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                  <text>Sección Segunda

LETRAS

�PROBLEMAS BIBLIOGRAFICOS EN LA OBRA DE
JUAN RAMON JIMENEZ

( 1900-1916)
Mi obra es como el mar, cuando me
muera será el mar quieto para mi.

J.

R.

J.

Lic. JuAN ANTONIO AYALA
Centro de Estudios Humanísticos. Monterrey, N. L.

LA OBRA DE JUAN RAMÓN J1MÉNEZ, concebida como una totalidad en constante desarrollo y en función de una alta idea poética, presenta una serie de problemas bibliográficos que, en cualquien otro caso, serían insuperables. J. R. J . fue siempre un hombre
meticuloso en todo lo que se refería al cuidado de sus archivos,
comparación de sus distintos originales y registro de la correspondencia recibida y despachada. Afortunadamente, la mayor parte
de estos documentos ·se hallan depositados en dos instituciones que
ofrecen máximas garantías de conservación y ordenación; son éstas, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica, en Washington, y la Sala Zenobia y Juan Ramón de la
Universidad de Puerto Rico. Parte de los documentos de J.R.J.,
anteriores a 1936, guardados celosamente en su casa de Madrid,
se perdió cuando fue asaltada al finalizar la guerra civil en 1939.

•
321

�. 1·iogra, fico que pueden presentar
d
,
L dif . ultades de orden b1b
as
1c R
.
.
1m
t
de
estos
os
cap1los textos d e J • ·J ·, Provienen, prmc1pa en e,
tulos:
d
oemas que fueron incorporados
a) Poemas o fragment?s e p
f eron rehechos en nuevas
a poemas o libros posteriores o que u
ediciones.
.
nunca fueron publicadas, cuyo texto
b) Obras anunciadas que
tre los originales de su archivo.
o proyecto de texto se encuentra en
textuales nos servimos de
Para la exposición de estos problemas N
Vida y Obra de
d G · la Palau de emes,
la excelente obra e ra:ie.
, 1· ' z (Bibhoteca R om •ca Hispánica' Estudios
Juan Ramon imen_e
M d 'd 1957) documento de
'
·
31 Ed'torial Gredos, a ri ,
y .Ensayos,
' el1 mas
, competo
1 h asª
t el presente- cuyas afir•
primera
mano
'a
de
los
casos
en
el
test1.
, b d s en 1a mayon
'
mac1ones estan asa ª '
•
Juan Ramón.
monio directo proporcionado por el mismo

Sarcasmo (recordados fragmentariamente por el poeta en los últimos años de su vida) .
Muerte del Genio, escrito a la muerte de Emilio Castelar e inspirado en la crónica que Rubén Darío publicara, con el mismo
motivo, en La Nación de Buenos Aires. Este poema plantea uno
de los primeros problemas textuales en la obra de J.R.J. Lo recordó, más tarde, corregido, para su obra Destino, inédita, y anunciada por él, de viva voz, en España y América a partir de 1936.
Nocturnos, bajo la influencia de Manuel Reina.

aru'

•
Al as de Violeta con un atrio de FranEn el año 1900 apa~ece m
. d Rubén Darío ambas en
.
V'll
Ninfeas con atno e
'
. .,
cisco 1 aespesa y
d 1 b a anterior a la pubhcac10n
la Tipografía Moderna. o a a º. r.
.
de estos dos libros de J.R.J. es la s1~1ente.
Un oema en prosa titulado Anden.
.
p
imitan
el
estilo
de
Bécquer,
publicados
en el
Unos versos, que
· 'd'
ºllano El Programa.
Peno
1co sevi
. S lt
L Quincena El
br d
n Ho;as ue as, a
'
Poemas sueltos pu ica os e ,
S ·na y en el Diario y H ePorvenir, El Correo de Andalucza, en ev1

T

raldo de Huelva.
C
E ' uez
.
d
R
l'
de
Castro
y
Manuel
urros
nnq .
Traducc10nes e osa ia
.
· m adrileño Vida Nueva.
Nocturno en el semanario
.
. . 1 de
.,
Vida Nueva de cmco ongma es
Traducciones, tamb1en en l R
d
nii A migo el Orador
El Minero Poder de ecuer o,
Ibsen: .
.
·
. N' he Triste
y p,
a;aro
y Pa;·arero.
.
R evolucionario, _oc
d d Ibsen: Dichoso, La Guardilla,
Poemas anarqmstas al mo o e

A

•
En 1899, J.R.J. preparaba un tomo de poesía que pensaba titular Nubes, libro que no llegó a aparecer y sobre el cual no volvió a insistir ni a dar ninguna referencia. Sin embargo, muchos
de los poemas destinados a este volumen iban a ser incorporados
a obras posteriores tales como Almas de Violeta ( 1900) [Salvadoras, ¡Solo!, El cementerio de los niños, Tristeza Primaveral, Silencio, Remembranzas] y Ninfeas ( 1900) [Paisaje del Corazón,
Las Amantes del Miserable, La Canción de los Besos, Sarcástica,
A urea].
El proyecto de Nubes se desdobló en dos libros que aparecieron en 1900, Almas de Violetas y Ninfeas; la distribución del material estuvo a cargo de Villaespesa, en Madrid. ¿ Quedaría fuera
de selección algún poema y habrá sido aprovechado por J.R.J.
en alguna de sus obras posteriores? No existe referencia alguna.
De Ninfeas incorporó, después, a sus "Antolojías", R ecuerdos y
Paisajes del Corazón.
Tanto en Ninfeas como en Almas de Violetas, J.R.J. comienza ya a anunciar otras obras, modalidad que tomaría arraigo a
través de su larga vida. Esto mismo anuncia a Rubén Darío por
carta. Una de estas obras era Besos de Oro, también prometía El
Poema de las Canciones, Rosa de Sangre (prosa), Siempreviva,
Laureles Rosas, Rubíes (prosa ), obras que nunca aparecieron. Tuvo el proyecto de publicar, además, un libro con el título de Pe-

322
323

�numbra, en el cual pensaba incluir lo mejor de Nin/eas y Almas
de Violetas, con nuevas correcciones. Penumbra pasó a ser Anunciación. Nunca se dio como libro, pero en las "antolojías" juanrramonianas que aparecieron mucho después, selecciones de sus
dos primeros libros -pero sólo selecciones- aparecieron bajo el
título de Anunciación (Graciela Palau de N., ver cap. viii).

•
Rimas ( 1902), escrita en el Sanatorio de Castel d'Andorte, marca el momento en que J.R.J. comienza a incorporar a su obra
poemas corregidos, pertenecientes a su obra anterior y es de aquí
en adelante cuando se plantean los verdaderos problemas bibliográficos. Dejamos la palabra a Graciela Palau de Nemes:
"En Rimas hay trece poemas y cuatro cantares de una estrofa
cada uno, que ya se habían publicado en Almas de Violetas y
Ninfeas. De Ninfeas sólo recoge tres poemas. Solamente cuatro
poemas y los cantares aparecen intactos, es decir, si exceptuamos
los cambios en la puntuación que se observan en todos los mencionados, cambios muy a propósito, puesto que Juan Ramón, al
depurar el estilo, depura la forma, haciendo desaparecer las mayúsculas caprichosas, los excesivos puntos suspensivos y de exclamación e interrogación. Las dedicatorias ya no son 'para', a lo
modernista, sino 'a'. Algunos títulos, especialmente los modernistas, desaparecen. Los poemas Nívea, Azul, N egra, Elegíaca, Paisajes del Corazón, se quedan sin nombres. El poema antes titulado 'Salvadoras' en Almas de Violetas, se convierte en 'A mis penas', y algunas dedicatorias, sin duda las que fueron producto del
capricho de Villaespesa, también desaparecen, incluyendo la dedicatoria al mismo Villaespesa en el poema El Cementerio de loJ
Niños".
Besos de Oro, otra de las obras proyectadas por J.R.J. desapareció, cuando su mismo autor la destruyó en los momentos de
crisis psicológica por que pasó a raíz de la muerte repentina de
su padre, por "considerarlo demasiado profano". No hay referen324

cias posteriores a esta obra Ni si ui
. . .
vechara parte del material.
~ era el mdicio de que aproTristes.
para mcorporarlo a Rimas o Arias
En 1904 publica Jardines Le ·a
b
.
tancia en el Sanatorio del R J. nos, o ra escnta durante su esrro en Mad 'd E
osano y en la casa del doctor Sima'
n · n esta obra anun i d l;b
publicados, Penumbra [Ninfeas S c a os , I :ºs que no fueron
genuos] y Rimas de Somb
p'. º?etos romanticos, Romances in. .
ra [ aisa3es de la 'd
·
timI~nto, Paisajes del Corazón, 1901-1902] v~a, P~1!11avera ~ ,senJardines Lejanos otra obra
. ambien anuncio en
mánticas. [Palabras ro , _en prOosa que se titularía Palabras Romanticas. tras palab
, .
palabras románticas] 1906.
ras romanticas. Otras

•
Una de las épocas más fructíferas en la ob d
prendida entre 1905 y 1911 t
.
ra e J.R.J. es la com' ranscurnda en el reti d
M
guer natal. Veamos qué dificulta
. . , .
ro e su oobras escritas y no publ' d
des bi~hograficas presentan las
B .
'
ica as, en esta epoca
ªJº el título general de Olvidanz
..
I, Elegías Puras Madrid T'
f' asd {anunciado en "Elegías",
.
' ipogra ia e la Re . t d Ar .
1908 ) ' pensaba publi car tres tomos titul d . Lvis ª e• chivos'
Rosas de Septiembre y V ers A 'd a os. as Ho;as Verdes,
el primero es decir L H _os V ccz entales; solamente apareció
'
, as o;as erdes (01 'd
I
Verdes, 1906. Madrid T'
f'
v1_ anzas ' Las Hojas
En
.
' ipogra Ia de la Revista de Archivos)

lo Ext;a~oH~ea~;e:d:s, el ~?~~a h_a~ía publicado una Balada .de
P. de N q
g p~recio rev1v1da" en su obra de 1933 (G
·, P· 147) • Graciela Palau nos
•
·
y creemos oportuna su trans . . ,
proporc10na ambos textos
cnpc10n como eJ·
IO d 1
.
tes a que sometía J R J
emp
e as vanan. • • sus textos fruto ·d
d
ración poética orgánica que
1'
, ev1 ente e una maduse pro ongo durante toda su vida:
1909

La arboleda entreabría su fronda
melanc6licamente· Alla', al f m,
'

1933
El verdor descolgaba su fronda
de rocío amarillo. Allá, al fin,

325

�era un cuento de oro la honda
vaguedad del doliente jardín.

era un oro de elíxir la honda
transparencia del tierno jardín.

Me habéis dicho: Senderos extraños...
. 1
Yo: Senderos extraños . .. por D zos.
yo no llevo senderos extraños,
es que marcho delante de vos.

Tú dijiste: Cendero jejtraño!
Yo: Senderos estraños . .. ¡ jú! ¡ jú!
- ¡ Que tú lleba cendero jejtraño!
-Es que soy de otra calle que tú.

Era el valle de otoño. Un castillo
viejo hablaba de ensueño y de amor.
El romántico ocaso amarillo
le ponía los muros en flor.

Era el monte de otoño. Un castillo
alto hablaba de blancos de amor.
El ocaso con luna amarillo
le volvía las torres en flor.

Me habéis dicho: Senderos extraños...
. 1
Yo: Senderos extraños . .. por D zos.
yo no llevo senderos extraños
es que marcho delante de vos.

Usted dice: ¡ Senderus estrañus!
Yo: Senderos estraños. . . ¡ bé! i bé!
-¡Qué usted lleva senderus estrañus!
-Es que .soy de otra costa que usté.

Por el río celeste un navío
iba, abierto de velas, al mar.
Abandono, nostalgia, humo . .. Al río
se le oia, en la tarde, llorar . . .

Amarillo, increíble, un navío
de cristal iba opaco a la mar.
De llevarlo en sus ondas, al río
se le oía reír y llorar.

Me habéis dicho: Senderos extraños...

Me habéis dicho: ¡Sendeross estra[ñoss!
. I
Yo: Senderos estraños. . . ¡ por Dzos.
-¡Qué voss lleva sendeross estra[ñoss!
-Es que soy de otra nube que vos.

.

1

Yo: Senderos extraños . .. por D zos.
yo no llevo senderos extraños
Es que marcho delante de vos.

A esta época de. Moguer -una de las más fecundas de J:R}- Y
de las más trascendentales para su poesía- pertenecen las s1gmentes obras publicadas :
Elegías de 1908 a 1910
(Elegías I, Elegías Puras, 19?8)
(Elegías II, Elegías Intermedias, 1909)
(Elegías III, Elegías Lamentables, 1910)
La Soledad Sonora, 1908 (Publicada en 1911)
Poemas Mágicos y Dolientes, 1909 (Publicada en 1911)
Melancolía, 1910-1911 (Publicada en 1912)
·
Laberinto, 1910-1911 (Publicada en 1913)
326

Pero quedaron inéditas y solamente anunciadas las siguientes
obras:
Arte Menor, 1909 (Anunciada en Elegías Lamentables, 1910)
Esto, de 1908 a 1911.
Poemas Agrestes, 1910-1911 (Anunciada en Elegías Lamentables, 1910)
Poemas Impersonales, 1911 (Anunciada en La Soledad Sonora, 1911)
Historias, de 1909 a 1912.

Las obras que siguen fueron anunciadas conjuntamente en Melancolía en 1'912 y también quedaron inéditas:
Libros de Amor, empezado en 1911.
El Dolor Solitario, 1911-1912.
Domingos, 1911-1912.
El Silencio de Oro, 1911-1912.
La Frente Pensativa, 1911-1912.
A esta época pertenecen, también, cierto número de obras en
prosa que solamente fueron anunciadas. Aunque la bibliografía
de las obras en prosa de J.R.J. no es objeto de estudio, damos a
continuación los nombres de las mismas a título informativo:
Comentario Sentimental ( 1903-1908) (Anunciada en Elegías
Puras, 1908) .
Ideas Líricas, 1907-1908, anunciada en la misma obra anterior.
Paisajes Líricos, 1907-1908, en la misma.
Ideas Líricas [Ideas Líricas, Acotaciones, Notas] 1907-1908
(Anunciada en Elegías Lamentables, 1910)
Paisajes Líricos [Paisajes Líricos, Paisajes sensuales, Esquisses]
1907-1908 (Anunciada en Elegías Lamentables, 1910).
Recuerdos, 1911 (Anunciada en Melancolía, 1912)
Insomnio, sin fecha de redacción.
Pensamientos, 1912 (Anunciada en Melancolía, 1912)

•
De 1911 a 1916, J.R.J. vivió en Madrid, alojado, casi permanentemente, en la Residencia de Estudiantes. Son estos tiempos
327

�de plenitud, de soledad y de aislamiento, de profunda introspección y de logros poéticos definidos y definitivos. Ha encontrado,
después del sacudimiento de la profunda tragedia familiar y de
la pérdida casi total de sus haberes paternos, un equilibrio propicio para la creación. J.R.J. desarrolla, además, una labor editorial de grandes alcances; se encargó de las publicaciones de la
Residencia; intervino como director literario de la casa Calleja,
edita los hoy tesoros bibliográficos de los Jardinillos. El ambiente recoleto y laborioso de la Residencia de Estudiantes y el paisaje circundante influyen hondamente en su obra. A esta época
pertenece La Colina de los Chopos (anunciada en Estío, 1916),
cuyos fragmentos aparecieron en Unidad (8 números de 12 hojas sueltas cada uno, dentro de una cubierta marcada con el número, la firma de J.R.J. y la fecha, 1925, Madrid, León Sánchez
Cuesta, librero) y en Revista de Occidente ( 1923, Año 1, No. 11,
agosto; Colina del Alto Chopo, págs. 137-160).
Brevemente indicaremos las obras anunciadas y no publicadas
que pertenecen a esta época. Intencionalmente dejamos de lado
el estudio de los poemas o fragmentos de poemas que J.R.J. aprovechó para su obra posterior, así como el estudio detallado de las
variantes estilísticas, puesto que no entran dentro de los propósitos de este modesto trabajo.
Bonanza, 1912 (Anunciada en Melancolía, 1912)
Pureza, 1912, (Anunciada en Laberinto, 1912)
Unidad, 1912-1913 (Anunciada en Laberinto)
Primeras Poesías, 1898-1902 (Anunciada en Estío, 1916) y dos
obras más sin fecha de redacción: Apartamiento (Anunciada en
Estío) y En la Rama del Verde Limón, anunciada en España
( 1920, octubre 9, En la rama del verde limón).
Pensamientos, 1912 (Anunciada en Melancolía, 1912).
Odas libres, sin fecha de redacción y anunciada en Laberinto,
1913.
Prosa Primera, sin fecha de redacción y anunciada en Estío,
1906.
Poemas en Prosa, 1913-1920 (Anunciada en Estío).
328

Elegía a la muerte de un hombre, sin fecha de redacción y Las
Flores de Moguer, ambas anunciadas también en Estío.

•
E~ 1916, matrimonio, viaje a los Estados Unidos y nueva residencia ~ Madrid, se inaugura una nueva época en la poesía de
J.R.J., epoca_ que se suele alargar hasta 1923. No nos ocupamos
en este t:a~a~o de la producción inédita y de la incorporación de
la º?ra medita a la obra publicada, por falta de información
precisa Y ~or la carencia que tenemos de bibliografía de primera
mano. Guillermo de Torre ha hecho un balance total de la
obra de J. .R. J. Y totaliza 83 obras inéditas anunciadas. Aquí
he~os querido esclarecer
cuáles son las que corresponden a 1a
,.
t
Pnmera ~ ap~ ~oeti,c~ de nuestro autor. Un segundo paso en
este estu~io bibhogr~fico sería deslindar hasta qué punto J.R.J.
ªP:º:echo los i:natenales de su obra inédita en las obras editadas;
que import~ncia concedía él a estos materiales en reposo· cuál
fue la sucesiva elaboración a que fueron sometidos para s~r incorpo~ados. ~ la obra definitiva y, finalmente, hasta qué punto
e~tas m?ec~s~on~s, estos anuncios frustrados marcan épocas O penodos ~I~icativos en la vida y en la obra de Juan Ramón. No
nos resistimos a transcribir aquí la opinión de Guillermo de T0 _
rre, ~n torno a este o estos problemas de orden bibliográfico y
poetico planteados en la obra de J.R.J. "¿Existirían verdadera~ente es:os libros como tales?, ¿podremos conocerlos ahora? O
l'.no pasanan de proyectos, bosquejos, páginas sueltas, anuladas luego o pasadas a otros libros inéditos? Por lo demás su fac di
lí'
.
,
un a
nea, s~ asiduidad de escritor fueron patentes para todos los que
le conocimos.
Y o recuerdo -lo he contado otra vez- cómo du_
.
.
rante rru primera visita hace bastantes años en Madrid siendo
yo muchacho, mi vista se detuvo ante un gran rimero de cajas
de papel que se apilaban en el suelo, cobrando casi la talla hu?1~n~. Juan Ramón me explicó: "Son los originales de mis libros
meditos; trabajo en ellos diariamente". Más adelante, y en el
329

�mismo estudio, Guillermo de Torre se plantea el problema de
cómo hubieran sido las obras completas de J.R.J. -mejor dicho,
La Obra, tal como él la concebía- y su proyección para el estudio bibliográfico de las mismas: "La misma variación de títulos -dice- y ordenaciones que experimentó esa serie revela
su perplejidad. Primero habría de comprender dos volúmenes de
mil quinientas páginas cada uno, según anunciaba la Editorial
Losada desde 1942; luego se extendían a catorce; finalmente se
reducían a nueve y a la postre, sensiblemente, a cero. La indecisión y la confusión se agravaban por otro detalle nuevo: y es
que el autor proyectó, durante algún tiempo, agrupar sus obras
completas en diversas formas y series: una por géneros, otra por
épocas, otra mezclando cronología y temas. . . lo que hubiera hecho aún quizás más inextricable su laberinto bibliográfico. El
título conjunto que imaginaba - Destino-- se volvía adversamente contra él, sin que el poeta lograra sobreponerse a intermitentes achaques de salud, y sobre todo, a desánimos, rigores o perplejidades más continuos en su vida y, al cabo, más aniquiladores".

•
Queda, por tanto, abierto el problema fundamental de la Obra
de J. R. J. : el problema del laberinto bibliográfico, cuyo deslinde
es necesario, desde cualquier punto de vista, para poder penetrar
en el estudio estilístico integral del gran poeta moderno de lengua
española. No se trata de menudencias bibliográficas o de un tema
interesante para una tesis de estadística literaria. Se trata de reconstruir orgánicamente toda la obra de J. R. J. para poder seguir, paso a paso, el desarrollo de tenias. motivos, a través de una
difícil cronología: la temporal y la emocional. Sobre la curva que
nos da esta clase de estudio se podrán ir colocando coherentemente
todos los demás estudios, parciales o totales, que nos lleven al verdadero

J. R. J.

ALGUNAS INTERPRETACIONES
NOVELISTICAS DE LA BOLSA

Dr. MYRON I. LICHTBLAU
Universidad de Syracuse

EN LA LITERATURA COMPARADA sucede
h
traspasa los límites de un ,
. lmuc as veces que un tema
pa1s particu ar para entreg
.
pretaciones más universales El
, . d
arse a mternar algunas novelas de . ·. pro~os1to e este estudio es examide la bolsa d l
d~stmtos pa1ses que versan sobre la fiebre
1900 U y e os ncgoc10s que prevalecía durante los años 1865. n tema de esta magn ·t d
de la vida rnism
,
1 u '. que posee el vigor y el espíritu
Narcis Oller pu:Ú:1n;:t!u~;;~eia~~~;nl la literatura. El catalán
bre d' or i . Emilio Zol
bl' ,
as tres partes de La feleídas, L'Árgent 2. el mª?u ico_ en 1891 una de sus novelas más
,
ismo ano 1891 a
., L b l
argentino José María Mi , .
' ,
' ~arec10 a o sa a del
la luz The Pit 4 obra
y un: fecada mas ~arde, 1903, se sacó a

/º'

:!;:~~:

Como se nota, l~s fechas~ost:es :b~:t::;n;;:~aon~e F:0
' La edición que siempre citamos en
b .
.
La.,eb_re d'or ~Barcelona, Editorial Selec~,st;9:;)_ªJº es la siguiente:
Citamos siempre la siguiente edición.
completes, vol. 18 (París, 1928).
.

EMILE

z
OLA,

NARCIS ÜLLER,

,

L Argent, ed. Les Oeuvres

• La edición que citamos es· JosÉ M ,
.
Argentinos, vol. XXI (Buenos Ái
Ed" _ARIA MIRO, La bolsa, Biblioteca de Clásicos
,
res,
1c1ones Estrada 1946)
FRANK NoRRIS, The Pit A Sto
f e .
'
.
York, 1934). The Pit forma' la seg rydo
h1cago, ed. de The Modern Library (New
.
un a parte de una trilo '
b
1 •
yect6 Norm. La primera obra d
.
g1a so re e trigo que pro1903. Por desgracia Norris m ~- esta serd
1c, Octopus, apareció en 1901; The Piten
,
uno antes e escribi'r ¡
r·
e vo1umen mal, que él iba a
11amar The Wolf.

331
330

�muy estrechamente; y la otra obra, por las más claras señas literarias cae también dentro del grupo, aunque apareció unos diez
'
.
años después. Y esta correspondencia va más allá de la pura comcidencia; antes bien procede de ciertas condiciones literarias y sociales como veremos en las páginas que siguen. No deseamos pre'
.
sentar aquí un estudio general de cada obra, pues tal comentario
puede encontrarse en numerosos ensayos de literatura. Tenemos por
objeto indicar los puntos de semejanza de las cuatro novelas, sobre
todo en cuanto a la concepción básica que rige las obras, las influencias literarias ejercidas sobre ellas, y la expresión novelística
de la contextura social y económica.
Aunque en el período 1865-1900 cada uno de los países t_ratados aquí representaba distintos niveles de desarrollo, todos disfrutaron de un gran auge de expansión material. Cuando se verifica
la acción de L' Argent, 1865-1870, reinaba Napoleón III sobre una
nación vigorosa que rebosaba de actividad económica. La famosa
Bourse de París, foco de la vida financiera de la nación, ejerció
también una influencia marcada sobre las operaciones monetarias
de toda Europa. En la Argentina, el empuje económico y social
se concentró principalmente en Buenos Aires, que se transformó
en una gran metrópoli y fijó aún más definitivamente que antes
la dicotomía entre la capital y las otras provincias del interior. El
puerto de Barcelona, retratado tan bien en La febre d'or, es el centro industrial y comercial de la región de Cataluña y hasta de toda
España. La ciudad adquirió gran importancia mercantil hacia
fines del siglo pasado, que es el período que forma el fondo del
drama conmovedor que se despliega en la obra de Oller. Finalmente, notamos que la novela de Norris lleva el subtítulo de A
Story of Chicago, aquella ciudad enorme y heterogénea que parece tender mil dedos hacia los rincones más remotos del país, enlazándose íntimamente con los asuntos más esenciales y diversos
de la nación. La gran producción de trigo y maíz en los estados
centrales desempeñó un papel fundamental en el progreso económico y la riqueza agrícola de los Estados Unidos; y la ciudad de
332

~hicago sirvi~ ( y todavía sirve) de centro comercial y eje financiero de esta importante región.
Presentamos en los párrafos que siguen el núcleo de cada obra
a fin _de observar los puntos comunes a todas, así como los elemen~
tos divergentes. La tumultuosa carrera financiera del protagonista
Saccard constituye la base de L'Argent. Cuando la novela comien~ s~~emos que Saccard ha perdido una inmensa fortuna; pero,
mtrepido y arrogante, se determina a renovar sus actividades se~ro de :ecobrar el prestigio que antes tenía en la Bolsa. Con'este
fm con~i~e una g:an empresa, La Banque Universelle, que goza
de un exit~ form_i?able por algún tiempo, debido en parte a la
astuta mampulacion ?e las acciones del Banco. Mas, por causa
de. una tremenda baJa en el precio de estas acciones, el Banco
qmebra y Saccard se halla arruinado por completo. Además está
sentenciado a cinco años de presidio por ciertas irregularidades en
la administración del Banco, pero un fallo subsecuente del tribunal_ le permite salir de Francia. Lo que sigue, a modo de epílogo,
reviste mucha importancia dentro de la armazón filosófica de la
obra: Saccard no abandona sus operaciones bursátiles, aunque
ésta es la segunda derrota que sufre. No puede rendirse porque
una fuerza natural superior a su propio ser se lo impide. De manera
~ue lo encontramos después en Holanda, dedicado de nuevo a van~s empresas financieras con la misma energía y confianza en sí
nus~o Y con la esperanza de regresar algún día a su patria para
contmuar allí sus actividades.

La acció~ central de T he Pit versa sobre la especulación en trigo
e~ The Chicago Board of Trade. El protagonista Curtís Jawdin,
pmtado con mucho acierto novelístico, es una figura imponente
furt
·
d e carácter, que considera la Bolsa no tanto como'
e e Y vigoroso
un_medio de enriquecerse, sino como un instrumento de poder de
sausfaccion
., personal. Especulador sagaz y egoísta, logra acaparar
'
el mercado del trigo, pero por fin lo pierde todo por causa de un
aumento inesperado en la producción de este grano en los estados
de Kansas, Nebraska, Iowa, y otros. Es decir, Jadwin, el terrible
acaparador, hace subir tanto el precio del trigo que los agricul333

�'dad mucho mayor de la que se acostumtores siembran una canti,
d r to y no puede hacer fren1
to que este se pasa e is
.
bra, hasta ta pun
S ard capitalista parisiense, y Jadwm,
te a la tremenda oferta. a~c 'd 1
·sma estirpe· los dos sa.
provienen e a mi
'
,
capitalista americano,
1
d 1 e'xito para sentir despues
t
orada e gozo e
'
·
borean por una emp
L
Norris logra demostrar muy bien
los dolores de la derro~a. ~ que
rticular la superabundancia
en The Pites que el tngo mismo, en pda Jadwin y no tanto el eleble del fracaso e
,
del grano, es responsa .
. 'd des bursátiles de sus antamento humano, es dec1r, las activ1 a
gonistas.
.
un abo ado escrupuloso y conEn La bolsa el protagorusta es
d . g llevar por el frenesí de
. . .,
d O L ·s Glow que se eJa
cienzudo llama
UI
'
d
as de dinero que mvirtio
la Bolsa y acaba por perder graln. es sumPara el autor la Bolsa es
as especu aovas.
' .
en numerosas e~pres
. r
fastuoso de Buenos Aires, y la
símbolo del med10 maten~ i~ta Je tantas vidas anteriormente patragedia del Dr. Glow es tlpica
11 época se convierten en torcíficas y bien ordenadas ~ue enpaq_ul; ~ em
"deciso Glow no tiee ero usi amme
,
1. • f'
bellinos de de mo man i . , . d Saccard o J adwin. Lo que
ne el carácter dominante y energic? e
y bien- son las conse.
y en esto acierta mu
. .
1
Miró qmere reve ar 1 que se arrojan precipitacuencias fatales que puedan pasar a os
r de la Bolsa.
1
&lt;lamente a remo mo
. orosa y dinámica de las
,
· d da la menos vig
·
.
La febre d or es, sm u '
f"
la fuerza e intensidad
,
lo que se re iere a
.
novelas tratadas aqm por
1
. . to fogoso del mundo h.
época
y
e
movim1en
1
con ~ue se pmtan a
ra de Oller el alcance épico y arrebatananc1ero. Faltan e~ la ob
1 d
brumador de las otras novedor de la Bolsa, el 1IDpetu y e dp; er do en la representación de
las del grupo. En el retr~to e dpelno b'i·ente Oller procede con
·
1 pintura e am
'
los personaJes Y en ª
f eo-o verbal que los otros
ás calma y menos u o
más reserva, con m
ramento artístico no posee
.
ace que su tempe
.
.
novelistas; pues par.
N . 1 brío juvenil de Miró, lll 1a
la exuberancia emocional de orns, _et de Febre d'or es Gil Foix,
.
d z la El protagorus a
energía v10lenta e o .
Gl
de repente se embrolla en
mo el Dr
ow, que
.
il l
hombre sene o co
l.
011 r nos hace percibir muy bien
la red de la Bolsa de Barce ona.
e

,ª

el cambio radical entre los miembros de 1a familia Foix. Vemos
cómo la ambición desenfrenada y el éxito monetario del marido
convierten un hogar Heno de felicidad y armonía en una casa discorde y aun hostil. Las razones fundamentales que impulsan al marido a sus actividades especulativas --el deseo de alarde y buen
tono, el ansia de una vida presuntuosa, el afán por el dinero-son en sumo grado desagradables a su esposa, que se rebela contra
el medio ostentoso y hueco en que se ve obligada a vivir. Explica
Oller, con referencia a la desunión de la familia y al descontento
de la esposa :

... mentre que a casa En Foix tot eren presses, angúnies i
mals humors: el papa pensant dia i nit en el negoci; la mama
vivint amb l'anima pendent d'un fil, sempre temerosa que es
perdés el que s'havia guanyat, amb més set d'or que el papa
mateix, amargant-li la vida les despeses i aquelles diversions
de que, pel dir de la gent, no es podia prescindir. r:' On eren,
dones, els avantatges de la riquesa? . .. No, no: ella estava desenganyada, desenganyada d' quella societat perversa, mentidera, hipocrita, en la qual no hi havia amor, ni amistat, ni altra cosa que interes i egoisme fastigos i vil. 11
E1 movimiento naturalista iniciado por Zola pronto cundió por
toda Europa y el Nuevo Mundo. Hacia fines del siglo diez y nueve
sería difícil encontrar una literatura que se librara por entero de
los principios y la técnica de esta corriente naturalista. Las novelas consideradas aquí muestran muy daramente la influencia del
maestro francés. El tema mismo -el ánimo de adquirir lucro, la
bolsa como una fuerza indomable, la codicia, la entrega de la voluntad por la pasión del dinero- se presta muy bien a una interpretación naturalista, en 1a cual el credo del determinismo aplasta
sin piedad la vida de hombres ambiciosos y egoístas. L'Argent es
una de las últimas novelas de la famosa serie Rougon-Macquart;
en otras obras de este grupo la mina, la tierra, la fábrica, ei am• La febr, d'or, p. 194.

334
335
R22

�biente pobre, la herencia deficiente, representan la fuer~ vital
que impulsa y domina a los hombres. En L'A-rgen: la mala ~~~uencia del dinero logra arrastrar a los hombres hacia la perd1cion.
El naturalismo en la ficción argentina llegó con las novelas_de
Eugenio Cambaceres, publicadas entre los años 1882 y 1887, siendo la más notable la obra titulada Sin rumbo ( 1885). Por estos
6
años también otros autores hispanoamericanos reflejaron en sus
' ciertas' tendencias naturalistas; pero los escritores
.
novelas
argentinos -Cambaceres, Juan Antonio Argerich, Manuel T . Podestá,
Francisco A. Sicardi- fueron los que mostraron mejor la aplicación a la novela de los principios zolescos. El desarrollo de la ficción naturalista en la Argentina corresponde cronológicamente al
auge del realismo de los años 1880-1900. Coe~stían los dos movimientos. Mientras salían las novelas naturalistas de Cambaceres
y Sicardi, por ejemplo, aparecían al mismo tiempo las obras netamente realistas de Lucio V. López, Paul Groussac, y Carlos M.
Ocantos. Las novelas realistas y naturalistas surgieron en la Argentina durante una época importantísima, una época de gran p~ogreso económico y social que a~~nció una n_ación próspera. Y_ sena.
La vida del país cambió muchísllllo a medida que las actividades
comerciales y financieras aumentaron grandemente. Algunas señas bien evidentes de este aumento eran la furia de la Bolsa, la
fundación de bancos, sociedades anónimas y otras organi~ciones
comerciales y la construcción de lujosos edificios y un buen sisten:a
de ferrocarriles. Pero ya por el año de 1889 la estructura economica de la nación comenzó a debilitarse y el año siguiente se
derribó por completo. Esta vigorosa actividad económic~ que condujo a tal prosperidad y a la crisis financiera poco ~';pues, proporcionó materia muy apropiada para una presentac10n novelesca e
impulsó a varios escritores a tratar el tema. De las cinc? novelas
argentinas 7 publicadas sobre este tema, La bolsa es la mas famosa

y la mejor. En primer término es una obra sólidamente realista
que pinta con mucha destreza novelística una época de transformación. Sin estar concebida cabalmente en la matriz del naturalismo, ~a bol~~ tiene unos rasgos naturalistas, siendo el principal
la mamfestacion de la doctrina del determinismo en el retrato del
protagonista.
La influencia naturalista en la ficción norteamericana se nota
principalment~ en las obras de Stephen Crane, Frank Norris, y
Theodore Dre1ser. Por desgracia, Crane y Norris murieron en la
flor de la edad-Crane en 1900 a los veinte y nueve años Norris
en 1902 a los treinta y dos años. 8 Con la muerte de estos dos 'novelistas,, el des~rrollo
la novela naturalista quedó truncado y le
toco a Dre1ser contmuar el movimiento, desenvolverlo, y llevarlo
a su máxima expresión literaria. Pero a pesar de una carrera prem~t~rai:iente terminada, Norris dejó un grupo de novelas de gran
mento, que revelan plenamente la influencia de Zola en su form~ción Y expresión novelísticas. En The Pit, la fuerza vital del
trigo, que se extiende todopoderoso a través de las llanuras, entrampa a los hombres en la lucha por la riqueza potencial que el
grano representa. El trigo no obedece a las leyes humanas ni hace
caso de los caprichos de los hombres en sus operaciones de bolsa.
En el sigui:~te párrafo, nótese cómo Norris hace figurar la doctrina determm1sta del · naturalismo en las actividades especulativas
de Jadwin:

d:

• • • Why, the Wheat had grown itself; demand and supply,
these were the two great laws the Wheat obeyed. Almost blasphemous in his effrontery, he had tampered with these laws,

t

.;i.guientes: SEGUNDO I. V1LLAFAÑE, Horas de fiebre ( 1891) · CARLOS M ÜCANTOS
u, lto ( 1891 ); ALBERTO DEL SOLAR, Contra la marea ( 1894) · PEDRO G · MoRANTE'
C randezas ( 1896).
'
·
'
1

• Nos referimos, por ejemplo, a MERCEDES CABELLO DE CARBONERA, ~eru~na, autora
de Blanca Sol (1889); a FEDERICO GAMBOA, mexicano, autor de Apar1enc1as (1892) ,
Suprema Ley (1896), Metamorfosis ( 1899 ) y Sant~ (1903); a CARLOS REYLE5,
uruguayo, que escribió Beba ( 1894) y La raza de Cam ( 1900) · . . .
.
son
, Además de La Bolsa, las otras novelas que versan sobre la crms fmanc1era

336

~bservamos que JosÉ MAR.ÍA MIRÓ (1867-1896) también murió muy joven a
1os vemte y nueve a - d d d L
, •
'
nos e e a . a bolsa es la uruca novela que publicó pero basta

~E revelar su talento novelístico, desgraciadamente cortado por la mu~rte.

