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                  <text>HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMAN1STICOS

3

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1962

�CENTRO DE
E.STUDIOS
HUMANISTICOS

Anuario

HUMAN ITAS
1962

UNIVERSIDAD

DE

NUEVO LF.ON

�FOtlDO ~

�HUMAN I ·T AS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

3

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1962

�HUMAN ITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presi.dente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lle. JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lic. ALFONso R.ANGEL GUERRA

3

1962

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Zaragoza
Norte 244. Monterrey, N. L.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

(A)

PRIMERA EDICIO
Mano de 1962. -500 ejemplares.

Dr.

Significaci6n ,, Sentido
de la Vida Humana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Huco PADILLA: A.lgu11as Ideas Axiol6gicas en las ideas de Hu sserl . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNO.EZ DEL VALLE:

(B)

Dr.

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores

lN~STIGADORES LOCALES

13
51

COLABORADORES FORÁNEOS

La Experiencia ln-Siste11cial como Fundamento
Originario de la Experiencia de la Persona y de su encuentro con
el Ser . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
71
JUAN DAVID GARCÍA BACCA: Sobre el Caos, el Comienzo del Mundo
y el inicio del Filosofar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
81
HuMBERTO PIÑERA LLERA: El Esencial Problematismo de la Fitosofía . . .
93
RÉGJs JouvET: Libertad y Determinaci6n . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
SERGIO SARTI : Actitud Problemática y Fe en la Raz:611 . . . . . . . . . . . . 117
PEDRO CABA: Sobre Preguntar y Saber (Para una Introducción existencial a la Epistemología) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
PATRICK RoMANELL: Los Aforismos de Locke acerca de la Educación y
de la Salud . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
Dr. JosÉ R. EcHEVARRÍA: Reflexiones sobre la Historia . . . . . . . . . . . . . . 179
HÉCTOR NERI CASTAÑEDA: Lenguaje, Pensamiento y R ealidad . . . . . . . . .
199
ISMAEL QuILES:

7

�SECCIÓN

LETRAS

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Lic.

JUAN ANTONlO AYALA: Algunos aspectos de la Terminología Lingüísti,a actual ............................................ . 221
Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA: Los Problemas de la Historia de la Li229
teratura

(u)

Dr.

Magdalena, La Ingrávida . . . . . . . . . . . . . . . .
JOAQUÍN MEADE: Semblanza de Fray ]oseph Arlegui . . . . . . . . . . . . . . .
ALBERTO MARÍA CARREÑo: Los Estados Unidos en Antón Lizardo . . . . .
JosÉ BRAVO UoARTE: La Confederación Chimalhuacana y las Fuentes
Históricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. XAVIER TAVERA ALFARO: Imágenes de Sebastián Lerdo de Tejada
JosÉ TORRE REVELLO: Historia del Archipiélago Malvfoero . . . . . . . . .
MoNELISA LINA PÉREZ-MAROlIAND: ¿Hacia una filosofía de la historia
interamericana? -Tesis de Víctor Raúl Haya de la Torre y su confrontación con la tesis de Toynbee . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Fr. LTNO G. CANEDo: Fra,• Rafael Verger en San Fernando de México
DANIEL Cossío VILLEGAs:

SEGUNDA

La Poesía no Coleccio11ada de Manuel José Othót1 ......................................... .
Dr. FERNANDO ALEGRÍA: González Vera: el humorismo de la impreci¡ión ............................. • ..... • ... • • - • .. • • • • • • • • •
ALFONSO ARMAS AvALA: Cartas de Unamuno .................... .
lTzHAK BAR-LEWAW: José Asunción Silva. Apuntes para su Obra .... .
MYRON I. LtcHTBLAU: El Concepto del Tiempo en las Obras de Eduardo Maltea ............................................... .
Prof. ANTONIO PAGÉS LARRAYA: Macedonio Fernández, un Payador .. .

SECCIÓN

SECCIÓN

243
259
269
279
299
31~

(A)

CIENCIAS

(A)

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

Indice de Reales Cédulas relativas a Nuevo
León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331
EUGENIO DEL HoYo: La verdad sobre la Villa de Cerralvo . . . . . . . . . . . 361
ToMÁs MENDIRICHAGA CUEVA: Breve Reseña del Archivo de la Catedral
de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 377
ISRAEL CAvAzos GARZA:

CUARTA
SOCIALES

INVESTIGADORES LOCALES

La Universidad del Porvenir
579
Prof. Dr. C. A. CANNEGIETER: De cómo la aplicación de la Soci.ocracia
podría mejorar las Relaciones Humanas .................... . 599
Lic. ARMANDO HoYos: Nuestra Constitución y el Municipio .. . .... . 627

(n)

CoLABORADORES FoRÁNEOS

Fenomenología y Dinámica de la 1deati.zación del Mexicano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 645
ENRIQUE Ruiz GARCÍA: Ciencias Sociales, Publicidad, Política y
Economía en los Estados Unidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 659
DESIDERIO GRAUE: El Derecho y la Revolución . . . . . . . . . . . . . . . 669
Luc10 M°ENDmTA Y NúÑEz: La Sociología del Trabajo y del Ocio 689

FRANCISCO GoN zÁLEZ PINEDA:

Lic.
Lic.
Dr.

SECCIÓN
NOTICIAS

Y

QUINTA

RESE~AS

BIBLIOGRAFICAS

COLABORADORES FORÁNEOS

Hombres de Nuevo León y Coahuila en la Defensa de Puebla y Prisioneros en Francia en 1863 . . . . . . . . . . . . . . . . . . 389
Jos:É loNACIO GALLEGOS C.: Evangelización en Durango . . . . . . . . . . . . . 415

8

531
551

ALBERTO GARCÍA Gór.rez:

TERCERA

HISTORIA

FRANCISCO R. ALMADA:

479
501
513

COLABORADORES FoRÁNEos

JoAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA:

( B)

423
441
463

Xll Congreso Nacional de Sociología, 699.-JuAN
Historia crítica de la novela guatemalteca, por Seymour
Menton, 701.-JuAN ANTONIO AYALA: Formas poéticas de tos pueblos ro-

ALBERTO GARCÍA GóMEZ:
ANTONIO AYALA:

9

�mánicos, por Karl Vossler, 703.-AousTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL

VA-

La Democracia-Ensayo Sintético, por Georges Burdeau, 706.-AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: Meditación de Europa por José Orteo-a y Gasset, 709.-EusEBIO CASTRO: Ideario Filosófico, por Agustín
Basave Fernández del Valle, 712.-lsRAEL CAvAzos GARZA: Narraciones
Históricas Regiomontanas, por Carlos Pérez Maldonado, 713.-ALFONSO
RANGEL GUERRA: Los principios del Arte, por Collingwood, R. C. 714.IsRAEL CAvAzos GARZA: Recuperación y colonización de las tierras insulares, para el establecimiento de dos territorios más, por Alfredo Cantú Becerra, 716.-RUBÉN SALAZ.AR MALLÉN: Historia de Nuevo León, con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, TexaJ y Nuevo León, por el Cap. Alonso de León, Juan Bautista Chapa y el Gral. Fernando Sánchez de Zamora,
716.-HANs HoRKHEIMER: Nahrung und Nahrungsgewinnung im vorspanischen Peru (la alimentación en el Perú prehjspánico y su interdependencia con la agricultura) por Margot Luedecke.
LLE:

Sección Primera

FILOSOFIA

�SIGNIFICACION Y SENTIDO DE LA VIDA HUMANA

Da. AousriN

BASAVE FERNÁNDEz DEL VALLE
Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León

Sumario: 1. El problema de nuestra vida.-2. Una sed imaciable de existir...-3. Sentido de la vida humana.-4. La cuestión decisiva: ¿Qué será de nosotros?-5. ¿Existencia absurda o sentido existencial?-6. Dinamismo del ser humano.-?. Urdimbre
teotr6pica de la vida humana.-8. Textura ética de la vida humana.-9. La vida
humana es un problema de orden.-10. Es deber del hombre desarrollar su humanidad.-11. La vida humana como cultura.-12. Cultura objetiva y vida cultural.-13.
Quehacer de salvación y riesgo de frustración.-14. El hombre no se realiza sino
superándose.-15. La dimensión más excelsa del hombre.-16. Plan de vida e ideal
persoJ)al.

l. EL

PROBLEMA DE NUESTRA VIDA

¿Por qtté vivo y por qué muero?

vivo, SENTIRSE vrvo sobre un mundo redondo, adherido como oruga
a una bola de tien-a, es cosa bastante extraña. Sobre este mismo mundo, otros
hombres como yo viven en la India, cabeza abajo, y sin el menor mareo,
sostenidos al parecer -explicarán los físicos con una explicación que en
realidad no explica absolutamente nada- por la ley de atracción. . . Flotamos en el espacio, pegados al globo terráqueo, dando vueltas completas
a una velocidad tangencial media de 108,000 kilómetros por hora. Junto con
algunos centenares de satélites, nuestra tierra sigue al sol que se dirige hacia
la brillante Vega, en la constelación de Lyra, a una velocidad no menor de
70,000 kilómetros por hora. Girando y recorriendo millones de kilómetros
en los espacios interestelares, camino, como, trabajo, converso y duermo todos
los días sin sentir que voy cabalgando a través de los espacios. Y cabalgando
ESTAR

13

�sobre una delgada corteza de 60 kilómetros de espesor, que cubre una masa
en fusión dP unos 6,000 kilómetros de radio. 1
•Por qué vivo y por qué muero? ¿ Por qué me encuentro instalado, desde
c. años, en esta tierra y no en otro planeta.:&gt; ¿ Cua'l es IDI. rawn
' de _ser :&gt;•
hace
¿ Por qué tengo que vivir esta vida en que se me ha puesto, sin haberlo pedido?
¿Cuáles el término de mi viaje?
·
" me en
Si le pido la respuesta a eso que llamamos " mun do" o " universo
.cuentro con un Anónimo monstruoso, con un espantoso e irresponsable Nadie,
con una fuerza poderosa, tiránica, ciega que mata a inocentes y culpables, ~~e
azota con la tempestad y el rayo y calma con el esplendor del sol y la t.1b1a
noche de luna. Y todo ello con la misma indiferencia. . . Sin los valores es· rto" , corno
pirituaks, sin Dios -Valor de los valores-, " no hay na d a c1e
escribe Sartre. El universo material, por más grande que se le suponga, carece de inteligencia y de amor. De ahí ese "terror de estar vivos" sen?do
frente a una naturaleza hostil, ciega, incontrolable, tiránica, incomprensible.
Es inútil toda rebelión. Nada valen la lógica y la libertad contra los terribles
y desconocidos elementos desencadenados. El hombre sin Dios no pasa de ser
esclavo de lo Absurdo, juguete del Hado arbitrario.
· En verdad resulta cosa bastante extraña el vivir! Un músculo que llamamos
1
•
~
"corazón", late día y noche, se contrae y se dilata cien mil veces, mientras
tierra da una vuelta completa sobre sí misma. Este músculo, por ley inexorable,
cesará de lalir un día y una hora que yo no puedo fijar de antemano. Y al
cabo de algún tiempo mis cenizas podrían caber en una cajetilla de cigarros.
El mundo seguirá su ruta acostumbrada y yo habré desaparecido. Ot~s
generaciones vendrán después de mí y tran itarán por las call~ ~e las ciudades por las playas de los balnearios, por los centros de esparc1m1ento y por
los tr:nes que yo he conocido. Pero yo habré desaparecido. Ahora mismo se
divierten, unos hombres como yo -que por cierto no conozco- en un centro
nocturno de Tokio, mientras que en Berlín asisten a un concierto de Sinfónica
un grupo de personas y en Madrid se charla alegremente en el café. ¿ Por
qué estoy aquí y no alli? ¿Por qué no puedo vivir a la vez la vida de tantas
ciudades agradables que conozco y la de tantas otras que no he conocid~ y
que probablemente nunca conoceré? Esta limitación me duele. En China,
en Francia o en Suecia, muchos hombres que nazcan después de que yo haya
muerto pensarán sobre los mismos problemas que yo he pensado y tendrán
1,;vencias similares a las mías, sin que tengan noticia de que yo haya existido.
Me duele su ignorancia, su indiferencia para con mi persona y mi paso por
la tierra. Y me duelen también esas muchedumbres anónimas que han estado
afanándose por hacer algo y por ser alguien, que han trabajado y proyectado,
• F.

14

LELOTTE,

Lo soluci6n dtl problema de la vida, Edüorial "Eler''. Barcelona.

que han reído y llorado, que han tenido decepciones y dolores de cabeza
como yo. ¡ Hombres que sin dejar huella alguna han vivido y han muerto, hermanos, verdaderos hermanos! Cuántos eres humanos, convertidos hoy en
polvo, se han congelado un día sin haber realizado sus sueños. Cuántos hombres, verdaderamente grandes, han trabajado magníficamente en silencio, recibiendo, como única recompensa, una escasa nutrición y el lecho de un
hospital, donde ni siquiera hablar pueden, antes de abandonar ra vida. ¿ Qué
sentido tienen estas vidas?
Los panteones y los mares reciben diariamente, en su seno, más de 150,000
personas que cesan de moverse. ¡ Qué poco sitio ocuparon en este gran abismo
del tiempo y cuántos iglo en que no existirán! Una aspiración profunda que
les ató a la vida se resolvió en esa salida fatal de la muerte. Si mi anhelo es
vivir ¿por qué he de morir? ¿Por qué? ¿Adónde iré cuando se cumpla ese
plazo?
En el centro de mis anhelos }' de mis goces, el dolor se asienta estable o
intermitentemente. Si hiciese un recuento de los dolores físicos, de las angustias, de las decepciones, de los fracasos y de las muertes de los seres queridos,
de las envidias de unos y de la ingratitud de otros, me convencería, sin lugar
a dudas, que esta tierra nunca ha sido ni podrá. ser para mí un paraíso. Mis
fuerzas, después de todo, son pequeñas, limitadas. Ninguno de mis proyectos
ha obtenido el éxito pleno que había imaginado. El dolor nos hiere a todos
los hombres. No podemos ser inocentes. Queremos el bien --cuando no queremos el mal- y obramos en desacuerdo con nuestros quereres. Decididamente existe una contradicción violenta, incomprensible, entre mi vida tal
como la deseo y tal como ella es. La vida humana, a diferencia de la vida
animal, es problemática, contradictoria. Y no se puede ser verdaderamente
hombre sino hasta el día en que se toma conciencia de este carácter problemático y contradictorio de nuestra vida. Una cosa, sin embargo, permanece
fuera de toda duda: nuestra insobornable e insaciable sed de existir.

2.

UNA SED INSACIABLE DE EXISTIR. ..

NUESTRO TIEMPO RECLAMA una síntesis intelectual que dé sentido a nuestra
vida y a nuestra muerte, que ordene nuestra trayectoria mundanal para no
sentir que el suelo se hunde bajo nuestros pies. Nos obstinamos en indagar
de d6nde venimos y adónde vamos, porque sin esta indagación pierde sentido
todo Jo demás. Es ilógico emprender investigaciones de importancia, secundaria
-a veces insignificante-- sin haber emprendido la única investigación que

15

�verdaderamente tiene importancia: ¿ Cuál es el sentido de la vida, el sentido
del dolor y el sentido de la muerte?
. .
El fondo de nuestra angustia humana, de nuestra angustia vital, está constituido por una sed insaciable de existir amenazada por ~a muerte ,que nos
disuelve en la nada o que nos lleva a otra vida desconocida. De ahí las corrientes existenciali tas en el pensamiento y en el arte.
Cuando tratamos de los problemas de la vida estamos forza~os a _adoptar
una actitud práctica. Hay que vivir, hay que tomar una acbtud, vital. No
vamos a abrir los ojos en el instante de la muerte, cuando los demas -como
alguien ha dicho ir6nicamente- se apresuran a cerrárnoslos. Por ~ estoy
convencido que la única filosofía que verdaderamente nos puede interesar
es la filosofía, como propedéutica de salvación. Vivir al día com~ _lo. hacen
los animales, no es, en rigor, vivir humanamente. o basta percibir impresiones agradables o desagradables, dejarse llevar por el flujo de los acontecimientos sin esperar nada. Lo más desconsolador para el hombre ~s no ~ab~r
jamás por qué vive, por qué se levanta por la mañana y por que al día s1o-uiente
volverá a levantarse. Obedecer al obscuro instinto que nos ata a la
o
e 'stencia sin preguntarse por qué se vive y por qué se muere, es vegetar pero
.
" con
no es vivir humanamente. Vivir humanamente es contraer " re1aciones
los otros hombres y con las cosas. Con las cosas establecemos rel~cion~s de
medio con las personas relaciones de fin. "De esta fundamental y pnmana relación, depende y se deriva -apunta certeramente Sciacca- toda nuestra
actitud hacia las cosas y las personas. Alterada es alterar el orden humano,
individual y social".2 El problema metafísico del sentido de la vida y el del
destino del hombre, no se decide solo teoréticamente por. demostraciones o
deducciones lógicas, sino por invocación y por opción. Elegimos frente a una
Alteridad que se nos presenta como absoluta. Aceptando ~ re~azando esta
Alteridad, asumiremos las consecuencias totales de esa elección fanal. Es claro
que la opción, el acto de fe, puede y debe ser conformado con la estructura
lógica que abraza todo lo que es. La sol~ción v~rdadera ~ ~~oblema de la
vida debe ser razonable, completa, armóruca, umversal, defm1t1va. . . Menester es buscar la verdad, en supremo esfuerzo de averiguación, aceptándola
amorosamente, sea la que fuere y venga de donde viniere, en supr~~o ~sfu:~
de sinceridad. Seguir la verdad, a pesar de los sacrificios que exiJa, S1gnif1ca
vivir en la luz y en el orden. Y el orden -ley de ~idad- es el_ pr~blema
fundamental de la vida humana. Orden que determina la respectiva importancia de los mil apetitos y las mil tendencias que hay en el hombre. Orden
conocido y realizado que entraña, en consecuencia, un doble problema: especulativo y práctico.
2

16

SCIACCA,

pág. 309, Perspectivas de nuestro tiempo, Editorial Troquel.

Es preciso tener presente que el hombre, aunque tiene una verdadera luz
racional, no es un foco de luz infinita. Tiene hambre y sed de Verdad, pero
necesita tomar en cuenta la diversidad de evidencias, de certezas y de métodos.
Entre lo plenamente cierto y lo probable se abre un abismo. Cabe recordar
también, como lo recuerda Roig Gironella en Filosofía y Razón, que la fe
es una norma "negativa" y una ayuda "positiva" de orden psicológico. El
creyente tiene en su fe una ayuda psicol6gica para investigar más, para no
dejarse convencer fácilmente por sofismas y errores, para dar tenacidad y
constancia a su búsqueda e investigación, etc., etc. Y no dejará de ser filósofo
por contar con esa ayuda psicológica. En vez de caer en la desesperación
del racionalista que arrastra su ansia frustrada de plenitud, sabe como Santo
Tomás, por fil6sofo y por creyente, que "no hay nada finito que pueda aquietar el anhelo del enteudimiento, lo cual se ve porque el entendimiento al
dársele cualquier término finito, al instante maquina alcanzar algo más allá;
por esto, trazada cualquier línea finita, trama el trazado de otra mayor, y lo
mismo en los números; lo cual es precisamente la razón de la adición infinita
en los números y lineas matemáticas. Ahora bien: la grandeza y la capacidad
de cualquier substancia criada es finita. Por consiguiente, la capacidad intelectiva del espíritu, como tal, no se aquieta con el conocimiento de cualesquier
substancias criadas, por nobles que sean, sino que tiende con un anhelo natural
~ ':°nocer _la substancia, que es de Grandeza infinita". 3 Tampoco hay nada
Íllllto -anadamos por nuestra CUeP.ta- que aquiete esa sed insaciable de
existir.
Pensando en esa inextinguible sed de existir, Manuel García Morente en
diálogos sostenidos con Alonso Fueyo, pocos días antes de su muerte, d:claraba: El hombre, "en la carrera de nuestra vida hacia un ser que va a ser,
corre de fracaso en fracaso; nuestro poder no alcanza jamás a nuestro querer. Entre uno y otro hay un abismo, y eso significa que el hombre está necesitado de salvación, cuya salvación será que el hombre sea lo que quiere ser.
-¿ Y qué quiere ser el hombre?
-El hombre quiere tres cosas: una vida perdurable, personalísima y santa.
tres clases _de vida la experiencia no nos las da, porque todo Jo expenmentable es contingente, caduco. Por eso asciende el hombre necesariamente
a Dios, como a Salvador y Creador, y toda la Filosofía nos eleva a "EL".t Los
fracasos del hombre no son fortuitos, casuales; emergen de su insuficiencia radical, de su indigencia ontológica. Pero el afán de plenitud subsistencial, el

~ estas

' SANTO To11Ás,

C. Gentes, 111, 50, raz6n 4a.

• ALFONSO FUEYo E., Ultimo diálogo con el profesor García Morente publicados
en :'El ~.sp_añol': 2 (8 mayo 1943, núm. 28), pág. 28 y reproducido par:ialmente en
el libro Filosof1a y Raz6n", pág. 71, (Ed. Rayfe), de Juan Roig Grionella.

17

�querer que sobrepasa el poder, también está rameado en el ser de criatura.
Por eso el hombre está necesitado de salvación y por eso la filosofía -al menos
como la entendemos nosotros-- es una propedéutica de salvación. Examinemos pues, bajo esta luz, el sentido de la vida humana.

3.

SENTIDO DE LA VIDA HUMANA

Yo y MI MUNDO EXISTIMOS conjuntamente por el Ser fundamental. Este
es el dato radical, el hecho primordial con que me encuentro al percatarme
de mi contingencia y de la contingencia del mundo. Mi estar es un c~~s~r
con el Mundo. El mundo -objetividad- me es tan patente como ml mnmidad. Por eso José Ortega y Gasset, insistió, desde comienzos de sigl~, que
"la realiclad primordial, el hecho de todos los hechos, el dato para el Uwverso,
lo que me es dado es. . . "mi vida" -no mi yo solo, no mi conciencia hermética, estas cosas son ya interpretaciones, la interpretación idealista. . . Lo primero, pues, que ha de hacer la filosofía es definir ese dato, definir lo que es
"mi vida", "nuestra vida", la de cada cual. Vivir es el modo de ser radícal:
Toda otra cosa y modo de ser lo encuentro en mi vida, dentro de ella, como
detalle de ella y referida a ella. En ella todo lo demás es y es lo que sea para
ella, lo que sea como vivido. La ecuación más abstrusa de la matemática,. el
concepto más solemne y abstracto de la filosofía, el Universo mismo, DlOs
mismo son cosas que encuentro en mi vida, son cosas que vivo. Y su ser radical y primario es, por tanto, ese ser vividas por mi, y no puedo definir lo
que son en cuanto vividas si no averiguo qué es 'vivir'".• Después de reconocer
el acierto orteguiano al partir de la vida humana como realidad primorilial,
es menester completar y modificar en algunos puntos el pensamiento del brillante filósofo matritense. Las cosas son lo que son independientemente de
lo que sean en cada vida hum&lt;1na. Aunque encuentre en xni vida ecuaciones
matemáticas, conceptos filos6ficos, Universo y Dios, estos seres no se confunden
con mi vida ni se circunscriben a mi horizonte vital. La extravasación del ser
queda probada por el error, el olvido, y la docta ignorancia. ¿Qué es la vida?
"Vida --dice Ortega- es lo que somos y lo que hacemos". Vivir es encontrarse a sí mismo en el mundo y ocupado con las cosas y seres del mundo. füe
asistir perpetuo y railical a cuanto hacemos y somos diferencia el vivir de
todo lo demás. La vida es saberse -es evidencia!-. Pero es un saberse náufrago, en un orbe impremeditado, con perpetua sorpresa de existir: No esca• JosÉ ORTEGA y GAsSET, págs. 213-214, ¿Qui es Filosofía? (Obras inéditas),

Editorial Revista de Occidente.

18

gemos el mundo en que va a deslizarse nuestra vida -dimensión de fatalidadpero nos encontramos con un cierto margen, con un horizonte vital de posi-'
bilidades -dimensión de libertad-. Tenemos que decidir lo que vamos a
ser; a esto llama Ortega en frase gráfica, aunque exagerada: "llevarse a sí
mismo en vilo, sostener el propio ser". En este sentido la vida es una actividad que se ejecuta hacia adelante, es futurición, es lo que aún no es. Nosotros
pensarnos, por el contrario, que el futuro es una idea esencialmente relativa
al presente. Nunca lo futuro puede referirse directamente a lo pasado, porque
lo pasado tiene que referirse, también, a lo presente. La idea primigenia y
fundamental del tiempo es el "ahora", el presente que está presupuesto en los
otros dos tiempos y sin el cual no se podrían ni siquiera concebir. En esta
relació~, _el orden es de tal naturaleza que el no ser (fue) y el después (será)
es perc1b1do del ser (ahora). Todo ser es presente. Sólo el instante actual el
"ah"
'
ora , es 1a rea lidd.
a misma de la cosa.
Nuestra vida "es la de cada cual", afirma Ortega, por tanto, distinta la mía
d~ la tuya. ¿Pero cuál es el sentido de la vida de "cada cual"? ¿Cuál es la
VIda humana perfecta? ¿Cómo podemos conocerla? ¿Cómo podemos realizarla? ¿ Qué es lo que somos y lo que hacemos?
. El hombr~ tie~e una dui-unidad, es un ente dúplice: naturaleza y espíritu,
tiempo Y ev1terrudad, nada prehistórica y destino absoluto... Su unidad real
no es perfecta, como la de Dios, sin ser pura multiplicidad, como e] mundo.
El yo mudable se levanta sobre la parte inferior de su naturaleza en orden
ª. s~ salvación. No está simplemente "ahí", como una piedra, ni ~ reduce a
VlVlr, c?1_1lº una pl~ta, sino que lleva una existencia personal por e] espíritu
que unifica Y subordma a la vida vegetativa y a la vida sensitiva. Fenómenos
Y acciones emergen del alma personal. La autoconsciencia de nuestro ser nos
da un sentido de totalidad frente a otras totalidades en el mundo. Nos sabemos situados en la cúspide de 1a ordenación mundanal escalonada con una
naturaleza. espiritual -que no hemos creado-- apoyada en una ~structura
recibida. La verdad de nuestra esencia se nos ha dado como una dádiva de
amor. Nos precede un plan y una realización. Usufructuamos una conciencia
íntima y una emoción de ser.
Se ha dicho que la persona es un "ser-para-sí". La frase -verdad a medias-

~ inexacta. ~s un ser-para-sí relativamente. Mejor sería decir que la persona,
siend~para-s1, es para. Dios. Porque es Jo cierto que está vinculada, en su
esencia y en su operación, al Ser fundamental y fundamentante. En lo más
hondo del yo se avizora una fontalidad a la cual estamos vinculados.
Atraídos por la naturaleza corporal y por el espíritu, tenemos que orientarnos, forzosamente, hacia un centro de vida personal. Nuestra conciencia
nos insta a pasar sobre la fácil complacencia propia para dirigirnos hacia

19

�nuestro mejor yo. ¿ Cuál es nuestra situación personal ante Dios y ante los
hombres? He aquí la cuestión clave para nuestro destino eterno.
Mientras hay tiempo -y es bien corto- hay oportunidad de perfeccionarnos, de hacer algo por nuestra salvación, por la parte imperecedera de la personalidad. Es cierto que no creamos nuestro destino, pero sí lo decidimos responsablemente. Para ello contamos con el control de nuestro espíritu que
puede imponer un orden superior. Nuestra animalidad tiene que justificarse,
subordinándose, ante esa instancia. Y esta justificación se da en situaciones
y circunstancias. Esto quiere decir que tenemos que aprovechar lúcidamente
nuestro carácter, nuestro sexo, nuestro contorno geográfico y nuestro tiempo
para someterlos a una inteligente colonización. Podemos servirnos, como herederos que somos, del "achevement" cultural. Lo que vale es el esfuerzo personal y el sentido que se le dé a la acción. Tenemos que elegimos en la contimridad de la tarea salvadora.
Diariamente ejercitamos un cúmulo de actos voluntarios con sentido. Ahora
bien, si estudiamos la trabazón y la jerarquía de dichos actos, es preciso reconocer que todos ellos poseen una dirección y un sentido último salvífico. El
verdadero motivo de nuestras decisiones es el cumplimiento cabal de nuestro
ser. Admitida la posibilidad de salvarse, con la ayuda de Dios, organizamos la
vida finallsticamente. El sentido salvífico de nuestra tarea vital constituye la
justificación íntima de todas las acciones concretas que emprendemos. Al
realizar una conducta valiosa nos realizamos. Y realizarnos cabalmente, para
satisfacer nuestra hambre de salvación, es lo que más nos interesa en la vida.
Porque la cuestión decisiva es ésta: ¿Qué será de mí? ¿Qué será de nosotros?

4. LA

CUESTIÓN DECISIVA:

¿QuÉ

SERÁ DE NOSOTROS?

EL HOMBRE ES EL ÚNICO ser que tiene el temible privilegio de salvarse o de
perderse, según el rumbo que tomen sus pasos. Cercanía o lejanía de Dios.
Por el amor nos acercamos a El asemejándonos. Por ]a distancia moral -mala
vida y malas costumbres- nos desasemejamos a Dios, con una lejanía radical.
Todos tenemos, indefectiblemente, el mismo centro de gravitación.
En nuestra voluntad está el resolver el itinerario afectivo que seguiremos.
El alejamiento moral del centro de gravitación trae, como consecuencia, la
pérdida correlativa de la semejanza ontológica de la creatura con su Creador.
El amor ordenado ("charitas") nos lleva a nuestro sitio, al gozo. El amor
desordenado ("libido") nos conduce a la dis-locación. Y la dislocación nos
produce el tormento de la angustia. Con las raíces al aire, el alma queda expuesta a la inestabilidad, al fraude, al dolor, a la desazón. Los seres ma-

teriales y mudables nos arrastran hacia el vaivén angustioso de lo contingente ..Inútil buscar en esos seres -falsos en cuanto parciales- la vida feliz.
Ad~~nr~o~ a .la parte en lugar de ir derechos al todo es una lastimosa ceguera. . ~a m1qmdad, el pecado de la lejanía, no es una substancia, sino la perversion del amor humano -ha dicho San Agustín- que deja a Dios, substancia
suprema, por la criatura ínfima, arroja su intimidad y se derrama fuera de
sí".º Mientras San Francisco de Asís -místico al fin- levanta un canto
lleno de frescura, ante el hermano cuerpo, ante la hermana agua, ante ei
herm~o lobo y ante _las bestias y los elementos que hallan parentesco en su
corazon,
porque se asientan en el Ser más alto·J San Agustín' en cambio
no
•
.
J
quiere ~ntretenerse, demasiado, con las criaturas que solamente son semejantes a Dios,_ pero que no son la semejanza misma. ¡ Cuidado con el fraude!
parece dec1mos. Es fácil sufrir un espejismo convirtiendo los simples vestigio:
en _la realidad primigenia. Y ~bre todo, "a uno no le va bien si le puede ir
me1or, a nosotros no nos va bien con los puros vestigios de la Verdad cuando
con la Verdad misma podríamos estar harto mejor".1 Las bellezas fugaces
de las cosa~ atraen nuestra atención y fragmentan el alma, dificultando el
retomo ~ Dios. En nuestra más íntima interioridad está el itinerario más recto
para ;irnbar a la Verd~ y a la Belleza total. Entre San Francisco y San
Agustín no se dan doctrinas contradictorias, sino actitudes o perspectivas div:rsas. Sa~ Francisco ve, en los destellos de las cosas, vestigios de la Causa eficiente, '. e1emplar. San Agustín, ávido de Absoluto, se siente desilusionado
metafmcamente ante el no-ser de las cosas y no quiere verse alucinado por los
destellos momentáneos de los seres materiales y mudables. Nuestro diálogo
~on las cosas, marcadas con la huella de Dios, tiene que ser requisitorio y pasaJero. Ambos santos coincidieron en valorar más alto un poco de sentimient
0
de Dios que el conocimiento de todas las cosas del mundo.
Las cosas mudables, precisamente por ser mudables, nos producen angustia.
La mezcla de ser y no ser de todo objeto mundano deja insatisfecha nuestra
atr~cción obje~va de Dios. Pero no sólo las cosas se ven afectadas de esta
~ad1~ mutabilidad, también nuestra vida es, en buena dosis, inseguridad e
mcert1dumbre. La estrechez o angostura de mi ser me insta a salir hacia
1
,
b
un
dugar '?mas esta le, donde cese la zozobra y sepa a qué atenerme . t. Que' sera'
e ~- He aq~ _si no "la única cuestión", como lo quería Unamuno, sí la
decisiva. La dec1S1va porque de ella depende la importancia de las cosas y el
r~bo _de mi vida. Y como el hombre es un ser dialógico a quien no le puede
ser mdifeiente el destino de los otros, habría que corregir a Unamuno -siem0

SAN AGUSTÍN,

' SAN AGUSTÍN,

Confess., lib. VII, cap. XIV, 744.

De veta rtlig., cap. XXXVI, PL. 34, 151.

�'?
pre egotista y desmesurado- completando la pregunta: ¿ que· será d e mi.
con estas otras: ¿ Qué será de ti? ¿ Qué será de nosotros?
Para redimirnos de la angustia no hay más que una vía: el conocimiento
amoroso de Dios. Si Dios no puede obrar más que por amor, la aspiración a
conocerle y amarle, puesta en nosotros, está destinada a satisfacerse. Examinemos pues el modo de realizar nuestro bien.
'
'
En mi naturaleza --condiciones necesarias de mi ser- se me da un esbozo
de la perfección que debo realizar. De lo que soy -espíritu encamado- deduzco lo que debo ser. Soy un ser viviente, cognoscente, dotado de actividad
físico-espiritual. Me comprometo en cada uno de mis actos. Mi inteligencia,
que ve el bien en las cosas, despierta a la idea del bien perfecto, absoluto,
trascendental. Desde entonces, la sed de mi espíritu ya no será colmada por
los bienes particulares. En la medida en que me libero de la animalidad, se
manifiesta en mi espíritu, como atributo suyo, la necesidad de infinito. El progreso en el dominio del conocer me alegra, en cuanto avance en la penetración
en los esplendores del ser, y me entristece, en cuanto impotencia de avizorar
la realidad infinita del ser. Lo limitado me acongoja. Busco lo absoluto y no
lo encuentro en los bienes de la tierra. La posesión cognoscitiva de los objetos,
los lazos del amor y de la amistad, los vínculos de la comunidad me desarrollan, pero no me satisfacen en plenitud. Mi corazón sigue inquieto. Sólo en
lo absoluto, en Dios, puedo encontrar mi perfección. Cierto que a Dios lo
conozco de manera impedecta. Aún así, le reconozco por autor del universo
y admiro su sabiduría. Este imperfecto conocimiento de la Perfección me
basta para acatar el orden divino. Y sin embargo, más allá de toda sumisión
aspiro a la unión, al intercambio amoroso. Hasta aquí llega la filosofía. Lo
demás, los misterios de la intimidad divina y la respuesta de Dios a nuestro
llamado, por su revelación, caen de lleno en los dominios de la religión.
No han faltado quienes, en medio de su naufragio personal, han llevado
su angustia y su grito de rebeldía al terreno filosófico. Urge, en consecuencia,
preguntamos si esta existencia es absurda o si hay un sentido en ella, en su
estructura, que nuestra razón pueda descubrir.

5.

¿ExISTENCIA ABSURDA O SENTIDO EXISTENCIAL?

EL ESPÍRITU HUMANO, en sus operaciones específicas, tiene un apetito de claridad y una exigencia de familiaridad ante su universo. Quisiera que el mundo
pudiese amar y sufrir para comprenderlo humanamente, para marcarlo con
su sello. Y cuando no lo relaciona con Dios, el mundo se torna extraño, privado
de luces y de fines. A este exilio sin remedio se siente arrojado el existencia-

lista ateo. Su conducta es una consecuencia de su convicción sobre lo absurdo.
Vive por costumbre antes que por ideas e ideales. En el origen de todo está
la "inquietud". Se advierte que el mundo es "espeso", se entrevé hasta qué
punto un cerro o un cacto le es extraño e irreductible. Desaparece el sentido
ilusorio de los bellos paisajes y queda sólo la inhumana y primitiva hostilidad
de un mundo absurdo que le deja solo. Los hombres mismos, con su mímica y
su pantomima, segregan lo inhumano y le producen esa "náusea". Todas las
descripciones y clasificaciones, toda la ciencia de esta tierra no le dará, al
existencialista ateo, nada que pueda asegurarle que este mundo es de él.
El deseo de conquista choca con muros que desafían sus asaltos. Decididamente este mundo no es razonable. ¿No resulta entonces absurda la confrontación de ese irracional y ese desenfrenado deseo de claridad, cuyo lla•
mamiento percibe el hombre? En este clima espiritual se gesta, para Albert
Camus, el único problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. "Juzgar
que la vida vale o no vale la pena de que se la viva -nos dice- es responder
a la pregunta fundamental de la filosofía".ª
Después de admitir lo absurdo todo se desquicia. En vano pretenderá Camus
justificar su actitud de rebelión, de desafío. "Se trata -nos asegura- de
morir irreconciliado y no de buena gana". 9 ¿Por qué y para qué? El escritor
argelino resulta impotente para dar respuesta a esta pregunta inacaUable. Se
queda con una pasi6n sin mañana y con un destino cuya única salida es fatal.
Como Sísifo, se siente condenado a un trabajo inútil y sin esperanza. Ante
esa perspectiva sólo le resta su odio a la muerte, su desprecio de lo divino y
su apasionamiento por la vida. Cree -vana ilusión- que "no hay destino
que no se venza con el desprecio". 10 Y hasta llega a imaginarse que Sísifo es
dichoso, porque el esfuerzo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Pero esa afirmación no es más que un producto pasajero de
la borrachera antropocéntrica. No parece llenar el esfuerzo a su corazón de
hombre, puesto que grita, exige, dice no ... ,cyo grito que no creo en nada
y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer
por lo menos en mi protesta. La primera y la única evidencia que me es dada
así, dentro de la experiencia absurda, es la rebelión". 11 Esta rebeli6n testimonia
el hecho de que el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es.
Desgraciadamente Camus no ha sabido derivar las consecuencias metafísicas
implicadas en esta afirmación. Prefiere rechazar su condición mortal y neALBERTO CA.Mus, pág. 13, El Mito de Slsifo, El Hombre Rebelde, Editorial Lo.sada, S. A., Buenos Aires, 1953.
• CAuus, pág. 50, opus. cit.
'º CA:Mus, pág. 96, opus. cit.
11 CAMus, pág. 119.
1

�garse a reconocer la potencia que le hace vivir en esa condición, no sintiéndose
seguramente ateo, pero sí forzosamente blasfemo. Más que negar a Dios'. le
desafía. Pretende - ¡ vana pretensión!- descalificarle en nombre de la Justicia, pero advierte que la idea de justicia no se compr~~de sin la idea de
Dios. Y entonces cae en la absurdidad y rechaza la salvac10n. Pero tal vez su
rechazo -un tanto verbal- no haya sido definitivo. Lo que verdaderamente
rechaza, para compartir las luchas y el destino de los hombres, es una f~lsa
divinidad. Elige la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe. _L_a Justicia vive. ¿De dónde proviene esa "extraña alegría" que ayuda a Vlvtr Y a
morir, según nos confiesa?
"Para el espíritu humano no hay sino dos mundos posibles, el sagrado (o
hablando en lenguaje cristiano -dice Camus- el de la gracia) o el de la
rebelión". 12 EJ optó por la rebelión. El mundo cristiano -filosofía de la
injusticia- se le imagina desesperante. "Entre la historia y lo eterno, he escogido la historia, porque me gustan las certezas". Inmerso e? el ámbito de la
historia, sabe que su acción es en sí misma inútil, pero se decide, como el conquistador, por ese esfuerzo absurdo y sin alcances.
El resultado del existencialismo profesado por Camus -con tan sincero
romanticismo- es, más que una filosofía, un testimonio singular. Aunque con
escaso brío dialéctico, ha llevado al primer plano al hombre concreto, con la
intimidad de su conciencia, con su finitud, con su temporalidad, con su angustia, con su rebelión. Si todo es absurdo, ¿ no será también un absurdo filosofar
sobre lo absurdo? ¿ Cómo entablar diálogo con un absurdo con el que toda
discusión es imposible? Haciendo gala de un ilogismo extremo, Albert Camus
pretende construir íntegramente su concepción de la realidad sob~e algunos
postulados -"a priori", sin demostración- que hay que aceptar ciegamente.
¿ Cómo puede tener valor de ciencia su producci6n, si el propio autor reconoce
como absurda la confrontación del pensamiento -desenfrenado deseo de claridad- con el absurdo mundo? Y sin embargo, los que nos empeñamos en
filosofar hoy, no podemos eludir el encuentro del pensamiento con la existencia,
en el testimonio desgarrador de un hombre del siglo XX.
Frente al absurdo de un mundo existenciaJista como el descrito, nosotros
descubrimos que toda creación es triunfo y alegría donde cada criatura encuentra su sitio y misión. Amamos la vida biológica porque favorece la otra
vida, la del espíritu. Nos orientamos hacia valores y percibimos nuestro destino
per-durable. Nos sentimos responsables ante Alguien que nos espera y nos
juzga. Todo este existir en despliegue, ¿no está testimoniando acaso el vínculo1
11 CAMUS, Remarque sur 1a Revo
1
/ te, en el vo1umen en coa
1 borac'6n
1 , "L'E-'1stence",
París Gallimard, 1945.
A

1a conexión con un insoslayable sentido existencial trascendente? Acaso estudiando el dinamismo del ser humano podamos poner de relieve ese sentido
existencial trascendente.

6.

DINAMISMO DEL SER HUMANO

LA ACCIÓN rncLUY.E LA CONTEMPLACIÓN. El dinamismo activo del hombre lejos de oponerse a lo racional, lo supone. En toda tendencia hacia un fin aparece un plan inteligible. Y la experiencia nos muestra que hay siempre proporción entre las tendencias que se proyectan hacia fines y la capacidad de
obtenerlos: los dientes y las muelas, situados en la boca, tienden a masticar,
como lo muestra su contextura; y son capaces de ello; los ojos tienden a ver,
y ven; etc.
El hombre apetece la salvación, tiende a la plenitud subsistencia], luego
capaz de obtenerla. De lo contrario habría una contradicción indigna de
la Inteligencia divina. Basándose en el aspecto dinámico o finalista, Santo
Tomás afirmaba: "Es imposible que un deseo de la naturaleza sea vano;
porque la naturaleza no hace nada vanamente . .. " 18 Cuando constitutivamente un ser tiende a algo, es capaz de llegar a ello.
t'S

Si nos afanamos por obtener la plenitud subsistencial, si sentimos hambre
de salvación es porque estamos "in via", porque andamos en busca de cierta
participación del Ser fundamental y fundamentante. La íntima tendencia de
nuestra voluntad no es cerrarse egoístamente, sino proyectarse en un Absoluto
1:apaz de brindarnos la plenitud subsistencia) anhelada.
Por nuestras actuaciones podemos descubrir las virtualidades de nuestro
ser. Si actuamos en vista de la salvaci6n, es porque estarnos llamados a ella
-no forzados, claro está, puesto que cabe la frustración- aunque por ahora
seamos unos pobres gérmenes en desarrollo.
Andarnos en busca del Ser en plenitud. Los seres con los cuales tropezamos a
diario apenas si son esbozos de ser. Para comprenderlos tenemos que inteligir
su plan. El devenfr de los seres no podría ser explicado sin el Ser Absoluto.
Actuar es siempre actuar hacia algo positivo. Cada acción tiende a conseguir
el pleno desarrollo de cada ser humano. "Tout le réel est comme une priere a
l'Etre", ha expresado magníficamente Mauricio Blondel. 14 Perseverar en la
existencia, dilatar la existencia acrecentándola y entrando en la felicidad del
Ser, es tendencia característica de todo lo que existe. Sin embargo, el ser del
u SAll!TO ToMÁs,
"

Contra Gentes, 1. U, c. 55.
L'Etre, Excursw 5, pág. 386.

MAuR1010 BLONDEL,

24

25

•

�hombre es el único que manilie ta esta tendencia intenci~nalment~. La p~edra
y el océano, por ejemplo, no son ex-sistencia, en sentido ngur~so, si~o re~ istencia, persistencia. Sólo el ser humano está bajo el modo de ex-s1 tenc1a o fumeza
ex-teriorizada, salida de sí hacia el Ser Absoluto.
.
La vida humana en u actuar incesante, gime en demanda de una vid~ ~ue
no t rminaiá, capaz de poseer su objeto eterno. Y ef\ esta suerte de partunc1ón,que no recuerda an Pablo a prop6sito del mundo en~ero, se busca afanosamente una unidad y una solidez imperecederas. La vida del hombre es, en
gran parte, añoranza de lo que aún no es, de lo que debiera ser. Los a~ales
e tán perfecta.mente aclimatados en este mundo, porque pertenecen integramente a este mundo, porque su ser mundanal está esencialm:°tc. aj~tado
a la circunstancia. El hombre, en cambio, produce el arte y la ciencia, vive la
moralidad y tiene aspiración religiosa, porque aunque. existe en el mundo Y
frente al mundo, lo trasciende. unca acabamos de aclimatamos;°. este mu~do. Nuestra insatisfacción no es casual, sino metafísica. Los mulhple~ Y. diversos entes intramundanos 11egan. a distraemos y fatigamos con su difusión,
con su hostilidad, con su contradicci6n. Optamos entonces por ganamos a
nosotros mismos en un esfuerzo de cobel ión dominadora. Pero el yo. con sus
notas de interioridad, temporaneidad y subei¡tancia, tiene un fondo de obscura
soledad. De ahí ese entimiento de inseguridad y de abandono que le sobreviene al hombre relegado en sí mismo. De esta subexistencia en que. el yo _se
sient abandonado por Alguien, brota el deseo de abrirse a la realidad c1rcundante que le rodea y se le insinúa. Ese Al~ie~ que me . rodea Y me ha
puesto aquí debe tener, qué duda_ ~be, un. des1_gmo Par:1 m1 .. Yo so~, pues~
un enviado con misi6n. Y con mmon prop1a, singular, mcanJeable, intransferible. Esta experiencia fundamental del yo, qu~ suP?ne :oda un~ ga~a. de
acciones y experiencias, expresa, más allá de la VJda b1ol6g1c~, la ida 1~tima
del ser humano. Vida esencialmente dial6gica con ese Alguien que a 1. te a
nuestro existir como Testigo silente que nos asigna una misi6n por me~io ~e
la vocación. Aunque )os fenómenos no permanezcan, permanece la conciencia
de sí, la vocación, la voz.
La conciencia reúne en una síntesis la multiplicidad fenoménica del mundo.
Esto 00 quiere decir, p0r supuesto, que el universo gire a nuestro alrededor.
Unidad de conciencia, esp0ntaneidad. perennidad son rasgos que se dan, aunque deficienteroente, en la persona. La deficiencia de nuestro ser no conduce
a Ja aserción del er. Todos lo ser se explican misionalmente, esto es, por
su participación en el plan del er Absoluto. Tod_o s~r h~o, en cuanto es,
no sólo tiende a perseverar en su er, como lo afirmo Espmosa del er en general, sino a ser más a ser en plenitud. Si negamos esta tendencia -y está en
nuestras manos el hacerlo--, perderemos nuestra razón de ser, fracasaremos .

como hombres. Si en cambio somos fieles al dinamismo de nuestro ser humano -que no se recluye en el yo, sino que se proyecta hacia Dios- llegaremos a la perfección natural, a la plenitud que reclama nu tra naturaleza.
Las acciones humanas no se dan por simple impulso animal, sino por un
motivo salvífico que las promueve y eleva. La aspiración a lo infinito nos
mueve y nos libera. El universo entero nos está diciendo, a toda hora, que
venimos de Dios y vamos a Dio . o ob tante, es menester optar por el fin
de nuestro rer que saciará todo deseo.
A diferencia de Bloodel, nosotro no usamo el principio de la finalidad
exclusivamente, sino que recurrimos explícita y anteriormente al principio de
causalidad. Además, el anhelo de alcanzar un saber de visi6n, un saber iluminado de todas estas cosas que en el mundo encontramos siempre cubiertas
y veladas, no demuestra, por el solo hecho del anhelo, que lo podamos adquirir en el orden natural. "La mera capacidad que tiene una criatura de ser
elevada a cualquier fin superior, que no repugne a su naturaleza", ha sido denominada, por los antiguos escolásticos, como· "potencia obediencia!".
Una vez examinado el dinamismo del ser humano estamo en condiciones
de estudiar la urdimbre teotr6pica de la vida humana.

7.

URDIMBRE ThoTRÓPICA DE LA VIDA HUMA A

EN LA TUMULTUOSA SINFONÍA de la vida hay un número limitado de temas
primordiales. Con estos temas e constituye la urdimbre de mi exi tencia. Conozco, ejerzo actividades económicas, experimento viv ocias estéticas, p rcibo
religiosamente el ntido del acaecer cósmico, amo y entro en relaciones políticas. Todos estos actos están dotado de sentido. Actuamos con la totalidad
de nuestro espíritu. Y actuamos complejamente erigiendo vivencias cargadas
de sentido y entretejidas en relaciones. Las formas fundamentales de vida espiritual han sido reducidas, por Eduardo Spranger, a lo cuatro siguient
tipos ideale de intemporal caráct r:
1). El sentido económico reside en la vivencia de la relaci6n psicofí ica de
energía entre sujeto y objeto. (Gasto de energía).
2). El sentido teórico radica en la identidad general del objeto mentado.
(Esencia).
3) . El sentido estético reside en el carácter de impresi6n-expresión de su
apariencia sensible concreta. (Imagen).
4). El sentido religioso reside en la referencia de la vivencia singular al sentido total de la vida individual. ( entido total).

27

26

•

�A más de los precedentes actos espirituales individuales se dan, según el autor
de FOTmas de Vida, los actos espirituales sociales propiamente dichos, que consisten en una comunidad permanente y firme, asegurada por la fidelidad en
la dirección valorativa. Ayudar al prójimo y fomentar los valores comunes,
es el designio del hombre social. Para el hombre político, en cambio, el conocimiento es un instrumento de dominio. Todas las esferas de valor de la vida
son puestas al servicio de su voluntad de poder y de parecer. Es claro que
todos estos tipos ideales, obtenidos por un método de aislamiento e idealización
-hombre teorético, hombre económico, hombre estético, hombre social, hombre político, hombre religioso-, no son fotografías de la vida real, sino estructuras normativas aplicables a los fenómenos de la vida histórica y social. La
moralidad está más allá de toda especial esfera de vida. Trátase de una forma
de vida que puede hacerse sentir o no en todas las zonas. Forma que se basa
siempre en el carácter normativo que en el conflicto de los valores caracteriza
al valor objetivo más alto o supremo. Esta orientación personal nos perfecciona en nuestra esencia. "Dime con qué valores andas y te diré quién eres",
expresa Spranger, alterando una antigua verdad proverbial.

t~óri~~, eco~~mica, estética, social y política, se realizan por un tipo de mobvacion ~eligi~so: el_ ~án de salvación. Se experimenta como valor supremo
de la existencia individual íntegra, la plenitud subsistencia! anhelada como
c~,mplimiento ~efin_itivo del sentido de la vida humana. Esta suprema aspiracmn de valor irradia un sentido teotrópico sobre la vida espiritual íntegra de
la persona. Des~e entonces, todo es puesto en relación positiva o negativa con
el valor _de ~nJunto -salvación y glorificación formal extrínseca de Diosde la ext~tenc1a del hombre. Nada es indiferente. Todo puede cobrar sentido
escatológico en conexión con la totalidad personal y universal. En busca del
supr:mo valor de la existencia espiritual, con la inquietud e insatisfacción
~roftas al ','sta~~ viatoris", las cosas son situadas a diversa proximidad O leJama del fm ultuno, según su signüicación para la vida espiritual íntegra
de la persona q~e anhela su salvación. Salvación que no consiste simplemente
en _no perecer, ~m~ en llegar a la p_Ienitud subsistencia! anhelada. No podemos
resignarnos al mtimo despedazamiento, al destierro de la patria definitiva.
Sólo reposarem~s en la redención y en la beatitud. Un estar salvados no lo
podremos expenmentar sin la posesión de ese Ser Supremo.

El sentido de una objetivación espiritual se aprehende -según propone la
psicología "mental"- captando objetivamente la conexión íntima, provista
de sentido, en el ser y en el hacer, en el vivir y comportarse de un ser humano
o de un grupo de seres humanos. Dejémosle la palabra al propio Spranger:
"La psicología mental parte de la totalidad de la estructura psíquica. Entendemos por estructura una conexión de funciones, y por función, la realización
de lo conforme al valor objetivo. Ahora bien, en la estructura total del alma
se insertan, a su vez, estructuras parciales con plenitud de sentido, como la
estructura del conocer, la estructura del trabajo técnico, la estructura de la
conciencia específicamente religiosa... Sólo dentro de una estructura cobran
los elementos psíquicos una relación de sentido, del mismo modo que las partes de un organismo están entre sí en relaciones de sentido". 15 Después de
asimilar las valiosas lucubraciones de Spranger en tomo a la psicología y
a la ética de la personalidad, es preciso completarlas, integrándolas, como lo
proponemos nosotros, en una última conexión de funciones. Sj contemplamos
la estructura psíquica en su totalidad, se nos presenta como una estructura
teotrópica. Todo ser humano aspira a armonizar su total situación con el
supremo valor de salvación (anhelo de plenitud subsistencia)) asequible a su
conciencia personal. Sujeto y universo se someten a la norma del valor supremo. El curso del mundo se sitúa bajo un sentido divino. Y la vida misma
adquiere un impulso y una unidad moral. La fusión de las fonnas de vida

Las, motivaciones
unilaterales y específicas de las formas de vida teoreuca,
,h
.
, .
econ~m1ca, estetica, social y política, carecen de este "ethos" totalitario que
adqwere todo hombre cuando en verdad se realiza como hombre esto es
, · S'
,
, como
s~ teotrop1c~. olo en el hombre como ser teotrópico nos es dada una conexión ,~vatona d~ sentido. Tal es, al menos, nuestra visión de Ja estructura
teotrop1ca de .la vida
·
. , humana. Dentro de esa estructura teotr'op1ca,
cons1'deraremos_, a contmuac1on, la textura ética de nuestra vida.

EL HOMB.R E. SE ENFRENTA al mundo no sólo como un sujeto que conoce sino
como un SuJeto que "quiere". Al orientar su voluntad en la dirección de Jo
que se e?cuentra ~uera de su yo, al aspirar a ello o detestarlo, descubre un
nuevo remo: el remo de los valores. Dentro de sus posibi'lidad
¡·
y
etecc·,
nf
.
es e 1ge.
esta
100
•
va c~ º:n1ando su propio mundo y hasta su propio ser. Todo obrar
nene un sentido mmanente, mejora o daña a la misma persona que actúa
Pe~o _el obrar -su contenido y su clase- no es posible sin objeto. En eJ mund~
obJebvo hay modos del ser ricos, elevados y valiosos. Mi obrar debe afirmar
estos modos, so-pena de caer en relaciones objetivamente lesivas para m ·
1 ser
de hombre.

" SPRANGER, págs. 34-35, Formas de Vida, tercera edición, Revista de Occidente
Argentina, Buenos Aires.

b Antes que ser-bueno en algún respecto, importa ser-bueno sin más ser
ueno como hombre ut sic. Toda decisión que nos favorezca como ho~bres

28

8.

TEXTURA ÉTICA DE LA VIDA BU!'.tANA

-29

�integrales y nos perfeccione, será moral. Lo que lesione nuestro ser de hombres como un todo, es inmoral. No es posible vivir humanamente sin establecer
pautas normativas para las resoluciones y elecciones humanas. Estas pautas
normativas se cimentan inmediatamente en el orden entitativo y en última
instancia en la ley eterna, que se refleja en la ley moral. Sin el ser eterno de
Dios no hay fundamento posible del orden moral.
Dentro de la vida universal, sola la vida humana tiene una textura ética.
De ahí la necesidad de una ciencia práctica que dirija los actos humanos
hacia el bien honesto, de acuerdo con la recta razón. No basta una simple
colección de observaciones sobre la naturaleza de los actos humanos. Necesitamos una ciencia normativa, obligatoria, que nos enseñe el modo de obrar,
la actividad específicamente humana. A ella le corresponde el estudio de las
cuestiones fundamentales para la orientación de la vida moral y de la vida
social. Estudio que debe tener un método racional y empírico a la vez. Es
preciso conjugar la naturaleza racional del hombre- su espiritualidad y su
dependencia de Dios como de causa fontal y último fin- con los datos explicativos e interpretativos de las leyes morales suministrados por la experiencia. Alguna vez dijo Sertillanges, en frase magistralmente concisa, que "la
moral es la ciencia de lo que debe ser el hombre, en razón de lo que es". Intentemos ) puesJ trazar las líneas fundamentales de ese deber ser humano en
razón del ser.
Para que se pueda hablar de actos humanos -únicos que interesan a la
moral- se requiere que el hombre actúe con conocimiento y libre voluntad.
Para ser cada vez más humanos, necesitamos remover los obstáculos que estorban el conocimiento o la libre elección de la voluntad. El conocimiento
puede ser obstaculizado por la ignorancia de derecho y de hecho. La libre
voluntad se ve estorbada por la pasión antecedente, por el miedo que procede
de una amenaza grave e injusta, por la violencia que nos obliga a obrar contra
nuestra voluntad. Todo acto humano debe ser atribuido a quien lo ejecutó
consciente y libremente. Su autor debe dar cuenta de él, por ser responsable,
ante una autoridad superior. Somos responsables ante Dios y ante nuestra
propia conciencia, ante las leyes humanas y ante la sociedad. Nuestra responsabilidad se extiende más allá de nosotros mismos por la solidaridad.
Sin hábitos o disposiciones permanentes que nos muevan a obrar el bien y
evitar el mal, no podemos ser buenos hombres ut sic. Aunque las virtudes
( como los vicios) presupongan ciertas disposiciones innatas, es lo cierto que
son formadas y robustecidas por la repetición de los actos. La educación, el
esfuerzo personal, los ejemplos vivientes y los consejos harán prosperar a esos
gérmenes de virtudes o de vicios que todos, por nacimiento humano, poseemos.
No basta con hacernos de actos que perfeccionan aJ entendimiento en orden

30

a la verdad -la sabiduría, la ciencia-, menester es perfeccionar la voluntad
induciéndola habitualmente a la prudencia, a la justicia, a la fortaleza y a
la templanza. Si así lo hiciéramos, habremos logrado un acrecentamiento del
valor moral de nuestra persona y nuestra obra será digna de recompensa.
La existencia del mérito es reclamada por nuestra misma conciencia, por la
sabiduría, justicia y bondad de Dios.
Nuestro apetito tiende a un fin último que no esté subordinado a otro,
que satisfaga absolutamente el anhelo del hombre y que subordine y ordene
a sí todos los demás fines. La posesión de este bien supremo trae como consecuencia inmediata la felicidad o goce. La felicidad -¿ será preciso repetirlo una vez más?- no puede consistir en los bienes terrenos externos
-placeres, riqueza, honores, fama- o internos -salud, ciencia, virtud-,
ni en la suma de ellos, porque son limitados, imperfectos, inestables, imposibles de alcanzar para muchos y subordinados todos ellos al bien supremo.
Solo Dios -suprema Verdad, supremo Bien, suprema Belleza- puede satisfacer, sin perturbación alguna y definitivamente, nuestras aspiraciones. Consiguientemente no existe sobre la tie1Ta perfección y felicidad completa para
el hombre. Podemos, eso sí, tener una felicidad relativa en nuestro estado de
tendencia al bien infinito remoto y "gozar con la firme esperanza de su anticipada posesión", como nos ha dicho siempre la filosofía clásica. En virtud
del objeto, que es el bien infinito, y en virtud de su duración, que será
eterna, la felicidad del hombre que llegue a poseer a Dios será inmensa y
en cierta manera infinita. Conviene, en consecuencia, examinar la moralidad
de cada uno de nuestros actos, que proviene del objeto, del fin y de las
circunstancias. De aquí el axioma: "El bien nace de la rectitud total; el
mal de un solo defecto". En nuestra razón está impresa la ley moral que
nos hace distinguir entre el bien y el mal, instándonos a practicar el primero
y a evitar el segundo. Nos es imposible desconocer, destruir o modificar
esta ley -superior a nosotros- en sus puntos fundamentales. La distinción
entre el bien y el mal es intrínseca y esencial. Buenas serán las acciones que
de suyo están de acuerdo con la naturaleza del hombre {como ser racional,
social y criatura!) ; malas, las que estén en desacuerdo. La norma próxima de
moralidad es la recta razón que juzga de las cosas según su realidad objetiva
Y nos hace ver si nuestras acciones van debidamente encaminadas al último
fin. La norma última de la moralidad es la sabiduría de Dios, su ley eterna
que prescribe a cada ser un fin, de acuerdo con su naturaleza, dándole los
medios necesarios para conseguirlo. La ley natural, que es la misma ley
eterna impresa en nuestra conciencia de criaturas es oblio-atoria absoluta
,
o
'
'
universal e inmutable. De ella se sigue, como efecto propio y directo, Ja obligación de hacer u omitir algo. La posesión o privación del último fin o feli-

31

�ciclad eterna será la sanción más universal, eficaz y justa. Y será nuestra conciencia, nuestra razón práctica, la que juzgue, teniendo en cuenta el fin Y
las circunstancias, de la bondad o malicia de nuestros actos concretos.
•No nos estará indicando la textura ética de la vida humana que nuestra
exfstencia es un problema de orden? ¿De dónde proviene este orden y cuál
es su idea directriz o unificadora?

9.

LA VIDA HUMANA ES UN PROBLEMA DE ORDEN

LA

IRRESISTIBLE TENDENCIA al gozo nos mueve durante toda la vida. Imposible eludir impulso tan violento. Continuamente nos sentimos instados a
sucumbir ante la delectación má~ poderosa. Deleites pasajeros de cosas mudables nos dejan en permanente inquietud y desequilibrio. Lo que se disfruta sin seguridad -tal es el caso de los deleites pasajeros- produce desasosiego. Mientras no lleguemos al acceso total' y definitivo de Dios, ;i~iremos
en desequilibrio. ¿ Cuándo encontraremos definitivamente nuestro s1t10? Por
lo pronto &lt;:n esta vida seremos los eternos caminantes. Caminan~es que ~entirán más o menos su inestabilidad y contingencia, según se adhieran mas o

menos al Ser Absoluto.
Decía San Agustín que "la eternidad es la sede del alma". 16 ¿Cómo reprimir entonces el ímpetu que nos lanza hacia la eternidad? Desde_ la propi~
temporalidad y contingencia preguntamos, en cierto modo, la estáaca Y fnutiva inhesión del alma en el Ser fundamental y fundamentante. Los goces
temporales acaban por dislocar el alma. El mismo Nietzsche advirti~: "Doch
alle Lust will Ewigkeit, will tiefe, tiefe Ewigkeit. Todo placer quiere eter.
rudad,
una profunda, prof un da eterru'da d" .11
¿ Queremos hacernos mejores? Busquemos entonces, según el precepto agustiniano, algo que sea mejor que nosotros. ¿ Qué hay mejor que el alma, P?rtadora de la imagen de Dios, s.i no es Dios mismo? Adhirámonos, pues&gt; a Dios
en amorosa ebullición. Sólo así llegaremos a ese descanso que el Santo Obispo
de Hlpona concibe como "un equilibrio sadativo de todas las tendencias en
movimiento''. La adhesión amorosa no se puede dar a ninguna de las criaturas que poseen valores relativos, a menos de admitir un desorden en el
amor, esto es, un vicio. Permanecemos en la verdad por el amor. El que se
ama a sí mismo -ordenadamente, por supuesto-- ama también a Dios;
quien no ama a Dios, observa el hiponense, debe decirse que se odia a sí
mismo. Amando en los vestigios lo que tienen de semejanza divina o amando
"

SAN

11

F.

32

AousTÍN, De doctr. christ., 1, 1, cap. XXXVIII, PL. 34, 35.

NIETZSCHE,

pág. 471. Also Spra,h ZaraihuJtra, Leipzig 1904, parte IV.

a la semejanza divina en las semejanzas parciales (cosas), volvemos a Dios.
Porque las huellas tienen como función marcar el "paso" de alguien, son
unos efectos que nos dan a conocer sus causas. Los indicadores del camino
sirven, como señal, para llevarnos adelante, más allá ...
Estamos en el mundo, dependiendo del mundo y sirviéndonos del mundo
para realizar nuestra obra propia. Por nosotros se expresa el mundo y le responde a Dios. Suprunid al hombre y el mundo perderá su sentido. Con su
proverbial potencia intuitiva, José Vasconcelos apuntó, hace ya varios años,
un atisbo genial que hasta ahora no ha sido recogido y adecuadamente desarrollado: El hombre redime el mundo físico, trocándole su ritmo de material en psíquico. Los cuadros de la naturaleza, destinados a desaparecer, son
salvados por el hombre, que los conmuta en ritmo, armonía y contrapunto.
El amor es la fuerza que emprende la reintegración de lo disperso a lo
Absoluto. Mediante la facultad maravillosa de crear visiones espirituales, el
mundo se salva. Ya puede seguirse operando la disipación, la entropía. ¡ No
importa! Cuando el mundo se ha hecho imagen entra al ritmo del espíritu
y se eterniza. La función del hombre forjador de imágenes es, en este sentido,
mesiánica.
Como hombres, todos estamos llamados a realizar una obra de perfección
y de belleza. Gracias a esta obra, que nos manifiesta, alcanzamos el cumplimiento de nuestro ser. Cada hombre puede añadir al orden de la creación
-singular privilegio-- algo privativamente suyo. Pero es preciso q1,1e se desarrolle, fiel a su vocación, y que ocupe su puesto en el cosmos. IEn su naturaleza misma está prefigurada su perfección.
El orden -unidad en la multiplicidad- proviene del espíritu que ve la
unidad. Sin una idea directriz no se podría percibir el orden. Esto significa,
en otras palabras, que todo orden se corresponde con una idea. Idea unificadora, principio de acci6n, que nos aparece como un bien. La vida humana
en sus aspectos biológico, intelectual y moral es un problema de orden personal y social. Aunque pueda elegir el mal, no tengo derecho de hacerlo. La
naturaleza tiene sus exjgencias parciales; debo aceptarlas y satisfacerlas, porque son buenas en sí mismas, sin caer en desviaciones. En todo caso, siempre
queda un margen a la elección. Y la elección configura mi vida y me determina con obligaciones. Vivir es determinarse. La acción supone la opción.
Con opciones y acciones voy construyendo mi ser. No puedo permanecer acariciando posibilidades. Escoger una posibilidad es renunciar a las otras. Tengo que realizar mi perfección, no Ja perfección en abstracto, y la tengo que
realizar en circunstancia. Elegir es sacrificarse. Haber elegido la filosofía
significa, también, haber renunciado a miles de posibilidades. No hay vida
sana sin sacrificio y no hay sacrificio que no contribuya a perfeccionar al

33
H3

�hombre. El sacrificio purifica, templa, afina, prueba. "El oro se prueba por
el fuego, el hombre fuerte por la adversidad", enseña Séneca. Pero la prueba
-y esto no lo dice Séneca-, sólo tiene sentido como instrumento de salvación, como ofrenda al Ser que trasciende nuestra vida.
Dentro del orden de la vida humana se da, como un menester insoslayable,
el llamado a la realización de nuestra humanidad.

10. Es

DEEER DEL HOMBRE DESARROLLAR SU HUMANIDAD

CuALQUmR CONFIGURACIÓN QUE vayamos logrando de nuestra vida es, de
por sí, fragmentaria e insuficiente. Nada acusa el carácter de lo definitivo.
Uñ impulso infinito mueve nuestra vida. La tensión interior entre "ser'' y
"llegar a ser" lo que debemos ser (vocación), origina la intencionalidad de
la vida y su constante proyección hacia el futuro. Vivir es actualizar las potencialidades de la vocación. La historia es el reflejo de esas tensiones o
actualizaciones de la vocación. Entre las innumerables posibilidades que poseemos, elegimos de acuerdo con un plan vocacional. Pero elegimos sabiendo
que habrá, sobre nuestra realización vital, un excedente de vida no vivida
que quisiéramos vivir. Y esta vida no vivida nos punza y nos agita con un
divino descontento. Un insaciable anhelo de valor bulle en los entresijos de
nuestra alma. No hay que equivocarse: estamos en presencia de una agitación que antes de calificar de psicológica habría que denominarla como
inquietud metafísica. Una celeste escala se eleva desde el "horno interior".
Dentro de lo fragmentario e insuficiente de nuestra vida, en sus configuraciones, se dan los elementos de la vida moral. Tenemos que aceptarnos
como somos, con cuerpo, con afectos, con intelecto, con voluntad ...
Un cuerpo maridado a un espíritu. De este extraño maridaje ~spíritu
encarnado- resulta la dualidad simultánea de la vida física y espiritual que
reobra sobre cuerpo y espíritu. Somos incapaces de obrar sin el cuerpo. Debemos, en consecuencia, cuidar del cuerpo como de un instrumento necesario. Pero entiéndase la palabra cuerpo no como cuerpo animal, sino como
cuerpo humano al servicio de un espíritu. Y como cuerpo humano hay que
ordenarlo, sin destruirlo, por la templanza. Templanza que no significa privación de satisfacciones legítimas, sino moderación de apetitos irracionales.
El equilibrio y la salud del cuerpo nos permiten disciplinarlo, pero no disminuirlo. Disciplinarlo para no caer en la sensualidad que convierte en fin lo
que debiera ser un medio: el placer físico.

La vi&lt;la sentimental es un punto de encuentro del alma y del organismo.
Los estados afectivos tienen un carácter mixto: intelectual y fisiológico. Toda

34

acci6n enérgica -y nada digamos de las pasiones- surge de un sentimiento.
Por eso resulta de suma importancia el hecho de que Ja razón comande a esos
sentimientos que se dicen ciegos porque no ven -y con desesperante fijezamás que su objeto. El sentimentalismo se recrea en el sentimiento por el
sentimiento mismo: estéril satisfacción que nos priva de la entrega y del
sacrificio. Todo amor sentimental no es, en el fondo, sino narcisismo, repliegue sensual.
El "lagos" tiene un primado de dirección sobre el "ethos". La facultad
de visión traza caminos a la vida afectiva, aunque a decir verdad nunca es
completamente libre. La voluntad y los afectos dejan sentir su impacto sobre
la inteligencia. Debemos procurar, no obstante, amar a la verdad sobre todas las pasiones para llegar a la libertad del espíritu. Y esta libertad no se
logra sin una sana orientación de los afectos.
La filosofía por si misma no da la virtud, pero la hace más fácil por la
flexibilidad del espíritu. La tendencia fundamental del hombre hacia el conocer es buena, en cuanto proviene de la abertura de su espíritu. Gracias a
esta abertura se adquiere un desarrollo intelectual y moral más refinado.
Incrustados, :n las. exigencias más lícitas y universales de nuestro tiempo,
?uestro espmtu abierto cumple con responsabilidad una misión de vigilia
mtelec~aI, ~tento ~ la peripecia esencial de la vida. El fin de la filosofía y
de las c1enc1as particulares es servir al hombre, permitiéndole llegar al pleno
desenvolvimiento de sí y del mundo material que le circunda. La ciencia
~ura~:nte especulativa, a~~ue provechosa para el hombre, no puede ser
fm últ1D10. No ba~ta perc1brr la verdad, es preciso poseerla. Toda pasión
de la verdad, del bien y de la belleza es búsqueda de Dios. No hay otro modo
de perfeccionarse y de cumplir la obra. Lo demás es diletantismo o desenfreno intelectual.
En la vida moral, corresponde a la voluntad el primer puesto. Es claro
que la voluntad tiene más perspectivas mientras más se desarrolle la inteligencia que abre horizontes y que satura la libertad. Los hábitos moralmente
buenos -segunda naturaleza- son la base de todo el desarrollo humano el
crear automatismos que facilitan las acciones buenas e impiden las accj;nes
~las. El bien, hecho automatismo, ensancha la libertad que no es, en rigor
smo "el poder de elegir entre bienes". No se eligen los males sin reducir ei
c~po. de la. libertad. No se puede conquistar la libertad sin dominar la
arumahdad, stn someter las pasiones a la razón. En cada uno de nuestros
ª:tos portamos el peso concreto de toda nuestra vida. El dominio de la acción se asegura después de sujetar las tendencias carnales y afectivas Lo
que debe importarnos es el ser entero que estamos llamados a realizar. Todas
las otras obras tienen el sentido de facilitar y preparar la gran obra que es

35

�nuestro ser entero. Este ser entero se va haciendo como un todo continuo,
teniendo en cuenta toda la vida. Cuerpo, afectos, intelecto y voluntad son
elementos ineludibles de la vida moral del hombre. El desarrollo de nuestra
humanidad hacia su perfección tiene que contar con estos elementos encuadrados dentro de un plan vocacional. Pero el ser entero que estamos llamados
a realizar, dentro de un plan vocacional, es cosa de cultivo, de cultura personal.

