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HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
N9 1
196 O

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�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Año 1
1960

�AÑO

NUM.

196 O

I

1

HU MANITAS

• ¿..,

ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CE TRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:

DR.

AousriN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:

LIC.

JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lle.

ALFONSO RANGEL GUERRA

EDITORIAL JUS
MEXICO,

1960

�HUMANITAS

Correspondencia: Centro de Estudios
Humanisticos. - Dirección : Zaragoza
Norte 224.

-

Monterre , N. L.

EL CENTRO DE ESTIJDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Dr.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

PRIMERA EDICIO

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en
este Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores

EL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS de la Universidad de
Nuevo León es el nombre de una esperanza mexicana, específicamente neolonesa. Nace a la vida de relación, limpio de prejuicios,
con anhelos de verdad y con voluntad de servicio.
Vivimos en una época de crisis. La vida actual .se ve acosada
por una terrible angustia producida por la desorientación; nos toca vivir en un mundo que al parecer se desquicia. Un sistema de
ideas y formas de vida se hunde en el ocaso y no se ven alborear
nuevas estructuras, nuevos pensanlientos. El debilitamiento y la
distorsión del raciocinio caracteriza la crisis actual. La técnica, que
debiera servir al hombre para dominar la naturaleza y poder vacar en sus menesteres espirituales, le ha esclavizado. Padecemos
una crisis de intimidad. Vivimos extravertidos en lo de fuera, fugándonos de nuestro yo auténtico y aturdiéndonos con el vocerío
de los instrumentos de disipación (prensa, radio, televisión, cinematógrafo). Aunque tengamos más información que en otras épocas, hay una creciente indiferencia crítica. Al arecer ya no importa pensar y saber, sino vivir y ser eficiente. La técnica orientada en un sentido gigantesco y mercantil, es la plasmación materialista de la eficacia cuantitativa, que ha sustituído a la idea de
.salvación. Se ha perdido el sentido de universo, de verdad total,
5

�para caer en la atomización de un puñado de verdades parciales
que no se sabe cómo conciliar.
Los cultivadores de las ciencias especiales buscan al hombre donde e1 hombre no está, con instrumentos inapropiados para captar
las sutilezas de lo humano. De ahí la certera agudeza de la paradoja de Heidegger: "en ninguna época se ha sabido tanto y tan
diverso con respecto al hombre como en la nuestra. En ninguna
época se expuso el conocimiento acerca del hombre en forma más
penetrante ni más fascinante que en ésta. Ninguna época, hasta
la fecha, ha sidQ capaz de hacer accesible este saber con la rapidez y facilidad que la nuestra. Y, sin embargo, en ningún tiempo
se ha sabido menos acerca de lo que el hombre es. En ninguna época ha sido el hombre tan problemático como en la actual". (M.
Heidegger, Kant y el Problema de la Metafísica. Fondo de Cultura Económica, México 1954, p. 175). Todo esto es cierto, innegable, pero siempre queda lugar para el examen de conciencia y
para la esperanza.
La responsabilidad de un Centro de Estudios Humanísticos, con
sus diversas Secciones, ante la crisis del mundo actual, no se limita al señalamiento, más o menos lúcido, de los fundamentos de la
crisis y de las posibilidades de superarla. Estamos comprometidos
( así lo pienso yo por lo menos), a reafirmar vitalmente la verdad,
la bondad, la belleza y los demás valores eternos en lo que tienen
de imperecedero, limpiándolos de todo lastre circunstancial. El
hombre no podría vivir, si no tuviese la convicción de que sus facultades cognoscitivas lo llevan a la verdad. Sería imposible obrar
o abstenerse de obrar. Indudablemente 1a razón alcanza con certeza plena las verdades más elevadas del orden natural. Y ello es
así, porque lo que es, es lo que causa en nuestro espíritu la verdad.
Para ser plenamente escéptico habría que convertirse en vegetal.
Es claro que al afirmar la veracidad de nuestras facultades cognoscitivas estamos muy lejos de caer en el error, por exceso, del racionalismo. Nuestra razón alcanza la verdad no sin dificultad y a condición de someterse a una disciplina externa a ella.
Todo el hombre está empeñado en la indagación de la verdad.
6

Y cuando se la descubre amorosamente en etsilencio de la ·medita&lt;:ión, se pega al alma' y le infunde vida interior. No es bien mostrenco, sino asunto íntimo, descubrimiento histórico con una filiación personal. El hcmbre no inventa la verdad, se acerca a ella y
la recoge con reverente humildad. Pero en este acercamiento, el
ser humano rasga la corteza de las cosas para alumbrar su secreto
íntimo. Sólo después de ser poseída, la verdad -luz y alimentopuede ser comunicada. Y es lo cierto que nacimos para la verdad,
aunque nos empeñemos algunas veces, en vivir en el error. Cuando la verdad nos posee, surge la ciencia. Los griegos daban el nombre de "aletheia" al "descubrimiento'\ a la "patencia" de las cos as. La verdad era, para ellos, una propiedad del ser real. La pre.5encia humana en el mundo posibilita -no genera- la verdad.
En este sentido, somos responsables de la verdad en cuanto develamiento y en cuanto comunicación. El amor es inseparable de la
verdad: la esclarece y la posibilita. Estamos llamados -todos, sin
excepción- a dar testimonio de la verdad. Abrirse a la verdad, y
abrirse en la verdad para los otros es cumplir la ley de nuestro
propio ser. Tenemos la certeza de que somos hombres para algo
más que para dar con nuestros huesos en una tumba. Por eso me
ha parecido siempre magnífico el lema de la Universidad de Nuevo León, mi "alma mater": "Alere Flammam Veritatis". Si la administración de la verdad está confiada a la libertad humana, es
preciso alentar la flama de la verdad. Condenados como estamos
.a la muerte, debemos apresurarnos -con inquebrantable voluntad
y sin descanso-, a dar nuestro mensaje -grande o pequeño pero
siempre auténtico-, antes de pasar a aquel estadio en donde tenemos la certeza -los creyentes- de que sobran los mensajes porque todo está a la vista, en su más prístina patencia. Pero todo develamiento, todo mensaje debe estar al servicio del amor que abra.za y excede a la verdad. Otra cosa sería exhibicionismo y escándalo. Si todo hombre es un ser dialógico, la verdad tiene también,
en consecuencia, un carácter dialógico, social. Florece en el coloquio de los espíritus libres. Cada hombre tiene la posibilidad de
.enriquecer su propio campo visual con el de los otros. Cada hom7

�bre capta, sostiene y transmite la verdad de manera personal. Y
todo ello sin mengua del carácter universalmente válido y supratemporal de la verdad. Por diversas rutas: Filosofia, Ciencias Literarias, Historia y Ciencias Sociales, los miembros del Centro de
Estudios Humanísticos andamos en pos de la verdad. Sabemos que
en el ser, en la verdad, habrá siempre un fondo de misterio y, por
tanto, una inagotable fuente de sorpresa. De ahí nuestra perpetua
inquisición de la verdad. ¿Pero es que puede ser otra cosa la investigación? "Busquemos, sugiere San Agustín, como quienes van
a encontrar, y entremos como quienes aún han de buscar, pues,.
cuando el hombre ha terminado algo, entonces es cuando empieza". (De Trin., IX, c. l. ) . Búsqueda que es preciso insertar en el
momento histórico, porque el descubrimiento de la verdad -sucesivo y progresivo- se hace en el tiempo. Siempre cabe descubrir, en diversos momentos históricos, aspectos diversos de una norma universal y eternamente válida.
No basta, sin embargo, un decidido y apasionado amor por la
verdad. Las disciplinas humanísticas -la Filosofía, la Lingüística,.
la Historia, las Ciencias Sociales- exigen un dominio del instru-mental metodológico, incompatible con la facilidad del saber vulgar. Es menester que nuestros investigadores tengan un conocimiento suficiente de la metodología para estar en aptitud de recoger y estructurar todas las normas que la razón y la experiencia
dictan, a fin de llegar segura y prácticamente a los especiales objetivos de investigación que en concreto se pretenden. Ningún sis
tema ideológico por respetable que sea, podría servir a manera
de común denominador entre investigadores de muy diversa formación y procedencia. Algo hay, no obstante, que permitirá estampar, en los trabajos de nuestros colaboradores, su sello peculiar·
e inconf undiblc: el rigor metódico, el estilo cientüico. El ensayismo y los trabajos de divulgación -dignos de respeto y hasta convenientes en otras circunstancias- quedarán fuera de nuestros objetivos. Nos hermana una tarea científica, una disciplina metodológica, por encima de cualquier cosmovisión personal. No estamo
solos. Contamos con el apoyo moral y material del H. Poder Eje-•
8

cutivo del Estado de Nuevo León, del H. Patronato Universitario
y de nuestra Universidad que, en la digna persona de su Rector,
ha puesto especial empeño para fomentar, en nosotros, el esfuerzo
para la consecución de la meta propuesta. Hace aproximadamente un año, cuando el Centro de Estudios Humanisticos era a penas
una idea auroral que bullía en mi cerebro, tuve la decisión de
confiar mi proyecto al licenciado don Raúl Rangel Frías, Gobernador del Estado y universitario "ex veritate", quien me brindó,
desde el primer instante, su franco respaldo y su generosa simpatía.
Que conste, desde ahora, el público testimonio de mi gratitud. El
resto: la estructura y el funcionamiento del Centro, fue cuestión
de entusiasmo del Comité Organizador.
Séame permitido ofrecer, siquiera sea en sus líneas fundamentales, la urdimbre del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León. Trátase de un organismo universitario cuyo objeto primordial es fomentar y promover la investigación dentro de las disciplinas humanísticas. Por ser una institución de carácter estrictamente científico, queda fuera de su campo de actividades todo tipo de proselitismo político o religioso. El Centro
de Estudios Humanísticos está legalmente representado por su Presidente, pero la autoridad máxima será el Consejo General, formado por el Presidente y los Jefes de las Secciones que lo forman.
Inicialmente tenemos las siguientes Secciones: a) .-Filosofia; b) .
- Letras; c) .- Historia ; d) .-Ciencias Sociales; e) .-Editorial. Se
contará con investigadores de las siguientes categorías: a) .-Investigador Jefe de Sección; b) .-Investigador de Planta; c) .-Investigador extraordinario (becado o huésped). Además de los diveros libros que produzcan los investigadores, el Centro de Estudios
Humanísticos publicará un anuario intitulado "Humanitas", con
todos los trabajos aprobados de sus investigadores y aquellos otros
que se soliciten a escritores nacionales o extranjeros de reconocido
prestigio. La Institución tendrá como patrimonio económico, el
que se constituya por las aportaciones regulares que haga el Gobierno del Estado, el Patronato Universitario de Nuevo Le6n, la
Universidad de Nuevo León y los ingresos que obtenga de sus ac9

�tividades y publicaciones. Sin perjuicio de su fin primordial, la
investigación, el Centro realizará actividades de extensión tales
como : misiones culturales, conferencias y cursos monográficos dentro de la Institución, participación en Congresos Nacionales y extranjeros, estudios que le encomiende el Gobierno del Estado dentro de su campo propio de trabajos, etc. Los perfiles del Centro
de Estudios Humanísticos están diseñados. El programa, noblemente ambicioso, queda trazado. Pero la realización nos incumbe,
en una forma o en otra, a todos los amantes de la Universidad.
Nuestra tarea es eminentemente universitaria. Si la cultura y las
profesiones no estuviesen en un estrecho contacto con el incesante
fermento de la investigación, La Universidad se anquilosaría muy
pronto en sarmentosa rutina. Nada sería la enseñanza superior
si no tuviese hincadas sus ávidas raíces en el suelo nutricio de la
ciencia. La investigación dignifica a la Universidad y la salva de
caer en las redes de 1llla mecánica ciega. Todo puede ser penetrado, aclarado y objetivado en el viviente espíritu de La Universidad
investigadora. Partiendo de nuestra fidelidad a las mejores esencias universitarias, podemos, por el espíritu de la investigación henchir de posibilidades y de realidades a nuestra "Alma mater", que
se renovará en nosotros y en las generaciones que nos sucedan. Estamos abiertos al diálogo porque creemos que es el único medio
para expresar y comunicar a los demás la vida de la investigación
humanística. Sabemos que por el diálogo la investigación se asocia y hace solidarios los esfuerzos de los individuos que la cultivan.
Tenemos la convicción de que las humanidades son, antes que un
sistema de doctrinas, una búsqueda que replantea incesantemente los problemas, para sacar de ellos el significado y la realidad de
la vida humana. o andamos en pos de un humanismo libresco y
conceptual, 'almendrado de citas griegas y latinas, pero sin latido cordial para el hombre" ( Caba) . Queremos llegar a un saber
del hombre para el hombre. Un saper del hombre concreto, del
hombre integral que es, a la par, espíritu y carne, alma y hueso,
razón y sangre, instinto y pasión. El ser multidimensional del hombre reclama una visión comprensiva de todos sus planos. "El co10

nociiniento no es nada, escribe E .. R . Cúrtiús, si no es el entusiasmo del amor". Una atmósfera cargada de entusiasmos y esfuerzos
científicos, permea, como supuesto radical, la' existencia- de nuestro Centro de Estudios Humanísticos.
·

"El hombre -intuyó Nietzsche con penetrante agudeza- está
hecho p~a ser superado". Pero el poeta:.filósofo· germano equivo. có el camino. ·La "bestia rubia", qué soñó Ni"e~che, está de ant~mano frustrada. El estancamiento en la evolúción· biológica de la
especie humana no es mera cisualidad. La inteligencia, la razón,
la capacidad de crear instrumentos y civilizaciones ~ embotado
loo instintos, 1~ fuerza animal y la facultad de aaaptación ál ·medio.· Por eso ~e ·me ocurrió ·decir alguna vez que- el 'hombre, como
anithai· és uti animal frustrado.
:
Si la evolución del hombre s~.na det~nido
el 'ord~n fisioÍógico
y anatómico es porque continúa en el orden espiritual y moral.
Desde el momento en que surgió el lenguaje hablado, apareció una
forma de inteligencia específicamente humana. La evolución morfológica y los instintos comenzaron a perder importancia. En su lugar apareció la libertad de elegir entre la satisfacción indiscriminada de los apetitos biológicos y el cumplimiento de nuestro dinamismo espiritual ascensional. Aqui se detiene la evolución y se
inicia la revolución.

en

Estamos en la aurora de una nueva etapa. La historia de la humanidad no es, comparativamente, muy antigua. La realización de
los grandes valores por nuestros primitivos y cavernarios ancestros
debe haber resultado una seria desventaja en la lucha con la crueldad inconsciente y la brutalidad de los otros. Pero fueron estos conductores los que hicieron perdurar las más caras enseñanzas al rebaño humano.
Biológicamente, el hombre sigue siendo un animal; pero un animal disminuído, enfermo; aunque también, preciso es decirlo, correlativamente aumentado, engrandecido en su dignidad. La libertad no es sólo un privilegio; es una prueba. Podemos subir por la
escala ascendente del espíritu o podemos bajar por la vertiente de
11

�nuestra animalidad frustrada que, en definitiva, apunta hacia la
nada.
En ese trascender a las cosas, el hombre llega hasta trascender
a sí mismo, a su propia vida y a toda vida.
S6lo al servicio de un valor que la incite y la guíe, cobra la vida
contenido y plenitud. La vida es ofrenda, es misión a algo metavital. Los integrantes del Centro de Estudios Humanísticos de la
Universidad de Nuevo León nos hemos entregado a una tarea. Una
misteriosa abertura de nuestro espíritu hacia el mundo de la verdad, de la bondad y de la belleza eternas se ha hecho patente en
nuestro quehacer. Y bien sabemos que fuera del cumplimiento
-aunque sea parcial, pobre, distante- de los valores supremos
-cada quien en su propio camino y estilo- no podremos llegar a
la paz íntima, a conclusión y descanso.

12

Sección Primera
FILOSOFIA

�SIGNIFICACION Y SENTIDO DE LA MUERTE

Dr. AousTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Sumario: l. Significación de la. Muertc. -2. La Vida como Preparación para la Muerte.- 3. El sentido del Morir.-4. Presentimiento y Revelación de la Mucrte.-5.
Caracteres esenciales de la. Muerte.--6. Muerte y Supervivencia. -7. La Victoria
sobre la Muerte.

ME

en esta investigaci6n1 algunas reflexiones metafísicas sobre "El Sentido de la Muerte y el Problema del
Más Allá". Trabajo desde hace algunos años, con verdadera intensidad y entusiasmo, en una "Filosofía como Propedéutica de Salvación". Y claro está, en una "Filosofía como Propedéutica
de Salvación" no podía estar ausente el tema de la muerte y del
más allá. Mi vocación, probada y definida, es filosófica. Por lealtad a esa vocación, por razones de pureza metódica y por respeto
a los dominios del teólogo&gt; a los cuales me asomo con los ojos esperanzados de un creyente, me abstendré de estudiar la muerte y
la vida perdurable a la luz del dogma. Mi propósito es bien modesto: situarme entre los angustiados hombres de este siglo para
hablarles a su inteligencia y a su corazón, hacer mías sus preocupaciones y sus zozobras, para balbucear a la luz de la razón natural, si se puede, algunas palabras de esperanza. Porque ustedes y
yo necesitamos saber por qué morirnos y por qué vivimos si hemos
de morir. ¿Cuál es la significación de la muerte? ¿Por qué ha de
ser la vida una preparación para la muerte? ¿ Qué sentido tiene
el morir? ¿Seda un presentimiento y una revelación de la muerte?
PROPONGO COMUNICAR,

15

�¿ Cuáles son en definitiva los caracteres esenciales de la muerte?
¿ En qué sentido cabe hablar de supervivencia y de victoria sobre
la muerte? Más que la cabal solución de los problemas enunciados,
quisiera trazar caminos, proponer criterios de comprensión, incitar
a una meditación directa sobre el tema. Tengo para mí, como uno
de los mejores títulos de seriedad de la filosofía actual, el de afrontar el tema de la muerte.

I
SIGNIFICACIÓN DE LA MUERTE
"Puede medirse la seriedad de una
doct rina filosófica por la consideración de que hace objeto a la muer te.
Una doctrina en la que no pueda
entrar la consideración de la muerte sin trastornar su orden )' su cuadro, es una ejercitación abstracta, no
una filoso/la".
NicoLÁs ABBAONANO.

Para la vida banal e inauténtica, el muerto es un importuno. Es
preciso deshacerse de él, de su presencia ausente, de su recuerdo.
Hay que recobrar el ritmo de la vida ordinaria, el buen tono,
olvidando la lección de una muerte. La mayoría de los hombres
pretenden poner sobre sus ojos - síntoma del envilecimiento de
la conciencia pública- una venda de indiferencia ante el drama
de un agonizante. Ya no se quiere ver en este drama de solemne grandeza un comienzo. Sólo se piensa en una aniquilación, en
un término. Los más sólo piensan en la cesación de la vida orgánica y de la vida mental individual. La mirada superficial se
posa -y sólo de paso- en la "descomposición cadavérica". Algunos tratarán, tal vez, de imaginar al moribundo evocando su
16

pasado -tan breve, después de todo- y tan lejano del momento actual. El presente es de pena, por lo que deja. El futuro -ya
tan inminente-, de preocupación. Preocupación, no sólo por
los supervivientes queridos y las obras inconclusas -siempre habrá asuntos pendientes-, sino por su propia trasvivencia, si es
religioso o creyente, o por su próximo anonadamiento, si es ateo.
El religioso se preocupa de su responsabilidad ante Dios por lo
actuado en vida. El ateo se angustia porque su ser ( "todo ser en
cuanto es --decía Espinosa- tiende a perseverar en su ser") se
perderá en su individualidad concreta y consciente.
La muerte se presenta al hombre como un desgarramiento inevitable. Su cuerpo ya no va a tener "ánima" que le anime. Hasta
ahora cuerpo y alma habían sido inseparables, hasta el grado de
ser una unidad sustancial. La escisión la presiente dolorosísima,
terrible. Las preocupaciones son aplastantes; la soledad es devoradora. "Lo que constituye la muerte -apunta Nicolás Berdiaeffes justamente que todo lazo, que todo contacto son cortados, que
la soledad es absoluta. Con la muerte, el comercio del hombre con
el mundo de los objetos llega a su fin" (págs. 115 y 116, Cinco
Meditaciones sobre la Existencia, Casa Unida de Publicaciones,
México 1948).
Mientras mi nacimiento no depende de mí -no se escoge venir
a la vida, ni se elige tiempo, lugar, raza y familia-, mi libertad
se ejercita en la muerte. No tan sólo puedo prever y preparar mi
muerte, sino que puedo optar por el suicidio. Si prosigo viviendo,
he aceptado mantener la vida que me ha sido dada. Aunque no soy
libre para implantarme o no en la existencia- estoy implantado-sí soy libre para suicidarme o seguir viviendo.
Puedo prever que mi muerte será absolutamente cierta, aunque
sus circunstancias --el "cómo" y el "cuándo"- permanezcan envueltas en la incertidumbre. Hay muertes ejemplares, es cierto, pero estas muertes nos suministran un socorro muy relativo. Porque
mi muerte, esencialmente inexperimentable mientras viva, será estrictamente personal y única. Si los que mueren volviesen para decimos cómo se presentó la prueba cómo la vencieron y cómo ha17

�bremos de portarnos nosotros en el último trance, cabría hablar
de una técnica para morir y hasta se podrían establecer cátedras
para la enseñanza de la muerte.
Lo único que está en nuestras manos es descubrir el significado
de la muerte -tránsito o aniquilación del ser personal- y tratar
de morir en consonancia con nuestra visión metafísica o religiosa del
mundo y del destino humano. La razón puede arrojar una buena
porción de luz sobre el misterio de la muerte.
Decíamos que la muerte es desgarramiento. ¿ En qué sentido?
Se trata de una separación o ruptura. Separación de nuestros seres
queridos, ruptura de alma y cuerpo. Desaparecemos visiblemente.
Sólo quedará nuestra presencia espiritual. Por eso se dice -y con
razón- que la muerte es la gran prueba del amor. "Si el amor se
ha espiritualizado, si ha pasado al plano de la amistad, --observa
R. Troisfontaines- si el hecho objetivo de estar allí y de manifestar
exteriormente su presencia -por muy preciosa que sea-, se subordina por completo o casi enteramente al hecho inobjetivable,
indescriptible de estar-con, de fundir nuestras existencias en un destino común, de ser más bien nosotros que dos yos yuxtapuestos, de
abrirnos más bien juntos al amor que encerramos en un "egoísmo
a dos", entonces el desgarramiento de la muerte, por muy agudo y
doloroso que sea, no alcanza, no roza el fondo mismo de ese amor,
de esa amistad". (Véase el estudio "La Muerte, Prueba de Amor,
Condición de la Libertad", en el volumen La Muerte, pág. 39,
Ediciones Studium de Cultura, Madrid-Buenos Aires). Entre los
cristianos no es raro encontrar esa experiencia de comunión viva
que sobrevive al fallecimiento de uno de los cónyuges.
Si ser verdaderamente libres es ser libres de las pasiones, durante
nuestra existencia mundanal somos muy poco libres. Por la libertad nos determinamos personalmente en nuestro modo de obrar y
en nuestro modo de ser. En la tierra nos vamos haciendo libres, pero no somos plenamente libres. Nosotros nos haremos a nosotros
mismos tal como queramos ser para toda la eternidad, el día de
la muerte. Por eso para los antiguos martirólogos la muerte era el
"dies natalis", el día de nacimiento auténtico. Entonces -y sólo
18

entonces- se opera el acto decisivo y supremo de "autodisposición". La fórmula platónica sobre "la vida, aprendizaje para la
muerte" significa la preparación vital para el acontecimiento único, imprevisible, ineludible e irrefragable, que dotará de un sentido definitivo a nuestro breve tránsito por la tierra.
Cada uno se escoge a sí mismo en el acto de la muerte de un modo singular, inimitable, inopinado ... Y no hay ulteriores opciones.
Seremos lo que queramos ser. Moriremos con amor, en comunión
con los otros y abiertos a Dios, o con odio, excluyendo a los demás y replegándonos sobre nosotros mismos. Nuestro ser adoptará
su medida: egoísmo o caridad. Es lógico suponer que los hábitos
contraídos pesarán mucho a la hora de la elección. En todo caso,
no es Dios quien rechazará al hombre, es el hombre quien rechazará el perdón de Dios. Me complace pensar que como seres contingentes estamos hechos por Dios y para Dios. Dios nos quiere.
¿ Por qué no tener confianza - una vez más y para siempre- al
morir? Pero esta confianza no es humanamente esperable sin una
vida ejercitada como preparación para la muerte.

II
LA VIDA COMO PREPARACIÓN PARA LA MUERTE

''Pasar por la muerte es pasar por la soledad absoluta,
romper con el mundo entero. La muerte es la ruptura
con la esfera entera del ser, la interrupci.6n d., todos
los lazos y de todos los contactos, el aislamiento completo. Si en el tlrmino último del misterio de la muerte,
ésta fuera todavfo compartida; si r, mantuviera todavía
el contacto con lo otro y los otros, ya no sería la muerte".
N1coLÁs BER.OlAEPP.

Yo he de morir. Es inútil que, como amador del mundo, apegado
a las vanidades de él, me ingenie, de mil maneras, apartar de mi
mente el pensamiento de la muerte, como si, huyendo del pensa19

�miento y recuerdo del hecho insoslayable, pudiera lograr evitarla.
Ahuyentando la idea del término de mi mortal carrera s6lo conseguiré ponerme en grave riesgo de morir mal.
La vida, toda vida sensata por lo menos, es una preparación para la muerte. No vamos a aguardar el trance de la muerte para
buscar el sentido y el término del destino humano.
Nuestra época es una época de distracción, de insensatez. Se
busca, a toda costa, perder de vista el hecho de la muerte. Cada
día se inventan nuevas formas para ocultar, socialmente, las muertes -desgarradoras, inquietantes, terribles- de nuestros prójimos.
Es hora de evocar -como lo hacía San Alfonso Ma. de Ligorioaquellos santos anacoretas, que huían del mundo y se retiraban a
las soledades del yermo, sin llevar consigo más que algún libro espiritual y una calavera, cuya vista les traía de continuo a la memoria el pensamiento del último trance. "Como esos descarnados
huesos -se decían- ha de ser un día mi cuerpo; y ¿ dónde estará entonces mi alma?", animándose así a tratar con todo empeño
de allegar, no bienes de esta vida, sino de aquella que nunca ha
de acabar.
Espanta la muerte en este siglo, más de lo que naturalmente
ha espantado en otros siglos, porque se presenta de improviso ante los locos gozadores que sólo han pensado en halagar sus pasiones e ir en pos de sus gustos. Se presenta en el deceso de sus familiares y amigos, en las noticias de la prensa diaria. Pero el efecto -superficial, momentáneo-- pasa pronto, debido al sistema social, hábilmente organizado, de la mala fe. No espanta en cambio
la muerte a los que menosprecian los engaños del mundo poniendo todo su afán en no amar sino a Dios. "Mostraba suma alegría
un santo solitario hallándose al fin de la vida, - nos refiere San
Alfonso Ma. de Ligorio-- y como le preguntasen por qué estaba
tan alegre, respondió: Siempre tuve ante los ojos la muerte, y por
eso, no me espanta ahora su llegada". (Pág. 82, El Camino de
la Salvación, Librería Editorial Santa Catalina, Buenos Aires
1941) . He aquí una actitud vital ante la muerte que contrasta con
las simulaciones actuales.
20

La enfermedad, la culpa y todas las situaciones-límites nos llevan a la consideración del límite y último trance de la existencia.
Cada hombre tiene una relación peculiar con su propia muerte.
El final previsible de su vida repercute en el significado de su diario vivir. No importa que no podamos vivir la muerte como hecho.
Nos basta circunscribirla en su esencia, en su significación, en su
efecto. "El viviente -ha dicho genialmente Dilthey- ve la muerte sin poder comprenderla". No se trata de la muerte de otro hombre, sino de la mía, de la de cada uno. Trátase de una certidumbre que me acompaña siempre, que está inserta en mi vida. Esta
certidumbre culminará en un proceso: el "adiós a la vida". Más
que el estar muerto, lo que nos importa destacar es el morir. Ese
morir que Fray Luis de Granada anticipara imaginativamente en
su Guía de Pecadores: "Día vendrá en que amanezcas y no anochezcas, o anochezcas y no amanezcas. Día vendrá (y no sabes
cuándo, si hoy, si mañana) en el cual tú mismo, que estás agora
leyendo esta escriptura sano y bueno de todos tus miembros y sentidos, midiendo los días de tu vida conforme a tus negocios y deseos, te has de ver en una cama con una vela en la mano, esperando el golpe de la muerte y la sentencia dada contra todo el linaje
humano, de la cual no hay apelación ni suplicación. Allí se te representará luego el apartamiento de todas las cosas, el agonía de
la muerte, el término de la vida, el horror de la sepultura, la suerte del cuerpo que vendrá a ser manjar de gusanos, y mucho más
la del ánima, que entonces está dentro del cuerpo, y de a y a dos
horas no sabes dónde estará" (págs. 22-23, Guía de Pecadores,
Editorial Difusión) . Y este día, por el carácter siempre alevoso de
la muerte, puede ser mañana. Por eso es preciso incorporar la muerte a la vida, mediante la apropiación existencial.
Aunque la muerte aparezca a primera vista como una deficiencia, puede cobrar, también, un sentido postitivo para la vida. Gracias a la muerte podemos intensificar la vida, impulsar la tarea
vital. La angustia de la muerte se supera cumpliendo fielmente la
vocación. El hombre alcanza en el saber de la muerte sus máximas
posibilidades. El despliegue de la vida cesa de ser vano, vacío, sin
21

�sentido. En el momento presente está ya contenida la muerte, como un elemento constitutivo. No se trata de un suceso exterior que
puede sobrevenir accidentalmente. Trátase de una posibilidad fundamental y fundamentante de las otras posibilidades. Por ella, la
vida humana llega, en su existir, al máximo rigor. La muerte está
en la vida como amenaza constante, como presión continua. Estamos comprometidos a aceptar y sufrir la caducidad de la auténtica
existencia. Esto significa que tenemos que salirnos y abandonar todo dominio seguro (burgués) de la existencia. Viviremos en la
incertidumbre y en el riesgo pero con la mira puesta en una existencia que se cumpla vocacionalmente, que remate - único remate
digno del afán de plenitud subsistencia!- en Dios.
El existencialismo ha hecho aparecer a la muerte "como lo absolutamente amenazador y horrible ante lo cual la vida retrocede
espantada" (Bollnow). No ha podido o no ha querido ver la importancia de la forma terminada que trasciende el cambio y la caducidad, la significación como fuerza plasmadora de la vida, en un
sentido positivo. Urge, en consecuencia, poner de manifiesto el sentido personal del morir.

Ill
EL SENTIDO DEL MORIR
" La uida que consumimos acercándonos a la muerte,
la consumimos también para httfr de ella. Somos como
hombres que estu uieran en un buque caminando en él
en direcci6n contraria a la marcha que lle11a el buque :
caminan hacia el sur mientras el terreno en que lo ha•
cen es Ueuado con ellos hacia el norte".
GEORG

So.naL.

Justamente porque voy a morir, no me pueden ser indiferentes las
diversas posibilidades que se me ofrecen en mi vida . Es preciso
que realice íntegramente la vocación de mi individualidad finita.
22

Al aceptar la muerte acepto mi finitud, defino mi personal misión
y me apasiono por ella frente al riesgo ineliminable.
La muerte es inherente a la vida. Marca su fin y configura definitivamente su trayectoria. La vivencia del envéjecimiento nos suministra la experiencia de una consumación sucesiva. Lógicamente cabe deducir la cesación final del ser que envejece. Pero esta
'
.
deducción no es una experiencia, sino una operación lógica.
La contemplación de la muerte ajena me alecciona en el sentido
de que hay miles y miles de modos en el morir. En todo caso, tenemos la convicción de que la muerte está ligada indisolublemente a
la vida humana y que llegará el día en que tengamos que morir. Y
este morir no es tan sólo consunción biológica, sino desaparición
de la posibilidad de que el espíritu tenga en el cuerpo terrenal su
escenario y su campo de expresión. La memoria del muerto no basta para hacerle existir, nuevamente, como espíritu encamado, por
más que prolongue el sentido de lo que fue su existencia. Tampoco
se puede considerar como sobrevivencia la inmersión en el nirvana.
El budismo y el estoicismo salvan al ser y a la naturaleza, que son
propiamente los que sobreviven, pero no al individuo. Aunque aumente el ser, aunque se devuelva el individuo a la naturaleza, la
persona, como tal, desaparece definitivamente. Sólo el cristianismo afirma la supervivencia personal -"vida verdadera"- después de la muerte: En esta doctrina la muerte aparece como liberadora de una vida mortal y como tránsito a una vida eterna. Desde esta perspectiva es fácil comprender el "muero porque no muero" de Santa Teresa. El hombre no es ya "el ser para la muerte"
heideggeriano, sino el ser para la vida real e inacabable. La muerte queda vencida por una vida distinta. El morir es tan sólo una
condición -ciertamente difícil y terrible- de la inmortalidad. El
moribundo -marcado con los estigmas de la muerte- se encuentra fuera de la circulación mundanal, separado del ritmo de la vida.
Su impotencia es patente. Quiere vivir y va a morir. No encuentra
apoyo firme y el mundo se le va alejando silenciosamente. Está a
solas consigo mismo. Tal vez esta soledad le anuncie la soledad de
las tumbas. Como no puede ya divertirse ni obrar exteriormente

23

�se vuelve hacia lo interior -reflexiona- para ver surgir, por última vez, su pasado: infancia, juventud, madurez, decrepitud ...
Medita sobre sus actos: los público y los secretos. Ya no es hora
de trampas. Quizá descubra "a través de la historia escrita por él
la historia escrita por Dios, -observa P. Deffine, S. J.- la bondad
constante de Dios, la bondad constante del Padre'\ (Pág. 72, "El
médico junto al moribundo,\ en el volumen La Muerte, Studium). Bajo la ceniza del pasado el agonizante advierte que no es
Dios quien le ha rechazado, sino es él quien ha rechazado a Dio ,
sus verdades, sus mandamientos, su misericordia. El perdón puede
ser el término, cuando no hay un rechazo de la invocación en un
repliegue de soberbia y desesperanza.
La muerte no viene, desde afuera, a limitar a la vida. Desde el
principio y desde dentro, la muerte está unida a la vida. Por eso
es tan falsa la popular representación de las "Parcas" que en un
determinado momento del tiempo "cortan" de una vez el hilo de
la vida.
La vida apunta a la muerte es ella misma quien la produce y
la alberga. Muy pronto comienzan los procesos de fermentación
destructivos, la pigmentación celular, especialmente en el sistema
nervioso central, que se considera como síntoma inequívoco de decrepitud. Los órganos se van modificando de modo patológico por
la edad. En este sentido, cabe decir que la muerte es un límite inmanente de la vida que configura y matiza todos sus contenido . Incluso
el ser matado violentamente supone ya la posibilidad de morir. Y
desde este punto de vista resulta indiferente que la po ibilidad se
actualice por un balazo o por una embolia cardíaca.
En su obra "Lebensanschaung -Vier metaphysiche Kapitel-"
Georg Simmel nos refiere que un amigo suyo le decía: "¡ Cuánto
mejor sería la vida si supiéramos con seguridad cuántos años no
quedan todavía ! Entonces podríamos guiamos por eso, organizar
convenientemente la vida, no sería dejar nada sin terminar, no se
empezaría nada que no pudiera terminarse, y además tendríamos
ocasión de aprovechar realmente el tiempo 1'. Pero en este caso, como bien obseiva Simmei la vida constituiría una presión insopor
24

table para la mayoría de los hombres. En lo objetivo, dejarían de
emprenderse innumerables tareas por el ~e~ho de q~e ~uy a menudo el hombre sólo acierta a lograr su maxuno rendlilllento cuando emprende más de lo que puede realizar. Y, en lo subjetivo, lo
que ocurre con respecto a la voluntad de vi~ir ':s se~ramente que
el miedo a la muerte y el desaliento ante su mevitabilidad sólo puede reducirse a proporciones tolerables gracias a la insegurida~ del
momento en que se produzca, a las proporciones que hasta cierto
punto garanticen al hombre un margen de lib':r~d interna de movimientos para gozar de la vida, el desenvolvlffilento de sus fuerzas y la productividad de la única vida que hemos experimentado.
Es mejor, en consecuencia, saber el hecho, pero ignorar su pu:1to
temporal. Así tendremos un "acicate,, y no un peligro de paralización vital.
Nuestro yo exige consumar totalmente la liberación de la contingencia de los contenidos singulares. Aspiramos y esperamos redimirnos, justificarnos, purificamos. No queremos la muerte como
término, sino la visión de Dio , la bienaventuranza. Dentro de cada
cual dormitan innumerables posibilidades de llegar a ser otro de
lo que realmente llegó a ser, ¿serán estas ilimitadas direcciones potenciales el presagio de una infinitud intensiva que se proyecta como inmortalidad?

IV
FRESE TIMIE TO y REVELACIÓN DE LA MUERTE
"Oh, Señor, da a cada uno su muerte propia, la muert,
que procede de esta vida, donde él ha conocido su amor,
su misi6n y su aflícci6n".
RAINER MARÍA RILKE.

Los animales -válgame la redundancia- mueren su propia muerte, de una manera ciega, -apacible, siempre igual. Se acuestan re25

�signadamente a la espera de la muerte. Parecen tener un presentimiento -instintivo, sensible-- de su inminente morir. Perciben el
acaecer sin inquirir sus causas. Sienten los procesos fisiológicos graduales que paralizan y de componen los órganos de su cuerpo, pero estas sensaciones no son, rigurosamente, un saber. La muerte de
los animales tiene un carácter unívoco.
En los hombres, en cambio, la muerte no tiene un sentido unívoco, sino análogo. Hay miles de modos diversos de morir. Y sin embargo, todos ellos conservan una unidad o conexión fundamental :
son modos de morir humanos.
Mientras que para los animales la muerte es un puro acaecer
natural, para los hombres la muerte es un problema, un drama
extraño y difícil. Todo animal está preparado, por su propia naturaleza, para morir perfectamente en cualquier momento. Sólo
los hombres se preparan para su muerte, toman las medidas que
juzgan adecuadas. En los más egregios ejemplares de la especie humana, la muerte ha sido esperada, presentida, madurada. Tal vez
por eso Rainer María Rilke ha designado al hombre como "aquel
que-pare-a-la muerte" ( Libro de Horas). Ciertos enfermos, y los
ancianos, sobre todo, presienten la proximidad de la muerte. Oigamos al poeta :
La vida -que se nos vay la muerte - que nos llegavan a encontrarse. ( El que juega,
gana o pierde). Dios dirá.
Lo que yo soy aquí está.
Tengo expedita la entrega.
A la muerte ¿ quién se niega?
la vida ¿ quién nos la da?
Súbitamente mi ciega
condición, humana ya,
ve: ve el filo que la siega.

26

Dios sabe si llegará
a ser cielo claro! ( Ruega
por quien de camino va).
JuAN JosÉ DoMENCHINA.

El poeta presiente que va a callarse para siempre, que va a ser
silencio. Es nuestro destino: hablar y callar. Callamos para ser,
por lo menos en parte, tierra. Es triste decir adiós. No quisiéramos
abandonar nada de nuestro existir. Y quizá nada abandonamos, s1
sabemos miramos en el ser -ya apagado- que se nos dio ardiendo, y del que quisiéramos no olvidarnos. Pero es preciso que la
muerte no nos despierte. Bien dice el poeta Domenchina:
Vivir por lo cabal es ir muriendo
a conciencia, sentirse uida y muerte.

Sabe vivir de veras quien advierte que cuando se va llegando
se está yendo. En las vivencias que rebozan vida se transparenta la
muerte. Desde el instante en que nacemos viene, con esa misma
vida, la posibilidad de morir en cualquier momento. Mi concien- ,
cía me dice: soy vida en acto y muerte en potencia. Y al anticipar
imagina tivamente mi desenlace, voy viviendo -en cierto modomi muerte. "Quién sabe -dice Eurípides-, puede que la vida sea
la muerte, y la muerte, la vida".
Me aventuro a pensar que ante la inminencia de la muerte se
opera, en el moribundo, una "metanoia" (conversión) . Tras la indiferencia mundana precedente, es lógico suponer que la proximidad de la muerte provoque una pasión de signo religioso. Con Dios
o contra Dios. No cabe término medio. La presencia de la muerte
revela, de bulto, nuestra insuficiencia radical, nuestra miseria, nuestro desamparo ontol6gico ... Y revela también - así quiero pensarlo- lo fútil, lo vano de esa adhesión a las cosas de la tierra.
En la medida en que aceptamos el dolor y la muerte, en la medida
en que aprendamos a amar por encima de la prueba, nos alzare-

27

�mos hacia el reinado del espíritu, emprenderemos la ascensión
hacia la verdadera y pura existencia.
La muerte nos revela nuestro límite absoluto y nos muestra lo
abierto, puro y simple, el espacio donde reina el Dios vivo. No se
trata simplemente del otro lado de lo finito, sino del Otro en tanto que Otro esto es de Dios y su poder creador. Lo abierto de la
muerte ha de ser concebido no en altura o en extensión, sino según la perspectiva de lo íntimo y de lo secreto. Ante la "clisgregación" o "evaporación" -mayor o menor- de nuestra personalidad pre-sentiremos una auténtica "recuperación,,.
No estamos aquí para siempre pronto estaremos en "el más
allá", en el despertar admirable y alborozado. Pero antes es precio pasar por la más brutal ruptura, por la disonancia más grande:
la muerte. A más de ruptura y clisonancia, la muerte tiene un carácter de opresión torturante de la nada. Nuestra nihilidad ontológica se expresará, como nunca antes, en el momento de 1a muerte. En nuestra conci ncia surgirá esta dramática interrogante: ¿ aniquilación o cgundo nacimiento? Plotino, que ensayó volar por encima de nue tra experiencia, refiere que en el primer momento se
tiene la impre ión de que todo desaparece, y sobreviene entonces
un miedo loco ante la pura nada. Agreguemos nosotros que será
necesario un esfuerzo verdaderamente sobrenatural para que el
hombre tenga el coraje de oponer su yo a la clisgregación y a la
nada. Mucho nos ayudará, en esta lucha, el conocimiento sereno
de los caracteres esenciales de la muerte.

V
CARACTERES

Es E

CIALES DE LA MUERTE
"La murrte en cuanto fin del 'ser
ahl' es la posibilidad más peculiar,
irref erente, ci,rta y en cuanto tal indeterminada, e irrebasable, del 'ser
ahl' " .
M . lhmwou,

El hombre es, constitutivamente, un ser inacabado con una potencialidad inexaurible. Permanecemos incompletos hasta la muerte.
Conservamos en reserva, un número ilimitado de posibilidades. Y
cuando completamos nuestra historia dejamos de ser hombres.
Propiamente no tenemos la experiencia de la muerte de otro.
i timo a su agonía, pero no a su muerte. i siquiera la desaparición la podemos experimentar claramente, porque el muerto no
desaparece verdaderamente para sus prójimos --el cadáver no es
una co a- y la existencia en común con su persona no queda rota
sin má.
Ant la muerte, como posibilidad propia de cada uno, ponemo
en juego la totalidad de nuestro ser. Morir no es, necesariamente,
perfeccionarse o agotar todas nue tras posibilidades. S trata, simplemente del cumplimiento de la posibilidad más personal e intransfcrible. No hay manera de superar esta posibilidad, ni podemos, tampoco defendemos de ella. Si somos el fundamento de nuestra muerte no cabe decir que ten mos una muerte, sino que existimos avocado a la muerte. Todas las otra posibilidades están dominadas por esta posibilidad uprema que se adueña de nosotros.
Por ella podemo forjamos una vista de conjunto de nuestra existencia como totalidad. En entera conformidad con este sentido,
la auténtica aceptación de la muerte habrá de ser una espera
(Erwarten) constante de ella, que afecta cada una de las ideas
y de la acciones del existente. Hasta aquí la interpretación ontológica d la muerte elaborada por Heidegger, expue ta por nos-

28
29

�otros con cierta libertad. Pero mientras Heidegger ve todo a la luz
de la nada, cuya revelación es la muerte que consigo 11eva, nosotros
no podemos concluir en la posible imposibilidad de sí mismo y de
toda existencia humana en general. El testimonio de Heidegger
-luminoso en muchos aspectos- no llega a plasmar en una metafísica de la muerte. Recogiendo sus agudas interpretaciones de
hechos, pero usando de la reflexión metafísica, intentaremos, más
adelante, construir una teoría de la muerte y de la supervivencia.
"En cuanto 'poder ser' -expresa Martín Heidegger- no puede el 'ser ahí&gt; rebasar la posibilidad de la muerte. La muerte es
la posibilidad de la absoluta imposibilidad del 'ser a1ú'. Asi se
desemboza la muerte como la posibilidad más peculiar, irreferente e irrebasable. En cuanto tal, es una señalada inminencia. Su posibilidad existenciaria se funda en que el 'ser ahí' es abierto esencialmente para sí mismo, y lo es en el modo del 'pre-ser-_se ,, ( El
Ser y el Tiempo, pág. 288, Fondo de Cultura Económica, MéxicoBuenos Aires, traducción de José Gaos). Del hecho de que no podemos rebasar la posibilidad de la muerte, no cabe concluir que
la muerte es la posibilidad de nuestra absoluta imposibilidad.
Entre las obras póstumas de Max Scheler, figura, en lugar prominente, el ensayo intitulado: Muerte y Supervivenda {Tod und
Fortleben), anunciado en varios pasaje de su Etica. Aunque no
terminó Scheler la obra proyectada, nos legó una serie de felices
atisbos que es preciso recoger para integrarlos en una teoría rigurosa. ''La muerte -piensa Scheler- no es simplemente prevista
como probable en virtud de una generalización de aquello que nosotros aprendemos en otros vivientes, sino porque ella (la muerte)
es un elemento evidente y necesario de toda experiencia interna
del proceso vital". (Véase Mort et Survie, p. 30, Aubier, Editions
Montaigne, París 1952). La muerte significa siempre la cesación
de un proceso, cesación que se determina desde dentro y que no
presenta analogía con ninguna desaparición en el mundo de lo inorgánico. Al atribuir a todo existente en general una forma de conciencia, Scheler le atribuye, también, la certeza intuitiva de la
muerte. Esta certeza es completamente distinta del sentimiento de
30

proximidad de la muerte, o de un presentimiento ,de nuestro fin.
Trátase de un elemento constante de toda experiencia vital, susceptible de múltiples variaciones en el interés y en la atención que
los hombres le dedican. En todo caso, la muerte acompaña a la
vida entera, a título de parte integrante de todos sus momentos.
Que nosotros no veamos a la persona después de la muerte - la
persona es invisible- no quiere decir gran cosa, puesto que ella
no puede ser objeto de una percepción sensible. "La ausencia, después de la muerte, de los fenómenos de expresión, constituye solamente una razón para admitir que yo no puedo comprender más
en lo sucesivo, a la persona; pero esta ausencia no me autoriza a
creer que esta persona no existe" (pág. 56, Mort et Survie, Aubier, Editions Montaigne, París 1952). Si existe una independencia
esencial de la persona con relación a la vida orgánica, y si hay leyes eidéticas de sus actos ( aprehender intuitivamente, pensar, sentir, amar, odiar) leyes eidéticas que son independientes de toda
vida; resulta extraño que Scheler declare, después d.e reconocer los
hechos expresados, la imposibilidad absoluta de probar la supervivencia del espíritu, limitándose a observar que la carga de la prueba -onus probandi- corresponde a quienes niegan la supervivencia.
Concluyamos apuntando los caracteres esenciales de la estructura ideo-existencial de la muerte:
a) Posibilidad, actualizada en tanto que posibilidad, que nos está siempre presente, como una amenaza cierta y delimitante.
b) Riesgo ineliminable que condiciona cualquier posibilidad determinada (por ejemplo: ser arrebatado a la familia, a los amigos
y a mí mismo en mi actual situación de espíritu encamado) que
me incita a la fidelidad conmigo mismo y a la fidelidad con Dios.
c) Término incierto. Término, porque se trata de un acontecimiento futuro y de realización cierta. Incierto, por lo que atañe a
la época de su realización.
31
n3

�d) Conclusión única y definitiva -sin posibles adiciones ni reformas- del yo-programa.
e) Desgarramiento inevitable y soledad devoradora del trance.
A más de ruptura y disonancia, la muerte tiene un carácter de
opresión torturante de la nada.

f) En la muerte nuestro ser adoptará definitivamente su medida:
moriremos con amor, en comunión con los otros y abiertos a Dios,
o con odio, excluyendo a los demás y replegándonos sobre nosotros
mismo . En e e sentido, la vida es preparación para la muerte.
g) La muerte es inherente a la vida. Marca su fin y configura
definitivamente u trayectoria. os revela nuestro límite absoluto
y nos muestra lo abierto, puro y simple.
h) La muerte en los hombres, no tiene un sentido unívoco, sino análogo. Hay miles de modos diver os de morir. Y sin embargo,
todos ello conservan una unidad o conexión fundamental: son modos de morir humanos. Mientras que para los animales la muerte
es un puro acaecer natural, para los hombres la muerte es un problema, un drama extraño y difícil.
i) La muerte corporal no puede afectar al espíritu. Mi persona
no está, en su propia esencia, avocada a la muerte sino a su perfección en la eternidad.
Expuestos los caracter esenciales de la muerte, conviene detenemos a examinar el problema de la supervivencia.

32

VI
MUERTE y SUPERVIVENCIA

"E1to &amp;on.stituye para todos un miste
rio: quien se &amp;onsaera 11nt11rament, a
la filoso/fa, es, no aspira m4s qu, a
p111pararu para la mu'1tt, m4s que
a morir".
PLATÓN.

"Por d eontrario, ,l alma hu mana
subsiste por si misma, es creada por
Dios en el momento que puede se,
infundida en el sujeto suficientemente dispuesto, y por su naturaleza es
incorruptible e inmortal" .
SANTO

TowÁs.

De la visión de las muertes ajenas pasamos a la previsi6n de la muerte propia, irrealizada aún, pero realizable. 1 proponemos la imagen de nuestra futura muerte se despierta en nosotros un sentimiento de cumplimiento o de aversión. En todo caso, nuestra vida se
haila inexorablemente avocada a la muerte. Pese a la preocupación y a la esperanza de prolongar todo lo posible esta existencia,
sabemos con ab oluta certeza que llegaremos al trance ya final de
la agonía. Y es justamente este tránsito agónico, este estar muriendoJ más que la misma muerte el motivo de nuestra angustia y de
nuestro sobresalto.
Con la agonía se opera una "metanoia" (conversión) . La vida
a punto de fenecer, nos evidencia la brevedad y Ja vanidad de casi
todo los goces y sufrimientos del pasado. La prometedora ilusión
de la vida terrestre, proyectada hacia el futuro, se corta de raíz.
También los que nos rodean, los descendientes y los seres más queridos, están llamados a morir. Nadie podrá escapar a la amargura
de Ja desilusión final de esta vida terrenal. La misma sociedad, que
33

�carece de un "alma colectiva", está muriendo todos los días en sus
individuos.
En tanto que el cuerpo tiende al desgaste y al agotamiento, el
espíritu -independiente del influjo directo material- asciende
siempre en vertical, "sit venia verbo". Como espíritu, el alma puede existir y obrar sola, pero no como forma vivificadora del cuerpo. Si sólo damos crédito a los sentidos y no pasamos de sus estrechos límites, con la muerte se aniquila totahnente la existencia
del hombre. Para el materialismo, que reduce al hombre a su
cuerpo, todo termina con la muerte. Y efectivamente con la muerte concluye todo el aspecto vegetativo y sensitivo de la vida humana. Pero es propio de la humana mentalidad conocer lo abstracto,
necesario y universal. El proceso que a ello conduce y la conciencia de la propia personalidad que acusa, se manifiestan como relativamente independientes del cuerpo. Ningún sentido orgánico es
capaz, tampoco, de la reflexión o autospección arúmica. También
el dinamismo universalista de la voluntad nos muestra, en lo humano, la esfera propia del espíritu.
Sin la inmortalidad o supervivencia, la vida humana temporal
no tiene sentido alguno. "Hacer al hombre asomarse en ésta a los
sublimes horizontes de lo ideal, para luego sustraérse1os definitivamente sumiéndole en el abismo de la nada o de la inconsciencia
con la muerte del cuerpo, y nivelando en el mismo siniestro destino -expresa Juan Zaragüeta- a buenos y malos, justos e injustos, es algo incomprensible con una mínima fe en la Providencia
divina". (Pág. 206, Una Introducción Moderna a la Filosofía Escolástica, publicaciones de la cátedra Francisco Suárez, Universidad de Granada, 1946). No sólo queremos vivir siempre sino "vivir más alto". ¿Será vano este afán, o estaremos avocados a una
trasvivencia interminable, sustraída a las actuales vicisitudes?
La muerte corporal no puede afectar al espíritu. La muerte del
espíritu -repugna hasta el mencionarla- es contra su propia naturaleza. Decir que no todo muere en nosotros no es afirmar que
nosotros mismos dejemos de morir y seamos inmortales. El hombre
no es sólo su alma. Por eso, precisamente, es mortal.
34

Tres actos del entendimiento humano revelan su independencia
de las condiciones naturales: 1 ) .-El concepto abstracto que representa las cosas en su misma esencia inespacial e intemporal; 2) . El juicio que une al predicado con el sujeto (piénsese en esos juicios
analíticos "a priori": absolutos e irreformables) ; 3) .-El raciocinio, paso lógico de las premisas a la conclusión. Estos actos sobre·pasan a la mirada de los sentidos, entrando de lleno, evidentemente, en el orden puramente inmaterial. Ahora bien, si las operaciones siguen al ser y le son proporcionadas, habiendo puesto de manifiesto que la actividad del entendimiento es inmaterial tenemos
que concluir que el mismo entendimiento es inmaterial o espiritual. En otras palabras: si el objeto y el acto de la inteligencia del
hombre es espiritual, esta facultad humana lo será también. Su
dependencia del cuerpo es puramente extrínseca. La inteligencia
no está contenida por el organismo, aunque se sirva de él. Es capaz
de reflexión perfecta, es decir, volver sobre sí misma, apoderándose de su operación entera. La toma de conciencia de sí -recordemos a Hegel- es un privilegio del espíritu. También lo es el
amor, la alegría y el afán de plenitud subsistencial. De la espiritualidad del alma se sigue, como corolario inmediato, su inmortalidad.
Careciendo de materia y de partes substanciales, no puede perder
su unidad individual. Santo Tomás nos enseña que después de la ·
muerte desaparecen las funciones condicionadas al cuerpo: sentidos, imaginación, experiencia sensible, memoria y pasiones. Pero se
conservan las funciones intelectuales, aunque ·polarizadas en otro
sentido. (Véase Suma contra gentiles, 1, II, Cap. LXXXI). A la
luz trabajosamente filtrada de la abstracción, sucederá una luz directa. Una vez franqueadas las barreras de este mundo, nuestra alma formará parte del mundo inteligible. Mirando hacia el interior del espíritu se reflejará en nosotros, sin mediación de lo real
que ahora nos circunda, el absoluto y los otros seres superiores. El
mundo de la materia no es más que un mundo de sombras en com paración con el mundo espiritual. Pero la filosofía nos puede decir
bien poco de las condiciones naturales del alma después de la muerte del cuerpo.
35

�VII
LA

VICTORIA SOBRE LA MUERTE
"A juzgar según las apariencias, la
prueba de hecho más fuerte, más universal, que manifiesta la de/ iciencia
inevitable de todo pensamiento humano, es la muerte".
M.

BLONDl!.L.

El acto de pensar escapa, en cierto modo, al devenir, a la degradación y a la simple duración; al inteligir esencias extratemporales
Y universales. Pensemos, por ejemplo, en la superación de la muerte, en la inmortalidad. Pero ese pensamiento no puede colmar por
sí mismo el anhelo de eternidad y el hambre de salvación, porque
no es un Absoluto. Y sin embargo, no podemos prescindir del anhelo. ¿ Cómo explicar este "déficit"?
Es en la vida temporal -válgame la expresión- donde germina la vida eterna. Por la certeza moral que tenemos de la inmortalidad, se nos hace posible -y comprensible- la muerte. Los animales no tienen anhelo de eternidad porque no tienen idea de la
muerte. Los hombres vivimos una vida biológica que se cansa y
se acaba, como la de cualquier animal. Pero además existimos con
una existencia espiritual que se proyecta más allá del límite físico,
del con-fin biológico. La muerte aprieta nuestro existir y nos urge·
a realizar nuestra tarea, pero no puede impedirnos que actuemos
para ser con un sentido de perennidad. Por una parte, la perspectiva de la muerte se nos presenta como la última oportunidad para
ratificar o anular una vida; por otra, esta hora suprema se nos
ofrece como un último peligro de desesperación y de terror final.
Como espíritu encarnado -y a causa precisamente de su existencia espiritual- el hombre no puede ni quiere morirse. El cansancio del cuerpo no trae aparejado el cansancio del espíritu. Sabe
que ha de morir porque se sabe --saboreándose- a muerte corpo-

ral. Pero sabe también que lo que de inmortal hay en él no puede
ser alcanzado por la muerte biológica. La misma muerte nos induce, en ocasiones, a reforzar nuestra convicción de inmortales en
el espíritu. Aun así, quisiéramos retardar la hora suprema, alejar
a la muerte, para cumplir dignamente la propia vocación y para
hacer más méritos. No deseamos presentamos ante Dios con las
manos vacías. Hacemos proyectos con ánimo de victoria sobre la
muerte. Nuestros hijos y nuestras obras llevarán algo nuestro. No
podemos resignamos a dejar de ser después de haber sido, después
de haber probado la existencia. La nada pre-natal no llega a preocupamos por la sencilla razón de que antes no habíamos probado el ser.
Vivimos --si vivimos auténticamente- en la antesala del más
allá. Este estado de espera nos hace vivir la idea de la muerte propia y ajena. Y es claro que el estar en presencia de la muerte equivale, para un teísta, al estar en presencia de Dios. De ahí que la
presencia de la muerte tenga ese carácter terrible que inspira temor. La superación gowsa por la esperanza de un más allá en que
vivamos plenamente, no hace desaparecer, por completo, el temor
a la hora suprema. Aun los más grandes santos han temido el momento de morir, con todos los peligros que le son inherentes.
Todo hombre que se enfrenta a la muerte con el ánimo de vencerla debe pensar, por lo pronto, que va a morir su propia muerte, su muerte personalísima, única, intransferible. No se trata de
un accidente impersonal que me acaece por coincidencia, sino de
una muerte que no podría ser de nadie más porque me pertenece
como me pertenece mi destino. Una vida que se vive como preparación para la muerte no se siente sorprendida por la llegada de:
la muerte, que ya esperaba de un modo familiar. Se pasará el.
trance en la soledad humana propia del agonizante, pero habrá una.
compañía moral del expirante con su Dios y con sus seres queridos. Sabe, como hombre preparado para la muerte, que muere noporque esté enfermo -mera resultante- sino porque vive. "Desde que naciste -advierte Séneca- eres llevado a la muerte''. La.
vida nos huye y la muerte nos persigue. ¿Por qué no aceptarla en-

36

3'1

�tonces resignadamente? Ante ella se acaba nuestro poder. Nada
pueden contra la muerte nuestro pensamiento y nuestra acción. Y
sin embargo hay un medio de vencerla: haciéndola nuestra, voluntariamente nuestra ... No se trata de una intrusa, sino de una realidad humana que nos configura. Después de ella quedaremos libres de las angustias, miserias y peligros de esta vida. ¿Dónde está
la victoria de la muerte, cuando un San Juan de la Cruz nos trastoca radicalmente el sentido de esta vida que no es verdadera vida?
Esta vida que yo vivo
es privaci6n de vivir
y así, es continuo morir
hasta que viva cont.igo.
Oye, mi Dios, lo que digo:
que esta vida no la quiero
que muero porque no muero.

tiempo y más allá del espacio pensarnos en una vida per-durable
que nos representamos o imaginamos imperfectamente. El anhelo
natural de una vida feliz, incrustado en lo más profundo de la conciencia, imprime ruta y sentido a esta "menos-vida" que marc~a,
en su afán de "más-vida" al descubrimiento en lo alto de un Dios
personal.
El pensamiento del premio y del castigo -coronación del sentimiento íntimo de nuestra libertad- fundamenta, moralmente hablando la certeza en el más allá. Si existe un Dios personal y om' -justiciero supremo de la vida moral- tiene que haber
nisciente
una correspondencia, en la allendidad, entre servicio y felicidad
eterna. La verdadera totalidad del hombre no reside en un cuerpo que se marchita; radica en ese fundamento anímico con su núcleo inmortal.

Estamos a la espera de un más allá presentido. Vivimos, mientras tanto, en tensión por la "allendidad" definitiva. Abiertos a lo
imprevisible, sentimos hambre de salvación. Aunque ocupados en
menesteres particulares, nuestras tareas concretas no absorben la
totalidad de nuestra existencia, manteniéndonos en disponibilidad
con relación al fondo de la realidad "abarcante" y "religante".
Nuestra confianza está fundada en la verdad. Pero, ¿ qué es lo que
esperamos? Por de pronto esperamos seguir siendo, no dejar de
ser, y ... ¿ algo más? Sí, esperamos siempre, mientras vivamos, ser
algo más. Esperamos en nuestro "status viatoris", una perfección,
una plenitud, de la cual carecemos por ahora. Somos, pero no somos plenamente. Somos seres hacia la salvación, no somos seres
salvados. Saboreamos tiempos de aproximación a la plenitud o
tiempos de fracasos. Coesperamos porque convivimos. Bien dice
Gabriel Marcel, en fórmula feliz "Yo espero en Ti para nosotros".
Esperarnos con los otros y para un nos-otros que incluye los otros. Y
esperarnos "en" y "con" el universo. La espera es nuestra prueba.
El "más allá" de nuestra espera no está en el espacio y el tiempo. Por eso, justamente, le denominamos "más allá,,. Más allá del
38

39

�HEGEL Y EL PROBLEMA DE LA SUBJETIVIDAD

Dr. CHRISTIAN BRUNET
Universidad de Nuevo León

LA CONCEPCIÓN DE LAS RELACIONES del hombre con la realidad que
lo rodea ha seguido una evolución que presenta un dibujo bastante curioso. En su origen toda explicación es antropomórfica, es decir, que tiende a concebir todos los seres como vinculados entre sí
por relaciones de tipo humano. Cuando Hesíodo aborda la primera cosmogonía griega, saca los principios de su explicación de la
psicología y de los afectos del hombre: hubo la Noche, luego el
Error y la Discordia. Con los Orficos, Fane~ o Eros engendra la
Némesis, luego la desposa y de su unión nacen Uranos y Gaia. Se
concibe la sucesión de los hechos a la vez como una procreación
camal y un engendramiento moral, al evocar cada uno de los dioses
fuerzas sentimentales, Eros, el amor; N émesis, los celos, etc. Las
relaciones intra e intersubjetivas servían de patrón según el cual
se representaba toda relación. Empédocles utiliza todavía el amor
y el odio como principios de explicación física. En otros términos
la subjetividad tendía a invadir toda realidad. Fue mérito de los
Milesios haber inaugurado una era objetiva, en la cual a 1-0s hechos
de la realidad exterior no les serán atribuídas sino causas observadas en el seno de esta misma realidad.
Pero la realidad exterior debía vengarse de la atribución de las
estructuras subjetivas que le fue hecha durante tanto tiempo. Los
pensadores llegaron rápidamente a tratar de la subjetividad según
las estructuras del mundo exterior. Los principios que, en la cien41

�-cía naciente de los objetos habían demostrado su eficacia se aplicaron al conocimiento de sí, swnergiendo los problemas metafísicos del "yo" en insolubles dilemas. Se quiso "ser objetivo", aun
cuando se trataba de una realidad que no se aprehendía sino como
"subjetividad". Lo que es sujeto y no puede ser concebido sino
como tal, se volvió el "objeto" de las investigaciones de biólogos,
psicólogos, sociólogos, metafísicos que fracasaron, parcialmente
cuando menos, por esta razón mayor que, si las estructuras intrasubjetivas tuvieron que estar apartadas del dato exterior para permitir el desarrollo de las ciencias, es igualmente depurando la subjetividad del "cosismo" y de la exterioridad que se hará posible el
desenvolvimiento de la metafísica. Y nadie más que Hegel ha cooperado a esta reinstauración de la subjetividad.
Con él la subjetividad abandonada por la filosofía desde los Milesios cobra al fin derecho de ciudadanía. No es simplemente un
tema de estudio entre otros, entre los problemas de Dios y los de
la naturaleza. Es la forma misma de toda investigación filosófica.
Ella ha reemplazado como absoluto a la vieja substancia. Más aún,
al hacer del sujeto lo verdadero y lo absoluto, Hegel irá hasta un
pan-subjetivismo. Después de filosofías sin filósofos, es decir, sin
lugar para el filósofo como subjetividad, henos aquí frente a un
.sistema en el que la filosofía y el filósofo son una y sola cosa. Este
filósofo, claro está, Hegel lo considera en su existencia, en la medida en la que ésta es racional, dialéctica. Todas las ambigüedades son construidas de modo que la Razón apa1·ezca un poco artificialmente como el optimismo reconciliador y expresaremos acerca
de ello algunas reservas. Pero hay una presencia de la conciencia
tal como la experimento en mi existencia que debemos subrayar en
primer lugar.
Primero Hegel destaca el carácter irreductible de la subjetividad que reside en su interioridad y su historicidad. Este carácter
a su vez implica la dialéctica como método, un método no exterior
ni ·anterior al estudio mismo, un método que es el movimiento, la
esencia y el tema mismo de este estudio. El filósofo está sometido a
la dialéctica porque él es dialéctica y el ser es dialéctica. Es el mo42

vimiento de su propio concepto que se pierde para volverse a encontrar. Es historia, es decir, proyectado fucrc1 de sí en un desgarramiento motor de su perpetuo afán de reconciliarse consigo mismo.
Este afán, esta búsqueda debe forzosamente modelarse sobre esta
proyección, debe aceptar el perderse en la altcrida~ para que, en
esta negación de sí, pueda surgir el otro como cammo que regresa a sí. Es la razón por la cual Hegel repudia el método de los matemáticos como inaplicable a la filosofía, el "Geometrismo" de Spinoza, e-0n quien, en tantos otros respectos, se descubre afinidades.
En matemáticas el "devenir" de la reflexión no es objeto de la re~
flexión misma; le es exterior. La filosofía también conoce una reflexión exterior cuando se interesa en el ser-ahí, tanto tiempo como, puro en-sí este ser-ahí no ha sido asumido por el dinamismode la conciencia, no ha remitido la conciencia a sí, permanece "el
otro" pura y simplemente. Pero la filosofía conoce también una reflexión interior, es decir una reflexión constituyente de su objeto
mismo. En las proposiciones filosóficas, la demostración debe coincidir con el movimiento del contenido. La objetividad, la exterioridad no son más que momentos que remiten a su propio sobrepasarse.
Volveremos a considerar los supuestos idealistas de la dialéctica
hegeliana como método. Nos basta por lo pronto señalar este elemento positivo importante: la filosofía deja con Hegel de pretender aplicar a la metafísica el método que triunfa en la ciencia. Descubre que la exterioridad del mundo objetivo que pertenece al científico no debe caracterizar mi visión del ser tal como se revela en
el desenvolvimiento interior de mi subjetividad. Hegel definirá la
filosofía como ciencia, pero sin mentar con ello que deba usar ru
el mismo método ni los mismos postulados. Quiere solamente que
la filosofía alcance el mismo rigor, la misma precisión, pero este rigor y esta precisión no le vendrán de cuadros fijos y definidos en
su inmutabilidad, cajones de clasificación de los objetos. La aplicación de estas categorías objetivas rígidas a un ser cuyo Absoluto es el ser sujeto, no puede sino, paradójicamente, finalizar en
43

�la imprecisión de la que se queja Bergson al principio de l'Etre
et le M ouvant.
Necesita la filosofía de un método modelado sobre el desenvolvimiento interior de la conciencia como sujeto y, por lo tanto, capaz de revelar su esencia. Las matemáticas consideran lo abstracto,
lo inesencial, nos dice Hegel, es decir, lo que no tiene esencia. Eso
se evidencia tan pronto como se las aplica a una descripción del
tiempo que Hegel, anunciando a Bergson, considera ya no como
objetivización espacializada, receptáculo vacío, sino como lo efectivamente real, el concepto mismo del ser-ahí "pura inquietud de
la vida y proceso de absoluta distinción".
La meta de la filosofía, como la de las ciencias, será el aprehender la verdad, pero ya no como una substancia que se descubre al
apartar los accidentes que la esconden y la revelan a la vez, sino
como sujeto cuyo "ser sí mismo" se toma en "ser otro" en su esfuerzo mismo de ser "para sí", para congregar finalmente todos
sus momentos en el concepto en que será a la vez en sí y para sí.
No hay accidentes que se puedan oponer a una substancia de tal
modo que aparezcan como neglegibles. "El sujeto como absoluto,
escribe Hegel, es resultado, es decir, que es al final lo que es en
verdad" 1 • Es un polo el "connatus" de Leibniz, pero reversible,
ya no solamente como una fuerza que se actualizaría en su trabajo sino también que resume y actualiza este trabajo mismo.
Me proyecto fuera de mí para pensar, actuar, sentir, pero mi
verdad es mi subjetividad como resultado de mis pensamientos,
de mis actos y de mis sentimientos. Nada es accidental en el sentido de que la substancia permanecería no profundamente afectada por ello, pero nada es esencial en el sentido de inmóvil entidad definible: todo es momento de un Absoluto que asume estos
momentos. La verdad no es la substancia clásica igual a sí-misma :
"Es el devenir de sí-mismo, el círculo que presupone y tiene en el
1

Fenomenología del Esplritu; traducción al francés de Jean Hyppolite, Aubier, Edit.

p. 17.

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principio su propio fin como su meta y que no es efecti:~e~te
real sino mediante su actualización desarrollada y su propio fm -•
El Universo de la división bi-partita ha estallado. Demasiados
"residuos" deben permanecer fuera de esta perfecta colección piramidal de géneros y especies. La filosofía clásica había preferido
ignorar estos residuos, aun cuando u_no_ de ellos. era _el hombre, ~
filósofo mismo. Él es la vida, el movlfillento, la mqmetud de la filosofía y ésta es a su vez la esperanza del filósofo que se rehusa a
reconocer que todo es lo mejor en el mejor de los mundos porque
se ha asignado un lugar estable, una clase, una especie entre otras,
porque se hizo de él un objeto entre los otros objetos. Se pe:cata
que lejos de definirse en una relación externa con esos obJe~os,
son los objetos los que se definen en relación con él. Él está mov1do
por una fuerza que es su existencia misma y que invade, con su
presencia indispensable y su mediación, toda categorialidad. Hegel
es este momento de la historia del filósofo. Él reprueba la "cosificación" que ha sido el vicio más entrañable de la psicología experimental o racional. "Ella -la psicología- encuentra entonces
muchas facultades, inclinaciones y pasiones diversas; y porque en
la enumeración de tal cosecha de facultades, el recuerdo de la unidad de la conciencia de sí no se deja sumergir, la psicología debe
al menos llegar hasta el asombrarse de que en el espíritu, como dentro de una bolsa, puedan estar juntas, cohabitar tantas cosas contingentes y heterogéneas unas a las otras, y eso tanto más que estas
cosas no se revelan como cosas inertes y muertas sino como procesos inquietos e inestables" 8 •
A esta imposible fusión de los heterogéneos, Hegel agrega la no
menos difícil unión de la particularidad objetiva con la universalidad del espíritu que las filosofías espiritualistas intentan salvaguardar por la invención de un "alma", "forma" que no logra después
sin tropiezos entrar en composición con su materia, o una s~bstancia en acto primero que no puede pasar a actos segundos smo negándose a sí misma.
9

' Fenomtnología dtl Espíritu, tomo I, p. 18.
Fenomenología del Espíritu, tomo 1, p. 253.

1

45

�Al hacer del hombre un "objeto" del conocimiento observable
y clasificable, el filósofo ha olvidado que todo objeto es correlativo
a un sujeto y que este sujeto es precisamente esta conciencia "objetivizante" y cuando se ha opuesto el sujeto al objeto, se lo ha hecho por la definición de dos entidades en cuya inmovilidad desaparece precisamente su relación activa que los constituye. "Las
expresiones: unidad del su jeto y del objeto. . . presentan el inconveniente que los términos de objeto y de sujeto, etc., designan lo que
son fuera de su unidad" 4 • Definir consiste aquí en fijar en dos lo
que no se intuye sino en la unidad, en predicar a estos dos términos
separados, atributos específicos que se apresuran en perder tan
pronto como se restablece su unidad concreta. De ahí se sigue la
imposibilidad de una ciencia objetiva del yo por una parte y de
una cosmología por otra.
Hegel cree encontrar la razón de esta importante laguna de la
filosofía tradicional en la identidad positiva según la cual concibieron el ser. Un todo, lleno, positivo, en el que se alojan sin implicar negatividad, como elementos igualmente positivos de este todo, todas las realidades, inclusive los cuerpos y las almas, tal es el
panorama que Hegel rehusa. La subjetividad no puede surgir sino
por un pensamiento que daría su lugar a esta presencia que es desprendimiento del ser en-s~ es decir, negación. El movimiento, rompe-cabezas de la filosofía antigua y medieval y principalmente este movimiento consciente de sí que es la historia, no puede caber
en una concepción del mundo como lleno e idéntico a sí. Sin la
conciencia como otro, presente y exterior, no hay movimiento, no
hay sino la división pura y abstracta del espacio y del tiempo según
la matemática que acarrea las insolubles wioe,aí de Zenón. Hyppolite apunta en una nota de su bella traducción de la Fenomenología del Espíritu que "para Hegel, la esencia de la operación es precisamente la negatividad para con el ser" 5 • Esta negatividad no
aparece a la conciencia inmediata que Hegel llama conciencia "observante". Pero se revela a la conciencia reflexiva, operante. Lo

que explica que la psicología que se sitúa al nivel de la conciencia
observante haya considerado su objeto como pura positividad,
que se le haya escapado la negatividad y con ella la esencia misma
de la subjetividad. Es por el acto reflexivo en el que me constituyo
como conciencia de mí, por el que me aparezco como espectador de
un "yo" que debe arrojar de mí-mismo, negar de mí. mismo, transformar en otro.
Con Hegel se afirma el carácter irreductible de la subjetividad.
Va a revelarse en una fenomenología en la cual el devenir de la
reflexión constituye el objeto mismo, en lugar de serle exterior como en las matemáticas. Después del primer momento que consiste
en mirar a los seres (conciencia observante) viene el segundo en
el cual mi mirar a estos seres está a su vez aprehendido en tanto que
constitutivo de estos seres y constitutivo de mí. La objetividad concebida como exterioridad es pues un momento que se
sobrepasa cuando el movimiento de la reflexión, o dialéctica, está
reconocido como esencia, es decir, como el momento en el que el
sujeto y e1 objeto no son sino una misma cosa. Estamos ahí en uno
de esos pasos hacia el límite predilecto de Hegel, el momento en
que las paralelas se juntan. Es embriagador para el espíritu, pero
¿ es acaso muy convincente? ¿ Llegamos a reconciliarnos con el
mundo y con nosotros mismos? La oposición de la interioridad y de
la exterioridad y la ambigüedad de la existencia y del ser-ahí ¿son
momentos del Absoluto, o el Absoluto mismo? En otros términos,
la presencia, la distancia, el rehuso de la identidad, la negación
que me constituyen como sujeto ¿son provisionales o debo acaso
aceptar el vaivén incesante y sin esperanza que, de la macicez compacta del ser-ahí, me hace rebotar hacia la claridad inconsistente
de mi presencia pura del mundo? Tal es la pregunta a la que intentaremos contestar con Hegel o en contra de él, después de haber
acompañado al filósofo alemán en la danza que hacen, antes de
acoplarse, el objeto y la subjetividad.

' Fenomeno/ogla del Esplritu, tomo I, p. 35.
• Fenomenología del Espíritu, tomo I, p. 252.

46

47
u4

�Lo Concreto y lo Universal.

Todo esfuerzo del pensamiento es una tensión hacia lo Universal.
Hegel subraya este carácter esencial de toda reflexión. Esta universalidad, la tradición aristotélico-escolástica pretendía alcanzarla
cuando el intelecto activo, haciendo abstracción de los aspectos individuales y concretos, secundarios y accidentales, desprendía de
ellos la esencia. Lo universal coincide entonce3 con lo general y, correlativamente, lo concreto con lo particular. Hegel acepta esta
confusión como una hipótesis de traba jo necesaria en un cierto
momento de la dialéctica: "El principio de la Cultura (proceso
de liberación de la inmediatez de la vida substancial) debe siempre
hacerse por la adquisición del conocimiento de los principios fundamentales y de los puntos de vista universales; primero debe hacerse solamente elevándose por sus propios esfuerzos al pensamiento
de la cosa en general" 6 •
Lo que no impide a Hegel notar que la pérdida de lo concreto
que acarrea este procedimiento del espíritu es una frustración incompatible con la exigencia del Absoluto que mueve el pensamiento. "Lo Absoluto, escribe él, no debe estar concebido sino sentido
e intuído; no su concepto sino su sentimiento y su intención deben
tener la palabra y expresarse". 7 Hegel, claro está, se pronuncia
contra el romanticismo que ha impregnado su juventud; pero, si
no está dispuesto a sacrificar el rigor del concepto a las divagaciones sentimentales de los individuos, no deja de conservar la exigencia de particularidad y acierta Benedetto Croce cuando escribe "El
prólogo de la Fenomenología ha sido definido como el 'adiós de Hegel al romanticismo'; pero la verdad es que el romanticismo fue
salvado por la filosofía, gracias a aquella separación. Sólo un romántico que hubiese superado, en cierto sentido el romanticismo,
podía obtener de éste, el fruto filosófico". 8 Si Hegel rehusa con has-:
tante frecuencia la intuición, es porque la palabra le llega, cargada de sentimentalismo, de imprecisión, de morbosa aceptación de
• Fenomenologla del Esp!ritu. Tomo 1, p. 7.
' Fenome,iología del Espíritu. Tomo I, p. 2.
• ÜRocE, Lo vivo y lo muerto de la Filosofía de Hegel. Ed. Imán, p. 49.

las deficiencias de nuestro espíritu. Es la intuición, tomada en este
sentido, a la que él fustiga con las palabras siguientes: "Pero como
hay una extensión vacía, hay una vacía profundidad; como hay
una extensión de la substancia que se difunde en multiplicidad finita, sin fuerza para congregar y detener esa multiplicidad, hay
también una intensidad sin contenido que, comportándose como
fuerza pura sin expansión, coincide con la superficialidad". 9 Es
muy interesante notar las semejanzas que constata Hegel entre esa
intuición sentimental que no tiene otro contenido fuera de su intensidad emotiva y la substancia a la que se accede después de una
abstracción que ha vaciado la substancia del ser mismo.
La intuición, como momento del conocimiento es una cosa muy
distinta. Es el acto de ver, claro y concreto, que determina la adhesión a una evidencia. Lo único que requiere Hegel, es que esta
intuición trascienda en el concepto; pero, fiel en eso a la tradición
kantiana, Hegel rechaza el concepto que no nutre intuición alguna
y que, como tal, no es más que una forma vacía. No hay que aceptar pagar lo universal con el abandono de lo concreto, so pena de
no alcanzar sino un formulismo puro. El "Begriff" hegeliano no
es, como el concepto escolástico, el resultado de una actividad abstrayente del intelecto. Al menos Hegel no se conforma con eso. Regresa a menudo a este tema; las matemáticas, para las que él no
siente una particular ternura, "consideran lo abstracto, es decir
lo inesencial". Lejos de revelarme la esencia, la abstracción me
hace desembocar en lo que no tiene ni puede tener esencia. No
hace otra cosa que remitir, según el proceso dialéctico, a todo aquello que ha negado, es decir, a todo lo concreto.
Todo eso explica que Hegel asume todo el contexto afectivo con
el cual se manifiesta "in concreto" un individuo. Le concede un
sentido positivo, una fuerza motriz en la accesión a lo Universal
que no negará este concreto sino para volver a asumirlo. "Con la
existencia singular, el más allá está al mismo tiempo opuesto en la
conciencia, aunque sea solamente como en la intuición espacial, al
• Fenomenología del Espíritu. Tomo I , p. 11.