(l 0 )tre las otras novelas de NoRRIS figuran: McTeag1¡e (1899), The Octopus
9 1
, Y Vandouer and the Brute ( escrito en 1894 y publicado en 1914).

337

�d had roused a Titan. He had laid his puny human grasp
:;on Creation and the very earth herself, the gre~t m~t~e~
[' the touch of the cobweb that the human insec a
~;:~nghad stirred at last in her sleep and sent he~ omni~otenc~
~ g through the grooves of the world,
to find an crus
movin
10
the distruber of her appointed courses.
En el desarrollo de la novela realista catalana, la pri~era fi~~
, .
N , Oller ( 1846-1930)' autor de vanas obras
ra de mento es arcis
•
· d de Barcelona
que reflejan fielmente el mundo compl~~o y ~g1t~
1 retrato
a fines del siglo pasado. Por la captac1on ps1cologi~ y e
1
.
L
febre
d'or
figura
entre
bien logrado de algunos persona1es, a
1 h os
e ·, París ,a Zola yb"da os. erlibros más valiosos de Oller. onoc10 en
ulGoncourt Parece que Zola y Oller habia conce 1 o s1m
manos
·
b 1 bolsa Cuantánea pero independientemente sus novelas so re a ,
.
1
do Zola anunció su proyecto al público, Olle: temia qule set e
, publicar su nove a an es
acusara de plagiario, y por eso se apresuro ª.
t de La febre
de que apareciera la obra de Zola. La pnmera par e 1
do
.
1890 un año antes que L'Argent; e segun
d'or sahó a luz en
' .
y 1893 respectivamente.
1 en y el tercero aparecieron en 1891
vo um
1 l'b de Miró La febre d' or es fundamentalmente
Igual que e 1 _ro
1·' o en la cual se revela la influencia
novela de vigoroso rea 1sm ,
una
. .
1 filosofía determinista que reconaturalista principalmente por ª
d d minador
la obra Pero aun aquí la fuerza de la Bolsa, e1 po er o
.
rre
.
bl
d
1
.
za
no
se
ponen
de
mamd 1 dinero la pasión inexora e e a nque '
,
_e
'
.
ener ,a e intensidad que notamos en L Argent y
fiesto c_on la misma
~ en La febre d' or el aspecto físico de
The Pit. Tampoco sentimos
do1
.
.
1
hormigueo
constante,
os
corre
la Borsa catalana, e1 mtenor, e
F 1 1 des
eculadores y otros que prueban fortuna. a tan as
r~ y. esp . orosas del mundo financiero, la rivalidad y la lucha,
~:t~::::c:!es variables; antes bien Oller prefiere retratar esce-

?

,. Th, Pit, p. 358.
ll
( 1879); L'escanya
u O
las de ÜLLER son las siguientes: La Pape ona
tras nove
.
• ( 1905)
pobres ( 1884) ; La bogerla ( 1899) ; Pilar Pnm
.

338

nas domésticas entre la familia Foix, aquel hogar que sufre tantos
trastornos a consecuencia de la pasión inmoderada del marido.
Sería conveniente a continuación precisar más los puntos de contacto en la concepción e ideología básicas de las cuatro novelas.
En cada una la bolsa y la fiebre del oro por fin vencen al protagonista, desempeñando así el papel de un monstruo que trae el
desastre consigo a cada paso. Bien que los novelistas hacen hincapié en la muy probable influencia negativa y en el poder destructivo de esa pasión, al mismo tiempo no pueden menos de reconocer que esta misma fuerza dañina es beneficiosa y forma la
base de nuestra economía. Análoga a esta dualidad implícita en
la naturaleza de la Bolsa, encontramos una especie de dicotomía
en el carácter de los protagonistas. Es decir, las cualidades agresivas, arrogantes, y egoístas que manifiestan continuamente en sus
negocios se truecan en rasgos de sumisión y humildad cuando se
trata de asuntos de otra índole. Y a este respecto es interesante
notar una circunstancia paralela en The Pit y L' Argent. Jadwin
dirige los domingos una escuela religiosa y también contribuye
al apoyo de un hospital para niños, a donde pueden ir los alumnos de esta escuela en caso de necesidad. Saccard, por su parte,
tiene interés en una institución de caridad llamada L'Oeuvre du
Travail, y llega a ser director. En los dos casos es evidente la intención del novelista: presentar un aspecto más benigno en el conjunto emocional de estos hombres para contrastar con los rasgos de
impasibilidad y dureza.
Los cuatro protagonistas caen víctimas de su propia codicia y
de la implacable fuerza de las circunstancias que los rodean. Y
en los cuatro casos la derrota no sólo es material y económica, sino también emocional y hasta mental. Todos sufren en alguna
forma un desorden o perturbación de la razón. La novela argentina termina trágicamente con la completa demencia del Dr. Glow,
que percibe en su desvarío un monstruo espantoso que profiere
las palabras fatales: "Soy la bolsa". 12 Foix, en La febre d'or,
también pierde la razón al hallarse arruinado en la Bolsa y des11

La bolsa, p. 280.

339

�honrado ante su familia. Esta última condición constituye tal vez
su mayor infortunio, particularmente en vista de la felicidad doméstica que antes prevalecía y el gran respeto y admiración que
le brindaba su familia. Ya que el enfoque novelístico de Oller se
basa en gran medida en escenas de familia, es natural que el desequilibrio mental de Foix se manifieste en la conducta extraña
que exhibe en su propia casa. Veamos este párrafo:
-No ho sabem pas. Mai no es traba bé. Passa nits enteres
sense dormir; no pot pair el que menja; tot ['enfada, tot el
posa furiós; la memoria li falta, el cap se li'n va; agafa manies
estranyes com la d' ara, que fa vuit dies que no el podem
arrencar del quarto, i allí menja, i allí dorm, i allí es migra
a les fosques, sense escoltar els nostres precs in els consells
dels metges, i fent-nos consumir a tots. Res! n'ha passades
tant es, po bre papa'f. ... 13

En The Pit la lucha constante y vigorosa sostenida por Jadwin
para acaparar el ·mercado del trigo casi le hace perder la salud física y hasta mental. Sufre toda clase de trastornos -paroxismo,
histerismo, vértigo, alucinaciones, espasmos. Igual que el monstruo
que representa la Bolsa en la imaginación del Dr. Glow, el trigo
mismo es el que llega a atormentarlo. "For a thousand, a million,
forty million voices were shouting in cadence: Wheat-wheatwheat, wheat-wheat-wheat". 14 Pero a pesar de su turbación Jadwin nunca deja de ser un personaje casi nietzschiano, atrevido y
orgulloso aun cuando percibe su derrumbe final. En una de las
últimas escenas, que retrata magníficamente esta derrota; presenciamos todo el desequilibrio de Jadwin (que después recobra la
salud gracias a la solicitud de su esposa Laura) :
And then, under the str,ess and violence of the hour, something snapped in his brain. The murk behind his eyes had been
u La febre d'or, pp.
" The Pit, p. 308.

suddenly pierced by a white flash. The strange qualms and
tiny nervous paroxysms of the last few months all at once
culminated in sorne indefinite indefinable crisis and the
'
.
'
wheels and cogs of all activities save one lapsed away and
ceased. Only one function of the complicated machine
persisted; but it moved with a rapidity of vibration that
seemed to be tearing the tissues of being to shreds, while its
rhythm beat out the old and terrible cadence:
"Wheat-wheat-wheat, wheat-wheat-wheat". 15

, C~da novela ;efleja a su modo ciertos elementos sociales y eco~
nomicos del pa1s tratado. Notamos numerosas referencias a importantes aco~tecimientos y problemas nacionales que de algún
se relacionan con las operaciones de Bolsa y con la vida
cotidiana de los personajes. Por eso las novelas son valiosos doc~mentos social~s. Al tratar el tema de la Bolsa y la pasión del
dmero, l~s ~ovehstas hacen resaltar una época entera, todo el drama economico y personal que ocurre diariamente en nombre del
progreso Y la satisfacción de los anhelos individuales. En La bolsa
observamos qu: una filosofía materialista y positivista se apodera
de .la gran capital de Buenos Aires, haciendo que los valores más
estimables Y duraderos cedan paso al culto de la ostentación la
a~e~tación Y la hipocresía. Percibimos también cómo fueron' recibidos los_ m~Ilares de inmigrantes de España, Italia, Francia, que
~an co~tnbmdo tanto al desarrollo del país, pero a la vez han
sido obJeto de odio y resentimiento por parte de una minoría intolerante y necia. En The Pit sentimos los azares y vicisitudes de
l~ ,carrera de Jadwin no sólo como una lucha personal, sino tambien .~esd~ un punto de vista más amplio y significativo, en su
r:lacion d1recta con el pulso económico de la nación, con el vaiven de.l mundo financiero y con los mercados nacionales y hasta
ternac10nales. El alza y baja de las cotizaciones diarias, los caprichos Y enredos de los corredores, los acontecimientos mundiales
que influyen en la compra y venta de las acciones: toda esta acti-

mo?~

in-

496-497.
" lbid., p. 3 76.

34-0

341

�·vidad significa para Jadwin pasos sucesivos hacia la realización
de sus proyectos o hacia la derrota financiera y el fracaso de sus
sueños y ambiciones. Mas para millones de personas en los Estados Unidos y aun en el extranjero, tales fluctuaciones de la
Bolsa tienen un significado mucho más grave y profundo; pueden
presagiar una amplia cosecha o una escasez de trigo, la prosperidad económica o la ruina total, tiempos propicios o una temporada de privación.
El cuadro contemporáneo de Francia ( 1864-1867) se vincula
en L'Argent con la narración de la carrera bancaria de Saccard.
Notamos, por ejemplo, las siguientes referencias: el asunto mexicano y la tragedia de Maximiliano y Carlota; la formación de
varias asociaciones a favor de la clase obrera, como para contrapesar el poder creciente de los capitalistas; la construcción de muchas obras públicas, la cual disminuyó los fondos de la tesorería;
la doctrina de un pequeño grupo de socialistas y comunistas, representado por la figura de Segisµiond; la apertura del canal de
Suez, que dio estímulo a los intereses bancarios de Saccard; y L'
Exposition Universelle, inaugurada en París en 1867 con toda gala
y festividad.
La presencia de los judíos en las múltiples transacciones bancarias y bursátiles se hace sentir de algún modo u otro en las novelas tratadas aquí. Principalmente en los grandes centros cosmopolitas, esta raza hebrea ha figurado importantemente en asuntos
financieros y económicos; y debido al prejuicio arraigado que remonta de la antigüedad, sus actividades han sido objeto de censura y difamación. Los actos fraudulentos y ruines de unos pocos
judíos en operaciones comerciales han sido aplicados injustamente
a una raza entera, engendrando así hondos sentimientos de odio
y recelo. En L'Argent, por ejemplo, figuran varios judíos que desempeñan un papel principal en el fervor financiero de la época
y que tienen una relación directa con las actividades d~ Saccard.
Gundermann, hombre altivo y muy respetado, enemigo implacable de Saccard, se niega rotundamente a ayudarle en sus empresas
y profetiza maliciosamente la quiebra de la Banque Universelle

para vengarse de s~s pr~pi,a~ pérdidas en la Bolsa. Otra figura,
~usch, es de las mas ant1pat1cas y odiosas. Es usurero y chantajista soez que negocia en acciones y bonos depreciados. Se ocupa
en 1~ compra de deudas y luego se vale de toda clase de bajos
med10s para .cobrarlas. De ideología enteramente opuesta es su
hermano Seg1smond, defensor ardiente del Marxismo que vive
apartado de la .lucha cotidiana del mundo de negocios. Acerca
de otro pers~naJe secundario, llamado Nathansohn, un antiguo
profesor profiere estas palabras sucintas: "Mais il
·
1·
·¡
· •f" 16 . ,
arnvera, m,
ca~ i est JUI . Por ultimo, todo el rencor y mala voluntad, el
odio Y sospecha, se funden en el protagonista Saccard que
·
d
1 · d'
,
consiera a os JU ios como una raza sin país, como parásitos que aprovechan el fruto de la labor de otras naciones.
E~ ~a ~olsa no figura directamente en la acción ningún perS(?naJe Jud10, pero sí hay referencias muy extensas y vehementes
al ~arácter Yacti:id~des de esta raza. Como Saccard en L'Argent,
qmen lanza la diatriba contra los judíos es el protagonista de la
~
L·ru
.
. r~,. ms ow: ~~e ofrece el mismo razonamiento espurio para
17
~UStlÍic~r su ~~eJmc1~. , Afirma él, revelando así toda su propia
msegun~ad: (Lo~ Jud1os) ya son dueños de los europeos, y si
se empenan, lo seran de los nuestros, completando así la conquista del mundo". 18
N.orr~s prefiere no señalar de una manera especial el papel de
l?s JU~IOs, aunque la participación de ellos en las transacciones
f~anc1eras de The Chicago Board of Trade debió de ser vigorosa
e .importante. Sólo de paso incluye a los judíos en la narración.
;igur~n muy brevemente en la acción un joven hebreo llamao Hirsh, uno de tantos corredores de ]a Bolsa y otro llamado
Grossman, a qmen
· nad.1e hace caso en las operaciones
'
de Bolsa a
P:sar de su presencia constante. Y Norris no hace comentario de
runguna m
' d o1e, m· s1qmera
· ·
por boca de los personajes; de manera

---,. L'Argent, p. 27.

1T V'
.
eanse pp. 94-95 de L'Argent y pp. 120-125 de La bolsa para esta comparación
mteresante.
,. La bolsa, p. 2 l.

343
342

�, · mas,
' entre otros
· · advertidos sin mas
que estos judíos pasan casi i~ d
Í Bolsa ruFinalmente,
en la
centenares de hombres asocia ols c?,n pªasaJ· er~ a los judíos en la
h sólo una a us1on
novela cata1ana ay
El , fo en que ocurre esta refevida. medrca~tilb. del !::;:l~;a~lgun!ª;~:ancieros de quitarles el porenc1a escn e e
. d' 19
der a unos banqueros JU ios. 1 d . ción que sea Bolsa, Bours
P;ra concl~~~:~!:Ja:;:. ~st~ i~:ituci6n econ~mic_~, por su
se, orsa, o
.
. ha encendido la imagmac1on de un
tremenda fuerza e mfluenc~a,
, animándoles a crear
grupo de novelistas de pnmeral_categ_ona,De la novela de Zola
1
alidad 1terana.
cuatro novelas d e a ta e
errar la filosofía implícita
citamos estas palabras que parecen ene
.
en las cuatro obras:

M D. ' au-dessus de tant de boue remuée, au-dessus
on ieu. .
,
, d
t ette abominable soufde tant de victimes ecrasees, e tou e c
, -t-il
"t
,
l'humanité
chaque
pas
en
avant,
n
france que cou e a
, ·y a de
as un but obscur et lointain, quelque chose de superieur, .
p
d ·uste de définitif, auquel nous allons sans le. savoir
bon,
1 gon
, fl e le coeur de l'obstiné besoin de vwre et
et qui.enous
d'espérer? 20

.. La febre d'or, p. 190.
"' L'Argent, p. 428.

344

ALEJO CARPENTIER: REALISMO MAGICO

Dr. FERNANDO ALEGRÍA
University of California, Berkeley, Cal.

DEBO CONFESAR que, hasta hace muy poco tiempo, el nombre de
Alejo Carpentier entrañaba para mí un recuerdo brumoso de ciertas intensas búsquedas literarias durante mis años universitarios
en Chile. Allá por 1934 o 1935 llegó hasta nosotros su novela
Ecue-Yamba-O, historia afrocubana y, momentáneamente, nos
deslumbró. A semejanza de un ventarrón de apasionantes corrientes folklóricas, con algo de emoción popular y casi, casi revolucionaria, su obra venía arrasando con todo lo cursi y lo falso de una
pseudo-tradición cubana imitada del castañuelismo andaluz y mantenida torpemente por críticos que, confundiendo la literatura con
el couplet, aún consideraban al negro como un personaje de La
cabaña del Tío T om y no como una herida en el costado mismo
de la sociedad cubana. Naturalmente, aun en esos años, nos dimos cuenta de que Carpentier narraba sus cosas con cierta perspectiva de erudito que no garantizaba la autenticidad de su mundo -con algo del despego de los blancos-negros de la pseudo poesía folklórica uruguaya o de los rumbistas de Puerto Rico- pero
su experimento conmovía e inquietaba, avanzando como un tractor que abría caminos en montes, selvas, plantaciones y suburbios
donde la novela cubana rara vez había osado asomarse. Lo exótico
de Ecue-Yamba-O, lo primitivo mezclado a lo social y engalanado con una atrayente imaginería creacionista, nos sedujo. En aquella época mi generación leía el Cocktail negro de Claude MacKay
345

�y El Emperador ]ones de Eugene O'Neill; no acabábamos aún
de descubrir el jazz en todas sus acepciones y variantes geográficas, pero lo seguíamos desde New Orleans a Chicago y lo buscábamos ya en el Harlem afrohispano.
Sin pasar más allá de esta impresión literaria -presintiendo
acaso, pero sin distinguir con claridad aquello de estético-social
que bullía en Ecue-Yamba-O y que más tarde iba a expandirse
y profundizarse en audaces interpretaciones de la mitología tropical-americana- Carpentier se nos apareció entonces como un
pionero, ligeramente extraño y un tanto descastado en su propia
patria.
No volví a leer nada suyo hasta 1958. Requerido por un editor
hube de ponerme al día en su obra. Leí Los pasos perdidos: la
primera página con asombro, las siguientes, hasta el comienzo del
viaje a América, con desgano y, tal vez, con antipatía; desde allí
hasta el final con la emoción profunda e inolvidable de haber descubierto para mí una obra de genio, y digo "descubierto" porque no vine a saber sino después de concluir la lectura que el libro había alcanzado un éxito sorprendente en Francia, Inglaterra
y los Estados Unidos. Busqué sus otros relatos y la impresión se
afianzó: me pareció increíble que durante años de teorizar sobre
la decadencia del super-regionalismo descriptivo de la novela americana y sobre el advenimiento de una nueva forma de novelar
hecha de realidades esenciales, de universal comunión en el drama social y filosófico del hombre moderno, concebida en la actividad portentosa, a veces subterránea, a veces sobrenatural, de
la vieja mitología india, negra y blanca de nuestros pueblos, no
hubiese yo sabido del trabajo admirable de este cubano, de sus
creaciones seguras, de su maravilloso poder para dar forma a la
intuición más quintaesenciada en rápidas, firmes y espléndidas
estructuras de un estilo barroco sólo comparable en la literatura
hispanoamericana contemporánea al de Miguel Angel Asturias, en
la prosa, y al de Pablo Neruda, en el verso.
Le he seguido ahora la pista con mayor cuidado. Sé de su vida
346

a tr~vés de_ ,un ensayo de su compatriota Salvador Bueno.1 Carpentier
nacio en La Habana en 1904, hiJ'o d e un arqwtecto
.
fran,
ces :, de. ~a ;11sa,. p_r~fesora de idiomas e inclinada "hacia las letra~ . Nmo aun, VIaJO ~or Francia, Austria, Bélgica y Rusia. Despues de _ha_ce,r sus estudios secundarios en el Liceo Janson de Sailly
se especializo en teoría musical y arquitectura. Regresó a La Habana co~ el pro~ósito de obtener allí un grado universitario, pero
no ~ardo en partir una vez más a Francia. La música le atrae especi~lmente, tanto en su aspecto creativo como histórico.2 Carpent~e~ lu~h~ po_r, generar un movimiento autóctono que supere la
meca~ic~ imitac1on del vanguardismo europeo. Escribe cuatro "escenanos para obras del compositor Amadeo Roldán. L
b
bara b (1928)
. a re amm a
' ballet en dos actos; El milagro de Anaquillé
( 1929)' Mata-c~ngre jo y Azúcar, poemas coreográficos.
. ~n 19~7, a raIZ de su participación en actividades políticas antidic:atonales, Carpentier fue encarcelado. En la prisión escribió
~l _pnmer borra~or de su novela Ecue-Yamba-O, editada en Mand en 1933. ~ibre de persecuciones, viajó nuevamente a Europa
en 1~28: Francia le atrae irresistiblemente y le da base a su formacio~ intelectual hast~ el punto de que en Cuba no falta quién
le ,~ons1dere un desarraigado, pero, como dice Bueno :
... este desarraigado encontrará sus fuentes nutricias en una
:~~a de cultu:as: lo euro?eo occidental, lo hispánico y lo africano
areª- mezcla_ ~1ca de sus circunstancias ambientales. En la casa hog na los dialogos y los libros traerán ecos de aquellas viejas culturas europeas, lo bretón y lo eslavo en conjunción fructífera. Afue;:~ en la calle, en la ciudad, entre los amigos que surgen, entre
es g:ntes que pasan y conversan, va alimentándose con lo colonial
I panol con el trasplante africano que, a fin de cuentas, forman
a esencial cubanía". (Op. cit., p. 157 ) .
B En París se dedica a la radio-difusión colaborando con Louis
arrault, Artaud, Desnos y otras figuras destacadas del ambiente

r

1

C/. La
,·
La H a bana, 1957. El ensayo se titula "Alejo Carpentier
novelista
a letra
till como t ~sigo,
n
ano
y
umversal",
pp. 153-1 79.
'
1
Carpentier es autor de La Música e C b Méxi
su valor histórico y crítico.
" u a,
co, 1946, obra consagrada por

347

�artístico francés. Le atrae el cinematógrafo también; escribe el texto y prepara el montaje y la sincronización de una película documental titulada Le Vaudou. 3
En 1944 publica un relato breve Viaje a la semilla. Visita Haití
en compañía del actor francés Louis Jouvet, y producto de este
viaje es su novela El reino de este mundo, editada en México en
1949. Se radica, por fin, en Caracas donde desempeña un cargo
en una empresa publicitaria.
Allí escribe Los pasos perdidos, publicada en México en 1953,
que, traducida al francés., recibe el "Prix du Me.illeiur Li.vre
Etranger" en 1956, y cuya traducción al inglés fue elogiosamente
acogida por la crítica de los Estados Unidos y lleva ya seis o más
ediciones en Inglaterra. Ultimamente, Carpcntier ha publicado
una novela corta, El acoso (Buenos Aires, 195 7) y Guerra del tiempo ( México, 1958), volumen este último que incluye El acoso y
los cuentos El camino de Santiago, Viaje a la Semilla y Semejante a la noche. Tiene en preparación otra novela titulada El
siglo de las luces.

•
Se advierte en la obra de Carpentier cierto desarrollo evolutivo relativamente fácil de identificar. Desde Ecue-Yamba-O hasta
El acoso muévese en una búsqueda -vertical y horizontal- de las
raíces mitológicas americanas para enfrentarlas en un afán de
comprender los signos secretos que dividen su facultad creadora
y su conciencia social. Fundamentahnente, le obsesiona la idea de
traspasar los límites del tiempo, de superarlos y conseguir una síntesis histórica monumental en que el hombre cambia de circunstancia pero no de esencia y, en el fondo, repite una eterna fábula
cuyo diseño es posible captar y fijar en la obra de arte. En el terreno literario su evolución va desde el exotismo científico de
• El héroe de Los pasos perdidos realiza una obra cinematográfica semejante, e/. pp.
34-35. Nuestras citas son de la primera edición de esta novela: México, 1953.

348

..

Ecue-Yamba-O hasta la abstracción neosimbolista de El acoso.
Examinemos los detalles del proceso.
Ecue-Yamba-O es una novela semi-documental sobre el mundo
mágico primitivo de un sector de la población negra en Cuba. Parte importante juegan en ella los ritos religiosos, las ceremonias de
iniciación, las fórmulas de encantamiento, el substrato ñáñigo de
gentes que viven en una etapa de representación colectiva, prelógica y mística, en el medio mismo de una civilización moderna.
Refiriéndose al aspecto científico de la novela afirma Salvador
Bueno:
"Aparentemente la obra posee carácter documental. Quiere revelar los m_isterios de la religiones afrocubanas. Por eso el texto
literario está acompañado por fotografías de símbolos ñáñigos, de
objetos rituales, tambores y oraciones. Lo folklórico predomina en
esta obra, cuyas últimas páginas acogen un necesario glosario de
términos afrocubanos. Sin embargo, nota esencial en esta novela
resulta la estilización de la vida cubana que en ella aparece. Las
costumbres, el lenguaje, el escenario físico y humano están artísticamente elaborados" (!bid., p. 163).
Producto característico de la tradición africana que mantienen
viva sus antepasados, Menegildo Cué, el héroe, representa en su
pasión y muerte el destino de su raza. Menegildo va de la exaltación a la derrota, del juego aspaventoso de puñales, sones y guitarras, al abismo iluminado de los mitos que consagra desangrándose. El sexo, la violencia, la oración mágica, le preparan para
el martirologio. Enamorado de Longina, una negra que vive amancebada con un haitiano, busca febril y en celo la ocasión del combate con su rival. Le asesina a puñaladas y va _a parar a la cárcel.
"Serían las cinco de la tarde cuando la pareja de la guardia rural
arrest~ a Menegildo. No se le acusaba -por casualidad- de hacer propaganda comunista ni de atentar contra la seguridad del
Estado. Era sencillamente que el haitiano Napoleón había sido
hallado en una cuneta de la carretera, casi desangrado, con un
muslo abierto por una cuchillada ... "

¿Menegildo acusado de comunista? Menegildo ha visto cómo
349

�una empresa yanqui usurpa las tierras de los campesinos cubanos,
incluso las de su padre. El negro pierde sus plantaciones de caña
de azúcar ante el poder ilimitado de la compañía que avanza con
su aparatoso material técnico de último modelo. Los abuelos recibieron cierta compensación a cambio de las tierras; sus descendientes, en cambio, pasaron a ser peones, y, muy pronto, esclavos.
Menegilda ve el robo de que es víctima su padre y presiente, a
su vez, que su propio hijo, a quien no llega a conocer, habrá de
heredar la esclavitud no escrita que es su patrimonio, perpetuando así en una cadena interminable de menegildas la dominación
extranjera sobre los despojos de la riqueza nacional.
"¿Acaso valía menos un negro que un americano? Por lo menos los negros no chivaban a nadie ni andaban robando tierras a
los guajiros, obligándolos a vendérselas en tres pesetas. ¿ Los americanos? ¡ Sanamanbiche ! Ante ellos llegaba a tener un verdadero orgullo de su vida primitiva, llena de pequeñas complicaciones y de argucias mágicas que los hombres del norte no conocerían
nunca.
" ... ¿ de qué había servido la Guerra de Independencia, que
tanto mentaban los oradores políticos, si continuamente era uno
desalojado por esos hijos de la gran perra ... ? ¡ Era tan sabido que,
al fin y al cabo, sólo los yanquis, ambos del Central, lograban beneficiarse con las magras ganancias de aquellas zafras ruinosas!
"Y los trabajadores y campesinos cubanos, explotados por el
ingenio yanqui, vencidos por la importación de braceros a bajo
costo, engañados por todo el mundo, traicionados por las autoridades, reventando de miseria, comían -cuando comían- lo que
podía cosecharse en los zureos horizontales que fecundaban las
paredes de la bodega".
Carpentier no rehuye el conflicto económico y social. Lo examina con franqueza y responde con agresividad, sin caer en los
excesos de la literatura propagandística. La injusticia social es
un ingrediente más de la rutina sangrienta en que se consume Menegilda. De la política va, sin transición, al rito ñáñigo y en el
frenesí de estas corrientes que le turban con visiones místicas, pri350

si~nero ~e fuerzas ancestrales que, sin el color ni el prestigio del
mito antiguo, se revuelven hoy en la alcantarilla del suburbio ba.
'
JO la luz infecta de viejos faroles, al ritmo de húmedos tambores
y en una bruma de licor barato, Menegilda cae con la yugular cortada de un tajo durante una riña a muerte entre los iniciados del
"Sexteto de Física Popular" y los del "Alma Tropical"...
A su espalda quedan los consorcios llenándose de dinero; se
es~onden en las sombras de sus mansiones suntuosas los agiotistas
criollos; los negros rezan, cantan y procrean en la tierra colorada
Y verde; mueren en la miseria de los bohíos; mientras en el conventillo de la ciudad persiste la rumba eterna. El sacrificio de
mujeres poseídas y apuñaleadas, de terroristas traicionados, de lustrabotas de sabia perversión, de presidiarios hermafroditas, todos
entregándose orgiásticamente a un dios negro y a un demonio blanco que insisten en su demanda de sangre secreta y derrotada.
Como una sombra lujuriosa y tierna, de suaves relieves, fuerte
e~ su primitiva pasión y en su silencio, la.imagen de la negra Longma parece acaparar el único símbolo amable en la historia: de
algún modo se presiente que, acaso, en la amplitud de su entrega
Y en el heroísmo, tenacidad y vigor escondido de su fe en Menegildo, hay una esencia de la tierra que rehusa reconocer la dest~ucción impuesta desde afuera y se afirma, se aprieta en su propia entraña y, con irresistible energía, suelta una semilla nueva
Y victoriosa. Esta mujer-sombra en cuya presencia se atisba solamente un mensaje, se tornará espléndido tipo de mujer-símbolo
en Los pasos perdidos.
_J~~n Marinello considerando a Carpentier "tan ansioso de primitivismos como esclavo de refinamientos" le censuró su falta de
definición política en Ecue-Yamba-O.
"Ni nuestro negro ni nuestro pueblo --dijo Marinello-- enseñan
su estatura en Ecue-Yamba-O. Menegilda, sin perder su perfil
~udo comunicamos su gran pena de hombre sitiado, y los guaJiras del 'San Lucio' la angustia de su desahucio. La novela,
351
u23

�a pesar de sus logradísimas bellezas, queda en libro de episodios,
pudiendo haber sido libro de esencias". 4
Marinello se refiere, con marcado rigor, a una condición marginal que, aún en los más apasionados instantes del relato, mantiene Carpentier: condición de observador técnico y erudito, artesano ingenioso que sabe combinar con refinado instinto las especies agridulces del mundo afrocubano, que pinta con sangre, que
suelta olores sexuales y humos de iniciación ñáñiga a intervalos
artísticamente medidos, y que ordena sus mitos en poses de inequívoco orden surrealista para tomarles la trascendental instantánea: Tan gráfico es su mundo de locuras vegetales, tanta realidad adquieren sus ornamentos barrocos de yeso, mármol y esmeralda, que de pronto Carpentier se nos aparece como un prodigioso meteur ·en scene, como un docto y genial decorador interior y exterior. La verdad que en Ecue-Yamba-O no se refiere
aún al camino de su propia reintegración en la patria, ni a sus
aventuras por encima del tiempo en busca de los mitos que revelándole el derrotero circular entre la selva y la civilización unirán las mitades de su personalidad creadora. Tal será el mensaje
de El rei~o de este mundo y Los pq,sos perdidos. Por el momento
recorrió la patria negra goloso de hallarle el sentido a las visiones
de su infancia, acumuladas y absorbidas, sin llegar a comprenderlas. Fotografió sus pesadillas, documentó sus presentimientos,
le dio orden y sentido a . sus simpatías; no se identificó con ese
mundo porque no era del todo suyo. Le tocaba íntimamente, hasta pudo comprometerle, pero no cambiarle en un sentido de salvación o perdición definitivas.

•
El reino de este mundo es una fabulosa novela de aventuras ba-

sada en episodios verídicos de la historia de Haití. El propósito
de Carpentier ,en este relato es demostrar que el mundo fantástico de la poesía maldita, dt la tradición gótica inglesa, del surrea• Cf. Literatura hispanoizmerican~, México, 1937, p. 175.

352

lismo negro -uso la palabra tanto en su sentido literal, como en
su sentido de literatura esotérica- · es una realidad en América.
En el prólogo declara Carpentier:
"Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Haití, al hallarme en contacto cotidiano con algo que
podríamos llamar lo real maravilloso. Pisaba yo una tierra donde
millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes
lic~ntrópicos de Mackandal, a punto de que esa. fe colectiva produjera un milagro el día de su ejecución. Conocía ya la historia
prodigiosa de Bouckman, el iniciado jamaiquino. Había estado
en la Ciudadela La Ferriere, obra sin antecedentes arquitectónicos, únicamente anunciada por las Prisiones Imaginarias del Piranese. Había respirado la atmósfera creada por Henri Christophe,
monarca de increíbles empeños, mucho más sorprendente que todos los reyes crueles inventados por los surrealistas, muy afectos
a tiranías imaginarias, aunque no padecidas. A cada paso hallaba
lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y
~igencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití,
smo patrimonio de la América ent_era, donde todavía no se ha
terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas
de hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente Y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la
Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa,
hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza
como la coronela Juana de Azurduy...
"Y es que, por la virginidad del paisaje, por la formación, por
la ontología, por la presencia fáustica del indio y del negro, por
la revelación que constituyó su reciente descubrimiento, por los
fecundos mestizajes que propició, América está muy lejos de ha-·
ber agotado su caudal de mitologías.

