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                  <text>las mansiones del dolor y sus auxilios se reprodujeron tanto como los
y sus lamentables efectos, que felizmente no existen ya.
Mas, un consuelo sin limites nos fija nuevamente en el desarrollo
germen de nuestras libertades, que formando por instantes un árbol f ~
do y lozano, extiende los elementos de vida en el cuerpo federativo.
Un año ha que se lamentaban de nuestra suerte los que nos infirieron el
tamaño agravio de suponemos incapaces de ser regidos por el más subU.
de los sistemas conocidos.
El Código de la Nación se reputaba una teoría vana en sí misma y que
el desengaño vendría a ser su último resultado. Creíase que nuestros legilla,
dores distinguidos, destituídos de previsión, o arrobados si se quiere de ua
torrente de ideas peligrosas, envolvían a los pueblos en los desastres de la
anarquía, cuando los llamaba a la perfección social. Los mexicanos, coona,
turalizados con lo bueno, lo grande y lo perfecto, burlaron estos vaticinios de
la ignorancia y tal vez de la mala fe. El contento universal, la adhesión a lal
leyes, el respeto a las máximas conservadoras de nuestra existencia política.
todo viene al apoyo de la sabiduría y del profundo cálculo de los legislado,
res mexicanos.
La patria, coronada de gloria, ostenta a la presencia del universo, que
abriga en su seno la paz, la filantropía y las virtudes.
Desde este punto las armas remontan su nombre a los siglos distantes cal
la majestad de sus principios y la inmensidad de sus recursos.
Las Cámaras del Congreso Mexicano, en la plenitud de su poder, llevann
a su complemento la grandeza y felicidad de la República.

JuAN A. MATEOS, Historia de los Congresos Mexicanos, 111, pp. 347-354,

620

Sección Cuarta

CIENCIAS

SOCIALES

�LA ALIANZA PARA EL PROGRESO Y EL DERECHO
INTERNACIONAL AMERICANO
Lic.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad de Nuevo León
" ... Un continente que surgia
de pronto, entre montañas y ríos y selvas seculares,
enmedio de dos mares
con látigos de viento y espumas de torrente
donde florece el trigo
el maíz se desata en espigas y mazorcas
doradas y macizas, como ajorcas
el árbol nos da sombra,
el agua es ambrosía
y el pájaro es amigo . .."

Lic.

JESÚS

FLORES

AOUIRRE

La mirada v1S1onaria de aquel ilustre americano Simón Bolívar, alcanzó
a avizorar en la vasta extensión de sus confines, la misión y el esplendor de
América. Así el 6 de septiembre de 1815, vería la luz aquella Carta de Jamaica, famosa profecía epistolar, entre cuyos párrafos hay uno que dice: "Es
una magnüica concepción el consolidar al Nuevo Mundo en una sola naci6n, con un solo vínculo uniendo todas sus partes. Si las partes diferentes
tienen el mismo origen, lenguaje, costumbres y religión, éstas deben de estar
confederadas en un solo Estado; si bien esto no es posible debido a las diferencias del clima, a las condiciones distintas, a los intereses opuestos y a las
caracterlsticas disímbolas que dividen a América" .1
Estas palabras, con las salvedades naturales de contenido histórico y temporal, han venido adquiriendo una sorprendente actualización y si en el pensamiento Bolivariano se advierte -no sin tristeza- cierta imposibilidad de
1

VICENTE LEcoNA, Cartas del Libertador. (New York, 1958) XI, 55.

623

�estrechamiento por parte de las repúblicas de América, las nuevas c ~
tancias han determinado su acercamiento más allá de las f6rmulas puramente protocolarias para formar una sola y gran familia.
América es todavía el Nuevo Continente que sorprendiera al eu~opeo y
que inspira y embelesa al poeta, por la magnífica belleza de sus paraJes y m
enorme riqueza y, sobre todo, por su proyecci6n de futuro. Ese gran esce.
nario es la cuna del hombre que ha nacido en su seno y que no escapa a ea
influencia telúrica, y en donde ha forjado su cosmovisión, enr~~?ª en sí Y
en el espíritu, acorde con su filosofía nutrida de su ho_n~a tradicion que •
be de muchas culturas, vertidas en lo histórico, en lo religioso y. en lo cultural,
forjándole un estilo vital que le es propio. No en balde se ha dicho que Arrérica es la mejor esperanza de la Humanidad.
Pero esa América -para su infortunio-, tampoco puede estar o ~ivir al
margen de las graves tensiones que agostan al ~ombr: de nuestros d1as y lo
amenazan en su credo, en su libertad y en su vida rmsma; para ello nuevamente se apresta a unir sus esfuerzos para su seguridad. Ya en la Carta de
la Organización de las Naciones Unidas, se dedicó un capítulo ente~ reconociendo la validez de los arreglos de seguridad regional Y ha servido ~
modelo, tanto por su existencia temporal, por su pro~ia :, adecuada organización, como por la eficacia demostrada, la Orgamzacion de los Estados
Americanos.
"Desde los tiempos más antiguos -ha dicho un autor- los Estados comprendidos dentro de limitadas áreas geográficas se, h_an unido para _obtener
mejor objetivos deseados en común. Las caractensticas, los. prop6sitos,. ~
como los éxitos conseguidos, varían ampliamente; pero la valide_z del P ~
pio de que, propósitos similares, en materia de negociaciones mtemaa~
les pueden realizarse en una forma más completa a través de una acci6I
co~junta llevada a cabo por un grupo de Estados comprom:tidos o que ~
gan algún interés en algunas áreas geográficas q~e hayan ahmen~do la~
del regionalismo a través de los tiempos, esto, aun en nuestros dias, se V1'9
todavía con plenitud, y en el presente, lejos de alejarse, se dirige a esos gruJ&gt;O'
Dentro de los últimos cuarenta años un nuevo concepto de seguridad.colee&gt;
tiva internacional se ha basado en el principio de la universalidad del ID~
entre todas las naciones, encontrando aceptaci'6n, asi' como ~p1'icación. prádi1
ca, tanto en la extinta Liga de las Naciones, como en las Naciones Unid~,
Por lo que se refiere al proceso de universalización, cada día más creoenlt
en el mundo actual, América tampoco puede substraerse a él ni permanecd

• J.
624

LLOYD 'MECHAN,

.

The United States and lnter-American

secun·,'Y,

P· 1•

inmune a las influencias extrañas de ideas y doctrinas que tratan de irrumpir en su seno y romper el ritmo de superación en su esfuerzo por comprenderse
mejor, así como liberarse de las cadenas de la pobreza, que no es otra cosa el
subdesarrollo en la gran mayoría de los países que integran el Continente,
constituyendo ese estado un campo propicio para la acogida de doctrinas disolventes a su propio ser e ideología, de no remediarse tales extremos.
Como un revolucionario medio para atacar los graves problemas que aquejan a América, ha nacido la Alianza para el Progreso, a la manera que hace
72 años, "Las repúblicas de este Continente dieron el primer paso para unir
sus esfuerzos y mancomunar sus actividades con el fin de lograr un progreso
más equilibrado y consagrar su atención a la paz y a la prosperidad que en
la paz tiene su fundamento". Este sentimiento de unidad tiene hondas raíces
en la geografía, en la historia y en el común destino de América. Pero, fortalecer esta unión no fue sencillo ni fácil, pues era necesario, además, crear
un sistema jurídico interamericano para adaptarlo a los imperativos del ambiente y para salvaguardar la soberanía de las naciones. Paso a paso, salvando obstáculos y luego de varias conferencias, en la IX Conferencia Interamericana, en 1948, se llegó a establecer la estructura legal de la Organización de los Estados Americanos, con lo que se dio forma concreta a los principios, propósitos y política que se venía elaborando desde 1890. Entonces,
desde la década del 50, la OEA dio pasos decisivos en campos de básica importancia para los pueblos americanos.
Para fortalecer esa unión de principios y propósitos, es condición indispensable_ conseguir un mayor y más equilibrado desarrollo del Continente, pues
la diferencia de niveles económicos que actualmente existen afecta seriamente e~ unidad. Guiado por esa indiscutible verdad el Presidente Kennedy,
al asumir la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, no sólo confinnó la autorización concedida por el Congreso a solicitud del Presidente
E'
.
.
.
'
isenhower, para invertir 500 rrullones de dólores en el desarrollo social de
América Latina, sino que anunció ampliar más aún las medidas adaptadas
para acelerar su ritmo de progreso.
"Con ese fin, el 13 de marzo de 1961, en una alocución pronunciada en
la Casa Blanca, ante los representantes de los países latinoamericanos, propuso que los pueblos del Continente uniesen sus esfuerzos en una 'Alianza
Para _el Progreso'". Nada puede expresar con más claridad y dramatismo la
esencia de esa hº1st'onca
· propos1c1
· "ón, como 1as s1gu1entes
· ·
palabras entresacadas
de la propia declaración presidencial: "Un vasto esfuerzo de cooperación, sin
Paralelo en su magnitud y en la nobleza de sus propósitos a fin de satisfacer

