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                  <text>Sección Quinta
NOTICIAS Y

RESEÑAS

BIBLIOGRAFICAS

�1

1

1

1

1

CONGRESO DE SOCIOLOGIA POLITICA

Et XI CONGRESO NACIONAL DE SocIOLOGÍA tuvo lugar en Cd. Victoria, Tamps., del
7 al 11 de noviembre de 1960. Asistieron 59 delegados, representantes todos ellos de
Instituciones de Enseñanza Superior y Universitarias y de organismos oficiales del país
y del extranjero, versando sobre Sociología Política.
Fue patrocinado por el Gobierno del Estado de Tamaulipas, la Universidad de este
Estado, la Asociación Mexicana de Sociología y el Instituto de Investigaciones Sociales
de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Fue inaugurado el lunes 7 de noviembre a las 11 horas en la Sala de Conferencias
de la Universidad de Tamaulipas, personalmente por el señor Gobernador del Es·
tado, Dr. Norberto Treviño Zapata. Participaron en esta solemne ceremonia, los conjuntos corales de la Escuela de Música del Instituto Tamaulipeco de la Juventud y
del Instituto Tamaulipeco de la Mujer. Asistieron entre otros delegados de singular
significación, el Dr. Lucio Mendieta y Núñez, Director del Instituto de Investigaciones
Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, incansable organizador de
estos congresos; el maestro internacional de Sociología y Filosofía del Derecho, Dr.
Luis Recasens Siches, cuya docencia prestigia a nuestro más alto centro nacional de
cultura; la señora Dra. Adriana C. de Mac Lean, distinguida maestra peruana, a nombre de la Secretaría de Educación Pública de su país; el Dr. Angel Modesto Paredes,
del Instituto Ecuatoriano de Derecho Internacional; el Dr. Jean Sirol, Agregado Cultural de la Embajada de Francia; el Lic. Alberto R. Vela, Ministro de la Suprema
Corte de Justicia de la Nación; el Dr. Ernest Peder, de la Universidad de Nebraska;
el señor Norman S. Hayns de la Universidad de Washington, entre otros muchos intelectuales distinguidos.
Tuve la suerte de ser electo miembro de la mesa directiva, tomándose en cuenta solamente, la gran importancia que tiene la Universidad de Nuevo León entre las instituciones de provincia de México. Figuró como Presidente Honorario el Gobernador de
Tamaulipas, como Presidente Efectivo, el Lic. Roberto Elizondo Villarreal, Rector
de la Universidad de Tamaulipas.
Fueron presentadas 70 interesantes ponencias sobre Sociología Política. El Dr.
Mendieta y Núñez, en la ceremonia inaugural del Congreso, afirmó rotundamente,
que de la política depende el destino de los pueblos, e inclusive, ante la amenaza actual
de una guerra atómica, la vida misma de la humanidad.
El maestro Recasens Siches, señaló visionariamente nuevas acepciones de la palabra
"Política", ampliando la tradicional conectada con la entraña misma del poder del
Estado, con el arte de gobernar, el arte y la actividad desarrollada para alcanzar y
conservar el poder.

643

�11

La eminente maestra peruana, Dra. Mac Lean expresó, que hay una influencia
precisa de la política y la educación, al converger ambas funciones de la actividad
humana en la finalidad principal de conquistar la felicidad. Un Estado, que erradica
la felicidad en sus gobernados, es un Estado fracasado. Dijo que más que nunca,
con la celebración de este Congreso confinnaba su convicción de que México mar-

ENCUENTRO ENTRE EL PENSAR OCCIDENTAL y ASIATICO •

cha a la vanguardia de Latino América.
El Dr. Luis Castaño, de la Asociación Mexicana de Sociología presentó una trascendental Ponencia titulada México y Sociología Política. Asentó que en nuestra nación y
en los países latinoamericanos, es fundamental para salir de la situación y atraso político en que se encuentran, el que sus juventudes adquieran un conocimiento amplio
y profundo de la ciencia política 1 pero1 asiroismo1 que a sus juventudes se les forme
humanamente, éticamente, para el servicio integral de la patria a fin de que pueda
haber una buena elecci6n de los hombres de Estado.
El Lic. Víctor Manzanilla de la Universidad de México, llevó a esta asamblea un
acertado trabajo que denominó: Democracia Integral, Posici6n Propia de Latino Ami•
rica, en que afirmó que la sociedad actual se encuentra en crisis, como resultado de
no haberse logrado hasta ahora la substitución de los valores, ante el desquiciamiento
de aquellos en los cuales descansaba la sociedad del pasado. Asentó, que al lado del
capitalismo y del comunismo, existe la democracia integral, que se caracteriza por
la justicia social, equilibrio de fuerzas y una adecuada distribución de la riqueza
y la propiedad, entre cuyos países que pugnan por este ideal, se encuentra México.
El Lic. Alberto Tena González, presentó una bien estudiada Ponencia sobre Partidos
Políticos, en que afirma, que a medida que se civiliza un pueblo, se aviva su con•
ciencia cívica; se fortalece el régimen de Partidos y el pueblo se acerca al ideal de•

EN HoNOLULÚ, ciudad situada en la isla de Oa
-a igual distancia entre Asia y Am' .
u,. en el centro del Océano Pacífico
.
enea- se reunieron e
l d
filósofos procedentes de Asia y lo EE UU S
, n e ano pasa o, unos 45
s
·
e trataba d
· ·
encontraban por tercera vez con el ob. t d . d a·
. e convcnc1omstas que se
ideas, para que los dos continentes se Jae o e e icar s_e1s semanas al intercambio de
cercaran aprendiendo
d
estructura espiritual y cultural· En su cal"d
d de f1l6sof
.
a compren er su mutua
1 a
1
honor de poder participar en ese congreso que ennque
.
.º6 europeo,
, 1e• autor tuvo el
en una forma sobresaliente D
ci Y estJmu o nuestro pensar
.
• e antemano se reveló qu l
. .
bien dispuestos -y eso con manif' ta .
"d
e os convenc1omstas estaban
1es smcen ad- a e
h
.
1 .
y a evaluarlas debidamente aunque 1
.
scuc ar cua esqwer opiniones
riera en mucho de su propio concep:o ~nsa~ a1en~, co~o sucede en la filosofía, difi.
A. MoORE, de Honolulú quien supo : f rad~1as a a aunada dirección del Sr. Charles
.
·
m un 1r a esa Con
·,
, .
hco, todos los miembros adoptaron 1
, .
d
venc1on un espmtu democrá•
a maX111la e escuchar a d
nf
•
respeto absoluto tratarlo con d'gn'd
ca a co erenc1sta con
1 1 a d Y buscar una
'
'6 be
de expresar un desprecio hiriente. (Lo último oc
comprens1 n
nevolente en vez
pero no debería suceder Pues la
"6
urre muy a menudo entre nosotros,
.
·
comprens1 n es una de l
• d
como d1ce Camus en su obra La p
)
as virtu es más elevadas,
es1e .
Cada semana estu\·o dedicada a diferente t6 ico
.
.
.
preguntamos cuánto habíamos sacad
l
p , Y al fmal de cada d1scus16n nos
vale mencionar los siguientes:
o en e aro. Entre los temas sucesivamente tratados,

mocrático.
La Dra. Ma. de los Angeles Mendieta de Alatorre, presentó un estudio de singular
relevancia con el nombre Influencia de la Política en el Arte Nacional, demostrando
la huella que se advierte en las obras de arte .indígenas reflejando la vida política de
nuestros antepasados aborígenes, así como en nuestros días la manifestación artística
en los murales de alto valor de nuestros grandes pintores mexicanos, reconocidos mun·
dialmente, se refleja auténticamente nuestra vida política.
Dos distinguidos egresados de la Universidad de Nuevo Le6n fueron los realizado•
res materiales de este Congreso: el señor Lic. Mario Garza Ramos, Procurador Ge-neral de Justicia de Tamaulipas y el Rector de la Universidad de esta entidad Lic.
Roberto Elizondo Villarreal. Gentiles atenciones prodigaron a los congresistas, el señor
Gobernador del Estado, Dr. Norberto Treviño Zapata y su digna esposa que ofrecie•
ron una espléndida comida en el Casino Victorense, así como una Cena y Noche
Tamaulipeca en la Uni6n Regional Ganadera y el Instituto Tamaulipeco de la Juven•
tud y el Instituto Tamaulipeco de la Mujer nos brindaron un magnífico festival de
música y danza en el gran Teatro Juárez.
En resumen, los delegados regresamos gratamente complacidos por los interesantes
trabajos presentados; por haber conocido a distinguidos profesores de Sociología de
México y del extranjero, y por último porque disfrutamos cordialmente de la generosa
y comprensiva hospitalidad del Gobierno y pueblo de Tamaulipas.
GEN.ARO

SALINAS QUIROGA

fRITZ ]OACHIH VON RtNTELEN

Universidad de Maioz (Alemania)

lo. El pensar filos6fico Y la vida práctica.
2o. Las relaciones entre las ciencias naturales y el
cultural, por el otro.
tecnicismo, por un lado, Y la vida
3o. Religión
pláticas. y conversación diaria analizando el contenido espiritual de nuestras
4o. Etica en su práctica social.
5o. Leyesi Sociología y Economía desde su punto de vista filos6fico.

No se'
na pos1'bl e presentar un relato completo de toda la Co
.•
cada uno d l
f
.
nvenc10n dedicando a
que limitarr:e os ~on erenbc1Stas el espacio y la atención debidas. Por lo tanto tengo
resumen para enfocar 1os puntos más esenciales' tal y
como y 1 h' a ar un reve
.
XIV 2ª) o ice en la Revista La lnvestigaci6n Filos6fica (Philosophische For:chun
1

•

~

El primer conferencista fue el Sr S dne H k d
la Escuela Realista es dec·
1 ·1· y y oo_ ' e Nueva York, el que representa
,
ir, e rea 1smo naturalista Según él
,
,
que nuestro modo de
. fl
·
, sena erroneo suponer
de la historia ya que p::sst:r no m uya en nada, ni en el curso de la vida ni en el
no depende ú,nicamente de f:e:::a~eeri:~::a~~a J:r::~:;ge:c::smepdoecoqupoedel
mundo
1
emos
ase-

• (Eas_t_-West Philosophies Confcrence). Convención celebrada en la Universidad
de Hawau en Junio-Julio de 1959.

645

644

�11

verar que las teorías filos6ficas produzcan efectos t~opode_r~sos. Hegel_ y d~ª;::u::
ejemplo niegan que la filosofía ejerza una influencia decisiva promov1en írico- no
d'
Tratándose de ideas trascendentales -fuera del campo emp .
mun 1a es • •
.
, .
en el curso de nuestra vida, porpodemos observar que la f1losoha influya gran cosa á ti
Pues en el fondo de la!
que no se relaciona directamente con los. pr~blema~ pr e ?os.
nos llevan a a.su,
taf' .cas no quedan sino apreoac1ones b1en variables que
teona~ me 1s_1
nf za más o menos generalizadas. Aparte de eso,
mir cierta acbtud, esperanza Y co ian
1 .
.
filosóficas de nuestros pensadores causaron, a veces,
cabe subrayar que as intenciones
.
d sarrollo ue ellos no podían
efectos completamente distintos, conduc1endod a u:ho: ejemplosq puesto que la filoprever. Podemos citar a Hobbes como uno . e_ mu
n el' reino de la ciencia
solía es una cosa, y la práctica, otra mu:' ~1stmta. Hasta, existen una serie de tales
tenemos este mismo fenómeno. Pueden e;sur, emp;:\:r:;1:s lo ~ue no es una tarea
relaciones, aun cuando limitadas, y :~ldna la pen~ p
. 'plo de cómo la filosofía
propia de la filosofía, sino del empmsmo .. Para ar un e1em 1 .
En la ética cris-. flu e en la vida y la historia, no neces1tamos buscar muy e1os. .
d
m y
.
1O lásico Pues el concepto de la democracia se ha esarrotiana tenemos tal eJemp c
·
. .
h llegado a su culminación.
1
Uado a base de la ética cristiana,_ con la q;e ;;.ta uc~:ti:n: figuran como magnitudes
Sin embargo, tanto la democracia como a ica .
s6lo el empirismo tiene la
autónomas ante la historia. Por eso
que_ r~petir_ que p el otro lado es inevita-

i (')

?ªY

'1

voz para !elonstatar : neg;: ::1C::o r:la~~oane::rí:n p~::11::~ a::rca de los ro'utuos nexos
ble que eguemos e es
.
.
entre la filosofía Y la vida práctica yHsoe1kal.
nto de vista no era precisamente
.
T a1 1ue e¡ reswn en del Sr· Sydney oo , Y .su pu•d
filosóficas tuvieran una unsitivo A mí mismo me parece como s1 1as 1 eas
..
.
muy ~
.h
na importancia fuera de cualquier cálculo y prevmón, mov1enportancia mue o mayor, u
. d p
upuesto la mayoría no se
do la rueda de la historia y dirigie_ndlo nuestra act;!~ ba1·:r :erta inÍluencia filosófica.
d
nque unos s1g os enteros es
da cuenta e eso au
d I
ctualidad digamos los contrastes de1
Valed co;_si~;-~; ~;~eg;:nt;;a c::t~;~~~ert:d : • ~a del col~ctivismo. 'Nadie podrá ne~t
muuen : 1:v1 fi;osofía la que determina ahí nuestra idc~logía. Durante la ~nv:;~:
q_
1
alabras de Hegel: "La filosofía es una imagen d~ su ~poca
ataron as p
.ó sería desde luego generalizar sm reservas para
del pensamiento" .. Una!' ex~gerac1 n lleva; a un result~do práctico ayudándonos para
exclamar: "Cada filoso ia tiene que d
d
lo " Para explicarlo bien: la
d . de otro mo o carece e va r •
acuña: nuev~s mo_ne as_,d .
'nfluencia iguala a una infiltración silenciosa, pero

~mm:

filo5?f1a
:~\aru~a~·~r:: die la gente no se da cuenta de ese proceso, sí ~ue~a
pcrsutente, au q
.
¡·¡ óí'
ni siquiera tienen conc1enaa
arrastrada por la onda del pensan11ento 1 os ico, y
de eso, lejos de discutir el pro y el contra.
ala
El S H bert Schneider de Claremont, an tes Nueva York, tomó entonces la P •

~:·Qu¿r:~:~~~o,"~á:::::i~.~et::~::::d:·n:e'.~;:t~~ili:~el~: o·~c;t::~í:::!I:r!::

1' 6
odemos decu: i Fue
nen e qu
.
tica?" Como él nos exp ic ' no p
.
f' nos ha guiado hay que mencionar
dado las ideas!'' Entre otros pueb~~s cuya filoso ~:estros precurso;es espirituales, y ya
sobre todo a los griegos, los que iguran cd~mo.. :d
nuestra Convención- es decir,
. , ó 1 d al' 0 -tan ucul.J o en
entre ellos se cnstahz e ~d i:m naturales y las creaciones espirituales que se han
el dualismo entre las neces1 a es
h' t . No carece de importancia, por ejem·
desarrollado durante el curso de nuestra. i,s ona. . ó
l del "Logos,, dirigiéndose
plo, que el concepto del "Eros Platónico' se uru con e

hacia la "Anthropina". Esto significa la introducción de la Razón, Libertad y Lógica, en contraste con el mero pensamiento que explica todo con el mecanismo de la
Naturaleza. Las consecuencias posteriores de esta filosofía las podemos apreciar en
el pensamiento cosmopolita de la 11 Stoa". Ahí observamos que el pensar gira alrededor de un centro cultural y universal hacia la aceptación de la Divinidad, y Dante
nos describe ese centro como un edificio soportado por dos columnas, es decir, el
poder espiritual y el poder temporal. En las siguientes épocas se desarrolló la creencia en la "Ley Natural" considerándola como la base de la legislación positiva
(Grotius y Leibnitz). Más lejos fue Kant, quien trató de armonizar el concepto de
la "Ley Natural" con el ideal de la "Paz Eterna". Analizando las filosofías de los
siglos XVIII y XIX, se destacan unas ideas "románticas" para clasificarlas de este
modo, es decir la idea del eterno progreso y de la correlación político-industrial
(Comte, Spencer y Marx). Sin embargo, hasta ahora no hemos podido recabar pruebas -como afirma el Sr. Schneider refiriéndose al Sr. Hans Freyer- en el sentido de
que aquella filosofía "romántica" haya cumplido con todas las esperanzas que los
idealistas habían acariciado. Pues lejos andamos de la paz mundial y ni siquiera
han disminuido los conflictos internacionales. Por lo tanto urge la tarea de cultivar
la herencia espiritual de los pueblos para que esta misma herencia coloque la base
con el objeto de moldear nuestro futuro técnico-industrial. Es una lástima, como expresa el autor, que nuestra época técnico-industrial, en la que la máquina domina nuestro pensamiento, haya llegado a una devastación cultural, pero no abandonamos la
esperanza de que algunos pueblos sepan afrontar tal situación, pueblos de una alta
misión cultural que logren un renacimiento de sus antiguas tradiciones y valores para
que éstos triunfen sobre el decaimiento actual.
¿ Qué opinaron a este respecto los filósofos del Oriente? ¿ Es el tecnicismo industrial -tal y como afirma el Sr. Nothrop, de Yale- de veras el camino por excelencia que nos lleva a la civilizaci6n y a la paz mundial? ¿ O no podemos eludir
la tarea de penetrar hasta el fondo para descubrir la esencia de nuestros moldes culturales? Este problema así como el anterior ( acerca de la influencia de las teorías filosóficas sobre la vida y la historia) fueron objeto de una discusión detallada en nuestra
Convención y sería interesante escuchar, en primera línea, la voz de Asia.
El Sr. Saksena, de India, nos contestó en forma de pregunta, es decir: "¿ Cómo
pueden ustedes esperar que la filosofía influya en la vida práctica ya que no persigue
tal meta, carece de persuasión y le falta la fe en sí misma?" La culpa de ese fracaso -así lo dice el Sr. Saksena- radica en la inclinación de ciertos filósofos de
tratar sutilezas y otra vez sutilezas, sutilezas carentes de importancia y con un exceso
de palabras, sutilezas que no tienen nada que ver con la vida. Poco importa, por
ejemplo, si nos entregamos a las discusiones teóricas acerca de cuáles valores aparecen como objetivos y cuáles como subjetivos, cuáles se basan en la experencia y
cuáles en la construcción mental, cuáles pertenecen a la clase de lo perceptible y cuáles
a los imperceptibles. De esta manera no puede adquirir la filosofía ni simpatía ni eco
en el mundo porque su propio campo queda sumamente estrecho. Otro filósofo de
la India exclam6 : "¡ Abandonad por fin vuestro 'Smoke' -es decir, la atm6sfera
mttropolitana-, pues no serán sino unas verdades teóricas las que encontréis y sólo
llegaréis a un juego de palabras!" Para regresar a los pensamientos del Sr. Saksena
de la India deseamos explicar que es el hombre el centro de su filosofía, es decir, el
hombre con toda su experiencia y su modo de pensar, su perfección ética y espiritual
Y el hombre con todo su ser humano, y vale destacar y subrayar estos conceptos,

647
646

�¡1

propios del autor y típicos para su actitud. Si ponemos al hombre en el centro de
nuestra filosofía -siguió disertando-, éste descubrirá por fin el sendero que lleva
hacia su propio ser caminando hacia el mundo y los seres humanos, hacia la esclavitud y la libertad, hacia Maya y Nishkama Karma. El orador recomendó a los
filósofos occidentales el método del Yogui, es decir, practicar la contemplación y la
concentración mental, pues sólo de este modo alcanzarían la filosofía verdadera. Y
entonces llegarían a una unión entre la filosofía y el credo religioso para llevar una
vida enriquecida por la totalidad de las experiencias y los alcances humanos, en vez
de operar con el concepto analítico de la "Ratio". Bien hay que admitir que tales
opiniones difieren en mucho de nuestro pensamiento occidental.
En unas Hneas parecidas se mueve la ideología del fil6sofo chino, Sr. Wing-TsitChan. Como nos explicó, no existe en su país una filosofía teórico-abstracta. Allá
identifican el pensar con el saber, y la meta final es siempre el hacer, es decir, la
obra práctica. Así han estado operando el confucianismo y también el taoísmo. Por
lo tanto, si buscamos la Verdad, no podemos perdemos en abstracciones, sino tenemos que mirar los hechos de la vida, es decir, las obras humanas1 tal y como lo exige el
pensamiento clásico -llamado "Shing''- de los filósofos chinos. La raíz de este pensamiento es la Naturaleza, vale decir1 cierta ley inherente a la Naturaleza produciendo
una correlación armoniosa entre el mundo y el hombre. Y cabe repetir la palabra
"armoniosa" en este respecto porque ahí se balla 1 muy a menudo, la clave para comprender la filosofía de Asia. En resumen, el mundo junto con todos los fenómenos
naturales y el hombre junto con todas sus acciones y obras forman una unión, una
unión de armonía, llamada "Shih'', una unión inseparable. El que objete que el
hombre viva a merced de la Naturaleza, ignora el hecho de que ella purifica y eleva
nuestro sentir, tal y como lo observamos en las obras del pintor que capta con su
pincel a los paisajes. Por esta razón hemos llegado a una tradición humanitaria concediendo a cada individuo libertad tocante a su actitud religiosa. Mas no debemos
mal interpretar esos conceptos, que no significan que el hombre quede como anulado,
en un vacío. Al contrario, la misma tradición lo tiende y dirige hacia la vida familiar y la totalidad de la vida colectiva, y también ahí vale la armonía como la suprema
virtud. De este modo se cristaliza una "ley Inalterable", pero esta misma Ley no
constituye una teoría abstracta, sino se ajusta a las necesidades de la Historia. Otro
de los conferencistas fue el filósofo chino Hu-Shih cuyas disertaciones tomaron un
sendero bien distinto. El Sr. Hu-Shih hizo referencia al gran Maestro del neo-confucianismo, es decir, Chu-Hsi (1130-1200), quien se distinguía por su criticismo Y la
11
exactitud de sus investigaciones filosóficas. Chu-Hsi dijo, por ejemplo: ¡ Trata de
penetrar en los motivos y ten la mente aguda!" "¡ No te precipites con tus opiniones!"
Tal método de pensar, llamado "K'ao-cheng'\ el que guió a los sabios chinos de los
siglos XVII y XVIII, ya abrió el camino para acercarse a una filosofía sistemática,
lógica y exacta creando la base para el advenimiento de otra época: la era de la
ciencia moderna.
El Sr. Miyamoto, filósofo japonés, dio a la Convención una perspectiva cultural des•
cribiendo en detalle el desarrollo que ha tenido su patria. Comenzando con la pene•
traci6n del budismo "Mahayana" en el Japón, nos explicó las fuerzas misticas Y
espirituales de ese movimiento, nos hizo comprender c6mo el budismo se amalgamó,
en gran parte, con la religión natural del shintoismo y nos hizo ver cómo todo eso se
tradujo en la adoraci6n religiosa hacia el emperador. Más tarde sobrevino una re•
forma espiritual del budismo, la que sucedi6 en el período ºKamakura" (1133-1212),

648

cuando el Jap6n v1via bajo la institución del "Shogun" es d · d I
b 11
f d I L
ulad d
,
eC1T, e os ca a eros
~u a es .. os ~~t
os e es~ re!o~a fu_ero_n los siguientes: sencillez de culto, práctJca, fe mcond1c1onal y una ilummac1ón md1vidual de la mente D
t
é
d
116 1 "Z b d.
"
. uran e esa poca
se esarro
e
en- u 1smo -bien arraigado entre las capas intelectuales de aquel
pa.u- "( su por~voz moderno, el Sr. Suzuki, se dignó honrar la Convenci6n con su
presen_c1a. Paulat..inam~nte abrió el Japón sus puertas a los ideales de la democracia
Y la libertad Y los primeros comienzos ya los podemos observar desde 1868
·
las reform . trod .d
' gracias a
, as m
uc1 as por el emperador Meiji. Aunque no hay duda de que existen todaV1a muc~as !uenas antagónicas en la filosofía japonesa, las que tratan de ganar la _supremac1a, s1 po~emos afirmar que la actitud básica del japonés queda todavía
~et_ermmada ~or el bud1smo1 sobre todo, entre las capas campesinas. ºDurante los
últunos decentos se han abierto paso también las filosofías de Amén'
E
. d I S N' 'd
ca Y uropa, Y
(ue e1 ,ménto
e.
r. 1Sh1 a el haber popularizado los pensam,·en tos de Hegel en nues~ pa1s. Por fm, es el cr_istianismo el que no queda desapercibido entre los círculos
mte!ectuales de nuestra t1erra. Sin embargo, nuestra misión consiste en cultivar el
budismo Y es nuestro anhelo de alejarlo de una mera filosofía teón'ca para que alcanee e1 pod er de una ética religiosa".
I

