<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="5302" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/5302?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T18:27:14-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3866">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/305/5302/HUMANITAS._1962._Letras.ocr.pdf</src>
      <authentication>0fb2aecd3689c41c7a47a3a8562bae81</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="146711">
                  <text>Sección Segunda

LETRAS

�ALGUNOS ASPECTOS DE LA TRRMINOLOG1A
LINGÜISTICA ACTUAL
JUAN ANTONIO AVALA
Centro de Estudios Humanisticos
de la Universidad de Nuevo León.

LA FORMACIÓN DE UNA terminología lingüística propia y precisa puede decirse que tiene su origen en el Cours de Linguistique Générale de Ferdinand
de Saussure. A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación ( 1916) ,1
muchas de las ideas y principios del ilustre ginebrino siguen aún vivas en las
corrientes lingüísticas más importantes de la actualidad y dos de éstas, la Fonológica de Praga y la Estructural de Copenhague -no importa su actitud
hacia de Saussure- están basadas en el concepto de "estructura", tan importante en el sistema de éste y cuya paternidad hay que atribuirle. Una de
las mayores preocupaciones de Saussure fue la creación de una terminología
unívoca que reflejara exactamente y sin confusión posible los distintos conceptos y matices de su teoría. A la extraordinaria precisión de estos conceptos
responde una terminología tan exacta que hoy se ha convertido en usual y
en punto de partida para cualquier teoría lingüística. Nadie duda hoy del
valor signativo de los conceptos lenguaje, lengua y habla; de los de sigruficante,
significado e imagen acústica, integrantes del signo lingüístico, concepto éste
precisado, por vez primera, en el Cours; de los de sincronía, diacronía y pancronía; de los de valor lingüístico y del de estructura, que tan fecundos han
sido para las nuevas corrientes, especialmente para la fonología y la gramática estructural.
La preocupación por determinar con exactitud el léxico lingüístico es
' DE SAUSSURE, F., Cours de linguistique générale (éd. posthume, d'aprés des notes,
d'un cours professé de 1906 a 1911 ) , Paris-Lausanne, 1916; 4a. ed., Paris, 331 p. Existe
traducción española de Amado Alonso a cuyo cargo está la introducción y notas, Edit.
Losada, S. A., 3a., ed., (Buenos Aires, 1959); es reproducción fotográfica de la 2a.
edición de 1955.

221

�relativamente reciente. Al convertirse la lingüística en una ciencia autónoma
-y debemos recordar, una vez más, que en ello influye el 'método inmanente' de Ferdinand de Saussure- se ha visto la necesidad de deslindar el
alcance de los términos y conceptos utilizados con el objeto de disponer de
un repertorio técnico que refleje las tendencias de cada escuela. Han estudiado la terminología lingüística: J. Marouzeau, Lexique de la terminologI.e
linguistique, 3a. ed., Paris, 1951 (en cuatro lenguas: francés, alemán, inglés
e italiano) ; F. Lázaro Carreter, Diccionario de términos filológicos, la. ed.,
Madrid, 1953 (con un vocabulario de correspondencias en alemán, inglés y
francés); E. de Felice, La terminología linguistica di G. l. Ascoli e della
sua scuola, Utrech-Anvers (s. f.); Eric P. Hamp, A Glossary of American
Technical Linguistic Usage, 1925-1950, Utrech-Anvers, 1957; J. Vachek,
Dictionnaire de linguistique de l'Ecole de Prague ( con la colaboración de J.
2
Dubsky), Editions Spectrum, Utrech-Anvers, 1960.
Vamos a intentar en el presente trabajo, una inicial recolección, definición
y ordenamiento de algunos términos lingüísticos que son hoy corrientes en
las más importantes escuelas lingüísticas; por no semos posible abarcar todos los
conceptos de uso más corriente, nos referiremos de manera especial a la terminología lingüística estructural, conocida también con el nombre técnico de
Glosemática. La Glosemática fue fundada por L. H jelmslev ( 1936) y alrededor de sus teorías y enunciados se ha formado la llamada Escuela de
Copenhaguen. L. Hjelmslev parte, para elaborar su teoría, de dos principios
fundamentales enunciados por F. de Saussure en el Cours de Linguistique
générale: el de inmanencia lingüística y el de estructura. El principio de
inmanencia no fue enunciado explícitamente por de Saussure ya que, sobre
todo, se trata de una metodología que debe imponerse en el análisis lingüístico. Podemos encontrar en la Introducción del Cours una enunciación tácita
del mismo: "Así, pues, de cualquier lado que se mire la cuestión, en ninguna
parte se nos ofrece entero el objeto de la lingüística. Por todas partes topamos
con este dilema: o bien nos aplicamos a un solo lado de cada problema, con
el consiguiente riesgo de no percibir las dualidades arriba señaladas, o bien,
si estudiamos el lenguaje por muchos lados a la vez, el objeto de la lingüística
se nos aparece como un montón confuso de cosas heterogéneas y sin trabazón.
Cuando se procede así es cuando se abre la puerta a muchas ciencias -psicología, antropología, gramática normativa, filología, etc.-, que nosotros sepa• Los tres últimos títulos han sido publicados por la Comisi6n de terminología del
Comité internacional permanente de lingüistas. Para la metodología y contenido de
dichos trabajos Cfr. JosEF VACHEK, "A propos de la terminologie linguistique et du
systéme de concepts linguistiques de l'Ecole de Prague", en Philologica Pragensia, IV,

ramos distintamente de la lingüística
correcto, podrían reclamar el le
. ' pero que, a favor de un método inparecer no ha
,
ngu_~Je como uno de sus objetos... A nuestro
y mas que una soluc1on para todas estas dificultades. ha
colocarse desde el primer momento
l
'
y que
norma d
.
~n e terreno de la lengua y tomarla como
, e todas
o_trC:S manifestaciones del lenguaje".s
El metodo o prmc1p10 de inmanencia tiene com b.
fases sintagmática y sistema't;ca)
.d ad
o o Jeto la lengua (en sus
•
cons1 er a como
t tO • f .
estructura hay que definir 4 E T Al
un ex m 1ruto cuya
. .
. rm 10
arcos Llorach describe
I f
s1gu1ente este principio: "El punto d . t .
. en a orma
aJ·e como f1·n en , .
e vis a inmanente, el considerar el lengu
si mismo no se ha apr d h
.
Fue Ferdinand de Saussure 'si no el r· ica o. ast~ ~1empos muy recientes.
0
!a;!d~! ~si~tió en la nece;idad de e~tu~:: e~lee~g:~:od::d~u:nc~:n::y~:

ta:

lengua ::~~e: Ante .:do,destabl~ce una tajante división metodológica: la
r cons1 era a o bien como un estado d f ,
.
táneos, o bien como una evolución de fenóm
. ~ enome~os srmul7en~:~~:~e~~a:1 º;!gg:~:ecesariam~~date un:n:;g:~::;~ ::t=~~;:e~:a;:;
'
, 1a suces1v1 d no requiere ¡
. .,
.
mática de los fenómenos ..." 5
a orgaruzac10n s1steLa aplicación del principio de inmanenci h
.
la estructuración de la nueva lingü' ti a E~ te~1do hondas repercusiones
una y otra vez en ello p d
is ca.
rrusmo de Saussure insistió,
Cours y no es ~reciso i~isti~ee::n:~contrarse abundantes testimonios en el
en

Am~~c~I más fecundo ~a sido el concepto de estructura. "Pienso -afirma
sistem: e:nqs:-t:~ su tgur~sa.concepción estructuralista de las lenguas como
os os termmos son solidarios y
1
mentario -más bien im licado--- de ,
,
'
en e concept~ complesolidaridad e interdepend~ncia de una sv1·gnal~fr.... º6El valor¡ que consiste en la
1 1cac1 n con as otras si nif. •
nes, emana del sistema e · li 1
.
g 1cac10uno de
1
,,
rmp ca a presencia concreta del sistema en cada
9
sus e ementos .
La lengua, para de Saussure es ante todo "
ali
cipio de clasüicación" T De ' , 1
' una tot dad en sí y un prinbase al estudio de la le~
aqm e postulado fundamental que servirá de
gua como estructura. "La r .. , f .
una disposición cualquiera. la ,_
. . mgws ica mtema no admite
,
u:ngua es un sistema que no conoce más que
• DE SAussuRE' F ·, eours. · · (c·ito por la edici6n e - )
en a delante se usará la sigla CLGt
spano a, pp. 50-51). De aquí
. .. de térmi
,• F. LÁZARO CARRETE R, D.iccionano
f ·¡ ló ·
E. ALARCos LLORACH Gr át ·
nos ' o g1cos, ed. cit., pp. 168b-169a
,
am 1ca estructural (
, ¡ E
·
con especial atenci6n a la lengua española) B·br segun a scuela de Copenhague y
3, Edit. Gredos, Madrid 1951 · PP 13
'cc1 C10Lteca Romántica Hispánica, Manuales
• CLGt, pr6 logo a la' edici6n
, español
.
y ss.
Gt, pp. 67 y ss.; pp. 63 y ss.
8r.
' CLGt, p. 51.
a, p. ·

2, 1961, pp. 65-78.

222

223

�cología y a Ja 1'ogica;
·
1a cosa, en cuanto se relacion
1
o su concepto interesa a la epistemolo ía. L
a c?n . os concep~os
externas es el ob1· eto de las . .
g
a cosa en s1, sin referencias
'
c1enc1as naturales
b) relaciones entre la imagen acústica ( estímu;o asociado
( ambos componentes esenciales de la entidad . ) ) y el concepto
1 ·
signo .
c ) re ac1ones entre la imagen acústica ( . . .
cuanto entidad sonoro-acústica f' . stgmfi~ante) y su forma sonora, en
.
, 1S1ca, articulada.
d) finalmente, integración en el si no del . . .
sus aspectos social, comunal e !st6rico.1~1gruf1cado y del significante y

su orden propio y pcculiar''. 8 "Una lengua constituye un sistema . .. este sistema
es un mecanismo complejo y no se le puede comprender más que por la
reflexión".9
Este concepto de la lengua como "estructura lingüística" ha sido tomado
en su integridad por la Escuela de Copenhaguen y sobre él ha constituído un
importante sistema de conceptos y una terminología lingüística que vamos a
analizar sumariamente, en sus aspectos más importantes. Par .. íos estructuralistas, la estructura debe ser analizada en el texto. El Texto es un "conjunto
analizable de signos" ,1º es decir un fragmento de una conversación, una conversación entera, un verso, un poema, una novela, una carta, esto es, un
hecho determinado de lengua. El análisis estructural parte, pues, de la unidad
más grande, el texto, que se subdivide, para su estudio, en unidades cada
vez más pequeñas, hasta llegar a los elementos básicos que integran la estructura. "Lo q Je nos es dado -afirma Alarcos Llorach- al tratar de describir la lengua, es el texto (sea oral o escrito), aún no analizado, como
totalidad no dividida y absoluta. El único procedimiento para buscar en el
decurso de este texto un sistema de lengua es el análisis, mediante el cual el
texto será considerado como una clase de elementos, los cuales, considerados
a su vez como clases, se dividen de nuevo en elementos, y así sucesivamente
hasta que la división se agota. Es un procedimiento que avanza de la clase
al elemento, un movimiento analítico y especificativo, lo contrario de la
inducción: se le llama método deductivo".11 Obsérvese de paso cómo en el
análisis debe aplicarse el método inmanente del cual hablamos ya más arriba.
La serie de entidades analizadas en el decurso del texto por el método
deductivo son, en definitiva, los signos y sus relaciones mutuas dentro del
sistema que norma el texto. La teoría del signo lingüístico si no es originaria
de F. de Saussure, por lo menos le cabe el mérito de haberla sistematizado y
puesto en circulación dentro de los estudios lingüísticos. El signo lingüístico
en la mente de De Saussure y de todos sus seguidores consiste esencialmente en
un "estímulo asociado". Desde el punto de vista psicológico -factor importantísimo en lingüística- el signo lingüístico supone una gran cantidad de
funciones y de relaciones muy complejas, entre las que señalaremos las
siguientes:
a) una sene de relaciones entre el concepto y la cosa; el concepto en
cuanto entidad intelectual abstracta y universal interesa a la psi• lbid., p. 70.
' lbid., p. 138.
'" F. LÁZARO CARRETER, Diccionario de términos filológicos, ed. cit., p. 320a.
11

224

E. ALARC0S LL0RACH, op. cit., p. 26.

So:: :~~

~7do lo que 1~ li~~stica actual implica en el signo lingüístico.
o e elemento s1gnil1cado-concept / . u·
.
elaboran los siguientes térm·
º. s1gn icante-irnagen acústica, se
auténticos:
inos correspondientes a otros tantos conceptos

-

forma del contenido
sustancia del contenido
forma de la expresión
sustancia de la expresión
or f
.,..:,}cad
orma del contenido, "orden graSl5uul
O se nos presenta" 18
f

Se entiende, en la lingüística actual
matical característico en que n
U

es independiente deI cont em"do mismo
.
deI contenido
.,
y
t· ' esta , orma
re1ac1on arbitraria .u se e t· d
.
man 1ene con el una
'
n ien e por sustancia del
t ·dO 1
(el sentido lo designado) "
f
con em
a significación
'
.
' que es con ormada por la forma Lo
.
porta para el signo lingüístico es, naturalmente la
.
q~e unque la sustancia es la misma s
1f
1 '
forma del contemdo, ya
.
·
, ea cua uere a forma" 1s L
. d
temdo no interesa al método 1
, .
. .
a sustancia el cong osematico que se interesa en el estudio de las
u Un amplio análisis del signo puede verse en CLGt
P. GUIRAUD, La Semantique Presses U .
. .
' pp. 127 y ss.; véase también
del .
1·
,
,
mvers1ta1res de France p . 1955
signo mgüistico implicada en la c
., d
. ' aris,
• La teoría
s t , d
oncepc1on e los lógico
' .
u eona el signo y de la c
. .
s matematicos y en toda
omumcac16n aceptable en
· · •
e 1aborar signos puros de com • . ,
'
prmcip10 como sistema para
umcac1on en el cam
d 1 fl
,
su ~idad de metalógica del lenguaje no o e po e a i orofia y de la ciencia, en
guaJe en su calidad de m d" d
'
. p _ra cuando se trata de aplicarla al len.
e 10 e comumcac16n h
Cf
gua¡e y la vida, Ed. Losada S A B
A"
umana,
r. CH. BALLY, El len¡
.
, · · uenos 1res 1952 R c
a metafls1ca por medio del anál" . ló .
'
. , . ARNAP, La superación de
" DTL, p. 90b.
ISIS
gico del lengua¡e, UNAM, México 1961.
" Cfr. ALARCOS LLORACH, op. cit ., p • 20•

11

1 bid., pp. 20-21.

225
Hl5

�formas; su dominio es el campo de las relaciones y funciones lingüísticas que

i

l
1

se dan dentro de una lengua.
Frente a los conceptos de forma y sustancia del contenido están los de
forma y sustancia de la expresión. En glosemática se usa el término expresión para señalar al significante de De Saussure; la sustancia de la ex presión
será, pues, lo material del sonido portador de la imagen acústica: "Una serie
de oclusivas, p-t-k, por ejemplo, constituyen una sustancia de expresión, la
cual recibe en distintos idiomas diferentes formas. Hay lenguas en las cuales
el punto respectivo de articulación de esas consonantes es único ( el español,
por ejemplo), y hay otras en que la emisión de esas mismas consonantes
exige varios puntos de articulación: el esquimal presenta dos zonas de k; muchas lenguas de la India ofrecen dos zonas distintas de t. La sustancia es idén16
tica en esas lenguas y en español; la forma, en cambio, varía". La forma
17
de la expresión es "independiente y arbitraria con respecto a la expresión" .
Así se ha ampliado el concepto de signo lingüístico, concepto depurado y
mucho más determinado que en sus orígenes. Respecto a este punto, Alarcos
hace el siguiente resumen que trascribimos por su claridad:
"Esto nos muestra que las dos magnitudes que entran en la función del
signo se conducen en ella de manera análoga. Es, pues, el signo la asociación
de una forma de expresión y una forma de contenido. Sólo gracias a estas
dos formas existen las sustancias respectivas, que aparecen cuando se proyecta cada forma sobre el sentido de su plano respectivo, 'igual que una red
extendida lanza su sombra sobre una superficie indivisa'. . . El estudio de la
lengua debe, por de pronto, limitarse a la consideración de su forma en
cada uno de los dos planos: la forma de la expresión y la forma del contenido.
Las respectivas sustancias pueden ser, naturalmente, también objeto de estudio, pero éste ya no pertenece a la lingüística propiamente dicha. La disciplina que se ocupe de la relación entre la forma y la sustancia del contenido
es la semántica; la disciplina que investigue la relación entre la forma y la
18
sustancia de la expresión es la fonética".
En el decurso del análisis glosemático nos encontramos con el concepto de
clase. Clase es un elemento del texto dividido para su análisis y "los objetos
registrados en una sola división como dependientes homogéneamente entre
sí, y como dependientes de la clase, se llamarán elementos de la clase en
cuestión".19 Estos elementos son los que constituyen, al relacionarse unos con
otros, al entrecruzarse, toda la trama de la lengua, objeto de la descripción y
" DTF, p. 142b.
"

ALARCOS LLORACH,

11

ALARCOS LLORACH,

op. cit., p. 21.
op. cit., pp. 22-23.

del estudio. E
· t en muehos tipos de dependencias y relaciones.
• x~
ramos 1as pnncipales:
. sólo enume-

-

interdependencias
. presupone al otro.
. .
' cuando un t'ermmo
determinaciones,
cuando un término presupone a otro pero no al contrario.

-

constelaciones, cuando los dos términos t'
.
.
pero no se supone ni como determinac· ienen ~1erta es~ec1e de conexión,
10nes m como mterdependencias.

De este
.
. triple tipo de relaciones se denvan
nuevos conceptos,
d
en la siguiente terminología:
expresa os

-

solidaridad, "~terde_pendencia entre dos términos .del decurso.
complementaridad,
mterdependencia entre dos térmmos
.
[ ·, "d
del sistema.
se eccion, eterminación entre dos términos dentro del de
"
esp ·¡ · · , d
. .
curso .
eci icacion, etermmac1ón entre dos te'rm'mos de1 sistema.
.

De acuerdo con la concepción estructuralist
1
obra de introducción Alarcos Llorach la len a y ta como _la expone en su
por la glosemática tiene dos pl
f' d gua, en cuanto sistema, estudiada
'
anos un amentales :
a) El plano cenemático, cuyo objeto de estudio
cenemática estudia las unidades de expresión ;~:n!:s ,c:n~rr:,)atemas. Lla
llamados propiamente cenemas
.
, v c10 ' o sea os
y marginal y los prosod
o constitu,yentes, en su aspecto central
b)
'
emas o exponentes, como sintonemas
~¡ ~!ano ple~emático, cuyo objeto de estudio son los plerema~ ~=n;~s.
rem1ca estudia las unidades de contenido (pl , 'll '
.
epleremas constituyentes (en cuanto centr I
eres, . eno ) o sea los
femas o exponentes (extensos o verbales : ~:t:n::r:1:~:?nii~~~ morHemos estudiado tan sólo al nos de 1
. .
, .
empleados en la actuar d d gu 1
os principales termmos lingüísticos
I a por a escuela estructuralist
h
.
una nueva luz sobre el estudio d 1 1
a que a arro3ado
como ya se ha -a1 d
e :1-5 enguas y sus constitutivos. Posiblemente
sen a o, esta termmologí
'
universalidad. está restring'd
, 1 a no goza en la actualidad de plena
no ha alca~do esa trasce Ida ª. erre~ os altamente especializados y todavía
d
n enc1a uruversal de otras t
· 1 ,
e la Escuela Fonológica de Pra
s·
ermmo og1as, como la
lingüística internacional ha d dga. mi embargo creemos que el futuro de la
e esenvo verse por este cami
con el instrumental de una te . 1 ,
.
no, ya que cuenta
campo de su estudio.
rmmo og1a precisa y ha fijado objetivamente el

" !bid., p. 30.

226

227

�LOS PROBLEMAS DE LA HISTORIA DE LA LITERATURA
Lic.

ALFONSO RANGEL GUERRA

Universidad de Nuevo Le6n

EL PROBLEMA DE LA HISTORIA de la literatura puede plantearse enfrentándola
1
a la Historia. Y además, sin olvidar la idea que comunmente se tiene de ésta,
preguntando si aquélla se proyecta y escribe con un propósito definido.2 Quizá se acepte como un apéndice más de la Historia, que abarca o pretende
abarcar todo lo acontecido en cuanto hecho humano: así como el historiador,
para ofrecer una visión de cierta época acumula documentos, referencias, datos, bibliografías y da después una interpretación de todo esto en una obra
escrita y organizada, así el historiador de la literatura recogería la producción
literaria de un lugar y una época, la asociaría con las condiciones personales
de los escritores y las condiciones sociales del momento para establecer una
visión de conjunto de ese período, explicando las características de los autores
y de sus obras.

Pero el problema no es tan sencillo como parece, y antes de asimilar la
historia de la literatura a la Historia, sería necesario aclarar con exactitud
1

Historia y Literatura se escribirán aquí con mayúscula cuando se considere necesario aclarar la distinci6n que se apunta en el texto, a prop6sito de la historia de la
literatura.
• El problema de si la historia de la literatura se proyecta y escribe con un prop6sito
definido, se plantea aquí porque es común observar que los estudios que a este respecto se realizan toman varias direcciones a la vez y mezclan en un mismo trazo
factores de índole diversa. Suelen escribirse historias de la literatura que recogen cronológicamente los datos biográficos de un autor, y las noticias sobre sus obras, para
colocarlos en una gran serie que ordena todas las figuras de la literatura, las grandes y
las pequeñas, colocando junto a Lope de Vega a L6pez de Vega, corno dice Dárnaso
Alonso. O bien introducen en esto las tendencias y espíritus de la época, escuelas e
"isrnos" en los que se coloca a los escritores, limitándose en definitiva a una mera
acumulación de datos que hace que nos preguntemos si efectivamente se trata en
rstos casos de verdaderas historias de la literatura.

229

�. .
. n verdad es como quedó dicho
'l debe ser la labor del h1stonador, y s1 e
enta como
cua
.
.
ue deban tomarse muy en cu
arriba o supone otras circu~sta.~c1as q
1 bor. además y esto es lo que aquí
fundamentales para la reahzac10n ~e ~s~ a b. ' establ~cido -en la medida
nos interesa dilucidar, es nece~r:
~~:ratura trabaja un "material",
en que sea posible- si el histo1?a o_r de a or tanto aclarar también cuál
llamémoslo así, similar al del_ ~stona or, y !abajo Veremos, pues, aunque
será el método que deba utihzha:se ~nd su para pa.sar después al problema
t l labor del 1stona or,
sea someramen e, a
,, " t . ,, en la historia de la literatura.
de lo que debe ser el "asunto o ma ena

:Jª;

I
h
asados es decir, en ciertos hechos
Si la historia se interesa en los hec ~~ p el s:ntido de esta búsqueda, de
pasados, tenemos que preguntamos cua es, .
d 1 hombre a su mundo pretento.
este asomarse e
. .
.
so conjunto de suceLa "selección" que practica la h1stona sobre el lru:pe: de todos- al orien.
.
lizados -puesto que no se oc
sos y situaciones ya rea
.
.
la i·nvestigación histórica, nos
•
' tos que animan
tarse por los mismos propos1
.d
1 f·nalidad de dicha investi.
d· t O
'I es el sent1 o Y a 1
permite ver de mme ia cua
¿· d n el pasado puede servir
gación. La historia re~oge todo ~ 7:se,c;::en:ta:c:as y caract:rísticas de u~
de clave para descubnr o conoc
d 1 hombres que ahí actuaron y vi.erto tiempo o sea e os
l
cierto ugar Y un ci
'
'
, t·
¡0 que se busca en d ef.1de
conocer
esas
caractens
icas,
y
vieron.
tratand o
t d 1 s huellas (de la más diver. . t d 1 hombre por o as a
nitiva es el conoc1m1en o e
Al historiador no le interesa prosa naturaleza) que va dejando a dsu pdaslo.h b
Hacia éste tienden todas
d
.
1 pasa o e om re.
piamente el pasa o, s1~0 e .
su labor cobra sentido en cuanto se
sus preocupaciones de mvest1gador, _Y
1
y definido aunor aniza con un prooós1to perfectamente c aro
'
ordena y se g
1· da :ed de lo pretérito: quiere saber lo que ha
que se pierda en la comp ica
h d . do de hacer lo que ha dicho y
hecho el hombre, y también lo q.ue da elJª
ha c~plido. en una pala¡ d 1
ha planea o y o que
'
lo que ha cal a o, o que
t camino conocerse a sí mismobra, quiere conocer al hombre -y por es e
por sus obras.
,
· t dis" , hí"
mo algo que se encuentra &lt;letras o a c1er a
El pasado esta a , co
d • d el hombre. Asomar.
a arda las huellas que va e1an °
,
tanc1a de nosotros, y º~
ue de él ha perdurado, no lleva otro propase a ese pasado a traves de lo q
·,
· a del hombre
·t
e el de encontrar esas claves para la comprens1on m1sm
h.
:o:;user sujeto a las dimensiones del tiempo y del espacio: como ser is-

Al historiador corresponde asomarse a ese pasado del hombre, y para
su trabajo cuenta con una gran variedad de elementos que le permiten cumplir buena parte de la tarea: ruinas, vestigios, objetos, instrumentos, documentos, textos públicos y priv~dos, obras que ya escribieron otros historiadores como él, etc.; todo este material no es, como podría creerse, el objeto
mismo de estudio, sino uno de tantos medios, entre los verdaderamente indispensables, con que cuenta el historiador para cumplir su tarea. Una muralla, un objeto de uso doméstico, un documento público, son para el historiador muestras o presencias de un cierto pasado, y logrando establecer
todo lo que estas muestras suponen en relación con su origen y su uso, las
causas que motivaron su creación y el manejo que de ellos se hacía, se puede llegar a penetrar un poco, o mucho, en la época de la cual provienen, la
que debe ser, en definitiva, el asunto mismo de la historia. Así pues, si todos
estos objetos tan diversos son medios o posibles medios de conocimiento de
una época pasada, la labor del historiador comenzará a partir del momento en que se pregunte sobre esos objetos que han llegado hasta sus manos,
como objetos pertenecientes a un todo vivo y complicado que es la sociedad
humana en tal período y en tal lugar.
Pero aquí surge el primer problema para el historiador. ¿ Hasta qué punto
es válido, o si se quiere posible, el aplicar o determinar a un cierto objeto
condiciones de creación y de ejecución, no como perteneciente a la época
del historiador, sino, por ejemplo, al siglo XV? Dicho de otra manera, ¿puede llegar a conocerse con exactitud el valor que ese objeto tenía en el siglo XV, y por este camino esbozar una cierta teoría económica, digamos, sobre esa época, si el objeto de que se trata fuera un instrumento propio de
determinada artesanía? El problema, de todas formas, no podría considerarse insoluble contestando con una negativa rotunda, pues cabría tomar en
cuenta muchísimos factores que permiten aceptar una respuesta positiva,
como sería el que investigaciones anteriores aportarían datos e informes relacionados con ese problema, el que se tuvieran otros objetos similares o
con diferencias notorias, textos de la época, etc; en una palabra, la labor de
este historiador sería una más entre otras muchas apoyándose mutuamente
y aportando entre sí los conocimientos de un todo que se va definiendo por
sus partes. De todas formas, la perspectiva histórica, la distancia inevitable entre el ahora del historiador, desde el cual se emite el juicio interpretativo, y el ayer en que se ubican los hechos sucedidos, dejan en pie esta condición del hacer histórico, que revela el pasado con la mirada del presente,
aunque se imponga en la investigación Ja más estricta objetividad.
Pero los objetos mismos que pueda manejar el historiador están ahí y, de
una o de otra forma, testifican con su presencia actual su existencia ante-

tórico.

231
230

�1

i

1

rior y dejan entrever su función. Pero algo definitivamente ausente, terminado, es lo que puede perturbar más al historiador: aquello que ha impulsado los hechos y las acciones de los hombres. Una guerra o una revolución,
la muerte de un gobernante o el giro en la actitud de un partido político, en
sí mismos no representan un problema para el investigador, puesto que la
historia misma, vale decir, el suceder mismo, se encarga de demostrar con
pruebas fidedignas que realmente ocurrieron. Cuando el historiador ha
comprobado que efectivamente ocurrió tal o cual circunstancia en la vida
de un país, un complot por ejemplo, o el derrocamiento de un gobierno,
o el convenio de dos potencias anteriormente enemigas, entonces es cuando comienza su verdadero trabajo de investigador, pues si se limitase a afirmar
que estos hechos acontecieron, no aportaría gran cosa al conocimiento del
pasado del hombre. Con todo este material que tiene al alcance de la mano, que deberá conocer tan íntimamente como sea posible, y con los hechos
y acontecimientos pasados cuya existencia prueba ese mismo material, el
historiador comenzará su auténtica labor, que será la de explicar el porqué
de tales acontecimientos, las causas que los originaron y las consecuencias
que de ellos se desprendieron. La historia del hombre, por sus obras, tendrá
que ser en definitiva la historia de su pensamiento y de sus ideas, de todo
aquello que, por sobre todas las otras condiciones propias de los seres animados, hace del ser humano un ser histórico.
Y así la palabra misma deberá también ser investigada por el historiador.
El documento, la nota, las correspondencias privadas, los tratados, y aun las
mismas leyes, aunque sean de un pasado inmediato, tendrán que estudiarse e interpretarse en relación con las propias condiciones de la circunstancia que las hizo nacer, tarea difícil por cuanto el lenguaje mismo puede
adoptar un valor distinto en el pasado y en el presente, y no sólo esto, sino
que puede esconder, o mejor dicho encubrir en su elaborada construcción,
los porqués que lo animaron y el sentido último que en él se pretende depositar. Tratar de comprender una constitución política sin enmarcarla en
la realidad que se aplicó, o tratar de interpretar el texto que contiene cierta correspondencia de un gobernante sin preguntarse por las causas que impulsan a afirmar o negar un determinado asunto, llevará sin duda a con•
clusiones erróneas porque se parte de un principio falso.
Vemos entonces que, por sobre la gran variedad de elementos que sobre•
viven del pasado, cada uno con sus características y condiciones particulares que lo distinguen, la tarea del historiador se nos aparece con contornos
bien definidos que dejan de lado cualquier posible confusión: el descubrimiento del pasado y su interpretación, a través del pensamiento del hom•

En su Autobiografía, Collingwood nos dice ,
cia para él la "acti .d d .
como llegó a cobrar importanvi a mterrogante" en el co . .
"
observar -dice Collingwood
noclffilento. Empecé por
•
.
- que no se puede saber lo
h
qwere decir por el simple estud·10 d e sus d ec1arac1ones
.
oralesque
o un· ombre
que -~ªYª hablado o escrito con perfecto dominio de la len
escntas, a~ntencion perfectamente veraz A f d
gua y con una mber también cuál fue la pre:untam e encontrar su significado hay que sap'.ritu y que él supone en el de un~~n: regunta p!anteada en su propio esdicho o escrito Hay que entende
a cual qmso dar como respuesta lo
concebía, eran. estrictamente c r lqu_e preguUnta y respuesta, tal como yo las
orre ativas
na pro · · ,
puesta, o en todo caso no pod'
1 .
posic1on no era una resia ser a respuesta
.
gunta que podía haberse contestado de otro
correcta, a cua~q~;er premente detallada y particularizada debe
I modo. Una proposic1on altavaga
li d
.
ser a respuesta no a una pregunta
mo
!:;:re:tazam~~:;~ saEunta preg~nta tan detallada y particularizada co. s e pasaJe nos permite
ción misma de Collingwood b
I
ha.
acercarnos a la concepso re e tra JO hi t , ·
L
1 .,
ta-respuesta habla claramente de la act. t d
s onco. a re ac10n pregundor ante el pasado obligad
.
~ u que debe adoptar todo historialo, a la ubicación q~e le im;~ns1 pr;ten e llegar a descubrirlo e interpretaraquí que la labor hi t, .
~ ca a respuesta que encuentra a su paso. De
s
onca
requiera
mo tal de
d
. . ,' para que efect·ivamente se considere co'
acuer o con la posic1on de C Ir
d
miento de los hombres del
d
.º _mgwoo , enfrentarse al pensación de hechos desprendién~:sa
y ~o dlumtarse a la descripción o narra'
se a emas e todo esto una m t d I ,
responda a esta posición y que se revele en su .
b
e o o ogia que
C Ir
misma o ra.
o i~gwood establece tres proposiciones que a I
.
.
de la historia: 1) "T0 d h"
.
.
.
c aran Y defmen su idea
a istona es la h1stona del
·
condiciones era posible conocer la h. t . d
pens~1ento. . . ¿ En qué
·
is ona e un pensamiento? p ·
1
pensamiento debe expresarse: sea en lo ue 11am
. . runera, e
de las muchas otras formas de f .d
amos lenguaJe, o en alguna
historiador debe ser capaz de
ac ivdi a expresiva. . . En segundo lugar, el
pensar e nuevo por sí ·
¡
.
cuya expresión está tratando d .
'
mismo, e pensamiento
e mterpretar" 2) "El co • .
h"
co es la reactualización en 1
, . d
.. .
nocun1ento istóri,
e espmtu el h1stonador d 1
•
storia
estudia".
3)
"El
.
.
.
.
,
e
pensamiento cuya
hi
pe
.
conocimiento h1stónco es la re-actualización de
nsam1ento pasado, encapsulado en un contexto d
.
un
tes que, al contradecirlo, lo confinan a un pi
dife pensarmentos presenano
erente al suyo".•

¡¡

ºa

¿

bre.