48

49
.r

�lado de lo limitado. La conciencia soporta pues esta violencia que
viene de ella misma, violencia por la cual ella echa a perder para
sí misma toda satisfacción limitada. En el sentimiento de esta violencia, la angustia puede retroceder ante la verdad, aspirar y tender a conservar aquello cuya pérdida amenaza. Pero esta angustia no puede aplacarse: en vano quiere fijarse en una inercia sin
pensamiento y su inquietud turba esta inercia; en vano e aferra a
una cierta forma de sentimentalismo que asegura que todo es bueno en su especie; esta seguridad sufre tanta violencia por parte de
la razón que no encuentra algo bueno precisamente en tanto que
es una especie". 1 º El descansar del espíritu en el estatismo formal
de las categorías abstractas es ilusorio pues no se obtiene sino por
el acto violento de una conciencia que secreta un cierto sentimentalismo alrededor de estas categorías-tabús para escapar a su apremiante angustia. He ahí un Hegel que Heidegger ciertamente no
desmentiría.
Pero ¿ qué es pues este concreto fuera del cual el concepto no es
más que forma vacía e inútil? Nos encontramos aquí frente a una
de las nociones-límites tan típicas de Hegel, esas nociones que no
se alcanzan sino eliminando todo lo que no es su esencia y que, hecha esta reducción, se encuentra no tener otra realidad sino aquello mismo que ha sido eliminado para llegar a ellas y a lo cual remiten. Primero Hegel nos llama la atención sobre la errónea interpretación clásica de lo concreto concebido como equivalente de
sensorial por oposición a lo abstracto que vendría a ser lo racional.
Hegel nos informa paradójicamente que el conocimiento sensible
de los objetos no es el saber inmediato del ser, sino la abstracción.
El dizque conocimiento inmediato de un objeto es, por el contrario, el resultado de una doble mediación, la de la cosa en frente
de la cual el "yo" se pone como otro, la del "yo" mismo que extrae
la cosa del ser puro y total al constituírla como objeto. Mediación,
separación, abstracción son ahí casi sinónimos. Por el hecho que
10

50

Fenomenología del Espíritu. Tomo I, p. 71.

hay un "yo" "en medio" del ser, este ser se separa en objetos que
se vuelven así ab-stractos. El verde de este abrigo no surge como
tal sino porque un sentido específico ( la vista) lo ha separado de
ciertas determinaciones (la calidad táctil de la tela, su forma, uso,
etc.) de los que, de hecho, no está separado. En lugar de desintegrar como lo hace la sensación, hay que integrar todos los elementos
para tener un auténtico conocimiento concreto y esta "integrar'
es el concepto. La dificultad es que esta integración es un paso
hasta el infinito, pues si el verde, para ser concreto, debe reunirse
con la textura de la tela, la forma del abrigo, etc., para que surja
el abrigo como concreto; éste a su vez, en tanto que su entidad le
viene también de una mediación que lo ha separado de su contexto
(sus causas, sus efectos, todo lo que ha precedido, lo acompaña y
lo seguirá, todo con lo que tiene relaciones en el espacio y en el
tiempo ) es también una abstracción. Así son abstractas todas las
determinaciones para con lo que determinan, y lo que es concreto en un momento de la dialética es una abstracción en el momento siguiente. Así, en el infinito y lo absoluto, no es concreto sino el
"todo", el ser. Pero este ser total no puede ser logrado sino vaciándolo de toda determinación, haciendo de él una abstracción pura.
·No llegamos a este último resultado de la reducción sino para
tener que descender de nuevo con Hegel en la lógica, hacia todo
lo que tuvimos que sobrepasar para llegar ahí, hasta volver a encontrar el verde del abrigo, pues el ser puro se halla como equivalente de la nada absoluta. De este "verde" hacia el cual nos encaminara esta dialéctica descendente, rebotamos de nuevo hacia la
determinación, la esencia, la cosa, el ser-ahí, el ser puro en un ascenso en espiral. Lo que singulariza es lo que es universal puesto que
este carácter de ser singular, cada objeto lo tiene en común con
todos los objetos, pero esta singularidad no es verdaderamente. concreta sino en la comunidad de todo lo que es . . . en y por la cual
desaparece esta singularidad misma. "Cuando yo digo: lo individual, este individuo, aquí, ahora) todas estas frases son universalidades. . . Igualmente, cuando digo: Yo, entiendo por tal el individuo
51

�constituido por mí que excluye a todos los demás; pero cada individuo es también este mismo yo que excluye a todos los demás"_ u
De ahí resulta que hablar de sujeto concreto en un contexto hege~ano es muy equívoco. A veces se tratará del "yo" singular y
existente, del "para-sí" de Sartre o del "Dasein" de Heidegger
cuando Hegel lo quiera oponer a la forma vacía "animal racional"
de la psicología clásica. Otras veces por el contrario, sujeto tendrá
que entenderse de la totalidad del "en-sí para-sí" del que los individuos no son más que momentos que esta totalidad resume.
Así vemos a veces la dialéctica del sujeto cargada con toda la
afectividad del "yo,, singular; pero esta afectividad se encontrará
°:ega~a en el concepto: "En muchos casos, al describir la experiencia que hace la conciencia, Hegel describe una manera de existir, una visión del mundo particular, pero, difiere de la filosofía
existencial en el no atenerse en esta existencia; ve en ella un momento que, en su sobrepasarse, permite alcanzar un saber absoluto" . 12 Dejamos para más tarde el examen cic esta pretensión hegeliana. No~emos simplemente, por lo pronto, la dificultad que
tendremos siempre en mente al estudiar la subjetividad en Hegel:
no deberemos sorprendemos de que encontremos negado en un momento de la dialéctica eso mismo que se había afirmado en el momento a~terior. Será también menester no perder de vista que el
andar rrusino de la dialéctica resume en una afirmación sintética
todo lo que niega como momentos que apuntan hada su propio
sobrepasarse. Pero ¿resume verdaderamente? ¿Lo que está negado
se vuelve a encontrar efectivamente en el momento sintético de la
~ialéctica? ¿ Está el ser puro repleto de las determinaciones que han
sido negadas p__ara acceder hasta él? Ahí creemos tener que oponernos a Hegel. Este ser puro no es nada; Hegel mismo hace de esta
paradójica equivalencia el punto de partida de su Lógica. Contienen t~n poco las determinaciones que han suprimido, que será necesario todo el trabajo dialéctico de la Lógica para volverlas a encontrar. Igualmente la subjetividad, en el momento supremo de la
u Enciclopedia, Buenos Aires, p. 32.
u Hyppolite - Traducción de la Fenomenologla del Espíritu , ·ota I página 15.

52

dialéctica, donde llega a coincidir con la objetividad, no resume
los caracteres singulares gracias a los cuales ella tomó conciencia
de sí misma. Mi subjetividad, tal como la experimento en la angustia, no tiene parte en la reconciliación que, en el éter del concepto,
le ha preparado Hegel. También se podría decir que la abstracción
"animal racional" remite a toda la extensión del concepto y que,
dentro de esta extensión, estoy yo con mi singularidad, lo que no
impide que "animal racional" como especie no deja de ser la negación de las singularidades. Hegel nos muestra lo concreto y lo abstracto afirmando y negándose recíprocamente a lo largo del camino que va del "verde-de-este-abrigo" al ser puro. Le concederemos
que, en ninguna de las etapas, encontrarnos ni el abstracto puro ni el
concreto absoluto, que la ambigüedad no parece borrarse sino para
reaparecer. Pero lo que no admitiremos es que el término último
los fundamenta. El ser puro, lejos de unir el abstracto y el concreto, lejos de resumirlos, los niega a ambos, por esta sencilla razón:
que el ser puro de Hegel no es nada: la nada pura. Si lo abstracto
es una forma sin contenido, el Ser puro ni siquiera es abstracto
pues es una nada de forma al mismo tiempo que una nada de contenido alguno. No es tampoco concreto puesto que no surge como
concepto sino de la negación de todo aquello que lo particulariza.
Nos rehusaremos a admitir que haya jamás reconciliación alguna
entre los opuestos: Ser y nada, concreto y abstracto, concepto y realidad, sujeto y objeto se manifiestan en una ambigüedad que los
constituye y esta ambigüedad es definitiva. Suprimirla en una hipotética síntesis no es reconciliar los opuestos, es negar a ambos y
esta negación misma sigue siendo la mediación de un sujeto que,
por este hecho mismo, se sitúa frente a su propia negación y reconstituye así la ambigüedad ineludible. Hegel ha vislumbrado que una
metafísica en la que la subjetividad es un absoluto no puede escapar a la positividad de la negación que no es ya simplemente el
µ11 º" de la ontología clásica. Lo que tal vez no ha visto Hegel) es
que el origen de esta negación es precisamente el sujeto en su presencia constitutiva del objeto y que esta presencia, esta no-identidad es tan definitiva corno la negación misma. El Ser puro no es
53

�la pura Nada sino por un acto que no es el del Ser mismo sino el
de F. G. W. Hegel, que no ha sobrepasado la ambigüedad, sino
que permanece constituído por un conflicto que no resolverá otra
reconciliación que la de la muerte: pues Hegel ha muerto.
La Subjetividad en las conductas del yo singular.

Hay, en la base de la concepción hegeliana de la subjetividad,
una experiencia primordial que había escapado a Descartes. El
"cogito" cartesiano se afirma a partir de su no-identificación con
el mundo del que se separa al ponerlo entre paréntesis en la duda.
Pero después de este violento relámpago de la trascendencia, volvemos a caer en las obscuridades de la inmanencia cuando Descartes pasa del "cogito" a la afirmación de una "res cogitans". Nada
menos apegado a la experiencia que tenemos de la subjetividad en
nuestras vivencias. El sujeto no solamente se opone al mundo y
surge frente a él, sino que, además, surge frente a sí mismo, un
«si-mismo" con el cual no puede identificarse, sin que le sea dado
tampoco separarse, ni liberarse. El "yo" como mirada, como presencia en el instante se opone al "yo" como corriente de conciencia;
no surge como sujeto, sino con la condición de arrancarse de símismo como historia: resulta una dolorosa partición definitiva,
pues la subjetividad en mí no se volvería a juntar con lo objetivo,
no se identificará con él sino negándose, destruyendo a la vez como conciencia y como historia; el "yo" se volvería entonces el "no
yo". Hegel ha sacado de esta experiencia las debidas conclusiones.
Ha subrayado esta inadaptación del yo como conciencia al "yo",
como substancia que finaliza en la inadaptación de la substancia
a ella misma, al constituírse surge la substancia como sujeto, en un
"renversement" muy hegeliano; el sujeto surge como tal por el acto en el que se niega como sujeto para ponerse como objeto. En
otros términos la subjetividad se voltea en contra de sí misma en un
desgarrar en el centro mismo del "yo". Pero este objeto, espíritu de
mi espíritu, no se conoce a su vez sino restableciendo su imbjetividad, al suprimirse como objeto. Partiendo del sujeto, el "yo" se
54

aliena en la objetividad para regresar luego a la subjetividad como conciencia de sí, es decir sujeto-objeto.
• Esta dialéctica del "yo", nos avisa Hegel, es paralela a la dialéctica de la cosa: a este "aquí" y a este "ahora" corresponde este
"yo"-aquí, este "yo"-ahora. Si el "yo" se pone, oponiéndose al mundo, 1o "su-pone" también. El "yo" se emaiza en el "aquí" y en el
instante y, como tal, desaparece en el "allá" y en el instante siguiente. Y sin embargo compruebo una continuidad del "yo" que
ya no es ni el yo-aquí ni el yo-allá, o, más exactamente que los
envuelve todos. Henos aquí ante el problema que Aristóteles creía
resolver con la noción de substancia y Kant por la conciencia de sí
que perdura a través de los juicios. El "yo allá" se opone al "yo
aquí", lo niega pero remite a él y el "yo" trascendental, tal como
resulta de estos juegos de va y ven, niega a su vez todos estos "yo"
aquí y "allá" que asume como síntesis. Es siempre en la última etapa de la dialéctica hegeliana donde todo se echa a perder. Pues si
como sujeto, estoy constituído como trascendencia a mis propios
momentos que corresponden a los momentos de la cosa, no es cierto que esta subjetividad como emerger puro pueda regresar a los
"yo"-esto o aquello sin negarse otra vez en tanto que subjetividad.
Ella cambiaría entonces su trascendencia por una inmanencia en
la que se perdería sin que, de modo alguno, se realice la síntesis de
esta trascendencia y de esta inmanencia. Para volver a constituírse
como subjetividad tendría entonces que empezar de nuevo el proceso de negación que la dejaría exactamente en el mismo punto
que antes, es decir, igualmente no-idéntica a los momentos frente
y más allá de los cuales ella se afirma. Vana es la esperanza de
aprender algo acerca de la subjetividad "realizándola" en objeto;
es su esencia misma el escapar a toda objetividad: rehuye siempre
d en-sí y siempre se encuentra a distancia, inasequible a ella misma. Concordamos con Hegel cuando, en los primeros momentos
de la dialéctica él escribe: "Para nosotros, el devenir de este objeto mediante el movimiento de la conciencia es de tal naturaleza
que la conciencia misma está implicada en este devenir y que la
reflexión es la misma de ambos lados o una sola reflexión. Pero
55

�la conciencia en este movlilllento tenía solamente por objeto la
esencia objetiva y no la conciencia como tal; así, para ella, el resultado debe estar colocado dentro de un significado objetivo; y
la conciencia debe ponerse una vez más como alejándose de lo
"devenido", de tal suerte que este "devenido" como objeto se vuelva esencia para ella". 13 No se puede expresar más concisa y claramente: 1.-el pertenecer de la conciencia como corriente, a la
exterioridad, al devenir objetivo, 2.-su emergir como presencia
que se opera, "alejándose de lo devenido" (notemos que Hegel usa
un pasado, pues el objeto conocido, aun si se trata de la conciencia como historia, es siempre un pasado, un "devenido"), 3.-lo
que esta presencia hace cognoscible, lo que posee la esencia es precisamente lo que la conciencia no es, aquello de lo que "se aleja'\
este "devenido como objetivo". Aquí el Hegel de la dialéctica tiene razón contra el Hegel del conc~pto que no logrará ni hacer "entrar" el "devenido objetivo" dentro de la conciencia ( que no tiene
"dentro") ni a submergir la conciencia en su propia historia, al
transformar como por arte de magia este "devenido" (pasado) en
un "devenir" (presente) .
Hay, en efecto, un cierto sentido en el que es cierto decir quelas cosas como otras son también como "yo", del mismo modo que
mi cuerpo y mi corriente de conciencia son a la vez como cosas y
como "yo", puesto que las cosas se definen como "lo otro" ante un
"yo" que también es "lo otro" : estas cosas y este "yo ' son igualmente sí y otros, es decir, idénticas. Es cierto también que el acto
de distinguir supone la in-distinción inmediata. Pero el acto por el
cual yo recorto mi "yo" objetivo en el "continuum" del ser con el
cual Hegel lo identifica no sin razón, es absolutamente distinto del
acto por el que el sujeto se opone a lo "devenido". El primer acto.
es, en efecto, una mediación que, como tal, requiere un sujeto.
El segundo es inmediato y absoluto, primordial y por ende apodíctico, como lo mostró Husserl con el "cogito" trascendental. Mirar
al fondo de las cosas, Hegel lo dice hermosamente, es finalmente
" Fenomenología del Espíritu.. Tomo I, p. 110.

56

mirar al fondo de sí. Pero, en el fondo de sí, se encontrará todo
salvo la mirada misma en su actualidad. En el fondo de s~ hay
precisamente 1a opacidad de la cosa.
Vimos cómo para Hegel, el "yo" simple es la "esencia negativa',,
de sus momentos. Esta negación lo hace aparecer a sí mismo como
"falto de", no en el sentido escolástico de "limitado" sino en el de
vacío, llanamente, tensión hacia, fundamento de todas las conductas
volitivas y afectivas. Es la dialéctica del deseo. La conciencia surge corno deseo en el acto mismo por el que se pone como sujeto
en el desprenderse del mundo que se presenta entonces como "lo
otro", lo que la conciencia no es. "Así la conciencia de sí es segura
de sí-misma, solamente por la supresión de este Otro que se presenta a ella como vida independiente; ella es deseo". 14 El segundo
paso de la dialéctica pretende ser la supresión de esta independencia del otro en su posesión en que. la conciencia se afirma, se vuelve conciencia de sí, certidumbre para sí misma. "Percatada de la
nulidad de este Otro, ella pone para sí esta nulidad como verdad
propia, anonada el objeto independiente y se da por ello la certeza de sí-misma". 1 G Pero en esta certeza de sí, la conciencia se halla como condicionada por el otro, por el objeto, es decir, por aquello de que ella es la negación y he allí de nuevo reconstruida la
independencia del objeto ... y la conciencia como deseo. En lapo
sesión, el objeto independiente se había desvanecido pero la conciencia también se suprimió como distancia. En otros términos, el
poseedor fue poseído. Al beber este vaso de agua, lo he suprimido
enfrente de mí pero al suprimir mi sed, me perdí como distancia
y presencia al vaso de agua; estuve alineado por el otro al alinearlo. Me he vuelto "agua en proceso de aniquilarse". Cuando se ha
consumido ese anonadamiento, mi sed quedó suprimida, no satisfecha. Pues la satisfacción hubiera sido que yo hubiese podido poseer esta agua como "otro", independiente de mí, poseer s:n ser
poseído; pero no alcancé a negar la independencia del objeto sino
haciéndome objeto a mí mismo. Todos los desarrollos que a este.
" Fenomenología del Esplritu. Tomo I, p. 139.
Tomo I, p. 154.

u Fenomenologla del Espiritu.

57

�respecto encontramos en el Ser y la Nada de Sartre están contenidos virtualmente en esta frase de Hegel: ccLa figura distinta) solamente viva) suprime ella también su propia independencia ~ el
proceso de la vida, pero con la supresión de su diferencia, deJa de
ser lo que era".16
El fracaso de este doble momento del deseo desemboca en el
tercero) lo que, de parte de Hegel, no nos sorprende. La satisfacción que no fue alcanzada en la exterioridad de un objeto en el que
la conciencia perdía su subjetividad va a buscarse en la posesión
de un objeto tal que no amenace esta subjetividad, es decir, otra
subjetividad. "La conciencia de sí logra su satisfacción solamente
en otra conciencia de sí" .17 Es decir, que al frustrado deseo del
otro en cuanto otro, va a substituirse el deseo del otro como ccsí".
Esta operación va a efectuarse según el habitual proceso dialéctico de ida y vuelta de la negación : 1.-Al buscarse en el otro, la
conciencia se pierde como sí: se ha vuelto "el otro" pero este otro
ya no es otro, puesto que la conciencia dejó de emergir de él para
"mediarlo": se ha vuelto sí, 2.-al suprimir este otro que ya no
es otro sino sí, la conciencia regresa a sí misma librándose al mismo tiempo que devuelve al otro su libertad. No hay mejor ilustración de este "va y ven" que los análisis sartrianos acerca de la imposibilidad del amor que se podría resumir en una fórmula trivial,
cargándola de todo su sentido: el amante se pierde en el amado,
se entrega a él para poseerse a sí mismo al poseer a otro, pero, por
ser imposible dicha posesión, se entrega en balde, pues permanece
otro para el otro que también permanece otro para él: no se en-cuentran sino en la inmanencia de sus objetividades. Después de
haberse suprimido a sí mismo al hundirse en el otro, el resentimiento impulsará al amante a suprimir el amado para volver a entrar
en posesión de sí-mismo; pero la negación del otro finaliza en lo
mismo que la entrega de sí: en la autosupresión.
o hay posesión de sí como conciencia m antes del amor, ni
después, ni en él ni fuera. "La conciencia debe emprender la su" Fenomenologia del Esp!ritu. Tomo I, p. 154.
" Fenomenología del Espíritu. Tomo 1, p. 153.

58

presión de la otra esencia independiente para adquirir así la certeza de sí-misma como esencia; emprende así el suprimirse a sí
misma, pues este 'otro' es ella misma". 18 Hice del otro una cosa
para adueñarme, enseñorearme de él, y es corno cosa que me veo
en él: El esclavo, como lo dice Hegel, es esclavo mediatamente, es
decir, por el intermedio de la cosa. El amo domina inmediatamente toda la "coseidad" y, mediatamente, al esclavo mismo ya dominado por la cosa. Pero el esclavo es también la mediación para llegar a la cosa. La dialéctica del deseo encuentra la resolución de
su ambigüedad en la dialéctica siguiente del Amo y del Esclavo:
pero ésta, a su vez, no se resuelve en ella-misma sino en la siguiente en que Amo y Esclavo se oponen en una sola y misma "conciencia infeliz".
La Conciencia infeliz deberá a su vez trascenderse y resolverse
en un plano superior de la dialéctica hasta que la dialéctica toda
encuentre su anti-tesis en la no-dialéctica. La dialéctica del deseo es un callejón sin salida, la del otro considerado como amo o
esclavo también lo es. Que Hegel fuerce el primer callejón para
desembocar en el segundo y éste en otro y así sucesivamente, no
sirve para nada puesto que en fin de cuentas el último desemboca
en este ser puro-pura nada, en que mi reconciliación conmigo mismo, con el mundo, los otros y el ser, será la muerte. La dialéctica
del deseo se termina con su ambigüedad misma, con la supresión
del deseo que es esencialmente no-satisfacción. Mi relación con el
otro se cierra también sobre sí misma. No poseo ni el "yo" ni la
cosa, ni el "yo" en la cosa, ni "el otro", ni la cosa en el otro, ni el
"yo" en el otro. El rostro del amo que refleja el esclavo es un rostro de esclavo y la dialéctica se invierte, como lo nota Hegel. Pero
se invierte en el mismo punto para volver a empezar el mismo "va
y ven" dentro de la misma situación. Nada está salvado ni sobrepasado. Podré encontrar en mis ambigüedades interiores de conciencia infeliz la misma tensión "diadica" sin que las anteriores se
encuentren resueltas, contenidas o sobrepasadas. La conciencia infe11

Fe11om11nologia del Espíritu. Tomo 1, p. 156.

59

�liz es definitiva; como la dialéctica del amo y del esclavo es definitiva ; como también lo es la dialéctica del deseo, tan definitiva como la
conciencia misma. Aun si, como Hegel, forz6 los datos hasta identificar finalmente esta conciencia subjetiva con la objetividad, no
habré resuelto ni sobrepasado nada: no habré suprimido la ambigüedad sino negando abstractamente sus términos.
Todos los análisis hegelianos son valiosos porque revelan la subjetividad ahogada en las categorías de las filosofías tradicionales.
Vemos con el filósofo alemán, al sujeto surgir y revelarse como ambigüedad. Pero lamentamos que después de esta vida larga y fecunda la subjetividad acabe por hundirse en el c9ncepto como
después de la vida breve y esbozada que le confirió Descartes, se
.sumergi6 en la substancia. No hay unión ni reconciliación de mi
-conciencia con el mundo. Y si esta reconciliación debería operarse
en el Espíritu, no sería mi espíritu, mi conciencia, no sería mi reconciliación y, por ende, en cuanto "yo", único sujeto que experimento, permanezco irreconciliado con lo que deseo, con lo que
amo y finalmente conmigo mismo, pues la conciencia infeliz no es
una etapa transitoria que superan y resuelven las anteriores sino
la conciencia de esas como insuperables.
La desgracia de la conciencia es el saber que no puedo ni poseer,
ni amar, ni hallarme a mí mismo y que, sin embargo, no puedo
superar ni el deseo, ni al otro ni a nú mismo como duración. El
vaso de agua permanece frente a mi sed; me veo siempre detestable objeto en la claridad inaccesible de la mirada del ser amado
y sigo pasando, fluyendo bajo mi mirada impotente. Mientras viva, todo seguirá así. Y o sé, claro está que como lo dice Hegel,
mi libertad es absoluta y que puedo suprimirme: "Es solamente
por el riesgo de su vida por lo que conserva uno la libertad y comprueba que la esencia de la conciencia de sí no es el ser". 19 Pero
¿ de qué riesgo se trata? No es una elección; es acrobacia al borde
del abismo. Correr el riesgo de morir es también correr el de vivir.
Si no hay esperanza del lado de la vida, tampoco hay del lado de
11

60

Fenomenología del Espíritu. Tomo I, p. 159.

la muerte; pues la muerte, como lo dice Hegel, "es la negación natural de esta misma conciencia, la negación sin la independencia".
No hay paz en la nada: no hay más que la nada.
Desde este abismo la conciencia puede gritar hacia las alturas:
"De profundis clamavi ad te, Domine". Pero la filosofía es impotente para asegurarnos que Alguien oiga este grito y le conteste.
Si existiese, no sería en todo caso el Concepto, el Espíritu hegeliano que no es una contestación sino un desierto donde mi voz se
pierde. Es vano el forzar mi conciencia a partir de un Espíritu en
el que ella se desintegra como individualidad si dicho Espíritu no
es capaz de desempeñar el papel salvador por el cual lo llamé. Es
comprensible el que la angustia me empuje a veces a buscar la
reconciliación aun al precio de la claridad o de la evidencia; pero
estamos doblemente engañados si la balsa que nos hemos fabricado es incapaz de llevarnos. Aquél hacia quien grita el creyente
tiene cuando menos el mérito de ser trascendente "altissuni donurn
Dei" amén de inmanente: "intimior meo mihi", más íntimo en mí
que yo mismo, dice San Agustín. El Espíritu de Hegel no es ni el
uno ni el otro. No trasciente la historia puesto que se constituye
en ella y no nos es inmanente puesto que su pureza supone nuestra negación como momento. Es un Moloch inasequible. No atrae
el movimiento como la causa final de Aristóteles; resume más bien
su esencia negativa : "La cosa no se agota en su fin sino en su actualizarse; el resultado no es el todo efectivamente real, lo es solamente con su u devenir". El resultado desnudo es el cadáver que
la tendencia ha dejado detrás de sí". ¿Qué nos dice Hegel de este Espíritu? Primero que es sujeto, lo que evoca inmediatamente
los desarrollos que acabamos de resumir: conflicto, presencia, distancia, negación, angustia. Pero no; él es sujeto en el término de la
dialéctica, es decir, cuando el sujeto ha sido paradójicamente liberado de lo que constituía su subjetividad ... sin dejar de ser sujeto. El Espíritu es el saber de sí como Espíritu; es decir, que debe ser
objeto p~ra sí-mismo y al mismo tiempo objeto suprimido y reflejado en sí, pues este objeto es también para sí: volverse otro
para sí-mismo, es decir, objeto de su propio sí y suprimir luego este
61

�ser-otro al reconocerlo como ser-sí. Hegel ha prolongado hasta el
Infinito su asimptota y acaba de decimos qu: "eso"_ se junta al
infinito. Quisiéramos creerle; pero para eso sena preciso haber estado convencido que cada etapa de la dialéctica es verdadera~ente
una síntesis resume y resuelve verdaderamente la etapa antenm Y
hemos vistd que no hay tal síntesis. o es legítimo aquí el prolongar las aristas hasta la cúspide de una pirámide ~ara asistir ahí,
maravillados, a la convergencia de todo lo que diverge, por esta
sencilla razón de que no hay pirámide y, por ende, ~arecem~ de
un "sentido'' en el cual deberíamos prolongar. Ademas, aun s1 tuviéramos que conceder algún crédito a ese paradójico sujeto qu
tan brillantemente se torna objeto de su propio sí y suprime luego
este ser- otro al reconocerlo como sí, a la vez mirada, espejo e imagen, todo eso dentro de una acrobática unida~, no estaríamos_ en
lo más mínimo interesados puesto que expenmentamos precISamente nuestra subjetividad como la imposibilidad radical de tal
acrobacia. Es una filosofía de pájaros para peces.
Y l· cuándo veremos realizado este "cogitamus' , esta unión "per.
fecta" esta fusión de los "yo" en el "nosotros" en el cual se marufiesta ~l Espíritu? "Cuando una conciencia de sí es objeto, el objeto
es también 'yo' como 'objeto'. Así para nosotros ya está prese~te ~l
concepto del espíritu; lo que vendrá más tarde para la. conc1encta
es la experiencia de lo que es el espíritu es~a substancia ~~~oluta
que, en la perfecta libertad e independencia de su opo 1c10?, es
decir de las conciencias de sí diversas siendo para sí, constituye
'
su unidad
un Yo que es un osotros y un Nesotros que es un y'
o .!lO
¡ Qué hermoso cuadro! Por desgracia las realidades fundidas al fuego de este lirismo son mucho más resistentes de lo que la frase de
Hegel lo deja suponer. Pues, en fin, ¿ cuándo surge el Nosotros?
Su primera aparición se efectúa en la inmediatez circunstancial.
Varios "Yo" reunidos por el azar en un autobús o una sala de espectáculos entrañan un cierto tipo de unidad, absolutamente extrínseca, comparable a la de piedras en un montón: lo que une
'°
62

Fenomeno/ogfa del Espíritu. Tomo I, p. 156.

los elementos es un factor espacial, consecuencia a su vez de decisiones individuales sin que estas decisiones se unifiquen. Es evidente que este "nosotros" no es el que interesa aquí a Hegel. El "nosotros" puede presentar un tipo de unidad puramente objetiva; a
éste nos referimos al decir "nosotros hombres", "nosotras mujeres",
"nosotros médicos", etc. El principio de unificación es entonces
una clase de objetos a la que "pertenecemos" en la medida precisamente en la que no emergemos como sujetos. No hay nada ahí que
pueda reconciliar subjetividades que no surgieron todavía.
El "nosotros,, no presupone el "yo" como subjetividad sino cuando la libertad está de por medio, es decir en la relación del "yo"
con el "tú". Existe entonces el "no otros" pero como limite jamás
alcanzado; quiere ser a la vez la posesión recíproca de dos libertades sin que cada una deje de hallarse como libertad. El amor como resolución de la dialéctica del amo y del esclavo es un fracaso.
Jean Hyppolite nota a este respecto que el mismo Hegel quien consideraba, en sus obras de juventud, al amor, como "este milagro
por el cual lo que es dos se welve uno, sin finalizar sin embargo, en
la supresión completa de la dualidad. . . lo que realiza la esencia
de la vida manteniendo la diferencia en la unión'\ 21 tuvo que
abandonar las ilusiones hacia las cuales lo empujaba su lirismo romántico, para insistir, por el contrario, "sobre el carácter trágico
de la separación, la fuerza, la paciencia y el trabajo de lo negativo". El "nosotros" que enfoca Hegel ahora no es aquél que abandona a los fantasmas del fervor romántico. O más bien, su fervor
romántico lo lleva más allá. El "milagro" que empezó por ver en
el amor, lo ve ahora en el Espíritu, sin perder nada de su lirismo
que lo empuja siempre a creer a los milagros que se unen, más milagrosamente aún, con la Raz6n, puesto que "todo lo que es racional es real". Pero leamos cuidadosamente el párrafo aludido.
El Espíritu se presenta como algo que la conciencia experimenta
fuera de todos los datos sensibles puesto que Hegel agrega: "de
ahí, ella (la conciencia) se encamina fuera de la apariencia colott

Fenomenologla del Esplrilu. Tomo I, p. 158.

63

�reada del 'más acá' sensible" .22 ¿ Qué es pues esta :xp~r~encia no
sensible del Espíritu? ¿No sería acaso u~a de estas mtuic1on~ que
Hegel mismo condenaba en la Introduccz6n a la Fenom~nologza 1el
Espíritu, burlándose de aquellos que pretend_en, ~om~ el ,en.~~ JUventud que "el Absoluto no debe ser concebido sino mtmdo. • Pero sig~mos nuestra lectura: el nombre at:ibuído al E~pír1tu es
"substancia absoluta". En un contexto hegeliano substancia se
ne a presencia. Así lo hemos visto oponer el "yo" como ~ubstancia
al "yo" como conciencia. El Espíritu como Abs~luto_ sena pues _la
substancia que se ha vuelto conciencia o la conc1enc1a, substancia.
Aristóteles O Descartes tenían al menos el mérito de darse el Pensamiento como substancia desde un principio, pero cuando, con justa razón, se ha empezado por afirmar que los dos términos no tienen finalmente otra realidad que su oposición misma que los constituye, no se les puede luego unir por malabarismo o por neces~d~d
de creer en los milagros. Es evidente que situado en el Espmtu
puro al que el "Yo" no tiene acceso sino al negarse como tal, el
"milagro" está mejor colocado que en el amor donde queda amenazado por la experiencia de todos los amantes habidos y por haber. Si en efecto, para comprobar esta "substancia absoluta" en el
"nosotros" debemos conocer el acuerdo de las conciencias de sí diversas y siendo para sí, tenemos poca probabilidad de llegar jamás
a ello, pues si me pongo al balcón para verme pasa~ en_ la calle, p~
dré tal vez asistir al desfile de los fantasmas de mi-m1Smo que m1
presencia en la ventana ha desprendido de mi subjetividad, pero
siendo esta subjetividad misma esencialmente esta ventana, no tengo esperanza alguna de verla pasar debajo del balcón. Abajo en la
calle se forman y se deshacen los "nosotros", los de la especie bípeda
"
"
1
d
0 el de los enamorados entrelazados, to os estos nosotros en os
que los conflictos cunden. Pero mi mirada de~de la ve~t.ana permanece sola, como las miradas de todos aquellos que ad1vmo pegados
a los cristales. No hay nada más opaco al mirar que otro mirar. No

º??-

n Fenomenologta del Espiritu. Tomo l, p. 154.

64

hay nada más incompatible con el vacío que el vacío: "Tienen un
sonido, mas voz no, un nombre y no hay persona alguna". 28

Objetividad e historia.
El sujeto en lo que lo constituye como tal no puede considerarse,
acabamos de verlo, como un ser intra-histórico. Lo que es historia es el objeto, es decir el ser en su relación con una subjetividad.
Es muy evidente que en la medida en la que dicho objeto está constituído como relación, su historicidad depende del otro término de
esta relación: la presencia en la historia. El sujeto, como conciencia, es conciencia de esto y luego de aquello gracias a una doble
relación: primero, lo que establece la conciencia frente a esto y aqueUo; luego, lo que opone el "aquello" al "esto". Como conciencia
pura, es decir, para tomar a nuestra cuenta la expresión de Valery, como "rehusar indefinido de ser lo que sea" el sujeto escapa a
la historia, se constituye por este escapar mismo. Pero, por otra
parte como conciencia del "esto" y de "aquello", se inserta en la
historia. Es lo que mentamos al decir que la ambigüedad no es
historia, pero sí la historia ambigua. En un cierto sentido tiene
razón Bergson de hacer de la duración la dimensión característica
de la conciencia fuera de la cual no hay sino el "tota simul". Como
duración soy para mí y como duración las cosas son, no en ellas
mismas, sino también para mí. Este yo, preferiríamos decir este
"me", usando un acusativo de objeto, y estas cosas son duración
para y por un "yo" que constituye esta duración al escaparse de
ellas. Él es quien hace el "ahora", el "antes" y el "después" porque no es ni este "antes" ni este "después". . . sin dejar de serlo
en una cierta forma, pues este "yo" es "conciencia de ... " y no
tiene realidad captable fuera de lo de que es conciencia, es decir,
el objeto, la historia. De esta intencionalidad de la que los escol~sticos mostraron la positividad, Hegel iba a evidenciar la negatividad. La conciencia se da "como una relación al Otro, objeto,
., PAUL CLAUDEL,

Magnifical . Gallimard, p. 77 .

65

�mundo o naturaleza". 24 ¿Qué es este Otro enfrente de mi conciencia a la vez como condicionado y condición?
Este Otro es devenir sin que podamos afirmar que el "hic et
nunc" le pertenezca en tanto que ente, sino en tanto precisamente
que Otro, por un yo como presencia que enuncia cada "aqui'~ y cada
"ahora". El ahora de la cosa es una apercepción que descansa en
la negación del momento precedente y en la amenaza de su propia negación.
Igual cosa sucede aparentemente con el "aquí" y el "allá" y esta consideración puede llevamos a una solución simple del problema del objeto: los objetos no tienen otros contornos y, por consiguiente, otra definición que aquellos que les impone la concie~cia en su libre recorte del tiempo y del espacio; en la homogeneidad absoluta del ser, recorto elementos que surgen así en heterogéneos y los agrupo en "cosas". Esta teoría puede. s~ducir a primera vista, pues suprime ]a ambigüedad en benef1c10 de la conciencia así soberana; no resiste sin embargo a un examen más detenido. La permanencia de las cosas, la repetición de sus relaciones que llamamos leyes; su resistencia a mi conciencia que puede
hacer variar los ángulos y los puntos de vista sin poder acabar con
este ser-ahí, son la piedra de toque de este optimismo; no puedo
hacer del mundo lo que se me antoja. Mi lirismo visual puede
transformar en rostro la fachada de esta casa ; pero solamente en
el arte puedo mantener esta asimilación y ganar mi apuesta contra la realidad. Fuera del arte un rostro es un rostro, una casa es
una casa y un árbol, un árbol. Todas estas entidades tienen demasiada solidez para ser pura y sencillamente mi acto. Y no basta
hacer un llamado a la costumbre (Hume) para dar cuenta de
esta solidez de los elementos que no se quieren considerar sino co~
mo el resultado de un recorte, que se conciba este recorte como racional o gratuito. Pues tendríamos después que explicar la costumbre misma.
Concederemos pues la razón a Hegel cuando señala que la igual-

dad del objeto consigo mismo persiste fuera de nuestra aprehensión y que, por consiguiente, la certidumbre de la percepción está
del lado del objeto. Pero Hegel nota inmediatamente que las cualidades simultáneas y exclusivas una de la otra contradicen la unidad del objeto. Deja de haber un árbol cuando mi conciencia opone, como dos cosas tan reales como el árbol mismo, este verde, que
ya no es el-verde-de-las hojas del árbol, sino este verde, a este azul
que dejó por su lado de ser el azul-del-cielo. Será necesario para
restituir al árbol su unidad que el yo declare que este verde era su
acto, que, en la realidad no hay este verde, sino el verde-de-lashojas-del árbol.
El yo, para usar la terminología hegeliana "se responsabiliza" de
estas cualidades para salvaguardar la unidad del objeto. Parece
decir: ccdispensen, este desorden es mi culpa, pero lo voy a reparar; volveré a poner las cosas en su lugar,,. Ponerlas en su lugar
significa procurar que su simple unidad que es relación a sí, surja
como cualidad distinta por oposición al otro. Pues, por una parte
la cosa es un "uno" y las diversas propiedades que parecen serlo
de la cosa, amenazan esta unidad, quieren en cierta forma escapar de ella para constituirse a sí mismas en unidad. Por otra parte
sin estas propiedades no hubiera la cosa sino lo "Uno" de la cosa
igual a todas las cosas (ver el diálogo Parménides de Platón). "Es
por su determinabilidad que la cosa es exclusiva. Las cosas mismas son pues determinadas en sí y para sí; tienen propiedades por
las que se distinguen de las demás,, .26 Pero el círculo vicioso se
vuelve a cerrar, pues estas propiedades no son sino para nosotros:
"Esta cosa es solamente de hecho blanca ante nuestros ojos, insípida también sobre nuestra lengua y también cúbica para nuestro
tocar,, .26 Por una parte la cosa resiste y se presenta como lo que
es en sí y por otra sus dos características: unidad y propiedades
son por rrú y para mí.
·
Después de haber seguido en las páginas anteriores a Hegel en
su dialéctica de la subjetividad, adivinamos a dónde nos va a lleFenomenología del Espíritu, p. 100.
,. Fenomenología del Espíritu, p. 104.

16
14

H.,,ppolite, p. 25.

67

�var. El Otro, es decir lo que no es la cosa, la no-cosa, ha sido necesario para que la cosa regrese a sí como unidad cuando sus propiedades han sido "responsabilizadas" por el yo. Pero estos "no-la
cosa" también son cosas o, en otros términos, lo Otro es también
en la cosa. La última realidad es el ser-otro que las otras cosas ...
que también son otnµ, etc. El fenómeno no remite a un en-sí escondido, una substancia que fundamentaría su unidad. Esta unidad
la confiere al fenómeno su contrario y este contrario no es un nofenómeno sino fenómeno de cualidades contrarias. El fenómeno no
es el opuesto a un absoluto sino lo opuesto a un opuesto.
Reconciliar la cosa con ella misma; suprimir su alineación no
puede ni afirmarla a ella sola, pues perdería la unidad que lo otro
le confiere, ni negar el en-sí de sus propiedades, lo que equivaldría
a identificarla con lo que sea. No es en sí y por-sí "sino ligada a
la totalidad del Ser, un 'processus' de relación en la cual ella desaparece como cosa independiente" .27 Aquí se cierra el círculo por
segunda vez, ya no esta vez como cosa frente a la otra cosa. No nos
sorprende que Hegel haga así de la cosa como independiente una
abstracción y no le atribuye realidad concreta sino en y por el
Todo. Pero no hemos adelantado: ¿Cómo este Todo se hace "cosas"? Al regreso el panorama hegeliano es diferente del de la ida.
En la ida, es decir, partiendo del conocimiento sensible, la certidumbre estaba toda del lado del objeto. Al regreso, es decir, partiendo del todo como concepto, la certidumbre se encuentra del
lado del sujeto lo que se articula con la reconciliación del sujeto
tal como la hemos considerado en el anterior capítulo. Al regreso
el en-sí del objeto es una ilusión y el objeto no tiene realidad fuera
del hecho de ser conocido. "Su verdad está en el objeto en tanto
que objeto mío o en el apuntar mío; es porque yo tengo un saber
de él". 28 Es ahora la mediación de mi subjetividad la que va a
agrupar los fenómenos en cosas. Las esencias particulares y también las generales no son más que abstracciones, "momentos de la
Fenomenología del Espíritu, p . 106.
,. Fenomllnologia del Esplritu, p. 85.

conciencia de sí que preceden su regreso a si". 29 Aquí la dialéctica
del objeto desemboca en la del sujeto. Como siempre Hegel, consciente de los dos polos de la ambigüedad, quiere a toda costa sobreponerse a ella dialécticamente, cosa a la que nos rehusamos
por las razones que hemos enunciado en la parte de este trabajo
acerca de la dialéctica de la subjetividad y cuya repetición nos
ahorraremos aquí. Habremos más o menos co~iderado cuanto nos
interesa aquí cuando hayamos especulado sobre un tipo de objeto
especial que, por ser exterior no deja de condicionar singularmente la subjetividad: mi cuerpo.
Es evidente que el simple hecho de decir mi cuerpo no nos sitúa precisamente dentro de una perspectiva hegeliana. Mi cuerpo,
para Hegel no es, como concreto, sino en la medida en la que remite
a todos los cuerpos. Es sin embargo, como mío, como mi cuerpo
tiene un sentido y solamente como tal nos puede revelar algo
acerca de la "corporeidad,,. Tradicionalmente la línea de demarcación entre lo que en el hombre es interioridad y lo que es exterior, ha sido situada entre el cuerpo y el alma, de las que se hizo
dos fuerzas opuestas, representando la primera la inmanencia, lo
perecedero, lo extraño, la cárcel, hasta la tumba &lt;1wµa ªTJµa; la
otra la trascendencia, la incorruptibilidad, la forma, la libertad.
Si en este dualismo se disolviese la ambigüedad, cada uno de los
dos términos estaría exento de ella. Ahora bien, las cosas no son
así. El cuerpo en tanto que mi cuerpo es ambiguo.
Es interioridad, inherente a mi subjetividad, en la medida misma en la que es precisamente un accidente acontecido a mi cuerpo lo que constituirá mi muerte. Y, por otra parte, me es exterior
cuando establezco para con él una relación posesiva que hace de
él un objeto entre todos los otros objetos que yo tengo, puedo o
quiero tener. Mi cuerpo es obstáculo cuando lo considero como
ligado al ce aquí" y al "ahora", pero no puedo concebir que mi liberación del aquí y del ahora se efectúe sin mi cuerpo. Al decir de
Unamuno, no estoy interesado en pagar mi liberación al costo de

tr

68

11

Fenomenologia d11l Espíritu, p. 145.

69

�rñi desencamación, pues soy un ente corporal. Mi cuerpo es inmanencia, pero también él es lo que da un sentido a la tr~cendencia que, a causa de mi cuerpo, viene a ser mi trascendencia.
Hegel mantiene al principio la línea de demarcación donde el
dualismo tradicional la había colocado; opone el dinamismo de la
conciencia al cuerpo, regresando así a la clásica oposición del cuerpo y del alma: "Es en sí mismo (en el hombre) que surge pues
la oposición, oposición que consiste en ser de una dobl~- manera;
en ser el movimiento de la conciencia, y en ser el ente h JO de una
realidad efectiva fenomenal".ªº Pero de nuevo, la maquinaria dialéctica se echa a andar y la oposición cae al interior mismo de los
dos términos anteriormente opuestos como simples y surge entonces la ambigüedad del cuerpo. El cuerpo que, en lo que precede,
se presentaba como un "dado", como "el carácter originario de esta individualidad, aquello que ella misma no ha hecho", se ofrece ahora, con sus rasgos: "]a figura como expresión de la actualización original del individuo ahí puesta por el mismo, es decir los
rasgos, realidad efectiva libre de lo interior y que es algo completamente otro que este interior".
Al cuerpo como dato o dado se opone el cuerpo como hecho, escogido, ser-ahí de mi destino, de un destino que puede no estar del
todo realizado, pero que se da en espectáculo a los otros, les traduce exteriormente una interioridad a la que no tenían acceso.
Por mi cuerpo soy vulnerable hasta lo más profundo de mí mismo. Ya no es la exterioridad pura y simple, sino el ser-ahí de mi
interioridad. Esta "cierta" interioridad en mi cuerpo es exterioridad en relación con la conciencia reflexiva, pero basta para hacer
al cuerpo ambiguo: es la interioridad al exterior, expuesta: "En
este interior. que, en su exteriorización, permanece un interior, el
ser reflexivo del individuo, fuera de su realidad efectiva, está pues
observado". 31 El cráneo deja de ser un dato anatómico para volverse el ser-ahí del espíritu.
Sabemos que Hegel salvará esta ambigüedad por una dialéctica
'°
11

70

Fenomenología del Espfritu, p. 257.
Fenomenolog/a. del Espíritu, p. 263.

en la que no lo seguiremos; pues, como creemos haberlo establecido con bastante firmeza, una ambigüedad no sucede a otra si·no que se encuentra implicada e intrincada en la otra. No concederemos a Hegel que "la individualidad abandona este ser-reflejado en sí que se expuso por los rasgos".ª 2 No abandono nada ni
,quiero nada abandonar y es falso que mi obrar salve y sobrepase la
ambigüedad de mi cuerpo. La dialéctica, de cierta fecundidad como historia de la cultura, lejos de ser, como muchos lo consideran, el hallazgo de Hegel, es más bien el residuo de su pensar, un
.sistematizar que tiende a borrar la hondura y lo matizado de sus
geniales intuiciones. De gran interés documental la tentativa hegeliana de asumir todas las teorías que lo han precedido, para hacer de ello, al negarlas, los momentos dialécticos de su propio sistema, como acabamos de verlo con la noción tradicional de cuerpo y alma de la que parte. Pero una cosa es la historia de sus intentos de solución de un problema y otra cosa la problemática misma. Distinguir esta problemática de las concepciones sucesivas que
ha suscitado, es finalmente rehusar el idealismo dialéctico de Hegel.

•
Nuestro rechazo de la síntesis como momento dialéctico y del
idealismo como coincidencia de la problemática con su colaboración cultural, no nos ha impedido recoger los rasgos característicos
de la subjetividad frente al objeto, tales como Hegel los puso en
evidencia. Que las ambigüedades fundamentales permanezcan, no
nos impide conceder a Hegel que la conciencia que el hombre toma de ellas es histórica y también le concederemos que esta historia es un progreso, no en el sentido científico de conquistas de
:soluciones, sino de cada vez mayor integración e interioridad de
la problemática. Para concluir nos queda reunir los principales caracteres de la subjetividad tales como, a través de Hegel, se nos
fueron revelando: 1.-La subjetividad surge como negación. El
yo se vuelve lo que es: "Mediación entre su propio devenir otro y

ª

Fenomenologla del Esplritu, p. 264.

71

�sí mismo" mediación que no es posible sino "porque el sujeto en
'
.
cuanto tal es la pura negatividad". Su acto negador que lo constltuye como sujeto es doble: negación de la diversidad indiferente,
de la objetividad como totalidad para extraer de ella las cosas como conocidas; negación de su propia diferenciación en el acto de
hacerse otro (me hago ser esta mesa al conocerla) . Prolongaremos a Hegel en este sentido al decir, un poco en el sentido de ~artre que no solamente el sujeto es negatividad sino que es el ongen
mi;mo de 1a negación y no el ser como lo apunta el primer capítulo de la Lógica. 2.-Su negatividad frente al ser constituye al
sujeto como libertad, no en el sentido tradicional de "libre albedrío" que se liga a una escala de valores, ni tampoco en el sentido
pragmático del "poder hacer". El su jeto es libertad porque no
puede ser determinado por lo que le es ajeno y que, siendo negación, todo le es ajeno. "Puesto que el pensar reflexivo es mi actividad propia, las cosas pueden ser consideradas desde este punto de
vista, como el producto de mi espíritu, en tanto que sujeto pensate, en tanto que "yo" en su estado de universalidad simple y reflexiva y de libertad". 33 Esta libertad constituye. mi ser-en-el-mundo
como ambiguo, libre e influenciado, dominando las circunstancias
y dominado por ellas: "el individuo, o bien deja pasar sin turbarlo
el curso de la realidad efectiva que lo influencia, o bien lo interrumpe y lo trastorna. Pero entonces la necesidad psicológica se
vuelve una frase tan vacía que es absolutamente imposible que lo
que debe haber tenido esta influencia, hubiera también podido
no haberla tenido". 34 Tan influenciado como esté, tan orientado
como se presente el curso de mi conciencia, es como posibilidad
de rehusar todo eso como me hallo a mí mismo. Soy mi posibilidad
de escogerme otro: ahí está la esencia de mi subjetividad, aun si nada de ello debe transparecer en la realidad objetiva de mi ser-ahí.

ª Enciclopedia, p. 33.
.. Fenomenología del Espíritu, p. 256.

72

JULES LEQUIER, UN PRECURSOR DE LA
AUTONOMÍA FILOSÓFICA

Lic.

CoNsUELO BoTELLO

T.

EL SIGLO xrx RECIBE como herencia de los siglos anteriores, dos manifestaciones: lo que podríamos llamar propiamente la filosofía
europea y la atmósfera cultural de la ilustración.
Entre los ingleses nos encontrábamos con este idealismo: bien
sea como algo formal, como la simple traducción general del ser
al ser para otro, en el ser percibido como instintos, impulsos, hábitos, etc., como fuerzas ciegas y determinadas: el retorno a la
conciencia de sí, que se manifiesta a su vez como cosa natural. El
escepticismo de Hume hace que todo lo general se disuelva en los
hábitos y en los instintos: ese escepticismo es, dicho de otro modo,
una simple yuxtaposición del mundo de los fenómenos.
La filosofía francesa es más viva, más dinámica, más ingeniosa.
Es el concepto absoluto que se vuelve contra todo el reino de las
representaciones existentes y los pensamientos fijos, que destmye
todo lo fijo y se atribuye La conciencia de la libertad pura. Esta
actividad idealista tiene como base la certeza que lo que es, lo que
vale en sí, es toda la esencia de la conciencia en sí, de que ni los
conceptos del bien y del mal, ni los que se refieren al poder y la
riqueza, ni las representaciones fijas de la fe en Dios, de que todo
esto no es una verdad que sea en sí y que exista fuera de la conciencia de sí.
Ahora bien, hay que ver ahora cómo es la esencia para esta con73

�,ciencia de sí que se concibe absolutamente. Primeramente, este
concepto se fija como el movimiento puramente negativo del concepto; lo positivo, lo simple o la esencia cae fuera de este movimiento. No se le deja ninguna distinción ningún contenido, pues
todo contenido determinado se pierde en aquella negatividad. Esta esencia vacía es para nosotros, en general, el pensamiento puro,
Jo que los franceses llaman el ser supremo, o se representa objetivamente como algo que es, como algo que aparece frente a la conciencia, como la materia. Por tanto en cuanto materia, en cuanto
objetividad vacía, la esencia absoluta se halla determinada por el
concepto, que destruye todo contenido y toda determinación y tiene solamente como objeto suyo, este algo general.
Vemos manifestarse libremente el llamado materialismo y ateísmo, como resultado necesario de la pura conciencia en s~ comprensiva. De una parte en este movimiento negativo naufraga to•da determinación que se representa al espíritu más allá de ]a conciencia de sí. Sólo queda en pie la esencia presente y real, pues la
,conciencia de sí solo reconoce aJ en sí como algo que existe para
ella como conciencia de sí, en la que ella se sabe por tanto, real:
la materia como aquello en que puede ensancharse y realizarse en
la pluralidad, la naturaleza.
En la filosofía de la Ilustración, lo predominante es el aspecto negativo que se manifiesta en el carácter del sentimiento de la más
profunda rebelión contra los poderes vigentes que representan una
esencia extraña para la conciencia de sí, la cual trata de ser sin
aquello en que no se encuentra a sí misma. El ateísmo francés, el
materialismo y el intelectualismo de los franceses ha destruído todos los pre juicios y triunfado sobre las premisas y valideces de concepto de lo positivo en la religión y socializado en los hábitos, en
las costumbres, en las opiniones, en las determinaciones jurídicas
y morales y en las instituciones civiles.
Le Systeme de la Nature (El Materialismo), es el libro principal
de un alemán, el barón de Hollbach, escrito en París, ciudad que
-era el centro de todos aquellos filósofos. Montcsquieu, D'Alembert,
Rousseau, vivieron durante algún tiempo en el círculo de HoUbach,
74

y aunque todos ellos se rebelaban contra lo existente tenían entre
ellos diferencias bastante acusadas.
"El Universo sólo nos revela una infinita acumulación de materia y movimiento, una cadena ininterrumpida de causas y efectos,.
de cuyas causas algunas afectan directamente nuestros sentidos,
mientras que otras nos son desconocidas ya que los efectos que de
ellas percibimos se hallan demasiado alejados de sus causas. Las
diversas cualidades de aquellas materias, sus múltiples combinaciones y, los efectos que son resultado de todo ello, constituyen para nosotros, las esencias. De la diversidad de esas esencias surgen
los diferentes órdenes, géneros y sistemas que las cosas asumen y
cuya suma global forma ese gran todo al que damos el nombre de
naturaleza,,.
Otro libro fundamental y muy cuestionable e el titulado De la
NatureJ que tiene por autor a Robinct. Habla de la naturaleza como lo único que conocemos de Dios y del germen como lo que causa
y es causado. Llama germen a la forma simple de suyo, a la forma
substancial, al concepto.
El resultado de la filosofía francesa reside en que se esfuerza por
mantener una unidad general pero no abstracta, sino concreta. Ya
Robinet establece una vivacidad orgánica general y un modo uniforme de nacimiento: da a este algo concreto el nombre de naturaleza, sobre la que coloca a Dios, pero como lo incognoscible; todos los predicados que de El se proclaman encerraban algo inadecuado. Hay que reconocer que nos encontramos con grandes representaciones de la unidad concreta contrapuestas a las determinaciones metafísicas abstractas del entendimiento, por ejemplo la
de la fecundidad de la naturaleza.
Pero por otra parte, el momento fundamental con que nos encontramos en estos filósofos es el de que lo que debe ser válido tiene que tener presente y de que el hombre ha de entregarse a ello
con todo su conocimiento, de tal modo que declare la guerra a
toda autoridad extraña del Estado, o de la Iglesia y en particular
al pensamiento abstracto, que no tiene en nosotros sentido presente alguno. Las dos determinaciones de toda filosofía son: la con-

75-

�creción de la idea y la presencia del espíritu en ella; mi contenido debe ser a la par, un contenido concreto y presente.
Por eso en el lado teórico de su filosofía, los franceses avanzan
hacia el materialismo o el naturalismo, ya que la necesidad del entendimiento, como del pensamiento abstracto que obliga a sacar
de un principio afirmado, las consecuencias más desastrosas, los
empuja a establecer un principio como lo último, pero un principio que, al mismo tiempo, tenga presente y se halle muy cerca de
la experiencia. Por eso acaban tomando la sensación y la materia
como lo único verdadero, como aquello a que se reduce en última
instancia, todo pensamiento y todo lo ético, viendo en esto una simple modificación de las sensaciones. Por eso las unidades puestas
de manifiesto por los franceses tenían que acabar siendo unilaterales. De esta unilateralidad forma parte la contraposición entre
sentir y pensar o, si se quiere, la identidad de ambos, de tal modo
que lo segundo no se conciba sino como un resultado de lo primero,
aunque sin llegar a unificar especulativamente en Dios esta contraposición, como hacía Spinoza y Malebranche. Esta reducción de
todo pensamiento a sensación, como en ciertos respectos veíamos
que ocurría en Locke, se convierte ahora en una teoría muy extendida. Robinet llega también a esta contraposición y se atiene a la
tesis de que el espíritu y el cuerpo son indivisos y de que el modo
de la unidad es inexplicable. Montesquieu en su libro L'Esprit des
Lois contempla a los pueblos desde el grandioso punto de vista
que consiste en considerar como una totalidad su constitución política, su religión, en una palabra, todo lo que se encuentra dentro
del Estado.
En Rousseau lo vemos aparecer en el campo de la voluntad, de
lo práctico, de lo jurídico. Rousseau afirma la legitimidad de la
voluntad y afirma que el hombre se halla dotado de una voluntad
libre en cuanto que "la libertad es lo cualitativo del hombre; renunciar a su voluntad equivaldría a renunciar a su condición humana. Cuando el hombre renuncia a ser libre, renuncia, por tanto, a los derechos del hombre e incluso a los deberes". "El problema
fundamental --dice Rousseau- consiste en encontrar una forma
76

de vinculación que ampare y defienda al mismo tiempo que todo
el poder común, la persona y la propiedad de todos y cada uno
de los miembros de la comunidad y en la que cada cual, al incorporarse a ella, no obedezca a nadie sino a sí mismo, permaneciendo
por tanto, tan libre como antes. La solución de este problema la
ofrece el contrato social". Esta es según Rousseau la vinculación
en la que cada cual entra voluntariamente.
Sin embargo hay una tergiversación acerca de la voluntad general que comienza desde el momento en que el concepto de la libertad no debe ser interpretado en el sentido de la arbitrariedad
fortuita de cada cual, sino en el sentido de la voluntad racional,
de la voluntad en sí y para sí. La voluntad general debe ser, la
voluntad racional, aunque no se tenga conciencia de ello. El principio de la libertad se manifiesta en Rousseau e infunde esta fuerza infinita al hombre, que se concibe a sí mismo como infinito. Es
el punto de transición a la filosofía kantiana, la cual toma como
base, desde el punto de vista teórico, este principio; el conocimiento ha llegado a su libertad y al contenido concreto que se encerraba en su conciencia.
Por cierto que ya se ha observado cómo Kant, resulta en el fondo una especie de discípulo vergonzante, por decir así, de Juan
Jacobo Rousseau. La pretendida sentimentalidad y el aparente recurso a los sentimientos en los escritos del pensador ginebrino, ocultan y a muy poca profundidad un pensamiento más riguroso que
el que en apariencia se diría que congela a Voltaire. Este ironista
casi despiadado resulta tras un análisis cuidadoso, verdaderamente
sensible y menos frío que Rousseau. Tanto en la una corno en la
otra direcciones filosóficas francesas alcanza a encontrarse el problema que se plantea Jules Lequier; el mismo derrumbe de la revolución parece poner por acto, en obra viva e .informada por las
teorías, la decisión de entonces. El hombre iba dejando en planos
secundarios sus convicciones dogmáticas; la predestinación agustiniana había sido impropiamente explotada en la rebeldía luterana. Los avances y las demostraciones científicas, secreteaban de
modo que iban colocando al hombre si no en la convicción de vi77

�vir y de consistir en un proceso tan necesar~o y det:r~nado comp
la caída de los cuerpos, sí alejaron las actitudes bas1cas de la _f~.
Si hasta la centuria décimosexta se recurría al cimiento dogmático
de la religión, ha tenido que reconocerse que con la ~odemidacl
surge un fanatismo diferente: se le conoce como fanatismo de la
c1enc1a.
El pensador renacentista pudo en sus límites, separa~ co~. su
vuelta al clasicismo recuperado, lo religioso frente a lo c1entíf1co.
Lequier se aproxima inusitadamente a nuestros puntos actuales de
reconocimiento ponderado, de cuanto respecta ~ las anterior~dades
de la modernidad· no sería correcto como lo hizo el Cartes10, suprimir todo lo ant~rior. El mismo Descartes ofrece la eviden~ia de
su formación, no sólo escolástica, sino incluso adelantada se~ las
enseñanzas de la Compañía de Jesús. En su temporada LeqUter ya
opera y medita con la lección liquidada de las. se~araciones renacentistas pero simultáneamente con el reconoc~ent~ de que ~os
valores se habían cambiado de sitio de preferenc1a : s1 antes quiso
dictaminarse religiosamente en filosofía o en medicina, Lequier se
siente perplejo de que pretenda decidirse filosófica o científicamente en cuanto compete a la religión.
.
Con lo anterior se ha obtenido en líneas generales, las perspectivas del modo de pensar y de estudiar sus problemas, pecu_lia~es a
Lequier. Se lo ha visto en la colocación histórica de cart~s1arusmo
filtrado con Malebranche, Leibnitz, Hume y Berkeley, Spmoza Y la
crítica kantiana, hasta no reconocer que el tema de saber algo en
fa tal determinación o la nota de libertad de la persona humana
' conocimiento, constituy~n ~~rte de_ la r1?-ea
ante el problema del
divisoria, tanto en un pensamiento correcto c1enüftco o filos6f1co;
cuanto en el ámbito de la actitud religiosa.
No se trata de que Lequier regrese a cuestiones de imposici,ón
dogmática; nada menos próximo que eso ~uede id~tificarse e~
su obra· casi todo lo contrario, pues con una mformac10n y un cwdado q~e asombra en lo teológico a los comentaristas de s~ _obra,
Lequier emplaza a los tratadistas religiosos y ~e respo~ab_iliza de
los términos y extremos del problema que avIZOra. Nmgun d~g78

mático intenta críticas ni descubre problemas: cree, admite y nada más. Lequier se pone con toda entereza ante la posibilidad de
conocer pero en la humana y limpia inquietud de pensarse a sí
propio, preso en la forzosidad o libre y posibilitado como persona
o ser en sí y para sí.
La libertad humana.- En cualquier perspectiva en la que se enfoque el concepto de libertad resalta su equivocidad: para Rousseau por ejemplo, resultaba tan completo y radical el ser-libre del
hombre, que todos saben que su pacto social, supuso, tan completa
libertad como para poder renunciar y delegar su ejercicio en la
personalidad autoritaria; muy a pesar de que acaso el único libro
serio y digno de Ortega y Gasset, el repaso que hace Gaos sobre
la predicción en la obra del maestro español, tiene que competir
verdaderamente con ocurrencias del todo superficiales, aquel criterio citado de Rousseau resultaria sencillamente escandaloso, inhumano y desorbitado para don José Ortega y Gasset; ser libre para
este memorable maestro español, era más fundamental que para
Rousseau; tan básica es así la libertad humana que no se la puede
renunciar, se es humanamente libre para todo menos para dejar
de ser libre. La palmaria contradicción del contratismo social iluminista es uno de los descubrimientos más acertados de Ortega;
casi nadie lo ha señalado. Aquí en Monterrey, en ocasión del estudio de los valores del Padre Suárez, se tocó el punto. Lo examinado entonces, es lo que trata aquí de conectarse con esa aspiración
constante de Lequier que era la de considerarse libre y por ello
capaz de aspirar al conocimiento o reconocerse apodícticamente
dado como un / actum y dentro de limitaciones que aminoran la libertad; conocer resultaría para el pensador francés algo tan necesario como una trayectoria luminosa. Urge que se distinga entre
esa forzosidad de la fenoménica que señala como nomotesis Heinrich Rickert y la imposición inalterable de lo que vale. Justamente, de esta parecida diferenciación parte y se ramifica lo que quiero considerar como la axiotropía humana. Se es libre de seguir o
no la exigencia de lo valioso; pero se obedezca o no el valor más
digno, éste sigue necesaria y forzosamente valiendo. Por el estilo,
79
a6

�se ha movido la problemática de la libertad entre los dos extremos
que se han señalado : o se nos tiene libres en todo, para y de todo,
o se nos adocena y determina sin ningún margen de responsabilidad; por supuesto, personalmente aquí se proclama y se acepta
la mesurada tesis de Ortega ya comentada.
Véase alguna de las secuelas predominantes entre los extremismos apuntados para poder situar con rigor tanto histórico como
filosófico el tratamiento de Lequier.
La citación a la que se ha recurrido, del maestro Ortega y Gasset
en la pág. 13 de sus Obras; 3a. Ed. Madrid, 1943, reza: "¿Cómo no se ha advertido que la paradójica condición del hombre
radica en que no puede ser lo que quiere, sino lo que tiene necesariamente que ser, y al mismo tiempo puede no aceptar esa necesidad, eludirla, defraudarla? ¿ Cómo subsiste la ceguera, la incomprensión para lo que significa ser libre? Porque en primer lugar, sólo es libre el que no tiene más remedio que serlo. Una libertad de que pudiéramos exoneramos como de un título oficial
no sería constitutiva de nuestro ser. Pero el hombre es libre, quiera o no, ya que, quiera o no, está forzado a cada instante a decidir lo que va a ser. Pero, en segundo lugar, la libertad no puede
consistir en elegir entre posibilidades equivalentes, es decir, que
ellas, las posibilidades, sean también libres. No; la libertad adquiere su propio carácter cuando se es libre frente a algo necesario; es la capacidad de no aceptar una necesidad".
El Dr. Manuel Cabrera Maciá, analizó conceptos próximos a
los manejados aquí, hace 7 años. Ofrecía entre el 25 y 29 de agosto, en 1952, un repaso veraniego del Escepticismo. Para la lectura final de aquel interesante cursillo, tras el repertorio de los
tropoi clásicos, se los aproximó a concepciones modernas: el antiguo se detenía ; eludía predicar nada. En su fondo, di jo el conferenciante, al exponer la doctrina dubitativa, se cayó en el no ser
de quien se abstenía. ~ensaba cautelosa y negativamente. No quería preocuparse; buscaba la calma ataráctica. En tanto que el
Cartesio, en seguida de su duda, proclama su ser. Epilogó el Dr.
80

Cabrera sus disertaciones, con el señalamiento de cómo la tesis
cartesiana, implica libertad, y alineación la escéptica antigua. Forzosamente el meditativo pirrónico, aceptaba ignorar su s~r y toda otra realidad. Admitía su pensamiento; cambiaba y vaciló entre contingencias. No era, meditó nada más. Le parecía necesario
que así fuese. No así Descartes; por vacilar y quedar en suspenso,
se alcanza; es y se indica libre, no ajeno a su pensamiento. Se delimita como res cogitans, propia, suya; capaz de determinarse ante lo claro y distinto. Así consta la visión primerísima de Descartes, más que ante algo ente, en libre posesión del valente Verdad.
Bien puede distinguirse en lo ya anotado aquí, que la conceptuación filosófica de la libertad en su relación con la posibilidad
del conocimiento, toca los extremos de la radicalidad; ya positiva,
ya negativa. Una rigurosa tentativa de dirimir esa problemática,
tan solamente en Ortega se ha encontrado, para informar este estudio. José Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía, artículo
relativo, al medir la docena de columnas que dedica a libertad,
hace que comparezca Ortega; Jules Lequier, concentra para Ferrater los antecedentes del problema: ser libre se requiere a priori
de p_osibilitar el conocimiento. Por semejante planteo de Lequier,
la disputación entre determinismo y libertad como inherentes al
hombre, pasa de la simple problemática parcial a la integrativa de
lo real. Darse o no, ponerse o no la libertad humana condiciona
cualquier metafísica, toda ontología. No se requiere demasiada
agudeza ni erudición abrumadora, para presentir las tesis existencialistas y existenciaristas más actuales. En la 2a. parte de su Philosophie Karl Jaspers determina cómo lo anterior, limitaba la libertad al arbitrio; y en nuestras fechas el deber exige dignificar a
quien elige, no sólo la elección. Por el estilo se lee en el estudio
sobre San Agustín de Hipona ante la Belleza, en el número 10 de
la Rev. Universidad, de la de Nuevo León, " ... elección ... dilección. . . predilección ... " La gradación no puede darse más en
homología de las constelaciones valiosas. El existente decide · su
li??rtad es lo que importa y perfila lo importante en preferen;ias;
dinme su ser en previsión de valores. Resulta en tal argumento,
81

�que tampoco ser axiotrópico puede quedar en nota baldía. Ordenación a valentes y libertad, valen a su vez en la consideración de
lo humano. No son agregaciones de matices. Indican substantividad básica, configuración requisitiva del ser humano, de su darse
o ponerse; de conocer o de admitir que ignora, de su ipseitas y autenticidad. Otros supuestos o postulados, adulteran cuanto se dice
admitir; deforman al cognoscente requerido para cualquier ap6fansis.
Medina Echevarría trata en su Psicología Social "mentifacturas',, como ilustraciones del hacer humano. No se trata de la traída y llevada "cultura objetiva". Es la hechura decisiva del hombre. Habría, aquí~ un término como los que J. David García Bacca
dictamina al traducir a Martín Heidegger " ... que diría en palabras una de esas máquinas remachadoras que clavara para siempre de un golpe una máquina de piezas elaboradas con la más fina técnica de precisión". (Holderlin y la Esencia de la Poesía,
Esencia del Fundamento. Arbol, Ed. Séneca, Méx. 1944) ; el Prof.
F. Uribe sugiere "existentifactura"; él mismo ha escrito cómo para José Gaos, la meditación heideggeriana parece de palabras. No
hay que confundir; la captura de un término, de la "palabrita" como dijo en alguna ocasión Recansés Siches, no constituye filosofía.
Lo que con lo anterior que citábamos de Heidegger, se quiere
significar es lo que Ortega estableció: El existente debe hacerse
libre. Lección suprema en tomo al asunto, la ofrece el Evangelio
con "la Verdad os hará libres". Se transluce un círculo vicioso,
ya que el valor lógico de la Verdad, se da o pone en el conocimiento; contrariamente, el valor existencial de la libertad quedaría condicionado, en su cumplimiento, por la previa posesión del lógico
de la Verdad. El sofisma es nada más que aparente; pues la Verdad evangélica no es la limitada y relativa al alcance del conocimiento habitual; éste queda al descubierto en la arrogancia positivista "saber para prever a fin de poder". o se trata de la Verdad sin preposición. Sería el mero saber factible, no el agible de
los escolásticos clásicos. Tampoco se alude al "saber de Salvación"
que la Verdad evangélica indica. Por todo ello, la opresión en
82

Lequier, que acaso, lo encaminó a la demencia para sus días últimos..se derrun:ibó como Nietzsche y como antes, Rousseau; pero
Leqm;r lo hab1a pre entido. Quería compaginar la posibilidad de
saber en el ejercicio pleno de su libertad. Desde un principio sus
apuntes exhumados técnicamente por Charles Renouvier y por
Jean Grenier, vueltos a estudiar por L. Dugas y actualizados por
Jean Whal, osan una especie de apuesta del estilo de la de Pascal.
1?duso a cost_a d~ su razón quiso saber y lograrlo libremente. AproXIIna su meditación al renacimiento escolástico y, lógicamente, a
la controversia en tomo a Otto Liebmann y a su "volvamos a
Kant". Era la contrapartida del V ae mihi si non thomistiza vero
en la expresión de Jacques Maritain; de donde puede juzgarse eÍ
sabor de inmediata actualidad en las opiniones de Lequier. Y pronto, en 1956, va a hacer ya un siglo que, a los tres años de su muerte Charles Renouvier ordenó La Rccherce d'une Premiere V erité.
Fragmentes posthumes, mismos que reeditó hace 35 años, L. Dugas. Más se precisa, si cabe, el problema con la publicación llevada al cabo por Jean Grenier, de La Liberté apenas 15 años antes de ahora y el trabajo monográfico de Jean Whal de hace 10
~os. ~sa. "primera verdad,, hay que admitirlo, encamina ya a la
filoso/za sin supuestos. La misma célebre disquisición kantiana entre la razón pura y la práctica, la clásica aporía entre el orden
teor~tico y el práctico, se desata en las conclusiones de Lequier.
La libertad humana, en libre actuación establecida, no se constriñe a c~eencia. Recuérdese la amable fenomenología de Ideas y
Creencias en Ortega y Gasset. La libertad según la examina Le~uier, denota opción por la cuenta y riesgo del sujeto compromet1do en el acto de conocer. Ese existente es lo que llama Jaspers
~lector y ~ecisor. Comprometerse así, el existente, hay que ins1stJ.r, nada nene que ver con psicologismos ya superados como el
del liberum arbitrium para actuar o abstenerse. Admitirse libre en
~ trance de poder conocer ya significa actuación, opción y decisiva postura, compromiso y co-implicación. Se está en la textura
de la realidad.

e!

Por nuestras antevísperas y a 3 decenios de Lequier, Henri Berg83

�son analiza su "libertad profunda 11 o íntima. Repercute en esto
días en J ean Paul Sartre quien condena la noción de libertad si
dependiera de fundamento trascendente, no humano. Ferrater condena estos extremos con una alusión a Ensimismamiento y Alteración de Ortega, y curiosamente toca la plenitud óntica en alternativa a la alteridad; pero para nada roza lo subsistente en o por la
libertad que conoce. Estamos en las fechas últimas y libres con el
mundo; se cuenta también con la óptica axioética de Emile Boutroux. En protesta frente a Wienn y el pretenso neopositivismo, los
estratos de la realidad van escalonándose; se impone el valor por
esos dictámenes; aun cuando se les suele tomar de otra manera,
aquí se sostiene que el hecho de invocarlos para establecer ordenamientos en lo real, inciden ahí mismo. Su aplicación criterion6mica para organizar la realidad, lleva a Boutroux al aniquilamiento de la contingencia. De modo que el deber ser ínsito en todo atributo de valor, se diferencia de cualquier tipo de forzosidad. En
tanto ésta disminuye, en tanto el valor priva, la contingencia decrece. Recaséns Siches hablaba de esta inafectabilidad del valor:
mientras más elevado, más requiere la libertad para cumplirse.
Se ve también acerca de Santo Tomás de Aquino y de su estética,
lo concreto en proporción a los planos de ser en necesaria determinación; y lo valioso generalizado y afecto de contingencia ante
la meditación. Se sabe también, la proximidad doctrinal de Boutroux, como introductor a la religión, con el "reino de los fines" de
ascendencia kantiana. En ambos se juega la libertad; para Kant
hay que purificar libremente la motivación del acto; para Boutroux, tan sólo en la síntesis o renovación que supere lo necesario,
en la libre contingencia, se opera la concreta existencia responsable. Es el eco tardío del kantismo que, tras el mostrenco imperativo
categórico, _posibilita la norma práctica y presagia la necesidad de
autofines en la convivencia éticamente valiosa, en la juridicidad
integrada del ce reino de los fines". Igual que Kant al exigir lo ex~
perimentado y requisitar lo puramente pensado, cuando ha de
transigir con la libertad; así Boutroux dictamina que la ciencia de
lo necesario, no capacita para deslindar la autonomía moral Su
84

metafísica apunta hacia allá pero tampoco satisface el desideratum.
La vieja invasión liminar de provincias divisorias, entre normación
religiosa, posibilidad de conocer y libertad para adoptar la una o
para alcanzar lo otro, perdura después de tres cuartos de centuria, transcurridos desde los estudios de Boutroux.
Jules Lachelier, con Maine de Biran, con Félix Ravaisson-Molien, el mismo Boutroux e inclusive Henri Bergson, se presentan
positivo-espiritualistas. Lachelier critica y objeta la validez cognoscitiva del proceso inductivo. Como Kant al aceptar realidades
referidas a la categoría de fin, más que a la de causación antecedente necesario, da cabida a la finalidad pero "no como afirmación arbitraria destinada a salvar la libertad de la persona" (Ferrater).
Pero Lachelier claramente en su discusión, tanto como sus contemporáneos y sus sucesores se aproxima y discute el problema derivado de Lequier, la libertad personal en relación con el conocimiento y las nociones de lo forwsamente determinado. Los orígenes remotos de un planteo semejante constan según ya se ha dicho aquí en disputaciones de precisión e intereses teológicos. Todavía la colocación del saber histórico en nuestras fechas y en las
inmediatas anteriores remontan hacia las más nobles fuentes del
providencialismo agustiniano; de ahí que entre los antecedentes
bien determinados y estudiados para la colocación doctrinal del
pensamiento de Lequier, haya que dejar constancia del problema
teológico de la infalible presciencia divina. Y no se olvide que entre más de alguno de los tratadistas, teólogos oficiales o no, suele
confundirse ese aparente conflicto entre la omnisapiencia divina
frente a la libre disposición de la libertad humana; también es
comprobable que se interfieren las nociones de libertad y voluntad.
Llega la problemática al grado de tener que reconocer que la primacía de los análisis psicológicos iniciada con Sócrates, es, lo que
por la línea de Platón y la desembocadura de Plotino y de San
Agustín, los tratamientos de Santo Tomás y decisiones cartesianas;
al dar esa conciencia trascendente ya repasada en Jaspers y Sartre, permitió en las controversias frente al empiricismo y al escep85

�ticismo ingleses, una diferenciación ya aceptable de voluntad y de
libertad. Es algo similar a lo que puede encontrarse en la página
103 de La Libertad de Lequier, donde su visión teológica-filosófica distingue la presciencia de la providencia divina. Se ve también en la opinión de Grerúer que Lequier en esas cuestiones se
inclinaba al scotismo más que al tomismo. En Boecio por ejemplo,
en su hermosa Consolación de la Filosofía, maneja admirablemente la conceptuación de eterrúdad y nos dice de ello: conocer con
certidumbre absoluta lo porvenir convierte eso verúdero en presente ya. La eternidad simultánea para Severino Boecio, que es
su hermosa posición al simultanear todo lo que en la sucesión temporal aparece como anterior, presente o futuro, enseña la eternidad sin sucesión. El previo examen necesario a las meditaciones de
Lequier sobre esos temas, con las directrices del scotismo parecería no limitar precisamente, pero sí re-ubicar la omnipotencia divina a favor de la libertad humana. Aquí no es admisible la conclusión de Grenier respecto a que estos dictámenes de Jules Lequier, limiten o determinen la reconocida omnipotencia del Ser Supremo. Suele decirse palmariamente, sin corrección teológica ni
filosófica que "ni la voluntad divina alteraría la humana ... " Tal
argumento estaría bien para el ámbito pirrónico pero no para el
que nosotros estamos viendo. Ya no vale para el clima católico en
el que Lequier enuncia su problemática. Continuar una disputación así, equivaldría al desdén por los exámenes psicológicos y al
más grave menosprecio de la doctrina de la gracia en los dones y
carismas. Es precepto ascético de lo más clásico, la posible supresión de la propia voluntad, en plegaria de instrumentar, la voluntad divina. La perspectiva en la que Lequier se coloca en la página 104 de su texto dicho, descuida que aunque aparte Creador y
creatura, ésta en el caso de la humana, consiste y debe consistir en
un proceso de salvación. La gracia nos acorre, el orden eterno e
intemporal está al alcance del hombre. Se es a imagen y semejanz~ del Creador.
Lequier no quiere, rechaza, quedarse con la más mínima dubitación respecto a que es libre, dueño de sí. Tal certeza le arma para
86

la consecución del conocimiento que busca, pero no advierte, ni
alcanza a advertir o no lo quiere superficialmente, que ya se encontraba firme y seguro sobre su inicial opción. Había decidido,
eligió y prefería su libertad; lo des~pera sospechar el que pueda
ser una lábil ilusión. Teme a las cuestiones determinadas. A eso
le parecería condescender, de admitir sin examen la predestinación, la omniesciencia y lógicamente a su parecer, predeterminación y predeterminismo. La cuestión como se ha tratado de articular aquí, parece claro que no compromete la auténtica autarquía humana. El propio episodio de Lequier lo está mostrando según y como se lo trata. Algo similar ocurre con la pretendida antinomia de no considerar a Dios "antecedente necesario" (pág.
112); no es que Lequier en su antelación sufra o no la imposición
divina, la disputa se refiere a la forma doctrinal de considerar lo
supremo y a la facticia de ejercitar la libertad de pensamiento.
En esos pasajes Lequier, bien a pesar de ciertas irorúas, de cómo se
transparece su información teológica, sorprende al modernizar las
clásicas disputas, con toda la dignidad humana más actual y más
vigente. La clásica tentativa de tratar el ser y su cambio, el ser en
acto o en potencia, cae necesariamente en el estudio de Lequier.
Si en el acto puro, sin nada en potencia, todo resulta por ello, inmutable y eterno, la realidad posible como creada, tampoco pasaría hacia el acto; pues ese devenir estaría ya dado en la presciencia y omnisciencia. Se ve claro el proceso de inversión de la
&lt;loctrina de Boecio; para éste, la certeza de cuanto ha de advenir,
-cristaliza la eternidad. En la objeción de Lequier la inmutabilidad y presciencia detiene lo real dado.
Se transparece ya la durée réel de Henri Bergson. Otra ponen,cia existencialista acudió a un pastiche similar de Sartre. El paso
fluvial se detenía y el ser empaté se presentaba. Es la resonancia
de la detención estática que objeta Bergson; es el mismo empeño
de Lequier de sentirse flúido y libre, en contraste con la permanencia eterna; de ahí las cuatro peculiaridades escolásticas que
ffi la página 117 predica de Dios: ambivalencia, amplitud y omnipresencia, de donde sucesión de partes y por ello, dos criterios de
87

�exi tencia humana. Lequier objeta la duplicidad de la consideración, sigue a Duns Scoto; en tanto en cuanto que realmente la
creatura se refiere a Dios y racionalmente Dios a su crea tura; por
esa racionalidad se da el logos, el Verbo. Da con este motivo L quier una especie de réplica calcada de la que Aristóteles hizo a
la hip6stasis ideísta de Plat6n: de caber la ~oble manera de conocer a Dios en la eternidad, y de ser en el tiempo las creaturas lo
creado existiría dos veces, se hipostasiaría. (p. 126). Aquí en Monterrey se han dado discusiones mucho meno formadas par~ consecuentar, si se quiere tiempo y eternidad; inclusive se medio b~lbuce la eternidad sucesiva. Todo ello importa, en tanto que e dictamine la libertad de conocer o la forzosidad inevitable. Y a lo
tomistas habían establecido según lo recuerda y lo organiza en su
Ensayo de Clasificaci6n de las Doctrinas Fil~sófi~as, Charles ~e
nouvier, que una sucesión infinita es contradictoria; de donde, mfiere el tomismo, lo divino no admite sucesión.