"Sin habérmelo propuesto de modo sistemático, el texto que sigue ha respondido a este orden de preocupaciones. En él se narra una sucesión de hechos extraordinarios, ocurridos en la isla
353

�de Santo Domingo, en determinada época que no alcanza el lapso
de una vida humana, dejándose que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles" (pp. 12-16).
El realismo mágico de Carpentier se afirma, entonces, en una
autenticidad que es, a la vez, ideológica y material. Esto que, a
primera vista, puede parecer inofensivo, encierra -como se verá más tarde en Los pasos perdidos -una profunda escisión en un
complejo cultural que ha comprometido hasta ahora a la expresión artística americana.
Carpentier escribe, como los cronistas españoles de la Conquista, para un público europeo. Le domina la obsesión de probar
a gentes que subsisten ya de la quinta esencia del artificio, que
en América existe un depósito activo de fuerzas mitológicas -a
veces dormidas bajo una capa de occidentalismo superficial- cuyo funcionamiento, en el terreno del arte, da realidad a todo un
sistema de símbolos que la cultura europea no concibe sino en un
plano estático, abstracto. Lo que en la tradición surrealista es caos
organizado, en su obra es un caos natural e irracional; el artificio
es realidad, lo exótico se convierte en primitivismo auténtico.
De la utopía europea le interesa a Carpentier particularmente
el pseudo-primitivismo romántico francés. Juzgado a la ligera, el
novelista cubano pudiera impresionar como un hombre culto, un
occidental atraído por lo exótico americano, un creador que, antes
de producir su fábula, procede a estudiarla con minuciosidad de arqueólogo. Desde este punto de vista, su obra pudiera aparecer como
una idealización del mundo mitológico americano. Las referencias a Atala y a Paul et Virginie son frecuentes en El reino de este
mundo y Los pasos perdidos. La idea básica de esta última novela
-el hombre corrompido por la supercivilización, que descubre en
la selva su verdadero ser y el idílico ambiente para crear su obra
maestra, que nace a una vida sana, pura, primitiva, cristalizando
su vitalidad creadora en el arte y en una pasión rústica y terrenalmente sensual- descrita así, superficialmente, podría identificarse como un rebrote del enciclopedismo romántico francés. Sus
354

lectores europeos -la Sitwell le ha llamado "uno de los más grandes escritores de nuestra época"- es posible que buscaran en sus
obras la gota de elíxir bárbaro que Montaigne y Voltaire gustaron
en La Araucana, siguiendo fascinados el proceso de un segundo
descubrimiento de América, de una América en que se preserva
y exalta la civilización mitológica para proveer de renovada sangre los restos exangües de una cultura hastiada de sí misma. Contra el artificio venenoso, he aquí el mito en carne y hueso. El
mensaje de Carpentier se reduciría a una admonición dirigida
contra los surrealistas: Dejad los trucos de salón, venid a vivir la
realidad delirante de la América mágica, venid a s~ergiros en
la nueva leyenda negra salvadora.
Todo esto queda corto, sin embargo, porque hay algo más que
considerar, algo de importancia fundamental: Carpentier pertenece, en cuerpo y alma, a este organismo mitológico en que funciona su obra literaria. Pronto dará testimonio de esta dependencia esencial de su genio creativo y de la aventura en que intenta
definir su concepción del arte y de la vida por encima de los límites del tiempo: ese testimonio y esa aventura constituyen la
médula de Los pasos perdidos. Carpentier no está solo en la empresa. El mismo año en que aparece El reino de este mundo se
publica en Buenos Aires Hombres de maíz de Miguel Angel Asturias. Ambos, Carpentier y Asturias, regresan desde Europa, una
Europa erudita e investigadora, al mundo totémico, mágico, barroco y tropical de ciertas zonas de América. Ambos estudiaron
la red mitológica en que iban a penetrar -no del todo despojados
de artificio y de retórica- para buscarse el alma en un activo
ritual nahualístico, aderezado con exorcismos y revoluciones. Ambos vienen con crujidos de pergaminos y diplomas a comprobar
la realidad de una visión entrevista en salas de conferencias francesas.
En el realismo mágico de Carpentier y Asturias no se encierra
idealización alguna de origen romántico: por el contrario, ese realismo vive de una constatación de hechos históricos que se tornan
leyendas en la imaginación del pueblo y actúan, luego, como mitos
355

�desde una subconsciencia colectiva. Este fondo etnológico y social de su creación artística la marca distintivamente y la diferencia del realismo mágico de un poeta como Jorge Carrera Andrade, por ejemplo, cuya poesía florece a ras de tierra sin tocar
las corrientes subterráneas del pasado americano. Más cerca de
la concepción de Carpentier y Asturias se halla el realismo afrocubano de Nicolás Guillén, aunque éste rehusa perderse en la
eternidad mitológica afirmado, como está, a un ritmo de modernas circunstancias que poco afectan al criterio trascendentalista
de aquéllos. La magia de Carpentier y Asturias puede ser genuina experiencia metafísica, es decir, compromiso personal no sólo
en el reino de éste sino también del otro mundo.
Sin el auto de fe anti-retórico del prólogo, El reino de este mundo podría considerarse como una pequeña obra maestra de literatura gótica, una floración surrealista cargada de elementos negros,
rica de ornamentación onírica, lujuriosa en su densidad vegetal
y en la sangrienta tonalidad de su sensualismo. Pero, como se ha
dicho, cada personaje, cada episodio -la época, el ambiente, el paisaje-- todo posee una realidad histórica esencial. El arte -¿podría decirse el truco?- consiste en la disposición de los elementos
y en el enfoque con que ellos son presentados al lector. Así por
ejemplo, de la escena inicial nos queda la imagen de un escaparate de peluquería donde se exhiben cabezas de cera rizadas y
de una vidriera adjunta donde un carnicero expone cabezas de animales degollados. En una escena pletórica de sugerencias el novelista destaca deliberadamente esas cabezas y logra el efecto de extravagancia deseado. Seleccionando los episodios, presentando a
sus personajes -Mackandal, Ouckman, Henri Christophe, Paulina
Bonaparte-- en un momento culminante de sus increíbles aventuras~ ordenando_los objetos y el paisaje desde un ángulo que agudiza
la mcongruenc1a y el absurdo poético, la historia adquiere en manos de Carpentier un aire de locura, un frenesí de pesadillesco movimiento, una riqueza de asociaciones que tan pronto tocan a los
sentidos como al intelecto.
El mundo de violencia, de tiranía sangrienta, de violaciones, ase356

sinatos, que es la isla descrita por Carpentier, emerge esquemático,
directo, alucinante. Vive en un lenguaje de símbolos tan vibrantes, aún en su escueta dureza y en la suspensión del tiempo en que
el autor los fija a través de luces y sombras, que el relato se desprende espontáneamente de la historia y nos queda mirando con
todas las caras de su múltiple realidad. Tal acto de simbolismo en
el corazón de la historia de América no tiene, que yo sepa, sino un
antecedente: El matadero de Esteban Echevarría y, tal vez, un
paralelo: El señor Presidente de Asturias.

•
Los pasos perdidos es la más alta expresión de lo que tradicionalmente se ha llamado la novela artística en Hispanoamérica. La
corriente preciosista del modernismo con su búsqueda de lo exótico
Y fantástico, la reactualización del indigenismo americano en su
complejo acoplamiento con el espíritu español renacentista, ideas
Y formas de literatura que sobreviven al romanticismo y a la tradición dariana, se armonizan en la obra de Carpentier y, cobrando la luminosidad de una alegoría vaciada en perfecto marco estético, adquieren también la hondura y la trascendencia de una
aventura del espíritu que atañe directamente al hombre contemporáneo.
El héroe de Carpentier es un hombre consumido en el vacío
espiritual y la espantosa presión que genera la decadencia del mundo moderno. Su rutina consiste en mantener la eficiencia de la
angustia, en dar sólida respetabilidad al cinismo, en embellecer
la mentira y la simulación, en coronar la podredumbre colectiva
e individual con un halo de serena superioridad burguesa. En el
fondo, los hilos que sostienen su representación están a punto de
cortarse, la angustia es ya desesperación, el vacío es casi locura.
Postergando el desenlace va de la cama de su esposa a la cama
de su querida deteniéndose en el trayecto para reponer fuerzas en
~ bar. Su esposa desempeña a conciencia el papel de la ruina
disfrazada de próspera respetabilidad. Durante la semana actúa
357

�como actriz principal de un drama cuya acción sucede en el sur
de los Estados Unidos. El domingo celebra el rito sexual con su
esposo. La querida, dedicada a la astrología y otras ciencias afines,
es la exquisita simuladora del espíritu y sostiene el calor sensual
de su cuerpo con arreglos de luces, música, cuadros y varios aspectos de decoración interior.
A punto de sucumbir definitivamente, el héroe parte a un lugar
de las selvas americanas -el Orinoco, según la explicación del
epílogo de la historia- con el propósito de descubrir unos instrumentos musicales primitivos que le servirán para probar su tesis
sobre el origen de la música. Le acompaña su querida. Primero la
ciudad hispanoamericana, donde presencian una sangrienta revolución, y luego la selva actúan como un ácido que al entrar en contacto con la humanidad cansada de la pareja produce una reacción súbita. Se acentúa la "muerte en vida de ella": sin el decorado interior, expuesta a la luz implacable del trópico, se deshace como maniquí de cera, se sueltan los nudos de su carne, se
afloja la sensualidad y acaba, arrastrándose, impotente, consumida por la fiebre palúdica, rechazada por el hombre y por la
mujer -asedia también a la campesina con la tentación de la
lujuria- oúscando refugio en la guarida original de sus barrios
existencialistas.
El hombre, en cambio, rompe la campana de vacío que le apresa en la decadencia y emerge al mundo que llevaba ancestralmente pulsando en su sangre. He aquí el camino de su salvación.
Enmurallado entre dos culturas -una que va en la sangre y otra
en los libros-, enmudecido por años de simulación y honorable
inconsciencia en medio de una fosa común donde sólo el instinto
le guardó con vida, comienza a reconocer paulatinamente su lugar
de origen, a comprender su razón de vida, a buscar la final reintegración. Fúgase de la indecente esterilidad del artista nativo
pegado a una cultura extranjera como caracol que absorbe la coloración de máscara de las disonancias y abstracciones, resuelto a
parodiar una decadencia que le queda grande. Descubre, en cambio, entre sombras primitivas, la expresión de harpistas, flautistas
358

y bongoceros que le abren la huella hacia una zona del mundo
americano donde ha de captar la verídica imagen de sí mismo,
transfigurada en los espejos de la selva.
Refiriéndose a su propia obra en una entrevista con Salvador
Bueno, Carpentier ha dicho:
"En ese libro el argumento sólo tiene una función de elemento
estructural, de factor de unidad. En Los pasos perdidos domina
una idea: la de una evasión posible en el tiempo.
"Ante mis preguntas - añade Bueno-- aclaraba Carpentier:
"En dicha novela una crisis de conciencia, padecida por el persona je central que habla en primera persona, le hace encontrar
un modo de evasión que le conduce más allá de todo lo imaginable.
"Y a ¿ dónde conduce esa evasión? -le pregunté.
"Una vez hallada la suprema independencia ante el Tiempo,
ante la Epoca, el protagonista habrá de hallar, dentro de la misma
lograda evasión, las razones que le harán desandar lo andado, regresando al punto de partida". 5
Y en una carta dirigida al mismo crítico cubano, Carpentier
puntualiza aún más:
"Todo esto responde a mi preocupación actual por universalizar el escenario americano, por abrirlo, ampliarlo, extenderlo.. .
Ahora hay que orientarse hacia un concepto más ecuménico de lo
americano" (!bid., pp. 178-179).
Su peregrinaje en la selva es extraña parábola. Como en la
famosa novela de José Eustasio Rivera, La vorági.ne 6, el descubrimiento de la selva se realiza en un viaje del héroe, hombre de
la ciudad, que camina apremiado por intensas emociones de índole sensual y estética, hacia una meta líricamente presentida.
' Citado por Bueno, op. cit. p. 17 3.
1
Carpentier -por intermedio de su personaje central- hace una curiosa referencia
a una "novela sudamericana" que muy bien pudiera ser La vorágine de Rivera:
"Tengo en mi maleta una novela famosa, de un escritor suramericano, en que se precisan los nombres de animales, de árboles, refiriéndose leyendas indígenas, sucedidos antiguos, y todo lo necesario para dar un giro de veracidad a mi relato". (Los pasos perdidos,
p. 293).

359

�Arturo Cova y el héroe anónimo de Carpentier son fugitivos de
una decadencia; ambos llevan, como una categoría kantiana, la
concepción artística en blanco para encajar en ella el mundo primitivo que desconocen pero que les arrastra con un poder sobrenatural. Ambos se acompañan de una mujer que representa lo
que, subconscientemente, anhelan destruír. Las mujeres y ellos
revelan su índole más secreta en el contacto con la presencia mitológica de la naturaleza y con seres de brutal fascinación que la
selva usa diabólicamente para perderles. Mas, no ha de confundirse el móvil fundamental de una y otra obra. La selva de Rivera
está vista a través del vocabulario preciosista del modernismo romántico y de la conciencia social surgida en la crisis del capitalismo que siguió a la primera guerra europea. La selva de Carpentier, sin constituir una idealización literaria, como la de Hudson,
por ejemplo, es un mundo mitológico interpretado por encima
de la historia y descrito en un lenguaje pleno de símbolos de ascendencia surrealista pero de base concreta, contemporánea, autóctona. Ambos novelistas, el colombiano y el cubano, expresan
la mitología tropical americana, en el mismo sentido en que la
expresan también Miguel Angel Asturias y E ugene O 'N eill -éste en su drama The Emperor Jones-; pero la raíz románticosocial de Rivera se convierte en raíz romántico-esteticista en la
obra de Carpentier.
En Los pasos perdidos el héroe marcha con un Adelantado, un
fraile y una mujer, como el colonizador español de antaño. Al
igual que en la Conquista, hay quien busca el oro, quién la Fuente de la Juventud, quien funda misiones y quien las puebla. Pero
también va con ellos un griego que lee La Odisea. La verdad es
que, mientras en un plano la expedición repite la hazaña de la
Conquista -en pleno siglo XX- y descubre el secreto de la cópula fabulosa de dos culturas, en otro plano, de más honda proyección, el héroe duplica la aventura de Ulises y la visión de cada soñador que buscara en nuestro continente la Tierra Prometida, llámese El Dorado, La ciudad de los Césares, Cíbola o Santa Mónica de los Venados. Encuentra él la fuente de la felicidad,

pero, bajo el implacable ojo de Dios, la abandona, creyendo q~e
ha de regresar, sin advertir que abandonándola, aunque sea ehmeramente ha renunciado a ella, pues ella no puede durar sino el
instante milagroso de la posesión.
Las dos aventuras nos apasionan. Participamos en la fundación de la ciudad en la selva, quisiéramos quedamos con el héroe
y establecer nuestro rancho en la aldea que crece poco a poco,
querríamos advertirle su error cuando sube al avión de l_os exploradores que vienen a rescatarle. Más tarde --cuando al igual que
el héroe de Lost H orizons, la famosa novela de James Hiltonlucha por regresar, merodea por los caminos de la selva, a lo largo de las corrientes del Orinoco, arriesgándolo todo por encontrar
el paso secreto en la maraña y el sendero que ha de llevarle a la
ciudad escondida, nos conmueve el fervor dramático de su hazaña
y sufrimos con él los efectos de la tremenda decepción.
En otro plano, el de la aventura espiritual, Carpentier también
procede con genuina emoción y acabado arte. El proceso del
descubrimiento del mundo que lleva en su ancestro es auténtico
en toda su complejidad. El lenguaje es el primer obstáculo grave. Las páginas iniciales de su relato, escritas en un idioma en
que los ornamentos verbales no consiguen ocultar un cierto balbuceo gramatical, contienen frases como éstas:
"Supe que allí vivía el nuevo Presidente de la República y que,
por muy pocos días, me había faltado de asistir a los festejos populares ... " (p. 52).
"Mouche se antojó de un hipocambo" (p. 54).
"No quedaba una revista, una novela policíaca, una lectura distrayente... " (p. 68 ) .
"Quien hubiera abierto una puerta, de súbito, habría promovido fugas de insectos todavía inhábiles en correr sobre maderas"
(p. 70).
El mismo Carpentier constata sus momentos de extravagancia
sintáctica: "He aquí, pues, el idioma que hablé en mi infancia;
el idioma en que aprendí a leer y a solfear; el idioma enmohecido

360
361

�en mi mente por el poco uso, dejado de lado como herramienta
inútil, en país donde de poco pudiera servirme" (p. 53).
Muy luego, sin embargo, la gramática y sus pequeñas trampas
desaparecen como barca vieja en la tumultuosa corriente del barroco americano y dejamos de notar las incongruencias y los errores, no nos damos cuenta ya cuando un vocablo es inventado, traducido del francés o desenterrado de las arcas espléndidas del
español clásico. El idioma de Carpentier se levanta como una
catedral en la selva, se asienta o vuela, se ilumina o se ensombrece,
se enjoya hasta cegarnos, se retuerce o se estiliza, resuena en infinitas cadencias, estalla en colores, o se afirma en pátina de pintura antigua. Es, al fin, instrumento mágico.
Mariano Picón Salas, impresionado por el lenguaje de El reino
de este mundo, ha dicho:
"Sólo con algunos de los mejores esperpentos de Valle Inclán
se podría comparar en la prosa hispánica de nuestro tiempo el
casi escorzado estilo plástico en que está escrito. Un estilo que a
fuerza de maestría da alternativamente no sólo el color o las medias tintas, sino hasta ofrece -cuando es necesario- ese lujo de
los maestros que se llama el garabato. Un estilo que cuando lo
necesita, puede formar su propia perfección".7
No es el idioma de Carpentier una acumulación de sonidos soplados en cuerno sonoro y hueco, al modo del preciosismo verbal
de comienzos de siglo que se ha denominado tradicionalmente tropi.calismo. Lo " tropical" en el lenguaje es como un crecimiento
vegetativo que aparece en la superficie de las palabras: una mancha
de hongos, o una apretada formación de corolas de pasajera estabilidad; es una impostación de la voz y una traducción del gesto
en vocablos. En la obra de Carpentier no observamos esta invasión
vegetal en la estructura del lenguaje. El frenesí de sus extensas y
minuciosas descripciones es racional; en el fondo, encierra un dominio de la exaltación; es, en una palabra, estilo.
No es difícil notar en su obra concomitancias de peso con la
• Citado por Bueno, pp. 169-170.

362

obra de otro eminente escritor barroco: Miguel Angel Asturias.
Carpentier parece seguir a Asturias cuando intenta sugerir la
transición de un ser desde su condición humana a su condición de
mito. Por ejemplo, dice Carpentier en Los Pasos perdidos:
"Ya aparecían junto al hogar, llamados por Montsalvatje, los
curanderos que cerraban heridas recitando el ensalmo de Bogotá,
la Reina gigante Cicañocohora, los hombres anfibios que iban a
dormir al fondo de los lagos, y los que se alimentaban con el solo
olor de las flores. Ya aceptábamos a los Perrillos Carbunclos que
llevaban una piedra resplandeciente entre los ojos, a la hidra
vista por la gente de Federmann, a la Piedra Bezar, de prodigiosas
virtudes, hallada en las entrañas de los venados, a los tatunachas,
bajo cuyas orejas podían cobijarse hasta cinco personas, o aquellos otros salvajes que tenían las piernas rematadas por pezuñas
de avestruz ... "
"Las Amawnas habían existido: eran las mujeres de los varones muertos por los caribes, en su misteriosa migración hacia el
Imperio del Maíz. De la selva en los Mayas surgían escalinatas,
atracaderos, monumentos, templos llenos de pinturas portentosas,
que representaban ritos de sacerdotes-peces y de sacerdotes-langostas ... " (pp. 174-175).
Este lenguaje en que se evidencia la intención de trascendentalizar por medio de palabras símbolos es común en cierta zona
de la novela hispanoamericana contemporánea: lo emplean Agustín Yáñez, Manuel Rojas, Eduardo Mallea, entre otros; escritores afanados en crear síntesis poderosas y profundas, amalgamas
de hombres y ambientes, de visiones que superan lo circunstancial
y cotidiano. En esta ambición lingüística -a menudo desorbitada, no pocas veces grandilocuente, o pesada o árida, siempre difícil- no ha de verse un signo de lo que suele llamarse "tropicalismo" con obvio desdén. Si "tropicalismo" es desatarse, el estilo
a que me refiero es unificador; si "tropicalismo" es cubrir el vacío con densa parodia de frenesí lírico, el estilo de Carpentier,
Asturias y los otros novelistas nombrados, es desnudar la honda
veta espiritual para definirla en una rígida estructura poética.
363

�No obstante, la palabra "tropiéalismo" bien entendida debiera
ser en este caso tan válida como la palabra "barroco", al menos
en cuanto se refiere al estilo de Carpentier y Asturias. Pues la
savia con que crean sus obras el cubano y el guatemalteco es autóctona. Su estilo, en verdad neobarroco, representa la adaptación de una forma artística europea a la idiosincracia nativa de
América, para ser más exactos, de una América tropical. Acaso
se hace indispensable intentar una redefinición de lo tropical y
a la luz de la obra literaria de Carpentier y Asturias reivindicar
ese concepto rescatándolo del venenoso aire en que flota actualmente para conferirle una significación positiva, digna y trascendente.
Quienes hablan de "tropicalismo" político para referirse a las
revoluciones en miniatura tan características de Centro América,
en realidad se refieren a un tipo de irresponsabilidad individual y
colectiva que no es ajena al resto del mundo hispánico; así como
quienes hablan de "tropicalismo" cuando aluden a una sensualidad fácil y pueril, o cuando censuran una exuberancia en las costumbres, en el modo de vestir, o de hablar, una falta de reserva,
un entusiasmo inconsecuente, en verdad parecen disfrazar el temor de reconocer una actitud mestiza en los llamados pueblos
"blancos" de Sudamérica cargándosela a quienes la llevan accidentalmente más a flor de piel.
Consideremos como legítimo el uso del vocablo tropical para
designar la variedad del barroco que constituye el estilo de Carpentier. Tropicalismo en su obra -como en la de Asturias- sería el nombre para una expresión artística en que el fondo mágico de las culturas primitivas de América se funde con la belleza formal de la tradición barroca europea en un espléndido intento de interpretar el espíritu y la realidad ambiente del hombre del Caribe y de la América Central en la época contemporánea.
Ningún otro estilo sirve para tamaña empresa: ni las viejas
normas costumbristas, ni el seco y rudo regionalismo, ni el impresionismo modernista. Se · necesita un instrumento para crear mitos o para rescatarlos del pasado pre-colombino, para hacer vi364

vir al hombre y al paisaje en la unidad esencial que exige la
creación artística moderna, para llevar la voz de la América indígena al intelectualismo cansado de la Europa-de hoy. Eso mismo que hace a Carpentier "extraño", y a Asturias "difícil" en la
literatura hispanoamericana, eso que les distancia de la crítica
oficial, es precisamente aquello que les comunica con lo más genuino en el pensamiento estético de proyección universal. No de
otro modo pueden interpretarse los elogios de Paul Valéry sobre
las Leyendas de Guatemala de Asturias y los de Edith Sitwell
acerca de las novelas de Carpentier.
En el plano lingüístico Carpentier despierta misteriosas resonancias que pronto invaden el mundo de las sensaciones y del intelecto. De las palabras suéltanse substancias que tocan al héroe
y le alteran. A medida que se interna en la selva va perdiendo un
alma y le va saliendo otra; como culebra que cambia la piel. Le
vemos avanzar por las Tierras del Caballo:
"Al penetrar en un pueblo donde mucho se habla de coleadas
y manganas, advertí que habíamos llegado a las Tierras del Caballo.
Era, ante todo, ese olor a pista de circo? a sudor de ijares, que
por tanto tiempo anduvo por el mundo, pregonando la cultura
con el relincho. Era ese martilleo de sonido mate que me anunció la proximidad del herrero, aún atareado sobre sus yunques y
fuelles, pintado en sombra, con su mandil de cuero, ante las llamas de la fragua. Era el bullir de la herradura al rojo apagada
en el agua fría, y la canción que ritmaba la hincada del corcel
con zapatos nuevos, aún temeroso de resbalar sobre la,s piedras,
y los encabritamientos y resabios, logrados a brida, ante la joven
asomada a su ventana, luciendo una cinta en el pelo. Con el caballo había reaparecido la talabartería, perfumada de cueros, fresca de cordobanes, con sus operarios atareados bajo colgaduras de
cinchas, estribos vaqueros, arciones de guadamecí y cabezad_as para domingos con tachuelas de plata en la frontolera. En las Tierras del Caballo parecía que el hombre Juera más hombre. Volvía a ser dueño de técnicas milenarias que ponían sus manos en
trato -directo con el hierro y el pellejo, le enseñaban ,las artes de
365

�la doma y la monta, desarrollando destrezas físicas de qué alardear en días de fiesta, frente a las mujeres admiradas de quien
tanto sabía apretar con las piernas, de quien tanto sabía hacer
con los brazos. Renacían los juegos machos de amansar al garañón relinchante y colear y derribar al toro, la bestia solar, haciendo rodar su arrogancia por el polvo. Una misteriosa solidaridad
se establecía entre el animal de testículos bien colgados, que penetraba sus hembras más hondamente que ningún otro, y el hombre, que tenía por símbolo de universal coraje aquello que los escultores de estatuas ecuestres tenían que modelar y fundir en bronce, o tallar en mármol, para que el corcel de buen ver respondiera por el héroe sobre él montado, dando buena sombra a los
enamorados que se daban cita en los parques municipales. Gran
reunión de hombres había en las casas de muchos caballos cabeceando en los soportales; pero donde un solo caballo aguardaba
en la noche, medio oculto entre las malezas, debía el amo haberse
quitado las espuelas para entrar más quedo en la casa donde le
aguardaba una sombra. Me resultaba interesante observar ahora
que, luego de haber sido la máxima fortuna del hombre en Europa, su máquina de guerra, su vehículo, su mensajero, el pedestal
de sus próceres, el adorno de sus metopas y arcos de triunfo, el
caballo alargaba en América su grande historia, pues sólo en el
Nuevo Mundo seguía ·desempeñando cabalmente y en enorme escala sus oficios seculares" ( pp. 139-141 ) .
Vemos cómo el héroe invade las Tierras del Perro (pp. 147148) ; presenciamos con algo de estupefacción la lenta y penetrante atadura de dos mundos -ahora, no el español y el indio del
siglo XV, sino el europeo y el nativo del siglo XX- cruzados
ambos por signos mágicos y cabalísticos: a veces científicos, psicológicos y filosóficos, a veces religiosos y sexuales. Uno de ellos,
el de la decadencia europea, persigue al otro con voracidad sensual. Le ha descubierto a la distancia, le imita poniéndose sus máscaras ritualísticas sobre sus facciones de ser rubio y diurno. En
instantes de paroxismo estético le ha dedicado un culto mezclando
con extravagancia el oriente y el occidente, la magia, la supers366

tición y la máquina teatral. De ese culto quedan máscaras negroides colgadas en departamentos de lujo a las orillas del Sena•
quedan cerámicas, cueros, maderas y ópalos en tiendas de moda'
quedan acordes de piano, soplidos de saxofón y exabruptos d~
tambores en pequeñas boites tenebrosas.

Los pasos perdidos conducen al héroe de Carpentier a descub~ir la verdad detrás de esta parodia y en sus palabras recobra
vida aquello que feneció en hábiles pero· artificiales conatos de
arte primitivo y en aproximaciones automáticas del surrealismo.
Lo _q~e pudo ser un cuadro surrealista colgado en una exposición
parisiense, es aquí un paisaje de intachable realidad:
"Cumplido el propósito, con magistral manejo del timón y una
que otra peña sorteada a la pértiga, me hallé aquel mediodía en
una prodigiosa ciudad en ruinas. Eran largas calles desiertas de
casas deshabitadas, con las puertas podridas, reducidas a las j~mbas o al cabestril_lo, _cuyos tejados musgosos se hundían a veces por
el mero ~entro, s1gmendo la rotura de una viga maestra, roída por
los comeJenes, ennegrecida de escarzos. Quedaba la columnata de
u~ soportal car~ando con los restos de una cornisa rota por las
raices d~ una higuera. Había escaleras sin principio ni fin, como
suspendidas en el vacío y balcones ajemizados, colgados de un
marco de ventana abierto sobre el cielo. Las matas de campanas
blancas ponían ligereza de cortinas en la vastedad de los salones
que aún conservaban sus baldosas rajadas, y eran oros viejos de
aromos, encarnado de flores de Pascuas en los rincones oscuros
Y cact~s de brazos en candelero que temblaban en los corredores:
e~ _el eJe de las corrientes de aire, como alzados por manos de inV1S1ble~ servidores. Había hongos en los umbrales y cardones en
l~s chimeneas. Los árboles trepaban a lo largo de los paredones
~mc~ndo garfios en las hendeduras de la mampostería, y de un~
igleSia quemada quedaban algunos contrafuertes y archivoltas y
u~, arco monumental, presto a desplomarse, en cuyo tímpano divis~banse aún, en borroso relieve, las figuras de un concierto celestial, con ángeles que tocaban el bajón, la tiorba, el órgano de
tecla, la viola y las maracas. Esto último me dejó tan admirado
367

�que quise regresar al barco en busca de lápiz y papel, para revelar al Curador, por medio de algunos croquis, esta rara referencia organográfica. Pero en ese instante sonaron tambores y agudas flautas y varios diablos aparecieron en una esquina de la
plaza, dirigiéndose a una mísera Iglesia, de yeso y ladrillo, situada
frente a la catedral incendiada" (pp. 141-142).
·
En Francia se ha soñado una América y un Africa surrealistas,
como Chateaubriand soñó una América romántica. La Atala coronada de plumas y quetzales ha tenido su contraparte en una
Atala nocturnal, totémica, cuajada en diamantes o seca en planicies de sol mexicano, abierta y herida por el cúmulo de símbolos fálicos que los poetas-etnólogos le disparan en medio de apasionados trances. Carpentier reconoce la engañosa dualidad, y
por intermedio de un personaje, alude a ese veneno de la pueril
idealización, o del símbolo superimpuesto que pudiera desvirtuar
la autenticidad de la aventura del héroe. Porque este héroe, aunque movido aparentemente por una vieja utopía romántica, aunque en momentos de laxitud sexual confunda el claro de la selva
con la selva misma y crea ver en la mujer que le sigue, le cocina,
le refocila y le ampara, una especie de alegoría telúrica, algo así
como un tambor de guerra de espaldas-, pronto es sacudido por
el impacto de las realidades elementales. Tan pronto se aleja de
la ciudad escondida, su Atala se acopla con otro colono, pues,
según lo expresa el griego de la novela :
"Ella no Penélope. Mujer joven, fuerte, hermosa, necesita marido. Ella no Penélope. Naturaleza mujer aquí necesita varón ... "
(p. 331).
Los camiQos a la ciudad escondida se cierran y cuando vuelvan
a abrirse a nada conducen, pues el héroe, aunque vence al tiempo, no descubre el secreto de su propia liberación interior, sino
recursos exteriores, avances, señales, ayudas de inconclusa índole.
Descubre, sí, el camino de un resignado regreso al viejo mundo.

•

Como ya se ha dicho, con el título de Guerra del tiempo Carpentier ha reunido en 1958 tres relatos breves -El camino de
Santiago, Viaje a la Semilla y Semejante a la noche- y su
novela corta: El acoso. 8 Carpentier experimenta en estas obras
con una idea que parece haberle obsesionado largamente: la de
romper los márgenes artificialmente sólidos del tiempo y de integrar el pasado, el presente y el porvenir en una duración, a la
vez, estable y voluble, cuyo eje puede ser una persona, un acontecimiento o una vida íntegra. Que esta idea no es del todo original, no hace falta decir; antecedentes de Carpentier son a este
respecto: la comedia romántica de John Balderston, Berkeley
Square, y la novela lírica de Virginia Wolf, Orlando. Como al
golpe del dedo cambian los planos de un kaleidoscopio, las historias de Carpentier van situándose caprichosamente más allá de
las unidades convencionales del tiempo hasta establecer en su movilidad, a través de "años" y aún de "siglos", un armonioso fluir
en que se identifica con alucinante claridad la raíz del destino
humano.
Un instante supremo de crisis en Semejante a la noche fija la
suerte del hombre ante la inminencia de la guerra y la voluntad
de vivir. El soldado griego que observa la carga del barco en que
partirá a Troya y acercándose al pueblo para despedirse de sus padres se convierte, sin transición, en Adelantado que marcha a
América y, durante su entrevista con la novia, se transforma en colono que emigra hacia el Golfo de México, para -concluir nuevamente como soldado griego en la caída moral y la vergüenza de -la
impotencia, ese soldado es el hombre, desde el comienzo de la
historia, en trance de muerte, carcomido por el ácido que, debajo de la aventura heroica, va pelando, capa tras capa, la soledad, el
vacío, la derrota y el cinismo trágico de quienes le manejan en la
sombra y se aprestan a cortar los hilos que le suspenden en el abismo.
1

"El camino de Santiago" se basa en una frase tomada del libro de Carpentier La música en Cuba: "En 1557 La Habana no contaba con más músico que un Juan de Amberes que tocaba el tambor cuando había un navío a la vista . . ."
"Viaje a la semilla" se public6 previamente en La Habana en 1944 y fue incluído en la
Antologia del cuento cubano de S. Bueno.

368
369

�El peregrino que va a Santiago de Compostela -El camino de
Santiago- es un hombre que vive, en la experiencia de un semejante, aquello que debió experimentar él mismo más tarde. Lo
que ha de suceder después está ya vivido en éste y otros relatos
de Carpentier. He aquí la intriga básica y el sorprendente efecto
de su fabular. Luchando contra el tiempo, ingeniándose para desarmarlo como reloj, pieza a pieza, y rearmarlo como un reloj que
marcha al revés o da saltos de siglos, en Viaj.e a la semilla Carpentier cuenta la vida de su personaje al revés. Parte de una casa
que desmantelan y, como en una película cuya acción retrocede
gracias a un truco del proyector, la casa se reconstruye, vuelve
el héroe a habitaría, se rejuvenece, alcanza una vez más la adolescencia, la infancia, se ve junto a su ·madre, luego penetra en
ella, se instala en su vientre y termina en la obscuridad uterina
reintegrado a la semilla original.
El acoso es una síntesis de estos experimentos con la noción del
tiempo y una aplicación perfecta de las teorías de Carpentier a
la técnica de la narración literaria. No conozco en la literatura
americana una demostración tan maestra de virtuosismo técnico
como la que ofrece el cubano en esta extraña novela. El equilibrio entre los diversos episodios que se van acumulando como una
carga dramática en tomo a los personajes es el resultado de una
tensión que Carpentier mantiene hasta el último instante de la
historia. Todo en este drama del terrorista acosado por sus verdugos parece depender de una voluntad diabólica que va dejando
caer los minutos como granos de un reloj de arena y con cada uno
aproxima la ejecución fatídica. Los episodios, las palabras, los
gestos, van buscando el lugar que les corresponde en el puzzle hasta que, al integrarse en la imagen final, se ha producido el desenlace y la historia entera se ilumina en toda su genial complejidad.
El substrato ético del drama está, como en las alegorías de Kafka,
acumulado en la atmósfera del relato, intenso como un presentimiento o como un eco de algo que aún está por decirse. Nada
tiene sentido por sí mismo -ni aun en la perfección clásica del
detalle -sino en la concatenación última y total donde los signi370

ficados ocultos se definen, donde el tiempo -detenido un instante, mejor dicho 46 minutos, duración de la Sinfonía Heroica de
Beethoven, durante cuya ejecución ocurre el drama- reasume su
marcha circular, incitándonos a recomenzar la lectura de la historia, asimilándonos nosotros mismos a ese transcurrir que refleja el paso de la vida.
El esquema del relato -si lo organizamos cronológicamente y
en abstracto-- es de una sencillez engañosa: se inicia la Sinfonía
Heroica de Beethoven en una sala de conciertos; llega un individuo a la carrera, echa un billete entre las rejas de la taquilla, y
entra al teatro; dos hombres le siguen, y sin perderle de vista, se
instalan en una fila trasera. El boletero, que no logra identificar
a quien le ha dado ese billete sin esperar el cambio, sale durante
la ejecución de la Sinfonía en busca de una mujer. Esta le revela
que el billete es falso; regresa al teatro, escucha los últimos momentos del concierto. Termina la música. Aplausos. Sale el público.
Los dos hombres que llegaran atrasados se dirigen a un palco donde se esconde el del billete y le acribillan a balazos. Compare el
lector este esquema con la organización que le da a los hechos
Carpentier. ¡ La sorpresa será mayúscula! Carpentier narra la historia en un monólogo interior continuado de los dos personajes
centrales: el terrorista perseguido y el boletero de la sala de conciertos. Desde adentro de ellos va surgiendo la tela de araña en
que se mueven los asesinos, la vieja negra del Mirador, Estrella,
la prostituta, los revolucionarios, los espías. Un mundo de portentosa intensidad dramática emana del condenado a muerte, le sale como sangre, un hilillo primero, una mancha y el desborde postrero. Hechos verídicos de la historia moderna de Cuba -el complot del cementerio para asesinar a las autoridades, el fusilamiento del delator- se entrelazan con la crónica pesadillesca de los
terrores del acosado, con los pormenores de su encierro muriéndose
de hambre, y la fuga a través de las calles de la ciudad. Los mundos de ambos personajes centrales se tocan a cada instante en hechos de apariencia insignificante pero preñados de fatalismo, se
tocan hasta confundirse, pero no esencialmente, sino como dos
371

�•
círculos concéntricos que, flotando, se traspasan para separarse
luego.
.
En esta novela en que Carpentier -como O'Flaherty en The
Informer- revela en la crisis de un hombre, perseguido por la
jauría de terroristas que traicionó, la desnuda y brutal soledad
básica de la condición humana, culmina su genio de narrador. Su
obra anterior no supera a esta novela en perfección artística y emoción genuina. Las técnicas ~odernas del relato, el contrapunto, el
f lash-backJ el monólogo interior y la asociación libre de ideas, están
utilizadas con dominio admirable. Su tradicional exuberancia barroca viene medida y domeñada por un frío y calculador poder
de discernimiento estético. Nada falta aquí ni nada sobra. El lenguaje no se desprende de la obra como ornamentación postiza,
por el contrario, se ciñe a ella, se le junta y la integra como carne
al hueso, revela con dolor la médula y deja vibrando en su parquedad ecos que van a perseguirnos, insistentes, punzantes, como
el recuerdo del desamparo sangriento del acosado.