'. ~- G. CoLLINowooo, Autobio rafia (T d
edición, Fondo de Cultura Económic! Mé . r~953 d(e _Jorge Hernándcz Campos, la.
XlCO,
~ª~· 39).
1 como autoconocmuento del
las• tOp, cit.,. capitulo X' "La histor·a'
, · ,, A
res posiciones señaladas Colling, d d .
espmtu • 1 terminar
del trabajo histórico: "Si !~ q
1 ;.oo . eJa como conclusión el verdadero sentido
ue e istonador conoce son pensamientos pasados, y si

232

233

�.
. d . de ser mera acumulación de datos y reAsí entendida la h1stona, e1a
dim .ón que le otorh
dos para elevarse a otra
ens1 '
ferencias sobre hec os pa~.
d' . , de ciencia de los asuntos huel plano del conocumento la con ic10n
ga en
1 11
1 mismo Collingwood.
manos, como . a ama e .
1 historia como historia del pensamiento,
En conclus1ón, entendiendo ahi . d
preguntémonos ahora sí, como
.
, ·t del stona or,
.
1
rcactuahzado ~n .e. espm ~ . de la literatura puede asimilarse a la H1sse decía al prmc1p10, la historia
'tulos Para tratar de contestar
'd
·
O uno de sus cap1
toria y cons1 erarse coro
hora de aquello que debe roaesta pregunta es necesario que nos ocupemos a nu'do y su finalidad. Para
. . d l r t t ra y aclarar su se
.
nejar la historia e a 1 era u '
d
.
e desde el punto de vista
er
por
separa
o,
s1empr
loo-rarlo, tend remos que v
l'
. 1 autor y los varios probledeº la historia de la literatura, 1~ obr~ teran\ esurgen 'autor y obra.
mas que supone la circunstancia socia en qu

II
dentro de la historia de la literatura, dePuesto que tratamos de move~os
1 ti os al fenómeno de la creación
jemos de lado los problemas estnctamente ~ a v de dicha obra como producto
.
d 1 b literaria y ocupemonos
y al surgimiento e a O ra
'
. (
, espacio deberá entenderse
.
d
tiempo y un espacio aqui
humano realiza o en un
.
. d D'1!!amos por ahora, a reserva
·,
, bien social) determma os. o
en una acepc1on mas
.
.'
e la historia de la literatura, en 1ude ampliar más adelante la af1rmac1on, q;
de reguntarse por el proceso
gar de preocuparse por la creac~ón, :nt u:;:n es~ obra ya concluída, y en
que culmina en la obra, centrara su m er
od1'f1'car Puesto que la
1 d d
do provocar o m
.
todo aquello que a su a re e or pu d cto extraño sino que forma parte
· 1d
sola como pro u
'
obra no brota_ a1s ª. a y
'
le en un determinado núcleo social, y tode un hacer hterano que se cump d d .
la obra puede provocar con
ta
como acaba e ecrrse,
mando en cuen que,
d
enden de su misma naturalesu presencia determinados efectos que se espr
, mismo se sigue de ahí que el conocimiento que ohlos conoce repensándolos por s1 .
h: , .
es conocimiento de su situación en
.
d
1
·
estigac1ón
1stonca no
. .
d
tiene por med 10 e a mv
,
.
•
que es un conocmuento e su
· ·ento de s1 rmsmo, smo
1
cuanto opuesto a eonoc1m1
. . t d sí mismo. Al repensar lo que a1l ·smo tiempo conocuruen o e
,
b
situación que es a m1.
é
.
Al saber que alguien más lo penso, sa e que
guien más pens6, lo piensa 1 mismo.
b. 1
él es capaz de hacer descubre la
rlo y al descu nr o que
.
él mismo es capaz de pensa .
d
al repensarlos los pensamientos
Si es capaz de compren er,
'
l
b
clase de hom re que es.
.
d
h'
e él debe ser muchas c ases
. •
1
de gentes se sigue e a I qu
d
de muchas distintas c ases
'
.
d toda la historia que pue e
b
de
hrcho
un
microcosmos
e
.
de hombre. Que d e e ser,
. '
. . t e al mismo tiempo su conoc1De esta suerte su propio autoconoc1m1en o s
conocer.
'
., ( , 116)
miento del mundo de los asuntos humanos ' pag.
.

234

za, efectos que por lo general se verán reflejados en otras obras literarias, la
historia de la literatura no se enfocará sólo a lo particular, sino que sobrepasándolo quiere alcanzar Jo general, es decir, que estudia la obra literaria
en su condición de obra única, pero relacionándola con lo escrito antes y
después de ella para engarzarla en un todo que responda a características
de nacionalidad, de lengua, de estilo o de época.
Así entendida la producción literaria, veamos hasta qué punto es posible mantener la actitud de historiador ante obras que, como ya quedó dicho, son únicas. Porque queda fuera de toda duda esta condición que es
esencial para su existencia: el poema, la novela o el drama valen por ~í
mismos y se apoyan sobre sus propias leyes. La expresión literaria nace respondiendo a necesidades peculiares que, en su autor, se encaminan a determinada creación. Si lo que lleva consigo la literatura es una cierta concepción del mundo, expresada en un lenguaje que es también comunicación pero al mismo tiempo recinto de esa concepción que en ella llega a crear el mundo, y puesto que la obra que surge en y con la palabra nos permite participar
de esa concepción creadora, toda obra literaria auténtica será necesariamente única. Así la literatura vive en obras singulares.
¡ Oh dulces prendas, por mi mal halladas, / Dulces y alegres cuando Dios
quería! ¡Juntas estáis en la memoria mía, / y con ella en mi muerte conjuradas. Así comienza Garcilaso su famoso soneto que al paso de las generaciones mantiene su frescura y su transparencia. Sería inútil buscar su semejante en toda la literatura española, o en la obra del mismo Garcilaso, porque no tiene par. Este soneto, o bien otro de Garcilaso, o si se quiere otro
poema de diferente autor, no necesita de elementos externos o de apoyos
en construcciones formales similares. Los catorce versos del soneto se cierran
sobre sí mismos, suficientes y exactos en su propia estructura y naturaleza.
Tan suficientes son, que pueden independizarse de su autor, cuya figura el
tiempo puede borrar permaneciendo sólo la creación por la palabra. Al surgir la obra artística todo lo que en ella es esencial nos remite a la obra misma.

Siendo pues única la obra literaria, el problema consiste en considerarla
dentro de un todo que a su vez está formado por obras que poseen la misma
singularidad. Siguiendo con el ejemplo de Garcilaso podría hablarse, como
antecedente, de la literatura renacentista en Italia y de la poesía italianizante que en España introducen el mismo Garcilaso y Juan Boscán; y más aún,
siguiendo las consecuencias cabría también hablar de Gutierre de Cetina,
que es quien introduce ese tipo de poesía en la Nueva España en el siglo
XVI. Pero el procedimiento no deja de parecernos insuficiente por cuanto
opera, en cierta manera, al modo de mera recopilación de datos que se

235

�acumulan y dan un fruto que se pretende definitivo para el historiador de
la literatura. Será necesario dar todavía un paso más para concebir la producción literaria como una de las más altas manifestaciones del espíritu y
en consecuencia, como expresión de permanencia que toma cuerpo en todas
y cada una de sus representaciones individuales.
Al hablar de la creación literaria como de una. de las más altas manifestaciones del espíritu, queremos sobre todo referimos a la Literatura como suprema expresión que a través del tiempo va dejando testimonio del constante hacer del espíritu humano, en un estrato que, a su vez, nos deja de
él, y frente a él, una imagen de su propia fuerza creadora. Espíritu, o genio creador, se entenderá entonces aquí no sólo como el atributo exclusivo,
que es, del hombre, sino la presencia perenne (forjándose y rehaciéndose
constantemente a través del tiempo y de las épocas, en un proceso que las
señala) que conduce los pasos mismos del género humano en dimensión histórica.~ Por lo mismo, la producción literaria, que como quedó dicho es
expresión de ese espíritu, deberá entenderse como creación que permanece
en constante desarrollo y que precisamente se manifiesta en cada una de
las obras individuales, las cuales por serlo pueden ser representativas de ese
poder creador, sin que aquí desarrollo signifique la construcción de lo presente sobre las ruinas de lo pasado, es decir, que las obras no destruyen a las
obras, sino más bien que éstas surgen y permanecen en su propio valor con
las características de época y circunstancia histórica. Nada extraño puede
parecemos el emparentar la Odisea de Homero con el Ulises de James Joyce
aunque ambas obras difieran tanto y guarden entre sí una distancia mayor
de veinte siglos, porque en definitiva estarían en los cabos de un mismo hilo,
y sus diferencias, por más hondas que fueran, no podrían distanciarlas al grado de poder ser consideradas como dos productos extraños que nada los pueda unir. Las dos obras llevarían consigo, en el fondo de todos sus laberintos
y todos los pliegues y recovecos que las identifican como únicas, la condición
de ser obras literarias por las que se muestra al hombre en su condición de
tal. Así pueden emparentarse todas las obras de todos los tiempos, precisamente porque siendo únicas tienen algo que decimos a través de la forma
lingüística que les da vida al entregar en esa forma una cierta concepción del
mundo y de los mismos hombres; emparentarlas, uniéndolas por el lazo espi• ScHÜCKING considera que "no existe un espíritu de la época, sino que, por así
decir, hay toda una serie de espíritus de la época. Siempre podrán distinguirse grupos
totalmente diferentes con distintos ideales vitales y sociales. Con cuál de estos grupos
se relacione más estrechamente el arte predominante dependerá de multitud de circunstancias, y hace falta vivir en las nubes para atribuirlo a factores ideales". El gusto
literario. (Trad. de Margit Frenk Alatorre). Fondo de Cultura Económica, Breviario
núm. 24, México, 1950, (pág. 20).

236

ritual
"d d que las identifica y ub'icán do1as en su necesaria naturaleza d .
1
n a q~e las eleva a la categoría de obra artística.
e smgu aEl dilema del enfoque de lo individual (
•
raria)' desde el mirador hist' .
pod ,
~ue es esencial en la obra liteonco,
na asi resolv
'd
.
obra como parte de un tod
. .
, .
erse cons1 erando dicha
o urutano -y múltiple
1
)ando la naturaleza del homb p
. - en e que se va reve.
re. orque como dice F
Sh I . .
las ideas de Herder el i'ndi 'd a1iz
d
ranz c u tz siguiendo
'
v1 u ar no ebe c nf di
aislar: "Para él (Herder) 1 . d" 'd I
o un rse con la tendencia a
, o m ivi ua y ¡0 pr · d
.
de una nación no es pr· • • d
.,
. opio e una personalidad 0
mcipio e separac1on sm d
· 1 •,
dad, de continuidad de tránsit d
b' ' . o e articu ac1on, de varieparar y distinguir" ¡ L b os,, ~ com maciones, de posibilidades de coro. a o ra artística, producto d
.
muestra entonces como otras más todas
e esa personalidad, se nos
viste características de forro
.' y
en ~l proceso que reuniéndolas rea, est11o y concepciones de una é
d
.
da. y al tratar de la personalidad
poca etermmatal y como lo hemos venido present~::;o~i::a segundo a_spec~ del p~blema
del autor para examinar el papel
. .
I la _obr~ literana, ocupemonos
que Juega en a h1stona de la literatura.

•
Vale preguntar por el
¡
.
ratura, aunque a primer~a~~staque Juega _el autor en una historia de la liteparezca Improcedente Lo
ac)arar es, no la participación de1 escntor
. en el hacer liter
·
· que• se 1trata de
:~ur:u:e;:~n:::;:ª:t~i::: ~:ticra~ió~- En otras pala:::, s:~a:a/~:ti~~
dora.
na or e a 1iteratura ante la personalidad creaAun cuando es indudable la influencia extem
.
tor, y la presencia de nume
f
d
a que puede sufnr un aurosas uerzas e índole di
b
ran, el creador de la obra lit
. .
.
versa que so re él opeerana sigue siendo eso cread
considerársele, aunque puedan descubrirs
'
or, y como tal debe
racterlsticas que las identifiquen
e antecedentes de sus obras y ca.
' en una o en otra forma
.
a aJenas. Todavía en el Renacimient
. 1
' como semeJantes
cil encontrar como af1'rma K .
º1' e m~ uso en la época barroca, es fá'
a1ser e mane10 de I
.
tos en varios autores y la clara ~tili '6 d
os mismos temas o asunya publicadas y famosas .
zac~ n e algunos elementos de obras
.
' sm que esto qwtara valor a la
d .,
, .
mediata 7 En consec
.
pro ucc10n mas m.
uencia, tenemos que enfrentamos con el a t
.
----u or mISmo,
• "El desenvolvimiento ideol6gieo del método d 1 .
. .
de la ciencia literaria por E E
.
e a historia literaria"' en Filosofía
tura Económica, México la." ed:::mf;~¿ o(tráos. (¡Trad. de E. Imaz). Fondo de Cu!4
' "S'i tod a a d aptación' de un asunto
' h b'
' P g.d
) ..
un solo poeta limpio de este crimen
; i~r\. e ~ons1derarse plagio, casi no habría
. . . n a istona de la literatura se da el plagio

237

�dejando para después todo lo que podría recibir globalmente la designación de "medio social", y en el que se reunirían problemas como el de las
tendencias literarias, la influencia, el gusto del público, la posición del artista frente a esas tendencias, etc.
No se pretende por ahora aclarar el porqué de la. crea:ión -~teraria, _que
más bien corresponde a una teoría de la literatura, smo solo hJar una ~dea
en torno al escritor mismo. Si éste escribe porque responde a una necesidad
interior, o porque así llega a una verdad íntima, como afirma Alfonso Reyes, 0 bien porque se quiere revelar el mundo y haceri:e reconocer co~o
esencial, según Sartre, lo cierto es que tenemos que considerar que todavia
nos queda por recorrer la distancia entre esta condición generadora -cualquiera que sea- y la personal del escritor, en la que aquélla se c~~yle de
manera singular y única, como versión propia de su personal posicio~ que
lo impele a escribir. El escritor, los escritores, van dejan~o su presencia en
obras, pero más que su presencia total, más que ~n _P~rhl _complet~, entregan la obra misma que adquiere caracteres de mdividuahdad e independencia, en la que sin duda se logra depositar su visión del °:1undo Y su concepción creadora, pero que a la larga adquieren vida propia. El. autor, en
cierta manera, queda cubierto por la obra, aunque ésta sea un mrr~dor por
el que se pueda llegar a conocer su interioridad. Pero no hay que olvidar que
la obra, siendo un todo en sí misma, no lo es en cuanto a su creador, es
decir, que las obras nos pueden dar una visión del que la_s hace, pero_ nunca la totalidad de su espíritu. El creador deja de él una imagen parcial en
sus obras, y lo que estas obras muestran de él es lo que ingresa .como personalidad en la historia de la literatura. Se puede agregar una sene de datos
biográficos que complementen el cuadro, y nos relaten el, prin~ipio Y f~n de
una vida con todos sus altibajos, pero todo esto no sena mas que simple
información en torno a lo fundamental, que seguiría en la sombra o sólo
iluminado por la luz de la obra ~reada.
Consideramos, pues, que el historiador de la literatura debe enfrentarse
a la personalidad creadora de una obra o unas obras determina~as, Y ~o a
un todo espiritual inabarcable cuya misma naturaleza lo vuelve masequ1ble.
Es claro que con esto no se pretende descartar por completo todo aquello
que nos remite a la vida del autor, para quedamos con la ob~~ solamente,
y sin duda infinidad de noticias de esta naturaleza han permitido acercarcon bastante frecuencia. Sin embargo, es necesario saber que es muy reciente la noción
de propiedad intelectual y de sus derechos; antiguame~~e. se pensaba d~ disti.nto modo
acerca de esto". Wolfgang Kaiser, Interpretación y analisis de la obra literaria. (Trad.
de Ma. D. Mouton y V. Ga. Yebra) . Biblioteca Románica Hispánica de la Ed. Grcdos,

se a ?roblemas de creac1on hasta entonces oscuros. No obstante, el problema sigue planteándose con la obra misma, y en última instancia, con el
creador de esa obra en cuanto creador de esa única creación.
Es inútil pretender recuperar, en un retrato biográfico del artista, toda
la gama de su espiritualidad y las múltiples trayectorias que pudo seguir. A
lo _más, como ya quedó dicho, podrá llegarse al conocimiento de lo que se
agita e~ el fondo de su obra, envuelto en un lenguaje que, por otra parte,
no es ru puede ser el mismo que el del historiador. Lenguaje de creación la
p~lab~a poética n~cesita r:hacerse a cada momento, atraparse en su ~rop10 giro Y descubrirle la vida que alienta en ella. Para esto, el historiador
necesita del auxilio del crítico y del investigador, como se dirá más adelante, Y cuando logre esa penetración habrá arribado a una cima desde la
~ue no se puede captar todo el horizonte del poeta, sino sólo uno de sus paisaJ:S. ~alt:r M_uschg, que dedica un largo estudio al perfil del poeta en la
historia hterana, se ocupa del gran obstáculo con el que tropieza la investigación histórico-literaria: "Tenemos, pues, que el problema de la historia y su posibilidad fundamental de una caracterización científico-literaria
del poeta acaba ofreciendo el espectáculo de un irreductible antagonismo.
La tarea misma implica que no se pueda eliminar, en última instancia todo
factor subjetivo pues que se trata de lograr una intensidad viva en la ~racterización. Estos retratos son, a su vez, desde el punto de vista de la historia del espíritu, los puntos culminantes de los efectos alcanzados por el poeta
entre sus contemporáneos y ante la posteridad. Podrá discutirse si esto es
mucho o es poco, pero no cabe duda de que se discute, en este terreno, acerca del _senti~o de la cie~c.ia literaria como tal. Y del mismo modo que no nos
es posible aislar la actiV1dad creadora de la comunidad de vida dentro de
1~ cu~! ,h~ nacido ni atribuirle una existencia independiente de la trayectona h1stonca general, no estamos tampoco en condiciones de considerar como un ente puramente individual, desligado del entronque vital que domina
c_~ntralmente a todo creador, a quien la investiga científicamente. La vision de la gran personalidad (incluyendo la gran personalidad investigadora) Y el problema de su representación (y del modo de representarla) se
disuelve íntegramente, para nosotros, en ese exaltado movimiento primario
de todo lo vivo, en un torbellino de fuerzas absorbentes y al propio tiempo
r_epele~tet.ª ~ aunque declara más adelante que en nuestra época la ciencia
literaria no tiende a expanderse hacia lo ancho, sino que pugna con todas
sus fuerzas y con una gran pasión por calar a lo hondo y se halla en condi· del poeta en la historia literaria", en Filoso/la de la
.• W
• AL.TER M
. uscHo, " El perfil
cien~ia literari~,.!'°r E. ~rmatinger y otros (trad. de E. lmaz), Fondo de Cultura Económica, la. ed1c1on, México, 1946, (págs. 89-90).

Madrid, 1954, (págs. 89-90).

239
238

�.
eniales sin reservas y sin miradas laterales a
ciones de sumirse en las figuras g
l
ás profunda que sea, sólo
·¡' ·
eltos" la ca a por m
los fenómenos esti isucos su
,
. ,
- b con lo que volvemos
. . . l obra misma ya entrana a,
.
aportará lo que en principio a
l'd d creadora ante la historia hteblema
de
la
persona
i
a
de nuevo a1 gran pro . . .
.
uiere expansiones, que se trazan
raria, sujeto a las dehmitac1ones, o s1 se q
en la obra.
escritor, refiriéndonos con esto no a la
Todo lo que pueda conocerse del , d t sino a la comprensión de su
,
.ona datos y anee o as
l
biografia que proporc1
.
l .
tancia social y cultural que o
.
d b , ligarse con a circuns
.
.
mundo interno, e era
.
ven sobre la vida hterana
l s tendencias que se mue
rodea. Las f uerzas y a
d'd
r ellas se pueda trazar el marco
'das en tal me i a que po
.
pueden ser conoc1
.
N
como pudiera pensarse, una m- .
mueve
el
escntor.
o
es,
.
dentro del cual se
l d
b
o de poca importancia; por e1
·one resu ta os po res
vestigación que proporc1
. , d una obra (y su autor), desde ese
'b T d d d comprens1on e
contrario, la pos1 11 a e . hi , .
depende en gran parte del cono. d la perspectiva stonca,
. d 1
plano superior e
l
d , al momento de surgir, e o
de todo lo que a ro eo
cimiento que se tenga
.
b t, a su lado. Para esto se re., 1 que postenormente ro o
que la anteced io y o
.
d d 1
cial y lo individual, tanto en
la complicada re
e o so
.d
quiere penetrar ~n
. , d lo creado y de los efectos que ha produci o,
los problemas de mterpretac1on e
11
, a a apreciaciones de lo extrainverso que nos evan
¡ f ,
como en e enomeno
'
1b
trar en todo eso que plantea
literario sobre lo literario; en una pa a ra, pene
Schücking en su libro ya mencionado. d l't ario que sería la manifestación
. f mos a un suce er 1 er
l
De esta manera, as1s i
.
't d h mana a la presencia en e
b
en
su
propia
magm
u
u
,
l'd
d
constante del h om
, de la L'iterat ura, que por su universa 1 a
. . ,red
en el
tiempo y sobrev1v1en ose
'
d .
el valor vicario de la vida,D es
misma, como afirma Alfonso Reyes, a ~mere
d .
ión en la que se cumple la vida.
d 1 auxilio del
ecir, :reac .
l historiador de la literatura necesita e .
.
Rabiamos dicho que e
,
.
sus trabaJ· os como mtermed1a.
• d
Aquel permite con
,
crítico y del investiga or.
1 ,.
l auténtica nos puede llevar de
1 de la obra· a critica, a
,
b
río, llegar al nuc eo
'
t do lo que es peculiar en esa o ra.
er los pormenores y o
la mano para conoc
.
. es y las ordena hasta presentar
,.
l t
e recocre sus unpres1on
,
Por el critico, ec or qu
º1
..
lo negativo de una obra (segun,
se
suma
o
positivo
o
un cuad ro en e1 que
)
demos poseer ciertas llaves que
·
de ver las cosas Pº
.
claro, su propia manera
d
a ella El historiador de la literalas
puertas
que
con
ucen
·
.,
nos abran todas
.
.
1 nto auxiliar de interpretac1on,
,
. la crítica bien como e eme
.,
tura podra mane1ar
d' 1 b'icarla 1·unto con la producc1on
mismo
de
estu
10
a
u
,
bien como element
y si, como ocurre con
• t e a un lucrar
literaria, como pertenec1en
º y una epoca.

°

,

rolegómenos a la te orla literaria) . El Colegio de
El deslinde (p
México, 1944, (pág. 87) ·
• ALFONSO REYES,

240

frecuencia, los propios autores dejan testimonio de esa labor crítica, al historiador toca manejar todo este material en el que uniéndose pieza con
pieza se llega a reconstruir todo el conjunto. El filólogo, por otra parte, puede
despejarle oscuras incógnitas al iluminar con la investigación elementos fonéticos o semánticos en los que se ha operado el proceso de desarrollo del lenguaje. La estilística también aportará su auxilio, el más valioso quizá, por
cuanto trata de profundizar en la obra literaria y llegar, con los métodos que
ésta misma le impone, hasta el misterio mismo de su creación.
Y ya es tiempo de que respondamos al problema inicial, que es el de saber
si la historia de la literatura trabaja sobre un material similar al de la Historia, y por lo mismo, si forma parte de ella.
Quedó asentado que la historia es la historia del pensamiento, su reactualización, y que la labor del historiador toma sentido en cuanto se orienta hacia ese fin, que sobrepasa a la simple recopilación y acumulación de datos,
mero antecedente del trabajo principal. Este conocimiento histórico entonces
se ubica necesariamente en el pasado, hacia donde convergen todas las fuerzas de la labor histórica, que debe apreciar en su propio valor pretérito todos los elementos que sobreviven de ese pasado. Los objetos - dijimos-, las
ruinas y los documentos, sólo son instrumentos para el historiador, no el fin
mismo; por ellos se hace posible la reactualización del pensamiento del
hombre, en la medida en que permiten reconstruir formas de vida que estuvieron vigentes en un tiempo determinado. Historiar, en definitiva, supone
el conocimiento del pasado del hombre no sólo en sus hechos y sus acciones,
sino sobre todo en la fuerza y la intención que las han animado.
La historia de la literatura, sin embargo, no es la historia del pensamiento,
sino la historia de las obras literarias realizadas, dentro de un marco general
que las enlaza en el tiempo y trata de interpretarlas desde este punto de vista.
Lo anterior a la literatura no es literatura, y lo que se maneja en esta historia
es la obra misma. No investiga la obra que pudo haber sido, o la obra que,
escrita, hubiera adquirido tal o cual condición de alto valor si poseyera determinadas características. La obra cumplida, completa o incompleta, es el
objeto de la historia de la literatura. No puede dejar de considerarse, sin
embargo, que la obra, que es creación, tiene tras de sí el pensamiento del
hombre, como todo lo que éste realiza; diríase entonces que volvemos a lo
mismo y que nos encontramos ante una finalidad semejante a la de la Historia, pero antes de aceptar esta afirmación debemos tomar muy en cuenta
varias circunstancias que en el caso que nos ocupa le otorgan una posición
distinta. En primer lugar, si el tratar de conocer el pensamiento del hombre
fuera el propósito de la historia de la literatura, la obra literaria pasaría a
ocupar un lugar similar al de los objetos, ruinas o documentos que trabaja

241
Hl6

�el historiador como medios para lograr su propósito. Si enfrentamos dos textos, uno conteniendo una disposición administrativa y el otro un poema, veremos que el que hace Historia tomará el primero para de ahí pasar a las
investigaciones propias de su trabajo, que lo llevarán a pensar de nuevo todo
aquello que condujo a la redacción de ese texto administrativo, en el que se
dejan establecidos una serie de principios y resoluciones determinadas. El
historiador de la literatura, al tomar el poema, tiene que detenerse en él y
descubrir en los elementos que lo forman su propio contenido. Y no sólo eso,
sino que necesita recrear lo que "vive" en ese poema. No se trata de reactualizar valores conceptuales, sino de compartir los valores afectivos y de expresión que yacen en el fondo de ese lenguaje poético. Después, deberá saber
ubicar la obra en el tiempo, para poder trazar la línea que en ella sigue
cobrando vida. La historia de la literatura no se ocupa del pasado del hombre a través de su pensamiento, sino de las obras de creación literaria que se
realizan como obras únicas, dentro de la circunstancia cultural y social que
las envuelve.
Por otra parte, la peculiaridad del lenguaje literario, en la que verdaderamente se funda la creación que en él se expresa, ya que por su propia naturaleza es en sí contenido y depósito de la literatura, impone al que traza su
historia la necesidad de manejarlo con los métodos que le son propios auxiliándose de la crítica, la filología y la estilística. No se trata, pues, de reactualizar el pensamiento, sino de alcanzar en la obra misma todo lo que en
ella es, más que pensamiento, expresión de lo humano cumpliéndose en un
acto creador. Queda así separado el campo de la historia de la literatura,
pero quedaría por considerar el problema proyectándolo desde una historia
de la cultura, donde todo se abarca desde una altura más superior.

LA POESÍA NO COLECCIONADA DE MANUEL JOSÉ OTHóN

DR.

JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA

San Luis Potosí, S. L. P.

de 1.ª. l'mea
. mexicana,
.
1906) "en 1
.
es Manuel José Othón ( 1858,
e no siempre eqmlibrado paisaje de la
,
la más alta nota clásica de poesía pura" i T l
poes1a mo_derna de México,
Rústicos "altos
1·t .
. a como lo atestiguan sus Poemas
y so I anos como las monta~nas de la a1bplamc1e
.
. . mexicana que
cantó".2 '
REPRESENTANTE EGREGIO

Los poetas, como los libros, suelen tener s h d
.
líricos mexicanos pueden ho
~s a os. Mientras los grandes
pués de más de medio siglo dy mostrarse en dignas y decorosas "obras"' dese su muerte el poeta t ·
. ,
ciones inencontrables o incom let
. '
po osmo contmua en edituosas.
p as, s1 no es que lamentablemente defecEn vista de esas futuras "obras" d M
1
que pretenden organizar y fijar h t e d a;ue Jos~ Othón, van estas notas
dispersa.
' as a on e es posible, su producción lírica

J.

LAS RECOPILACIONES ANTERIORES

El doctor Pedro de Alba, a la sazón senad d
, .
viuda del poeta doña Josefa 1· ,
d Oor, e 1~ Repubhca, logró que la
.
'
imenez e thon, disfrutara de
concedida por el Gobierno Federal, cuando su situación económica
una era
pensión
por
: S. N. en la Noticia preliminar de las Obras de Manuel
FEDERICO DE ÜNÍS,

1934, p. 29.
1

Antología de la Poe

,
,
, .
]~se Othon, MeX1co, 1928.
sía espanola e Hispanoamericana, 'Madrid

'

JEsus
,

ZAVALA, "Manuel José Oth6n Su ho
.
San Luis Potosí, 3 de abril, 1949.
.
mena¡e a Elena Padilla", en El Heraldo,

242

243

�demás angustiosa. En prenda de gratitud, puso en manos del doctor de Alba
los originales de su esposo.
.
d Alba
r la
"Conforme a los originales proporcionados a don Pedro. e
" ~ . ,,
familia del poeta, se debe la presente edición"' tal como advierte la noticia
d
Preliminar' firmada con las iniciales S.' N.(M' ·
Estas Obras de Manuel José Othon
exico, 1928) aparecieron en os
tomos. El primero contiene la poesía; y el segundo Ias novelas cortas y las
obras teatrales.
.
d' ·,
Don Francisco González Guerrero justamente considera esta e icio~ ~,orno
·
" ' por lo que sena pre"la más infeliz que se haya hecho de poeta mexicano
f
ferible considerarla como no existente: tal aparece en ella defor~ada la
ra del oeta potosino por omisiones, mutilaciones y erratas de imprenta .
guEn cu!to a la orga:ización de la lírica, esta edición dis:ribuye los p~emas
de tres secciones: Poesías Antiguas, Poemas Rústicos y Ultimas, Producci~nes.
Por una parte, el compilador destruye la unidad del libro P~eszas, _orga~iza~o
·o autor al entremezclarle algunas otras producciones Juveniles' y
por e1 prop1
,
.
· 1 " ' 1·
"
dentro de la sección que trata de mclu1r as u timas propor ot ra Parte,
1
d "L C
ducciones, inserta algunas mucho muy anteriores, como en e caso. e a ruz
sola" un antiguo poema de 1883.
.
.
"La Editorial Nueva España (de la ciudad de México) ' narra el licenciado
Jesús Zavala -había resuelto enriquecer la -~olección Atenea ,con las obras. ?e
Manuel José Othón, reproduciendo la edic1on de la Secretaria de. Educacio~
Pública ( 1928) . Cuando se dio cuenta de lo detestable de la mencionada edición nos llamó con urgencia. A pesar de que no estábamos pre?arados p~ra
'
· procuramos reparar1o, de acuerdo con las c1rcunstanc1as,
deshacer
el agravio,
,, 5
con el mayor cuidado. Sabemos que no hay obra humana perfecta .
,
Con esta sinceridad que lo enaltece, Jesús Zavala, coterráneo de ~thon,
publicó las Obras Completas, Prosa Teatro (México, 1945), ~ruto de casi t~da
una vida consagrada a la búsqueda, compilación y estudio de los escritos

..1:

othonianos.
Es claro que la edición distaba de ofrecer la obra "comple~a'.' Y depura~a;
·e podrá negarle ni su noble propósito ni sus justos mentos. Cualquier
pero nadi
. 1 d'li t
.
· ' que en el futuro se emprenda, tiene que recurrir .a . , i gen e Y,
otra ed i-::ion
cordial ejercicio de Zavala. Tanto más, cuanto que aquella ~~cion desperto
en numerosos investigadores, el afán de compl~tar las composiciones faltantes,
0 de restituir otras a su texto, lugar o cronologia.
Estas Obras Completas constan de cuatro secciones en la parte consagrada
• Los libros de los otros México. Ediciones Chapultepec, 1947, PP· 226-232. . ¡
• En su artículo "Sobr/ las obras completas de Manuel José Othón", El Naciona,
México, 28 de noviembre de 1948.