E

UNCI.ADOS Y SOLUCIONES DE LEQUIER

Bien a pesar de todo lo contrario, la actitud adoptada por Lequier, en el tratamiento de su problema compagina d~l todo con la
que tomaría cualquier cat6lico ortodoxo. Hay que interponer la
advertencia que muy a tiempo ofrecía Oswaldo Robles en su Propedéutica Filos6fica: se ha confundido peligrosamente filosofía católica con filosofía medieval; habría en nuestro caso que ofrecer
similarmente alguno distingos entre el católico ortodoxo y el
verdadero fil6sofo católico. o hay precisamente urgencia de hacerlo y ello porque sin confundir ni lesionar las co~otaciones y
denotaciones de lo uno y de lo otro, todo pensador seno cuenta radicalmente primero, con un sub uelo de convicciones axiomáticas.
Recuérdese una vez más el riguroso estudio de la cuesti6n en Ideas
y Creencias de Don José Ortega y Gasset. Al tr~ducir El Di~c~rso
del Método del Cartesio, el Dr. Manuel Garc1a Morente ms1Steen algo similar, "el hombre no puede vivir sin creencias,,; estén

éstas o no articuladas en la integralidad de un dogma con fuente
de revelación válidas o disputables; organice o no ese dogma o esa
revelación una conducta comunitaria en la forma clásica del culto; y otra personal con el rango de moralidad, el dato palmario s
que todos nos nutrimos en un almacén de creencias. Está comprobado que Jules Lequier fue un creyente y católico; su santo temor
de creatura ante Dios se encuentra palpable y palpitante en todo
cuanto meditó. Y como filtrado de cuanto en este estudio se ha
visto, lo mismo Lequier que otro cat6lico observante aunque no
se puede llamar perfecto cuenta por ese temor y temblor con la hetero-refercncia a su gesto fervoro o. Se vive en la gracia de Dios;
tal vez no se frecuente la comunión, no se esté ante la Gracia, pero
una causal y suprema nos sostiene en vilo. orno , nos reconocemos
creaturas demuestra en Lo Santo, Otto Rudolf.
Tras lo inalterable de la eternidad divina Lequier estudia las
concesiones de la gracia en lo que técnicamente se designa como
possibilia. Entre ellos, algunos pasarían a ser, y otros no; la antinomia de estos últimos suscita las inquietudes de Lequier; no acaba de admitir filosóficamente una predestinación rígida que no le
permita contar con su libertad para conocer. Traído de San Agustín, en cita de Campanella, Lequier repite que la gracia se otorga
para la salvación de todos; dificilmcnte se puede ser más cat61ico,
pero recuérdese que el drama del liberum arbitrium desde San
Agustín y el neoplatonismo, puede viciar el destino. Por la posibilidad ( no eventual) de que el arbitrio en su libertad, transtruequey desvíe la naturaleza otorgada por la gracia, tanto voluntad como libertad se deficientan. No es, como se lee en la página 146
( cap. de la gracia) que ésta se vuelva ineficaz; aqui no hay para
qué argumentar católicamente, basta con conservarse consecuentefilo óficamente: a la gracia se le define "socorro divino", ¿ podría
haberlo ineficaz? De modo que esa disquisición no lo es pero podría parecer desesperada. En el siguiente capítulo sobre la voluntad divina, Lequier cuenta con Juan Benigno Bossuet, el elocuente
obispo de Meaux; se apoya Lequier en uno de los conceptos meno
examinados filosóficamente, el de la voluntad divina. Cuando el
89-

88

�Redentor alecciona para hacer nuestras peticiones con "fíat voluntas tua" evidencia la operación y efectividad de lo que se está
impetr~do. na solución del conflicto, de admiw:5elo. entre lo humano y lo divino, sería la de Lequier: la deternunac1ó~ suprer:ia
lo es en acto, y la humana cuenta con residuos en potencia. La misma gracia no nos podría violentar como libres y autónomos; pero
1a solicitación de la gracia, lógicamente funda la de la vol':1°tad
divina. Por ello Lequier, se revuelve en el argumento y duplica el
modo de ser libre. Admite como en la oración del Redentor para
ceumplimiento máximo del valor, el de aceptar_ la d~posición divina; la voluntad última, en una palabra, la gracia. Tomese en cuenta que no quiere desdibujarse gracia en voluntad suprema; es más,
se puede decir que se subsume una en la otra. La forma_ d~ comunión de la creatura con su Creador reconoce como Clffilento la
_gracia original. La misma voluntad que se sup~ca -~n la plc~aria,
recurre a la gracia que nos concede esa comurucac1on. Lequicr lo
determina cuando pone el informe agustiniano, señala la correcta
o incorrecta aplicación del arbitrio libre; así coinciden e interfuncionan presciencia divina y libre decisión humana (pág. 150).
En aprovechamiento de las enseñanzas clásicas, Lequier ofrece
un diálogo como los usuales en el Renacimiento; y queda de poco
antes, el de Berkeley entre el amante del saber y el materialista.
En el de Lequier vemos que enfrenta a un réprobo, vuelto a la buena senda y como teólogo, con un extranjero o gentil honrado. Ha-ce pensar en el Proceso a Jesús sólo que con cuidada disciplina; el
experimento con el niño se asemeja en todo al de Sócrates en busca de la reminiscencia. Se ha dicho que en el examen del azar matemático Lequier se aproxima al quietismo molinista; bastaría primero, con determinar la conceptuación de contingencia, y en seguida con examinar no teológica, sino filosóficamente-~ ,abandono
y la resignación ante las decisiones suprem~s. 1;Jna v~1on somera
aproxima inesperadamente lo que en apanenc1a sena azaroso o
-contingente a la pretendida forzosidad del orden creado. La ecua-ción de Heisenberg parecería inferida para defensa de la absoluta presciencia divina. Por el otro aspecto, conviene anotar que ya
'90

un abandono y resignación decisivos, implican y piden la plena libertad de haberlos optado. . . A este respecto hay que notar el
dato ciertamente curioso de que la discusión más próxima a la justicia en el caso del quietismo no la ofreció ningún teólogo y los hubo ilustres entre sus contraventores; tampoco un filósofo preocupado por la determinación libre del destino de cada quien, el que
desata la disputación sobre la doctrina de Miguel de Molinos; sino,
que se nos ha ofrecido el reporte de Karl Vossler, en su celebérrimo tratado de La Soledad en la Literatura Española. La mixtura
de cuestiones teológicas con filosóficas es ~claramente palpable en
el episodio del quietismo; por ello cabe con todo derecho y autenticidad, la admisión razonada de los actos "verdaderamente libres" y del todo conocidos en la eternidad por la omnisciencia. La
parte exclusivamente filosófica en la página 158 queda estrictamente "la voluntad de Dios no opera como la voluntad humana, sino
que puede querer los contradictorios ... "; e inclusive en la página
161, al prolongarse en Duns Scoto la polémica tomista, se rebate el
"que Dios produce las creaturas por la sola necesidad de su naturaleza"; pues ello equivaldría a un panteísmo en el que la libertad
disminuiría en beneficio del determinismo. Se ve la contingencia no
para hacer dependiente al Creador, sino para libertar a la creatura.
La conceptuación de voluntad y noluntad libres, indica intencionalidad hacia las cosas; en éstas radica la contingencia del querer
divino, la forzosidad, no en la voluntad ni en la noluntad. Tampoco acepta del todo Lequier el que libertad y presciencia se reduzcan a síntesis de contradictorios. En el comentario que le sugiere
a Grenier, el problema de la predestinación tal como Lequier lo
recoge en las Sagradas Escrituras, no se alcanza a separar con el
rigor que sería de desear, lo filosófico de lo teológico. Las dudas y
preocupaciones que Lequier tuvo que dirimir con tal motivo, lo
predispusieron a influjos tan claros como el que se le nota directo
de Lammennais, como puede comprobárselo en su exposición dialogada entre un nuevo Abel y un nuevo Caín: se pone en operación dialéctica la manera como el autor piensa que Dios concede
la libertad a sus creaturas; no las constriñe en un predestino, aun91

�,que necesariamente la omnisciencia la presepa_ o preconozca. ~
-esa altura, Lequier adelanta sus primeros pasos mc~uso ~n un_ Iexico que en nuestra actualidad circula en e_l ambiente filosófico.
El investigador de la libertad, declara, confiesa, Y lo _que es más
filosófico e importante, evidencia el misterio. La p~opia 1:~tura ,Y
comprensión de Gabriel Marcel para ofrecer la ilustraoon mas
clara y reconocible, se ilumina y esclarece de pronto con el antecedente de Lequier.
.
Se ha dicho con bastante exactitud, que el caso de Leqmer n~
-es el de un filósofo de enseñanzas, con el sentido de que no es limitadamente un profesor de filosofía; también en esto el autor estudiado ofrece el dibujo de nuestra actualidad; por supuesto que
importa la filosofía, y por ello se estudia en su sist~má_tica y con
sus problemas; pero lo que se arriesgaba en la meditación de Lequier y en la nuestra de más de treinta años a la fecha,_ es el hombre mismo que piensa. Las resoluciones a las que Leq~:~ se apr&lt;:
xima derraman el ensayo de una filosofía, de una pos1c1on doctrinal más O menos válida y aceptable; en cambio se refieren a la
creatura concreta que busca las soluciones.
Resulta por demás curioso el hecho de que el. esco~asticisr~o le,queriano consistía en reconocerse conforme al mfluJO de F1chte.
Para evaluarse en toda su trascendencia ese dato, se puede traer a
mano el recuerdo de la disputa del Dr. Sánchez Villaseñor; el
idealismo que quiso imputar este ilustre miembro S. J., a Don José Ortega y Gasset lo argumentaba en el anteced~nte _de_ Fichte.
Probablemente el de Lequier no ofrezca dudas m obJec1ones, el
caso de Ortega sí resulta por demás opinable; pues ya se ha visto
-en estas páginas la posición orteguiana ante la libertad, no puede
ser menos .idealista ni en el sentido metafísico, ni en el gnoseol6gico.
.
.
El escolasticismo de Lequier le permite maneJar la actualidad
y ta potencia; la presciencia infa~ble y. absoluta de Di~, dice acto puro, nada en potencia. La mISma imagen Y_ semeJanz; d~ su
Creador el hombre que tanto inquieta a Leqwer es autarqUicO;
para de~ostrarlo lucha Lequier; pero es también creatura, no ac-

to puro; potencialmente se apoya en esa autonomía y su libertad

es actual, pero para realizaciones posibles. Por eso no hay aporía
ni teológica, ni filosófica entre omnisciencia ni predestinación frente a la libertad y subsecuente posibilidad de conocer.
Hay una tesis entre los comentarios a Lequier, en la que se sienta . la coparticipación en la durabilidad humana al lado de una
eternidad no conforme a Boecio, tomista como plena actualidad,
sin transcurso. Adviértase en la forma en que ya antes se hizo aquí
que tanto presente como pretérito y futuro quedan en la predicación de quando. En estricto rigor no es factible tratar la esencia,
omnipotencia ni presencia divinas como insertables en el cuadro
de los predicables del ser. Este cuadro alude por el ser conocido,
pensado ( ens cogitatio). Un tratamiento del Creador puede comprobárselo en cualquier teólogo serio: Báñez, Santo Tomás, Duns,
Scoto, Suárez, etc., se refieren eo ipso al ens a se, alcanzar. Se trata del ser en tanto que ser, más que del ser conocido. Así su revelación graciosa nos ofrece misterios. Lequier vivió toda entereza filosófica, con ejemplar fervor; Marcel lo vuelve a encontrar y cada
creyente perturbado por teologías a medias o por pseudofilosofías,
tiene ante sí esas rutas; y no perdedizas como las de Heidegger sino posibles y practicables como las de Lequier. Así ha fundamentado este recatado pensador, la autonomía filosófica; así dio el
ejemplo áe respeto y abstención frente a los dictámenes teológicos,
que sin facultad, no se pueden poner a discusión por algún quidam;
son campos diversos de la investigación; en deslindarlos y proceder de acuerdo con esa precisión establecida funda Lequier la autonomía filosófica.
Discute, no puede negárselo, el determinismo de tipo leibnitziano: el más adecuado de los posibles universos, no es aceptable como inferencia de una razón que lo determine así. Muy a pesar de
haber querido rechazar a Christian Wolff y a Gottfried Leibnitz
Kant hereda del primero esa "razón legisladora,,. Para Lequier la
libertad personal implica el acto creador que se dirige a los fines
supremos de la creatura; esa libertad es "espontaneidad creatriz".
93

�La posterior secuencia en la evolución del mismo apellido de Henri
Bcrgson, ya s repasó en estas páginas.
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EXISTENCIALISMO Y PSICOANALISIS

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L. Duc"s ; Pensles. Revue Blcue. París, 1920. Rcv. Universidad de la Univ. de N •

Le6n, No. 10.

TÚ GoNZÁLEZ

desarrollar es el producto de algunas
lecturas y reflexiones sobre las relaciones que al parecer existen
entre la Psicoterapia analítica y la o las llamadas filosofías existenciales.
Me ha parecido conveniente para la exposición dividir este trabajo en algunos breves subtítulos que serán: 1.-El Existencialismo, 2.-El Psicoanálisis, 3.-Comparación entre el Existencialismo y el Psicoanálisis, y finalmente procuraré hacer algunas Con-

EL TEMA QUE ME PROPO GO

clusiones.
EL EXISTE CIALISMO

Con este nombre se conocen y señalan diferentes teorías y sus
aplicaciones al arte, la literatura y aún a la práctica terapéutica;
por muy diversas y antagónicas (si se quiere) que sean estas teorias tienen algo en común, que es lo que ha hecho que se las conozca bajo esta den-0minaci6n.
95
94

a7

�EJ primero más importante de. lo usos que. se h~ce ?cel té~mino "Existencialismo" es el refenrse a una filosof1a: La filosofía de la existencia'&gt;, para algunos parece evidente que debe
hablar e de exi tencialismo y no en singular, dado que son muy
diversa la doctrinas de que se trata. Antes de definir el existenciali mo, sería conveniente recordar que se han escrito libros profundo y ex.ten os para explicar ¿qué es la Filo ofía? Por esta razón nosotros no concretar mos a dar algunas ideas que puedan
aclarar el concepto:
La Filo ofía e el producto de la reflexión humana. Parece conveniente a mucho el definirla como el producto o el resultado de
e ta labor más bien que por u contenido ideológico (por demás
muy variable) . de ahí que se diga, filosofía e el producto o el
resultado del filosofar que e la acción y del r,ujeto que es el hombre, el filó ofo. Esta labor que es el filosofar tiene por fin conocer
la verdad sobre el ser del mundo y del hombre que es el filósofo.
Existe un1 filo ofar ingenuo o espontáneo al que se pueden referir
las situaciones en las cuales, el hombre se pregunta: ¿ Qué significa el mundo? ¿ Qué sentido tiene la vida? ¿ Qué significa para
mí esta ida que vivo? etc., por lo que se ha dicho "el hombre
e un animal que hace metafísica con la misma facilidad con que
respira". Pero cuando se hace una reflexión seria, con rigor metodológico elementos de juicio, etc., es cuando se dice con propiedad que se hace filosofía. Pues bien, el filo ofar existencialista
es un filosofar que tiene su punto de partida en el hombre que
es filósofo, mejor dicho es una reflexión que se dirige antes que
nada al ser del hombre que es el filósofo. Por este motivo se ha
dicho: que el existencialismo es un antropocentrismo, un ubjetivismo, un p icologismo, un egocentrismo, "una metafísica desde
el hombre» (Finlay on), "el existencialismo es un humanismo'
(Sartre), para algunos esta corriente de pensamiento no es una
filo ofía sino una Antropología.
La Metafísica o filosofía prima, ha sido entendida de diversas
maneras, pero tradicionalmente se refería este término a la "cien96

cia del ser en cuanto ser y de los atributos que tiene en cuanto
a tal' (Ari tótelcs), esto hacía la Ontología como producto de
abstracción de las esencias y en oposición con los fenómenos (lo
que aparece) . Así fundamentalmente la Metafísica es la abstracción con desprendimiento de toda materia de toda cualidad sensible del ser, sea por separación real o ideal. Para el existencialismo, en el problema del ser lo que realmente es primordial es
la existencia y respecto a las esencias se comportan de diferente
modo los diversos filó ofos existencialistas, llegando algunos a negar o uprimir la esencias, ]as naturalezas. etc. Para el existencialismo lo importante es el ser concreto, individual, presente y
las abstracciones limitan y mutilan la realidad, de aquí su nombre de Existencialismo que se refiere a esta su posición respecto
al "Ser" y al binomio "Esencia - Exi tencia . Por esta razón,
la de referir e al "Ser" en su perfección última al "existente', algunos opinan que el problema del "Ser" en la filosofía existencial
no puede er tratado en una Ontología sino que es una "Ontica".
Orígenes del Existencialismo: Se ha pretendido por algunos
remontar el origen del pen amiento existencialista a la "Biblia \
otro a los antiguos libros sagrados de la India; también se ha invocado el pensar subjetivo de San Agustín, pero en realidad no
es muy debatido este a unto y los principales representantes de
este movimiento o corriente espiritual de nuestra época invocan el
nombre de Soren Kierkegaard ( 1813-1855) este filó ofo danés del
siglo pa ado, que en su tiempo pasó casi de apercibido, pero cuyo
pensamiento ha ido cobrando gran actualidad y es quizá la influencia intelectual más fuerte en la Europa órdica de nuestros
días. Sin embargo es digno de mención el hecho de que Marcel,
uno de lo más notables representantes de ta escuela, desarrolló
idea afines en una época en la que aún no conocía la obra de
Kierkegaard.
Aunque el problema de la existencia humana sea tan antiguo
como el hombre y la subjetividad humana, para Kierkegaard tiene sus orígenes en Sócrates, "mi tarea es socrática" decía, este pen97

�sador subjetivo y trágico que se debatía en la angustia de la cual
nos ha dejado magníficas descripciones y análisis, era un enfermo
de la mente. Si es verdad que siempre la obra del pensador &lt;:5tá
ligada a su vida, en ningún caso es esto más evidente qu~ en Kierkegaard, al grado de decirse que es imposible ~rof~diz.ar en su
filosofía sin conocer su vida, y viceversa, que es JIJ1pos1ble conocer
su vida sin su filosofía. Respecto de sí mism~ Kierkegaard de~ía,
que su melancolía era hereditaria. Magnussen interpreta la vida
de Kierkegaard a través de su deformidad física, no ~an falta~o
interpretaciones psicoanalíticas que la explican por la 1mpotenc~a
sexual Künzli de la escuela de Jung, lo explica por un complejo
de Edipo y la fijación a la madre por una identificación _d~ la
naturaleza con la madre, y del espíritu, con el padre p1 t1Sta
(severamente puritano) y de la tensión entre ésto ; para Hjalmar
Helweg, p iquiatra danés y autor de una patografía sobre Kierkegaard, éste pertenece al tipo depresivo de la psicosi maníacodepresiva; para Igor Ca ruso "el estado de Kierkegaard estaba recubierto considerablemente (en el sentido de una p icogenesis neurótica) por los resultados de su evolución histórica particularmente de su educación tan contraria al buen sentido&gt;'. En urna nos
parece (sin que esto agote el tema), que la melancolía de Kierkegaard tenía muy probablemente su base constitucional agra ada
de factores psicogenéticos, principalmente de su educación, en Jo
que estamos de acuerdo con Regís Jolivet uno de los grandes conocedores de la vida y la obra del filósofo. Las profunda reflexiones de Kierkegaard sobre su enfennedad han hecho decir a
lgor Caruso: " ... tenemos derecho a preguntar si son los p icoanalistas modernos, o si más bien es Kierkegaard quien penetró más
profundamente la esencia misma de la melancolía, quien captó
con más seguridad su significado". 1
El pensamiento de Kierkegaard en la Europa del iglo pasado
tiene el valor de una justa y sana protesta de la libertad rontra el
sistema de Hegel. En verdad el genio de Hegel dominaba el panorama intelectual de Europa, quizá como ningún otro filó ofo lo
haya hecho. Dentro de su sistema que fue el idealismo lógico, que
98

e califica como un " Ionismo Idealista·, que es también un Panteísmo, no había lugar para lo concreto, para lo individual, para
Jo ubjetivo, no había en este sistema regido por la "Idea", "del
e píritu qu se objetiva", lugar para la "Libertad", el mundo de
la abstracción mutilaba al ser humano. Este sentimiento debemos
con iderarlo como una de las grandes motivaciones del pensamiento de Ki rkegaard; el hombre no es una ab tracción, el filósofo
danés e rebela rontra esta tiranía y en su exceso se coloca en el
xtremo opuesto, en lugar del pensamiento ab tracto que trata de
comprender lo concreto, "él" pensador subjetivo, trata de comprcnd concretamente lo abstracto.
1

S ha dicho, y con mucha razón, que hay también un existencialismo de Hegel; que hay mucha diferencia del Hegel del Sistema
Cristalizado de 1827 al Hegel de la Fenomenología del Espíritu
( 1807 ) y que puede decirse que el pensamiento existencialista, como el marxista tien n sus raíces en Hegel, lo que es una vez más
rendir tributo al indisputado "Genio" de Hegel. Cf. M. MerleauPonty 2 y de ,, aelhen , 3 p ro esto, no parece, no invalida la justa
opo ici6n de Kierkegaard al "Sistema" idealista de Hegel).
Además de Kierkegaard se menciona a Husserl con su fenomenología como fuente u origen del moderno pensamiento existencial· al respecto artre ha dicho ( L'imaginaire) : "La aparición de
las Ideen fue el gran acontecimiento de la filosofía de la anteguerra (1914-18 ) "tanto como a la filosofía, ese libro está llama&lt;fo a re olucionar la psicología". Detengámonos un momento a considerar to:
Edmund Husserl (1859-1938 ) fue un notable filósofo y de él
e ha dicho que es el p n ador más profundo y original de Ja
primera mitad del siglo. La parte más importante de su obra se
ncuentra en sus Investigaciones Lógfras, pero a lo que debe
u popularidad y su gran difusión en el mundo actual es más bien
a la invención del "Método Fenomenológico". Husserl es un penador esencialista y como tal nada tiene que ver con el existencialismo al que explícitamente desaprobó, pero como creador del
método fenomenológico, se coloca realmente en el origen del exis99

�tencialismo. Algunos opinan que los existencial~os no son si~o
fenomenologías existenciales, que la fenomenolog1a del esencialista que era se ha vuelto existencialista, y para los que ven en
el ~stencialismo un psicologismo, esto es, y nada más, una f enomenología de la existencia.
Cuando se habla de Husserl y del "método f nomenológico" es
necesario referirse a Franz Brentano ( 1838-1917) quien fue su
maestro y de quién tomó algunas idea a las que dio genial desarrollo, primero y más importante de los concepto , que ~usserl
toma de Brentano, quien a su vez lo toma de los Escolásticos, lo
que no remonta hasta Aristóteles es el de la "int~ncionalida~ de
la conciencia"· la conciencia es, dice Brentano, 1empre cone1encia de algo, y 1esa conciencia, no nos dice nada de la realidad de
ese algo de que es conciencia; de esta manera Bren ta~~ se opone
a los idealistas y formula un método que llama emp1nsmo, pero
que no hay que confundirlo con el s nsualismo, pues de lo qu
trata
de encontrar las e.senda detrás de lo fenómeno ; claramente se separa o diferencia también, del reali ~o ing~uo, así
que, si su método es un "Empiri mo'.', habría que d1:erenc1arlo del
de Locke y relacionarlo con el de Anstóteles. Este metodo de Brentano depurado y perfeccionado por H~erl con tituye el Método
Fenomenol6gico, en el que se di tinguen dos etapas, el de la ~educción eidética, o Fenomenología eidética y el de la reducción
trascendental o Fenomenología Trascendental; a í como en el
pensamiento de Husserl se -distinguen dos etapa , en su F~nomenología se distinguen do cosas,_ su ~étodo que en la ~ctu~lidad
ampliamente usado tanto en filo ofía co~o en las c1enc1~s naturales y sociales y que para muchos constituye el mayor mulo de
gloria del Maestro de Friburgo (véase arriba Sartre)_, y su Metafísica, que parece conveniente llamarla un eokantismo y en la
cual parece no haber tenido continuadores.
El Método Fenomenológico, consiste fundamentalmente en realizar la "Epojé" Fenomenológica y esto significa el colocar la realidad entre paréntesis, n ponerla "fuera de juego", en ab tenerse de emitir juicio de existencia real, como es propio de la actitud
100

~genua; para ello hay que tener en cuenta primero la intencionalidad de la co~ci;°c~a y acercars_e a "la cosas mismas", dejando
de lado toda hipot 1S preconcebida y toda teoría científica obre
el hecho ~ue s_e desee e tudiar · para Husserl lo dado originalmente
en la conc1en:1a es el Fenómeno (del griego "fainetaf') lo que aparece, y el obJeto de la Fenomenología es intuir las esencias inteli_gibles de ,las cosas dada originalmente en Ja conciencia ( es decir 1-0s fenom_eno ) ; para realizar esta intuición esencial (W enschau), cons1d ra ncce ario como ya dijimos la reducción a los
fenómenos, a lo dado originalmente en la conciencia. La reducción eidética (del griego eidós) que nos permite la intuición de
las ideas (del eidó ) e hace al abstenemo de emitir juicios d
realidad On~ca r~ pecto al hecho de que se trata o en general,
de toda la existencia del mundo; a este respecto dice Husserl: "Si
a~í lo ,~ago como,, soy ple~amente libre de hacerlo, no por ello
niego este mundo como s1 yo fuera un sofista, ni dudo de su exis~~ncia, como ~i Y? fuera un. escéptico, ino que practico la epojé
f~om~nológica que me a.erra completamente todo jucio sobre
existcna.as en el espacio y en el tiempo".• El método fenomenológico, no es emp~ico ni deductivo, trata de mostrar lo dado y
e~clarecerlo; e? cierta forma es descriptivo y trata de intuir el
e1dós, la esencia pura en lo fenómenos. Posteriormente Husserl
hace la reducción trascendental por medio de la cual se "purifican" "los f cnómeno psicológicos de lo que les presta realidad y
por ende los inserta en el ' mundo,, "real" 6 ; por medio de esta
reducción la r a1idad "puesta entre paréntesis ' queda como correlato_ de la c~nci ncia pu_~a, y por este camino la realidad deja
d ser independiente para ÍlJarse en la polaridad de conciencia dada por ~l sujeto puro y el sujeto a su vez se haya como correlato de
este -0bJeto al que tá remitido intencionalmente. De este modo
se dice que la filosofía de Husserl desemboca en un eokantismo.
En los orígenes del Existencialismo hay que anotar también
la Escuela Vitalista de la que en cierto sentido el Exi tencialismo no parece sino una continuación; así parecen evidentes las in101

�fluencias de Nieusche, de Bergson, Dilthey y Blondel. Los principales representantes de la Escuela Existencialis~ son: Karl
Jaspers, Martín Heidegger, Jean Paul Sartre, Gabnel Mar~el se
cita también a: Unamuno, Louis Lavelle, Peter Wust, al filósofo
ruso Berdiaeff y algunos más. ( ota: tal parece que la obra del
notable pensador alemán Martin Heidegger, p0sterior a la publicación de Sein und Zeit (El ser y el tiempo) aparecida en 1927,
hace muy difícil el clasificarlo como filósofo existencialista. Sin embargo la Analítica Existencial desarrollada en esta obra El Ser Y
el Tiempo obligan a considerarlo como un filósofo de la existencia).

Características Generales Comunes, a los diversos existencialismos: La Filosofía existencial a lo dijimos, es una metafísica desde el hombre es un "antropocentrismo', má aún es un "egocentrismo"; por lo mismo que el ser del filósofo está implicado no
puede ser una meditación fría, sino que siendo como es el ser del
ujeto puesto en la balanza, si soy yo el que tiene que salvarse o
perderse, esta reflexión está cargada de afectivida~ de, ahí ~a atmó f era en que se desen uelve por lo general la filo of1a exi tencial de ahí la preocupación (sorge), el cuidado ( ouci), la angustia existencial; la subjetividad de la meditación reviste en muchos casos como punto de partida una vivencia existencial difícil
de precisar o definir: la fragilidad del ser, la :ontigencia, el, desamparo ontológico del ser en el mundo, en Kierkegaard sena la
tristeza, para Sartre "la áusea ', para Heidegger "La Angustia
del Ser-para-la-muerte''. Otra de las características generales es
ocuparse de la "Existencia" sin que les importen grandemente las
esencia , en particular se ocupan de la existencia del hombre, a
la que distinguen de las demás existencias y a la que llaman con
·
. ' (S er-ahí) ,
términos
espeo"ales: "Y o" , " ser-para-mi,,. , "D asem
Existenz (Existente), etc.
Junto con el subjetivismo que el punto de partida implica, se
puede colocar, el que la verdad, así no más, "la verdad", no interesa, lo que se busca dicen los existencialistas es "la verdad para
mi", la verdad hay que vivirla, hay que incorporarla al propio
102

ser; rechazan todos los existencialistas la suficiencia de la razón, son
.anti-intelectualistas, el contacto con la realidad tiene que ir más
allá de la razón, debe ser un contacto vital; rechazan también la
distinción entre sujeto y objeto de conocimiento. Consecuencia de
esta actitud contraria al racionalismo, puede considerarse el valorar más la acción que el pensamiento, es preciso ir a la acción,
realizar e. El hombre se encuentra a sí mismo en la acción y también es ésta en la que encuentra la realidad; el hombre se crea
libremente en la acción, el hombre se hace a sí mismo en la acción; el hombre e eHge, al decidirse; realiza una posibilidad de
ser por la que se realiza a sí mismo, siendo su elección, etc., etc.
De ahí el imperativo para la acción, el "realízate" de Sartre. A
este respecto ha dicho Tristán D'Athayde, que la sentencia de
Goethe, Im Anfang war die Tat (en principio era la acción),
a la inversa de la filo ofía del logos y del Evangelio de San Juan,
encuentra en Sartre lo que jamás hubiera pen ado encontrar...
Por esta lú1ea de pensarnient-0 se comprende, que el presente en
que se vive, en que se existe, sea muy importante, su valor es muy
upcrior al pasado y al futuro; la "Existencia" es una presencia,
e un estar hic et nunc ( aquí y ahora), el instante es copia e imagen de la eternidad, en el que por la acción nos elegimos y nos
creamos para la eternidad, en el instante presente, podemos actuar realizando valores y obedecemos al imperativo de vivir nuestra verdad creándola para la eternidad. Si es cierto que podernos
modificar . el pasado esto sólo lo podemos hacer en el presente y
,en él elegimos nuestro futuro. En el acto de exi tir, el hombre
es libre para elegirse, el hombre es su "Libertad", de ahí la responsabilidad en que se vive, esto ha hecho decir a un comentarista
&lt;le la actitud exi tencialista: "ellos, lo existencialistas, toman la
vida muy en serio, tal parece, como si vivieran sobre un volcán '.
De la importancia que tiene lo concreto, en el ser del hombre,
e puede juzgar por él que: "existir es un estar en situación, el
hombre es su situación, el hombre es un ser arrojado, echado en
el mundo entre los otros. Existir es un estar aquí y ahora en el
mundo (su mundo), entre los hombres, por eso el existencialista,
103

�aunque su pensamiento es un subjetivismo, no se cierra en sí mismo; la existencia es una co-existencia, es el Mit-dasein de Heidegger, la Comunión con el mundo, la Comunicación de Jaspers. La
Filosofía es un saber comunicativo, además, ante la contingencia
de ser-en-el-mundo, (In-dcr-Welt-sein) con una Historia la de
la humanidad y la del propio pais, etc. el hombre tiene la libertad y la responsabilidad de asumir la historia, tiene la libertad
de su actitud. Así, existir es un estar, aquí y ahora, en u mundo
con su historia en su situación entre los otros y realizarse libremente y con responsabilidad, aswniendo la contingencia y eligiéndose al realizar valores en el Con-ser, en el Co-existir.
El movimiento existencialista se puede considerar en u conjunto, orientado por aquella línea del pensamiento europeo que
va de nuevo hacia la metafísica, pero aquí se encuentran diferencias importantes: así Heidegger trata de construír una Ontología General (su problema es ocuparse del Ser), y su Analítica Existencial desarrollada en la parte publicada de Sein und Zeit no
es sino un paso previo, es más, y según esto, él no es existencialista; sin embargo para muchos la obra más importante de Heidegger es El Ser y el Tiempo y además no aparece claro, cómo
los ulteriores desarrollos metafísicos de este autor, enlazarían o
quedarían en continuación de esta Analítica Existencial que tanto renombre le diera. Sartre, quien para muchos no es sino un discípulo de Heidegger, pretende elaborar una Ontología
F enomenol6gica, su método como el de su maestro es una fenomenología muy rigurosa. Jaspers y Marcel por su parte y cada
cada uno de ellos por su rumbo, permanecen dentro del análisis
existencial fenomenológico, pero también hacen metafísica, aunque no pretendan edificar una ontología, ni su método sea tan riguroso. Hay otro autores, como Maurice Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir (del grupo de Sartre), que quedan dentro de la
Analítica Existencial, o como algunos la han llamado "P icología
Existencial", y aquí podemos colocar a F. J. J. Buytendijk, quien
parece influenciado por Heidegger, Kierkegaard, y Merleau-Ponty:
a este mismo tipo de análisis existencial, que llevado a los casos.
104

concretos constituye el Psicoanálisis de Sartre, y que inspirado
más bien por Heidegger y con anterioridad había creado L. Binswanger con el nombre de "Daseinsanalyse", se lo ha llamado Antropología Fenomenológica, Antropología Filosófica, o simplemente "Antropología", esta antropología que, según Binswanger,
no es ni psicología ni filosofía, que no se puede acomodar al rango de las ciencias experimentales de un lado ni a las especulativas y cuyo privilegio le viene de su objeto "el ser humano", en
suma que este conocimiento, fundamental por relación a todo otro
conocimiento se sitúa en el cruzamiento, axial de la existencia concreta y de las condiciones ontológicas, que la hacen posible y que
la limitan. Finalmente, aquí se puede citar que algunos autores,
permaneciendo en el terreno de la Literatura como Albert Camus,
desarrollan una brillante analítica exi tencial.
Para terminar esta breve caracterizaci6n a lo que es común a
los diversos existencialismos, nos parece oportuno señalar, que el
existencialismo trata de llevar al hombre a su perfección, de otra
manera, que es una vía, un camino estrecho para que el hombre
realice más completamente su existencia en la acción, con conciencia de su libertad y de su responsabilidad de elegirse creando valores, con conciencia de su limitación, y de la limitación de la razón
para obtener estos objetivos, de tal manera que el existencialismo
llama a la afectividad y a la emotividad del hombre. El existencialismo apela a la razón del hombre pero también aquella Logique du coeur de que hablaba Pascal, por ello así como por
valorar el Arte y la Poesía, más que el ejercicio de la razón, se
puede decir que el existencialismo, se asemeja a aquella manera
de concebir la Filosofía que como en San Buenaventura fue
calificada de Mística, se puede añadir a estos rasgos, el sentido
del misterio y las vivencias fundamentales incomunicables que se
encuentran en el punto de partida de las meditaciones existenciales. Se puede agrandar la analogía incluyendo aquellas escuelas
de espiritualismo de Oriente como el Budismo, el Yoga, el Taoísmo,
etc., de las que se separa por La Mística de la Acción, característica del pensamiento occidental.
105

�Características Especiales:
SoRE Kn:RKEGAARD ( 1813-1855): Su posición es decididamente
teísta su existencialismo es un hacerse cristiano, un cristianismo vivido; para Kierkegaard el cristianismo debe vivirse o no es nada,
su religión era el Luteranismo, en la que fue educado, de la que
se separó, para olver d pués a ella, y dada su singular manera
de entender la religión, ponerse en conflicto con las autoridades
eclesi' ricas, y morir sin el consuelo oficial de su religión ( excomulgado) . Su fe era irracional, y para él todo aquello que tratara
de hacerla racional iba contra la verdad misma del cristianismo.
Hacía tesis suya la sentencia atribuida a Tertuliano Credo quia
absurdum, con todo rigor, y pensaba que cuando su fe no hacía
este esfuerzo, este salto hacia lo irracional no era su cristianismo
auténtico ni vivido. u melancolía la vivía como angustia, esta
angustia era el vértigo de la libertad, la po ibilidad antes que la
posibilidad, la angustia ante la nada, que es la libertad; la angustia del pecado, de la culpa; de su angustia procedía su desesperación, y de ahí también arrancaba toda su meditación, como el
vértigo de la nada para asentar la temporalidad, la historicidad y
la recuperación; el existir tenía tres modos: el estético, el ético y
el religioso. La angustia reviste para él también las tres modalidades, predicaba la desesperación de lo finito, para ganar la infinitud, pero asentaba que por la desesperación de lo infinito se
pierde el hombre. Su e.xistencialismo no lo concebía como una
filosofía y menos que nada como una filosofía que pudiera enseñarse; era una pasión de la interioridad, un buscar su verdad subjeti a, sólo los conocimientos éticos y ético-religiosos, que estuvieran esencialmente relacionados a la existencia eran conocimiento
esenciales, éstos eran los conocimientos de w1a interioridad vuelta
sobre si misma en busca de una verdad supra-subjetiva, estos conocimientos eran en muchos aspectos algo incomunicable que solamente podía vivirse. Finalmente el Instante era algo muy importante para Kierkegaard, copia e imagen de la eternidad.
Karl Jaspers ( 1883) . En los principios de su carrera, fue

psiquiatra y su paso por este campo nos dejó el fruto de su Psicopatología General, obra en mucho aspectos notable. Su existencialismo es el que parece más compacto y coherente y el que más
se asemeja a lo que pudiéramos llamar un sistema. Casi todo lo
que se dijo al hablar de las características comunes puede aplicarse al existencialismo de Jaspers; como dijimos entonces, no intenta hacer una Ontología de la Exi tencia; es más, niega qu
ésta sea posible, no habiendo pensamiento sino general y no habiendo existente sino individual. No cree que esta Teoría general
de la existencia es factible permanece dentro de la fenomenología existencial y sus análisis p icológicos tienen por objeto hacer más intensamente presente la existencia posible, a esto lo llama el esclarecimiento de la existencia. La Busca del ser se desarrolla en el ámbito de lo abarcable, de lo asible, ahí, se reconocen
tres niveles del ser: el ser objeto (Dasein) el existente ( Existentz),
y la Tra cendencia; a estos dos últimos se los conoce en lenguaje
mítico, como "alma" y "Dio '; en la realidad cósmica se dan cuatro esferas: materia, vida, alma y espiritu; para cada una de las
cuales hay una verdad. La Libertad es lo primordial en el esclarecimiento de la existencia ( Existenzerhllung), pero esta libertad no
resulta de una deliberación racional, es una elección que yo hago
de mí mismo, como siendo libre sin justificación, por el hecho
~~o de mi libertad ( es como el vértigo de Kierkegaard, la pos1b~dad antes de la posibilidad) . En la Decisión yo experimento
la libertad por la cual yo no decido solamente alguna cosa sino
a mí-mismo en ella ( la libertad) . Es impo ible establecer una
separación entre la elección y yo. (Aquí es notable la no distinción entre sujeto y objeto, ya que el Existente es lo que nunca
puede er obj to ) . De la Libertad se engendra la culpa, la culpa
primordial originada de mi decisión es inevitable, es la Existencia misma. La Existencia se halla en el hacer -en la acción , tropezamos con ella en las 'tuaciones en las situaciones límite (muerte, enfermedad lucha, culpa, etc.) la historicidad, la libertad y
en la comunicación. El mundo es una ruina, la existencia jamás
se realiza, y en consecuencia viene el fraca o, que es inevitable y
107

106

�en el fracaso auténtico (no en el falso) , se da la lectura de cifras
de la Trascendencia. A este respecto se ha dicho que Jaspers hace
la apología del fracaso. Conceptos de Jaspers son tambi~ el de la
fragilidad del ser, del desamparo ontológico y el muy mteres~te
de la Comunicación, la cual es una lucha amorosa entre dos eXIStencias y en la cual se encuentra la trascendencia. En este sentido
de la comunicación así como por la idea del misterio, se encuentra
mucha similitud entre las ideas de Jaspers y Marcel.
Por la lectura de las cifras de la Trascendencia, y a través
de su filosofía, parece que Jaspers, que en ocasiones menciona a
Dios al referirse a la Trascendencia, elabora una especie de Teología laica.
MARTÍN HEIDEGGER ( 1889) . Es un pensador original Y
muy vigoroso, su obra más conocida, El Ser y el Tiempo (hay traducción española), no está concluída y en la primer~ parte que
apareció en 1927, hace con un método muy riguroso el Anális~s
de la Existencia. Fue colaborador y discípulo de Husserl en Fnburgo, después catedrático en Marburgo, para pasar, antes de retirarse, a ejercer la cátedra de Friburgo. El problema al cual se
encara Heidegger es el "sentido del ser,,, pero considera necesario como conocimiento fundamental o busca de fundamento, haccr' el análisis de la existencia, para lo cual, ya lo hemos dicho,
utiliza muy rigurosamente el método fenomenológico. Así pues si
en la primera mitad del Ser y el Tiempo, traza una teoría sobre
la estructura de la existencia humana, en la segunda mitad (no
aparecida), iba a elaborar una Ontología Fenomenológica Universal a partir de la hermenéutica de la existencia, sin embargo y
aunque esta obra quede inconclusa, Heidegger, ha publicado toda una serie de trabajos que si bien no quedan en línea directa con
El Ser y el Tiempo, sí son obras dedicadas a los problemas tradicionales de la Metafísica y de la Ontología. 6 Aquí nos ocuparemos muy brevemente de la Analítica existencial de este autor:
la Existencia, se caracteriza por ser siempre la de uno, el fundamento de este modo de ser es: "ser en el mundo". El mundo es un
Co-mundo, su ser en un con-ser (ser-con-otros), una coexistencia;
108

en el mundo de los objetos se dan dos modos de ser, la "amanualidad,,, y el simple hallarse; el comportamiento por lo que respecta
a los objetos es la procuración, por lo que respecta a las otras
existencias es la solicitud. A la Existencia le corresponde: el cuidado ( Sorge), o la comprensión del ser, que a su vez tiene tres
modos: La derelicción (facticidad, echada, el ser abyecto, o arrojado en el mundo), el proyecto del mundo y el hablar. En la base
del Dasein (ser-ahí) está la angustia del ser arrojado en el mundo
como un proyecto en el cual descubro la posibilidad de mi imposibilidad, mi posibilidad de no ser. El ser de la existencia es Ser-para
la-muerte. Por esta angustia la Existencia busca refugio en el mundo del ser impersonal (Dasman), ser inauténtico; por la conciencia
y la resolución se puede rescatar la existencia del "Sé", de la existencia inauténtica, y avanzar hacia la culpa genuina, que es la lealtad de la existencia para consigo misma, que es la libertad para la
muerte. El sentido del cuidado (Sorge), es la temporalidad, esta es
esencialmente extática (lo fuera de sí). El futuro, el pasado y el
presente son éxtasis de la temporalidad, el tiempo primordial es
el futuro, pero como la existencia es Ser-para-la-muerte, el futuro
se nos revela como finito y el tiempo primordial es finito. La existencia se extiende al temporalizarse, a este extenderse lo denomina Heidegger "acaecer". Del descubrimiento de la estructura de
este acaecer viene la comprensión de la historicidad. La índole
(Wesen) de la Existencia es el trascender, la naturaleza humana
se determina primero como Dasein (ser-ahí); lugar de la patencia del ser del ente reunido en totalidad, es decir la existencia es
trascendida por el mundo, y en segundo término corno Existenz,
es decir corno el ente que sale de sí o se expone, para "insistir,,
o estar en lo interior del ser, es decir, la existencia trasciende el
mundo; en la angustia se nos da la trascendencia de la nada que
hace posible la posibilidad, de la nada es que surge la totalidad
del ente, es la que nos revela la libertad que es el fundamento del
fundamento. La existencia se constituye a sí misma, como proyecto
en el trascender, el trascender es la libertad, la existencia es libertad.
109

�El hombre, caracterizado como Dasein, pues, es el lugar en que
aflora la patencia del ente; determinado como Existenz, es el que
indica la presencia de lo que se presenta en la manifestada verdad del ente, aunque sustrayéndose o reteniéndose en su propia
verdad. "En resumidas cuentas -sostiene Heidegger- sólo somos y somos únicamente mientras mostramos lo que se sustrae.
Este mostrar constituye nuestra esencia. El hombre, como ser que
indica hacia allí, es el Indicador". 7 El hombre es pues un signo,
es un signo del ser y Heidegger recuerda el verso de Holderlin,
"somos un signo indescifrado". Para terminar diremos que el existencialismo de Heidegger es ateo, que su filosofía es anti-cristiana,
aunque según su propio decir, su filosofía no niega a Dios.
GABRIEL MARCEL ( 1889) . Es el iniciador del existencialismo francés. Educado fuera de toda religión se convierte al catolicismo y recibe el bautismo a la edad de 40 años ( 1929) . Su existencialismo es fundamentalmente religioso y teísta, católico. Partidario en su período inicial del idealismo eokantiano. Por una
superación llegó a sobrepasarlo en dirección de un realismo radical. Su método es la fenomenología, la que sin embargo no
guarda muy rigurosamente. Buscador del ser más allá de lo fenomenológico. Tratando de llegar a una verdadera Ontología y
Metafísica es a pesar de esto un existenciafüta y está de acuerdo
con los principios fundamentales que distinguen a éstos. Dentro
de su filosofía se encuentran tratados en forma diseminada grandes temas alrededor de los cuales gira su pensamiento. Entre ellos
tenemos: primero, la exigencia del ser concreto "exigencia ontológica", hambre de realidad, por ella se plantea la pregunta: ¿ qué
es el ser?, pero en esta pregunta está implicado mi ser mismo, por
ello, esta pregunta ha de responderse en la esfera del misterio, es
anterior a toda problemática de lo ob-jec-tum, es anterior a la
distinción entre sujeto y objeto y para responderla adecuadamente es preciso el recogimiento (recueillement). En él es un sondeo
de las capas más íntimas de mi conocimiento, se responde por medio de un existencial indemostrable "yo soy". P-0r esto la metafísica
es una reflexión enfilada al misterio y la filosofía una metacrítica
110

orientada hacia una metaproblemática. De esta experiencia existencial, reconocible pero indemostrable, nace el segundo tema de
la filosofía de Marcel: que es una tensión vital entre el Yo y el
ser en el cual y por el cual somos. Este tema es El diálogo con
el Ser. La filosofía no puede ser sino la explotación de una experiencia, el Yo que participa en el diálogo es sólo el yo integral,
el yo encamado, enraizado en el mundo por los tentáculos d 1
cuerpo. Así para Marce! es: "el Ser encamado referencia central
de la reflexión metafísica". La filosofía que nace de esta tensión
entre el Yo y las profundidades del ser es la filo ofía concreta
cuyo método es trascender lo fenomenológico puro, para llegar
a la raíz ontológica, y esta tensión es una tensión amorosa, cuyo
modo fundamental debe ser el encuentro con otro. sí llegamos al
tercer tema de la filosofía de Marcel: la Comunión, el contacto
con el mundo lugar de traición, la respuesta del Tú contingente
con el cual vivimos en sociedad y el encuentro con el Tú absoluto
y trascendente, que nos cimenta en el Ser y que en definitiva apoya todo lo real. (Para Bochenski La filosofía Actual: la filosofía
de Marcel parece consistir, casi exclusivamente, en formulaciones
diversas de un principio único - La superación de la Dualidad y
la oposición) .
JEAN PAUL SARTRE ( 1905) . Muy popular a través de su
obra literaria, Sartre discípulo de Heidegger y como este último
muy influenciado por Kierkegaard, de quien ambos han tomado
su problemática, utiliza con todo rigor el método fenomenológico,
pensador agudo, frío y original. Sartre se separa fundamentalmente de Heidegger y da un desarrollo propio a los problemas, e intenta dar soluciones originales a éstos. Su existencialismo es un
existencialismo ateo, racionalista y congruente consigo mismo. En
su obra filosófica más importante El Ser y la nada, desarrolla Sartre, a partir de Heidegger (de cuyas citas en alemán está llena su
obra), su tesis del nihilismo creador. A partir de las meditaciones
de Kierkegaard sobre la angustia y la culpa, de la posibilidad
antes de la posibilidad y de la meditación de Heidegger sobre la
posibilidad de mi imposibilidad, que lo lleva a decir que la exis-

111
R8

�tencia es lll1 Ser-para-la-muerte, Sartre dice que la conc!encia es
la negación concreta, la puesta en duda ( mise en ques~on), del
ser por el ser mismo, una pura negació~ q~~ hace surgrr el_ presente, el pasado y el futuro, la temporalizac1on que es la. exist~cia mi ser no es Ser-para-la-muerte, la muerte no es rn1 pos1b1lid;d sino mi imposibilidad, así la muerte es "la imposibilidad de
mi posibilidad''. Así la nada hace surgir la _libertad, . que no es
libertad para la muerte, mi libertad que es rm ser, es libertad para mi imposibilidad; es decir, es libertad para la nada. Las regiones del Ser son tres: el Ser-en-sí, el Ser-para-sí, Y el Serpara-sí, y el Ser-para-otro. El En-sí, que es el ~undo de las. cos~s
sin conciencia tiene más realidad que el Para-si que es conc1enc1a
y negación, pero el para-si, lleva c~nsi~o el En-sí, ~~e es ~ pasado. Quiere e to decir que la conciencia es negac10n, ~s S1empre
conciencia de haber sido, lo que no puede no haber sido, d: lo
que no es, como es conciencia de lo que pued~ ser_ que no ha sido,
que no es, que es nada (el futuro), la conciencia que ~tá condenada a llevar el En-sí de su pasado. Esto le produce nauseas Y
le da ganas de vomitar; mi cuerpo es el que me permite existir i
el para-sí tiene necesidad de un cuerpo que es_ el que me. permite la perspectiva sobre el mundo, por es? miro y soy __mirado
por los otros, cuando yo me avergüenzo de rm el me averguenzo es
el para-sí, y el mí es la mirada de los otros, éste es el S~r-?ara-otro,
y en la mirada del otro que me hace ser lo que soy, esta fi~rada la
mirada de Dios, porque el otro que me mira y me hace obJ~to, me
fija con su mirada en lo que soy, pero yo a mi vez pu~do rmrarl? Y
hacer de él un objeto. Dios es la mirada que me mira y a qwen
yo no puedo mirar; el hombre no quisiera ser el objeto ~e nadie es decir, un para-sí, que no fuese para-otro, esto es decir que
el hombre juega a ser Dios, que el hombre quisiera ser D~os.
Este sería un En-sí-para-sí, en esta forma el hombre es la pasión
de ser Dios, y para ello quisiera aún en ocasiones abdicar de su
libertad pero ello no es posible y el hombre es una pasión inútil.
El hombre es un ser sexuado y es a través del sexo que el Para-sí,
quiere llegar al otro, y dominarlo en la posesión, como u.na li112

bertad que posee a otra libertad, pero aquí es donde el para-sí
se descubre para-otro, que también es una libertad; por medio
de brillantes análisis fenomenológicos de la vida sexual normal y
patológica y con ayuda de estos conceptos del para-sí y del paraotro nos e..'&lt;plica Sartre el sadismo, el masoquismo y todas las relaciones sexuales. El hombre que es conciencia de algo, es el Parasí, está siempre fuera de él, es tu1a eterna inquietud, es tu1a existencia a la que no precede ninguna esencia, y a la que el cuerpo
proporciona la instrumentalización de las cosas del mundo y una
perspectiva, desde la que se trasciende sin límite, y que aunque
quisiera abdicar de su libertad, no puede hacerlo, es un condenado a la libertad, es el hombre del mito de Sísifo de Camus, es el
hombre de "Pirrus y Cineas" de Simone de Beauvoir (los dos discípulos de Sartre). A esta "conciencia testigo'' del para-sí, se opone Merleau-Ponty con su "conciencia comprometida" (la conscience engagée) sin la cual el hombre sería, realmente una pasión inútil. Para este último, Merleau-Ponty, el hombre en situación no es una pura conciencia testigo, sino una conciencia comprometida con los otros, la existencia se experimenta no sólo como
siendo fuera de sí sino como siendo con; si el .-:uerpo se nos impone
como lll1 hecho, nuestro cuerpo es el medio general de tener un mundo. "Vivo no para morir sino para siempre; y del mismo modo, no
para mí sino con los otros". 8 También para Binswanger esta posición de Sartre es equivocada y el Dasein, es Ser-en-el-mundo,
más-allá-del-mundo, en la existencia como-nosotros, en el hallazgo del otro que en su encuentro me hace ser yo mismo, en el encuentro amoroso con tu1 Tú, que es siempre un encuentro creador; la antropología de F. J. J. Buytendijk también critica como
Alphonse de Waelhens, 0 -1° esta postura de Sartre. Finalmente
diremos que Sartre rechaza toda actitud seria como inauténtica,
y propone un amoralismo o, al decir de algunos, lll1 inmoralismo y
una antiteología que lo ha hecho escandaloso.

113

�EL PsrcoAN Áus1s

Al hablar del psicoanálisis viene necesariamente a nuestra mente el nombre de Sigmund Freud su genial descubridor, cuyo nombre queda indisolublemente ligado al método de su invención Y
al estudio del inconsciente que hizo posible .. Su nombre pasará,
a la historia de la medicina&gt; de la psiquiatría, de las disciplinas
psicológicas y a la historia general de las ciencias ligado n~cesariamente al método de su creación. El problema del Inconsciente,
su investigación, era un problema al que concurrían por distintas
vías los esfuerzos y el pensamiento de notables investigadores, su
des~ubrimiento estaba en el aire (es usual decirlo) &gt; el ambiente
estaba preparado para recibirlo por las actividades de: filósofos,
médicos, charlatanes&gt; y también por el influjo de los literatos.
Orígenes del Psicoanálisis: Entre los precursores_ ~e ~reud :e
menciona a Leibnitz, a Kant (como autor de la distmc1ón fenomeno-noúmeno), a Shelling, Hegel y Shopenhauer con su obra _El
Mundo como Voluntad y Representación; a los filósofos del mconsciente: Carl Gustav Carus y Edouard von Hartman. Muy importante aparece la figura de Federico Nietzsche y la ~el liter~to
ruso Dostoyevsky. En la práctica terapéutica es necesano mencionar a Mesmer, the Christian Science, el marqués de Puysegur&gt;
Braid ( el hipnotismo), Charcot, Liebault&gt; Bemheim (la sugestión) Dubois (la persuasión), Babinski, Emile Coue _(la autosugestión); finalmente es preciso recordar el nombre de _Pierre Janet~
cuyos estudios sobre la histeria y las neurosis obses1v~s _son casi
confluentes si no directamente anteriores al descubnm1ento de
Freud. 11 Mas estaba reservado a Freud hacer el descubrimiento
que habría de revolucionar la Psiquiatría y la Medicina. Muy conocida es la historia de cómo en colaboración con el Dr. J oseph
Breuer y utilizando entonces el hipnotismo&gt; crea un método terapéutico llamado ccmétodo catártico", que operaba con los conceptos de "trauma" y "abreacción" (reacción retardada); después
de abandonar el hipnotismo y en sus principios en colaboración con
Breuer inicia los trabajos que lo conducirán&gt; después de la de-

fección de éste, ya solo al descubrimiento del método psicoanalítico
( 1893-1895). A los anteriores conceptos de 1rauma y abreacción,
había agregado Freud el de supresión, o rechazo al inconsciente y
la importancia de la sexualidad, que como tendencia rechazada,
era la causa de la neurosis, tal aparecía a sus investigaciones clínicas, que la tendencia fundamental del hombre era el instinto
sexual; con esto había aparecido la piedra de escándalo de la
Teoría de las Neurosis de Freud. En este momento ya había elaborado el maestro de Viena&gt; una teoría del Inconsciente, una Teoría de las Neurosis, un Método de exploración del Inconsciente,
que a su vez era un método terapéutico y había esbozado su teoría
de los instintos. La oposición de la medicina académica y la psicología también académica se sumó al prejuicio de la sociedad burguesa de la Europa de la era Victoriana; Freud luchó contra los
prejuicios, dando muestras de un valor y una terquedad ejemplares, en un principio solo&gt; después rodeado de colaboradores; en
torno a esta lucha se constituyó el llamado "Movimiento Psicoanalítico", cuya historia no vamos a recordar sino en algunos de los
hechos más importantes que han contribuído a que el psicoanálisis sea lo que es. En el año de 1900 se publicó La interpretación
de los Sueños (Traumdeutung), al decir de muchos, la obra maestra del genio creador de Freud; poco después, los discípulos y
colaboradores se empiezan a agrupar en tomo de él&gt; unos personalmente y otros a través de sus escritos; los partidarios de Freud
son cada día más, entre los primeros discípulos de Freud se contaba Alfred Adler; también fue de importancia la contribución&gt;
que como ayuda o impulso del exterior recibiera el movimiento
psicoanalítico, con la aplicación de los conceptos y teorías de Freud,
a los enfermos psicóticos en los trabajos hechos en colaboración, .
por el entonces muy notable psiquiatra E. Bleuler y su discípulo
C. G. Jung, con esta colaboración, o mejor dicho, con la aplicación a los enfennos esquizofrénicos, de las teorías de Freud y con
la elaboración de la "Prueba de las asociaciones condicionadas,,,
el psicoanálisis recibía una comprobación desde otro campo, ganaba mucho en aceptación científica; la escuela de Zurich, le da115

114

�ba el espaldarazo. Entre las influencias intelectuales que obraron
sobre Freud se menciona principalmente a Shopenhauer, Y muy
probableme~te a Nietzsche. Freud era un materialista convencido, y esto influyó notablemente en la ~abor~ción de_su Teoría de
los Instintos; por otra parte estaba baJo la influencia ~el ~volucionismo Darwinista y era un positivista afecto al racionalismo;
durante la primera década del siglo, Freud ela6?ró su teorí~ de
los instintos, abandonó la tesis del trauma infantil y descubno su
famoso complejo de Edipo. Aquí y desde las primera~ co~~,cciones teóricas de Freud se ven mezclarse, conceptos de msp1rac1on
biológica (fisiológica), con conceptos de origen educativo, de ~piración más bien sociológica; esta última, ha pa~e~i~o a los cnticos modernos la más deficiente. En 1909 Freud v1s1to los Estados
Unidos en compañía de su discípulo J~~, a invi~ción ~~ Sta~ey
Hall de la Clark University y el mov1m1ento ps1coanaht1co tiene
seguidores entusiastas en toda Europa y en América_; la lista de lo~
discípulos de Freud es en verdad muy grande, menc10naremos aqlll
solamente algunos de los más conocidos: Adler, K. Abraham, Ferenczi, Jung, Fenichel, Brill, Flournoy, Reich, Frink Jellife, Otto
Rank, Maeder, Melanie Klein, Silberer Fromm, Alexander, Badouin Odier, etc., etc. Se ha hecho notar, que una de las característi~as del movimiento psicoanalítico, fue el recibir colaboraciones del exterior, que lo hicieron progresar y lograron introducir las.
ideas de Freud en todos los campos al grado de darle una popularidad en ocasiones realmente indeseable.
El movimiento psicoanaJitico surcó desde su juventud la separación y disidencia de algunos de sus miembros, el primero de ellos
fue Adler, quien a causa de la no importanci~ para _Freu_d de l~s
impulsos del "ego", y a lo que consideraba la mtrans1genc1a y unilateralidad de Freud, se separa y funda una escuela a la que llama
"La psicología individual". Esto sucedió en 1'911 y dos años más
tarde se producía la herejía de Jung, éste que había fundado "La
Sociedad Internacional de Psicoanálisis" y que en 1911 había sido
nombrado presidente de este Instituto, y que para muchos era el
discípuló predilecto de Freud y el llamado a sucederle en la direc116

ción del movimiento, tuvo que separarse y fundó una escuela, a
la que denominó de "Psicología Analítica" o todavía mejor de
"Psicología Profunda", o de "Psicología Compleja"; según muchos,
fue muy de lamentarse que tan valiosos elementos no continuasen
en el seno del movimiento, y hubiera sido mucho mejor que permanecieran en él, siempre y cuando se diera lugar a sus colaboraciones. En 1'920, la aparición de la obra de Freud 1vfás allá del
Principio del Placer (Jenseits des Lustprinzips) enmendaba la primitiva teoría de los instintos y hacía justicia a la concepción de
Adler sin mencionarlo. Posteriormente se realizaron las separaciones de Stekel, de Reich, de Otto Rank, la de Schulz-Henckle; se
produjeron las variantes de Alexander, la separación de Karen
Homey, la de Erich Fromm, y la de Melanie Klein (para nomencionar sino las más conocidas) .
Para hacer un poco más metódica la exposición, me referiré primero a las concepciones de Freud, y diré luego algunas palabras
sobre las diferencias que se encuentran en otras escuelas disidentes.
El Psicoanálisis según Freud (y la escuela que lo sigue sin modificaciones fundamentales -llamada también por algunos ortodoxa-) : Psicoanálisis y freudismo, no son la misma cosa, dice
Roland Dalbiez, quien insiste en la necesidad de hacer esta distinción, pero aun ésta se le hace insuficiente y considera finalmente en la obra de Freud tres aspectos principales: una Metodología, una Psicología y una Filosofía. Las trataremos por separado.
La Metodología Psicoanalítica: El método psicoanalítico es el
que se hace acreedor del término de psicoanálisis, a él es al que se
debe aplicar propiamente y strictu sensu el nombre propuesto
por Freud; consiste fundamentalmente en escuchar las asociaciones libres de los sujetos y en la observación cuidadosa y pasiva de
la conducta mientras éstos hablan ( en ocasiones, si se trata de algún enfermo, la charla será en relación de sus síntomas, puede
hactrse alrededor de los actos fallidos, de los actos sintomáticos,
de los sueños pero siempre que estos temas surjan espontáneamente del sujeto). "La metodología es ( dice Dalbiez) la parte esencial de la obra de Freud. El verdadero título de gloria del maestro
117

�de Viena es la creaci6n de un procedimiento de cxploraci6n del
inconsciente". l método ha podido s r llevado, con algunas modificaciones a la interpretación de los delirios y otras produccion patológicas. Al conjunto de las asociaciones del sujeto y de su
comportamiento expre ión fi onómica, gesticulaciones, etc., se
aplica la hermenéutica de acuerdo con las doctrinas y po tulados
d Freud; aquí se hace n c aria la distinción entre contenido aparente y contenido latente, o mejor dicho, entre contenido manifiesto y contenido latente, que forma la base de la estructura de
la "Int rpr tación d los Sueños", los que son según la opinión de
Freud la "vía regia" para la exploración del inconsciente. En 1
método cabe distinguir: primero, el método terapéutico ( el p-icoanálisis fue creado como método terapéutico de las neurosis) ; segundo, el método de investigación clínica ( que en algunos caso
puede ser usado para establee r un diagnóstico) y tercero, como
método de exploración del inconsciente, de sujeto sanos y enfermos ( que e el que mayor univer alidad le concede y le da mayor alcance científico). El método, siguió una evolución histórica,
de acuerdo con las teorías que lo inspiraban y lo que se entendía
como objetos o fines de la terapia psicoanalítica. Aquí no encontramo con concepto como: su pre ión, reprcsi6n, censura, resistencia tendencia, impulso (Tricbe), transferencia, mecanismo de
defen a formación reactiva. Modificaciones importantes se siguieron a las contribuciones de W. Reich con su Análi.sis del Carácter,
y de Anna Freud con su obra El Y o y los mecanismos de Defensa;
estas modificacione hicieron evolucionar principalmente el manejo de las re istencias y de la transferencia y estas modificacione
son las que nos parecen más importantes a la metodología freu&lt;liana. Se puede mencionar que Freud dio un conjunto de reglas
técnicas: la pa ividad del p icoanalista, el paciente permanecerá
aco tado en un diván no se tendrá con él ninguna otra relación
que la trictamentc profesional, no se tomarán notas, etc.; toda
ellas han sufrido y sufren modificaciones que la flexibilidad de
la práctica exige, y que la evolución de lo conceptos doctrinarios permite o aconseja. os parece oportuno mencionar el con-

scjo de Freud elevado a condición rigurosa, por sus seguidores, de
realizar el análisis didáctico· se po tula que para la correcta aplicación del método sea menester o cuando menos muy conveniente
el que el psicoanalista haya ido a su vez p icoanalizado; por
nu tra parte aunque comprendemo que en principio, el método n sí de ninguna manera supone la nec ·idad de este análisis
didáctico
tamos de acuerdo con la mayoría de los conocedores,
pensamo que realmente e la mejor manera d aprender a utilizar el p icoanálisi , aunque no absolutamente indispen abl · para
terminar esta cuestión nos permitimos citar ]a opinión del Dr. l.
Caruso: 'Ciertamente el haber pa ado el análi is no es una garantía de nueva forma de existencia y n-0 es una 'consagración&gt;.
Por e o hace daño a la idea de la necesidad del análisis didáctico
el aire que e dan algunos analista que miran por encima del
hombro a lo cno analizados' y forman una especie de masonería
analítica . 1 2
Como . a lo hemos dicho
a nuestra opinión, el método p icoanalítico la parte más valiosa de la obra de Freud sin embargo
no parece conveniente agregar, que el método ha sufrido modificaciones y adiciones importantes por parte de los discípulos y de alguno grupos di identes. Respecto a los resultados terapéuticos del
método p icoanalítico, no podemos ser muy optimistas; algunos
de lo pacientes curan de us neurosis, y otro no; las opiniones
de algunos p icoanali tas autorizados on bastante desalentadoras.
De la interpretación de los datos de una estadística hecha por el
R. P., ~ight, se desprende que el éxito definido de la terapia
p 1coanalíoca alcanza algo menos que el 50% de los pacientes
que, en principio, le son tributarios. 13 A este respecto K. Jaspers
expresa de la iguiente manera: "La eficacia terapéutica del
p ·coanálisis es cuestionable. Sabemo que todos lo procedimiento p ·coterapéutico en manos de personalidades eficientes tienen
éxito a tra és de lo iglos. Comprobamo que los procedimientos
p icoanaliticos triunfan y fraca an lo mismo que otros métodos,_ª
La Psicología en la obra de Freud (M ta-p icología) : en el
:fundamento de la teoría psicoanalítica se encuentra el concepto

D:·

119

118

�de "conflicto psíquico"; este conflicto entre el consciente Y el inconsciente, es explicado de una manera dinámica; l~s fuerzas del
inconsciente luchando contra la personalidad consciente del enfermo neurótico, producían los síntomas y en consecuencia eran
causantes del trastorno, y así aparece el concepto de "dinamismo
psíquico"; el psiquismo era dividido esquem~tic~ente ent:e consciente e inconsciente; en el umbral del ps1qU1smo consciente se
encontraba el preconsciente; el inconsciente se piensa en los comienzos del psicoanálisis como formado por el material rechazado de la conciencia, lo reprimido, y vien~ a agregarse el concepto de represión; la fuerza psíquica principal, de donde tomaban su energía todas las otras era el instinto sexual y así se formó ·
el concepto de la "libido" energía psíquica por excelencia; en este
caso tenemos que la libido, para Freud significaba el instinto, o
mejor, la energía del instinto sexual, considerado este último término de sexual en un sentido muy amplio, e indudablemente mucho más amplio que lo que se entiende en términos científicos Y
en el uso vulgar de la palabra. Para Waelder se debería entender
por este concepto de la ,:libido", lo que los escritores patrísticos
llamaban "camalis concupiscentia". A partir de la realidad clínica y por su interpretación elabora Freud su complejo de Edipo;
aquí a los conceptos tomados de la mecánica física se ~un:ia~ los
de la coerción educativa y aparecen los conceptos de Pnnc1p10 de
realidad y Principio del placer; se considera a la libido como invistiendo algunas determinadas regiones y funciones orgánicas Y
como una energía susceptible de valoraciones cuantitativas, se estudia la evolución genética de la libido y queda elaborada la primera teoría de los instintos de Freud ( 1910) . Esta primera teoría
de los instintos consideraba como ya dijimos como energía psíquica única a la libido, la cual investía diversas funciones orgánicas~
durante el desarrollo del niño, éstas marcaban las etapas de la
evolución libidinal, y eran: la etapa bucal (oral), la etapa anal&gt;
la etapa genital (fálica) ; de aquí nació el concepto del niño co~o
un perverso polimorfo. Al final, en la etapa fálica se formaba el
complejo de Edipo y con su resolución (entre los 5-6 años) la
120

tendencias instintivas entraban en un período de latencia, pai-a
hacer su irrupción en la vida en la época de la pubertad, ya en
su forma adulta. A partir de la energía de la libido que procedía
del primitivo "Id" (ello) y por las exigencias que la realidad
planteaba al niño, se formaba el "egon (yo) o personalidad consciente; con la solución del conflicto de Edipo -(amor a la madre
y celos y rivalidad con el padre) aparecía el "super ego" (superyo) instancia moral que se formaba, cuando el niño introyectaba
(asimilaba, haciéndola parte de su personalidad) la imagen de
los padi-es y sus prohibiciones. En esta primc:ra teoría de los instintos, Freud consideraba todo el psi9uismo como extrayendo su
energía de la libido y hacía que esta energía formase toda la personalidad. Por esta razón fue considerada esta teoría como un
pansexualismo; en realidad Freud había mencionado algunas ocasiones algunas tendencias del yo o instintos del yo pero no les
concedía ninguna importancia pues no consideraba que el "yo"
pudiera tener algo incon ciente. En 1920 y con la publicación
de su obra Más allá del principio del placer, se inicia una nueva
concepción que se ha llamado La Segunda T eoría de los Instintos; en ella, hace figurar Freud, al lado de un instinto de la vida
(Eros), cuya energía le provenía principalmente de la antigua
libido, un instinto de la destrucción, instinto de la muerte, cuya
energía le provenía de la agresión; esta evolución en la teoría de
los instintos se considera en parte influenciac;la por la tremenda
experiencia que significó la guerra de 1914-18, y para explicar
los problemas que planteaban algunos enfermos chocados por los
traumatismos de la guerra, así como los que planteaba el problema dd sado-masoquismo. Tenemos pues la estructura del aparato psíquico: el inconsciente, el preconsciente, el consciente por
una parte, el "Id" primitivo (ello), el "ego" (yo) y el "super
ego" (super yo) ; la evolución de la libido con sus etapas: oral,
sádico-anal, fálica; los aspectos de la afectividad por lo que respecta al objeto: narcisismo, introyección, proyección y objetivación, o conducta objetal. A esto podemos agregar la genética evolutiva de las tendencias destructivas (algolágnicas) y las fases de
121

�transición que entre las distintas etapas de evolución libidinal consideran algunos autores como la fase sádico-oral, etc. Se pueden
mencionar también, los conceptos de fijación de la libido y el de
regresión. Toda la genética evolutiva se hace en la teoría freudiana en tomo del "Complejo de Edipo" y es a su alrededor que
se forma la personalidad infantil, y es de su correcta solución que
depende el futuro del niño. En las primitivas concepciones de
Freud el inconsciente era calificado como: reprimido, activo, bestial, infantil, alógico y sexual; con la posterior evolución de la
teoría, parece que estas caracterizaciones corresponden mejor al
&lt;'Id" (ello) que no a todo el inconsciente; en la interpretación
de los sueños considera los mecanismos siguientes: condensación,
desplazamiento, dramatización, simbolización, elaboración secundaria. Estos mismos mecanismos presiden la formación de los síntomas neuróticos condicionados por la fijación de la libido y la
regresión (o i!nvolución). Con la contribución de Anna Freud
la psicología del "yo", cobra más importancia que en los trabajos de Freud; también el aporte de W. Reich va en ese sentido; para Anna Freud los mecanismos de defensa del "yo" son:
represión, regresión, formación reactiva, ai:slamiento, anulación,
introyección, proyección, vuelta contra sí mismo, transformación
en lo contrario y sublimación o desplazamiento del objeto instintivo. La Sublimación es un concepto muy importante en la metapsicología freudiana; por él se entiende el desplazamiento de
una cierta cantidad de libido de su objeto instintivo, que bajo
1a presión de las normas educativas se aplica a un fin más noble
o de utilidad social. Freud y en su seguimiento K. Abraham elaboraron una caracterología basada principalmente en las etapas de evolución libidinal y en el concepto de fijación. Así habría un carácter oral, uno anal y uno genital; la caracterología
encuentra un desarrollo mucho más avanzado en la obra de W.
Reich y con ello y el análisis del carácter como ya lo dijimos
se da más importancia a la psicología del "yo". En realidad cuanto se ha dicho hasta aquí pertenece a la psicología normal. Como se comprende fácilmente, el camino seguido por Freud fue

a _la inversa del que hemos recorrido, y él, del estudio de las
ps1coneurosis y de otros enfermos mentales, indujo las condiciones normale,s _del funcionamiento psíquico; a este respecto se le ha
hecho la ~ntica de hacer una generalización indebida y que trata de aplicar a los psiquismos normales los datos extraídos de su
experiencia clínica con individuos enfermos.
La labor del psicoanálisis en el campo de la psicopatología es
en?~~; de ella ~aremos aquí una brevísima enumeración: de los
pru:mti~os trabajos sobre la histeria, y las neurosis obsesivas, las
a~hcac1ones ~echas por la Escuela de Zurich a los esquizofrérncos, las teonas sobre la angustia: la primera la consideraba co- '
mo producida po~ la falta de satisfacción sexual y estaba de
acuerdo_ con su primera teoría de los instintos; la segunda consecuencia de la correspondiente teoría de los instintos la considera como signo de alarma del "Yo" y en consecuencia con ella
elabora Anna Freud sus conceptos de mecanismos de defensa deI
"Y
. h su caracterolog1a.
' Su teoría general de las neuro. o" Y Re1c
sis, s~ clasificación en neurosis actuales y psiconeurosis, su teoría
e~pecial ~e las neurosis: psiconeurosis de conversión, psiconeuros1s obsesivas. En_ la parte central de la construcción, se encont:~ba _e~ ~ompleJo de Edipo, la teoría de los instintos, la fijac10n. hb1dm_al, la regresión y los mecanismos de las formaciones.
del mc?nsc1ente ya mencionadas. En sus primeras concepciones,
Fre_ud
con su muy discutido concepto del "niño perverso
po~orfo , as;°~aba que la neurosis era la negación de una perversm~ i este ultuno postulado fue abandonado en elaboraciones:
posteriores, Y la teoría psicoanalítica ha sido llevada al estudio
de las perve~siones (y en ocasiones a su tratamiento). También
deben mencionarse como investigaciones psicopatológicas las de
Abraham sobre la melancolía, las de Freud, Ferenczi, Frink sobre la paranoia, las de Reich en la esquizofrenia, Rosen Hill
etc., etc. También en este campo quedan las concepcion~ mo:
dernas_ de la medicina psicosomática y el de las llamadas órgano~e~osis: S~b_re la_ valoración de la metapsicología como adquis1c10n científica du-emos que es una parte de la obra de Freud

J~;º

�que ha sufrido muchas modificaciones y que necesariamente está
sujeta a revisiones, que en este campo se han producido las principales diferencias y disidencias en el movimiento psicoanalítico;
a este respecto nos parece oportuno recordar aquí el concepto
creado por Leuler de Pensamiento Drefstico: función inferior del
psiquismo humano que en realidad no es pensamiento sino Wla
expresión sin contenido conceptual y sin sentido de relación lógica ( sueños, delirios, alucinaciones), a los que se puede aplicar la hermenéutica psicoanalítica, pero de cuyo resultado es imposible obtener W1a interpretación con calidad de certeza lógica.
Es por esto, en nuestra opinión, que es muy difícil, si no es imposible construir una teoría firme y racional sobre esta materia;
en apoyo a esto podemos mencionar al Dr. Madouin que dice: "el
psicoanálisis es, antes que nada, una técnica experimental y concreta y sus especulaciones metapsicológicas se quedan en hipótesis . .. " 16 Uno de los conceptos más discutidos de Freud es el
de sublimación; se dice es imposible explicar una cosa por una
causa inferi-0r a ella, también se critica mucho el origen de las ideas
morales a partir del "super yo" inconsciente. A propósito de la
segunda teoría de los instintos de Freud en la que hace figurar
al lado del instinto de la vida un instinto de la muerte o de
la destrucción ( que ha sido llamado por Weil "destrudo", y que
.
"A nk ,,,
.algunos h an 11 ama do con 1a palab ra gnega
na e - en relación con las neurosis anancásticas- probablemente) . Dice Dalbiez, que para Freud como para el viejo Heráclito, la investigación filos6fica termina en una contradicción irreductible: el "Eros"
y el "Tanathós".
La Filosofía en la obra de Freud: Según su propia confesión,
Freud no tenía aptitudes ni afición por la filosofía; podemos conceder que estaba en lo cierto y que era sincero, cuando apegándose a la realidad clínica afirmaba que su intención no era ha-cer filosofía ni metafísica. Las influencias intelectuales que dejaron huella en su pensamiento son: el determinismo materialista,
el evolucionismo darwinista, el positivismo y el racionalismo (se
:sospecha la influencia de Shopenhauer, de Nietzche y probable-

mente la de Kant) . La filosofía de Freud fue una filosofía hecha contra sus deseos, una filosofía inconsciente; ella se encuentra
impregnando casi todas sus tesis metapsicológicas y desparramada a lo largo de sus obras, principalmente de aquellas en las que
se ocupa de problemas culturales. El método y la teoría psicoanalítica han sido llevados y llamados a explicar: el arte, la ciencia, la moral, la religión, la literatura, la pedagogía, la criminología, la política, la antropología, la sociología, etc. Para no citar
ino algunas de las obras de Freud en las que éste es llevado a
exp~~ar estos problemas recordaré: Totem y Tabú, Moisés y la
R eligión Monoteísta, El malestar de la Civilización, El Porvenir
de una ilusión. Aquí se le ha criticado a Freud diciendo que de
un método terapéutico que era el psicoanálisis, lo ha transformado en ·una "v.isión del mundo", "cosmovisión" ( en alemán
"Wdtanschauung") , le que evidentemente es hacer filosofía; sr
dice además que al llevar los conocim1entos de la psicopatología,
a explicar cosas de tan distinta índole es cometer el sofisma de
"metábasis"; que cuando Freud se pregunta: ¿qué es el hombre?,
¿qué es el arte?, ¿qué es la moral?, etc., hace filosofía quiéralo
o no. En algunas de estas obras que hemos citado, comete Freud
errores notables que la antropología, la sociología y la arqueología contemporáneas han corregido destruyendo las generalizaciones y construcciones arbitrarias de Freud. Además utiliza conceptos filosóficos, como el alma colectiva, que en la actualidad
están completamente desechados. Jacques Maritain dice: "toda
la filosofía freudiana descansa sobre un prejuicio: la negación
violenta de la espiritualidad y de la libertad". 10 Ante el problema del conocimiento, asienta Dalbiez, Freud se muestra incierto
siendo su tesis en ocasiones un empirismo y en otras un racionalismo dentista; como se sabe estas dos tesi~ son inasimilables y
desarrolladas sistemáticamente llevarían a una contradicción que
anula el sistema larvado de Freud. En opinión del mismo autor
(Dalbiez), quizá debamos considerar al pensamiento psicoanalítico y al movimiento freudiano como el legítimo heredero de la
liquidación del kantismo en el pensamiento europeo moderno, y
125

124

�q~~

agrega: "la investigación psicoanalítica no explica aquello que
es filosófico en la filosofía, ni aquello que es artístico en el arte,
científico en la ciencia, moral en la moral, religioso en la religión.
La especificidad de los valores espirituales escapa al instrumento
de investigación creado por Freud ... " "La obra de Freud es el
análisis más profundo que la historia haya conocido, de aquello
,, 11 p
.
d'
que en el hombre no es lo más humano .
ara termmar iremos
que para algunos pensadores el lema que puso a su obra Trau~deutung'' (la interpretación de los sueños), aquel verso de V 1rgilio: Flectere si nequeo superos Acheronta movebo ( Aeneis, Liber
VII, v. 312), deberia ser el lema de toda la obra de Freud.