625
H40

�las necesidades fundamentales de los pueblos de América en materia de
trabajo y tierra, salud y escuelas".ª
A mediados de agosto, en Punta del Este, Uruguay, las naciones am
nas constituyeron oficialmente la Alianza para el Progreso y se comprom•
ron a asociarse en un esfuerzo común para acelerar su progreso económico X
alcanzar una más amplia justicia soci:l.. F~e en esta reuni~n, ~onde se r ~
la "Declaración a los Pueblos de Amenca , documento h1stónco que con
pla los graves problemas sociales y económicos que aquejan a la América La,¡
tina y los medios para solucionarlos. La Alianza para el Progreso, no es, ~
mo algún detractor ha afirmado, una violación a los principios del Deredii
Internacional Americano. A las soberanías y aun la autodeterminación de l6i
países americanos, porque sus objetivos están dirigidos a mejorar a las J;
nomías que sufren quebranto y, en general, a facilitar la resolución de Jj
problemas que se derivan de esa situación. Por lo que se refiere a la ~
mendación y aplicación de las medidas de carácter político interno, no son eíi
detrimento de la soberanía de ningún país, por lo contrario, cada uno, •
ejercicio de su propia soberanía y de su autodeterminación, adoptan las medidaí
conducentes para coordinarse en este esfuerzo americano, como así ten&lt;irell8
oportunidad de ver más adelante.
"El 13 de marzo, del año en curso ( 1962) , cumplió la Alianza su primer
año de vida y en ese lapso de tiempo ha recorrido el período más difícil, el
de la iniciación. Para que la cooperación técnica y económica fructifique en 11►.
!ación proporcionada a su magnitud y esfuerzo, la Alianza para el Progreso estipula que los países latinoamericanos operan modificaciones en los campos
básicos de sus actividades de producción y de contribución al Estado, que
se transformen los injustos sistemas de tenencia y explotación de la tierra;
y que se reformen las defectuosas leyes tributarias vigentes en muchos ~
ses, pues una justa tributación daría mayores recursos a los gobiernos para
operar con eficacia y extensión los servicios públicos".4
Para los fines de nuestro estudio, hemos creído conveniente transcribir lcil
Objetivos de la Alianza para el Progreso, considerando que en su exposic:Wi
es posible encontrar la naturaleza misma contenida en tales objetivos, qGle
son los siguientes:
"La Alianza para el Progreso tiene como propósito aunar todas las ~
gías de los pueblos y gobiernos de las Repúblicas americanas, para ~
un gran esfuerzo cooperativo que acelere el desarrollo económico y social d,
los países participantes de la América Latina, a fin de que puedan alCS-.
• t

• Tornado de A méricas. Julio 1962. Revista publicada por la Unión Panamericana,
p. 3.
• Américas. ]bid., p. 4.

626

un grado máximo de bienestar con iguales oportunidades para todos, en sociedades democráticas que se adapten a sus propios deseos y necesidades.
Las Repúblicas americanas por la presente Carta convienen en trabajar
para alcanzar las siguientes metas principales en la presente década:
l. Conseguir en los países latinoamericanos participantes, un crecimiento
sustancial y sostenido del ingreso por habitante, a un ritmo que permita alcanzar, en el menor tiempo posible, un nivel de ingresos capaz de asegurar
un desarrollo acumulativo y suficiente para elevar en forma constante ese
nivel, en relación con los de las naciones más industrializadas, reduciendo
de este modo las distancias entre los niveles de vida de la América Latina y
los de los países más desarrollados. Disminuir asimismo, las diferencias de
nivel de ingresos entre los países latinoamericanos, estimulando el desarrollo
más acelerado de los de menor desarrollo relativo y otorgándoles máxima
prioridad en la asignación de recursos y en la cooperación internacional en
general. Para evaluar el grado de desarrollo relativo se tendrá en cuenta no
s6lo la expresión estadística del nivel medio del ingreso real o del producto
bru~ por habitante, sino también los índices de mortalidad infantil y de analfabetismo y el número de calorías diarias por habitante.
Se reconoce que, para alcanzar estos objetivos dentro de un plazo razonable, la tasa de crecimiento económico en cualquier país de la América Latina, no d~b~ ser inferior al 2.5 por ciento anual por habitante, y que cada
P_ais participante deberá determinar su meta de crecimiento, en consonanaa con ~ etapa de evolución social y económica, su dotación de recursos y
su capacidad para movilizar los esfuerzos nacionales para el desarrollo.

2. Poner los beneficios del progreso econoffilco a disposición de todos los
~tores económicos y sociales, mediante una distribución más equitativa del
ingreso nacional, elevando con mayor rapidez los ingresos y niveles de la vida de los sectores más necesitados de la población y tratar al mismo tiempo
de que los recuersos dedicados a la inversión representen una porción mayor del producto nacional.
. 3. Lograr una diversificación equilibrada en las estructuras económicas naC!onales, en lo regional y en lo funcional, y alcanzar una situación que dependa cada vez menos de las exportaciones de un reducido número de productos primarios
·
., d e b'1enes de capital,
·
.
, as1' como de 1a 1mportac10n
al par de
COllSeguir estabilidad en los precios o en los ingresos provenientes de esas exportaciones.
4· Acelerar el proceso de una industrialización racional para aumentar la
Productividad global de la economía, utilizando plenamente la capacidad y

627

�los servicios tanto del sector privado como del público, aprovechando los 11,,
cursos naturales del área y proporcionando ocupación productiva y bien Ji.
munerada a los trabajadores total o parcialmente desocupados. Dentro de ette proceso de industrialización, prestar atención especial al establecimiento 1
desarrollo de las industrias productoras de bienes de capital.

5. Aumentar considerablemente la productividad y la producción agrícola,
y mejorar asimismo los servicios de almacenamiento, transporte y distribu.
ción.

6. Impulsar, dentro de las particularidades de cada país, programas de teforma agraria integral orientada a la efectiva transformación de las estnJO.
turas e injustos sistemas de tenencia y explotación de la tierra donde así le
requiera, con miras a sustituir el régimen de latifundio por un sistema jua
de propiedad, de tal manera que, mediante el complemento del crédito OJIOI"
tuno y adecuado, la asistencia técnica, y la comercialización y distribución de
los productos, la tierra constituya para el hombre que la trabaja, base de
estabilidad económica, fundamento de su progresivo bienestar y garantla de
su libertad y dignidad.

7. Eliminar el analfabetismo en los adultos del Hemisferio, y para 1970,
asegurar un mínimo de seis años de educación primaria a todo niño en edad
escolar de la América Latina; modernizar y ampliar los medios para la enseñanza secundaria, vocacional, técnica y superior; aumentar la capacidad
para la investigación pura y aplicada, y proveer el personal capacitado que requieren las sociedades en rápido desarrollo.
8. Aumentar en un mínimo de cinco años la esperanza de vida al nacer,
y elevar la capacidad de aprender y producir, mejorando la salud individual Y
colectiva. Para lograr esta meta se requiere, entre otras medidas, suministrar
en el próximo decenio agua potable y desagüe a no menos del 70 por ciento
de la población urbana y del 50 por ciento de la rural; reducir la mortalidad
de los menores de cinco años, por lo menos a la mitad de las tasas actuales;
controlar las enfermedades trasmisibles más graves, de acuerdo con su ilDportancia como causas de invalidez o muerte; erradicar aquellas enfenne,
dades para las cuales se conocen técnicas eficaces, en particular la malariai
mejorar la nutrición; perfeccionar y formar profesionales y auxiliares de.,
lud en el mínimo indispensable; mejorar los servicios básicos de la salud •
nivel nacional y local; intensificar la investigación científica y utilizar plella
y más efectivamente los conocimientos derivados de ella para la prevenci(ia

y la curación de las enfermedades.
9. Aumentar la construcción de viviendas económicas para familias

628

bajo nivel de ingreso, con el fin de disminuir el déficit habitacional • reem-

plazar con viviendas de igual clase las inadecuadas o deficientes y d~tar de
los servicios públicos necesarios a los centros poblados urbanos y rurales.
10. Mantener niveles de precios estables, evitando la inflación o la deflaci6n y las consiguientes privaciones sociales y mala distribución de los recursos, teniendo siempre en cuenta la necesidad de mantener un ritmo adecuado
de crecimiento económico.
1~. ~ortal~ce~ los acuerdos. de integración económica, con el fin de llegar,
en ultuno termmo, a cumplir con la aspiración de crear un mercado co-

mún latin,o:mieric~o que ~plíe y diversifique el comercio entre los países

de la Amenca Latma y contribuya de esta manera al crecimiento económico
de la región.