A noso~ros nos toca ahora la tarea de analizar los contrastes. Conviene comenzar
con ~l pnmer t~ma, es decir, la influencia del pensamiento filosófico sobre la vida
práctica. Los sabios americanos tenían su punto de vista muy especial Lo q 1 ·
tab
1 · 11
·
·
·
ue e.s nnpor a er~ a m uenc1a directa, corno si consideraran la filosofía como una especie
de h~rranuenta la ~ue, según el caso, sea útil o inútil para la totalidad de la vida
prácll~a. Y ya dec1a antes que no descuidábamos el problema del dualismo entre el
mecanismo de la natur~Ieza ~ la ini~iativa del hombre creador, viendo ese mismo prob!~ en toda su tens16n disarm6mca y apreciándolo a base de los acontecimientos
hist6ncos. En lo que se refiere a los filósofos de Asia, por otra parte enfocaron el
tema desd~ un. ángulo bien distinto. El concepto de lo "práctico" consi~tía para ellos
~n. u~a um6n mseparable entre la ética aplicada y la filosofía 1 mejor dicho, en la religiosidad. Lo que ~llos postulaban era, en síntesis, una inspiración del alma para alcanzar el supremo ideal de encontrar la unión entre el mundo y el propio ser entre
la naturaleza física y la naturaleza humana, entre el cosmos y el ego y eso a base de
una ~onta.
'N'l/'I61
·
'
1 os 1 so os amencanos
ni los asiáticos pudieron encontrar
una cont~stª~16n fácil de ~6~o solucionar , el grave problema del tecnicismo moderno y las
~encias n~turales, m~1cando una smtesis armoniosa entre ellos y la misión ética de
huma~ida~. Repelidas veces habían enfatizado los conferencistas americanos que
toda la ciencia -y, por lo tanto también la filosofía- tiene que basarse en los mismos métodos de reconocimiento que se aplican en el campo de las ciencias naturales
Nuest~s auugos
·
de AS1a,
· empero, hicieron objeciones alegando que tal proceder no·
llevan~ a la "filosofía", lejos de merecer tal nombre, porque iba a cerrar el camino para delmear la problemática del pensamiento filosófico. De este modo entramos en un
callejón sin salida.
Fue el mérito del Sr. Werkmeister de Los Angeles el tratar de reconciliar estos contrastes tomando la palabra para discutir sobre "Las Ciencias Naturales y los Proble:n~ Cul~rales''i y este tema me parece digno de un relato más detallado. Según él,
leri.a ~~Sible acercar los pensamientos occidentales y orientales, si insistiéramos en
la aplicación de los mismos métodos establecidos en el campo de las ciencias naturales. ~stas últimas -bien lo admitimos-- han logrado unas maravillas y, pese a todo,
conviene, a veces, traspasar los límites que nos traza el método inherente a la ciencia

649

H.42

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exacta. (Es lo mismo que ya ha expresado el Sr. Rickert en Alemania). De no hacerlo, llegamos a una especie de "scientism''i es decir a un totalitarismo de la ciencia.
(Nosotros en Alemania1 diríamos que "la ciencia dirige y orienta el mundo"). Tal
1
totalitarismo de la ciencia nunca ha existido en el Occidente, como afirma el Sr. Werkmeister. Al contrario, muy a menudo hemos podido observar que nuestros pensamientos son afines a los del mundo asiático. Como ellos hemos formulado la pregunta: ¿ cuál
es la última meta de la existencia humana y el valor intrínseco del hombre en medio del
mundo con todos sus cambios? Ya los griegos trataron de encontrar una armonía entre
el Cosmos y los valores morales del hombre. La Edad Media propagó la "Alabanza de
Dios" desde el ángulo de la "imitatio Dei deficiens". No fue sino el Renacimiento el
que ensalzó las ciencias naturales, y eso con la idea de ganar el dominio sobre la naturaleza, según el ideal de Fausto, y desde entonces predomina la tendencia de no reconocer sino el método de la ciencia exacta. Tal ha sido el desarrollo occidental, como todos lo saben. Por otra parte, no podemos negar que ya existe una rebelión abierta. La
filosofía del existencialismo ha sacado del olvido lo que otros pensadores descuidaban,
es decir, la axiología de la existencia humana. Cierto es que la ciencia moderna -tanto
la técnica como la medicina y otros ramos- sirve y ayuda a la humanidad en múltiples aspectos. Sus métodos de investigación son y serán idénticos en todo el mundo,
lo que crea una unión entre los pueblos. Mas lo que la ciencia exacta nos ofrece es netamente el cuadro de una descripción, explicación y definición de ciertas leyes. De
acuerdo con los resultados inmediatos se establecen ciertos "fundamentos", y todos los
datos cualitativos quedan reducidos a unos valores cuantitativos siendo todo lo demás
de poca importancia. Fue Roger Bacon -fallecido en 1924- quien comenzó con ese método de reducción. La ciencia exacta opera, para decirlo en breve, con magnitudes tangibles y mesurables, como, por ejemplo, las matemáticas. Todo lo demás allende los
conceptos físicos queda excluído, y justo es que así sea, siempre y cuando se trata del
propio reino de aquellas ciencias. El Sr. Henry Margenau, de Vale, formula tal método
científico como una "construcción con la ayuda de nuestros conceptos". Sin embargo1
la pregunta importante es si ese método nos '"permite captar la última realidad y obviamente no lo logramos. En la actualidad predomina la tendencia de aplicar el método de
la reducción también hacia aquellas ciencias que se relacionan con el ser humano como,
por ejemplo, la psicología y sociología, lo que se justifica dizque con la metódica del
positivismo. De este modo se convierte el hombre en una especie de "máquina social",
para citar al Sr. Karl Mannheim y también al Sr. Lamettrie. Así llegamos al "scientism"
el que recurriendo al materialismo dialéctico, trata de demostrar que los conceptos de
lo bueno, bello y verídico son nada más ilusiones, e iguales ilusiones son para el "scien•
tism" muchos conceptos religiosos como, por ejemplo, el óctuple sendero de Buda, la
visión cristiana de la salvación y la unión mahometana con Dios. No es de asombrarse,
pues, que tal "ideal científico" una vez generalizado abra el camino hacia el nihilismo.
Para poner frenos a esta deshumanización vale recordar que existe la amplia escala
de los valores humanos, sobre todo la responsabilidad moral, lo que, desde luego, no
queremos interpretar en un sentido estrictamente instrumental. Tanto los valores humanos como la responsabilidad moral no pertenecen a las mismas categorías, como el procedimiento aplicado en las ciencias naturales. Si aplicáramos ahí los mismos procedí•
mientos, falsificaríamos la existencia humana.
En seguida trató el Sr. Werkmeister sobre la conciencia, la inteligencia, la estética,
las valorizaciones, la libre voluntad y la misión moral, conceptuando todo eso como una
"filosofía del hombre", la que le iba a ayudar para desenvolver su personalidad. Tam·

650

bién esta filosofía lleva a cierto dualismo, aunque no extremo smo
• en al
d
aspectos, . Y los representantes de Asia ' com o ya sabemos megan
. ' el dualis gunos I e sus
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so1uto. Sm embargo' es difícil eliminar eI d ua1·ISmo por completo
'
Por lo mo en o .a tosd aspectos
será inevitable porque el ho mbre no pued e quedar ·en una menos,
.
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que seamos unos meros seres animales Al
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•
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como reformador, ya sea en forma n t'
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de nuestra filosofía. Por el otro lado vJ:~o~ de la natulrahleza, Y a~í radica el peligro
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. .,
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u rayar que e ombre libre y sólo 'l ·
a aspirac1on para escalar todos los peldaños hasta al an
e . siente
y. cuando sepa dignificar su libertad Y encauzarla hac~a :::~~ss::;mo valor, siempre
bien de la comunidad humana y I h b l'b
.
as que resulten en
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.
.
e om re I re -bien lo sabe él- moldea d' .
el s,":~;~~:;::on las perspectivas de una antropología filosófica desarrolla~a:;~;
mir:~i~n: ;~t::tuc:i~:1t;~ nues;ras discusiones r~cibieron un nuevo giro y se ofreció
ción Bi
' .
ra en ocar esos pensailllentos, dedicándoles su debida atenu • · • ,;n tipi~~ es _el ~echo de que ciertos círculos en los EE. UU. identifican 1
cien~1a con . las ciencias naturales" y tal definición es demasiado estrecha Basta
:e~:'~,:;: ª. ~1lth:[ _Y ~us "ciencias espirituales" para convencerse de que el c~ncept:
meister n:1a s~. eJa mterpret_ar en un sentido más amplio. Para apoyar al Sr. Werkdes u y eJ~mplific~r más su discurso, suplico a los lectores que observen las finalidatáni! e ~er:~en, c1~tas ramas. de la_ ciencia moderna mencionado, entre otras, la Botita . y a to og1a. .º que se mvestiga allá no son unas magnitudes meramente cuan. tivas, lo que s,~:edi6 en el pasado, sino más bien unos fenómenos cualitativos reta
c10na,.dos con los tipos representativos" Y la "transformación". Es la Escuela del "P sona umo" de la q ue proviene
.
e1 Sr. W erkmeister, y son los problemas de la axiolog'erpor
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.
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.
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u1 os
pensamientos
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.
. D.e an temano hay que decir. que nuestra filosofía
tructu~a e eXJs encia ismo, no tiene la misma perspectiva ni puede tenerla porque su ess otra. En resumen vale subrayar que los pensamientos del Sr Werk · t
contraron n
••
·
me1s er enideas af u eco esp1ntua 1 entre nuestros amigos de Asia que se familiarizaban con
mes a las suyas aunque no entraron en el campo teórico

fü..

.

sigmente conferencista fue el Sr. Stella Kramritch, de los EE UU habla d
Pliamente sobr 1 1·d 1 , d
.
·
·,
n o amblemas
'b e .ª ~o ogia e la India Y de sus círculos culturales tocante a los pro•
. . arn a discutidos. El tema del Sr. Kramritch tocó los Vedas sobre todo 1
IDOVIm1ento
, nunca ha faltado una
' fuerte corre' e
laci6n entr del "Rig
.
-,Veda" . C.º~º nos expfico,
comp] t d ef la filosofia, la r~ligion Y las ciencias naturales, las que siempre se han
, e a o armando una entidad. Tanto la Física como la Metafísica andan en la .
.
misma 1mea' aun cuando sus me tas no sean 1as mismas.
Por lo tanto abundan los aspectos

651

�astrológicos, mágicos y simbólicos en el Arte, por ejemplo en la Arquitectura. Desde
hace 2 000 años es el Templo el que constituye el centro espiritual para hacernos com1
prender esa idea de la existencia humana y sus valores intrínsecos, mientras el culto, los
ritos y los mitos no despliegan sino una importancia secundaria. No obstante, entre la
multitud de los cultos y mitos conocidos entre los adeptos de la "Rig-Veda", disertó el
conferencista acerca de "Ribhus" diciendo, en síntesis, lo siguiente: El Fuego y el Agua
forman el receptáculo de "Soma", aquel elíxir que compuesto de "Agua Fogosa" conduce hacia la Vida y la Inmortalidad, y la "Virgen Surya" le concede a Ribhus su
protección, hasta que el Cielo y la Tierra, nuestros antiguos progenitores, despierten a
Ribhus dándole nueva vida. A base de tal mito podemos comprender, según el conferencista, las fuentes de la creación técnica y artística, que es la piedra angular de las cien-

1
'! 1

cias naturales.
El Sr. Bammate, de Afganistán, dio después un relato muy vívido sobre la cultura islámica y ahí se abrió un cuadro bien distinto ante nosotros. Según él, el Islam es la síntesis entre el mundo griego-helénico, la cultura persa y la sabiduría hindú. El decaimiento posterior se debió, entre otros momentos de carácter espiritual, a la dificultad
de reunir las tendencias griegas con las verdades proféticas, aparte del fracaso de reconciliar el pensamiento cualitativo con el cuantitativo. El idioma árabe no se prestó para
desarrollar una filosofía teórica y abstracta, iniciada por los griegos, sino más bien para
cultivar álgebra y análisis a base de observaciones concretas. Por esta razón se dirigió el
mundo islámico hacia las matemáticas y la astronomía, ciencias que lo hubieran capacitado para contribuir al progreso de la técnica, y en una escala considerable, ya que el
Islam no considera la ciencia (ilm) y 13. técnica (sina'a) como una filosofía antagónica.
Sin embargo, predominante ha sido siempre el pensamiento religioso entre los pueblos
del Islam y éste opera con el concepto de una Divinidad trascendental que se exterioriza, a cada paso, en la annonía de la naturaleza, lo que no se opone a la ideología cristiana. Dentro del Islam, los seres humanos tienen la misión de conquistar el mundo sin
que hubiera resultado un contraste tan agudo,. como en el mundo occidental el que nos
demuestra, por una parte, un mundo alejado de Dios y, por el otro lado, un tipo de hombre semejante a Prometeo. El Islam conceptúa la religión, la filosofía y las ciencias naturales como una entidad y las clasifica bajo la misma categoría de valores.
No fue inmediatamente después, sino un poco mis tarde, cuando el autor tomó la
palabra. Sin embargo, ahí mismo encajan sus pensamientos mejor que en ningún otro
lugar, y por esta raz6n conviene tratarlos con anticipaci6n. El autor discurrió acerca
del tema: "¿Cuáles valores constituyen el fundamento básico para que los pueblos se
encuentren?" Llegué a asentar y explicar las siguientes siete tesis: Si los pueblos desean
encontrarse, no lo lograrán a menos que los acompañe el sentimiento de un mutuo aprecio, y tal aprecio tiene que extenderse hacia otro mundo cultural, sus últimos motivos e
ideales, los cuales debemos comprender. No basta un mero intercambio acerca de aquellos problemas que se relacionan con el progreso técnico. Este no carece de méritos Y
bien podrá unir a los pueblos. Sin embargo, la técnica no ha servido únicamente para
acercar a los pueblos, sino también para desatar unas guerras espantosas. En
el campo de la técnica hay espías, como otros oradores habían subrayado, pero todavía
no se ha presentado el tipo del "espía cultural11 • Y es la cultura en la que se manifiesta la forma mis sublime del pensamiento y sentimiento entre los pueblos. En el mundo cultural vemos a las claras c6mo los pueblos conceptúan la vida, lo que anhelan Y lo
que persiguen. En breve, se trata ahí de unos valores básicos que afectan hasta nuestra
rutina diaria y se derivan, según Troeltsch, del concepto de una entidad cultural, ai

652

es que podemos comprenderla en su totalidad. La Historia nos enseña a contemplar
las relativas diferencias, pero ¿ no tenemos nada en común? Mucho tendríamos en común, si comparáramos aquellos valores que constituyen el carácter humano, y casi hemos olvidado recordarlos. Y tenemos que recordar y reconocerlos; de otro modo, un
contacto humano resultaría imposible. Para citar al Sr. García Máynez de México
_
demos efmnar que exi_ste
· un fundamento común que nos hace ver y sentir
'
~
lo que 'tiene
y ~rece de valor, y bien nos damos cuenta de esta misma verdad al intercambiar pensamientos con los representantes de la cultura asiática. Y ¿ cómo definiremos el concepto del " va1or"?. D'tr!a yo Jo sigwente:
· .
CCLo que llena nuestra vida y le da un sentido,
todo eso lo conceptuamos como valor". Los americanos prefieren otra definición hablando, en tal caso, de "Fuliillment oí Life". La realidad de la vida hasta la misma
existencia humana, da la prueba de tales valores. No siempre opinamos' lo mismo ya que
nuestros conceptos quedan limitados por la particularidad de nuestro idioma y el desarrollo de nuestra. histori~ nacional. Por lo tanto, nos cuesta a veces esfuerzo llegar al
fondo del pensarmento aJeno para comprender bien lo que dice y lo que quiere decir,
pero tal esfu_erzo vale la pena. Tocante a los valores existen en la vida ciertos grados
de comparae1ón, sobre todo, acerca de lo que merezca ser clasificado como bueno No
~bstante,. s!empre podemos reconocer ahí un factor común, es decir, cierto concept~ bá11~ modificado. en algu~o que otro sentido. Penetrando en la Historia llegamos a una
meJor comprensión apreciando el ángulo de variación y la dimensión de profundidad. No
deseamos discutir la justificación de las causas. Basta con los meros hechos para que
nos demos ~uenta d~l .f~n6~eno de por sí. Y es un hecho, que nadie negará, el que todas las naciones y CJv1lizac1ones han desarrollado ciertas valorizaciones -profundamente arraigadas en su suelo espiritual- y que estas mismas valorizaciones han determinado ~l destino de los pueblos. De ahí que la filosofía tenga que dedicarles atención y estudio. Pues en ese terreno descubrimos los impulsos más íntimos de la psiquis humana
aun~ue !leven clara~ente los matices histórico-culturales, lo que no les quita su exist~ncia ru merma su importancia. Una verdadera comunicación con el mundo no es posible ~ menos que preparemos el encuentro con las valorizaciones. Estas nos guían hacia
la últtma ratio de la existencia humana.
En este estado de las discusiones consintieron los miembros de nuestra Convención en
lo siguiente: el método inherente a las ciencias naturales no podrá agotar los problemas propios de la filosofía, si no existe otra escala más amplia relacionada con todos
aquellos conceptos, los que consideramos como el objeto y el valor de la vida humana
Y de esta fuente tan profunda fluyen todos los impulsos que han dirigido el destino d;
los pueblos y el cuno de las civilizaciones.

III
~s siguientes discusiones giraron, casi sm excepción alguna, acerca de los "valores
religiosos y espirituales 11 , aunque nadie se atrevi6 a clasificarlas en este sentido. La
~elantera la tomó el Sr. Kishimoto, de Tokio, dando un relato detenido sobre los credos
J~poneses .Y su importancia histórico-cultural. Tres son los credos prevalecientes, es deCJr: el shmtoísmo, una especie de misticismo ligado con la Naturaleza; el budismo de
~~yana, un credo típico en el Japón al que ya se hizo referencia; y por fin, el crisllanamo. El shintoísmo carecía al principio de un sistema ético para no cargar a sus

653

�creyentes con unos complejos mezclados entre temores y angustias. ~ás tar~e, c~ando _se introdujo la influencia del confucianismo en el siglo XVII, sí acepto el shmto~smo c1ert~s
postulados de la ética para adquirir una decisiva importancia social. En cambio, el budISmo japonés es introspectivo, aunque más activo que el hindú, pero carente de unos
ideales abstractos. Su meta es el equilibrio interior y ahí radica el valor supremo de la
vida. Pues el que alcanza tal equilibrio quedará preparado para soportar todas las vicisitudes con gallardía y afrontarlas con toda su energía activa. D.esde ha~e 100 añ~s
aproximadamente, el Japón comenzó a modernizarse, gracias a la mfluenc1a del Occidente, y se han modernizado también los aspectos religiosos. Sin embargo, ~l ca:á~ter
nacional y cultural de los credos japoneses no se ha perdido y en nuestro sentir religioso
estamos lejos de identificarnos con el Occidente.
Presente estaba entre nosotros el Sr. Radhakrishnan, vicepresidente de la India y,
a la vez, su portavoz espiritual. Profunda resultó la. impresión de ~us palabras,_ las que
trataré de sintetizar en lo siguiente: -Entre el Onente y el Occidente no existe una
diferencia fundamental, pues todos somos seres humanos y nuestras valorizaciones personales no varían. La Historia no es una especie de escena poderosa, sino más bien el
bastidor. y ¿quién coloca aquel bastidor? ¡ Es el íntimo cambio de las idea_s humanas!
Una nueva marcha la vemos en Asia, pero nuestra marcha no anda al ritmo de las
ciencias naturales, como en el Occidente, ni está determinada por el desarrollo de ellas.
Etica y Religión -y las dos en sus aspectos más variados- predominan en nuestra ideología, Tanto la Etica como la Religión tienen algo en común, es decir, la pregunta me•
tafísica: ¿Qué es la realidad? Citando unos aforismos de Brahma-Sutra y de los Upanishad tendremos la contestación acerca de la última realidad. Mas, de antemano, deseamos decir que nuestra "realidad" no es el proscenio de un mundo irreal Y vaní~oso,
y es el Occidente que confunde tal mundo irreal con la realidad. (Dura~;e l~ discusión vieron cierta afinidad en la filosofía de Anselm van Canterbury y su realismo de
las ideas espirituales"). ¡ Repitamos el dicho de los Upanishad: "Guíame de lo irreal
a Jo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte,._ a la vida eterna!" Así llegamos al anhelo de traspasar nuestra existencia mortal buscando a Dios, igual como San. Agustín, como la esencia de nuestro ser, según las propias palabras del Sr. Radhaknshnan. Tam•
bién en la religión existe el concepto del "a priori 1' con tal que nuestra mente pueda
captar y defenderlo. Ese concepto nos conduce hacia Dios como el Promotor del Mundo, y todo emana de m. Nosotros lo expresamos con la palabras: "Janmady ª.sya ya~a~"·
Cualquier forma del materialismo nos parece, por lo tanto, equívoca. La realidad divina
está por encima de nuestro saber y pensar quedando allende de lo racional.
Hoy día afirma el existencialismo que el hombre pensador es más que una mera "res
cogitans" y bien distinto a los meros objetos de la naturaleza. Para nosotro~, en la
India es una repetición de lo que siempre hemos sabido y propagado. Los que tratan
de co~templar al hombre como un mero objeto, anulan su personalidad y lo dividen en
fragmentos los que no se parecen en nada. Luego si tal modo de división no es posible
con el ser humano, menos posible será aún con la última realidad divina, la que significa, según nuestra experiencia religiosa, una especie de "comunión", una comunión directa, salvadora y trascendental, la que definimos en nuestra patria con las palabras
"aparokshanubhuti lokottarajñana". Es más que un mero credo religioso, podríamos de•
cir que es una mira introspectiva de carácter espiritual, afín al concepto de la "gnosis",
el que surgió durante la última fase del helenismo, y familiar a la idea de los prime~
cristianos. Y esta filosofía es una reconciliación de la existencia humana. Pues así de1amos el mundo de nuestras propias ideas atrás y traspasamos el umbral para encontrar-

654

nos con el Señor del Cosmos ( Cosmic Lord), y ante Él debemos guardar silencio. Las
enseñanzas de nuestra Shankara abren un doble sendero: en una parte queda vacío y,
en la otra, repleto, hablando de los conceptos calificativos.
Los oradores que tomaron parte en la siguiente discusión, compararon aquella filosofía con la teología negativa y positiva de las tradiciones cristianas. Al fin de su discurso aseveró el Sr. Radhakrishnan que su concepto de la "Ultima Realidad,, no se oponía de modo alguno a la tarea de fomentar la investigación científica. Esta última, sin
embargo, tendrá que partir de aquellos tres postulados, los aque nos enseñan los Upanishad y las primeras tres sutras de Brahma, es decir: Entendimiento (Shravana), Revisión del Pensamiento (Manana) y Contemplación (Rididhyasasa).
Durante la discusión objetaron algunos que sería inadmisible clasificar la Religión y la
Metafísica como ramas de la filosofía porque excluían un razonamiento crítico; según
ellos, la filosofía era nada más Etica. El Sr. Radhakrishnan contestó 1 en resumen, lo siguiente: La Religión sublima y transforma la existencia humana; la Religión nos gui6
en el pasado, tanto en la historia como en la civilización, hacia los progresos más admirables, los que favorecerán y orientarán las generaciones futuras; una filosofía desligada de la Religión será una filosofía condenada a muerte. Esas palabras impresionaron a
todos los que escuchaban, y el Sr. Radhakrishnan concluyó: "The Philosopher is knowing something, but not knowing to himself".
Otra contribución a la filosofía de la India la hizo el Sr. Raju de ese mismo país. En
detalle nos explicó el espiritualismo del pensamiento hindú, el que otros clasifican como una especie de "realización del ego". Sin embargo, tal definición no le hace justicia. Según el orador, el espiritualismo hindú es aquel sendero que nos guía hacia "Atman",
y los etimólogos recordarán la palabra alemana 11 Atem" (respiro, vida, ego) así como la raíz griega "autó". Así llegamos a una penetración total de nuestro ser y todo
se llena de la puridad de "Atman". Las Enseñanzas de Katha-Upanishad nos revelan
cómo traspasar la Ratio individual y cósmica y reconocer la totalidad de las realidades.
No hay que confundirlo con la "conciencia de sí mismo'' i es mucho más y podríamos definirlo como la fuente del ego, de su estado despierto, de sus sueños y de su
descanso absoluto. Estudiando las Enseñanzas de Bridhadaranyaka-Upanishad veremo cómo se compara "Atmann con la "Luz Espiritual", y también la Metafísica del
Occidente ha desarrollado un concepto algo parecido conceptuando la "Luz". La persona misma, la que se entrega al sueño no es imaginaria. Durante el sueño lo domina
el principio de ºbuddhi" el que anima sus pensamientos y lo guía hacia la iluminación. Y aquel tigre de nuestros sueños se convierte en un ser real que nos ataca realmente. Ahí se manifiesta el "spirit" de acuerdo con los Upanishad, lo que los ingleses traducen con "mind" y los alemanes con "Geist". "Sin embargo, los traductores
occidentales se equivocan. En nuestra patria se aproximan los conceptos de mind y
Geist a lo que nosotros, los hindúes, designamos como antahakarana. Pero, ¡ no entendamos mal! La antahakarana no define lo absoluto, es decir, el concepto de
Brahman, sino se comunica con el mundo exterior. Nuestro concepto de Sankhya
reúne el razonamiento (buddhi), la referencia al propio ego (ahankara) y el órgano
de pensamientos (manas). El concepto de spirit, en cambio, anda más lejos dejando
todo detrás, hasta la psiquis, la conducta ética, el logos y la contemplación filosófica.
De todos modos podemos decir que la vida espiritual conduce hacia la Etica. Ahí
tenemos el bien mayor y el valor supremo, y repito el bien mayor porque una valorización negativa es imposible a menos que descuidemos la Etica, En mí concepto, la
axiología no es idéntica a la Etica; la axiología significa más y sobrepasa la Etica. In-

655

�".