VARIANTES PRINCIPALES: DISIDENTES DEL MOVIMIENTO
PSICOANALÍTICO

Al/red Adler: (1870-1937). Ya en 1907, había publicado Adler
un trabajo sobre Las minusvalías orgánicas y su repercución psíquica que denotaba una orientación distinta de la de Freud, pero
no fue sino hasta 1911 cuando se separó y fundó su escuela de "la
psicología individual". A partir de su trabajo mencionado elabora
Adler sus conceptos de: Sentimiento de inferioridad, superación
de la inferioridad, complejo de inferioridad, complejo de superioridad, sentimiento de comunidad, etc. La personalidad de Adler está en consonancia con su obra, y se establece así una relación, que
en el caso de Freud, para sorpresa de muchos, no se ha podido establecer, pues este último era una persona de costumbres ordenadas
y de vida de hogar correcta, que elaboró una teoría francamente
escandalosa. La obra de Adler es la de un observador profundo;
su psicología, para la que es fundamental la libertad y la responsabilidad, es una psicología del Yo, al que veía como causante de las
neurosis, a las que interpreta principalmente desde el punto de vista de la finalidad que se propone el individuo (lo que Freud llama
la ganancia de la enfermedad) y no desde el punto causal determinista; su investigación se encamina a encontrar el estilo de vida

se ha hecho el sujeto, y su método terapéutico se propone modificar este estilo de vida; con vista al "Sentimiento de Comunidad", al_ cual considera fundamental para la cultura, su terapéutica
es. esencialmente educativa y a este respecto ha dicho Jung: "que
m1en~ras Freud era el sabio investigador e interpretador, Adler es
esencialmente educador'&gt;. La psicagogía, educación de las tendencias neuróticas es la contribución de Adler y que todas las escuelas
~ode1:13-s de psicoterapia incorporan a su acervo. Respecto a la
filosofia, debemos recordar que en ocasiones Adler reconocía que
hacía metafísica, si bien pretendía ejercerla como un saber positivo.
Karl G_ustav Jung (1875). En el año de 1912 publicó Jung
un trabaJO con el título Transformaciones y símbolos de la libido
(Wandlungen und Symbole der Libido) en el que aparece la causa
de la separación de Freud que habría de tener lugar un año más
tarde. Jung no aceptaba el concepto de la "libido", tal cual lo predicaba ~reud; para él este concepto no era exacto, no lo consideraba
como mstinto sexual, sino como algo que si pudiera tener un equivalente sería
~lan vital" de Bergson, o la energía psiquica
total, que pudiera mterpretarse como tensión entre contrarios. La
mentalidad de Jung como la de Freud, ha mostrado ser extraordinariamente prolífica; no mencionaremos aquí sino dos de las
obras de Jung más conocidas: El Y o y el inconsciente y los
Tipos Psicológicos ( 1920). La escuela que fundó J ung la 'namó:
"Psicología Analítica", y Ja •procuraré caracterizar a grandes rasgos: E~ ~u princ~pio y a partir de su concepción de los símbolos y
de la bb1do, llego pronto Jung a su concepto de: inconsciente individual e inconsciente colectivo, con lo que se marca la diferencia
en la estructura del aparato psíquico; después viene a sumarse a
estas ~eren~ias la Tipología; los tipos psicológicos de Jung se diferencian pnmero por la actitud fundamental, extraversión o introversión; después vienen las funciones de las que se cortsideran
4: e~ pensar y el sentir, el percibir y el intuir; concibe que estas
funcmnes son opuestas por pares, se matiza la tipología con el conce~to ~e funciones, diferenciada y auxiliar, funciones mezcladas
y t1pos unpuros. En función del concepto del símbolo y del comple-

:'el

127
126

�jo ( este último creado por Blculer y aportació~ d~ la escuela de
Zurich), se concibe la estructura del aparato ps1qmco de una manera dilerente : primero, consciente e inconsciente, después? en el
consciente se considera la persona y el Yo (ego) ; en el mconsciente el personal y el colectivo; en el inconsciente personal, la sombra principalmente; en el colectivo, el ánima, el ánimus, Y el. conjunto de los Arquetipos; la función del símbolo Y el cm~pleJO en
el proceso de individuación, en relación con los. Arquetipos Y _el
inconsciente colectivo, que concurren a la formación del Un_o-!m~mo ( Selbst), que en su conjunto constituyen la idea de la din~ca evolutiva de la personalidad, y que se confirman con la función
prospectiva de los sueños (idea esta última, c~mpartida por Adler,
Maeder y Silberer), el concepto que los suenos no se pueden explicar, exclusivamente como la realización
un ~e~eo Y que deben interpretarse, tanto desde el punto ,de vista o~Jehvo,
del
subjetivo ( tanto como todas las &lt;lemas producc10nes dr~istlca~)
el concepto de la transferencia y su manejo en la terapia; baJo
esta doctrina diferente, hacen que la hermenéutica analítica de
Jung sea muy diferente de la freudiana, a esto puede agregarse,
que el método de las asociaciones es diferente,. r:or ~a par~e centrado temáticamente y por la otra con la paruc1paCion acuva del
analista, y que la técnica misma comporta modificaciones importantes, se recurre a la escritura y al dibujo ( y en general es más
flexible) . 18 La Terapia debe entenderse en c_ua
~!anos: 1o.-,
de acción catártica, 2o.-la acción de consc1enoac1on y el analisis de la transferencia, 3o.-la acción educadora o mejor autoeducadora y 4o.-La metamorfosis, el recentramiento de la personalidad la maduración o la metanoia. Estos planos deben entenderse co~o escalones de eficiencia y nunca debe olvidarse que el
análisis es el encuentro de dos personalidades y que las dos participan tctivamente en el proc~so. Jung es un gran co~ocedor de
las mitologías, es un admirador del Taoísmo, del Budismo Y del
Yoga; ha estudiado la alquimia, y del estudio de estas escuelas
espirituales de Oriente ha extraído muchos conceptos que usualmente maneja (sobre estas materias ha publicado buen número

?e

co~?

U:º

128

de obras) . Con respecto a las ideas filosóficas de Jung poco puede
decirse excepto, que quizá participa del prejuicio anti.metafísico •
de Freud, pero reivindica para la psicología el estudiar problemas
metafísicos cuando los encuentra como vivencias en los sujetos. Es
más cauto que Freud en llevar el psicoanálisis más allá de su terreno en falsas generalizaciones. Su modo de concebir el proceso
de individuación recuerda la Gnosis de los primeros siglos del cristianismo, sus estudios sobre la alquimia lo llevan a encontrar semejanza entre ésta y La terapia concebida como proceso de individuación; estas semejanzas es posible que provengan tanto como
con la herejía gnóstica de fuentes comunes en el misticismo de
Oriente.
Nuevas Disi,dendas: Se citan la separación de Stekel, Reich,
Shulz-Henckle, las variantes de Bjerre, Maeder, Silberer, la variante de Ferenczi, con sus dos etapas, la de terapia activa y de
relajación, la importante concepción de Otto Rank, acerca del
trauma de nacimiento, a propósito de la situación analítica, y acerca de la personalidad. Las modificaciones de la escuela de Chicago
de Alexander y French, con la mayor flexibilidad de la Terapia,
y su modo de entender la situación analítica. Las Terapias de
Grupo, que son aplicaciones y modificaciones de las técnicas ( aquí
se mencionan las concepciones de El Prico-drama de Moreno).
La Escuela Neo-Freudiana: que tuvo sus orígenes en Estados Unidos, bajo el influjo de la Antropología Cultural y cuyos
representantes más notables han sido: H. S. Sullivan; muy original en sus concepciones, desarrolló una especie de fenomenología
behaviorista con el nombre de Relaciones interpersonales, que
ha tenido gran difusión en los Estados Unidos; su muerte dejó su
sistema sin elaboración final; rechaza el complejo de Eclipo, y la
teoría de la libido; en su lugar coloca en la base de la psicodinamia los deseos de "Gratificación" y el sentimiento de seguridad,
o "Deseo de aseguramiento '; concede gran importancia a los factores culturales en la formación de la personalidad, estudia preferentemente la crisis de la pubertad, y es muy importante su con129

�cepto de inadvertencia selectiva y de disociación o de formación
par atáxica.
• K. Horney: Influenciada por Sullivan y por From, publicó antes que ellos sus concepciones en una obra titulada La personalidad
neurótica de nuestros tiempos; tant-0 como sus maestros, rechaza
el concepto de libido y da al complejo de ~dipo un significado
n-0 sexual, concede gran importancia a los factores culturales y su
concepto de tendencias neuróticas (neurotic trends), es muy importante, y recuerda el concepto del estilo de vida de Adler.
Erich From: Actualmente en México, ha fundado una escuela
propia (Frommiana), y ha construído un sistema en el q~e: los
factores culturales, las relaciones interpersonales, el determmisrno
biológico, y el determinismo económico (con aplicación de los conceptos sociológicos y de movimientos de masas), se mezclan y tratan de ser armonizados por medio de una filosofía humanista
inspirada por el panteísmo de Spinoza y que sería una especie de
"Existencialismo hedonista". Incluye From una Caracterología,
bastante más completa que la freudiana.
Para terminar esta breve descripción del movimiento psicoanalítico, queremos decir que la escuela de Freud no nos parece
la más bien orientada y que a nuestro juicio lo mejor es la actitud ecléctica como lo aconseja el Dr. Ch. Badouin.

COMPARACIÓN ENTRE EL EXISTENCIALISMO Y EL PSICOANÁLISIS:

(Relaciones entre el existencialismo y psicoanálisis)
Por el lado del existencialismo, tenemos que además de ser una
filosofía, es una Antropología; así Jaspers, desde sus principios utilizó la fenomenología, para hacer sus análisis del existente, y los
aplicó a los problemas de la psicopatología; por su parte, Binswanger, discípulo y amigo que fue de Freu&lt;l se separó de éste para
dedicarse a sus estuclios de Fenomenología, y fue así como creó
su análisis existencial (Daseinanalyse) inspirándose en la analítica
existencial de Heidegger; desde sus principios esta forma de aná130

lisis, está dedicada al estudio de los pacientes mentales, y a su
tratamiento; Sartre en Francia ha dado las bases y ha creado lo
que él llama el psicoanálisis existencialista, por el que trata de poner
en claro la elección original (el proyecto-original de ser), y sus anáJisis fenomenológicos de la vida sexual normal y patológica han arrojado mucha luz sobre estos problemas; Sartre mismo en su obra La
imaginación,, hace un profundo estudio de psicología existencial; sus
discípulos, como Si.mane de Beauvoir, en su obra El segundo sexo
hace un estudio de psicología existencial, vale decir antropología,
muy brillante; las obras de Merleau-Ponty, dedicadas a la Antropología, como La estructura del Comportamiento, La Fenomenología de la percepción; las obras de Buytendijk: ·El Dolor,
La Mujer; las obras propiamente psiquiátricas de Binswanger; las
concepciones de Víctor von Weizakcr, con su medicina antropológica; la obra del notable psicoterapeuta Igor Caruso, del Círculo vienés de Psicología Profunda; los esfuerzos del Dr. Victor Frankl
por crear una "logoterapia, de inspiración existencialista; la labor
del Dr. Ramón Sarró, de Barcelona y de sus colaboradores que
ya en el Congreso de Psiquiatría Internacional efectuado en París en 1950, propugnaron por integrar la obra valiosa de Freud
con las adquisiciones de la Fenomenología y que culminaron, cuando el año de 1958 tuvo lugar en Barcelona e1 IV Congreso Inter.nacional de Psicoterapia (de 1 al 7 de Sept.) y que tuvo por tema
"Psicoterapia y Análisis Existencial" en el cual, se presentaron
notables trabajos: como el del mismo Dr. Sarró (Presidente del
Congreso) "La Interpretación del mito de Edipo en Freud y en
Heideggerº, y el de el Dr. Minkowski "El encuentro y el diálogo'',
las aportaciones del filósofo Martín Buber, etc. Sírvame esta larga enumeración ya que no puede ser otra cosa, para asentar el
hecho, de que si bien, el Existencialismo tiene su origen en la especulación o en la meditación subjetiva, si ha salido de las aulas
filosóficas, de aquí se ha dirigido hacia la comprensión del hombre, y del hombre enfermo de la mente y trata de constituir una
psicoterapia que fundada en una concepción más justa o más correcta del ser humano, le permita a éste mejor resolver sus pro131

�blemas y gozar de una vida más plena, en la completa realización
de su existencia.
Por el lado del psicoanálisis tenemos: que esta doctrina nacida a
la cabecera de los enfermos, y tratando de resolver los ~roblemas de
los psiconeur6ticos, en un principio ha c_onstituído un~ lillagen total
del hombre sano y enfermo, ha producido una doctnna, de la per:
sonalidad total, es decir, ha producido una Anu-opologia~ de_ aqm
ha salido y ha llegado a todos los campos, al arte, _la, c1enc1a, _la
religión, la sociología, la filosofia, etc. y que ha constitUido propiamente una Cosmovisión, (Weltanschauung) ~ que es lo que ha venido a ser el movimiento psicoanalítico. Se ha dicho que t~da
acción médica O curativa implica necesariamente una concepc16n
del hombre· si esto es verdad, cuando se trata a un enfermo de
alguna afec~ión corporal, lo es con mucha más evidencia cuand~
la acción terapéutica se dirige a un enfermo ,~e la m~nte. ~ 1
a nosotros nos parece de toda evidencia que toda pS1coterap1a
implica una concepción del hombre", es decir una Antropología,
este conocimiento fundamental por lo que respecta a todo conocimiento de que hablaba Binswanger. Freud trabaja con una ~cmcepción del hombre basada en el determinismo causal;. y~ _vimos
al hablar de su filosofía, que ésta descansa sobre el pre3mc10 que
niega al hombre la libertad y la espiritualidad; tenemos ~ue en
cambio la psicología de Adler considera fundamental la libertad
y la responsabilidad del hombre, (siendo esto natural al_ ser, ~a
primera una psicología de los instintos y la segunda una ps1cologia
del yo) . Por otro lado la psicología ~el Yo, que desarr~Ua Anna
Freud y la Caracterología_ d~ W. R~1ch, e~. parte ~Lend~n la
primitiva postura del movmuento ps1coanaht1co ;_ 1~ ps1cologia de
Jung parece no ser ni tan resueltam~nte dete~mm1sta como la de
Freud , ni conceder tanta importancia a la libertad Y la respon.
sabilidad como lo hace Adler. La unilateralidad de los sistemas
de Freud y de Adler es en opinión de la Dra. C. Thompson la que,
al permitir un esquema simple y de fácil aplicación a los caso.
concretos es causa de la extraordinaria difusión que ambos alcanzaron; es~e problema es el que trata de remediar el Dr. Víctor E.
132

Frankl al crear su cclogoterapia,,, de inspiración existencialista. 111
En la práctica misma de la psicoterapia, ya lo decía Freud, hay
ocasiones en las cuales el terapeuta tiene necesidad de actuar como maestro, como confesor, como portador de una visión más
amplia del mundo ( esto es decir, como filósofo); como se comprende fácilmente, en estos casos la acción del terapeuta tiene que
dirigirse y apelar también a su libertad. En ocasiones ( dice Frankl)
es indudable que los enfermos en el curso del análisis, colocan ante el analista problemas filosóficos importantes ante los cuales no
es posible responder si no se tiene una preparación especial. La
psicoterapia clásica al tratar de responder estas cuestiones en la
práctica, ha utilizado el racionalismo y la explicación determinista biológica para resolver problemas de índole netamente filosófica. La Escuela cultural del psicoanálisis, vale decir Antropológica, neo-freudiana, o Frornmiana, que en la actualidad este movimiento parece centrarse alrededor de Fromm, trata de resolver
el problema apelando a la Sociología, la antropología cultural y
la economía política, formando un sistema híbrido, pero el cual
no encara el verdadero aspecto filosófico del problema. "Hasta
ahora (dice el Dr. Igor Caruso), la psicoterapia ha sido con harta frecuencia híbrida. Muchas veces ha intentado sustituir lo ontológico y existencial por lo racional y biológico". 20 Pasando ahora a afrontar el movimiento psicoanalítico y el movimiento existencialista, como corrientes intelectuales o sistemas de pensamientos,
podemos decir que en ellos encontramos notables similitudes y
grandes diferencias: Primero, ambas doctrinas son fundamentalmente sistemas en los que el hombre es el punto central, por tanto pueden llamarse humanismos o antropocentrismos y confluyen
con otras corrientes intelectuales modernas a la comprensión del
hombre como totalidad. Defienden una postura que hace resaltar
lo irracional en el hombre, en cierto sentido puede considerárselos como antirracionalismos, por su clara orientación vitalista pueden ser llamados vitalismos (si bien es cierto que el existencialismo se diferencia claramente de la escuela vitalista), usando este
término en el sentido de la defensa de la vida y los intereses vi.133

�tales en contra de aquel absolutismo de la razón que había llevado a Hegel a decir: "Todo lo real es racional y todo lo racional
es real"; ambos movimientos reciben la influencia de ietzsche y
a travé de él la de Shopenhauer y ya en los tiempos contemporáneos la de Bergson y de Blondel. Por otra parte ambo sistemas
son ubjetivistas; ya que, como se sabe: el psicoanálisis no usa
prueba , sino que se basa o se demuestra por medio de experiencias internas de la verdad de sus interpretaciones de las que, como
ya dijimos, nunca puede obtenerse un resultado con calidad, de
certeza lógica; es preciso experimentar uno mismo la verdad de
la interpretación y basta ahí se puede llegar. Por su parte "El
existencialismo no prueba, en el entido corriente de la palabra,
los dato en qu se apoya. La prueba es lo que produce la universalidad y no
más que un recurso de la objetividad. El existencialismo prueba sus datos elementales por la resonancia que ellos
producen en la alma dado que las vivencias existenciales profundas on innegabl ". 21
Tanto el existencialismo como el p icoanálisis quieren llevar al
hombre a un vivir más pleno, más completo, más productivo y en
ocasiones, puede decirse también, más feliz. Así tenemos que esto sistemas son: humanismo , antropocentri~mos, antirracionalismos, italismos, subjetivismos, que tratan de llevar al hombre a
una comprensión total o al menos má íntegra de su ser, que pretenden llevarlo a la perfección y a la felicidad. Se diferencian
fundamentalmente en que para el existencialismo el hombre es
libertad y responsabilidad y para el psicoanálisis el hombre está
determinado causalmente por su ser biológico. Además puede agregarse como diferencia que el existencialismo concede muy poca
importancia a lo que se llama interioridad, ya que el hombre vive afuera, es pro-yecto; y el psicoanáli is concede mucha importancia a la interioridad (pero aquí hay muchas diferencias de
escuelas). También se pueden diferenciar entre lo que entienden
las diferentes escuela existencialistas por la perfección del hombre y lo que entienden las escuelas psicoanalistas. Para Freud la
perfección se busca a través de un hedonismo materialista. Para

Adler esto se busca en el sentimiento de comunidad, lo que se ha
llamado la oblatividad social; para Jung una especie de maduración interior; para Fromm en un hedonismo materialista, que comporta los sentimientos de oblatividad social, productividad y amor
al prójimo.
CONCLUSIONES :

El movimiento existencialista, nacido de la reflexión filosófica ,
e ha constituido como una antropología, que se coloca como saber
Fundan~e de todo conocimiento experimental y concreto y que ha
promo ido el que cada día las ciencias del hombre sean más bien
. .
'
'
c1enc1a humanas. Esto obliga a todo aquel que trata con seres humanos, a no perder de vista la perspectiva antropológica. El médico en particular debe ir hacia aquella comprensión: analógicosimbólica o empático-existencial de sus enfermos que le permita
saber de ello no exclusivamente de sus padecimientos; si esto es
nece. ario al médico lo es con mucha mayor razón para el p iquiatra y el psicoterapeuta. La Antropología Fenomenológica se ha
mostrado irreductibl a todo otro saber, dice el Dr. Minkowski, 22
importa conservarla, pero esto no puede dispensarnos de buscar
los dato objetivos y los conocimientos que la ciencia médica, p iquiátrica o psicológica, nos proporcionan, pero nuestra actitud ha
de ser como de va-i-ven, como el reflejo de las olas, de los datos de
la ciencia positi a, a la perspectiva antropológica.
En conclu ión, importa al psicoterapeuta el conocimiento de la
per pecti a antropológica; es necesario que el psicoterapeuta sepa
con qué concepció~ del hombre está trabajando, es decir, el esclarecimiento de su visión antropológica, para que no haga escamoteos metafísico y filo ofía inconsciente.
En ocasiones quizá será necesario realizar en la psicoterapia,
&lt;lespu~, o en lugar de la analítica causal, la "logoterapia", como
aconseJa Frankl, o la Síntesis Existencial que preconiza Igor Ca135

134

�ruso, para terminar la psicoterapia (hecha primero, como analítica causal de desenmascaramiento) .

Brouwer, Buenos Aires, 1948. Versión Castellana de HAvoÉs MEnR, págs. 362363.
18. C. G. Ju No, Les Probltmts de la Psychotherapie moderne. "La Semaine des
Hospitaux de Paris". 28 -Année No. 39- 26 Mai 1952, (traduit par le Da.

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RoLAND CAHEN), págs. 1627 a 1637.

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Print. Argent. 1949, pág. 99. Traducido del original francés por A. DB Mcou&amp;L.
2. MAURIC&amp; MERLEAU-PONTY, Existencialismo y Marxi.Imo. Editorial Deucali6n.
Buenos Aires, 1954. Traduc. de BERNARDO GurLLbr. Págs. 7 a 20, El Exist,ncialismo
y tl Marxismo de Hegel.
3. ALPHONSE DE W11ELHENS, Una Filosofía de la Ambigüedad, Artículo que precede
al libro de M. MERLEAU·PONTY La Estructura del Comportamiento, traducido de
la 3a. Edición por ENRIQUE ALONSO. Librería Hachctte, S. A., págs 7 a 18.
Bue.nos Aires, 1953.
4. E. HussERL, Ideas relativas a una f1momimologla pura y a una filoso/la /cnomenol6gica, traducida del alemán por JosÉ GAos. Fondo de Cultura Económica, Méx.icoBuenos Aires. Primera Edic. en español, pág. 73.
5. E. HusSERL, op. cit., pig. JO.
6. Nota: un sucinto y documentado trabajo sobre el problema metafísico en Heidegger
se encuentra en: EMILIO ESTrú, El Problema M etaf lsico en las últimas obras d11
Heidegger, estudio prefunjnar que se encuentra en la obra Introducci6n a la Metafisica de M&gt;.RTJN HEIDEGGER, traducci6n de E. Esn6. Editorial Nova. Buenos Aires.
1956, págs. 7 a 33.
7. EMILIO EsT1Ú, op. cit., pág 31.
8. M.-.uruCJ?; MERLEAo-PoNTY, op. cit., (E,c.ist. y Mane.), pág. 20.
9. F. J. J. BuYTENDJJK, La Mujer. Naturaleza-Apariencia-Existtmcia. Traducción
del alemán por FERNA-NDO VE.LA. Revista de Occidente, Madrid, 1955, pág. 46 .
JO. ALPHONSE DE WAELKENS, ob. &amp;it., pág. 20.
11. Nota: una documentada relación de la historia del descubrimiento y la investiga•
ción del Inconsciente se encuentra en: JEAN-C. F1LLOUX, El Tnconscient11, Salval
Editores, S. A. Barcelona Madrid-Buenos Aires, Colecci6n Surco impreso en
España. la. edición en español, 1953. Traduc. de J-E. CtRLOT.
12. Iaoa A. CAR uso, Análisis Pslquico y Síntesis Existencial, traduc. del :ilemán por
PEDRO MesEGUER, S. J. Editorial Herder, Barcelona, 1954, pág. 220.
13. DR. Osw11,Loo Ronu:s, Freud a Distancia, Jus, México, 1955, pág. 166.
!4. KAR.L JASPERS, La razón y sus tnemigos en 11uutl'o tiempo, traduc. del alemán
de LucÍA PmssEK PREBlSCH, Biblioteca de Filosofla, Editorial Sudamericana, 1953,
pág. 24.
15. Da. B.ADOUJN, en un artículo: "Reflex. sóbre la discc.". En el libro: Ptcado,
Can/esión, Psicoanálisis. Desclée de Brouwer. 1956. Gráficas González, Madrid.
pág. 136.
16. JACQUEs MAR1TA!N, Cuatro Ensayos sobu el esplritu en su condici6n carnal. T~aduc.
de EocENIO S. MELO. Ediciones Dcsclée de Brouwer, Buenos Aires, 1944 pág. 51.
17. RoLAND DALJllEZ, El MI todo Psicoanalitico y la Doctrina Freudiana. De!clée de

136

Econ6mica, México-Buenos Aires, traduc. del alemán por CARLOS Sn.vA, Méxiro,
1950, pig. 13.
20. Icoa CAauso, Psicoterapia y Valores Existenciales, op. cit., ( l), pág. 105.
21. JuAN Lu1s SEOUNDo, S. J., Existencialismo, Filoso/la y Poesla, Espasa-Calpe Mexicana, S. A. México, 1948, pág. 49.
22. EuoENE M!NKOWSKI, articulo Psychiatrie et Philosophie, en la Revista: Medicine
de France, Número 99, MCMLIX, Oliver Perrin, Editeur París, págs. 3 a 9.

137

�LA NACIONALIDAD MEXICANA
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ
Universidad de Nuevo León

INTRODUCCIÓN

Es DE OBSERVARSE que en nuestro medio -por lamentable omisión- el estudio de la nacionalidad mexicana no ha sido atendido,
ni suficiente ni adecuadamente, pese a que ya es una exigencia natural, atendiendo a los altos niveles de progreso que nuestro país
ha alcanzado en múltiples aspectos.
Hácese necesario reconocer, no obstante,. los atisbos, los trabajos
meritorios y aun los estudios de valor innegable que han sido elaborados en tomo a este tema -ciertamente escasos- , sólo que
sus autores han hecho, más que un estudio específico, un comentario a la Ley de Nacionalidad y Naturalización, como así es dable
verlo en las publicaciones relativas, las que, si bien son de utilidad
práctica, no resuelven las grandes interrogaciones que la nacionalidad formula.
Debemos, también, aclarar que no pretendemos que estos breves apuntamientos constituyan la última palabra sobre un tema
de tan significativa importancia, o que esté dirigido a la elaboración de una posible filosofía de la nacionalidad mexicana - lo
que será objeto de trabajos futuros-, en la actitud de que nos
habla Antonio Gómez Robledo, de "buscar el 'ser' debajo de las
apariencias". 1
' Idea y Experiencia de América,

A N TOi-10 GÓMFZ ROBLEDO,

p. 11.

139

�Por ahora, nuestra modesta aportación y deseo van dirigidos
a los estudiosos y amantes de lo mexicano, si atendemos a que un
gran número de nuestros intelectuales -a. q~ienes c~rres~o~dededican sus inteligencias y esfuerzos a obJet1vos de mteres md~dable en todos los campos del saber, pero lamentablemente omiten, pese a la cercanía a nosotros mismos, _eJ tema vital de ~uestra nacionalidad, para que aquellos con meJores luces y capacidad
promuevan y realicen su investigación y estudio, contribuyendo
así a alcanzar su verdadero conocimiento.
De su conocimiento y comprensión dependen grandes posibilidades en lo porvenir, no para los fines de un exaltado y negativo
nacionalismo, sino para la unión, fortalecimiento y elevación de
la familia mexicana.
La nacionalidad mexicana, constituye, a no dudarlo, un tema
complejo y apasionante y como tal, difícil de en;e~derse ~l. ~rimer
impulso, cuya génesis y evolución ha tenido múluples vic1S1tudes
y en no pocos aspectos, una incomprensión e indiferencia que han
obstaculizado el penetrar en su contenido. De aquí, la necesidad
de adoptar una actitud ponderada par~ tocar los diversos aspe~tos que el tema encierra, como, por eJemplo, ante la presenc1~
de las corrientes del Indigenismo y del Hispanismo, que en posiciones ideológicas opuestas y sin la debida mesura, han contribuído a crear el problema interpretativo, atribuyéndose para sí
las glorias de los grandes hechos, así como la que pueda corresponder a los diversos personajes que -~parecen e_n la _escena de
nuestra historia y contribuyendo tamb1en a la existencia de prejuicios.

.a) Nación y nacionalidad.
La nacionalidad -como predicado de nación- es una realidad ontológica que fundamentalmente tiene dos aspectos: el sociológico y el jurídico. Los tratadistas la aceptan unifo~~~ente como "un lazo o vínculo político y jurídico que une al md1viduo con
el Estado", sólo que esta cuasi definición no nos explica el rico

contenido que la misma encierra, por lo que hemos creído conveniente citar a las más autorizadas opiniones en relación con
e1 tema que nos ocupa, con objeto de facilitar -posteriormentela comprensión de la nacionalidad mexicana.
Recaséns Siches estima que "la Nación, elemento básico de la
nacionalidad en el sentido en que hoy empleamos esta palabra,
es una formación social moderna. Aunque el hombre es conocido
desde antiguo, hasta entrada la Edad Moderna, no se formó ninguna estructura nacional en el sentido que hoy damos a esa expresión. Pero, en cambio, antes de que se formaran las modernas
nacionalidades, encontrarnos comunidades, las cuales desempeñaron un papel parecido al que hoy corresponde a la Nación en los
pueblos adelantados, y las cuales, aunque con características diferentes venían en el fondo, a significar algo parecido a lo que la
Nación hubo de significar después; así, por ejemplo, la tribu, las
confederaciones de tribus, la ciudad-estado de la Antigüedad clásica, etc." 2
Sin embargo, ya el Derecho Romano distinguía entre la "natio"
(grupo sociológicamente formado) y el "populus", o sea la agrupación organizada por el Derecho. Tales conceptos han tenido su
evolución natural a través de la historia.
Dice Max Weber que "es difícil dar una definición ~voca de
nación, que cubra todas las realidades empíricas a que suele aplicarse este nombre. Observa, asimismo, que hay una gran indecisión
en cuanto al empleo de la palabra. Pero, P9r otra parte, ocurre
que por debajo de todas las variedades sociales designadas como
Naciones y aún de las diferencias de sentido de ese vocablo se
'
destaca indudablemente siempre un significado común: "la posición de ciertos grupos humanos de un sentimiento específico de
solidaridad interna frente a otros grupos humanos". 3
Observa Agustín Basave Fernández del Valle, que la "voz nación proviene de una raíz latina y brota en el mundo culto, de una
~ REcASÉNS S1cHES,
' MAX WEBER,

Tratado dt Sociolog!a, p. 451.
Economla y Socieda.d, t. IV. Fondo de Cultura Económicll, p. 454.

141
140

�Universidad medieval para designar un grupo de estudiant · de
origen &lt;:omún".
Mancini -cronológicamente uno de los primeros teóricos de
la nacionalidad-, sostuvo que la ación es "una sociedad natural
de hombres, creada por la unidad de territorio, de costumbres
y de idioma, formada por una comunidad de vida y de conciencia social". En su opinión correspondía a las naciones y no a los
Estados -constituídos frecuentemente por el fraude y la violencia- la prerrogativa de ser elevadas a sujetos de derecho internacional. Los diversos factores que contribuyen a formar las naciones, fueron reducidas por Mancini a los siguientes:
a) Naturales ( territorio, raza, idioma).
b) Históricos ( tradiciones, costumbres, religión, leyes) .
e) Sicológicos ( la conciencia nacional) .
Con frecuencia se emplean las palabras nación y pueblo como
·inónimas.
Conviene distinguirlas en beneficio de la claridad científica.
Por nación se entiende un conjunto de hombres que, hablando la
misma lengua, se acomodan a las mismas costumbres y se hallan
dotados de las mismas cualidades morales, que los diferencian de
otros grupos de igual naturaleza. Estamos, pues, frente a un concepto sociológico. El pueblo, en cambio, es un concepto político.
Significa un conglomerado humano unido por un vínculo de sociedad para ayudarse mutuamente en orden a un fin político. Podría deducir e que una nación se halla destinada a constituir un
olo Estado formando una unidad indivisible; mas la deducción no
sería exacta por cuanto ia historia antigua y la historia contemporánea registran de consuno, naciones fragmentada en cliveros Estados.
Tampoco cabe confundir la nación -aclara- con la raza. E te último concepto entra dentro del ámbito psicobiológico. En
una misma raza se suelen dar diversas naciones con u os y gusto
antitéticos, o por lo menos, desemejante . Baste citar, por ejem142

plo, la disparidad existente entre el carácter soñador e idealista
del alemán y el carácter práctico y activo del inglé , pese a su
común cepa germánica.
Un pueblo es una nación en cuanto es uno frente a otros, "otro"
en lo universal. El concepto sociológico de la Nación como singularidad de existencia histórica reposa sobre pivotes de la cohesión e individualidad del grupo social que le constituye como
apto para darse un orden político-autónomo.
Renán desecha las teorías naturalistas de la nacionalidad porque pronto se da cuenta que la raza, la sangre, el territorio y el idioma no bastan a explicar los contenidos trascendentales de la nacionalidad. "Una ación -dice el filó ofo francé - es un plebiscito cotidiano,,. ¿ Sobre qué objeto recae ese acto espiritual
colectivo de adhesión?, para Renán no puede ser otro que el pretérito, la historia nacional, "un pa ado de glorias y de remordimientos".
Para el filósofo José Ortega y Gasset, la ación es: "primero
un proyecto de convivencia total en una empresa común; segundo,
la adhesión de los hombres a ese proyecto incitativo" .
Manuel García Morente señala los errores fundamentales de
estas dos tesis y propone a su vez una nueva que superaría a las
anteriores. La adhesión plebiscitaria al pasado no tendría eficacia ni virtualidad histórica, viva y ·activa - sería un mero romanticismo contemplativo---, si no fuera completada por la adhesión
a un proyecto de ulterior vida común. Ma · por otra parte un
proyecto cualquiera de futuro no va a recibir, por el solo hecho
de ser proyecto futuro, la adhesión plebiscitaria d los nacionales, si no tiene "cierto modo de ser". En real.i dad la nación no es,
pues, el acto de adherir, sino a lo que nos adherimos. Por encima de la pluralidad de instantes en el tiempo, hay algo que liga pasado, presente y futuro, en una unidad de ser, en una homogeneidad de esencia. Ahora bien, e a homogeneidad no tien
realmente más que un nombre: estilo. na nación es un estilo;
un estilo de vida colectiva. Y estilo es e a rúbrica de nuestro más
íntimo y auténtico ser moral; en el fondo de cada estilo indivi143
RIO

�dual está latente y actuante un e tilo colectivo. He aquí entonces
la nación.
o es un mero azar el hecho de que exista una idea española
de ación, i se pien a que España ha sido en la historia el primer
tado nacional. E ta idea española de "nación", tiene una
erie de expre iones entre las que seleccionaremos unas cuantas.
o nos detendremos a examinar las definiciones de los erudito
del iglo de Oro - ebrija, Covarrubias y Alonso de Placenciani la teorías de las diferencias nacionales de Gracián, de Saavedra y de Feijóo, porque desgraciadamente no disponemos del espacio requerido.
La doctrina católica de la solidaridad le sirve a Donoso Cortés para construir su concepto de ación. "El principio de la
identidad nacional -dice Donoso- no ignifica nada o significa que hay comunidad de mérito, y demérito, de glorias y desastres, de talentos y aptitudes entre las generaciones pasadas y
las presentes, entre las presentes y las futuras". Hay un destino
histórico nacional del cual respondemos por solidaridad en lo
tres tiempos.
n ilu trc contemporáneo, en una fórmula feliz, breve y contundente, di jo hace unos pocos años: una nación es "una unidad
de de tino en lo universal". Frente a la di gregación del particularismo naturalismo se afirma la sub tancia del pasado y el porvenir alentado en una empresa. La nación no es un contrato rescindible, sino una función irrevocable, pero que como entidad
histórica necesita un continuo derramar de simiente en los surcos
del destino nacional"."E conveniente citar por último, dentro de la diversas corrientes del pensamiento moderno sobre nuestro tema la doctrina francesa, la que ha venido tratando ampliamente la llamada así por
dicha escuela, T oría de la acionalidad y que considera a la ación como "un fenómeno espiritual", en la expresión de su má
connotado positor Hauriou.
• BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE ,
ousTfN, Teoría del Estado. Fundamentos de
Filosofia Polltica. Editorial Jus. México, 1955 pp. 75 y sigts.

144

Con objeto de obtener una má clara idea de nacionalidad,
conviene, pues, señalar con precisión a ambos conceptos: nación
y nacionalidad.
La nación tiene un conjunto de atributo a los que se les identifica erróneamente, al tratar de definír ele tales son --como inmediato - : el aspecto geográfico, la angre, el lenguaje, la cultura
aún el E tado como su expre ión jurídica el que neceariamente
di tinto de la nación.
Rccas 'ns Siches afirma que es necesario advertir que el contenido de la nación muchí imo má rico que el de Estado ... , "ya
que no
po ible enumerar la funciones de la nación, porque
la ación es una comunidad total o upraf uncional. En cambio
perf ctamente posible enumerar con toda pr cisión las funcione del E tado las cuale están definidas por el Derecho". 0
Por su parte J. T. Delo, uno de los má destacado tratadistas
en el tema qu no ocupa hablando de la relaciones entre la
nación y el Estado, expon un "principio dr armonía ' en la siguiente forma:
La relaciones entre la ación y el Estado --o, en términos
más enerales y exacto entre el orden político y el de nacionalidad-, plantean uno de lo problemas e enciales que nuestra
civilización tendrá que re ol er. i nu tros análisis sociológico
han roo trado que era impo ible identificar los dos órdenes, rectificando a í un error común en lo nacionalismos nacidos en el
siglo XIX, dejan ver por otra parte que hay entre ello una conexión ncce aria. El principio de esta conexión e el derecho. De
lo derechos del hombre brotan, de manera por lo demá diferente
lo Derechos del Ciudadano y los Derechos del Nacional. Ahora
bien -pro igue- la protección del der cho
una razón de er
dcl E tado.
La di tinción de la funciones del Estado y de la Nación sumini tra la regla teórica de sus relaciones. El Estado es el protector
• lbid, p. 461.

145

�de la vida privada de los individuos y de lo grupos; d taca lo
valores jurídicos y les da una expresión po itiva.
Si La Nacionalidad es para el Hombre un Patrimonio de valor,
si el cuadro nacional le suministra el medio que lo estabiliza y lo
educa, el Estado aparece como el garante de las instituciones
nacionales que sirven eficazmente la causa del hombre y de la
cultura.
El nacionalismo individuali ta y el nacionalismo totalitario, por
vías enteramente diferentes llegan a re ultado análogo obre un
punto: La Identificación de la Nación y del Estado.
¿ Cómo podría escapar al ambiente filosófico del siglo X III
la concepción de la nación? Sufrió más aún los efectos de esa
filosofía, que es más política que étnica, y que ve en la nación
la substancia in tema del Estado. 'La Soberanía reside esencialmente en la Nación", pero la soberanía es un poder de querer;
la voluntad nacional es la oberanía, y us atributo como los d
toda voluntad, son la libertad y la autonomía. La ación tá
personificada, por lo menos verbalmente, la oberanía que po e
es una propiedad subjetiva y una fuentr. de derecho. La influencia de Rou eau se añade a las influ ncias anteriores. . . Como
no hay derecho in sujeto se dota al conjunto de los ignatarios
del contrato social, titular del derecho subjetivo d soberanía de
la personalidad jurídica: esto es la Nación. El "yo común", la
"Voluntad General" de Rous eau, quedan así vaciado en el molde de la personalidad moral, y e llega al principio de la soberanía
nacional. . . según el cual la obcranía en el E tado s como un
derecho subjetivo perteneciente a una per ona jurídica: La Nación". 6
Ahora bi n, la multiplicidad de concepto relativo a la nación,
tratando de explicar su contenido, tanto inmediato, como tr ~
cendental, es muy significativo. Ciertamente que podríamo conformamos con la definición proporcionada por la Sociología, ya
que para los fines de nuestro estudio, ésta resulta uficientement
• J. T . DELOS,
146

La Nación; V. II, p. 21.

válida y es indi pen able para lo mismos tomar un punto de partida para tratar lo relativo a la nacionalidad.
Aunque no e el problema de la nación el que constituy la
meta central de nuestro trabajo, creemo conveniente señalar los
aspecto sociológico , jurídicos y políticos, que encierra dicho término en sus diver as interpretaciones, las que han evolucionado
n el tiempo y en los diversos conjuntos humanos que proceden de
dj tinto origen o de circunstancias que permitieron su nacimiento
y volución.
Si, como hemo visto diversos autores hablan de la nación inglesa, o bien de la e pañola, singularizándolas, esto revela que estas
agrupaciones nacional tienen características que las hacen di tintas una de otras si bien, éstas -sociológicamente hablandopodemo con id radas como generales y con tantes. Conviene, sin
embargo, el que nos hayamos detenido a analizar aspectos varios
i tomamos en cuenta la estrecha relación que hay de nación a
nacionalidad, estimando que con lo expuesto por los tratadi tas citados, ha quedado debidamente aclarado, in extenso, lo relativo
a la nación.

b) La Nacionalidad.
De la observación de los elementos que componen a la nación
e llega a conclu iones que nos aproximan más al concepto de
nacionalidad, lo que nos permite adentramos en esa compleja r alidad.
imo que la agrupación humana concebida como nación encierra el mento que considcramo como generales y constantes en su
formación y existencia. Esa agrupación -con las excepciones naturales- está contenida en un territorio, geográficamente determinado. Esto no significa que el elemento geográfico determine a
una nación, como así lo expresa Ortega y Gasset, cuando no habla del "mistici mo geográfico de las fronteras naturales", quien
so tiene que "la naturalidad" de las fronteras es meramente relati a. Depende de los medios económicos y bélicos de la época.
147

�"Considerando a la ubicación geográfica como un medio material para asegurar la unidad' . 7
Es cierto que las fronteras e diluyen, si analizamos, por ejemplo, un mapa anterior a las dos guerras mundiales y· lo confrontamos con uno actual; pero no lo es menos que la nación, en a
otra de sus constantes generales, no e concibe in un territorio
que la encuadre.
Para los sociólogos la influencia de lo telúrico e important en
muchos aspectos sobre los habitantes de un lugar determinado.
En tal sentido lo confirma la autorizada opinión de Reca éns iches, cuando dice: "Por otra parte, los ra gos completos del paiaje, unos articulados con los otro tienen en ocasiones ef ctos obre el carácter de sus habitantes dan a ésta peculiar matic ; y,
así pu den en alguno casos -no en todos ni siempre- convertire en un factor del sentimiento nacional. Claro que la influencia
de estos factores se produce con mayor medida sobre la formación
del sentimiento regional o comarcal". 8
Con razón Ruara Parella ha escrito que "cualquier pérdida de
territorio por pequeña que ea y toda intromisión de otra nación
dentro del propio suelo nacional son sentidas como amputación del
alma". 9
Actualmente no e acepta el concepto de la raza como determinante de una nacionalidad.
"El antropólogo y penador norteamericano
hley Montagu
-citado por Recaséns Siches- observa que la idea común de raza
representa uno de los errores más peligrosos de nuc tro tiempos
y uno de los más trágicos en sus consecuencias. Casi todo el mundo
parece dar por supuesto que abe lo que la palabra "raza ignifica,
y que la ciencia desde hace mucho tiempo probó la existencia de
diferencias fí icas y p íquicas muy importantes, entre las llamadas razas. Ni lo uno ni lo otro es verdad.
Al examinar esta cuestión de cerca, e advierte que no
fácil
' Lurs R11cAsÉNs Srce11s, Tratado de Sociologfo, p. 456.
• Lurs R11CAsÉNs S1ca11s, Tratado d, Sociologln, p. 457.

• Idem, 456.

148

cla ificar la humanidad en razas rigurosamente diferenciadas, y
muchísimo menos atribuir diferentes capacidades mentales a las
variedades llamada razas. La cuestión de la superioridad de una
determinada raza sobre las demás no ha ido nunca examinada
científicamente, ni mucho menos ha sido probada jamás.
En el lenguaje común se uele confundir lo que más o meno
vagamente se apunta como caracteres raciales físicos ( color de la
piel, forma del cráneo, clase de cabello etc.) con el concepto de
pueblo (los latinos los germanos, los chino , etc.) que no denota
un producto de la naturaleza, sino una configuración cultural moldeada por la historia". 10
Sin embargo, cabe notar que aunque el concepto de raza no es
definiti o, sí constituye un elemento que debe ser considerado en
la apreciación de la nacionalidad. Lejos de no otro está el falso
concepto de la "pureza" de angre que ha servido de bandera a
políticos con prop6 itos inconfesables. La sangre que se tran mit
de generación en generación, constituye a no dudarlo, un elemento
de importancia.
Finalmente, Recaséns Siches, advierte qu "con muchísima frecuencia e incurre en la crasa equivocación de confundir el concepto de raza --que, por otra parte, se ha visto que ha fracasado
desde el punto de vista científico con el del pueblo o nación. El
pueblo y la nación son realidades sociológicas, formadas en la hi toria ... la nación constituye un especial grupo social determinado
por múltiples factores- ca i todos ellos humanos, históricos entre los cuales acaso el principal sea la conciencia de una especial
solidaridad activa, ya que ni sigui ra se puede definir la nación
por la lengua, ni por la cultura solamente. Pero aquí importa destacar el hecho de que las llamadas nacionalidades europea ( españoles, italianos, frances s, ingleses, alemanes, suecos, daneses, noruegos, polacos rusos, etc.) y americana ( estadounidense , mexicanos, guatemalteco , colombiano , brasileño , argentinos, etc. ) , no
representan de ninguna manera, en ah oluto, ni grupo ni subgrupos raciales en el sentido (relativo) antropológico.
• Ibid., pág. 287.

149

�"Los conceptos importantes para la Sociología son lo de: pueblo
nación círculo cultural '. 11
Estimamo que con la anterior exposición, necesaria para los propósitos de nu tro tema se ha logrado obtener una panorámica
ha tante ilu trativa obre la nación en la que se observan sus
principale elementos y característica .
Para lo fin de nuestro estudio tomaremo -por er la más
adecuada a nue tro juicio- la d finición que no proporciona
Mancini sobre la nación: " na ociedad natural de hombres a
quienc la unidad de territorio de origen de costumbres y de
lenguaje llevan a la comunidad de vida y de conciencia sociales".
Definición ésta -que alvo ligera varientes- se conserva en las
demá al presente, como en la que nos ofrece Jacques Maury, al
decir que la nación "es un conjunto de individuos que tienen un
alma Co ro y que desean seguir una suerte colectiva común,,. 12
Ahora bien, a todo miembro de esa agrupación social por razones de u propia supervivencia, así como de organización el
Der cho les ha otor ado una ituación jurídica determinada, que
e distinta para otro individuo que, por diversas circunstancias
no reúnen lo atributo
tablecidos para calificarlos como tales,
d donde nace un " tatus" , que el Derecho establece como la nacionalidad.
E dabl advertir por tanto, que la nacionalidad es: a) un
vínculo; b) una categoría i c) un patrimonio de valor y d) una
condición jurídica.
ínculo, en cuanto relaciona y une al indi iduo con una agrupación, ya sea en lo jurídico o en lo político; categoría, porque
el miembro es, dentro de esa agrupación nacional di tinto del que
no pertenece a ella en los término que la ley objetiva lo condiciona; es un patrimonio de valor, ya que el indi iduo-miembro participa y disfruta del goce ya por herencia -ya por transmisión- de un todo o conjunto de bienes de muy variada naturaleza
espiritual y material, los que se han venido formando y desarro-" lbid., pá.g. 287.
" Lic. EDUAJIDO TIUOUEROS, La Nacionalidad Mexicana. p. 23 .

liando en el transcurso histórico y, finalmente: repetimo , el derecho crea un "status' que otorga y confiere personalidad jurídica
n la adecuación de derechos y obljgaciones, como se ob erva en
lo ordenamiento constitucionale de los Estados. 18
E po iblc pue , tra ladar -con la naturales modificacion los elementos de nación a los de nacionalidad, si bien, siendo ésta
un predicado de aquélla resume y expre a una calidad especial
una categoría di tinta.
Por lo que respecta a Ja exactitud del concepto que afirma que
la nacionalidad e un vínculo político y jurídico que une al inclividuo con el Estado, vemos que, al meno , objetivamente e aceptable. Sin embargo, estimamo que sí es necesario estudiar la naturaleza y la compo oción propias de La nacionalidad en sus elemento , lo que ya hemo señalado con anterioridad, ya que eso
lemento hacen pcn:ni ibl la po 'bilidad de obtener resultados
muy valio o para el conocimiento verdadero del " er ' nacional.
El E tado -para el lo ro de sus propio fines itales- necesita
proteger la sustancia humana de que está compu to no solamente
desde el punto de vista de su propia supervivencia, sino en atención también a lo fines tra cendentales que le han ido encomendado , como por ejemplo el más importante de todos: el Bien
Común.
, _Cabe ~or~~ar la pregunta: ¿cómo e verifica ese vínculo pohoco y 1und1co que un al individuo con el E tado? Pod mos
decir que es una relación recíproca. El E tado necesita crear
determinar y prote er la calidad específica n que reconoce, o
bien otorg la nacionalidad en uso de lo derechos derivado de
su soberanía interna.
Reconoce y crea cuando é ta ( la nacionalidad) se origina por
un hecho, como lo es el nacimiento del individuo en el eno del
grupo social; o bien por la determinación en que considera la
~ngre de su progenitores; o bien por ambo , que es el i tema
mixto que e observa en nuestro país, por ejemplo, el "jus soli" y
'" En México, la Constituci6n Polltica de los E tados
parte r Jativa aJ capitulo "De los Mexicanos ... "

nidos Mexicanos, en su

151
150

�el "jus sanguini '. La otorga el E tado, cuando -en el upuesto
jurídico-- se satisfacen determinados requisitos legales, como acontece en el caso de la naturalización.
En el primer ca o, el individuo, queda r conocido e inve tido y,
por tanto, su per onalidad nacional, ti ne plenitud en el ámbito
jurídico y político de una agrupación nacional (E tado), a dif rencia del no-nacional o extranjero, cuya participación en la vida
estatal, jurídica y política, está limitada a círculos restringido
como uceae en las acti idadcs política entre otras, tal y como
se observa en las diver a lcgi lacion del mundo.
c) La N adonalidad Mexicana.
El tema de nu tra nacionalidad, como es natural puede ser
tomado de de diver os ángulo .
desemejanza de otro Estado
que la han utilizado para fines de política demagógica y de qu
a su sombra han tejido utiles, aunque no IPuy sólidas teorías la
ou tra reclama su estudio por razones vitales, ya que ha sido y
es una realidad su de conocimiento.
La objetivización jurídica de Ja nacionalidad mexicana encuentra su consagración en nu tro Derecho aspecto que no coosideramo en este capítulo ya ci.ue lo fue brevemente tratado en el anterior, aunqu sin desconocer que constituye su fuente inmediata
-al meno en lo jurídico-, i bien, ésta resultaría insuficiente para la completa explanación de su cont nido, por lo que hemo
creído con eniente hacer primero un análi is sociológico, principalmente, para u·atar de comprender u totalidad o al meno
aproximarnos a ella.
Hemos tomado al azar la opinión de dos di tintos pensadores,
que, aunque no han profundizado en el tema, lo han tocado, siendo posible considerarlas como la expresión de un sentir mexicano
en gen ral. ólo en cuanto a e aspecto -como expresiónque las tomamo , ya que verificar su certeza en lo que pueda referir e a otro ordenes, como los históricos o sociológicos, por ejemplo, nos alejaría de nuestro propósito.

La primera de estas opinion

afirma que: "México es todavía
un semillero de naciones en el sentido sociológico de la palabra,
aunque ellas aparezcan formando un sólo E tado". 14 La egunda,
de actualidad reciente, nos dice ... '' que los tiempo van carnbiendo. Nos hemos convencido de que el concepto de "nación"
seguirá siendo entre nosotros un valor que ira en el vacío mientras nos empeñamo en dividimo , habida cuenta de que la nacionalidad es vinculación de ideales e intereses comune ". 10
En realidad, el concepto, no digamos vulgar, del « er,, del mexicano, como tal, e capa a los propios mexicanos, si atendemos a
un cúmulo de causas, ya sean circunstanciales o hi tóricas, no olamente por lo que atañe a nuestras clase intelectuales, que sólo
en casos de notoria singularidad han tratado alguno a pecto del
mexicano como por ejemplo, de nuestro Llamado "complejo de
inferioridad' y de otras característica más o menos acertadas, sino
a todas las capas sociales que integran a la nación, por razone
que on fáciles de advertir. La elocuencia de nuestra historia de
'
nuestra verdadera historia, es significativa y aleccionadora.
Pese al esfuerzo de algunos pensadores -en la época actual
sobresale el maestro Sarnuel Ramos-, sin embargo, no no han
dicho en qué consiste e e "ser", esa compleja composición; no
tanto por la dificultad de su aprehen ión -en el caso supuesto
de que pudiera definír ele-, sino más bien, por la ostensible
indiferencia y "escapismo ' que nuestra intelectualidad ha mo trado a los grandes temas de lo mexicano.
Los "pensadores patriotas'\ a que se refiere el filó ofo norteamericano, Patrick Romanell en su obra 16 -pocos, ciertamente¡ se han ocupado de "contemplar el universo desde el punto de
vista mexicano" lo han hecho más por imperativos políticos, que
filosóficos o de otra índole.
El Doctor Mora -José Luis María Mora-, que indudable,. JosÉ CASTILLO ToRRE, CITADO POR. ScBAR.UIAN EN M,xico, Tierra de Volcanes,.

p. 12.
"

FERNANDO DIEZ DE UaoANIVIA ;

La Unidad Nacional.

Novedades. 30 de julio-

de 1959.
11

PATRICK RoMANBLL;

Making of Muican Mind, pág. 25.

153,

152

�mente fue el más notable, no solamente de su tiempo, se ve a~ectado, en su obra desgraciadamente, por la m~reas _de las co~ne~tes
políticas, si bien constituye la primera y_mas valiosa contnbuc16n
-a la causa de la mexicanidad. Igual actitud puede ser o~~ervada
en lo que se refiere a los llamados ideólogos de la_ Revoluoon -en
la época contemporánea-, los maestros Antonio Caso y el _recientemente desaparecido, José Vasconcelos, sobre todo _en ~ste
último, para quien el "leit motiv" o nervio motor, lo constituyo la
política preponderantemente.
. .
.
En parte es posible encontrar una ~plicac1~n a estas actitudes,
en primer término, por las circunstancias accidentadas del desenvolvimiento de nuestra nacionalidad, así como por su profundo
contenido, la que no puede estar apoyada en la traruit_oriedad de
los sacudimientos o cambios sociales, que si bien han deJado honda
huella en nuestra evolución, hay otros elementos, tanto en los aspectos humanos como en los espirituales, ~ue desde an~es, º. sea
desde el principio, han servido para dar ongen a la nac1onal1dad
mexicana.
Es por ello que la responsabilidad históric~ de al~os prohombres que figuran en los archivos de ~u_estra ~ida política, es ~a~e,
porque ante la responsabilidad poht1ca, ciertamente tra~S1to~a,
-sobre todo en México-- les quedaba, al menos, la obhgacion
moral de fortalecer la obra, que otros más dignos en el uso del po-der, habían realizado para bien de la nación.
Ahora bien, al no ser posible -en realidad, ha~lar de un~ ~ase
común, tanto espiritual, como material, que ~e:mita _la partiopaci6n de todos los miembros del grupo en ese vivir nacional, resulta,
_ pues, que se desconoce, no solamente el co~cepto de n_uestra nacionalidad, sino su contenido mismo, ~parecu~ndo el p~ero balbuceante, pese a que se le invoca con 1rreflex1va frecuen~1a, s?bre
todo en el aspecto político. Por lo que al hablar de la nac1omu~dad
mexicana, una vez que ya se ha analizado lo ref ere~te a su pnmer
.aspecto, veamos lo relativo a su condición de mexicana. .
Ser mexicano, es pertenecer a una comunidad que encierra. en
.sí, elementos, notas y características, tanto de naturaleza matenal,
154

como espiritual, que así la constituyen y que la distinguen de otras
nacionalidades. ¿Bastaría acaso con decir que un individuo es mexicano -en su plenitud- por el hecho biológico de haber nacido
en México?, como así nos lo explica el precepto legal que consagra
nuestro derecho y que mencionábamos al iniciar este capítulo.
Para el filósofo norteamericano, ya citado, la situación es colocar al mexicano en posición de "contemplar el universo desde un
punto de vista mexicano,,= s6lo que habría que ubicar "ese punto
de vista mexicano", conocerlo, o para mayor precisión, formular la
pregunta: ¿ qué es lo mexicano?, lo que constituye la radicación del
problema.
Cuando hablábamos con anterioridad de una base común o bien
de una conciencia nacional, esto sería suponer que se contaba de
antemano con una conciencia común del "ser" del mexicano, que
es lo que reclama nuestra atención.
Tener, por tanto, una conciencia nacional, supone sentir, saber
y comprender, lo relativo a una personalidad propia y, por lo mismo, distinta a otras -como individualidad y como nación- no
solamente por el hecho físico del nacimiento, sino por la participación y convivencia en un todo generador de valores y de vivencias de carácter fundamentalmente espiritual en el presente,
las que, a su vez, provienen de un pasado que encierra la tradición
histórica en todos los órdenes, como lo son: el jurídico, el social
mismo, el económico, el religioso, el lingüístico, etc., y con una
proyección lógica de futuro. La naturaleza de México, pues, como nación, refleja su propia personalidad, su "ser", en el que, si
bien es posible encontrar características más o menos generales
-de tipo sociológico- revela su indudable individualidad.
Establecido Jo anterior, pasaremos al estudio concreto que haga posible un conocimiento de nuestra nacionalidad, siguiendo un
criterio de acuerdo con los elementos que la forman.
Hemos dicho en anterior ocasión, que la fundamentación de la
nacionalidad con propósitos de índole solamente política, distorsiona la realidad sociológica de una nacionalidad, ya que cualquiera metavaloración de sus elementos resulta insubstancial y de155

�magógica. La encilla elocuencia de la historia e impone sobre el
mito o las "obra '' de e critorcs oportuni ta , que atribuyen a sus
nacione "destino ' de dominación mundial o ueñan en quiméricas epop yas, que, a la postr , resultan menguadas triquiñuelas
para de pojar a pueblos débiles.
uestra historia es dolorosa, porque es la lucha de un pueblo
n la forja de sí mismo, contra adver idades de dentro y de fuera
pero que no e encuentra animada de "misiones" extraterrenas o
extraterritoriales, tan caras a dictadores.
olviendo a nuestro tema, e de oh ervarse que en el estudio
de los elementos que integran a la nacionalidad podemo encontrar un denominador constante que singulariza su contenido:
la comunidad. Comunidad en lo espiritual y en lo material.
Por lo que, en nu tro concepto, si aplicamo la idea de comunidad a la realidad ocio-histórica de México, ¿ hasta qué punto
es de observarse esa comunidad en lo diver os órdenes o instituciones de nuestro er nacional que nos permita determinar la nacionalidad mexicana? Creemos que es en la hi toria de nuestras
Constituciones en donde
po ible encontrar la contestación.
certadamentc apunta el constitucionali ta, Lle. Felipe de Jesús
Tena Ramírcz que "nuestras Constituciones on el complejo más
íntimo que tiene México''.
Separando - para los fines a estudio- la naturaleza jurídica
de toda obra con tituciorial, nos intere a, como ya hemos dicho
en forma preponderante, el contenido . ociológico que indudablemente opera n la mi ma, atendiendo a que en tal sentido la Constitución Política es la realización de un "querer see', la cristalización d ideales, a piracione y anhelo , o bien, el triunfo de una
doctrina que una nación adopta con iderándola adecuada para
un momento histórico determinado. A su vez el Lic. Jesús Ruiz
de Chá ez, refiriéndose a este punto, ha escrito recientemente:
" na política in facciones sin ismo ideológicos que fragmenten
nuestra mexicanidad en sectores opuestos, tal es el espíritu de
nuestras Constituciones, de nuestra vida cívica y de nuestro estilo
de con iveneia nacional".

Es, en efecto, en las Constituciones de nuestro país en donde
e puede abrevar y juzgar, desde su altura -aplicando el elemento fundamental de comunidad y no olvidando lo que el poder político igrufica- hasta qué punto hemo realizado nuestra
nacionalidad, por lo que es conveniente asomar e para el caso
y aunque ello sea someramente, por ejemplo, en lo a pectos históricos y sociológicos que nos presenta la Constitución Politica de
1857, indudablemente una de las más importantes en la hi toria
Constitucional de México, sin que nuestra actitud se interprete
como un examen crítico, o bien, el ' remontar e en el río tumultuoso de los acontecimientos político '.
Resulta, por demás, interesante, conocer ciertos pa ajes en la
formación y discusión de dicha Carta Magna, lo que nos permiten oh ervar el juego de fuenas sociale y política , para percatamos de que su participación revela una comunidad, no una totalidad política, dentro del proce o gestorio de nuestra nacionalidad.
Consecuentemente, habría que analizar las corrient ideológicas
o doctrinales, ya que éstas son las que animan a la obra Constitucional.
En la Memoria de la Academia Nacional de Historia y Geografía, corre pondiente al Boletín número 4, aparecen unas "Consideraciones de carácter histórico sobre la Constitución de 1857 '
por el Académico, Lic. Desiderio Graue y Díaz González, quien
eñala: " í, i bien casi todos los historiadores imparciale están de acuerdo en que el Constituyente de 1856 reunió a los más
destacados miembros de la pequeña burguesía liberal (aquí aparece la corriente doctrinal política), que como clase dirigente y
dominante ( en el poder) se estimaban como los auténticos representantes del pueblo ( comunidad no totalidad), alguno escritore , como Percyra, niegan la legalidad de tales nombramiento, a virtud de la imposición que hacen al si tema de elección ya
citado. Otro como Molina Enríqu z, entusia ta panegirista de todo lo índigena, afirman que el Congreso estuvo muy distante de ser
electo realmente por el pueblo. Molina ostiene, que cada Con157

156

�gre o ha venido a ser una junta de las personalidades más notables del Partido que convoca y que éste de 1856, no era sino el
Congreso del elemento mestizo, muy débilmente contrapesado por
contadísimas unidades del elemento criollo ( aspecto étnico), tesis
que comparte Arrangoiz cuando irónicamente explicaba que esa
era la manera mexicana de legalizar un movimiento. Pero quizá
el juicio más extremista, lo emite Bulnes, pues dice que en el
Congreso no había, más que por excepción, propietarios territoriales, no había industriales, ni comerciante , ni representantes de
asociaciones obreras; en realidad, afirma, representaba a la burocracia, a la literatura y al apostolado político, a intereses políticos
más que sociales, abstractos y de ningún modo económicos. Justo
Sierra, asienta que si bien legalmente el Congreso era la representación oficial de la Nación, la realidad era otra, pues la Nación
rural no votaba; la urbana e industrial obedecía la consigna de
sus capataces o se abstenía también y el partido conservador tampoco fue a los comicios, por todo lo cual la nueva asamblea, sostiene Don Justo, representaba en realidad una minoría, no sólo
de los ciudadanos capaces de tener interés en los asuntos políticos.
sino de la opinión, y la opinión del grupo pensante se dividía entre los moderados, los militares y los clérigos, pues las nuevas
generaciones eran por lo general apasionadas de la Reforma y como ellas los veteranos del federalimo puro, formaban la parte
más activa de la sociedad, ésta fue la que formó el Congreso. Pero
Don Justo termina confesando que el Congreso répresentó "una
selección, como todas las grandes asambleas revolucionarias; era
una minoría como todas las asambleas reformistas; era un conjunto
de confesores de la nueva fe como todos los concilios llamados a
definir dogmas, si son eclesiásticos, o a definir ideales, si son laicos.
Por ello, no obstante todas las circunstancias y las críticas anteriormente expuestas, puede asegurarse que el Congreso Constituyente
de 1856, sí representaba con bastante fidelidad la opinión pública
de aquella época. Por eso podemos afirmar, con Garcia Granados: "que la fuerza del pueblo mexicano, que algunas veces duerme, pero que no muere sino con el pueblo, que entra en mayor

o en menor activida~ según las circunstancias, fue 1a que en un
~omento ~e. ,exaltación patriótica y liberal derrocó en Ayutla al
urano Y eli?w en 1856, sus representantes a un Congreso destina~º a consutuír a la Nación conforme a los principios democráticos".
Los antecedentes necesarios de la Constitución de 185 7 se remontan, .co~o es lógico, hasta la aparición de los primeros eventos constituc1onales, comprendidos a partir de la Independencia
los que, por su naturaleza y circunstancias históricas en que fue~
ron_ elaborados Y realizados, necesitan su investigación y estudio
aplicando el concepto de comunidad a cada uno de ellos par~
obt;ner las etapas de gestación de la nacionalidad mexican~, destacando~e, en ma~era especial, la influencia de las ideas, que c~mo la li,beral, deJa huella profunda en las instituciones políticas
como as1 veremos.
'
Inex~~~ablemente, el doctor Mora (José María Luis), nos da
una oplillon que es necesario atender de la situación relativa a la
Nueva Espa~a, .c,uando dice: "desde que apareció por segunda
vez la _Gonstzt~:.on Española en México, a mediados de 1820, se
en_ipezo a perc1 Ir en esta República, entonces Colonia, un sentirr:zento ~ago de cambios sociales, el cual no tardó en hacer prosélitos,
. . ,mas
, por
. moda y espíritu de novedad ( ;&gt;)
. , que por una conviccion mtlilla de sus ventajas que no se podían conocer, de sus
r:5ultados q~e. t~mpoco se podían apreciar. Este sentimiento déb~l en su prmc1p10, comenzó a ser contrariado por una resistencia
bien ~oderosa de aquella época, que combinada con otras causas
produjo la Inde?e~dencia .. Efectuada ésta, nada se omitió para
c?ntener el movmuento social y la tendencia a los cambios políticos que empezaba a ser más viva, pero que no salía todavía de
la esfera de un deseo" (México y sus Revoluciones. Librería de
Rosa. París, 183 7) .
•
La explicación al criterio sustentado por el doctor Mora no
Ia proporciona_
.
'
s
e1 L'
. 1c. ~anue~ Ramírez Arriaga, quien en documenta~o estudio dice: RecoJamos la valiosa aunque somera observac1on de Mora: 'Desde que apareció por segunda vez en 1820
159

158

all

�la Constitución de Cádiz, e comenzó a sentir en México un sentimiento vago de cambios sociales.. .' n
.
Don Gregorio Torres Quintero, en su biografía de Mora, se mterroua: · es po ible que ideas tan radicales como las de Mora naº' en e:México y se propagaran baJo
• el d om1mo
. . espano
- !?U
cieran
. y se
contesta: "Bueno es recordar, para responder a esta pregunta,
que las cortes españolas o sea el Congreso ~pañol habi~ expedido en 1812, una Constitución que era eminentemente l~beral
y la cual se mandó observar en la Nueva España. Pues bien, a
la sombra de aquella Constitución y en 1813, nació en México un
Partido que se llamó Escocés y que tenia por objeto sostener los
principios liberales de dicha Constitución relativos al sistema representativo y a las reformas del clero".
.
Mas ninguno, ni :Mora ni Torres Quintero, explican en plerutud la influencia de la Constitución Española de 1812 para gestar la reforma en México.
No sólo sentimiento vago de reformas sociales emana de la Constitución de 12 como quiere Mora, ni únicamente los principios
,
del sistema representativo y de la reforma de la clerecia, como
pretende Torres Quintero, ino la mayor y mejor parte de_ la reforma en México y desde luego, el ideario, la Marcha Política del
Progreso de Mora.
.
.
Para terminar, c;Iebemos confesar qu el estudio apasionante de nuestra nacionalidad, no puede delimitarse en la brevedad
de estos apuntamientos, renovando nuestro deseo de que mej&lt;r
res plumas se ocupen de ella y se logre elaborar una Teoría de .
la Nacionalidad Mexicana que satisfaga debidamente dos fundamentales cue tiones:
En qué con iste y cómo es.
)

160

SANTO TOMAS DE AQUINO
Y EL PENSAMIENTO
DE NUESTRO TIEMPO

Lic. MA UEL ME DOZA S.
Irutituto TeCDol6gico y de E1tudi01 Superioru
de Monterrey
l. Su

VIDA

de Santo Tomás de Aquino el año de
124-5 en el momento que bien pudiera señalarse como fecha d
su nacimiento a la vida de abio y a la vocación de santo.
E de todos conocida la historia sucedida entonces.
ecuestrado por indicaciones de u propia madre, que se oponía a que vi tiera el hábito de lo, hermano predicadores, Tomás
d Aquino fue pri ionero un año en J palacio de su familia. Ahí
fue donde tuvo que decidir, probablemente, el destino de su vida,
re i tiendo toda da de tentaciones que se tramaron en su contra.
Ve.int años tenía el hermano Tomás cuando hubo de defender, en Ja cárcel su hábito dominicano y su vocación intelectual
e inicia entonces en la filosofía, escribiendo para sus antiguos
condi cipulos de la Facultad de Arte de Nápoles dos obras d
Lógica intituladas Las Proposiciones Modales y Las Falacias. Tal
fue u primer paso en el camino de la sabiduría.
Ma 1 camino de la santidad tuvo que empezarlo también con
una prueba cruel y dura por venir de quienes venía: los propios
hermano cuenta su biógrafo, Je llevaron a su prisión "a una joEMPEZARE 10s LA HISTORIA

161

�ven y hermosa niña aderezada con todos los encantos de la galantería".
Se apoderó Tomás de un tizón encendido, puso a la niña en fuga y trazó sobre la puerta, con ceniza del tizón, una señal de la
cruz. Desde entonces fue liberado, por especial gracia divina, de
toda tentación corporal.
Ahora bien, lo que hace más maravilloso aún tal milagro, no
ólo es la liberación de las pasiones o más bien el dominio sobre
ellas, sino el haberle mi teriosamente donado, con la viril madurez
de un hombre que no necesitó la dolorosa enseñanza de la experiencia, un alma sencilla con la inocencia de un niño. El confeor que lo auxilió en sus últimos momento pudo decir: " cabo
de escuchar la confesión de un niño de 5 año ".
El itinerario espiritual de Tomás, séptimo hijo de los condes
de Aquino, nacido a fines de 1225 en el palacio de Rocca~eca,
cerca de Nápoles, podría decirse precisamente que comienza hacia esos 5 años de edad, cuando sus padres lo dejan en el monasterio de Montecasino al amoroso cuidado de su tío Sinibaldo abad
de ese convento benedictino, en el que permanece hasta entrado
los 15 años.
Por azares políticos de su familia, es enviado después a la Facultad de Artes de ápoles, donde conoce y trata con intimidad
a los dominicos que acababan de abrir una escuela pública de
Teología. En ese lugar encuentra el feliz término y fin de u itinerario: se encuentra a sí mismo.
Contra la voluntad de su madre y hermanos -su padre el conde Landulfo de Aquino había ya muerto--, Tomá recibe el hábito de lo religio os dominicos, siendo que todos lo querían ver
como abad ben dictino en sucesión de su tío Sinibaldo. Toma el
hábito, pue , de Santo Domingo en 1244, y es el año siguiente cuando lo hallamos en la prisión de su palacio de Rocca eca.
Escapado de ahí, se dirige a París y termina su noviciado en el
convento de Saint Jacques, donde enseñaba por entone el teólogo
Alberto Magno. Lo toma a su cargo este ilustre maestro y el "Buey

mudo,,, como lo apodan sus condiscípulo , va pronto a dejar oír
us mugidos por todo el orbe, como profetiza su maestro.

2. Su

TIEMPO

El convento de Saint Jacques, anexo a la ya famosa Universidad
de París, se hallaba situado en las montañas de Santa Genoveva,
un lugar propicio para la meditación y el estudio. En ese mismo
lugar, donde Tomás se hace teólogo, empieza u enseñanza de las
sagradas escrituras una ez que recibe el cargo de "bachiller bíblico". Dos años después, con el título de "bachiller sentenciario"
inicia sus comentarios a las entencias de escritores y padres de
la Iglesia. Finalmente, en 1256, a los 31 años de edad -4 antes
de los requerido para ser maestro universitario- recibe del canciller Heimerico de la Iglesia de otre Dame, y en nombre del
Papa, su "Licentia Docendi,, o Licencia de enseñar Teología en
la Universidad.
En su libro El doctor angélico el tomista Jacques Maritain obseiva cómo lo términos de "Licenciado", "Ma tro'' o "Doctor'
en Teología, no nos e ocan ahora sino un título cualquiera, como
tantos otros "honores de papel", o si acaso -pero esto para los
pueblos de cierta frivolidad decorativa en la vida cultural-, algo semejante a una figura con birrete el día de "graduación".
Somos incapaces realmente de ~ber, en nuestro tiempo sin
alores, lo que era y lo que valía en verdad para la Edad Media, el teólogo y el maestro.
El prestigio de un Tomás de Aquino o un Alberto Magno, a
los cuales dos su enemigo común el averroísta iger de Brabante
llamó "praecipui viri in philosophia", o sea los más esclarecidos
hombres de filosofía -ahora diríamos "nombres"-, no era sólo
fama de nombre, sino verdadero alor de autoridad.
No tenemos en la conciencia moderna la facultad de estimar el
valor de la autoridad moral o intelectual: ninguna doctrina tiene ya validez para nosotros por la sola autoridad de quien la en163

162

�seña, y con frecuencia menospreciamos neciamente una autoridad
moral y aun le cerramos la conciencia. De reos en lo moral pasamos gratis a jueces y aun, con ignorante audacia, criticamos sin
considerar ni menos conocer a fondo, el criterio y doctrina de un
verdadero juez intelectual. Pensemos, para esto último, en cualquier caso de censura o condena de alguna obra o autor modernos por parte de la Iglesia. Nos preguntamos: ¿Tiene ella la
suficiente autoridad intelectual para dictar tal sentencia?
La ingenua Edad Media tenía fe ciega en la Iglesia como urna
autoridad espiritual. Pero -hay que tenerlo bien presente-, si
crey6 ingenuamente en la Iglesia, nunca la Edad Media que conocemos creyó el Dogma ingenuamente. Siempre fue ' te apasionadamente discutido, aunque también, es cierto, fue siempre creído. En todo caso, el más hondo drama del hombre medieval fu
la inevitablemente doble necesidad de comprender racionalmente
y creer, por encima de la razón, para vivirlo ínt ro, el dogma
revelado.
Ahora podemos entender en Santo Tomás el porqué de sus dudas y vacilaciones en aceptar la delicada responsabilidad de un
cargo de maestro de teología. Iba a ser depositario de la misión
de engendrar sabiduría divina en la inteligencia de sus oyentes. Fray Tomás ruega a Dios llorando, dice Maritain, le conceda
los dones indispensables para ejercer el oficio de maestro, y eleva
su oración diciendo: "Señor, sálvame, pues la verdad d aparece
de entre los hijos de los hombres". En la tesis de su "Principium"
o lección inaugural de su magisterio avalado ya con la "Licentia
Pontificia Docendi" en la Universidad de París, no deja, a través
de las siguientes palabras, el principio que deb u tentar todo
magisterio :
"La verdad, dice, la comunica Dios por su propia virtud,
como riega El por sí mismo los campo . A El se debe atribuir el
fruto de los espíritus como se le atribuyen a El los fmto de las
montañas". Y así, desde la cátedra de la Universidad de Parí! ,
el maestro en Teología Tomás de Aquino empieza a difundir, con

proyección universal, más aún, con vigor sobrenatural, la luz que
efecúvamente puede iluminar en todo tiempo las inteligencias.