1]. LA

VIDA HUMANA COMO CULTURA

NECESITAMOS ORIENTARNOS, saber a qué atenemos respecto de los seres que
integran la realidad en la que nos encontramos viviendo. En conseguir esa
orientación nos va nuestra previvencia y nuestra felicidad. Conocer la realidad para salvarnos, para ser hombres de verdad en la gran aventura que
es existir.
En la conexión cambiante del yo y del mundo se da un dinamismo dramático que constituye la realidad de la vida humana. Buscando la estabilidad que m~ falta, advierto que mi vida se ofrece como una norma o programa
de salvación. Y este programa perfilará mi existir como hazaña Y como misión. Sostenerme en el universo con mi programa de salvación ha sido, sigue
siendo y va a ser, mi tarea primordial en la vida. Cuando parece que se
pierde todo sostén y que vamos a naufragar en el inme~ océano ?el universo, surge la angustia. No tan sólo se trata de que el nesgo me crrcunda,
sino de que yo mismo soy riesgo en la fragilidad de mi ser biopsíquico y
moral. Un enlace de sucesos únicos ensartados como cuentas de un rosario
personal por hacer, va poniendo de manifiesto una asombrosa y al parecer
inagotable multiplicación de posibilidades. Dentro de las posibilidades, no
todas tienen igual valor para mi vida. Si todas fuesen equivalentes, podría
lanzarme ciegamente en cualquier dirección.
Se acabaría la seriedad, la fe, la raz6n en el acto de decidir. Una sola
posibilidad es la mía: el abrazo a la vocación.
La cultura como sistema de certidumbres y estabilidades frente a la incertidumbre y a la inestabilidad de mi vida, no es propiedad de nadie porque
no es un bien jurídico. Esencialmente transferible, la cultura no es excluyente, aunque sea susceptible de apropiación por todo aquel que se sienta
habitado por ella, confirmándola en su vida personal. Conocimientos que
flotan en nuestro ser y se deslizan sin dejar ningún sedimiento, no forman
cultura. Otros, por el contrario, penetran en nuestro interior, se ligan a nuestros recuerdos, conceptos, voliciones y pasiones, integrando nuestro yo psico-

lógico. Hasta se podría decir que se hacen, en nosotros, carne y sangre, vida
y espíritu. . . Los transformamos y nos transforman. No son simples conocimientos "nocionales", sino que son verdaderamente conocimientos "reales"
-romo diría Newman- porque los hemos asimilado. Con la ventaja de que
se tornan, una vez asimilados, autónomos, personales. Desde entonces conocemos por nosotros mismos y no por medio de otros. Habrá una manera propia
de comprender y de expresarse que corresponde a un determinado cuerpo y
a un temperamento peculiar. Conoceremos las cosas conociéndonos a nosotros mismos, y no las comunicaremos al exterior sino comunicándonos a
nosotros mismos. El hombre, al conocerse, se hace más hombre. Por hombre,
reflexiona, se plantea problemas, descubre soluciones y confronta estas últimas con la roca viva de la realidad. No hay que olvidar que el término "cultura" tiene un origen agrario y significa cultivo. Pero el cultivo supone la
simiente, la sementera, la plantación, la labor del sembrador. Sin este afán
humano sobre la tierra en cuanto meta perseguida y adquisición lograda,
nunca podrá entenderse la cultura personal.
La vida del hombre culto no puede ser conducida sin filosofia esto es
'
sin conciencia de que en cada suceso, en cada acaecimiento transparece
el'
"sentido sobrctemporal de que está empapado". La divisa del hombre culto
podría ser aquella que formuló Eugenio D'Ors: la elevación de la anécdota
a categoría. No se puede ser culto sin una por lo menos discreta base filosófica
como elemento integrante y aun rector de lo que es, entre nosotros, la llamada
"cultural general". No debe olvidarse que no hay formación auténtica que no
repose en un decoroso conocimiento del hombre en cuanto hombre. En este
sentido, no hay más cultura que la cultura hwnanista. Todo lo demás es
barbarie. No suprimiremos ninguno de los datos y valores esenciales del hombre, porque una cultura desequilibrada o deficiente no merece el nombre de
cultura. Daremos satisfacción a las legítimas exigencias del cuerpo, pero buscaremos para el espíritu luz, belleza, y bien ... la perfección humana frente
a la vida toda y a la universalidad de las cosas es abarcada por el concepto de
cultura. Mientras el humanismo sólo apunta derechamente a la perfección
del hombre, por hombre, la idea de cultura engloba la perfección del hombre
y su circunstancia.
La cultura responde a un anhelo fundamental de la naturaleza humana
pero es obra del espíritu y de la libertad, agregando sus esfuerzos al de la'
naturaleza. Cultura es plenitud vital específicamente humana: actividades
especulativas y actividades prácticas (éticas y artísticas) engranadas al tiempo y a sus vicisitudes. Trátase, consiguientemente, de algo especialmente humano y, como tal, perecedero. Siempre me ha parecido magnífica aquella
expresión de Herriot: "La cultura es lo que queda cuando todo lo demás

37

�se ha olvidado". Queda la capacidad, la aptitud. Gracias a la cultura, nuestras sensaciones, nuestras imágenes, nuestras intuiciqnes, nos pueden sobrevivir y, por consiguiente, es posible que adquieran un cierto modo de existencia que ya se encuentra fuera del yo.
La vida humana, desarrollándose según sus peculiares modos de ser y comprendiendo la producción y utilización de objetivaciones culturales, es también
y de manera eminente, cultura. No hay que olvidar que en dinamismo y
fluencia de vida se fraguan, en el interior de un sujeto, el libro y la sinfonía,
la catedral y la herramienta. Consciente o parcialmente inconsciente, el proceso de creación cultural -radicado en la capacidad objetivante del hombre- va desde la primera incitación o germinación hasta que el objeto ingresa con vida independiente y propia en el mundo de la cultura. Si por
una parte el hombre crea la cultura, por otra la cultura lo va configurando
a él. Piénsese en lo que significa, en la vida de cada cual, el lenguaje, la
religión. el derecho, el arte, la técnica ... Gracias a estas realidades realizamos íntimamente nuestra propia índole, acrecentamos y fortalecemos nuestra vida interior, cumplimos nuestro destino natural.

12.

CULTURA OBJETIVA Y VIDA CULTURAL

TAN IMPORTANTE RESULTA la cultura para la comprensión del hombre que
Ernest Cassirer ha llegado a decir que "la caractedstica sobresaliente y distintiva del hombre no es una naturaleza metafísica, sino su obra. Es esta obra,
el sistema de las actividades humanas, lo que define y determina el círculo
de humanidad. El lenguaje, el mito, la religión, el arte, la ciencia, y la historia son otros tantos "constituyentes", los diversos sectores de este círculo" .18
Sin desconocer la importancia de una consideración funcional del hombre
y de una filosofía de las formas simbólicas, no creo que sea posible proporcionar una visión de la estructura fundamental de cada una de las actividades
culturales humanas -&lt;:orno en vano lo pretende Cassirer- sin una previa
metafísica del hombre.
La cultura proviene -como lo ha apuntado Francisco Romero- de la
capacidad oh jetivante. Si el hombre es un ser que capta y concibe un mundo objetivo, la cultura forma cuerpo con el hecho de ser humano. Distínguese
entre cultura objetiva -toda creación del hombre: obra de arte, institución,
teoría, costumbre- y vida cultural -existencia del hombre entre los entes
objetivos creados por él.
ia ERNST CASSCRER, pág. 105, Antropologla Filosófica, Introducción a una Filosofía de
la Cultura, Editorial Fondo de Cultura Económica.

38

Tenemos la facultad de imponer nuestro propio cuño a la naturaleza de
incorpcrarfo un sentido. Todo aquello que de alguna manera producim~s 0
modificamos para introducir en nuestro círculo humano, es objeto de cultura: parques nacion:iles, pisapapeles, edificios, leyes y reglamentos. En este
sentido se ha podido decir que la tierra entera está culturizada, porque no hay
un rincón en ella que escape a las relaciones jurídicas y de dominio. Sólo los
astros no están afectados por la cultura. Cabe decir que son pura naturaleza.
El objeto cultural, sentido humano impreso en una cosa, se comprende
pasando "de algo significante a algo significado" (Romero). Base material,
contenido o sentido y referencia a un valor --que no es parte efectiva de un
objet~ sino una dirección o polarización- son los ingredientes que integran
el objeto cultural. El hombre humaniza lo no humano, transfonna Ja realidad
colonizándola. "Vida humana objetivada" llama Recaséns Siches a la cultura objetiva, porque supone la proyección al exterior de la interioridad del
hombre. Nada de raro tiene que el hombre, al autoafirmarse, edifique un
mundo, si pensamos que lleva un mundo dentro de sí, una interioridad poblada de instancias objetivas.
Primitivamente la palabra cultura significó un estado o una posesión de
la persona individual (cultura animi). Posteriormente adquirió el sentido
de estructura objetiva supraindividual. En realidad, ambos aspectos de la
c~ltura están íntimamente vinculados y se condicionan mutuamente. Conviene recorJar ~ue -~ palabra cultura arranca del cultivo de las plantas (agricultura), cuyo _s1?°if1cado se extendió al cultivo anímico. El hecho es que nos
encon~amos viviendo en medio de un conjunto de productos con sentido~
que eXJSlen ahora Y para un grupo, para nosotros. Cada sector está constituido por. bienes. culturales gue encaman un valor peculiar. No se trata d e
un org~smo ~mo de una organización de partes esencialmente distintas en
una umdad mas o menos diferenciada y estrecha.
u na aut'enbca
.
fil osof'1a de la cultura intenta conocer el mundo de la cultura no como un mero agregado de hechos inconexos y dispersos sino como
un todo o ' ·
·
'
•
rgaru~, ~orno un S1Stema. El hombre vive en una socieda-d efe perr5
a.mien~os Y se~tun1entos cuyos elementos y condiciones constitutivos son: el'
len~aJe, _el mito, el arte, la religión y la ciencia. No puede el hombre vivir
su vida s~ expresarla. Y estas expresiones sobreviven a la existencia indivi-clual. ,y efunera de sus forjadores. Entre estabilización y evolucio'n se da una,
tens10n constante. Hay una tendencia a las formas fijas y estables de la vida~
co11'.o hay otra que propende a romper este esquema rígido. La cultura
&lt;:OnJunto -afirma Cassirer-, "es el proceso de la progresiva autolibera~i::

39

�del hombre".1º Pensamos nosotros que los objetos culturales lo mismo le
ayudan al hombre a vivir como a destruir y a dar mue~e. En todo caso, el
futuro de la historia depende de la cultura, no de la fatalidad.
Un cosmos intelectual, que abarca un conjunto orgánico de va~ores expresados por la actividad humana, está ahora en nue~tras manos. S1 la c~~tura es fruto de la libertad espiritual, no podemos elu&amp;: n~estra res?°ns~bihdad histórica. Conciencia crítica, organicidad de conocmuentos, ~finamiento
espiritual, todo ello es bueno procurar, a condición de no absolubzar los valores humanos. Sin un fundamento trascendente de los valores, la c~ltura se
viene abajo como falso ídolo. O el fundamento de los valores es D10s~ o los
valores cesan de ser tales. Los valores que expresa toda cultura nos remiten al
fundamento de todo valor.
.
Tanto la cultura objetiva como el quehacer de cultivo personal se exphc~~•
en última instancia, como un intento de precaverse del peligro de frustrac1on
y como una faena salvífica.

13. QUEHACER

'N y RIESGO OE
DE SALVACIO

FRUSTRACIÓN

APROVECHAMOS y TRANSFORMAMOS la naturaleza, porque el mund o _no est'a
hecho a gusto nuestro. Ni enteramente hostil ni enteramente complaciente, el
mundo natural puede convertirse, por obra de cultura, en mundo humano.
Según ¡0 que nos propongamos hacer, las cosas se _n~ presentan. como respuestas de auxilio O de amenaza, c~~o "impor~noas , para decirlo con _el
término orteguiano. Sólo que las fac1hdades o dificultades ---&lt;:osas- qu~ circundan nuestro existir, no dejan de tener naturaleza. Contra 1~ que p1e~sa
Ortega las cosas son primariamente sustancias y eventualmente importancias.
Aunqu~ las cosas se nos den en su contexto circunstancial? no pierden_ por
ello su ser-en-sí su quididad, su esencia. Todo uso y maneJO de la realidad,
y hasta la cien~ia misma, descansan en el conocimiento de la naturaleza de
las cosas.
.
Antez de investigar qué es la realidad tenemos con ella un trato pre-mtelectual, pre-teórico. La entendemos -válgame
expresión- de manera
familiar. El enigma de la realidad nos fuerza a interpretarl~ ~entalmente,
para orientamos y para salvamos. El hecho radical no es ~1 vida humana,
sino la realidad en la cual se articula mi vida. El contorno inexorable en el
que vivo aquí y ahora trasciend: mi vid~ si_ngular, por más que ese contorno
0 circunsta~cia haya sido conocido en mi vida personal.

1:i

313, Antropologla Filosófica, Introducci6n a una Filosofía
de la Cultura, Editorial Fondo de Cultura Econ6mica.
,. Ell.NST CAssrRER, pág.

La vida no es puro acontecimiento, drama desnudo, como lo quiere Ortega,
sino realidad temporal, ser histórico, entidad creatural. Sentirse creatura es
sentir hundiéndose la consistencia. Esta sensación de inconsistencia, de disipación, no se remedia apoyándose en objetos externos. El tiempo hace desvanecer toda cosa concreta, pero no el principio del conjunto de cosas. Toda
vida humana real posee una serie de dimensiones y contenidos comunes, sin
mengua de las estructuras concretas de cada vida. De otra manera no sería
posible una filosofía del hombre.
Viviendo entre los hombres, en sociedad, interpretamos la realidad y buscamos el sentido del universo. El repertorio de pensamientos y de convicciones
de nuestra época no impiden la meditación personal el intento de conocer
el ser. Este intento presupone que hay tal ser. Consiguientemente el hay, el
haber es el campo del ser. Cuando hay vida humana hay quehacer de salvación y riesgo de frustración. La salvación que anhelamos no nos es dada de
modo seguro, puesto que luchamos por ella. Necesitamos luchar por la salvación, cada cual por la suya. Es así como yo entiendo el quehacer vital, el
yo-programa. Dentro de una libertad limitada por la circunstancia espacial y
temporal, tenemos que ganarnos la vida. Y en este hacer la vida surge, de
manera inevitable, la justificación ante Ja propia conciencia y a la luz de
nuestro quehacer de salvación.
El hombre tiende con apetito innato a la salvación, como a su fin interno.
Porque en la salvación está la felicidad y en el fracaso la infelicidad. Nadie
busca jamás ser desgraciado. Todos percibimos fenomenológicamente, al menos en forma vaga, que deseamos salvarnos integrahnente, que tememos perdemos y que buscamos los bienes particulares como medios para alcanzar la
salvación plena. Que esta salvación plena no dependa únicamente de nosotros, por el hecho sobrenatural e histórico de la venida del Salvador, es
cosa que no vamos a abordar en esta investigación filosófica, por razones de
pureza metódica. Podemos decir, eso sí, que esa búsqueda continua y necesaria
de algo saciante en los bienes particulares evidencia la persecución de la salvación y de la felicidad. ¿ Por qué no se detiene el hombre en los bienes particulares? Porque son mezcla de bien y de mal y su voluntad tiene por objeto
un bien puro. El hambre de salvación no puede proceder de causas variables
--el capricho individual, la educación, el medio ambiente- puesto que se
trata de un apetito el.ícito, constante y necesario en cada hombre e igual en
todos. Procede -no cabe otra explicación-, de la única causa constante: la
identidad de la naturaleza humana. Una especie de peso ontológico o gravedad de la naturaleza nos hace tender, en todos nuestros actos, a la consecución de nuestro fin interno.
El quehacer de salvación no puede ser vano e ilusorio. Responde a un

�apetito natural de un bien que sacie, ~ afán de pl~nitud subsistenc~. Si
los seres inferiores alcanzan su fin proxuno, ¿por que el hombre habn~ de
ser el único ente incapaz de conseguir su fin interno? Con. certe_za es~ontanea
intuimos nuestra tendencia voluntaria a la plenitud subsistencia!. Si la ,plenitud subsistencia! fuese una utopia o un imposible, la voluntad te~dena a
la plenitud subsistencia!, como está demostrado, y a la vez no tendena, pues.
tender a un imposible es no tender. Supuesta la existencia de Dios, la. demostración teocéntrica es concluyente: Dios, autor de la naturaleza, ha unpreso
en el hombre ese afán de plenitud subsistencial. Luego sería. contra ~e su
sabiduría, fidelidad y bondad dar al hombre ese afán de plen~tud subsistencia! que no puede alcanzar y hacerlo más miserable que los arumales.
En esta vida no es posible al hombre obtener la plenitud subsistencia! anhelada, sino imperfectamente. El solo hecho de terminar con la vi_d~ basta
para que la relativa plenitud terrestre diste mucho de ser perfecta. S1 siempre
andamos en pos de la felicidad -y la experiencia nos comprueba este aserto-es porque toda felicidad obtenida es imperfecta y no hemos encontrado el
bien saciante. La vida humana es riesgo y aventura. Aunque forzados a ser
libres -en nuestras manos llevamos nuestras vidas- no estamos forzados a
seguir un camino de salvación. La naturaleza y el Autor de la naturaleza nos.
trazan una senda, pero el mundo que nos rodea ofrece, a cada paso, multitud'
de incitaciones y requerimientos. Estamos obligados a ~ecidir _lo que e~ ~ada.
momento hemos de hacer. Libertad implica riesgo, contmgenc1a o proxurudad
de un daño.

El relativo descanso -anticipación de la eterna plenitud subsistencia!- Jo,
conseguimos en esta vida por el progresivo desarrollo de l:15 _facultades humanas. La consecución del fin próximo individual ( conocumento y amor deDios y bienes complementarios de la vida terrena) . y del fin pró.~o social
( desenvolvimiento familiar y político) nos proporcionan una felicidad re~ativa. Este fin interno del hombre se armoniza con el fin externo ( dar a D10s
· formal con el conocimiento de su perfección y el amor tributado
a su
gloria
.,
.
amabilidad) en cuanto los actos humanos que realizan la perfecc1?n prop1a_
del hombre son de algún modo bien de Dios. Andando por los cammos de la
vida, pretendiendo ser dueños y señores de nosotros mismos, no damos un.
paso sin que nuestra insuficiencia ontológica. y mora~ se nos ~aga p~tente.
¿ Cómo superar esta insuficiencia? ¿ Cómo realizamos siendo -s1 se pudieramás que hombres sin dejar de ser hombres?

14. EL

PERDERSE EN EL BIEN, o lo que es lo mismo, perderse en Dios, es encontrarse
para realizarse. Este es, justamente, el sentido de la frase evangélica: "Si el
grano no muere, no puede rendir su fruto". Morir, olvidándose de sí mismo,
es renacer, genninar, florecer... Puesta la mira solamente en la obra de Dios,
Dios estará presente en nuestro espíritu en todas las acciones. Si en la búsqueda de todo bien buscamos a Dios, Dios comunicará su valor trascendente a los bienes creados entre los que se desliza la vida.
Sin la caridad, nada valen los bienes de la ciencia, los bienes de la acción
y los amores humanos. Con la caridad, todos los bienes cobran aspecto divino. Maravillosa virtud sobrenatural -reina de las virtudes teologales-que hace de los bienes naturales instrumentos de unión del hombre con su
Creador.
Más que la felicidad -que repliega al hombre sobre sí mismo- es el bien
el objeto de la moral. No puede el hombre considerarse logrado, acabado,
sino librándose de sí. En este sentido cabe decir que ensimismarse antropocéntricamente, es perderse:
"El que busca la felicidad y piensa en la felicidad -asegura Jacques Leclercq-, piensa necesariamente en sí mismo; pero la felicidad está en el bien,
y el bien del hombre consiste en olvidarse para absorberse en Dios, para no
pensar sino en la obra de Dios, que debe hacerse por él. No se llega a Ja
felicidad más que en la medida en que no se la busca; realizamos nuestro
bien en la medida en que nos olvidamos de nosotros mismos". 19 bis Consiguientemente hay un vicio inocultable en el punto de partida de toda moral basada
en la búsqueda de la felicidad. Cuando nos preocupamos por la felicidad,
impedimos el olvido de nosotros mismos. Y cerrados en nosotros mismos estrechamos el horizonte humano a nuestras propias dimensiones en lugar de
ensancharlo hasta la dimensión sobrenatural absoluta.
La naturaleza del hombre -condiciones necesarias de su ser- sirve de
base para derivar el bien del hombre. Esta naturaleza no es producto fabricado por el ser humano, sino don recibido y aceptado. Las exigencias de la
naturaleza humana, nos indican la perfección de nuestro ser. El hombre no
es un ser simple. Es un ser viviente, cognoscente -conocimiento sensible y
conocimiento intelectual- que debe perfeccionar sus facultades espirituales
y sensibles armonizándolas. Pero es también un ser que tiene apetitos sensibles y apetitos volitivos. Por su inteligencia ve el bien en las cosas, apetece
todo bien y no puede satisfacerse más que en el bien infinito. Pero el bien
ubi.s

42

HOMBRE NO SE REALIZA SINO SUPERÁNDOSE

CAsStRER,

pág. 313, ,Antropología Filos6fica, Fondo de Cultura Econ6mica.

43

�infinito no puede encontrarse más que en el ser infinito. Este Ser -el Gran
Ser, como le denominan algunos primitivos- es el que la tradición llama
Dios: Ser absoluto, ilimitado, necesario, que agota en sí toda perfección de
ser y fuente de toda perfección en los seres particulares.
En la medida en que el hombre se desprende de la animalidad, se manifiesta
su sentido de lo absoluto, su necesidad de infinito. La insatisfacción es un
atributo del espíritu. Un ímpetu incoercible lanza al hombre a la conquista
de tierra y cielo. Escruta la naturaleza de las cosas y los misterios de la allendidad. En su afán de dominio, pretende tener siempre más, saber más y poder
más. Sufre en lo limitado y se desilusiona en lo sensible. ' Tú nos has hecho
para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti",
podemos decir con San Agustín, en nuestro humanísimo anhelo de conquista del Ser sin limites.
Sólo en Dios puede encontrar el hombre su bien, su perfección. Pero a
Dios lo conocemos indirecta e imperfectamente, como trascendente, como
inaccesible ... No obstante, llamamos a Dios y Dios nos responde en el interior del alma y en su voluntad significada en la creación.
Por una especie de peso o gravedad de la naturaleza, tendemos al bien
supremo que es, a la vez, nuestro fin interno. En esta vida nos es imposible
obtener la felicidad perfecta, pero sí nos es hacedero lograr la felicidad imperfecta. Dios crea y gobierna al hombre por amor de benevolencia. Afirman los escolásticos que el hombre está destinado por su misma naturaleza,
obra de Dios, a ser feliz, y el objeto de esta felicidad es Dios, conocido y
amado. Ahora bien, conocer y amar a Dios es darle gloria formal. Luego éste
es el fin del hombre. De modo, que el conocimiento y amor de Dios, por
una parte, como bien del hombre, en cuanto son su felicidad, son su fin
interno; pe10, a la vez, en cuanto estos actos son de algún modo bien de Dios,
son su fin externo.
Las investigaciones de la filosofía moral son completadas y sublimadas por
la Revelaci6n de Cristo. Sabemos, por esa bendita Revelación, que Dios elevó al hombre al orden sobrenatural y lo destinó a la visión inmediata de la
divina esencia, en la vida eterna, y al amor y gozo que le siguen. Ante esta
felicidad sobrenatural, palidece y se esfuma la felicidad natural avizorada
por la filosofía. Proseguiremos, no obstante, dentro del ámbito de la pura raz6n natural, tratando de comprender por la "ratio", sin acudir a la "auctoritas", la dimensión más excelsa del hombre.

15. LA

DIMENSIÓN MÁS EXCELSA DEL HOMBRE

EL HOMBRE, SIN .EL BIBN, no es hombre. Quiero decir que el bien es una
dimensión esencial del ser humano. Y no una dimensión cualquiera, sino su
más excelsa dimensión. Si la verdad es aspiración suprema del hombre, es
porque se convierte en bien. Cabe entonces afirmar que la aspiración del
hombre al bien, le es consubstancial. O movido por el bien, o zarandeado por
los rencores, la vanidad, los instintos...
A la presencia universal del bien, respondemos con nuestro apetito innato.
El ser es por antonomasia, en este sentido, el bien. Nuestro vivir nuestro ser
'
no es más que una participación o comunión del ser. Decía Aristóteles
que'
todos los seres tienden al bien, es decir, tienden a algo que es el bien. Y esta
tendencia es insoslayable. Incluso en el estado de angustia radical que descnbe Heidegger, el ser humano sigue tendiendo al bien qué le perfecciona. En
el lenguaje técnico de la escuela, se afirma que "la bondad formal del ser
es la que explica y fundamenta la bondad activa''. Lo cual quiere significar
que el bien, precisamente por ser bien, es lo que atrae al hombre.
Supóngase que el hombre se inclinase o se decidiese hacia un falso bien o
bien aparente. El resultado sería no la perfección propia, sino la destrucción
moral. En vez de consumación, consumición.
Observa Santo Tomás de Aquino: "Hay que hablar del bien y del mal
en las acciones de la misma manera que se habla del bien y del mal en las
cosas". 21 Si la ley moral es la que sirve de orientación real, un acto será objetivamente bueno. Y será subjetivamente bueno si hay rectitud de voluntad.
El bien logrado, aunque bien, no es bien absoluto. De ahí el dinamismo volitivo.
~a "inquietud humana" se origina, precisamente, en la distancia siempre

exISt~nte entre el bien absoluto y el bien apropiable. "El hombre está siempre
en ;ilo, porque está, siempre suspendido de una estrella a la que aspira, que
le ~e d~_Iuz y gwa -escribe Adolfo Muñoz Alonso-, pero a la que no
conSJgue ftJar en el cielo de su corazón". Mientras contemplamos la grand:za Y e~celsitu? esencial del bien posible, no cabe descanso en el bien apropiado. Solo un iluso puede satisfacer plenamente su tendencia con los bienes
que no son, en última instancia, más que fragmentos del bien. Ante los bie-'
nes, se da un indeterminismo deliberativo; pero ante el bien, el determinismo
de la voluntad es ineludible.
Cuidémonos de no hacer de un bien cualquiera, el bien. La irrequietud

'°

]ACQUEs LEOLERQ,

Gredos.

44

pág. 349, Las Grandes Lineas de la Filosofía Moral, Editorial

45

�-tan admirablemente descrita por San Agustín- surge por la condi_ción
menesterosa de los bienes y por la añoranza del bien para el que fuunos
creados.
.
Sobre un detenninado plano histó1ico en el que estamos, aspiramos a un
bien concreto. Es en la situación en que estamos en la que nos gana~emos
a nosotros mismos en el bien o en la que nos perderemos en los falsos bienes.
Pero ¿qué es el bien?, preguntará alguien con impacien~. De los t~sccndentales de1 ser no cabe ninguna definición. Bástenos dec1:1' que el bien
es la perfección del ser, esto es, lo que le conviene o le es debido. El mal es
imperfección carencia. En este entido, todo ser existente -por tener una
esencia y po; existir- es en sí bueno. Lo que no_ quiere. decir, por Su_Puesto,
que por tener todo ser algún bien tenga tod~ bien pos~ble. ólo qw~ sea
onuúperfecto -Dios- tendrá como bien pose1do todo bien por pos~•
Hay bienes que no apetecemo en J y por sí sino como medios para
otros fines. Se trata de bienes útiles.
Otros bienes en cambio, los apetecemos en sí, pero no por sí, sino como
algo que sigue~ y dependen del fin. Estos son los bienes deleitables.
Pero hay también un bien apetecible y apetecido en sí y por sí mismo, el
fin o bie11 absoluto.
Una especie de peso O gravedad de la natu_raleza, ~a.ce tender al h~~bre,
en todos sus actos hacia su bien absoluto, baoa su fehcidad. Y esta Cebadad
no se la puede da: al hombre el mundo entero, ni la humanidad.
Ocúrresenos proponer el que se haga una historia: _la historia de los errores humanos al convertir un bien determinado -las nquezas, los placeres, la
· ·a , la fama , la humanidad- en el bien absoluto. Esta historia
c1ena
, nos mostraría la miopía y el daltonismo de teóricos consagrados y d; pocas rec~
nocidas. y si se ahondara en las causas, fácilmente se descubrina la concupiscencia l'. la soberbia de la vida, como promotoras principales de lo errores
garrafales en que incurrieron hombres de genio.
.
Quede bien clara una cosa: nuestra condición de m~ndigos de u~ eXIStencia plenaria que las cosas de esta vida no pued~ bnndarnos. ¡ Que ~ondamente sentimos y comprendemos aquella frase genial de. San ~gustl~' Feciste nos ad te, et inquietum est cor nostrum, donec reqwescat m te! ;_ nos
hiciste para Ti, e inquieto está el corazón nuestro, danos descanso en T1. El
no encontrar descanso en el mundo y en los seres intramundanos, es nuestra
prerrogativa esencial y nuestra dimensión más excelsa. Debemos, no obstante,
trazar nuestro plan de vida conforme al ideal personal.

16.

PLAN DE VIDA E IDEAL PER. ONAL

Et

PROYECTO QUE ES EL vo tien sus normas sustantivas y adjetivas. La vida
humana se realiza de acuerdo con un plan o programa. uestras acciones
'SC efectúan según el proyecto de existencia bosquejado en nuestro ser. Para
ser lo que más auténticamente soy, tengo que trazar los rasgos generales de
mi trayectoria total y derivar de ese programa general cada una de mis acciones. Los días de que dispongo son contados. El tiempo -oportunidad de
salvación- oprime y aprieta mi vida. in mengua de mi peculiar e incanjeable vocación, mi plan o programa vital se guía por normas aplicables a
todo hombre por el hecho de serlo.

Si Dios e el origen y el último fin de mi vida, tal como ha sido demo trado, lógicamente le debo rendir el homenaje de mi conocimiento amoroso,
de mi adoración, de mi gratitud y de mi acatamiento. Mis afecto a las crcaturas, que participan de la bondad divina, deben ser referidos al Autor de
todo lo creado. El amor a mí mimo, pauta del amor al semejante, me permitirá satisfacer las necesidad y las legítimas aspiraciones itales, teniendo
como norma suprema de mis actos el ideal de salvación personal y d glorificaci6n de Dios. Poseer progresivamente la Verdad, la Bondad, la Belleza
ordenar libremente la vida individual y social hacia el término de todas mis
aspiraciones, hacer en favor del prójimo cuanto quisiera que él hiciera en el
mío -deber de justicia-, y superar el orden exterior de las relaciones jurídicas entre lo hombres con el amor fraternal a todos mis semejantes en
Dios y por Dio va a ser el programa de vida que tendré como norma en la
medida en que sea má auténticamente humano. Amar sobre todo a la fa.
milia, a los amigos, a los compatriotas, a los correligionarios, a los compañeros
de profesión y a cuantas personas nos sintamos li~ados con lazos de comunidad, afecto, interés o gratitud, no significa excluir a título de indiferente
a quien no entre dentro de aquellos vínculos de solidaridad social. Indiferente
no me puede ser ningún hombre, si acepto, como en efecto lo hago. la esencial
igualdad de origen, de naturaleza y de destino, sin perjuicio de las desigualdades accidentales. Dada mi dimcnsi6n socia~ resulta un tanto artificial la
separación entre los deberes para conmigo mismo y para con mis semejantes.
Mi acción se conjuga con las acciones de los otros hombres y se ve limitada
por circunstancias e influencias sociales e históricas. Aún así juego un papel
irremplazable en el gran drama humano y soy responsable de mi perfección.
Pese a fracasos, injusticias y extravíos que padezco en esta vida presente no
pierdo mi afán de plenitud subsistencia! que espero ver colmado en una
vida ulterior. Mientras tanto mi existencia debe tener un sentido de preparación y de milicia ejercitado bajo la disciplina de las cuatro clásicas virtu-

46

47

�de card¡nales: Fortaleza en la tarea, templanza en mis movimientos corporales o espirituales, justicia en mi vida de relación, prudencia en todas y
cada una de mis acciones y omisiones. "De esta manera logrará el hombre
-advierte Juan Zaragüeta de quien hacemos nuestras las consideraciones vertidas en el Epílogo de su monumental obra Filosofía y Vida- el posible señorío sobre sí mismo, para ponerlo :il servicio del ideal moral, justiciero y
religioso. norte de su vida. Este ideal se cifra en un espíritu de pureza y de
sobriedad en la prosecución de los bienes exteriores y materiales¡ de laboriosidad, verdad y veracidad en todos nuestros actos· de man edumbre y humildad de corazón en cuanto a nuestra persona; espíritu de justicia y amor
fraterno para con nuestros prójimos; espíritu de amor y confianza filia] hacia
Dios nuestro Padre, a cuyo seno está llamada a volver la humanidad que
de El procede. Entretanto, debe el hombre merecer de Dios para su vida
ulterior la recompensa de una vida digna de El llevada en la presente, y señalada, no s6lo por el mínimo nivel del estricto cumplimiento de sus deberes, sino por el afán de progreso en El mediante el cultivo cada día más
acendrado y ascendente de los ideales de Verdad, de Bondad, de Belleza y de
Justicia, cuya gradual realización constituye la raz6n de ser de la vida hu-

hacia el deber ser sin dudas ni desfallecimientos. Y aún habiendo dudas y
desfallecimientos, cada cual debe ser el que es. Oigamos la voz interna del
"Demon" y cerremos nuestros oídos para no escuchar el disolvente canto de
las sirenas. Venir a este mundo a cumplir una misión y después irse, no es
fatalidad o predestinación, sino destino.

mana".:u
El cultivo de las ideas de Verdad, de Bondad, de Belleza y de Justicia,
razón de ser de la vida, se realiza a pie forzado de circunstancias. Sin embargo, no es la circunstancia la que determina y marca el perfil ideal de la
tarea de salvación. Los valores no son circunstanciales. Cosa diversa es que el
hombre los capte y los realize en circunstancia. El señorío y el dominio de la
circunstancia es el destino concreto del hombre.
Elegirse a si mismo entre muchos po ibles "sí mismos", no quiere decir que
estemos for2ados a elegir nuestro propio ser de hombres, que ya nos viene
dado. Significa, eso sí, que tenemos que elegir un concreto modo de ser hombres. er hombre -dimensión de fatalidad- e un constitutivo ontológico
independiente de nuestra voluntad; pero ser hombre bueno o ser hombre
perverso -dimensión de libertad- es cosa que debemos decidir. Los valores
verdad, bondad, belleza, justicia, son instrumentos "brujul¡¡.res" de la vida,
ideales constituyentes de la existencia humana. La conciencia de nuestro ser
nos impele a encontrarnos en falta con la figura de nuestra vida, cada vez que
somos infieles a los ideales constituyentes de la e.'Cistencia humana.
Nunca llega el hombre al cumplimiento perfecto de su plan vital, al fin en
el proceso de realización de sí mismo. ¡ Que la muerte oo encuentre, siquiera,
aproximándonos a la máxima revelación de valor de la estructura cerrada de
nuestra personalidad! Sabiendo lo que se quiere ser, podemos dispararnos
21 SANTO

48

TowÁs DE A,iu1so, I,

II, c. 18, Art. l.

ª JuAN ZAuoÜBTA, págs. 662-663, tomo III, Filoso/la y Vida, editado por el lnatituto Luis Vives de Filosofía, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1954.

49
H4

�ALGUNAS IDEAS AXIOLóGICAS EN LAS IDEAS DE HUS ERL *
Huoo

PADlLLA

Universidad de Nuevo Le6n

1.

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

a exponer las ideas husserlianas que, con
respecto al valor y la valoración, se desarrollan en las Jdeen zu einer rei11en
Phanomenologie und phanomenowgischen Philosophie. 1 En este estaclio, por
vía de las reducciones, Husserl trabaja en el campo de la conciencia trascendental, llevando a cabo investigaciones eidéticas o esenciales. Por tanto, muy
al contrario de negar el "yo puro", como en las Investigaciones lógicas, es
puesto éste mi~mo como objeto de cstuclio.
Por medio del recurso de la "epoché", pasa Husserl de la "a-ctitud natural"
(natürlichen Einstellung) a la ''actitud fenomenológica" ( phiinomenologische
Einstellung). La "epoché" se muestra así como un método que sirve para
abandonar la actitud natural, y que, a la vez, instaura una nueva. Cuando
se lleva a cabo la "epoché", "ponemos fuera de juego la tesis general inheENTRAREMOS EN ESTE TRABAJO

* Las vivencias valomntes y los actos de conciencia de que habla Husserl y que son
el trma de este trabajo, corresponden a una conciencia sobre la cual se ha verificado la
reducción eidética, pero no la trascendental. Debido al corto espacio de que disponfamos,
no fue posible ocuparnos de lo desarrollado en el campo de la conciencia pura, que
sería asunto para olTo trabajo mucho más extenso.
' Utilizaremos la traducción al español de José Gaos: Edmund Husserl, Id tas rt•
lativas a una f 111omenologla pura y una filoso/la fenomenol6gica, Fondo de Cultura Econ6mica, Mwco, 1949; entre paréntesis y en seguida citaremos la edición alemana: Edmund Husserl, ld,en zu ein,r reinen Phii.nom,nologie und phii.nom,nologisch,n Philo~
.opie, Martinus Nijhoff, Haag, 1950. Las cifras que siguen a Ja(s} de la(s) página(s),
corresponden a las lineas en la edición alemana mencionada. De .los trc, libros que constituyen las Ideen, sólo uno -el primero-- es c1 traducido al españo~ y s6lo uno -el
mismo-- fue el publicado en vida de Husserl

51

�rente a la esencia de la actitud natural". 2 Pero, evidentemente, el cambio
de actitud no es algo gratuito. No se cambia de actitud sin motivo. Antes
bien, el método de la "epoché", del "colocar entre paréntesis" (Einklammerung) está encaminado al descubrimiento de un nuevo dominio científico, el
de la fenomenología.
Quien vive y opera en la actitud natural tiene para sí un mundo que lo
circunda. Tal mundo circundante es un mundo circundante natural. El mundo natural, que es "el mundo en el sentido habitual de la palabra" ,8 está
persistentemente para quien vive en la actitud nab.tral 'ahí delante" (vorhanden). Este mundo que constantemente está, para quien se deja vivir naturalmente, "ahí delante" es lo que todo mundo entiende por mundo. El mundo
de la actitud natural, no es sólo "un mero mundo de cosas, sino, en la misma
su uso cotidiano, en su sentido habitual. Ahora bien, el mundo natural es
el mundo de la actitud natural. Pero, la actitud fenomenológica ya no es
más la actitud natural. Por medio de la "epoché" se cambia de actitud.
Así las cosas, ¿no cabe preguntarse, entonces, por la suerte del mundo en
este cambio?
Antes de responder a la cuestión por la suerte del mundo, hay que señalar
que el mundo natural, que es también el objeto de estudio de las ciencias
de la actitud natural, no es sólo "un mero mundo de cosas, sino, en la misma
forma inmediata... un mundo de valores y de bienes, un mundo práctico".'
Es estando en actitud natural cuando se tiene "ahí delante" el mundo natural entero que no se reduce a ser un mero mundo de objetos; es también
un mundo en el que se presentan caracteres de valor y caracteres prácticos.
Los objetos del mundo natural son feos o bellos, agradables o desagradables;
aparecen, igualmente, como objetos prácticos, objetos de uso. Y estos caracteres de valor y prácticos son inherentes a los objetos del mundo que constantemente está "ahí delante", son inherentes "constitutivamente" ( konstitutiv) a las cosas de tal mundo. 6 Al observar esto, nos percatamos de que
valoraciones y caracteres de valor aparecen en el mundo natural dentro de la
actitud natural. Pero tal actitud es la que se va a cambiar. Entonces es
legítimo preguntar, en este cambio, ¿ cómo se afectará el mundo y tod~ lo
a él inherente, las valoraciones y los caracteres de valor dentro de ello?
atemos que Ja "epoché", el "colocar entre paréntesis" o la "desconexión"
( A.usschaltung) es cosa radicalmente distinta tanto de la duda escéptica como de la negación sofistica. Por el método del "epocbé" ni se duda de la
&gt;/bid.,§ 32, p. 73 (§ 32, p. 67, 15-17).
•/bid.,§ 28, p. 67 (§ 28, p. 61, 7-8).
• /bid., § 27, p. 66 ( § 27, p. 59, 27-29).
• Ibídem. ( § 27, p. 59, 35-38).

52

existencia del mundo, ni tampoco se niega tal existencia. 6 Por tanto ni se
niega ni se duda de la tesis de la actitud natural ni de lo que ella hoplica.
La "epoché" fenomenológica modifica la tesis de la actitud natural. Pero,
de tal suerte, que la modificación no consiste en negación ni consiste en
duda. Lo que se coloca entre paréntesis en el "colocar entre paréntesis" no
queda borrado. Si algo se borrara, ni siquiera podría hablarse de colocarlo
entre paréntesis, pues sería nada. La modificación que sufre 1a tesis de la
actitud natural es, justa y precisamente, la de los paréntesis. Dentro de ellos
queda la tesis y no una nada, "convirtiéndose en la modificación 'tesis colocada
entre paréntesis' 11 • 1 Al desconectar la tesis se la conserva en esta su desconexión, y en la modalidad que así adopta ( tesis desconectada, tesis colocada
entre paréntesis), entra ella misma dentro del campo de estudio de la fenomenología: "lo colocado entre paréntesis no queda borrado de la tabla fenomenológica, sino justo colocado entre paréntesis y afectado por un índice.
Pero co11 éste entra en el tema capital de la investigación". 8 Es decir, la
fenomenología no está negada a investigaciones sobre todo lo que concierne
al mundo natural de la actitud natural y a investigaciones sobre esta última
Sólo que ahora, una vez efectuado el cambio de actitud, las investigacione~
no. se vaL a mover dentro del mismo nivel que lo investigado. En efecto, ta
tesis y el mundo naturales, en tanto que temas de una investigación son
·, les d e ser tratados en una actitud que sea la misma actitud natural.
'
susceptu
~n es~e sentido, la investigación se mueve en el mismo plano que aquello que
mvestiga. La reflexión que la conciencia lleva a cabo sobre sí misma, dentro
de la actitud natural, sostiene las mismas tesis que aquello sobre lo cual reflexiona. Una vivencia que reflexiona sobre una vivencia, dentro de la actitud
natural, lleva a cabo las mismas tesis que la vivencia sobre la cual reflexiona.
Ahora bien, en contraste con esto, en la actitud fenomenológica ya no se llevan a c~ las tesis de la actitud natural. Sin embargo, tales tesis, y el mundo
de las mismas, no se desvanecen. Entran en las nuevas indagaciones, pero
entre
. paréntesis, reducidas: "en lugar de vivir en ellas, de llevarlas a cabo,
ejecutamos actos de reflexión dirigidos a ellas, y aprehendemos estos actos
como eJ ser absoluto que son. Ahora vivimos íntegramente en estos actos de
segundo grado, en que se da el campo infinito de las vivencias absolutas-el
campo fundamental de la fenomenología". 8 Es claro, entonces, que )as vivencias -una vez en actitud fenomenológica- en las que nos dirigimos a
las vivencias de la conciencia en actitud natural, ya no están en el mismo
• /bid., § 32, p.
'Ibiá., § 31, p.
1 /bid.,§ 76, p.
• !bid., § 50, p.

73 (§ 32, p. 67, 23-25).
72 (§ 31, p. 66, 15-16).
169 (§ 76, p. 174, 25-30).
116 (§ 50, p. 119, 22-29).

53

�plano que estas últimas. Pero, el nivel de lo natural no se pierde para la
fenomenología: entra en ella en tanto que "colocado entre paréntesis", "desconectado". Por esto, dice Husserl que con la desconexión no se pierde propiamente nada, sino que se gana un integro ser absoluto. 10 Este ser absoluto
es el de la conciencia pura, a la que accede por vía de la "epoché".
Se ha visto que el mundo natural no se reduce a ser un mero mundo de
cosas, sino que es, al mismo tiempo, un mundo de valores y un mundo práctico. Todo ello, pues, entra dentro del rubro "mundo natural". Por esto, al
llevarse a cabo la desconexión del mundo natural, quedan desconectadas todo
tipo de objetividades que se constituyan por obra de funciones valoradoras y
prácticas de la conciencia.u Quiere esto decir, que quedan desconectados
los productos de las bellas artes y los productos de las artes técnicas, en fin,
todo tipo de valores y de objetividades prácticas. Es posible, sin embargo,
estudiar todo ello fenomenológicamente. Sobre lo desconectado mismo cabe
hacer fenomenología. Así, pues, también sobre las valoraciones y los valores.

2.

VALOR Y, REDUCCIÓN EIDÉTICA

Anteriormente hemos dicho que el intento de Husserl es el de trabajar en
el campo de la conciencia trascendental, llevando a cabo en ese campo investigaciones eidéticas. Todo ello logrado por medio de "reducciones". De
u.na de estas reducciones ya hemos hablado. Es la "epoché", "desconexión",
"colocación entre paréntesis". Hay otra reducción, capital en la fenomenología, que, sin embargo, hemos soslayado. Es, precisamente, la que hace referencia a lo eidético: la "reducción eidética" ( eidetische Reduktion). Ambas
reducciones, la "epoché" o reducción trascendental y la eidética no deben
confundirse. Más todavía que eso. Al decir, que el intento de Husserl es el
de llev:ir a cabo investigaciones eidéticas en el campo de la conciencia trascendental, podría parecer que se asienta que una investigaci6n eidética tiene
que ser posterior, forzosamente, a una investigación trascendental en general.
Esto es, que si no se llevara a cabo la reducción trascendental, no podría
llevarse a cabo, de ningún modo, una reducción eidética o un tipo de investigaciones o consideraciones eidéticas. Aclaremos: es plenamente entendible
que en el caso preciso en que se habla de hacer consideraciones esenciales
-eidéticas- en o sobre el campo de la conciencia trascendental, sea forzoso acceder a este campo primero para, enseguida, en él, investigar bus"'/bid.,§ 50, p. 115 (§ 50, p. 119, 2-3).
11

54

/bid., § 56, p. 131 ( §56, p. 136, 28-32).

cando esencias. Lo cual no significa, por otra parte, que no se pueda hacer
una investigación eidética si previamente no se lleva a cabo la reducción
trascendental. Por esto no vale, en general, lo que sí vale, en especial, para
el caso de llevar a cabo investigaciones eidéticas en o sobre el campo de la
conciencia trascendental. Por otra parte, es también perfectamente comprensible que se acceda al campo de la conciencia trascendental, por medio de la
"epoché", pero que sólo basta ahí se Uegue. Es decir, que en o sobre tal
campo, una vez que se ha accedido a él, no se lleven a cabo consideraciones
eidéticas. Es claro, por otra parte, que la fenomenología en tanto que ciencia no hace esto último: el simple acceder al campo de la conciencia trascendental, sin más. La fenomenología pretende intuir esencias en o sobre el
campo de la conciencia trascedental. La fenomenología "no quiere ser nada
más que doctrina de esencias dentro de una intuición pura intuimos pues
' pura trascen'
'
directamente esencias en datos ejemplares de la conciencia
dental" Y La fenomenología en tanto que ciencia pretende ser una ciencia
de esencias y no una ciencia de hechos. 18 En este sentido, es la reducción
eidética la que permite pasar del hecho a la esencia. Pero, al mismo tiempo,
la fenomenología pretende ser «no una ciencia eidética de fenómenos reales,
sino de fenómenos trascendentalmente reducidos".ª En este sentido, lo que
permite pasar del fen6meno real al fenómeno trascendentalmente reducido
es la "epoché" o reducción trascendental. Si no se llevase a cabo esta seaunda
0
reducción, pero sí la primera, obtendríamos, como resultado de una investigación, esencias de hechos o fenómenos reales -pero no de fenómenos trascendentalmente reducidos-; si no se llevase a cabo la primera reducción
pero sí la segunda, obtendriamos, como resultado de ese llevar a cabo fenó' a
menos trascendentalmente reducidos -pero no esencias-. Si se llevan
cabo ambas reducciones se obtiene justamente lo que pretende la fenomenología: esencias de fenómenos trascendentalmente reducidos. Expuesto lo anterior, lo que conviene, pues, destacar aquí es la independencia que guardan
entre sí las dos reducciones consideradas en sí, aunque se conecten dentro
del campo de la fenomenología para lograr el propósito de ésta.
El campo de la conciencia trascendental es el campo propio de la fenomenología. La conciencia, sin embargo, puede también ser considerada desde el
punto de vista de la actitud natural. En tanto que el punto de vista
sea este último, la conciencia, patentemente, no aparecerá como conciencia trascendental. La conciencia trascendental sólo aparece en cuanto se haya llevado a cabo la "epoché' 1• Dentro del punto de vista de la actitud
lbid., § 66, p. 149s (§ 66, p. 154, 13-16).
lbid., Introducción, p. 10 (EINLEITUNO, p. 6. 15-21).
"Ibídem. (EINLBITUNO, p. 6, 32-33).
u

u

55

�natural -que entraña, precisamente, lo distinto de la actitud fenomenológica- la conciencia aparece como algo natural. El "yo soy", el "yo pienso" es un hecho natural dentro del punto de vista mencionado. Es el yo
o la conciencia que estudia la psicología. Ahora bien, este fenómeno real
que es la conciencia como cosa, ella misma, integrante del mundo natural,
es susceptible de ser investigado desde un punto de vista eidético. Esto es,
sobre la conciencia como hecho natural se puede llevar a cabo la reducción
eidética. Investigaciones que sostengan este propósito, han de rendir, obviamente, como frutos, esencias y relaciones esenciales de un hecho natural.
Justo porque es posible llevar a cabo una reducción eidética sin una previa
reducción trascendental es por lo que es posible lo anterior. Al investigar la
conciencia, corno hecho natural, y dentro del punto de vista de la actitud
natural, resultarán, si la investigación se mueve en el nivel eidético, esencias
y relaciones esenciales de tal conciencia. AJ hacer esto se sigue un principio
de la fenomenología misma: "seguirnos nuestro principio universal de que todo
suceso individual tiene su esencia que es apresable en pureza eidética y en esta
pureza no puede menos de pertenecer a un campo de posible investigación
eidética". 15 Ahora bien, con tal tipo de investigaciones eidéticas comienza
Husserl a hacer consideraciones acerca de la conciencia, aún sin practicar la
reducción trascendental. Esto es, para prfocipiar, se trataría de penetrar en el
tema de la conciencia procurando ver lo que constituye el ser autárquico de
ella ya que por "esencia", se designa "lo que se encuentra en el ser autárquico
de un individuo constituyendo lo que él es" .18 En otras palabras, se buscarla
introducirse en el tema de la conciencia tratando de responder a la pregunta
que interrogaría por lo qtte la conciencia es, dado que ella es un suceso individual -aunque, por ahora, dentro del mundo natural-. Sin fatigarse con
ninguna "epoché" fenoroenológica, 11 dice Husserl, "Nos sumimos, enteramente
tal como haríamos si no hubiésemos oído nada de Ja nueva actitud, en la
esencia de la 'conciencia de algo', en que tenemos conciencia, por ejemplo, de
la existencia de cosas materiales, cuerpos vivos, hombres, de la existencia de
obras técnicas y literarias, etc_uis
Se trata, pues, de sumirse en el tema "esencia de la 'conciencia de algo'."
Fijémonos, ante todo, que con ello se ha introducido la característica de la
"intencionalidad" en el tema. La esencia de la conciencia que se trata de investigar es la esencia de una conciencia que es "conciencia de ... ", esto es, dela conciencia en tanto que ésta está referida a "algo". Husserl entiende por..
,.
"
"

56

lbid., § 34, p. 77 (§ 34, p. 74, 19-22).
/bid., § 3, p. 20 (§ 3, p. 13, 19-20).
Ibid., § 34, p. 77 (§ 34, p. 74, 8-10).
Ibídem . (§ 34, p. 74, 13-19).

conciencia lo que se entiende por el cogito de Descartes: yo percibo, yo me
acuerdo, yo quiero, yo juzgo, apetezco, etc. Esto es, entiende por conciencia,
en este momento, el cogito, que abarca todas las distintas formas que el yo,
que vive en ellas, asume. Pero, deja fuera de consideración, en este nivel, el
problema del yo mismo al que están referidas todas aquellas formas. 19 Esto
es, el tema que se trata de investigar es el de las vivencias intencionales, dejando aparte el tema del yo como unidad a la que toda vivencia está referida
-o como "polo idéntico de las vivencias", como le Ilamará en otro texto. 20
La vivencia intencional es pues, el tema. Hay que apuntar, sin embargo,
que aquí, como en las Investigaciones lógicas, Husserl no entiende por vivencia
exclusivamente las intencionales, sino que señala que entiende por vivencia
"no sólo las vivencias intencionales, las cogitationes actuales y potenciales, tomadas en su plena concreción, sino cuanto ingrediente encontremos en esta
corriente y sus partes concretas". 21 Este sentido de vivencia abarca, pues, las
mtencionales, pero no se reduce a ellas. A todo lo en ese sentido comprehendido -vivencias intencionales, ingredientes (que pueden ser no intencionales), partes concretas, etc.- se le entiende como vivencias, sólo que "vivencias
en el sentido más amplio" 22 {Erlebnissen im weitesten Sin ne). Dentro de este
sentido amplio del término vivencia entran, por ejemplo, los "datos de la sen-saci6n", que no son intencionales. 23 Pasemos ahora a detallar más el tema,
-con vistas a considerar, en este terreno, algunos aspectos del valor y la valoración, que son los que en especial nos interesan.
Sigamos a Husserl en un ejemplo: el percibir un papel. La percepción, en
tanto que es vivencia intencional, es percepción de ... un percepto, en general;
en especial, en el ejemplo, de un papel. El percibir el papel es una cogitatio,
el papel mismo percibido es un cogitatum. En el caso de percibir el papel se
·da un estar vueltos hacia un objeto -el papel-. Pero el papel no se da aisla-damente en la percepción, sino que se encuentra rodeada esa percepción de
••un balo de intuiciones de fondo",2" como, en general, se encuentra toda
percepción de cosas. Esto es, el papel en tanto que papel percibido, está rodeado por un halo de cosas -libros, lápices, tinteros- que también se presentan en la percepción, y justo --en el ejemplo- en la del papel. Los objetos
•que entran en ese halo están también percibidos, pero sólo "en cierto modo
" lbid., § 34, p. 78 (§ 34, p. 75, 17-21).
HussERL, Meditaciones cartesianas, trad. de José Gaos, El Colegio de
"México. México, 1942, § 31, p. 118s (Edmund Husserl, Ctutesianische Meditationen und
_pariser Vortrii.ge, Martious Nijhoff, Haag, 1950, § 31, p. 100, 8-27) .
11 Ideas, § 36, p. 82 (Ideen, § 36, p. 80, 34-39).
ª lbidem. ( § 36, p. 80, 34).
,. lbid., § 36, p. 83 (§ 36, p. 81, 1-7).
~, lbid., § 35, p. 79 (§ 35, p. 77, 13-14).
"" EDMUND

57

�también 'percibidos'." 25 Están percibidos en el sentido de que están presentes
en la percepción, pero presentes de un modo diferente al modo como lo está
el papel. En tanto que se percibe el papel el papel es lo que se encuentra rodeado por un halo. El halo mismo es lo que rodea al papel. El papel percibido
es el papel rodeado por el halo percibido que lo rodea. En este sentido, en
tanto que se percibe el papel, se da un estar vuelto a él, pero no un estar
vuelto a los objetos del halo -aunque éstos se encuentren también presentes-.
El papel, en tanto que lo rodeado, es lo que se destaca. e aprehende el papel
en tanto que es lo destacado sobre el fondo. En cambio, los objetos del fondo
están presentes, pero no se destacan. En este sentido, los objetos• del halo no
están aprehendidos por cuanto no se encuentran destacados. ''El aprehender
es un destacar",2 8 (Das Erfasse11 ist ein Herausfassen), dice Husserl. Por otra
parte, el halo de intuiciones de fondo son vivencias, igual que el percibir el
papel ya que estas intuiciones son intuiciones de ... todo lo que hay en el fondo
como cog~tatum. Así, a la vivencia del percibir -cogitalio- el papel le corresponde el papel mismo percibido -cogilatum- como algo que se destaca y
está, así, aprehendido; a la vivencia que percibe -cogitatio-- el fondo le corresponde el fondo mismo objetivo -cogitatum-, pero que no está destacado
y, por tanto, no aprehendido. Por lo antes expuesto, entendemos, pues, un
sentido del aprehender: el de destacar, el de "estar vuelto a" o "dirigido a".
Ahora bien, en el estar vuelto hacia algo -el papel, por ejemplo-- se da un
estar vuelto actualmente: la conciencia, la vivencia, posee el modo de la actualidad. Las vivencias intencionales que se dirigen al fondo, frente al modo
anterior poseen el de la inactualidad. La actualidad está caracterizada, pues~
por el "estar vuelto a" o "dirigido a". Y el estar "vuelto a" o "dirigido a" en
el caso de las representaciones sensibles, se identifica con el atender que apresa
y destaca. Pero esto último no vale para todo caso: "el 'estar dirigido a', el
'estar vuelto hacia', que distingue a la actualidad, no se identifica, como en los
ejemplos de representaciones sensibles, preferidos por ser más simples, con el
atender a los objetos que los apresa y destaca". 2 r Por otra parte, cualesquiera
que sean los tipos de vivencias, en general "la corriente de las vivencias no
puede constar nunca de puras actualidades". 28 A tales actualidades se les
reserva los términos cogito y cogitationes, excepto que se indique una modifi-

pasar a inactualidad, y viceversa. Todo ello, por esencia. Esto es, que el estar
"dirigido a" puede cambiar de d.irecci6n dejando de enfocar lo que en un
momento dado se enfocaba -paso de actualidad a inactualidad-. Pero, igualmente, el estar "dirigido a" al cambiar de dirección va a enfocar lo antes no
enfocado ---paso de la inactualidad a actualidad-. Al pasar de la actualidad
a inactualidad una vivencia, sufre un modificción.ªº Precismente la que ese
pasar le impone. Pero, de cua~quier manera ambas vivencias, la modificada y
la primitiva, tienen una comunidad esencial. "En general es inherente a la
esencia de todo cogito actual ser conciencia de algo. Pero a su modo es también, según lo antes expuesto, la cogitatio modificada igualmente cot1ciencia,
y de lo mismo que la correspondiente no modificada". 31 Encontramos, así, que
podrían distinguirse dos tipos de inactualidad, aunque Husserl no los distingue
expresamente. La inactualidad que es actualidad modificada, es decir, la inactualidad que fue actualidad, por una parte. Por otra, la inactualidad que puede
llegar a ser actualidad, pero que no lo ha sido. S~ por nuestra parte, observamos
el ejemplo del percibir un papel estando vueltos a él, Jo anterior se puede
poner en claro. En el percibir el papel, estando vueltos a él, se está en el
modo de la actualidad con respecto a ese percibir. Pero en ese mismo percibir
el papel hay un halo de intuiciones de fondo que se dirigen a un fondo sobre
el cual se destaca el papel mismo. Esta vivencia del fondo, en cuanto no se
está vuelto a él, posee el modo de la inactualidad. Ob ervemos, pues, que la
vivencia del fondo posee un modo de inactualidad que no ha pasado por actualidad alguna. Pero, si en un momento dado se deja de estar vueltos al
papel, para volverse a alguno -o algunos- de los objetos del fondo el percibir el papel pasa al modo de la inactualidad, precisamente debido a ese ya
no estar vuetos a él. Sin embargo, este tipo de inactualidad es diferente del
que señalamos antes, ya que el percibir el papel en el modo de la inactualidad
fue precedido por un percibir el papel en el modo de la actualidad. Ahora bien,
cualquiera que sea el tipo de inactualidad, una vivencia en ese modo es intencional. La de la inactualidad que no ha sido actualidad debido a que las intuiciones de fondo son intuiciones del fondo. 82 La de la inactualidad que fue
actualidad -inactualidad como actualidad modificada-, por la comunidad
esencial ya mencionada.

cación, como "inactual", etc. 29
Expuesto lo anterior, es de observar todavía, que una actualidad puede

. Se ha visto que la intencionalidad de las vivencias consiste en que éstas
tienen una referencia a algo. La percepción se refiere al percepto, el recordar
a lo recordado, el querer a lo querido, etc. Ahora bien, una vivencia llevada a
cabo en el modo del cogito -o sea, actualmente- está dirigida a un algo: Ja

'ª Ibídem. (§ 35, p. 77, 8-9) .
..
"
,.
"

58

Ibídem.
!bid., §
lbidem.
Jbidem.

(§ 35, p. 77, 6-7}.
35, p. 81 (§ 35, p. 78, 35-39).
(§ 35, p. 79, 2-3).
( § 35, p. 79, 9-15).

• /bid., § 36, p. 82 ( § 36, p. 79, 27-29).
Jbidem. ( § 36, p. 79, 30-36).
1e I bid., § 35, p. ¡9 ( § 35, p. 77, 13-19),
11

59

�vivencia intencional se dirige a su objeto intencional, el cogito a su cogitatum.
El yo en sus vivencias se dirige a objetos intencionales. Pero, "es de observar
que el objeto intencional de un acto de conciencia ( tomado como es en cuanto
pleno correlato de éste) no quiere decir en modo alguno lo mismo que objeto
aprehendido". 3 Quiere esto decir que debemos distinguir más minuciosamente
con respecto al aprehender. Notemos, por lo pronto, que objeto intencional {en
cuanto pleno correlato de un acto, de un cogito), no quiere decir lo mismo
que objeto aprehendido. Anteriormente se había visto que cuando se está vuelto a un objeto -precisamente por ese estar vuelto- el objeto se destaca y
queda, inmediatamente, aprehendido, en el sentido de destacado. Pero ahora
parece que es posible introducir un nuevo concepto de aprehensión. Para
ver esto con detalle, observemos las distinciones que hace Hu erl al re pecto y
tomando como base un acto valorativo.
En general, es válido que no se pueda estar vuelto a una cosa más que destacándola, aprehendiéndola. "A una cosa no podemos, sin duda, estar vueltos
de otro modo que en el de la aprehensión, e igual a todas las objetividades
~simplemente representables': el volverse (aunque sólo sea n la ficción) es
eo ipso 'aprehensión', 'atención' ". 3 ' En el caso de la percepción del papel se
está vuelto a éste que es el objeto intencional. Pero el papel, digamos, es una
mera cosa, un sólo objeto intencional. Ahora bien, no en todos los actos sucede
lo mismo que en el de la percepción. Un acto más complejo que el de la
mera pt!rcepción, es, por ejemplo, el de la valoraci6n. En el acto de la percepción. en el modo de la actualidad, el objeto intencional es un objeto intencional simple. En contraposición con esto. en los actos valorantes hay que distinguir un doble sentido de objeto intencional, como veremos más adelante.
Observf'mos, por ahora, que "en el acto de valorar estamos vueltos al valor,
en el acto de la alegría a lo que alegra, en el acto del amor a lo amado, en el
obrar a la obra, sin aprehender nada de esto". 35 ¿ En qué sentido, aquí, se habla
de un estar vuelto, y in embargo de un no aprehender? Habíamos visto que
el volverse ra eo ipso aprehensión. Evidentemente que si todo volverse es
eo ipso aprehensión y hay actos en los cuale se está vuelto, pero sin haber
aprehensión, es porque en este último caso, en el del estar vuelto sin aprehender, el aprehender tiene otro entido que el mero estar vuelto. :Este sentido
del aprehender, que se distingue con resp cto al que se caracteriza por el estar
vuelto, es un tipo especial de aprehender. Podría, así, asentarse que todo estar
vuelto es eo i pso un aprehender -en un primer sentido-, pero que no todo
estar vuelto es eo ipso un aprehender -en un segundo sentido---. De esta
.. Ibid, § 37, p. 83 (§ 37, p. 82, 1-4).
" Ibid., § 37_, p. 84 ( 37, p. 82, 19-23).
.. /bidem. (§ 37, p. 82, 23-26).

60

suerte, podría haber aprehensión en el primer sentido, sin que lo h~biera eo
ipso en el segundo. Este segundo sentido del aprehe~der, n~ c~cterizado por
el mero estar vuelto del primero, es, pues, algo su, generu. Se trata, pues,
con este atender o aprehender no del modo del cogito en general, del modo
de la actualidad, sino vistas las cosas más exactamente, de un modo especial
de acto, que puede adoptar toda conciencia o todo acto que no lo teng~
todavía". 88 En este sentido del aprehender, en los actos del valorar se esta
vuelto al valor, pero sin aprehenderlo. Para aprehender este último se requeriría un modo especial de acto. Ello se debe a que en los actos del valorar hay,
en rigor, un objeto intencional en un doble sentido y paralelamente, una doble
intención. Ha · que distinguir, en estos actos, el pleno objeto intencional, por
una parte, y por otra, la mera cosa. "En los actos de la ~dole de 1~ valo~tes, tenemos, pues un objeto intencional en un doble sentido: necesitamos distinguir entre la mera 'cos&lt;I y el pleno objeto intencional, y paralelamente una
doble 'intentio', un doble estar vuelto" .31 Ahora bien, en eJ estar vuelto valorando una cosa la conciencia está. dirigida a la cosa misma y, en este sentido,
la cosa aparece como cosa aprehendida. La cosa, así, aparece como un objeto
intencional y, además, como aprehendida Pero si el acto se dirigiera exclusivamente a la mera cosa no sería un acto valorante. Es por ello que los actos
de este tipo entrañan sin duda la cosa como objeto intencional, pero no como
pleno objeto intencional. No es la mera cosa el objeto intencional pleno; ambos no coinciden. "En el estar vuelto valorando a una cosa está encerrada
también, sin duda, la aprehensión de la cosa; pero no la mera cosa, sino la
cosa valiosa o el valor es (de lo cual hablaremos aún más extensamente) el
pleno correlato intencional del acto valorante".' La cosa está sin duda aprehendida puesto que se encuentra destacada. Pero, si el pleno correlato intencional del acto valorantc no es la mera cosa, ello entraña que el aprehender o destacar Ja mera cosa no es inmediatamente un aprehender o destacar el pleno correlato intencional. Para que este último se torne un objeto
aprehendido es menester un "peculiar volverse 'objetivante' ".ª' El valor ~ la
cosa valiosa, pleno correlato intencional del acto valorante, se torna obJeto
aprehendjdo en un peculiar volverse (objetivante) que no coincide con
el mero estar vuelto. Asentaba Husserl que en los actos valorantes se está
vuelto al valor sin aprehenderlo. Para aprehender el valor es menester, además
• Ibídem. (§ 37, p. 82, 12-17).
" Ibidem. (§ 37, p. 83, 1-6. En la edición alemana que coruullamos dice Hwserl.
con respecto al "doble estar vudto": "und evcntuell ein zwcifaches Zugewendctsein".
La palabra "evcntuell" introducida ( en el ejemplar III) nos parece altamente aclaradora
con rcspccto al problema que CJtamo1 tratando) .
• lbidnn. ( § 37, p. 82, 30-35).
• /bidem. (§ 37, p. 82, 29) .

61

�del simple estar vuelto, un peculiar volverse objetivante. Ahora bien, el
estar vuelto hacia aJgo determinaba el modo de la actualidad de un acto. Así,
en los actos valorantes ya se está vuelto al valor -aunque sin aprehenderlo-,
y ello quiere decir que no sólo la aprehensión de la cosa que está encerrada
en el acto presenta el modo de la actualidad, sino igualmente el valorar esa
cosa. "No sólo el representarse cosas, sin también el valorar cosas, que lo abrazan, presenta el modo de la actualidad".'º Entendemos ahora por qué el estar
vuelto a una cosa que es lo que distingue a la actualidad no coincide, sin más,
con el apresar y destacar, con el aprehender. En los actos de la índole de los
valorantes se está vuelto al valor (y por ello presentan el modo de la adualidad) sin aprehenderlo. Para aprehenderlo hace falta, además del estar vuelto
del modo de la actualidad, un peculiar estar vuelto que objetive el valor o la
cosa valiosa. "Así, pues, 'estar vuelto valorando una cosa' no quiere decir ya
'tener por objeto' el valor, en el sentido especial de objeto aprehendido".U
Ahora bien, es posible que todo acto valorante además de estar vuelto al valor,
aunque sin aprehenderlo, asuma en un momento dado el peculiar estar vuelto
que lo objetive y, con ello, lo aprehenda.
Ahora bien, la intentio que se dirige al pleno objeto intencional es una
intentio fundada en la intentio que se dirige a la mera cosa. La intentio que
muestra el momento del valorar es un intentio en que se toma posición con
respecto a la cosa y no se reduce a ser IIIBra conciencia de cosa. E] acto donde
se toma posición respecto a alguna cosa requiere, evidentemente, del acto que
se dirige a la cosa. Pero siempre hay que distinguir entre ambos. El acto que
se di.rige a la cosa presenta a ésta como su objeto intencional. El acto fundado
en el anterior tiene como correlato no la mera cosa, sino el pleno objeto intencional: "siempre que el acto no sea un acto de simple conciencia de cosas,
siempre que en semejante forma de la conciencia se funde otra en que 'se tome
posición' relativamente a la cosa, se separan la cosa '.Y el pleno objeto intencional
(por ejemplo, la 'cosa' y el 'valor') ".n Hay, pues, una doble intención y un
doble tipo de objeto en los actos del tipo de los valorantes. Naturalmente que
el que se distinga, a los fines de la descripción, entre ambas intenciones no
significa que estas se presenten separadamente, más bien, ambas se encuentran
unidas en la unidad de un cogito (in der pinhei't eines cogitot ist intentipnal
verflochten ein doppeltes cogito). 45 El acto fundado que se dirige al pleno
objeto intencional tiene la posibilidad esencial de modificarse de tal suerte
que su objeto se tome objeto aprehendido. Para ello debe asumirse el modo
"'Ibídem. (§ 37, p. 83, 11-23).
" Ibídem. ( § 3 7, p. 82, 35-38).
"Ibid., § 37, p. 85 (§ 37, p. 83, 27-32).
ª No aparece en el texto español(§ 37, p. 83, 6-7).

62

peculiar del estar vuelto objetivante, del que ya hemos hablado. Pues bien,
"gracias a esta objetivación, estamos, en la actitud nat\rral, no frente a meras
cosas naturales, sino a valores y objetos prácticos de toda índole" :u Es, pues,
la objetivación, en el sentido antes expuesto, la que permite que quien vive
en el mundo natural en actitud natural se encuentre con horizontes, no sólo
de cosas y de procesos naturales, sino también con horizontes del valor y lo
práctico. Las objetividades del valor y lo práctico -que son objetividades
fundadas,al igual que son fundadas las intenciones que a ellas se dirigen, sólo
que estas últimas por el lado de las cogüationes y aquélla por el de los cogitatapueden, por medio del cambio de actitud que consiste en pasar de un mero
vuelto a ellas en el modo de la actualidad a un estar vuelto objetivante, ser
transportadas de una originaria actitud valorativa o práctica a una teorética
que los tome como temas de un explicitar, experimentar, etc. 15 Sobre todo,
porque para predicar algo de un objeto --en este caso del pleno correlato intencional- es necesario tenerlo aprehendido. 48 Todo ello dentro de la actitud
natural.
Las distinciones que hasta aquí se han logrado, como lo señalamos, se han
obtenido sin llevar a cabo ninguna "epoché" fenomenológica, sino, simplemente, practicando Ja reducción eidética. Lo que se va a exponer en el s1gttiente parágrafo se encuentra en idénticas circunstancias.

3.

REFLEXIÓN,

Lo

INMANENTE Y LO TRASCENDENTE

Al h'3.cerse la distinción entre cogitatio y cogitatum se vio que, en el ejemplo
aducido, la percepción del papel caía del lado de la primera, mientras que el
papel mismo percibido caía del lado del segundo. El cogitatum es el algo al
que se dirige la cogitatio. Evidentemente, el papel mismo, como percepto, no
es una vivencia. Sin embargo, esto no quiere decir que una vivencia no
pueda ser percepto, si bien en el caso del papel el percepto no es una vivencia.
Si la vivencia de percepción es una cogitatio, ella misma puede llegar a ser
percepto o cogitatum. En general, "puede un percepto ser perfectamente él
" lbid., § 37 ~ p. 85 ( § 37, p. B3s, 39-3).
'" No aparece en el texto español (§ 37, p. 84, 20-28). "Dazu kornmen aber auch
wesensmissig moglichc Einstellungsuntcrschiede (immer im Gesamtrahmen der natürlichen Einstellung), namlich sofern alle wie iinmer hoch fundierten Objektivitaten, etwa
aus usrprünlich wertcnden oder praktischen Einstellung, übergeführt werden in die theoretisch erfassendc und so zu Themen vorübergehenden oder konsequenten 'Vorstellens',
im besonderen eines Erfahrens, Explizierens, Proclu.ziereru usw. werden konnen" -añadido
en el ejemplar III) .
• Ibid., § 37, p. 84 ( § 37, p. 82, 38-39).

