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                  <text>HUMANIT AS
--¡ANUAIIO :DEL CENTRO DE F.STUDIOS HUMANISnOOS

,
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
N'2

19 6 1

�.........,..

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMAN!STICOS

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

N' 2

Año II
196 1

�N U M. 2

196 1

A~ O I I

HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:

DR.

AGUSTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lic. JuAN ANTONIO AvALA

Jefe de la Sección de Historia:
PROF.

IsR~EL CAvAzos GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Je/ e de la Sección Editorial:

LIC. ALFONSO RANGEL

GUERRA

EDITORIAL JUS
MEXICO, 1961

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanbticoa. - Dirección: Zaragoza
Norte 244. -

Monterrey,

N.

L.

I

DICE

SECCIÓN

PRIMERA EDICION

PRIMERA

FILOSOFIA

Marzo de 1961.-1,000 ejemplares.
(A)

Dr. AousTÍN

INVESTIGADORES

LocALEs

Filosofía y Filosofar
Lic. CONSUELO BoTELLO: lAs Categorías . . . • .. . • . . . . . . . . . . . . . • . . .
Lic. LulS RABAsA: La Filosofía de la Materia en un Tomista Contemporáneo . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. RoBERT S. 8.ARTMAN: Lo Analftico y lo Sintltico como Categorías
Metodológicas . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . • . • . . . . . . . . . . . • . . . . . . .
BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)

Derech01 Reservados

©

por el Centro de Estudios Humanisticos de la U.N.L.

La retponsabilidad derivada de los estudiot contenidos en este
Anuario corresponde cxcluaivamente a 1us mpectivot autores

13

43
55
99

CoLABORADORES foRÁNEOS

Dr. ANTONIO GóMEZ Roeuoo: Introducción a la Política .Aristotélica
Dr. Luow10 ScHAJOW1cz: El Hombre y sus Veneraciones . . . . . . . . . • .
Dr. ALBERTO CATURELLI: Breve Ensayo sobre el Ser . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. PEDRO CABA: Soledad en el Hombre . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . .
Dr. Ivo HoLLHUBER: Rez,alorización de la Filosofía y Jurisprudencia
amenazadas de desquiciamie11to en sus conceptos básicos . . • . . . . .
Dr. PATRICK Ro11ANELL: Fe contra Ciencia: una Resolución al Conflicto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • • . . . . . . . .

129
145
163
191
217

239

7

�SECCIÓN
SF.CCIÓN

CIENCIAS SOCIALES

LETRAS
(A)

(A)

Jr..'\'ESTICADORES LocAU:S

Lic.

( B)

Dr.

(B)

JOAQUÍN ANTONIO PESALOsA:

325
343
355

SECClÓN

389
401
419

TF, RCERA

HISTORIA
J::-,'VESTIOAOORES

Loc:ALES

lsRAEL CAvAZOS GARZA: La Obra Franciscana en Nuevo Le6n . . . . • . . 437
JosÉ P. SALDAÑA: Don Martln de Zavala • .. . .. . .. .. .. . .. .. .. .. . . . . 453
To1a1Ás Mnr-.DlR1CHAOA Cu'llVA: Médicos)' Hospitales en r.l Nuevo Reino
de Lt611 . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . • . . . . . . . • . . . . . . . . . . . 471

Dr.

Los Comienzos de la Colonizaci6n Española en el
Nur.vo J.I undo • . • • . • . • . • • . • . • • . • . • . • • . . • • . . . . . . . . . . . . . . . . . 495
Abog. RoooLPO Ruz MB?-:ÉNDEZ: La Patria Lejana . . • . . • • . . . . . . . . . • 509
XAVlRR TA,.ERA ALPARO: El Pesimümo Mexicano a la Mitad del siglo
.YJX .. . . •.... ... ............. . ... . . . ... . .. . . . ••..•.. . .••. 517
SIL\'JO Ü.\'ALA:

549
577

601
617

Qul:'-:TA

NOTICIAS Y RESE~AS

..

BIBI..IOGRAFICAS

SALINAS QulROOA: Co11greso de Sociología Política, 643.JoACHIM ,·oN R1!&gt;o'TELF.N: Encur.ntro entre Orirnte )' Occidente,

GENARO

ANGEL

(A)

COLABORADORES FORÁNEOS

371

MA:-:UEL MENDOZA

SECCIÓN

De la Guerra )' de la Par. . . . . . . . . . . . . 527

Dr. Luis RECASÉ!'~s-S1cnEs: La Finalidad en el Derecho . • . . • . . . . . .
Lic. DESIDBRIO GRAUE: La Justicia Distributiva • •.. .. , . . . . • . . . . . . . .
Dr. W1L1JAM M. W1NNIE: 1A tene11cia de la tierra en la Cuenca del
Bajo Paptiloapan ... .... , • • . . • • . . . . . . ..• . . . . . . . . . . • . . . . . • . . .
Prof. Dr. C. A. CANNEOIET.ER: Sociocracia. Un medio para mejorar la
vida de la comunidad . . . . . • . • . . • . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

COLABORADORES FORÁNEOS

Hernando I&gt;ominguez Camargo, Primogénito de G6ngora . • • • . . . . . . • . • • . . . . . . • . . . • . . . . . . • • . • • •
Dr. Suo10 F.ERNÁNDEZ: El Mal Amor . .. . ... .. .. . .... .... . •• , . . .
ERNESTO MEJÍA SÁNCllEZ: !.A Vida en la Obra de Alfonso Re,·es . . • . • .
PORFIRIO l\ÍARTÍNEZ PEÑA.LOZA: Ignacio Mariscal, Traductor de Poesía
Francesa . • . . . . . . • • . . . . . . . . . • • . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . .
Dr. MYRON J. LrcHTBLAU: Temar 'Y Tlcnica en los Cuentos de Bduardo J.1allea . . . • . • • . • . . ... • • • • • • • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • • . •
Gt:ORGE. J. Eoat:ac: Un Estudio de Don Manuel del Pr.z, una Creaci6n
Literaria Galdosiana . . • • • . • . • . • • . • . . • • • • • • • • . • . . . ... . . . . . . . .
Dr. CHRISTOPH Eren: E11sayo de Topología Uteraria . . • . . . . . . . . . . .

JN\'ESTIGAOORES LocAt.ES

Lic. ALBERTO GARCÍA G6MEZ:

El Problema de los Géneros Literarios . . . . 259
ALFONSO RANG&amp;L GuERRA: !.A Poesía de Bias de Otero . • • . . . . . . 269
Luis AsTEY V.: El Mito Acadio de Zu y Dos Documentos Afines 299

Lic. JuAN ANTONIO AVALA:
Lic.

CUARTA

SECUNDA

S.,:-.c,rnz: Comentario a José Gaos,

FRIT"L

645.-

669.-Mrcu&amp;L

CA.."ITÚ: "Vida )' sentido", por Luis Abad Carretero, 673.-JUAN

Handbook of 1.atin American Studies, No. 21, 681.juAN ANTOl\'lO AYALA: Crítica literaria, por Manuel Gutiérrez Nájera
(Obras, 1), 682.- AcusTÍN BAsAVB Fotz. DEL VALLE: Rclncion~s de la
filosofía, por Francisco Romt'ro, 683.- AousTÍN BASA\"E FnEz. DEL VALLE: Tratado general de filosofía del derecho, por Luis Recaséns Siches,
685.-ALFONSO RANGEL GUERRA: Estructura de la lírica modr.ma, por
Hugo Friedrich, 687 .-ALFosso RA:-:GEL G1JERRA: / orge Luis Borges,
un ensayo de interpretación, por Rafael Gutiérrez Girardot, 690.-ALBERTO GARCÍA GóMEZ: Derecho lnternacio11al Público, por César Sepúlveda,
691.-lsRAEL CAvAzos GARZA: Apellidos de Nuevo León. Guerra . .Apellido materno de Fray Semando, por Tomás Mendirichaga Cueva, 692.IsRAEL CAvAZOS GARZA: El Benemlrito Educador Nucvoleonés Profesor Dn. Serafín Peña. Datos biográficos, por Plinio D. Ord6ñez, 693.

ANTONIO AYALA:

9
8

�Sección Primera

FILOSOFIA

�FILOSOF1A Y FILOSOFAR

DR.

-

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Oentro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo Le6n
Sumario: l. Esencia de la Filosofía y Raíz del Filosofar.-2. Fundamento y Sentido del
Filosofar.-3. ¿ Qué signüica ser Filósofo?-4. La Filosofía como Forma de Vida.-

5. ¿Para qué sirve 1a Filosofía?--6. Filosofar para mejor vivir.-7. Filosofia como
compromiso.-8. Hacia una Filosofía Existencial, no Existencialista.-9. La Filosofía prepara para la Salvaci6n.-10. La Filosofía al servicio del Hombre -Philosophia ancilla vitae.-1 l. El Hombre al servicio de Dios.-12. Abertura de la Filosofía a la Salvaci6n.

l.

EsENClA DE LA FILOSOFÍA v RAíz DEL FILOSOFAR

una definición de la filosofía en la que todos los filósofos
estén de acuerdo, es lo cierto que todas las filosofías pretenden dar una explicaci6n fundamental de la realidad entera. Por debajo de las pugnas de la historia, los filósofos han perseguido siempre un mismo objetivo: la sabiduría
humana. La tradicional definición de la filosofía como conocimiento cientiAUNQUE No EXISTE

fico de las cosas por las jJrimeras causas, en cuattto éstas conciernen al orden
natural, recoge la fundamental coincidencia genérica de todos los sistemas, a
saber: que la filosofía pertenece a un orden cognoscitivo -no afectivo- y
que pretende saber decir las últimas razones de realidad universal.
Es preciso, sin embargo, no dejarnos llevar por un optimismo racionalista.
La filosofía pretende llegar a una integral comprensión de la realidad total,
pero una cosa es el intento y otn, muy diferente, la realización. Nunca llegaremos a conocer, exhaustivamente, el orden nahrraL Nos topamos, al final de
cuentas, con el misterio, con la franja nebulosa. . . El último acto de la razón
-como lo advirtió Pascal- es reconocer que la razón tiene límites. Cabe
agregar, no obstante, que como no se pueden establecer "a priori" estos límites, siempre es posilile, en la práctica, el progreso indefinido del filosofar.

,

13

�Algo le falta a la clásica y tradicional definición de filosofía. Autores muy
próximos a la filosofía aristotélica }' medieval han hecho notar que esa definición, aunque cierta, es incomplela. En efecto, échase de menos el aspecto de
"sabiduría yjtal de los últimos problemas humanos" que tiene la filosofía. Si
suprimimos el carácter de síntesis superior y ,·ita] de los conocimientos del
hombre, nuestra disciplina pierde todo su valor íntimo y c..xistencial. Una filosofía que no esté al servicio del existir -dicho sea con absoluta sincerida&lt;lno nos interesa.
En español, la palabra "filosofía" l designa la suprema ciencia natural puramente humana, Fruto, esta designación, de la concepción greco-latina que
e1mc nosotros c;ícmpre ha estado presente. Etimológicamente la voz filosofía
-formada por dos palabras griegas ''philo" y "sophia"- significa amor o
tendencia a la sabiduría. Ni ignorancia infrahumana, ni sabiduría divina. Trátase de un saber natural y propiamente humano, de una justa medida de la
potencia intelectual del hombre. Al hombre sólo le es posible conseguir una
docta ignorancia ( bien distinta, por cierto, · de la ignorancia del palurdo) .
"Así pues -apunta Nicolis de Cusa-, a ningún hombre, por más estudioso
que sea, le sobrevendrá nada más perfecto en la doctrina que saberse doctísi mo en la ignorancia misma la cual es propia de él. Y tanto más docto será
cualquiera cuanto más se sepa ignorante". 2 Desgraciadamente esta &lt;locta íg-

.

' Aunque tradicionalmente se nos había venido diciendo que se debe a Pitágoras
la invención del vocablo "filosofía", lo cierto parece ser que fue Hrráclito quien por primera ,·ez crnple6 el tC:·rmino "filósofo". "Es n('c,·sario - dice Heráclito- que los filósofos sean buenos investigadores de muchas cosas" (Fragmentos 35, Diels). Herodoto
usa el verbo "filosofar" al atribuir a Creso -quien se dirige a Salón- las ,iguiemes
palabras: "he oído que, por el placer de la especulación, has recorrido, filosofando,
muclios países' (Hist. I, 30). Tucididt's hace e.'Cpresar a Pericles: "Amamos lo bello
i:on medida'', ''filosofamos sin molicie" (Guena del Pel., II, 40). Eutidemo, según
apunta Xcnofonte, ~r cree "muy adelantado en filosofía" (Mcm. IV, II, 23). En todas
estas frasc.1 de escritores clásicos se advierte un concepto de íilosoffa como afán de
conocer fas cosas todas, como "cultivo intelectual''.
Cicerón y Di6grnc5 Laerdo son los principa les promotores de In venerable tradición
c¡uc atribuye a Pitágoras la inn·nción del término "íilosofía" (Véase del primero "Tusc
V., c. 3, n. 7-9"', y drl segundo "Declaror. Philosoph. vitis, [eclic. DidotJ 1, B, c. J.
n. B"), Conocemos de sobra el bello relato y no es el caso de volverlo a reproducir. Pero cabe apuntar que la anfrdota reco¡:r, admirablt'mrnte, el carácter de búsqueda desinteresada -pragmáticamente hablando--, noble. contrmplativa y amorosa que ha
tenido i;icmpre la actitud filosófica. Parcrr ser, s1•gún el testimonio de los mejores historiadores de la filosofia, que un pitagórico llamado .Heráclides Póntico atribuyó a Pitágora.s -por el fervor que le profesaba- lo que era propio de la modestia socrática )'
fl aprendió cuando concurrfa a la escuda platónica. De esta opinión participan Kurg,
Ritter y Preller, Jaeger.
: NmoLÁs DE CUSA, La Docta Ignorancia, pág. 25. Editorial Aguilar, 1957 .

H

norancia, de pura cepa socrática ha sido amplificada hasta el extremo por el
"problematicismo filos6fico,, y por la "dialéctica del no-saber". Bástenos dec_ir que el hombre, aunque nunca llegue a poseer la abidmía en plenitud,
siempre tenderá hacia ella y de ella recibir::í reflejos y orientaciones. Ese poder
zaumúsico que nos Jleva al propósito de lograr ese anhelado sabrr de la uniYersalidad de lo universal, es in-eprimible e inoC11ltable. Antes que otra cosa,
la filosofía es una realidad vital, un hecho histórico. Filosofamos porque sentimos, como ley imperiosa de nuestra mente. b necesidad de buscar afanosamente la Ycrdad, para hacerla sustancia propia (''ampkxus veritatis"). Tengo la certeza de que antes de haber sido b filo~ofía una auténtica realidad
dentro de mi espíritu, ha estado ahí: como algo existente -en libros, cátedras, sociedades y congresos- fuera de mí. .hfanifestación 1 sí se quiere, social,
externa, visible e impositiva de su existencia; pero no por ello menos contundente. Y esta manifestación objetiva, histórica, me enseña por de pronto, c¡ue
no estoy frente a un cuerpo de verdades acabado, concluido. A modo de
"Geiser" incontemble brota de mí propio ser e] af:in de investigar la verdad
arribando hasta el ser de las cosas, hasta la comprensión cabal del Gnivcrso.
Me importa poner en claro el qué de las cosas y el qué de mí mismo. Es mi
propia vida, con sus angustias y esperanzas, la que me insta a filosofar. Por
mi propia cuenta y riesgo personal ando en pos de verdades comprometedoras.
No se trata de \'erdades como las de la Botánica o la Mineralogía. Se trata &lt;le
un imprcuin"dibú- menesta de ubicación )' de autoposesión. Y en ese menester me juego a mi mismo de manera integral, porque en la búsqueda y descubrimiento de la verdad me identifico con la ülosofía. No ocurre cosa semejante con ninguna otra ciencia. Todo auténtico filósofo forja una filosofía y
la encarna. Pero esta filosofía no es una simple abstracción: es 1a vida, en su
sentido radical, henchida de significación.

Las hipótesis del hombre de ciencia -falsas o verdaderas- no alteran la
vida del científico. Otra cosa ocurre con el filósofo. Su vida queda radicalmente afectada por el hecho de que admita o rechace la existencia de Dios; por
el hecho de que encuentre un sentido y un fin del mundo o porque cree que
el Universo es el resultado de ciegas combinaciones mednicas; por la conclusión de que el bien sea una realidad o una ilusión ... ''Hay en la filosofía
-observa Michcle Federico Sciacca- una esencia de totalidad, profundamente metafísica y hasta diría religiosa, que falta en la ciencia".ª Las diversas filosofías determinan cosmovisiones fundamentalmente diferentes. Ya por el
hecho de que estemos insertos, em·iados o puestos en un mundo dentro del
' M1cHP.LE FtDER!Co SCIAcCA,

La Filosofia y ti Concepto d, fa Fi!osa/ía, pág. 21.

Ecliciones Troquel, Buenos Aires, 1955.

15

...

�cual hemos de hacer nuestro quehacer -- faena vocacional- y ante el cual
hemos de ser responsables, estamos comprometidos. Pero este compromiso
vital se vuelve lúcidamente consciente -y por ello mismo apremiante- con
la filosofía. Asumimos, al filosofar, el riesgo y la responsabilidad. Puedo equivocar mi ruta y debo responder de mi vida. Mi conciencia histórica me soli' dariza con las generaciones pasadas y me señala mi responsabilidad ante las
generaciones futuras. Con mi conducta me juego mi vida y, en parte, la vida
de otros. No puedo ser espectador. Tengo que ser actor. Actor que actúa en
una vida que es conflicto, desazón. Y mis acciones -para que no sean simples agitaciones- tienen que estar precedidas de contemplaciones.
Necesito cultivar la reflexión filosófica para saber ver, saber pensar, saber
sentir, saber amar, saber decir, actuar y vivir. "La mayor miseria del hombre -afirma Etienne Lamy- no es la pobreza ni la enfermedad ni la muerte, sino ignorar por qué nace, sufre y muere". En este sentido, el saber filosófico -integral, armónico y coherente- reviste para el hombre una importancia extraordinaria e insustituible. No puedo quedarme en la superficie de
las cosas. No quiero detenerme sino hasta llegar a la causa primera, al origen
y razón de las cosas. Siento el imperativo de acercarme a la esencia, a la estructura óntica de los objetos y escrutar su fondo invisible, subyacente, ontológico.
Pero no basta apuntar la necesidad de cultivar la reflexión filosófica, como un imprescindible menester de ubicación y de autoposesión; menester es
inquirir por el fundamento y por el sentido del filosofar.

2. FuNDAMENTO v

SENTIDO

DEL FrLosoFAR

¿ PoR QUÉ CULTIVAN LOS HOMBRES LA FCLOSOFÍA? ¿Qué es lo que les impulsa

a ir tras este tipo de saber?
Aristóteles inicia su Metafísica apuntando lo que considera como la raíz
humana del filosofar: "Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de
saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una
prueba de esta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de
su utilidad, sobre todo las de la vista". Pero cabría aún preguntarle a Aristóteles: ¿por qué todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber? Porque no basta indicar un hecho: la sed de saber, se precisa explicarlo, hasta
donde sea posible.
Nuestra condición de seres contingentes es, en una gran medida, incertidumbre sustancial. Inseguridad y riesgo son notas inseparables a la vida hu-

mana. Nuestras adquisiciones, fruto de laboriosas faenas intelectuales son
.
.
'
~e~pre ~r_e,canas. T_en~mos que pensar -y pensar bien- para poder subs1s_t1r. Qu1s1eramos e ~ la incertidumbre y el riesgo. Y si no podemos elimmarlos del todo, aspiramos, por lo menos, a guardar el equilibrio. Tenemos
que elegir y decidir, a cada momento, la direcci6n de nuestra vida. "El hom~re ~ ha perdido muchas veces y a lo largo de la historia: más aún, es constitutivo del hombre, a diferencia de todos los demás seres, ser capaz de perd.~rse en la s:lva del existir, dentro de sí mismo, y, gracias a esa otra sensacion de perdrmento -observa José Ortega y Gasset-, reobrar enérgicamente
p~r~ volver. a encont~arse. La capacidad y desazón de sentirse perdido es su
tragico destino y su ilustre privilegio". c1 Pero la filosofía no es tan sólo una
técnica vital para salvarse del naufragio. Más allá de los menesteres temporales Y el "Eros" de seguridad y certidumbre, se da el "Eros" filosófico. El hombre se extraña de la realidad circundante y de su propia realidad. En ese instante ya no cuenta con las cosas usándolas, gozándolas o temiéndolas, sino que
se pone frente a ellas, se sitúa fuera, extra1iado de los objetos y se pregunta
con asombro por esas cosas próximas y cotidianas que ahora, por primera vez,
se le ap~re_cen como problemas. ¿ Qué es esto? ¿Porqué es? ¿Para qué es? Estas
caractensticas preguntas suponen una actitud que Zubiri ha denominado teoré~ica por oposición a la actitud mítica. Surge en Grecia, un buen día, por
prrmera vez en la historia, y desde entonces el mundo ya no ha dejado de hablar de filosofía. Así, pues, la Filosofía es, en mucha parte, hija del asombro.
El que tiene v~r~, sino. para comprenderla -explicándola causal y teleológicamente-- y v1V1rla meJor. Pero la filosofía no puede quedar reducida a una
medit~ción sob_re la vida o sobre la historia. No se trata tan sólo de inquirir
la r3:2on de IIl1 ser en el mundo, sino de investigar, también, el significado
propio del mundo en que tengo que vivir. No me basta saber cuál es la más
ínt~a ,co.ntextura d~l espíritu humano, aspiro a desentrañar el significado y
el f m ~ltnno ~el .W:Uverso. Esto quiere decir, en otros términos, que anhelo
descubnr el pnne1p10 absoluto de la vida univcr5al y el fundamento de los
valores espirituales.

Estando en soledad, y en el mundo, me encuentro a mí mismo sintiendo fa
tensión entre mi desamparo ontológico y mi afán de plenitud subsistencial.
Filosofo porque aspiro a la plenitud subsistencia! y porque quiero protegerme
contra mi desamparo ontológico. Pero como toda plenitud lograda es siempre relativa y está amenazada por el desamparo, prosigo filosofando siempre,
en mi "status uiatoris", hasta llegar a la muerte.
• JosÉ ORTEGA Y GASSl!.T, El Hombre
dente, Madrid, 1957.

)1

la gente, pág. 61. Editorial Revista de Occi-

17

16

H. 2

�cp me inapde a COllOCel' filol6fnmente. De aJú la batima y profunda hu,.
....... de la fiba&amp;a. Por el hecho mismo de - raci,na~ DO puedo reDllilciar a .la IOluá6n del problema IObre el sipificado de mi vida ain re.QIIDCW' a
i. . . . vida bmnana. A nadie le puede• mdiflftllte el problema de 111
dllitiQo penonal. A todos nos importa llber de dónde 'fflmllOI; a dónde vam. Por . , ha dicho Sciacca que "el problema de i.. 6bafta 1e identifica_,
~ COll el problema de Ja vida apiritual del hombre. La filoeofla es atJa0,lmentr. humana, inchuo cuando el objeto de 111 invesdgaci6n DO es el homln y 1111 problemas. Una flboffa que DO sea profunctizaci6n en la vida espiritüal DO es fibofia tino ejercicio J6gico vano y vado".• Ydosofamos IObre la
vida, DO para apartarnos de ella O disolvemot en temas fih6ficot literatu-

~ afanel le 1le\'IA a la filmoftat
Qu6 . . de hemble • el fi161ofo? ¿ ~
.
WlñlRf m6a de• iNlc;a, m clefinitM, tnl de ID peaquaa? Conviene el8
'
l~
tignfficeci4n del fillilo(o.

tlD•dame#e, 1a - - -

'

s. eQri mMJnCA

na Fn.6so,o?

ACCB&gt;EMTAL11BNT1 Por el mero hecho de existir
EL PltOSOFAa NO AOONTBCB
producto del ribofar.
humana~ acontece la fibaffa comotodo
tro ser os convertimos en
fibol
lo hacemos con
nues
•
01aQdo
amoe,
t6 una voz española entre 1IOl0trol.
altaws entitatiw de las COIII, como apun
.....1:-"IJ. se racatan del
,,.....1-- al hombre las cosas salen a la luz de lo ~M.116..,.... y
•
adtica
Ul'III.IM
la
templaci6n requiere una continua
olvido. Pero la libertad en con .
inmmpatible -en el filósofo,
del pensamiP.Dto Y del 6zgano cordial, q~ es
de poder o se realiza el

~

rialoJ.
~ ea fib6fico es un vehemente amor de participar con el meollo de

= :n

nuestra penona en lo esencial de todos les entes posibles. Esta puticipad6n
le reaJia en el hombre ntlno, con la totalidad de sus facultades espirituales

mperiorea. Filoaofa el hombn: entero que quiere llegar a una unión inmediata entre su 1er y ef ser de lo esencial. El conocimiento filoa6fico se hace potil,le por el desposeimiento 11D01010 de la penona que, bauniJIIDdo su )'O y
avtc,dnmiaáncbe, llega, sin ánimo concupj,cente, al ser y al valor de los ob;... Entnga a la pura esencia eterna que DO se podria dar sin la primaria
coavir.ci6n evidente de que la 11nada no •t", o, dicho de otra manera: algo u
~•• La "obviedad" del ser no impide el uombro al fil6aofo ante el
hecho de que en general aJgo es. ¿Por qué hay ente y DO más bien nada?, prepta Heidegger. ¿Por q~ IOIDOI y no DO-IOIDCII?, preguntamos por nuestra
parte. El camino de acceso a todo lo contingentemente existente, que sigue la
fibafta, ae encuentra en el orden y en la jemqufa que guardan e9CJI exiatentel con el Ser Absoluto y su esencia.

por lo menoe-:- con el af~
una ~ n doloroaa del
anhelo IOCJ'ittc:o de ~Jarle ºdad especulativa no hay sabiduria humana
alma hacia la ventad. Sin esta castila
• estitica que le quiera; una dispopoaible, aunque exista toda la ~P cenaa
.
inquiriendo problemas,
sici6n filoll6fica está siempre admirando, pel'Cibitndo, ·dos. A esta disposici61l
inc6gnitas, arcanos que al vulgo le pasan ~t6di incompatible con
de inocente e inquieto niño se debe aunar un ngor me co
la facilidad y 1igeraa del ~6n~ ~ d o coherente y arm6nica, que rePara alcanzar una concepa
. tas propo'rciones, se requieie la filolofia.
le
-'-todos los __.¡aliSfflRI a sus JUI
d
uzca
w.-7
1 bitu adquiera SU temp y IU a,¡p;y se requiere, tambim~0
~co nunca se ha edificado ninguna
si6n interna. Sobre el
1 Prof August Brunner- influye
cultura suJ&gt;ffl?r·. "El ~o~~ qu~ se agitan en el mundo, sin
con sus conocmuentos en
achasccio
de ello Muchas posibilidades han
1 tales mu
veces
·
eli
que se p e ~ os
das de la IOCiedad porque primero fueron •
quedado para nempre descarta
ámbi de la filoeofía". •
• ~entes de los
tos
minadas como ID1y•""":.
ma curiosidad nos lleva hacia un saber puro,
Una especie de exqumta Y fi
balumba abigarrada y multiforme de
com remivo simplificacb. Toda esa
tal
reducine a
p todo ' universal hacinami~to de sucesos puede;
vez, la realidad
cosas,
~ . . suprasensibles. No me basta saber c6mo es
-sí.
UDOI pocos prmapaos .
.
.
la met6dicamente en su puro ser-en
.. _:. ___ , para mí· aspU'O a mvestigar
·
•
....:.. la
uwve&amp;-.i
,
definida
el saber; es D1I propa ese.Mi entidad humana aparece
por

:;m~

• Pam. Auovn BaV1'1ND, ltl,llrio llilos6füo,
drid. 1952.

18

pq.

17. Bcli10ria1 1laz6n y Fe, Ma•

•

Ya 1e habrá advertido que la fdasofia es, para ella misma, el primero de
IUI problemas. Caso único entre las ciencias de un problematismo que revierte 10bre la propia esencia de la ciencia filoe6f1CL Sólo la fiJoeoffa puede establecer Jo que ea filoaofta. Lo que no quiere decir, claro está, que la fibof1a
deba comertine en una pura indagaci6n filológico-etimol6gca. Qumse indicar, únicamente, que comenzamos a filoeofar cuando el pensar pretende
lituane mú allá de todo supuesto en general, aunque resultase ioaicanable
la ablOhda independencia de todo supuesto. Con 1111 propiol medios, la filo.
IOffa c:lelfflDina 1U objeto, 1US fines y 5UI DJ&amp;odos; detennina Jo que quiere
¡irtpntar y lo que quiere responder. "Acuo pueda designarse al filóeofo -&lt;JI,.
sena Simmel- diciendo que es el hombre que posee el órgano apropiado pa' VJc,m a Fanmco ScuccA, Hillorila ü lc Filoioffa, P',. 12. Luia Mirade, editor.

19

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�Elaborando los datos de su experiencia, todo hombre digno de tal nombre
se construye una visión del mundo y de la vida. En esta constnicci6n, vibran•
te de vida interior, no se puede prescindir del sentimiento del "yo", de la
dignidad de la persona, aunque la \'erdad deba cimentarse sobre lo absoluto, independientemente de las contingentes fluctuaciones de cada hombre.
La visión del mundo y de la vida, que es una teoría sintética de la realidad, no puede ofrecérnosla ninguna ciencia particular. Más allá de las
relaciones que studia 1a matemática ; de los fenómenos estudiados por la física, la química, la biología, etc.; más allá de número y de figura,; de mo\·imientos y de condensacione energéticas1 ambicionamos penetrar ontológica
e intensi\'amente en la realidad, para obtener una explicación del significado
de la e.xistencia.
El significado de la existencia humana no se puede desentrañar sin partir de la libertad creadora vivida desde dentro. Jamás comprcndcrt'mos el
significado de la existencia humana estudiando desde fuera -y sólo desde
fuera- los datos humanos. Me encuentro a mí mismo más allá del despliegue
del objeto y más allá del repliegue egoísta. Para alcanzanne tengo que vivirme, en una ex-periencia original, como una creatura que sintiendo su insuficiencia radical se afana, no obstante, por salvarse, por llegar a la plenitud
subsistencia!. En este afán me sobrepaso, me trasciendo para remontarme
hasta el ámbito del Ser Absoluto. Sobrepaso el flujo del devenir y me entrego libremente al Ser que no deviene. Entrega que me compromete a mantener mi promesa y mi palabra. Fidelidad personal y creadora qu • se guarda en
medio de una comunión ontológica. Es en el libre despliegue de mis march:is
y contramarchas donde sorprendo el sentido de mi ser. Porque me importa, en
definiliva, conocer la vida, conocer mi vida, su .sentido o sinrazón. Y no hay
otro modo de poseerla que por la conquista o reconquista de cada momento.
Toda teoría ~ una tentativa de acercamiento, una exhortación para 1a verdadera vida. La verdad misma la tengo que obtener como fruto o regusto de mi
esperanza o de mi angustia, de mi íe o de mi desesperación, de mi e.xperiencia
ontológica, en suma.
rge estrechar los lazos entre la filosofía y la vida. o basta contemplar
esencias estáticas, es preciso examinar el surgir y el caminar de la libertad en
todos sus pasos. Cada hombre tiene la tarea fundamental de. hallar el sentido del ser en concreto, de su ser. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que
no se deba jam:ís disertar más allá de la experiencia concreta, como lo pretende cierto existencialismo. Quiéresc afomar, únicamente, la necesidad de
experimentar aquello de que se habla, siempre que se pueda, y de dar, a clicha
experiencia, una expresión concreta. Esto significa, en otras palabras, vivir la
verdad. Pero sería lamentable sacrificar 1a estructura racional y la solidez

22

obj~~iva en ~r~. de los análisis subjetivos y de la atm6sfera e.xistencial. Evocaoon dY def· 1mc16n
son indispensables para la vida del espíritu . Q ue d arse en
•
puras., escnpo~~es Y postular la inexistencia de lo indescriptible es negar la
reflc."&lt;lon metafts1ca y es cercenar al espírin1 humano su parte más bl
E , .
.
no e.
. 1 mmimo requendo para participar en la~ prerrogativas humanas es decir,_ par~ fonna~ _parte de la humanidad, con iste en ser animal espi:itual, 0
~CJor aun: espmtu t.ncar,nado. Este mínimo nada prejuzga sobre lo que seré
d)O o sobre lo que
. . serás tu. Partiendo del dato inic1'aJ --esp'm't u encarnadoesenvucl\'o nu hbre espontaneidad, generadora de mi peculiar actitud. Pued~ y d~~ escoger_ la manera de realizar mi espíritu encarnado. oy señor de
~~ decmon por DtOS o contra Dios. Depende de mi libertad iluminar mi vis1~~ del mun~ y d: ~a vicia teniendo cuenta de Dios. 'o quiero parodiar la
div~na autarqwa, engiéndome en principio suficiente de mí mismo. Soy parte mtegrantc del panorama que contemplo. Tengo que dar mi testimonio.
de la existencia trae aparejado un consecuente modo d
..
N Un aber
d · • •
e ex1st1r.
o .e pue e \'IVIr sm ~aber cómo es bueno vivir. Esforzarnos por realizar ·n
plenitud n~estra vocación y conducirnos de acuerdo con el saber obtenido es
~e~/el/116sofo autén~co. • o basta tener una filosofía, menester es vivi~la.
.a 1 oso ta no es tan solo un saber, sino también - v acaso m"-s
e ·1 1 .
,
.u
un entu1asmo. ¿ ua es e sen ttdo de este entusiasmo? ¿ Para qué sir\'e la filosofía?

5. ¿PARA

QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

HAs:A Ali.º~. SE NO HA ,.ENIDO DICIENDO, con notable insistencia, ue la fi.
losof1a ~s mutil. i Entendámonos! La filosofía es inútil en cuanto su ~ctividad
e~ esencialmente es~ec~lativa y no pragmática. En este sentido, habría que de. 'é
dcu- quef todas
d las c1enc1as especulativas son inútiles · Algunos filo's of os, smt1
n-

lao~i:u:cl~~;, e; 1~ p~e ~,ás noble de ~u ser han creído preciso ad\'ertir que
.
e a J oso ia para la \'Ida puramente pragmática no es en
ngorJ una .\:erdadera acusación. Si el supremo valor fuese la utilidad h .b ,
que dcscalif1car a esta noble di ciplina. Pero si resulta que lo útil no , a na
valor a~soluto, sino subordinado, porque sirve para algo y se com :see un
un medio natural~c~te inferior a su fin, podría ocurrir que el pr=~did:o:~
proche se nos conv1rt1cse en el mejor elogio de la filosofía.
'nHay cosas
' que
• • valen
• por .sí mismas. En este caso I eJ hcehO de que no sean
u i es no s1gn1f1ca, sm más, que carezcan de valor Se dice con
"~ ~tilidad n? debe ser atribuída a Dios, pues 5~ ser no ' ; un
mngun ente, smo que todo ente se ordena al Ser Supremo como a su últ~o y

m~:, :

23

�definitivo fin". (Millán Puelles) . De modo similar, la filosofía no queda desvirtuada por el hecho de que no es útil para la vida práctica. Aristóteles supo
ver con toda claridad, que hay un saber que tiene en sí mismo la cau~a de
su apelibílidad. Por eso consideró a la metafísica como una "ciencia libre"•
Ahora bien una cosa es que la filosofía no tenga un propósito práctico Y otra
cosa muy diferente es que carezca de finalidad. "En ese esencial sentido, la
finalidad úJtima del saber filosófico es, 'objetivamente' considerada, la Verdad real, el mismo Ser, que en la absoluta sabiduría es poseído sin residuo alguno -afirma Antonio Millán Puelles- y sin necesidad de búsqueda o tendencia de ninguna especie y, desde el punto de vista 'subjetivo', la máxima
integración: humanamente posible, de nuestro propio ser, que por hallarse en
una esencial y constitutiva tensión a la verdad, necesita de ésta para ser plenamente".ª Somos constitutivamente indigentes. Y no se trata solamente de
indigencia física, sino también de indigencia espiritual. Necesitamos de la filosofía para llenar nuestro interno · vacío. Más allá de la utilidad de ciertas
cosas para la vida práctica) sentimos una e,ágencia de saber radical y último.
o podemos ni queremos quedarnos en los simples fenómenos y en determinados sectores de entes. Hay en el hombre un insoslayable afán de romper las
cadenas que nos atan a lo sensible. El máximo recurso natural para remed_iar
esta constitutiva indigencia, es la filosofía. Gracias a ella aclaramos el sentido
total de nuestro quehacer vital, trascendiendo el plano sensible y material. ¿No
es acaso dignificar la razón y la vida, este trascender el suceso y la anécdota?
Una visión incoherente y fragmentaria no podrá, jamás, aquietar nuestras
ansias de saber integral del hombre, del uniYerso y de Dios.
Por ese ensanche del mundo mental, por esa maravillosa ampliación del yo,
por esa elevación del espíritu a un plano superior, solían decir los antiguos:
"Feliz quien pudo conocer las causas de las cosas''.
Todos tos movimientos históricos suponen una filosofía. Los hechos sociales en el tiempo no son sino pensamientos actuados. Para guiar a los hombres, para orientar los destinos personales, se requiere una fuerza ~ect_ora. En
los problemas humanos más serios y definitivos no se puede prescmdir de la
filosofía.
Para conducirme y moverme hacia mi destino, tengo la obligación de conocerme a mí mismo. Sólo así podré saber qué puesto me corresponde ocupar entre mis prójimos. En ese sentido cabe de~i~ que el problema, f~losófico
central y trascendental es el problema antropologico. ¿ Cuál es J_a ultuna _explicación del sentido y de la esencia del ser humano y de su Vlda? Precisa' ANTONIO MIT.LÁN PUELLES,

nes Rialp, S. A.

24

mente al considerar nuestra propia realidad tropezamos, al buscarle una explicación última, con la existencia de un ente fundamental y fundamentante: Dios. En esta forma, el itinerario parece ser éste: del hombre, esencialmente abierto a las cosas y a sus semejantes, a la comunicación con el mundo
y con Dios. Un conocer vital que nos lleva al ser es algo más que una pura
especulación: es un conocer comunicativo. "La posibilidad de una felicidad
humana pcrfecta y el modo de conseguirla -apunta Ismael Quiles- es el
problema supremo y central que nos urge irresistiblemente a filosofar y en torno a él brotan y se resuelven todos los demás problemas". 9 Y echando mano
de una comparación del orden teológico sobrenatural (la redención y la revelación), el mismo autor se atreve a decir "que la filosofía debe cumplir en
el orden natural lo que la revelación y la gracia en el orden sobrenatural"
(Ibidem). Al conocer me hago otro, no real, sino idealmente. En efecto, si
conozco el orden del universo con sus causas, ya no estoy enteramente aislado,' ya no soy mi pura y única realidad: soy yo más la representación esencial intencional. Por el contacto espiritual me siento atraído por el deseo natural, irresistible y misterioso que me lleva inexorablemente hacia el ser pleno.
Toda síntesis vital del universo presupone la ex-periencia de nuestro existir
participado.
El amante del saber último destina una parte sumamente importante de
su vida a la búsqueda de la verdad. Si no pone en esa búsqueda todo el peso
de la vivencia de su existir participado, se quedará en un frío conocer a distancia. A lo más, llegará a un contacto esencial en virtud del cual, según Santo Tomás, por el conocimiento Jo conocido se une al conocedor por su imagen intencional. Pero ya por su misma etimología, la palabra: filósofo nos está indicando que por el amor, lo amado -la sabiduría- se une realmente al
amante en cierto modo. Una respuesta puramente cognoscitiva es suficiente
para resolver el problema total de nuestra vida. Aunque nos orientamos siempre en dirección a la verdad, debemos utilizar el orden existencial en la búsqueda de la razón pura. Tal es, por lo menos, nuestra concepción existencial
-no existencialista- de la filosofía. Es preciso que dotemos a nuestras viv_enc~ de un sentido racional, por mínimo que sea, para que nuestras expcn:~c1as perso~les tengan un valor objetivo y universal. Tenemos que transmitir no tan solo nuestros contactos existenciales, sino también las esencias
de los seres. Nuestra actividad cognoscente pretende captar la esencia real
de los seres, no un reino rígido y vacío de "quididades" despojadas de su ser
actual. Porque, en última instancia, la existencia del hombre está avocada a
complementarse en el contacto existencial amoroso. No es la vida para Ja

Fundamentos de Filoso/la, pág. 32, Tomo I. Edicio' ISMAEL QurLEs, Filosofar )' Vivir, pág. 59. Espasa Calpe Mexicana,

s.

A.

25

�filosofía, sino la filosofía para la vida, aunque nos pasemos la vida filosofando. En otros términos: mientras que la vida es para la filosofía, relativamente; la filosofía es para la vida, absolutamente.

6.

FILOSOFAR PARA MEJOR VCVIR

EN TANTO QUE LOS CONOCIMIBNTOS de las ciencias particulares influyen sobre las condiciones de la existencia humana, la filosofía influye sobre la vida
misma del hombre. El que se consagra a los estudios filos6ficos dota a su espíritu de aquella libertad tan necesaria para emprender los vuelos lejanos.
Al dejar atrás prejuicios y costumbres, se abre un ámbito de posibilidades hasta entonces no sospechadas. Es como si rompiese el cascarón de un mundo cerrado, preciso, definido; un mundo de opiniones hechas, que fueron elaboradas sin la participación personal. En lugar de un panorama limitado que nos
mantenía como cautivos de caverna (recordemos el mito platónico), se abre
ahora el Universo en su totalidad. Rotas las tiránicas ataduras de la vida inauténtica --el cese dice", "se habla", "se hace", "se acostumbra"- el espíritu
cobra agilidad y termina por penetrarse de la grandiosidad y serenidad del
objeto contemplado.
"Filosofar -decía Sócrates- es aprender a morir, pero al aprender a morir, el sabio aprende también a mejor vivir". Vivimos mejores a medida que,
impulsados por el asombro y la duda, vamos eliminando fantasmas y espejismos. Y tras esta labor preliminar, la ccarmonía viviente''. Una armonía que
no es tan sólo orden formal, abstracto, sino concreción de cosas reales con sentido último.
La filosofía no es un deporte. Esto podrá ser sofística, pero nunca filosofía.
Los problemas son estímulos, no torturas. A toda problemática debe corresponder una sistemática de respuestas. Al quehacer -faena intelectual- sigue la recompensa: liberación filosófica. "Llamemos fil6sofo -propone Eugenio D'Ors- a quien vive la eternidad del momento: filósofo, a quien vive
la universalidad del lugar. Para alcanzar este vivir, filosofamos. Para tener
derecho a entrar en él, problemati7.amos". 1º Una manera de hablar, claro
está, pero con sentido. Es evidente que aún avizorando la eternidad en el
momento, seguimos viviendo en el tiempo; aún trascendiendo mentalmente
el lugar, estamos en él. Queda en nosotros, no obstante, una cierta vivencia
que nos puso en contacto con objetos inespaciales e intemporales.
10

EuoBNIO

celona, 1947.

D'Oas, El S,creto de la Filosofía, pág. 74. Editorial Iberia, S. A. Bar-

La filosofía es imprescindible e inevitable. Los que aplazan la verdadera
aventura filosófica, viven, sin saberlo, con una filosofía miserablemente anémica. Pero lo que resulta imposible es desentenderse, en absoluto, del filosofar.
Porque en todos sus aspectos, humildes o elevados, la existencia del hombre
es la búsqueda de la verdad. Sabemos que sin la verdad -humanamente hablando- no hay verdadera vida ni vida verdadera.
Todos esos afanes humanos por la ciencia, por el poder, por el placer y
hasta por Dios, serian ininteligibles sin la consideración de un ser desamparado, indigente, insuficiente, que busca un completainiento esencial, una estabilidad que le falta. Si buscamos algo es que no somos ese algo y no lo poseemos. Pero la búsqueda no se quiere por la búsqueda misma, sino por el encuentro. No podemos, en consecuencia, consolidamos en la búsqueda. Aunque reconozcamos nuestros límites y trabajemos dentro de ellos, andamos en pos de
adquisiciones. Somos posibilidades porque antes somos entes anhelantes de
perfección. Justamente por ese carácter de incompletud y de limitación que

nos condiciona, nos vemos estimulados y comprometidos a filosofar. No se
trata de oficio de filósofos, sino de condición de hombres. Sólo el desconocim:enlo de nuestra finitud nos mantendría fuera del compromiso de filosofar.
U na vez conocida y sentida -cosa por lo demás insoslayable- la finitud nos
espolea, de un modo o de otro, a superarle. El hombre no puede aceptar nunca, a ningún precio, la contingencia. Por eso no cesa de buscar y de invocar
un absoluto que le salve, en cierto modo, de su contingencia. Y bien podría-

mos decir que esta búsqueda y esta invocación constituyen su humanidad misma.
No se elimina lo absoluto exaltando la gratuidad de la pura contingencia.
Sin saberlo, se está elevando lo absurdo --en este caso- a la categoría de absoluto. Por lo demás, mi experiencia existentiva me descubre que ese absoluto no puede ser yo mismo, ni su semejante, ni mucho menos una cosa o
un mundo de cosas. No basta decir que lo otro, lo trascendente -término equívoco- es lo que me complementa. Vinculado como estoy al planeta o a los
planetas ( en caso de que por los viajes interplanetarios conquistemos nuevos
mundos) no puedo dejar de experimentar mi radical impotencia y mi esencial servidumbre. Estoy dominado por las leyes de la naturaleza. Mi cuerpo
mismo -que es el campo o escenario de expresión de mi espíritu- me circunscribe, me empequeñece y me aplasta. Por mi condición encamada, el
mundo me domina materialmente. Pero dominio no quiere decir superación.
Al darme cuenta de mi dependencia de un ser que no me supera, surge en
mí el afán de independizarme de alguna manera. Se abre entonces el camino
de la trascendencia. Por auténtica exigencia emprendo la búsqueda de un
término satisfactorio. La tierra, que me abraza y que me liga con todos los

26

27

�\;vientes, no me brinda una satisfacción saturadora. Tras de haberme investido por todo lo que me rodea, se opera en mí un profundo e integral sentido
de finitud. Pero esta finitud -consubstancial a la existencia- no puede convertirse en norma de la existencia. Me realizaré como ser finito -porque otra
cosa no cabe-, pero no puedo ni quiero tener en lo finito mi último término.
Mi bt'1squeda tiende siempre más allá de la finitud. Mi desamparo ontológico
me insta a luchar por un completamiento, por un estado de ser que me falta.
En f'.ste sentido, mi debilidad se transfomia en fuerza.
Realizamos integra/merite 11uestra 11aturale:a finita cuando, tratando de
ser hombres hasta el fondo, nos percatamos de que el hombre -como advirtió Nietzsche- está hecho para ser superado. Apasionándonos rn nuestra tarea de filoso{ ar para mejor vivir como hombres, encontramos nue.stra unidad
fundamental de str, ,•, en esa unidad, lo que funda, lo {undante el ente
fundamental )' fundame11ta11te.
Hny un compromiso fundamental -compromiso con el ser por el cual me
pregunto- que surge desde nuestra total humanidad concreta y que nos
autoriza a considerar la filosofía como compromiso.

7.

FILOSOFÍA COMO COMPROMISO

hay que superarlo en tal
fonna que las conquistas alcanzadas no e pierdan de nuevo. Una de estas
conquistas -insuficientemente dcsarTOllada: por cierto-- es la consideración
de la filosofía como compromiso.
El Diccionario de la Real Academia Española (Décimoctava edición) define la palabra compromiso (del latín compromissum) como "obligación contraída, palabra dada, fe empeñada" (4a. acepción). Tratemos de precisar UD
poco más. En sentido pasivo, el término designa el hecho de que una ~rsona
se halle insertada en un sistema del que depende. Por el solo hecho de haber
nacido, nos encontramos ya, sin haberlo solicitado (pasividad), comprometidos, alistados en el mundo. En sentido activo, la palabra expresa el acto
mismo por el cual uno se adscribe, se alista ingresando en un estado o condición en el que deberá permanecer. Es el caso de eletrir libremente: ponerse
a di po ici6n de una compañía. del ejército, de un particular o de una institución. Ambas acepciones se fundan en la filo ofía existencial. Desde el momento en que hemos nacido y estamos en el mundo (acepción pasiva), tenemos que actuar y tenemos que ser responsables (acepción activa}. No cabe
permanecer neutrales. Incluso el intento de no comprometer.¡e: es una forma de compromiso. La fidelidad a un primer compromiso trae aparejada muAUNQUE SEA PRECISO SUPERAR EL EXISTENCIALISMO,

28

chas vece~, nuevos compromisos. Como la existencia, el compromiso es una
puerta ab1~rta. •: ro se pueden precisar los límites de un acto -dice Simone
de Beauvo1r en Le sang des autres'- pues lo que se está en camino de hacer es al~o que no puede preverse". Ya por vivir en el mundo e.,;tamos alistados en él, aunque no hubiésemos querido ali. tamos.
. La ~ande,.a de Sócrates reside no en haber dado pruebas de la inmortalidad, ~mo en habcrsc apa ionado y haber;e comprometido por ella. Hubiera po?ido escapar al prOCNio. No había rn ello nada de deshonro~o. Pero no
lo q1~1s0. Su muerte _era la con~ecucncia rigurosa ele )a fil05ofía como compromiso que fue su vida. Por última vez, Sócrates dio con su muerte una suprema lección pública.
'
'
Cuando despertamos a la conciencia estamos va en pleno ,·iaje. De ahí el
''est~i_nos embarcados" del "horno viator". ru~tra contingencia y nue.~tra
íraathdad nos producen, en entrecruzamiento continuo, angustia v Yértiao.
El pro~lcma de 1~ sal~ación adquiere, por nuestra situ~ción origin;l rnis;a,
un caracter de pnmac1a sobre cualquier otro problema.
. 1'.~ existencia está desbordándose constantemente. porque no puede existir sm desbordarse. Me desposeo, por el entusiasmo, para donarme a personas. proy_ec~os Y obra_s._ Y sin embargo. siento, incesantemente, la necesidad de
un, recogim1cnto purificador. Hasta aquí los principales axiomas de una filosofia como compromiso, obtenidos por \'Ía fenomenol6gica.

N?s place recor~ar q~e al~nas voces ilustres han reconocido ya la misión
~ned1ad~ra de la filosof1a existencial, "la única que no describe un mundo
irremediablemente separado de la religión". 11
De
.J:..
'6 n alls-·
T mí sé •decir que aun habiéndome formado en la clas'ica WJCCc1
totc 1co-tom1sta he rentido el inaplazable imperativo de retornar apasionad .
mente sobre mi libertad para sorprender en el despliegue de mis march:s
Y contramarchas el sentido de mi ser. Quisiera insertar en la VJ·da
·
·
'd
•
, en mi
propia v1 a, mI pensamiento. Para ello, el método más humano es aquel
que lo~ra dar a la experie~~ia una expresión concreta. Hay que experimentar -s~empre que sea posible- aquello que se teoriza. Estando avocados a
la plcmtud subsistencia), nos toca escoger de qué manera será esta pi n·t d
H
·
r ser "dios_ sin Dios", proclamándose ateos.• forjándose
e1u.
~y qmencs e
un
0
Dios_ a su ta~ano _Y hay qu¡enrs se deciden por llenar de amor su afán de
plemtud subs1stenciaJ para ·ser dios con Dios". "Elección -re ¡ Jl
T. 'sf
•
ca ca ,oger
. 101 ontai~es-- ~ue no es nunca definitiva antes de la hora de Ja muerte,
) a que. la mcen1dumbrc, la semi-adhesión, las contramarchas traiciones y
conversiones son cosas de todos los momentos durante el tiempo de nue~tra

'!en

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GILSON.

L'uisl,nce. Gallimard, 1946.

29

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. tencia humana hay siempre un
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'da"
e en toda em
tal
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vida y más que Vl
; qu
traseendencia horizon , un
pre p
esta trascendencia es una pura
.
más allá. No basta
plus. ero
.
· que están 11empre
.
. traspasándose es preciso advertir
correr de la vida en pos de mstanoasy vive
•
1
COnstatar que el hombre se traspasa. .
su término. Sin una nonna, sm un
uene d . se welve uunte
. . 1·tgt'ble.
apunta
a algodey trascen
que este ...,.Rnasarse
.. -.,,
. ·ento
encia.
.

fin sin un valor, el movum
la l'bertad marcha ha~ia la sal1
,
d · f · cado en
'
La
El ímpetu de trascen encua, •m
, ltimo 'Y verdadero sentido.
cons'ón
'Y
linr
la
salvación
adquiere
su
u .
reclama
una
respuesta
adevact
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d
tro propw ser
·
tante preocupación acer~a . e nues
ueremos vivir en vano. Nuestra e~_., _,J
No queremos aniquilarnos, no q d
permanente y rotunda afsr~a.
más hon os, una ·
•
h
_,.na
es
en
sus
estratos
tencM u.....
'
•
,nación del ser ante la nada.
.
.dad porque nuestra constl.
roblema e msegun
1 tido
La vida humana es nesgo, p
r lo pronto, de equivocar e sen
. fi ºtud nos pone en •el trance, tepoesta .msegun"dad, tenemos que pensar
tuttva Ull
be
de nuestra vida. Ante este ~esgo_ ;,
colgada de la teoría. Queremos !-a d r
tenemos que actuar. La' pram
tra vida integral. No se trata e
y ntido último de nuestra acción y de nues de nde del actuar y el a_ctuar
el se ·osa curiosidad. Sabemos que nuestro serd ~na integración de vida y
una
oc1
precisamente, se a
depende del saber. Por eso,

:tá

teoría.
.
ue la filosofía no es hi'Jª 50lamente
Platón y Aristóteles no supieron vei: q . de orden ético. Un cuerpo de
d 1 nanmbro sino también de una ex1gene1_a ,.;a particular o cualquier otra
e .......
,
l "d ,.,..d,á ser cien...
. d l
verdades despegado d~ a vi a rv
in lariza y nos diferenoa e , ~
Cosa 11110 no filosofía. El filosofar nos s gude las profundidades del espin• ,.~
emerge
otros,
aunque con conc~ptos, po rque
. La
filosofía no es una edificaet"6n arb"tra
i
ad
na
cm:unstanc1a.
.
uro
asunto
de
tu encarn o, en u
, estética que resultase-, m un p
ria y sentimentalona -por mas
áx'
de congruencia y de luz.
·
esf ucrzo m smo
opini6n o tanteo, smo un
saber rigurosamente conceptir desde dentro ese
L actiEs preciso encarnar y sen
licación fundamental de las cosas. a
tual de la realidad entera, esa exp
I
Desde este modo de estar en el
•
f oda•
1·ca es un modo d e estar en e ser.
s6f
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d
• • nes 1_1..
tu 1o
.
Las convscc10
Ua:t intimas y u
Coexiste se convive y se muere. .
realizan en el obrar con•
ser se
'
resan Mientras no se
.
f'
mentales nos mueven y n~ ~
. han sido vividas con integndad. 1-:' •t las ideas y las convscc1ones no
b Tal es por lo menos, la ideaere o,
la l ación del hom re.
,
tá el
losofía es un saber para sa ~
cial positiva. Habrá que ver, claro es ,
dre de nuestra filosofía existen
pedéutica de salvación.
ma
modo conaeto que asume la filosofía como pro

9. LA Fn.osoriA

PUPARA PARA LA SALVACIÓN

SIN EL 11A11oa INTELLEcTtJALis", sin el "quaerere veritatem" no se alcanza la
auténtica fiJosofla. Al filosofar no me limito a ejercer una tarea intelectual
confiando en el mundo de la raz6n raciocinante, sino que me comprometo en
mi conducta y en el sentido de mi vida, me sacrifico por la verdad vislumbrada. Debo asumir todas las consecuencias de las verdades descubiertas, renunciando, de antemano, a burguesas posiciones de seguridad y comodidad. Si la
filosofía no vibra en una forma intensamente personal, formando cuerpo con
mi vida, no me guiará nunca hasta los umbrales de Dios. Aunque mi ser vaya
pa.wido, algo queda cuando entreveo, en penumbra, la inefable eternidad.
En el tiempo, mi espíritu da testimonio de la verdad que le mueve, así como
-en palabras de Aristóteles- la bandera mueve a los ejércitos en marcha.
No puedo amar la verdad sin tender hacia ella, sobrepasando límites, dudas y dolores. Una suprema Verdad alumbra las diversas verdades, siempre
que se las ponga bajo su luz. A esa "sabiduría deseada por si misma y por
amor al saber" tiendo con todas las fuerzas de mi ser. Suprautilidad que s6Jo
busca una Verdad, que ya no sirve para nada más. Es ella, en sí y por sí, la
que ilumina y salva. Sin este apoyo no podría la humanidad peregrinar en el
tiempo. Cuando todo parece irreal y absurdo, los hombres le piden a la filo10fía los principios y causas de la realidad entera, aquella que es y no aparece. Ha quedado atrás lo empírico y sensible. Ahora importa toda la realidad,
no s6lo un aspecto de ella. Y le importa al hombre íntegro: raz6n, voluntad,
sensibilidad, corazón. Todo supuesto debe discutirse. Las ciencias matemáticas y experimentales parten de presupuestos necesarios que no pueden justificar. Sólo la filosofüt se pone en cuesti6n a sí misma. Por más que no consiga
e%plicitar totalmente la verdad, la búsqueda filos6f ica es, más que problema,
e%igencia de solución. En el intento de solventar los problemas llegamos a dilucidar algunos de los infinitos aspectos de la verdad. Aún asi no podemos renunciar a la universalidad y a la ultimidad. Estamos comprometidos a la búsqueda "ex veritate". Cada verdad conquistada es una nueva norma reguladora para mi pensamiento y para mi acción. Hay una exigencia de remover todos los obstáculos que impidan el abrazo con las verdades. La posuión de estas verdades parciales me llena, si no niego mi humanidad, de bentficios mo-

raús.

El último grado de la filosofía no es la posesión de Dios sino la abertura
a Dios, como apunta Blondel. Trátase de una ascensión, no de una asunción.
Por esta ascensión la filosofía, como bien lo comprendió San Agustín, prepara
para la salvación. Pero la salvación, propiamente dicha, no la otorga la filo-

sofla.
32

33

H. 3

�avaora Ja Vt:tverdad del • preciwoen~ en
'
.•
)a ...... --:_.a_ y la guta. Es en esta
dad que ~ . .
fundamentales. Estamol en el orden espnJa que alumbra sus ~
llevados a un plano superior, a
tuaL Bxperiencbls y hechos tienen que •
Gmciacomp,
---umetedora~INlrln

de la realidacl entera, la filod1a

un orden suprasemible;
.
Michele p _ Sciaet:a-- es informati"Mientraa el saber aentlfaco - ~
. el saber filoe6fico es formavo: la ciencia satisface una cun011dad mtelecw:~ necesidad total del homti.vo y terriblemente comp~:,=uede no ser fil6sofoa: jmpncible
bre total Se puede no ser cien
• tífica _,..i. correrse o no; la avenla 6boffa. La aventura aen
..--,
• • la
suatraerDOI a
•
•
todo hombre que no quiera supnnur
tuar fi1016fü:a es obligatona pa_ra
funda. El hombre está naturalapeJaciór, e.encial de su humamdadl. •más ?rode la filosofía, vale decir a diarometido a recorrer e itmerano
eda
mente comp
a colocane en el momento esencial de la b~u •CICIIJogar con la v ~
• wsici6 especulativa, 1a mtranmgenaa del
cial De ahí la '!leriedad'. de ~ ~
D
el carácter anúburgu&amp; de
616aofo".u De abl, también, añadiríamos nosotros,
la fiJoloffa

• más las verdades de otros filósofos.
no acepta, an
' hacerlas suyas, para que sean
•
-~....t... y repensarlas para
•
Tiene que rea.,~._...,__,._ ob' .
En este sentido cabe decir que yo K1f
penonales sin dejar ~e ser )Ct1Val.ue mi fiJoeofia se encuentra, verdadera-como filósofo- 1111 mosoria, porq
• • ridad no es njnguna cár. . .oridad humana. Pero esta mterto
mente, en nu mten
hacia Dios. Más aún, Dios, como expresa
i IÍno un aposento con ventanas
.
.
ce.,
.
•
que nu propo ser.
el Hiponense, es más ínbmO a IDl serla ed haber sin el "ordo amoris". La
Sabidurla lenamentc humana no pu e
1t1dJutip
•
un amor int,Uectualis, una ¡,,o,,w
filosofía, como ciencia d,l espfritu, ,s • • --'--fesional, sino vocación
,J
·-''ó
Para
ello
DO hay OÍIOO m NUQ. pro
ca "' -aci n.
personal que toca la vida entera.
existencia humana. Rectitud, paz
La especulaci6n filosófica co~orma 1a
• de sabidurla universal que
espiritual y prudencia ayu~
~:
Aunque 1a voluntad sea ines, a la V'2, una forma confi
. sin embargo a la quietud espiritual.
quietud acuciante Y constan~,.
do cobro ~nciencia de mi situación
Llego a una relativa paz espmdo
Universo pero puedo, no obstante,
en el Universo. Estoy ordena enrde
. •c1a,' sino que ordeno tambiál,
•
O s6lo o eno 1111 vi
ord do
considerarme
ena r.
.
d la realidad que me Cll'CUJl·
.....:...:- es c:oeparte la vida de algunos scmcJantes, dentro e
en
,
rd
os recíprocamente, parque CADa.u
da. Estamos ordenados Y nos O enam Es
religados dentro de un con• • r
n,artiripar
en la riela de los otros. tamos
XJStlr,
--

Todo auténtico filmofo

=ira,c7

vir

r - Piloso"·
t. 1Uosof'4, pi¡. 49. Edicionea
• Mlcll&amp;UI F. SclACCA, L.11
, - 7 ,1 CoM1,to "
Troquel. Buenoe Aires, 1935.

junto c:oa 1eatido, en eJ que cxmcrecemos interiormente, J)OÜndonos whmta~ en prmencia de lo que Gabriel M'.anlel denomjna "inteoci6n veati-

•• ~

La reJ.aci6n espacio-temporal me sitúa en el mundo. Ahora bien, en mi
mástir imerto se me muestra una realidad que está por debajo de mi espiri.
tia --naturaleza- y otra realidad que está IObre mf mismo: trucendencla.
Dentro de estas franjas o capas ónticas transcurre mi itinerario vital Y en
eete itinerario vital pongo la filolofía al servicio de mi E de hombre.

10. LA Fn.oaom AL Savrmo DBL HoJDU

-Pl&amp;ilosoJ,laia aneilla uituLA PJLOaoPÍA, AL JrIH COSA BUIWfA, está, en última imtancia, como todo lo
que es humano, al servicio de la vida, a cliaposici6n del hombre. Trátue de un
llber para vivir. Necesito conocer, tener una certidumbre radical, formarme
una cosmovisión. o hay manera de vivir humanamente en la tierra sin comtr:uine una "idea del mundo", sin conocer la situación y la circunstancia. Vivir aquf ahora significa entrar en re1aci6n con el contorno y tener conciencia de la q,oca. Pero no se vive solamente para el "aqw"' y para el "ahora".
Por su comunión con la verdad, el hombre se evade de la cárcel espacio-

Cempotal.

A menudo se olvida que el fllósofo es, antes que sujeto cognoscente, 1Ujeto
existente. Y como existente no puede dejar de traducir, en la filoeofia, el
leJltido de IU existencia.
• No se trata tan s61o de elaborar una filosofía de o
• • Ja existencia humana, sino de que Ja filosofía misma sea existenclaJ,
convirtiénd011e en un modo de vida auténtica. Filosofar es abrazane a la verdad o no es filosofar.
Al hombre le interesa, ante todo, una doctrina sobre el sentido de 1U existencia y de su destino. Por eso la filosofía resulta un saber interesante en grado sumo. ¿Cómo no va a ser interesante, comprometedor- un saber que
almijue todos los aspectos del hombre y de la existencia humana? Sin la expea iencia de este existir en toda su plenitud, no cabe ninguna sabiduría. En
e.te lelltido, bien puede decine que la filosofía es la "racionalin1ci6n total de
11 experiencia humana". (Bogliolo).
Fiboffa y vida no están, ni pueden estar, escindidas. Si la filosofla es la
ferma más alta de la experiencia humana totalmente racionalizada, ftloeo&amp;a '/ vida aon una misma cosa. La vida -temible, racional, afectiva- s6lo
ClObra significaci6n tratando de explicarla. uestra propia existencia peno.

�nal no se puede comprender sin relacionarla con la existencia del mundo y
de todas las demás cosas. Es preciso llegar hasta donde se pueda en la pretensión de racionalizar la realidad entera. Sin la potencia luminosa del conocimiento jamás nos elevaríamos por encima del universo y nunca nos liberariamos de las estrechas ataduras del ''hic et nunc,,. "En el plano puramente
natural, si hay una vida digna de ser vivida -ha podido decir Luis Bogliolo-ésta es cabalmente la del filósofo. • . Filosofía es vida, más aún, plenitud de
vida (en el orden natural)".u La investigación de la verdad no sólo está fundada sobre la naturaleza misma del hombre, sino que tiene un claro sentido
escatológico. En las indagaciones filos6ficas me va mi ser de hombre en toda
su concreci6n. Quedan asi -y no de otra manera- legitimados los proble-

mas filosóficos.
La filosofia -tarea estrictamente personal aunque hecha con los otros y
para los otros- pone en juego el destino concreto del hombre. Lo finito y
contingente, en su apertura hacia el mundo y hacia los demás, tiene, como actitud humana, su "logos" propio. La filosofía como doctrina, es medio y no
fin. Medio para que el hombre se integre y se comprenda mejor. Medio -en
el orden natural- para la salvaci6n.
El ser del hombre como problema de sí mismo no es pura indetenninaci6n
real. Lo sería si sólo posibilidad fuese. Pero una posibilidad que no descanse
en un acto y que no se inserte dentro de límites determinados es un absurdo. No
tengo posibilidad de ser águila. perro o ángel. Y esto por una sencilla razón:
tengo una naturaleza humana que no puedo eludir. Aunque el repertorio de
posibilidades humanas sea muy extenso, no puede rebasar el cuadro que corresponde a la naturaleza de animal espiritual. Renuevo mis decisiones constantemente porque soy un ser esencialmente inacabado-que no concluye sino
con la muerte. Cabe, no obstante, reconocerse en una posibilidad privilegiada: la vocación. Por la vocación realiw mi unidad y cumplo mi ser. Este
cumplimiento del ser que le confiere sentido, es el destino.
Voy más allá de mí mismo. Esto quiere decir, en otras palabras, que marcho hacia mi destino. "Lo propio del fil6sofo que merece este nombre -ha
dicho espléndidamente Nicolás Berdiaeff- es el amor del más allá; el fil6sofo busca más allá del mundo lo que trasciende a éste, y no se podrá sentir satisfecho con un conocimiento que lo retiene aquí abajo. Incumbe a la filosofía atravesar las murallas del universo empirico, que nos limita y nos oprime
por todas partes, para entrar en el universo inteligible, en el mundo trascen•
dente; y aún yo pienso que es el desafecto hacia lo que nos rodea, el disgusto
14

36

de la vida empírica, lo que engendra el amor a la metal' . " ia Mi .
constante trascender a sí misma De
• .
mea .
Vlda es un
de dolor.
·
ahí Ja mqwetud Y una cierta conciencia
En Ja soledad experimentamos nuestra s. laridad
.
dad, nuestra originalid d p
. .mgu
, nuestra rrreversibilidad, es doloroso.
nos erop:;:: sen~ento de originalidad, en la soleextraño y het~co las
las
ha
personas que y en el mundo nos resultan diferent dist ,
cosas .Y
tamos, entonces, )a necesidad de conviven .
es, . antes. Experimenpiramos a ser oidos a ser mirados
CJa, la ?ostalgia de comunión. As.
'
, a ser comprendidos y a ser
d E
nos nura y nos oye el que nos
d
ama os. 1que
también miram ' ,.......
compren e y nos ama es un tú al que nosotros
05 Y º~ comprendemos y amamos Sob
dad por el amor. Ontológicamente la soledad la .
.repasamos la soJede Dios, de Dios como su 'eto
,
. es expres16n de la nostalgia
éL (Cf. Martín Buber: I~ u:dn:urmo obJeto, de Dios como tú y no como

Tod;

En la conquista de si mismo, el hombre echa
.
cubrir Y comprender su idea el designio d Di mano de la ftlosoria para destar del hombre -como ha' dich Be¿ os con mpecto a él. Por eso traineludible. La filosofía está al o . . d I fho es ya tratar de Dios. Esto es
lo veremos ahora está al serv· ~d c1Dio. e
mbre. Cierto. Pero el hombre
,
~o e ~
'

11

LA

EL HOMBRE AL SERVICIO DE

Oros

VIDA, CON SUS ILIMITADAS POSmILIDADES INlrlANE

ma su propio sentido y finalidad C

,

.

. NTEs, no tiene en sí mis-

rece que la vida existe no ,.;mpl . uanto mas lo pienso, más evidente me pa.
~• emente para .ser vi "d
¡
nno para ser ofrecida. Estamos aquí ara v· . v, a,
o quena Goethe,
y en plenitud; pero eUo es posible s61po
,J;vir nuestra :1da en autenticidad
··
.
mewante una m1s'6
• ·6 d
1 n .• mm
v1c10. La vida es ofrenda meta ·Vl'tal, donaa.6n.
n e serNacemos
· y ps1qwcamente
, ·
, . f'mea
destinados a cumplir un destino . ..
personalisuno, único. Si nos negásemos a realiza
pnvatJvo,
estaría irremisiblemente falsead T
I r nuestra tarea, nuestra vida
.
.
ª· enemos e deber de realizar 1 b
CJonal unplícita en nuestra estru t
a o ra vocatal'' que cada
d
c u~a personal. Al cumplir el "programa viuno e nosotros esene1ahnente som h b
.
tro deber concreto de hombres
hab
os, .ª remos cumplido nuesen nuestro "status viatoris".
y
remos conseguido la felicidad relativa

'º"'.º

Por contener, de alguna manera , todo e1 uruverso,
•
el hombre ...,
A" un "Mºmor
• N1coús BUDJAEPP• c,·n co M I d"1tac,on,s
.
sobr, J &amp; ·
•
de Publicaciones. M6áco, 1948.
a ut,nc1a, pág. 13. Casa Unida

L\ltS BoouoLO, La Filoso/fa Antigua, i&gt;'g. 8. Editorial Düusi6n.

37

�Mundui". AsimiJamol lo quimico y poseemos las fuerzas afectivas y sensibles
de lo animal. Pero todo lo sub,,humano -procelOS qwmicos, pasiones, impul1011 e instintos- se halla sometido al imperio de lo humano: inteligencia y
voluntad. Por el cuerpo contenemos el orden qubnico y bio16gico; por el esptritu asimilamos, en cierto modo, el universo entero. Lo sub-humano y lo
social existen para el hombre, no el hombre para lo sub-humano y para la
IIOCÍedad, La penona rompe con la naturaleza, le dice "no,. y busca trascenderla. "Todas las cosas inferiores existen para el hombre, pero a existe
para Dios, que es su autoperfecci6n", han dicho los escolásticos. Utilizar los
dones de Dios -vocación- para cumplir nuestro programa de ofrenda, para realizar nuestra misi6n personal, es servir a Dios, glorificándole, y es lograr la autoperfecci6n. Nuestra vida no es otra cosa que la historia del empleo de nuestra libertad y la respuesta a nuestra doble vocaci6n "de usar por
una parte la materia como canal para lo espiritual, y de perfeccionar por otra
la personalidad -expresa Fulton J. Sheen- mediante la progresiva asimilaci6n a la Vida Eterna, a la Verdad Eterna, y a la Voluntad Eterna, que es

Dios".1•
En la Prima Secundu de la Suma Teológica, Santo Tomás estudia al hombre, tal como existe bist6ricamente describiendo una serie de tensiones: la
atracción de la riqueza, del poder, del placer, contra la atracción de Dios. Fulton J. Sheen ha llamado la atenci6n de los tomistas para que tomen esta descripción aquiniana del hombre frustrado, como punto de partida para establecer contacto con la mente moderna. "La secci6n se abre con una descripción de las tensiones existentes dentro del hombre, cada una de las cuales está producida por el intento de satisfacer )os impulsos infinitos dentro de las
limitaciones de lo finito. El hombre se frustra por carecer de propósito general para su vida, pues sólo tiene múltiples deseos; 11 por la persecución de
la popularidad como esencia de la felicidad; 11 por hacer de la adquisición
del poder, sea econ6mico o politico, el fin de su vida; 1• por hacer converger todas las actividades humanM en la expresi6n de lo subhumano y Jo erótico. (Esta es una de las principales fuentes de frustraci6n -comenta Sheenpues opone el cuerpo y el alma) .20 También se frustra el hombre por tomar
como objeto de su vida la búsqueda de la verdad, negando, al mismo tiempo, su
•

FULTON

11

SANTO

J.

AQUINO, S11m.

• bm., J.fi, p. 2, r. 3, ad. 3.

• bm., I-11, p. 2, r. 4.
• IBD&gt;., 1-ll, p. 2, 4-5.

S8

Emec:~.
T,ol., 1-11, p. 1, r. 5, 3.

SnBN, Piloso/fa d, la R,ligi611, pág. 338.

TollÁs o&amp;

existencia O SU carácter absoluto l l e
,ltq. po, s,pa,tmf ~ su más &amp;&amp;timatu1ndo ,l hombre s, sef,ara de Dios eon• • "" Dios, d hombr, no
_,. eo~tenura. Porque está voeado a pe,S
.
se ""'u4 smo superándose.
uperane, conmste en tener puesta la ·
~ • las ciencias, los amores humanos :ra ~ el servicio de Dios. La filomstrumento de unión del hombre con
aCC10nes: todo puede tornane en
libera de nosotros nusmos.
•
En El
Elos. S6Jo
. Dios -sup-....
•...... b'ien- nos
IOl110S felices. Pero
.
Ypor • olvidándonos de nosotros •
es precuo buscar el Bien
la ~ Ji •
mmnos,
dad nos repliega sobre
D090tros •
' no
,e adad, porque la feliciencon--mumos Y sólo donándonos1 perdi.t....1
ueu&amp;-.
QJUODOS, nos

Di

IV

La vida es una prueba la
eb
insatisfacci6n del present: no ~:drl~e 7ncer el obstáculo por Dios. Sin la
gamos, por la insatisf'acc1'6n sob
os a esperanza de lo eterno. Al reple
,
re nuestra · t · ·da
mos el sentido de nuestros limites
m enon d profunda, dcscubriacto captamos la exi
• de
Y palpamos nuestra finitud. En ese •
· •.
gencia
trascendemos. N
. •
mumo
es mutd. Por esta inquietud de lo i
ues~ mqwetud humana no
buscando el valor. La inman . gnoto -uno e inmutable--- marchamos
,...;_
1 1 •
e11CJa reclama la trasce d
. la mquietud
•
--e- a p erutud que cobne N
n encia;
·de
· uestro ser integro
•
p1 •una complementación desde
.ba
-pensamiento y acci6ndencia es limitar la fiJosofla
~m . ~r esta apertura a la trascento
acci6n, es decir, hace~
~ impulso .in~mito del pensamienla plenitud. Nuestro afán infinito
. uestra misena nos insta a buscar
•
.
nos mueve a busca ]
,
•
tº· La ex1Stencia
de Dios no
r ª existenca del infinici6n silogística, sino la concl:~¡: ~~ultado extrínseco de una argumentabrota del dinamismo mismo d la
nseca -como apuntó Blondel- que
de Dios, que precisamente de~ pemen~ y de la ~da en las cuales vive la idea
Nuestro desti fina
nsauuento obtiene su positiva certeza.
•
•
no
1 no está en esta tierra Es
.
purificao6n y rescate La filosofl
· ta Ylda de prueba es milicia,
blema de la salvaci6~ del homb:. no puede cerrarse, en consecuencia, al pro-

y'ª.

:,_me:':

12.

ABERTURA DE LA

FILOSOPÍA

A LA SALVACIÓN

AUNQUE ESENCIALMENTE PINITO 1 h
b
la parucipación
·.
, e om re
de esa trasce
10

s·

nito•

.asp:...
. ...... ª J0 trascendente e infimana auténtica, ni modo de comprender
ndente inf1D1tud, no hay reamación h
la
uproblema del ser implica el problema de
estructura de nuestra vida. El
Tomemos por ahora, como punto de n~estro ser, d~ n~estro destino.
partida, la conc1enc1a· Somos r·mitos.
.
11
1

JtJD.,

I-II, p. 5, r. 8

39

�.·11 ..ti:,.Jf

* ;, • . J·
l!

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h br al fin y al cabo- quiere cum. •
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se a la rehg1ón, s1 es que
lla d 1 filosofla está la amorosa y con ialir su mi ión trascendente. iás a . e a
~a entrega creyente a la gracia de Dios.

LAS CATEGORlAS
Lle. Co.•:,,u:ELo Bonu.o T.
Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Monterrey

LA QUE DESDE HACE MÁS de veinte siglos, se ha convenido en reconocer como
la primordial entre las partes del Organon aristotélico, ha dado ocasión a los
malentendidos menos lógicos y filosóficos: para los principios del siglo, tras
el forcejeo de Nietzsche, siguió manejándose la conceptuación de los valores.
Hubo atrevimientos tan poco informados como los que trataban de convertir los
problemas axiológicos en algo como rcviviscencia de la problemática y disputa
en torno de los universales. Tales erróneas visiones llegaban a extenderse incluso a las categorias.

Dado que la lista de predicables no es constante ni en las obras del propio
fundador de la lógica, quiso prolongarse esa incertidumbre a los cinco términos de Porfirio. La reyerta sobre los nombres, su universalidad y realidad
se contaminó con las indecisiones de la tabla categorial. El c.xceso llegó a su
cúspide cuando se hizo equivalente la imprecisión entre categorías propuestas
o admitidas; elemento definitotios como uni\'ersaks o como simples dtnominaciones y la realidad de los \'alores.

I NTRODliCCfÓN
Problemas y disquisiciones como los arriba apuntados han sido no solamente frecuentes sino incluso recurrentes, persistentes e insistentes en el trayecto del
pensamiento filosófico. Martín Heidegger explica que ante lo desconectado
que se deteriora en su nihilidad, el ser ausente insiste, presenta una falta de
pertenencia o impertinencia. Este hallazgo violento con lo que se ausenta como articulado con lo demás, puede tomarse como lo que Heidegger opina
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�que presenta un problema; ya aquí definíamos casi de esa manera el problema: "seiíalamiento o advertencia de una suspensión en la continuidad de
lo real".
El hecho de que el vacilante catálogo de las categorías aristotélicas haya
persi tido como inquietud dialéctica y se haya conf un elido con las dificult~des que presentan las cinco voces de Porfirio e insistentemente, dar realidad extrínseca al ser de los rnlores; haya querido seguirse considerando como la misma problemática de predicables y de categorías, no indica que
e hayan confundido atributo. irreductibles del s r, con dimensiones de la
definición lógica, ni que "' haya confundido a ninguno de ambos con la
realidad de lo \'alioso. Aunque hay personas que í han caído en la equivocación, pues no falta quien pretenda que el propio, el accidente, especie o
género del ratio entis, pueda equipararse al lugar o a la acción, relación o
modalidad. Hay quienes no distinguen. Kierkegaard se entristecía por eso,
defendía las distinciones socr.íticas. Una de las causaciones más visibl de
la angustia y la desesperación del filósofo dané ! como lo documenta él mismo. se daba en la homotesis, hábilmente convertida en heterotesis y ambas forzadas en las síntesis.
Incluso en nuestros días, se ha propuesto una modificación más a la lista categorial: tras las atribucion mAs o menos clá icas se ha colocado el
valor. He aquí un ca.so de indistinción patente, que es del mismo jaez de
las denunciadas por Kierkegaard. Para fin de equipar correcta, si no completamente a quienes nos ocupamos en el manejo de estas cuestionrs. se
ha proyectado substanciar el presente ensayo. Por lo pronto, va a tratar
de se"uir e el \'estigio a partir de los orígenes señalado·; tal \'CZ, al fin! llegue
a encontrarse que la carencia de precisión en tas conceptuaciones no se
implanta como aquí se ha registrado en · el antecedente de las categorías.
Quizá en la prosecución del estudio llegue a e clarece1.e que tampoco fue
en la polémic.a de los universales en tomo a los cinco \'Ocablos de Po1firio,
cuando se ge~tó la confusión de lo rnlioso con lo predicabl o con lo definitorio. Pero nada es prudente anticipar por ahora.
Esa eidética ausencia de todo cuanto antecede a la comideración radical d algoJ ese apartar todo entre corchetes, para fin de intentar acercarse a la e encialidad pura de ese algo que se estudia 1 todo lo que se estudia,
y nada más que eso, lo hemos aprendido y repetido, que es el ejercicio metódico de la fenomenología. La b11scendencia de lo objetivado en e ta inve ·tigación en tanto que separado de lo demás e inmanente al ego que Jo
considera, es el inmediato programa a cumplir. Po trriores ensayo han de
tratar las cinco dimensiones de la definición y la realidad de las constela-

ciones valiosas; entonces, concluso o cerrado, el periplo dialéctico podrá
juzgarse y dictaminarse i compete al valor incardinarse a las categorías; si
lo que ingresa en la definición atribuye al ser como us predicables, si lo que
\'ale, define, y otros extremos similares.

