve en la guerra más que el cr~púsculo
de la tarde, aquel sublime momento en que la creacion parece despedirse del dia y no percibe más que
los gemidos de los heridos, confundirse con el lejano y ya casi imperceptible tañer de la campana
que anuncia, ó la oracion de tarde, ó la pérdida de
algun sér; para aquél que recuerda el dolor del padre, el llanto de la madre, el de la esposa, la orfandad d.e los hijos reservados al abandono, tal vez á
la miseria y seguramente á un luto irreparable;
para aquél que contempla destruida una cosecha,
incendiada una casa de campo y expuestas las ciudades á los largos padecimientos del asedio; para
aquél que contempla la salvaje alegría de la victoria, y abandonadas al brutal soldado las riquezas, el
arte, el honor y el pudor; para esos la guerra es sinónimo de estremecimiento de la humanidad, y sólo
ven en una batalla un acceso de una horrible enfermedad social.
Y, á pesar de esto, la. g\lerra es algo más: ¿quién
no siente latir su corazon conmovido por generosos

afectos, henchido de gozo, dominado por un sentimiento de grandeza y dignidad,- cuando ve á los
atenienses y espartanos oponer sus intrépidos pechos a la invasion persa? ¿A los siracusanos y numantinos rechazar hasta la muerte el yugo de Roma?
iQuién no dice bmdita sea la guerra cuando contempla al pueblo español sacudiendo la invasion francesa, y por la guerra conquistando su independencia?
La guerra es seguramente horrible en sus particularidades; pero puede ser noble en su fin, y de gran
valor en sus resultados. Thiers decía: «La guerra,
cuando está reducida á una ejecucion puramente
mecánica, dirigida á rechazar Omatar los enemigos,
no es digna de la Historia; pero cuando se ve en ella
una masa de hombres puestos en movimiento por
un solo y vasto pensamiento, que se desarrolla entre el fragor de las armas con tanta exactitud como
las operaciones de Newton O Descártes en el sile1l)cio del gabinete, entónces es un espectáculo dig~
del filósofo, del hombre de Estado, del guerrero.,rY
si esta fusion de la muchedumbre en un solo in!, iduo lleva la fuerza á su más alto grado, dD'igi ¡ ole á combatir por elevados intereses, entónces I ega
á ser tan moral como digna de gloria; porque si bien
es verdad que la fuerza ha usurpado muchas veces
el nombre de derecho, sembrado la injusticia y
traído la servidumbre, tambien dicen todas las historias que la humanidad no triunfa sino apoyándose en la victoria.
Napoleon lo ha dicho: «Entre una batalla en que se
pierde y otra en que se vence, están los imperios.&gt;&gt;
La guerra está enlazada con la politica por medio
de las causas que den derecho á declararla: con la
economía pública, por el arte de conducirla; con la
legislacion, por las penas y recompensas; con la
medicina, por la conservacion de los combatientes;
con las matemáticas, la fisica y la mecánica, por el
uso y perfeccionamiento de los materiales; con las
instituciones civiles por el modo de organizar los
ejércitos; finalmente, con la filosofia por los adelan•
tos, por el arte de mantener la disciplina sin disminuir el valor y medir los grados de voluntad que
conviene poner en movimiento.
El estado de la milicia indica el de una nacion.
La proteccion de la guerra es necesaria para el
cultivo de las demas artes.
Una batalla es la suprema aplicacion dq la inteligencia y de la voluntad, provistas de la fuerza.
iD0nde se manifiesta el heroismo de las masas
como en la guerra,· cuando una juventud, que tiene
á la vista todas las ilusiones y esperanzas de la vida,
se pTecipita alegremente hacia aquella muerte, que
hace estremeéer al hombre en el lecho de prolongados é irremediables dolores?
De aquí el que las guerras sean el objeto predilectos de la historia y que constituyan la inspiraci.Jn
de las bellas artes; de aqui esos cantos populares,
célebres é imp·o rtantes, basta el punto de que Dante creyera. que la lengua italiana no sería perfecta
basta que cantara las armas, y de aquí el que el
nombre de un guerrero ilustre se haga tanto ó más
célebre que el de cualquier bienhechor de la humanidad .
Pero el guerrero es hombre, y el hombre guerrero; el militar debe ser, ántes que valiente, filósofo.
Napoleon decía que no era el valor la primera cualidad del militar.
Creo haber expuesto el concepto de la filosofía de
la guerra, y estoy seguro que mis omisiones ó mis
errores serán suplidos por la benevolencia de los
lectores de LA ILUSTRACION NACIONAL, que verán en
mí un paisano que desea militarizarse.
NEMESIO FERNANDEZ-CUESTA,