63

�mismo una vivencia de conciencia". n ¿ En qué caso podría una vivencia -cogitatio- ser considerada como percepto-cogitalumJ Es claro que en el caso
de la reflexión.
La reflexión sería un acto que pondría como objeto intencional a una cogitatio, convirtiéndola, de esta suerte, en cogitatum de ese acto. Y, así comose encuentra que el papel, como cogitatum, es un ente (Seindes) que posee una
forma de ser distinta de la que posee la percepción que a él se dirigr, en el
caso de la reflexión tanto la cogitatio -acto de reflexión- como el cogitatum
-vivencia a la que se dirige la reíle..'Ción- tienen la misma forma de ser,
ambos son vivencias. Una cogitatio, pues, puede llegar a convertirse en percepto
de una reflexión, la que, a su vez, es ella misma una cogitatio. Por otra parte,
es comprensible que cuando no aparece el acto de reflexión no se tiene a la
cogitatio como objeto intencional, aunque, como asienta Husserl, en todo
momento puede convertirse en tal: "viviendo con el cogito, no tenemos conciencia de la cogilatio misma como objeto intencional; pero en todo momento
puede convertirse en tal, siendo inherente a su esencia la posibilidad en principio de una uuelta 'reflexiua' de la mirada, naturalmente en la forma de una.
. 1e apr ehens1'6 n" .4 8'
nueva cogitatio que se dirige a ella en el modo de una s1mp
La cogitatio que ha sido aprehendida por medio de un acto de reflexi6n queda.
puesta, así, como objeto de "la llamada 'percepci6n interna'".º Correlativamente podría hablarse también de una percepción externa. Por ejemplo, en
el caso de la percepción del papel. Sin embargo, dice Husserl, que hay que
evitar expresiones tales como percepción externa y percepción interna, ya
que a esa manera de hablar se oponen serios reparos. &amp;0 Antes bien, se preferirán los términos de "inmanente" y "trascendente", y se hablara, así, de percepciones o actos en general trascendentes e inmanentes, teniendo siempre que
distinguir unos de otros. Ya anotamos, más arriba, que en el caso de la reflexión dirigida a una vivencia, tanto esta última como la vivencia de refle:idón presentaban la misma forma de ser. Esto es tanto el acto intencional
como el objeto intencional son vivencias, y de la misma corriente. Otra cosa
es lo que sucede en los actos trascendentes cuyo objeto intencional o no es
vivencia --como en el caso del papel- o es vivencia de un otro yo, diíerente
al que lleva a cabo el acto. Puede decirse, así, que:
a) "Por actos de direcci6n inmanente, o tomadas las cosas más en general,
por uiuencias intencionales de referencia inmanente, entendemos aquellas a
••
•
•
""

64

/bid., § 35, p. 79
!bid., § 38, p. 85
1bidem. ( § 38, p.
!bid., § 38, p. 86

( § 3 7, p. 76, 32-3 3) .
(§ 38, p. 84, 29-34).
84, 35-36).
( § 38, p. 85, 16-17).

cuya esencia es inherente que sus objetos intencionales, si es que existen, pertenecen a la propia corriente de vivencias que ellas mismas". 61
b) ''De direcci6n trascendente son las vivencias intencionales en las que
esto (lo anterior) no tiene lugar; como, por ejemplo, todos los actos dirigidos
a esencias o vivencias intencionales de otros yos, de yos con otras corrientes
de vivencias; asimismo todos los actos dirigidos a cosas, a realidades en sentido
estricto, pero en general". 62
En los actos de dirección inmanente ocurre que el acto de percepción dirigido a una vivencia es un acto fundado en tal vivencia. Esto quiere decir que
el acto de reflexión es esencialmente dependiente (wese11tlich unselbstandiges
Moment) y, por igual, sólo es separable de su objeto por abstracción. 03 Por
otra parte, en esta ensambladura de vivencias, la más alta (das hohere), o sea,
la vivencia de reflexi6n no sólo está fundada en la más baja ( in dem tief eren
fundie1t), o sea, en la vivencia a la cual la reflexión se dirige, sino que, aJ
mismo tiempo, está welta intencionalmente a esta última.
Hay que notar, también, que el modo como se da el percepto trascendente
es totalmente distinto al modo de darse del percepto inmanente. Una cosa
-del tipo del papel- siempre se da en meros modos de aparecer. Una cosa
percibida en series de matices o escorzos ( Abschattungen) va presentando lados. Esto es, nunca se da acabadamente, absolutamente. Lo realmente exhibido
de la cosa se encuentra rodeado por lo todavía no exhibido, al mismo tiempo
que con la exhibición de nuevos lados, los anteriores exhibidos pasan, con
esto, otra vez a la forma de lo no exhibido. Esto nos muestra que en una
cosa que se da en la percepción "necesariamente hay un núcleo de algo 'realmente exhibido', rodeado, por obra de percepciones, de un horizonte de algo
'co-dado' impropiamente y más o menos vagamente indeterminado". 3 • También, veíamos, el percepto se destaca sobre un fondo. Esto es, en la percepción
de cosas se da el percepto a la vez que por lados, sobre un fondo. Por ello
Husserl obsexva que en la percepción de cosas hay un doble tipo de horizonte
espacial: aquel que funciona como fondo y aquel que se refiere a lo "co-dado".
Uno es un horizonte que "rodea", el otro es uno que "cruza". "Lo actualmente
percibido, lo más o menos copresente y determinado (determinado hasta cierto
punto, al menos) , está en parte cruzado, en parte rodeado por un horizonte
"' I bidem. (§ 38, p. 85, 19-~5) .

ª Ibídem. (§ 38, p. 85, 30-34). En la traducción española aparece la expresión "rea•
lidad en sentido estricto" donde en alemán dice Husserl "Realitat", que tiene el sentido
de lo real fáctico --que incluye a las vivencias no reducidas trascendentalmente.
" lbidtm. ( § 38, p. 86, 1-3).
"' !bid.,§ 44, p. 99 (§ 44, p. 100, 14-18).

65

m

�oscuramente consciente de realidad indeterminada". 66 Pero es debido, precisamente, al horizonte que cruza, al horizonte, dijéramos, interno, el que una

cosa en la percepción trascendente sólo pueda mostrarse imperfectamente.
Siempre habrá lados de la cosa efectivamente exhibidos, pero también otros
necesariamente no exhibidos. Por grande que sea el número de percepciones
actuales en el que se vaya exhibiendo la cosa y, por ende, determinando, siempre
quedará por principio un horizonte de indetenninación.G8 Quiere decir es~o
que dado que las cosas en la percepción de ellas se muestran sólo por medio
de apariencias que las van exhibiendo por lados, nunca se dan acabadamente.
Todas las apariencias exhiben a la cosa, pero ninguna es una apariencia absoluta de ella. Y esto que vale para el modo de darse de las cosas, vale también,
por esencia, para todo ser trascendente, de cualquier género que sea. 57 1:odo
ser trascendente se da por medio de apariencias, por medio de escorzos o manees.
Pero ninmn
ser trascendente se da como absoluto. En contraste con esto, en
o
la percepción inmanente se tiene siempre un absoluto. La percepción inmanente es aquella que se dirige a las propias vivencias. En el caso de un ser
trascendente, éste se escorza o matiza, se da por medio de apariencias. Una
nota de violín, por ejemplo, se da por medio de un matiz y en cambiantes
modos de aparecer. Pero una vivencia, en la percepción de ella, ni se escorza
ni se matiza ni se da por lados. Se da como un absoluto. La vivencia no se
exhibe: "Esto implica que la percepción de vivencias es un simple intuir
algo que se da (o puede darse) en la percepción como 'absoluto' " .Ga Si esto
sucede en general, puede entonces asentarse que también en el caso de la
percepción de vivencias valorantes se capta un absoluto. Cuando un acto de
reflexión se dirige a una vivencia valorante se dirige a algo que no se muestra,
ni puede mostrarse, por esencia, tan pronto de una manera tan pronto de otra.
Los dos modos de darse, el de lo trascendente y el de lo inmanente, conducen a Husserl a afirmar el carácter de existencia dubitable de los trascendente frente al carácter de existencia necesaria de lo inmanente. Esto lo pondremos en claro retrotrayéndonos al ejemplo de los actos o vivencias valorantes.
En el valorar una cosa, veíamos, estaba encerrada la aprehensión de la cosa.
Por otra parte, la mera cosa no era el pleno objeto intencional. Había, así,
que distinguir un doble cogito -el que no obstante, se presentaba como una
unidad- y también un doble objeto intencional. De esta suerte, al estar dirigida la conciencia al pleno objeto intencional "cosa valiosa" está dirigida
a una trascendencia, concedido que lo que se entiende por "cosa"es un ente
'"lbid., §
'" lbid., §
"lbidem.
• Ibidem.

66

27, p. 64 (§ 27, p. 58, 25-29).
44, p. 100 (§ 44, p. 101, 10-14).
(§ 44,p.101, 17-21).
(§ 44, p. 101, 31-34).

con una forma de ser distinta a la de las vivencias. En este sentido, la percepción trascendente que se dirige a tal objeto trascendente no garantiza necesariamente la existencia de éste. Tal existencia no está necesariamente asegurada. "Ley esencial es la que dice: la existencia de una cosa no es nunca
una existencia requerida como necesaria por su darse, sino siempre contingente
en cierta forma. Lo que quiere decir: siempre puede ser que el curso ulterior
de la experiencia fuerce a abandonar lo ya afirmado con derecho empírico.
Era, se dice después, mera ilusión, alucinación, un mero sueño coherente,
etc." 59 Ahora bien, la posibilidad de la no existencia del mundo es, simplemente, una posibilidad de principio, en el sentido de que siempre es concebible una
duda, lo cual no significa que haya motivo racional alguno que entre en juego
contra la fuerza de la experiencia coherente del mundo. 60 Sin embargo, jamás
queda excluida la posibilidad de la no existencia. Por otra parte, el mundo no
se reducía a ser un mundo de meras cosas, sino que era, igualmente, un mundo
de valores y un mundo práctico. Al no estar garantizada, así, de un modo
necesario la existencia del mundo, no está garantizada tampoco la existencia
de los momentos de valor que aparecen en él. Esto puede desprenderse con
relativa facilidad, aunque no sea expreso en el propio Husserl. Sobre todo, ya
que el _pleno o~jeto intencional "cosa valiosa" es trascendente, pues ni la mera
cosa m lo vahoso son, en modo alguno vivencias. Todo lo contrario sucede
con el do?le c~gito ~ue, entretejido en una unidad, se encuentra dirigido al
pl~no ob!eto mtenc1??al mencionado- cuando una reflexión lo toma por
obJeto. S1 la percepc10n trascendente no puede garantizar necesariamente su
objeto, absolutamente lo contrario sucede con la percepción inmanente. Ya
en el carácter mismo de dependencia, antes señalado, propio de los actos de
reflexión se puede observar esto. El acto de reflexión depende, en efecto, de
la verdadera existencia de la vivencia sobre la cual reflexiona. En el caso del
valorar, cuando la reflexión se dirige a tal vivencia aprehende un absoluto.
"Cuando la r~flexión se dirige a mi vivencia y la aprehende, aprehendo algo
que es_ ello llll~O ~n ~bsoluto y cuyo estar ahí no es, por principio, negable,
~ decir, la ev1denc1a mtelectual de que no esté ahí es, por principio, imposible; sería un contrasentido tener por posible que una vivencia así dada en
verdad no existiese". 61 Un reparo posible a esto sería pensar que la corri~nte
d_e las vivenc~as _se compusiera sólo de intuiciones fingidoras, esto es, de ficciones de cogitat~ones. Pero esta posibilidad de ningún modo destruye lo asentado acerca de la percepción inmanente. Si las vivencias son fingidoras, si la
conciencia es fingidora, ella o ellas mismas no son fingidas. En tanto que
•!bid.,§ 46, p. 106 (§ 46, p. 108, 8-17).
!bid.,§ 46, p. 107 (§ 46, p. 109, 19-29).
"!bid.,§ 46, p. 104s (§ 46, p. 106, 16-21).
co

67

�fingidoras pueden ser aprehendidas de un modo absoluto, que garantiza. su
existencia, por medio de un volverse reflexivo. En suma que toda per~epci6n
inmanente entraña por necesidad la existencia de su objeto; en cambio, por
principio esto no sucede en la percepción trascendente. Evidentemente que, con
esto Husserl descubre a la conciencia como la región del ser absoluto, ya que
sea 'io que fuere de la existencia del mundo y d~ toda trasc~dencia, la región
de la conciencia se presenta, a la mirada reflex:iva de ella m1~a, como .ª~~olutamente indubitable. Cuando se está dirigido a una cosa valiosa pembie_ndola la existencia de la cosa valiosa no queda por ello asegurada; en cambio,
si se' toma el percibir un percibir no la cosa valiosa, sino la vivencia valorante,
se aprehende en ello una existencia absoluta e indubitable. Igual para todo
tipo de vivencias.
La reUexión de la que se ha tratado ha sido entendida, hasta aquí, como
un acto que meramente refleja la vivencia a la que se dirige. Dich~ .en otros
términos, un acto de simple aprehensión de la vivencia a la que se di~~ge. Pero
los actos reflexivos pueden, en general, presentar una mayor compleJ1da~. De
la misma manera que en los actos de dirección trascendente sobre la sunple
conciencia de cosas pueden fundarse otras formas de conciencia que ' tomen
posición" con respecto a la cosa (Cfr. nota 4 2), en los ac1?s de dirección inmanente en los actos de reflexión, puede suceder lo mlSlilo. Un acto de
reflexión' puede perfectamente dirigirse a su objeto -vivencia- aprehendiéndolo exclusivamente. Pero también puede presentarse con una toma de
posición con respecto a la vivencia. En este caso, la reflexión no es un acto
simple: "toda cogitatio puede convertirse en objeto de la llamada 'percepción
interna', y ulteriormente en objeto de una valoración reflexiva, de una aprobación, etc." 62 Es claro que la valoración reflexiva se dirigirá, en este c~so, a
un objeto intencional que no es una simple vivencia como objeto de silllple
aprehensión. Antes bien, se dicigirá a un pleno objeto intencional en el cual
tiene que aparecer, por otra parte, el objeto vivencia; pero, de tal suerte que
la mera vivencia y el pleno objeto intencional no coinciden. El pleno objeto
intencional será la vivencia valiosa, y no la simple vivencia. La toma de posición será así un acto fundado en el acto de reflexión aprehensora. La ex'
l
presión "ulteriormente" (in weiterer Folge), empleada por Husse~~, revela el
carácter de dependencia del acto fundado. En los actos de reflexion pueden,
en efecto, aparecer "actos en que tomamos posición fundados en los anteriores". 63 Pero como el acto en que se toma pasición -dijéramos, el valorantees un acto "fundado" por ello ha de requerir un previo acto sobre el cual se
funde: el de la reflexión que se dirige a la vivencia aprehendiéndola.
• /bid.,§ 38, p. 85 (§ 38, p. 84s, 35-2).
ª /bid., § 38, p. 86 (§38, p. 85, 10-11).

68

Husserl habla de un percibir los actos, en general, por medio de la reflexión. Ello implica que los actos de cualquier tipo pueden llegar a ser objetos intencionales de los reflexivos. En esto, con respecto a los actos valorantes, entraña eJ que una valoración reflexiva estuviera dirigida a un acto
de valoración él mismo. Pero Husserl no se ocupa, expresamente, del análisis
de estas situaciones más complicadas.
Con Jas consideraciones que se acaban de exponer, llevadas a cabo por
Husserl, se accede a la idea de que el ser de la conciencia es independiente
de la existencia de un mundo y, en general, de la existencia de cualquier tipo
de trascendencias. La tesis natural sostiene que el mundo es existente por sí
mismo. Esta tesis no se niega, esto es, no es sostenida su contraria. Simplemente
se pone fuera de juego, entre paréntesis. Quien pone fuera de juego, quien
coloca entre paréntesis, concebido como hombre, como realidad humana en
sentido estricto queda, él mismo, fuera de juego, colocado entre paréntesis. Y,
sin embargo, siempre quedará la región del ser absoluto de la conciencia,
queda la conciencia pura en su absoluto ser propio. Este es el campo propio
de la fenomenología. "En otras palabras: en lugar de llevar a cabo de un
modo ingenuo los actos inherentes a la conciencia constituyente de la naturaleza, con sus tesis trascendentes, y de dejarnos determinar a tesis trascendentes siempre nuevas por las motivaciones implícitas en esos actos -ponemos
todas esas tesis 'fuera de juego', no las hacemos con lo demás; dirigimos la
mirada de nuestra aprehensión e indagación teórica a la conciencia pura en su
absóluto ser propio. Así, pues, esto es lo que queda como el 'residuo fenomenológico' buscado, lo que queda a pesar de que hemos 'desconectado' el mundo
entero con todas sw cosas, seres vivos, hombres, comprendidos nosotros mismos". u Esta región, la de la conciencia pura, será el campo en donde se
desarrollará la descripción de las ideas axiológicas una vez llevadas a cabo
las dos reducciones: la trascendental y la eidética. Lo hasta aquí expuesto,
apuntamos, surgió de una reducción eidética, meramente, que efocó a los
fenómenos de la conciencia considerando a ésta como una realidad en sentido estricto.

•• l bid .• §. 50, p. 1 t 5 ( § 50, p. 11 Bs, 23-1 ) .

69

�LA EXPERIENCIA IN-SISTENCIAL COMO FUNDAMENTO
ORIGINARIO DE LA EXPERIENCIA DE LA PERSONA
Y DE SU ENCUENTRO CON EL SER

DR. lsMAEL Qun.Es
U nivenidad del Salvador
Buenos Aires, Argentina.

•

EL PROBLEMA DE LA PERSONA es uno de los que la metafísica contemporánea
ha vuelto a reencontrar y al que ha dedicado, puede decirse, particular atención. Dentro de la investigación sobre la esencia originaria del hombre que
venimos realizando, y dada nuestra preferencia por la dignidad del hombre
como persona, no podíamos menos de estudiar la relación interna entre la persona y la esencia originaria del hombre como in-sistencia.
Hemos estudiado, por así decirlo, separadamente el problema de la persona
y la realidad in-sistencial del hombre. El presente trabajo es el primer intento
de un cotejo entre el hombre como persona y el hombre como in-sistencia.
No intentamos aquí sino un primer esbozo, pero tal vez él pueda mostrar cuál
es la relación esencial que nos parece descubrir. El tema es para nosotros de
tanta importancia que esperamos dedicarle ulterior atención, en cuanto nos
sea posible.

Pero tal vez este adelanto sea de utilidad. Por eso lo ofrecemos ya a la consideración de los estudioso~. En la primera parte volvemos a trazar las líneas
generales de nuestra perspectiva in-sistencíal del hombre, con relación especial
al mismo como persona. En la segunda, trataremos de prolongar nuestra investigación hacia el encuentro con el ser, a través del núcleo esencial de la
persona, que es la in-sistencia. 1
1 Nuestros trabajos anteriores máli importantes de los cuales el presente es continuaci6n,
son los sigui en tes :
-La perrnna humana (Fundamentos psicológicos y metafísicos y aplicaciones sociales),
2a. Ed. Espasa Calpe, Argentina, Bs. Aires--México, 1952.
-Más allá del existencialismo (Filosofía in-sistcncial), Ed. Miracle, Barcelona, 1958.

71

�Deseamos mostrar cómo en la experiencia de la realidad más originaria del
hombre, que hemos denominado in-sistencia, se halla el fundamento originario
de la experiencia del hombre, como persona, y de su encuentro con el ser.
Siendo la experiencia in-sistencial el núcleo primero y fundamental de la experiencia característica de la persona, y, a su vez, estando la experien~ia ~e
la persona estrechamente unida a la experiencia del ser, resulta la expenenc1a
in-sistencial el punto de convergencia más profundo y originario de la persona
y del ser.

J. LA IN-SISTENCIA COMO NÚCLEO ORlGfNARIO

DE LA

PERSONA

LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA encontramos muy variadas respuestas a la
pregunta más urgente y más angustiosa de la filosofía, es decir, qué es el hombre. El hombre ha sido considerado como materia, como vida, como conciencia, como razón, como espíritu, como libertad, como existencia. Si atendemos
a las definiciones del hombre, que han surgido de las diversas concepciones
filosóficas apoyadas en las respuestas que acabamos de señalar, y otras que
podrían agregarse, veremos que todas ellas se fundan y se e.xpresan en categ~rías o conceptos categoria]es complejos, que presuponen otros elementos mas
simples, especialmente las realidades de experiencia en que los conceptos Y_ª
elaborados se apoyan. Evidentemente que la definición del hombre como ammal racional, o "libre", o "moral", o "político", o "religioso", o "técnico",
etc., etc., presupone el principio de dónde esos atributos o propiedades se le
pueden aplicar al hombre. Es decir, todas ellas se apoyan, en re.alidad, en una
especie de principio óntico del cual surgen las definiciones "conceptuales", Y
ese principio óntico debe ser, de alguna manera, captado y vivido previamente
por el filósofo.
Más aún la misma definición del hombre como persona, nos presenta una
'
realidad compleja,
sin contar que el término mismo "persona", está cargado
de una estructura conceptual y esquemática, cuya elaboración ha costado siglos
y trabajo, que revela fácilmente no ser el concepto integral de persona lo que
corresponde a la primera, fundamental y originaria experiencia de la realidad
del hombre.
En una palabra, hemos recibido la impresión, a través de nuestras reflexiones
sobre el problema, de que la compleja experiencia que tenemos del hombre
y que tratamos de esquematizar a través de una serie de conceptos y definí-

EN

- Tres lecciones de metafísica in-sistencial, Ed. Balmes, Barcelona, 1961.
-Das Wesen des .Menschen, "Scholastick" (Francfurt aro Main), junio 1961.

ciones, más o menos complejos, se funda en una experiencia más íntima y más
simple, reveladora de la esencia más originaria y primera del hombre, la cual
se nos presenta como el punto de apoyo de todas las demás realidades que
experimentamos en el hombre mismo. Nos preguntamos, pues, no ya por la
esencia del hombre, ni por su definición, tal como en general se la concibe,
sino por aquel principio primero, aquel constitutivo óntico más simple del
hombre que, al parecer, se halla en la base de toda la realidad humana. Algo
así como los presocráticos, después de haber contemplado la diversidad de los
entes mundanos, se preguntaban por el principio originario de todos ellos, es
decir, por el principio simplemente, arché. Podríamos también hablar, si no
pareciera una expresión rebuscada, por la esencia de la esencia del hombre,
y, consiguientemente, por la esencia de la esencia de la persona.
Ahora bien, este primer principio, originario y fundamental, este núcleo
central o "qué" nuclear del hombre, lo vemos nosotros a través de una experiencia, la cual, a nuestro parecer, es la base de todas las experiencias humanas, y la hemos llamado, experiencia "in-sistencial", porque a través de ella
se nos revela la realidad primera del hombre con una manera de ser propia
que no hemos sabido designar mejor que con el término "insistencia".
Buscando este último fundamento de la realidad del hombre, después de
haber analizado sus últimas estructuras ónticas en su más elevada y característica expre ión, la "persona", hemos recogido la tradición, casi diríamos
unánime, de la filosofía, al señalar como característica del hombre la inte.
'
rioridad. La realidad fundamental del hombre no la vamos a encontrar "hacia
fuera", sino "hacia dentro" del hombre: precisamente cuanto más se recoge
hacia sí, hacia su interior, tanto más se conoce y se encuentra a sí mismo,
· tanto más es uno mismo, y simplemente "uno". Y bien sabemos que la característica esencial de la persona se reduce a la unidad: unidad en el ser, unidad
en el conocer, y unidad en el obrar; porque decir unidad es significar autonomía; autonomía en el ser, autonomía en el conocer y autonomía en el obrar.
Ahora bien, esta unidad máxima y esta autonomía máxima consisten y se revelan precisamente en el regreso del hombre hacia sí mismo, en esta autoposesión
de sí mismo, cumplida en el acto de máxima interiorización y reco2'i.
o
InJento sobre sí.
Esta propiedad específica y característica del hombre por la cual, en cuanto
persona, se distingue de todos los demás seres mundanos, y se distingue en su
raíz misma del ser, este interiorizarse en sí mismo o ser interior a sí mismo o
'
estar-en-sí, ( in-se-esse o in-se-sis ter e), es lo que hemos denominado "insistencia",
dando al verbo latino in-sistere el acento de interioridad que le corresponde,
según el significado primitivo etimológico. Por esta peculiaridad del hombre
él es, por así decirlo, "sí-mismo-en-sí-mismo". Y si la analizamos todavía más

72

73

�detenidamente veremos que ella tiene un doble aspecto: de presencia y de ser;
presencia de sí a sí, y ser de sí en sí: este doble aspecto nos revela la doble
faz de la "insistencia" como realidad del hombre: in-sistencia es presencia,
experiencia y verdad; pero al mismo tiempo in-sistencia es ser, realidad, onticidad propia del hombre, antecedente a todo modo de presencia, patencia y
verdad. La patencia, la verdad y la presencia nos revelan el ser del hombre
que podemos denominar "ser-de-sí-en-sí".
Esta realidad, a la cual acabamos de apuntar y que hemos designado con el
término "in-sistencia", es, a nuestro parecer, el momento más simple, originario y primitivo, del ser del hombre, en el cual están contenidos y apoyados
todos los demás momentos y manifestaciones de su realidad. Si analizamos la
estructura de la persona, veremos que se reduce en último término a esta primera y simplicísima expresi6n del ser del hombre, ya que en ella aparecen
Las características de unidad perfecta y de autonomía perfecta, del "ser-en-sí",
que expresa la esencia óntica de la persona. Por eso creemos que esta realidad
in-sistencial, es el principio primero o arché de toda la realidad del hombre y
de la persona en particular.
Podríamos señalar ahora cómo esta simple y originaria realidad in-sistencial
se halla presupuesta en todas las demás definiciones o descripciones y en todos
los demás atributos del hombre. Si el hombre es vida, conciencia, razón y espíritu, si el hombre es un ser libre, moral, político y religioso, si el hombre es un.
ser capaz de técnica y de conducta, todo ello se funda en que es in-sistencia,
es decir, en que tiene esa realidad 6ntica simplicísima que es capaz de recogerse toda en sí misma, con una vuelta completa (reditio completa) como
dirían los neo-platónicos. Por eso ella es, a nuestro parecer, la estructura
primaria, y hemos tratado, en otra oportunidad, de mostrar c6mo en ella se
fundan todas las demás, como en el principio en que se apoyan y de donde se
explican.
Tratemos solamente de comparar una de las propiedades que más f ácilmente se prestan a confundirla con la insistencia o interioridad propiamente tal:
la conciencia. Conciencia es, sin duda, interioridad; viene de cum-scientia,.
un conocimiento tal que siempre lleva anexo, juntamente ( cum) el conocimiento del sujeto que conoce, el conocimiento de sí mismo el autoconocimiento. Pero la conciencia, en cuanto tal, es una relación al saber, y al conocer, y
lo que aquí buscamos es el ser del hombre, no un saber sino un ser, y este ser
lo hallamos en la interioridad, en esta vuelta sobre sí mismo que, por ser tan
perfecta, resulta un saber. A nuestro parecer, la vuelta ontol6gica es la que
da lugar al saber; la transparencia óntica es la que da lugar a la conciencia.
Por eso colocamos la in-sistencia en un plano 6ntico, anterior a la conciencia
misma. Si con-ciencia es saber-se, in-sistencia es ser-se, ser sí mismo, ser en

74

sí mismo
' en la conc1enc1a,
. . y en un t di
. . y aquí más t0d avia
.
conciencia misma, es donde hallaremos la raíz rimer
es a o previo a la
Por~ue es~e ser-se o in-sistencia es, precisamen~e, la :rx::l :~:dp:rsi°na.
co~s1go mismo y la máxima autonomía del ser en sí mismo
e ser
ongen de la autonomía en el conocer (
.. .
' que es a la vez
obrar (libertad).
concieneta) y de la autonomía en el
m!:~:endo ~u~str~ son~eo sobre la surgente esencial de la persona, podeque a m-s1stenc1a se nos presenta como la arché o . . .
.
mero del sí en sí mismo ' es una expenenc1a
. . pnme
.
pnnc1p10
pn· · •
para todas las demás e&gt;..-periencias. más ,
ra y ong1~ana presupuesta
rienda trascendental
.
l '
aun, podemos denommarla una expeno sólo en la base
~::~~~:
sentddodde que e~t~ experiencia se halla
. .
'
a rea 1 a y expres1on de todas I d ,
expenenc1as, presente en todas ellas El
.
as emas
hace otra
.
.
yo en su senbdo más originario no
cosa que refleJar esta experiencia primitiva del h b
'
se halla presente en todo conocimiento y en toda acci,
: . re, y el yo
mana, o de la persona Toda otra
. .
on espe icamente hupresente y fundante. d~ mod
exp;nencia la presupone y la incluye cose trata de una
' . . o que po emos, con toda realidad, afirmar que
. .
expenenc1a fundante y copresente de todas las d ,
nenc1as personales.
emas expe-

si:o

;!

:

.
.El. núcleo
. d originario de la p ersona es, pues, la m-sistencia.
y la rev·elac1'o'n
ongmana e la persona es la expe nenc1a
· · m-s1Stenc1al.
· •
.
'
Tenemos así que la in-sistencia es:
a) La primera experiencia o el primer conocimie t
todas las demás experiencias y conocimientos.
n o del hombre, base de

'
b) La primera realidad del hombre
se apoya todo el hombre.
,

O

la

.
.
pnmera realidad óntica en que

'
e) .finalmente,
la in-sistencia es tamb'1en
, el 011gen
.
.
y el

experiencia metafísica del hombre es d .

de la persona con el ser o l

este último punto constituir:

II. LA

gun

d

. un amento e la
ec1r, que ella constituye el encuentro

~:: tura~e
,

f d

la persona al ser. La d~laraci6n de
parte de nuestra comurucación.

IN·SISTENCIA COMO EXPERIENCIA DEL SER A TRAVE' S DE LA PERSONA

LA

IN-srsTENCIA, como ser y como e
. .
a la realidad y la experiencia orioin . xpderl1ehnc1a corresponde respectivamente
,
o- ana e ombre prec ·s
,
mas fundamental de "persona" p
.l . .
'.
1 amente en su nucleo
vuelta sobre sí mism
. ero, Sl a m-s1stenc1a como interioridad, como
o, es, ante todo, personal, es decir, consti·.,rh
........va d e Ia per-

75

�':5

sona, ello significa que, por esencia
i~diui~ual, conc~eta~ i~.~om_imica~l~;
Toda in- istencia es persona y no hay m-sistencia o experiencia 1n-si tenc1al
sin experiencia "personal". En consecuencia la in-sistencia es, ante todo, experiencia individual; porque es individual el sujeto y el objeto de la experiencia. La persona es Jo más individuo, pero, al fin, un individuo concreto,
es decir, un ente. Por supuesto se trata de un enle privilegiado, porqu puede
volverse totalmente sobre sí mismo y afirmarse en sí mismo, in-sistir, cosa que
no todos los entes pueden realizar.
Pero la insistencia nos muestra al ente d una manera "especial"; no al
ente como quiera, sino al ente insertado en un "orden 6ntico", orden que
trasciende y d borda al ente concreto. Y porque lo hallamos insertado en ese
orden óntico o real decimos que el ente es. Del ente afirmamos, por la e.xpcriencia in-sistencial, que es una r alidad. La comprobación de e ta afinnación
nos resulta tan inmediata y tan firme, tan ineludible, precisamente porque la
· d e si' a s1' 1 es " patenc1a
· " de 51' a si' y " verd ad" de
in-sistencia es "presencia"
sí a sí; por lo mismo, al "afinnat'' que el ente es, no hacemos apenas sino trasponer en un eco la realidad inmediata "experimentada".
Pero en esta expresión i.nterior de nuestra experiencia por la que afirmamos "el ente es'', nos hallamos en contacto con la realidad en cuanto tal.
Decir "el ente es", es lo mismo que decir, "el ente es ser", es real, está en
lo real. Y aquí entramos a descubrir un lemento que estaba ya patente desde
el principio en nuestra misma experiencia in-sistcncial, en la que afirmábamos
el ente e . Porque en esta misma afirmación y en la experiencia que le corresponde y en la realidad captada en esta experiencia, se haUa un elemento
que desborda la realidad propia de nuestro ente. Porque al decir "el ente es",
o "el ente es real", lo sumergimos en un lcmento en cierta manera experimentado por el ente mismo, pero que desborda al ente y lo sustenta y lo funda.
Ahora bien el ser, en cuanto ser, no es otra cosa que ese elemento desbordante
y a la vez sustentante y !undante del ente. El ser no es el ente, la realidad no
es el ente, sino que está más allá del ente. fás bien el ente es "la" realidad
y está en "la" realidad. Esta observación o análisis de nuestra experiencia nos
muestra en ella dos elementos: lo estrictamente subjetivo, concreto e individual, y lo trascendente y desbordante que es precisamente la realidad, el ser.
De esta manera, en la experiencia personal más íntima, es decir en la experiencia in-sistencial, hallamos la diferencia entre el ente y el ser, diferencia
que puede denominarse la diferencia ontológica, o la di/ erencia metafísica. Porque por ella descubrimos y afirmamos algo más que el ente puro, al descubrir
y afirmar también el ser que trasciende el ente.
Y en esta trascendencia hallamos así mismo el sentido del ente. Porque por
hallarse fundado el ente en el ser, todo el sentido del ente depende del sentido

del ser mismo, pero en todo caso del ente en cuanto vinculado al ser, lo ha-

ll~~ ~bién e~ la experiencia personal in- istencial. Será objeto de una
dtluctdaet6n uJtenor el sentido del ser en cuanto tal, del ser en cuanto ser lo
que d cidirá en última instancia el sentido del ente. Nosotros no pode~os
ahora detenernos en esta ulterior dilucidación, y remitimos a los lectores a
otros trabajos nuestros.
Deseamos solamente aclarar aquí este aspecto del contacto con el ser en
cuanto r~ realizado en la experiencia in-sistenciaJ propia del hombre como
perso~a. S1 aten~emos a es~ ~periencia, veremos que en ella se cumplen dos
estad1os, que la integran urutanamente, inseparables entre sí.
El descubrimiento de esta diferencia ontológica o distinci6n entre el ser y
el ente nos hace al ser patente a nosotros. Ante la experiencia insi tencial se
halla p_resente e1 ser. Esta experiencia ontológica es más bien pasiva que activa
la sufnmos en su primero e inevitable choque y no la podemos evitar. Tod~
hombre, toda persona, por su experiencia in-sistencial recibe el choque del ser
como un ac_to de presencia del mismo y no una presencia pasiva, sino pene~
~ant~ Y_ ac~va. ~ el choque metafísico, percibido necesariamente en la exper~enc1a_ m-sistenoaJ. Por este choque o impacto del ser en eJ seno de ]a ins~~encia, el hombre _es, por esencia, un ente metafisico, tiene Ja pasión metaf wca y no puede deJar de hacer metafísica.
Más aún, en e~e choque o experiencia encontramos el origen primero y
el ~undament~ pnmero de la metafís.ica como tal, e decir, como "saber del
ser · Por lo mismo, creemos que el hombre, al hacer metafísica, lo hace sobre
Wl I~damento real, el de la experiencia del ser. Todo el trabajo de la filosofla
deber~ . conc('Jltrarse en la dilucidación de esta experiencia originaria de ]a
metafísica
·
· contradecirse a
, .
, . pero
. no puede m· negarla, m· d esnaturalizarla,
sm
SJ m.tsmo, sm ir c~ntra una experiencia inmediata y presente y, por tanto, siempre renovada y siempre volviendo a plantear el interrogante de la metafísica
aun cuando sea negada.
'
Ante esta experiencia o choque, más bien pasivo, que tiende a provocar y
que_ de hc~ho prov~a en nosotros la pregunta por el ser (pregunta que no
hartamos SI no tuv1eramos ya en alguna manera presente el ser por el que
pregu~~os) 1 ante esta experiencia o choque del ser corresponde Ja "respuesta que la persona dará al ser.

.ºº

·
"
. Eta"
_s
~espuesta
es otra cosa que la segunda etapa de la experiencia
m-sistenciaJ, es d~a.r, la "afirmación ontológica": el ser es. Porque, ante el
choq~e. o pres~nc1_a del_ ser que se nos hace patente y nos dirige la pregunta
metaf1Sica, la m-s1Stenc1a, o el ente privilegiado que es la persona debe res. d"
.
pond
er. . reconoc1en
o esa reahdad
presente o patente del ser en' eJ ente
dando lugar a la "afirmación ontol6gica". Esta afirmación ontol6gica es

J

77
76

�con el ser; el dinamismo de la inteligencia ha dado lugar a fecundos análisis
para mostrar cómo se abre el camino a la trascendencia a través de la inteligencia y la idea; la filosofía escolástica tradicional ha tenido también su
propia vía hacia la trascendencia, predominantemente en un proceso abstractivo. Por nuestra parte creemos que en realidad es múltiple el camino de
acceso al ser, y que todas estas vías tienen una legitimidad fundamental. Pero
creemos que todas ellas se apoyan en una superestructura o en un presupuesto
básico, en una especie de cabeza de puente, que es lo que hemos denominado
esta primer~, simple y otiginaria experiencia del núcleo de la persona, en la
cual se realtza también la apertura a la diferencia ontológica, y por tanto, la
afirmación ontológica. Si analizamos cualquiera de estas vías de acceso al
ser, la libertad o la inteligencia, la existencia o la moralidad, la abstracción
o la experiencia religiosa, veremos que en todas ellas está presupuesto ontoló~camente y gnoseo16gicamcnte esta experiencia originaria y primera del
nuclco central de la persona, que hemos denominado in- i tencial. En todas
ellas se ~lla presente la presencia de sí a sí mismo y el ser de sí a sí mismo, y
sólo en nrtud de esa presencia aquéllas adquieren su fundamento. Lo que
sucede es que estas vías no on ino di\'ersos "modos" de actuar la realidad
in-sistenciaJ, porque la presencia de sí a sí y el ser de sí en sí se hacen patentes
tanto en la conciencia moral, como en la experiencia de la libertad: tanto en
el dinamismo ~e Ja inteligencia como en el de la experiencia religi~sa, tanto
en la ab tracoon como en la existencia. Por e o no hallamo como hemos
indicado anteriormente, ante la apertura trascendental al ser, ;n cuanto que
se halla en todos los otros modos concretos de comunicación con el ser. Si no
fuera porque el término es demasiado gastado diríamos que la in•si tencia
como núcleo óntico de la persona y su experiencia, son la condición a priori
implícita y presente de todo encuentro con el ser.

primer principio de la metafísica, no sólo porque contiene en germen toda la
metaf1Sica, sino porque es el que primero fonnulamo , no en fonna explícita,
sino en forma vivida ante el ser.
A la "e.xperiencia ontológica" corresponde la "afinnación onto16gica". Y una
y otra no son más que dos aspectos de la "experiencia total de ]a persona" o
"in-sistcncia", en la cual descubrimos el núcleo de la persona, y del ser.
De esta manera, la experiencia in-sistencial es no 610 fundamento originario de la persona, sino que en ella y por ella llegamos al encuentro con el ser.
e nos dirá, tal vez, que hemos estrechado excesivamente el campo de la
experiencia in-sistencial hacia la interioridad del hombre y que corremos el
peligro de un extremo subjetivismo. Pero, ni la in-sistcncia aut 'ntica, ni la
persona, pueden ser encerradas en la subjetividad pura. Para ello bastará que
tengamo presente que la experiencia in-sistencial. punto de partida de toda
otra experiencia y saber no se realiza nunca aislada de otras experiencias, de
los entes mundanos y de las otras personas, sino que precisamente se cumple
en función de ese otro conjunto de experiencias que versan sobre ente trascendentes. o es posible la vuelta del hombre sobre sí mismo la patencia de
sí a sí, que nos revela el ser de sí n sí sino en conexión, o-posición, contraposición e influjo mutuo de otras in-sistencias y de otros entes mundanales.
Sólo frente a esa "alteridad" es po ible reconocer la "mismidad" que permite
la presencia de sí a sí. ln-sistencia se opone por su ser y su experiencia a
"lo otro", a lo "ex-sis tente". Se opone a ello y lo supone. o se constituye
sino frente a lo otro, ni se experimenta en sí sino frente a lo otro. Por eso la
afirmación in-sistencial está precisamente afirmando a la vez la trascendencia
de los otros entes, sin la cual trascendencia no serla posible la pro~ in-si tencia.
Y como en relación con Ja persona hemos vi to que la in.sistencia es la pri•
mera experiencia y la primera realidad del hombre, primera por s r originaria
y por estar incluida y copresente en todas las demás experiencias del hombre,
la in-sistencia es la apertura originaria al ser y también la apertura trascendental y universal, porque en todas las demás experiencias y afinnacione metafísicas se halla presente esta experiencia original o apertura originaria del

. ~os o~serv~iones finales. La primera es que de ser e to así la rperiencia
m:s~ten~al ~na el fundamento de la metafisica, y, por tanto, de la problemattca filosófica en general. El núcleo ori{J]nario del yo se halla en relacio' n
, .
o
mtuna con todos los otros problemas. de la metafísica. A tra és de la dilucidación de la in- istencia podrían también iluminarse el problema del cosmos,
el problema del prójimo, el del Absoluto, el de la historia, como esencia del
hombre. Los fundamentos de la gnoseología coinciden, en este punto, con los
f~nd~me~t~s d~ 1~ m~tafís~ca y corren paralelos apoyados en la misma expe•
nenc1a ongmana m-s1stencral.
E~ segundo lugar, ob ervemos que hemos descubierto una especie de orde•
nam1cnto ontológico entre la in-sistencia y el ser. La e. periencia in-sistencial
es el núcleo de la persona, y, merced a este carácter "personal", ha sido posible
el encuentro con el ser. ln-sistencia es persona y persona es experiencia y

ser en el hombre.
Tratemos ahora de indicar cómo esta apertura al ser por la persona y
precisamente en ese núcleo in-sistencial, es la primera y la más originaria.
Efectivamente, la trascendencia del ser es reconocida en múltiples exp riencias
de cuya legitimidad no podemos dudar. La filosofía moderna, y especialmente
la contemporánea, se han ocupado de buscar las vías posibles de la trascendencia. Asi se han señalado, entre otras, la libertad, que tan inmediata relación
tiene con la persona; la existencia, íntimamente ligada a la libertad¡ la experiencid moral ha sido también señalada como la vía auténtica del encuentro

79

78

•

�autonomía ontológica o del ser. Pero, en realidad, este es el p~~- por así
decirlo inverso; el proceso directo es otro. No es el ser la culmmac1on de la
persona y de la insistencia, sino al revés, la in-sistencia Y la perso~a son la
culminación del ser. El ser en cuanto tal tiende a realizarse y a culmmar en la
persona O en la in-sistencia, donde adquiere la máxima unidad concreta, que
parece ser la meta del ser.
Finalmente, quedaría una interrogante que ahora sólo proponemos y del
que en otra oportunidad nos hemos ocupado, per~ que, tratándose de las
relaciones entre la persona y el ser, no podemos deJar, al menos: de_ c~nst_atarlo. Henios descubierto el ser a través de la persona, en la expenencia m-~1stencial. Pero ¿estamos aquí ante una persona que se encuentra con el ser impersonal, 0 más bien se trata de un encuentro en~ p~rs~na_ y pe'.sona? Este
ser, en cuanto ser que se nos presenta en la e~eneno~ m-si~tencml, ¿ ~ce
del atributo de la personalidad? En tal caso ¿ como sena posible la act1V1dad
más característica de la persona frente al ser que es e1 "cliá'l ogo"?• Porque_ s1. el
ser que la persona descubre no participa en alguna manera de la personalidad,
y por ende no es un "tú'', ¿ cómo la persona puede pasar a su acto característico que es el "diálogo., o la "comunicación" con otra persona? Nosotros
creemos que la experiencia metafísica nos descubre al ser en cuanto ser en
una doble función O aspecto: el ser en cuanto ser concreto como fundamento
constitutivo de los entes, y el ser en cuanto ser subsistente en cuanto que es
origen y fundamento (pero no constitutivo formal) del ser en cuanto ser concreto y de los entes. Este descubrimiento del ser como ~ersona, nos m~~tra
la vinculación suprema entre la persona y el ser y confmna que la ma,oma
realización del ser se halla en la persona. El ser en su grado supremo de perfección ontológica es persona; y cuando esa perfección ontológica adquiere
un carácter Absoluto y omnímodo es la Persona Absoluta. Hasta tal punto se
hallan íntimamente enlazados la persona y el ser, y hasta tal punto, para el
hombre, el núcleo de relaciones entre la persona y el ser se halla en su experiencia originaria, es decir, la experiencia in-sistencial.

SOBRE EL CAOS, EL COMIENZO DEL MUNDO
Y EL INICIO DEL FILOSOFAR
JuAN DAVID GARCÍA BAcCA
Universidad Central de Venezuela.

"La verdad es que el Caos . .. no
existe más que en nuestra cabeza, Allf
lo hemos hecho nosotros -bien trabajosamente- J,or nuestro a/d.n inmoderado, propio de viejos dómines
-é qué otra cosa somos?- de ordenar antes de traducir".
ANTONIO MACHADO.

HACE BUEN TIEMPO, hace mal tiempo, hace calor, hace frío ... Lo primerísimo
que hizo en el mundo fue Caos. Panton men prótista Xaos géneto ... Tal es el
parte metereológico de Hesíodo. Hizo Caos, allá al comienzo de los comienzos
del mundo. Mas la frase griega panton pr6tista pudiera decirnos tanto que
Caos es lo primario de lo primario como lo primero de lo primero. De lo
primario se llega a lo secundario o derivado, por decadencia; de lo primero
se pasa a lo segundo, a lo tercero ... ; y se crece, como en la sucesión numérica, hacia lo infinito. De lo primero hay que salir cuanto antes; de lo primario, lo más tarde y lo menos posible. Parece que, para Hesíodo, el Caos fue
lo primero de Jo primero, lo primerísimo de que había que partir lo antes
posible, para llegar, autar épeita, inmediatamente después, a la Tierra, sede
de todos, la siempre segura, la de anchas espaldas.
El Génesis no discrepa gran cosa del informe cosmogónico de Hesíodo.
Claro que, si traducimos el versículo primero por In principio creavit Deus
coelum et terram, las diferencias resaltan tanto tanto que deslumbran, y no dejan percibir las semejanzas. De Hizo Caos a Dios creó Cielos y Tierra hay
mucha más distancia que entre Hacía tiempo lluvioso y Un avión del Ministerio de Agricultura y Cría bombarde6 las nubes con . .. , y la gravedad terres-

81

80
H6

'

�tre hizo caer según ley matemática eso que el vulgo llama lluvia. Una vez
llueve; otra, Dios llovió . ..
Pero traducir no es se traduce, sino yo traduzco, sea un yo individual el que,
por su cuenta traduce, o un yo encargado de traducir por órdenes por un Y O,
mayúsculo como una Iglesia, la de Roma o la de Inglaterra.
Total que no salimos de yo, con o sin altavoces, con radiodifusión oficial o
con un hilito de voz..
Las Aguas, tierra desierta, yerma, tinieblas, abismo, viento; y una voz
que pide Hágase luz. Caos inicial. Lo difícil va a ser, como decía Machado,
persuadirnos de que tal estado de Caos exista algo más que en nuestras cabezas de arios o semitas, y de que no provenga de ese afán inmoderado de viejos dómines: ordenar antes de traducir. Y si no ha habido Caos, ni tiene sentido Caos sino porque nos proponemos orden.ar con el ramplón criterio gramatical y lógico de maestritos de latín ante un texto clásico, no habrá por qué
pidamos un Pios que haga de gran Dómine que nos enseñe cómo ordenó el
Caos del mundo, y lo primero de lo primero nos haga entender que el mundo
estaba en Caos.

Humano capiti cervicem pictor equinam
lungere si vellet . ..
nos descubría, creyendo hacer luz, el orde n 1'ogico:
.

Si u11 pintor quisiera unir cerviz equi?ia con cabeza humana. . .
Transparencia de lógica en palabras, frente al caos lógico y verbal de

ª

~um_ana _c~beza cerviz pintor equina
si quiswra. ..

unir

j qué de aq ue llos trasu dores para ordenar, antes de traducir, aquello
deYLucrecio:

Jamq_ue ~aput quassans gravis suspirat arator
Crebius mcassum magnum cecidisse laborem!

I
Cos1,1000NÍAS

maleducaron
-y de las que porque D ios
• es grande, o Alá es Alá, nos libramos
. . :-1• sed quiedaba tan orondo cuando ante el pretendido Caos de los versos
1mc1a es e a Epi.tola ad Pisones:

DE VIEJOS D6MINES

Pasos de peregrino son errante
Cuantas me dictó versos dulce musa, . •.

Caos gongorino
El D6mine nos lo hará entender ordenando lógicamente, según gramática
dirigida por ramplona lógica clásica:

Los versos que musa dulce me dictó son pasos de peregrino errante . ..

Quien no vea aquí sino caos ló ·co e
verbo, predicado; sujeto, ad jerivotatrib~t::~ :e: ve cosmos_ estético. Su jeto,
biales; complemento directo . ~
. '
bo, adverbios, frases adverd
1
' m
cto. . . . todo eso el Gran Cosmos L, .
e pa abras con función de descubrir 1 1' .
'
og1co,
función apofántica, Dios se lo ha a er~o::::ca -a lo que llamó Aristóteles
sutil manera el Cosmos estético. y p
o-, destruye de poderosamente
¿ quién
, Cosmos logico
, . que Cosmos estético?
yY
sobre
todo·nos·qhaé dicho q ue va¡e mas

. t u razones que no sean eti . , d
. . .
en el principio de los princ ~ .
d
p ~ion e pnnc1p10, pues estamos
ferencia inicial?
tp10s, pue en aducirse para fundamentar tal pre-

Pero 1no corramos' que fas argumen tacmnes
.
l'og1cas
.
E
son agua cuesta abajo

e;:

O más fielmente, con fi&lt;lelidad lógica perruna:
Cuantos versos me dictó musa dulce son pasos de peregrino errante. Y ese
sutil, delicioso, artístico saltarse la condenada 16gica -de que hablaba Unamuno y practicó Góngora-, habrá desaparecido a manos de la lógica. Y
nos hallaremos ante otro Caos; mundo árido, desierto, sin estrellas, sin luz;
y con una voz clamando desesperadamente: Hágase luz, Hágase fuego: Há-

la ~e~~:inf~:ia
:::edios mate°:áticos actuales, es posible transcribir
de 1
, .
oven en un s1Stema de ecuaciones diferenciales las
a acustlca, dando a las variables a l
di .
, .
'
convenientes; sacarle su radi rafia'
as
c1ones en los limites valores
Wbitehead y de Russel, la ra:ografí;~;e~abca, y, por, obra y gracia de
es el Cosmos
.
.
,
gica pura. ¿ Que es el Caos y qué
fonía de Beetb:e~;e caso. la smfon1a de Beethoven o la lógica de la sin-

gase Poesía.
El Dómine de esas horrendas Retóricas y Poéticas en que nos educaron, o

El matemático y el J'ogico
· sa be n que los valores que es preciso dar
· entonces

82

c?~

83

�, ·
f' ul lógicas son arbia las variables de las ecuaciones matematlcas, y . onn as
•. '
, 'catrarios -unos entre millones, trillones ...- ; y que es matemabca y logii l
na casualidad que el resultado suene bien; tan casual como que, a
t
mene u
) (
b) _ (a2-bt) el reb af '
p oner en vez de a 2 y en vez de b 1 en ( a
.
val
de a y b el resultado uera un
sultado 3 sonará bien . y para otros
ores
,
el
' '
'
,
. ,
.
'a de las esferas c esdesaf ino. No otra cosa le paso a P1tagoras' y su armoru
,
tiales ha quedado, sin mayores cumplidos, desterrada de la astronooua ma-

+

temática.
·Quién es el dómine: Pitágoras o Newton?
, .
.
to peor de todo ese tejemaneje de dómines, gramat1cos o ~atemát1cos,
es la de ordenar antes de traducir; lo repeor de eso peor con~iste en qu~, ~n
d nado ya no se puede volver al cosmos sonoro, mus1c~l,_ de p~ a ras
vez or e ·
,
d
d d
1c10 activo de
.
b1en
sonan tes , de armonía de las esferas, e ver
. a a serv. ,
belleza --de que, con grandes pretensiones de mejorar, se parno.
Cuando a un Cosmos se lo declara Caos, no es nunca tal Cosmos el que
queda ordenado. Ese cosmos vuelve o va a la Nada; y el nuevo cosmos, e~
Cosmos, no es ya e
eosmos obtenido por ordenar el caos del pretendido
,
d l Nada o al
Cosmos de tal Caos, sino otra cosa que habra que sacar e .ª. .
,
. ,
ld á •
ás
del calumniado Cosmos-Caos 1mc1al.
menos que 1amas sa r sm m
boc
Gran sabiduría la de Machado -discreta, además, por pueS ta en
ª
·
do dee1'a· "Dios no se tomó el trabajo de hacer nada, porque
aJena-, cuan
·
.,
. ..
,
nada tenía que hacer antes de su creacwn defi~ttwa. L~ que paso sene, amente fue que Dios vio el Caos, lo encontró bien, y di10: ¡Te llamaremos

n:

:u

Mundo! Esto fue todo".
.
No hay Caos, asi en absoluto: El Caos. Ni Caos es Caos de un ~osmos, m
Cosmos es cosmos de un Caos. No hay más que Cosmos, para quien no sea

un dómine viejo -de siglos o de mente.
Sólo Dios es capaz de encontrar bien al_ Caos, verlo cu~l Cosmos qu~ es;
y notar que no hay que hacer sino cambiarle cuando mas de nombre. Te
llamaremos Mundo.
Tratemos de imitar a Dios.

II
COSMOGONÍAS DE DÓMINES JÓVENES

S1. en un momento cualquiera -y cualquiera es el presente-, le dieran
.. a
un matemático el número de partículas que hay en el universo, sus pos1c,1~nes
actuales y sus actuales cantidades de movimiento, más las leyes matemancas

84

( diferenciales) que rigen tal conjunto de partículas en un momento cualquiera -y éste lo es-, podría calcular, cuál teorema, dónde y con qué cantidad de movimiento se hallaron, hallan y hallarán dichas partículas desde
siempre y para siempre. Laplace, con discreción ejemplar, no dijo que él
podría hacer tal cálculo; lo encomendó a un espíritu, o supermatemático servido de un supercerebro electrónico, diríamos ahora, a poco más de un siglo
de la sentencia laplaciana.
Si semejante cálculo puede verificarse a partir de cualquier momento -hoy,
mañana, ayer, este segundo, el primer segundo del año 2002, o el centésimo
del 220022 ...-, y, desde él, hacia desde siempre y hacia para siempre,
viene Laplace a decirnos con el neutral lenguaje matemático que eso de inicio
y final del mundo no tienen sentido alguno; que Caos ni fue el inicio, ni será
el final. No hay d6mines en matemáticas que exijan a los discípulos ordenar
antes de traducir; el matemático imita, sin más requisitos que su ciencia, a
Dios: vio el Caos, lo encontró bien y dijo: Te llamaremos Mundo. El mundo
actual, con sus figuras bordadas en luz -decía un griego viejo, no dómine
aún, anterior al D6mine primero que fue Platón-, es tan Caos como lo fuera, de ser verdad, lo que otro griego, no dómine, Heráclito de Efeso, el Oscuro, afirmaba: el cosmos más bello no es sino un puñado de polvo echado
a voleo.
Nada de extraño que las denominaciones de Cosmos y Caos hayan desaparecido de la física matemática, después de haberse llevado el diablo las distinciones entre Cielo y Tierra, mundo sublunar y supralunar, y con ellas el
sentido a la una teológico y astronómico de Padre nuestro que estás en los
Cielos.
La nebulosa laplaciana es tan poco, tao poco caos, como lo es la atmósfera terrestre. Ni caos ni cosmos.
Los dómines jóvenes no enseñan a ordenar matemáticamente el universo;
sino a leerlo en el lenguaje en que está escrito: y, leído matemáticamente,
como matemáticamente está escrito y siendo, pierden todo sentido inicio y
final, creación y escatología.
Hacer que haya algo, es, para el matemático, tan sin sentido como hacer que
haya números, o hacer que el dos sea par o que el número pi sea transcendente. Dios no se tomó el trabajo de hacer nada en matemáticas, porque nada
tenía que hacer ni nada hay que hacer, ni siquiera hay que hacer que haya
algo.

No lo creyó así Napoleón, después de echar una mirada -bien somera
debió ser- , al Tratado de Mecánica celeste de Laplace; y entendió tan poco
de ella, y tan poquito de tantas cosas más, que le preguntó: ¿qué había
hecho de Dios en su tratado?

85

�A lo cual cuentan contestó discretamente Laplace: Señor, no he necesitado de ~ejante hipótesis. La respuesta brutal hubiera sido: Señor: _no
· hacen falta Napoleones ni para iniciar ni para continuar el curso matematlco
del mundo.
Y continúa sobrando semejante hipótesis en teoría de la Relatividad, en
sus múltiples cosmologías matemáticamente posibles. Nada de extraño que
para los grandes físicos y matemáticos sobren tantos otros Napoleoncetes, en
tantos y tantos terrenos, acostumbradQs como están a no tropezárselos en
matemáticas.
No hay sistemas de referencia privilegiados; no hay punto ~el _e~pacio predestinado a lugar de nacimiento del mundo. A la pregunta le1bD1Z1a?a: ¿por
qué el mundo se originó aquí y no allá?, la re~uesta es: porque si. Y a la
pregunta, diferente al parecer, mas en el fondo 1gual: ¿por qué hay mundo
físico más bien que nada?, la respuesta repite: porque sí.
En )os dominios del porque sí reina la suerte, la probabilidad. El D6mine
de los dómines que hubiese querido poner orden en eso de origen del mundo
físico, contextura del mundo físico, leyes del mundo físico ... , sacándolo de
la nada en que nada es nada y nadie es nadie -para que entonces Y por
virtud de tal orden pudiéramos traducir a nuestras entendederas lo que es
y lo que pasa en el mundo--) se hubiese encontrado, nos advierte la teoríá
de la relatividad -si es que queremos o podemos entenderla-, con que no
podría determinar por razón, por orden de_ razón, dónde_ Y_ c~ándo surgiría
el mundo. El espacio-tiempo relativista no tiene puntos pnvileg1ados de referencia para esos menesteres ontológicos.
Una vez más: Dios no se tom6 el trabajo de hacer nada, porque nada tenia

que hacer.
Dios, puesto a hacer, no hizo el mejor de los mundos posibles en el_ mejor
posible de los lugares y en el mejor posible de los tiem~s: con_ el meJ~r posible sistema de referencia; nada tienen que hacer en física ru el meJor de
los lugares ni el mejor de los tiempos: todos son unos cualesquiera. Así que
no queda ~ás remedio que echarlo a suerte, a dados. Y salga lo que saliere.
Pero Milne, relativista a medias, y a medias creyente, pensó, un poco en
plan de dómine, que Dios tenía algo que hacer y que algo hizo en un instant~
privilegiado del tiempo - hace unos cinco mil millones de años. El Géne~is
no pasó de discretas vaguedades: En el Principio creó Dios los Cielos '.Y la Tierra. Ahora podemos complementarlo, sea hecho con toda reverencia, diciendo:
Hace cinco mil millones de años, Dios creó los Cielos y la Tierra. Sólo le
faltaba al bueno de Milne añadir: Hace cinco mil millones de años, donde
está ahora el Big Ben de Londres, creó Dios los cielos y la tierra. A esa hora

86

cero eJ supraátomo suprarradiactivo y supracondensado de Lemaitre explotó;
justamente aquí.
¿Por qué?: Porque así se deduce de la ley matemática de un fenómeno
llamado recesió11 de las nebulosas. Hace cinco mil millones de años tuvieron
que estar juntas en un lugar. Sí; mas ¿en cuál? En uno de tantos. No Je sucede al universo, supone Milne, como a los simples mortales: si hemos nacido en un día fijo de un año fijo hemos tenido que nacer en un lugar determinado, aunque el lugar sea tan humilde como Pamplona, y la fecha tan
borrosa como 26 de junio de 1901.
La teoría de la relatividad es aquí la lógica y la coherente. Lo demás es
científicamente inadmisible; y tomarlo en serio teológicamente es poner en
ridículo a la fe, como ya, con ocasión parecida y tema igual, advertía Santo
Tomás.
De las seis combinaciones equiposibles entre las letras a,o,r
a saber: a o r, ar o, o ar, ora, r a o, ro a, ad~ les cayó en suerte significar
algo en castellano, sin mérito ninguno de su parte. Para el matemático es
una sorpresa, sin importancia científica ninguna, el que sólo dos de esas seis
combinaciones signifiquen algo en castellano; y pésimo matemático sería si
deslumbrado por tal descubrimiento hiciera intervenir en adelante y de manera privilegiada esas dos combinaciones -aro y ora-, en sus razonamientos.
Y se preguntara en serio: ¿Desde cuándo esas combinaciones de a,r,o y de
o,r,a comenzaron a significar lo que significan aro y ora? Antes de tal comienzo ¿ esas seis combinaciones eran un Caos? Y si algún gramático de la
lengua castellana insistiera tozudamente en la maravilla de que a dos combinaciones, dos justamente entre seis, y a éstas precisamente hubiera caído en
füerte tan alta y distinguida ventura como signilicar eso de aro y de ora, un
matemático1 imitador de Dios - hasta en la paciencia-, vería el Caos combinatorio de aro y ora, y, por condescendencia, respondería al gramático: lo
llamaremos mundo, llamaremos a a,r,o aro; y a o,r,a ora. Y aquí no habrá
pasado nada, fuera de un acto de inmerecida deferencia hacia el gramático
metido a fil6sofo.
Crear no es hacer una cosa cualquiera en un momento cualquiera y en
un lugar cualquiera, sino hacer Y o justamente esto en este momento y en este
lugar, y que se conozca ese cuádruple componente de individualidad: Este,
esto, este, este. Y más si fueren menester.
Crear es por antonomasia el exhibicionismo de causar. Cualquiera puede
ser causa; sólo Este puede ser creador y, para ser tal, tiene que serlo de esto,
de esto, de esto.
Este, esto excluyen, por constitución, a todos, cada uno de los cuales sea uno
de tantos -como tienen que serlo los individuos de una especie, las especies
87

�de un género, los géneros de una categoría, los entes de ser. Nada es creado,
ni puede ser creado en cuanto ser, ni en cuanto cuerpo ni en cuanto espíritu,
ni en cuanto viviente ... ni en cuanto hombre--, sea finito o no. Nadie crea
sino en cuanto Este; y nada puede ser creado sino en cuanto esto. Y lo único
--éste, est&lt;&gt;-, no cae ni en especie ni en género ni en categoría. Ni en ciencia. Por eso la creación no es fenómeno o acaecimiento científico ni científicamente demostrable -como nadie, sin caer en ineficiente ridículo puede
proponerse demostranne que yo existo. Que yo soy uno de tantos hombres,
uno de tantos animales, uno de tantos cuerpos... no hay cosa más sencilla
de demostrar palpablemente; para algo de eso basta con ponerme en un platillo de una balanza y colocar en el otro a cualquiera -setenta kilos de patatas

bre otro hombre, por ser todos uno cualquiera en su especie, y según las reglas de la especie--, es preciso, ante todo, borrar el ser.
"P~ra el poeta, continúa hablando Machado, el no ser es la creación divina,
~l milagro del ser que se es, el fíat umbra a que Martín alude en su soneto
1~mo;tal al Gran Cero, la palabra divina que al poeta asombra y cuya significación debe explicar el filósofo.

o pollino de setenta kilos.
A hombre le cae en suerte ser este; a ente le cae, o no le cae en suerte, ser
esta imagen de este Creador, tanto o más que a a, r, o, le cayó en suerte
significar aro. Empero, una vez que a a, r, o cay6 en suerte significar aro,
parécele, al gramático, indisoluble de tal combinación tal sentido y percibí.moslo pertinaz y constantemente en esta combinación matemáticamente
insignificante. La combinación a, r, o resulta ésta por virtud del significado
que, por una suerte, para la que no hay méritos, cayó, más que como aerolito,
a una de las seis combinaciones de a, r, o. Pretender demostrar que a, r, o
tiene que significar aro es tan trampa como intentar demostrar que en la lotería de mañana caerá el premio gordo al número que yo compré hoy.

( Abel Martín, Los complementarios) .

Ser creatura es un premio que por pura suerte, porque sí, por gracia,
cual don, cae a una cosa que, por sólo ser ser, no pasará de una de tantísimas
de la universalísima extensión de ser.
De ese Caos que es el ser -lo inmediato, indeterminado, incomplejo, de
que hablaba Hegel-, nadie puede sacar nada por creación. Y el ser, y ser ser
es -como vio perfectamente Hegel y con igual perfección lo dijo-, lo mismo, lo mismísimo que nada. Ser, eso lo es cualquiera -muchísimo más que
ser hombre es ser uno cualquiera de los hombres.

III
COSMOGONÍAS DE PERSONAS

"Dios no se tomó el trabajo de hacer nada, porque nada tenía que hacer
antes de su creación definitiva . .."
Si se quiere crear -y no causar como un fuego causa un calor, y un hom88

Borraste el ser; quedó la nada pura.
Muéstrame, oh Dios, la portentosa mano
que hizo la sombra; la pizarra obscura
donde se escribe el pensamiento humano.

O como más tarde dijo Mairena, glosando a Martín:

Dijo Dios: Brote la nada.
Y alzó la mano derecha
hasta ocultar su mirada.
Y quedó la nada hecha.
Hasta aquí Machado.
. ~a Nada no es_ el Caos. Aunque, fuera de la diferencia gramatical y sonora,
dificultoso es dec1r -tal vez no lo parezca-, en qué uno no es la otra.
Que una cosa es ve_r, y otra mirar. Que uno puede ver todo, y no mirar nada.
Que ~no p~ede no dignarse mirar nada. La mirada es don de la persona. Este
es qwen nura; ver, puede hacerlo todo el que tenga ojos en la cara, mas con
ellos verá como uno de tantos. Yo miro, todos vemos. y O doy palabra de
-que... , mas todos hablamos. Yo confío en ... , pero todos afirmamos.
: o creo, mas todos causamos. Yo creo, pero todos pensamos. y no por descuido se emplea aquí 1a misma palabra -creo--, en dos sentidos.
Se borr_a al ser, cu~ndo una persona no se digna mirarlo, hacerlo término
de su.s ?111'adas. Podra ser un ser, todos los seres, tan evidentes, necesarios,
~ncializad~ cuanto queramos; nada de eso da para que Yo los mire; aunque,
s~ ~bro l~s OJOS, Y el pensamiento, no tendré más remedio que verlos. La intuic~o~ _es l.Dlpotent: para arrastrar la mirada personal hacia lo más evidente
e1dehcamente. ~trar es don de Este a esto, a esta cosa cualquiera, convertida
por tal don en esta. Y crear es don que Este hace a un ente cualquiera y por
tal don lo hace éste, creatura suya, de Este. Desde Poema: este poema de este
poeta; ~asta este Mundo, de Este Dios. Por más que, en rigor, Poema es ya
&lt;le por 51 este; Y Mundo es ya, de suyo, Este. Y poeta no es hombre; es éste.

89

�di na mirar un ente, por esencial, necesario,
Cuando l.ste, una persona, no se g
d
lgu1·en algo que es este; este
•
dado
· y cuan o a
•
perftcto que sea, lo d eJa anona
·'
.
a1-1ero - no se digna
·
·
este m1 comp
··· •
mi padre e.~ta mi mujer, este m1 anugo,
les que estemos todavía siendo,
. mos nos sentimos anonadados, por muy rea
llllfa
,
•
ta
e tro ser y esenoa a cues s.
d
od
aun con t o nu
.
Nada ad uiere sentido cuan o,
Nada no tiene sentido alguno referida a ser.) . qu~ es Este no se digna
r una mala suerte, a gu1cn
'
Por una malaventura, po
La . d rea. La vista es inoperante.
. toso que sea
mua a c
mirar a un ser, por muy vis
.
real o le hace falta que lo
Al ser le sobra Y le basta con ser ser para serse ~o sabría decir qué es lo
produzca nadie. Si para ser no basta con ser u~ es ser y no bay modo de
que falta. El ser sale de la nada ~arque sl, ?°r; . ustam~nte porque velan lo
aniquilarlo. Esto lo vit_ro~. muy bien los gr1~g:; !eúzn videntes, con ojos de
visible, lo vistoso, lo e1debco de las cosas.
cuerpo o con ojos de mente. .
.
señalar con el dedo, con gesto de
No voy a huronear en la b1stona para , .
seres comenzó, por dichosa:.
lste, cuándo el hombre, que es uno de tantí.SunOS
,

ventura,
di
mirar a ser persona.
estando ya su casa sosegada de ver, comenzó, go, a
ad'
de tantos
l o mental. y veo antes, c a uno
Yo soy sujeto del ver, corpora
. . , miro o no me digno mirar, eno de tantísimos; yo soy persona del_ mirar, y l
'de ellos derivada de esotra
.
.
n -por dichosa ven ura
.
tes; mas s1 los mrro surge
ser Jste los creo; y s1 no me
l
' . 1 d ser yo persona-, a
~
,
primaria que es a nua' a e
oda la carga de ser que lleven encima, en
digno mirarlos los anonado -&lt;:on t
la esencia.

y alzó la mano derecha
ha.sta ocultar su mirada
y quedó la nada hecha.
.
da La vista descubre lo que es. o hay
La mi.rada crea, la mirada an,ona .
darlo
o hay poder capaz de
. ilar un ente ,. si ' para anona
.
poder para aruqu
producir un ente; lo hay de crearlo.
.

un::::ra~:·

o hay cosmogo~a o:to:!:J
del ser podemos imaginar que
y ¿ qué mayor ru m
d
alidad con todos los honores metaésa: no poder con toda la carga . e re
~
arrancamos una mirada,.
üsicos de esencia existencia, necesidad. . . cnoma,
que lo miremos?
.
bl
orzarnos a
a odría serlo infinito, eterno inmuta e,
i Dio fuera r y sólo ~• y P_bl
museo de todos los atributo cscúm ulo de todas las perfecc1~nes pos~ esd
podría arranc'.'amos un micaparat de prerrogativas 6nticas; na a e eso

f

90

rada, aun viéndolo. Podríamos no dignarnos mirarlo. Por eso, entre mil
cosas que no son fáciles de decir, ni fáciles de aguantar oídas, una teología
de razones, vistas con vista de mente, no es capaz de arrancamos una mirada. Las razones no son dignas, sin más, de ser miradas.

Pienso, luego soy; frase manoseada, tanto tanto que resultan ya irrecognoscibles en ella la cara del yo, la mirada de los ojos del yo, y que ser yo ser es
crearme un nuevo y nunca visto tipo de realidad; es hacer que el ser (mi ser)
sea digno de ser sido por mi, de ser sido como yo. Yo me digno de ser (mi)
ser, y yo me digno de pensar con (mi) pensamiento.

Lo otro, la corriente interpretación de los videntes, viene a decir nada más:
veo, luego es lo visto; y mejor aún: se ve, luego se es.
Por una malaventura, por una negra suerte, a Ja combinación de letras f, u, n,
c, i, o, n, i, n, t, e, n, s, i, v, a, cayó el sentido personal de las frases: yo creo,
yo dudo, yo sospecho, yo miro, yo digo... Y la lógica moderna -me refiero a
la llamada matemá.tica, simbólica, formal. .. , que es lógica de videntes-, ya
desde su primera línea,

alzó la mano derecha

hasta ocultar su mirada
y quedó la nada hecha.

Esas funciones quedan anonadadas. Y todos, i aún conservamos algo de la
dignidad de yo, nos sentimos confesada o inconfesadamente, anonadados,
cuando nos dicen -los videntes deben verlo-, que yo creo, }'O sospecho, yo
miro, yo dudo, yo estoy seguro, yo confío, }'O amo, yo deseo . .. nada tienen que
hacer en lógica, ¿ en la lógica de quién? De un quien que no sea yo o nosotros.
Y no nos extrañaremo de que haya tantos que no e dignen dar una mirada a tal lógica, y que crean así haberla aniquilado, cuando, en verdad, no
han hecho, ni podían hacer más -como el mismo Dios, en cuanto s r, no
puede hacer más-, que anonadarla.

Todos hablamos; cada uno, como uno cualquiera de tantos y tantos animales
vociferantes y parlantes. 610 en cuanto yo, en cuanto persona, en cuanto éste,
único, damos palabra, creamo palabra.
Si Dios pretendiera demostramos que él produjo el mundo apurado se vería; y no lo consiguiera ni con todas las evidencias en rastra, en hilera y en
cadena 16gica. Otra co a es si nos da su palabra; y, dada, nosotros nos dignamos recibirla. De Tú a tú. Dignarse dar, dignarse recibir -asentir, creer a
una verdad-; esto es lo digno para los dos. Afirmar una verdad, acar

91

�. l h
ma'qwna·s calculadoras --de las montadas por
una secuela, meJor
o acen
TU:::!·émonos creer que este mundo fue creado por la palabra de E;~ Dios;

o C:mo decía deliciosa y delicadamente Whitman, dejemos ,que . 1~s. nos
e~señe en ué esquina del pañuelo que es este mundo bor~o sus 1D1C1ales.
Si él se di~a enseñárnoslo, es verosímil que nosotros nos dignef~~s creerlo.
y todo pasará y quedará entre personas. No entre muñecos meta ISICOS o ma-

EL ESENCIAL PROBLEMATISMO DE LA FILOSOFIA

rionetas lógicas.
, · d
y colocados ante el ser y los seres, los filósofos ~ue sean o este~ s1;: o ::
ser como o cual persona, no sé tomarán el trabaJO de hacer na a. . q
asará se:ciÍlamente será que y o vea el ser y los seres, los encuentre bien, y
~ga. te llamaré metafísica. Y eso será todo.
di
.
·
di
r en ella la stane1a
Pero de ue haya ontología a que yo me gne cree
' .
resultará a! -plusquamtranscendente. Entre que el _mun~o haya sido cre~do,
ue o me digne creerlo continuará habiendo el ab1SID0 msonda~le que ~ero~: h: habido: El de vista a mirada; el de sujeto a Yo, el de obJeto a Tu, el
de universo a Nosotros.

HUMBERTO PIÑERA LLERA

Presidente de la Sociedad Cubana de Filosofía.