3. Su onRA:

UNA REVOLuc16

Hemos visto al santo y al teólogo; pero Tomás de Aquino no
sólo tiene, y cumple, la misión de edificar con el ejemplo de su
vida e iluminar el mundo ( católico y cri tiano) con la doctrina revelada. Santo Tomás es -desde luego- un hombre y un filósofo.
Tomás de Aquino es -con toda la palabra- un hombre; un
verdadero hombre de su tiempo que tiene que enfrentarse a sus
circunstancias y tiene que luchar a contracorriente en muchas ocasiones. No es hombre de su época por haber vivido en el convento, que
la vida más "medieval ', diríamos; ni por haber
escrito en latín, que es el lenguaje de su siglo; ni aun por haber
compuesto Summas de Teología, de acuerdo con su época.
No se puede estar absolutamente de acuerdo con la época que
le toca a uno vivir, si es que se quieren ver realmente los propio
problemas. Santo Tomás es de su tiempo porque no fue un conformista ni menos tampoco un conservador. Fue un renovador
espiritual, fue el creador, me atrevo a decirlo, de una revolución
intelectual en el espíritu de la Edad Media. Revolucionó la tra•
dición que había recibido, esto es, el pensamiento católico.
Pero voy a seguir el criterio de un notable tomista moderno, el
Padre Manser de la Orden de los Predicadores. Dice en su libro
La esencia del tomismo: "La síntesis tomista es para muchos piedra de tropiezo, pues creen que compromete incluso la divina revelación que, como fuente de la Verdad ab oluta, no necesita dt
ningún determinado sistema filo 6fico de origen hwnano,,.
Santo Tomá hace lo contrario: escoge un istema filosófico,
y de origen pagano. ¿Por qué lo hizo? ¿ Y por qué escogió pr cisamente el de Aristóteles?
La tradición escolástica era agustiniano-platónica. fundamentalmente. "¡ Cuántas veces, continúa el padre Manser se proclamó
165

164

�a Platón, en la antigüedad e incluso en los tiempos modernos, el
precursor del Cristianismo !"
Ir no solamente contra un filósofo como Platón, que en todo
caso era pagano, sino contra los seguidores literales de la tradición
patrística eminentemente agustiniana, contra el propio San Agustín en lo que tomó de Platón y de Plotino, pero sobre todo, incorporar en pleno siglo XIIl la filo ofía pagana de Aristóteles al
pensamiento cristiano, ¿no es de verdad Revolución? Revolución,
í, contra el divino Platón y el místico Plotino, intocables "precursores" del cristianismo; revolución que provoca, al parecer de
su tiempo, una "ruptura entre la escolástica y lo padres de la
Iglesia", pero sobre todo he dicho revolución, y aún para nosotro
porque ni en el siglo XIII ni aun ahora se puede saber cómo Santo Tomás logró hacer cristiano al pagano Aristóteles.
Si ahora el padre Manser puede ya decir con tranquila conciencia: "Ari tóteles es más cristiano que cualquiera otro filósofo
del paganismo", él mismo nos hace recordar las repetidas prohibiciones de este pensador por parte de la Iglesia del siglo XIII.
Bástenos esto para imaginar lo que tuvo que luchar Santo Tomás
para sostener su pensamiento. Por esta lucha que fue de verdadera re olución Tomás de Aquino es hombre de su tiempo.
Sólo quiero ahora, muy de paso, tocar otro punto igualmente
contra el común parecer, en relación con esos tiempos de la Edad
Media. Me voy a permitir calificarla también como época de verdadera revolución espiritual, pese a que se la pueda colocar cómodamente frente al Renacimiento como la noche frente al amanee r de la cultura moderna, y aún llegar a considerarla como
una noche de tinieblas, sm luz del cielo ni luz del hombre ...
En su discutida obra Una nueva edad media, el escritor ruso
Nicolás Berdiaeff hace esta observación: "no es el pensamiento de
la antigüedad, sino en el de los padres y doctores de la Iglesia el
verdadero movimiento de vanguardia en la Edad Media. En cambio, en la época del Renacimiento, la única novedad e el retorno a la Antigüedad".
En efecto, el Renacimiento vuelve a tomar de la antigüedad

principios muertos, cánones y modelo por largo tiempo olvidados,
obras que fueron vivas hacía más de 15 siglos; y hace renacer
todo en una nueva cultura.
La Edad Media no tiene que revivir principios antiguo , no
necesita recurrir a ninguna otra cultura de ningún tiempo ni de
otro espíritu para crear su propio modo de vivir. Es una edad ...
¿por qué se le llama medi'a?, por su plena juventud. Es juventud
cristiana que no necesita vigorizarse de lo pagano, que vive su fe
íntima y en ella trasciende los límites de su tiempo, los límites del
tiempo.
"En realidad, Ja civilización medieval era ya un renacimiento
apunta el mismo Berdiaeff una lucha contra la barbarie y sus tiniebla que habían sobrevivido a la caída de la civilización antigua. El cristianismo había sido esa luz medie al".
Ma dejemo esta época media en que vi e Tomás de Aquino,
para er ya el 'gnificado y valor de su obra.
4. LA

TRADICIÓ

ESCOLÁSTICA

En Tomás de Aquino culmina la tradición del pensamiento
íntegramente católico: cristianismo que se ha hecho ya doctrina
universal y que ha sintetizado en un todo orgánica y jerárquicamente, las relaciones y el orden entre los 3 términos de toda cosmovisión religiosa : Dio , el hombre, el mundo.
Mas si la sabiduría del aquinatense sintetiza la suma del saber
cristiano, su pensamiento no constituye ni una totalidad puramente lógica (pues tiene el sistema tomista dos aberturas: se abre
a _la unidad de la fe, y se rompe a la pluralidad infinita de lo real),
ru tampoco es de una unicidad puramente teológica, puesto que
el tomismo es también filosofía.
En cuanto unión pues de ambos saberes, teológico o de fe, y
filo 6fico o de razón, el tomismo termina desde una cúspide la
tradición del pensamiento cristiano que hemos llamado escolástica.
167

166

�En la historia dd pensamiento filosófico, la corriente escolástica se nos presenta como un movimiento constante del pensar
cristiano hacia la cada vez mejor comprensión de lo que tenga d
racionalmente inteligible (no de "racional, pues
supra-racional") la Verdad de la Revelaci6n.
Por otra parte, dada la finalidad docente de la Teología o doctrina del dogma que la autoridad de la Iglesia debe enseñar a los
fieles, y la subordinación al mi mo fin de la no doctrinal ni dogmática pero sí tradicional forma de encauzar dentro del píritu del
cristianismo la razón filosofante, la misma filosofía colá tica
en su propia estructura y método tuvo que organizarse de modo
a poder enseñarse fácilmente en las escuelas. De ahí su denominación de escolástica.
El hi toriador de la Filo ofía Nicolás Abagnano contrapone la
escolástica a la filosofía griega -de la que tom6 us principiosdiciendo que es una filo ofía aplicada a la enseñanza y formación
de clérigos, mientras la griega es pura y libre investigación. Le
niega, pues, a la escolástica, desde sus orígenes basta d último de
sus filó ofo , la libertad y obligación de encontrar verdades nueva
y la ncarga s6lo de una mera intelección de verdades viejas,
previamente anunciadas y supuestas (ya que no explicadas) en la
tradición teológica. No en ano los propios escolásticos la han
llamado a golpe martillo, la "sierva de la teología''.
¿Será esta una calificada e imparcial presentación de la filosofía escolástica?
Tratemos de entrar un poco en su espíritu.
n historiador escolástico, Thonnard, agustino de religión y
tomista de convicciones, la define como "un movimiento doctrinal
que llega a su apogeo en la edad media occidental o latina y que
comprende una teolo 'a y una filo ofía . Distingue, pues, en buena escolástica y a diferencia de Abagnano, los do campo del
saber cristiano: el teol6gico y el filo 6fico. La sitúa luego históricamente entre los siglo VII al XIII (para Abagnano empieza
a mediados del siglo IX) encuentra en una diversidad enorme
de escuelas y pensadores, 3 caracteres comunes: lo. el método y

el lenguaje: Por lo que hace a éste, se la escribe tradicionalmente
en latín, y en los seminarios aun ahora e discuten sus problemas
en te mismo idioma; mas por lo que ve al método, que denomina
Thonnard dialéctico intelectivo, acepta -con Abagnano- que s
ordena siempre a la enseñanza y no a la investigación.-20. carácter: Asimila en su seno la tradición, pero no religiosa, sin&lt;&gt;
filosófica grecolatina. En esto difiere del primer historiador que,.
al no distinguir teología de filo ofía, supedita ésta última a la tradición doctrinal dd cristianismo.-30. La sumisión a la / e ( no a
la teología) : Este último es el carácter distintivo y el factor deunidad de la escolástica en su historia. Sin embargo, agrega, sólo
paulatinamente se fue precisando la distinción entre el saber natural y el de origen sobrenatural hasta llegar, en el siglo XIII, a formarse y constituirse definitivamente una filosofía escolástica, independiente como ciencia racional, que se subordina a la Fe libremente. En tal respecto, termina, tiene a honor ser llamada "ancilla Theologiae", expresión que traduce sencillamente como "filosofía cristiana" y no como algunos más papistas que d Papa, qu
la designan "esclava de la Teología'&gt;, confundiendo, a mi ver, Fe
con Teología (las raíces y el árbol) y é. ta casi siempre de manual, y resbalando luego de teología a teólogos, de teólogos a profesores de teología (que no doctores y ma tros como los medievales) y llegando aun a veinteañeros tudiantes que, en el lenguaje del seminario, se designan con el algo ampuloso nombre de
"teólogos". Y así, claro que sería muy digno y muy cómodo tener
por esclava a esa señora que a eces se subleva con el orgulloso
nombre de filosofía.
Mas detengamo la crítica y tratemo mejor de entender el pensamiento filo 6fico de Tomás de Aquino adentrándonos, en lo
posible, hasta donde podamos palpar el alma misma de su istema-

169

168

�5. Los

PRINCIP1OS DEL TOMISMO

Se han escrito bibliotecas inagotables, no sólo comentarios ni
conferencias de unas páginas, en el estudio de Sant? : omás. ~ntonces, sólo queda preguntarnos lo siguiente: ¿Que idea radical
0 principio de su pensamiento podría exponerse en unas cuantas
palabras? Lo diré de una vez. Creo yo que el principio de toda la
sabiduría tomista está en esto: el ORDEN. Y escojo precisamente
tal principio, de ascendencia greco-aristotélica, por dos rawnes:
lo., porque al asentar la sabiduría cr~tian,a sobre el plano de lo
sobrenatural arranca de cuajo la sab1duna pagana del hombre
natural y cr~a un orden jerárquico que trasciende lo puramente
racional y lo puramente humano; 2o, porque desde ~se pl~no, no
-sólo han de ser compatibles, sino necesarias, re~oluc1ones. mtelectuales como la del genio del orden, que es Tomas de Aqumo.
"Lo propio del sabio es ordenar", dice repetidamente, y este
principio de ordenamiento jerárquico des~e lo sobrenatu:al, podemos verlo en la obra íntegra de nuestro filósofo. No consideraremos) desde luego, su teología, pues en ésta no hay un orden humano
-como esencial e íntima estructura de la verdad. Sólo veremos su
pensamiento filosófico, que sí obedece perfectamente a un ordenamiento de la razón lógica.
.
Lo ideal sería seguir, por un lado, el proceso histonco subJetivo
de su evolución intelectual, y por otro, encontrar, e? l_a estruc~a
de su sistema la línea lógica de su pensamiento obJet1vo. ReqUJere tal cosa u; estudio y facultades fuera de mí y de la brevedad de
nuestro tiempo. Me conformaré con señalar algunos puntos.
Vimos cómo parecen ser sus primeras pre~cupaciones relativas
a la Lógica, pues de ella tratan las dos pnmeras obras que escribe, a los 20 años, en su prisión de Roccasseca. Luego p~a, de
golpe, a la Ontología, pues_ e~ 1252 c~mpo~e su famoso opusculo
De Ente et Essentia. Continua con Filosof1a de la Naturaleza en
su obra De Principiis Naturae, de 1255. Ento~ces, '! _d~spués de
éstos que pudieran considerarse ensayos ~los6hcos, 1mc1a lo que
,constituye sin duda su definitiva y más nnportante tarea crea•

1

•

•

dora de filosofía, pese a las apariencias: la tarea de comentarista.
Principia, en 1257, con un comentario a la obra De Hebdomadibus
de Boecio, y después emprende, desde 1261, su obra filosófica fundamental, los Comentarios a Aristóteles. Expone y explica una
veintena de obras de este fil6sofo que le traduce directamente deI
griego al latín el filólogo Guillermo de Moerbeke. Comprenden
estudios y tratados de Física ( es decir, Filosofía de la Naturaleza,
mal llamada a veces "Cosmología"), Metafísica, Psicología, Etica, Lógica y ciencias en general.
Al margen de esta obra, capital, hay también una obra menor,
por así decirlo: 5 estudios de filosofía jurídica, política y social,
y más de 20 libros de las muy medievales ''cuestiones quodlibetales" y "cuestiones disputadas".
Visto en general el conjunto de su obra filosófica, ¿ cuál podría
ser el orden lógico y jerárquico que halláramos en su sistema?
Nos encontramos a la ciencia lógica como un preámbulo de la
verdadera filosofía, de la filosofía en el más estricto sentido de
la palabra, esto es, la Filosofía Primera o Metafísica. La metafísica, para Aristóteles, tiene como objeto inicial el ser que existe
en sí mismo, es decir, la sustancia. Tal objeto la hace identificarse con la Ontología. Concluye la metafísica en el Ser Primero, que no sólo existe en sí, sino por sí, corno Causa Incausada.
Santo Tomás, completando el pensamiento griego con la idea cristiana de Creación, agrega al Ser Incausado el atributo de Causa
final creadora de causas eficientes. En esto, la metafísica es Teología.
Y precisamente en la Metafísica o Filosofía Primera se asientan los primeros principios ordenadores del sistema aristotélico tomista. Se nos dan en las dos nociones más elementales que podemos
formarnos del Ser. Tales son: el acto y la potencia.
El padre Manser, ya citado antes, dice en su obra La esencia.
del Tomismo, (pág. 61) : "Tres diversas concepciones del Ser marcan en toda la historia de la filosofía tres líneas evolutivas diversas: puro devenir sin ser, ser sin devenir y ser y devenir".
El viejo problema del total devenir que planteó Heráclito y el
171

170

�&lt;lel puro ser que contrapuso Parménides Aristóteles los resuelve
en un Ser que Deviene, mediante esto dos coprincipios ontológicos de Acto y de Potencia.
Tales principios le bastarían realmente a toda filosofía. Pero
hay más. El citado padre Manser llega a la siguiente tesis (pág.
65) : "Una filosofía cristiana, una íntesis cristianamente lógica
( el traductor dice científica) tiene que apoyarse en la doctrina
aristotélica del acto y la potencia en orden a la Revelación".
En eguida es cuando declara a Aristóteles como ya habíamos
mencionado, el filó ofo más cristiano de todos lo paganos.
En realidad, la sabiduría cristiana del filósofo Tomás de Aquino encuentra para estos principios ontológicos de la filosofía aristotélica, no sólo la luz natural de la razón metafísica sino la luz
sobrenatural de la fe teológica.
La fe de la teología revelada, ocupa, por consiguiente, el primer lugar en el ordenamiento jerárquico de la abiduría tomi ta;
abajo hállase la metafísica, pero ésta, y con raíces propias, sustenta las demás ramas de toda la filosofía. Veamo
t orden en
un breve delineamiento: El acto y la potencia descienden de la
metat ica y se convi rten, para la filo ofía de la Naturaleza en
1os principios del devenir que son la Forma (acto) y la Materia
(potencia) y dan lugar a las famo as 4 causas (formal material
eficiente y final); para la Psicología se hacen alma (acto) y fa-cultad del alma (potencias) ; en el campo de la política, aber
por encia tel ológico, el acto es el bien común o causa final que
debe mover y atraer a sí todas las potencias o capacidades de acción libre de lo ciudadanos; y en la moral, ciencia también de
fines ontológicos, cau al , el acto se hace energía virtuosa; la
potencia, mera ind terminación o disponibilidad de la naturaleza
humana para el bien o para el mal.
Ahora bien, Santo Tomás expone y comenta los diez libros de
la Moral que Aristóteles dedicó a ic6maco, pero de ellos no toma ninguna idea encial al contenido del bien o del mal. En
efecto, los conceptos de Virtud, Vicio, Pecado, Arrepentimiento,
etcétera, pertenecen a categorías radicalmente cristiana y no ad-

quieren pleno sentido sino en la Caridad y en la Gracia, mundo
sobrenatural desconocido para el pensamiento griego.
Lo que sí toma de la pagana, pero perfectamente bien equilibrada moral aristotélica, son elementos formales como lo es la
medida o norma prudencial de los actos humanos, a saber, el

término medio.
En resumen, si su precursor an Agustín cristianiza las ideas
morales o teológicas del pagano Platón, Santo Tomás no hace
cristiano a Aristóteles a travé de su moral, sino a través de su
L6gi,ca. Bautiza la Lógica, es decir, la razón aristotélica, y sus
aguas lustrale llegan hasta la Metafísica.
60. EL

PE SAMIENTO DE NUESTRO TIEMPO

Al enfrentar la filo ofía d Tomás de Aquino y el pensamiento
actual, no debemos tomar al primero como un arma de polémica,
sino más bien como una inteligencia con quien, a través de su
obra, se pueda dialogar obre los problemas que se plantean a la
conciencia intelectual de nuestro tiempo.
En tal supuesto, quizá sea posible un buen entendimiento con
el más univer al e inteligible de los pensadores escolásticos, si encontramos los principios }' los problemas de nuestro pensar filosófico y, además la esencia lógica o al menos las más evidentes
cancterística del aber científico actual.
Esto, desde luego no equivale a un intento de "modernizar"
el pensamiento tomista ni, por el contrario, a enmarcar tampoco
dentro de las categorías de tal doctrina los muy libres concepto
d~ pensamiento contemporáneo.
Distinguirlos y comprenderlos objeti amente, en buena e colástica, y buscar la propia verdad, en el buen sentido del filosofar
actual, ha de ser, creo yo, la condición previa del diálogo.
Y i se expuso ya lo elementalmente esencial del pensamiento
filos6fico del aquinatense, falta, pues, buscar esto propio en el
pensar de nuestros filósofos.
173

172

�Porque sí hay filósofos ahora, a qué dudarlo, pero lo qu no
exi te -para desgracia o ventura de expositores y creador de filosofia-, es algo que pudiera llamar e verdaderamente una filosofía contemporánea.
E tamos viviendo todavía del pensamiento moderno, colgando
ya débilmente de una d garrada metafísica idealista, pero sin
alir aún d sus consecuencia . La filo ofía moderna está perfectamente definida en su contenido y delimitada ya en la historia,
porque es algo que terminó su obra. Los fil6 ofo contemporáneos, en cambio, no han creado una verdadera filosofía que quede para la historia, no porque su obra e té sin terminar, ino fundamentalmente por lo siguiente: porque no han creado Metafísica.
Veamos, entonces, la ciencia. Ella e , ahora como ante , un
producto de la historia, es decir, una renovación continua a veces
destructora del saber precedente, y una búsqueda constante de
resultados futuros.
En nuestro tiempo, la matemáticas e han convertido en instrumento universal de creación y fundamentación del saber cientifico, al dotar a la ciencia de estructura lógica y lenguaje propios
de igno y valores con encionalmente autónomos, y obre todo
de libertad racional para fundamentarse a í misma. Con ello
no sólo le dieron una cohesión lógica indestructible, sino (esto
u pecado óntico) la hicieron independiente y libre de la antigua
"realidad' que quiere ser conocida como es,, y no "como e piense".
ista, por otra parte, la tan desme urada desproporción de conocimiento entre la empobrecida reflexión de la filosofía y el aber in límites de la ciencia, no le han quedado a la primera sino
do actitudes po ibles: o enfrentarse a la ciencia para su crítica
sobre todo para su fundamentación, o renunciar a todo punto
de semejanza con ella y aun salirse del campo del conocimiento
en que domina el rigor lógico.
Como paradoja de la primera actitud, mientra el filo ofar contemporáneo e caracteriza por su reacción antipositivista (pues
el po itivismo ha sido el último reducto de la ciencia que luchó
174

contra 'lo metafísico 1 ) , 1 conocimiento científico es el que busca ahora la metafisica ( verdadera ciencia de los principios), al
buscar su propia fundamentación. Tal es el camino de la razón
lógica seguido principalmente por neocríticos como Renouvier,
atorp, el propio Dilthey, idealistas como Gentile y Benedetto
Croce, o filó ofos de la ciencia como Meyerson, Russel y "\Vhitchead.
La cgunda actitud, de los que buscan lo caminos de la metafísica fuera de la razón como facultad de conocimiento, e oponen a la ciencia ignorante de existencias y alores humanos. Estos, y no sólo la ciencia, son lo que nec itan un principio de justificación. Por la vía del espíritu e busca, pues la justificación
del hombre y de u .aber científico y filosófico, y se llega en última instancia al apoyo de la realidad ab oluta del espíritu ( e piritualismo) , la validez del arte ( idealismo estético) , o la propia
conciencia del ser humano (fenomenología y existcnciali mo) etc.
De todas estas tendencias es el existenciali mo en sus múltiples
manifestaciones, el que más se acerca a la metafísica por sus intentos de llegar a la raíz misma del er y del saber.
Ahora bien, sólo puede iniciarse -desde la metafí ica- una
filosofía nue a si e tiene plena y radical conciencia de problema.
nue os. Esto deberán originar e en el e píritu de filó ofo que no
solamente tengan conciencia hi tórica o por a í decir padezcan
intelectualmente los problemas de su tiempo, sino obre todo, busquen en el origen de tos problema un punto de apoyo, un algo
último que sostenga y dé entido y alidez tanto al trabajo intelectual creador de ciencia y filo ofía como a lo objeto y ujeto d
estos dos saberes.
La metafísica, pues, debe darno un algo tra cendcnte a lo penado y al pensante a las co as pen adas qu son y dejan de ser,
y al hombre pensante qu existe y que muere.
Toda filo ofía debe nacer, pero no morir, en el tiempo, como el
hombre mismo. Y i en algo no ha mu rto la filo ofía tomista es
en u metafísica. Pero hemos dicho que hay que llegar a ella de de
los propios problemas. Y los problema que con toda deci ión
17!&gt;
ul2

�plantean a la conciencia r.le nuestro tiempo, son de dos clases: de
índole económico-política, en el plano objetivo de las relaciones
humanas, y de carácter existencial en lo íntimo de la conciencia
subjetiva.
Ninguno de estos problemas son de esencia filosófica, debe reconocerse. La filosofía sabe que se le escapan, pero también se sabe
responsable de ellos porque el abuso que hizo de la razón, por decirlo en términos extremos, dio origen por igual a un racionalismo
de la materia (marxismo) y a un irracionalismo del espíritu ( existencialismo) .
Tal situación no fue, claro, vivida ni presentida siquiera por
Tomás de Aquino. Tampoco se planteó problema alguno con verdadera conciencia histórica, inexistente todavía. Por eso, en lo más
contingente que hay para el pensamiento, como son los problemas
políticos, Santo Tomás escribió para todo tiempo. Tal vemos en
sus comentarios a la Política de Aristóteles y en sus breves escritos
sobre materia política, como De Rege et Regno (intitulado también De R egi,mine Principum o El gobierno de los Príncipes y De
R e Pi.mine Judaeorurn, El gobierno de los judíos) obras en que, a
pesar de ser puramente de ocasión ( el primero solicitado para Hugo II de Lusignan, rey de Chipre y el segundo pedido por la Duquesa de Brabante) sostiene el fundamento jurídico de toda autoridad, por encima de condiciones históricas y, del mismo modo, el
castigo de la usura junto con el respeto absoluto a la libertad de
conciencia, respecto a los judíos y todo hombre, "porque creer es
privileg10 de la voluntad libre y ésta no puede obligarse por la
fuerza".
En rigor de justicia, Santo Tomás no tiene filosofía política. Los
creadores del pensamiento político tomista han sido discípulos y
seguidores. En el siglo de oro español, por ejemplo, un Francisco
de Vitoria, con su obra De la Potestad Civil y sobre todo De Indis, que nos concierne directamente; y el tomista por espíritu de
contradicción, Francisco Suárez, con su obra De Legibus, principalmente. En la actualidad, un Jacques Maritain o un Charles de
Konninck hacen filosofía social y política a la luz del tomismo.
176

Yo creo, sin embargo, que el tomismo mariteniano es un poco
forzado en política al querer reducir a este campo conceptos morales o metafísicos de Santo Tomás sobre Bien Común, Libertad,
Autoridad, etc., etc.; en cambio, sí me parece auténticamente tomista la posición de De K onninck que toma las situaciones sociopolíticas como datos de experiencia contingente y de ahí se eleva
a la metafísica. Así como Santo Tomás habl6 del origen de la
autoridad en ocasión de problemas de un gobernante de su tiempo, el tomista Charles De Konninck aclara ahora que el origen
del problema social contemporáneo no está en las relaciones de la
persona con la sociedad ( círculo vicioso, ya que la sociedad es
personas), sino en las relaciones de persona y sociedad con su sustancian te Bien Común, con Dios, fin último de personas y sociedades. La desgracia de esta tesis metafísica es que algunos la han
convertido en tesis política ( concretamente, en España) .
Mas el problema social o econ6mico-político no se "resuelve"
ideológicamente. La propia ideología marxista, único sistema de
metafísica social ( el ser económico social es la "sustancia primera"
para el marxismo), ha muerto filosóficamente. La dialéctica marxista no tiene ya la fuerza racional de la Idea hegeliana, sino la
mística de la venganza o justicia por mano propia alimentada por
el hambre y sostenida por el mito (ya no idea) de la fatal destrucción de la "sociedad capitalista". De ahí su peligro, nada intelectual.
Mas el que no está liquidado intelectualmente, sino que, de crisis d~ la postguerra en Europa ha pasado a jnquietud universal
de la conciencia, es el existencialismo, preñado también de fuerzas negativas.
Ahora bien, si pocos han sido los filósofos políticos del tomismo,
son numerosos los pensadores católicos que han querido conciliar
la doctrina del ser inteligible de Santo Tomás y el angustiado ser
del existencialismo.
No he de tratar de este último, pues no se puede decir nada con
verdad de lo que "no es objeto de conocimiento,,; sólo se puede
177

�pensar o no pensar existencialmente, ser o no ser 'sujeto de la
.
. . ,,
propia conciencia .
.
Sólo puedo señalar que la condición existencial previa al pensamiento es ésta: no hallar qué hacer con la existencia.
Desesperación angustia fastidio de ser, qué más da lo que
aflore a la conciencia la más tremenda amenaza del fondo de
nuestro ser: la nada. Surgir de la nada ... ser para la muerte; o
ser para la nada; ser nada. Entonces, ¿para qué ser?
adie sabe nada, en firme, de sí mismo. adíe puede dar razón de su existencia. El origen y el fin, en el misterio. La razón
no responde a ¿para qué existimos?
Estamos hartos de razones abstractas y fastidiados de idealismos e ideologías. Hay sed de realidad en la conciencia.
Existencialismo y marxismo ( enemigos "realistas" del idealista Hegel) se ocupan con egoísmo de la "realidad humana", pero
sólo para despojarla de esencia o de ser espiritual y reducirla a
pura "historia".
Necesitamos un pensamiento plenamente realista.
Que se finque en algo más firme que la trama dialéctica de
la historia, y en algo más radical que la última negación de la nada. Que aliente al ser sin negar con razones la nada; que trascienda el tiempo sin prescindir de él.
Tomás de Aquino es, ante todo, un realista que busca realidades trascendentes. Pero estas realidades, que encuentra como teólogo y como hombre religioso ¿ se nos dan también en su "filosofía pura"?
El aquinatense es auténticamente realista, no sólo por u actitud religiosa de creencia en realidades que escapan a la razón
porque la superan, sino que es realista filosóficamente por u aceptación humilde del ser, de la existencia, de la realidad, como algo
que se impone a la razón, prime~amente a _trav~s de_ la experiencia sen ible, y como algo último, fmal, en la mtehgenc1a de lo trascendente. Más aún, si queremos entender a Santo Tomás desde
nuestro tiempo, podremos ver que su pensamiento es el único que
se trasciende realmente a sí mi mo, ya que, negándose al afirmar
178

lo real, se hace otro ( ser existente) sin dejar de ser lo que es ( pena.miento).
Se ha dicho que tal metafísica no es realista, sino más bien es
una filosofia optimista del ser. Es, dicen, una "metafísica de elogios al ser". El ser es bueno, es verdadero, es bello, es todo. Mas
tal crítica es incapaz de entender cómo tales "elogios'' no se dirigen a todo ser sino en reconocimiento al Primer Ser que "vio que
todo lo que había hecho era bueno", a pesar y por encima de
todos los males y miserias que son negaciones de ser.
Tampoco ve esta crítica que el ser y sus trascendentales (la
Verdad, el Bien, la Belleza... ) no se nos presentan a nosotros, dentro del tomismo, sino en su ínfima condición de sustancia finita,
individual, contingente, en sí solamente capaz de un mínimo de
ser, y por ende de un mínimo de verdad, de un mínimo de bien
y de un mínimo de belleza.
No. El realismo de Santo Tomás está indemne al optimismo o
a] pesimismo. Es un sólido y auténtico realismo trascendente.
Lo que se necesita, creo yo, es un radicalmente nuevo enfoque
de la metafísica tomista: un enfoque desde el tiempo, desde la
conciencia, desde la angustia de existir en cuerpo mortal, desde
la inseguridad del instante.
E1 Instante, indicio o patencia de lo intemporal en el tiempo,
creo que podría ser el principio de la aventura metafísica. No me
atrevería a considerar verdadero punto de apoyo a tal comienzo
tan inasible e inestable. Sin embargo, es tan cierto como el presente, tan definitivo como el nacimiento y la muerte, tan trascendente como el último "momento del que depende la eternidad".
¿ Es una filosofía para pensarse o para vivirse?
Es una filosofía para trascenderse a sí misma. Y no sólo hacia
una pura especulación teológica ( pues en este sentido toda filosofía cristiana y no sólo el tomismo, trascienden la "filosofía pura"),
ni tampoco en un mero realismo natural metafísico, sino como la
trascendió en su existencia el propio Santo Tomás, que, para morir -no antes, pues habría sido falso--, quiso destruir su obra,
179

�y en su santidad demostró ésta su verdad existencial:.

"8;~ apren-

dido infinitamente más en Cristo que en todos los libros .
Una filosofía existencial de proyección esencial tomista: Un salto
a lo objetivo. Tal debió dar, como filósofo, Soren Kierkegaard, ~r~ador del existencialismo. Ello hubiera sido la verdadera Y uru~
salvación intelectual, no la que buscó (intelec~almente) en ~-último de sus tres estadios, el religioso. Estos debieron ser: Estetico,
Etico-Filosófico y Religioso. Llegar al último, pero no con la razón sino con la libertad y con la gracia.
La tarea filosófica de la inteligencia termina en lo objetivo,
y... nada más.

FILOSOFIA DE LA COORDINACION

Dr. JosÉ

VASCONCELOS

PREÁMBULO
BIBLIOGRAFIA

B. Aires, 194,2.
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de Sto. Toma.s de Aquino, B.
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MAATIN GRABMANN, La vida espiritual

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Aires,

Historia de la Filoso/fa, tJ. 11 Y III.
A. A., Prlcis d'Histoire de la Philosophie, Bllgica, 1946.

N.

A.8BAONANO

F.

J. TnoNN~,

1945.

EL SILENCIO ES AL SONIDO lo que la luz blanca al color. De la luz
natural salen todos los colores cada vez que opera el sortilegio del
prisma. Del silencio emergen sones cada ocasión en que los seres
o las cosas se mueven y chocan. De la entraña del silencio arrancan gritos de angustia, o acentos de dicha y esperanza, los seres
vivos, siempre que se agitan y actúan.
En vez de la nada del sonido, su negación, el silencio, es la matriz de todos los clamores. Sin silencio no habría notas así como
no habría colores si no existiese la luz. Y así como la luz es armonía y fusión de todos los colores, el silencio es armonía y cohesión de todos los sonidos. Se equivocaron los pitagóricos al afirmar que la música de las esferas suena; la música perfecta es silencio; tal y como el color se disuelve en la armonía que es luz.
La armonía cabal es silencio.
No hay en la suma de los colores o en la síntesis aplacadora de
los sonidos, que es el silencio, ningún resabio de la unificación de
tipo abstracto, de identificación. Las notas, los tonos diversos, lo
sonidos diferenciados no se reducen, corno si fueran casos particulares de un mismo género a una sola esencia que seria el sonido.
Entre sí y dentro de sus conjuntos, las notas y los colores son individuaciones; no es posible traducirlas unas a otras, m s1qwera
181

180

�conc ptualmente; para de arrollo de color o sonido es indispensable que ub ista cada uno la nota y el color, fieles a sí mismos.
Las imágenes rápidas que u a el cinematógrafo on invariables,
de otra manera no engendrarían la traslación que, por continua
y di er a, es creadora de algo que simula vida: el movimiento
gráfico ignificativo nace de una concurrencia de heterogéneos,
no de la suma de sus partes. El orden que sin embargo liga colores y notas es muy distinto de un común denominador cualquiera. Si los colores no se conservasen auténticos, no engendrarían la mara illa de la luz; si las notas no Po eye en estructura vibratoria im ariable, su entrecruzamiento armonioso no engendraría la ventura del silencio. Se trata, pues, de fu ión y unión de
tipo no di cur ivo sino armónico, no analítico, sintético: no aditivo sino heterogéneo y coherente.

LAS FORMAS ESPECmCADAS DEL CONOCER COMO ACCIÓN

Formas elementales y específicas del conocimiento, se nos manilie tan en la actividad de todo lo que nos rodea. Examinemo·
la manera como se desenvuelve el movimiento en los seres vivos.
La primera condición del movimiento creador es el ritmo. En él
hallamo un modo de la acción y también un modo del conocimiento. Analicemos la marcha del hombre: consiste de dos impul iones desemejantes que producen avance corpóreo. Adelánta e el pie izquierdo y le sigue el pie derecho; los dos impulsos
heterogéneos se resuelven en la unidad que llamamos un paso.
os hallamos frente a una contradicción palmaria de la matemática que nos dice que uno y uno son nec ariamente dos; en el paso
humano uno y uno combinado nos dan uno, un paso. Y i observamo un caballo que trota, veremos que la acción acompasada de
cuatro pata engendra un salto; de suerte que el concurso de cuatro elemento dinámicos heterogéneos nos da una unidad que es
el salto. ¿Quién podrá negar, entonces, que cuatro ya no es aquí
igual a cuatro? ¿ Qué haremos ante la e idencia desconcertante

de que cuatro es igual a uno? Lo cierto es que nos hallamos ante
un modo sui gencris de conocimiento.
Po tulemos en consecuencia una ley propia de la constitución
de vivir, el ser, a diferencia de la sola extensión g ométrica; uno
y uno si son difer ntes en calidad como lo izquierdo y lo derecho,
no dan dos, sino una unidad nueva que engloba ambos y genera
acción. no más uno, más uno, más uno, o sean cuatro unos, diferentes en calidad pero concurrentes en un prop6 ito vivo, vuelven a dar uno; pero un uno de género superior, vital, activo.

¿Cuáles son las consecuencias filosóficas de estas verdade evidentes como las de la matemática, sin embargo totalmente diferentes en sus resultados? En eguida veremos que para explicarlas se hace necesario un cambio radical de los métodos usuales
de la filosofía.

LA

COORDINACIÓN

El problema de la unificación de lo heterogéneos lo vengo tratando desde hace año . En mi Estética, publicada por el 1937
apunté la olución que sigue y es la base de lo que hoy Uamo:
Filosofía E tética o Filosofía de la Coordinación. Consiste la so1ución en afirmar que, elementos que no pueden, ni deben reducirse al denominador común que suponen la abstracción y la
lógica, se pueden manejar, sin embargo, ordenadamente, gracias
a las formas que conocemos con los nombres de: ritmo, melodíai
armonía y contrapunto. Postulo, en seguida, que el ejercicio de
tales formas estéticas obedece a un sistema de acción que titulo:
apriori estético, por analogía con el apriori mental clásico. Pero
señalando que el apriori estético nos lleva a un modo de pensar
por concierto o concurrencia de intenciones y significaciones, diferente del método abstracto propio del di cur o.
Por este mismo camino, llegué a la tesis que aparece en mi
L6gi.ca Orgánica,, publicada hace unos catorce años, en la cual
183

182

�afirmo que pensar, para el hombre moderno, ya no es reducir lo
particular a lo general, sino que: pensar es coordinar conjuntos.
n ejemplo ya expuesto en mi Lógica Orgánica, define la po:sición que adoptamos.
Al decir hombre, no consumamos hoy la operación di cur iva
clásica: "hombre, caso particular del género humanidad' ; no
referimos el indi iduo a su género ino que pcnsamo en el hombre como cuerpo vivo racional o n el hombre como miembro de
la sociedad, o en el hombre como er de destino, un alma; o como
el hombre, compuesto biológico, cuyo caracteres nos darán la fíica y la química, etc. En resumen en torno al hombre vamo
deslindando una cric de círculos o zonas de realidad, uj ta cada
una a ley propias: la ley de la física, la ley de la química, de
la lógica, de la moral de la literatura. El pensar, entone , opera ligando zonas de experiencia, conjuntos de conocimi nto: el
de la física, l de la química, etc. Tomado separadamente, cada
uno de ei to conjuntos es homogéneo en cuanto a las ley de u
acción; ob ervado dentro de la totalidad hombre es heterogéneo.
No pueden ser reducido uno a otros, los distintos conjuntos; no
los podemos unir por medio de implificaciones, como la de la
aritmética o la abstracción. Mentalmente, los unificamo , pero
no por relaciones ónticas o lógicas sino por la cone.xión que entre í revelan, de hecho. En efecto, el existir físico no se pued
explicar, sino mediante las leyes de la fí ica y la química; a u vez
la biología obedece a leyes diversa aunque no independientes de
las físico-químicas. En seguida para juzuar al hombre consciente, entran en juego las determinaciones del espíritu tales como
la lógica, la poesía, la religión. Todo esto nos obliga a reconocer
un Todo que no es caos, sino orden estricto, pero no orden lógico
abstracto. ¿ Se trata de un orden de armonía y proporción movido en último extremo por Eros? Probablemente, pero to como meta final. En la realidad que nosotros percibimo, la ley de[
conjunto nace de las relaciones de hecho de los conjunto parciales: la física en sus relaciones con la química y éstas con la biología, etc., etc. La ley de la integración última es la que consuma

la meta de la acción. La unidad de tipo abstracto matemático,
resulta todavía más inepta cuando pasando de lo corpóreo a istimos a las operaciones propias del espíritu; son éstas de tipo compren ivo, int grador, como la actividad que da vida a los conjuntos. El pensamiento de esta suerte se identifica con el funcionamiento de lo heterogéneo . La ínt is filosófico-estética, en
consecuencia, se halla en el polo opuesto de la operación desintegrante, separativa e inerte que es necesario ejecutar para entender por análisis. El pensamiento coordina, emparentando los movimientos, buscando en ello la armonía y la meta de la acción
combinada que crea el conjunto. Y en cada conjunto se revela
un existir renovado, que deja intacta la individualidad de cada
una de las partes y éstas, por concurrencia, engendran todo parciales que las superan y les dan finalidad. En forma simplificada
podemos observar la naturaleza de la coordinación, la coherencia
en el caso del contrapunto musical. Sin despersonalizar las notas
las voces el contrapunto engendra con ellas una composición, un
ignificado, un mensaje rudimentario o alto. La filosofía tiend
a descifrar la compo ición del Universo para expresarla en contrapunto de Sabiduría.
Consideremos el enigma del Todo concebido como un contrapunto de contenido universal. Todo así, no es "la abstracción de
las partes", según la vieja definición. No es tampoco la suma
de las partes. El todo es más que sus partes. Un todo es el conjunto de las partes y el resultado de la interacción de partes que
son cada una, elementos internos activos. Alcanzamos de esta suerte
la percepción directa d~ conjuntos dinámicos, vivos. Un todo
congruente, como los que se dan en la existencia, es un sistema
animado que a.ñade intención y propósito al ser de las partes. Por
su combinación las partes logran lo que no podrían consumar por
i solas. De suerte que en el todo se enriquecen las partes. Asi,
por ejemplo, la sociedad enriquece las potencialidades de su individuos. En cada todo orgánico, las relaciones complejas de las
partes, concurren al propósito que es inherente a cuanto existe.
El hombre es un todo complejo que rebasa el concepto de la uni185

184

�dad abstracta. Secciones enteras de su persona quedan fuera del
discurso. Tampoco lo abarca la sensación; la sensación nos revela
una potencialidad del ser. Sin embargo, el hombre no es dispersión; en su esencia opera un instrumento dedicado específicamente
a la labor de unificación por integración y coordinación; ese instrumento es la conciencia. La conciencia recibe en su seno el
reflejo de las cosas y los seres y s.us relaciones: lo ordena todo según las determinaciones de cada género de existencias y le da
sentido hacia lo absoluto. La conciencia, insertada en el devenir
universal, lo aclara, mediante el conocimiento, lo enriquece y orienta por la intervención de su voluntad. El Universo por su parte
es pluralidad que se unifica en tomo de la conciencia divina, y
en ella encuentra integración y sostén. De esta suerte Dios es la
conciencia del mundo. Pero la conciencia tanto en el hombre como en Dios, es más que discurso y sensación: es coordinación que
mantiene un existir asentado en la armonía e impelido por el
amor.
Reconocemos, en consecuencia, un todo que no es caos, sino
orden estricto, pero no orden lógico abstracto sino orden existencial de armonía y proporción, como el de los colores o los sonidos,
pero inmensamente más vario. Tan completo que sólo podemos
unificarlo por armonía de afinidad en cuanto al fin último. Y no
hay otra manera de concebirlo que por coherencia y coordinación. El centro vivo de todas las coordinaciones es el Creador del
Universo. En él se opera un tipo de unificación que deja intacta.
la individualidad, la personalidad de cada una de las partes del
conjunto, así se trate de un conjunto tan vasto como el propio
Universo.
El hombre es el módulo que recibe en su seno al Cosmos y lo
transfigura en dirección de lo absoluto, al mismo tiempo que en
su conciencia descubre el germen que le dará ciudadanía en el
Universo de lo Invisible. Por su parte, Dios unifica con su persona, su conciencia, el Universo que es su creación.

UNIDAD y VERDAD

El problema de la unidad guarda estrecha relación con el problema de la verdad, pero la verdad supone diversas maneras de
unificación.
Como postulado inicial podemos aceptar la tesis clásica que define la verdad, como acuerdo de pensamiento y realidad, cosa y
concepto, mundo y conciencia. La verdad como correspondencia rigurosa de idea y realidad es una consecuencia de la Teoría
de las Ideas y en seguida del logicismo, el conceptualismo que
acaba por desentenderse de las cosas y de la vida. La teoría platónica de las ideas no suponía identidad entre idea y cosa ni sólo postulaba ideas. Quería que la idea fuese un modelo al cuaT
la realidad aspira sin alcanzarlo. En este sentido el platonismo·
es fecundo: deja de serlo cuando se acepta como Hegel que el
"ser es la idea"; ser es en todo caso una coordinación de elementos que poseen concreción y propósito.
El desarrollo escolástico, fundado en la teoría aristotélica de
forma y materia, condujo a la definición: que la verdad es "adequatio :ei et intellectus"; en realidad esta doctrina sólo puede aplicarse ngurosamente al conocimiento como idea. Sólo puede haber identidad entre mi idea del triángulo y la definición del triángulo; nunca hallaremos identidad entre la idea del triángulo y
los triángulos que pueden manifestarse en la naturaleza. Desde
que nos hallamos en el terreno de los hechos, las verdades abstractas, las verdades de razón se aplican a los hechos, pero sólo relativamente. Recuérdese a Poincaré y su insistencia sobre la imposible identificación de las ecuaciones matemáticas c-on los fenómenos que estudia la ciencia. En ellos siempre hay mucho que
escapa a la matemática. Eso que escapa, la calidad, es lo que intentamos captar en la filosofía de la coordinación. En la doctrina de la correspondencia, la verdad se define como acuerdo de
realidad con idea. Pero queda fuera el capítulo de la interrelación, interacción de los hechos entre sí y de éstos con las ideas
Y las representaciones que ellos mismos engendran. Además, con-

186

187

�tra lo que supone el intelectualismo, entre los hechos hay acciones
-y reacciones. que no dependen de exigencias conceptuales, por ejemplo: cualquier fenómeno físico; al revés de los conceptos que sólo
.admiten relaciones lógicas. Aparecen así dos mundos diferenciados por las leyes de su existencia y desarrollo. El mundo conceptual se desenvuelve dialécticamente. El mundo de los hechos se
desarrolla genéticamente (conforme la razón suficiente de Leibnitz) o según la casualidad, o la finalidad. Estos dos desarrollos
han dado origen a las dos lógicas hasta hoy deslindadas: la deductiva y la inductiva. Y nosotros, en nuestra doctrina de la coordinación buscamos las leyes de un tercer desarrollo, o sea, el que
,combina los heterogéneos sin sumarlos o reducirlos a denominador
común, sin simplicarlos en busca de unidades abstractas que no
corresponden a lo que realmente existe o sucede. Sin encerrarnos
en la simple observación de lo que ocurre de facto, pretendemos
nosotros consumar una síntesis de heterogéneos dentro de la cual
hallen cabida: la verdad dialéctica, la verdad experimental y un
nuevo tipo de síntesis, el propio de la conciencia que pone en ejercicio la plenitud de sus facultades. Esta operación conscienteJ
llámese intuición o como se quiera, sirve para que nos demos
cuenta del movimiento creador que opera en cada punto del Universo. Esta operación coordinadora obedece a lo que llamamos
un orden estético. En él se integra la pluralidad a fin de que podamos pensarla, sin falsificarla en abstracciones, sino tal cual es:
diversa, activa y coordinada. No hay otra manera de entender
1a realidad. No es legítimo identificar idea con realidad. Las cosas no nos llegan a la conciencia del mismo modo que las ideas,
ni con parecida certeza. Las conocemos por experiencia, que se
nos manifiesta como representación siempre variable, por estar
'Subordinada a los cambios de sensación y memoria, sin embargo,
sujetas a leyes. Las leyes propias de las cosas, ya sean causales,
ya estadísticas, no son nece arias como lo son las de los conceptos,
lo que prueba que en el Universo no hay necesidad sino divina y
-creadora espontaneidad, al revés de la verdad formal que acaba
188

identificando el hecho con la abstracción, reemplazando así la' realidad viva, con el mundo inerte de los entes. Mirase entonces patente el error de explicar la realidad por caminos unilaterales, ya
sea el del discurso, ya sea el de la sensación. Ni siquiera coinciden
ambos entre sí, aparte de que no abarcan todo lo que llega a la
conciencia. El todo complejo que es el hombre, no encuentra su
unidad ni por medio de la mente lógica y su principio de identidad, ni por la vía de la sensación y su provisionalidad. El hombre deriva unidad y certeza de su conciencia que es la madre del
conocer y también inserción de lo fijo de los principios, los aprioris en la corriente misteriosa del devenir.
Consecuencia de lo dicho hasta ahora y lo que vendrá después
es que po tulamos una filosofía sin entes propiamente sin metafí ica. No reconocemos encima ni abajo porque todo es divino en
su origen y proporcionado conforme a su situación, dentro de una
existencia que abarca todos los lugares en la infinidad del tiempo.
Filosofía de hechos pensado~, según la manera en que los hechos
aparecen, se desarrollan y cumplen. Lograremos así una filosoüa del vivir real y concreto, sin .conceptualismos deformadores.
Constantemente, filosofía ha estado equivaliendo a destrucción y
exclusión; se u prime al individuo, para pensar en el universal:
se maneja el concepto y se deja la realidad "entre paréntesis".
uestra filosofía u a el universal para mejor determinar al individuo, lo aprovecha como instrumento estructural, indispensable para plasmar como ser de existencia, pero en vez de darle la espalda
a la realidad entra en ella confiada en que ha de hallarle significación y armonía.
La verdad es como el diamante : sus caras dirigidas a planos
distintos recogen la claridad de todos los rumbos, para lograr brillo y firmeza. Lo que ólo en un plano se desenvuelve es pobre y
por fortuna falso.
La causa de la estrechez de ciertas filosofías contemporáneas
procede de la limitación que impuso Descartes a la noción del ser.
Aun de de el punto de vista de la visión, la conciencia es poliédrica. Po tuló Descartes pensamiento y extensión y nada más, con
189

�lo que divorció la filosofía de la vida que es lo ~ o que divorciarla del ser. El poeta percibe la unidad de las cien facetas del
diamante y lo infinito de los factores que en el Universo concurren a la armonía. Y la armonía es la estructura del todo de la
existencia. El filósofo poeta ordena la pluralidad sin menoscabo
de sus partes, siguiéndolas en su funcionamiento. significativ~ ,Y
creador. De allí que el verdadero poeta atine meJor que el filosofo idealista en la tarea de lograr una concepción coherente de
la vida. Y sólo es filósofo en grande quien alcanza una visión
universal de tipo poético cuya norma no es el discurso. sino el
orden creador que se desenvuelve según las formas del ntmo, la
melodía y la armonía.

EL PROCESO DE LA COORDINACIÓN

La doctrina de la coordinación encuentra sus orígenes más remotos en el hecho de que la conciencia en su despertar no atiende a una sola cosa, ni siquiera a varias c?sa,; aisladas Y ~articularizadas , sino a todas las cosas, sus relaciones, sus conex10nes.. El
primer esfuerzo mental es el de com~aración ent~e el yo que_ p1e~sa y los objetos externos que son diferentes a el. ~a conc1enc1a
los reconoce como diferentes, pero nunca como aJenos a nuestro yo; la convicción de que podemos actuar sobre las cosa~, aprovecharlas, clirigirnos a ellas o defendernos de ellas y eludirlas es
tan elemental en el pensar, como la visión misma y la representación que nos particulariza cada objeto. Todo_ conocimiento. v_a
acompañado de un significado atribuído al obJeto, ya ~e. ~hrudad ya de repulsión y diferencia. El próximo saldo del JUICIO es
el que reconoce la interacción de las cosas entre sí, ya no con relación directa a nuestra persona. De esta suerte, en todo pensar
aparte del elemento del "cognoscere" primitivo que _viene de a~~rrar, apoderarse de algo, aparece también un sentido de pos1b1lidad en cuanto al uso o la relación que podemos establecer con
lo percibido. Aparece también la noci6n de las relaciones entre
190

las cosas mismas. En cada caso, pensamos, siempre dentro de un
sistema. Averiguar el engrane y el operar del sistema es tan necesario como deslindar sus elementos. Conocemos por síntesis antes que por análisis. La operación de la síntesis consiste en una
coordinación, para tal o cual fin, de los datos captados por la conciencia. El análisis que descompone esos datos es fecundo cuando
sirve para formular mejor la síntesis. Un pensamiento que se conforma con el análisis, no es un pensamiento filosófico. La síntesis
es la operación capital del filósofo. El desarrollo de la síntesis
aprovecha los principios de la razón. El principio de identidad,
trasunto de la permanencia de nuestro yo consciente, nos lleva
a distinguir las cosas para referirlas en seguida al yo permanente
que se supone idéntico a sí mismo. Pero como todo lo que existe
cambia, incluso nuestra propia individualidad, la filosofía eleática
no es otra cosa que un escape hacia la ficción de la identidad. Y
para conquistar certeza1 la identidad tiene que refugiarse en la
simpleza del A es A y no B, principio que es válido sólo para las
creaciones mentales que son las ideas, nunca para las cosas y los
seres que poseen existencia real. La identificación que postula la
mente lógica no corresponde rigurosamente a la realidad, porque
no hay en la naturaleza dos seres, dos estructuras, dos organismos
exactamente iguales. La identidad es una ficción necesaria al intelecto, contraria a la naturaleza y también al espíritu que por
doquiera plasma según la heterogeneidad. Y si no hay identidad
rigurosa entre los objetos concretos, menos aún, la hallamos en
los sujetos del pensamiento. La identidad en cada sujeto, sirve
para sostenerlo en la afirmación de su unicidad, singularidad: soy
yo diferente a todo lo demás de la existencia y no hay otro igual
a mí exactamente; y no pueden consumarse en mí sino identidades de concepto. El único que soy, es e1 testimonio de la infinita
variedad, de seres análogos, que ni quieren ni pueden resolverse
en abstracciones como las esencias, o los entes de los metafísicos.
Fuera del conceptualismo, el principio de identidad tiene que
transformarse en experiencia del yo frente al tú, del yo frente a
la pluralidad.
191
Hl3

�SUMAR ES IDENTIFICAR, PERO NO ES UNIFICAR

El concepto define la cosa, le otorga figura asequible al espíritu, pero el mal está en que pronto se olvida el residuo de significado que no marca el concepto. Este mal de origen viene de
la tendencia matemática de reducir las cosas a común denominador. Esta operación sirve para sumarlas; a la filosofía no le importan las sumas; quiere enterarse del mundo como es, en su constitución íntima, sus leyes, su orden peculiar, su armonía y su afán
que se expresa en odio y amor. Las sumas nos dan identidades
que ya sólo interesan dentro de la cantidad. En su operación final de las ecuaciones, la matemática, según lo ha demostrado ampliamente Brunswick, no hace otra cosa que formular identidades. El tipo de unidad que la filosofía debe alcanzar es muy distinto y se parece más que a la matemática, a las unidades de sentido que da el lenguaje; a las unidades como armonía que engendran los sonidos en la música y los colores en la luz.
Los conceptos se unifican por abstracción que elige ciertos caracteres para construir un género y elimina otros que a menudo son
esenciales. Los individuos, los seres, se unifican por vía de relación
congruente, puesto que no es legítimo prescindir de uno solo de
ellos. Para el pensar estético, cada cosa y aún cada propiedad
de las cosas ha de mantenerse individualizada y única. De otra
manera el conjunto a que cada cosa pertenece no podrá funcionar según capacidades y jerarquías. Se trata de un frmcionamiento que no es posible expresar con ecuaciones. Para la filosofía de
la coordinación, la identidad de cada ser y cada cosa es única e
indisoluble. Con respecto de todo lo que existe, igual a sí mismo
diferente cada uno de los demás. Se advierte, en seguida, la diferencia radical que separa este tipo de identidad: persona, una
en lo vario, y la identidad abstracta que suprime lo vario y su
derecho a persistir ante la conciencia. La abstracción iguala los
unos que son por esencia inigualables. El principio de identidad
afirma que A es igual a A. Esto es un postulado aplicable sólo a
las abstracciones. En el mundo real, cada A es A y no es idéntica
192

a ninguna otra A, menos a una B cualquiera. Cada ser es único
en su contextura, en su función y en su destino. Y, sin embargo,
podemos pensar juntos, sin esfuerzo alguno, a todos los seres; los
pensamos siguiendo con la imaginación el ejercicio regulado y
ordenado de sus concreciones y sus interpendencias. El secreto de
este pensar se manifiesta en la experiencia ordinaria y en la experiencia científica. Para organizar la experiencia, hemos menester
de las formas mentales, las categorías, pero como instrumentos,
de conformación y de medida. Se sale de la experiencia y se cae
en el error conceptualista, cuando convertimos formas, conceptos,
categorías, en fetiches o ídolos del conocer; entes falsos, porque la
creación, consiste de una variedad de criaturas ligadas por sus actividades y sus propósitos. De esta suerte el principio de identidad, caracteriza a la criatura, pero sólo la afinidad y la armonía
nos permiten concebirlas a todas en la realidad de su vivir. Y en
él cada cosa es lo que es y no lo contrario. Al revés del que diga
que todo es uno y lo mismo.
Tomemos un ejemplo: 2 más 2 igual a 4; esto es cierto sólo
cuando sumamos los entes que son cada número. En el momento
en que manejamos cosas, la situación cambia radicalmente. Aparte de la identificación que supone el decir: dos manzanas y dos
manzanas son cuatro manzanas, sabemos que la chispa y la pólvora pueden sumarse diciendo que son dos cosas. Pero en seguida
advertimos la futilidad de reducir chispa y pólvora al género cosas. Nos consta que el efecto de combinar chispa y pólvora es la
explosión. Ni el proceso ni el resultado tienen que ver con la suma. Elementos heterogéneos, dispares, al reunirse, producen efectos inesperados que podrán ser objeto de medidas expresadas en
fórrnulas, pero que no deben su origen a la combinación formal,
matemática, sino a las cualidades heterogéneas, de la pólvora y
la chispa, o del rojo con amarillo, que producen efecto agradable.
Tampoco se puede sumar rojo con amarillo; para expresar la
liga abstracta y numérica de los dos heterogéneos rojo y amarillo, decimos que son dos colores; pero el artista no se conforma
con la obvia definición genérica; ya se sabe que son colores; lo
193

�que le preocupa es la cualidad que hace fecunda la ~o~binación
de los colores. Reducir uno al otro, según el procedrrmento abstracto, es imposible sin prescindir de las cualidades de ambos:
combinándolos de hecho se nos da la novedad de que engendran
el naranjado, etc. Exponer los colores, oponerlos,
lograr efe~tos de armonía, es la tarea propia del artista. LeJOS de reduc~r
un elemento a otro, el artista se apega a sus diferen~ias; el roJO
ha de seguir rojo y el amarino, amarillo. Pensamos as1, el mundo
enriquecido de la realidad y dejamos de lado el mundo empobrecedor de la abstracción.

Pª:ª

FILOSOflA COMO SIMPLlFICACIÓN Y FILOSOFÍA
COMO ARQUITECTURA

La filosofía comienza con un esfuerzo de reducción de la pluralidad a la unidad. Encontrar un elemento al cual pudiesen s~r
asimilados todos los cuerpos, todas las apariencias, fue la ambición de los primitivos filósofos. Tales creyó haber resuelto el. pr~blema cuando afirmó su tesis de los cuatro elementos constitutlvos de la creación que creyó poder reducir a uno solo afirmando:
"todo es tierra". Después de Tales, Anaxímenes modifica la ~lución cuando afirma que "todo es aire", y más tarde Heráclito
asentaba: "todo es fuego". Y si de los físicos pasamos a los ~leatas,
veremos que la tendencia es la misma : encontrar una ~dad a
la cual pueda referirse todo lo existente, ~odo lo c~mb1ante. Al
advertir que los hechos cambian pero la idea subsiste, surge ~l
idealismo que no es otra cosa que el mismo esfuerzo de reducir
lo plural a lo uno; en este caso, la idea _representa un uno d~ apariencia inmutable. En este uno, la idea inmutable, se fundara todo
el idealismo sin advertir el mal de origen que consiste en reem'
.
plazar las cosas reales o seres vivos con un ~te que n~ ,nene otra
virtud que su ficticia inmutabilidad. La idea del tnangulo no
cambia, pero un Universo compuesto de triángulos abstractos, de
ideas inmutables, es un Universo falso que sin embargo es capaz

de un desarrollo natural, desarrollo científico que es el de las
conexiones lógicas entre los conceptos. A base de conceptos fijos
y de relaciones lógicas se ha construído una filosofía ya milenaria, sumamente ingeniosa y que divierte a determinados espíritus
teóricos, pero que no corresponde ni a la realidad del Universo
externo ni al misterio de la conciencia humana y sus destinos. El
descubrimiento pitagórico del número como esencia de los seres
y su consecuencia obligada de que las relaciones numéricas, la
matemática, explicarían el proceso del mundo real, debe ser visto como otro ensayo fallido. Desde hace tiempo sostenemos que
la fecundidad del descubrimiento pitagórico no está en el número
que se desenvuelve según sumas y restas infecundas, en ecuaciones obvias, sino en haber hallado que todos los movimientos de la
creación obedecen a un ritmo cuyas leyes no son matemáticas,
aunque a veces sean susceptibles de determinación matemática.
A través de la historia de la filosofía ha subsistido la división entre realidad plural por un lado y por el otro nuestra mente, cuyas
normas no son adaptables rigurosamente al Universo externo. Propiamente ni siquiera nuestra conciencia puede ser subordinada a
las leyes de la lógica o a las leyes del cálculo matemático. Y es
porque en la creación se nos manifiestan series de procesos. Cada uno de estos procesos obedece a ley propia, y el afán de unificar en el sentido de reducir un proceso al otro, de identificar un
elemento con otro elemento, ha sido siempre y seguirá siendo un
afán bastardo. La filosofía no busca unificar lo heterogéneo, no
es una aritmética que para sumar precisa reducir las cantidades
a un común denominador. La filosofía es un ejercicio que comprende algo más que la cantidad. Sólo la cantidad es reductible
a términos matemáticos v a términos lógicos, no así la calidad. Y
tanto el mundo exterior, como la conciencia del hombre, están
hechos con elementos y variantes de cualidad.
El error fundamental de los filósofos ha sido en consecuencia
desentenderse de la calidad que no se somete a sus esquemas o
reducir la calidad a cantidad para damos sistemas de pensamiento en los que la realidad, la vida misma parecen sacrificadas, subor195

194

�dinadas a esquemas de cantidad y de lógica. De ahí la insuficiencia de la filosofía a través de su historia, porque la conciencia
del hombre no se resignará nunca a prescindir de la cualidad.
En la cualidad encontramos no sólo la esencia de cada existencia,
sino la ley de su determinación y de su desarrollo. De aquí también la antítesis que ha perdurado entre el temperamento del filósofo, por regla general del teórico, que se satisface con abstracciones, y el temperamento del artista que exige comprender sin
destruir, comprender en su integridad un Universo que posee más
contenido que el que cabe dentro de los casilleros de los filósofos.
Hay en la filosofía figuras excelsas como la de Platón, que reconocían la necesidad de una filosofía de cualidades, una filosofía
de concierto y no de exclusiones. Por desgracia lo único que de
su obra pudieron entender la mayor parte de sus continuadores,
fue la teoría de las ideas; teoría que en Platón no pasa de ser una
hipótesis agradable, nunca una explicación de conjunto.
Pero hay además en la filosofía una figura poco recordada y
que hoy se nos aparece como precursor y maestro de esta filosofía
que llamamos "de la coordinación". Se trata del único filósofo
antiguo que se rehusó a explicar el mundo convirtiendo lo blanco
en negro y viceversa, sino que procuró hallar el elemento superior, una ley o un orden, dentro del cual se expliquen lo blanco
y lo negro, sin dejar de ser negro y blanco. En suma, abordó la
pluralidad sin reducirla a falsas unidades sino en su directo y vivo
esplendor. No pretendió reducir el color al sonido ni lo humano
a lo sub-humano o lo divino, sino encontrar la conexión no sólo
inteligible sino sensible y estética que otorga su sitio y aprovecha
para las finalidades superiores de la existencia cada una de las
criaturas del Universo.
El antecesor a que nos referíamos, antecesor de esta "filosofía
de la coordinación", es nada menos que Empédocles.

196

EMPÉDOCLES .

El gran predecesor de los que hoy postulamos la filosofía como
coor&lt;linación, es Empédocles. El habló, el primero, de que, es la
combinación de los elementos el secreto del ser. Dijo también
Empédocles: "no intentes reducir la calidad". Una filosofía de
calidades es la nuestra, en oposición a las filosofías abstractas que,
para generalizar, prescinden de las calidades y los caracteres que
singularizan los seres.
La matemática no discurre si previamente no reducen las cosas, los predicados, a un común denominador. Pero la filosofía,
integración cabal en cantidad y calidad, personalidad y destino,
tiene que concebir los seres en su integridad; para ello se atiene
a las relaciones de la armonía o la desarmonía. A la filosofía no
le importan las sumas, quiere enterarse del mundo tal cual es en
su integración cabal, de estructura y sustancia, en su realidad de
seres que poseen caracteres irreductibles a otros. No hay entre
estos seres común denominador posible, como no sea el de la existencia.
La idea de fijeza implícita en el uno abstracto, sedujo a las
mentes más preclaras, que imaginaron haber resuelto el jeroglífico filosófico, sin advertir que al desarrollar ideas fijas, sólo ideas,
al hacer platonismo incompleto, condenaban a la filosofía al divorcio de realidad y concepto: vida y ficción.
Desde entonces, la filosofía será juego de conceptos, desligados
de los seres; fantasmagoría de entes sin posesión del ser; pesadilla
de estructuras que flotan en el vacío y son declaradas eternas, pero
a cambio de quitarles lo que es esencial en el ser: la potencia que
lo hace cambiante, progresivo, real, jocundo y fecundo. Frente a
esta inexplicable falsificación, el artista se ha quedado perplejo
Y su obra ha sido tanto más fecunda cuanto más se ha apartado
de una filosofía que como tal filosofía es falsa.
La v~rdad, entonces, es armonía de pensamiento y realidad. Tengo sobre la mesa dos peras y dos manzanas, y pretendo informar de
ello en lenguaje genérico: diré entonces que están allí cuatro obje197

�tos, cuatro fruta . En este momento dejo de ser filó ofo, si por filosofía e entiende sabiduría de conjunto específico, conocimiento
de la multitud de las coas conforme al orden que las hace existir.
Al decir cuatro cosas, confieso el fraca o de la razón, el fraca o de
la abstracción. o quiero hablar de cuatro coas; mi erdadero
deseo traducir al lenguaje la placentera realidad de las do manzanas de tamaño de igual, de color peculiar, la dos peras de lustro a corteza apetecible. Tanta preciosas particularidades que se
contienen en cada cosa tengo que sacrificarla para decir: "cuatro objeto ' . Si e to es hablar filo óficamente, hay que renunciar
a la filo ofía y in embargo, esta ha ido la filo ofía : un i tema
de qucmatizaciones, fal ificaciones de la realidad. Sostengo que
el modo de expre ión del artista, que pinta las manzana , según el
consejo de Empédocles " in sacrificar la cualidad' reproduciendo en imágenes la cualidad, es más filo ófico que el del intelectuali ta que lo reduce todo a entes y número . El lenguaje de imágenes
e sobrepone cuando interviene el artista al lenguaje de las ideas
abstractas y con ello la expresión se perfecciona e complementa.
Afirmo que el filó ofo ha de ser el intérprete de todas las expreione , la conceptual, la pictórica, la mu ical, la expresión entimental, deri ada de las conexiones de la cosa o el er con nuestra
vida. Para lograr esta suprema síntesis no basta la razón; hacen
falta los aparato vario de que dispone la conciencia para conocer: aparato que quizá se reducen a las tres categorías: a priori
mental racional, apriori ético constituído por juicios de valor,
apnon tético que responde a las forma estética esp cíficas:
ritmo melodía, contrapunto. El contrapunto, ya lo hemo dicho,
el silogismo de la estética pero no equivale al silogismo, no puede ser reducido a ilogismo , pues es como la realidad, armonización de lo diverso.
Para que tornen a colaborar filó ofos y poeta , e men ter recordar que, en definitiva, la función del pensamiento es ordenar;
pero no sólo se ordena por géneros y especies, lo que da "un ordenarwento conceptual" ; e piensa ordenando conforme las afini198

dades y relaciones que las co as mi mas y los sere manifiestan egún su constitución interna y us relaciones recíprocas.
De donde resulta que ta filo ofía estética que postulo, lejo
de ser confusa, aclara la confusión. Expr a la co a n sí el elei:nento irreductible a razón. El irracional que otro filós~fo deJ~n umer~~do en tiniebla, no otros lo dcslindamo egún categorias espec1f1cas, la categorías de la estética. El orden de la belleza se construye en nuestro istema serrún el ritmo la melodía.
~a a~moní_a y u finalidad. La finalidad se revela juzgando con la
mtehgenc1a y con la ética y la estética. e alcanza a í la finalidad
absoluta que
Ero , divino amor que se organiza en formas de
armonía dicho a y eterna.

F

CTOR DE

CooRDINACIÓN

¿ Cuál es el tipo de unidad que alcanza nuestra filo ofía? Una
~idad no m~temática, una unidad compleja pero activa y organizada, la urudad qu da a nu tro vivir la conciencia. La unidad
que se encuentra en la acción en vez de la unidad de lo inerte.
Hay en la conciencia una raíz de ord n obrenatural. En ella lo
natural es participación, no es origen. La conciencia e un comp_uesto trino y uno de pa ado, presente y futuro; memoria aten~ón Y previsión; al mismo tiempo, quietud y movimiento'; a un
tiempo, noción de cambio y certidumbre de fijeza. E te contrae?tido original es la causa de todas las perplejidades del pcnsa~ento y to~as ellas e aclaran según la coordinación, que no permite. concebir pasado, presente y futuro en unidad de conciencia.
La Vlda es acción pero en las tres etapa del verbo, pretérito pre~nte Y futuro; un caso más de las determinacion s trinitarias que
ngen a todo lo creado.
La Trinidad
el primer sistema impar y conforme a él se
construye. todo lo que tiene existencia. Por o la verdad, toda verdad es trma no una; por eso también la verdad es coordinación
no identificación ni abstracción.
'
199

�Si reducirnos la cambiante fijeza de la conciencia a su elemento fijo, haremos idealismo y llegaremos a la absurda conclusión
hegeliana de que "el ser es la idea"; si nos quedamos con el cambio, caeremos en el escepticismo de Heráclito que declara imposible la verdad. Pero si hacemos filosofía de la coordinación que
respeta cada factor y le busca el proceso concurrente, advertiremos que el cambio tiene su estructura y su ley. Lo mismo en los
cambios físicos que en el psicológico fluír de la existencia, los momentos del cambio canalizan según normas eternas ya de razón,
o de experiencia moral o de belleza. El ser se manifiesta en la
combinación, la armonización de elementos dispares. El ser se
desenvuelve alternando irreductibles como: el cambio y la fijeza,
la idea y el movimjento; la imagen y su armonía. Las imágenes
expresan la realidad mejor que las ideas. Las ideas mantienen entre sí la conexión que les da la lógica; las imágenes para hacer
sentido deben acomodar el Universo al orden de la conciencia.
No se rigen las imágenes por las asociaciones mentales que imaginaba Hume, sino por imitación y paralelismo de la acción de
. los cuerpos que simbolizan; las imágenes que responden a los cuerpos físicos, se gobiernan mejor por las leyes de la física que por
la asociación de las imágenes en la memoria. La vida y sus estampas mentales obedecen en definitiva a las leyes de la biología y así
sucesivamente, el Universo es un sistema de zonas diferentes que
actúan una sobre otra y sin reducirse una a la otra. El conjunto
actúa según armonia y proporción orientadas a un fin. La realización del fin último requiere que cada quien ejercite su función
propia, cumpliendo así su destino. El Cosmos no está presidido
por el Uno abstracto de Parménides. Lo rige la persona Divina
que en la plenitud de su existencia se nos revela según la Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo; el Creador, el Redentor y
el Verbo perenne que es sostén de los mundos. 1
El Personalismo.
Un gran refuerzo para mis propias reflexiones, vine a encontrarlo en los últimosaños en la filosofía norteamericana llamada del Personalismo. Las conclusiones de esta escuela son de hecho las mismas que nosotros alcanzamos por caminos independientes. Tanto el personalismo como nuestra propia filosoüa estética, son doctrinas.
' NOTA.

200

EL RITMO TRINO, CONDICIÓN DEL SER

Parti~do de doctrinas como las del cuanta de los físicos, he
?retendi~~ generalizar, afirmando que toda creación supone la
m~ervenc1on, de cuerpos y elementos heterogéneos, impares, disímiles. El numero y la proporción de los elementos que integran
la luz no es homogéneo, es irregular, impar, como el puñado del
sembrador o el '~o~tón de monedas,, que el pródigo regala sin
contar.. Con esto últuno basta para nuestra tesis estética; no es:
necesano ~esarrollar fórmulas matemáticas que, por otra parte,
no hacen smo expresar en el lenguaje del cálculo el hecho de la
heter~~eneidad de los componentes de todo acto c~eador. La antigua f~s1ca_ del p~ralelismo y equivalencia de fuerza y materia, en
co1?bmac10nes ,Sln fin, como origen de lo que existe, supone una
calidad ho_mogenea en la fuer.za y la materia, y se presta a desarroll?s cartes1a_nos de pura extensión. En cambio, hoy sabemos que
m la matena homogénea ni la fuerza como género se encuentran
en la realidad. Propiamente no hay fuerza y materia como elementos separados. Lo único que existe es una familia de seres hech~s de átomos, células, organismos, conciencias. Desde su origen
el atomo es una estructura -protones y electrones en acción recíproca, específica-, cuerpo heterogéneo, como el nuestro dentro
del cua~ opera un principio de alma que llamamos electricidad &lt;&gt;
magnetismo Y_ que es invisible al sentido, sin embargo, indispensab~e para_ exphc,ar el fenómeno. No existen, pues, cuerpos sólidos,.
ru espacios vac1os; todo pasa en el continuo espacio tiempo que·
no ~udo sospechar Kant. Desde el comienzo, la existencia es una.
acción, ~e factores en perpetua interacción dispar. Lo abstracto y
lo genenco care~en d~'~istencia real y no pasan de ser, para muchos, una especie de idola menti''. Comienza la tarea construcque toman en cuenta el desarrollo de las teorias científicas experimental
.
podrd_los pensadores científicos como Whitehead y los intérpretes de laesf.'1S1?canentado9'
E
. . como punto de partida 1
nueva &gt;
li lllgton , .Halda ne, e t c., y toman d o a Le1brutz
~uóperan el determinismo positivista y alcanzan verdades qu:s

C:\t~q~

gi

n.

Je::~:
201.

�tora, en el átomo moderno, comparable a la mónada ~e Leibnitz,
estructura dotada de interna actividad de desarrollo, clif erente del
todo del átomo homogéneo de Demócrito.
.
y según lo tengo expuesto en mi Lógica Orgáni~a, si de la física
pasamos a la química, nos encontramos con ~ sIS~ema co~sn:uctivo natural, perfectamente análogo a las combmaciones atorrucas
hechas de protón, electrón y ión. Los componentes de todas las
~ustancias son impares, heterogéneos, de otro modo no hay cre~ción; ejemplo, H 20, el agua, ChNa la sal, cte., et~. En cambio
H2
H2 produce suma que es aumento de cantidad, no crea-

+

ción de un cuerpo nuevo.
.
En vez de la antigua catálisis que era una palabra para designar un enigma, el químico de hoy estudia h acción de element~s
eléctricos llamados iones que son factor o resultado de la _com.~1nación pero que no aparecen si los elementos de la combmac10n
dejan de ser impares y heterogéneos.
.
También en físico-química, adoptamos, desde hace t1e1:°?º' el
principio revolucionario que reforma la química de Lavo1S1er: ~a
segunda ley de la termodinámica. La segunda ley ~e la termodmamica nos enseña que la energía ni es homogénea ru se conse_r~a_- La
energía cambia de calidad por el fenómeno de la ~r,ev~rs1bilidad
. 0 también, en vez de conservarse 1dent1ca
y por eso nusm
.
. se de.
grada, al pasar de la creación al reposo, del trab~Jo a la merc1a.
Los seres de la física entonces se nos presentan unpares, heterogéneos en su composición y sujetos a la calidad en su desarrollo.
Un paso adelante y tenemos la operación de la célula viva. D~ ~lla
están hecho3 todos los seres vivos. Y a desde nuestra Me,taf1S1c~,
publicada en 1929, señalamos el carácter_ s~gular de ~a _celula viva y la contradicción que hace del d_eter~urusmo ~atenahsta, puesto que lo viola al ejecutar actos fmahstas. Recientemente Euge. D Ors en s~ libro: Secreto- de la Filosofía, señala el caso de la
mo
'
. D
. (
d
teoría de la evolución como uno en que ru ar~n Y po emos
añadir, ni Spencer), se dieron cuenta de que mmaban, ~chaban
abajo el determinismo mecanicista en que, ~an~o Darwm como
Spencer, siguieron creyendo pese a su evoluc1omsmo. Los evolu202

cionistas Darwin, Goethc, dice Eugenio D'Ors "introdujeron en
las ciencias naturales un estilo de música, en otro términos un
estilo de historia y arrebataron la condición de estabilidad a nuestra visión del mundo, atacando por su base la validez del principio de contradicción. ¿ Cómo se pudo compaginar la evolución
con el mecanicismo, teóricamente dominante entonces?, constituye una de esas anomalías en que vemos caer a veces el espíritu
colectivo. Darwin no se dio cuenta de que rompía la rígida racionalidad en la explicación mecánica del Univer o. Pero antes que él
Leibnitz sí comprendió que su racionalismo no encajaba en el dinamismo de su monadología, por eso descubrió el cálculo diferencial que hace que la distinción del número 2 y el número 3 sea
presentada como una distinción entre el negro y el gris porque la
ha e de tal concepción se halla en la continuidad. Tenemos en
Leibnitz todo un capítulo de saber emancipado de las leyes lógicas
que gobiernan toda la ciencia". Se nos muestra Eugenio D'Ors
en esta obra suya, que es el mejor libro de filosofía publicado en
España en más de un siglo como un pensador emparentado con
el personalismo, según tiene que hacerlo a la fecha quien no hace
lo que Husserl: taparse los ojos para no mirar lo concreto y los
oídos para mantenerse sordo al rumor del Cosmos que es canto
de vida. Por eso después no encuentra entre sus entes un sitio para
el ser que posee acción y pasión.
Desde que en el seno de lo biológico aparece el organismo, hallamos en éste la oposición creadora propia de ciertos heterogéneos_
No es fecunda la acción del ser vivo sin el ritmo concurrente de la
izquierda y la derecha. Sin el mecanismo heterogéneo, pero concurrente del lado izquierdo y el lado derecho, el hombre sería un
robot. Sin la acción dispar de macho y hembra la cadena de la
vida se rompería. En la vida opera el principio de la trinidad
igual que en la química. La condición de la heterogeneidad concurrente la encontramos en el Universo, desde la lucha y concierto
del protón y el electrón en el átomo y pasando por la célula viva,
hasta la Teología que enseña ser Dios, Trino y Uno, y no sólo uno
o sólo tres. Y nos sorprende el hallazgo de que la Trinidad, que
203

�es misterio de la fe y contrasentido lógico, resulta necesaria para
1a lógica de la coordinación que no maneja unidades de tipo -~atemático, sino factores, de calidad irreductible. En lo matematJ.co
·se es uno o se es tres, pero el método de la coordinación nos en·seña que el ser no existe ni en el uno ni en el tres, sino en la combinación de ambos, desde los hijos de la biología que proceden de
la disparidad hembra y macho, hasta la naturaleza divina. Toda
Tealidad se nos revela entonces construída según factores heterogéneos que para existir han tenido que consumar combinaciones
de carácter impar.
Y la última verdad, milagro de los milagros, es que, dado el
,orden genético y no dialéctico de toda existencia, Dios es la ,Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Quedando resuelto as1, de
golpe, un problema que es insoluble para el racionalismo dial~ctico. La razón racional no me permite concebir lo uno como trmo
y viceversa; pero la razón como coordinación encuentr_a obvio
,que toda unidad viva sea un resultado de la concurrencia de lo
&lt;lispar, según armonía que se va resolviend-0 en amor.