12. Desarrollar programas cooperativos, con el fin de evitar los efectos
perjudiciales de las fluctuaciones excesivas de los ingresos en divisas procedentes ~e ~rtaciones primarias, de vital importancia para el desarrollo
econ6IDico social y adoptar las medidas que sean necesarias para facilitar
el acceso de las exportaciones latinoamericanas a los mercados internacionales".5
Si se observa la transcripción que antecede, es posible establecer los diversos aspectos que la Alianza para el Progreso presenta, así como su revolucionaria si~ificación, eminentemente constructiva, para los países americanos.
.En pnm.er término, es evidente la naturaleza fundamentalmente económica Y social de esta institución, así como su contenido jurídico que resulta de la
·
·ón d e elementos a la manera prevista en las agrupaciones
'
, con1ug~c1
de caracter regional anteriormente citadas.
~ otro aspecto, la Alianza para el Progreso, es reveladora de las circunstan~as que_ prevalecen en los países americanos, misma que acusan una ostensible desigualdad en sus niveles económicos. Frente a países tan altamente
desarrollados como los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo hay
otros
que
t
d amente, en su mayona,
, no presentan tales caracterís'
.
. , desaforuna
ticas, smo por el cont rano,
· .:uenen graves problemas cuya causa es la pobreza.
es el caso señalar las causas que han producido esas desigualdades econ6nucas
··da d a barca todos los órdenes tanto históricos como so.
,· su comp1eJi
ciales, políticos y culturales. Quizá también se debe al proceso ev~lutivo que
no tuvo tan. buenos signos
.
,
ha
como en otros paises,
pero que en cualquier forma
. producido una situación de atraso incuestionable y de quebranto econónuco. Sobre este último punto, el caso de América ofrece la oportunidad de

N?

1

de

Text0 ongma
· · 1• Unión Panamericana.

629

�considerar a la Economía, no ya simplemente como una ciencia cuanti

y mecanicista, ale jada del factor primordial del hombre, sino como una
cia que debe dirigirse a lo cualitativo, que tan íntimamente está relacionad(
con él, como el caso que nos ocupa.
En términos generales, es posible situar la Alianza para el Progreso COIDlt
el resultado de múltiples factores, que en el decurso histórico de los pueb!!J
americanos constituye hoy un esfuerzo de gran magnitud para ir en a ~
-ayudándose- de aquellos cuya situación económica se encuentra precilamente dentro de la consideración que los economistas llaman de subdesarrollo,
o sea que el ingreso por cabeza es insuficiente, o bien que su economía •

está lo suficientemente integrada. En este aspecto, hemos tenido oportunidad de ver cuáles han sido las medidas adoptadas para aliviar y superar talet
desniveles, como así lo consignan los capítulos relativos del propio documelllli
en cuestión, con nuevos elementos y nuevas directrices. Es la fijación de lat
aspiraciones y las grandes metas que se han trazado, como un resultado •
la gestación que lentamente se ha venido realizando en las instituciones Cj1II
sirven de necesario antecedente a la Alianza para el Progreso, y es tambilll,
un claro ejemplo de consolidación y de integración entre diversos pueblot
que por circunstancias afines han establecido, no solamente una alianza pani
su seguridad, con indudables signos de amenaza del exterior, sino que, olvidando cualquier resentimiento o incomprensión del pasado, forma una agrupación de esfuerzos para remediar las circunstancias económicas negativas

en la mayoría de ellos en lo interior, y en lo exterior, produce el fortalecimiento de los lazos naturales de fraternidad y de estrechamiento que enlll
ellos debe prevalecer, como una ejemplar actitud para el resto del mlllll\o
actual.
La existencia de la Organización de los Estados Americanos, como O!p
nizaci6n creada por las 21 repúblicas americanas para lograr un orden di,
paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia, confirma
nuestro aserto anterior. La OEA tuvo su origen en la Primera Conferencia
Internacional Americana que se reunió en Washington en 1890. Fue entonces cuando se creó la Oficina Comercial de las Repúblicas AmericaDII,
conocida más tarde como la Unión Panamericana. En realidad los principios
fundamentales de colaboración mutua y asistencia recíproca que siiven de
base al sistema regional interamericano existían mucho antes del establecimiento formal del sistema, y recibieron su primera expresión en el Congt'1"$

de Panamá, convocado por el Libertador Simón Bolívar en 1826. En los aíiol
subsiguientes a 1890 se celebraron varias conferencias generales y especializadas y se establecieron nuevos organismos. En 1948, durante la Novena Con630

ferencia Internacional Americana, se firmó la Carta de la Organización de
los Estados Americanos. Este tratado por primera vez dio nombre oficial así
como la forma jurídica y unidad estructural a los numerosos organismos
desarrollados durante los 60 años anteriores, y a los que comúnmente se les
daba el nombre general de sistema interamericano.
Mas si en el aspecto económico la Alianza para el Progreso es una revolucionaria actitud, por su comprensión y ayuda para los múltiples problemas
que de esa índole padecen los países americanos, en el plano del Derecho
Internacional Americano, es una sigriificativa manifestación de que, gracias
a éste, se ha logrado iniciar una nueva etapa, ya que la institución no lesiona
ni la soberanía ni la autodeterminación de ningún país americano y ha sido

heclia de acuerdo con ese derecho, mismo que tiene como fuentes a los principios y normas que se han derivado del curso de las relaciones entre los diversos
Estados de América; de las doctrinas y del pensamiento de valiosos estadistas
que se han venido plasmando y objetivando en la sucesión de las diversas reuniones, conferencias y juntas, así como de los tratados y negociaciones en general, que han venido rigiendo esas relaciones. Sin embargo, para entender
con mayor claridad que no existe violación alguna por lo que respecta tanto
al régimen interno o sea la soberanía, como las relaciones internacionales
americanas relativas a la no intervención o a la misma autodeterminación
del Derecho Internacional Americano, estimamos que es necesario un enfoque

previo de los antecedentes históricos básicos que han prevalecido con objeto
de apreciar así en mejor forma la operabilidad y actualización del ejercicio

de tales principios y normas, así como el de la mecánica jurídica internacional que permite, sin lesionar las instituciones antes dichas, el funcionamiento

de la Alianza para el Progreso.
Ya México, cinco años después de la celebración del Congreso de Panamá
que fuera convocado por Simón Bolívar, hacía escuchar su voz para la invi-

tación de la reunión que posteriormente tendría lugar en Tacubaya como su
sede. De acuerdo con lo programado en tal reunión, entre los puntos del temario, se incluyó: " .. .la formulación de un Código de Derecho Público
para determinar las obligaciones internacionales", de acuerdo con las exigencias circunstanciales de aquel momento histórico.

En esta panorámica retrospectiva enfocada al nacimiento de los países
americanos habría de observarse la formación natural de dos porciones: una
de origen hispánico y la otra de origen anglosajón, origen que tuvo su desarrollo en la etapa colonial, hasta llegar al momento mismo de la independencia
de cada uno de ellos. Tal separación, afortunadamente, en la actualidad,
ha sido superada, pues cualquier división que se invocara esgrimiendo a la

propia historia, o a la cultura o a cualquier otro motivo, resultaría ineficaz o
631

�extemporánea ante la comprensión mejor que ha liquidado tales motivacio.
nes definitivamente y la geografía se ha tomado más y más americana, en lit
búsqueda de sus propias esencias. Sin embargo, dentro de esa misma perspeo..
tiva hubo manifestaciones que aludían lógicamente a esa división, como atl
es posible encontrarlo, entre otros acontecimientos históricos, en el Congrese
de Panamá, que constituía un preciado anhelo para Simón Bolívar, a la saá
Presidente del Perú en aquel entonces ( 1824), y en el que se invitaba en
carta-circular, fechada el 7 de diciembre del propio año, a "las Repúblicas
Americanas, anteriormente Colonias Españolas", si bien, posteriormente, ae
haría la propia invitación a los Estados Unidos de Norteamérica y aun a Inglaterra. También se habló de "la doctrina de las dos esferas". De acuerdo
con el autor Ceballos, los dirigentes americanos de la independencia hispánica actuaron con un sentimiento común de hermandad continental, "reconociendo la necesidad de organizar la fuerza suficiente para inspirar respeto y
resistir cualquier intento, por lo que se refiere a Europa para restaurar el
antiguo régimen".6
El objeto de la Conferencia de Panamá, se declaró sería: "el establecimiento
de ciertos principios adecuados a asegurar la preservación de la paz entre las
naciones de América, así como la concurrencia de todas esas naciones para
defender su causa común, contribuyendo cada una para ello en la medida
de su población". 7
Sin embargo, corresponde al Congreso de Panamá la iniciación formal de
la vida jurídica interamericana, y lógicamente del Derecho Internacional Americano, si se considera que entre los puntos que serían estudiados en dicha
reunión, se incluían: a) un Tratado de Unión Perpetua, Liga y Confederación; b) una convención para preparar las futuras reuniones del Congreso,
y c) dos convenciones concernientes a los contingentes de las fuerzas armadas,
así como los subsidios económicos con que los miembros de los Estados deberían de contribuir para la proyectada confederación".8
Como acontece en el principio de todas las instituciones, las normas que
las rigen no aparecen en la forma acabada de técnica jurídica que es posible
advertir en las vigentes, que han sido producto de una evolución y perfec•
cionamiento, sin que por ello se pueda concebirlas como perfectas, pero
en los puntos básicos anteriormente enunciados se destacan en el Tratado de
Unión perpetua, Liga y Confederación, las bases mismas de la confede~
y el reconocimiento de otras instituciones jurídicas de no menor importancia:
"El objeto de este Tratado sería sostener en defensa común, o de ofensa, 51

' J.