'I

conforme estoy con el Sr. Nothrop, de Vale, el que trata de interpretar nuestro espiritualismo como una especie de intuición o estética. Tampoco me satisface la opinión
de Hegel el que incluye tanto la intuición como la e!&gt;tética en su concepto de Geist.
Nuestro concepto hindú es otro y bien distinto porque distinguimos entre lo interior
y lo exterior, casi como el Maestro Eckehard. La actividad interna como tal no ~
deja equiparar con la actividad del espiritualismo. Sólo la última nos conduce hacia
Atman y el respeto devoto ante Dios:1 constituyendo el supremo valor de la vida.
Ahí se levanta la pregunta:•¿Será el hombre capaz? ¿Podrá alcanzar el supremo valor
de la vida, tal y como es descrito? ¿Tendrá la fuerza para separarse de la materia
original o, como nosotros decimos, de la prákriti, en el sentido de nuestra Sankhya?
Dando una contestación afirmativa1 llegaremos al concepto del superhombre. Obvio
es que cada uno no lo sea ni pueda serlo. De todos modos, aquel ideal, por más
alto que sea, sí será nuestro ideal y lo será también para el mundo. Misticismo
contestará el Occidente en vista de nuestra filosofía, y eso sin razón alguna, pues la
historia occidental nos demuestra que unos pensamientos afines nacieron también allá.
Para repetirlo, nuestro espiritualismo es, en su esencia, la realidad más íntima e. intr~nseca. Lo que necesitamos en la vida diaria, es un equilibrio entre las fuerzas rntenores y exteriores, es decir, una humanización. Por eso nos urge una filosofía .equilibrada adaptable a la vida, y este postulado nuestro encontrará un eco también en
el m~ndo occidental. ¿ Cómo deberá proceder el hombre individual para acercarse
a nuestro pensar? ¡ Es el fundamento espiritual el que necesita conceptuar! y ese fundamento no lo creará a menos que se concentre en Aunan, Brahman o, si ustedes
quieren, en Dios".
Después del discurso anterior del señor Raju, filósofo de la India, se levantó el
señor Stace, catedrático de la Universidad de Princeton y bien conocido como tr~ductor de Hegel. Su conferencia tocó las formas místico-religiosas en la mente occidental tal y como las observamos en las tradiciones históricas. Tal tema ofreció el
compl;mento para documentar y enriquecer Jas palabras del señor Raju, y el señor
Stace sabía cómo atraer el máximo interés. De antemano nos explicó que las formas
místico-religiosas del Occidente tienen mucho en común con la filosofía del Orien~.
Tanto aquí como allá se habla del "vacío en el propio ego". En :esum~n, el propio
ego carece de ideas determinantes que lo llenen, lo que se nos antoJa casi como para•
dójico. También opera el misticismo con el concepto del "propio _ego en toda su
pureza", tal y como lo vemos en la filosofía de_ Platón, Pseudo-D1onys, Eckehard,
Johann von Kreuz y Martin Buber. Lo que nos interesó más que nada, fue el con•
cepto de Eckehard acerca de su "apex mentes", o sea, la presencia divina en el .alma.
De esta manera llegamos de un "vacío en el propio ego" al concepto contrario, es
decir, a la plenitud del propio ego por la presencia divina. Ta~to los místicos_ del
Oriente como los del Occidente descubrirán ahí unas ideas básicamente pareC1da1,
aunque cada uno se atenga a su propia religión. Eckehard, por ejemplo, piensa en
el misterio de la Trinidad mientras los creyentes de la Veda tendrán la mente puesta
en Brahman. Los budistas, en cambio, contemplarán todo bajo el aspecto de encontrar la negación del propio ego. Y no es tan fácil la tarea de reconciliar los contrastes religiosos porque en la India reina el monismo y en el Occidente, el dualism~.
Según la tradición hindú, existe una unión armoniosa entre el individuo y el Umverso lo que podemos definir como una "identidad monística". Comparando, por
el ot:o lado, los credos del Occidente -judaísmo, cristianismo y mahometanismovemos una teología bien distinta. Allá no se atreverá nadie a hablar de una "unidad

656

existencial u ontológica" con Dios, y el creyente tendrá que limitar sus esperanzas
de no lograr sino un "acercamiento" hacia el Maestro del Universo contemplando el
Poder Divino bajo el aspecto del 11imago Dei". De ahí resulta que es el dualismo
que domina nuestro pensamiento como un elemento básico.
Otra conferencia fue la del señor Regamy, de Lausanne, el que se distingue en el
campo de la teosofía, Y como el señor Stace, de Princeton, buscó los contactos entre
el espiritualismo europeo e hindú penetrando en toda la profundidad del problema.
Como nos enseñó el señor Regamy, Europa conocía y estimaba -hasta mediados del
siglo XIX- el concepto del espiritualismo, y eso en la forma de la 11 realidad netamente espiritual", fuera de cualquier interpretación física y psicológica. Sin embargo,
el desarrollo de nuestra historia nos llevó más tarde al ensayo de explicar el fenómeno
de ~ertas esferas sublimes y elevadas, que existen en la vida humana, y tratamos de
explicar lo elevado -también en la esfera espiritual- con algo menos elevado es
decir, algo inferior o bajo. Tal manera de pensar no armoniza con la filosofía' del
Oriente. Para citar unos ejemplos, vale mencionar el Naturalismo y el Positivismo.
Tanto el Occidente como el Oriente conocen el "sendero hacia el interior" es decir
el sendero hacia los valores espirituales para que ellos sean la fuente dire~ta y cer~
tera de la que emanen nuestro juicio individual y nuestra experiencia personal. ¿ Cómo
proced~mos ahí? ¡A base del razonamiento! Fueron los griegos antiguos los que
entromzaron la razón y todavía sigue la filosofía occidental ese mismo curso. Bien
vemos que la razón nos dirige y nos domina, que ella nos obliga a formular unos
conceptos claros y que ya no aceptamos lo que no resulte inteligible. Esta tendencia
racional ha entrado también en nuestra teología. ¿ Cuál ha sido la consecuencia?
Cualquier razonamiento queda determinado por los factores y aspectos de cierta época.
Luego, es inevitable que lleguemos a unos cambios continuos y, a veces, revolucionarios. Por otra parte, vale subrayar que el mundo cristiano no excluye las emociones
s~no .permite que ~llas entren en nuestro corazón guiándonos hacia el concepto de 1~
fmalidad, pero ah1 se trata de unas apreciaciones muy individuales. (Anotación del
Dr. von Rintelen: A mí me parece que podríamos interpretar el concepto de "Etos",
~ Y como lo encontramos en la filosofía de Platón 1 como una fuente de estímulo espintuali y así lo vemos en el Agustinismo). Otro concepto cristiano es el desenvolvi~
miento de la personalidad humana, alimentada por la presencia del Espíritu Santo
Y de ahí resulta nuestra capacidad creadora. Esta última1 y vale destacarlo, n~
termina en la teología ni se limita a unas obras meramente religiosas sino tiene la
misión de empujarnos hacia una ideología activa y dinámica de la vÍda con el fin
de "sujetar el mundo". Nuestra tradición espiritual ya no es la misma como antaño
Y puede adquirir unas variantes, pero nuestra actitud básica sí es la resultante de
las antiguas tradiciones y sus tendencias actuales son las siguientes: en primera línea,
buscamos unas verdades bien definidas permitiendo la libre discusión y hasta la oposición; pues de esta manera opinamos enfocar mejor los problemas, aunque falte
mucho para comprenderlos en su totalidad. Sin embargo, hacemos el sincero esfuerzo
para acercarnos más y más hacia la Verdad, y casi podríamos decir que es un esfuerzo progresivo, pero sempiterno, porque nunca alcanzaremos nuestro ideal. En segunda
línea, anhelamos la realización de nuestro ser, es decir, de nuestra propia individualidad sin pensar en el concepto de cierto ego superpersonal. Pues los hombres del
Occidente creemos en un Dios personal y nos domina el pensamiento personal. Luego,
aun interpretando la última importancia de nuestro ser en un sentido plurali.sta y traspasando los límites de la vida terrenal, siempre personificaremos nuestra Deidad. De

657

�eso resulta también nuestro dinamismo, el que nos estimula a entregarnos a la creación. En resumen, hemos llegado a una síntesis entre este y el otro mundo, viviendo
en éste, pero buscando el otro, para expresarlo en unos términos religiosos. Esto es
lo que nos une y, :\. la vez, nos separa del Oriente.
Una actitud reconciliatoria, bien podríamos decir, es la del mundo islámico, si
analizamos la próxima intervención, y fue el señor Sharif en Labore, excatedrático
del "Islamia College", quien nos introdujo en los valores espirituales del mahometanismo. Recordaremos que el orador anterior1 el señor Regamy de Lausanne, clasificaba el mahometanismo entre las religiones occidentales. En el mundo del Islam
-nos explicó el señor Labore- no distinguimos entre la vida religiosa 1 espiritual y
material, aunque el Korán considera la última realidad en el sentido espiritual. Lo
que no conocemos es que el hombre se retire, como asceta, de su ambiente y de su
época. A cualquier paso descubrimos ciertos valores en nuestro credo, pero Dios
es
11
para nosotros la causa y la meta teológica, luego, el supremo valor, la suprema perfectio" y el concepto del "summum bonum". (Ver Aristóteles. Al Ghazzali). La
divina define el valor intrínseco (Ver Stace). Dios es inmanente tanto en
11Luz"
la Naturaleza como en el ser humanoj Dios es el Poder trascendental, es Unidad y
Ser, en nuestro ideal al que dirigimos nuestra mente para que los valores divinos
entren también en la esfera humana. Uno de los valores esenciales es la Belleza, la
que debería contribuir a hacer nuestra existencia más armoniosa. Dios es para nosotros el Juez Supremo y el Amor Perfecto, y nuestro Profeta nos manda amar a
todos los prójimos sin distingos, igual como en la religión cristiana. La calidad humana radica en su entrega hacia los valores eternos para que la "Voluntad Universal"
se convierta para nosotros en el "Sendero de la Verdad", lo que llamamos "as-sirat
almustaquim", y en ese "Sendero" participará el hombre entero con todas sus ideas,
emociones y ambiciones recogiendo como premio tanto la paz interior como la beatitud y la dicha. Por otra parte, no podemos negar que el hombre constituye también
un ser biol6gico y que la satisfacción de sus necesidades materiales es la condición
básica para crear y desarrollar unas aspiraciones de escala superior. También existe
en nuestra religión el concepto de lo 11 Malo"; ahí está la negaci6n de los últimos
valores y su consecuencia es el "Caos11 como el "decisivo desvalor". Siempre será
nuestra máxima que nos entreguemos a la Voluntad Divina. En resumen enfatizó el
Sr. Sharif la "Unidad TotaP' y, no obstante, contiene su filosofía cierto dualismo,
es decir, entre el concepto divino y la tesis de una trascendencia espiritual sin límite,
lo que significa para él la "realidad esencial", según el criterio del autor.
Sacando el resumen de aquella parte de nuestra Convención, la que estaba dedi•
cada a la discusión sobre los valores religiosos y espirituales, vemos claramente las
diferencias en el sentir aunque muchas ideas tienen una base común. Siempre vale
recordar que nuestras escuelas filos6ficas, tanto las pasadas como lru actuales, son
positivistas tocante al espíritu como una condición básica y referente a los principios
religiosos. Sin embargo, la experiencia elemental de cada religión es la misma, según
me parece, y bien podríamos llegar a una afirmación de los valores espirituales siguien·
do aquel camino definido por otros oradores como el "Sendero hacia El Interior".
El contraste entre nuestro pensar y el de Asia comienza en el campo de la Etica.
Nosotros la miramos como un terreno independiente, mientras ellos la califican como
el primer paso para adentrarse en la Religión y el Espiritualismo, como veremos más
tarde al conocer las demás intervenciones. Tanto el Occidente como el Oriente han
llevado la Etica en ciertos aspectos a una "teología negativa", para expresarlo así.

Menos negativa es' ..desde 1uego, 1a actitud del Occidente, gracias
para razonar y cnticar. Monismo
D .
.
a nuestra tendencia
, .
.
Y ua 115mo constituyen dos
d ¡ • ,
u
tuna
realidad
de
los
pensadore
.
campos
s orienta1es es lo espiritual
.
d , e ncc16n.
La 1
Bien comprendemos que de ese modo Ueg , casi po namos
1o trascendental.
,
¡¡· decir:
.
annoma. Al Occidente en cambio lo d .
1
uen a una un icaCión y
.
,
'
'
omma c aramente la tend · d
su 1I1osof1a a base del dualismo, e1 que nos concede la aut · enc1a
e estructurar
·,
etenninar la realidad por med'1 d
.
onzac1on para buscar y
0
d
.,
e nuestros senttdos imp l á d
.
a acc1on. El concepto de la person t
u s n anos en seguida a
1d l
a orna una fonna central h t
l
e a trascendencia metafísica S6lo a ,
d.
, as a en e problema
por el bien de las almas hum~nas.
s1 pu irnos crear una divinidad sacrificándonos

IV
Etica y vida social fue el próximo tema de n t
seamos informar a nuestros lecto
ues ra Convención1 Y de antemano de.
res que se concede a la Etica
l EE UU
1IDportancia preponderante lo que se f1 .
.
en os
.
. una
to, no es fácil definir la Etica y h tre ehJa, también en la vida pública. Por supues•
.
as a a ora no ha sido posibl
•
contestac16n. El señor Virgil Aldrich del Ce
e consegwr una clara
detalle hablando sobre el tema "Be o~d E h. :,°ºn College, trató de entrar en ese
tes preguntas: "¿Podremos conccp/ 1 Et .1cs . El orador nos formul6 las siguienuar a hca como una ma ·1 d
I
pasando dicha magnitud;, (!
.
gm u natura o sobretónica) ". E 1 Et.
. 1 a misma pregunta ya la encontramos en la filosofía pla. '· s ª ica a go puramente espiritual O b'
1· d
y ¿no_ podemos afirmar que el principio de lo "~uen~~.n iga a con_ la Naturaleza?,
ya exista en la Naturaleza'" ( a.
' en su sentido más ampho1
elevando lo "éticamente b~en ~' s1 me parece que Kant dio la mejor contestación
•
0
a una categoría independ · t ) H ,
renc1a al señor G. E Moor
.,
.
ien e .
ac1endo refe,
·
e, 111oso1o muy estunado en 1
•
1 .
namos que negar conforme a
.
os pa1ses ang osaJones, tend
'
sus recientes aseveraciones
1 "B
una fuente "natural" L
, que o
ueno" salga de
· uego nuestras valorizacio
•
~ntológica. Tal vez sea admi~ible e~tender la cali~:~ n; s~O ~1enen a la problemática
unportancia universal Mas en tal
. .e
ueno hasta que alcance
·
'
caso ya no se d1stmgue 1 E
I N
f'
a scue a aturalista de
1a Supernaturalista en la f'lo
p
1 so ia, 1o que los neo-naturalist
eclararon inaceptable p
h
as, como erry y Dewey
dde la vida Los p 'ti. . ues ay que tomar en cuenta los intereses y las necesidade;
rar nuestras. al •os1 , vistas, como Carnap y Ayer, rech azan 1a pos1'b'l'd
11 ad de equipa.
v orizac1ones con las verdades.
r t
ll
.
.
a mvestigar el reino d 1 M 1 O
.' , po o ra parte, e os están bien dispuestos
aboga en
.
e a ora .
tro filosofo, el señor C. W. Morris de Chica o
que ;in d c:;nb10, por el ensayo_ de dirigirnos hacia la "estimación y orientación" gl~
h~ana" u~! :os dab;e el canuno para discurrir sobre la "psicología de la actitud
, •
es e uego, ya nos encontramos allende la Etica.
11
Y
as1
es,
en
efecto
- Aldrich tocando ahora la filosofía del
existencialismo el q' como ,nos expli có e1 senor

nonnas valen 'para 1:e, E:!u,n ;u est;uct~ra p_aalr~cular, prohibe la pregunta: ¿ Qué
u •
•
•
ues e existenc1 1smo no cuenta con "norm"'•" •
1 "Eti d 1
. .
...,, , smo
Con s1tuac1ones"
a cualquier afi~a~ió:
ca 'eó as dutmtas circunstancias"' para decirlo así, llega
o negact n porque es la "Etica d
f
n
:;~ri::~~ie;: la dialéctica_ de Hegel. Tal filosofía es típic: : a ~:m;:;:a ~!:ien::
ch
,
que predomma en la República Federal de Alemania y d
ar este lugar para citar a Nietzsche el que decía que tanto lo Bueno
'
eseo laprovecomo
o Malo

659
658

�1 t

'

'
"Más allá" Tal pensamiento es el reflejo de una conciencia moral. Como ora•
teman su
•
.
, •
H6 l
dor de discusión hice referencia a los filósofos Jaspers y Heidegger. El ultimo acu~ e
concepto de que la "conciencia es la que nos llena", mientras el p~imero en_trete116 el
cariño y ta comunicación humana con un alto sentido éti~o. También mencioné a los
filósofos alemanes que habían publicado unas obras especiales tocante ~ los_ problemas
de la Etica, como los señores Wittman, Bruno Bauch y, sobre todo, N1cola1 Hartman,
el que es un pensador contemporáneo.
.
El señor Aldrich trató también el psicoanálisis de Freud _que, en su concepto, mira
l
roblemas de nuestra Etica con unos ojos clínicos ale1ándose 1 por lo tanto, del
::r:no filosófico y entrando en otro campo muy distinto al que se encue.n~ra a la
1
·11 e · 1 JDJ'smo vale según él para el misticismo del mundo rehg1oso que
otraori a. asi o
,
,
..
· aunque convenga hablar ahí con un criterio más elevado. De
observamos en Asia,
.
todos modos, aun admitiendo que el Oriente clasifi_ca la Etica en un pl~no superior,
sublime y trascendental como, por ejemplo, el Budismo de la Es:uela Hi~ayana ~ el
,
(
la obra de Mahadavan) -no podernos negar, segun el scnor Aldrich,
u
,
d 1 ·
·
T aoismo ver
que tales conceptos conducen casi ~acia el ~s~o punto como el vacio e existencia•
lisrno", en breve, hacia una especie de mhihsmo.
.
A continuación se dedicó el mismo orador al ensayo de analiz;r el ~omum~mo ~
relación con la Etica expresando la opinión de que se a~re ah1 una ideolog1a d.ia•
metralmente opuesta, la que, en resumen, le parece. negatt~a. Pues lo que el co_munismo anhela es la realización de su programa colectivo; ah1 está su meta y su obJeto,
y éstos andan muy por encima de las normas éticas, por lo cual se_ com~rende que
las últimas quedan vistas con desprecio. Luego, ya no se busca la Ettca ni la postula
, ltima norma sino valores de otra índole que se hallan en otro terreno. Rescomo 1a u
,
.,
t el
pecto a su propio punto de vista, el señor Aldrich aboga _por una umon en re
·ca Tal unión no debería tener el molde oriental donde se propaga
v1a o r
Ell
a.
.
, ..
1y
el ideal de desligarse de la existencia física entrando en el remo trascendental, smo lltll•
tar la actitud occidental con su dedicación ..por y para el mundo, au~ cuando las
experiencias de los últimos decenios puedan justificar que algunos. se s1~ntan empujados hacia la desesperación. Según el autor, se~ía interesante diferenciar entre el
•• loru la "Etica" y buscar los respectivos contrastes. En tal caso abandonamos de
a::eman~ aquella filosofía que considera los postulados éticos como valores de por •
,
m • se tratara de una especie de supremacía. Por otra parte, los que separan
si,coo 51
. .
·
1 d
"valor" y de la "Etica" , se refieren obviamente a cierta
case e
.
. .
1os concept os del
"valores" que tienen miras y metas prácticas respectivamente, una relación defmida
a cierto algo. Es el modo de pensar que encontramos con fr~cuenci~ en los EE. UU.
A mí me parece que el señor Virgil Aldrich tiene la misma idea, si es que lo hemos
comprendido bien.
.
Los representantes de Asia tomaron después la palabra explicando su propio. con•
cepto acerca de la Etica. El primer orador fue el señor M~adevan de ~a I~dia, e!
e no estaba de acuerdo con el señor Aldrich. "Para los filósofos de mi pa1s -asi
:~s dijo- es la Etica un concepto al que ustedes, los occidentales, llamarí~ .en
inglés 'Beyond Ethics'. ¿Por qué? Porque la -~tica es, ~ara nosotros la candi~~
básica que nos conduce hacia aquella introspeccion metafmca postulada por el Jaimsmo y Buclismo. Nuestra Katha.Upanishad nos en~eña: _'El que no ~e se~ara del ~alo
ni gana la calma de la concentración, no podra reah~ar su propio _Yº . La misma
enseñanza nos amonesta: 'Apártate del mundo por el bien de tu propio yo ~ Dharma
te ayudará a hacerlo'. El autor desea explicar que los filósofos de La India, basán·

dose en las Enseñanzas de la Mahabharata, tienen su propio concepto acerca del
ser human?. Según ell~s, la nat~raleza intrínseca del hombre es buena. Luego, la
bondad existe de por si y const.J.tuye un valor ético, aun cuando no sea el valor
supremo de la Etica. Aparte de eso, los filósofos de La India han introducido en su
Etica otro concepto, es decir, la realidad relativa. Pasando de allá, llegamos a las
esferas trascendentales que llevan al hombre hacia lo supremo y perfecto, hacia aquella
'perfectio' donde la introspección revela más que el propio yo abriendo los horizontes más sublimes e indecibles. Paso a paso tiene que caminar nuestro ego por ese
sendero y la última etapa es aquella 'Moksta', la 'Liberación del Espíritu', tal y como
enseña la Bhagavad-Gita clasificándola como el último valor interior. Aparentemente es ~a filosofía de la negación; en verdad no parece tan negativa porque permite
la acción, con tal que purifiquemos primero nuestro propio yo. Bajo esta perspectiva
podemos decir que La India camina 1Beyond rnorality to spiritual perfection' para
expresarlo con las palabras originales de nuestros amigos hindúes, y la única excepción la constituye la 'Carvakas' con cierta tendencia hacia el materialismo. A mí me
llama la aten~i~n aquella 'perfectio', es decir, la 'perfección' del pensar hindú, y tene•
mos que admitir que el concepto de la 'perfectio' ha entrado también en nuestra filosofía creando una tradición bien importante". Más tarde, cuando esta Convención
lleg6 a su final, visité otra organizada por el Institut Jnternational de Philosophie en
la ciudad de Mysore, La India, escuchando allá al Sr. Banerjee de Delhi. Este aseveró que "el sendero hacia la perfección era la corona entre la jerarquía de los
valores". Me tomé la libertad de preguntarle por el propio sentido de sus palabras.
Cómo me contestó, resultaría imposible explicarlo en detalle. (Ver también las obras
de Suzuki). Para la ideología occidental es difícil ligar la Etica con la Religión y
crear, a base de tal unión, unos valores de suprema categoría. Los Occidentales tene•
mos otra naturaleza y, como lo explicaba el señor Aldrich, nos domina, más que a los
hindúes, el estímulo de buscar la actividad dentro del terreno práctico de esta misma
vida, mientras la meta de ellos es muy distinta. Lo que anhelan es desligarse de este
mundo visible para alcanzar la elevación espiritual; ahí se encuentra el peldaño más
alto de su filosofía. En el Occidente distinguimos entre lo real y lo ideal; real es lo
q~e percibimos con nuestros sentidos y a esta realidad le concedemos preferencia,
IDlentras la esfera espiritual, es aquella en donde residen los ideales.
Con más precisión fijó el próximo orador, el señor Nikhilananda, de La India, el
pensar de su país. Nuestra realidad absoluta en Brahman -como nos dijo- y
el mundo visible y perceptible lo clasificamos como irreal, mejor dicho, como una
mera ilusión, lo que traducimos en nuestro idioma con 11maya". Bien admitimos
que el mundo visible contiene en sus múltiples aspectos cierta manifestación de
Brahman. También deseamos subrayar que es y será el mundo visible donde practicamos nuestra Etica, por más cambios e inestabilidad que existan en éste. Sin embargo, nos inspira el concepto de 11Dharma" y por eso creemos que el hombre debería
perseguir el ideal de llegar a un "crecimiento interior". Sólo así podrá alcanzar aquel
estado de ánimo en que los sufrimientos personales ya no lo afecten, y entonces será
capaz de servir a la vida social. Repetidas veces tenemos que morir y volver a nacer
hasta que encontremos aquel sendero que nos conduce hacia Brahman, el fundamento espiritual y la suprema realidad de nuestra filosofía.
Después disertó el señor Hsieh Ju-Wei, filósofo chino, sobre el confucionismo de su
país, advirtiendo de antemano el contraste entre Confucio y Buda. Mientras el hin•
duísmo, según su parecer, se aparta del mundo visible, el confucionismo le dedica