EL ANACORETA
Era un general de un partido en derrota. Sus entorchados de oro, su faja azul, su tricornio con estrellita encarnada, le fueron arrancados de un plumazo oficial por el Gobierno reinante. Vióse expulsado, escarnecido, reducido a pobreza. Y aquel
hombre, en cuya mano poderosa vibró tantas veces
el acero de los combates, tuvo que empanar humil-

demente los utensilios del trabajo. Hizose sastre·
su esposa y su hija le ayudaron en su faena, y ejer~
citándose en este útil oficio, le encontramos cuando
fuimos á verle.
Para llegará su aposento había que subir muchos escalones; ménos, sin embargo, que los que
hubo de bajar él en la militar jerarquia. Habitaba
con su familia la buhardilla de un barrio extremo.
No admitía visitas. Los resultados de su labor eran
puestos en la corriente del comercio por las dos
queridas mujeres que le acompañaban. Alli yacía
encerrado desde su desgracia. Y puedo aseguraros
que no veía del mundo exterior otra cosa que el
cuadro siempre igual del cielo gris que se traspa- f'
rentaba por el tablero de crístalitos, recortados por
tiras de plomo, en el marco de la tronera de su exigua morada.
Recibiónos con cierta dureza; sus ojos hundidos
entre arrugada piel violácea, su faz fria y amarilla,
su barba blanca y aérea como pavesa, infundían un
sentimiento de muerte. Mirándole encorvado sobre la tabla lustrada, en la cual desempenaba las
realidades de su forzada profesion, acudiendo en
tropel los recuerdos, hacíase la ilusion, la cuenta,
de que aquello tenía algo que ver con las cosas de
campamento. La tela de pafio extendida y cruzada
por líneas de yeso, parecía un plano de guerra. Las
tijeras esgrimidas con ardor febril lanzaban reflejos
y crujir de armas. Poned tambien que las doradas
tabletillas del metro en zig, zag, fueran una culebrina. De este modo tendréis explicado el temor
que imponia aquel hombre, cuya ocupacion parecía
tener por remate una batalla.
Fierro (así era nombrado el general), reproducía
en esta civilizacion de blanduras y vilezas, el antiguo carácter del guerrero godo. El endeble y som•
broso paletó que le cubría, se avenía mal con sus
mllsculos de diamante. Resistente y lúcida armadura pedía aquel cuerpo fornido. Tocaba ya en los
atios de la vejez¡ pero había en su alma raptos de
jbven pujanza. Envolvíale noble atmósfera de hidalgnia, y en sus gestos, en sus ademanes, en sus actitudes, adivinábase al hombre destinado á sojuzgar
pueblos por la virtud del valor. Era una naturaleza.
sufrida. No cabía duda que en Ja pelea de la suerte
contra él, sacaría el infortunio mellado el filo.
Así se presentó á nuestra vista. Era una tarde
tristísima de otoño, en una ciudad del Norte. Las
brumas caían (pbre las calles, llenándolas de sombras blancas. 4unque quedaban al diados horas en
1
el cielo, en la {i:thardilla era ya noche. Casi pegado
el rostro á su la.rea, afanábase Fierro por recoger
los últimos rayos de luz. Las mujeres habían salido;
yo solo estaba con él. Durante mi estancia allí, apénas hablamos palabra. Cuando la oscuridad hizo
imposible el trabajo, el general, soltal).do los trebejos de cortar, vino á mi lado. Posó una mano sobre
las mias, y apretándolas convulsivamente exclamó:
-¡Soy un anacoreta! pero estoy contento. No
cambio mis tijeras por un trono. Sl algun dia me
llama mi patria, iré, no á mandar ejércitos, sino á
regir operarios. Sí; esta constitucion mia sólida Y
valerosa, no levantará los torreones de tiempos
atrils; las fábricas de hoy la reclaman. No vacilo
en gritar á mis compañeros: ~qSrguid mi ejemplo! ... )&gt; -¡Locura! -dirán muchos. Digan lo que
quieran. Yo sé que soy feliz, y sé que para defen·
der de viles mi hacienda, ó sea otra hacienda gigantesca que se llama Patria, no se necesita pasar
la vida sometido á un martirio sin recompen.sa.
Llamaron en esto á la puerta, salió á abrir Fierro,
y bien pronto escuché rumores de besos, vocecillas
de amor, murmurios mimosos de pájaros que vuelven al nido. Eran las dos mujeres que, para el des•
terrado general, convertían la ruin vivienda en un
paraiso.
Conmovido, y siguiendo en la oscuridad 1 con los
ojos, el disco dorado de la péndola de un reloj
que se columpiaba dulcemente en la pared, exclamé:
¡Qué felices son los anacoretas del trabajo!
JOSÉ DE SILES.