LLOYD MECHAN.

!bid., pág. 22.

632

J.

LLOYD MECHAN.

]bid., XI, 58.
La Idea de América, pág. 103.
LLOYD MECHAN. !bid., pág. 39.

' VICENTE LECONA.
11

' !bid., pág. 10.
1

fuere necesario, la soberanía y la independencia de todas y cada una de las
patencias confederadas de América contra toda dominación extranjera, así
como asegurar en el presente y para siempre, las bendiciones de una paz inalterable, y promover la mejor armonía y la más grande comprensión entre
los pueblos, los ciudadanos y los súbditos respectivos, así como con las otras
potencias, con quienes deberán mantener o entrar en amistosas relaciones".9
Y es también en este momento histórico en que habrían de nacer las doctrinas con la aparición del Bolivarismo y del Monroísmo. "Es con ocasión
del Congreso de Panamá -nos dice Antonio Gómez Robledo- cuando la
doctrina Monroe -que acababa, como quien dice, de ser promulgadairrumpe en la vida de relación interamericana y respalda, expresa o tácitamente, la actitud del gobierno de los Estados Unidos y las instrucciones del
Secretario Clay a los delegados norteamericanos a la asamblea. Es entonces
cuando se afrontan por primera vez bolivarismo y monroísmo, y se inicia el
diálogo patético, que habría de durar por tantos años, entre el norte y el sur".1 º
El problema de aquel tiempo, tenía muy diversas circunstancias a las prevalecientes en nuestros días, en lo que se refiere a una concepción política
clara y definida sobre la determinación política de esos dos estadios, la
América española y la anglosajona, de ahí también la erección de dos doctrinas, el hispanoamericanismo y panamericanismo, que en sus principios, como era lo natural, trataran de expresar sus propios conceptos y anhelos, porque los problemas que afrontaban eran de naturaleza diversa, si consideramos
su reciente liberación y los que se derivaban de su propia constitución. El
reconocimiento de los llamados "intereses comunes", facilitó el acercamiento
y la realización de medidas prácticas, que ya en 1889, iniciase el movimiento
de un panamericanismo, alejado de suspicacias, y referido a los planos de
un sentido cooperativo en lo económico, en lo social y aun en lo cultural.
El panamericanismo, no fue de la aceptación general, porque se creyó que
lejos de constituir una doctrina que expresara el verdadero sentir de los países
de América, no era en realidad sino una política con fines distintos y contrarios a la constitución del ser de ellos. El mismo Simón Bolívar guardaba sus
recelos sobre esta bifurcación ideológica y política, cuando tomando en cuenta
la insalubridad del Istmo de Panamá, se propuso por la Asamblea del Congreso de este nombre, que prosiguiera sus actividades en Tacubaya, oponiéndose a todas luces a ello, cuando dijo: "El trasferir la asamblea a México
conducirá a ponerla bajo la influencia inmediata de esa potencia, ya de por
SÍ preponderante, y también bajo la de los Estados Unidos del Norte".11

ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO,

]bid., pág. 33.

u Citado por

J.

633

�Mas si en el caso Bolívar temía que naufragase la nave que él había ·
pulsado, no dejaba de creer que "la unión es lo que nos falta para compl
la obra de nuestra regeneración", y vuelve sus ojos a México, ''con todo, a
la hipótesis -prosigue Antonio Gómez Robledo- ya descartada, del Estadt
Continental, Bolívar apunta que su metrópoli tendría que ser México, " ~
es la única que puede serlo". Destacar esto puede hoy parecer una super,
fluidad, pero un mexicano recogerá siempre con devoción, esas. palabras •

que el libertador dio testimonio, como en muchas otras ocasiones, de la
estimación y cariño que tuvo siempre por México, "la opulenta México",

primer país que conoció fuera del suyo al iniciar los viajes de su adoleicencia" .u
En esta breve reseña histórica de la aparición doctrinal, de no menos im-

portancia resulta la aportación del pensamiento boli~ariano al señalar ~'"; la
forma política más adecuada para los paises americano~ era la r~públiClj
cuando dijo: " .. .por estas razones pienso que los amencanos, ansiosos de
Paz ' ciencias' artes' comercio y agricultura, preferirán las .repúblicas a lor
.
reinoJ''. Por lo que respecta al Derecho Internacional Amencano que se maciaba, también de gran importancia resultan los tratados bilaterales celebradol
por el propio Bolívar con otros países.
"Mediando el año de 1822, y con mayor sentido práctico del que muchol
le suponen a este pretendido soñador, comprendió Bolívar que la mejor manera de preparar el pacto general era mediante la concertación de tratacb
bilaterales tendientes al mismo objeto. Y como para la fecha indicada •
había consolidado la independencia de todos nuestros paises, con excepci6á
del Perú, no creyó Bolívar deber aguardar más, sino que, apenas nombradt
presidente de Colombia, proveyó el envío de dos agentes: uno_ al s_ur, M01quera, y otro al norte, Santa Maria, con el encargo de negociar c1ertoS 11'tículos preliminares y prep~ratorios del congreso general.
"Las instrucciones que de acuerdo con el plan de Bolívar dio a ambal
plenipotenciarios el gobierno de Colombia (la Gran Colombia) constituyell
un documento notable, donde con toda claridad se precisa que la meta f~
no era una política de Alianza en el sentido tradicional de la expresilm,
sino algo original e inédito, algo que el mundo no había conocido hasta entoll-

.

ces.

11

Nada interesa tanto en estos momentos --dicen las instrucciones-

mo la formación de una liga verdaderamente americana. Pero
deración no debe formarse simplemente sobre los principios de
ordinaria para ofensa o defensa ; debe ser mucho más estrecha
se ha formado últimamente en Europa contra la libertad de los
11

634

ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO,

co-

esta c ~
una aliallll
que la ~
pueblos.

Idea y Experiencia de América, pág. 45.

necesario que la nuestra sea una sociedad de naciones hermanas, separadas
por ahora y en ejercicio de su soberanía por el curso de los acontecimientos
humanos, pero unidas, fuertes y poderosas para sostenerse contra las agresiones del poder extranjero. Es necesario que usted encarezca incesantemente
la necesidad que hay de poner desde ahora los cimientos de un cuerpo anfictiónico o asamblea de plenipotenciarios que dé impulso a los intereses comunes de los Estados Americanos, que dirima las discordias que puedan suscitarse en lo venidero entre los pueblos que tienen unas mismas costumbres
y unas mismas aptitudes, y que por falta de institución tan santa pueden
quizá encender las guerras funestas que han asolado otras regiones menos
afortunadas. El gobierno y el pueblo de Colombia están muy dispuestos a
cooperar a un fin tan laudable, y desde luego se prestará a enviar uno, dos
o más plenipotenciarios al lugar que se designase, siempre que los demás Estados de América se prestasen a ello. Entonces, podriamos, de común acuerdo,
demarcar las atribuciones de esta asamblea verdaderamente augusta".

"De los dos plenipotenciarios enviados por Bolívar, don Joaquín Mosquera
pudo firmar, en nombre de la Gran Colombia, un tratado bilateral con el
Perú, representado por don Bernardo Monteagudo. Don Miguel Santa María
por su parte, enviado a México con idéntico propósito vio asimismo coro-

nados sus esfuerzos al suscribir con don Lucas Alamán, Secretario de Relaciones Exteriores, el tratado de unión, liga y confederación perpetua entre
México y Colombia.
"El Tratado Mosquera-Monteagudo y el Tratado Atamán-Santa María tanto en lo que concuerdan como en lo que difieren, tienen extraordinaria importancia en la historia del derecho internacional americano". 18

Ya en nuestro tiempo, y de acuerdo con las circunstancias privativas de la
América, el pensamiento de Bolívar recobra nueva idea: Su ideal con el que
algún día soñara, de acuerdo con las circunstancias, toma perfiles no sólo en
la unidad de América, ya de por sí de incalculable importancia, sino que,
con la alianza para el Progreso se abre una nueva época con mejores oportunidades en todos los aspectos de la vida para los pueblos de este Hemisferio,
movimiento que a partir de aquel memorable Congreso de Panamá, con el
paso de los años hemos podido llegar a contemplar la posibilidad y realidad
de la institución que estudiamos. Por último en lo referente a Bolívar, es
ÍUJto reconocerle el alto mérito que tiene, no solamente como creador de la
sociedad de naciones americanas, sino que -como acertadamente ha escrito
Antonio Gómez Robledo- a su título de padre y creador de esa sociedad
u

ANTONIO GÓMEZ

RoeLEOO, Idea y Experiencia de América, págs. 51 y 52.