'204

LA OBJETIVIDAD INTRAVITAL DE LOS VALORES

Dr. Lms

RECASÉNS

SrcHEs

Universidad Nacional Aut6noma de Mlxico

LA FILOSOFÍA FENOMENOLÓGICA de los valores de Max Scheler y
Nicolai Hartmann tuvo razón en las críticas que dirigió contra el
subjetivismo axiológico, al poner en evidencia que los valores -sobre todo los de rango superior- no constituyen ni una expresión
de lo que es agradable a un sujeto, ni tampoco la proyección de
lo que un sujeto desea.
Ahora bien, si la objetividad de los valores significa que éstos
no son meramente subjetivos, es decir, si significa tan sólo que no
consisten en el resultado de mecanismos psíquicos, entonces, debemos declararnos en favor de la objetividad en el dicho sentido.
Pero sucede que Scheler y Hartmann tendieron a sostener una especie de objetividad ideal abstracta de los valores, tendieron a
desarrollar lo que un famoso filósofo de nuestro tiempo (Heidegger) llamó, graciosa e irónicamente, una "astronomía de los valores". Esta concepción tiene el peligro de llevar a una especie de
"utopía y ucronía" de los valores. Yo no me digo que Scheler y
Hartmann cayeran en tal "utopía y ucronía'\ pues por el contrario
relacionaron los valores, al menos en cuanto a su "deber hacer" con
las realidades de la vida humana, tanto individual como socialhistórica. Sin embargo, esa tendencia a la utopía y a la ucronía
está, por lo menos latente, en aquella filosofía fenomenológica.
Frente a esa tendencia a considerar los valores como puras esencias ideales, en un remoto firmamento, considero que es necesa205

�rio introducir algunas puntualizaciones
algunas rectificaciones.
Debemos entender que los valore son objetivos, en el sentido de
que no son meras emanaciones d l ujeto en el entido de que no
on 1 yes ni hecho ca uales de naturaleza psicológica. Pero la objetividad de lo valor se da dentro del marco de la vida humana.
Es decir se trata de una objetividad intra- ital. Son objeti o
porque no son producidos por el sujeto. El sujeto lo encuentra
ante sí como objeto, como objeto con lo cuales tropieza al igual
que tropieza con todos los demás objeto · como objeto de carácter ideal a cuya validez tiene que asentir tanto si le gusta como
i no le gu ta, tanto si le conviene como si no le conviene, tanto
i fa orecen sus d eo como si lo contrarían. Ahora bien esta
objetividad
tal dentro de la vida humana, para el hombre.
Me e toy refiriendo a la vida humana en el ntido de la filoofía de Jo é Ortega y Gasset, es decir del humani mo tra cendental. Mi vida no oy yo, ni es el mundo. Mi vida es la co- istencia
inseparable inescindible entre el ujeto los objetos, entre el yo
y su mundo. Cierto que lo objetos dependen en alguna manera
del sujeto -este es el legado que obre ive perennement del
idealismo a p ar d que debamo considerar al ideali mo en u
conjunto como periclitado--; sin que tal dependencia signifique
ni mucho menos, la forzosidad de que el sujeto deforme lo objeto . Pero, en todo caso, yo no soy una de tantas co a que en el
mundo haya· yo oy, por lo meno la coa testigo de todas la demás. Pero si bien es verdad que los objetos dependen de mí en alguna manera, es igualmente verdad que o dependo de lo objeto ,
pues si no hubiera objetos qu pensar que cli frutar que tolerar o
sufrir que desear o detestar, con los cuales ocuparme o no sería,
yo no existiría, pues tal hipótesis convertiría a mi yo en un total
vacío en nada. El dato radical, punto de partida de la filo offa
no es ningún objeto ni tampoco mi subjetividad: por el contrario
es el hallarme a mí mismo en el mundo ocupándome de él. o ha
prioridad ni en favor del sujeto ni en favor de lo objetos: me encuentro a mí mismo y el mundo en que estoy simultáneamente,
in eparablemente. Mi ida es la realidad raclical primaria, la cual
206

e_ una realidad dual. Mi vida consiste en la recíproca articulac16n entre el yo y su mundo, entre el sujeto y lo objeto . Todo
cuanto es - r al, ideal pr ente, latente, mundanal o en cl más
allá::- por de pro~to _I~ es en mi vida, como dato o como preocupac10n. E to no s1~1ca que lo objetos no tengan una realidad
trascendente a mi vida. Muchos de ellos pueden tenerla la ticn n s guramente. Pero tal r alidad no es algo autoevidente; es
ª!go a lo que tenemo que llegar por medio intelectuales, gracias a los cuales la podremos justificar. E to e lo que no sucede ~ambién con la exi tencia de Dios. Lo que trato de eñalar
aqw es que todo cuanto e lo es por de pronto como un objeto
de mi vida.
unque el ideali mo haya ido superado se con erva como r~ad f~rme que mi conciencia constituy el centro oporte y t amomo de todas las demá realidad . La conciencia es ineluclib~e- y necesariamente el centro nato del universo; puesto que la
v1s16n o concepción de é te se articula en una persp ctiva que
converge de. modo forzoso en mi pupila mental que lo contempla.
La p_er pectlva cr ada por la inclividualidad e ineludible y nece ~na; Y yo -y a í cada uno-- no puedo referirme ino a mi
universo. El mundo aparece necesariamente como un correlato
del yo ~~mo mi mundo. Y i desaparezco , o conmigo desapare~e. tamb1en el mundo mi mundo. Pero
que mi mundo e el
umco que p~r,a mí existe. e dirá tal ,·ez, ingenuamente, que el
mundo egmra para lo demás despué que yo haya de aparecid~; pero en e ta cxpr ión, que a primera vi ta puede parecer
di c~e:a se encubre una gran superchería; pues el mundo que
segurra es el de lo demá , pero como quien habla o yo, resulta
que~ de apa~ec~r yo desaparece el único mW1do aJ cual puedo yo
rc~ennne a~tenticamente. Por otra parte, adviérta e que los de~as para m1 son una parte del mundo es decir de mi mundo; y
51 este mundo mío desaparece con él e an también todo su
ingredientes, entre lo cuales figuran lo dcmá ( cada cual con su
r~ pe~ti o mundo ) . e dirá tal ez, que o puedo por con trucción mtelectual llegar a concluir que el mundo
algo en sí in207
Hl4

�dependientemente de mí - por lo menos hasta cierto punto
yo admito desde luego que esta afirmación es correct~;. pero ella
es una teoría verdadera que he fabricado o que he admitido, Y, por
tanto, una parte de mi mundo. Cierto que es verdad la afiimación
de un mundo ajeno a mí. Pero esto no es un dato, sino que es una
teoría · teoría verdadera, mas no de primera evidencia, sino resultado de' una construcción intelectual; la cual es un ingrediente de mi
mundo. Todo eso en nada se opone a la tesis de la inmortalidad porque todo eso se refiere exclusivamente a esta vida mía, aquí, terrena
y en este mundo, el cual es correlato del yo, es decir, uno ~e los
ingredientes de mi vida; pero no se refiere a nada más: ru por
tanto se opone de ninguna manera a una vida ultraterrena.
Cierto que la metafísica de la vida no es subjetivismo ni idealismo como tampoco es realismo. o es subjetivismo ni idealismo,
porque precisamente descubre que la vida es c~existe~cia del yo
y de los objetos. Mi vida requiere de estos dos mgred1entes esenciales: el mundo y yo somos como gemelos inseparables. Pero los
objetos del mundo, lo mismo que yo, se dan en la ~;alidad d~ mi
vida, que es la realidad indubitable, y que es tamb1en la realidad
que sustenta y condiciona todas las demás realidades. No es realismo ingenuo, porque reconoce en el sujeto el papel de ser por
lo menos el testigo de todo lo demás.
Los valores son peculiares objetos ideales, que tienen ciertamente una validez análoga a la que corresponde a otras ideas;
pero, a diferencia de éstas, poseen ~demás algo esgecial ~ue podríamos llamar vocación de ser realizados, pretens1on de imperar
sobre el mundo y encarnar en él a través de la acción del hombre.
Cierto que la e encía de los valores es independiente d~ esa
realización, es decir, un valor vale no porq~e se haya realiza~o,
sino a pesar de u no realización. Por eso se_ ~ce que la~ categonas
ser y valor son independientes. Pero tamb1en es notorio q_ue ~~ta
independencia no significa indiferencia frente a su no r:;fuac10n,
antes bien en el sentido de los valores late la pretens10n de ser
cumplidos.' Cuando los valores que se refieren a una determinada
realidad no son cumplidos o encarnados en ésta, ocurre que tal
208

realidad, sin dejar de ser la realidad que sea, parece como injustificada, como algo que ciertamente es, pero que no debiera ser.
Y, asimismo, los valores no realizados tienen una dimensión que
consiste en una manera de tendencia o dirección ideal de afirmarse en la realidad. Su sentido consiste en querer ser cumplidos,
en determinar normas para el comportamiento. Naturalmente que
cuando hablo de "tendencia'\ de "querer", de "vocación", empleo estas palabras como expresiones metafóricas, para denotar
el especial sentido de los valoTes, y no en las acepciones rigurosas
de esos vocablos (como poder efectivo, o como impulso real).
Paréceme conveniente adherirme a unas certeras aclaraciones
ofrecidas por Risieri Frondizi sobre la controversia entre subjetivismo, en la teoría de los valores, a saber : la posibilidad de que no
todos los valores tienen una índole semejante en lo que se refiere
a la objetividad o subjetividad. Es muy verosirnil que en los valores más bajos, los que se refieren al agrado o desagrado, por ejemplo, del paladar predomine lo subjetivo. Pero "este predominio
se perderá si saltamos a 110 más alto en la escala axiológica: a los
valores éticos, por ejemplo". Por otra parte, añade Frondizi que,
aun cuando tendamos preponderantemente a la tesis objetivista,
al menos para los valores de rango superior, no es posible separar
por entero, en términos absolutos, el valor y la valoración, bien
que el valor no se pueda reducir a la valoración.
La filosofía de los valores, especialmente la de la escuela de
Scheler y de Hartmann, ha representado una de las más resonantes conquistas del pensamiento contemporáneo. Pero también es
fuerza reconocer que, desde hace unos cuatro o cinco lustros, ha
entrado en una peregrina situación. La teoría fenomenológica de
los valores, al producirse en la obra de Scheler, alcanzó enorme
influjo en toda el área filosófica de nuestra época; y fue considerada como uno de los más certeros y fecundos descubrimientos de
la meditación contemporánea, sobre todo en los países de la Europa Continental y de lberoamérica. En cambio, la filosofía fenomenológica objetivista de los valores, apenas encontró reconocimiento en las regiones de lengua inglesa, pues en éstas han pre209

�. . .
ha ya habido también
dominado las doctrinas sub1eov1stas, aunqu~
1 G E Moore
pensadores próximos al objetivismo, por eJemp o, . .
'
M" h ll Robert S Hartmann, etc.
E. T. itc e '
.
..
d l humanismo trascendental -soCon algunas marofestac1ones e
Gasset- ha sucedido resbre todo con la metafísica de Ort~ga y Primera~ente, de 1920 a
1 res algo muy curioso.
pecto d e los va o
,
anas a vuelo con gran entu1925, Ortega_y Gas~e\~cho/asd:~f valores de :Max Scheler, cosiasmo anunciando a oso ia . t del pensamiento del siglo XX;
ás grandes conqws as
'd d
mo una d e 1,as m
.ó haber d eJa
. do a.un lado , casi como olv1 a a,
pero despues, pareci
.
ue Ortega y Gasset no se
1
esa axiología. Ahora bien, o ~aro es q l ro ósito de lograr una
enfrentó críticamente con la misma _con e p p
. dir de ella
.,
s li itó sencillamente a prescm
superac1on de ella. e . m .
d' , os que a desviar de ella
l
apariencia-, maro
-por o menos en
h
t . t años estaban en el cenia atención. Los temas que ac; remf a on sustituídos por otros
• t contemporaneo uer
tro del pensamien
ero sin ue desarrollase
en el pensamiento _de ~rtega iloG:sse~a~ de que ~os antes hubo
una suficiente exphcacrnn de e . ' ~
11 fil sofía de los
. .
róximamente el influJO de aque a o
de vivir muy P
. . t
orno urgente tarea, para el
valores. Queda,
c~ns1gwfen e, cel revisar la filosofía de los
• t del mmediato uturo,
.
.
d
pensanuen o
.
b e cuál pueda ser su s1tuac16n en las ocvalores y determinar so r
. as del humanismo trascendental.
. . .
tnn
. todo lo que en la axiología obJet1vista feAunque _uno aprecie
de fértil conquista, uno percibe hoy
nomenol6g1ca de Sc~e~er ~y. l
dejó a espalda sin aclarar-

°

.

?ºr

en elyla algund ~serinste:f:=~:s iat:Xci:g:raciones y la unilateralidad
las.
se a v1
en que Scheler incur~ió.
ino de la realidad fenoménica
La separación radical entre ~ r~ n punto de vista metódico,
y el reino del valor puede. se~' es e u
ede constituir una
.
d gran rendimiento; pero no pu
.
necesana Y e
.d da como una prunera y
última palabra, no p_uede, ser con~ eradecir en una Metafísica.
radical base en una filosoha gener '_es
'ódi
de la distinSin desdeñar las fructíferas perspe,covas met ca;ano más proción entre realidad y valor, debenamos, en un p

fundo, planteamos el problema de vincular de nuevo esos dos reinos, para explicarnos cómo el uno está destinado al otro, y encontrar un principio más radical en el que ambos quedasen articulados. Es decir, en un plano de diferenciación formal resulta correcto distinguir entre realidad fenoménica y valor; pero, de otra
parte, aunque desde ese punto de vista de caracterización formal
se presenten el ser y el valor como independientes, es necesario
reconocer que entre ambos se da una relación que podríamos llamar de recíproca vocación pues pertenece a la esencia misma
de los valores una pretensión de ser realizados, de ser cumplidos
en determinados hechos; y, correspondientemente, de otra parte,
hay realidades en las cuales deben ser encamados unos ciertos
valores -y no otros-, hasta el punto de que cuando no ocurra
así, esas realidades nos resultan injustificadas a pesar de ser reales,
es decir, son, pero no debi'eran ser. Esto es, hay unos valores para
ser cumplidos en determinadas realidades; y hay unas realidades
en las cuales deben cumplirse unos determinados valores. Y todo ésto supone que entre los dos reinos se da una conexión, una
vinculación, que no fue suficientemente estudiada en la filosofía
de los valores de Max Scheler. Cierto que éste vio y expuso muy
bien esa recíproca vocación entre los valores y las realidades correspondientes donde ésos deban ser cumplidos; pero no aoometió debidamente el análisis del problema que tal recíproca vocación plantea.
Este tema, el del nexo de recíproca vocación entre los valores
y la realidad, se relaciona con la cuestión más general sobre el
punto de inserción de la teoría de los valores en el sistema de una
filosofía general. Se trata de la pregunta: ¿ dónde están o dónde
ponemos los valores? Esta pregunta puede ser entendida de dos
maneras. Según una de ellas, entendida como pregunta sobre una
siruación en el espacio, su significado sería estúpido, porque siendo
los valores ideas inespaciales e intemporales, carece de sentido interrogar por dónde estén. Pero esta pregunta puede formularse
con una significación diferente: atribuyendo a ese dónde el sentido de cuál sea el puesto de los valores dentro de una concepción filosófica, en relación con las demás partes de la Filosofía y,
211

210

�por tanto en relación con lo demás objetos de otra índ~l~ que
en el niver o hay. Tal problema no fue enfocado suficientemente en las obras de cheler y de Hartmann. A mi entender,
cabe plantearlo y orientarlo certeramente, bu cando el punto ~e
inserción de los valore en la realidad fundamental que es la existencia o vida humana.
Ademá querría advertir algo qu puede tener excepcional alcance n esa revisión de la filo ofía f enomenol6gica de los valores.
Cuando s d scubrió la categoría del valor como una categoría
distinta de la del ser real de la naturaleza experimentaron lo
filó ofos el entusia mo que tiene el explorador al poner por vez
primera su planta en tierra antes inc6rnita y ubrayaron que la
categoría "valor"
tan primaria y radical como la categoría " er
real ' y que no deriva de ésta. La filosofía fenomenológica de los
valores insi tió mucho en ese carácter que el valor tiene de constituir una categoría tan primaria como la categoría "ser real"
y, por tanto, independientemente de ésta. Ahora bien yo creo
que esa filo ofía de lo valores ha entrado en crisi , porque erá
preciso dar e cuenta de qu en lugar de constituir lo que pretendió en un principio e decir un nuevo capítulo del tratado sobre los objeto ideales, se tran formará en algo má importante y
radical, a aber, n un elemento condicionante de la !fetafísica
general. Porque seguramente e tamo en trance de damos cuenta
de que la categoría valor no e tan primaria como la categoría ser,
sino que es más primaria que é ta --si me
admitida tal expresión. Seguram nte -a la luz del humanismo tra cendental ( filosofía de la ida)- reconoceremos que puesto que las coas se
presentan para el hombre en una función servicial y pu to que
las cosas son ingredientes de la ida del hombre, elementos en su
ida y para su vida, y puesto que la vida humana está constituida
por una serie de actos de preferir, que suponen juicios de valor,
resultará que lo estimativo condiciona toda las demás maneras de
ser; en urna, condiciona el Universo entero con todas sus zonas y
categorías.
Lo valores no son esencia parecida a la ideas platónicas. Por
212

el contrario lo valor

están esencialmente r ferido y vinculados
a la vida humana: tienen entido en la vida humana y para ella.
Este reconocimiento m&lt;' 11 va a modificar la t is objctivista de
Scheler-Hartmann. Tienen razón to dos filósofos al refutar la
tesi puramente ubjetivi -ta psicologista de que lo valores sean
tan ólo proyeccion d l a ado o del d co, emanacione de meros
mecani mos p íquico al reaccionar ant las co a del mundo. En
. ~ entido, to , en el entido de que no son merament ubJet.Ivos pued decir e que son objetivo . Pero debemo entender
e ta objeti idad como una objetividad inmanente a la vida huma~a, como_ una objetividad intravital, porque nada es para mí, ni
tI~n~ sentido para mí fuera del marco de mi vida; ent ndiendo que
n:u VIda la realidad primaria dual que consiste en la coexi tencia
in, c~dible en!re, ~ o y mi mundo mundo en el cual figuran
~ultiples y vanadísima clases de objeto inclu o Dio --cuya Realidad Absoluta aunque tra cienda de mi vida- obtiene t timonio
en mi vida. Todo cuanto es, lo
en el marco de mi vida. Así
c?mo el mundo de la naturaleza no es algo en absoluto, independiente del yo porque sólo podemos apuntar al mundo que conocerno, tal y como lo conocemos o tal y como lo pr entimos, tal
Y como hallamos de él alguno vestigios en nuestra vida, como
correlato, o como contorno, o como preocupación, o como esperanza del yo asimismo los valores lo hallarno como una serie
de calidade que figuran en nuestra vida y de lo cuales nos ocupamo . ~ierto que el mundo con todas sus múltiples y varias clases de obJ:tos no es una producción del propio yo sino que por
el co?,trano, se da ante el yo como un conjunto de objetos. Así
tamb1~n suce?e que los vaJores no on pura proyección de la p ¡_
que, smo objeto cualidade , que la mente halla ante si. Pero
esta objet~vidad es una objetividad dentro de la vida humana, y
para la vida del hombre, referida a esta vida en general, y arfemás también a las situaci.ones particulares de la vida. El alor
~ tal, no porque el sujeto le otorgue e ta calidad mediante y en
virtud de su agrado, deseo o interés. Pero el valor tiene entido
en el contexto de la vida humana. Tiene razón Ri ieri Frondizi
213

�al sostener que no se puede separar radicalmente, por entero, el valor de la valoración. El valor es valor para el hombre que es
quien valora.
.,
Desde hace tiempo he venido llamando la atenc1on _sobre esta
tesis de la objetividad intra-vital de los valores, es dectr, que los
valores tienen validez objetiva, sentido justificado dentro ~e la
existencia del hombre y para ella. Creo ahora que esta tesis debo completarla con algunas de las directrices, señaladas. certera:
mente por Risieri Frondizi, las cual_es se ~~nan reswmr Y acle
más articular con mi propio pensanuento, d1c1endo que los valores
se dan objetivamente no sólo dentro del ~arco '! del con:exto de
la vida humana, con sentido referido a es~a, s~~o ademas en el
contexto de "situaciones concretas". Cada situacmn concreta comprende la conjugación de ingredientes subjetivo~ y componentes
objetivos. Por mi parte, añadiría yo que nada uene ~e r~ro .~ue
esto sea así, porque nuestra vida es siempre una relación mescm-

dible entre el yo y su mundo.
Todos los objetos que hallo, presentes o latentes, los hallo en
mi mundo, como parte o como componentes ?e. mi vida, Y con
sentido dentro de ésta y para ésta. El reconoclllllento de que todo cuanto se da ante mí se da en mi vida no niega que algunos
objetos, por ejemplo, Dios, los fenómenos de la naturaleza, e~~-,
tengan una realidad más allá de mi vida, y posiblemente tamb1en
un sentido. Mas aunque sea así, resultará siempre que yo encuentro todos los objetos como ingredientes de mi ~ida, como ~echos
ante mí, como presentimientos, como preocup_a~10nes, como incentivos para tareas, como facilidades, como dificultades, com? esperanzas. y admitiendo incluso que yo pued~ llegar a averiguar
algo sobre la realidad y el sentido que los obJetos que se ~an ~
mi mundo tengan más allá de éste, en el mundo, esto lo avenguare
y lo entenderé desde la perspectiva de mi propia vida, y nunca con
total independencia de ella. Los valores su~erior~ ~iertamente
no dependen de mi querencia, tienen una validez ~bJebva, que yo
no determino. Pero su sentido está ligado a la vida humana en
general, y además vinculado a las situaciones particulares de ésta.

Podríamos expresar esto diciendo que su objetividad intravital,
significa que Dios los piensa como válidos; pero como válidos para la existencia del hombre, y no como entes abstractos.
Los valores tienen una entidad o consistencia más allá de nuestra mente. Pero no debemos embalarnos más allá de estos límites
y pensar que hay una especie de reinos de ideas de carácter platónico, una especie de firmamento axiol6gico, donde los valores
estén en sí y para sí, con independencia de la vida humana. Que
los valores sean objetivos quiere decir simplemente que no son
creados por la subjetividad del hombre, pero no que sean independientes de la humana existencia.
Cabrla decir que los valores, los cuales. se funden en ideas objetivas, adquieran sentido en la relación con el sujeto, es decir, en
el contexto de su vida. Por tanto, el sentido de los valores, y las
demandas normativas que de ellos fluyen tienen que estar en necesaria relación con la estructura de las funciones de la vida humana en general, y con las concreciones particulares de éstas en
cada situación.
Así, los valores son ingredientes de la vida humana. Son objetivos, esto es, no dimanan del sujeto. Pero se dan en la relación
:ntre el sujeto y su mundo. En ese mundo del sujeto figuran ohJetos de las más variadas índoles: naturaleza, sociedad, cultura,
Y también ideas, entre las cuales se dan los valores. Entonces resulta que los valores cobran sentido para el hombre en relación
co~ ,los otros componentes .del mundo o circunstancia, y en la re1ac10n de éstos con los suJetos humanos en una determinada situación.
Nuestra vida se halla encajada y apoyada en un contorno en
realidades, entre las cuales, además del mundo en tomo y d¡ mi
cuerpo, figuran los mecanismos psicológicos, con todo lo cual realizo mis quehaceres. Pero mis quehaceres son referidos intencionalmente a un reino de ideas axiológicas, esto es, a unas esencias del
valor, las cuales no tienen realidad, sino validez objetiva. Mi vida
limita a un lado con la psicología y a través de ella con la biología
Y con el mundo; y, por otro lado, confina con los valores, que son
215

214

�los que dan sentido a la estructura y a ~~ ~nc~ón estimati~a que
mi vida es. Y mi vida es enlace y fus1on mtima de realidad Y
valor a la vez: reino de funciones con sentido. Mi vida es tarea,
quehacer, urgencia de vivir entre las cosas y ~~n ellas, ! a 1~ vez
de ir determinándose a sí misma en una suces1on de estimac10nes.
Mi vida es, pues, la articulación de realidad y valor; y es, al propio tiempo, la realidad profunda y radical en la que se dan todos
los demás seres (los reales como los ideales) pues a todos los encuentro formando parte de mi vida y como ingredientes de ella.
El fundamento de los valores es objetivo. Esto quiere decir que
su sentido es objetivo, pero es objetivo para el hombre que siente
la necesidad de valorar en cada situación de su vida; por lo tanto, ese su sentido objetivo está conectado en alguna medida con
la realidad en la cual se produce la valorización, con la realidad humana en la cual se suscita la valorización según certeramente señala Frondizi. Al fin y al cabo, también Max Scheler intuyó esto
certeramente, cuando dijo que en la misma materia o contenido
de los valores hay como una flecha de dirección hacia el hombre,
la cual parece decir a éste "yo (valor) soy para ti"; así c?mo,
a la inversa, en la persona humana hay, a modo de nec~dad,
una aspiración hacia los valores, en cada persona una especie de
constelación fáctica que clama por una correspondencia en el mundo de los valores.
Así pues, la vía correcta sería la de señalar que los valores tienen una objetividad relacional en el contexto de la vida humana,
de la vida humana en general, y, además, en el contexto particular
de cada una de sus situaciones concretas. Por lo tanto, se trata
de una objetividad pluri-relacional.
Y si queremos dar un fundamento teológico a los valores -lo
cual probablemente sea indispensable para una Axiología completa- entonces habríamos de decir que Dios recono_~e los valores
como válidos para la vida del hombre, y en conex1on con cada
una de las situaciones concretas de ésta, por lo tanto los reconoce
como válidos en su pluri-relacionalidad dentro de la humana existencia.
216

LA FILOSOFÍA DE LOS VALORES EN LA HISTORIA Y
EN LA FILOSOFÍA ALEMANA ACTUAL

Dr. FRITZ

JoACHIM

V0N RINTELEN

Universidad de Maguncia

SóLo DESDE HACE CINCUENTA AÑos se puede hablar propiamente
de una filosofía de los valores. Se ocupa, sin embargo, de cuestiones que surgieron ya en el comienzo de todo filosofar. Fundamentahnente investiga el sentido de la existencia humana o, en
general, del ser del mundo, pero con la variante particular de
remitirnos a un sentido valioso cuya realización se autojustifique
y pueda por tanto constituírse en meta de un esfuerzo inconscioconsciente. Se trata, pues, no de un mero dato lleno de sentido,
demostrable y libre de contradicción lógica. sino de la plenificación de una significación valiosa variable según los casos y a la
que se opone lo anti valioso (Wertwidrige). Indudablemente se
contraponen muchas teorías axiológicas y de ahí que se justifique
el empeño hodierno para procurar una visión unitaria mediante
el repliegue al fenómeno valioso inmediatamente dado. Así vemos
cómo, en las consideraciones histórico-culturales, las "tomas de
posición" (Stellungnahme) axiológicas constituyen el gome de las
distintas imágenes del mundo (W eltbilder). "El mundo se vuelve siempre hacia los inventores de valores nuevos", dijo Nietzsche.
Queda sin embargo por decidir la cuestión fundamental: si los
valores de la existencia (Daseins) son invenciones o meros descubrimientos o redescubrimientos de referencias fundamentales
supratemporales que se anuncian siempre con ropaje distinto.
217

�A

TIGÜEDAD, MEDIEVO, EDAD MoDERNA

Ya en la antigüedad podemos considerar la probl~áti~a axiológica, en cuanto que Platón no limita, la idea ~el bien ( ayafJo,v)
, .
.
e lo estima µeyuno'II µaOr¡µa, el supremo
al aspecto etico, 100 qu
,
objeto de conocimiento. Determina todo ente ordenandolo y configurándolo, perteneciendo, en cuar;to id:ª' a l~ esfera de~ v~l~r
superior del ser propiamente taJ ( o.,,,wi; O'&gt;'). S1 en un prrnc1p10
Platón acentuó lo útil y lo agradable más que lo buen~, más tarde
pasó al reconocimiento del bien por sí mismo (Gorgias, 500_ a) .
Su consideración del mundo está traspasada por un dualismo
axiológico claro por cuanto el mundo superior e invariab~e d~l ser
propiamente tal, de las ideas, se enfrenta ~o~o _m~del~ mf enor y
fugaz en el que sólo es posible hablar de debiles rrrutac1ones y participaciones. La valiosidad más elevada hay que buscarla,_ en lo
, · sentir
· gn·ego , es la medida de
. ·
(8eio,.,) que , en el autentico
d !VlllO
.
, .
,
todo (µi'E'eo,.,). En Aristóteles, de acuerdo con su s1stemauca_ m~s
racional, el bien se halla estrechamente ~nculad~ co? la finalidad y se constituye en meta de todo deverur y aspiración. Su re. una eud aunoma,
·
, la f eliCl"dad del obrar moral.
ladón trae consigo
.
Se persigue el fin porque su cumplimiento incluye, tanto. un b1en
, cuan t o un "bien para algo". El tránsito de lo posible
en s1,
. . a lo
actual característico de su ontología, representa un movuruento
hacia 'grados de perfección axiológica. Todo ente puede entender e, de acuerdo con su forma esencial, co~o un grado de perfección siempre distinto, ya se trate de esenc1~s conc_retas º. ~e zonas ontológicas ( inorgánica, org~nica, psíqmca, ét1co-espm~ual)
rdinadas en la relación a una Jerarquía ascendente. En Dios se
~:º1a suma plenitud de toda posibilidad, siendo a la vez, en cu~to
.
o·almente perfecto. Es por ello pura enteleqwa,
fm supremo, esen
.
As' I
esto es: absoluta esencialidad y actualidad a un _uempo;
i, a
antigüedad conoce ya las diferencias de valor y 1erarqma ~e las
zonas ontológicas. La suprema perfectibilidad de nu~tra ~ ten.
h lla en el dominio ético-espiritual. Tal cons1derac1ón es
c1asea
.
d
dualística por cuanto la esfera espiritual e imperecedera se es218

taca claramente de la sensitividad inferior y muy variable. Lo
que acontece de una manera más acentuada en Platón con su
teoría de los dos mundos, en Aristóteles, por .el contrario, con su
vinculación concreta del principio espiritual de ordenación de la
e encialidad eterna con la ensitividad accidental y fortuita.
Las líneas de evolución del Medievo, platónico-agustiniana primero y aristotélica después empalman con estas ideas. Pero mientras en la antigüedad ser y valor no se hallan todavía separados,
el aspecto axiológico va a tener ahora u propia ignificación e
importancia. En Agustín encontramos una versión de la existencia que la interpreta como un ordo bonorum, bajo cuyo aspecto
puede concebirse la totalidad de los entes. La metafísica onto162"ica se convierte en metafísica axiológica. Todo lo que posee
un elemento entitativo es, en cuanto creado por Dios, bueno. Quidquid est bonum est ( de era relig. XI, n. 21). La divinidad misma
representa el valor de todos los valores, el bonum omnis boni ( de
trin. VIII c. 3, n. 4). Frente a ella los distintos grados de perfección (gradibus ordinata universitas) significan como un volverse ascendente hacia Dios al que corresponde una jerarquía de
lo amable. Las mismas ideas se encuentran, en forma parecida►
en Tomás de Aquino con una inclinación más fuerte a Aristóteles.
Bueno es lo que todos apetecen (bonum, quod omnia appetunt),
de modo que logren su íntima finalidad. Todo este diseño es entendido como una imitatio Dei deficiens. Así ser y valor se comprenden en el sentido de la clásica doctrina de los trascendentales.
Omne ens, in quantum est ens, est bonum (S. th. I, 5 a. 1 y 3).
En la Edad Moderna se produce una fuerte variación. La nueva física intenta determinar la realidad según puntos de vista
cuantitativos y libres de toda alorización, excluyendo toda conideración finalista. La cuestión axiológica e separa por completo de toda referencia al ser y se convierte en una relación al sujeto procuradora de la felicidad humana. Es lo que vale para el
empirismo inglés que, en definitiva, conduce al eudaimonismo social de un Bentham ( m. 1832). Bentham considera el placer
(pleasure) como bueno y "la mayor felicidad del mayor núme219

�ro" constituye el principio directivo de su ética y de su filosofía
social. El utilitarisIIl'O de los racionalistas se destaca como aspecto
axiol6gico de modo particular en Spinoza: bonum nobis esse utile
( Eth. III). El bien se logra en la inclinaci6n ( cupiditas) del sujeto anímico, dirigido por la raz6n y en la utilidad. Leibniz, en
cambio, considera el valor como un grado de perfección en el
desarrollo siempre individual e íntimo de las mónadas.
La palabra "valor" se emplea por vez primera en sentido filosófico unívoco en Kant. Con Kant nos hallamos transportados
al plano del ser inteligible, del pw-o espíritu. Existe una profundización e interiorización de lo valioso que escapa por completo
a la utilidad y a los bienes felicitarios externos que sólo pueden
ser bienes relativos. Sólo la persona posee en su dignidad un valor incondicionado. La prosecución del imperativo categórico formal es algo bueno en sí. "Nada hay en el mundo ... que pueda
ser tenido por bueno sin restricción salvo la buena voluntad" ( Gdl.
zur Met. der Sitten I) . Y en definitiva podríamos hablar también
del ideal de un bien originariamente supremo tal como se nos
ofrece en la idea de Dios (Reine Vemunft, 62, 842).

Las rnodernas teorías axiológicas
El fundador propiamente tal de la moderna filosofía de los valores es Hermann Lotze ( 1817-1881). Empalmando con la teoría
kantiana de las ideas cree poder mostrar los valores en un valer
( Gel ten) llevando a cabo una separación estricta del mundo del
ser concreto frente al de nuestros valores en cuanto mundo del deber ser, de la visión nocturnal frente a la visión diurna. Los valores
se convierten en una objetividad espiritual, de modo supraindividual, con validez pero que sólo se aguanta merced a su referencia
a un ser espiritual. Es singular cómo su concepción axiológica, no
muy unitaria, comprende cuatro momentos que posteriormente
han ido configurándose de modo especial en las principales corrientes axiológicas del pasado más inmediato y de la actualidad:
1) Los valores están siempre vinculados con el placer ( cf. más aba220

jo la derivación psicológica) ; 2) se apoyan empero en valideces
ideales ( Gelterngen cf. neokantismo) ; 3) tienen su dominio objetivo y un contenido propios ( cf. la fenomenología axiológica); 4) procuran una elevación de la personalidad con impronta individual
(parentesco con un realismo axiológico). Es preciso esbozar estas
cuatro direcciones fundamentales. Tras ellas se alzan siempre las
tres cuestiones siguientes : ¿ puede derivarse lo valioso exclusivamente de la relación subjetiva, a la vivencia psicológica?, ¿o, por
el contrario, debemos atribuir a lo valioso un dominio propio general y objetivo ya sea formal o con contenido?, ¿ o, sólo puede
concebírsele vinculándole a una realidad individualmente configurada?

l. El esclarecimiento psicológico del valor, tal como se ensa-yó al comienzo del siglo X,X, iguala los valores con el valorar.
La apetencia (Lust ) de los valores es ya el valor. No se codicia
algo porque tenga un valor independiente del apetito. Es más
bien éste el que determina que algo sea codiciado como valioso. Hay que derivar lo bueno de la afectividad reflexiva. Se puede interrogar, sin embargo, si, con ello, no se hace depender el
carácter valioso, por completo, de la concepción y estructura psicosubjetiva del individuo o de una época. De hecho esta posición
fundamental ha conducido, así en el historicismo filosófico, a la
relativización de los juicios de valor. La apetibilidad de una cosa,
su satisfacción de la necesidad es para Ehrenfels el valor (System
der Werth. I, 10, 53, 116. 18-97). Esta apetencia es cela representación fundante de una relativa procuración de felicidad". En
cuanto se extiende a los valores, debo decir: "El valor es una
relación entre sujeto y objeto que expresa la apetencia efectiva
del objeto por parte del sujeto1' ( 165). Para Meinong existe ya
una fuerte tendencia en el objeto mismo, en cuanto el valor significa la apropiación de un objeto, a polarizar hacia sí mi sentimiento axiológico (Werth. 257. 1932). En el valorar, por vez
primera y sobre la base de su fuerza motivadora, se constituye algo en valor. En esta posición resulta difícil distinguir la "Psico221

�logía del valorar" de una "axiología filosófica". ~l act~ ~s_mo
de la valoración constituye el fenómeno del contemdo axiologico.
Posteriormente sin embargo, Meinong pasará de la fundamentación purament~ "psicológica" de los valores a otra más objetivista.
Lo "objetivo" (das "Ojektiv'.') se no~ P?~á a~~re,~er_ a~or~ ~orno lo "deseable" (Desideratlv) y "dignificante ( D1grutat1v ) ·
También Doring ("Valor como provocación del sentimiento ~e
placer") y Kreibig ( "cualidad placentera"). ~ert~ec~. a esta _dirección. Lo decisivo de ~emejante concepc10n ax.10log1ca estnba
en que lo valioso se constituye merced a una rati~ic~ción psíquico~
subjetiva, no como un aspecto valioso dado y obJet1vo.
2. Completamente distinta es la fundamentación de_ la fi~osofía
de los valores neokantiana. Para ella los valores son ex1genc1as del
deber puramente espirituales de un dominio propio, !rre~l~ de validez incondicional, independientes de los actos ps1colog1cos. El
valor se convierte en ( Geltung) validez noética, ideal. "En sentido filosófico valor quiere decir que algo posee validez" (B.
Bauch Idee 160 y sgts. 1926). De este modo la Escuela de Baden
( Windelband, Rickert, Bauch) representará la validez axiol6gica
apriorística de lo verdadero, lo bueno, lo bello y aun lo santo. Según Windelband, deben interpretarse como postulados de . una
"conciencia normativa" para la que "valores absolutos son Justo
los valores". Su sistema axiológico de validez general es suprahistórico y objetivo, rechazando enérgicamente toda sub]etivaci?~ _Y
relativización (Einleitung 255. 1923). El comportamiento dmg1do normativamente resulta ser entonces una efectuación de valores aun cuando procure "la oscura potencia de lo antivalioso" •
Para Rickert "interpretar el sentido de la vida -significa-: traer
a la conciencia los valores que le presten sentido" (Syst. 1, 142.
1921 ) . "Lo que sea el valor en sí no puede definirse estrictamente".
Es uno de los conceptos últimos e inderivables que tan sólo podemos "circunscribir". Los valores valen, esto es, tienen validez objetiva irreal a diferencia dd "ente real", y lograble sólo a partir del
"deber trascendental" (transzendentes Sallen). En el sujeto trascendental ganaremos conciencia de la "jerarquía axiológica" for-

mal ( 354) . Su mostración necesitará siempre ser completada; por
ello no puede hablarse sino de un "sistema abierto". De todos modos lo primario en este caso es su carácter obligatorio ( Sollenscharackter), del que nos apropiamos interiormente en una "conciencia en general" ("Bewusstsein überhaupt") y que nos muestra
luego lo que debemos reconocer como valor. Su fundamentación
estriba, pues, en su validez formal-trascendental, no en la mostración de esencias-fenómenos de contenido cualitativo. Una razón
más para que se exija la incondicionalidad del "reino de los valores", que defenderá a la filosofía del peligro de caer de la lluvia
del psicologismo en el canal del historicismo" ( 321 ) .
3. La fenomenología axiológi-ca por el contrario pretende lograr valores de contenido cualitativo no a partir de un acto psicológico o de deducciones formales-apriorísticas, sino inmediatamente, a partir de un acto espiritual intencional del sentimiento, al
modo de una intuición esencial (Wesensschau). Max Scheler fue,
por lo pronto, su heraldo, en cuanto que para él los valores son
cualidades objetivas, irreductibles, independientes, esto es, "materiales'\ "auténticas y verdaderas cualidades&gt;\ cual "objetos ideales" (Formalismus in der Ethik, 10 y sgts. 2a. edición, 1921). Se
lograrán en un apriori axiológico, en una evidencia axiológica
conforme al "primado del amor" ( 64) . Sobre esta base desarrolló Scheler una "ética material de los valores" (Materiale Wertethik) . Scheler admite también una evidencia preferencial intuitiva, de carácter no deductivo, mostrativa de una jerarquía axiológica incluso ya en el plano de los valores vitales ( 87). La relatividad depende sólo de nuestros modos subjetivos de valoración,
determinadas acaso por una ceguera axiológica. En el plano de
lo humano se dan valores personales, en la realidad ontológica,
por el contrario, sólo se dan valores de las cosas ( Güterwerte) .
En cuanto a la realidad individual queda "entre paréntesis" desde
el punto de vista filosófico ya que en nuestro caso sólo nos ocupamos con el conocimiento axiológico general.
Nicolai Hartmann se apropió, en general y en sus grandes lí223

222
nlS

�neas, esta posición. Habla de un "ser en sí i?eal". de los _v~ores,
al modo de un "reino de los valores con consistencia propia concebido casi platónicamente (Eth. 136, 146. 1926). Es imposible
determinar, por modo de definición, por qué algo es un 'bien".
"La exigencia se pierde en el infinito" ( 11 O) . Los valores son
esencialidades materiales y generales, cuya vivencia puede logra~se merced a un sentir axiológico intencional ( 109). Una relat:vización subjetivista no les alcanza. Solamen~e en ~a ,~tencia
(Dasein) se "anclan" los valores. La cat?g?nas axiologtcas son
de especie distinta de las categorías ontolog1cas. Justamente por
ello se da un conflicto entre valor y realidad. Además, los valores
inferiores de las cosas han de ser los más fuertes de manera que
la relación axiológica según la fuerza no es la misma que la relación axiológica según la elevación (Werthohe) que ella presupone, en absoluto, también, una jerarquía (~48-251, 543) •. Pero la inconsideración de la pregunta por lo valioso en la reahd~d
concreta en la misma existencia, a la vista de los fenómenos axiológicos ;olamente generales mostrados hasta ahora, des~i,erta ~l
deseo de responder la cuestión axiológica en una relac1on mas
estrecha con la realidad concreta.
4. Tal es el ensayo que acomete el realismo axiológico. Con la
palabra realismo no hay que entender, por lo d~más, qu_e los valores son "cosas" sino que lo valioso no debe denvarse m establecerse a partir de una relación o referencia a la subjetivid~~ (t~oría
psicológica), que no es tampoco una mera abstracc10~ 1de~l
(Neokantismo) o un fenómeno al simple modo de una v1~e~cia
intencional (Fenomenoloo-ía). Más bien llegamos al estableclffilento de exigencias axiológicas obligante al ver cómo puede realizarse en actos concretos entitativos o en configuraciones ontológicas lo que, justificado en sí, es valioso y susceptible, conforme a
su propia ley interna, de desarrollo o despliegue: Pues se trata de
la vida concreta en el ser mismo, no de abstracciones conceptuales
y generales.
Como precursores del realismo axiológico podrían considerarse

H. Münsterberg cuya filosofía de los valores está estructurada
voluntarísticamente siendo rica en datos. En la realización de la
v?luntad hay un valor objetivo que sin embargo remonta el prop1~ ~cto de la voluntad. (Philos. d. Werte 70, 115. 2.A. 1921) y
Wzllzam Stern, con su filosofía de la persona ("Yo creo en los valores objetivos" .. "Hay valores". Persona y cosas III, 34. 1924).
En el pleno sentido de la palabra, el realismo axiológico se halla
representado por F. ]. von Rintelen y S. Behn habiendo destacado
el último más bien el aspecto pedagógico.
. Cara~te~i~emos ahora en unas palabras nuestra propia concepción axiol?gica. Valor, entendido como valor real (Realwert), es
un ~ontemdo de significación cualitativa y concreta, susceptible de
r~alizarse en distintos grados de elevación (Steigerung) y perfecc1ón en cuanto meta de una aspiración consciente o inconsciente
Y que, ~n vir~d de su contenido interno (valor propio-Eigenwert)
puede mcardinarse en una ordenación más amplia (valor de re1aci6n-Relationswert).
Los contenidos generales destacables podrían entenderse como
valores fundamentales o formas axiológicas, como valores impersonales según la plenitud cualitativa existencial de los entes en
general y como valores personales en el sentido de una exigencia
Y de una tarea normativa respecto a la persona actuante. La pers~na puede lograr un valor ideal ( Wertideal) en distintas profrmdidades, al modo de estrella polar. Tenemos que distinguir el aspe~to., ~ntológico que fi ~a los hechos, leyes y órdenes del aspecto
axiologico cuyos contemdos pueden colmarse en grados distintos
tales,_ por ejemplo, la cualidad de lo bello, de los grados de per~
sonahdad, del desarrollo de la vida. La realización concreta del
v~or real gana, empero, su configuración individual en el ser
mismo.
La valorización (Bewertung) se logra sobre la base de una toma de posición anímico espiritual. La indudable variación histórica de las valoraciones (Wertungen) no tiene por qué incluír
necesariamente una relatividad. Considerándolo más de cerca po225

224

�LITERATURA

demos notar que los valores fundamentales (Grundwerte order
Werúormen) generales y supratemporales son su ceptibles de distintas improntas según la gama de variación ( ariationsbreite)
que a cada cual le corre ponde en la historia. sí, por ejemplo,
el valor fundamental del amor se cumplió históricamente en el
antiguo Eros, en la Caritas fraterna, en el amor humanitario y
ocial, iempre en profundidad variable (Tiefendimension). Sin
embargo los valores no podrían nunca lograr una realización absoluta en un pacio finito. De ahí su tendencia a apuntar hacia lllla
trascendencia. E te realismo axiológico pretende, pues, remontar
la interpretación subjetivo-psicológica y el formalismo y poner la
multiplicidad de las esencias-fenómeno generales de la vivencia
axiológica intencional en relación concreta e inmediata con cada
realización determinante, de modo individual, del grado de valor.
Conforme a la medida de la ordenación de planos de la existencia, puede hablarse de una ordenación jerárquica de los cumplirruentos axiológicos de sentido. En todo contenido axiológico e
da un momento estático y otro dinámico. Estático es el sentido
esencial en las diferentes realizaciones, dinámica la tendencia a
la realización en el grado má alto posible de inten idad, que re-

C. H. v. EHJU:NFELS, Sistema d, las teorías axiol6 ic (
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va ores como f.un1~m,nto
d,l ¡,robltma filosófico d, los valores &lt;'1931?' l •
VON. RlNTELEN, La s1gnif1cac-i6n
nis 11 ( 1930) El pensamiento
. 1 .
' ª m.111!1° bempo tn Philosophia P,ren-J. fussxN,' Filoso/la. d, los v'::o:,~g,ti°9;;/l desarrollo espiritual en Europa ( 1932) .

!-

clama nuestro e fuerzo.
La moderna filosofía existencial y la ontología fundamental de
Heidegger -citémosle para concluír- rechaza violentamente la
aplicación de la palabra valor al ser y a lo entes. La razón es
porque Heidegger habla solamente de un "valor-para" ( "Wertzu") en el sentido de una valoración utilitaria subjetiva y relativa.
Precisamente él quiere remontar esta subjetividad. Su exigencia,
empero, de que el hombre ha de alzarse de la inautenticidad a la autenticidad, de la cotidianidad a la existencia en cuanto transcendencia, traiciona una instancia axiológica, aunque no lo declare.

227
226

�EL SUICIDIO METAFÍSICO

Dr.

MicHELE F. ScTACCA
Universidad de Génova

EL SUICIDIO "METAFÍSICO" manifiesta la exigencia, compleja y
profunda, de querer ser el Todo con la muerte voluntaria, dada
la imposibilidad de serlo aceptando la vida en todas sus dimensiones. Aunque esta forma de suicidio, como las demás, tiene toda
una gama de actitudes, cada una corresponde a posiciones diversas
del mismo problema. Dos de ellas nos parecen fundamentales:
a) Ser el Todo con la práctica perfecta y heroica de la virtud
( posición ética); b) O con la negación de lo humano, condición
para actuar lo absoluto de la libertad, como absoluto del hombre
"nada más que hombre" ( posición ontológica).
La posición ética del suicidio metafísico tiene ya un nombre
consagrado por la tradición filosófica y literaria: el suicidio estoico, que involucra el problema de la libertad en sus raíces metafísicas. La distinción de los estoicos entre "las cosas en nuestro
poder" y aquellas que no lo están, interesa también a la muerte:
no está en nuestro poder la muerte natural o la separación del
alma del cuerpo, pero está en nuestro poder la muerte voluntaria, para e_vitar la del alma consistente en la destrucción de la
virtud. El suicidio no es una necesidad inevitable para el que vive
según la virtud ( esto es, el que sabe evitar la muerte espiritual),
pero se vuelve un deber ineludible cuando la elección está entre
el vivir no según la virtud, y el morir voluntariamente para no
perecer espirituahnente. La muerte natural, aquella que no está

229

�en nuestro poder, pertenece a las cosas "indiferentes" : interesa
a la naturaleza física y no a la ética; la otra, la espiritual, interesa
a la esencialidad misma del hombre, en cuanto, como dice Séneca, han mu rto aquellos que no ejercitan más la virtud. Esta
muerte se evita quitándost&gt; voluntariamente la vida, anticipando
la muerte o las paración del alma y del cuerpo, es decir, escogiendo
la muerte física, que, de cosa fuera de nue tro poder e indiferente,
deviene así acto de libertad, ejercicio de poder y por eso ya no
indiferente, sino acción libre: libre responsable, racional.
Hay un punto de contacto entre la posición toica y la epicúrea:
la muerte natural no nos interesa (cuando ella viene nosotros ya
no somos) y por eso nos debe ser indiferente, también porque
-agregan los estoicos- está entre las co as fuera de nuestro poder, esto es, que no dependen de nosotro , no seleccionadas y
queridas. Por otra parte1 es esencial al existir según la virtud,
despreciar todo lo que no depende de nuestra voluntad; luego,
también la muerte. Ejercitarse en este desprecio e conquistar la
sabiduría de ser libres juzgadores ( árbitro ) del vivir o morir, según el comando de la razón. Sólo así el hecho empírico de la
muerte natural deviene "un permanente y consciente poder morir,,,
listo para ser actuado cada vez que el "destino", que nos ha puesto
en una determinada condición, pide a la razón misma que ordene
la ejecución. Aquí no se trata para nada de aceptar el destino del
hombre ( la muerte) transformándolo así en un acto de libertad
( como interpreta algún fil6sofo contemporáneo, que, bajo la apariencia de descubrir profundidad inéditas en el pensamiento
griego, en realidad demu tra entender muy poco de ta materia); sino de conquistar la libertad interior, de cometer el suicidio cuando e presenta, en determinadas circunstancias, una necesidad moral, para lo cual el acto exterior del suicidio mismo se
welve un hecho secundario, y olamente el medio nec ario para
la realización de un fin que no es la muerte querida y actuada.
Aquí el acto de proporcionarse la muerte no es él mismo afirmación de la libertad, sino la liberación de ella desde la clavitud o
desde una esclavitud, dada por una particular circunstancia. En
230

este segu~1do caso, además que vía liberatíonis es también
quedó dicho, vía libertatis. Pertenece a este, segund
od'comdo
0 m
entender
el
·
'di
·
ob e
• •
SUIC1 o estoico, la muerte de Catón (no q .
vivir a la t
· .6 d
were so reermma~1 .º e las libertades republicanas) Lucrecia
(
se
rehusa
a
sobrevivir al ultraje de su virginid a d) , .n.wua
A _ n_ I (
ge la
escomuerte ant~ que vivir pri ionero de los romanos)' etc. Toobed,~c;n al imperativo de la razón como lo ha formulado
. n~ca: tu no debes vivir bajo la necesidad, r ue no ha
ti ninguna necesidad d · · ,, 1 y
po q
Y para
1
e v1v1r .
no la hay, en cuanto la vida y
a muerte no son cosas en nuestro poder y por eso . dif
h ta
d
,
,
m erentes
as .cuan o la razon, según las circunstancias nos exige vivir
o monr, esto es, no ordena poder actuar librem~te aquel "poder

:~s

, También la muerte de Sócrates en la int
.
.
el sentido de rechazar 1 · ·
..
erpretación CJtoica, es voluntaria en
e VJvrr como fugitivo fuera d
•
muerte escogida voluntariamente p"b . . e su patna, como es estoica. cada
~- no so rCVJvir a un 51'tua '6
la cual ae lesiona la libertad .. ·í
ª
CJ n degradante; en
1
"
.
· ru es a muerte de Bruto c
"alm
•.
en 1os infaustos días" {Leopard')
• uya
a vml" rehusa
1 Y contra el lado adverso af
el
•• .
1
su vo untad de victoria: sobre 1:i balanza del "d .
irma por
swCJdio
tud", lanza Ja protesta extrema de su cad&amp;ver cstmo", que ha humillado la "virsu muerte tenga un futuro
. ' en la desesperada esperanza de que
toicos", en este sentido tocio;i~ eso. c~~stítuya u~a victoria de la virtud. Son "es,
•
s SWCJwos que 11guen a una d
ru·
eJemp1o, el de los alem.lnes, después de 1
.
e~ta m tar, por
mos alemanes, japoneses, etc., durante Y des;u~~~ ~~~ mundial y de los misse ha realizado siempre el suicidio to'
tuna guerra. En estos limites
Y es fuerza que exista siempre. Es
de. q_u~ lo teorizara (la "Stoa")
de la vida, porque se aburre de re
el swcidio del que sale del teatro
tarle, o deja de darle satisfacciones p(senta~ su tape} o porque ella deja de gusnota estoica es dada solamente por el
;1e:p
~ caso de Petronio). Aquí la
aer libres de vivir o de morir según el .mp e. e o e encontrarse en el estado de
. .
,
1mpeno de la raz6n . pero la
reh usar VJvtr
en la esclavitud (~rdida d la .
•
.
causa no es el
aburrimiento Y el cansancio de continuar ~ .¿_7d, etc.)_, llDO
bien es el
estético. Aparte de esto, el suicidio de ti VI • s la vem~n esto_1ca del suicidio
en la conciencia humana y es
..
I;&gt;O e~to1co es una mstanc1a siempre viva
to ser voluntario y racional,
ts~a~c;;a éuca: l autonomía d,:l hombre en cuan,
la otra, de manera ue él
Y. a a muerte, senor de la una y de
rencia frente a la m!rte na::::fªc obedecer libremente -en la adquirida indifede la razón que juzga un bien qui:a:
no depende. ~e ~- a la orden
con au libertad y a la cual no e
ah!
ben _u~a condit16n no concordante
s razon e so rev1VJr En est
muerte y proporcionársela sin pasi6n Y en la absol ta . . .
.e caso, aceptar la
plem nte racional, necesario a la autonomia de la u :düe~cia, es un acto aimbcrtad frente a la vida y a la muerte. 1Cuánto eKr;. ~ misma confonn~ a la lisolada y compleja, hecha de desC3J&gt;eraci6 di.u ulad ptJCJsmo en. e ta aab1durfa detacadal
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ª en la racionalidad m&amp;s des-

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231

�vivir" o "poder morir", de los cuales nosotros mismos nos hicimos
libres jueces.
Pero la posición ética del suicidio estoico adquiere la plenitud
de su sentido metafísico en aquello que se entiende como "vía liberationis". Quiere el hombre estar colocado frente a lo absoluto
de la perfección, al ideal que, no sólo normativo o concepto límite,
debe ser realizado a fin de que sea el Todo. 2 Vivir cuando no se
puede ser virtuoso a la manera de Dios, es la caída, el pecado,
la derrilección. La exigencia de la razón es incondicionada: si no
puede ser el Todo, si no puedes liberarte de tus debilidades, libérate de la vida. Bajo este aspecto, el suicidio se presenta como
una necesidad inserta en la sabiduría estoica como tal, y por eso,
como la denuncia y la confirma su fracaso, esto es, la imposibilidad
de ser sabios, o si se quiere, de la no racionalidad de una parecida
sabiduría que, como no razonable, es insensata. El estoicismo se
niega a sí mismo. Estas afirmaciones merecen ser aclaradas y
profundizadas.
El estoico, como hemos dicho, se proporciona la muerte corporal (cosa indiferente ya que vivir no es necesario) para huír de la
muerte espiritualJ esto es, cuando no pudiendo ejercitar la virtud, no
quiere ser presa de las pasiones y del mal. Pero, ¿ cuándo puede
ejercer la virtud de modo absolutamente libre, perfectamente racional y liberado de toda esclavitud? Evidentemente nunca. Él
sabe que cualquier ocasión humana está condicionada, puede ser
más o menos virtuosa, pero nunca jamás puede ser la virtud plena
en la plenitud de la libertad absolutamente incondicionada. De
aquí el imperativo: "abstente", esto es, refúgiate en ti mismo, en
la pura "ataraxia", en el no-querer nada, en el querer el no-querer.
"Y tú, por tu parte, no querrás ser ni capitán de ejército, ni presidente de concejo, ni cónsul, sino libre: y para esto hay un solo
• Usando la terminología kantiana, podemos decir que el suicidio como "via li,
bertatis" es un imperativo hipotético "si te encuentras en estas condiciones (si las
libertades republicanas están oprimidas, si caes prisionero del enemigo, etc.) tú no
debes sobrevivir, debes quitarte la vida"; aquello como "vía liberationis" es el imperativo categórico "tú debes quitarte la vida, dada la imposibilidad invencible y
siempre actual de realizar en el mundo la salvación o el cumplimiento de tus fines".

232

camino, que es el de no cuidarse de las cosas que no están en nuestro poder" .. Este consejo de Epicteto (que también contiene una
profunda_ vrrtud}, d~ ser ~ólo libre, simplemente significa: "tú puedes ser libre, solo s1 qweres la pura libertad indetennm· ad tu
.
" E
a,
~ismo quere~ • s la libertad vacía, plena solamente de la angus~a de su vac10, de la potencia estéril de su complacida impotencia. '.En nu~tro ~o~~r" quedan solamente 1a libertad sin ejercicio
)'. la vutud. ~m ~os1bilida~ de actuación, en cuanto cada una, acto
libre Y acc10n virtuosa, ruegan necesariamente lo absoluto de la libertad Y_la perfección de la virtud. No hay tránsito de la libertad
al acto libre,
1a virtud a la acción virtuosa; de la "ataraxia"
1
Y de la a~ste~: on a la esclavitud y al pecado. Por consiguiente~
la d:termma~1on se pone en términos de este "aut aut": 0 la angustia de la libertad cerrada y suspendida en el vacío de sí misma
?la mue~te ~s?iritual. Pero una libertad prisionera de su absoluta
mdetermmac~on tampoco es libre (cualquier cosa quiere, quiere el
~al) , un sab10 que no ~~ede ejercer la virtud no es sabio y una
virtud que no puede cal1f1car una acción no es virtud. Esta no es
la ~ara~oja: sino "lo absurdo" del estoicismo. El estoico por necesida? _mtnnseca de su misma posición, está condenado a la muerte espmtual;. pero dado que la muerte natural le es indiferente y
q_u~ es prefen ble a la otra, está necesariamente condenado al suicidio. Pero de este modo el suicidio estoico pierde todo sentido y
valo~ moral. Por ~a.,rarte, el estoicismo es una especie de protestantismo de la antiguedad (cada acción humana es pecaminosa
porque el pecado ha hecho sierva a la libertad) y por ]a otra, fal~,ando el ~ogm~ de la _obra reparadora de 1a Gracia Divina, es un
pelage~smo ante lztteram (el hombre tiene el poder de salvarse por s1 solo), esto es, la contradicción de una libertad absolutamente esclava ( el hombre no puede ser nunca perfectamente virtuoso)_ Y al mismo tiempo absolutamente libre como posibilidad•
es decrr, la contradicción del "hombre que quiere ser Dios".
'
. Epicteto, en efecto, aconseja todavía gobernarse durante toda la
vida como en un banquete: si 1a comida se detiene frente a nosotros, tomarla moderadamente; si pasa lejos, no retenerla; si no

d:,

233

�llega, esperar igual que para todas las demás cosas. _Si a~ haccmo ,
seremos digno "de entamos a la die tra de los ~1os. . P~ro la
virtud de la templanza y de la moderación, que es mdiferenc1a para todas la coas que no e tán en nuestro poder, no es la ver~adera
sabiduría ni la plenitud de la libertad: tomar con moderación las
cosa del' mundo es, iemprc debilidad, y también caída: no basta
al sabio sentarse a la mesa con lo dio e . "Si tú no toca lo que
te será pue to delante y no lo tomas en cuenta, tu e:ás dign~ no
sólo de sentarte con los dio es a la comida sino también de remar
con ello ". El ideal del hombre es volver e dio y reinar, como un
Dios. ¿ Cómo? Absteniéndose de tomar también moderadamente,
esto es con la renuncia total, condición nec aria para ser el Todo;
y según el consejo arriba citado, en el n~ comer, en_ el rehusar también la migajas del banquete de la vida, es decir, en 1 ~~ndenarse al suicidio, dado que la alternativa es: o la muerte f1S1ca o
la espiritual, que debe evitar e a cualquier costo. Por otra parte,
para vivir 'en estado conforme a 1~ nat~raleza", _es nece ar~o antes
&lt;:umplir cualquier acción ( es todavia Ep1cteto qmen aconseja) ~ue
nosotro conozcamos la esencia y las circun tancias de la acción
misma, de manera que todo sea racional, previsto y conocido, Y nada conferido a lo imprevisto y a lo ignoto. En otras palabra , se
requiere conocer el orden del uní ~rso, la necesida~ rac~onal que
lo gobierna, es decir toda~ía ser Dios. En_ efect~, si pudies~ p~everse todas las consecuencia de una de nus acciones ( tambien mfima) y conocer cómo ella se inserta en el orden universal, in c~nfiar nada a lo impre isto y de manera que nada pe~anezc~ ignorado, conoceáa el orden universal mi mo, la nec ida~ rac1o~al
del cosmos, esto es, todavía po e ría el conocimiento _Propio de Dio ,
sería Dio mismo. Pero esto es imposible; en cualqw:r caso la tr~d del alma estaría en grave peligro; también, para viVIr
qu ilida
f"º
"en estado conforme a la naturaleza", no hay que quedarse iJOS
en este estado, abstenerse de toda acción. E to es: renunc~ar a er
virtuosos en cuanto, en cada circunstancia, ninguna acción p~ede ser perfectamente conforme a la virtud. La libertad Y la vrrtud misma experimentan así la angustia de "ser nada" por no po-

der er Dio. Por otra parte, también nece ariamente, durante
n~&lt;:5tra v~da, contaminarse y sufrir la muerte espiritual, el suiadio, se unpone como una necesidad, no como la muerte libre
sino_ como aquella necesaria, sin otra posibilidad de elección: con~
cluS1ón ab ~da d~ ~a ab _urda libertad. La vida en cualquier
caso, co~tam~a e rmpid remar con los dioses; pues el suicidio es
la nece .~dad mel~cta_bl;
hombre, el destino adherido a u querer ser una pasión mutil . El estoico, el sabio del "vive según la
razón', es el enemigo encarnizado de toda las pasiones, es el "insensato,, el que se forja la "pasión,, inútil de ser dios. 8 Adversario
de cada fanatismo y héroe de la indiferencia, es el fanático de la
autonomía racional, de la auto uficiencia de la voluntad de la
divinizac_ión del ho~bre. El uicidio no es el acto libre po/ el cual
se es árbitro de la vida y de la muerte, sino la consecuencia ineluctable de este fanatismo.

?~

Tal posición ética del suicidio metafísico ( que, como tentación
es _una ~o ibilidad inherente a la existencia) obedece a profunda~
exigencias ontológicas, que, distintas de las reacciones psicológicas, van a aclararse y recuperarse obre un plan distinto. Antes
que todo, la exigencia del Absoluto de realizarse a través de la
perfecta virtud. Todo equívoco es aquí, en cierto sentido "errante'
' caminar'
pero " errante ,, es lo que, cargado de una verdad, la hace
fuera de dirección: 1a verdad que basta situar otra vez en la buena
vía. El estoicismo ( y las posiciones análogas) son la tentativa de
satisfacer la exigencia del Absoluto y el fin último del hombre
con la sola ética (no moral) que se pone como religión; pero en
el momento más alto y omnicomprensivo coincide con la racionalidad pura y absoluta. En otras palabras el hombre se cumple
Y se salva solo. El suicidio ( aunque no efectuado, lo que es secundario) se vuelve una necesidad invencible, el acto inmanente a
esta po ición, como lo único que comporta el rechazo total de
1

6tesc c6mo la exigencia estoica, en sus aspectos negativos y positivos está hoy
viva, ":tual, no solamente en algunos existencialistas, sino en muchos factores del
J)CnJamlcnto moderno y contemporáneo, y en algunas manifestaciones de la cultura
europea.
•

234
235

�todo aquello que no es esencial a nuestra perfección, la medicina
radical a la caída ine itable en la debilidades y en la muerte
espiritual la afirmación suprema de la libertad de la vida, nuestro poder juzgarnos árbitros de nosotro mismos, no otro mismo
en el acto de salvarno en la renunciación indiferente a todo, y
en el sacrificio a la dirección de la razón. El que cree que el
hombre se cumple y se alva solo, metafísicamente es iempre uicida, aunque se muera de muerte natural, es mártir al contrario,
aunque nadie lo mate, quien cree que solamente Dio puede cumplirlo y alvarlo y toda la vida di pone a este cumplimiento, d de
lo Alto de la existencia.
o obstante en la po ición estoica, la
exigencia ontológica de la alvaci6n y del cumplimiento, má allá
y a costa de la vida
vivísima y percntoria,4 también es transferida del plano religioso al puramente racional, e convierte de
exigencia del Ab oluto en voluntad de er como lo Ah oluto mismo.
En efecto, otra co a es decir que el hombre, como aquel que participa del er, tiene una pr encia de lo divino que ontológicamente lo empuja a elevarse hasta Dios, quien olo puede cumplirlo y al arlo ( aquí el momento moral-racional tiene u cumplimiento en lo religio o) otra co a es decir que la uprema posibilidad del hombre, a co ta de todo, es el ser el mismo Dios o
también volverse parecido a Él con sus olas fuerzas o, de toda
maneras, cumplir e y alvarse por í mismo, ea también por el
uicidio. Pero queda válida la exigencia ontológica de cumplimiento y de sal ación en lo b oluto y no en el mundo natural e
histórico.
LA Pos1c16

O

TOLÓGIC'\

Diversa de la po ici6n ética del uicidio metafísico ( aunque la
incluya y tenga con ella puntos de contacto) es la posición onto• Ella está presente también en la forma más alta del suicidio CJtéti~ (fijada
etemamente en el ápice de la imagen de la verdad y de la belleza}, y, también aql.Ú,
recuperada más allá del plano p•icol6gico.

236

l6gica, la cual no obedece a exigencia de cumplimiento y salvación ( er como Dios o parecido a Él) pero de "absolutización"
del hombre y de la libertad ( inmanencia del hombre en sí mismo)
en la . forma negativa del tra cender lo humano • E ta pos1c1on
· · ' es
coDSCJcnte ha ta cuando el hombre queda obre u plano y tiende
~- lo q~e. ~ "h,~ano' tender y actuar, la auto uficiencia es su
impoSJbilidad msuperable e ineliminable de "más allá,, trascendente (como lo en lo toico ) : no podemos permanecer hombres, po~ cuanto p rfecto y ser parecido a Dio . También ordena hwr de todas la determinaciones de la voluntad en cuanto
fatalm~te limitativa del ab oluto de la libertad,
parcial
Y relativas pero in la peranza de actuar con más allá de
la muerte, el ideal perseguido y in una finalidad de toda maneras J&gt;? itiv~. El s~cidio metafí ico de tipo estoico es dictado por
~1?enc1a d:, evitar la muerte espiritual, y por el ideal de er
~0s1tlvamen~e. . parecido a Dios o común a la plenitud de sí
Dllsm?; el . wc1dio metafísico de tipo ontológico está ugerido por
la exi.genc1a de er lo bsoluto negativo no pudiendo er lo pottJvo_. er la ada, hacer tabla ra a de la existencia condenada
a lo fmito y en lo finito. Por no poder ser lo que quiere ser no quiere ser lo que puede y debe ser: o pudiendo s r lo Ab oluto no
debo_ er ni si~uie.r:i, relativo a mi humanidad. De aquí la aboluta mdetermmac1~n de la voluntad como afirmación negativa de
lo Absoluto de la libertad, y la consiguiente tentación del uicidio
p~ra huír a aqu~~ ,caída queriendo en cualquier modo algo. También en esta po 1c1on hay una afirmación, ea también negativa
d~ I_a tra cendencia del er y del valor; en efecto, ello admite im~
phc1tamente que lo Ah oluto trasciende toda determinación. La
reducción a cero de lo límites determinante ate tigua, en el fondo, un momento mí tico, en el entido que pone "el más allá,, de
cada determinación, la plenitud y lo ab oluto del er, que quiere
captar negativamente y afirmar en el ab oluto negativo de la libertad, que es precisamente el suicidio.
En la po ici6n ontológica del uicidio metafísico se actúa verdaderamente 1 vértigo de la libertad, cegada (no "enamorada")

tod;

!~

237

�del propio poder: ella quiere probar que no teme nada, que no
ama nada, que no quiere nada, con excepción de la propia "absolutez", de ser disponible sólo para sí misma al punto que pueda
decidir su muerte cuando le parezca y plazca. Es la libertad de
Kirillov, del hombre que vive como conciencia siempre actual del
suicidio (en este sentido, como el estoico, es árbitro de la vida y
de la muerte), siempre listo al acto para probar el terrible poder
de medir lo que al hombre es posible, esto es, "volverse Dios". Pocos se han matado por una razón; Kirillov se mata "sin una razón, solamente para afirmar la propia libertad", para darse gratuitamente el atributo de la divinidad, la "libertad" misma, para
mostrar su "nueva terrible libertad". Pero en el "ateo" Kirillov
( ex-seminarista y creyente en Dios, "peor que un cura" como teme Stepanovik) hay una instancia religiosa: la mentira no excluyó tampoco a Cristo, "el hombre que fue todo lo que de más
alto ha sido sobre la tierra", el "milagro" de las leyes de la
naturaleza; también "Él fue constreñido a vivir en el medio de
la mentira y a morir por la mentira'', esto es, para un Dios, un
paraíso, una resurrección, que nunca han existido. Si también Cristo ha sido engañado, el universo no es sino mentira, "fuerza diabólica". ¿Por qué vivir entonces? Kirillov "llega a ser Dios", no
porque Dios exista y él quiera ser semejante a Él, sino porque es
verdad que Dios mismo es mentira, porque ha muerto. Se vuelve Dios para negar que El exista y no morir, como Cristo, por
la mentira: es suicida porque es un engaño el martirio; se proporciona la muerte desafiando todo y aceptándola por una engañosa ilusión. Es ateo porque no puede ser creyente, pero por eso
mismo reconoce que, si Dios no fuese mentira, el martirio sería
la única auténtica voluntad escogida por el hombre. Al contrario,
si Dios ha muerto, al hombre mismo no queda sino matarse. Pero
matarse es el terrible poder de la libertad, esto es, volverse "un
Dios por fuerza". Por eso Kirillov es "infeliz'': está "constreñidoª afirmar" su libre albedrío y con este acto hacerse un Dios. Para
demostrar que Él es mentira debe mentirse a sí mismo, esto es,.
probar que el hombre es una verdad solamente si Dios es verdad.
238

Estamos lejos del tipo estoico del suicidio metafísico: no se trata de ser parecidos a Dios, sino de demostrar la mentira en su
existencia, probar por el suicidio que El no existe y así afirmar
al mismo tiempo que, solamente si ha muerto, el hombre puede
ser el trágico heredero condenado a afirmar el poder absoluto y
terrible de su libertad, el osar todo ... como un Dios. El suicidio
es la afirmación apodíctica (basta mi sola presencia) que desmiente la mentira de Dios y pone en su lugar la del hombre, dado que no puede ser verdad su martirio.
La dialéctica de Kirillov es alucinante y desesperada: todo en
el mundo es mentira y el mismo Cristo, milagro de la naturaleza,
ha caído en el engaño y se ha hecho matar para testimonio de
Dios, esto es, de la mentira misma; entonces, no vale la pena vivir. Pero valdría la pena que Dios no fuese mentira, porque en
tal caso, todo sería verdad y se explicaría. Y entonces, para ,cdemostrar" que Dios no existe y nada es verdad (para librar de esta
mentira a cuantos la creen todavía), y todo es sin verdad, Kirillov escoge la muerte libertadora; propi2 de esta elección,
que prueba el terrible poder de la libertad, lo "constriñe\' a hacerse Dios, "por fuerza ''. Vale decir, por una parte, el suicidio es
realizado para demostrar que Dios es mentira, y por la otra, en
el momento que la libertad afirma su poder absoluto de osario
todo, el hombre se hace Dios, él mismo mentira, lo que constituye
toda su verdad negativa, en cuanto es la negación de la mentira
de la existencia de Dios. Si él afirma el poder absoluto de la
libertad, si escoge la tentación del suicidio, por el hecho que puede hacerse Dios, demuestra que Dios mismo es mentira y es verdad su no-existencia. Con este acto, sin embargo, no descubre su
verdad humana, en cuanto no puede demostrar que Dios es mentira sin "constreñirse" a sí mismo a ser mentira, esto es, hacerse
Dios mismo por fuerza, cediendo a la coacción del terrible poder
de su libertad. Cristo, haciéndose dar muerte, ha confirmado la
mentira de la existencia de Dios; Kirillov, obedeciendo al "constreñimiento" del suicidio para afirmar el terrible poder de la libertad, demuestra que Dios mismo es mentira, pero puede hacer239
Hl6

�lo haciéndose Dios, es decir, la mentira de sí mismo en cuanto
hombre. También su terrible libertad se ahoga en la inmensa mentira que son la vida, esta "fuerza diabólica", Dios y el hombre y
nuestro planeta. Cristo y Kirillov: el martirio por la fidelidad
total a la fe total en la verdad total; el suicidio por desesperación
absoluta con Dios y toda su mentira por probar que es justamente así.
Pero el hombre está obligado, por el suicidio metafísico, a transformarse en la mentira de sí mismo, porque la existencia de Dios
no es una verdad. Si Él existiera, no sería necesario demostrar que
no existe, transformándose él mismo en dios, por el terrible poder
de la libertad esto es, no estaría obligado a una "absolutez" que
lo niega como hombre. En el fondo, la libertad le impone transformarse en mentira porque no tiene alguna esperanza en la verdad. Y entonces, por un lado, se deja tentar por el tremendo vértigo de lo Absoluto de la libertad misma, con el fin de liberarse
para siempre la humanidad de la colo al mentira de Dios; por
otro, acepta transformarse él mismo en mentira, "hombre, nada
más que hombre", en la desesperada tentativa, eligiendo el suicidio, de ser el "mártir" de lo imposible. Kirillov es el hombre que,
no pudiendo ser mártir de la Verdad porque Dios no existe, tiene
tal sed de Dios mismo que, como el enamorado desilusionado, se
hace uicida para demostrar a cuantos todavía creen en eso, que
Él es una mentira. De otro lado, para dar a su vida y a su muerte
una razón, aunque sea absurda, precisamente la de ser en alguna
manera "el heredero de Dios", se quita la vida por lo que no puede ser y en el fondo no quiere ser y está obligado a tratar de ser
sólo porque Dios, la Verdad, no es y todo es mentira.
Kirillov es el superhombre de Niet.1.sche "ante litteram'', es la
esencia trágica del "titani mo" de la humanidad de hoy en día,
distinto de lo griego: no es la fuerza bruta que se lanza contra el
Olimpo, sino la libertad que quiere volverse divina para probar
que Dios es mentira, sin lograr afirmarse a sí misma como heredera de Dios mismo; no le queda más que el terrible poder de
darse la muerte. No es 1a libertad que quiere igualarse a Dios
240

ser parecida a Él, sino la que, constatado que Él es mentira y
ha ccmuerto", se atreve al imposible conociendo bien que es imposible. y todo es inútil. Así afirma su positividad en la aceptación
consciente de osar sin esperanza. No se puede negar a Dios y pasar la práctica en el archivo; habiéndolo negado es necesario aceptar las consecuencias que el acto comporta. heredar el cielo, imponerse la misión "nueva,, del hombre nada más que hombre,
del hombre que se vuelve Dios. El primer acto de esta misión es
radical, se resuelve desde cero: el suicidio, como lo que da al hombre mismo el primer atributo divino, la libertad absoluta, incondicionalmente señora de sí misma. Esto demuestra que Dios es
mentira y al mismo tiempo, se atreve a querer todavía la verdad, aunque sepa que todo es sin verdad, Cristo es el mártir de la
fe y de la esperanza; Kirillov es el suicida por desesperación, el
que no pudiendo creer en la verdad de Dios, rechaza la mentira
de su existencia, pero confirma que sólo Él es la verdad en el acto
mismo que acepta ser la mentira de sí mismo, el hombre nada más
que hombre. La dialéctica del absurdo de Kirillov implica la
dialéctica de la verdad, en la cual él no cree, pero para la cual se
atreve lo mismo, aunque conociendo que ella es imposible. Kirillov, el príncipe Nicolás, lván Karamasov, Brand, Zaratustra,
Sigfrido, etc., son los hombres de la grandiosa trágica epopeya de
todos los que osan el imposible. Son la verdad en la mentira: saben que su querer ser nada más que hombres es mentira, pero saben que es fatal aceptarla porque sólo aceptándola hasta el fondo, muriendo para la verdad que no es, actúan la sola posibilidad
de dar un sentido a su desesperación, de calificar su existencia y
rebelarse, sea también sin esperanza, a la mentira universal, que
comprende también la de ellos.
Por otra parte, la elección se impone: ser "Peer Gint", que es
solamente su instinto espontáneo (y por eso sin libertad), es "como
es,,, "feliz,,, y "tierno" como un corderito, que se dobla a las canciones de Solveig; o ser Brand, el "deber ser" más allá de lo humano, libertad autónoma de la sociedad y de Dios que impone a
Inés beber todo el cáliz del dolor, al hijo la muerte y a la madre
0

241

�el rehusamiento del consuelo religioso en la lucha "por el hombre,
el heredero del cielo", en la batalla desesperada de hacer del
hombre mismo el constructor de Dios. Brand sube desde el
"abismo hacia las supremas alturas", se queda "a cualquier precio" contra todo lo que se esconde detrás de la "vil palabra"
hur:iana, inderribable en la lucha, en la tempestad, en la acción,
en el nombre del tremendo Dios que es su voluntad de osar, en
la encrucijada entre el todo y la nada, allá arriba sangrando sobre la roca y la nieve, solo, listo al sacrificio supremo, decidido
a escoger la muerte. La avalancha Jo envuelve y sofoca sus últimas
palabras: "Contéstame, Dios, en el momento de la muerte: ¿no
basta el quantum satis de la voluntad humana, para conseguir una
brizna de salvación?" "No basta", grita una voz entre el relampaguear de los rayos: "El es Deus charitatis''.
Zaratustra es el símbolo del Hombre que se consuma para una
finalidad imposible, frente a algo que lo trasciende, lo "desconocido''.
Él busca el fin trágico, el suicidio, fuego de atracción para los
discípulos, testimonio ejemplar. El superhombre, el hombre que
no es nada más que hombre, es todavía una encamación del Absoluto. En la inmensidad del "todo es inútil y vano", del "todo es
igual a lo que ha sido y será,,, el hombre inserta el absurdo de su
voluntad : sobrepasarse a sí mismo, ir más allá de la vida, tentar
la posibilidad de una "libertad nueva". La resolución es desesperada porque sabe querer el absurdo, pero es justamente esta absurda voluntad de sobrepasar el humano insignificante ( de ser "por
encima" del hombre) que confiere valor a la existencia: sólo reduciendo la humanidad a su negación, el hombre puede calificarse
a sí mismo. Es ésta el "alma nueva" del "hombre nuevo", que se
atreve al imposible, sabe que su destino es la insignificancia en la
universal insignificancia de las fuerzas cósmicas, que la vida es
mentira y a pesar de eso se atreve, desafía al destino mismo, se
califica en este acto de rebeldía, héroe que para rehusar la mentira escoge el imposible más allá de lo humano sin sentido, mera
"representación" que esconde la verdadera "tragedia". El super242

hombre es el caballero que, entre la muerte y el diablo ( en una
como agua fuerte de Durero), con su perro y su caballo, procede
en su fatal camino serenamente, lanzado a la desgracia, pero decidido a avanzar igualmente, a hacer de la fatalidad del destino
la potencia de su voluntad, la libre lección de su muerte para lo
imposible. "Estaba sin esperanza y quería la verdad". Dialéctica
que gira en el vacío sobre sí misma, pero el círculo empieza y se
cierra siempre en el signo de lo Absoluto, negación y afirmación
de él, al mismo tiempo rechazado y aceptado.
En el mártir la fe indestructible está unida a una indestructible esperanza: él reza ardientemente a fin de que la una y la otra
nunca se le pierdan. En el suicidio metafísico ( en las formas consideradas por nosotros) está una fe sin esperanza y sin objeto. En
Kirillov hay, como en Brand y Zaratustra: cada uno de ellos tiene una fe potente de apóstol y de profeta, que aceptaría el martirio si Dios existiera. Son ricos, desbordantes de fe, quemados por
su ateísmo que les priva del objeto sobre el cual hacerla recaer;
ni pueden dirigir al mundo lo que puede ser satisfecho sólo por
Dios. Desde aquí su radical negación de todo significado y valor
a lo que es natural y hum~no ( a la ciencia y a la historia) , el querer pasar más allá de la naturaleza y del hombre, su polémica
contra el orden constituído, la sociedad, la mora~ etc. 5
"Muerto Dios", nada -ni ciencia, ni historia ni infinitos universos-- pueden satisfacer la fe que el hombre tenía puesta en Él.
No queda sino intentar el imposible, matar la infinita heredad
que aplasta. En ellos la plegaria del creyente, que suplica a Dios
a fin de que Él venga a conservar la fe y la esperanza, se transforma en la tremenda plegaria de tener la terrible fuerza de mudar la fe que mueve las montañas y ya sin objeto, en una desesperación metafísica otro tanto potente, porque sólo ella puede darles
' Desde este punto de vista su ate!smo, como iremos a ver, es antitético a aquel
del "humanismo absoluto" y es la negaci6n del historicismo de Hegel y del hegelismo, los cuales indican al hombre como objeto de su fe en el hombre mismo, la
humanidad futura: le ofrecen la solución "antropol6gica" del problema de Dios. En
este sentido también Kierkegaard se alinea con Dostoiewski, Ibsen, Nietzsche, Una,.
muno, etc.