FUNCIONES CATECORL&lt;\LES

La manera de considerar para fin de conocel' al Ser, pide una organización de aspectos, lo mismo en el fundador de la doctrina, como en comentadore suros tan ilustres como ir David Ros o S:ünt Hilaire, etc, Por lo
pronto lo que no se sostiene o es! de lo que no pueda indicarse sustancia,
no permite que se diga nada seguro a su r pecto.
Aquello a lo que se alud cuando se hace refercncia a algo! puede er
una forma relacional con otros objetos; por ello de las realidad, admitidas como u tancias puede predicarse la relación y eJ modo de esa relación.
Lógicamente e predir.an ser y relaciones entre ellos; aparte de cómo se
articulan las reaijdades en la modalidad de los sustanti\'os, es posible decir
su inserción cronotópica. El tiempo y el espacio ya no funcionan como
otros eres ubstante. y por ende pueden señalar relaciones entre sustancias; pero tiempo y espacio señalables en los ser , no son ni .se relacionan
ellos mismos como las sustancias. En este intersticio dialéctico es donde s
ha insertado la estética trascendental de Kant, pues las referencias cronotópicas en la crítica trascendental, se precisan en formas puras de intuír;
lo íntimo, dado en la sucesión, ordena el tiempo; é te, es la pura formalidad
de lo,dado en la conciencia cognoscente. Hacia afuera, el espacio formaliza
también en manera pura lo que se da en imultaneidad, la pure1.a formal
del espacio, lo e de cómo se intuye lo trascendente.

De de Alistótele lo cuantificable y la cualidad del ser indican otra pareja ele pr 'dicacionc · posibles. La cantidad dice comparación, así como en la
relación y en el modo aparecen otros seres, para dictaminar cantidad o cualidad~se requiere, no únicamente de otras ustancia,; aparte de la e tudiada,
pues de algo se dice más o menos, con e ta o con aquella cualidad ademi,;
de confrontarse con algo má.'!, por el instrumento de mensura, por el criterio de calificación. En rigor, lo que es indicable del ser no se articula en
polaridades, sino que procede de los análisis y exámenes clá ico de parejas de contrarios. El cuadro de predicamentos en Platón, desborda inicialmente las paridades pre-socráticas; ~-a en el marco aristotélico, la compaginación tiempo.;espacio o la cuantitativo-cualitativa pueden parecer por los

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�tratamientos muy posteriores, resonancia o perduración de los apareamientos, pero no lo es en verdad. Similarmente se articulan acción con pasión,
po ición con relación o con estado. Queda algo, muy diluido de lo anterior,
pero son puntos de consideración ya renovados.
Para aproximar el problema a las conceptuaciones actuales: convendría
pensar en los diagramas de Frederick Lamson Whitney, lo que es ofrecer
un ejemplo a mano. Da o trata de dar la representación de procesos abstractivos hacia la generalización; o inversamente, el regreso de atribuciones hacia el objeto concreto en el que ~e inicia o en el que termina alguna
indagación.
El equipo categorial describió clásicamente su trayectoria con directrices de ese tipo, pues se buscaba la concentración o el esclarecimiento de negocios. Encima de lo substancial, iba la dialéctica señalando: pudo indicarse quantum y quale; predicarse ubi a par que quando: keisthai que determine o sea consecuencia de échein o bien ambas e.xpresión de prós tí. Lo
que tal vez no resulte simple y regulannente posible, es que to puesto en
estudio actúe ( poiein) y que soporte o reciba, cuando menos el propio acto; esta pasión se da o revierte, al mismo sujeto actuante, en el caso del cambio o movimiento inmanente. Ambas categorías apuntan a una posíblc disyuntiva: o bien, lo estudiado es móvil o cambiante o bien es movido o cambiado pasivamente. O se actúa o se recibe una acción pasivamente; dett'rminarse a gente y paciente simultáneos, es la definición de la vida. Por esto,
entre otros factores, los predicables porfirianos para instrum!!nlar una definici6n, se aproximan a la función categoiial, puesto que decir de algo tanto su sustentáculo cuanto sus relaciones, situación, estado, úempo, lugar,
cualidad, cantidad, actos y susceptibilidades de someterse a acciones aparte,
alcam.a a dejar entrever una delimitación o definición, pero no es lo mismo
ni puede tenerse por igual.
Es aquí donde la función categorial empieza a enunciar una problemática peculiar de lo declarable de la realidad. Para unas direcciones, lo declarable depende, necesariamente, de la realidad de la cual se lo predica; en
otros términos, cualquier lógica ba de sustentarse y serlo de los seres a los
que enfoca¡ como ilustración tenemos lo siguiente; de Vasconcelos se ha
dicho que yerra al postular una l~ca para el ser y otra para los valores:
pero no se le puede censurar si sabemos que el conjunto categorial rc[leja
las requisiciones de la realidad a la cual corresponde; por consideraciones
paralelas, tampoco puede condenarse y darse por periclitado otro marco
categorial, pues incluso Kant o Platón tuvieron no únicamente el evidente
derecho, sino necesariamente la urgencia de e~tipular su instrumental de

predicamentos en atención a los que su estudio señalaba que pudo decirse
sobre sus temas de indagación.

. A ~~tos de \'Ís~ como los apuntados se les ha llamado relati\'istas 0
histonCJStas por qwenes extreman u pretendida consideración en tomarlos
en máxima _ah ~~cción.' Se parte en tales excesos lógicos de algo que no vale como axiomutico, sino que se quiere hacer aceptar sin ex{lmcncs y esto
no es correcto; tampoco lo sería en el caso de las catcaorías acogerse a la
perenni~ad de su ~ensamiento. Tal ,·cz puedan señala;c pe~.mentes y es~bles ciertas cuestiones, pero hay que establecer bien que se trata de cuesuones, no de soluciones; la dificultad e manifiesta, justamente, en el dato
de haberse intentado absolverla. Para unos, el problema se desata o resuelve en un sentido; para otros a partir de otros supuestos o desde otra
perspccti\'a, puede resol\'erse mejor en di,·ersa dirección. El relativismo histo~i~ista no_ es n~~sariamente un escepticismo enmascarado. Menos puede
~1girse la inamovilidad en lógica y menos aún en cuanto concierne al enJambre categorial; señalar, que para el heredero de la academia, los contrarios presocráticos pitagorizados por Platón, no bastan para indagar lo declarable del_ ser, n~ ~lega
querer que cada quien, por el solo argumento de cambio de v1S16n histonca, cuente con autoridad para cambiar lo que
~e ha creído no variable. Las categorías no son parámetros: no derraman
l~ consideració_n ~oncreta_ del algo al que dirigen sus posibilidades de orgaruzar el conocmuento; m en nuestros días tan saturados de contaminación
matemática de la lógica, a nadie se le ha ocurrido decir, o tratar de sosten~r que lo atribuíble al ser sea paramétrico o trascendente al ser de que se
dice. T~ce~?entales del ~er, se entienden cumplimientos valiosos, previos
a la realizacton concreta, inclusos en un ejemplar concreto. Aquí descansa
nu~stra tarea d~ precisar con rigor la separación del dominio del ser, de
regiones de ~alidades no entes; trascienden a los seres los valores en que
h~n de mamfc.starse: asj la predicación o apófansis, es cpifanía o descubrinuento de lo que el ser cs.

~~t:1

Lo atribw'ble es un campo de consideraciones, otro lo es el de definir y
otro el de reconocer al ser; esto no es ninguna inno\·ación O aventura de
originalidad, es la enseñanza precisamente comparable en lo clásico. r0 f uncion~ la inclusi~n de valores tomados como atributos, porque lo que vale
trasciende la cnudad; reflejos en ella lo delimitan bien. El valor queda apar-

1:ªL

te, ~up~ ~tra_ zona de 1~
~ lo mismo que separar una abstracción. )'a
en eJercic10 final tras elimmaoón de contingencias articulares, bien a virtud de una fenomenología ante algo concreto, apartarla en su esencia: se
toma a priori de atribuciones.

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46

�,._, a ~ e l ~ • imfatlat.ia de lal ~ ~
cl'9icot; p&amp;IINN lla el 19Jr de UD ejerdt;io que puéde ,-atine -ea aui fb..

.... Ha venido .....,_ 11M -,ecie ele tr■dici6a pata el Ira•
•~mie,t,- ele _....
~
la &amp;bofia, pueden nnmir•
.. aatecedentm flltabJecidGI La COIIIUll- ele limitar Ju refaeacia aclu~ &amp; 14&gt;4 linderol de ~ c:aeapo, . . aceptable e inc1ulo de rigor me'6dito, .¡ b preaupueitCI teor6tica hubinll quedada lmtante acJareddel
e indi!CIWñh, Ya luM:e JÚf de una CBlfflllia qae wine Jilrindaie batalla en
torno • p,NalPÍeQ~ al pateeer ~ Hay quienes dec:idea
bk JU p,áerencia par la prd)lemitica del coacdmimlo, aata que aceptar
el plan• de cuestiGall -,ecto al ser.. IWwiD de Jlaea del saber y del ser.
Otros ~ cc,aveaaer cde que la materia no menee a,eptme como buamemo pua Ir» eaundadot 6b6ficoa Olvidan átel que el sistema de eama. _ _ . .las . . . _ empienn por ez:4meaes de Ja C8Ula material.
DacuW. lat p,lemitt.as paeeoloptat o meeafwta, ,ue una epistxmolo,.
gla tanda 4e Dudo lin o b j e t a ~ ; que. una ontologia amewa
rwna, si
ac:-.spama y ae éDtNVera cen la ~ opoabma de la pro,
blnM&amp;ica de Jal noclones.
Batudill ~ Ju directrices eltlblecidu por el cuerpo de catmgodas, indica ~ sin rígida para recbmr UD ca"1ogo ni aectammo para aceptar O
proponer ot,:e, y comida-ando nada máa la lfflli6a y compulsa de lo que
~ predicane váJidameote es de primon:lial urgencia fibM",ca. Lo mismo que Ortega prota1a porque "a cualquier coa se Je Dama aben edpti•" aqul • quiere aeriammte vetar el que se welva sobre discusiones para
c:uyo rigor no ae establecen ,epa.- dignos de ser convalidadoa. Ni Jaa catepias ~ ni Ju plat6nicas, ni lu parejas de opueatol IOCrátm, la
tetralc&gt;gia kantiana lÜ ninpnaa otras categoñas, han c,terido ni podido presentane u ofrecene fib6ficamente COQ&gt; prontuarios de relOluciones hechas. La telia aqu1 reza: "cualelquier categoría, dáaic:u, arcaicas, critic:istat
o de cualquier otra edad o ambición que se supongan, no valen ni pretenden
dol -

-,e•

•

=·

"° •

valer como mapas o rutas para llegar a ninguna concJusibi". Las categ9lfas
se postulan aqul como esquemas generales para el ennncladn y formuJaci6n
de los ~emaa filmóficos. De haber pretendido aJguial que laa categorlas
trajesen ya ia aue, 111 resoluciones necesarias a toda dificultad para declarar o predicarse el ser, 1a l6gica tendrla solamente el aspecto de un recetario, todo lo tradicional, respetable y acreditado que se quiera, pero estitico
., dgicio.
El conjunto de predicamentos, que Aristóteles analiza en au clásico tratado, no funciona como aos caminos trillados para e11cu11bat ning6i'1 resultado fijo; 10D como las categodaa propuestas por Kant, poaibifidades, um que

ele ~ • -~

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~ bacía el -=ubrimiento de lo ñTelOluto o de Jo.paca da-. Pocldl
~ que k depurui6a de UD cuerpo eatqorial paiporciG11a nlCÚ\Q
~ para el hallaago de loe probJem.a peculiem -en cada . . . ; _
~lee6ficL Enf~ el miao materialismo O el do,Jiemo potada lcto O
- . - OCra propcrci6n fiJcw6fica; dilcutible, sin aDlel establecer CGIIÍCllllle.
qu6 pw6aahlea ,__. tratane la c:uesticm) corre el pe11gro que ..,. WIIID
a _menudo en ~ supediciaJea, de que le ignore balta la pml,lnNtira
IIIIIIDa que ha ~ tratane. Ali las categodu pueden mliar makprier
teaao de estudio llelDpl"e y riameate cuando te la ordene en
denda a la agenda de lo que ae está iavatigando.
-,..
tntF:::1111 ti...i.....:- U.:-

~c:on--

Noarons

Al n:sultado del proceso
••
Jó1 extaeua debe •
~ ae llega por un camino, uno de cu• • ,
aaempre Y necesanamente ter Jo que ae conoce. En la
antinoo,,a de que algo lea Y de que su conocimiento entregue O permita
• 111 ser, ea en donde ae implanta la escalinata cat-...... ¡.
acceao
se
con •
•
-e-- . ,.......... no encontrar•
nmguna certeza prevsa. Lu modernas reduc:cionea fenomenol6gicaa
estipulan ese modelo de detención; va a elaborarse una --..:""'
tre lo que le estudia y quien Jo estudia.
- r - - total •

-·..a.

=

a Ja distinción misma entM el objeto y el sujeto te han de tener
ta; nada ~ IUJ&gt;Ollet, nada le acepta; ni te piensa ni recuerda, ni ~
previa neutralidad representa las vlsperas de la omnitud deJ ente fi •
tillo ante el ademán de H
~ Las --1
•
•
up...--.-.
RUUCCIODel IOD CUt la 41t1tt,11,nsio •
t,lu de Santo Tcmw. Se toma ,.,..;..:~
..t.. .,,. .
.nm•
r----.,. ante
como un umpJe U.U a la
Qminata del conocimiento. Se elabora la ignorancia de aaber ai
ello es
0 ~• Y c:aao de poder aceptar au austanc::iá tal va pueda ~ .
decir
aJao efe IU poaici6n
O cuantificarlo 0 c:alifº
•
•
acarJo o mentar au ser en el'
~ o au coJocaci6n en el espacio. El aJgo inicial a partir del cual llega
• llacer factible que algo ae liga como predicamento ha d
1'-.que pn,dnmina,
,
e aapaar por aor

1!-8

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41

JI..

�&amp;a ...., • 1efeteDIÍM o de •erio■e a III qae, la .., snaltrpt di
B lf gg+ esti hecienlD refenmcia • 4lface ea la \leni6n modMN cW a.
..- - - ~ Hilr41Mt . . . . rpae • -1arm q\lts DO le miuce la
lilfa,a aiDguaai ,cuaddada e abemen,U a la .-1 sa predique o dictamme •
pu,p6lbo de problemM O dificultades l.fdllMlo del m!"Vimiento1 puel le
apunt6 ya que ae coneci•criento o saber: ., puede taminele de muera abDf¡¡élite:; lo que funda,..,.*NKNDlf: detu:nina y orienta a GJanto puede•·
. . - ea apUo .-e 1e
atUllíu y de conocer, Si de algo puede,...
temi9 que abala, ~ que del - O de Ja temUaa 'ID eatudio, DO del
CDDCM:imieate que • dmge hacia el 1er e hacia lo que 1e estudia.
C,on lo anterior el tma:miento O: funrionalipnp categorial pcnaite UD pa_, mú moderno .., ,actual: anta le baWa estahleéido que cada pemacJor o
que cada ~ JAe&amp;enta - muy Jegitimol moGYOI, IU peculiar lógica, ~
estatuir una cierta dotati6n de pn,dicpneatoL JgualmeDte se argummta que
en ~ de poaibilidadet para IUIWltU' el COD, in•iento, e\'idencian 1111
edpna en las polaridades de contrarioa o iUpUel1m praocrátimL Coa am•
has piemim se postuló el primer upectg de la praente tesil: ello es, que
opuestol o contrarios, categorlas cla\W:as, thminos de Poñuio, t6trada categorial de Kant o cualquiera otra tentativa de enunciar Jo que se admite
por conocido, nunca pretendieron nla oomo re,oluciones ya hechas e indisputadas. Ante esta manera de articular datos para el enunciado y planteo ~ la problemática de c:cmncer, queda en este apartado la dirección de
una meta&amp;ic:a o concepto del
y del alcance de su posible noci6n. En
otras ~ras, cuaíquier pertrecho categoria1 recoooce e indica el antecedente de una metaffska. Tampoco esta ~ v a de la conceptuación del
ser de la ontoloJla o actitud teor&amp;ica ante el objeto en general del cual pretende conocene la ralidad, ofrece ninguna conclusi6n ya definitiva. Baste
con recordar al sei\or Dr. ltep Jolivet de la Universidad Cat6lica de Lyon
cuando en el volumen de la "Metaph,sique" de su Cours d, Plailosophie1
instruye en la comideraci6n de que para Santo Tomú de Aquino no d acertado el pensar que deja de tratar el probléma critico del conocimiento. Sanamente concluye el Dr. Jolivet que para el doctor de Aquino no pudo haber tal problema dada la metafkica que atiene.
De manera que en concordancia con un cierto modo de aceptar y de acc:eder al ser y a su realidad, en obediencia a la ontologta y que determina b
objetos en estudio, se erige el repertorio categorial. 1 Ontologla ni L6gica
para Ja tentativa de edificar el conocitniento son más que eso, ni lo han sido
en ninguU Epoca; compnibese en el ca.o que se desee: Vociferan muy poco fibMicaniente quienes tachen al estoicismo con su reduc::ci6n a un simple
relativismo edptico por lo tanto. Cada tapio del pemamiento., ha emayado

trata•

ser

!O

~ ~ meta&amp;ica

le

. . - . ~ Ne• • • ni 1e tacba'1o
aapliado ~ _aqeuw c:1111p,
~
del pememiento se Jo -.:- de
Jaecbo, m intentado • .._
'ftca,;I
'
......_ '
tala
o COJl aumenma o cambioa,
rqmc. aurge enmendada,
'-~f&amp;Ud"~ a~·AmuldQeamente
~ da el una Oacot.....r..
-...s:- eo ----=.L, u del nuevo
ffMICiJivo. lato quien: 11!' algo ,oá.scuadro• ~ para IU tratenrieato
-- ,, ~ per;o del liaaje platónico:
dialática; aunque lül ch¡.
~ requieren 1.IDOI uteJwlioa
que b J)'d&gt;lanu 4e .Ja
ll1!D ~ ~ esw L - - - ! - amceptuales J&gt;ll1I su tratanüenco a1 .....
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~ y cauexioaes CQ )a fenomenologia • "; ~ o suspensión •

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de H ~ están leiiaJando un ti

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. ~ ' Ja .reducción en
4PFenq: al de Sanco Tomás o al ~ue ~ u e Je emprende en
b demás que bu bu-cado el
. .
emprendfa. Todos tres
(JJJe ah1 está (Du Sein) de las~~' lo bulcan ciertamente, •
1111...,f,. ....,a,.___
mterreJanonea y co ·
~7Tr7"'" --,s-a,¡;;; solamente que el ademán
. omonea de ~to
~ . ~ t e Y resuena pero no se
. ~Jósico en qw; se c:oloc:a
CD UD Kant.
repite ,qrvilmente en UD Cartaio O

'°"°

ENJUJCLUUINTO DE LAS NOCION.18

De manera que el anterior recorrido .
nuestros días penniten la
c¡were seiialat con la n......:.i.r....
fla
' urgencia de que
odo
,....._ que
baya de emprender un reconocimi en t
aquello en que Ja fd090.._ que decirse o clise...:.
ento, en_ todo cuanto fib6facameute
~
'"" se comete un pe'i-- d
.
6
r - n necesaria en el campo de lo
"6•~ ~do ai no hay la
deba '1acene esa comideraci6
que se estudia; 11 el utilaje de cómo
~
b'atando. Esta conclusi6: :t=~~~oeóficamente a lo que se
o para hacer referencia a la met6diw ~ al compendio que sigue
que aparte todo lo demás se
'd
ca ,enomenologfa: hlm Huaerl
Qiíe 9e trate exbaUJti
consa ere y se vea lo que quiere estu..1! __ _
vamente eso que se estudia
•
WiUIC.
Olro tema. adá que falte nada
.._._
con exclUSJ6n total de todo
tietaffsica
'
que :,uun: en lo que se está •
.
u ontologfa latente en la
t •
IDVestigando. La
el Jmlgrama que 1e propone para la
uaci6n f~ógica explica
• ontol6gicas o esferas de la realidad
. La CODSJderaci6n de regioodaidta y unidimemi--.,, . .
ª partir del tiempo como ''realidad
~-'UU&amp;I , mdica, como ..a-.L. 1
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�LA FILOSOFIA DE LA MATERIA EN UN TOMISTA
CONTEMPORANEO
Po, el Lic. LUIS Ril.uA
Mmco,D. F.

Sw SIEIIPRE GRATO VOLVER nuevamente la mirada a una obra de Filosofia
de la que, en otra oc:asi6n, se obtuvieron orientación y solaz. En una época
como la actual, que exige justificadamente el contacto directo con las fuentes, es, no obstante, de utilidad intelectual y pedagógica el examen de las
buenas síntesis realizadas por hombres que pasaron largos años en el estudio
de esas fuentes, y cuya labor es facilitar el camino a los demás. Tal examen
me parece más necesario en nuestro medio católico extra clerical, que, debido a la pobreza de elementos de investigación y a la prisa inevitable, conoce la tradición filosófica, en gran parte mediante las síntesis de que hablamos, como las de Maritain, Garrigou-Lagrange, Gilson, etc.

GRAN SINTETIZADOR

es, sin duda, Gallus M. Manser en su obra fundamental¡ admirables resultan el número y la importancia de los textos aristotélicos, tomistas y de otros
autores que nos da y explica, ya sea transcritos o meramente mencionados;
esto puede ya ser, para el estudioso que quiera verificar esas fuentes, un
principio de sólida erudición. Además, el libro en referencia posee lo que
pudiéramos llamar "estilo jur(dico": me refiero a la sistemática división de
las materias en párrafos y subpárrafos; la cuidadosa exclusión, por razones
de claridad, de puntos que no pertenecen fonnalmente a lo que se está resolviendo, dijéramos, a la "litis planteada"; el minucioso examen de las
pruebas, las conclusiones contenidas en sentencias breves y concatenadas unas
con otras. Dicho estilo juridico en una obra filos6fica tiene ventajas eviden-

55

�.

. tlli

edagógico : en una época como la
tes desde los puntos de v1st~ cien leo y Pb. .. dad es realmente confortante
di
' y a a am 1gue ,
nuestra, afecta a la spersion .
taf' . de la seguridad jurídica.
l equivalente me is1co
una obra que procura e
d
t . como cierto desviado radicalis·
Claro que también se prod~cen esven a1asl,lecto'" el cual, ante un libro tan
· nsctentemente en e
•,
mo que se engendra meo . , .
1 d l p Manser tiende a veces
d t
'
1und1co como e e ·
coherente_ y rotun o, ~n fl sóficas de otras escuelas, o simplemente aque•
a despreciar las aportaoones ~o. ende así a "sobreseer''' sin análisis de fondo,
llos temas no plantead~s en él~\endenc~ del autor. No puede negarse que
las cuestiones hetero?ene~ a
. al estilo . urídico dentro del campo filo. se concede demasiada influencia
J
.
.
:6fico, el resultado es la esterilidad, por homogeneidad excesiva.

TOMISTA RIGUROSO

,
l
gunda edición alemana, Y en
anser en su pro1ogo a a se
se declara G • M • M
otras partes de la obra:

.
.
ha ocasionado numerosos re,, ... mi profesi6n de tomr.s~o ng:ro:;r;;ndido Me ha sorprendido, en
proches. Esto es lo que mas m,e a t d d i~poner a nadie ninguna
.
l
porque nunca te tra a o e
primer ugar,
.
.
.
ue únicamente he recla·. . 'n respecto al tomismo estricto, . sino q
obligacio
.
,, ( i 6)
' l derecho a seguir el tomismo riguroso,... p g. .
ma do para mi e
.
p nsar de otro modo; pero re"N osotros no condenamos a nadte por e
.
o
a
defender
la
posici6n
tomista"
(pág. 559).
clamamos el derech
.
·
trata con generosidad al gran
De acuerdo con las declaraciones antenores,
.
adversario de la época barroca:

propio de un gran pensador, ya
"De una manera muy clara, como es
. . .
" á&lt;T 337)
. 'b , los papeles de ambos principios... (p o•
•
d
Suárez istrt uyo
.
del Doctor Eximio
.
en otros lugares, prof iere acerca
Aunque es cierto que,
él . . .
ui.zá excesivamente severos. La
l
enos repite acerca de ' JU1c1os q
. .
é
o por o m
.
art . esto le comunica vivo mter s,
cL M ser es polémica, en gran P e'
.
obra e an
.
.
b
limita grandemente sus honzontes
'lid d al mismo tiempo, sm em argo,
11
agi a i
.
d de el lector quiere nuevos desarro os,
cti . con frecuencia, on
y perspe. ~as,
.
d . terés se encuentra solamente con la respuesta
donde adivina cuesttones e m
'

cortante a los contrarios, los P. P. Lorenz Fuescher, y Stufler, ambos de la
Compañía de Jesús.
De cualquier modo, el libro en referencia contiene asuntos, soluciones y
planteos que interesan por igual a todos los grupos o escuelas que reclaman
la autenticidad tomista. Elijamos en relación con la Filosofía de la Materia,
algunas de tales cuestiones, mas antes de empezar, conviene aclarar que Manser es un

NOTABLE HISTORIADOR

Causa admiración el que persona de tan briliantes cualidades filosóficas,
haya sido, profesionalmente, con toda modestia, sólo un historiador de la
Filosofía; mas probablemente de esa modestia procedan los méritos filos6ficos del P. Manser:

"El haberme dedicado durante cuatro decenios al estudio de la historia
de la filosofía ... " (pág. 136).
"Después de tanto como hace que nos ocupamos de la historia de la filosofía . .. " (pág. 638).
La mayoría de los capítulos del libro de Manser ofrece, antes de la exposición sistemática, una síntesis histórica, la cual se refiere principalmente a
la filosofía medieval, tanto escolástica como no escolástica; dichos resúmenes
históricos ofrecen la peculiaridad notable consistente en estudiar y acentuar
aquello de común que tienen las diferentes escuelas, tendencias o filósofos,
al lado de la consideración de sus peculiaridades: así pueden apreciarse las
líneas generales de la filosofía medieval; los estudios históricos del P. Manser,
a la vez que variados según la variedad de hechos y de hombres, resultan
unificadores, diríamos más bien "concéntricos"; y pueden servir de complemento a otros trabajos históricos, por lo demás meritísimos, como el de Maurice de Wulf, en los que también se examinan las mencionadas comunidad
y diferencias, pero sin subrayar tan decididamente la primera.
En confirmación de lo anterior, vemos que nuestro autor, en varios capítulos, expone con gran precisión los puntos comunes entre los representantes de la corriente agustiniano-arábiga en el siglo XIII (a menudo franciscanos) y Tomás de Aquino; para sorpresa de algunos, dichos puntos de
convergencia, son más de los esperados. Así, el Doctor Común sale perfec-

57
56

�tamente situado en su época, no aislado sino en diálogo con sus contemporáneos; pero al mismo tiempo, esto resalta de modo singular su originalidad
como

UN INNOVADOR EN EL SIGLO

XIII.

Un innovador de gran mérito fue Tomás de Aquino, no un simple innovador;
a decir del riguroso Manser, "sólo el que logra resultados nuevos y verdaderos en el método o en el contenido doctrinal, o en ambos terrenos a la
vez, s6lo ése trabaja bajo el signo del progreso y tiene mérito. indiscutible"
(pág. 189). Que reuni6 tales características el pensa.dor napolitan~, se encarga de probarlo nuestro autor, en los capítuloi1 históricos de su libro.
Como los auténticos innovadores, Tomás tuvo que luchar en contra de
una "derecha" intelectual:

" .. .el mlrito principal de Sto. Tomás en el siglo XIII ,, en los t~mpos posteriores fue la creación de una nueva orientación doctrinal,
opuesta a las tesis agustiniano-arábigas . .. " (pág. 191).
"El origen de la ciencia había sido reducida por toda la tradici~n agustiniana sin excluir a Alberto Magno, en último término, tamb1in a un
1
influjo de Dios inmediato y actualmente iluminante (illuminatio divina),
al cual se atribuía el conocimiento de Dios, del alma )' de las supremas ideas )' principios demostrativos trascendentales. Tomás mismo vaciló aún en el Comentario a las Sentencias .. . Pero despuis, ya en In
Boethium de Trinitate, en los Comentarios y en las dos Sumas, alcanza
la claridad, rechaza las ideas innatas de Platón, la doctrina ilum~nacionista de los árabes con sus intellectus agens separatus ,,, ..• mega
toda iluminación divina actual, substituylndola por la abstracción aristotilica para todos los conocimientos naturales sobre Dios y sobre el
mundo".
"Esta innovación filosófica ocasionó al A.quinate, como es notorio, amargas enemi.stades, según confirma más tarde Juan Peckhman" (p_ág. !50).
Pero tambiin se uio obligado Tomás a luchar contra una inevitable
"izquierda'':
"Ful una lucha verdaderamente heroica la que sostuvo Tomás contra
la doble verdad del averroísmo latino, contra el cual escribió en 1270
su obra "De unitate intellectus contra Averroístas" (pág. 148).
58

Y como acaece generalmente a los innovadores, hubo de sufrir el ser confundido o contado entre los representantes de doctrinas disolventes, después
de haberse esforzado contra éstas:

"Pero el mero intento de condenar a Tomás junto con Sigerio tuvo que
ser para el Doctor Angélico, que había acaudillado la dura lucha en
de/ ensa de la ortodoxia contra el averroísmo, sumamente doloroso"
(pág. 255).
En el fondo de la innovación de Tomás, se halla la siguiente afirmación:

"Todo conocimiento espiritual y natural en este mundo, es abstraído
del phantasma, tanto el cósmico como el anímico y el divino. Las cuatro
Quaestione.s de la Summa theologiae 1 84, 85, 87 y 88 contienen las
tesis monumentales de su nueva teoría del conocimiento y, precisamente al tratar del conocimiento de las substancias espirituales, declara sin
limitaciones: "nihil intelligit nisi convertendo ad phantasmata" (pág.
194).
Y tal tesis es sostenida en parcial conformidad, en diálogo con los grandes
representantes de la corriente agustiniano-arábiga, pero al mismo tiempo
en oposici6n a ésta; débese lo anterior a que dicha tendencia admitía ya, en
los siglos XII y XIII, a la abstracción como fuente de nuestros conocimientos intelectuales acerca del mundo corpóreo; pero acudía aún a la iluminaci6n divina actual como origen de los conocimientos relativos al mundo espiritual. En cambio, Tomás da todo su valor a la abstracción, pues la acepta como fuente de todos nuestros conocimientos intelectuales en el orden natural, tanto de los referentes al mundo sensible, como al alma, como a los
principios trascendentales, como a Dios (págs. 175 a 178).
Que la abstracción a partir de los datos de la experiencia sen ible tenga
tanta importancia como origen del conocimiento natural, encuentra la siguiente causa:
"Y la razón más profunda de estos hechos está en la unión, aquí en la
tierra, del alma espiritual con el cuerpo, del mundo espiritual con el mundo
sensible, en cuya virtud el entendimiento humano, unido con el cuerpo, tiene como su objeto propio la esencia de la cosa sensible".

"Así tiene validez el principio: 'Nihil sine phantasmate intelligit anima'
en el pleno sentido de la expred6n1 incluso para ti conocimiento de la.s
substancias espirituales; y con gran profundidad dice el Aquinate acer-

59

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'I Toatá.r ,.;,.
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(PW. IN, 195 y 111).

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Puede parecer parad6jia, a b ultraespiritual; mu coa la afinnaci6n
Clllllilate en~ de IN-datot aenilJlei, )Gr mee&amp;, de la aliatracd4n efectuadii por el . . . . . . . ..., , . . . 18ck, DUelbo ccnr.fmiento intelectual
natural, 1e tillllp wve ftlllr al papo eapkitu lnrmancn
"El u,m,,, Aamao u tlfflllnln n .ra ,Sl1Uia uu u,UW imilMi6,s
al _,_. _,,,_ dúmto: , ~ ,-.,w,- arililUo 6nni,,ü
ifu:r,1111",.,.. '•¡,,usio ,,.,_ Nritál. Tonu&amp; lo,.,_, Am10 11 utorio, n 11 ,.,,,, d, k lu 4ioiu 4', lo1
~ D,
,,,. ,,,.,,,. üs¡,lal totlo ,, ,rotlnu, tú la uf,r• • 1t, ~ ul
.,••. • (p6g. 201).

""""'"°' ,

"lw/lldo • t. orip,oli4ad ,u Sto. Tona,&amp; lo Jnuo, eomo II nolorio, ,.
,I lup, ü la ltu dioiu ü los /Jlalñi&amp;os 'I dp#i,,iaos. D, 111• ,,._,,,.
tlu¡,ltUó lo4o .Z ¡,,o6lnu, ü lo nf,r• ü Z. utioitlatl ol ortún túl
#1 •• • » (i-g. 201).
Rfl)JeCtD a la originalidacl de Sto. Tomú en la 1lelia de que ae trata:

"Lo eútlll M fJU WÑ lup C fflG láltu:i6ft t a ~ 'J tul•
Jnd, th ta ¡,,olngtuh 1-elaa, tomo lo 1&amp;úo ,l Apinat,. Es iüudabü
'1'" Tonú, -,los lfflkS u J. Loeu, coflJiü,6 la ·~~
áiea ftlftl6 ,, lotlo, lo, ~ , Ularalis. Y ,s,o, ,n o,asiei6,a .Z ~ . • filor,ü,,,o, al uoplaloainno, • S. Jpsdn 'I " los
h"6u, • ~ Máptl, t1 loa 1t, ueo1'sti&amp;11 contnnJ,ortirwc &amp;oa n&amp;
koria 41 la ñffliu&amp;i6a tlioiu; . .. "' (pág. 195).

,nn1,,,

'°"'°

At.erca de la c:ueati6n de
Ja tesis:

qua fue

el primero, en la Edad Media, que

La aperienda ..... eaiDo fuente • Duestlal aJIICIC:ñHienb naturales.
Muy bien, pero c!CUútal w.:a no ha Gdo in~etado l!ltlD, a6ft dentro del
ampo de la llcoHltica, en ua atidb muy limitado, lelÚ e1 CUII, de cier• ~ • alJllralcb, le deivan otros, mu ya sin la necesidad del
wuno o welta a la aperienda lenlibleP Hay aquf, probat,tenimte, una aproJrin,1f'i61 a Kant, "que, ti bien pone e1 principio de nueatto aer en la apedmci-, no deriva ele ella todos b cxm,v:lmieatm" (P'g. 195).
Pará evitar dicha limitad6n, Manm- insiste, en primer lugar, en un contieto permanente de la inteligmcia, antes y clelpu&amp; de la abltncd6n con
la singular sensible:
,
• ... ,l nuntlimlnlo, n cualo qu, ut4 aitlo con ,l aur¡,o, coaou
todo lo qu, conoc, JH,rtürulo tl,l mundo snuibl,, ül 11tat.nn,,. Por
·~ e°"'1'ma ñtmJJ,, ,, conoeiminto rmw,rsal, "" lu, stlCJUlo ,u lo
..,.i.,, IIWOlffllnÜ n lo -,,,la,, ffl lo cul la ISIJIÑ tlhslrtdJa s,
nctintTa conernaan1, ~Jltllla: 'N1&amp;1su u, ad lu,e quotl inlellec''" Ula ial1lligol n•n owclum JJ,o¡,,i,,,n quotl convma.t II ad 1Aa'4rtul11, vi slfcalnu, naluraa •JÜolr1al,,n ül pa,tieulari 1mt,nu,n' •

(pág. 314).

In .aegundo lupr, nuestro autor explica expresamente que las ideas no
~ ~ o. nacen de ~ primara idea (idea del ente en común) y de otru
ideas pnmanas; mú bien, cada idea ae engendra, por medio de
abltracci6n, de u.na nueva experiencia temible:

1111a

nueva

IOltUVO

"'1Tuo Sto. Tomh n la &amp;lllll M,dü, aluuoru n III korfal No lo
ú. Htula o/aora no u 11n t1¡,o,ttulo fmUbtu. &amp;IISO la Historia ltu
t1po,t, un t&amp;. ..flbmo Mapa no tn,,,ü m &amp;ofUÚlndo como tol. Tampoco Ab,lardo ni Juan ,u Salisbury. • • qai,n lule, d, medüulor ntr,
Pldm 'I ..ftúldulu. Como ntds t,n, JMr• S. Buuvnt1ua, ,l conoAfflinto tnsib# u P.t1 ll, ¡,oslalado gnllúo tl, los primeros p,inciJus. Pna a ufnuo, ü 14 ilurninaddn tlivÍffll. . . El mismo Aristót,l,s

"Esto nos a,,,. ü la "'4fflD al ulffl"Dllo cone,,INl ül u, n la ¡,lvralidatl de los cone,p,os. No como si 14 Jllu,tdülatl tl, las ül,c flacint1

*" "''

U la
lfU coman, /JtW todtu la, Uf'MI itl,111 U&amp;n, tomo la
iüa tl,l nt,, ü la cbdraeción. 'I sMo II NU ü la 111/lffineia ,Uúa
m •aidtu ti dlterfflinado, conc,1to1 reai.s. Aqtd no uy n ,l cristo1.U,.
IN, ningúa c¡,,io,is,,,o. Pno todas las dnná, itl,as, 1t1eatlas de la 11tlf•
~ u son sino ~ nw /JrÑÍ'IIUU ül ,,... cotfffllVU, . .. •
(p6g. 318).

�La derivación de la experiencia o conocimitnto sensible) se afirma tambim de los supremos principios demostrativos:

"Ambos, Aristóteles y Sto. Tomás, ponen de relieve con la misma energía que los primeros principios no pueden ser demostrados. Puesto que
toda demostración se basa en ellos 'Y los supone, ellos mismos son indemostrables porque son más claros que toda prueba que pueda deducirse de ellos. Proceden del conocimiento sensible; . .. en aquellos pasajes
en que Sto. Tomás y Aristóteles hablan de una inducción como fundamento de los primeros principios, no pueden, en modo alguno, referirse
a la inducción como procedimünto dr.mostratiuo, contrariamente a lo
que algunos escolásticos afirman . .. Pero esta inducción aristotélica, como observa muy bien Heinrich Maier, no• tiene nada que ver con la
inducción como procedimiento demostrativo. No es sino la abstracción
( simplex Abstractio) de una idea a base del phantasma o imagen común contrastada por la experiencia" (págs. 379 y 380).
"El hombre, tal como efectivamente es, tiene que tratar de fundamenta, los primeros pri7ici pios que, por ser los J1rimeros, no puede basar
en otros principios en el mundo del acontecer singular y efectivo . .• En
donde tiene que asentar los primeros principios, )' de donde tiene que
partir, es lo e/ectii:o, es la realidad. Con rsto se er1rnc11tra Aristóteles
... en el mismo terreno en que hoy se apoyan las modernas ciencias
naturales. Esto fue también lo que dio a su posición . . , aquel carácter r.minentemente inductivo -hablamos aquí de inducción en sentido
lato- que conservó su filosofía y que situó al Estagirita en todas sus
e.speculaciones. incluso las más profundas, en el terreno de la experiencia y de los hechos experimentales como punto de partida'' (pág. 37~).
Y con gran precisi6n, se aclara que los primeros principios

''dependen, ciertamente, unos de otros, y todos, en definitiva, dtl principio de contradicción; pero no son derivables utios de otros. (Tesis de
Liberatore, S. l., y Sanseverino)" (pág. 389).
En consecuencia con lo expuesto y en relación con las primeras ideas, rechizase que las demostraciones científicas se deriven de los primeros principios; en cfecto, Manser explica el carácter común de dichos principios, en
su relación con todas las demostraciones, rechazando en fonna vehemente
cualquier apriorismo:

62

"No son comunes 1n el sentido de que todo s1 demuestre por ellos solos,
pues por los primeros principios solos no se demuestra nada en absoluto.
Son comunes., en cuanto que son necesarios para toda prueba" (pág. 353).
. ~ interesan~e la aplicación de la doctrina anterior, al dehatidísimo princ1p10 de causalidad; ante todo, el origen de los conceptos de causa y de efecto en la experiencia sensible:

"Los. conceptos de causa y efecto no son, ciertamente, los primeros que
~~uiere el ho_mbre: Suponen las ideas del ente, del no ente, de la oposmón, de la identidad )' los supremos principios ontol6gicos. Pero no
son derivables de estas ideas 'Y principios, porque, como observa Sto.
Tomás, contienen un nuevo elemento, diverso del ser en cuanto tal: el
del ser devenido. P-or tanto, únicamentt pueden ser extraídos del devenir ( motus), .. . Si esto es así, la abstracción de las ide.as 'causa' y 'efecto' de sus correspondientes imágenes fantasmáticas . .. " (págs. 382 y
383).

Además, la negativa a admitir que el principio de causalidad se derive
de . 1?5 principios trascendentes de contradicción, de identidad y de raz6n
suf1c1ente:
. "~l principio de causalidad supone estos otros como más altos y, por consiguiente depende de ellos como de normas criteriológicas aunque no es
1
derivado de ellosº (pág. 359).
Manser detalla así la aseveración anterior:

"La_

de~vación del principio de causalidad directamente del principio
de identidad, t~ como _lo _han intentado Riehl y Windelband, tenia que.
acabar ... no solo suprimiendo la causalidad, sino llevando al monismo.
S~e~a~t, Messer y Arthur Schntider han tratado de derivar nue.stro principio directamente del principio de razón suficiente. Tampoco ellos se
libran de la petitio principii. El razonamiento siguiente: El principio
de razón suficiente es seguro e intername11te necesario; ahora bien, la
causa es la razón suficiente del efecto; luego el principio de causalidad
es también seguro y necesario, supone precisamente lo que hay que proba~: que só~o _l~ causa es la razón suficiente del efecto ... (Que los
pnmeros pnncapios no son derivable.s unos de otros) se aplica eminent~mente al principio de causalidad C01l relación a los principios .superiores a il. Estos si refieren al ente indiferenciado como tal; aquél, al
devenir, que es menos universal: 'Esse autem universalius est quam

63

�moveri'. ,cómo la, tk poder )IO derivar del ente indifereneiado el 'devenir', lo 'plural', si lo uno no tiene, euneialmtnte, nada que ver con
lo otro?: '&amp;se causatum non 1st tU ,atione entis simpliciter' 'Y 'non intrat in definitionem entis'. Otra cosa es la dependencia. Potencialmente, también el ente indiferenciado está contenido en el ente como tal,
puesto que siempre IS ent,. Por tanto, todo principio supone, a su vez,
otro superior y, en último término, el de contradicción . .. " (págs. 388
y 389).
La importancia de la innovación de Sto. Tomás referente al origen del saber, es especialmente subrayada:

"La experiencia sensible es la única fu,nt, de todos los conocimientos
naturales. La importancia de esta innovación en el siglo XIII sólo podrá
subestimarla quien olvide que significó una revolución de toda la teoría del conocimiento ,., que las innovaciones en este terreno trazan surcos en toda la coneepción natural del universo. Con esto fue Tomás, ..•
el primero en fijar claramente los limites entre la filoso/Ea y la teología;
y el primero que dio a la filosofía su propio campo 'Y su autonomía"
(pág. 205).
C.on la innovación, el mundo corp6reo ocupa definitivamente, en la filo10fta, el puesto de importancia que le corresponde, dado que el hombre es
un espíritu encamado:

"Con el principio de que la experiencia sensible es la única fuente 'Y el
único fundamento sólido de todo conocimiento natural, recibió la filosofía en general una nueva base. Este principio trajo consigo una
transformación de la psicología y de la teologia natural, orientadas antes en sentido platónico, en el sentido de que Dios 'Y el alma fueron
desplazados a la región de los objetos del conocimiento meramente indirectos. Con la teoría de la abstracción partiendo de las imágenes fantasmáticas como única fuente de todos los conocimientos espirituales,
volvieron a formar un todo armónico la metafisica y la filosofia natural,
que habían sido disociadas por el sincretismo de los árabes".
"Si la época moderna se hubiera mantenido fiel a esta directriz, dificilmente tendríamos que lamenta, la ruptura entre metafísica y ética, metafísica y ciencias iurídicas, filoso/la y ciencias naturales".
"Pero lo m4s importante de esta innovación estaba seguramente en
que con ella el mundo sensible recibia una nueva valoración científica,

64

opuesta al espiritualismo platónie
ia .
nientos años atrás" (pág. 206). º• que ven imperando desde. mil quiVemos asi que con su inn aci6
corp6reo Sto T ~
el ov
n, con su nueva valoración del mundo
tal mod • 'dad. o
es
precursor de una modernidad equilibrada Q
erru
no se haya realizado '
· ue
los historiadores asi c
1 la . aun, es tema que corresponde tratar a
estudioso de la
f~mo e re bvo a las cawas de semejante desgracia. al
oso aa corresponde señalar q
ha
.
'
minada evolución doctrinal
.ue, pues
acaeado ya deter.
.
' y se han sucedido determinadas luchas hist6-

fil

ncas, no es posible actualmente preconizar el materialismo
.
sus formas; pero tampoco un es . .t lismo
en ninguna de
sensible No podemos cae
descamado, desasido del mundo
1pm ua
pone, d~ un platonismo qr en aultentación, más frecuente de lo que se suue res ta contrario a los . t
d l
hoy; no nos es lícito involucionar hacia un
. m ~reses e hombre de
ante la complejidad del mundo mod
prearutotelismo que sería inútil
La.
emo.
mnovación de Sto. Tomás nos lleva a la ,. .
.
origina nuestras experiencias
'bl
d . .on11derac16n de aquello que
tramos así en
sensJ es, es ear, el individuo corpóreo i en-

UN

SECTOR DESESTIMADO DEL TOMISMO.

Manser empieza una de las partes , ·
para la mente moderna.
mas mteresantes de su libro, sobre todo

,

"Y ahora unas palabras sobre un

f
del tomismo. el individual;•
t a~ ,~~o(, pero muy desestimado sector
.
...mo omutci pág. 455).

Parece ser, en efecto que a
d la ín
Tomás, numerosos tomi;tas han dpesar e
d~le del pensamiento de Sto.
o al . d d l
esenvuelto un ststema bastante desarrai d0
eJa O e o que existe en eJ
d
ga
corpóreos. no obstante la tend ~udn loMmaterial, esto es, de los indi\-iduos
'
encra e
aestro muchos disci u]
ven en una filosofia semeJ· ante a la la , .
'
P os se mue..
p tomca, y por tanto muy de espaldas
al

empinSmo.

'

Ante todo, nuestro autor afirma que ha dif
.
.
dental, entre cada individuo· y t
, y eren°:1 s~b~tancal, no sólo accia la misma especie:
' es o, aun entre los mdiVIduos que pertenecen

" . . . la
. dºiversa participación substancial de una
pedfica por los individuos es. • .
misma naturaleza esuna realidad innegable. Con esto que-

65

�tÜ Pedro '1, ¡,o, ea,do, la
substaneialffllnll tl, diu,rsa p,,t,c-

" ••• •l alma 11piritual del hombre u emula ¡,o, Dios ,on esta ordnaaeih substancial a un cuer¡,o detmninado" (pág. 458).

ción qw: la d, p • d' •·nción accidental d, la ¡,,,ficción" (pág. 456),
mista, no ,n 1usa mera

"Nuevamnu, es Tomás ••• quun nos enuña que las formas individuales,
y consiguuntmunte, tambih las almas, son dwersas según la ordenacióa
o llllapt4'ión, substlUUÜJlnunu div.,sas, a ,st, o a aquel cuerpo" (pág.
458).

.
rlfflOJ

dem qw

a "'""'

ü P,d,o '1 ,l cvn¡,o

"'!'"'"""' intliuida: ~ ,::,: ::nsist, el verdadero individualismo 10•

u.,

.
• •,;catlamnl, nueslra conc,¡,ción de la di" .. . podríamos considerar ¡wn,.
. s tl, los individuos de
sidad --'ección concf'ttafflfflll sahstanciall
. ••
ver
)' r•1 .
d l ,J ctrina del tomismo J,ritmhvo .. .
.
esJ,ec&amp;e como parte e a "º
. . . d d'
una ,msmo
individualizaáa en cada individuo e asSegún Tomás, la formo esld
•
. uinlem,nt, la naturaltzo
tinto modo, ~menld~ !b";'';;,,:,:;::01 d, ver" {pág. 460) •
d, la coso ,e'"'"ma ,
,
.
. de la diferencia flsica o nummca que se da entre
y subraya la unportanaa
individuo e individuo:
. .
.
l " substmacial mismo, entone,s
"Si
la indavadualidad comprende e ,
iadiuidualizaao 'Y sn
•••
• • ,1· ·t1 al en cuanto tal po, esto,
la substancao an wi u
dd
su ¡,,opio ser 'Y, por condistinto de todos los dmuís, !111 ',. •
das
las demás porque la
1
. .
¡,,olrin ¡,,,ficción1 istínlo "' 0
'
d'
nguu:nte, su
rhob á entr, dos individuos uno &amp;•
perfección sigue_ al s,~. Entonc:.,no . r física o numlricamente s11bs-

µs¡; ,,
°"':'

fn111cia es,Ucífua, sano una
tancial" (pág. 457).

a erencao

.
. m
. diV1.dual con el principio de causalidad:
Relaciona la diferencia

b. l • ,f idualidod preguntamos nosotros, sin
"¿Cómo se ha de canee a, ª. an_ a~ 1
, Cómo se podrán explicar
toque la substancia del md1v1duo. • • • é
.
d las
que
• •
'ncihin de causalidad, las pe,feccaones e
entonces, san violar el Jm r- .
_.J_ • , . iduo sin referirlas
_1..-.
totalmente dwersos en c'""' an w
,
focultades amma&amp;OS
. ..
de p f ión individualmente dia almas 1 naturalezas 1nd1v1duoles 'Y
e, "'
versa?" (pág. 457).
· diVl·duo tomista, al hombre:
Muy interesante es la aplicación del m

"Todo hombre es fisico-substancial,n,nte una ¡,a,fICI·paci6n de la naturaleza humana total,n,nte particular "/ distinta" (pág. 458).
li .
la doctrina tomista acerca de las
En especial, es fecunda en ap caaones
.
las almas hudiferencias substanciales y de las semejanzas emtentes entre

manas:
66

"Multilrulo igitur animarum ... cons,quilar quidem diversitakm formarum secundum substantiam, quia alia est substantia lulius animae ,1
illius, nontamen ista diversitas p,ocedit ex diversitate p,incipiorum essentialium ipsiw animae . •. sed est secundum diversam conm1Mnsurationem
animanma ad co,pora; hatc enim anima est commensurata huic corporti
et non illi illa autem alii, et sic de omnibw11 (Contra Gent, II, 81),
(pág. 459).
Se habrá notado que esta doctrina tiene conexión intima con la tesis tomista referente a la unión del alma y el cuerpo, en el hombre: porque las
almas, como formas substanciales, se adaptan o unen diversamente a cuerpos
substancialmente divenos, hay düerencia flllica, numérica, entre las mismas

almas.
Y como se dijo, dicha doctrina tiene fecundas aplicaciones. Nuestro autor

recuerda dos, enseñadas por Sto. Tomás:

"De aquí tambiln el principio tomista: 'Cuanto mejo, esté dispuesto o
constituido el cu,po, tanlo más excelente será el alma", y aquel otro
principio, según el cual los niños se asemejan a los padres incluso en
lo que se refiere al alma" (pág. 459).
Pero tales aplicaciones serán realmente fecundas si el individualismo tomista se pone en contacto con los logros de la Psicología Moderna, como
son los hallazgos de la experimentación psicológica, el psicoanálisis, la psicoJogfa profunda, etc.; en vez de encastillar al individualismo tomista como te-

sis puramente ontológica, sin ninguna capacidad de orientación, de ayuda a
las ciencias naturales.
Por otra parte, cabe recordar que las posiciones tomistas relativas a la
unión del alma y del cuarpo, y a las düerencias substanciales entre los individuos de la especie humana, nunca han sido del todo gratas a los ultraespiritualistas. Nuestro inolvidable don Antonio Caso que, según confesión
propia, profesaba el espirih1aliamo francés {exagerado), reclw6 la doctrina

67

�=-

de la uni6n del alma y del cuerpo, prea:;;n,rnerate porel comiderada
pGIÍtMIIDO
al materialiDot quilá IU memorable hacha contra
explique e.e extrañamiento:
•

,logia
'"'-~, n n 'E--,o ,ol,n ,l CurJ&gt;o 1 ,1 Alu, .ofr1e1
f como
.,.,..:~..:
..._.
UUT- '•
•
0,,laeú, eOfl Glpaol fil6so OS yw,Htww.-,
d, ,.
IOtnUlo, J1I COfl&amp; ualnwnu uta similitud P,6fflflll al ,,,._ .
,amo Hnhm SJJnen. ¡Punt L ,_ lueión aristotlÍua de Santo To._..:_,:_
la qru Ms o/)tlrla '" "' so
.J~.,,.o, ,s
•
• ~1El All'M "I ,l CUlrJ&gt;O, Enwyo '"
-~- ,, (Antomo Cuo. uv.vav a
-L1-. 1'.I!..!-.-- "'VeJJIU,J º º º
Aako¡olop
Filos6fúa, por el Dr• Oswa1do ROU&amp;Ct' .rA,IIUUUla

,,ns

mas", Mmc:o, D. F.).
.

liclci6 del individua&amp;srno tomista, a la di-

Mamer hace una especial • ~ •

fere:ncia aexual:
.
• ividualimao tomista p,ayc,tarfa luz u¡,,"Nuestro int11J,r1t~ tlel and
fnninislti' (pág. 461).
eial sob,1 ,l tan diutuido p,oblflna

.
En re1aci6n con CiertOI
caracteres individuales derivados del sexo, nuestro
autor hace la ~ siguiente:
•
1.
•
111, 1110 incluso tratándose d, los
J&gt;osibl,
nasta
C11t1O r,
• :-1,1 l4
,_
fJl(WMICIUU
,.,.,,¡
•
.,.
eon
lo
"'"
a
cada
and-uo
• • • 'ndivitluant6S '1 u eomr-a·•...
¡mrutJMs •
~
. la • divülualtntnt, común. Pero no ,s
,s ,ulusivamnalt pro ,:,O·. &amp;isu.
,n 1,,..,c. ,omo la ,stal,ilülatl tl, lo
•nw,rsal ni, J&gt;or ,oupunu, nn t#t:lr-••1
es¡,,dfit:o" (pág. 462).

«r _

~-&amp;..:.1:,1_,1

,s

•
lo universal·, es decir,
. h·-•..... encontralDOI: pnmero,
O sea, en 1a especie
•
• dividuales, que varían
d los caracteres exclusvamente m
la naturaleza; segun o,
1 • dividualmente común, los caracteres .code persona a penona; y tercero, o m
ºerto grado de estabilidad, la cual
que poseen a
individ
Y
munes a muchos
uos,
___!.._., En la tercera categoría se
no
a la estabilidad perfecta de lo uwvQlléll,
llega caracteristicas derivadas del sexo.
baDan las
• • lo individual común, a lo universal; en e~ proSanto Tomú nunca
uimil6 . ci6n
•vat..J-'- a constituir a la muJef en
dicha ¡umxuJa
eqw una
cual
blema que se trata,
varón
efecto rechaza defmitivamente
•
una especie distinta, inferior aJ
• ; en Ja ..,;_:,1..,1 femenina:
• postura helenizante, en relaci6n con
'"15,._
qwer
..
.
al 01 atipas ,scritortj mmanos
"Conlra ,l J,latonismo anhpo "I 1""
,_
• i. iaw,Jtlad
rin
ToMás
cdribu,n
a "' muJff
insJ,i,ados ,n 11, Agus
'1
• "' (pig 461) -a
uneial ,on ,l var6n: 'id,m s,eundum s,-eum
.
•

68

Y, junto tarnbim con Amelio Apstfn, subraya Jaa deaigualdada luhatancialm filie 1e deben a la dv•tidacl de mm, y que CDlrapmdea a lo "individual cam6n":
"Sia em1H,,,p, aaios atriln,yn&amp; al Nr6n fflGJOT apd,m u 11¡,l,ilu.
iC6'tio ••J&gt;liear ,11o1 .dquf • a¡,lieo '""'1tffllnt1 ,l ¡,rinei,;o: •1.,a utu,alaa común s, mulli¡lliea ú aewrtlo ecm los /JriruiJ,io1 iadivülrumttl. En virtud tÜ sw Jniruipios i1Ulividuat11, que son flsit:ame,au leeulia,,s " 1'I mujn n cuanto tal, la mujn IS 1minnumn1, pasiva, al
eoatrtlrio del /unnl,r,, que IS oetivo. Con esto eoneu,,da la füiologúi'
(pág• .f62).
Ea cierto que en este punto, hay algunas supervivencias gm:om&gt;manu en
Sto. Tomú, como cuando dice que 1a mujer es un var6n fnutrado y defectuoeo.
La rudeza de tal expresión nos muestra al Santo Doctor como hombre de
su tiempo; no obstante la revaJoraci6n del mundo corpóreo efectuada
por el mismo Sto. Tomú, es tanta Ja fuerza del a,quetipo platónico en la
Edad Media, que se explica la tentación de ver en la mujer casi una subeapecie, frente a la humanidad plena del var6n. Le pua a Sto. Toma aJgo
al( como a Ju obras de b pintores primitivoa, que no acaban de liberane
de la tutela m.antina.

Los caracteres individuales comunes, pm:isamente por no aer universales,
por no poseer abtoluta estabilidad, no deben ser considerados inmóviles, en
la inmutabilidad de Ju eeenciu; deben lel' estudiados en sus realmciones
hiatórico-eapaciales, Ju cuales 10n variables, relativamente. Y asl, el tomismo
contemporáneo no puede considerar la "pasividad" y "menor agudeza de
eapfritu" femeninas, como univenales, inmutables; debe mú bien, y con gran
provecbo para Ju cienciu y para Ja pedagogfa, awcane a las realizaciones
a&amp;:tuales del mundo femenino, convencerse de que existe ya una cultura feaaenina; darse cuenta de que, si la mujer era pasiva, inerte, en muchas com,
esto ae debla senciJlamente a que no se Je babia dado oportunidad de desarrollar su cultura; de que hoy Ja mujer es activa y determinante en variados aspectos del acontecer histórico. Lo importante es pues, interpretar a
un fil6aofo, como Sto. Tomás, no según la letra de ciertos textos, sino de
acuerdo con su orientaci6n general.

Por 6ltimo, el individualismo tomista es valorado por Manser, en consonancia con la revaloraci6n tomista deJ mundo corpóreo:
"No intentamos ,shoza, aqul un &amp;ffadro, ni .siquiera ap,o~matlo, d, ,.
importancia d,l individualismo tomista. Ptua eUo undrlamos que ,,...

69

�ternos por todos los campos del saber teórico-práctico, como psicología,
medicina, moral, fuiología, sociología, pedagogía, etc.,. • • Tampoco
subestimamos la influencia de lo especifico. Es, en todo individuo humano, fundamental y normativo. Pero lo específico desempeña siempre su papel en una especial participación individual de la naturaleza
específica, que en este hombre y en el otro es substancial-físicamente distinta, y por tanto, más o menos ptTfecta".
•
"Quien no considere al indiuiduo humano como un pequeño mundo en
si, como una substancia individual distinta de todo otro hombre, que
es el resultado de este cuerpo y de esta alma, los cuales constituyen esta
naturaleza individual con este grado físico del ser, con estas disposiciones anímico-corporales, con todo aquello que mediante la generación
trajo o no trajo consigo en ti nacimiento o lo trajo mutilado, no podrá,
a nuestro parecer, ;uzgar .siquiera con algún acierto las aptitudes peculiares, ni las pasiones ni las actividades del individuo humano".

"La importancia que esto tiene en el campo de la educación, o para iuzgar la responsabilidad en el tribunal de la penitencia o ante ti foro civil, es incalculable. A Dios sólo está reservado el juicio absolutamente
exacto sobre esto. A nosotros este pensamiento debe hacernos, por lo
menos, cautos y prudentes, 'Y en cierto modo justos, al juzgar a otros"
(págs. 460 y 461).
Para apreciar mejor el alcance de la filosofía tomista en lo referente al
individuo corpóreo, precisa hablar acerca de

UNO DE LOS SEIS GRANDES TEMAS DE LA METAFÍSICA ÜCCIDENTAL.

Así califica Hans Heimsoeth, en conocido libro, al debatido principio de
individuaci6n. Ya se sabe que en este asunto se han introducido numerosas
confusiones, que Manser procura salvar en su capítulo relativo, quizá el más
original y uno de los más meditados de toda la obra.
Distingue rigurosamente entre la individuación, y el principio de la misma;
precisamente la confusión de ambos ha dado lugar a que se juzgue de extraña y superficial, la solución tomista. La individuación abarca todo el individuo, se halla en el individuo; mientras que el principio de individuación,
en los seres corpóreos, es la "causa" de la individuación, o sea, aquello de lo
que se produce la individuación.

70

a_n~

Ya se vi~
que el individuo corpóreo se distingue substancialmente de
t~o o~ md1vtduo: así sea éste, de la misma especie; por individuo se enttende, la substanc.ta completa singular,.:

"?~ esta mane,~, el_ individuo expresa una indivisibilidad y una exclusavi!ad extrao_rdi~~nas. Podemos caracterizar esto en las palabras siguuntes:_ un andwi~uo, en primer lugar no está en otro (non in alío)
-excl~sión del accidente; en segundo término, no puede predicarse de
otro, m gen~rica ni específicamente =exclusión de las substanciae secundae o universales ( non de alio); en tercer lugar, no puede ser parte
con ~tr~ (non cum afio) =exclusión de las substancias parciales. Es por
con.ngu_iente, ,un _iodo completo en si. Esto es lo que quiere expresar en
~ ~entido mas riguroso la definición del Aquinate, cuando dice: 'El individuo es en sí indistinto., pero distinto de todo /o demás '" (pág. 757).
En el individuo corpóreo así entendido

'

"la individuación es el "ser este algo" (hoc al:qu:d)
·
• • mismo,
es dea,·
aquello que constituye formalmente la unidad interna y la conclusió;
externa ... " (pág. 757).
Pero, como ya se dijo,

"la individuación se distingue.. . del principio de individuación. Este
es la causa de aquélla" (pág. 75 7).
Para encontrar cuál es el pnnCip10 de individuación, veamos cómo
produce el individuo material.
se

"Tanto la corrupción de un individuo como /a generación de otro son
procesos naturales largo tiempo preparados, en los cuales las más d' •
lt
·
.
wersas
a eracton.ts, externas e internas} cualitatiuas y cuantitativas van d b ·¡·_
t d 1·f1·
'
ez,
.ªn e in . ~Jo de la forma sobre la materia actuada po, ella, y relaJando la umon de ambas partes constitutivas, hasta que, como dice Sto.
~omás, poco a poc~ i' no sin el influjo de la naturaleza como causa eficiente, van produciendo
en la materia prima una disposición para un
.
b
nuevo ser su stancial, un nuevo individuo, que luego surge actualment~, cuando la causa eficiente hace que pase al acto la materia totalmente
dispuesta y proporcionada. Todo esto está de acuerdo con el proceso

°

71

�c.-.

- - · ,w .,,,., ",. ~ ' . , , . , . "' ,, ,_..,,, ...
.,,;,;;.r
7&amp;7).
• del indivicluo la rab O CIIUD de la indivicluaci6n,
Ea el pn,c:elO gmeratiVO
'
•
:-.a:..u.- DO
de
diltiDci6n aubltancial rellplCIO de cualquier otro -"-"':" •
Olá¡
IU
&amp;ta,cmnprendeloqaeelpioptompaedt btllane • la forma, palldD que - : . . am bien debe 'ellCODtrar·
dividuo time ea com6a can 1IOCb b de su ....,........ '
•
decirlo cm Dlliyor- precisi6n, en la cmposicilm de la
ie en Ja ~ Y para
Dicha .a:...-:..:A.. es lo que 11e denomma
.

materia para iDt1par UD nuevo ter,
-.,._.-;,.J
"materia determinaU' 0 "materia Ugnata", y en ella • ~ .----·
indmduala del nuevo •• como, por ejemplo, en las
mente b caracterel
__._
la - . . : A n • bailan en germueria proporckmadat por .. ..-- para &amp;""---,
inclividuala del nuevo llom&amp;ze.
men,
b l'allP
. . . de L..l!..!..1..-..:.c... la "mataia signata", DO el
l)e fllte modo, el pnnclJIIO
IIIUIYM&amp;---,

•A.~up•6.T~.i,n-,-••dirlMWi6ra•lo,.,.,_,..
orthraui6ra .. , tlu,Olit:i6a ... U
fl'I, ,,__,. lor 1't fontM, ~ • irtlioitluo
/IMIOI eotUÍdl IR UN

la...,.,..~

""""°

n d 'I

, . . , . lat;ia , -• .,,.., ' ,..,,.....,, (piig, 776) ..

"Esta disposi&amp;id,a tia a la """'"" Jlri,na,.. . 6ajo 1I influjo di la a.
lúriilua eomo ,_,. ~ , , na ÚlmnlflllU orutuil:i6a a ,,,, Ífl•
dividuo Ülmninado, qu, tondGrá d, ulc fo""" 1 tú ,sta malmo 1#•
tul; m4s aá, lslG tlisposit:i6,a, ISia ordnaeüñ, tÜ la fflGlma lll 11""10
individuo,
d, la tltlllwa llfftUilda Ultlral" r,ei1n, ñlm;,,
segdn la atúnuula disJ&gt;osiddn iÜ la rrudnia, uivintlo 'J mllfWJlllo, uu
na,va / ~ (pág. 768).

IS'"''º

Que la "materia signata" ea una materia actual, basta cierto grado, 11e confirma al ver que ella contiene el accidente fundamental de la cantidad:

la "materia prima puramente potencial":

"Pr,eistUMflU /IO'f1'1 la """'"" Jninua ·~ si ("''""""" Jloln&amp;Ñl) u
1 ""1&amp;fftU ~ 1 i,ulifnnuiaa,. no ,U,dl, ,,. e1UIIIU&gt; ,al,
di lo i,ulivülualffln,1 tlifnmeüulo. D, qad la fr"'""_I• J."'·
6ri&amp; üelaroáón. rnalma non quomodolib,, a&amp;&amp;I/Jl4 ,st pnncipaum
utl ~um maUria sigutd1' (p6p. 765 Y 766 ).

:,.ro,:

:wül:Gtionis,

•
atizada
El principio de individuación no ~ tampoc»s una matena ya actu
en el individuo:
•

l.!-

11UM11

INI.Í-,a

la rali

fflÚmO

"Sato Tonuú tom¡,,natlió mu, cnen qu, "I~·· r--·
IUII~~ -~ lo individual que ti,n, ,l supposilum (individuo),"' algo_"'
n
fll ,z ,lnnir ,l, la

_,vuo
intJivüluol,
,.o,•• no

., ...

.. . ...

eOfJlltnÚI UM p8'ítíO lffl"ípaí. ~or ISO, •
•
•
tonsü:1110 ,ua la mat,ria (sipala) eomo algo taeOfflUftl&amp;abll, ~
,,•
• •pso ,n qu, # G,,--

tomo la p,i,nna ,ali, ,l J1nrM' ~
• ,,¡, p,idiru""'1fflll la in&amp;omuai&amp;alnliatl: ""'°"'141 · · · n,e.uono
:",. Jlrinci¡,iam us, ineo,nuai&amp;abilis' " (P'g. 7M) ·
úni&amp;Gfflfflll

Ali,

la "ma • .;cnu11hll" ea una entidad o realidad adualinda, en relaci6n
tena --edetenninad grado puesto que con-

~ ~ ~~:~~~ de lo q':ie ,m. el nuevo indivi1

uene y potencial,
. en relación
. con el nuevo individuo que procederá de ella:
duo;

"El Jnintipio ti, intlivülua&amp;i6n eonsist, '" una üt_nmi~ ~~
ei6a ... di,. unia ¡,,iMa, 14 euol, '"'"""• eonsliCU)'I al ifulioitluo

(p6g. 766).

72

"La. Natu,al;,a /wl/Jllr• 'I 1/aMa ctUlo indü,i"1,o """' a. qw ,zista,
m,tlumt, la ,,,,,,,, dis,osieión ti, la mldlria ¡ni,,u,, qu, ¡,,ni ,, ,,,,.
,-a al inditiiduo fularo ,oa .sa ,,,.,.,.. d,lmniiuula (,ipalG), oriÜ•
ntlda de sv,o • pa,us ~ s , dllmninatlas 'I sahntmcWu, '1 a la
eul sigue, tomo aecid,ns ¡,,o¡,,ium, una ll1tmninada 1#tnui6n upa.
eial-,,,,,¡,o,al (clffllil.od), qru .1,rá utaiablnunu distima, ,no siem¡,,,
'lml" (pág. 7lK&gt;).

No ea pue., la cantidad actual del individuo realizado, lo que acompaña
al principio de inclividuaci6n, lino la cantidad prevista en Ja dispoaici6n de
la materia:

11,eu:,

"Sto. Tomtls
toda aehuleih 'I ser indivülrumt,s di la calidad,
a la mattria, tomo rali d, la misma. Con A.risl6uks pon, tÜ reU.111 la
imJ&gt;onbilúlatl d, fUI los auidmlu Utm &amp;asa d, una su6stat:ia, 'I qu,
t,1eisamnu J&gt;or ,so, no .ron las dim,nsiones upaeial,, rmdJJio á, intlivúluaeidn, sino la matnia mimur, ,,. la eul 'J4I ,sttln prevista, aqwUa,
dimnsious: 'p,, dinunsionu ••• P,lint,ll,etas in materia'. St, afirma
Seo. Tomás, de aeu,rdo con lo 9111 arriba dijimos, aquellas dimensio,w
1staba ,a p,,vistas na la matnia misma, ant,s ti, qu, la mat,ria pos,y,ra la forma. Est, 1s, segtín Sto. Tonw, ,l snatido de la fórmula: La
mauria quanlitat, signala es ,1 principio d, inditnduad6n" (pág. 775).
Ali pues, la cantidad contenida en la materia lignata, ea actual en sí müma (determinada extensi6n espacio-temporal, que ea "&amp;a") ; pero potencial,

7!

�.,,lurffa \Wll el ~W,W.. , ..1111 .,. . . . . ~ p a l

• •• - ~ ltfl Wilüw

qae•wWI:

landol,

11•

tu,• n, on, ,a¡,,,u ~ - .,,._. ~
,, tlitle,so 1M, ~ , ,n ,I J,lao ti, a t:aM «IIUlitfdiN" (1»1

ro'•" ..,,.,,,

"• • •• 4ifnneia tl,l irulioitluo 11Jñ,ilwal, u, n ,l eorpó,10 un d,wni,
111, •tw,r. Totlo Ido in&amp;11 qw ,l rineiJio d. i ~ n lo1 ,;.
res upirilual,s '1 ,n lo, ,:o,Jf',,os no t,uü r""""1u ,. ,l minno s,nlitlo" (p6g. 159).

11eJit&gt;int)

_,,.,, ,-r rinto, mu_.. 1:oarlilallil11, ¡,o,qwlo . . ..,.,._

..._, et piM;¡,iD de indivWAwi6D • la causa c1e la jndivicti,r.Vm, CI aqae&amp;t de lo qt,111 e . . . . l a ~ La fmet
Q10fmi6a d e ~ ba hocbo ~ la "materia lignala".
J..a ~ _.... . . . tode el individuo; 111 comidend6n le leJidal,,a con -.o et. b ~ • naturales que debe ew■pobar la flbofla:
Oollio • •

•u,.,,_ --, úla tlf

"La
"1p iuimtlul,

,u und,,; t,no

,s

nu,vana,au .,.. r,tlliatl~ CU0 ..,, 1jne1 n&amp;

,...n .,.,.,, "°""'

4 ,._

tldirñ4all ..,~ lo 'l'" ll tnit•

me ~ u. Bllo u ffldNDilloso. Pm,, aünu&amp;, IIOI itw&amp;a
cómo ll fÍfl I'~
l, .-ro11ia II rinitr• ,l iatlioifto, 'I s6lo •

*

778).

9W: toü IUNfOflM

Mflaitlotl. Ido eomunie• la ~ • La fomul' (p6g. 771).
)llamer- imiate

en que Ja indhiiduaci6D, la indmclualidad, comprende tanto
la materia, tDDO la forma, como b ar.cidenta del individuo:

,,..,_~•La,.,,,..

"S,pa Sto. Torus, Z.
y, ,utliat, la
fonu • IOd4 la uneitJ, ,, ~• ,-, 4 lotltas w troJMtltUUs ,s/Jfflfua
ül ifulividuo".
"Ptuao qu, la ma,,ria ifuliaitluim • lo forma 'Y a toda la 11meia •••
.,,ata '4ffllnln Ita ~uli"44 4 W rop,'4üs ,s~ef/ius eulilaliNS
d1l individuo,. • . 'I 1#,lieo, atl,,ús, las P,o/n,tlatl11 pu,amenu irulividul,s, dpict11 , más o fflfflOS tllahlas, las '1Ullls ltlfflbiln u origina n
1l ,meei#io tÜ intlwuluo&amp;i6n, o ua, n Ita tlit,ersa dis,Osieión (¡,,,,a &amp;da
úuliwluo) tl, la malina, 111 ,l momnto d, la glfllt'tU:Wn" (P'g. 7,72).
De este modo, la intem,pei6n acerca del principio de individuación, 1e
relaciona con el hecho de que cada individuo se engendra mediante un devenir distinto, en el origen del cual 1e halla la "materia IÍgllata"; ~ t e
el milterio y las IOlllhru -objeto de la imatigaci6n de las cirncias, l0bre
todo, de las bio16gicat-, 1e acumnJao ea ate trúmto de la materia determioacla, al individuo actualizado.

74

"ÁtJWDo tl, lo eul lu, tl1onülo ,l ,f,clo. ,a e1UUllo O ,. ,n intnno
11 la causo nud~ qu sinap,, u poln&amp;ial (m~ao tl,l
futuro). Jx,rqw ,s J,ineipio 4,urmiMble" {P'g. 367•) •

indioül.;

"fl'Í«' "" ...., ,,,._,,,, ISld • "' ""

~ ~ • WM . , . , , . , . _ . , ~ 1 1 ~ , a uno

•

• Oon Jo an~ habremos comprendido ya, que el principio de iodividuaci6n 1e relaaona con Ja caua material de b leffll corp6reoa:

mwls ü ll, La ~ - - (p6g. ,-,).
•i. ,.w tú l o ~ ISl4 n lo úlmrliuda tlismhueitñ&amp; '1 ,Jis.
¡,o,ian (jHNilio) ,.,,,_,,_ tl1 t._,,,¡,,.,. flli.nno, Id nui, /JIUS·
to

a i. .... e,-,, -, ... tliditadda _,.

• ~ ~- ~ ~ liguienta acJancima. La PfflUJltB, ¿cuál fl el pinde individuaciéo de b mes corp6reoa?, ha sido &amp;ecuentemmte cmliderada como cuente en abioluto de aentido y de oecaidad:
~

tk snwdo lnue• ,n las mimurs
di la indivitluei6n" (p6g. 755).

"· • • t:tfl"IU

t:OStlS ,..,..,.,

uu

&amp;OUI

¿A ~ 1e debe tan extrema poaici6n ideoJ6gica? 11 P. Mwer mq,1ia
eaa opini6n como un remltado de Ja no aceptaci6a de la taia de la materia
prima wa•atinda como entidad meramente potencial Pero de uoa lectura
cuidadClla del elaborado estudio del propio Mawr IObre el tema, aparece
- explicaci6n mú .,.,,;na: 1e mmidera falta de sentido la bu11ca de una
- - de Ja individuaci6n de las coas corp6ras, porque 1e engloba indebidameftte en el uunto, la imiati,pci6n ativa a tocia, Jas camas del individuo
tanto las emfmecu, es decir, eficiente y fioa1, c:amo las intrbecas, 0 ~
formal y material Ante uoa interrogaci6n tan amplia, que se quiere l'elOMt
con un 10Jo elemento, es exp&amp;cable la cBebre, pen, descomolaclora respuesta:
" ... 'La sub.dlmeia nudnial, ,,.,
""' .á mirma IS si•-•'-'
,._...., •••
tüJad IS, ,,,, Á mi.mua, SU JmnalÍO tl1 iruJiuiduaaóf&amp;' n
754) •

,,...A,_.;_
. , ~... , lfl•
("''t-1§•

734

y

75

�Pero si se precisa el punto excluyendo de él las causas extrínsecas; si dentro del terreno exclusivo de las causas intrínsecas o constitutivas, se formula
la interrogante, y no en el sentido de ¿ qué es lo que distingue a un individuo
de todos los demás? ( ya se vio que la individualidad abarca a todo el ser
corpóreo); sino precisamente en el sentido de ¿cuál es el origen de aquello
que distingue ... ?; se verá con alguna mayor claridad la adecuación de la
respuesta: la materia sellada, detenninada, que contiene actualmente los gérmenes del individuo, y que está en potencia para devenir ese individuo.
Claro está que para la producción del individuo, se necesitará el concurso
de las causas eficientes, finales, formales, ejemplares, etc. ; pero todas ellas no
harán sino actualizar los elementos que se contienen en el principio de individuación; se ve así, que tal principio debe buscarse en el orden de la causa
material, y como resultado de la observación natw·al consistente en que cada
individuo corpóreo es el efecto de una evolución, de un devenir diferente.

LA SOCIEDAD HUMANA.

En primer lugar, la sociedad humana no es, de ningún modo, un individuo, una substancia, una persona. Los únicos individuos existentes en ella, son
los integrantes, los hombres. Esta importante verdad nos conduce a que

"La moderna discusión acerca de si la comunidad es una substancia o
un accidente ontológico, o si no es nada real, sólo puede, a riuestro juicio, recibir una solución acertada si se admite que es algo real, formalmente un accidente ontológico, es decir, una relación predicamental, .. ."
(pág. 331).