635

�"debe añadirse el otro no menos justo de precursor de la sociedad de Naciones Universal".H
Mas no viene al propósito de nuestro estudio el hacer la relación de la influencia de las doctrinas que en el curso de la historia han influenciado a las
instituciones, como en el caso del panamericanismo, o la de la Política del
Buen Vecino, esta última con vigencia prácticamente de los años de 1929 a
1939, mismas que han dejado su huella en las diversas conferencias que periódicamente se han venido sucediendo, sin mencionar, claro está, los efectoe
y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de sus efectos, o sea b
problemas derivados de la post-guerra que habrían de sentirse en América.
Por lo que respecta a determinados principios que han sido consagradoa
celosamente por la tradición americana, sí es conveniente analizar aunque
sea en forma breve, su trayectoria, como sucede en el caso de la soberanía,
de la no intervención y de la autodeterminación, para no mencionar sino 1ol
más importantes y que han recibido una mayor consagración en los diveI'IOI
eventos internacionales americanos, principios que en la actualidad, con motivo de la aparición de la Alianza para el Progreso, son invocados, siendo de
observarse que esta institución y su operabilidad, no los afecta en lo más
mínimo, ya que se ha considerado la obligación que tienen todos los Estadol
miembros de la organización regional de someterse a la disciplina del sistema
interamericano voluntaria y libremente convenida.
Por lo que respecta a la primera, o sea la soberanía, ya Bodino ha exp~
sado certeramente su contenido (summa potestas), así como Vate!, qwen
agregó las notas de "gobierno propio" e "independencia",. eleme~t~~ que ~
han mantenido hasta nuestros días, por encima de cualqwer pos1c1on teonzante, ya que su claridad permite tener un concepto de la sobe~í~ ~srna.
Esta, ha sido entendida ampliamente en el curso histórico de las mstituci~
americanas como así lo demuestra su acogimiento en las diversas constltu•
ciones que riaen la vida política y jurídica de nuestros países con indudables
antecedentes de las ideas enciclopedistas y liberales, que tan apasionadamente
pregonaban las ideas de libertad y democracia, así como los derechos de los
individuos, como de los pueblos, con las naturales discrepancias que ~ producen entre la teoría como tal y su aplicación en el terreno de las realidades
sociales.
En lo que se refiere al principio de la autodeterminación, con ant~eDtes más cercanos a nuestros días, sería injusto no reconocerle una evi~~te
influencia americana, por lo que se refiere a su concepción teórica Y política,
así como jurídica, la que ha tenido aplicación definitiva en el terreno del
14

636

ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO.

Ibid., pág. 52.

derecho internacional americano. En realidad, esta institución se identifica
con el problema del colonialismo. Alguien ha afirmado, que este principio
se deriva de un conjunto familiar de doctrinas, las que, aunque aparentemente simples, encierran, no obstante, multitud de complicaciones. El punto
de partida podría considerarse en aquella proposición del siglo XVIII, en
el sentido de que los gobiernos deben descansar en el consentimiento de los
gobernados. Las dificultades de la autodeterminación llegaron a ser más serias cuando la doctrina fue llevada del campo de la abstracción a la realidad
y cuando un esfuerzo es hecho, como en el caso de las Naciones Unidas, en
las convenciones de los Derechos Humanos para trasladarlo de los preceptos
éticos y políticos en normas legales. De acuerdo con la opinión que priva en
el mundo, nadie en principio opone lo que ha llegado a ser el más evidente
por sí mismo, derecho de los pueblos de disponer de sus propios destinos,
pero "también lo es -desafortunadamente- imposible formular este derecho en términos tales como para hacerlo completamente comprensible de
aplicación en la realidad".
La autodeterminación, tuvo como es natural, tropiezos en el seno de las
propias Naciones Unidas, ya que pese a lo que pudiera pensarse, no se le
otorgó la debida atención a este tan importante punto. La primera versión
de la Carta de esta institución no lo mencionaba, sino hasta la que se elaboro en San Francisco, en la que pasó como "respeto para el principio de
iguales derechos y autodeterminación de los pueblos (Arts. 1 y 55, ambos
conteniendo el principio). En 1952, la Asamblea General de las Naciones
Unidas decidió incluir en la Convención de los Derechos Humanos un artículo que debería leerse así: "Todos los Pueblos deberán tener el derecho
de autodeterminación". Un poco más tarde, en el mismo año, la Comisión de
los Derechos Humanos, elaboró el artículo propuesto, de la siguiente manera: "Todos los pueblos y todas las naciones deberán tener el derecho de
autodeterminación, básicamente, el derecho espontáneo para determinar su
status político, económico, social y cultural", o bien en la acepción que encierra la libre decisión de los pobladores de una unidad territorial acerca de
su futuro estatuto político.
Ya en Punta del Este, los principios de autodeterminación y soberanía de
los países americanos que define en sus artículos 15 y 17, la Carta de Bogotá
ley suprema de la fraternidad americana, están supeditados a· 1a estricta condición de respeto para los tratados y provisiones de la propia Carta, al tenor
del artículo 19 de la misma. Aparte de los convenios y acuerdos continentales para la defensa de nuestra América contra toda intervención espuria,
tales como el Tratado de Río, muchas veces invocado, la Conferencia de

637

�Chapultepec, la Carta de Bogotá, el Acuerdo de Caracas, y otras P ~
del anhelo de preservación y defensa.
.,
•
Por su parte, la Comisión Interamericana de Paz, de la Uruon PanaIDeD!,
· cana ha establecido acerca de la autodeterminación que es el derecho clc
todo' Estado Americano a "desenvolver libre y espontáneamente su vida ~
tura[, política y económica". (Informe de la Comisión Interameric~a de Pal.,
a la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Extenores).
En relación con la Alianza para el Progreso, es posible co;11siderar qur
esta institución, que de hecho se proyecta hacia la configuración .de nací~
americanas con el propósito -ha dicho un escritor- de producir una soh,,
ción democrática, de nuevo cuño, de los problemas económico-sociales ~
todo el Hemisferio Occidental, tiene tres fuentes inmediatas: a) Acta ~
Bogotá, b) Operación Panamericana, y c) Circunstancias dete~~~ ·"'
carácter político, económico y social, actualizadoras de una trad1c1on J ~
~bservada en los antecedentes jurídicos internacionales americanos, a la ~
nera en que el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, John P.,
Kennedy, también lo observara en su visita a México, en lo que se refiere &amp;
que "las normas sustanciales de nuestra Revolución, plas~adas en la Comtitución General de la República, son similares a las que onentan el programa
de la Alianza para el Progreso", es decir, están fundadas "en la jus~ci~ ~
y en el progreso económico, dentro de un marco d~ libertad ~to md1V1dual
como política según así lo manifestó al mandatano norteamencano nueslll&gt;
Presidente, li~enciado Adolfo López Mateos, en el curso de las pláticas 11'■.
ambos sostuvieron. (Informe de la Comisión Permanente del Congreso de la
Unión. México, julio de 1962).
a) Por Acta de Bogotá se conoce el instrumento cuyo nombre_ se le 111
dado a la Resolución suscrita en Bogotá, Colombia, el 12 de septiembre clt
1960, por los miembros del Comité Especial para el Est~~o de .1~ Nuevll
Medidas de Cooperación Económica, si bien, en esta reumon part1c1paron 'W
realidad 20 repúblicas americanas.
El propósito básico del acta, que se encuen~a. contenid? en su P~~
reconoce que si se ha de preservar en las repubhcas amencanas las ~
ciones libres y democráticas, es de urgencia que se acelere el progreso so&amp;!'
y económico para cumplir las legítimas aspiraciones de los pueblos a una ~
mejor, y para .proporcionarles a éstos toda oportunidad de mejorar SI •
tuación. En el propio prefacio se reconoce también el hecho de que las rep6blicas americanas se hallan tan vinculadas entre sí, que el progreso de ~
una es importante al conjunto de ellas; que puesto que los planes para.
desarrollo económico podrán tardarse en manifestarse en el bienes~r. ~
deben adoptarse oportunamente las medidas para atender a esto úJtunO, 1
638

que los países interesados deben hacer sus máximos esfuerzos para a}udarse
a sí mismos.
El acta consta de cuatro secciones principales. La primera se refiere a
medidas para el adelanto social, la segunda a la creación de un fondo especial para el desarrollo social, la tercera a medidas para el desarrollo económico, y la cuarta a la cooperación multilateral para el progreso social y
económico.