244

a la poesía. Se respeta el libro Poesías, tal cual lo formó su autor, si bien Zavala
le añade al final las leyendas "El lago de los muertos" y "EJ canto de Lodbrok".
Con un índice de las composiciones que llevaría el libro Poemas Internos
escrito por el mismo Othón, según dio a conocerlo en la carta a don Juan B.
Delgado, fechada e1 12 de marzo de 1903, Zavala trató de integrar, hasta
donde Je fue posible, el futurib]e Poemas Internos. Pero si este libro sería publicado después de Poemas Rústicos, ignoramos por qué Zavala, en esta colección, lo colocó antes.
Zavala respeta integralmente los Poemas Rústicos. Y bajo el rubro de La
emoción dispersa, recoge los otros poemas no coleccionados, tratando de seguir
un orden cronológico. Incluye aquí Zavala cuatro poemas que no merecen
aparecer como poesías distintas, ya que son nuevas versiones de antiguos poemas. Tal es el caso de "Venus" y "A Ambrosio Ramírez", que son respectivamente "Pulcherrima Dea" y "A un traductor de Horado" de Poemas Rústicos;
y "Scherzo Trágico" y "Lobreguez", que simplemente son dos modalidades
más de la definitiva lobreguez de Poemas Rústicos.
Años después, el mismo Zavala reunió en la revista Las Letras Patrias 6 y
posteriormente en una separata, las diversas piezas de Othón que se fueron explorando desde 1945 a 1954, año en que vio la luz esta nueva recopilación
Manuel José Othón Poesía, Teatro, Prosa, Epistolario. Edición, prólogo y notas
de Jesús Zavala.
Aquí se ofrecen diecinueve poesías no publicadas en la edición de 1945; de
las que debemos excluir el poema "A Elena Padilla", que es solamente una
nueva "lección", en la que Zavala se atrevió a poner mano. Advertiríamos que
el poema "Macbet" aparece completo, pues anteriormente sólo se conocía un
fragmento.
Otros poemas de Othón, ya publicados, se escaparon al compilador: "Nacer,
vivir, morir", "Colón descubrió un gran mundo", "a Juanene" y el discutido
"Leyendo el Quijote", que de propósito no insertó por considerarlo apócrifo.
La "Colección de Escritores Mexicanos" publicó en 1944, los Poemas Rústicos,7 seguidos de una selección que contiene "últimas poesías".
Sin mayores pretensiones, y con no pocas erratas, pero con el noble empeño de difundir la lírica del gran poeta, esta edición "ha sido hecha -se lee
en la 'Advertencia' anónima- en vista de las que la han precedido, y con aprovechamiento de la valiosa contribución que siempre aportan las páginas de la
Revista Moderna de México". La sección "Ultimas Poesías" reúne, muy incompletamente, algunos poemas no coleccionados; y más o menos sigue la
línea de la sección similar: "Ultimas Producciones" de la edición de 1928.
' Núm. 3, Mé:xico, julio-septiembre, 1954.
' Edit. Porrúa, S. A., núm. 5 de aquella Colección, México, 1944.

245

�II.

ÜRGANIZACIÓN DE LA LÍRICA DE ÜTHÓN

La edición de toda la lírica de Othón supone el planteamiento y la adecuada
solución de tres problemas: los libros que Othón dejó organizados, el caso de

Poemas Internos y la poesía suelta.
En cuanto a lo primero, el problema obviamente se resuelve respetando los
cuatro libros que organizó Othón, sin el más leve toque:
1) Ensayos Poéticos, de 1875. Publicados por Joaquín Antonio Peñalosa,
San Luis Potosí, "Con el perfil de Estilo", 1947.
2) Poesías. San Luis Potosí. Imprenta de Dávalos, 1880.
3) Nuevas Poesías. San Luis Potosí, Tipografía de Bruno E. García, 1883.
4) Poemas Rústicos. 1890-1902. México, Aguilar Vera y Comp. Editores
1902.
En cuanto a Poemas Internos, el 22 de noviembre de 1901, cuando se estaban
imprimiendo los Poemas Rústicos, Othón escribe a Juan B. Delgado: "Por lo
que toca a la publicación subsecuente de mis obras, en el forro de los Poemas
Rústicos sólo se anunciarán las poéticas de que hablo en preámbulo, y éstas
son: Poemas Internos, publicados casi todos: Poemas del Odio, inéditos casi
todos; y Poemas brutales, del todo inéditos, pues aún tengo pocos escritos".
Casi un año después, en carta del 4 de octubre de 1902, Othón vuelve a
tratar con su amigo acerca del viejo proyecto: "Pienso arreglar para diciembre
el volumen de Poemas Internos: pero deseo también imprimirlo en la Europea,
exactamente igual al presente". (Poemas Rústicos).
El 12 de marzo de 1903, suplica a Delgado que "me haga favor de ver a
Aguilar Vera para la edición de Poemas Internos. Quiero una edición exactamente igual a la de Poemas Rústicos... Sacará... doscientas (páginas)". En
esta carta, acompaña el índice de versos: I) Salmos; II) Mi Pueblo; III) Diálogo eterno, Don Quijote y Dulcinea; IV) Paolo y Francesca; V) Ofelia;
VI) La Cruz sola; VII) Nueva Luz; VIII) Pro Patria; IX) Hojas de álbum ;
cuatro poesías; X) Noche Buena; XI) Tristeza; XII) Elegía a la muerte de
Gutiérrez Nájera; XIII) Oda en: el Teatro de la Paz; XIV) Lejanías. Leyendas: Blanca de Nieve, Historia de un beso, La loca de las olas, La estatua de
carne, El lago de los muertos, El canto de Lodbrok.
Enseguida, apunta Othón: "Casi todos son versos viejos, pero cuidadosamente corregidos". En efecto, la mayor parte de los poemas están comprendidos

poesías sueltas; en la segunda, Leyendas. Poemas Internos seguiría la misma
estructura de Poesías.
En cuanto a la parte inicial, que más o menos guarda un orden cronológico
el poema "Mi pueblo" ya había sido publicado en Poesías. En cuanto a l~
~egunda, Othón reúne cuatro leyendas ya agrupadas anteriormente en Poesías
Junto a otras dos que andaban dispersas, "El lago de los muertos" y "El
t
de Lodbrok".
can

°

. C~n aquel índice provisional, Zavala trató de reconstruir el libro; aunque
mo~madamente lo colocó antes de Poemas Rústicos. Si bien consta de versos
antigu~s, _la voluntad del autor era publicar Poemas Internos después de Poemas Rusticas.
. Sin em_bargo, no creemos que Poemas Internos deba quedar como un libro
organización
de la lírica de Otho'n . No so'lo porque
oindependiente
h,
,en esta nueva
.
.
. t on no ll~go a publicar el hbro; ni siquiera porque se trata de "versos vieJOS, pero cmdadosamente corregidos", cuyo valor estético es muy inferior a
Poemas Rústicos.

ª!,

Atenidos
índice, conocemos únicamente once poemas que pertenecerían
a ~sta_ cole~c1on Poemas Internos. De los cuales hay que quitar seis, que ya
estan mclwdos en Nuevas Poesías: "Amores eternos" "P 1
F
"
"Of r " "L
,
,
ao o y rancesca
e 1a ,
a ?ruz sola', "La Nochebuena", "El canto de Lodbrok". Con 1~
cual el famoso hbro queda reducido a cinco poemas: "Salmo" "T · t ,, "El
' " "Od
.
, ns eza ,
egia
a en la inauguración
del Teatro de la Paz", "El lago d e 1os muertos" .
p ,
.
ortse~ ;ªn polco~: estols ~meo poemas irán entre los dispersos, con su respectiva
ano ac1on y a us1on a hbro soñado.
E~ cuanto a~ tercer pro~lema que comporta la organización de la lírica de
Othon, 1~ Poesia no coleccionada -nombre que reservamos para esta sección
porque ngurosamente expresa la realidad- se publica en d
l' . ~
has d d
.
.
.
, '
or en crono ogico
,13: on e es posible, y b1part1ta, segun viene antes o después de· Poe
Rusticas, cuya aparición inhibe, mucho más que un dato temporal una 'd mats
at"td ,.
.
,
ev1ene
c i_ u estet1ca. De1amos, para el final, los poemas sin fecha cierta o ni siq .
con1eturable.
,
mera
Así pues, la sección Poesía no coleccionada abarca tres apartados:
1) Antes de Poemas Rústicos, 1864-1887.
2) Desde Poemas Rústicos, 1889-1906.
3) Poesía sin fecha.

entre 1879 y 1895.
Como puede observarse, el libro constaría de dos partes: en la primera,

246

247

�III.

FUENTES PARA LA EDICIÓN DE LAS POESÍAS

psicológico de un gran poeta, son tan im ortantes
primeros y vacilantes pininos". s
p
sus obras maestras como sus
Otro manuscrito importante es aquel cuadern

Los Manuscritos.

El 28 de noviembre de 1949, la Universidad Autónoma Potosina recibió
oficialmente los manuscritos de Othón que, por la muerte de su viuda, habían
quedado en posesión de su sobrina, la señorita Isabel Steines Othón.
Según el "Inventario provisional" que redactó el licenciado Rafael Montejano y Aguiñaga, la mayor parte de los manuscritos se refiere a la obra poética,
y abarca tanto la poesía inicial como la de la madurez; ahí se encuentran poe8
mas publicados y más de una veintena de inéditos.
Del minucioso "Inventario", únicamente advertiríamos que "Caminos eternos" ya se había publicado con el nombre de "El viejo del alma"; "Voz interna" se ofrece íntegro en el manuscrito, y no sólo los siete versos finales, como
quiere el "Inventario"; "Azul", más que un poema independiente, como parece
insinuarlo el "Inventario", son los dos sonetos finales del "Angelus domini";
el poema que aparece bajo el número 12 y con el título "A Esther", debe ser
simplemente "Esther", poesía ya publicada con el nombre "Mi Virgen"; falta
situar, después del número 44, el poema "El árbol", que aparecería después
con el nombre "El arpa", tercer soneto de la "Noche Rústica de Walpurgis".
Las poesías inéditas son: "Nocturno", "La mujer", "A la luna", "Amistad",
"A Juan Valle", "A mi Esther", "Soñé", "Contemplándola", "A ti", "Lejos
de ti", "Barcarola", "Tres páginas de una historia", "El canto de las Náyades",
"Noche de luna", "Aída", "A mi esposa", "Después. . . la noche", "Tengo el
presentimiento", "Cuando una de las pérfidas mujeres", "Si mi divina emperatriz tú eres", "Hija, sé siempre lo que ahora eres", "Me quitaste de nuevo",
"Lontananza", "En las tardes tristísimas".
Esta poesía inédita en nada acrece la gloria del poeta; pero tampoco la
empaña. Si el lírico, como Nervo, guarda un santo horror hacia sus obras "odiosamente" completas; o, como el propio Othón, desconoce su labor incipiente,
nadie puede restar el valor humano, histórico y psicológico de tales exhumaciones juveniles. "En ella vemos, muchas veces, despuntar los grandes temas que
después florecerían plenamente en las obras de madurez: allí percibimos el
todavía inseguro aleteo de lo que más tarde serán poderosas alas líricas; allí
finalmente, solemos sorprender los primeros pasos de una evolución poética
que sólo conocíamos en sus etapas culminantes. Por eso, para el conocimiento
• "El destino de los mar,uscritos de Manuel José Othón", en Fichas de Bibliografla
Potosina. Año I, núm. 3, San Luis Potosí, noviembre-diciembre, 1949.

248

de la montaña, fechado en Santa María del R'

,

~ que, con ~¡ _titulo de Cantos

nos fue proporcionado generosamente or su a':; . .L.P., e~ d1c1embre de 1879,
ciado don Primo Feliciano Ve!,
p
,_guo y sapiente dueño, el licen.
azquez; manuscnto qu
h
anterior revisión de las obras de Othón.
e aprovec amos en una
Cantos de la montaña contiene varios, d"
d
,
fechas, dedicatorias y número de
m iDce_s, e poes1a y prosa, con nombres,
. .
'
versos. inase una e t d' t"
.
.
composiciones. Entre los poqmsunos
, .
s a is 1ca JUveml
de
poemas que hí
,
era inédito "19 de M
,,
ª
se encuentran, solo uno
,
arzo.
Gracias a don Luis Antonio Castro h
did
nuscritos de Othón, el "Satanás" y "L; n:d~~ o conocer ot~os. poemas roasu ilustre padre el doctor Franc· c d As' C ' que llevan la s1gmente nota de
'
is O e 1s astro· "E t
l
·
sos que escribió Manuel José Oth,
'
s os son os pnmeros ver1
1875 p· .
on, en a casa del doctor Castro
d
. mitos de quien más tarde h ªb na
, de ser el gran po ta 1 ' end mayo e
.
e aurea o, cantor
de la naturaleza". Habrá que punt u arizar que existen
poemas anteriores a éstos.
Los periódicos y revistas.

Desde los catorce años hasta su muerte O h, . . ,
blico a través del periodismo p
' . t on viV10 en contacto con el pú.
· orque enVIaba más O
f
raciones·
o
porque
él
mis
,
d
.
menos recuentes coladbo . ,
'
roo, mas e cerca mtegraba
.
accion de alguna revista. De ahí la im
'
c~n. s~s amigos la reestos treinta y cuatro años en 1 . d. portante y nada fac1l mvestigación de
.
e peno ismo y en periódicos di
. d
capital y en la provincia más allá d 1 l' . '
. semma os en la
periódicos y fechas para conocer d ed lun1te mortal, es preciso explorar otros
, es e uego tal cual comp · · ,
,
para confrontar lo conocido.
'
os1cion postuma, o
La colaboración de Othón en periódicos y revistas
.
resultados:
nos proporciona excelentes

1) La fijación en la cronología de los poemas;
2) el ritmo de producción; épocas fecundas y estériles;
3) su costumbre de publicar poemas oco d
,
. .
a guardar poemas inéditos.
p
espues de escnbrrlos y su aversión

'
• GABRl1!L
MÉNDEZ
p LANCARTE, " Alborada del Duque Job"
San
L .
,
,. ws P?tos1, octubre-diciembre, 1956, pp. 205-206
' en Estilo, núm. 40,
]OAQUIN ANTONIO J'EÑALO

up

.

en .A.bside, año XII núm 3 ~~'. a_ra _las o~ras completas de Manuel José Othón"
'
. ' ex1co, Julio-septiembre, 1948, pp. 257-283.

249

�4) la-~ frecuentísimas ediciones de un mismo poema. Buena pista para conocer la predilecci6n de Oth6n por determinados poemas;

5) la confrontaci6n de las diversas "lecciones" de un mismo poema, su cotejo minucioso, el quehacer de la lima, las variantes innúmeras para gusto de
los catadores refinados;
6) el deslinde de poemas según el impulso: poemas escritos por soberana
voluntad, poemas urgidos, poemas ocasionales, traducciones;

7) conocimiento de las amistades del poeta a través de las dedicatorias;
conexiones con periodistas y escritores.

El epistolario.
Las cartas de Othón, con su excepcional valor de fuentes de primera mano,
sirven para establecer la fecha de un poema, su proceso o su publicaci6n, o la
organización en libro, como en el caso de Poemas Rústicos cuyo desenvolvimiento editorial puede seguirse paso a paso; la exigente meticulosidad del
poeta en todo problema tipográfico; y los cantos en gestación o definitivamente
sumergidos, que apenas soñó.
Instrumento indispensable de trabajo, la benemérita Bibliografía de Manuet
2
José Othón 11 y las Adiciones a la bibliografía de Manuel José Othón,1 preparadas por la señorita Bernice Udick, insigne maestra de las Universidades de
Wyoming y Colorado, y autora del estudio Manuel José Othón, nature poet of

Mexico, a lo que añadiríamos:
Lo que escribió Manuel José Othón. Bibliografía esencial del licenciado Rafael Montejano y Aguiñaga ( San Luis Potosí, Universidad Aut6noma, 1959).

IV.

DEPURACIÓN DEL TEXTO

No tuvo Othón la fecundidad de otros poetas. Invitado a colaborar frecuentemente en revistas, o urgido él mismo de comunicación, acostumbró publicar
varias veces el mismo poema. Por ejemplo, "Surgite" aparece publicado por
lo menos ocho veces, en El R enacimiento, 1894; Revista Azul, 1895; El Mundo,.
1895; Revista Moderna, 1898; El Estandarte, agosto 1906; El Contemporáneo,.
póstumo, 1908.
11

En la Revista lberoame1icana, vol. 10, núm. 22, México, octubre, 1946, pp. 351-378.

" En Abside, año XV, núm. 2, México, abril-junio, 1951, pp. 279-294.

250

Cada vez
.
. que el poeta daba a 1a imprenta
algu' n
li
preocupación por el "acabad ,,
, .
.
poema, so a retocarlo. Esta
0
..
poebco gobierno de l
1b
.
prec1S1ón en la técnica
d' .
a pa a ra, fmura en el
d•etalle,
e h
, Y para ec1rlo de una
h l •
tlSlec o de perfección const1't
I f
vez, an e o siempre insa,
'
uye a uente más
d ¡
d
la poesia de Othón.
cau ª osa e las variantes en
He aq'
w una muestra. Si se comparan I d'
autor fue publicando el poem "Pul h . as iversas modalidades con que su
a
e ernma De "
de la primera versión del soneto sólo u d
~ ' nos encontramos con que,
De tal manera las variantes '
qd el an, a1 fmal, dos versos sin correcci6n.
l cal'
son cau a osas en el n,
.
a
idad poética, que sería preciso brindar 1
~m:;º e _importantes para
poema para establecer su proceso o su inte
v~nas . lecciones" del mismo
po, al asaltarnos casi impensadam t
ghrac1on _vital s1 no fuera que el tiem. d
en e, nos a urgido a d .
trane ad, las notas textuales que h b'é
re ucrr, con obvia conu 1 ramos deseado.
Hemos optado, sencillamente
r la 1im .
criterio: la poesía inédita y la ' ~
~1eza de los textos según un doble
la dejó su autor· en cuanto a I poes1a lorg~mzada en libro se transcribe tal cual
'
a no co ecc1onada se
úl .
Dos poemas llevaban hasta 1
' procura su hma versión.
'
e presente retoq
·
aJenos; los de Zavala en
la composición "A Elena Padill ,, Y 1os d el' doctorues
Castro
1
, ,
viv1r... ' como se puntualiza en sendas t
C
e~ a poes1a 'Nacer,
tramos su publicación y del se!!'l.lnd
no as. ?mo del pnmer poema enconprimigenia.
'
º
o, su manuscnto, los restituimos a su factura

.3:

· · ,,

ª,

El origen de otras variantes rocede d
.
.
o de la falta de comprensi·o'n p
e las ~vergenc1as de interpretación
--como aquella "
l" f'
'
que venía inmortalizándose
t d 1
• . mmorta
ilosofía de Comte
"'
,, .
en ° as as ediciones e l
d
inmoral filosofía. o del dese 'd d 1
' n ugar e una evidente
'
u1 o e os comp'I d
l
res mecánicos de copia d •
i ª ores, Y os consabidos erro
O e Imprenta
F"
d
.
. JJa o el texto, aún es preciso resolver 1
•
rumas, despreciables. Respecto a I
a~, cuestiones de grafía, no por mí1
d . .,
a puntuac1on y a tal e a1 af'
.
a mo em1Zac1on, pero respetamos la
f
.
u gr ia, preferimos
y los guiones.
pre erenc1a de Othón por las mayúsculas
En cuanto a la cronología de 1
realizado, aún quedan por resolve:v~;m~s, :e5: al adelanto que aquí se ha
fecha a sus composiciones. o la s p . ~~dmcogrutas. No siempre Othón puso
p
,
u nm10 e pr , 't
oemas Rústicos. De alg
.
opos1 o, como en el caso de los
. .,
unos poemas existe la f h d
.,
pos1c1on; de otros, sólo el dato de
bl' . ,
ec a e creac1on y de com'bl
pu icac1on de a1
pos1 e conocer la fecha N1' es f' ·1
'
gunos poemas es casi im.
ac1 tampoc
·
poesías muy breves o fragme t .
o conJeturarla, ya que se trata de
nanas.
Por
todo
esto
,
,
, "
se vera como en nuestra edición .
)&gt;Oes1as completas" textos . t bl
' sm presuntuoso invento de
'
m oca es' crono)ogia
, d ef'mitiva
..
· en,
' Y otros del'mos
251

�ticos mucho habrá que deba completarse o rectificarse, ya por nosotros mismos,
ya: en buena hora, por otros más capaces y afortunados.
0

V. Lo

APÓCRIFO Y ATRIBUIBLE

Ya en 1949 afirmábamos que, sin tener a mano la prueba ~ocumental, poseíamos la certeza de que el poema Del obispo Caram_uel citado por el P.
el José Othón. Y esto por muy vanadas razones.
'
.
· , d·
T osca, no es de Manu
Nunca se ha encontrado publicado en ninguna de las revistas ~ -~eno icos
donde el poeta solía colaborar. Por primera vez aparece en la ed1c1on de sus
obras de 1928 con el equivocado nombre de "Caramel" --que _perduró en la
edición de Ja :'Colección de Escritores Mejicanos"-; lo ~ual leJOS de ,ser un~
aranúa, es quizá una prueba de la inautenticidad. La viuda ~e Otho~ ~e h!iitó generosamente a entregar "los papeles" del poeta qu_e el edito~ publ_ico ~on
extraordinaria irresponsabilidad. Aquel poema, por su Juego de mg~mo, simapuntes y de ahl se fue a la imprenta,
patizó a Othón' Jo guardó entre, sus
·
· previo
· esqw·1mo. T odo Jo cual es
junto con ]as composiciones autenticas, sm
algo más que una hipótesis.
.
Pues entre los manuscritos que guarda la Universidad Autónoma Potosm~,
se encuentra el poema aludido, sin la firma de Othón y sin fecha de composición, escrito con la vieja grafía del siglo XVIII, lo que_ i_nduce a pen_s;1r e~ un
viejo poema, cuyo autor lo aclara el título con su gemt1vo _de posesion: ~el
Obispo Caramuel". En efecto, Juan Caramuel de Loblokwitz,. fam~o erudito
y escritor español del seiscientos, dejó varios poemas don~e el mgemo suple al
·
Métr;ca O arte de varios e ingeniosos laberintos. (Roma, 1663) ·
geruo, como su
•
Además de estas pruebas externas, el poema en~ero, c~nsiderado ;n su tono
y estilo, manifiesta claramente que no es el tono m el estilo de Othon:

Entre lúcidas perlas
descubrí no sé cuántas Galateas;
y donde se remata
la selva oscura, un coro de Napeas.
Thetis a todas en el mar retrata.
Bellas aquéllas eran, éstas feas;
en número no iguales,
porque en especie eran desiguales . ..
Por algún tiempo, el soneto La siesta le fue adjudicad~. ,Be~ice Udick 1~
citó en su Bibliografía de Manuel José Othón, y lo publico mas tarde el h252

cenciado Jesús Zavala, como un feliz hallazgo, en El Heraldo (San Luis Potosí, 7 de septiembre de 1947), y en El Nacional. (Año XX, t. XXV, núm.
7074, México 28 de noviembre de 1948).
La propia Bernice Udick, en su arúculo Una acuarela de Juan B. Delgado
aclaró la verdadera paternidad del poema. (Letras Potosinas, IX 96. San Luis
Potosí, marzo-abril de 1951, pág. 9).
Ello es que El Contemporáneo (t. IX, núm. 1714, 28 de abril de 1904)
publicó La siesta con la firma de Manuel José Othón, cuando realmente
pertenece a Juan B. Delgado; quien lo editó, dentro de una serie de cuatro
sonetos, con el útulo general de Acuarelas, en El Tiempo Ilustrado (t. IV,
núm. 160, 17 de enero de 1904), y posteriormente lo agrupó en su libro El
país de Rubén Daría. (Bogotá, Editorial Cromos, 1922, págs. 131-132).
Entre el texto de Delgado y el apócrifo de Othón, existen "tan insignificantes variantes que no hay duda que son simplemente dos versiones del mismo poeta". Bernice Udick cree que Othón, por estar entonces enfermo en
Ciudad Laredo, no se enteró de la publicación del soneto que le habían adjudicado, puesto que no corrigió el error.
Otro poema, cuya autenticidad ha sido discutible, es Leyendo el Quijote,
que tal es el nombre originario y no el que posteriormente se le adjudicó Después de leer a Don Quijote.
Apareció por primera vez en El álbum de la mujer, el 27 de abril de 1884,
firmado por Juan Manuel Vargas. Hubiera sido imposible reconocer la paternidad del poema -aquí sí un "averígüela Vargas"-, si no descifrara el enigma la siguiente nota que estampó, al publicarlo, El Contemporáneo: 13 "Este
soneto Jo escribieron el 884, en la casa del poeta Agustín F. Cuenca, él y sus
amigos Juan de Dios Peza, Manuel E. Rincón y Manuel José Othón; y decidieron firmarlo con el seudónimo de Juan Manuel Vargas".
El doctor Francisco de Asís Castro, amigo entrañable del poeta desde la
adolescencia, afirma que el soneto fue escrito por Peza, Othón y Rincón, pero
que Cuenca no participó; y que "lo firmaron con el seudónimo de Juan Manuel
Vargas, tomando el nombre de Juan por Peza, el de Manuel por Manuel Rincón, y el apellido Vargas por ser éste el materno de nuestro vate. El mismo
poeta me refirió esta historia cuando acababa de publicarse el soneto en un
periódico de México".
En su arúculo Plagios literarios el propio doctor Castro añade: "En el número de La Patria, diario de México correspondiente al día primero del presente (enero de 1905), he visto, no sin sorpresa, el soneto No ha muerto Don
Quijote (que así empieza el primer verso), calzado con la firma de J. A. Vargas
Villa. ¿Quién es este señor? Lo ignoro; pero sí sé decir que no es la primera
u 8 de junio de 1905.

253

�vez que dicha bella composición aparece firmada con el mismo nombre; lo
que revela una reincidencia punible al apropiarse de lo que no le pertenece el
susodicho Villa. Dicho soneto se publicó hace algún tiempo en las columnas
de un periódico metropolitano, y a sus pies se leía la firma de Juan Manuel
Vargas..." A continuación, el doctor Castro reafirma la triple paternidad de
Peza, Rincón y Othón. "Así me lo refirió el autor del Himno de los Bosques".1'
Zavala, a su vez: "Jamás hemos creída que Othón haya colaborado en la
composición. El potosino no estimó a Peza como poeta. . . y no hay pruebas
hasta ahora de su amistad con Manuel E. Rincón. Peza escribió tres sonetos
en colaboración con Agustín F. Cuenca con nombre supuesto, pero entre ellos
no figura (éste)" .16
Conte5taríamos diciendo que en caso de que Othón no estimara a Peza
como poeta, sí existió entre ambos una cordial amistad, como lo prueban las
cartas que se cruzaron; y que, atenidos al testimonio de Castro, no hay por
qué querer encontrar este soneto entre los que escribieron en colaboración
Cuenca y Peza, puesto que Cuenca no intervino en él.
Juzgamos que Othón participó en este poema, por las razones siguientes:
1) por el testimonio alterado de su amigo, el doctor Castro;

2) porque se publicó en el periódico potosino El Estandarte, el 22 de noviembre de 1885, bajo el rubro de "Manuel". Al ser un poema en colaboración, Othón no se atrevería a suscribirlo con su nombre completo;
3) porque en el número especial que El tiempo ilustrado consagró a Cervantes 16 se publicó el soneto en página de honor, exornada con una litografía
de R. Peón del Valle. Al pie del soneto, aparece la nota aquélla que puntualiza a sus autores, aquí sí los cuatro: Peza, Rincón, Othón y Cuenca. En este
11
mismo número aparece otro poema de Othón, Pobre Cervantes ;
4) si Othón no hubiera tenido ninguna participación en el soneto, ¿ por
qué nunca lo desmintió?, ¿por qué aceptó, una y otra vez, que se involucrara
su nombre en la composición? Porque no es posible creer que Othón no se
enterara. El soneto viene apareciendo desde 1884 hasta 1905 en un largo
lapso de veinte años. Una vez lo publica su amigo, el Lic. Primo Feliciano
Velázquez, en el periódico de su ciudad; y ahí mismo, en El Estandarte, otro
de sus amigos, el Doctor Castro, defiende la participación que Othón tuvo
en el poema.

·

Por otra parte, :~ el mismo número de El tiempo ilustrado, aparece junto
con otra colaborac10n suya.

5) Recordaríamos
, el umco
, . poema en colaboración
. .,
' también, que no es este
que escnb10 el Poeta. Ahí están: Acuarela, A Juanene, D.za'logo h umonstico.
, .
6) El tema cervantino le fue fecundo y dilecto en 1 lí .
1
el~~
a~e~y
Todo hlo cual nos induce a creer que L~yendo el Quijote, puede adjudicársele por oy.

VI.

Los CANTOS suMERomos

La s~ple noticia de los libros fantasmáticos y los poemas que se q d
en~?s

l;bos de lo inédito o lo soñado, no sólo acrece los matices psic~~ó;i:::
10gr ~cos ~el ~oeta; resulta, además, una voz de alerta para la n
exhausta investigación.
unca

o

:n

1 ib.~n .~~ prólog~ a los Poemas Rústicos, desconociendo su obra anterior

10: , . oy,,coID1e~o con ,el primero de los cuatro volúmenes de que const~
obra línea . ¿ Cuales senan los tres restantes? El propio Othón encar 6
don Juan B. Delgado, quien ya cuidaba en México la impresión de a
libro, que en la cubierta los diera a conocer is U no de ell p
I q
había qu d d
• d
·
os, oemas nternos,
del hom e a o orgam;a o. Los otros, son desconcertantes títulos en labios
. bre bueno, senan Poemas del odio, cuyas composiciones estaban
r
prop1~ c~nfesión, "inéditas. casi todas"; y Poemas brutales, "del todo inédi~
pues aun tengo poco escrito. De éstos no daré a conocer uno solo hast
'
salgan en colección, porque... yo sé mi cuento" is
'
a que
. Me inclino a pensar que el material de estos dos libros pese a las afum'
Clones
ase en de ...me, dºit~" ', ap~nas era un sueño y proyecto. En ' los manuscritos no
los cuentr~ ~l~n md1ce, pero ni siquiera el menor rastro. Por otra parte
de l~ma~ ~?e~to~ que hoy conocemos, y que pertenecen a aquellos año~
ara tpa~1-~on de oe~as ~ústicos, no integran un volumen suficiente como
res 1 ros e pubhcac1on más o menos inmediata.
P

~

!1

es!) .:-;;-s estan_ipar el título del poema Los amores de la tierra Othón añadió
a vertenc1a: Esta composición es la jornada primera' de un poema
u Epistolario (de) Manuel José Oth6n Gl

El Estandarte, San Luis Potosí, 6 de enero de 1905, p . 1.
,. El Nacional, México, 28 de nov., 1948.
11 21 de mayo de 1905, p. 315.
" ib. p. 310.

11

254

, .
México. Ediciones de la Uní . ºd ~sa;¡ e~quemas, md1ces y notas de JEsÚs
Carta del 10 d . li d
vers1 a
ac1onal Aut6noma de México 1946
,.
e Ju o e 1902, p. 58.
'
·
Carta del 22 de noviembre de 1901, Epistolario, Le., p. 40.

ZAVALA,

255

�.
El . f
por un beso no terminado aún. Se
dividido en tres, Y titulado . , m(;rn~ ) con el n~mbre que tiene la jorincluye en la prese~te colecc1on, oes~:~~ completo, aunque no pueda connada. porque por s1 sola formara un p
' conforme a l Plan que roe he puesto".
tinuarlo
.
d
r su autor, se desconocen tres
3) Del índice de Poemas internos, traza o po
'd
si bien con diverso
oesías. bien puede tratarse de algunas ya ~on?c1 2:s,
P
h t · y Le¡amas
nombre.' Tales son: Nueva luz, p ro•ª
ria
.
1 . 'n de los Poemas Rústicos. No me
4) "Ya estoy dando remate a la co elclc10 A helo po'stumo
Está inédita
· ·' que se ama n
· ··
falta más que una compos1c1on
.
. 1 y en ello me ocupo ahora.
. o es necesano gmsar a,
y en bruto. P or 1O nnsm '
»21 Quizá sea la poesía Para
t'1empo pues es muy corta. . •
Es obra de muy poco
'
L' J , Zavala. y que si el poeta
(
nJ·eturaba e1 1c. esus
'
'
un romance de T os i, co
R, .
" e debe a la índole romántica de
. 1 , 1f
n los Poemas usticos, s
no la me uyo a m e
f
Anhelo póstumo "está en
ella".22 Pero por una parte, Othlón a irmpa quuena romanza aparece impreso
· t
que e poema ara
bruto" por 1899 ' m1en ras
, . l ,
mejor libro dos composiciones
en 1905; por otra parte, Othon me uyo en su
de índole romántica.
, • d · versos' que se llama
5) "Me ocupo de escn'b1'r otro poema rustico e cien
Oda de oro".23
•,
d l drama Victoriosa) con excepc1on
6) "Ya no los acabé nunca (los actos e
,, 2, Othón
h
o del que tengo muchas escenas .
b
de un arreglo del Mack et en vers '
l R . t de México ,25 y las escenas
. , l
'l
más una escena en a evis a
,
d b"
publico e mono ogo
El E t d te 26 Según su testimonio, e 10
VII y VIII del Acto Segundo en
s an ar .
,
escribir "muchas escenas" mas.
.
.
L d (1906) narra Zavala, se propuso escn7) "De vuelta en Crndad er o
'
.
. , l 28 de
recordando que su muJer nac10 e
bir un poema sobre los mes~s y,, su esposa vieron la luz el mismo año-,
noviembre de 1858 -Manue 1,ose ~ll s que la tinta se volcó sobre lo que
quiso comenzarlo por es:e m~s . . .
o e.
uiso reanudar la obra que
'b'
e a la ins1stenc1a de su mu1er, no q
,,
escn 1a y, pes
.
L
ha ocurrido es signo de muerte •21
apenas empezaba. "Es imposible. . . o que
C ta del 12 de marzo de 1903, ib., p. 79.
c::ta del 29 de mayo de 1899, ib ., p. 21.
Epistolario, l.c., P· 22, nota.
.
· 1
28
Carta del 18 de septiembre de 1899, Ep_istolar~o, ..c., p.
.
Carta del 22 de noviembre de 1901, Ep1stola110, ib., p. 40.
México 27 de diciembre de 1891.
· pot ost,
' 24 de enero de 1892.
•
· · 1952 ,
,. San L ws
M' •
Imprenta Umvers1tana,
n Manuel José Othón. El hombre y el poeta, exico,

,.
"
..
..
,.
••

8) En un índice autógrafo de Ensayos Poéticos -que tal fue el nombre
provisional de Poesías-, de entre los manuscritos de Othón que posee la Universidad Autónoma Potosina, aparece el nombre de tres poemas desconocidos:
A Núñez de Arce, La Noche de Navidad (leyenda), Justicia de Dios (tradición).
9) En otro índice similar en Leyendas y poemas -segunda parte del 'libro
Poesías-, alude Othón a la elegía Sobre las ruinas, y al poema Un episodio
del Dante.