66!
660

�toda su atención contando con los factores temporales. Aunque nosotros somos mor•
tales, llegarán otras generaciones y otras más -así nos explicó- de modo que siem•
pre habrá seres humanos en este mundo. Por lo tanto creemos en la inmortalidad
de la posteridad y ante la última nos sentimos responsables, de acuerdo con nuestra
Etica, porque nos unen los lazos familiares tanto con nuestros parientes cercanos
como lejanos. Nuestra Etica no es idéntica a la cristiana porque el "Amor hacia el
prójimo" es, en su última trascendencia, un mandamiento religioso imbuido en el
credo y recompensado por Dios. Tocante a la Etica cristiana, el autor difiere del
señor Hsieh Ju-Wei creyendo que éste no ha atinado enteramente.
Más detalles nos ofreció el' señor D. T. Susuki, filósofo japonés adherido a la
escuela budista en Zen, cuya (ama ha traspasado las fronteras de su país. Para dar
un resumen de su conferencia, la que contenía unos pensamientos claros y precisos,
hay que observar de antemano que el señor Suzuki no separa la Etica como un campo
especial, sino la conceptúa con miras universales dirigidas hacia la Filosofía y la
Religión. Ahí no faltaban contactos con el existencialismo, aunque el orador expresó sus dudas de llegar a nuestra comprensión, pues no ocultaba su temor de que
nuestra mente europea y occidental criticara sus ideas como raras y ajenas. Lo que
nos reprochó fue tanto el dualismo como la lógica, fundamentos de nuestra filosofía.
Pues estamos acostumbrados a distinguir entre el sujeto y el objeto, entre el ser y el
no ser, entre el sí y el no, entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto, entre
verdad y error y entre el yo y el tú (Dios). La escuela budista de Zen es la forma
representativa entre los pensadores de Asia, como afirmó el conferenciante, y ya observamos sus primeros comienzos en China, durante el período de T'ang (610-905 A.D.L
derivando sus mejores ideas de las especulaciones hindúes y transfonnándose en algo
individual, personal, subjetivo, estético e intuitivo. El señor Suzuki nos suplicó que
interpretáramos bien esos adjetivos alejándonos de nuestra tendencia de buscar en
seguida los contrastes de cada palabra, porque de otro modo sería fácil que nos perdiéramos en errores. También nos rogó que no clasificáramos su filosofía bajo el
aspecto del monismo, sino más bien del advaitismo. Pues para él no llegamos al
monismo por el mero hecho de eliminar el dualismo. Hasta podemos encontrar una
unión entre los dos conceptos, como él afirmó, lo que, desde luego, parece una contradicción, casi una paradoja, en la mente occidental. La Escuela de Zen rechaza
tanto la limitación por medio de la lógica como la aplicación de roed.idas mecánicas.
Así llegamos a algo de carácter místico, digamos, a Dios, la última realidad, lo absoluto, la substancia, atman, brahman, tao, lo infinito, la enseñanza o el nihil. El
orador definió su creencia con las siguientes palabras: "Para mí es audible, palpable
y visible, pero no soy el objeto de tales percepciones; digamos, Zen es el presente
eterno, la pura oscuridad y la pura luz". El autor cree que todo eso recuerda a Plotino, aunque los Maestros de Zen hablan del 11ser intrínseco" respectivamente de la
"primera persona", y el señor Suzuki no tiene inconveniente en que se traduzcan sus
conceptos con la palabra latina "subjectum".
Luego cayó la palabra ºNirvana" en medio de su conferencia e igual como el
señor Banerjee de Delhi, al que el autor ya había mencionado, nos declaró el señor
Suzuki la absoluta imposibilidad de servirnos de una descripción. Lo único que
11
podía decir fue que Nirvana abundaba, en su propio concepto, de valores infinitos",
Según el budismo, Nirvana, es la síntesis de cuatro calidades, es decir, eternidad, beatitud, libertad y pureza. El autor cree que ni esas calidades tengan el valor de unaJ
definiciones, sino más bien de unas explicaciones transfigurativas. Luego, se levanta

la pregunta de cómo interpretar los
u
, ,,
uvaciedad". Según el señor Stac
1 c~ncóe~tos ~el vac10 respectivamente de la
e, e sm nimo mglés es "em ú
" ¡
shunyata; el chino kung · y el ¡· a é k C
P ness ; e sánscrito,
,
'
'
pon s, u.
orno nos explicó el ,. g ki
,
err6neo mterpretar tal concepto e0 n 1 1'd d
senor uzu , sena
• •
ª ea e que el "vac'1011
'dé ·
vialidad" a la "vanidad d
.
sea t nuco a la "tri'
e 1as cosas mundiales" Al contra •
1" , "
él la pureza perfecta, ]a última realidad Y la "d: . 'd d . no, e vac10 es para
b
,
•
tvmi a sm calidades" J
•
em argo, s1 encierra unas "calidades infinitas" El " , "
' a que, sm
''con Y sin contenido a la vez" y d 1 . .
vac10 es para él algo que anda
'
·
e a misma manera concept' ¡ d' · 'd
a
scuela
de
Zen
diciendo
con
s
.
uaD •a • 1vm1
ad según
1 E
us propias pa1abras• 11 y d
.
como Creador y Fuente de la Vida" Al
·
e esta 1vm1dad sale Dios
,
,
autor 1e parece que u
,
.
surg1an ya en los primeros siglos d 1
. .
nos pensamientos afmes
,
e a era cnstJana El
· ti •
sabia aprovecharlos dándoles una tenden .
..
.
cns amsmo, en cambio,
.
c1a pos1tlva es decir· la 'nf 'd d
.
tahva, 1a que entre los griegos anti
,
'
·
1 1ru a
cuantId
1 . ¡· .
guos tema un concepto negativo, se ha transfor~~ o en a m imdad cualitativa, la que es un atribut
...
bien conviene comparar las d'f
. .
o de nuestra D1vm1dad. Tam1 erenc1ac1ones entre "Deitas"
"D " 1
tramos en las obras de Agustín y Eckehart.
Y eus , as que encon-

~=

El señor Suzuki pone Etica y Estética en yuxta sición a
.
reza" como inseparable de la ubell ,, "N
po
, Y que considera la "pu~omo continuó disertando- y el
Ó1 es ~;tros tenem~s. el concepto . del 'myó'
umvenalidad infinita de la Crea '6 yy
~ndad D1vma, la que vibra en la
ci n. a se conoc1a es
l
Tse Y tal vez antes. Nuestro 'myó' es una
º6
e, concepto en a época de Lao, ti
um n entre ser' y 'no ser' y 'l ¡
mis ca experimentada en identificar el 'nada' co
'
,
so o a mente
que es, desde luego, una mera noci,
n ~l .ª1.go' podrá palpar nuestra idea
tivista. Nuestro 'myó' comprende tO:n piersobnal e md1v1dual alejada del pensar objeas as o ras del arte las que d
d
pasan el mero límite de la técnica (así tamb'é
.'
' e ese mo• o, .sobre1 n K ramnsch)
. Cóm
1
.
· t
o se cnsta iza en
tod o eso nuestra Etica,. Podr'Ja mencionar
1as palabras 'bueno'
' 1'
ces no miramos sino los oh¡' etos d
t
.
Y ma o, pero entone nues ra acct6n y nos movemo
1
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t
rminos
contradictorios
Po
.
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esfera que no conoce la m~dida rd eso ¡creo que !ª Enea verdadera reside en aquella
.
.
e va ores exteriores y sólo aprecia tant 1
.
mtenores
como la intención · En e1 1'd'1oma de mt. pa1s
, la llamamos 'muk o os
motivos
E
.
, N
tlca es, mejor dicho una clase d ' , I
.
uyu .
uestra
es una forma d
'.
e on, o que ustedes traducirán como 'gratitud'. Mas
animados 1 e gratitud ~~e se entrega tranquilamente a los seres animados y des~
a a vez, una acClon que no clama
.
1
llamamos 'intoku1 En tal
'd .
por ap ausos, smo queda escondida, y la
el con
. .
senll o m~erpreta el budismo japonés de la Escuela Zen
cepto de la Et1ca enfocada hacia ]a colectividad".
'
Ahora nos toca la tarea d
li
l d• .
tanto entre los Orientales co~:n:n:r:r
01s~tas opm1ones que hemos escuchado,
los problemas de la Etica;, Q
, d .
codenta1es. ¿ Cómo resolvemos nosotros
.
.
uerna ec1C: desde el propio fondo de su problemáti
ru;iempre en relación a los deberes sociales del hombre. Nos damos cuenta des~:
nu!7; d;. qu;, nos (alta algo que sólo la Religión podría brindarnos, e ideal ;ería si
el 'd a I i 1o~ ia tuviera allá tanto su corona como su áncora. Puede que tal meta sea
i ea y e supremo esfuerzo de cada filósofo si e
od
terreno todavía de "filosof'a" D' .
l ' . s que. p emos hablar en este
Etica como
.
i .
tstmto es e sentir de Asia. Allá se considera la
libre d 1 b. u~~ especie de antesala en la que preside la mente espiritual religiosa
trasc e o Jehv1smo .. y esa mis~a mente tiene que aprender las relaciones metafísico~
su ú~~dentales. :ara situar _Ia Euca en esa dirección. Pues a ella pertenece Y allá tiene
Etica :o e;entJ o. Una vez que se hay~ aprendido esa lección, hay que convertir la
fundamento de nuestra actitud para que tenga una aplicación práctica.

1::

663
662

�11

Sin embargo, la estructura del ser humano es la misma, como nos dijo el señor Ames,
de Cincinnatti, y por eso podremos llegar a un buen número de valorizaciones comunes. Vale citar, por ejemplo, a nuestro colega chino, señor \-Ving Tsit-Chan, y al
japonés, Dr. Suzuki. Cuando los dos fijaron los postulados de la Etica, se refirieron
a las siguientes virtudes: responsabilidad ante sí mismo y fidelidad hacia sí mismo,
abnegación y convicci6n religiosa. Las mismas calidades aparecen también con otros
matices en la tradición europeo-cristiana, lo que yo me había permitido destacar con
motivo de mi conferencia sobre el ángulo de variación que poseen ciertas valorizaciones comunes. En la Convención posterior celebrada en Mysore hubo hasta la sugerencia de centrar toda la filosofía en el problema de los valores, lo que, según la opi-

ni6n del autor, nos llevaría demasiado lejos.
Con frecuencia tocaron los convencionistas, como ya lo hemos visto, el problema
del "ser intrinseco11 y del existencialismo, y sería de interés para nosotros poder hablar
aquí con más claridad. El más autoriiado para tratar tal tema fue nuestro colega
francés, el señor Paul Mus, ya que vive casi constantemente en Asia y ha conquistado fama como erudito en las ciencias culturales. En síntesis dijo lo siguiente: "En
el Occidente no conocemos sino la conciencia del propio ser, mientras el Oriente habla
de la 'intención hacia el propio ser'. Una definición exacta no es posible, pero preguntando a los hindúes, tibetanos, chinos y japoneses, sí nos ofrecen unos ejemplos o símbolos que ellos clasifican como 'mandala'. También nosotros recurrimos
a veces a los ejemplos y símbolos. Así lo hizo Richard Wilhelm en su obra El Secreto
de la Flor de Oro, y hasta C. G. Jung en su libro Descubrimientos del Psicoanálisis.
Para ilustrar mejor el pensamiento de Asia, conviene describirlo como un 'Círculo Mágico' cuyas raíces están en las 'Aitareya Braharnanas' y en las 'Upanishad'. Según las
enseñanzas de Bihadaranyaka Upanishad (1, 4, 17) no comprenderá los elementos
sino el que haga uso de su mente, habla, respiración, vista y oído (ver: Raju y Suzuki)
y alcance además el ser intrínseco en la forma de 'atman'. Y aquel 'ser' se transforma
en 'karma', la voz de nuestro destino, la que nps lanza a ciertas obras. Mas, el sendero
hacia el Eterno Brahman, causa de todo el desenvolvimiento, lo encontramos por
medio de 'dharma1 la que norma nuestra conducta estética, moral y ritual. Al autor
le parece que tales explicaciones aclaran básicamente el problema del 'ser intrínseco'
como una especie de 'vida cósmica' arraigada en el 1estado personal de la perfección'.
"Existencia" fue otro concepto filos6fico mencionado frecuentemente durante nuestra Convenci6n. Bien sabemos que se trata ahí de un problema actual que ha desencadenado una fuerte polémica en todos los campos. Fueron nuestros colegas americanos, sobre
todo, los más jóvenes, los que tenían interés en escuchar unos detalles sobre el existencialismo según la Escuela alemana y la Filosofía de Heidegger. Como representante
de los fil6sofos alemanes tomé la palabra para ofrecer a mis colegas un análisis objetivo en forma de una disertación adicional. Ellos mismos me habían suplicado hacerlo.
Heidegger -así les expliqué- se clasifica como Ont6logo Fundamental y trata de
analizar el problema del "ser intrínseco". Según él, es una pregunta central 1 casi
olvidada en nuestros tiempos, la que se puede formular así: ¿ Cómo adquirir nuestra
propia existencia? Y su contestación es la siguiente: "Tenemos que buscar la eleva•
ci6n espiritual para llegar de un estado carente de claros contornos a la precisión
peculiar e individual de nuestro ser". Heidegger opina que el camino descrito es
necesario para luchar con éxito contra la "enajenación de nuestra existencia" (Dasein•
senúremdung), resultante del intelectualismo moderno. Durante la discusión cobró
interés aquella frase de Heidegger en la que habla del "nada" defendiéndolo como

"el velo sobre
del ser"
.
Fueron
tod aparte
1 . de otros pensanuentos
suyos los que nosotros bien conocemos.
o, o_s Japoneses, los que simpatizaron con esa filosofía familiar a la
~~::·ela d:e;: : : - : comparó¡ la ideología de Heidegger con el budismo según la
•
t
o que e concepto del "nada" encontraba hí
. .
parecida. Para nosotros el unada" e 1 ", 1 .
.
a una explicación
a entender1 , . ' d"f
. s . a u ttma magrntud trascendental" -nos dio
Y a untca t erenc1a reside en el hecho de
~nas raíces que nuestro espíritu religioso nos ha dictado Lu~ue nuestro pensar _tiene

E1 ..

¡ap~nés, señor Inouje, quien escribió una disertación dedicadag:1 s:n~;~;:n~¡°~.~:~e~
en a que compara el existencialismo con el budismo según la Escuela de Zen.
ª

V
Problemas jurídicos pol'ti
.
1 cos y económicos
llenaron el programa de la 'lf
na en nuestra Convención. Por falta de es a00
.
.
u tma sernadetenido y me limitaré
P
no será posible dar un reportaje
1
renda del señor D.
i&gt;°:uaº ~::roª h:n~ notas breves. _Em~ecemos con la confemencionados en una forma di~na de s ~~d' ~l q;e contnbuyo a los tópicos arriba
la India no reconoce la L
u ~ t una.
e antemano comprenderemos que
tos filosóficos. Base de la e[ecyo;so 1:!g•osmio sMólo clomoéuna ~Jllanación de los concepA,
,
a ora Y sta rige también I
•J '
1
p;~ ~ensaba~ t~nto l~s Vedas antiguos como los hindúes modernos (Labor:
( ' º/onS1gu1;:te, a Moral es el fundamento incondicional de la armonía cósmic~

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y'°;~::~;~-

1

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c;:~n 1 ~:b::á
E~ ~::~~n~~~=n::s t::a 1
::r e~ b'.en
y, ptorl !din, cada uno _de nosotros. Los Occidentales diríamos ahí1 que el señor ri::~c1hpae
· · u • y a estamos familiarizados con la palabra
po s ua o., una espeoe de ºLe Y poSltiva
"dh
soci~rmya fa~ilt:ee,tlrococnotrleogladhin~ú ~nfatiz6 que "dharma,, exige también la justicia
e . SI mismo . - dam ai en su 1'd'10ma ) . Después se refirió al "karma" 1
d
dicta la calidad ~e q1:: etermma ~as acc1on_es de la ~x.iste~cia eternamente humana y
fin af' ó el
d
consecuencias posteriores que mterf1eran en nuestra vida Por
irm
ora or que la meta más .
rta
'b
.
secular" sino 1 "d I d I
llllpo nte no l a a ser nuestra "existencia
1 ea
'
e
e
a
canzar
nuestro
pr
·
d
•
libertad
· "t al
opio ser, es eCJr, el sendero hacia la
esp1n u .

e-

. A resultados muy distintos llegó el señor Nothrop de la Universidad d
.
disertó también sobre la Filosofía del Derecho. S~gún él h
di e _Yal~J quien
la ley natural y el derech
,.
, ay que stmgwr entre
el q
h
. 'd
o empmco. La Ley Natural se basa en el "status biológico"
Der :
a exist.I o desde el principio1 y ciertas clasificaciones. Ahí se conceptúa eÍ
renc~a :¡~orno un Contrato Social en el sentido de un postulado universal. La prefeaboga i h t embargo, mere~e. el derec~o empírico, como nos explicó, Y el señor Nothrop
di
~s ª por un empmsmo radical con el objeto de poder determinar entre 1
na:e:::s m_t:rese_s
pugna. Tal empirismo, desde luego, requiere una filosofía non:;'.
e I exts en~ia 1~ta Y ~ntológ1ca. Tocante a los confüctos entre el derecho
sitivo
1 consue'.u_dmario -bien enfocados por el orador- llegó a la opinió d po
I
erecho positivo tendría posibilidades de triunfar.
n e que e

i°°

~

. ¿ ~ué sucede en todos los casos en que el Estado dicte leyes oontrarias a la c0 _
;::;: :;;,oral? Nuestros colegas que hicieron tal pregunta, no se imaginaban que :1
los EE. UU. consideraba tal cosa como inconcebible • Ad em ás, desearon

665
664

H.43

�saber si los filósofos americanos iban a justificar en ese caso, por lo menos, la existencia de cierto derecho natural como una especie de "defensa moral" contra el Estado.
La respuesta estuvo a cargo del Sr. Herbert Schneider, catedrático de la Universidad
de Claremont antes de la Universidad de Columbia, al que recordaremos con motivo
de su interve~ci6n anterior. Pues hablaba acerca de la ideología básica entre los norteamericanos. Ahora nos repitió que en los EE. UU ., se creía y se llegaría a cr~er
con toda firmeza en la justificación tanto moral como seglar de todas las leyes dictadas por los co~gresos de sw Estados. Somos un pueblo int~rnacional -como a~veró- y para evitar conflictos tenemos que buscar el mutu_o a1uste ~nsalzand? los 1de:les de la armonía y de la democracia. En nuestro país miramos pnmero el mterés publico y el interés particular quedará siempre supeditado al de la colectividad. Luego
versó nuestro debate acerca de la libertad, reconocida, sin discusión alguna, como uno
de los supremos valores. Contra la única oposición de nuestro colega chino, Sr. Win~
Tsit Chan, opinaron los convencionistas que el hombre occidental interpretaba ~a libertad como permiso de acción, mientras el oriental la clasifica como una especie de
salvación.
En resumen también en el terreno jurídico-filosófico predomina en el Oriente el
pensamiento ;eligioso-metafísico, sobre todo, referente al tipo de legislación que
deba
no deba emanar del Estado. El mundo occidental, en cambio, y, sobre todo,
O
el americano no reconoce sino unas miras netamente seglares. Y es comprensible que
así sea porq~e el desarrollo histórico de los EE. UU., desconoce el ~~~jo de la metafísica en la motivación del derecho positivo. El autor cree en la posibilidad de encontrar también ahí una solución reconciliatoria entre el Oriente y el Occidente. Conformidad absoluta hubo entre los convencionistas tocante a la aplicación de las leyes en
la práctica jurídica.
Antes de clausurar nuestra Convención nos preguntamos co■scientemente cuánto
hemos sacado en claro. "No hemos encontrado el puente de unión" -nos dijo el Sr.
Paul Mus, "pero, por lo menos, unas canoas, Y nosotros mismos las hemos construído
para hacer unas travesías recíprocas". El autor está inclinado a mirar el_ valor de la
Convención de una manera más positiva en vista de que cada uno ha temdo la ventaja de escuchar varias opiniones, aunque distintas, pero relativamente afines cuyo tejido contiene fibras en común. El Sr. E. A. Burt, catedrático de la Universi~ad de
Cornell, subrayó, por otra parte, nuestros contrastes diciendo que el mundo oc~1dental
era racional cientüico basta crítico y escéptico. En un análisis final de la Et1ca aseveró el Sr. Hook: "Lo~ imperativos de la Etica no entran en el terreno de la Filosofía"•
Otros oradores criticaron abiertamente los conceptos orientales tildando el pensar de
Asia como irracional y místico, rechazando el confucionismo como una mera Etica
religiosa y reprochando al Sr. Suzuki una filosofía afectiva. Comentarios como éstos ~
y tal vez formulados con exceso de precisión- corresponden a la mentalidad del positivismo anglosajón. Sin embargo, no todos los americanos opinan por igual, mucho ~e•
nos aún el mundo europeo y el alemán, lo que tuvimos que esclarecer durante la discusión. Bien nos explicó el Sr. Mahadevan, de la Indiai que '10 podemos habl~r ~e
1
un "contraste entre el Oriente y el Occidente", sino del "choque entre las conv c~~nes naturalistas e idealistas". El Occidente interpreta el mundo a base de .un empmsmo netamente intelectual -nos dijo- mientras el Oriente da la voz a ciertos pode.
de la Mente con tal que ellos nos conduzcan a una elevaci6n Y pene•
res superiores

traci6n para comprender mejor el mundo. (Ver la obra "scientism" del SR. WE.RKY existen tanto orientales como occidentales que se declaran adeptos de
aquella última tendencia. Después tomó la palabra el Sr. U-Thittila, sacerdote budis•
ta de ~Ita categoría con _sede en Rangún, el que vio la diferencia entre el Oriente y
el Occidente más. en . calidades que en meras opiniones, afirmando que nosotros busc~bam~s una explicación de los fenómenos mundiales a base de la ciencia e inteligen•
c1a, mientras ellos anhelaban una filosofía de la Etica para que los seres humanos aprendan a ser buenos. Otros representantes de Asia repitieron que nosotros no podíamos
abandonar ni el dualismo ni el individualismo, típicos los dos para el Occidente y,
sobre todo, para Europa. Por eso nos reprocharon que hemos favorecido el culto de
la personalidad enajenando nuestra mente, en detrimento nuestro del mundo sensorio. La ventaja del pensar-oriental, en cambio 1 la vieron nuestro/ amigos de Asia en
el concepto de mirar todo el cosmos como Unidad de la que cada individuo forma
una parte armoniosa. En la opini6n del autor no existe un contraste tan agudo entre
Asia y el resto del mundo.
MElSTER).

¡ Analicemos luego los rasgos comunes, y ya los conocemos en parte! Deseable sería
en primera línea, que defin~éramos ciertos conceptos como, por ejemplo, Etica, Espíri:
tu, Orden, Persona, Perfectlo y otros más por el estilo. Nosotros mismos deberíamos
imponernos esa tarea en lo particular. ¿En qué detalles hubo conformidad? • Tocante
a la misión de la filosofía! Según la opinión general deberá ejercer una Wlu:ncia decidida sobre el individuo y la colectividad, y, en efecto, lo ha hecho, como demuestra
la Historia, al determinar la vida práctica y guiar a cierta ideología. Importante es ahí
cómo se define la "vida práctica" o sea "practica} affairs" para expresarlo en inglés
Y qué es esencial para ella respectivamente, esencial en mayor grado. Podríamos limi~
tamos a pensar en las vías estrictas del naturalismo, es decir, positivismo o la metódica científica. En tal caso no existe ningún puente de uni6n entre el Occidente y el
Oriente, y cualquier otro modo de acercamiento sería más fructífero que el sendero de
la filosofía. Así lo expresa el Sr. Kurtz que describe en la revista 11Journal of Philosophy"
-edición del día 7 de enero de 1960- el curso de nuestra Convención. Si me preguntan
a mí, diré sin ambages que la filosofía no tiene que enseñarnos cómo escoger los nuevos modelos de avión que se necesiten para la 11 vida práctica". Lo que la filosofía sí
quiere enseñarnos es formar cierta mentalidad necesaria para modelar la vida colectiva,
enderezar nuestros esfuerzos, esclarecer nuestras metas y desarrollar nuestro propio ser
con el fin de elevar la existencia humana. Durante nuestra Convención debatíamos
mucho acerca de los "valores espirituales". Todos esos tópicos revelaron unas miras
profundas Y tocaron en lo más vivo el problema de la existencia humana. Más de una
vez vimos que nuestras valorizaciones concordaban. Y concuerdan también nuestras
perspectivas religiosas, por lo menos, en lo básico. Por último, no me parece desdeñable en vista del papel poderoso que despliega precisamente la Religión, hasta en la
actualidad, en el mundo asiático. Nosotros, los fil6sofos del Occidente, hemos separado
Religión y Filosofía porque la primera se encuentra dizque "en un campo completamente distinto". Por otra parte, sentimos el orgullo de poder presentar una tradición
filosófica, la que, a través de la Historia, ha merecido los atributos de la grandeza y de
la dinámica hasta nuestros días. Sin embargo, injusto me parece tildar el pensar de
Asia como "anticuado y medieval",· tal y como lo expresa el Sr. Kurtz en su artículo
arriba mencionado, mientras alaba nuestra ideología como "moderna". ¿Qué es lo