¡BEBAMOS!
Yo quisiera olvidar cómo trajiste
Tu corazon amante á tal estado·
La memoria borrar de tu Pasad~
Con el beso primero que me diste.
Separar del amor, que no sentiste,
La parte tod~ que al placer has dado.
Amarte como nadie te haya amado ...
¿Que llo~o? ... ¡Oh, no! ... ¡Yo tengo el vino triste!
En horrible ansiedad nos abrasamos
Y tú mi gozo á mi dolor prefieres ... ,
¡Fuerza será que al fin nos entendamos!
¡Brindemos al amor y á los placeres!
Tienes razon, cantemos y bebamos ...
¡Yo tambien sé querer como tú quieres!
CA \'ETANO

l}E

ALVEAR.

todos l?s labios. y García nunca la vió. Este nombre
de muJer en diminutivo, es lo que le preocupa.
-¡Qué hermosa debe ser! murmura entre dos
tacos cuando entontece á toda la tropa de los sargentos primeros hasta los soldados.
García tan pronto se figura que es rubia sonrosada y gruesecita., como morena, delgada ~on ojos
negros y ardientes ... El pobre alférez graduado, de
la clase de sargentos,. no tien~ ya calma suficiente
~ar.1 n_ada. Pro¡;ura distraerse en sus ratos de ocio,
Jugar a las damas, enseñar el ejercicio á su perro
de aguas, fumar echando el humo por las narices
entreten.erse ~n. algo .. . ¡Imposible! ya no puede du~
dar. S~ra est~p1do, pero es evidente, se acomete al
con~ag10. Esta, como todo el cuartel, enamorado de
Pep11la.
lII

Una mañana recibió la siguiente Orden por escrito:
\ «El alférez-sargento García buscará en el más bre\ ~lazo posible á la llamada Pepill3., indicada en
LA NOVIA DEL REGIMIENTO
v~_os_partes como culpable de la indisciplina del
re 1 m16ó)tO.&gt;&gt;
Escenas de la vida militar.
·Por fin, voy á conocerla!.gritó.
¡Y
qué emocion! ¡qué preparativos! ¡qué Ordenes
Un sarg-ento ó soldado con bigote encarnecido en
repetidas,
detalladas!
el servicio, es ya tan dificil de encontrar CfJmo el
Ye
á
un
quinto
que ¡asa por el patio, andando
mirlo blanco. Asi es que toda la guarnicion conoce
torpemente,
sin
marcialidad,
como sorprendido al
al ss.rg~nto graduado alférez García, que frisa ya
verse de uniforme.
en l~s cmcuenta años . Viejo, como el fusil de chispa,
-¡Eh! tú, recluta, Yen acá. Nece&amp;ito un informe.
curtido por el sol de la campaña de Africa 1 brusco en
¿Conoces á una llamada Pepilla?
sus modales, embrutecido en su gesto duro, de miEl quinto se ruboriza, y balbucea:
rada investigadora, de voz ronca, que da salida á
-Sí, mi alférez .. . ; no, mi alférez.
frases y pensamientos á cuyo final está siempre la
-¡Cálmate,
mil bombas! La conoces, ¿si ó no?
palabra calabozo 1 era el más temido, considerándo-Parece,
mi
alférez, que es una buena pieza.
sela como la encarnacion de la disciplina y la últi-¿La conoces?
ma palabra de la Ordenanza. Los mismos oficiales
-En cuanto á conocerla, no la conozco; pero tamsaludábanle con deferencia. El coronel le quiere
poco me es desconocida.
como á uno de esos mastines de guarda, mal hu•
-¿Qué galimatías es ese?
morados y bien provistos de dientes que no dejan
-Es decir que no la he visto nunca. Pero los anpasar á nadie sin ladrar O morder.
tiguos de mi dormitorio hablan mucho de ella.
Cuando él estaba de semana, los soldados se la-¡Es eso todo lo que sabes?
vaban tres veces, ponían clara de hu evo en el betun
-Todo.
se cepillaban hasta romper la ropa: el acer.:i de lo;
-¡Al avío, paso ligero!
fJsiles era un espejo, y los botones puntos luminoManda llamar á un soldado (próximo á licenciarsos: los de servicio barrían minuciosamente el patio
se), que tiene reputacion de Tenorio.
del cuartel, recogían la menor arista de i:aja en los
-¡Atencion al parche! Tú eres un seductor. Me
intersticios de las losas, lavaban tanto los retretes
han hablado de cierta Pepilla ...
'
que parecían muebles de lujo. A las cinco de la tar-¡Oh! hermosa jembra, mi arférez.
de, García estaba en la puerta, esJudriñando con
-¿Rubia O morena?
ojo3 de lince á todos los soldados qu : salian: ¡desdi-Rubia, morena, ó de pelo castaño.
chado del qu~ se abotonaba á la de i.;ha cuando se
-Ya sé que á ti te gustan todas. ¿Dónde enconmandaba que fuese á la izquierda 1 a la izquierda
traría yo á esa Pepilla1
cuando estaba promulgado abotonarse á la derecha!
-Unas veces está por aquí cerca, y otras un poco
¡Desgraciado capote aquel cuyos plie3·.1~s no fueran
más léjos.
de reglamento, vaina de bayoneta mal d &gt;JsengrasaEl soldado sonríe. El alférez se turba.
da, O plumero demasiado inclinado O t! r masiado de-¡Este condenado se burla de mi! ¿Habrá adivirecho!
nado que yo la amo!-Basta. ¡Media vuelta!
El sargento todo lo ve, lo adivina todo. El culpable
García está rabioso. Traga saliva, corre ála puerta
e ,,;e una escoba, en vez de tomar el aire.
del cuartel 1 y detiene á un cabo que sale.
-¡Vaya! me cogió. El alférez me ha visto los bo11
titos.
-¿No está V. de servicio?
!Ioy García es otro hombre. Casi es melancólica su
-No, mi alférez, por eso salgo.
!.lirada, y anda preocupado 1 distraído. Olvida á ve-Entónces ...
ces enterarse de si se cumplen los castigos que imEl desdichado busca una transicion, y no da con
pone. Los quintos respiran, los soldados salen del
cuartel con botas de media cana de co'or y los de ella. El cabo espera, asustado, sin bajar la mano de
la visera.
servicio se toman grandes descansos.
-¿Entónces, tartamudea Garcia 1 tal vez. conozca
iCómo ha podido ablandarse el coriáceo corazon
usted á una tal Pepilla? ...
del veterano?
-¡Ya lo creo! contesta el cabo alegremente. Aquí
Hé aquí lo que sucedía.
Desde un mes ántes, dia más O ménos, en tcJos ;a conocemos todos.
-Una rubia muy linda ¿eh? murmura el alférez,
los partes y denuncias figuraba un nombre: Pe pilla.
El sargento Perez ha tratado de introducir en el rojo como una cereza y bajando los ojos.
-¿Rubia? No 1 seilor. Negra como la boca de lobo.
cuartel á una mujer llamada Pepilla.-Cuat· (} dias
de arresto.
-¿Dónde vive?
-En ninguna parte y en todos los sitios. Haga sol
El cabo Fernandez fué visto el domingo acompai1:tndo á una mujer de mala traza. Ha confesado que ó llueva, siempre está en la calle: los domingos en
el Tio Vivo, por la tarde rondando cerca del cuartel,
era una llamada Pepilla.-Tres dias de arresto.
El soldado Juan Rana, estando de centinela, fué por la noctc viendo los escaparates. Basta salir para
sorprendido en su gar~ta hablando con u.na jóven, encontrarla.
García emprende la campana. ¡Yo la encontraré!
que el culpable declaró se llamaba Pepilla.-Ocho
dias i' e calabozo.
Ordena á t.dos los centinelas que detengan á todas
Pe1,illa por aqui, Pepilla por allá, Pepilla en todo, las mujer J:- sospechosas, y á las patrullas que las llelos papeles del regimiento. El nombre de Pepilla en ven á su p:·csencia. Visita las tabernas. Encuentra