10) Un segundo índice de Leyendas y poemas enumera El sacrificio
(poema), y, de nuevo, .Justicia de Dios, leyenda tradicional, dedicada "a Pepe
Cabrera".
11) Otro índice autógrafo de Poemas rústicos recoge los nombres de Anima
rerum, Oda de oro y Anhelo póstumo; de estos dos últimos poemas, Othón se
refería en sus cartas a Delgado.
. 12) En cuanto al conocido Amores eternos, si nos atenemos a los datos
que confiesa Othón en aquellos manuscritos, le faltan ocho poemas de los
diez que deberían integrarlo; pues sólo conocemos Don Quijote -Dulcinea y
Paolo- Francesca.
13) La Noche rústica de Walpurgis según otro índice manuscrito, constaría
de doce sonetos. Desconocemos: Las luciérnagas, La veleta, Las sabandijas,
Las ranas y Los coyotes.
14) Don Joaquín Meade, cuyo sobrio testimonio y probado juicio en diutumos afanes de investigación aseguran la seriedad de su afirmación, cuenta
que él vio un cuaderno de epigramas y poesía festiva de Othón.

VII.

LAS NOTAS FINALES

Por todo lo que antecede, podrá observarse que la presente edición sobre
las anteriores, se enriquece con veintiséis poemas inéditos, con otros seis nunca
antes seleccionados, y uno más que se ofrece completo.
Al encontrar los originales, se evitaron las restauraciones conjeturales de
"A Elena Padilla" y "Nacer, vivir..."; se suprimieron algunas composiciones
que venían ofrendándose como poemas diversos, cuando no son sino lecciones de la misma composición; y definitivamente se erradicaron dos poemas
apócrifos, todo lo cual se exhibe o se razona, bien en estas palabras introductorias, bien en las notículas finales.
Pues que consideramos a Othón, el imprevisto y sumo de Poemas Rústicos

p. 252.

257
256
H17

�.
d 1 "dii maiores" de nuestra lírica, creemos
y el Idilio Salva7e, como uno e os
1 rigor que impone su propio
que, como tal, habría que editarlo;. e~to es, c~n ~pes la pureza de los textos
. . t o, el respeto a las ed1c1ones prmc1 '
merecim1en
y el anhelo de la máxima integrid~d.
b
de los poemas las dedica. 1 t tan de precisar los nom res
'
f
Las notas ma es ra
h'
f
un material para nuevas y
rias las fechas; o por lo menos a 1 se o rece
, .
to
y
. .d .
textuales y cronolog1cas.
cada vez más serias d1luc1 ac1ones_ b ºbl" áfica cuando no aparece ni en
Unicamente damos la referencia i 10gr
Bernice Udick ni en Zavala.
d' . 1 ·r todas las variantes, que nos lle.
•
bl
mura nos ve o me U1
Si la mexora e pre
.
d
sto y técnica creímos que
varían a gozar las sutiles transf~i:nac1one~ :as!ude Manuel josé Othón, la
esta labor apasionante y comple11simR~ ~n
no que otro más; así es como
t Odo sus Poemas usticos, y u
b
b
reclama an so re
t e's de los manuscritos.
·antes al menos a rav
se incluyeron estas van
'
'
1t
l más perenne y soberano
t de las obras comp e as, e
. f
Sobre este monumen o
b'
diéramos inscribir por epita 10,
al hombre bueno y al poeta excelso, . ien p~
su propio cántico ennoblecido por el tiempo.
A uí os dejo la lira de mis viejas c~nciones:
g:ardádmela, que aún tienen sonidos sus bordones.
y pues ya se ha colmado el ingente deseo.
q~e abrasaba mi espíritu, Gloria in excels1S Deo.

258

GONZALEZ VERA: EL HUMORISMO DE LA IMPRECISIÓN

Dr. FERNANDO ALEGRÍA
University of California, Berkeley

DrcE ERNESTO MONTENEGRO en el prólogo a Cuando era muchacho, que este
libro yacía inédito en el escritorio del autor desde hacía algún tiempo cuando,
en 1951, a raíz de haber sido agraciado con el Premio Nacional de Literatura, González Vera pudo al fin conseguir una editorial que se lo publicase.
¡ Admirable cambio el que se produce de vez en cuando en la carrera de un
escritor! Gracias a un accidente fortuito González Vera llega hasta el gran
público de su país -en el extranjero aún no se le conoce- y la crítica local
lo recibe con generosa y zalamera algarabía. Durante veinticinco años ha
sido una vaga figura, un tanto desconcertante e incomprensible en el ambiente
literario chileno. Los críticos le mencionan al pasar, muchas veces con el
ánimo de recriminar a los criollistas. En sus dos obritas, Vidas mínimas y
Alhué, dicen, González Vera ha expresado el campo y el arrabal chileno
mejor que todos los criollistas juntos en miles de soporíferas páginas. Es un
estilista, dicen otros. ¡ Qué va! Un humorista querrán decir, agregan terceros. No escribe por disciplinado y exigente, echa al canasto la mayor parte
de lo que produce. . . Pamplinas, añade un deslenguado, no escribe de puro
flojo. El galardón de 1951 multiplica los comentarios. En uno de mis viajes
a Chile oí decir a un escritor santiaguiano lo siguiente: "Curiosa cosa el
Premio Nacional, a veces se lo dan a un escritor de muchos libros como diciéndole, tome, tome el premio, pero por favor no escriba nunca más; otras
veces se lo dan a un escritor que no ha publicado sino una o dos obras. ¿ Por
qué? pregunta usted, pues, por eso, como premio por no haber pecado más
a menudo". Críticos de renombre continental, en cambio, celebraron el triunfo de González Vera sin ambigüedades, y Gabriela Mistral escribió una página
muy laudatoria en el Repertorio Americano.
¿Quién es González Vera, cuál es el verdadero significado de su obra?
Ciertos recuerdos personales acaso me ayuden a definirlo. Cuando yo era
259

�1,
1
t

estudiante del Instituto Pedagógico en Santiago y me hallaba expuesto a las
directivas criollistas de Mariano Latorre, me gustaba pensar en González
Vera como en la quintaesencia del regionalismo chileno. Le admiraba sinceramente, pero de una manera lejana, como una compensación por las maldades
perpetradas en nombre de don José María Pereda. González Vera era el fino
heredero de la aristocracia descriptiva, el sucesor de Federico Gana, el brote
maduro de Baldomero Lillo. Su aldea era como una empanada servida en el
Waldorf. Alhué contenía el campo chileno ¡ qué duda cabe! pero lo contenía
en una lírica e impresionista abstracción. Su paisaje literario era la contraparte del impresionismo pictórico y, en los momentos álgidos de su inspiración,
lucía la cualidad onírica, plateada y auroral, de las telas de Pablo Buchard.
De haberle conocido más hubiese entendido mejor, quizás, las raíces humanas de su estilización. Pero nuestras generaciones estaban separadas no
sólo por años, sino por toda clase de minúsculos, aunque poderosos, detalles
de ideología literaria tanto como filosófica. El nombre de González Vera sonaba entre nuestros grupos estudiantiles junto a nombres legendarios como
el de Domingo Gómez Rojas, de Eugenio González, de Gandulfo, Schnake,
y otros revolucionarios del año veinte. Se le decía anarquista. Cuando tuve
la oportunidad de conocerle personalmente -en las oficinas de la Cooperación Intelectual de la Universidad de Chile- me causó una impresión extraña
y confusa. Había allí, en una oficina junto a él, un raro caballero que vestía
como mozo de pastelería, rigurosamente de negro, camisa y pechera blanca,
corbata:"-mariposa negra; no sé por qué integré mentalmente a este señor con
la personalidad de González Vera. Como si González Vera hubiese cocinado
los pasteles y el otro los sirviera. Los dos me parecieron partes del mismo
ser: el anverso y el reverso de una imagen conocida en sueños. Cosa absurda,
seguramente, pues supongo que ni intelectual ni socialmente debe haber existido nada de común entre ellos. González Vera parecía buena persona, servicial, y comedido. Sarcástico, tal vez, pero humano, muy humano para su
condición burocrática de entonces. A mí, que iba de majadero con asuntos
de becas y peticiones, me atendió gentilmente al principio; después me miraba con su expresión desangrada y me iba deshauciando entre frases de su
máquina de escribir. Voz jugosa, rápida, suave y cordial, podría guillotinar
sin perder jamás el encanto de sus medios tonos. Esa personalidad encajaba
bien con la leyenda del escritor que rompía todos sus originales. Había algo
de inconcluso en sus gestos nerviosos, en su cigarrillo que no acababa nunca de
convertirse en ceniza, en sus despedidas inseguras. Como en sus dos libros
iniciales, González Vera no decía ni la quinta parte de lo que se adivinaba
en su imaginación. En la vida real se valía de las sonrisas, y en su obra literaria, de los silencios.
260

. A la_ luz ~e estos recuerdos su obra literaria cobra, a través de los años
dimens1on~s inesperadas. Consideremos Vidas mínimas ( 1923) y Alhué ( 1928)'
En estos libros Gon~ález Ve:a no es un costumbrista común y corriente. Aun~
q~e _el lector a primera vista pudiera confundir sus pequeñas prosas descrip~1vas con las. ~viñet:15" tan populares en periódicos y revistas de comienzos
de siglo -esas vinet~s ~presas en papel lujoso como para disimular la mugre
del arra~~l que_ l~s inspiraba-, una mirada más cuidadosa descubre en ellas
un prop~s~to origmal. González Vera es como un fotógrafo que, por primera
vez'. decidiera ret:atar . a sus modelos sin afeite previo: desde luego, sin el
afeite de modas literarias establecidas. Les capta en un solo instante de vida
ple?ª· Na~~ más _que en un instante va a coincidir con una crisis y el relato
sera dramat1co; s1, por el contrario, se trata de un momento rutinario, vacío
Y calmo,
quedarán flotando con un mínimo pu Iso l'meo,
·
· d las palabras
•
una
esp~~1e e suspiro_que coro~a levemente la reflexión filosófica. No hay ideali~c10n alguna: m del ambiente ni de los personajes. No le mueve a Gonz~l~z Vera la nostalgia. Su evocación obedece, más bien, al deseo un tanto
sad~co de constatar la crueldad que moldeó su juventud. De ahí el efecto
agridulce d: su prosa. Véanse, por ejemplo, sus semblanzas de obscuras gentes
de conventillo. Las ve en sus rasgos más caricaturescos:
"_Son las siete de la mañana. La señora Paula empieza a barrer. Es una
muJer alta, flaca, arrugada. Lleva la cabeza envuelta en un pañolón desflecado y negro como ~us vestidos. Ella anuda sus manos ganchudas al mango
de la escoba y empuja los desperdicios que apenas se mueven. Pasa la escoba
una Y ot~~ vez e impacientada arremete a puntapiés con las piedras que en
esta ocas1on se arrastran algunos metros". ( Vidas mínimas, 3a. ed. Santiago
1950, p. 21).
'
'
rmº

"Pero el tiempo pasó. El cuarto volvió a llenarse. Los nuevos arrendatarios
e~an una vieja y un muchachón. La vieja era chica, delgada y toda encogida. El era cuadrado, chato y andaba trotando como los mozos del telé!ITafo"
0
(lbid., p. 32).
•
"~~te inquilino es la pesadilla de la casa. Sff corta estatura y su aparente
fra~~1dad,. lo ~acen más antipático. En su cara amontonada orillan dos pe~uemtos OJOS ingen~os. Su boca desaparece bajo unos bigotes castaños que
tienen forma de cortinas. Su figura es incalificable". (lbid., p. 38).
"Al rato se abrió la puerta y apareció una mujer redonda, pequeña, deformada; una mezcla de saco y de barril. Su rostro de nariz achatada, de
boca grande y de frente oprimida, miróme con ojos comedidos". (lbid.,
pp. 76-77).
"El hombre se volvió y nos saludamos. La mujer le pasó la carta. Era un
261

�vejentón de cara cuadrada y piel amarillenta y sucia. El sitio del ojo izquierdo lo tenía cubierto con un trozo de paño negro, con una fontanilla. Su
bigote recortado y cerdoso parecía un cepillo sin mango". (!bid., p. 78).
"Su hermana Francisca era una vieja de feísimo aspecto... Era su rostro
como un trapo ajado y su cuerpo y sus piernas parecían solamente una
blusa y una pollera rellenas de papel. Sus movimientos producíanse accidentalmente y su voz nacía desacorde, dispersa; pero no se cortaba jamás. Carecía
de realidad activa. Equivalía a un árbol, a una pared, a un banco. Cocinaba,
barría, limpiaba, trajinaba. Vivía al margen de los demás". (!bid., pp. 85-86).
No he escogido estas semblanzas intencionalmente; estos son los personajes
de Vidas mínimas. ¿Los héroes? El narrador no se describe; sus dos mujeres
son amargos símbolos de primitiva bestialidad y torpeza, de materialismo
grueso que se rebela con instintiva saña contra la espiritualidad amorfa del
hombre. Pasivas en su sorpresa ante el homenaje literario de ese ser indefinido
que las corteja, estallan con ferocidad criminal al advertir que ya no pueden
sobrevivir en una imagen idealizada, pues el hombre ha penetrado, al fin,
en su secreto. Le hieren con el insulto. Frente a ellas el hombre arrabalero
crece en sordidez y animalidad, como si González Vera quisiera complementar esa humanidad en un solo rasgo de penosa e irreparable desolación.
Ve en ellos la fealdad básica que emana su primitivo sensualismo y su carencia de espíritu. Les mueve como a esperpentos, no descansa hasta que
logra vapulearles y arrastrarles por la acequia turbia del conventillo. Dejan
un reguero de sangre, que muy bien pudiera ser de aserrín.
Acaso consiga González Vera mayor equilibrio en Alhué. Por lo menos, es
probable que su mirada distinga el alma a través de la exterior fealdad. He
aquí algunas imágenes tomadas de este libro:
"Don Nazario era altísimo... De sus hombros, ya un tanto cansados, nacíale el cuello. Y sobre éste gravitaba su pequeña cabeza. Y del rostro, más
reducido aún, caía, sin desprenderse, una enorme nariz. Era serio, perezoso,
monosilábico. Desde la mañana mordía su vieja pipa y tranqueaba por la acera
sin alejarse mucho de su alm.-:én". (Alhué, 3a. ed., Santiago, 1946, p. 22).
"Era mi padre un hombre casi alto, blanco, de grandes ojos llameantes.
.Su traje negro le hacía aparecer semidelgado. Generalmente su aspecto lindaba en la severidad; pero cuando conversaba, solía reír con una risa lenta,
continuada y loca que le transformaba en absoluto" (p. 28).
"Loreto era bajita, delgada, paliducha. Parecía hoja; pero el otoño pasaba
sin causarle quebranto. Su enteco organismo poseía una fuerza nerviosa insospechable. Odiaba la alegría y el ruido" (p. 49).
"Era el profesor un sujeto rubio, bizco, de pequeña estatura, gélido com-

262

pletamente. Pisaba con la punta de los pies y gritaba sin cesar. No sonreía
ni por broma. ¡ Qué excelente carcelero hubiera sido!" ( p. 74) .
"Tenía nombre con olor a campo: Clorinda. Era flaca, casi alta, de amarillentas mejillas, de mirada fría, y muy habladora... Vivía agriada. Nunca
se le escapaba una palabra alegre. Había exprimido de su existencia la cordialidad. Cuando no podía emprenderlas contra su marido, emprendíalas contra su chico, el gato o las gallinas" (p. 128).
Esta es, entonces, la marca distintiva de González Vera: mientras otros
escritores de su tiempo, examinan el mundo popular chileno esforzándose por
definirlo en un tono de nacionalidad y regionalismo, González Vera, el fotógrafo, se despreocupa del telón de fondo y observa a sus criaturas como si
vivieran en el vacío de un desamparo universal. Nada hay en sus conventillos,
en sus aldeas o en sus paisajes, de ese agresivo regionalismo con que los
criollistas sellaban sus productos. Todo en él es vago, aun en medio de lo
concreto y específico. Una frase aquí, un comentario al pasar, una ligera
observación, nos indican que los personajes viven en la miseria de un suburbio
chileno; pero González Vera huye del peso de esa realidad. La evade rápidamente. Vive al margen de ella. O, mejor dicho, vive en ella pero incontaminado; como si le hubieran asignado la tarea de vivir en ese ambiente
durante cierto tiempo para tomar notas mentalmente y escribir, más tarde,
sus recuerdos de fina estilización.
Por eso, González Vera da la impresión de flotar con sus libros. Se mantiene en el aire de su país, volando poco, posado en el marco de una ventana
como un chincol, pestañando, listo para huír. De ahí también, la índole de
sus obras. Vidas mínimas y Alhué no son libros, no funcionan como libros,
son anotaciones para escribir libros. González Vera cultiva en ellos una vaguedad que debe producir asombro en el lector, que ha de intrigarlo y preocupado. Eso es lo que la crítica ha llamado en él su "ironía". En el fondo,
·esa vaguedad, o esa ironía, se vuelve contra él. Se castiga con ella porque ella
deja en claro sus debilidades. 'Esa vaguedad podría no ser el arte de González Vera, sino el síntoma de su imposibilidad de concebir y componer una
obra dentro de un espíritu de finalidad estructural. El transcendentalismo de
su expresión literaria se basa en contados rasgos psicológicos y detalles ambientales que extrae de la realidad de su tiempo para dejarlos vibrando con
su propia desazón de vivir. Quienes descubren esta cámara secreta en e1
fino recinto de su obra se quedan desconcertados. Por una parte, el mundo
creado por González Vera acusa una debilidad básica: está hecho de hilvanes, siluetas, medias caras, penumbras y tenues claridades; medido, pero no
organizado. Por otra parte, de cada ser y de cada objeto emana una especie
de respuesta a la angustia de la humanidad contemporánea; indudablemente,

,263

�estas respuestas no forman una sola voz. El hecho es, en consecuencia, ~~e
González Vera, para bien o para mal, no consigue dar una contextura defoutiva a su materia novelística. De aliento limitado, se agota en el esfuerzo de
purificar el lenguaje que ha de permitirle la creación de un estilo de sugerencias poéticas. Es posible que no haya pasado del lengúaje. Sus caracteres
viven brevemente, como pájaros aletean unos pocos segundos y desaparece_n:
o mueren o callan o se retiran a sus cuartos de conventillo. Nada se orgaruza
ni asume finalidad en su mundo. Nada fluye tampoco. Todo está hecho a
base de exabruptos y modestas situaciones de índole sentimental.
Impone desde el comienzo de sus narraciones un tie~~o definitivamente
pasado, una entonación de sordina y un acontecer cotidiano: El ~ector se
deja adormilar por esa suave ironía que le va entregando la ex1stenc1a de un
pueblo en pequeños trozos límpidos, sobrios, imprecisos. De pront~ se presenta el problema de concluir una narración: González Vera conJura una
crisis que arremolina a los personajes en un desgar~ador choque d~ palabras,
dichas y no dichas, de improperios o lamentos. Alguien lanza un obJeto con~ra
la cabeza de alguien, alguien se mesa los cabellos y solloza. No muy leJos
-lo suficiente para que no se vea- alguien se desangra, apuñaleado. Este
algo brutal y trágico acontece en un relámpago, no concierne a tod~s los
personajes ni le ha dado unidad a la narración ni universalis~o al conJu?to
de los episodios. Sin embargo, se encierra allí una exclamac1on de genuma
profundidad espiritual, una llamarada que nos il~ina el rostro_ con el calor
de la verdadera emoción. El relato está concluido. Muy cwdadosamente
González Vera firma y nunca olvida de consignar la fecha y el lugar donde
tales cosas ocurrieron y fueron escritas: es su modo de trascendentalizarlas.
Cuando era muchacho (Santiago, 1951 ) es otra cosa. He aquí la sonrisa que
se traduce en palabra, el silencio que se puebla de objetos y personajes, el
gesto que admite una explicación, la perspectiva inconclusa que se adelgaz~
y deja ver un fin donde presentíamos el infinito. No sé exactamente con que
actitud se habrá leído en Chile este libro de González Vera. Para mí, que lo
leí con la nostalgia viva del ambiente que describe, pero embalsamado el ánimo
por los años de ausencia y la insalvable lejanía me pareció un libro triste,
deprimente en su dulzura, profundamente inquietante en la raíz de su humorismo derrotado. A veces, dejó en mi espíritu la sensación de un contacto ingrato, como la de una mano exangüe y sudada. A veces, enternecido
por la humilde resignación ante el deshonor y el sufrimiento, creí notar una
vocación franciscana tímidamente oculta entre las carcajadas de un auto
de fe picaresco.
En este libro González Vera debió enfrentarse a uno de los problemas

264

más delicados en el arte de la composición literaria: el de salvar la dignidad y la belleza de la expresión artística cuando ella viene atada a un mundo de renunciación abyecta. Lector asiduo de los rusos prerrevolucionarios,
es posible que González Vera intentara seguir el modelo de Máximo Gorky. Pero, leyendo a Gorky, aun lo más sórdido y tenebroso de sus experiencias, jamás perdemos de vista la dignidad esencial de su actitud, la independencia sagrada de su espíritu, el valor viril de su humildad. Que el héroe de
las memorias de González Vera haya servido de lustrabotas o de suplementero, a gran honra lo tenga. No es lo que el individuo hace lo inquietante,
sino cómo lo hace. Un ser sin carácter, débil, oportunista, sin principios, humillado y ofendido, pero jamás rebelde, lava el "baño" del Club Septiembre -supongo que baño es aquí un eufemismo y que el autor quiere decir excusado- y no logramos compadecerle porque en su humildad no
hay un contenido espiritual, una calidad humana que podamos aceptar como insobornable e indestructible. Escritores como Gorky o James Ferrel, o
Richard Wright, pasan por la miasma de la miseria y la corrupción sin
mancharse y con la voluntad firme de redimirse. Políticamente podrán errar,
pero no me refiero a eso, me refiero a la dignidad y a la responsabilidad moral que exponen en sus obras. Las memorias de Gorky revelan un espíritu
sublime, profundamente revolucionario. Los hechos reales parecen un decorado incidental que destaca la crisis honda y apremiante por que va atravesando su espíritu. El vagabundo de Gorky, las horas perdidas que pasa en
las estepas, o junto al río, o en la taberna, todo esto florece artísticamente
porque se llena de la emoción lírica que el escritor alcanza en el contacto humano y en la sensación de la tierra y del paisaje. El héroe de González Vera jamás nos revela conmoción alguna de su alma, las rebeliones son de sus
amigos, los heroísmos no le pertenecen, ni acciones grandes ni pequeñas dan
relieve a su peregrinar. Como una hiel va goteando página tras página la
sustancia gris del temor y la desesperanza. Acaso hay en este libro la voluntad deliberada de aniquilarse, de anonadarse con una sonrisa en los labios.
Nadie podría negarle al autor el derecho de hacerlo y hasta pudiera celebrarse el que lo hiciera pintorescamente. Pero, los humoristas de cepa, y
González Vera es uno de ellos, nunca se aniquilan por amor al arte. Por lo
general se aplican el cilicio para revelar la llaga de los demás. Y es esta llaga, la que no es suya, la que González Vera olvidó exponer y ahondar en su
libro.
Compárese a González Vera con José Rubén Romero. Discípulos ambos
de Lazarillos y Periquillos se esfuerzan por darnos una visión cruda de la
sociedad en que vivieron. Pero mientras Romero acumula deshonras y abusos sobre Pito Pérez para presentarlo como víctima del orgullo, la ambición

265

�y la vanidad de los hombres, González Vera se limita a ventear su destino
con disimulo, demasiado bondadoso para rebelarse. Se dirá que entre ambos
autores hay una diferencia grande de temperamento. Romero es verboso,
audaz, impertinente, quemado por una malicia cuya máxima expresión es
el escándalo envuelto en clásica elegancia retórica. González Vera huye del
artificio como de una peste y antes que imitar el período largo y sabroso de
Quevedo, de Cervantes o Lizardi, prefiere el disparo en miniatura de tres
puntos suspensivos. Romero nos hace reír a carcajadas y sus chistes no son
para repetirse en buena compañía. González Vera nos hace sonreír y nos
invita a comentar sus frases para dilucidar el segundo sentido hábilmente
oculto. La verdad es que Romero es un crítico social educado en la tradición picaresca española, libre de influencias exóticas, mientras que González Vera ha intentado superar el carácter episódico de la picaresca introduciendo el elemento psicológico que le ha llegado en lecturas de rusos y franceses contemporáneos. A este propósito se me ocurre compararle con otro
novelista chileno de su generación: Manuel Rojas. Pero no quisiera dar
relieve innecesario a esta comparación. En su novela Hijo de Ladrón Rojas también sigue la tendencia picaresca, sin embargo, la armazón de la
novela muestra un conocimiento sólido de la técnica novelística moderna,
especialmente de la norteamericana. Es decir, ambos escritores chilenos llegan al género picaresco con importantes innovaciones que, en su origen, nada tienen que ver con la tradición castiza. Podría agregarse que tanto Rojas como González Vera logran forjar un estilo individual, éste con indirectas y sugerencias que mantienen un tono constante de conversación, aquél
con un lento y hondo desmenuzar de las sensaciones que me hace pensar en
la faena del lavador de oro: intenta la mirada en el metal, el agua y la
arena que se le escurren entre los dedos. De Manuel Rojas podría decirse
que su estilo estaba ya delineado en El delincuente; su última novela no ha
hecho más que agregar profundidad y riqueza sensorial a una prosa que, en
su dinámica desnudez, poseía ya un valor clásico indiscutible.
Sin embargo, un episodio como el de "Vuelapoco" revela en la obra de
González Vera una penetración tan fina y tan profunda de las pequeñas
miserias humanas, que resultaría odioso e injusto negarle su condición de
intérprete privilegiado de la vida popular chilena.1 Su actitud puede intrigarnos, su técnica acaso nos deje fríos, pero hay una intuición poética en sus
esbozos, una pluralidad de sugestiones, que indudablemente tocan la esencia misma de Chile y los chilenos. González Vera va paulatinamente dibujando su propia contextura: el trazo es engañosamente simple, despreo1

266

c~pado en apariencias, estilizado hasta la abstracción una lín d 1
cia tortuosa
sobre
fondo inmaculadamente blaneo, 'pero en ea
e e egan.
.
alguna
parte
presentunos _I~ inminencia del color, la presión intajable de una amar ra
o un ~s~eptic1smo o una suprema renunciación, que empujarán su ma!: a
una alcnbs1s, y ento~ces,. cuando esto suceda, será cosa de ver la batalla entre
la P a ra y el s1lenc10.

Cf. Cuando era muchacho, pp. 45-46.

267

�CARTAS DE UNAMUNO
ALFONSO ARMAS AVALA
Las Palmas de G. Canaria

DoN MIGUEL DE UNAMUNO tuvo a gala ser un español que conocía su
patria palmo a palmo. Viajó mucho, no con afán turístico, sino con curiosidad insaciable de viajero. Sus libros -sus ensayos- prueban la huella que
dejó en el escritor este peregrinaje espiritual a todo lo ancho de la Península; de la Península y de sus islas adyacentes, porque también visitó a Baleares y Canarias.
Precisamente, estas cartas que publicamos están relacionadas con su viaje a Canarias en 1910, la primera vez que Unamuno llega a las Islas Canarias (en 1924, al ser desterrado por Primo de Rivera, volvería; esta vez a
Fuerteventura, durante casi tres meses) . Don Miguel había sido invitado como mantenedor de unos Juegos Florales, y no desaprovechó esta ocasión;
aunque no gustase de los Juegos, aunque los vituperase, aunque los Juegos
fuesen el pretexto para manifestar su incomodidad.
De estos dos viajes nació un libro -De Fuerteventura a París-, algunos ensayos -publicados en La Nación, de B. Aires, en La Libertad de Madrid-... y la promesa de otro libro, aún más denso, sobre el Aislamiento y
otras cosas; promesa que nunca llegó a consumar. Pero, además de los libros, brotó en unos pocos corazones insulares, estremecidos por su palabra,
la llama de la inquietud y de la desazón. Un poeta, "Alonso Quesada"
-constreñido de soledad y aislamiento- encontraría en la ideología unamuniana asiento seguro para su poesía; y otro insular, escritor incipiente,
Manuel Macías Casanova, se convertiría casi en hijo de su mismo espíritu,
Domingo Doreste - ex-alumno suyo en Salamanca- y Francisco Gonzáles Díaz -periodista y orador son los destinatarios de estas dos cartas; dos,
entre otras muchas que Unamuno escribió a sus amigos de las Islas. Y que,
con la eficacia de su acción personal y directa, tanto hicieron por encender
rescoldos unamunianos en el oasis enervante del Archipiélago.
269

�Sí, oasis. Porque Miguel de Unamuno, descubridor de la "modorra" y
la somnolencia insulares, también vivió en Fuerteventura, en los años del
destierro, este clima de abandono y de sosiego. Aunque él, paradójico, convirtiera la paz en guerra, el descanso en lucha, la indiferencia en pasión._ Esa
guerra, esa lucha y esa pasión que inútilmente quiso encender en los insulares en 191 O; chisporroteantes por domésticos problemas de campanario,
por divisiones provinciales, por autonomías administrativas. . . y por caciquismo enfervorizador.
Miguel de Unamuno intentó luchar contra todo esto; y fracasó. Porque
quiso injertar el temple ibérico en el nihilismo africano. O porque no fue
capaz de despertar en los otros corazones esa chispa que se hizo llama en
los de Alonso, Macías y Doreste, tres fervientes discípulos de Unamuno en
Canarias.
U namuno quiso, en fin, transmitir a su auditorio insular -pronunció
dos discursos y dos charlas- todo el fuego, toda la brasa encendida de su
corazón español. Y no contento con la palabra hablada, la escrita; a través de la carta. Gracias a la cual, antes y después de su viaje, Don Miguel
iba desbordándose, exteriorizándose, entregándose con generosidad. Ya que
en la carta, retrato fiel de cualquier hombre, Miguel de Unamuno seguía
hablando en alta voz, sin engaños, sin retoricismo, sin fraude alguno. Confesándose en alta voz, y buscando la confesión de su destinatario, Miguel
de Unamuno vigorizaba su espíritu... y trataba, al mismo tiempo, de infundir vigor al de quien le leía o le escuchaba.
Monólogo en alta voz; esta sería la mejor definición de una carta unamuniana. Un vuelco absoluto hacia afuera, un ahondamiento en lo más
entrañable de su conciencia, un afán de conquista del ánimo del que presenciaba esta exteriorización tan singular. "Verter el corazón del alma": tal
era su consigna epistolar. Y siempre, aun siéndole difícil en ocasiones, supo

tos extremos: si debía haber una nueva provincia con capital en Las Palmas, o si debía subsistir la única capitalidad en Santa Cruz de Tenerife.
Don Miguel, desconocedor de la historia infra insular, diagnosticó, desde tan
lejos y con tan escasos elementos de juicio, con absoluta precisión. El problema -venía a decir- era uno más de los tantos regionalistas que ahogaban a España, campanarismo pueblerino y cabilismo individual. Esta era
su conclusión.
Doreste transmitió a los periódicos de Las Palmas las declaraciones de
Unamuno, en verdad poco gratas a los ánimos exaltados de los grancanarios. Pero bueno es conocer algo del texto de una carta de don Miguel, corrector y adicionador del artículo de Doreste.
"Ahí le devuelvo eso. Está bien. Le he añadido algunas cosas, al texto,
y le doy unas notas para que conforme a ellas amplíe otras ( a). Lo
que le ruego es que haga resaltar más aún la ignorancia en que vivimos de las cosas de Canarias -acaso esto pueda usted atribuírmeloporque los canarios viven más con fo vista puesta en América que en
la Península. .. Adiós,
UNAMUNO

a) . Debe usted insistir en lo de nuestra ignorancia respecto de las cosas de Canarias. El español apenas sabe geografía de su propia patria; yo, que creo saber alguna más que la mayoría, aún sé muy
poca.
2. A lo de que las ciudades son la conciencia de una región -así, en
esta frase- añada que el bizcaitarrismo ha nacido en Bilbao mismo. Esto de las ciudades se ve en Grecia; Atenas era el Atica, Esparta era Lacedemonia..."

cumplirla.