243

�la absurda férrea voluntad de osar contra el destino, de ir adelante
sin esperanza, de querer lo imposible. o es el titánico o sat~co
desafío a Dios en una voluntad de soberbia sin amor (Lucifer)•
Es más bien o~a cosa: pronunciada la blasfemia de su negación,
es el desafío a la insignificancia de un mundo privado de Dios,
la protesta contra el ateísmo, que, diciendo que "Dios es una mentira", en la pretensión de "liberar" al hombre por ella, hace de él
y del todo "farsa diabólica". Si se necesita toda la fe para creer
en Cristo, a pesar de todo, y también si en el mundo pr~alecen
el mal y la mentira, se necesita toda la fe de la de esperación para desafiar al destino, sabiendo que es invencible en su ceguera
inmutable. No es el suicidio "satánico ' de quien odia el bien y lo
contrapone al mal (Smerdiakoff, en cierto sentido), q~e. es una
forma distinta del suicidio metafísico. Es verdad que Kirillov calificándose con el absoluto de la libertad "se vuelve" Dios, pero
está obligado a eso propiamente porque ~íos ~ o no ~te.
En el suicidio satánico, en cambio, no se ruega a Dios: se afrrma
y no se le reconoce, se le rechaza, se rebela la creatura que se
"contra-pone". Satanás no es ateo: afirma a _Dios y se 1~ pone
en contra: quiere tener, negativamente, la nnsma potencra que
El tiene positivamente. Dios es Amor y él quiere ser la "creatura,
sin amor"· El es el Bien y él quiere ser el Mal; El es la Verdad y
'
.
él quiere ser la Mentira, etc. Es la pura soberbia que_ ~uiere ~er
el opuesto Todo negativo, no pudiendo ser el Todo pos1bvo; qwere ser todo lo que no es el Ser.
En el momento en el cual maduraba la crisis de la conciencia religiosa europea "los ateos" suicidas, de los cuales estamos hab!ando, representan el rompimiento con otro ateísmo, aquél de ongen
o de inspiraci6n hegeliana, el cual afirma que la "muerte" del
Dio tra cendente representaba un grado superior de conciencia
en la historia del hombre, y precisamente la conciencia de que el
problema de Dios es problema del hombre, de aquello que él mismo se construye a través del proce o histórico, para el cual el "mito ' de Dios mismo se ha transformado en la realidad racional del
Hombre cual será, una vez liberado de la "alienación" religio a.

Este ateísmo pone la naturaleza, la historia, el hombre, en y para
sí mismas como la solución verdadera del problema teológico, cambia el eterno con el devenir. El otro ateísmo se revela contra esta
mentira de querer traer de la conclusión negativa (Dios no existe)
consecuencias positivas: el Hombre en el mundo es el futuro de
Dios, es el absoluto positivo de la libertad en la naturaleza y en
la historia. Contra el engaño de colgar sobre el pecho de la Nada
el 1 trero con una inscripción sobre el "Ser'', y de querer esconder la desolación con el entusiasmo "humanístico"; contra la vileza de crearse voluntariamente la ilusión de que la existencia,
ahora que se ha descubierto que Dios es mentira, ha conquistado
su verdadero y último significado, prote ta el ateo suicida y provoca la ruptura con el mundo y con la historia, ya sin sentido y
sin alguna uraz6n de ser". Por esto él se extraña del mundo mismo, donde todo es mentira, niega todo valor a la ciencia y a la
historia misma y se dispone, armado del tremendo valor de la
desesperación, a aceptar la muerte voluntaria como Ja liberadora
de la vanalidad del "vivere et necesse", para ser Dios, por lo
menos por un instante, lo que, substrayéndose al futuro como escribe Michel Stoedter, fija en sí mismo, sólo present~ toda la
existencia, hace del tiempo un solo punto, donde eIJa ~e recoge
"en .el, r,uerto " y h ace "11 ama " de sí misma quemando en la "pers1:13s1on de 1a muerte libre toda la "retórica" de la vida, cuyo
vmo, todo, ha sido vertido con el "asesinato" de Dios. No es la
búsqueda de la muerte para hacer cesar toda necesidad con la
n~~ación del yo (esto es, adherirse todavía a la vida que se ma~esta ,,con el libertars~ por ella) sino la afirmación del yo mismo,
~ alla de toda necesidad, comprendida la de vivir (todo men~a_) • Es la catástrofe al límite de los límites del hombre, que se
ilusiona de rescatamos a todos con 1a muerte libre, con un calvario, sin otra meta que no sea la muerte misma y la Nada. Por
también la audacia de osar lo imposible no se salva en la positlv1dad y se ahoga en su misma negatividad, careciendo de un real
"más allá" del hombre, del mundo y de la historia. Pero permanece

~st?

244

245

�válido el rompimiento con el historici mo, con lo_s mitos de la ciencia de la historia y del progreso, del hombre-D10s.
' este punto la desesperada soledad del " olo" -solo en. la
mentira de Dios y en la del mundo- que cu_lmim: en la trágica
epopeya del suicidio metafísico, e hunde en _el la aspera_ dulzura
· finito deseo de caer siempre má abaJo
d el m
. . en el abtSmo d
la "vuelta , al líquido cao primitivo (sentumentos estos que s_e
encuentran, por ejemplo, en el joven W ~rther y en Ana Karemna) empujado por el ansia de confundir e con lo elementos de
la n'aturaleza: disolver e en el aire, en el agua, en, el !uego, en la
tierra sentidos en toda ·u potencia de fuerzas cosrrucas necesarias así como lo sintieron los filósofos griego antes de 6crates
y c~n todo el sentido trágico del que quiere anular~- en lo elementos que no conocen luz de conciencia y responsabilidad ~e ohmtad. Sentido pánico de la naturaleza, don de nuestra vida a
la tierra madre, que está ahí esperando beber nuestra ~ngre,
que da vida a una incomprensible existencia. Es el atr~ctJ.vo del
viaje de regreso in regre o, del desierto, de la montana, de la
estepa, de la pampa, la atracción "homérica", de la. naturaleza
potente en su insignificante grandeza, en la cual es tiempo d_esde siempre que el hombre anule su propia ~xistencia. Es el vér~go
de la libertad que no le interesa nada er libre, y anula el senado
dionisíaco de í misma en el baile eterno de los elementos.
Traducción de:

GIANCARLO VON NAOHER

BERGSO E M:ÉXICO: UN TRIBUTO
A JOSt VASCO CELOS

Dr.

PATRICK ROMA ELL
Universidad de Texas

CoN A TERIORIDAD A LA REvoLuc16 MExic A de 1910, México era, pese a todo los intento y propó ito , una colonia cultural de Europa, no obstante el progre o alcanzado por su independencia política de España, un iglo antes. Con la Revolución, México nació como entidad cultural "per se".
En contraste con la bandera ostensiblemente anti-nacionali ta
de la Revolución Rusa de 1917 la Revolución de México en 1910,
fue abiertamente nacionalista en su orientación general. La Reolución Mexicana, a principio del siglo XX, no solamente llegó a obrepasar a la Guerra de Independencia de principios del
siglo XIX, propugnando por una recuperación política y económica de México, ino que dentro de la búsqueda de una plataforma política, llega también a completar la conquista hispana,
de comienzos del siglo XVI, si consideramo a í su esfuerzo intelectual y cultural, en el descubrimiento de México mismo. E te
descubrimiento de México -en su aspecto ideológico-- realizado por los propios mexicano, se refleja en forma má precisa en
eso pensadores que han interpretado la Revolución en términos
que giran en tomo al concepto-pivote de la mexi.canidad.

Así, si queremos comprender qué es lo que hay de nuevo obre
el México antiguo, es necesario acudir en última instancia, a sus
filósofo más representativo . ¿ Cuál es el motivo de esta actitud?
246

247

�Porque aun en el caso de que no quisiéramos aceptar -in _tota:la opinión del eminente historiador médico, Henry E. S1genst,
cuando afirma que "los filósofos son los más poderosos hacedores de la historia", 1 por lo menos, es necesario admitir que éstos
son sus más persuasivos "rehacedores". De la misma manera que
no podríamos comprender a los Estados Unidos de ~érica sin
los pensadores del Iluminismo, así también, no es posible hacerlo
con los Estados Unidos Mexicanos, sin considerar a los pensadores
de la Revolución. Ahora bien, de todos los "pensadores patriotas"
de la Revolución Mexicana, el más grande ha sido, sin lugar a
duda , el recientemente desaparecido, José Vasconcelos ( 1882.
1959). Para comprender su contribución intelectual, en su propio
contexto, es necesario echar una breve mirada al desarrollo general de la filosofía en México, durante los últimos cincuenta años.
La filosofía mexicana contemporánea se puede dividir, en términos generales, en dos períodos: 1) El Bergsoniano ( de 191 O a
1925) y 2) el Orteguiano (a partir de 1925). Cada uno de estos
períodos encuentra sus últimas raíces, en una forma o ~- otra, en
la Revolución Mexicana de 1910. Tal y como tuve ocas1on de señalarlo en reciente conferencia sobre este tema, en la Universidad
de Indiana, la Revolución procrea la idea de la mexicanidad Y
esto trae, como consecuencia, la germinación, en el transcurso del
tierp.po, de la idea de una filosofía mexi~a. Al co~~~o d;l
período bergsoniano, el acercamiento a la idea de ~a , filos?ffa
mexicana" se realiza primordialmente sólo como filosofia, mientras que ~ el segundo, u orteguiano, este a~ercamiento ~acia la
misma idea se da primeramente, como mexicano. La razon para
establecer ~ta diferencia entre las dos etapas en la nacionalización del pensamiento mexicano puede no parecer muy obvia; mas,
sin embargo, antes de esto, no es posible encontrar una filosofía
mexicana auténtica del todo, ya que naturalmente, debió haber
sido primero filosofía, como tal.
Ahora bien, de acuerdo con Samuel Ramos, el filósofo español,
José Ortega y Gasset ciertamente ayudó a la presente generación
intelectual en México, a encontrar "la justificación epistemol6-

gica de una filosofía nacional" 2 pero fue, sobre todo, el filósofo·
francés, Henri Bergson, quien ayudó a la generación mexicana
la anterior a la Revolución, para encontrar la justificación meto~
dológica de la filosofía misma, lo que distingue a la filosofía en
México, desde su curso inicial, a partir de 1910, es precisamenteuna tenaz búsqueda para lograr autonomía. Mientras una gran
porción de esa filosofía dependía de las llamadas "Filosofías Madres" europeas para su inspiración, la filosofía mexicana contemP?ránea, no se preocupará ya más en ser tutelada por patrones;
aJenos, ya se trate de la Iglesia, del Estado o de la Industria. Ya
que el alcance histórico de este ensayo se limita al período ini-cial bergsoniano de la filosofía mexicana contemporánea, · cómo
~ía especificarse el que la filosofía en México pudiese ~dquinr su autonomía en el terreno de la investigación? Esto nos lleva
directamente a la contraparte filosófica, en 1910, la insurrección
en contra del positivismo en México, parangonable con el famos01
Grito de Dolores, de 1810.
La primera manifestación pública organizada de la insurrección mexicana en contra del positivismo, data de una serie deconferencias auspiciadas por una sociedad de jóvenes intelectua
les, llamada "El Ateneo de la Juventud", fundada el 28 de octubre de 1906, ~ la ciudad de México. En conmemoración del primer Centenario de la Independencia Mexicana el Ateneo pro-gramó seis conferencias públicas que tuvieron lugar en la Facultad
de Derecho, de la Universidad de México, durante los meses deagost_o y se~tiembre de 1910. Estas conferencias fueron impresas:
el ffilsmo ano, en forma de panfleto. En la introducción de las.
mismas, leemos que el propósito de esta serie de conferencias fue
"estu~ar, la personalidad y los trabajos de los pensadores hispano-amencanos, de los hombres de letras,,. ª Sin embargo, el motivo,
real que estaba en el fondo de las conferencias del Ateneo era
crear un ferviente interés para que se extendieran en todo el' territorio mexicano, los ideales hispano-americanos, de tal manera,
que el pueblo mexicano pudiera encontrar un modo legítimo de
expresarse a sí mismo, y por ello, sentirse espiritualmente dentro

�de un hogar común. De las eis per onalidades ~spanoamericana que habrían de servir de tema en las conferencias, suste~tadas
por los propios miembros del Ateneo, cuatro fueron . m~cano
(Manuel Jo é Othón, José Joaquín Femández de Lizard1, Sor
otros dos fueron,
Juana Inés de la Cruz y Gabino Barreda),J lo, Enr'
R dó de
Eugenio M. de Ho to , de Puerto Rico y ose
1que o ,
Uruguay. Los jó enes conferencistas incluyeron a las para ~ntonce e entuales celebridades del 1éxico nuevo, como Antoruo ~aso Alfonso Reyes y Jo é Va concelos ( el egundo de los -~enc101 "B · mín del Ateneo" es hoy el único superv1v1ente),
d
na os e
ºJª
D •
l "S6
así como a Pedro Henríquez Ureña, de anto ommgo, e
crates" del grupo.
Aunque los esfuerzos sub iguientes del Ateneo en el ~ampo. de
la educación para lo adulto , no tuvieron el impa~to mmed1ato
en el despertar de México, su miembro habían avizorado -podemo afirmar en forma retrospectiva- que •u búsqu.eda pa~a una
independencia intelectual constituiría, en el plan~ .1d oló~co , lo
que la Revolución Mexicana de 1910 es en lo político. M3: ~un
de las sei conferencia 2.uspiciada por el Ateneo en el ultuno
la que llegó a acercarse má a ex.temar el desverano d e 1910,
b'
· d
contento general hacia la ideología positi,vi .ta que ha 1a. rema o
en México por dos generaciones fue la últlfila, pronunciada por
V asconcelos con el título de ' Don Gabino Barreda Y las Ideas
Contemporánea ". Invirtiendo los concepto a Comte por la restauración del valor en tocio su "sentido poético" del ho~bre y
tomando al principal discípulo mexicano de Comte Gabmo. B~rreda, para culparlo de no haber e percatado de q~e los prmc1.
· tífco son "mera hipótesis" Vasconcelos mvocó en u
p1os c1enp i_
é Camot Clausius Lord Kelvin y a Bergson, ceapoyo a ornear
,
d l fl
trevida exposición con palabra en contra e a 1 od
rran o su a
'
f' . D'
M ' ·co •
sofía oficial del régimen decadente de Por mo , 1az .en
exi ,
"El Positivismo de Comte y pencer nunca podna satisfacer nues-

.

.

,,

.

tras a pirac1ones .
.
Esta última conferencia de la serie, la que fue dicha por asconcelos n la tarde fatídica del 12 de diciembre de 1910 (o ea
250

tres día antes de la fecha de la conmemoración de la Independencia de México, y casi en la víspera de la Revolución misma),
expresó en forma clara el espíritu que animaba a la nueva generación del Centenario a la que pertenecía y que hemo bautizado
como la Declaración Mexicana de la Independencia Filo ófica.
pe ar de los po ibJe-- desacuerdo que podamos tener con el
recientemente desaparecido a concelos debido a su cambio de
pensamiento en sentido con rvador, no hay duda de que el primer asconcelo , con su Grito del Ateneo en contra del Positivismo llegó a er en 191 O el Padre Hidalgo de la Filosofía Mexicana.
Si Comte y pencer ( así como us discípulo mexicano , Gabino Barr da y Ju to Sierra, respectivamente), nunca pudieron satisfacer las a piraciones de los Ateneí ta ¿qué filósofos lo hubieran logrado? Para obtener una contestación, tomamo la versión
que obre este punto da Henríquez reña: "Hemos sentido la
opre ión intelectual junto con la opresión política y económica,
que ya una gran mayoría del país ha advertido de in.mecliato. Vimo que la filo ofía oficial era demasiado sistemática &lt;lema iado•
definitiva como para no estar equivocada. o lanzamo entonces a la lectura de todo lo filó ofo para quien el positivismo
era condenado como inútil partiendo de Platón -que fue nuestro má grande maestro---, hasta Kant y chopenhauer. Llegamo a considerar aun a iet7.Sche seriamente. ¡ Imagínense eso!
Descubrimos a Berg on Boutroux Jame y Croce". 5
Incidentalmente, el e ctitor dominicano no pecifica en el paaje anteriormente citado, una influencia peculiar en Va concelo
durante esa época
presamente, la de Plotino y la del misticismo hindú. Pero de toda las fuentes de inspiración que se encontraban en el fondo de la in urrección mexicana en contra del positivi mo la sub ecuente evidencia lo conduce a uno a la conclusión de que el que más influencia ejerci6 fue Henri Bergson. Claramente aparece esto si t'xaminamo la obra de Caso y de Vasconcelo 1o dos más grandes fil6sofo del Ateneo y de la generaci6n del Centenario. De hecho, en su tributo a la memoria de
251

�:B r on en 1941 Vasconcelo admite claramente, que en la prim ra etapa de su propio pensamiento fue "sin duda bergsonian~ ',
otorgándole al filósofo francé su reconocimiento por haber sido
"el más importante animador filo 6fico de nu tra era". 0
El porqué de la profunda influencia que B~rg on ejercier~, e~
México en la primera década del presente siglo, no es d1ñcil
imaginárselo.
í como el gran filósofo francés. ha~í~ elaborado
a principio de iglo, una nítida doctrina de la m~~!6n en Una
introducción a la M etaff.sica ( 1903) , qu se convrrtlo en un arma para combatir al po itivismo fundado por su propio pai ano,
Augusto Comte, y desarrollada post riorrnente, a travé de
lineamientos evolucionistas de Darwin establecidos por el po 1t1vista ingl' Herbert pencer; Caso y Vasconcelo , después, en el
mi mo iglo, invocarán en su oportunidad al intuicionismo bergsoniano con objeto de atacar a Comte, así como a sus discípulo
mexicanos. Tampoco es difícil explicarse por qué la reacci6n en
contra del positivismo en México durante el siglo XIX haya sido
más violenta, que la de su predecesor en Francia.
El positivi mo n México no fue simplemente ~ produc:º. de
especulación de gabinete -ya que toda especulación metafis1ca
por definición po itivista, resulta inconveniente o inadecuada-.
¡ En cambio, el positivismo mexicano era un arma de propaganda del Presidente Díaz, "el tirano honesto,,! y esto era tan verdadero que fu nec aria una revolución entera para acudir e
tanto el arma como al tirano. Ahora bien, dado el apoyo político
que e le otorgó en México al po itivismo, aproximadamente de
lo años de 1867 a 1910, ¿es posible dudar el por qué lo jóvenes
Ca o y Va concelo , e hayan vuelto hacia Berg on para obtener
una ayuda en la restauración y rehabilitaci6n de la filosofía especulativa?
Dejando a los políticos a un lado, lo que en realidad cuenta filosóficamente es lo siguiente: aunque Ca o y a concelo permanecieron hasta el fin, como di cípulos de Bergson no fueron imples imitador o expo itor
uyos en México. La erdad
que
.ambos desarrollaron el pensamiento her oniano en dos aspectos

!~s

252

distintos. Mientra Caso desarroll6 un "dualismo ético" derivado del . dualismo científico iguiendo una de Ja i::orri:ntes del
p~anuento ber oniano, Va concelo igue a su vez un "monismo
d prend de la corri nte del, momsmo
·
, . estético". que
~tico _que le_ mcluye. o
necesario agregar que esta pronunc,1ad~ diferencia entre los dos berg oniano mexicanos indica por
1 ?11Slllª la ª°?bigüedad de B rgson en u propia posición filo. 6fica, como a 1 podrá advertirse fácilmente en su última y más
un~rtante_?bra, Las _dos fuentes de la Al[oral y de la Religi.ón.
La ~estabilidad del 1 tema bergsoniano en filo ofía se debe al
conflicto de dos corrientes que operan en su pensami oto. Por
~a part , ~orno un duali ta en biología, Bergson asum la dualid~d. del origen de la materia y de la vida, cuando e tablece qu
la vida no puede s r resuelta en hecho físico y químicos, opera
en la forma de una cau a especial, agr gada a lo que ordinar-ia~ente ll~a~os materia". 7 Pero en otro aspecto, como un místico en ~ lig1on, se encuentra lógicamente forzado a interpr tar
1~ ~~ten~ Y la vida como "asp ctos complementarios de la creación • m_ embargo, la ·oluci6n para tratar de hacer justicia a
amba corrientes -la dualística y la moní tica-, es -cunosa·
ment~-. el confundir el dualismo con una teoría de doble aspecto
metaf1S1co -lo que constituye el dilema de Bergson.
_Para ob ervar cómo . Caso y asconcelos difieren de Bergson,
.asi co_mo entre ello nusmos, es necesario hacer una breve comparación _de us respecti as obras. Principiaremos con un análi ·
comparativo de Caso y Bergson.
~torif o Caso, _quie~ acostumbraba impartir su enseñanza de
_ociologia Y de Filosofia con elocuencia consumada en la Univerd~d de Méx!co,_ se sentí_a satisfecho de emplear su dualismo berg~ruan_o, en te~nos. sociológico , en vez de utilizarlo en término
b1ol?g!co o p icol6g1cos. Haciendo una distinción polarizadora
r~numscente de Heinrich Rickert, escribió: "La cultura, está lógicamente, opuesta a la naturaleza". 9 E ta polaridad entre la
naturaleza y la cultura e interpreta en form3. ontológica recibiendo una elaboración d de el punto de vista de un neo-vitalismo,

253

�como así se encuentra en su obra principal La existencia como
economía como desinterés y como caridad, la que apareció primeramen~e en 1916 bajo un título más breve y con un subtítulo
de Ensayo sobre la esencia del cristianismo. La tesis central de
la obra consiste en que solamente a través del "amor" (en el sentido paulino de caridad), el hombre puede llegar a obten e: un~
"victoria mística" 10 sobre la vida. Explotando para sus propias finalidades, el punto de vista bergsoniano en La Evolución Creadora, en el sentido de que cada organismo persigue "solamente
su propia conveniencia" y "va por aquello que dem~da ~l. m~nor esfuerzo" 11 Caso concluye que la vida, sub specze utzlitatis,
es esencialme~te un negocio egoísta. De aquí que el completo significado moral de la proposición, general: "La cultura está opuesta, lógicamente a la naturaleza", sea: "El amor está opuesto, ló-

gi,camente, a la vida".

.

Caso no ha necesitado emplear tantas palabras para decir lo
anterior, pero eso es lo que substancialmente pers~~~e en_ s~ libro. Podemos preguntarnos: ¿ Cómo esta cosmovision cristiana,
la que no solamente asume un conflicto entre la vida y el amor,
sino que llega a constituir la mayor "antinomia" de la ética Y de
la religión, pueda ser comparada con la posición de Bergson?
Debemos hacer notar que Bergson confiesa en su último testamento, Las dos fuentes de la Moral y de la Religión ( 1932) , que
sus conclusiones místicas "completan naturalmente, aunque no
necesariamente, aquello contenido en nuestro libro anterior, 12 La
Evolución Creadora" ( 1907), su obra maestra.
Ahora bien, el punto importante en la confesión berg~oniana, es
la distinción implicada entre un natural y un necesario complemento de su posición filosófica. Esto es significativo, ya que nos
lleva a la cuestión de ver cómo Caso presta su propia contribución al Bergsonismo en México.
El ensayo de Caso sobre la existencia ( 1a. edición, en 1916;
2a. en 1919 y la 3a. en 1934) es importante, no solamente en
las dos primeras ediciones, anticipando el "cabal misticismo", 1 ~
proclamado en la obra de Bergson, de 1932. En virtud de haber254

se colocado de esta manera, nos demuestra también, que el discípulo mexicano había advertido años antes que su maestro francés, las conclusiones místicas de Las dos fuentes de la Moralidad
y de la Religión, las que no necesariamente completan aquellas
alcanzadas en La Evolución Creadora. Porque lógicamente, tanto "el ímpetu de amor" y el "ímpetu de vida", resultan incongruentes, después de todo y a pesar de lo afirmado por Bergson.
De hecho, el trabajo de Caso es más consistente en esta materia,
con una ética de amor, que las "Dos Fuentes" mismas de Bergson, en las que se escribió que "toda moralidad sea por presión
o por aspiración, es, en esencia, biológica". 14 ¿ Por qué es esto
así? Porque en contraste con el biologismo metafísico de Bergson,
el meollo en la filosofía de la conducta en Caso, estriba en que
toda moralidad genuina, es en esencia, antibiológica, ya que lo biológico para él llega a ser idéntico con el egoísmo. Consecuentemente1 si la vida no llega a ser algo de que podamos vanagloriarnos, no debemos hacer una virtud moral de una necesidad biológica. En pocas palabras, ¡ abajo con Ja Regla de Acero del élan
vital! ¡ La Cruz de Jesús simboliza la Regla de Diamante de la
Etica!
Para resumir la relación de Caso con Bergson, así como su contribución al bergsonismo en México, podemos decir que mientras
Bergson nos muestra lo que es debido en la vida, Caso nos indica
lo que hay de equivocado en ella. Como Bergson, Caso es un neovitalista, pero siendo característicamente mexicano, es un neovitalista, con un toque trágico. La oda de Caso es en desprecio,
no en aprecio de la vida. Ahora bien, aparte de las dificultades
semánticas que producen términos tales como "vida" y "amor",
el mensaje de Caso es de la más grande significación espiritual,
especialmente en tiempos como los nuestros, cuando vemos que
lo que se está haciendo son precipitados preparativos para una
simple supervivencia en un mundo mecanicista que tal vez no pueda proporcionar ni siquiera medios de vida para una simple almeja,
menos aún para el hombre mismo.
En lo que respecta a la contribución de Vasconcelos al bergso255
el7

�n · mo en México permíta eno lanzar un vi tazo a la forma en
qu difier de Ca o. La nota má di tintiva de identificación del
· tema va conceliano de filo ofía, el "moni. mo tet.Ico bastaría
para di tinguirlo repetimo , del dualismo Cristiano o ético de Cao. E te ello característico provi ne originalmente del título de
un pequeño libro, publicado en 1918, El Monismo Estético, que
un preludio de su si tema. El libro a' !Jamado, conteni ndo
1 si t ma mismo, fu precedido en otra da e de anticipo , como
u obra titulada Pitágoras (1916) seguido de tres compacto volúmen , Tratado de Metafísica (1929) Etica (1932) y Estética
( 1936). E ta trilogía de Moni mo estético fue completada por
la Lógica Orgánica ( 1945) y la Todología ( 1952). uficientemente irónica la Todología intentó er la culminación mí tica del
i tema y de hecho, constituy el último testamento del autor pero como su título su iere ( con perdón de lo lingüísticos puri tas )
un verdadero "potpourri", tratando de manera puramente esp culativa, toda da de co a terrena y... ¡ cel tes también!
Debe tomarse nota que el primer quema de a concelo que
contiene u punto de vi ta aparecido en u en ayo obr Pitágoras,
ale n el mi mo año - 1916- en el que aparece la primera edición de la principal obra de Ca o, cuyo título original fue: La
Existencia como Economía y como Caridad. Sin embargo es encillo advertir d de el principi-0 que aunque ambo tratadi ta
ob ervan el mundo d de una per pectiva piritual
a concelo
la interpreta en u totalidad n término estéticos má qu éticos.
El punto importante que e nece ario mantener en la mente acerca de a concelo y de Ca o tanto como en la relación d ambo
con B rg on s que mientra Caso anticipa en cierta forma la
conclu ion mística de é te en Las dos Fuentes, a concelo no
610 anticipa ino qu la actualiza, trabajándola y pr entándola , virtualmente, en un nuevo i tema de filo ofía. Para preci ar nu tro a erto en te punto
a concelo fu un cerebro
mucho más creador que Ca o aunque por ningún conc pto tan
cuidado o como lo fue Ca o en u formación e colar.
El hecho de que \ a cancelo no hava recibido aún el reconoci256

miento f!lo ófico que e merece en México - para no mencionar
otro P~• olamcnte prueba la fatalidad consagrada por el
pro erbio d que el profeta no recib honor en u propia tierra. Ha de de luego, e ·cepcion a e ta indebida negligencia
a concelo el filó ofo. iü in embargo i yo pudiera
a entura_rme a ~er por ahora,.~ prof ta, predigo que llegará por
pr-0p10s mén~o a er ~n filosofo cono ido algún día que su
o~~a crá exammada senamente en terreno.
trictamente filo~fico tal y como en cualquier forma, deb rá ser. Cuando e e
día Jlegue u · tema de Moni mo E tético cuyo acento mi mo
n 1~ coordinac~ón_ de elemento hetero éneo . e un insinuante
rcfle10 ~ 1 mestiza7e cultural de íéxico mi mo erá visto en sus
prof&gt;?rc1ones verdadera y erá considerado como producto má
g numo de_la mexicanidad de la 'Filo ofía Mexicana', que todo lo sueno de u~a 'Raza Cósmica , que toda la e pecula~ione qu . antoJan extravagant en e o do trabajo, qu
Junto c?ns~tuyen la propaganda de a concclo el político: La
Raza Cosmzca (1925) elndología (1927). D ntro de lo quepodamo P~ ar del moni mo e tético como sistema tiene al
meno la virtud de er una filo ofía, y no olamente una obr; de
propaganda xhibida como Filo ofía Mrxicana .
.

~!viendo, in má circunloquio a la consideración de la orial1dad de a concelo con re pecto a Bergson hay por lo meno tres a pecto , en lo cuale
asconcelo el discípulo igue
~l, maestro Y de ta manera o de otra llega m' cerca que el
filo ofo fran~és a la acariciada meta del "compl to mistici mo
qu ambo ttenen n común.
En primer lugar, a concelo remuey la corrient dual' tica
~ l~. metafísica berg oniana, in i tiendo a tra, é de u sistema
fil?sofi~o en un riguro o "monismo xistencial d energía có .
Junto .ª un "mo~o. jerarquizado" y di ver ificado -la
t ª ~;na, l~ VIda Y la con~1enc1a son concebida como tre diferen_rcvul tones de la nusma energía e d cir no como tr
ub _
10
tanc1a
dif
rentes
•
b
d
b
la
. .,
.
m em argo, e e acrregar e para completar

:tea .

expo ic1on que de pué del regr o de Va cancelo a la Igle257

�sia Católica, ya en sus últimos años, reintrodujo la corriente dualística de la religión tradicional a su pensamiento. Esto aparece
así en plenitud en un escrito preparado para el XII Congreso Internacional de Filosofía, en Venecia, el que vio la luz un poco
antes de su muerte. En dicho escrito, que tal vez haya sido el
último que publicara, Vasconcelos sencillamente declara que Dios,
el Creador, es el único ser "quien no es energía". 17
En segundo lugar, parte de la originalidad de Vasconcelos con
respecto a Bergson, descansa en que desintelectualiza el último
concepto inicial de la intuición como "simpatía intelectual", haciéndolo "super-intelectual": pathos o emoción.
Al verificarlo así, Vasconcelos anticipa la variada "extensión"
de la intuición más allá del límite filosófico que Bergson estableciera en Las dos Fuentes, desde convicciones místicas. Pero aún
así, persiste una diferencia entre los dos pensadores. En tanto que
el maestro francés diferencia la "intuición mística" 18 de otras variedades y tiene algunos escrúpulos acerca de su formalidad cognoscitiva, el discípulo mexicano en su andar a través de la mística
en metodología, llega a tanto, que insiste en que todas las intuiciones, en el fondo, son místicas, esto es, "supraintelectuales". Para Vasconcelos, no hay diferencia, con excepción del nombre, entre el catnino del profeta y del santo, en un aspecto; y el camino
del poeta y del filósofo, en el otro; tanto como cada uno de ellos,
en su propia manera, revela la res significans, hacia el órgano especial del hombre de "emoción estética". Esto nos lleva hasta el
corazón mismo del Monismo Estético, como sistema filosófico, y
de lo que es único, sobre esto, su denominada metodología estética
o "Lógica Orgánica".
La más característica y novedosa cuestión acerca del Monismo ·
Estético, como sistema de filosofía, es que el autor deliberada y
audazmente, le asigna primacía a la imaginación, como una forma de conocer, en una época en que, prácticamente, todo mundo
jura y se inclina por el método de la ciencia. Para apreciar la
contribución de Vasconcelos y no tomarla, así como así, no debemos olvidar que -salvando algunas notorias excepciones- la
258

imagi~ación ha sido metodológicamente sospechosa, por largo,
largo tiempo, en la historia del pensamiento occidental, con el resultado neto de que esto, a semejanza de la pobre Cenicienta ha
sido obligada a jugar un papel secundario frente a sus má; favorecidos rivales: la razón y la voluntad. Con los cambios del
siglo, sin embargo, el status de la imaginación ha cambiado cons~de:~ble?1ente. Testimonjo de lo anterior, lo es, por ejemplo, la
s1~1cat1va ~~~a hecha por Croce y por Bergson a ese propósito,
a~1 como la vis10n de Montague, en el sentido de que la imaginación creadora es el más próximo acercamiento a los caminos del
"Ser primordial,,. 10 Más aún, a últimas fechas, la voz de la imag~a~i~n comienza a ser escuchada hasta en los propios centros
CLentificos, como así nos lo ilustra, en reciente contribución, la
pluma de Edmund W. Sinnott, un distinguido botánico norteamericano.20 A pesar de t-0do, para nuestro conocimiento, ningún
pensador ha hecho tan fuerte advocación a la lógica significación
de la imaginación como V asconcelos -por lo menos, desde la época del preñado presentimiento de Schelline- de que el arte es el
organon de la filosofía.
~
De _s~guro, ~orno en el caso de Bergson-, Vasconcelos puede
ser cnticado fac1lmente por haber tomado fü método favorito de
imagina,ción, ~em~siado :::eriamente y por no haber optado por
otras mas sobnas v1as de conocer, suficientemente serias. Tal crítica
del romanticismo, en lógica, es sin duda alguna, pertinente, pero no
debemos desdeñar el otro lado del cuadro. Dicho esto, podríamos
colocar las más elevadas contribuciones de Vasconcelos, en relación
a Bergson, como sigue: mientras Bergson enseña a nuestro mundo
contemporáneo qué es lo equivocado en la ciencia, Vasconcelos en~eña qué es lo debido en el arte. La diferencia entre los dos mensaJes, es naturalmente, de énfasis, pero en materia de filosofía tales
diferencias de acento, producen todas las diferencias en la teoría.
El Monismo Estético representa un desarrollo más elevado del
pensamiento bergsoniano, en el sentido de que hace explícito, lo
que es solamente implícito en la defensa de Bergson a la metafísica
.
'
en un mundo dominado por la ciencia, es decir, que la metafísica
259

�uede verdaderamente sub tanciar su fines in opo ici6n_ a l~s _con~e tos de la ciencia siempre y cuando opere con las mtU1c1ones
co~cretas del arú ta. Extendiendo la t i de Be:g on en el ensayo
lási contenido en La Risa ( 1900) ' en el sentido de que el arte
21 y aclarando el
c co
-¿ d ·
lleva "cara a cara con la rea1t a mi ma
' .
,
:~icado de la intuición berg oniana que es.' estét:J.ca en c~~cter'' a cancelo llega a la implicativa conclus16n de que 1,a uruca
forma de la comprensión completa de 1~ co ,:! e a tr~ves de la
"intuición estética o 'pensamiento estét1co" -- ¿Por que? Porque
1
s iendo actualmente ' heterogéneas olamcnte pue~en ser
c:~o~~didas por un modo de pcn amiento qu~ ea apro~iado a
ella ~ el modo que en ambla con la circunstanc1_a ~ prectSamente el ;en amiento estético, producto de la i1:1~gmac16n creado:ad
Si to
a í, entonce tanto la verdad metah ica como la verd
artística coinciden.
De acuerdo con nuestro autor mexican?, la_ dificult~d fundam~tal con el rawnamiento di cursivo u ordinario - el tl~o. deduc~:
de ensarniento usado exclusivamente en las matematicas pu '
rado menor, en la ciencia naturale -. e aquel que reduce
Ío "h~terogénco· a lo homogéneo , lo parttcula~· a _lo general, lo
E ta reducción de lo cualitativo a los camconcre t o a lo abstracto ·
· f
·'
po de lo cuantitativo, in duda e mu útil para la m ormac1on
científica pero la ciencia no es ~abiduría. in em~argo, en 1,u~ar
de admitir cándidamente la limitaciones de u ~e~odo analiu~o
. a1·sta
( asconcelo le llama abstracciomstas), reacc10lo rac1on
1
l
.
nan como 1a zo1 ra de la fa' bula con idcrando no maduras a a
qu e se encuentran fuera de u alcance. En otr palabra ~
uva
.
· t
en s1
r ultando ba tante irónico por cierto e1 pen ami n o
,
.
más complejo d Jo que lo racionali. ta creen. ¿~n que
:~od cansa la uper.ioridad d l pensar estético obre el upo or.· :&gt; En u fuerza d,. 'coordinación ' ic ponde .asconcelos.
d.ma110.
.
.
E t poder para coordinar a toda la área del conocm:uento sm
reducirla a un último y común denominador,
la prop1 da~ ~,eculiar de la ima inación humana. ontrariamcnte a la op~on
popular, la imaginación del hombre no es una facultad arbitra-

J

260

ria" ya que la mente humana ademá de e tar conformada en
conjunto de cat goría , como a í lo e tablece Kant 'e tá también
condicionada con forma especiale de compren ión, aplicable a lo
fenómeno e tético ", d nominado~, ritmo, melodía y armonía'. :i:i
E ta 'trinidad tética ' -ritmo melodía y armonía- constituye,
por cierto el Apriori Estético va conceliano d cubrimiento que
él proclama 'en gran parte" como u o. :H Ahora bien cualquiera
que pueda er nue tra opinión de ta variedad mexicana de Tra cendentali mo
tético hay al o de alentador e instructi o acerca
de u intento para fcctuar por medio de la imaginación, una concordancia d la razón con la emoción e pecialmente cuando hemo
llamado así ' cognocitivi ta ' y emoti i ta ' en to día a aquellos que los eparan innece a1'iamente. En ta forma
asconcelo
obrepa a a B rg on en I a pecto egundo o m todológico.
a conceJo lleva el mistici mo má.
allá que Berg on no olamente porque
más compl to moni ta
en metafísica y má completo intuicionista en metodología ino
porque tambJén
un místico más completo en filosofía práctica.
Esto provoca má aún la cu tión crucial y delicada relativa al
contenido mismo del misticismo, a í como a la definición del ideal
místico.

En tercero y último lugar,

De acuerdo con Bcrgson, el último fin del mi ticismo es el
establecimiento de un contacto, consecuentemente de una parcial
coincidencia con el esfuerzo cr ador, que en sí mi ma manifiesta la
ida. E te esfuerzo e de Dios i no es Dio mismo.
concibe al
gran místico como un er individual, capaz de tra cend r la limitacion impue tas a la e peci por su naturaleza material, si bien
continuando
tendiendo la acción divina. Tal e nue tra defini20
ción'. E ta la definición de Bergson, de un completo rnistíci mo
y de un gran místico pero no la de a concelo . Por el contrarío,
para lo ojo de nue tro filó ofo mexicano el último objeti o del
mistic· mo no e buscar una "identidad o coincidencia parcial o
total, ino una 'armonía de la criatura y el Cr ador. 26 En una palabra mi ticismo no es panteí mo. Má aún, en realidad el gran
místico, para a concclo , ería esa pcr~ona cepcfrmal, la cual
261

�obtiene éxito no solamente "triunfando sobre la materia", como
Bergson lo precisa, sino que triunfa trascendiendo _las_ limitaciones
de la vida misma, esto es, triunfando sobre la v1talidad. De los
dos puntos de vista expuestos, ¿cuál revela la más grande penetraci6n en el problema que se ha planteado?
Si un no-místico, como yo mismo, pudiera aún hablar acerca de
algo que ha sido admitido como inefable, sospecho que el ~un~o
de vista de Vasconcelos está más relacionado con la expenenc1a
mística en sí misma, que el sostenido por Bergson, el que aparece
un tanto demasiado sensible y demasiado secular, para adaptarse
a la peculiar lógica de la situación. En este respecto l~ c~~cepción
bergsoniana del ideal místico es tal, que su modelo ~d1v1d~al se
mantiene tan ocupado con los negocios divinos, que no tiene tiempo
para detenerse a escuchar la voz de Dios.
Bergson identifica el misticismo total, con el misticismo de la
Cristianidad, pero su interpretaci6n humanística de este último,
sería prontamente combatida por los propios místicos cns:1~os.
De acuerdo con Vasconcelos -quien habla por ellos-, la última
meta de la mística, la que constituye la "ciencia suprema,,, es
obtenible solamente a través de la "operación sobrenatural" de la
gracia, esto es, a través de la Gracia de Dios, no a través de cualquier esfuerzo del hombre. 28
En relación con esto, a Bergson puede justificársele un tanto en
su insistente actitud sobre "el completo misticismo es la acción" 29
y no mera contemplación. Sin embargo, temo que se encuentra en
un camino equivocado, cuando insiste al mismo tiempo, que la
marca distintiva de un misticismo completo, es su fe "en la eficiencia de la acción humana" 30 y de esto concluye que su fe es lo
que hace superior al misticismo de la Cristianidad de las otras
formas históricas de misticismo. Pero su conclusi6n acerca de la
superioridad del misticismo cristiano, aunque cierta, está basada
en una dudosa concepción de que el místico cristiano efectivamente cree en la eficacia de la acción humana. No, Vasconcelos afirmaría que lo que completa al misticismo cristiano, "misticismo
activo", es su completa fe en la eficacia de la acción divina, no
262

de la acción humana. En otro aspecto, ¿qué es lo que distinguiría
al misticismo cristiano del humanismo ético? Además el autor mexicano piensa que "hay una profunda diferencia entre lo religioso
y lo ético" y lo ético alcanza en su sistema filosófico un "rango
secundario". 31 Si bien la esencia de la religión reside en "saber
cómo perdonar", la esencia de la moralidad descansa en saber
cómo dar y tomar -siendo simplemente la justicia una cuestión de
cálculo, materia de cheques y balances. 32
Para recapitular, el más interesante aspecto del Monismo Estético, cuando se ha comparado con la filosofía de Bergson, es que
ésta culmina en el misticismo por el camino de la experiencia
artística, en vez del de la experiencia moral. Si bi~ cualesquiera
diferencias que hubiera entre Bergson y Vasconcelos, en el pensar
filosófico, son debidas en última instancia, al hecho de que en el
primero, el misticismo final se deriva de cuestiones éticas y en último, de cuestiones estéticas.
Tal ha sido el caso. Se sigue de las precedentes consideraciones
que un místico estético, como Vasconcelos, quien aproximó su
oído a la música de las esferas y, como resultado, fue apto, para
ser más receptivo, a la voz de Dios; es un místico mejor en teoría
-aunque no necesariamente un mejor moralista- que un místico
ético como Bergson, para quien la principal preocupación fue el
mejoramiento o "la conquista del mundo". 8 ª Aunque el mismo
Bergson estaba convencido de que la mística cristiana ejemplifica
en la historia, lo que él llamó el misticismo completo, parece que
tuvo bastante del aura de los profetas judíos, en sus antecedentes
culturales, así como en su propia alma, para adoptar un totalizador misticismo cristiano.
En cualquier forma, independientemente de quien pueda tener
razón sobre la esencia del misticismo, Vasconcelos apoyándose en
Schopenhauer y en contra de Bergson, afirma que la meta última
de la vida humana, "es trascender la vida" y no "crearla". 84 En
forma breve, podemos decir que, como su compatriota, Antonio
Caso, fue un radical pesimista acerca de la vida.
Con estos breves comentarios sobre el misticismo, cerraremos
263

�este resumen de la influencia de Bergson en México. De las tre
principales contribuciones de la filosofía mexicana contemporánea: - ( 1 ) desarrollo del bergsonismo, ( 2) desarrollo de la idea
de una filosofía nacional, y (3) desarrollo de un sentimiento trágico de la vida- nuestro estudio se ha limitado a discutir la primera contribución, la cual es, hasta ahora, la más importante que
se ha hecho en México hasta el presente. El bergsonismo mexicano, el que nació con la Revolución, como una reacción en contra del positivismo, se desarrolla después de 191 O, en dos direcciones, cada una correspondiendo a una corriente del pensamiento
bergsoniano.
En la primera parte de nuestro tributo, hecho en memoria de
Vasconcelos, tratamos de demostrar, en forma sumaria y por motivos de contraste, que Antonio Caso representa una versión más
consistente, en México, de Bergson el dualista, en la que desarrolló
un declarado dualismo cristiano.
En la segunda, el intento ha sido hecho para demostrar, con
cierto detalle, que José Vasconcelos representa una versión más
consistente en México, de Bergson, el Místico, en la que, a su vez,
desarrolló un abierto misticismo católico. Ya habíamos mencionado el hecho de que, en 1941, el año en que Bergson murió, Vasconcelos rindió un gran tributo al maestro francés, en su artículo
"Bergson en México", publicado en la principal revista filosófica
de México, Filosofía y Letras. 86 De aquí en adelante, el año de
1959 será recordado siempre, en los anales de La filosofía occidental, tanto por el centenario del nacimiento de Henri Bergson, como porque en dicho año, su más grande discípulo en la América
Latina, José Vasconcelos, de México, murió.

REFERENCIAS

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4. Ibid., p. 164.
5. Quoted in ALFONSO REYEs, Pasado inmediato y otros ensayos {México, El Colegio de México, 1941 ), p. 4 7.
6. JosÉ VAsCONCELOS, "Bergson en México", Filosofia y L etras, tomo I, No. 2
(1941), p. 239.
7. HENRI BEROSON, The Two Sources of Morality and Religio n (New York, Holt,
1935), p. 104.
8. Ibid., p. 245.
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México, México Moderno, 1919), p. 128.

11. liENRI BERGSON, Creative Evolution (New York, Holt, 1911), p. 129.
12. [bid., Th e Two Sources of Morality a11d Religion, p. 245.
13. Ibid., p. 210.
14. !bid., p. 91.
15. PATRICK RoMANELL, Making of the Mexican Mind. (Lincoln, University of Nebraska Press, 1952), pp. 95-138; La formación de la mentalidad mexicana (México,
El Colegio de México, 1954) , pp. 109, 159; "ll Monismo Estetico di José Vasconcelos", Rivista di Filosofía, vol. XLIV, No. 2 (1953), pp. 137-157. Also,
Da. AousTÍN BASAVE FER, ÁNDEZ DEL VALLE, La Filosofía de José Vasconcelos (Madrid, Cultura Hispánica, 1958).
16. JosÉ VAscoNCELos, La revulsión de la energía (México, 1924 ), pp. 1-22.
17. !bid., "El hombre y la diversidad de la naturaleza", Revista Mexicana de Filoso/la, Año, I, No. 2 ( 1958 ), p. 6.

18.

HENRI

19.

WILLIAM

p. 25.
20.

Traducción del
Lic. ALBERTO GARcÍA GóMEZ

21.

22.
23.

24.
25.
26.

264

BERGSON, The Two Sources of Morality and R,i/igion, pp. 244-245.
P. MoNTAGUE, Great Visions of Philosophy (La Salle, Open Court, 1950),

W. StNNOTT, "Man's Uniquc Distinction", Main Gurrents in Modern
Thought, Vol. 14, No. 5 ( 1958 ), pp. 99-106.
lliNJu BERGSoN, Laughter (New York, 'Macmillan, 1911), p. 157.
JosÉ VAscoNCELos, Todología (México, Botas, 1952), pp. 55 y 156.
!bid., p. 193 Als, "The Aesthetic Development of Creation", in Papers and Abstracts
of the Second lnter-American Congress of Philosophy ( ew York, Columbia University Press, 1947), p. 124.
Ibid. Estética (3a. ed., México, Botas, 1945), pp. 215 y 641.
IiENRI BEROSON, The Two Sources of Morality and Religion, p. 209.
JosÉ VASCONCELos, Todologia, p . 73.
Eo.MUND

265

�27. IIENRI BERGSON, The Two Sources o/ Morality and Religion, p. 246.
28. JosÉ VASCONCELOS, Todología, p. 244.
. .
29. HENRI BERGSON, The Two Sources of Morality and Rel1gton, P· 215.
-30. lbid., p. 214.
31. JosÉ VAsCONCELOS, Todologla, p. 164.
.32.
33
34:
.35.

lbid., p. 165.

z· ·

229

IIENRI BERosoN The Two Sources o/ Morality and Re igton, p.
·
JosÉ VASCONCE~os, Tratado de metafísica (México, México Joven, 1929 ), p. 2 5 ·
Tomo I, No. 2 ( 1941), pp. 239-253.

º

EL REALISMO AXIOLóGICO EN LA FILOSOFÍA
TOMISTA
Dr.

0CTAVIO
ICOLÁS DERIST
Universidad C a t ó 1 i e a Argentina
"Santa María de los Buenos Aires"

l. La ubicaci.ón del ser del hombre, entre Dios y el ser material,
determina el problema de su perfeccionamiento en su diversas dimensiones: teorética, práctica; y técnico-artística.-Por su espíritu
el hombre está ubicado entre el Acto Puro de Dios y los seres materiales. Tal situación óntica del hombre determina el modo de

su obrar; dentro del cual ocupa especial lugar la actividad axiológica, tanto en su aspecto de aprehensi6n o estimación de los valores como en el de su elección o realización práctica de los mismos.
En la cima del Acto está Dios, quien es, por eso mismo, omniperfección en suma simplicidad. Su Esencia y su Existencia, y
su Actividad y su Objeto cuasi especificante, están identificados
en el único y simplicísimo Acto. La Actividad de Dios -Intelección y Volición- es tan necesaria como su Existir, como que está con El identificada. Y como el objeto cuasi especificante de
tal actividad no puede ser sino esa misma Existencia o Actividad,
síguese que el Conocimiento y Amor que Dios tiene de sí sean tan
necesarios como su Existir. Todo en Dios es necesario respecto a
su Ser y Actividad. Su libertad sólo es respecto a los objetos finitos, los cuales únicamente pueden ser y existir fuera de El. Dios
es la necesidad por la plenitud del Acto, por la realización total
de todo Ser.
'266

267

�infinita di tancia están lo . ere finitos que en cuanto a su
esencia son por participación necesaria de la Esencia e Inteligencia divinas, y en cuanto a u existencia llegan a ser por participación contingente, por libre elección de la Voluntad divina.
De eso ere uno on mateúal y otro
pirituale . Lo primeros -scre inorgánico , ivi ntes eg tale
animales- e tán
uj tos a un determini mo ab oluto: mecánico, químico, biológico
e instintivo. La actividad de esto ere
tá ujeta a necesidad,
preci amente porque tá om tida a la determinación material.
La limitación o no er de la materia coarta la actividad de esto
seres y los determina de man ra necesaria por una única dirección.
trata de una necesidad inversa a la de Di-o : no por
riqueza, por plenitud de toda determinación y perfección, ino de
una necesidad por pobreza, en que el obrar no po ee in.o un solo
modo de actuar determinado por el er material.
El hombre
un r finito y material , en cuanto tal, ujeto al
determinismo causal; pero por u espíritu alcanza un doble señorío de su er y actividad: por su conciencia, por la cual lo posee
inmaterial y objetivamente, y por su libertad, por la cual es dueña
de lo mi mo : no e tá determinada a un preciso acto, como la
actividad material ni tampoco a toda perfección o Infinito cto
como la ctividad Di ina, sino entre ambos : está en po esión de
lo múltipl y diverso actos po ible , en poder de elección de cada uno de ello o de u omisión, bien que deba optar iempre por
uno finito limitado y no pueda realizar todos a la ez.
E ta doble po esión de J, por la conciencia y la libertad -hij
de su espíritu- hace que el hombre, a dilerencia de lo demá
eres que lo rodean po ea el problema de la elecci6n de u er y
de u vida la elección d u de tino. Con u conciencia y libertad
el hombre puede realizar o de truir u perfeccionamiento.
diferencia de lo demás ere material que on
tán determinados en u acti idad por leyes necesaria , que la encauzan de un
modo preciso, dentro del cual cumplen su de tino in saberlo ni
proponérselo, ólo el hombre se hace consciente y libremente en
cuanto eli e lo fines y medio para acrecentar o empobrecer con

su actividad su propio er u tancial permanente. Unicamcnte el
h~mbre
dueño de su d tino de La claboraci6n del perfecciona~iento d~ su er porque es dueño de u actividad por la concienºª. Y la libertad d u e píritu. Por ejemplo el tudio la poe ~ón de 1~ crdad actúa y enriquece a la inteligencia, así como
la ignorancia y el error la empobrecen.
El espíritu o la per ona humana por u inteligencia des-cubre el
ser d;
cosas y de sí mi mo a través de sus manife tac iones feno1:11erncas concreta . El ser en cuanto tal oculto a lo eres materiales, aún al conocimiento sensible, e de-vela a la .inteligencia.
De aquí que ólo el espíritu o la persona esté ordenado hacia el
ser, en dos direcciones opuesta pero correlativas: hacia la trascendencia_-al er ~~e no es lla-. y a la inmanencia -al propio
ser-, esta en pose mu del ser obJeúvo y ubjetivo: e un u jeto
~u~, al contacto y pose ión intencional del er trascendente u obJetJ.vo, cobra c?nciencia o pos "ón intencional de u ser objetivo:
es un er .c?n~c1 ntemente frente al objeto. Y como el er tra cendente es ilimitado y en u tramo supremo e imparticipado e el
Ser a-se o divino, el hombre
un er en po ión de su e; • ordenado por su inteligencia a posesionar e intencional u objeti\'amente de todo ser o verdad tra cendente.
. En esa orientación esencial del e píritu al er o erdad infimt~ -t_ra cende~te e ~manente- por vía intelectiva o especul~nva, uen_c su raiz la libertad del espíritu por vía voliti a o práctica. Prec1 amente porque la inteligencia pone al espfritu frente
a todo ser o verdad al er o erdad en ' -trascendente o in~ente- la voluntad la pone frente a todo bien - tra cendente
0 mmanente- al bien en si o felicidad, porque el bien no es ino
el ser ~ cuan:º ~pet_ec~b] .
porque la oluntad e tá hecha para_ el bien en 4 m lnmtes y en definitiva. para el Bien Infinito
D10s
· elig nc1a
· lo tá para el er o verdad in
, . - as'1 como L
a mt
~te !' en definiti a para la erdad Divina-, frente a cualqmer bie~ finito -o al Bien Infinito. finita o imperfectamente
apreh_~dido- pued quererlo, en cuanto participa de su objeto
espeoficante, el bien· pero puede no quer rlo, en cuanto no es l

!ª

269
268

�bien. Unicamente ante el bien en sí como tal, la voluntad no puede elegir, pues cuando elige siempre. e~g.e un bien en ~uanto participa del bien en sí -su objeto espec,,f~cante necesano-- o ~nte
el Bien Infinito perfectamente aprehendido -el caso de los bienaventurados que ven claramente a Dios- en cuanto la voluntad
no puede elegir ya entre varios bienes finitos, pues se .encuentra
ante el Bien que realiza plena y eminentemente todo bien.
Por su espíritu finito, el hombre aparece, pues, abierto en una
doble dimensión: al ser trascendente, 1) que debe a~rehender
como es, como verdad, por vía teorética o contemplativa de ~
inteligencia, y 2) al ser, que debe realizar. o adquirir -hacer existir- como bien por vía práctica de su libertad. Y esta consecución del bien puede realizarse a) ya en el propio obrar _Y ser humano: por la actividad moral, b) ya en ~as cosas ext~nor_es a su
propia actividad lib~e, para hacerlas servu ~ su ~~opio b~~ humano: actividad técnico-artística. Por su dimens.zon teoretica de
la inteligencia, el hombre está o~dena~~ a la, v~rdad, a la V ~rdad
Infinita en definitiva; por su dimension practico-moral, _está
denado al bien, al Bien Infinito en definitiva; y por su dime~si_on
técnico-artística, está ordenado a la belleza, a la Belleza I nfmita,
en definitiva, y a la utilidad de los medios. Mas Verda~, Bondad
y Belleza, en buena metafísica, se identifican y no son smo el Ser
-el Ser Infinito, en última instancia-.
Por todas sus dimensiones o aberturas a la trascendencia del
ser, el hombre aparece como un ser finito, pe:º. conscien~e Y libre y ordenado esencialmente al Ser o Bien Infiruto, en qUJen ~cuentra su perfección y felicidad, vale decir, como un ser esencialmente religioso. El hombre no es Dios, pero está he~h~ para poseer a Dios formal o expresamente -por el conocmuento Y el
amor- y para encontrar la perfección de su ser únicamente en
esa posesión plena del Ser trascendente divino.
Mientras Dios está en posesión de Sí por su Conocimiento Y
Amor infinitos, identificados con su Ser, y los seres finitos materiales están encerrados en sí mismos y en el ámbito finito de su
propia actividad sujeta a necesidad, sin sospechar siquiera el mun-

?~-

270

do del ser y menos el del Ser divino -el mundo de la verdad, bien
y belleza-; sólo el hombre se encuentra en posesión consciente
de sí, de su ser finito, y consciente de su ordenación y necesidad
de franquear la inmanencia de su ser finito en busca de la trascendencia del ser trascendente y, en última instancia, del Ser infinito.
Tal la situación singular y única en que el hombre se encuentra,
colocado entre Dios y los seres materiales, a causa de su finitud,
por una parte, que lo distingue de Dios, y de su espiritualidad, por
otra, que lo distingue de los seres materiales, y, que, al hacerlo
-sólo a él entre todos éstos- dueño de su ser inmanente y del
ser trascendente por la conciencia e inteligencia y la libertad, lo
ponen en trance de tener que elegir y decidir de su propio obrar
y ser y de su propio destino y de los medios para realizarlo, de
tener que acabar de hacerse de acuerdo a las exigencias de su
propia naturaleza y de su correlativo propio Bien o Fin al que
~tá ordenado, si quiere labrar la perfección de su propio ser y
vida.

2. Doble problema del perfeccionamiento humano: teorético o
de dilucidación del fin y de los medios, y práctico o de realización
de éstos para alcanzar aquél. El problema del perfeccionamiento
humano supone, pues, dos términos: uno a quo: el hombre tal
cual es, dado por su naturaleza, una unidad sustancial finita de
materia y espíritu a la vez; y otro ad quem: el Bien o Fin trascendente supremo, al que el hombre está esencialmente destinado
Y que debe alcanzar para lograr su propia perfección inmanente
o actualización de su ser.
El ~ombre por su espíritu, por su inteligencia se ve abocado,
en primer lugar, al problema de de-velar el camino que conduce
a su ser y actividad a su perfección, des-cubriendo su auténtico
ser inmanente -punto de partida- y su Bien o Fin trascendente para el que está esencial y definitivamente hecho -punto de
llegada- y las exigencias que éste impone a aquél para su consecución; y, en segundo lugar, y siempre bajo la dirección de la
inteligencia, está abocado al problema de la decisión de su volun271
n18

�tad, de realizar tales exigencias, de hacer pasar el deber ser al ser,
a fin d lograr perfeccionar la propia actividad y, mediante ella,
el propfo ser humano.
E por u finitud que l hombre puede perfeccionarse; y e por
u espiritualidad -inteligencia, conciencia y libertad- que el
hombre debe hac rlo. E la conjunción de amba notas en el hombre quien d termina el problema de su perfeccionamiento por parte d l propio hombre especialmente en su aspecto moral o trictamente humano.
3.
nidad jerárquica de las diferentes partes de la actividad
y ser humanos y de sus correspondientes bienes. Por u inteligencia
el hombre ha de de- elar primeramente la naturaleza de su propio er.
través de u actividad múltiple y di ersa y a la vez jerárquica.mente unificada r ordenada, en definitiva, a su actividad
piritual pecífica ha de llegar a conocer u ser también múltiple y unitario. A u vez la naturaleza humana e manifiesta ordenada por u actividad y er e pecífico al er tra cendente y
en definitiva al er divino, como a u Fin o Bien último en cuya
po esión encuentra su propia perfección o plenitud ontológica inmanente.
En verdad la naturaleza de un ser y su fin o bien específico son
correlativo : en el orden real la naturaleza es tal} ha ido hecha
a í por su divino utor en vista y para tal determinado fin; y
en el orden del conocimiento, como el fin responde a la naturaleza cual acto o perfección suya por el fin podemo descubrir la
naturaleza de un er.
Ahora bien, la naturaleza humana, dentro de u unidad jerárquica, po ee varios grados en su actividad, que denotan los grado
de su er. De abajo arriba serían: un plano de actividad y ser
material otro d vida y ser egetativo inconsciente, otro de vida
y er p icolólrico- ensiti o-conscient y finalmente otro de vida
piritual el cual e tá abierto y centrado en el ser -verdad, bien
y belleza- tra cendente. Cada uno de tos grado irve y está
ometido al inmediato uperior.
El hombre, pue para perfeccionar u er debe procurarse el
272

bfen corr~ponclientc a cada una de estas zona . Y, como ésta estan ~rgánicamente ordenada
jerárquicamente subordinadas entre SJ no de otra uerte lo bien correlativo a cada uno de eso
grado del ser y actividad humano han de ubordinar e entre sí.
4. La cultura .º hu~nanismo como obra de perfeccionamiento
humano en_ su tnn~ dimensi6n técnico-artística, práctico-moral ,,
contemplativa, con1ugándose en la religiosa. Tal perfeccionamiento humano en los diferentes a pectos de la actividad y er del
hornbr~ Y de la co as a él subordinada , constituye la cultura o el
humanismo.. Para. que la cultura ea auténtica
d ecir,
. un genw.
f
no p~r eccionamtento humano -humanismo ,, cultura expresan
lo ~o,. apuntando aquél al fieri y ésta al factum esse del perfecc1onarmento humano- ha de realizar e de un modo jerárquico, confluyendo toda ella al bien del er }' acti idad
íf'
m d' t 1 d . . . ,
espec 1co
e 1an e a a qws~c1on del er - erdad bien , belleza- trascendente, que culmina en el er divino.
Tal ~rg~ación aun de lo aspecto inferior . que conduce al
perfecc1o~arruento o cultura humana, en u raíz primera, es fruto exclusivo del espíritu.
En efecto, tal perfeccionamiento u ordenamiento del hombre
l~s cos~ a él subordi~adas, que es la cultura o humanismo,
dealiza radicalm?nte med1ante el perfeccionamiento jerárquico or~ado de la nusma actividad espiritual. Esta se ordena iempre
a ser, al ser trascendente e inmanente: ya a u aprehens', t l
cual e
. 'd d .
.
ion a
.
s -activt a intelectiva o teorética- ya a su modifica~~~~ª:ª q~e s~ como debe ser -actividad volitiva o práctica.
. . mteligenc1a el hombre se enriquece con la verdad del ser
º?Jet~vo o trascendente y el propio ser subjetivo o inmanente -con~encia-. Por ella tiende a de-velar el misterio del ser a captar
a v~r?ad de la co as, tal cual es: y ésta es la actividad por eso
:eoretica o co~templativa. Por la voluntad tiende ya a :nodifica;
o s:res exteriores a u propia actividad, de acuerdo a las exigencias
nas en ,del .s r de las. co as por transformar para hacerla bue51 m15~as a fm de hacerlas ervir mejor al bien del homb
re -tal el f m del hacer técnico-artístico-, ya a modificar su

:e

s:

273

�propia actividad libre de acuerdo a las exigencias de su fin o bien
y hacerla así buena en cuanto humana -tal el fin del obrar moral.
Toda la actividad práctica o de modificación de las cosas para
el logro de su fin o bien de las cosas mismas, en el hacer técnicoartístico: la utili.dad y la belleza, respectivamente, o del bien del
propio hombre como tal, en el obrar moral: la bondad de la acción y de la conducta humana, se ordena a la actividad contemplativa o teorética, de aprehensión o posesión de la verdad. Se
trata, en efecto de a) una actividad técnico-artística, cuyos bienes: la utilidad de los medios y la expresión de la belleza son para
el bien del hombre; y b) de una actividad moral, que e dirige a
perfeccionar o lograr el bien del hombre como tal, es decir, a
ordenarlo a la po esión de su Fin o Bien definitivo. Ahora bien,
por su naturaleza la voluntad tiende o se dirige a la conquista
de un bien no poseído o .te goza en su posesión; pero por sí misma nunca es aprehensiva del bien. La voluntad perfecciona al
hombre conduciéndolo hacia el bien ordenándolo de un modo
permanente hacia él mediante la repetición de actos que forjan
los hábitos o virtudes morales; pero la posesión o acto aprehensivo mismo del bien, en el plano espiritual se logra por la contemplación o asimilación del ser o bien, como verdad, por vía intelectiva.
De aquí que a ) todo perfeccionamiento del hacer técnico artístico -autónomo en sí mismo, constituído como está tanto en
su aspecto de regulación teórica como de realización práctica, a
partir de su propio bien, del que se derivan sus exigencias regulativa , al que ha de someterse la acción se ordene y subordine
al bien del obrar moral; y b ) éste a u vez -constituído a partir
de su propio bien, del que se derivan sus exigencias normativas y
de la actividad estrictamente práctica a ellas subordinada- se
ordene jerárquicamente al Bien o Fin trascendente y divino supremo del hombre, cuya po esión se alcanza formalmente por la
actividad intelectiva. tilidad de los medios y belleza, bondad y
verdad --que en su cima ~on lo mismo que el ser, el er de Dios274

son _los bi~nes o valores jerárquicamente subordinados o del erf ccc1onarruento humano: del humanismo o cultura
p
y co~o quiera que esta Belleza, Bondad y V erd~d trascendent constituyen el Fin ?.Bien supremo de la actividad y la natural~ h~~nas -la utilidad de la técnica es sólo de los mediosse
con el ser' &gt;. en su cto Puro def.lill·u· vo, con el Ser
d identifican
D.
e rns, tod~ la obra de perfeccionamiento humano -la cultura
o
cobra entido, en últ1·ma ms· tanc1a,
. como una
b , el humanismo
.
usq~eda mcesant~ ~ plena de Dios y se constituye, en su tramo
supenor como actividad religi.osa.
5. La cultura_ es tarea del espíritu en su vida terrena: perten~ce al homo vtator. Esta obra de perfeccionamiento del humarus~? o cultura, que en -u raíz es siempre espiritual fruto de la
~ctlv1dad de la inte_ligencia y de la voluntad libre, e~ha mano de
mstrumentos matenales --comenzando por el propio cuerpo hu~an~ para su elaboración, principalmente en sus realizaciones
mfenores de la técnica y del arte, donde su concurso es esencial
mente
necesario. Pero aún en tales zona , donde tod a su realiza-.6
c1 ,n es
.
. enteramente material' no es obra del hum amsmo
o cul :~a smo en cuant? está organizada y dirigida por el espíritu, quien
eJa, por eso su IIDpronta en ella.
P~r ot_ra parte todo este perfeccionamiento humano no tiene
sentido _smo por el ser, como que no es sino un acrecentamiento
ontol6ITTco. d~ se~ finito del hombre en sus diversos aspectos, de
un ~odo Jerarqlll~am~te orgánico y tendiente, en suprema inst~cia? a la actualtzacz6n ontol6gica de la vida intelectual -inteligencia y voluntad- por la posesión del Ser (Bellrza Bondad
Verdad) tra cendente infinito de Dios.
'
Y

Y_ c~~o quiera que tal posesión plenamente actualizante del
er infinito po~ parte del hombre no se puede realizar en la vida
terrcn~ _-precisamente por las condicione materiales de su vi~ª espmtual- ha de realizarse más allá de la muerte en la vida
inmortal.
'

De_ aquí. qu,e la_ obra del humanismo O cultura en sus tre dimenciones Jerarqwcamentc ubordinadas: del hacer, ob rar y con275

�templar -es decir, de la técnica y del arte, de la, ~1.oral Y de _las
ciencias y de la filosofía- sean una tarea del es?mtu en su vida
temporal y pertenezcan esencialmente al homo viator.
6. La cultura se realiza por la adquisición de los bienes tras_cendentes, jerárquicamente subordinad?s, que responden a la triple dimensión del espíritu, y que constituyen l~s valore~. Entre el
hombre inicialmente dado al comienzo de su mda del tiempo y el
hombre totalmente actualizado en s.u vida y ser específico espiritual por la posesión cabal del Ser -Verdad, Bondad y Belleza-.
de Dios en la vida inmortal, más allá de la muerte, logra sentido y e' estructura la obra de perfeccionamiento específicamente
hwnano, realizado por el espíritu -inteligencia y voluntad- del
hombre, como cultura o humanismo de todos los aspectos del ser
y actividad hwnanos, aun de los materiales y de las cosas _exteriores al hombre en cuanto a él subordinados de un modo Jerárquicamente ordenado, m &lt;liante la conquista o realización de lo
bienes correspondientes a cada uno de esos aspectos del hombre
y de una manera correlati a y jerárquicamente ordenada.
Tales bienes trascendente , por cuya realización o conquista
logra perfeccionarse en uno u otro aspecto de su ser - iempre
de un modo orgánico dentro de la unidad de su naturaleza ~uya
cima dominante es el espíritu- con tituyen los valores o bienes
intermedios entre el ser del hombre y su Fin divino definitivo de
su ser y de su vida.
Y es así como el problema del perfeccionamiento humano o,
lo que es lo mismo, de su humanismo o cultura, da origen e implica el problema de los bienes o valores.

7. Los valores son los bienes que el hombre ha de realizar para
su perfeccionamiento esencial o individual en dirección a su perfección plena inmanente por la posesión de su Bien trascendente
definitivo. Ahora bien, el bien es lo mismo que el ser en cuanto
apetecible, en cuanto responde a una necesidad del apetito o, en
otros término , en cuanto e un acto capaz de perfeccionar al
a petente.

276

En los seres materiales, ha ta el animal inclusive, la actividad
está ordenada de un modo necesario por leyes mecánicas, químicas, biológicas e instintivas, a su bien propio, que es siempre un
bien finito y material. En cambio, ya dijimo cómo por su ser y

vida espirituales, por su inteligencia y voluntad el hombre ha
de des-cubrir su verdadero bien -de cada una de las zonas de
su er dentro de la unidad del todo- y realizarlo libremente.
~~ora bien, a diferencia de los demás eres materiales, por u
espmtu el hombre está esencialmente hecho para el Bien infinito, para Dios. Por u vida espiritual específica, por su vida intelectiva,
hom.b.re está hecho esencialmente para la verdad; y
por su vida volitiva para el bien; pero no para esta o aquella verdad y bien, sino para la verdad y bien en sí, que sólo la Verdad
y Bien infinitos pueden cohnar. Sólo en la po esión de este Bien
infinit? tr~scendent: la actividad especifica del hombre logra u
actual1zac16n plena mmanente de sí y, por ella, la de toda su actividad inferior a ella subordinada.
La norma de perfeccionamiento humano o de discernimiento del
verdadero bien no es otra más que la exigencia de ese Bien o Fin
supremo, ejercida sobre la conducta hwnana: para alcanzar ese
Bien_ definitivo, que le confiere la perfección de su actividad y
ser mmanente, el hombre debe realizar tal o cual acción. ale
decir, que la conqui ta del Bien infinito trascendente con el consiguiente bien pleno inmanente, exige de parte del hombre su
ordenamiento permanente a El por una serie de realizaciones o
co~quis~as_ del bien, que a la vez que lo van perfeccionando en
s~ mtenondad humana lo van disponiendo a la posesión de aquel
Bien.

?

Y corno 1 hombre es una unidad orgánica de múltiples a p eto , tal exigencia del Fin o Bien específico incide en todo los plano de la actividad y del ser del hombre dentro de la ubordinación de cada uno de ellos al inmediato superior, terminando en
e~ u?remo de todo ellos que e el espiritual especifico; vale decir, lillplica la realización o conquista de los diversos biene correspondientes a estos plano o aspectos de la vida y del ser huma277

�no o, en otros término , la conquista o realización de los valores,
también jerárquicamente ordenado entre sí.
Los valores, pue , son los bienes intermedios trascendentes, que
la consecución del Bien divino impone al hombre para con eguir
su propio perfeccionamiento humano en las múltiples facetas de
su ser, orgánicamente unidas en dirección a la posesión de Aquél.
Y supuesto que la naturaleza humana ha ido hecha por Dios,
e encialmente ordenada a aquel Bien divino, los valores son los
bienes que todavía no existen, pero que el hombre, por la intcrención de su actividad libre, ha de hacer existir o realizar para
su perfeccionamiento.
Los valores no son sino bienes, bienes intermedio ubicados entre el ser del hombre tal cual es y de su ser tal cual debe llegar a
ser por la po esión de su Bien divino, y, como tales, son o se constitu en en sí mismo , pero siempre con relación a algún a pecto
del hombre que lo apetece, y al que aquél actualiza o perf ecciona; son bienes que aún no exi ten pero que el hombre puede y,
a las veces debe hacer exi tir, debe realizar en sí mismo o en otras
persona y aún en las cosas exteriores para perfeccionar su propio er en dirección a su perfección definitiva por la posesión de
su Bien supremo.
Debemos distinguir, pue , entre bien realizado -lo que la Filo ofía contemporánea llama 'bienes'' o "seres portadores de valore ' - y el bien aún no realizado, pero que puede o debe ser
realizado por el hombre para su perfeccionamiento inmediato o
mediato -por ejemplo por el bien logrado en la cosa exteriores- y que es lo que esta misma Filo ofía llama e trictamente
"valores". Por consiguiente, el alor es siempre un bien; pero no
todo bien
valor. El valor es aquel bien, que responde a una indigencia del hombre, a una falta o limitación de su er bajo cualquiera de us aspectos, ya en el de su propia esencia -y en tal
ca o y por eso mismo es siempre valor para todos los hombr ya en el de su situación o circunstancias sociales e indi iduales
concretas en que se encuentra -y en tal caso el valor sólo vale
para los hombres que están en tal situación.
278

B. Aunque constituídos por relación al sujeto, los valores son
siempre en sí mismos absolutos. El valor es un bien, en í mismo
~bsoluto, como ser_ que es -una esencia que existe o puede cxistlr o d be se~ r~alizada para el logro de un bien-; pero que no

llega a consntwrse en valor formalmente tal, ino en cuanto responde a una apetencia eisencial o del hombre en í o del hombre individual o de tal hombre determinado. ale decir que el
b~en en sí mismo ab oluto y tra cendente y, como tal, indepen~1ente de toda apreciación subjetiva, no e constituye ni se estima c~mo valor,_, ino por una referencia o relación al sujeto. Por
~ta mI ma relac1on _es_ ab oluta e independiente de toda apreciación puramente subJetiva o desprovi ta de fundamento real. En
verdad, según observa Santo Tomás todo bien es tal por respecto,,al ap~tente, es decir al ujeto -"bien es lo que todos apetecen , repite una y otra vez el Santo Doctor en pos de Aristóteles- al que es capaz de perfeccionar o acrecentar en su ser
en
de sus aspectos. Pero puede ser que un bien, que lo es
en 1 mISmo a saber, apetecible para alguno sujeto, no lo sea
para. otros, al m~os en determinadas circunstancias. Para poner
un eJemplo sencillo, el agua, que es un bien portador de valor
p~ra un sediento bajo su aspecto de saci.ar la sed, deja de serlo
hic et nun_c para qui~ no tenga ed. Cuando responde al apetit~ o necesidad del suJeto, el bien ejerce su acción y atracción de
bien Y se co~tituye_ en valor: El valor no , pues el ser u objeto
~ cuanto ob7eto~ smo el obJeto en su a pecto de bien o apetibilidad _para el su7eto, y en cuanto aún no alcanzado, ya porque
no exISte, ya porque aún no ha logrado ser po eído.
Est~ no quiere deci_r ta~poco que lo valores can o dependan
exclus1 amente del SU.Jeto m de su situación a saber que sean puramente relativos -tal como lo proclama la moral existenci.alista de la situación. El valor e constituye de un modo ab oluto co~o algo en í como una esencia adecuada 1 o relacionado ;orno
bien con el hombre, a en algun-0 de sus a pecto
enciales ya

ª!~º

: Cfr. ÜSWALDO RoBLES, Propedlulica filosófica, 3a. cdic. pp. 238 y sgts. 1 p 0 .
rrua, féxico, 1952.