593
Paquitas, Dolores, pero ni una Pepilla. Este misterio\ estas decepciones, avivan el amor del alférez.
Pierde la sed, el apetito, la brújula, y lo cp.stiga un
oficial de guardia por primera vez.

IV
Una noche lo despiertan de improviso. Llaman a
la puerta de su cuarto.
Abre. Es el sargento de guardia 1 con su farol en
la mano.
-lli alférez, la patrulla acaba de traer ...
-¡A Pepilla!
-No 1 á un gastador.
-¡El que faltó á la lista de esta noche!
-Si 1 pero . ..
-¡Al calabozo!
-¡ Está acribillado de heridas!
-¡Rayos y truenos! Alla voy. Que manden aviso
al fisico.
En el patio, sobre las tablas desuni 1as de una camilla, está el gastador tendido boca arriba inmóvil
con el rostro pillido, el pelo y la barba llen~s de bar~
ro, Jos ojos fijos. Los hombres de la patrulla lo rodean, examinan sus heridas á la luz de otro farol
que uno de ellos levanta en alto.
Llega el físico, cura las heridas, vierte algunas
gotas de cognac en los labios del moribundo que recobra poco á poco el conocimiento.
-¡,Qué es e.sto? pregunta García al jefe 1 de patrulla.
-Mi alférez, hemos encontrado á este gastador
en la esquina de la calle tendido sobre la acera 1 en
el estado que V, vé. Creo que el culpable es un
carnicero á quien han visto al3unos esta tarde dando
el brazo á la novia de éste.
-¿Quién es su novia?
-Papilla, gime el gastadC!lr.
García, temblando, le dice:
-Te engañaba con un carnicero. Has re1Jido con
tu rival que te ha herido. ¿No es eso?