I
"LE HE AÑADIDO ALGUNAS COSAS"

Domingo Doreste - "Fray Lesco" fue su pseudónimo literario- había
intervenido como mediador en el viaje de Unamuno a Las Palmas. Cursando Leyes y Filosofía en Salamanca, había hecho hablar a don Miguel
para una revista profesional - Revista de Municipios-, en la cual Unamuna se enfrentaba con valentía con el "problema insular"; reducido a es-

270

Unamuno declarando su afán de conocer y de definir. Aconsejando cultura geográfica a los españoles -geográfica y de la otra- como· diría en uno
de los discursos pronunciados en Las Palmas. Pidiendo a los españoles continentales y a los insulares mutua comprensión (que "del conocimiento nace el amor", diría desde el escenario del Teatro Pérez Galdós, de Las Palmas). Y dictando algo de su teoría sobre la supremacía ciudadana; lo mismo que había dicho en Bilbao -atacado también de peligroso autonomismo--, en su misma patria, aunque ni los bilbaínos ni los canarios comprendiesen bien, ni aceptasen su teoría. Además, una frase -sobre la cual se
extendería en la carta de G. Díaz- : "los canarios viven más con la vista
puesta en América que en la Península. No se equivocaba mucho: Tomás

271

�Morales, el poeta insular de aquellos años, después de haber vivido en Madrid y de haber conocido lo mejor de la generación del año 12, volvería
"su vista" hacia Rubén; y, en el orden económico, Canarias seguía siendo
-como lo fue en los siglos XVII y XVIII- semillero de colonización ame.
' como " em1·grantes".
ricana: primero,
como " co1onos" y despues,
Era natural que no fuese bien acogido este artículo de Unamuno. El propio Doreste tuvo que aclarar conceptos en periódicos canarios, Y hasta defender a Unamuno de los eternos puritanos y disconformes. Tanto "Alonso
Quesada" como Doreste pronuncian conferencias, dictan charlas, comentan textos unamunianos, poco antes de la llegada del Maestro. (Es curioso
recordar la charla pronunciada por "Alonso Quesada" sobre Apuntes para un tratado de cocotología, el 4 de junio de 1910; apenas veinte días antes de la llegada de Unamuno). Pero sus esfuerzos fueron baldíos; baldíos,
para unamunizar al auditorio. Sólo consiguieron despertar algo la. cu~iosidad insular -la ulisaica curiosidad de que hablaría Unamuno-, ilusionada con escuchar al "sabio catedrático" que quizás -se pensaba- viniese a
fortalecer los sueños divisionistas.
No; los insulares no comprendieron bien aquello de que "la cuestión divisionista es una pugna no entre dos grupos del Archipiélago, sino entre dos
ciudades"; ni de que "es una ciudad la que hace una región y le da conciencia de sí misma". No. No comprendían eso; porque pretendían ver en
las palabras del "sabio catedrático" -calificativo muy común entre la prensa de la época -un no sé qué de ironía, y otro no sé qué de "antidivisionismo". De antidivisionismo porque no eran capaces de admitir el antagonismo
sistemático de U namuno, sin duda raíz primera de aquella su postura singular
ante el problema de la división administrativa del Archipiélago.
''Y eso de la curiosidad..."
La otra carta a Doreste es del 30 de marzo de 1910. Unamuno ya tiene
decidido el viaje a Canarias, y apunta a Doreste algunas ideas que luego
desarrollaría en sus discursos canarios.
Primero, su desdén por los Juegos Florales y su curiosidad por conocer a
la isla y a los insulares. La nota que apunta acerca del liberalismo es buena prueba del clima favorable con que deseaba rodear "Fray Lesco" la llegada de Unamuno a Las Palmas. Leyendo el artículo aludido por Unamuno - De vuelta a las Palmas-, no es difícil percibir entre líneas muchas
ideas unamunescas, mucha enjundia conceptual y bastante acritud en la expresión.
Luego, "eso de la curiosidad". Unamuno, tergiversando la geografía deseaba rodear a los insulares canarios de aquel hálito mediterráneo que había animado a Ulises y a los suyos a desafiar a todas las sirenas. Ulises y los

272

ulisaicos tenían tras de sí siglos de cultura, y los isleños -nótese la diferencia
semántica del nuevo sufijo- sólo podían exhibir siglos de Prehistoria neolítica y alguna aventura legendaria, como aquella de San Borondón. La mitología atlántica fue más destructora que creadora, aunque el mitólogo
Unamuno se esforzase por recrear una nueva; o aplicar la clásica a unos
moldes que le ~enían pequeños. No por otra razón luchaba Unamuno por
despertar en el ánimo insular la curiosidad, el afán de conocer, la chispa
de amor hacia otros hombres de otros horizontes.
Noticias teatrales. Corresponden con las que Unamuno proporciona a otros
corresponsales de este año (vid. Miguel de Unamuno. Teatro. Barcelona, 1954.
Edic. M. G. Blanco, pp. 18-19), y es necesario añadir que La Esfinge, la
primera obra teatral de Unamuno -en la cronología- se estrena por la
Cobea y Oliver, en el Teatro Pérez Galdós, pocos meses antes de la llegada de don Miguel. Tanto Tomás Morales como "Alonso Quesada" dedicaron críticas alentadoras a estos estrenos; aunque quizás hayan sido las de
Manuel Macías Casanova las más valiosas. Con seguridad, la obra a la que
se refiere es El Pasado que Vuelve, drama reelaborado años después, como
apunta G. Blanco en el citado prólogo ("Teatro... )
A continuación una idea que se hace reiterativa en la prosa de Unamuno; especialmente, en su oratoria: "Yo no voy a enseñar..." Este fue el
origen de su fracaso. El isleño no admitía sino a quien viniese a deslumbrarlo con quiméricas alquimias, con taumatúrgicas soluciones, con doctrinas hiperbólicas; en eso, el isleño era tan infantil, mucho más infantil que
aquellos insulares griegos atraídos por los sirénicos cantos. Si el "sabio catedrático" no traía ninguna de estas cosas, ¿ para qué oírlo, para qué escucharlo? Pero Unamuno aprendió. Y mucho. No sólo en Gran Canaria -al
ponerse en contacto por vez primera con el aislamiento--, sino en los años
del destierro fuerteventureño, cuando- como le diría a Ramón de Castañeyra, otro corresponsal suyo -descubrió la Mar y cuando trashondó el
secreto de Galdós, "que fortaleció aún más si cabe mi amor a España".
El propósito de escribir sobre las Islas -ya se dijo anteriormente- lo
cumplió. Aunque lo escrito haya hoy que reunirlo y ordenarlo. Escribió en
La Nación, en La Libertad, en La Mañana - de Las Palmas-, en ... las
incontables cartas, en las poesías inéditas, en tal o cual hoja de álbum. Unamuno sintió la isla; y la definió. Resultó ser un excelente geógrafo, y un feliz diagnosticador. Lo malo -bueno es repetirlo- es que el enfermo no salió satisfecho con un médico tan poco galante. Sin duda, como diría Unamuno en uno de sus discursos, "porque sentía voluptuosidad de su propio mal".

273
HIS

�II
"DEFIÉNDASE DE LA NUBE ..."

Don Francisco González Díaz, el otro corresponsal de Unamuno, fue un
•
E
.
ágil periodista y un espíritu sarcástico. Recogió en un volumen, species,
los fragmentos más felices de su prosa periodística; fragmentos que, como
su vida, no pudo nunca fundir en una unidad. Espíritu solitario y amargado,
distaba de Unamuno en el abismo de su hosquedad; por ello, como apunta
Unamuno entre líneas, no quiso o no se atrevió a conocer personalmente a
Unamuno, durante la permanencia de éste en Las Palmas.
La primera recomendación de Unamuno: "fundir y engarzar todo eso
en conjuntos". ¡ Difícil cosa para G. Díaz! No tenía el periodista los arrestos del ensayista, ni la soltura del escritor que era Unamuno. Además, aquel
"aisloteamiento" en que procuraba vivir G. Díaz dificultaba aún más estos
"engarces".
La Angustia, otro tema; aquí, bajo la forma del suicidio. Unamuno, augur; prediciendo a un futuro suicida su destino; pretendiendo llenar su vaciedad espiritual -"su falta de fe"- con ansias de sacrificio. Unamuno audaz frente a G. Díaz, tímido; apartándolo del precipicio de la egolatría;
lanzándolo contra el paredón de la multitud. Y, sobre todo, enseñándole
a esperar. A esperar sin desesperarse; como hacía él mismo. A luchar activamente; a no dejarse vencer por el arrebato. Y, para fortalecer aún más
el ánimo de su corresponsal, una íntima confesión: la vencida tentación de
suicida que tuvo el propio Unamuno. Don Miguel, en resumen, henchido
de duda, pero también generoso en la fe: aquella que él mismo buscaba.
América, lo americano: otro párrafo. Papanatería frente a la "oquedad
hispanoamericana" -como diría en otro lugar; esto es lo que le estaba diciendo a G. Díaz. Unamuno exterioriza aquella su santa fobia -luego
tan injustamente criticada- por los "criollos". Nótese, sin embargo, la distinción que hace de Darío -"profundo, incongruente..."- , a quien admiraría luego sin prejuicio alguno. Sobre todo, deseaba Unamuno apartar a
G. Díaz de la vanidad criolla -tan española, por otra parte-, en la que
él veía caer a su corresponsal. Nada de conventículos personales, ni de "torres de marfil"; esto sólo conducía a hinchar más el egoísmo, a borrar más
la personalidad. Y lanzarlo en medio del ágora, saturarlo de humanidad era
lo que deseaba Miguel de U namuno.
Aislamiento: meollo de la carta. Aquí volcó Unamuno, por primera vez,
después de su discurso en el "Pérez Galdós", su teoría del aislamiento. La
Isla, indecisa y solitaria nube, es albergue de un solitario; de quien, vacío de

274

"tráfago interior", pretendía uncir su soledad a fuerza de retazos, a fuerza
~e resquemor. Unamuno, aislado en medio de "la plaza pública", arremetiendo contra todo, alborotándolo todo, quijoteando cuanto tocaba su taumaturgia; Y G. Díaz, "rodeado de vanidades y de envidias", flotando en
un mar de nubes plácidas. Nubes a las que don Miguel quería ver exultantes de tormentosa furia: para que sacudiese el enervamiento de su viajero.
Por eso, el consejo de Unamuno: contra la isla, el continente. Tierra fir.
me, sin oceános de miserias, sin "encerronas", sin bajíos farisaicos. Tierra
en la que se _pisara fuert~, reciamente, sin temor; en donde a la placidez,
1~ paz y la sonarrera substituyeran el estruendo, la acritud y la gravedad. Rec1_edumbre de piedras milenarias, aspereza de campos en barbecho perenrudad de una tradición milenaria. Para llegar a todo esto hacía fal:a conoced~; Y es~ era la invitación de Unamuno, desoída por su corresponsal:
conbnentahzarse en vez de aislarse.
Pero G. Díaz no era hombre de batalla, ni de dureza. Vacilante endeb_le, pre~irió la_ ~landura, "la encerrona", la cartuja de su egomanía'. Prefirió seguir su v1a1e, su vagoroso viaje: lejos de la hondura oceánica vecino
de las femeniles playas. Huyendo tal vez de la "aspereza", del desab~miento
y de la dureza a que le invitaba Unamuno.

30-III-10
Sr. D. Domingo Doreste.
Por fin, mi querido amigo, por fin contesto a sus dos cartas. Desde luego
su carta ab!e~ta "De vuelta a Las Palmas", ha de serme muy útil ahí. Pue:
es cosa dec1d1da el que vaya en la segunda quincena de junio. Ya ve usted
sólo para eso han diferido los Juegos Florales. Juegos Florales... ¡ Uf! Ya sa~
usted la mala voluntad que les tengo, pero los tomaré, como otras veces he
hecho, de mero pretexto. Y con tal de visitar ésa...
Sus noticias sobre el liberalismo que ahí como aquí domina, y la falta de
co~~epto europeo de esencia, del sabio y del progreso, son noticias que he de
utilizar, ya verá usted. En las notas que estoy tomando para el discurso y lo
que luego salte, su carta abierta figura a la cabeza del expediente. Ruiz Zata
el actor, me habló de ese público ahora, en Madrid. Y me hizo concebir
elevada idea de él. Hay, por lo que me dijo, un grupo de gentes cultas, que
se ~nt:ran Y conservan la respetuosidad que aquí se va perdiendo. y eso de la
cunos1dad que Ud. me dice vale mucho.

u:~

Acaso sea cosa de isleños que ven pasar muchas gentes. Los griegos de las

275

�6-VII-12

islas, los hijos de Ulises, eran curiosos. Usted sabe la historia de las sirenas,
tal cual en la Odisea se nos narra.
He pasado esta semana en Madrid, en donde tuve que acudir para asuntos. y de paso traté Jo del teatro. Oliver y la Cobeña están entusiasmados
con el último drama que les entregué: aquél -creo le he hablado de elloen que transcurren 25 años de acto a acto. Quisiera hacerlo en ~arcelona ,Y
Bilbao y Juego en Madrid a fines de temporada para que dure mas. Despues
, mueho, dana
' "La Esfºmge" .
de él, en que f1an
Por Jo que hace a los ejemplares de mi "Quijote". cuando vaya a ésa lo
arreglaré ahí mismo.
¿Estará Ud. entonces ahí?
Yo no voy a enseñar e informar, sino a aprender a informarme; voy sobre
todo a conocer a esas islas, sobre las que quiero escribir Juego. Pienso traerme
de ahí un mamotreto de apuntes y notas.
Mi propósito es desde Juego enviar a "La Nación", de Buenos Aires, algunas correspondencias sobre ésa y luego hacer un libro si la materia da
para ello.
Basta por hoy.
Sabe cuán su amigo es,

MIGUEL DE UNAMUNO

11
Amigo Doreste: Ahí le devuelvo eso. Están bien. Le he añadido algunas1
cosas en el texto y le doy unas notas para que conforme a ellas amplíe otras.
Lo que le ruego es que haga resaltar más aún la ignorancia en que vivimos
de las cosas de Canarias acaso -y esto puede Ud. atribuírmelo- porque los
canarios viven con la vista puesta más en América que en la Península. ¿ Cuántos peninsulares -atribúyame también esto- no siendo empleados o militares van a Canarias por conocerlas, por pasar una temporada, por turismo,
etc.? ¿ Y hacen algo los canarios porque haya excursionistas de éstos? Adiós.
UNAMUNO

Debe usted insistir en lo de nuestra ignorancia respecto a las cosas de Canarias.
1
El español apenas sabe geografía ni aún de su propia patria. Yo que creo saber al·
guna más que la mayoría, aún sé muy poca.
' A lo de que las ciudades son la conciencia de una región -así, en esta frase-añada que el bizcaitarrismo ha nacido en Bilbao aunque a las veces asuma ciertas
formas de aparente hostilidad a Bilbao mismo. Esto de las ciudades se ve en Grecia.
Atenas es el Atica, Esparta era Lacedemonia.

276

Sr. D. Francisco González Díaz.
Usted sabe muy bien, amigo mío, cuán difícil es hacer un libro de fragmentos o artículos cortos. Lo que en un conjunto orgánico se defiende bien,
aquí queda expuesto a comparaciones. Usted debe aprovechar toda su inmensa labor periodística para fundir y engarzar todo eso en conjunto. Se lee
mejor de un tirón una novela o una disertación en 300 páginas que cien
artículos que ocupen ese mismo espacio. En cambio. . . leer a retazos, como
fue. . . Hay además, en su libro "Especies" cosas que debían estar en verso
v. gr. El Sudario, el. .. y la estrella, Las. .. (esto me recuerda una poesía del
tenerifeño Guimerá), etc., etc.
Aquello de que la fe sirve para esperar sin desesperarse (pág. 24) está muy
bien; la escuela vacía es un trozo definitivo, que debe ser reproducido en antologías. El T'imido es admirable, pero tiene un final tremendo, aquello de
sacrificarse totalmente. Sí, creo que una enorme cantidad de suicidios de todas clases son por timidez. Y por no saber esperar a la muerte. Acaso yo mismo
-y eso que de tímido nada tengo- de no haberme casado como me casé a
tiempo a esta hora estaría o en una celda de una cartuja, o en un rincón de
la parte no bendecida de un camposanto. Lo que dice Ud. del marido de la
Téllez, me recuerda aquella fórmula más chistosa y es llamar a Téllez "el
de la Téllez". Lo de la Nube es tremendo, tremendo; merece todo un libro.
Veo en la pág. 68 que atribuye Ud. al Kempis aquello de Protágoras de que
"todo es uno y lo mismo". No, ni es de espíritu kempisiano. ¿ Pero de veras
admira Ud. a Vargas Vila, y cree que es algo ese charlatán? Darío, sí, Darío
es_ algo complejo... , profundo, con todas sus incongruencias, pero Vargas
V1la! ... El. . . la oquedad hispanoamericana! A. .. Hernández no le conozco.
Y si viera Ud. qué escarmentado estoy de todos esos criollos... ¡ Huecos, huecos, huecos!
A lo del régimen especial para Canarias agregue usted que el declarar colonia a
una región que ni lo pide ni aspira a serlo es siempre una hoguera.
. Declarar a una región colonia es tanto como invitarla a que se vaya preparando a la
md~pcndencia absoluta. Y tal declaración se haría no en provecho y gusto de los cananos tal vez sino de algún tercer interesado que no fuese siquiera español. Debo
reco_rdar ~mbi~n ~uc Oliveira Martín en su Historia de Portugal, dice que si Portugal
hubiese_ sido amrulado a España en tiempos de su ocupación por los tres Felipes, y
convertido . en una de las tantas provincias españolas, acaso no se habría separado.
Una c~loma permanece colonia y no provincia asimilada por rawnes internacionales,
no nacionales. ¿ Qué razón internacional aconseja u obliga hacer colonia a una región
como Canarias que no lo es ni pide por sí misma serlo?

277

�Su libro de U d. es para hablar de una vez de e'l que para hacer citas de él
tie;;: ~: ;~:m!:~ :e :á:~:;:~::y alcance, algo orgánico .Y. de conjunt?: ~l
. dismo obliaándonos a la labor fragmentaria, nos da ag1li~ad y lcon~1s1on,
peno
' . º
y no es que falte unidad a su hbro; a tiene y
pero nos quita otras cosas.
terrible.
., d
de la nube defiéndase sobre todo
D ef 1en
ase
,
,

ft?~a:::~~:

d
·1 · t
yo más proel a1s am1en o cu
.1
L
I d d s una cosa·

::/~:n;!e!:~:¡;~:1:~:~::0 ~:· la ;1::aep:bli:a; ha:land~
; ;;.:jinando ~on t~dos, y aislándose puede llevarse el tráfago todo mun ano a
su islote. Pues hay hasta aisloteamiento.
, .
~
,
,
e
Ud
conoce
meJ·
or
a
la
Amenca
espanola
M fguro no se por que qu
·
,
ue ~ ~enín~ula. y para la ;nfermedad de la nub~, la Península e_s ~as san~
q
.bl A érica española panteón de vanidades y de envidias mons
que esa tem e m
'
d A ·1
1 ac educto de
truosas. Ante la catedral de Burgos, las u_iur~l1as e v1 a, e
u
.bl
Segovia desaparecen del ánimo muchas m1senas. En Toledo no es pos1 e.. .
rastacuerismo alguno.
.
b 1
no
me
gusta
es
la
parte
material
de
su
libro:
a
u ta
que
A otra cosa. Lo
demasiado.
d
che.
Cuando estuve ahí no le vi sino una vez y de paseo, yendo uste en ci S'.
ero me hablaron mucho de usted y de sus encerronas de~tro de su n~ e. 1
~a de seguir así huya de esa isla, déjela cuanto antes y s1 pued~ ~emr ~ara
acá a tierra firme española, mejor que mejor. Esta nuestra vieJa, recia :.
cal~mniada tierra española guarda aún tesoros para l~s que aprendan ad~~
rerla. Hace acaso a los espíritus más ásperos, desabndos, duros, pero 1S1pa
las nubes del aislamiento.
Nada más por hoy.
Un apretón de manos de,
MIGUEL DE UNAMUNO

278

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA
APUNTES

PARA

SU OBRA
hzHAK BAR-LEWAW
The U niversity of Kansas,
Lawrcnce, Ka.

UNA OBRA LITERARIA es, en la mayoría de los casos, la producción de un ser
humano cuyos elementos son captados por él, en el ambiente donde ha pasado, por lo menos, algún tiempo de su vida. Mas el ambiente, por sí solo, no
puede explicar todos los factores de creación de un poeta o de un escritor.
Menester es también conocer otros elementos de índole hereditaria, familiar,
económica y social. Eso, naturalmente, no quiere decir, que el conocimiento
de la vida de un poeta o de un escritor, aclare todos los secretos de su obra,
pero ignorándola es imposible dar una interpretación justa de su creación literaria.
Es el caso de José Asunción Silva. Nace en el seno de una familia rica, en
la llamada entonces, Santa Fe de Bogotá, ciudad fría, al pie de los cerros de
Guadalupe y Monserrate, situada a unos 2,600 metros de altura sobre el nivel
del mar.
De sus antepasados, hereda nuestro poeta un padecimiento psicopático que
causará su neurosis, y, al fin y al cabo, le llevará al suicidio. El abuelo paterno se mató, y un tío suyo fue un demente "aficionado" a la soledad. Mimado por su familia, Silva pasa su niñez y juventud en un ambiente que
bien pudo ser la causa indirecta de su trágico fin. En la casa de sus ricos
padres, se habitúa a vivir con excepcionales refinamientos. Desde joven, envidiado por sus coetáneos, que lo llaman "el niño bonito" o José "Presunción", tiene por costumbre vivir solitario y retraído, aficionado a sus lecturas. No raras veces presencia en su casa las reuniones de lo más selecto, la
"élite" de la sociedad de las letras bogotanas en aquella época: Isaacs y Carrasquilla, Pombo y Marroquín, entre otros distinguidos literatos colombianos.
Su educación no fue completa; a los 16 años está obligado a dedicarse a
279

�labores de índole comercial. Tres años más tarde, se va a Europa para residir
en París, invitado Por el tío abuelo Antonio Silva Fortoul. Mas durante su
viaje, el tío muere; permanece en Francia dos años, gracias a los recursos
económicos de su padre don Ricardo.
Vuelto a Bogotá, las desdichas familiar y comercial, como una larga sombra, acompañan al poeta. En 1889 muere su padre, y dos años más tarde,
desaparece para siempre su muy querida hermana Elvira, amiga confidente
de Silva; él nunca se recobró de ese golpe. Después de la muerte de don
Ricardo, Silva hereda su casa de comercio. Para atender a crónicos déficits fis.
cales, el gobierno colombiano estaba obligado a poner en circulación papel
moneda. La inestabilidad monetaria que afectaba al comercio en general, y •
el mal manejo de negocios en particular, arruinaron a Silva por completo. Las
molestias de sus acreedores no le dejan en paz, y las ejecuciones legales llegan
a cincuenta y dos.
Al analizar cierta parte, si no la mayoría de la obra silveana, hay que tomar
en cuenta esos cuatro factores: la herencia del padecimiento neurótico, la pérdida de sus seres queridos, el infortunio comercial, y por consiguiente, las molestias en el terreno social.
Silva, el poeta de la duda.

Miguel de Unamuno se pregunta: 1 ¿Qué dice Silva?, y contesta: "Silva
no puede decirse que diga cosa alguna; Silva canta". Y ¿qué canta? He aquí
una pregunta a la que no es fácil contestar desde luego. En verdad, la pre•
gunta de Unamuno no es sencilla, ya que Silva es un poeta sin ideal; mas
como hijo fiel de las últimas décadas del siglo pasado, la duda y la muerte
son su musa predilecta, y la negación escéptica constituye el alma de muchas
de sus poesías y escritos, los cuales expresan el nihilismo de su época, la
veladura artística del sarcasmo y la encarnación de una filosofía pesimista.
Silva como cantor bogotano, quizás refleje también, en cierto modo, la inquietud y la congoja de su ciudad natal, que a pesar de las apariencias, era en
aquella época, más triste que alegre.
Silva es poeta de la duda; mas este apelativo que parece entrañar en su
significado una posición ante lo religioso, se traduce en su poesía por una
desconfianza de todo. La duda no es robusta posición, ni filosófica ni poética,
ya que el filósofo o el poeta son por lo que afirman o por lo que niegan, pero
no por lo que dudan. Pero esa actitud de Silva no es un recurso poético, sino

- -JosÉ AsuNc1ó:-1
1

S1LVA,

Poesías completas, Prólogo de M. de Unamuno. Madrid,

es .el "leitmotiv"
de su obra. Duda, tnste
.
. .
.
remm1scencia
muerte he aquí la
qumtaesenc1a de su canto.
'
'
En
La
Protesta
de
la
Mus
2 " 1
,
.
,
había traba' d
a e poeta satmco le1a su libro, el libro en que
Jª 0 Por meses enteros". En una mad ª d d
en el aire , olores de primavera "la M usa, sonnente,
. ruºa
a e ymayo,
flotar
blanca
grácil alsur
.ó"
~bpregundto al poeta: ¿ Qué has escrito? He hecho un libro de
gi
1 ro e burlas
en u h
.
lfas, un
llas
debilidades. ·l~ fa~a: ~ mo~t~adodlasl vilezas y los errores, las miserias y
. ' .
y os v1c1os e os hombres. Tú no estaba
,
y
la
Musa
md1gnada
le
contestó.
.
Por
q
,
h
.
l
s
aqw
h
?
• e
ue as visto as manchas d ...
t
. ermanos. ¿Por qué has cantado sus debilidades? ... Quede ahí tq be ~s
i~sultos y de desprecios, que no fue dictada por mí
Quédat hí
o raG e
mo _del odio y con tu Genio del ridículo". . .
...
e a con tu e-

sát'

Silva yo!
desconfía
de susa facultades
¡ Poeta
Llamarme
,
' y . duda si. es poeta: " • • .Eso es ridículo.
3
llamado a Esquilo, a Ho:r:ona;ln:::o anoSmhbkre con que los hombres han
•,
'
,
a espeare a Shelley
.Q ,
prof anac1on y qué error I
El ue
. .
'
· · · 1 ue
del valor artís•:co de .' .b..
q menos ilusiones puede formarse respecto
u
rru o ra soy yo mismo que conozco el secreto de su oríen"
p
s·1
.
g . . . ara 1 va, sus versos no son otra cos " .
para decir en nuestro idioma las sensaciones en;e s~o unla tenta~v~ mediocre
plicados
f
rmizas Y os sent1ID1entos comVerlaine ~u;:nb::: peioectDa~ expr,esaron en los suyos Baudelaire y Rossetti,
·· ·
, ios m10, yo no soy poeta"
En La respuesta de la tierra:i
···
..."un poeta lírico, grandioso y sibilino
. . .hablaba a la tierra una tarde de invierno"
de nuestra existencia del pasad
d 1f
' para aclarar sus dudas acerca
,
oy e uturo:
¡Oh madr~, oh ':ierra! -díjole- en tu girar eterno
nue~tra existencia efímera tal parece que ignoras.
. . ·tNo sabes el secreto misterioso que entrañas~
¿Po_r quf las noches negras, las diáfanas aurora;?
.. ,(Que somos? ¿A dó vamos? ¿Por qué hasta aquí vinimos~
(·Conocen los secretos del más allá los mue t ~
.
·P
, l . .
r os.
t or que ª, vida inútil y triste recibimos?
... ¿Por que nacemos, madre dime por qué m .
~
¿Por qué?
'
'
orimos.
• !bid., págs. 179-182.

• J•

A . SILVA, Prosas y versos lntrod S 1
xico, D. F., Editorial Cultura 1942 , ., 30e e3cl. y Notas de Carlos Garda-Prada, Mé•
,
, pags. . .
J.
A.
SILVA,
Poesías
completas
p
págs. 119-120.
, r61ogo de M. de Unamuno, Madrid, Aguilar, 1951,
•

AguilaT 1951, pág. 18.

281
280

�"la estatua de Sancho Panza
ventripotente y bonachón
perfila el contorno de bronce
sobre el cielo ya sin color". ..

La tierra impasible no hace caso a las dudas que atormentan al poeta y le deja
sin saciar su sed de conocer el secreto y sin calmar su inquietud:
La Tierra, como siempre, displicente y callada,
al gran poeta lírico no le contestó nada.

El tema del poema no es original. El ateísmo de Silva sufre un tormento de
la duda: el porqué de la vida y de la muerte, el misterio de nuestra existencia
pasajera en este valle de lágrimas, etc. Eterno y hasta hoy día no explicado
problema. "Nihil novum sub sole", decía el rey Salomón, hace unos tres mil
años. No hay nada de nuevo bajo el sol, y menos aún en el campo de la poesía;
todo ya está dicho, pero en la obra de un poeta verdaderamente grande, la
forma de decir es nueva. Silva se expresa con cierto matiz de novedad.
Notas escépticas y ateístas se encuentran en el poema Futura,5 el cual contiene una predicación de un cambio ideológico en el seno de la humanidad,
durante el siglo veinticuatro:
"¡ Ciudadanos! ¡ Compatriotas!
¡Salud! Honrad al fundador
de la más grande de las obras,_
de nuestra santa Religión".

Al definir su enseñanza., Silva parafrasea el evangelio cristiano, y al mismo
tiempo, se ríe de los milagros atribuídos a cualquier divinidad:
"eterna gloria al Redentor
que con su ejemplo y sus palabras
el idealismo desterró!
Salud al genio sobrehumano
cuyo Evangelio derramó
de este planeta por los ámbitos
la postrera revelación.
¡ Paz y salud a sus creyentes!
¿Cuál de nosotros lo invocó
sin sentir instantáneamente
mejorarse la digestión?"

Humorismo cáustico de un ateo, que se atreve, con su risa amarga, a profanar
cosas sagradas.
Al buscar la respuesta al problema de la fe que le atormenta sin cesar, Silva
indaga en el poema Filosofías 6 las religiones y sistemas filosóficos, pero se
queda insatisfecho de sus averiguaciones. La duda le roe continuamente:
"No: sé creyente, fiel~ toma otro giro
y la razón prosterna
a los pies del absurdo ¡ compra un giro
contra la vida eterna!
págalo con tus goces; la fe aviva;
ora, medita, impetra;
y al morir pensarás; ¿ Y si allá arriba
no me cubren la letra?

Todo el poema comprende un feroz elenco de negaciones, suma y compendio del pesimismo absoluto y desesperado que envenena cada canto de sus
Gotas Amargas. La fe no ofrece más que dudosas esperanzas; el placer y el
amor no causan sino agotamiento y disgustos; el arte es recompensado con la
indeferencia y el olvido; la razón corroe hasta la confianza en uno mismo; toda actitud, incluso la de no hacer nada, traen solamente molestias y sufrimientos.
De los escasos fragmentos que debieron formar parte de los Sonetos Negros, 7 se destaca otra vez Silva el escéptico y ateísta, a quien la tormenta de
la duda y el problema del MAS ALLÁ, no le dejan en paz.
La obsesión de la muerte.

En la obra silveana, llegada a nosotros fragmentaria, dispersa y con cronología insegura, la muerte es el tema dominante de su poesía. Ella está presente en su imaginación y la lleva en su alma. Silva ha medido la vanidad

¿ Cuál, según el poeta, es la figura representativa del "Redentor"?:
• lbid., págs. 127-128.

282

' lbid. pp. 133-135.
'lbid. pp. 171-175.

283

�y caducidad de todo cuanto hacemos y alcanzamos, y carente de fe religiosa, su escepticismo no descansaba sino en la obsesión de la muerte. También hay que tomar en cuenta la herencia del padecimiento psicopático. Ningún poeta de América Latina puede competir con Silva en desaliento y pesimismo; ni siquiera Julián del Casal que también tiene una concepción pesimista de la vida.
Conviene aclarar aquí un punto de suma importancia: la muerte como
tema sobresaliente de su obra, no es invención personal de Silva; no lo puede ser, como no Jo son el dolor y la desdicha de los seres humanos, con sus
desengaños y vanas interrogaciones a los cielos callados. Mas poesía es ante
todo expresión; y como tal, los versos de Silva cuyo tema es la muerte, son
inolvidables. El poeta nos explica el porqué de su obsesión de la muerte:
"Un cultivo intelectual 8 emprendido sin método y con locas pretensiones
al universalismo, un cultivo intelectual que ha venido a parar en la falta de
toda fe, en la burla de toda valla humana, en una ardiente curiosidad del
mal, en el deseo de hacer todas las experiencias posibles de la vida, completó la obra de las otras influencias, y vino a abrirme el obscuro camino que
me ha traído a esta región obscura, donde hoy me muevo sin ver más en el
horizonte que el abismo negro de la desesperación ..." El poeta, que no lo
fue en menor grado en su prosa, confiesa que unas veces ha encontrado la
locura "vestida de brillantes harapos, castañeteándole los dientes, agitando
los cascabeles del irrisorio cetro, y hacerme misteriosa mueca",9 diciéndole:
"soy tuya, eres mío, soy la locura".1 º
Silva traído "a esta región obscura" se mueve en ella sin poder salir y se
conforta con la idea de morir como varios poetas y escritores de gran fama:
"¿ Loco ... ? 11 ¿ y por qué no? Así murió Baudelaire, el más grande, para
los verdaderos letrados... ; así murió Maupassant. . . ¿ Por qué no has de
morir así, pobre degenerado, que abusaste de todo, que soñaste con dominar el arte, con poseer la ciencia, toda la ciencia, y con agotar todas las copas en que brinda la vida las embriagueces supremas?"
El poeta, poseído del horrible sentimiento de lo irremediable, está aprisionado por el hielo de la muerte y por el frío de la nada, que le impide es12
tar alegre y gozar de la vida. El canto ¡ Poeta! ¡ di paso los furtivos besos!
se compone de tres partes: a) la casta entrega en la alcoba sombría de la
selva, b) la posesión en la alcoba de espesa tapicería, c) la pobre chica en•
' J. A. S1LvA, "De Sobremesa" en Poes!as. Barcelona, Maucci (sin fecha ), p . 197.
' lbid., p. 199.
" lbid., p. 200.
u ]bid., p. 200.
" JosÉ Asusc1ÓN SILVA, Poeslas Completas, Madrid, Aguilar, 1951, pp. 66-67.