Y esta solución depende íntimamente del hecho consistente en que los individuos humanos son personas, o sea, máximamente individuos:

As.í, el problema de la causa de la individuación de las substancias materiales aparece del todo alejado del tema referente al principio de la individuación de los seres espirituales, o, con más precisión, puramente espirituales: en ellos, el repetido principio sólo es la "razón", pero no una "causa" de
la individualidad. Y esto, como es claro, debido a que los seres espirituales
no son engendrados, no provienen de un devenir, de una materia pre-existente.
Así lo estableci6 Sto. Tomás al rechazar definitivamente toda composición de
materia y forma en los espiritus creados, y al separar claramente los principios
de individuación de los seres espirituales, y de los corpóreos (págs. 761 y 762).
Por último, debe indicarse que la doctrina del principio de individuación
está desvinculada de la oscurísima noción de materia prima puramente potencial. Es cierto que el P. Manser realiza un gran csfuerw por consen1ar
dicho concepto; pero del mismo desarrollo de su notable capítulo relativo al
principio de individuación, se sigue que éste se halla en una materia prima
actualizada hasta cierto punto, y potencial respecto al individuo futuro. Así,
la tesis tomista del principio o causa de la individuación, de hecho se C)I.J&gt;lica
unida a un hilemorfismo moderado, que ha prescindido ya de las nociones
consistentes en una materia prima sin determinación ni perfección ninguna,
y la fonna substancial que comunica al compuesto toda perfección, toda actualidad.
Inmediatamente a continuación de la individualidad y de la raíz de ésta,
conviene ver las aplicaciones que Manser hace de los principios estudiados,
el tema de

76

" .. . la unidad en lo mucho, que es la esencia de la comunidad, no tiene
nada que ver con la substancia; es decir, aquella unidad no puede consistir en algo substancial. Esto salta a la vista si consideramos que los
hombres singulares que constituyen la multitud de los miembros de la
unión son personas, es decir, seres subsistentes que poseen el grado absolutamente mds alto de la incomunicabilidad. Por tanto, aquella unidad
en lo mucho pertenece al orde11 del accidente" (pág. 791).
Ahora bien, parece que en el mundo moderno no "salta a la vista" el que
la sociedad humana no sea una substancia. Descartemos desde luego a los
totalitarismos, de izquierda y de derecha, cuyo interés primordial es afirmar
la insignificancia de la persona, divinizando lo colectivo. Pensemos también
en los numerosos "institucionalismos" (no se dice instituciones) de todo tipo:
pedagógicos, políticos, económicos, etc.; se trata de corrientes de pensamiento
diferentes y aun contrarias a los modelos totalitarios, pero que, restando importancia aJ hombre y a sus facultades, que son el fundamento de la relación

social, la otorgan excesiva a la relación en sí misma, como si fuera una substancia, como si fuera algo idéntico al absoluto personal.
Nuestro autor insiste, y e&gt;i.-plica:

"Así pues, la unidad de comunidad pertenece al orden predicamental
del accidente . .. la unidad de comunidad es evidentemente una unidad
de orden y, por tanto, de relación; porque la comunidad existe cuando
muchos hombres cooperan ordenadamente a un mismo fin" (pág. 792).

n

�De su lectura, y no obstante cierta terminología obscura que emplea en
varios lugares señalados, se desprende que hay notables excusas de q~e pu~den valerse los institucionalistas. El individualismo político y econórruco, reinante durante largo tiempo, produjo como reacción supuesto el orden natural
de las cosas humanas, una irresistible atracción por la definición de lo colectivo como substancia. Por otra parte, piénsese en la semántica del concepto de
''accidente": de su riquísimo significado medieval, ha decaído a ser sinónimo
de lo transitorio de lo inimportante, de lo inesperado; paralelo a esa evolución, está el c~mprobado hecho de que la filosofía moderna ha olvidado _e~
gran manera el estudio de los accidentes reales, concretos, de las cosas visibles en aras del gusto por lo abstracto.
És muy probable que, de no ser por el individualismo político-económico,
cuyas consecuencias heredamos, y por la degradación del concepto de accidente, anexa a la tendencia hacia lo abstracto, los institucionalistas, o "substancialistas", como los llama Manser, aceptarían sin dificultades el punto de
vista según el cual, la sociedad pertenece al orden del accidente real, del
accidente predicarnental, pues en efecto, es un conjunto de relaciones reales,
en las que se efectúa la célebre ''unidad de orden":

"todo nos hablo aquí de orden: partis ad partem, y partium ad totum,
y por eso todo consiste en una unidad de relaciones de muchos al mismo
fin, al bonum. Así pues, la 'unidad' de la comunidad pertenece formalmente a la categoría de la 'relatio'" (pág. 792).

la atención a la relación social substancial, dan a la sociología un aire de
metafísica que, a ojos de muchos, aumenta su prestigio como ciencia. En
realidad, esto es una distracción, una desnaturalización. En lugar de un
farragoso estudio de la sociedad-persona o de la relación substancial, debe
haber una breve consideración acerca de la disposici6n social del hombre,
y luego pasarse a las ciencias .sociales concretas. Estas sí interesan, pues en
efecto, estudian las relaciones especiales fundadas en los accidentes reales de
la naturaleza humana. La inclinación a hacer metafísica fuera de lugar ha
tronchado quizá, varias notables vocaciones de juristas, pedagogos, y sobre
todo de economistas, a quienes ha reducido a una vaga sociología, a un saber
inútil de generalidades.
En el orden práctico: dejemos a un lado nuevamente los totalitarismos.
Pero fijémonos en todas las formas de institucionalismo, de socialismo, que
acaban siempre por olvidar que la única substancia, la única peI"SOna, es el
hombre:

" ... los individuos humanos son en cuanto a su naturaleza sinaular
..
J
substancialmente distintos en grado eminente, y, por tanlo, aptos para
constituir una multitud de portadores sociales personales en la comunidad humana. Esto levanta un baluarte contra todo monismo, y al
mismo tiempo un dique contra toda nivelación y falsa unificación social
y, especialmente, pedagógica" (pág. 788).

Las consecuencias de las ideas sobre la sociedad-persona y la relación
No existe, pues, razón para dar lugar a una intrusa: la relación social
substancial, la sociedad-persona, que en realidad, pertenece al orden de lo
quimérico. Pero se podría decir: la discusión en torno a la naturaleza ~e la
sociedad, ¿ no es una discusión bizantina? De ningún modo, dado el caracter
eminentemente orientador de toda filosofía.
Las consecuencias provenientes de considerar a la sociedad como una substancia, o por lo menos como una "relación substancial", pueden e~:ontrai:se
en el campo especulativo: la conocida tendencia a aislar la relac1on social
de sus fundamentos, que se hallan, como es natural, en los hombres, )' a verla,
por consiguiente, como un absoluto, como una r~lidad en s~ Esto ha d~do
lugar a una sociología que busca la pureza metódica: el estudio de la relación
social como tal; y que en su excesivo empeño, olvida los fundamentos humanos de dicha relaci6n. Por querer llegar a una ''relación social" químicamente pura y capaz de justificar la autonomía de la sociología, se deja en
la penumbra lo que efectivamente interesa.
No cabe duda de que la consideración de la sociedad como substancia, y
78

social substancial serán siempre, en el orden práctico, los fenómenos de "masüicación", de .inconsideración a las originalidades que cada hombre encierra,
como preciosos dones del Creador. Toda política, toda economía, toda pedagogía, deben orientarse a la comprensión de los accidentes reales que se
hallan, con variedad magnífica, en los &amp;.-ersos hombres. Que todas ellas
deben ser moderadas, gradualistas, respetuosamente pragmáticas, lo recuerda Manser, no sin elegancia, al final de su capítulo acerca de la fe y la
ciencia:

"En la solución científica de este problema dificil y espinosisimo, avanzó
(Tomás) guiado por un gran pensamiento que Aristóteles había tomado
como norma de toda su filosofía y especialmente de su doctrina del
•estado: Las cosas y los hombres, que son diversos, sólo pueden llegar
a formar unidad y constituir armonía conservando su diversidad y sus
propiedades" (pág. 163).
79

�Volvemos así, al individuo corpóreo. En vez de una metafísica desplazada,
la sociología y las ciencias sociales han de interesarse por los elementos materiales que se hallan en los individuos humanos, y de los que dependen en
gran parte el origen y las características de las comunidades:

" ... la distinci6n de innumerables comunidades. . . depende en último
tétmino de la naturaleza humana específica o individual como ser sensible racional, tal como se desarrolla bajo el influjo del clima, de la
generaci6n, de la herencia, de la alimentaci6n, de los usos y costumbres, y de la tradición. Incluso las más diversas especies de profesiones
y posiciones sociales recibirian tal ve.z aclaraciones extraordinariamente
interesantes a la luz del poderoso influjo de los principios de individuaci6n . .. " (pág. 794).
Hemos visto ya el lugar que ocupa la experiencia sensible en la teoría tomista del conocimiento, así como la importancia especialísima del individuo corpóreo en la metafísica del Doctor Angélico, tal como lo subraya el P. Manser,
con lapidarias expresiones. Veamos ahora la trascendencia de dichos temas,
en tres asuntos de notable interés. Ante todo, en

LAs PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE Dms

Man.ser empieza su capítulo "La Subida basta Dios", con una declaración
acerca de la naturaleza de la metafísica, que excluye a la vez el empirismo
y una metafísica encerrada en sí misma, sin raíces ni proyecciones en los hechos,
transformada en una auténtica "ontología":

"Ni los hechos solos ni los principios metafísicos solos crean la ciencia,
sino la recta y feliz uni6n de unos y otros. Esta era ya la idea fundamental de la teoría aristotélica de la ciencia. Esta es también la divisa
y lema del tomismo, con lo cual combate dos extremos en la teoría de la
ciencia, el empirismo y el apriorismo" (pág. 394).
Y aplica la declaración anterior al proceso demostrativo de la teología
natural:

"Se eleua ha.sta Dios, causa primera, apoyándose en determinadas' realidades sensibles, por medio de principios internamente necesarios, pero
conocidos por la experiencia sensible" (pág. 935).

80

Las pruebas de la existencia de Dios son genuinamente, a posteriori; en efecto, parten siempre de hechos y cosas del mundo corpóreo:

"Tod~ ve:dadero conocimiento natu_ral de Dios tiene que partir, en primer termtno, del mundo real y efectivo de los sentidos" (pág. 395).
"Unicamente conclusiones de lo real a lo real, sacadas del mundo rea/sensible, permiten obtener pruebas verdaderas y convincentes de [a existencia de Dios. Este es el sentido que dio Tomás a su tesis, valientemente defendida contra todos los adversarios de su tiempo: Dios, en el
orden natural de esta vida, sólo puede ser conocido partiendo del mundo
ui.rible" (pág. 397).
El principio capital de la teoría tomista del conocimiento relativo a la
- .
.
'
expenenc1a sensible como fuente de todos nuestros conocimientos naturales
posee amplia aplicación en la teología natural:
'

"El principio 'Nihil sine phantasmate intelligit anima' se aplica también al conocimiento de Dios. Tomás lo dice expresamente: 'Deus naturali cognitione cognoscitur per phantasmattt" (pág. 396).
Manser acentúa el carácter empírico de Ja base o punto de partida de las
pruebas de la existencia de Dios:

"Así pues, Tomás de Aquino, en lo que se refiere al punto de partida
para las pruebas de Dios, es, al contrario del platonismo eminentemente
'.
'
empmco, con su lema: Todos los conocimientos naturales, incluso los
más altos y divinos, tienen como fuente la experiencia sensible" (pág.
398).

Ese carácter empírico que buscó Tomás en el punto de partida de sus céle~res cinco vías, hizo que, desechara otra clase de pruebas, o bien, las sometJ.era a modificaciones en el sentido del empirismo:

"Sabido es cómo, o bien dejó respetuosamente a un lado las pruebas
plat6nico-agustinianas de la existencia de Dios, o bien las sometió a una
transformación empírica, para ascender, partiendo de lo efectiuamente dado y devenido, es decir, de lo potencial, por caminos diversos, pero
estrechamente unidos entre sí, hasta lo absolutamente necesario, 110 devenido y actual. . . la nueva orientación de la teoría del conocimiento
81

H. 6

�. d 1 P • ologfa 'Y de la teologia natutrajo ~~~go una transf;~7;;1ó~at:ni:o, :: el sentido de que Dios )' el
ral, dmgtdas antes en s l p 'ó de los objetos del conocimiento mealma fueron desplazados a a regt n
,amente indirectos" (págs. 20S Y 206 ) ·
f
ción en el sentido del empirismo debe efectua~, ~ ManLa
trans orma
ser, en relación con la prueba ...1deol'ogica" de la existencia de Dios:

· · · fuerza
"La llamada prueba ideológica s6lo tiene, a nuestro 1uic10,
d . ddeciser
. wando se me
. lU)t. en la 'cuarta vía'. Pero entonces
tJa e
swa
ideológica'' (pág. 403) •

''ª

. e1 carácter limitado y concreto de las
Resulta muy interesante estudiar
cinco vías tomistas:

. d las cinco vfas es extraordinariamente sencilla,
"La fundamenta~16n . e cual uiera )' por tanto, prudente, porque
fácilmente accesible para
q.
'. de Dios pocos puntos vulnt:raf
,
1 dversarios de la existencia
los .supremos principios m~tafísic'ols, sinp los cudael~s ;su!;~
¡
·
ías tomistas so o su one.n
posible toda prueba, as_ aneo v
cedimiento del Aqui, . realidades )' relaciones reales. Todo el pro
.
fmeo,
..
b.
d I y en esto eminate es extraordinariamente pontwo, ~o r10 y pru en;• / lados n;cesita
nentemente moderno. Acaso se~ T,:'m~ el que menos os u
para probar la existencia de Dios (pag. 423).

:1::~e:Ue;~ :e

~=e~:~: :

.
,
La limitación o concre~ión de las
lugar, a su punto de partida, o sea, a , .
a los que se aplican los principios metafis1cos, para

refiere pues en primer
seres d:l mundo corpóreo
1 enso hasta Dios:
e ase

. T ornas, no se apoya
una
"Supuestos los principios melatí szcos,
. l ni en
de éste
.
. , • e te en hechos part1cu ares
•
sola le)' del mundo físico, sino umcam n ·.
d
ov1·do-· ha'll
'd
dice· to o es m
,
.,,
Hay efectivamente, cosas _mov1 :o di;:. todo. ha devenido-; hay, efecefectivamente, cosas d~vemdtas --hay efe~tivamente grados del ser; por
.
,,. cosas contingen es,
,
d __,,
twamen "'
.
T l
• mpre su manera de proce er
consiguiente, hay un ser pnmero. a es sie
(pág. 412).

causalidad final; en realidad, la última vía, al igual que las cuatro anteriores
se desarrolla en el campo de la causalidad eficiente, mucho más accesible
para la inteligencia humana; sólo que el punto de partida es el hecho de
que existen cosas no inteligentes, y ordenadas: a este hecho se aplica la causalidad eficiente.

" •.. Y a.si procede también en la quinta y más antig1ta prueba de Dios,
la llamada teleológica. No dice: todo en este mundo es bueno }' está
convenientemente ordenado. Ni puede tampoco decirlo. Porque, mientras no se suponga la existencia de Dios, hay muchas cosas que son
casuales y a las que no se puede considerar ni como convenientemente
ordenadas, ni como buenas. Lo que el Aquiriate dice e,i su qui11ta via,
es lo siguiente: Hay en la naturalera cosas que, aunque no tienen entendimiento, desarrollan su actividad ordenadamente, porque obran siempre, o a lo menos las más de las veces, en orden a lo que para ellas
es mejor ... 11 (pág. 412).
En el mismo Tomás se da una evolución ideol6gica, en lo referente a la
quinta vía; en efecto, en la obra posterior encontramos una transformación,
en el sentido del empirismo, del punto de partida, que en la obra anterior
había sido considerado con menor atención a los hechos concretos:

"En la Suma Contra Ge11tes (1, 13) habla sacado aún Tomás la prueba
teleológica o fisico-teo/ógica, de la ordenación total de la naturaleza
hacia su fin. E11 la Suma Teológica ya 110 se apoya •. . más que en
la naturaleza desprovista de conocimiento. La mayoría de los tomistas modernos pre/ieren la primera fórmula. Sin embargo, la seeunda es
ciertamente de mayor efecto . .. Acaso la segunda fórmula ua también
más profunda" (pág. 413).
Colocar los principios: Todo está ordenado a un fin, o bien, todo ser
actúa por el bien, como base de la quinta vía, es cometer una petición de
principio, pues dichas proposiciones, aunque verdaderas, suponen ya demostrada la existencia de Dios; en el orden de la adquisición de nuestros conocimientos, son posteriores a la proposición: Dios existe.
"Sin suponer previamente la existencia de Dios y su prouidencia, y esto

. . .,
modo notable en la quinta vía; por lo demás,
Tal lurutac1on aparece de , . ,.
h recibido induce a error, pues
la denominación ' prueba teleol~ca 'd:nV:elve en ~l difícil terreno de la
hace suponer que la demostraci6n se

82

es precisamente lo que se trata de demostrar aquí, reJulta falso el principio: Omnia sunt ad bonum. Toda crealura monstruosa, ,, hay bastantes, es una protesta contra tal principio. Son monstruosas porque no

83

�.,_,_.,.
•• ,_..,.,....,.,_... •...i,••ª
,....,_.,,,,__..,,.,,.,..&amp;'Otl--,.....,,,...,,,

af riW' de ellas; pero e1 nadtado es :que • 111
•
- , ,.,_... a b aaqw de b _.__.:... cllllnaturalia, • las hace
Jlllr&amp; caavaacer:
- - - , Y • 1111 reata efectividad

' .,,,,..,. Q,tai,11, • ,. tr_,,.,;. , ,.,,.. tú Dio, -1 lslO
,s ltt f111 • .,.. • ~ .qtd-, lo mui,ú,1 net,anntl ortlna•
tlo, .,. más qa, Tomás "J qu, A.pstm" (¡,Ag. 426}.
"E• lo N.iuroluo "Y ,. nu oh,as uut, lo ,anual, qv, sdlo a la luz
su~ ü lo l'ºuitl,náa dwiu --f1" aqul 1cm,oeo fnUá6 tlaru ,or
saipult1- r,cib, ,l s,llo ,u la orúuaóa fiul. Por
,z
J1'ifleiJ1io: 'Natura aOJi agil fnmrli no hlfll, mimt,as no u d1mrustr1
k uislneia tú Dios, valúl,z univ,rsaL Por ,so Arin6teus lo formul6
muelo más p,ofun4ament, ,n estas JHlll,lmu: Dios '1 la ru,lurallza nada
laen n vano. Y
qv, Tomás apliea ,su ,rineif,io -lo eul
sve,tú ""' up,dal f,,eunuia,. el Coru,o Gnt,1-, su,oru ,a dimos•
wtllla la e:cistneüJ d, Dios" (pág. 426).

,onsipú,.,,,

sinnr•

"La ,r,eaei6a en aua Tonú
has ,u lo nístneia'2- . poe,ü ,. la "'"""'1uih tÜ nu
.
tk Dios, aeaso tam,a,o 1aa,a sido .
flrw~ ollllt'Nlla /I01 los IOfllistal' (P'g. 412).
sann,,, nfi-

Parece

le

84

IU

"Por med',o ae
.., snvestigaeionu
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41
'J lft ,l mi&amp;ro,osmos, la CÍffleia Aa ~ 1
•

~ maero,osmos
laatlo '1 profundizado ,onsüu,,..
'1 tkl que s, ,onelu,e la , ~ 1del qu, se basa aqul •pmento,
1 "" Eas o se, inmutabl, J&gt;or
114turaltza".
bltmente el /undtmunto ,mJñrie

aneo

Parece, pues, que los tomistas poaterioff.s, olvidando un tanto la orientaci6n emplrica del Maestro, han substituido a veces la modesta, pero efectiva
blle o punto de partida de las pruebas, por aJgo más pmencioeo: en lugar
de estos y aquellos hechos concretoa del mundo aemibk:, afirmaciones acerca
de la totalidad del cosmoa. Quizá la ru6n de esta tendencia tea el deleo de
una pofundizarión de las pruebas; te quiere, probablemente, una "ontolo-

adernA• que algunos

« ,cruU u, por tanto, la im,Ortaneia ,u la •
•
lo al arpmenlo de la existencia d
.
""'"" motlnna ,on ruJJleeosmosJ"
, Dios tomado de la mutabilidad del

refiere al resultado

"{Cuál ,s ,ara TOIMS ,l áai&amp;o ,m,lttulo inmttlitdo d, las
ofas
ddÑasl TOIIMb n, /)lftll&gt;Msnos la f,anqu,zo, ,l más ,nod,sto ,ntr,
todos los tomislas "I, ,o, ,onsipitnt1, tambün el más sabio. En todas
oqullas oeasious en qtU 1:t ,,ofesso tnub• i. emtffl&amp;ia tú Dios,
o,-,a n,m,r, • •• solo olljdivo: umostrar la ~ de un m
~ • •• l1IJ G 111 qt,I RO u¡,e,ul1 tU ninpa otro)' tl1l qtu todos
los tÜffl4S tl,,nden. Eso ,s todo. Lo denw: lo simpliadatl u Dios,
sa 11rf1eei6n 'Y bondad absolutas, su infinitud, no son mds qu ,oaelanon,s tUl ns a s, y, por ,oasipi,nu, lo .fl&amp;po,&amp;n, Ntltla d, saltos ,n
Tomds. Los eiaeo vúu, a las qu, la ,osteritlatl Ita daaitlo todo lo imogiaabll, lo tl,muutran ,laramentl" (pág. 415).

1er

de J01

rUIO

"Ni t&amp;M soJ. u las ,nubas d, Dios tulueid41 ¡,o, Santo Tonu&amp; u baso
111 t. fiaolidtul uniwrsal d, la naturaleza ,mmo. Y utlie, o no sn
&amp;Ñ,OJI """' .,,,,, lo4o fiulitl.,f' (p6g. 425}.

• aegundo lugar, la limitaci6n de lat viu tomiat•
;m,ectiato olJteDido por ... mismas:

rmi);. inmectia

•
tomndetu han sido cfemasiado entusiutu
tos
las pruebas clálicas
In cambio, una verdadera
liaci6n
.
tnlciones un efectiw
• ~
de la bue empirica de las demol. d e ~ Tomás, es l ~ t o d~ las ~ acorde con la orientación
Sobre las demostraciones~
~ mol~)e Plo XII, en dúcuno
demu, de 22 de noviembre d e ~ de Di01 a la luz de las ciencias mo.apetto

111

sob,,

C'4mo puede verse, no hay aqu1 la
.
por una "ontologización" de las ruet!reocupaa6n por una profundiuci6o
lu mismas. más b.
p
' Jo cual resulta desnaturalizado de'
'
ien, una llamada de atmció
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Por lo demás, tales
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.. ...,,_ .. el peDllmieato del JDlell10 de Ale;.ln,, prQdgce ~ie.nciN Primera, coma ya ., hilo DOtar antes, el r m ariatotélico

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Esto a
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lato, /Jór lo mnos mis wl,, la llmaidad ul mundo, ul4 tlnlro ,ü
lo J»sihW' (pág. 643).

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In leplldo lugár, la c:oncepa6n die la materia prima camo entidad pura_ . potencial: una materia de la que el Primer M.- produce )u COIia
a,&amp;.; que, por • el principio de todas Ju ~ ea ella misma
. . . . . .; ., que, por elO mismo, ClnJ0e de toda forma, de toda determina-

º .PFfecci6a. .

• Asl ,-,,, t,,rirOfllfl&amp;Ú .m tlou, -e pro~ ,ü lo mauric Jrimo-:tistlrfa ft16 Wnu ""'11i/,1llotlo er,.,.;,,. tl, tlfffftlo ,on "" P,o/ios
pán&amp;i¡,ios,
eompktGlllflll# '1 " no,
eon su cl•á,x,, ~9mo
~ o pgo '1 tl""1islli' (p6g. 639).

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"8•• ,l IÜscrrollo u • lislnur, ü -,o ,ra,ulioso, u dmu .,.. un-

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89

�anlipoJ griegos, ~• ,rincipio mds profundo ,ra ~ Plat6n 'Y .Arist6~,,:
lu, la materia prima 1u,no-M&amp;1saria. Fallaba /JrlCUMMnt, la creatw

(pág. 649).
En tercer lugar, puntualmente debido a la ausencia de Ja creaci6n en _el
penaarni~to peripa~tico, los posteriores aristotélicos, aun ya en la época cnstiana, atribuyeron a los espíritus creados la composición de materia y forma:

"Por eso algunos atribu)"ron tambUn a las creaturas es~rituales, un~
composición de materia 'Y fo,ma, para explicar más f.úilmente su ongen11 (pág. 665).

d:

¿ Cuáles 10n los progresos que encontramoS en Santo Tomás, respecto
Aristóteles, en el problema de la creación? Ante todo, apoyado en la tra~1ción que, en Filosofía, se remonta a Filón de Alejandría, 1~ .ª_ta creabo,
como una coruecuencia que se deriva lógicamente de los pnnap10s del Es-

tagirita.
".Arist6teles se muestra inconsecuente en el desarrollo de la doctrina del
acto 'Y la potencia; de otro modo, hubiera llegado l6gicamente a la
creatio. Tomás se la atribuyó. En este sentido podrla afirmarse con
mucha razón: Tomás, con la creatio, explicó el cosmos más aristotélicament, que .Aristóteles mismo con su materia. Esto es, seguramente,
lo que mejor pone a salvo el honor del Aquinate" (pág. 650).
Claro está que Tomás cometió un error de critica, pues atribuyó el pensamiento de la creación al propio Aristóteles, según se acaba de indicar.

"Según él, la doctrina de la creaci6n se halla conscientemente contenida
en Aristótelts" (pág. 637).
Este error es explicable, en la Edad Media. En nuestros días, es de capital
importancia conocer lo que cada quien pensó y dijo efectivamente, ya que
vivimos en una ~poca de depuración y contacto directo con las fuentes. Pero
la indicada actitud de Santo Tomás que mejora a su antecesor, uno de los
mejores ejemplos de interpretación guiada por el sentido general nw que por
la letra de un fil6sofo, tiene de cualquier modo mayor valor que las aportaciones que pertenecen sólo al campo de la filología o de la.crítica textual: se
trata, en efecto, de una aportación en el terreno de la sabiduría. Es intere-

~ J e i n ~ esto, ya que en nuestro tiempo se corre el peligro de subs-

sabidurla por conocimientos filológiCCJS O históricol.
Además, Santo Tomás declar6 que la creaci6n ex nihilo es verdad de ruón:

titUir la

"{Q,~I valor atribuy6 Tomás a sus argumentos racionales en pro de la
creación. de t~das las cosas por Dios? {Concedió a estas pruebas purafilosóf~cas una / iurza apodlctica? De esto no se puede dudar
nquu~a.. ~uren I conozca la terminologla del .A.quinate sabrá qué es lo
que ngnifie~ su necesse est'. Pues bien: esta expresión la emplea siempre qru quure sacar la conclusión de sus pruebas ereaeionistas. Po, lo
demás, 'Y" en su Comentario a las Sentencias declar6 formalmente: 'Res¡,ondeo quod creationem esse non tantum fides ten,t, sed ,tiam ratio
demonstrat'" (pág. 666).

'?'"~'

Tal declaración fue hecha por Tomás, con peculiar originalidad, frente
a 1US contemporáneos:

"Con esto v~ Tomás mucho más leja~ que Maimónides y Alberto Mag•
no, que habian negado la demostrabilidad de la creación" (pág. 666).

"Los tres dºuerepan en puntos esenciales y, cosa notable, la sima entre
maestro Y discípulo es la mayor. Propiamente Alberto y Tomás s6lo
están de acuerdo en de/ender la creación temporal como artículo de
fe 1 declarar la 'creatio eterna' de ..4ristóteles filosóficamente indemos•
trable y teológicamente herltica. Entre los tres, sólo To más considera
la 'cre~ti~ ~" ~ihilo' como rigurosamente demostrable en filosofía. . . es
muy significativo que ni Alberto Magno ni Maimónides, que sin embargo eran cerebros poderosos, consideraran la creación de la nada como filosóficamente demostrable. Esto da a entender, una vez más la
enorme dificultad del problema, la cual ya pusimos de re~ve al tr~a,
de Aristóteles'' (pág. 661).
Acorde con sus principios, Sto. Tomás subraya el carácter libre de la
creación:

"La creación del mu~do, o bien es libre, o no es en absoluto ... pocos
elementos de la doctnna de la creación acentuó el Aquinate con tanta
fue_rza, como la libertad de la actividad creadora de Dios; por lo demas, completam_ente de acuerdo con la revelación y con el gran Aurelio
Agustín. La tesis es formulada con exactitud y rigor: 'dicendum quod

91
90

�absque omni dubio tendendum est quod Deus ex libero arbitrio suae
uoluntatis creaturas in esse produxit, nulla naturali necessilate'" (pág.
673).

"Por pura y desinteresada bondad, pudo Dios ponerse a sí mismo como
fin de la creaci6n, para comunicar su bondad a las cosas otorgándoles
el ser. Por esta razón profundísima es Dios el gran 'liberal', porque da
sin provecho propio, sólo por bondad; 'ipse solus est maxime liberalis,
quia non agit propter suam utilitatem, sed solum propter suam bonitatem"' (pág. 672).
Que la consideración de la libertad de la actividad creadora de Dios sea
el áureo punto de inserción del terna cristiano en la filosofía, es cosa que
interesa sobremanera. Aquí baste sólo decir que la afirmación de esa libertad aleja al pensamiento de Sto. Tomás del intelectualismo, en el cual, por
lo demás, muchos lo suponen inscrito.

"Para un intelectualista consectlfnte, es absolutamente lógico substituir
el acto divino libre y externo ºde la creación, por una actividad divina
eterna y de necesidad óntica. E igualmente l6gica ha sido siempre para
él, la negación de la libertad humana. . . de aquí la actitud rígida, dura
y orgullosa del intelectualismo, que impide todo progreso" (pág. 216).
Sto. Tomás liga estrechamente con la libertad divina, la cuestión de
eternidad o temporalidad del mundo: al ser la creación un efecto de la
bertad divina, dicha cuestión se emerge en los designios inescrutables
Dios, para la sola razón. Pero la revelación nos enseña la temporalidad
la creación.

la

lide
de

"De la tesis de la creación libre, es decir, producida por el conocimiento
y la libre uoluntad saca después Tomás una serie de conclusiones ...
Siempre que Tomás trata de la demostrabílidad de la eternidad o la
temporalidad del mundo, la reduce a esta razón fundamental: La creación es obra de la libre uoluntad divina, que para nosotros es inescrutable. La temporalidad de la creación nos ha sido revelada. Por lo
demás, apoyados en la mera raz6n sólo sabemos que Dios se quiere a
sí mismo por necesidad, pero a todo lo demás libremente" (pág. 674}.
Así, la temporalidad del mundo pertenece al conjunto de verdades reveladas:

92

"En cambio, no considera (Tomás), como filosóficamente demostrable
ni la necesidad de la creación temporal, ni la posibilidad o imposibili~
dad de una creación eterna, en lo cual se enfrenta nuevamente, en parte, .
con Alberto, y en parte, con Maimónides" (pág. 661).
De -~te modo, ~~- Tomás concluye la creatio ex nihilo, de los principios
metaflSlcos de Aristoteles, Ja considera verdad de razón; además, ve como
caracterís~ica esencial de la acción creadora divina, su libertad; y por otra
parte, atribuye a la revelación Ja tesis de la temporalidad del mundo.
De acuerdo con toda esta doctrina, Tomás no consideró necesaria la composición de materia y forma en las creaturas espirituales, para explicar el
ori~en
éstas. Si~ embargo, en su pensamiento subsiste la materia prima
penpatchca, es decir, puramente potencial, sin ninguna perfección o deter~ción, en la composición de las cosas corpóreas. Pero tal materia prima
be~e como presupuestos: la creencia en que la generación es el único origen
posible de las cosas, la ausencia de la creatio, la concepción de un mundo
necesario y eterno. Faltantes tales supuestos, la materia prima peripatética,
puramente potencial, resulta inexplicable e innecesaria. y los mismos supuestos faltan en el sistema de Tomás. ¿No es, pues, ya hora de desechar
esa materia, y de quedarnos con un hilemorfismo moderado, como sostiene
A. Krempel?:

?~

"En el hilemorfismo auténtico, la materia, puesto que se encuentra actualizaáa en un cuerpo existente, no es materia, potencia substancial,
en relación con u1z cuerpo anterior -como tal,
ha cumplido su papel- ni materia, potencia, en relaci6n con la forma presente --esto sería oluidar su actualización sobrevenida-; puede sólo llamarse justamente materia, potencia, en relaci6n con fu turas formas posibles, 'formarum educidibilium'. Las ciencias no tendrán ya que formular réplicas a un hilemorfismo así estructurado, y las incoherencias comprobadas
en la concepci6n habitual de éste, se hallarán ausentes. En el siglo XIII,
el maestro desech6 la materia aristotélica del concepto de los ángeles;
¿la desecharemos ahora del de los cuerpos?" (A. Krempel: La Doctrine
de la Relation chez Saint Thomas. París, Libraire Philosophique J. Vrin,
1952, pág. 607).

''ª

1:'s cierto que el P. Manser trata de conservar la materia prima como
enadad meramente potencial; pero de su propia, elaborada doctrina, expuesta
sobre todo en los capítulos referentes a la creación y al principio de indivi93

�....

d. . . ..... -

lir•elille ...... la pelleDI I b ._

.... a

1lll

~

. . . . . . . . . - - - , . . . ,-,;., '°8te . , , . " "

- · . . . . (P'g. 601) •
No_ - - ~ pMece que Mamer

~ labre

LA l)lftD(m6J, oánn

Ju el ~ 1•pectm, del P. Mamer, ac6oiwo d ~ ciel ~
real de la fllDOIII efisdne:i6i\ ent.ontramm .._ :ÜltemaD&amp;e refereneaa a la
~ de b grandes lnmcisc:w. c:ontempor6neoa de Sto. Tomás; en esta
opm6n, i'elálta perítctamen~ la gran distancia que hay entre Ju c1os ~
tinciones: "e9eDCia-esil1encia", "materia,torma•, y ademó, el carácter J6gico
&amp; la primera, tanto cuando 1e refiere a Dios, como a 1u ~turas:
"Coa lou 16~ afinu .dt,jaú,o (tl, Hol.1) tJN la unüúul ll,1 'qwo
;st ., •quod ,st
lamna 9fU ta ü ma1ma ., forma, 'Y tP.U lo
uu J,odrla Jralu:a,s, ü lo otro, Jnus ,I 'qwo 1st' 'Y 'quo4 ,sf n una
.,_. forma o fMlma at4a ~ niilos tle ffl4Mra más lnlilu gu '4 m.tn y la fama, qu ,4lo eo,win,n ,n ~ tneno. Pr•dsawnll ¡,o, uo putln ,r.&amp;as, ,l • • ül otro, ,mntras qu lti
ffllllfflti flltfl&amp;ta IS lá f""'1Ui¡ S III forma IS l4 fflllUria • • •. ~O ~,0siei.6,a no II a ku d, 1%'1aios, 11% aliil eo,no lo eomposiei6a fúit4 ü
fll4Uria 'I fonna n ,l 'supposilam' fwo. Adenuls, como nuestra comJolia6• ll fflffil/úi&amp;d '/ /O'f rn,4io U 1lla
M U. flrotl.un ffl• ~
.róltdó la eo111 ffllhrnlt Albmo 'I :&amp;jtnuho le Üftomiun eor,a¡,osidó~
's,n,ul.,. rtltiorutrl, 111 oposi&amp;i6,, • la eorulilru:ióa 'fúiea ül 'sul,O•
lum'"' (p6g. 596).

,s u

na

la

DO

ha seguido, en

dietinci6u tan debatida, esta laea

IU

'°""• 'ila

documentadísimo

general, y que no ha

apn,w,chado sufidentanente Ju opiniones que cita, de Alejandro de Hales
y Al&gt;erto Magno; es seguro que nuestro autor aproxima cL,nu;acto la distinci6o, a la diwm distinci6n, CIOIIDOMp:a, de materia y forma; qum tal
aproximaci6n haya conducido a los escolúticoe tomistas a ínoonsecuencia, de
tipo u:ltranalista, en Ju cuales la -.ncia y la existencia de las creaturu,
aon tratadas como si fueran Ja materia y la forma de las mismas.
Intereante es tambiái, desde el punto de vista bist6rico, la referencia de
Mame, al origen de Já célebre c:ompoaid6n, aunque niega o pone en duda
qüe "Jo¡ puntea de 8pofO ( de &amp;ta) procedan del verdadero esplritu del neoplatonit,M", reeonoce 1as poderosas fuentes neoplát6nicu del discutido tema:

"Acaso no falt, quien 11 ,n,añ, d, que n la historia úl thstmollo ü
lo tlismuióa r,al no C011&amp;11Ú#nos luga u¡,,eial ol Mo¡,latonismo, o
p,sar d1 qu, los g,o,uJ,s ,scolástieos del siglo XIII, inelwo Tom41 d•
Aquino, op,laron a rtizontnnüntos neoplat6nicos para fundamn,ta, la
ell,b,, distinei6,i. No Mgamos qtu ,n cimas obras ruoplatdnieas Jnu·
túm 111&amp;ontrars1 J,unlos aisltulos ,n qui apoya, nu,stra nestih" (P'g.
586).

Además, enamtnmo1 la referencia a la opinimi de Alberto Magno, la cual
ae poduce en el mino leDtido que la anterior:

Mamer explica la influencia del neoplatonismo en la distinci6n, por inftltraciones aristotBicu; de cualquier modo, como puede verse en otras partes
de la obra que ae estudia, es muy artificiosa y arbitraria la separación radical entre eJ neoplatonismo, y eJ aristotelkmo posterior; para Mamer, IOD
naturales Jas infiltraciones aristotBicu en el neoplatonismo.

eonodda distitu:ión d• 'qt&amp;Od esf 'Y 'ff'O uf la lltmua 1'114 'compositio u,untlum rlllion,m', oponihdola a la 'eom~si,io •cu_ntlum
r,,n'. Por lo demás, isla distiaeión la eneont,amos tombiJn ,,. Alejaaáro
a, Haul' (pág. 605).

•En la t,ru,a, 1scrula (n,oJllatóaieo), la otnauas,, ,on Proclo (410485) o la eabeza, se desarrolló ya una potk,osa infiltración aristoúliea
n ,l a,opllltonismo, la eul laall6 aJr,swn ,n Monlio Bo6eio, y, ,n
/Jllrll, tambih, ,n ,l ellnr, Iibn d, Causil' (pág. 587).

Dichas opiniones siguen la Hnea general que el mismo P. Manser traza en
capltulo:

Tlpiea manera de hablar afi6ada al esplritu neoplatónico, y que, por Jo
....., es muy IOCOl'rida por el ultrarrealmno de nuestros días, es la siguiente:

"N1Ullra diniiui6ra, lmn ntnllida, "° 4J ,n motlo alpno una tlislau:in ..,,, ,.ruü, 1 •Ñln&amp;ia eomo 'r,s qudam' o, como- Sárn

"Por ,so ,stas i111,ligmcias creadas son, ,amo die, ,l Líber d, Casi,,
ilirniudas M&amp;ia abajo, ¡,,,o limüaáas l,aeia orrib11, po,q,u, po, uno

« ••• ola

IU

9t

95

�parte, han recibiáo 1I ur de arriba, mientras qiu, por otra, su ser no
está sometido hacia abajo al límite de ninguna maJeria ... Finalmente,
la esencia en las substancias corporales. También lstas tienen ser recibido 'Y, por tanto, son limitadas. Á esto se añade que m esencia está
sumergida en una maJeria determinada. Por consiguiente, son limitadas
hada arriba 'Y hacia abajo" (pág. 615).

Se comprende que, con este lenguaje, los interlocutores puedan responder:
"Amigo, ¿dónde has visto tú jamás una existencia sin esencia, o una
esencia sin existencia?" (pág. 608).
Claro que Manser niega la legitimidad de la interrogante, y la atribuye
a una excesiva fantasía; pero no deja de haber cierta sospecha de que se ha
usado en forma ultrarrealista el conjunto de nociones "esencia-existencia";
"quo est y quod est"; o sea, de que se trata al ser, a la existencia, de la
misma manera que se trata a la forma de los individuos corpóreos.
Tal es por lo menos, la idea de un ilustre tomista contemporáneo, L. B.
Geiger, que nos dice:

"Avicena, por una intuición genial, habla aplicado al ser la dialéctica
clásica del neoplatonismo. Trató el 'esse' como antes de él se habla tratado la vida, el conocimiento, y en general, todas las esencias específicas
o genéricas. El 'esse', elemento uniforme en todos los seres, llegó a ser,
en él, ti análogo de la forma, semejante en todos los individuos de una
misma especie, o en todas las especies de un mismo género, . . Procediendo asi, se subf'aya vigorostmUnte la diferencia que separa el Ser
primero de los seres por participación. Pera se compromete el a.bsol1llo
alcance de la acción creadora del primero sobre los segundos". (L. B.
ÜEIGER, O. P.: La Participation dans la Philosophie de Saint Thomas
d'.Aquin, 2a. edición, Paris, Libr. Pbil. de J. Vrin, 1953).
A través de este estudio puede apreciarse la importancia capital de la
consideración del mundo corpóreo en el tomismo, tal como lo presenta un
notable comentador contemporáneo; en efecto, los individuos corpóreos se
encuentran en la génesis de nuestro conocimiento natural, y ellos constituyen
el universo material, sin que se pueda acudir a ninguna otra clase de substancias, fuera de ellos. El predominante lugar del individuo corpóreo en el
pensamiento de Santo Tomás, se revela en las disquisiciones relativas a la
sociedad humana, a las pruebas de la existencia de Dios, a la creación del

mundo, q_u~ f~eron repas~das en las páginas anteriores; por Jo demás, la
famosa distmri6n, cuya unportancia disminuye en nuestros días p

L-L--

•

,

arece

wwcr pro~OVJdo un ~e~do esfuerzo filosófico, pero mal dirigido precisa-

mente debido a una mcollS.lderación de la filosofía de la materia.
_La innov~ci?n tomista fue suscitada no tanto por el contacto con los escntos de Aristoteles, como se dice en fonna demasiado académica sino m,
por la necesidad imperiosa de encontrar lugar y sentido para los c~nocimie:
tos ~el mundo. material ya obtenidos o por lo menos vislumbrados. En eJ
sentido de esa innovación, y no apegada a la letra del tomismo, debió desarrollarse la escolástica renacentista y barroca, cuando multitud de nuevos
datos º?tenidos ?el, ~undo corpór':° rodeaba a los sabios de esa época; mas
por accidentes h1stoncos fatales, dicha escolástica tomó más y más Ja fonna
de la ::ontolo~a" desarticulada de las ciencias naturales, dejando as! de ser
~etaf1S1ca; truen_tras tanto, de los datos científicos se ocupaban mentes ve~•das del p!atorusmo o de medios caracterizados por un pensamiento filosóf1co anárquico. Como dice Etienne Gilson:

"• .. en estos últimos años del siglo XVI y este comienzo del XV IJ
cuando los descubrimientos
de la ciencia romlJ,.n
en todos los dom,·n·ws,'
.
.
y~ J
tantas ese~c1as su"!ar,amente construidas por un pensamiento que las
hab~ considerado imprudentemente como idénticas a /as cosas. Mal delendida po~ meta/fsicos que la habían esterilizado con la esperan.za de
ha~erla mas pura, la ontología de la esencia se perdió entonces en la
r~ma de esencias de la que, inconsideradamente~ se había vuelto solidaSe reprochó la esterilidad de un método, que hubiera podido servtrle, s~lo que fec~ndado por la existencia; así, la metaflsica podrla
haber sido la co11se.1era Y guía de un siglo tan valientemente lanzado a
la conquista dr. un unfr.erso reJ,lr.to de realidades imprevirtas". ( ETIENNE
GILso:-:: L'Etre et l'Esm1ce. París, Librailic Philosophique J y·
, 154) .
' . nn.
pag.

".ª·

:e

i Esterilidad del pensamiento con el objeto de hacerlo más puro! Ciertamente no fue esta la intención de la restauración de León XIII c
1
.
, uyo a canee ~o ha s1d~ co~prendido sino hasta después de la mitad del siglo XX.
La actitud reacaonana, temerosa de que los descubrimientos del mund
_
O ma
t ria! oclif
e
m
1qucn o empañen las líneas impecables de la arquitectura torrústa
es extraña a Tomás, que nos dcj6 una doctrina abierta y progresiva.
se encuentra en lo~ documentos oficiales de la Iglesia; véase, si n~, uno de
los ~ ca:-actedst1_cos, la Humani Generis, de Pío XII; en sus referencias
a la filoso{ ia, mantiene una orientación conservadora, y en el bien entendido

tampoc;

96

97

H.1

�de que lo conservador abarca también lo progresista. Esta actitud es muy
diferente de la actitud reaccionaria, con la que frecuentemente . e le conf undc · y si muchos han querido ver o han interpretado en dicho doc~mento
una tendencia reaccionaria, reve1an probablemente una lectura a medias del
7aº~rientación conservadora-progresista de S. S. Pío XII manifiéstase e~
muchos de sus numerosos escritos y alocuciones¡ derivado de ella es. el siguiente texto, que muy bien puede aplicarse al progre ·o en lo_s tra~aJos de
índole filosófica, a menudo atacados sin justicia si se. muestran investigadores
de las realidades proporcionadas por el mundo moderno:
"Y ten{!ati presrnte todos los hijos de la Iglesia q~e los conatos de esos
valitntts operarios de la viña del Señor, deben 1u~garlos no sólo con
justicia y ecuanimidad, sino también con suma caridad, ,, deben .t,jtar
mu,, lejos de ese poco prudente espíritu que juzga que hay que :echaz~r
todo lo nuevo por 11ueuo, o tenerlo a lo ,rumos, por .sospechoso . (Enc1clica .Divino afflante. S piritu, de Pío xu).

La no,edad filosófica. ¡ Es muy difícil referirse a ella sin que muchas personas impidan todo acceso a ella, con la mención de la conoci?a verda~
relativa a que no es posible adoptar sucesiva o simult.foeamcnte,_ sLstcmas filosóficos contradictorios! Pero aquí no se trata de esta \'erdad, .mo de otra,
que es no menos ,·crdadera: la de que toda doctrina filosófica, ~: se_r, obra
de hombres, es susceptible de crecimiento, de progreso, por asumla~ton de
nuc,·os elementos, por corrección de los ya asimilados, o por adaptaciones a
las necesidades de una época.
.
..
Quizá bastantes tomistas, en mayor o menor grado. se han unpennea~11izado a las consecuencias de esta íiltima verdad; puede ser que las csplénd1das
lineas arquitectónicas del sistema hayan sido demasiado tentadoras: pero
precio pagado por ello, ha sido grande: ya en la época de la Humani Ge~ms,
se reconoce que muchos temas filosóficos son planteados fuera de~ _toIDJsmo,
con indiferencia respecto de él. La perspectiva puede ser la esterilidad, por
exceso de homogeneidad. Se impone, pues, revivir la orientación del innovador del siglo XIII, aun con el sacrificio de la perfección si~~~ática, pues
é ta no deja de ser un instnunento; y diríamos, aun con sacnficio de la seguridad filosófica.

:1

98

LO AN'ALfTICO Y LO SI TÉTICO COMO CATEGORIAS
METODOLóGICAS

Dr. RoBERl'

.

l-~RTMA:--1

Centro de Estudios Filosóficos de la
Universidad Aut6noma de México

EN UNA DISCUSIÓN RECIENTE, en torno a los juicios anaüticos y intéticos ha
sido manifiesta la ausencia del nombre de Kant, exceptuando ocasionales observaciones desdeñosas. Pero, después de todo, él inició la discusión (dejando
a un lado la consideración de las triviales observaciones de algunos de sus
predecesores). A pesar, pues, de nuestra avanzada penetración lógica, puede
haber todavía algo en Kant que constituya, quizá, un aporte a la discusión.

Arnold S. Kaufman: en un artícu]o reciente/ sostuvo que e1 dualismo de
lo analítico y lo sintético, lejos de ser insostenible, tal como creen Morton
G. Wlúte,2 Quine,• y otros,' tiene importancia, aunque en una esfera distinta de la discutida por \\'hite y Quine, a saber, en la del uso potencial,
más bien que actual, del lenguaje. La distinción, kantiana, de acuerdo con
Kaufman, sirve "como estimulo de claridad": juega "un importante papel
' ''The Anal y tic and thc Synthcúc: A Tena ble 'Dua.wm' ", Pl,ilosophical Rtvitu.11
julio de l 953; págs. 421 sigs.
1

MoRTON G. WHITE, ..The Analytic and the Synthetic: An Untenable Dualiun",
en John Dtwry: Philosoph,, of Science and Preedom, cd. S. Hook, 1'.ew York, 1950;
págs. 31 7 sigs.
1

W. V. Qu1:,;&amp;, "Two Dogmas of Empiricimi", Philosophical Rtuitw, enero de 1951;

pág1. 20 sigs.

• Para una visión general de esta literatura, v~se Au:- GBW.ll\TH, "The Distinction
betwccn Analytic and Synthetic Truth", Journal o/ Philosoph&gt;•, 2 de julio de 1953¡
pág. 397. V6ue tambifo KoNRAD Mt1.Rc-W00Au, "Kants Lehre vom analytischcn
Urteil'', Theoria, 1951 ¡ págs. 140 aigs. Hay un resumen en ing16 de este articulo en
Philosophical Quarterly, julio de 1953; pág. 263. El presente erua)·o, en cierto respecto, llega a concJusiones similares a fas de MA.ac-WooAu.

99

�en la investigación", esto es, "el de fijar los significados y lograr, por ende,
la claridad del discurso". "Es sólo cuando hemos fijado los significados que
podemos comenzar a determinar el carácter de cliversas aseveraciones". "Sólo
cuando poseemos los significados podemos manejarlos, reemplazarlos, por
ejemplo, con sinónimos, tal como propone Quine. Pero, se pregunta Kaufman
'¿ cómo podernos estar seguros de que los significados de las expresiones son
estables, claros y unívocos?' " ¿Acaso no puede ocurrir que el mismo material que deseamos manejar, se nos escurra de entre los dedos, cuando estemos intentando moldear una expresión sinónima, de modo que al final no
conozcamos ni que es exactamente sinónima la expresión, ni qué significa
ella misma? Kaufman llega a la conclusión de que, en Ia medida que la
clistinción entre lo analítico y lo sintético sirve para fijar significados, las consideraciones de White y Quine, por lo que toca a significados fijos, no vienen
al caso, y que Kant está en lo correcto después de todo. "La distinción entre
lo analítico y lo sintético funciona como medio de obtener formulaciones más
claras. Elaboramos sentencias analíticas o sintéticas, fijando los significados
de las expresiones componentes. Por ende, parece muy razonable explicar la
distinción manteniendo que las sentencias analíticas son verdaderas en virtud de sus significados, en tanto que los juicios sintéticos son verdaderos o
falsos en virtud de los hechos pertinentes".
Me propongo mostrar, en lo que sigue, que Kant ha bosquejado claramente el proceso metodol6gico centro del que lo analítico y lo sintético juegan
su papel distintivo. Esto significa, con todo, que la presente controversia está
basada en una mala interpretación de un aspecto, por lo menos, de la distinción kantiana. Lo analítico y lo sintético son, para él, en parte por lo menos,
categorías metodológicas, categorías para esclarecer el pensamiento. Su función consiste en fijar significados y no en entender o analizar significados fijos;
remiten al proceso dinámico de esclarecer el pensamiento no al material estático asentado por el pensamiento. En este respecto, la distinción kantiana no
puede exponerse con los términos de la lógica moderna, debido a la simple
razón de que esta clistinción forma parte de una lógica enteramente clistinta,
a sabe,, la lógica de Kant. Dentro de ésta, la distinción si no es clara, por
lo menos es definida. Lo analítico y lo sintético son, precisamente, las cate~
gorías determinables de un proceso de clarificación. Este proceso mismo, aunque no fue plenamente elaborado por Kant, está sin embargo, lo suficientemente bosquejado. Es un preciso y definido proceso de pensamiento, que
conduce desde la descripción de un estado de cosas a la definición de un
concepto. La distinción entre los juicios sintéticos y analíticos constituye el
medio mismo de llevar a cabo este proceso.

100

I
Es imperativo, por lo que toca a nuestro tema, distinguir entre la doctrina
de Kant acerca de los juicios analíticos y sintéticos y su doctrina acerca de
los método: analítico y sintético. Históricamente, la primera ha surgido de
la segunda. ª Una ve~ que h_ubo establecido la primera abandonó Ja última,
exceptuando referencias ocasionales en sus escritos críticos. Los métodos tenían relativa ~ca importancia para su filosofía critica, y puede sostenerse
que por tal razon no los desarrolló en detalle. Pero es cierto que desarrol! o,
•
di
e~ tan poca me da como la anterior -lógicamente por lo menos- su doctnna acer~~ de los juicios analíticos y sintéticos, y que, en la filosofí~ critica,
e~ ~6lo uulizada como trampolín para saltar a sus investigaciones epistemologicas. Por otra parte, es igualmente cierto que, a lo largo de su carrera
docent~, de 1755 a 1800~ enseñó los métodos en su curso de lógica. Estuvieron,
pues, 51empre ante sus OJOS.
La tarea principal de la lógica -nos dice- consiste en "esclarecer distintame~te los ,conceptos". 5 Concordemente, establece lo que puede denominarse
una Jerarqwa de claridad. "El primer peldaño hacia la perfección d
_
t
• .
e nues
ro c~nocumento, de acuerdo con la cualidad, es su claridad. Un segundo
peld~no, Y un ~do más elevado de claridad, es la distintividad. La última
c~~siste en la el andad ~e. los atributos". 6 El primer peldaño hacia la "perfeccion de nuestro .conocuruento" consiste en la claridad del concepto, eI segundo en la clandad _de los. atributos que contiene.7 Lo primero, la claridad
del concepto es, al IDismo t1empo, claridad de la cosa concebida en el concept?. Todo . conocimiento de cosas se realiza mediante conceptos, esto es,
mediante atributos.

"El conocimiento humano, por el lado del entendimiento es discursivo
est,0 es, se lleva a cabo por medio de ideas que hacen de lo que es co~
mun_ a muchr:-5 cosas la base del conocimiento y, en consecuencia, por
med~o de atr~butos en cuan.to tales. Por ende, conocemos cosas sólo por
medio de atrzbut~s.. Un atributo es lo que en una cosa constituye parte
de nuestro conoc1m1ento de ella, o lo que es lo mismo, una concepción
•a Cf V 'h'
. • a, mger, Commenlar ru Kants Kritik de, reinen Vernunft I págs 272 · .
412 s1gs.
' '
•
sigs. ,

• Logik, Introducción, sec. VIII, "La perfecci6n lógica del conocimie t d
d
con la calidad".
.
no e acuer o
• !bid.

' Cf. MAAc-WooAu, op. cit., pág. 148.

101

�lfl,Ñl, n la nudida qu, u t:otlÁIÚrtMlo ,o,no HU del coaot:iminlo
cnt:1JH:ih ittlnu. Tocb nuestros conceptos, por c:omiguiente,
IOD ~ y todo pematffmt.o DO es ime concepci6n por medio, de

u•

,,._.¡ íanto ele una ce., mú vigoao y efectivo r.rl'.10 El proc:eao de - .
por c:omiguiente, CDDMitu,e el ~ ewmdal de la l6gica, co•allodo del pmam..io dementa~ tanto como del pensamientn mtem6tico.

•-ato&gt;

atributol".•

u

"}asto eomo Z. Doarina los Elnnnios Ldfieos disetit, los IÜmnlos
, «nulü:iona de la t,nf,mó,. ül t:onocimintto, asl la Doarina Gnnal
tkl M,totlo, n euato t:on.r1Üu'1' 14 up,ula p,,,14 de Z. lógi&amp;a, tli,..
""' la forma de la &amp;Uneia ,,. 11n,ral o la man,ra n que lo m'lliple
tUl enot:iminto s, t:ombiu n
sist,m,a. La doctrina úl mllodo
u ocupa d, la rnanna ,n q,u oleazamos la ;,rf,et:i/m d,l ,:o,aoei..
mÍlnto. Una d, las condit:iorus lógi&amp;as más ,s,nciahs para la p,r/1t:t:i6,,, del eonoeimifflto eoJWta en su tluposi&amp;ión distinta, cabal "I sistnaáli&amp;a dentro del conjunto d, uu eüneia. La domiu d,l mJtodo,
por consigui,nt,, debe oeu¡,ars, prina«ament,
los 11111:lios qu, pro,n...,,,n la ¡,,,f,cci6n del eonoeifJUffllo»."

La pdmtu aoncepdcSn de una cosa es r,laliNm,,u, clara; pues, a menoe
~ aea dara en cierto grado no Rrá la c:encepci6n de una cosa mú bien
qqe de otra; pero no e:s lo suficieotanente clara como para ofrecer todos b
atributos de la coa La claridad 61tima éle b atributo&amp;, primero 161o concebida de modo vago, es Ja distineión del concepto. Llevarla a cabo constituye,
J"'fCülllDellt. "la tarea de la ~ " "La cuati6n, pues, es ¿de q~ manera ()a 14gica] distingue [los conceptoaJ?"
lant establece dos m&amp;odos altematiws de aclarecer conceptos. Hay la distil)QÓD lül1IEtica y la analític~ que 1e caracterian por las dos alternativas siguientes: "l,.a,:,r un distinto ,oneejJlo y formar y lu,ur dimn,o un ,one1p,o".

"''"'"°

ªC"""'1o fonno lffl
distinto, p,inápio ¡,o, las J,ams 'J paso
u át11S al lodo. Afl'i to"""'4 no lwJ alrihulos; sMo los ohlngo po,
slnlm, D, esu ¡,,ouúr malltieo r1sulta, ¡,u,, esa. tlislind6a ma,ma
qw nasmulaa n 11,rdad mi eone,pto, g,at:ias a lo q,u s, k dad,
,oma alribato (n la Üdaiei6a puro o ,mfllriea). Este p,oe,d,r sialllieo ,aro la t:i.i/i&amp;adón de coaeeplos II utilizo en las matnnáti&amp;as y en
l. filoso/fa natural. . . Por otra f&gt;aru, euarulo /aago disli,ato un eont:11&gt;to, n.lo,u;,s, /J(1r ~ g,at:ias al nuro a4lisis ,ao cr,e, 111 absoluto mi
eonot:iminto, por lo qu, toea al eoraunülo. Est, eontnido J,nmanece
igual,· sólo eambia la forma, m la medida qu, ap,mdo mejor a di.stingü o a 11,0110&amp;111 eon más claridad de eon&amp;int:ia, lo qu, ,a está
t:01&amp;lnulo n 1I ene,Jllo datlo. Justo como, grat:ias a la mera iú,mina.eión tú ua mapa, no II u "l''C" na.da mds, asl, g,at:ias a la mera ilumiaae:ión de un eoncejllo dtulo, m,dianl, ,l análisis de sus atributos,
no u nsaelaa en lo más mlnimo di&amp;ho eoneepto". •
Por ende, el pmc:,dirniento analltico constituye el objeto 6nico de la 16gica. "El procedimiento analttico que produce distinci6n, del que 6nicamente
ha de ocupane la l6gica milma, es la primera y principal condición para
aclarecer nuestro conocimiento. Pues, mientras más distinto es nuestro co• Lo,a. I«. di.
• 11,id.

lO'l

1"'

u

Batos medios son la &amp;posi&amp;ión y la D,fini&amp;ión -en cuanto medioa para
cJarificar los conceptos.
"La distillt:ión tl, los t:O'IIOCimientos y su eombinat:i6n dentro de un lodo
sislemátit:o upc,ul,n ti, la dislint:ión de los eonee¡,tos, por lo qu, toca
• la vez a l&lt;&gt; que está t:Dm1't1Jundido en ellos 'Y bajo ellos. La eoneindo
dis#irata d, lo comprehendido uJ,etul, d, su exposici6n 'Y definici6n • la
cown&amp;ia distinta u su extenli6n üp,,uJ, de su t:lasi/i&amp;a.t:i6ra lógie~. u

Kant se ocupa primero de la defioici6n. La defmici6n es el resultado del
pmceso de clarificar el concepto. ''Una definici6n es un concepto suficientemente distinto y preciso ( ,onuptus rli adaequatus in núnimis tmnúais, ,om/lktl detmniaatus)".11 Es, en otras palabras, el concepto deletreado comple~ t e determinado en un mínimo de términos. ''La definici6n sola es el
concepto lógicamente completo".1t
Las definiciones son o sintéticas o analíticas. Las primeras son definiciones
de conceptoa "hechos" o inventacb, las segundas 10n Ju de c:oncepto1 dados. UDOI y otros conceptos -hechos o dacb- pueden hacme o darse
a priori o a ;ostenori. La úntesis de Jos conceptos hechos es o 1:1;osi&amp;ión

•nu.
Lofii, púra. 96, 9i.
• Lo¡ii, parr. 98.
• Lo,;k, parr. 99.
11

N

llti4•

�• ~ o ~ La plUIOa. Ja · - de coaceplol . . .
--. que dade a un ...,.. tmplticio -.,ae
cte • pn,pieda• .._ , - medio de la iatuidcSn, la 6ltiina a k . . _ de CODceptalarbitrariamente inwntados, como b de la J1U1tem,tica. La primeia no puede mmca conducir a la definición, la 6ltima es lo mim, que la defimción
aint6tica. ~ que la lfntesis de conceptos emplricoa no es a!bitraria, sino
empúica, y en cuanto tal, no puede nunca ser completa (pues lianpre pueden clacubrine, m la aperiencia, nueva pmpiedades del concepto), 1m
conc:eptoa emplrkol, por COD1iguiente, no pueden ser de6nidos" ,u Las definiciona sintéticas empbicu IIOD, p.1a, impoiibjes. Loe concepto. arbitraria•
mente inventados, por otra parte, no t6lo ¡nutlffl ser definidos, lino que su
declaraci6n es ya definici6n. Estoe conceptos no anteceden a la defmición.
Y Ja clefinici6n, por endt, DO crmtituye clarificaci6n; pe10 ambas, Ja declara·
c:i6n y la clasificaci6n surgen jmo coa • ilefiaú:i6,,, ~ - de6niciones
pueden tambi&amp; denominane declaraciona, puesto que por su intermedio le
declara el pensamiento propio o 1e patentiza lo que se entiende con una
palabra. Esto es Jo que ocum en Ja, mataúticai'.~
Los conceptos dadoa, por otra parte, aean dados a prio,i, como el concepto
de sustancia, o a postmori, como el concepto de agua, "s6lo pueden definine
mediante el aú.lisis Pues b conceptos dados s6Jo pueden distinguir,P ar.'11MUlo nutlÚJttfnnU ffU fwo¡,i,ediuh~. 1' En otras palabras, el procedimiento,
por medio del que puede dJstmguine un concepto dado, consiste en atender
auceaivamente a todas las propiedades conttm'das en el concepto y primero
ll61o vagamente concebidas en a, en disponedu una a una - f t cuanto predicados de juido1 y, finalmente en lffflX'ionar las que IOD mú esenciales,
• a fin de iacJuirlas en Ja def'uúci6n. "Si lodas las propiedades de un concepto
dado se eacJarecen, entonces, el concepto ae hace comJ,kttlfflfflte distinto.
Si además, no contiene demuiadat II es también predio, y aurge, por tanto,
la definición del concepto. Pero, J)tlellto que no 1e puede estar seguro, en
mud de ninguna prueba, de que todas Jaa propiedades de un concepto dado
hayan aido agotadas por el análisis, todas Jaa deliniclones analfticas deben
c:oDlidmane camo iaciertaa".u
As(, pues, las definiciones empfricu úWicas 10n imposibles y Ju defini.

mu ., u

• Loiil,

parr. 102.

• Lo,a. pur.

103.
• Lotik, pur. 104. El aubrayado ee m1o.
• Bato a, contiene a6lo atributos "coordinados" y no "subordinadoe". to. primeros
11111 atributoe inmediatoa ele la COI&amp;, b 6ltimol e.tú mediatizados por otroa atributos.
Cf. Marc-Wogau,
pq. 148.
parr. 104.

• 1.o,u.

o,. ,;,.,

GIIIIDfJj: naltieu ÍDllgwa La 6aica dale de c1efinicionn, que, a la va, •
......... predsu , . . - , ...... de6aidoa.. lintaicaa cmstructmll.
Lllf ddPioona lfllllftica ICSlo pueden • aJ)lmimadas. Y a estu defiaicio• apnuimadaa Kant Ju Dama a¡,o,i,;;ou, y üsmpt:iorws. "No tocb b
GallUplDi pueden o deben definine. Se ~ 1m embargo, apmximac:iones a
.la; Wmiei6n de dertoa coaceptos. &amp;tas aon, en parte, expoeic:.ioaa y en
parti, ~ - La exposición de un concepto --lrmte a la exposici6n
ele: Ju iatuiciona-- comiste en la repreaenlldóa sucesiva de 1111 propiedades,
a medida que 1e van encontrando gracias al análiaii'.ao La exp&lt;llici6n, en
cuanto aproximación a la definición de ~ t o a dados, puede c:omiderane
como parle de la definición de talea conceptos, o como una fue de ella, li
por definición 1e entiende el proceso que lleva al esclarecimiento completo

del concepto.

posibl, eompl6ta, ,l aa4li&amp;is 'J pusto qtU
1111us ,u fUI II U11ga un a4luis completo o ,ufiniffón II ub, tne,
smo incom¡;uto o ,zposi&amp;idn, ,al ,zposkión en CU411to d,finieióa parcial,
"hesto qru no

J1IUlu coruitl,ra,s, como una ,,¡,,,serdatiión 11ndadera y útil d,l con•
e,p,4. La d,{init:ión "'l"i ,s sólo la üü, ú ••• lnf•ceión lógica a qu,
d16emos as.JJi,,WU,11
La definición, pues, de los conceptos dados, es una meta a la que

1101

qroximamos aaint6ticamente.

Hasta ahora noa hemos ocupado del concepto, Ja exposición y la defmi•
c:i6n. Nos queda la delcripci6n. "La deacripci6n ea posible sólo por Jo que
toca a conceptos emphicamente dados. No tiene reglas y sólo contiene ma•
teriales para la definición". Es, pues, Ja conjunción más o menos al tuntún,
de las diversas propiedades de una casa, dispueatas sin ningún orden particu.
lar, que precede a la exposición. Es una exposición, pero imprecisa u todavía,
no "medida".11 El coocepto DO ha todavía, u1 como asl, marcado los lindeNI del ámbito de propiedades de las cosas que reclama como suyo. Pero
esto Rgnifica o que el concepto DO ha aido todavia aplicado o que se inicia
11M apJicaci6n. La descripción corresponde a las primarias repaentaciones
~ de la coaa.. Recoge, sin regla alguna, el material en bruto, a
partir del que ha de efectuarse, primero, la exposición y, luego, la definición.
La jerarquía, pues, de cJarificaci6n de Jos conceptos emphicamente dados,
• Lofk,

parr. 105.

• 11,id,

• Lop. parr.

105.

• Lop, Introduc:ci6n,

10.

11 ÑmP,1

1ee.

VDI.

�esto es, de los conceptos de Jas cosas empíricamente dadas, comprende en
orden ascendente, la descripción, la exposición y la definición. Kant
no .nos
.
dice en detalle c6mo se suscita la descripción a partir de la pnmera unpresión de la cosa, c6mo surge la exposición de la descripción y c6mo la
definición de la exposición. Nos ofrece, con todo, "Reglas para la producción de definiciones"." &amp;tas son: 1) buscar proposiciones verdaderas, esto
es, proposiciones verdaderas acerca de la cosa que ha de definirse; 2) buscar proposiciones cuyos predicados no den por supuesto ya el concepto de
la cosa; 3) conjugar un cierto número de estos predicados y ~pararlos con
el concepto de la cosa, para ver si le son ad~ados, es dear, c_ompletar Y
precisar el concepto, y 4) ver que ninguna propiedad esté conteruda en otra
o subordinada a ella.
Estas son reglas para seleccionar, en las exposiciones, esos p~cados que
finalmente han de admitirse en la definición. La regla más unportante es
la tercera, que establece como requisito que de la totalidad de los juicios
analíticos, a que da origen la exposición, a18:'"1os sean conj~8:'~os y c~parados con el concepto de la cosa. Si los predicados de estos Jwetos convienen
al concepto ~ue a estas alturas debe estar lo suficientemente esclarecido
como para ser comparado con un sub-conjunto del conjunto total de sus predicados analíticos- entonces, estos predicados, suponiendo que se hayan
cumplido las otras ~ condiciones, pueden admitine dentro de la definición.
Pero las reglas no nos dicen nada acerca del papel del concepto en la
descripción. Por el contrario -nos dice Kant-,. la descripción no ti~e en
absoluto reglas. Esto plantea una serie de cuesbones. ¿Cómo es postble la
descripción sin regla alguna en absoluto, dado que es descripción de algo
por lo menos? Esto supone, al parecer, que por lo menos vale la regla de
que hay que describir una cierta clase de impresiones, una cierta cosa. A~emás •cómo puede ser una "descripción", a saber, de un concepto, por unp ~ que sea, si no hay regla en absoluto? Esto significaría que tampoco
hay concepto. Parece que debemos decir que la descripci6n tiene una regla
por lo menos: describir por lo menos cierta .~riencia, así sea muy_ ~ª·
La experiencia, así sea muy vaga, debe constitwr la regla de la descnpoon.
Pues, hay tanto orden, por lo menos en una descripción, como para str la
descripción de algo. La cuestión, pues, es sólo la de saber si ha de ~
esta experiencia, en cuanto regla, concepto, incipiente. Si se le denomma
concepto entonces los juicios que efectúan la descripción serian todos analíticos; pues sus predicados estarían contenidos en cs~e vago concepto. Con
todo, su contenido está todavía enteramente indetenmnado y, por ende, to,. Logik, parr. 109.

do lo que se experimenta está contenido en él Si, por otra parte, no llamamos concepto e.sta primera regla, en razón de que semejante regla de la
descripción se refiere únicamente a una apariencia general, pero no ofrece
regla alguna para IUI propiedades -se refiere sin regla a] con junto de todas
Jas propiedades de algo que aparece en la intuición-, entonces, todos los
juicios descriptivos son sintéticos.

Es dudoso, por supuesto, que pueda haber un concepto si es que nada se
ha determinado acerca de su contenido. Puede sostenerse que los juicios,
sobre una cosa así concebida, deben ser todos sintéticos. Pues si ninguna regla se ha establecido aún, por lo que toca a lo que ha de estar contenido
en el concepto -o no puede establecerse en absoluto-,25 los juicios acerca
de eso no pueden posiblemente ser analíticos. Por otra parte, como hemos
visto, pueden llamarse analíticos por esta misma razón, si la regla vaga se
denomina concepto. E incluso si no, pueden, con todo, calificarse de analíticos los juicios descriptivos, no en relación al concepto, sino a la regla
vaga, aun cuando sea la experiencia misma.
Sólo cuando llegamos a la exposición se resuelve el difema y se esclarece
cuáles son los predicados que están contenidos en el concepto y cuáles no.
Pero no es, una vez más, claro, mediante qué alquimia intelectual se esclarece eso. Esos predicados que son analíticos son alineados por la exposición, en sucesivos juicios, para inspeccionar su conveniencia de servir en
la definición. Entre ellos se selecciona el conjunto final que forma la definición, en cuanto conjunto mínimo de predicados que, a la vez, completan
y precisan el concepto. La definición combina estos predicados con el concepto de la cosa, no a la manera de un juicio -en cuanto a predicados
de un sujeto- sino en su manera propia, en cuanto definiens de un definündum. Sea cual fuere el proceso en detalle -y es nuestra tarea sacarlo
a luz-, es obvio por lo que dice Kant, que consiste en un movimiento del
pensamiento que va de la experiencia de una cosa a su definición.
Basta con lo dicho sobre el proceso de esclarecimiento, en cuanto determinaci6n del contenido de los conceptos. Kant se vuelve ahora al proceso
de clasificación, como determinación de la extensión de los conceptos, a su
Einteilung más bien que a su T eilung (o análisis). 2• Esta puede ser o una
clasificación de conceptos individualmente o de conceptos colectivamente, esto
es, combinados en métodos. En la clasüicación de métodos encontramos que una
clase especialmente -el método analítico y el sintético- se refiere a la clasificación de conceptos complejos o simples. El método analítico principia por
• Cf. lo que dice Moorc acerca del concepto "bueno".

• Logilr., pan. 110.

106

107

�101 conceptos indefuudoe de complejidades dadas y los fragmenta en principios simples
¡wiaei¡,iatis ad /nfflciJña"); el mitodo sintético empieza
por los principios simples y construye sus consecuencias simples. El método
analitico va de lo complejo a Jo simple y el sintético de lo simple a lo complejo. "El primero puede también llamane r,gresivo, el último ¡,,ogmivo".17
Estos n-.étodos no son examinados con mayor amplitud en la Lógica; pero
se sujetan a discusión en varios sitios de los escritos pre-aiticos y críticos
de Kant, que se refieren a la distinción entre matemáticas y filosofia. 11 En
ningún sitio examina expllcitamente Kant tampoco la relación entre la doctrina de los métodos analltico y sintético, por una parte, y la doctrina de
los juicios analítico y sintético, por la otra. En ninguna parte, dicho en
otras palabras, muestra explícitamente c6mo la sucesi6n de juicios conduce
de la descripción a la definición, pasando por la exposición. Seguiremos
pues, en primer término, su tratamiento del método en algunos de los otros
escritos, principalmente en la Crítica, y veremos después c6mo la doctrina
del juicio analítico concuerda con la del método analítico. De este modo estaremos capacitados para responder algunas de nuestras cuestiones.

r'"

11
En los escritos pre-críticos y críticos, la Analítica del Método -como llamaremos la doctrina de los métodos analítico y sintético- no se establece
en su forma pura, como en la Lógica, sino que se usa para hacer patentes
los rasgos distintivos de la matemática y la filosofia. El rasgo distintivo de
la matemática es su proceder científico. Ernpieu por las definiciones simples
de conceptos arbitrariamente inventados. El rasgo distintivo de la filosofía

es su proceder analítico. Empieza por Jos conceptos complejos de entidades
dadas o a priori o a posteriori. Por ende, el método sintético, que en la
Lógica sólo está combinado con Ja construcción y la simplicidad, en los otros
escritos se combina también con la definición -como si s6lo las definiciones
pudieran ser puntos de partida del método sintético y no los conceptos simples también, según es posible en la "exposición de intµiciones'' de la Lógica.
Por otra parte, .se dice que el método anaJítico tiene su punto de partida
en los conceptos complejos -como si no lo pudiera tener también en las
definiciones complejas. Debemos, por consiguiente, si queremos desenredar
los métodos analítico y sintético de la explicaci6n kantiana de los procedimientos de la matemática y la filosofía, separar los dos hilos entretejidos,
n ]bid., parr. 117. Cf. P,ol11om1na, parr. 5, nota.
• Este tema se trata muy brevemente en la Lo1iA:, Introducción, aec. III.

108

ámplicidad Y complejidad, por un lado, y definición y concepto, por el otro,
y comparar los resultados con la explicación dada en la Lógica. Discutiremos primero la relación entre la simplicidad y la complejidad y después la
de la definición y el concepto.

a} Kant discute los dos métodos, primero, en una Investigación acerca
de la evidencia de los JmnaJ,ios de la teologia natural '1 de la moral (1764),
Y posteriormente en ''La doctrina trascendental del método" en la Critica,
que corresponde a la doctrina general del método en la Lógica. La diferencia entre el método analítico y el sintético consiste, como en la Lógica, en
que el método analítico empieza por una complejidad de datos y el método sintético por un simple dato. Este dato se da por medio de una defj.
nición en aquellas ciencias que inventan sus propios datos, como la matemática. Kant limita el método a la matemática· pero también la ciencia
natural, e incluso su filosofía, puede construirse a partir de elementos simples -no ne~ente definiciones, sino incluso conceptos, "conceptos
empíricos simples", corno se les llama en la Lógica, conceptos de elementos
de naturaleza considerada simple- y pueden oombinarse hasta formar estructuras más elevadas. Podemos incluso partir de tales elementos indefinidos y sólo vagamente concebidos, y desarrollar sus rasgos más característicos
en sus relaciones recíprocas con otros elementos. Puede haber, pues, un
método simético que no parta de definiciones, sino de conceptos. Por otra
parte, puede haber un método analüico que parta de definiciones complejas
más bien que de conceptos, y cuyo desarroUo constituye el análisis de estas
definiciones. Este método, además, es aplicable tanto a la matemática como
a las ciencias." Pero no importa qué método analítico o sintético usemos,
el definicional o el conceptual, el método sintético construye lo complejo de
lo simple y el analítico lleva lo complejo hasta lo simple. En ningún caso
determina el método la clase de proposiciones que usemos en él. 0 hemos
de usar a lo largo del método analítico proposiciones analíticas, o a lo largo
del sintético proposiciones sintéticas. La Analítica del Juicio -&lt;:orno podemos llamar la doctrina de los juicios sintéticos y analíticos- y la Analítica
Metódica son dos cosas diferentes. A la Analítica del Juicio compete únicamente la estructura conceptual de la proposición o juicio de que se trate,ªº
pero no la de su contexto. Por consiguiente, tanto en el método analítico
como en el sintético podemos utilizar juicios sintéticos o analíticos. En el
método analítico podemos usar juicios sintéticos, como en el análisis mate• Vaihinger, op. cit., pigs. 417 aip.
• Una proposición, para Kant, es un juicio clarüicado. Vwe Logilc, parr. 30.

109

�mtico,n 'I en el acodo an-'tico juicial anaHticoa, tales como "el todo es
mayor que cualquiera de 1111 parta".11
b) Diferaite de estos aspectos ~ " y "regresivol" de loa cb - .
toc:b, a el aspecto que se ocupa expraammte de la reJaci6n entre el concepto Y Ja definic:i6n. &amp;ta relación, una va aislada, aparece, en b escritos
mearioaados, con el mismo aesgo que en el procao de esclarecimiento en (a
Lógi&amp;a. La combinaci6n con b pn,r«lírnMmtoe de Ja matemática y la filo.
aofia obrcurece este hecho l6Jo si no recordamCII claramente que por defini-

ción en matemáticas, Kant entiende defmici6n sin~ y, por definicl6n
en fibof11., de6nici6n analítica, y que la definición sintética, en las matemiticaa, sirve cano punto de /Jflrlúlo del pmadirniento matemático, mientras que la defmici6n analftica, en la filoaofia, sirve corno punto de llegada
del J)ION'dírniento filoa6fico, En el último, con la defmíción se da a entender
aiempn! el concepto analizado en 1U1 elementos. En la rnsttemática ernpelllDOI con la ctefinici6n, en la filosofla D01 empeñamos por conseguirla.aa
La matemática -dice Kant en el primer parágrafo de la lnvestigaci6ncomígue su definición ~cameme, pero la filoaoffa analíticamente. En la
matemática. "el concepto no ea dado nunca antes de la defmici6n, más bien,
ae ~ de ella. Un cono, no importa que más pueda ser, se engendra
en la matemitica mectiante Ja concepción arbitraria de la rotación de un
tmngulo rectángulo alrededor de uno de sus ladas mayores"." En fdosofia
el asunto es muy düerente. "Aquf el concepto de una cosa está ya dado, pero
determinado oblcura o insuficientemente. Tengo que analizarlo,11 comparar las propiedades aisladas, tanto entre st como con el concepto mismo,
y explicitar y precisar este pensamiento abstracto".11

Este es el mismo proce10 que se describe en la Lógica; 11 el proceso de
esclarecimiento de un concepto. El concepto está dado porque la cosa está
dada y representa nuestro primer vago conocimiento de ella. A fm de conocer con distinción la cosa, desmiembro su concepto y veo lo que está con• Prot.1omn•. pan-. .5, nota, y Vaihinger, loe. tit.
• Prot.1onutN, pan-. 2.
• Kritili 4n raJtn V•raHft, A 727.
11 lfflffMra•.Z Kcral', Wnb, ed. Cauirer, II, pq. 176.
• Kant ma el tirmino zntli4ima ("desmembrar").
• 16úl.
• Puede IOltenene que la formuJaci6n en la lransfiiaeih precede a la de la I..6fie•
con veinte ai01 ---et ae acepta la fecha que atribuye Erdmann a la compolici6n de la
Upe- 1 a 111 publicacidn con cuarenta aiol. Por otra parte, cuando apareci6 la
I11wsti,cei6ra. Kant habla Jddo ya la Ufi~• durante nueve añot -dos veces ,,, 011nwn.

tenido en a.. "Debemos atender a esta idea en toda clue de relaciones a
fin de descubrir sus caracterlsticu mediante eJ análisis, conectar propie-:lades
diíerentes abstraldas a fin de ver si forman un concepto consistente y tienen
cohermcia, y de ver si una no incluye en parte a la otra".• Los elementos
del concepto, las propiedades en B contenidas, se despliegan, por asl decirlo,
ante mi y lás más importantes las reúno para formar la definición. Para
decirlo con Ewing, en su comentarlo de este pasaje, "no conocemui, al principiar la defmíci6n, pero esta necesidad no nm impide demostrar con certea
muchas propiedades del concepto, y cuando lo hemos hecho podemos llegar
dpidamente a la definición, pues esta es la suma total de las propiedades

[del ~r.40 A fm de determinar estas propiedades, tengo primero que
reunirlas, o lo que es lo mismo, que diferenciarlas del concepto. Sólo entonces puedo deslindar los lfmites conceptuales de la cosa, esto es, definirla.
Como Kant sienta en la Critica, la definición es la consumaci6n y distinción
del concepto antecedente, es la "comumaci6n y precisi6n de la determinaci6n del concepto. . . la enumeración completa de todas esas [propiedades)
que constituyen el concepto completo".61 Definir "significa s6lo presentar el
concepto completo original de una cosa, dentro de los lfmites de su concepto de ellas",ª donde, como Kant nos advierte en una nota, "consumaci6n
significa claridad y sufü:iencia de las caracterlsticu; con llmit•s se da a
entender la preclsi6n mostrada por el hecho de que no hay más que estas
caracteristicas que pertenezcan al concepto completo; con original se da a
entender que la determinación de dichos lfmites no se deriva de nada düenmte y que, por consiguiente, no ha menester de prueba alguna; pues, si la
requiriera, esto descalificaría la explicación supuesta de que está a la cabeza
de todos b juicios por lo que toca a un objeto particular". Reconocemos
que los primeros dos requisitos son los ya discutidos en la Lógica. Consumación y precisión 10n Jo que le da distinción al concepto. Por originalidad
Kant entiende aquí la originalidad de un concepto inventado, cuya def'mici6n no tiene que derivarse de ninguna otra fuente, sino que es dada al par
que el concepto mismo. Entiende, en otras palabras, la originalidad de las
definiciones sintéticas. Chn todo, hay tambim lo que puede llamarse ori• En algunos caa, por supuesto, tal desmembramiento conceptual se da al wúaono
con el cleanembramiento real de la cosa, tal como la ditecci6n de un animal O una
planta, el aúlisit qulmico de una substancia o el desmantelamiento de una máquina.
• Uradmuelau111 ibn dü D1Ullieltl:1il tl,r Gruradsitz, dn natilrlieli,n Tla,olop
and d,r Moral, Kont's W,rk,, ll, pq. 177.
• Eroi111, Knt's Tr,atm111t of Ccusolily, 1924; pág. 30.
• A 241.
• A 726

110
111

�·111,GJjlllliiMlit.iiNllillllticalda•

fYl¡f:I ·• ~ -

k 'Ufb!l • ....atutitu {"ílll#liolia ia
..,. .,.,.__,.,,, " ia6ddaa ~ J &lt;lén la cWinid6n. Ja COI&amp; •
......,lbt;.. pei'. fllf aocir, del:
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111 aeacia l6p:a. No
illllltaiíllil.:•illar"'--·a

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coanr.N:..O de _,_ ""'- ~ . - fllú die ••ninadas par el ,...
'9f• del ~ mNDtraa que la natúralía nal de • coa eatari,. detenai.._ par 1íido Jo CfUe peRenec:e a lll mtalcia.
fin Gé cl,,'i liftülaf, par
ejimplo; 1- eaencfa l6gica de UD 8uerp, IIO W.eeftlmlOI fellDir todol M
' - ea la mturalera. Tom lo que tena.u qua hat. es dmgir nuestra aten-

daa I

elll ~ · qll4 a l -

oamtitüjeidef

esenciales efe 1U comapto.