-Si.
Trasportar al gastador ála enfermería, era matarlo. Permaneció, pues, en el patio. Los de guardia pusiéronle debajo una colchoneta y encendieron un
brasero para atenuar el frio. El paciente se queja.
El parte del dia siguiente le castiga para el día de
su curacion:
Treinta días de calabozo. Motivo: haber trabado
disputa con un paisano y dejarse desarmar.
El físico se encoge de hombros.
-No necesita eso. Va a estar preso á perpetuidad
entre cuatro tablas.
Al amanecer, el alférez vuelve á ver al herido.
. -¿Querías mucho á esa Pepilla'? le pregunta al
01do con voz ronca.
•
-Sí 1suspira el moribundo.
Despues parece inquieto, frunce las cejas, como
vacilando ántes de hablar; de repente, con un gesto
de decision:
-Es_cuche V., mi alférez, acérquese V., porque
ya casi no tengo voz. En el fondo, V. no es malo.
¿Quiere V. hacerme un favor? Cuando me entierren, vaya V., sin decírselo á nadie, á buscar á Maria Lopez, la tabernera de la tienda pintada de rojo
y verde, la de la esquina ... digala usté .. , que aunque muero por su causa la perdono ... la quiero ...
que he pensado·en ella hasta el último minuto.
-¡Cómo! ¿No decias anoche que se llamaba Pepilla!
-¡Oh! Eso de Pepilla es otra cosa, contestó el gastador_ ~onriendo levemente (ya no tengo por que
mentir, porque me muero .. .) como nos obligan cuando faltamos ... por causa de una mujer ... á decir su
nombre ... y eso es grave ... por no querer nadie causar disgustos á la que le quiere ... nos hemos convenido todos 1 para contestará los oficiales, sea quien
sea la mujer de que se trate, se llama Pepilla.
Un nombre que hemos inventado. ¿Comprende V.?
-¿Pero entónces 1 Pepilla? ... insistió García pali~
deciendo.
-No existe, reiteró el gastador.
Y entró en la agonía.
EDUARDO

LOPEZ B..u:m.

�LA ILUSTRACION N,\UfON.\L

SOBRE CUBIERTA
Don Juan y el cpo¡¡,ocrntable comendador estaban
en todos los .teatros de l\latlrid.
¡Qué semana tan triste!
Cadáveres en todas partes, y buñuelos, y otras
suciedades sirviendo de golosinas á la muchedumbre.
No he conseguido explicarme la analogía que encontrará el pueblo soberano entre Don Jiia1i Tenorio
y los bu11uelos, y ménos aün entre Tenorios, buñuelos y fiesta de Todos los Santos.
La festividad es de las más notables en el ailo.
Como Jo mismo celebra la Iglesia católica, en
semejante día, salvo la parte, á San .Juan Evangelista que al Santo ménos instruido en ciencias
humanas.
De manera que en esa festividad á todos los vivos nos corresponde una parte: todos estamos «de
tlias.»
¡Cuánto Jitan Tenorio hemos visto en pocos dias!
Algunos «¡cuán bellos y cuán parecidos!»
Yo creo que el püblico toma por práctica piadosa
la asistenc ia en esta época del ai'10 á los teatros
donde ri&gt;prese ntan el drama del ilustre D. José
Zorrilla.
En el Tenorio está encerrado el pueblo espa11ol
de ayer, y observen uste1les que no me corro á decir
que tambien gl'an parte del pueblo de hoy se ve retratado en la fig ura. del protagonista.
Para las mujeres ofrece áun más encantos la
obra.
Si se consultara á las que se hal lan en un teatro
durante la ej ecucion del Tenorio, responderían, casi
«por sufragio universal:))
-Comprendo á doña Inés y á doña Ana, y ciernas
amores de acompailamiento. D. Juan convence á
una m ujer, áun cuando sea de mármol.
Mármol, en quien doña Inés, etc.
Pensándolo despacio, es decir, pensánclolo durantetodo el año, vivimos los espailolesinterpretando el Tenorio.
Pero en esta é poca se refrescan las ideas.
Hay padre que amonesta iL un hijo, diciéndole, al
poco más ó ménos lo que J&gt;. Dicyo T"n?rfo á Jiwnito, ántes de la bo/cta moral.
Espo~o que de regreso en el domi0ilio conyugal
pregunta á su esposa:
-¿La hostería del Laurel?
- ,;!las perdido el jui0io, le pregunta la esposa
alarmada, ó vienes co,imJoido?
Cuando el est udiante aprovecha las noches serenas para paseará su modista, on el Prado ó en otro
apa rtado sitio, lo primero que se le ocurre es sentarse con ella en algun banco al aire libre, cuanto
más libre mejor, y romperá decirla:
-«¡Ah! ¿i'ío es cierto, ángel de amor ,
que en esta apartada orilla:' ...))
Y luégo cuanto le ocurra de original, é inédito,
ó inaudito, sinónimos, en opinion de uno de esos
que escriben para los teatros, y para la prensa, y
para la tribuna.
Si en el momento en que saca á luz la faca ó el
puñal, el revólver ó la pistola, el individuo &lt;¡ue se
dispone á matará otro, dijci,e lo que piensa, no hay
duda que respondería:
-Y tü, insensato,
que me llamas ,U ladron,
di, en prueba de mi razon,
que cara á cara to mato.
(Chir lo, /l balazo, y telon .)
Ya diría alguna pobrecita muchacha, si la dejaran, y no anduviesen listos sus padres ó tutores, ó
hermanos, ó lo que sean:
-¡Fulano!
"Arráncame· el corazon,
6 ámame, po1'&lt;¡11e te adoro,)&gt;
Considerado el drama como fantástico, no resulta, porque desde que hay apóstoles de io¡¡qo y cha-