Tooo SABER ES UNA FORMA DE experiencia para quien lo aprehende y lo hace
suyo, pero no solamente en lo que puede denominarse su aspecto positivo, o
sea en cuanto que constituye un conjunto de informes o notificaciones acerca
de la realidad, que pasa a engrosar el caudal cognoscitivo del sujeto; sino que
es, además, la experiencia decisiva de Jos limites y las imposibilidades propias
de ese saber. Y esta experiencia negativa me ha interesado siempre mucho más
que la positiva del saber, pues estoy cada vez más convencido de que la filosofía no puede ser, en fin de cuentas, más que la experiencia de la posibilidad
de una imposibilidad. No creo que la filosofía añada nada a lo que otros saberes proporcionan al hombre, sino que, por el contrario, le advierte solemne
y gravemente de la decisiva y dramática dificultad aparejada al empeño de
buscar un saber que no puede ser, esencialmente, saber de esto o aquello, sino
la incansable prosecución problematizante de todo lo que los saberes particulares -la ciencia en general- van ofreciendo como cosa resuelta.
Sin embargo, por razones históricas y también por indudables preferencias
individuales en el caso de muchos filósofos, se ha querido extraer de la filosofía algún resultado positivo, pero a la larga se ha visto que ese resultado
acaba incorporándose a una de las manifestaciones regionales del saber -a
una de las ciencias- ya establecidas, o convirtiéndose en una nueva. Este es
el caso de la psicología, o el de la sociología, etc., y cuando se examina con
cuidado la cuestión, se ve entonces que el saldo filosófico es pura y simplemente el de una problematización. Sin ir más lejos, tenemos el caso de la
fenomenología, donde la afirmación central de que la conciencia es intencionalidad tiende a ser sustituida por la de que lo intencional no es precisamente
la conciencia, sino el yo anímico. 1 Y aparte de la gradual transferencia del
Este es el caso de MAxnnLlAN BacK. Véase a este respecto en su Psicologla la
parte final del cap. II y todo el cap. 111.
1

93
92

�núcleo psicológico de la fenomenología a la psicol~a ,-a ~o~de, en c~erto
sentido, debe ir a parar-, vemos que aquello que motivo la cnbca husserlian~
al psicologismo finisecular y las naturales consecuencias de esta crítica -ver~1gracia las nociones de intencionalidad, "descripción", puesta entre paréntesis,
ego trascendental, conciencia "virtual", etc:.- se agrupan actualmente en to~no a la psicología propiamente dicha. Mientras que el spectrum fenomenologico viene a quedar pura y simplemente como el propósito problematizante
que dio origen a la fenomenología y la hizo llegar hasta donde alcanzó su
verdadero desarrollo.
Esto es lo que he creído advertir siempre en la filosofía rigurosamente considerada como filosofía, es decir, su naturaleza problemati2ante. No creo, pues,
en la solución de ningún problema filosófico, porque simplemente entiendo
que no los hay. Lo que sí hay es problemas de toda otra índole -matemáticos, lógicos, físicos, psicológicos, morales, artísticos, sociales, etc.-, que pu:•
den ser considerados a la luz de la filosofía. Pero tampoco debemos confundir
esta consideración con lo que suele denominarJe filosofía de la matemática,
o de la historia, o del arte, etc. No. Pues si hacemos esto último, aun cuando
parezca que nos movemos en el campo propio de la_ filosofí3: lo que _en ,re:-lidad estamos haciendo es moviéndonos en una zona mtermedia a lo filosofico
y a aquello correspondiente a una determinada ciencia. Así, por ejemplo,
cuando se habla de "filosofía de la matemática", 1o que se quiere dar a entender es que se intenta llevar a cabo una rigurosa generalización de lo matemático, poniendo a un lado todo cuanto signifique dato concreto,, a_un cuando esta
concretez sea puramente la del elemento formal de lo matemat1co.
O sea que la filosofía de la matemática no puede ir más allá de ciertas
cuestiones como las del origen del objeto matemático, de su naturaleza, etc.
Pero siempre quedaría por cuestionar la legitimidad de la filosofía de la matemática es decir, que así como ésta problematiza la legitimidad de la matemática, ~ la filosofía sensu stricto tocar'1.a preguntar por la legitimidad de la
filosofía de la matemática.
La filosofía, por consiguiente, parece moverJe en un terreno que es de abstracciones, y esto es lo que la propia historia de la filosofía se encarga de hacemos ver con la debida claridad, iempre que estemos dispuestos a admitirlo.
Es la magna empresa en que ha consistido la filosofía cada vez que ha debido
regresar rigurosamente hasta sus mismos comienzos. P_orque, n_o lo ~lvidemos,
la filosofía es la pregunta por la realidad, pregunta directa o mmediata, que,
sin embargo, ha sido preciso formular de manera indirecta y mediata, o sea a
través del saber disponible en el momento histórico en que se ha hecho la
pregunta que motiva la filosofía. Y es así como vemos a Tales, el primer
filósofo de que tenemos noticia, iniciar la aventura miliar de la filosofía con

la pregunta que la inaugura, es a saber: ¿qué es la realidad? Es que Tales se
propone saber algo presupuesto en su interrogación, pero que en modo alguno
puede darJe en la propia realidad, es decir, la contradicción inherente a la
realidad perceptual, o sea la inmutable y sustante: en una palabra, el Ser de
la realidad. Más, ¿por qué hace Tales la consabida pregunta? Esto mismo es
1~ que habría que indagar en el caso de todos ]os filósofos, pues éstos, más
bien que preguntar por el qué de tal o cual causa en el orden real, se afanan
en preguntar por la causalidad. En fin de cuentas, que a la filosofía Je interesa
-tiene que interesarle- exclusivamente esa irrealidad en que parece asen~se el orden real; pues, de no ser así, no habría motivo alguno para que el
filósofo se empeñase, yendo más allá de la constatación de los aconteceres
individuales y condicionados, en conocer e e otro orden de realidades que es
-debe, al menos, serlo- universal e incondicionado. Ese orden al cual perten~c~. el género de pre_guntas que nadie ha podido contestar todavía y que
posibilita, a causa de su msolubilidad, que haya eso que llamamos la filosofía.

II
. ~~ filosofía es, por lo que vamos diciendo, una resuelta expresión de impos1b1li~d. P~~ _¿ de qué imposibilidad? Contesto diciendo que, en mi concepto,
de la unposib1lidad de resolverse ella misma en respuesta de ninguna pregunta, como pueden hacerlo, y en efecto Jo hacen, las ciencias. Pero tal cosa acontece a la filosofía porque ella no puede dejar de ser lo que parece estar condenada a ser, o sea la supresión de todo supuesto. Se me dirá que éstos han
sobreabundado en la filosofía, a lo cual contesto diciendo que efectivamente
es así, pero, ¿ cuándo ha sido rigurosamente la filosofía aquello que está llamado a ser1 sino en los contados instantes en los cuales ha sabido presentarse
como un puro recomienzo? Esto es lo que ensaya Sócrates en la Atenas del
siglo V, como después Descartes en los albores de la Edad Moderna y en
fecha reciente Husserl. En los tres reconocemos el esfuerzo de partir de una
total abstención de supuestos, lo que equivale a decir que se empeñan en
recome~ar, º. sea, en filosofar como si hasta entonces nada hubiera pasado,
aunque sm de3ar de estar conscientes de todo Jo que ha pasado y a causa de Jo
cual ellos tienen que adoptar una actitud tan rigurosamente ingenua.
Sócrates inicia el proceso ejemplar de esta actitud inquisitiva con esa tremenda actitud irónica donde todo queda implacablemente demolido por el
saber del no saber. Al decir "todo" me refiero, por supuesto, a lo que fue entonces y ha seguido siendo la filosofía perenne, es decir, las mismas molestas
Y embarazosas cuestiones que irritaban a los interlocutores de Sócrates y de

94

95

�el
1 • él · nadie ha dado una respuesta satüfac t Oria• Pues en dSócrates
las cua es ru
ru
"d d trinal sino una actitud concentra a en
tram os un contem o oc
.,
.
--L-n
no encon
de la filosofía; pues s1 todo ~ es u
método de los mitodos, que es e_I f' .
ser un preguntar del pre.
tonces la filoso ia. bene que
met6d1co preguntar, en
6di
que
existe
y aquí es donde se
1
étodo de todo LO met co
.
guntar, o sea, un
m
'dad inquisitiva no supone que
.
la . , socrática pues su capac1
hace f inne
iroma
'
arte reponer a los IDl si bien invalida los argumentos ajenos, pueda, por su p ~tra cosa que "exa.
.
estas ócrates no se propone
mos con sausfactonas respu
.
.
brindar soluciones... ahí
minar" a los demás, pues para dictar sente,nofas o a airada en que el sofista
.
l 1
fística. Recordemos a onn
está, por eJemp o, a so
. ,
1 u.rso de la discusión que acerca
Trasímaco se dirige al propio Sócrates en e c
.
de la justicia tiene lugar en el diálogo de la Repúbl1ca:

:a~::S s:::~;· ;:;,:

~

-He ahí, ¡ por Hércule~!• :i::u::r:a; 0
0~;;,
sabía esto, 'Y se lo predi¡~ d 1• ~ í
si alguien te interrogara lo
.
t h brías sen•ido e a aron a, y
¡·
smo que e a
S' si lo creo
vosotros hac is
habrías hecho todo, menos responder. . . 1, , •
•••
re nder él
de manera que Sócrates obre como le es habitual:
no rso refutar-

d:.iscu

mismo, )' en cambio, cuanto otro responde, tomar su
lo... He aqut la sabiduóa de Sócrates. 2

r

.d d
e s6lo mediante una rigurosa
Pero es que S6crates está convenc1
qu
.
la .
sibilidad de
• •,
. 1 xi encia de su &amp;roma, es deor, a
1mpo
.
SUJec1on a la esencia e g
al
I flo ofia su verdadero sentido.
responder a lo que se pregunta, es que canzal a lcncia de que no hiciera lo
segu, n Sócrates, e conv
Recuérdese la voz que,
b" ·amás le persuadió de que
t de hacer pero en cam io J
ba
que esta
a pun o
' .
t s ue Sócrates inaugura la auhiciera algo determinado. En Cm de c~en a q
d . más allá de
.
.
d . la que consiste en no tratar e ir
téntica filosof1a, es eor,
. . • . agotable en que el filosofar condonde se encuentra la problemattzac1on m

? :

Hace)'ª mucho tiempo que me he dado cuenta de qu,, desde mi niñez,
he admitido como verdaderas una porción de opiniones falsas, y que todo

lo que después he ido edificando sobre tan endebles principios no puede
ser sino muy dudoso e incierto,· desde entonces he juzgado que era preciso seriamente acometer, una vez en mi vida, la empresa de deshacerme
de todas las opiniones a que había dado crldito, y empezar de nuevo,
desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las
ciencias.'
Lo cual significa que, como en el caso de S6crates, tampoco el pensador
francé encuentra en su tiempo un saber cuya validez justifique admitirlo
como fundamento o punto de partida. Y aunque, desde Juego, Descartes no
se queda en la pura actitud crítica -tal como lo hace S6crates-, sino que
nos da todo un sistema de pensamiento sobre el cual se teje y se organiza
nada menos que la cosmovisión de la Edad Moderna, tenemos derecho a
reflexionar sobre esa "necesidad" cartesiana de una radical reconstrucción
del saber, ya que él no puede dar crédito a las opiniones que había estado
admitiendo como válidas, y en consecuencia ha de empezar de nuevo, puesto
que s6lo así cabe la posibilidad de encontrar algo firme y constante en cuanto
se refiere al saber propiamente dicho.

¿ Y Hus.serl? Tres siglos después de la memorable hazaña cartesiana, este
pensador se siente urgido a adoptar la crítica actitud iniciada por ócrate y
al contemplar la compleja situación por la que atraviesa el saber en nuestro
tiempo, dice:

En medio de esta desventurada actualidad, ¿no estamos en rma situación
semejante a aquella con que se encontró Descartes en su juventud? ¿No
será tiempo, pues, de rtnovar su radicalismo de filósofo que inicia su
actividad, de someter a una revolución cartesiana la inabarcable literatura filosófica con su confusión de grandes tradiciones, de innovaciones
serias, de modas literarias calculadas para hacer "impresiónll, pero no
para ser estudiadas, 'Y, en f.in, de empezar con nuevas meditationes de
prima philosophia? ¿No se puede atribuir en definitiva lo desconsolador
de nuestra situación filosófica al hecho de que los impulsos irradiados
por aquellas meditaciones han perdido su t•italidad originaria, y la han
perdido porque se ha perdido el espíritu del radicalismo en la autorresponsabilidad filos6fica? ¿No debiera pertenecer, por el contrario, al setltido radical de una genuina filoso/la~ el imperativo, que se supone exagerado, de una filoso/fa resuelta a conseguir la extrema limpieza imagina-

siste sin remedio.
Descartes cuando se pone a
tit d la que emos asomar en
d. 1
y es 1c 1a ac trar
u
la lcmnidad y el alcance de la
de nuevo -notemos
so
d
la tarea e cncon
.
bl ara el saber en general. Pero, ¿ aca'6
fundamento irrecusa e p
d
expres1 n-, un
.
1
lt ra occidental un lapso na a menos
so no había 0:7sc;:1grdoad:alenint=cr~:n y afinamiento de eso que es justaO
que de trece s1g os
d d esto vale gran cosa, al menos a
l ab , Pues parece que na a e
mente e s er.
.
admisible criterio de verdad, y de aquí que nos
los efectos d~ un riguroso
d da o vencido de la necesidad de su afirmadiga el propio Descartes, sm u c n
ción:

!

• P1.ATÓN:

R,pública, !.toro I, Xl-Xll, 337-38. (El subrayado es mío).
• R.

DESCARTES:

Mtditationes de prima philosophia, l. (El subrayado es mfo).

96

97
H7

�ble de prejuicios, de una fil.oso/fo que, c~n ef~ctiv~. autono,mía_ se dé
h17as de s misma, y
f orma a si misma, partiendo de últimas evidencias
l ,,
se haga por ende absolutamente responsab e.

Creo ue no requiere comentario adicional el pasaje transcrito,_ pues pone
d
li q el espmtu que anim6 a su autor respecto de la , necesidad ~e un
_e re eve
. o y para quien conozca la fenomenolog1a, basta s1mplenguroso cormenz •
d' lid d alcanzan
dar hasta dónde en punto a exigencia de ra ica a
mente recor
'
. .
d 'ó ¡
enoló1
. . ·os hu serlianos de la pura descnpción y de la re ucci n enom
~ pnnc1p1 . , .
Dese rtes y Sócrates. advertimos en el caso del alegaca Tamb1en, como en
a
• ,
te
m~ el temor y el desconcierto que le produce eso que consttt~1a en es
caso el saber admitido como válido cuando Hu erl comenzaba a filosofar.

III
Debemos, en consecuencia, preguntar si e os riguros~s recomienzos .~n ~uo por el contrario r sponden a insoslayables ex1genctas
ramen te ob ra del azar
.
,
.
r óde esa disci lina intelectual que se llama la filosofia. Pues este curioso en
que
meno no se pa d vi'erte en el curso del desarrollo de los restantes saberes, y rmal
la matemática o la física, o la astronomía, etc., presentan un proceso no .
' que la sustitución de un entena
· · cien
· tíftco por otro no im1 sen tido de
en e
,
·
de manera que
lica .amás el retroceso riguro o ha ta lo ongen~ mismos,
p
J .
pezar como i nada hubiera ocurrido hasta entone . Ya sa
sea preclSO em
•
f'
Sóbemos ue esto último no es del todo exacto en la filoso ia y que en
q Descartes y en Husserl hay mucho de sus prcdec res, pero lo
crates, en
·
·
·
d '
.interesante es no so'lo e I hecho de un radical regreso premeditado,
smo a emas,
. .
· t
ue ueda ser tomado en serio. Porque si la actitud socrabca ~o e • en _c~er o
~o absolutamente nueva para su tiempo ( la ironía y la mconclUStvi~ad
pe
JUSque enr'urecen a 1os sofis' tas) , entonces el empeño de Sócrates ,carece de esto
'f' '6 O sea que nuestro filósofo enseña a la gente d su epoca -y
ti icac1 n.
'
d
'd h ta enton
.
que la filosofía supone algo no a vert:J o as
1gue s1. ndo vál'1d"-v-- ·
'd . y
en
1 actitud vale más que los resultados obteru os.
que,
d .
ces es eor, que a
.
.
f 'bl 1 's
. , de cuentas, si. h a de prevalecer el rigor en la filosof1a, es pr en e a •ma
fin

!s

desolada indigencia a una plenitud sospechosa. y a esto es a lo _que se abene
Desearles al moverse con la cautela que despliega en su pens~ento, cuando
tras mue h as excusas y algun o que otro cumplido con lo establecido, acaba
e detra
muerta
y
que
e
menester
recomenzar.
omo
I
od
clarando que t o eso es e
• E. HussEllL: M1ditacion1s ,art,Jianas, lntroducci6n, 2.

98

igualmente Husserl. Y, entonces, si este curioso fenómeno de obrar como si
nada hubiese pasado hasta entonces debe ser tomado en serio -y los filósofos
están obligados a ello-, ¿ c6mo dejar de pensar que la filosofía, lejos de proporcionar respuestas seguras y estables, hace todo lo contrario, es a saber,
que ha de revisar periódicamente todos sus fundamento, puesto que no ha podido proporcionar ninguna respuesta admi. ible?
Vuelvo, pues, a mi tesis de que la filosofía no es la respuesta a ninguna
pregunta, sino, por el contrario, es la pregunta de las preguntas. O, de lo contrario, carecen de significado las cuestiones formulables así: ¿ qué es el Ser?
(es decir, qué es eso que es tal o cual individualidad), ¿ por qué hay más
bien algo que nada?, etc. Y no hablemos de la causalidad, la sustancia, el
valor, la belleza, el bien, etc., ya que los resultados a que podemos remitimos
en la actualidad con tituyen, en cada caso, una inmensa mole de criterios y
supuestos que, a lo sumo, permiten advertir cuán insolubles son esas cuestiones. Hoy sabemos mucho más sobre la causalidad que lo sabido en tiempos de Sócrates, Descartes y Husserl, pero parad6jicamente ese plus a nuestro
favor implica la iguiénte contrapartida: que tenemos conciencia mucho más
clara y rigurosa de la insolubilidad de dicha cue ti6n, o sea, que sabemos
mejor que lo sabían ellos que el problema, lejos de aclararse, e distiende y
oscurece cada vez más.
Esto último puede parecer pesimista y por ]o mismo antifilosófico, pero
tiene para mí el encanto de una descomunal aventura. Pues, ¿acaso no le
basta al hombre con la "seguridad" que le ofrecen las ciencias en general,
mediante las cuales el cosmos se ordena, se jerarquiza y se convierte en esos
incontables compartimientos estancos de que habla Bergson? Las ciencias,
además., son de una consecuencia final monótona, pues acaban siempre en
una técnica -como dice B rgson, en utensmos para nuevos utensilios-, y
este mostrenco quehacer si bien es cierto que proporciona al hombre un
gran bienestar, dista mucho de mo trarle el camino a la felicidad. Por eso
creo que $chiller tiene toda la razón cuando hace decir a su Casandra que
mientras el error es la vida la verdad siempre culmina en la muerte. Pues
si el hombre busca la verdad, e impulsado por la necesidad d encontrarla
ensaya el mayor esfuerzo cognoscitivo po ible puede aspirar a poseerla en
düerentes niveles. Y el nivel upremo, allí dond tal vez la belleza ya no es
bella, ni la verdad verdadera, es el de la filosofía. Pues para que tenga sentido esa afanosa busca de la belleza, o de la verdad, es preciso que el trayecto hasta ellas sea inagotable. Ya que el sentido no está en el resultado,
sino en la peculiar actitud de ese afán de saber jamás concluyente que se
llama la filosoüa; la cual, qui?.á no del todo por puro azar, ha quedado -bien
que en forma tácita- como el modo de referirse, no al saber mismo, sino al
amor o a la apetencia de ese saber.

99

�LlBERTAD Y DETERMINACION
Ré.01s JoLIVET
Univ,nit~ Catholique de Lyon.

Et. PROBLEMA DE u LIBERTAD ha sido expuesto por J. P. Sartre bajo una forma
que, aunque se quiera, no se puede tener como 501uci6n -la idea de una
"libertad pura", sin contenido y sin norma que tiene apenas stntido-- pero
que, al menos, puede ayudarnos a elaborar mejor un concepto que bastantes
ensayos desafortunados de racionalizaci6n han -en mala hora- embrollado
y gravemente fa!scado. Para ver esto más claro, pensamos que lo mejor es
hacer un llamado a la historia y especialmente a la doctrina kantiana, cuyas
propias dificultades son ricas en enseñanzas.

J.

~ ANTINOMIA CAUSAL

El untido de la soluci6n kantiana.
l. Libertad implica indeterminaci6n. Por el contrario, inteligibilidad implica
dtttrminaci6n. Tal es el conflicto que constituye lo esencial del problema de la
libertad. Al mismo tiempo, e, evid&lt;'nte que la ~olución
conflicto no podrá
comistir ~ino en mostrar que no hay contradicci6n real entre libertad y determinación, es decir que la libertad, contrariamente a lo que afirma J. P.
Sartre, no es independencia absoluta o incondicion:uniento total, sino condicionamiento de un cierto gtnero.

lc1

Lo que quiere decir que se trata de dar al concepto de libertad, en lugar
de un sentido puramente negativo, un sentido propiamente positivo. Es justamente lo que trat6 de hacer Kant en su soluci6n de la antinomia causal y
esta solución es la que vamos a tratar de comprender y de apreciar.
Kant parte de la hipótesis de que los fenómenos en su totalidad están com-

101

�pletamente sometidos al determinismo causal. La antítesis de su ~tinoroia expresa esto muy claramente. La ley que gobierna el vínculo causal, dice Kant, no
permite ninguna excepción, ni en el hombre mismo, y~ que _éste _pertenece al
mundo de la naturaleza. Toda su actividad está sometlda e mclu1da, por este
título, a Ja ley de la naturaleza. En este sentido el hombre no es lib~e, no escapa
al vinculo causal que liga entre si todos los fenómenos. No hay libertad ~n el
sentido negativo de la palabra: tal libertad significaría una laguna Y un vacio en

el complejo de las causas.
.
Se ve así que si se tomara en el sentido negativo el concepto ~e libertad,
el problema de la libertad sería al instante resuelto de ~a manera igt_ialmente
negativa. Pero esto será diferente, si el concepto de liberta~ -~e entiende en
sentido positivo, como una ley positiva del poder (por opos1c1on a la ley _de
la naturaleza), concebida como una determinación que no está comprend1d~
en el curso de las cosas, sino que aparece en la voluntad del hombre. ¿ En que
condición es esto posible? Es claro que esto no es posible sino cuando el ho1:1~re
no pertenece totalmente a la naturaleza y se inserta a la vez en otro dommto,
con una ley de otro género; sino cuando, como expresa Kant, el h~~brc no
solamente es un Naturwesen sino también un Vemunftwesen. Esta ultima expresión puede parecer anfibológica en razón del racionalismo idealista que
lleva implícito, pero podemos por el momento descuidar esta ambigüedad, que
encontraremos más adelante.
A primera vista se ve cómo la teoría kantiana se relaciona con las concepciones de la Critica. La "Naturaleza", cuya ley esencial es la de la causalidad,
que no deja ningún lugar para la libertad, no es sino fenómeno (Er~heinung).
Detrás de ella, hay el En-sí del mundo, que no conocemos por ninguna experiencia, pero que no deja de imponerse fi~almente. en ~~os ,,los problema~
del conocimiento. Este "En-sí" constituye el mundo mteligtble , que no esta
sometido a las ~tegorías de lo sensible, ni, por lo mismo, a la "causalidad".
Por oposición al mundo meramente fenoménico, hay un mundo real, Así pues,
supuesto que se puede"probar que en el mundo de los fenómenos hay un punto
donde Jas determinaciones del mundo inteligible producen, insertándose en él,
el comienzo de una nueva serie de fenómenos (por consiguiente, una serie
causal), de aquí se seguiría que en este punto se insertaría en la unión causal
misma una fuerza que no derivaría de ninguna manera de la unión causal,
sino que por ello crearía efectivamente una nueva. Esto sería una "causalidad
naciente de la libertad" o una libertad en el sentido positivo del término.
2. La solución kantiana de la antinomia consiste pues en invocar el juego,
en la contextura de la unión causal, de una determinación particular, exterior
al sistema de las causas: ese sistema no comportaría por ello ninguna rotura.

En efecto, estima Kant, la unión causal se rompería si alguna cosa fuera suprimida, rota o inteITUmpida en el sistema causal (como se produciría en el
caso de una libertad negativa) . Pero en este caso ninguno de los eslabones de
la causalidad se ha suprimido: todos los factores que intervienen en la voluntad, a título de "motivos", permanecen intactos. Se agrega solamente un
nuevo factor, una nueva determinación. Y este factor se distingue de los primeros simplemente en que no es un efecto de causas antecedentes, sino que se
introduce en la unión causal desde fuera, a saber desde un dominio en el cual
no hay ninguna cadena causal.
La libertad, en el sentido positivo, se encuentra pues establecida. No es
(como la negativa) un menos en la determinación, sino un más. La unión causal no admite una falta de determinación, ya que su ley estipula que una serie
de efectos, una vez comprendida en su juego, no puede de ninguna manera
ser eliminada. Por el contrario, una nueva determinación es compatible con
la unión causal, cuya ley no exige de ninguna manera que nada venga a agregarse de fuera. El sistema causal forma seguramente un todo~ pero no un
todo absolutamente cerrado: la inserción de una nueva determinación en ese
todo no rompe el sistema, sino que le da solamente una nueva dirección. Es
justamente lo propio del encadenamiento causal que no se deja romper, pero
que se deja desviar. Después de la intervención de la nueva determinación,
el sistema toma un nuevo curso, pero nada ha cambiado en los elementos.
-originales del sistema.
Se puede traducir lodo esto de la manera siguiente. La voluntad es un fenómeno entre otros; tiene la misma realidad empírica que los otros hechos de
naturaleza. Está pues sometida a una determinación real por el juego de todas.
las series causales que interfieren en ella. Pero estas series causales no agotan
las posibilidades de determinación. Factores de otro género puden intervenir
y, si son dados, la determinación total del querer será doble, compleja, cualitativamente heterogénea: Será una síntesis de factores de naturaleza causa!
y no-causal. Los primeros derivan de la infinitud de la unión causal, los segundos se introducen desde afuera en la unión causal, en la cual continúan
obrando. En ellos se realiza pues Jo que afirma la Tesis de La Antinomia: "una
absoluta espontaneidad de las causas, una serie de fenómenos que comienza
por sí".
3. Se ve sin dificultad que la antitesis "ser natural' y "ser racional" es de
las más arbitrarias: traduce y expresa la hipótesis fundamental del idealismo,
trascendental, también arbitraria. Que la naturaleza y con ella el encadena-.
miento causal no sea sino "fenómeno", y que detrás de ella exista un mundo,
"inteligible" que sea propiamente lo real, pero que no aparece, y que éste sea
ese mundo inteligible que se introduce, por la libertad positiva, en el mundo

lOl

102

�de los fenómenos, todo esto no representa sino una construcci6n ingeniosa,
pero frágiL Su fundamento no es otro que el idealismo t.rascenden~
sobre la leo.ría de la subjetividad de las categorías y sobre la de la conciencia
en general". El resto es la consecuencia del racionalismo moral, que ve en la

ªJ&gt;?Yª~º

' de 1a "azó"
ley moral una autonom1a
r n .
.
.
Asi puede plantearse la pregunta siguiente: ¿la soluc16n kantiana_ de _la
antinomia de la llbertad está ligada a las hipótesis fundamentales del idealismo trascendental, aJ punto de caer con ellas? O bien, ¿ hay en ella alguna
cosa que valga por sí y subsi ta a la ruina del sistema kantiano?
Se sabe hoy que este sistema ha ido para Kant una verdadera av~ntura. A
partir de las premisas del idealimlo trascendental, no cesan de surgir ante el
espíritu de Kant los problemas que su sistema parec~a in~apaz de resolver:
quien quiera construir, con la obra misma de Kant, el ~d~smo trascenden~l.
encuentra desde los primeros pasos, como Husserl lo vio, insolubles contradicciones. Pero por el contrario, muchos problemas abordados J'?r Kant ~omportan soluciones que se pueden entender desprendiéndolos d~l :1st~ma mism~. Es
eminentemente el caso del problema de la libertad. Las disunc1ones_ kan~~
del fenómeno y de la cosa en sí, del mundo sensible y del m°;°~º mteligible,
del ser natural y del ser racional, así como de todo lo que esta ligado a estas
distinciones (como el origen de la ley causal en el ujeto tra_,;cendental ~ de
la ley moral en la ra7.6n práctica) todo esto no es evidentemente lo que viene
al fin de la antinomia. Por ejemplo, es indiferente para el problema que la
unión causal sea un fen6mcno o exista en sí, como también que un f~ct~r heterogéneo pueda o no introducirse en ella sin comprometer su prop1~ 1uego.
La sola cosa que aquí importa es, por una parte, la estructura de l~ w~6n causal y, por la otra, la presencia del factor heterogéneo: de. determinación. Quese plantee la unión causal como real en sí, nada h~ _cambiado en el problema.
in duda, toda la imagen del mundo se ha modificado pero no el planteamiento del problema en el seno de la unión causal.
•Qué permanece pues de esencial en la teoría kantiana de la libertad, cuando
se ~eja caer el adorno idealista? Dos elementos: la concepción del lazo causal
y la dualidad interna del mundo. Esta se presenta en Kant bajo la f~rma del
dualismo del Fenómeno y de la Cosa-en-sí. e encuentra en la dualidad del
hombre, ser de naturaleza y sustancia racional, en la oposición del ~cter
empírico y del carácter inteligible. Por esto nada es generalmente necesano en
estas nocion metafísicas. Lo que hay de esencial, es únicamente la idea de
que existen dos dominios, dos clases de le•yes, dos especies de detuminaciones e~
un único universo (donde el hombre está colocado), y que estas dobles realidades se manifiestan en el hombre y son la una y la otra necesarias.
4. Así pu

bajo la dualidad kantiana del mundo sensible y del mundo in-

teligible, hay que descubrir una afinnación que no tiene nada que ver con la
metafísica idealista, y que vuelve a mostrar que, fuera de la ley de causalidad1
hay aún otra ley que evidentemente no conocemos sino en el querer humano,
pero de la que podemos establecer la existencia con tanta seguridad como
la de la unión causal en la naturaleza. Eso es Jo que Kant ha tratado de establecer por su teoría de la ley moral, de la que dijo que es un hecho, auoque
no sea un hecho empírico. Este hecho, es el de un poder en la vida moral del
hombre y también el de una capacidad de determinación perteneciente al
hombre por el efecto de la ley moral. El hombre es siempre el sujeto de múltiples determinaciones causales. Pero la libertad positiva consiste en que él
tiene la experiencia absolutamente cierta de agregar alguna cosa a ese sistema de determinaciones causales, a saber cualquier cosa que no esté contenida en los elementos de la unión serial: una determinación moral.
Se comprende que ésto sea así cuando se reflexiona en Jo que es la ley
moral. Es un imperativo, una ley de deber, una fuerza que se impone al querer. Por otra parte, esta fuerza es de toda evidencia de una naturaleza completamente diferente de la que se ejerce por la unión causal. No constituye
una sujeción. Es pura exigencia. Y lo que hay de característico en la naturaleza
moral, es que, entre los "motivos" que la condicionan o la determinan interiormente, esta e.xigencia, simplemente y únkamente como tal, puede pesar
grandemente en el platillo de la balanza. Para reconocer esto, no se necesita
de una metafísica particular de la voluntad, ni de una psicología. El peso de
la exigencia moral en la conducta del hombre es en el sentido más estricto una
realidad moral experimentalmente uiuida (Erlebrus).
Es pues necesario reconocer en la teoóa kantiana de la libertad dos elementos positivos: la puesta en evidencia del hecho de que hay en el deber
moral W1a fuerza que se inserta a título de determinación heterogénea (nocausal) en el sistema causal -la prueba de que la estructura del vínculo causal
hace posible esta inserción, sin destruirse por ello. Por el contrario, que esta
fuerza consiste en una autolegislación de la Vernunft, que existe un "hombre
noum nal" realizando en él mismo su autonomía, parece secundario. Lo que
resta como importante, es que los valores morales se expresan y se revelan
en una ley del deber, a saber en las exigencias que se dirigen al hombre y que
lo hacen autónomo por relación a las leyes de la naturaleza.

DETERMh ISlllO E L',DETER llNISMO

l. La teoría kantiana tiene indudablemente el mérito de plantear claramente el problema de la libertad eliminando ciertos conceptos inadecuados 0

�.
. eramente. toda mezcla de la libertad de~ querer
inexactos. Kant descarta, prun_ , . ) . A , . o Kant tampoco deJa lugar
"be d d I ctuar (o 1und1ca • i m1sm '
.
d
con la li rta
e ª
.
l"bertad interior: la liberta
did l"bert d exterior opuesta a 1a 1
a una preten a i
a
d"
d 1 ""'" de lo acontecimi ntos ex, l
"be es indepen iente e cu,""
. ..
tal como el a conci
.
. l6gi
Además separa las amb1gue. d
di t del devenir ps1co
co.
'
.
tenores e in epen en e
·..... :,·ca su expr 16n de
" .
d d
oger" Esto es lo que S15•'"" 1
,.
dades de la h?erta . ~ ese " · r dad de la libertad" 0 también de ' lilibertad en sentido positivo, de causa t
bertad bajo la ley".
.
ir lo errores de ciertas concepciones comentes de ~
.
. te en transformar una categona
libertad. Hay prim~ro el par~:gismo que c;:ente el mundo del cuerpo está
universal y en decir, ensegu1 a, que n~ s .
el mundo espiritual debe
some?do a la ley d~ causalidad me~~ic~d:::~c~ y exclusivamente de las
también serle sometido y que d~~ pe á . d la naturaleza. Tal es la
.
el deternumsmo mee ruco e
leyes que const1tuye_n
el fondo se vuelve al materialismo, en
fórmula del naturalismo moral, que en
d
1
imple resultante de
1 t d y del mun o mora una
1
tanto que hace de a vo un.ª
o se encuentra también el evolas funciones corporales. Ba10 ese ~aturah1SII1 'd toda la realidad moral del
.
. 16 .
a tendenoa es acer e
luciomsmo b10 gico, c~~
timientos morale , un simple efecto de
hombre y hasta las deCJSiones y 1os sen

2. Así Kant hace resurg

r

la herencia o del medio.
. .
usal no deja subsi tir ni libertad negaEs fácil ver que tal detemurusmo ca
ed
;.. de argumento contra
··
· duda esto no pu e serv ...
tiva ni libertad positiva. m .
d la ue está en cuestión. Pero la posición
él, ya que es precisamente ~a )¡~~ta ·a ;ino un enorme postulado, adoptado
que defiende no es, de to a eVl enc1eí,
l determinismo mecánico de la:
.
• d
eba En ecto e
sin ninguna e pec1e ::rude ~anera absolutamente arbitraria, de un terreno
naturaleza se ha exten o
. .
enos constatable e completapor la expenencia m
'
d . .
propio, a un ommto que,
,
de ley La imagen metafísica del
e
comporta
otro
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·
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. li 'dad engan-osa que bastana para
•
•
e
de
una
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c1
,
b
mundo que se o tien~ i s vista de toda la variedad y toda la heterogen idad
condenar esta concepc.1on, en

,ª

de los fenómenos.
h
llamado para negar la libertad~
·
uando se ace un
,
,
ad
No e logran ª. meJO~ c
éste no se encuentra situado sino segun la
al determinismo psicológico, ~ues
"ustamente lo qu se discut : el
alogfa de la naturaleza. As1 pues, es esto J
.
an
. .
. 6gico es r ello un postulado gratUJto.
detennm1 mo P icol
po
·
de la determinaci6n
.
rientan pues a un monismo
Estas dos concepc1on~ e ~ A , Kant ha visto que la libertad nunca es pocausal, qu excluy; la liberta . 1 •
'6n domina a todo lo real, en todos
sible cuando un único tipo de de~berml•~c1
el caso en que dos tipos de ded O
po I e mo en
L l'b
. us grados. a i crta n
.
.
E consecuencia, el en:ar del nat rmínaci6n coexisten en el mismo universo. n

106

turalismo y del psicologismo moral, no consiste solamente en su determinismo,
sino en su monismo de la determinación. Contra tas doctrinas Kant muestra
que hay un segundo tipo de detenninación, que se superpone, sin destruirlo,
al sistema de la determinaci6n mecánica y que es caracterísúco del orden
moral.

3. Antes de Kant y desde el siglo XVIII, el detenninismo total del curso
de las co. as se presentaba en general como un obstáculo absoluto a la libertad.
De aquí se seguía que, para salvar la libertad, se buscaba romper a cualquier
precio el determinismo y que por lo mismo se postulaba el indetenninismo,
al menos parcial. Se sabe como, cuando la física contemporánea ha sido conducida a hablar hipotét.ica.mente de un cierto indeterminismo en los fen6men&lt;?s
cuánticos, algunos fil6sofos de la libertad, inseguros de la solidez de su posición,
han creído encontrar aquí un argumento decisivo en favor de la libertad. Aquí,
como lo obsCIVa justamente Stanislás Bretón ( La Crise de la raí.son dans la
pensée contemporaint1. 'Recherches de philosophie", V [1961], p. 146), "el
intei·és apologético {que mal podría reducirse aquí a la posibilidad del milagro
en una perspectiva de indeterminismo) no ha actuado menos, por otra parte,
que las 'motivaciones afectivas' para dar a los debates toda su dimensión humana. La 'libertad del electr6n' que fue primero una fórmula humorí tica. antes de llegar a ser para algunos una afinnaci6n ontológica, abría la vía real
a la libertad. Muchas exclusivas, aún tenaces, no obstante la pretendida superación del 'cientismo', caerían, se pensaba, por sí mismas. La ley del bronce
estaba al fin abolida: la libertad de los hijos de Dios wúa, hubiérase dicho,
esta obscura aspiraci6n de un modo quejumbroso bajo la vieja ley, esperando
su libcraci6n. Parecía que los seres, destituídos de toda autonomía o individualidad, acusaban de pronto como un relieve ontológico: después de siglo de
'seriedad', el mundo se aquietaba en la posibilidad de una sonrisa'.

La desgracia es que estas vías euf6ricas falsean completamente el problema.
Primero, nos conducen desventuradamente a un cientismo retrasado que no
cesa, sin embargo, de ser cientismo. En seguida, reniegan la evidencia de que
el error del determinismo no está en reclamar la detenninación de todos los
hecho del mundo sino en concebir un solo tipo, absolutamente unfuoco, de
determinaci6n. Que se asigne a la naturaleza sola la ley natural y que se
asigne a la realidad espiritual otra ley, e precisamente lo que caracteriza al
universo espiritual, que llega a ser capaz de la libertad. Pero esta concepción
--&lt;Jue no e , como diremos más adelante, más que el cuadro de una solución
del problema de la libertad- no es de ninguna manera del indeterminismo.
Tráte e del mundo físico o del mundo moral, el indeterminismo absoluto
rompe todas las ligas del mundo, causale y racionale . Se ve claramente en
el Tractatus logico-philosophicus, de L. Wittgenstein, donde "el atomismo 16-

107

�·
(Stan. Bretal del atomismo ontol6g1co
ico traduce un postulado fundamen
reina como bajo un sol sin sombra,
g lb·¿
p 15 t). Un mundo en el que , '. ,,
, n el esquema de relaton, 1 ·• •
di · ión "atomJStica , scgu
•
la ley de la claridad y de la ~b~cd d d 1 Descartes de las Regulae ad d~rec. ·d d en pro,om1 a
e
· la usalidad
ciooes de proxunt a
. l
. al detenninismo, ni a ca
..
d no de1a ugar m
.
dr' aun
tionem ingenu, ese mun o,
.
f
loai~tas y concord1stas ten ian
, tros blóso os apo e,,
al rizada
ni a la razón de ser. ues ,
la libertad del querer no sena rev o , . '
aquí con qué triunfar: ¿ c?mo . ,eterna ni interna? Pero esta apo!ogeb~
d d
e va no hay necesidad, ru e
lmo una mala filosoha.
es e qu .
.
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II L
l"bertad
· teresada no es smo u
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demasiado bella · a 1
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in
•11 rcc1cn casa a es
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Ya que está bien claro que . a
. •
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cede iempre en el mdetemunJSmo,_
tá en ninguna parte. Se
como ru_
d 1 "az.ar". y por lo mJSmo, no es
pero baJo la forma . e
.
11

anula en su apoteoSJs.
.
. s .ue os fáciles y engañosos. ~l indete_nmEs necesario pues renunciar a eso J gl • Pero se hace i\u. ione al una.
un lugar a azar.
b
. o {1'Josófico quiere reservar
. do e puede hacer o servar,
rusm
I indetennma •
¡
.
e el azar es realmente o
'b . al azar aquello de o
gmarse qu
"nclina siempre a atn utr
.
d
por lo contrario, no sólo que se l
odaVJa es sin duda el azar lo que hay e
que no se sabe en las causas -pero t ue la idea misma de azar excluye toda
más determinado en la natura~eza, yal q
de los acontecimientos.
·
1 ntana en e curso
.
intcrvenci6n acuva y vo u
el . d t rmuus·.mo postula excluSJvamente
ue
m
e
e
,
q
art
e ve CO n esto por otra p e,.
por la otra, que ta l libertad se encontrana
la noción de una libertad neganv_a, y
. .
en tanto que éste se vuelve
'd
el mdeterrrumsmo,
.
. , De
1
l ual cluye la indetermmacion.
absolutamente exc tu a por
.
.6 del azar o e
ex
.
d
, la
.:ón de la libertad baJo fonna e
eíecúvamente a la afmnac1 n
.
lantear cuesu
.
vemos que no conviene
p
. .
L libertad moral
no exige
nuevo
. . o e indetermm1SID0. a
.
.
.
alternativa entre de~errrunism
la realidad de un tipo de deterrmnac1ón e3e~.
'6n causal )' capaz de conc1l .lJldeterminismo, smo solamente
e
. .
d l de la detemunac1
d b
ciéndose en un nivel distin~o _e
to libre, como todos los demás, e e
l
tran' o en afirmar que este
l·arse coo éste. En otros termmos, el ac.
t
•
• •
o consiste, a con
,
. .
tener un.a razón. El mdetemnmsmd
toda causalidad antecedente supnrru.
b ·o el pretexto e que
. d
.. roo son
acto es sin causa, aJ
cl .
determinismo e m etemurus
ría la libertad. Desde este p~to e vi JS~,
género d error, consistente pro.
,
llá descubrimos e m1 mo
idénticos: aqw Y
¡ nismo causal.
piamente en e mo
.
. r todo esto. Leibniz
. .
·udará a precisar me10
1
4 La doctrina de Leibnt.Z nos ay
d I roblema de la libertad como e
·
hab'a plantea o e P
· d
en efecto, antes de Kant,
i_ •
de la contingencia, el primero sien o
de la conciliación d 1 ~etc~~=~ yla segunda necesaria a la libertad. Ahora
necesario, decía él, a la mtehgib!
·ana de la libertad esté ligada a una
bien aunque en Kant, la teona e1 mz1
dismo esta teoría pued conducir
, ,1s1ca
. cspcci'al, definida como un mona
'
metaf

ª•

t,.;, .

108

a una cierta forma general, a un punto de vi ta distinto de el del conjunto
metafísico que lo sostiene en Leibniz.

La libertad, dice Leibniz en su Teodicea ( n. 288), tiene tres condiciones
esenciales. Int ligencia, espontaneidad y contingencia. La inteligencia, implicando una noción distinta del objeto, es como el alma de la libertad. El ser
libre se determina él mismo según el motivo del bien comprendido por la inteligencia y que inclina a ésta sin necesitarla. EJ acto e libre en la medida
misma de la claridad de la percepción del bien. La percepción confusa disminuye Ja libertad, en tanto que deja un juego más o menos extendido al determinismo irracional de la pasión.

Así comprendida, la libertad tiende a identificarse con la espontaneidad.
Implica, en efecto, que el alma sea su propio principio natural por relación a
todas sus acciones e independiente de toda otra creatura. Es en ésta autonomía,
es decir en esta autodettrminaci6n donde reside para Leibniz la esencia de la
libertad. El alma, teniendo en ella el principio de toda su actividad (y de sus
mismas pasiones), ¿ cómo podría, siendo inteligente, no tener el dominio de
sus operaciones?
La tercera condición de la libertad es Ja contingencia. Pero por esto no debe
entendene el indetenninismo que discutíamos un poco antes. En efecto Leibniz
se opone a toda teoría de indeterminación, que identifica con Ja indiferencia
de equilibrio. Tal indiferencia no puede ser admitida, si se comprende con
ello que la voluntad permanece indiferente a los motivos. Indeterminación,
para Leibni1:, no puede significar sino contingencia, es decir exclusión de la
necesidad. La indiferencia de equilibrio es una pura quimera, contraria a
toda la experiencia psicológica. Reflexionando, se descubre en efecto que siempre al!ntna razón nos ha inclinado hacia tal partido, aunque esta razón haya
podido pasar desapercibida en el momento mismo. La determinación es, también, e encial a la libertad, mientras que la libertad está condicionada por la
inteligencia. El caso del asno de Buridan es pura ficción, pasaje ilegítimo y
absurdo hasta el limite. En toda selección, hay una razón, y una razón prevaleciente. Por otra parte eximir la libertad de determinación sería dar al hombre
el privilegio de lo absurdo, ya que esto sería hacer salir el acto libre de la nada,
renovando la contradicción a la que había llegado Epicúreo planteando una
declinación de los átomos provenientes del azar absoluto, es decir de la pura
nada. Vamos a ver más adelante cómo J. P. Sartre no ha dudado entrar en
esta vía, en la que el hombre, la existencia y la libertad alcanzan, si puede
decirse, el "privilegio de lo absurdo".
Nada menos pensable en la filosofía de Leibniz, aunque é te mantiene firmemente el principio de la autodeterminación, sin el cual la libertad dcsapareceria. Pero L ibniz señala que integrar un determinismo (o una determinación)

109

�en el juego de la libertad, no es otra cosa que satisfacer el principio de raz6n
de ser, a partir del cual todo tiene su raz6n de ser, es decir, en otros términos,
todo está determinado. Será necesario también decir, ya que la determinación,
aquí, proviene de la raz6o, que la libertad, mientras más determinada, será
más perfecta. El indeterminismo destruiría a fondo la libertad.
¿ Pero cómo hablar todavía de contingencias? Esta, dice Leibniz, resultará
del hecho de que el juego de la libertad no obedece al mecanismo corporal,
que es el dominio de la necesidad absoluta, sino a un mecanismo espiritual, en
el que se ejerce la determinación del orden moral. El acto libre es pues, a la
vez, determinado y contingente y estos dos caracteres de la libertad lejos de
excluirse se identifican en la determinación racional.
5. J. P. Sartre rehusa categóricament este punto de vi ta, tomando, bajo
una forma nueva y absolutamente radical, la concepción indeterminista. En
efecto, afirma que la libertad no es concebible y posible sino bajo la condición
de excluir toda determinación, es decir de ser "libertad pura", in contenido y
sin otra ley que ella misma. Si ella es, necesariamente es comienzo absoluto,
fundamento sin fundamento de la universalidad de los valores.
Es bien sabido cómo Sartre quiere establecer esta doctrina paradójica. El
hombre es lib1 , dice, precisamente porque no lo es. Lo que es no es libre: es,
sin más, y no puede no ser ni ser otra cosa que lo que es. E pues la nada,
la que ha hecho ser al corazón del hombre, la que lo constituye como libre
y que es propiamente su libertad misma, en tanto que lo constriñe a hacerse,
en lugar de ser, de donde resulta que, para el hombre, ser será, necesariamente,
eleoirse, no recibir o aceptar, sino hacerse por una elecci6n que tiene el caráct r absoluto de la gratuidad. Desde que es y en tanto que es, s necesariamente y totalmente libre. La libertad es propiamente el ser del hombre, s decir
"son néant d'etre" (L'Etre et le Néant, pp. 508-516).
Es necesario ver lo que esto significa. La voluntad no • ejerce sino sobre la
base de una libertad original, que sólo le permite constituirse como decisi6n
definida relativamente a ciertos fines que lige perseguir por tales o tales medios. En seguida, no puede desplegarse sino en el cuadro de los fines ya propuestos por el hombre. Estos fines, en efecto, son aquellos qu la realidad-bumana se da como proyecci6n de posibilidad, en los cual s pr tend terminane
en- t-para-sí, es decir, en ser coincidiendo plenamente con la conciencia de sí.
Los fine no pueden entonces ser concebidos ni como dados desde fuera, por
una decisión que de inmediato impondría al hombre las vias de u destino, ni
tampoco corno expresiones de una pretendida "naturaleza" interior que el
hombre debería actuar por su acción. El hombre escogi6 sus fines, y porque
los escogió, les da una e.'&lt;istencia trascendente qu es como el término-limite
de sus proyectos. Aquí la existencia precede y determina la esencia, lo que

110

quiere decir, que
. .
, el . h om b re, por su surgumento
mimo (surgimiento que es
por otra parte éJ mismo absurdo y in raz, ) d f . ,
fines que se da. Tal es el brote original de o;j li~:do su serbpropio por los
mentalmente existencia si b'
f da
ª Y este rote es· funda,
ien e1 un mento de los f
por mi voluntad O r mis
.
mes que persigo, sea
pasiones, no es otra cosa que mi Jibert d •
(lb 1.d., pp. 516-521).po
a rru ma.

Así, por el ser que es en tanto
.
.
hombre participa de la ~ontina
_que di~stlencta, y que no ha CSCOf{ido, el
•
o nCJa ra ca de todo lo q e
mismo, del absurdo total del ser. La libe
u es. y, por esto
es razón del ser-escogido d .
rtad es absurda, ya que s1 la elección
libertad no puede de ningu:anmguna ma;:era lo es de un elegir, del que la
bre de d
I
m~nera su straerse. Estoy condenado a ser li'
e que e ser me es dado sm mi cons t. .
.
constreñido a asumirlo haciéndome T das en. in::ento y sin razón y que estoy
absurdo fundamental.
. o
m1 razones" se hunden en este
Puede uno preguntarse si la fórmula
,
una elecci6n absoluta de la libertad . segu~ la cual los valores re uf tan de
duda, elegir por definición es . m, ma, llene v~rdaderarnente sentido. Sin
elección es necesaria y desde est:,emp prte dactu~ libremente, aún cuando la
, ,
un o e vuta se concederá S
1a )J"bertad es realmente
la
condici6
d od 1 ,
a ·artre que
• .
n e l os os valores ya
1
mdica la elección, la elecci6n im r 1 l'be d
'
que, i e valor
el consentirnient
.
al 1 pica a t rta . Pero hasta antes de artre
o unt\•ers ' e acuerdo unánime de l flósof af'
la libertad no es tal sino en tanto . el
d I
o I
os mnaba que
d
m uye e a guna manera la
6
hecho,
menos la libertad que la mism
6 1
. raz n, ya que,
pura", eparada de una
,
1 .
a raz n a que elige. Una "libertad
sería parece ser .
razfon que a Justifique y, en verdad, la constituye no
,
sino una orma de la indiferenc.1
d la
. .
mente del azar Debe ,
d .
Y e
pas1v1dad y final,
.
na pues ectrSe que razón y libertad se . 1·
tuamente.
llllP 1can mu-

ª

Sin embargo artre no consiente en esta concl . , p
,
.
una fatalidad ( y aún una "maldi .6 ") .
USI~n. ara el, la libertad es
CJ n
· o es un fin que pod ' l ·
tre muchos otros. es un h h
na e egll'Se enabundar podrí .
ec o, por otra parte perfectamente absurdo. Para
•
ª preguntarse cómo
la libertad c
t I
d .
pura y sin contenido algu
pod ,
, . orno a ' es ec1r como libertad
no,
na ser un f m Tod libe
relación a un fin: nunca es
fi
, . .
a
rtad se define por
.
un m por s1 misma. Es medio e in tru
S
quiere ahora que el todo del h b
.
mento. e
p
om re consista en "conquistar I l"be d"
ero, preguntaremos, ¿la libertad de ué
ar
''?
a t rta .
puede ser especificada Si se trata d
q 'li~ P d ª que. Ya que la libertad
niroo de virtud, esta~os de acue e una
r~a de ~rfección", que es sinóarrancarse a los detenninis
d
y ~ quiere decir que el hombre debe
trata de la "libertad d 1 1:11::S ése as p~ones, al vértigo del mal. Pero si se
e e egrr ' ta no tiene por qué conquistarse, ya que es 1o

rd¡°

111

�propio del ser razonable, sino ejercerse como un medio en vista de la perfección bu.mana.
Pero el concepto de "perfección humana" no tiene sentido para Sartre, porque este concepto supone la realidad de una "naturaleza", que es necesario
excluir absolutamente, dice, como destructora de la libertad. Sin embargo&gt;
agrega, si la libertad no tiene deber, no deja de crear deberes, el deber de ser
libre y de promover las condiciones de la libertad. El hecho es que el hombre,
por su libertad misma, necesaria, total e infinita, lleva sobre sus hombros el
peso del mundo entero.
Es responsable de sí y del mundo, no en su existencia, sino en su manera de
ser, ya que de él depende el rostro del mund_o. Grave responsabilidad, ya ~ue
el hombre, comprendiéndose abandonado y libre, se comprende coro~ hac1endose ser y haciendo ser el mundo de su praxis. Desde este punto de V1Sta, toda
queja es ridícula, ya que ningún poder extraño decide lo que soy. Todo lo
que sucede es mío y del mundo, tal como es; no hace sino devolverme mi iinagen. Pero esto no debe conducir a la aceptación y a la pasividad, ya que mi
responsabilidad es la reivindicación lógica de mi libertad, y la única forma
de mi deber, que es el de asumir a cada instante mi libertad.
Sea. ¿ Pero qué sentido pueden tener todavía las palabras: quererse libres,
ya que somos libres desde el principio, sin condición y absolutamente? ¿ Cómo
hacer de la libertad una conquista si la Jibertad es inicialmente un don? y
¿ cómo hacer de la libertad, para sí y para otros (como libertad de promover},
un deber, si es una fatalidad? ¿Diríase, retomando el argumento sartriano
de la "elección necesaria", que puedo asumir esta fatalidad, hacerme un deber de este amor fati? Pero esto sería jugar con las palabras. Cuando escogí
libremente lo necesario, no lo escogí en tanto que necesario, lo que sería absurdo sino como teniendo un sentido que determina mi elección, -y que podría rehusar rehusando la elección y sufriendo simplemente la necesidad.
Condenado a ser libre, puedo escoger hasta la libertad, pero a condición de
justificar esta elección por otra cosa que su necesidad, a saber, por ejemplo,
por esta razón que la libertad es la condición de la grandeza humana. Pero
entonces se plantea un absoluto y afirmo un valor que justifica la libertad.
Mi elección se funda sobre una idea del hombre, que determina un deber, y
no sobre la necesidad -mientras que para Sartre )a sola razón de elegir la
libertad no puede encontrarse sino en la violencia de una fatalidad, lo que
quiere decir que no hay aquí ni razón ni elección.
Sea lo que sea, piensa Sartre, es necesario comprometerse, obrar y militar en el espesor del mundo, de un mundo que es sin duda la expresión y el
campo de mi libertad pero que también, por su facticidad, madeja indiscernible e inerte de necesidades, constituye para siempre el riesgo y el obstácu-

112

lo de esta misma libertad. Aprobamos, pero nos preguntamos: ¿ qué compromiso, qué acción y qué combate? Sartre responde: el compromiso y el combate por la libertad. Pero, en este caso, diremos que "quererse libre, es todavía una manera de alienar la libertad, encadenándola a fines concretos, presentándose (por suposición) como condiciones de la libertad. Y es pretender,
para aumento de infortunio, justificar una libertad que es, según Sartre, "injustificable".
Por otra parte no se harían esas condiciones concretas, condiciones de la
libertad sino para la ilusión de escapar así a la contradicción. Pero esto sería para caer en la petición de principio, puesto que por una decisión gratuita de la libertad son definidas esas condiciones como siendo las de la libertad. En otros términos: es necesario, si se quiere dar a la libertad un contenido concreto, o bien decir que la realización de la libertad depende de
esas condiciones y, en taJ caso, la libertad está "encadenada" ( en sentido
sartreano: depende de imperativos extrínsecos), o bien decir que se identifica con esas condiciones, y entonces se define por esas condiciones y no
por ella misma, pero no puede hacerlo, bajo pena de contradicción, sino por
una pura decisión que todo ensayo de justificación remite al círculo vicioso.
Sartre fracasa pues al dar un sentido a su noción de "libertad pura". Esta
"libertad" excluyendo radicalmente toda especie de determinación, es un mito. Se dirigiría, por el efecto de vacío perfecto que la define (haciéndola Sartre proceder de la nada), a las formas menos pensables de la "indiferencia".
Sería presa de las cosas y la mecánica más vana.

I l.

LA PARADOJA DE LA LIBERTAD

l. De estas discusiones, y especialmente de la de la posición sartriana, tomamos esencialmente: por una parte, la idea de una "libertad pura" no llega a formularse inteligiblemente: conduce a un indeterminismo tan rad;cal
que e1 juego de la libertad fracasa en el azar, es decir de hecho en la determinación causal. Pero por otra parte, como Sartre ya lo ha visto, el acto libre no puede ser sino un "comienzo absoluto", no puede, sin dejar de ser
libre, sino reclamarse de él mismo y de él solamente. La libertad es pues una
paradoja. Llama y excluye a la vez a la determinación racionaJ. Pero la discusión de Sartre nos obliga ahora a ir más lejos y a precisar mejor el sentido
de la determinación racional; ya que podría conducir a introducir de nuevo
e] juego de la causalidad, ruina de toda libertad, como lo ha mostrado Sartre con razón con una crítica que, tal como la formula, llevaría al plano contrario la concepción leibniziana de la libertad, es decir contra la idea de un
113
H8

�"mecanismo espiritual" o de una determinación por los motivos Y los ~ó,,iles. En efecto, ~ e que se admite que el acto libre puede ser dete_muna"
• ,,
f casa al salvar una libertad
do d de fuera, aunque a por mottvos , se ra
.
que no debe, para existir verdaderamente, encadenarse a nada exterior a ella
~~L

d.

Es necesario pues si se quiere resolver la paradoja de la liberta , re'.nte'
·
d la hber
grar de alguna manera
las razones y los motivos en el acto m1SJD0
e
. •
tad Como primera aproximación a la solución de este problema, exa~a,.
re~os brevemente el argumento que se apoya en el juego de los motivos .Y
)os móviles para debatir la existencia de la libertad. Este argumento ha s~do propue to de diferentes maneras de innegable valor. Algun~s no son evidentemente sino puros contrasentidos o imples po_stulado · As~ el ar~ento consistente en decir que si se le determinase a part1r de un motivo, se está _determinado por el motivo. Pero el problema cons!ste !ustam~nte en saber s1 la
esencia de la libertad no es esta misma determmac1ón racional.
..
Pero hay otra manera ele presentar el argumento y que propon~ u~: diiicultad real. Consiste en llevar a un proceso al infinito, la detenrunac1_on racional. La voluntad, se dice, escoge un motivo Y,..cs~~~ndolo 1: ~nf~ere_ su
eficacia: este motivo determina lo que . e llama el JWCIO práctico , termino
de la deliberación y expr ión del elegir racional.
.
Pero si esto es así, se necesitará encontrar un motivo para ha~~ escogtd~
ese motivo v, en ~ida, un nuevo motivo de lección ele este ~!tuno, Y asi
hasta el infi~ito. ¡ no, se nece. itaría partir de un motivo no mollv~do~ es decir irracional. Entonces, a falta de elección inteligente ya no habna libertad.
Esta objeción no puede descuidarse. Señalando una dificultad real Y ~ve nos orienta hacia la solución que proponemos al problema que estu~m~s. Esta dificultad consiste en la separación de la voluntad Y del entendimiento como órgano de motivos. Esta separación, de hecho,. está llena de peligro. ya que para que una elección voluntaria y lib'.e sea po 1ble entre los motivos. presentados por el entendimiento. es nccesano sobreentender ~n la voluntad ( 0 la lib rtad) otro entendimiento capaz de valuar_ los, mo_nvos. _Volvemos así al infinito y la libertad desaparece en esta fuga sm tenruno asignable.

Es un error s parar como dos actos distintos la elección del motivo y la d~cisi6n O si se quiere, el juego de la inteligencia y el ~e la voluntad. _En realidad la elección del motivo y la decisión (o juicio prácbco) no hacen SlllO uno
'
tan sin· 0 dos aspectos de un acto en sí indivisible o total. La decino repre5en
•
¡ d · 'ó
sión es la posición de un motivo, así como la elección del motivo es_ ~ ec151 n
misma el juicio práctico mismo. El 'motivo", s para~o ele l_a declSlÓO, no es
ya de hecho un motivo propiamente dicho sino una simple idea en el enten-

7

114

dimiento sin duda dotada de su fuen.a interna de idea-fuerza, pero exterior al
querer como tal. La idea no se vuel\'e motivo auténtico sino por la decisión
que se le asimila, se le incorpora y con ella se identifica. Se ve que en estas condiciones ya no hay para qué ir más allá del motivo para hacerlo inteligible
por un otro motivo, y éste por otro, hasta el infinito. 'El acto no es, hablando
propiamente determinado por el motivo. E tá constituido por el motivo mismo, en tanto que tal. En otros términos, la decisión no depende del motivo,
es ella misma y por sí posici6n del motivo. Y precisamente es por eso que el
acto libre es propiamente un querer racional.
Sin duda artre tien razón cuando dice que "el móvil, el motivo y el fin,
son tre aspectos inseparables del surgimiento de una conciencia viva y libre
proycctándo e hacia su po ibiliclad 11 (L'Etre et le éant. pp. 522-526), que,
bajo esto tr a pecto la libertad constituye una "totalidad" concreta. Motivos móviles y fin son los constitutÍ\'OS de la libertad. La determinación racional que definen es pues interior al acto libre mismo y lo constituye precisam ·ote como libre. in embargo, si . artre rehusa esta determinación racional, es porque él ve aquí otro nombre de esta "naturaleza" o de esta "esencia"
que no acepta, considerándola como anterior a la libertad o a la existencia. Es
\·erdad que debe conced.érsel una anterioridad lógica. Pero en su acto concreto, atrapado en u indi\-isa totalidad, la libertad se identifica con esta naturale7..a, no solamente sin ce ar de ser libertad, sino de tal suerte que, sin esta identificación, ya no sería libertad, sino puro juego irracional y imple producto del v.ar.
A í, la determinación racional, necesaria a la inteligibilidad del acto libre,
el cual por una parte contrariamente a lo que piensa J. P. artre no puede
proceder de la nueva forma y por la otra como artre lo ha "isto también, debe ser un comienzo radical, esta determinación racional ya no es un obstáculo para la libertad de de que coincide con el acto de é ta. Pero esto nos conduce a una nueva precisión que, a decir verdad, puede aportar solamente una
solución al impedimento que surgía constantemente del análisis del acto libre. La ambigüedad, en efecto, viene siempre del hecho de que hablamos de
"la hñertad" como si ella representara una función y un poder aislable de la
totalidad humana que piensa, quiere y decide. Bergson ha insistido mucho, espe ialmente en los Données immédiates de la conscience, sobre esta dimen ión
desastrosa de la actividad humana. Es necesario volver a decir, d pués de él,
aunque en un sentido dema iado diferente (ya que Bergson parecia conducir
la libertad a la. pura espontaneidad), que el acto libre es el acto del hombre,
. er racional, y que su raíz, como lo en. ñaba Santo Tomás, está en e ta racionalidad por la cual el hombre llega a ser causa sui.
El hombre no está determinado. El se determina a í mismo. Y se determina

115

�a partir de sí. El acto libre es verdaderamente un comienzo y también, s~ se
uiere un comienzo absoluto. Aquí se cumple el hombre en lo que lo de~me.

~ as~endo su naturaleza, se asume él mismo, ser racional, en la plenitud
de sus sentidos y en la verdad de su ser.
Traducción de ALFONSO

RANGEL GUERRA

ACTITUD PROBLEMATICA Y FE EN LA RAZON

Ensayo Introductivo a la Filosofía Contemporánea
SERGIO SARTI

Udine, Liceo Clásico

EL TÉRMINO "FtLOSol'fA" quiere decir, como cualquiera lo sabe, "amor a la
sabiduría"; y expresa un concepto que parece encerrar, inseparablemente unidos, dos elementos: la actitud problemática (que significa "amor a la sabiduría" si no deseo, y por tanto búsqueda de eUa; y ¿qué es esta búsqueda si no
averiguación, investigación, problema?) ; y la fe en la capacidad de la razón,
(¿con qué se puede buscar la sabiduría, si no con La razón? y, ¿cómo buscarla, si no teniendo confianza en aquella razón, con la cual solamente se la
puede buscar?) .

Todo el pensamiento clásico (y en él incluímos también la filosofía cristiana, nutrida de tradición greco-romana), presenta eje:r;nplos continuos, evidentes, de la indisoluble unidad de estos dos elementos. Y no deseamos referirnos solamente a Sócrates en cuya ejemplar figura, la problemática se
hizo razón de vida y 1a fe en el pensamiento fue así inquebrantable de representarle aceptablemente la prueba suprema de la muerte; no solamente
a Platón, para quien el pensamiento 1 tiene la capacidad, de poder fundar sobre sus bases racionales la verdad del mundo Hiperuranio, y la problematicidad se siente tan profundamente, que lo empuja a reexaminar durante toda
la vida, con infatigable trabajo, sus propias doctrinas; no tan sólo a Aristóteles, para quien el pensamiento se extiende cuanto se extiende lo real, y los
límites de la investigación problemática son los límites mismos de lo real; sino
también a Agustín, a Anselmo, a Tomás, a todos aquellos pensadores que
1 En este ensayo los
términos "razón" y "pensamiento" se usan como sinónimos,
para no tener que entrar a distinciones en que se habrían requerido explicaciones complejas, extrañas a la materia tratada.

116

117

�también reconocen más allá de las verdades racionales la existencia intangible de verdades reveladas.
También en éstos subsiste Ja actitud problemática y la fe en el pensamiento. La fe no es negación de la problematicidad: por un lado, es ella
misma solución de un profundo trastorno problemático (¿cómo no recordar,
a propósito, la apasionada vicisitud interior de_ ~gustín de Hipo~a?); Y
por otro lado es fuente, a su vez, de problemabC1dad, ya que reqwere ser
repensada, redaborada, repropuesta eternamente en du~a_- ?'ide~ quaer,~s
intellectum" decía san Anselmo, y siglos después, un espmtu mqu1eto Y av1'
'
.
do de lo divino
como Miguel de Unamuno recalcaba: "L a f e se tiene
viva
con resolver dudas y después volviendo a resolver aquellas que a cada duda
resuelta resurjan". 2
•
Por otra parte, la limitación de la razón fre~te a la fe. es, no debe olvidarse una autolimitación. La razón tiene sus motivos -racionales- para acept:i, la fe, y para aceptarla como superior a sí; no es ~ues ?primida por lo externo, sino que se circunscribe al propio campo del interior. Tener fe_ en la
razón, no significa creer que la razón pueda conocer toda la verdad, smo sólo creer que ella puede conocer aquellas verdades. de que es capaz; con t~I
que sea la misma razón, quien establezca su capacidad y por lo tanto sus lími~
.
La unidad entonces de actitud problemática y de fe en las fuerzas rac10'
,
fil f
nales, puede considerarse como una connotación típica de toda la oso ta
antigua. ¿ Podemos decir otro tanto de la filosofía modern~? .
En la filosofía moderna, la razón rehúsa encontrar un limite en la Revelación• ni el pensamiento admite otra fuente de verdad que sí mismo. Sin
'
,
embargo, actitud problemática y fe en la razón se encuentran ~m c~~ectadas de tal modo que se limitan recíprocamente; tanto que la ~!11°ac1on ~e
uno de estos elementos, corresponde puntualmente a la contracc1on, a la disminución o directamente a la negación del otro.
Tómes~, por ejemplo, a Descartes. La dirección que da a la filosofía, ~oderna, por medio de la duda metódica, parece decidi~amente problemat1ca.
Pero luego, la duda se para bruscamente frente_ al ~~~ito:· esto _se le prese?ta
como algo absolutamente evidente, como una mtwc1on mmed1ata, sustra1da
a toda duda, por hiperbólico que ello sea. 5
s Comentario a la vida de Don Quijote, p. 11, cap. VII. Análogamente SctACCA, en
un escrito de 1955, dice: "La fe se conquista tan personalmente que exige siempre
un nuevo empeño; tan precioso tesoro que, encontrado, se está siempre en el pun~c
de perderlo; más se conquista y mejor se tiene, más se arriesga y me~o~ se está dispuesto a perderla". (El escrito está recopilado en el volumen En espmtu y verdad,
Marzorati, Milán, 1960, pág. 309),
• La inmediaci6n del cogito está claramente afirmada por Descartes, entre otras

118

Este ejemplo presenta -en forma extremadamente clara y sugestiva-, el
paradigma del procedimiento típico del pensamiento moderno, para el que,
todo puede ser problematizado, con excepción del pensami.ento. Extender la
duda también al pensamiento, hacerlo objeto de problema, significa, para la
mentalidad moderna, haber perdido la confianza en el pensamiento. Problematicidad y fe en el pensamiento, en lugar de compenetrarse, se limitan.
Pero no se limitan solamente; la fe en el pensamiento, sustraída a toda duda, termina por matar la duda, toda duda, también aquella de la que había
surgido. En efecto una vez alcanzada la certeza del cogito, la duda inicial parece aJgo ya pasado, superado, vencido definitivamente; y se vuelve legítima
la sospecha, de que no se trataba de una auténtica duda, sino de un simple
expediente didáctico para introducir el cogito.
Que con el cogito, el pensamiento haya sido puesto como única realidad
improblematizable, y por tanto absoluta, lo han demostrado los desarrollos
posteriores: el idealismo inmanentista postkantiano, es precisamente el fruto
más maduro que ha producido el germinar del cogito.
Pero hay que anotar, que a lo largo del camino que va de Descartes aJ
Idealismo, Kant ocupa un lugar central: y no se puede callar el hecho, de
que Kant ha repropuesto la duda cartesiana en forma más radical, extendiéndola también al pensamiento; él, en efecto, somete ''la razón aJ tribunal
de la raz6n", y descubre en ella, de tal modo, insuperables limites.
Pero precisamente este aspecto del criticismo kantiano, quedó sin eco en
el pensamiento de sus continuadores. Ni Ficbte, ni Schelling, ni el mismo
Hegel, se detuvieron a considerar el sentido y la amplitud de la capacidad
de la razón de problematizarse a sí misma. Y ésta, que había sido el alma
misma del criticismo sufrió la misma suerte de la duda metódica: como el
cogito había terminado por quitar todo sentido a la duda de la cual había
nacido, así, según los idealistas, la síntesis a priori terminó por hacer olvidar y
anular su matriz, es decir, la autoproblematización de la razón: y el pensamiento volvió a ser dogma intangible, del cual no se pueden dar proble-mas.
Para Fichte, el pensamiento se vuelve pura y absoluta subjetividad. Yo, y
este Yo, "se pone a sí mismo absolutamente"; 4 para Schelling, los dos polos
cosas, en la réplica a la III objeci6n del II grupo de objeciones: "Cuando uno dice:
yo pienso, luego existo, no deduce la existencia de su pensamiento en virtud de un•
silogismo, sino como cosa de por sí evidente: Lo ve por una simple introspecci6n de
la mente" (Oeuvres, IX, 110). Un interesante e inagotable estudio analítico sobre el
cogito y los problemas inherentes, se encuentra en: EM.11.1! CALLOT: Problemes du
Cartesianisme, Annecy, 1956.
'
• ~a sea en Ueber den Begrifl des Wissenschafteslehern (''Sobre el concepto de la
doc~1na de la ciencia"), ya sea en la Grundlage alles Wissenchafteslehren ("Funda-

.

119&gt;

�entre los cuales se mueve el pensamiento, Subjetividad y Objetividad, se unen
para formar lo Absoluto; para Hegel, la Subje~vidad y la Objeti_vidad se
ponen en relación dialéctica y dan lugar al devemr: pero este ~evemr es una
mediación que se pone como inmediata: "El Yo, o el deverur en ge~eral,
este acto del mediar, en virtud de su simplicidad, es justamente la inm_ediación que está en camino de devenir, es además lo inmediatamente mismo ..." 5
Se podría pensar que por lo menos el neohegelismo italiano -que tr~
formó el idealismo en historicismo-, haya encontrado el modo de reaf rr.
mar la problematicidad; si la historia es mutabilidad perenne, en el_la, todo,
en cualquier momento, debería poderse problemat~. ~e~o es el ~smo Bcnedetto Croce el más enérgico representante del histonc1smo, qwen se encarga de desil~sionarnos a este propósito. Todo, en la historia, puede ser p~oblematizado salvo el historicismo, y aquellas doctrinas que con su lógico
desarrollo conducen a ello. Y no basta: cada momento del devenir histórico repres;nta una conquista; el momento sucesivo la ~olverá a p:o~lematizar, pero ella, por sí misma, no podrá jamás problematizarse sola: · Si_ l~ humanidad es infatigable, y todo le queda por hacer, si a cada cumplimiento
suyo nace la duda y la insatisfacción y el requerimiento de un nuevo cump limiento, de vez en cuando el cumplimiento existe, se posee y se goza, Y la
.
. , de re posos . .."º
aparente carrera precipitada, es, en realidad
una sucesion
En cuanto al otro historicista, primero amigo de Croce y después su rival,
Giovanni Gentile, tendremos ocasión de comentarlo más adelante; por ahora
bastará señalar que también para él el Acto -en el cual se resuelve ~a t?talidad del Espíritu-, es inmediato a sí mismo, y por tanto no puede Jamas
problematizarse.
De lo anteriormente señalado, emerge claro, luego, otro dogma, que
el historicismo idealista considera más alto que el ámbito en que se mueve la
problematicidad: el dogma del devenir histórico, aquel devenir que consiste
en un perenne "pasar" del Espíritu, de la una a la otra de sus formas o determinaciones.
mentos de toda la doctrina de la Ciencia"), ambas del 1794, la proposición "el Yo_ se
pone a sí mismo absolutamente" constituye el primer principio de la ciencia, y repetido
más o menos con las mismas palabras.
• G. F. W. HEOEL, Fenomenología del Esplritu, Prefacio; traducción italiana de D&amp;
NEORI 2a. edición, 1960; La Nueva Italia, editorial Florencia;. volumen lo., pág. 16.
Algu~s páginas más adelante, Hegel vuelve a la inmediación ~el pe_ns~ie~to: . "Los.
pensamientos se vuelven [luidos cuando el puro pensar, esta inmediación interior. • •
(etc.)". (Id., pág. 27).
• B. Caoc&amp;, La historia como pensamiento y como acción, 4a. edición, Bari, Latena.

1938; págs. 41-42.

120

Pero la intangibilidad de este dogma constituye, para el historicismo, una
aporía bastante rara: el devenir en efecto, no pudiendo ser problematizado,
no puede tampoco probarse, siendo ello, al contrario, el principio a que se re-curre para probar todo el resto. Y sigue siendo un misterio cómo una "sucesión de reposos" pueda constituír un desarrollo y un progreso ( que es ade~ás, sea
ent~e paréntesis, el mismo problema de Zenón de Elea), 0
como el Espmtu, Siempre satisfecho de sí mismo, en cada determinación suya, sea _induci~o a ~asar a una determinación sucesiva. Y no se podría aportar me1or testlmomo de la parentela profunda que liga -no obstante las
polémicas recíprocas-- a los dos pensadores, que aquella constituida por la
constatación que la misma aporía atormenta profundamente las doctrinas de
ambos.

di~?