"Bajo el encabezamiento de desarrollo social, se recomiendan medidas
para el mejoramiento de las condiciones de la vida rural y la tenencia de
tierras, para los servicios de crédito agrícola, para la reforma de los servicios
tributarios y de los sistemas monetarios, con el objeto de establecer la equidad de los gravámenes; para la mejor utilización de la tierra, para la rehabilitación de tierras y obras de colonización; para el incremento de la productividad agrícola, y para la construcción de caminos que conduzcan de
las regiones de producción agrícola a los mercados. Se contempla asimismo
la necesidad de mejorar la vivienda y los servicios comunales, para movilizar
los recursos financieros y para dar mayor impulso a las industrias relacionadas
coo la construcción de viviendas". 16
b) Por lo que respecta a la "Operación Panamericana", el Presidente del

Brasil, Kubischek, propuso un esfuerzo cooperativo para el desarrollo del
Hemisferio. Al llamamiento del mandatario brasileño acudieron todas las
Repúblicas Americanas, para formar lo que se conoció como "Comité de los
Veintiuno", cuyo objeto principal era la planeación del desarrollo del Hemisferio, celebrando para este efecto una serie de reuniones que habrían
de culminar en la histórica Conferencia de Bogotá, en septiembre de 1960
Y en la memorable acta de Bogotá. Finalmente, en la Carta de Punta del
Este se habló del establecimiento de la Alianza para el Progreso. Nuevamente,
también en el Preámbulo relativo se dijo que: "Las Repúblicas Americanas
proclaman su decisión de asociarse en un esfuerzo común para alcanzar un
progreso económico más acelerado y una más amplia justicia social para sus
pueblos, respetando la libertad del hombre y la libertad política". Es importante hacer notar el señalamiento humanista que se establece aquí, cuando
en el antepenúltimo párrafo del mismo se declara: "La certeza del éxito final
descansa no solamente en la fe en sus pueblos, sino también en la convicción
de que el espíritu del hombre libre es invencible patrimonio de la civilización

americana".

e) Con respecto a este último punto, es necesario analizar la situación
11

YBTER

D.

MALLORY,

Proyec,ciones Sociales del Acta de Bogotá, pág. 5.

639

�d ·nante en los diversos países americanos, situacion que está d~termi.
~:~ao;:r factores económicos de inaplaza~le .resolución, que se derivan a
. 1es y políticos· El reconoc1m1ento contemdo en la Declaralos campos socia
Al"
ción a los Pueblos de América, de agosto de 1961, co~ ~espect~ a la JallZ&amp;
a el Progreso fue aún más preciso. "Estructuras e mJustos sistemas de tepar .
1 taci·o'n de la tierra" fueron condenados. "Programas de refornenc1a y exp o
'
, •
d
d
'
· m
· teºorales, de acuerdo con las caractensticas e ca · a ¡pais.
,,
mas agrarias
base
ara asegurar que la tierra constituya para el hombre qu~ la t~abap, a
su estabilidad económica, fundamento de su progresivo _bienestar y ga- •
, de su l'b
tad Y dignidad" , fueron aclamados con entusiasmo.
rantia
I er
••
,
los
T b ., 1 Declaración pide "leyes de tributación que ex1Jan mas a
am ien a
d" 'b ·' d las
que más tienen, con severas penas para las evasiones, ~ re istr: ucion e
entradas nacionales de manera que beneficien a los m~s nec_~s1tados, pr?~
. do al mismo tiempo el ahorro, la inversión y la remvers10n del capital ,
vie;inalmente, la Declaración expresa la convicción de que "estos ~rofundos
cambios económicos, sociales y culturales solamente pueden prod~~irse como
resultado de los esfuerzos de ayuda a sí mismos que haga cada pais •,
Por último, los resultados de la Alianza para el Progreso no ~?dran de~minarse de inmediato, considerando su naturaleza y la elevac1on de muas
que encierra. pero lo cierto es que constituye uno de los ~ás grandes
en la histori,a del mundo moderno en pro de la elevac,1~n de los mve es e
todos los órdenes de la vida para nuestros países de Amenca.

~

t

~sf~e17

UNA REVISIÓN SOBRE LA UNIÓN CENTRO-AMERICANA
DR. RoBERT S. SMITH

Duke University
North Carolina,
Estados Unidos de Norteamérica.

EN LA PARTE CENTRAL AMERICANA, entre el Río Grande y el extremo norte
de la América del Sur, quedan comprendidos siete estados soberanos. Geográficamente, Panamá y una fracción de México pertenecen al Istmo de la
América Central; pero la parte en donde se hizo prevalecer por razones de
criterio histórico y político, consistiría de solamente cinco países: Guatemala,
El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. El área de esta region es
aproximadamente de 170,000 millas cuadradas y su población, en 1960, excedía de los 10.000,000 de habitantes.
El reino colonial de Guatemala, que declaró su independencia de España
en 1821, comprendía cinco provincias gobernadas por un Capitán General.
A poco de haber obtenido su independencia, Guatemala se unió al Imperio
Mexicano de Iturbide, unión que fue disuelta en favor de una federación
de cinco Estados, de acuerdo con la Constitución de 1824. La tempestuosa
carrera de la Federación tuvo su fin alrededor de 1830, pero la agitación en
pro de la reunificación había creado una obsesión continua en los políticos
centroamericanos por cerca de un siglo. Desde 1951 la Organización de los
Estados Centro-Americanos, había trabajado para fortalecer, tanto los lazos
políticos como culturales, en tanto que el Comité Istmico de Cooperación
Econ6mica, luchaba acerca de lograr la integración económica de las cinco
naciones. Por lo que respecta a la longevidad de los nuevos acuerdos, no sería
posible predecirla. Probablemente otra mitad de siglo pueda desvanecer la
creencia de que la historia de la América Central "revela mucho de la inhabilidad trágica del hombre para convivir con sus vecinos".1
1

Tuo1us L.

KARNES,

Hill, 1961), p. IX.
640

The Failure o/ Union: Cent~al América, 1824-1960 (Chapel

641
H41

�. . , de "Or1!anización
de Estadoa
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Benjamín Franklin, declaró:
·11 t ás de los cinco volcanes en el caJDPO
"Debemos recordar que un sol bn a a r A
·canos Hasta hoy ese sol . . , d I E tados Centro- men
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1 mll!
de la Organizac1on e os s
, desde ahora sabemos que es un so '1ha parecido en el ocaso, pero aqu~ y "6 d la América Central".
se está levantando, la realidad de a um n e 1
d de la Oficina central
S 1 d llegó a ser a se e
el SeAdecuadamente, San a va or d l ODECA Bajo la dirección d
.
Amen.cana, el Secretariado General e a

642

cretario Trabanino y del Secretario Adjunto, Alberto Herralta, la Oficina
dividió sus actividades entre los tres departamentos para asuntos jurídicos,
culturales y sociales y económicos. Los logros obtenidos por la ODECA en
ninguna de esas áreas pudo realizar las promisorias esperanzas de sus fundadores, pero no sería propio el señalar a la Organización como ineficaz en
su totalidad. Publicaciones, investigación, y conferencias auspiciadas por la
ODECA, por lo menos han servido para conservar la idea de unión -el
"ideal de Morazán"- ante los pueblos de la América Central.
Una colección de documentos históricos acerca de la federación y una
historia de la primera Corte de Justicia Centro-Americana ( 1907-1918), apareció bajo la égida de las prensas de la ODECA; así como también, algunas
publicaciones periódicas que aisladamente han visto la luz. Los procedimientos de los cinco seminarios en escuelas públicas, dados bajo los auspicios de la
ODECA, fueron publicados como el primer volumen ( y el único), en la
''Colección de Estudios Pedagógicos". La ODECA ha trabajado estrechamente
con el Alto Consejo Universitario de la América Central, el que, desde 1948,
ha servido como el cuerpo ejecutivo de la Confederación de Universidades
Centro-Americanas y en lo que se refiere al sostenimiento de planes para la
"Integración Cultural" de Centro América, la UNESCO asignó un experto
en educación al Consejo Cultural y Educacional de la ODECA.
Un Consejo Económico y Social, compuesto de cinco ministros de negocios
económicos, determina la política para el Departamento de Economía y Asuntos Sociales de la ODECA. La obvia duplicación de esfuerzo -desde que los
Ministros de Asuntos Económicos, también constituyeron el Comité de Cooperación Económica- eventualmente llevó a la terminación de algunos estudios
económicos iniciados por la ODECA.

La Organización, sin embargo, auspicia un seminario de integración económica, la que analiza un volumen sustancial de periódicos de los economistas
de Centro América; ha llamado a una conferencia internacional de inversionistas privados y ha participado en la fundación de una asociación regional
de ganaderos.