VIRGILIO EN MEXICO

Dr. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
1
AQUEL A QUIEN TEODORO HAECKER llamó padre de Occidente,
encarnación de Roma y aima naturalmente cristiana, vive en México desde su incorporación a la cultura occidental, cuando el
nombre y la poesía del Mantuano florece ya en los primeros colegios de enseñanza superior de los misioneros, y en los albores
mismos de la Imprenta y de la Universidad.
Don Manuel Toussaint soñó con la aventura de ir siguiendo, a
través de cuatro siglos, la presencia del Cantor de Eneas. Tal como otros consagraron sus empeños en rastrear las huellas de Horacio o de Ovidio en México, como en el caso de Gabriel Méndez
Plancarte, sin que olvidemos a Ovidio en su paso por las letras
españolas, de Antonio Alatorre; y, entre otras muestras, El Quijote en México de Julián Amo, San Juan de la Cruz en México
de Alfonso Méndez Plancarte, Manzoni en México de Federico
Escobedo.
De los clásicos latinos, ninguno como Horacio ha interesado al
espíritu mexicano. Quizá por su sentido del -equilibrio, por su "tono menor", por su incidencia en el tema de la muerte, o simplemente por el deslumbramiento de su arte bruñido y puro.
Ningún otro clásico latino, después de Horacio, ha interesado

373

�más a México como Virgilio. Habrá de adjudicarse a Ovidio el
tercer lugar.
Alguna vez pensé, escaso de tiempo y más de fuerza, evocar el
mensaje del Mantuano en labios mexicanos, Pero hoy, entre dudoso y resignado, confío a los afortunados este manojo de notas,
que indudablemente pueden duplicarse y multiplicarse, con el deseo de que el sueño de Toussaint disipe sus sombras: Virgilio en
México. Noble y ardua tarea de crítica y erudición que bien vale
por el cántico y por el eco.
Haecker ha didi"o: "Todo aquel que ha comenzado a amarlo,
nunca deja ese amor".

Acaso el trabajo más ingrato y sagaz de ese futuro ensayo sobre
Virgilio en México, consista en desentrañar, sin fáciles condescendencias de "fuentistas", tal como se ríe de ellos Dámaso Alonso,
las verdaderas reminiscencias y los influjos ciertos de la poesía
del Mantuano en la lírica de México.

2

He aquí un esquema provisional que señala las diversas vertientes de la inundación virgiliana :

De nuestros intérpretes de Virgilio, sólo José Rafael Larrañaga
lo ha vertido íntegramente. Aunque Beristáin, Manuel de Olaguíbel, Pimentel y Sosa elogiaron la obra en demasía, es en realidad
una versión mediocre en romance endecasílabo, "menos que mediana", a juicio de Menéndez y Pelayo; pero que tiene "el mérito
relativo", tal como puntualiza Gabriel Méndez Plancarte, de haber sido la primera versión completa de Virgilio hecha en México
y en América.
La Eneida y las Bucólicas han atraído más a los traductores que
las Geórgicas. Y, entre todos ellos, emergen Pagaza y Casasús como los mejores. Pero nadie aventaja a Francisco Xavier Alegre y
al cantor de los Murmurios de la selva, en el acercamiento al alma
virgiliana.
Sólo Góngora y el Mantuano han despertado, entre nosotros,
aquel donoso juego de ingenio y erudición a un tiempo, que fueron
los "centones". Por lo menos enumeramos siete reales, incluyendo la
versión latina de la Ilíada, de Alegre, cuyo defecto, si lo es, consiste en ser excesivamente virgiliana, "o más bien, llena de centones
de Virgilio" (M. y Pelayo). Habría que añadir el centón futurible
de Bruno Larrañaga que suscitó una violenta escaramuza entre el

posible autor y sus opositores; como para consignarse en breve
placa conmemorativa.

3

l. Traducción de Obras Completas: José Rafael Larrañaga.

II. Traducciones parciales de la Eneida:
Fermín de la Puente y Apezechea (Libro IV),
José María Roa Bárcena ( dos fragmentos del L. II),
Pagaza (Libros I, II, III, IV y VI).

111. Traducción de todas las Bucólicas: Casasús, Pagaza y Tirso
Sáenz.
IV. Traducción de algunas Bucólicas:
la. Agustín de Castro.
4a. José Sebastián Segura.
5a. Concha Urquiza.
8a. Diego José Abad, Ambrosio Ramírez (?), Alfredo
Placencia.
10a. Alegre.
V. Traducción de las Geórgicas:
De los cuatro libros, Pagaza.
De cinco pasajes, Roa Bárcena.
VI. Traductores cuya obra se desconoce: Pbro. Trejo; Pbro. Vi-

374
375

�cente Torija; Abad (gran parte de cada libro de la Eneida);
Femando de Córdova y Bocanegra.
VII. Traducción de poemas menores (apócrifos) :
el poema Hortulus, vertido por Francisco de P. Guzmán
y Vigil.

VIII. Imitadores en verso latino: Alegre, Landívar, Santa Cruz.
IX. Centones virgilianos:
Bernardo Ceinos de Río Frío,
José López Avilés,
Certamen de Zacatecas (con cuatro minúsculos centones),
Alegre ( en su Ilíada latina),
Bruno Larrañaga.
X. Estudios y ensayos sobre Virgilio, y sus traductores e imitadores.

XI. Poemas dedicados a Virgilio : (Pagaza, Blengio, Martínez
Dolz, etc.) .
XII. Menciones, reminiscencias, influjos. Especialmente en la
poesía.
XIII. Ediciones mexicanas de Virgilio.

Tradujo gran parte de cada libro de Eneida (Fabri); varias
églogas (Beristáin). Lo único ciertamente conocido es la versión
de la Bucólica VIII. De la cual existen dos lecciones: la de Alza te (Cfr. Joaquín Antonio Peñalosa. Diego José Abad, poeta castellano. San Luis Potosí, "Estilo", núm. 34. Abril-Junio, 1955, pp.
111-116 y 137-142); y la del MS. de Austin (Cfr. Joaquín Antonio Peñalosa. Dos poemas mexicanos del XVIII. "Estilo", núm. 43.
San Luis Potosí, Julio-Septiembre, 1957, p. 174).

2. Academia de Letrán.
"Salían a relucir en ella nombres· antiguos: Horado y Virgilio,
Herrera o Fray Luis" ( Carlos González Peña. Historia de la Literatura Mexicana. México, Eclit. Cultura y Polis. 1940, p. 154).

3. Alegre, Francisco Xavier ( 1729-1788) . .
Su hermosa égloga Nyssus, vertida al españ_ol por Pagaza,-- su
épica Alejandríada y su versión latina de la Ilíada homérica, son
obras de inspiración reconocidarnente virgiliana. Versión de la
Égloga X (Cfr. J. A. Peñalosa. Dos poemas mexicanos de XVIII,
ib., pp. 173-179).

4. Al~arez, José.
"Dante y Virgilio", en Ábside, XX-4, México, 1956, pp. 43437. (Artículo en que discute la afirmación de Aurelio Espinosa
Pólit: Virgilio es más cristiano que Dante). .

4

En orden alfabético transcribimos este medio centenar de fichas, siempre en fecunda posibilidad de aumento. Pero aún así,
en su esbozo y congelada brevedad de bibliografía, recogen el sonido de aquella dulce avena que cantó, bajo el almo Sol de Roma,
a los pastores, a los labriegos y a los caudillos y cuyos ecos vienen
resonando desde hace cuatro siglos, en este México de geórgicas
-"patria, tu superficie es el maíz"- y de eneidas no siempre felices.

l. Abad, Diego José (1727-1779).
376

5. Anónimo.
El conocido soneto del siglo XVI, Viene de España por el mar
salobre, vv. 7 y 8.

6. Balbuena, Bernardo de ( 1568-1627).
Según el propio autor, el Siglo de Oro en las Selvas de Erífile
es "una agradable y rigurosa imitación del estilo pastoril de Teócri~o, Virgilio y Sannazaro". (Véanse M. Menéndez y Pelayo,
Origenes de la novela. Buenos Aires, Ed. Glen., t. IV, p. 59; y
José Rojas Garcidueñas, Bernardo de Balbuena. La vida y la obra.
México, Instituto de investigaciones estéticas, U.N.A.M., 1958,
pp. 89-113).
377

�7. Blengio, Joaquín ( 1834-1901).
A Virgilio, soneto. Sonetos del Dr. Joaquín Blengio. México,
Oficina Tip. de la Secretaría de Fomento 1897, (p. 127).
8. Campos, Rubén M. ( 1876-1945).
Epígrafe de Virgilio en su poema A Gutiérrez Nájera, del libro
La Flauta de Pan.
9. Cardoso, Joaquín.
Virgilio, Pollión y Mecenas. Ensayo en "Homenaje de México
al poeta Virgilio, en el Segundo Milenario de su nacimiento".
México, 1931, pp. 457-486.
10. Casasús, Joaquín D. ( 1858-1916) .
"Las Bucólicas de Publio Virgilio Marón, traducidas por..."
México, 1903. En Musa antigua (2a. ed., México, 1911), tiene
pulcros poemas inspirados en palabras de los "príncipes de la Musa Latina: Virgilio, Horacio, Catulo, Ovidio, Tibulo" (pp. 71137).
11. Castro, Agustín de ( 1728-1 790) .
En exámetros castellanos tradujo la Égloga l. Sus obras quedaron inéditas en Italia y se consideran irreparablemente perdidas.
12. Ceinos de Río Frío, Dr. Bernardo.
Centonicum Virgilianum, México, 1688. Cantó en 300 exámetros del Mantuano, la Aparición de Guadalupe. "Amenísimo
poema... , Virgilio coronado de rosas americanas" (Eguiara) .
13. Certamen de Zacatecas por las nupcias de D. Luis I (Estatua de la Paz. México, 1727, ff. 73-80). Son cuatro minúsculos
centones virgilianos. (Cfr. Alfonso Méndez Plancarte, Poetas Novohispanos. Segundo Siglo, parte segunda. Biblioteca del Estudiante Universitario, núm. 54, U .N.A.M., México, 1945, p. XVIII).
14. Colegio de San Idelfonso (1583), de la Compañía de J esús.
En cuya imprenta, regenteada por Antonio Ricardo, se publicaron, entre otras obras de texto para uso de los alumnos, las Églogas
de Virgilio.

15. Córdoba y Bocanegra, Femando de (1565-1589).
"Sobresalía, ya a los catorce años, con espontáneas versiones de
Homero, Horacio y Virgilio" (Alfonso Méndez Plancarte, Poetas
Novohispanos. Primer siglo, ib., México, 1942, p. XXV).
16. Dávalos, Balbino ( 1866-1951 ) .
El ensayo Joaquín Arcadio Pag.aza. El hombre y el poeta, en Ábside, III-3. México, 1939, pp. 8-29. El ensayo La rima en la antigua
poesía clásica romana. (Discursos Académicos, A-femorias de la
Academia Mexicana de la Lengua. Tomo X. México, Edit. Jus,
1954, pp. 246-268). En el poemario Las Ofrendas, título del poema
lncipe parve puer (3a. ed., Madrid, Tip. de la Revista de Archivos,
1909, p. 131).
17. Delgado, Juan B. ( 1868-1929).
En varios poemas, especialmente en el libro Bajo el haya de
Títiro, 1920.
18. Díaz Mirón, Salvador ( 1853-1928).
Alusión a la "égloga virgiliana" en su poema Beatus ille. En
Oda mínima, recuerdo de la Égloga I, v. 60: "primero Jove y
en seguida el arte". El título de dos poemas: Date filia (Eneida,
VI, v. 883) y Venit Hesperus (Égloga X, v. 77).
19. Elguero, José (1856-1932).
Virgilio le inspira tres hermosos sonetos: Polión ( alusión a la ·
Égl~ga IV, interpretada en sentido mesiánico); Galatea (paráfrasis de la Égloga III, vv. 64-64) ; y Laocoonte ( inspirado en la
Eneida, Lib. II, v. 201 y sigs.). Los dos primeros sonetos en Algunos versos. Morelia. Tip. de Francisco Antúnez, 1906, pp. 22 y 23.
El tercero en Senilias poéticas. La Habana, 1920, p. 130.
20. Escobedo, Federico (Tamiro Miceneo) ( 1874-1949) .
Del huerto virgiliano, en su libro Flores del huerto clásico y joyas literarias desconocidas. Traducciones y comentarios. México,
E_dit. Lumen, 1932, pp. 28-42. La sombra de Virgilio, poema origmal y su traducción latina, Visio Virgiliana en el libro Aromas
de leyenda, Puebla, 1931, pp. 79-87; y en el folleto La sombra de
379

378

�Virgilio, "canto bilingüe latino y español". Teziutlán, Negociación Impresora, 1930. Poesías, Puebla, 1903 (reminiscencias en
las págs. 8 y 36). Geórgicas Mexicanas (Rusticatio Mexicana)
Versión Métrica . .. México, Secretaría de Educación Pública, 1925.
En torno a Landívar, folleto s.p.i., 1934.

21. Fernández de Lizardi, José Joaquín ( 1776-1827).
En el Periquillo Sarniento, ofrece traducido un texto brevísimo
de la Eneida (Ed. Ramón Sopena, Barcelona, p. 84).
22. Garibay K., Angel M. ( 1892).
Virgilio romántico. (Son 16 sonetos: "finas vetas románticas que
corren bajo la marmórea blancura del más puro de los clásicos
latinos") Ábside, II1-2. México, 1939, pp. 13-22.

23. González Martínez, Enrique ( 1871-1952).
De sus estudios latinos, confiesa: "Al terminar nuestro segundo año, leíamos a libro abierto. . . cualquier canto de la Eneida,
las Églogas y las Geórgicas del Mantuano"; pero "la dulzura virgiliana pasó siempre inadvertida para nosotros". . . ( El hombre
del buho. México, Cuadernos Americanos, 1944, pp. 57-59).
24. Gutiérrez Dávila, Julián (muerto en 1749).
En su Historia Mythologica, poema inédito que dio a conocer
Alfonso Méndez .Plancarte ( Ábside, V-5, México, 1941, pp. 306319), un recuerdo lejano de la Égloga IV: "De Cristo profetiza que
vendría ... "
25. Guzmán, Francisco de Paula (1844-1884).
El huertecillo. Poema atribuído a Virgilio. (En las Memorias
de la Academia Mexicana, tomo II. México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 1883, p. 356).
26. Herrasti, Francisco de P. ( 1879-1930).
"Virgilio: su mundo, su obra y sus ideas, con notas críticas sobre
los principales lugares disputados del texto de la Eneida". (En
Homenaje de México ... , loe. cit., pp. 11-330). Discurso (ib., pp.
331-62). Discurso (ib., pp. 363-84).
380

27. Homenaje de México al poeta Virgilio, en el Segundo Milenario de su nacimiento. México, 1931. Contiene:
El C. Presidente de la República y el homenaje de México a Virgilio, trabajos de Francisco de P. Herrastí, Alfonso Reyes, Mariano
Silva y Aceves, Pietro d'Argent, Joaquín Cardoso, Tirso Sáenz,
Félix Martínez Dolz.
28. Landívar, Rafael (1731-1793).
Rusticatio Mexicana: "uno de los más excelentes poemas que en
la latinidad moderna pueden encontrarse" (M. y Pelayo).
29. Larrañaga, Bruno (muerto en 1804).
Proyectó componer una M argileida; poema en elogio de Fray
Antonio Margil de Jesús, hecho con versos de Virgilio, por lo cual
se llamaría también Eneida Apostólica, que luego traduciría a verso castellano. El prospecto se publicó en 1788 o en 1789. Alzate
lo criticó en su Gaceta de literatura (25 de julio de 1789). Larrañaga se defendió en una "Apología por la Margileida y su prospecto" (México, 1789). Parece que las censuras de la Gaceta lograron impedir la realización del poema. (Antología del Centenario. la. parte, vol. 2o., México, 1910, pp. 852-53).
30. Larrañaga, Joseph Rafael.
"Traducción de las obras del Príncipe de los Poetas Latinos, P.
Virgilio Marón a verso castellano. Dividida en quatro tomos: Tomo l. Que contiene las Églogas y Geórgicas. Por D. Joseph Raphael Larrañaga. Con las licencias necesarias. En México, en la
oficina de los herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui. Calle de
S. Bernardo. Año de '1787". Los otros tres tomos contienen la traducción de la Eneida ( cuatro libros en cada tomo) ; el II y III, impresos en el mismo año de 1787, y el IV en 1788 y 89.
31. López Avilés, Pbro. Br. José.
Poeticum Viridarium, 1669 ( centón virgiliano).
32. López Velarde, Rafael (1888-1921).
"Una notable semejanza que presentan la estrofa inicial de la
Suave Patria con la estrofa inicial de la Eneida... : antiguo can381

�tor lírico que emprende un canto épico". . . (José Lui~. Mar!m.ez,
en su artículo "Examen de R.L.P.", en la revista El hz70 prodigo.
México, junio de 1946, pp. 135-36).
33. Martínez Dolz, Félix.
Dos poesías (a Virgilio). En Homenaje de México ... (ib., pp.

563-572).
34. Menéndez y Pelayo, Marcelino (1856-1912).
Lugares donde alude a traductores o imitadores mexicanos de
Virgilio. Se cita la "Edición Nacional de las Obras de M.M. _Y P.",
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madnd.
a) Historia de la Poesía Hispanoamericana, t. l. Madri,d, 1948,
Balbuena (p. 51); Río Frío (p. 65); Abad (p. 82); Jose Rafael
Larrañaga (pp. 92-93) ; Bruno Larrañaga (p. 94) ; Agustín de
Castro ( p. 8 7 ) , Landívar ( p. 180) .
b) Bibliografía Hispano-Latina Clásica. Madrid, 1952 José Rafael Lárrañaga (t. VIII, pp. 206 y 378; tomo IX, p. 207) ; Roa
Bárcena (t. VIII, p. 359; IX, pp. 147-49); Abad (IX, p. 25);
Balbuena (IX, 125-26); Blengio (IX, 175-76); Guzmán (IX,
177) ; Alegre ( IX, 179-181 ) , Segura ( IX, 225).
c) Biblioteca de Traductores Españoles. Madrid, 1952. Alegre (p. 64).
35. Nervo, Amado ( 1870-1919).
"Pasó los primeros años de su adolescencia. . . traduciendo a
Horacio y a Virgilio" (Perfecto Méndez Padilla).
36. Ochoa, Anastasio de ( 1783-1833).
"Docto en bailes, pero ignorante en letras, hasta el punto de
creer autor de la Eneida al Venusino" (Gabriel Méndez Plancarte
Horacio en México, México, Edit. U.N.A.M., 1956, p. 87). Véanse sus Poesías de un Mexicano, Nueva York, 1828, II, p. 117.
3 7. Othón, Manuel José ( 1858-1906) .
De Virgilio tiene "la afición al campo, el don de lágrimas Y
el profundo clamor humano que resuella bajo el campanilleo de

los versos" (Alfonso Reyes, Los poemas rústicos de M. José Othón.
Obras completas de M.J.O. Edición de Jesús Zavala. México,
Edit. Nueva Espafia, 1945, p. 1060). Virgilianos: el epígrafe de
Poemas Rústicos, tomado de la Égloga IX; la flauta que heredó
de Teócrito, en el poema A Clearco Meonio; "el haya de Títiro
florida", del poema Procul negotiis; los versos que estropea Don
Sixto en el cuento El Pastor Corydón son de la Égloga 11.
38. Pagaza, Joaquín Arcadio ( Clearco Meonio). ( 1839-1918).
a) Influjo virgiliano en varias poesías originales. Passim.
b) En Murmurios de la selva (México, 1883), versión parafrástica de las diez églogas (pp. 3- 78).
c) Algunas trovas últimas ( México, 1893) . Amplio fragmento del Libro IV de la Eneida (pp. 73-94).
d) Virgilio (Jalapa, 1907). Versión parafrástica de todas las
Geórgicas. Eneida: Libros I, 11, IV y VI. Nueva interpretación,
esta vez literal, de las Églogas II y IV.
e) Obras Completas de Publio Virgilio Marón, tomo I, Jalapa,
1913. Contiene la versión literal de las diez Églogas, de los cuatro
libros de las Geórgicas y de los tres primeros libros de la Eneida.
f) Epistolario de Joaquín Arcadio Pagaza (en prensa). Introducción, transcripción y notas de Joaquín Antonio Peñalosa.
39. Peña, Rafael Angel de la (1837-1906).
Discurso sobre la enseñanza de humanidades y especialmente
de la lengua latina (Memorias de la Academia Mexicana de la
Lengua, tomo IV. México, 1895, pp. 309-311 ) .
40. Placencia, Alfredo (1873-1930).
Versión de la Égloga VIII (fragmento). En Estilo, núm. 43,
San Luis Potosí, julio-septiembre de 1957, (pp. 169-172).
41. Puente y Apezechea, Ferrnín de la ( 1821-1875).
Versión del Libro IV de la Eneida.

382
383

H25

�1¡

42. Ramírez, Ambrosio ( 1856-1913).
En sus mss. hay un cuaderno dedicado a Virgilio; dos fragmentos de versiones 'inéditas y una versión de la Égloga VIII, sin fecha ni firma, publicada en el periódico El aldeano, de Saltillo,
bajo la dirección del Pbro. Marcelino T. Guzmán. Me inclino
a creer que la versión es de Ramírez. (Cfr. J. A. Peñalosa, Ambrosio Ramírez, traductor de H oracio. San Luis Potosí. Universidad Autónoma Potosina, 1954, p. 39).
43. Reyes, Alfonso (1889-1959).
"Discurso por Virgilio" (en Homenaje a Virgilio ... , loe. cit.,
pp. 385-41 O) . Véanse algunos de sus ·poemas del libro Huellas
--de su "edad pastoral"- "con sus lamentaciones bucólicas que
recuerdan a Virgilio y a André Chénier" (Antonio Castro Leal,
La poesía mexicana moderna, en Memorias de la Academia mexicana de la lengua, tomo XIV. México. Edit. Jus, 1956, p. 219).
44. Roa_Bárcena, José María (1827-1908) .
Versiones de cinco pasajes de las Geórgicas y dos de la Eneida
en sus Ultimas poesías líricas (México, Imprenta de l. Escalante.
1888, pp. 173-192).
45. Ruiz de Alarcón, Juan (1581-1639).
Lector de Virgilio en su juventud, según todos sus biógrafos.
Recuerda a Virgilio como cantor de Dido en La Verdad Sospechosa (Acto 111, escena 3a.).
46. Sáenz Tirso.
"Bucólicas de Publio Virgilio Marón, traducidas en versos castellanos por..." (En Homenaje de México ... , loe. cit., pp. 487561).
47. Santa Cruz, Modesto (1787?-1877).
Brevis descriptio vesperis verni quodam in vico reipublicae mexicanae, anno 1850. Poema latino, de inspiración virgiliana, traducido por Manuel José Othón en su poema Tarde Campestre
y por Ambrosio Ramírez en el poema Reinando primavera. (Joa384

~uín Antoni~ Peñal~sa, Modesto Santa Cruz. Un juguete de la
literatura latino-mexicana. Ábside, XX-3 México 1956 pp 251282).
·
'
'
' .
48. Segura, José Sebastián ( 181 7-1889) .
Églo_~a IV, vertida en exámetros castellanos. Poesías de José
Sebastian Segura. París, Dannamette, 1844, pp. 246-249.
49. Silva y Aceves, Mariano ( 1886-193 7) .
. "Virgilio y su poeta mexicano" (Homenaje de México ... Loe.
cit., pp. 411-446) .
50. Torija, Vicente Pbro.
Natural del Obispado de Puebla. Versión métrica de Virgilio
" cuyo, manuscrito
. fue llevado a España para imprimirse". (Alfon-'
so M?ndez Pla~carte, Poetas novohispanos. Segundo Siglo. Parte primera. Bibl. del Est. Univ., núm. 43. México 1944 p
XXVIII).
'
' .
51. Toussaint, Manuel ( 1890-1955).
Pagaza, traductor -de Virgilio ( Ábside, 111-3. México, 1939,
pp. 38-50).
52. Trejo, Pbro.
"Se sabe que el Pbro. Trejo puso a Virgilio en verso español".
(Alfonso Reyes, Letras de la Nueva España. México Colección
Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica, 1948: p. 87) .
53. Urbina, Luis G. (1861-1934).
Su poema Fascinación, de Los últimos pájaros, Madrid. 1924,
pp. 31-34 ("Qué dirás tú, Virgilio pensativo" ... ).
54. U rquiza, Concha (1910-1945) .
"Parece haber sido su predilecto". Versión de la Égloga V con
bastante libertad. (Obras. Edición y prólogo de Gabriel Méndez
Pl~ncarte. México, "bajo el signo de Ábside", 1946, pp. 78-86).
Ep1grafe para el soneto "Cándida fui, mi Dios". Tomado de la
Eneida. Lib. IV. vv. 691-92 (ib., p. 40). Recuerdo de la clásica
385

�tempestad virgiliana, Eneida, L. l., v. 81 y sig~. (ib., p. 255) • Recuerdo de la Eneida, L. VIII, w. 485-488 (1b., p. XXVII).

55 Vigil, José María ( 1829-1909).
Paráfrasis de Hortulus.
56. Vasconcelos, José ( 1881-1959).
.
.
"De mí, sé decir que las Églogas me duermen y la Ene1da me mdigna" ( Estética, 1935, p. 689) .

EL INSTITUTO DE LITERATURA IBEROAMERICANA

Dr. Juuo J1MÉNEZ RUEDA
Universidad Nacional Autónoma de México

HAcIA FINES DEL AÑo de 1937, el catedrático de literatura ibero-

americana en la Universidad de California en Los Angeles, don
Manuel Pedro González, se dirigió a mí, para proponerme la organización de un Congreso de Literatura Iberoamericana. La situación era propicia. Muchas son las cátedras de esta materia que
se dan en los Estados Unidos. La posibilidad de que concurriesen a él los profesores de la especialidad era indudable y el éxito,
para la comprensión del espíritv de nuestras letras muy factible.
Así, pues, acepté la propuesta de don Manuel Pedro González
para organizar el congreso que proponía y aunque· la Universidad de México no se encontraba preparada para la reunión de
una asamblea semejante, por su pobreza e inquietud, encontré cálida acogida en el Rector de la Institución, don Luis Chico Goerne. Se creó un comité organizador, se giraron las invitaciones y
el día 15 de agosto de 1938 se reunían en el Paraninfo de la Universidad, los delegados de los Estados Unidos e Iberoamérica. Presidió la sesión el Dr. Gustavo Baz, Rector, por entonces, de nuestra Universidad. Asistía don Antonio Caso, Director de la Facultad de Filosofía y Letras, y con la concurrencia de los delegados,
de miembros de los gobiernos de Hispanoamérica, de sus Universidades, Colegios e Institutos se dio principio a la Asamblea
que había de durar hasta el veintidós de agosto del mismo año.
Estaban representados los siguientes países : Alemania, Argenti386
387

�na, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Checoeslovaquia, Chile, China, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala,
Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay y el Uruguay.
De México estuvieron presentes en algunas de las sesiones D. Antonio Caso, don Enrique González Martínez, don Mariano Azuela, don Federico Gamboa, don Alfonso Reyes, don Carlos González Peña y don José Rubén Romero. Fueron Vicepresidentes de
la Asamblea Torres Rioseco, E. K. Mapes, John Englekirk, José
Balseiro, Roberto Brenes Mesen, William Berriem, Manuel Pedro González. Actuó en la Secretaría Francisco Monterde con la
cooperación de Rafael Heliodoro Valle, Julio Torri, Raúl Cordero Amador, Enrique González Rojo, Agustín Yáñez, Alfredo
Maillefert y Fulgencio Vargas. Entre los delegados se destacaban
los nombres del cubano Medardo Vitier, de los norteamericanos
Sturgis Elleavitt, John Crow, Emest Moore, Ana Oursler, Samuel
M. Waxman; de la española Jesusa Alfau de Solalinde, del colombiano Carlos García Frada, de la portorriqueña Concha Meléndez. La Secretaría de Educación nombró a los profesores José
-Calvo, Raymundo Sánchez y Ermilo Abreu Gómez. La Comisión
de Cooperación Intelectual a don Luis Sánchez Pontón L6pez.
En la sesión inaugural di la bienvenida a los congresistas y hablaron a nombre de los delegados de los Estados Unidos el Profesor Leavitt y de los Hispanoamericanos don Arturo Torres Rioseco. En cuatro sesiones se leyeron los temas señalados para la
Asamblea y que constan en la Memoria publicada por el Congreso en el año de 1939, con las conclusiones aprobadas en el
mismo que constan en el Acta General de la misma asamblea.
Una nueva reunión de catedráticos de literatura Iberoamericana se celebró en la ciudad de México en los últimos días del mes
de agosto y los primeros del mes de septiembre de 1953, a invitación de la Universidad Nacional de México, para cerrar el cuarto centenario de la fundación de la misma entidad de enseñanza,
que se había iniciado en 1951. Fue inaugurada por el Rector
Nabor Carrillo el 31 de agosto y clausurada en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 5 de septiembre del mismo año de 1953. Es388

ta asamblea estaba dedicada especialmente a Hidalgo D'

6
J , M ,
, 1az M.1r n y ose arti a los que se dedicaron sendas asambleas del
Congreso.
~. este con?reso concurrieron entre los muy importantes catedraticos
de Literatura
H.
, • F en las Universidades de los Esta dos Um.dos
e , ispanoam:nca emando Alegría, Enrique Anderson lmbert,
Jose A: Balseiro, Juan José Arrom, Antonio Castro Leal John
Englekirk,
· L · Roberto
G , . lbáñez, Sara de lbáñez, Andrés Iduart e,' Sturgis eavitt, erommo Mallo, María del Carmen M.11' Cl
tin D' d O
i an, emena iaz e vando, Luis Monguió, Francisco Monterde R E
Montes y Bradley, Marshall R. Nason José de Oru's Ali'. .P .
l J , An ·
'
,
c1a era es, ose
tomo Portuondo, Raúl Roa Lesley B s·
R
gelio Siná J
O L
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. imson, on, ames . awrens, Arturo Torres Rioseco Sof' v·
llalón.
,
1a 1. El segundo congreso tuvo lugar en la ciudad de Los An 1 1
vitado por la Universidad de Southern California
ge es: .n:
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emanas a a reumon de la Asamblea, que se realizaría en
Berkeley, del 12 al 17 de agosto de 1940 con la
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ayu a e otras
;nsB·~tones e rmportancia en los Angeles: la Fundación del Amo.
~ • I I~dtecda y el Museo Hungtinton, los colegios de Claremont l~
mvers1 a de Southem California la C,
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amara e omercio de
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los estudios de Walt n·
ienci~ mematográficas y
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i~ney, cooperaron activamente en esta reu~~:~ te.;uy conc~rnda la Asamblea por delegados de los Esm os "( estuvieron presentes figuras de im ortancia
r~fesorado hispanoamericano: Francisco Monter~e de M ,e~ el
a1mundo Lazo de Cuba, Raimundo Lida
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os, como
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rsi ~d de Tulane, Carlos García Prada de la de W hin
as gton,
Antoruo Heras d 1 S h
e a out em California y Sturgis E. Leavitt del
389

�Consejo de Sociedades de Investigación y de la Universidad de
Carolina del Norte. Pedro Salinas de la Fundación del Amo, Dorothy Schons de la Universidad de Texas, James Swain de la Asociación de Lenguas Modernas de América, Arturo Torres Rioseco
de la Universidad de California, Leavitt O. Wrigth de la Universidad de Oregon y Manuel Pedro González de la Universidad
de California en Los Angeles. Las asambleas se desenvolvieron
normalmente mediante la lectura y discusión de los trabajos en
ella presentados y que se publicaron en la Memoria del segundo
congreso, impresa en la Universidad de California, de Berkeley y
de Los Angeles en el año de 1941. Fuera de ellas, hubo visitas a
la biblioteca y al Museo de Arte Huntington de Pasadena, a los
Colegios Claremont de Padua Bilis, un Concierto en el Hollywood
Bowl, bajo la dirección de José Iturbi; y una recepción y un banquete en la Universidad de California del Sur con palabras de
su presidente Rufus B. Von Kleimsmit, y respuesta del profesor Heras y yo; un concierto de órgano en la Universidad de
California y un banquete de despedida en el Riviera Country Club,
de Palisades, ofrecido por la Universidad de California a los delegados.
Todo habría sido magnífico, a no ser por la violenta división
que se dejó sentir desde el mismo día de la inauguración de los
trabajos del congreso. Un grupo de delegados hispanoamericanos
la emprendió contra el presidente del Congreso don Manuel Pedro González por cuestiones de dominio. Hube de asumir la presidencia, mostrar cierta energía, atenuar todas las exaltaciones,
encauzar debidamente la Asamblea, que parecía barco agitado
por violenta tempestad y llevarlo a puerto sin problemas mayores. Así se cumplió con el programa del Congreso y se hizo el
anuncio de la reunión del próximo en la Universidad de Tulane
bajo la presidencia del delegado J. R. Englekirk que traía la invitación de la Universidad de ese lugar para la reunión del mismo.
Tentado estuve de considerar que el congreso convocado para
Nueva Orleáns iba a suspenderse por la guerra. No fue así. "El
veinte de diciembre de 1942 empezaron a llegar al histórico ho390

tel St. Charles de Nueva Orleáns los delegados al Tercer Congreso Internacional de Catedráticos de Literatura Iberoamericana.
Venían de todos los puntos de América. De Argentina, María
Rosa Oliver; de Venezuela, Mariano Picón Salas; de Cuba, Esperanza Figueroa, Juan Clemente Zamora, Raimundo Lazo, J.
González y Contreras; de México, Julio Jiménez Rueda, y Francisco Monterde. Había delegados del Brasil, de Centro América,
del Perú, de Chile y de Colombia, de muchas universidades y
centros Norteamericanos. Anunciaron su presencia, pero nunca
llegaron por imprevistas causas, Federico de Onís, Alfonso Reyes,
Germán Arciniegas, Gilberto Freyre, Méndez Pereyra, Ariel García. Allí estaban algunos miembros fundadores del Instituto, "de
la vieja guardia": John Englekirk, Sturgis Leavitt, Doroty Schons,
E. K. Mapes, William Berrien, Carlos García Prada, Ernest Moore,
Alfred Coester; y había otros que por primera vez se acercaban
a nosotros; César Barja, Rex Crawford, Henry Holmes, Concha
Romero, Henry Seidel Camby, Otis Green, Alberto Rembao. A
pesar de la guerra, de las grandes distancias, de la intensidad de
nuestro momento histórico, el Congreso ya era una realidad -decía Torres Rioseco- en el Prefacio a la Memoria de este congreso publicada en 1944. El tema de los trabajos presentados en él
giraba en torno a El Mundo en busca de su expresión y estaba dedicado al aniversario cuatrocientos cincuenta del Descubrimiento
de América. Patrocinaba la Universidad de Tulane y en ella fueron las sesiones de la misma asamblea. En la sesión inaugural
habló el gobernador del estado de Louisiana, el señor Jesse L. Carne, concejal del Ayuntamiento de Nueva Orleáns; el señor Rufus
C. Harris, Presidente de la Universidad de Tulane y el profesor
Englekirk, presidente del Instituto Internacional de Literatura.
Contestaron los profesores Alfred Coester de la Universidad de
Stanford, y Mariano Picón S41as. Presentaron trabajos en las sesiones del congreso, entre otros, los profesores Federico de Onís,
Baldomero .Sanín C~po, Hermenegildo Corbato, Gerónimo Mallo,
Alberto Zun Felde, Antonio Aita, Raúl Silva Castro, José Carrera
391

�Andrade, Torres Rioseco, Carlos García Prada, Alfred Coester,
Gastón Figueira.
Estar en Nueva Orleáns es ya un privilegio para el espíritu latino. Es la ciudad de los Estados Unidos que conserva con mayor
integridad el espíritu de Francia. Su barrio francés, es un recuerdo del siglo XVIII de la vieja capital. Hay una casa que estuvo
reservada a la visita de Napoleón. Al pasar por sus callej_as se respira un poco el aire de las ciudades francesas del otro lado del
Atlántico. El Antoine tiene todas las características de una fonda francesa. Así pues, vivir en este ambiente fue un regalo para
los congresistas.
El cuarto congreso se realizó en la ciudad de La Habana a partir del día 11 de abril para terminar el día 16 del mismo mes del
año de 1949. La Asamblea se había pospuesto por causa de la
guerra, que ya nos afligía en la reunión de Nueva Orleáns.
Entre tanto habían sucedido acontecimientos de importancia,
como la renuncia d~l Presidente del Instituto don Arturo Torres Rioseco, causada por la falta de cooperación de los demás
miembros para seguir desempeñando el cargo. Asumió la dirección del Instituto el profesor cubano Raimundo Lazo. Se constituyó después una comisión organizadora del cuarto en la que estaban incluídas personalidades muy destacadas de la vida intelectual de la Isla, por ejemplo: don José Chacón y Calvo, don
Jorge Mañach, don Juan J. Remos, don Eligio de la Fuente, don
Félix Lizaso, don Francisco !chazo, don Ernesto Fernández Arrondo, don Felipe lchardo Moya, don José Russinyol, don Rafael
Marquina, don Ciro Espinosa. Eran Secretarios doña Anita Arroyo de Hernández, don Salvador Bueno y doña Dolores Martí de
Cid. Concurrieron muy importantes personalidades de la vida internacional de Norteamérica e Hispanoamérica y algunos profesores españoles que enseñaban en los Estados Unidos. De la memoria de esa reunión tomamos los siguientes nombres entre los más
destacados de la asamblea: Fernando Ortiz, Andrés Iduarte, Américo Castro, Néstor Carbonen, Alfonso Escudero, José M. Balseiro, Octavio Méndez Pereyra, Andrés Eloy Blanco, Francisco
392