Pero, se observará: no toda la filosofía moderna se resuelve en el idealismo y en sus derivados. Existen otras corrientes no sólo diferentes, sino directam~~te opuestas; corrien~es que han empujado hasta el fondo la problemabc1dad, y que no han titubeado en investir con la duda disolvedora todos
los dogmas y todos los ideales.
E~to es verdad: pero precisamente estas corrientes suministran, por el contrano, la contraprueba de nuestro asunto. El resultado de la extensión de la
problematicidad, ha sido el de la renuncia a la fe en el pensamiento. Nada
m:i5 común que el espectáculo de aquellos que, habiendo dudado de todo, ternunan por dudar también del pensamiento con que dudaban. Irracionalismo, vitalismo, voluntarismo, escepticismo, poco a poco, han declarado la ban-carrota de la razón y se han confiado a la intuición, a la fe loca, al instinto.1
13astará citar~ los ~ás ~tos representantes del existencialismo: Jaspers, para
el c~ la razon esta destinada a sufrir un eterno jaque frente al Ser al cual
tamb1en perennemente tiende; y Heidegger, para quien la posibilidad de
:af~ el Ser está puesta, en lugar de en el pensamiento, en una oscura intu1c1on que no se sabe si es lírica o más bien mística.ª
' Q~e nuest~~ época muestra señales de rebelión contra la razón, como tal vez nunca
•~ hab1an verü1cado en el pasado, es cosa notada por muchos autores. Véase como
:~emplo, JAN H~1~NOA: "Un anti-intelectualismo sistemático lilosófico y ~r5.ctico
~o aquel que vivimos, parece realmente un hecho nuevo en la historia de la civilizaci~n humana ... No conozco civilización que haya renegado del conocimiento entendido
más amplio·• la Verdad• . ." (La erisu
· · d e la cw1
· ·¡·izaci·ó n, tra d uc.
. en
. su sentido
.
ci~n rtali~.' Tormo_ 1938). E. M. F. SC1ACCA escribía en 1948: "Pero existe otra
sena! d_e crms, que, s1 perdurase, se resolvería con la decadencia y luego con la muerte
la filosof~a: la. rebelión contra la razón, el proceder por estados de ánimo, por simp es afir~ac1oncs mcontroladas, el hacer filosofía como se hace poesía O novela ... " (en:
En esptrrtu y vardod, ya citada, pág. 108).
1
Como es sabido, esta tendencia de Heidegger de fiarse en la poesía más bien que

-d;

121

�No nos parece, por lo tanto, arriesgado concluír que aquellos dos elementos intrínsecos al concepto de filosofía -actitud problemática y fe en la razón-, que en la filosofía clásica se sentían como en perfecto acuerdo o seguramente como coincidentes, en la filosofia moderna aparecen dotados de
una inmanente contradicción, que no permite la afirmación de uno, si no es
en menoscabo del otro.

•
Estas consideraciones nos ponen frente a un problema, que nos proponemos afrontar aunque ello aparezca extremadamente complejo.
Se nos puede preguntar, ante todo: aquella contradicción que el pensamiento moderno parece revelar dentro del mismo concepto de filosofía, ¿ es
verdaderamente irremediable? ¿ La filosofía clásica ha estado tan poco alerta en el campo crítico, que se le ha dejado escapar; o es algo artificioso e
insubsistente, que la filosofía moderna ha hecho nacer de particulares presupuestos errados?
Además: ¿ los términos "problematicidad" y "fe en la razón", pueden recibir una acepción tal, que puedan estar naturalmente juntos sin suprimirse?
Y si esta acepción existe, ¿ no es lógico retenerla sin más como auténtica, en
cuanto, quitando una contradicción intrínseca al concepto mismo de filosofía, hace posible el ejercicio? Pero en este caso, ¿ cómo juzgar la filosofía mo-

esto, ~se. ~ebería entonces decir que someter el pensamiento mismo a problem~,. ~1gnifrca negar la criticidad? ¿ O no es necesario decir, más bien, que la
~tic1dad encuentra su acmé precisamente en el embestir el mismo pensamiento, Y que ampliar el ámbito de la duda hasta comprender la razón, no
es ya un renegar del problema crítico, sino un empujar más a fondo las mismas exigencias de las que ha salido?
Y en fin: hoy la. filosofía se orienta, en general, hacia una actitud que se
puede coDS1derar, s1 no del todo común, .ciertamente muy difusa: aquella de
desear tener por objeto de indagación primero y principalmente al hombre•
de querer ser filosofía del hombre y para el hombre. Pero el hombre al cuaÍ
~ refiere de costumbre, no parece en absoluto el "yo trascendental" del Ideabsmo; se trata, por el contrario, del hombre culto en su debilidad en su exJ
trav10, en su 1D1potenc1a. Es el hombre que no sabe aceptarse como es; el
hombre, en suma, que se ha problematizado.
. ¿Debemos, por lo tanto, decir que está surgiendo un modo nuevo de conSI~erar al hombre? ¿Debemos decir que la filosofía "moderna", que dio sus
pnmeros pasos, en la época del renacimiento, cuando el hombre estaba ebrio
de sí mismo y de su capacidad, está ya dejando el campo a una nueva filosofía, que podemos llamar "contemporánea"? Pero ¿ es verdaderamente nueva esta concepción del hombre; o no se reúne más bien, a aquella de la filosofía clásica, que jamás concibió al pensamiento humano como un absoluto?
1

•

•

derna, que no ha conocido tal acepción?
No basta la complejidad del problema, nos permite formularlo en otros

?orno se ve el plexo problemático frente al cual nos encontramos, es de los
mas arduos y enredados. No podemos -en el breve ámbito de este escritopr.ete~der desatar totalmente el nudo; podemos, sin embargo, ilustrar las implicaciones Y mostrar, en sentido general, cual es la solución que nos parece.

términos, desde otros puntos de vista.
Para Descartes y para el Idealismo, todo puede ser problematizado salvo
el pensamiento. Pero, podremos preguntarnos, ¿ es posible para el pensamiento problematizar algo, sin problematizarse a sí mismo? Y consiguientemente deberemos preguntamos: ¿de qué modo es posible al pensamiento
este autoproblema, con el cual se interroga sobre sí mismo? Y ¿cómo puede
tener ''fe en sí mismo", en el momento mismo en que él se problematiza?
No basta todavía. La filosofía moderna declara haber sacado del "problema crítico" la absoluta certeza que el pensamiento tiene de sí mismo. Dado

• ¿ C~ál es el valor semántico de la expresión "fe en la razón? Podemos dar,
~~s, por dem.ostrado un hecho: que la fe en la razón, es algo interno,
unplíato en la rrnsma razón. Tener fe en la razón, significa afirmar la validez del acto con el cual se razona; y tal afirmación, es la razón misma que la
cumple.
Toca todavía preguntarse a este respecto: ¿ qué es lo que cree la razón
cuando cree en sí misma? O mejor, para poner la pregunta más claramente;
l la_ fe en la razón, es algo que se agota en el ámbito de ]a razón misma 0
me1or, la razón creyendo en sí, cree también en algo que la sobrepasa?
'

en la filosofía para alcanzar al Ser, ha ido acentuándose en las obras posteriores al
Sein und Zeil (1927), en las cuales se pueden leer frases como esta: "El arte es el
poner en obra al ser" ("Der Ursprung des Kunstwerkes", en "Holzwege", Frankfurt a.
M. 1950, pág. 50). El mismo Heidegger ha escrito un ensayo poético de valor no des•
precia ble: véase un sugestivo ejemplo publicado en la revista Filosofía (Torino) 1 en
julio de 1957. Chiodi, que es el más asiduo estudioso italiano del pensador alemán,
ha escrito un breve pero interesante estudio El último Heidegger, Taylor, Torioo, 1952.

El idealismo ha da~o: a esta ~regunta una respuesta inequívoca para él,
la fe en la razón se dirige exclusivamente a sí misma, y en sí misma se resuelve y se cumple.

122

~in

Para el idealismo el pensamiento es verdadero (más bien es el Verdadero)
;n ~uanto ~cto absoluto y autónomo. No es verdadero en' sí, Jo que el pen~
arruen to piensa ( el objeto, lo pensado) ; verdadero en sí es sólo el acto de

123

�pensar (el sujeto). El objeto, puede decirse también verdadero, pero solamente en el sentido en que existe 5610 en cuanto hecho del sujeto: no vive
de vida propia, sino que vive de la vida del sujeto: "El objeto del Yo participa en la vida del Yo, vibra en él, consustanciado con él: no es término al
cual se dirija la actividad espiritual, sino que es la actividad misma, que es en
cuanto se crea, y se crea objeto a sí misma". Así Giovanni Gentile,9 ha estudiado la relación entre sujeto y objeto, mostrando las últimas consecuencias
de la posici6n idealista sobre este argumento.
El hecho por lo tanto, se resuelve en el hacer: el pensamiento, creyendo
en sí mismo, no cree en el hecho que él hace, sino sólo en el acto con el
cual lo hace.
Pero ¿puede la "fe en la razón" significar sólo esto?
Tómese, para dar un ejemplo, el caso de un estudioso que lea un texto
filosófico y que; mientra.e: comprende perfectamente el sentido, no participa
todavía de las conclusiones.
Según el actualismo, aquí se verificaría un proceso en dos momentos sucesivos.10 En un primer momento, el lector hace suyo el pensamiento del
autor del texto; él lo piensa, esto es, como un pensamiento propio; lo hace,
por lo tanto, acto suyo. Y en este acto, él, conjuntamente, lo comprende y
lo cree verdadero, siendo el acto del pensamiento siempre verdadero a sí
mismo. En wi segundo momento, él repiensa aquel acto que ya había sido
suyo y se lo pone delante como objeto, como pensado: y ahora el pensamiento del autor del texto que por un instante se había identificado con el
suyo, le parece como cosa diferente y contrapuesta, y puede juzgarlo equivocado.
Obsérvese ahora: un pensamiento no es una imagen mítica o fantástica;
un pensamiento es un pensamiento; y si para pensarlo toca ponerlo como
objeto, también como objeto sigue siendo un pensamiento. Pero, ¿qué significa pensar un pensamiento como objeto, si no, esto, pensarlo? Eso es,
Sumario de PedC1gogía, vol. I, cap. XV, págs. 91; 4a. edición, 1925.
leyó en Palenno, en 1911, una serie de comunicaciones que se pueden
considerar, en conjunto, como la primera formulación madura y completa de su pensamiento. E.s interesante notar cómo el problema de la asimilación, por parte de un
sujeto pensante, de un pensamiento ajeno, es aquello que viene afrontando precisamente al comienzo: "Un pensamiento ajeno, también queriéndolo pensar como ajeno,
no podemos pensarlo más que pensándolo como pensamiento. . . consintiendo y haciéndolo nuestro. . . Si bien, esto es, un primer momento del pensar el pensamiento ajeno. . . Al primer momento tiene uno detrás del otro... , etc.". Las comunicaciones
fueron reunidas con el título: El acto de pensar como acto puro, y publicadas en: La
reforma de la dialéctica hegeliana, Messina, Principado edición, 1913, fragmento citado
• G. GENTILE,
10

GENTILE

¿resolverlo en la actualidad del pensamiento? Y, ¿ cómo es posible pensar
como falso aquello que vive en la vida del acto, vibra con el acto, consustanciado con el acto: aquel acto que es siempre y necesariamente verdadero?
La dificultad, aunque más evidente cuando un pensamiento se piense como
falso, se representa igualmente también en el caso en que un pensamiento se
juzgue verdadero. ¿Cómo, en efecto, juzgar un pensamiento si no poniéndolo como objet?, eso es, _pensándolo como pensado? Pero ¿cómo pensarlo
como ?ensado, s1 no, precisamente, pensándolo, esto es, resolviéndolo en la
actualidad del pensar? Pero en este caso, sólo esta actualidad es verdadera
y no el pensamiento pensado como objeto.
'
E~t~s notas no hacen más que aclarar una grave falta de la concepción
gentihana (y, en general, idealista): la falta de un fundamento de la objetividad.
El pensa~ien~o, para e~ ~ctualismo, se puede parangonar con una máquina
de proyecc1on cmematográf1ca, que proyecte sus imágenes en el vacío, sin que
haya una pantalla que las recoja y las fije, presentándoselas al espectador. Con
este _agravante, ~demás: que en el actualismo la disolución del objeto lleva
consigo, d~ refleJ_o, tai_nbién la disolución del sujeto; dado que, si es cierto
que el ob!eto ~ste solo en cuanto hecho por el sujeto, es cierto también,
que el s~ Jeto ~xiste sólo en cuanto hace el objeto; y si el objeto no viene
hecho, m el su1eto hace, por lo tanto se disuelve junto al objeto.
Nos preguntábamos hace poco: ¿puede significar la "fe en la razón", sólo
la fe en la verdad del acto con el cual el pensamiento pone al objeto?
Ahora podemos responder: si significa sólo esto, no significa ru S1quiera
esto. Cuando el pensamiento cree en sí sólo como acto o sea cree solamente
en su subjetividad, pierde el propio objeto; pero si, 'como 'pensar significa
pens_ar en un objet~, aquél cesa de pensar, y por lo tanto, también de creer
en s1 como pensamiento.
"Fe en la raz6n", debe, entonces, significar algo más.
El pensamiento tiene, sin duda, fe en sí como acto. Pero este acto es acto
de pensar un objeto. "Fe en el pensamiento", significará entonces fe en la
verdad del objeto.
'
También para el actualismo, hay una verdad del objeto: el objeto es verdader~, ?ero n~ e~ sí: es verdadero sólo en cuanto se resuelve en el sujeto, que
es el uruco autentico verdadero. El objeto tiene, en suma, para el actualismo,
una verdad derivada, refleja, de la verdad del sujeto.
Ahora, para que no suceda la señalada disolución del objeto (y, consecuente~ente, aquella del sujeto), es necesario que el objeto sea, para el pensarru~nto, verdadero en sí: esto es, es necesario, que el pensamiento piense el
0 bJeto como dado, y no como hecho por él y para él.

en página 246.

124

125

�Naturalmente, una propos1c10n como esta que acabamos de enunciar, da
lugar a una infinidad de objeciones.
Puede oponérsenos, en efecto, que esto --que el objeto sea verdadero "en
sí"-, es una ilusión tenaz del sentido común, típica de la visión vulgar de la
realidad todavía filosófica; que el filósofo, justamente en cuanto filósofo, debe
vencerla y superarla.
Puede oponérsenos, que sostener una posición similar, significa moverse
todavía en un ámbito pre-crítico, y que la filosofía moderna, justamente
planteando el problema crítico, la ha eliminado para siempre.
Puede oponérsenos que una tal verdad "en sí" del objeto, si es tal para
el sujeto, es asimismo, siempre puesta por un acto del sujeto, y por lo tanto
se resuelve también en la verdad del sujeto.
Objeciones éstas, que, también siendo típicas del idealismo, sobreentienden una concepción general del pensamiento (o, si se quiere, del Espíritu) ,
común a gran parte de la filosofía moderna. No estará mal detenernos un
momento sobre esta concepción.

límite sobre el cual el pensamiento puede inscribir los
y puede, por lo tanto, conocerlos.
objetos determinados,
Esta limitación es entonces, aquella ue ha
.
pensar, en el mismo momento y con 1 ~
, ce al pensamiento capaz de
y por Jo tanto finito Pero
e IDJsmo titulo con que lo hace limitado
·
, por otra parte j t
t
'
pensamiento puede problematizarse
d
,b ~s amen e porque es finito, el
•
, Y escu nr su propia c
"d d
Juntamente, sus propios límites.
apac1 a y, con-

El idealismo posterior resuelve totalm
.
trascendental"- en la activ"dad d 1 •ente el ob1eto -también el "objeto
jeto. Este permanece siempr: e , e . SUJetod. Nada, por tanto, es dado al sun s1 mismo espués de
en su actuar; y por tanto no p d - ~
que se agota totalmente
modo, no puede problem:tizarse~ed \l
s sobrepasarse a sí mismo. De tal
absoluto, el único absoluto
, ·b. e el aceptarse como un hecho evidente y
,
.
.
' mas ien, o Absoluto.
A
st, el idealismo supera al "ti .
que estaba absolutamente segu:
y se enl~a. con ~l cogito cartesiano,
Es de gran interés para nosotros :~=rque esta i~edi~to a sí mismo.
consecuencia solución del p bl '
. que el cogito qmere ser expresión
'd .
'
'
ro ema crEt1co aqu 1 ·
'
I ealismo considera como tí .
d 1 fil
:
e ID1Smo problema que el
" . C,
.
pico e a osofia moderna
t orno piensa el pensamiento al ser?". h
,
.
ple del problema crítico aquella q
e aqw la formulación más siromiento filosófico de nue~tra ép
ue o ra en profundidad en el desenvolvioca.
y •bien: nosotros no vac1·1 amos en declarar esta formul . ,
"t'
ffil ,cismo y de do!mlatism 12
ac1on viciada de
o
o.
Sería demasiado largo tratar del f d
,.
problema crítico; aquí bastará s - ~n ~ nutlco sobre el cual se delinea el
presupone -del todo
·u·
ena ar o que una formulación hecha así
acn camente-- un ser
, .
pensamiento. un er
d
.
.
que se está merte más allá del
d 1 d
'
mu o, macizo, impenetrable .
. d
e o e la materia sensible ( 1 1
' imagrna o sobre el mo.
e so o ser, por otra part
D
su siglo les interesase conocer) .
así h
e, que a escartes y a
·¡¡
'
un
ser
echo
e
v1 a que el pensamiento haya te . d
, n suma, que Do nos marae
l
rmma o por negar po ., d
,
n su ugar, como único inclis tt"d
. .
.
'
ruen ose a s1 mismo
'
cu O e indiscutible ser.

:~º•

b.

Cuando, con Fichte, el idealismo se separó del criticismo kantiano, como
uD insecto perfecto de su crisálida, ha debido renunciar a algunos presupuestos kantianos; por ejemplo, ha tenido que dejar caer la posibilidad de que el
"objeto trascendental" fuese, para la mente humana, un dato, y no un producto de la actividad sintética; y ha debido hacer surgir la posibilidad de la
razón de elevarse más allá de sí misma, para reconocer sus propios límites.
Dos puntos, éstos, del kantismo, que en último análisis, forman uno solo.
El "objeto trascendental", del cual Kant se ocupa preferentemente en la la.
edición de la Crítica,11 no parece que se deba interpretar como algo "pensado", un "objeto", un producto, en general del pensamiento; sino corno algo
dado a él, y que, justamente porque es dado, le constituye el limite: aquel
"El concepto puro de este objeto trascendental. . . es lo que puede conferir una
relación con un objeto, eso es, una realidad objetiva, a todos nuestros conceptos em·
píricos en general. Ahora bien, este concepto, no puede contener ninguna intuición de•
terminada, y no considerará otra sino aquella unidad, que debe encontrane en un
múltiple de la conoccncia, en cuanto tal múltiple está en relación con un sujeto". Así
E. l(ANT, en la Deducción Trascendental de la la. edición de la Crítica de la Razón
Pura, 82, 36 y ss. El hecho de que en la 2a. edición, Kant haya insistido menos sobre el
objeto trascendental, no significa que haya intentado dejarlo caer: eso se revela, entre
otras cosas, por el hecho de que el objeto trascendental asume nuevamente gran relieve
en el Opus Postumum, cuya importancia, para los fines de la conocencia del auténtico
u

...
. "'La millctdad
del cogito deriva del bech
gico y práctico de la actuaci6n del R
o que . s~ ha puesto como fundamento lóque está
en el origen de tod
l
degnttm
H ommis,
es decir de aquel ideal mít"1co,
.
o e mun o modern
S b.r
eues_tionc:s al propósito, se pueden ver además do. d o eb todas las vastas y complejas
escrito (L
'
. ª acc,'ó n creadora, ensayo publicad
. e os o ras del red actor d el presente
Mor~lhana, Brescia, 1959; Utopistno y m:;;:t:t otros dos o de otros autores, por:
también los siguientes trabajos· M G
oderno, Palumbo, Palermo 1960)
(lp9articularmente la parte la Pról~go ENCTILEí:u1El problema de la filoso/la 'modern~
.,
y ap t o lo.) L E el
. . Brescia
M50 y M . T . ANTONELU: Eidos
o Pra~is
(
. l . a seu a, ectitor1al
orcelliana, Brescia, 1955.
parucu armen te el lo. Y el 2o. capítulos)'.

pensamiento kantiano, se revela, hoy, siempre mayor.

127
126

�,.
era en ustanc1·a pue. ta en
bkma cnt1co,
e
La fonnulación suscitada :. ~ro embestía aÍ ser, por otra parte, _con~e~
mientras el cnt1c1smo
, por el contrano,
1
modo ta ' que
.
. el pensamiento pennanecia
.
modo arb1trano,
b1do ~n
,.
, .co sólo a medias. La
todo tmnune.
1 rob\ ma enoco era cnll
. "·cómo
. tamcnte por esto, e p
1 fondo no puede ser. t.
Pero, JU
·· ·
basta e
'
·
· to
íonnulaci6n que conduce al ~~ll=:lamente é ta: "¿cómo el pensanuen
1 pensamiento piensa al ser. '
.
e
"
. .
iestra que m1entraS
piensa?
de las do propo ic1onc ffil
'
unda cae
Donde el simple examenl . dagación cae sobre el ser, en la g
. ra el acento de a in
en la pnme
.
en roblcma
sobre el pensamiento.
. .
nsamiento. esto es, poner
p. . i ntarse cómo piense el pe
.
d' ta certeza del cog,to, s g
Pero pr gu
. . . de. ar aparte la mme ia
.
'ble absoluto;
el pensamiento,_ s1gruf icaás ~l pensamiento como. algo i~tanJ;á del cual no
nifica no considerar m
, como lo infinito m1 mo, mas
. ·,
no con iderarlo mas
el pensamiento como fimo.
s1g01 l
. .f
en suma, poner
.
se puede andar: s1gru tea,
al ~~.,...,iento dos carrunos.
so
·u· abre pe,..,....~ b' ta al pensam1en~o,
· • v, en este ca
A 1, el problema en co
od d que no em 15
f
la en
O se le fonnu\a de m o e 1 . dad lo absoluto. o se le ormu
'
. to se vuelve la so a "er
'
t nce · éste se revela a Sl
el pensauuen ista también al pensamiento, y en o
del idealismo; el
modo que erob
.
1 camino de Descartes y
,
finito. El prunero es e
1 camino de Kant.
nusmo
· rto punto, e
•
segundo fue, al menos h3:5tha cteooaido en general, el primer cammo.
, .. odema' a es o·
La filoso f ta m
,, c e el segundo camino.
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La {10s01

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días - alr dedor de la segunda _gue.
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lolsoha roconetradi;ciones graves, una de las ~ualel :unesbito
probl ma crítico,
a gunas
, .
ecucnc1a e •
T
.
. ar basta su ultima con.
.
n{ ndía erróneamente po
podido em~uJ_
criticismo parcial, que co u
y haberse hm1tado a un

del

total.

senta aspectos de profunda continuidad con el precedente, pero igualmente,
de profunda oposición: aquél que gustamos llamar de la filosofía "contemporánea". La oposición resulta evidente: así, mientras la inmanencia era la
vocación constante y el destino, más o menos claro de la filosofía moderna,
la filosofía contemporánea vuelve a orientarse hacía la trascendencia; así,
mientras el mundo moderno se caract rizó por una constante, total, obstinada
incomprensión respecto de la escolástica, la filosofía contemporánea nos des.
cubre un fil6n precioso d motivos para reelaborar y fecundar. Que, por ejemplo, la posibilidad del pensamiento de problematizarse, había sido claramente
afirmada, antes de Kant, por anto Tomás; quien sobre esta posibilidad, había
fundado la prueba de la espiritualidad y de la inmortalidad del alma.
En cuanto a la continuidad, se puede testimoniar por el interés en el problema crítico; que, no obstante, la filosofía contemporánea formula, como se
ha dicho, de modo diferente, ya que -como dice f. F. Sciacca, el más enérgico representante del Espiritualismo cristiano, que en Italia constituye el
núcleo más vivo de esta filosofía contemporánea-, la crítica "estamos dispuestos a adoptarla, pero para empujarla hasta el fondo y no para detenernos en el dogmaticismo acrítico de una crítica a medias o que se coloca
dogmáticamente como fin en í misma y para objeto propio y exclusivo de
filosofar" .14
La exacta formulaci6n del problema crítico, está acompañada del repudio
de la fantástica imagen del ser que está más allá del pensamiento y que
el pensamiento estaría destinado a perseguir siempre, in lograr jamás aferrar, como un perro persigue su propia cola. El ser se convierte en un elemento necesario que viene a constituir el mismo pensamiento;16 así que el
pensamiento no tiene más necc idad que pr guntarse cómo pueda pensar el
verdadero nudo de la cuesti6n. Por ejemplo, en el pr6logo de La DiaUctica, interesante
antología de escrito he clianos ( La Escuela, editorial Brcscia, J960), él presupone
que la duda, de la cual ha tomado impulso la filosofía moderna, es absoluta, y encuentra precisamente en esta extemión total de la duda, el error de la filo~ofía de Descartes
en ad Jan ( vfasc en p. XVU y en adelante ) .

" M. F.

SctAOCA,

1958; pág. 19.

La int,rioridad obj,tíva, la. edici6n italiana, Manorati, Milin,

1

diferencia notableCilosofia moderna, se
.
n•
. 6 a ul propuesta por la
1 {ilosofía, a la. misma co
" La interprct.ae1 n q . embargo llegan, respecto a ª¡
- ladas mue.has veces
d
tros, que stn
•
.
1 tcor as sena
mente de la e o
rdcrimo particularmente a as . í nnaci6n y la agudeza 111·
cluti6n de ·ondena.d' ':, de quien rcconocemoa la vasta in \ la filosofía moderna el
e no capta, rcsprcto
po r C. FAllllO, cstu io
.
ue nos parece qu
tcrprc:tanva, pero q

128

Y consideramos que, cerrado dicho ciclo, se está abriendo otro, que pre-

• El idealismo absoluto erige la conciencia a principio metafísico creativo de si y
de aquello que es: cl ser es el pensamiento del r, .. : el pen5amÍento es "perceptivo"
del ser, la per pci6n es del sujeto pensante; entonces el pensamiento es 'constitutivo'
del ser y de la verdad. Paralogismo evidente, en cuanto propio porque cl pensamiento
es perceptivo del ser, el ser es su objeto, el objeto constitutivo de él, sin el cual el
pensamiento no es.. ," (M. F. ScIAcCA, En espíritu y v1rdad, ya citado págs, 147-148).

129
H9

�ser: en efecto, con base en el principio de inte11cionalidad/6 el pensamiento
puede pensar ( esto es, puede ser pensamiento), s6lo y en cuanto piensa el ser.
Lo piensa -como se aclarará mejor dentro de poco-, no como objeto
determinado y particular, sino -para usar la tenninología kantiana-, como
objeto trascendental; lo piensa no como concepto, sino -como diría Sciacca-, como Idea; lo piensa, en suma, como fundamento de la objetividad.
Volviendo a hacer una comparaci6n que hemos señalado anteriormente, el
pensamiento piensa en el ser como la pantalla, en la cual la proyecci6n cinematográfica debe encontrar un obstáculo, para que las imágenes no se dispersen en la nada. El ser constituye, por lo tanto, el horizonte objetivo, dentro
del cual el pensamiento inscribe las cosas conocidas, para que éstas puedan
convertirse en objeto para él.
Pero téngase bien presente este hecho: que así como la luz que atraviesa
la película cinematográfica, no podría nunca hacerse por sí sola, pantalla
a sí misma, y tiene necesidad de que la pantalla se le coloque delante, desde
el exterior; así, el pensamiento, justamente para ser pensamiento, necesita que

sea dado el ser.
Sucede, a menudo, en el idealismo, este extraño fen6meno: que la explicación que da a ciertas actividades espirituales, coincide con su supresión;
así que aquellas actividades son irrealizables para quienes aceptan la explicaci6n idealista. Tómese como ejemplo, la doctrina del arte en Hegel: ésta
puede servir para explicar el arte de los otros; pero quien es hegeliano, por
ello mismo se pone en el punto de vista de la filosofía, que es un momento
superior a. aquel del arte; por lo tanto, es imposible ser, al mismo tiempo,
artista y hegeliano. Otro tanto puede decirse de la doctrina de la religión.
Del mismo modo, el Idealismo da, de la facultad que tiene el pensamiento
humano de pensar el objeto como realidad en sí, una explicación que la
anula. Considerar, como el idealismo considera, que el ser no es dado al
pensamiento, sino puesto por el mismo, y que la. convicción de la conciencia
común que el pensamiento piense lo que e-S, es una ilusión, significa justamente, destruir esta ilusión, y con ella el valor objetivo del pensamiento: pero,

en este caso, como se ha visto ya, las consecuenc·
,
al pensamiento la verdad del b.
ias son catastroficas. Quitar
jeto, es acto que se resuelve en oJe;, tara r~~rle s6lo la verdad del suanular el mismo pensamiento
u ar ~ ten esta verdad y en fin, en el
.
como pens3.Dllento.
S1, entonces, el pensamiento es esencialm
, .
.
naturaleza del pensamiento es t 1
ente ontotehco; si, es decir, la
piensa; también es necesario d ª. que, pensando, pone el ser de aquello que
ecrr que este ser q
¡
•
es, conJ·untamentc tamb·,
' ue e pensamiento pone le
,
1en puesto y qu ·
'
1 f
nunca ser er para el pensam· t '
e s1 no e uese puesto, no podría

.

1en o.

Sm duda, la situación de este ser ue el
.
como co a no totalment
q
pensamiento posee, pero posee
e suya, que el pensamicnt
es puesto, no es muy fácilmente ene bl . . o pone, Y_ que también le
como se ha dicho al
.
p
tra e, m nosotros mtentamos aquí
coIDJenzo, desentrañarla t alm
'
un tratamiento más amplio s·
b
ot
ente, porque requeriría
1 1
.
•
in em argo podem
mmado el significado de la otr
., '
os acarar a mejor, exaa expresion que n
h
la que hemos designado "act1"tud
bl ' . " os emos propuesto estudiar,
pro emat:lca .

•

le

El principio, bien conocido para los escolásticos (que llamaron "intentionalitas" la
11
facultad t1pica del pensamiento, para el cual esto, pensando, toma el su de aquello
que piensa), fue, como es sabido, dignificado, en nuestros días, por Hoss1uu•. Pero
n6tesc, que frecuentemente se interpreta este principio como si por ello el pensamiento
"tendiese" solamente al ser, como a algo externo e inalcani.able. De esta manera, nos
movemos siempre en el ámbito subjetivi.Bta, inmanentista, t1pico de la filosofía "moderna". Es preciso entender la intencionalidad como algo para lo cual el pensamiento
no tiende solamente al ser, sino que en él reside¡ si bien se plantee problemáticamente,
y deba, por lo tanto, fatigarse icmpre por compnnder este ser, que por su naturaleza
penetra y alcanza.

130

Una consideración suficientement
fund
labra "problema" nos hace d
: ?ro
a del valor semántico de la paLa esfera de aq' uello
escu_ nr en ella algo de paradójico.
que constituye mi patrim •
..
corresponder perfectamente y s·
oruo cognosc1t1vo debería
m res1 uos con la esfer
d
11
.
Lo que conozco, ¿ cómo puedo con c 1 .
,a e ague o que pienso.
¿cómo puedo pensarlo, si no conoci~;o~~;1 no pensandolo? y lo que pienso,

·a

Pero el problema rompe esta correspondencia entre co

sea
.
d e ordennocer
Ya
l que yo me proponga un problema bana li sima
' ~y pensar.
(
e caso en que me pregunte dónde h
pracuco como en
de casa)' o que me atormente un e biuesto hace un momento las llaves
espirituales (como cuando m
pro e~a que ocupa todas mis energías
•
e pregunto cuál será el se tid d
yo pienso en algo que no conozco.
n o e

·

IDl

•
.
existencia),

También en el problema, es verdad ha
. .
.
y el pensar; si no conociese nada d '1 lly una _comc1denc1a entre el conocer
e a ave m de · ·
·
peo~ en el lugar de una ni en el sentido de la
rm existencia, no podría
se piensan juntos, los datos del rabi
otra. Se conoceni entonces, y
Pero la coinciden,_;., es 'l
P . lema, aquello de lo cual surge el problema
......
so o paroa · porq
1
.
·
los datos conocidos y se
d h. .
ue e pensanuento va más allá de
.
'
..,. ....en e ac1a aquello q . tO d ,
hacia la solución ha ·
U
ue
avia no es conocido·
'
ca aque o por lo cual sur e el
.
solución, que todav1'a
.
g
problema. y piensa en la
no
conoce
y
pie
•
no la conoce.
'
nsa precisamente por qué y en cuanto
h .....:

131

�Se puede, entonces, pensar un objeto sin conocerlo: esta es la para~oja que
nos revela la problematicidad. Pero, por el contrario, esta paradoja lanza
una luz profunda sobre nuestra esencia espiritu~l.
_
Si el pensamiento es pensamiento porque piensa, ell~ no ~ pue~e con
cebir sin objeto; porque pensar significa pensar un objeto. Sm ~bJeto, no
estaría ni siquiera el sujeto, y por lo tanto, ni siquiera el pensamiento, que
es un acto del su jeto.
.
Pero si el pensar sin el conocer es posible, toca admitir un ~je~o propio
del mero pensar, diferente y distinto de aquel del conocer; es~ ultuno, co~tingente, limitado, determinado, mutable; el p~ero, n~~es_ario, ~rque sm
ello el pensamiento no serla pensamiento; indetermmado, ilurutado, inmutable.
Este oh jeto es el Ser.
.
E) objeto del conocer -el objeto contingente es determinado-, constituye,
en mérito al problema -como ya se ha visto-, el dato, ?el cual surge el
problema. Este dato se identifica, en su más vasta acepción, con lo real,
con todo lo real: porque todo puede y debe ser problematizado; Y. ~~ede Y
debe ser problematizado porque lo real en cuanto tal, es pura apar1C1on, fenómeno: eso está allí, frente a nosotros, mero hecho sin significado, mera
multiplicidad sin unidad, mera apariencia sin concretización. L_o real, por
sí mismo no tiene en sí ninguna verdad; de ello nos podemos siempre preguntar no será un sueño: la duda de Calderón y de Shakespeare resurge,

si

frente a ello, in aeterno.
Ni hasta que se permanece dentro de los límites de lo real, se puede, por
Jo ta~to salir de la duda. Lo real no presenta otra certeza, fuera del hecho
bruto d;l serme presente: pero tal certeza, también la presenta ~l sueño._ Y
el sueño no logra jamás sobrepasarse a sí mismo por~ue en e: sueno no existe
problema del sueño. Plantearse el problema del sueno es sena} de estar despierto; así como plantearse el problema de lo real, es señal de haberlo ya
sobrepasado.
.
Sobrepasar lo real, problematizarlo, significa preguntarse_ cuál . es . ~) significado del aparecerme delante; cuál es la unidad que explica y Justifica su
dispersa multiplicidad; cuál es el fundament? de su contingencia Y de su fenomenicidad. Significa, esto es, preguntar cual es el ser de lo real. El Ser es
aquello por lo cual se plantea el problema de lo real.
Aquel Ser, que ya hemos visto que constituye el .º~jeto n:cesario del ~ensamiento no es similar en nada a una forma a priori (precisamente aqw la
filosofía 'contemporánea se aleja de Kant: una separación que vierte no
s6lo sobre su problemática, sino sobre las soluciones propuestas por él y después aceptadas por el idealismo) ; no es similar en nada, ~ una lente coloreada, que coloree por sí misma, espontáneamente, automattcamente, todo lo
132

real que se despliegue ante ella. AJ contrario, el Ser está presente en el pensamiento, pero como su exigencia dinámica: le está presente como estímulo,
para que el pensamiento conquiste para él lo real. Antes de ser respuesta del
pensamiento, el ser es pregunta; antes de ser solución, es problema.
El problema de Kant era el de la ciencia: de aquella ciencia que él consideraba capaz de leyes universales y eternas. Por lo tanto, aun reconociendo
la diferencia entre conocer y pensar 11 él andaba a la búsqueda de las estructuras lógicas que justificasen y fundasen la conciencia científica del mundo. Sus formas a priori, por tanto, no son formas del pensar, sino del conocer; problematizan lo real, ni lo podrían; si bien, lo constituyen como objeto
conocible.
Es claro, que si el Ser fuese, como las formas a priori, puesto por el pensamiento, lo real aparecería en el pensamiento como dotado de todas las
características del ser, y no se daría jamás el problema de lo real.
El Ser es, por tanto, puesto al pensamiento, antes que sea el pensamiento
el que lo pone, a su vez, a lo real; al hacer esto, el pensamiento no se sobrepasa
a si mismo con un acto mítico o fantástico, sino sobrepasa solamente el ámbito de lo conocido, con un acto problemático, que es lo contrario de toda
miticidad.
Ni este acto se hace de una vez por todas y para siempre. Lo real no es
jamás conquistado definitivamente al ser: es mi deber de ser pensante conquistarlo y reconquistarlo día a día, hora por hora.
Por otra parte, como lo real no conquista nunca todo al Ser, el Ser nunca
se baja del todo a lo real. Si así fuese, el ámbito del Ser coincidiría con aquel
de lo real, y el pensamiento no problematizaría más; y, fijándose en un único
objeto inmóvil y eterno, como en el rostro de la Medusa, petrificado, moriría.

•
Que el Ser no pueda jamás adecuar lo real, revela su singular naturaleza y
función dentro del pensamiento humano. Por un lado, es objeto necesario;
Sobre la distinci6n entre "conocer" y "pensar", KANT funda, entre otra! cosas,
la diferencia entre intelecto y raz6n: el intelecto conoce, la razón piensa: "Los conceptos de la raz6n sirven para comprender, así como "los conceptos dd intelecto
sirven para entender''. {Cr. Raz6n Pura, parte lla., Dialéctica trascendente, libr~ lo., sección la., 244, 27-28). Para Kant, el mero pensar y a las antinomias. Todavía hay, en el mismo Kant, la posibilidad de una interpretación diferente, según la cual es precisamente el pensar el que hace posible el conocer. Sobre la
distinción entre conocer y pemar, se ocupa también la Deducción Trascendental: véase
en la _2a. edición de la Critica, el párrafo 22, que inicia con estas palabras: "Pen~
un ob1eto, entonces, no equivale a pensar un objeto ... "
11

133

�pero par otro, no es nunca, propiamente, objeto de pensamiento. Esto es, en
efecto, el fundamento de la objetividad: y como fundamento, no puede ser
él mismo objeto conocido.
Los mismos idealistas señalaron esta circunstancia, pero ellos eran, por su
orientación mental, los menos aptos para comprender el significado.
Hegel, en la Ciencia de la Légica, ve en el ser la primera posición -la más
simple e indeterminada-, del pensamiento. Pero, precisamente porque el
ser es lo absolutamente indeterminado, concide con la nada. Ser y nada resultan así idénticos para el pensamiento, siendo opuestos; el pensamiento está,
por lo tanto, obligado por esta contradicción, a sobrepasar estas dos determinaciones suyas en una tercera, en la cual la oposición se encuentre, unida,
concreta y superada. Esta tercera determinación es, como se nota, el devenir,
fuera del cual la oposición entre ser y nada es simple "Meinung", opinión.18
Raramente, pensamos, la verdad ha sido desflorada así de cerca, y ha sido
tan profundamente trastornada y deformada, como en este célebre inicio de
la lógica hegeliana.
Es del todo cierto que, si se busca pensar en el ser en sí y por sí, como
determinación del pensamiento, no lo pensamos para nada: eso depende, precisamente, del' hecho de que no es una determinación nuestra. El Ser es dado
al pensamiento para que el pensamiento, por medios propios, pueda pensar
en lo real, y lo pueda pensar como ser. Pretender pensar el ser en sí, es poner
de cabeza la función; y el hecho de que una tentativa similar tenga el imprevisto éxito de hacemos aparecer al ser como a su contrario, la nada, no tiene,
en el fondo, otro sentido que el de reconfirmar lo absurdo de tal pretensión.
Pero cuando después, Hegel pone un devenir que sería algo más que el
ser (dado que comprenderla en sí, además que al ser, también a la nada) ,
se mueve en un ámbito lógico de tal suerte absurdo, que el hecho se puede
explicar sólo con el olvido total y plurisecular de una auténtica tradición
filosófica. Decir que la nada puede ser agregada ( de cualquier modo que se
entienda esta agregación) al ser, para formar un tercer y más amplio concepto, sería como decir que se pue.de obtener un nuevo valor, agregando a un
número real el valor cero. El devenir no puede ser síntesis o superación del
ser, dado que fuera del ser no hay más que la nada: y tanto menos puede
servir a la síntesis o al superamiento, esta nada, que, precisamente no es. Si
existe un devenir, no está fuera o sobre el ser, sino en el ser: como ya hace
u G. F. W. HEoEL, Citncia de /a Ldgica, parte ta., libro lo., secci6n la., cap.
lo. "En el ser no hay nada que intuir ... Así. no hay tampoco nada que pensar...
Lo verdadero no es ni el ser ni 1.a nada, sino que c1 ser, no p~a, pero ha pasado en la
nada y la nada en el ser". (En la traducción italiana de Moni, Laterza editora, Bari

m~s de dos mil años había advertido Aristóteles, con una de aquellas conqmStas ~-on las cuales había superado (y se había tratado verdaderamente de
superac10n), todas las posiciones precedentes.
. Pero este escrito nuestro no tiene el propósito de refutar la lógica hegeliana.. Nosotros deseamos solamente mostrar las implicaciones
¡
_
cuencia d 1 .
'b"l'd d
Y as conse
.
s .e. ª 1mpo51 1 1 a de pensar en el ser como objeto conocido determinado, fm1to.
'
Al_ pensai: un objeto conocido, el pensamiento lo supera, lo señorea, lo
domma, e~tá. sobre él. El ~bj~to conocido se inscribe, para el pensamiento,
en ~o honzonte que lo delnruta. Pero el horizonte mismo no está limitad
~~ec1samente_ porque delimita al conocer; y cuando el pensamiento quie~
f1Jar este horizonte, aquél se le escapa, se le desvanece. Este horizonte que no
es 0 _tra cosa que el Ser, si bien es objeto del pensamiento, es objet~ en un
sentido totalmente_ especial; e~ objeto que el pensamiento no domina, sino
por el que es dommado; es obJeto que el pensamiento no sobrepasa sino por
el que es sobrepasado; es objeto infinito.
'
Es~e hecho es de una importancia extrema: el Ser, que entra a constituir
esencialmente nuestro pensamiento, es infinito.
¿Debe deducirse que el pensamiento mismo es infinito?

Al co~O:ª?º· Si el pensamiento fuese infinito como el Ser, entre pensamiento
Y ser exi5t m~ una perfecta correspondencia, perfecta adecuación: el Ser sería

;o Y~ el objeto _pen.sado, ~ue hace posible al objeto conocido, sino que sería
~ ID1smo un objeto conocido; más bien, el único objeto conocido: aquel obJeto en el cual el pensamiento encontraría el rostro de la Med sa y
que lo real llevase
inmerso en sí al Ser·' ya sea que el Ser ab sorb~
.
1ese, enas1_sela
o
1 1
rea
Y
o
sustituyese
cual
objeto
conocido
el
resultado
se
'
·
lm
· bl 1
•
na 1gua ente inevita e: a muerte del pensamiento por petrificación.10
. ~~ presenci_a del infinito en el pensamiento humano, a Jo largo del rendir
:fimto. el m1,smo pensamiento, le revela pues su finitud. Precisamente al
escubnr en s1 la huella de la infinidad, el pensamiento se descubre finito
·
d Una
, finitud que se .conoce como tal, no puede ser una finitud san·srecha
1
e s~, como a de la piedra y del insecto. y esa, en efecto, no es la del
sanuento
humano·
· d mqweta,
·
.
.
, .
.
' que. e;s una fi rutu
siempre
lanzada más allápen
de
s1 Illlsma, siempre abierta al infinito que ella lleva en sí, como San Pablo
. •~ :Una brillante ilustración de lo absurdo de concebir el
·
mfm1to Y por Jo tanto seme'an
pensaDllento humano como
~
J te para adecuar al ser, se encuentra en. M F So
n.ctor y Ser (Marzorati Milán 1958)
.
.
. . !AOCA,
situaci6n tlpica del hombre
'
.. ' parttcularmente en pág. 74 Y siguientes. La.
sido ilustrada muchas vecn: que Ses. fm1to, pero. que tiene en si presente lo infinito, ha
= por c1acca que tiene un t b ·
,
racterístico a este propósito: El hombre,' ute desequilib,:;0
t~j~~~;S;;~

ªt~:~:;:,

1924, págs. 73-74).

135

134

�f .t d del hombre es cual la ha definido
llevaba el aguijón en la carne. La im u
t tfuñco" y de "afán de ple.
• de ''desamparo on o -o·
A stín Basave: coexistencia
~ subststenci
·
'al"~
· d o a no
nitud
•
pensamiento está obliga
.
· t d por 1a cua1 e1
d
Esta perenne mquie u '
ca plenamente a proce er
,
,
•SIUO a no poseerse nun
'
d
descansar jamas en s1 mi . '
ue todo lo conocido es finito, y na a
más allá de todo lo cono~1do _--dado q le es connatural, porque le es connafinito lo satisface-; esta inqUJetud, que . 'd d
. . 'd d d 1 S es la problemauc1 a •
b'
tural la mflru a
e er,
. .
envuelve nunca solamente al o 1eto
Pero nótese: la problematl~~dad ¡no . t cognoscente. Bemard Delfgaaw
.
•
tamb1en a suJe O
conocido, smo siempre
d
b
, que ''el hombre no p 1antea
rd d
f oda cuan o o servo
.
enunció una ve a pro u
'
ede plantear preguntas, sino
solamente pre~ntas, él es una preguntaal;aby no p~ hombre no "tiene" la prota" u En otras p
ras, e
. .
1
porque es una pregun ·
..:
un vestido O un of1c10; e
t
'b
to
externo
como
uene
,
.
d
blematicida d como a n u
'
él se plantea a propos1to e
hombre "es" probleroaticidad. El problema que t .o que asume el perpetuo
lo real que lo rodea, no es más que _el aspecto ex en r
aba la posibilidad del sujeto
Problema que se plantea sobre su .JlllS~O ser.'
d ya el 1deahsmo 1gnor
. 'd d
b
Como se ha o serva o . '
. oraba la problematlci a en
.
, rntsmo. y por eso, 1gn
.
de problematizarse a s1
.
1 Id 1·smo el suJ· eto pensante es m.
b d d que para e
ea i
'
general. La ignora a a o
, ali' de sí mismo: pensamiento y ser se
finito, y no puede nunca estar m_as :roo no tomó tal vez, su principio de
identifican tan perfectament:· El idea I jeto pensa'.nte ( el cogito) se idenDescartes, para el cual preasame(nilte e )s~
tífica inmediatamente con el ser
sum . .
mientras elimina la
·,
tre pensaxmento Y ser,
Pero la completa adecuac1on e~
.
1 a ni siquiera justificarse
. . d d l , b'1to del idealismo, no ogr '
.
'.
d 1
roblemattada
e
aro
'li
son afm:nac1ones e a
P
.
1 A to puro gentl ano,
a sí misma. El cogito sum, e c
to suJ· eto Pero afirmar que una
samiento en cuan
.
'
. . h berla
I
d
d
absoluta verda
e pen
· ero en duda sigruftca a
. 'f haberla puesto pnm
'
af'
cosa es verdadera, stgm ica .
falsa Así que también para rrhi ' ·camente como
·
'
,
pensado, al menos potetl
'ensamiento debe poder sobrepasarse a Sl
marse como absoluta verdad, el p .
es necesaria una descompensa.
b',
ara afirmar el cogito sum,
IDlSIDO; tam ien P
· to y el ser.
. , un desequilibrio, entre el pensanuen
c1on,
,

.. A

BAsAvE FERNANt&gt;EZ DEL

ALU.

V

Filosofía del hombre, Fondo de Cult~Ja. Eco•

.. .

t'

la contingencia y la nusena de

.
.
1957 "V1V1r es sen u
.
.
, mica México-Buenos A1res,
·
ti la plenitud de la subs1stenaa.. · ·
no
'
, 'tu en su condici6n carnal y pre-sen r
tol6gico presentimiento
nuestro csp1n
. .
. 'cnto de nuestro desamparo on
.'
"
Esta pareja incscind1ble: _sen~
.
o ánicamcnte en toda vida humana . .. ,
de nuestra plenitud subs1stenc1al, coe:iwte rg
pág. 102).
, l n· Peri6dico de Metaf!sica, (S.E.l., Torino), mayo•
n 'B. DELFOAAW, en un art1cu o e •
junio 1950, pág. 400.

•
Debería estar ya claro en qué sentido, para la filosofía "contemporánea",
las dos expresiones "fe en la razón" y "actitud problemática", coinciden y se
identifican.
Coinciden, ante todo, en su estructura genética. Aquel Ser cuya presencia
en el pensamiento, lo pone en condiciones de poder pensar en el objeto como
verdadero "en sí", y por lo tanto de tener fe en sí mismo, es el mismo Ser,
cuya presencia en el pensamiento determina la problematicidad.
En efecto: la verdad del pensamiento es la verdad del objeto; y la verdad
del objeto, consiste en el hecho de que el pensamiento, pensándolo, lo pone
como algo que tiene "en sí" el ser. Esta verdad del objeto, es entonces posible
sólo por la presencia, en el pensamiento, del Ser como dato. Pero es esta
misma presencia, la que permite al pensamiento, más bien lo obliga, a sobrepasar la esfera de lo infinito y de lo limitado, y Je permite, más bien, lo
obliga, a problematizarlo. 22
Coinciden, también, en su !ignificado funcional. Poner en cuestión la realidad, problematizarla, significa buscar el ser que pueda cualificarla; pero cualificar como ser una realidad, significa conocerla como objeto y juntamente
proponerla de nuevo en cuestión, es decir, problematizarla de nuevo.
En efecto: algo real que sea conocido como dato problemático, o sea, como algo insensato y absurdo -y lo real se nos presenta siempre, por sí mismo, como carente de significado--, no es propiamente pensable, hasta que el
pensamiento no haya establecido una conexión unitaria entre los varios elementos que lo componen; hasta que no haya descubierto un fundamento y
dado una consistencia a la debilidad fenoménica de su parecer; hasta que,
en general, no lo haya pensado como ser, o no lo haya reportado al Ser
como un aspecto o momento suyo. Sólo de este modo, rescatado a la luz
del Ser, lo real deviene objeto para el pensamiento: pero precisamente en
este momento, el objeto se vuelve problema para el pensamiento.
Podremos decir que, mientras para el idealismo, el pensamiento no piensa
sino en aquello que conoce, para nosotros el pensamiento no piensa verdaderamente, sino aquello que no conoce completamente: o sea, que pensar
verdaderamente algo como objeto, es también, pensarlo como ser, pero pensarlo además como problema.
Pemútasenos, para ilustrar mejor este punto, recurrir a un ejemplo "sui
generis": de recurrir, es decir, a un problema policíaco. Un tal problema pone

ª "La verdad es la levadura de la mente: estímulo y guía, incitaci6n y oricntamiento, es la luz y la llamada ; el amigo que invita, el maestro que recomienda la lecci6n .. ." 'M. F. SctACCA, En esp!ritu y v,rdad, ya citada, pág. 26.
137

136

�•

el investigador ( n6tesc, por ejemplo, que el investigar y el indagar son propioo tanto del "detective" como del filósofo) frente a un conjunto de hechos
desconectados, contradictorios, inexplicables: por lo tanto, impensables. Su
deber e el de descubrir al culpable, e to es, a la persona -el supuesto ontológico-, que está detrás de tales hecboo, que pern:úte constituirlos en conexión lógica, y por lo tanto, de pensarlos.
Con el descubrimiento del culpable, el deber del investigador-detective termina normalmente, al menos en la literatura policiaca corriente: pero precisamente por esto, tal literatura es, normalmente, más bien decadente. Si
un escritor deseara ir más a fondo, vería fácilmente que, mientras el descubrimiento del culpable explica los hechos, el culpable mismo, a su vez es
un problema por explicar.u El culpable no es una "máquina de delinquir"
sino un hombre: y un hombre no se resuelve jamás, totalmente, en sus actos:
su ser sobrepasa siempre lo real, también el mismo ser real en el cual su.
ser se ba expresado. El culpable no agota su profunda esencia, en el funda
y en el explicar los elementos singulares del misterio policíaco; esta esencia
SU}'a es u alma: un alma por corregir, tal vez, probablemente de compadecer
ciertamente de amar: de todos modos, por conocer aún. Resolver el problema
de los hechos significa abrir el problema del ser&gt; que está como fundamento

sobrepasar su finitud . Es una VlSlon
.. , que corr
d
partes, como se ha dicho .
espon e a aquella que de más
.
, viene propuesta com 1 , •
eilosofía contemporánea.·so'lo
,
o a u111ca aceptable para la
•
que aqm nos paree
·
mente, de cuanto de ordi
.
e meJor fundada racionalnano no se acostumbra
¿Es desconfortante una conce .6
. .
.
duda: pero no Lráai;a no d
pctdn smular del hombre? Dramática in
,
o· ,
esespera a Es P ·
,
losofia "contemporánea" d
b. d .
rec1so tener presente que la fi.
.,
, escu nen o al hombre
c·
.
do tamb1cn un camino perdid d d ha
.
como 1.JUto, ha encontraHasta que el hombre se
~ c~ ~~los: el de la casa del Padre.
día volverse a Dios como a
Ab 1ª pos1b1ltdad de problematizarse no poun
so uto tras d
'
lo absoluto en si mismo Ahora 1 h b
cen ente, ya que creía encontrar
..J
•
e om re se ha d ub'
ue problema; y es la misma problematicidad
ese ierto de nuevo objeto
buscar lo Absoluto más allá mas'
'b d , de su naturaleza, que lo lleva a
A, 1
'
arn a e el u
~1, .ª problematicidad, que coincide con . la fe
.
en s1 mLSmo, nos encauza a la fe en ala
,
que el pensamiento tiene
y el trabajo inagotable del hombre a
~ue nuestro pensamiento finito.
colorea, en esta fe del color de I
qwsta de la verdad de lo real se
'
a esperanza.
'

ce~:

~o::

Traducción de

GIANCARLO

VoN

ADIER

de los hechos.
El ser, es&gt; por su naturaleza, insondeable¡ puede compararse a una mina;
al descubrírsele un nuevo filón, toca excavarlo, para sacar las riquezas queesconde.
Por lo tanto&gt; la atribución del ser a lo real, actuada por el pensamiento
cuando piensa en lo real como su objeto, no es acto que ponga en reposo al
pensamiento mismo y despida la problematicidad; más bien, renunciar a
volver a problematizar al objeto, sería renunciar verdaderamente a pensarlo. Y
por eso, decíamos que pensar verdaderamente un objeto, significa pensarlo
como problema.

•
La identidad, entonces, de fe en el pensamiento y de problematicidad no
propone la visión del hombre como de un ser finito, perennemente tendido a
.. Es sugestivo el hecho que, entre todos los tipos de "detectives" creados pot los
scritores policíacos, el único que tiene la caracu?ristica constante e ineliminablc de
tener presente que el culpable mismo es un "probleIIlll" sobre y más allá del intrinco
criminal, es el co.ca.mado por un padre católico: aludo al personaje del Pad_re Brown,
creado por G. K. CBEST&amp;RTON. Enll'I! los demiÚ autores, tal vez solo Suo1&amp;NON tiene
presente, por lo menos en las lllf:jores obras, la realidad humana de sus "culpables".

138

•
.. "Como - Y más bienen el p bt
.
50luci6n" que aJ mi
.
ro cma policíaco, así en la fe se tiene algo de
'
smo
tiempo
abre
bl
se h a dicho al comienzo de est
',
un pro c.ma. Véase a este propósito lo que
e art1culo y la nota correspondiente 2.

139

�SOBRE PREGU TAR Y SABER
(Para una Introducción existencial a la Epistemología)
PEDRO CABA
Madrid

Los

PRESUPUESTOS DE LA

FrLOsoru

PRESENCIAL

PlttsENCIAR, PENSAR Y SER. El hombre es el único animal que presencia en
el universo. Y presenciar, como luego veremos, es mucho más que ver y más
que mirar. Y es también más que pensar, pues si el pensamiento humano
es un alto modo de mirar, hay en el hombre miradas más altas y hondas y
ricas que las del pensamiento. Presenciamos a Dios hasta cuando no pensamos en El. Presenciamos la Histoda hasta cuando no pensamos en la Historia. La presencia indica una pre-esencia, algo que es anterior al pensar y
a las esencias. Y ese algo es la astillita de lumbre, de espíritu, de presencia,
desgajados de la Presencia Divina. Presenciarse es tener presencia procedente
de Dios y tener a Dios presente. Sin esa presencia no habría pensamiento.
Tampoco habría en el hombre pensamiento sin cosas en qué pensar. Pensarlas es poner en la conciencia el esquema o la imagen de ellas. Y sólo se
logra la imagen o el esquema con la luz presencial. La autoconciencia del
hombre no es conciencia exclu iva de si (pero la auto presencia no tiene
más contenido que la presencia misma, y no necesita reflejarse o recaer sobre
objetos), sino de cosas puestas, por representación, en la conciencia. Pero la
re-presentación supone la presentación previa de esas cosas, y la tal "presentación" supone previamente la presencia. La autoconciencia contiene no
cosas, sino representaciones, y sobre ellas cae reflexivamente para hacerlas
pensamiento. Pero originariamente pensar es un pende,, un sentirse ir hacia
abajo, pendido, sus-pendido, asomado a un abismo ... Y pende y se suspende
el hombre, se siente suspenso, porque se siente sor-prendido, prendido por
arriba, por los cabos y las raíces lwnino as de la Presencia Divina, de la

141

�.
.
ensar en el hombre parque el hombre se siente
Pre-EsencLa universal. Hay P
. L que la hace dar sombra,
'd
pasado por una uz
sus-pendido y sor-pre11 d1 o, tras
. ro -como ya dijo Platónroducir
a-sombro
(
ad-umbra).
Del
asombro
Px:m1e
d la sombra que produjo
p
p
I sombro a su vez, vrno e
.
,
naci6 el pensar. ero e, ~
esencial (lo más evidente y positivo del esp1sentirse encamando espmtu pr
di '6 de lo divino proyectando
. ) b ta litando la ra aci n
,
l
ritu es su presenoa ' o s cu
.
rpo Además el pensar, a
el terrón del propio cue .
' .
.
d
sombra en el mun o por
.
uitar. y presenciar siempre
,
f nnas b abstractiva, es un q
menos, en una d e sus o
'
.
ucho más que pensar.
· ear Presenciar es ID
es poner, fundar y cuas1-cr .
l
t todos en la pre-esencia del homPresenciar es paner a las cosas y os en es d l di .
En y par la pred 1 orden e O vmo.
di ·
bre, algo luminoso y ra activo e
d .
las cosas no hay presencia
encia son las cosas y los entes presenta os' .en . fluída y delegada por el
'
'ó
como una presencia in
•
sino presentaCJ n que es
.
de presenciar. La presencia
h ombre. Solo las personas son presencia y ca~~ces ra (nada de movimiento).
•
· .' · a acc1on pu
como radiación metafísica, es acUv1S1m ' .
·vo y reflejo de la acción
. , d I cosas es algo re-activo, pas1
b ,
La presentac1on e as
. l h bres que presencian, no ha na
.
1
s·
h b'era seres presencia es, oro
(
)
presencia . i no u i
.
presentados o estar no ser
l
I
s
para
serlo
precisan
ser
seres rea1es, os cua e '
'
1
¿· el hombre haciéndolas prepresentes. Las cosas son reales porque as rea iza
sentarse a él.

claro ue los entes presentados ponen
Pero
q , ..;co su talidad y su cali. d
ti . dad. ponen un ser onu '
algo suyo, su ent:Ida u on c1
'
d , ntaño Pero ese ser 6ntico necedad, su "qué" o "quiddidad"' que se ec1a .ª del h.ombre para quedar cons'6 1
. , n de la presencta
'
d
sita la presentao n, a aceto
l' .
"ser-qué''. A su entida
.
él
en
ser
onto
oguo,
en
1
tituído, respectivamen e a '
1h b
presencia para convertirlo en
t'
le pone e om re su
u onticidad o ser 6n ico,
. al hombre. El hombre es
, .
«
•» en cosa real, respecb.va
ser ontologtco o ser-que '
"apriori" intelectual, como cate•
. .., d I mundo pero no un
h
el gran "a· pnon
e
'
. .,,
"al Al "qué" de lo que ay
.
0 "a pnon presenc1 .
garfa pensamental, smo com
.
da constituído en "ser que"
1 " re" de su presencia y el ente que
le pone e P . . '
,
l alisimo y concreto ser de cada cosa.
respectivo convrrt1endolo asi en e re
.
.
el
es pues inventado arb1tranamente,
N
y RESPECTIVIDAD,
o
,
'
. h
RELATIVIDAD
•
'd d general sino que la presencia wnana
,,, d
da una ru su cosei a
'
.
1d
"ser-que e ca
,
la
'dad o con-sistencia uruversa e
«
é" de cada una y
cose1
l
l
instituye con e qu
.
p
lo que son en realidad, en a
"
,,, que les conviene. erO
l
tocias ellas, e ser-que
f
·a y respectividad al hom·
realidad que les da el hombre, ~o soyn por re erenc~as cosas sean relativas al
t y ontologiza.
no es que
.
bre que 1as presen a
.
él Ellas entre sí son relativas,
.
nti 'ndase bien, respectivas a •
,
'
hombre~ sino, e e . es relación pues su ser cósico es genérico, es co-ser,
co-relatwas y su esenc.ta
F.R ÓNTICO

,

v

sER oNTOLOGICO.

con-sistir. La respectividad es la gran categoría presencial del hombre. Vista
o pensada desde él, la respectividad es iluminación e ímpetu creador o fundador; desde las cosas, la respectividad es djsposici6n a dejarse iluminar, a
ser presentadas y ontologizadas. La gran categoría de las cosas es su coeseidad o co-sidad, y por tanto la relación o correlación. La silla es correlativa al espacio, a la madera, al mueble, a la habitación, a la luz, a la atmós.
fera, etc., etc. Esa co-relación es la que les afianza en su co-seidad o co-eseidad,
dándoles la con-sistencia. Pero la respectividad va de la cosa al hombre y
no tiene vuelta; no vuelve al hombre a la cosa. El hombre no es respectivo
a la cosa, sino respectivo a Dios, y también sin vuelta, pues Dios no es
respectivo al hombre. La cosa es respectiva al hombre que la hizo, al que
la considera, al que la usa. Se distingue lo "relativo" de lo "respectivo" en
que aquél es recíproco, bilateral y, éste unilateral. El hombre presencia cosas,
pero las cosas no presencian al hombre. Lo respectivo es disposición o aptitud, pero central, cardinal en el ser de la cosa; lo relativo es conectivo,
externo y cortical. Las cosas son conectivas, al ser CO•relativas, sin confundir
sus "qués" individuales y específicos; pero con respecto al hombre (y el
hombre, con su presencia, es el que da el "respecto") son "respectivas". El
hombre es respectivo porque es radical, centralmente, sustantiva, constitutivamente, referido, aludido, a Dios; pero no es relativo a El. Y así el hombre
es semejante a Dios pero Dios no es semejante al hombre, distinción que
no se ha tenido en cuenta y ha dado lugar a no pocos errores. La semejanzamatemática, por ejemplo-- es relacional o relativa, pero no respectiva. La
semejanza del hombre a Dios es respectiva y no relativa ni correlativa.
La presencia en el hombre indica
lo que el hombre tiene de divino. Su presencia de espíritu expresa lo que el
hombre tiene de ser de privilegio, pues aunque Dios presencia sin el hombre,
también presencia desde la presencia humana. Por eso el existir del hombre
no es un existir cualquiera, un cualquier "estar ahí" fuera de la nada, como
el animal, la flor o la piedra, sino un estar fuera del ser de las cosas, del
espacio y del tiempo, para participar en la eternidad y en la ubicuidad, pues
el hombre presencia sin sitio y fuera del sí individual y llega a presenciar
desde otros hombres sin ocupación de sitio o lugar. Su existir, por ser de
orden presencial, participa del orden del espíritu. La copresencia es el certificado de ese privilegio. Como puedo mirar con los lentes o los anteojos o
el telescopio que otro ha hecho y me presta, así puedo ver también el mundo
Y su historia con ideas y teorías que otros han corutruído y presenciar las
cosas, las personas del mundo desde otra existencia personal que no es la
mía; por ejemplo desde la persona a quien amo. La presencia humana per•
tenece al mundo del misterio y no al del problema. No es problema sino
UBICUIDAD DE LA PRESENCIA HUMANA.

143

142

�misterio que el hombre esté en el mundo, que haya cosas y personas y no más
bien nada, y que el hombre se dedique a conocer y conquiste su propio ser
entre cosas, sin tener el ser de ellas.

LAs

Ya he dicho que las co. as son presentadas a y
por el hombre, y que ello constituye su respectividad a él. Añade ahora que
están destinadas, pre-dispuestas a ser, a alcanzar el ser ontológico, porque
a ello les dispone el "pre" del hombre pr encial. Ellas se ofrecen a ser, se
disponen a ser ganadas por un misterioso impulso ascensional ontológico. Parece que sueñan la existencia del hombre, ingresar en sa existencia, para
ser ellas más de lo que son al ser presentadas en su "ser-qué" al hombre.
Las cosas parecen aspirar a sobrepasar su "ser-qué". Son destinadas, predestinadas a ser presentadas al hombre y re-presentadas por él, para incorporarse a su existencia humana -que es mucho más que su existir de cosasy participar en su historia. Parece haber en las cosas una última inclinación
donativa para dejarse ganar por et espíritu que resplandece en el hombre.
La cosas por sí mismas no tienen historia ni son capaces de hacerla. La
Uarnada "historia natural" como la historia de lo artificial, de la técnica, de
la ciencia, etc., es siempre de algún modo historia humana, historia que el
hombre presta a las cosas, como presta su voz a los rincones y las montañas,
y presta su imagen a las aguas de los ríos, y su presencia misma al cuadro, al
COSAS

v

LA HI To1tv..

escrito o a la estatua por medio de la obra de arte.

El hombre presenta a las cosas haciéndolas ser,
ontologizándolas, prendiéndolas, com-prendiéndola.s, en el ''siendo" y en el
"succedendo" humanos. Cada cosa se ofrece como áato, como algo dado,
donativamente; y más que darse se ofrece a darse. Al dato de cada cosa {toda
cosa es dativa, complemento indirecto del hombre) el hombre le añade la
data de su temporalidad. Y la cosa, con el dato y con la data queda hecha
ser, con tituída en fecha o hecha y en u propia ficha. Y se acusa en compleDATlVIDAD DE u

COSAS.

mento directo del existir humano. El hombre para existir necesita cosas. Y
así la cosas, al convertir su onticidad, su "ser óntico" en "ser-qué" o "~er
ontológico" quedan prendida , comprendidas en el "siendo,, y el "succedendo" humanos. Al contacto del hombre, las cosas se humanizan. Por de
pronto, al tocarse del "siendo" humano, las cosas gerundizan su ser, cambian
su ser parmenídico por otro heraclitano. Cada cosa en mi existencia va siendo
para mí, a medida que yo voy siendo, según las situacion en que la voy
situando o colocando. Las cosas por sí solas no alcanzan situación ninguna;
s6lo tienen las situaciones que les va dando el hombre. Este libro que está
junto a mí es delicia intelectual asiento, escalera o arma para arrojarlo a
alguien, según las situaciones que voy construyendo o en que me voy encon-

144

trando. y así las cosas' en situaciones
.
.
de hombre
h
.
Y sobrepasando su "ser-qué" ¡¡
. 1
se umamzan e historiíican
el
• egan me uso a ser
if
,

en
arte, en que una nube un árbol
,
person icadas, como ocurre
silla en escena, un guante ~íd
'. un no, la arruga de una piedra, una
1
nif
o en primer plano de .
a pcrso 1caci6n y lograr imprc
d
, .
eme, parecen alcanzar
de la personificación Y de la hist~arsel e espmtu y de historial. Pero fuera
.
ona, as cosas al q d
.
tienen un ser acabado parme , ..J:
ue ar vestidas de ser-que'
,
ruwco compact
•
,
y su ca)jdad, según su ontic"dad ' ,
o y c?n•Sistente, según su talidad
r
y segun su espee1e y exo.
0E.U?A METAFÍSICA y PERFECTIBILIDAD

p

hado smo que tiene que hacérsel y . ero el bombr' no es un ser acaespecie, de modo que sea
o.
no un .er cualquiera dentro de una
I' .
.
un ser permutable por
.
lSlmo, irrepetible, incanjeable que d á
otro, smo un ser personaEs el suyo un ser gerundi o
,: .ª cm s, no alcanza nunca a ser del todo
v , un siendo" que
d, ··
·
a 1a vez siendo y des-siend
.
' para OJtcamente, tiene que ir
set que debe ser y nunca 11:g:::./~t~ntar alcanzar el que debe ser. y ese
titutivamente deuda metaf' .
. ~ e ~ente a ser, nos indica que es cons. .
1S1ca ongmana
défi • d
asp1rao6n a terminar de ser E 1
• un
c1t e ser y una insaciable
·
· s o que se ha JJ
d
c1onal, la "perfectibilidad".• eJ ham bre de perf "6
ama o, en la filosofía tradi•
metafísica es permanente en el h mb
ccc1 n en el hombre. Esa deuda
O
re a lo largo de s
· •
•
en d eu d a de ser a la vista d 1
"d
. u existir; vive y muere
. d
e a eterru ad fa "tie
.
eta e deuda y su hambre de pcrf "6 '
rra prometida". Su concien.
"d
d
.
ecet
n
de
"perha
"
d
etI c1 a cardmal Cuanto el h b h '
cerse , an al hombre su
.
om re ace sea bue
l
mora con moral constitutiva tocia , . '.
no o malo, es ético es
L
•
'
Vla Sin signo exterior
··
'
as cosas no benen esa deuda metafísica
.
posib.vo o negativo.
deben ser, lo son ni más n·
p porque tlenen su ser acabado· cuanto
lidad del hombre ~n su respec1 ::dnods. d e~ tienen un reflejo de la p:rfectibiVl a
ativa a él Trat
a otro ser, el del hombre y 11
1
• .
an oscuramente de subir
.
.
,
egan, a ser mcorporad
h"
sttuac1ones, a dejar su ser acabado
r
.
as a su istori.a y sus
cabable. Para eso se le ofrecen El po ~ r al hombre en su "siendo" inaonticidad, por u especie y
. 1 er e las cosas les viene dictado por su
por a presentación a qu 1 obt·
deI hombre. Sin el hombre
. .
e e
1ga la pre encia
.
, se 1mutan las cosas a
de1arse ser Jo que son y
I f
perseverar en su ser a
os ondos naturalc 1 1 f
'
f ante hoy que antes . . 1en
.
s e e e ante no es más ele.
, ru e msecto más ni
·
situaciones del hombre van d . d I
menos msecto. Pero dentro de las
CJan
as cosas ser lo
catarse de sus esencias perso I El
que eran para tomarse,
na es.
valor afect" ,
cosa mueble o familiar o al b"
d
I\O que concedemos a 1a
0 Jeto
e nue t · · ·d
de que las personificamos inco oránd I s ra mllm1 ad, es un claro indicio
faciendo asi una oscura
:'.
o~
nue tra historia personal, sati y secretiSuna aspiración de ellos.

°

ª.