, . . la esencia l6gica DO aino el comepto fnndvamtal original • IDdol
b pnteffcadol IIICNam de Ja --...
Pot twigirüdad ..... ~ p u e s , ~ f a ~ 16gb. La
cWinfci6D ariaHtiea e1 la cea en CUdto objeto de nuestro pmwaneieilto. Una
va que tmemos • defiaici6IJt, toao DUellN pePMUStuo acerca de la ooa
ptae&amp; eomenar con 41a. D b'-te del eoacepto- a Ja de6aici6n puede conJiderane, ~ .,_, • lllpfdl&gt; de la reJaci6n entre la experiencia y el p
"'1Ífnte. -y • "Ja u.e .. teereto enlelO de. . . lá ~ , tal
aaso decia Xaac en aa f--. carta dirigida a Hem en 1772. Auncpae a.
10lti6 el pablana de un IISOdi, epiatend6gia, am bien que 16gioo, puede
· dedne 11le tq;c:IP'Mlltie esta nlaci6n está reprew,otada por el pn,ce90 de
~ que 1e refiere unto a lo dado • ;iori como • /»si~
y • enlaza. La ..,.n,ilidad ele ana aolución, pcr medie de aa ,eparaci6a,
• l6ja ea Ja iarpwibilicW de una definició,,I aa•l'tiea - de datea dacb
• t,ollmori o d J1,iori. LP pomñdad y, por 1Upue,to, lo obvio de una IDlud6a, por medial de au C'IJIÑ&gt;iDaci6n a ttawa de IQ sint&amp;ico ,. lffori. 1e nfleja
en lo obvia. de .la tWinid6a tintética. La isnpoañilidad de .,... definid6sa
analkica ae desprende de la impüiliclad de reunir dalDI emphicoa en un
mterDa ooneeptual. l,.a def,iúción sin~ DO ent.ieffa tal dificultad. F,.n Ja
mmmftica, b cooceptm 1 las ddiniciones no tienen c¡ue acomodaae al
objeto dado; IOD creacioaa libres de Ja mente. As(, no es necearia una tranaid6A de Ja ~ al pensamiento o vic:evena. El pensamieQto es por
lo que pdnc:ipiamol y en. lo que nos quedamos: el dominio de b "concep1lol ll'bitnriamente ilmmtadm'',•• aun cuando est6 difmnlnada en verdad,
• lntroducc:i6n, acc. VllL
• I&amp;ül.
• A 729.

dall de. ,_.,. . par la , -.. • .tio -,Héa" • la mllnNca
. _ - - - . Alpd II t a+n ...., Joa pri11Cipct1 di • fflllidad dada,
.._ ,..,..,. . . . . . . . . . . . . . de - bate - - - y tupllelta;

.-.~de)chm,_1Dnal;lasdefiniciones[mela&amp;ieaa)deheades-

'°"

mnsigwm~*

manera
facciones; m explicacioaes lino
En aenticlo estricto, por
CIGllel . . iDlj..... • mec-ffaica. t)aa ftll6n a, f aqu( Je hace UD aiadido importame a la .m6n drec:ida ea la U.,11, que nwa l't'-iemot mar
...., cuando Ul8IDOI fa paWn empJrica, de ~ • definida en el milcdblr aJgo definid"; de

~ ubitrariaa"."

otra

mo ll'!lltido.

"No a s,g,,ro auw fW u.,,,_ f1MfU1o ¡,. /#Ñlm,, qw 4no1o w
7 lc tnÍ.nu "1SO, 11 W&amp;eJ , -. . . . . M '/ ti Hnl ano, et&amp;rlldaÚAetU• ..td, n el eorae,,,o tú oro, olpi,a ,-., ,n,a,, IIMm4s ü ni ,._
so, -,~ _.tllnlültul, l4flllbUa,.
4. ""aamun, ,, "' ,.,,,.,,._
MI, f8 lato fU otro /HUd,, "" OU, IIO .fflbff -.Ja IÚ Ita /JrO/Üddd.
Ulilutaeo, t:N""1 ' ~ " ' s6lo n r. mHitla n qw linln ,l
/Jr""'"° Ú uen tlislin,os; los IIUNf osbmoeiofles tus/Jlaza AffltU
F,O/llNilfül ,, IIÑdd 0,141, 'I, /,or nlÚ, aune• SOR lo1 limita d1 r,n
&amp;Oflel/llo. Y., /JM SUlf#Slo, {d q8" '1o/JÓSUO "il sm,i,la ,l qru s, definim, ua «&gt;IIUJ,lo ,mplriso tal. /IOr ,j,,n/Jlo, como d tl,l apal Ctuatdo Wlaao.r ül agu 'Y de sus ¡,,oti4dad11, no nos
lo qua
11 ¡,i,,._ &amp;DI&amp; lfl ¡,alalno agua, W flll /JIUMU)I d III IZP,rinr,fllaciót&amp;.
La JHll,,l,,a, eoa las po&amp;a eora&amp;tmstieas qru 16 ""jrmtamos d,b1 ,o,,_
sül,rars,, m4s Jlro~nt,, eomo uno nura designad6a ,.:, como •n
eo,u;,110 tl, i. eoso; la sup,,,,tc d,finieió,¡ no ,s ruult, m4.r qru uu
tl1ttrffÚfa4t;iÓft d, le ,al41,,tl'.fe

"º'"'-

"""'"'°' •

Esta palabra pertenece a Ja experiencia. S6lo si inwnto al par que la pa1-a su objeto, 1eDgo realmente un concepto y puedo -,.,,., como en Ju
matemAticu.

"""°

"Ua eo,u1p,o qru )'O ~ inv,,ua,Jo,
simip,, tl,fini,lo; pu.1,
qru no na, ,s
m gradas a la natrmll,14 tl,l lftlendiminto ,.¡
n la •~p,ri,naa; sino '1111 u lo qru lo la, /11,lu, m- d11ibn"""1nenu

)'41

"""º

túbo sabn lo qu A. p,,t,ndido JMns4r al usa/o. . . Con.s,cunu,,,,,.:
la mat1m4tiea es la rínit:• cinda qu, ndnro definidon,s. Prus

t,,

• A 713.
• lwia¡, 01. di., P4 30.
• A 728 a, nota 38.

112
113

B.I

�el objeto que piensa lo exhibe a priori en la intuición, y este objeto no
puede ciertamente contener ni más ni menos que el concepto; pues mediante la de{inición es dado el concepto del objeto, y dado originalmente, esto es, sin que sea ntcesario derillar la dc!finición de nin,0 una
otra fuente".411
Dicho en pocas palabras1 al igual que en la Lógica, sólo los conceptos inventados pueden definirse. Los conceptos dados, sean dados a posteriori, como
los conceptos de las cosas empíricas, o a priori, como los de las categorías, "no
pueden definirse en absoluto, sino sólo explidtarse". 60 Con los con~eptos
dados a posteriori, como hemos visto en la Lógica, no puedo estar seguro
nunca de haber examinado todas las caracteristicas de la cosa. Con los conceptos dados a p,iori

"no puedo estar seguro nunca de que la representación clara de un concepto, que en cuanto dado puede aún ser confuso, haya sido /levada a
cabo por completo, a menos de que sepa que es adecuada a su objeto.
Pero, puesto que su concepto puede, en cuanto dado, incluir muchas
representaciones obswras, que pasamos por alto en nurstro análisis, aunque estemos constantemente haciendo uso de ellas tn nut'.stra aplicati6n del concepto, la perfección del aná/iJis de mi concepto es siempre
dudosa~ y una multitud de ejemplos conuenientes basta sólo para hacer
probable la perfección, nunca para hacerla apodícticam nte cierta". 51
Por esa razón, Kant prefiere el término exposició11 al de definiciónJ "en
cuanto es un concepto más inmune, que la crítica puede aceptar como si fuera
hasta cierto punto válido, aunque conservando aún la duda acerca de la
perfección del análisi ". 52 Con todo, no necesitamos, por esta razón, "ser tan
rigurosos en nuestras condiciones, como para rehu ar por completo a las
explicaciones filosófica el honorable título de definición'\ 68 si sólo recordamos que las "dl'finiciones filo. óficas no son nunca sino exposiciones de conceptos dados, [mientras que] las definiciones matemáticas son construcciones
de conceptos, originalmente edificados por la mente, y que mientras las primeras pueden obtenerse por medio del análisis (que nunca es apodícticamcnte cierto), las últimas se producen sintéticamente. En tanto que las defini• A 729 sig.
• A 727 sig.
11 A 728 sig.
ª A 729.
11 A 730.

ciones matemáticas forman, por ende, sus conceptos, éstos son únicamente
explicados en las definiciones filosóficas."
De todo esto se concluye, y aclara el punto que nos interesa, que la definición en filosofía siempre se desprende, y constituye la elaboraci6n, de conceptos vagos y con{usos.

"Puesto que las definiciones [de la filosofía] son análisis de conceptos
dados, supo11en la presencia previa de los conceptos, au11quc en estado
confuso, y la exposición incompleta debe precede, a la completa. Consecuentemente, podemos inferir bastante de unas pocas caracterhticas,
deriuadas de un análisis incompleto, sin haber alcanzado todavía la exposición completa, esto es, la definición. Dicho brevemente, la definición, con toda su precisión )' claridad, debe, en filosofía, venir más bien
al fill que al principio de nuestras inquisiciones. En matemáticas, por
otra parte, 110 tenemos ning1,n concepto previo a la definició,i, mediante
la que rs dado rn primer término el concepto mismo. Por esta razón,
la ciencia matemática puede )' debe siempre comenzar con la defi-

nición". 36

Las matemáticas y la filosofía, pu , son analizadas por Kant en cuanto
ejemplos de métodos sintéticos y analíticos. Los últimos, a su vez, constituyen espccificacion~ del método general de esclarecimiento. Pasaremos ahora de la Analítica del Método a la Analltica del Juicio y examinaremos el papel
que los juicios analíticos y sintéticos juegan en el proceso de esclarecimiento.

III
~s claro por la explicaci6n de Kant que la drf inicióri de una cosa empírica
Sigue el co11ccpto de tal cosa, como resultado de un proceso de esclarecimiento. Lo que no es muy claro, o por lo menos no ha sido subrayado Jo bastante
claro, es que el juicio analítico, como tal, constituye un peldaño de este proceso. Cada análisis de un juicio es un paso, en el esclarecimiento de un concepto, que lleva hacia la definición. El juicio analítico no es una tautología; el sujeto y el predicado no son idénticos, sino diferentes. Por ende,
ocurre una moci6n de pensamiento u en el juicio analítico. Aunque, como
.. lbid,

ª A 730 sig.
.. Esta moción no es ni psicológica ni epistemológica, sino lógica; pero lógica en eJ

114

115

�KaJll...,.

wua.t1u..., el juicio- mlltieo • •Jlliliu ~ ~ • el
WidplO de la COI&amp; y DO . . . . . de - - - - mdm COllOCU'HenlD. ._,..
,_ el ClClDCCplO J mueatra 1o que t6lo ellaba Wip1IMl'te c:oacebk1o en 61.
In este smtWo, meJf.Wiuo mú bien que cuantitatiw, a,,.,.,.. e m6t bim
-puesto que hablamos de un "aumento" cualitativo-, m,jo,a ~ ~
cimiento. Gracias al juicio analltico le produce UD avance del CODO&lt;'!DHeDto,
aunque no en autidad, sino m cueJidad Kant, reoordemol, al negar el
aumento" del CCJP;- ini,nto, 1J1&amp; la analogia de una luz que cae IObre un
mapa para dec:inlDI que )a luz DO añade nada al mapa. Pero ~
puede • reputado tan realista como para c:omiderar al coiepto independiente en la misma medida, del que lo conoce, como el mapa del que lo ve.
Por ei. contrario, a cierto que babrfa pe,•o,, li lo hubieran empujado a
hacerlo, que la apmd6n y la definici6n del mncepto mejoran el concepto
mismo, baci&amp;Mdo)o UD "mejor" eaacepto, de tal modo que baya ~ cono:ptl)" clespuá del proceso que antes.
Sea lo que fuere, a claro, con tedo, que el juicio analltico tepelellta un
dinamUrno del permrni"Jto y DO el drculo atitico de la ~ Hay
dos clases de identidad en el juicio kantiano analltim: "o.•• explki1a (,z.
~ ) o DO explki1a (ifn/llitil4). In el primer CUO, Jas propmicioar, ~)kicu IOll ~ - " No lo 10D ea el aegundo cuo. Pues, Jas "propoli·
c:ioae, tmlOl6p-.al ea6il virtua1meote vadat, incoDlec:uenta; IOll ~
1'11 e in&lt;atiles. T6mele por ejemplo la J&gt;10P01ici6n el l&amp;omlw, 11 tu,,nbr,. ~
DO aabemol del hombre lino que el hombre, DO llbemos nada IDÚ de Q •
Oc:une difenntemente con Ju propmicioar, de identidad impHcita. "Lu pro.•
de identidad ifn,aa,., por otra parte, DO IOD ni incomecuentes
~ - - &amp;c1arecen el _,¡icadn. que 1e encuentra sin clewrollar (imm uallll,UI-....,._.
,AJ'
• )» •
"""
¡,lú:iUJ en el concepto del sujeto, median~ su dt:sarroUo (111,,u:"'!" • . n111t
b "juicios aoal1ticos explicitan en el predicado lo que esti 16lo unplic:ito en
el concepto del sujeto".•
Este pn,ceso de dmrroDo del c:om:eJ)tO, que tiene lugar dentro de cada
juicio analítico, 1e pasa a menudo par alto cuando 1e explica la analiticidad
de un juicio y. especiaboeate, cuando 1e confunde el 1110 moderno de la
11

leDddo kantiano, no ea el de la l6gica modenla. Qutn, lo&amp;. ril., comiden que 1a
DOCÍ6D kantiana del contenidc, conceptual el "metaf6rica" ., que DO tiene cabida eo la
l6pca. Acm:a del II\IDIO eatao, mae J. J&amp;iouau, A T,,tiúu of Por,,w Lo¡i&amp;, ll,
pqa. 1111ip. Tambim M.uc-WOGAV, oj. ril., pq&amp;. 146 sip.

• Lop, parr. 37.
• 11,u.

•nu.
• H.

116

J.

PATON,

Kan,', 11•,.jh,ne of

&amp;,,,;.,.,., 1, ¡,Ag. 85.

l,d In mo el bntiaáo.• 11 &amp;fllia • c:up soln el hecho de que el pretll,iil;t:tiltl DdntWO tD el mncepto deJ aujeto, pero DG IIJbre el beche igual~ efe que ate estar conteniclll significa que el coacepco del
lliJífli&gt; llltá lin ~ en esa medida y que la declarad6n del predicado
..., - - mismo gmdo, . . claro y distinto el coacepto; de que el - • ,e láiele a un mothniento de6nido del pmsarniemo que va de la vague.
M a Ja claridacl Kant nunca deja de mencionar este punto cwmdo discute
t11 JIDCii, analftico. "Loa juicb aoallticos no expnsan nada en el predicado
amo Jo ~ ya ha sido realmm~ pensado en el conc:epto del sujeto, . . .;
11: ta 4istinla,,unt, o eon la ffll.SIU plenitud de concieocia" • que tengo del
CG.ampU, tlapá de que he hecho el juicio. En el juicio, "el predicado B
(lfdmec:e al concepto A, como algo que está (encubiertamente) 11 contenido
m este coocepto •.• • [Estos juicioa1 en cuanto no agregan nadas mrdiante el
pnclicado, al concepto del sujeto, sino que meramente lo fragmentan en e101
~ .:omtitutivot que han desde siempre sido pensados en B, anqa
,,,,,¡tutmUnú, pueden también dencmrioane explicativos"." Y ata explica.
ci6n; aunque -como dice Kant- es "pensada por medio de la identidad"
~ a, cm todoJ una identidad tauto16gica o explicita, sino UDS
implfcita.

identidad

Hay, pua, UDS ctirec:ci6o definida del pensamiento, un procao por el que
eaclance conceptos y .loa distingue nw y mú. El mitodo de este procao a
el ~ Ysu ~ t o el juicio analltico. El an4tisil, en la medida que
~ la tarea principal de la l6gica, coostituye la principal actividad de
JIUeltra ru6n. "Una gran parte, la mayor qwzú, de la tarea de nuestra
1116n ~ en el ~ de b ~ que ya tenemos de b objetos.
Bite mlisis ~ ~ - una COD11derable masa de c:nnocimieoto, que,
aunque no sea amo explicaci6o o elucidación de lo que ya ha sido pensado
••~el mo moderno, el concepto mino no a a menudo tomado en cuenta. Cf. la

":9'-6a de S. &amp;ruBblO, .d Jlotlna Irmo,ulioa lo Lop, 1948; p6p. 439 sip. Tam-

llim B. llv11au., Priruillu of Ma/umatu.,, Ñ, 65.

• ~ - - ~ • parr. 2: El ~yacio a mio. CoUTUUT, y tru B Ja.ouUN,
IN. "'·• ca1ific:a ate inf&amp;111 particular de plic:o16gic:o. Pero Kant aclara que a l6gico
l'D Jllicol6sico, ~ 16gica Hu la ei,,rda a priori '• w IIJ•s u,uarilu ,l,I ~ l o •• :
~ no •1 ~l•lúJMn_nct•, ,sto 11, romo •l nt•ruliminlo ,UJUO, tl• u••rtlo eon ,na,;,¡;o,
(Jmol6,i&amp;os), siao o6j,tioamnu, ,110 ••• eomo tl,6, ,..,.,., a
•u,tlo eo11 lriaaJios a priori" (Lop, Introducción, Sec. 1). Lu reglu del ,;.__
miento 10D Ju de loe conceptos, pero "aJao se da antes que una idea 1e tome concepto"
No IOc:a a la l6pca mOl1rar c6mo surgen lu ldeu, pero ú ccSmo surgen los ~
e Ju .ideu". (Lop, lntroducci6n, aec:. V).
• "Venteckta Weise" (de un modo oculto).
• A 6 lig. El subrayado a mio.

""~°'

117

�•

tDUeltl'Ol

~ a aea de modo confUIO, es,

llia embatgo,

esamtd•

-..par 1o mePOI ea ie1acil,n a su bma- COJIIO un IWl!YO C011U1:iosie•• ¡dfv»,JD".11 El eaclarocimiento, pues, para Kant, es asunto de la forma de pensamiento, y por tal motivo el procelO de edarecimieafD a l6gico f llO tpstanológiCO ni P'Í(Ol6gico. E1te procedimiento formal de la ru6n el peli•
greao, puesto que la m6n "puede iDtmducir en él sumepticiamente sin per•

. . . . de lo que hace, ueveraáona de un orden enteramente distinto"; sin
embargo, es indispemable para el progreso del pemamiento. El pensamiento

ae aclarece a sí mismo mediante el aniJiais,
El análisis es posible t6lo par medio del juicio. Ali, en última instancia,
,1 juiM u ,l in.sm&amp;m,nlo eon qa, ,l ~ o II esdarece a sf mismo.
r.ta doctrina la estahhri4 Kant deade una época tan temprana como 1762;
wiD1e añaa anta de la Crfrie4. En La falsa sutileza d, las cvatro figuras siJo.
p,ieas, umatra que todo pensar es un juzgar o un inferir, y que ambas
actividades detemñnan el eoncepto por IUI atributos, esto es, lo analizan Un
concepto puede determinane por completo, sólo si se determinan totlos sus
atril,utos, DO a1gunol de ellos -DO meramente SU especie, sino tambibl SU
pnero. La especie es el atnouto del concepto, el gbiero el atributo de la
especie. De este modo, detfflninar UD concepto por completo significa determinarlo mediante el atributo de su atributo. Determinar UD concepto por
medio de 111 atributo es juzgM, detmDinario mediante el atributo de su atributo es inferir. Toda inferencia. por tanto, es un juicio mediato. Su principio es la regla"º" notu ,,i ip¡iw nota. Todo pensamiento verdadero es
de cata indole aalUica. Es un pensamiento natural simple, coP&gt;O "este cuerpo en cuanto cosa extensa es divisible", ims bien que la triple división artificial de este pensamiento en un silogilmo sintético: "Todo lo que es exteDIO
es c)ivisible, este cuerpo es extemO, luego este cuerpo es divisible". Esta división triple dispone un pensamiento como si estuviera formada de piezas movibles, como las de un juego de ajedrez, y produce la errada sutilem de las
cuatro figuras silopticas. La silogistica entera debe descartane y "el coloso
de pies de barro, cuya cabeza se pierde en las nubes de la antigüedad, debe
.J---.: "
Lo que es aquí importante para nosotros es el papel del juicio analítico
en la clasificaci6n del pensamiento, y la diferencia entre el juicio, como poder
del entendimiento, y la inferencia, como poder de la raz6n, aun cuando entendimiento y ru6n GO sean sino aspectos de uno y el mismo poder de conocimiento. La 16gica tradicional, dice Kant, se equivoca al ocuparse antes del
concepto distinto y C01Dpleto que de las inferencias y juicios racionales, puesto

UQU\Uf9e •

161a b 6ltimol ,__ poaibJe el

~ r.dman

m,•~

aiotbirameute j •. pnmem: ~- ~ a no que b cmjdcias J radocinioa pn,d
UICIOI y fflCIC)CffllCJI, IIDO PW bia que los

poceac,~•:=n.=

~ mediOI en el
c:ona,ptol. Soa, en otns pala- - , dia:utirá
to que cb años ~
ue
en ~ contexto, en la J,ao,mgodór,. «n:. como
q un concepto distinto es s6lo posible median
pues; pnmero,
fflllPl4fo sólo nwtiante el raciocinio" .. T
te el l'"'W y un concepto
111:UeDCia de esdancimientos. S . .
enemos aqul una vez más una
.a concepto haya de distinguirseu pnmer puo es el siguiente: ,.A fin de
bulo de la cosa, Y esto es un . .' - ~ reconocer clarameate aJ¡o como : .
OlfllPO me
JWClO.
fm de tener un concepto di¡ • del
butos. '
represento claramente la impenetrabilidad
tinto
Ahora bien, esta represeuw:i6n no co . . como uno de sus atricuerpo es impenetnble".M Esta úl.
~ SIDO en el pensamiento un
del juicio. Este juicio es un medio
expresión es Ja declaraci6n formal
obiervane que est • • •
ctclarecer el concepto "Aquf ..1-L'Jtw:IO no ,s ,l coaetJ1'o d:' •
•
•
w:111:
,,
'JIU s, r,aliu; Jnus la idea d l
í.mruo manno, sino ,l #to J,ot
,lim,ua"... El puo final ~ a cosa q,u surge desp,ús th este ado ,s
raciocinio. Despuá de que el
en completar d concepto por medio del
•
ede
concepto 1e ha distinguido'
•
ClOI, pu
completarse por medio de inferencias. "
~r medio de juiooncepto co~eto es s6Jo posible JDNiiante el . ':'.fácil mostrar que un
en comecuenaa. que un COllN'nto distm'
raaocuuo. • • Podemos dectt
de
• ••
--r
to es el que esclarece
'
• ::" JUICIO y un concepto completo que se distingu se
por medio
IUO • Aunque juicio y rv_iodnio se dan en di{,
e ~ medio del raciocia saber, en el entendimien
erentes niveles de conocimi
entendimiento es el pod todey razón, son básicamente el mismo poder~el
Juzgar inmediatam
•
juzgar mediatamente." er
ente, la ru.ón el poder de

.-:~v,

W:

~

lugar, asf ,,._A
L
"E. n. segundo
•
.,.,,..., IS uastante
1vid111t
duti1U16n
de un ,once"to
.,,.
la
e 'l1U la p,,teeción '1
r ,.., an merustn ~- ,·1
la menu ( puesto '1116 la misma ca . ad '"' , em,us faeullades d,
tar,unte en ttumto atribut d
paeid • qru reconoce algo inmtdiao e una cosa, se em"'·a
Y"- 1am1,:1
I d Jlara rico• _Dú false/u SJiufindigbil tln .
. .
Cumer,
ll, pqa. 63 IÍp.
.,.., ,,Uogutael&amp;n Figarna. Kanl's W,rk,, ed.

• lbül.
• /bid. El subrayado es mio.
•
ctia En la lógica, Kant muettra los Vmtaatlss l&amp;lfs
ta Y loa Y ma.nftsehllss, como loa d la ~
u como lol de la inf'erencia lame. . . _ ea• la ...,.
....a.. N,
e
inferencia
ilau _.,.
m'bien lilogl,tica. Loa 6JtÍDlcl eatin
0 •• nota
~ ae dice, ae de1prencle de la •
'
.que en el Dimana ú omai
•lil.u ... " •tl. ,il., pq. 65.
pnmera (pur. 44 11p.; 56 IÍp.; 63). Cf•

rn

.r..';:::

• A 6.

119
118

�atrihuto para cone1bir, JnUS, la cosa po~
nocn, ,,. est,
otro
a.ri ,;'tambUn ,viá,nt, qa, el ,ntendi•
medio de un a,nbtdo remoto),
.1: ... ·-•ament, 'Y ,l pod,r
l podn d, conocer GN•""
miento '1 la r~6.n~ esto es, , . u " f,uultades diferentes. .Ambas conde hace, rae10cimos, no constít y, nd •
mos mediatamenú razosisttn en el poder de juzgar; p,ro, cua o puga
. f,nmos
. )"·'º
namos (in
.

°''!""'º'

. .
tributos de las cosas por medio de juicios pre·
Este proceso de exhibir los a
de toda deflDl'.ción se dan muchos
. . . d la
''Antes
'
cede a la definiaón e ~a)canzar la definición, uno se reprede estos Uuicios], en la medida que, para
. ediatamente se reconoce
todO lo que de una vez e mm
trib
senta como a utos
, • • •
raciocinio aunque en la Jnvesla cosa" .11 Kant entiende aqw J~CIOI y no
def'. • '6 Sin embar~ .
también el úlumo precede ª la
1D1C1 n.
hg~n parece que .
de
. dos juicios analíticos. Muestran el
ambos son postenormente nomina
. . . tural de la
go,
,.
l del pensamiento, frente al smtéuco moa
~ter ~u;;° natu: ui el mismo proceso, del que veinte años d~~
16gica antigua. v_em aq
tal ...05 buscamos alcanzar la deflDldirá que "por medio de a l ~ de es Jllllªmenos y probablemente ambos
oi' n El pnmero por o
,
ci6n de los concept •
~ en La falsa sutileza, son, por conpasos del pensamiento, tal como se L6 .
llama exposición. Dado que
siguiente, idénticos con lo que en ~ degi~:t, en esta temprana fecha, por
.
'bl saber qué es lo que entien
·
es unposi e
d . .ón 00 tenemos probablemente JUSaná}isis y qué ~tamente
la descripción y el segundo
tificación para dear que el pruner ~
darse argumentos en favor de esta
en la exposición, aunque, tal vez, pudieran

J&gt;?r escni:~ en

interpretación. la obra de Kant establece el hecho de que el juicio ~ En todo caso,
esclarecim'ento aun cuando Kant rrusmo
tico forma parte del ~étodo de análisis ~~ un poco más el concepto,
nunca saca esta conclusión. Cadaaná1:.:. ha llevado a tal punto la clarifica~!-- •--nte todos los
~
n
• ·,
hasta que ~
ed ser formulado ya como defimcion.
.
mo para que pu a
c16n del concepto co
.
la Analítica Met6dica. Es como
Cada juicio ~tico _constituye un ~ee:ciarecimiento. Lleva adelante el
si fuera una diferenc1al en el proceso}
di entre la identidad implícita y
do infinitesima que me a
proceso en ese ~
redicad La Analítica del Juicio muestra en pe0·
explícita del su1eto Y el P

queño, ºmicrológicamente",H lo que la Analltica Met6dica muestra de modo
amplio, ''macrológicamente": la transición de la experiencia de una cosa a su
definü:i6n, pasando por su concepto.

IV
Así, al insertar la Analítica del Juicio en la Analítica del Método, encontramos la relación característica entre el juicio analítico y la experiencia, por
una parte, y entre este mismo y la definición. En la primera relación -la
de abstracción-, encontramos que el acto mismo de abstraer se lleva a cabo
por medio de juicios, de rodear, por así decirlo, o encerrar, la cosa mediante
juicios. "Kant parece decir. . . que el acto de abstracción o análisis por el
que formamos un concepto es un juicio, y si concebir es esencialmente pensar
en abstracción lo que es común a una pluralidad de instancias posibles, .su
aseveración parece ser verdadera". 70 Puede decirse que la identificación del
pensar con el juzgar constituye el descubrimiento fundamental que capacitó
a Kant para escribir la C,Etica de la Razón Pura y resolver el "secreto de la
metafísica". Como nos dice en los Proltgómenos,1' después de haber descartado las categorías de Aristóteles -en cuanto representan "s6lo una miserable lista de nombres sin explicación ni regla alguna sobre su uso", "una
rapsodia que procede sin ningún principio",7 1- "a fin de descubrir tal principio busqué un acto del entendimiento, que comprehendiera todo el resto y se
distinguiera s6lo por varias modificaciones o frases, el reducir la multiplicidad de representaciones a la unidad del pensamiento en general. Encontré
que este acto del entendimiento consiste en el juicio". Esto ocurrió en 1762,
veinte años antes de la publicación de la Crítica. En la Critica se repite y
esclarece el principio. "Podemos reducir todos los actos del entendimiento a
juicios, y el entendimiento puede representarse, por tanto, como la facultad
de juzgar. Pues, como se estableció más arriba, el entendimiento es una facultad del pensamiento. Pensamiento es conocimiento por medio de conceptos.
Pero los conceptos son predicados de juicios posibles, relacionados con alguna
representación de un objeto todavía no determinado". 78
" Logik, Introducción. scc. VI in fme.

" L4 /alsa ndilmi • · • loe. "'·

Entwicklvrtgsg11•
-'g 270· KvNo F11c11aa, lmma111ul ~ant:
n Vaihinger, o,. •• r ·
' .
lt. l860· págs. 160 11gs.
eltilelt, •u Syslnn tl,r kritiscltn Plttloso, i,,
'
n 11,i~-: pág. 65. eil

º'·

PATON,
eit., pq. 250.
" Parr. 39.
" Con "rapsodia" Kant da a entender una mera acumulación de material cognoscitivo, ain plan ni siJtema, sin gozar de los beneficios de una Ar,ltit,kloniJ:.
n A 69.
11

" Prol,¡om,na, parr. 2, aec. 3.

121
120

�Asi para decirlo con Paton, "la objeción obvia. . . de que el acto de concebir 'es un acto düerente del acto de juzgar se refuta ... co~ aseverar que
es como predicados de posibles juicios que l~. conceptos se _relaciona~ c~n alguna idea (en último término, con una intu1c16n de un objeto todav1a indeterminada). Afirma, por supuesto, que un concepto es un ,concepto sólo p~rquc
contienr. bajo él otras ideas (intuiciones, en últim~ t~ino), por m_edio de
las que puede relacionarse con los objetos. Esto implica que hay solo co~cepto en cuanto predicado de un juicio posible" _.u . P~cs, como hen~o.s. \'lS·
to todos los conceptos son atributo , y todo conocnrucnto es conocnrucnto
d~ cosas mediante atributos. El concepto de una cosa es, pues, el concepto
de todos los otros conceptos que, como predicados, se refieren a esa cosa.
El concepto ''metal" por ejemplo, se refiere a una cosa si comprehende todos
.
los otros predicados 'por los que tal cosa es ~noc1da,
v.~·•. "_cuerp~" , " ~o" ,
etc. de tal modo que el concepto es el predicado de un 1u1c10 poSible: Una
X q' ue conozco a través de los predicados que juntos constituyen el concepto
'
'metal',
lo pienso a través de los conceptos 'cuerpo,' ' pesado,' etc. " 8° Kant
.
sienta la tesis de un modo más simple, haciendo uso del concepto predicado
·
" me tal" .
"cuerpo", mis bien que del concepto sujeto

"El concepto de cuerpo significa algo, por ejemplo 'metal', que puede
conocr.rse por medio de ese concepto. Es, por consiguiente, un concepto
sólo en uirtud de que comprehende otras representaciones, med_iante las
que puede relacionarse con los objetos. Es, por ende~ el predicado un
,
l
p , ,, s1
juicio posible, v.gr.: todo meta es un cuer o .
Decir que }os conceptos son predicados de juicios posibles ~cerca ~e una
cosa todavía no determinada, puede significar, pues, que el obJeto. esta e~t~ramente indeterminado. Pero, también puede ignific.ar que el objeto, originalmente dctcnninado debe determinarse todavía más. Supóngase que el
primer juicio determinante relaciona los concep_tos " cuerpo" Y ". me tal": I nd.atamente se evoca la serie entera de predicados que constituyen Juntos
IDCI
'dd'"
la cosa que es un cuerpo metálico, y se hacen posibles una multltu e JUICIOS
subsecuentes que determinan la cosa con mayor detalle .. ~ste proceso s6lo
se detiene con Ja determinación completa del concepto ongmal, esto es, con
· ·'
As'1, en la detenninaci6n original del objeto completamente
su def .m1c1on.
indeterminado, tenemos la posibilidad de juicios que versen sobre todo, esto
"

•
si

122

op. cit., pág. 251.
cr. PATOS, ibid., Nota.
A 69.

PATON,

es, sobre todo lo que escojamos para hablar de él ~ para hacerlo objeto de
nuestro pensamiento. Seleccionam('S este objeto de la matriz de la experiencia•. Esta de~nninació~ original de una cosa, en cuanto objeto de un juicio
po51ble, co~t1tuye el pnmer paso en la dirección que lleva de la experiencia
a1 pensamiento. Es el origen del esclarecimiento o su origt'nal a saber la
"clan'dad" •82 El segundo paso consiste en la selección de predicados en ' un
conjunto
de juicios
y sin ninguna regla; la "descripción" kantiana.
desde
•
• •
•
1
su pnncipio mismo, pensar es juzgar; ''decir que los conceptos son esencialmente predicados de juicios posibles, equivale a decir que concebir es realmente, juzgar".83 La posterior evocación de juicios adiciona/es que determi~an más toda~ía. la ~sa y le agregan todos us otros predicados 1 y, al mismo
tiempo, la ~ehm1tac10n de la totalidad de predicados por la regla del concepto, constituye el tercer paso -la exposición-, que eventualmente conduce al cuarto Y último pasoi a la definición. La definición es la destilación de
los predicados esenciales de la cosa a partir del "material en bnito" de los
juicios que pueden hacerse sobre ella. Es el resultado final del proceso que
~o~~uce, a partir ~e. 1~ selección de la cosa, en cuanto sujeto de posibles
JWC10s hasta Ja def101c16n, pasando por la desc1ipción y la exposición. Debemos ahora e."aminar con más detalle este proceso.

&amp;í

~a definición es el resultado de un número de juicios, cuyos predicados son
p_nmero, pensa_dos vagamente en el concepto de una cosa y que se van explicitando a ~~dida q~e el_ proceso de ju1..gar avanza. Estos juicios pueden llamarse anal1acos o smtéucos sólo cuando el concepto de la cosa esté lo bastante determinado como para decir que contiene o no estos predicados. Los
primeros juicios -descriptivos-, por tanto, no pueden llamar.;e ni analíticos
ni sintéticos, en el sentido conceptual, porque todavía no tenemos un concepto lo bastante determinado. Pero tan pronto como se acumula mediante
la descripción el suficiente "material en bruto" -para decirlo una vez más
con ~os. términos kantianos- para determinar el concepto, la función del entend1m1ento puede comenzar y poner orden en la conjunción indiscriminada
de predicados. A partir de este punto, todo juicio incluido dentro d este
orden con un predic~do que también esté incluido en él, esto es un predicado que esté contemdo en el concepto ordenante, es un juicio analítico
t~~o juicio no incluido a.sí es un juicio sintético. Los juicios analíticos y ~~
teticos, pues, son fases de uno y el mismo proceso, a saber, el esclarecimiento
de ~n concepto em~íricamcnte dado. Estos juicios son determinaciones progresivas de las propiedades de la cosa; primero, prcconceptualmente, de las
'" Cf. M.-.ac-WooAu, op. cit., pág. 148. Cf. más arriba noia 7.
a PATON, op cit., pág. 251.

123

�~~.-elproce.,de---,
apoaici6n, pao fumon ~ ~
mntmdas en el concepto exlim&amp;icas en el m,el de la definiei6n. ---definido.-.. Una coaa, pues, sube
plicado, pero ao lo est'8 ya en ~ ~asl decirlo, como un globo, anodel nivel empíricc, al de la defiairi6n, ~
6ltimo término -en 1a
:..-,1...
la borda el lastre de lol predicadoa, en
r-- por
• tEticol.
dáhrici'-- bmec:elllrioa, esto es, •sm ..!...!.J-.J IOD relatma a b niveles de la
analitiddad y la ~
Ali, pues, la
• • el 6mero miuimo de predicadOI es ana•
Anal1tiea. &amp;u el ni~ ~ la
~ el nivel expositivo o conceptual
Htico y el m4:xirno lintétioo. La

"/: el d111:ripli. J o empiria, es timiJar a Ja que media ean el Diwil ele la de&amp;aia6a '/ el «icpoliafto. Lo que 110 • ~erheate analftico • CGaclptual,.
mente ~ esto er. ll8pÚb,. Ptn lo que es anphic:o puede Dimane
"analkico" C1011 -,ecto a l a ~ "anal&amp;ico 4 ,o,urio,í11• La delcripc:;i6n es Ja CIOll,iuJ,lci6a, aáa no ~ , "lia nglai', de 1M awtichtdea
de la coaa DN!l'ameDte pen:ibida, peso todavfa no ~
11 Coa todo,
atas cualidades forman parte e la expe,iesk:ia de Ja CON, en el senddo JDe.
ramente empfrico y DO en el sentido ~ de la Crfáe.. y, por ende, DO
caneen por &amp;omJJno d, '"11gUU regla. PI.B en tal CUO DO fonnañan parte
de la aperlencia tk '"" cose. Más bien. JJl"Lamos J1amarJas empmcameate
analftic:u; anallticu en el tenticlo descriptivo. La expaiencia misma, m
cuanto aperienc:ia de esta COia, sirve CC11110 regla de la descripci6n. La fS•
poaiei6n ligue a a eo,u1JN;ióa de la coaa, e impone una ngla a Ju cualidades dacriptivas, que convierte qunas de eJlu en anaHticu ~
-,• todas aquellll, a llber, que caen bajo la regla, y convierte otras en sint&amp;ic:u. Lu prilllfl'U esth ahora "coatenidu", como en un molde, en el
concepto, que Jaa ...a:iene juntu, que Ju "concibe" literalmente babJando.
Laa que caen fuera de la ftg)a u /aae,,a CODCephaahnente lintétieu o ,,,,_.
U&amp;ffl emphkank:Dte analiticaa.
En cuanto re pn&gt;ligue el proceao de esclarecimiento en el nivel expositivo
ae establece uaa relaci6n caracteristica entre Jos juicioa analiticos y ~ :
1l númno d, p,id/,s anol#ieos 11'4 na p,oi,o,ciót, co,a la igno,aneia ü la &amp;ose
'Y ,l núnuro ,u juieios simlticos 1stá n Jlropo,eión, con el conoci,nü,a,o u
la cose. Pues el procao de esclarecimiento, que 1e ha iniciado c:on la IU!Cci6n del contenido original del concepto, continúa ahora c:on el refimrniento
y la aelecci6n de los p,edicados que lerán finalmente usad01 en la de6nici6n.
Mientras DIÚ temprano le (M UD juicio en eJ proceso más Yago lerá el concepto de III sujeto y mú predicados c:ontendrá este concepto. Por tanto;
el mayor número ,POlible de ,iuiciOI aon anallticos y el menor sin~ En
tanto que mientras mú tarde ae ~ un juicio en el proc:ao 1e hará más definido el concepto y contendrá menos predicados. Por tanto, el menor número
posible de juicios son anallticos y el mayor sintiticoa. ~ en el nivel expositivo, tan pronto como se iDic:ia el procero de eeclarecimiento, el n6men, de
juicb ~ está en propon:ión din,cta con el conocimiento del coac:epto, justo como el número de juicioa aoalhicoa está en proporci6n directa c:on

peadol" es • ~ una wz que .e coaoce
• Por esta ra6n, v. gr., "b cuerpol IODateDIL Huta este punto, "1ol Cuerp0I IOD
la defioiri6a de "cuerpo" en cuanto CIDlaanalltica, liendo "peadol" un .preclicado expelldal" puede bien ~ . como • defimdo de "cuerpo" para decidir que la
poaitho.
pao no la pmda.
cr:: "6o11
a un

• La frontera entre la percepc:icSn y la concepci6o es dificil de trazar. Un ejemplo
dpico de cleacripci6n es de 1m camentaritta ndiof6nico, clipmoa, de un juep de
foot6al. Aquf tenemos experieada en támino. del juicio, CUJOI predicad01 estú todoe
"can:eaiclos" ea la experiencia.
• a. MAac-WOOAu, .,. ril., pAp. 149 lip.

.._•,.,... . . . ajea, c1e un: mn- ' • • • ,e•ac •ta~. aebaamMMido;_...ilJlonlm.,...
ÍliptO 'f: deiipMi, euliMh b juicic,Imentol da la ~ 10D ~
__. iatfí• .,._ ellal, e n ~
.__,a,¡ de" la CCJM real, .tllO
•
propaiVIII, 110 de Jat eu8
ta1e1, 1011 O anaJl..
aaam -....:..-.a.. 'Clldmm de A «IDlllpto, y, • auantO ~ ae infie.
de i. a-vr.
· · · eoaeeptuahnenlis -IIIIIYIUQllt--~
daos•,....._..~ .partir de ~ ckla iU6a; Pinalmente, a trav&amp;
rm lllbleíc,_..JIIIDOI gradll, .
definici6n dlinito por x-t, son
del cu6dnaple plOC8ID de prc,clucdáí de la - - - - de modo dktinto
ºdt . . predicadoa • - que - puede pemalle - - - y t,uitaa
_, es, el mfohno conjuato de pzeclc:adolLa
61tima
muchos me--.--,
•
1a definici6q.
•
• 1
ti cai,epto, Bstm ~ L
l . - muchol mis predicadoa llff 0S
1M!I predicadoa que Ja exposaa,m, en Jaque - 1
en este nivel t&amp;1o es a6n
qua DO puede pema!le la ClOIIII, timplemente
~ lignifica precisamente
. . . . . . conocida. La
indefinido~ mientras que el c:om°" n6mero de pmBcadas ~. .~ definido, de predicados. De

1:'

~

~

r"lim~

cWiniciml

c:hniento definido ~ - \BI 11el nivel de la
es difaente -~ aniaqm • sigue que el ~ en o ,iedada que en un nivel expositivo IOD
lilia en un ami apoutiw. i.. P~
hacen, en el nwel de Ja
.......t.- wntmidas en el conceptO, se
el nivel
anallticas, porque calilll
.
.
id.as en la drfiaici6n. En
de6nid6n, ..,....,; ~ no esda wntea
dimriou,e basta el mlaPno; la cte.
ele la c1eñnici6n el coate11iclo ,w
,,¡ tulMquatus ;. minimis ,.,_
finici6n -com&amp; teCClldamol ~
1Jluchos predicadoa de 1a
• · Por ende, eDtM la apos,c,6a Y - - - la cea es cono....,.
de hecho- se dejan caer. Una va que
. v...:.....
cma -Ja mayada,
clefinicla y se ha detmoinado su esencia ~
cida por de6nici6n, esto es, ~ ,
acas en el nwel c:onceptual de 1a
- - : - 1• .1.. IIObrantea, que eran anaH
_,__:-:-.... se hacen

cx::'°

::Cm6n
_.i:

defi::.

mea;;.-:,::::~"~",

124

125

�cuando le define el concepto, le
• del concepto. Ymahnente,
•
• ~ticos así como
la ~ . de predicados aue)iticxw y el mb,mo de 11D
alean~ el m n~mo
. el máximo de eonnclrnieuto.
el mtmrno de ,gnoraDQ&amp; y
• téti no es lo mismo que lo que
Pero ~ que en ~ nivel co=n~;: el :wl de la ~ 6 n , todo
es sintético en el nivel de la
. ..
• úA!
y esto significa todo lo
·c1o
la defm,ción es smu::uco,
• '6n
que no está coutem en
ha .do admitido en la defima ,
que ha estado contenido en
en ~ concepto. Pues us~te
que es casi todo lo que ha
.
1 definición. Lo que es smtébeo,
s6lo se admite un par de ~ ~ ~ lo que es analítico en el nivel
••
Pues
el . l de la definición es cas,
pues, en mve
• tético en el nivel exp011t1vo.
·uw. Pero también
todo lo que es sm
le
la pnm·era con•
expou
. admitido en el concepto, no curnp con
eso, no habiendo s,do
d.J:_: '6 Con todo, lo que es .sintético en•el
admitido en la cuwCl n.
dici6n para ser
.
"analítico" en el nivel desc.np..
lo - - - que lo qu, es
ba'
nivel exposttM&gt; no es_ ~
.
es sólo lo que no cae JO
.:...... Pues lo que es mntético en el mvel ~ .
la descripa'ón.
,n...
.
mold
r asi decir IDlpreso en
•

eso

===te!::

la regla del concepto, baJO ~
e'0ue tamb~ descriptivamente anaü~co
Sin embargo, lo que cae baJO la regp ,.,...itianii-nte toda cualidad empirica
la regla. or - - - - o - '
antes de que le aplicara
. .
. tomar en cuenta si se hace o no anaes analítica en el nivel descriptivo, sm

=:u

lítica una vez que se aplica el concepto. . .vamente analítico, o empirico,
Puede parecer ahora que lo q~e.
sintético, con exccpci6n de los
es lo mismo que lo que es defimao
la misma excepción- ser
def. •cionales · pues parece -con
nnNlll predicados
m,
'
•
• ~.t.tico Pero no es el caso, una
,,--conceptualmente es analíuco o smu:: .
'
--lir~dos
todo lo que
•ció
la definición se han creado I'' vez más. Porque, entre ~ expos1_ n y . de n,dicados conceptuales, y éstos
adici.onales, mediante la inferenaa ª part,r . .p
percib' das. por ende
1
las cualidades origina]mente
'
'
00 han formado parte de
,.
• • te, lo que es definicional.
u'vamente
anallucos.
Por
comigwen
no son descnp
iri
mente sintético es más que lo que es
analíticos y sintéticos dcfidistin · entre los l''"'"""ªuua
Debemos, pues,
. gwr
tualmente analíticos y sintéticos y los prenicionalmente, los predicados ~~p
,.
Los primeros son los que
.
. tivamente analíucos o empmcos.
e
dicados dcscnp •
la definición de su sujeto, los segundos los qu
están O no contemdos en
'ción de su sujeto y los terceros
están o no contenidos en el
~~:scnpci6n de la cosa ~'biela.
son todos los que están contem_cad
, ·cos· pues la percepción Siempre
Hay una infinidad de tales predi os empm H' una infinidad de predicaede descubrir más cualidades en una ~ ay inf' .dad de cualidades
pu
. • .
a parur de una im
dos conceptualmente Sllltébcos, pues, . . aun ue rimero indefinido, para
píricas, se selecciona un número ÍIDlto,
q p la substracci6n de un
formar parte del contenido de un concepto, Y

~il'C:-

co~::oe:

:Ur1o
126

número finito de un infinito no cambia su infinitud. Hay, pues, mucbi~
indefmidamente muchos -pero no infinitamente mucho&amp;- predicados aalllicos en el nivel expositivo. Este carácter indefinido mediante la regla del
concepto, 1e va progresivamente reduciendo hasta que prácticamente, aunque
no estricta o lógicamente hablando, se agota el concepto. En este Jentido,
el concepto "agrupa" ciertas propiedades comunes de lo múltiple de la percepción, aun cuando quede rodeado por 1U1 halo de vaguedad. in embargo,
Kant no pretende negarle a la exposición el honorable título de definición.
Hay muy pocos predicados definicioualmente analíticos -sólo los contenidos
en el d1/irriens- y una infmidad de predicados def"micionalmente sin~ticos;
más, por supuesto, que los predicados empíricos que hay. Asf, el número de
predicados "analíticos" disminuye desde la infmitud en la analiticidad desaiptiva hasta la finitud definida en la analiticidad defmicionaJ, pasando
por la finitud indefmida en la analiticidad expositiva. En la dcfmici6n, para
repetirlo, hay un mínimo de predicados analíticos y un máximo de predicados sintéticos -más, corno hemos visto, que en el nivel empírico. No sólo,
pues una cosa sube del plano de la percepci6n a la estratósfera de la defmici6n, tirando por la borda el lastre de la percepción, sino que también expele el que produce durante la ascensión. Parte de la carga original sirve, por
así decirlo, como combUSb"ble para la caldera de la ra7.6n. Aunque se expcie
como escape en el proceso, le da un empujón adicional al ascenso.
Resumiendo, podemos decir que la Analf tica del Método es la ciencia de
alcanzar definiciones, y la Analítica del Juicio un instrumento de esta ciencia.
La defmici6n es el concepto plenamente diferenciado. No s6lo es definida,
al def"mir los limites del concepto, sino también finita, en cuanto posee un
cierto número mínimo de predicados distintos y discretos, y final, al constituir
el producto último del proceso analítico. Este proceso es un proceso selectivo: primero se selecciona el sujeto, luego un conjunto de juicios analíticos
de entre una infinidad de juicios empíricos y finalmente un conjunto mínimo de juicios analíticos del conjunto máximo origina) de dichos juicios."
Los juicios analíticos son los medios de "aproximarse a la definición del concepto" y de esclarecer, por ende, el pensamiento. Pero son también, por detenninar originalmente el concepto de una cosa empírica, la condición del
pensamiento abstractivo en general. Pensar, en este sentido, es juzgar.
Aunque este principio constituye el punto de partida para la soluci6n kantiana del problema -la relación entre la cosa y su reprcsentaci6n-, no lo
resolvi6 con los términos de su lógica, sino en términos de epistemología,
" En esta formulaci6n, nuestro resultado es independiente de la intttpretaci6n de

loa juicloa empiricoc en cuanto "analítico, " 1osuriori".

127

�..

-~-,

•
- ~ -• deluca..___...:...-..1_._1 de ,_
_.. JUICIOI
el - .
mediante la traducci6n U111m1111;11uu 1a conm6n ~ el llljetO Y ria
---.c.. en esquemas. T ~ ~ la mente humana, mú bien que
..-.. -=-~,....._.,a
·..:-anacticado, de loa jWCICII
~ r-- ~ dr cfimrinuir las propaawuanalb616gic:amente, por medio del pr L---'- hubiera debido concentrane en
~-....:to• A fin
de ua1i:a,
• •
~-L!~- la
lticas que bemOl ggua
•
en la del JWC10;
uculUU • • del M&amp;odo mú bien que
• teticidad, en dependenla
. distinci6n entre la analiticidacl y la 11D •
t:nmicl6o de la
relatividad de la
ubiera tenido que deaibir la
• del nivel del anála,11 Y h
_:._1- No 1o him por babme
caa
.
en táminol de atm • fuDci6n de la
o1 pnmlema de
hoy como
lna:mNIUU por
método analltico ha
naturalea de lo
,_,._
Por - de mvemg&amp;CL
·- iD6til
' tia de
clmamlllar,
' la • • oculta.
un instrumento
wegorw
eata mvestipci6n mgue
analtico y lo aintético en cuanto

~

~!"'""":::,..
~~

INTR.ODUCCION A LA POLITICA ARISTOnLJCA

':f,_ ;::m....:..~

Dr. ANTomo G611zz RoBLBDo
Embajador de M&amp;ico en BruiJ
en Jo posible, la fibof(a de las cosas humanas"
dice Aristóteles, al final de la ttica, que se propone luego escribir, como en
efecio Jo hizo, los discunos que agrupados en los ocho libros que nos lcg6
la tradición, conocemos hoy con eJ nombre de Polltica.
Desde entonces, y siguiendo e) camino abierto por quien, más que otro
hombre alguno, ha señoreado e) pensamiento occidental, toda teoría de la
conducta humana suele rematar en una teoría del Estado. EJ por qué de
esta necesaria prolongación es patente de suyo, habida cuenta simplemente
de la naturaleza socia) del hombre, pero la vinculaci6n entre ttica y Polltica
era para un griego algo mucho más íntimo de Jo que lo es hoy para nosotros; algo que prácticamente rayaba en la identidad. De no ser así ¿cómo
se explicarla el que Aristóteles nos diga -y esta vez no en e) fin, sino en e)
principio de Ja ttica- que la investigación de la conducta humana en general es de la competencia de la ciencia política, "más que todas arqui"PARA

LLBYAll A su TÉRMINO,

tectónica"?

Por qué era todo esto as1 para un griego, y por qu~ no Jo es ya para
nosotros, es Jo primero de que debemos cobrar conciencia en una introducción destinada no por cierto a suplir Ja lectura del texto mismo, pero si a
iluminar ciertoa supuestos suyos, hut6ricos y filos6fiCXJS, en que no se repara
habitualmente, y cuya mostración contribuirá, por ello mismo, a la mejor
inteligencia del texto original.

.
Cf· MAac-WOOA'U,
" Vio esto ocuionalmente.

º'·

tdl., plg. 150.

128
129

�.

EL

BOIDU y LA CIUDAI&gt;

m

tomar

'niez.
litefalrnente, sin cortes m•,..1-,,,.
~ m
.
Puea lo pnmero de todo
.
la consabida de6aici611 que en estos li•
da de lo moclemo con lo anuguo, •
es el viviente, o más precisabroa da ~ del
dada con fJtricto apego ª
mente aún, el animal
co.
..,.,,1.. •
diferencia específica, Y hay
b c:.6nones de la l6gic:a, por gáJero yavXUDO y

:::re,:~J:d6n

que tomarla tal cual
. •
.entes términos con ~ ex•
~---'- IOCÍal
A •..:.-...t..._,_ DO le faltaban en su idioma sufici
lVIII~
•
•
temeate la 11&amp;\w-..presar la tOciabilidad en ~ ~ ~ tenido ea mente apenas
del homb~ sin ~terior ~ruxión, más de una vez, en otras obras myas,
-__., De eaos t&amp;minol
hechoque tienen tamb'•~
"- al igual que el
• se mve
• de· naJea
al tratar de los animales ~
• Pero lo privativo del hombre DO
hombre, una ~ ~ 0 ~ la convivencia con sus semejantes
es el aPJHritus socutatu, aa IUl más,
L=-tóricamente condicionada e
de
.aci6n tan concreta, tan •1111
• •
en. esa forma
-,a
. la Ciudad antigua. El hombre es el \IMellte
irreversible, que fue la Polis,
•
ella pertenece; ni más ni
aensitivo, el animal que vive en la audad y a

menos.

deberán considerarse como
•
ser entonces que no
•
. da
La consecuenaa ~
rnbnoslos así- que no viven esta vida ou •
hombres las antropoides -Da . de retroceder ante esta conclusi6n. Su otra
daoa. y Arist6teles está muy leJOS
•
dios para poder estar
,
.da de
hay que ser una bestia o un
frase tan conoa
que
la también al pie de la letra. y n6teae
fuera de la ciudad hay que tomar de sociabilidad por lo que ciertas besbien, una vez más, que no es J&gt;?r falta ---=-' del Olimpo están excluidos de
dioses todos, en la vida tan ~
'
tias, y los
las
• clones vigentes entre las unas
la ciudad sino simplemente porque
asooa
_.tivamente les ata•
• wauu-,
..1:-=-•- por los caracteres
que · -r-y los otros' aon biea
la 'udad. forma de vida en
·
ñen, de esta forma de vi"da tan única que es• a
lo primero, ex•
·
tanto la razón como la coacci6n, y que, por
·
al
que
. •
lo segundo, a los que IOD supenores
cluyemtemenen
a 101 entes infenores, Y por

hombre.

. ·-----la dificultad no ha hecho SIDO
..,. _..., más
Con todo esto, un embarg ',..:
b'en evidente para il mismo, de que
· te. Ante el dato emp111co, 1
.. -:..1_..1_
aprenuan
G • estaban agrupados en COJDUWWIUQ
todos las demás pueblos fuera de recaa,
di Aristóteles nedistintas de la ciudad helénic:a, ¿c6mo era posibdle qlasue ~udaerades mismas había
, Más ún, y dentro e au
'
garles la condición humana.
ª .
''partes" de la ciudad -una
numeroeos "elementos'' que nob'
la Política- como eran los
y otra cosa se contraponen ien
•

O

era:~:

130

1ibriep y jornaleros aaa1ariac1oe, b metecoa y pm:iecos, etc., para no hablar de b esclavos. Pues si DO formaban parte de la ciudad ¿ qui claae de
IIOn,hra eran, ai el hombre es por esencia el nriembn, de la ciudad, el animal político? La apoda tiene fkil salida, pero a condición de tomarse Ja
molestia de recurrir a uno o doa Jugares, harto exploradOI por lo demás, de
.. metafísica aristotBica.
En una fibofla tan por entero dominada por el acto y la finalidad, la
eléíM:ia de cada cosa se toma no tanto por su principio como por su fin;
no por su origen, sino por su acabamiento; DO por aquello de que es capaz,
sino por Ja capacidad cumplida. Si la sierra no corta, no será sierra, asf la
haya hecho el mejor artffice del mejor material y le baya dado la fonna má
IOl'pl'eD.dente. Por esto aon, en Ariat6teles, tbminos equivalentes estos de
eaeacia, naturaJeza y entelequia, porque las cosas aon lo que son cuando han
llegado a su fin, cuando están en poeesi6n de ll, que es cabalmente lo que
quiere decir entelequia. Desde f.Sta peupa,1iva, el hombre DO es un proyecto,
lino una realización. La existencia humana, en otras palabras, es plena y
consumada existencia, en todas las direcciones, ontológicas y axiol6gicas, a que
está abierta.
Ahora bien, es sólo en la aociedad polftica (en la ciudad antigua o en el
r.tado moderno) donde puede el hombre desarrollar plenamente todas sus
wtualidades; el medio insustituible donde pueden tener actualidad todas las
virtudes, asl intelectuales como morales, que tan prolijamente nos han sido
cfacritas en la ttica. La sociedad familiar DO basta ni para la tutela eficaz del
derecho, ni para la promoci6n de la cultura en todos sus aspectos.
A esta necesidad de una IOCiedad más amplia que la familiar no escapa
ni la misma actividad teorética, por inmanente y solitario que pueda ser
su acto final. Los estoicos podrán haber pensado de otro modo; pero para
Platón y Aristóteles la fiboffa es fruto de la dial~tica, y &amp;ta es diálogo
por defmici6n. Como Jo he dicho en otro lugar, y por exclusivo que pueda
• su círculo, el filósofo no es un anacoreta, sino un cenobita, seg6n la vida
que lleva y la concepción que de B se tiene en la qx,ca clásica de la fi.

boffa.

Por todo esto, en suma, entra el Estado como ingrediente esencial de la
constitución humana. Por esto tambi&amp;, puede Aristóteles definir aJ hombre ya como el animal polftico, ya como el "animal dotado de ru6n" (logos),
porque la raz6n no se actuaJiza plenamente, ni como raz6n práctica ni como
ra6n teórica, sino en la sociedad política. Una razón es potencia tiene más
de DO ente que de ente, si es verdad, con arreglo a esta filosoffa, que el ser
sin ulterior califjcación es el ser en acto: "Em simpliciter dictum significat

actu ese".

131

�EL

PROBLEMA DE LA ESCLAVITUD

Paucis humanum uiuit genus: esta sentencia cruel, pero desgraciadamente cierta
en el acontecer histórico, es aplicable especialmente a la ciudad antigua.
Pocos, muy pocos, son los que de ella forman parte en sentido estricto; apenas los que pueden llevar una de las dos únicas vidas verdaderamente valiosas ( y tanto mejor si entrambas), que son la vida política, de participación
activa en los negocios de la ciudad, y 1a vida filosófica. De la segunda no
hay que decir que recláma el más completo ocio, en el sentido, por supuesto,
que los antiguos dieron a este término: ocio y no ociosidad, vida intensa
del espíritu. Pero la vida política misma, distribuida en un número incontable de magistraturas, absorbe por entero la jornada del ciudadano, y no
puede llevarla, por ende, quien ha de trabajar en un oficio cualquiera para
ganarse el pan. Otros, pues, deben trabajar para el ciudadano, desde los
que conservan su libertad y tienen en muchas ciudades una ciudadanía restringida (campesinos y obreros en general) hasta los que son, jurídkamente
hablando, simples cosas. "Servile caput mullum ius habet", como dirá después el derecho romano.
Esta cuestión de la esclaYitud es aquí naturalmente la piedra de escándalo;
y al abordarla viene muy a cuento, como pocas veces, la consabida sentencia
de Spinoza: "Neque lugere neque irasci, sed intelligere".
Decir que Aristóteles defendió 1a institución servil porque la encontró como
tal, como una institución vigente en su época, no es dar ninguna razón, ni
siquiera justificar a Aristóteles (que es lo que menos hace al caso), porque
justamente lo propio del filósofo y del educador es adelantarse a su época y
censurar sus vicios. También era en Grecia el homosexualismo una práctica
común y corriente, lo que no obsta para que Aristóteles lo condene con toda
energía.
La explicación está para mí (y siento mucho si lo que voy a decir no
suena bien a ciertos oídos) en que la igualdad entre todos los hombres, por
más que sea un dato natural en cuanto que se sustenta en la pura naturaleza humana, no lo es en el sentido de su patencia o mostración inmediata.
Si lo fuera no se explicaría ni el error de Aristóteles, ni el mismo en que
todavía inc~rría, tantos siglos después, su ilustre traductor latino, Juan Ginés
de Sepúlveda, mucho menos excusable por cierto.
Trátase, a lo que siempre he creído, de una de esas verdades de suyo naturales, pero que no hemos logrado intuir plenamente sin el concurso de
la Revelación; a tal punto es nuestra inteligencia ante la verdad como lo
es, en la insuperable comparación de Aristóteles, el ojo de la lechuza ante la

132

luz. del sol. Sólo ~ando se sabe por una parte que Dios creó al hombre a
~u _llllagen Y seme1anza, Y por la otra que Cristo derramó su sangre por el
ultuno de los hombres, sólo entonces el hombre en general es cosa sagrada
para el ho~re: horno res sacra lwmini. Lo que pasa luego es que con el
correr del ltemp~ estas verdades, de tan innegable fundamento religioso, acaba~ por se~ulanzarse, y se ve entonces como e,·idente lo que en realidad
eS ta muy Je3os de serlo. Y esta conquista de la mente humana ha sido en este
caso_ tan lenta, tan desesperantemente lenta, que la desaparición de la esclavitud ~ .cosa, corno quien dice, de ayer: todavía en 1885 había esclavos
en el Brasil.

~i hay hombres que han nacido para mandar -viene a decir, en suma,
Anstót:les- Y otros a s~ vez que han nacido para obedecer, por no ser
aptos smo para los trabaJos corporales, lo mejor para unos y otros será regular lega~ente esta situación. Pero en lo que hay que hacer énfasis es en
~ue este titulo ~1. m~do llamado despótico, el que tiene el señor sobre el
siervo, p~ede re1vmdicarlo apenas el hombre de consumada virtud (án..twsunovoa,o_s-) Y no otro alguno. Lo que de todo esto resuJta en conclusión
es q~~ Anstóteles, si bien justifica la esclavitud, subordina s~ licitud a tale~
reqwsitos, que en la práctica será bien difícil llenarlos.
. An~logas consideraciones podrían hacerse en lo tocante a la evidente desestnnac1ón que del trabajo corporal hay en estos filo'sofos s·
•
.
.
1 para nosotros
tJ..eDe h~y un subido valor, es por haberlo practicado Cristo y la familia de
que
fo_~r parte, o también por ser el trabajo, desde la expulsión del
Parais~, expiac_1on del pecado; pero de atenernos al puro dato natural, una
v~z _mas, es evidente que en nada contribuye el trabajo manual al ennoblecmuento del espíritu, antes lo envilece cuando es excesivo.

:wso

En lo que, en cambio, es imposible dar la razón a Aristóteles aun dentro de una cosmovisión acristiana y acreacionista, es en la condición jurídica
del esclav~ como artículo de propiedad. Que un hombre deba estar bajo la
dependenCJa de otro, y en la hipótesis siempre del gran desnivel intelectual
Y moral entre_ ambos~ es comprensible; pero ya no lo es que se trate como
una cosa a qmen exhibe, con toda evidencia, facultades de autodeterminación
En esto su~umbió Aristóteles a los prejuicios de su tiempo; a la idea de qu~
no era posible ni_ la ec~nomfa, ni menos aún la cultura superior, sino sobre
la base del tra?ªJº serv_1l._ Lo extraño es que en pleno siglo XIX, en la era
d~ ~a. econolllJa maqu1ruzada, pensaran lo mismo los grandes señores de
~1rgm1a y los fazendeiros del Brasil.
La verdad es que estamos frente a un problema no resuelto aún en todos
sus as~~tos; .el problema de cómo será posible vivir íntegramente la vida
del espmtu, sm adocenarse uno mismo, el escritor o el artista, 0 sin explotar

133

�• debla haber lido 1a aóluá6n: contadas horas
el trabajo ajeno. La nw¡uina llltiífédm III necmiclades Y nada más, poder

de trabajo para que una ~ • • te1ectuaL Que el rauitado ha sido todo
vac:ar el resto del ~ al ~ m wrlo. Pu6 ya tal ftZ la Epoca de
lo mntrario, basta ~ los
el capitalista, tan IOIDhda y laceinmisericolde explotaci6n del
• por •
Pero aUll en el supuesto de
rante por lo menos como la eda~
legislaci6n del trabajo
que todo esto baya sido ~ •
~ no han producido sino esa
abundancia de bienes f.COD-IIIIJ
el norte' la mayor
eufemlsticament que CJb1m,amos en

º!::
U:~te

'1
1

11

l

cultura -Uam&amp;nosla ad
• teles habría seguramente provocado
americano medio, y que en Platón ~surgir de nuevo, pero IObre bues huun nuevo caloddo. ~ puedan de humanidad como lo fueron aquéllos,
manas Y cristianas, t1pOI mperiores
.... hemos resuelto ah.
CSCGIII que._

11

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LAS

SOCIBDADBS INTl&amp;IODlA8

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134

1
1

1

=~•

!:e~

de la esclavitud, ha sido con
he extendido un poco en
en el CU&gt; más hiriente, esta
el deliberado P~~to de ~ lector
claro estA) que _nos deja
vivencia de-~lica,
hibridilmoIObre
(para
cuando
la
contrastamos con la &amp;u:a.
todo
la PoUti&amp;a UJlKVl,II;
•
o me.or dicho anticuadas, que baya en esta
Pqr muchas ~ anuguas, deJ
rendente acbaaJidad, de una
última, la impresi6n general es re ~ ~ d o hasta hoy dentro del
_ _ ..u1 .. ~ inmarcesible. El ~
ague tru6 Arist6teles; y cuando alvirtudes dianoiticas y éticas que le
.
cardicuadro
tañan las cuatro virtudes cardinales -tan
gunas fuesen •caducas,
~
la .l.: cristiana- para confumar esta
• totBica como en ,i:;uca
••
naJes en la ética ans
p lima en cambio, alternan intwaones ge1
A _ ; ....u.n. Cuando pesarnos ll la O
•
•
lítica con errores
-.,... • •
tre hasta hoy la aenaa po
niales de cuya explicitaci6n se nu
es éste sin embargo -y afortutremendos como el que acabamos de ver. N~ el que resulta de la mezcla
nadamente- el hibridismo DW frecum~ . de directrices perdurables en
te con lo traJmtono,
•
d
continua de lo permanen
tural5 de la ciudad anllg\la, e
la teoría del Estado con ~ t o s estruc el lector actual llega a ser irriella nada más, y con UD detallaPDO que para
la distribución de
.
los
los que encontramos sobre
. .
tante. PaaaJes y capitu como • .,.. el trazado de las calles, las vanaao•
~-...!L- de los VJeD-,
las aguas, la onen1K1UU
toral (virtuosismo puro, como 1e verá en
'bles de una ley elec
nea reales Y poll
uisiéramos echarlo por la borda.
el texto), todo esto Y algo más q
1...- - En obras como la Política
Lo quisi&amp;aznos, pero DO es bien que lo - e - •

Si

ariRotBica, como en tantas otras, DO el posible ailJar qufmic:amente la pnge
del mineral precioec,, lino que hay que embnc:har todo ello de una va, y
w:ncer mueltamente Ja lfflllri6n de malestar, como ha dicho Julwi Ma..
riu, que deja Ja primera lectura. S6Jo despuá de esta experiencia habrá una
llhniJaclcSa vital del contenido eterno; aparte de que mucbu vece, lo transitorio no sólo enriquece el conocimimto hilt6rico, sino que puede ofrecer
una eme&amp;anza ptnnanente.
.Estas refleziones las considero especia!meate aplicables en el estudio de
las aociedada intermedias que Arist6teles dice existir entre el hombre y el Estado. Por mucho que el hombre Ra el animal poJítico, en eJ sentido que
queda explicado, es también miembro de una serie de eocirdades menores,
aunque coordinadas por el supremo poder político, como lo son la familia,
el linaje, la fratrla, Ja tribu y el municipio. De estas IOCiedades unas subsisten,
otras han desaparecido, y otras a su vez, han aparecido en los tiempoe modernos, como la aaociación profesional o aindical.
El linaje (glnos), Ja fratria y la tribu deaaparecieron al faltarles la bue
religiosa que las sustentaba, como lo ha demostrado admirablemente Fustel
de Coulanges, y que no era otra cosa que el tener en común ciertos dioses
o aemidioaes, antepasados del grupo las más veces. El glnos griego, el más
fuerte de estos grupos, era, en suma, la gnas romana, ténnino que no es más
familiar, por más que ya no podamos traducirlo sino aproximativamente.
La familia y el municipio, en cambio, han superado victoriosamente Ja
prueba del tiempo, porque aJ contrario de aquellos otros grupos, obedecen
ellos a UD instinto y afinidad natural. De la familia salta a la vista; pero del
municipio no es tampoco dificil percibirlo, con sólo que tomemos este tttmino como lo tomamos aquí, no en sentido jurídico o administrativo, lino
para denotar simplemente una comunidad natural más amplia que la familia. Es la comunidad que siente y vive todo aquel que ha tenido la felicidad de nacer y pasar aus primerus años fuera de la capital de su país,
y que puede luego contar, para su vida entera, con UD tesoro intimo de vi.
wncias y valoraciones, con una originalidad espiritual, que no Je habría dado
jamás el convencionalismo y la superficialidad de la urbe. Por algo ha podido Mauriac resumir el secreto de su fuerza creadora en esta simple frase:
"Tengo provincia".
Cualquiera que aea &amp;U número, transitorias unas, otras ¡&gt;ermanenta, estas
IOciédades intermedias entre el individuo y el &amp;tado desempeñan un papel
de primera importancia en la formaci6n espiritual del hombre y en el bienestar general de Ja comunidad polltica, y no es menester que Jo declaremos
más, por acr cosa tan obvia. Pero sí hay algo de que debemos guardamos
aJ leer los rapa.tivos textos aristotélicos, que es el leerlos con anteojos mo135

�.
"do erigir a estas comunidades pardernos, como si Aristóteles hubiera quelnE ad al modo como vemos hoy,
mos frente a st o,
1
ciales en reductos aut6no
. .
familia el sindicato Y e
1
.dental y cnst1ana, a
'
1
los pueblos de cu tura occi
. d la
dad que este desventurado ana,
ás le10s e
ver
municipio. Nada estana m
desvanecerlo de una vez
.
y \·ale la pena detenernos un poco en
crorusmo;

Por toda .
d' ·,la
d. "d d de la n,,rsona hum ana ("lo más perfecto en toda
La eminente 1gm. a
r ~ás)
el derecho que de esta con 1c1on
naturaleza"' como dice S~n.to To .d ' yf
al Estado para ciertos actos
d mimo reserva o rente
,
b",
dimana de tener un • o ·
d
d
t
una ver a na ural , de nuevo aquí tam icn,
individuales o comumtanos, es .
.
de la Revelación. Su funh "d asequible sm e1 recurso
pero que no nos a s1 o
1 d u·no eterno de esta persona; e1
• .
de ser otro que e es
'd
&lt;lamento umco no pue
. h . Dios y en cuyo recom o
·
abierto un cammo acia
'
tener ella dtrectamentc
.
d'
, y esta autonomía de la per•
.
t . nterf enr na ie mas.
..
no puede, endentemen e, i
.
la sociedad famlhar que
1
onsecuenc1a natura , a
.
sona se extiende luego, por e
..
capaces de hacer operatl\'a
·
t
s
h110s
no
sean
·
el padre representa m1en ras 5u
su propia autononúa personal.
.
1 ni sombra de todo esto.
.
•
por el contrano, no 1ay
.
En la ciudad anugua,
T.'. d
. cosa q11e e le parezca ru
.
d 1 h b e frente al D!!ta 0 , ru
No hay derechos e om r
Platón y Aristóteles discuten
1
derechos .de la familia o d~ otrodgru~6 adg;:eº·ser asunto de la familia o de
.
¡0 M la e ucac1 n
.. . d
largamente, por e1emp
. ¡, ente des.de el punto de ,·ista de la ef1etenc1a e ucah
la ciudad, pero s1mp cm
l
ase por la cabe1.a que el d rcc o
nin!!Ún momento es P
di
tiva, y no porque en
.,
.
preferente (paramount). como ce
del padre de familia en esta material es H mano La Ciudad-Estado de 13
. U · , J de Dercc 10s u
·
. •
la Dcclarac16n m\ersa
,
l"d
l'· ación del Estado totahtano,
. ..
la mas cump 1 a rea 12
•
•
ant1guedad es, en suma,
1 Crit611 sería suficiente para despejar
Y la prosopopera de las Leyes, en e
,
t Conwncido como está
,
d'
ucdar a este respec o.
toda duda que aun pu iera. q S6 tes la acata voluntariamente, porque no
de la injusticia de la sentencia, c~al'd
poner a la autoridad suprema
derecho ,·a i o que o
.
tiene verdaderamente un
l h
'bido todo y no es criatura
.
.
1 d 1 ciudad. De ella o a rec1
.
,
e mcontrastab e e a
.
d lla quiera con o sm razon,
,
d be r ello monr cuan o e
,
..
de nadie ma5, y . e po
Abraham no titubea en inmolar a su h1Jo, en
con la misma l6g1ca con que . .
.
·, d 1 mandamiento di\,no.
•
¡E
CJccuc1on e
d .
hombre es antcnor a s1
.
od
1
olemos ec1r que e
.
. 16
Del mismo m O que 10Y , .
d
t . no hay cuc tión) 1 ~mo axio .
,
'lo gencnca ( e es O
•
d 1
tado1 con pmnac1a no so
.
con plena conciencia e o
•
t ¡0 contrano. Y
aica Aristóteles dice exactamen e
·.
la familia y a cada uno
o· '
• d d
r naturaleza antcnor a ,
,
que dice: "La c1u a es po
1 («pvott) y no por origen (yt11tott),
de nosotros" ( 1253 a 19). Por natur~ e~. ue él mismo ha establecido en la
en perfecta conformidad con el pnnc1pto q

136

Flsica: "Lo que es posterior por origen es anterior por naturaleza" (8, 7, 26
a 14). Y lo ilustra luego con sus ejemplos favoritos del todo y la parte (que
no puede ser parte sino en función del todo), y de la mano y el cuerpo,
desprendida del cual no puede la mano llamarse tal sino en sentido equívoco. Lógica irreprochable sin duda aJguna, pero sobre la base de que el
hombre es de tocio en todo, sin la menor reserva personal y proyectada a un
futuro trascendente, parte y miembro de la ciudad.