Ichaso, José María Chacón y Calvo, Raimundo Lida, Miguel Angel Carbonell, Antonio Sánchez de Bustamante, Antonio Castro
Leal, Arturo Arnáiz y Freg, José Luis Martínez, José M. Carbonell, José Antonio Portuondo, Francisco Monterde, Elías Entralgo, Raúl Roa, Roberto Agramonte, Mariano Picón Salas, John
Englekirk, Francisco Aguilera, Gastón Figueira, Flavio Herrera,
Emilio Ruiz de Leuschsenning. Materia principal de esta reunión
fue el proyecto "de una biblioteca general que recoja lo representativo de la producción literaria de los pueblos iberoamericanos",
iniciativa presentada por el profesor Raimundo Lazo, en los congresos de Los Angeles y NtJeva Orleáns, quedó definitivamente
aprobada por esta reunión de La Habana. Se insistió además en
la organización de una filial del Instituto en cada uno de los pueblos iberoamericanos.
Hubo incidentes importantes en la reunión que pudieron convertirse en tempestad que hiciera factible el naufragio de la Asamblea. Fueron fácilmente superados y los congresistas gozaron de la
hospitalidad inigualable de una capital como la habanera, acogedora, simpática, plena de interés. Hubo festejos agradabilísimos
como el cocktail organizado en honor de los delegados en la casapalacio de los condes de Bayona en la Plaza de la Catedral, como
la excursión al Instituto Politécnico de Ceiba del Agua, como el
acto organizado por el Ministerio de Educación en honor de don
Enrique José Varona en el Hemiciclo del Ministerio de Educación y como el Homenaje, al mismo gran hombre de letras cubano, organizado por el Historiador de la ciudad en la casa-palacio
de los condes de Lombillo en la Plaza de la Catedral, y el acto organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad.
Como el banquete de clausura del Congreso en el Hotel Nacional
en el que hablaron el Dr. Raimundo Lazo, don Jorge Mañach,
don Andrés Eloy Blanco. En la sesión inaugural lo había hecho
don Rómulo Gallegos, y el miembro de la delegación cubana don
Juan J. Remos. La sesión final del congreso fue transmitida por
la Universidad del Aire, teniéndose en consideración que inconta393

�ble número de personas no habían tenido oportunidad de escuchar las ideas expresadas por los concurrentes a la Asamblea y en
Radiocentro fueron transmitidas las palabras de varios delegados
al Congreso. Habló el Dr. Lazo, presidente de la Asamblea, don
Antonio Castro Leal, don Américo Castro, don Mariano Picón
Salas y el que esto escribe. Quedó aprobada como sede de la próxima reunión la ciudad de Albuquerque en el Estado de Nuevo
México en los Estados Unidos gracias a la invitación traída al
Congreso por el profesor don Alberto R. López, de esa entidad
educativa tan importante de los Estados Unidos.
La reunión de este congreso estuvo dedicada a La Novela Iberoamericana, su pasado, su presente y su porvenir. Se presentaron
muy interesantes estudios en la Asamblea que se reunió en la ciudad de Albuquerque en el mes de agosto de 1951. Así Enrique Anderson Imbert presentó un importante estudio sobre la Novela
Histórica en el siglo XIX, Alfredo Roggiano, sobre el M odernismo y la novela en la América hispana, Ciro Alegría sobre algunas Notas sobre el personaje en la novela hispanoamericana, Fernando Alegría con Una clasificación de la novela hispanoamericana, José Antonio Portuondo sobre El rasgo predominante en la
novela hispanoamericana, Luis Monguió sobre algunas R ef lexiones sobre el aspecto de la novela hispanoamericana actual, José
A. Balseiro, sobre una R evisión de H ernández Catá, Arturo Torres Rioseco sobre la Definición de don Segundo Londres, Federico de Onís, acerca de Tomás Carrasquilla, precursor de la novela americana moderna, don José Enrique Etcheverri acerca de
la Historia, nacimiento y tradición de la novela de Eduardo Acevedalices, Benjamín Mather Woodbridge Jr., sobre Lo que sobra
de Alencar, Arnold Chapman acerca de la Perspectiva de la novela en la ciudad de Chile y el que esto escribe el Influjo de Quevedo y de Torres de Villarreal en el M éxico Virreinal.
La finalidad de ~te congreso radicó en el interés que se tuvo
en presentar un amplio panorama de la novela en Hispanoamérica. Arturo Torres Rioseco, dijo a este respecto en su memoria

del congreso: "La novela hispanoamericana entra en un período
de madurez. Quienes nos dedicamos a la crítica literaria o ejercemos cátedra universitaria tenemos el deber de analizarla, explicarla y orientarla. Los autores de los presentes ensayos saben que
esta es una tarea de gran responsabilidad y al desempeñar dignamente su cometido se hacen acreedores al agradecimiento de todo el mundo". Los profesores de la Universidad de Nuevo México, Albert R. López y Marshall R. Nason, organizadores del
Congreso, trabajaron con gran actividad e interés en el desarrollo
del mismo. Los congresistas agradecieron cumplidamente al Presidente de la Universidad de Nuevo México, Thomas L. Popefoy,
las múltiples atenciones recibidas.
El sexto Congreso se realizó en la ciudad de México con motivo
de las conmemoraciones de la Universidad, que conmemoraba el
cuarto centenario de su fundación y se habla de él en páginas anteriores. En 1955 se reunió el congreso en la ciudad de San Francisco California, bajo los auspicios de la Universidad de California, en los días 29, 30 y 31 de agosto de 1955. Era presidente de
la instalación don Luis Monguió, catedrático del colegio Mills establecido en Oakland. El tema central de la Asamblea fue "La cultura iberoamericana vista a través de su literatura". Participaron en
él, entre otros profesores muy distinguidos de las Universidades de
los Estados Unidos, Hispanoamérica y el Brasil, por ejemplo Enrique Anderson Imbert, Francisco Monterde, Max Henríquez
Ureña, Alfredo Roggiano, Jack H. Paucher, Leo Kirchenbaum,
Erico Verissimo. Presentó un trabajo sobre El México de Gutiérrez N ájera. La reunión fue agradable como todas las de esta
Asamblea.
El octavo y noveno congresos se han realizado sin mi asistencia,
en las ciudades de Puerto Rico y Nueva York. La situación del
Instituto se ha afirmado en ellas, el radio de acción de sus funciones se ha ampliado considerablemente. La actividad de Balseiro en una de las reuniones, la de Andrés Iduarte en la otra
han asegurado el éxito de la Institución. Los que concurrimos

394

395

�al nacimiento de esta central de trabajo en el México de hace'
tantos años, nos alegramos de ello porque, en definitiva, un poco
del espíritu de la América nuestra anima las creaciones de los
que en la institución participan. Nuestra voz se deja escuchar
en las reuniones en que actúa gente de otros idiomas. Es un
mensaje que se recibe, siempre con cariño, a veces con entusiasmo.
LOS INFIERNOS HELENICOS

t

Dr. ALFONSO REYES
Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua

1. El estudio de la vida futura entre los gnegos y cuanto los
teólogos han llamado "escatología" obliga a algunas explicaciones previas respecto a las nociones ético-religiosas.
Desde muy pronto se nota la tendencia a combinar las imágenes de lo subterráneo y lo infernal. La muerte parece un retorno
al seno de la tierra y es muy comprensible que las deidades de la
muerte asuman un aspecto siniestro. Por otra parte, el anhelo
humano exige una compensación a las penalidades terrestres, y
de algún modo quiere asegurarse una suerte de inmortalidad y
una futura salvación. Pero la necesidad de otorgar a las almas
premios y castigos, concepto de la justicia distributiva en el "ultramundo", no aparece de una sola vez. Se fue esclareciendo poco a poco merced a las promesas de los Misterios (Deméter,
Cora, Dioniso) , a las doctrinas de las sectas místicas (orfismo,
pitagorismo en uno de sus aspectos) y a las prédicas de los poetas
y filósofos dotados de genio religioso (Píndaro, Platón). Al fin se
llegó a unos como bocetos de los que más tarde serán el Infierno
y el Cielo de los medievales. No puede decirse que estos lugares
correspondan exacta y distintamente a los lugares míticos de los
griegos. Hubo siempre una indecisión de fronteras y algo como
una falta de enfoque.
2. Aunque los tres sitios tienden a confundirse un tanto, hay
396

397

�que distinguir entre el Tártaro, cuya región menos profunda es
el Erebo, las Islas Bienaventuradas (Campos Elíseos o Elíseo) y
la Casa de Hades o Casa de los Muertos.
El Tártaro corresponde al régimen hesiódico, a la etapa vetusta. Es una noción prehelénica que se incorpora en la mentalidad griega a modo de proemio, de asepsia previa para_ poder
instaurar el orden olímpico; es una cárcel para los antiguos dioses derrotados. La imaginación homérica presta al Tártaro un
vestíbulo de bronce y lo cierra con puertas de hierro. O el Tártaro
está en las honduras de la Tierra, o en algún abismo muy lejano.
Pero de repente aparece como un anexo de la Casa de Hades,
una suerte de crujía penitenciaria. Según Homero, se encuentra
situado en un punto que dista de la Tierra cuar:ito ésta dista del
Cielo; sin embargo, en otro pasaje, lo confunde un poco con la
Casa de Hades, pues hace que Odiseo encuentre aquí, al lado de
los espectros comunes, a algunos reclusos del Tártaro. No esperemos, pues, una repartición muy estricta de los penados. Tampoco
una descripción muy precisa de estos lugares fantásticos; si, para
Homero, el Tártaro es una región sin luz y sin aire, para Hesíodo
es una región tempestuosa.
En principio, el Tártaro no está destinado al castigo sobrenatural de los hombres, sino de los personajes míticos que han agraviado a los dioses. La mente helénica no se conformó con encerrar
allí a los Titanes en categoría de poderes ya destronados, sino que
dibujó con nuevos toques la figura de algunos, atribuyéndoles determinadas ofensas particulares. Así sucede con Titio, Tántalo,
Sísifo, Ixión. También Tifeo y los Aloades purgan su condena
en el Tártaro, y ya sabemos que Prometeo, pecador aparte, mereció también un castigo excepcional, un infierno ad hoc en el
Cáucaso.
3. El gigante Titio habitó, en vida, la isla de Eubea, donde
alguna vez lo visitó "el rubio Radamantis", futuro juez de los infiernos. Titio pretendió adueñarse de la diosa Latona, y los hijos
de ésta, Apolo y Artemisa, le dieron muerte, pues así acostumbra398

ban vengar siempre los agravios de la familia. Ahora, derribado
en el suelo, el cuerpo de Titio cubría no menos de nueve yugadas.
Como a Prometeo, dos buitres le devoraban el hígado, entendido
entonces centro de la concupiscencia. El castigo era adecuado a
su falta.
4. Tántalo, un riquísimo rey de Lidia, padre de Pélope y de
Niobe, antecesor de Agamenón y de Orestes, a quienes transmite
la maldición de su raza, es generalmente acusado de haber servido a los dioses, para probar su sabiduría, la carne de su propio hijo. Los dioses se percataron al instante, salvo Deméter, quien
distraída con el dolor de haber perdido el rastro de su hija Cora,
devoró descuidadamente el hombro de Pélope. Devuelto a la vida
por Zeus, Pélope llevó en adelante un hombro de marfil, y su
padre Tántalo fue precipitado en el abismo infernal.
(Algún delito muy parecido se atribuye a Licaón, rey de Arcadia e hijo de Pelasgo, cuya piedad lo movió a fundar el culto de
Zeus Liceo o Licayo, pero cuya locura lo arrastró a sacrificar a
Zeus sus cincuenta hijos, una de las causas del Diluvio griego
en ciertas versiones ).
El delito de Tántalo se cuenta también de otras maneras: a)
Se dice que se robó el néctar y la ambrosía de los dioses para
brindarlo a sus amigos; b) que reclamó para sí la inmortalidad
o algún otro privilegio divino; e) que divulgó ciertos secretos celestes; d) que encubrió a Pandáreo y no quiso revelar a Hermes
dónde había ocultado aquél los bienes que sustrajo del sagrario
de Zeus, y especialmente un perro de oro; e) que fue él, y no Zeus
ni los dioses por orden de éste, quien robó a Ganimedes, el hijo
de Tros, fábula tardía que no explicaría su castigo, puesto que
Zeus aprovechó este rapto y convirtió a Ganimedes en copero de
sus festines olímpicos; f) que, adelantándose a ciertos filósofos,
declaró que el Sol no era un dios, sino una masa incandescente,
versión igualmente tardía.
Su castigo -que en alguna tradición de última hora se reduce
a haber sido aplastado, como un Gigante, bajo el monte Sipilo399
H26

�es proverbialmente conocido como una tortura constante de hambre y sed. Sumergido hasta el cuello en un pozo de agua, el agua
huye de su boca cuando quiere beber un trago. Sobre su cabeza,
los árboles suspenden sus frutos; pero, si llega a alargar la mano,
un viento aleja las ramas y las pone fuera de su alcance.
5. Sísifo, legendario rey de Corinto, fue famoso por su ingenio
y su astucia. Se explica que una tradición tardía quiera hacerlo
padre de Odiseo, quitando su lugar legítimo a Laertes, pues Sísifo pertenece a la misma casta de los maestros en ardides que el
sutil personaje homérico ha bautizado con su nombre. Autólico,
abuelo materno de Odiseo e hijo de Hermes -dios que es, en mucho, un verdadero patrono de los ladrones-, había recibi_do de
éste el don de hacer invisibles los objetos que hurtaba, o bien de
mudarlos de aspecto. Un día robó las reses de sus vecinos y, desde
luego, las transformó hasta hacerlas incognoscibles. Pero Sísifo
pudo rescatar las suyas fácilmente, gracias a cierta marca secreta
que les había hecho bajo las pezuñas.
Si, por una parte, Sísifo arranca del tema del Ladrón Simpático,
por otra se relaciona con el tema del Diablo Burlado. Por haber
delatado sus amoríos con Egnia, Zeus ordenó a la Muerte que
cargara con aquel indiscreto. Pero Sísifo logró encadenar a la
Muerte. Libertada por Ares, la Muerte intentó un nuevo ataque.
Sísifo, ya agonizante, tuvo tiempo de recomendar a su esposa, la
Pléyade Mérope, que abandonara su cuerpo sin sepultura. Ante
tan impía transgresión, Hades no podía darle cabida entre los
muertos, y otra vez lo mandó a la tierra para que castigara la negligencia de Mérope. Sísifo volvió, en efecto, pero nunca se cuidó
de castigar a su esposa, y murió de viejo, habiéndose reído de los
dioses a su sabor. Sin duda se dejó llevar de su ingenio y no midió
las consecuencias. Por lo cual lo encontramos ahora, en el Tártaro,
obligado a encaramar incesantemente una pesadísima roca hasta
una eminencia. En llegando a la cima, la roca rueda otra vez
barranca abajo, y Sísifo vuelve a la faena.
Este castigo se ha prestado a interpretaciones. Ya se lo ve como
400

alegoría de los vanos esfuerzos para contener los embates de las
olas contra las peñas del istmo de Corinto; ya se lo refiere a ciertas
imágenes artísticas que representan a Sísifo acarreando piedras
para edificar la muralla del Acrocorinto.
6. Finalmente, Ixión, un nativo de Tesalia, era esposo de Día,
hija de Eioneo. Cuando éste, según la antigua costumbre, fue a
cobrar el precio de su hija, lxión lo precipitó en un pozo de carbón ardiente. Zeus, sin embargo, le concedió purificarse del crimen. lxión le pagó con la ingratitud, pues osó poner los ojos en
Hera. Ixión, creyendo poseer a Hera, engendró en la nube la raza
salvaje de los Centauros, cuyo primer ejemplar, Quirón, había
sido hijo de Cronos y de Filira. Ixión recibió por castigo el girar
eternamente, atado a una rueda.
7. En los ejemplares anteriores, al lado de las torturas físicas
hay una tortura moral que podemos reducir a la decepción de
los empeños frustrados o imposibles, a la repetición incesante de
un acto inútil. Esto nos recuerda a otros penitentes: a las Danaides, obligadas a llenar un tonel sin fondo, y a su contrafigura humorística, Ocnos el. Soguero, el que trenza pacientemente una
cuerda, mientras por el otro cabo su asno se la va comiendo. Pero
este Ocnos más bien es personaje folklórico (motivo semejante a
la tela que Penélope teje de día y desteje de noche ), aunque la
tremenda sistematización de los mitólogos lo haga pasar después
por un pecador castigado.
8. Por supuesto que los distintos autores mandan al Tártaro a
quien les place, con la misma libertad que Dante usó en su Infierno. No falta quien nos pinte allí a Teseo y a Pirítoo sujetos mágicamente en sendas sillas, por haber intentado rescatar a Cora.
Pero la historia se dulcifica explicando que el castigo de Teseo
fue pasajero; y la veneración de los atenienses por su héroe nacional los lleva a decir que Teseo se ofreció como víctima voluntaria, sea para salvar a su compañero Pirítoo o bien para compartir su muerte.
401

�9. Según Virgilio, también está enclaustrado en el Tártaro cierto hijo de Eolo, es decir, hermano de Sísifo, que se llamaba Salmoneo. Fue padre de Tiro, reina amada por Posidón, y, en consecuencia, fue antecesor del héroe minio Jasón, capitán de los
Argonautas. El rey Salmoneo parece haber sido originariamente
un mago, un evocador del rayo y la lluvia: aquello, para amedrentar al enemigo; esto, para el provecho de su tierra. Y si imitaba
el trueno de Zeus con el estrépito de su carro de bronce, y las centellas de Zeus arrojando teas encendidas, tal vez no lo hacía para
emular al dios, sino en la función misma de su oficio. Zeus lo
fulminó con una descarga, lo que prueba que murió cumpliendo
satisfactoriamente su deber, puesto que, efectivamente, provocó
y atrajo el meteoro. Homero lo trata todavía con respeto. Pero
luego se lo hizo pasar por un desorbitado cuyas extralimitaciones
tuvo que castigar el cielo. Vestigio de antiguas hechicerías y de la
profesión de mago que nunca prosperó en Grecia -pues los evocadores de lluvias, en tiempos históricos, tenían siempre buen
cuidado de implorar la voluntad de Zeus, convirtiendo así en sentido religioso lo que antes pudo ser una acción de magia directa-, sin duda Salmoneo proviene de una tradición muy remota,
y la radicación de su fábula en tierras septentrionales y extremadas acusa ya el contagio de la barbarie prehelénica. Conviene recordar, además, que la fulminación por el rayo se entendió más
de una vez como una consagración divina.

10. Nos hemos asomado al Tártaro. Asomémonos ahora a la
segunda mansión de ultratumba: el Elíseo o Campos Elíseos, especie de paraíso minoico que los griegos identificaron con sus islas Bienaventuradas. Frente al espantable Tártaro y a la penumbrosa mansión de Hades, el Elíseo es un lugar placentero. Lo gobierna Radamantis, solo o en compañía de Cronos. Allí son trasplantados en cuerpo y alma ciertos mortales amados de los dioses,
como Menelao, para gozar de una dicha imperecedera. No es todavía un lugar de premios, sino de favores divinos, aunque ha de
llegar a serlo. Los griegos acaban por enviar al Elíseo, como si
402

dijéramos de propia autoridad, y también a consecuencia de la
evoluc!ón, e_n las i?eas ético-religiosas, a sus héroes predilectos,
ora m1tolog1cos (D10medes, Aquiles), ora históricos (los tiranicidas, con:io H~rmodio y Aristogitón, etc.). Podemos decir que si
Hades nge directamente la Casa de los Muertos e interviene en
los negocios del Tártaro, el Elíseo escapa prácticamente a su poderío.
Píndaro describe el Elíseo como lugar acariciado por las brisas
oceánicas, poblado de aúreas flores, terrestres y acuáticas, prados
aromosos y opulentos trigales. Los bienaventurados, ceñida la frente de guirnaldas, llevan la existencia propia de los caballeros helénicos, entregados a los deportes y a las artes. En los altares de
los dioses, arden inciensos que dan a la región un olor balsámico.
Y, ?esde luego, los bienaventurados no necesitan trabajar, pues
la tierra les da el sustento espontáneo: añoranza de la Edad de
Oro. Cronos, ya destronado, se llevó consigo sus normas al reino
subsidiario que Zeus dejó bajo su guarda.

11. Llegamos a la tercera región, la Casa de los Muertos, su
verdadera morada, el refugio para las almas ordinarias el recinto
,
'
sub terraneo de Hades, que bien podemos imaginar como situado
entre la Tierra y el Tártaro.
La entrada al reino de las sombras se halla, según tradiciones
locales, en el Tenaro (Esparta). Pero la tradición homérica lo envía al país caliginoso y septentrional de los cimerios (que tampoes la Cimeria o Crimea histórica), allende el Océano, en un sit10 donde crecen los sauces y álamos sacros de Perséfone, junto
a las Puertas del Sol y a la Mansión de los Sueños, más allá de las
Rocas Blancas, en la confluencia de dos grandes ríos interiores.
~llí, en la Pradera de Asfódelos, los espectros, tristes y atenuadas
imágenes de los vivientes, arrastran un remedo de existencia mil
veces peor que el aniquilamiento.

c?

12. Una descripción sintética de la morada de las sombras, combinando a Homero y a otros autores, nos permite imaginarla como
un territorio inferior, separado del resto del mundo por alguno de
403

�los cinco ríos infernales: Estix (la Horripilante), Aqueronte (el
Funesto), Periflégeto o Flégeto (el Ardiente, el de la pira fúnebre),
Cocito (el Gimiente) y Leteo (el del Olvido). Algunos de estos
nombres se aplicaron a ríos reales, lo que crea muchas confusiones.
Estix era también un río de Arcadia; L~teo (el Olvido) y Mnem6sine (la Memoria) también eran unas fuentes que brotaban en la
caverna oracular de Trofonio (Lebadea, Beocia), y cuyas aguas
hacían olvidarlo todo, salvo las 6rdenes que dictaba el oráculo;
Mnem6sine -así bautizado por los griegos- fue asimismo un río
de Galicia (España) . El Aqueronte es río aquí, lago allá, y en
otras partes, simple pantano.

13. La frontera del otro mundo suele situarse en el Aqueronte
mítico, y más generalmente, en la Estix. El barquero que transporta a las almas es Caronte. (¿dios de los muertos entre los etruscos?), a quien hay que pagar un 6bolo por sus servicios. El 6bolo _
o los 6bolos para los gastos del viaje se ponían en la boca de los difuntos (a menos que sea una chuscada de Arist6fanes). Las puertas
están guardadas por el Cancerbero, al que es fuerza echarle, para
que se distraiga y permita la entrada, la torta de harina y miel que
solía depositarse en las tumbas. Virgilio todavía complica el tránsito, pues habla de una zona intermediaria, un Limbo entre el Elíseo y el Tártaro, destinado a los que mueren antes de su hora, a
los niños, a los suicidas o a los caídos en combate. Pero, para llegar al definitivo aposento de los muertos, era indispensable que
el cadáver hubiera sido ritualmente inhumado o, durante la época
de las invasiones y guerras heroicas, debidamente incinerado.
14. La existencia de las sombras no pasaba de ser una continuada lamentaci6n, un llorar y suspirar por la vida. Se comprende
que la imaginaci6n gri,ega haya reaccionado contra tan doliente
perspectiva, y se haya inclinado hacia las tradiciones más edificantes del Elíseo prehelénico, hacia las promesas de los Misterios
y las esperanzas místicas del orfismo y el pitagorismo. Aunque la
fábula posterior sitúa en el Elíseo al héroe Aquiles, mientras éste
-como en Homero habita el reino de Hades- no hace más que
404

echar de menos la tierra, y declara que preferiría mil veces ser
el último esclavo entre los vivientes a seguir de príncipe entre los
muertos. Por este camino, Grecia hubiera podido llegar prematuramente al descreimiento completo. Y así cuando, siglos después,
el materialista Lucrecio oponga a esta imagen pavorosa y a los
miedos de la superstici6n la idea de la disoluci6n absoluta, puede
decirse que, en verdad, más que una amenaza ofrece un consuelo.

15. Los muertos, en principio, conservan en la mansi6n de Hades el estado que ocuparon en vida: príncipe el príncipe, rico el rico,
pobre el pobre, esclavo el esclavo. Y así, aunque gradualmente se
perfila la figura de unos Jueces de los Muertos, que reparten premios y castigos de acuerdo con la conducta anterior de cada uno,
puede creerse que, en el origen, los grandes monarcas, por ejemplo
Minos, sencillamente siguen administrando justicia i:-ntre sus súbditos y resolviendo sus posibles querellas como lo hacía en vida.

16. Pues, en efecto, habrá un juicio y habrá tormentos para
las almas condenadas. Hades ejerce sobre todo ello una autoridad
superior, pero sólo excepcionalmente se ocupa en persona de los
castigos. Los verdaderos jueces son Minos, Eaco y Radamantis,
cuyas funciones se han distribuído de muy diversos modos. Platón
las h~, s!stematizado de manera ingeniosa: Radamantis juzga a
los as1at1cos, Eaco, a los europeos, y Minos decide en caso de empate.
17. La ejecución misma de las penas queda a cargo de la Quimera y, sobre todo, de las Erinies. Estas diosas, a quienes en la
fábula hesiódica vemos nacer de la sangre de Cronos que goteaba
sobre la tierra, son mitos de origen muy oscuro. Se las representa
con cabelleras de serpientes, teas encendidas y látigos en la mano.
Aunque llenas de fiereza, más bien son hermosas, en contraste con
los diablos etruscos o medievales. Habitan el reino inferior, y sin
duda.viajan entre el Tártaro y la mansión de Hades, pero vienen
también al mundo para cumplir su misión terrestre. Los romanos
las llamaron Furias, o por su oficio o porque las relacionaron con
Furina, una deidad harto nebulosa.
405

�a) Las Erinies, por sus funciones, muestran algún vago pare~tesco original con Deméter y los demás poderes terrestres,_ depositarios de la venganza. No sólo castigan a los muertos, smo que
persiguen a los delincuentes en este mundo, los de~medran hasta
convertirlos en sombras, los precipitan en la mansión de Hades,
y todavía allí los torturan. No califican el delito, no distinguen
entre el dolo y la culpa sin intención: están aún en los albores de
la conciencia moral. Sin embargo, representan ya un segundo paso
en la evolución de los sentimientos penales, puesto que no castigan
ya a los clanes y a las familias, sino sólo a los individuos, .ªu,n~ue
todavía las inspira y mueve la ética del clan. En la era preh!stonca,
los agravios exteriores, entre uno y otro clan, se resolvian por
el desquite o la venganza de sangre. Pero ¿ qué hacer con
agravios entre individuos del propio clan, cuya sangre no debia derramarse? Había que segregar del grupo a los delincuentes, dejarlos
morir de hambre o algún recurso parecido, y entonces entraban en
acción las Erinies. Además de que su castigo era eterno, pues
continuaba más allá de la tumba.

!ºs

b) Su remota relación con los poderes terrestres confiere también a las Erinies cierto carácter de divinidades agrícolas, rasgo
mitológico el más generalizado y constante, en virtud del cual
suele confundírselas con otros espíritus más benévolos, como las
Euménides. Siempre andan en compañía de otras deidades, cuyo
nombre con frecuencia usurpan para poder merecer algún culto.
A veces se mezclan con las Arpías, genio3 del viento, sin duda porque el espectro de los difuntos, psique o alma, s: confunde_ ~on el
soplo, el resuello. Se las emparienta con las Mamas -rel~ci~n con
las Ménades, las mujeres enloquecidas en el culto orgiastico de
Dióniso-, porque enfurecen a sus víctimas y las llevan a la enajenación.
e) Se ha querido ver en ellas los espectros mismos de los muer~
tos que vuelven a vengar sus agravios. Pero es más lícito considerarlas como espíritus incorporados de la maldición, que ellas se
encargan de cumplir ciegamente, sin atenuantes ni excepciones

y que, como un movimiento de relojería, una vez que se ha echado a andar no podría ya detenerse.
d) Les incumbe remediar toda violación de las normas naturales, y así, se encargan de privar cuanto antes del habla a Janto,
el caballo de Aquiles, a quien Hera ha permitido excepcionalmente dirigir a su amo algunas palabras. Y Heráclito, especulando
por su cuenta, decía que, si el Sol perdiera su camino, las Erinies
se encargarían de imponérselo.
e) De modo especial, vengan los agravios de los hijos o los hermanos menores contra los padres o los mayores, y acaso también
escuchan las quejas de los mendigos desairados y de cuantos merecen compasión. Y todavía más especialmente, castigan los crímenes entre gente de la misma sangre. No se ocupan de Clitemnestra, aunque ésta asesinó a su esposo: pero sí atormentan, sin
querer atender razones, a Orestes, porque él, en desquite, dio muerte a su madre Clitemnestra.

18. Las Erinies son personajes predilectos de la literatura, como puede verse en la leyenda de Orestes, que tanto ayuda para
entender la función punitiva a que estas diosas se consagran:
a) A su regreso de Troya, Agamenón muere a manos de su esposa Clitemnestra y de Egisto. Orestes, el único hijo varón, sobre
quien recae el derecho de la familia, venga a Agamenón dando
la muerte a Clitemnestra. Homero y Sófocles, fieles a la jurídica de
los aqueos, lo hallan justo, tanto más cuanto que Orestes ha obrado por consejo de Apolo. La tradición esquiliana, que ignora estas sutilezas, lo somete pura y sencillamente a la persecución de
las Erinies, puesto que ha derramado la sangre materna. Orestes
sólo podrá ser absuelto por el Areópago ateniense, al que se someten los mismos dioses. Las Erinies acusan a Orestes y lo defiende
el mismo Apolo. Los jueces están divididos, y decide el pleito el
voto de calidad de Atenea, que favorece al vengador de su padre.
Para aplacar a las Erinies, Atenea instituye en el Atica un culto
en honor de tales diosas disimulando su terrible nombre bajo el

406
407

�de Euménides o "Diosas Benévolas". Los soci6logos investigan
aquí el paso del vetusto matriarcado al nuevo respeto patriarcal.

b) Según otra fábula, Orestes no resulta absuelto por tribunal
alguno, sino que, para alcanzar el perd6n, debe antes puri~icarse
de alguna suerte, parece que por diligencia de Apolo, el dios de
las purificaciones, y mediante la aspersi6n ritual de sangre de cerdo, episodio que sitúa en Megalópolis (Arcadia) donde se adoraba juntamente a las Erinies y a las Gracias.
·
e) Eurípides -postura sintética- somete a Orestes a una absolución condicional. Su liberaci6n definitiva será el resultado de
una penitencia: deberá emprender un viaje expiatorio a Táuride
(Crimea) , y allí rescatar la efigie de la diosa Artemis, que era
hasta entonces objeto de una adoración bárbara y sanguinaria en
aquellas tierras distantes. Recobrada la efigie, se instituye en Hale
(Atica) el culto de la Artemis Taurópolos, donde un rasguño en
la garganta d~l fiel conserva el recuerdo de los antiguos sacrificios humanos.

d) Pausanias nos da una versión más cruda: para mitigar la
ira de las Erinies, Orestes tiene que morderse un dedo y entregarles la porción de sangre que _le reclaman. Las Erinies, de negras
que eran, se emblanquecen al instante y perdonan.

e) Los racionalistas -y Eurípides el primero-- dan a entend~r
que las Erinies no son más que una figura mítica del remordimiento.
19. Este paseo por los infiernos helénicos nos ha permitido
apreciar las últimas proyecciones del dominio de Hades, y el contraste entre las visiones desesperadas y las visiones placenteras de
ultratumba· donde comenzaron a elaborarse, de modo inconexo y
'
.
vacilante, las ideas que el cristianismo medieval dejó en herencia
a los modernos.

LA NOVELA EXPERIMENTAL Y LA REPUBLICA
COMPRENSIVA DE HISPANOAMERICA:
Estudio analítico y comparativo de Nostromo, Le Dictateur,
Tirano Banderas y El señor Presidente.

Dr. SEYMOUR MENTON
University of Kansas

LA REPÚBLICA COMPRENSIVA de Hispanoamérica fue un tema ideal
para los novelistas del primer tercio del siglo veinte que se destacaron por sus innovaciones radicales. Balzac y Zola, con una
forma narrativa tradicional del siglo diecinueve, habían necesitado veinte volúmenes o más para componer sus enormes cuadros
de las distintas capas de la sociedad francesa. Conrad, Miomandre, Valle-Inclán y Asturias, todos novelistas del siglo veinte, se
adelantaron mucho a sus precursores franceses. Por medio de diversos métodos experimentales, fueron capaces de describir no sólo
cierta capa de la sociedad de cierto país en cierto período de la
historia sino la sociedad entera de toda Hispanoamérica abarcando un período de tiempo indeterminado.
La Guerra de 1898 y las subsiguientes operaciones imperialistas de los poderes mundiales habían resucitado interés en esta región cuya agitación constante vista desde afuera parecía incomprensiblemente ridícula. Debido a las muchas semejanzas entre las
diecinueve repúblicas hispanoamericanas, los novelistas decidieron fundirlas en un solo país imaginario que representara a todos.
Para lograr su propósito, Joseph Conrad crea en Nostromo

408
409

�( 1904) un país imaginario que contiene detalles g~ográfic~s, históricos y raciales de muchos países diferentes. Franc1s de M1oma~dre en Le dictateur ( 1926) se limita más claramente a ~ P~IS
imaginario de Centroamérica, pero logra un efe~to panoramico
convirtiendo una pintura en la realidad. En Tirano B~nderas
(1926), Ramón del Valle-Inclán, al igual_ que_ ~nrad, mte~ta
abarcar toda Hispanoamérica con su país imagmano, p~ro. principalmente por medio de una combinación de las p~cuhan~ades
. .., t" cas de los varios países. De los cuatro novelistas, Miguel
lmgu1s
1
)
, ·
des
Angel Asturias en El Señor Presidente ( 1946 es e1 un_1co que
cribe una época particular de un país verdadero. Sm .embargo,
este país llega a ser representativo porque el au~~~ evita el uso
de nombres locales y lo transforma todo en una V1s1on del mundo
infernal.