EVIDENCIA

,
v REVF.LACION.
Pero volva mos a recoger un cabo que quedó suelto

'

145
810

�pidiendo ser hilo y hacerse hilván: Por la presencia, el hombre desciende
de Dios y a Dios es respectivo, con semejanza de respectividad: El ser, el que
debe ser para El, en fin de cuentas, lo debe. La deuda metafísica es deuda
a. Dios. Y como a E1 se debe y de El desciende y a El se asemeja, le siente
en sí )' no le conoce. Por eso le busca. Le busca por todas partes y no le ve.
Y no puede verle mirándole direclamente porque al hombre, Dios le deslumbra y ciega. Y como lo busca y siente la necesidad de verle, puesto que la
presencia en el hombre es participación de la Presencia de Dios, el hombre
buscándole, se mira a sí mismo y se siente asombrado, inundado por la propia
sombra que él mismo proyecta como obstáculo a la luz presencial de lo
Divino. A Dios no se le puede ver ni mirar pero se le experimenta, se le
entrevé o se le ve de reojo. Para darse cuenta el hombre de la Presencia de
Dios tiene que entrever mirando más allá de las cosas, tras la opacidad de
ellas, o ladear la mirada más allá de la propia ombra de sí, logrando así su
e-videncia o ex-videncia. A Dios no le vemos sino entre sombras, en las
sombras de las cosas y en las que el propio hombre proyecta en torno de sí.
Desde su propia sombra, como el sol en cabina de nubes, lanza su luz presencial sobre las cosas. Y reflejándola en las cosas del U niverso, el hombre
de soslayo y entre sombras a Dios. Y así como la luz no se deja ver en el
vacío, en su máxnna pureza, sino cuando rebota y se refleja en cosas materiales, así vemos, enlreYemos, a Dios indirecto, reflejado como un resplandor
inasible que se difracta en las cosas y en los hombres como un resplandor. Por
eso Dios es Revelación. Se revela en las cosas y sobre todo en los hombres,
en la presencia de los hombres en el mundo. Pero es re-velación, porque es
manifestación, teoíanía, pero también ocultación y encubrimiento, pues revelar, es volver a velar, después de manifestarse o mostrarse; es un manifestarse escondiéndose y un ocultarse manifestándose. En la presencia del hombre, Dios se oculta y se muestra. Y experimentándole y buscándole, el hombre
se a orobra y se encuentra. Y en su asombro fundamental, el hombre se
siente sor-prendido, prendido por arriba en raíces de luz, y de ellas, suspendido o suspenso, pendiendo o de-pendiendo de sus cabos metafísicos que
están en lo alto de su ser originario. Y hacia lo alto, siente ir su gravitación
primaria y fundamental. La religación del hombre a Dios, su vinculación
primera, es sorpresiva y sus-pensiva; Dios le sorprende y le suspende. Y entre
sorprendido y suspendido, estremeciéndose con el temblor primero, se siente
gravitar inversamente desde el abismo que le amenaza a la altura que le
atrae y sorbe asuncionalmente. Y pendiendo y dependiendo, oscila el hombre entre su ser natural y su espiritualidad, hasta encontrarse a sí mismo
saliendo del contacto angular entre Naturaleza y Espíritu, en la propia diagonal de fuerzas metafísicas, instituido en ingeniero de su propio camino de

libertad. Y toma conciencia de 51' porque se encuentr
ª Yd" en-contrar-sc
es
ha11 ar la propia contra ex •
' penmentarse en dualidad
•
1a vez, su "sí" )' su "contra ,,, E 1
contra ictona hallar a
'
st · s e encuentro del e ' ·
1
En es.a dualidad se revela el hombr
~mtu Y a Naturaleza.
él de Espíritu, de divino. lo que h e, y enl hesa revelac16n, da lo que hay en
'
ay en e ombre d D"
que revelarse no es abrirse sino entreabrirse. E
e 10 , pues ya dijimos
y por tanto también en él se oculta.
n el hombre se entreabre Dios,
I

. , del hombre es entreabierta
y REVELACIÓN
dual
El bv EXPRESIÓN
b h
. Toda
. la expres1on
:..
om re ace esquma y le vemos
.
es la bisectriz que se prolonga
.
por su ansta; su expresión
por su convexidad
d
pero que es oble de signo.
El hombre en su Pimresión
od
-·r
se ocuIta y se expresa
1
•
t o Jo que quisiera expresar sino q1 e h d
11, a a vez. ' puede decir
callar, fingir u ocultar todo lo' que es' a halelaca ar u ocultar algo ni puede
.
yse
ens·
.
.
s1va. En fin de cuenta
I
d
u mtencionalidad expre' e roen az se muestra m t'
l . ,
d a a conocer como hipócrita El h b
en rroso, y e hipocrita se
1
·
oro re muestra ~iemp e
rostro y su luz intelectual' su espald a Y sus sombras. • r 1' a ·1a par
. que su
ser tan elocuente como en 1
1b
, &gt; en os s1 encios puede
mente es "horno loquens"
:::;b.~as
los gesto . y el hombre no solapuede callar y mentir.
'
1n
omo tacens"' el único animal que

si:;

.;h

AsoMBRO Y SABER y en sile .
hombre,
siendo el ~
nc10, y d e.sde lo alto de su verticalidad el
co ser que se expresa
t b'é
'
del Universo, el único que .
' es am t n el único espectador
templar es mirar recoc:rida rrui:al y ~ontempla seres y acontecimientos. y con11
o·
Y s1 enc1osamente desde ¡ 1
amaron "templum" al 1
rer .
o a to, pues los etruscos
colina. La primera mira~=~ 1 h1giosbo def con-templaci6n en lo alto de la
.
1
e om re ue de cante pl "6
d
0
nucnto re igioso en el asombro ongma
. . 1 T embland
m b ac1 n, e reco!!'Íel hombre la expectación ante 1 U :
. o asom rado, experimenta
rastros y vestigios de n·
y
e lmverso. Mira todo. y mira buscando
ios.
para e lo pa . t
trando y coleccionando los d to f
cien emente va anotando y regis.
a s, en6menos y rela ·
cammo. El conjunto de tod
d
c1ones que halla en su
os esos atos hecho
1 ·
b' .
,
s y re ac1ones se llama visto
d esde el hombre saber
,
, . Y o. Jetlva y t ransmm
· "blemente considerado ciencia
El hombre ha hecho
.
ciencia Y acumula saberes b
d
. '
.
mmno ha hecho y hace Histo . y b
' . uscan o a D10s. Por lo
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na.
uscando a Di
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H istoria, se encuentra otra
' .
os en
,encia y en la
vez a s1 mismo p
ah
su estado original sino
d .
. ' ero
ora se encuentra, no en
.
'
an anego y cammante con 1 1 d
Tll111os, que es el polvo mineral d
e po vo e todos los cah b
e sus saberes Proye t d
om re hace y labra cie . E
b
.
c an o sus saberes el
nc1a. scar ando en el ace
,
'
como un trapero en el est.i'é l 1 b
rvo comun de la ciencia
reo y as asuras I h b
'
saberes. y encuentra el hombre ue 1
~ e . om re aprende -aprehende-q
a C1enc1a y sus saberes son algo puro

147

146

�que le ennoblece y asciende, como le enriquece el oro que halla en las entra-

ñas ucias de la mina.
MTRAR v ADMIRAR. Todo esto e Jo da el mirar. Estremecido de asombro,
el hombre mira. "Mirar" viene de "mirari". admirarse, maravillarse. Ya
Platón vio que el saber, el hambre de saber, empie7,a en el asombro, porque
el hombre. al aparecer sobre la Tierra, se pone a mirarlo y rem.irarlo todo,
buscando a Dios, sin qu quizás 1e advierta, pero a la vez tomando eñorialmente pcr.:esión de lo que halla. El primer mirar del hombre fue un admirar, un mirar con "ad· 1 , yéndose tras y hacia lo que miraba, lo que quería
ver y no alcanzaba a ver. Pero se contenta con lo datos y lo halla1:gos, y
hace ciencia en que la admiración se hace más bien pregunta. El hombre
es ante todo mirada e.xpectante y eminente, no un ver pasivo ( como el del
animal, que hasta cuando busca y "mira" obra al dictado de instintos e pecífico o reflejos fisiológicos) , sino la búsqueda de un mirar lo que aún no
ve, o un ver más de lo que está realmente viendo. Por su mirada alta, eminente, es epi-scopo, obispo o supervisor. i o es sólo el vicario o coadjutor de
lo divino que cuida y cura de la cosas, sino también su obispo, el pastor de
las cosas como ha dicho con otro alcance Heidegger, el que las carea Y
conduce 1y supervigila. Toda mirada de hombre es cuidado y cura: tamb!én
si es mirada alta y honda, e mirada de supervisor. de cpí-scopo; de qwen
mira desde lo alto, el que contempla. 1

Pero de la admiración nace el aber y la ciencia
("sapere" saborear y "scire" tomar noci6n), porque de la admiración el hombre andariego pasa a la pregunta, que todavía está impregnada de los rocíos
matinales del asombro originario. El hombre
echa a andar por entre las
cosas del mundo jardineándolas, mirándola y remirándolas y "mirándose en
eUas'', en un cuidado de señor, de pastor y de jardinero. Y en su búsqueda
de cosas y horizontes y vestigios la admiración originaria
del
hombre
se hace,
H
,
,
';)
interrogación, pre~unta. Y a cada coa pregunta: ¿tu. que eres., ¿para que
sirves, quién te sembr6 y quién te cuida?: lo cual no es sino eco de otra
pregunta fundamental, más ganada de admiraciones primeras: ¿quién soy
BÚSQUEDA y PREGUNTA,

yo?, ¿a qué he venido y de dónde y a dónde voy?"
Pero esas primeras preguntas
admiradas o admirativas se las hace el hombre a í mismo. a la vista de las
cosas, y d las necesidades que el hombre tiene de ellas. Por necesitado de
Dios y de las cosas el hombre se siente precario, es decir uplicante y rogador.
Y trasladando sus propios ruegos y preguntas a las cosas y a los demás homINTERROGACIÓN 'i PREGUNTA FUNDA lE T L.

' Más ampliamente, l"n mi libro próximo El mirar d,l hombre.

148

bres, la admiraci~n se hace Ínter-rogación. El existir del hombre es precario
porque r.o le ha SJdo regalado, y ha de recurrir a quien le puso en el mundo
ha de supli&lt;:'r, en_ un pío u~iversal con las cosas, para que el Alguien que ¡~
fundó o creo, le siga sosteruendo en su existencia. Precario deriva de "prex"
de donde "preces" y "prccari", suplicar. La raíz sánscrita es "prac" de dond;
la voz sánscrita "prac-na-s", pregunta También vienen de ahí "procare"
" precan..,, deman dar o pre-tender, y ' 'procus" pretendiente (y el hombrey
pre-tende
o pre-tiende
a Dios a través de las coas) voz que ha dado ongcn
·
"
.,
a pro-curare . De la misma raíz, en fin, es el latín "pre-cunctari", preguntar. El hombre_ es precario porque pregunta, y pregunta porque suplica 0
ruega,. porque '.nter-roga: Por tener su vida a pr6tamo, vive en "precario",
es decrr, mendigando. Siendo deudor de primeras, aún pide más. La "ple' l . " precana
·uy
gari"
a es qu17,as,
. es que el "pre-cunctari" es un salir un avanzar
desde el estado sorpresivo del a.sombro y la admiración. "Cunc~ri" significa
quc_d~ ~;rpl:jo, a1ndado y cuajado en dudas, de las que ha de arrancar,
decidir . ( dec1dere es arrancar) para ir a las personas y a las cosas en un
rogar (mter-rogare) o pedir a ella noticias de Dios. La primera pregunta es
la que el hombre ~ ha~e a sí mismo en sus soledades metafísicas y en el
amanecer de s~ CXJ.Stenc,a. Pero esta pregunta no es inter-rogación, sino un
ruego estremecido, en trances de admiración y asombro originarios.
SABER Y PREGUNTAR. La pregunta es la primera forma del desdoblamiento
de la admiración ante las cosas del mundo. El hombre es un animal nativamente preguntón; basta observar al niño en su despliegue ... Pero el hombre
~o es que sepa por qué pregunta, ino que pregunta porque sabe; pero con
sapere" , con sabor d e n·1os,
· no con "sare
· " y mucho menos con saber sistemático de "epi teme". Todo hombre sabe antes de preguntar, y el que pregunta algo, algo sabe aquello por qué pregunta. El hombre pregunta porque
sabe, Y no es que sepa porque pregunta. Ya en Breslau en 1933 decía Heidegger: "El preg_untar no es ya el escalón primero para subir a la respuesta
que es el saber, s100 que el preguntar mismo es la forma más alta del saber''.
El hombre pregunta porque él es respuesta, y nece ita ampliar la conciencia
de sus respuestas ~on nuevos saberes y nuevas preguntas. para responderse y
spon~er ante Dios. Antes que pregunta el hombre es respuesta: estar sobrecogido en el mundo le hace re ponder a una llamada a ser al "debe
r''
,
,
r
se a que esta llamado, por la vocación existencial Si pregunta es para
dar sentido a su existir como respuesta, no a una pregunta, sino ; una llamada. Pregunta para saber con qué responder ampliando su conciencia de
~puesta existencial. El saber que no hace al hombre mejor, por más auténtico, es un mal saber que deja mal sabor o es un saber bruto formalista in, 'd
'
'
51P1 o Y mineral, con mineralidad de conceptos inútiles. . . El formalismo

149

�t .

·
b" tin
deportivo
es el aran enemigo del saber existencial: es un 3uego ¡zan o
d
que s6lo ansía el campeonato de sutilez~s,. pero de espaldas a a v1 a y a
la realidad. De ahí su esterilidad de narc1S1smo.
EL FORMALISMO Y EL PREJUICIO. Nunca las preguntas
.
decisivas del hombre pueden ser desinteresadas. La pregunta nace
pnmeras Y
l p t reo sobre
de la admiración, del asombro y del cuidado, de la cura y e as o
las cosas. o es solamente preguntar para aumentar el saber,
saber p~a
oder y prever sino preguntar y saber para existir con autenuc1dad, seg~n
pl .
l des;ino del hombre y según la vocación existencial con que Dios
e smo y e
'
· ··
ha a
s llamó a cada uno. Cuando el hombre, del pasmo prumb.vo, se ec
no
·
f
de preguntas lleandar, es porque se hace caminante y hace camino a uerza_
., , .
l:J..calidad la forma del signo de mterrogacion. Er1aando a tomar, en su ver
,
.
º·do sobre el haz en la admiración primera, el hombre ~nunante se va curgiando en sirno de interrogación sobre las cosas del camino y s~ panor~mas.
v
o
·
hizola
envejece. En su soledad y su mtempene se ..
eansad O de preruntar
o
'
,
d
I
ple11dades
regunta fundamental ¿quién soy yo?, y se echo a an ar, y as per ,
P·
hi · .
dudas al tener que volver la cabeza sobre s1 en sus
pruneras se c1elOD
,
,
s
de
andadura.
Cuanto más anda el hombre mas pregunta por1argas ruta
d
·
Y ahora
que las dudas y las contradicciones crecen en los cruces e camino~.
,
sí, se orientan a un saber a qué atenerse, un sostenerse con _segundad en lo
real Su peregrinación de caminante se hace drama angusuoso. Y pre~~tando y sabiendo y sin acabar de preguntar se ~uere el hombre. Un v1e10
•
·
d'ce que el primer hombre que qU1so arrancar los secretos al
mito gnego 1
•
eli
mundo natural, pereció en un naufragio. La Esfinge de_ Tcbas ~ra un p groso cruce de caminos con preguntas mortales para qw~ quena saber de. d El "árbol de la Ciencia" da el fruto doble del bien y del mal, pues
mas1a o.
,
Jb
1
del
el saber puede ser fruto de un preguntar vicioso o frívolo .. o a1canza a paz
·usto renunciando a muchas preguntas. Esto quiere de~~r, no que _el hombre
~o deba preguntar (pues él mismo está hecho del teJtdo_ y el signo de la
pregunta, y es constitutivamente dia16gico e interpelante; v_ive Y_ ~~e a fuerz~
de convivir y hablar con otros), sino que. la pregunt~, solo vivifica Y enriquece cuando se hace para ser más auténucamente qU1cn se es. ~o que d~struye y mata al saber del hombre es la pregunta ingrave, formalista. y necia,
es decir sin saber porque nace de un calambre mental y da saberes n:isustanciales en nervioso picoteo de ideas mecánicas como agujas de máq~a ~ue
pespuntean en el vacío existencial. Sólo es indebida la p~egunta existencialmente innecesaria, para la cual no hay respuesta con sentido... La pregunt~
es buena si está ganada por el sentido existencial de quien la formula; s1
se relaciona de algún modo con la vocaci6n primera, y si se apoya sobre
algo de algún modo ya dado en la realidad. Por la intencionalidad y el
PREGUNTA Y CAMINO.

'!.

sentido de que se carga, la buena pregunta lleva ya en sí misma el principio
de su propia respuesta. La respuesta viene prevista y prejuzgada en la gran
pregunta. Todo auténtico saber está tramado de fJrejtticios y apriorismos. En
la medida en que la respuesta no nos interesa existencialmente, la pregunta es
gratuita y formalista. Ser indiferente a la respuesta es preguntar sin interés,
para alcanzar un saber inútil.
PREGUNTA, BÚSQUEDA Y EVIDENCIA. El hombre de hoy anda desorientado
en un bosque de inútiles saberes, a punto de perder el rumbo orientador y
el sentido existencial. Cada gran pregunta lleva ya el principio de su propia
respuesta; no de una respuesta cualquiera, sino de la propia. Y viceversa:
toda respuesta bien dada presupone la pregunta que lleva invaginada y que
le dio sentido. Y cl sentido de la pregunta, por derivar de la vocación existencial, viene ya perfumado de la totalidad de lo que está sabiendo el que
pregunta. La .inautenticidad de la pregunta la hace inválida en su formulación e infecunda en sus respuestas posibles, porque el sentido existencial
carga de posibilidades de respuesta a la pregunta. Y la pregunta fundamental,
la gran pregunta auténtica para todo hombre de honduras es preguntarse
por Dios, por ese Dios que experimenta, le ilumina y le suena dentro. Es
una pregi.mta que viene cargada de evidencias, entrevistas, de barruntos inauditos. Buscamos a Dios porque nos es evidente. Preguntamos por las cosas
del universo, porque están ahí mostrándosenos evidentes, pero confusas de
significados y sentidos. La ciencia pide com-probar lo que ya se ha probado
por otra vía y aspira siempre a de-mostrar lo que ya se muestra. No basta
la evidencia y el hombre busca. Razonar, pensar, investigar científicamente
significan buscar segundas razones intelectuales a las evidencias primarias.
El hombre busca verdades y seguridades, y teme siempre no tener bastantes,
o haber errado su camino y sus preguntas. La primera misión del fil6sofo
como del científico es dudar de las evidencias de lo real. Pero en cambio
cuenta con evidencias de principios que no pone en cuestión. Hasta que llega
el fil6sofo de raza y también pone en cuestión esos principios. Y entonces se
encuentra con Dios. Sin Dios el hombre se cae y pierde de sentido. El hombre preguntando científicamente convierte los problemas y cuestiones en evidencias. Preguntando filosóficamente convierte las evidencias en Problemas y
Cuest!ones. Dios es evidencia sin problema; es misterio y comulgándole lo
experimenta, lo prueba, sin comprobaciones; Dios se le muestra sin admitir
demostración. Las demostraciones que se han dado prueban y comprueban
lo que el hombre ya sabía, no como saber intelectual sino como sabor metafísico. Hay una sapiencia oscura de Dios que hace posible una teodicea.

LA PREGUNTA FUNDAMENTAL y LAS PREGUNTAS EXISTENCIALES. Es más rica
la pregunta hecha desde el saber que la que se hace para saber. Cada hom-

151

150

�s El mismo se configura como signo de inbre puede hacer muchas pregunta .
puede hacer ha de selecp
tantas las preguntas que
'
d
terrogación. ero por ser
tar ha de saber preguntar, preguntan o
cionarlas y ha de aprender a pregun , ara saber sino que ha de pregunde de su saber. to ólo ha de pre~ntaryp
110' ha de saber renunciar a
.
eguntar me1or
para e
1
b
tar y saber ien para pr
.1 . ortantes y decisivas. Entre as
ara
quedarse
con
as
unp
.
,
l
tas
muchas pregun , P
al
las preguntas enstencta es.
.
' l
reruntas fundament es y
.
decisivas ertan as p º
d
t
o como Principio; las existen,
l d
Dios como Fun amen o, n
L
Aquellas a u en a
. . .
como fundamento del saber. as
ciales aluden al hombre como pnnc,pzo no
t do hombre. vienen dictadas
tas importantes para o
'
l
fundamenta es son pregun
.
d
d 1 ombre De ésta derivan las
1
1
'd
· t
·al y vocac1ona e ca a
•
f
por el sent1 o e.x1s enc1
.
d Hay una sola pregunta un. ¡
de vocación segun a.
preguntas pro/enona es o
t E la de Dios como Funtran ciende toda pregun ª· s
&lt;lamenta! que abarca y
~
b f ndamentalcs o exi tencialcs. La
·
¡ preguntas su · u
'
clamento. Luego \'lenen as
d'
i fundamental ni exi tencial, pues
pregunta por el ser e. elaborada y ~ar ial. n hace a cada cosa ser lo que es,
mo alao uruver a que
(.1, f
el ser de lo l oso os, co
~
l
reto de cosa o de persona que
. d
todas ru es e ser conc
d
ero
tra-cen
ien
o
a
,
P
. .
• 1 pregunta por ese ser vi'ene spontáneamente
l hombre trata a diario, ru. a
'd
h mbres redomados en filó1 h bre smo constru1 a por o
I ho
formulada por e om '
11 mismos han dolosamente e a .
tan por lo que e os
n·
sofos, qu1ene prcgun
1 bl
r el que se finge preguntar, es ios,
rado... y si el er de que se 1a a : po entonces dígase ello sencillamente y
como Fundamento de todo lo qu~ ay,. t ·ormente exigidas ni existencial. .
tas que no vienen 1n en
.
no se fm1an pregun
ás 1
d Dios no es el ser que la F1 1oso ia

r

mente formuladas. Pero ademrd. e . sert a:an en las cosas. Insisto en que la
el hombre o mano r
, tr
C. .
y la 1enc1a y
"D' S ñor . estás ahí dentro de nu y as
pregunta Fundamental ~s ésta: ?
n;ter:o: que no ~reguntamos "¿qué?",
las cosas naturale ? ¿Qwén eres.
d
tra misma índole piritual Y
sino "¿quién?", prejuzg~ndo ya que ~s e nd:e:ener un ser, si es de la natuntamos s1 es o no es, ) caso
,l
1p
persona . regii
d I u e'" y ten1'endo quienidad personal, cua es
,
·
d l " " " no .e . qu
raleia e quien ,
p
1 f'lósofo no pregunta por el ser sino
de existir. ero e i
d 1
d
su modo e ser y
. Di f era una más y sentán o o
,
'b . 1
de las cosas como i
os u
' .,
i&gt;
que el atn U)e e ser
uien formula la mejor pregunta: ¿ Quien e~s ....
de antemano. Es el creyente q
.
L cosas tienen talidad y
d' e que Dios es Persona. as
y en la pregunta, ya ic
.
. 'dad Cada hombre, si lo
T . dad Las personas henen qwen1
•
calidad o espec1 ici
.
.
'al desde la re puesta que es
. "dad h
s preguntas existencr es
con autcnt1c1
' ace su
,
l entido de esa pregunta. Pero
y I spuesta será luego segun e s
cada uno.
a re .
,
todos los hombr s en cuanto se prohay una pregunta umversQal.éy comu.noi&gt;~ que es la vuelta de la otra: "¿Quién
ténticos · ''¿ ui n soy Y • '
· ·
ponen ser au
· .
. 'd nte no sabe quién es. N1 s1 es.
eres, Señor? Tiene a Dios presente } eV! e
y

p:~~

152

Lo

CENtTrvo

v

LO CIRCUNSTANCIAL.

EL

QUIÉN Y EL

nsIONERO.

El hombre

es "Fulano de Tal'', esto es, primero su nombre, un nombre que quiere apresar la nominaci6n única y profunda, la apelaci6n o vocación con que Dios
secretamente le llama o nombra, vocaci6n que s6Jo él oye. Luego viene el
Tal y el Cuál, esto es, una forma genitiva enunciativa de la Talidad, cgún
t.irpe patronímica o gentilicia, y una Calidad, según clase, condición o índole y origen, y según mote, título, emblema, etc., lo que ya es más circunstancial que genitivo. Así se une la persona metafísica del hombre con su
persona social. Esta última es circunstancial; aquella primera es sustantiva
y genitiva. Toda persona metafísica no es sólo uní ima e irrepetible ( único
ejemplar de una edición única) sino que viene llamada a la existencia para
intentar er el que debe o está llamado a ser, con un nombre único e inaudito para los demás. El hombre inauténtico y aturdido lo es preá;amente
porque no pone denut·do y decisión en averiguar quién es él, esto e , quién
está llamado a ser. &amp;ta es la vocación o llamado existencial de la que deriva
luego la otra \·ocación, la práctica o profesional o la de los haceres social s
en su doble forma primera: actitudes y aptitudes a las que podemos o no
responder con fidelidad. En esa vocaci6n primera, llamada a una misión,
vemos ya que la persona metafísica no es un náufrago ni un empujado o
lanzado a la fuerza al existir, ino un misionero con una misión intransferible
y la misión de entregar un mensaje, no sólo a un destinatario pree tablccido,
sino a todas las personas, pues es un mensaje no escrito sino prtescrito y preescrito a una persona, pero indetenn.inada en su destinatario; el mensaje que
el hombre ha de entregar es para todos los hombres. Por eso tiene nece. idad
de decir qtJién es él y averiguar quiénes son los demás, pues lo que importa
no es el "qué" anatómico, fisiológico o social de cada uno, sino el "quién"
que le singulariza entre todos. Y como el "quién" su ·o no se lo han dado,
sino en forma de llamada a erlo, en vocación, el hombre como persona metafísica, tfone que hacerse el propio ser, el que le llaman a ser y el ser para
el cual tiene una deuda metafísica contraída desde que nace.
ExPREStÓN v PERSONA. Por eso el hombre es el único animal que tiene qué
hacer y qué decir, y saber y preguntar lo que los demás hacen y dicen, y preguntar por las cosas y saberla para decirlo a los demás, que es como el saber alimenta. Y lo que el hombre bace y dice y 1 "quién" que es, ha de hacerlo y decirlo a voces, ante el coro de todos lo demás hombres, esperando la e limación,
el aplauso, el ser conocido y reconocido de los demás. Como presencia, actúa
desde el "pre" para hacerse la persona que debe ser (de modo que su eticidad o conducta le hace o no persona auténtica, y la persona, auténtica o
no, labra su eticidad). Y se hac "pró-sopon", adelantándose en la escena
del mundo. Y allí, en escena, como tal persona, per-su~na, hace oír su voz

153

�b
n "instinién es ella. Repito que hay en el h?m re u
r~diciendo a los d más qu
· , . el exJ1resane. '\' que al e.xp
• • otro ser v1\io.
·
t
to" que no se da en rungun
. !amos y disi.mulamo . Pero que amno también callamo ' ocultamos,_ ;unu
. hipócritas. simulador~ o far,
s qui ·nes somos·
bién así decimos y e.xprcsamo
quiénes omos nosotro en versan t . El hecho de que los ~emá~ n~ epanno nos e ternos expresando como
dad y en autenticidad, no quiere _ec1r quef d y el hombre e,-presándose
· gular1dad pro un ª·
· A·
quienes omos! en nuestra sm
fl .a en el hombre como pr naa. s1
se revela y revela a Dios que se_ re e1 y 1 Historia no es sólo diafanía ~el
. , ·
ser d1áfano.
if' ca
el hombre e dialogtco para
. d
tas Teofanía y marcha ep am
,
. o en fin e cuen ,
1 en
f
hombre, antropo ama, in ' .
. . d un destino que senala una uz
.
o·
decir
1m11en
o
del hombre hacia ,os, e
. , ."'·
el h b y de la Histona.
,
lo alto d
om re
b
lo dem:ís le buscan, Y el
Todo hombre a e que
d ·1
CoNOCER Y SER co ocmo.
l d ...... -els · lo necesita. Para eru es
.o amente a os e....... '
.
., d l
por su parte busca querenet ás le di an quiénes son. Esta avenguac1on e
quién es él y para que lo , dem un s!er como el saber de cosas, es un sa' quién" de los demás; mas que
od l s hombres. Por eso se buscan
· · entre t os o
d
bor o paladeo de lo comumtano
bpensado y dirigido a los een tre sí y nada hace el hombre que no vaya su cosas el hombre ansía cono,
ber y conocer
,
•
más hombres. Más y antes que sa
ru· carse con las personas, mo
solamente comu
.
ccr y entender personas. o
'd Desde Platón acá se nos viene
también conocerlas y ser de ellas. coalnOCt ºoc·edor y sabidor, pero no e nos
un amm con
'd
diciendo que el hom bre es
hamb .nver a: la de ser conoc1 o y
ha dicho que tiene, recíprocainen~ié:recon;r a aquello que ya conocía por
hay más: es que conocer es tam
d lo que sabemos y conocemos lo
referencia de los demás. y la may~r _p arte 1~ libros, por la palabra hablada,
abemos y conocemos por refereneta. por

ª

po r el arte.

·ta l homEl hombre busca y necest a
OCER REOONO~R Y co?&gt;IPRO nso.
b
y t1'encn hambre de saber
•
1 demás le uscan
'd
sabe que lo demás quieren cobre Todo hombre sabe que os
.
·
conoc1 o Y
af' .
ente más el conocer a perq uién es. Cada hombre qutere ser
i alimenta met 151cam
.
nocerle a él. y nota que e
'!las le dan su resplandor esp1. ás porque aque
sonas que el conocer co as, quiz
'6 d comunión co-presencial, rcfuer.
e en una acc1 o e
"
ritual y su presenc1~ qu ,
l dan más que su coseidad y su serb. 1 cosas no e
'
h
zan los suyos. En cam to as_
ellas se refleja la presencia de los orné" presentado, pero también en . . '
Al fin todo conocer es,
qu
las b1c1eron presentarse.
r''
bres que pasaron por la vera y
.
1 ue se viene llamando ''conoce
, modo indirecto o referencial, y o _q
d d cada uno lo entred algun
e
'
y , el roensaJe o reca o e
.
es de algún modo reconocer.
asi, .. ,
romisi6n o compromuo con
.
. -·6 n colectiva , en co-mmon, com-p
te1emos
en m151

eº

154

los otro·. Y como veremos en seguida, así e justifica que el hombre que,
como respuesta que es, ha de responder, como miembro de comunidad ha
de co,1-testar, testimoniar en común en la Historia y en las colectividades humanas con respue ta solidaria. Solidariamente re pondemo de lo que hicieron nue tros padres y de lo que hagan nue tres amiao y nuestros enemigos ...
F~XPRESIÓN Y co, rnNICActÓN. Pero antes de todo llegar a esto, quiero tenninar de decir que queremos saber quiénes on los demás para ad-divinar, y comulgar, la carga de lo divino que hay en cada uno. Pero al adivinar a los demás y catar e interpretar lo divino que hay en él, también nos expresarnos
y decimos quiénes somos, emitiendo radiación de nue tra carga. Por la vía
de la expresión nos comunicamo y dialogamos con los otros, nos dia-fanizamos. Primordialmente, no venimos a comunicamos con los demá I a dar
señale o guiños a los otro , y entregades un mensaje o cartapacio con nuestras ocupaciones y pre-ocupaciones, nuestras tensiones y pre-tensiones, para
que los demás nos acorran y irvan, sino que, ante todo, venimos a expresarno, a decir quiénes somos a quienquiera que nos quiera escuchar, remachando, haciendo más conciente nuestra comunidad y nue tra comunión
con ellos; y de ahí resulta la comunicación. Tampoco lo cuerpos radiactivos emiten sus radiaciones por referencia a otros sistemas materiales o energético , sino que emiten rayos y, después, algo los capta. Por otra parte, la
comunicación es externa y corticaJ. sin comprometer nada profundo. Basta
ver que el paraíso de la comunicación es la dda social, donde apena nos
conocemos unos a otro . La expresión verdadera
profunda y personalísima y Ja reservamos para nuestras personas íntimas, o para nosotro mismos
en soledad y ante Dios. El hombre es mensajero, pero no un empleado de
comunicaciones que nos trae las tarjetas de visita de lo otro , con formas
y fórmulas (o form.illas) convencional y nada expresivas. Por la xpr sión
vamos a la comunicación pero puede haber comunicación sin mucha carga expresiva. Y por eso importa precisar la d.if rencia. Antes de comunicar
con otros, nos expresamos, e decir, nos e&gt;--pr.imimos ("expresum" viene de
"exprimere"), e trujamos nuestros racimos vivenciale para ofrecer a los
demás nue tros zumos existencial
personalí i.mo . Las personas no son
"dato " como las co as, no están ahí dadas para la aprehensión y la captura, sino que, como ellas, tambifo se ex-pr~n, se ofrecen a una interpretación
y entendimiento que certifica la comunidad primera en el espíritu. Las cosas emiten señales, co-señales, porque están con-signadas al homb1 ; y no
eligen esas ~eñales que han de emitir, ino que se les ha con-signado y destinado a ello, por su talidad y su calidad especifica. Pero el hombre en su
expresi6n puede ofrec rse y rehuírse, hablar con sinceridad o tratar de ocul-

tarse.

�LA

é"

Pero no nos expresamos
ante las cosas. Y no porque ante ellas cohibamos nuestra expresión o no
nos mostremos sinceros. Más bien es ante la cosas cuando no mentimos ni
simulamos. Pero llo mismo dice que no bay ·presión ante ellas porque la
intencionalidad expresiva, aun siendo anterior a la intencionalidad cornuni•
cativa, va orientada en busca de presencia humanas e intencionalidades in•
terpretativas. o no expr samos ante las cosa porque ellas no pueden in•
terpretarnos, y porque no son aptas para expresarse por sí por carecer de
intencionalidad expresiva. Por eso el preguntar a las cosas no es un mero pre•
guntar, ino inv ligación, búsqueda, rastreo y nómina de hechos y rasgos
para enlazar con otro en saber pre-exi tentcs. Las prc~untas por las cosas
las hacemos a los hombres en forma de interpelación. Y cuando no pre•
guntarnos: "¿ qué es esto?" la pregunta va dirigida a nosotro mismos, a
nuestros aberes anteriores, y así, sin darnos cuenta, nos expresamos al ha•
ccr la pregunta. Y por eso en fin la pregunta en general, la actitud del
preguntar, se desdobla en preguntar por co as y en preguntar a y por personas. En el primer caso la pregunta se dirige al "qué" puesto que toda cosa
es "ser-que' . En el $Cgundo, preguntamos por el "qui én". ya que toda perPREC NTA POR EL "Q

V POR F.L "QUlP.N".

sona es un "ser-quién·•.
EL "Q rÉ.N" OMNO Y EL 1-ru 1ANO. Las cosas sacan u fuerza ontológica de
su co-es~eidad: de su vinculación a otras cosas, de su co-re/ación y u consistencia. Las personas sacan su fuerza para ser, para su "quienidad", de su
singularidad, de su gratuidad. y de su e fuerzo metafísico para er, de un
modo gratuito y "poiético". Una cosa es tanto mejor sabida (no puede ser
conocida en total singularidad, pues u riqueza está en su coseidad) cuan•
to más se . abe de sus conexion s con las demás, cuanto más cosas otras quedan enlazadas, com-prendidas, en ese saber. Una persona es tanto mejor conocida y entendida (conocida por dentro: intus-te11dere e intus-legere) cuan•
to más e ahonda en su intimidad y singularidad ha ta hacerle única y hallarle su unicidad radical. La pregunta a Dios y por Dios, es Fundamental
y primera, pero darnos por supue to qu
''quién" y no "qué". o pre•
guntamos "qué es Dios" sino "Quién e Dios". o preguntarno por su ~er,
porque no sabemos si es porque no sabemos i cabe en nuestra noción de
ser, pero no preguntamos por su "quién" porque estamos seguro , con se•
guridad, no resuelta ni formulada en nuestra inteligencia y antes de toda
formulación, de qué
el Gran Qui'n del universo, y que así como ·u pre•
seocia justifica la nuestra, así su Quienidad singularísima ha permitido la
forma de nue tro propio "quién". Esto indica que el hombre tiene expe•
riencia íntima de Dio , aunque no lo sepa como saber intelectual. Si 1 hom•
bre existe y se auto conoce y reconoce a los demás por la presencia, es que

156

hay Dios. Pero el "hay Dios" no garantiza
. su r tal y
J
•
mos para co_as y personas r ,
•
como o conceb1ser-qué y en co idad. n1· .e o no _con ta que sea un ser cósico, apoyado en
,
srr-quien al modo · t ial
existir es tender a ten ión y pre-tensión
eX1S ene
del hombre, pues
ser que se debe er Pero t
' un _hacerse y tratar de alcanzar el
·
o no es concebible que pueda
li
cuya pr encía es evidentísima e irracional ara 1
ap carse a Ese
be entreverle mejor no desde la
6
. p
a razón humana. S6lo caReligión buscan ampliar esa notic:z d:, ;;:,o desde la ~e: l~ Fi~osofía y la
queza de esa noticia convirti, d 1
s. Pero la F1losofia p1erde la rien o e en ser en un c
á
por abs-tracciones prescindiendo de 1
'h
oncepto m s obtenido
sas.
o que ay de ser concreto en las co-

l.A 1 TELIOlDILIOAO y LA POÉTICA DEL
da la inteligibilidad de las
HO tBRE. Es el hombre el que fuof .
co as, aunque ya dije que h
d"
..
o ert1va de Jas cosas para entrar en 1 , b'
ay una 1spos1c16n
inteligibl para seres intelig t
ye am ito ~el homb:e. Las cosas sólo son
·
en e · a presenCJar es di
·
ciar la presentación. a conoc
1
sponerse a inteligen.
.
cr a cosa no en s .
1 .d
uen ; la individualidad no es singularidad) sin u smgu a~ ad (que no la
en us cone.~ones de co-seidad S b
.
o en su co eidad, y a saberla
.
. a er siempre es trama d
ti .
ceres, siempre es incluir la noticia n
.
e no Clas y conotentes. Pre-enciar es disponer las co'::sva, en una con~16n de saberes preodsLa inteligibilidad de las
en la presentación para ser inteligidas.
cosas no nace espontán
pre encia del homb
.
.
eamente en ellas sino en la
re que, al ilurrunarlas ont ló .
a ser inteligidas. Es más.
gicamente, las predispone
.
, no so1amente funda el h b 1 . 1. . .
smo que también funda
.
om re a rnte 1gib1lidad
cosa , eres ideas rela ·
· • ,
'
od
t o eso que llamamos la
lt
b' .
'
ctone ' msutuc1ones, arte
, .
cu ura o JeUva y que más
b' . .
espmtu es su trans-subj tufaac' 6 1
. .
que o Jet1vac16n del
píritu a obj tos subJºetuizados , o, a _trand spos1C1~n de esa cultura y ese esulan
, convert1 os en SUJeto
.
c
el espíritu en objetos dados El homb
_porque SUJetan o vinser poético o "poiético" q
h .
.
re es cuasi-creador, s fundador
u
ace continuamente fab .
f d
•
no es crear, que es sacar criat
d
d
nea y un a. Fundar
algo va dado sobr o ante I urasl e na a, y el fundador sólo funda con
.
'
o cua se encuentra va El h b
61
ye sobre datos sobre algo ya d d
· ·
om re
o construC
,
a o por 1a aturaleza o po t
h
onstruy con materiales de d .bo Es
. . . r o ros ombres.
cm ·
poeta de VJCJO
•
d
g1os y chapuzas, zapatero remendón de
.
, mgeruero e arresanía y el artificio operan con materi!I Un:~ natural. El arte, la arteno son los datos los que coac .
aJ h
ogidos y aprovechados. Pero
Clonan
ombre a se
·
condición de poeta de natío que hav en el h
r poeta smo que es la
zar y fundar sobre los datos Es f ,dad
ombre la que le lJ va a poeti•
un
or o poeta p
"da
b
a uodancia de su condición
. . 1
or generoSJ d y sobreespmtua, pu la pr ncia d l
, ·
•
pre graciosa y gratuita Po
h
e e pmtu es s1em.
r eso e1 ombre, según hemos visto, tiene nece-

°

157

�sidad metafí.ica de hacer y decir. El hacer del animal (comer. cazar, dormir, scxualizar) no es un hacer poético, porque ni ese hacer le expresa
(puesto que no hay intencionalidad e.,cpr si\"a) ni busca fundar, dejar una
obra ahí fu_ndada. El '·hacer" del animal está al servicio de su especie y de
su "ser-qué". El hacer del hombre, en su profundidad, es invenci6n personal y va dirigido a fundar sere nuevos.

CA 'SA Y AUTOR. AuroR.ÍA Y AUTORJD.'\D. Por e o hay que distinguir las nociones de "causa" y "autor". El "scr-qu~" engendra otros "seres-qué" como
causa; el ser espiritual engendra como autor. La autoría no es mera causación, la cual e determinada y determinante, pues la causa ni elige el efecto,
ni puede dejar de causarlo y producirlo. Pero la autoría es invenci6o en
libertad, sin determinaciones, con mucha gracia y gratuidad. Los istemas
materiales se mueven y obran como causas y efecto . También el instinto
animal, como la especie viva. e conducen como causas, y sólo hacen causalmente lo que tie11en q11e hacer... Y también el hombre en cuanto ser natural, (en cuanto especie. en cuanto cuerpo y fisiología animal, en cuanto
acumulador de pasado) obra con instintos y como especie y como causa.
Pero como r e piritual es poeta y fundador, y como poeta, como .er gracioso y gratuito, origina, innova, inclu~o funda "in tintos" nuevos qu ningún
animal Po ee: el de expresarse, el de saber, el de mandar, el de fundar. iempre
busca poner algo inédito y nuevo sobre el mundo que es lo que viene a significar el vocablo "auctor'' ( de "augere". incrementar). Empieza por hacer su
propio ser existencial y por e "hacer" se mide su calidad de hombre pue
su aut{o)enticidad quiere decir e o, autor de la propia entidad personal: no
nos regalan nuestra personalidad sino que hemos de elaborarla. Pero ,:uelvo:
las cosas son causales; el hombre es autor. El rayo no s autor del incendio,
sino la causa. Pero Cervante no es la catisa del Quijote sino el autor. Y no e! la
autoría un modo específico de causalidad, pues ni el autor está obligado como la causa a producir, ni la causa está desligada de lo producido, como el
autor de su obra. La autoría no es coaccionada y e ella la que origina el
"principio de autoridad"; hay autoridad en el hombre porque este es autor. La
autoridad jurídico-social halla su principio existencial en la autoridad espontánea del padre. el santo, el sabio. el anciano, el héroe, o simplemente el más
fuerte o el más audaz que upo fundar de nuevo con su fortaleza o su audacia. Ninguno de ellos son coaccionado a ejercer autoridad ni ejercen coacci6n
con ella, sino que instan suavemente a la rever ncia y al acatamiento. Tampoco podemos decir que el hombre es cau!&lt;a de lo "principio " del saber o los del
arte, sino que es autor de ellos, pues "principio" en latín viene de "prínceps"
o príncipe, al revés que en griego, pues la "arkhé" principio dio origen al
"arkhon", el magistrado, el arconte o principal.

158

LmERTADJ AUTORIDAD Y oBt:nIENCI.A. Haciend . .
.,
y no causa, funda el hombre
o, imentando, sonncndo e autor
u propio ser y otros e art"f' •a1
tad . La causa no es libre com 1
1
r
t 1c1 es, en libcr0 e e autor La libertad
d
1
d e1 hombr , en el verdadero p . . . d ·
ya se a en a autoría
decir, entiéndase bien que I tbnc1p1do e su autoridad. Pero ello no quiere
. . .
,
a t erta metafísica se de . d l
eJerc1c10, ni que las libertad d . d
nve e a autoría en
·
·
s em·a as ( económica
· 1
lí ·
g10 a)
e deban a d rui6n grani"ta d
.
, socia, po tlca, relilíticas, ociales o relig1·osas . J l e _autondades también económicas po. mo a rc,·c • ha
·d d
'
que hay en éste e. p0ntancidad
lib
d.
y auton a en el hombre portima fu ente de la autoridad d y d erta ~ara fundar. La libertad es la úl.. ,
: e to a autondad y
1 1 f
d ec1s1on en el autoritario .
.,
.
no es so a a uente de la
d
, sino que tamb1en es fueot
·
d
ta que ejerce la autoridad, la libertad de
e y ongen ~ esa liberya hemo vi to que al héroe al
1 _los acatantes y obedientes, pues
b
,
santo, a sabio al anci
rcmente y sin coacción. D esa libertad
'
. ano, nos sometemos lidel que manda. Va pues • lí . 1
~el obediente nace la autoridad
.,
,
, imp cita a noc16n de d l
.,
cion, pues quien funda la a t ºd d
1 .
e egac1on o representab
u on a es a libertad del
bed
ra. El ejercicio de la ,·erdadcra a t ºd d b
que o
ece y nombres. La verdadera autoridad t uolr1 a ace a los obedientes sentirse líen re os hombres n
mandan a los que han de b d
L
.
. ace preguntando los que
0 e ccer.
¡
a obediencia
•
e que ahora obedece antes f
l"b
es respuesta libre pues
diencia no libre es esclavituduey • ~e tªr: nombrar al que manda. La obesocialmente o esclavizar
.
e om re resulta así libre para liberarse
e. o se encuentra forzad
lib
1
ser o y de hecho son mucho los h b
o a er
re. Puede no
1 .
om re que no lo son s·
f
e egir y proyectar, antes es libre ara fun
. . t se ve orzado a
el proyecto Su libertad
f p
dar los térmmos de la elección y
·
no es orzada ino liberal
b •
cbos los hombres que librem t
.
mente tra ªJada. on muEl h b
en e se resisten y niegan 1
• lºb
om re debe ser libre &gt;' en e e "d b ,,
a propia J eraci6n.
propio liberador. Su libertad ha d haee, que parece que ata, se proclama su
d I b
e
cersela él y no sin e f
e a rarse su ser y su felicidad .
d .
s ucrzos, como ha
bertad
l
.
' na a unportante le dan regalad L r
como e ser existencial. como la felicidad
.
o. a iy antes merecerlas. o es el hombre obli ado ' ha&gt; que ganarlas a pulso,
ne el deber de serlo Ante d b 1·
g
' forzado a ser lfüre, pero tie.
e o - tt1arse deb
lºb
lo cual da ya libertad
, d .
b
,
e ser i re, trabajar por serlo
, y as1 a nqueza Y sentido a
br
.
'
se y oh-ligarse libremente Es la lib
d I
su o • igación; debe ligarpero es porque antes halla. en sí la
~ que da deberes y obligaciones,
pulso liberador; debe ser libre Hastau 1ª p~era de su liberación, de su im.
·
e artista y el poeta
.
sienten con la deuda p nmera
.
de hacer su obra lib
en['be
su ,vocaci6n se
ta de imitaciones.
remente, 1 randose hasª

•

°

d;:

A EL
la

HOMBRE

co Jo

RESPUESTA Y

co rn

RESPONSABILIDAD

LA co

-TESTACIÓN.

IJarnada o vocación exi~tencial el hombre respond~. V su respuesta es

159

�.
.
, .
éste La respuesta puede, pu ' ser
1.
•
inautenuco
·
f
su existir, sea autentico o
sentido total o en ormas
.
b'd
t do o en parte, en su
.
la drbida o la indc 1 a, en o
. d b'da da lunar a un rompimiento o
. d
La re puesta in e l
un· enta como retiponsa bil'1Parciale y denva as.
.
.
.al que se exper
1
desviación del senttdo ex1stenci ' . 'd_J a la totalidad intencional de
llamar responswz au
.
d b"
dad. Podemos, pue
. 'd d barca· respuesta auténtica o e •y
~ponS1v1
a
a
·
1 1exi tir que respo nd e.
esa r . .
d · debido. La responsab'I'
·z·d d
penenc1a del rcspon er m
.
da y responsabi r a o ~x.
bre ·usto cría el que se a¡ustara a 1a
dad vien de la inautent1c1dad. El hom
J 1· . to Ese hombre "justo" no
•
1 tal cabal cump im1cn .
.
deuda metafísica dando e to
y
. c1·a del hombre se mtebilidad En la autoconc1en
experimentaría la r ponsa
·
. esponmbilidad y re.tpuesta. No es
. tencial que responder éticag ra la responsividad en su doble aspecto:• r
1 llamada vocaCJon eX1s
lo mismo responder a a
. .
. d b"damentc E ta última es la re mente de lo que no hicimos o h1c1mos in e" i su respo. nsabilidad, el hombre
.
la r pue ta .on
' .
. ·
bra y llama ante s1 101sPonsabilidad; la pnmera, es
de ante Dios que 1e nom
'
,
también responde. y respon . .
desa·uste interior, y ante los demas y
mo. al experimentar el romp1m1ento o
J
gunta. Ante Dios, ante í,
·
b
antes respuesta que pre
·
con los demás. El bom re es
1
h ce y dice. Porque al cxtsbilizándose de O que ª
y ante los hombres responsa
l
ara hallar lo que ha de anatir ya está respondiendo, el hombre pregun a p ta existencial. Todo prcgunnta desde su respue
dir a su respuesta; Y pregu
do de responder. Son formas ge' banal es un mo
tar, aun el que parezca mas
'
l f el arte la poesía y la con. tod hacer el amor, a e,
,
nerales de respuesta.
o
' 1 h bre pregunta. y con las preguntas
. l e
ri&gt;&lt;nuestas e om
,
ducta socia . on esas -rb'lizá d se Por eso sus preguntas, no
mismas está respondiendo y r~Jºr;:3 1~ ~p:~~a que ha de ser congrua a
sólo llevan involucrado el senti o : .b . d en ella el ser mísmo existen.
b'é queda un nea o
•
cada una, smo que tam i n
.
pregunta Una pregunta era aude aquel a quien se
·
.
da
cial del que pregunta, y
l
o la respuesta existenc1alrnente .
é .
gu' n que o sea o n
li
téntica o maut nt1ca, se
L
tas y las respuestas gan,
. ah
t' preguntando. as pregun
da por quien
ora es a
y
la promesa y en la comles com-prometen.
en
b
ob-fiaan a los hom res Y
b'lid d ocial. y como la re pue ta
. b ta la re ponsa l. a
. t
solidaria y no sólo alterPromesa o com-prom1so.ed rod puede ser con;un
a o
.
de los hombres en soc1 a
de hacers con-testaci61&amp; y la responsab1nativa o recíP.roca. la. respuesta pue bTd d compartida es secu ncia de la
lidad co-responsabilidad. La re ponsa i 1 a .
la respon abilidad también
.
s·
respuesta es alternativa,
d
1
re puesta conJunta. t a
,
bilidad en el que man a
.6 .
Hay mas responsa
lo es, pero en relaci n mversa.
,.
spuesta en el que obedece que en el
que en el que obedece. Pero ~y ::sc:n cuando Dio le pregunta: "¿Qué
que manda. Ya e taba. res~nd~en o lo regunta porque lo ignore, sino pahas hecho de tu hermano· Dios n
~ . d sí y se responsabilice, rorora que Caín se oiga a sí mismo, tome conctenc1a e

160

piendo su responsividad en responsabilidad. El diálogo de los hombres se integra de interpelaciones, de preguntas y respuestas congruentes y ocasionales.
Si un hombre pregunta a otro por cosas, le está pregunta,ido,· si le pregunta por personas, o por él mismo, le está interrogando. Pregunta el científico;
i11terroga el juez y el sacerdote en confe ión. En la :nterrogación entra el "rogare" que es una forma casi sagrada de hablar; un hablar o dialogar más solemne. El parloteo y la habladuría no son ni siquiera diálogo. i son mucha
las personas que hablan es muftilogo o guirigay; si acaso, catá-logo dei banalidades sonoras. El interrogar es grave porque pide respuestas y responsabilidad. La autoridad más que preguntar, interroga porque previamente ha
sido investida de esa facultad. La tribu que tenía en Roma el privilegio de
votar y rogar la primera se llamaba "tribu-pre-rogativa".
CoN-TESTACIÓN, CO-RESPON ABILIDAD Y CO-PRESENCL\. CUE,'TA Y DUALIDAD.

En las re puestas, en las pregunta.~ y en las interrogacione echamo por delante nuestra presencia. En la con-testación va nu tra respuesta colectiva
y nuestra ca-responsabilidad o responsabilidad solidaria nacida de la ob-ligación y del com-promiso o la com-promesa. Aparte la respuesta que es el eidstir de cada hombre, y que es respuesta y responsabilidad a la llamada o vocación existencial, toda otra respuesta humana e con-testació,i y toda responsabilidad es co-rrsponsable, porque la presencia humana es co-presericia.
Pero así como la con-testación no ncce. ita un previo poner de acuerdo para
con-testar, ni la co-responsabilidad necesita una complicidad en lo consumado, para re. ponder olidariamente, así no necesitan todos los hombres verse
y conocerse entr sí, para que haya co-presencia. Adán, Buda, é ar, Goethe,
un hombre cualquiera de cualquier época o pals, al poner su presencia personal en el mundo, la hac concurrir con la presencia de los demás, tomando
de ellos radiaciones y prestándolas también a ellos, a los de cualquier tiempo y país. Los hombres, por s rlo, son todos co-presentes. Cada uno, lo sepa
o no, cuenta con los demás. Y ese "contar" dice más de lo que parece. La
auto-presencia se hace auto-co11ciencia personal, en cuanto la persona se percata o per-capta y se da cuenta a sí de sí. Es un rendirse cuentas que ya acusa responsabilidad. Pero también indica la apertura de una dualidad, de una
fractura de la conciencia unitaria de sí. La autoconciencia se hace conciencia
ética o moral, al abrirse el hombre en dos y darse, a sí mi mo, cuenta de lo
que hace. La autoconciencia existencial y presencial e respuesta: la conciencia ética e apertura de responsabilidades. Por eso el "darse cuenta" es un
"hacerse cargo" y aun carga. Al sentirse dos, el hombre se inter-roga y surge
la respon abilidad ética. Pero además por la co-presencia y la con-testaci6n
Y las formas de solilaridad humana, el hombre, cada hombre, menta con los
demás. Contar es notar, tomar nota o noticia. Podemos contar coas, nom-

161
Hll

�brarlas o numerarlas, y podemos contarlas, narrarlas a otras personas. Todo
lo que el hombre hace o dice está hecho o dicho para contarlo, hacerlo notar a los demás. Aprendemos por referencia de los demás porque el hombre
es una gran fuente de información. El hombre se fonna in-formándose de los
demás, e informando a ellos de lo que hace, dice o sabe. Todo lo que un
hombre hace, sabe o dice lo dice, sabe y hace también para nú. Y viceversa,
de mí para los demás. Así dando cuenta a los otros, roe doy cuenta a roí mismo y mi autoconciencia se ensancha con los otros, y mis ob-ligaciones roe responsabilizan ante ellos, como las suyas les responzabilizan conmigo. Con los
demás, dándome cuenta de ellos y de mí, para mí y para ellos, me respondo,
con-testo y responsabilizo.

Lo EXTRAÑO Y LO AJENO AL HOMBRE. No me responsabilizo con las cosas ni
con-testo con ellas. No hay solidaridad del hombre con cosas, porque con ellas
no me ob-ligo. La respectividad es unilateral, y el hombre no es respectivo
a las cosas, como ellas lo son al hombre. Es que ante las cosas nos sentimos
radicalmente extraños. Ante las personas no nos sentimos extraños, sino ajenos, con la misma comunidad en la base del espíritu, pero otras personas,
unas personas como ellos, pero ajenos y otros. Corrijamos, pues, la sentencia
de Terencio el Latino diciendo: "todo lo humano me es ajeno". Pero con
ello lo que queremos decir también es que lo humano no nos es extraño como nos lo son las cosas de la Naturaleza, con las cuales no nos sentimos ligados, ni ob-ligados. El hombre es extraño a todo lo natural; en cambio le
es intraño o entraña todo lo que es del orden del espíritu. Es que el hombre
es extra-natural, anti-natural y sobre-natural.
Aunque la Naturaleza unas veces se resiste al hombre y otras se le ofrece,
presentándosele como suma de facilidades y de dificultades, el hombre, aun
ante sus ofrecimientos y facilidades, sueña con su dominio y transformación.
Es lo propio de su actitud " poiética" de innovador y fundador. Las cosas, los
seres de la Naturaleza, se extrañan de nosotros como nosotros nos extrañamos
de ellos. Ningún animal se extraña de otro animal aunque sea su enemigo
natural, pues la enemistad como la contrariedad de los contrarios y la contradictoriedad de los contradictorios opera siempre sobre una base de comunidad; los seres radicalmente extraños entre sí, no pueden ser ni enemigos ni
contrarios; como dos términos sin nexo ni homogeneidad lógica entre sí no
pueden ser contradictorios. Ni la piedra es enemiga del ave, ni la virtud puede ser contraria al volumen, ni el número y la voluntad contradictorios entre
sí. El hombre no es enemigo ni contrario ni contradictorio a la Naturaleza y
a los seres naturales; es simplemente extraño a ellos. Si somos anti-naturales,
es precisamente en lo que de natural hay en nosotros. Pero la verdadera ín~
dole del hombre no es precisamente del orden de la Naturaleza, y por eso el

hombre, en su profundidad espmtua
. . 1 se siente
.
ext 1
Pero nos sentimos no extraños .
.
rano a os seres naturales.
bres.
' sino a1enos, otros, respecto de los demás hom. OESACERCAR y DESALEJAR . Los 1a1·mos no afinaron
1 .J:. . . ,
.
c1al entre "alter" y "alie
,, p
en a w:1bnc1on existennum • orque el hombr
.
no a las cosas naturales cuand . ,
e es sustant:J.vamente extra,
o estas nos cercan nos O •
mos de desacercarlas' poniénd o1as 1e1os,
.
b"ien en
' una pnmen y . acosan,. he.
como hace el saber científico
b.
d
. ,
perspect:J.va obJebva
como hacen el arte y la po , ' Eol .ien d escos1ficandolas, personificándolas
esia.
mun o de la f
di
'
a las cosas. La fe puesta en l
. e es ra calmen te extraño
as cosas es supersb ·6 .
·z·
los hombres y los pe.rvierte por
d 1 h
c1 n que re iga falsamente a
. .
que ar os ombres so tid
I
perst1c1ales. Las cosas han de
d
me os a as cosas su.
.
ser esacercadas para v l
d .
JOr, para subrayar su extrañ 'tud E
.
.
er as Y ommarlas meh d
i
.
n camb10 las pe
an e ser desalejadas para se . 1
rsonas otras, las ajenas
acercando cosas nos ;cercam rvu asl' pdara ~acerlas pr6jimas o pr6ximas. De:
os a os emas hombre
D 1.
nas nos acercamos a Dios.
s. · · esa e1ando persoEL HOMBRE COMO FIN, COMO MEDIO y COMO
cuenta que los "medios" s dis .
INSTRUMENTO. Si tenemos en
e
tmguen de los ''instr
,,
son continuidad homogénea d
.
l
. umentos en que éstos no
e qwen os mane1a
h
,
muru ad, en cambio los roed"
(1 al
' como son omogenea co""
'
ms, a P abra es un " ed"10" 1
ta un mstrumento") debemos d ec1r
. que las perso m d be ; a herramiencomo fines para los demás
'1
.
nas e n ser instituídas
«·
' y so o ocasionalmente como "
di "
mo mstnunentos". En camb" 1
me os , nunca comentos, rara vez y de modo m tafas, C?5as para el hombre deben ser instrume onco " d. "
en que el medio se distingue d 1 .
' me JOs pero nunca fines. Insisto
arbitrarios nada distra'd )
e mstrumento ( temo mucho a los lectores
1 os
,
'
en que el instru
t
continuo, extraño a quien lo
.
men o es algo separado, disd
usa, rruentras el medio p d
.
man o un todo homogéne-0 con el o
d
ue e ser a;eno, forotras personas como in trurn
pera or. Repugna al hombre tomar a
f
s
entos, pero no usarlas
.
mes, aunque la forma m,
bl
. como medios para sus
es el de tomar al otro co:O :
eEy ellevlada. de interacción entre personas,
.
. s e a tru-ismo de la
.d d . .
L as cosas sirven para
el h b
d
can a cnstlana...
···
om re e un modo t
personas deben "servir a "
. ' d li
ex rano, mstrumental. Las
mos cosas y mirándolas . . . poruen o bremente el fin en el otro. Mira.preguntamos a otros por ll
Ad .
personas, y ad-mirar es un .
é
e as.
-rruramos a las
nión. La figura humana rer;rradr y n~osale
la mirada en afán de comuuer a mas
signo d
dm" . ,
eal con la atracc1ºón d
e a 1rac1on: algo vertie un punto d · ·
¡
bre se agacha y curva b
eo1S1vo en o alto. Sólo cuando el homso re cosas ( sobre el ·
·
se hace signo de preguntar Ta b",
. m1croscop10 o sobre el azadón)
.
m ien se nza y toma del sig110 de mterroga.

·a

N

•

°:ªs

163
162

�ción cuando se arrodilla, pero entonces es que está rogando, interrogando
de modo decisivo y transcendental.
Ptu:ouNTA oE VARÓN Y PREGUNTA DE MUJER. Pero hay un estilo de pregunta varonil y un estilo feminal de preguntar. Los sexos humanos se manifiestan, no solamente en su morfología física y en el engranaje, riqueza y morfogenia de sus manantíos endocrinos que contribuyen a cambiar la f isiología y la psicología de varón y mujer, sino que también acusan estilo diferencial más hondo, en las respectivas actitudes primeras en lo que llaman ''cosmovisión", y que es más bien cosmo-intelecci6n. El sentimiento de libertad,
la forma del pensamiento, la capacidad de vivir desde otra persona y el modo de experiencia de ser y vivir en otros, es diverso para el varón y para la
mujer. Pero que sea diverso no arguye extrañitud de uno y otra, sino enérgica afinidad de ajenos complementarios, basta el punto de anhelar y lograr,
con frecuencia, constituir por el amor y la fusión o comunión de espíritu, la
espléndida y novísima unidad, re-unidad, de la pareja humana. Varón y
mujer son modos generales diversos de respuesta existencial como que son
llamados a existir según diverso estilo general de vocación. Es distinta su
respuesta y distinto su sentido de la responsabilidad. La maternidad es estilo de respuesta y de responsabilidad feminal, como la capacidad de abstracción intelectual y el afán de dominio sobre las cosas y las personas es
forma de responsabilidad y respuesta varoniles. Se comprende, pues, que
sea también diverso y diferencial el modo genuino del preguntar humano en
el varón y en la mujer.
LA PREGUNTA BIVALENTE. Pero como varón y mujer son variaciones de una
misma comunidad previa en el espíritu encarnado, las dos variables de la
constante "hombre", de modo que ambas categorías humanas, viviendo ya
matrimoniadas en cada ejemplar, ofrecen, en lo íntimo y profundo, cambiantes y tornasoles brotados de su diversa y misteriosa proporción ingrediente, no es infrecuente que, a veces, bailemos cruzados los sexos ya en el
orden espiritual, o que coexistan ambos estilos existenciales en un ejemplar, o que, en fin, ofrezca ese ejemplar sucesiva o alternativamente un estilo existencial propio de varón o de mujer. No es infrecuente hallar cierta
rica maternalidad en varones y cierta actitud marcadamente propincua a la
abstracción y al mando en muchas mujeres. Se comprende, pues, que las
preguntas feminales y las varoniles se imbriquen y tornasolen fundidas y
confundidas muchas veces en un mismo ejemplar de hombre.
PREGUNTAR POR cosAs Y PREGUNTAR NR PERSONAS. En general el varón
pregunta por cosas, conceptos y relaciones, en una enérgica actitud cinegética de aprehensión y captura. Es animal de vientos perdigueros para las

cosas y los conceptos, buscando lo general
quedan prendidas, com-prendidas El
c?mo una red en que las cosas
mas y herramientas para segwr· . daprendizaje del varón es toma de ar. 1 'd
cazan o o pregunta d L
smgu an ad única, no excitan su a ti d
n o. as personas, en su
gente sobre ellas por resulta 1 . pe to e captura; más bien pasa tan'd
r es irrazonables e i · t Ji "bl
vi uum inefabile est" de 1
, ..
run e gi es. Es aquel "indi,
1
os esco1asticos La pregunta
'l
pon o a cayata, el lazo ensortiJ. ado el . . d I
• en e es garfio, arcosa como 1o que es como una " ' " nzo
.
El e ' a astuaa' p ara des1arretar
toda
h
'
res
varon c1m·
e o, Y siempre por cosas o por c .
.
a ira poco y pregunta muta f eminal, en cambio ;o es . tronceptos, que son archicosas... La pregun.
.,
'
ms umento de capt
.
d
mtergrac10n y maternizae1·' d I
ura, •sino e donación ' de
.
on e mundo y
un JIUrar con "ad" un
. u\ . ,
.
es sustant1vamente admiración
d
'
a gesnc aCion de asomb
l' .
'
e caer y está cayendo siempre
ro, una agr1ma que no acaba
des e intimidades, no por conc~ t~:rernta es por personas, por singularidacosas se ofrece para mate . pi
y orm~s generales del conocer. Ante las
liaIes. L a muJer
• pregunta rmzar
as, personificarlas
·
.
m
.
como cnaturas Vlvas fi..1_:_ . ,
enos sustanttvamente
d .
su awuuac1on va su actitud d
s·
pero a mira más. y tras
e amor. 1 el varón
·
un pro f undo sent;ido de premio
es venatono, la mujer tiene
varón que triunfa.
' presa y trofeo, donándose gloriosamente al

s·

LLEGADA A LA EPISTEMOLOGÍA

Sabe

del sentido profundo del sabe . h

r y preguntar. y así llegamos al umbral

h~ de tener el sentido existe:cia~:th!~~s problema.s: T~o buen saber
solo es vero y vivo sabe
d
_re que esta sabiendo. El saber
r, cuan o es auténtic
d
•
respuestas y preguntas. Los saberes falsos o . o, ~u~n o . viene de auténticas
no es . bueno, porque no enriquece la con . m_aute~hcos. intoxican, y el saber
ma y abulta de saberes como gases a c1e~c1; extStencial, sino que la inflabueno. Importa al hombre I b ' caso e etéreos. No todo preguntar es
.
e sa er en profundidad
.,
sustannva.mente bien tramado y . ·¡ d
' no en ext.ension; que sea
,.
asmu a o en el mi te .
.
tafISICo de la persona ha . d d l
s noso metabolismo me'
cten ° e os saberes
·
..
preguntamos desde nuestro saber y be
d ·sdsustanc1as espmtuales vivas.
sa mos e e nuest
preguntar. La pregunta auténtica com f
,rª. respuesta, antes de
para ser más y mejor con más a' t u· ~d rduto del autentico saber, nos sirve
. 1
'
u en c1 a no para b
~.
tan c1a es o innutritivas El b
'
sa er ffii:Ui cosas insus·
sa er que no es auténti
·
o banal, pero no más profundo
.
co, smo que es más extenso
• no ennquece el ser e · t
· l ·
envaguece, confunde y d'
b'
xis enc1a smo que lo
el hombre no el homb IBtur ia. !El saber y el preguntar han de ser para
'
re para e sabe
l
tido de nuestro saber y nuestro
r y e preguntar porque sí. El sención o llamada existencial a s pre~tdar suena en el fondo de nuestra vocaer quien ebemos se p
saberes que matan y sab
r. or eso hay preguntas y
'
eres y preguntas que vivifican y salvan. Nadie se tra-

165

164

�buque en esto y piense que estoy defendiendo la imposición por alguna au•
toridad de un catálogo de saberes previamente censurados por aquélla, sino
que digo esto:
SABER v AUTENTICIDAD. Sepamos lo que necesitemos profundamente saber y
preguntemos aquello que viene dictado por nuestra necesidad metafísica de
ser y de existir como somos. Basta para ello que escuchemos y cultivemos
nuestra autenticidad. No admitamos que nadie, en nombre de nada, nos dé
el cuestionario fundamental de nuestras preguntas. Pero tampoco seamos li•
geros y frívolos al preguntar, sobre todo cuando las preguntas pretendemos
que sean vivas, hondas y existenciales. El hombre es respuesta, la vida breve,
hemos de morir con nuestra respuesta dada, y esta respuesta depende de las
preguntas auténticas que hayamos formulado. Pero hay preguntas que, siendo
existenciales para unos, pueden resultar inauténticas en otros, si éstos preguntan por imitación o curiosidad banal. Todo saber que lo es merecidamente,
salva, porque autentifica, aut(o)entifica, contribuye a hacernos el propio ser.
El mal saber nos ofende y traiciona; por lo menos no nos forma ni salva.
Hay quien muer envenenado de saberes como gases inertes tóxicos, o electrocutado por los calambres de sus preguntas frívolas. Saber bien, no sólo es
preguntar bien, sino también dar la mejor respuesta de hombre.

fecundo. Saber no es medir' SUlO
• en1azar conexiones
.
y d . l
pues é tos ocupan mucho 1
. .
re UCJr os saberes
• l
b
ugar en 1a conc1encta del hombre Hay que re~
d uC,r os sa eres en apretadas ,
. basta el esq
.
.
smtes1s,
coneXlones vivas . La mirada de sa b'io es mirada e .uema,
para
t d
d ganar más
su verticalidad mirada
,
minen e, es e lo alto de
'
episcopa, anchurosa, de p anorama ...

SABER E 10NORAR. Preguntando y respondiendo, el hombre hace circulo consigo mismo y con los demás, con-testando y co-responsabjlizándose. Debemos
saber más y mejor, entre todos los hombres constituyendo el gran equipo único de la Historia. La máxima especialización sea la máxima personalidad rica
y singular de cada uno; la comunidad humana, la copresencia y la colectivizaci6n de actividades y saberes han de contribuir a que cada uno sea quien
es, quien debe ser del modo más hondo, peNOnal y singulansimo. Ha de saber tanto que incluso ha de saber ignorar y olvidar, asimilando sustancias
últimas. No es sólo el único animal que sabe sino· también el único que ignora, y el único que sabe que ignora y nunca ignora del todo, pues siempre sabe algo; al menos se sabe a sí mismo, sabe, tiene el sabor de Dios, y sabe que
está sabiendo, y, por lo tanto ignorando. El hombre auténtico siempre sabe a divino. La ignorancia honda siempre es docta, y un título de gloria para el hombre; más titulo de gloria que los saberes inertes o gaseosos. Como
el animal no sabe, porque lo que hace le viene dictado por sus instintos es•
pecllicos y genéricos, nada le resulta sabido, como nada le resulta ignorado. Saber que se ignora es indicio de sabiduría; ignorar que se ignora es
estupidez, y sólo el necio cree que nada ignora y que lo sabe todo bien sabido. Avanzar en saberes es progresar en la conciencia de lo que se ignora,
y el ignorar, la conciencia del ignorar, es gran fertilizante para el saber

166

167

�LOS AFORISMOS DE LOCKE ACERCA
DE LA EDUCACION Y DE LA SALUD
PATRlCK RoMAN.ELL

Universidad de Texas.

JoHN LocKE (1632-1704) ha sido llamado "el Padre de la Educaci6n Moderna en Inglaterra",1 y tal vez ninguno de sus libros haya alcanzado el valor obtenido en nuestros días por Some Thoughts Concern.ing Education.
(Algunos Pensamientos acerca de la Educación). El libro, que constituye
Ja más importante contribuci6n de Locke en este campo, abunda en penetrantes observaciones acerca de la naturaleza humana, muchas de las cuales son
expresadas en forma de aforismos.
De acuerdo con su origen y propósitos, esta obra nos lleva hacia una serie de cartas escritas por Locke en el año de 1680, cuando éste se encontraba en Holanda, mismas que estaban dirigidas a su dilecto amigo, el inglés Edward Clarke, y con el objeto expreso de aconsejarle la forma adecuada para formar y educar a su hijo, a fin de que algún día pudiese llegar
a ser un auténtico "gentleman" inglés.
El origen epistolario de la obra pudiera explicar la raz6n por la cual el
volumen publicado adolece, en cierta forma, de repeticiones. Y aunque su
restringido objetivo puede producir una fuerte impresi6n en aquellos que
gustan de interpretar a Locke como el gran campeón inglés del hombre común, la verdad es que él nos dice, desde el principio de su obra, que su
Tratado sobre Educaci6n está fundamentalmente diseñado y dirigido para
las más altas clases de la propia sociedad inglesa, la élite, para ser exacto .
Afortunadamente, lo que Locke actualmente nos dice acerca de esta materia tiene ya un más amplio objetivo y ésta es la razón, por supuesto, por
la cual sus ideas pudieron llegar a causar un impacto de gran alcance en
la educación moderna.
1
JoaN Locxa, On Politics 1111d Education, cd. Howard R. Penniman (New YorJc,
Van Nourand, 1947). 205.

169

�ducaci6n aparecieron en un
Las cartas de Locke a _Clarke ~~;'ªy de~ ~ec~o de q~e éste ti-abajo ~uese
libro que vio la luz pública en
~ ima en Londres, indica, de por Sld no
ublicado primeramente en forma an;;n 'nitas en el autor y que éste a. ~p~larnente las precauciones que eran
~rsia que encierran sus propos1c10.
t6· sino
tambº,
ien, el carácter de contro
, . les ·
. . t eroente conservador,.
nes, educac1ona
.unto es lo sufic1en
d
Mientras el volumen en su conJ
ales concernientes, 1a reforma e
ta nto como las asunciones religiosas yh ~orlas letras, el latín y la lógica ( las
• · des ataques acia
Lo ke con sus irurusencor
l costumbre de entonces ) • dec ''L's" de la educación de acuerdo c;n a contemporáneos, y sin duda
de haber horrorizado a m~chos u;;s en el pre ente, especia\men:
al na, horrorizan a muchos de ~~ n la declinación consecuente ~~ la as1
conocido líder filosof ico fue
t gudesde el advenimiento del Sputruk y bº
e
· " , cuyo 1en
llamada
"Educaci6n Progresiva

:::oo

:,c

el ya desaparecido John_ Dewey. er breve, una larga historia, podemos deAhora bien, con el obJeto de
s hacer inteligible a John Dewey en
cir que sin John Locke no po iamoudiera parecerle exagerado al lector
materia de educación. Aun~ue _esto p merece la crítica pertinente de la hno2 Todo l o cua I, hace de esta obra, en
a pesar d e es ta úlúma exphcac16n,
.