EcoNOMÍA Y SOCIEDAD

Con estas y otras limitaciones inherentes a su \'ÍSión del mundo, Aristóteles dijo cosas excelentes de estas comunidades menores, tanto como de la
mayor. Con oca~i6n de tratar de la familia, y así como de paso, dejó fundada la economía política, por más que él la concibió como economía doméstica -digámoslo así pleonásticamente, ya que economía (olxo,,oµía)
hace de suyo referencia a la casa. Pero los principios fundamentales son los
mismos; el descubrimiento, por ejemplo) del doble valor de las cosas: de
uso y de cambio, que en estas págimls está con perfecta nitidez. No fue tampoco Adam Smith, sino Aristóteles quien dio a la economía el otro nombre
de ciencia de la riqueza o crrmatística (xe11µaTt&lt;nt1&lt;~) con que todavía se
la designa. Aristóteles resulta de este modo haber sido el fundador de las
tres ciencias prácticas humanas, que son la ética, la economía y la política.
A propósito de la econonúa podrían hacerse observaciones análogas a las
precedentes en cuanto a lo anticuado de ciertas concepciones, sólo que esta
vez -en mi sincera conticción por lo menos- con positivo acento axiológico
en favor de Aristóteles. Si Ja economía política no pudo progre ar de otro
modo que divorciándose de la moral y haciendo del trabajo humano una
mercancía, sin otra consideración que la ley de la oferta y la demanda, lo deploramos muchísimo; pero la ética, como perteneciente a un orden axinl6gico superior, no puede e\'Ídenlemcnte derogar sus noTTOas para satisfacer el impulso
de realización de valores inferiores. Anticuada, muy anticuada podrá Yrrse hoy
la reprobaci6n absoluta que pronuncia Ari tóteles del préstamo con interés,
pero no hay modo de cohonestar esta percepción adiciona] del acreedor, el
cual no tiene otro derecho que a la de\'olución del dinero prestado, un dinero que por su condición misma es incapaz de producir futuro alguno.
Aristóteles es definitivamente, y en parte quizá por su c.'Caltado aristocratismo espiritual, el antípoda más cumplido del homo oeconomicus. En su
Stira da cabjda inclusive a la vida hedonfatica como una posible forma de

137

�vida, aunque inferior, entre otras, porque el placer ea de cualquier modo
un bim para el cuerpo, pero la otra vida, la de lucro, el k 1,er,¡,,a:rwr,x~,
Ja tuvo aiempre por contraria a la naturaleza humana Y de acuerdo -~
esta estimativa, la ecoooaúa que traza en la Poatica es una economla limitada la adqúici6n c:omen:io de los bienes necesarios, de loe que bastan
a
ID
y
•
d • ación "..~ de expanm6n o omm. • de. .cr
para una vida auto&amp;uficien••
-, sin ....-las
cándalo y antigualla ciertamente para los economistas _al lm'1CIO
•
grandes plutocracias mundiales, pero que todavia en l o s ~ ~ Umdos recomendaba Jeffenon en su polémica contra Hamilton, ~ d . ~ la
nueva economía que ha dado a unos tanta riqueza y al resto tanta infe~.
Todos tos defectos, en suma, que podamos encontrar asf en Ja ~
instancia, de la éttca
como en la política aristotBica, provienen, en 6ltima
__ 1!_.-:.1.
misma• de este ideal de la blokagatlaia para cuya ~ n , en unos pocos
privil~os que serian como la flor de la especie, ~ dudó Aristóteles en
sacrificar tantas existencias oscuras. Pero w ello nusmo, la ~~ Y Ja
polltica están permeadas de ética y colocadas h:'jo tu ~~dad mcondicionada No hay nmSn de Estado, en el sentido maqwavélico de la ex•1....
pueda reivindicar una legalidad específica frente a la norma
prest""&gt; que
'6n,
dila
moral. Dentro de su estrecho ámbito, en territorio, en poblaci . en . taci6n cordial y )mmana, el Eatado aristotélico no tiene otro cometido m o~
justificaci6n que la de 1er el agente más eficaz de la virtud h ~ al ~
poner las condiciones dentro de las cuaJes cada ciudadano podrá vivu la vida
mejor (Se•n~ fll~), la más bella y la más nob~. ~ , como es debido las alteraciones consiguientes a nuestra concepaón criltiaDa del mundo,
' la misión del Estado continúa siendo radicalmente la misma que le
pero
.
intima la Política aristotélica. Desde entonces qwere
ser el Estado, 11. no
ha podido serlo, la "comunidad autosuficiente para Ja vida perfecta"•

IDZALYUALJDAD

El expediente más id6neo que encontraron los griegos para la reamaci6n ~e
tan alto destino es lo que desde entonces, y como si fuera la cosa más obvia,
llamamQS una constitución política. No es desde luego el único, pues ante
todo están, como decla Platón, ''Dios y la suerte", en lo ~ ~ cosas como la buena índole del pueblo en cuestión, la favorable disposición del territorio y todo lo demú que es impasible prever lmmanamcnte. Hay con todo,
de ordinario, un amplio margen dejado a la ruón humana para trazar un
ordenamiento (-ráf~) que consiste fundamentalmente, desde entonces hasta

hoy, en Ja organizacl6n del poder polftico: si exclusivo o compartido, y entre
cuáles órganos o funciones, y la provisión en cada -ca10 de sus respectivos
titulares.
El problema polltico fundamental, en consecuencia, es encontrar la mejor
constitucl6n. Sólo que lo mejor, como dice Arist6teles, puede entenderse lo
mejor en absoluto, "según nuestros deseos", o lo mejor "en lo posible", dentro de circunstancias dadas y a las cuales debemos :Ajustar nuestros esquemas
de gobierno. &amp;te doble tratamiento del problema es bien visible en la Polltiea, por más que naturalmente ciertas providencias de la constitución mejor en absoluto puedan ser aplicables, con la necesaria discreción, dentro
de Ja constitución mejor posr'ble, y viceversa.

e.amo buen disclpulo de Platón, Aristóteles ha configurado muy de propósito su proyecto de constitución perfecta en loa dos últimos libros de la
edición que aquf usamos, y de los cuales el segundo está obviamente incompleto. De todo este discuno la educaci6n ocupa prácticamente la mitad,
porque el &amp;taclo perfecto es ante todo esto: educación (paideia), enderezada a que cada ciudadano viva a su vez la vida perfecta, la consumada
síntesis vital entre vida activa y vida contemplativa. Resuenan de nuevo
aquí los grandes temas del libro X de la 8tica Nicomaqrua, sólo que amplificados y orquestados en el más dilatado escenario de la comunidad política
y sus relaciones con el exterior. Pues así como para cada individuo su acto
vital supremo es Ja contemplación, y su bien más precioso la sabiduría, para
el Estado también no son la guerra ni el imperio sobre los demás Estados sus
últimos objetivos, sino la paz, pues si hacemos la guerra es por causa de la
paz: tletfflt~ xáe,,,, Frase que debería estar en el vestíbulo de las Naciones Unidas, y el nombre de Aristóteles en el principio de toda filosofía de
la paz.
La constitución perfecta no es, por tanto, posible sino entre ciudadanos de
virtud perfecta a su vez, en lo intelectuaJ y en Jo moral, entre hombres que
pueden decirse simultáneamente con la misma plenitud de sentido, sabios
y buenos: "omnibus enim virtutibus instructos et ornatos tune sapientes, tune
viros bonos dicimus" según comentaba Cicerón.
De acuerdo con estos presupuestos, y en un régimen en que la coacción
tiene, por hipótesis, un lugar mínimo, la constitución a él acomodada es de
todas la menos rígida, la más indiferente a los esquemas preconcebidos de
monarquía, aristocracia y democracia. Aristóteles admite sin dificultad que
todo el poder político pueda en la república ideal concentrarse en un solo
individuo, pero con la condici6n precisa de que "su virtud exceda a la de
todos los demás juntos" ( 1288 a 17) • Caso meramente hipotético, como salta

138
139

�a la vista, pues si se diera no cabría sino esta alternativa: o atribuir a semejante hombre el gobierno absoluto, o aplicarle el ostracismo.
Despidámonos de una vez de este sueño de la "personalidad carismática",
así no sea sino para no correr el peligro de que este dictado pueda aplicarse
de nuevo, como hasta hace muy poco, a verdaderos monstruos. Pero no lo
hagamos sin dejar consignado el valor permanente de estas páginas finales
de la Política, las más bellas sin duda, consagradas a la educación. Es graduada y completa: primero el cuerpo¡ después las potencias irracionales, y
la razón por último. Como lo ha dicho Lotze, atiende, más que al enciclope•
dwno indigesto de la educación moderna, al desarrollo de los hábitos; no
enseña tanto cosas, como a saber pensar y sentir, esta educación que remata
en filosofía y música. Es cultura cabal del lagos y del ethos, y no tanto con
vistas a sus productos históricos, a las obras del espíritu objetivo, como al
desarrollo armónico de la espontaneidad vital en sus diversas proyecciones
axiol6gicas.
En su "segunda navegación", por tanto, Aristóteles emprende la Ín\'estigación del régimen político más viable, más susceptible de modificación según
las circunstancias. La justicia y el bien público mantienen todos sus fueros,
pero al lado de estos requerimientos aparece el otro de la seguridad (aatpált,a) del Estado { 1319 b 39). En una de sus más apasionantes aporías, la
filosofía del derecho está aún e forzándose en hallar la conciliación -o la
eventual subsunción- entre estos dos valores comunitarios: seguridad y justicia, pero lo cierto es que también nosotros, en nuestra "segunda navegación"
subsiguiente a la egunda gueJTa mundial, hemos debido darle a la seguridad,
en la nueva Organización internacional, un papel de primera importancia.
La modernidad de Ai-istóteles es así patente sobre todo en estos libros de la
Politica (IV, V y VI ele la edición que seguimos) de mayor pragmatismo.
Por ellos solamente, si Jos otros se hubiesen perdido, habría sido Aristóteles el
fundador de la ciencia política tal como ho)· la entendemos. Proyectos ideales
había ya en Platón, sobre todo el grandioso proyecto de la República, pero
decididamente irrealizables, inclusive el esquema aparentemente más realista
de las Lrycs. Pero la ciencia política es algo más que esto: no un traslado
de nuestros sueños, sino un acopio paciente de todos los datos empíricos; una
filosofía y patología de la sociedad política; una técnica segura de construcción. En todos estos aspectos es maestro insuperable Aristóteles, quien llegó
a compilar no menos de 158 constituciones antes de proponer la que estima
como la "mejor posible". que es una mezcla de oligarquía y democracia, y a
la que a falta de otro nombre, bautizó con el nombre genérico de república
o régimen constitucional ( politeia). No sólo la virtud, sino la riqueza y el
número entendió que debían entrar como elementos constitutivos de la ciudad

en or:cten a establecer lo que es más apremiante que la perfección, o sea la
segundad. A este designio conspira asimismo el asombroso libro V consagrado al estudio de las revoluciones -la patología política pudiéramos decirlibro de pasajes tan desconcertante que han dado pie a que
impute ~
Aristóteles un maquiavelismo avant la lettre, pero que se explican, sea cual
fuere su justificación, por esta obsc ión de seguridad que hostigaba al Filósofo cuando veía zozobrar todo en tomo suyo: la ciudad helénica por un lado
y el fugaz imperio alejandrino por el otro.
Dentro de este contexto histórico bar que leer estos libros centrales de la

Política, en consonancia con los dos últimos consagrados a la constitución
ideal, y de acuerdo con la personalidad de Aristóteles, tan enamorado de los
arquetipos como devoto de la realidad.

SECUE CIA TEXTUAL E IDEOLÓGJCA

En conexión con lo anterior, no podriamos tenninar esta Introducción sin
decir dos palabras sobre el problema de la respectiva colocación que debe
darse, en toda edición moderna de la Poütica, a los tres libros que tratan de
la constitución mejor posible (IV, V y VI de la actual edición) y a los otros
dos (VII y VIII) que tienen que ver con la constitución mejor en absoluto.
~o hay editor o reeditar de Aristóteles que pueda hoy excusarse de pronunciarse sobre esta cuestión, que a primera vista parece meramente filol&amp;ica
0
de crítica textual, pero bajo la cual late algo de mayor fondo.
'
Desde Ne¼man y Süsemihl por lo menos se pens6 que debía alterarse este
º:den se~n estaba en la edición bekkeriana -la primera de las grandes t&gt;diciones crib.ca.s-,, por muchas razones que sería aquí largo reproducir pero
t~a ellas de carácter filológico, como por ejemplo, la de que el final del
hbro 111 parece entroncarse más naturalmente con el principio del libro VII
el cual, en consecuencia, junto con el VIII debían pasar a figurar como
Y V, corriéndose hacia el final los que .Bekker había dispuesto con aquella
numeración. Otros cditorl's, en cambio prefirieron seguir con el orden tradicional. Desde el punto de vista filosófico el problema no tenía mavor importancia, pues tanto da que trate uno primero del Estado posible ~ luego
del Estado ideal, o a la in\'ersa, y todo podría haber quedado aquí si no
hubiera sido por Jaeger, que vino a alborotarlo tódo.

IV

De haber vi\'ido hasta hoy Augusto Comte eguramcnte que no habría
tcn1d~ Jaeger un partidario más adicto. Su Aristóteles es, en efecto según Jo
he dicho en otl'o lugar, la más cumplida encarnación de la ley de los tres

14-0

Hl

�estado&amp;, a tal punto que no deja en ocasiones de ser un tanto caricaturesca
esta pintura del Filósofo que en sus últimos años, en pleno estado positivo,
está bien olvidado de Dios y del ens qua ,ns para entregarse apasionadamente
al estudio de la realidad sensible, sobre todo de la .x,logía. Todo esto ha sido
ya desde hace largo tiempo contradicho y superado, y no es el momento de
volver sobre ello. Bástenos con aludir brevemente a la incidencia de esta interpretación en el texto de la Polítiea.
Del mismo modo que, según Jaeger, la Etica primitiva (Urethik) y que
serla la Etica Eudemia, habria sido cancelada por la Etica posterior, que
sería la veni6n nicomaquea, tendríamos aquí también la Urpolitik de la constitución ideal, sucedida y cancelada por la Polítiea de la constitución factible, cuyos libros_, de consiguiente, deben pasar después de los que tratan de
aquella otra Donde lo que verdaderamente está en juego, como es fácil
verlo, no es el problema de la colocación de unos libros, sino el prop6sito de
hacer de Aristóteles (del último, claro está, pues el primero sería apenas el
discípulo aún no emancipado de Platón), el fundador del positivismo ético y
jurídico.
De nuestra parte hemos seguido en esta traducción la ordenación tradicional por varias razones que saltan a la vista: porque resulta más cómodo, ya
que la numeración bekkeriana de los parágrafos no ha sido modificada ni
por los que han alterado la serie de los libros, y es asi muy fácil compulsar
luego el pasaje que se desee; porque el mismo orden lo ha seguido la edición
Loeb, que a falta de la Budé (donde no ha aparecido aún la Política) hemos
adoptado, y porque concurrentemente con todo ello, no hemos llegado en México a la madurez filol6gica necesaria para poder hacer por nosotros mismos
una edición critica -ni llegaremos jamás ahora sobre todo que el griego y el
latín han pasado a ser entre nosotros materias optativas.
Pero aun dado caso que pudiéramos hacerlo, la verdad es que desde el
punto de vista de la comprensión filosófica -el único que en definitiva nos
interesa aqui- es indiferente que un autor de ciencia polltica trate primero
de la constitución ideal y después de la que es histórica y sociol6gicamente
posible, o que invierta este orden. Reconocemos de buen grado que hay
fuertes ramnes para suponer que Aristóteles pudo haber escrito los libros
que se leerán aqui al final antes que algunos de los intermedios, pero en fin
de cuenw, todos son de él, todos tienen un contenido valioso según sea la
perspectiva que se adopte y no hay, por último, contradicción entre los unos

pecto en el que Aristóteles se ha mostrad sob
"deal la
o
re todo creador p
es, Repúblú:a es hasta hoy el paradigma •
· ara retratos
~prendió muy bien que los hombres no
. msu~Je; pero Aris_t6teies
rudamente Ja dominaci"ón d
se resignarán Jamás a tolerar mdefi.
e unos cuantos · 1
sólo ha sido patente en una . tui' '6
! sunp emente porque para ellos tan
,
m a n estnctamente , · la
Por esto buscó Aristóteles otro , .
DllSbca, Idea del Bien.
compartirlo simul•~--regunen en que pueda sucederse el mando
.....~ente, entre las dos clases
'
o mejor aún, formar una clase medi d
opuestas de ricos y pobres,
.
a, e escasa fortuna, pe
•d
denaa
económica, sobre la ual
ro con m epen.
.
c
pesaran las mayores
nsab"lidad
ticas. De este modo planteó el roblema, ,
respo
1
es políla lucha de clases, y lo resolvi¿ con la ª"?1 DO ~cito en nuestros días, de
encontrado no aboli d la
.
m~Jor soluCJ6n que hasta hoy se ha
. '
en
propiedad pnvada, pero
d
.
distribuCJón
de la riqueza entre los ciudadan
_procuran o. una Justa
mente, de DO incorporar a la masa . d ~ Cometió el error, indudableecon6micamente productiva, pero lac~du
sectores enteros de población
1 ea centra]
· b"
menos lo que hemos querido hac
,
es mo Jetable. Es por lo
tuto privilegiado del capital ru· laerdi~ntadpaises donde no aceptamos ni el estac ura del prol tana'd
Con todas sus un'perf •
o.
ecc1ones y anacronismos u e
tar, Y que en buena parte lo
tan sól
q e no hemos tratado de oculvital, la Política aristotélica consotm_n, . do desde nuestra presente situación
ua sien o un lib d · • .
y lo es por igual en su doble
.
. .
r~. e inspiración perenne,
.
vertiente. ideales pohnc05 · . .
ticas. Dentro de su estrecho ámbito
.
e instituciones poüse nos describe no es una enb'dad ~ y personal, el Estado que aquí
.
orgamzada para la . erra
ru para la conquista de nuevos territorios
J•
gu
por la guerra,
riqueza, sino un agente para la perf "6 º. e mcremento desmesurado de la
.
ecc1 n mtelectual y
al d 1 •
en 1a paz, la Justicia y la sab'd
,
Es
mor
e Ciudadano
1 una.
•
en tod
"d
LeVIatán de los tiempos mod
En ', . os senti os, el antípoda del
ernos
su mbma
- 'da •
taci6n rotunda y armoniosa,
las
Yceru urudad, en su limia aquellas esculturas tan
~ras de arte de la misma época,
les -y con la .....;...... ~
'edad
e espmtu que las anima, de las cua
•
- u c a propi
podria habe J di h
·
lica- dijo el divino poeta:
r o c o de la ciudad aristoté1

°

asemé.

refuJgen::/1

Spiritus ~ntus alit, totamque infusa pe, artw
Mens agitat molem, et magno se corpore miscet.

y los otros.
Esta debe ser, me parece, la última impresión que ha de dejamos esta lectura. Como lo ha dicho muy bien Newman ( I, 485), la Politiea es a la vez
la pintura del Estado ideal y el manual del polltico; y es en este segundo as-

142

,

143

�EL HOMBRE Y SUS VENERACIONES
Dr. Luow10 ScmJowicz
ProieJOr de la Univenidad de Pueno Rico

El señor cuyo oráculo 1114 ,. D,lfos
no afirma ni oealta sino deja wr.

Hwcuro
••. o, mu.sic li1t1,d so de1/ly tlaat
il is not li,ard at ali, bul you ar, tia,
mu.sic wltil, tia, musie lasts.
T. S. EuOT

la palabra que nace del silencio, tal como el Día
y el Eter, en la cosmogonía hesi6dica1 han nacido de la Noche. El mythos
es la palabra que narra una hierofanía; lo narrado suscita en el que escucha
una serie de imágenes que hacen resplandecer el horizonte de su mundo espiritual.
EL MYTHOS Es LA PALABRA,

El relato mítico tiene funciones catárticas en cuanto le es dado restituir al
hombre la inocencia de su visi6n. Delante de sus ojos maravillados comienzan las cosas a fulgurar de nuevo como en el primer día del universo despertado a la luz de la palabra. Pero la imagen mítica no identifica simplemente objetos y sucesos ya conocidos sino que es, ante todo, imago imaginanda,
en un sentido que el uso corriente del término imaginaci6n s6lo tiende a oscurecer. Gracias al mythos puede el hombre incorporar a su mente la forma de
las cosas y entender su significado. El mythos le ha enseñado a ver de un
modo humano. ¡ Cuánta razón no tuvo Goethe al afirmar que "cada nuevo
objeto, bien mirado, abre en nosotros un nuevo órgano"! En estas palabras
se hace patente su profunda convicción de la indisolubilidad del nexo entre
sujeto y objeto, o sea, entre el alma y las imágenes.
El mythos no expresa meramente lo "visto", es decir, el testimonio de una

145

H.10

�U:ofarua puada, sino que nos invita a la entrevilión l&amp;ie d '""'' de lo dmno
o, por lo menos, a la intuición de sus vestigioe en un mundo dsliviniado.
Lo mltico, lejos de aer producto de la imaginación, es un fundamento y 111
fuerza motriz. La "sustancia" c.6müca, asimilada por el /aomo divirunu en la
proto-visión mttica, se ha transformado en "sustancia" humana, esto es, en el
órgano al que ahora incumbe ''ver" las cosas y apropiarse de su aentido.
Concebir el ahna como espejo de imágenes equivale a decir que la reten•
ci6n misma de impresiones sensoriales, y su integración a unidades de aentido mú complejas. es constitutiva de la vida animica superior. Tal vez
convenga represcntane esta relación descomponiéndola en dos movimientos
complementarios: el ahna se "imagina" las cosas o, lo que es igual. las descubre y las in-forma a sí misma, mientras que las cosas "acuden" al ahna
para reflejarse en ella. Este "deseo" de las cosas de convertirse en parte del
hombre, para "ap:ender a hablar" de él y a través de él, ha sido intuido por
N'ietz&amp;che de un modo singular: "Y todas las cosas acuden con caricias afanosas para encontrar lugar en tu discuno y sonríen, halagadoras, pues quieren volar llevadas por ti. En alas de cada simbolo tú welas hacia la verdad.
Para ti se abren, por sí solos, todos los tesoros de la palabra; todo ser se
convierte en slmbolo, todo devenir quiere aprender de ti a bablaf'.
Es significativo que N'aetl.'IChe baya repetido este párrafo de su Za,atustra
en Ecce Hamo para explicitar, en esta última obra, su idea de la inspiración.
Le parece dudoso que alguno de sus contemporáneos tenga todavia una clara
noc:i6n de esta experiencia a la que antaño se comideraba como fundamento
de la creación poética. Evidentemente no le bastaba a Nietzsche, el anuncia•
dor del eterno retomo, reclamar del Cielo nada más que "l'euphorie, et le
moyen de s'en servit' (Val&amp;y). Pues ¿de d6nde proviene esta euforia sino
de una visión de figuras divinas, por mucho que Zaratustra afirme: "muertos
están Dios y todos los di011CS"? Creer en la inspiración implica reconocer tácitamente la presencia de los dioses o de las musas a quienes el poeta se siente
vinculado en virtud de un mandato ineludible. Quun dice inspiración dice
mythos. Un poema no es otra cosa que la celebración de un rito nuevo, o sea,
l.a res/111.esta crtadora a una solicitación divina.
uestros hábitos mentales, que se remontan a la tradición racionalista y
voluntarista de la metafisica occidental, tienden a obnubilar la comprensión
de las realidades míticas. Todavía estamos inclinados a considerarlas como
ficciones o como rudimentarias interpretaciones de los procesos c6smicos y
humanos por una mentalidad pre-lógica. Ni siquiera solemos exceptuar de
una tal "explicación" genético-causal de los fenómenos míticos las grandiosas
concepciones de la religión griega, o sea, las más importantes imágenes directrices -uilbillUr- de nuestra propia cultura. Pero cualquiet intento de

146

bip,-e1eiar el órgano receptor de- 1_,__
•
anollido independientemente de •..._, como •. ~ pudiera haberte desabedecieado a una fonefion ftlft/alric para prod~ dapuá &amp; 1U antojo,
pebmsióa de reducir lo, mitCI a meras• en el .llelltido de Beap,o., cualquier
efe ~ el hecho mismo de la i l u ~ del alma en-~ de tratar
Ja expenencia de Jo divino ili · · .
del mundo, coincidente con
d. la viswn; .....1....:- ,.;__,:~~~on san_ la nud no emtirla el organo mismo

=

----tua.i- loUUUlllu.l en un ,-.,,.
1 • •
de un gradual
- , , - evo uaomsmo -que parte
del. mythos a la luminosa
de ~ tinieblas abismática,
bívcarnente suJ'Mllftt1,.¡,._ · tomá .
' no deJa de ser una actitud
11D
nea de nuestra é
-•- íen6menas r-•--,
mítico-religiosos Ja
•
poca, cuya ceguera ante
llamada de Jas cosas. Estas
_hace igualmente imeosible a Ja silenc:io,a
sólo perden su opacidad . el
~ a su espacio espiritual Mas
. 11 hombre logra in~da en que una des-ahnada civiti:rac: esp~o ~a ~tándoee en la
izúgenes, se está expandiendo. Poc:m han com
técnico-~ustrial, hostil a las
un Nietzsche, los ef_.- d Jad
prendido, con la lucidez de
homb
......,,. eso ores de una . laci6
re. Al desintegrarse el mundo de las E mve
? del paisaje y• del
10nnas nos mega la .:.....
111 bendición.
.a.&amp;•• moma
..L1

a:a IUpllelto

a1::U: :1

"Dü Wüste wichst Wih dnn, de, Wüst1n birat"
(El rusurto crece . A-\1 d
I
• •
• 1 J e aque que alb1rgue tn sí desiertos!J
,1_

•

•

Mientras el mythos es viuido n ha
O
externo e interno del hombre.
Y ~Jeta ~~n en el mundo
con-sol.atio del alma. Pues los dioses presencia d~ lo divmo es la verdadera
a menudo senderos nos señalan , que son de1an ver las cosas, nos indican
tareas nos
•
•.:_,
humano. Es cierto ' ue
d'
'
penruten vwumbrar el destino
mo: yo soy el
,~n rdadios, entre ~Iros dioses, no puede decir de sí mis,.
,
"'
ve
y la VJda. pero tal
la perspectiva del politeísta
~ (un vez. cabe considerarlo, en
, como un cammo
mo una verdad {=un modo d
cammo de salvación), colas cosas) y 00
.da
termi nada forma de vida) E e ver
J
mo una VJ (=una de•
· n e contexto del E
lio
tiene, desde luego, el significado de .da
vange ' la palabra vida
VJ
eterna.
Es 1, •
1oto
que mythna
. d afirmar
.
....., aJ evocar las 601,,..,. d 1 di
• -no sm eJar de estimular nuevas
,:,-- e os oses, responde
del hombre que -••n Kant fundamcnpreguntu- a las tres cuestiones básicas
.t,I,
•
, -""?,-•
,
tan las t
disci linas
r•Yffca specialis (Cosmología, Psicologfa y Teol ~
P . de la rruta{Q,ul puedo sabtr? ¡Qui debo hacer'
ogra). A las interrogaciones:
DOI contesta el dios mostrándonos ~ y ¡Qu~ me. ~stá permitido esptrar?,
campo de acci6n (=su vida) taJ campo e V1S16n (=su verdad), un
tima no independiente,
.
.
y,
vez., una meta
d
por cierto de Ja W 1
:-,----- ora, esta úJ.
'
t twah,Jaeu und úbensform (la

La

caro!

-~. . .

147

�verdad c6smica y la fonna de vida) que él está en~do: Mas ~ carácter paradigmático del dios no estriba en su perfecc16n ética, ~ un
preconcebido dogma moral sino en la prcsentificaci6n (V e~gegenwartigung)
de una determinada esfera del existir, condensada en su figura. ~l m!thos
ofrece al hombre un repertorio de imágenes esclarecedoras de s1tuac1ones
típicas y de actitudes ligadas a éstas; ~r medio de sus gestos cultuales
responde el hombre a la hierofania instauradora de su mundo; del mythos
emergen, pues, solicitaciones de ejemplaridad a las que el hombre debe sus

primarias iniciativas espirituales.
El alma no puede vivir sin imágenes so pena de dejar -~e str -alma.. ~lla
no es sólo su receptáculo sino su ''refugio", es decir, el Sitio donde lo d1vmo
se interna para que el ente se revele como cosmos, o sea, como orden,. belleza plenitud de sentido. El mythos es, por lo tanto, la palabra que registra
la ~agen de lo divino tal como ésta .surge del contacto entre Dios Y el ~lma.
Un tal contacto "precede", onto16gicamente hablando, a la _separac16n Y
oposición entre ambos. Ya nos hemos referido a 1~ horn°?~e1~d entre lo
..visto" y el órgano de la visi6n. Aplicando este mismo prmc1p10 a la c~esti6n teológica envuelta, cabe recordar la célebre frase "platónica" de Plotino
que ha sido incorporada por Goethe a la poesía occidental:

War nicht das Auge sonnenhaft,
Wie konnten wir das Licht erblicken?
Lebt nicht in uns des Goetles eigne Kraft,
Wie konnt uns Góttliches entzúcken?
(Si el ojo no fuera de esencia solar
¿cómo podríamos percibir la luz?
Si en nosotros no alentara la propia fuerza del dios
¿cómo podria extasiarnos lo divino?)
Sin embargo, el impacto de lo divino en nuestro interior, o la fuerza de
irradiación de las imágenes míticas que lo han moldeado, no son algo objetivable a los fines de una explicación analítica. De poco nos sirve hablar
de Dios como "causa" de nuestra fascinación o de la visión de figuras divinas como su efecto. i Dios ni los dioses están sujetos a nuestras categorías
lógicas O demostrables desde el punto de vista de una interpretación científica del mundo. Una de las más sugestivas fórmulas de Gabriel Marcel
-contenida en su Journal Metaphysique- se refiere precisamente a lo precario de cada teología que considera la deidad como mero objeto del conocimiento humano: "Des qu'on parle de Dieu ce n'est plus de Dieu que l'on

parle". (Tan pronto se habla de Dios, ya no es de Dios de lo que se habla).
Hay un íntimo nexo entre esa sentencia de Marce) y Ja conocida exclamación de Federico Schiller: "Spricht die Seele, so spricht -¡ ach!- schon die
Su/e nicht mehr". (Cuando habla el alma, ¡ ay! ya no es el alma la que
está hablando) . La analogía de ambas afirmaciones no estriba simplemente
en su fonna de expresión sino en la idea de que hay momentos de máxima
intensidad en los que las exteriorizaciones verbales, o más concretamente, la
prosa de tales expresiones, rompe el contacto con lo maravilloso, aquel contacto del cual han surgido los mitos y, como "respuesta" a ellos, los actos
cultuales. De Dios no se puede hablar (como si fuera un objeto) y el alma
se desvanece en el instante mismo en que trata de servirse de palabras. El
alma sólo puede mirar o cantar, sobrecogida por su visión de lo divino o de
las figuras divinas. Poco importa, a este respecto, si adoptamos como lema
alma naturaliter c/1ristiana o alma naturaliter dionysiaca. El mismo ~ ietzsche
estuvo consciente de lo insatisfactorio de la expresión no-poética como velúculo de un mensaje "religioso". Se reprochó, no sin cierta razón: "sie
hiitle singen so/len, diese Seele" {"debería habcr cantado, esta alma"), frase
que fue repetida por Stephan George en un poema destinado a evocar el
rostro espiritual del último "discípulo" de Dionysos.1
Hemos dicho que el mythos es la palabra que nace del silencio y podemos
ahora afiadir que este silencio representa la esfera sagrada dentro de la cual
el alma ) la divinidad se funden y se separan. El mythos, pues, rinde testimonio de ambas, o sea, de su mutua interpretación, lo cual excluye la posibilidad de considerarlo psicológicamente como una visión subjetiva, como una
especie de "alucinación" del hombre arcaico. Es cierto que la existencia de
lo divino no puede ser demostrada, ni tampoco la del alma. Pero ninguna
razón metodológica se opone al intento de mostrar las imágenes directrices
de una comunidad que se han condensado en sus mitos. Una tal mostración
a~~~ se logr~rá si~ la previa renuncia a 'todos los prejuicios teol6gicos, soc10Jogicos y ps1col6gicos que suelen interponerse entre las cosas que deben
dar resplandor de í mismas y su teoría, entendida esta palabra en su sentido
prístino como re-vista de una percepción sensorial o re-flexión de lo contemplado. El moderno horno theoricus, desde luego, cree poder apresar las cosas
1
STE.PAN Gtoaot, Der siebent, Ring (Gode.sberg, 1949), pp. 12-13. V~ase cJ final
del poema titulado Nitlzsche:

Und Wtnn die str,ng, und ¡,qalte stim,
Dann wie ein loblied tónt in blau, nacht
Und h,11, /lut • so klaet:
hiittt singen
Nichl rtd,n soll,n diese neue sttl,!

su

148

149

•

�•

en las mallas de 11.11 telaraiías conceptualea sin dane cuenta de que una •
nica de reducx:ilm, aplicada a configuraciones espirituales, equivale a .,,..
,,duaü, ad abnmlum.
Ya Jen6fanea había prevenido contra la pretemión de un saber de lo divino, basado no en lo ''visto" originariamente sino en lo visto a través de
loa anteojos de la opinión, o sea, a través ele) filtro de una interpretaci6n
Jftliminar de lo dado. Al forzar las OOl8I dentro del lecho de Procusto
de nuestras explicaciones habituales seguimos siendo los sierwl de una tramci6n que s6lo ha logrado alejamos, cada vez más, de los fenómenos ~
ligiosos.

Jaaás

na&amp;ió ni uená varón alpao
qtu conoua tu vista cierta lo que ,o digo
sob,e los dious '1 sobr1 las cosas todas;
¡,o,qu,, aunque aciert, a declarar las cosas
de la más p,,f,cta manera. ll, ,n verdad, nada sab, de vista.
Todas las cosas ya por el contrario
con Opinión están prendidas.2

La versión de este pasaje se debe a Garcla Bacca quien, interpretando a
Jenófanes a la luz de la fenomenologia de Husserl y de Heidegger, atiene,
en 111 comentario, que el pensador griego contrapone aquí "el opinar o conocer opinativo" al genuino saber, es decir, "al sab,r de vista. al saber eidéticament'!". García Bacca define el saber eidético como un conocer las com
"poniéndolas como objetos, como lo otro: comprendiéndolas, mas sin ser
comprendido por ellas''. Pero la reducción de todas las cosas a meros objetos
es precisamente el pecado original de la tradición racionalista que, dicho sea
de paso, parece iniciarse en la teología con el propio Jenófanes. El hecho
de que exista un inauténtico entretejimiento mutuo entre hombres y cosas
no implica que nuestro distanciamiento de ellas, en virtud de su objetivación
como entes fácticos, sujetos a nuestra razón calcuJadora, nos "libere" del
conocer opinativo en el terreno de las realidades mitioo-religiosas. Todo lo
contrario parece ser el caso. Sólo es provechoso en esta esfera un método que
trata de reconducimos a las cosas, respetándolas en su "Eigenstindigktit (:=su
estar erguidas por sí mismas, su autonomia) en vez de imponerles los esquemas de nuestro saber de dominio que impiden el que ellas mismas lleguen
Los ~11oe14lico1, I (Mmco, 1945), p. 6. Lu dol 6ltimaa líneas aubrayadaa por
DOIOUOI. En una edición posterior: 1,-,,,u,dos filos6(üos 41 los ,mocr4tieoi ( Caracas,
s

Uoiv. Central de Venezuela), 1111tituye G.uclA 8AécA Ja 6ltima palabra del pasaje
citado, "prendidas" por "aprendidas", modifü:aci6n que no afecta el sentido de la frue.

150

Nfi-- .

a patentizar IU esencia. I y ll• Jas "COIia" IOD &amp;:--• di •
eUu una sola actitud, Ja que Schopenba
VIDII cabe frente a
contacto con obras de arte, que B
uer noa recoauenda para entrar en
en cuya presencia debemos
~ con aquelb grandes leiiores
Pero ¿no estará la palabesperar ~temente que DOI dirijan la palabra.
terminada
ra que b dioaes everth•abnente nos dirigm de.
por nuestro oído peculiar? y ¿no será la figura divina
•
que nos es sugerida por nuestro modo de
una unagen
ella un intento de ideali:ar seres
. ver humano? ¿No se refleja en
hemos aludido a la actitud r a c i o n = j ~~ , ~ humanos? _Ya
a menudo el siguiente pasaje,
el
, e quten ae suele atar
cenMnnes religi·
en
que repocba a las tradicionales conr-osas su antropomorfismo:
Mas los mortal,s piensan
qru, cual •llos, los dious s, engendraron
que los dios,s, cual ellos ooz y traza "
Pero si bwy,s '1 leones •
u
manos luvi,ran
Y el pinta, con ,llas

:Uül

os poseen.

"~ace, las obras qau los hombres hacen ( pudieran)
c. allos a caballos, bu'78s a buryes
pintaran parecidas i--',.,nes
d•.. los d'wses;
"-t.
Y darian a cuerpos tk dious fomuu tales
que las de ellos cobraran semejanza.•

ª

---• La dificultad de
w-"' ut
.

1111a

das

tal aprehemi6n

de las c:oaa ya ha lido intuida por Goethe:

w.. di, '"' ~nt,su
r -'-L
rau oo, tl,n Aug,ra di, lil1t.

s,1&amp;111J1rs1, voa aU,ml

' HU Mil úa A•

,,.,. n

la

s, ,,.,

Hay que reconocer la no vigencia de nuestroa día •
•
penaar -ambiguo, pero riguroeo- inh
ttngos lósicce en lo que atañe aJ
loa griegos. Vwe Wu.ULM LUTIIU erente. aJ mytboe y a la poaía oricinaria de
p. 62: "La
. '6
.
, W1ltnsicht •"" Gnst•sllbn (Gott:n- 19
escw n CODIClente de sujeto ob.
del
· - - . 54)'
enfrenta (G,gnutand), que para nototro.' 1 ~eto,
)'O 1 de aquello con que ae
puede entrar en juego en la in•-ta...:L- •~-011 modern01, resulta lobreeotendida, no
eú•-·
-..... wun uc mundo h~rico En ,.
•
----• opumas para IIOIOtrol, se ac,b¡,
en
.
·
que: medida estas
del U10 de algunos verbo,
el
epon Y coinciden en Homero cabe inferirlo
•
en
que se refleja un peculiar estad
•
101 ámbitos
del 111jeto Y del objeto, entre lo .
.
. o de Ouctuaci6n entre
y el acontecer pasivo".
mterior Y lo atenor, entre el hacer activo

' Véase obra citada: Los Pr,socrálieos I
,11socr,1icos, pp. 35-'.36. En ata edición, ' PP: 3-4, o Frapinto, filos6f"os ti, lo1
"bu~ o leones" Y, en la linea penúl~~~tituye ''bu,?'es Y leona" por
aiadido, entre parmtcsis, la palabra ••tl'
. por "ideas . N010trot hem01
, a.,a para DleJOI' comprmli6n cid 'texto.

151

�1.• &amp;PI.="tf. i .ilJI. -·
i~.
i
. 1 i ,,.}Jt-t
t·~rt\ltj.t t1t1!'l:J1,¡it~l'ltli~j•t
··
l ~ l ti }! ;;11:1 11.¡t
.. •• •. :;4 t r ¡i ,.,l ,i&lt;~.1mf
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~.1[ t-¡
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. . .1•. ....... r ·I

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�última instancia,
• del ente cucunstante se debe, en ...-.1... la per·
cual toda captación
____1_..:-.1.. Algo ha de serme -ts•-,
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veneraci6n
~
•
nferir
tentl 0
a una suerte de
•.
todos mis esfuenoa de co
un
.
. de-·
......,, condiaona• • de lo -&amp;•- - - L . -·" me impu]aa, envtvenaa
~ ....aif,V
l't'"'
a mi vida. Si me falta la expen~ individual o colectiva? ¿Por qu~ no
tonces, a la búsqueda de una
artificiales :i i no tengo veneraaones
· descemo a los parail0I
•
timiento del fin
opto por un . undo El nihilümo no es sólo el pre-sen ~-1;,1.,. del sense desintegra ID1 m
•
la c:onciencia de la . - de uestra cultura sino, antes que ~
decir en un no-mundo. ¿ Des. n las cosas en un mundo desdivinizado, es
'más alto "standard,, de
tido de
l 'bilismo con el logro de un
. - de un
aparecerá, acaso, e 01
.
_ por la máscara nsuena
.
vida? 1Qué ingenuo seria deJane ~ .,.,u;,1,. semblante del bastio m• •
tras la que se oculta
a-cr6dulo optmusmO
bilizador!

~..1
UCI

. ledeur ce monstre delieat,
T• le connau,
' umblable-, mon frertr
Hypocrite lectnr -ffl01I
ele
más acentuada en las capas acoLa lelll8Ción de vacío espiritual su ser . facilidades de acceso a los
modadas de la sociedad que entre la ~te
grandes masas no deja
culturales. Elevar el nivel econ6nudoco e nflttJt.temOS de la problema~
tedb'· aun cuan nos r--d algunas
de ser una demanda ape . ...,
carácter deshusnaniuor e
ticidad del "p1og1eso" -~~ Y del poránea. Pero por inútil que sea la
"bendiciones" de la civilización ~ntem ...! • ..,. el verdadero problema de~
• nado,, m
atención que se preste a las "arcunstan~
lí.:co y no' puede ser "soluao
• 'tual DO es po u
hombre como ser ~1?
'onada política cultural.
.
. uiera por la me)OI' mtena
rque nos señala como tanq
d
1:'"""''" la f6rmula de Ortega, po
le nfiere sin em•
He llama o pe&amp;&amp;&amp;•rofano al que se
co
'
rea básica del hombre ~~l ppolígrafo español,_ ~ "~~ :
bargo el aura de una
. sus responsabilidades DDWncas,
deber' que impone al homb~ de
de un pathos aipto-religi~, que
sirve de una terJninologia, unpregna or- el contenido de su mensaJe. He
n
"ironizar'' -sin quererlo su aut la 'tud cr--&amp;tica que se desega"salvar'
ª
· .t.n.. rt,. de actJ• nr,im1ntando
va..---' " ·
mi circunstaDCJa; 'ar-" a que. ard
e
.
ella nos induce a segwr r-a---:
podido conrende de esta máxima,
tal historicismo ret6nco ha
. .
P
.
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se
debe
el
hecho
de
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1.:
....
&amp;..i
La
excesiva
publiadad
cunstanaa
. de los_,_ ....,yua--cos.
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l
"'6- oficial

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monst,110 tl,licatlo,
• Ti C0'40CIS uctor, O ~SI •
mi Ja,nullO.
•
..:,
--ffl1
llffllJOIIII-,
0
6
L,ctor " •t CT ..
BAwal.Ald, L,s fu•rJ ti•

154

mal (Au Lecteur).

que ae da a una teorfa parece ser indicio de su carácter apologético.ideol6gico.
La burocn.ti7.ación del saber -cuyo carácter provisional siempre ha sido
reconocido por Ja mente cientffica- entraña un proceso de dopiatizaci6n
que degrada a la fibofia; lo u oficial" suele ser lo falso por antonomasia
Pero el caso Ortega ilustra por añadidura, la caducidad de todos los intentes de hipotecar el ·porvenir de la filoeoffa pracribiéndole un determinado
punto de partida. La relativización de la verdad por Ja circunstancla relativiza, automáticamente, cada afirmación IObre la fonosidad del impacto de
lo circunstancial en nuestro pensamiento. Lo que ha sido postulado como
"deber" cae, de este modo, de su propio pedestal. Mi preocupación profana
no puede ser legitimada por otra preocupación profana. Si lo "verdadero"
se identifica con lo que nos conviene o Jo que nos "salvaº hemos de continuar interrogándonos cuáles son los IUJ)uestos de nuestro propio deseo de
salvación que, a su vez, nos remiten a los supuestos de estos supuestos y asi
in infinitum. El historicismo orteguiano es un callejón sin salida. Frente a ~]
debe levantarse la profunda verdad contenida en la célebre frase de Ranke:
"Cada ~poca está en una relaci6n inmediata con Dios". Cuando en una f~
de la cultura ya no hay un contacto originario con lo divino, cabe decir que
ella pierde su carácter de ~poca en el sentido de Ranke.
El concepto de Dios mismo puede ser identificado con el concepto de
"época", tal como Jo ilustra Nietzsche en el aforismo 639 de La Voluntad
de poder. "La única p0SJbilidad de prestar un 1e11tido al concepto de Dios
sería ésta: Dios, entendido no como fuerza im~lentc sino como estado máximo, como una lpoca". En un pasaje posterior del aforismo mencionado
se advierte el nexo entre esta postulaci6n de un Dios de la plenitud, hacia
el cual nos encaminamos si queremos hacer época, y una nueva apropiación
de la idea del mundo en penpectiva dionisíaca. "Lo único que está demostrado es que el mundo no tiende a un estado duradero. Por consiguiente, hay
que imaginar su estado de altura partiendo del supuesto de que no es un
estado de equihl&gt;rio ... 11 Podemos añadir, explicitando la relaci6n entre Dios
y el mundo en Niemche: La enunciada "muerte de Dios", si es algo más
que la muerte de detenninadas concepciones de Ja divinidad, entraña la
desaparición del "mundo" como dimensi6n espiritua~ dentro de Ja cual los
fenómenos cobran su sentido. Sin la vislumbre de esta dimensión nuestro
propio ser se toma absurdo. O, dicho de otro modo, Ja "muerte de Dios,. es
Ja angustiosa toma de conciencia de que no existimos de veras.
Rimbaud ha dado a esta zozobra del Tántalo moderno su expresi6n def~nitiva: "La vraie vie est absente. Nous ne sommes pas au monde".
Sin veneraciones no puede haber la ''verdadera vida.., o sea, un genuino
ser-en-el mundo. Además, conviene recordar que existen constelaciones que
155

�podrian acomejamos la siguiente modificación de la fónnula orteguiana:
si no me salvo tÜ mi circunstancia he de hundirme, puesto que, a la 1árga,
la circunstancia me "tragará". Mejor el exilio, con sus experiencias amargas
que, sin embargo, no afectan forzosamente la integridad del pensador, que
la claudicaci6n, justificada pose faetum, de un "haber hecho lo mejor dentro de lo posible". Desde luego, Ortega mismo no ha querido hacer la apologia de las actitudes acomodaticias: su ethos es activista -revolucionario,
si se quiere, dentro de la "circunstancia española"- pero consustancial con
una metaillica voluntarista, no iluminada por una visi6n poética del universo, generadora de. auténticas veneraciones. Sólo el hombre político puede
aceptar sin reservas la fórmula orteguiana. Nuestra penpectiva, en cambio,
es la siguiente: La historia del espíritu occidental suele ser la historia de las
rebeldías contra la circunstancia, no meramente en el sentido de una lucha
contra circunstancias adversas -o sea, aquellas que se oponen a la tarea
creadora del hombre-- sino en el sentido más profundo de una subveni6n
contra la continuidad de una tradición que ha traicionado las iniciativas
básicas de nuestra cultura. El espíritu trata de liberarse de la rutina de sus
interpretaciones de la realidad hist6rica ~ recuperar las veneraciones originarias, fundamentantes de la existencia. Sólo muy pocos han comprendido,
hasta ahora, el profundo sentido y la actualidad de la palabra profética de
Holderlin: "Lleno de méñtos, pero poéticamente habita el hombre en la
tierra". Esta palabra es profética porque anuncia un modo de existir en el
cual el verdadero destino del hombre se hace diáfano, es decir, ella señala
precisamente aquella originaria postura vital a la que trata de sustraerse el
moderno homo faber, esencialmente nómada, cegado por sus éxitos en el
dominio de la naturaleza. Vivir poéticamente no es huír al reino de las
ilusiones sino que significa tener valor de defender las imágenes de lo divino
y de lo humano, en virtud de las cuales nuestra vida se espiritualiza. Lo
poético no estriba en la evasión de lo real sino en el pleno reconocimiento
de la finitud de la existencia. Precisamente por sabernos finitos tenemos que
dejam01 guiar por nuestras veneraciones e instalarlas en el centro de nuestro ser. Vivir Jtrosaicamente es vivir como si no hubiera la muerte, es dar la
espalda al misterio, es emprender la fuga ante la inminencia del destino.1
1 Sólo 100 auténticos el amor a la tierra y la W,lt(,ommiebú (=religiosidad humana)
del hombre que acepta de buen grado el carácter finito de la emteneia. lhcw., par·
tiendo ·del supuesto de la identidad entre el espíritu y el tiempo ("G.isl isl Z1it"),
afirma la no-espiritualidad de actitudes humanas en lu que se evidencia el rechazo
del devenir y, por lo tanto, de la transitoriedad de nuestra emtcncia. Véuc F,11om1JWe
logi, d,s G,isi,s (Somdi,la, W,ri:1 11; Stuttprt, 1958), p. 34: "La vida del espíritu
no es la vida que recela la muerte y se preaerva pura de la devaataci6n, aino aquella

156

Vwir
prosaicamente a c1e·Jane arrastrar por sus daeos
•
mstante de la aatisfacción de ellos, el mal .
Y querer detener el
creador, el instante de la caída en lo "''1 __mstante que_~ el tiempo
fmo para triunfar en Fausto
.. -t5.. cuyo advenmuento espera MeQuien
DO acepta Ja
•
•
muerte no acepta la transi
•
la tier,a.
La imagen mítica de Gea,
ormaaón, que es la ley d•
y "devora., a sus hiJ·01
la madre fecunda y cruel que "pare"
•
para re-generarse peri6di
tivo de abatimiento para el &amp;.-.L_
camente, no ha de ser moestá nn
· diendo un secreto homena.
uuwon::. Todo nnr.ani__,.
las
-·o--, por ser transitorio

=

:1o~

intrgrándo,e al ritmo ,,,.,:,,,· del
awlom de la ~ :
por sus veneraciones, puede el hombre y perecer, ~lo reJuvene.
la tUTTa. La poesía ,.. ----=-'morar -poéticamente- en
-, '-"'-'IU4WlCDte un don
d
•
ses Y un don de st mismo of .do '
. ' un on reab1do por los dio.
.
,
rea
a
los
dioses
Vi·
~
·
dar Y rec1b1r (o "acoger'') tal
es s-Lo.
d .
como da y
ºbe· ("IVtr ,....,..ticamente
,,
illl.1':r
e dioses y hombres. Sin una a·erta . . ~
acoge ) la Tierra, madre
•
mtuia6n de aq lla
wuveno que, según Heráclito
ue armonía oculta del
vida demasiado opaca y d , . ~pera a la armonfa visible, queda nuestra
emama o menesterosa
ramos como habitantes de la tierra Qui .
para que podamos considea lo sumo, su "huésped.,
•.t.rdid.
en ignora la realidad de lo divino es
, un w
o hu..
,

U?d so la?g du dies nicht hast.
Dieses Stnb und We,de
Bist du nu, ein trilber
Auf der dunkeln E,de.

Gast

(Y mientras ignores esto
t Ir
I
es e muere y lkga a ser"
no eres más que un sórdido hrdsped
en la sombría tierra).

En el Strib und Werdel (. m
11
periencia de una metamorl . 1 u~i:e y ega a ser!) condensa Goethe su ex.
M
om esptntual a la que debe
"6di
. as este proceso transformador s6lo ued
su ~n ca renovación.
aas a la dinámica de las . ,
.P ~ mantenerse vivo y constante gra.
En la medida
. en que las unagenes
directrices
que Pilotean nuestra conducta.
imág
.
-y viceversa. ("La mélancholi en~ palidecen va debilitándose nuestro favor
André Gide en Le
.
e n est que de la f erveur retombée" ha dicho
, .
s nourntoures ter,estres) La ºda .
'
up1da porque carece de incitaciones
1 . , vi. sm mythos se torna inpara a autentica re-creación del espmtu.
,.
que soporta la muerte y ,e mantiene rn ella"

en las Co11f1r,n,ias d, ]111e).

. (La f6nnula "G,ist ist Zeit" se encuentra

157

�Sólo mis veneraciones pueden hacerme asumir el riesgo del Strib und Werde!
Quien reniega del mythos reniega de la vida misma aunque lo haga en nombre de la vida y con la intención de liberarla de imágeMs petrificadas. La
''ideología" suele ser un pobre sucedáneo de la religión.• El doctrinario moderno parece haber heredado el fanatismo del homo religiosus de la tradición judeo-cristiana, pero no su espiritualidad, ni tampoco la de un Karl
Marx, cuyos poetas favoritos eran Esquilo, hakespeare y Goethe. La pasión
que la retórica pseudo-marxista o nacionalista despierta en las grandes masas es totalmente distinta de aquel estremecimiento ante lo inmenso o, como
hoy se suele decir, ante lo luminoso, del cual Goethe afirmó que es la mejor parte de lo humano. ("Das baudern ist der Menschheit bestes Teil").
La pervivencia de esperanzas mesiánicas o de elementos escatológicos en
ciertas utopías sociales no debe inducimos a confundir los genuinos mitos
religiosos con ficciones políticas, o sea, "leyendas" fabricadas para fines de
proselitismo. Quien pretende que también la religión ha sido "fabricada'\
por ejemplo, por una casta sacerdotal, ávida del poder, olvida que la institución de tal casta ya presupone una previa teofanía, o sea, una revelación
a la que se remonta el orden sagrado establecido en una comunidad. ¿Cómo
podría haberse originado un sacerdocio sino a base de una patentización
de lo sacro en determinados seres humanos? ¿ Y cómo reconoció el hombre
arcaico el carácter sagrado de éstos si no tenía ya la experiencia de lo divino? "Al comiem:o está siempre el dios", o sea, una súbita iluminación de
aquellos a quienes él "aparece".' Su entrar en apariencia coincide con una
cosmofanía, en cuanto un "mundo" s6lo llega a constituirse a partir del descubrimiento de un centro espiritual, y .con una antropofanía, e.n cuanto la
comunicación con el prójimo se realiza básicamente, en función de un diálogo con lo divino.
A Tales se le atribuye haber llamado al cosmos lo más bello, lo más excelente (,cáll,ai-«w), por ser la hechura del dios (no,11µa.8tov), y en boca de su "Protágoras" pone Platón el relato del origen de la comunidad
humana gracias a la intervención de Zeus, que envía a los mortales las diosas
Aidos y Dike, cuya presencia hace posible que emerja un 1'Ó&lt;lµo~ nóJ.tc.&gt;~.
• A este respecto cabe recordar unas palabras de UNAIIUNO que se refieren a la preponderancia de lo ideológico en nuestra época, o aea, a la ideocracia imperante:
"¡ Libertad! ¡ Libertad! Y donde la idcocracia impere jamú habrá verdadera liber·
tad, sino libertad ante la ley, que es la idea entronizada, la minna para todos, la facul•
tad lógica de poder hacer o no hacer algo". Ensayos, I: La id,ocra,ia, p. 250 (Madrid, 1951).

• Vú.se WALna F. Orro, Dionysos. Mylhos vnd Kulhu (Frankfurt am Main,

1933), p. 30.

158

Por haber "visto" al dios ti
.
oculta lo cósmico y lo h ~ ~- el hombre órganos a los que se les destambién el habla,
decir, la
despertar
le faltaría
de las cosas y de edificar un ''m d ,,
explamar simb6licamente su visión
•
un
en
medida
~mute descubrir y retener conexiones de
.
. en que su lenguaje le
nifestar estados afectivos o de se . ..i_ sen~do. S1 sólo se tratara de ma.
rvirse ue señales para l
rdi
reacaones colectivas en cualquier situación bas
a coo ~i~n de
sonoros- de que disponen los animal , p tarían los gestos -murucos y
Darstellungsfunktion (Bühler) d 1 1 es_- ero al hombre es privativo la
decir la posibilidad d
e enguaJe, su función de representación
'
e retener contenidos de su
. .
' es
dolos de las situaciones vitales d las
expenenca, desvinculán.
.
e
que emergen para
•1
genes disponibles, en palabras. Con éstas
'
convertir os en imásea para fines de la "orientac'6
l podemos re-presentar la realidad
·
. ,.
n en e mundo" del " 1____ • •
'
extstencaa o de la interpretación de las "cif '
escun:cun1ento de la
tareas básicas de) hombre segun' J p·¡ f' ras de la Trascendencia", las
,
a , oso ia de Jas
M al .
re-presentar las cosas tiene que
d
-~rs. as · unpulso de
cia n
.
prece er su percepc1on Las
U
h
osotros, es deru, se presentan ellas mismas . . , .
cosas egan ala palabra encarna el senttºd d J
' cliaendonos su nombre. En
o e a cosa y sólO
. d
de este sentido podemos sep
en virtu de la aprehensión
palabras, cual linternas en laararnochuenad cl~l de. otra con la que colinda. Las
·¡·
e si encio nos
d
ti "ª' lo visto. ¿ Nos será lícito
.
'
ayu an a ver y a idennuestras afirmaciones son en el ~ preguntando -puesto que casi todas
~ma de estas linternas? ¿ p~\:Ía~:~- de dónde procede la luz
senan lo que son -prolongaciones de nucstr ~ de que ~ palabras no
ras del mundo- sin la fuerza l , . d la os organos sensoriales, formado, •
wruruca e palabra pn' · · ·
cosmogoruco del mythos? Pu • ,
,
nugema, sm el poder
,
es
sena un mundo
d .
pod na ser percibida por un ser eque
. • d
cuya mun arudad no
11wruna O por la palabra?
La respuesta nos la da de un mod . .
(Fragmento 124). "Co '
o mclirecto, una sentencia de Heráclito
·
mo un montón de estiér l nf
do, es el mundo más bello". Lo ual .
~ ' co usamente amontona.
e
qua.ere decir- el
d .
perspectiva resulta ser in-m d La
. ,·
mun o v1sto en cierta
un º·
aprehensaon d
bell
orden,_ o sea, del factor constitutivo de su munda .
e su
eza y de su
más bien, de los dioses qu . .
rudad, depende del hombre 0
sentido del ente. Este se re:e~nspliran al behom~re a descubrir la totalidad
, ª que sa mirar co
bl adura armoniosa de tod
1
' mo cosmos, como ensamos sus e ementos Saber ·
mythos, es decir., la palabra que nos ab · 1 • nurar Y saber entender el
misma realidad. El mythos nombra 1 ~ os OJOS, son dos aspectos de una
dedor de los clioses llegan
. • os oses Y traza su órbita, pues airea 11ummarse las res
ti
dentro de las cuales Je toca a I hombre realizarse
. pee vas, esferas
de existencia
.
del mythos fundamentante del orden "revelad " a s1 rrus~o. El "olvido"
0 , Y de la Jerarquía que le

ea

;~u~ia::

~e sus_ "ojos"

°

d:

159

�un orden artificial
loa
de
:n~~
Pero misma necesidad que
.
haciéndolas aparecer

.
•
c:onaponcle, conduce a la
1 'timarlo por medio de 'mitos"
egl

'

la

ya

intentos

~

ta el hombre de justificar IUI usurpaaones,basta
punto está
de gestos arquedpicoe, demuestra • · •q la conciencia

expenmeai
l'epCliciones

como
l "recuerdo" de la vmlad onganana,
enraizado en su alma e
orden • esto trata de apoyarse, aunde un orden natural en el que cada
. ~pu La posibilidad de construir
(
_1..:ccándolo
y adaptándolo
d~
. como su f---..1---to
la efecque _
,
dea .IUI
lencia,
tiene
IIIIUUUQI
ficciones, legi~oras d e = ~ abridoras del mundo.
tividad de las imágenes
'
tando
rebafios se encuentra en
Hesiodo apacen
sus
'
1
Las musas con as que
'
chas mentiras que se asemeul
e saben contar mu
el Helicón, no le _oc ~ - "pero tambibl cuando nos place, sabeilln a las afumaaones
'
. .
los ~ • segun' el repro,El hech0 de que as,m1smo
..--,
•
mos decir la verdad"•
,,
debe inducimos aJ error de 1den00
• .....__L_ "mienten en demasia
• •
La
che de • ~ ,
. lemente su modus dtfu:rens.
tificar la poesla con la ficción que es,. SUD~ (H"lchrun) pero precisamente
palabra es "el más peligroso de los bienes) .: obra, ~ ente en cuanto tal
· la de "desocu tar, en
lo es por su tarea propia
•-1-) El au~ntico poeta invierte, pues,
·
·
En la
y guardarlo en su verdad" (Hei""""5"'ª
la 'tada
sentencia de Heráclito.
·-~--:.l.
la que alude
Cl
nf
la tramfWlllilUUn a
d · se convierte lo co usamenvisi6n ~tica se restablece el mundo, es _car,
_, .. en belleza. Del
rord pleno de sentido, en anno.....,
te amontonado en un
en
La palabra, purificada por el poeta,
montón de esti&amp;col ~ un COSIDOI, dinámica de lo sagrado se está aprespurifica al hombre. Qwen recu~ la noche c6smica -la Weltnacht de
d
el retorno de los di09CS. La
tan o para se disipa
.. ante la w. lumbre de una nueva aurora.
HolderlinN ch einmal sti es eun Morgen, Gotter.
W~ . dnho'- llar alltin snd Ursrung.
11' une
-·
li t
D . ·w lt steht auf mit euch, und Anfang g nz
ae e
M: ..r
an alltn BruchsttUn unser,s ~,,ngens . ..
dioses'.
(. Que sea una vez más vuestra ma~ana:
Sólo vosotros sois ongen.
N'osotros ' e1a1n'mos
r
·
·
l inicio
El mundo surge con vosotros, resplandeciendo e
en todos los pliegues dt nuestro fracasar . .. )

.
Mana
,
l últimos de un fragmento de Rainer
Estos cuatro venos son os
nPllf'traci6n y de un modo
Rilke. io Raras veces se ha expresado, con mayor r--¡, Gottli,lt•m (Gottingen, 1955 &gt;• P· 21.
• Citado por K.uI. KzuNYJ en Umia•~ mleun dieux, 11 faut frapper lea dieux de
"ll ne faut point attaquer lea autra, nuua

más concleo, la esencia del mytboa y su lignir.cado para la existencia humana
A la luz de tales paJabru, evocadora, ~to de los dioses corno del mundo
que con ellos emerge, se comprende bien la e.sepda catártica de toda genuina
poesía, en cuanto ella logra hacer fulgurar los orígenes, sugiriéndonos la posibilidad ~ trasmutarlos en un nuevo comienzo. Una elegía -pues el citado
p.lS&amp;je tiene carácter elqíaco- no ea scSlo lamento sobre la fragilidad de Jo
bello y la fugacidad de la presencia divina sino, ante todo, conjuro de las
figuras que se han ido, o sea, f6nnula de CDCantamienfo por medio de la
cual el poeta fija la imagen de aqu~Uos a quienes pertenete su amor y su
veneraci6n. La efcctividad de un tal Procedimiento ''mágico" depende de la
fascinación que puedan ejercer las palabras para "atraer" a los ausentes o -en
el plano subjetivo- para hacemos \'el' que lo que ha sido es todavía, si bien
se está ocultando a los seres olvidaciims e impuros. Mnemosyne, la memoria, es la madre de las musas, y mientras el poeta recuerde de veras una teof anía ~ . le es licito vislumbrar el advenimiento de una nueva mañana
divina. Tal vez, en el futuro, una mejor comprensión del tiempo nos hará
más receptivos para la identificación de los dioses con los orlgenes, familia117.ándonos, igualmente, con el ~ento mítico del eterno retomo, ese
núcleo de la fil010fía nieasc;heana
Los versos del fragmento de Rilke que hemos citado están precedidos por
un ~je en el cual el poeta alude a repetidos advenimientos de los dioses,
idea que parece justificar la esperanza en un re-nacimiento espiritual del
mundo en el porvenir. &amp; notable la fuerza intuitiva que ha permitido a Rilke
dar a su representación de una teofanfa futura todo el sabor de una concreta
experiencia, como lo atestiguan las imágenes de estos dioses,
.. . Sclúafer in den Dingen,
die Atiter aufstelm, die sicla and den Brunnen,
die wi, vermuten, Hals und A.ntlitz wasc/aen
und dú ihr A.usgeruhtstin leicht l,inzutun
zu dem, was voU scl,tint, unserm vollen Ltben.
( ... [los diomJ durmientes en las cosas,
que se levantan risueños, para lavars, en las fuentes
que entrevemos, el cuello :Y el rostro
y que añaden, levemente, su se, reposado
a lo que parece lleno, nuestra vida llena).
l'ennemi. Mau, d'abord il faut done lea decouvrir. Leura vúitablea dieux, lea hommea
lea ~chent avec 10i.n". T•l Q.••l (París, l!HI}, p. 38.

160
161

H. 11

�Incumbe, pues, al poeta que vive en los tiempos tardíos, alejados de los
dimes; preservar el recuerdo divino, asumiendo ast el papel que Novalis le
babia asignado, el de un mldieo trascendental. La imaginación es, para Novalis, el supremo bien y la poesla la ffgenuina realidad absoluta,.. En es~
última afirmación ve el núcleo de su filosofta, condensando su tesis en la
fórmula: "cuanto más poltico, tanto md.s v,rdatlero". ¿Romanticismo? ¿Pensamiento antiplat6nico? ¿Imcionalismo? Con tales etiquetas a61o nos cerramos el acceso a la comprensión de la palabra creadora. Donde se hace patente la genialidad sobran las clasificaciones. Quien pretende ver en el poeta
nada mAs que el hijo de su Epoca -o de una corriente espiritual que la
caracteriza- no entiende ni el mensaje del poeta ni la fisonomla de su
tiempo. El alborear de la conciencia del fundamento mítico de la cultura
no es "producto" de ninguna q,oca sino anamnesis, rememoración de un saber sepultado. Las veneraciones no son una "circunstancia" del hombre como
las ideologfas entre las cuales él hace su elección para canaliur sus rebeldías
y racionalizar sus conformismos, Las veneraciones son nuestras posibilidade.s
de trascendencia y, por lo tanto, el secreto móvil de nuestra autorrealizaci6n.
Pero tal vez no siempre sabemos nosotros mismos, a ciencia cierta, qué nombre hemos de dar a nuestros dioses, y tal vez un secreto pudor nos impide
confesar nuestras veneraciones. Para protegerlas, o por avergonzarnos de ser
"entusiastas", estamos a menudo renegando de ellas, aun en los momentos
de nuestra soledad, al dialogar con la sombra de nuestro prójimo. ¿ Acaso
tmaemos al ataque del prójimo a nuestras veneraciones? ¿Es el prójimo -y
basta el más allegado a nosotros un potencial enemigo de nuestros dioses?
Paul Valéry dice, en uno de sus más penetrantes aforismos, titulado Cach,
ton dieu:

No se debe atacar a los otros sino a sus dioses.
Hay que abatir los dioses del enemigo. Pero, ante
todo, u preciso descubrirlos. A sus verdaderos
du,ses los hombres los esconden con cuidado.

162

BREVE ENSAYO SOBRE EL SER
Dr. Ausuro OAnnw.u
Univenicfad de C6rdoba (Arseutina)

I
LA, RELACIÓN ONTOLÓGICA ORIGINARIA

El estudio de indeterminación.
ff.w UNA EXPERIENCIA PRIMERA d J
tal experiencia
por la cual e) ser se hace patente. y
se pone edeyomanifi
que hay entes. y haberlo descub'
testo cuando decimos simplemente
se patentu.a e) ser. Vayamos p ier¡o es ya haber descubierto el yo en el cual
este dato inicial nos basta. Porq: si~:amente: e\ evidente que hay entes. y
entes. Algo que es dado como
. algo_ no podemos dudar es de que hay
po Ja cual
una inmediata p
.
.r .
puedo decir que hay entes
. 1 resenc1a a mi conciencia y
c1enc1a. Es decir que 1
ha
Y sm a cual no habría tampoco
1
e ser fe ce conscient
·
eones patente como dado-ahí y nada más.
e ~n rm conciencia para la cual
me lo haga dese b . s·
, o sea, sm previo. "razo
.
"
.
•
• u nr. lDlplemente, está ahí
. nanuento
que
eta, nu conciencia interior al ser I
.
. . El ser mtenor a mi concient •
• ntenor a uu c • .
se pa entiza y emerge aunque no es
. o~ctenoa en cuanto en f'lla
conciencia interior al
la conctenoa la creadora del
. la
ser en cuanto nada
al
ser,
Lu--o puedo hac
escapa
ámbito del ser
-" '
er una nueva distinc · ,
·
cia, es decir, aquello que se h hech ion: aquell~ de que tengo concienser y
ª 0 patente a nu conaenaa
· •
' por eso, que existen entes ~
es que hay
ha
· orque cuando digo
Y entes, esta evidencia es posible en cuanto ha
que es. evidente que
Lo que es. O sea que lo pnm'e
y una presencta que exist,
d •
ramente patente no es . 1
•
e nu contorno sino la interior ¡,,ese . ti, l
sunp emente los entes
o, mejor aún, la existencia de I ncu, e, •sn que hace evidentes a los entes
os entes. St nos fiJ"amos b"ten, esta patencia

º"'""'"""
·-o---

163

��aire participan del calor o, mejor aún, que están calientes o que son calientes;
también podrlamos decir que el hielo es frlo; pero esta misma afirmación ll0S
descubre que rectamente hablando debiéramos decir que el agua o el aire
tienen o están calientes y que el hielo tiene el frío, ya que los primeros no son
el calor y el segundo no es el frio. Lo tienen pero no lo son. Asimismo, los
términos mutuamente implicados e inseparables por eso mismo de la relaci6n
ontológica originaria, tienen el ser o están en el ser; por eso podemos decir
que son, siempre que tengamos presente que el acto primario por el cual se
escinde el ser en ser sujeto-ser objeto no hace más que descubrir el ser que
está en el yo y en el obiectum. Si así no fuese no podríamos ya dar un solo
paso más porque si yo no tengo el ser, no participo del ser verdaderamente,
sino que me lo he dado a mí mismo o me identifico con todo el ser; si lo primero, caigo en el absurdo de haber sido antes de ser para poder darme el
ser a nú mismo; si lo segundo, si me identifico con todo el ser, desaparece la
relaci6n sujeto-objeto absorbida completamente en el sujeto al modo del Yo
trascendental de Fichte. No queda más salida que sostener que el ser del s,r
sujeto 'Y el ser del ser objeio es ser participado. Esta afirmaci6n welve insostem"ble una actitud f ilos6fica que intente edificar una ontología a partir de una
mera y exclusiva descripción fenomenol6gica del existente humano sin la apertura a la relación ontológica oñginaria que implica, es claro, una salida f11era
del mismo existenie como tal; pues desde el momento en que surge el ser
sujeto ya se trasciende en el objeto con el que entra en relaci6n necesaria;
negar esto es, hasta cierto punto, no ser fiel a las últimas exigencias de la
descripci6n fenomenol6gica; si el ser en bruto, lo fáctico, no ei otra cosa que
el ser-ahí del propio humano existente sin posibilidad alguna para la escisi6n del pleno del ser en la relaci6n originaria, resulta imposible la salida
fuera del sujeto; en realidad, ni siquiera debiera surgir el sujeto como tal
y el existencialismo, para ser verdaderamente fiel a sí mismo, debiera perma-

de carácter tsfnntual
..
porque ad . .
. .
soy por evidencia inmediata. yqwnr conaenaa de ser equivale a abn que
observemos que yo no soy porq:e es1!'ns': puede sei: puesto en duda. Pero
por~ue soy; sin esta primera pate ,:ted q_ue soy, uno lo contrario: pienso
a IDl ser como ob'iectum. Resulta naa
así . e IDl ser no podria pensar ru. ponerlo
~ ~m? '? el idealismo, por un lado unposibl~ deducir l~ existencia del penong,nana n el acto rv
""r el c'""
··-' me conozco
, y también resulta imposible la rie'--·.i
&amp;aelun
entonces la alteridad resultaría im 'ble como ser no fu.era espiritual porq,u
en el pleno indistinto del ser en b potn L 'Y deberia quedar siempre inmerso
· absolutas. Prim
ru 0 • uego' puedo dcar
· que tengo
evi'denaas
d
.
·
era,
tengo
conciencia
d
ya 01
da,
~ sunultáneamente tengo conciencia del
e ser 'Y, por eso, del ser;
y,Sl sé que hay ser, este saber que se si e d pens~r. Además, si sé que soy
aun no me dice nada del f dame
gu e la pnmera relación ontol~
h........
un
nto de esta ·
• .
~-,
...... 50, es necesario dar una
respuesta• po 1 IDl concienaa de ser·, sm' emuna respuesta W\ no podría
·
r o pronto, y esto eqw'vaJ
' ,..._
tener la pat · d
e ya a
por el que es todo lo que es, según se d"
enaa e ser si no .--ruirti.a'para del ser
puedo encerrarme en el mmanentJsmo
.
.
antes; .entonces es claro que no
matIJO 'alis
to
en
el
cual
des-cubro
el
d
en
• .
ser escubro siJn l , ta smo que, desde cl momenmteligible: el del pensar L '
u táneamente un orden eidético
.
. uego, el orden ontoló .
o
recen simultáneamente "' en tl .
,guo Y el orden eidltico apa
.
.,,
mismo acto d
•
su propio ser. Como se ve,
"d
e aparecer tl sujeto trascund
es evi entemente
,
•
cree que entre sujeto y obieto ha
, erronea la opinión común que
· li .
J
Y un vac10 una laci6 ,
.de '":P
cación y de trascendencia porq ei' . re
n fna; la relación es
lmplica en sí mismo al objeto y al . ue . SUJeto autodescubierto como ser
~el ser trasciende el propio ser ,y lo
bempo, el acto de descubrimient~
c1a Esto equivale a adoptar una acbtud
~ yecta aun
.
. allende su propia CXJstenal de la fenomenología heid
rian
~eJ~te en el punto de partida
clausura.
egge a pero mmediatamente suna
... .i
de su
r---..ora

UU:º

necer mudo.

Conciencia dt ur 'Y orden eidético.
Sin la conciencia, es decir, sin el acto del espíritu por el cual me descubro
como ser y descubro el ser en el mismo acto, todo es como si nada; si existe
un estadio preobjetivo, en tanto aún no se ha puesto la relación ontol6gica
originaria, el ser mudo, como si nada, y nada puedo decir de él. Pero cuando
lo que hay se me hace patente, al menos el primer grado del conocer que
es la simple sensaci6n, se abre el camino del ascenso al ser y, por él, el camino
para la edificación de una ontología. Esta relaci6n ontológica originaria es

166

II
RELACIÓN ORJOINAJUA y CONTINGENCIA

Lo preobjttwo, el ser inteligible y el "resto".
La relación
0 - : : - - , como acto del esp' •
la • ontológica oriuin:ari,.
mente idea del ser; porque la o . .
.
tntu, produce simultánea.de ser oposición es implicaci6n de pos¡c16n suJeto jeto, por el hecho mismo
uno en otro y esta re)aci.6n, cuando se efcc.

167

�Pero como es natural, el ser
se ba del-cubierto el ser.
'
brir con mi capa·
t6a, ,a supone queel ser abloluto sino el ser que puedo d~ las profundidadescubierto no es
hnada. 0 .ea, que uaue
.dad infinita de conocer nunca co . ti'vo emerge una fina arista a la que
Cl
• •
• del ser en bruto o preob)C!
llamo el ser-int1ligibl1 que
des~ u e s t r a idea del ser; tal uadeslo quela naturaleza de nuestro_ espíco•• -,.• · 'amás adec O ª
b' tiVO se
predicamos de todo jwao J
1 al el pleno del ser preo Je
.
bierto en el mismo acto por e cu
tonces, esta idea de ser
ntu, descu
'eto-ser objeto. Indudablemente en
l todo del ser;
etcinde en ser SUJ d
b' rto del ser preobjetivo, no agota a
1 todo del

relativa a lo es-cu ie
• conmensurable con e
qu~ es del ser en este sentido, es realmente m esente a nuestro intelecto que
la idea ue el ~r inteligible es nada más que lo ~tino-Pnte intelecto no puede
ser porq
-"1)•
la ._,...,1,a de
1........,10 por nuestro
lo des-cubre; y lo que es V&amp;•....
Esto es lo que consti~ye
u "6"'...
•
agotar todo lo dado, el ser en total.mínima franja de la realidad y debe aban
......... inte1:-cia que capta una .
hace -ible el filosofar ya que
DU=u..
"E&gt;.....
tambiEn lo úmco que
r-•
fí
pQ&lt;lría
donar el resto, pero es
'6 rioinaria el todo del ser, la filoso iadono dice
• escubriéramos en la relaa n o.
odo Por eso, cuan se
SI d
la b•',cnueda por haberlo encon~do t 1 . -•stente debiera aclaomenzar
-i
•
obJeto e ser ...,,..
'
b'
c
la Metafísica nene por
el todo del ser; de iera
con raz6n
ser existente del que se
es es el pleno del ser sino
rane que
-de la Onto,"6... 00
•
laci6n
ue el ens communt
íritu en su misma re
aclararse q
mima franja que descubre el esp
eda decirlo todo (como
s6lo aquella -~ . . d ahí que la idea del ser no pu
.do del océatógica Ongmana, e
end mostrarnos el conten1
onto drla Lavelle) que es como pret er 11 do a otra concluS1'6n ·unporsosten
cda1 L go hemos ega
1
medio de un d
. ue '
. teligt'ble y el ser total, o, o que
no por .
nsurabilidad entre el ser m
.
tante: ~ m ~ otabilidad del ser por el espíritu.
es lo JD1sm&lt;&gt;, la mag

=

El

"I)"

bah~:

como idea.

,, es elaboración abstraelos "manua1es
del
que
hablan
· ·mtuición del
El concepto de ser
. . nto del ser . sin la previa
.
por eso posterior al descubnnue . le 1 ~ concepto alguno, no ya
tiva y,
~
. . ·a no sería posib e
la tradición
ser en la relación ongman
to ·Tiene entonces razón
,
solamente del ser, sino ningún cc:cep -~to sino idea de ser? Creo que s1,
stiniana que sostiene que no y con tracción que nos conducirla al ~nagtl
trata no de un proceso de abs
h
posible toda abstraccaón
porque se
. . :.t del ser qu~ ace
-'---". de una ,ntancwn
labo dos por la é&amp;&amp;nU
....
cepto de ser, SlilO
trabaº " con conceptos e ra
t
•
Las
ciencias
"
Jan
el
que
no
se
trata
aqu
postenor.
la • tuición del ser; aro ·
ci6n; la ontología parte de
m. solamente de la intuición del ser que es
de la intuición del absoluto Ser, nno

ser

168

Jo que adviene en Jo que he llamado relad6n ontoJ6gica originaria. Hay siempre un "plus'», un "más al1'" deJ ser mismo dCICUbierto en la intuición originaria y este ser descubierto en la relatio primera es siempre inconmensurable
con el todo del ser. Luego, si el concepto es e) ténnino de la abstracción y la
idea es el directo resultado de la intuición ( ,elatio), el ser des-cubierto no es
concepto sino idea, la 6nica idea, "matriz de todos los conceptos" (como dice
Sciacca) porque entonces solamente hay conceptos nunca el concepto de los
seres particulares y no el concepto de ser, sino la idea de) .ser. Esto nos da
razón de la pluralidad y de Ja unidad de todo lo que hay.
Intentemos seguir adelante con nuestro análisis: si la idea del ser que
corresponde a Jo descubierto de él no sacia sino que por e) contrario, apenas
indica una estrecha franja de realidad, ¿qué valor tienen los conceptos y por
Jo tanto los juicios ya que no hay juicios sin la predicaci6n del ser? Es claro
que los conceptos solamente tendrán un valor relativo, jamás absoluto y quien
procure filosofar por medio de los puros conceptos pensando que ~tos le
''niostrarán" la realidad toda, procurará algo realmente imposible y su ''filosoíia" será pseudofilosofía desplegada tn una especie de juego de conceptos
y f6rmulas vadas. EJ mismo concepto, si tenemos en cuenta lo dicho sobre la
escisión del pleno deJ ser en la relación originaria, se mueve en el plano de)
ser inteligible; apenas nos dará una imagen geométrica y clara. . . ¿ de qué?
Del ser inteligible. Pero dejará en la penumbra todo el resto situado más
allá del alcance del conocimiento conceptual, sin querer con esto invalidar el
mismo conocimiento conceptual sino determinar sus modestos limites que son
los límites de la endeble inteligencia humana. En cierto modo, podemos decir
que Jos conceptos tienen una doble faz aparentemente contradictoria: por un
lado apenas si nos dicen algo de Jo que hay (he aquí su miseria}; y, por
otro, nos ponen en e) rastro de Jo que hay por aquello mínimo que nos
muestran (he aquí su riqueza ontológica).
Si dejamos por el momento este paréntesis acerca del valor de los conceptos,
es necesario volver de nuevo a la relación ontológica originaria: cuando descubro el ser y e) pensar, ya que no hay pensar sin ser, es evidente que si hay
ser es porque hay algo que 1xist1; en realidad es esto lo que descubro: que
hay entes, o mejor: que existen entes, o que existe, el 1ss1 y lo que es. Y es
realmente absurdo decir que no hay esencia de lo que existe sino que es Ja
misma existencia Ja que se proyecta en todos )os instantes porque, entonces,
como ya se ha dicho con raz6n, Ja existencia se "esencializa"; y también resulta absurdo sostener que s6lo hay esencias porque .uf nos moveríamos en
la pura posi'bilidad, no en el orden real; una mera esencia como tal es siempre concebida de modo que en su misma razón no entra la existencia; pero
eso solamente en e) orden lógico. Y si no podemos pasar del orden lógico al

J69

�~ Mell9"" _. aille 'I •

•1 ~

nada..,..
turm haJ _,.,
L-.,, mando - • nlaci6n - .
J• •

no hay eaa:d,lismo . ~

_,_.del••

~ qnaria el• , e ~ como o ~
IAe
W ~ CD el primer acto de Ja reJadla indllJI eD á mismo Ja .,.._
cia y a aistmda ~ una tbl la .tra. Da ..SO que cuando teap
)a intuid6n de • un aer y en ella la delar, al JDIDGI de IU1leA vaga per•

•¡

dbo que ate• delcubicrto, que IIIO p

et, o; en otrM palabraa, que nada
pedda existir ai no Í\lt;ra
y que iatuyo algo poique • (de Jo amtrario
nada podrla delcubrir) ; a, ~ ol •
la rew:i6':a originaria de - - - 'f eleDCia DO COQIO ~ COIU adbmdaf exbbaler:ameo~ _sino
comtitutivaJ de lo JDilmo que clelcubro; el - - ~ DO • la -..cía
ni a la eixistencia; el aer ~ • ~ cam y. amlw I01l uoa ac&gt;la:
el aer. Pero hay mM: bemol didlo ~ que tc. llfrminns de la
, ~ originaria por la que dacubro el ,er y lo pongo~~• ..,.
el aer y que por ao poitea,,. decir que ,oa; pero DOI cuidN001 bien de no
decir ~ 1011 el ter; o aea que b táJnim1 .de Ja relama implicaclol en el

•ibierto -

- participan del -· el - clmcubMwto .., el - y nada mú. &amp;to lipiñca llaber dacubi.erto algo iaaportante: que ate aer dCICubierto en la rela·
ci6Ja originaria DO a Jwr Á 'f ai DO a por ll DO me queda IIÚII mida que _.
t11Det su '°"~ ,.&amp;111; pero, al millllo tiempo, raalta ya impolible
eneerramc» en UD oe•i......., üaoluto porque li este• delcubierto
no es por ll debean bl1lcar fwr• U II la ru6a de • millDa continpncia.
En realidad, desde el momento que tengo CCD iencla del aer eD la relaci6n
originaria, ya trllCiendo el mismo • delcubierto porque me wo obligado a
reconot1'r (en el mismo acto) que al no aer por sl (pues tiene el 1et y no
es el 1et) su ru6n de • te litúa en UD allende sl mismo. Y me sit6a en plena
trucmdrncia Veamos entonces Ju cc,m con mayor dt"tmirniento.