667
666

�11

11

que el Sr. Kurtz entiende por el calificativo de moderno ? -si me queda
permitida
11
esta pregunta-, y ¿ c6mo interpretar sus palabras cuando lamenta que ni un solo
pensador moderno haya estado presente entre los Convencionistas de Asia"? El único
que apoya la última observaci6n, es cierto fil6sofo japonés, adepto del pragmatismo
naturalista. La mayoría de nuestros amigos orientales citaban las ideas de Tagore y
Gandhi, y ya este hecho parece indicar que ellos representan de veras el espíritu "mer
demo" de Asia. Desde luego, si clasificamos s6lo el naturalismo, positivismo y pragmatismo como "filosofía moderna", cerramos cualquier puente de acercamiento. Pues
lo que nosotros consideramos "moderno" -y en el Occidente sí lo es a base de nuestras miras hist6ricas- no es ni será el modernismo de Asia a menos que se haga un
trasplante forzoso de nuestras ideas a otro continente, y eso con un efecto negativo,
como lo ha experimentado el Sr. Dewey en China. En mi concepto tiene la filosofía
"moderna" -yo diría: "contemporánea"- una multitud de facetas y matices. Entre los fil6sofos más "modernos" figuran, por ejemplo, Scheler, Le Senne, Lavelle
( axi6logo), Heidegger y Jaspers. Por otra parte, a los "modernos" pertenecen también
Abbagnano, quien se distingue como existencialista por sus ideas bien alejadas de la
esfera racional, así como Dilthey, Rothacker y Spranger, los que han creado la "filosofía del espíritu vivo", para no citar a otros personajes que también merecerían ser
mencionados. Entre las ideas comunes entre el Oriente y el Occidente figuran, sin duda, las tocantes a la Etica y sus postulados incondicionales. Bien podemos descubrir
cierta afinidad entre la enseñanza estoica, la que se basa en una ley natural entretejida con la Etica, y la de Rig-Veda donde hablan de un orden natural en el Cosmos. Lo
que nos separa -y muchos oradores lo han visto claramente-- es la actitud básica
del hombre occidental que se caracteriza por la dinámica propia de su personalidad,
mientras Asia cultiva el alto ideal de alcanzar el equilibrio mental y la paz del alma,
y creo que nosotros deberíamos aprender con ellos. En resumen, diría que llegamos a
las mismas valorizaciones éticas, aunque caminamos por unos senderos distintos y
alegamos otras razones. Lo que todos hemos anhelado durante nuestra Convención,
ha sido el espíritu de la mutua comprensión sin caer en el error de amalgamar todas
las ideas tan distintas y variadas con el fin de llegar a una armonía (el Sr. Scbneider
usó aquí el verbo inglés "to hannonize"). Uno de nuestros colegas sí traz6 el proyec•
to de ºarmonizar" el budismo según la Escuela de Zen con la tradición de LockeJefferson, pero le contest6 el Sr. Krusé, catedrá.tico de la Universidad de Welayan,
con unas palabras comprensivas y expresadas con motivo de despedir a los miembros
de la C.Onvención. Lo que dijo el Sr. Krusé fue lo siguiente: "Si proseguimos la armonía, me daría curiosidad de conocer los resultados. Y ¿cuáles serían en la realidad?
¡ Todos perderíamos nuestra nota peculiar y personal! Y todo llegaría, bajo el aspecto de la "armonía", a un cuadro descolorido, lo que me recuerda aquel ensayo pro1
yectado durante la época del esclarecimiento, cuando se empeñaban en crear una ' religi6n de la raz6n". Yo diría que nadie abandone ni su personalidad ni su peculiaridad. Pues no es el abandono de las propias convicciones el que se requiere para esta•
blecer un contacto con otros pueblos y facilitar su comprensión, sino otra actitud muy
distinta que se manifiesta en abrir nuestra mente para que entren nuevas ideas, del
uno y del otro lado, captando nuestra atenci6n y enriqueciéndonos con su semilla espiritual". También el autor dedic6 a la Convención unas palabras finales diciendo,
en resumen, lo siguiente: "Cuando los pueblos buscan un encuentro, desean un inter·
cambio de ideas. Tal intercambio es fructífero de por sí, con tal que cada uno res-

668

pete las chonvicciones de su prójimo, los matices
ral que aya contribuído a formar su esp' ·1 dd&lt;: ~u personalidad y el fondo cultual
.
m u 1stmto" Af t
d
canzar un intercambio espiritual en el se t'd
d
.
.
or una amente pudimos
· ·
n I o escrito y val d
venc1omstas se sentían como un solo u o d
.
'
e estacar que los con.
de ensanchar su saber Por lo ta t gr p
e amigos verdaderos, unidos por el afá.n
h b'
.
n o, nuestra Convención t
é .
no u Jera experimentado un estímulo fec d
,
uvo xtto y no hubo quien
agradecemos a la Universidad de H
.. unl o Y_ bien profundo. y ese éxito se lo
Moore, esperando que tales Con
~wau y a ª.tmada dirección del Sr. Charles T
.
venc1ones se repitan con f
.
.
nuestro eJemplo encuentre 1'm1'ta •
recuenc1a Y deseando que
d
c10nes para que 1
bl
erse Y respetarse mutuamente
d
.os pue os aprendan a comprenWALTER JACOBOWITZ}.
' a pesar
e sus filosofías distintas. (Traducción de
fRITZ JoACHIM VON fuNTELEN

Universidad de Ma;""
. )
"..... (MagunCJa

COMENTARIO A JOSE GAOS •

s·igu1endo
. su propio. consejo de filosofar "o .
tor Gaos publica en una de
l.
cas1onalmente, pertinentemente" el doca·iversas ocasiones, cuya últimasusf u timas
obras una serie d
d'
'
1
1
e estu ios presentados en
Bod
S
ueaqueepropoc'6ld
et, ecretario de Educación P'bli
1
.
r ion e octor Jaime Torres
señanza en. M~co, mismo que f:e e:~it: ~:~~e.ludn artículo sobre la Segunda Eny en ¡uruo del 60 e
,
n e 1959.
la F
' n e1 numero 47 de las b
acuitad de Filosofía y Letras d 1 UN
reves y compendiosas ediciones de
una colección de siete artículo
e a
~M, aparece este trabajo encabezando
s·I exceptuamos de ellos s que
son y se titula u b E " 1 .
n so re nsenanza Y Educación"
Universidad", subtítulo del e:ritoe ~~~it:º~.~ronal de ,11ª Cultura, la Ciencia y
ve ensayo sobre "la mujer en la H' t . ,,
ma_ Mater fechado en 1948; un bre•
"no es d
.
is ona i también antes inédit
1
,
e contenido relacionado con la Peda , 11
Y e cual aunque
11 guarda relaci6n con dos precedent
d. go~1a (como supone el título del libro}
•
es 1sertac1ones sobre 1 d
.6
escntas
para
la
Universidad
Femenm·
a
d
.
· d
e M'extco·
y po ª'] e• ucae1 n de la mujer,
nunc,a a el 16 de junio de 1948
l M .
., '
r u timo, la alocución pro•
los sí habíanse publicado ya separedn e
CXJco C1ty College, los otros cuatro artícu
.
a amente en varia
•t
as lo interesante e importante de este
I
s rev1s as.
de Ma Jocuc1ones
•
vo
umen
es
que
no
o discursos de oca . ,
.
.
nos entrega una serie
o. . 1
Slon, smo un conjunto d
t' .
ngma es estudios filosóficos sobre 1 d
'6
e au enticos y radicalmente
.
a e ucaCJ n a parti d
mexicana que ha vivido plenamente desd 1 , d
r e y para la circunstancia
~ólo a manera de ejemplo para esta elo: cat: ra este maestro Y filósofo español.
art1culos, que son los más recientes y a~emásqu~::o toma~ uno de los dos primeros
recen trascender más amplíamente el límite de'
. pemuso .del autor! los que paesto porque hayan de ser los demás traba ·os su c11;unstanc1a u ocasión. No digo
puesta al alcance Y altura de c·
! algo as1 como una barata de filosofía
1rcunstanc1as nada filosóficas como Jo son actos de
i

b

°

* "Sobre Enstñanza 'Y Educaci6n" V l
UNAM, México, D. F., junio de 196Ó. o umen No. 47 Facultad de Filosofía Y Letraa
669

�graduación de nmas bien o alumnos "bilingües" que escuchan un ocasional discurso como oyen las piezas de música o presencian cualquier acto de la fiesta escolar
junto a papás e invitados que conviven un momento de pomposa e insustancial solemnidad.
No sucede así pues claro que Gaos no sólo rompe enérgica y radicalmente, con
1
vigor y profundidad de ideas, el superficial ámbito social de fiestas escolares o cosas
por el estilo, sino que crea y desarrolla en cada estudio categorías y conceptos que
no sólo nacen de su circunstancia, sino que nacen y viven de las raíces más hondas
de la filosofía.
Esta radicalidad del filosofar es lo que le permite a &lt;;}aos (no sé si contra cualquier historicismo) trascender su propia circunstancia. La circunstancia es del hombre, no de la idea. El historicismo es la filosofía que identifica el hombre y sus
ideas. 'Mas, si con ello al hombre lo hizo autor responsable de sus abstracciones y
a éstas les dio arraigo vital y sentido en la historia, en cambio, al negarlas como
abstracciones, o al menos al no concederles todo su valor de tales, les quitó a las
ideas algunos de sus esenciales atributos: universalidad, objetividad, intemporalidad,
etc.
Pero no debe aprovecharse la ocasión ajena para beneficio del propio hablar, a
costa de quitarle la palabra a quien la tiene.
Oigamos, pues, en primer lugar, algo del estudio intitulado "Cuatro puntos cardinales universitarios", presentado por el doctor Gaos en circunstancias o a circunstantes que se hallaban verdaderamente a la altura del óptimo saber universitario.
Tal coyuntura nos la refiere el mismo autor del modo siguiente:
"El señor Rector de la Universidad Central de Venezuela, dice el doctor Gaos,
invitó a algunos profesores extranjeros visitantes de la Universidad a reunirse con
algunos miembros del Consejo Académico, para cambiar ideas acerca de sus experiencias universitarias y de la organización o reorganización de las Universidades de
sus respectivos países". En relación con tal &lt;&gt;bjeto propuso a consideración del Consejo e hizo destacar dos puntos "absolutamente cardinales, a juicio del autor": El
primero, la productividad o creatividad cultural de las universidades. El segundo,
las relaciones entre la Universidad y la política.
Respecto al primer punto, o problema que acusa un déficit notable en "las universidades de países de lengua española", el mejor medio de incrementar su productividad cultural consiste en invertir el orden tradicional en la fundamentación de la
enseñanza: poner en la base no los planes de estudio, sino los métodos, y adaptar
a éstos cualquier plan de estudio, de tal modo que pudiera decirse, tomándolo tranquilamente y 11 cum grano salis", que lo mismo diera "enseñar unas cosas que otras,
con tal que las que se enseñasen, se enseñasen bien, en vez de mal".
Este pudiera ser el momento de una magnífica revolución pedagógica en la Edu·
catión Pública, pero no lo es por dos razones: la., porque se trata más bien de
una mera expresión "exagerada hasta lo drástico, para dar el mayor relieve posible
a la idea que interesa destacar"; idea completamente moderada de reforma peda·
gógica; y 2a., porque la meta final de tales métodos no es esa educación pública
de simples alumnos y profesores, sino la educación "poco menos que exclusiva" de
discípulos que no sólo sean informados, sino formados por un "real y verdadero
maestro, que apenas puede serlo más que en singular".
Respecto al segundo punto cardinal, las relaciones universitarias con la política,
el doctor Gaos dilucida -como dice él de Ortega-, con ejemplar lucidez, la reali·
dad política en que vivimos y que envuelve "la crisis de la vida toda de la Humanidad

670

desde la Primera Guerra Mundial" E
.
dos aspectos distintos por "lo d
sta realidad queda claramente iluminad
s os conceptos
·
d
a en
Y no sólo de Occidente
I
cap1ta 1es e la vida política de Occ·d ente,
.m em
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· · • os conceptos de l'be I'
1
argo creo yo que I li
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ra urna y democracia"
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ap car estas ideas al
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·
a v1 a poht1ca con la vida cultural univer . .
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nam_ente, sobre todo porque, por virtud u::ana, pudiera n~ estarse de acuerdo plecrac1a, se ve la necesidad d
. .
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de algo semeJante a la idea de d
t "d d
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e siquiera reconocer o p
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emoum a es e ucativas a toda la u
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roporc1onar igualdad de 0
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l
masa estudiantil
poras e concepto de democracia es "es , . .
tro Gaos, Y su extensión a las instit . pec1~1camente político", advierte el maesEstado democrático es una extralim'tuc~~nesd mismas no específicamente políticas del
de no t ra tarse espccíficament d 1 acion e absurdas consecuenc1as
· ,, . Bueno
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e eI concepto demo
. d
' puemen e po itlca, sino quizá de un modo de
. _crac1a, e connotación estrictanos lleva aún más allá de la simple "ig Id ~o:c1encia social de nuestro tiempo que
. ~n efectoJ esto lo reconoce el pro io ua a
e oportunidades" en la educación.
ttc1a social, más exactamente que dt de autor ~uando nos dice: "El espíritu de jusépoca contemporánea de la hist . h mocraaa, que es característica valiosa de I
bl'
ona umana ya
d' 1
a
o ~ga a reconocer, el derecho de las
mun ia ,_ no permite negar, sino que
posible".
masas a la ensenanza y educación más ~Ita
Se conviene , entonces, en que una inst't '6
no ser entidades políticas no deben . i uc1 n cultural o una tarea educativa por
( como "democracia") sino' d b
Juzgarse con conceptos estrictamente pol,'1·
u•
• .
,
e en entenderse
'd
1 1cos
~ustICJa social")' sean capaces por su al h con I eas que ( como "liberalismo" o
c16n a la ordenación de toda ~onv·
_v hor umano, de "extenderse sin extralimita
M d
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1venc1a umana"
as, espu s de mencionar " I
, •
·
liosa de 1 é
e espmtu de justicia social"
"
, . ª poca contemporánea",
desalienta
.
como característica vaespmtu se va a satisfacer "la aspiración de la: ;:1en p~etendiera creer que con tal
p~es contra ello está nada menos que la le
sas m1smas a su ascenso cultural"
ruvel de cultura en proporción al eso
y ~e 1~ gravedad que hace descender eÍ
estudiantil, y más aún la .
p
de med1ocndades e inferioridades de la
. ,.
,
misma naturaleza que u
masa
6
~en1,~s y cuya avaricia en estas dotes h
u no es pr diga con el hombre en
s1ón .
umanas pesa como lastre contra tal aseen-

Bien
. • .quizá s1· entend"iéramos como natu l
la histona, comprenderíamos más I
ra eza humana la vida del hombre en
'd
•
e aramente có
•
,
v1 a ruegue oportunidades de cultivo y la
mio viene a ser lo mismo que la
a
masa
sea
.
natura
eza
dotes
I
.
l
ignorante por tonta Y viceversa s·
. . que cu ttvar, o sea, que
n~turaleza sea tan avara, tan trágicament . m ese entena, quizá no se acepte que la
c1ones de ascenso cultural"
1
e avaraJ que les diera a las masas u
•
má
Y es negara facultades
.
aspiras, no se necesita ser genio
para realizarlas plenamente Ad
M
. l
para ser culto cultís.
.
el "as, s1 a Universidad pretendiera educa ' 1m imo, o aun para crear cultura.
a masa" estudiantil ¿ cómo pod , I
r rea ente o enseñar a la totalidad de
Cent
agrario
. ra l d e v enezucla' (en donde na
plantea
el ' ponga mos por caso una Universidad
tu d iantes este año" ( 1959) o un
.
. autor este problema)i con "10,000
tudiantes'' ( e1 mumo
·
- '
a Universidad Nacional de Mé xico
· con "40,000 esesano).
Sin considerar el problema d 1
t~diantes de la misma disciplina _e os rnae~tros, veamos sólo, por ejemplo "mil esran en conspiración permanente,, i~f~~7º:~:en~os estudiantes mediocres se, movilizatodas las exigencias de suficiencia a ¡· g d ' implacable, para lograr la reba1·a de
con los menos esiuerzos posibles, casi
' casi
m a eco acabar
d' Ilos estu d'ios y hacerse del título
'
mo e ugar' seg'un di cen los mexicanos"

671

�( decimos esto siempre en sentido contrario de como lo entendi6 aquí el maestro español: esforzándonos o luchando violentamente por conseguir algo, a cualquier costa).
Renunciando, pues, a atacar el problema social de la educación, el doctor Gaos
nos presenta un programa académico que no obtendría más que un mero "apaciguamiento" en la pugna "hist6ricamente dramática, que tiene por liza específica la Universidad del día de hoy" y que no es sino el conflicto entre la aspiraci6n de las masas
a su ascenso cultural y su impotencia natural, para lograrlo.
El programa me parece un poco fuera de lugar y de tiempo. En efecto, la tripartita "separaci6n de 1) la cultura general superior, 2) la formación profesional
y 'reformación' de los postgraduados, y 3) la formación de las minorías productivas
o creativas culturalmente'\ se me imagina un poco alguna ut6pica República de la
Cultura con tres tipos de ciudadanos: los de cultura general, los profesionales y los
sabios. A los primeros se les educaría en "una Facultad de Cultura como la ideada
por Ortega y Gasset en 'Misión de la Universidad'; a los segundos, en 'Las Escuelas
para Postgraduados'; a los últimos, hay que formarlos aparte ºen los laboratorios
y seminarios, abiertos a su vocación y aptitudes, y cerrados a la acci6n descendente
de las masas".
Fuera de su tiempo parece también hallarse este plan, porque, sin atender suficientemente a la realidad de nuestros días en sus problemas e ideas sociales, acude
al concepto de liberalismo, vigente aún, pero más bien ºprevaleciente en el pasado
siglo", como afirma él mismo.
Entonces, si intentáramos situar la educación pública en las circunstancias de nuestro tiempo, deberíamos ver quizá cómo su actual finalidad primaria parece la de
tender hacia el fondo de la masa para ayudarle a adquirir conciencia personal y
medios propios de cultivo, y no dedicarse a minorías o individualidades que ya han
elegido por sí, con plena responsabilidad, los medios y términos de su perfeccionamiento cultural.
El concepto de educación pública en las circunstancias de nuestro tiempo comprende no solamente la tarea del Estado, sino la de toda institución docente, privada o no, que, con conciencia social, considere como bien público el bien de su
educación.
Entendida así la educación pública, detrás de su finalidad social, que aún pudiéramos considerar como extrínseca, debemos buscar su fin propio e intrínseco, de
orden especüicamente cultural. Y una vez determinado tal fin pueden ya determinarse los métodos, pues éstos no son, en efecto, mas que caminos hacia un fin previo. Y si el fin externo de la educación, que es el bien de la sociedad, nos mueve
a acercarnos por todos los caminos posibles al pueblo, a la masa social, su fin intrínseco o bien cultural de los educandos nos exigirá con mayor fuerza llegar al
espíritu del estudiante, y no en la individualidad singularizada del genio fulanito
11
o del grupito selecto, sino en la totalidad indiscriminada de la masa" estudiantil.
¿No se cree que tal sería el único o el mejor medio de destruir, aun sin proponérselo, 11 aquella forma de la demagogia que practica sus artes de seducci6n y extravío sobre la juventud" y que tan certeramente condena y señala el maestro Gaos
con el nombre de Ntogogia?
Las generosas virtudes de la edad juvenil "y no sólo su forzosa falta de experiencia y saber, le hacen la más fácil de las presas para los fautores de las empresas
más desatinadas y desastrosas. ¿ Por qué no recordar el papel, ah initio, de las juventudes fascistas, nacional-socialistas y falangistas?"
Y todavía más que esas juventudes de hace ya varios lustros y que fueron víctimas

672

de la .militarización Y de 1a guerra, ¿ no tenemos ahora mismo
neogog1a no sólo de tipo nacional como I
.
ejemplos de una
Debería saberse cómo se educa'( .
a~ c1~das por Caos, sino mundial?
sm conciencia persa l)
que se_ convierten en materia completamente dis n 'b na a esas masas de jóvenes
De leJos no podemos saber más
l
po t le a los usos de esta neogogia.
que Rusia produce ahora muchos
t:c:i:a:an~a .e~ gran escala ( como, p. ej.,
pero en lugares como nuestra cercan C b
c1entíf1cos que los Estados Unidos)
6 .
d'
a u a, por ejemplo sí sabe
1 I h
'
g gica, igámoslo, de su juventud católica
. . ,
mos a uc a antineomía de la cultura "ante lo
d
estud1ant.1l que, defendiendo la autono•
proclamas en que exige "un :is!:°m:res polític~s, económicos Y sociales", ha lanzado
la I
"
que permita el acceso de tod l
1
.
a
cu tura como conquista social
•
as as c ases sociales
.
l'b
que rea1ice en toda su
rt
I d 1
quutas I erales de garantías "pa
. . .
amp u as previas con•
1 l'b
de la libertad de expresión
ra. e '61 re eJ~rc1cio de la actividad académica y
Y asociac1 n estudiantil"
'
Pero . no debemos
prolongar más Ias di gresiones
.
·
,
de este
q
.
mentano. As1 pues para temu' nar 61
.
ue es ya un abusivo co'
, s o qmero referirm
l 1
tro Gaos pone punto final a "l
. e a ema con que el maespalabras: uPor la libertad a l os cudatro puntos cardmales universitarios" en estas
. 'd
,
a gran eza" Si quisiera . t .
d
rru t ea crítica central deber'a d . .
·
sm ellzar e modo análogo
1 ec1r 1gua, mente.
,
p ¡ lib
·
or a
ertad, al bien común
d e la cultura".

!~:

11

MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

VIDA y SENTIDO, DE LUIS ABAD CARRETERO

PARA
, SATISFACER una petición mu Y especial me veo impulsado
'h'
na. 8 irvame lo anterior de discul
a escn ll' esta resecomendar a nadie porque pa pal, pues es éste un libro cuya lectura no deseo re'
'
ra e grupo de las
¡
estas materias no puede menos que
lt f . . personas cu tas y conocedoras de
por la lógica y el método así c
resu alar astldiosa, .dado el poco respeto del autor
·
'
orno por
gran cantldad d
d' •
'
incurre; Y para las personas jóvenes, faltas de
. , e contra 1cc1on_es en que
mentales del saber filosófico
preparacmn en las matenas fundad
.
' me parece que puede
1
•
esonentador el leerlo.
resu tar peligroso, obscuro y aun

En un breve prólogo el señor Abad C
por su pensamiento así como 1 1
arretero trata
,
'
e ugar que éste ocup
sof ta contemporáneas hace un •
d . .
ª
'
a 11gera escnpc1ó d
n e
0 exposición de motivos.

de describir el camino seguido
t la
.
en re s cornentes de la filoI Ob
a
ra Y una autoexplicación

El autor ha desarrollado en una serie d
. .
en los que, como piedras angulares de
e plublicac1ones, un conjunto de conceptos
mi t e
•
'
scansa a construcción d
·
en o. orno ninguno de estos canee
.
e su sistema de pensato se hace difícil comprender los ptos e.s ;b1cto de una precisa definición. de pronél remite constantemente
enuncia os. verbales del señor Abad Carretero.
a sus anteriores trab
,
po a su doctrina.
aJos, en 1os cuales ha ido dando cuer-

* Luis ABAD CARRETERO, V'd
Cultura, México, 1960.
i a y sentido. Cuadernos Americanos, No. 51, Ed.
673

�'I

La obra se divide en dos partes: I. Orígenes del Sentido_ (consta de tres c~pítulos)
II. Iniciación a la Sentidología (siete capítulos), y tenmna con un apéndice compuesto por dos artículos.

r

la.