'!

losofia educacional de nues:ro tl~m~s de mayor significación cultural, pa. 1 XVII uno de los bbros mg
el sigo
,
.
•
d
ra nosotros, en este crí~co
comprender cómo y por qué el ~un s:
Consecuentemente, s1 quer
ericano en particular, han alean~ o
oderno en general, y el anglo-~ .
materia educativa, necesitamos
m ·entaci6n predominantemente practica :n tos años a la fuente principal
on
. damente tresoen
,
693)
volver hacia atrás ª?..~xiSma e Tltoughts Concermng Education ( 1 . .lés) a
ue es el libro de Luv-.e o~
vez rimera ( al menos, en mg
.
q Para ello es preciso, a~ro~amos po~ ro p sición que afirma que u? ~onouna defensa sostenida y sin ~tubcos de nJaJ: en relaci6n a un conocuruento
cimiento minucioso de los hbros es s~c\grega~ el que no hay duda de que en
completo del hombrc.s No es necesario

lt=•

...-.
w York Macmillan, 1916), 70-80.
--:-OE~V, D,mocracy and E~11cat1on ( e es el ;ue se dirige a sí ~smo_ en
JosN
cifica cuál de los traba10s de Locke esde el contexto de su d1scus1ón,
Dewe;. no cspc cke en educación, pero es claro, d
extraño que suene, es el
su cnuca de Lo
él -'"ogi·cra como blanco, pcr
S t Thought;
b · d Locke que
"""
.
( 1706) más qur om
que el tra aJO e h C nduct of th, Understond1ng
'd . pcrtantcs trabajos
ensayo p6stumo Of .' e i°693 Una comparación entre estos ~s un
e ambas obras

~=n~~!.!d:;:'º:Uc~a
1 srespectivas maneras, O

q;::;~;::;:ru;::
debe

de );itio, except\
~cke el @ósofo.
tanto
• .• 1..
a sus predecesores,
revean, en su
?82 331 Lo que ~ e
.
f
• Loen ( Pcnnim.an edirion)' ~8 ·- , l . édico francés Rabclai1, }' moralista ran
en materia de la educación, especialmente a m

170

la época de Locke esta rebelión en contra del "estulto" sistema educacional
en las escuelas duró largamente, más de la cuenta. Pero, ¿ cómo han cambiado, desde entonce, los tiempos y los ideales educativos?
Evidentemente hay una cierta especie de péndulo en la historia humana y
es de esperarse que nosotros, hoy en día, que estamos siendo testigos del uniforme horizonte educacional encabezado en dirección opuesta, queramos aprender la espléndida lección de la historia misma: dos errores no hacen un acierto. Mientras tanto, permítaseno lucubrar que aun el conocimiento que tienda
hacia el hombre con sus virtudes y con sus vicios, sería imposible sin el conocimiento de ciertos libros incluyendo los de Locke.
Locke mismo se precavió de esto en el iglo XVII, cuando dccidi6 no polemizar contra el "aprendizaje de libros"; y nosotros tenemos más razón para
tener nuestras precaucion acerca de esto en el siglo XX.
En cualquier caso, y sin tomar en cuenta su influencia, ya sea en forma
directa o indirecta, en la educación moderna y en sus reformadores, tan diferentes como Rousseau y Dewey, el Tratado de Locke encierra para nosotros
algo especial; es po ible decir que es el mejor de todos los escritos publicados
durante su vida, sino de todos aqueJJos qúe fueron publicados después de su
muerte y el que encierra mayor carácter autobiográfico.
Tomemos un caso como punto de referencia: cuando Locke nos asegura
en Sorne Thoughts Concerning Education (Algunos Pensamientos acerca de
la Educación) que su crítica de la formación (standard) en las escuelas europeas de su época, está basada en su "propia experiencia",• lo que en realidad
tiene en mente es una referencia a us observaciones por una razón, sus propios estudios verificados en dos de las más reputadas instituciones de en cñanza
en su patria: la escuela de Westminster, en Londres, y el colegio de la lglc ia
de Cristo, en Oxford; más aún, y aquí reside tal vez su más interesante contribución dada desde el punto de vista autobiográfico, Sorne Thoughts Conurning Education, es de todas las obras publicadas por Locke, el fi16sofo, la
única que lleva desde el principio hasta el fin, la marca inequívoca de Locke
el médico. Para no mencionar sus innumerable manuscritos no publicados,
muchos de los cuale se encuentran ahora debidamente conservados en la Bibliote~a Boc!Jeiana y algunos de los cuales son de contenido meramente médico. Hay, para estar seguro, ci rtas alusion a la medicina en algunos otros
de sus escritos publicado por él, incluyendo el famoso Essay Concerning Huma,i
Understanding (1960) (Ensayo acerca del Ent ndimiento humano), pero
ninguno de esos escritos es comparable a su libro sobre educación en el núcés Montagne, csd., aaimismo fuera de discusión aquí. Pero el lector interesado, puede
consultar la R. H. Quick edición d~ Somt Thoughts Concerning Educotion (Cambridge,
nivcnit)• Pre$, 1902) para las sugcrenciu pertinentes en este tema.
' /bid., 343.

171

�esto nos habla
. de su d
. . . de u modestia t. o b.ien e un reíleJo
pu di era d mgme al estado corriente d 1
esengano que bien
intervención personal en este cam ;, eN os as~tos médi~s, o sobre su propia
Co
l d'
.,
po. 0 podnamos decirlo.
. m~ a iscus1on acerca del cuerpo la sal
.
vis medicatrix naturae asi' se b
y
ud, e tennma con la hipocrática
,
a re con el prin · · d J
corpore sano. He aquí una versión afonsttca
, . d c1p10 e u\'enal: mens sana in
e Locke
d
. .
poeta romano. que nue tro médico filó~f
acerca el pnnc1pio del
de toda educación:
o resume bellamente como objeti"o

mero de expHcitas referencias acerca de cuest.ion médicas. De hecho, el
caso debería tomarse considerando que Locke hizo que todo "ejercicio teórico" de la educación se deriva, n su aspecto técnico, de su experiencia
médica y está basado en una analogía con la educación física, pero deberemos dejar para otra ocasión la evidencia que sostiene la afirmación que antecede. os es suficiente por el momento, el establecer en fortna clara, que
Locke estudió medicina en la Iglesia de Cristo, recibió su grado de bachiller
en medicina en Oxford, en 1674, y practic6 la medicina ocasionalmente antes
de esa fecha y posteriormente, en forma particular, cuando desempeñó el cargo
de Médico de Lord Hashley, en Londres, y colaboró con Thomas Sydenhan,
el "Hip6crates Inglés". En vista de todas. estas bienconocidas referencias biográficas es realmente sorprendente el que los discípulos de Locke, los que ha
habido en gran número, hayan ignorado ese aspecto médico de su pensamiento,
sobre todo cuando éste aparece en fonna clara, como así lo veremos, en el

''V na_ m~nte despejada, et1

u,1 cuerpo sano es
descnpción de un estado de f l' .d d
, una breve, pero completa
.
e tci a en este mundo Á
I
b
am os, tiene aún un poco más
d
. que que posee
•
que esear • )' aquel q
d
ni otro, servirá de poco para
l .
,
ue no esee ni uno
hombre como su miseria
rna,qurer otra cosa. Tanto la felicidad del
' es en a mayoria de l
sus propios actos. aquel que n d. ..
.
as veces, producto de
o pettsar, jamás ;omará e• d b~d m¡a ~propiadamcnte su e,itendimiento
, e t o camino . y
'l
y cnfermizo, no tendrá capacidad p
, aque cuyo cuerpo es débil
D b
¡
ara hacer progre
.
~ o con esar que hay algunas constitu .
sos en ese camino.
m1entos en los hombres que son t
. ciones de cuerpos y de entendiconstituídos por la natu l
an_ vigorosos y se encuentran tan bien
.
ra eza, que c1ertament
,
na du; en virtud de esto p l f
e no necentan la ayuda de
, or a uerza de su
·
dos desde su origen h . l
genio natural, son lleva'.
acia o que es excelentr .
.
l . .
de sus magm/rcas constit .
, y gracras a primlel{io
s·
uc101us, son capaces de h
m _embargo, ejemplos de esa clase los ha
acer cos~ maravillosas.
decrr que todos los homb
y muy pocos y pienso que podrl
l
res que mcontramos nue p
d
o que son; buenos o malos út ·¡
,
ve artes e diez, son
hace la gran diferencia ent' 1' esho no, _por su educación. Esto es lo que
re a umamdad".•

volumen publicado por él sobre la educación.

ll

Locke inicia su obra Sorne Thoughts Concerning Education informándonos
que su investigación pretende ·"considerar primeramente la salud del cuerpo,
la cual tal vez usted pueda esperar de este estudio ... , he pensado al resp cto
más peculiarmente por haberlo aplicado en mi mismo"/ más que a la propia
medicina. Al final de sus discusiones acerca del mismo tema, señala nuevamente que tomando en cuenta su condición de médico, se espera que proporcione "algunas direcciones de medicina con objeto de prevenir las enfermedades".ª En relación con este punto el único consejo que ofrece en forma de
medicina preventiva para aplicar a los niño , s el no hacer nada que no se
identifique plenamente con la fe Hipocrática en la fuerza curativa de la naturaleza y, agregando significativamente, más bien en una sorpresiva forma
dogmática, el que "nadie puede tener la pretensión de dudar del consejo de
alguien que ha gastado algún tiempo en el estudio de la medicina, especialmente cuando él aconseja el no guardar reticencias en el empleo de la medicina
y de los médicos".
Incidentalmente, debe tomarse debida nota de que todas esas referencias
autobiográficas de Locke en relación con su fondo médico, ponen el énfasis
en su estudio de la medicina, pero no en la práctica de eUa. Ciertamente, que
• Jbid., 211.
• 1bid., 228.

El siguiente aforismo expresa en Iorm
.
salud como principio de felicid d
adsucinta Ja suprema r Jevancia de la
a . igu1en o las ense1guos e toicos y las leccione de su ro ia
. ~anza moral~ de los anla más importante conclusión en el p P.d expenenc1a médica, Locke llega a
e~ndalmente una materia d '
se~t1 o de que el proceso de la alud es
l
e constancia de endurec
as penas y con ojas de la v'da e·
'
.
ernos nosotros mismo en
•,
.
1 •
itemos su afomaci6 . . . 1 d
s1on que tiene orientación médica:
n tmc1a e esta conclu-

s· .

f

"D e cuán necesaria es la salud par

.
cu,fa necesaria es una fuerte constit: ~uestr~s negocios y felicidad, )' de
c n, dispuesta a vencer los trabajos

' lbid., 228.
• lbid., 210.

173

172

�pesados y la fatiga, podrá evidenciarlo aquel que sea cualquier figura en
el mundo, y esto es tan obvio, que no necesita prueba" .9
Con objeto de ilustrar el acercamiento general de Locke con los estoicos, en
relación con los problemas de la salud, peruútasenos seleccionar el que, probablemente sea el más feliz de sus aforismos, en toda su obra:

"La primera cosa de la que se debe cuidar es de que los niños no sean
vestidos hasta producirles acaloramiento o bien el tenerlos cubiertos, Jª
sea esto en verano o en invierno. Cuando nacemos nuestra cara no es
menos tersa que cualquier otra parte del cuerpo. Es simplemente .su uso
lo que la endurece y la curte, para resistir el frÍo. De aquí en adelante
el filósofo citiense le da una muy significativa contestación al ateniense,
quien se maravillaba de cómo podría permanecer al desnudo 'Y desprovisto de ropa en la nieve y el hielo. "¿Cómo, dijo' el citiense, puede usted
endurecer su cara exponiéndola al cortante aire del invierno?" "Mi cara
está acostumbrada a ello", dijo el ateniense. ,,.Palpa toda mi cara", replicó el citiense". Nuestros cuerpos podrán adquirir el endurecimiento necesario si desde el principio así han sido acostumbrados".1º
Nuestro autor procede a describir en detalle algunos de los más relevantes
principios espartanos, en relación con el mantenimiento del cuerpo de los
niños en debida condición, y arguye, en favor de las virtudes higiénicas del
agua fría, así como de la natación, del aire fresco, de la ropa holgada, de la
observación de una dieta simple, de las de una cama dura y de un sueño
prolongado, él "gran cordial de la naturaleza" _u Siendo Locke "estreñido
por naturaleza", es, no obstante, muy explicito cuando toca el tema relativo
a que el niño adquiera el hábito de rendir, en forma regular, "homenaje a
Madame Cloacioa",12 como él delicadamente lo escribiera, aludiendo a la
cloaca. Pero mientras que insiste acerca de la importancia de enseñar al niño
a regular sus movimientos intestinales, curioso ciertamente, Locke se opone a
la regulación de las horas de comida para los niños, ya que, al referirse a
ese aspecto, el niño debe comer solamente cuando el reloj de la naturaleza
hace sonar sus campanas; o simplemente, cuando tiene hambre.
Acerca de estas reglas específicas sobre la salud de los niños es conveniente hacer notar que durante el término de la generación anterior, un
' Ibiá., 21 t.
1º Ibid., 211-212.
11 Jbid., 225.
u lbid., 226.

médico de Chicago, se impresionó
·
.
vjvamente con la
Locke se aproximaba a los problemas de la i" fo~a y manera en que
y publicó un peri6dico ha .
, . n_nez, a traves de lo moderno" u
.
c1a ese propos1to mtitul d J h
'
Sm embargo, otro autor mé...1:c
. ,
a o o n Locke, Pediatra.
. .
Ul' o, postenormente h b ,
d d .
de ed1tonaJ y en relación co l .
, a na e ecir en forma
.
n e mismo tema. "e
h
dedicado al problema de I
l d d
: _ orno mue os otros que se han
a sa u
e los runos Lock f
.
que en la práctica por él predicada" u
e ue me1or en teoría,
pertaría tantas discusiones tant
.
m em argo, la obra de Locke desde un niño.
'
as como puedan concernir a la salud del cuerpo

s·

b

~¡ la primera parte de las 30 secciones d
catwn constituye una contr"b . ,
~ Sorne Thoughts Concerning Edu-

• •
J ucmn a la literatura
diá .
ongmales secciones permanecerán
d
. pe tnca, sus doscientas
]
• 1 ,
' se pue e decir como
.
.,
a ps1co ogia y a la psiquiatría inf tºl
,
una contnbuc1on a
,
' .
an J ' entre otras cosas E .
.
.
roa en esta ultima contribucio'n d
· • xiste cierta iroLocke, quien
. se adhiere al dualismo
' et nuestro
autor
l
d. .
' como a pudo haber en
t
d
ra 1c10naJ de c
1m
anta e Descartes como de la tradi . , C . .
uerpo y a a que heredó,
'di
'
c10n nsuana. no
. .
me co cuando cambia del . . .
'
aparece asmusmo como
,,
"
e1erc1c10
corporal
del
niño
1
"
,
•
.
asunto ' 15 la educación de su espíritu" s·
a proxuno y prmcipal
manece como médico en es , 'tu h .1 m embargo, malgré lui, Locke per
pm
asta o último
1
'
•
trantcs páginas de su obra
.
. ' y a gunas de las más pene.
, puesta a cons1derac1ón ca
¡
,
que los mgleses llaman "M di . p . , .
' en en a categona de lo
e cma s1colog1ca" C
b·
terior, hemos seleccionado t11e
.
.
. on o Jeto de ilustrar lo ans pasaJes, mismos q
t'
l .
problema del temor en la . El .
ue es an re acronados con el
runez.
primer pasa·
·
acerca de la "verdadera fortaleza":
Je, proviene de una discusión

"El primer
·
paso para obtener esta varonil
.
mencionado anteriormente e l
.d
prestancia es aquél que he
·~ d
, n e senti o de guardar "d d
nmo e temores de cualquier l
d d
cw a osamente al
.,
c ase es e st, más tie
d d
permztirseles ninauna
clase
de
p
h
.
rna
e
a. . No debe
a
re
ensiones
que
le
t
0
se conversa con ellos com t
s a emortcen cuando
,
•
0 ampoco sorpre d z
horripilante. De no ser así el p' .
n er os con ob7etos de aspecto
es mtu se sobresalta '
d
a tal grado que ya no p d ,
na y se escompondria
o ria recuperarse nue
'
curso de toda su vida l
d
vamente, aun durante el
, a que guar ará memoria d l
.
o apariencia de cualquier idea te rron'f.tea, con temores
e a pmnera
sugestión
y confusiones
ll

J

H · JACKSO N, JR., "John Locke Pedí tr" • "
ChGEOROll
'"ld rens, vol.
36 (1928) 1250
'
a ioan , American Journal Di.seas
u An' .
'
·
es
ommo, "Lock.e as Medical Ad vuor
. ,,, Medical Journal and R
( 1929).
,. L 287.
ecor d, voL 129

of

ocn (Pcnniman edition), 211, 229.

175
174

�hombre
,
d ' el espíritu conturba do, y el mismo
.
el cuerpo estora enerua o &gt; .
ción compleja o racional.
,
atemorizado, incapaz de cualqtue; ac a motivación habitual de los esp,Pero )'ª sea que esto proven_ga ed u~d por las primrras impresiones
. ..
,ntro uet os
.
f
't
animales o pnmitivos,
• "ó por algunas mcon en us
. , d la const1tuc1 n
"d
f11ertes, o bien por la alterac1on , eE ·em los de aqurUos que han nac1 o
sables uías, esto es ciertatTUn!e asi. í / :ermanecido a través de toda su
con una mente tímida y débil, yl a~ tan to sufrido cuando niños, pueden
·
l
fectos de a gun SUS
•
,, 10
tida ' debido a os e•
de todas las precauciones .
t
pesar
;,tos en cualquier par e, a
rervw

••

.
, para la p iqutatna
solamente de mleres
. .
El afori. mo que antec de no
d sd e) punto de Yista de la bistona
. .
también no habla e e
arte-11 no
Infantil, tno que
strado ya en alguna otra p
.
. Si bien Locke -como lo he mo
1 . 1 XVII la referencia que
éd
m 1ca.
d' · al en e SJg o ,
. ue le vincula al galemsmo.
h . cn·u·ca de la medicina tra 1e1on
IZO
- al " es un eco q
'
, .
. ales" p0steriormente,
hace aqu1. d e los "e píritu. anun
. m. es
1 a los "t-spmtus anun
. 0
Por cierto, hay una refcrenCJa a
'6 n el libro a otro eco del galemsm '
., una temprana alus1 n e
así como tam b1en
.
s" 11
la teoría de "lo humores pecarrunoso . ali • ·mo caso histórico que ilustra
.
efiere a un v o i i
•
El egundo aforismo se r
or establecido en el pasaje antenor:
, .damente el problema del tero
viv1
t ba perturh b'a un hom br e que se encon ra
b
uEn un pueblo del oeste a '
d
• los muchachos acostum robado de sus facultades mentales :Yan ee::::amino. Aquel sujeto, viendo
ban burlarse cuando lo encontrab ha , mofa de él, se detuvo en una
'll que c1an
h
tras el mueI tac o,
l Calle a uno de oque os
en a
f d do una espa da se lan•ó
peletería próxima)' tlese11 un an d echó a corrrr en drf ensa de su
quien viéndofo a tal punto arm;a ~'uerra y los tacones necesarios para
'da Para su buena merte tuvo
d
p dre antes de que el loco
vt .
l casa r .m a
.
d
introducirse rápidamente en a b solamenlr, con un cerroJO cuan o
Pudiera atraparle. La puerta rsta ap,ara cerrarla, volvió la cabe;~ con
• en sus manos
.
él tuvo el cerro¡o
b su per.seguidor, mismo
qu e "-'ª
,
1
l .
e encontra a
d l
objeto de ver cuan e¡os s . o blandiendo iracundo y amenaza or a
estaba a la entrada del pórttcl, . p suficiente para traspasar el umO
espada. A duras penas t ui•o e ttem
l hubo cerrado con la aid aba,
t
,
una
vez
que
a
bral de la segunda puer a )
'" lbid., 301.
"

PATIUCK RoMANRLL,

"L ke y Sydcnham: A Fragmcnt on Smallpox" ( 1670),
oc .
vol 32 (1958), 293-321.

Bullttin o/ the Histo,y o/ ~~edr)cm;45 .
LocKE ( Penniman cd1t1on ,
.

pudo rvitar asi el inminente golpe, que ~ bien no lle{fó al cuerpo, hirió,
sin embar~o, tl r.splritu del muchacho. Esta atenadora idea causó una
pro/unda e imperecedera emoción que habría de permanecer en su mente por murhos años, si no es que toda ru vida. Cuando refería erta
historia, ra hecho hombre, ase{furaba que desde aquella ocasión hasta
n1tonces. nunca volvió a acercarse a esa puerta ( que él podía recordar),
si11 cvr,car retros.bectivamcnte t.l suceso, en cualquier tiempo y con cualquier asunto que luvie.re cu mente y aunque llegó a su plenitud mental,
con el paso del tiempo, nunca owidó la imagm de aqud dercquílibrado
mental". ~0
El tercero y último pasaje. que contiene razonamientos en tomo a la imposibilidad de aprendizaje de un ni110 que se encuentra bajo presiones de

temor:
"Resulta imposible para los mnos el aprendizaje de cualquier cosa si
su mente se encuentra pose(da o perturbada de cualquier pasión, especialmente si es de Lt-mor, mismo que causa la más perdurable y profunda impresión en ms aún tiernos y debilitados espíritus. Manten 11áseles
la mente dentro de un temperamento de natural calma, cuando tengan
que recibir instrucciones o cualquier grado de adelanto e11 rl conocimiento. Esio es tan imposible como tratar de dibujar regularmente caracteres c11 una mente co1wutsa o bien en un papel e11 movímiento". 21

Las !iecciones finales de Some Tliou.ghts Concerning Educatio,1 se relacionan con el procedimiento que un joven debe usar en su tiempo de recreo.
Aún en este punto vernos que Locke habla como mfdico, enfatizando como
lo hace, la relevancia de las artes y de los trabajos manuales, de los deportes y
de los pasatiempos, en Ja persecución de la salud.
último, pero de no menor

Al

importancia se incluye ahí, el propue to currículum "di eñado para el hijo de
un gentleman", por lo menos, una definida materia médica, "anatomía"/~ la
que está agrupada con la geografía y la astronomía.
.. Tbid., 321.
" lbrd., 346.
n ]bid., 342, 351. 388. Entre los papclc.s de la Colección Lovclac,c en la Biblioteca

Bodleiana, Oxford, hay un borrador de una carta de Lock.c a Carey Mordaunt, Condesa de Peterborough, fechada en 1697 que lleva intitulado Edu_cat,on, escrito por R
En Clta carta, Lockc aconseja a la Condesa el que su hijo principk el ~ludio de las
ciendas con la anatomfa, "porque ésta consiste solaml.'nte en ver la figura, la contextura y situación de las partes y alguna otra cosa acerca de su uso. Esto se debe,
según yo creo a que en todas las ciencias lo mú í:icil dt'bc ser lo que sirva de principio,

" /bid., 233.

177
176
Hl2

�.

esidad de estar convencidos de que cada

la llamada general que el
Para resumir, debemos senbr la• nec
cipalmente en
.
,dº
hombre, cuya fama descansa p~
·a1 de una seria experiencsa mt ~a,
hace a la txptriencia, toma el canz especiS Thouahts Concerning Educahon
" :....... es necesano
· conc lurr
·
er es leer omt
od l q ue tenemos que h ac
t o o
. f rma
nara termu.... '
la
a rabo", En cualqUJer o
. , ,--d la educación )' de
d e "--~
\;4UU
•
d Locke acerca e
que si las piadosas o~n-ac1ones_ e . a reciadas, entonces podrían haberse
salud hubieran sido me1or conocidas )i p
el mundo moderno, como los
d un honroso lugar en
. dad
hecho merecedoras ~ .
Hinlv-rates lo fueron en la anngue
.
clásicos AforismoJ, atribwdos a
,----

"ºª

M

Traducción del Lic.

, Gó

ALBERTO GARCIA

REFLEXIO ES SOBRE LA HISTORIA

Dr. JosÉ R. EcmVEIUlÍA

EZ

Universidad de Pueno Rico

I

=~

ahí por grados, se
te"
o sea aquello que se encuentre
ás abstrac~o y que esté totalmente en la
procederá. h~k aq:e~~
umo). En este propiod t:t!e d~6~
de J 693,
(Bold.
.
e
'
.
la ue es un epitome e
, .
L
·
"ta en ese año 10bn: cducació~,
q
. delebl de Locke el médico. a ~
eser,
.
de in~to la tnarca m
.
. . de su obra musobre la matena, vemos .
te en la prolongada Ultroduca6n
de la
marca debe agrega.ne evidentemen .
1 d 1677 y que también forma parte
tulacb Stitd)I, la que apa.n;cc, en su J=e {~ld. YS. Locke f. 2, 114-122, 124-1:1~
Colkction Lovelacc de los papeles de 50b cducac.i6n, es un epítome de su. tta
la czrta d Lod,e de 1697,
.,
un estudio que comutu.ye su
Asl como ,
diario de 1677, en su introducaoo. es d K"
Th• Lif, and Ltturs
1
de 1693,
su
.
.
está impresa en Lor
lil!(,. .
enores
antecedente. La introduca6n, miLosrnda, Bohn 1858 92-109), Y mmprcsa (con m
tra
•
Edition
n on,
•
'
'd
ferida en nuC$
of ]~hn Lockl (á, ewl92-'l03 'de la edición Quick, b quedi&gt;:ª _ha. a ~;la cdici6n Quick
omisiones) en p gs.
d. e.arieta stJ.nttvo
.
nota bibliográfica. Incideutalmen , . mldicos de Som, Toitghts Con",..."'
tcr«ra
.
las notM Y comcntanos
.
yd ham el que a ,u
es que el editor encaIP h F. Payne bi6 ralo Victonano _d" S en
:'modernismo"
Education, al doctor Josep
.
'onado en su totalidad, con el
- otro médico hondamente unprcSl (,. --~ cdici"6n Quick, 205).
\.'CZ ~·
•
_.,di
de Loc)r.e .....,.....e,
de los puntos de vuta w,;; cos
.

d

más cerca de lo 5tnt1dos; y e

'%~ ~;,~

l. Los 01cc10. ºARIOS DEFINEN la historia como una narraci6n de hechos pasados y memorables. La definici6n es relativamente justa aunque in uficiente,
como todas las que proporcionan los diccionarios. Pues no hay palabra que
pueda ser entendida en su significación mis plena una vez extraída del contexto que es cada oración de que forma parte, que es, en su conjunto, el
lenguaje a que pertenece, que es, sobre todo, el acto de nombrar, de invocar,
de interpelar" de describir en que ella se genera. Despojada de su función
constituyente respecto de lo real, reducida a la de un útil, pierde la palabra
5U poder de introducirnos en lo que es la cosa o la acción a que apuntaJ de
suscitarnos, por tanto, vi\"encias que sin ella no tendríamo .
Aceptemos, por un momento, qu el propósito de la historia fuese sólo
el de narrar hechos del pasado. Surge naturalmente la pregunta: ¿qué hechos?
En la infinidad de éstos, ¿ con qué criterio seleccionar los que tienen relevancia histórica? Desde Ranke se repite que la hi toria tiene por función
contar "cómo han pasado las cosas efectivamente". Pero ¿ qué cosas? y ¿a
qué "pasado efectivo" alude esta fórmula en opo ición a un hipotético pasadoincfectivo? La oz "memorable" de la definición cobra aquí su valor: la
historia narra hechos digno de r rememorados... !ás "narración" nos orienta
ya hacia un modo específico de remt&gt;morar: no aquel que consiste en retener
los hechos con olvido de su especificifidad, a través del esquema o de la
f6nnula, como meros casos ilustrativos de una ley siempre abierta a la inclusi6n de otros hechos análogos, sino el que los considera como únicos y
novedosos, no pudiendo repetirse jamás de un modo del todo idéntico a
como fueron. Empero, se rememora para algo y por alguien. ¿ Para qué

179
178

�.
. . or uién? ¿ Quién es aquel para quien
la rememoración hist6nca? y antes. ¿p L: q .
ocupa? ;Quién ha de deh d
e la mstona se
· ..,
.
son memorables los h~c os e, qu
lo ue deberá de echar? ¿ y con
cidfr lo que la histona debera retener y l q . , que ello implica? Estas
q ué criterio puede efectuarse el acto de ava orac1on
. t por lo menos dos respuestas.
preguntas ad mi en
. asado es
.
di ordena narra el pasado. Mas p
2. La historia, decunos, estu a,
d ' ,
o es el pasado de otro. ¿A
.
h
do El pasa o mio n
. .
.
lo que a algwen le a p~sa . .
.
o a un pasado individual, smo
q ué pasado se dirige la bistona? Por cierto, ando resulta de la integración de
•
p
• acaso este pas
a un pasado co1ect1vo. erO ¿
:
o de algunos de e11os.?
1 . dividuos contemporaneos
'
los pasados de todos os m
d , b ta unos setenta años atras. o.
.
·
6lo
se
exten
ena
as
•
'd
Si así fuera, la histor1a s
d' l h'storia incluye los ind1v1 uos,
1
.
pasado estu 1a a
•
El sujeto colectivo cuyo
.
O
. . tal su1· eto debe su constl.
l' . es de sus vidas.
meJor. .
.
d 1
pe ro trasciende los imit t p0r el que los .ind'iv1'd u os piensan el tiempo e . a
tución precisamente a 1 ac o
.
.
, s dilatada que la propia.
t
n como una ex1stenc1a roa
h
comunidad a que per en~ce
'6 histórica es un conjunto de hec os
Por tanto, el objeto proplo de la ,narrac1 nd
la cuenta de un sujeto colee.
. ' comun carga os a
.
unidos por una unputacion
:d El historiador piensa este sujeto atntivo como sus hechos, como su vi a. 1 .
entre los hechos aquellos que
y l hacerlo se ecc1ona
'd d"
d
buyéndole un pa!ia o. ' a
' E ¿· la historia de "la humam a ,
emorados stu iar
.
d
d
'd. d
o su1·eto único representativo e
Parecen dignos e ser rem
la humam a coro
'
•
t
atribuirle a este su1eto como
po r ejemplo, es pensar
· n en el preseo e, Y
l
todos los hombres que vive
b
tes de ahora y que es, para a
'do
a
los
hom
res
an
.
l"
h
h'
·. d e "la cultura ocCidenta es
Pasado lo que a ocurn
E di la 1storia
humanidad, memorab le. stu ar
h y fracasos de esta cultura
.
. putamos las azanas
·¿ d
nsar
un
suJeto
al
que
im
.
fí
de
Julio
César alcanzará cali a
pe
·
·a
La
b1ogra
ª
C'
como si fuera su expenenc1 .
h h de la vida personal de esar,
1 eúna los ec os
•
¡
histórica en cuanto no s6 o r
hecho que le adviene a
,
.
smo
aparezca
como
un
e
sino en cuanto esar uu
ºd d cultural mediterránea.
.
Roma O la comunt a
.
sujeto colectivo que es
.
. .
por imputación a un su3eto
d hacer histona sino
.
Es verdad que no se pue e
1 . t histórico no se crea sino en
nos que e suJe o
.
1
histórico. Pero no o es me
h"
. Hay interrelación entre el suJeto y
d de una 1stona.
f
funci6n de un pasa o,
.
anización política, como ormas
.
F
cia existe como org
.
su histona: porque ran
.ble una historia de Francia; pero,
es posi.
.
F
. su unidad su
de V1. da ' como proyecto colectivo,
•
.
d Francia obtiene rancia
'
d la h1stona e
· '6
li
recíprocamente, e
. . ib'lid d de darse una orgaruzac1 n Po peculiar fisonomía cultural \ la pos 1 a
tica, de adoptar un proyecto.
.

ta.D

a necesidad que unos hombres expen1J1en_
o es legítimo recusar d11sde fuera ) .
. d d el punto de mira de un su¡eto
de darse una historia, de re-ordenar la historia es e

3. El sujeto colectivo cuya historia se indaga no es necesariamente el sujeto
colectivo de que participa el historiador. Por ejemplo, aquél puede haber
desaparecido, darse como realidad pasada, inoperante ya en el presente. Tal
P.s el caso si un historiador de nuestro tiempo decide escribir una Historia
de los asirios. Es obvio que esta empresa sólo tiene sentido en función de
colectivo que antes no cxistfa. Los procesos de independencia importan la eonsliluci6n simultánea de un nuevo sujeto hist6rico y de una nueva historia. No puede
el sujeto contra quien se obtiene la independencia recusar el proceso a base del
círculo: no hay historia, no hay sujeto; no hay sujeto,. no hay historia; aquí no ha
pasado nada, salvo un desorden pasajero, cte. Sólo el propio agente tiene jurisdicción para apreciar si su historia es auténtica. Mas si no aparece el proyecto traducido
en acciones, si no se manifiesta en actos la fisonomía propia del nosotros desde el
cual se pretende nacer historia cabrá sospechar que sólo ha habido allí una constituci6n ilusoria de sujeto histórico, un querer adornarse con las gaJas de una historia sin asumir los riesgos de la acción, Por tanto, la independencia no es condición
de una actitud personal ante la cultura. Más bien habría que decir -pero sin desconocer la interación de ambos factores-- que la peculiaridad de la propia figura
cultural es lo que da derecho a la independencia. Empero, esta peculiaridad se apre•
cia, más que en lo típico y tópico, en el modo dHrrente de abordar los grandes temas universaJes del hombre. Toda independencia, como toda verdadera revolución,
ha de importar una tentativa de abrir la historia, de vivirla en una dimensión universal. O termina por caer en la dependencia de la univenalidad realizada por otros.
Por fin, la independencia respecto de una determinada comunidad puede estar condicionada por la aspiración a participar de un modo más pleno en una comunidad
más amplia de que aquB.h ÍOfITla partl'. Así, la independencia de América es la
constitución de nuevos sujetos que destacan su c~pccificidad sobre el fondo común y
genérico del hombre occidental. Al cortar las colonias sus vlnculos con las metrópolis, afirmaban por ello mismo la realidad de un 11orotros más amplio que incluia a
las unas y a las otras. Una \'Ínculación con Europa, con la Europa liberal de la
llustración, eludiendo las !imj(aciones impuestas por los españoles de España, fue, en
la mayoría de los casos, fin delerminante y expreso de las guerras de independencia
que libraron los españoles de América. La independencia de Hispano-América fue
vivida como un proyecto de europeizar América. ELia consistió ante todo en lograr
pensar, desde América, una Europa de qu.e las metrópofu aparecían sólo como aspectos o momentos. Y puesto que es interesante reflexionar sobre la historia que pudo ser
contraste con la que fue, cabe observar que tal independencia, y sobre todo el consiguiente y desventurado desmigajamiento del mundo hispánico. habr!a podido evitarse si España hubiese sabido respetar la peculiaridad de cada naci6n hispánica y
atender a sus legítimas exigencias de autonomía, si hubiese sabido sobre todo asumir ante eUas la representación de una Europa rcno\•ada por el pensamiento liberal.
Un acto de auto-afirmación le habría podido revelar las raíces que un pensamiento
tal podia encontrar dentro de su propia Lradición. Creemos que estaJ consideraciones no son del todo vanas si hemos de esperar que España se decida a reintegrarse
aJgÚn dfa al mundo hispánico en el papcl que por su historia y sus hazañas culturales le corresponde, en \'ez de cultivarse est&amp;iles rencores contra aquellas naciones
europeas que, frente a América, se beneficiaron de sus ineptitudes políticas.

181

180

�· se pre
Asiria esto es, del sujeto cuya bis tona
. cierto concepto de lo que es
•
. t de testimonios que reJ1Uten
. . y
porque hay un con1un o
.
.
tende escnbrr. ' a su vez,
f on v·1v'1dos como historia. de
.
A iría, porque uer
a hechos que cabe l~~uta.i: a s
hechos ue eran para Asiria memoAsiria, porque los asmos v1er~? en ellosd
~ to En otras palabras, toda
d Asma como e un su3e .
.
rables, puede h ablarse e
. , .
.
bili'dad a un sujeto colecuvo,
'l
hipotet1ca imputa
.
historia supone, no so o una
. . . h' t6r'1ca sino una efectiva unpu•
•
l' · de la ciencia IS
,
como recurso ep1stemo ogico.
. "d
la vivencia de los hombres
t
que existe o ha existl O en
·,
taci6n a un noso ros
.
. El historiador descubre esta relac1on, no
que fueron agentes de esa historia.
la inventa.
.
. , d los hechos y el sujeto colee.
d 1 . · to de imputac1on e
.,
Ahora bien, cuan o e suJe .
. 'd
el elemento de avalorac1on
••
¡ hi tonador no comc1 en,
tivo de que parUc1pa e
s
bl
tanto historiable de los hechos,
que determina el carácter mem~ra e y' ~or
, st~ y no siempre lo que es
puede ser obtenido por referenc~~ a aque 1º atr: Detenninados actos exprel es tamb1en para e o .
valioso para e1 uno o
bl
-"orno los sacrificios humanos,
.
•
li ·
de un pue o ~
sivos de la v1venc1a re g1osa
.
. los eJ· ecutáraroos nosotros.
rian como un crunen s1
por ejemplo- se nos aparee:
1·
eglnln nuestras pautas de avalo,
d
descubnr actos va iosos, s
así
Al reves: po emos
.
la .
t . , histórica no los veía. Surge
ración, allí donde el suJeto d~
un~u ,ª~mn
no es sino la referencia a
la posibilidad de un inconsciente hut~nco quet y sin embargo pese a
. . dis .
de la del su1eto-agen e. '
una conc1enc1a
tlll~
. l
tre ambos criterios, no puede faltar
esta posibilidad de desa3ustes p~rc1a ,es den
t n el pasado algo por lo
.
el interes el presen e e
'
d
un elemento que etermma
lt
emorable para el que escribe
ih f ga y narra resu a m
que aquello que se ves i . d I ue ertenece y se dirige. De otro modo,
la historia o para la comumda_ a .ª q p
,
·.r ta obra h1Stónca.
no Uegana a surg,
a1
., dos suJ· etos colectivos de
d pautas de av orac10n,
Tenernos, en suma, os
..
d depender el carácter memorable
.
tos y deos10nes pue e
cuyos mtereses, proyec
h
.
t como su historia por una parte,
l
al
ue el hec o se impu a
.
'
de un he cho: aque
q
.
. d
tr Atenderemos primero a las
· , l historia or por o a.
aquel en el que se Sitúa e
d '
dopta este último punto de mira.
consecuencias que se obtienen cuan o se a

II
'
d ·rse con razón que toda historia está impregnada de
4. Desde el puede eci_
.
'b'""'
de los asirios no da cuenta
'd d L hi tor1a que escn i ....os
contemporane1 a . . ~ s
t también de lo que somos nosotros;
sólo de lo que los asinos fue:ºº· Dla cue~ .ª como seleccionamos los hechos
concebimos os asinos,
por el mo d o Como
..
que cabe imputar a Asma.

Después de Kant no es posible dejar de considerar la presencia del sujeto
cognoscente en el acto del conocimiento, el modo como este sujeto configura
el objeto conocido. Dentro de esta línea de pensamiento, pese a divergencias
tal vez superficiales, Bergson tiene el mérito de haber introducido, como lo
dice acertadamente Henri Gouhier, la labor del historiador como elemento
constitutivo de la historia, de haber exhibido, por tanto, una historia retrospectiva, afincada en e1 presente del historiador. 2
Escribir historia es un acto de exaltación de un cierto pasado en función
de las exigencias de un presente. Tal como nuestra memoria selecciona a
cada instante en el archivo de nuestras experiencias personales aquellas que
nos interesa actualizar para abordar con eficacia nuestra situación, así también cada época extrae del pasado lo que necesita para comprender mejor
sus propios problemas, para pensarse a sí misma, y desecha lo demás, deja
de lado lo que se le aparece como irrelevante. De este modo -y seguirnos
citando a .Bergson- el presente se crea hacia atrás "una explicación de sí
mismo por sus antecedentes",8 modifica el pasado al dibujar en él el esbozo
de su propia figura: porque surge un romanticismo en el siglo XIX, se
descubre que hubo un pre-romanticismo ya en el XVIII y en el XVII; más
aún: se descubre el romanticismo como constante del espíritu humano. De
aquí que las épocas que constituyen grandes articulaciones históricas no siempre tengan conciencia de serlo. Pues no siempre ---como en el Renacimiento
o la Revolución Francesa- lo son en la época misma. A veces llegan a serlo
según la historia q\le se hará después. La separación de la Antigüedad y
de la época que le sigue, por ejemplo, no surge donde hacemos la cesura
en los siglos V o VI D.C. El hombre europeo de la primera Edad Media se
concebía todavía a sí mismo dentro de un Imperio Romano cristianizado.
La separación surge más tarde, cuando comienza a germinar un espíritu
nacional en Europa y, como consecuencia de ello, se fundan tradiciones autóctonas, historias nacionales que ya no se conciben como meras prolongaciones·
de la historia de Roma.
5. No obstante, esto que aquí llamamos "presente" y cuya retroyección
configura el pasado histórico, resulta ser, desde que lo miramos con mayor
atención, proyecto, anhelo de un presente que esperamos distinto del que
ahora vivimos. La historia se escribe, pues, en !unción de una actitud orientada hacia el futuro. Federico Schlegel decía que el historiador es un profeta al revés. Más exacto sería decir que es un profeta a secas, pues todo
• Véase de HENRI GouRIEtt, L'histoire et sa philosophie, París, Vrin, 1952, p. 80.
' l-lENiu BEROSON, Oeuvr~s, La pensel et le mouvant, lntroduction (Premi~re partie) ,
Edition du Centennaire, Paris, Prcsses Universitaires de France, pp. 1264 a 1266.

183.

182:

�.
.
su profecía re-ordena, perfccprofeta lo es en función de una h•st~na_ q~~-tórica es como Jano: el mirar
·
E
erdad la conC1enc1a 1=
1•
ciona y actua ua. n v
'
.
n unidad constituyen un
hacia atrás y el mirar hacia adelante se integran e
'
solo y mismo acto.
t ·a de algo de una situación dada,
l
pccción lo es en con 1
'
d
b.
Ahora ien, a pros .
.
d
tambi, n poi· cierto en contra e
de una concepción en ngenc1a del mun o, y d
tro hábitos interpreta.
d
uestras costumbre.~, e nues
nosotros IDJ. mos, e n
d . ediato que
prolonga en e1
1
tivos;
suma,
ruptura con e
o
se alim 'nla ele una decisión
presente. Toda historia. en la me J a
qud alterar la forma como está
de alterar el mundo, de alte~ar el hom re, de alorizar el pasado que aún
dada la relación yo-mundo, nende, pues. a eslv entos con qué elaborar el
asado más remoto e em
.
es hoy y busca en un P
b ,
es un período intermedio,
modelo de aquello que proyecta Si~mp~e ~a ~~:;or y que sirve d suelo
de valorizado. que hace las veces e sl1mpd_e_ 'o'n tn"partita de Edad Antigua,
.
1 e ando surge a IVISI
para el nuevo unpu so. u
d d n modo arquetípico una neEdad fodia, Edad Moderna, queda expr:5~ a e;buye a la Edad Moderna la
cesidad del quehacer histórico. El rom:n_u~1s~~~ Media y a ésta lo que antes
función mediadora que antes desempenod ª1 ' tres estado de Augusto Comtc y
di, la Antigüedad En la ley e os
, .
correspon o a
. . d I Edad Media como época orgamca, enen la consiguiente exaltac16n e a
. . . y hoy sabemos que cualquier
.f taci6n de este pnnc1p10.
.
.
contramos otra maru es
I
t diamo de cerca nos rellllte a
A · .. d d de de que O es u
período de la nuguc a .'
.su Edad Antigua. La historia se no aparece,
lo que fue su Edad Media Y •
ada periodo que nos interesa re.
d
peJOS en que c
pues como un Juego e
.
da momento pasado busca
,
'ntere es pecuhares, en que ca
mite a otros segun_ sus i ado. y esta búsqueda se da siempre en forma ~e un
apoyo en su propio pas
cha J'd 'dad de hoy con el ayer mmeá
pe la e trc
so i an
salto hacia att s que ~om .
e se hace para adormecer a los hombres en
diato. S61o aquella h1Stona ~uf . ,
n ellos mismos es complaciente con
. . t de estéril satJS acc1on co
un scnurruen
es historia sino retórica.
el pasado inmediato. Pero esto ya no
.
'1: ..... ;tan desde luego, el alal
cons cuenc1as que u,... ,
De lo dicho fluyen_ ~~as
la historia se constituye a partir del pred
alquier histoncismo. 1
·
d
arse
canee . e cu
dici6n del acto por el que lo histórico pue e P:n. .
sente, SI este pre~t~ ~ conue él ha de escapar necesariamente a la histona.
como tal, ello sign1Cica q
U desde lo cual y para lo
od
tr presente es aque o
Dicho de otro m o: nues o
ede ser parte de ella. La historia
cual se hace historia: por tanto, no es, ~o pu
tra decisi6n. y tal decisión
.
tr s pies llí comienza nues
.
viene a monr a nu . o
.
e en la perspectiva por ella abierta,
es aquello que actuabza un pasado qu

en

es

/;sa

e: lru::

°

S:

ello se entienda en el entido de que se crea a cada instante un pasado
histórico, no en el sentido de que esté sumergido en una historia que le impone
sus leyes. Corno se ha dicho alguna vez: el hombre -el hombre actuante y
libre del presente- tiene historfa, lo que implica que no es historia.

6. Y, sin embargo, decimos que una acción de nuestro presente constituye
"un acto histórico". ¿ Qué significa e to? Significa pre umir que el futuro,
al lanzar su sonda hacia el pasado, no podrá dejar de interesarse en eMo que
ahora hacemos, no podrá ignorarlo, sea que lo apruebe o lo condene. Sólo
eo función de un futuro puede el pr sente ser "histórico".
Hay, pues, un hacer histórico del pre ente que consiste en que nuestro·
acto apuntan a un determinado futuro, van a requerir en el futuro un juicio
para este presente. Pero ¿qué futuro elegir como tribunal, si cada futuro
será juzgado a su ,·ez en un proceso sin última instancia? Claro está, un
acto tendrá mayor significación histórica mientras más permanente sea el
juicio que requiere. Pero ¿ quién puede asegurar tal permanencia si cada
época vuelve a cuestionar toda la histmia? El que actúa con miras al
juicio inmediato, aceptado en su relatividad, actúa superficialmente. Pero no
actúa mejor aquel que
remite al juicio de la historia que se escribirá en
miles de años, i ella ha de quedar sujeto al juicio de otra que pudiera escribir.;c mil afios más tarde. To. La acción provista de verdadera profundidad
ha de pr tender escapar a la contingencia de los juicio temporal , al relatid.mo de las revisione suce. ivas. La historia del mundo no posee por sí
sola la jurisdicción c;obre el mundo que Schiller y Heirel pretendieron conferirle en su célebre fórmula.◄ Toda atribución de carácter histórico a un hecho
o a una época supone que nos detenemos. upone que sometemos la historia
toda a lo que cabe llamar literalmente un Juicio Final, por cuanto cierra el
proceso, por cuanto escapa aJ relativismo que con Í5te en aplazar •I término
indefinidamente.
Pero el problema vuelve a urgir: ¿ dónde situar mos este Juicio Final?
En la medida en que lo alejamo. de nuestro presente, éste pasa a ser sólo
un medio, y como su fin previsible es también medio para otrp fin que a
su ,·ez será medio de otro, etc., volvemos a caer en el relativismo que pretendíamos eludir, pues la pauta avaloradora del hacer histórico ha sido perdida.
Por el contrario nuestro hacer adquiere un sentido en la medida en que
aproximamos esta pauta al presente, en que concebimos el Juicio Final, a la
manera de lo primeros cristiano , como pudiendo sobrevenimos a nosotros,
mejor: como pudiendo sobrevenir por 11osotror, en la medida en que lo inte-

-- ---

' Die Weltgt1schichte ist das W•ltgericht¡ véaM G. F. Hegel, Rechtsphilosophit, sccs.

re ulta memorable.
animal hi tórico, pero siempre que
Es legítimo definir al hombre como un

3-W y sgtes.

185

•

�tamos qué es lo que merecería todavía vivirse
gramos al presente para ~r~glun . el Juicio Final fuese ahora mismo.
-y cómo habríamos de vivir o-- s1
J . . p· l confiere a su acción una
· postula un t.11ClO ina
61
Es verdad que s o qU1en_ . . , hist' ·ca Pero la relación puede -debeºgnif1cac1on
ori ·
'dad ·
auténtica y permanen te s1
tul
carecerá de profundi
s1
. . p· l
e pos amos
ser invertida: el Juicio ina qu
.
1 actualizamos !tic et nunc. La
nuestra acción no lo trae al presente,ds1 nod o ues de que en él postulemos
1
cia histórica de nuestro hacer epen e, ~ '
re e:ª~.
.
.
desde ahora, actualizamos.
. . , .
un 1mc10 no histórico que,
.
.
1 uºd de vivir histoncamente,
. h
historia en e sen o
Por otra parte, quien ace
.. ' .,
. 'n del pasado pues en
.,
. st1gaoon y narrac10
'
hace historia tamb1en coro~ mve
el cciona y re-ordena lo que prefunción de su decisión prefiere, posterg~, s e al presente esta pauta del tércede a éste su hacer de hoy. Cuan_do _ªP icamosonunciarnos sobre lo que ahora
ue un cnteno para pr
mino, tenemos, a la vez q
. .
l
lo que en el pasado merece
d
un
cnteno para reso ver
J ..
d
d
nos importa e ver a '
l
traer al presente un mcio
.
v·
.
bistó ·camente es pues, a par,
f
ser recogido. tVll'
n .
., '
el asado. El fin es lo que con iere
Final y reconocer su prehgurac10~ en d p l
l rmen su caracter e ta .
retroactivamente a ge
.,
1
, frecuente-- que se vive no
· rto la acc1on --es a mas
d
Hay también, por c1e '
1 hist . sino a la configuración e un
.
. . . de toda a
ona,
.
.,
a un JUICIO
, •
1
ntinuación de una s1tuac1on
Ya con m1ras
.
,
enos proxuno o a a co
.,
futuro relatlvo roas o ro
. ..
b rdinada a cierta avalorac1on:
rece
en
defa01t1va
su
o
61
presente. Pero ella apa
alº so queremos perpetuarlo, s o
1
t se nos da como v io
.
al
sólo porque e presen e .
de valor ueremos alterarlo. Ahora bien, cu, como pnvado
q
'te en definitiva a un terPorque se nos da
.,
humilde que sea, nos renu
.al, .
quier avalorac1on, por
. ul
e queda superada la di ectica
mino en que todo valor se recap1t a,. :o ~ acción aparece subordinada
indefinida de los medios. En este_ ~entl °'se or:enta hacia la idea de perfecexplicita o implícitamente a un vi~ q~e f l
definitiva de la experiencia.
ción o cumplimiento, en cuanto s10tes1S ma y

tá haciendo
.
.
d nosotros recogerá el futuro se es
.
7. Tal vez la histona que e
d .
Tal vez la historia que escn.
sotros lo a virtamos.
di .
secretamente, sm que no
,
uestras vidas elementos stmtos
. ntes destacara en
birán nuestros descend ie
E
'poca como la nuestra, enveneinteresan n una e
...
de los que a nosotros nos
. 1 h mbres vivan temerosos del JUlClO
nada de historicidad, es frecuente que los o 'uniento de sus sucesores. Se
.
egurarse e reconoc
del futuro, que qweran as
l modo como se opera el tránsito de una
estudia entonces en el pasado e ,
. . ya en la. siguiente. De lo ocu. d escapar de esta y vivir
his , . "
f
época a otra, a m e
. á Se descubren "leyes . toncas '
der
lo
que
ocurrir
.
. l
rrido se busca. despren
f t r dades de las luchas socu es
. .ó
. los recurrentes o a a i
•
S
constantes de repet1c1 n, c1c
. . d
1 unas de nuestras acciones. urarantizar su efect:tv1da a a g
que parecen g

humana.

°

186

gen entonces argumentos como éste, que hemos escuchado a menudo: "Hay
que adherir a tal partido, a tal posición, a tal causa; la historia va ha.cía allá;
no se puede vivir contrariando el curso de la historia"; y no se advierte que
ese partido, esa posición o esa causa obtienen su efectividad de la adhesión
que se les presta, que es por nuestra decisión y la de nuestros contemporáneos
que la historia sigue el curso señalado, y no otro.
¿ Cómo liberarnos de esta situación? No hay sino un medio: no colocarnos
en ella, negarnos a ser medios. No concebirnos como los sempiternos preparadores. Situarnos en el lugar que nos corresponde, el lugar desde el que
se "hace" historia como retroyección, hacia el pasado, y se "hace" historia
como proyección, hacia el futuro. No subordinarnos a un futuro hipotético,
que nadie hace, que aparece como una construcción anónima; hacer nosotros
mismos ese futuro. No preguntarnos: ¿ qué pensará de nosotros la generación
siguiente? Crear nosotros mismos el juicio de esa generación. No permitir que
entre nosotros y nuestros descendientes se introduzca el corte que nos jubila
y por el cual "pasamos a la historia". No situamos en el papel desmedrado
de hijos de nuestros hijos, al depender del juicio por el que van a re-crearnos.
No abdicar de nuestro papel de transmisores de cultura. "Todo lo que no es
tradición es plagfo", reza la célebre fórmula de Eugenio d'Ors. Pero en la
tradición no sólo se recibe. Hacer tradición es hacer entrega. La referida
sentencia puede entenderse, pues, en el sentido de que sólo logra superar el
pasado aquel que se apoya en él; pero también en el sentido de que no hay
originalidad creadora que no sea transmisión, que no sea entrega de algo al
futuro. El peligro del historicismo es el de inducirnos a entregar sólo Jo que
prevemos será bien acogido, o a no entregar nada ante el temor de que
aquello que eventualmente entregaríamos pudiera no ser recibido con gratitud.
No se lucha de verdad contra las fuerzas que enajenan al hombre si al
pretender hacerlo enajenamos el presente respecto de un porvenir en que
!Uponemos que toda enajenación habrá de cesar. El pensamienlo sobre el
futuro sólo nos devuelve al dominio de nuestra autenticidad en la medida en
que lo traemos al presente, en que lo hacemos presente en cada uno de nuestros actos significativos. Tal es la función del profeta: no la de adivinar un
futuro en cuanto tal aún desencarnado, sino la de ser la encamación viva
de él; no la de anunciar lo que se habría realizado de todos modos aunque
no hubiese sido profetizado, sino la de crear el futuro con su palabra, por la
eficacia que esta palabra tiene sobre los hombres. "Un futuro que pudiera
conocerse con anticipación es•un absurdo", escribió Jacob Burckhardt. 5 Pero
• Force and Freedom: Reflections on History, New York, 1943, pp. 90 y sgtes.;
Griechische Kulturgeschichte, en G,samtausbage, Basilea, 1929 etc., IX, 247 y sgtes.

187

�no es un absurdo un futuro que nuestro acto desde ahora contribuye a crear.

El ,·erdadero profeta es el promoto1 de la voluntad."
Hay un bistorici.mo del pasado -"lo que ocurre está determinado por lo
que ocmrió" -y hay un historicismo del futuro- "lo que ocurre es la preparación de lo que nece ariam ntc habrá de ocurrir"-. Ambos se concilian a
la perfección. Pero nuestro pre ente no es una provincia del pa$ado ni es una
provincia del futuro. Es el c otro del que nacen, como provincias, el pasado
'i el futuro. Es la capital del tiempo. EUo se prueba por la sola consideración
d~ que I futuro y el pasado, n cuanto tienen para nosotros algún valor, no
rcqui ren a hacerlos prescnt ~ mediante el proyecto o el recuerdo.
o ignoramos, por cierto, la rebeldías. D damos hac un instante, que
cada época tiende a exaltar un pa ado remoto para conjurar la influencia de
un pasado inmediato. ¿ Acaso no otros mismos no hemos negado a nuestro

- -

Citado por Karl Lowith. Méanillg in HiJtory, The University of Chicago Press, 1949,

p. ' 10.
La mejor manera de ilustrar la esencia de lo profético, según lo entendemos m el
texto, serla la de r.unúnar a la luz d la roncepción c:,pu ta el acto histórico del
último gr.ln profeta que ha tenido Europa: Carlos farx. Dicho examen nos rcvehria que este acto no consi tió s6lo en uplicit.ar o realiw.r una posibilidad ya dada,
qur creó la posibilidad misma de aquello que Marx propom realizar. En efecto, en
contraste con el pensamiento socialista anterior, Marx tiene el mérito de apoyar en
una concepción histórica de conjunto su anuncio del triunfo del prolt•wriado, que
imporb la innauración de una rconomía sociali ta como drscnlace de la lucha de
clases, y de revestir todo el proceso de un carácter inevitable en virtud de un ani•
lisis de las circunstancias sociales y económicas vigentes. Pero c.-ibe cuestionar hasta
qué punto el establecimiento del socialismo derivarla sólo de aquellas circunstan·
cias sociales y económicas que Mane invoca y no más bien del poder suasorio de
que Mane reviste su anuncio mismo. Pues, en verdad, lo esencial parece ser aquí el
que farx. en mayor grado que sus p~dec1.sorts, logra instaurar en la conciencia
de los hombres un proyecto de acción revolucionaria al término del cual e1tá. el socinlismo como posibilidad. Precisamente en virtud de este proyecto, y del análisis concomitante de la situ.nci6n hist6ricn, ~ constitu)·e d agente que asume la misión de
realizarlo: el proletariado como fuena histórica opcrank. Suprhnase imaginariamente c1 proyecto revolucionario; comprenderemos que sin ~I el proletariado deja
de ser tal, deja de ser en rigor una clase para convertirse en un conjunto amorfo de
hombre, que sufren pasivamente las consc:cucncias de la organimci6n industrial E.sta
interprctaci6n, que concede al acto de ·Mant la importancia histórica que le corres·
pondc, contradice sin embargo la validez de la concepción marxista, al destacar el
necesario arraigo de la historia en la conciencia b.umana. A la vez, señala en qué
consiste la debilidad del mundo no socialista en la hora de hoy: el carl'Cet de un
proyecto histórico comparable al del marxismo, por su magnitud histórica y la [unción liberndoro que pueda atribuínele, el tener que aceptar, por tanto, que la elección de nuestro tiempo se da en los tfrminos de la altcmaliva creada por Marx y

pr decesores?• ·i· queremo una historia creadora d be
beldías, aun las que se d' .·
• e remos favorecer la,; reu1gcn en contra nue tr F
1
donos? 'o: resistiéndola 1 1 d
a. avorecer as, ¿ suprimién' uc tan o contra ellas 'I
, b
ca nuestros ·ucesores esa mezcl d
. o o a i sa remos pro,ocar
·
e respeto v rebeldía q
•
dora, emparentada con la nucst
• llene
.
.
ra por lo que
de ue es. , unaD'vida
, creae¡ que adhiere tanto como el
f
.
creac1on. i. c,pulo es
que re uta Anstóteles
di , uJ
1a vez que abunda en el mi.
'd ·
es SCtp o de Platón a
mo sena o que éste y por
.
I, Icgará aquel que nos nie a. 11
J.
que tmenta refutarlo.
d
· egarn aquel que nos habT
escubre que unos y otrn. declamo lo mism
. - ~e
1 ita. y aquel que:
no pcn ar n ello ·i no h d
o de dl5tmta manera. Má vale
,
a e ser para buscar lo q
d
Lo que ,wr lleva a punto.
ue en ver ad nos importa,

ª

81. C~ea r_násToda
y mejor historia quien e concibe a s'1 mi mo como me.i=da
de a h1•t
·' oria.
creación es
aceptar_ los _riesgos de la propia