queton, arreglados á nuestros dias, que sanan, segun dicen ellos, á los enfermos, no hay magia que
inspire interés ni novedad.
En Espa11a acostumbramos á llegar más allá que
todas las maravillas.
Como drama religioso, el drama del insigne Zorrilla, no es r eligioso; por lo ménos, dentro del criterio católi00 no cabe.
Es obra española, de fuego y de mí1sica.
Mucha valentía y mucho amor.
Estos resortes excitan á nuestro püblico.
Saliendo de un teatro, despues de ver una representacion del Tenorio, el último jóven de obra prima se considera capaz de convidar á comer al comendador, si puede disponer de algun dinero.
El más desiii~/icanw ciudadano, si tropieza con
una doi7.a l ncs, jóven, guapa,~limpita y acompañada
de alguna .Brigida, se declara.
Despues de tomar la piti11ia, es cuando los más ót)
ménos Tciio,·ios ó Juanes ó Centellas so quedan dorl'
miJos sobre una mesa ó se tornan peleones y anln
á golpes por cualquiera cosa.
•
Como estamos tan identificados con cuanto , :a
gua¡,.~;a, y atrevimiento, y «golpes de gracia,)&gt; lo estamos con el drama fant{lstico-religioso .. y demas,
que representan en casi todos los teatros de Espafla
en estos dias.
· Si el empresario del teatro de la Ópera l1ubiera
conocido su~ intereses, habría inaugurado la temporada con la partitura de Do1i Juan, aunque la hu- .
biese cantado cualquier dependiente de la empresa.
¡Pero no lo pensó!
Yerdacl es que la ocurrencia de rebajar el precio
de las localidades es de más efecto que cuantas
hubieran asa ltado la hermosa cabeza visible de Ja.
'ópera italiana en Madrid.
Es lo ünico que no acostumbramos á ver qne se
rebaja: los precios de los artículos de primera necesidad, ni los de artículos de lujo.
Esto es muy fácil de explicar, por el Jll'Ocedimiento de un m i ami¡;o, aficionado á ministro de
Hacienda:
-Lo que se utiliza y os necesario, debe pagarlo
el que lo usa, y cuanto mits, mejor; y respecto á lo
q1tc no es tle 11ecesida•I, taml&gt;ien debe pagar lo, y no
poco, puesto que es articulo de lnjo.
A¡iarte de eso, no hay cosa que no se rebaje en
sociedad.
De personas rebajarlas no hablemos.
lle oido decir que los tahoneros se disponen á dejar el arte y á dar~e de baja en la corporarion, si
persiste el general Salamanca en sus proyectos,
que ya han pisado á ser prácticas.
.
Los tahoneros de la cla3e de paisano se clcclararán vencidos.
El pan se divide ahora: en pan uniformado y pan
de paisano.
Entre las persecuciones con que a lgunos tenientes de alcalde afligen á los tahoneros imperfectos,
esto os, faltas de peso, y la competencia del pan de
todas las arma•, el instituto de tahoneros del reino
está amenazado de graves crisis.
Así tlecia uno de ellos, en una de las noches últimas:
-¡Cómo están lasfac11ltades en este país! Ya no
puedo ww ni seguir la carrera de tahonero.
Eol'ARDO DE P ,\L.\CJO.

-Por gratitud.
-,Cómo!
-Es el que asistió á mi suegra en la enfermedad
de que murió.
A un soldado le dieron licencia con objeto de que
pudiera verá su familia, q 11e estaba en Aranjuez,
Tomó billete de ida y vuelta, y se metió en el tren
que salía de Madrid á las ol!ho y media de la noche.
En el mismo vagon iba el cura de un pueblo inmediato.
El soldado j uraba mucho por cualquier cosa.
-Sef1or soldado, le dijo el cura: V. va en este instante camino del infierno.
-¿Y qué me importa! respondió el soldado; llevo
billete.de id.a y vuelta.

- ¡Lhtima grande c111c este hombre no se case!
tlccia una se~entona hablando de un artista célebre.
Seria el muilelo de los maridos.
-Si, sei'lora, respondiii un amigo; pero él prefiere ser el marido de los modelos.
l'n ami~o en t1a en ca,a 1le Fulanez, r¡ue e~lú alg-o
enfermo. Al entrar se eneuentra con PI do0tor X que
sale.
-0y&lt;&gt;, le pr&lt;&gt;guntR al enfermo: ~por qué te haces
visitar
un médi~o. tan ~e:~acr~ditado?

Pº:.

/

_/
.