~~--,
.........
w,e1~.AD••.-1a._::;.~••milma~:
_=:,

el llel' y DO ~ - "w'• lal&amp;IUIIQB.J&amp; epa,:• JnPIO de Jat COIia "tena"
que • a r qqe QM' encuentro ~ l a e l aer e la eeisa. es tlors en tanto
.
en r4'-o odgi •
• yo DO 19'1 mi ••mi• e, IOWmeate lni4o
MOi, me es "cladc,,,¡ y
entraña ma,ons dificukades.
•·
que ato es evidente y no
.,,._. ~ queda . .~:_-;:-0 ~
ti mi lel' et clonado,
DO ~ a J)lltente Pl\l'O IÍ, por Jo JDerJOa.
~ t e CUf.\ enridacf misma
adviene f!O.IIIO ym-.iaeeco•
.
radka1 apertura. Y eno no me
IL!
• • de
• "f"
, ffllp' w,t,0 Ollml6gic,.... L-....:......1 L...L.
.nmapo DU lel' es ,__:..,..:___._ .
•
._,,. ca 1--uuato
L ... .1--1...
_ . . . . , . . . . . . . _ mi RI' Dll8DO• en •
UIIM: pateDtc - - el Q'JO!Qeato de Ja nlalio
• • .'
- ~ y•
estar ......, y DO puede DO NrJo
ongmana. BI hambre el este
Ali m MUist• n _,, amo tll
~ ~ Ja ~ origilaaria.
Je adviene esta apertwa "luego"
• ~ "' ,,.
A mi aer no
ES
apertura. In modo
, por
de III descubrimiento; mi •
IOluto Principio de .
alguno ~ m11nuar que el ., minno clel al,..
•
IDt - y del lel' lea- anmediatamente daa bierto •
~~ ofrecer UDI ..prueba" de IU
......1. ~ , m tampoco
uauua tratado de IDOltrar algo mucho mú , . - para~ adelante;
~tal: que nuestro ter y, por B, el ter de
pem Jlr•IIIO J fundadical al Abaoluto Ser. Nada mú.
todo lo que hay, u apertura racticabnente abierto al Aheoluto ~ que enloDcal, eate mino atar raen tal CMO toda -·•·
, ~ t a toda prueba Y a&lt;m la exige. Pero
•
,,.....,. que qtuieQ praentane
válida .

C.O

ci:

aa

=

_e-,,1?•
mtenda~

4:e

se,.

~ la relaci6n

ontol6p-a originaria en la que ~ la ~ 111 ~
IDl lel' y del lel' J III apertura aJ ámbito del M-oluto ~tmger,Ga de
Contado con la rllituióa.

m
la. AJIIOl,U'IO ftlNQIPIO

DecidiclammteJ por tratane huta cierto
vada la distancia) con la p,lici6n de :
de un encueatro interno (111expougo aqu( mi medí~
~ de1 pn,bJema de Dioe,
to
al
IObre el peDlllmento del fil6d
rno p,oblmu, th DiosJ en Nlllw. Hid Dio 2a.
o -ruua- (E,a
drid, 1951). fJ Jectm, apontúeamen~
Ju~ ~, P. 329-361, Madaarrolb que hap por mi
•
erencm y a1'les 10n io.
malentendido ...L....I
propia ClleDfa. ,. tambiáa evidente que L ... _
wutamente a Zubiri •
IUID
"prueba" de Dios y menoa a6n b
quaene, ven en III pwam.:nto una
constitutivo fonnaJ de la natura'aaqudi~ ~ que la "funcfamentalidad" es el
YJDa. La meditaclón de Zubiri' ae atúa
••

-«-•

verá

La re1aci6n originaria, acto en el cual el ser elCinde en mjeto-objeto y escisi6n que ,s ese mismo acto, D01 ha pua.t.Q en evidencia la ,MV,rl niJailitlad

"""''º

omol6gie• tÜ
s,r, dacubierto ea la awocoacimc:ia en la cual dacubro ümuldneameate el ser de todo lo que hay. Y 11G1 hace patente, al mismo
170

t11

tcrA me ft'lllite • un-Alleade •
. _ 1111&amp; ,,,., mu que, po,
• dacubiato m Ja ~ ~ ~ y el • de• enta. &amp; decir, 11Pf11tm
• Aqwllo fJII ¡,o., 1M
D01coiorauee 1!' ~ ,ü .,._

171

�..:.__..:.t.. -:.a. la
d, detde esa 111.UIIUUu, : . •
en un estrato pn!V10 a ~
una relaci6n ontol6gica ongmana
-a.... o 'le trata aqul, cvauen
,
•
la
fundamental
.t"......,._.
llamado al inicio del fi1010far) mno de mera y "
(como hemos
. el sujeto y "además las cosas,
comprobación de un hecho: no es que existaabierto las cosu"· de ahí que la
• ~' . en estarviene al hombre
ª
' si mismo y el
"sino que ser sujeto •conm
desde
existencia de un mundo extenor le ad
.
del hombre; a es
.
..-rh-•
y
esto
es
el
ser
mmno
sujeto pone su mmna ar-_,.-,
Ent
las cosas no son un "-~-.a·
llJuaul•
·
nada
serla.
onces
"con" las cosas y 11D Cl0laS
tal Asl tammm respecto de
do" sino un necmarium del ser humano como "~~-.c._,,. de
hay Dios.
•viciad de las cosas Y aulallU
'
Dios, se parte de la sustantl
dice Zubiri "la pom'bilidad filos6fica del
&amp;to es tambifu un fallo supuesto Y, • la ~ ó n humana dentro de la
n:--' consistirá en descubnr
,, Cuál
problema de .&amp;n\119
•
dicho está ,a planteada • ¿
CUal esa cuestión ha de plantearse, meJor
'
tra "implantado" en
1 hombre 1e encuen
es esta dimensi6n? Por lo pronto, e
el sentido de ser un ser que conla existencia y existe ya como persona en lado se ncuentra enviado a la
,
realizarse" y, por otro
.•
•
•
siste en 'tener que
~ ,, "esto que le IDlpone la exu. tencia o "la existencia le está en
ª y
lo cual "el hombre se
em
• Is4
'vir• esto es algo en
tencia es lo que le ampu
vt
'
ff'"co sino que es apoyo
. .
hacene,, • no es un apoyo ... ,
apoya para exutír, para
'
en la existencia; el lo que nos
el sentido "de que el lo que l)OS apoya
eda más nn111'bilidad que
en
mismos y no qu
r~
hace ser"; esta fuerza no es.~~~ de
'hay' también lo que hace que
•
. .:..1--:- de que adcwu
cosas,
·
t esta·
la misma e .
· h• porque prevuunen e,
"estamos obligados a exu....
'.
algo
baya"; y, entonces,
hace . tir". pero as{ nos vmculamos con
mos religados a lo que nos
~ ,
hace u,». de modo que eo
..51. que p,evunrunte, nos
,
•
que no es extrlmeco no ,, . '
,, enimos de., ; y así la religac16n n01
la religación no ''vamos a s~o ~u: ~ existencia humana. Esta existen~
hace patente la ''fundamentalidad. e li d en cuanto la religación zub1"
'ad " smo re ga a
no está simplemente arroJ ~
.
. . así el hombre "consiste en
• . d la misma existencia, Y
riana es constltutlva e 1aro
••.. ª; como el estar abierto a las cosas nos
ligi6 " . e
que reli
religaci6n o re
n , es
.
ue 'ha , cosas, así también el estar
•
descubre, en este su estar abierto, q re1· Y lo que constituye la raíz funda'hay' lo que 1ga,
igados
gado nos descubre que
Di
mo "aquello a que estamos rel
'te '"•estoes
osco
.
•
mental de la eXJS IlC1a ,
patente entonces, no es Daos preasa•
. en tero"., lo que nos es
-1:n&lt;1r'6
en nuestro ser
d.:-'-"''· d modo que la •""6
....1 n nos
·
Z bi · llama "ta ~'"' , e
mente sino lo que u n
, tala
1.1 constitutivamente; así Dios
'
d 'dad nos UlS
en e&amp;
abre el ámbito de la ei
y
trib to serla la fundamentalidad,
untlamentale cuyo a u
.
liga
el
f
aparece como · · ens estar ya haba'endo descu
. bierto a Dios en nuestra re •
por la cual, ~tu' es
'
• •
eso "el hombre consiste en estar
.
li d estar en Dios' por ,
ci6n; yasi estar re ga o,
. d z biri desde el comienzo qwen
. . do de Dios" · Como deda, malentien e a u
vm1en

•

prueba a

tementeT

elbs

ª

172

piense que esto •ifica una ".intuición" de la entidad misma de Dios, o que
Dios se tranaforma en aJgo subjetivo; la cosa ea anterior y mú simple: ''Lo
que de Dios haya en el hombre es tan a6Jo la religación en que somos abiertos
a ti, y en esta religación se nos patentm Dios". Esta simple patentización
que acontece en la fundamentalidad religante, cuando queremos elevarla a
concepto y darle justificaci6n ontológica, '"entonces, y 161o entonces .. , es
cuando nos vemos forzados a intentar una demostración discursiva de la existencia y de los atributos entitativos y operativos de Dios. Tal demostración
no sería jamás el descubrimiento 'primario' de Dios". O sea que Zubiri no
trata de Dios, sino del p,obkma de Dios. En este sentido, basta lo dicho para
hacer patente que "la existencia que se siente desligada es una existencia
atea, una existencia que no ha llegado al fondo de s{ misma"; tal es la suficiencia de la persona, la que, en cierto modo, "se implanta en s{ misma en su
vida, y la vida adquiere carácter absolutamente absoluto" porque se autofundamenta, lo que es propiamente, la "rebeJdfa de la vida" o "endiosamiento de la vida" que consiste no tanto en la negación de Dios sino en que
"el soberbio afirma que él es Dios"; pero esto mismo no es posible sin Dios
~ues el ateismo solamente es posible en eJ ámbito de la deidad y, entonces,
n el holbbre es religado, "su sentirse desligado es ya estar religado".
a) Claro que surge aqui, vininado desde adentro deJ pensamiento zubiriano,
una diferencia: el ser como ser abierto a lo Absoluto (de Jo que babi~ en
el párrafo anterior) depende en su mismo aparecer como tal, deJ punto de
arranque que no es otro que el autodescubrimiento por eJ cual el pleno del
eer en bruto (lo preobjetivo) se escinde en sujeto-objeto dentro del ser; o sea
que la relatio originaria toma como punto de partida la autoconciencia que
no es (como para el maestro español) "un retorno desde las cosas hacia s(
mismo" sino un descubrir las cosas en sf mismo, es decir, desde la radical patencia de mi ser en cuyo acto descubro el ser; o, como decía antes, la conciencia de ser es conciencia del ser. b) "Lo que de Dios haya en el hombre
es tan s6lo la religación en que somos abiertos a ti, y en esta religaci6n se
nos patentiza Dios", dice Zubiri; esto nos pone en evidencia que el ser deJ
hombre en cuyo autodescubrimiento se nos descubre el ser, consiste en a¡,n.
tura; fijémonos que no se trata de que el ser del hombre "se abra" al Absoluto Ser que Je hace ser; es mucho más que eso: no es el hombre ni es el ser
de todo ente el que "se abre" o "se dispone" al Ser Absoluto, sino que existir,
ser un ser, es S61 apertMra, estar abierto. En este sentido "está" el Absoluto
en este ser que soy y e:n todo ente, pero no "es" evidente; de ti no tengo ni
siquiera esta simple patenda de que habla Zubiri, sino sólo la apertura ...
e) Y si este ser que soy y el ser de todo ente (que es de "Jo que hay" diría
Zubiri) consiste en radical apertura, toda prueba parte de este hecho f unJ73

�""sibilidad ontológica
. d
1 b ne. el ser apertura es la rv
simplemente o su po '
R 1_..:,in (asunto que deJO e
tid de toda eve de toda prueba, 'Y en otro sen º! .
pertura radical sino en clausura
• 1
no cons1st1era en a
d
y
lado por ahora) i s1 e ser
.
éste que lleva al absur o: o
ed , más camino que
inmanentista, no qu ana
1 sentido de que me doy el ser o me
mismo soy el que hace que haya en e
"implanto" en el ser.

damental

O

Dios, Supremo Principio.
.
a mi conciencia no es por s~ es puesto,
Si el ser inmediatamente descubierto
t pone en la existencia sino que
•
• • 1 algo no se au O
ad ·
arroJ· ado en la existenCia ' e
11 l acto de ser puesto no le viene
·
puesto
en
e
a,
e
f
d
es puesto en ella; Y 51 es
.
d .
de otro le adviene uera e . su
. d tro· y s1 le a vtene
'
, .
no
d e sí mismo smo
e o '
d
.• :. no está en s1 mismo Sl
· a razón e exis ...
misma entidad; luego, su nusm .. ,
esta nueva relación que vamos
, ·
FiJemonos que
.
d
en algo distinto de s1 mismo. .
,.
va incluida en el mismo acto e
descubriendo también resulta ev1~en~1mda )' e hablo desde el comienzo porque
e qu
·
e
descubrimiento de l ser en 1a conciencia
r uesto en la existencia. El cammo qu
le es necesario dar la razón de su se p
'd . Si el ser descubierto no es
.
bastante conoc1
d ·
acabamos de descubnr
es ya
1
esto en la existencia le a vtene
.d te que e ser pu
, .
por sí, admitimos como ~Vl en. ues bien; si yo no soy el creador de ID1 ~
de Otro ser realmente existente' p
. .
la existencia la actualidad
.
f
en
existir y es
d
010 mi esencia no puede consis ir .
1 que descubro en el acto e
,
oda
c1a · esto es o
•·
de mi esencia y de t
otra esen '
(
l mismo) de la relación ongi. 'd con el acto es e
,
eda
autoconciencia que com~1 e.
(
descubro nada que sea por s1) qu
.
•
por
rru
mismo
Y
no
• · d e la absoluta
nana; y s1 no soy
, .
fundamento del existir,
.

°·

planteado el problema del ultim?

de ser de mí y de toda contingencia.

trascendencia, de la a~lu:rar:o~cmostración del Ser Absoluto q'.,e hace
Q ueda abierto el cammo p
. .
te que pone la esencia en la
d . d 1 s premo partlapan
que haya cosas, es ec1r, e u
t que tomo conciencia de ser un ser,
.· tencia. En efecto, desde el momen o
, 't
tablece un nexo causal
d
11
nuestro
espm
u
es
f' .
seg ún los pasos de este esarro o,
1 • nn&lt;tible retroceder inde mil
sí pues resu ta 1mr-.
entre el ser descubierto y_e ser por tro ser contingente sin detener la s:ne_ ~n
damente de un ser contingente a o d od lo que hay Supremo PrinC1p10
d , ismoy et o
,
.
un Absoluto Ser, razón e ~ ~l me es imposible formular juicio alguno ru
iluminante en tanto que sm e

e.xis

descubrir el ser.

El ateísmo, filosóf icamnite in-fundado.

Vistas así las cosas, el ateísmo resulta filos6ficamente injustificable, pues
para evitar el acceso a Dios, Principio Absoluto, hubiera sido necesario que
la relaci6n onto16gica originaria nunca hubiese tenido lugar, o, Jo que es lo
mismo, el descubrimiento del ser a mi conciencia hace ineludible el problema del supremo fundamento o razón de ser de 1a existencia, porque cuando
se escinde el pleno del ser en bruto en sujeto-objeto, ya el sujeto se trasciende
y si se trasciende reconoce que el ser ob-iectum no tiene la existencia por
sí sino por otro. De modo que el ateísmo resulta filosóficamente absurdo e
infundado; principalmente in-fundado porque, para sostenerlo, sería necesario negar la trascendencia del sujeto en el obiectum lo que equivaldría a
cerrarse absolutamente en el sujeto y, con eso, condenarse a pennanccer mudo. El ser, por el hecho mismo de aparecer, remite siempre al Absoluto Principio de si mismo; es esa misma remisión. Entonces, el descubrimiento del ser
que implica de inmediato la relaci6n sujeto-objeto, me religa desde ese momento al Absoluto Ser por el que hay todo lo que existe; y por este camino
veo que la especu1aci6n metafísica, desde su misma raíz, implica su apertura
final al orden de la religi6n. Pero sobre eso, nada más quiero decir por ahora.

IV
CONTINGENCIA, CREATIO, TIEMPO

El ser como permanente posibilidad del no-ser.
Esta remisi6n al Absoluto Principio de sí mismo en que consiste el ser del
hombre, me ha descubierto simultáneamente, según vimos, su nihilidad ontológica que es, precisamente, su radical contingencia. El ser descubierto en 1a
relaci6n originaria por la cual emergen el ser sujeto y eJ ser objeto, se mueve,
es, en la finísima arista de su cuasi nada, de su pennanente posibilidad de
no-ser porque simultáneamente descubre que este ser que soy en realidad
no lo ·soy sino que "lo tengo"; entonces se me ha hecho patente que mi ser
consiste en pennanente posi'bilidad de ser nada; no es que a mi ser ( y a todo
ser) le advenga desde fuera esta posibilidad extrema sino que precisamente
en eso, consiste mi ser; mi ser es permanente posibilidad de no-ser; si vemos

las cosas con detenimiento observaremos que todavía hay más que esto; porque este ser que soy -hemos dicho ya muchas veces- es sólo "tenido" y
174

175

�.
~ de modo erahlilo. º hay otra
si es uí es evidente que 1111 aer me
.
. ser· si "1'/ mi ser y me
posibilidad: porque o tengo el ser O IOf~ m a
mi mismo&gt; lo que
identifico con 61, en10Deel .Y causa Y
recibido dado ~Pi'®·
raulta absurdo; si teng9 _el sertkcr:=
un recipien~ que ha re&amp;o es lo que soy: ¿Quiere
le adviene el ser? aturalmente que
cibido el ser? ¿Que yo soy~~ a lo ~ - ' L - l ser enlODCeS ya aería o ten"'"mente
~ e
..1:....:-....:.L..
no, porque 11. ¡~ " un ·--r·
deque
haberlo
recibido;, luego no hay WJH,AUWU11
dria el ser previamente al acto .
ha
'piente del a· simplemente
entre recipiente Y iecibido. Es decir&gt;.~ teyy ~ porque ,no hay nada
'JO so, se, 11,ibidoa pero no hay ~ l comprebemi6n, es claro entonces
que no sea recibido. Aunque no.~ e
palabraa, lo absolutamente regue mi ~ ~ en puro
aoy, don puro y por ~' pereibido (sm reapiente alguno} , .. nos e áe es el uclao; no intento
manente posibilidad de no-ser. Fi~
qu
en el hecho evidente
aqu¡ una afirmación que no esté fmneinente ~ hay es 10lamente "tey fundamental, de que hay ser y de q~ ::mcadón o aniquilación del ser
nido". Luego, se nos hace patente que
..-nu1111Hlui posibilidad.
de ser lo recibido puro- es una r - -_ppr el solo hecho
• •ente vado. simplemente hay r,ada.
Retirado lo n:cibido (el ser) 00 hay reapi
,
te .1-te al ser·
,
posibilidad más o menos presen m::u
o se trata entonces de ~
Si la posibilidad no existiera más, sencillael mismo ser es esa posibilidad.
distinción entre el ser Y su
mente el ser no serla., no hacemos entonces
. 'daduna
posibilidad de no ser; el ser ,s esa posibili ·

de

! ;8°aoy

"~!°;.e:,:

E:t nihilo omne ens fit.
.d te en la relación originaria en la
Esta gratuidad del ser que se hace evt en . ...,._ esenciales· a) que si
ha hecho patentes vanas •
que descubro el ser, me
. .
., existe lo que hace que haya
ilidad'
d bierto en mi conaencaa no es por ..,
este ser CllCU
•
todo ser comiste ...n posib
entes que es el Ser .Abseluto¡ b). que ID1 ser yrecibido. Estas t¡m conclusiones
de no-ser; , ) qu.e todo aer ooauste _en p~ .
•
nuestro desarrollo:
"conclusiones más radacales
. en .,.-..
......:1.ili.
no&amp; Ulll,~an a
recibid • proeegwmos
eso es, conmte

porque es claro que ai el ser ts lo
~-~ porel.,_
- • ~ - ~ de 61. ¿ En qu6
·
DO-ICI' p,ovw...
--Dde
dad de no ser, este mumo
.
, el cual todo ente en cuanto ensentido? No ya en el sentido beidegenano .egun --Lrenada la nada. No· por, el cual todo ente auu
en
'
te se hace de la nada y~ segun "
., en la existencia y por otro lado, hemos
que resulta claro que a yo ltJY _puesto
mismo "tener'' la existencia me
IDOltrado en el capitulo antmor que este
necesario que
.
• de ---s
.A. ,.uel que es el Ser Absoluto Y
remite a la real existenaa
176

pone a b entet m el ser, entonces 1e hace emfftte que si hay entes (que
comisten en la misma posibilidad de no-aer) 1011 por un acto creativo de Aquel
que b pone en el aer. o hay otra posibilidad. Este ser "tenido", Jo que
hay, proriene entonce¡ de Ja nada, pero protienc por el único medio que
puede provenir: Por creación y de la nada. La nada es antecedente y de
ella surgen los enms que tienen el ser; de Ja nada emergen los entes que
consisten en pura )&gt;OIÍbilidad de volver a la nada antecedente. Entre la
pura nada y el puro ser absoluto, existen loa aeres suspendidos de un d&amp;il
hilo que puede ser "cortado" en cualquier momento. Moverse, desarroUane,
proyectane !IObre este delgadfsimo hilo, tal es Ja condición esencial de los
seres. La creatio no es ast un escándalo. Al contrario, la nihilidad ontol6gica
de loa seres me remite a ella necesariamente. Y entonces el ser des-cubierto,
además de consistir en perm&amp;nente posibilidad de no-ser, además de consistir
en lo J)Ul'amente recibido, consiste na u, creado y advengo así a la conciencia
de creatura.
Se, creado, sn tnnpo,al.
Por tanto, Aquel que pone a los entes en el ser no puede ser un simple
t&amp;mino despenonaliado como el Acto puro aristotBicx, situado inevitablemente en la línea de un naturalismo consecuente; aquí se trata necesariamente
de UD Primer Principio Personal que es el participante, el que hace ser a
todo lo que "hay", o el que pone el "es" en lo que "hay".
Retrocedamos UD poco: Lo puramente recibido que es simultáneamente
plena posibilidad de no-ser, po, eso mismo, es ,Permanente e ineliminable proyección y desarrollo. Es decir, es temporalidad. F.s claro que entonces el ser
descubierto a la conciencia en la relatio originaria, se me presente como
siendo tiempo. Y volvemos a lo mismo: no se trata de que este ser des-cubieno esté en el tiempo, o ~ inmerso en el tiempo, o existe con el tiempo; se
trata de afirmar algo más simple y más profundo: este ser des-&lt;ubierto es t~mpo él mismo; no se "distingue" el tiempo del ser (desde este punto de vista) :
el ser des-cubierto se praenta como siendo tiempo; luego, se trata más bien
de hablar del ,., temporal que somos y que es todo Jo que hay a excepción
de Aquel que es por sf y no se pro-yecta ni desarrolla; por tanto, ser poli.
bilidad de no-ser, ser lo puramente recibido, • creado, implica ser tiempo;
que es lo mismo que decir que ser tiempo implica ser creado, recibido, contingente. No porque el ser descubierto sea todas estas determinaciones yux.
tapuestas. ES constitutivamente todo eso.

EJ •

temporal, el tiempo, supone entonces la nada antecedente y si Ja

177

H. 12

�•
que•
•
en ue hubo ter que es lo nusmo
1
·
+i..nnn ,s de.de el mstante
q
el
....
,s tilmpo. y 11
NU-pone, e - - r ha tiempo porque
ha .:-po de.de que Y
•~-) .J_.J_ el momento
decir que Y
UC1UC
hubo ter ( este ser des-cubierto en la ~te debi&amp;amoa hablar de aer
de la creatio, hubo tiempo ya que,
Diol) loa términos "ser" y
ral 'endo inseparables (por
JO
tempo 11
•
simu}wieamente
con el ser·, hubo ser .cuanel
"tiempo". Luego, hubo tiempo serta del todo exacto decir que se hilo
do hubo tiempo; o sea que no
'enda el "con" como lo entendía San
salvo que se enti
el .
mundo con tiempo,
. ul
·dad absoluta.
Agustín en el sentido de lllll tanei
--L

l,lg&amp;I

•

•

•

' ' ". . ."

:::m;

S tiempo eternidad.
er,
'
.
es constitutivo del
•
con
la
creación;
el
tiempo
da ue
El ·
entonces conuenza
da más cerca de la na q
.
mixtura de ser Y de arista
na ' de la mera post"b'lidad de
mismouempo
ser contingente,
1
d 1 ser desarrollándose siempre en la fielma ·enzo del ser creado; de modo
e
,
•
miell7.0 que es conu
.
como vereno-ser. Ha terudo un co
read y por lo tanto del bempo,
.,
que no hay un "antes~' del ser e ''do ués". El tiempo no tiene un ''antes
mos que no hay propwnente un esp al) s6lo hay El que no se proyec~
del tiempo (del ser tempor
, ·
es decir,
porque fuera
.
. . t El que Es por s1 nusmo,
. se desarrolla, el inmóvil y pamapan e, "tiene" el ser sino que es su ser,
m
temidad. El Ser eterno que no
ibilidad de no-ser porque es
la pura e
. . distancia de la pura poll
.
esanne así
que se sitúa a infimta
"antes" (si se me pernute expr
El Necesario y Eterno. ~ t_a,nto, . decuado) del tiempo (del ser tempo,
'dad del lenguaJe siempre ma
Presencia pura. Pero esto
por neces1
.
d . es el Instante, o 1a
la conral) es la eterrudad, es ear,
. . El tiempo se hace patente ~.
.
tras
consecuenaas
·
tndimeDS10implica entonces o
.runediatamente se muestra como
f
)
.
d
bre
el
ser
e
1
.
(
do
presente,
uturo
cienaa que es-cu
ll de instantes sucesivos pasa '
• •
1
nal· es decir, como desarro o
"6 alguna \'CZ no hubo pasado; e UlS'
· hubo creaci n,
· de un
Pero es evidente que si
ue es el primero; luego, a partir .
tante primero no tiene pasado porq
to puro futuro-presente, conuenza
·
pasad
puro
pro-yec
.
instante sin
o, el tiempo nene
. , sus ms
. tantes no "conti" nuos" '
pnmer
1 desarrollo del tiempo; pero
.
• tentes. esto se me hace pae
.
_,vos
y
no-coexis
'
. o-ob'Jeto
. no "10ldados", smo suc.-el ser en bruto se escinde
en suJet
es decir,
U
tente deade el momento en que
mciente la duración, el desarro o
hace simultáneamente co
.
vienen siemdentro del ser Yse
asl los tres instantes del bempo
que
. . e1
del ser temporal; aparecen
rdadero instante por obra de la memona.
"-.J cine" a un solo Y ve
.
~ t e que ~
pre a n::uu
ta el uempo: como r·--ás
.
b---=L1e.
porque por m
presente. As1 es como se me presen
la vez como mapre
CIWUI ,
curre (si puede decirse) Y ª

178

que redujae el puado y el futuro con el afán~ captar el instante J)l'Clente,
jamás esta reducción deJ pasado y del futuro llegaría a Ja determinación del
pmente; en realidad, si se lograra "aislar" el presente, ya no sería un ins.
tante (presente) del tiempoJ pues es inconcebible un momento del tiempo
como momento inmóvil Si ahora vemos las cosas desde un punto de vista
absoluto, parece que el tiempo no es otra cosa que el mismo desarrollo dt
loe instantes que la memoria enlaza en el presente de mi conciencia; pero,
a la vez, los instantes denominados ''pasado" y "futuro", no son pro)&gt;Wllente
pasados y futuros si los consideramos desde eJ punto de vista de Aquel que
pone a las cosas en el ser. Porque así, los instantes (según Jo he desarrollado
en otras dos obras aunque en diversa direcc:i6n) son siempre "presentes" que
se despliegan en el "ámbito" de la eternidad. Con esto no quiero decir que
la eternidad simplemente esté "antes" y "después" del tiempo, o que la
eternidad es la misma prolongación de la línea del tiempo; nada de eso: la
eternidad infinitamente trasciende al tiempo, pero eJ tiempo necearlamente
existe en su ámbito; más aún: los instantes del tiempo se "contienen" o
"comprenden" en la eternidad. Esto debe ser bien entendido: el instante
presente a mi conciencia es, según dijimos, inespacial, inaprehensible, por más
que redujéramos pasado y futuro; en rigor, es incaptable. Si Jo fuera (captable) , ya no sería tiempo. Sin embargo, el instante presente se comporta
como cierta "ranura" que rpe pone en el rastro de la eternidad. Si vemos así
las cosas, entonces los instantes del tiempo se comportan siempre como "momentos" de la eternidad o, si se quitre, como 'puntos" en los cuales se
reata.a la participación del Ser y del ser creado. Esta "línea" de inserción
es la implicación de eternidad y tiempo; en los instantes del tiempo (siempre
presente) se inserta la eternidad; de modo que no hay tiempo sin eternidad.
La eternidad es la misma posibilidad ontológica del tiempo y su último fundamento; el presente me pone no ante la eternidad, sino ante la evidencia de
su existencia, sin la cual, no habría tiempo, ni ser creado, es decir, tampoco
Ja primera patencia del ser des-cubierto en la relación originaria habría tenido lugar. El tiempo implica la eternidad. Aunque decir esto no significa
que la eternidad y el tiempo sean conmensurables. El tiempo no se separa de
la eternidad, pero la eternidad Je es inconmensurable. Empero, el instante
posibilita la única trascendencia real; la trascendencia hacia arriba, hacia
fuera del tiempo, po, el presente. Porque no hay verdadera "trascendencia"
en el mero pro-yectane del existente hacia adelante, horizontalmente por as(
decir (pseudo trascendencia pues el término está así impropiamente utilizado);
emplear en ese sentido la palabra "trascendencia" es conferirle un sentido
equívoco.
Si el tiempo es la tenue línea en la cual se inserta la eternidad en Jo

179

�determina la participación misma,
es evidente que no andamos errados si decimos que el tiempo es la pani&amp;i,aeión móvil de la eternidad. Naturalmente que no hablo (estoy a infinita

creado (es la imerci6n misma)

y la linea

distancia) del tiempo cósmico y naturalístico que no interesa aqu1 directamente, sino del tiempo metafüico. Aún más: este ser arrojado, lo puramente
recibido, lo gratuito, pura posibilidad de no-ser, ser creado en fin, temporal,
implica en cada instante suyo, al Instante Absoluto de la eternidad. El punto
de inserción de la eternidad en el tiempo, es entonces el mismo en el cual
1e constituye el ser contingente, escala por la que logro descubrir la existencia del Ser Absoluto. Además, téngase presente que cuando decimos "inserci6n de la eternidad 'en' el tiempo", lo decimos asi por una necesidad de
expresamos de alguna manera; pero debe tenerse presente que no se trata
de concebir el "en" (en el tiempo) como si el tiempo fuese un recipiente
''previo" a la inserción; el tiempo es esa misma participación y nada ow;
es esta mltem puntual en que consiste el ser creado.

ximo ins~te (presente futuro) hacia el cual Ja
. .
Prospecd~; de modo que existiría asl un
~ieoaa eziste en perenne,
de atracción de Ja conciencia en la
P~muuo del futuro como foco
que se descubre el delgado hilo de Jaque
se
particimide. el tiempo•, es d-:..
- , en Ja
en los instantes sucesivos O
pación de la presencia -L.--J
•
9Ca, desde el
e&amp;anu uta
!":11 bruto"se escinde en sujeto-objeto por el
~ 'l!:e el pleno deJ ser
aparece el ser pero el ·
extrañamiento de mi con"_.,_.¡,.
• el
,
nusmo aparecer del
.
-·--,
mt ecto, polarira a Ja t talidad
. ser a la mnwliata •.:.:.e_ del
.
o
de la existen . h
'
"a&amp;UIJ
pectivo. Entonces et tiempo
cia umana en sentido p-.
'
no es una "
"alºda
•..,...
meJante y se encuentra a infº1ruta
. distancia
.
espac1
J d disociada" o .. ,_
d
.
~o
se1
J6gi
co: "El tiempo, si no es ·
si
~. ti~po meramente cosmoel ser a mi intelecto pero unagenel. no parue1paci6n originaria des-cub
.
'
,en
mwno to
re
mscguridad entre el abismo de la nada ac , me hace patente mi radical
· que es constante "oscilación" Y el, .otro abºwno de la eternidad,
eq uillb no
ser y nada, delgadísimo hil
metaf1SJca. Tal es el ser descubi
•
la "-~=•--!
o en el que se p~..
. en el vértigo
erto.
Vil\..lü&amp;UÓn".
--, .... .,,., Y existe,
de

::x»~to

Intuición del presente 'Y oscilación nutafísi&amp;a.
Luego, este ser que descubro desde el momento en que se constituye la
relación originaria, se me presenta ya no sólo como "tenido", como radicalmente contingente como temporalidad, sino lugar de injerto de la eternidad,
en fm, como siendo una mixtura de nada y de ser en cuyo delgado filo va
participándose la eterna Presencia. Perenne posibilidad de ser nada, es simultáneamente, perenne presencia de la eternidad. Y cuando la intuición
( cont14itu.s) del instante presente, del único instante en que esta presencia del
ser se da, instante que es, constitutivamente, participación de la eternidad.
Presente del presente, es decir, actual visión de lo que es presente a mi conciencia. No es posible otra cosa. Porque lo que aún no es, es decir, el futuro,
para que sea, debe ser presente, es decir, este instante que puedo intuir en
un inapreheDS1ole momento; de ahí que, cuando hablo de futuro, ''pongo"
el futuro en el presente, presente del futuro, es decir, "convierto" al futuro
al presente de mi conciencia donde descubro el ser. Lo mismo si hablo del
pasado: El pasado se hace presente, se "convierte" al presente de mi conciencia, presente del pasado o presencia del pasado. Ast, el tiempo se conexiona, se despliega y desarrolla en tres presentes, especies del absoluto
presente; aún hay más: la conciencia, es verdad, convierte al pasado y al
futuro al instante presente, lugar del injerto entre eternidad y tiempo; pero
el pasado es ya pasado y la conciencia, desde el instante en el cual se produce el contuitw del instante presente, ya, en cierto modo, "está" en el pro-

180

V
Dw.:ÉC'ncA

DESCENDENTE

La"vue¡,,
ta al proto-ser.
Aún podemos ahondar en un sentido
~o que el acto de descubnnJ'e:car consecuencias en otro. Si hemdisttnto del ser preobjetivo
ue
to del ser me arranca del pleno
~~u~e el luJ~ del ser) : e1
~ deve~o (por la YÓf/f1~ que
inteligible se ocultará
teligible, 51empre más aUá del
un resto de cuya
.
ser
no es captable por ninguna forma
prescn~. tengo conciencia pero que
que esta realidad oculta Iarosc
de conocuruento conceptual. D.irf
' c
ura, escapa toda
amas
veremos escapa también a todos los mediosa
con~ptuali:mci6n y, como
aun por caminos no-racionales p
que han mtentado los filósofos
recomponer eJ camino reco "d ara captarlo. En efecto, si ahora intentamos
desd
.
moperoalain
d.
~ la previa indistinción del ser en bru versa, es. ~• progresu, no
contingente inteligencia (luJ~ del
_to al descubnnuento del ser a mi
volver hacia el fundamento o hacia selr), smo desde este ser ya des-cubierto
e resto que de·
.
~par, el resultado no será ya tan claro
. Jamos necesanamente es-

~~

se;: .

S1 este ser inteligible no es el T d

. , pero nos deJará laludables enseñanzas.
o o smo la fina arista que del todo podem~
181

�wr ctm. claridad, este 11U11110 todo subyacente permanece má al1i de nuestro
alcance; no es que 101tengamos que una coaa es el ser descubierto en la relaci6n originaria y otra cosa distinta sea el todo o ser-total; lo que decimos
es que el 1er de1CUbierto es una deJgadísima irlsta del ser-total; o, si se
quiere, lo que de si mismo nos deja entrever el ser-total despu&amp; de la escili6n de sí mismo en sujeto-objeto. Naturalmente que la vla de los conceptos
no nos aervirá de mucho si intentamOI acercamos a él; y si logramos descubrir un camino, desde este momento debemos afirmar que siempre sera
insuficiente de acuerdo a lo que he dicho antes sobre la inconmensurabilidad
del ser con el esplritu o en otras palabras, la inagotabilidad del ser en todos
101 sentidos. P.a cierto que plffl:C que en la experiencia común logramos
cierto conocimiento concreto de aquellas personas con las cuales convivimos
y que supera en riqueza, en contenido, al conocimiento de los puros y universales conceptol; un conocimiento en cierta manera tram-16gico, no anti16gico ti se permite la expresión, sino situado en un allende las formas rlgidas de la lógica. En este sentido, no parece contradictorio ni il6gico admitir
la existencia de un conocimiento por con-vivencia con el otro; claro que este
conocimiento es hasta cierto punto intransferible desde el ·momento que
depende de una experiencia tan personal, por otra parte nunca agotada y
siempre renovada; pero el hecho queda en pie. Existe un conocimiento por
con-vivencia que, si bien ya no participa de la universalidad y comunicabilidad absolutas de lo conceptual, me pone en contacto con un mundo claroscuro
o me permite sumergirme hasta cierto punto en el secreto ser del ..otro,,.
Entonces, para el filósofo que tiene el hábito de la constante y nunca abandonada visualiz.aci6n progresiva del ser, no resulta dificil reconocer que más
allá del ser inteligible logrado luego de la relación ontológica originaria, es
posible, por esta aecreta pero concreta y palpitante con-l'ivencia con el ser,
ver como en penumbras e irse enriqueciendo con ello, un más allá del ser
inteligible, penetrar en aquel resto incaptable siempre por el concepto; reitero que esta con-vivencia con el ser valdrá 10lamente para el filóeofo, pero
esto no invalida lo que quiero poner de manifiesto y que no es otra cosa que
esta manifestación plena del ser total, más allá del ser mismo descubierto.

Retroceso 1 descenso.
Demos a esto otra forma; a pesar de alguna repetición, volvamos sobre
nuestros pasos: Se trata de la patencia de que más allá del ser inteligible
hay un ''plus., inagotable con el que intento coincidir en este descenso hacia
las profundidades; en este sentido, el Ser-total se comporta como sin fondo,
182

es un
,.,_ esto no es necesario U
• verdadero a-himno. -,n
la
•.
IOIUaDa en el sentido de que los
egar a posici6n bergúmbolos o puntos de t.:..conceptos quedarian reducidos a mer01
.. que me colocarfan
d
•
1os conceptos entonces.,,..,serian
si
•
• no entro smo fuera del !le!';
bles para el con • .
empre insufiaentes y absolutamente ·
,
ocmuento filosófico• no " - msen,¡.
blemente verdadero que el inconm ,
an;g""":'os a tanto; pero es indudaa la total captación por el co
ensurablle quid de cada cosa huye siempre
venali7.abl l
ncepto, e que apenas "abstrae" d
e; uego, por una verdad
"vu
e ella lo uninoce únicamente (es el caso del era_ . elta" a la cosa conoce, pero cocieptos derivados de la idea de serr:;;:aento ~ntíf":° que se vale de con.
universalizar. Sin embargo este co . . o que SJgue Siendo lo que es posible
ºgnifi
,
Doeuniento es real válid
11
1car es que es inagotable. misérrimo
.
Y
o. Lo que deseo
Todo del ser con el que tendría
' mínimo, en comparación con el
ÍmJJOSl'ble) pero único modo absol:e ~ en plena "coincidencia,, (cosa
absolutamente simple. Sin embargo es de ..
~e dentro,, el Todo del ser,
descendente) en el proto-ser . ib~ posib e cierta penetración (dial«tica
~te i~table y que depen~el ~ : conceptos, pene~ón natural,
o~dad e ingenuidad del f i l ~ C personal compronuso Ydecisión,
llOCJonaJ de este hombre en parti ~ uando más allá del conocimiento
de Jo que de ~I puedo ~
(que es en definitiva conocimient
sim-patía
.,_l le
) , por una a veces •~.
. o
.
con e ,
conmco más profundam
.... 5.. convivencia y
nucnto de él es intransfen'blemente mfo peroeninfite, .es claro que mi conocico..,.,.:
...:ento nOCJonaJ
•
,
m1tamente más neo
· que el
---...&amp;U
• IDJ'entras
·
,
'
que
el
con
·
·
11hía, en cierto modo "desde f
,.
ocuruento conceptualizante se
· ·
·
· con él J
conocmuento
"desde
d'
,, . uera ' por la con-vivencaa
.
entro
mterno
d
• cid .
caa personal . , .
,
, e coan encia con él E ta ogro . un
nqwsuna en contenido
·
· s expenentransportado al interior del otro me ~ : ~ ? l ~ en conceptos me ha
él es y que tiene de absolutamen' te , .
o comad1r con él, con esto que
.
uruco y por
d •
mo, en esta dialéctica que va "hacia
, ,,
eso, e mexpresable. Asimismás abajo y más allá del
d
~tras y "hacia abajo" (descendente)
hace
ser es-cubierto en la lació
. .
'
patente la presencia del Ser total
re
n ongmaria, se me
'bl
•
•
como
un
a-b
·
En
posa e aerta penetraci6n s6I has .
ISIDO.
este a-bisrno es
zar la personal e intranst: 'b;
ta _etert~ punto, hasta donde logra alean.
en e con-vivencia con el ser érmino .
terminable como por una línea) de la dial' .
, t
(Jamás deen la escisión del pleno de Jo puramen fá ~tlca descendente que comienza
~ del ser inteligible (donde dese: ctico, se baña luego en las claras
eidético) y termina por hundine
re el orden onto16gico y el orden
proto-!lel'.
en las claroscuraa aguas del a-bismo del

'vr

183

�Des-cubrimos asi el ser, pero el hecho mismo del descubrimiento, el minno

Que nada se sabe.

.
) Partimos de lo dado,
del
triple consecuencia: 4
• d
ual uando tomo concienoa e ser,
'
b to· b) el c
e
.
pleno indistinto del ser.en ru , . do de ~ mismo el ser descubierto o mse escinde en sujeto-obJeto, em~~.
la presencia del ser-total
ser mteligible reconozco
él
el .
teligible y e) en nusmo
claroscura con-vivencia con ·
al que solamente puedo
término de toda ontología, desTodo esto nos pone de
.
q arduo más düícil, aún no sabemos
'
ntraremos plena razón al
Pués de haber recorrido el caDUDO más
·
nada sabemos Y enco
·
d
casi nada por no ecll' que
efecto el ser descubierto
, f
rtugués Porque, en
,
•
quod nihil scitur del filoso O po
·
nciencia de la presencia de1
. . •
nos hace tomar co
dad
en la relación onginana que
·na entidad su poque , y
mismo nos revela su me7.qw
'
lu o
ser-total, por eso
d renacerá con más ardor y, eg
nuestra sed de filósofos apenas ap~a a,
n mayor imperio y' cuando
. •=---=, de1 ser' volvera a renacer
co
sed d
de una visuaiuAYon
.
. con el ser la
e verrsonal con-vivencia
'
d
descubrimos el, secreto e una pe
d
· nn!t.ible adecuación entre
ún intentan o una im,--á
dad o sea de ser, ser mayor a .
.
I ndable océano el del ser que,
'
1 ual estoy 1DSCnpto. nso
.
pob
mi yo y el ser en e c
. e nos vuelve patente nuestra radical
_reza
cuando se ha hecho conscient ' .
dical humildad en el filosofar. Si las
que exige del filósofo una también ra .
dejáramos encandilar por la
cosas fueran siempre como d~ben
originaria. el filósofo, como
débil lucecita del ser des-cubierto en
el santo, seria e1 más humilde de los hombres.
Luego tenemos ya una

ac~:~e::e~

ser,: :laci™:n
VI

acto, me pone ante el orden ontoJ6gico y ante el orden eidético; porque, en
efecto, el sujeto, en el acto de la autoconsciencla (conciencia de ser) se Iras,

ciende en el objeto; el sujeto es siempre trascendencia de sí mismo; el acto
de conciencia de ser, para que sea, es acto espiritual pues si permaneciera
en clausura materialista, jamás saldria de si mismo, la alteridad sería imposible y si la alteridad fuese imposible no sería posible filosofar. Sólo silencio
mudo. Luego, el acto de autoconsciencia, que es eminentemente intelectual,
es lo primero: Tu qui vis te nosse, seis esse teJ ~cio. Unde Seis? -Nescio;
no sé como sé que existo, porque este primer acto de saber que soy es anterior a todo otro; no sé de dónde lo sé; simplemente sé que lo sé; tengo la
autoconsciencia; sí que existo; pero es evidente que si sé que existo, el saber, en este caso el entender que soy, supone e implica aquello de lo cual tengo conciencia: el ser. San Agwtín descubrió que el mismo entender (acto
primero, autoconsciencia de ser, conciencia del ser) implica no solamente el
"existir'' sino el "vivir"; porque, evidentemente, el acto de conciencia es
acto de vida que no tiene lugar sin el vivir y el existir. Pero aqu( las cosas se
presentan distintas: En efecto, se trata ahora de una dialéctica no descendente sino ascendente por un camino de implicancia mutua y hacia am'ba.
La autoconsciencia por la cual aparece la dualidad sujeto-objeto (dentro del
ser) es acto de vida y supone el existir; pero no se trata, por cierto, de una
marcha progresiva, es decir, de varios descubrimientos sucesivos; es en el
mismo acto primario en el que se me hace patente todo lo que este primer
acto implica; no hay tres sucesivos actos, uno de autoconsciencia, otro del
vivir y otro respecto del existir. Hay un solo acto en el cual se implican los
otros grados del ser des-cubierto.
Implicación y recapitulación metafísicas.

DIAJ.ÉcrtCA ASCENDENTE

Autoconsciencia y grados del se.¡.

...,,.. Se ha dicho que hay un estadio
nuestros p.....,...
·
espíritu. a esta presencia
.
brimiento del ser por e1
'
.
•
anterior, previo, al descu
revia a la dualidad su1eto-obJeto,
muda le hemos llamado ser en bruto, .P . del ser acto en el cual el ser
do tomo conaencia
'
ad
dualidad que aparece cuan
, vimos el primer mismo acto, •

Nuevamente volvamos

50bre

se escinde; pero. ~rvcm:r q~

=

:1

que
yo implica un estadio ~reviene a la conciencia de
.
salirse con la intervención del su1eto.
objetivo del que solamente puede
184

Pero tampoco hay un descender desde el entender al existir; al contrario,
se trata de una recapitulaci6n de todo el ser des-cubierto. Primero, el acto
de conciencia de ser (y del ser) y en él (siendo él mismo) el del vivir y el
existir y aquel "plus" inconmensurable; pero intentar una penetración en el
"plus" inconmensurable (proto-ser) seria intentar un descenso hacia las insondables profundidades del ser en las que puedo lograr cierta coincidencia
(siempre insuficiente) por con-vivencia con él. Pero aquí no se trata ya de
esta dialéctica descendente, sino de la dialéctica ascendente que tiene el mismo punto de partida pero diversa dirección. El existir y el vivir se implican
en el acto de autoconsciencia (entender) y este mismo acto de autocons.
185

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hacene OIIO, mane un _,,,.,,., e&amp;teaiot O mnfio y IClbre todo, UD aputane pcinien..lo al fnmte aqQello de que me aparto,• _ . , . en el tenticlo
del mUmo ,e en IU • otro o ajeno. lntence,, • e,idmte que el deacabtimimto del ,.,. Ífllrfffufnil,'4 hace apncer la eonciencla de a( o autoeon,.,
ámela , que eata ~ por ledo, supone aquello de que ea con,.

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el• Oomo•-..--.rrn,.

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'
- _ . . , hasta el Ser Ablaluto. ~ - --'- 4-..ftw4 ""'""' "' ......
..:.-1• ..:A. fÜ INO M ,, .,.._, ,,.. ......
,_.J_ .l-1
B • .u rua,---..
lo paúundo y CIICUl'O del Tuuu 'UQ
ltdo In. Si pretende luep bucear ~ de __.,, iiao una pendH!Ple de
..., ,_ por deJinte~
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AUTOOOKIC'JBMCL\ y u, MJl6N ClOM BI. TÚ

CmúÍlnt:Íd ,1¡

Á -,

eontilada 4,l 14.

• ) es decir 8 _. pclibDita mi propia
Ye R que 111'1 (es el punto d e - ~ '
~ ,o porque el • precede
coocimda de aer o, lo que es igual. . que ~-v . - ... ftdo (como c1irfa
ha _ . . sin iér porque no ua, r - .
al pensar; no Y . r .
. b el ser. Chao que esto reqUllft
Boecio) ; el pensar
en si ~ - indistinto a lo F•objmvo y
algunal preciíiones: Pramero, le
en el instante que tengo
aer tl,s-euhierlo al lel" que ae ha hecho-~-- perspectivas porque si
• •
Pues bien, esto ¡um; n...,,.._
Cl)DClel)r-la de un yo.-...:.1. de todo nuestro ID,r,m
-·•ta que el vn
DO
_ P:11\U
,le retoma al punto de i - a rimario· dmw estará decir que
es deducido de nada Y es lo
alguno que el punto
afinnar que lo primitivo el el yo-~ 1181" : ha dicbe ya que lo primero
de partida sea ablolutamente aubjetiVO pues Q, todo Jo que hay; el dato
que me es patente es este • ~ 111'1 Y, con implica el sum ea dado ob'iwi-.n terta el Sum., "Iº eogtto; Y el .,,, jetoque •
l'tP her·-__ .JI_ m1Mtn por el IU nmmo,• por otra ....
r--&gt;
jetivamente, DO ~ , no r - .. sólo
en elle momento de
.J::.1.- que el IUjeto en tanto que sujeto
aparec:e
.-:...1.
lllOI uu.1111
el que el ser en bruto 1e ~
la intuici6n del .sum que ea el momento en
eles-cubrimiento
ahondar en esta afumaci6n de que el
•
Bueno, ~ ~drJcubrimiento o emeni6n de la existmcia. Pen&gt; quiero
del JUflt IDlp
• d
tido por ahora. En efecto, cuando
bacaio nameate en un decerannaJ&gt; ren

*'?'

abllol~~.!, . .

186

..a.lo; .... abo otm ajeao
a lo ._ ._, .,.,. 4e ll llüllDO- e indato 1a,,m. de 111 . . _ ti paoe a
" lllimlo cama objem; par .,, fiJodar ~ • ua, primw ..,......_
- . . . . -,Jedad C' eMwfiemiento . . . . lo qui' .......... ha,; •

ciencia, d111191, pero a la vez que supone fllto ffn,ziea la entecacia del ~ .
del otro ,.,,, O del otro ,0 y, COll B, del 1H110lro1 hnnedvatamente prteellte a
)a conciencia de sf; Jk)lque cuando digo "Soy )'O el que acá etcrihiendd',
ea Mdente que con esto lignifico limuldneamente que no es otro quien escribe lino 'Jli múmo; entonces le hace patente que cuando mtuyo mi )'O, cuando
clelCúlim que l"'J (•go swm) y que porque .,, ¡,inaso (n,o eogilo} 1fs:ubro
lllllbi6n la edstee-ia del otro y de b otl'CI ,o; en otras palabras, aer yo, la
amocomciencia, implica el 1er del otro ,yo: la conciencia de sf implica la
crwiencia del otro hasta el punto que tanto mái poeibJe nos m el conocimiento del otn&gt; cuanto más prog.e.e en IUCeSMll actoe el teto primen, de la

autocomriencia.

Una 4obl, lrasendnuia.
Ali como al principio, 1e habJ6 de una tnucendencia del sujeto en el objeto
cuando 1e establece la relación ontológica originaria, ahora hablamos de una
trucendencia del ,yo al t4 descubierto en el mismo acto de autoconscienc:ia.
Porque no es lo MUmo decir (aunque la raíz aea la misma) que nu tradendo
en el objeto, hacia Jo que existe, que decir que me trasciendo hacia el fd;
no es lo mismo el ob-iemm que el tai. En efecto, al filoeofar, al hacerme cargo
de que hay entm y entrar en relad6n c:oposcltiva con eRos, justamente por.
que me hago extraño a elb, estce entes, aunque entre ellos me encuentre
,o mismo (como objeto), siempre 1e camportarán para mi t.o111o Jo que ton:
como objdos y el sujeto, el )'O autommcieute, pennanecerá tiempre en atado
de extrafiamiento, siendo alünum respecto del todo aunque aimultineamente
inscripto en el tedo. La scJledad DO haJri litio superada lino que, por el contrario, esta 11&gt;Jedad del filÓIDÍO pu.- frente a Jo que ~ como ob-iectum,
se had cada vez mú puente. &amp;to es lo que Berdiaeff llama el mundo objetivado que es el mundo del 110-,,0 y IObre lo que vale la pena niflmonar

187

�nuevamente (como es mi intención). Entonces, la 1C&gt;ledad únicamente puede
ser superada por UD otro que no sea precisamente objeto sino por UD otro
suj6to1 es decir, por otro yo que es el tú. Por lo tanto a partir de la relaci6n
ontol6gica originaria, la actividad del sujeto autoconsciente se polariza en dos
sentidos: hacia el mundo de lo absolutamente objetivo frente al que se encuentra en estado de extrañamiento, de M&gt;ledad, y hacia el mundo del tú
(sujeto, no-objeto), o sea, hacia el mundo de lo no-objetivado. Pero esta
segunda instancia es simultánea con la que he descrito antes. Por eso, las
filosof1as que niegan toda trascendencia al mundo del tú, deben cerrarse en
una absoluta clausura o deben edificar una pobre filosofía para la cual el
mundo es un conjunto de objetos sin otro sentido que el muy relativo de las
leyes naturales (como es el caso de las filosofías naturalista.,) . Una filosofía
que sea fiel al análisis del mismo inicio del filosofar, debe postular una apertura trascendental hacia el tú cuya presencia está ya dada en ,l mismo acto
de la autoconsciencia. Y en esta afirmación está ya puesta la base para la
edifü:aci6n no s61o de una ontología sino de una antropología filosófica. Por
ahora bástame dejar bien determinado que la soledad es rota por esa esencial y trascendental apertura del yo al tú. Esto mismo implica: 1o.) El descubrimiento del yo, del sum1 2o.) el del ob-iectum frente al cual está solo el
sujeto y, 3o.) el del tú solicitado desde su misma raíz por el )'O autoconsciente.
Por tanto, b.Jy UD movimiento de doble trascendencia: hacia el objeto y hacia
el tú. Soledad y no-soledad, miseria y plenitud, extrañamiento y unión, alineación e identificación, todo imbricado en la primera instancia del filosofar.

que el ser descubierto en la relación o . . .
.
no tiene
.t
•
ngmana se trasciende en el mismo acto
,---,en ai nusmo su razón de
.
existencia del Absoluto pri.....: . d I
ser Y, por ese cmnmo, se indica la
º"""p10 e ser que es Di09
al
.
comporta como eJ Tú supremo
da
person , así, D1os se
que
razón de ser de mi t d ·
mental a fundirme con el tú próximo y od
.
en enaa funda.
primero de la relación ontológica ori~~ o lo dicho está presente en el acto
nnm.,..

La tenderuia a la transfusión.

Claro es que puedo considerar al tú como UD simple objeto de conocimiento y desde ese instante ya no es más tú sino objeto, ya no es posible
una comunión con él ( ni cowunicación esencial), ya se ha alejado de mi
infinitamente y vuelvo a mi soledad y a la fría trascendencia hacia el objeto
como objeto; hablo de soledad no de desolación pues la desolación adviene
cuando hay un "rechazo" del otro; el tú entonces es otro )'O y hacia él queda
abierta mi tendencia fundamental nacida en el instante en que el sum aparece
a mi conciencia; y esta tendencia fundamental trans-fundinne en el tú,
único medio de no quedar en soledad, de no ser ya absolutamente uno y ni
siquiera ser un )'O frente a otro yo "en recíproca presencia" como quiere Buber,
sino dejar de ser 'Y" para ser tú, es el amor al prójimo con el que me "fundo"
y entonces ha desaparecido la soledad; y si nos fijamos bien, cuando se dice

188
189

�SOLEDAD EN EL HOMBRE 1
Dr. PE.Dilo C!.BA
Madrid, España

m,

"D,sd, qu, ur¡ hombr, nvnca
h, s,ntido mtis sociabl, qu, ,stando
,n sol,dad''.
CBZSTUTON

La soledad de Dios y la del hombre.
Lo UN1co ES SoLo, pero no está solo; quien está solo, aunque esté poblado por dentro y acompañado por fuera, es el hombre. Ser solo no es
estar solo; y ello, no meramente porque "ser" nunca coincide con "estar''
para la metafísica, sino también porque estar o caer en soledad es un modo
defectivo de ser. Hay la soledad que se es, la que se tiene y aquella en que se
está. El hombre tiene soledad y está en ella, pero no es soledad. Ser sólo, es
propio de lo Unico, y el hombre, es, nada más, relativamente único, es decir,
tiene la soledad de lo singular y excluyente: el hombre es singular en cada
persona, y como tal singular, es único, pero en relación a lo que no lo es.
Lo absolutamente Unico es lo absolutamente Solo, con la indecible soledad
de su plenitud. Estar solo implica incompletud e imperfección. Se está solo
de alguien o con alguien. El estado de soledad se da siempre con referencia
a alguien -no a algo. Pero hay un estado inferior que no es propiamente
de soledad, en que se alude a la falta de algo; es el aislamiento qut&gt; nos sirve
para indicar también que algo está solo.
Cabe pues, por extensión, hablar dentro del estado de soledad, de un "aislamiento", como estado propio de las cosas rotas de nexos reales o circuidas
1

Fragmento del libro en preparaci6n La filoso/La pm,ncial d,l hombre.

191

�.
. p
aislamiento no es propiamente estado de
de vacío y de mtempene. ero ese 1 " el "estar aislado" que, en ambos
.
• el "estar so o Y
soledad. Tienen de comun
.
falta de alguien y en el segundo,
hay defecto o falta, pero, en el pnmer casoledadJ
es f-.-te a los de~ hombres. Si
. nta su so
.....
·
experune
de algo. El hombre
.
delinear su soledad, el hombre smno hubiera más hombres ante qwenes
tampoco sería hombre. Y no
lar sería único y no estaría solo. Pero ~ que
, Di
r ue las besgu
.
d ia Aristóteles sino que sena os, po q
.
sería una bestia co~o ~
solas d~e fuera y nada más que para q~en
tías no están solas, sino aisladas,
tá lleno de sí y lo plenifica todo sorb1énlas ve. El que es solo, lo es porque es
d
t es lo Unico y Absoluto
. 'd d D' por ser el Fun amen °,
.,
dolo en su Umci ª · ios,
tá l · y como "aislado pero,
Jedad Para nosotros es eJOS
o Desligado. Es la So
..
resencia Llena el Universo con su Prepara El todo está en su ámbito y su p
Soiedad pero no está Solo. Toda
sencia Unica y con su Soledad, porque es '6
'distinta en toda criatura,
,
El
El está con acepc1 n muy
'
criatura esta en , pero
.
las
;,ladas· a las personas, so1ai;,
d
resenaa a
cosas a....
•
dejando, a pesar e s~ ·td relativa se siente estar solo entre la muchedumEl hombre, por su uruci . Se siente ser con ellos y ent~e ellas, y estar solo
bre de hombres Yese
de "con"
cosas ese "entre,, y ese "en", nos dicen ya que el homen e1 mundo. Y
,
bre no es soledad, sino que está solo.
Soledad, comunidad )' comunicación.
.
uede esta, solo o no estarlo, sino que .su
El hombre no es un animal que P . •
d
l d d Está solo con los
,.
te y constitutivo es e so e ª ·
estado metafwco permanen
d 1
de ellos. Hay en el trasfondo
t ' solo de ellos o e a gunos
.
od
hombres y a veces es a ·
' •
'dad básica y original con t os
que denunaa comuru
de cada uno, un resueno
. d 1 íritu en todos ellos. y es esa comuh mb
acias a la presenaa e esp
.
, cá
los o ~' gr
'ble exige la comunicación. Pero mas -~
nidad radical la que ~ ~ ?hombre está solo. Su soledad está teJ1da
y más allá de toda c?murucaci n, e nidad es solitaria. Tiene soledad, y tiene
de hebras de comunidad. Su co1?u
entretiene personalmente. y de su
'dad y
ambas se sostiene y se
.
od
comuru . . co~
'
munidad solitaria urde lo que es previo a t a
soledad comumtana, y de su co
l
. tencionalidad expresiva. Por
. .,
. gularidad persona y su m
"ó
comumcae1on; su sm
.
11
la expresión y por la expresi n,
. nalidad . larísima, ega a
,
h
esta intencio
smgu
ultad de actitudes y aptitudes mue o
a la comunicación que es producto y ~6
o se agota en la comunicación;
•
La expresi n nunca
.
más profundas y genuinas.
.
y •
rsa en toda comurudO que no se comumca.
Vlceve '
tá
queda mucho expresa
•
la . •dad la soledad del que se es
caci6n queda por lo menos indemne rrumu '
comunicando.
Pero además el hombre está dualmente solo, que ya es buena paradoja.

Estar solo es encontrarse (en-contra[r]-se), topar con el "sí mismo" como contrario, como uno y como otro. Se encuentra a sí mismo siendo uno y siendo
otro, es decir, se encuentra con su dualidad a solas, o está solo con su dualidad.
Es la soledad de su unidad dual. Por eso el hombre se expresa para sí mismo,
y no sólo para los demás. Y por eso, el hombre al pensar, habla consigo
mismo, desde la doble ribera de su dualidad. Y por eso, en fin, el pensar
humano es "diánoia", diálogo, conversaci6n y conversión; conversación consigo mismo, con el "otro" que integra el "sí mismo" (pasando alternativa
e incfjstintamente el uno a ser otro, y el otro a ser uno); y conversi6n en el
"si mismo", en la unidad de uno y otro. Es, no dualidad convertible en unidad (como en el caso de las reunidades), sino unidad convertible en dualidad conversable, tomando a su propio yo, bien como uno, bien como otro.
El pensar humano es dia16gico, porque el hombre es unidad dual, y soledad
conversadora y expresiva. Y por expresiva y conversadora es comunicativa.
Por la intencionalidad expresiva, y por la unidad dual de su constitución el
hombre va intencionalmente dirigido, desde la comunión o comunidad, a la
comunicación. El hombre, pues, no hala en estado de soledad expresiva y
comunicativa. Soledad y comunidad son los dos principios e.~stenciales del
hombre. Venirnos de una homogeniedad biol6gica con nuestros padres y
ascendientes, y de una comunidad con otros hombres en un pasado que a
nosotros, personalmente, no nos ha pasado y nos es "pretérito"; y nos encontramos al empezar a existir, en un ámbito de ca-presencia humana, que nos
imparte su comunión. Pero a medida que avanzamos en nuestra existencia,
sobre todo en la medida en que ésta es auténtica y sincera, nos en.roledamos,
vamos encapsulando un núcleo cada vez más rico de intimidad solitaria, por
incompartible. Nuestra autoconciencia se va quedando sola y se va engolosinando consigo misma. No renunciamos a esas fonnas de comunidad, ni
tampoco a nuestra e:xpresi6n hacia los demás y a nuestra comunicación con
ellos, pero cada vez es mayor y más rico ese núcleo de intimidad, que se
enriquece de hilar y devanar al huso del propio corazón, aquellas formas
de comunidad. En profundidad la autoconciencia siempre está sola, aunque
en ella resuenen como en una caracola, voces y mensajes innumerables de
otras soledades. Es "el abismo de la propia conciencia" a que se refiere San
Agustín (In págs. 76-18) en una ocasi6n. Dice también en un senn6n: "Den.
tro de la conciencia hay gran soledad~ al través de la cual no pasa la mirada
de ningún hombre ni siquiera la propia mirada" (Senn. 47-J 4-23) . Llegamos
a ser ~los con nosotros mismos, pero hallamos nuestra soledad ante y entre
otras presencias; somos solos en nosotros mismos, y solo de otros y solo con
y entre otros. La soledad en nuestra historia personal es la historia personal
de nuestra soledad que vamos labrando sin saberlo del todo. La vamos tran-

192
193

lf.13

�zando con nuestras esperanzas, con nuestras ilusiones, nuestr01 recuerdos y
nuestros fracasos y frustraciones, con la historia toda de nuestro existir..
Solidad, inlimidaJ y se&amp;relo personal.
Por ese estado de soledad, el hombre se ensimisma, pero también se altera,
se otroriza u otrifiea, que no sé cómo decirlo para significar lo que quiero.
La unidad dual se constituye en "sí mismo", y en si mismo, entre s1, y con-sigo,
el hombre se autentifica y halla su soledad. Y en esa soledad en que se
ensirnisrna, cada persona excava su intimidad, el cuenco o la cueva de su
intimidad, porque la logra por ahondamiento, y porque en ella dobla su
voz haciéndose eco y diálogo. Por eso, nada más el hombre tiene y es intimidad. Los demás seres no tienen interioridad, aunque puedan tener un
"dentro,, meramente fwco. Intimo es superlativo de interno o interior, y la
persona, nada más, es sustantivamente interioridad superlativa, intimidad.
Sólo en la intimidad, asomándonos a la de cada persona, podemos conocerla.
A las cosas hay que desacercarlas, verlas objeti-.-amente y a cierta distancia.
A las personas hay que verlas desalejadas, prójimas, y además por dentro, en
su intimidad entenderlas. Pero además a las cosas hay que verlas en conjunto, en conexiones, para saber bien de ellas. A las personas hay que verlas,
en su singularidad haciéndolas sonar, oyéndolas en su tono, su acento, su
sonido personal, haciéndolas per-sonar. Lo que las personaliza o singulariza
no es lo que las individualiza, como ya sabemos. Se penonalii.an o singularizan por su sonido, su temple, su estilo, su acento, algo que s6lo podemos
entender con el vocablo " ingularidad" o "irrepetibilidad", que es lo que los
distingue y separa existencial y espirituahnente.
Lo que singularidad e irrepetibilidad, es desde fuera, quiere decir, para la
intimidad de cada uno, su soledad radical, su ámbito secreto. Si secreto
(de "secemere.. ) quiere decir "separado", lo que más separa a los hombres,
es su soledad, su persona profunda, su ser secreto y hasta "clandestino".
Cada uno es secreto y separado, porque él se distingue y separa, y porque
los demás, frente a ~1, se le separan y distinguen. Y cada soledad personal,
es secreta y basta clandestina, eliminando de esta palabra lo que pueda
traemos de grupo humano, de "clan", y quedándonos con lo que dice en su
etimología de "claro", a escondidas, algo que se oculta, de la misma raíz de
"clamare" y "claros", lo que es claro y manifiesto. El que "clama" siempre
lo hace d,sd, dentro aunque hacia fuera. Desde su soledad íntima el hombre clama, llama, a los demás. El varón "claro" y el "pre-claro" es el varón
pro-clamado o afamado. Y no nos extrañe este doble signo de lo clandestino

194

en la 101edad del hombre, porque &amp;te en su
• .
se está re-velando es decir la
comumcaci6n y en su ,.,,_;.c.
di
.
'
, a vez que se
1
-r-......,.n
noce, _sm dejar algo sin decir, y haciendo a )a ta_ ~ ~ manifestando. Nadie
dicho en Jo que dice. y nadi
vtaJar, sm embargo, ese "-..1--.n
mente de expresársenos y de decirnos
e se oculta tanto Y ta n bºien que deje '""6v
totalh~a no es que sea equívoca, en :
_de lo ~ue quiere. Toda expresión
caaones, sino que hace esquina d
'dpa6n ~ógica de ser doble de signifi1nuncia
Jed .
e senb os CX15tenciales
eJ
una so ad mcompartible e inacc ºbJ 1
' y a la vez que derecato de la mujer: un retraerse hacia esa .e, a está recatando. y eso es
la atención, desde allí dentro
Jo intimo a la vez que Uama (clama
' para ser buscada Y conocida la que se recata.)

':z

Soledad y compañia.
Por eso la soledad h
bie~ soledad de aquél, ~ ! p : : º n : fsoledad, ~ soledad de compañía;
pañía que nos sobra y que po b
alta, o bien soledad con la co
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r so ramos po
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, por lo tanto, des.
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umana. El hombre en simis ad
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que es también un
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al fondo común donde los demás h b su mtunidad, a solas consigo llega
se halla en soledad de otros ya
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en su nusma soledad que ésta se
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eta de los que se han ido la
l ' porque queda sin otros y es la a
el caso d 1
, que e hace ca
'
usene que está solo con o
er o estar en soledad. p
su soledad
.
tros, no es que se quede 1 .
ero en
.
Prectsamente porque no se
d
so o, smo que siente
matiz muy importante de claridad e :
a solo. Digo esto para poner un
nes que sobre la soledad nos ha d _n d escasas y orientadoras exploracioy /a gente, que la soledad d I h b eJa o Ortega, quien dice en El ho b
( , .
e om re es un .. edarse .
m re
pagma 72). Pero el que se siente J
qu
sin,', un "quedarse solo"
de ese otro, no solamente JlO se
: o ~on otro y por la compañía enojosa
está !IOlo, y aún hay un "estar ~~~. a, ru tampoco se "queda sin" sino ue
"10ledad sin" s·
o que no es ni una "soledad , " . q
. "
' mo un estar a solas consigo
. .
con m una
sm_ es punzante y dolorosa, de intempe . ' ~ n t e . La "soledad
muna soledad de Jo femina} de Jo r n~ y esamparo. Es la típica y ge
1 emenmo human
•
o, ya que en la mujei•

1

~

195

�hay una lat,ralidad radical y metafísica, que le hace sentirse lado o flanco
de otro a humano, y por eso, al quedarse "soltera y sola" sin ser costado de
otro, un oreo frio y seco de intemperies le reseca el sentido espiritual, salván-

dose casi siempre, por la orientación hacia otros seres (sobrinos, padres ancla•
nos, cuidado de enfermos, etc.) que la fertilizan en un sentimiento sucedáneo
de recuperación de la unidad de la pareja por el amor. Esa "soledad sin"
es la soledad de la falta de patrocinios, pero que es experimentado como falla
o carencia metafisica en el existir profundo.
La "soledad con" es sofocante y angustiosa, se experimenta como arropamiento, como un quedar enterrado y encerrado, oLturado en las vías de acceso
y de comunicación hacia los demás. Es la que experimenta el hombre superior ante lo inferior humano que le anega y le sofoca quitándole, o amena7.ándole quitar su libertad y su singularidad. Y por eso, busca evadirse hacia
dentro de sí, hacia esa soledad suya que le da el sentimiento de una fresca
y tónica liberación interior. La soledad "ensimismada", o por ensimisma·
miento, es experimentada como .soledad íntima, profunda, y a la vez, libre,
abierta¡ es soledad goi.osa, serena, con último pensamiento de serenidad de
alturas, sin desolaciones de intemperie ni sofocamiento de multitudes. Tal es
el solitario que se mira y se escucha sin excesivos análisis y escarbamientos
viciosos, sin inculpaciones, pero sin exculpaciones o inocencias demasiado regaladas o gratuitas. Cuando la soledad ensimismada (que es un estado felicitarlo) se engolosina y envicia se llega al solipsismo, hasta ese paladeo de
sí, que nos hace incomunicables. La soledad entonces es un estado pasional
que puede llegar a las formas graves del que enferma de tanta soledad ensimismada. La "soledad con" es experimentada como soledad sin aislamiento
alguno: más bien deseando ese aislamiento real porque no se tiene •..
En cambio, la "soledad sin", en medio de su intemperie y de la total desprotecci6n y apoyo, hace sentine al soledado ( no podemos llamarle "solita•
rio") con aislamiento real y fracaso metafísico. Pero el ensimismado, aunque
no necesita aislarse para estar a solas consigo, y logra su estado lo mismo en
medio de la muchedumbre que en el más caliente y crespo diálogo, anhela
ese aislamiento para facilitar el diálogo consigo mismo. En la ".soledad sin",
al soledado le quedan solo. Si a uno le quedan solo y complacido, no le quedan en "soledad sin" sino que le dejan estar solo. En la "soledad con" quiere
él quedarse solo, y lo logra. En el ensimismamiento, no es que se quede o no
10101 es que está solo y a solas consigo. El meramente "aislado" halla la "soledad sin" o el ensimismamiento; o puede no hallar uno ni otro. El var6n
como la mujer pueden llegar al ensimismamiento, pero es indudable que
siendo la mujer metafísicamente ser-en-otro y para-otro, su ensimismamiento
es casi siempre falso. El varón gusta más de la soledad ensimismada porque

196

~ ~ t_ramado de últimas soledades. Muchas
está eIWm1smado, y en verdad en tod
. veces creemos, que alguien
La
•
,
a su evocaa6 está
mu,er, sobre todo, cuando está abso
n
en otros y con otros.
o con el amado. Siemp. . rta, suele estar con Dios con el ru,o·
•
•.. se irn-n-muma e t
T
'
Je y el místico se ensumsma·
•
n 'º·
ambién el santo y el mon
.
noparecene . . d
tos -:n Dios o engolfados en oraciones
murusma os cuando están absor~cular. Asi el poeta se ensimisma por todos
hombres o por algunos en
mtnante, y el artista en las visiones e~ ~ evasiones líricas de su poema geranbcpadas de sus criaturas de arte.

°

!os

Nuestra muerte 'Y nuestra soledad.
El hombre no nace en soledad radical.
resumen; a la vez su expiación
. . ha de ~ria. Su soledad es su
en su existir, como viajero de suy psu g!ona. ~ medida que el hombre avanza
· ·
•
rop10 camino un
•
Prop10
mgeruero, se va encontrando más I N,
cammo de que él fue el
se nos aparten o se nos va
so o. o solamente porque los demás
yan, porque han llegado
nas, o porque se nos han muerto
otras generaciones humanuestros desenganos
- y fracasos y nuestro
nuestros
deudos•
f,
, y no so1amente porque
del resto humano, sino tambi,
no crepuscular nos vayan aislando
honda, más viva, y más
en porque nuestra soledad es cada vez - . ! "da
nuestra. La soledad
.
u¡¡q¡
c1 d, como el existir tod h
la bbertad como la ' li
0, ay que labrarla , como
··
h
'
,e ttodad de cada uno. Cada cuaJ tien
y acerla propia según la autenestar solo. En unos es somera
e su soledad, su grado y su estilo de
se queda a so1as con' Dios con Y
· y honda, Hay quien
mescasa;
cha f en otros
. ' nea
mad o, a so las consigo mismo
' ha .u d frecuenaa' y qwen
· se queda ensimisno sabe ni puede estar a solas'
~un~a su solitariedad, y hay quien
to: el hombre no nace c
I muno ngor de soledad humana. R .
.
on una 50 edad radical
ep1qwera empieza encontrándose a s1, m. mo· ·
hallada en si ' porque ru. SI•
.
15
l
a os padres a los he
' prunero halla a los otros h b
.'
rmanos, a otros niños S
om res:
uno a medida que va labrando su pe
. u soledad ha de hacerla cada
El hombre na
.
rsona Y su autenticidad.
ce en comurudad, en comunidad . .
en comunidad presencial con tod I h
b1ol6gica con los padres y
·
os os ombres y desd
'
expenmenta pre-orientado diri" "d
.
.
e esa comunidad se
1
•
gi O Y abierto hac" 1
'
os que ha de contar para hacerse l
.
Ja os demás hombres, con
d
· •
e propio ser o · ti y
e su existtr, va labrando su soledad
exu r.
con la experiencia
dad, su denuedo y su riqueza gan dape~nal. . Cada uno, según su autentici.
ª existencialmente, alcanza un nivel un
grad 0 Y un esblo
personalísim d
0
1 d ,
e estar solo De 1
.
,
con os emas, vamos a la com . "6
.
a comunidad presencial
umcac1
n
con
II
y
con 1os demás, después de haber libado
e os.
de la comunicación
•
en sw perso nas, vo1vemos cargados

conc:: ~-

197

�cltJmUlllllexi••··••.nldm~.. _,_,,.........

ala vas, c:cm,•miwiu y IOHtariM, Quiál,o no_.,.,. bien a Séaeca, ' -

-~•lo

parece pdlfuodo aa ~ ..,
DÜlp lltGico. No
- puec:e pdundo • chr Sálew ~ - - - - - fuk. minor hamo
..... Cada 11e1 que eatuwi . - b hPalnl ~ DlfQII hombte. Tal vea
alude,-coa OIP,Do de Clltoim y de lllm oeeideaal. a que mien~ . _ lll"f
• ~ le coata¡iaba de )a inferioridMI . . . . ~ Pero
li • hubiera acelQdo &amp; ellol
y sahitluria y con aabiduria de amor,
at par que hubiera elevado el nivel de ea bombra, a mismo se hubiera enri•

me

c:o,i....,

quecido de comunidad humana, y· por tanto, de 10Jedad. Si quilo decir ~
el contacto de los hombres le cargaba el&amp;:tricamente de "pasiones" (que
tanto hom&gt;dzaban al sabio estoico), es que SmeQ se muestra ~ pobre y no
profundo; pues ¿para ~ la soledad sino para depuramos? ¿y para q~ esa
~ 6 n aino para volvemos más honda y ~ t e hombres? Si
'1: vóMa JDellOI hombre • IU IOleded, la culpa DO es ele los 1Joml:nei, sino de
~ mismo, que no sabia perfumar su soledad del aroma piuencial de
otro. l1o1n1&gt;m. No todos los hóiribres son aptos para alcanzar el mismo grado
de ensímivnarnw.ito solitario. Los hay que mueren de inanición y hambre
dé ióltaañdad y compañia, y los hay que mueren electrocutados en Ju torliielítal de su propia soledad, y los hay que mueren de intemperie y írlo, por
no ballar la s o ~ que lea falta. Hay quien se aburre en el aislamiento
y baf quiéii te enriquece en el a,slarniento porque en B halla acceso a sus
IIOledades mú gustosas, tntlmas y personales.
El hombre nace desamparado pero sin soledad. Ha de labrada. Precisa
dar b primeros pasos con auxilio y el apoyo de los otros hombres. Entre
elb y con ellos ha de ir redondeando IU propia penonalidad, pulimdCJJa
CXJmO un canto rodado se pule con otros cantos arrastrados por el mismo rlo.
El nifio tiene horror, no a la 1101edad que no conoce hasta muy avamada la
juventud, sino horror al aialarnientl). Siente un dulce tropismo hacia la colectividad y las comunidades humanas. Se siente, al principio, un poco ,n su
rnadr, como su yo mú seguro. El niño, sin los demú, no serla ni hombre,
porque no alcamada ningún grado ""1nanarnente digno de soledad. El niño
"mimadtr se ahila y quirái ae frustra y fenece, por abincane enviciado en la
comunidad familiar, sin alcanzar las formas mú ricas y hondas de la soledad penona1. Bl niño 4fmhnacW' ne te mfuena en ser penona sola y aislada.
El hombre, hasta que no alcanza la madurez, no acierta a pasear un poco
orgu)loilunente su aoledad entre los demú heaiblel. Ya el adolmceilte, sobre
todo varón, acostumbra a presumir de su ~tidad y de su riqueza interior, conveocido de que ello es signo de alta calidad humana.

arffflOI~ en nuestra aoJedad. D01 ~ ttmtNe een Daeltn)
•
1 ~tico • eJ cual, J)Ol' aer cada va JDenCll "siendo". parece
"roJific:aadd'. y DOI ~ ele lel' wituio que D01 ~ por~ Dal pance que DO Jo hemcJa eJalaoraa, O CDlltlnaidcl c:omcimte y y ~
tariamente, y )a gnm ~ a Cj\111 aún ui, D O ~
obra
GGNCiente y voluntaria, DGI resulta )a IIIÚ autáwea ~ yDUeltfa
cp. et ueatro
•
Y
esa soledad
dJ!dsi.wD
• ,PrmllO y 8UCltra peaitancia, IKII ,cendra y_ depura, DOf da eJ
J ndial ~ mirm". En esa soledad acai.mo,, 1, a la va, uaN.
sa, Y aabamoe /JOr '"· &amp;a toleclad es la que 0evaaQ
muette para rendida a Dios, en el ~ último.
ª Diueatra
La vejez quihtndonos eompafiía l a da IOledad, nuestra pn,pia Jedad.
Nos vamos quedando, uo aislados sino solos, ,...
so
tra ro . hiltoria
.
'
- a - peMlaAlente con nuap pia
urdiendo la cual bemol labrado n~tra J)mQDa IDlitaria.
Decía Tagore que "no revela al hombre 111 propia historia sino
hace
luchando a traVQ de ella". Pero luchando a travá de ella, labraCV:
y ep SU 101edad final halla IU principio y en esa IOledad de nrinri •
,:..
se ~ lle P.lml'Pc&lt;I ,.,_.,,. •
El . .
r·--,PIO y ..-,
-·r·-- ...,._, quaen es. VlCJO sabe de la vida y de la muerte
porque Jabe a muerte y sabe a vida, en esquina final de soledad. A ~
guc avan1JUD01 en la vejez nos sentirnos más ~ l e s en
.
uestraa líneaa em~es
. •---=-• están - trazadas Y ,_.; tennº nuestro
~
..1-.:-L1...
•
,.,,.
madas y no aon
V,WY&amp;AU,IQI, m rompibles, ni flexibles, como Jas aristas rl ·c1as d
rác~ cada vez -.t- •
•
P
e nuestro ca, •
u,... mvariable y mineral. Es Ja IOledad que nos
Jidifi
DO la veiez que nos emoleda. Todos nos notan
•
IO
ica y
lel' poco u...:__
-L
ya terminados de ser, con un
P ~ , Y 1a1uyen eJ diálogo con D0IOtros
mente rnoldeabl y
.
porque nos ven escasaDO
•
es.
D&lt;JSOtros IDJSIDoS no desearnos ese diálogo, porque ya
necesitamos a los demás para labrar nuestro ser. y reculamos hacia D"-tra soledad engolosm
· ad
•
Y en esa soledad últimaos, nn ·saberlo, por la muerte que OOI mira y L..-LL...
~rirnera
•
•
' sentunos de nuevo la llamada, pero no la llamada
p
• y existencial, la Darnada a ser quien debemos ser, sino la llamada
a monr o responder de Jo que hemos cumplido respecto de la llamad
••
3 pn
mera. Y ahora ante lo irrevocable
' cargados de un pasado que se nos que ·a
y DOS duele, ~ llega eJ frlo de lo eterno que nos espera, con serenidad
~
rmcor. Al rnonr qnedirnos definitivamente solos como di' 11.C--- y un
ffUt/antos sm loa ..1.-..l- d •
I-..;.
JO ~'""' pero al
UQDU, Y
eJar a IUI demás sin nmotros quedarnoa
tltnulo --mientras t1par4anaos la. llamada última de loe ~
'::
dad, Ja que hemoa efe rendir como raumen de cuentas.
nuestra

babene'i:

"'°" ''

-..1...