·

~~~:~~,,

w

e un constituirse como ujeto, un

La h1stona, se ha dicho la escriben 1
vertlr este juicio ,. aiirma;
.
o . vencedores. Más exacto sería con1
que qmen escnbe la }ú t ·
1
cedor. Hay derrotas apare t
ona es e verdadero venn es, que no son derrotas
1
parecía vencida es recogida po t
, porque a causa que
1
le confieren actualidad El.lo r do r~ 1ombres y éstos, al hacer su historia
·
pue e importar
·
·
'
aparente. En el año 586 A C
J usa], una victoria,
pese a la derrota
l
'6
.
.
cae er
en en poder d I
Id
pob ac1 n es llevada cautiva Lo h b
e os ca o . La
¿Los conocemos acaso por la v: .: reo ya no serán después una "potencia".
contrario, el primer tímulo rs10~ que de ellos nos legó Babilonia? Por el
ha sido para nosotros su inc·/ªr~ egarl a conocer la historia de Babilonia
.,
I enc1a en a historia de Is
l
cion cultural hebrea vive aú
rae' ya que la tradi.
,
n en nuestros días per~iste h t
1
¿ Q u1en venció? La historia del ueblo h
'
..
as a e presente.
fundamental la historia d
ebreo a partir del Cisma s en lo
encontrarle un sentido a :usu~e;~otas. Pero Israel es el pueblo que supo
ciéndolas. T
o as y, por tanto) sobrevivir a ellas, ven-

J

• ~a derrota, la humillari6n, la decaden . d
la historia el pod&lt;-r de dcc:•1'ó
J
&lt;'la e los pueblos que han ejercido en
~ n we en ser condicio e
. s pueblos, en cuanto les permiten ei t
n s venturosas para el destino de
d.iante c:na ,·isión más I' 'd
. ce uar una nueva toma de conciencia Y
.
uci a, convertir la derrota
.
.
, mcmac1ón renovada de su cultura, la decad
.
e~ ;1~t~na, la humillación en aíirdcza de una nacióo d
.
.
cnc1a en in1t1a11va hiat6rica. AsI la ,..,.
. e un impeno de una
. '6
,
.,.anpcrmanencia de un poderlo que la, d d
_organ1zaCl n política, no se mide por la
qu
cea enc1a no logra ro
•
.
e e capaz de. hacer con las decad
. .
zar, sino mAJ bien por lo
pueblo no consiste tanto en Kr sustit ~~oa.s que le sobrevienen. El peligro para un
der como en no llegar saber que
otro
los más altoli c.ttrato1 del pone de su propia historia ~ lo oculta. Esta toma~rndo ~rq~c la soberbia que obtiepara las naciones de Europa que, habiendo di( :.;onoenCJ.a es im~ativa hoy día
un , o por toda la tierra la cultura
C$O

a

tatco':a ~:

~n

no en otros que pudieran conccbine.

189

188

�. "d d importa su interpretación. Pues
Tanto como el hecho en su e,xt~~or~ ; ' do como se le interpreta. Deciel hecho nunca es tal sino en func1on e mo
. . . histórico. Pero exa.,
América" y esto es un JWClO
mos "Colón descubno a
. 1
t' cubierto. La noción de desminemos su contenido. Se descubre o quedes a d . , en cierto momento de
alg estuvo vela o y eJO
cubrimiento supone que
o
11
americana no estaba velada
estarlo. Ahora bien, la tierra que hoy ~mamas Afirmar "Colón descubrió
para los indígenas. Sólo lo ~s~aba ~ar~ eto~U:ºPP:;-imputación a Europa, que
, . " . pl"1ca que escnbimos a s
. . .
el euro
Amenca rm
.
f dar nuestros 1uic10s es
·
. , . d que partimos para un
ul
el sujeto histonco e
.
ontinuidad
del
proyecto
e
•
• ..1:
e nos concebimos en 1a c
,
peo, y no e1 mw.o; qu
. . s Mas . r qué no quitamos a Ca1on su
tural europeo y no en el del l~~º·,, ara,::ibuírselo a los normandos que
título de "descubridor de ~e_ncad Norte? Porque en rigor los normandos
antes que él llegaron a la Am~nca e
: nte c~mo la continuación del
.
Amé ·ca Vieron este conune
.
no constituyeron
n ·
..1: on fundar una colorua pues
,
y puesto que no puw.er
l
mundo que conoc1an.
. .
d dera superioridad sobre os
1 onfineran una ver a
carecían de armas que es c
b'
que Colón creyó haber llegado
· dios, abandonaron su empreSa · En cam 10' aun
m

t

. es Jllvoca
·
d o con J. usticia por
que este mensa¡e
europea y su mensaje de
:::o ellos ejercieron antes su poder. S61o
otros pueblos en contra e mo o
l
nace contribuir a fundar una e •
.
.d d a la cu tura que
,
. .
1
.
puede todavía conferir Ul1l a
b d l di crsidad que la condici6n p anetana
tura a escala del hombre, sin menosca o e ªu vcl movimiento de europeizaci6n del
de esa cultura ha de imponerle. Pero, ~a~ e o~uy especialmente en los decenios de
do que ha ocurrido en los últimos s1g os, y
d'cal mundanizaci6n de Europa,
mun
d
na no menos ra 1
éste, habrá de ser compensa o por ~ undial en que todos los pueblos puedan verse
q ue haga de ella [a nueva metr6poli ro . d provinciarusmo nacional europeo. No
.
ya del desgracia o
.
dcrepresentados, sin rastros
tá hasta qué punto guarda Europa, en su
os apreciar con certeza, claro es '
'6
Y en especial un deseo de
Pºdem
.
. titud de renovac1 n,
cadencia política, una suficiente ap
éulturaL Pero hay signos alen·
ab d
sta magna empresa
. , .
renovarse, como para
or ar e b , tender a esta su más alta vocación histonca.
tadores en el sentido de que ella sa ra ab 'ó
P·•erto Rico ensayo de Domingo Ma. e I' 11 descu d11 laa Revista
~
'
p
• CL, en este senudo, o on o
Presente, San Juan de uerto
o en el No. 3 del vol. 1 e
blicad
rrero pu
.t
na comunicación entre el curoRico' 29 de noviembre de 1952.
b bo de que e:,ns e u
que es e1 ce
• · s "Mientras más se retroObsérvese' además,
.
nnite coordenar sus experiencia .
.
.
peo y el amencano lo que pe . .
d d tal! debidas a las perturbaciones sooa·
cede prescindiendo de las oscilaciones e 6e e d afirmarse que cada individuo y
'
, L l d
n mayor raz; n pue e
.
. lada d l
les escribe Andre a an e, co
.
d
América rigurosamente ais
e
'
.
opio Supone una
.
cada grupo tienen su uempo pr
•
logi~. nropias. no habrá runguna me•
la otra con crono ...., .,
•
.
antiguo continente, la una y .
os salvo para un espectador ideal que pudiera ~er
d'da común entre estos dos uemp ,
. p
'mid esta conciencia iropenor,
i
. .
d l dos senes. ero supn
.
I
a la vez los acontecmuentos e as
es contemporáneo de Francisco
. .,
d t y Moctezuma no
d
esta comun1cacion trascen en e,
N .
l'"d'e de temps in Genese et muurt u
N ¡ 6n" ( ote sur 1 ~
en mayor grado que de apo e . i l S étariat de l'Université, 1941).
temps de Jean de la Harpe, Neuch te' ecr

/~ªd,
.

d

Euro:

al Asia, su acción tuvo una inmediata continuidad, reveló muy pronto la
existencia de un nuevo continente en el que el hombre europeo pudo difundir su religión, sus formas de vida, sus lenguas, su cultura. En este sentido,
la acción de Colón importa el descubrimiento de América porque permite al
europeo pensar como un todo continuo ( el "nuevo mundo") lo que antes
era vivido por los indígenas como un mundo discontinuo, dividido en Imperios y órdenes tribales diversos. La hazaña europea no consistió en descubrir América, sino en crear "América" como concepto histórico. Los hechos
del descubrimiento, de la conquista y de la colonización no son sino los medios
por los que Europa se constituye en conciencia histórica de América. También el indio tomó conciencia del europeo. Pero fue candencia de cómo el
europeo tenía conciencia de él y lo constituía en objeto. Fue vencido porque
no supo constituirse en sujeto histórico, y por tanto no hizo historia. Vence el
que mira, el que ve, el que escribe y transmite.
Tal vez al actuar nos equivoquemos. Tal vez interpretemos erradamente
nuestra situación. Pero la realidad de una situación vale para la historia
en función de lo que se piensa de ella. La conciencia que tomamos de nuestro
presente, de nuestras acciones, es lo que confiere a estas acciones su significación para la historia. De ésta cabe, pues, afirmar lo que Leonardo decía de
la pintura: es cosa mentale.
9. Los pensamientos que hemos venidó anotando no son sino la aplicación
a la historia de otros que antes hemos formulado respecto de Ja vida humana. 11
Porque el hombre sabe que su tiempo es . finito ve su propio vivir como un
proceso orientado hacia un término -en el doble sentido de finis y de telos-;
por ello, precisamente, confiere a este vivir el carácter de un conjunto de
actos, que prefiguran y contribuyen a formar el acto final, y no el de una
serie indefinida de sucesos. El término es, en efecto, Jo que da forma al proceso que es nuestro vivir, Jo gue al clausurarlo lo deja fijado en una esencia:
la vida) nuestra vida. Pero no tendría tal poder si sólo fuese un hecho futuro,
como tal, previsible, pero todavía ajeno a nuestra vivencia; si al pensarlo
no estuviéramos ya incorporándolo a nuestro presente, si no ejerciera desde
ahora su función de pauta calificadora de nuestra vida toda. La vivencia
mortal desempeña, pues, según esto, el papel de causa final respecto de cada
uno de los momentos que le preceden, es lo que nos mueve y suscita, es el
motor de nuestros actos, presente desde ahora en ellos.
1
Ahora bien, el pensar histórico resulta precisamente de que atribuimos al
tiempo de la comunidad a que pertenecemos, y en definitiva al tiempo de
' Véanse nuestras Réflexions mltaph:ysiques sur la mort et le probleme du sujet.
Patis, Vrin, 1957: y Reflexiones sobre la cultura en Revista de Filosofía de la Universidad de Chile, No. 2-3, 1957.

191

190

�· 1· da La historia
¡ ¡ estructura de la propia
" ·

la comunidad humana en genera. a
id
n suJ'eto colectivo que nos
. ' d 1 1 ali.dad de nuestra v a a u
.
.
es la extens1on e a eg
.,
ali!" d ·a que en nuestra vida tiene
t la misma func1on c ica 01
.
d
incluye. Por tan o,
.
1 historia la idea correspondiente e
la idea. de vivencia mortal la tiene en a

Juicio Final.
bl
no es por cierto, algo que nos cae
Mas el Juicio Final de que ha runos
. ,
ndo que pudo con·¿ te que nos sobreviene en un mu
.
de fuera. no es un acc1 en
sarlo así si hemos de evitar
.
d be os esforzarnos por no pen
'
- ,.¡
tinuar. O me1or: ~ ~
, b" . debemos ver en él nuestra obra \levaua
enajenamos en la histona; antes ien.
¡· d tiene la virtud de iluminar
. ' una conclusión que, actua iza a,
l
a su conc uSion,
desde ahora nuestro obrar.
l ·¿ de una historia-providencia
·
tanto contra a 1 ea
.
Nos pronunciamos, por
'
.
t Pero no nos pronuncramos
.
{· ·
pas1varoen e.
· ·
&lt;n1iada por Dios y que su nnamos hi.
. d'vm' i'zada de una historia que
::..d 1 · de una stona 1
,
.
menos contra la 1 ea aica
.
U
os la idea de una bistonaf
· ' de Dios A e as 0 Ponem
•
asume el rostro y la uncion
.
hemos de saber orientar hacia
d
da por eJ hombre, pero que
.
responsabilid a crea
.
tr de nuestra verdadera irnagen
el desvelamiento de Dios, hacia el encuen o
en Dios.
. , .
, /lá utilizados para desprecio de
de un h1potet1co mas a ,
p
l
1
Contra os va ores
l
dical inma11entismo. ero, una
ueremos
exa
tar
un
ra
h .
q
esta vida y sus tareas, .
. d ch d la tentación de una fuga ac1a
vez efectuada esta askens necesaria, ese .ª ap de otra vida y otra historia"
.
d
I o mundo de otro ttem o,
el pensamiento e o r
,
. .
nuestros fracasos, re-encon. .
d' . ulo de nuestras rrusenas y
d
consuelo, ahv10 y is1m
.
t
'da y esta historia, acepta os
d en este tiempo, en es a vi
•
tramos en este mun o,
l f 1 trascendencia quiso seducirnos:
en su finitud, todo aquello con que \ ª.~d en el término mismo de este
a saber, la posibilidad de poseer en p len: u
se nos dio como fugaz pred
quello que en e aempo
l
tiempo nuestro, to o a
'b .
da uno de nuestros actos a
sencia, la posibilidad ~obre todo ded at~1
C:r recogidos y aprobados en
dignidad que les confiere el estar esbna

::s\

la vivencia final.

111
.
.
,
. cio del resente no debe interpretarse
10. El que la histona este al elservi d tanp so'lo en {unción del presente.
· ·'
ara ver
pasa o
como una autonzac1on p
,
1
f cie de la historia, en su
,
. .'
os quedana.mos en a super ~
Si as1 Jo h1e1eramos, n
.,
u· ·d d del pasado.
.,
, . . eludmamos la espec 1c1 a
dimens1on anacronica,
11
do pre-romanticismo que
Así, el romántico suele reconocer:e en u;el ::~re. el romántico escribe
tennina por extenderse hasta los ongenes
'

una historia en que el romanticismo es el personaje principal. Y lo mismo
cabe decir -mutatis mutandís- del clásico, del pensador cientificista, o de
cualquier otro tipo humano que en un momento pueda prevalecer. Pero ¿ es
esto la historia? ¿ o la estamos violentando con sólo pensarla conforme a
conceptos elaborados para el presente? Poseer sentido para la historia es ante
todo saber aprehender diferencias, alteridades. Nada más ingenuo que el
querer reconocer a toda costa elementos de nuestra época en el pasado. Este
no siempre nos devuelve nuestra imagen, como quisiéramos. Ejerce una resistencia. Posee una especifica objetiuidad. Debemos aspirar a ver el pasado
en lo que es, no en aquello que lo aproxima a nuestro presente. ¿ Cómo conciliar este imperativo de la investigación histórica con la evidencia de que
la historia se hace a partir de nuestras preocupaciones actuales?
Hablábamos de la doble referencia posible de lo memorable al sujeto de
imputación de la historia y al sujeto colectivo de que participa el historiador.
En este desajuste radica la riqueza y la utilidad, a la vez que la ambigüedad,
de la historia.
En la vida individual recordamos a cada instante aquello que nos permite
afrontar mejor la situación en que nos encontramos. Pero sabemos que, junto
a este recuerdo interesado, provocado a veces por él, hay otro que no está
condicionado por propósito alguno. Así también la historia. Leemos una crónica, un diario que llevó un desconocido, unas viejas cartas. Los hechos que
allí se relatan, ninguna "actualidad" tienen para nosotros. Pero ello nos
interesa. os interesa con esa modalidad desinteresada del interés estético.
Allí está el hombre. Allí estamos nosotros mismos, pero otros. Allí están los
temas de nuestra vida, pero en circunstancias diferentes, con otro tono, es
decir, desrealizados. A ese hombre semejante a nosotros lo actualizamos en
su haber sido y, por haber sido, en lo que tiene de diferente a no otros. La
fantasía cubre el vacío de los datos y captamos una época, es decir una totalidad de vivencias, tal como se dio concretamente en un determinado tiempo.
Eso, que ahora vemos como pasado, era, para quienes lo vivían, presente: y
de este presente se desprendía un pasado y un futuro. Parte de ese futuro ya
lo conocemos, puesto que ahora es pasado. Pero para aquel que vivía entonces
aparecía provisto de un coeficiente de riesgos, de amenazas, de promesas.
Lo que ocurrió después era una de las muchas posibilidades que pendían de
su decisión, que adivinaba como consecuencias posibles de sus actos, o que no
logró prever. Para nosotros la historia tenía entonces un solo curso posible:
el de aquello que ocurrió realmente. Pero desde\ que la vemos en su hacerse,
surge la historia como elección, las historias que pudieron ser al lado de la
que fue. Por fin, había entonces un pasado, como el nuestro, pero otro, puesto
que a ese pasado han venido a añadirse desde entonces nuevos hechos que lo

193
192

�t
un futuro diferentes
modifican; puesto que ése era el pasado de un presen e y
de nuestro presente y nuestro futuro.
henderla como pasado; es re. . d
a época no es apre
,
Hacer la hlstona e un
ectos con sus ilusiones y utop1as, con
constituirla como presente, con sus prHoy la, his.tona· de una época es, entre
hi toria
acer
.
su futuro velado. eon su _s . .
,
hacía. Ahora b1en, los sen. . l histona que esa epoca
otras cosas, reconslltmr a
1 h' t . son análogos a aquellos que,
avoca a 1s ona
,
cimientos que en nosotros pr
t edia en el espectador. Clío aporta
según Aristóteles, ha de provocar la rag
hombre que vivi6 en el pasado.
también una catarsis. Nos reconocerno~ en un
eranzas y temores. Pero sacupac16n sus esp
. •
Podemos hacer nuestra su preo
'
temores quedaron en def1m,
d'd
esperanzas o esos
bemos ya en que me l a esas
. ,
su presente la existencia de ese
rd
Para 1uzgar en
•
tiva fmstrados o cun:lp i os.
d
.
d l fin de la muerte, de aerta
¡
punto
e
vista
e
,
..
sujeto pasado, a d optamos e
.
.
i:
A la ve:L por la intervenooo
.
·,
e toda vida 1D1pu.ca.
'
.
{
inevitable [rustrac1on qu
el
f" . te de frustrac16n y racaso
d
tamos
coe 1c1en
de ese hombre del pasa o, cap .
h
C o el hombre del pasado, nos
ue
llevan
consigo
nuestras
propias
lduc
as.
teolma
contingencia. Aprendemos a
q
•
desampara os an
vemos a nosotros Jlll5mos
.
'd
l mundo y sus quehaceres,
doble reg1Stro: sUIIll os en e
vivir entonces en un
. 'gniI'
. relativa de esos quehaceres por
.
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1canc1a
.
s1 pero consc1entes ya e
.
. . N lle"ará esto a un escepu'
l d" · la h1stona c. os •
la mirada que sobre el os ir!ge_
f e'ram.os conscientes, según la ejemplar
. ;, ,. _,
dr' ocurnr s1 no u ·
• · if'
cismo vital . .rul po ia
.
sabemos de nuestra ins1gn l·
d
que
nosotros
xrusmos
, .
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Paradoja pasea ana, e os arrancamos d e e Ua. El hombre es para s1 mismo
.
cancia y por este sab er, n
'd l . ·cios sobre la importancia
'
1
1 tienen senti o os JUl
•
•
el centro absoluto por e cua
l medida precisa en que capta su propio
relativa de las cosas, pero lo es en a
vacío de toda irnp0rtancia.
.
'ad
1 ob3'eto de su estudio es el punto
tl a del h1ston or, e
b
Dentro de la perspec v
.
N d b os hablar nosotros solos so re
a perspectiva. o e em
de partida de una nuev
..
d de su pasado-presente, ese
. 6.
debemos pernutu que, es
.
el hombre hist neo;
l
función de nuestro proyecto, guiaido
a
buscar
e
en
.
05
hombre nos hab \e. Hem
d
f'nnación de lo que somos,
.
t les en busca e con i
dos por m1estros mtereses ac ua '
'tirle que modifique nuestro
ntrado debemos pemn
.
luego que le hemos enco
. '
nos altere al revelamos la vacUl·
os intereses que
,
.
.
proyecto, que nos cree nuev
'
intereses actuales. La histona no
dad o limitación de nuestros proyectos e
d sino diálogo del presente
ha de ser monólogo desde el presente sobre el pasa o,
con el pasado.
.
desempeñando en la vida humana
.
1 bistona aparece
En esta perspectiva, a
.
l
1 novela al drama, a la trage1 be por e1emP o, a a
'
.
.
el mismo papel que e ca '
endernos mejor a nosotros ousmos,
día: hacernos penetrar en otro, para coropr

mirar desde ese otro una rea)jdad también otra, para aprender a mirar mejor
esta realidad nuestra.
Pascal veia en Ja diuersi6n una fuga ante la reflexi6n, que es la más dolorosa, al par que la más imperativa de nuestras tareas. 10 Pero la novela, el
teatro, la historia nos divierten, nos sacan de nosotros mismos y nos llevan
a otro, para luego hacer que nos reconozcamos en ese otro, que nos identifiquemos con él, y volvernos así inadvertidamente hacia nosotros mismos. La
diversión aparente está allí al servicio de la ref lexi6n; sirve el propósito de
eludir nuestras defensas ante la reflexión.
Y, sin embargo, pese a estas semejanzas... la historia no es una novela;
la historia no es teatro. Pues los hechos de que trata la historia no son ficticios, sino reales. Por esto no basta que el juicio hist6rico nos resulte significativo; ha de ser, además, verdadero. O no sería hist6rico.

11. No es éste, por cierto, uno de los menores problemas que la consideraci6n filosófica de la historia plantea. ¿ Cómo puede la historia aspirar a la
calidad de una ciencia, cómo puede pronunciarse jamás con certeza si el
objeto de que trata por definición no está presente, puesto que es pasado?
El historiador obtiene su evidencia indirectamente, por interp6sita persona o
a través de hechos presentes que representan a los hechos ausentes. Quedará
entregado al criterio del investigador hasta qué punto puede otorgar su confianza al documento, al vestigio, hasta qué punto le merece fe la representación; pero resuelto este problema, la confianza alcanza a lo representado.
En este aspecto, serán elementos decisivos tanto la general concordancia de
los testimonios, de los hechos vicarios entre sí, como la concordancia del hecho
que investigamos con otros aceptados previamente. Esto nos remite al concepto ya aluclido de época, que no es, por cierto, una suma de hechos, sino una
estructura, un organismo, un todo complejo de modos de pensar, de actuar, de
sentir, de avalorar, de vivir, vinculado dinámicamente con aquello que comprende.11 La época no es del todo independiente de los hechos que incluye;
por esto, a través de los hechos, aprehendemos la época; pero la época nos
ofrece también una pauta para juzgar si un testimonio es o no es fidedigno,
para pronunciamos sobre la verdad o verosimilitud del hecho de que el
testimonio da cuenta. A la vez que es estructura de los hechos, la época opera respecto de ellos como criterio de verdad y correctivo.
Claro está, surge entonces el problema del grande hombre o del hecho excepcional, del hecho que contraría a la época. Pero esto es ya el germen de
una época diferente. Las épocas muerden unas en otras. Cada una desta" Fragmr.ntos Nos. 139 a 144 y 168 a 172, edición Brunschvicg.
" Cf., JosÉ ÜRTEOA v GASSET, En torno II Galileo, Obras completai, t. IV. Revista de Occidente, 1946- t94 7, pp, 18 y sgteJI.

195
194

�.

.

el fondo de otra anterior, que a su vez remite,

ca su peculiar figura sobre
.
C d énoc,a es crea\
edió y así sucesivamente. a a r--como fondo, a una que e prec
'
d . desempeña el papel de natu.
ral
to de la que le prece e, Y
d
c1ón cu1tu
respec . .
Ah
bien puesto que una época se a en
raleza respecto de la s1gwente:
~ra f d~ y sirve lu~o a su vez de fondo
interrelación con otra que le sirve el on , da época deberá aparecer, setr lla se erige resu ta que ca
d
a otra que con a e
' 1
d períodos sucesivos, resulta a e, d
- uno u otro pape , en 05
gun esempena ,
. , . mínimo ha de abarcar necesariaroen te 1a pamás, que el penodo his~onco . . . de la serie infinita de épocas precedenlaridad de dos épocas, sm per1moo
la
d'da en que nuestro estudio
· li ·
p r tanto en
me 1
tes que queda imp cita. o
' . ,
tudiar una época sola, deberehistórico sea profundo, no podremos _Jamas es
mos estudiarla en su relación y tensión con, otrda. todo pensar histórico, el
'poca es una categona e
.
Claro está, aunque e
.
d 1. .
articulan depende en collSll énnras se de{men e mutan y
m odo como as r-- .
.
', aún.
uede observarse que hay dos esderable medida del h 15tonador. Mas
· p
'b'
l historia· hay el es1
, los cuales puede escn irse a
.
tilos fundamenta es segun
.
.
tre las épocas y que de ello ohtilo que consiste en acentuar la ~~rende; :curso histórico; y hay el estilo
tiene una muy marcada puntuac1on las 'poca en un fluJ· o continuo, que
distin ·
que sume
e
s
que borra ~ .
c~nes, cat orla de continuidad, más bien que según la
piensa la histona segun la
eg
. 1 d a dos diversas concep,
Al
estos estilos pueden ser vmcu a os
d~ epoca.
par,
,
. el rimero es propio de los pensadores q~e
c1ones de lo que la epoca es.
p
1
en a la realidad del propio
tienden a atribuir realidad a la época, que a un
e conciben las époacontecer histórico; el segundo prevaodlece en aquelloscoci:ceptos que los histo. nes o en t o caso como
e.as como meras convenc10 '
d
ás o menos
riadores forjan y que pueden aplicar, por tanto, de un mo o m
•

12

libre a un suceder continuo.
al o más ue considerar si hemos de ser fieles al modo ~o12. Pe~~ hay g
q ble La auténtica creación cultural no aspira
mo es vivido el acto memor~ .
tal será sustituída por otra.
s6lo a instaurar una nueva epoca, q~e como
.
resente eterno del
A .
la validez permanente y universal, aspira al p
d
spira a
de radarse en época. Algo suele que ar cumJuicio Final, y sólo acaba por_ ~6
610 sea su ejemplar tentativa
'd
. emb o de la aspiraet n, aunque s
pb o, sm
arg di . , hi t6rica y por ello precisamente es la obra memo~:b;:_p~r~~::u:,0: ri~or, ei objeto propio de la historia -ya lo habíaen el texto corresponde apro,címadamente a lo
ecial a la historia de la filosofia, designa como
que Heori Gouhier, con refe~noa es~
el punto de visia de la euolución (ob.
la oposición del punto d, iasia ~tl, mt.ima y '6 d las visiones del mundo que este
.
9
. ) V éasc tamb1én la concepa n e
cit., pp.
Y sgtes. . d'
entre ambos extremos (pp. 145 Y agtes.).
autor expone para me iar
. .

is

La opos1C16n que desarrolla~os

mos anunciado-- está constituído por aquellos hechos de los hombres que,
por una parte, constituyeron época, y en este sentido son pasados, y por
otra escapan a toda época, y par ello valen intemporalmente y son para
nosotros memorables. Si consideráramos sólo este último aspecto, podríamos decir paradójicamente que la historia se ocupa del pasado en cuanto
no es pasado, y ello no sólo en el sentido anotado de que busca reconstituir
ese pasado como presente de hombres que fueron, sino en el sentido de que
el pasado que interesa es, ante todo, el que no ha pasado, por así decir, el
que sigue siendo presente por la vigencia que para nosotros tiene. Pero ello
serla acentuar desmesuradamente un aspecto, en desmedro del otro que
confiere al objeto histórico su rica ambigüedad; el inevitable pasar que hay
en las acciones humanas; la ineludible evidencia de que aquello pasó, y está ausente. El dramatismo del estudio histórico radica en la tensión presente-pasado, presencia ausente, ausencia presente, que hay en el objeto de la
investigación.
En suma, la historia nos enseña lo que ha ocurrido -no lo que suponemos que habría podido ocurrir, según nuestras ficciones, o lo que debió ocurrir según ciertas leyes. Y nos lo ofrece para que, al contemplarlo, ampliemos la base reflexiva desde la cual vivimos y comprendamos mejor nuestra
tarea. Es una ciencia, no por pretender encontrar leyes de validez universal -Windelband y Rickert lo acreditaron suficientemente- sino porque el
fin que las artes cumplen con artificios y ficciones, lo cumple ella con lo
real-singular-pasado-presente. La historia es el arte de Jo real. O una ciencia que cumple con lo real el mismo fin que las artes. Se ocupa del hacer,
el sentir y el pensar de hombres reales, situados en la perspectiva desrealizadora del pasado. De hombres: no hay historia de entes inanimados ni de sociedades zoo16gicas. A la inversa, s6lo los hombres hacen historia, por la muy
simple razón de que si la historia es un medio para un mayor y mejor saber de si, sólo el ente que posee la posibilidad de este saber1 s6lo el animal
que puede decir yo con sentido, ha de poder cultivarla. La historia es un
modo ejemplar por el que el hombre toma conciencia de lo humano. Captamos así la razón profunda por la que una sola palabra sirve para designar la ciencia que estudia el pasado y el contenido de esta ciencia. No hay
aquí pobreza de vocabulario, sino indicación de que el objeto de la historia está constlhtldo par seres que, a su vez, hicieron historia, en el doble
sentido de rememorar un pasado colectivo y de avalorar sus propios actos
con miras a un término del tiempo humano asumido en el presente.
Comprender mejor quiénes somos, qué queremos, qué es lo que tenemos
enfrente, qué sentido tiene nuestra existencia, por la consideración de un ser

197
196

�extran. ero a •uer de pasado, tal es, a nues1J hi ,t . y por tanto, el criterio que
tro entender, la raz6n que motiva a a s ona, '

real que es como no50tros, pe~ .

permite delimitar ,1 objeto.
.
1 su fin en la medida en
La historia es conocimiento metaf6nco: ~ump :xhibe tras lo diverso, su
que tomando al hombre del pasado como! ~m~l,ar el c~ntraste de las difeparentesco con nosotros, 0 ace ntúa ' tras o s1m1 ,

rencias.
LEJ 'G

JE, PE

MIE TO Y REALIDAD
H:ÉcTOR-

Waync

F.RJ CAsTAÑEDA
S1a1c University

Detroit 2, Michigan.

1. EN EXTENsos CÍRCULOS filosóficos se da por sentado que no hay pensamiento sin lenguaje. Se trata de una presuposición central, que gobierna
gran parte del filosofar de muchos, y que jamás se discute o examina. Y no
es una presupo ición que s6Jo los infantes terribles de hace un cuarto de siglo,
los positivistas lógicos, ya tan escasos, acepten, implícita o explícitamente.

Es una pre uposición de extrema importancia. Por ejemplo, los filósofos
todos reconocen de una u otra manera que la filosofía tiene como tarea ineludible la de elucidar la naturaleza, estructura o constitución de ciertos
conceptos generales como cosa, conocimiento, persona, valor, pensamiento,
verdad, deber, etc. Ahora bien, si, como muchos creen, la posesión de un
concepto es, o envuelve esencialmente, la habilidad para emplear un
blo o expresión, entonces: (i) se está aceptando la verdad de la presuposici6n que nos interesa, y (ü) la actividad filosófica puede desenvolvenc examinando los usos (a veces complicadísimos) de las expresiones que constituyen una lengua dada. S~ como muchos filósofos sostienen, es objeto de
filosofía el estudio de la estructura formal de la diversas modalidades de
nuestra experiencia, o la contemplaci6n d mundos posibl , o el atisbo de
modalidades no humanas de experiencia (o todo esto de junto), y una modalidad de experiencia tiene la estructura del lenguaje empleado para vivir las experiencias de esa modalidad, o si la estructura de un mundo posible es la estructura del lenguaje n que ese mundo es pensado, entonces
de nuevo, (i) se está aceptando la presupo ici6n anterior, y (ii) es legitimo
darle un giro lógico a las cuestiones íilos6ficas: o como decía Platón ( n el
Fedón, por ejemplo) s pueden tratar los problemas del er en términos del
logos.

,-oca-

Por supuesto, el giro hacia el /ogos puede justificarse con una presupo-

198

199

�sición menos fuerte que la que nos interesa. Bastaría, por ejemplo, con suponer que aunque el pen5a.Dliento no nece ita del lenguaje (o logo$) para u
e.xi tencia, todo pensamiento po ible puede expresa~ en un lenguaje.

son meramente le ·es p ico-sociológicas, todo el filosofar que descansa sobre
ellas es cuJpable de un psico-sociologismo profundo. Todos los análisis de
lo men~al, _del mund~,. que ese filosofar ha producido no han proporcionado
generalizacion~ e~pmcas ( correctas, con toda probabilidad), pero incapaces d~ la. clanftcac16n conceptual, los atisbos de otros mundos posibles O de
expenenc1as no humanas, que era su promesa (implícita) entregamos.

2. Mi propósito en esta investigación, sin embargo, consiste en examinar la presuposición fuerte. Es ésta una propo ición qu , juntamente con
las dos siguientes, tiende a constituirse en nuestra época en una verdad obvia que se vuelve difusa e impregna toda reflexión obre las cuestione de

4. Evidentemente, la propo ición de que pensar es hablar (con otros
.
)
o
con uno 1ll.161:11º . es fal a. El caso es corriente de una persona que según to~ las apanencras está pensando sin proferir un solo sonido, sin que sus
musculos se ~ueva~ o sub-articulen nada, declara en qué ha estado pensando y confiesa sinceramente que ninguna palabra curro por su mente.
Muchos de nosotros hemos tenido tal experiencia, y sabemos que podemos
~n~ . en ~asión sin utilizar ninguna forma de lenguaje O de símbolos,
ru SJquiera unágenes de las cosas en que estamos pensando.

la filosofía de la mente:

(A} Sólo seres con alguna forma de lenguaje piensan·
(B) S6lo seres que viven en alguna forma de comunidad desarrollan
lenguaje·
(C) Sólo seres con alguna forma de cerebro desarrollan lenguaje. La proposición (C) es (todavía) considerada como generali7.ación empírica bien
fundada. La proposición (B) todavía se discute con alguna amplitud; pero en algunos círculos filosóficos ya es una pr uposición axiomática a priori.
En tales círculos, seguidores de Wittgenstein en su segunda etapa, enemigos del positivismo lógico, se acredita a Wittgenstein con haber demostrado
para siempre que un lenguaje privado es lógicamente imposible. A pesar de
las ambigüedades inherentes al concepto de lenguaje privado, y a los argumentos de Wittgenstein, el axioma se entiende en un sentido que incluye
a (B). La proposición (A) ya no se discute. Es el axioma difuso, intratable.
3. La naturaleza de la filosofía, el rumbo del análisis de lo mental, la
posibilidad de éxito del programa conductista, etc., dependen de la presuposición (A) sólo en tanto que (A) es una proposición a priori. Dada la evidencia empírica acumulada por la humanidad durante miles de años es
casi seguro que las tre proposiciones (A)-(C) no sólo son verdaderas, sino
por lo menos leyes psico=sociol6gicas, y si son leyes de la naturaleza humana son tan firme como las mejor fundadas de las leyes físicas o químicas. Pero las cue tiones filos6ficas mencionadas no logran decisión con la
verdad, por bien fundada que esté, de esas tres proposiciones, si ninguna de
las tres formula una verdad a priori, lógicamente necesaria. No digo "verdad analítica (en el sentido de que la negación es una contradicción formal)" pues no quiero pre-juzgar tan temprano la cuestión de si hay proposiciones a priori que no son analíticas.1 Ahora bien, si esas proposiciones
1 A mi juicio hay proposiciones sintéticas o priori, y considero que las proposiciones
aritm~tiCaJ empkadas en contacioncs y mediciones son de ese tipo, a pesar de la tesis
contraria tan. gcocrafu.ada. Sin embargo en mi anilisis no pueden encontrar los racionalistas ningún consuelo. Véanse "'7
5
12' As a Synthetic Proposition", Philosophy

+ =

'200

Pe~o e_s ~ falacia ~urda ( llamada en los textos de lógica popular "generalización un.peri ~~a ) concluir que, porque es verdad que algunas veces pens~os _sm utilizar lenguaje, es posible que todo acto de pensamiento se ~~ce SJD la a_yuda de lenguaje. Tampoco vale como refutación de Ja
propos 1c16~ (A) decir que un primate, por ejemplo, un chimpancé bien entrena_do, piensa a p sar de que carece de lenguaje. Los animales y los bebés
no p1e~n en el ntido auténtico de "pensar", del adulto normal en que
pensar incluye conocimiento del pasado, del futuro la teorización científica
el análisis filosófico, etc.
'
'
Por otro lado, la presuposición (A) no dice meramente que todo pensar
envuelve empleo de lengu~je, sino que todo pensar presupone la posesión
de alguna forma de lenguaJe. En efecto, es muy posible que los filósofos que
~an ~r sentado un nexo necesario entre lenguaje y pensamiento acepten
~ dificultad que un ser que ha poseído un lenguaje y, por tanto, ha aprendid~ a p~nsar, continúe pe~ .ando, aun cuando más adelante pierda el JenguaJe. As.t, hay tres propos1c1ones que conviene distinguir:
{Al) Si un ser piensa en un momento t, tal ser emplea un lenguaje en el
momento t para pensar.
(A2) Si un ser piensa en un momento t, tal ser posee un lenguaje en el
momento t.
nd Phu~m,nologi,ol R,s,orch, vol. XXI (1960): 141-158 y "Arithmetic and R ali ,.
Australanan Journol o/ Philosoph-,, vol 37 {1959) • 91 107 Una
·•
· · ~ tdy ·
·
"K
.
·
·
·
vcmon pnauuva e1
pruncro es
an1 Y la F1losofía de la Aritmética", Universidad de San Car!
(G
mala), o. XLV (1958): 123-143.
os
uate11

201

�t

tal ser ha poseído un lenguaje

(A3) Si un ser piensa en un momento ,
. cluir a t).
'od
• a t (que puede o no m
durante un pen .º. anten(o\)
(A3) las que nos interesa examinar.
Son las propoSlciones

A

y

G'lbe t
. iración viene del pro{esor i r
5. Un conductista moderno c~ya 1~ len a·e es posible, pues 'pensar'
Ryle 2 podría alegar que pensamiento s
~ J r una o varias co as den•
lim r{o E to es pensar es ace
.
es un concepto po o .
,
"bles en ciertas circunstancias, tamtro de un enorme conjunto de co~as pos1 t, pensando cuando está frente a
bién variables. Por ejemplo, un pintor es a lá .
la mano o una paleta,
d
brocha o un piz en
,
.
una tela o una pare con una
trazos extiende la mano como nu•
está. viendo la pared o tela, h~ce unos
' l otro oJ· o frunce el entre.
.
mira los trazos con e
'
diendo algo, cierra un OJO y
l'b
hace otros trazos, etc. Pero
t/ n con la mano i re,
y
el
cejo, se aprieta
roen o
.
. , son substituibles por otros. , por
1 en tos de esa s1tuac1on
da d lo
muchos de 1os e em
sin hacer ab olutamente na
e
supuesto, una _perso~ puede ~ r de ajedrez piensa cuando hac~ un
que nuestro pmtor hizo. Un ~g. t en circunstancias distintas. Un Jug_aconjunto de actos totalmente
tml º. go aunque sus acciones y sus CJr·é piensa durante e JUe •
d bal
dor e
omp1
d' almente diferentes. Etc.
cunstancias son, de nuevo, ra i_c
. R le mismo cree que, aunque es coAhora bien, es difícil determmar s~ y
poder pensar es necesario (16.
tilizar lenguaJe para
rrientísimo pensar S1Jl u
,
, len a·e Lo que nos importa es
gicamente) poseer• o hai&gt;e: pose1do.:z: las guro~siciones ( A1) • (A3) basaque un discípulo suyo pudiese rechd
~scn'bir e tados o actos mentado en la tesis conductista d~ _Rylef edque ªtalmente capacidades para acadscribJrle un amen
,
les a una persona es
.
, .
tancias. tales capacidades son com·
tuar en ciertas formas en ciertas circduns
muy distintas, tan distintas
.
oifiestan generalmente e mane
. . .
pleJas y se ma_
. us manifestaciones en una def101c1ón.
. .
que no es posible reurur s .
d
d
o de nosotros se dan episodios
.
en la vida e ca a un
Ryle no mega que
. ágenes de vocablos o frases, sensa. d
imágenes de cosas, un
. d
de
pnva os, como
.
que esos incidentes pnva os son
clones, picazones, etc. Tam~oco ruega
d una persona en un momento
e consutuye el pensar e
. d
d l
hecho parte e o qu
.
1
do haber tenido una sene e
dado. Por ejemplo, el pintor del eJdemp ob pu_ tar· pudo haber visto en su
od
l del cuadro que esca a pm ,
imágenes m nta es
l
dife ente clases de pintura. Pero t o
.
·
de co ores Y
r
mente diversos Juegos
R 1 . ga es que haya un suceso meo. .
¡
pensar Lo que Y e m
•
esto es modenta a su
.
.
l pensamiento del pintor, o
tal o clase de sucesos mentales que constltuya e

r:.S

del ajedrecista.
.
• · Hutch.inson's University Library, y ue•
s G. RYu, Th~ Cortcept o/ Mtnd (Lon&lt;ii:b· .• al simnn.io "Thinking :ind Langua• bl 1949) y su contn uc1on
.--va York: Bamcs &amp; ~ e,
'
ntatlo XXV (1951 ), págs. 65-82.
gue", A.ristotllian Socitl)', vol. supleme

202

Ahora bien, cuando en § 4 arriba dije que a veces pensamos sin utilizar
lenguaje Jo que quise decir es que hay hechos mentales sui generis que son
los actos de pensamiento. De modo que con Ryle nos une un acuerdo real
en cuanto a que el pensamiento deJ pintor no consiste necesariamente en el
juego de imágenes mentales, ni en ninguno de sus actos observables, ni en
sus circunstancias; pero no separa el análisis del pensar. Para Ryle esos
elemento reemplazables constituyen el pensar del pintor del ejemplo, así como otros elementos semejantes constituyen el pensar de otro pintor, y otro conjunto de elementos diversos constituye el pensar del ajedrecista. Para nosotros el pensar no queda constituído por ellos. Pero no porque, como Ryle
alega, esos elementos se llaman pensar sólo porque se les considera en conjunto con relación a un propósito o plan o resultado (por deficiente que sea)
en que e pensar termine: el cuadro, la jugada en el tablero, el gol etc.
Para nosotros, otra vez, el pensar del pintor puede encarnarse -por así
decirse- en sus acciones, pero es lógicamente distinguible de ellas en tanto que episodio o serie de episodios mentales.

6. 'o basta decir que creemos en actos de pensamiento para que la tesis
contraria d Ryl re ulte falsa. Por falta de espacio sólo podemos presentar
aquí parte del argumento. En su libro Ryle presenta una serie de razones
en contra de la doctrina de "los episodios fantásmicos", y todas son refutables. Muchas de sus razones prueban algo muy distinto: que no es necesario pensar antes de obrar, que para actuar inteligentemente no es necesario
seguir concientemente reglas, qu pensar no es hablarse a sí mismo, etc.
En efecto, Ryle refuta admirablemente lo que él llama "la leyenda intelectualista": de acuerdo con la cual la acción inteligente consiste en seguir reglas, no meramente en actuar conforme a reglas. Pero esa leyenda no es ni
siquiera un pariente cercano de lo que él llama el "mito cartesiano" de la
existencia de Jos "episodios fantásmicos dentro de la máquina corporal".
Pero, aparte de la refutación de los argumentos de Ryle, uno puede argüir directamente en favor d la ·istencia de los actos sui generis de pensamiento.
En el artículo mencionado el análisis del pensar que Ryle ofrece sólo parece plausible porqu concentra su atención en procesos de reflexión, y deja de lado los actos de pensamiento que integran un proceso continuado de
reflexión. En un proceso tal hay un problema, una perplejidad, a la cual
se le busca oluci6n, y hay actividades diversas, privadas o públicas, y hay,
a veces, materiales y circunstancias especiale . En fin hay tanto que es fácil ver lo que uno quiere y tener 'xito en no ver lo que otro ven. Pero la
situación d 1 pintor, para volver al ejemplo, es una en la qu se da reflexión o comportamiento inteli ente sólo porque a lo largo del proceso se

203

�van ucedi ndo episodios de pensamiento. Tales episodios no son la solución al problema, no son normalmente la conciencia de reglas de que el pintor va extrayendo sus acciones, no son tampoco necesariamente anteriores
a los actos que ejecuta. Son episodios mezclados con los actos, que guían a
los actos. El pintor no estaría pensando si no corrieran por su mente, mientras dura la situación del ejemplo, pensamientos como "Este no debe ser
tan brillante", "El azul ha de llegar hasta esa esquina", "Esta linea es demasiado largaº; o "Esta nariz es muy corta", o "Ese río está bien"; o "¡ Diablos! Esta pintura es demasiado espesa''. Y nótese bien: es seguro que ninguna palabra cruza su mente, ninguna imagen verbal o motriz, ni nada
que pueda razonablemente llamars un símbolo mental o fisiológico o químico conectado con esos pensamientos. El hecho es que in esos pensamientos, u otros de la misma e tirpe, es sencillamente un abuso de la lengua ordinaria decir que el pintor estaba pensando en lo que estaba haciendo. J&gt;a,-

ra esto tiene que haber estado pensando.
R le se despista un poco porque equipara "pensar en lo que se está haciendo" con "actuar inteligentemente•• (The Concept of Mind, p. 29) pero
al analizar este último pone su énfasis en la actuación. Y claro está, una actuación se califica de inteligente por muchos aspectos lógicamente distinguihles del pensar que esto es así, o asá: por ejemplo, por su complejidad que
requirió aprendizaje o entrenamiento largo y cuidadoso.
De todos modos, el hecho central es que e dan episodios mentales que
son actos de pensamiento, como cuando en un momento dado se me ocurre que hoy es jueves, que no be escrito una carta que ya he rezagado por
meses, que no he hecho una llamada telefónica importante, que la solución
de un problema consiste en hacer cierta operaci6n. Esas ocurrencias son episodios en el sentido importante de que ocurren en un momento dado: se
les puede situar en el tiempo. Es verdad que no tiene sentido claro decir
que rxisten durante un tiempo dado. Pero no hay absurdo alguno en hablar
de sucesos instantáneos. En un sentido un poco indirecto se les puede localizar en el espacio con relación al lugar ocupado por la persona que los
piensa. (Si esto se considera metafórico se puede introducir una nueva dimensión espacial en la que los sucesos psicológicos existen). Lo importante
a que esas ocurrencias o episodios son indubitables, y pueden no darse
acompañadas de nada que lo tiente a uno a decir que son realmente otra
cosa. También resulta absurdo suponer que son analizables como disposiciones o capacidades para actuar. Por supuesto, la ocurrencia de un acto de
pensamiento puede producir el aparecimiento de una capacidad (por ejemplo, para decir ciertas cosas o hacer esto y lo otro) ; pero el hecho innegable es
que en ese momento uno es consciente de algo, y si esa conciencia fue5e la con-

204

ciencia de la capacidad en e e momento creada
t
.
"d d
' en º?ces actos de pensamiento
pao a es pero episodios
d
tamente como los otros episodi
tal
'
' en to o caso, exacimágenes (E por
os men es que Ryle reconoce: dolores picazones
.
.
supuesto, absurdo decir que mi
.
'
'
Jueves es mi conciencia de que t
•
pensamiento de que hoy es
capacidad de decir "Ho
. en!~ cierta capacidad, aun cuando fuera la
.
y es Jucve . Desde luego n h
,
bwr este absurdo a Ryle). Ha , fa]
• .º ay razon para atrial
na
ta un conductista más
dical
·
egase que toda conciencia es una ca a .d d
ra
' quien
sería interesante ver cómo ex lica I p c1 ~ . para hacer algo. Si tal existe,
pacidades "concienciarias" -~
e _dconocuruento que tenemos de esas ca10 neces1 ad de saber n d
•
•
d
.
episodios en que se manifiesta
nnalm
a a e ocurrencias o
0
"dades mentales no basta cree
· •
ente
CJ
. ' hasta e n eJ caso d e 1as capa'
r que se tienen para
.
1
euando se me ocurre
por .
l
poseer as en realidad.
0
•
·'
eJernp , que hoy es jueves p ed
ese mim-_10 hecho tengo la capacidad de decir
' u ~ creer que por
muy posible que en efecto no la po
L
que hoy es Jueve ' pero es
dad C.'&lt;iste solamente cuando 1 • ~- a prueba de que poseo la capacia eJerc1to.
Aunque el argument
, 1.
sostener que ha
o esta eJo~ de_ ser completo, es al menos plausible
son ot
y a~t~,
to es ep1sod10s mentales que son pensamientos, y
ra cosa que unagenes, actos füicos, etc.

serian episodios de conci ncia de ca

7. La verdad del conductismo consiste en
dos o actos mentales del
6''
.
que nuestro acceso a los esta.
pr JUDO es el comportamient d l
, ..
ctrcunstancias. Aun cuand
.
o e proJuno y sus
0
.
una persona nos dice Jo
·
.
dec 1arac1ones
pueden ser fals
p
que piensa o siente, sus
as. ara que las acept
tanto su comportamiento pasad
.
emos como ,·erdaderas
.
o Y sus Cll'Cunstancias
da
portam1ento presente y sus ci
.
pasa 5, como su comrcunstant.1as presentes h
d
merezcan nu tra credulidad A í
di
, an e ser tales que
teórica de determinar que un~ pes' pu ~ra pe~sarse que hay una manera
rsona piensa stn lengu ·
· h b
un Jenguaje esto es de veru·
1
•.
aJe, sm a er tenido
. .,
'
•
icar a propos1c16n ( A3) Cla
á, .
postc1on f?rmula (como
posible) una le
.
ro est si esta protonces es unposibl (aunque no 16 .
y de la naturaleza humana, engicamen te) poder en
.
.
como la que vamos a de .b. El
.
contrar una s1tuac16n
d
sen tr.
expenmento •
J
erar sería análogo aJ cxperiment
menta que vamos a consiverso si en vez de ser Ja luz I ob. puramente mental de cómo sería el unie o Jeto con mayor 1 ·d d
mos el ~nido, u otra partícula distinta de los f t ve oc1 a • lo fuese, digaPudi
o ones.
era pensar que es lógicamente posible
.
arrollo de nuestra tecnolnma I ás
' por e1emplo, que con el desfo
-o·
ogr emo ver que en un l
d
nna ante nuestros telescopios
p aneta ado se
m
S
una creatura como homb
1
aremo olus Afutus. Mutus crece solitario
.
re, a a que llanera compleja en que los seres h
, y empieza a actuar de la maurnano actuan except
.
da ru. hace ruidos, ni hace
'
o que no escnbe nag tos que puedan llamarse lenguaje. (Nuestros
205

�· · to aun dende detectar todo mido y movuruen
aparatos e suponen capaces
lab
pudiera pensarse que Mutus
.
d M t ) En pocas pa ras,
tro del cuerpo e u u ·
• teligentemente como se quie. · ·0 de comportarse tan 10
•
ás
e capaz, en pnnc1p1 '
1
les hace aparato y máqumas m
, uinas con os cua
•
ra (hace aparatos y maq
dif" .
puentes. y lo que se qu1ell
. aparatos y e ic10 y
, bol
complejas, y con e o nue\:O .
nadie ni emplea lenguaje o s1m os
ra) exc pto que no se comuruca con
en ninguna forma.
.
.
para quienes esa fantasía de
'do es de Wittgenstein,
..
f
Ha ' fil6so os, segm r . . . . adiecto Para ellos, las proposiciones
Mutus envuelve una cdntradictio in
.
.
fanta ía o realidad podría
{A) y (B) son verdades lógicas que
a negar que Mutus puc.
sé h ta dónde se atrevan e o5
jamás falsilicar. : o
.
. li
te de un ser humano, excepto en
portanuento mte gen
,
rod • 1
da rep ucir e com
. p o sí estoy seauro de que ellos neganan que un
el empleo de lenguaje, er
.
·e,.
ueda en ar o razonar o cono•
ser como Solus Mutus, aislado, sin lengu~Je, p e tÍón yace en que, confor. dif ult d con la te is en cu
cer o entender. M1
ic a.
{'1' f
defienden con ahinco, si Mu tus
. . •
esos mismos 1 oso os
me a pnnc1p1os que
.
"dé tica a como una persona
. .
)
portarse de manera , n
puede (lógicamrnte com
. teligentemente entonces no veo
ando se comporta m
'
. .
humana se comporta cu
. li
·a pensamiento, etc. El pnnc1a
iutus
mte
genc1
'
d
gar
d
cómo se le pue e ne
.
d de que nuestro criterio para etere el ya menciona o
d f. d
pio que e ien en
.
de nosotros mismos) piensan, etc., c~nrninar i otros (persona diferentes .
.
ro ias declarac10. nto y sus C1TCunstanc1as, Y sus P P
sistc en su comportam1c
falta el tercer elemento, pero ese elemento a
ncs. En el caso de Mutus nos d
1 mentas primeros, y ya en nuestro prosu vez necesita del apoyo de lo os e e t
elemento es débil: sordomucasos en que e e ercer
.
pio mundo reconocemos
.
e esultar una cuestión verbal Sl se
dos par ejemplo. De modo que paree r
'
M
un ser pensante o no.
acepta que
u tus sea
"
d l "l
J·e ordinario". indudablel poráneos e
engua
{
Alguno. filóso os con em
din . de pensar está tan lia-ado estreel concepto or ano
l
1 ,
mente, a eganan que
l.
·e
e la fantasía de Mutus es a o suchamcnte con el concepto de rnguaJ • qu t ordinario de pensar no
apli-

nmgun\

mo un caso extr~o en}~e n~;::~ c~:ei~an que esa "extensión., prueba
ca, pero que pudiera exten
. rdi .
se aplica al caso de Mutus.
tro concepto o nano no
precisamente que nuer
.
«
t nsión" es natural el concepto
'
d
E l h cho es que s1 esa ex e
Posiblemente.
e
d lengua1·e como ese alegato a
.
.
t, tan ligado al concepto e
d"
ordinario no e a
.
mentarlo muestran que la isputa
por sentado. En ri!l:or, el alegato y m1 co.
rta un ápice si el significado
es meramente de palabras. Realmentáe no unl~ do 16a.camente a la existen1 b « nsar'' est o no 1ga
o·
ordinario de la Pª a ra pe.
. 1 mundo (pudo o) puede en e .e Lo que unporta es Sl e
1
cia de un enguaJ .
.
. , ta semejante a la u ual como para
te caso (haber) presentar una s1tuac1on n

206

justificar conceptos ligeramente distintos. En otras palabras, lo que importa es precisamente establecer que los tr · elementos que sirven de criterio
para adjudicar estados y actos mentales a otro seres son lógicamente independientes dos a dos.

8. Ahora bien, la fantasía de Mutus falla. o puede distinguir entre pensar sin lenguaje y pen ar en lenguaje constituído por 'palabras" privadas,
excepto en casos extremadamente improbables. n lenguaje tal podría consistir n sensacione , o imágenes mentales, ya ean motrices, ya sean visuales, ya sean auditivas. Es perfectamente concebible que Mutus empleara, digamos, únicamente imágenes auditivas de las palabras españolas; en tal
caso su lenguaje podría reconocerse al hacerlo oír oraciones españolas, pues
podría entenderlas inmediatamente, sin ningún entrenamiento previo mientras que no podrían entender oracione inglesas, alemanas, etc. imilarmcnte, Mutus podría haber desarrollado un lenguaje con istente en imágenes
visuales de todas las palabras rusas: podría en tal caso entender textos rusos sin previa educación en la lengua rusa. En cualquiera de los dos casos
mencionados Mutus tendrfa que e tar en condiciones de confesar una familiaridad inexplicable con los sonidos o los textos.
ótese que la posibilidad de un lenguaje constituído por "palabras" privadas no tiene nada que ver con la vieja tesis filosófica de que pensar es
una especie de tener imágenes mentales. En la vieja tesi las imágenes eran
los pen amientos mismos, o los medio por excelencia del pensamiento, dada
la semejanza entre la imagen y la cosa pensada con la imagen. En cambio
en las situaciones arriba mencionadas las imágenes no serían el pensamiento
mismo, ni serían símbolos privilegiados, ni tendrían que ser semejantes a
los objetos con ellas pensados. Las imágenes semejantes a las cosas o no, serían palabras.

9. Mi contraste entre pen. amiento sin lenguaje y pensamiento a través
de un lenguaje constituJdo por palabras privadas será inaceptable a los filósofos seguidores de Wittgenstein para quienes un lenguaje privado es lógicamente imposible. Es verdad que mis lenguajes de palabras privadas no
son lenguajes privados en uno de los sentidos que Wittgenstein le dio a la
frase: lenguajes "cuyas palabras individuales se r fieren a lo que sólo la persona que habla puede conocer; a sus sensaciones privadas inmediatas. Así,
pues, otra persona no puede entender ese lenguaje". 3 Según esta definición
un lenguaje privado e un lenguaje empleado para pensar en objetos priva• Luowro WITTGENSTEIN , Philosophischt Unt11suchung~n-Philosophico/ lnv,sti¡olions,
(Oxford: Basil Blackwdl, 1953, edición bilingüe póstuma, con traducción al ingl6 de
G. E. M. Anscombe); § 243.

207

�. t oduJ·e en § 8 son lenguajes que
.
1
· que yo in r
.
{' ·
dos. en cambio, los enguaJes
b"
, blicos es decir, obJetos mcos.
'
sar en o Jetos pu
:
1
a
pueden utilizarse para pen.
.t , dos por palabras privadas son engu Sin embargo, mis lenguajes const'. w
. enfatiza al final de cuentas, de
t'd que W1ttgenstcm
ex
1
jes privados en e sen t o,
1
•e -excepto en 1os casos que sólo el hablante puede e~tender ese.
verbales de sonidos o
tremos en que las palabras pnvadas soaln b1m públicas.
·
dinario con P a ras
·
cas de un I nguaJ or
.
. . do con que Wittgenstein emp1eótese que la definición de lenguaJe ~~~a (B) copiada en § 2: ' 610 seza no tiene nada que ver con la propos1o_dn d d~rrollan lenguaje". Pero el
fonna de comunt a
posi
1
res que viven en a guna .
,
r tratar de establecer Ia pro
aumento de Wittgenstein concluye po
. una familia de argumenarc,:-··
d d
ha un argumento, . mo
, U
ci6n (13). En reali a no
y El bo ue ·o nuclear puede formularse asi: n
, timam nte emparentados.
~ J
. sas reglas establecen
tos in .
,
• , do
r un conJunto de reg1as. ~
uálenguaJe esta consutw
Po
nen el lenguaje son correctos, y ~
qué uso de las palabra'i que coro~ d
tá con tituído por reglas pnvales son incorrectos; un lengua); ~~1::b~a~te puede, 16gicamente, saber qué
da.s es decir, por reglas que ro o
(o cumplir con) una regla y penp re~riben; la distinción entre obedecer 11 ) s esencial a la existencia de
d
( se cumple con e a e
. .
. n
sar que se la obe ece o
la . da el agente no puede distmgu1r e una regla: en el caso de una reg pnva . t de que ha cumplido con la
.
f ..
u pensam1en o
•
tre su cumplimiento e_ ecll\O y
cum !ido con ella; luego, una reg1a ~nregla cuando en realidad ~o ha
p
un lenguaje privado es l6gica•
sible •' por tanto
vada , es 16gicamente impo

en:e:!

mar-

mente impo ible.
ob , a que para que haya reglas
i este argumento {uese concluyente pr an
quiene le ayuden a dis.
l
te viva con otras personas,
.
h
e necesano que e agen
la . su mera creencia de que a
· · t de una reg &gt;
tinguir entre u cumphm1en o
t
oporciona una premisa que lleva
o pr
cumplido con ella. E 5t0 e • e argumen
•
directamente a (B), o algo parecido. .
d' cípulo R. Rhees ha pree Wittgenstein que su I
f
Hay otros argumento n
. . . .o el argumento en todas sus or, orgánicamente.• Pero a m1 1wc1
. od
na def inid
senta o ma
.
. difícil de conceder o intr uce u
mas falla: o necesita una premisa
. al
una petitio. Como ya he pu., d l gua1·e que cqu1v e a
.
d
ci6n o concepc1on e en
. ..
l
to y de su vaneda , me
~ n anabSis de argumen
. .
f ls
blicado en otra parte u
d
I t is wittgensteiniana es a a.
limitaré en lo que sigue a dar por senta o que a e
.
"Can Tbcrc be a Private
.
el simposio con A. J Ayer
77 94
' R RHEl::S !cgundo t:ra ba¡o en
. XXVIII ( 1954) • págs. • .
·
'
.
S
•
t
vol
suplcment:mo
S
1..an 01 ,,.ge ?" Aristolel1on oert Y,
·
(G
ala. Universidad de an
o- .
.
. de st Mismo
ualcm
.
• En Lo DioUctico dt la Conc1eneio
Carlos, 1960), cap. VI.

208

Esto es, daré por sentado que un lenguaje privado, en el sentido de que sólo

d hablante lo entiende, es lógicamente posible.
En consecuencia, la fantasía de Mutus no muestra la posibilidad de decidir si pensa.núcnto sin ninguna forma de lenguaje es lógicamente po ible.
La fantasía e en sí misma coherente: el mundo pudiera haber sido tal que
Mu tus hubiera ido real; más aún: no es claro todavía que no haya un Mu tus
en algún sistema solar al otro extremo de la Vía Láctea, o en otra nebulosa.
La dificultad, otra vez, consi te en que la fantasía no siempre permite que
separrmos eJ ca.o de un. iutu sin lenguaje del de un Mutus con un lenguaje
de palabras P,rivadas.

10. í no hay en términos generales una situación concreta po ibl en que
se verifique la proposición "Mutu pierua, aunque no posee ninguna forma
de lenguaje". Para muchos filósofo de persuasión po itivista de la generación anterior e o hubiera sido suficiente para clasificar a a proposición de
metafísica en un sentido peyorativo. Pero el clima presente ya no permite que
se resuelvan las cuestiones de manera tan rápida. La proposición no es resoluble empíricamente, i mi argumento anterior es correcto. Pero eso no prueba,
por í solo, que la proposición sea analítica -o contradictoria, como los que
creen en el a."&lt;ioma ( A3) dirían.
Si el axioma (A3) no puede refutarse mediante contra-ejemplo, el camino
a eguir para el esclarecimiento de su rango consiste en un análisis del concepto pensar.

11. Consideremos un acto de pensamiento. Supongamos que yo e toy pensando que cie1·to objeto e. azul. Como ya hemos argüido, no es necesario
que símbolos o imágenes crucen en mi mente. De alguna manera mi pensamiento se refiere a ese objeto. Algunos filó ofos dirían que esa referencia es
posible en uno de tres casos nada más: (a) que pienso el objeto como el que
está caracteri.7.ado por una propiedad únicamente po eída por él; o (b) que
pienso el objeto mediante un pronombre demo trativo (ayudado de un gesto, acaso) que lo separa del resto de otros objetos que, por ejemplo, yo percibo en ese momento en que pienso en él: o (c) que lo pienso mediante un
nombre propio. Aquí entrarían argumentos al efecto de que un nombr propio no parece re olver el problema de cómo se obtiene la referencia : casi
todos los nombres propios que empleamos son nombres comunes a muchas
personas, de modo que en general no es aparente a quién e refiere el nombre, y, sin embargo, nuestro pensamiento no tiene dificultad alguna (por
asi decirlo) en referirse a la persona que debe ser. Por so algunos filósofos
han propuesto la teoría de que los nombres propios ordinarios son realmente
abreviaturas de descripciones que sólo un objeto satisface. Esta te is, de de

209
lll ♦

�. to que cada nombre
de las lenguas naturales. Es cier
, desluego, es falsa en el caso
.
ue relacionarlo con una o m~ .
Propio que uno maneja puede, y t1enelmq 'te sinonimia entre la descnpc1ón
• •
o hay norma en
cripciones umca , pero n
.
y el nom b re.
.
nombre se refiere
a un ob'Je to O persona
.
La dificultad de explicar c6~o un , .
-.:-. b'1en sabido que no es (16gid
·
nes umcas. ¡;,:,
Le'b
vale también para las esc.npc!o dT eran en alguna propiedad, como , ~ camente) necesario que dos ob1etos ~ 1 • , definida de la forma "El umco
una descnpc1on
.
Af uod
niz creía.º De m o que_
varios objetos, o por ninguno.
i, ro
que.•." puede quedar sausfe~h~ J:&gt;&lt;&gt;ren ue toda descripci6n sólo puede t~ner
chos filósofos concluy n por m~isbr
q
obJ'eto si incluye demostrativos
•
• rucamente a un
"M'
f
cierta garantía de re enrse u_
1 hablante. Por ejemplo:
i ca·
s dll'cctas con e
b'
ue
en ella, esto e re lac1one
•
ef
únicamente a un o Jeto, porq
sa " es una de cripción que s1 se ~6 ierde
e ob3'eto y el hablante está se...
. "mi" la relac1 n e es
d esa
gracias al demo trauvo
b'
el hablante puede estaT seguro e
gura de referirse s6lo a un o 1eto, y
. .
referencia.
. ,
·en con razón, que las referencias idenEn resumen, muchos filosofo argu . ' de cuentas sobre los pronombres
tificadoras de objetos descansan all f ~nóal es correcta para el caso del pensa.
les La conc USl n
·
· lendemostrativos o persona ..
1 también para el pensamiento sm
•¡·
¡
a1e · Pero va e
,
'al para
miento que ub iza engu . ,
, ltimo podría haber aqU1 maten . . .
guaje? Si se lograra estable~er esto utodo ensamiento sobre objetos md1v1argumento que e tablec1ese
demost1:ativos, aunque no los emplee de
dualizados presupone el empleo . t de un objeto como tal presupone la
hecho, y, por tanto, todo peosa~1en o

un

1:e

• uno necesite de símbolos
po esión de una forma de lenguaJe, .
d obJeto ausen.e
.
1
E fácil creer que en e caso e
d
b' t pres ntes no. Es fácil re.
en el caso e o Je os
d
para pensarlos, mientras _que
1 ár af anterior diciendo que cuan o uno
futar la sugesúón contenida en e p. r : ima ·nación, uno no nece _ita cmtrargi. la atenci6n en el objeto que
p iensa objetos dados ya en percepción
.
f ·ente con concen
d
plcar demostrativos: es su 1c1
.
t' pensando en el contexto e couno está pensando. Por su.puesto, s1 uno es a
rio para que el interlocutor
. '6 un dcmostrallvo, un gesto e necesa
mumcact n.
.
•, El
b . • al mismo objeto.
identifique taro ien
ll
al fondo de la cuest100.
. • ,
q ue correcta, no cga
Pero esa respue ta, aun
bjetos ausentes sin utilizar nmgun sunhecbo es que uno puede pensar en o
-~--• ''can·,e por ejemplo
v
'
(1952) , 152-l64; C. H.
·
(1930): 454-161; ·. L.
Univcne". Mind., LXII
. )
Dm;riptive J.fttaphysics

210

"Thc Identity of Indisccrniblcs" Mind., vol LXI
Mait Black,
d o· similarity" Mid., vol. XXXIX
L
ford "Otherness an
is
'
ctrical
ang
'
Id .
f lnd:•"cmibles and the Synun
·¡
"The
entlt}' o
~..
Es
in
1
W
506_511 ; P. F. Straw on. Indiriduals (An 1 ª'1
(195 ) .
i th
&amp; Co 19j9) cap. IV.
(London.. ,,e uen
.,
,

5';º•.

bolo; por tanto, el empleo de demostrativos para pensar en objetos ausentes
no es necesario.
{ás aún: hace poco apuntamos las dificultades de explicar cómo una des-

cripción definida o un nombre propio se refieren a su objeto. Pero las dificultades del pronombre demostrativo son idénticas. En efecto, no hay ningún
ruido o marca que sea inherentemente un demostrativo¡ esto es, no hay níngún ruido o marca que sea intrínsecamente capaz de referirse a un objeto o
de individuarlo. La referencia y la individuación corren a cargo de los demostrativos en las lenguas ordinarias, s6lo porque hay un pensamiento piloto que
identifica y se refiere a tal o cual objeto. Aun en el caso de objetos presentes, todos ellos pueden ser llamados "éste", y a todos se les puede señalar¡
mas, no existe nada inherente al gesto que señala que identifique al objeto
a que apunta: muy bien pudiera suceder que la convención fuese distinta.
Pudo haber acontecido que uno se refiriese, no al objeto al final de una línea imaginaria que pasa por la superficie del dedo índice y se aleja del hablante hacia adelante, sino a un objeto en un línea perpendicular a la anterior, o en una línea que se aleja del hablante hacia atrás de él. Por otro
lado, en la dirección en que uno apunta puede haber muchos objetos, como
normalmente sucede. Así, pues, no son los demostrativos o los gestos, sino
la dirección del pensamiento mismo, su intencionalidad, como decía Brentano, Ja que se refiere y la que identifica.
Por tanto, no hay nada en nuestro pensamiento de objetos de manera individualizada que prueb la necesidad de que todo pensamiento presuponga
la posesión de un lenguaje.

12. Decir que es la intencionalidad del pensamiento la que hace que éste
se refiere a tal o cual objeto no s, por supue to, explicar nada. Uno bien
quisiera entender cómo es que el pensamiento alcanza su objeto. ¿ Cómo es
que, por ejemplo, cuando pienso que Carlos vive en Guatemala, mi pensamiento, por así decirlo, alcanza al Carlos que tiene que alcanzar, a pesar de
que son decenas de personas llamadas Carlos las que viven en Guatemala y
que yo conozco? Esta es precisamente la pregunta que ni Brentano ni Husserl
parecen plantearse; es una pregunta que aguijoneó agudamente a \Vittgenstein. Y vio claramente que puede no haber nada en el pensamiento en cuestión que se conecte directamente con el Carlos correspondiente. "Aun cuando
Dios hubiera visto el interior de nuestras mentes no hubiera podido ver allí
de quién estábamos hablando", o pensando (op. cit., pág. 217).
Wittgenstein con razón alega que la referencia eficaz del pensamiento tiene
que venirle de fuera. Pero su oposici6n contumaz a Jo privado lo lleva a concebir que la referencia queda determinada por el comportamiento y las circunstancias del que piensa· esto es, lo desemboca en una especie de conduc-

211

�!ª

ti.smo. Para él, no s6lo la referencia, sino la existencia misma del estar pensando depende necesariamente de la situación y del comportamiento del que
piensa, y lo mismo vale para los demás estados mentales. "¿Podría alguien
tener un sentimiento de amor ardiente o de esperanza par un período de un
segundo -cualquiera que fuese lo que lo precediera o siguiera? Lo que está
pasando ahora tiene ignificación- en estas circunstancias. E tas circun tandas le dan su importancia. Y la palabra 'e perama' se refiere a un fenómeno de la vida humana. (Una boca sonriente s6lo se so11ríe en una cara humana)". (Op. cit., pág. 153, o. 583).
Ahora bien, quien no comparte esa oposición wittgensteiniana a lo privado o esa simpatía par el conductismo filosófico~ tiene aquí un problema
digno de sus mejores esfuerzos. Para no apartanne demasiado del tema central sólo quiero indicar aquí los elementos que, a mi juicio, han de entrar
en la solución. En general, el contexto en que se da un pensamiento y queda

precisada su refercncia no tiene por qui incluir el comportamiento futuro del
que piensa; para que la referencia sea efectiua basta con que el (acto de)
pensamiento, o juicio, forme parte de 1ma cadena de pensamientos de /a misma persona. En este principio general queda incluída la vida pasada de a
persona como parte del contexto, por cuanto sus pensamientos anteriores constituyeron parte de esa vida y sus referencias quedaron precisados en parte
por esa vida. aturalmente, el comportamiento futuro del que piensa puede
servir a otras personas para revisar, o formar, jiúcios acerca de qué pensó
esa persona· inclu o puede servirle a esa persona misma para revisar us
propias ideas acerca de la verdad o falsedad de sus pensamientos.
En particular: (a) juicios de percepci6n alcanzan sus objetos mediante
atención, (b) pensamientos de objetos ausentes alcanzan sus objetos pensándolos como caracterizados por descripciones que en las circunstancias en que
el pensamiento ocurre tienen que caracterizar a un solo objeto; (e) pensamientos de objeto ausentes alcanzan sus objetos porque piensan objetos pensado por pensamientos pr vios, con los cuales forman un "presente virtual";
(d) o mediante atención (indicación mental) a aspectos (inicos de los objeto . según se presentan los aspectos, en una imagen mental.

13. El pensamiento de objetos no presupone lenguaje, por tanto, i es pensamiento perceptual, o si el pensamiento de característica o propiedades (cualidades, relaciones, circunstancias) no presupone la posesión de un símbolo o
palabra. Ahora bien, ¿ es necesario poseer un (unbolo, una expresión, para ser
capaz de pensar (en) una propiedad?
El examen de las respuestas plausibles a esa pregunta es asunto complejo.
Aqui entran 1 perenne problema filo ófico de los universales, y las cuestiones
acerca de la referencia de los términos generales, la unidad de una clase de

objetos,
determinación de propiedades etc.
,
observaciones, la mayoría completament'
d~ás~enos aqm con unas cuantas
El
·na1·
e or manas
no~ tsmo niega con razón que cuando
.
.
algo es roJo estemos intuyendo la ese .
. pensamos, por e1emplo, que
., d
neta o umversaJ ro·ez O b"
.
. , post.ble que
Jpod· , 1en la mtui.c1on e una esencia es una operac100
introspección, pero entonces ha
uno
na descubrir por
· Y que reconocer de h b
otros pensamos sin intuir esencias
ad
, ec o que muchos de nosconexión entre esa intuición y 1 Y,
e~ás, habna que explicar cuál es la
e pen arruen to• al da
d 1
.
que agregar un conectar esa esenc1a
.
'
rse e a esencia habria
con otra ( en I
d
. ..
versal), o con uno o varios obJ"eto
1
e . caso e un 1u1c10 uní""
. .
s ( en e caso de un · · • guJ
mtu1c16n de esencias" es otro n b
1u1c10 sin ar). O bien
propiedades, y la explicación deomcó re paradeJ hecho de que pensamos ( en)
.
.
mo suce e esto es
re- bauuzam1ento de la cuestión.
1.. uc1a. es un s.t.mple

r~ • .

.

Los
. nominalistas ale!!3n
e con razó n que muehas pro . d d
.
obJetos no consisten en algo "d, .
pte a es que adscnbimos
.
1 ent1co presente en tal
b.
dos obJetos rojos, de diferente matiz b ·11
. es o Jetos. Por ejemplo,
nada en común (en el sentido d
'1 n) o y tonalidad, no tienen realmente
.
e co or . Ya Locke b
,
dicen
coloreadas aunque no te
d
o servo que dos cosas se
p
'
ngan na a en común
• que 1o común
. d
· ero el nominalismo yerra al sugeru
•
S1Ste en que pensamos varios ob" t
.
e una prop1edad con. .
Je os con un nusmo , bO1 S
..
pnnctpal yace en que para que 1
li .,
sim o. u d1f1cultad
,
a e&gt;..-p cac1on valga e
•
1os sunbolos
son en sí portadores de as
. , . s n~cesano suponer que
la doctrina es falso.
pectos idenbcos o sunilares, y eso según
a

Un realismo moderado (a veces llamado
. .
que las cosas tales como las enco '
noml malismo) es lo más defensible:
. .
·
n ramos en e mu d
d
conoenaa humana adulta (no al)
, n o cuan o poseemos una
•
rm
po ccn en si p t d"
Janza y que las propiedades que
as ec os •versos de seme.
reconocemos son un
¡ . •,
c1ones de esos 3$pectos. Por ello muchas
.
a se ecc1on de combinatico, común a todos los b" t
propiedades no consisten en algo idéno Je o que las posee
·
tudes que a veces varían de objeto a obºeto n, smo en _un complejo de similino hay clases naturale o prop1'edad . 1 . Esa doctrina puede aceptar que
•
'
es in re en el
tid d
ción de aspectos de similitud
,
sen o e que no combinaque ser encontrada, reconoc·d' o aspee! tos mismos, tiene de necesidad lógica
1
•
I a, por os seres pensa te . tam
e sentido
de que ningún aspecto O comb"mación
. den ,
poco
.
• las hay en
en e1 umverso. tampoco ha !ases
aspectos bene que darse
'
Yc
naturales
¡
"d
propiedades que encontramos
1 .
en e sentJ o de que las clases o
. d
•
en e universo se nos d
.
m ependencia de nue tra determ·
"6 L
. en, necesanamente, con
"bl
maa
n.
a
doctnna
.
d
t1 e con la tesis prota , .
d
menciona a es compagonca e que las p · d d
mundo dependen de nue tras
'd d ro~1e a es que encontramos en el
. .
neces1 a es o intereses Lo
.
s~ur en que esa dependencia no consiste en u
. . . , que importa es insmo en una detennin .6
.
na dec1s1on ya en el mundo
aci n a un ruvel profundo que no tiene nada que ver co~

213

212

�·
así decir entre
..
1 . el d la interacción, bruta, ciega, por
'
nuestras decmones, a mv
e
1 . l d l estructura de la conciencia ( a
el mundo o a ruve e a
di
nuestra naturaleza Y
'
.
1 determinación sea por roe o
la manera de Kant). Tampoco se sigue que a
de símbolos. . .
ede servir para probar que el pensamiento
Sólo un nominalismo extremo ~u
ne la posesión de un símbolo.
de una propiedad o clase d_e °?Jetos ptreresupoestá su1· eto a que se le acuse de
.
razón el nonunal1smo ex roo
.
Por esa misma
., entre lenguaJ·e y pensaD11ento.
"(
cuanto a 1a re1ac1on
cometer una peti io en
.
padría sostener que aunque hay esencias, o daPor supuesto, un Platoms~ d
d"entes de nuestra determinación, sea meses naturales absolutamente m ependia~
l l nguaJ· e no obstante para pen1
. to puro sea me nte e e
'
diante e pen~en
d 'la . a clase o tienen la misma propiedad, es
~ que dos objetos so~ _e mm;:uestros' rimeros pensamientos) bajo un
necesario pensarlos (siquiera e~
podri~ argüir en defensa de esta promismo símbolo. Pero yo no sé como se . a
. .,
lid
· p titio con preI0153S aceptables.
...
pos1oon con va ez, S1D e . ' d 1
. ersales deJ· a margen para argwr
. ci6n realista e os uruv
.
En b reve, una pos1
"6 d
lenguaJ· e pero es cornpanble con
resupone
la
pases1
n
e
un
'
.
que e1 pensar no P
.
sici6n realista extrema, platorusta, a
el rechazo de esta doctrina. ~ero un~ ~o
. as Pero un realismo moderado,
sserl está suJeta a enocas sen •
úl
la manera d e H u
,
.
• · en una capacidad •
"d
ºb
de Juntarse a 1a conciencia
como el sugen o arn a, pue
1
. d des por ella determinadas, sin
tima de la mente para pensar _en. as prop1e a '. d
ue resulta un tanto
necesidad de símbolos. Tal tesis tiene la desventaja e q
he ho de
.
.
entos decisivos en su favor, con la sola base en el e
aislada, sm argum
.
ºd d d rl"'bolos. además pararse con
f
. , pensamos sm neceSt a
e .,..,.
'
'
.
que con recuenoa si
.
.
alizables siempre produce un desasosiego.
capacidades o relaciones últimas, man . d n a ~ivir envueltos en desasosiegos) .
(Muchos filósofos, par supuesto,-ap~nt e gumentos concluyentes en favor de
exis an ar
. dad
Y o no es toy persuadido de que
.
. d una clase de objetos o una prop1e
'

la doctrina de que, ya ~ea la existenoal e

opiedad requiera la existencia de
tro nsaouento en una c ase o pr
'
ya sea nues
pe
d'
d
n argumento para probar lo con1
.e 7 Pero tampoco 1spongo e u
. d
un enguaJ .
d , .
mpromiso a examinar las consecuencras e
trario. Por tanto, proce ere, sm co
'
esa doctrina.

.
ºble ar .. ir que en el caso de un juicio perceptual no es necesano
14. Es p~sro1bolo·~l objeto se da y el aspecto del objeto también se da. O
poseer un si
·
.
. l ar mentos recientes de J. O. Urmson en
, Por razones de espacio no ~ammo os. gu
1 55-56) ; ágs. 259-280. Alega
"R ogruºtion" Aristotelían Soc1ety Proceedings LVI ( 9
. p
habilidad
ec
•
.
mo de cierta clase es necesario poseer una
que para reconocer un obJeto co .
d
l clase Pero sus argumentos son
te una expres16n que enote a
.
. .
para usar correctamen
.
e las cosas tienen en si aspectos de 51m1·
.
él
·
smo
termina
por
aceptar
qu
.
.
(
mconc1usos; Y mI
l
"dad para aprehenderlos sm lenguaJe to
litud, Y que la mente humana posee a capaCJ
notict them), en las págs. 266,267.

puede aducirse que realmente no hay juicios perceptuales, sino meramente
aprehensi6n de la realidad. De todos modos, lo que importa para nuestro propósito es que hay, por lo menos en principio, una posibilidad de restringir la
doctrina de que el pensar presupone lenguaje para el pensamiento in absentia.
Así, pensar sin símbolos sería como percibir. Por tanto, para un ser que pensase sin poseer un lenguaje, si fuese capaz de pensar en todo el universo, éste
se le daría en un presente comprensivo. No habría cambios, ni tiempo. Podría,
desde luego, haber cambios en su atención y en su pensamiento; habría para
él el tiempo de su propia corriente concienciaría. Con un cambio de atención
podría fijar su pensamiento ahora en estos sucesos, ahora en aquéllos. El futuro
se presentaría a su conciencia como una parte del mundo en que ahora concentra su atención por primera vez. El mundo no estaría constituído por objetos que cambian. Sería un mundo en que el tiempo sería una dimensión
adicional del espacio, y los objetos serían representados por una región del
mundo en que cada corte transversal seria un suceso en la historia de un objeto. Ese ser sería conciencia pura y no formaría parte del mundo. Su cuerpo,
si tuviese cuerpo, sería otra región del mundo, para él extraña. Ese ser no
sería el dueño de sus decisiones o planes o acciones, y éstos serían para él aspectos objetivos del mundo. Sus acciones serían aspectos nuevos en que su
atención se concentra, etc.
Basta con estos trazos. Bajo la suposición que hemos hecho, un pensar sin
lenguaje sería lógicamente posible. Si tal ser careciese por completo de lenguaje, la situación sería inverificable. (Recuérdese la distinción formulada en § 8).
Pero tiene sentido. Es un caso límite que el concepto de pensar, con ciertas mutilaciones permite formular. Por otro lado, si un ser pudiese pensar de esa manera y de la manera ordinaria, sería posible que ese ser nos comunicase algo de
su manera especial de ver la realidad. Habría, naturalmente, que de]jnear
ciertos criterios para tomar en serio las declaraciones que una persona nos
hiciera en esa dirección. O ¿ es, acaso, lógicamente imposible que haya un ser
que pueda a la vez pensar el mundo en la manera habitual y en esa manera no
simbólica?
15. Sea como fuere en cuanto a la posibilidad de pensar ( en) propiedades
sin poseer símbolos de ninguna especie, hay, una clase de pensamientos que sí
requieren la posesión de símbolos. Tales pensamientos son los juicios aritméticos ordinarios que envuelven contaciones y mediciones. No argüiré aquí por
la proposición de que medir presupone contar. Medir es normalmente asignar
un número a una situación, mediante procedimientos diversos que, normalmente, incluyen la idea de contar ciertas operaciones o ciertas marcas. Ahora
bien, hay dos tipos de proposiciones aritméticas ordinarias que importa distinguir: (a) proposiciones que asignan una propiedad numérica, por así de215

214

�cirio, a una clase de objetos (reales o posibles), y (b) proposiciones que formulan resultados de "contaciones'',8 o pasos en una "contaci6n". Por ejemplo:
"Hay tres libros en la mesa" puede signilicar un juicio perceptual: la persona
que lo piensa ve de golpe la trinidad de los libros que están en la mesa, ya
sea por la configuración, ya sea por lo que sea; lo que importa es que la persona no ha contado, que pudo haber aprendido a pensar que el número tres
val (se aplica) para situaciones como ésa. En alguna parte leí que según
estudios de algunos p icólogos la mente humana es capaz de formular tales
juicios basta con el número siete. Pero este hecho no tiene ninguna importancia filosófica, Lo que importa es la posibilidad de pensar tal clase de juicios.
Pero el juicio "Hay tres libros en la mesa" puede formular la culminación
de un proceso de "cootaci6n": "Uno-dos-tres" acompañado de gestos o de
atención. Ahora bien, contar es poner los objetos de una clase o conjunto en
correspondencia bi-unívoca con número ( o numerales). Es legítimo, egún mi
opinión,º hablar de propiedades numéricas, y hasta de propiedade numéricas
ilu tradas in re por las cosa . Pero una manera normal, y la única en el caso
de conjuntos numerosos, de averiguar cuál propiedad numérica se halla ilustrada, consiste en contar. Y esa operación no con ·iste en entablar una relación directa entre esas propiedades numéricas y los conjuntos contados. Para
contar se necesitan números. Evidentemente no hay números en el sentido de
entidades existentes como tales independientemente de seres que cuentan, por
encima de las propiedades numéricas de los conjuntos. Los números son simplemente los usos en "contación" de los numerales, esto es., de una s cuencia sin
limite de símbolos posibles cuyo empleo consiste en determinar las propiedades
numéricas de conjuntos a contar. Los numerales no tienen, por supuesto, que
ser palabras; pueden ser los dedos de las manos y los pies suplementados con
palabras, o granos de maiz. Pueden ser imágenes mentales, visuales o motrices.
Lo que importa es que baya una regla de ucesión que baga corresponder la
producción de los numerales con su uso. Contar es, pues, usar símbolos. Y aunque haya mediciones que no envuelvan "contaciones", por norma general
medir es contar; luego, por norma general medir es usar símbolos.
Un ser que no posee lenguaje, o que es capaz de pensar el mundo sin ninguna relación con símbolos, no puede contar ni medir. Un ser tal pudiera ser
capaz de averiguar las propiedades numéricas de conjuntos de objetos directamente. Un ser así con poderes extraordinarios de percepción numérica es
lógicamente posible. Y podría decirse que sería, entonces, una mente infinita,
en el sentido literal de que vería {o tocaría, ¿por qué no?) de golpe cualquier
• Usaré la palabra "contaci6n" por su brevedad y limpieza sintáctica, en lugar de lo.
frase "actividad o pl'OCCIO de contar".
• Véanse los estudios mencionados en la nota número l.

216

propiedad numérica de un con· unto
.
esa propiedad. Ese ser no me~ di~rce~tible de objetos, por alta que fuese
a stanc1as y podr'i.a sabe
.
que h ay tantos mil de metros
kil ,
'
r con un vistazo

9

sin utilizar balanzas, que un obj:to :m;:0 ; e;~~;;s puntos dados¡ sabría,
otro; etc.
'
veces más pesado que
Este ser no podría pensar las cualidades numérica
,
presentes, en percepción O ima .
., E
s, mas que de los objetos
gmac1on. xcepto que el mundo f
é
un presente comprensivo' como se descn'b·io, en § 14 Pero no huese para
. , I en
gumemo que vincule la capacidad infinita de
. ·.
.
ay rungun arcon ese mundo intemporal.
percibir propiedades numéricas
Lo importante es anotar que la relación íntima en
.
y los numerales haría de la realidad
. tre la operación de contar
distinto de lo que es para los e
parla un ~r sm lenguaje algo radicalmente
. ,
res con enguaJe Ese
· ¡
.
sitana, ni podría entender las matemát"
:
ser sm enguaJe no nececiencia social con sus rime;os de est d1 titeas, pru la tecnología, ni la llamada
temática es e.sencialmente un
a s _cas. u~s lo más auténtico de la roagran manipuleo sunb61i
•
presupone la posibilidad de
tar
.
co, que contmuamente
con
o medir· y buena
d 1
tecnología es de nuevo una m . 1 . , '
parte e a ciencia y la
.
'
'
arupu ae1on de símbolo b tr
rucas de medici6n o "contaci, " U
.
s a s actos y de técd
on . n ser tn lengua1· e t
e pensar el mundo no podría dis
d
' an capaz como fuese
M:
. '
poner e codo o definiciones
as, ese ser sm lenguaje sin matemát'
.
.
dría (basta donde el prese~t
teas Y sm teorías científicas, bien po. .
e argumento toca) pensa 1
d 1 .
requmesen observación 1
,
r eyes e uruverso que
bría, sin medir cuá ta ~ amendte, y podna construir edificios y máquinas. Sa'
n s piezas e cada clase necesitan
De un lado su capacidad es infinita
a para una construcción.
superficial y limitado Es
' pero de otro lado su saber del mundo seria
••
· ' por tanto una proposici6n
•·
verificable, si se da un ser inteli 't
. 1
. cmpmcamente vacía, in.
gen e, sm enguaJe a
d
intensamente acerca de su mund Má ,
, unque capaz e pensar
o.
s aun es una gra
l
nosotros seres con lenguaje q
61
'
n suerte e que seamos
amistad y la comunicació~ s~: n:: podopodemos_
de los placeres de la
mundo.
q
emos antmetizar Y teorizar sobre el

goza_r

Por lo menos para el
.
pues, válida la presuposi~~ent:e de seres cap~~es de contar y medir es,
depende de la posesión de un l~ngu)'. . t;ue la habilidad de pensar el mundo
aJe.
• Esta conclusión tiene importancia
un dios) es la idea de un ser omn·s . para la teología. Si la idea de Dios (exista o no
i ciente entonces la ide d
un ser con lenguaje. Ahora bien . 1a' 'd
.
a e 10s es en parte la idea
veno, entonces el lengua.1· e de o· • si
t dea de Dios es la idea del creador del Uni
li
p
ios no pue e consistir
alab
•
cos. or tanto, la idea de Dios es la idea d
en p
ras que son objetos íí!'°scc un lenguaje constituido por símbol e ~ ;r, como Mutus en mi fantasfa, que
imágenes m&lt;"ntales ( visuales o motrices) d os b~nva f~s: Pero ¿ e!OS ,ímbolos pueden ser
e O JCtos 15.JCOS?

de

n·

217

�</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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