. ¡/!/:/':/ ~(~

....../

,,º/

•
e

Un ratero que se hallaba enfermo en un hospital,
pidió á un enfermero que le diera una taza de tila
para calmar los nervios.
-¿La quieres con cucharilla de plata? le preguntó el mozo intencionadamente.
-Gracias, respondió el enfermo; conozco que es
usted una persona caritativa.
l1n autor presentó un drama mafüimo á un primer actor, que ya con otro titulo conocía la obra.
En la cubierta se leia:
&lt;(La acrion del 1Jrimer cuadro, en el Polo.))
El actor no quiso admitir el drama, y se excmó
diciendo al autor:
- Lo lamento extraordinariamente; pero ~n este
teatro no representamos obrasjlamcn.cas.

..

REVISTA

LITERARIA, CIENTÍFICA y ARTÍSTICA

Estos n¡,óst,lcs d~ ahora son más morigerados que
los ant{,nticos.
A los primitivos los he visto m uchas veces cenando, y éstos no comen, ni beben, ni piden, ni gastan
dinero en rop:t.

AÑO

V

MADRID 20 DE NOVIEMBRE DE 1884

CRÓNICA
Decíamos hace ya algunos meses:

E:--' u:-;\ OFJCJ:&gt;.A ~JJ LJT.\R

Excmo. Sr. Tenien te General D. Pedro
Ruiz Dana.-Diálogo íntimo.- Francia: ensayos
para el embarque de caballería en los wagones
del ferro-carríl.- Grupo alegórico de la defensa
de Belfort.- Escuela Aguirre, en cuyo edificio se
ha instalado la Exposicion de Bellas Artes (dibujo
de D. N. F. Cuesta, grabado de Soler).-Marruecos: Vista de Mogador.

, Colonizar, imponer el progreso por los
medios más propios , más característicos del
progreso, parece resumir la política . e~ su
sentido más lato; parece ser la actividad
natural de u n pueblo que vive, q~e se de~ envuelve, que ejerce, en fin, una mfluenc1a
colectiva en el resto del globo. De manera que la frase df 1 distinguido escritor
G. Charmes: , La salvacion de Francia estriba en su política colonial, &gt; puede ser
aplicada á todos los países; porque, en r~alidad la ausencia de una política colorual
impli~ la ausencia de un Gobierno digno
de este nombre; supone, en fin, una nacionalidad de presente_ incierto y en ~í~s de
constitucion, más bien que en cond1c1ones
de establecimiento definitivo. Luego las ga·
rantías de una existencia más ó m énos
fuer te no se adquieren sino cuando se ej~rce una accion determinada en las relaciones ex teriores; cuando se es activo, porque no siendo abs?luto el ~stad~ de re~oso 'cuando una nacion no eJerce mfluenc1a,
es' que la sufre; cuando una nacion no coloniza, está de hecho ó en riesgo de ser colonizada. »

Crónica, por D. Alfonso Ordax.-Excelentisimo Sr. Teniente Gen eral D. Pedro Ruiz Dana. Embarque de cab_alleria: copia del cuadro de Berne Bellecour, grabado de Quesnel.-Introduccion
á las revistas científicas, por D. J. Maria Serrate.-Recompensas militares, por D. Adolfo Llanos.-Diálogo intimo.-Grupo alegórico de la defensa de Ilelfort.- Escuela de Aguirre, donde se
celebra la Exposicion de Bellas Artes.-Marruecos: vista de la ciudad de Mogador.-EI pensamiento (poesía), por D. Clemente Gar cía de Cast ro.-Los héroes de Filipinas, fragmentos histórico-militares: el capitan de fragata D. Casto
Mendez Nuñez, por D. Pío A. de Pazos.-Bibliografia.-Advertencia. -Anuncios.-Sobre cubier ta,
por D. Eduardo de Palacio.- Var iedades.

Afi.adíamos:
«Cada nacion parece obedecerá un plan
más ó ménos completo de extension territ_o•
rial, y lo desenvuelve lentamente, pero sm
el menor escrúpulo. en cuanto se presenta
ocasion favorable. Tras unos piratas entró
Francia en Indo-China, y ya se ve cómo ha
terminado tan incidental y simplicísi1;11a ex•
cursion: con un protectorado y ventaJas comerciales de importancia excepcion~l: _In•
glaterra invocó los intereses de la c1~1liza•
cion para su campaña en el Sudan, pero
sabido es que la primera definicion que
creyó deber hacer de estas palabras generales, no excluyó de su co!1tenido el protecto•
rado de Egipto, extendido á Jartum y en-

rn jefe de ne;ociado manda á un ordenanza á su
casa á ver si se ha dejaclo encima de la mesa la
llave del pupitre.
El ordenanza rr:;rrsa y se 1,resenta ante el jefe.
-S bien, la llave?
-Efectivame11te, sc11or, estaba sobre la mesa.
-Bueno, d.[1111f la.
-i\o la tengq'
-¿Pero no la 1¡taes?
-Xo, se1"1or, h\i cumplido sus órdenes; he viRto
que la llave est"l sobre la mesa, y le traigo la respuesta.
E~C'UE!. \ DE ORJEST.\C'JON