•
Sin duda la presentación más panorámica se encu:~tra en Nostromo de Joseph Conrad. Con el fin de crear su ~ac1on compre,n. a el autor hizo un esfuerzo especial por entreteJer la geograf1a,
::v historia la economía y la gente de varios países. En una carta
a Cunnigham Graham, el mismo Conrad afirma que "Costag~ana is meant for a S. American state in general; thence the nuxture of customs and expressions". i El nombre Costaguana es ~a
.
N"icaragua y Argentina
combinación telescópica de C osta R ica,
,
Co~
No obstante geográficamente Costaguana se parece mas a
lombia. Aun'que la llaman la República Occidental,_ en con~raste
1 Banda Oriental (el Uruguay)' Costaguana tiene el litoral
con a
Et por
Caribe de Santa Marta al otro lado de las montan~s. s o,
supuesto, sólo se puede aplicar a Colombia. En ca~b10.' hay otr~s
factores geográficos que dan la impresión de un pa1s situado mas
al sur. La pequeña bahía de Esmeraldas, el nombre verdadero
de un puerto en el Ecuador, y la gran lla~ura cos~anera de Sulaco dominada por los picos cubiertos de rueve sugieren tanto al
1

G. ]EAN AuBRY, ]oseph Conrad, Life and Letters ( London, 1927), p. 338.

Ecuador como al Perú. Se evoca a la Argentina con la mención
de estancias y Entre-Montes, probable variación de Entrerríos.
Pensamos en México al notar el Camino Real, los nopales, la Alameda y la gran estatua ecuestre de Carlos IV. La nieve en la meseta donde está situada la mina y el viento frío del páramo enfocan a Bolivia. El conjunto de productos: caña de azúcar, maíz,
caucho, pescado, plata, bananos, yerba mate y pimienta, también
contribuye a la impresión mixta.
El mismo efecto panorámico se busca racialmente. Si la Costaguana de Conrad es una República Occidental, entonces sus indios nos hacen pensar en el Ecuador y el Perú. Esto se confirma
cuando el autor habla de los indios que viven en obscuras aldeas
y de los mineros que llevan ponchos blancos con una franja verde
y blancos sombreros de paja terminados en punta con cordón verde y trencilla. Montan burritos, tocan guitarras pequeñas y llaman "Taita" al administrador de la mina. La impresión peruanoecuatoriana también se refuerza por las "unknown Indian tribes
in the great forests of the far interior, where the great rivers have
2
their sources". No obstante, aun en su presentación de los indios
de Costaguana, Conrad insiste en desconcertar a sus lectores con
alusiones a otros países. En una ocasión dice que las niñas se vis3
ten como yucatecas. En una descripción del mercado, la presencia del mate da la impresión de los países rioplatenses. "Indian
women squatting on mats, cooked food in black earthen pots, and
boiled the water for the maté gourds". 4 Conforme a la composición racial del Ecuador y del Perú conviven los pescadores negros
y mulatos, los chulos 6 pobres y las muchachas chinas. En cambio,
el papel importante de los italianos Nostromo y Giorgio Viola y
el gran número de trabajadores italianos que incluso han formado
sus propias aldeas hacen que en definitiva el lector piense en la
Argentina durante toda la novela.
La gran variedad de clases sociales también ayuda a crear la
'JosEPH CoNRAD, Nostromo (New York: Random House, 1951), p. 346.

• /bid., p. 26.
' lbid., p. 136.
' Ibid., p. 107.

410
411

�nación comprensiva. Los peones y los descendientes de las antiguas familias españolas, dueñas de grandes haciendas, se identifican con el Perú. Los vaqueros de los grandes llanos del sur evocan a Venezuela. La posada dirigida por un ex-torero mexicano
ensancha la perspectiva. Para reflejar la situación exacta de la
mayoría de los países hispanoamericanos, Conrad indica que los
indios, negros, cholos, mulatos e inmigrantes italianos tienen muy
poco o nada que decir en la política. Costaguana es gobernada
por los ricos terratenientes españoles, l~ colonia. europea y ~os
ubicuos hombres de negocios norteamericanos. Sm duda la mfluencia más importante en Costaguana la ejerce el gran empresario de San Francisco, California: Mr. Holroyd. Convencido de
la grandeza de los Estados Unidos y empapado ?el. proselitismo protestante, Mr. Ho1royd se sienta en su escntono ~n San
Francisco y dedica veinte minutos al mes para determmar el
futuro de Costaguana. El hecho de que este hombre tan poderoso aparezca muy rara vez en la novela no es casual. La r:lación de Holroyd con la República Occidental se debe a que financió la rehabilitación de la mina de plata San Tomé que dirige Charles Gould, un inglés de tercera o cua:ta generació~, cuya
vida está dedicada por completo a su trabaJO con exclusion de
todo lo demás. Aun Emilia, su esposa, a quien él ama sinceramente, se siente abandonada a causa de la mina. Otros extranjeros de importancia en Costaguana son el capitán Mitchell, que
es un oficial de la compañía de vapores y la voz principal en la
narración de toda la novela; el ingeniero anónimo del ferrocarril;
el dilettante cosmopolita Martín Decoud; el cínico doctor Monygham; y el tragicómico Hirsch, un judío-alemán de Esmeraldas.º
Los propios hispanoamericanos constituyen un grupo verdaderamente representativo. Don Vicente. Ribiera, el dict~dor ~enévolo, es el caudillo cobarde del partido Blanco, que mmediatamente sugiere al Uruguay. José Avellanos es el "distinguished Spanish-American of the old school, a true Hidalgo ... " 7 Viejo esta• lbid., p. 252.
• lbid., p. 534.

412

dista ! poeta, ha pasado muchísimo tiempo escribiendo Fifty Y ears
of Misrule, una evaluación histórica de la dictadura de Guzmán
Bento. Su hija Antonia, tan distinguida como su padre, lo ayuda
constantemente. En contraste a esta familia noble se encuentran
los hermanos Montero. El general Montero, antiguamente un oscuro capitán de ejército, junta a sus fuerzas con las de los blancos
~ristocrátic~s y llega a ser ministro de guerra. Conrad le atribuye
the atrocious grotesqueness of sorne military ido! of Aztec
conception and European bedecking, awaiting the homage of
8
worsh'ippers. " A su hermano, que encabeza la revuelta contra
Ribiera, los amigos de Gould lo llaman "this criminal, this sha9
meless Indio." Se dice también que los Montero tienen unas
cuantas gotas de sangre negra. De los dos sacerdotes en la nov~Ia, el pad:e Román es el más típico. Como clérigo de la comum~ad de mmeros, s~ tarea consiste en mantener a sus feligreses
resignados a su destmo en la tierra y esperanzados en una vida
mejor después de la muerte. El padre Corbelan, vicario mayor
de la Catedral, es el tipo de sacerdote violento, fanático, belicoso,
como aquellos de las epopeyas medievales. Su vida está dedicada
a la "restitution of the confiscated church property." 10 El padre
Corbelan es responsable por alistar en la defensa de Sulaco a Hernández, el bandido tipo Robin Hood que es tan común en la historia de la mayor parte de los países hispanoamericanos.
El único personaje principal de todo el libro que no tiene un
valor representativo es el protagonista Nostromo, un italiano fuerte y silencioso, montado a caballo, cubierto hasta el cuello con un
poncho, o algunas veces vestido con un sarape de colores llamativos y un sombrero gris con cordones de seda y adornos de borlas.
Aunque el tít~lo de la novela es el nombre por el cual se le conoce, Y la mayoría de los críticos interpretan este libro analizando su carácter y el de los otros personajes individualizados, el propósito más fundamental de Conrad en esta obra paree~ ser no
' lbid., p. 135.
' lbid., p. 211.
,. lbid., p. 208.

413

�tanto la descripción de varios personajes importantes como la
creación de un enorme cuadro que captara la esencia de toda
Hispanoamérica. Esta interpretación quizá desmienta algo la acusación de Joseph Warren Beach de que el libro no satisface porque
"no one character or group of characters holds the center of the
stage long enough for us to grow comfortably intereste,d .in him
or it." 11 De todos los críticos, Tillyard parece ser el uruco que
ha dado con la clave de la novela. Se da cuenta del plan compren12
.
·' de 1a geograf'a
sivo de Conrad, pero se limita a una d1scus1on
i •,
Ben Kimpel y T. C. Duncan Eaves estudiaron tanto la geog~a~ia
como la historia de Costaguana pero por desconocer el proposito
de Conrad, se dejan desconcertar por lo que consideran anomalías.13 Respecto a la geografía de su nación ficticia, el mismo Conrad confirma su construcción muy cuidadosa. "There was not. a
single brick, stone, or grain of sand of its soil. I had not placed m
position with my own hands." 14
Además de conseguir un efecto panorámico con la ge?~rafía Y
la población, Conrad se distingue aún más en la presenta~1on .comprensiva de la historia. En términos muy gen:rales, la h1~to~1a de
cualquier país hispanoamericano puede divi?irse en lo~ s1gmentes
períodos cronológicos: precolombin?; conqms~a, y. colorua; guerras
de la independencia; anarquía; y dictadores tiramcos que resultan
de la lucha entre centralistas y federalistas por una parte, y entre
liberales y conservadores por otra; dictadores absolutos en la .última parte del siglo diecinueve que dependen mucho del cap1~al
extranjero para el progreso material; y movimientos revolucionarios del siglo veinte. Conrad no se refiere solamente a las condiciones generales de cada período, sino que también .alud.e ~e. vez
en cuando con exactitud a acontecimientos o persona1es histoncos.
n JosEPH WARREN BEACH, The Twentieh-Century Novel, Studies in Technique
(New York: Century Co., 1932), p. 364.
.
12
E. M. W. Tn.LYARD, The Epic St rain in the English No vel (London : Chatto
and Windus, 1958) , Appendix B.
.
.
u BEN KIMPEL and T. C. DuNCAN EAVES, The Geography and H1story in Nostramo M odern Philology ( Chicago, U. of Chicago Press, Aug. '58), pp. 45-54.
,; JosEPH CoNRAD, A Personal Record (New York, Doublcday, 1929) , p. 100.

La mina ~e plata ·es el recurso que usa Conrad repetidas veces
para resucitar el pasado. La colonia se :evoca por una mención de
tod~,s las tribus indios que perecieron en los primeros años de ope~ac~on de la mma. En el mismo trozo lamenta la situación de los
mdws que no ha cambiado aun después de las guerras de la independencia.

?e

The heavy stone-work of bridges and churches left by the
conquerors proclaimed the disregard of human labor the
tribute labor of vanished nations. The power of kin¡ and
church "'_'ªS gone, but at the sight of sorne heavy ruinous pile
overtoppmg
a knoll the low mud walls of a village, Don
Pefe would mterrupt the tale of his campaigns to exclaim:
~oor Costaguana ! Before it was everything for the padres,
not~g f~r the people; and now it is everything for these great
pohticos m Sta. Marta, for negroes and thieves." 15

:rom

El período colonial de Sulaco se identifica con el del Perú cuando la señora Gould dice orgullosamente al presidente del consejo
fer:oviario qu~ "the highest ecclesiastical court for two viceroyalt1es sat here m the olden time." 16
. La transición a las guerras de la independencia se realiza mediante una descripción de la Asamblea Provincial en los edificios
municipales de Sulaco "with its portraits of the Liberator~ on
the walls and- an old flag of Cortez." 17 La mención de Cortés
naturalmente enfoca a México. Esta visión se precisa más adelante
con la descripción de un monumento para reemplazar la estatua
ecuestre de Carlos IV, el cual a pesar de algunas diferencias tiene
~ pare~ido con el famoso "Angelito" de la ciudad de México.
There 1s sorne talk of replacing it by a marble shaft commemorative of separation with angels of peace at the four corners and
a bronze Justice holding an .even balance, ali gilt, on the top." 18
,. CoNRAD, Nostramo, p. 99.
" !bid., p . 39.
" !bid., p. 150.
11
Ibid., p. 539.

414
415
H27

�Conrad, teniendo siempre presente su plan de crear una nación
comprensiva, dirige la atención del lector a Venezuela con datos
de poca trascendencia sobre el abuelo de Charles Gould que había luchado en la legión inglesa bajo Bolívar, y sobre don Pepe
que fue un antiguo soldado de Páez, uno de los mejores generales
de Bolívar y el primer dictador de Venezuela.
En muchos países de Hispanoamérica, la independencia fue seguida de un conflicto sangriento entre los partidarios de un sistema de gobierno federal y los que favorecían un gobierno fuertemente centralizado. Esta lucha fue encarnizada especialmente en
México, en la América Central y en la Argentina. En N ostromo
se recuerda este conflicto histórico cuando sabemos que don Pepe
fue admitido en uno de los clubes aristocráticos de Sulaco debido
a antiguos servicios prestados a la ya difunta causa de la Federación. Uno de los tíos de Gould había sido presidente del Estado
de Sulaco en los días de la Federación. La existencia de una verdadera Federación hace pensar en la Federadón Centroamericana
que duró unos quince años antes de ser despedazada por los intereses antagónicos de los estados individuales. En Centroamérica,
el fin de la Federación trajo por consecuencia el desorden y la
aparición de dictadores tiránicos como el guatemalteco Rafael Carrera. En la Costaguana de Conrad, Guzmán Bento se convirtió
en el "Citizen Savior of the Country". Un general unionista bárbaro, Guzmán Bento fue "Perpetua! President" durante quince
~
. das de 1os "horn.d anstocra
.
t s, " 10 1os "Suanos
y arraso' 1as h ac1en
laco oligarchs." 20 Uno de sus subalternos más importantes fue el
arzobispo que él mismo había nombrado y que hizo torturar de
una manera diabólica al doctor Monygham. Conrad da cierto tono auténtico a este dictador imaginario al referirse a sucesos históricos del mismo período en otros países. Así sabemos que el general Barrios, personaje ficticio, había luchado al lado de Juárez
contra los franceses en México y que el hijo de Viola se había alistado en la marina de Montevideo bajo Garibaldi para luchar con" /bid., p. 153.
" /bid., p. 52.

416

tra el dictador Rosas. Después de la muetre de Guzmán Bento
sucedió un agitado período de pronunciamientos durante el cual
pandillas grote.scas y asesinas se burlaban de los gobiernos y jugaban a revoluc10nes. En esta época los mineros asesinaron a sus
patrones ingleses_y la mina fue confiscada por el gobierno y luego
abandonada.
Del caos de los primeros dos tercios de siglo diecinueve surgió
un grupo de dictadores positivistas. El régimen de Porfirio Díaz
en México equivale a la Inglaterra victoriana, la Francia de la
Tercera República, la Alemania de Bismarck, la Rusia de Nicolás
II Y la España de Alfonso XII. En Nostramo la mina constituye
una, vez más el punto de partida. Fue la mina San Tomé que
pago los gastos de la última revolución que llevó al poder a Vicente Ribiera, el primer civil que había llegado a la presidencia.
Era un "scrupulous constitutionalist" 21 que había recibido un
doctorado de la Universidad de Córdoba, una alusión obvia a la
Argentina. El lema de este dictador benévolo era "order peace
•
'
'
progress " 22 que se mantuvieron
en parte por el reclutamiento
?bligatorio. El progreso se basó en la inversión de capital extranJero; se consiguieron préstamos de Europa; se construyó el primer
ferrocarril y la mina empezó a prosperar nuevamente debido en
e~p:~ial a Mr. Holroyd. Otra vez Conrad mezcla la historia y la
ficc1on cuando Holroyd compara su inversión a los comienzos de
las salitreras de Atacama en Chile.
La mayor parte de la verdadera acción de Nostromo ocurre
durante la revolución contra el gobierno de Ribiera. Las causas
fundamentales están "rooted in the political immaturity of the
people, in the indolence of the upper classes and the mental dark23
ness of the lower." Sin embargo, la revolución encabezada por
el general Montero tiene un verdadero carácter popular y en algunos aspectos anticipa la Revolución Mexicana de 191 O. "Mean" lbid., p . 156.
" lbid., p. 151.
.. lbid., p. 431.

417

�time the ignorant were beginning to murmur that the Ribierist
reforms meant simply the taking away of the land from the
people~ Sorne of it was to be given to foreigners who made the
railway; the greater part was to go to the padres." 24 El pueblo
amotinado grita "¡ Viva la libertad! Down with Feudalism!. ..
Down with the Goths and Paralytics." 25 La revuelta militar de
Montero se hace en nombre del honor nacional contra los explotadores europeos. Su éxito deja horrorizado a Conrad. Cuando
describe la entrada victoriosa del ejército de Montero a Sulaco,
hace hincapié en el carácter inculto y abigarrado de los soldados a la vez que continúa esforzándose por captar el efecto pa, .
noram1co.
And first carne straggling in through the land gate the armed mob, of all colors, complexions, types, and states of raggedness, calling them selves the Sulaco National Guard, and
. commanded by Señor Camacho.
Through the middle of the street, streamed, like a torrent
of rubbish. ' a mass of straw hats, ponchos, gunbarrels, with an
enormous green and yellow falg flapping in their midst, in a
cloud of dust, to the furious beating of drums. The spectators
recoiled against the walls of the houses, shounting their vivas!
Behind the rabble could be seen the lances of the cavalry, the
"army" of Pedro Montero. He advanced between Señores
Fuentes and Camacho, at the head of his Llaneros, who had
accomplished the feat of crossing the paramos of the Higuerota in a snow-storm. The rode four abreast, mounted on confiscated Campo horses, dad in the heterogeneous stock of roadside stores the had looted hurriedly in thcir rapid ride through
the northem part of the province; for Pedro Montero had
been in a great hurry to occupy Sulaco. The handkerchiefs
knotted loosely around their hare throats are glaringly new,
" !bid., p. 216.
'" Ibid., p. 252. El término "godos" se aplicaba de una manera despreciativa a los
partidarios de España en las guerras de independencia en Sudamérica.
' · ·•

418

and all the righ sleeves of their cotton shirts had been cut off
close ~o the shoulder for greater freedom in throwing the lazo.
Emac1ated gray-beards rode by the side of lean, dark youths,
marked by ~ll the hardships of campaigning, with strips of
raw beef twmed round the crowns of their hats and huge iron
spurs fastened to heir naked heels. Those that in the passes of
the mountain had lost their lances had provided themselves
with the goads used by the Campo cattlemenslender shafts of
plam fully ten feet long, with a lot of loose rings jingling under
the iron-shod point. They were armed with knifes and revolvers. A haggard fearlessness characterized the expression
of all these sun-blacked countenances; they glared clown
haughtil~ with their s.corched eyes at the crowd, or, blinking
upward msolently, pomt_ed out to each other sorne particular
head. among the women at the windows. When they had ridden mto the Plaza and caught signt of the equestrian statue
of the king dazzlingly white in the sunshine, towering enormous and motionless above the surges of the _crowd with its
eternal gesture of saluting, a murmur of surprise ran through
their ranks. "What ist that saint int the big hat?" they asked
each other. 26
El triunfo de Montero dura poco. A Decoud se le ocurre la
idea de declarar la independencia de Sulaco para conservar el
poder de la oligarquía. Al igual que Conrad, desprecia las masas. "After one Montero there would be another, the lawlessness
of a populace of all colors and races, barbarism, irremediable
tyranny. As the great Liberator Bolívar had said in the bitterness
of his spirit, 'America is ungovernable. Those who worked for
her independence have ploughed the sea.'" 27 El plan de De~oud
tiene éxito a pesar de su propia muerte. Una vez más intervienen
los directores de la mina. Charles Gould dice, "1 shall write to
Holroyd that the San Tomé mine is big enough to take in hand
" !bid., pp. 427-428.
,, lb.id., p. 206.

.....
419

�the making of a new state. It'll please him. It'll reconcile him to
the new risk." 28 Por supuesto que la nueva república de Sulaco
es reconocida inmediatamente por los Estados Unidos y no tarda
en llegar una invasión protestante organizada por Holroyd.
Aun con el regreso al poder de los ribieristas, Conrad no vaticina una paz duradera. La señora Gould "saw the San Tomé mountain hanging over the Campo, over the whole land, fea red,
hated, wealthy, more soulless than any tyrant, more ready to crush
innumerable lives in the expansion of its greatness." 29
El cardenal-arzobispo de Sulaco censura amargamente los intereses extranjeros. "Let them beware, then, lest the people, prevented from their aspirations, should rise and clajm their share
of the wealth and their share of the power." 30 El doctor Monygham anticipa no sólo el descontento sino también las revoluciones que causará.
"Mrs. Gould, the time approaches when all that the Gould
Concession stands far shall weigh as heavily upan the people
as the barbarism, cruelty, and misrule of a few years back."
"How can you say that, Dr. Monygham?" she cried out, as
if hurt in the most sensitive place of her soul.
"I can sav, what is true," the doctor insisted obstinately.
"It'll weigh as heavily and provoke resentment, bloodshed,
and vengeance, because the men have grown different." 31
La visión profética de Conrad ya se ha cumplido en varios de
los países hispanoamericanos. El descontento continúa hoy día y
continuará en el futuro. Irving Howe 32 hace una comparación
un poco forzada con la situación en Cuba:
Guzmán Bento - Machado; Vicente Ribiera - Grau San
Martín; el general Montero - Batista. La reciente revolución po•
'" !bid., p. 423.
" !bid., p. 583.
,. !bid., p. 569.
81
!bid., p. 571.
u 1Rv1NG

420

HowE, Politics and the Novel (New York: Horiwn Press, 1957), p. 105.

pular de Fidel Castro también se podría atribuir a la profecía de
Conrad.
La realización del vaticinio de Conrad concuerda con la mezcla de realidad y fantasía que predomina en todas las páginas de
Nostramo. Aunque Conrad menciona muchos lugares, personas y
sucesos particulares, hay un leve velo de fantasía que envuelve todo_ el libro. El turista contemporáneo que oye contar al capitán
Mitchell gran parte de la historia "would listen like a tired child
33
to a f~iry tal;·." Martin Decoud que se deja arrastrar por el
torbellino pohtico a causa de su amor por Antonia, aún puede
contemplar la situación de vez en cuando desde el punto de vista
?el cí_nico parisiense. "Imagine an atmosphere of opera-bouffe
lil which all_ the comic business of stage statesmen, brigands, etc.,
• ~te., all their farcic~l stealing, intriguing, and stabbings is done
~ dead earnest. It Is screamingly funny; the blood flows all the
time, an~ the actors believe themselves to be influencing the fate
of the umv~rse. ~f course, government in general, any government
anywhere, IS a thing of exquisite comicality to a discerning mind •
but really we Spanish-Americans overstep the bounds." 34
'
El sabor fantástico se debe en gran parte a la técnica narrativa. Se vislumbra un cuadro total de Hispanoamérica casi de la
misma manera con que se arma un rompecabezas. Las escenas
dram~tic~s, lentas e ~ntensas, alternan con los cambios rápidos y
panoramicos de una epoca a otra. La narración va alternando entre el _autor: el capitán Mitchell y a veces Decoud. Conrad presenta mgemosamente a sus lectores los puntos de vista relativos
no sólo de éstos sino también del doctor Monygham, de los señores Gould y de Nostramo. No obstante, más que nada es la cronología de la novela que da la impresión de un país fantástico.
El narrador principal, el capitán Joseph Mitchell, cuenta la maY_ºr parte de la historia a un turista anónimo que parece tan cautivo como el invitado a la boda en The Rime of the Ancient M ariner. La identidad del Sulaco de la historia del capitán Mitchell
11

CoNRAD, Nostromo, p. 544.
"' !bid., p. 168.

421

�con la nación independiente y próspera del presente novelístico. no
se aclara hasta la tercera y última parte del libro. La partida del
turista coincide con el fin de la historia. "And the cockswain's
voice at the door announcing that the gig was ready, closed the
cycle." 35 Durant; la narración de Mitchell hay dos fechas b~sicas.
Empieza hablando de lo que sucedió el día en. que el presi?ente
Ribiera regresó a Sulaco, pero antes de termmar esta sene de
acontecimientos, vuelve atrás otros dieciocho meses hasta e_l día
de la inauguración del ferrocarril. Este retroceso se anuncia en
el párrafo inicial del capítulo quinto de la primera parte. "In
this way only was the power of the local authorities vindicated
among the great body of stronglimbed forcigners who dug the
earth, blasted the rocks, drove the engines for the 'progressive and
patriotic undertaking.' In these very words eighteen months before •
the Excellentissimo Señor don Vincente Ribiera, the dictator of Costaguana, had described the National Central Railway in his _great
speech at the tuming of the first sod." 36 El resto de la_ ~nmera
parte se compone de una serie de retrocesos que se ongman el
día en que llegó el ferrocarril a Sulaco y revelan el pasado del
doctor Monygham y de los Gould. El capitán Mitchell, obsesionado por la importancia histórica de los personajes y de los sucesos que maneja, se detiene para describir detalladamente dos
ocasiones especiales: cuando la señora Gould festejó a los tr~s
hombres de San Francisco y cuando se recibió en Sulaco la primera partida de plata de la mina San Tom_é para ~mbarcarla
a San Francisco durante el reinado del despiadado tirano Guzmán Bento. Así es que estas dos ocasiones constituyen retrocesos
dentro de un retroceso que a su vez forma parte de otro retroceso.
El capitán Mitchell tarda más de cien pá_ginas en_ t:rminar ,de
contar lo que sucedió ese día en que el presidente Ribiera llego a
Sulaco para celebrar la fundación del primer. ferro~a~ril del p~ís.
Sin embargo, no olvida que su punto de partida ongmal fue dieci~cho meses más tarde. En el párraf~ final de la primera parte
.. lbid., p. 547.
• lbid., p. 37.

422

vuelve a dirigir la atención del lector a la fuga del presidente Ribie:a m~entras que al mismo tiempo, de una manera vaga y misteriosa, mtroduce el tema final del libro: el robo del tesoro perpetrado por Nostromo y sus consecuencias.
Next time when the "Hope of honest men" was to come
that way, a year and a half later, it was unofficially, over
the mountain tracks, fleeing after a defeat on a lame mule,
to be only just saved by Nostromo from an ingnominious death
at the hands of a mob. It was a very different event, of which
Captain Mitchell used to say:
"It was history - history, sir! And that fellow of mine,
Nostromo, you know, was right in it. Absolutely making history, sir."
But this event, creditable to Nostromo, was to lead inmediately to another, which could not be classed either as "history" or as "a mistake" in Captain Mitchell's phraseology.
He had another word for it.
"Sir, he used to say, afterwards, that was no mistake. It
was a fatality. A misfortune, pure and simple, sir. And that
poor fellow of mine was rigth in it - right in the middle of
it ! A fatality, if ever there was one - and to my mind he
has never been the same man since." 37
Casi toda la segunda parte se compone de los sucesos dramáticos que ocurrieron en Sulaco durante la revuelta de Montero.
Algunos de éstos los revela Decoud en una larga carta a su hermana en París. Terminada la carta, la narración pasa sutilmente
a manos de Conrad que acaba la segunda parte con una gran
descripción emocionante del escape con el tesoro realizado por
Nostromo y Decoud.
L_a t~rcera paÍt~ empieza con otra escena retrospectiva para
poner al lector al día con las actividades de la gente en Sulaco
mientras Decoud y Nostromo se llevaban el tesoro. La acción gira
1.

" lbid., pp. 144-145.

423

�alrededor del hogar de Giorgio Viola, el Albergo d'Italia, donde
entran y salen los varios personajes distintos, ~~luso Decoud_ Y
Nostromo. El punto de vista que alterna entre d1stmtos persona1es
por más de cien páginas produce una confusión cronológica que
Conrad resuelve resumiendo las actividades del día. "The sun of
Pedrito's entry into Sulaco, the last sun of Señor Hirsch's life, the
first of Decoud's solitude on the Great Isabel, passed over the Al. Una on 1ts
. way to t h e west"
bergo d'Itaha
. 38
El capitán Mitchell vuelve a aparecer después de una larga
ausencia para narrar lo que sucedió al día siguiente. Si_n embar~o,
se interrumpe varias veces para servir de guía ~l tu~1s:a. cautivo
en un paseo por la ciudad salpicado de comentarios h1ston~os. Esto continúa hasta la partida del turista y entonces el propio Conrad termina la historia alternando un estilo lento e intensamente
dramático con una presentació_g panorámica cuyo propósito es de
atar los cabos sueltos.
En Nostramo, que ya se ha establecido como su obra maestra,
Conrad presenta tanto una variedad de personajes interesantes como un amplio cuadro de Hispanoamérica. El análisis realista de la
geografía, población e historia de cada país en pa~ti?ular.sól~ está
deformado en cuanto a su combinación en el pa1s 1magmano de
Costaguana. A pesar de los numerosos detalles realistas, :l efec:o
total es quimérico debido a la actitud de Decoud y del tunsta_ anonimo, al "chronological looping method" 39 y a la_ ten?enc1a ?e
cambiar de narrador. La evaluación exacta de la h1stona de Hispanoamérica sorprende aún más si se tiene en cuenta que Con~a.d
conoció esta parte del mundo veinticinco años ant~s, de escnb~r
Nostramo. A los diez y siete años de edad Conrad saho de Poloma
e ingresó en las filas de la marina francesa. "In 1876-_77 he ~as
on the Saint-Antaine in the Gulf of Mexico, egaged m runnmg
arms to a revolution, and in the latter year was part owner of
the Tremolina, running arms to the Spanish coast." 40 Las únicas
" lbid., p . 524.
" JosEPH WARREN BEACH, op. cit., p. 364.
'° CoNRAD, Nostramo, Prologue, p . XL.

424

otras fuentes conocidas de Conrad fueron su amigo gaucho escocés Robert Cunningham Graham que había escrito sobre la región rioplatense y el libro Seven Eventful Years in Paraguay de
G. F. Masterman. 41

•
En tanto que el interés de Conrad en Hispanoamérica se manifiesta literariamente sólo en Nostramo, el cuento "Gaspar Ruiz"
y el personaje Pedro en Victory, a Francis de Miomandre, autor
francés de Le dictateur ( 1926), le ha fascinado en forma más
constante tanto España como Hispanoamérica. L'enfant prodigue
et son pere ( 1924) está dedicado al crítico y cuentista peruano
Ventura García Calderón. L e jeu de l'Amour et de la danse
( 1922 ) tiene un epígrafe en español. El pretendiente de la heroína
es un mexicano que finge ser descendiente de Guatimozín; y el
protagonista masculino hace un viaje a San Sebastián en el norte
de España. En Ces petits messieurs ( 1921 ) , uno de los personajes
principales es la millonaria brasileña Madame de Santa-Trinidad.
Además de sus libros originales, Miomandre se ha distinguido sobre todo por sus traducciones de las obras &lt;Teniales
de Unamunol
b
Horacio Quiroga, Enrique Rodríguez Larreta, Teresa de la Parra, Luis Alberto Sánchez y Machado de Assís. No hace más 'que
unos seis años que Miomandre publicó una traducción de L eyendas de Guatemala de Miguel Angel Asturias. 42 De todas sus obras
originales la más interesante es L e dictateur, una novelita de unas
setenta páginas cuyo propósito, al igual que Nostromo, es la creación de una nación hispanoamericana con rasgos típicos de varios países verdaderos. Publicada en L es oeuvres libres, esta obra
está totalmente de~conocida entre los críticos de la literatura fran" lvo VIDAN, "One Source of Conrad's Nostramo", Reuiew of English Studies ( London, Oxford U. Press, July '56), pp. 287-293.
" MIGUEL ANGEL ASTURIAS, Ugendes du Guatémala ( Paris: Gallimard, 1953),
traducidas por Francis de Miomandre.

425

�cesa. Ni está incluida en las bibliografías de Hugo Thieme y de sus
sucesores Dreher y Rolli, Drevet y D. W. Alden. 0
El panorama de Miomandre es de alcance mucho más limitado
que el de Conrad. Aunque incluye muchos representantes de la sociedad hispanoamericana y de los distintos grupos raciales, limita su
ubicación geográfica a lo que probablemente es Nicaragua y repara en los acontecimientos históricos de sólo un breve período
del siglo veinte. En realidad, Miomandre no intenta disfrazar mucho a Nicaragua. Cambia su nombre por V eraguas, sin duda para
evocar el ducado colonial de Veragua que incluía toda la costa
atlántica desde Gracias a Dios en Honduras, hasta Colombia. También cambia la capital Managua a Santa Granada (Granada es la
tercera ciudad en importancia de Nicaragua) y la siguiente descripción no se podría aplicar a ningún otro país: "c'est ce petit pays
d'Amérique, entre les deux Oceans, tout plein d'oiseaux de couleur,
de grands lacs, de volcans, de mines d'or. La capitale, Santa Granada n'est pas une ville considérable, mais elle est si attrayante, avec
ses maisons en bois sculpté, des fleurs autour des fontaines ... " 44 El
contraste entre las costas del Atlántico y del Pacífico es otro acierto geográfico. "-Le rivage atlantique est un peu sacrifié. C'est
de l'autre coté que la nature nous a préparé un Paradis. 11 faut
traverser la Cordillere." 45
En tanto que la geografía de Veraguas es más bien precisa, la
composición racial del país traspasa las fronteras de Nicaragua.
La convivencia de indios, negros, mulatos y blancos en la costa
del Atlántico da la impresión de un país comprensivo. "Des Ne.. Huco THIEME, Bibliographie de la littérature franfaise de 1800 a 1930 (Paris,
Librairie Droz, 1933).
S. DREHER and M. RoLLI, Bibliographie de la littérature franfaise, 1930-1939
( Geneve, Librairie Droz, 1948).
MARGUÉRITE L. DREVET, Bibliographie de la littérature franfaise, 1940-1949
( Geneve, Librairie Droz, 1954).
D. W. ALDEN ET AL., Bibliography of Critica/ and Biographical References for the
Study of Contemporary French Literature (New York: Stechert-Hafner, 1949-1958).
" FRANCIS DE MioMANDRE, Le dictateur, en Les oeuvres libres (París: Artheme
Fayard et Cie., 1926), vol. LXVI,-p. 122.
"lbid., p. 137.

gres, des lndiens, des Blancs parcheminés se hataient, qui sait
vers quelles besognes?" 46 La única otra mención de los negros
se encuentra en una breve descripción de un velorio. "Des Noirs,
impregnés d'une tristesse solennelle dansaient, chantaient, veillaient leurs morts, avec des airs affairés d'insectes, et je ne sais quelle
joie mystérieuse d'esclaves enfin seuls." 47 Los indios, como grupo,
reciben mucha más atención. Se habla acerca "des lndiens couleur
de terre cuite qui offrent des fruits extraordinaires, au coin des
48
rues." También están presentes los indios un tanto románticos
que todavía vagan por las selvas como antes de la llegada de los
blancos. "11 y a, dans les forets, des lndiens qui sont demeurés
pareils a leurs ancetres d'avant Colomb, tout couverts de plumes,
comme des faisans dorés ... " 49 Pero el tipo de verdadero indio
mesoamericano se capta en un hermoso párrafo que hace hincapié en su inmovilidad sobrenatural. "Des Indiens, blottis dans
leurs ponchos comme dans des cahutes, accroupis, faisaient cercle
autour de quelque sorciere, et chantaient, leur Dieu seul savait
quoi. De tres vieilles choses si tristes qu'on avait envie de mourir.
Surnaturellement immobiles, on ne pouvait s'imaginer que sortlt
d'eux cette complainte étrange. On efit plutot dit qu'elle tombait
du ciel sur eux, les accablant, les ensevelissant comme une nei11
ge." º El único indio individualizado es Arnobio, el viejo criado
de Calixte, a quien se le representa como "muet, fidele et farouche comme un chien danois." 5 t
Con los grupos pintorescos de indios que adornan el fondo, hay
en efecto muy pocos personajes particularizados que intervienen
en la novela. Entre éstos, los protagonistas en Veraguas, Calixte
Tonnancour y Régine Nyoscatus, son los invasores franceses que
conquistan el país y se casan en la Catedral de Santa Granada.
La acaudalada Régine salió de París porque su madrastra intenta'"Idem.
" lbid., p.
• lbid., p.
• lbid., p .
• lbid., p.
11
lbid., p.

163.
122.
124.
164.
163.