' 1

PARTE:

Gnoseología,
El puno
t de Partida el "querer": el problema del Conocimiento,· la
·
d'f' ·¡
presenta serios obstáculos y ante ellos el autor desmaya: "El conocimiento es t ici,
la tarea filosófica de fundamentarlo es ardua, el criterio de la verdad, no es cosa fác!l, y su respuesta envuelve graves cuestiones, la realid~d del mundo. El problem~ que
se plantean y discuten realistas e idealistas es un seno escollo para su pens~miento,
· ·
· " y en Ia p • 134 •· "El hombre no ttene nenos dice: "todo conoc1m1cnto
es h'1pot ético
cesidad de preguntarse qué cosa sea real y cuál irreal, porque sabe perfect~mente que
el instante, su fiel compañero1 no lo engañará con su querer" ... etc. ~e1or que _enfrentarse con estos problemas le parece al señor Abad Carretero la r_eurad.a, p~efiere
la cotidianeidad (sin aceptar por esto la tesis del realismo ingenuo, ni la f1losof1a del
sentido común), el criticismo kantiano ha dejado hondamente su huella en su. pen.
·
en Dilthey
sam1ento,
no quiere
sa be r nada de la "razón pura" , más
. .,bien. apoyándose
.
,
quiere hacer de su filosofía "una introducción a la vida ; tiene su sistema mas parentesco con la raz6n práctica que con la "teoría". Así tenemos tres conceptos fundamentales: el conocimiento, la verdad, y la realidad, que colo~d~s en la esfera
del pensamiento son desechados por el autor; puesto que el cnllc1smo plantea la
voluntad (al
d ud a, ¿para qué atorme ntarnos?· El señor Abad Carretero recurre a la
rd
· d I
querer1 al desear). Si no estoy seguro del conocimiento, ni de la ve ad, ~1 e a
realidad tal y cual me la da el pensamiento, sí _estoy seguro de lo. que qmero, de
In que deseo. tal es su posición y punto de partida. En consecuencia debemos pensar que su abstención gnoseológica es un "escepticismo". Como Haml~t en su famoso
monólogo recita:
"Thus conscience does make cowards o/ us all,
And thus the natiue hue o/ resolution
Js sicklied o'er, with the pale cast o/ thought,"
(W. SHAKESPEARE, Hamlet Prince o/ Denmark, Act three, Sccne one).
El autor condena el pensamiento, la conciencia, el espíritu, en virtud Y por obra
de la acción y de la vida. Se apoya, en ocasiones, e~ Nietzsche, .e~ Klages, en. ~londel,
O'lth
como filósofos vitalistas y en matet1a de conoc1m1ento se ahha ya ~
1
0
en Vaihinger
ey,
Otto
y su filosofía del -als o~ ( como s1·) , o a las pragrn atistas · As1
.
e
la
p
del nuevo
nos d icen
• 317.· "Cuatro nombres han figurado como campeones
'k
concepto de la vida. Fueron ellos: Nietzsche, Dilthey, Simme~ Y ~ic ert. · · Y acaso
haya sido Nietzsche quien enlazara vida y sentido con mayor ngor vital y lo expresara
con más clara vehemencia".
.
Las fuerzas psicológicas son éstas: la ambición ( voluntad de poder) N1e~sch~ Adler . Klages, el orgullo, la vanidad, el odio, el amor, la esper~nza, la 1lu~1ón,
etc.; las fuerzas psicológicas se alían al querer (voluntad), y en el 1~pulso (Tne~•
Freud) realizan el acto en el instante. Es fundamental para el pensamiento de~ senor
Abad Carretero, el acaecer instantáneo de la operación humana, que se efectua por

674

obra del querer (la voluntad), en la que aparece el "sentido". El autor bordando
marginalmente en torno de los problemas de la Gnoseología, y apoyándose ya en
Nietzsche, ya en los conceptos de psicología profunda, que tocan a las causas subjetivas y afectivas de error, continúa tratando de apuntalar su tesis escéptica y voluntarista.
Los ritmos: el autor llama ritmo a una esfera del acaecer humano, o mejor a una
esfera de la vivencia o de la experiencia humana. Basta esta definición, en que la
vida humana se desenvuelve en el tiempo, y por medio de actos o acciones, pero en
sí mismos estos ritmos, no dicen ninguna relación con el tiempo, por lo que nos parece un poco arbitrario el uso. del término. El señor Abad reconoce el influjo nietzscheano y en ocasiones quiere tomar el estilo sentencioso de su maestro; así en la
p. 125: "Por lo tanto el querer en el ritmo psicológico obra como una fuerza que
está haciendo operaciones poderosas para romper la uniforme y dura urdimbre colectiva que a todos nos iguala y por ello a todos nos anula. Y el querer "lucha denodadamente por conseguir imponerse y quitar a este ritmo su impertérrito monorritmo. Y el querer se impone, sabe perfectamente lo que el sujeto pretende". Se
consideran tres ritmos: lo. el psicológico (íntimo, personal de cada sujetoL en él
cada cosa tiene su sentido propio; 2o. el colectivo se da en la esfera de las relaciones interpersonales y engloba colectividades más o menos grandes, para las personas comprendidas en las cuales, las cosas tienen un sentido común (pueden ser
estas colectividades de profesionales: maestros, médicos, abogados, o bien locales, habitantes de una misma ciudad, sujetos de idéntica nacionalidad, etc.; y finalmente,
3o., el ritmo creador e histórico por medio del cual se crea el sentido colectivo,
cuando una persona extrovierte su intimidad dando nueva forma a algún objeto de
la cultura.
La novedad que inaugura en el pensamiento del autor con esta obra es el "sentido" y a él está dedicada la mayor parte del libro.
El problema del "sentido" en lo humano parte de la moderna filosofía de la cultura y del espíritu, que ha tenido gran desarrollo principalmente en Alemania. "Desde Hegel, pasando por Dilthey, cobrando vigor en Windelband y Rickert (los filósofos de la escuela de Baden) y adquiriendo lineamientos precisos en Scheler y Hans
Freyer, la teoría de la cultura se ha venido constituyendo como una elucidaci6n sis•
temática, tanto de la esencia como de las formas de la vida objetivada del espíritu".
(O. ROBLES, Propedéutica Filosófica, 2a. Ed. p. 209). Pero es Dilthey, nos parece,
quien luchando por la fundamentación de las "Ciencias de la Cultura", ha marcado
mis hondamente la diferencia entre mundo físico del que se ocupan las ciencias na•
turales y "mundo humano", creado por el hombre1 constituido por objetos de la cultura, y en el que aparece el "sentido" del cual se ocupan las ciencias del espíritu y
de la cultura y cuyo método es la comprensión; los objetos de la cultura son diferentes de los naturales; son, pues, expresión y el conocimiento para estos objetos no
ha de ser como el de la física, en que la materialidad del objeto es la que cuenta,
sino de otro género muy diferente; consiste en desentrañar sentidos; en pasar de lo
que se nos da directamente como expresi6n a lo expresado; en interpretar signos y
en leer la letra para llegar al espíritu (Feo. ROMERO y E. PuccrARELLI, Lógica,
12 Ed., p. 218). Así para Dilthey al lado del mundo físico, existe el mundo humano, mundo del "sentido" cuya realidad es la 11 cultura".
Pero, volvamos a nuestro autor. Tómese lo anterior como los orígenes o fuentes
a partir de las cuales se origina el concepto del sentido aplicado a lo humano y de
la:s que procede su pensamiento. Con el apoyo de sus conceptos fundamentales "que-

675

�Y con
rer, ·ms t an te y r ealidad" ( nombre de una de sus anteriores .publicaciones),
•
b'tra
·
ayuda de algunas distinciones terminológicas convencionales o Sl se quiere ar 1 nas
entre querer y desear, vivir y vida, acto y acción, por las cuales: querer es un ve;bo
d~ tiempo presente, desear se refiere al futuro, vivir es tiem~ presente (se rea iza
en los instantes sucesivos), vida es pasado, acto es una operac16n breve que se ~caliza en el instante, acción es una operación de mayor envergadur~ qu~ se refiere
Y que
a sucesos q Ue se rea lizan en varios instantes sucesivos continuos o d1scontmuos
1
·
de durar años• hace el señor Abad Carretero a gunas construcrn oo=mrn= ~
'
.. .
.
.
clones verbales muy complejas, ya que sin estas d1stmc1ones serian mcomprens1 es
por completo.

·w

2a.

PARTE:

Iniciación a la Sentidología: como buen vitalista da muestras_ el autor de una
flexibilidad verdaderamente vital, por la cual casi todo lo que_ ;~1rma en una ~arte
de su libro en otra lo niega. Estas contradicciones hacen muy d1f1ol capta~ la medula
de su pensamiento, por lo que no dudamos, se puede demostrar, que dice lo contrario a lo que nosotros apuntarnos. Aún así, trataremos con sinceridad de extractar
el contenido de la obra. En la p. 95 niega: "Nosotros en realidad, no hacemos
teoría sino que pretendemos copiar el panorama de la vida, como ella se_ nos presenta ' ingenuamente a través d e¡ querer" . En la p. 149, afirma·• "El sentumo
. trata
.
de estudiar el querer nuestro en relación con las situaciones vita~es, y lo sentidológic_o
va unificando esas operaciones que estamos haciendo de_ continuo para damos finalmente un perfil del vivir humano, individual y colectJvo.
"El empirismo intenta que tengamos una visión espontánea y natural del mundo,
en cambio el sentismo pretende captar el sentido de los actos que los hombres ha• • en teona
' ta J postura voli•'uva" . Y en la p • 141 dice·· •"Los métodos
cernos y engtr
de la sentidología no son matemáticos", sus caminos son muy otros. Estos so~ los ?e
la observación y el análisis de las conductas humanas. Es a través de la pstc~log:a,
de la sociología y de la historia principalmente_ como se podría empezar a abnr v1as
para encontrar y precisar el mundo de los senudosu. Un poco más_ adelante, el aut,or
precisa la clase de teoría que trata de erigir; sería ésta una espeo; de antropolog!ª·
En la p. 151: "La sentidología sería una especie de antropolog1a que envolvena,
no al hombre como objeto natural de investigación, no al homb~e s61~ co~o reca. ul ac1·6 n sumana
· de todas las cosas, que diría Pascal, o como ammal simbólico
p1t
1 cual
expresión de Cassirer, sino como ser con sentido aspirando a enlazarlo con os sentidos de los demás hombres".
Para el autor: el pensamiento, la razón, la conciencia, la mente, es lo malo, lo
ue paraliza la acción; el querer (lo volitivo), el desear, lo bueno lo ~u~ nos lleva
q ¡
'6
la realidad Leemos en la p. 212: "El hombre queda as1 ligado a su
aaaccinya
·
d
d
'te
vivir, a su continuo hacer, y no a su pensamiento. Esto a a ente_n er que se sien
"do a su querer de preferencia. La vida se obscurece cuando se pretende captarla
un~ t
tarla sobre base mental· entonces todo queda falsificado", y en la p. 219:
emerpre
'
1 h
, ·
elárea
"De modo es que en cada instante se da en nosotros una uc a ps1qu1ca en
e se llama voluntad y que nosotros llamamos la del querer y el deseo. La lucha,
:~es, de que hablamos es una lucha psíquica, en la cual intervi~ne. el querer cante~
muerto,
m'd o con recuerd os e ,·mágenes" · El querer es lo vital, la conc1enc1a es lo d'
hechas estas aclaraciones es fácil comprender que al referirse a Kant nos 1ga en

676

la p. 260: "Por eso el pensar es eminentemente teórico y el querer eminentemente
práctico. De ahí la distinción fundamental de Kant ante el vivir haciendo dos Críticas. El error, si es que se le puede llamar así, sería que el instrumento de ambas
fuera la razón", y que al comentar la tesis de Ortega y Gasset escriba en la p. 318:
"Y entonces el haberse decidido por el sentido que de él emana, tendría que haber
formado no un raciovitalismo, como le llamaba a su filosofía, sino un sentivitalismo".
Para el autor el sentido emana del querer, es lo intelectivo del querer y en consecuencia la teoría, lo emanado de la razón es también lo malo; si pues quiere erigir
en teoría su postura volitiva, y no va a usar la razón para hacerlo, no tenemos idea
de cómo podrá conseguirlo, y ante esta actitud frente "a los dos mundos" del pensar y
del querer, no podemos menos que acordarnos de aquellas intrincadas razones que
sorbían el seso al ingenioso hidalgo manchego: 11La razón de la sinrazón que a mi
razón se hace de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de vuestra fennosura". Pero procuremos ahondar en su teoría psicológica: en primer lugar
hace la distinción muy germana entre: Espíritu y Psique (Geist und Seele), y considera con otros vita1istas al espíritu como enemigo de la vida; la psique {el alma),
el lo vital, así leemos en la p. 305. "Psique y espíritu son los que entran en lucha",
el conocimiento es mental; el sentir es psíquico y es lo vital, el querer es vital, es
psíquico y no tiene qué ver con la conciencia ni con la mente, con el pensar ni con el
conocimiento, el querer es lo más profundamente vital¡ el querer no tiene que ver
nada con la conciencia y sin embargo es en ocasiones influido por móviles inconscientes. En ocasiones el espíritu desvitalizado por la acción de la mente necesita renovane y es entonces necesario acudir al querer como lo más profundamente humano
para recrear el espíritu. Así leemos en la p. 296: 11EI sentir no es la mera sensa•
ción como en el anima], sino una prolongación de ella que se enlaza con el querer, sin
llegar a la percepción. Esta es conocimiento y ni el querer ni el sentir lo son, y sin
embargo encierran lo vital del hombre". Y en 1a p. 128: "Lo que se llama inte1igencia es el sentido práctico de la existencia ... "; en la 129: uEl sentido es acaso más
profundo que la simpatía o que la antipatía, porque es lo intelectivo del querer ...
El sentido es el principio de la socialidad, que diría George M. Mead". Para el Sr.
Abad, el querer, sabe, tiene memoria y lucha por conseguir sus objetivos y realizarlos.
En la p. 259 dice: uEs evidente que hay una relación entre el querer que impulsa el
acto y todo el proceso anterior, que puede ser mental al principio de su recorrido,
pero que al final y como antelación inmediata de él no lo es. El querer conserva todo
ese proceso de alguna manera, en forma de imágenes y sobre todo en esquematizaciones, en síntesis que están vivas en el alma del sujeto y que le ayudan en el instante
que hace el acto". Esta manera de concebir la inteligencia y la acción, así como
cuando considera el lenguaje como gesto oral de contenido pragmático, está clara•
mente influenciada por la psicología social pragmatista de George H. Mead. Respecto
de la razón, además de lo ya anotado, nos parece oportuno mencionar aquí que,
según el autor, se está produciendo en nuestros tiempos un desdoblamiento de la razón:
el hombre encariña su razón con su querer, se enquista haciendo una separación entre
su querer y el ajeno, de ahí que parezca haber dos clases de raz6n: una la propia y
otra la social. En la p. 308: "La razón personal es la que se une al sentido íntimo ... ¡
es la ayuna de cultura, la que se nutre en experiencias propias, la que excita en todo
instante y penetra en las capas profundas del querer, la que se le une para solucionar
la situación vital, abandonándole una vez fecundado. En cambio la razón impersonal,
"universal*', es la que se dirige hacia el sentido de la palabra, de la frase, para procu-

677

�O b · ti idad posible". Este desdoblamiento de la razón, nos parece, e.stá
rar la mayor
Je v
.
,
, personal del sentido
en relación con los llamados ntmos por el autor, as1, 1a ra:on
.
I .
íntimo sería el sentido del ritmo psicológico y la razon social, el sentido de I ntm~
i
colectivo.
Estas diferencias que se encuentran muy m arcadas en Hegel, entre . o, um.
·
1
1
d
d'
d
lo
individual
pueden
remontarse
h1stoncavtrsal y lo partlcu ar1 por e esen e
'.,
,
., (Hemcnte ( como lo hacía Hegel) a Heráclito, entre el Komon Kosmos, Y el Idion
ka~tos) que vendría ~iendo la esfera del ritmo colectivo el primero Y la e~fer~ d~l

¡1
1

ti
'

ritmo ;sicológico (Íntimo o vital) el segun?º· Ahor~ bien, el Koi,nó; !º::~~de:set:;
clito fue traducido por Hegel en el Lagos {y segun parece as1 e. . .
'
&lt;!universal"; también Heráclito muestra un desdén absol~t~ por. lo. md1v1dual enu:e:i
tido filos6fico. El Sr. Abad Carretero aconseja en la pagma s1g~1en~e .(309) q
hombre canalice hacia la razón personali es decir hacia el sentido mtimo la mayor
arte o la arte más amplia de las actividades de 1~ raz~~i con lo . que_ nos_ parece
~ace un lla!ado al hombre contemporáneo para que mten51Ílque su _vid~ '.ntenor. L;s
·
d l autor en lo relativo a los sentidos personales psicolog1cos, Y a a
~::i:p~:on;~ere:es que tiene lugar en la esfera de lo social, donde los individuos_ se

1

1\

encuentran intercambiando sentidos, engendrados e~ .s,us quereres \ ~rat.ando :~ac~;~
poner a los demás en sus demandas, por la imposicion de sus sen I ;s' 1en ;
á
on la lucha de estas razones, en las que luchamos con las rawnes . e os em s y
ccon Ios quereres de los demás.1 son en todo semejantes a las sostemdas
'd' · por Sartre,
b''
con sus conc~ptos del Ser para-sí, y del Ser para-otro, en todo 1 enticas taro ien
cu el sentido que nosotros nos damos, y el sentido que nos concede; los otr~s. . ro
Pero recapitulemos un poco: Colocando el autor a la vol unta como o pnme ,
lo primigenio lo más profundamente humano, separándola neta~ente d&lt;: _la Ora:ódn,
'
de la conciencia,
se sitúa en un grave pred'icamen t o, pu es ' como dice el vteJo
d . v1 d10
"Ignoti nulla cupido" (Ars Amandi III, 397). Lo que se oculta que a I~nor~ o
no se desea lo que se ignora. Nadie quiere lo ignoto, o algo que no se sa e s1 es
Y
bueno O malo o que pueda ser,. mas el Sr. Abad Carretero' fecundo ,en recursos,
inventa un co~cepto volitivo, que es como un esque~a de ª.cc!ón _(aq~1 se nota 1
·m fl uenc1a
· de G• W· Mead) 1 y una facultad especial de •v1sc1encia, organo
.
· de p1a
voluntad y de la ,acción ( opuesta a la conciencia), la cual tiene una memona pro
( no la de la conciencia), y es un saber activo, volitivo; así hace dos mu~doals .apart(e:l
·
d e l a razo'n , el mundo del rac1on
El 'de la conciencia, del pensamiento,
d l d1sta e)
de la razón impersonal o social) y otro de la vol.unta~ (del que,re:, e
ese::~
con su facultad intelectiva, la visciencia, su memoria, siendo este ul!t~mo, el mu el
encauza to
de la acci6n ( el de la razón persona 1' ,m ti ma ) . El concepto vo 1bvo
.
. . , Y el sentido es lo expresado como querido por el ac
acto durante su rea l1zac10n,

1:

l
1

q e se realiza en el instante.
. ,
b á
uEn realidad ya la Escolástica (Sto. Tomás) siguiendo a Anstotes, ~~ro, r\ as ::
dolo en este terreno, reco nocía un último juicio práctico, al _cua se aR e_na a rav y
luntad en el momento de la acción,· Kant hacía su diferencia entr_e. azon .P~
, .
e en términos escolásticos se llamó, entendimiento teorico y
Raz6n practica, lo . qu
cesidad de crear esta visciencia
entendimiento práctico; pero no hay, nos paree~, ne . dile ente de la llamada
como facultad aparte y dotarla de una memoria propia,
r
común y corrientemente memoria.
Nos parece necesario añadiri que. desde luego no compartimos las ideas psicológi~as
del Sr. Abad Carretero, en lo relativo a: el sentir la conciencia, la mente, la razon,
la inteligencia, las fuenas psicológica~, .etc. y me~os que nada en lo que él lla_ma
una fenomenología del querer1 esto ultimo nos parece más propiamente una mito-

678

logía, o una quimera, quizá una pseudología fantástica, pero de ninguna manera
una auténtica fenomenología, sí podemos admitir desde luego la primacía de lo
volitivo, pero esto de ninguna manera nos llevaría a hacer estancos y mundos aparte
dentro de la psique humana. Nosotros propugnamos más bien por la comprensión
del hombre como un todo, por una antropología holística, y si podemos transigir,
al hablar de las facultades: voluntad, inteligencia, memoria, etc., entendemos que
éstas son el resultado de una abstracción ( que obra por separaci6n ideal, no real)
y no las podemos concebir actuando o siendo aisladas del resto del psiquismo y del
ser del hombre.
La tesis volitiva del autor, que destaca al "vivir" como lo esencialmente humano,
se realiza en actos verificados en diversos instantes impulsados por "el querer". Dando fe de una especie de razón dinámica, nos parece conduce con mucha facilidad
a los peligros señalados por Karl Mannheim en su libro Diagnóstico de nuestro Tiempo
(Fondo de Cultura Económica, 3a. Ed. en español - Colecc. Popular, págs. 148-149).
HEJ Instrumento metodológico más fecundo de la ciencia moderna, o sea la tendencia a ajustar cuando sea necesario todo nuestro sistema de pensamiento a la esfera
cada vez más amplia de la experiencia, se transforma cuando se aplica a las cuestiones morales y a la vida humana en el problema más grave del hombre moderno.
Al desarrollar en el mundo moral el mismo tipo de racionalidad dinámica, el hombre moderno tiende a perder una base firme en qué apoyarse. Y mientras que en
algunos individuos eminentes esta caída en el abismo del yo sin llegar al fondo, representa una lucha grandiosa, un nuevo titanismo, en el hombre medio esta misma
dinámica conduce a una actitud frívola de no creer nada y a una aspiración infinita
por sensaciones continuamente renovadas", evidentemente es a esto a lo que se refiere Albert Camus en su famosa obra La Caída, y es éste el peligro de vivir de
acuerdo con los lineamientos del autor de Sentido y Vida, y más que eso aún,
según el mismo Karl Mannheim (Cfr. Ob. cit., págs. 192-194 y 199-201), estos
efectos principiando por una desintegración del carácter y de la conducta del individuo, llevarían después, en lo social, a la parálisis de la acción cooperativa y a
la desintegracióp social.
Veamos ahora algo sobre las tesis metafísicas del Sr. Abad Carretero. Ya en la
pág. 138, comentando a Scheler y Spinoza se define metafísicamente, asimismo en
la pág. 188 comentando a Berkeley, en la pág. 194 nos dice: "Lo único real y seguro
es nuestro deseo, esa es la verdad. Y no obstante, también oscila. Exacto cambiará
este deseo, pero no un deseo, porque de no morir, en cada instante tendremos uno,
del cual dependerá nuestro acto. Lo real no es, pues, lo que se desea, sino el desear
mismo; esto es el querer ahora". Podemos repetir, son en el fondo los problemas
de la teoría del conocimiento los que llevan al autor a estas tesis, es el problema
Gnoseológico el que lo lleva a afirmar la primacía de lo voluntario. Pero es en
Apart. 3 del Cap. IX (págs. 255 a 262) en donde desarrolla su posición metafísica
siendo en todo momento visible el hondo influjo que en él ha dejado el criticismo
kantiano, al cual en muchos aspectos se pliega y sus tesis y postulados deben ser
interpretados como intentos de escapar a la férula del maestro de Koenigsberg; también parece muy impresionado por las tesis idealistas de Croce y de Gentile. Su
sistema, aunque apenas esbozado en algunas páginas, queda definido como un idealismo subjetivo (afín a la escuela de Marbourg) y un absolutismo de la Voluntad
(Jo absoluto es la voluntad, el querer). Para escapar del "a priori" kantiano, recurre a la voluntad, que engendra el "Ser", en el instante, por el acto, y una vez
engendrado este Ser, pasa a ser existencia ( el autor se permite mucha libertad en

679

�el uso de los términos, que la filosofía tradicional ha cargado de sentido y hace
algunas declaraciones ambiguas, como en la pág. 258: "El ser es solo, pero han
de existir otros seres, pues solamente él y los demás son posibles" (¿será una afirmación panteísta? ¿ conducirá necesariamente hacia allá?).
En otras partes de su libro, el autor discute su teoría comparándola en el terreno
del voluntarismo con la de Schopenhauer y en lo relativo al instante con las ideas
de Bergson, tratando continuamente de probar y hacer resaltar la originalidad de sus
concepciones y las diferencias y méritos de su sistema. Sabido es que Filosofía ha
sido tradicionalmente amor a la sabiduría (al conocimiento) pero en el Sr. Abad
es su escepticismo el que lo hace abandonar el mundo del conocimiento y cabalgando en "el querer en el instante", dé jase llevar por los resbaladizos vericuetos del
vitalismo.
La axiología es rechazada en el sentido de no considerar el autor a los valores
como capaces de influír en la vida de la inmensa mayoría de los individuos ( eso se
deja para las personalidades refinadas y cultas). Su antropología o teoría de la
conducta humana y social, no toma en cuenta la teoría de los valores, confundiendo
el autor el saber axiológico que, como cualquier otro tipo de saber filosófico, sólo se da
en personas de refinada cultura, con el valorar mismo que es connatural al ser humano.
Crítica al existencialismo: el autor teme lo que llama el marchamo existencialista (las palabras son talismanes). Es verdad que en torño al término existencialismo, se ha hecho una publicidad de escándalo; para la gran masa del público
inculto, el término va unido a una idea de vida disoluta, o inmoral. En su reprobación expresa de las doctrinas existencialistas nos dice el autor: Existencia es igual
a muerte (ya dijimos que al enunciar su postura metafísica el autor se permite
una gran libertad con términos, a los cuales la filosofía tradicional ha cargado de
sentido). No se puede privar a ningún pensador, del derecho a usar el lenguaje y
los términos con el significado que quiera adjudicarles i pero al interpretar el significado de lo dicho por otros, no se puede permitir la libertad de .tergiversar y controvertir el sentido de lo expresado por éstos. Sabido es que, aún en lenguaje vulgar, para decir que alguien ha muerto, se dice que terminó de existir, luego ni en
lenguaje vulgar ni en el filosófico puede justificarse la aberración de identificar:
existencia y muerte. Pues bien, si nosotros tuviéramos que calificar el sistema del Sr.
Abad, aunque sabemos que no es de su agrado} lo llamaríamos un existencialismo,
si bien su falta de método lo hace muy incoherente ( cosa frecuente entre los exis•
tencialistas). Si comparamos su antropología con la existencialista y tratamos de
traducir los términos, tendremos: Querer en el instante igual a decidirse existencial;
vivir en el instante igual a existencia; vivir de acuerdo con el querer .:::::: ser auténtico; mundo personal del sentido íntimo
ser para-sí; mundo impersonal
ser
inauténticos. En común con los filósofos existenciales está su desprecio por la teoría
(Kierkegaard, Jaspers, Marcel, no creen posible una teoría de la existencia); con
Sartre tiene en común su mucho conceder importancia al presente y su imperativo
de realizar actos en los instantes, no es otra cosa que el realízate sartriano. Su desprecio por los valores está de acuerdo con Sartre y Heidegger; su considerar el arrepentimiento como una actitud inauténtica está de acuerdo con Sartre; en resumen
todas sus tesis antropológicas son existencialistas y con quien parece tener más parentesco es con Sartre. Se diferencia de los filósofos existencialistas por su posición
metafísica (idealismo subjetivo) y su énfasis en lo voluntario, pero este último
puede parangonarse a la "Libertad" existencialista. Sería interesante que el autor

=

, 11

=

confroñtara su teoría del Instante con Kierk
rd
.
existencialista que se ignora o ue tem
ega~ .. ~n consecuencia el autor es un
adhieran las personas poco cul~s.
e esta des1gnac10n por el significado que a ella
El Sr, Abad Carretero es muy erudito
c. t
siendo notable el que muchos de , t
Y I a en su obra gran cantidad de autores,
es os pertenezcan al campo de la • .
y exactas; tal parece que el autor tratara de
s CJ~nc1as naturales
1
del hombre los métodos de éstas lo
I
a gu_na manera de aplicar al estudio
su clara filiación kantiana.
'
cua quede quizá suficientemente explicado, por

::~;::1

En los últimos capítulos de s
b
humana, nacidas de la antrop:l:gí:a
el 1autor a expli?,aciones de la conducta
conducta" (Cultural Pateros) lo
1
' os ll~mados patrones culturales de
, s cua es son traducidos a
t
·
, (
sentido, ritmo etc ) Para termina d'
su ermmo1og1a querer,
'
. .
r, tremas que en un principio y a p f d N'
sus explicaciones psicológicas se alí
.
ar ir e 1etzsche
1
tendencias), pasan luego por losan con os ~donceptos freudianos o de Ribot (Triebeconceptos e la psicología social d M d
fluyen con las explicaciones de la antropología cultural y d
b
e lea ' con•
neo-freudiana de Erich Fromm.
esem ocan con a escuela
MIGUEL ANGEL ÜANTÚ