-¿llacia qué punto marchamos?
- Hacia el medio dia.
-¿Por qué?
--Porque son ya las once y media.
-¿Cuándo acabará usted de ser un mal solJado!
No p,isa dia sin que cometa usted una falta.
- ,Oh, sei'lor sargento! yo estoy animado de la
mejor voluntad; pel'o cuando 8e ha bebido una copa
de más, ya sabe usted por experiencia lo que sucede.
l'EN., I\JJ ESToS OE L.\ EJHD ) IEDL\

VAlUEDAUES

.,..
¡

DE&gt; los amigos ar¡uellos a\·ed por verd.adero.~ qne
en vtH'8tra p1imera fortuna ·r ns amaron: ca el q11e
amigo es, en todo tiempo ama.-Di-!go de ral!'rll.
El que se r i11tle non fi n,·a vencedor : nin el que
111ctc el pié en la retl non le sara cuando quiere.Dít; 1h Uu,,ic.:.
El que non vence la suma la \'(\Juntad, ántes se
va en pos della, Linea ven cicle,: asi el que á su voluntad non es para Yencer, mucho ménos será para
vencer sus enemigo~: e la s11 poca comtancia le fará
perder la vrr~iiPnta e caer en deshonor.- Di~:, dJ
Gai,t~;.
Imp. de B. Rubnios, plaza de la Pa;a, ?1 Madrid.

SUMARIO
GRA BADOS:

TEXTO:

NúM. 44

volviendo la posesion de los·puertos del mar
R ojo. En fin, Rusia nos sorprendió verdaderamente con la anexion más important e
en estos últimos tiempos. Y nada tendría de
extraño que en esta moderna tendencia á
hacer sin hablar, como no sea para dar á
cada palabra el valor de un acto, Francia,
corregida de sus excesos orales de otras veces, decidiera una campaña contra la retóri•
ca, hasta proscribirla completamente de sus
usos. En cuyo caso no debemos aguardar
á. que nos diga lo que pretende hacer en
Marruecos, sino observar bien lo que hace. &gt;
Y t erminábamos, en fin, dando cuenta de
las aspiraciones de Francia en Africa. Y a
se han confirmado. En la última Memoria
colonial del ministerio de Marina francés, y
en el artículo de Le Temps, que ha sido reproducido óextractado en todos nuestros periódicos, se presenta ya como objeto de litigio la soberanía de Espat'ia sobre las islas
Elobey, y se indica como límite de nuestras
posesiones el rio Muni.
Se ve, pues, que no hay una política
de aventuras más peligrosa que la de no tener ninguna, y Espat'ia se prepara por esto
una época de grandes incertidumbres para
el porvenir, toda vez que, de otro modo dicho, no se p1'epara á nada.
El error consiste en esa observacion vulgar que suele excusar su indiferencia para
las cuestiones internacionales, diciendo que
tenemos bastante con las del interior, que

cuando arreglemos nuestra casa por denf:t"O podremos rneternos á arreglar las de
fuera.
Se incurre aquí en una distincion grosera entre la política interior y exterior.
Las casas searreglan por dentro en consi-

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="50">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2979">
                <text>La Ilustración Militar : Revista literaria, científica y artística</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479327">
                <text>Revista literaria, científica, artística y militar.Publicada en Madrid entre 1880 y 1884, durante el periodo de la Restauración. Fue dirigida por Arturo Zancada y Conchillos. Posteriormente cambió su nombre a La Ilustración Nacional.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137677">
            <text>La Ilustración Militar : Revista literaria, científica y artística</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137679">
            <text>1884</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137680">
            <text>5</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137681">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137682">
            <text>43</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137683">
            <text>Noviembre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137684">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137685">
            <text>Decenal</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="137701">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753562&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137678">
              <text>La Ilustración Nacional, Revista literaria, científica y artística, 1884, Año 5, Tomo 2, No 43, Noviembre 10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137686">
              <text>Zancada y Conchillos, Arturo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137687">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="137688">
              <text>Arte y ciencia militar</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="137689">
              <text>Fuerzas armadas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="137690">
              <text>Literatura</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="137691">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="137692">
              <text>Ciencia</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137693">
              <text>Revista literaria, científica, artística y militar.Publicada en Madrid entre 1880 y 1884, durante el periodo de la Restauración. Fue dirigida por Arturo Zancada y Conchillos. Posteriormente cambió su nombre a La Ilustración Nacional. </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137694">
              <text>Imprenta de E. Rubiños</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137695">
              <text>1884-11-10</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137696">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137697">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137698">
              <text>2018263</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137699">
              <text>Fondo Historia</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137700">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137702">
              <text>Madrid, España</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137703">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="137704">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="13035">
      <name>Álbum Militar</name>
    </tag>
    <tag tagId="13181">
      <name>Artillería China</name>
    </tag>
    <tag tagId="4817">
      <name>Crónica</name>
    </tag>
    <tag tagId="509">
      <name>Guerra</name>
    </tag>
    <tag tagId="13180">
      <name>Recuerdos de Filipinas</name>
    </tag>
    <tag tagId="13179">
      <name>Recuerdos de Melilla</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