426
427

�ha casarla con el propósito de librarse de ella. Régine es una ambiciosa intrigante que sueña con el poder. En cambio, Calixte,
aunque en realidad es responsable por el éxito de la invasión, se
opone a la guerra con el país vecino de Magdalena. Se espanta
ante la falta de sentimientos humanitarios que demuestran Régine
y Burubudge, un viejo inventor por quien había trabajado en París. Burubudge ahora está encantado ideando armas destructivas
en Veraguas. En cuanto Calixte encuentra la pluma mágica buscada con avidez por tanto tiempo, renuncia a la soberanía de Veraguas, repudia a su mujer y regresa a Europa. Entretanto, Régine termina la conquista de Magdalena ayudada por el poeta nacional Ismael Pascuas Barquillo con quien ella luego se casa en la Catedral de Gracias a Dios. Sin embargo, a su regreso a Santa Granada, los dos son acusados de traición y no tardan en hallarse en la
cárcel. Régine regresa a Francia después que su padre paga un
rescate de tres millones de francos.
La "atmosphere of opera-bouffe" observada por Decoud en Costaguana prevalece en Veraguas. Ismael Pascuas Barquillo, el poeta nacional, finge ser gran patriota, pero cuando se da cuenta que
el triunfo de los invasores es seguro, no vacila en desertar del gobierno. Sirve a los invasores distribuyendo mensajes por medio
de sus queridas palomas mensajeras, las cuales incitan a los veraguanos a aceptar a esta pura Virgen rubia (Régine) que ha surgido del mar.
Después de su apoteosis en Gracias a Dios, Ismael pasa tres
años en la cárcel, los tres años que dura la presidencia de Leonidas
Ejarque. Este se venga lindamente del poeta sirviéndole. en un
plato cada domingo una de sus mimadas palomas mensaJeras.
Ejarque mismo es un traidor acomodaticio. Antes de ser presidente, había sido Ministro de guerra de Calixte y antes de eso,
el general a cargo de las tropas federales que hicieron fren~e a la
invasión extranjera. El autor lo pone en solfa cuando EJarque
realiza una maniobra que ha venido soñando desde que estaba en
la escuela militar: un ataque de sorpresa a la retaguardia del enemigo. Desgraciadamente para él, no cuenta con la valentía, la in428

geniosidad y la fuerza inspiradora de Calixte que salva la situación
de los invasores.
En ese entonces, el jefe oficial de la invasión era Macario Crespo Colorado, un ex-presidente derrocado de Veraguas, que había
pasado mucho tiempo en París. Lo menosprecia el presidente Cristóbal de Saldaña porque es mulato. Después de avanzar hasta las
montañas que dominan a la capital, Crespo se enferma de una
fiebre tropical. No hay duda que fue en forma irónica que Miomandre comparó la situación de Crespo a la de Moisés en el umbral de la Tierra Prometida. "ttendu sur une civiere· au bord du
plateau, il passait la ses journées, affaibli et mélancholique, tel
Moise sur le seuil de la Terre Promise." 52 Cuando Saldaña trata
de sembrar la discordia entre Calixte y Macario, éste, en un rasgo
decididamente heroico se mata de un tiro para asegurar el éxito
de la invasión.
El ambiente de "opera-bouffe" en Veraguas se capta más que
en ninguna otra parte en las magníficas fiestas que se dan en la casa
colonial de Mme. de Miraflores. Se celebran bailes de etiqueta incluso durante las revoluciones y los conspiradores acostumbran bailar antes de empezar sus revueltas hacia las dos de la mañana. Las
conspiraciones se atribuyen indirectamente a las mujeres encinta.
-11 y a encore, la-has, des balcons a grille bombés, derriere
laquelle les jeunes fille écoutent les sérénades. Elles les écoutent trois, quatre, cinq ans. Et puis, elles épousent l'homme
qui leur a fait tous ces jolis vers et canté ces douces chansons.
-Et apres?
-Apres, hélas ! elles grossissent. Alors, leur mari, ne sachant
plus que faire, pour avoir un préteste a sortir le soir se met a
conspirer. 53
Aunque predomina el tono burlesco en V eraguas, ha y alguna
que otra alusión a acontecimientos históricos que producen un
.. Ibid., p. 152.
" lbid., pp. 123-124.

429

�efecto épico : la bienvenida preparada para C~te y Ré?ine como encarnaciones de San Jorge y de un San Miguel fememno sabe
a la recepción de Cortés como Quetzalcoad. Ya se han notado ~as
breves alusiones a los indios pre-colombinos y a la casa colorual
de Mme. de Miraflores. También a Bolívar, lo menciona el p~esidente Saldaña cuando queda pasmado al informarse que los mvasores no han usado el ferrocarril. "Ces mendiants se croient done
'
en temps de Bolivar,
ou d'Ann.b
i al?. . . . " 54
.
Sin embargo, Miomandre no intenta reconstrwr el. pasado ~e
su país. Se esfuerza más por captar la esenci_a de la Hispa~oamerica del siglo veinte y lo consigue por medio de una ca1:catura
de la trágica realidad política. Calixte asume el mand? d~ ,dictador
con buenas intenciones.. Hasta quiso leer la constltucion, pero
·
, Personne n ' y comprend nen.
· " 55 P r onto
" ... on m'en a dissuade.
se contagia de la filosofía aletargada del país. Abandona su programa de reformas: en caso de sanear el puerto de Chiriquitos
(Chiriquí es el nombre de una bahía en el Atlántico, de un golfo
en el Pacífico y de un río, todos los cuales se encuentran en Panamá), sólo traería por consecuencia la ocupación de_ dicho puerto por los poderes europeos; si lim~iara de mosquitos la cos~
atlántica, sería solamente para que infectaran la costa del Pacifico; ¿ ampliar la red de caminos? Sólo daría pábulo a la presencia de automóviles mal olientes. Total, el poder supremo de
Calixte degenera en la inercia. El dictador se queja de que todos
gobiernan menos él. Su único derecho es conducir a la muerte a los
pobres en una guerra contra sus vecinos, guerra que ap~?vecha
el ministro de guerra Ejarque para recuperar su reputac1on. La
guerra misma empieza de una manera ridícula. Una mañana, las
dos vanguardias se encuentran cara a cara en la frontera. ~os soldados de Magdalena, desmoralizados ante los flamantes uniformes
de sus adversarios, huyen en desbandada mientras los veraguanos
los siguen de cerca. La única alusión al imperialismo de los Estados
Unidos se hace cuando Saldaña se ve obligado a salir de Magda.. !bid., p. 147.
'" !bid., p. 160.

430

lena. "Cristóbal de Saldaña, prié par les habitants de cette ville
infortunée de leur épargner la vue de sa personne malencontreuse,
remonta vers le Nord proposer a une nation plus évoluée ses talents
diplomatiques." 56
Como si los personajes y las peripecias no fueran suficientemente fantásticos de por sí, Miomandre traslada al lector por completo al plano de la fantasía al hacer surgir toda la nación de
Veraguas de una pantalla pintada en París por una niña enferma.
Desde los comienzos del libro, los acontecimientos que preceden a
la presentación de la pantalla dan la impresión de un mundo imaginario. Calixte Tonnancour, el futuro dictador, es invitado a la
tertulia del famoso multimillonario Luc-Evariste Nyoscatus por
Florent Bernaz, quien le es totalmente desconocido. Los propios
nombres de los personajes contribuyen a este ambiente de fantasía.
Calixte va después a un restaurant italiano donde escucha disimuladamente una conversación entré la madrastra de Régine y
su amante. Al mirar en un espejo ve cómo apetecen a la madrastra
un adolescente, un senador, un artista ¡ y una acróbata! Al entrar
en el departamento de Florent, Calixte conoce a J acinte, la hermana enferma de su nuevo amigo, la cual, como la heroína de
Glass M enagerie de Tennessee Williams, ha creado su propio mundo imaginario para olvidarse de su situación trágica. Entre las
pantallas que pinta hay una de la república de Veraguas que
para ella verdaderamente existe. Después de una serie de sucesos
extraños, Calixte parte a la conquista de Veraguas con Régine y
Jacinte le pide que le busque una pluma del ala izquierda del
outoutau. La pluma atrae la buena suerte. Durante la invasión
de V eraguas, Calixte sueña que toda la expedición es un sueño y
que si cayera rodando de la peña, se despertaría en París.
Después de los primeros triunfos de los invasores, los dos mundos
de Le dictateur se convierten en uno por el mismo recurso que
utilizó Conrad en Nostromo. Calixte reemplaza al autor en la narración y prosigue con la historia en sus cartas a Florent. Tanto el
capítulo cuarto como el séptimo empiezan en medio de una carta.
.. !bid., p. 183.

431
H28

�El capítulo noveno, que es el último del libro, empieza en París
en medio de una conversación entre Florent y Calixte después que
éste ha regresado a París con la extraña pluma que le consiguió
Amobio, su criado indio. Jacinte se había curado milagrosamente
el mismo día en que Amobio dio la pluma a Calixte. En las últimas páginas de la novela, el autor se sirve de una escena retrospectiva para explicar la suerte de los otros personajes. El libro
termina con una moraleja que recuerda algo a L'oise,au bleu de
Maeterlinck. "Aucune de ces choses désastreuses n'arrive a ceux
qui sous l'influence benigne de la plume d'outoutaou, au lieu de
saisir la vie a pleines mains, se contentent de la regarder peinte
sur des écrans. La, personne ne peut venir, sous prétexte de gloire,
de fortune, ni d'aventure, leur enlever le plaisir de la voir, douce,
lointaine, brillante, magique." 57
La última palabra del libro, "magique", es un término excelente
para caracterizar el concepto que tiene Miomandre de las repúblicas hipanoamericanas. Menos detallado y menos complejo que
Nostramo y careciendo de personajes de carne y hueso, Le dictateur es, no obstante, una caricatura preciosa. Tal cual el polaco
Conrad, el francés Miomandre interpreta los trágicos sucesos de
la América como una farsa fantástica. Aunque Hispanoamérica
en algunos aspectos quedaba casi igualmente remota y fantástica
para el español Valle-Inclán, su novela Tirano Banderas luce un
tono grotesco que concuerda más con el horror de la realidad.

•
A diferencia de Nostramo y Le dictateur, Tirano Banderas
tiene como eje al dictador. Aunque Guzmán Bento y Vicente
Ribiera en Nostramo y Calixte Tonnancour en Le dictateur desempeñan papeles importantes, no constituyen más que uno de los
varios elementos que componen el panorama. Valle-Inclán concibe su historia como una Sinfonía del Trópico, en la cual los
actores se reducen a títeres. Por eso, se dan muy P?cos antece•

1

!bid., p. 184.

dentes de los protagonistas. Están en escena durante los tres días
~ue dura la novela y todo lo que sabemos acerca de ellos lo avengu~mos po~ sus propias acciones y palabras. Los diversos person~J constituyen un censo de la dictadura típica de Hispanoa~enca aunque tal vez sean más propios de México que de cualqmer otro país. Valle-Inclán visitó a México en 1890 y t amb'1en
'
Io uti·¡·izo, como escenario para Sonata de estío.

:s

El verdadero nombre del dictador no es Tirano Banderas sino
San~~s. Banderas. Este último nombre describe la misión divinopatnot1ca que se han atribuído todos los dictadores hispanoamericanos desde Agustín de Iturbide hasta Rafael L. Trujillo. Una
pe~fecta red de espionaje ha creado el terror en todo el país. Cual~m~r persona acusada de oposición al dictador es echada sin prel~mares a la cárcel donde se le deja podrir en vida, 0 bien se
tira de cebo a los tiburones. Se hacen ejecuciones en masa. Durante toda la novela, el dictador mantiene una actitud impasible.
Sólo muestra sentimientos humanos poco antes de su derrota final
cuando da de puñaladas a su propia hija idiota de veinte años
para evitar que caiga en manos de sus enemigos. Aunque el autor logra crear una extensa vista panorámica de un país mixto
la trama principal se limita a una revolución en contra de Ti~
rano Banderas, en la cual están comprometidos de una manera
u ot~a todos los protagonistas. Lo que hace que la revolución sea
tan 1m~o~tante es que muchos de los episodios dependen de un
suceso nd1culo: el coronel Domiciano de la Gándara quebró algunos _cascos _al pasar precipitadamente por el puesto de refrescos
de dona_ Lup1ta._ Al-·apremiar a ésta para que presente los cargos
por es~nto, el dictador demuestra cómo es capaz de agarrarse de
cualqmer pretexto para eliminar a un antiguo camarada. A causa de los cascos quebrados, el hijo de doña Rosa Pintado es encarcelado; el prostíbulo de Cucarachita la Taracena es clausur~do; por poco se rompen las relaciones con España; y el licenciado Nacho Veguillas cae en desgracia. Todo esto sucede porque el Coronel se entera de la orden de prenderlo por medio de
Nacho Veguillas con quien se encuentra en el prostíbulo y se es-

432
433

�capa por una ventana en el cuarto de un estudiante desconocido
que resulta ser hijo de doña Rosa Pintado.
El jefe espiritual de la revolución es don Roque Cepeda, un
idealista puro que es encarcelado por Santos Banderas a causa
de sus discursos revolucionarios. Sin embargo, el verdadero jefe
de la revolución es Filomeno Cuevas, un hacendado criollo que
defiende su derecho de dirigir el ejército pese a las protestas del
científico coronel Domiciano de la Gándara. Este llega al rancho
de Filomeno después de escapar de la capital con la ayuda del
indio Zacarías San José.
Zacarías, apodado el Cruzado por una cicatriz que tiene en la
cara, está decidido a luchar contra el dictador y contra los españoles que fueron responsables del encarcelamiento de su mujer y
de la muerte consiguiente de su hijito abandonado a los cerdos
hambrientos. Como un recuerdo grotesco de su tragedia, lleva consigo el saco que contiene los huesos de su hijo.
Al igual que en Nostramo y Le dictateur, los extranjeros tienen papeles importantes en Tirano Banderas. Teniendo en cuenta la nacionalidad y el orgullo de Valle-Inclán, es natural que los
españoles constituyan el grupo de más importancia, aunque hay
que notar que bajo ningún aspecto los presenta en forma favorable. Celestino Galindo, representante de la colonia española, se
opone rotundamente a los ideales de la revolución. El ministro de
España es una figura de lo más ridículo desde su nombre hasta
sus vicios. Mariano Isabel Cristino Queralt y Roca de T ogores,
Barón de Benicarlés y Maestrante de Ronda es morfinómano, homosexual y sodomita. Quintín Pereda, dueño cruel de una casa
de empeños, y Melquíades, su sobrino taimado, son otras contribuciones nefandas que aporta España al Nuevo Mundo. El norteamericano también es un tipo despreciable. Mister Contum, cuyo nombre simboliza su codicia, es un aventurero en busca de minas. El autor caricaturiza asimismo a los representantes de Gran
Bretaña, Francia, Brasil, Ecuador, Alemania, Uruguay y Japón.
Puesto que Valle-Inclán no se interesa por el pasado de sus personajes, tampoco se interesa por la historia de su país imaginario.
434

~ólo le preocupan los sucesos contemporáneos. Aunque siempre
tiene presen~e el obj~t~ de crear una nación comprensiva, parece
depend~; mas de Mexico para los episodios relacionados con la
revoluc1on: La alusión a los científicos, aunque Valle-Inclán deforma su nnport~ncia ~stórica, y la oposición de los españoles a
la r~f~rma, agraria sugieren la última década de la dictadura de
Porfirio Diaz_ en México y la Revolución de 191 O. Los planes de
batalla de Filomeno Cuevas también recuerdan a México. Este
e~pera mover las tropas a la Ciudadela (famosa en la historia mexicana p~r. el papel que tuvo en el asesinato del presidente Mad~ro), afiliarse a la revolución e incendiar un convento. En la
carcel de S~nta Mónica, que se parece mucho a la prisión verdadera en la isla de San Juan de Ulúa en la bahía de V eracruz, el
~octor Atle _( el Dr.1tl es el seudónimo de Gerardo Murillo, artist~ Y_cuent_IS_ta mexicano muy conocido) toma apuntes mientras
los md1os pns1oner?s hablan de la revolución. El nombre del jefe
local, Doroteo Ro3as, puede ser también un esfuerzo consciente
para evocar la imagen de Pancho Villa, cuyo verdadero nombre
fue Doroteo Arango.
"-Pues de a~uélla, yo aún andaba incorporado a la partida
de Dor?teo Ro3as. Un servicio perro, sin soltar el fusil, siempre mo3ados. Y el día más negro fue el siete de julio: íbamos
atravesando un pantano, cuando empezó la balacera de los
federales: no los habíamos visto porque tiraban al resguardo
de los huizaches que hay a una mano y otra, y no más salimos
de aquel pantano por la Gracia Bendita. Desde que salimos,
les contestamos con fuego muy duro, y nos tiroteamos un chico
rato, Y ~tra ve~, jala y jala y jala, por aquellos llanos que no
se les mrraba fm. . . Y un solazo que hacía arder las arenas
Y ahí vamos jala y jala y jala. Escapábamos a paso de coyote
embarrándonos en la tierra, y los federales nos venían detrás'.
Y no más zumbaban las balas. Y nosotros jala y jala y jala ...
-Y jala y jala y jala. Todo el día caminamos al trote
hasta que al meterse el sol divisamos un ranchito quemado:
435

�y corrimos para agazaparnos. Pero no pudo ser. Tamb~én
nos echaron, y fuimos más adelante y nos agarramos al hocico
de una noria. Y ahí está otra vez la balacera, pero fuerte Y
tupida como granizo. Y aquí caía una bala, y allá caía otra,
y empezó a hervir la tierra. Los federales teman ganas de ,acabarnos, y nos baleaban muy fuerte, y al poco rato no mas s:
oía el esquitero, y el esquitero y esquitero, como ~uando ~1
vieja me tostaba el maíz. El compañero que estab~ Junto a m1,
no más me hacía para un lado y para otro: Moa.vado que le
dije: no las atores, manís, porque es peor. Hasta que le dieron
un diablazo en la maceta, y allí se quedó mirando a las estrellas. Y fuimos al amanecer al pie de una sierra, donde no
•
había ni agua ni maíz, ni cosa mnguna
que comer . . . " 58 ·
El ~inistro del Ecuador resume la actitud del cuerpo diplomático respecto a Ía revolución.
"-Nuestra América sigue siendo, desgraciadamente, una
Colonia Europea... Pero el Gobierno de Santa Fe, en esta
ocasión, posiblemente no se dejará coaccionar: sabe que el
ideario de los revolucionarios está en pugna con los monopolios de las Compañías. Tirano Banderas no morirá de cornada diplomática. Se unen para sostenerlo los egoí_smos del
criollaje, dueño de la tierra, y las finanzas. extran~era~. El
Gobierno, llegado el caso, podría neg~r la~ mde~~c10nes,
seguro de que los radicalismos revoluc1onanos en mngun momento merecerán el apoyo de las Cancillerías. Cierto que la
emancipación del indio debemos enfocarla como un hecho
fatal. -No es cuerdo cerrar los ojos a esa realidad. Pero
reconocer la fatalidad de un hecho, no apareja su inminencia.
Fatal es la muerte, y toda nuestra vida se construye en un
esfuerzo para alejarla. El Cuerpo Diplomátic~ ~ctúa raz_onablemente, defendiendo la existencia de los VIeJos orgarus08

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN,

pp. 137-138.

Tirano Banderas (Buenos Aires, Espasa Calpe, 1945),

mos políticos que declinan. Nosotros somos las muletas de
esos valetudinarios crónicos, valetudinarios como aquellos éticos antiguos, que no acaban de morirse". 59
A pesar de que los episodios revolucionarios deben sus orígenes
a México, Valle-Inclán ni aun aquí pierde de vista su objeto primordial, que es la creación de un país comprensivo de Hispanoamérica. Uno de los. discursos revolucionarios del licenciado Sánchez Ocaña tiene reminiscencias del Perú. - "Redención del Indio: Comunismo precolombiano. Marsellesa del mar Pacífico.
Fraternidad de las razas amarillas". 60
Del mismo modo que Conrad en Nostromo, Valle-Inclán a propósito incluye elementos raciales y geográficos de toda Hispanoamérica. La diferencia está en que Valle-Inclán no quiere crear
un país tan preciso como la Costaguana de Conrad. En efecto,·.
nunca se le da un nombre al país de Tirano Banderas, y pocas veces se describe geográficamente. Solamente se conoce el nombre
de. la capital, Santa Fe de Tierra Firme. Aunque su nombre recuerda a Santa Fe de Bogotá, su situación. en el océano Pacífico,
la diferencia de la capital colombiana.
"Santa Fe de Tierra Firme - arenales, pitas, manglares,
chumberas- en las cartas antiguas, Punta de las Serpientes.
Sobre una loma, entre granados y palmas, mirando al vasto
mar y al sol poniente, encendía los azulejos de sus redondas
cúpulas coloniales San Martín de los Mostenses. En el campanario sin campanas levantaba el brillo de su bayoneta uncentinela. San Martín de los Mostenses, aquel desmantelado convento de donde una lejana revolución había expulsado a los
frailes, era, por mudanzas del tiempo, Cuartel del Presidente
Don Santos· Banderas - Tirano Banderas". 61
"' lbid., p. 172.
lbid., p. 48.
" Ibid., p. 15.
00

436
437

�Varios detalles orientan al lector hacia el Perú pero las pampas 62 estancieros 63 y Santos Vega 64 sólo se podrían aplicar a la
Ar~entina. La coexistencia de minas, petróleo y caucho también
sugieren al Perú como así mismo las frecuentes alusiones a los
soles como la unidad monetaria. En cambio, los soles algunas
veces se reemplazan por bolivianos y bolívares, las unidades monetarias de Bolivia y Venezuela respectivamente. La mayor parte
de la población del país parece estar compuesta de indios y cholos
aunque también hay negros, mulatos, chinos y criollos. De éstos,
casi todos son españoles a quienes a menudo se les aplica con desprecio el término mexicano de gachupines.
Si Valle-Inclán penetra menos en el pasado y da menos detalles geográficos que Conrad, su cuadro no es por eso menos completo ya que dispone del recurso valioso de la lengua española.
Aunque cada uno de los diez y nueve países hispanoamericanos
habla más o menos el mismo idioma, cada uno tiene ciertas peculiaridades. Más que nada, Valle-Inclán se atiene a estas diferencias lingüísticas para crear su nación comprensiva. El uso exagerado del diminutivo -ito es netamente mexicano mientras que
el empleo de vos en vez de tú nunca se oye en México (a excepción de Chiapas) y en cambio, es muy típico de la mayoría de los
países centroamericanos, de la Argentina, del ~rugu~y. y de p~rtes de Colombia, Venezuela, el Ecuador, el Peru, Bohv1a y Chile.
Unos pocos ejemplos bastarán para mostrar cómo Valle-Inclán
insiste en juntar de un modo artificial localismos de varios países, tanto en sus propias descripciones como en el habla de sus
personajes: "El Coronelito tumbado en la hamaca, rasguea la
güitarra y hace bailar a los chamacos. Dos mucamas cobrizas..." 65
- "Mi jefecito, en estas bolucas somos baqueanos". 66 -"¡Nos ve.. !bid., p. 12.
.. !bid., p. 21.
" !bid., p. 103.
•• Jdem: "chamacos" es netamente mexicano mientras que "mucama" se usa en la
Argentina, Chile, el Uruguay y el Perú.
,.
''baqueanos,, en
"' ]bid., p. 9. "Jcfecito" y "bolucas" hacen pensar en M ex1co;
la Argentina.

438

mos! Compadrito, cuídame vos del ruano". 67 "¡ Estas ferias son
las bacanales del cholo y del roto!" 6 S
Además de los personajes titerescos y la fusión descomunal de
ele~entos de geografía, población y lenguaje, la construcción expenment~l de Vall_e-Inclán también da un aspecto fantástico a
todo el hbro. A diferencia de Conrad, Valle-Inclán se limita a
~n narrador, el propio autor. Sin embargo, la mayor parte del
l~bro se compone de diálogos cortos, técnica que también caractenza los Esperpentos del mismo Valle-Inclán. Lo que más se destaca de la construcción de Tirano Banderas es su cubismo. Aunque la acción de la n-Ovela ocurre dentro de unos dos días este
co:to período de tie?1Pº ª?arca todo el siglo diez y nueve' y la
pnmera parte del siglo vemte mediante unos anacronismos hechos a propósito. El autor nos dice que Santos Banderas había
luchado co~t.ra los españoles en el Perú (c. 1824) ; Emilio Cast~l~r es mm1stro en España ( 1873-1874); predominan el positi:i_smo materialista y los científicos (c. 1880) ; el petróleo es co~IClado por_ los Estados Unidos (c. 1900) ; y la revolución agrana es sugenda ~~r la Rev~l~ción Mexicana de 191 O. Apenas si
hay una progresion cronologica. A veces, el autor se siente obligado a record_arnos que todavía es el Día de los Santos, porque
~ay tanta acción que es difícil pensar que todo sucede al mismo
tie~po. Las citas siguientes señalan los aspectos geométricos del
cubismo como también su concepto del tiempo.
"Los gendarmes comenzaban a repartir sablazos. Cachizas
de ~~roles, gritos, manos en alto, caras ensangrentadas. Con~l~i,on de·_luces· apagándose. Rotura de la pista en ángulos.
VIS1on cubista del Circo Harris. 69
El tiempo parece haber prolongado todas las acciones, suspensas absurdamente en el ápice de un instante, estupefac.,. !bid., p. 112: "nos vemos" y "compadrito" evocan a México: "cuídame vos"
y "ruano" a Colombia.

.. /bid., P· 174: "cholo" se aplica a Bolivia, al Ecuador y al Perú• mientras q
"roto" pertenece indiscutiblemente a Chile.
'
ue
•• !bid., p. 46.

439

�. t a1·izadas, nítidas, inverosímiles como sucede bajo la
tas cns
,
.h
10
influencia de la man uana.
.
la luz trianguSentíanse alejados en una orilla r;;1~~ª:0~demo y cubista
lada del calabozo realzaba en un mo u

f
1
la;:~~!::c~ei;,~::, ;~~::•~e la escalera,
71

bajbo la asrfai.:
· que proyecta
ña destellante de luces, ante e1 espeJ.º
d ,, 2 a a
guras con una geometría oblicua y disparata a . 7

1

!::

1
La celebració? ,dt:1 Día de ~: ~~n¿~: ~: tit~:e:t~::::
&lt;leras contrasta irorucamente c
1 descuartizamiento de su cabién se celebra en su honor, con e
,
dáver y su distribución a los cuatro rincones del pais. . ,
te
.
. •
El cubismo se manifiesta
asimismo
en la construccion marga, .
novela Mientras que N ostromo a veces se reca
matica de la
.
.
Le dictateur es en realidad una
con su cronología retrospectiva y
..
1·
de una
,
•
0 y parisienses se igan
novelita cu~o_s _capitu_los am;;~c;;; tiene una construcción bien
manera art1f1cial, Tirano
. u· 'a el escrutinio del
f
te reforzada que res1s n .
equil~brada Y, uer~emen El rólogo y el epílogo son presentacioarqmtecto mas exigente.
P
1 ·' desde los pundo de 1a revo uc1on
nes paralelas del a~pecto arma eldes de Tirano Banderas. La
tos de vista respectivos de los reb
yt todos los episodios que
parte principal de la noveld qu\.ir~:~~d~a en siete partes, cada
preceddenl al colmesbaestteá ::~:iv~di:a en tres libros, excepto la cuaruna e as cua
.
· t
ta parte piedra angular de la novela, que tiene s~e e.
1 ,
Le dzctateur
meTirano' Banderas comparte con N ost r~mo YDeb1ºdo
a que eValle.
1 1 · ºón comprensiva.
todo expenme~ta y a v1~alle-Inclán es Valle-Inclán, no tiene el
lnclán es espanol y a ~ue
,.
e tienen el polaco Conrad
.
tO de Hrpanoamenca qu
.
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•
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y elmismo
~rancésque
Mi1om~-~re.e'Fp~::a
~:
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lo
a v1s10n

¼::t;;:~.

•• Jbid., p. 73.
/bid., p. 139.
,. Jbid., p. 160.
11

440

multitud de figurillas grotescas que viven posesas de un miedo constante frente a un dictador caprichoso que pretende gobernar en
nombre de la religión y del patriotismo. Aunque la tragedia de esta
nación mixta a veces se sobrepone a la impasibilidad del autor,
el lector no puede menos de sentir que Valle-Inclán se aprovecha
del tema principalmente para lucir su ingeniosidad. Aun cuando el lector puede apreciar intelectualmente la experimentación
del novelista, no logra identificarse con los personajes.

•
El guatemalteco Miguel Angel Asturias, aunque se inspiró en
Tirano Banderas, consigue crear un mundo más auténtico al limitar su visión sobrenatural a un solo país durante una dictadura
determinada. A pesar de que el nombre de Guatemala no se menciona en El Señor Presidente, eI título se refiere sin duda alguna
al dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera ( 1898-1920).
Muchos de los episodios que cuenta Asturias pueden encontrarse
en Ecce Pericles, una biografía bien documentada del mismo dictador por Rafael Arévalo Martínez. La mención de la bataIIa de
Verdún ( 1916) confirma cronológicamente el intento del autor.
La acción se desenvuelve principalmente en 1a ciudad de Guatemala, pero también hay escenas en Puerto Barrios y en un pueblo
provinciano cerca de la frontera con El Salvador, posiblemente
Asunción Mita, aunque el autor nunca menciona sus nombres.
En esta novela, Asturias no se interesa demasiado en los problemas raciales de su país. Se supone que los capitalinos son mestizos. El problema indio, cuya solución es una de las finalidades
de la revolución, sólo se hace presente mientras el general Canales huye por una remota región del país. En tanto que Asturias
a sabiendas evita toda mención de Guatemala y hace todo lo
posible por desarraigar la novela de su país, el dialecto hablado,
en especial por algunas personas de la clase baja, no podría ser
sino guatemalteco. La edición Losada de 1952 tiene un glosario
que incluye guatemaltequismos como bolo (borracho), cauta ( en441

�gaño), cuque (soldado), chamarra (frazada), chirís (niño),
chumpipe (pavo), castilla (lengua castellana), estar de goma (malestar que sigue a la borrachera), hacer campaña (favorecer),
ishtos (indios), muchá (muchachos), pisto (dinero), chucho (perro), torcidura (desgracia), traído (novio), zope (zopilote).
Puesto que Miguel Angel Asturias describe un solo período en
la historia de un solo país, su obra es una presentación más lógica y más poderosa de la dictadura típica de Hispanoamérica.
El protagonista no es el dictador sino la dictadura. Aunque se
siente la sombra del señor Presidente a través de todo el libro, en
realidad lo vemos muy poco. Su poca participación directa en el
sistema que él ha creado lo rodea de un misterio sobrenatural y
al mismo tiempo, comprueba que la dictadura, una vez iniciada,
corre por su propia cuenta sin la intervención personal del dictador. Es decir, que si el señor Presidente no fuera Manuel Estrada
Cabrera, sería otro quien ejercería el mismo despotismo.
En todos los distintos aspectos de la dictadura, predomina una
emoción: el terror. Toda la novela está empapada del terror que
determina la conducta de todos los personajes, desde los mendigos
desgraciados hasta el tan exaltado Presidente. El Auditor de guerra
aterra a los mendigos torturándolos hasta que confirman su denuncia falsa contra el general Eusebio Canales y el licenciado Miguel
Carvajal por el asesinato del coronel José Parrales Sonriente. Fedina
Rodas, al oír el llanto de su criatura hambrienta, ya no puede resistir más y le admite al Auditor que Lucio Vásquez, el amigo de su
marido, fue cómplice de Miguel Cara de Angel en el rapto de Camila, la hija del general Canales. Todo, pero absolutamente todo lo
que ocurre en todas partes del país llega a los oídos del dictador. Los
espías hasta se espían unos a otros para conseguir favores que
otorga el señor Presidente. Este terror no se limita a los pobres.
Por miedo a los espías omnipresentes, don Juan Canales, ayudado
por su esposa Judith, niega a su propio hermano, el general Eusebio Canales, el falsamente denunciado, y no quiere admitir en su
casa a su propia sobrina. Hasta telefonea a otros dos hermanos,
Juan Antonio y Luis, para advertirles que no deben recibir en su
442

casa a Camila. El licenciado Abel Ca .
.
cio aturdido y preso de t
p rva}al asiste a su propio juierror. resenciando s
·
por co-asesino del coronel p
u propia condena
1
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como una pesadilla El t
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cue~ a e que
mosca. Sin embargo, el terror en en~racom,o una arana con una
dictador se contagia del terror u! él h mas terror "( el mismo
de guardias día y noche. Sólo ~llos ba formad?. Vive rodeado
casas de campo va a p
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.
asar 1a noc e Los a .
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afirman que jamás duerme d
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migos e ictador
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que .ª ~puesto la tiranía sol
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se sirve del tiempo im erf~~~~on e .ª ~laza de Armas, Asturias
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para mdicar la frecuencia de los
.
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1
traba a un prisionero político
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' s:gu1 o e muJeres que limpiaban
doctor Barreño 1 ~ con los panuelos empapados en llanto".1ª Al
tal se moría la ;en;:ª:tret° f&gt;?rque desc~brió que en el hospide sulfato de sodio que lose º;toma~; aguJereado por una dosis
presos cuyos diálogos aparecenr:e : ; icos le recetaban. Hay dos
al reforzamiento de la est t
E z en cuando para contribuir
,
ruc ura. sos dos presos se destacan ,
~as en lla novela precisamente por su falta de heroísmo Son aªu,n
rumos y os conocemos
1
.
no1• . ,
El sacristán es un homfu.:r in::i;; :i~n ~u~/cupan en la sociedad.
gracia de quitarle al cancel de su igl:;1 icante ~ue tuvo la despleaños de_ la madre del dictador. Sui c:;~::~1oe:º~~e e~ ~umes ~~ estudiante. Puesto que el autor nunca nos ofrece ca a o~o
cac1on del encarcelamiento del estudiante
1 . una_ explide
q.ue el d'icta dor considera que el solo hecho 'decrea a impresión
titu
.
ser estud'iante cons
ye un crlffien. El estudiante llega a ser el portavoz del auto:
TI

MIGUEL ANGEL ASTU

RIAS,

El

senor
- Prendente
.
(Buenos Aires, Losada, 1952 )' p. 70.
443

�,
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, de que tanto a e'l como al sacristán se •les
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en el epílogo.b espues
. 'n que cuando se les qmt .
d · más exp1·1cac10
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d nvuelven en 1a pnsi '
Con tantas escenas que se ese
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. tamos un cua ro es
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.. , L
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que han perdido la gracia ti~e qd. . de los calabozos. El del
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.
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hcenc1ado arvap mi e
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el mismo bote de lata para a1arpes
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como para su ir es e
.,
la osibilidad de salir de la pnyor consideración a excepc1on de G p
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de un prostíbulo.
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o en to o e pa1s,
Tanto en la pns1 n com
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racteriza por su a f.icwn
.
.
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d . t en su oficina. El autor Ja.
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b . d la dictadura. En e ecto1
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impresionar al ector _con e ión al dar muy poco énfasis a los epiel autor logra mayor impr s
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t en la nove a, no
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lector El asesmato o ic1a
. d fcnsos La victima mas
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·
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de un castigo excesivo ap ca .
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to anónimo por el mayor
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.
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ejercida contra su p
.
una de las experiencias mas oFarfán y sus soldados constituye M" el Cara de Angel se dio
1
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rripilantes de a nove .
. d 1dictador creía que lo I an a
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cuenta de que ya no era el ,favonto d'ndolo
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su volunta d d e
1 . , d 1 del pa1s y man a
castigar a e1an o o
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h" t
Despues e VI
f'
enviado a as mg on.
.
T más siendo el mayor Far an
to, 1a desilusión de Miguel se mtensi ica

el que administra el castigo diabólico. Ese mismo mayor Farfán fue
prevenido por Cara de Angel contra el señor Presidente, quien lo
tenía vigilado por los discursos revolucionarios que lanzaba al emborracharse.