Haft d book 0 1 Latin American Studies
N9 21.-Prepared in The Hispanic Foun~
dation in The Library of Congress by a
number of Scholar. Editor: Nathan A.
Haverstock. University of Florida Press
GainesvilleJ 1959. xvi • 331 pp.
'

UNA DE LAS PUBLICACIONES norteamericanas más completas en lo que se refie.
re a las actividades intelectuales de Hispanoamérica es el H andbook of Latin
American Studies editado por la Universidad de Florida Y que ha llegado ya al
número 21, que recoge producción hi•
bliográfica hispanoamérica desde 1956
1958 inclusive. La lista de colaboradore:
del Handbook es ya por sí misma una
garantía de calidad puesto que figuran
en ella los elementos más destacados del
mundo cultural y técnico latinoamericano. Sus secciones recogen exhaustivamente toda la producción bibliográf
'd
1ca
repartI a en las siguientes secciones:
I, Antropologla: General, Arqueología
E;~ología, Lingüística y Antropologí~
Fmca; II, Artes: Hispanoamérica y Bra•

sil; III, Economía: General, Latinoaméric~ . ( excepto Brasil Y México)' Brasil,
Mexrco ( a cargo de la Dirección General
d.e Investigaciones Económicas de la Nacional Financiera, s· A · ) ,. IV, Ed ucacz.6n·
General, Hispanoamérica Y Brasil . v·
Geograf'ia: General, Area del Caribe
' '
Sudamérica Y Brasil; VI, Gobierno: Ge~neral; VII, Historia: General i El período colonial de Hispanoamérica Y Haití Y
los. siglos XIX y XX, Brasil; VIII, Relaciones internacionales: desde 1830 ·
IX, Trabajo Y Bienestar Social; X, Len~
gua Y Literatura: Lengua Hispanoamericana, Literatura Hispanoamericana (perí?do colonial y moderno) ; Lengua Y
Lit,e~atura del Brasil; XI, Leyes; XII,
Musica; XIII, Filoso/la; XIV, Sociología Y XV, Miscelánea.
La ordenación sistemática, de acuerdo
con la clasificación decimal) facilita el
man~jo de este importante manual que
~a s~do durante mucho tiempo magnífico mstru~ento de acopio de materiales
para traba1os de investigación.
JUAN ANTONIO AYALA

680
681

H.44

�MANUEL

GuT1ÉRREZ

NÁJERA,

Obras,

Crítica Literaria, I, Nueva Biblioteca
Mexicana, 4, Universidad Nacional Autónoma de México. Investigación y recopilación de E. K. Mapes, edición y notas
de Ernesto Mejía Sánchez, introducción
de Porfirio Martínez Peñalosa. Centro de
Estudios Literarios. México, 1959, 543
pp.

li

LA PUBLICACIÓN de las Obras Completas
de Manuel Gutiérrez Nájera era de
urgente necesidad, tanto para los investigadores, profesores de literatura, críticos literarios, como para el público en
general. Una de las dificultades con que
tropieza el estudioso de la literatura mexicana es la falta de textos depurados
y completos de los autores principales.
Irónicamente, muchos autores de fines
del siglo XIX y comienzos del presente
son conocidos tan sólo fragmentariamente
debido a esta carencia de textos. El caso
de Manuel Gutiérrez Nájera, bien
conocido como poeta pero muy mal como crítico literario, es uno de ellos; hay
que tener en cuenta que su obra, como
la de muchos de sus contemporáneos se
halla dispersa en revistas y periódicos,
en colecciones olvidadas y que aún no
han sido registradas met6dicamente por
los investigadores; además no sólo existe
esta dispersión, sino la coincidencia de
que muchos de sus artículos y crónicas
están firmadas por pseudónimos muchas veces difíciles de identificar. A obviar esta dificultad, la carencia de textos,
llega la Nueva Biblioteca Mexicana que
está editando noblemente el Centro de
Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autónoma de México. Hasta el
presente han aparecido las siguientes
obras: JuAN DÍAz DE CovARRUBIAS, Obras
Completas (Tomos I y II); CARLOS DE
StoÜENZA v GÓNGORA, Libra astronómica
y filosófica; C. C. BECHER, Cartas sobre México y el presente volumen de
Gutiérrcz Nájera que hoy comenta-

682

mos. Desgraciadamente, estos valiosos
volúmenes permanecen aún hoy día en
el anonimato de los almacenes de la
Librería Universitaria o quién sabe dónde, pues el volumen de Gutiérrez Nájera, al año de haber sido publicado,
todavía no ha llegado a las librerías.
Por gentileza ~el Profesor Rafael Moreno y del Prof. Porfirio Martínez Peñalosa disponemos de un ejemplar que, precisamente por su escasez, juzgamos muy
valioso.
Han contribuido a la publicación de
este tomo de las Obras completas de
Manuel Gutiérrez Nájera los nombres de tres ilustres investigadores de las
letras Mexicanas: el Dr. Erwin K. Mapes, profesor de la Universidad de Iowa,
Ernesto 'Mejía Sánchez, investigador de
la Biblioteca Nacional de México y don
Porfirio Martínez Peñalosa del Centro
de Estudios Literarios de la UNAM. El
Dr. Mapes contribuyó a la difícil tarea
de reunir los materiales, identificarlos
y exhumarlos de los periódicos y revistas.
En 1936 comenzó su paciente labor de
indagación de los pseudónimos empleados por Gutiérrez Nájera; recogidos e
identificados los materiales el Dr. Mapes siguió aún recogiendo materia) que
se encontraba disperso y fijando todavía,
para mayor seguridad, los pseudónimos
que ofrecían aspectos dudosos. La base
del material de esta edición hay que
acreditarla, par tanto, al Dr. Mapes. Ernesto Mejía Sánchez, editor y anotador
de la obra, ha contribuido con una clara nota editorial a explicar el porqué
del acopio de materiales, los procedi~
mientas seguidos para la investigación y
la recuperación de bastantes piezas que
no había logrado reunir el doctor Mapes
y la ordenación de los mismos para presentar en forma orgánica el pensamiento
literario y crítico de Gutiérrez Nájera,
tan importante para tener una visión
completa de su obra en verso. La importancia de la 'Nota editorial' de 'Mejía
Sánchez, reside, a mi modo de ver, en

la exposición de un método riguroso de
trabajo que puede servir de pauta para
las investigaciones en trabajos posteriores similares; si se quiere ofrecer al lector un texto seguro1 necesario para los
estudios de alta crítica y de estilística,
es necesario investigar exhaustivamente
para que no quede ningún resquicio sin
la previa iluminación necesaria.
La introducción ha estado a cargo de
don Porfirio Martínez Peñalosa, profundo conocedor de la literatura mexicana
del siglo XIX y especialmente de los
or!genes del modernismo en México; sus
aportaciones a la literatura mexicana,
están, desgraciadamente, demasiado dispersas en revistas, tanto de la capital como de las provincias, y esperamos que
algún día nos haga el no pequeño servicio de ofrecérnoslas en un volumen sistemático. Martínez Peñalosa, siguiendo
el criterio de la Escuela Estilística de
Madrid, enriquecida por las teorías de
Dámaso Alonso, estudia la influencia de
la estética personal de Gutiérrez Nájera
en su obra literaria: necesario es, pues,
partir de este texto de crítica para percibirla en toda su plenitud. Para ello
reconstruye el ambiente en el cual se
formó Gutiérrez Nájera y aporta valiosos
datos para el conocimiento de la retórica
oficial o estudios literarios públicos que
pudieron haber contribuído a la especial
conformación personal estética de Gutiérrez Nájera. Recorre difíciles caminos
bibliográficos y maneja textos originales
y ya olvidados que son de difícil acceso
al público en general. Esta reconstrucción de una época de la cultura mexicana es1 a mi modo de ver, lo más valioso
del trabajo de Peñalosa. Esta reconstrucción de una época, le sirve para hacer
un análisis a fondo de las ideas estéticas,
tanto del modernismo como del propio
Gutiérrez Nájera 1 lo que nos ayuda a
situarlo en una perspectiva sin igual para
el estudio estilístico del poeta. La Nueva
Estilística ha pretendido, con loable esfuerzo, desentenderse de todas las cir-

cunstancias externas que concurren a la
creación de determinada obra literaria;
sin embargo, ni el mismo Vossler, que
tanto énfasis puso en el estudio de la
obra poética o literaria desde adentro1
pudo desentenderse de todos los presupuestos sociales o vitales ínsitos en ella:
un ejemplo lo tenemos en su Lope de
Vega, donde no tiene más remedio que
situar al poeta español en el marco de
su época y de su ambiente. Martínez
Peñalosa logra entrar en el poeta Gutiérrez Nájera precisamente a través del
crítico y esteta Gutiérrez Nájera, conjugando admirablemente el dato ambiental con el personal.
La lectura de los textos de Gutiérrez
Nájera nos lleva de la mano hacia sus
conceptos literarios, a través de una prosa que sin tener todas las iridiscencias
de la prosa modernista de Martí, Rubén
o Rodó, tiene la admirable solidez y
la fluidez de un español contrastado en
profundas lecturas y en una sólida formación. Y no olvidemos, tampoco, la
lección de honestidad del Duque Job,
lección para nuestros actuales críticos
de quienes un día dijo Unamuno refiriéndose a todos los de habla castellana,
11
que no hacen crítica sino que se dejan
llevar por el ruido de sus intestinos".
JUAN ANTONIO AVALA

FRANCISCO Ro MERO: Relaciones de la
Filosofía. Col. Nuevo Mundo, Ed. Perrot.
HISPANOAMÉRICA tiene, en Francisco Romero, uno de sus más dignos maestros y
una de sus más vigorosas mentalidades
filosóficas. Desde Buenos Aires ejerce una
decisiva función de orientación 1 de sugerencia, de acercamiento entre los filósofos hispanoamericanos. Pensador original, riguroso, discip1inado, limpio. Autor de un copi:oso número de libros,
folletos 1 prólogos 1 notas y comentarios.

683

�: 1

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1

i
11,
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1
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Maestro generoso de varias generaciones
argentinas que llevan, en algún modo,
su sello y su estilo. Ciudadano ejemplar
que ha sabido enfrentarse, con insobornable dignidad, a la demagogia de regímenes deshonestos y opresores. Escritor
de estilo sobrio, preciso, elegante ...

Sobre mi escritorio tengo, frente a mí,
un pequeño libro por su extensión de
grandes proyecciones: 11Relaciones de la
Filosofía" (Editorial Perrot, Colección
Nuevo 'Mundo, Buenos Aires). Me lo ha
enviado su autor, Francisco Romero, con
una dedicatoria que atribuye 1 sobre todo,
a los muy afectuosos sentimientos de
anústad que nos unen, pero que mucho
me enaltece y me honra por venir de
quien viene. En la primera parte del
libro, el autor estudia las relaciones y
las diferencias que median entre la experiencia filosófica y la experiencia religiosa; confronta la actitud filos6fica con
la actitud científica y con la experiencia poética i y termina sentando, con
envidiable claridad, las conclusiones de
su investigación. En la segunda parte de
la obra, el Prof. Romero examina cuidadosamente las alianzas de la Filosofía
con la Religión, con las Ciencias, coil
la Psicología, con las Artes, con la Política y con la Historia. Una vez más, el
autor se siente impulsado a terminar su
estudio con unas precisas y congruentes
conclusiones. Hasta aquí la presentación
radiográfica -"sit venia verbo"- del
libro. Vista la osatura, veamos ahora la
carne y la sangre del pensamiento vivo,
que intentaremos recrear.
La Filosofía es, por una parte, experiencia personal del filósofo: meditación,
creación y crítica; por la otra, experiencia filosófica de la humanidad: tradición, doctrinas y sistemas. Pero como
existen otras actitudes humanas que, de
un modo y otro, son de especie cognoscitiva o mantienen alguna afinidad con
el conocimiento, es preciso confrontar las
posturas.

684

Religión y Filosofía abarcan, en cierto
modo, la totalidad. Ambas coinciden en
interesarse por la realidad, el sentido de
la vida y el puesto del hombre en el
universo. Como la Religión, también la
Filosofía ha pretendido frecuentemente
ser ella también una vía de salvación:
platonismo, estoicismo, epicureísmo, neoplatonismo, spinozismo, marxismo, positivismo comteano ... Y sin embargo, median, entre Filosofía y Religión, importantes diferencias: mientras la actitud
religiosa tiene, como rasgo fundamental,
la reverencia j la actitud filosófica es puramente cognoscitiva. El filósofo, ante la
Divinidad, se comporta como cognoscen•
te y no como creyente.
La filosofía, ºciencia de los principios11
como se le ha definido, "investiga las
razones o fundamentos supremos capaces de dar cuenta del conjunto, tanto en
exhaustiva extensión y multiplicidad, como en radical hondura y profundizaci6n"
(pág. 15). De la totalidad se despren•
den dos caracteres inseparables: la renuncia a los supuestos y la problemáticidad. La ciencia, en cambio, "parte de
ciertas admisiones, de ciertas suposicio•
nes que no discute y a '"las que tácitamente atribuye certidumbre" (pág. 17). Trátase de un saber particularista, próximo
y objetivo. La experiencia filosófica, a
diferencia de la científica, es originariamente subjetiva, aunque requiera una
elaboración objetiva que la justifique.
Frente 11 a la constricción que significa
para el filósofo su constitucional aspira•
ción a la verdad objetiva y a la coherencia radical", el poeta, testigo y eco de
su realidad, nos expresa verdades que
son sus múltiples y cambiantes impresiones ante las cosas. En el espíritu resonan•
te de los poetas "cada uno de sus testimo•
nios vale por sí, sin acordarlo con los
demás; cada uno lleva en sí su propia
garantía, porque la evjdencia poética no
requiere ningún contraste con algo exterior a ella" (pág. 46) . La obra del
filósofo, que sólo vale por su referencia

a algo que le es externo, a la realidad,
no es claramente controlable, como la
del científico, ni cerradamente insular,
como la del poeta. Si la experiencia filosófica tiende, en su elaboración doctrinal, a constituir la conciencia de la
realidad, es menester que el filósofo sea,
ante todo, una conciencia.
Entre Filosofía y religiosidad suelen
darse alianzas diversas: resulta supeditación a una creencia dogmática, libérrima indagación del principio religioso,
aclaración de ciertos problemas religiosos
con los propios recursos filosóficos. Como
culminación del proceso metafísico, pue•
de surgir el motivo religioso ( Bergson,
Alexander) , o trasponerse al plano de
lo humano (Feurbach, Comte).
El consorcio de la Filosofía con la
cientificidad en general, con el espíritu
de rigor y aproximación a los hechos,
se da, en las más diversas formas, desde
la Antigüedad -con los atomistas y
Aristóteles- hasta nuestros días -Meinong, Husserl, Stumpf, Hartmann-.
"El encuentro de la filosofía con la psicología ocurre de dos maneras principales: como implantación de la reflexión
filosófica en el terreno psicológico, en
los términos de un psicologismo que relativiza todo conocimiento y concibe también los valores como dependientes de
la psique i y como atribución de los caracteres de suma inmediatez y de originalidad a la autoexperiencia, la que así
es interpretada como una experiencia
metafísica" (pág. 71).
Las conexiones de la Filosofía con las
artes -con la poesía sobre todo-- empiezan desde aquellos antiguos poemas
cosmogónicos y se continúan, en nuestros días, en sistemas, como el de Schelling y el de Vasconcelos, que asignan a
lo estético una significación primordial
de la realidad.
La relación entre Filosofía y Política
ha sido venturosa en ciertos casos ( siglo
XVII en Inglaterra), y en otros un con-

tubemio ( autoritarismo de tipo totalitario).
La alianza con la historia, anticipada
por Vico, cierra al parecer, el ciclo. Concluye Romero: "No hay inconveniente
para el hombre en anudar muchas amistades i es locura que no se desprenda de
las que contradicen su índole o se oponen al cumplimiento de su vocación y
su destino. De manera semejante, la filosofía debe persistir en las alianzas compatibles con su condición de ser la autónoma reflexión sobre cuanto hay, y rechazar enérgicamente las demás" (pág.
83). A este imperativo ha intentado atenerse, a lo largo de toda su trayectoria
filosófica, Francisco Romero. Una incorruptible voluntad de verdad y una ferviente proyección al realismo, caracterizan el filosofar -intransigente e insobornable- del maestro argentino.
AGUSTÍN

BASAVE fERNÁNDEZ DEL VALLE.

Luts REcASÉNs SrcHES: Tratado Ge-

neral de Filosofía dtl Derecho. Ed. Porrúa, S. A., México, 1960.

comprensivo y pe•
netrante; hombre de buena voluntad y
cristiano sincero, Luis RECAsÉNs S1cHES
deja pasear, en todos sus libros, esa su
andante hispanolocuencia para hablar a
sus lectores "ex abundatia cordis". Fruto de una ejemplar vida vocacional
-disciplinada, tenaz, inteligente- lo
constituye su "Tratado General de Filosofía del Derecho11 , pulcramente editado, hace menos de un año, por la Editorial Porrúa, S. A. No se trata de un
libro más -importante siempre, por venir de quien viene- sino de la obra
maestra, del libro que objetiva la vida
teorética de Luis Recaséns Siches. En
ella está toda la rica y fecunda experiencia de su labor docente; la meditación, sistemática y continua, de los temas
y problemas que no puede eludir la FiJUSFJLÓSOFO LIMPIO,

685

�'1

11

11

losofía del Derecho j la honrada y decidida toma de posición personal.
Recogiendo lo substancial de Vida Humana, Sociedad y Derecho, pero insertándolo en un nuevo y superior encuadre, Recaséns logra, en su Tratado General de Filosofía del Derecho, una visión
omnicomprensiva -humanamente hablando--- del sentido y de la estructura
de esta disciplina. En veintiún capítulos
distribuye, con irreprochable orden metodológico, los temas primordiales de la
Filosofía del Derecho. A lo largo de las
setecientas quince páginas del grueso volumen (incluyendo los índices y la bibliografía), el autor describe y analiza
la labor del jurista; ubica el Derecho
dentro del complejo universo i determina
su tipo de realidad; la diferencia de las
normas morales y de las reglas del trato
social i le opone a la arbitrariedad i establece sus funciones en la vida social;
acota los conceptos "Derecho subjetivo11
y "Deber jurídico"; estudia la contextura íntima de la persona y de la personalidad, como base indispensable para conocer la personalidad jurídica del individuo y de las colectividades i apunta los
componentes, las fuentes, el sistema y el
cumplimiento del orden ju,rídico vigente;
examina la relación entre Estado y Derecho; plantea la necesidad de la estimativa jurídica y fundamenta, radicalmente, el conocimiento estimativo sobre el
Derecho; asigna, a los ideales jurídicos,
un carácter de historicidad; la justicia
y la valoración jurídica son presentadas
en su esencial estructura y relación; dentro de una tipología de las principales
filosofías jurídicas se penetra en la doctrina pcrsonalista, como en un humanismo y en la doctrina transpersonalista,
como en un antihumanismo; sentados los
principios de estimativa jurídica, se estudian los derechos del hombre, el bienestar general y los postulados de una convivencia y cooperación justas; concluye
el autor ofreciendo su teoría del logos
de lo razonable -anticipada ya en otro

686

libro como método de interpretación del
Derecho. Hasta aquí, en rápido y sucinto panorama, la contextura esencial de
la obra.
El autor nos apunta, en el prólogo,
su intención primordial: "Con el presente libro intento modestamente ofrecer
no sólo unas meditaciones de auténtico
carácter filosófico sobre los temas fundamentales del Derecho (sobre sus supuestos, sus determinantes ontológicos,
lógicos y gnoseológicos, sus criterios estimativos y sus funciones prácticas). Intento, además, ofrecer a los juristas y a
los estudiosos del Derecho la vía para
una multitud de aplicaciones prácticas
en la política legislativa, en la función
judicial, en la labor consultiva y patrocinadora del bufete. En suma, trato de
tender un puente entre las especulaciones
puramente teóricas y las necesidades de
la vida en nuestro tiempo" (p. XVIII).
Advierte Recaséns Siches que su libro,
en cuanto a extensión material, es un
libro largo. Y hasta confiesa que no lo
ha escrito en un estilo sobrio y conciso.
Prefiere la exposición "insinuante, reiterativa, aclaratoria, e incluso, a veces,
insistentemente machacona" (p. XIX).
¿Motivos? Aunque el autor no los aduce, me atrevo a pensar que en la base
de su filosofar hay un concepto reiterativo del método filosófico, como también
se da en Heidegger, por ejemplo. ¿Acaso
el mismo José Ortega y Gasset, maestro
queridísimo de Luis Recaséns Siches, no
solía expresar que la filosofía se toma
como a Jericó, a base de darle vueltas?
Trátase, en el fondo, de una estrategia
de aproximación cicloide. Al girar en
derredor de los mismos temas, éstos se
nos aparecen una y otra vez, con persistente reiteración, pero cada vez más
próximos y bajo un ángulo diferente.
Atento siempre a cumplir el imperativo
orteguiano: "la claridad debe ser la cortesía del filósofo", el Dr. Recaséns Siches,
se expresa en un estilo amable, sugestivo,
limpio, elegante, . . Su sintaxis -cuan•

do habla o cuando escribe- es irreprochable, acabada, perfecta. Con ejemplar
honradez, el autor nos anticipa su personal orientación: "En este volumen presento la maduración de mis meditaciones
de Filosofía del Derecho y de la Política,
sobre la base de una metafísica raciovitalista, y de una axiología humanista
de raíz cristiana" (págs. XIX y XX).
Hubiese sido deseable, no obstante, una
mayor explicitación de estas bases y de
la concreta relación entre una metafísica
racio-vitalista y de una axiología humanista de raíz cristiana.
Para explicar la variedad y las transformaciones del Derecho positivo, para
comprender el fundamento justificativo
de la diversidad y de los cambios en los
ideales jurídicos, el Dr. Recaséns Siches
recurre a la teoría orteguiana de que
"lo esencial de la naturaleza del hombre
consiste en que el hombre no es naturaleza, sino que es historia". La frase, aunque con algún fondo de verdad, nos
resulta inadmisible. Es cierto que la vida
del hombre no viene hecha, sino que se
va haciendo. Pero no es menos cierto
que la vida humana no puede reducirse
a mero proyecto, porque los proyectos
se hacen sobre la base de ser ya algo
quien los formule. Y un proyecto no
merecerá nuestra adhesión si no concuerda con nuestro peculiar modo de ser,
Toda historia es historia de una naturaleza. Sin una estructura permanente del
hombre, sin una naturaleza, ¿ cómo historiar lo historiado? Por lo demás, el propio Recaséns parece sostener, en otro
de sus libros (Sociología), la unidad fundamental de la naiuraleza humana, basada en un conjunto de caracteres biológicos y psíquicos, y en un sistema de
funciones espirituales. El hecho de que
el hombre tenga historia no invalida el
hecho, más radical, de que tenga naturaleza. En medio de la alteración constante, se mantiene nuestra estructura permanente.
Un punto que nos llevaría muy lejos

en su elucidación -y desgraciadamente
no disponemos, por ahora, del espacio
requerido- es el de saber si puede darse una auténtica seguridad jurídica en
un régimen notoriamente injusto. Permítaseme, por lo menos, apuntar mi convicción -desarrollada en algún artículo que escribí hace algunos años- de
que no puede florecer una verdadera seguridad en franca oposición a los principios de justicia.
Ubicado el Derecho en el reino de la
vida humana, aparece como una forma
de existencia que pertenece, por una
parte, a la categoría de lo normativo, y
por la otra, a la categoría de lo colectivo. "El Derecho no es -para Luis
Recaséns Siches- un valor puro, ni es
una mera norma con ciertas características especiales, ni es un simple hecho
social con notas particulares. Derecho
es una obra humana social (hecho) de
forma normativa encaminada a la realización de unos valores" (pág. 159).
Supera así, el autor, la pretendida equivocidad del Derecho, uniendo inescindiblemente, por una triple reciprocidad,
las tres dimensiones de lo jurídico. Y
continúa el maestro Recaséns Siches su
camino. Con paso firme, con espíritu
cauto, con esperanza manifiesta ... Consigo lleva no tan sólo una sólida base
científica, sino también -y acaso másun "esprit de finesse" que penetra en
los problemas de la vida humana con
todas sus variadas razones y ardientes
anhelos.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Huoo FRtEDRtCH: Estructura de la Lírica Moderna. De Baudelaire hasta nuestros días. Traducción española de Juan
Petit ( 412 págs.). Biblioteca Breve.
Editorial Seix Barral, S. A., Barcelona,
1959.
FrLÓLooo E HISTORIADOR de la literatura, profesor en la Universidad de Fri-

687

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burgo de Brisgovia, académico numerario de Ia "Akademie für deutsche Sprache und Dichtung" y discípulo de personalidades como Vossler, Curtius y Jaspers, Hugo Friedrich es actualmente, sin
lugar a dudas, uno de los principales
críticos y estudiosos de los problemas de
la moderna literatura.
El libro que nos ocupa, producto de
reflexiones que, según el autor, fueron
iniciadas en 1920 (época de sus estudios
secundarios), nos ofrece un panorama
completo de las direcciones que ha tomado la lírica moderna desde Baudelaire, pasando por Rimbaud y Mallarmé.
En este difícil terreno, donde las irregularidades1 los más variados giros y una
vasta producción invade todos los campos1 Friedrich se mueve con facilidad;
profundo conocedor de los íntimos resortes de la poesía, de las corrientes literarias en lenguas romances y germánicas, va a las fuentes mismas y trabaja
el material huidizo y cambiante con el
rigor y la seriedad del verdadero investigador.
Como no se trata aquí de estudiar la
historia de la lírica moderna sino su estructura, dice el autor en su prólogo 1
han quedado fuera muchos autores importantes. Así, se observa la ausencia
de Lautréamont, George, Hofmannsthal,
Carossa y muchos más que sería largo
enumerar, pero en cambio la marcha del
libro se apoya en los tres grandes re~
presentantes -y creadores- de la lírica
moderna: Charles Baudelaire, Arthur
Rimbaud y Stephan Mallarmé.
Para ingresar al extraño recinto de
esta lírica es necesario tener presentes
algunas de sus características, mismas
que la vuelven difícil y hermética. Estas condiciones, impuestas a la poesía por
los autores arriba mencionados, no como fenómenos aislados sino inmersos en
una corriente espiritual que desembocará en el presente siglo, nos presentan
el poema como una entidad que se basa en sí misma, que rompe con su pa-