284

tre la negra seda d_el ataúd. Esta obsesión de la muerte Je impide gozar enteramente de una Joven y bella mujer.
El mis~o sentimiento de contraste se encuentra en el famoso Nocturno 1~
que ha Cllll:ntado la gloria de Silva. En él, el poeta dio la real medida de '10
q~~ prometla ~u. ,talento. Su hermana Elvira es la protagonista de esta beJhslllla compos1C1on que se debe leer sotto voce.
En el breve poema de IÁzaro,u se aprende que el reposo proporcionado
~r la muerte, vale más que el bien otorgado a nosotros por Ja ·d L
idea del _olvido persigue a Silva. En el canto Día de difuntos 15 seVJp:;cib:
un mordiente escepticismo cuando, entre la música austera d; los bronces
que tocan a muerto, ríe la voz incrédula de la vida en la otra campana q e
marca la hora, y con cada hora un olvido: 16
'
u

lAs campanas más grandes, que dan un doble recio
Suenan con un acento de místico despredo
Mas la campana que da la hora
'
Ríe, no llora.
Tiene en su timbre seco sutiles ironías,. ..
.. .Y con sus notas se ríe
Escéptica y burladora
De la campana que ruega,
de la campana que implora,
Y de cuanto aquel coro conmemora
Y es porque con su retintín
'
Ella midió el dolor humano
Y marcó del dolor el fin.
. E~ El "'.~l del sigl~ 17 se queja delante del médico del "desaliento de la
Vida , del Mal del siglo... el mismo mal de Werther de Rolla d M
fredo . Y de L eop~rd""
af.
'
' e
an1 Y rrma su "absoluto desprecio por Jo humano". Un
parecido d~~prec10 a la creación y a la vida se halla en Zoospermos.1s
La solucion a su mal, cansancio y aburrimiento de la existencia se encuentra en. el bre_ve poema Cápsulas 19 donde predice su fin, como el de
Juan de Dios, qwen:
,. /bid., pp. 68-70.
" lbid., p. 93.
11
/bid., pp. 109-113.
" /bid., p. 110.
" lbid., p. 118.
u /bid., pp. 129-132.
,. /bid., p. 123.

285

�A Leopardi leyó, y a Schopenhauer
y en un rato de spleen
se curó para siempre con las cápsulas
de plomo de un fusil. 2 º

Su poema Al oído del lector 21 es un trozo típicamente romántico:

No fue pasión aquello
fue una ternura vaga. ..
lo que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches pálidas.
El espíritu splo
al conmoverse canta:
cuando el amor lo agita poderoso
tiembla, medita, se recoge y calla.

Juan de Dios es el doble del poeta, el "filósofo sutil", que en un momento
de tensión, "desencantado de la vida", se cura de ella, para siempre, con
una cápsula de plomo. Del mismo modo "se curará" también, unos años
después, José Asunción Silva.
Elementos románticos en la obra silveana.

Visto desde el punto de vista formal, hay en Silva dos poetas: el joven,
que se mueve dentro de la órbita de la poesía española de los últimos años
del siglo XIX, y otro, el modernista. La influencia de Bécquer -analogías
de ideas y temas, como los ritmos y el uso del asonante en los pares- está
fuera de duda. Así siguió escribiendo el joven Silva hasta cuando, informado de las corrientes literarias europeas de su época, y bajo el impulso
natural de su extremo pesimismo, descubrió la voz que expresaba mejor sus
males y pesares.
No es extraño encontrar influencias románticas en las obras de los iniciadores del Modernismo hispanoamericano, en general, y en las de J ulián del
Casal y J. A. Silva, en particular. Ambos fueron poetas románticos dolientes en cuanto al sentimiento, y modernistas por el estilo y la métrica de sus
poesías. Ambos tienen el presentimiento de la muerte y expresan sus quejas
con igual tristeza. La influencia del Romanticismo en ambos es evidente en
su temática, como la soledad, la melancolía, el extremo individualismo y
lo luctuoso Silva se polariza entre dos fuerzas magnéticas que le atraen con
igual intensidad disyuntiva: Bécquer y Poe, convertidos ambos, respectivamente, aquél en la niebla romántica que a través del espíritu adolorido del
sevillano, dejará Heine en la literatura española en la segunda mitad del
siglo XIX; éste, en los diablos azules, hijos del absintio, que el poeta norteamericano de Boston echará a correr por el mundo en la primera mitad
del mismo siglo.
Mas lo que en Bécquer y Poe como individuos particulares, son desorden
y bohemia, en Silva es reserva y compostura. Su drama es interior y el poeta procede de una auténtica experiencia de gran señor.
'" /bid., p. 123.

286

Pasión hubiera sido,
en verdad, estas páginas
en otro tiempo más feliz escritas
no tuvieran estro/as sino lágrimas.

Se halla aquí el arsenal de los románticos: los colores oscuros la taciturnidad y las lágrimas.
'
El poema Crisálidas contiene la influencia de la Rima LXXIII de Bécquer:
Crisálidas de Silva 22
- • .Unos días después, en el momento
en que ella expiraba,
y todos la veían, con los ojos
nublados por las lágrimas
en el instante en que murió,
.sentimos leve rumor de alas. . .

*

Rima LXXIII de Bécquer 25
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos;. ..
. . . y entre aquella sombra
veíase, a intervalos,
dibujarse rígida
la forma del cuerpo ...

Silva q~e ~scribió :) poema en recuerdo de su querida hermana se inpiró
en el romantlco espanol; los dos describen la muerte de una mujer y plante~n de, manera semej~nte los eternos problemas de la vida, muerte y del
mas alla. Ambo~ terminan con una pregunta que existe desde los tiempos
remotos, y aun sm respuesta definitiva:
n !bid., p. 33.

e .•. ~s poemas de G. A. Bécquer, citados más adelante, se encuentran en Ja 16ta.
~ion de Rimas Y leyendas, Espasa-Calpe, Argentina, 1952.
!bid., p. 19.

" !bid., pp. 50-52.

287

�Silva:

Bécquer:

al dejar la prisión que las encierra,
¿qué encuentran las almas?

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿ Vuela el alma al cielo?

al perderse en espiras,
las voces ulteriores de otro mundo

El poema Notas perdidas 24 también acusa _la. suges~ión de la ya citada
Rima LXXIII, aunque sea puramente descnpt1vo, sm problemas Y preguntas de orden metafísico:
"Bajad a la pobre niña,
bajadla con mano trémula
y con cuidadoso esmero
entre la fosa ponedla". ..

La primera estancia del poema Crepúsculo 25 demuestra claramente su
carácter romántico:
Junto de la cuna aún no está encendida
la lámpara tibia que alegra y reposa,
y se filtra opaca, por entre cortinas,
de la tarde triste la luz azulosa.

Para componer la Primera Comunión,26 Silva se inspiró en la Rima LXX

21

de Bécquer:

hasta el cielo subían,
el aroma suave del incienso

••
"
,.
"

288

!bid.,
!bid.,
Ibid.,
I bid.,

pp. 37-38.
p. 21.
p. 25.
pp. 4 7-48.

En la Rima del español es la iglesia, con el fulgor de la lámpara sobre los
vidrios, y en la poesía del colombiano en la ignorada capilla alumbrada por
las luces matinales. Allí, el maitinante llama a los fieles para que recen antes de amanecer, aquí, son "los cantos religiosos, que pausados hasta el cielo
subían".
Bécquer:
Silva
Bécquer:
Silva

"coro entre las voces"
"las voces ulteriores del otro mundo".
"los mudos santos... me saludaban"
"los viejos santos. .. mudos me sonreían".

Rima LXX de Bécquer

Primera Comunión de Silva
Todo en esos momentos respiraba
una pureza mística
las luces matinales que alumbraban
la ignorada capilla,
los cantos religiosos que pausados

sonoras y tranquilas,
los dulces niños colocados junto
al altar de rodillas,
y hasta los viejos santos en los lienzos
de oscura, vaga tinta,
bajo el polvo de siglos que los cubre,
mudos se sonreían.

vi el fulgor de la lámpara!
Aunque el viento en los ángulos oscu( ros
de la torre silbara,
del coro entre las voces percibía
su voz vibrante y clara.
.. .A oscuras conocía los rincones
del atrio y la portada;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.
.. .A mi lado sin miedo los reptiles
se movían a rastras.
¡Hasta los mudos santos de granito
Vi que me saludaban.

¡Cuantas veces, al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama! . ..
.. .Cuando en sombras la iglesia se en( volvía
de su ojiva calada,
· cuántas veces temblar sobre los vi.
(drws

'

Además de versos semejantes, hay el mismo ambiente y el misticismo de
las cosas sagradas.
Según Alberto Miramón, el mejor biógrafo de Silva, el poeta escribió la
Primera comunión a la edad de diez años, y añade: "Es la primicia diáfa-

na y rica de una alma sensible en sumo grado, apenas en formación". 28 Mas
un atento examen de la Primera comunión demuestra la inexactitud de esta
hipótesis. El poema representa cierta reflexión de orden retrospectivo, que
guarda relación con una impresión pasada y con un hecho que el poeta
considera sagrado y misterioso. Un niño de diez años no usa palabras, como
los dulces niños, adjetivos pausados, mística, ulteriores, etc.
El Romanticismo puso de moda la Edad Media y la religión cristiana.
" ALBERTO M1RAMÓN,

José Asunci6n Silva. Suplemento de la "Revista de las In-

dias", No. 7, 1937, p. 35.

289
Hl9

�La Primera comunion tiene por tema un recuerdo de orden religioso que.
Silva describe siendo ya adolescente.
29
Los matices oscuros y las lágrimas vuelven en Risa y llanto:
"Juntos los dos reímos cierto día ...
¡ ay, y reímos tanto
que toda aquella risa bulliciosa
se tornó pronto en llanto!"

Nótese "que nunca han sido mías", lo que Bécquer expresa de una manera
más directa:
Triste, muy triste debió ser el sueño
pues despierto la angustia me duraba.

El poema Estrellas fijas 33 acusa una fuente doble, la de E. A. Poe 3 ' y la
de Bécquer. Silva se inspiró en los versos del norteamericano:

Bécquer en su Rima LVªº concluye:
Mi adorada de un día, cariñosa,
¿en qué piensas?, me dijo.
"En nada..." "¿En nada y lloras?" "Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino".

.. .Only thine eyes remained
They would not go-they never yet have gone,

cuando escribe:
mis ojos...
. . .guardaron solo. ..
.. .la tibia luz de tus miradas hondas
al ir descomponiéndose
entre la obscura fosa,
verán en lo ignorado de la muerte,
tus ojos. .. destacándose en la sombra.

Silva: "Nacen hondos suspiros de la orgía / entre las copas cálidas...";
Bécquer: ''Entre el discorde estruendo de la .ºr!ía / ac~rició mi ~ído ~ como nota de música lejana / el eco de un suspiro . Ademas de la misma idea,
Silva imita al poeta español hasta usar idénticas palabras: orgía, sus~iro,, etc.
El poema silveano Mindnight dreams,81 a pesar de su nombre mgles es
netamente becqueriano. Empieza así:

Pero Silva se inspira también en la Rima XIV de Bécquer: 35
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
mis sueños de otras épocas se me han aparecido.

Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó ...
.. .Adondequiera que la vista fijo
torno a ver tus pupilas llamear.

Bécquer en la Rima LXVIII: 32
No sé lo que he soñado
en la noche pasada.

Silva continúa:
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías
y de f elícidades, que nunca han sido mías.

.. J.
80
11

A. SILVA, Poesías completas, Madrid, Aguilar, 1951, p. 29.
G. A. BÉcQUER, Rimas y leyendas, 16ta. ed. Espa_sa-Calpe, Argentina, 1952, p. 41.

I bid. p. 63.
.. lbid., pág. 46.

290

Silva el traductor.

Nadie, que sepamos, de los críticos de Silva, analizó detenidamente sus
• traducciones. Aparte de la Imitación de Maurice de Guérin y Las voces silenciosas de Tennyson, Les Hirondelles de P. J. Béranger y Réalité de V.
Rugo, son más una creación silveana que una estricta tradución del original.
El poema de Béranger 36 empieza de este modo:
,. Ibid., pág. 30.
E. A. PoE, Poems and essays, Leipzig, Tauchnitz, 1884, pág. 51.
'" Ibid., pág. 23.
" P. J. BÉRANGER, Des familles, París, Ed. Garnier, sin fecha, págs. 173-175.

14

291

�Captif au rivage du More,
Un guerrier, courbé sous ses fers,
Disait: Je vous revoie encare,
Oiseaux ennemis des hivers.

La traducción de Silva es más larga, y el cuadro es más triste que en el
original: 8 7
En la ribera del Maure,
encorvado por los hierros
de la prisión tristemente,
así cantaba un guerrero:
Os vuelvo a ver, pajarillos
que dais al invierno el ala.

son octosilábicos y el octavo es endecasilábico, el último necesita en cada
estancia doce versos, diez de ellos octosilábicos y dos endecasilábicos, para la
traducción del poema. Nótese también la introducción de varios adjetivos,
como piadosa, breve, hermosa y risueña, los cuales no se encuentran en el
original. La traducción es más suave y más cariñosa. Cuando Béranger dice
con cierta tranquilidad: "De mon pays ne me parlez vous pas?", Silva traduce con dulzura: "¿no os detendréis por un instante breve a contarme algo
de mi hermosa patria?" El prisionero de guerra que no tiene prisa, pide a los
pajarillos que se queden un rato con él, para contarles algo de su risueña y
bella patria. Silva, el "romántico doliente", hace más oscuro el cuadro de
Béranger, al añadir substantivos y adjetivos muy suyos.
El original: 39
L'une de vous peut-etre est née
Au toit ou j'ai refu le jour;
La, d'une mere infortunée
Vous avez díl plaindre l'amour.
M ourante, elle croit a toute heure
Entendre le bruit de mes pas;
Elle écoute, et puis elle pleure.
De son amour ne me parlez vous pas?

Los versos de Béranger, como los de Silva, son octosilábicos, pero donde
el poeta francés se limita a cuatro versos, su traductor lo expresa en seis,
añadiendo el adverbio tristemente, que no se halla en el original. Además
cambia la palabra francesa disait por cantaba, lo que trae un tono melancólico a la nostalgia del prisionero de guerra.
Béranger:
Hirondelles, que l'espérance
Suit jusqu'en ces bríllants climats
S ans doute vous quittez la France;
De man pays ne me parlez vous pas?

Silva:
Golondrinas portadoras
de piadosas esperanzas
que venís a estos desiertos,
desde mi risueña Francia;
¿no os detendréis por un instante breve
a contarme algo de mi hermosa patria?

El poema de Béranger y la traducción silveana contienen, cada uno, cinco
estancias; mas, cuando el primero se limita a ocho versos, de los cuales siete
37

!bid., págs. 41-43.
" !bid., págs. 142-144.

La traducción: •0
¿Cerca de donde nací,
en el alar de mi choza,
entre blando y tibio nido
nació alguna de vosotras?
¿De una madre desdichada
que hacia la tumba camina,
que a cada momento espera
oír, como antes oía,
el ruido de mis pasos,
y sin oírlo agoniza,
de su amor, de su pena, de sus lágrimas
no me habláis, pasajeras golondrinas?

" l bid., págs. 42-43.
'° lbid .• págs. 142-144.

293
292

�"Toit" es para Silva "el alar de mi choza", para "mourante" el traductor
necesita cinco palabras: "que hacia la tumba camina", y cuando Béranger se
contenta con la pregunta: "De mon amour ne me parlez vous pas?", Silva introduce dos substantivos: pena y lágrimas, que no se encuentran en el original. También "pasajeras golondrinas" acentúan más la tristeza del prisionero.
El poema Realidad u es una traducción de Réalité 42 de V. Hugo. Aquí,
Silva no traduce libremente, como lo hizo, al tratarse de Béranger. La versión
española de Réalité es más precisa y estricta, y quizás el hecho se deba al
respeto del colombiano al gran romántico francés del siglo XIX, ya que
Hugo gozaba en su época de un enorme prestigio literario. Examinemos ciertos trozos del original y de la traducción:
Hugo:
La nature est partout la meme,
a Gonesse comme au Japon.
Mathieu Dombasle est Triptoleme
Une chlamyde est un jupon.
.. .La verité n'a pas de bornes
Grace au grand Pan, dieu bestial
Fils, la réel montre ses cornes
Sur le frent bleu de l'idéal.

es donde quiera", la verdad es única y universal, sin espacio y límite. Hugo

compara la Venus con Lavalliere, contemporánea y favorita del rey de Francia Luis XIV, el bufón olímpico Sileno con el dios de jardines Priapo, etc.
Todas las alusiones, comparaciones y personajes mitológicos como históricos,
sirven al poeta para demostrar que la verdad, al fin y al cabo, vence siempre
a la mentira y a la calumnia.
Silva el modernista.

Ya hemos mencionado que hay en la obra de Silva dos etapas de creación:
liberándose de la órbita española, llegó a expresarse por medio de un estilo
más adecuado a su carácter, mentalidad y a su "yo" más íntimo.
"El modernismo no fue, en verdad, sino un movimiento de emancipación.
Dejamos de ser españoles, para ser hispanoamericanos. . . Quizás soltamos las
amarras de España para coger las francesas. . . pero siquiera nos desanquilosamos, movimos las piernas y los brazos, ejercitamos las musculaturas, fuimos
otros. Y eso preparó nuestro cauce para una corriente original".43 En cuanto
a Silva, su forma es innovadora. Da vida nueva al metro eneasílabo, fuera de
moda hasta él, en la poesía castellana:

Juan Lanas, et mozo de la esquina
es absolutamente igual
al emperador de la China:
los dos son un mismo animal.. .44

Silva:
Naturaleza es una dondequiera
en Japón o en Gonesa - las distancias
suprime y son lo mismo Triptolemo
y Dombasle, la toga y las enaguas.
. . . ¡No tiene la verdad límites, hijo!
Del gran Pan, dios bestial, la hirsuta barba
y los cuernos torcidos se columbran
del ideal tras de la frente pálida.

Este metro predilecto de Gonzalo de Berceo, poeta del siglo XIIl, cayó
en desuso después de la muerte de ese monje benedictino. Lo resucitó J. A.
Silva y extrajo de él una musicalidad extraordinaria. El poeta maneja también
con éxito el verso endecasílabo: 45
Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria. ..
.. .El pasado perfuma los ensueños

El traductor hace todo lo posible para seguir fielmente la forma y el pensamiento de Hugo. Mas también aquí se encuentran frases y palabras, como
"las distancias suprime", "hirsuta barba", "pálida por bleu", que el original
no contiene. El tema comprende verdades filosóficas y mitológicas; "naturaleza
u /bid., págs. 145.
.. VícTOR Huoo, Ouevres completes, t. VIII, Paris, Hetzel et Quatin, 1882, págs.

55-56.

294

.. SANTIAGO ARGÜELLO, Modernismo y Modernistas, t. I, Guatemala, C. A., 19357
pág. 127.

" J.

A. S1LvA, Poesías Completas, Madrid, Aguilar, 1951, pág. 137.
" /bid., pág. 76.

�con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores. ..

O la silva, combinación del endecasílabo y el heptasílabo: 46

samientos, con un vehemente deseo de perfección en cada verso, rasgo característico de cada gran y auténtico poeta.
Verlaine y Mallarmé le enseñan el valor de la música en el verso, y Rimbaud le hace comprender la importancia del color. Silva da preferencia a los
.colores vagos y a las sombras, mas en el soneto Paisaje tropical: 49

Al frente de un balcón, blanco y dorado,
obra de nuestro siglo diez y nueve . .. ,
hay en la estrecha calle una muy vieja
ventana colonial. Bendita rama
adorna la gran reja
de barrotes de hierro colosales,
que tiene en lo más alto 'ún monograma
hecho de incomprensibles iniciales.

Magia adormecedora vierte el río
En la calma monótona del viaje
Cuando borra los lejos del paisaje
La sombra que se extiende en el vacío.
Oculta en sus negruras el bohío
La maraña tupida y el follaje
Semeja los calados de un encaje
Al caer del crepúsculo sombrío.
Venus se enciende en el espacio puro,
La corriente dormida una piragua
Rompe en su viaje rápido y seguro
Y con sus nubes y el poniente fragua
Otro cielo rosado y verdeoscuro
En los espejos húmedos del agua.

Aparte del alejandrino:
En los tallados frascos guardados los olores
de las esencias diáfanas, dignas de alguna hurí;
un vaso raro y frágil do expiran unas flores;
el iris de un diamante; la sangre de un rubí . .. 41

Silva emplea a menudo el verso libre, como, por ejemplo, en los famososN octurnos, cuya combinación métrica de versos tetrasilábicos, pentasilábicos,
etc., constituye una innovación del modernismo en la poesía de habla castellana:
Una noche
Una noche toda llena de perfume, de murmullo y de músicas de alas.. .
.. .Por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
Y se oían los ladridos de los perros a la luna . ..48

Como buen lector de E. A. Poe, le gusta a Silva la concisión y la brevedad.
En sus poemas cortos, el poeta encierra un sinnúmero de sentimientos y pen.. !bid., pág. 158.
" !bid., pág. 161.
.. !bid., págs. 68-69.

296

El poeta nos muestra su calidad de gran pintor en el verso, como también
en la prosa: 50 "La luz fría que entra por la hoja entreabierta de la ventana
del fondo, al través de cuyos barrotes de hierro se ven a contraluz las ramazones de unos árboles que se cortan sobre el cielo claro y descolorido, rayado
por la llovizna, aclara el cuarto desmantelado, blanqueado con cal y el piso
de ladrillos, desteñidos por el povo". Y más adelante: 51 "un estudio al carbón, hecho con imperceptibles transiciones de lo blanco a lo gris oscuro, de lo
-gris oscuro a lo negro suave, de lo negro suave a la sombra intensa; el estudio
al carbón en que la penumbra domina en el conjunto; en que la luz brilla
en el zinc de la tina... , y en que la sombra se acumula en el espaldar del
-sillón, en el mango de la sartén, en el pliegue de los colchones, en el interior
del armario vacío, debajo de las botellas y en tres puntos de la cabeza del
burro, en la nariz entreabierta... , sobre el cual brillan las pestañas plateadas
Y finísimas como rayas blancas que un dibujante, enamorado del detalle, hubiera trazado con la punta afilada y dura de un lápiz de tiza sobre la negrura
mate y grasa de una sombra reteñida con carbón Conté".
" !bid., pág. 89 .
" lbid., pág. 183.
•• Ibid., pág. J 84 .

297

�Los pasajes citados, aquí, en estos apuntes para la obra silveana, permiten
apreciar la técnica del poeta, su perfección en el gusto, su delicadeza y suavidad, mezcladas con los juegos de luces y tonalidades inciertas, como los contrastes y sinestesias de colores. Silva, en su estilo es castizo sin rancidez, y
su sintaxis es elástica y gallarda a la vez. Sinceridad de sentimientos, sobriedad
y firmeza en el dibujo, sugestión más que afirmación, fineza y elegancia indefinidas de su verso y prosa, cuyas líneas son trazadas con mano certera,
no obstante su aspecto débil y frágil, constituyen las cualidades sobresalientes.
de su obra.
El triunfo del Modernismo en América Latina, y el juicio histórico-crítico
de las generaciones venideras -ya que la gloria no debió llegar a Silva durantesu breve vida-, elevaron a este vate exquisito de Colombia al eminente lugarque ocupa hoy en el campo de las letras iberoamericanas.

EL CONCEPTO DEL TIEMPO
EN LAS OBRAS DE EDUARDO MALLEA
MYRON l. LICHTBLAU
Syracuse U niversity
Syracuse, New York.

EL GÉNERO DE FICCIÓN sigue un camino determinado en gran parte por cierto
orden cronológic~. Una novela puede abarcar una vida entera, o se limita a
la juventud o la madurez, o capta sólo un fragmento de esa vida. El límite
del tiempo, que sea siete horas, siete días, o siete años, puede ser considerado
como una cantidad variable dentro del arreglo cronológico. Siguiendo un
curso regular de cronología exacta, la novela es un fiel espejo de la vida en
el aspecto temporal y el fenómeno del tiempo no llama la atención sino en
casos extremos, es decir cuando la extensión de la obra está tan reducida ( unas.
horas) o tan extendida (varias generaciones) que parece poco natural y muy
singular el retratarla en forma novelesca. Igualmente llama la atención la
novela que se desvíe de este orden cronológico, que abandone la sucesión.
ordinaria de las cosas para cumplir un fin artístico. La novela, en su esencia
visión estética del mundo y reconstrucción artística de él, puede hacer más.
que seguir estrictamente una pauta cronológica, y tal vez su función creadora se lo exija. El vuelo del artista es alto y a veces no va derecho a la
meta, pero con tal que este vuelo tenga valor estético lo contemplamos como•
una experiencia literaria.
El novelista es quien tira de las cuerdas y guía la acción de una obra, o en
palabras que más convengan a la materia aquí tratada, él es quien guía las:
manecillas del reloj, quien las hace andar para adelante o para atrás, o quedarse inmóvil. O acaso hay una sincronización de muchos relojes. El tiempo,
pues, puede ser un marco impreciso e inestable en la narración novelesca.
Su función y valor como recurso estético o enfoque temático dependen de la
destreza novelística del autor. En manos de un novelista sensible y hábil, el
manejo de las manifestaciones y sutilezas del tiempo resulta sumamente in-

298

�teresante y significativo; en manos de un autor de menos meollo produce una
confusión de ideas, un desarreglo de materia narrativa, una cosa violentada.
Las posibilidades del empleo del tiempo son sin fin; el éxito de tal empleo
está tan limitado como el número de buenos escritores.
Eduardo Mallea presenta un caso curioso. Sus méritos de artista literario
se anublan por el contenido valioso de sus obras. Nos abruma tanto la materia
filosófica y psicológica que muchas veces dejamos de notar lo netamente literario -la técnica narrativa, la estructura, el estilo, y otros elementos artísticos. Mallea mismo contribuye a este descuido, ya que encierra su arte en
excesivo follaje verbal y sobrecarga sus ideas de una plétora de indagaciones
introspectivas. El empleo malleano del tiempo es uno de los elementos que
sólo se perciben a fondo mediante una mirada detenida a toda su obra. Es
notable la diversidad de esquemas de que se vale Mallea para tratar este concepto, que no es una cosa hecha al azar ni empleada en raras ocasiones, sino
un sistema bien pensado de utilizar el fenómeno del tiempo para crear un
determinado efecto novelesco. Que un autor emplee de cuando en cuando la
técnica de flashback o de recordaciones mentales en forma de monólogos, no
tiene nada de particular ni debe llamar la atención, pues estos recursos son
uña y carne del oficio de novelista. Pero es más que una convivencia novelesca o técnica casual que un novelista -como Mallea- se empeñe en estructurar sus obras en torno a una cuidadosa yuxtaposición temporal, a una
manipulación diestra de tiempo pretérito y tiempo actual. Y este recurso no
es trivial ni insubstancial, sino un elemento esencial que recurre con frecuencia y es de gran significación temática y artística.
Por ser tan variadas y a veces complejas las manifestaciones de esta nota
en la obra de Mallea, es poco menos que imposible intentar una clasificación. Cada caso ofrece su propia singularidad y valor artístico, cada caso se
emplea conforme al tono general que Mallea desee dar a la obra. Mas los
diversos casos se unen por un denominador común que parece llenar todo
el arte del autor que el mundo no es estático ni rígido, ni son absolutos los
valores contenidos en él; que es preciso contemplar las cosas con perspectiva
relativa, observar desde lejos para avaluar y estimar lo de cerca; y finalmente
que la sucesión inacabable del tiempo y la simultaneidad del tiempo en entidades separadas son fenómenos que, sin la intervención consciente de los
seres humanos que quedan sujetos a ellos, parecen constituir un gran ciclo
vital que ciñe el sufrimiento y la angustia del mundo, y a la vez la fe y la
esperanza.

•
300

La obra más célebre de Mallea La bahía de silencio ( 1940) ,1 se ve como
una complejidad de entrelazamientos cronológicos que se desenmarañan sólo
hacia fines de la novela. A grandes rasgos el tema versa sobre la búsqueda de
lo auténtico y duradero de la vida argentina. Narrado en primera persona
por el protagonista Martín Tregua, joven escritor idealista, el libro es, en
efecto, la biografía de un alma angustiada que anhela el mejoramiento de
una sociedad imperfecta. Dentro de las tres divisiones de esta biografía se
notan muchos aspectos temporales que nos interesan aquí. En primer lugar,
intercalada en el relato principal está otra narración simultánea (hecha también por el protagonista) de la vida de una mujer-símbolo, a quien Tregua
dirige sus palabras. De manera que corre por toda la obra una trama doble,
dos corrientes narrativas: la vida desilusionada de Tregua por una parte; y
por otra, la vida de esta mujer, la señora de Cárdenas, que encarna para Tregua lo noble y lo auténtico de la Argentina, en contraste con la superficialidad
ostentosa y el materialismo hueco de su ambiente. Aunque la presencia de la
señora se hace sentir a cada paso y se mantiene viva gracias a la destreza
narrativa de Mallea, la descripción de sus problemas y luchas interiores está
esparcida muy fragmentariamente por la obra. Mas la dualidad de argumento
existe en una forma vigorosa y se refuerza por la simultaneidad de ocurrencias en la vida de Tregua y la señora de Cárdenas. El efecto estético de este
paralelismo temporal se deriva del hecho de que el protagonista se siente
inspirado por la vida ejemplar de la mujer y al mismo tiempo se identifica
emocionalmente con las desgracias que le han acaecido. Bella comunión del
alma de Tregua con la de ella, comunión expresada primorosamente por Mallea en páginas dolorosas que yuxtaponen artísticamente dos espíritus en protesta contra una sociedad falsa e insensible. Se desenvuelven, pues, dos tragedias a la vez, tragedias simultáneas que tienen su génesis en un mismo descontento hondamente arraigado. Lo bello y emocionante de esta relación platónica entre Tregua y la señora de Cárdenas se debe principalmente a la
falta de todo contacto personal entre ellos, condición que intensifica el interés creado por la simultaneidad y paralelismo de sus vidas. Tregua ni la
conoce personalmente, ni ella a él. Pero Tregua sigue con anhelo y simpatía,
mediante fuentes secundarias, las desventuras de esta mujer, cuyo sufrimiento
es para él contraparte de su propia angustia. Lo que es ella, ni siquiera sabe
que él existe.
Hay además otro grupo de intercalaciones en La bahía de silencio. A medida que procede el relato de la desilusión de Tregua, sabemos que éste se
' La bahía de silencio ( Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1950) . En estas
notas cito la edición que consulté. La fecha entre paréntesis en el texto se refiere a
la primera edición.

301

�propone escribir una serie de cuentos sobre un personaje reprensetativo de la
Argentina auténtica. Este libro, que llevará el título de Las cuarenta noches
.de juan Argentino, lo concibe Tregua como desahogo de su espíritu atormentado. Secciones del libro aparecen interpoladas en el cuerpo de La bahía
.de silencio para apuntar con más énfasis los conflictos ideológicos de Tregua
y sus compañeros. Se ve aquí otra especie de dualidad temporal, en que un
personaje novelesco (Juan Argentino) sobrelleva simultáneamente una vida
emparentada con la de su creador, en este caso otro personaje de ficción. El
hecho de que la narración de Las cuarenta noches de Juan Argentino no aparece de seguida sino en tres secciones distintas de La bahía de silencio, pone
aún más en relieve este paralelismo. En otra forma también Mallea junta
la narración de Las cuarenta noches con la trama principal. Hacia fines de
La bahía de silencio. se aclara la compleja estructura de la novela. Sabemos
,que a la muerte del hijo menor de la señora de Cárdenas, lo cual ocasionó
su extraño retraimiento, Tregua cesó de escribir Las cuarenta noches y empezó a narrar la historia que es en efecto la obra titulada La bahía de silencio.
Esta obra ha de servir de alivio emocional para Tregua y de fuente de con-suelo para la señora, quien, sin saberlo, le ha inspirado tanto. El lector se
entera, además, de que esta obra que tiene ante los ojos lleva dedicatoria a
la señora de Cárdenas y pronto será entregada a ella en forma de manuscrito. He aquí un caso curioso e ingeniosamente elaborado, en que una obra
creada dentro de los confines de un libro de ficción resulta tener vida propia
y en verdad llega a ser la obra misma que está en manos del lector. Se per,cibe un vasto ciclo, un fenómeno rotativo que oscila entre lo creado por un
autor y lo creado por otra creación ficticia.
Otro aspecto del concepto del tiempo implícito en La bahía de silencio
-gira alrededor del desenlace y explica bien el título de la novela. Al final
&lt;le la narración, los protagonistas -Martín Tregua, sus amigos, la señora de
Cárdenas, y la Argentina misma en su esencia más verdadera- han sufrido
&lt;lerrota y desilusión sin pretender jamás rendirse ni desesperarse. El pasado
les fue cruel; el porvenir abrigará mejores condiciones porque hay fe y
esperanza en la renovación cíclica de la vida. Estas personas se quedan por
-el momento en una bahía de silencio, en un refugio seguro, exentos de las
fuerzas perniciosas y corruptivas de su ambiente, esperando a que renazca un
mundo más en armonía con sus ideales. Están como suspendidos en el tiempo, entre lo malo que fue y lo bueno que será. Para ellos el tiempo es algo
fluído que borra el pasado y se prepara ansiosamente para el futuro.
Hay también en La bahía de silencio unos elementos aislados, tal vez de
menor importancia, que atañen al concepto del tiempo. "Yo me despido por
un tiempo" es el título del último capítulo de la primera sección, y toda la

"302

acción de la segunda se verifica en Europa, a donde Tregua se traslada por
unos meses para librarse de su ambiente y compararlo con la vieja cultura del
Continente. He aquí otro plano de la simultaneidad de sucesos, puesto que
el lector no puede menos de considerar los elementos constantes (Martín
Tregua y su idealismo) con relación directa a los variables ( Buenos Aires y
unas ciudades europeas) . Por fin se nota que la sucesión y la variabilidad del
tiempo se personifican, en la familia de Cárdenas. El marido, que encarna
todo lo que debe ser destruido en la Argentina, es el espíritu del pasado ruinoso; su esposa, la mujer-símbolo, que posee las cualidades ideales de una
Argentina renovada, representa el presente en constante lucha con un pasado
inexorable que resiste todo cambio; y su hijo mayor, la nueva generación que
no tendrá ni pizca del resabio del pasado, podrá dedicarse en campo libre a
lo noble y lo verdadero.