Los escépticos bien pueden concluir que el sostener conferencias fue la
Primaria función de la organización. El Congreso Farmacéutico Centro-Americano, el Congreso de la Construcción Centro-Americano, el Primer Congreso
de Historia Centro-Americano, el Seminario de Servicio Civil Istmeño, y la
Reunión de los Bancos Centro-Americanos, comprende solamente una lista
Parcial de las reuniones habidas en San Salvador bajo los auspicios de la
ODECA. En lo que respecta al frente de la paz, la ODECA ha tenido, sin
embargo, un éxito, cuando su "efectiva y espontánea mediación", previno un
conflicto entre Costa Rica y Nicaragua; pero en una disputa de límites, en
643

�1957, tanto Honduras como Nicaragua, rechazaron los buenos oficios de Ji
Organización.
Ha habido muchas explicaciones de las fallas de la ODECA acerca de
dirigirse resueltamente hacia sus objetivos básicos de reunificación, así como
igualmente de sus numerosos propósitos de hacerlo más efectivo. Trabanü»
nunca se ha cansado de representar a la Organización como una evidencia
tangible de la "fe unionista inquebrantable", de la región. Herrarte, no obt,
tante, considera que la tarea de unificar a la América Central -"sería de
gigantescas proporciones, si ésta se dirigiese al desarrollo jurídico, económico
y a la unificación cultural antes que el problema de la unidad política pueda
ser invocado".
Un costarricense ha ridiculizado el que la ODECA se encontraba "en la
marcha": esto fue "solamente un acuerdo entre gobiernos; el pueblo lo ve
con apatía e indiferencia". Salvador Mendieta, el venerable fundador del
Partido Unionista Centro-Americano, deploraba la falta de interés en loa
estudiantes acerca de la federación Centro-Americana: la gente joven -pensó- ha sido inclinada a ver a la ODECA como "algo. . . corrompiendo a la
América Central". José Guerrero, el jurista salvadoreño que ha servido como
el primer Presidente de la Corte de Justicia Internacional, expuso que los
pueblos han "perdido la fe y el entusiasmo en el unionismo 'y han sido' francamente hostiles... para cualquier sacrificio del orgullo nacional". El fracaao
de la ODECA, como advierte Guerrero, podría probar que los Centro-Americanos prefirieron "vivir como naciones pequeñas", para quienes su único
consuelo podría ser la retención de cinco votos en las Naciones Unidas.
Mientras algunos consideraban a la ODECA como un cuerpo impotente,
cuya existencia sólo proporciona canonjías para burócratas favorecidos, las
críticas más cáusticas se refieren a esto como parte de un absurdo. De acuerdo
con un redactor periodístico de Guatemala, la "idiota idea" denominada
ODECA, no fue otra cosa que el producto del cerebro de un embajador de
los Estados Unidos en Guatemala. "Vendió" el esquema a · la Oficina del
Exterior (Foreing Office) en la creencia de que un acuerdo como el contenido en la Carta de San Salvador podría echar por tierra el crecimiento del
comunismo. Pero otro editor llegó a la conclusión opuesta: la ODECA "naci6
en la mente del Canciller guatemalteco. . . mientras que la amenaza comunista se encontraba en la esfera de un tímido principio". Los comunistas encontraron a la Organización como un excelente medio para la difusión de la
propaganda roja a través de Centro-América, en tanto que el Ministro de
Relaciones de El Salvador (Roberto Canessa) negaba tal acontecido.
La creencia de que la ODECA había hecho ciertos adelantos ganó terreno
cuando, en el final de 1959, la Organización estuvo casi a punto de derrum-

barse bajo el peso de los argumentos acerca del sucesor de Trabanino. Costa

Rica acusó a Guatemala de haber roto un acuerdo de caballeros para sostener
Ja candidatura de un costarricense; Guatemala, por su parte, hacía cargos
de que Costa Rica había mal interpretado el acuerdo. El asunto terminó después de diversas maniobras, con la elección de Marco Tulio Zeledón un
.
'
costarncense,
como Secretario General, y un guatemalteco, Guillermo Dávila
Córdoba, como Secretario General Adjunto. Celebrando el Décimo Aniversario de la Carta de El Salvador, Zeledón, proclamó que la ODECA no
, "descansar un mmuto
.
" en su 1uch a por derribar las "absurdas barredbe
e na
ras que continúan dividiendo a nuestras naciones hermanas".
~s unionistas, mientras tanto, se encontraban muy ocupados exigiendo la
rev1S16n de la Carta. Algunos consideraban el veto -el derecho de un Ministro de Relaciones Exteriores a paralizar la acción en lo que respecta a una
cuesti'on "fundamenta!"- como un error. Asemejando la reunión con un
"tratamiento médico preparatorio para la cirugía", Mendieta deseaba primero que se fuese borrando lo de las cinco presidencias; Mauricio Guzmán
propuso "Un Consejo Ejecutivo Federal", en el que la presidencia debía establecerse en fo~a rotativa. En 1960, los miembros de la ODECA presentaron su propio plan de reorganización, pero correspondió al Presidente de
Guatemala, Ydígoras Fuentes, el hacer la más fuerte excitativa para la revitalización de la organización. La ODECA, recalcó, se había movido "fuera
de su centro de gravedad", en lo relativo a trabajar en la reunificación. "Su
estatuto se encuentra completamente divorciado de la deseada unidad econó~ca Y del Mercado Común Centro-Americano, y ve las actividades que han
Sido llevadas a alcanzarlo (por ejemplo, el trabajo del Comité de Colaboración Económica) , como un distante y desinteresado observador". Sub~entemente, la Secretaría de Relaciones Exteriores de Guatemala, convenClda de la "urgente necesidad de una integración Centro-Americana en cuestiones políticas, económicas, sociales, culturales y de defensa" ha circulado
el bosquejo de una nueva carta. Si ésta es adoptada, la Améri~a Central llegaría a ser una vez más una República Federal. Una Asamblea de cinco rePres_e?~:es de cada ~stado podría integrar una legislación federal sujeta a
rectif1cac10n por las legislaturas estatales. Un Consejo de cinco ministros constituiría el Ejecutivo Federal, y la nueva rama judicial sería una renovada
Corte de Justicia Centroamericana.

La respuesta para el plan guatemalteco sobre la transformación de la
?DECA en una "reestructurada" república federal no fue muy entusiasta:
Simplemente no fue unánime la creencia de los gobiernos centroamericanos

de q~e la _reunificación era "urgente". Con cuestiones de límites sin arreglo,

con mcertidumbre política, con la inquietud social provocada por la revo644

645

�luci6n cubana y con la sospecha de que cualquier uni6n formase un Estado,
probablemente el más grande en poblaci6n, el que podría dominar a loa
otros, reaviv6 las viejas y ya centenarias fuerzas del separatismo. Aunque el
Presidente Ydígoras reitero su demanda para la remoción de las "absurdas
barreras", que mantenían a las cinco naciones apartadas, los nacionalistas,
especialmente en Costa Rica, se mofaban con la idea de que una general e
inmediata baja de las barreras pudiera barruntar progreso. En caso de ser
admitido esto hubieron de advertirse algunas ventajas en la remoci6n de las
barreras económicas; sin embargo, desde 1952 el Comité de Cooperación
Económica, evitando en todo lo posible cualquier complicaci6n de carácter
Político, ha estado luchando con los problemas de la unión económica. Sumergir a este Comité en el propuesto Consejo Ejecutivo Federal, podría arriesgar el Tratado de Integraci6n Económica y otros acuerdos que llegaron a
hacerse efectivos en la etapa de 1959-62.

II
El Comité de Cooperación Económica de los Ministros de Asuntos Económicos del Istmo Centro-Americano -el nombre con el que fue así bautiza..
do-2 se formó en una conferencia que tuvo lugar en Tegucigalpa, Honduras,
en 1952. La idea de cooperación económica, condición previa, como un substituto µara una uni6n política, la que puede referirse al siglo XIX en que
tuvieron lugar los acuerdos entre los Estados Centro-Americanos, ganó terreno
después de la II Guerra Mundial. En 1945 un escritor guatemalteco declaró
que la unidad centroamericana era "una empresa fundamentalmente econ6mica" y menospreció otros proyectos para una reunión de "romantici!lno
patri6tico". Otro escritor denomin6 a la cooperaci6n económica como el
"más importante vínculo... por alcanzar de la unión de Centro-América"¡
y la Cámara de Comercio de Managua, aplaudiendo la formación del C.0mité de Cooperación Económica, exclamó: "Estamos ya en el camino de
la realización de la unidad política de la América Central. el sueño de nuettros antepasados, por la vía de la unión económica".
En 1950, la Comisión Económica para la América Latina (ECLA), suo-ería
que las naciones miembros "consideraran la posibilidad de demandar una
o
•
expansión a través del comercio recíproco, con objeto de obtener una meJOf
integración de sus economías, así como más elevados niveles de productividad
2 En 1953 "Ministros de Asuntos Económicos" se quitó, reteniéndose tan sólo la referencia a la zona del Istmo con la esperanza de asegurar la cooperación de Panam6-