Al parecer, el dictador prefiere la tortura mental a la física, por
sus efectos mayores. La carta anónima se usa como instrumento
para hacer dudar a la gente de su propia familia. Una descripción larga pero falsa de la boda de Camila y Cara de Angel se
publica en los periódicos y tiene el efecto previsto por el señor
Presidente. Mientras que come, el general Canales, que encabeza
las fuerzas revolucionarias, lee que su gran enemigo apadrinó la
boda de su hija Camila y Cara de Angel, conocido por todos como el favorito del señor Presidente. Sin emitir ni un sonido, muere. Pero esta desesperanza del general Canales, aunque lo mata,
no se compara con la muerte de Cara de Angel. Ni la brutalidad
ingrata del mayor Farfán; ni la vuelta por tren a Guatemala; ni
la oscuridad eterna de su calabozo inmundo puede anonadar a
Miguel. A pesar de todo, lo sostiene el recuerdo de su esposa Camila. El autor llega a crear el colmo de la desesperanza cuando
otro preso, Vich, se insinúa en la amistad de Miguel para mentirle después que Carnila ha llegado a ser la amante predilecta
del señor Presidente. Por este servicio rendido al gobierno, Vich
recibe ochenta y siete pesos y el permiso de salir para Vladivostok.
La oscuridad de la prisión se hace más sombría por el contraste
con el brillo falso que rodea al señor Presidente. Las injusticias
perpetradas contra los seres inocentes y la brutalidad de los que
abusan de su poder se destacan aún más por algunas alusiones
periódicas a las extensas preparaciones para celebrar el fracaso del
atentado contra 1a vida del dictador. Durante la ceremonia pública, al dictador lo exaltan de una manera ridícula. En la cantina,
llamada el Tus-Tep, Cara de Angel mira un retrato del dictador,
de joven, con ferrocarriles en los hombros de charreteras y un angelito en actitud de colocarle en 1a cabeza una corona de laurel.
Recordando las pretensiones culturales de Estrada Cabrera - hizo
construir templos de Minerva por toda la república para celebrar
445

�- su cump1eanos

Asturias le da al poeta'doficial un lugar de honor
d d' d 1 señor Pres1 ente.
en el banquete e ica o a. d h" anoamericano, casi siempre
Por tiránico que sea el dicta or isp
f .do de la constitu. 'f.
ndo con un respeto mg1
.
trata de JUStl icar su ma
1 . d' la insistencia del d1ctación. El mismo título_ de la nove; ~e:~:ente, tiene que adminisdor en llamarse presidente.
p
anencia en el cargo. La
·
e autorizan su perro
,
trar las elecciones qu
1 e y sus discursotes sena
.
todos
sus
carte
on
s
lí
campaña po t1ca con
, .
M' entras ue el pueblo se va conridícula si no fuera tan trag1ca. d i d d~ la reelección del pre.
d
bienestar epen e
d
venciendo e que su
1 dictadura sigue penetran o
sidente, el terror engendrad~ po~ a dos los ciudadanos desde el
en todos los aspectos de la vida e to

?ºm

más humilde hasta el más elev~do.
f
por hacer sobresalir
. 1 An el Asturias se es uerza
.
Aunque Migue
g
.
bases de ese gobierno.
1
.
d
ra
no
ignora
as
.
d
la tiranía de 1a icta u '
. .
e los Estados Umdos y
.
ia permc10sa qu
1 infl
Convencido de a
uenc . 'd
Guatemala Asturias ha dehan e1erc1 o en
'
v·
sus grandes empresas
ma del anti-imperialismo: iento
dicado tres novelas enteras al te1954) W eek-end en Guatemala
fuerte ( 1950)' El papa verde ( El selor Presi.dente no contenga
( 1956). Por eso, sorprende que L . da del licenciado Carva· , a1 r especto. ,a .vm
más que una a1us10n
e eloo-ia a su man·do
de pésame anoruma qu
0 •
jal recibe una carta
"uno de los muchos han1
por haber matado al coron(el ~::)ª ~~nen reducida, apoyados en
didos con galones que la nac ,
e" 1,
.
orquena y sangr ·
el oro norteamencan~, ª P .
Iglesia y el Señor Pre1
Sin indicar una alianza directa entre 1ª función de la religión
.
. . con amargura a
, .
sidente, Astunas critica
El A d'tor de Guerra, patolog1caen la sociedad guatemalteca. , tu ª1 el órgano en la iglesia de
•
1 h t O poder mas, oc
mente crue as ª n
d · de asistir a la pnmera
d 1 C men y nunca e1a
.
Nuestra Senora e ar
h
Camila Jud1th CanaD
, de rec azar a
,
.
misa de la manana. espues
Ast ·as se ríe del ritualismo
· 1 ·
ra rezar
un
les se dirige a la ig es1a pa
, d
con el verdadero candor e
de la extremaunción contr~stan o o d 1 como un "refugio de
.
. de Camila. Descnbe la cate ra
mocenc1a

i

" 1 bid., p. 238.

446

mendigos y basurero de gente sin religión". 75 Su cinismo hasta es
capaz de transformar el nombre Jesucristo en Jesupisto en boca
del Mosco. Sin embargo, este juego de palabras procede de la boca del Mosco, lo que indica que Asturias no está atacando la religión en general sino la forma corrompida que ha asumido en
Hispanoamérica. El mismo Mosco, ciego y sin piernas, llega a
transformarse en una especie de Cristo, cuando lo cuelgan de los
dedos y lo vapulean brutalmente -pero a pesar de todo, muere
afirmando la verdad: que el coronel Parrales fue asesinado por
el idiota Pelele. Su integridad se aprecia aún más si se pone en
contraste con la actitud del Auditor de Guerra, quien, además de
todas las barbaridades que comete, se vale de su oficio para ganar dinero. Por diez mil pesos vende la prisionera Fedina Rodas
a la Niña Chon, dueña de un prostíbulo, y después acude a mil
trampas para no devolverle el dinero cuando Fedina se enferma
gravemente.
Mientras que el Auditor y los otros amigos del dictador explotan el país sin compasión, los pobres maestros ni siquiera reciben
sus sueldos. Asturias describe a los amigos del primer mandatario
como "propietarios de casas --cuarenta casas, cincuenta casas-,
prestamistas de dinero al nueve, nueve y medio y diez por ciento
mensual, funcionarios con siete y ocho empleos públicos, explotadores de concesiones, montepíos, títulos profesionales, casas de
juego, patios de gallos, indios, fábricas de aguardiente, prostíbulos,
tabernas y periódicos subvencionados". 76 Al mismo tiempo los profesores venden a medio precio los recibos de sus sueldos todavía
no pagados.
El terror, las injusticias y los abusos de la dictadura hispanoamericana no se limitan a la capital. El señor Pre.sidente recibe informes
de sus espías colocados estratégicamente por todo el país. Cuando
el General Canales llega a un pueblo cerca de la frontera, pronto se
entera de que el cacique local y el médico están sirviéndose de los
mismos medios que el jefe supremo para explotar a la gente. El po" lbid., p. 299.
" lbid., p. 20.

447
H29

�der del cacique se extiende al campo donde la víctima es el indio. En solamente dos páginas, el indio que le sirve de guía al
general Canales presenta en su propio dialecto una serie de desgracias que le han acaecido personalmente, pero que son casi
exactamente iguales a esas que ocurren con frecuencia en las muy
conocidas novelas indigenistas del siglo veinte de México, Guatemala y los países andinos. El cacique le manda al indio que le
"ofrezca" el uso de sus mulas para cargar leña. Le quitan las mulas y lo echan en la cárcel incomunicato. Cuando protesta, lo
apalean tanto que tienen que llevarlo al hospital. Al reponerse y
al salir del hospital, el indio sabe que sus dos hijos están presos
y que no los soltarán hasta que él le pague al cacique tres mil
pesos. Va a la capital y consigue los tres mil pesos hipotecando su
terreno. Aunque le da el dinero al cacique, sus hijos son mandados de reclutas al ejército. Uno de ellos muere vigilando la frontera; el otro se pone zapatos y abandona la cultura de sus padres.
La esposa del indio muere de paludismo. Para el colmo, descubre que el documento que firmó en la capital no fue una hipoteca
sino una venta de su terreno a un extranjero. Privado de su tierra y de su familia, el indio se ha hecho bandolero, sin considerarse ladrón. La historia del indio, más la narración de lo que han
sufrido tres hermanas pobres a causa de la avaricia de un médico
refuerzan las propias experiencias del general Canales con el dictador. Ya no puede contenerse. Se lanza a la revolución con el
fin de derribar todo ese sistema malévolo.
"Y volvió el puño -platos, cubiertos y vasos tintineaban-,
abriendo y cerrando los dedos como para estrangular no sólo
a aquel bandido con título, sino a todo un sistema social que
le traía de vergüenza en vergüenza. Por eso -pensaba- se
les promete a los humildes el reino de los cielos -jesucristerías- , para que aguanten a todos esos pícaros. ¡ Pues no!
¡ Basta ya de Reino de Camelos! Yo juro hacer la revolución
completa, total, de abajo arriba y de arriba abajo; el pueblo
debe alzarse contra tanto zángano, vividores con título, hara448

ganes que estarían mejor trabajando la tierra. Todos tienen
que demoler algo; demoler, demoler. . . Que no quede Dios
ni títere con cabeza..." 77
Aun cuando también hay revoluciones sociales en Nostramo de
Conrad y en Tirano Banderas de Valle-Inclán, los objetivos no
se expresan tan claramente como en El señor Presidente. El programa definitivo de la revolución indica algunos abusos que no
se habían mencionado antes: una reforma agraria; división justa
de las aguas; eliminar el castigo del cepo; creación de cooperativas agrícolas para importar maquinaria, buenas semillas, animales de sangre pura, abonos y técnicos; mejores y más baratos medios de transporte; facilidades para llevar las cosechas a los mercados; entregar los periódicos a personas electas por el pueblo, las
cuales se sentirán responsables .a sus electores; abolir las escuelas
particulares; fijar impuestos proporcionales; rebajar los precios de
las medicinas; eliminar el exceso de médicos y abogados; libertad
de cultos, inclusive el derecho de los indios de adorar sus dioses
y reconstruir sus templos.
La revolución del general Canales fracasa porque él muere. De
este modo, el autor promulga su idea de que la verdadera revolución no debe provenir de los militares. Sólo así se explica la
importancia que Asturias le concede al estudiante anónimo. En
el epílogo, éste sale de la prisión. Su casa está situada al final
de una calle sin salida y su madre, todavía confiando en el poder de las oraciones, ruega por las almas benditas que sufren en
el santo purgatorio. Sin embargo, el hecho de que el estudiante
siga viviendo representa una pequeña esperanza para el futuro.
En efecto, las revoluciones guatemaltecas de 1920 y de 1944, lo
mismo que varias otras revoluciones hispanoamericanas, han sido
realizadas en gran parte por los estudiantes.
El señor Presidente tiene en común con Nostramo, Le dictateur
Y Tirano Banderas la finalidad de describir una república de Hisrr

!bid., p. 202.

449

�panoamérica. Asturias, sin embargo, ataca el problema desde un
ángulo distinto. Mientras que Conrad, Miomandre y Valle-Inclán
crean países comprensivos artificiales, Asturias describe la situación en un país verdadero, Guatemala. El mismo efecto panorámico que logra Conrad con una mezcla geográfica e histórica;
que logra Miomandre con una mezcla más limitada y la fantasía
de la pantalla de seda que consigue Valle-Inclán principalmente por medio de un lenguaje mixto - este mismo efecto se consigue en El señor Presidente por medio de la transformación del
mundo verdadero en un mundo dantesco.
A través de todo el libro, el autor lo presenta todo como un infierno-purgatorio. El párrafo inicial es una presentación onomatopéyica del doblar de las campanas en medio de las sombras. El
nombre---de Luzbel tiene que referirse al señor Presidente, príncipe de las tinieblas.
" .. . ¡ Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre !
Como zumbido de oído persistía el rumor de las campanas a
la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra
en la luz. ¡ Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre ! ¡ Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre.. . , alumbre.. . ,
alumbra . . . , alumbra, lumbre de alumbre... , alumbra,
alumbre..." 78
Conforme con los retratos consagrados de Lucifer, el señor Presidente viste rigurosamente de luto. Su vestido, sus zapatos, su
sombrero y su corbata son negros. Se asocia no sólo con el Lucifer
cristiano sino también con Tohil, el dios maya del fuego. El capítulo "El baile de Tohil" presenta una visión del baile durante
el cual se ofrecen a T ohil sacrificios humanos en cambio por el
fuego. Los efectos onomatopéyicos de los tambores indios y la alusión al purgatorio refuerzan la impresión de oscuridad y terror
de la primera página y al mismo tiempo atestiguan la coexistencia del paganismo y el catolicismo en Guatemala.
18

450

Ibid., p. 9.

"¡ Estoy contento! -dijo Tohil. ¡ Re-tún-tún ! ·1Re-tún-tún !
. 1a tierra.
·
'
retumbo, baJO
.
-¡ Estoy contento! Sobre hombres cazadores de hombres
puedo asentar mi gobierno. No habrá ni verdadera muerte ni
verdadera vida. ¡ Que se me baile la jícara!
Y ~ada cazador-guerrero tomó una jícara, sin despegársela
del aliento que le repellaba la cara, al compás del tún, del retumbo y el tún de los tumbos y el tún de las turnas, que le bailaban los ojos a Tohil." 79
Mientras que el nombre Lucifer indica que el señor Presidente
es todavía el dueño todopoderoso de la luz el nombre Satán se
aplica ge?eralmente a Miguel Cara de An¡el como el ángel caído. Su mismo nombre basta para revelar el intento del ·autor pero
se refuerza con la repetición de la frase "era bello y malo como
Satán".ªº Al final del libro, Cara de Angel baja literalmente a
las entrañas de la tierra cuando lo encierran en el calabozo más
oscuro Y más profundo de toda la prisión. Aunque Asturias trata
de deshumanizar a sus personajes, su propio conocimiento del
mundo que describe no se lo permite. Varios personajes revelan
de vez en cuando emociones humanas muy sinceras y Miguel Cara de Angel.hasta se transforma durante la novela. En la primera
p~rte, es el más servil de todos los aduladores. Sin embargo, lo redime su amor por Camila. N ótense las alusiones religiosas. Cuando Camila se siente rechazada por todos sus tíos, Cara de Angel
llora por primera vez desde la muerte de su madre. Más tarde,
cuando Camila está gravemente enferma, Cara de Angel espera
salvarle la vida haciendo buenas obras, intercede a favor de una
mujer que pregunta por su hijo en la puerta del cuartel y aun
se arriesga la vida para decirle al mayor Farfán que es persona
non grata con el señor Presidente. Cara de Angel se asombra tanto de su propia conducta que apenas puede creerlo. "Al marcharse el mayor, Cara de Angel se tocó para saber si era el mismo que
,. Ibid., p. 272.
lbid., pp. 41 y 254.

'°

451

�,
. dO hacia la muerte, el que ahora, ante el
a tantos habia empuja
b a un hombre hacia la
azul infrangible de la marrana, empuja a
N

•

81

vida".
•
1 mundo infernal, Cristo tiene
Mientras que Lucifer dommaf e d en Pelele el idiota, vaga
• h ·bl ente Trans orma o
que suf nr orn em
· .
d·lla Un zopilote 1e
por la ciudad co~o si estuv~era en u:a ;:::e~ aquellos lanzamuerde en el labio y sus gntos, que b" d de "erre erre ere" a
. d se van cam ian o
'
dos por un perro h en o,
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c les' niega
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"·1I-N-R-Idiota !" s2 El episodio en_ qu~ , uan 1 an_a dio de Pedro
brina se mspiro en e episo
propio hermano y a su so
d J an Canales se llama Judith,
esús
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que
la
esposa
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· · 'n la muerte de
YJ
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1 a la heroína bi'bl"ica que causa por su traicio
.
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1 No sólo los protagonistas sino todos los personajes conun genera . .
. , . f al Abundan los diablitos representribuyen a la impresion m ern · .
· 1 -"fantas1Os mendigos las prostitutas, los centme as
,
tados por
'
,, 83
y los policías antropofagos.
mas envueltos en ponchos a rayas . , en algunas esce,
,
, hay otros cuya actuacion
Ademas de esos, aun
,
otesco de las regiones subnas particulares aumenta el lcal_racte_r dgr Carvaj· al el abogado del
,
E el proceso de icencia o
'
terraneas. n
hi .
cuello largo. El cartero
gobierno tiene una cabeza c qmta y ~ lle es un hombre bajo
borracho que va tirando las cartas por .ª ca
de mientras
,
1 uniforme le viene muy gran
y cabezudo, asi es que e
El tamaño físico también es
1 gorra resulta muy pequena.
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y su mujer grandota do_na enj,amon.
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E t los
te también añade a lo grotesco del mundo subterraneo. n re 1
mendigos torturados por e1 Au ditor de Guerra se encuentra a
•• !bid., p. 185.
.. !bid., p. 22.
u !bid., p. 13.

452

sordomuda encinta. Fedina Rodas, después que la torturan con
el llanto de su criatura hambrienta, abraza el cadáver y, completamente anonadada, lo tiene escondido entre los pechos hasta que
unas horas después se lo arrancan. Gracias a la teoría grotesca
de los injertos, propagada por el profesor de inglés, Camila se
escapa de la muerte casándose con Cara de Angel.
Para crear el ambiente del purgatorio-infierno, Asturias está
muy aficionado al uso de las pesadillas. La más horrenda es la de
Genaro Rodas quien se siente perseguido por un ojo de vidrio.
Los ruidos le proporcionan a los personajes demoníacos una sinfonía análoga. Durante el rapto de Camila, la Chabelona, su cría~
da, es empujada contra la cómoda. Se le enreda el pelo en el agarrador de la gaveta que contiene todos los cubiertos de la familia. Al caerse la gaveta, se produce una explosión plateada que
retumba por toda la casa. En la misma escena, los ladrones golpean el teclado del piano a la vez que saquean la casa. La novela
comienza con el doblar de las campanas. Las explosiones ensordecedoras producidas por el primer bombo interrumpen la celebración del Señor residente: El capítulo "Toquidos" es una pieza
musical elaborada sobre el tema repetido de los toquidos. A pesar del estruendo, las puertas que permitirían a Camila una salida del infierno quedan cerradas. La única respuesta a su desesperación son los ladridos del perro. Una parte de otro capítulo
comienza y termina con los gritos destemplados de un perico.
Los efectos auditivos son crescendos de lo que podría llamarse
Ja composición musical de toda la novela. Esta composición se
basa en monólogos sinfónicos, hablados y pensados a la vez, por
Cara de Angel en cuatro ocasiones distintas; por Camila en dos
ocasiones; y en una ocasión, por Pelele, el general Canales, la Chabelona, don Juan Canales, Fedina Rodas y la señora de Carvajal. Estos largos movimientos sinfónicos se contrastan con los cortos diálogos esticomíticos presentados por el sacristán, el estudiante y el licenciado Carvajal mientras que sufren en la oscuridad
de su prisión. Un ejemplo exagerado de ese artificio se observa
en la escena de la cantina.
453

�N

,

;&gt;

Los senores. . . ¿ que toman. . ..
-Cerveza...
- Para rm,' no; para mi,' " wh'isk ey" ...
-Y para mí coñac...
-Entonces son.. .
-Una cerveza.. .
-Un "whiskey" y un coñac...
-¡ Y unas boquitas!
-Entonces son una cerveza, un "whiskey", un "coñá" y unas
bocas...
-¡ Y a mí. .. go que me coma el chucho! -se oyó la voz
de Cara de Angel, que volvía abrochándose la bragueta con
cierta prisa.
-¿Qué va a tomar?
-Cualquier cosa; tráeme una chibola...
-¡Ah! pues... entonces son una cerveza, un "whiskeyn,
un "coñá" y una chibola. 84
La luz, lo mismo que los sonidos, desempeña un papel muy
importante en la creación del purgatorio-infierno. A través de toda la novela, la mayor parte de la acción transcurre en la oscuridad o de la noche o de los calabozos. La palabra lumbre y otras
palabras derivadas de la misma raíz se usan muchísimo para dar
énfasis a la inmensidad de la oscuridad. Muchos capítulos terminan con el amanecer. Muchas veces la luz o la sombra tiene un
sentido simbólico bastante claro. El único capítulo inundado de
luz se llama "Luz para ciegos" y presenta una bella escena amorosa completamente platónica entre Camila y Cara de Angel bajo
un sol brillante. ¡ Qué contraste con la vela que se apaga cuando
esas dos personas salen para buscar ayuda de los hermanos Canales! "La fondera salió con la candela que ardía ante la Virgen
.. lbid., p. 263.

454

p~ra s~guirles _lo~ primeros pasos. El viento se la apagó. La llamita hizo movnmento de· santiguada".s5
En sus contra~tes chiaroscuros, Asturias se preocupa mucho por
la marc?a d.el tiempo. Durante algunas pesadillas, el movimiento
del reloJ es mexorable, mientras que en otras ocasiones el tiempo
parece pararse: "se llevó el reloj de pulsera al oído para saber si
estaba andando".sª La eternidad de su mundo se
1·
b• . ,
.
rea iza con una
com maci~n de tiempo parado y tiempo acelerado. La primera
parte del libro transcurre el 21, 22 y 23 de abril. La portada de
la segunda parte lleva las fechas 24 25 26 y 27 d b ·1 p
d · I
•,
' '
e a n . ara re~cir a ac_cion de una gran variedad de gente en unos cuantos
días, Astuna~ ~resenta una serie de capítulos que no siguen el
o~den ~ronologico. El bosquejo siguiente de la primera parte indi~a como algunos capítulos representan un retroceso cronológico
mientras que otros ocurren simultáneamente.
TIEMPO CRONOLOGICO _ _ _ _ _ _

c

I

II

A

p
I
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-----

III

IV

V

u
L

VI

VII

VIII

IX

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s

X
XI

En contraste con el tiempo muy limitado de la .
d
primera y sea partes, la portada de la tercera parte lleva las palab
semanas me
s1 E
ras
____'_ ses, anos. . .
n 1a prisión, el guardia chino pa-

F

N

"

.. lbid., p. 128.
.. lbid., p. 46 .
" lbid., p. 205.

455

�sa "de siglo en siglo". 88 Para la viuda del licenciado Carvajal.
mientras que hace antesala para hablar con el señor Presidente,
.
, eterno" .s9
"el tiempo
se 1e hacia
La idea del tiempo inmóvil y eterno a la vez es una característica del cubismo, que en la década entre 1920 y 1930, cuando Asturias comenzó a escribir esta novela, estaba muy de moda entre
los vanguardistas tanto en la pintura como en 1~ literatura. Otro
rasgo cubista es la multiplicidad de puntos_ d: vist~. En un retrato de Picasso, vemos a la persona desde distmtos angulos. En El
señor Presidente la narración se proyecta en la pantalla alternando entre el ~unto de vista de unos diez personajes. Conrad
había -usado el cambio de punto de vista en Nostramo ya en 1904,
pero no lo hizo con la precisión matemática, ca_racterísti~a del cubismo de Asturias. Por medio del concepto cubista del tiempo, los
capítulos se entrelazan estrechamente. La estru_ctu~a de ~oda _la
novela en general se refuerza con alusiones a episod10s o situaciones anteriores. En el capítulo veinte, Genaro Rodas recuerda la
mirada de Pelele cuando lo asesinaron en el capítulo nueve. El
proceso del licenciado Carvajal en el capítu~o veint~ueve dep_ende del asesinato del coronel Parrales en el pnmer capitulo. La importancia del cartero en el capítulo cuarenta explica en parte la
escena del cartero borracho del capítulo dieciocho. La trama básica de toda la novela se repasa en el capítulo treinta y nueve
- hay cuarenta y un capítulos en el libro- mediante una conversación inconsecuente entre el mayor Farfán y Genaro Rodas en
el tren que los lleva de vuelta a la capital después de que los dos
han colaborado en la paliza regalada a Cara de Angel. Genaro
divaga aludiendo a su amistad con Lucio Vásquez, a la muerte
de su niño y a la desgracia de su mujer Fedina en el prostíbulo
de Chon, a la complicidad de Vásquez en el escape ~el general
Canales y el rapto de Camila y por fin, a la importa?;ia del TusT ep. Además de la estructura trenzada, la construc~ion de la novela se refuerza y se hace más rítmica con el paralelismo entre las

dos primeras partes. El equilibrio entre los personajes y los episodios da un sentido de orden a ese mundo caótico. Sin embargo, se
van introduciendo nuevos temas que mantienen el movimiento dinámico del libro sin romper su estructura.
Dentro del concepto cubista del arte, no sólo la obra entera sino
también cada parte debe constituirse en una unidad precisamente
forjada. En El señor Presidente, cada capítulo es una unidad artística en sí. A menudo, el capítulo se encierra en un marco cronológico, comenzando durante la noche y terminando con el amanecer. Varios capítulos se refuerzan internamente con la repetición sinfónica del mismo leit motif. El capítulo dieciséis, que presenta a Fedina Rodas martirizada en la prisión se hace mucho
'
más eficaz con tres alusiones muy bien colocadas a la fiesta presidencial que seguía afuera en todo su esplendor. La pesadilla de
Genaro Rodas en el capítulo nueve se interrumpe repetidas veces
con la pregunta de su mujer, "-Genaro: ¿qué te pasa?" 90 El
trágico calabozo del capítulo veintiocho se reviste de patetismo
con los ruegos constantes del licenciado Carvajal: "¡ Hablen, sigan hablando, sigan hablando!" 91
Aunque la mayor parte de los capítulos constan de una sola
escena, los que tienen dos o más no pierden su unidad. Dentro del
capítulo quinto, la transición entre la casa del doctor Barreño y
el palacio presidencial se logra con el anuncio "-¡ Ya está servida 1a comi'da.,,, 92 que se ap1·ica a ambas escl'.:nas en exactamente
el mismo instante. El capítulo diez incluye un monólogo sinfónico
del general Canales igual que una carta, dirigida al dictador por
uno de sus espías, que describe las actividades recientes del general. El rapto de Camila se presenta en tres escenas distintas que
abarcan en un solo capítulo los tres puntos de vista de Lucio Vásquez, Camila y Cara de Angel. El capítulo siguiente comienza con
un retroceso cronológico por medio del cual Camila recuerda su
niñez mirando un álbum de fotografías de sus familiares. Este re00

18

!bid., p . 218.
.. !bid., p. 278.

456

/bid., pp. 61 y 62.
•• !bid., pp. 208, 209, 211, 212.
" !bid., p. 36.

457

�troceso está en una posición anómala que al parecer, interrumpe
sin razón el relato del rapto que se completa al final del capítulo.
El capítulo parece estar compuesto de dos escenas independientes
sin más nexo que Camila, protagonista de las dos. Sólo más adelante se reconoce la importancia del retroceso en la construcción
de la novela, en los capítulos quince y dieciocho, que señalan la
ingratitud egoísta de los tíos. A pesar de la esmerada construcción del libro, en ninguna parte parece demasiado obvia. El
sentido fresco y espontáneo se mantiene por la variedad entre capítulos. Uno de los capítulos más originales del libro consta de
dieciséis informes de distintos espías, los cuales se presentan al
lector sin introducción, transición ni conclusión y unidos por
el personaje del señor Presidente, el destinatario, y por alusiones
a casi todos los personajes ya conocidos.
Además de armar una estructura poligonal reforzada por contrafuertes horizontales, verticales y diagonales, Asturias se sirve
de varios artificios estilísticos para crear su panorama infernal.
Como sus compatriotas Antonio José de Irisarri, José Milla y Rafael Arévalo Martínez, tiene un gran sentido lingüístico. Está muy
aficionado a la repetición rápida de frases breves, palabras y aun
sílabas, no tanto para estrechar la construcción del capítulo o del
libro como para crear efectos acústicos propios del mundo subterráneo. El doctor Barreño, al explicar sus desgracias al secretario presidencial, se sirve de la muletilla "yo le diré" 93 once veces
dentro de página y media, lo que contribuye a acentuar la frustración patética de ese hombre. El idiota Pelele, huyendo locamente por la ciudad, ve pasar puertas y ventanas. "A sus costados
pasaban puertas y puertas y puertas y ventanas y puertas y ventanas".94 Su risa idiota se recalca repitiendo la primera sílaba de
la palabra carcajada. "El idiota se despertaba riendo, parecía que
a él también le daba risa su pena, hambre, corazón y lágrimas
saltándole en los dientes, mientras los pordioseros arrebataban del
aire la car-car-car-car-carcajada, del aire, del aire. . . la car" Ibid., pp. 32 y 33.
"' Ibid., p. 21.

car-car-car-carcajada "05 E 1
. .
de Cara de Angel hac·i·a· ·1
n Asa descripción del viaje en tren
a costa
turia
l d
. .
para efectos acústicos vfaual 'd. , . s se va e e la repetición
.
'
es, mam1cos y aun d
•
la semejanza
entre cada ver
d,
e presagio en
Y ca aver.

"Cara de Angel aband ,
1 b
to de j.unto Segu1'a l t· ono a ~a eza en el respaldo del asien.
a ierra baja pl
r
.
de la costa con los Oj·os
d'd d' an~, ca iente, malterable
•,
fusa de ir en el tren dper i . os e sueno y la sensac1on
conatrás del tren cada ve'z e ,no ir, en el tren, de irse quedando
'
mas atras del tren '
,
más atrás del tren ma's t , del
' mas atras del tren,
'
ª ras , tren' cada vez mas
,
,
cada vez más atrás cada
atras,
,
vez mas atrás
'
,
cada ver cada vez cad
d
, mas Y mas cada vez,
,
a ver ca a vez
d
cada ver cada vez cada
, ca a ver cada vez,
ver. .." 9o
'
ver cada ver cada ver cada ver cada .
Para describir a un hombre m d'
telones a la paredes Ast .
e. iocre que está pegando car'
unas combma la
· ·,
medio con la enumeración d
.
re~et~cion del adverbio
..
e una sene de adjeti
", .
.
dijo
un medio bajito med' . .
.
vos. i 8i1enc10!',
dio loco med'
'
i~ viejo, medio calvo, medio sano me'
10 ronco, medio s .
d'
'
preso " 01 L
.,
ucw, exten iendo un cartelón im...
a enumerac1on se em lea
descripción precisa y detall d
p
no tanto para darnos una
.
ª
ª
como para recalcar l
d'
D e 1a rrusma
manera, Astunas
. 1ogra una .
o me 10cre.
•,
tones de basura enumerand
impresion total de mondividuales "C b.
d
o en orden calculado los artículos in.
u ierto e oapele
raguas, alas de sombrero; d s,. cueros, trapos, esqueletos de pafragmentos de porcelana Caj~aspdaja, tra~tos de peltre agujereados,
,
e carton pastas d l'b
. .
rotos, zapatos de lenguas aba 'II d
'
e 1 ros, vidrios
huevo, algodones, sobras de :¿m .; as al sol, cuellos, cáscaras de
do".98 La brevedad del
mi. as.' .. , el Pelele seguía soñana parte principal de la oración y su colo.. lbid., p. 11.
" Ibid., p. 277.
" lbid., p. 265.
• lbid., p. 25.

458

459

�cación al final ayudan a hacer .mo1vidable el cuadro de montones

~,P~.:

de basura oprimiendo al trapo humano. . t mm·ables e indican
• d
1 b as parecen m er
A veces, estas sene~
r ex lotada con tanto éxito por Jaun cultivo de la asoc1ac10~. I re bp anera J·ugando con deriva· se d1v1erte so rem
A
mes J oyce. stunas
El .
puede consistir en sena1ar
.
1 ·
palabra.
Juego
, .
c1ones de a nnsma
1 . "l'g·co
ilógico relog1co, recontra1
0
1 go elaborar a •
, • '
·
una pa1ab ra Y ue
, . ,, . 09 "luego luegmto, re. 1 1, ·
equetecontra1og1co ,
'
b
lógico, ilolo o og1co, r
formas de la misma pa1a ra
•to" 100 El contraste entre dos
d B • mm' y su
1
uegm .
, . en e1 caso e enJa
·
humonst1co
constituye un
. 1e m
. trigan las etimologías falsas:
· motivo
, A Asturias
V
esposa enJamon.
. t "102 Se divierte enorme,
• , " 101
"murga de mugnen os .
'l b
ho, bon
Y
b
transformando
las
s1
a as.
mente despedazando las pa1a ras y
, usted es. • · Les corté su conversación. Perdonen...
-Dec1an
-¡De... !
-¡Sí. .. !
-·,Han.. •!
•
•
103
Los tres hablaron al mismo tiempo.
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460

p.
p.
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p.
p.
p.

58.
93.
53.

27.
108.
44.

incultos que sean, juegan a la poesía rimando alternativamente
"importa, torta, corta, aborta". 105
Como ya se ha notado, la conciencia lingüística es una característica netamente guatemalteca. Más en consonancia con la literatura mundial de esa época está la experimentación de Asturias con símiles y metáforas novedosos. Los símiles que siguen
dan forma, color, sustancia, movimiento y significado especial al
objeto comparado: " ... la voz se perdía como sangre chorreada
en el oído del infeliz"; 106 " ••• carcajada se le endureció en la
boca, como el yeso que emplean los dentistas''; 1 º1 "en el mar entraban los ríos como bigotes de gato en taza de leche". 108 Las metáforas que siguen atestiguan la imaginación original del autor lo
mismo que su conciencia lingüística. En " ... el silencio ordeñaba
el eco espeso de los pasos", 109 la frecuencia de la ese produce el
efecto de silencio mientras que la palabra espeso refuerza al uso
distinto de ordeñaba. El uso de la doble metáfora de fuego y agua
no es tan atrevido pero vale la pena notarlo como buen ejemplo
del sentido humorístico de Asturias. "Los vivas de la Lengua de
vaca se perdieron en un incendio de vítores que un mar de aplausos fue apagando". 11º

•
La experimentación que emplea Asturias en esta obra lo sitúa
dentro del movimiento vanguardista de los 1920. Aunque no se
publicó El señor Presidente hasta 1946, fue escrita principalmente
en esa década de la postguerra en Guatemala así como en París.
Seguramente fue entonces que Asturias llegó a conocer Tirano
Banderas ( 1926) . El parecido entre los dos libros salta a la vista.
La trama, el concepto cubista del tiempo y los personajes esperpen,.. Ibid.,
00
!bid.,
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,,. lbid.,
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'
lbid.,
JlO ]bid.,
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pp. 50, 51.
p. 78.
p. 54.
p. 281.
p. 48.
p. 103.

461

�tescos son casi iguales en las dos novelas. No obstante, El señor Presidente es un estudio más vasto, más sensible y más auténtico de la
dictadura típica de Hispanoamérica. Mientras que Valle-Inclán se
preocupa más por su destreza en manejar las peculiaridades lingüísticas, a través de la obra de Asturias transluce el dolor sincero
que siente el autor al describir las condiciones increíblemente infernales de su patria, y, en efecto, de toda Hispanoamérica. Precisamente ahí se descuella Asturias por encima de sus colegas europeos. Un español, un francés, o un polaco observaron pero no
sintieron la vida trágica de Hispanoamérica. Aunque Valle-Inclán se esfuerza por crear un país de elementos geográficos, raciales y lingüísticos de distintos países hispanoamericanos, la cualidad de títeres de sus personajes le quita fuerza a la novela. El
autor da a entender que considera este mundo una farsa grotesca
en la cual actúa gente de condición desesperadamente inferior.
Francis de Miomandre también considera los chanchullos de la
política hispanoamericana como una farsa, pero en vez de parecerle grotescos, le fascinan de una manera deliciosa. Miomandre
no se esfuerza tanto como los otros autores por crear con precisión
absoluta una república representativa de toda Hispanoamérica.
Queda claro que se limita más bien a Nicaragua y a Honduras
pero las envuelve en un aire de fantasía tropical para darles valor
simbólico. A Miomandre se le pueden perdonar la falta de profundidad y la construcción poco precisa de su novelita teniendo
en cuenta la ingenuidad encantadora de la niña enferma que crea
en una pantalla de seda el país imaginario que más tarde se convierte en realidad. De las cuatro obras, Nostromo es sin duda la
más profunda. A diferencia de los otros autores, Conrad crea personajes individualizados que piensan, sienten y están sujetos a cambios. Al describir las condiciones anárquicas en Hispanoamérica,
Conrad es en verdad el único que busca una explicación histórica.
Por su método extraño de entrelazar escenas retrospectivas, nos
presenta una impresión histórica bastante completa desde los tiempos de la conquista hasta el presente. Sin embargo, su punto de
vista es siempre el de un extranjero. Casi ninguno de los prota462·

gonistas es natural de Costaguana A pes d 1
.
·
d H'
·
ar e os vastos conoci:1:~~:s d el . ispan~~mérica que Conrad indudablemente poseía,
a a impres10n de no ser completamente auténtica
como en los casos de Valle-Inclán d M'
d
porque,
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•
.
Y e 10man re, es un extranjero que examma a Hispanoamérica como
trucción complicada d l l'b
. espectador. La consd
.
e 1 ro, aunque es Importante por su nove ad, desconcierta un poco por su falta d l 'd d
.. .
L
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os cuatro autores de este estudio tenían l .
,. .
la treació~ de una república típica de Hispan;a=::: !r::s1:~~
~~sªdexpenm~~tal. Como se esforzaban por encontrar nuevos moe explre~10n, a veces su experimentación llega a ser excesiva
L a crono ogia enredada d C
d
.
M'
e onra , la fantasía soñolienta de
wmandre, el lenguaje híbrido de Valle-Inclán 1 .
.
mológ'
d A
•
Y os Juegos et11~os e stunas son todos algo exagerados. Sin embar o el
contemdo de las novelas es bastante am 110
·
g '
Atxperimenta ·, c d
P
para absorber esa
c1on. a a uno de los autores realiza su propósito e~ol po; mucho q~e se parezcan las cuatro repúblicas, cada un~ ~e\ e a a personalidad y la nacionalidad de su creador T . d
en cue~ta los ~uatro ,ángulos distintos, el lector no sól~ s/::t:r:
de las mnovac10nes tecnicas en el arte de novelar del s·gl
.
sin
b·,
1 o vemte
~ ~ue talm ien llega a una comprensión multiforme de Hispano'
amenca, a cual hasta hoy día sigue siendo un .
' d 1
emgma para la
mayona e os espectadores extranjeros.

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464

Sección Tercera
HISTORIA

�</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Alejo Carpentier</name>
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