•
Si en La bahía de silencio el concepto del tiempo y del orden cronológico
de la narración resulta a veces indistinto y confuso, en Simbad ( 1957) 2 llega
a ser mucho más preciso y claro y tiene una función más evidente y directa.
El protagonista de Simbad, como Martín Tregua, es un joven escritor sensible que anhela la perfección estética de sus producciones dramáticas. Se
divide el libro en cinco secciones que trazan la vida de Fernando Fe a través
de muchos años, a partir de su niñez. E intercalado antes de cada sección
está otro relato mucho más breve, de época actual, en que el dramaturgo
espera con ansiedad el regreso de su esposa que acaba de abandonarle. Hay
cinco interpolaciones en total y abarcan los cuatro días de la ausencia de su
mujer. Cada interpolación (menos la primera, que plantea el conflicto) corresponde a un día de espera, a un nuevo estado emocional, a otra evaluación
introspectiva. Su dolor crece, su excitación aumenta a medida que pasa el
tiempo. En estos breves relatos Mallea a veces logra sincronizar la acción del
protagonista y su esposa con palabras corno éstas : " (Fernando) almorzó solo
en el Odeón. ¿Dónde estaría almorzando ella?" (p. 300) ;3 o con recorda'Simbad (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1957).
' Entre otros casos de sincronización se pueden citar los siguientes: "Y pensó dónde
estaría ella y cuáles habrían sido sus gestos, andando sola, por la ciudad, abriéndose
paso sola, y a quién en todo caso habría hallado, y si estaría triste o bien con alguna
melancolía, pobre esperanza. Entonces se obligó a dejar de pensar. Bebió el café en
aquel gran ambiente, en la soledad, y escuchó el susurro de esa lluvia que parecía
estable y perpetua" (Simbad, p. 121); y también estas líneas: "Lo volvió a asaltar
la idea de ella, de qué y dónde almorzaría, en aquel preciso u otro instante, de qué
seria lo que pensaba y de cómo estaría su joven y ardiente corazón" (!bid., p. 122 ).

303

�ciones como ésta: "La veía sacando su dinero de la cartera, contándolo mal,
dando una propina desproporcionada, creyéndose rica con las pocas monedasque tenía" (p. 300).
Desde el principio de Simbad es evidente que la narración va a realizarse
en estos dos distintos planos temporales, pues el primer capítulo va precedido
de dos páginas en bastardillas, en que el narrador relata que "cuatro horas
antes (su esposa) se había ido, . . .y él la había acompañado hasta la puerta
y se habían mirado y se habían dado la mano, con cierto temblor y cierto
titubeo, como si no hiciera una eternidad que se conocían" (p. 11). Y luego,
para enlazar el presente con el pasado, el narrador dice a continuación que
la lluvia que caía le recordaba al protagonista otra lluvia treinta y ocho años
atrás. De este nexo físico y temporal, de esta recordación de una época pasada, surge el relato principal de la obra, en que el lector poco a poco va entendiendo las causas de las dificultades matrimoniales. Motivo del tremendo
conflicto entre Fernando y su esposa Magdalena fue la falta casi completa de
comunicación intelectual, lo cual le movió a buscar el amor de una mujer que
participara en su vida artística. El amor que sentía Fernando por Magdalena
rayaba en la simpatía y la compasión y se nutría exclusivamente de las emociones. Pronto él se dio cuenta de que esta inquietud intelectual acabaría
por arruinar su propia vida y la de Magdalena también. Por fin, en las últimas páginas de la novela, Fernando sugirió a su esposa que le dejara para
hallar la felicidad en otra parte. Salió ella de la casa y de pronto le nacieron
a Fernando una profunda tristeza y remordimiento, pues la ausencia de Magdalena le hizo pensar en la soledad y la vacuidad emocionales con que tendría
que arrostrar la vida. Fue en este punto en que el narrador empezó la novela
con la noticia de la separación. Ahora, al final de Simbad, el pasado ha alcanzado al presente y los dos tiempos se funden en uno solo para dar el sentido
de una realidad apremiante. Y mediante esta fusión de tiempos se efectúa en
las cinco últimas páginas el desenlace tanto del breve relato intercalado como
de la narración principal que constituye el cuerpo del libro. Magdalena volvió a su marido después de cuatro días de ausencia y él la recibió gozosamente
Con unas palabras desgarradoras que expresan la coyuntura del tiempo pretérito y tiempo actual, Magdalena exclamó: "He vuelto porque pertenezco a
mi vida. Ya no puedo pertenecer a otra cosa. ¿ Comprendes? Y mi vida es lo
que sucedió" (p. 743).
En Simbad es evidente el esfuerzo por fijar la cronología dentro de un
límite preciso y bien determinado. El primer relato intercalado refiere cómo
el veintiocho de diciembre "en lo más alto de la noche de su vida", cuatro
horas después que su mujer le había dejado, Fernando se puso a meditar sobre su vida. Pero los años han atenuado el impulso vigoroso de su vida an304

terior que le resultaba difícil recordar o reconocer su propia existencia actual,
y se preguntaba si el Fernando de hoy en efecto vivía fuera de lo que había

representado en otra época. Aquella fecha el veintiocho de diciembre se
destaca por ser un punto de enfoque del drama que ocurre. Lo mismo que
en estos días se comenzaba el festejo del fin del año o el principio del ~uevo,
así el destino de Fernando dependía de la decisión de Magdalena de volver
a su marido o de quedarse separada. Transcurrieron tres días; llegó la noche
del treinta y uno de diciembre y a las once entró Fernando en su casa silenciosa, llorando en aquella hora más que nunca la ausencia de su esposa. Así
termina el quinto y último relato interpolado, en que Fernando esperaba aún
la llegada de Magdalena y el lector sentía igual incertidumbre y ansiedad. A
continuación la quinta parte del libro relata los sucesos finales que ocasionaban la despedida de Magdalena; y luego ocurre el gran desenlace de Simbad,
en que, coincidiendo el pasado con el presente, regresó ella justamente media
hora antes del comienzo del año nuevo. Y cesó de llover, tiempo propicio
para la vida nueva en el año nuevo.
Este esmero en precisar la cronología se nota también en otras formas, como en la referencia a la lluvia para vincular el pasado con el presente:
Seguía lloviendo como había llovido aquella tarde, años y años atrás,
en la subprefectura; sólo que él no tenía ahora cerca ninguna subprefectura, ningunos tamariscos, ningún océano, y sólo iba a buscar, en la
inmensidad de Buenos Aires, un restaurant donde almorzar (p. 122).

El enlace temporal se logra también por referencia a menudencias rutinarias de la vida. Se cuenta que en el restaurante citado arriba el trozo de
pescado que Fernando pidió mientras esperaba la vuelta de Magdalena le
recordó una sarta de impresiones y emociones: "Y que había sentido entonces
una sensación parecida a la que ahora experimentaba, un sentimiento mezclado de dolor e insuficiencia, sólo que entonces tenía ante sí lo que ahora
había dejado tan atrás... (p. 123)}
·

•
' También estas palabras para expresar el vínculo temporal: "¡ Qué extraño era
que el mozo le hubiera recomendado aquella brótola a la crema! Todo se repite. ¡ El
mundo es tan constante y contado en sus efectos! Se acordó del mozo del Pireo; en
el Hotel España, y de su llegada a Buenos Aires, y de su soledad tan grande como la
de ahora, sólo que entonces apenas había recogido las armas y la batalla apenas
comenzaba ... ([bid., p. 301).

305
H20

�En La bahía de silencio y en Simbad hemos visto cómo las secciones intercaladas se relacionan directamente con la acción central, o cuando menos llevan un parentesco temático, como en el caso del relato de Juan Argentino.
En la novelita Fiesta en noviembre ( 1938) 5 ocurre algo distinto, pues la materia interpolada se contrasta marcadamente con el tema del resto del libro.
Pero la naturaleza del contraste y el cambio brusco del tono y del lenguaje en
las dos distintas narraciones producen una fuerte impresión en la sensibilidad
del lector. Por una parte, la narración extensa apunta la alegría frívola, el
materialismo ostentoso, y la artificialidad de una celebración festival dada por
la señora Rague; por otra parte, el relato interpolado, dividido en seis secciones, narra cómo una patrulla militar de hombres armados secuestra a un joven poeta idealista y lo mata. No sabe el pobre artista quiénes son estos brutos
ni por qué se lo llevan misteriosamente sin hacerle acusación alguna. El contraste entre el júbilo de la fiesta y el horror del secuestro es sumamente doloroso. La simultaneidad de acción tan divergente el treinta de noviembre
por la noche hace más penosas aún las imágenes contradictorias que se sacan
de la novela. El simbolismo de la patrulla militar es obvio si se recuerda que
allá por el año de 1938, cuando se publicó la novela, ciertos elementos fascistas se hacían sentir en la Argentina y causaban un poco embrollo político
entre algunas facciones del país. Al presentar en forma tan dramática estas
dos narraciones antagónicas, Mallea contrapone diversos rasgos humanos: el
ambiente suntuoso y falso de la fiesta frente a la cruel realidad política; el
afán de lucirse con afectada extravagancia junto a la sencilla lucha por salvar
la vida; y las sonrisitas y amabilidades entre los concurridos frente a la brutalidad y la degradación de unos militares dispuestos a cumplir una misión
siniestra. Y el lector se pregunta: ¿Es posible que haya tal dicotomía en el
mundo? ¿Es posible que todo esto ocurra juntamente a la misma hora, en el
mismo país? Aquí la simultaneidad del tiempo tiene el efecto de una campana que suena en medio de nuestros placeres para avisamos de la tristeza y
el sufrimiento de otros menos afortunados.
El papel que desempeña el breve relato intercalado va mucho más allá
que su función de contrapeso de la narración principal, o de acción sincronizada con ella. Es más que un trozo desgajado de la totalidad. El conjunto
de las interpolaciones constituye un magnífico cuento corto que por su prosa
vigorosa y bella y por su honda significación ideológica puede figurar entre
las mejores páginas del autor. Fiesta en noviembre empieza con unas quince
líneas que forman la primera parte del relato interpolado; y las últimas páginas de la obra narran el desenlace trágico de este mismo relato. De modo
que el breve cuento insertado encierra físicamente el otro relato más extenso
• Fiesta en noviembre (Buenos Aires: Editorial Losada, 1956).

306

de las festividades alegres, como para hacer hincapié en la tragedia a pesar del
espacio limitado que ocupa en la novela. Y a fin de recalcar más la enormidad
del crimen y de poner de manifiesto la acción simultánea, Mallea comienza la
sexta y última interpolación con la repetición acumulativa casi exacta, palabra
por palabra, de las cinco anteriores, y luego a todo esto agrega la lúgubre conclusión: el cruel asesinato del poeta.

•
El efecto del tiempo en generaciones sucesivas de una familia es el concepto
que se proyecta en Las Águilas ( 1943) 6 y en la continuación La torre ( 1950) .7
El plan y alcance de las obras son vastos y conviene examinarlas juntamente
para captar la significación del transcurso del tiempo. Esencialmente las novelas trazan la trayectoria de la familia Ricarte desde la llegada del inmigrante
español don León en 1853 hasta la madurez del nieto Roberto. Símbolo del
tiempo implacable es la venerable casa señorial que el abuelo construyó en la
solitaria: pampa, culminación material de su labor indefatigable de treinta
años. En su soberbia frialdad y arquitectura monstruosa "Las Aguilas" (así
se llama el caserón) resiste los embates del tiempo y se alza digno para que los
descendientes de León Ricarte miren atrás con orgullo de abolengo y con un
poco de temor reverente. Pasa el tiempo. Las cosas cambian y los asuntos familiares de los Ricarte toman otra postura, pero la casa se queda exactamente
como era en años anteriores. Román, el hijo de León Ricarte, es escritor de li~tado talento pero de éxito comercial. Pusilánime, indeciso, y algo letárgico,
vive dominado por los excesos materialistas de su mujer. Hombre más bien de
la ciudad, llega a odiar "Las Aguilas" y a desatender la administración de sus
propiedades. Desprecia el pasado porque él mismo, en el presente, no sabe
sur~arlo ni siquiera igualarlo. La memoria del éxito de su padre lo obsesiona,
max1me en contraste con su propio fracaso y abulia.
Parece que la salvación emocional de Román reside en su hijo Roberto,
como para subrayar que la segunda generación de los Ricarte queda en barbech_o para brotar más vigorosa en la tercera. Estimulado por su hijo, Román
empieza a ocuparse un poco en los asuntos de la casa, pero es triste ver estos
~sfuerzos esté~iles. La vida de Román llega a encerrarse en la de su hijo, en
este descendiente, este ser terriblemente querido, este salvado de su propia
: Las Aguilas (Buenos Aires : Editorial Sudamericana, 1956).
. La torre (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1950) . Una nota de la casa
editora indica que ya en 1950 Mallea tenía proyectado el tercer volumen de esta serie
sobre la f ami·¡·1a R"1carte. Sm
· embargo, no se ha publicado todavía esta novela que
va a titularse La tempestad.
'

307

�destrucción". 8 Pero Román jamás alcanza a suavizar el terrible choque entre
las dos generaciones. De modo que en estas dos novelas el pasado se ve como
un dechado digno de emular; el presente, la propia esterilidad y anulación;
y el porvenir el retorno a los antiguos valores, fenómeno cíclico que se hace
sentir con gran sensibilidad artística a pesar de la tendencia estilística a la
prolijidad.
Si Roberto en Las Aguilas tiene un papel limitado, en La torre es la figura
central. A fuerza de su ardiente deseo y su diligencia se hace abogado. Entre
otros conflictos en el espíritu de Roberto se destaca el de su idealismo inquebrantable frente al frío pragmatismo a su alrededor. Surge también el conflicto del hijo que quiere adelantarse por su propia cuenta y no atenerse a
los anhelos del padre, quien en una ocasión le recomienda un puesto en la
diplomacia que le sugirió uno de sus amigos. Que el hijo sea lo que el padre
no es, que haga lo que él no es capaz de hacer, es decir, que honre el pasado
y el nombre de León Ricarte. Mas para Roberto el pasado, su alcurnia, sólo
vale con relación a sus propias ambiciones, esfuerzos, y realizaciones. Una vez
Roberto dice a su padre :

En la novela C haves ( 1933) 10 Mallea salta repetidas veces del tiempo
presente al tiempo pasado para mejor explicar cierta aberración del protagonista. La técnica aquí es más que una que otra mirada retrospectiva a
la vida anterior de Chaves; es un recurso eficaz de sondear lo más íntimo de
su ser mediante una estructura en que se alternan escenas de su vida pasada
y su vida actual. La base del desorden de Chaves es su silencio, su mudez casi
absoluta frente al mundo, pero en particular en presencia de sus compañeros
de trabajo en un aserradero. Sólo emociones profundas pueden hacerle proferir alguna palabra. El crítico norteamericano John H. R. Polt, en su libro
sobre Mallea, dice muy bien que la mudez de Chaves es una manifestación
del aislamiento humano y la inutilidad de lo verbal para superar ese estado".11
El silencio de Chaves, su falta de comunicación, se remonta a una época
anterior, pero en la actualidad se hace más patente por la tragedia de su
vida: la muerte de su hijita adorada y de su querida esposa. ¿Cómo fue
Chaves antes? ¿ Cómo explica el pasado al presente? En unas palabras que nos
hacen pensar más en el enigma del tiempo, Mallea afirma refiriéndose a
ciertos antecedentes de Chaves:

¿Hora de hacer honor a qué cosa, papá, aceptando un destino hecho,
un destino de cajón? No hablamos de sangre, ni en broma siquiera. Papá,
¿ sabe cuántos se arrastran muertos por aceptar encallamientos así? Pero,
¿no comenzará la virtud de cada uno en cierto empecinamiento en no
dejarse cortar las manos con el cuchillo del pequeño destino rentado?
¿No comenzará la virtud en seguir caminando, cuando se trata de recorrer un camino, en vez de aceptar los asientos que en todas las paradas
nos ofrecen? Pues, fíjese, yo no quiero sentarme. Claro que no me vendría mal, ni vendría mal a mi aspecto exterior, aceptar un buen sillón,
un sofá de canónigo en que repantigarme. Pero, mire, prefiero, todavía,
ciertos desaciertos a determinados aciertos, ciertos riesgos a ciertos
abrigos.9

Aquel que dejamos atrás treinta años antes y que llevaba nuestro
nombre, ¿ qué tiene que ver con nosotros treinta años después? Otro
ser, otra raza o tal vez (!l mismo, monstruosamente, sin paréntesis de
tiempo, ni mutación ni espanto (p. 30).

Lo que más llama la atención en Las Aguilas y en La torre es que el lector
siente mover ante los ojos un vasto lienzo que abarca una gran extensión
de tiempo. La unidad de las obras reside precisamente en la acción e influencias recíprocas de distintas generaciones de los Ricarte, y toda la estructura
revela y apoya esta dependencia mútua.

•
• Las Aguilas, p. 86.
• La torre, p. 234.

308

Ensimismado en su carácter taciturno, evasivo, un tanto testarudo, Chaves
pasaba la juventud. Su vida era por completo interior, introspectiva. Se
enamoró de una muchacha y en una ocasión el tormento de los celos le hizo
articular un chorro de palabras para no perderla. El antagonismo de los
obreros y su extraño santuario dentro de sí le hacen pensar en los años felices
de su matrimonio, cuando los trabajos de la vida fueron ablandados por su
espíritu de amor y de devoción entre toda la familia. La función del pasado
-evocado aquí en unos episodios de gran fuerza dramática- es mostrar cómo
el conjunto emocional de Chaves sobrepasa la sencilla comunicación verbal,
siendo algo indescifrable, una sensación de satisfacción interior, el gozo de
amar y de sentirse amado. Una vez Chaves consiguió trabajo como vendedor
de terrenos bajos y anegadizos, pero fue un fracaso completo por su falta de
articulación verbal. Sólo sabía hablar con su mujer y con su hija, pues ellas
le inspiraron. Comenta Mallea que Chaves "no sabía vender, abandonaba al

--11

Chaves (Buenos Aires: Editorial Losada, 1953).

11

]OHNN H. R. PoLT, The Writings of Eduardo Mallea (University of California Press,
1959), p. 57. La traducci6n al español es mía.

309

�cliente sin insistir, laxo en el hablar, desganado de entregar a aquellos crasos
o malévolos desconocidos las palabras que guardaban para su casa" (p. 43).
Es obvio que los "malévolos desconocidos" representaban anteriormente lo
que en tiempo actual los compañeros de trabajo, es decir, gente con quien
Chaves no podía comunicar, con quien se sentía cohibido. Los últimos párrafos de la novela sugieren la persistencia de su pena y presagian su inhabilidad de jamás sentirse bastante conmovido para hablar de un modo normal. Los trabajadores, en quienes crece más y más la furia contra el silencio
y el desprecio de Chaves, se reúnen amenazantes a su alrededor. Parece que
un tal Mólers es el único que entiende a Chaves y le pregunta: "¿No les va
a decir, nunca, lo que quieren que les diga? Algo... , alguna cosa. ¿Nunca
va a conversar, a hablar?'' (p. 101). A lo cual Chaves da una contestación
inequívoca: "No".

•
En Todo verdor perecerá (1941) 12 el empleo del tiempo como técnica literaria está limitado en su alcance si lo comparamos con las otras novelas que
ya hemos tratado. Una de las obras mejor escritas de Mallea, de trozos descriptivos de gran colorido y vigor, Todo verdor perecerá analiza el trastorno
emocional de Agata Cruz, mujer dura y hostil, casada con un hombre que
parece tener, por su aspereza y mudez ofensiva, un carácter complementario
del suyo. Aunque la novela carece propiamente de un enfoque temporal que
circunde toda la obra, se notan unos recursos artísticos relacionados con el
concepto del tiempo. Una mirada retrospectiva a la niñez de Agata, ocurrida
en el puerto de Ingeniero White, echa luz sobre el estado actual de sus emociones y actitudes. Pero no habría nada de novedad en este recurso, ni nos
interesaría aquí, si no fuera por el desenlace impresionante de la obra que
hace del pasado una función vital del presente. A poco de morir su marido,
la soledad y sufrimiento mental que la atormentan pronto llegan a tal extremo que decide irse a Bahía Blanca, a unos kilómetros de la ciudad de su
infancia. En esta ciudad bulliciosa y próspera, Agata traba relación amorosa
con un hombre lascivo y cruel que le proporciona la cultura y el estímulo
intelectual que su marido dejó de darle. Pero pronto su amante la abandona
y se encuentra sola otra vez. Abyecta, desilusionada, harta de la vida materialista de Bahía Blanca, anhela regresar a Ingeniero White como para refugiarse
en el pasado, creyendo que el pasado puede aliviar su descontento con el
presente. Toma un autobús, ansiosa de ver la vieja casa paterna y de pasar
12

310

Todo verdor perecerá (Buenos Aires: Espasa-Calpe, Argentina, 1951).

la vista otra vez a la vecindad familiar. Su huída es un escape de lo presente, una renuncia y un temor de lo futuro, y una entrada al abrigo del
pasado. Al llegar a Ingeniero White el pasado se le aparece en múltiples formas:
.. .los setos verdes de la Subprefectura, las casas tan modestas y pequeñas, que ahora parecían mucho más chicas; las balaustradas de madera,
los bares, el café Unión construído en madera verde, con su balaustrada
y sus ventanas del bajo segundo piso; el comienzo del gran muelle...
Caminó por la calle central y llegó hasta la vieja, triste casa. Todavía
estaban en la pared las marcas ( pequeños rectángulos un poco más claros que el resto de la madera pintada) de las chapas del doctor (p. 141).

Pero el mundo cambia a medida que el tiempo avanza. El pasado no es
un mero retroceso a una época anterior; el pasado no es el presente considerado treinta o cuatro años atrás. Entre el pasado y el presente hay más que
cierto número de años; interviene el elemento humano. Agata ve su casa,
pero no es la misma en que pasó tantos años juveniles. Pronto se abre la
puerta de calle y aparece un hombre de edad a quien Agata le es totalmente desconocida. Clava en ella una mirada de asombro y desconfianza.
Es muy natural, por supuesto, que este anciano no la reconozca, pero para
Agata su nueva calidad de extraña y de desconocida en su propio pueblo,
en su propio barrio, en su propia casa, la agobia y la traspasa en lo más
íntimo de su ser. No quiere olvidar o anular el pasado, ya que el horroroso
presente la aflige tanto. Pero la recordación de otra época la hace llorar, y
Mallea coloca el llanto en un marco temporal:
Entonces, por primera vez después de tanto y tanto tiempo, en aquel
~itio sin gente, frente al agua quieta y verdosa de ese gran estanque
impasible, lloró como había llorado allí, por alguna infantil disputa o
vano capricho, cuando tenía sus siete años (p. 143).

Cada tarde durante un mes Agata vuelve a Ingeniero White para recordar
Y "meterse de retorno en la infancia" (p. 143). Por fin, ni los sitios familiares ni el recuerdo del pasado pueden salvar a Agata de la agonía de su
confusión emocional; y tras unos minutos de horror en que algunos pelaÍUStanes callejeros se mofan de ella y la amedrentan, corre sobrecogida de
terror hacia su casa, se sienta en el escalón de madera, y desata en su delirio
en llanto horrible.

•
311

�Como cuentista Mallea muestra a veces la misma tendencia de utilizar el
tiempo de un modo interesante e imaginativo. Aunque sus cuentos siguen
un rumbo casi idéntico al de sus novelas en cuanto al tema, estilo, y técnica
narrativa, prefiero tratarlos aparte aquí por conveniencia de clasificación.
Gusta Mallea de reunir en un solo volumen varios cuentos que están relacionados de algún modo, que tienen un tema común. En dos colecciones de
relatos hay una preocupación muy evidente por el concepto del tiempo. El
prólogo de La ciudad junto al río inmóvil ( 1936) 13 tiende una manta de
tristeza y tenebrosidad sobre el ambiente de Buenos Aires, ciudad hostil, áspera, y poco comunicativa. "Un gran silencio en marcha" es lo que Mallea
observa en la capital, pues los hombres se están buscando y no saben lo que
son. Siguen nueve cuentos que definen y ejemplifican, en términos típicamente malleanos, esta soledad, angustia, y pena emocional. Y luego, como
para dar fin al presente tan congojoso, Mallea escribe un epílogo, un "adiós",
el sentido del cual es muy semejante al de las últimas páginas de La bahía
de silencio; es decir, las personas retratadas en los nueve cuentos han llegado
al nadir de su fortuna y esperan una vida mejor. E indica Mallea también,
para hacer el nexo entre lo que es y lo que será, que "sólo los que han agonizado en el desierto, muerto en la duda, renacerán algún día".14 Lo importante aquí es que una técnica tan sencilla como la incorporación de un prólogo y un epílogo hace las veces de un marco que circunscribe el tiempo,
que encierra los límites en que se verifica la acción de los cuentos. La vida
de cada protagonista, por decirlo así, se ha parado precisamente en el confín
del epílogo; todos han alcanzado al mismo punto temporal y el epílogo es.
como una plataforma niveladora en donde han pisado tras sus diversas
aventuras.
Mallea agrega otra dimensión a su interés en el concepto del tiempo en
La sala de espera ( 1953) ,15 conjunto de siete relatos diversos que se juntan
por la ocurrencia circunstancial de que los siete protagonistas están en el
mismo lugar al mismo tiempo. Aquí la duración del tiempo abarca cabalmente el período de espera para unos viajeros que aguardan la llegada del
tren en una estación de ferrocarril rural. El período de espera es indefinido
porque muchas veces los trenes que atraviesan la pampa llegan atrasados.
Pero el pasar de los minutos forma un elemento constante dentro de la individualidad de cada uno de los siete viajeros. Los cuentos narrados en primera
persona por estos viajeros son más bien autobiografías muy íntimas que explican las circunstancias de su llegada a la estación a esta hora. El tiempo

es una forma de igualación, pues, todos, sin conocerse el uno al otro, están
sujetos a la misma marcha constante del tiempo. "Flotó en la sala el tiempo",
dice Mallea (p. 43) en una de las breves interpolaciones que se encuentran
entre las narraciones principales. En la tercera interpolación la mosca que
cruza de lado a lado la sala de espera indica movimiento para contrastar con
el lento y monótono andar del tiempo. Y en la cuarta, el movimiento continúa cuando la mosca describe una elipse y vuelve a posarse sobre la chimenea. En la sexta interpolación, que anuncia ya el cansancio y el aburrimiento de los pasajeros que creen interminable la espera, la inmovilidad
del lugar se define aún más con el sencillo comentario que "sólo las agujas del
reloj avanzaban en la sala de espera" (p. 165). Por fin los impacientes minutos de espera parecen desvanecerse ante la realidad de la llegada del tren
y la partida veloz rumbo a la capital.
Este interés en manipular las cuerdas del tiempo se ve no sólo en la armazón
general de un grupo de relatos, sino también en varios cuentos particulares.
En Posesión,16 a modo de ejemplo, hay una poderosa esencia temporal que
guía la narración y muestra la inutilidad de juzgar el presente a base del
pasado. La antigua amante de Videla, mujer conquistada por él física y espiritualmente, sujeta por completo a su voluntad, ahora se le presenta con
altivez, soberbia, y asombrosa confianza en sí misma. Y al tropezar con ella
en una fiesta Videla no puede aceptar la dura realidad del presente, pues
hiere su orgullo de hombre y destruye la relación de vencedor-vencida que
jamás quiere perder. El pasado, antes tan risueño y complaciente, de repente
llega a ser una completa falsedad con relación a las circunstancias actuales.

CONCLUSIÓN

Muchos aspectos del arte de Mallea se esconden bajo una capa de verbosidad. Esta tacha y el desmesurado sesgo psicológico de sus obras hacen que
se desatienda su habilidad puramente artística y novelesca. Y aunque los
defectos y limitaciones de Mallea son bien evidentes e innegables, su destreza
de novelista existe de un modo más real de lo que parezca a primera vista.
El concepto del tiempo aquí tratado da muestras de cierto interés en la
estructura de sus novelas y revela no poco cuidado en elaborar el plan novelesco y la técnica narrativa. El hecho de que Mallea trata con tanto empeño
el fenómeno del tiempo cuadra bien con la orientación psicológica e intros-

11

La ciudad junto al río inmóvil ( Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1954).
" Ibid., epílogo, p. 294.
,. La sala de espera (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1953).

312

,. Posesión, cuento incluído en el volumen titulado Posesión (Buenos Aires: Editorial
Sudamericana, 1958).

313

�pectiva de sus obras. En algunos casos la acción recíproca de dos épocas es
la que hace más intenso el conflicto del libro o la que produce el conflicto
mismo. El reconocimiento de este recurso contribuye a una avaluación más
acertada de su arte. En efecto, un examen cuidadoso de las novelas de Mallea
tal vez disipará la tendencia de juzgarlo primero en términos sociológicos y
filosóficos, y sólo secundariamente como artista creador.

MACEDONIO FERNÁNDEZ, UN PAYADOR

Prof.

ANTONIO PAGES LARRAYA

Universidad de Buenos Aires.

SUELE REFUGIAR triviales desvirtuaciones, endebles metáforas; raramente, incluso, legítimas obras literarias más valederas que el texto al cual
precede. En mi caso la unidad entre las imágenes de M acedonjo y payador
se presentó invulnerable; surgió ajena a tentaciones retóricas, con tan placentera y máxima intuición de certeza que estos apuntes me parecen prolongaciones prescindibles de su eficiente expresividad.
El pensamiento y la poesía de Macedonio Fernández rescatan el enigma
del mundo. La palabra de Macedonio, como la de los payadores, posee virtudes reveladoras, de un orden anagógico, en el que el asombro es fuente
del conocer y de la belleza. Sólo el canto y la meditación sobre lo absoluto
abren al hombre una vía sobre las esencias. Los payadores, igual que Macedonio -con las tonalidades particularísimas de su estilo-, proceden por
necesidad reflexiva; su pensar enraíza sustancialmente, con pasión ilimitada
de búsqueda. Tanto en las payadas (cuya pauta puede ser dada por la de
Martín Fierro y el Moreno) como en No toda es vigilia. . . ( 1928) y la poemática de Macedonio Fernández, se descubre el "animal metafísico".
Muchos años de abundante nativismo trivial, de énfasis folklórico, han generalizado una versión apócrifa y empobrecida del payador criollo, su gravedad memoriosa se trueca en colorinche barato; su soledad viril, en desborde
sensiblero. La que siento próxima a Macedonio Fernández es la estampa
legítima del payador, ubicada en su florecimiento más intacto. Veo identidad
entre las motivaciones de su arte y las actitudes poéticas fundamentales del
payador gaucho.