688

sado y se planta solitario en una realidad que continuamente lo niega. Por
otra parte, el poeta deja de trasmitir la
"familiaridad" porque a menudo prescinde del yo personal, dejando así de
participar como individuo privado en su
poema. Estas y otras circunstancias provocan una doble situación: por una parte, los no iniciados desprecian solemnemente esta producción que no llegan
a comprender; por la otra, los admiradores de esta poesía, carentes de sentido
crítico, la defienden un poco a ciegas sin
que puedan acertar con el centro mismo
del poema. Pero declara Friedrich categóricamente: ºLa poesía moderna1 lo
mismo que el arte moderno no pueden
defenderse ni atacarse 'a priori' ". Y
más adelante nos dice que la lírica moderna no puede explicarse 1i no se conocen e investigan previamente las categorías que la forman y que permitirán
describirla. Dichas categorías, casi todas negativas, nos conducen hasta el umbral y nos permiten entrever el secreto
de esta poesía. Pero Friedrich se pregunta por qué la poesía moderna se puede describir mejor a base de atributos
negativos que positivos. Podría ser que
estos poetas estuvieran adelantados a nosotros i o bien que se trata de una posibilidad definitiva de asimilaci6n. Lo único que acepta es el hecho verdadero de
que nos encontramos frente a una anormalidad.
Antes de ocuparse de Baudtlaire,
Friedrich estudia los antecedentes inmediatos: Rousseau ( ruptura con la tradici6n) ; Diderot ( poesía como misterio) ;
Novalis (la oscuridad y la incoherencia
como premisas de la sugestión lírica).
De todo esto concluye el autor: "Interioridad neutral en lugar de sentimientos, fantasía en lugar de realidad, mundo fragmentario en lugar de mundo unitario, fusi6n de lo heterogéneo, caos1 fascinación por medio de la oscuridad y
de la magia del lenguaje, pero también
un operar frío análogo al regulado por

la matemática 1 que convierte lo cotidiano en extraño; ésta es exactamente la
estructura dentro de la que se colocarán
la teoría poética de Baudelaire, la lírica
de Rimbaud, de Mallarmé y de los poetas actuales. Esta estructura permanece
visible incluso en los casos en que sus
distintos miembros han tenido que ser
desplazados o completados" (p. 38).
Baudelaire es el poeta que abre, por
así decirlo, la llave de la poesía moderna. Por eso el autor considera que con
este poeta la lírica francesa empieza a
interesar a Europa. El problema de Baudelaire es la existencia en un mundo rodeado de máquinas, civilización, técnica,
comercio y todas esas formas de la vida
contemporánea que niegan o destruyen
la vida del espíritu, el individuo en su
intimidad. De aquí parte cierta poesía
de Baudelaire, concretamente aquella en
la que se huye de la realidad negándola 1
para plantar5:C en el centro de ese ámbito
misterioso en el que brotarán las más
extrañas y desconcertantes visiones, mismas que escandalizaron a su época y a
sus contemporáneos.
Al situar Friedrich al poeta Baudelaire en el inicio de la poesía moderna, y
al enfocar su obra tratando de descubrir
su secreto y su valor, se agrega a esa
crítica contemporánea, cada vez más creciente, que ha dejado de lado aquella
vieja concepción del poeta maldito, sancionado con el exilio social. Ahora, después de que Francia ha celebrado el
centenario de Las flores del mal, después
de que su Universidad le dedica cátedras
año tras año, Baudelaire guarda el sitio
que le corresponde en la historia de la
poesía moderna. Friedrich concluye su
capítulo sobre Baudelaire resumiendo todas las características de su obra: "Belleza disonante, eliminación del corazón
en el asunto de la poesía, conciencia
anormal, ideal vacuo, desobjetivación y
misteriosidad, nacidos de las fuenas mágicas del lenguaje y de la fantasía absoluta y semejante a las abstracciones de la

matemática y a las curvas melódicas: he
aquí los elementos con que Baudelaire
preparó las posibilidades que habían de
adquirir realidad en la lírica del porvenir" (p. 86).
Arthur Rimbaud es el otro poeta que
marca el camino. Esta extraña figura
que antes de llegar a los veinte años se
encerró en el más absoluto silencio, sigue siendo todavía un misterio, pero no
obstante esto1 los estudiosos y críticos que
se han dedicado a investigar su obra la
han iluminado abriendo las puertas que
conducen a su interpretación. En este
libro señala Friedrich cómo la destrucción de la realidad 1 la deshumanización,
la rebelión contra la tradición cristiana,
pueden explicamos esta obra que esconde las más altas expresiones poéticas del
siglo XIX y cuya singularidad sobresale
en toda la producción literaria de occidente. Pero si bien Baudelaire y Rimbaud se mueven en una atmósfera anormal y a veces viciosa, Stephan Mallarmé, el continuador de una obra por ellos
comenzada, poseerá todas las virtudes y
la tranquilidad de un hombre que vive
una vida normal y 11en paz con la sociedad". Pero Mallarmé el continuador
es también el que empuja la poesía hacia planos de pureza y abstracción que
van a encontrar eco en las principales figuras de la poesía del siglo XX. La falta
de espacio nos impide comentar ampliamente todo lo que Friedrich expone sobre este poeta francés que trabajó la
palabra hasta sus más recónditas posibilidades. Digamos solamente que en su
obra se encuentra la negación de toda
tradición humanística y literaria, el más
completo aislamiento y la presencia,
única y permanente, de ese lenguaje en
el cual buscó y experimentó toda su riqueza.
Paul Valéry, T. S. Elliot, Ungaretti,
Guillén, Saint-John Perse y otros1 son los
herederos de los tres poetas que ocupan
gran parte de este libro sobre la estructura de la lírica moderna. A algunos de

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ellos dedica el autor estudios especiales
y acompaña al final un gran número de
poesías que en la edición española se
publican en la lengua original con su
traducción correspondiente.
Este libro de Hugo Friedrich, sin duda uno de los pocos que se han escrito
abarcando el inmenso campo de la moderna poesía, debe considerársele por lo
mismo como indispensable para el estudio de todos estos problemas de la lírica
moderna, difícilmente alcanzables en
obras semejantes, que los enfocan desde
un punto de vista más cercano a la historia de la literatura que a la obra misma.
El mérito de este libro radica pues en su
enfoque directo y en su trato con la obra
poética de autores franceses, alemanes o
españoles, todo dirigido con la intención
que nos anticipó en el prólogo: el estudio, más que de autores determinados,
de la lírica moderna en su vastedad y
extensión, de su estructura interna y sus
más altas manifestaciones desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.
ALFONSO RANGEL GUERRA
RAFAEL GunÉRREZ GIRARDOT: Jorge
Luis Borges, Ensayo de interpretación.
Instituto Ibero-Americano de Gotemburgo, Suecia. "Insula", Madrid, 1959.
EL JOVEN AUTOR de este libro, conocido
ya de los lectores de habla española por
numerosas obras, entre las cuales se pueden señalar La imagen de América en
Alfonso Reyes, La literatura alemana
actual, numerosos artículos en revistas
españolas y americanas y sus traducciones de H0lderlin y Heidegger, nos ofrece en este libro una visión del escritor
argentino Jorge Luis Borges, caracterizada sobre todo por una lucidez y comprensión tales de la obra borgiana, que
lo llevan a una penetración del sentido
oculto en el laberinto cerrado y engañoso de Borges. Así, la lectura de este en-

690

sayo de interpretación nos abre las puertas de su mundo mágico, que en su apariencia cargada de símbolos y representaciones guarda el mensaje de un espíritu agudo, que como poco$ en América
ha sabido enfrentarse a los capitales problemas de la cultura occidental.
En su Noticia Preliminar, explica Rafael Gutiérrez Girardot que ha pretendido "señalar, simplemente, algunos temas, formas y motivos literarios de la
obra de Borges". Por aquí se alcanzará
su condición de novedad y una continuación de la tradición europea. Siguiendo la frase de Marcial Tamayo y
Adolfo Ruiz Díaz, afirma que "Borges
es, a la vez, el enigma y la clave de la
literatura hispanoamericana, si ésta quiere ser literatura contemporánea''.
El campo de la crítica y la historia literaria hispánica es el primer terreno
que permitirá al autor entender la posición occidental de Jorge Luis Borges,
para Jo cual esboza a grandes rasgos las
condiciones y la dirección de la crítica literaria en los comienzos del siglo. Este
horizonte, en el que -partiendo de la
idea de que crítica y poesía marchan juntas en nuestra épOCB- no se encuentra
más que la ausencia de una verdadera
crítica y un florecimiento de los "isrnos",
aclara la actitud del escritor argentino, que tomó conciencia del problema y
da cabida en su obra a todo aquello que
es difícil encontrar en otros autores. Pero sobre todo, es en la crítica del lenguaje donde Gutiérrez Girardot deja ver
más claramente la autenticidad de la
obra de Borges, utilizando para ello El
idioma de los argentinoJ, escrito en el
que se desarrolla toda una teoría no sólo sobre ese idioma de los argentinos sino sobre el idioma español en general.
Así por ejemplo, refiriéndose a la riqueza del Diccionario de la lengua española, considera los sinónimos como simple
comodidad y señera mental que permiten, sin cambiar de idea, cambiar de
ruidos; o también, para citar otra vez

sus ideas, dice que "las literaturas que
usan el idioma español" son 11 clientes del
diccionario y de la retórica, no de la
fantasía 11 • En una palabra, todo lo que
afirma Borges a este propósito lleva la
intención de patentizar la necesidad de
llegar a una crítica más amplia del lenguaje corno tal, es decir, afirmar, descubriéndolas, sus verdaderas riquezas que
nos remitirán, por la expresión lingüística, el pensamiento mismo del hombre.
De ahí que Borges piense que la metáfora tiene una función intelectual: "Metaforizar es pensar, es reunir representaciones o ideas ... "
Otros aspectos que estudia Rafael Gutiérrez Girardot son la precisión de la
imagen, la ironía y su motivación, el laberinto, el universo, el valor de las citaS
que se pasean en los libros de Borges.
Estos juegos de Borges, que atraen por
su singularidad al lector, esconden, como ya se dijo, una posición intelectual
ante los viejos problemas humanos desenvueltos aquí bajo alegorías o símbolos.
Siguiéndola siempre de cerca, el autor
hace de la obra de Borges un verdadero
y completo ensayo de interpretación que
no es puramente filosófica porque, como
dice el mismo autor, al hacerlo se desconocería la naturaleza literaria de esta
obra.
En los últimos años, Borges ha despertado el interés de los lectores hispanoamericanos, y últimamente se ha visto
cómo los públicos europeos empiezan a
fijarse en él, gracias a las traducciones
francesas, alemanas o inglesas de sus libros. Y paralelo a este movimiento de
los lectores de ambos continentes, se observa otro de los críticos. Todo esto nos
habla de la importancia y la trascendencia de la obra de Jorge Luis Borges, por
muchos años desdeñada y acusada de un
aislacionismo que más bien practicaban
sus acusadores. Esta obra, difícil y rica,
ha llegado a ser una de las principales
manifestaciones de la literatura americana, que con autores como Borges rom-

pe las fronteras de la provincia para uria
ubicación universal. La obra de Rafael
Gutiérrez Girardot, sumada a la de Ana
María Barrenechea, a los ensayos de
Henríquez Ureña, Francisco Romero,
Etiemble y muchos más, a los que debe
agregarse Ramón Xirau, con un ensayo
publicado recientemente, ayudará a entender mejor esos cuentos y narraciones
de Jorge Luis Borges, donde lo fantástico adquiere proporciones grandiosas
que ya nada tienen que ver con la vacía
creación de mundos irreales, desvinculados de las verdades de los hombres.
ALFONSO R.ANGEL GUERRA
CÉSAR SEPÚLVEDA: "Derecho Internacional Público". Ed. Porrúa, México,
1960.
Acaba de salir a la luz pública el libro del Maestro Titular de la materia
de Derecho Internacional Público de la
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional Autónoma de México, señor licenciado César
Sepúlveda, intitulado Derecho Internacional Público. Esta obra es, a no dudarlo, una buena e importante aportación
a esta especialidad jurídica, ya que su
autor ha hecho un concienzudo y profundo estudio de las diferentes cuestiones que integran al Derecho Internacional de nuestros días.
La primera parte de la obra --que podríamos llamar introductiva-, con pulcritud, nos lleva hacia los orígenes de
esta ciencia jurídica, presentando los
últimos adelantos e investigaciones, nada
menos que sobre el propio fundador de
ella, Francisco de Vitoria, a quien otros
:tutores disputaban tal honor para atribuírselo al holandés Hugo Grocio.
Su exposición de las doctrinas lusnaturalistas, en la que descuella, como
ninguna otra, la Escuela Hispana del Derecho de Gentes, se desenvuelve con claridad e interesante secuencia por las pá-

691

�ginas de esta obra, sin olvido de ninguno de los componentes de ella.
Asimismo el autor, con gran tino, nos
presenta a los autores los-Naturalistas
laicos, que comenzando por Alberico
Gentili y seguido de Hugo Grocio, nos
permiten asomarnos a ese mundo del pasado jurídico internacional en que estos
publicistas establecieron nuevos lineamientos --con un carácter ya más científico-- los cimientos del Derecho Internacional.
En el capítulo tercero, el autor se refiere a los positivistas destacándose, desde
luego, los grandes maestros de esta eta·
pa histórica.
El Lic. César Sepúlveda estudia en
su obra con singular disposici6n y méto•
do, en el capítulo IV, "La Naturaleza y
la Esencia del Derecho Internacional'',
atendiendo a las discusiones que ya han
sido frecuentes en el curso del proceso
gestatorio jurídico internacional y, sobre
todo, en relación con la debatida cuestión sobre la juricidad del propio Derecho Internacional.
Dadas las proporciones de esta nota,
resultaría prolijo tomando en consideración el nutrido y abundante material de
la obra que nos ocupa, el hacer un comentario más extenso, porque el esfuerzo de este ameritado maestro internacionalista mexicano, en el campo del Derecho Internacional, es digno de reconocimiento y alabanza, ya que, no sólo su
aportación constituye una ampliación y
fijación de los principios fundamentales
que animan al Derecho Internacional,
material reservado sólo a especialistas,
sino que viene a constituir una positiva
e indudable ayuda, como guía, no sólo
para los especialistas y catedráticos, sino
también para estudiantes y público lector, en general, al considerar, no solamente la selección de los temas a estudio, su ordenación y presentación, sino
también por la fluidez y claridad expositiva que caracteriza a esta obra, la que

indudablemente recibirá, con beneplácito,
una gran acogida.
ALBERTO GAR.CÍA GÓMEZ

ToMÁS MENDIRtCHAGA CUEVA. Apellidos
de Nuevo León. Abside, Revista de cultura mexicana. Guerra. Apellido materno
de Fray Servando; 1958, XXII-4; pp.
417-438; y Mier; 1959, XXIII-3; pp.
253-289.
COMENTAMOS oos artículos y no un libro. Hay artículos que tienen mejor calidad que muchos libros. Las veintiuna
páginas del primero y las trcintaiséis del
segundo, constituyen los primeros trabajos genealógicos de importancia, publicados por autores nuevoleoneses sobre familias nuevoleonesas. Y estos ensayos
superan su categoría, cuando se refieren
a un personaje de gran relieve en la historia nacional: Fr. Servando Teresa de
Mier.
La genealogía es una de las ciencias
auxiliares de la historia más eficaces. Ya
se habían escrito en Monterrey algunas
notas sobre ascendencias familiares. Pero
nunca en la forma técnica y erudita que
Mendirichaga. Investigador tenaz e inteligente, ha dedicado largos años a escudri~ar los archivos oficiales y eclesiásticos, no sólo de Nuevo León, pero de
aquellos lugares a donde le llevan las
enmarañadas raíces de un linaje.
Se observa en ambos magníficos ensayos un afán exhaustivo del tema. Y lo
alcanza con creces; aclarando1 de paso,
lo que hasta ahora se ha dicho; sobre
todo del apellido Mier. Otra finalidad
obvia del autor es la de probar, a todas
luces, la hidalguía de los conquistadores
y pobladores del Nuevo Reino de León;
con lo que deshace los tradicionales y
maliciosos fundamentos judíos, posteriores a Carvajal.

PLINIO D. ÜRDÓÑtz. El Benemérito Educador Nuevoleonés Profesor Dn. Straf,n
Peña. Datos biográficos. Imprenta Villarrubia; Monterrey, 1960. 147 pp. Ilust.
ExtsTEN VARIOS ensayos biográficos del
benemérito profesor Serafín Peña. Este
es el primero más o menos amplio y completo. Con excelente espíritu de orden,
el autor lo ha dispuesto en cinco partes.
Los datos biográficos ocupan la primera,
y está integrada con transcripciones literales de trabajos realizados por Mariano
de la Garza, Israel Cavazos, Celedonio
Junco de la Vega y Fortunato Lozano;
así como con una serie de pensamientos
dedicados al maestro por connotados educadores locales.
Analiza, en la segunda, la labor educativa del biografiado1 destacando su fi.
gura en la Reforma Escolar de 1892 1 y

en su participación al innovar los planes
de enseñanza 1 al lado de Miguel F. Martínez. Subdivide, en la tercera, las tareas
de divulgación pedagógica, clasificando
las del educador, el publicista y el literato. Serafín Peña es el primero en pre·
sentar el material de aprendizaje en su
estilo; con antecedentes sólo en el Pbro.
J. de Jesús Cepeda. Hace Ord6ñez un
estudio analítico de la producci6n bibliográfica y estu4ia luego la obra poética,
recurriendo a Garza Cantú. Transcribe
algunos ejemplos de la prosa, a través de
colaboraciones periodísticas, discursos o
piezas epistolares. La parte final de la
obra, está dedicada a los honores y recompensas de que fue objeto el sabio
educador, y complementa el acervo informativo una serie de ilustraciones sumamente interesantes.
ISRAEL CAVAZOS GARZA

lsRAEL CAvAzos GARZA

693
692

�CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS*

(1960)

ALEMANIA:
Tnstitut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, No. 1 (Enero-marzo de 1960; No. 2 (Abril-

junio de 1960).
Rubén Darío. Bajo el divino imperio de la música (103 p.). lberoAmerikanisches Forschungsinstitut. Hamburgo, 1954.
STEGMANN, WILHEUI: Rufino Blanco Fombona und sein episches werk. Mit einer Gesambibliographie zu Blanco Fombona ( 159 pp.). Ibero-Amerikanisches Forschungsinstitut. Hamburgo, 1959.
UHLE, MAX: Wesen und Ordnung der Altperusnischen Kulturen (129 pp.}. Colloquium Verlag. Berlín, 1959.
LORENZ, ERIKA:

•

ARGENTINA:

Bibliografía argentina de artes y letras. Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, No. 4
Boletín de la Universidad Cat6lica Argentina Santa María de los Buenos Aires. Año II,

No. 5, marzo de 1960.
Historia de la Rusia Contemporánea. Primera parte: "Las ilusiones del progreso, 1825-1917". (616 pp.). Ministerio de Educación de la Nación.
Universidad Nacional de Cuyo. Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Historia.
Mendoza, 1954.
Guías Bibliográficas:
No. 1, Ricardo Güiraldes, por Horado Jorge Becco (35 pp.).-2, Roberto Arlt, por
Horacio Jorge Becco y Osear Masotta (10 pp.).-3, Eduardo Maltea, por Horado
Jorge Becco ( 24 pp.) .-4, Contribuci6n a la bibliografía de Esteban Echeuarria
(1805-1959), por Natalio Kisnerman (74 pp.}. Universidad de Buenos Aires. Facul-

FALCIONELLI, ALBERTO:

*

Se recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas. Se indica el nombre de la institución donante cuando las publicaciones recibidas por su conducto
no corresponden a su fondo editorial.

695

�tad de Filosofía y Letras, Instituto de Literatura Argentina "Ricardo Rojas11 • Buenos
Aires, 1960.
Negro sobre blanco, Boletín literario bibliográfico de la Ed. Losada 1 S. A. Buenos Aires.
Nos. 9, 10, 13 y 14.
Universidad. Publicación de la Universidad del Litoral. No. 42 (Octubre-diciembre:

1959); No. 43 (enero-marzo, 1960); No. 44 (abril-junio, 1960).

GARCÉS, ENRIQUE: Eugenio Espejo, médico y duende (374 pp.). Casa de la Cultura
Ecuatoriana, Quito, 1959.
GARcÉs, VÍCTOR GABRIEL: Indigenismo (286 pp.). Casa de la Cultura Ecuatoriana,

Quito, 1957.
PÉREZ, GALO RENÉ: Cinco rostros de la poesía (367 pp.). Ed. Universitaria, Quito,

1960.

Universidades. Unión de Universidades de América Latina. Buenos Aires. No. 1 (julio-

septiembre, 1960).
Versi6n. Biblioteca San Martín. Mendoza. No. 2.
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1

BELGICA:

1

Courrier du Centre International d'Etudes Poétiques. Maison International de la Poésie.
Bruselas. No. 28-29.

111¡
1

1

1

COSTA RICA:

I 11'

¡11

Revista de Ciencias Sociales. Universidad de Costa Rica. Son José. No. 4 (septiembre 1

1959).
'

'

Revista de Ciencias Jurídico-Sociales. Universidad de Costa Rica. San José. Vol. 11,

No. 3 (diciembre, 1958).
CUBA:
FERNÁNDEZ RETAMAR, ROBERTO: Idea de la estilística. (145 pp.). Universidad Central
de Las Villas, Departamento de Relaciones Culturales. Santa Clara, 1958.
HUMBOLDT, ALEJANDRO de: Ensayo político sobre la Isla de- Cuba. Nota preliminar
por Jorge Quintana Rodríguez. Introducción por Fernando Ortiz (435 pp.). Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba. La Habana, 1960.
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PÉREZ SARA USA, FERMÍN: Bibliografía martiana. 1955. Municipio de La Habana. Depto,
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Homenaje del Colegio Nacional a Samuel Ramos y José Vasconcelos (33 pp.). 1960.
Istmo. Revista del Centro de América. Nos. 1 a 8, 10 y 11.
La palabra y el hombre. Revista de la Universidad Veracruzana. No. 13 (eneromarzo, 1960); No. 14 (abril-junio, 1960); No. 15 (julio-septiembre, 1960); No.
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Memoria del Colegio Nacional. Tomo IV, No. 1 (1958); No. 2 (1959).

FRANCIA:

tll

Annales de l'Université de Paris. Revue Trimestrielle (Sorbonne). Año 30, No.
(enero-marzo, 1960) ; No. 2 (abril-junio, 1960) ; 3 (julio-septiembre, 1960).
Donación de la BíbliothCque National de Paris.
ABBE, AuNEAU: Bossuet (160 pp.) Maison Aubanel Phe. Avignon, 1950.
BALZAC, HONORÉ DE: La maison du chat-quí-pelote. Le lys dans la vallie ( 424 pp.).
Préface de GaCtan Pican. (Avec des reproductions de gravures romantiques). Le
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CHAMPIGNEULLE, BERNARD: Versailles (204 pp.). Larousse, Paris, 1954.
FtAUDERT, GusTAV: Madame Bovary (286 pp.). Editions d'Art Lucien Mezenod.
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PERNOUD, RÉGINE ET M1REILLE RAMBAUD: Telle fut Jeanne d'Arc (326 pp.).
Colection "Tels qu'ils furent". Fasquelle, Paris1 1956.
RosTAND, JEAN: Ce que je crois (125 pp.). Grasset, Paris1 1953.
THOMAs, MARCEL: Le proc8s de Marie Stuart (300 pp.). Documents originaux
traduits et preséntés par Marcel Thomas. "Dossiers de l'Histoire", Le Club du
Meilleur Livre, Paris, 1956.
TRIOLET, EtsA ET RoBERT DotsNEAU: Pour que Paris soit. Editions Cercle d'Art.
Paris, 1956.
..
VoLTAIRE: Zadig ou la destinée. Histoire orientale (94 pp.). Textes littéraires fran4yaise.
Librarie Droz, Paris, 1945.
ZoLA, Er,,ntE: Nana (369 pp.). Le Club du Meilleur Livre. Paris, 1958.
HOLANDA:
Donación del Instituto de Estudios Hispánicos, Portugueses e Iberoamericanos de
la Universidad Estatal de Utrecht:
CALDERÓN DE LA BARCA, PEDRO: El sitio de Breda (259 pp.). Edición crítica con introducción y notas por John R. Schrek. G. B. Van Goor Zonen's. UM. N. V.
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PERU:

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SUECIA:
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1959.
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MORNER, MAGNUS: El mestizaje en la Historia de Ibero-América (Informe sobre el
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VENEZUELA:
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MEXICO:
Abside. Revista de Cultura Mexicana. Vol. XXIV, Nos. 1, 2 y 4.

698

699

�1

Acabóse de imprimir tl día 8
de marzo de 1961, en los Talleres de la Editorial ]us, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero. México 3, D. F.

El tiro fue de 1,000 ejemplares.

t

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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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