279

�en algún aspecto individual concreto o, en otIOs términos, el valor no depende del sujeto sino que es trascendente e independiente de él, aunque desde la trascendencia su carácter de valor -como de bien que es- se constituye siempre por relación al sujeto.
9. Carácter real y trascendente de los valores. El valor, pues,
está esencialmente constituído como bien o ser apetecible o capaz de ser amado. No se puede, por consiguiente, escindir entre
ser y valor, como pretende la Filosofía contemporánea; la AxioIogía no es independiente de la Metafísica, como no lo es ninguna disciplina filosófica. El valor es tal en cuanto bien o ser apetecible, en cuanto ser o esencia real, que aún no tiene existencia
en acto, pero sí en potencia, y que además puede ser y, a las veces, debe o exige ser a la voluntad libre del hombre, a través de
su inteligencia. Es verdad que el valor, como valor aún no existe o no es poseído, pero ello no implica que no sea y que toda su
consistencia óntica le venga de que pueda o debe existir. No es
real o ser en acto, pero sí real o ser en potencia : una esencia real,
aun antes de existir; más aún, es un ser que no sólo puede ser
absolutamente -ser posi,ble- sino ser que debe ser, ser posible
que actúa a través de la inteligencia, sobre la libertad humana,
como exigencia -o conveniencia en algunos casos- de su realización.
También es verdad que el valor -como el bien del ser, que
es en definitiva- no se presenta formalmente como valor sino
en la persona humana, vale decir, que no de-vela su ser de valor
o bien sino en la inteligencia, y no desarrolla sus exigencias o deber ser sino sobre la volW1tad libre, desde la misma inteligencia.
Pero ello tampoco quiere decir, como ligeramente afirman a veces ciertos axiólogos fenomenológicos o existencialistas contemporáneos, que el valor no sea ni valga realmente en sí mismo, sino
únicamente en y por la persona, como si el valor lograse constitución -y no sólo de-velación o presentación y ejercer su presión o exigencia de realización- únicamente por la actividad de
la persona y como un fruto suyo y, por ende, de carácter meramente subjetivo. Trascendentes a los fenómenos empíricos y ubi280

cados en el plano inmaterial del ser, los valores y bienes son visibles únicamente a los ojos del conocimiento intelectivo o espiritual, y no son realizables sino mediante el obrar también espiritual de la voluntad libre, vale decir, no son aprehensibles ni
realizables sino por el espíritu ( Cfr. N. 15, donde se da razón última de la realidad de los valores).
10. Diversidad y jerarquía de los valores. Ya dijimos antes cómo en la actividad y ser humanos hay diversos aspectos o planos
subordinados entre sí: en primer lugar el puramente vital inconsciente, luego el consciente de la vida de los sentidos externos e
internos, por encima de éste el de la vida espiritual y, ya dentro
de ésta, primero el del obrar técnico-artístico, segundo el del obrar
moral, en tercer lugar el de la vida intelectiva o contemplativa
y, agrupando todas las direcciones del espíritu, el de la vida religiosa.
Ahora bien, atendiendo a estos diversos planos y a la importancia que éstos tienen en sí mismos y en relación con la vida espiritual, sobre todo en sus dimensiones supremas: moral, contemplativa y religiosa, los valores o bienes intermedios, que hemos
ubicado entre el ser y vida del hombre como son en sus diversos
grados, y el ser y vida del hombre como deben llegar a ser por la
posesión del Bien divino trascendente, se presentan constituídos
en un orden jerárquico: 1 ) en primer lugar los valores hedónicos:
los bienes que nos causan dolor o placer, 2) los valores útiles o
técnicos, 3) los valores vitales: salud, bienestar, etc., 4) los valores estéticos, 5) los valores morales, tales como la justicia, la templanza, etc., 6) los valores intelectuales de la verdad científica
Y filosófica y 7) los valores religiosos, como el perdón de Dios, etc.
Conviene advertir que esta escala de valores puede variar de
acuerdo a la relación con el sujeto, a que antes aludimos (n. 8),
Y a la necesidad de la realización de un determinado valor para
la consecución de los valores supremos. Es decir, que esta escala
no se establece atendiendo únicamente a los aspectos humanos
abstractamente sino de un modo concreto, en su grado de nece281

�sidad o conveniencia para el bien del hombre, esencial e individualmente considerado.
Debemos notar, en segundo lugar, que en oposición a cada valor se presenta si~mpre el desvalor o valor negativo, como privación de bien o ser, es decir, como el mal o falta de actualización
correspondiente a cada aspecto de la vida humana; y que impone al hombre la correlativa exigencia o conveniencia, según los
casos, de su destrucción para el logro del valor positivo contrario.
Los valores técnicos y artísticos se refieren a las cosas, son el
bien de las cosas mismas, aunque siempre en relación o en cuanto sirven a los bienes o valores de los diferentes aspectos del ser
humano. En cambio, los va10res hedónicos, vitales, morales, intelectuales y religiosos se relacionan directamente con el propio
hombre, del cual son bienes. Son la perfección real que actualiza
una potencia o falta de ser; y, según sea ésta -material o espiTitual- será también aquélla.

11.-La actividad axiológica es siempre tarea del espíritu. Tales valores o bienes por realizar son materiales o espirituales de
acuerdo a los aspectos materiales -de los objetos exteriores o
del propio cuerpo del hombre- o espirituales -de la inteligencia, de la voluntad o de los sentimientos humanos- por perfeccionar.
Lo que conviene subrayar aquí, dada la finalidad misma de este
trabajo, es el sentido ontológico con que esta jerarquía se constituye: los valores se ubican, según su jerarquía ontológica, es decir,
según sea mayor o menor el acto o perfección que su realización
trae aparejada para el sujeto. Pero la apreciación y la decisión
libre que realizan tales valores, aun los materiales, pertenecen
siempre al plano espiritual. Sólo la persona finita, el ser espiritual finito en busca de su suprema perfección, que no ha llegado
a actualizar plenamente su ser finito, ordenado al Ser infinito,
a la posesión de la Verdad y Bien de Dios, es capaz de des-cubrir
el valor y aprehenderlo en cuanto tal, y sólo él es capaz de realizarlo consciente y libremente: con deliberada y libre elección
y decisión.

. Los valores o bienes del hombre pueden ser materiales o espintuales, de las cosas o del hombre, pero la actividad axiológica, en
su doble aspecto de aprehensión y decisión de realización es según dijimos siempre tarea del espíritu.
'
Si en los seres mat~riales -sobre todo en los animales, princiP_~lmente en ~os supenores- se observa la búsqueda y la realizac~o? de los bienes que convienen al sujeto -ya específica ya in~vidualm~;e considerado- ello no es fruto ni de aprehensión
m de elecc1on valorativa~ formalmente tal, por parte de los mismos seres ~ue_ dan signos evidentes de no poseer inteligencia ni
voluntad libre m de acceso consiguiente a los objetos inmateriales
como tales- sino de la Inteligencia y Voluntad divinas, que han
ordenado a esos seres a sus respectivos bienes o valores, mediante
las leyes que de un modo necesario gobiernan su actividad; la
c~al, por eso, c~ando es sacada de la órbita natural de tales leyes,
pierde la segundad de la dirección hacia su verdadero bien. Así
la defensa instintiva que obra con tanta firmeza en el ámbito d;
los enemigos naturales de una especie, no actúa de la misma manera frente a los enemigos artificiales creados por el hombre.

. 12: La ª!r~hensión de los valores o juicio estimativo y la realizacz6n practica de los mismos. a) Aprehensi6n intelectiva de los
valo~e!. El ~alar, real y trascendente a la persona humana, no se
manifiesta m logra, pues, fuera de tal sino en la persona humana
en el es~Íritu, según ya dijimos; el cual no lo aprehende sino po;
~eferenc1a a un aspecto del hombre o de las cosas relacionadas con
este, en cuanto contribuyen al bien del mismo.
~l. valor, b~en trascendente como es, necesita sin embargo del
espmt~,. en pnmer lugar para de-velarse como tal. El conocimiento espmtual de la inteligencia es el único que puede aprehenderlo. En la luz d~ su_ último Fin, en cuya posesión el espíritu finito
log:a la actuahzac16n o perfección de su actividad y de su ser
la m t ~ lige~cia
· d es-cubre las exi?encias para su consecución. Ta-'
1
es exige~cias son los valores o bienes, ya necesarios ya convenientes ~segun los casos- para actualizar unitaria y armónicamente
los diversos aspectos del propio ser, como otros tantos bienes que

282
283

�disponen al hombre al pleno logro de u definitivo Bien, más allá
de la vida terrena. Los valores aparecen ante el espíritu como
bienes trascendentes! que deben realizar e o conseguirse para actualizar o perfeccionar el propio ser del hombre. Se formulan,
por eso, en juicios prácticos estimativos. Ahora bien ólo el conocimiento espiritual es capaz de penetrar )' de-velar, a través de
los objetos fenoménicos !os objetos inmateriales como on el ser
o el bien o fin -identificado con aquél- formalmente tal, y la
relación de medio a fin o de fines o bienes intermedios a Fin último, en que se constituyen lo valore . Los entidos perciben los
seres que son bienes o valores, medios o fines, pero sin des-cubrirlos ni verlos bajo su formalidad de tales.
Todos los valores se presentan como estimables con cierta exigencia de realización, bien que no todos imponen su realización
al sujeto que lo aprehende. Ello depende de lo dicho; no todos
los bienes son siempre bienes para un determinado individuo, es
decir, no todos los bienes son iempre valores. Ello depende de que
tal sujeto necesite de ellos para su propia sati facción. Si no son
bienes para él, el sujeto los aprehende como valore en relación
&lt;:on otro sujetos y, en tal sentido, son en sí mismo valores, pero
no valores para él. Además lo valore responden, como bienes, a
diversos aspectos perfeccionables del hombre que éste no siempre
está obligado a realizar, vale decir, que la noción de valor es mu-cho más amplia que la de valor moral, como es natural: sólo lo
valores morales encierran el deber ser o exigencias de realización
propiamente tales. Tal exigencia de realización o deber ser del
alor moral puede provenir de constituir él un bien esencial al
hombre y entonces es siempre moralmente coactivo u obligatorio
de realización para todo hombre; o de constituir un bien para un
hombre en su situación concreta -verbigracia, en su condición
de hijo, de funcionario, etc.- y entonces puede no obligar a todos,
como es el caso de los que no están en tal situación. Lo cual no
quiere decir que el valor dependa y sea puramente relativo a la
situación, y que no tenga un valor absoluto para los hombres en
:284

tal situación y no sea, como tal, por consiguiente, independiente
y trascendente a ello .
En todo caso sólo el bien o valor moral es quien se presenta
con esta imposición u obligación de realización, con esta nota de
deber ser. Lo demás valores, por ejemplo, los hedónicos, estéticos, 1científicos, etc., pueden asumir también tal carácter en
cuanto son a la vez alares morales o caen bajo la órbita de las
exigencias o imposiciones de un valor moral, en cuanto su realización es necesaria no sólo para el logro del bien del valor mismo, por ejemplo 1a bellez.a en una obra de arte, sino también en
el perfeccionamiento del hombre en cuanto tal -bien moral-,
por ejemplo, la realización de una obra de arte puede ser necearía para cumplir una obligación moral como un contrato o
una promesa.
Fuera de tales casos, los demás valores, más que encerrar una
exigencia de realización, ejercen una atracción sobre el sujeto
despiertan en éste ya implemente una estima o amor, ya una
invitación a su realización para lograr, mediante ella, un determinado bien o perfección ya en el propio sujeto ya en otros o en
las cosas mismas.
De todos modos, ya como deber ser u obligación, ya como atracción, todos los alares son tales en cuanto estimables, en cuanto su
consecución o realización es un acto o perfección del hombre -o
de las cosas en subordinación a éste- y, como tales, colocados
en la noción del bien y, por ende, constituyendo el término o fin
de una actividad práctica de estima o de realización; y, por eso,
e tán siempre formulados por juicios prácticos, estimativos o normativos: son un acto o perfección que responde a una necesidad
o ausencia de la cosas o del sujeto, y su consecución o realización
exige tales determinadas acciones, que la inteligencia formula en
dichos juicios.
b) Realizaci.ón volitiva de los valores. El valor toma fuerza de
tal, pues, en la inteligencia, en el juicio práctico estimativo. Pero la inteligencia únicamente aprehende el valor o formula sus
exigencias prácticas o de realización. Pero para realizar efectiva285

�mente el valor, para hacerlo pasar de sus exigencias o de su atracción de realización a la realidad, de su deber ser a su ser en acto
o realizado, es menester la intervenci6n de la voluntad libre. Precisamente el valor ej ere e esta fuerza, ya como exigencia ya como
atracción, para su realización, porque el espíritu no se agota en
la contemplación intelectiva del bien ni en la formulación del
juicio práctico de sus exigencias para alcanzarlo, sino que ~demás
es voluntad libre, capaz de elección y decisión, fuerza realizadora
del bien y, por eso mismo, del valor.
A través de la inteligencia, del juicio estimativo práctico, en
que se instaura, el valor logra desarrollar su fuerza de obligaci~n
-si es moral- o de atracción o de amor, si es de otra especie
-o ambas cosas a la vez, sobre la voluntad. Esta está obligada a
realizarlo o se siente atraída a él, por lo menos, a amarlo, desde
su presencia intelectiva, desde donde ejerce su fue~a d_e valor.
El valor como ta~ es siempre un llamad&lt;&gt; a la reabzac16n o al
amor. y' la respuesta la da la voluntad libre, quien con su decisi,_ón
elige el valor y le da realidad, lo hace pasar del estado de bien
realizable a bien realizado y cuando es moral, de deber ser a ser,
o por lo menos de bien amable a bien amado.
Cuando se trata de valores o bienes realizables en los seres materiales o en el ser y actividad material del hombre, la voluntad
decide libremente su realización -raíz espiritual que está en toda realización del valor o bien en cuanto tal- pero ésta no se
lleva a cabo sin la intervención de las facultades corpóreas del
hombre incluso de los objetos exteriores a éstas subordinados,
como ;tros tantos instrumentos materiales sometidos y dirigidos
por la voluntad.
Pero ésta tampoco puede dirigir tales actividades interiores sino a través de la mteligencia: la fuerza estrictamente práctica
o realizadora de la voluntad libre toma forma o dirección precisa
a través de la elección de un juicio normativo o práctico de la
inteligencia, al que da eficacia de acció~ haciéndolo_ f:';ácticam_ente práctico o conductor de su acto rrusmo de decis1on, precisamente por la irrupción de su actividad libre. Vale decir, que la
286

inteligencia y la voluntad se conjugan en el juicio prácticamente
práctico: juicio de acción por la inteligencia que da forma a la
fuerza realizadora de la voluntad que se encauza por ella; y práctico o realizador por la voluntad libre, que da fuerza de decisión
y acción a la forma normativa del juicio de la inteligencia. tbis
Este juicio práctico, de inteligencia y voluntad íntimamente unidos
como forma y materia, respectivamente, mueve las demás facultades y fuerza materiales a la realización de los bienes o valores
en la materia.
Pero cuando se trata de valores puramente espirituales, tales
como la verdad de la ciencia o de la Filosofía, o el bien de la
propia oluntad 1 la elección y realización de tales bienes se efectúa y termina con la sola decisión de este juicio práctico de inteligencia y voluntad conjugadas. Aun lo valores de la actividad
puramente teorética; la verdad, descubierta por la actividad intelectiva en la tarea científica o filosófica, tampoco se logran realizar sino mediante la actividad práctica de la voluntad y de la
inteligencia -unidas en el juicio práctico- que deciden realizar
la actividad teorética para la consecución de la verdad, como bien
o valor de la inteligencia.

13.-Fundamento ontológico supremo de la Axiología.- A la
luz de lo expuesto se ve cómo la Axiologia posee un sentido profundamente realista, sentido último ontológico de los valores. Supone, en efecto, por un extremo, un er espiritual finito o imperfecto, que debe acrecentarse o perfeccionarse en su er mediante
el desarrollo de su actividad por la adquisición del valor o bien
trascendente, y, por otra parte, la perfección total de este mismo
er por la actualización plena de su actividad especifica o espiritual, alcanzada en la posesión aciante de la Verdad, bondad y
Belleza del Ser Infinito, último Fin trascendente de la vida del
hombre. Entre esto dos extremos, que son el terminus a quo y el
terminus ad quern del perfeccionamiento humano, se ubica el hu'bis Cfr. ÜCTAvtO , •. Dr;RIST, Los Fundamentos Metafúicos del Orden Moral, 29 ed.
c. X, Instituto "Luis Vives" de Filosofía, Madrid, 1951 .

287

�manismo o cultura como obra de perfeccionamiento humano, que
a su vez tiene entido por los bienes o valores trascendentes los
cuales son tales como participación finita del Bien infinito, cuya
realización o con ecución por parte del hombre acrecientan su P.erf ección y lo aproximan y di ponen de este modo a la con ecuc16n
de aquel supremo Bien Divino.

Lo valor , pues n definitiva son bienes fini~o~ y, co~o ~a~es,
esencias reales realizables, tra cendentes a la actividad axiolog1ca
de la persona humana, que los aprehende y pu~de y debe ~uando son morales- realizarlo para conseguir u bien o perfección ontológica inmanente, a las eces mediante el bien logrado . en las
cosas material por la actividad técnico-artística sometldas a
aquel bien del hombre.

14.- La doble participación de los valores: lógica y real.-~ora bien lo valor
e constituyen tales, son bienes en sí mismos
re pect~ al hombre, por participación del Bien Infinito.
Toda participación upone un er o bien en í, que es tal por sí
mismo o esencialmente y, como tal, imparticipado, y otro que es
ser o bien en una determinada y finita medida, por comunicación
cau al del primero.

Ahora bien, hay do tipo de participación 1) una lógica y 2)
otra real. 2
1) La primera se refiere a las perfecciones o bienes_ esencialmente imperfectos o predicamentales. e trata de perfecciones que formalmente o como tales encierran imperfección y que, por ende,
no pueden existir por í mismas, imp.articipad~e.nte y en ~rado
infinito. Porque todo er que
o ex.i te por 1 m1 mo es Dio , _Y
por eso mismo, es a fortiori la Exi t:ncia o ~to Puro y, cons1gui ntemente, infinito u Omniperfecc1ón. Por ejemplo, no pue_de
exi tir el cuerpo en í infinito; pue el cuerpo en tal estado deJaría de ser cuerpo; ni iquiera puede existir como esencia uni er al,
• Cfr.

OCTAYJO ~ . Du1s1.

Los dos tipos de participación lógica y real, en la Revino

d, Filosofía, Instituto "Luis Vives" de Filosofía, enero-marzo de 1958, pp. 43 Y sgs.,
Madrid.

pues sería una y múltiple a la vez, ya que e identifica en sus notas
esencial con cada uno de los individuo .
Y sin embargo, concebimos los eres y bien finitos como par-tie ser o esencia en sí: verbigracia a Juan o Pedro
participando de la esencia de hombre, como si ésta fuese una esencia sub istente. La verdad que tal esencia es un concepto universal ab tracto, que sólo · real en su contenido -hombre en sus
notas de animal racional-, en el ca o, pero no en el modo universal de encia en sí, tal cual se la concibe. Los individuo humano, como Juan Antonio etc., se conciben como siendo hombres
por participación de la esencia humana en sí, que no existe realmente como tal bien que us notas constitutiva -tomada por
abstracción de los eres concretos individuales- son reale y fundamentan esta atribución de las mi ma a cada individuo real.

cipando de

2) La egunda participación, la real, se refiere a las perfecciones o bienes esencialmente perfectos o que en su concepto no encierran imperfección, aunque se encuentren realizada imperfectament . Tales perfecciones no son sino el ser y su propiedades,
llamada trascendentales por la Filosofía clásica ---concepto que
nada tiene que ver con el kantismo, sino que significa el no estar
encerrado en lo concepto predicamentales- con él identificados: la unidad, bondad y verdad, que en sus grados perfectamente
inmateriales o pirituales implican correlativamente la voluntad
y la inteligencia, y en u grado máximo de Acto Puro se identifica.
Por u misma noción tales perfecciones pu den exi tir realmente
en grado imparticipado y, como tal, infinito; má todavía deben
existir en te grado, ya que la existencia de tal perfecciones en
grado finito denota que ésta no son sino que tienen tal perfección
recibida o participada y que por ende, su existencia implica en
última instancia ontológica, la existencia de esa perfección en sí.
(Tal
la demo tración, que ustancialmente está en todos los
argumentos de la exi tencia del er imparticipado, o ea, de Dio ) .
Y como quiera que unidad, verdad y bondad -y lo correlativos

288

289

�de estos dos últimos, inteligencia y voluntad, implicados en ellos
en los grados espirituales, e identificados con ellos en el Acto puro
de Dios- y belleza se identifican con el ser, todas las perfecciones
reales, es decir, la realidad en sus múltiples aspectos, se constituye por participación casual del Ser o Bien en sí, es decir, del Ser
o Bien divino.
15.-La realidad última de los valores a la luz de la doble participación: real y lógi,ca. A la luz de la doctrina expuesta de la
participación, los valores se presentan como bienes determinados,
que son tales por participación del bien en sí; y a la vez, como esencias en sí -universales y abstractas- por participación de las
cuales, son tales las acciones o bienes concretos. Por ejemplo, la
salud y la fortaleza se presentan como valores. Son realmente tales por participación del Bien en sí, desde que son bienes determinados, es decir, esencias que reciben o participan en una determinada medida del bien.
Pero a la vez, los valores se presentan como esencias en sí -la
salud, la fortaleza, etc.- por participación de las cuales son saludables y fuertes las acciones de los hombres que se ajustan a sus
exigencias.
Ahora bien, en el primer caso o, mejor, bajo el primer aspecto,
los valores son por participación real: son eJencias reales, constituídas por participación del Bien en St imparticipado y que no es
sino la Existencia divina. Estas esencias no existen en sí mismas, pero
son reales en cuanto esencias, en cuanto pueden existir concreta o
individualmente, en una palabra, son esencias posibles, las cuales
son reales, porque pueden Ilegar a existir, a diferencia de la nada,
que no sólo no existe sino que no puede llegar a existir.
En cambio, en el segundo caso o, mejor, bajo el segundo aspecto, concebidos como esencias en sí universales, los valores son
conceptos abstractos y, como tales, no existen. Las acciones concretas se conciben saludables o fuertes, en el ejemplo aducido, por
participación de la salud y de la fortaleza en sí o abstracta. Ahora
bien, tal participación no es real, sino lógica; es la participación

290

d: un individuo que recibe de las notas esenciales de un concepto,
bien que las notas atribuídas a este individuo real -las de salud
o fortaleza, en el ejemplo-- sean reales, y no lo sean en su modo
universal de existir en el concepto.
Esta doble participación del valor: una real, por la cual él se
constituye en un bien determinado por participación real del Bien
en Sí divino; y otra lógi,ca -aunque fundamentada en la realidad
, l
'
segun o e~puest?-. por cual el mismo se concibe constituyendo
u_n~ es~~cia en si imparttcipa_da de un bien determinado, por participacion de la cual se conciben sean buenas en categoría valiosa
las acciones concretas que la realizan.
Precisamente la confusión de estas dos participaciones ha engendrado
el error de que los valores son "esencias idealesn, es de.
c1r, no reales, escindidas del ser o, en otros términos, de la independencia entre ser y valer.

!ª.

El valor en sus notas constitutivas es real y se establece como
un bien determinado, por la acción causal ejemplar del Bien en
Sí,. q~e lo ha~e participante de su Perfección o Bien en la precisa
Y f1mta esencia capaz de ser realizada o existir por la acción causal
eficiente y final del propio Bien en Sí o de la persona humana.
Esta esencia valiosa, constituída por participación necesaria real
ejemplar de la divina Esencia o Bien en S~ aunque no existe, es
real, como son reales todas las esencias posibles o modos finitos
capaces de existir.
En cambio, concebido como una esencia universal abstracta de
bien o valor, por la cual valen las accione;; determinadas de los
hombres o las cosas materiales, el valor únicamente es real en sus
notas constitutivas - las notas que constituyen la salud o la fortaleza en el ejemplo-- pero no es real el modo universal como se
lo concibe, pues no existe ni puede existir de ese modo universal
la salud o la fortaleza; así como son reales las notas de hombre
-animal racional- pero no el hombre concebido como esencia
universal, de la cual participan los hombres individuales.
Según se atienda a la primera o segunda participación o, en
otros términos, a sus notas reales constitutivas, o al modo universal
291

�como se las concibe, el valor es real, o, por el contrario, una esencia abstracta y como tal no es real, pues no puede existir de ese
modo.
En síntesis, tomado en su realidad participada el valor es un
bien real, una esencia real, una esencia posible realizable por la
actividad espiritual de la persona humana; pero tomada como
esencia imparticipada de un bien determinado, concebido universal y abstractamente, por participación de la cual son buenas
las acciones y seres concretos, no es real en cuanto tal, aunque se
fundamente en la realidad, en cuanto sus notas constitutivas han
sido tomadas de la realidad individual concreta por abstracción
de sus notas individuantes.

LA ACCIÓN EN LA METAFÍSICA PRESENCIAL
FILOSOFÍA DEL HACER

Dr.

PEDRO CABA
Madrid

PRE-OCUPACIÓN Y ACTITUD: LA ACCIÓN Y EL HACER

EL ESPÍRITU ES ACCIÓN. La existencia del hombre es un "siendo"
'
esto es, acción. Pero acción es algo más y algo previo a la actividad
y al movimiento y a toda realización: es lo que hace que el hombre
se cumpla como "ser quien". Ya dejé dicho en otra parte: El espíritu ama la acción y odia el movimiento. Y dije algunas cosas
más que ahora interesa recordar, pero que yo no recordaré, sino
que ampliaré en lo necesario para ir a donde voy.
En la acción se integra y cumple el hombre como respuesta y
como pregunta. La presencia del hombre en el mundo, como
pre-esencia, viene de un "pre" fundamental, y se pone en el mundo como una dis-posición previa y prima para la acción: la actitud. El hombre es un pre-ocupado fundamental. Antes de toda
ocupación, aparece pre-ocupado por lo divino. En esa pre-ocupación se da el asombro y el temor originarios, con la adhesión
o ligación de la fe primordial. Pero una vez vuelto al mundo, orientado a él, en cuanto el hombre empieza a presenciar, empieza
también su existir y con el existir, su acción, su "siendo". Y lo
primero es la actitud presencial que es acto y acción, aunque
no todavía actividad. De la actitud mana el sentido existencial que
292

293

�se hace intencionalidad y cuidado con sus formas primeras: intención, atención, admiración y mirada. El cuidado da paso a la ocupación con sus formas primarias: contemplar, pensar, originar, amar,
creer, esperar, recordar, proyectar; y al "hacer", con las suyas: hablar, obrar, operar, ejecutar, realizar, consumar. El morir no es
un hacer porque es él el que obra, y nosotros somos pasivos para
la muerte, la cual nos hace morir; no somos nosotros los que la
hacemos. La muerte nos ocurre, nos sobreviene, casi como el futurante del vivir. Nuestro vivir labra nuestra muerte, es irse muriendo,
pero "nuestro vivir'' no somos nosotros, ni podemos disponer de
él. Vivir no es una actitud, como no es acción ni ocupación, ni
preocupación, ni sentido existencial; vivir es un hecho, no un acto
ni una suma de actos. El vivir es un dato con que nos encontramos
y con el que tenemos que contar para existir y realizamos como
seres-quién. No hacemos nuestra vida sino nuestra existencia. Nos
dan la vida, pero no el existir. No consumamos nuestro morir; pero tampoco él nos consuma, sino que nos consume. Lo que nos consuma es nuestra inmortalidad. En la acción nos consumamos o
realizamos como espíritu. En el hacer nos consumamos como hombres. Y si somos fieles a la vocación existencial, en el hacer nos
autentificamos y plenificamos. Para ello, el hacer se nos vuelve
"obrar", es decir, un dejar en el mundo alguna obra hecha. El
hacer avanza hacia el obrar según estos grados: juego y jugueteo,
deporte, quehacer, trabajo y poetizar; este último es la forma más
alta de obrar. Para el obrar, hay una dis-posición: la aptitud,
una especie de agilidad prevista, una ad-aptación de la intencionalidad a la realidad objetiva de las cosas. El sentido existencial
se hace afán o cuidado, en que la intencionalidad, de espaldas a
la perplejidad primera, se vuelve mirar, admirar y atender. Y
de ahl la autoconciencia y la búsqueda, y con ésta, la pregunta,
y con el preguntar, el saber, el conocer, comprender, entender,
ignorar consciente, etc. El pensar es acción ( como amar, esperar, recordar) y una forma de la acción es cuidar o curar ( procurar es un cuidar más anhelante y tenso) . La acción se hace
intencionalidad, y la intencionalidad, se hace pensar y cuidado.

El cuidado es acción, pero no es todavía hacer, sino algo antes
que hacer, un pre-hacer y en cierto modo, un sub-hacer. En e]
cuidado ya está la respuesta que es el existir y también la pregunta a punto de formularse. El responder existencial no es propiamente un hacer, sino "un hacer como-que se-hace": un qué-hacer
esto es, un hacer sin fin, sin tensión y sin obra hecha, pero un hacer
de mucho cuidado. El pensar es un "que-hacer".
A mitad del camino entre el pensar como acción y el hacer como obrar, está el cuidado, que es atención a cosas y personas.
Poner atención en algo es poner mucho cuidado en ello. La intención es in-tensión; y es ad-tender en el cuidado. La intenci6n
es intensión, intensidad; una manifestación del hombre como ser
.intensivo. La atención es ya un "tender a ... ", un extenderse una
f?rma de ir al mu~do de las cosas, al orbe de lo extenso. El'espíritu _como presencia y como sentido es intensivo, y por eso, es intencional. La intencionalidad no cuenta con campos, cosas ni
áreas de proyección ; brota en sí misma, como disposición d~ la
actitud para la acción, y en sí misma se cumple, la atención -el
cuidado- ya tiende a las cosas del mundo.
Por. ,último, son formas disminuidas del hacer; el pensar que
es a~c1on, pero ya que-haciendo; el jugar y aun el deporte, son
manifestaciones del sub-hacer, y no son obrar, porque no dejan
una obra hecha. Tam~ién son formas del hacer, en diverso grado, el éxtasis, la contemplación, la admiración y el ocio. Pero
no son formas disminuídas de la acción, sino del hacer. En cambio, el _aburrimiento existencial y sus formas más conocidas (intempen: metafísica, vacío sentimental~ apatía, indiferencia, in~petenc1a, desgana, ~rialdad afectiva, etc.) son formas degeneratI~as del hacer y casi tendencia a la parálisis existencial, por pérdida del sentido y de la acción.
No es posible -ni aconsejabl~ tratar aquí todas las formas
de la acción a que acabo de aludir de un modo nervioso y apretado. To_das ~llas serán e~tucliadas en libros venideros, pues toda una ftlosof1a del tr~baJo brota ahí. Digamos solamente, por

294
295

�ahora, aquello que conviene al desarrollo intencional de este momento.

PRE-HACER Y PRE-OCUPACIÓN

hay pre-acd6n en el hombre porque ya su pre encia es _acción desde el "pre", exi tir, pre enciar, son ya formas de la acción.
y antes de presenciar y existir, no hay en el hombre nada. Pero
si 00 hay pre-acción, sí hay, en el hombre, pre-hacer, que no es un
'hacer" anterior, sino un antes del hacer. Antes del hacer es la
acción, y a acción constituye un pre-h~cer. El que pre-hace,
no hace todavía algo, ino que, en u acción, pre-para, pro-ye_cta
0 pro-grama lo que va a hacer. El vero pre-hacer es, prcsenoar,
no presentarse que es aparecer ante otros como esp ctaculo Y preentación
presenciar lanzar desde í, desde el "pre,, la pro'
'
Pero es claro que ese "1 anza r ,, y
yecci6n de la propia presencia.
e e "desde sí" son modos de decir nada más, pues antes de "hacer' algo desde sí, hay presencia en el hombre.
No hay en el hombre pre-acd6n, pero hay pre-ocupación. Ocupar es ya un ''hacer" y antes de hacer y o~upar, el hombre se
pre-ocupa", se ocupa presencialmente a _í InJ mo; se autopresencia. Ocupar es presenciar y autopresenc1arse es pre-ocupar~e .. El
hombre e un ser fundamentalmente pre-ocupado por lo d1vmo►
y preocupador y preocupante de las cosa del mundo. Y también
ocupado de ella, con ellas en ellas y por ellas. Para existir el
hombre ha de ocuparse de co as, pero, nótese bien, ocuparla , Y
ocupar-se de ellas, preocuparse. Ahí nace el cuidado o la cura
heideggerianos. Y a la vez el hombre está ocupado por ~as co as.
Estas, con su especialidad, su exten ión, su coseidad: tienden a
ocuparle. Y si el hombre no se autentifica, si no se libra y salva
de la ocupación de las co as éstas le llenan le inundan, le aneaan,
le hacen perderse entre ellas. Y le enredan y entre-tienen, y no
e realiza con plenitud según la ocación existencial hacia su autenticidad. Por eso el hombre, para er quien debe ser, ha de so0

smd

meter las cosas, sobre-ser a ellas, juzgarlas, so-juzgarlas y ponerlas
a su servicio. Más que ocuparse y pre-ocuparse de ellas, ocuparlas, tomarla , conquistarlas y disponer e a en-red-arlas, esto es, saberlas, ponerlas en conexiones intencionales y manejarlas hacer
algo con ellas. Pero para ello ha de poner e antes, a distancia~
pre-parar, pro-yectar, pre-hacer en suma. En cambio, de las personas ha de pre-ocupar e, dejarse ocupar de ella porque su existir es ca-existir y u presenciar, co-pr senciar. Y más que entretenerse con las per onas y en-red-arse, ha de comprometerse y solidarizar e con ellas para responder en conjunto para con-testar.
Y en vez de un aber de ellas, tendrá abiduría y amor y caridad.
El hombre no olamente hace, sino que pre-hace. Es el único
ser vivo que puede y debe prometer, comprometer, adelantar, proponer, proyectar. Induso todo Jo que hace, es realizado con vistas
a otro hacer ulterior, y los fines del hombre no son ino medio
para otros fines, ha ta llegar al último y verdadero fin que es su
muerte de hombr , su realización existencia. El hombr es un
animal que pace futuros, que se alimenta de lo que no es de lo
que no ha y todavía, pero no por e o se alimenta de la nada, sino
de sí mismo en proyección o proyecto, pues los futuro del hombre son siempre más o meno enérgico y claros proyecto, programas, propósitos, promesas. Lo futurante, lo que puede sobrevenir
sin previsión ni proyecto por su parte, no cae dentro de los futuro
existenciales del hombre. Pero aun hay algo antes de proyectar
proponer, etc., y es la inquietud de la acción, verdadero pre-hacer,
cuya más inminente ejecución resulta un ante-proyecto. "Tener
inquietudes'' por algo es di poner e, pre-disponerse a ese algo. El
existir, antes que hacer es pre-hacer, acción, una disposición al
hacer.

QuÉ-HACER Y HACER-QUÉ

Y a1 disponerse a hacer, surge, como anteproyecto el hacer-qué
o qué-hacer, que no debe ser confundido con el "quehacer", sin

296

297

�,
'
uave modulación del ir haciendo, ~ues
acento en el que ' como
. t entrehaciendo y entrcteruenin acabarmen o,
h
e trata de .un acer
s
. t'rr en efecto , es quehacer co• · y es que exis
do el propio existir.
l
'6 la cual busca aplicar e y
día . t
. able de a acc1 n
roo melo
m enrun
1 co as. El primer hacer no es un
enredars en un hacer con as
, l cual empieza en ante.
, hacer o hacer-que, e
quehacer sino un que1 h b e se elige a sí mi roo, lo que
proyecto. Dice Ortega que e
r . mo' ha que hacerlo y
me parece de acertado, pue e SlbffilS dirige y se propone es
.
, al cual el hom re se
,
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el pnmer hacer-que
,
ele .do porque no esta he o.
el " í mismo., que no puede aunn:~:ho ~haceres-qué" del hombre
y añade Ortega que entre los
1 suyo E te "acertar , pa'bl
·
que acertar con e
·
que on pos1 es nene
" , .
,, dado y hecho. Pero e1
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. , ,,
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1
ca o es que a
.
á en "r olverse certero entre o
mos". y dice que el acierto es\
hacer" de modo que el
que se puede hacer por lo que Aay q,~:acer' acertado en la elecli b'en e frustra.
ese
• • --d'
1que no se e ge 1 ,
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h
, . "El acierto en el v1v1r
dón, le llama Ortega que acer : 'd con su hacer ,. y ahi se
'h
quehacer como a
ce-- es lograr que su
" eh e " con el "qué-hacer o a, 'd tif1cando el qu ac r
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cer-qué ' pues an
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elaborar ese proyecto v1t ' y
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1 "quehacer" de cada VI a,
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del proyecto rrusm .
" . dum" e nos anuncia en a voel "hacer" existencial, el f~c1en
,
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.
·a1 orno enttdo de ese proye
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caci6n existenc1 ' c
. . Sobra decir que ese sentl o
· tir nuestro exisur.
•
en que va a consis
.
t al existir mismo, rno que
y esa meta no se no.s dan previadi~den e e vamos siendo y exi tien. entando a me
qu
los vamos. expenm
desde la persona, pero la persona es
do. Exisumo' quehacemo_ .
lo ue va quedando hecho del
lo que hacemos con el existtr Y
q

¡°~,

ª

"existiendo'.
s existir co-e.~tir, en acLa misión, la co-.~i6n del hho~~r~:se. y e~e "haciéndo e" es
. , gerundiva de ir siendo y ac1en
c1on
298

un quehac r por su ininterrumpible continuidad melódica, y su
hacer-qué
en verdad, un 'hacer-quién' , e to
un hacer la propia persona que su tancia el existir, pero una ustancía que, a la vez,
resuJta y origina. Me sorprende que Ortega no viera la distinción
entr el "quehacer y el 'hacer-qué", porqu creo recordar que ya
en su epílogo al libro de ictoria de Ocampo De Francesca a Beatriz, caract rizaba el quehacer como un hacer sin fin. Pero ahí
está ju tamente la difer ncia con el hacer-qué: el "quehaceru
interminable y ago de finalidad; el "hacer qué" es siempre un
hacer al o concreto y determinado y es un hacer que pide término
o acabamiento. El "quehacer" no tiene fin no ya u ando este vocablo como acabamiento o término, ino tampoco como fin télico
o finalidad. En cambio, el "hacer-qué" tiene finalidad concreta
exige acabamiento. Por eso el "quehacer" no aspira a dejar una
obra hecha red.onda y terminada pero el "hacer-qué" sí. El "hacerqué ' es operosidad, trabajo· el "quehacer" es un entr tenerse, un
en-redarse en co as o persona .
u contraposición marca la diferencia encialí irna entre el hacer humano f eminal el varonil. El hacer más profundo y genuino de la mujer e un "quehacer': amar, cuidar, atender, dar
fluidez a u exi tir entreteniéndole entre las co as y las per ona
del hogar (habla faenas, cuidados) con labor que no termina
nunca ni deja una obra acabada. El hacer del ar6n es el trabajo,
la técnica el pensamiento la guerra, que aspiran a dejar una obra
terminada. Por eso, mientras el hacer varonil e llama "trabajo"
el de la mujer toma la forma erundiva del "haciendo' y se llama
"hacendo idad . El quehacer e enlaza existencialmente con la
quietud con la esp ra y 1a peranza el "hacer-qué,, con el trabajo la conquista y la a entura.
n buen varón siempre tiene
qué hacer; la mujer siempre quehace. Enredándo e en la labor,
haciendo y d haciendo para no terminar nunca. Penélope hace
y quehace en u paciente p ra. Por algo el encaje de bolillo
la labor d punto el repasar prendas y el cuidar, son los más profundos hacere femeninos que e traman de su mejor quehacer:
amar .
299

�Pero más allá de lo
o humano , y pr cindiéndol ahora,
digamos que el existir es tanto un quehacer como un hacer-qué,
porque la obra que ha de terminar y redondear es la per ona pero esta obra no queda hecha ha ta que el hombre acaba de ser
hasta que termina; pero quien la termina y hace es la persona.
Esta, más que el principio,
el fin y la finalidad pero está tramada de fines la per ona como su principio. El fin del existir es
la persona pero es la persona la que hace el existir, haciéndo
ella misma y desde ella. La persona tá más allá del tiempo;
el exi tires temporal, Jo que temporaliza a la per ona, pues el existir
la per ona temporalizándo e, pero no hay existir que no
ea desde una persona, no hecha sino haciéndo e, en el "faciendum" per onal del existir de cada uno. Hay pues un igno diver o y aun contrapuesto entre el quehacer y el hacer-qué, de tal
manera que mientras el primero e fluído e interminable, el segundo
cuántico discontinuo, con intervalo de pensar en acción y de obra terminada. En el quehacer se evita el pensar fuera
de lo que se está haciendo; en el "hacer-qué, e aparta el hacedor
para pensar, y piensa, para hacer y terminar y hacer otra cosa
no hacer siempre la mi ma, como en el quehacer. El "qué" del
hacer-qué da talidad y calidad ontológicas, no al hacer, sino a
aquello que, luego, al término del hacer, ha de resultar hecho,
esto , una obra, un " r-qué" nuevo, con u talidad, u calidad,
us cualidades y u modalidad. En el hacer-qué ha de campear
un e tilo alguna originalidad y personalidad, pero eso no ocurre
en el quehacer siempre borroso y como repetido y ciego. El "hacerqué exige algún aber y alguna técnica o saber-hacer. En el
quehacer ( cuidar hijo , atender la casa repasar la ropa, cantar
o hablar sin interés) no se exigen técnicas ni saberes, pero sí un
ahorco, una gu tación y regustación en lo que se está quehaciendo,
con inagotable, incansable hacendosidad. El "que" del quehacer
no tiene acento ni supone acusada personalidad en el quehacedor,
pues el hacer del quehacer, en cuanto a aspiración a una obra redonda y terminada, es más bien un uh-hacer o sub-obrar, y está
tramado de inercia y repeticion próximas al automatismo. Pa-

rece que la personalidad del que está quchaciendo se tenuifica y
re uelve en el quehacer mismo. Pero a la vez, el gozo del quehacer
está en que se enreda y engrana en lo que está quehaciendo. No
es la espera de algo, sino el esperanzamiento en el propio hacedor.
Penélope haciendo, rehaciendo de día lo que deshizo en la noche
es el ímbolo del quehacer femenino, y también de la e peranza,
no de la pera ávida y anhelante que es propia del cazador. Mientra el rematar una obra viene a interrumpir el gozo del hacer
porque, quizá más que goza en el hacer, hay placer en acabar
el quehacer
un engolosinamiento en lo que e está quehaciendo. Así podemos comprender cómo el acabar, el rematar una obra
el sentido profundo del trabajo, no sólo no es un amor al hacer
sino que es afán que o curamente e enlaza con el irnpul o de destrucción con el gozo de deshacer. Para sostener e en el quehacer,
Penélope des-hace; para desentender e, para deshacerse del hacer,
el arquitecto el artesano, acaban su obra.

SUB-HACER, SOBRE-HACER Y OMITIR

La tendencia secreta a no acabar es propia del hacer feminal,
pero también hay un hacer aronil procra tinante (de "procrastinare , aplazar o dilatar el acabamiento). Ambo parecen constituir un sub-hacer o cua i-hacer. Pero no es lo mismo el quehacer
de la mujer que e enreda y entretiene, con voluntad de obra,
que el procrastinar del arti ta en que hay oluntad de obra y aun
de perfección en ella. El procra tinar del arti ta es dedicación;
el quehacer f eminal puede serlo y entonces toma la forma más
alta del sobre-hacer, pero también puede ser mero entretenimiento
banal, in pera ni esperanza. La dedicación como orientación
honda y decisi\'a de una existencia a una obra es común a las madres y a Jo artistas y poetas. También parece dedicación análoga la del científico, pero en verdad el científico no busca realizar una obra, sino muchas, y alta cuánticamente de una a otra.
Todas las obra de un arti ta tienen de común un e tilo un modo

300
301

�de hacer; la de un científico, a lo más, tienen de común un modo
de pensar. El científico om te, dedica toda u obra a su pensamiento; el arti ta, la madre, el poeta, dedican todo su pen amiento y su existencia a su obra. quí prevalece la obra, no ya obre
el pensar sino aún obre el existir. En el científico, la obra es como un instrumento del pensamiento; al meno , una oca i6n de
manifestar e y cumplir e. Por e o es menos creador, menos materno que el hacer del poeta y del arti ta.
o se confunda el quehacer del po ta de ia madre, verdadero
obr -hacer en dedicación, con el enredar, el entretenerse y el charlataneo, de quien no ha encontrado el centro de gravedad de su
xi tencia, la satisfacción a u entido ocacional; por ejemplo,
en el varón desfondado o la mujer olterona, ambos sin ocupación
profunda, in pera ni e peranza ni confianza en í mismo , en
los que el hacer o quehacer es puro relleno de un existir vacío.
Amar fundar, poetizar maternizar on forma del obre-hacer y
la dedicación; no lo on el ersificar, el verbificar, el enredar y
el charlatanear. También puede constituir un sobre-hacer la investigación científica o filo 6fica cuando e vi ten de poe ía, y e
traman de afán creador dedicación. P ro el mero hacer técnico
o científico, l inv tigar el razonar, el afán de sistema o de teoría sin creación
trabajo más un hacer que un quehacer, y menos, un obre-hacer, pues el técnico el científico entonces, part n
a de lo que buscan quieren encontrar mientras el poeta el
artista y el filó ofo de raza la madre, nunca saben lo que quieren
ni a dónde van. Y in aber lo que quieren hacer, lo están haciendo. in duda el arte y la po ía tienen fines télico pero a piran ecretamentc a no tener fin ni término, como la maternidad.
·mgún verdadero artista o poeta desea rematar; es profundamente quebacedor, procrastinante, exi tencia en dedicación exclusiva.
Todo artista todo poeta se siente autor de obras incompletas. n
ello los apuntes bocetos y obras iniciada on iempre más, y mucho más importantes que las obra acabada y cumplidas. El taller
del artista y el gabinete del poeta on siempre pai ajes de ueños
maternale poblado de feto y muñones.
inguna gran obra de
302

ningún gran artista está realmente acabada en la intenc1·6 d
to p
h
- .
n e au-

, r. ero ay suen~ intensos vividos de obra que no e cumplir~. y no se cumplirán porque e trata de un per-hacer, un "perf icere y. busca lo qu no puede lograr: la perfección última.

En el Juego y en el deporte no hay trabajo, pero tampoco hay
sobre-hacer. Falta el su ño y el propó ito de
b
Nº 1 ·
.
una o ra como meta. . 1 e Juego ni el deporte tienen fin ni fines; son inacabables
atélico . Se trata de formas del sub-hacer y más q
I
f '
·ó · l
·
ue a per ec~ n m a obra terminada, buscan la di tracción. Pero hay otra
Iormas d&lt;:1 sub-hacer que no on la del juego ni el deporte y que
~s aproxun~ a la omisión, al ab1-tenerse. Ya no es dis-tracción
smo re-!racc~on y abs-traerse de toda obra y de todo hacer. E ~
hacer-sin obJet? más que un no-hacer, ni un omitir en rigor. Tal
es el enfaenarru_ento para o curecer y casi desaparecer en el hacer,
~ el apresura!111en~o en el obrar para borrar la propia conciencia
e que ~ esta haciendo, y acabar lo que no ~e hace ni en el fondo, se qwere hacer. Hay por último un hacer desganado y sin imp~s, en q~e el hacedor va remolcado por las circunstancias.
n cambio, puede hablar e de un sobre-hacer que apenas hace
nada, pero que hace que otros hagan. Tal es el manda I.
.
el
· S
r, e mspuar,
sugerir. on formas de hacer que brotan de la presencia pura
del hombre ante otros hombres, inyectándoles sentido de la acción
:C. has~ vo,l,untad y propósitos de hacer y sobre-hacer. Hay un
unpenurn varonil que sin hacer aparentemente nada hace que
otros hombres, por influjo de su pre encia imperial, ha~an ejecuten y sobr_ehagan. y hay formas de "imperium' feminal por el
~ue _la ~UJer descubre su capacidad de hacer in hacer. Tal
la
~ prr~c16n de la mujer musa de la mujer amada y la sugestión
~~~t~d para su {b)~erir. La inspiración sopla de arriba; la su~
g
influye por abaJO. En cualquier caso sin mandar ni hacer
:~da ~ace~ y hace en forma de mandar ~directo. El quehace;
Hi~tona sólo no presenta varone que gesticulan, pero tras
tona está la sugestión, la inspiración de la mujer que actúa
como u motor inmóvil rigiéndola con clirección y riendas invisi-

la¿

303
H20

�bles. Y más alto, por encima de todo hacer humano y de todo
sobrehacer, está el misterioso sobre-hacer de lo Divino.

AcAECIVIDAD Y ACTIVIDAD

Hay actos y hay hechos. La actividad, el hacer del hombre, remite al acto, que es su fruto, no al hecho, el cual es siempre natural. No hay actos naturales, realizados por eres de la naturaleza. Tampoco hay hechos realizado por el hombre e piritual_ y
libre, sino actos.
o hay en español palabras adecuadas para distinguir debidamente estos matices. Y tengo que recurrir a forzar
el significado de los ocablos "acto' y "hecho", aun sabiendo que
el "acto" es forma del ''agere ' y el "hech o' o "fecho" d el "facere", que no designan respectivamente con exactitud lo q~~ q~:ro decir. Quizá pudiera permitírseme usar frente a la actlVIdad" o generación d acto , la "acaecividad" o realización de a~aeceres o acontecimiento , dando a este último término lo que tiene
de azarosa impersonalidad. Lo que acaece sin mí, o lo que me
acaece, no es acto porque no es mío ni es fruto de mi acción. Es
más bien hecho o acontecimiento, aunque tenga causas bien determinadas y conocidas, pues tienen causa, pero no ~~tor. Y_o
crezco o digiero pero el crecer o el digerir, no los ongmo espiritualmente yo; no soy el autor sino la causa, cuando más de ello:;
son en suma hechos y no actos. Los hechos que acaecen en mi,
per~ no son míos en cuanto a la ori~~c~ón, ~e s~n ablativos, :~cunstanciales, ad enticios. Todo 011 v1vu b1ológ1co no es acc1on
ni es mi hacer o actividad, sino mi acaecividad. Puedo contrariar
alguno de sus hechos, por ejemplo, la visión de mis oj~s la contracción de mis brazos, y puedo mandar hacer que m1 OJO vea Y
mi brazo se extienda, pero sólo soy autor del sobrehacer o mandato para ello.
El hacer humano propiamente dicho, no s6lo es hacer un "qué",
o mandar hacerlo, o sugerirlo, ino también es indispensable que
sea actuado o mandado actuar por un "quién", por "alguien" -y

º.

304

no "algo"- que alumbrado poéticamente por Ja presencia actúa
y aspira a dejar una obra hecha, y en cuanto puede, bien hecha.
La noci6n de "bien", vinculándose al hacer, anuncia a alguien
que re ponde en el doble sentido de respuesta y re ponsabilidad,
pues imprim a lo que hace una tonalidad ética que ningún animal ni ser inerte da a sus hechos. El hombre no s6lo tiene que
hacer en el mundo, sino también hacer alao que e como su respue ta, y hacerlo bien, porque marca su re pon abilidad, pues lo
no bien hecho se le revuelve y le irve de acusación.
El hombre en su hacer es autor en la doble acepción de respuesta y de responsabilidad en lo que hace. Autor (de "augere' ) quiere decir adición, el que aumenta o incrementa, en do significado : por su respue ta e.xi tencial creadora que trae al mundo algo
nuevo, no usado hasta él, y por la respon abilidad que contrae o
trae-consigo si deja de hacer lo que debe. Se ve que trae consigo
una intención poética o creadora y una deuda metafísica inicial;
en suma, trae un ímpetu una presencia, pero también una falta,
una ausencia, un déficit ontológico (menestero idad, necesidad de
ayuda para poder ser) y un deber de ser. Haciendo co as, haciendo lo que debe, hace bien y e cumple en u vocación y su misión.
La ontología del hombre es de talidad y calidad éticas y por eso
la ética brota de la metafísica del hombre. La primera forma ontológica del hombre es la de deber, ser en deuda; y el primer deber,
d de er, precisamente el que cada cual debe ser. Y así la llamada
"moral como contenido" brota de Ja estructura ontológica del hombre, que es, me parece, lo que dicen Zubiri y Aranguren. Todo
acto humano e poético de algún modo y en algún grado, y pone,
gracias a su presencia de hombre, una luz exi tencial obre las
co as del mundo. La misma persona que cada uno resulta ser,
en su existir es fruto de la acci6n creadora de esa per ona. Se
asombrará algún lector de tal "círculo vicioso" o contradicci6n en
eso términos, pues -podrá decir- si la per ona es fruto de la
acción existencial, no puede ser la autora de esa acción. Sin embargo, todo Jo circular es así, a la vez semilla y fruto, generador
Y consecuencia. Y así es todo lo que se autoengendra: el círculo,
305

�el pensamiento, la vida pues la e~illa da el, fruto y el _fruto, _Ia
semilla conservando u homogeneidad. Y asi es la acción exis'
.
tencial, en la que el fin es el principio y el principio lo es ~a~~
al fin. El acto humano funda us fines, sacándolo de su pnnc1p10
como acción· el fin de la volición está a la vez, al principio y en
'
. . .
la meta, y en lo fin principian otro fine , y en el pnn_c1p10 ~
ve que tán latiendo fin . El autor :11 us ac~os s~ engc a 1
mimo como principio merced a los fmes que el m.t.smo funda.
El autor , como tal' se autogenera y aca todo de sí mismo.
. El
autor no obedece uno mandatos que le vienen de fuera mo que
su autoría tá en qu todo nace de él. Lo que hacen el animal,
el astro o la piedra no es propiamente un hacer,. ino un de~arse
hacer. Su mover e ignifica exactamente ser movidos. La nusma
energía que incansablemente mue e y se mueve lo hace porque
está forzada a ello, movida a e11o. Lo propio de las cosas no es
un "hacer,, en la acepción que le vengo dando a este vocablo,
sino un "agere' un "operari", o mejor, un "efectuar", un ~ealizar
como efecto. Sólo el hombre tiene aptitud para mover Slil moverse; y esa aptitud es la acción: cuando piensa, ama, ~royecta
recuerda. Si, por la acción de su voluntad mueve m~culos. Y
hueso
e movimiento es efecto de la acción y no la acoón mrs'
. .
ma. Quien causa eso movirmento
es un " autor,, , no una " causa ,, .
Lo más que podría decirse es que hay un "hacer11 activo de persona y un "hacer" pasivo de co as.
Pero insisto en que en rigor las co a no hacen nada, sino que
en ella obrevicne, acontece el "hacer" como un hecho.
o es
acción ni actividad la uya, ino aca cividad, acontecividad. Las
cosas sirven a la acción y entran en la activida~ del hombre gracias a la fuerza poética con que éste actúa sobre ellas. Pero el
actuar mismo, la actividad no es propio de las cosas ino del hombre. En las cosas hay movimiento no acción.

306

EL

SOBRE-HACER DE LA DEDICAOIÓ

Y LA PERFECCIÓ

Todo 'hacer,, del hombre con autenticidad es "acto ' y es poético; si no, resulta sólo "hecho , extraño a su autoría. El hacer
es pasivo en los seres inertes, porque lo que hacen está previsto,
pre-hecho en sus leyes, como tá previsto lo que hacen lo animales en su instintos específicos o gencrale . ingún ser natural
deja de hacer Jo que tiene que hacer cuando llega el momento,
la conjunción del mandato con la circunstancia favorable o la
instancia propicia. Sólo en el hombre el verbo "hacer ' e poético, lo que le configura como poeta y como er extra-natural, preter-natural y sobre-natural. Ha ta el omitir mismo, el no-hacer
y aun el des-hacer exigen del hombre actitud y acción poética y
nada natural. Decir que no, a la aturaleza es disponet e a hacer
poesf.a, erigir e en actitud de autor, sobre-poniéndose al si tema
de Jas causas que rigen en el mundo natural. Lo seres natural
(animales, vegetales, inertes) obedeciendo a lo natural cumplen,
viven no responden, pero se dejan er lo que son.
o n ccsitan
hacer nada nuevo para elfo no nec itan csforzar e en er, ino
dejarse hacer. Cuando decimos que la piedra cae o 1 perro come no decimo que la pi dra "hace" el caer ni el perro ' hace"
el comer sino que uno y otro cumplen un 'hacer', la orden de
un "hacer" que l viene impue to. Algo o alguien hace y prehace o sobre-hac por Uo , pues les manda, les inspira, les hace
er. u perfección e pecífica está en su pecie que
la que se
la comunica. Todo lo eres naturale pueden ser p rfectos según
su especi . Pero tampoco la pecie manda o sobre-hace por í
mi ma, en virtud de una aptitud poética o autora, ino que alguien
está detrá o obre la especie y le comunica el poder de es hacer
Y comunicar a lo seres de su jurisdicción natural.
Sólo el hombre poetiza y autoriza en el mundo y frente a lo natural, hasta cuando no e lo propone. 610 el hombre "hace' y perhace y obre-hace y e per-fecciona, pues todo lo que va haciendo le sirve para irse haciendo, y no ólo su hacer
propio o auténtico, sino que en ese hacer se va apropiando de lo que hace,
307

�lo va incorporando sustantivamente a su ser, y en ese per-bacer
se per-fecciona. Siempre hacemos según lo que profundamente
somos, y siempre resultamos ser aquello que vamos haciendo, siempre que el "hacer" sea acción y no un mero ejecutar automático
y sin autoría. Pero hasta cuando lo hacemos no nos es propio, terminamos por apropiárnoslo, si hacemos intervenir en ello la autenticidad, el ímpetu poético de la presencia y el sentido.
Las co as no hacen, pero a imilándolas, ordenándolas, mandándolas, el hombre las hace concurrir a su "hacer"; y ellas van concretándose, con-creciendo en su contacto, en el uso, en el manejo,
en el conocer y aber del hombre. Por eso, porque el hombre
las necesita para su "hacer", las ocupa y se pre-ocupa de ellas.
Si las co as no se dan, sino que son dadas, y por eso son datos,
menos podrán dedicarse al hombre, pues ya sabemos que el dedicarse es un sobre-hacer poético. Las cosas sólo quedan dedicadas
cuando la sometemos y ordenamos, pero ellas no se dedican por
sí mismas. Sobre el "hacer" y el "dedicar", Ortega dej6 dicho cosas bellas y hondas, aunque insuficientes. Por ejemplo: "El hombre no es sino lo que él se hace. En cada instante, queramos o no,
tenemos que decidir lo que vamos a hacer en el iguiente. Al hacer algo, lo que verdaderamente hacemos es nue tra vida mi ma,
puesto que la hacemos consistir en e a ocupación" ( O. C. VI,
348). Y en otra parte: "Al animal no sólo le es dada la vida,
sino también el repertorio invariable de su conducta. Sin intervención suya, los instinto le dan ya resucito lo que va a hacer y
e itar. Por eso, no puede decirse del animal que se ocupa en esto
o en lo otro ' (Dos prólogos, pág. 17). Pero antes de tas últimas
palabras, dijo: ' lo más acti o que un hombre puede hacer es
no hacer simplemente algo, sino dedicarse a hacerlo. Los demás
sere vivientes viven in más. Al hombre, en cambio, no le dado
dejarse, sin más, vivir; antes bien, tiene que dedicarse a vivir; es
decir, entregar deliberadamente y bajo u intransferible responabilidad, u vida, o partes de ella, a determinadas ocupaciones.
La dedicación
el privilegio y el tormento de nuestra especie".
otemos que nos dice ahí que la dedicación es lo "más activo",
308

una intensificación del "hacer,, al

hace o sobre-hace o per fe . ' go que per-hacemos y nos per- cczona.
¿ Qué es la dedicación :&gt; Por de

quiera, sino un obre-ha~er o er:::nto, no ~ un "hacer" cualcapaces de hacer por sí menos ~dr~e~_ediy s1 ~as _cos~ n~ son
no se dan, sino que son dadas m
, car.. s1 a s1 rrusmas
lo má 'ser dedicadas. Qmen dede;:~s podran.dedicar-se, sino todo
dador, jardinero de i' y d 1
y se dedzca es el hombre, cuie as cosa del m d
como artificiales. El hombre es el ra
~n o tanto naturales
hacedor y poeta por e o
. ~ l n _dedicador, puesto que es
. .
d e u ontología. El "ded· por ,,pnui-. egio' por un a Jey pnvatJva
1atJno tuvo m
.
icare
nificado de voto O promesa, de un "h
,,
uy pronto el sigagraci6n. Vino a ser entre l l . acer sagrado, de una convotio"
1b
os aunos lo que ésto llamaron "d
pa a ra emparentada con "de »
ene forma verbal como la t·
l , us y que en español no tie1ene en atin ( "devovere ,, ) • En p - 1
la "d
•, ,,
evoc1on suena como un d di .
.
·
ano ,
"hacer" máximo del d d"
a e cac16n mten ificada, como el
e 1car. Pero el mism "f
,,
.
vo también acepción reJi i
.,
o acere laono tu"haccr" máximo. En 1 E glosa, 3acep_c1on de consagración como
fa,_;.,....,. "tul
a g oga a. dice una vez Virgili'o. "Q
-.-u,., v1
a pro frugibus".
•
uum

E que el verbo "hacer,' tá
f
brc al de ser o "exi t; ..n al d cfhrobundamente unido en el hom_._. '
e a er"
b
Lo
bre hace con autenticidad lo h
.
y sa er.
que el hom.
a o tiene y lo es 1
va siendo, es que Jo hac
l h
.
y o que el hombre
forma de aber Lo
~ yalo ª. o be.ne. y lo tiene al menos en
·
arnm es m hacen ni b
· •
eso son, pero no existen. El hombre al
a en ru tienen. Por
sabe, pues 1as sabe hacer El p .
b hacer las cosas ya Jas
, .
·
nmer sa er del h b
.
y autenuco sabor brota con eJ
. .
o~ re, su propio
do y sabiendo li~a a las cosa
que es ~ "hacer". Hacienen un co-hacer social
' y s~ religa con lo hombres

::t:i

hacer ante Dios, con-~g:r~o~~~::~7;~ar
~ ~eligión o cose vuelve primero fe un " el·
,,
.
existir del hombre
,
' ,
r 1gere con lo d · ·
un 'religare" con los hombres
lid . ivmo y luego se hace
dicación al hombre. d
'6 , enDs? andad y con-testación. De.
, evoc1 n a 10
d ·d'
smo que las d dica al hombre .
. o s~ e ica a las cosas,
rru mo a Dios, aprovechando la

EÍ

309

�respectividad de las cosas al hombre, y su texto de seres creados
por Dios. Ligadas las cosas al hombre por el hacer, el haber y
el saber, éstas quedan per-hechas, per-feccionadas en su función
ontológica respecto a él. No sól&lt;? las cosas en su relación con el
hombre se concretan y con-crecen, sino que se perfeccionan en su
ser-qué. Pero el per-hacer y el sobre-hacer toman su carga intensificada y su sentido del hombre y no de las cosas. En el "perficere'' del hombre sobre las cosas no son las cosas las que, en rigor, se perfeccionan, sino el hombre. Al dedicarlas a él, el hombre
se perfecciona, y con la perfección del hombre se perfeccionan también las cosas.
Todo hacer auténtico de autor, no solamente es un bien-hacer
sino también un hacer bien, pues siendo auténtico ese hacer constituye un per-hacer, y en él el hombre se perfecciona, y la perfección de cada uno se manifiesta como un bien ontológico del
hombre para sí y para los demás. Es que el bien humano es de
esencia comunitaria, como lo es la ca-presencia y el espíritu. Toda moral es comulgada o, al menos, colectiva y de índole social.
La ética, en singular, tiende a convertirse en costumbres, en plural, pues la llamada vocacional en cada hombre está orientada
hacia los demás hombres y sólo con ellos y en su respectividad
se cumple. La moral nunca podrá ser relativa, en la acepción
de que hay una para cada uno, pero siempre será funcional y respectiva. De alú, no la individualidad de sus principios sino su
universalidad, pues ésta se toma de la universalidad de todo lo
espiritual. De donde resulta la historicidad de la moral y de las
costumbres, haciendo que éstas varíen en sus postulados, pero no
en sus principios. La historicidad no es opuesta o contradictoria
a lo universal, sino el modo humano de realizarse lo universal,
no en abstracto, sino en concreto, en el hacer del hombre que va
haciendo, con-crecer las cosas.
Todo bien-hacer supone hacer el bien, proyectarlo presencialmente en el mundo. El primer bien que el hombre proyecta es
su presencia misma, que es también el primer valor porque es lo
que hace que las cosas se presenten a él en respectividad y puedan
310

valer. El bien que proyecta el hombre, como la presencia con que
ilumina las cosas del mundo, no son sino reflejo de Dios, algo así
como su eco luminoso y presencial. De ahí en el hombre su aspiración al fin último del que tiene la entreconciencia de haberlo
quedado atrás, pero también la sobreconcicncia de poderlo reencontrar hacia adelante, en su acción existencial si es auténtica
y sincera. El hombre en ~u autenticidad experimenta que de lejos
le viene la luz de una Presencia de que su presencia está tejida.
Y todo lo que se relaciona con esa Presencia le sabe a bien y por
eso la rastrea en sus haceres entre las cosas. El bien que el hombre da (y no sólo el bien que alcanza), le brota de su bien hacer
que, al proyectarlo en el mundo, se convierte en un hacer bien.
Y en ese hacer bien y bien hacer se van perfeccionando tanto
el hombre como las cosas que junto a él concrecen.
Creo que de ahí arranca el principio escolástico de que el hombre actúa siempre bajo la razón de bien, aunque esté ejecutando
el mal, pues si. el hombre busca hacerse en su autenticidad y el
mal es la negación de esa autenticidad no tiene sentido que busque el mal como mal para recrearse en él. Puede hacer el mal,
pero no quererlo. Cuanto el hombre hace sinceramente como autor es en sí, bueno, porque busca crear, fundar su propio ser, y
fundarlo según los dictados del espíritu que en él va a cumplirse
como persona. Si lo que el hombre hace resulta malo, es que no
obró sinceramente ni buscó su propia autenticidad en acción de
autor. Todo lo que cumple los dictados e imperativos del espíritu
es bueno. No se trata de que el hombre intente en su conducta
ética realizar el espíritu ( convirtiéndole en "res,,), ni de ef ectuarlo (haciéndole un "efecto"), que eso significa des-conocer al
espíritu, sino que se trata de asegurarle el mando, la primacía sobre el mundo de lo natural, y por eso el hacer es un sobre-hacer,
un per-hacer que perfecciona. Todo aquello que disminuye el influjo y predominio del espíritu, o lo retarda, o lo contraría, es malo. Hay mal en el mundo porque hay hombres inauténticas e infieles a su más profunda vocación. La autenticidad favorece siem311

�pre los designios del espíritu y con la verdad existencial siembra
el bien.
Por eso, la persona se perfecciona siempre con el hacer auténtico o bien hacer. El mal no es auténtico; nos suena a extraño, a
in-debido sin que nos lo enseñen. Ni el salvaje ni el anaHabeto
obran mal si obran con autenticidad. Hallamos el mal cuando
echamos de menos el bien y notamos nuestra insinceridad o nuestra falsificación existencial. Tiene el hombre necesidad metafísica
y por eso nota el mal donde se le presenta, y se le presenta como
algo negativo. Por eso, porque el hombre no es perfecto y necesita serlo sin poderlo ser, es perfectible. De ahí su profunda necesidad metafísica de hacer y hacerse. Se experimenta como necesse, y haciéndose, se perfecciona. El hacer del hombre no brota
del ser, como brota en el animal, sino del no-ser de su existir. Su
"siendo" es su "faciendum". Nunca acaba su perfección porque
sus fines no son término y acabamiento &lt;le la acción, sino medios
para otros fines más altos. El fin se perfecciona haciéndose medio. En cambio el medio se deteriora y pervierte haciéndose fin.
Sacando unos fines de otros, el hacer es quehacer, es acepción de
sobrehacer, per-fectibilidad. Al través de sus fines se va cumpliendo. Esos fines son sus posibilidades, no abstractas sino existenciales.
Por eso, financiamos nuestros fines prorrogándolos. Fundamos nuestras posibilidades en nuestros fines, no porque nos los apropiemos
sino porque como las posibilidades, esos fines, nos son propios.

HACER y HABER

Hay en el genio de la lengua española -y de otros idiomastal ímpetu poético, que le lleva a dar forma verbal, acción verbal, a nombres y hechos, a veces inertes que, por sí solos, no son
capaces de "hacer" nada. Basta tomar un nombre o su tema radical y añadirle el sufijo "cer", quizá aféresis de "hacer", para
que el hombre, el hecho aquél, tome acción y se haga verbo. Y
así decimos "frute-cer"., "enrique-c.er'', "anoche-cer''. Notemos
312

que atribuimos un "hacer" a lo que no es capaz de ningún "hacer", y que cuando son verbos que llevan en sí su propio 'hacer"
no necesitamos atribuírselo ni ponerle enclíticamente ningún "cer".
Construir, saltar, hablar, correr, no lo llevan porque no lo necesitan. Es sólo cuando de un nombre que no es acción, queremos
volverlo un verbo. La poética del hombre le lleva hasta fundar,
atribuir o inventar un "hacer" en lo que no "hace". Esos verbos
que formamos haciéndoles terminar en "cer", indican cierta impersonalidad, in-subjetividad en el "hacer", un "acae-cer" o "aconte-cer", un mero ocurrir (ob-currir), tomando el "currere" del
"correr" impersonal del tiempo.
Notemos que también decimos "fructi-ficar", "elasi-ficar",
"noti-ficar", "cosi-ficar", pero siempre en lenguaje intencionadamente culto y para aludir siempre a un hacer de hombre, con
ímpetu de acción y fundación. N-0 puede ser más que un hombre
el que "clasifica", "cosifica", "notifica", "fructifica". Indebidamente decimos que el árbol fructifica, en vez de frutece. Y cuando decimos que el hombre se enriquece o empobrece no va dicho en forma activa, sino en pasiva. Es algo que acontece o acaece
al hombre. Sobreviene u ocurre la pobreza, el enriquecimiento, el
fruto. Es un matiz muy fino de nuestra lengua, lograr un "hacer"
sin sujeto que haga. Por eso atribuimos también el "hacer" a seres y fenómenos que no pueden ser sujetos activos. Pero entonces
impersonalizados, desubjetivamos el verbo. Y así decimos: hace
tiempo, hace frío, que equivalen a "frie-cer", "tempore-cer". Notamos de este modo que el "hacer" no es acto, sino más hecho
que nunca, pues son aconteceres naturales que ya encontramos
como tales hechos. Y esos hechos ahí acontecidos sin esperar el
hacer del hombre, tienen el aspecto de lo que "hay". Cuando decimos ªhace calor" o "hace buen tiempo", lo que venimos a decir
es que ''hay buen tiempo" o "hay calor", porque han acontecido
o sobrevenido. En los nombres que queremos verbalizar ponemos
un "cer", para indicar el acontecer impersonal de su "hacer". En
los acontecimientos ya hechos, sin sujeto, el "hacer" lo convierte
en "hay,, , forma 1mperson
.
ald
' cuan. el"ha b er"T
. am b''
1en, a1 reves,
313

�do lo que hay no me conviene, no me importa, no me interesa, en
la forma unipersonal e impersonal de estos verbos, usamos, en
su lugar, el verbo "hacer' y decimos por ejemplo: "esto no me
hace", no me peta.
Hacer es siempre incrementar poéticamente el mundo, poner en
e'l a Igo nuevo. El reciproco
'
d e1 ver bo "h acer" es "tener " o "habcr" ,
tomar posesión de lo que "hay►', de lo hecho y actuado. Y así el vocablo "ocupación" tiene doble sentido: el de "ocupar" activamente,
tomar posesión, y el de ocupar-se sobre-activamente, como sobrehacer atender cuidar. Lo que hay, es previo a lo que es, por lo
menos es la indeterminación previa al ser-qué de cada cosa. Pero
todo lo que acontece y ocurre, todo lo acontecido y hecho, ahí está, lo ha)', Lo que hay, ha acontecido u ocurrido sin "hacer" de
hombre, de un modo impersonal o in-subjetivo. Pero el hombre
entra a saco y tala en lo que hay y va fundando seres-qué, es decir, lo que hay lo va ocupando, habiéndolo o teniéndolo, se va apoderando de ello, esto es, le va quitando su poder difuso y confuso
y le va dando su propio poder de hombre. Y así va ligando lo que
hay, a su ser existencial. Lo que hay, como tal, el hombre ni lo
ha, ni lo tiene, ni lo hace, pero a medida que del "hay" va haciendo ontología de seres-qué lo va habiendo, o teniendo, se va
apoderando, posesionando al ritmo del ir haciendo. Todo hacer·
es ir fnndando e ir habiendo. Al hombre que hace las cosas bien,
le llamamos "hábil" de haber, pero significando "hacer''; también le llamamos "apto", de "apiscor'\ derivado del antiguo "apere", coger, apropin:r, apoderarse, de modo que "apto" quiere decir apropiado, pronto a apoderarse de las cosas. Poseemos y habemos lo que hacemos, en sentido profundo, para apropiarlo, volverlo existencialmente propio. El imperativo antiguo de "haber"
es "habe", y en mi pueblo natal de Extremadura se dice imperativamente "¡ habe !" con el significado de "haz sitio", como si fuera un "hacer" rderido a un "hay" en el espacio. Y es que el
"siendo" existencial del hombre, le hace haber o tener aquello
que va incorporando a su ser o existir.
Pero si lo que el hombre hace (y aún no hace, pero acaece o

acontece) queda hecho y constituido en ser-qué, y si ya el exis~ rnism~ ~ un "faciendum", resultará que el "hacer" no es prev10 al existir del hombre, pero sí es anterior al "ser-qué" de las
cosas, pues a las cosas sólo la presencia del hombre les hace "serqué". Su entidad u onticidad, su condición óntica se la da Dios
pero u "ser-qué" respectivo solamente se constituye con la pre-'
sencial. ~umana,, pues solamente el hombre les hace ser-qué en
respectiv1dad a el. Para ser cada cosa lo que es, necesita un "hacer" de hombre, por lo m nos una presencia, un presenciar, que
es también un "hacer" primero.
Pero si el h~cer del hombre es anterior al ser-qué de las cosas,
pues ya el pnmer hacer sobre eUas el presenciarlas es hacerlas
ser, Y es haberlas o tenerlas, un apoderarse y apropiarse de ellas
todo existir de hombre, por su parte, si no es previo al hace;
(puesto que es un "haciendo" y un "haciéndose") y sí es, por
lo menos, previo al ser-qué de las cosas. Y ese existir es más que
un "hacer", un "sobrehacer", pues por ejemplo, querer hacer algo, resulta siempre anterior al hacerlo. Y hasta cabe que queramos hacer lo que no podemos hacer. Y no podemos hacerlo no por
falta de querer., sino porque no tenemos poder para hacerlo. Pero
en cambio, tenemos poder pani querer hacerlo, pues la voluntad
es poder o fuerza, y no mera posibilidad abstraída desde el homb_re a las cosas y los acontecimientos. Y por eso, porque podemos
siempre querer hacer, aunque no podemos hacerlo, ese "poder
hacer' del querer es ya un pre-hacer o sobre-hacer, y no un mero
Y simple hacer. En el "pre" de la presencia se fundan, pues el
poder, el haber y el hacer del existir. Y al margen de todos esos
verbos, el saber.
Lo que se hace, se hace porque se puede, pero no siempre lo
que se puede hacer, se hace. i la posibilidad es la potencia o
poder, ni lo posible es lo fácil ni lo factible. Fácil o hacible, es lo
que puede ser hecho, lo acontecible u ocurrible. Factible es lo que
alguien, un hombre, puede hacer, instituyéndolo en acto y no en
hecho. Es posible, en abstracto, lo que no es fácil ni factible sino
acontecible. Pero en el hombre el poder mismo puede ser fruto
315

314

�de un acto, del querer como potencia. Es lo que llamamos "hacer un poder", porque hay posibilidades, y el "hay", en sí mismo,
es una inmensa posibilidad, pero quien hace o saca posibilidades
del "hay'' es el hombre. Y las saca según sus poderes o potencias
existenciales. El hombre no es sólo un posible, un ser lleno de posibilidades que le han sobrevenido y que las halla en él, sin haberlas hecho, sino que es máxima potencia o poder que no sólo
hace o sobrehace cosas, sino que "hace también los posibles" y
aún los imposibles para actuar y mandar en el mundo. Tiene poder y lo da, y funda posibilidades que no hay antes de darlas él.
Cuando decimos que el hombre se a-podera de cosas, no decimos
que quite a éstas su poder o posibilidad, sino que les da u otorga
poderes y posibilidades que ellas no tienen: los del hombre como
existencia poética. El hombre, al querer, "hace los posibles". Y si
el hombre, a veces, quiere hacer más de lo que puede hacer, es
porque su querer es un sobre-hacer, que empieza por f~dar su
propio querer y su mismo existir como ir siendo y haciendo y
pudiendo y habiendo y sabiendo. Su existir se trama de "queriendos'\ de proyectos y futuros, de lo que no es y acaso de lo
que nunca llegará a ser.
Las cosas se prestan ofertivamente a ser-qué para que el hombre pueda existir. Cuanto el hombre hace (una silla, rezar, consolar, pensar), y hasta lo que es hecho sin su actividad intencional revierte sobre el hombre y modifica, le influye en su "siendo"
'
.
y su modo de ser. Pero esa "ofertividad" de las cosas no _es actividad ni intencionalidad. Lo que ellas hacen, les sobreviene; lo
efectúan, lo ejecutan, lo realizan, dejándose ser lo que son y la
presencia les hace ser. Hasta cuando son causas y hacen efectos,
se dejan instituir en causas; ellas no deciden serlo. Toda cosa como "hecho'' pide una determinación y una causa extraña a ella.
Si el acto brota del presenciar, y el presenciar es ya un acto, el
"hecho" brota con el después del suceso y la posterioridad a una
causa. Y una vez constituido el "hecho" queda muerto como "sido", sin que haga nada para seguir siendo. En cambio, el acto,
sigue siendo y actuando y nunca llega a pasado completo y aca316

hado. Por eso la Historia se integra de actos y no sólo de "hechos"; Y no es puro pasado, sino pasado actual, presenciado o
presente, con virtualidad de acción todavía. Mientras los hechos
naturales del pasado (catástrofes, epidemias, accidentes futurantes, etc.), no son históricos y han dejado ya de ser, son totalmente "sido", la invención de la imprenta, el paso del Rubicón las
di~cusio~es de Trento, no han pasado del todo y siguen reson~do
existenc1alm~nte .en los hombres. Y si algún hecho natural es reputad~ com~ histónco ~ P?rque lo revestimos de la historicidad que
en s1 no tiene. El naclllllento de Platón o de Goethe es un hecho
natural que ellos mismos, y nosotros después, hemos dotado de historicidad como si fueran actos.
Y ahora una cuestión importante para 1a historia de la filosofía: ¿ qué relación tiene la noción del acto y la potencia aristotélicos con estas acepciones del poder y el acto que vengo dando
en estas páginas?

317

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