UN TÍTULO

Inclinado al saber sentencioso, burlón ante el locuaz, revertic!o sobre sí'
mismo, el gaucho erigió al contrapunto en institución campesina. La payada
mantuvo en la memoria colectiva su sentido del mundo; sus tradiciones y

314

315,

�sus ritos fueron depurándose y afirmándose en una lenta maduración. La victoria dd payador fincaba en hallar respuesta, así fuese encubierta por el
humorismo, a un género de proposiciones ajenas a los motivos realistas del
contorno. Su arte, caracterizado con palabras de Macedonio, no fue sino "una
poemática del pensamiento especulativo". En el canto del gaucho es absorbente la preponderancia de las reflexiones de índole estrictamente metafísica,
vinculadas al ser, a la progenie, a lo absoluto. Todo ello dentro de un estilo
,que confunde palabras y conceptos en la incesante trampa tendida al adversario (Macedonio Fernández alude a su fundamental esperanza de verdad
"aunque alguna vez intente lo festivo y el descreimiento en la obra de
-doctrina") .
La identidad podría prolongarse hasta el sentido de la comunicación con
•el mundo: Macedonio fue de un vivir interiorizado, desnudo de acontecer;
un vivir de espera, dilatado y auténtico. Ese existir atemporalizado que vuelve
única la experiencia humana de Macedonio no es sino prolongación de un
decantado tiempo criollo de vida: serena, digna lentitud del afianzado que
-su época casi desconocía, aunque sobreviviera en silenciosos patios de arrabal,
en nostalgias de campo.
El arte payadoresco univoca la pasión lírica con el tema trascendente, cuestiona la última validez de lo humano. Hernández, sobre todo en la Vuelta
--consejos a los hijos- sugiere el sentimiento como impulso creador (Procuren si son cantores / el cantar con sentimiento) y el jundamento como fin
(No tiemplen el estrumento / por sólo el gusto de hablar / y acostúmbrense
a cantar / en cosas de jundamento).
Muy lejos de lo exterior de su época, muy cerca de una Argentina inmemorial, rica en impalpables sugestiones de espíritu, Macedonio, en 1928, les
habla también a los jóvenes de la fuerza deteriorante de la pasión frente a
"las solemnidades de la ciencia, el arte, la moral, la política, los negocios, el
progreso, la especie''. Hemández y Macedonio instan a abrevar en la pasión
. ' nunca h um1ºIde, siempre
.
. t a.1"
como fuente de toda certeza. " ¡ Oh, Pas1on
c1er
Quede así, en el límite de una insinuación, la unidad Martín Fierro-No toda
es vigilia la de los ojos abiertos ( 1928) : anti-intelectualismo, subordinación
de toda utilidad al arrogante, imperioso destino; auto-suficiencia del canto;
1iteratura "inseguida", en continuo estado de asombro revelador; reiteración,
1anguidez creadoras, "más como un lento venir viniendo que como una llegada" (M.F.); poesía que no se desprende de su ilusión de eternidad; la
palabra-pasión, como interrogante y cerco a lo desconocido.
La obra de Macedonio logra comunicar, a pesar de su abundancia e_n aná1isis abstractos muy sutiles, una honda sensación de verdad; su palabra estimula la actitud original del hombre para mirar el mundo. El recurso ines316

perado, que va de lo sencillo a lo dramático, remueve y preserva esa aptitud
adormecida por la costumbre, por las fórmulas, por la desganada aceptación
de un pensamiento extraño. Logra así la reinmersión del lector en su propia
experiencia, lo instala sigilosamente fuera de la causalidad, lo obliga a atender
sus íntimas vibraciones problemáticas. Esa tensión donde el que escucha participa y concurre necesariamente a la obra, característica de algunas de lasmás ricas filosofías, es también la del contrapunto, que asciende hacia un
plano donde el don poético se eleva a la supervida, al estremecimiento ontológico.
Frente al cantor "por diversión", el payador gaucho no se ufana con la·
maestría poética y aún desdeñada --en el "pueta" y el "letrao"- la forma no
justificada por la sustancia. Eduardo Jorge Bosco, en su poema Payadores
( 1941 ) penetra el sentido más oculto de esa poesía y sus intensas conexionesvitales; contempla querenciosamente a los payadores, artistas absolutos, varones
que negaban el tiempo, dueños de voces remotas, profundas, de íntima pasión:
El primer encordado vuelve como un recuerdo
a cantar, cuándo no, lo que el destino asigna;
y ahí va ganado el hombre, solito en su guitarra,
el oculto sentido de la muerte y la vida.
Y entra a nombrar lo suyo con el gesto remoto
del que ya está de vuelta de toda lejanía.
Un resplandor secreto de lento fuego oculto
le enciende el ademán de pasión contenida.

Se contrapuntee a lo humano o a lo divino, la payada termina siemprepor situarse en un plano de abstracciones puras, de especulación intemporal.
Verso y sonido son simples apoyos. Leopoldo Lugones, que se equivoca err
la interpretación del Martín Fierro, acierta en cambio cuando fija la índole del asunto en los contrapuntos: "era por lo común filosófico, y su desarrollo consistía en preguntas de concepto difícil, que era menester contestar al punto, so pena de no menos inmediata derrota" ( El Payador).
La preeminencia de su cimiento ontológico ha sido olvidada por las interpretaciones corrientes (históricas o formalistas) del arte gauchesco. Piénsese en las cuestiones que Martín Fierro propone al Moreno -cuáles son
los cantos del cielo, de la tierra, de la noche; qué es la ley, de dónde naceel amor- y surgirá una evidencia, que se hace más aguda todavía ante lasrespuestas y preguntas del Moreno, sondeo trascendental que asume una extraña palpitación esotérica.

317

�El punto de arranque de la obra de Macedonio es el mismo: poesía y
búsqueda de verdades primeras. La vertiente creadora (con voz de Güiraldes llamábala manantialidad) lo conducía a indagar verdades últimas. Su
actitud, pues, en un plano de mesura y solvencia por cierto enriquecido, es
semejante a la de aquellos legendarios poetas de la P~1:1Pª c~yo arte ~o aspiró a revestir de formas definitivas ninguna prop~s1c1ó~, .smo a es~rmular
el ansia escrutadora del hombre, conforme a un estilo ongmal. Caminos de
ida y vuelta, despojan a la realidad de sus tranquilas congruencias. Si a veces causan una impresión superficial de efectismo, la impresión es errónea:
brincos del ingenio responden a previas acumulaciones reflexivas y producen el efecto pasmoso y pedagógico del desconcierto.
Para Hernández, contar y cantar se unifican. Macedonio también identifica lírica y épica en lo fantástico absoluto. Concibe así una novela con rasgos poemáticos, convertida en investigación sobre el ser, ajena a 1~ . casualidad la sucesión la descripción, el paisaje y otros recursos tradicionales.
Mac:donio procede por integración, por asalto y por sorpresa: elimina los
supuestos del relato tradicional y los sustituye por el diálogo f~Jos_ófico'. por
los prólogos nunca concluídos, por la renuncia a las meras comc1denc1as o
a las anécdotas entretenidas. La novela se confunde con el poema Y asume
una inflexión metafísica. El desdén de Macedonio hacia la estructura sugiere una crítica tácita a los modos superficiales de la literatura, una aproximación al misterio. (En cierta carta de Macedonio se lee su refutación d_e
Maurois -a propósito de Círculo de familia- y de Proust: "Poderosos, fi.
nos en Ja prosa suelta O poema, se truecan en folletineros de la novela; falta
teoría, doctrina de arte en ellos") .
Martín Fierro deja fluir Jo novelesco sin vínculos con el estricto narrar Y
la intriga; no es desarrollo sin interiorización. El cu:nto_ se identif~~a co~
el canto. Macedonio y Hemández superan así la prrmana concepc1on numética del realismo y excluyen la pura sensorialidad como objeto de arte.
Macedonio anota: "Análogamente lo sensorial (goces y dolores del comer,
-del fumar de la sexualidad fisiológica, etc.) no es asunto posible de arte;
los efectos' de la sensualidad sobre lo no sensual del personaje, sí". (Prólogo
del "Museo de la eterna". El hombre que fingía vivir, en Huella, Buenos
Aires 1941, n. 1).
El texto de Macedonio, como el de Hemández, es un desafío lírico a lo
verosímil y se proyecta reveladoramente sobre el lector. Los personajes r~sultan agentes metafísicos, intemporales, "dadores de existencia al propio
lector" (Dos de los 29 prólogos de la obra Museo de la eterna y de Niña de
dolor, la dulce persona de-un-amor que no fue sabido, en Revista de las Indias, Caracas, mayo 1943, n. 58). La epicidad de Macedonio y de los gau318

chescos se identifica en la ausencia de enredo y suspenso, en la tensión trágica sin precisión de momentos, en el misterio y en la búsqueda de lo realimposible.
Macedonio Fernández acomete los problemas con rasgos personalísimos
que contradicen los antecedentes canónicos -desde los temas y los modos
de afrontarlos hasta la misma sistematización de los materiales-. Novela,
ensayo, poesía, fueron sólo vías para una acuciosa, pertinaz búsqueda del
ser para un pensar en escala metafísica. Instala siempre al interlocutor en
el matiz menos vulgar. No por prurito de anticonvencionalismo, sino por un
don de su inteligencia que lo apartaba espontáneamente del lugar común,
desarma textos, hábitos, repeticiones, y entre tantos talentos menores y de
reflejo, se muestra irreverente, como un filósofo de veras.
Su discurrir no pretende coherencia didáctica; se apoya en su propia fértil ima~inería y en la del lector, al que incita e incorpora a sus preocupaciones: "escribo asociado al lector en una búsqueda común y cordial" (No toda es vigilia la de los ojos abiertos). Siempre la actitud de contrapunto en
la metafísica poética de Macedonio. Páginas y versos saboreados los suyos,
cálidos, sin miedo por el tiempo que se consume. Macedonio Fernández exhibe el pensar con sus vericuetos, sus extrañas incisiones, sus vuelcos introspectivos. La revelación surge inesperada: el discurso es de marcha lenta,
paciente: tiene el ritmo demorón del matear, como hilado entre "amargos
de mate, la dulzura argentina de Sud-sudamérica".
Macedonio indaga lo absoluto de un modo peculiar y siente la poesía como exaltación de lo "estético natural". Su estilo, depurado de estridencias,
sugiere perspectivas y posibilidades inéditas, creadoras, llenas de fecundidad y de estímulos. El lirismo metafísico de Macedonio, expuesto por medio
de poemas, novelas, discusiones con Hobbes, Kant, Schopenhauer James,
monólogos irónicos o prólogos interminables, asume una calidad literaria
Y una riqueza especulativa que sugiere las inclinaciones y los rasgos inmediatos de un probable estilo argentino.
Las tesis y las exposiciones más audaces de Macedonio sólo buscan robustecer el principio de identidad fundamental, de esencia incognoscible
que se revela existencialmente en la pasión, concebida en un sentido de totalidad muy semejante al concepto de voluntad de Schopenhauer, autor muy
leído por el metafísico criollo.
En Macedonio la multiplicidad del mundo adquiere unidad a través del
Verbo; gustoso, se desentiende del mecanismo y del causalismo y afirma un
conocer por la creencia, un crear político que nace del creer y que proyecta -sobre todo en sus poemas a la Amada- un sacudimiento ontológico
antes no conocido en la poesía argentina. Sólo en Macedonio sentimos esa
319

�suerte de embriaguez metafísica característica de Nietzsche, de Kierkegaard,
de Unamuno, que hace comprensible un acercamiento a las esencias. Su
pensar y su canto buscan premiosamente la eternidad y el reconocimiento de
lo vital-eterno. Un poema suyo de 1912, Hay un morir, descubre transparente-·
mente esa necesidad de su poesía:
No me lleves a sombras de la muerte
a donde se hará sombra mi vida,
donde sólo se vive el haber sido.
No quiero vivir del recuerdo.
Dame otros días como éstos de la vida.
¡ Oh! no tan pronto hagas
de mí un ausente
y el ausente de mí.
¡ Que no te lleve mi hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.

He aquí a las Ideas reveladas intuicionalmente por el metafísico que llega así a estados próximos a las teofanías en que las Ideas se hacían sólo comprensibles para ciertas naturalezas intelectuales. Ese conocimiento, en su prístino fluir, tiene una profunda relación con la actitud del payador frente a
la realidad: no la disminuye, la acepta, la interroga y asciende a ellas con
ardor dialéctico. El asombro del ser subsiste intacto: "poesía de la Pasión
sin contexto". Con rara penetración y ansiedad inquietante, Macedonio parte siempre de una misma y reconocible actitud ontológica. Esa virtual coincidencia de disposiciones frente al mundo permite ahondar en su americanismo y justifica el memorable elogio de Jorge Luis Borges: "las mejores
posibilidades de lo argentino -la lucidez, la modestia, la cortesía, la íntima pasión, la amistad genial- se realizaron en Macedonio Fernández, acaso con mayor plenitud que en otros contemporáneos famosos".
Reconocemos a Ramón Gómez de la Serna la primera intuición sobre
el criollismo de Macedonio Fernández y su identidad con América, "lo que
es verdaderamente América y no de boquilla y sólo por suposición". Implícitas burlas al conde viajero Keyserling se unen a una manera escondida, socarrona -"la primer sorna argentina auténtica"- de responder a una verdad que ensancha su misterio sin convencionalismo hasta en mínimas actitudes, como las de tomar un mate bien cebado a la puerta de su casa... He
aquí a este criollo del ponchito gaucho, abrazado a su guitarra ausente de
sueño en una Buenos Aires inmensa y apresurada, seguro en su vivir angustiado y gozoso de eternidad, esa "especie de irrealidad tranquila de Mace-

320

donio". Gómez de la Serna observa la vida suave, sin búsqueda trivial de
los honores, la riqueza o simplemente el ruido que desgonzaba a tantos compatriotas. Acompañado de Madre y Amada, sus dos hondas ausencias, vivía Macedonio en la revelación de la siesta y acompasaba su existencia con
interminables mates: "En la pristinidad del suelo americano, el hombre descansado en vejez cree que va a ser más viejo que la casa que habita -estilo
colonial- y trata a la casa como a una jovencita que no le podrá alcanzar
y que sin embargo le secunda para que se apoye en sus muros y columnas. No
sale a la calle por gozar más de esa inmortal unión de hombre y casa".
¡ Criollísimo, hispanoamericano esencial y de futuro este Macedonio "con
su larga vida de payador de silencios", a quien el amigo español llama descubridoramente "el Martín Fierro de la estética"! Sin prestación exterior,
Ilena a la vez de gravedad y de gracia, la obra de Macedonio se desarrolla
en un proceso constante de interiorización, por el cual ahondaba en el ser
argentino: "porque la Argentina no es tropical -observa Gómez de la Serna en las páginas que preceden a la segunda edición de Papeles de Reciénvenido ( 1944) - y por lo tanto necesita la buena y sutil controversia de
la payada". Por eso encuentra en Macedonio "la réplica nueva, el civilizado libre, el payador en persona que contesta con graciosa cachaza a todo
lo conceptuoso". Un prudente, escondido, vital criollismo, lleva pues a Macedonio a indagar con gravedad y poesía en el rostro y el ser argentinos.
Buscó apasionadamente, sin dejar su suave sonrisa de asombro Jo fan, .
'
tástlco absoluto. Sólo en la imaginación creyó encontrar certeza; el puro ra2?namiento no podía conducir a la verdad que no era para él un absoluto
smo una revelación cuya lejanía convierte en continuo hallazgo venturoso.
Pa._ra Macedonio la pasión era "la certeza misma y el ser mismo", la "idone~dad supr:~ª del ser". El íntimo demonio lírico domina sus páginas. Jamas se confmo en lo meramente especulativo. En No toda es vigilia pide se
le consienta su "necesidad de intimidad y de lírica en una obra de pura
doctrina"; su poesía del pensar se apoya en "la invención laboriosa no en
la copia de realidad". Procuraba así asegurarse novelísticamente "l;s servicios de un personaje de intachable inexistencia", cuyo no-ser absoluto acaso se cifre en este HGFG suyo, criatura que "no sólo no ocurre en la vida;
no ocurre en el libro".
. Corno en la gradación ascendente de las payadas, Macedonio parte de lo
~mtoresco o paradoja! hasta abstracciones en cuya atmósfera nos vamos
InS ta¡ando sin advertirlo: arte dialéctico veloz, como esos ascensores que
en u ~ respiro
· nos ponen casi• en la punta de una nube. Sus ocurrencias, paradojas, contradicciones, son instrumentos para desarmar el mundo confortable de la lógica utilitaria, las tranquilas aquiescencias, incluso cuando uo-

321
H21

�nizando la inclinación a lo práctico de la civilización por él cuestionada,
propone soluciones felices, tal la de suprimir las delanteras de los automóviles para que los transeúntes no se atropellaran con ellas y esos vehículos fuesen usados sólo por dentro. A veces el vericueto, la trampa verbal es sólo ingeniosa, más fuerte literaria que conceptualmente. Aun en esos casos brilla
la intuición del filósofo que aspira a recrear el mundo no en término de razón, mecanicismo, causalidad, sino con máxima esperanza como pura poesía.
Macedonio confesaba sus propósitos de "convencer por arte, no por verdad". La incongruencia aparente sírvele "para desafiar con lo artístico lo
verosímil, lo pueril verosímil". Su negación de la exclusiva sensorialidad como objeto estético, su creación de personajes por ausencia, sus infinitos prólogos, constituyen una vastísima averiguación sobre el ser revestida por un
estilo singularísimo, rico, personal que sólo se explica en la atmósfera de su
intimidad argentina.
La ausencia aparente de método de coherencia externa, es un matiz de
su reacción contra lo adocenado. Como payador da la impresión de repentizar, pero lo espontáneo se modula sobre un grupo de motivos concertados
que vuelven a su conciencia. En su discurso hay ahondamiento, diversificación, no monotonía ni reiteramiento gratuito. Leemos en carta suya a un
amigo:
"Repitiendo metódicas promesas públicas de escribir, y cuidándome de
hacerlo, me he ganado cierta nombradía que sólo por haberme conducido así, como un cumplido muerto, podía ya conquistar. No es para envanecer, por cierto; ni queda muy en claro que ésta sea fama de escritor".

Macedonio nunca deseó el módico prest1g10 literario. El tratamiento subjetivo a que sometía toda la realidad vista desde sus lados humorísticos Y
patéticos, lo alejaba de la acepción de lo literario según se organizaba en
Buenos Aires: oráculos, gloriolas, chismes alusiones benévolas. Su originalidad de pensamiento se sostenía en una originalidad en los métodos expositivos. Sus procedimientos de investigación fueron los de un filósofo y los de
un místico, y por eso semejantes a los del payador.
Su obra va al asalto de una literatura sin maravilla, sin revelación ni fervor, engolada, engañosa. Un tono inestridente, un rigor íntimo son connaturales a ese desafío contra lo estentóreo. En dos terrenos se mueve su prosa:
el de la ironía o del chiste franco y el de la pura exposición. Pero esas dos
direcciones no están deslindadas y hasta llegan a constituir una sola. La ironía le impide enfatizar; resguarda, con un homorismo sin agresividad, a ve-

32·2

ces muy socarronamente, la actitud conceptual. Lo filosófico, a su vez, da
coherencia íntima a lo que podría haber sido una caída en lo monótono a
'
pesar de que se confesaba "autor no irritable que sabe simpatizar con el lector que se le duerme".
Tuvo Macedonio la modestia sincera de su arte y también la picardía
subterránea de los payadores criollos. Con la broma descargaba de trascendentalismo hueco a un pensamiento que, por saberse profundo, no quería
aparecer estrepitoso ni académico. El chiste fue la manera de despistar sobre la grave índole de sus preocupaciones. Ejercía el magisterio si~ alardes
' cuando algo suyo podía sorprender como virtuosismo: ironía y'
y se deterna
burla constituyeron formas genuinas de su inocencia, instrumentos para quebrar falsos empaques y revisar honradamente conceptos mohosos. Aun en
esos instantes su arte es severísimo y acusa su búsqueda vibrante de absoluto.
. El. humorismo es el despiste del filósofo, la manera de quebrar toda apanenc1a de engolamiento. Igual que en el decir criollo, su burla era bondadosa, sin crueldad hacia otros seres y más bien un recurso para desentender~~ de formalidades externas. Sus palabras admiten siempre una significac1~n emboscada que envuelve reacciones contra lo adocenado y exterior.
~a?1d~ es que el contrapunto tiene un ritmo informal, en que lo profundo va
m~muandose amablemente agazapado en irónicos esguinces, en porfiadas timideces. Gómez de la Serna subrayó el matiz criollo en las sutilezas de
Macedonio:
"Por eso hemos encontrado en él la réplica nueva, el civilizado libre, el
payador en persona que contesta con graciosa cachaza a todo lo conceptuoso".

Ante una concepción nueva o ante un método nuevo para mirar el contorn_o, es tal la insuficiencia y la imprecisión de todo lenguaje que un pensaffilento original supone casi siempre una lengua original. Esto ocurre con
1~ frase de Macedonio. Hay en ella cierta finura, cierta rápida intelección,
cierta reserva inteligente que valoriza lo insinuado, porque sacude la pereza del lector y le cede un lugar activo en su obra. El que lo lee a fondo queda atrapado por las volutas de sus textos creadores que no se agotan y aún
r~sultan más absorbentes en la relectura. Se siente hasta la necesidad de olvidar esa arquitectura heterodoxa para descubrirla nuevamente y sentir otra
~ez el asombro ante lo auténticamente creador, que las letras de nuestra
tierra tan pocas veces suscitan.
·
rmagmamos
·
su 1ucha contra esa densa cuota de hábito, de comodidad, de libresca acumulación con la cual tuvo que
enfrentarse. No cedió ante ninguna costumbre ni mental ni verbal. Quizá

323

�por eso proclamaba, enfatizando a propósito: "Hay que horrorizar a América de su banalidad actual".
Macedonio Fernández, como los payadores, amó la guitarra. Fue compositor y ejecutante extraordinario. En una fotografía suya muy conocida,
abrazado a la guitarra que cruza su pecho, sus manos y su alma se acercan
cariñosamente a ella. Silenciosa, la guitarra sigue diciendo el misterio de
voces con ayer; cuerdas, caja y alma son mediadores de una dulce y hondísima motivación única. Como Nietzsche, Macedonio partía de la música al
abordar ese absoluto para la razón siempre inalcanzable. Un amigo lo encontró cierto día ejecutando y, sorprendido, observó que la guitarra adquiría en sus manos una sonoridad distinta, completamente nueva. Macedonio
eludió el elogio y contestó:
-"Tal vez _el secreto está en algo fundamental que ando buscando,
que podría ser como la clave esencial de toda la música, algo así como
la célula primordial. .."

La música fue coronación de su poesía, de su metafísica, de su novela.
Quizás en su orbe logró la poesía del pensar, soñada como algo diferenciado de la especulación utilitaria, sin pretextos, de pura imaginería, donde todo cambia y acontece con exclusión de causa, por la sola legitimidad de la
gracia. La música resúltale suprema escelencia que traduce la calidad y la
condición de un estado de espíritu, liberado de fragmentarismos. Mientras
el hecho literario se arme sobre lo verbal, no estará integrado. La música,
para Macedonio, es necesidad previa para llegar a la meta final de la poesía.
Su modo de pensar desterrando "los tigres que causan miedo y los miedos
que causan tigres", se acordaba fluidamente con su búsqueda del elemento
primero de la melodía. Un amigo recordó, de una conversación, este pensamiento:
"La música parece dar un procedimiento para desdolorar el dolor -,Y
en un momento- como pasa con el recuerdo de los muertos lejanos.
La melodía es igualmente grata en el placer que en el dolor. Hay inmenso placer tanto en sentir una marcha fúnebre como un himno a la
alegría".

En la misma conversac1on, entre otros muchos conceptos que componen
una originalísima estética musical advertía que "el acorde es así, como en
la literatura la palabra, una caricia auditiva", y señalaba a la música co-

mo herencia y legado, como forma que supera lo personal. Macedonio veía
en el lenguaje musical, muy clara, la memoria colectiva que la palabra también refleja, y así encontraba en ella una posibilidad de gracia:
"La melodía es invención por exaltación de colectividades. Resulta de
infinita reiteración, de ciertos armazones de frases, en sucesivas integraciones".

Melodía grata en sí misma, para desdolorar el dolor, surgida por exaltación de colectividades, ¿ no es acaso fórmula que serviría también para caracterizar el arte payadoresco? Advirtamos que la guitarra que sonaba entre
sus manos con tan peregrina emoción, no perdía acento porque en ella vibraran Scriabin o Rachmaninoff, como él no perdía nada de su espontáneo criollismo por conversar mano a mano en Buenos Aires con Hobbes a
través de años y distancias o por cartearse asiduamente con William James,
acontecimiento este último que como otros de su vida, él recataba quizás
por imaginar el escándalo publicitario que otros colegas hubiesen armado
con tan cotizable suceso epistolar.
Sintió Macedonio la desoladora insuficiencia de lo verbal. Procuró vencerla por vía novelesca o por vía poética. Cuando la palabra resultábale insuficiente o desalentadora, la música le servía para concretar matices de
ideas y conseguir la atmósfera, el color, la singular vitalidad que toda creación original asume. Vocación tan estricta y veraz como la de Macedonio
tuvo que ser forzosamente ardua. Buscaba cierta verdad, inasequible siempre, que sólo podía darse en una comunidad de almas extraña a la Argentina contemporánea. Preocupaba al filósofo criollo la indigencia afectiva y
estética de la humanidad civilizada, la condición solitaria de todo lo que
poseía rasgos de autenticidad. En 1939 escribía a un amigo:
"Hago un último esfuerzo por un Arte Severo, puro, de escritores que
sirven, no que hacen servir, adulan, premian, repitiendo a una por el
mundo las mismas novedades fraseológicas".

Las indagaciones de Macedonio nunca tuvieron la pedantería de lo concluyente. Fueron dadas en términos de dudas y esperanza. La obsesión de lo
inalcanzado e inalcanzable da a su obra cierto encanto de promesa futura
que la convierte en un tejido de insinuaciones felices. Si dejó un estilo, un
arte, acaso un método, es el de la literatura no condescendida, la de los duda-artes, "un arte máximo de mínimo órgano". La perfección y la gracia, en
sus estados más escuetos y dignos, surgen de sus páginas rescatadas de bu-

324
325

�llanguería y escoria. Macedonio-persona fue más que su letra, que su prosa,
que sus libros, a pesar de brindársenos tan asidua la excelencia de esas manifestaciones fragmentarias y lejanas de su yo.
Macedonio es ya en las letras argentinas personaje de leyenda. Se lo reite
se lo cita se lo admira. Su fama está hecha de mentas, de recuerdos rep
'
vestidos por la' fluidez cariñosa que de su persona brotaba. Así fue la fama
de los payadores. Sus hazañas y sus artes vivieron conversadas, recreadas. Era
un lujo, una felicidad, un orgullo, el haberlos oído o visto. Y era tal esa
dicha que hasta inclinaba a fraguar inconscientemente un conocimiento o
una proximidad inexistentes. De puras ganas de haberlo conocido, de dolor
de haberlo dejado pasar, muchos que pudieron y debieron conocer a Macedonio forjan la inocente falsedad de su relación con él.
Todo lo que pueda decirse de Macedonio lo será siempre muy imperfectamente. Ninguna definición puede comprenderlo; ninguna sistematización
puede atraparlo. Será vana toda confianza en la posesión de unas imágenes aceptables. Su mítico prestigio nació y creció espontáneamente. Macedonio fue hombre infotografiado y de una módica circulación en revistas literarias cuyo escaso tiraje lo convirtieron en impublicado también. A pesar
de eso o quizás por eso, es deveras famoso. Basta recorrer los diarios y revistas de hace tan pocos años para ver qué impresionante necrópolis de nombradías más estrepitosas fue edificándose a fuerza de bambolla, al tiempo
que la fama de Macedonio crece con segura vigencia. ¿ Quiénes eran los ministros, los gendarmes, los hombres de pro en 1928? El olvido se ejerce sobre ellos y en Macedonio, por el contrario va reconociéndose una honda y
consistente Argentina.
Su probidad y su sencillez fueron geniales. Su obra no conoció el aplauso
ni los banquetes. Vivió independiente de cátedras, periodismo y otros oficios de escritores. Su obra parece dirigirse sin impaciencia a sus lectores elegidos, paucorum hominum. . . Filósofo con audacia, con libertad, con intrepidez y una modestia que despistaba a través de ironías lo trascendente, Macedonio fue, en la Argentina, el primero en alejarse totalmente del campo
ideológico del positivismo que se conecta históricamente con precisas actitudes vitales. No se prodigó ni se dio a las dignidades exteriores, la burocracia o los hombres; meditó y vivió hacia lo hondo, muy cerca de un esencial
e inmutable estilo criollo.
En un país que sólo ha producido eruditos de filosofía y profesores de filosofía fue, auténticamnete, un filósofo. Por eso es parte de su destino egregio el no figurar en las varias, hinchadas y corteses historias de una hipotética filosofía hispanoamericana... Fue hombre de temple, de valor y vigor
filosóficos. Lo que en su obra hay de creador y original surge expurgado de

326

todo peso innecesario, sin vanidoso aparato hermenéutico. Su fina ~erti?umbre de eternidad le enseñó a Macedonio el arte de la espera y la sab1duna de
Ja esperanza, del "existir cifrado en conocer el misterio del existir". • .
Macedonio, como los payadores, rehuye lo que él llamaba "externalidad".
Asume, sin proponérselo, una misión metafísica y docente cuya clave acaso
sea sugerida por el Manuscrito de M. F. que los ojos de Hob_bes leyeron (en
No toda es vigilia la de los ojos abiertos). Domínguez, el am~go que le _lleva
a Macedonio la magnífica visita de Hobbes, a través del laberinto de ale1adas
calles de Buenos Aires, revela así al inglés la presencia de un metafísico:
-"En el barrio de él, Macedonio Fernández, a quien me refiero, goza
confianza de haber resuelto todo el problema metafísico, y es tanta la seguridad del vecindario que ya nadie allí estudia ni sabe nada de metafísica; se ha delegado en él saberlo todo en este tópico, y efectiva~ente
es hombre de no ignorar nada que se confíe y que interese al barrio, como en este caso la metafísica. Se ha hecho cargo de saberlo todo tan
bien, que el barrio, confiado en él ha llegado a una perfección tan extraordinaria de no saber nada de metafísica, que es cosa de no creer
que haya alguna vez sabido alguien algo, una pizca de ello. Muchos
no quieren creer que el barrio haya estado anoticiado alguna vez del
misterio metafísico".

Hobbes y Dalmiro Domínguez, que le regaló la magnífica visita, mueren
para que Macedonio pueda proseguir y d~r respu~sta al proble~a. ?el absoluto, una de cuyas afirmaciones irrenunciables exige la desapanc10n de su
personal entidad. . . Macedonio declara su dolor al no poder rehacer su
amistad con Domínguez, el que le dio la oportunidad de lucirse al "hacer
conocer de Hobbes al metafísico de Buenos Aires, en todo su barrio celebrado". Tiernamente, al extrañar "la dulzura nunca quebrada de Dornínguez",
sabe que sólo con los años podría medir la honda significación de esa muerte ocurrida por obra de él, de esa ausencia que sugiere el misterio del existir.
La "fantasía almista" de Macedonio comparte las intuiciones básicas del
payador, hasta en esta forma de expresión imposible sin el contrapun~o asumido por el rival O "el amigo". Con extremado sentido de la sugerencia, Domínguez aparece como el ser necesario para revelaciones del "metafísico de
Buenos Aires", con la misma necesidad de Juan Sin Ropa para lo eterno de
Santos Vega.
Disfrutó Macedonio de uno de los goces más hondos de esta fugaz vida:
la amistad segura, selecta. Si no al arrimo del fogón, en atmósferas más urbanas pero llenas de lo mejor de lo criollo, que es destello del espíritu y no

327

�escenografía rural. Su presencia en las peñas del veintitantos está ya revestida de leyenda. Algo había de magistral sin "magister" en su acercamiento a los nuevos para otorgarles su propio don, en su implícita capacidad de
calar con un método nuevo en las superficies oscuras entre las que nos movemos sin problematizarlas. Macedonio poseyó la bondad, la reserva, la pericia morosa del verbo, el arte de quebrar todo hieratismo, de poner auténtica humildad en los más evidentes aciertos. Debió gozar sin duda de la felicidad y de la responsabilidad de ser escuchado con amor. Criollo a contrapelo de una república feliz, pensó, ironizó, poetizó, en actitud de veracidad
total. Su palabra se levantó llena de pasión, de íntimo y humano calor. Por
eso, como los payadores de ley y según la poética y melancólica metafísica
suya, debió morir con la dulce y absoluta convicción de que la muerte no
existe.
Los cantores criollos, cuya rusticidad escondía una herencia intelectual de
centurias, en sus contrapuntos sometían la realidad a un agudo tratamiento
subjetivo. Partían de las cosas, de aquello que es corriente y común, pero buscaban su intimidad y recorrían, ascendentemente, el sentido de las palabras
fundamentales. Observaciones graves o risueñas se saturan entonces de originales inferencias plásticas, trágicas, metafísicas. La palabra sorprende como revelación en la que se funda decisivamente todo destino. Macedonio,
como los payadores, tiene la intuición del hermetismo alógico que impulsa al
acontecer. El arte vale así como total expresión de vida. En esto Martín
Fierro, idealista absoluto, anticipa a Macedonio, a quien se aproxima también por la construcción enigmática, oracular, en que la palabra parece vencer la finitud. Con infatigable empuje su voz se abre a la existencia.
El gaucho, hombre-esencial, y Macedonio, sienten idéntica fe en la palabra
que da a ese mundo una particular necesidad y cercanía. "La obra hace a la
tierra ser una tierra" (Heidegger). En Macedonio sentimos culminar un largo
hábito poético que ha olvidado lo insólito en su remotísimo origen y que, sin
embargo, alguna vez asaltó al hombre, asombrando su pensamiento. Vive
así la antiquísima experiencia poética del gaucho, sin traducirla literalmente.
Acaso el primer terreno firme del pensar argentino empiece en estas determinaciones de la ontología de Macedonio Femández, que recoge, en su comportamiento frente al mundo, no un subjectum sino una substantia argentina.

328

Sección Tercera
HISTORIA

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="305">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3234">
                <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479096">
                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142148">
            <text>Humanitas</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142150">
            <text>1962</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142151">
            <text>3</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142152">
            <text>Enero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142153">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142154">
            <text>Anual</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142172">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142149">
              <text>Humanitas, Sección Letras, 1962, No 3, Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142155">
              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142156">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142157">
              <text>Filosofía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142158">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142159">
              <text>Letras</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142160">
              <text>Humanidades</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142161">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142162">
              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142163">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142164">
              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142165">
              <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142166">
              <text>01/01/1962</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142167">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142168">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142169">
              <text>2017248</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142170">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142171">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142173">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142174">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142175">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="13726">
      <name>Cartas de Unamuno</name>
    </tag>
    <tag tagId="13728">
      <name>Concepto del tiempo</name>
    </tag>
    <tag tagId="13724">
      <name>Historia de la literatura</name>
    </tag>
    <tag tagId="13725">
      <name>Imprecisión</name>
    </tag>
    <tag tagId="13727">
      <name>José Asunción Silva</name>
    </tag>
    <tag tagId="5683">
      <name>Manuel José Othón</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
    <tag tagId="13723">
      <name>Terminología lingüística</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