:Jedad

La apraa final es que, cuando al final de nuestra vida, nos encontramos

198

199

�Modos 'Y grados de soledad.

.

. . lo mismo que. el . adverbio,
, solo sohtano,
,
' .
mbre y el sustantJvo ll"""I,
-o '
1 d'etivo del mJSmo no
,
, la ni
....&lt;..o~, solamente, o e a J • '6 derivan del sustantivo ,jµcwa~, u •
,,,..,.,
una bab1tac1 n,
,·
Todos
algo pasado, una pausa,
d d lo físico-matemat1co.
dad como si concibieran la soledad brotan o be b'tar También la "solitudo"
,
permanecer, a 1 .
vocablos se enlazan con µno,,
rbo
edar y permanecer, pues es
esos
h
te con los ve s qu
nl
n
latina se vincula estrec amen
li . ) pero ésta a su vez se e aza co
palabra venida de ''solus", (solo, sosó::o Sin duda el modo primero de lo
" 11 " suelo y "sollus" entero, 1 •
•
Todas esas voces aluden
so um
,
.
1 "sólido" y enterizo.
solo y escindido o separado en ola " lit de" estoica tiene un acento existenecer Pero
so u
.
a un estar o pennan
·
n los vocablos equivalentes gnegos.
cial humano que no se halla e
od
. ario de estar solo,
firme el m o pnm
y por ser en la base lo entero Y_ la'. lan'dad que por serlo da un
•
.
me1or
tnsu
'
1
1 s6 '
o " llus"
, entero, se f nn6 "sollum"' sue o y
en o lido, es el aislamiento
.
Del
0
Primer modo de aislamiento.
"sol" 10' ais·lado y único relativo. El ante. dosde so,
. , ,,
" l'dus" todos ellos onun
el ,
'to "svarjas', o "surJas
so 1
.
ce
al' sol y en sanscn
"
cedente está en el védico sur ' ' 1 . l do separado y sólido. De so'
. "'
siempre con la acepci'6n primera de o .ais ad "solus",
solo, vino "so1emn~
.
6
"
l
r"
o
acostumbrar.
,
y
e
exiolum tt suelo denv so e
e presentan en sus con
'
'
1
teLascosass
1
"solus annus"' cada ano so amen .
'1dad. Pero al acercarse e
o
.
ble· en su cose
nes y en su colección innume~a 'sólida unidad, aislada. O pierden nexos
hombre, cada una prese~ta su ~erlen continuidad en el tiempo, o 1~ _dos
en su correlación espacial, o p
aisl
insularizarse, cobrar un mmuno
.
al'
han
de
a
rse,fl .
osas Para individu JZaJ'Se,
•
c
.
litud les VJene
a 1as cosas' de modo re e10,
de solitud. Pero, ya se ve, esta so
' 1 dad y su solitud. y a la vez, es la
tr ellas su so e
del hombre que pasea en e
las
sus relaciones y nexos nuevos,
cosas
b la e da a
Presencia del hom re
qu
.
cosas dándoles a la vez,
1 h mbre presenta 1as
no naturales. Resulta que e o
l
ecta su dualidad. Las presenta
. es. en suma, es proy
.. "
aislamiento y conexion ' hace de cada "una", otra, y de cada otra, una .
como unas y como otras, y
i~separado. Para ello se acerca
. t
conocerJ4ll, por
d
Quiere saberlas en conJun o y
. 'd d a la datividad y ofertividad e
. · las. A la respecllVl ª ' d ·1ndolas y so-l,v,ant
· · ándolicitarlas a so-l,catar
a
'
d so-licitándolas, se- uci
"
las cosas, el hombre respon e .
.
las solicitarlas, hacerlas nolos launos era piropear '
las. Conocer cosas para
") f undarlas hacerlas ser. Que por
é · d "noscere Y ec
'
d
vías" ( "novi" es pret nto e
. .ornas "amar" y "conocer"' dan o
algo se 1'dentif'ic6 siempre en todos los idi

. .

En gn·PCro el ad1et1vo µo,,a~,

a éstr un sentido amoroso, y al amar un ímpetu conocitivo. Conocer cosas
es hacerlas "J6litas" o frecuentes.•

Se ve por esta breve historia que el modo más arcaico de "soledad" es la
"solidez", la condici6n de cuerpo sólido. Al solidificarse la materia apunta la
primera manifestación de individuación y de "soledad", en forma de insuJaridad y "aislamiento". El gas, por ser expansivo, no es "sólido" ni "aislado".
También el liquido se derrama y desmelena. Con la solidez, la materia toma
la primera figuraci6n unitaria. Y con los seres vivos aparecen los "individuos"
propiamente dichos, no porque sean individuados por la materia, sino porque
la materia es "aislada", configurada, individuada por un principio superior
e interno a la materia, que es la vida. La forma bruta y primaria que es la
"solidez" ha avanzado hasta hacerse "individualidad''. Pero nada más todavía. Ningún animal tiene soledad ni está solo. Tienen todos aislamiento y están indularizados e indiuidualizados enérgicamente. Y todos buscan más o
menos pareja, acompañamiento o compañía, para defenderse, para acoplarse,
para comer en común el pasto.
"Compañía" alude a compartir el pan y podemos por extensión del concepto aplicar la noción a los que comparten el pasto o la comida. Todo individuo busca compañía. La solidez del mineral sólo busca su individuación
configurada, y se hace com-pacto. Lo sólido quiere ser sólo unidad. Wentras
lo gaseoso es naturalmente alocado y multitudinario, lo líquido, como lo femenino, ansía recogerse, pero no sabe ni puede y queda soñando vasos y recipientes en qué tomar unidad y forma. Lo sólido es cortado, aristado y como
viril. La materia no aparece claramente individuada hasta que se solidifica.
Cuando llega el ser vivo, no es ya la solidez ( y todo ser vivo es sólido; no
hay ser vivo totalmente üquido o gaseoso) sino la insularidad, la individualidad lo que le distingue. Y la individualidad busca la compañía, la reunión
(que no es reunidad precisamente) y surge la colonia, la manada, la bandada,
la horda, el rebaño. Pero la compañía, o colección, o grey, no es comunidad,
porque ésta ni es reunión, ni es reunidad, ni es homogeneidad de especie,
sino por lo menos, comunidad de fines y de sentido, como en la integración
* (Y "frequens'' quizás deriva de "fricare", restregar. La soledad de cada hombre
es insólita, no sólida o acostwnbrada. Cada persona es un "as", con peso y valor propio, Entre los romanos el as como peso y como moneda era la unidad. AJ heredero se
le llamaba ''ex-asse", poseedor de todos los bienes o heredero universal Quizás "asinus", asno, se ha originado del griego "as-onos" ( "&amp;,,~"
burro), por ser animal
no gregario y que anda solo, lo mismo que el "/Ah,o;", entre los griegos designaba
a un animal salvaje y solitario. Y como eJ jabalí en francés: "sanglier'' ..• El hombre
es un "as" porque es ser solitario, que como la moneda romana lleva el rostro doble
de Jano. En la soledad, como en la expresión, es uno y et otro, ain dejar de Jet
único o a.).

=

200
201

�•

..l.-

•

cqan1a,a - . a,evrri«W de b miemtnl ~•~ ya .. ~ ~
dad próxima a lo IOlilario. la lo 'Wtario", Ja. IOlidmidid por cootdiaaaón
funeiolllll, por sinagia y por aiatelia,

Petv ni eaa amtmidad t1 pmpia y 'Wft eta b gtüpal aiilmalrs, ni ~ e
Dimane en ptlopiedM "didarklad" a la -mominaci6a de -6rpilol 1Y ~
bral en b organií,Ma. &amp;ia OOIIRlllidád abi e1 un ~ eomoaa, ~
de lo .,.&lt;m, y ne de la "C?ólllUDi6ai' cano es la comunidad en el espiritu.
m "lelidüidacl" deJoa otpeiM•:WW, DO • ~ 6, 6rgailol Y células
~ . . . , - . . bien ta ·"""""· que e,áge )a unidad total La vet,.
aolidaridid exige indmduol que se aoJidaricen; como la vetdaclera
comunidad implica alguna c:omuni6n, 1 no unor datoi o hecboa comllMI.
Por ao la compaiUa bumau, parte de la cc,presencia que es comunidad en
et espMtu, y aspira a la «mjugacl6n de aoledides aunque no lo logra. S61o
hay léledad en los tera capam de cóinuni6'n y de reapomabilidad. BI homld ao ., aepara 11i datingue ~ por la irktmdualidad, CC11bb loa
animales, lino por la penonalidad; y &amp;ta imp1lca soledad.. He hablado de
'taoledad UJA", aludiéndo al que dti con otro, y no quiere dtai'lo. Y se
liinte 18lo fftJDte a ese otro. Pero hay tan,N&amp;, una dedad compartida Y
ICIIO conjugada y úr.iica con la ele otro, hasta formar quim .una sola ~Jedad. Til oeurre m a1gma ca101 -ele pareja amona en casr total ~
conjugada. Surge aaS lo que YamG1 a Bamat "soledad conjunta o colectiva",
que es la áUtátio. y mú riéa forma de soHdaridad. Y li por la soledad, el
bambre • ~ leJ&gt;8I&amp; y acaso 11e- opone a otros hombres, dando lugar
a- lo que 11: llama .!.,.;,lidacf'. en la que entran impullDI de unión Y desunión, de solidaridad y de insolidaridad tambim) bay muchos niveles Y grades
de ''soledades colectiYU". Son esas formas de solidaridad IIOCial en que se
akannn colectmdades por amor, por compasión, por c:onsuelo, por egoismo,
y hasta por odio a terceros t&amp;minos.

.;i.a

Solürul~ sol1dumbr1, 1nsOÜIUlfllVnlo,
Hay "soledades de dos en compañia" y hay compaiñaa soportadas por dos
y más de dos penonas. Y estas compañiaa 91&gt;pOrtadas inducen 10ledad doloroa, mientras las compañiaa conjugadas •nifitan -basta donde es posible
en lo humano-- dos o mú 10ledadel, en una IDla goaosa. Y aolitaria. Y enlODcel hay comunión y vera comunidad. Ahondando el hombre en su soledad, baila 1U comunidad' su comunión, con los hombres. Ahondando en la
comunidad y en la compañia conjugada, haDa su propia soledad. Hay pues
dos formas de "soledad con", la que 90p0rta compañta ajena no gra'-, Y la

202

flU&amp;:•--. oa-.

compaifa m ... IDla, ..._ Mleclad, Haym111
fGrma Vllliadaa de or.cnp¡ñfat Hay didalidad que w cb anledwta pero
c,tra

7
por una o JJOCII dime
~ IÍll Jlegu a la eoaj11pcih totaL
o 16Jo paseamos nuestra IOledad por entre Ju CG11ii y b 1H1inbtes
que tambi&amp;. dade ~ prelfflridkw el puo de otras tOledades, a 1át cuales YID dirigidi, emiaioae, radiada, desde Ja nuestra, ~ando truncado eJ
anhelo de una J)Olible conjugdn. Y bay "ClMlplifas que, por profüncla.
mente afinet a la nuestra, o -por 9llCJI pr6anaa en el amot pero e IJe&amp;ai'
a la conjugaci6n; pertmbaa en alg6n modo y en aJg6n
Düt!Btra toJedad. Ad, an~ lluestrol hijas amigos lndliiol, prmentes y m tilendo no
podeaa meditar bien ni nuniar nuestR&gt; eniiinimnamiento mHtario.
lo
impide IU prelellCia mama. Y 1in embarto, por el amor, por eJ doJor por

ano

grado

fb

.Jedad

eJ pelign, o pc)I' el consuele, podemos formar con elfos numra
colectiva. En cambio, efttle- de9tonocicb p!W!Dtei y DO en silelidc►. tino en'
fragor de voces (por ejemplo en un especticuJo, en un café) ~ meditar adentramos en nuestra IO!edad, acaao mejor que si ~ aisJadoe Y en silencio. Algo a como ai de la IOledad delpilfarrada y no aprovechada por elb, ~jihamos la nuestra. Y hay, en fin, una fonna de soledad, en que, ama dándole el alamiento, no mta alguna forma presencial
efe CIOIDpaÑa, JDÚ bien Ja evoca, )' efe l!IIII eornpafi(¡ evocada le alimenta.
&amp; el cuo dtl 8Uleldle porque fl mismo 1e fue a estar 10lo y no 1e limitó a
ftUIÚlr I01o. Pero no es que ahora, en la soledad, 1e lienta "solo Jtf" aqu8
de quien se ausentó, sino que puebla 111 dedad de mudw penonaa auaente1
Y acaso no BQlellta, por no ser amocidu Tal es el caso del monje que 1e
va a sus 10ledada o a au •Jedad pan poblane de ecos homa1J01 de prese&amp;;
cías de Mmbres, y evocarlas y rezar por ellas. A esta fonna ; ;soledad pobla~ de rumores y vocea y praencias Je llamo "soledumbre". A la forma
anterior, aquella en que JlOI sentimos más solos cuanto más es la muched~bre desconocida q~ nos rodea, le llamo "ensnledamiento", pues el solitario 1e forra de mulutud para blindarse o acolchonar su propia 11&gt;ledad.
Y cuando, estando entre hombres próximos (hij01, hermanes, amigos) no podemos ahondamos en 101edad porque la presencia de ellos nos lo impide
hablaremos de "solitud", o 10ledad que ~ que fuera com~
Y conjugada, Y no lo logramos. La 10ledumbre ea la forma frecuente de ao!~~d del veraneante, del emigrante, del que se irradió para descansar_ La
aolitud" y el emoledamiento IOD modos de aolitariedad del hombre en
~ de la vida social. Al estar ''aolo con" y al estar "solo sin", hay que
añadir esta otra forma de la '1solitud" que ea un estar ''lolo n,r,/'. . . Es
soledad ain aislamiento. Como hay muchedumbre, hay tambiái soledumbre
o 10ledad con aislamiento pero con multitud de preaencm evocadas. El po~

20S

�opuesto a la muchedumbre es el aislamiento. El polo opuesto a la comunidad
es la soledad cuya fonna más alta es la solitariedad o en-simismamiento. Al
que se ensoleda, se le llama solitario; al que se halla en soledumbre, debemos llamarle soletudinario.
Colectividad o sociedad no es comunidad o comunión. Hay comunidades
étnicas, familiares, religiosas. Pero mientras la compañía, la colectividad y la
muchedumbre parecen exigir un espacio común a todos los miembros, aunque haya distancias reales importantes, la verdadera comunidad, y, sobre
todo, la comunión, tienen sentido inespacial y todos los que se hallan en
comunión, aunque distantes entre sí, se hallan presentes y comulgan como
una misma soledad, no conjugada, pero sí compartid~ Es la solidaridad espiritual o vera comunidad presencial humana. Todo lo espiritual liga y
coliga a los hombres entre sí. Por eso es comunión la cultura toda, y hay
comunión en la historia humana de todos los hombres. Pero debemos distinguir esto: que mientras la religión, el arte, la poesía, el amor, son formas de comunión espiritual, la ciencia la política, la guerra, el negocio no
son más que manifestaciones de lo social, de las colectividades humanas y
sus individuos. La socialidad no alcanza a la soledad, a la persona profunda.
La comunidad como comunión afecta profundamente al hombre basta tocar
en su soledad radical. Pero debemos distinguir la solidaridad de los hombres
por su origen y su solidaridad por el espíritu. Aquélla debemos llamarla "comunidad"; a ésta, "comunión". La tradición, el arte, el amor, la poesía, es
solidaridad comunitaria o comunión. Las asociaciones y colectividades no
son comunidad, aunque sí formas solidarias de hombres. La familia es comunidad y es comunión. La Iglesia es comunión y no es comunidad. El estado
ni es comunidad ni es comunión, sino forma societaria. La comunidad es un
hecho; la comunión es un acto, y aún mejor, acción continua de militante.
Lo social es una situación, tiene algo de hecho y algo de acto. En las sociedades, hay afiliados, asociados, compañeros, colegas. En las comunidades fa.
miliares hay padres, hermanos cofrades. En la comunión, hay unidad de
comunión.

Mismidad, soledad " silencio.
Tanto en "solus", como en "sollus" y en "sollum", los filólogos hallan una
radical primera y originaria: "se" o "si", que subsisten en el "se'', el "ip-se"
y hasta en el "sum" verbal de los latinos. Y también en el "self" inglés y el
"sebs" alemán, como en variadas formas de las lenguas neolatinas. En español tenemos no sólo el "se" y el "sí mismo", sino el "ensimismamiento" y el

verbo «ensimis
" E
dados a las ro.::sed~ \l~aque Españ~ es pue_blo. "solitario" y de hombres
de la soledad en la LiteratU:a ~ns~ento solitanos. Cuando Vossler habla
percibe los ricos matices de t panoda, dya apunta a esta idea, aunque no
es e mo o e ser homb
li ·
español. En España hasta el hombre d
'6 .
re s~ tano que es el
e acci n t1ende a ensunismars S
trega a la acci6n para electrizarse en su s l d d
,
e. e en.
gesto del español en la guerra c
Joe
no para hwr de ella. EJ
•
, orno en a oraoon e l "d
,b .
la fiesta de toros es "quedars
l " Afº
' n a \1 a pu lica o en
e so o .
innar su pe
l"d d, "h
amo" es, para el español "qued
l " E
rso~~ ' a
acerse el
de Guzmán como Teresa' d J ~se solo . . n plena acc1on, tanto Domingo
e esus o gnac10 d Lo 1
.
solitarios. Don QuiJ'ote y S ,
d
e yoª se sienten solos y
egismun o son seres a sol
.
.
bres ensimismados tanto como F
L . d L , as consigo nusmo, hom'
ray uis e eon y S J
d
Lo
que profundamente captan el Greco z b á
an uan e Ja Cruz.
Y ur ar n y los grand ·
•
ros espanoles es la soledad d 1 h b
_
es unagmee oro re espanol la
a1
senta como soledumbre «
!d d
'
cu unas veces se pre' o so e a sonora" otr
"
y muchas como "solitud" H
d
'
as como en-soledamiento"
· asta on Juan se cnsimism
d•
ialoga consigo mismo. El llamado individualis
~ no pocas veces y
solitariedad. y los propios conquistad
.
mo espanol no es más que
.
ores se van por esos mu d
" 1
es dec1r,
a pasear su soledad
n os a so ear'',
La soledad española suele pr: a tscmbrar nue~as áreas y zonas de soledades.
·
.
en arse como soledad sono "
u
,
misma en la acoón •• soledad ensimtsma
- .
da.
ra Y ena de s1

ª.:

Pero el ensimismamiento no es la . 'd
.
.
tirse igual a otro lo cual es lo , murm ad o idem-tidad, como un sen'
mas opuesto al ensimism ·
poco es un yo doblado o reflejo sobre sí u
amiento; pero tamque es el "sí mismo" en que 1 h b ' n doble yo que se asoma a sí, sino
e om re a solas co 5·
cha oyéndose últimos .........0.,es .
.
d
n igo se ensancha y escu• ....., • mannos e Jo etc
t
•
1
sangre. Ensimismado, el hombre go
I dad rno. ras_ os olea1es de su
za su so e
en s1lenc10 p
1 d más
aunque no esté en silencio para s' s· ., d
ara os e
'
•
1.
muen ose a sí mis
CI
ya vio Brentano el "sí mism ,.
.
.
mo.
aro que, como
diendo hacia los demás pero o por ser_ mtenc1onal, está siempre trascenyo go que mcluso "trasciende" hacia el "otro"
q uc va en el " , . , "
s1 nusmo no como "otro " .
'
en cada uno El "s' '.
"
yo ' smo como el "yo" que es otro
1 IDJSmo
•
es "uno" m ·
"!ch" (Yo) y "sehs" 1g
¡
tsmo. Los alemanes distinguen
a o as como "el Yo" u y
.
no sea el mío, un Yo abstract
.
' n o, cualqwer yo aunque
", . "
o e impersonal que vale par t d
s1 rwsmo . y todo él es un "se"
" ,,,
a o os; es un
y dese
'da
P ero en español tenemos una expreO . , SI . en tercera
«
onoc1
peno na.
"
"
s1on mversa Uno quisiera"
ese uno que se presenta como I .
h . .
. . . en que
eJano y asta tmpersonal
.
yo, y no un yo cualquiera sino u
•
,. d
, es precisamente
"
'
yo zrusmo esde m{ yo E . .
es enyoizarse"
· DSJllllílmarse ahora
, .
' no ponerse un y o como un vestido .
umco que es cada uno.
' smo meterse en eJ yo

di

204

205

�y en sentido
y ese en,immnarn~to, esa soledad, no son. prec1•samente,
•
mismo
como
. silenciaeos. El er-siwiununiP.Dto es diálogo consago eda j . y
metafisico,
.
el amente O el que qui
eJos,
en la solitud es evocación y diálogo con
En la máxima for-

ul • licación de voces Y """""'
corno en la soledumbre es ro bp 1 • •vnarniento hay silencio físico, pero
Jedad en e en.irn•
'
.
roa' en la verdadera
so ·
' es el ensnmSJDa
. . do habla con su meJOr voz y
.
.._,,
no hay silenao meuuwco~ ~ Por ser el hombre el &lt;mico animal que hasu palabra más ho~ y limpia.lla 1 único que urde silencios expresivos, el
bla, es también el úruco ~e ca , etamb'é
el hombre el único animal
I n es
·
· · tenaonales. Y
que emite stlen~ m
también entiende silencios. . . Po~ eso,
que entiende somdos Y palabras, pero
. .
da y no por eso deJa de
hablar
su soledad ensumsma ,
puede el hombre
en
Jedad ensimismada canta, y canta su
· El andaluz en su so
.
hablar en silenao.
. • para' sí nusmo,
como et
" 1
,, pero canta en si1enao,
.
soledad, canta por so eares ' ledad gune y el nústico en la suya, ante Dios,
orante apesadumbrado, en su so
od' diálogo en la soledad, es silen•d0 todo canle, t o
od
habla ... Pero t o geuu ,
•1 c·o s6lo lo oye y entiende el pro• Su palabra es sien
l'
.
eioso para los deinas.
· y hablar al solitano,
.
1 demás oír cantar, gemir
pio solitano. Podemos os
! ,L
del solitario la ove él solo. La
. de
lo que OlDlOS. a voz
·
varó ·
pero es ruido
espuma
..
.emplo no la entiende el
n ru
soledad de la madre o de la DOVUlEn, por be! la ;.u¡,.r no entiende la soledad
manantio
cam 10
,el
1 ,•
la oye en su evisuno
.·
s6lo alcanza a compartirlos por
y el silencio del fil6sofo Y el guerrero, Y
ribera humana. La soledad es
amor, llegando a esa soledad desde la otra
los demás.
sil .
enCIO para
edad de nuestros pensamientos, un poco
Pero salimos a veces de las so~ esLa soledad como el silencio son p,osucios y aturdidos de ~oces y pal
al fondo de la soledad hay que usar
'-•ndos y no extensos nt altos•• Para legar led d en medio de la multitud
, ..
sil .
tenores. El enso a o
'cal
una escala de enc1os ex
funda
o el aislamiento es vero .
suprime la multitud. La soledad es pro
dcomd' tanaas'. el solitario a fuerterior a fuerza e 15
~
sile ·
El aislado logra un
nao ex h
algodonar a las cosas con silencio nuesza de profundidad. y llegamos asta la 1
pesar de sus ruidos y sus
. .
tremecedor en
se va a
tro. Hay un ~leno? es
b'
n que el silencio es físico y real, lo
rumores. En el dCS1erto, en cam io, etra soledad que como dice San Juan
.
ue es sonora nues
,
'
.
sentunos sonoro, porq
, .
liada" El hombre pone una uunensa
.. 1 esmo que mUS1ca ca
•
.
de la Cruz 1es do m·1 ncios en las cosasJ hasta parecer que les pone su propia
gama y esca a e S1 e . .
contero laci6n de una obra de arte, y
soledad. Ponemos un silencio en _la
p
el .SillO silencio que el
.
li . "
la orac16n, que no son
JilJ
un "sile11C10 redegioso
en
liada
I
silencio
de
la
casa abandonada, o
la noche estre
,oe
desi
del
erto o ·d
d I ave que acaba de cant"'"
... · · • Pero es que tampoco
el del árbol domu 0 , 0 e
. 'nal
acecha el del monje que ora, el
es el mismo silencio el del cmm
que
'

ras.

206

de la madre que contempla arrobada y el del poeta que está concibiendo
la obra futura. Tamp,co es igual el silencio del varón que el de la mujer.
Y es que hay un "sí mismo" varonil y un "sí mismo" fcminal, correspondiendo a dos formas profundas y decisivas de experimentar la soledad. La
"solitud" es profundamente vivida por la mujer de buena feminidad. Ansía
ella que .su soledad existencial, una soledad genuina propia de au "latera.Ji.
dad" metafísica, de au condición de costado de flaco de otro, sea compar.
tida, más aún, sea absorbida en la soledad del varón que la existencializa
y al que Uega sorbida en amor. También hay en la buena feminidad una
soledumbre no conocida de varones: esa soledad de la mujer, novia enamorada, que aún no es madre, y siente sin embargo, las cuevas de su corawn
resonante de voces de hijos que aún no han nacido ni siquiera ha concebido.
A esta "soledumbre" genuinamente femenina, se aproxima intencionalmente
otra "soledumbre": la del poeta, la del artista, que en sus silencios guarda
a muchas voces de criaturas de arte no nacidas, y que acaso nunca nacerán.
La soledad de la mujer "soltera" (es decir, "sola" o "solitaria") no es Ja
misma que la del varón ºsoltero", pues el varón, aun casado, aun unido en
amor, aun reunido en compañías, siempre experimenta una soledad que es
la fonna radical de su yo, y que suena a "unicidad". La !IOledad feminal
es "soledad de" var6n; la soledad del varón es "soledad sin" mujer. Todo
esto más allá del hecho, ya no discutido por nadie, de que en cada ejemplar
humano hay ingredientes de diverso grado y nivel, así varoniles como feminales. La mujer ha de salir y ansia salir de su soledad hacia el varón y por
el varón alcanzar, sin conjugar, la otra soledad de su hijo. El varón ha de
hacer entrar, ansía hacer entrar en su soledad, otra soledad de mujer que le
complete. La mujer halla su autenticidad, su "sí mismo" en otro: en el
var6n, en el padre, en el hermano, en el hijo, sobre todo. El varón halla su
autenticidad, su "sí mismo'' en su propia conciencia e."OStencial, en la que
sin embargo, oye la llamada o petici6n de otra soledad de mu jcr que venga
a enriquecer la suya. Los varones que más atraen a la mujer son los solitarios, los señoriales y autosuficientes, precisamente porque su propia soledad
de mujer le trae desolación y congoja m('tafísicas. En cambio, las mujeres
que atraen más al var6n solitario y enérgico en su verticalidad, son las recatadas, las hilanderas de su propia soledumbre, las que sueñan en su distancia muchedumbre de voces y hambre de conjugar soledades en donaciones
últimas al varón. Pero como la compasi6n no da ni quita profundamente soledad, nadie, ni varón ni mujer, quieren sustituir el amor por la compasión.
La compasión es algo externo y nada decisivo y hondo. No nos molesta ser
compadecidos en alguna situación de hecho, pero nadie quiere ser compadecido por lo que él, en su profunda soledad, es. El amor de varón a mujer

207

�y viceversa no es mera solidaridad o comparua o asociaci6n, sino conjugación de soledades últimas, hasta donde pueden lograrlo con su amor. Pero
en ese afán de conjugaciones esenciales, el varón sorbe y la mujer anhela
ser sorbida en otra soledad existencial: Notemos que en la física del amor,
el sorbido es el varón y la absorbente la mujer.
Me importa mucho decir aquí que, en relación con una metafísica de la
soledad (y aparte de una metafísica de la maternidad que intentaré en otra
parte lejana) lo más decisivo para Ja mujer no es el hijo, sino el varón que
la enamora. La soledad existencial del hijo nunca será catada ni compartida
(mucho menos conjugada) por la madre, sino por otra mujer que llegará
vestida de novia. La madre con su ternura y sus cuidados nunca llegará al
centro persona] de] hijo, allí donde arde perenne y votivamente la lámpara
de la soledad existencial del hijo. Por su parte, la soledad profunda de la
madre sólo ha sido o podido ser compartida y aun conjugada por el varón
que la hizo madre en amor. A la soledad del varón llega la mujer para
liberarse de la suya, que experimentaba como honda congoja porque no le
daba el "sí mismo" que ella buscaba. Ese "sí mismo" sólo puede encontrarlo
en el varón. No olvidemos que la mujer existencialmente, es un "ser-en-otro"
y un "ser-para-otro"; el varón es propiamente, si lo es con autenticidad, un
ser en sí mismo. El "autós" del varón, su autenticidad está en sí; el "aut6s"
de la mujer, su autenticidad, es buscada en otro.

Soledades colectivas y soledades complejas.
Llamamos solas a las cosas cuando están aisladas entre sí o faltas de la
atención y de la solicitud humana. En el primer caso se quedan sin nexos
o relaciones. En e1 segundo se quedan sin el cuidado y la atención del hombre. Pero en ninguno de ]os dos casos puede hablarse de soledad. Las cosas
son incapaces de soledad. Y los animales también son cosas. Sólo el hombre experimenta la soledad pegada a la raíz y al tallo de su existir. La
soledad es toma de conciencia de sí, un quedarse consigo a solas. Una soledad no advertida por el solitario no es soledad propiamente dicha. La
soledad empieza en la toma de conciencia de sí mismo. Y para eso hay que
tener "sí mismo" que es lo que no tienen las cosas. Y como las cosas no
tienen soledad, tampoco la dan. . . A veces nos ocurre que a la vista de
determinados objetos (muebles, juguetes, recuerdos) nos sentimos más solos.
Pero no son las cosas las que nos inyectan soledad, sino las que subrayan
la ausencia de alguien, y de ese alguien, sí, estamos solos. Nunca puede el
hombre estar solo de cosas, pero sí solo entre cosas y a la vista de ellas. La

208

"soledad sin» com " 1 dad d ,,
.
o so e
e es siempre soledad de al .
y n~ ~e cosa. Los japoneses designan a la "soledad d." gu1en, de persona
lancolica, con el vocablo "J k ,,
, .
e , a la soledad mea u ' pero ese tenmno vale t b. ,
se va, y para el que está lejos poblándose el alma d ~m ien p~a el que
soledumbre. Lo que no signifi
e as ausenaas en la
ca nunca esa palabra es "sol dad d "
b
u o jetos. OrteO"a
que nos ha dicb
h
e
e cosas
0
o mue as veces que la 'd "
.
mente soledad, radical soledad" nos dice ta . ,
VI a es esencia].
en medio de los hombres y d 1 .
mb1en que el hombre es solitario
e as cosas· "Est' ¡
esas cosas están los otros seres h
. ,
a so o con ellas, y como entre
,
umanos, esta solo con ellos" y - d
pues: "desde ese fondo de soledad d' l
. . ana e poco dcsra ica que es sin rem di
.
emergemos constantemente en
.
e o nuestra vtda,
. también segun' h
un ansia no meno
d' 1 d
D1ce
•
,
.
· s ra ica e compañía".
'
emos visto mas arriba que soled d
"
de". Pero si es
también af' d
_, '
ª d es quedarse
solo
an e compan1a ·de q ,
.,
solo el hombre?
' C:
ue O e qwen se queda
Se queda .solo de, co11 y entre hombres S
, .
lamente hay soledad de ho b
T
· u texto último es soledad. y som res. ampoco hay soled d
D'
rucidad no es soledad N' ha
1 h ombre soledad d n·en 10s, pues su
·
i
Y
en
e
el hombre se pierde de sí El h b
e 10s, salvo cuando
·
·
om re está. solo de homb
Dws.
Más bien está inundado d Él
.
res, pero no solo de
· más solo se siente d
e
Y nurado' observad 0 , asJsh
· 'do de Dios.
Qwen
,
, e, con Y entre hombres más
.
y mas presente y solo está ante n·
.
presente tiene a Dios,
h b
10s ... la soledad da el
taf' .
om re. Por ella el hombre toma
. .,
peso me lSlCo de]
.
su
gravitac1on
hacia
arrib
U
levita sobre sí mismo y· asciend h . D'
ªi por e a flota,
,
,
e ac1a tos En ella t
.
.
s1 y de su libertad porque en 11
•
.'
oma conc1enc1a de
• •
'
e a se siente liberado
nd
sumsmada y buscada. y ese qued
« l
' cua o es soledad enarse so o con" n
·
d
compañía molesta que se b.
h
, o quiere ecir en una
.
a Jura y re uye para qued
1
.
smo un estar en compañía de . t
11
.
arse so o o ansiar estarlo,
ridad, y experimentar la " Jedo rdos, yl a ~ os ligado con vínculos de solidaso a co ecttva" q
1
solo con los demás (en otra acep . ,
l ' ue .es a a vez, un sentirse
l . 'd
c1on que a antenor)
.
ectivt ad solidaria estar "sola d ,,
, Y un sentir esa comismo la soledad colectiva de / otr~s soledades colectivas o no. No es lo
familia que ha buscado
a pare1a amorosa, o de Ja soledad de una
gozosamente Ja ocasión d
d
.
sola, o la soledad de la c
'd d d
.
e que ar colectivamente
omun1 a
e mon1es q
d ,
resto de los hombres vi
' ue ª emas de aislada del
' ven una so1edad comunita .
l
queda sola de) padre en orf d d
, na, que a familia que se
'
an ª que acentua do!
D el mismo modo se da
la "soledad I . "
orosamente la soledad.
de un puebl0
.
Jefe o conductor el que le dab .co, ect1va
.
que pierde al
.
'
ª
qUtzas 1a umdad de e
·,
cuac1dad y la admiración colecti
L
.
omumon, por Ja sereligiosa ¡ d'd
, "
de ., • Pero esta otra colectividad hva.'rf a comurudad
.,
a u l a esta .sola
ue ana, deb1eramos dec ·
tá "
.
para dar el acento debido a 1 ~
d
ir que es
sola sm",
a orma e soledad experimentada El
•
que se

u.

ª

209

ll.14

�• que
1
.
acaso no se queda so1o, sino
va lejos de aquél a quien am! yl edc~,º:::1 de ~uien se aleja; por ejemplo,
se va a estar solo, y a estar so o e
rimenta no la "soledad de" sino la
el emigrante. Pero el que se queda, expe edad
carencia una orfandad
, una
'
"soledad sin" del que se va, u na manqu

que no .se da en el otro.
más soledad en el hombre. Cada uno poHay pues, soledades Y no nada
.
has soledades aunque sea
'
además tiene mue
•
.
1d d
see diverso modo de so e ª , Y
'
"A · soledades voy de nus
. 1 La l trilla de G6ngora
mIS
'
.
única su soledad radica ·
e
da h bre campos y regiones solí,.
certera Hay en ca
om
. da
soledades vengo , es
. ·
ledad 1 madre que queda vm con
.
modos diversos de so
· ª
tanos, zonas - Y
•
1a soledad colectiva y apretada Y sosólo expenmenta
niños pequenos, no
.
bién a la vez, la otra soledad para
lita ria con todos los huérfanos,..
~pecto de su marido. Se siente
ella sola, la "soledad de" o la so e
;n . da y además experimenta la
con la doble soledad de huérfana y e ~~ 'ne1 mismo modo la mujer
soledad solitaria y colectiva con todos s~ JOS.ama se siente
de aquel
.
un varón a quien no
,
.
que contrae nupcias con
uien detesta. Un monje puede senbr
que la enainora, y sola con aquel a q_d d
a la vez la "soledad de" su
la soledad colectiva de toda su comuru a l,edy, d pobla&lt;hl de ecos de muchos
.
b', la soledumbre o so a
.
madre leJana y tam ien
d 'U..
es no solamente .soledad, smo
.
está oran o. lliSya, pu ,
,l
hombres por qwenes
, .
d soledad y fonnas de soledad mu •
también "soledades", formas mu1t1p1es e

SI~º~:'. ,.

sol;

tiple o compleja.
.
habla d soledad de cosas aunque
.
h
propiamente
n
·
He dicho que no ªYi
h fonnas de soledad comp1eJa
con ellas pero ay
sí hay soledad entre cosas Y
'
solos de cosas u objetos que
d · · l rror de que estamos ·
en que se suele a m1tir e e
. d
t'erra O el paisaje lejanos
•
l en la nosta1gia e Ia 1
nos faltan; por _e1emp..o,.
,, 1 . na) 0 el recuerdo melancólico de he("saudade" galaica Y soidade usita
asos no se iente
'd p
ti ndo que en esos c
chos pasados de nuestra v1
ero en a:.ación de las costumbres, del habla
soledad de o por las cosas, smoDlal se~
modo la melancolía del pasado
e mismo
,
t ,.neos
b
y de los hom res co erra
·
. .
· damos contiene más sole•
y acontecumentos recor
,
que se fue, y cuyas cosas
.
rsona que antes fuimos con acento
dad de personas y soledad de la propia pe .
1 " udade'' suena la
•
•
.
.
05 En la nostalgia Y en ª sa
y timbre que ya no tenem .
,
. dora la ''soledad de" qmen ÍUllllOS
''soledad de" otro; en la ~elan~lia ~d\OCda E '1a soledad honda del hombre
la misma mtens1 a . n
)
y ya no somos con"
,,, como co la es la espuma y la e.xpresi6n popular
andaluz (de que la solea
a1 . p d la t1·erra leJ·ana, sino que hay solc" d d ,, 0 hay nost gia e
no hay sau a e , n
.
ñida de "desengaños" estoicos del mundad evocadora Y melancblica, muy te
h
d llamar "soledad de"
d ,
funda que emos e
do; y hasta otra soleda ~as pro
ha en el hombre vera "soledad de"
. ... He dicho más arriba que no Y
D1os

°,

ª:

210

'

Di01, pues toda persona individual, en lo hondo de sí, tiene, quiera o no,
presente a Dios, se siente en presencia de ti. Pero así como se habla de una
tú-solación que, significando en verdad esa pérdida del suelo o el paisaje,
la experimenta el hombre como soledad moral y metafísica; y así como la
"saudade" parece pérdida del paisaje, experiencia de un arrancamiento como vegetal, cuando es más bien desgarramiento de la compañía de otros
hombres, así también puede. hablarse de una "soledad de" Dios, aun siendo
en verdad soledad frente a otros hombres, y componiéndose de desolación
moral (desasimiento del estoico) y de soledad consigo mismo.
El andaluz se siente, distinto y vertical frente al paisaje en que se forma;
no se siente sumido en él botánicamente como el galaico. Por eso, el andaluz
lejos de su tierra, no es nostálgico de ella, y más parece que todo el estilo
del ser de Andalucía va con él y no le queda lejos. El galaico-lusitano siente
una mutilación o manquedad, lejos de su paisaje. El andaluz no porque
el.paisaje, la geografía, es él. Y al revés; el paisaje físico de Andalucía no
tiene "carácter'', ni estilo sin el hombre andaluz; el paisaje galaico-lusitano
tiene personalidad" -valga la expresión- sin sus habitantes. No tiene digo,
el andaluz nostalgia de tierra, pero tiene una profunda melancolía dolorida
y lírica de su propio pasado que continuamente evoca. Y tiene una rica ' melancolía de rey destronado'', una profunda e inefable nostalgia de lo di\ino
que le hace sentir eso que llamamos ahora "soledad de" Dios. No es, claro,
que le falte la presencia de Dios, sino que "echa de menos" no tenerle más
consigo. Las tendencias místicas del solitario andaluz es un ansia de quedarse a solas con Él. Su máxima aspiración es ''hablar a Dios de Tú", es
decir, dialogar a solas con tl, como un gran amigo, el andaluz huye ascéticamente de las cosas para quedarse con Dios. De ahí, su sobriedad y su
frugalidad. Como es profundamente dual, su sensualismo le arrastra no pocas veces, y luego le carga de culpas que aumentan su ascetismo. Entre el
ascetismo y la sensualidad, el alma andaluza labra su soledad. De ahí también el habitual saludo andaluz: "Quedarse con Diol', "Vaya usted con
Dios". Sin duda porque sentirse sin su presencia es forma trágica de vida en
Andalucía. En todo místico se busca una "soledad con" Dios. Es el "¿qué
quieres que haga, Señor?", de San Pablo en Damasco. Un gran amigo mío
anda}~ de gran reciedumbre ascética, me ha contado que se sinti6 curado
de su enfermedad cuando un día dijo en su oración: "Pero ¿ qué va a jasé
conmigo, Señor? ¿ Vas a consentir que me muera tan pronto?" El andaluz
tiene soledad ontológica existencial de ensimismado, porque está lleno de
la soledad de sí. Por eso, canta melancólico, pero con gozo lírico de treno,
sus "soleares". No necesita mucho de los otros hombres porque vive un poco
absorto en sí mismo, absorbido en la escucha de sus voces más remotas. Está

211

�.
"
padre" le trata de "usted"' para
siempre lejos de los o~; al ~ el :'daluz tiene fama de ser individ~afumar la propia distancia. Por ras de arte, todo sobre un fondo esto1_co,
lista, rebelde y gran creador de :ado" que le hace propender a la oraa6n
piente y sentencioso de "deseng
f
y cumplen en el secreto
u la
'tencia. Los votos penitenciales se o recen
ya
pem
.
mú riguroso.
pero no secretos banales, smo
dal
·
ve
cargada
de
secretos,
• ~ue deEl alma an uza VI •
esticulación y la exterion'dad ' ~
trascendentales; de monJe, La g
rico mundo intenor msospe.
ardan
recatan muchas veces un
l a quien
nunaar, gu
Y
• discordancia de que aque
chado De ahí la frecuente Y sorprestVa
,
. ,da
se mete en un
.
.
todos un día se swa ' O
temamos por festivo Y abierto ª
'
. paladeando su soledad Y
1
po
largas
vacaaones
convento, o se pasa en e . cam Semana Santa es una inmensa multitud de
sus soledades. Una procesión de
ula y rinde sobrecogida ante una
li tarios. &amp; una muchedumbre que se anedad d 1 .da en una "saeta". En
so
. .
ta su sol
o on
d
voz anónima y solitana que "can taor" no dice su secreto, sino que lo alu ~
la misma copla cantada, el ~
una soledad. De ahí el sentido casi
él La "soleá" es la grao metáfora de ,
manif tane se esconde goa .
En 11a mas que
es
.
. , tico de algunas coplas.
e '
chan en comumón
erugma
nales. Los que escu
,
losamente un mundo de seeretOI ~
la }edad del cantador, sino la
hallan alUSIODCS a
SO
•
llrica de solitarios, ~
ues soledad compartida o soledad colecuva
voz de la suya propia. o es_, p '
edi de la multitud, y de sus
de un grupo. El aodaluz se "ensoleda" en m o
aislamientos, hace "soledumbre"
A todos no.s han cantado
tn una noche de juerga
cosaJ que nos han pasado

ha dicho Manuel Machado.
de "soledades" son: Góngora, Bécquer, AntoGrandes poetas de soledad y
b', lo fue Manuel de Falla.
Ramó Jiménez y taro ien
.
nio Machado y Juan . 'ent: de soled~ en ellos y en Quevedo.º Fray L~,
Si comparamos el sentmu
.
, . ·1 ocasional o circunstancial,
, lnmos es. . • mas cavi y
1· é
hallaremos que la de estos u
.
la d
uéllos. Juan Ramón im •
én ·
ontol6g1ca que
e aq
al " tro"
menos honda, aut uca y
dualidad profunda, aludiendo
o
_
___;.
muchas
veces
su
•
led
d
Bécquer
se
nez, que ~,.•.....,
. ,.
.ardinero de su propia so a .
que le acompañaba, fue un f a ~ J led d de los muertos. y Antonio Maestremecia considerando la últuna so a
chado dejó dicho esto:

212

º"

Dialogo con el l&amp;oml,r, que sump,e conmigo.
Quün habla solo, 1.spera laablar con Dio.s un dla.

Pero en la saudade el hombre galaico experimenta otro sentimiento de soledad, su ensimismamiento no es total; se ensimisma con loe otros, cantando en
un orfeón o entregándose con ellos al gom del desleimiento multitudinario.
eccsitan todos por Jo menos la presencia del paisaje o su tremenda nostalgia de él. Lejos de la tierra, los galaicos sienten la intemperie que les hace
arracimane en "lar" o en colonia. Pero esto nos indica que no es vera "soledumbre", pues no les basta sentirse aislados para poblarse de los denw
hombres, sino que precisan unirse físicamente a ellos. Ni soledumbre, ni ontológico ensimismamiento, sino una soledad colectiva y pánida, solidaria del
paisaje y solidaria de otros hombres. La soledad del alma gallega está resonada y llena de vientos forestales y númenes telúricos, pero también de la música de) habla nativa, del rumor de sus tradiciones, de sus canciones y de
los hombres gallegos. Los andaluces en Andalucía parecen un archipiBago
de solitarios. Los gallegos lejos de Galicia, una multitud en soledad colectiva.
Aburrimiento y soledad.

Una forma de soledad compleja es eJ aburrimiento. Ningún buen solitario
se aburre nunca, pues el aburrimiento no es fruto de soledad, sino falta
del gusto de la soledad. El hombre galaico experimenta su "saudade" y su
"morriña" cuando está lejos de su país. Pero eso no es aburrimiento, pues
las nostalgias duelen, pero no aburren. El gallego teme a esa soledad de distancia geográfica que puede Uegar a matarle, a hacerle morir, pero nadie se
muere de aburrimiento¡ porque el aburrimiento no mata, hay quien re mata
por aburrimiento. La morriña, la nostalgia del gallego es tristeza existencial
por de-.solación, por pérdida del suelo materno. El desolado necesita con-so/ación, y por eso el gallego se arrima a otros hombres a que Je den el perfume
consolador de la patria lejana, que es más bien una "materia"... Pero el
solitario andaluz cultiva su soledad, la canta, la llora y la mima. Y como
otros hombres "acarician" sus ilusiones, o "abrigan" sus esperanzas, el andaluz "abriga" y "acaricia" su soledad. Pero no hay en él de-solaciones, pérdida
del suelo o del paisaje, pues el paisaje lo lleva dentro, y no es geográfico,
sino humano y personalísimo. En su indescifrabie soledad ontol6gica no espera otro consuelo que el del ensimismamiento, el de la propia soledad como
compañía. Pero por eso no hay aburrimiento profundo en el andaluz.
En el aburrimiento profundo en el vacío existencia~ no hay enérgico anhelo

213

�..,.....,. afúa pr«uDtClo
:1li ~ em&amp;iendal bls-

de.._
. . .fine, pm;¡ue: aburrido pn6aDdo
dala ccmpa6'a
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Pido como el desesperado es un • J • fuerzas baltantes para matane; ~
' deaeol aqp&lt;m ele monr, m
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• No baDa en • mumo
bablar6 del
plemeDte 1B dejada -SPGJV.
tiene fuena1 para bacs. Ya
flota
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abunimiento
en IUDl,lUII w: ~ en un libro a ello destinado.

sin.,....._.,

Sole4llll ül ,Oda.

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L ....... L...... ele mmna, .utenticidad.
y al
losde
de rua s IIUIIIIJII-.;
_..__
J!I .,.... •
al fanb!ar de ·---:-fundar o
poetas, al artilta
- i . . El poeta para poemar, para
.
puebloe r al colomzador de &amp;~• • humanidad, de su rica hombda, enn.
erar, aeeesita echar mano de su recaa

~

t\lltd6t tlel C!OGtlctO coa W

deaú h:tm!ireL Neeeaita de e&amp;. paa mdu-

. _ o impirane ' - - - fmpetu. • peeta aaefia &amp; las ~ ..
lliinmtapordet,ucWqicu6a,.bmiraywdeideabajo,deacleJaunn.,
Wdad de la ralc:a en commñdad, • cala catMb!DLiilkt d tampJejo ..,_
.., mterior, 1a IDrbe e1 caru6a, e1 •• e1 llber, e1 sufrir, e1 a1ie1ar , Jea
eatne la -,re con que elabora Ja 1&amp;ya de poeta.

y im embaz¡o, el poeta - IOlo, infinitamente aolo, y necesita ])Ira qaien es, una inmensa y da&amp;1iea mledad, una d!dad IDIMáaaJ, en com.u6 con b hombres tocio,, de b que • _ . . ftaDdo est6 - - e1b,
y mU él1' entre ellos cuanto mú ae aisla, pues ae reviene dé émoWaqlien'tt,
entre Ja multitud, y de IOJedumbre en el aislamiento. No es hámln auperiot porque sea un ICibie..flombte lino porque es total hombn: a IOlu, y en
Ja soledumbre como en el emoledemiento habla la wz de muchos, y hábla
111 voz con mú autenticidad de Ja que elOI hombres DlÍIIIIOI repte,e■&gt;blcb
por el poeta, aabrfan lograr. Por ao es "originar' porque origina, porque comparta Ja uDivenaJicfad de Jes odgenes bnwnanoa, lra,mdob a ..,.,,. om..
lia4 oiN. Su originalidad d,i tnlitario • de bombte macbedumbrizado.

La mledad ensimianada es ya una utiflul, una disposición para la acci6n.
La actitud ea el hombre autáatico es ya, a la vez, acto y posibilidad, poder
o potencia ••• Porque el hombre no scSJo inventa sus actos, sino tambiái 1U1
poábilidacfa y potencias, a partir del contingente o c:audaJ, de la aptitud y

Ju aptitudes, que Dios ha dado a cada uno. No todos tenemos Ju mismas
aptitudes, y por ello, no todos podemos fundar en nuestro eldstir las mismas
J)Olibilicfades. Para encontrar en nosotro, Jas aptitudes penona1ea hay que
esforzane en Ja autentiftcaci6n, pues Ja autenticidad es la búaqueda y rutreo de aqueJJu aptitudes, y IU -hallazgo 1101 dará la medida de nuestras posibilidades. La acd6n autáitica y mstencial en el hombre, origina su, actos
y sus potencias, Oyendo nuestra vocación existenciaJ, iniciamoa nuestra autenticidad con el rastreo de nuestra, aptitudes. La actitud primera es la de ensimismarnos para encontrar nuestras •Ptilrufu radicaJea.
Y una forma primaria de la autenticidad, de la 11&gt;ledad l!llJSÍrnísmada, es
Ja "IÍDceridad", voz que quiere lignificar pureza en el decir o pensu-, pua
• form6 en Jatfn de los \IOCabb griegos m y ,,-,, decir o anunciar. Ea
lincen, el que autentifica su IOledad, al que 1e ensimiana reuniendo su "uno"
y su "otro" en el ''al mismo" aut6ntico. Sinc:erane es purifjcaz,e, depurane,
trabajar ed el propio dabn,ce huta llepr más all6 de la ccatra que depo-

214

215

�lita en noeotroa lo social y lo inautáltico. la el fondo de la ainceridad, estA
la libertad creadora de á mismo, la acci6n fundadora en que DOI libera•
mos o hacemol libia. Pero está la libmall, no la espontauültul irresponsable.
Nadie confunda la sinceridad metafnica con aa fonna de la espontaneidad
IDCial que llarnamoa "la franquea", aunque es aquella sinceridad la que no1
abre o franquea, venciendo obsw:ub, para buscar a Jm otrol y ponemos en
comunicacl6n con ellos, despu&amp; de haber carboneado, tomado combustible
emtencial, en la primera comunidad ClOn ellos, c1e la que bi1amol nuestra
soledad. La sinceridad ontológica y solitaria está mú allá de vocablos, mas~ fónnulas de convivencia, impull0I y pasiones, En ella suena la libertad. Pero la sinceridad DO origina la libertad, sino que a6lo el que hace
bri0101 esfuerzos liberadores, ae pone en actitud de ser sincero, Y a6lo con
sinceridad auténtica podemos ser originales, teneJDOI que serlo, porque abre-

vamos entonces en la más auténtica singularidad nuestra.
Pero es difícil ser sinceros- 5610 lo son los rigurosamente auténticos, los
capaces de emoledane y ensimiwane, bajando basta las fuentes de si mismo. Metafísicamente sincero no lo es cualquiera; hace falta, para ello, mu•
cho denuedo y rigor en el reconocimiento de sí. Y reconocerse no es irse,
abrine y franquearse, sino encerrane en intimidad, a solas, ensimismarse y
entonces, palparse e inspeccionarse, ,econoceru, basta oine los últimos manantíos de la soledad. La sinceridad es el instrumento y el camino; la libertad como autenticidad, la meta. Las ''franquezas,. sociales suelen ser, no sólo
falta de sinceridad, sino carencia de autodominio, de autocrltica y de capa·
cidad y de aptitudes libertadoras de sí mismo, El hombre espontáneo de
muchas "franque7.35" es víctima e instrumento de esas mismas franquezas,
y por lo tanto no es libre. La verdadera sinceridad nos abre a franquezas,
pero para nosotros mismos, cerrándonos el paso a franquezas para con los
demás, para quienes más bien nos sentimos llenos de respeto, porque contamos de antemano con su aptitud para obtener la libertad suya.
El denuedo del varón, su "arrojo" espontáneo, su tendencia centrífuga, le
lleva muchas franq&amp;Uzas. Su virtud social es la franqueza, la apertura espon•
tánea ante el mundo. Pero sólo es auténtico el var6n que reúne en unidad
su dualidad profunda; y entonces, la franque1.a se hace sinceridad, unidad
de su dualidad, partiendo de esa dualidad, pues la vera sinceridad es un
decir profundo, un diálogo consigo mismo. Sólo quien habla consigo y a
solas, puede llamarse y ser sincero, Pero por eso mismo, la mujer, que es un
str en otro 1 para otro, ser humano que halla su "si mismo" fuera de ella, en
el varón, no es sincera hasta que halla la unidad amorosa de la pareja. La
mujer sólo es sincera cuando babia el lenguaje del amor. Allí se purifica y
alli encuentra su habla más profunda.
216

11,~g:~FtA
y JURI PRUDENCIA
AMIENTO EN SUS

REVALORIZACIO DE
AMENAZADAS DE

eONCEPTOS BÁSICOS

Dr. Ivo

HOU.JIUBER

Salzburg (Austria)

dencia actual y dándonos cuenta
HACEREs
urgentes
del ~
unportan
, . de la fibofla y 1· urispruestas disciplinas en el umbral de es
~ o papel de cada una de
época moderna, hace ya algunos
era a t ~ (~ue siguió a la llamada
de caer en el prejuicio de la "inutilidad'~ el 11glo vemte)' corremos el riesgo
"pragmatismo" de la jurisprudencia.
a secas de la filosofía y del gratuito
EMPAPÁNDONOS EN LOS QUE

1US:.

El_ hombre moderno, que mide todo
..
conaencia de su fm ha d . d
~ su utilidad y que ha perdido la
El hombre moderno 'nunca esvia
su lavida, anonadándola ontol6gicamente.
ha te o•do
voco de los "/ideismos 'Y c:~nt'f' ~
menor duda del fundamento equí•
.., 1 lt'OJ
que procede l---..l!
tices multicolores del inmanen~ d
_n ~.iewatamente de los ma.
, el materialismo d 1 L:_ •
pragmatismo o del relatiu:--..
' e nutoncismo del
.
........
IV'
y nunca ha latido
'
actitudes una impresión más
_
. en el fondo de todas sus
~ue la ciencia moderna ha d = y ~ mumo tiempo más gratuita de
f~osofia y jurisprudencia clásicas, a ~alida. de los conceptos básicos de la
lidad, libertad J.usti..:... domi .
' entre otros, los de causalidad, rea
'

....,

mo, etc.

-

I
Huelga repetir 1a propaganda seud . tíf
que la moderna fwca cuántica ha o-aen ica sobre la supuesta puñalada
asestado a la causalidad, que la ciencia
217

�• • de la micla&amp;ica. Sabemal --, ,_.
esto
en el damimo
ha .i-.-.L. al - ...- , la causalidacl está muy -=JOI
si es menester aubrayarlo con toda eaergia- que •
. • de detenni• •
determinilmo de modo que nmguna Cl'IIII
de aer l&amp;IIÓDJ!M de . • :-...¿. una crisis ele la propia cau11tidad Aunnilmo, dentro de la aeocaa, 111UJ™- • •
importa el _,1,. del deterJid d imnnrt,. cierto detenn•JUIDIO, DO
&amp;&amp;que la cauaa
r- ~
. de Brogli distinguía la causalidad fuerte
rniniano rlgido, ~ ~ue ya ~ ~ t " ) de la noci6n de causalidad.
'f babl6 de una ampliaci6n (un ~ p
• l6lo el mú ripio grado
Por tanto, quien niega el ~ total,. megatoda causalidad, La negade detcrminmno, lo cual no qmere decir que
no constituye la menor
ci6n de una de 1111 formas particularel de
d las
·
•
el • • • 6loa6fic:o de canalidad que es una e
objeción sena ~tra pnnapsod--.1... de b datos de Jos aenticb, sino de
realidades metaftsicaa que DO ..~
•
.venales.1
las leyes ontol6gic:as wu. dane cuenta de la enorme diferencia. que hay entre
y hay nw: es ~ •
cómo son las coras rules y por la cual
la tt,pistlffl4" 6ntieo que ~~ propia y la ewneio motúrna que invesel
ser real expresaba tener
el muuuu.
---~- Por tanto bacerD0l nuestra la
.i.... c6iDo ocurren las COIII en
~ .
Zubiri. "Es completamente accesorio entonces alegar, para
afirmaci6n -'-1-.i
de
• &amp;itol w:
:.1_ la ft..!- - - ~ - los
, ...... IIIUQCllJA, • • La cuesti6n es mucho
molver eJ l .. _ _ _ ,
limita al orbe de la ffaica, sino que ae agiganta,
mis grave, porque no se
obrtulrlUlo ,1 sn mino tlel homhr.".'
"
,1_;,...,. dos
.
.6n
"fenllmeno" y "cou en á no ---6...
Tomando en CODStderaci que
• dos modos de aer de una misma
"a»ai' distintas, una en st y otra en mi, SJDO s61o la distinción entre estos dos
COI&amp; y que lo que ~ .hombre produc:eraz6nes
tan"rea1idacr donde los griegos dijemodos de ter,• Zubiri puso con toda
"ousia''
ron
•
hallamos en lo mAs mtimo de los problemas ontológicos que
Con esto D0I
implicaciones.
clebenM&gt;I deslindar de 1111 comspondientes
1 '6 El
. pueden servir de guia para una so ua n.
ubiri
Loa datos que nos dio Z
•
la cimcia moderna
momniento para la "episteme" fue estado del m6vil ., para
sucesión de
•
Para .....~n.. fue un modo de ser y para &amp;ta es la
es fund6n.
-s- .
toda""-..--•" fue esenaalrnente un modo
estados distintos. Para la1 gnegos

:lidad

--r-

a

a.

LoUII DI Baoous,

A• tl1U tlu ,nn1141W lúnius

:!:

u

141

,,ine,,

(Revue de

IUtapbaique et de Morale, 52·! 947:•.: 2 2!:_&gt;¡hdricl. 1951, pp. 82, 282, 286 a.
XAVllll Zu.m, N•t•rt"6u-Hislorua,, ,,
• •
~- ,_ raouru fwa nblie•
s.
J
El latldmmtUlfflO .. ..
•
JUAN 1lom GaONa.LA, • •,
•
n.mli4tul (Penamiento, Madrid, 1955,
ltu ti, ,.
filos6fie•
'
,
pp. 47-76).
• Cf. XAYIU Zuuu, l. c. P. 98.
• Cf. XAvma Znar, 1. c. p. 87.

,_,,,iutlo • ,..

218

aocw•

u

de• de la cea que la JICll!e "f la aa fue cama, fue "aitfa". Toda aturalaa fue una lun.ia:mentaci6a camal de aw, mientru que para la ciencia
moderna la naturalm es un tiltema. de 1eyea. Surge la diferencia entre COIDIOI
y mundo: mundo es estructura objeciva de fflll6menol; CD111101 ordenaci6n real
de realidades. formar parte del C0111101 es aildt, mientras para la ciencia
ltZ es simplemente aoontecer. Swp tamba la difamciá entre la naturaleza
en d lelltido de la nacuraleza de las COIU y entre la naturaleza en el sentido
de la fisica: ul el principio de indetaminacl6n y la flsica cuántica no aon
necesariamente una renuncia a Ja idea de ca.., tino 16lo una renuncia
a la idea de la causaJidad fflica interpretada como c:letenninnmo rigido. Y
111118 la diferencia entre Ja caualidad como relaci6n ontol6gica que quiere
concebir el origen del ser de las cosu y entre la causalidad flsica que en
vez de ocupane deJ origen de las cosu no es una aitiok,gía, sino simplemente
IJIUI. dioámica que 1e ocupa s6lo de Ja medida de las variaciones de las cosas
y no de esa, rnisrnas COIIU. Zubiri habla de una "heroica renuncia" que engendró la física moderna y que constituye una auto-restricción que la hao
renunciar a explicar el origen de todo movimiento y por tanto a la idea de la
causalidad como relaci6n ontol6gica.'
Además debemoa destacar d hecho de que la causalidad constituye s61o
uno de las relaciones originales, entre las cuaJes la más inferior es Ja causalidad. rnientru las superiores son "ftmdam,ntalúJllll'• y "¡,articipaci6n• haciendo nuestra la distinción de ffBHOITENBBRO que será de gran tralcendencia
para la ftloso&amp;a de mañana •
Por otra parte la bien conocida relaci6n entre energía y masa (K=Mc')
fundamento de la energía nuclear, no D0I automa a suponer que la materia se transforme sin más oi más en energ(a o viceversa, sino más bien nos
demuestra que no es absolutamente necesario poaeer la propiedad de inercia
y de gravitación para que cualquier coea pueda Uamane material, sino que
puede existir también una especie de materia sin esos caracteres.•
Estas exposiciones nos preparan para entrar en el problmaa d, la cwncia
a secas y vencer aJ cientismo que constituye uno de los engendros más persistentes de nuestro siglo.
MJCmLE FEDERICO Sc!Aoc:A en su Filosofla# hoy nos ofrece un acceso sucinto
al problema en cuestión:

• a. XAYIU Znw, l. c., pp. 69-99 y 241-294.
• Cf. H.ura-Eouw, HaNOST&amp;NBUO,
(Pustet) pp. 24-50.

Sm """

Urspiqli~l,uit, Salzbu,g 1958.

• Cf. Ivo H&amp;.i.avna, L'itdt,rai6u ua. Na•r• , tl,ll'Uomo, Comunicaci6n hecha al XII Conpao lntmw:ionai de Filodla, Venecia-Padon, 1958 publicada en
lu Actas del Congrao IUIOdicho en 1960.

219

�Del mismo modo que fue infundado el deducir de la ciencia cartesianonewtoniana-positivista una filosofía materialista, es _también. infundado_ ded~cir hoy día de la ciencia einsteiniano-planckiana-heisen-be~an~ una filosof 1a
espiritualista, porque .ninguna ciencia puede fundar una filosofia y no pu~e
resolver ningún problema filosófico. El cientismo es extremadamente dogmatico: supone que la ciencia es toda la verdad y que no hay verdad ~ue no sea
científica; supone además, que toda verdad sólo puede ser convencional ~rque la verdad de la ciencia es convencional1 y que por tant? _la pretendida
verdad absoluta de la metafísica no es otra cosa que una poS1c16n pasada de
moda y anticuada, sin percatarse de la contra~cció~ intrí~: ac~pta ~mo
absoluto y definitivo el principio del convenoonalis~ y mega ~u!~neamente que toda verdad sea convencional porque admite como .def~mbvo y
absoluto el principio del convencionalismo de la ver~ad. _El .c~ennsmo extiende arbitrariamente el convencionalismo a las doctnnas filoso{1cas Y ~etafísicas como si la razón científica )' la razón metafísica fuesen una rrusma
co~{. F. SclAccA desenmascaró el neopositivismo l6gico como "/i.ricismo" Y
"nueva barbarie cicntista" y lo hiw con toda razón:
Fue el "Círculo de Viena" el que oponiéndose a la filosofía sistemática
y a toda tendencia metafísica desempeñó el papel de "una c~adrilla_ de.
to de tendencia anúmetafísica y por tanto autor del pensamiento c1entíf1co
(F. FRANK). Esa subespecie del neopositivismo se presentó al principio ~o_mo
una cruzada contra la filosofía y la metafísica y tomó como modelo a la f is1ca,
afirmando que sólo tiene sentido lo que es mensurable y que carece d~ sentido todo lo que no lo es. Los neopositivistas no se contentan con deCJr que
el saber científico debe liberarse de los residuos metafísicos y que desde el
punto de vista científico-físico las afirm~cio~cs metaf~cas no pueden er
valoradas en su significación e importancia, sino que anaden de su ~ a
que las afirmaciones metafísicas no tienen sentido desde el punt_o ~: v1~ta
científico y, por tanto, no tienen sentido a secas puesto que_ saber s1gnif1~~1vo
es sólo el saber científico, que por su parte se halla reduc~do al saber f1~1~0,
que es mensurable y verificable y -como última consecuencia- las proposmones metafísicas son ilógicas y carecen de sentido. Por tanto, las reglas del
lenguaje para ser rigurosas, deberían ser puramente f ~nnalcs y tautológicas.
ScIAcCA compara a los neopositivistas de Viena y Ch1cago que desde hace
casj treinta años colaboran en sentido antitético a la filosofía )' formu1an

~sa!:

1

cr.

La generación del Círculo de Viena no se ha extinguido con Schlick
Neurath, Carnap, Reichenbach y Wittgenstein. Sobrevive en Viena co;
ERNST TOPITSCH, sobrevive en Inglaterra con A. I. AYER y sobrevive en
Argentina con RAYMUNDO PARDO.

En su libro Origen :Y muerte de la metafisica O ERNsT TOPITSCH continúa
las ideas de Max Weber, Hans Kelsen, Emite Durkheim Vilfrcdo Pareto y
Ha~ GomP«:rz. Las cosas y los acontecimientos de la vida cotidiana -según
Top1tsch- sirven como representaciones-modelos para interpretar el mundo.
Así nace a menudo una concepción del mundo "intencional" y aparentemente completa que es formada por la idea-guía de nuestro querer y hacer.
En esta concepción del mundo se haJla radicada al menos una parte esencial
de la filosofía tradicional y de su metafísica y moral. La filosofía, que sospechaba las dificultades intrínsecas de la concepción del mundo "intencional".
no quería abandonarla, y no osaba mirar cara a cara el hecho brutal de qu~
eJ acontecer del mundo no se regula según nuestros postulados morales. Topitsch habla por tanto de un "positivismo heroico" encarnado p.e. por Max
Weber. ~a filosofía no acabó con la interpretación mítica del mundo, pero
quedaba mstalada en ella. La teología cristiana -seguirnos siempre a Topitsch- también se sirvió, las más de las veces, de las idelogías "intencionales" concibiendo al mundo como creado por un acto de voluntad metódica
Y como regido por la voluntad del cosmocrator divino. La concepción de que
el mundo, según la "lex aetema", constituye una magna estructura jerárquicamente graduada, y de que la aspiración al cumplimiento de un orden objetivo equivale al derecho natural, es para Topitsch un punto culminante de
la concepción del mundo "intencional" cuya crítica considera él la tarea
principal de su libro. Afinna que las normas y los valores se deducirían sólo
aparentemente de la naturaleza, pero que de hecho estarían ya presupuestas
en el momento de la constitución del concepto de la misma naturaleza. Adoptando esa conclusión de círculo vicioso, típico para el derecho natural, Santo
Tomás habría substituido a la naturaleza por los valores cristianos, abrazados
ya con anticipación como tales, para deducirlos después de esa misma natu• C(. EaNsT ToPlTSCH, Vom Urspr11ng 11nd End, de, Metaphysik, Viena (Springcr)

MICHUE FWERICO ScIACCA,

La Filosofía, Oggi, dos tomos, Milano, 1958. (C

Marzorati).
• Cf. M. F. ScrAcCA, El problema d, la cunci4 en Filosofía, oggi, t. U, pp. 173-277
y sobre tocio p. 194.

220

con sus análisis de) lenguaje proposiciones filosóficas sin sentido, a un equipo
de bárbaros que, con las manos en la cuerda, sacan de un pozo vado un
cubo; pero sin sacar jamás una sola gota de agua.

l~L

,

Cf. tambifo la ponencia del autor que enfoca el mismo problema desde el punto de
vista contrario: lvo H&lt;&gt;LLB UBER, é Eutanasia o R1111rrección de la M tta/isica? ( Revista de la Universidad de Nuevo Lc6n, Mayo, 1959).

221

�El propio Karl Marx sigue -según Topiuch- el esquema inten~ona~ en cuanto oomidera la forma perfecta de la norma como ya con~
''poteociabnente" en el ser imperfecto y no desarrollado, con lo cual ague
estrictamente los rumbos del derecho natural clásico.
El linaje de lois impugnadores y criticos de la llamada visión del mundo
intencional, para Topitsch, comienza con Tucídides que ~ deshecho la il~sión de un fondo metafísico de la historia; sigue con David Hume, Ludwig
Feuerbach que hizo ver al hombre como la "ilusión" de Dios, y le him ~ucirle a su propia imagen reflejada, conociendo así su _propio ser como Di?' j
y continuó hasta Vilfredo Parcto, Hans Kelsen y Heinnch Gomperz, sus sabios
predilectos; en lo que se refiere a H. Kelsen que, según él, habría desenmascarado las argumentaciones falaces en la filosofía tradicional del derecho
y de la moral, remitimos al lector a nuestra crítica hecha en el Congreso Internacional de Sociología en Nüremberg en 1958.11 Heinrich Gomperz es considerado como el más profundo pensador que ha entrevisto la estructura de
la concepción intencional del mundo y diagnosticado la raíz de las situacioDC!
prácticas de la vida en las fonnas del pensar, estimadas erróneamente como de
carácter te6rico puro. Los llamados "problemas eternos" que constituyen la
parte principal de la filosofía tradicional, para Topitsch no son más que tautologías u otras tantas "fórmulas vacías" (Leerformeln) Y_ siendo hueras ~ueden llamarse con cualquier contenido emp1ri00 o normauva. El. pensanu«:11to -siempre según Topitsch- de que no hay un orden n~~bvo supenor
a los diferentes ideales jurídicos y sistemas del derecho positivo, destruye la
fuerza motivante de la idea del derecho natural y de las otras fórmulas
vacías O conclusiones tautológicas del pensamiento metafísico, no obstante su
extraordinaria eficacia psicol6gica y utilidad pedagógico-politica.
El pensador más sobresaliente de Inglaterra, influid~ _por el Circu~o . de
Viena, es A. I. A\'ER.11 Según él, las proposiciones metaflSlcas no son m stmplemente analíticas, ni verificables en la experiencia sensible, por tanto no
son falsas ni verdaderas, sino sólo sin sentido. Ayer desecha como problema
que no tiene ningún fundamento en la experiencia, la hipótesis metafi:ica de
una realidad fuera de la percepción y reduce, con Hume, la causalidad a
una relación entre fenómenos, a saber grupos de "sense-data", sin acordarse
de la diferencia muy enmarcada entre la causalidad concebida en el sentido
ra1eza.10

• Cf. EaNST ToPJTsca, 1. c., p. 204.
. .
u Cf. Ivo HoLLBUJIU, Yns .n, R,oision tl,s Grantlu Notioas So,wlog1~11.1S: l1J
R,,,0 ,,s ti• Droit ,t ti, la Sonologi,, (Actas del XVIII Congre,o Internacional de
Sociolog{a en Nünmberg en 1958).
• Cf. A. I. Ana, únpa11, Trulla ntl
tirieal l:nowl,tlg,, 1940.

222

.

Lo,a,,

•
1956 y Tlu fountlahon of tl&amp;c

lffl•

em~tico Y la concebida en el sentido metaffsico. Para Ayer prevalece la
lelDÚltica sobre la hermenéutica. La idea clave para su teoria behaviourística
~ la creencia de que el signo o señal tiende a evocar e) mismo comportamiento
Juntamente con el objeto que es señalado.
A éste hemos objetado, con ocasión del XII C.Ongreso Internacional de Filosofía en Venecia en 1958, diciendo que Ayer enfoca una sola dimensión del
lenguaje descuidando las demás y principalmente la que corresponde al llamado "Sinnraum" (dimensión del sentido) del lenguaje.11
. En Argen~ hace pocos años, en los ambientes científicos him sensaaón una especie de Renacimiento del neopositivismo que tuvo su centro en
el ~lo ~el profesor RAvMuNDo PARDO. Entre sus escritos se destacan sus
vanos estudios sobre los llamados "integrantes racionales". i. Pardo llama "in~ t e racional" a todo aquello que cae bajo la experiencia apercepto-percep~va de una mente. Empleando las palabras "racional" y "razón" en un
~bdo que na~ tiene que ver con el clásico, llama raz6n al conjunto de los
°:1tegrantes r~ao~les. Los datos de los sentidos, el concepto de ser, de espac!o de ~ ~CDS1ones, de cuanta, de principio 16gico, de símbolo, de lingüística, ~e inf1D1to, etc., son integrantes racionales. Pardo afirma el carácter
evolutivo de la razón, la no inmutabilidad de todo int-nte la
"dad d
•
-o·--• Y no neceSl
, • e t~o mtegrante. Su filosofía, partiendo del enlace que el empirismo
filosófico ~ene con el emp~ clásico de S. Mili, trata de probar el carácter evoluuvo de la razón misma, y no sólo en la esfera te6rica, sino también
en la social y religiosa.
Siendo diferentes los diferentes matices del neonnaitivismo ti
bstant cieno .
r-, enen, no o
e,. . nunadores comunes: reconocen la sensaci6n como sola fuente de
conocnmento, de modo que todo aquello que no es mensurable o verificable
en la experiencia sensible, no existe; reducen la filosofía al solo esclarecer de
los conceptos Y proposiciones cientüicas por medio de un análisis lógico, mien~ que el ~I~ fundamento de la lógica misma sería la pura convenci6n; extienden el ÍWClSIDO Y el naturalismo a la psicología, a la moral y al derecho,
de modo que del _hombre no quedan nada más que los datos sensibles y algunas re~Ias gramaticales carentes de verdad. Haciendo nuestra la genial visión
de ~n!unto qu~ nos ofrece M. F. SctACCA en su critica aniquiladora del neop0SJtiV1SID.o, creunos q~e no era exagerado el recelo de que hoy día se trata
de destruir total y radicabnente toda filosofía metafísica con las armas •
astutas de la lógica, diluída en análisis de palabras, privadas de su sen:d:
. • Cf. Ivo Houau•~•• Acta, del XII Congreao Internacional de Filolofia, ~lica en
m~él hecha en Venecia el dia 16 de aeptiembre de 1958.
Cf. ~YIUJNl)C) PAJtJ&gt;O, Ermqo sol,r, los int,grant,s raeionaus Buenos Aires, 1949
'I D,l ongm a la Es,n,ia tl,l Conocimi1r1to, Bueno, Aire,, 1954. '
'

223

�onto16gico. .Reduciendo la fiaofla, )a moral, la psicología y el derecho a
M&gt;b becboe fisic:ol o blo-fllicoe, b infatuadol prestigitadora de un Josicll,.
mo ilógico no 1'Cahan dt conocer que, haciendo de la fUica la ~-modelo
y de su lenguaje el único sbnbolo significativo, aniquilan toda filoaofia y
naufrapn en la nada.
Abrazando la doctrina neopositivista es ridículo sufrir la aluc:inación de que
el Occidente aea un importante contrapeao frente al marxitmo soviético.
No hay gran diferencia entre lm fundamentos de la cooc:epci6n del ~u_ndo
postulado por el mencionado neopositivismo y lm_ de la ideo~ ~ stalinista: ambos confiesan el mismo ateismo, el mumo naturalismo Y la JDJSma elirnioaci6n de los vestigios espirituales del ser que c11Jmina en el hombre.
Y hay más: el neopositivismo euro-americano es sustentado por el pragmatismo euro-americano, por la psicologia marxista y además por la filosofía de
moda que constituye el existencialismo ateo de nuestros cHas: .
El pragmatismo americano que culmina en JoHN Dzwg: limita ~ sabemos- la función de la inteligencia a la transfonnaa6n de la realidad,
negando las eeencias y loa principim inmutables de la ?8turaleza del ~re.
Puede considerarse como la forma americana del marxumo, constata Sciacca,
y remite a la simpada de que fue objeto Dewey por algunos partidarios teóricos y prácticos del marxismo. Los Estados Unidos de &amp;n&amp;ica, no obstante
su antimarxismo político y econ6mico, continúan considerando a Dewey como
su fu61ofo oficial y como una de sus glorias nacionales.11
El ckte,minismo psfquieo tÚ Sro11uND Fuuo y de su escuela, asienta que
cada hecho páquico comciente está ineludiblemente condicionado y causado
por un hecho púquico inconsciente, sin conceder un minimo. margen •. la
libertad humana. Por eso Luigi Stefanini con toda ramn eqwpar6 el pncoanálisis-onodoxo al ma,xismo psicológico y se extraña de que las burguesías
idolatran el freudismo y simultáneamente levanten trincheras contra el marxismo, sin percatarse de que el marxismo ya inunda y sumerge, con mil canales subterráneos a la misma cultura que deberla constituir el dique moral de
'
su resistencia.11 El autor ha combatido el freudismo -hace ya unos veinte
años- con todo el empuje de un joven ftl6sofo de la cultura y moralista.u
El existeneialismo aleo de nuestros dias es quizás el desemboque más evi-

.

Cf. M. F.

Sc1AcCA1 Filosofía, 01,i, t. l., pp. 62-63.
" .
LulOI 5TBPAN1JCI, Pnsoa.tismo Soeüh (Roma, •. a., ed. Uruvenale Studium.. ), pp. 105-114.
1,'ld
n a. lvo HOI.LBUBD, D.s M,ns,hmlnltl als
M,m,h '" • ·."'
(G,_a,rus ,iur uu¡orial ~ilosollust:Mt&amp; .Auh,o,C101ik), Muna~ 1941, (E. R.emhanlt), pp. 171-174; tomando en comidcraci6n algunu tnbu ~w:u de ese periodo,
el autor raponde t6lo de la JegUDda edición (MS, 1946) ele 111 libro.
11

11

a.

ª"'""""' "·~

dente de • filomfla modema en d absurdo y el a rcoaido comiguiente
tiene 111 ruJminaci6n ea la "-11-,.,__,_ de u.~.. H

.,

----..-

¿9111UUtllJDBOGa

y

y en la

la'Jlt&gt;lo~ de JBAN PAUL 8.wu. (M.F. 5crAooA). Hamzoaa deshaciendo
su propia Pfl&gt;lllfM de ofrecer una ontoJap, hasta hoy no ha dado a6n una
ontologfa en cuanto su "ontologia,, CDDiema y termina con el análisis i
~LSgico de la existencia humana, lin que pgeda escribir IObre una
ffsica: DO hay ontologla, porque el rer es -..a... en el comi
•
l6lo
la N:-.1- ....
-&amp;enzo, y no es,
• es . ilUil, .a ocio el ser para Heideger es el "ser-en-el-muado" de la
~ h ~ (del Duein) Y r.omo "ler-en-el-mundo" (finitud, mun..
dan1~, lealporalidad) es la nada del ser. No queda mú que delcribir
ser fmtto, que es Ja aistenc:ia, en su abrurda a'fflltura de la Nada a la Nad":,
El ser es•..aencerrado en el mundo y el mundo•, fuera del ""--..!~•
hay
.l.lilllCUI DO
H
aer. ª~Q excluye la creaci6n, negando con eao la oilteeria de Db
creador, y a pesar de todo hace nacer "onme ens eir nibiJo" afirmando
tuit.amente
a.:...c..._:_ -L- . ...1.
•
'
gra. • una - ~ iWIIWQII: el ns Viene de la ada sin que un Dior cree
ex nihilo. A este modo de proceder llama Sciacca ya DO fibofia, sino al-

=

e,

quimia.••

J. P. &amp;aTU tamba califa de "ontologia" a su -........:..1:--.
f1e1a d inmedia
el
- - - , pero con~
to que_ ser DO tiene ru6n, ni causa ni necesidad. Su ser es
':°tendido como materia pura, es un dato ininteligible e inefable; su aer "•I'
1111 1111 ~~~ que iea. Su materialiatno, que coincide con el de Feuerbacb,
Y su. derivación con el de Freud, es análogo al de Marx, que igualmente
considera .la conciencia como epifenómeno de la materia, si bien para Sartre
la ilusión de hacene Dios para el hombre se concretiza en el hacerse bertia.
El hombre que DO es, pero re hace, no puede hacene Dios
n.: __
absurdo Pi
• n:.....
, porque .LIIUll es
Uci
• ero, sm ....,_, Jaa cosas no andan mejor: todo es absurdo, todo es
to Y no obetante el hombre es una "pasión inútil". El Existencialismo de
Sartre que repraenta el inrpanentismo más riguroso y coherente aunq
tuito
•
•
,
ue graen sus ~ Y gratuito en sus comecuencias, es mucho menos ambi.
~ que el d_e Heidegger, en tanto que ~J mismo confiesa que su existencialismo DO es uno eJ esfuerzo por acar todas las C:Onsecuenciu ~ una posición
•~ coherente.u _En ~ ' dice Sciacca, todo es lastre, útil para llenar eeo
vaao que es la exutencia y la libertad, a la cual estamor condenados. :ro
No obstante la aparente contradicci6n entre el marxismo que declara la
• Cl. M. F.. b ~ , 1ilosofi4, o¡fi, c. l., pp. 431, 436, 437. Cf. ademú IIOclo el
capítulo El Lislndalismo, l ll., pp. 247-485.
'
•
Ju.N
PAuL
SArru,
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111 811 Aamrn:-. D...:. 1.... .,, L' •
Ñlilffl
'
_.,_, • ..... ;:nv,
IJtidnl. . • • ut ,U ••Ir, citos, t•'•11 1ffort joa, lirn totdu 1,1 ,oas19 .,,,,11
lllro11 athl, ,olalrnt,.
,...,-

,r.,., . . . _

• Cl. M. F. Scwic:.l, l. c., L L, p. 485.

224

225

IL 15

�libertad del hombre una ficción y el existencialismo, que en Heidegger la
afirma como algo que existe para el hombre angustiado y acongojado que en
el fondo de la Nada elige su propio ser, y que en Sartre la afirma tan desesperadamente que identifica al hombre con su libertad, que lo hace ser hombre, nos percatamos desde un punto de vista más profundo de que la libertad del hombre es igualmente aniquilada: el hombre no tiene, pero es la
libertad, que es negación del "en-sí", a saber el hombre como libertad no
tiene una esencia definida: su esencia es la libertad que es ausencia de una
esencia y como tal la esencia del hombre es pura posibilidad, de modo que el
hombre en cada momento se hace y es aquello que se hace inventando en cada
instante a sí mismo sin que su elección tenga una ra7.6n, de forma que su
libertad llega a ser absurda y el hombre, condenado a la libertad, ya no sabe
qué hacer con esa absurda dádiva que agrava la "pasión inútil" de la enfermedad del ser. Miramos de frente una "libertad" que equivale en su "sin•
sentido" a la que algunos microfísicos atribuyen a los supuestos electrones "a.
causales".
Necesitamos recordar los altos quilates de la ontología clásica, cuyo concepto de "libre albedrio" sirvió de trinchera eficaz contra los múltiples asaltos
de los siglos pasados que trataron de destronar la auténtica libertad, y que
~nea jada en la Teodicea- respondía a tantos males del mundo que, por agudos que fuesen, eran muy inferiores a la excelsitud y a la sublimidad de la
libertad del hombre creado por Dios según Su imagen.
Por otra parte, necesitamos recordar también que debemos evitar igualmente una deificación de la libertad humana, que se constituya juez de lo
bueno y lo malo. Tal orgullo hizo a N1cou.1 HARTMANN e.xigir que una voluntad libre en sumo grado fuese una voluntad ni buena ni mala, sino moralmente indiferente, en tanto que una persona totalmente determinada por
los principios éticos, por eso mismo no es ya moralmente buena, porque no es
libre. 11 Una ideología análoga hizo a N. Hartmann escindir la religi6n de
la moral.
Con mayor razón JAIME BALMES tenia conciencia de los limites de la libertad humana cuando dijo: "la libertad lejos de ser una perfección, es un defecto, que nace de la debilidad del conocimiento del ser que la posee" .11
Con todo eso, no quitamos a N. Hartmann el mérito de haber llevado adelante la crítica de los conceptos de la libertad con su ontología de las capas
o estratos del ser, con lo que reveló que el error del psicologismo y naturalismo ético no es su determinación causal, sino el monismo de esa determiEthik, 2 ed. 1935, pp. 627-628.
BAun:s, Filoso/la Fundam,ntal, París, 1851, t. 11, pp. 551-552.

" NtCOLAI HARTKANN,
11

226

Cí.

jAJMI!

nación, mientras que la libertad
. al menos dos ti
d d
.
de tal modo que una dete · necesita
•,
. .
pos e etemunaci6n
J'lDUlaClon supenor lDlporte
•
'
a sus determinantes inferiores. 18
su propia determinación
En 1a cnbca
• • actual del concepto de la libertad
nente la Ántropologla Filosófica del sab' al mát desempena un papel emiBER.G i, que ha destronado el fenómeno ; 1e 1 ~Ns:ED~ARD HENGSTEN•
más modesto.
e ª e eccion asignandole un asiento
La libertad __,.,,, H
--c-n engstenberg- está implicad
·
•
tn pro o en contra de la "Sa hl' hL . ,,
.
a tn la ineludible decisión
debe
.
c ic ir.eit (denvado de
h
conf undll'Se con la mera objetividad
sac e= cosa)' que no
la Sachlichkeit Hengstenbergana ha d , ~. ~ r de que la presupone. En
.,
Y, a em~ la "entreg ,, 1
alma en la relae1on.
La "Sachli hk . ,.
'
a ' e poner toda su
b.
c e1t es aquel háb"
o Jeto por eJ objeto en si, sin atender a
tilida ato que se dirige a un
al traducir "Sachlichkeit" por "ob' . "dads~ u
d.º Por tanto, titubeamos
. . .
Jettvi
a secas
f .
Jetividad-ascendiente".
' pre enmos traducir: "ob-

.:odas

los hombres nos encontramos
.
.
C1dU110s inexcusablemente en pro o
en S1tuac1ones en las que debemos deen contra de la " 0b' · 'd
Al hombre no cabe refu ·
.•
1et1v1 ad-ascendiente"
,
giarse en 1o utilitario
d
·
rehuir el decidirse en realidad
ha
. . Y cuan a pesar de eso cree
'
ya se
decidido contr la d · ·
val e a un hábito contrario a la "ob' .: 'd d
. a
eC1S1ón, que equiJeuva
El háb'
bre que corresponde a la "ob • u· 'dad a -ascendiente"
.
·
1to del hom1e VI
-ascendiente" ed
concordancia de aspiración con el sentido la ese ~u e ser concebido como
un deseo de penetrar en lo más íntim d y . ncia del ser, entrañada con
0 eJ senudo del objeto o del hecho que
nos ocurre.

°

Su~rando la unilateralidad del intelectualismo
.
.
luntansmo, Hengstenberg basa la d . '6
y al mlSillo tiempo la de vodeterminada del ser humano .
ecislaa n del hombre, no en una facultad
totalid
' smo en
persona h
·
ad que ejerce Ja libertad E . d
umana nusma, como una
..
• n vista e que la " b" • 'd
y tamb1cn su contrario a sabe la "U
o 1et1v1 ad-ascendiente''
dente" deshaciendo y c'ontra . r d
lansach~ic~eit" (= "inobjetividad-decanan o a
auténa " b' . 'd
presupone por su propia existencia la
. . . ca o JebVJ ad-ascendiente")
de decisión está implicada por
. ~ibdidad de sus contrarios, la libertad
una mtnnseca necesidad de los fenómenos misu.. Cf
Cf. N1co1.A1 HA1tTI1ANN,l. c.,

p.597
•

. HANs-EouAJU&gt; H&amp;NOSTEN.BERo,

prt (Kohlhammer),

1957.

Philosophist:lte

.
Anthropolog11, Stoccarda Stutt-

EL MISMO, S,in und U,sprünglichbit, Munich-Salz
.
EL MISMO, Aportación Crütiana
I F
burg-Colorua, (Pwtet}, 1958.
n. ••_
.
a enomenologia
o b· C
•
&amp;UO\Jamencana Internacional 1958
8
en r u atho/1cus, Revi,ta
• Cf H E
'
' D. • t. II, pp. 480-511.
• . • •• lliNGSttNURo, Philosophisch, A.nthro I .
Aportac1ón C,utiana o la F,n m I ,.
Po og11, p. 9 u., y p. 204 u y
0 · ••o og1a, pp. 480 y 503.
·

ª

227

�la ~
H _ _.__ no habla de libertad de la voluntad,
• sino
d lade"ob~bvidadmos. ~".._..._&amp;
al
el orden· el hábito e
.,de la ~ o obstante, p,ev ece •
•. ttas el hábito de la "inobjeascendiente" funda la jerarquía de
Toda moral tstá basada
tividad-decadente" origina la anarquaa e

~bi:S,::tos.

lo •
sobre la onto g,a.
• d .. b. tiva" mencionada a la actitu dwmEl hombre que pasa de la ~titu oh?
Lo hace, sólo, porque quiere.
ob . tiva" no lo hace por motivos Je
Je
'
•
taf' ·
el hombre se deaºd e, obedeciendo o desDesde un punto de vista me meo,
1 de las cosas. y -elevando
rd
hay en la natura eza
· . .
,,
obedeciendo, al o en que
. .
1 hombre se decide "obJehvamcnte
esa pmpectiva hasta al p~ religioso-- e deciendo al creador de esa natura''inob.etivamente" obedeciendo o desobe
o
J
Di
·
saber
a
os. . . del existencialismo y a la psico
· Jogizaet
• '6n
raleza mmna, a
Al irracionalismo de la decisión
. t ta reducirlas mecánicamente a
.
de la :rv-nnna que m en
de todas las acoones
r-- '
ne la "no-motivación" . Y la espon_ _ _ 1 ,. Hengstenberg opo
b .,
motivos "fenomcruues ,
d un comienzo absoluto, a nentaneidad de la persona humana• que es capaz
.éndosee en concordancia con él• La
dose al orden interior del obJeto _Y poru alizada por la persona, es anterior
.
, (d • '6n nrPVJa) actu
da
''Vorentsche1dung'
casi r··· ' d
. terio de la penona que ca
a todos los motivos y revela un rasgo e1 JDJS

J~.

hombre constituye.
"tivismo polifacético de nueslin
oponiéndolas al ncoposi
h
Siguiendo esas eas, Y
h
.
mata la persona del omretendido umamsmn
tros días, que no obstante su p
1 , clásica y de sus a menudo muy
erca de la onto ogta
.
al
bre, nos hallamos muy c
"oh'-: "dad interior" que venaeron
.
gnadores de una
J,;;uVl
Ju
desconoados propu
.
. .dad es un problmia cuya !O •
.
tándose de que la mtenon
, . , .d
iomaDPJlbsmo perca_
. .
misma Huelga subrayar que el mas mtrep1 o
ción trasciende a la anteno~dad .
. J • 1 pasado fue Antonio Ros»INl
• tel1CJPnaa en e sig O
talia
propugnador de esta m -e. ,
, .
rtante pensador de la I
. •
lo es el quizas mas unpo
y en el en que VMJDOS,
..,
de nuestros días, Michele Federico SclACCA.·

II

· revocable ele
•
1 neonMitivismo, con su pretens1·6n lf
• valor
·e·
No oh,demos que. e
r, al d
•nio de ¡0 no-c1cot1 1co
orru
absoluto, y con su .destierro de la ontologia
. ScuCCA, L'iathiorilJ objtttiot, Milano, (Bocea ), 1952.
• Cf. Michele Fedenco

y por tanto de lo arbitrario, llevó también el hábito anti-metaf'isico hasta sus

últimas consecuencias en el urreno jurldico.
La Uamada "teoría pura del derecho" de IIANs KELSEN trat6 de hacer
comprender el derecho tal cual es, sin querer probarlo como justo, o consideró prejuicio el jtugarlo a la sola luz de su injusticia. Se puso más bien
a buscar el derecho efectivo y pos:ible1 y no el derecho justo. Juzgó el derecho autónomo frente a la moral e incluyó a la coacción como factor constitutivo del concepto de derecho; de Jo contrario seria rebasada la esfera de
Jo jurídico. Las normas del derecho, muy lejos de ser imperativas constituirían
proposiciones hipotéticas de modo que, hasta la injusticia, no se comprendería
como una negación de la justicia, sino más bien como una condición específica del mismo derecho. Y aún más: las normas del derecho no entran en
vigor en virtud de su contenido; no se podría imaginar ningún comportamiento humano que, como ta~ fuese incompatible con Ja aprobación jurídica.
Kelsen hizo coincidir al derecho con el Estado. Para él hay un orden de
coacción social ("Zwangsordnung,,) idéntico al orden del derecho. El orden
jurídico se llama Estado desde el momento en que contiene en sí un cierto
grado de centralización. Es muy significativa la breve ponencia de Kelsen
Dios )' Ertado: dando gran importancia a Feuerbach y Freud, el autor abra7.6
eJ agnosticismo y el materialismo de una época pasada de moda y entrevió un
Dios idéntico al orden del mundo personificado, que sería propio del pensamiento primitivo, mientras que la noción de Estado no sería más que el derecho personificado, suponiendo que el uno y el otro no existen sino en la
medida en que son •objetos de la creencia. Kelsen no se percató que él mismo
fue \Íctima de un "fideísmo científico".n

Igualmente el neopositivismo y sus matices modernos confunden la autoridad con el simple poder, y estiman que la fuena es la fuente del derecho
y de la autoridad. Se niega el derecho; se identifica la foena y el derecho, con el fm de absorber el derecho en la fuerza, y se opone la fuer.za al
derecho con el fin de aplastar al derecho bajo el peso de la fuerza. El mito
de la fuerza no es tan moderno como parece: desde Trasímaco hasta Nietzsche
los eslabones de la cadena de los defensores de la primacía de la fuerza ante
el derecho no se han interrumpido.

Poco a poco va despertándose la inteligencia de que los principios ontológicos y los valores de lo justo fonnan también el eje de la filosofía del derecho. Necesitase ttvalorar el derecho natural que otorga estabilidad a los valo'" Cí. ffANa Kusu,, Gott 11nd Staa1, Logos, t. XI, 1922-1923, Tubinp, 1923, p.
261 e lvo HOLLBtrau, Vtrs mn, R1cüioa dts Gr11ndts Notio•s Sociologiqttes •. •, (AclOI del XVIII Congreso lmt-rnacional de Socio)C)gfa en Niircmbcr¡ ni 1958.

228
229

�.,
leza misma del hombre. En tal pers~ctiv~,
res repomendoles en la natura
rb'
'ed d y la fuerza, sino en la mteli,
.
f da en la a 1tran ª
.
la autondad ya no se un
l
. d danos La autoridad, leJos de ser
.
.
de todos os c1u a
•
b
genc1a, siempre mayor
el poder de hacer y hacer o rar
'li · d la voluntad, resulta ser
un acto utl tario e
.
• d I Bien Común.2'
rdo con las exigencias e
d
a los demás e acue
lid d de los fines existenciales del
.
.
rd trazado en la rea a
El derecho es un o er
. ., n de los fines existencia.
al
conforma a la rea1izac10
. d
hombre. La rrusma mor .se
.l.- conformes con su realida
h
a que a su vez esu.ui
1
les de la natura eza uman ,
f dado en el ser.
. 1 deber-ser aparece un
.
D
intrínseca. e nue\o e
.
b El Derecho Natural H cons1~,-~
su importante o ra
d
JoAHANNES ,v.u:.:,SNER en
.
. 1 " del hombre que no son de or en
'
. .
d 1 "f es e.X1stenc1a es
dera el concepto
. , 1co de todo auténtico Jusnatu.
.e . os
, mmo el concepto-nuc
subJ'eti\'o smo obJetl'liO, co
d f'1nes entre otros: la auto'
• 1 'd
n este cosmos e
,
ralismo. Pueden ser me m os e
. 't I la generación y educación de
conservación en sentido corpóreo y ~p~ uasoc,·1al el proirreso cultural y cien. e , la Comumcac1on
,
b
od
los hijos, el Bien om~ y .
el reconocimiento del Creador. p emos
tífico, el propio perfeco~n!~~ent; yplenitud subsistencia!'' que nos hace '\:enencajar en este esbozo e . ~ an ed
t
desamparo ontológico y aspirar
.
1
t1m1ento e nues ro
,,
cer la angustia y e sen
los hombres que somos una
'
.
h . l absoluto. a nosotros
a subir la escala acta o
.
.dad" como lo expresó muy b1cn uno
d nada y de etenu
,
al
misteriosa am gama e
clias· Ac;usTÍN BAsAVE FERNAN·
de los más profundos pensadores de nuestros
.
V

ªº

od
envenenados ya en sus entrad J gobernantes m cmos,
l á
La mayor_ p~e -~ os 1 'd l 'as jurídico-positivistas, abrazan e 1:1 .s
ñas por la mf1ltrac1on de as 1 eo ogi
lit' es un arte que busca umque la po ica
¡
grosero Maquiave l.umo, declarando
.
.
Con tal que contribuyan a
.
.
la consJderao 6n mora 1.
1
camente el éxito, aJeno a
,
ceptan hasta las corrupte as
. l
id d orno mera econom1a. a
bien público cons era O c
·1 ·c·os de la llamada d,p o,
1'd
cenauados en os vt i
•
Y las tropelías de los t eres_, en
º od m ndo y no busca sino endiosar
- ara sobornar a t o u
,
d
macia, que se las apana P
. . . d los inocentes. Huelga ar
..
que sea en perJu1c10 e
..
ef
sus propios ben 1c1os: aun
. .
a la matanza que h1c1etros que sobrevtvunos
eJºemplos a hombres como noso
d' 1
a la miseria indecible que
.
de dos guerras mun 1a es Y
ron los instigadores

DEZ DEL

ALLE.

p N cesidad de ,sdar,ce, ' l eonc,r"t o J11 Auditoria
.
,. Cf Esa1Q1JE D. Aun.IDA, O. ., t
~
d la esencia d11 la autondad, po. ·
D LOADO nctrca II
A
en la hora pment, y HoNORIO E
• ' 1 de Filosofía en Bruselas en 1953,
ctos.,
.
al
XI
Congreso
Intcmac1ona
nenCJas hechas
t lx, P 177 51 • y p. 164
.
•

• Cf.

JouA.'iNES

as.
h
d (T"rolia)
Viena-Innsbruck, 1950,
,
MusNu., Das Naturrec t, 2a. e .

p. 36 y passim.,
,
DEL VALLE, Filoso/La del Hombre, Mbico-Buenos
" Cf. AousTIN BASAVE Fl.RNAN_oEz
114
Aires (Fondo de Cultura Económica) 1957. p.
.

230

originaron los "cruzados" farisaicos de la post-guerra, que lograron expulsar
a millones de hombres inocentes, y uncir el nombre de la pacüicaci6n al carro
de su calculadora 11e.xpcdiency''.
La amoralidad de la civilización moderna ha hecho insensibles las conciencias de las multitudes. Estamos acostumbrados a considerar la política
como un arte que produce resultados valioso , aunque algunas veces mediante
actos de suma imperfección y hasta abominables.
Necesitamos deshacernos de la falsa idea que vinieron inculcándonos desde
nuestra juventud y que desquició el concepto básico de la "política" y la unió
férreamente a los de "utilidad" y de "arte".

Al revés: una idea clara de) fenómeno politice, sólo se adquiere si se distinguen bien dos aspectos muy diferentes de lo operable, a saber, el arle de lo
factible y la prudencia de Jo agible; tarea que resolvió genialmente LEOPOLDO
EuL0010 PAucros con su laureada obra /.,a Prudencia Política.at
Haremos nuestra la quinta esencia de su doctrina: todo acto humano que
se ejerce sobre una materia exterior, es Lo factible, mientras lo anible es todo
acto humano considerado en sí mismo y como posición interior del sujeto.
A los actos humanos, prescindiendo de que sean buenos o malos moralmente,
se les llama factibles, y, considerados bajo su aspecto moral se les llama agibles. A lo factible corresponde el arte: y a lo agible la pnidencia. El arte
sirve para hacer cosas perfectas, pero no hace perfecto al que las hace. El
arte y también la ciencia son compatibles con almas de malhechores y ladrones. Bajo este punto de vista, la prudencia política no es un arte, sino la virtud de lo agible.a:
Contra lo que opina el neopositivismo maquiavélico, la política es una
realidad moral. Es la virtud, que ajusta y amolda la ley moral universal a
todos Jos casos que puedan presentarse y coincide con los actos humanos especificados por el bien común de la sociedad civil. Tomando además en consideración que el "bonum commune,, es un ''bonum morale" y no un "bonum
phpicum'' y que las ordenaciones positivas al bien común son concreciones
de la ley moral1u nos hallamo~ en una posición antípoda a la del neopositivismo kelseniano y hemos recuperado la sabiduría nunca envejecida del
Derecho Natural tan denigrado por una gran parte de nuestros estadistas y
diplomáticos.
Añadimos que en modo análogo la diplomacia, lejos de ser un arle y no
ajeno a la mendacidad, astucia o impostura internacional, es mucho más la
11

Cf. L!OPOL.DO EuL0010 PALAcros, la Prud,ncia PoUtica, 2a. ed., Madrid (Instituto de Estudios Políticos), 1946.
ª Cf. ib., pp. 77-85.

• Cf. L.

PALACIOS,

1. c., pp. 26 y 110.

231

�. la disciplina de las relaciones interirtutl que tiende a aligerar y balta~ .Je Naei6n • Naei6n que podrlamol
v
un tlmcho natu,.. "
nacionales. Urge crear
~ Todoli) ·84
llamar Derecho de Gentes (J
. . " 1 "onM"t11nmno" y al "doc11.,..,.,denc:ialismo
a
r· - - - ºdeal Y lo
L Palacios contrapone su t'·..
•
•6 armónica de lo 1
. • . o" comparándolo con ''la conJunad ni .. stntesis de Don Quijote y
u,nansm '
el escu ero, lii
real, el ensamblaje del caballero
• Y
Sancho". y atin6 en lo esencial.
vez más en la Nada Y
• • tesCO ¿no damos una
Pero, con el desengaño q~JO ia\;:_,,,,, moderno?
la falta de sentido del exist~
VALU!, nos hizo vislumbrar
en

B.uAVE flllNÁNDEZ DEL

Qui-

En absoluto. Ao_usTÍN
de Don Quijote, vuelto a ser Alonso
muy bien otro sentido de_ la mu~de los valores ontológicos y morales, n ~

·ano que guiado por la Jerarqwa

•

tura1 del fracaso. La renuncia

J
,
• • .;,.;~6n anu-na
•
sea
lleg6 a la desesperación· an----r-:
Se renuncia al egocentnsm0,
tiene un sentido de donaci6n, de entrega.
al teocentrismo. Sólo los oidos
O
de orden particular nacional, para entregarse ontológico, que se transforma
dos oyen el contrapunto. del d ~ Utico-diplomático "estima su

aguzaafán de plenitud subsistencial. El QuiJllaote-poede servir como medio para
en
__ .J:..:1_
que e pu
. ..
• ·da sólo en la JDCWUA en
. lan
la verdad y la JUSUaa
propia
vi
que consiste en unp tar
·
la rcalmci6n
de su 1'd-ft'
.....,
sobre la tierra" (lvan Turguenef) ·"
tambi~n el entender la virtud
Añadimos de la cosecha de M. F. SclAOCA, de tranSformar las llamadas
rlo ,. a saber, de ser capaz
"de vencer a Wate o , . . verdaderas.so
"derrotasº de la vida en victonas

encía 1ilosof14 d,l D.,,cho tl,
111 pon
Jod Tooou
en
" Cf. La propuesta que L:IIUAI
•
de Filolofta),
Bruselas, l 953, L IX,
. . PP·
G,rsus (Actos del XI Congreso I n ~ de individuo a individuo, d~ ~
107-112: hay dos tipos _d~ derecho Ese miamo derecho de naci6n .ª ~~n, ae 1lama
'edad. El derecho posaavo a !leC8I~--' de individuo a indiV1duo se
IIOCl
El derechotura1
na1ua¡
.
d erecho internacional pu'bli
co.
de Nación a Nación,
¿por qui no lla·
,. El derecho na
"d --L- natural a aecu .
en:l,;IIU
I . (Colo "Derecho de Gentea?"
V
Filoso/14 d,1 Q11ijot,, M neo
Cf AausrlH &amp;un F1u1ÁNDIZ Df.L ~ • Cf tambi~n el eco en loa rumbos
lección.Austral), 1959,
59, _111h,,ifl75~:
ForsehHt, t. XIII, 1959,
la Alemarua: Zntse t , •
científicos de
V Rintelen).
pp. 640-643. (reseña de F. J. .

m-:

J!·

=llh¿&amp;I"

Ill

Hasta ahora hemos asistido a Ja transformación de algunos conceptos básicos de la filosofla y jurisprudencia debido a una desvalorización premeditada,
proveniente de los ambientes neopositivísticoe, mecanfstic01 y utilitarios de la
época moderna, y mostrado 1a gratitud ontológica de tal procedimiento.
Necesitamos, sin embargo, tomar en consideración que tambibi puede
dane el hecho contrario: los conceptos quedan casi immm'-8 e inmutables,
pero Jas "rd' que los sustenta cambian casi completamente sin que se Jo
advierta. Según nuestro parecer, eso sucedió con los conceptos básicos de Ja
g,u"ª
y de Ja p,opitdad o, con,más precisión, con los del "bellum justum"
y del "dominium••.
Aparecen invariables las condiciones del "bellum justum", a saber: l,gitíma
auctoritas, iwta causa, recta int111tio y debil,u modus. Nadie las contradice,
permanecieron inmutables durante los aiglos. Y, sin embargo, con todo eso,
algo se mudó de ropa: el ''belJum» mismo. No fue un cambio repentino; las
núces del cambio laa descubrió ya el fundador del Derecho de Gentes Franciseo de Vitoria (t 1546} que opinaba que ninguna guena era justa si
ocasionaba al Estado más males que bienes, por numerosos que sean los
demás tltuloa y razones para justificar su oonveniencia.ª7
Cuatro siglos más tarde, nos esforzamos en balde por reconocer en la guerra de nuestros días, sea perpetrada con armas atómicas o no, e] "bellum"
de nuestros antepasados. Frente al ensanchamiento universal, la crueldad
inaudita, la incalculabilidad ( ¡ armas secretas!} , la paridad de los civiles con
los soldados y de los. edificios particulares con los blancos militares para los
ataques a~reos y la imprevistoilidad del éxito que casi iguala a los venceccdores y los vencidos; en cuanto atañe a los sufrimientos y daños que se
padecen, se plantea el problema de si una guerra que corresponda a los
requerimientos clásicos del "bellum justum,, pueda realizarse en el futuro
de algún modo o es irrealizable, a secas, por sus razones intríosccas.

· En vista de eso, uno de los más eximios juristas, el cardenal Ottaviani en
Ja tercera edición de sus "lnstitutiones Juris Publici EccJesiastici", 1947, escribi6 un capítulo intitulado "Bellum omnino intr,dictndum" en que conviene
que "non datur amplius iustum bcllum quod Statui aggredi liceat ad repe• Cf. Fray PllANCISCO DE VITORIA, D, /JOI. ,iu. 13 y FRANctscus STaATIIANN, K,u,
und Chri.st,11tum h,at,, Trevería, 1950, p. 126 y A TONro Tauvo,. SBIUlA, Los Fuadawuntos d,l D"""º (llargoa esenciales del Derecho PoUtico y de Gentea en Franc:uco

de Vitoria).

• Milano (Manorati), 1957.

232

233

�tendum iul

IIUUID"

y enseña: ,,.,_ ngo aqum

b,Utan irulien, líe..

w-

Por otra parte, estas argumentaciones por muy vá1idu que sean, DO ponen UD i:mtrumento ablolulD eD ... IIIIDOI de .. p,ri6wral a ultram:a, particlaricll de una pu de cementerio, como lo hace -1umbrar la alocuc:i6n
de Navidad de 1956 de1 Pontifice Mhbno de la Cristiandad. Plo XD, pauta
sublime para tocias los pacificadores. A pesar de todo, no declara ilk:ita una
guerra defensiva contra injultm ataques cm tal de que todo esfueno para
conjurarla baya resultaclo vano y la eaperama ele UD &amp;ito favonble apa•
aeriamente fundada 11
•u,. f"11Ú1Sf114
Euro~: ,l f"""""'° ü la ,ro,;atlad p,i,Hultl' pregona en su 6ttima obra L4 Pro,UÜll, 1959, ANTOIIIO PnPIAA llOIIRloua
que poco antes babia ganado, con IU libro Mhotlos' Critmol ti, ,. Socioel premio del bien c:oaocido lmtituto Luigi Stu.no de
lloma, y habla hecho una ~ túl tlomiaiotlalrismo que parece • una
revoluci6n copemicana en la doctrina econ6mim-tocial: el "dominium", la
propiedad entendida aegún la pauta del Derecho Romano como la "plena
in re potestas'1 que confiere al propietario dueño de un "jus utendi, fruendi
et abutenm•, va perdiendo III pCllici6o nuclear en el universo de la eéODOIIÚ8,
que aeg6n Perpiiia Rocldguez "ae comprencle mucho mejor colocando ea
el centro de la cuesti6n, no el hecho doariníral bruto, sino el derecho humano,
o más ampliamente, la norma social, alrededor de la ~ y dependienclo de
ella, giran todas las imtitucionel pammoniala, ioclulo la propiedad".fA
Perpiña Rodriguez anda por todl&amp; parta en busca, no de un "deber ser",
sino de un ~ socio16gico, y cree tener suficientes ruones que prueban

iaca

"'°"'

'°"" ~•a,

• a.

AJ.Apamua 0rrAVWCI, Iufiltdious J•ris Mlia But.situliei. (Bclitio Tertia,
1)pia Polys)ottia Vaticuis MDCCCCXLVII), to. J, PP. 146-155, d. aclemú IUI argumemacionea lipientel: "Haec oamia ••• ottendunt hoclie in bello prendo nunquam
haberi poae iDu condidona supra memoratu. faMflu,,rmu redderent itadanl et
luilal ....... Pm-ro, addeDdum est, ..... dari impuam poaee ,.,,,,. .,,_,..
"1IIMI. quae toa malomm, caediam, deluuctionum ac moralñam relipmrmDque zerum C'ffflionis, c&amp;UIIDl eae valeat propotieoatam".
tambiáa CoanovAKI, 11 Sloll•
,ifi&amp;aor,, 11.oma, 1939, p. 490 a.: "Bi,osna avere il corragio di rivedae la nouva
pratica della guerra; perche le condizioni della teo1ogia per la guena silllta non li

a.

verificaao quui mai".
• Cf. L'O"'"'°'°'' Romao, 24-25 diciembre de 1956, p. S: "'l'manifesto che neDe
praenti c:ircottame pul, ftrificani in una Nuione il cuo, in cui, rilultado vano ogni
IÍOl'IIO per IOCODgiurarla, la perra, per difendeni dfic:acemente e con aperama di
morevole 1uccao de inpuld attacdü, aoo puta-ebbe eaere comiderata illecita".
• Cf. ANTONIO PuPIRA llaDalova, ,,. Pro~ (Uu
Dommocnlrismo )", Madrid, (Illltituto "Balmel" de Sodologla), 1959, p. 97.

ª""" ,.,

234

IIDa DM•wi6a radical
6ltimca
.:..a-.
que afecta el canceptu ele "pmpimad" duralde b
-.-. ea el IIIIJIJleDto de la pnbliaacSn clel
•
Marx y Federico Engu, el ffllllll •
aw,,fiesto de Cados
cial, mientras
msmo era áecttvameute UD fantatma .,.
que en nuestros dfaa el cormmiemo U..J.
efectiva ea contra~
la propiedad privada
--5v a 111' una realidad
r--vu a
que
- L!IU nombre- continúa volariándoee en un
--11 -=n guardando
que es muy significativa: CCl1oamaoe la •fantaasna. Valga uaa analosfa
a un núcleo unificado de úboles·
etiqueta eoaceptual de "bolque"
diez mil imol el
•
• cuando ae queman o se talan cuatro o
aún más
bosque ague ,ubs.ilfiendo: •pero IÍ llepn a desaparecer
seda
~ queda a6lo alguna me,.qmna cantidad de loa miam
absurdo RgUU' hablando de UD ....___.,, a. 1-...1 - , '
Rodríguez llel'fa ablurdo
.
--s-- · •&amp;&amp;uauuaute, opma Perpiña
de "plena in re
~ habJaodo de propiedad en eJ 1e11tido estricto
CClllltitutivas. El ~ - ~ de. haberle quitado todas IUS funriooes

úbo:

ante IUI OJOI, entre otim, al :........"J:..es muy preferible a 1a del
• ~wwwv de nueaalquiler en IU
•
~ que DO puede
tamhiln "dueño" de UD • • ,
• ~ cua • no es simultánr.amente
cierna, un gran buque o ~ :
IIDD•PO ante IUI ojal, una fábrica moecononúa industrial
moderna Y está conwocido de que 1a
tegoria de ~c o n ~ y no puede ya aer "manejable" coa la car-vi--- ru ...- .
cuando le le objeta
la
•
ser un derecho en principio pleno total,
que
propaedad, por
contenido conceptual en "actual" y
no tendría por qu6 cambiar su
y que ae pueda hablar al
dy que butarla que fuese latente o virtual
"
menos e un aeñorio formal y -L...... ....._ le
que desfaguran las cmas, poniendo en los co
~' ~
~ue no responden a ninguna realidad • • nceptos ~ - puras ideas
0 sea, incurriendo en un
idealismo' inadmisib"
• 1e"u
En contra, la objetiva,
•
tesis d 1 dominioc:e
.
hecho precedería al derecho leña falsa,
e
ntnsmo, que el
condici6n de hecho del • '
. en tanto que el dominio trae 111
mtema normativo· ex ·
· f
Con todo eso ~ -- &amp;...1.c-...•
JUl'e ontur actum.
.
.
erpma VW&amp;lt§l.l'-6 DO trata de hacer el papel d
dor, amo qwere contentane con aer observador
.
e ráormay afirmar que "la ...--,-._._.,
nrnm...:a...i DO )'8 COIDO derecho
penpcu
de
hechos
(
, ___ ,,__ sociales,
•
mo hecho real (como .,__ .:...., ) ha
.
como,--), 1111o c:oUV111111auna
cambiado de naturaleza" u
Prueba además que los "jura in re aliena" tan llenoa de ~tices
.
zan, de hecho, las facultades dominicales.
paraliDeclarando que la propiedad clásica, en el aentido estricto
••
no es de derecho natural y afiirmando la • ......,,,.ilidad
de dODUDIO,
'
un,..,...,
de facto de tal JDStitu• •
tros días cuya posici6n
encontrar UD hogar de

ª

a. i6 .• pp.

73 y 113.
Al'fTONIO haPIAA llomiovaz, 1

cr. .,,
•• a
. •.• p.

ia2

.

. c., PP. ioa Y 102.

�•

ción en nuestra q,oca de industrialización, continúa Perpiña Rodrlguez, corre el riesgo de ser juzgado como oponente del catolicismo social, lo cual
niega B, subrayando que los Papas, con mantener el principio general de
la propiedad, no evidenciaron para« todos los casos su necesidad o su justicia
de hecho y "que ni para Santo Tomás, ni para Le6n XIII, ni para la
Patrlstica, la propiedad privada es de derecho natural primario. Todo lo
más, encaja en el Derecho natural secundario, que no responde a los primeros e inmutables principios de la ley de Dios"." Para Santo Tomás, el
derecho de propiedad no consistía "en ,l jus utendi ,t abutendi de los romanos, sino en el ius procurandi et dispensondi, que es cosa muy distinta".
"¿ Por qué seguir -se pregunta Perpiña Rodrlguez- llamando propiedad
a ese mezquino derecho que 'permite' el Doctor Angélico?'' A su juicio "lo
que Santo Tomás considera como permitido por el Derecho natural no tiene
nada que ver con· Jo que en los litigios sociales contemporáneos y en las
polémicas ideol6gicas se discute como derecho de propiedad privada". La
conclusión final se formula de forma revolucionaria: "para la Iglesia, la propiedad privada (estrictamente entendida como institución patrimonial plena
y central) no es de Derecho natural positiva o permisivamente, sino negativamente: es contraria al Derecho natural y a la ley de Dios. Lo que sí es
de Derecho natural {y de Derecho natural primario, Í0\1ariable e inalterable)
es la suficiencia económica de bienes econ6micos" .45
Recuerda también la conclusión radical y revolucionaria del Padre Sousbngh,, para el cual la propiedad privada puede quedar como mera etapa
de transición en el camino hacia una economía colectiva general, como "comwúdad positiva de bienes", y la menos radical del Padre Krasinshi."
El problema que planteamos, es, si, y en caso afirmativo, en qué grado,
el fino crítico del dominiocentrismo fue él mismo victima de un "idolum
fori" o si hemos sido víctimas todos los que continuamos defendiendo la
posibilidad de realizar también, de hecho, en la vida social, al menos asintóticamente, el principio de la propiedad privada, o si -otra posibilidadel problema es reductible a una mera equivocación lingüística que nos hace
seguir colocando la etiqueta envejecida ''propiedad priva.da" a un hecho
"toto coelo" diferente del principio mencionado, presos quizás como estamos
de una nostalgia romántica que iba arrastrándonos hacia el abismo de una
"acedia" escondida en lo más profundo de nuestra alma.
Planteado así el problema, es muy difícil resolverlo de un golpe. Necesitamos dar realce al querer común, a saber, salvaguardar una es/era per.. Cf. ib., p. 224.
• Cf. il,., pp. 226 y 227.
• Cf. ib., pp. 224-225.

236

sonal del homb,, y asegurarle
alcance
~ Y su iniciativa privada :fesional. ~nal que abrace ~ ~ fa.
El hogar es base fundamental d, la J milia
toda ruón ensena Pcrpaña:
condición sine qua non del privatismo"ªH
y su respeto e inviolabilidad es
Pero, alucinado por algunos .
b·
mo puede y hay consumo
les h~os que hacen vislumbrar "c6-

pri~eg_a

ella"" y alucinado por las tambié:~n~~ Y . ~ ~ comunista con
la más y más industriafuada
. -&amp;...,les posabilidades de insertar en
derechos de crédito y .........,,.M~edad moderna un verdadero imperio de
,.... ..... u:ues que hacen más ef
el
•• •
1111Nu,I
.... ...., riu:tus" y no el de "domini'um" perp1na
. _ o ,.,i..;__ •caz
pnvtlegio del
'6
c1 n de abandonar un p . . .
'
""""~uez sucumbe a la tenta. . .
nnetpao que, en la economía d
.
no a mdaVJduos, sino a personas h
. .
e Estados que ngen
mo continúa siendo fundamenta]
~ .Similarmente fundamental, cocrofísica moderna, no obstante la ~•p•o. de causali~ad hasta en la miCuántica.
evoluaón Copermcana de la Fisica

e~:

Por mucho que estimemos a los sabi al
quienes reconocemos como unos verdados ~es ~lan~k y Heisenberg, a
nuestro siglo atómico con•:eros 'Copérrucos en el umbral de
.
,
uuuamos no obstante ab
d
.
causalidad, aun después de saber
ias a
~ 0 el pnncipio de
que no obedecen a la fonna de 1 -gracusalid d su geruo- que hay dominios
·
ª ca
a "fuerte" , a saber, el detcnnirusmo,
el cual por tanto para esa esf:
11
En modo análogo
cho
era egó a ser destronado.
reconocemos tambiin~::,u a o:e ~mos a Perpiña Rodríguez a quien
copemicano entre los soci6lnan. d
or muy sagaz de alcance quizás
ab
.
-e-.. e nuestros días,
.
.
. razando el pnncipio de propiedad aun d
és contmuamos igualmente
ruo del gran madrileñoha , . espu de saber -gracias al ge,
que Y ambientes sociol6 ·
la
ª. ,orma de la proniedad
"f
,,
gicos que no obedecen
r
uerte ' a saber la del d ..
,n re potestas", incluyendo el "¡'
t d'
'
omuuo de la "plena
1
esfiera de nuestra socied d daus u en a et. abut en d'"
, e cual por tanto en la
a ca vez más md trializad
a ser destronado también.
w
a llegó análogamente
Por tanto, es contraria a la Iglesia no a la
.
.
pero sí el uso egoista y antisocial _,,.
y
prop~~ pnvada como tal,
gui,, afirmaron las en , li R
JUS nempe prop,ietatu ab tius usu distincic cas erum Novarum Q d
.
pasa por alto la estricta obligaci6n de "dis ~c"ua ~a~esamo Anno- que
del pr6jimo evitando con eso las inh
)_&gt;'
crutianamente en favor
como "jus abutendi". Queda
umaru~ades funestas de la propiedad
.
derecho --&lt;¡ue Perpiña Rodrí una controvema que afecta a la esenaa
del
guez no puede concluir ton un dictamen de
" Cf. ib., p. 203.
• Cf. ib., p. 20f.

237

�•
estará pobibido Damar "propiedad"
orden termino16po- a ea el futuro
b ffsicos conal c:k,minio criraPUDffltwi\ "abJaDdado"1 puesto que ~-nd d "
"dB&gt;il" de
-icn..Jment., "ab..._ LI y
tin6an
Jlamando "cama" a la causa ..,.
la microflsica y la fisica cumtica.
.....rn- que
haber esboado, en ata breve ponencia, aJgunol ,-.-menoa
Eapelamol
problemas imbmacb en ella- harán al
-lejos de molw:r ~ loa
al enfoque de la inteligibilidad jn.
vialumbnr nuevos borilDntes, favorables
• búicu ftl096fico-políticotdmeca de la "conceptualización" de las eaenc,u
la traña 6Dtica del

mbi6n

juridicas y a la

penetraci::.más Yi:"c1ei:::~ ~ Ju últimas in-

FE OONTRA CIENCIA: UNA RE&amp;&gt;LUCION AL CONFLICTO

hombre que es te6tropa,_
• ":..
11-... siempre a ter no más que
vestigaciones de la cienCJa
que --alas Jlnu1llimas de la mna/&amp;ieG.

~,w....

Dr. PATRtClt ROIWW.L
Uaivenidad de Tma

INTRODUOCJÓN

Los PJLÓ80POS UTÁN ACOSTUKIIIW&gt;OS, de acuerdo y en memoria de su pensador modelo, Sócrates, a manejar la dücusión de un concepto por la defini.
ci6n de sus términos. Usualmente, esto es hecho como un procedimiento
rutinario en el cuno de una aclaración lelllántica. Aunque el punto a disC111i6n es: ¿ IOD la fe y la ciencia reconciliables?, conviene recordar que este
tema ha sido objeto de intensa controversia en el mundo modemo, a tal
punto, que ya no es una cuestión puramente rutinaria, sino una necesidad,
aclarar convenientemente, basta 111 principio mismo, a q~ se refieren los
términos especfficamente en la cuestión planteada.
Dentro del contexto del problema en disputa, a partir del Renacimiento
y de la Reforma, el támino "fe", 1e refiere a la fe religiosa (para distinguirlo de la asi llamada fe ci~tifica); el término ºciencia", se refiere a las
ciencias raata,aks {para distinguirlo de las düciplinas formales y normativas),
y finalmente, el término "r,,cxmciliabJe", está referido a la lógiea compatibili&lt;lad de la fe y de Ja ciencia, como especies de verdades (para distinguirlas
de su compatibilidad paicol6gica, como especies de necesidades). Tomando
en consideración Jo anterior, nuestra cuestión puede restablccene en una
forma ya más completa, de la sigujente manera: 11¿ La fe religiosa y la ciencia natural, 1011 reconciliables en el plan cognoecitivo?"
Aunque esto es obvio para Duestros aof"ISticacb cootemporáneas, requiérae, no obstante, el replanteamiento hecho con anterioridad para prevenir
cualquier confusión posible del tema a estudio.
Por lo que, sin una delimitación aproximada de los táminoa incluidos, por
lo menos, resultada dificil afocar nuestra discusi6n en lo que es intentado

239

�. , histórica "planteada" hacia la reconciliabilidad ~e la fe y
por la .cuesnon
. ' entre e llas d e una armonia cognos.
sea la relacion
de la c1enoa; esto es, ya
d
tan obvio se debe a que la
..
Más aún 1 que esto no pue a ser
'
. •.
c1t.1va o no.
, •
,
ífi
, 0 de naturaleza .filosoftca.
cuestión en si misma no es teolog1ca o c1ent ca, sm
fil ,f
U . d las formas más realistas de señalar un problema oso ,1.co, es
de debatibilidad
en
li na 1 le r eba de la de ba tih'l'd
1 1 a d · El may·or grado
·
,
l
ap car e a P u I
·a
f'l
'f'
Tan
es
esto
as1
que
a
:ruar contem o I oso 1co.
,

un concepto, reve a su m-,
d
def'ru'da como el área de
•
da como un conce:pto, pu.e e ser
.1
filosofía considera
. d ;i filósofo en

la debatibilidad en general. Esto im~lica_ que 1\::r:: ~:o~~~ los a$pectos
el debate histórico, entre la fe y la CJenc1a, CollSI. d
. t . tomar en cuenta
.
·t
en un solo punto e vis a,
.
'
laterales; esto es, e~tar s111:use
'd
1 s dos partidos involucrados
los respectivos puntos de vista sosteru os por o
en el problema.

I

.
d
erspectiva menos desviada en el deComo un paso hacta ~l logr~ e_ una pel pensamiento moderno. occidental,
b te de la fe "versus ' la c1enc1a, en
.
1
a
. una mll'a
. da breve a la expresión medieval del prob ema, como
echaremos
fue formulado dentro de la tradici6n cristiana.

.

.

.

El análisis histórico a seguir es aplicable también, ~utatzs muta=~o: ::
.
.
isl . .
oque' por desgraoa,
estas son
tradiciones JUdrucas e rumcas, au
la adi · ,
;•• :~-~ Pero
. .
den tro de
tr ClOD Cfw=-·
mili
ra nosotros los que vivimos
. a~ pa
sea
tradición religiosa que sea seleccionada, para tomarla
cualqwera que
.
, "d encuesta del antecedente intelectual,
como punto de partida, aun u~' rap1 a ,
.
. a luz de lo que se
en general, del debate en cuesbon, debera arroJar algun . . . , .
rimer
obtuvo, consi·¿erando 1a totalidad del problema cuando se m1C10 en p

1:

término.
·
En contraste con el pensamiento moderno, no existe
co nflicto entre
. . la fe
Y la ciencia para el pensador medieval, o, poniéndolo en el lengua):, pr~.
as1,
Pio de los escolásticos mismos,
en tre la fe y la razón . Esto acontec10
c n lo que
. • medieval, en contra 1cc1on o
l " ón" para ]a c1enoa
porque a raz
,
. .
d
ta I método de establecer
,. azón" significa para la c1enc1a moderna, eno e
b
r dad
dio de una correcta argumentación, tomando como ase un
ver
es pdor m_e . . . de autoridad establecidos y aceptados, y finaln;iente,

a· .,

conjunto

e prmCJp1os

l

d d

.
por lo que respecta
a la f e, no por el método de establece!' a ver a

argu-

yendo adecuadamente de Ja obseivación y de la experiencia, así como de
principios ya dados.
En una palabra, la concepción medieval de la razón es un puro raciocinar
por deducción; esto es, sin el beneficio de la observación y del control de
1a cxperienci~. Consecuentemente, así como la razón en la ciencia medioeval,
servía de guía a Ja fe, fue bastante sencillo para los teólogos-fil6sofos de ese
período, dem,ostrar la armonía de ambas.
Varios intentos para armonizar la fe y la razón aparecieron en el escenario
de las etapas de la Edad Media, pero el compromiso tonri~ta fue el único
que en la tradición cristiana habría de triunfar hasta el fin. Santo Tomás de
Aquino, arguyó con lógica formal impecable, en el siglo XIII, que desde
que la falsedad, por sí misma, es contraria a la verdad, es imposible para
las verdades de la fe, ser contrarias a las verdades de la razón. De aquí en
adelante., la fe y la razón no pueden estar en .conflicto, por pura definición.
Diferenciando ¾,crudamente la teología revelada, de la teología racional, pero al mismo tiempo poniendo las dos áreas de inquisición sobrepuestas, Santo Tomás procede a efectuar una concordancia de la fe y de la razón, mediante el sistema de mantenerlas apartadas en la primera área y manejándolas,
ya jlmtas, en la segunda.

En un aspecto, justifica su defensa de la verdad "natural'', considerando
que desde que los dos dominios&gt; el de la fe y el de la razón&gt; se _n:iterfieren uno a
otro, hay algunas verdades teológicas (por ejemplo, la existencia de Dios),
las cuales pueden ser probadas por la razón humana, independientemente
de la revelación divina. En el otro aspecto, justifica su defensa de la verdad
"revelada", tomando en cuenta que, si bien 1as verdades no pueden ir en
contra de 1a razón, algunas (como la de 1a T11nidad), pueden ir más allá
de ella. En relación c.on este punto, podría agregarse gue Santo Tomás en
oposición a aquellos nústicos de su época que empequeñecieron a la razón
humana, insistió en que el hombre debería explotar su "razón natural", en
la medida de sus posibilidades, debiendo apelar a la fe solamente cuando
fuese así necesario.
Su consejo metodológico para todos los hombres se podría expresar parafraseando las palabras de Jesús en la siguiente forma: "¡ Dad a la razón las
cosas que son de la razón y a la fe las cosas que son de la fe!" Todo lo
cual refléjase en Santo Tomás, que a semejanza de su maestro en filosofía, Aristóteles, tuvo un pensamient-o sumamente onlenado en medio de un mundo
agitado y tempestuoso. De hecho, ¡ el ya católico Aristóteles suena más como
una gran profesor de teología, que como un gran Santo de Dios!
De cómo el papel desempeñado por la razón cambió gradualmente -por
vía de la ciencia moderna- de sirvienta de 1a fe, a sirvienta del hecho, es

240

241

H.16

�sin embargo.,
una larga historia, frecuentemente repetl•da, par~ ser relatada;
da
hacer
de ella
na tendencia marca
a
ha sido expuesta usualmente, con u 1 , ara la nueva ciencia, o bien coun punto de apoyo, ya como un_a apoSogia p que esto es un tanto inevitamo una apología para la fe anngu~ u~ngo, realidad. En un aspecto, si
ble, pero, desafortu~~~amente, notalme:teo d~ulzura y de luz, tampoco lo
la historia de Ja religion no «:5 to .
d
rdar los penosos episodios
. d la · · 51 hubiésemos e reco
es la histona e cie?~
mo la condenación de la astronomía de
en la historia de la religion, tales co . R
partir de J616 a 1728,
, • h ha
Ja Iglesia Católica omana, a
Copcrruco, . ec por
tam
podremos o 1VI'dar 1os asi' mi!mo penosos acontea. fuer
sinceros,
poco
• . tal
como la teoría flojista de la
. tde
cumen
os de la historia de la ciencia, .. e5
.,
, · anterior a Lavo1S1er.
combusnon,
en
qwnuca,
. . al difi ltad que hiciera típicos los estudios del
I 'd talm te la pnnc1p
1cu
. .,
nc1 en.
en • t I s como la H.utorta
. del Conflicto entre la Religwn
XIX
. •y
pasado
siglo
.,
,
a
e
U
H'
t
.
de
la
Lucha
entre
la
Ciencia
. .
J hn W Drapcr y na is oria
la Ciencia, por O
• ••
Andrew D White, consistió en que sus au'Y la Teología en la Cmtia~dad, de historiad~res: no importa cuán competores no fuesen muy precisos com~ .
ha
,
pod.d ser como darwiruanos.
tentes yan
1. o
t toda la historia humana debena ser
Como en las pinturas de Rembran ,'
.
a la naturaleza finita del
laro
como as1 conVJene
compuesta en ~ . -ose~ d sabrido es que el cambio verüic.ado en los
hombre. Más aun. el
~ e
-•=-.! con el advenimiento de la
d la razon el que se TeiUU.O
,
•
maestros, en pro e
.
•
. como tampoco puras perdidas
ciencia moderna, no traJo solamente ganac.ias
no podríamos hacer inteod
Dicho de otra manera,
para el hombre m emo..
1
r de los. avances científicos e.xpreligiblc el crecimiento relabvo a os pe ~gros
.
. tíficos en el tiempo presente.
sados por los propios cien
. d
to alcanzado por la ciencia moEs indudable que desde el aven:a~a o pun d 1 todo estéril. A pesar de
1 ·encía medieval fue estenl, pero no e
d
erna,la aEdad
a
. , a lgun' conocimiento profundo acerca
todo,
de la Fe, nos proporciono
d 1 destino humano y nada más que esto.
e
. .
1 fil f' medieval fue pobre en
Usando una_ distinci6~ a~s~ruan~n ~e s::~:eza, en sabiduría religiosa
scientia, pero nea en ~a¡n~ntra. ra1ªr
encuentra íntimamente conectada en
d
breza en CJencia natu , se
· ·1 d
y e ch
su po
. • cnstiana
. .
del Universo puede ser asmu a a
la concepc.ton
de
el he o difqueltad a la Í1s1ca
, . teo16gica d e Aristóteles' en la que cada cosa
.
sin mayor icu ' . .
difícilmente a la física mecánica de G~leo,
obedece a un propos1_to, pero
d La síntesis tomista pudo llevar JUD•
da
sunplemente suce e.
1
en la que ca cosa
.
aJ 1"nf·iemo• haciendo de ambos os
t al Cielo como
tos, adecuadamen_te, tan o .
. cómo en el mundo puede llegar a ser
símbolos de la vida buena, pero, 1' d 'ta en el lenguaje matemático de
armonizado el paraíso con la natura eza escn

los cartesianos del siglo XVII, o bien de los newtonianos del siglo XVIII,
para no hablar de la naturaleza "roja de diente y garra" de los danvinianos del siglo XIX? No hay duda entonces, de que "el conflicto entre la religión y la ciencia", es un problema moderno.
C.On objeto de comprender en forma más clara d por qué la filosofía moderna dirige su atención hacia el conflicto de la fe y de la ciencia y por qué
la filosofía medieval no lo hizo así, sería necesario indicar, primordialmente
sus tradiciones intelectuales dominantes. En tanto que el pensamiento medie\•al oper6 primariamente en dos campos de saber, en armonía mutua: la
filosofía griega y Ja fe religiosa, el pensamiento moderno lucha esencialmente
en dos campos de conocimiento, en conflicto mutuo: la fe religiosa y la cien.
cia natural. Si es evidente que el pensamiento medieval trabajó con un par
de conmensurables, el propósito del saber, que fue la meta común de Aristóteles y de Santo Tomás, debería ser e\'idente, en forma igu~l que el pensamiento moderno trabaja con un par de inconmesurables. Aun cuando hay
dos especies de saber en armonía mutua, una puede ser mejor o peor que la
otra· pero cuando hay dos especies de conocimiento e11 co11/licto mutuo, si
uno de ellos es \'erdadero~ el otro debe .ser falso, de acuerdo con el principio
de contradicción. He aquí la inevitabilidad del conflicto moderno entre la

fey~cien~

·

Seguramente, es cierto que Descartes y Newton trataron en el siglo XVIII
de reconciliar sus nuevos axiomas de füica matemática con los antiguos axiomas de la fe religiosa, si bien su intento hubo de fracasar, como así es dable
advertirlo de plano en los trabajos de sus menos conservadores y más consistentes discípulos. ¿ En qué forma puede ser descrita la naturaleza a semejanza de una gran maquinaria -la que en todos sus aspectos resulta pálidapara que pudi&lt;'ra ser annonizada con el firmamento del Salmista que nos
muestra la mano de la obra divina?
Atendiendo a este cuadro puramente mecánico de la naturaleza, no constituye una sorpresa el que los modernos materialistas condenen a la religi6n
tradicional, como así acontece, ya sea con Espinoza, el que la llam6 "el refugio de la ignorancia", o con Marx, que la consideró un simple refugio:
"El opio del pueblo... Bajo estas circunstancias, ninguna otra salida era posible.

Si nuestro análisis histórico es correcto, la única forma sensible de avocamos al problema es indagar y captar la raíz del mismo. Esto nos llevará
a la conclusi6n ya dicha, de que el conflicto en sí mismo, se origina, en virtud
de una premisa falsa, a saber: que la ciencia natural constituye un campo
de conocimiento y la fe religiosa, otro. Si bien la filosofía medieval cometi6
el error de considerar a la fe y a la ciencia como dos aspectos del saber, la

242
243

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246

relación hay entre el saber y el conocimiento. Para ser precisos desde que
la ciencia es coextensiva con el dominio total del conocimiento (en el sentido ordinario) y desde que la fe es coextensiva con s61o una parte del dominio del saber (habiendo otras variedades del saber, tales como la filosofía
y la poesía}, se sigue que el preguntar cómo la fe y la ciencia están relacionadás una a la otra, es preguntarse qué relación hay entre una parte del
saber y la totalidad del conocimiento. Ahora bien, para contestar la cuestión de cómo la fe y la ciencia son reconciliables, es preciso determinar la
relación existente entre dos términos distintos: saber religioso y conocimiento
científico, y para determinar tal relación, a su vez, es necesario subsumir
cada una de ellas a su género común, que es cognoscitivo. Lo anterior, nos
lleva directamente hacia el campo de la lógica comparativa.
La lógica (en el sentido amplio), es el estudio sistemático de lo que sabemos y de cómo conocemos. La lógica comparativa trata sobre las similitudes
y diferencias en nuestros objetos y métodos de conocimiento. Como así lo he
afinnado en alguna otra parte,1 el objeto principal de los credos religiosos
difiere en "status'' proposicional de los sujetos materiales de las ciencias naturales. Desde que las creencias religiosas, pese a las apariencias que pudiera
haber en contrario, pertenecen a una subclase especial de juicios certeros o
absurdos de valor, más que a la clase general de juicios verdaderos o falsos,
de hecho, se concluye que las proposiciones religiosas son para ser jU?.gadas,
no como verdaderas o falsas (en sentido fáctico), sino como certeras o absurdas. Ilustrando lo anterior, es evidente que la proposición cristiana: "Todos
los hombres son pecadores", no puede ser valorizada en la misma fonna en
que lo hace la proposición zoológica: ..Todos los hombres son animales''.
Establecido someramente esto, mi tesis es en el sentido de que las así llamadas
\'erdadcs eternas de la religion, son "verdades especiales", en el sentido exclusivo de valor. Mas esto engendra un serio problema de car-.ícter semántico, que es necesario aclarar antes de poder esperar resolver el moderno conflicto existente entre la fe y la ciencia.
La palabra verdad ha sido utifü.ada en varios sentidos y sería menos equí.
voca, ciertamente, si abandonásemos la expresión ••verdad religiosa" y Ja
llamásemos por su nombre apropiado, que es el de saber religioso. En cualquier forma, saber en el contexto religioso, significa pensar sabiamente acerca
de las cosas últimas, pero ¿ cuál es el verbo inglés, exacto, que pudiera transmitir este modo de pensar? Por desgracia, no hay un verbo en el uso común
1

PATJUCK RoMANELL, La Significancia CoKnoscitiva d, la R,ligi6n, la Nu,va D,.
mocrada, vol XL, ·o. 3 (Julio de 1960), pp. 20-28.

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de 1U U &gt; ~ lt-..

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tecbdendfico,_. ..... _el ~ Mian.: ..._ la ~ M,epro11din1u1 ele Ja .,.__ de la ciencia " N la

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con ~ a 6'te o • ~ .,_ do, k ,
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C'ADCMUICIIIIS¡

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Ja

..... ·~~ .- ~
~ . ➔ ~ cieatf&amp;o
. . . . . ~.,.._,._

Jo fuera~,

reliai6n, Ja CODtlllpii1t, de .. leed6n, tanada ele la hiatoria • la cienda;

~
lIII
. .materia
Ja ~
utuicla, e
tanto par

· !"·-_,- pir~a
~
4'-.·
.~
■ Jesi6a-,

�mh&gt;do c:aractaútico, que a la fe. Al poner el acento en la fe, come ,,
iftllo40 de la retigi6n, no olvido el hecho de que loa mú de DOIOtrOI, por
lo mmo1 en el mundo occidental, y eaprialn,ente a prcastantes, identifican
a la fe, coa el objeto principal de la materia, es decir, con b artk:uJos espedfioos de la fe o ~
Pen&gt; este no a argumento en contra de nuestro áfuia en la fe como • ·
tocio, porque si nos contamo1 uno a uno, la ma,aña de DOIOtRJI una wa
más, no pondñamol a la par tampoco la eiencia con su m6todo, sino con 111
eaped&amp;:a materia primardiaL
En otro aspecto, la mayoria no está del todo equivocada en este punto, ya
que no debemol olvidar que la materia y el wtodo, van juntOII en toda ate1ti6n.
esto se
que la materia detennina, en última instancia, cuáús
mitDdos IOll apropiados para ello y cuáJt.s no lo IOD. i bien nuestra cuesti6n original en el fondo es la siguiente: ¿IOD las conduPmw re6gimM conciliables con las conclusiones c:ientWc:as y ea el m6todo de valorizar lo prect.dente cmnpanñle, a largo pluo, con el m6todo de valorizar esto último?
Bito D01 lleva al meollo de nuestro ensa,o.
•
En nuestra opini6n, la más reveladora idea eobre el objeto de la fe religiosa, 1101 viene del capitulo XI, de la Eplltola a los Hebreos. Aunque esta
!pistola permanece anónima y se ha disputado delde b tiempos nw antiguos acerca de la identificaci6n de su autor, be tomado la tradición que la
atribuye a San Pablo. Pollolemente, el lector recordad que los tres ptimeros
vmfculos del inspirado capitulo, están relacionadas a la fe, como una vta
de comprensi6n; los venlculos restantes, nos proporcionan ejemplos, tomados
del Viejo Testamento, de lo que puede realizarse a trav&amp; de su poder. Es,
a no dudarlo, el famoso primer verso del capítulo, el que es fundamental
para nuestro tema: "La fe es la substancia de las cosas por las que esperamos, la evidencia de las cosu no vistas" (Eplstola de b HebmJs: 11: 1).
Naturalmente, como es de esperarse, este pasaje paulino ha sido acertado
y erróneamente interpretado, en variadas formas; la mis seria incomprensión
del mismo es aquella que acepta la defmici6n de la fe, en la primera parte

d•

del teXto, como substancialmente pura, pero en cambio, rechaza el aspecto
de la fe, en la segunda parte, tomando como base que ésta "no es evidencia
del todo" .4 Esta presunción descama en la equivocada idea de que las dos
partes del texto expresan, no obstante, diferentes conceptos acerca de la fe.
A su vez, esta misma presunción, 1e apoya en un erróneo entendimiento del
thmino "substancia". De acuerdo con el diccionario Webster, la palabra
• JosN lhaxA1'I lt.ANDALL, Ja., ,so• lo1 Dof'UI lüli¡ioso, Copo,eili#ol ,

W.s1, Jovrul of PAUoio,A7, "1. LI (1945), p. 159.

250

lm,lip

....-WIUl.lil
.L..---=-" (e n
. ~

mfMta'!ICe)

"bue" "fmvl
,,
• como • empleada ea el ~ .:-:n, . •mmto o "•Jhsttncixi6n" (en. el aentido
_,
cual ~ De ato 1e concl
metodol6gico), Jo
mente t......._¡,,. .1:....!_
'
uye que las dos parta del ~ aon 10Ja.
-.-.,- WMWtol para CZpR!lal' la •
idea
laa de la fe, de su ~ Y del obi.M ~
acerca de la aatura. ..,..._,
....••1:..- ' "IUbatancaa"
•
, - - proplO de IU estudio Como
pasaJe
y "-.!.l-.-!_n
••
en• el
1_...._
~YRICIK;I&amp; J IOQ términos --..L..
1C1UC1, para el ~ de la fe uf "las
1§..._, eqwvaCOIII no vistas" son f-- ....0::_1_
C0IIS por las que esperamos" y "las
breve, la fe al •menos·-~-•-aparaiamateriade~-.1:_
para San
GM.uwv. En forma
es la subltanciaci6n de las COIU ~ en la Ep(stola a b Hebrw 11 : 1,
C01a1 no vistas. ,..____
que 1e espera, o la evidencia de Ju
""-'UIICIWCDtemente no podemos
texto Y rechazar la - . todo '
aceptar 16.lo una parte del
VW•• 0
0 nada.

ª

:-e~

F.a por demú mteraante
·
el obaervar que, la defi uci6o
tola a los Hebreos, por impli'..-....=..t
n
de fe, en la Ep&amp;wauun, DOI conduce a ,1:...:-.:- -' •
1
01 upettOI evidentes de la ~ n
de
• • ~ - 111tidameote
como la evidencia de Jas
.Y
la CleDC1a. Si definimos a la fe
nida como Ja evidencia de7; no ~ entonces la c:iencla podría ser defiugra el decir .•,... ,....
cosas uutas. En la ciencia -como ast lo conpo,...... - ver es creer· en la -1:..:6
tener fe. Pero li tal a el
'
·-e• a, el tener esperanza, es
las ,1,..
caso, ¿por q~ hemos de crear un conflicto
...,.,, como a.si Jo encontramos en el undo
entre
debe de bUICane desde el ·
.m
moderno? La contestación
humana. La -1:..:-t
punto del ongen dual de la religión en la vida
f
-~n nace, no solamente por el intento del hombre
.
acer su anhelo de tSflhanza, sino tarobii11
•
.
para satis1 gemuDa de IU mtento para satisfacer a SU mmanri,. de ...:.J -L.--Clr•Kfllmw-1 Estas dos 'taJes
•
1e contraponen una con otra,
•
VJ
Dttelldades del hombre
internas de la religión, así : ; :ore conflies
e~ responsable de las tensiones
la ciencia. Para .
os
ctos eventuales de ésta con
IDCJOf esto permftase
-L-•
Teot....(a p .. ,:.. a
•
'
nos ~ una o....~- L - - - la
-a- a--, por via de il..uouauuD.
·--=..t
:r-- ~ a
n.&amp;

De acuerdo con la definición de fe en el
Hebreos, los objetos de la fe, 10D las '..
capitulo XI, de Ja Eplatola a los
vistas", o sea, que éstas son ideales enc:oa;: ~.., o biea, "las cosu no
con el rato de la Teología paulina los ob .contenido. Aunque, de acuerdo
espirituales sino do
--L
jetos de la fe no son esp,ranzas
'
gmas IIUUrenaturaJes. Esta di
'
fe, expresa un cambio radical de 'tud
erenaa en los objetos de la
ramos el capitulo XI de la E ICb
por parte de San Pablo, si compaci6n .1:.:..;da los ' •
pisto~ con el X, en Ja que hay una exhorta"""-&amp;•
seguidores de Cnsto para "abrazar rá .
beos, la profesión de nuestra fe" (Hebreos 10. 23) De pidamente y sin titucaptar el cambio altamente significa .
• ·
hecho, aún podrlase
en la actitud hacia la fe, en el
·
capitulo XI, 11· comparamos el citadobVo
primer
• .
proPJO
refleja este cambio de horizonte?
veno con el últuno. Pero, ¿qui

ª

251

�esto nOeja la grm puadDja de u,da reJigi6n. V'IIIO él
pn,bkma, ~ reptti.tmola que la religi6n el 11B intenta del
boníbie para adifacer c:lol necesidades antit&amp;im: 111 necelidad de aperan-,
• indmduala -lo que siempre mmiehe un elemento de rielgc&gt;= y 111
oec:rsidad de una garantfa c&amp;mica, que Jo asegure a ú mismo en contra del
riesgo. T6mme la creencia cristiana de la inmortalidad penona1, y se comprender', prontamente, cómo el choque, perfecbUDfflte natural de la espetanza y el dogma, consideradas como necesidacles h,ummu, e1 el ~
de las contradicciones intemaa dentro de la propia religi6n. La esperama
c:onatituye el principio de incertidumbre en la re1igi6n, el dogma e1 el principio de su infalibilidad. Más espedfiramea~ el cambio de actitud hacia
la fe, en la Teologia Paulina, agudamente iáleja la diferencia entre Pablo,
como Santo y de Pablo, como A'6stol. Pablo, el Santo, en una Eptstola
(Hebreos 11:1), nos ofrece un memaje de esperanza; pm&gt; Pablo, el Ap61tol,
en otra Eplstola (1 Tunoteo 6:12), lo tramforma en un grito de combate,
para la predicaci6n del Evangelio de Cristo y la evangemaci6n del mundo:
"¡ Pelead por la buena batalla de la fe!" PJ primer Pablo, babia de la fe
como una forma de substanciar las CQIII ,s~aus; el segundo, babia de ella
eomo una forma de justificar las cosas por las que se ba combatido. Por
una parte, la fe de San Pablo, como Santo, establece ,Osibilitúul (como es:presada a traws de la esperanza)' la categorfa básica de un credo religiollo;
la fe de Pablo, el Ap6sto) por otra parte, crea emülumln, (como expraada
a traws del dogma), IU categoría básica.
En mi modo de ver, el alma de San Pablo debi6 aentine profundamente
atormentada entre b bienes en conílicto, inherentes a las dos actitudes acerca de la fe: una, dirigiéndole hacia un credo basado en esperanzas e ideales
--precarios, pero dinámicos; la otra, por su parte, yendo hacia una creencia
basada en temores y dogmas -BegUl'3, pero estática. En forma clara, Pablo
de Tano, es una de las figuras mis grandes y trágicas que haya habido en la
historia de la H1unanidad y la tragedia de la Cristiandad,~ en el fondo, su
trágica vida, eicrita con profundoa caractera No e1 necesario agregar que
por trágico, no quiero decir patitico, sino dramático. No hay nada que nos
muew. a compasión en la carrera de un pu Santo, o bien de una gran
religión. Y en el extremo de que una religi6n particular lleva, en su 11eDO,
las dos mismas actitudes de conflicto hacia la fe; una satisfaciendo a la necesidad humana de aperamaa y la otra, dando igual satisfacción a la necesidad
de aseguramiento; en ae exbemo, tamb~, la tragedia de la fe Cristiana es
la tragedia de todas y cada una de las fes religiow.
Una vez exlu'bido el conflicto interno dentro de la propia religión, nos
encontramos, finalmente, dispuestos a sugerir la 10luci6n pertinente para el
Bwle.ttilldímlte,

252

mnflido aten,o ele Ja ..... , de la ~ confJicto
bemol
d e l ~ modenao. Para O"DNltar la aaeai6n: " quela fe
~
111COJN;tlwbleaP", tan mnciameme
cND
y la qeDQa
religiosa Y Ja c:iwia natQraJ 1011 camo DOI ~ ~ c&amp;remo. que la fe
prendida C'GIIO Ja wa
~tibies, 11, ., solaanu ,i la fe es cometes del bomb,e. , . : ' : •~naar Ju mú elevada. eaperanzu o posibilida-!1.-.
Gtra idea de la fe, fe como Ja forma de ••...u:_
_,., para - dogm11 IObreaaturaJes
JlaWUQlalulo,m4ti&amp;o de todo eáuen:o • , fflDDI que va en contra del cadcter
PJIOI y Ju hip6tesia ciaidficas~ En Otnl palabna: b dopws nli•
no Jnmún mezcJane, pero 1aa _ _
1__
•.........,_ y - hedlOI aentfr.......
.&lt;.1..:___
~lignifica qM Ja fQci6o ~ en IUS WUIIIU QIIIII, 8 /o Jnutln. &amp;to
rec..:~ ~ la fe, ecao eJ mblo de Qbtew, el llber
""5~ DO llega a DI la llfflenta de la •
'
•
ele eJJa. Je más, IU funci6n la
~ Dl tampoco un IUbstitutc,
fico
es de complementar al conocimiento ..:_.1.
con
la
mú
1nmnl"Hlmn!II per
cti
~
•
.
- - r - • ... ~ptil; va que 1101 sea dada dentro del
tiDo c:6aaico Y.humano.
Sin la cienci
la ,e
r es ,._
•
•
~
para b u_!.,_ dearaJes del c:cmoc:mueato
• Ja cienci • r
-ww .... natu-L-- La -1-.-!.L•
~ 11D 1e, carece efe 8 1k:anca itJQJDOI del
NUCI",
· ~ -ea el pJan
••
una relaci6n de dot formas . . 1 : . . - ~ ,m_tre la fe Y . l a ~ es
U&amp;YrnlM u.: ent.eadarnaento las
mentan una a la otra, en aus ........ a: ... •
'
que se c:omplehumana • .¡ i
, -....... c:arnmos de acceso a Ja c:ognici6n
• . ' ~ fica esto que, muhwmente, superan 1111 limitaciones
posibilidad de esta r,/,J&amp;ióa COlll/wme~ entre la • .
Negar la
religioea. es JDOárar estrechez de pennmiento,
aenaa natural Y la fe
Debo amfesar que la solución ttclm
entre la retigi6n y la ..u-¡11
pro~ para el conflicto moderno
aparece demasaado buena
.
Para que DO pueda __---,
...(. __ de
haber • .
como para ser aerta.
--~
no
JUltipreclado algunas
•
permftaseme -aunque tea hlffemebtecuestiones,
a6n imloluto lncalirindolo,
agregar que el probJema permanece
por Jo menos, en tres im
.
nano -para empezar por lo ob.
~ - - - portantes aspectos: ,rt•
VIO-, -U1IIIJOII que la ciencia
Ja
DO son necesanamente rivales en funció de Ja
•
Y fe,
- complementana.
n,
• mmna
forma.....en
que su rela...ción,
__de la ona a la ---,
.....
En otras
,...___ ·
YQUUJtnunos es que abf no hay un conOicto
.
,.........., lo que
saber, como tal Sin
.
~ entre la verdad y el
conflicto
embargo, Jo anterior no mgnifica que no pueda existir
entre los alegatos espectficoa de la • .
contraparte religiosa,
cienaa, por UD lado Y b de la
•.
por el otro. La cuestión de que si la fe la • .
r,eon~ús~ ~ ~•rnente a la poPl&gt;iJidad ele
•~ • CleDCla IOD
pensamiento reJigioeo y el
. •
.
reconciliaci6n entn: el
1:--:L
conocmuento aendfico y no a 111 actual
•
IQK;lOII en cuaJaquiera referencia
·
reconaes por natural
tbmino
m particular. El adjetivo "reconciliable"
.;.,...:r.-..
~ un
que connota posibilidad Y no un t&amp;mino
•
'""6---t.... n,ce.sidad. Además, no hav una -•..;dad
que
.
.
.,
--·
-tomada de la · ~
de la lltuacióo-de que en ......
a....:- ·
-a..-tuua tiempo o lugar, en puúcular, tanto

-•=-=--

l;¡J

' ---DCIO

253

�los partidarios de ]a religión, como los cientificistas, individualmente considerados, actualmente, pudiesen dedicarse por entero a atender sus propios
negocios, en lugar de enlazarse en polémicas unos con los otros. Tenemos demasiada evidencia de su haber en el pasado, para ser muy optimistas del
futuro. En una palabra: aquí, como en cualquiera otra parte, lo que es verdadero en lógica, no es necesariamente verdadero en historia. Segundo: el que
las creencias religiosas son para ser juzgadas como sabias o absurdas, más aún
que como verdaderas o falsas, no implica el que tengamos a nuestra disposición
un criterio automático para determinar cuáles son sabias y cuáles son absurdas.
Pienso que debernos ser sencillos, del todo, acerca del problema de la prueba,
en materia de fe y no ceder a la tentación de compensar en demasía, afirmando con un toque patético de bravura, que el entendimiento religioso es superior al cient-ífico, en todos sentidos, como así ha ocurrido con demasiada frecuencia en el transcurso de los siglos, en pensadoTes que debieron conocer
mejor el problema. Citemos un ejemplo bastante ilustrativo, tomado de la
moderna filosofia: Kant, estuvo en lo cierto al sostener que las creencias de
la fe son superiores a la ciencia, en profundidad de significación; pero se
equivocó al pensar que éstas son superiores a ella en lo que respecta a la
certeza de la prueba. Pese a lo que los filósofos y teólogos tengan que decir
sobre este tema, las materias de la fe son más debatibles que las cuestiones
de facto. Si colocásemos, tanto a la matemática como a la religi6n, en su
puridad, en los dos límites de Jo continuum, de la cognoscitividad humana,
mientras más nos acercásemos al límite de lo matemático, tend.ria.mos mayor
certeza de prueba y a una mayor aproximación del límite religioso, tendóamos menos. Aunque, si bien, las fes tienen un soporte más directo en nuestro bien que la pobreza y nimiedad de los hechos y de las figuras o símbolos,
las creencias religiosas ~on menos susceptibles de probar que las leyes de pro~
habilidad en la ciencia, solamente, que éstas a su vez, son menos, que las
abstractas proposiciones de las matemáticas. Este estado metodológico de cuestiones, constituye el elemento trágico, en nuestra vida intelectual y sobre ello,
no hay nada que podamos hacer, excepto el comprenderlo y tratar de sacar
el mejor provecho.

Tercero: el aspecto final, en el que aún tenemos el problema de ajustar
los postulados de la fe y de la ciencia, nos vuelve a lo inicial, a la parte
histórica de nuestra discusión, en la que llamamos la atención sobre el hecho
de que el conflicto original entre la fe y la ciencia, en el mundo moderno,
se basaba en la incompatibilidad de los dos conjuntos de conocimientos. En
significativo contraste, su versión contemporánea, se apoya en la incompatibilidad de dos conjuntos de valores. Ahora bien, seguramente, en lo anterior,
no puede darse ningún conflicto -en teoría- de valores, entre la verdad y

s·

l h
bel saber;_ pero i sí puede haber multitud de ellos en la práctica t
re med1oeval sufri,
h b
· 1 e omesto podría también orefpo~ a lerh puesto toda su simpatía del lado de la fe,
enrse a ombre de nuestr dí
h
.
totalmente hacia el lado de 1 . • U
. o_s ~' por aberse mclinado
.
.
a crenc1a.
na md1cac1ón reciente de 1
~~r, nos viene_ de ,u.na zona inesperada. Ponderando el luaar de la fe od::0
e esquema científico de las cos
d
. .~
'
ciencia hi
11
as'. uno e nuestros d1stmguidos hombres de
' zo orgu osamente anunciar su matrimonio d " 1
.
Ciencia y el Evangelio de Crist ., 5
d
e e Evangelio de la
0 , en uno e nuestros
a ·
Tal anuncio, debió, indudablemente d
. . magazmes populares.
devotas personas
.
e ser una noticia confortante para esas
en nuestro mundo nebuloso y que son las mas'
.
encontrar un
·
b'
ansiosas en
camino a 1erto para el estado de conf . ,
Pero, haciendo a un lado la observación de la . . ~100 en, q u: nos hallamos.
"
Ji ,, d
oenc1a, en s1 rrusma no es un
evange o ' el todo; sospecho firmemente que el
. d
'.
,¡
,
.
anuncia o matnmo ·
so o un smtoma del divorcio actual d 1 . .
ruo, es
temporánea.
e a ciencia y Ia fe, en 1a sociedad conPara mostrar cuán
f, f
..
pro e icamente San Francisco se antici ,
l
..
espmtuaI que priva en la actualidad
d
po a a cnsis
te
1
, a pesar e encontrarse a gran distancfa
mpora , como lo son los principios del siglo XIII t
.
una notable cita suya, que dice. "S
d
',. enrunamos empleando
y ciencia para conocer todas I .
upone ' que tene.is la suficiente sutileza
as cosas· que os e
trá' f . . .
todos los lenguajes, así como tambié '
el
ncon is amihanzados con
lo demás' . ,
.
. n con
curso de las estrellas y de todo
1 'nf ' eque poseéis para sentiros orgullosos de esto? Un sol d
.
e l ierno, sabe más que todos los hombres de la tierra
o. emoruo en
hay una cosa de Ja cual el esp' ·tu
li
.
, puestos Juntos. Pero
.
in
ma gno es mcapaz y
d ,
tituye un timbre de 1 ·
, que a emas, consg ona para el hombre: 'Ser creyente en Dios' " e p
no es argumento en contra de nuestr 'nf .
. ero este
0 e asis en la fe co
•
' d
que si nos contamos uno a uno la m
, d
mo meto o, por,
,
ayona
e
nosotros
una
,
pondriamos a la par tam oco 1 . .
vez mas, no
materia primordial.
p
a c1enaa con su método, sino con su específica

• WARRBN WEAVER.,

p. 33.

A S&amp;ientist Po d
F .h
n ers tul , Saturday Reuiew, January 3, 1959,

• Citada en la obra de JoBN u ____ A n.
M' d
.. ~ N "-"NDALL Ja Th M k'
m , Boston, lioughton Mifílin (1926), pp. 100-lÓt. .,
e a mg of the Modern

254
255

�</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Humanitas, Sección Filosofía, 1961, Año 2, No 2, Enero</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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