646

y de ingreso real". Cuando los delegados Centroamericanos concurrieron a la
sesión correspündiente a 1951, de la ECLA, reportaron el que sus gobiernos

deseaban el "promover la integración de sus economías", ésta recomendó la
formación del Comité de Cooperación Econ6mica como un "organismo permanente de la Comisión Económica para América Latina".
El rápido crecimiento de la población, así como la baja productividad del
trabajo, fueron las causas principales que retardaron el crecimiento de la
América Central, si atendemos a los reportes presentados por la ECLA en
la reunión de la Organización del Comité de Cooperación Económica.
Aunque la Comisión señaló muchas áreas en las que la cooperaci6n debió
estimular el crecimiento, esto no puede considerarse como una unión económica inmediata y tangible, "aunque hist6ricamente ( todos los países) aspiran
a tal medida". Debió ser más realista, concluyó la ECLA, el pugnar por "una
integración limitada que fuese aliada de una política de reciprocidad comercial e industrial".
La ECLA, actuando como el Secretariado del Comité, preparó la agenda
para la reunión de cada comité; personal proveniente de otras agencias de
las Naciones Unidas fue llamado para hacer estudios de carácter técnico y
económico solicitados por el Comité. Para "coordinar la asistencia de actividades técnicas... especialmente aquellas relativas a la integraci6n económica",
la Administración de Asistencia Técnica de las Naciones Unidas designó un
representante residente para la región Centroamericana. En lo relativo a la
pasada década, los problemas considerados por el Comité han recorrido toda
la gama del desarrollo económico del Istmo, desde el tráfico aéreo hasta
los recursos subterráneos del agua. Mientras muchas de las cientos de resol~ciones aprobadas por el Comité fallaron en el sentido de conseguir la acción necesaria del gobierno, algunos de los trabajos del Comité anticiparon frutos en los tratados y en otros acuerdos internacionales vigentes en
la actualidad.
La historia del Comité de Cooperación Económica justificó la afirmación
de Balassa, en el sentido de que "la integración económica... puede tomar
algunas formas que representan grados variantes de integración".8 Para algunos ~e sus proyectos iniciales, el Comité encontró un modelo muy útil en
e~ Instituto de Nutrición de Centro-América y Panamá (INCAP) , establecido en 1948 con la ayuda de Centro-América, de las Naciones Unidas y
de los Estados Unidos de Norteamérica.' Gracias a la iniciativa del Comité
'BELA BALASSA, La Teoría de la Integración Económica (Homewood, Illinois, 1961,
p. 2.
. • A través de la invcstigaci6n y educación, la INCAP ha trabajado en forma efectiva para combatir el mal endémico de la viruela, una enfermedad bastante extendida

647

�de Cooperación Económica, Centro-América cuenta ahora con dos ~
ciones, las que, como el INCAP, coordinan los recursos de los países miembn!J
para atacar los problemas fundamentales del desarrollo económico. La fur¡..
dación de la Escuela Superior de Administración Pública de Centro-Amériea,
en 1954, puede considerarse como el primer fruto tangible de la deliberación
del Comité. Ubicada en Costa Rica, la escuela prepara a un personal selecto
proporcionado por las agencias de Gobierno en cinco países. Es parcialmente
financiada por la administración de Asistencia Técnica, y disfruta, de acuerdo
con un tratado, del estatuto correspondiente a una organización de las Na,.
ciones Unidas. En 1956 el Instituto de Tecnología y de Investigación Induttrial Centro-Américano, otra creación del Comité, fue inaugurado en la Ciudad de Guatemala. El Instituto está dedicado a investigación científica y
económica, a solicitud de los gobiernos miembros. Igualmente, hace estudios
de contabilidad privada, particularmente en áreas relacionadas a la integra.
ción regional. Como Ia Escuela Superior, el Instituto obtiene de las agencia,
de las Naciones Unidas, tanto el personal como la ayuda financiera.
En otros campos delimitados, el Comité ha obtenido acuerdos cooperatiwr
que han sido aceptados por la mayoría de los gobiernos. Cinco países han adoptado un sistema de clasificación uniforme para estadísticas de comercio esterior, semejante a la Clasificación Estandard de Comercio Internacional. Un
convenio recíproco sobre vehlculos de motor, que fue ratificado por Guate.
mala, El Salvador y Honduras, ha facilitado las condiciones bajo las cuales,
tanto los automóviles como los camiones registrados en un país, pueden en,.
trar y permanecer en otro. Guatemala, El Salvador y Nicaragua han ratificado en 1959, dos convenios cuyo contenido se refiere a señales unifollll5
para carreteras, así como señales de tráfico, asentándose también las condiciones mínimas de seguridad para la operación de vehículos de motor. &amp;icontrándose aún en proceso de negociación, hay también pactos internacionales referidos a la uniformidad sobre metereología, derecho marítimo, administración de puertos y personal correspondiente, así com~ transporte aéreo.
Pudiera parecer, sin embargo, que estas manifestaciones llegarían a faci)i..
tar la unión económica, por su impresionante, pero no concluyente, evidencia
de la forma de manejar el camino de las Naciones Centro-Americanas pata
en la región debido a la escasez de iodina tanto en la tierra como en el agua. ~elO
el más espectacular triunfo de la INCAP, fue el 11 descubrimiento" de la incapand,
una vitamina de gran valor alimenticio, proteínico, de bajo costo, ideal como ~
plemento en la dieta de los niños y de los adultos desnutridos. Llamar a esto un ~
puede, de seguro, ser objetado por aquellos que piensan que la escasa fertilidad ~
mente otorga el premio de un alimento barato. La precipitada caída en la mortalidad
corno resultado de la efectividad sin paralelo del control de la muerte, incuestionablemente hace la tarea de elevar los estándares de vida una fuente de continua frustraci6n.

648

integrar sus economías. Sin duda, las ventajas que puedan derivarse de la
cooperación en el nivel representado por el Instituto Tecnológico y por las
leyes uniformes de transportes, son, obviamente, inalcanzables para países que

no están preparados para una integración claramente desarrollada. Las Naciones propuestas para una unión económica, según observa Meade, "desean
elevar su eficiencia económica, así como su estandard de vida, creando una

amplia área de libre comercio y también, quizás, creando una más amplia
dentro de la cual los factores de la producción puedan moverse libremente
hacia los empleos más productivos". 5 Hacia la consecución de estas metas la
América Central, o por lo menos lo más de ella, ha obtenido un progreso
modesto.
El libre comercio recíproco de los productos enumerados es de espacioso

contenido en los tratados bilaterales Centroamericanos. Extender este principio multilateralmente, para ampliar la tabla libre y para aplicar tarifas
uniformes en el comercio extra-regional, ha sido el propósito que se ha fijado
el Comité de Cooperación Económica. Dos convenios firmados en 1958-1959,
expresan lo relativo a estos propósitos. El Tratado Multilateral de Libre Comercio y de Integración Económica delimita la lista de productos libres, representando cerca del 40% el comercio redproco Centroamericano. Todos
los cinco firmantes aceptaron excepciones, lo cual tuvo el efecto de retener
impuestos o cuotas sobre artículos seleccionados. El tratado llegó a ser efectivo para tres países en 1959: Honduras lo ratificó en 1960, pero Costa Rica,
que hizo cuarenta y siete excepciones para la lista libre, declinó el ratificarlo.
La Convención sobre Igualdad de Impuestos y Cargos de importación, estableció las bases para la igualdad de tarifas en artículos importados a Centro
América de Países no-miembros. Un protocolo aseguró un inmediato 20% de
reducción de impuestos en el comercio recíproco de Centroamérica. Las ratificaciones de Guatemala, El Salvador y Nicaragua llevaron este acuerdo y
su protocolo a ponerlo en vigor en septiembre de 1960.
A principios de 1960, sin embargo, Guatemala, El Salvador y Honduras,
firmaron el Tratado de Asociación Económica. Las numerosas excepciones
al tratado multilateral, la falta de ratificación de ninguno de los acuerdos de
1958-59 por parte de Costa Rica, y el hecho de que los tres estados "norte•nos", todos con fronteras comunes, señalados con una cuota del 80% del
comercio recíproco de Centroamérica, fue ostensiblemente uno de los principales motivos para la negociación de este acuerdo tripartita. Tomando como
punto de partida la formulación del Tratado de 1958, el Tratado sobre Aso-

'J.

E.

MEADE,

Problems of Economic Union (Chicago, 1953), p. 6.

649

�ciac10n estableció el libre comercio como una regla general y enumeró las
excepciones. ( Estas fueron numerosas e importantes).
Pero hay más, el Tratado versó sobre el libre movimiento de personas y
capital, dentro de la zona de libre comercio; y los tres países se comprome..

nómica Centroamericana.

tieron a establecer un fondo de asistencia para el desarrollo, otorgando capital,
particularmente a las industrias, como lo esencial para la integración económica.
Las ratificaciones para el Tratado de Asociación Económica se comple.

negocios de Tegucigalpa. Los prospectos para esta unión cuádruple pueden

taron en abril de 1960. Mientras tanto, Costa Rica y Nicaragua no solamente

espera pueda resolver.

Tratado General, proyectaron una Carta para el Banco de Integración EcoTres ratificaciones del Tratado General se completaron en la primavera
de 1961 6 y en pocos meses el Secretariado Permanente se estableció en la
ciudad de Guatemala, así como el nuevo Banco abrió sus puertas para los
examinarse a la luz de algunos problemas de integración económica que se

rechazaron la invitación para unirse a la Asociación Norteña, sino que dieron
a conocer el que, en unión con Panamá, podrían formar un "bloque" económico tripartita "rival". La ECLA, temerosa, considerando lo que no se había
realizado en una década, con intemperencia llamó a sesión extraordinaria al

Comité de Cooperación Económica. Reunido en San José, el Comité solicitó
a la ECLA la proyección de un nuevo tratado, el que debería de ser aceptado
por cada país, dentro del engranaje para la acelerada integración _des~
por los miembros de la Asociación Económica. Esto demostró una as1gnac16n

imposible. Costa Rica insistió en que los países de población pequeña (de
cerca de un millón de habitantes), así como el temperamento individualista
de sus hombres de negocios, y el orgullo nacional, podrían prevenirlos en
contra de una unión que implica "cambios violentos en nuestra estructura
política, económica y social".

En diciembre 13 de 1960, con la abstención de Costa Rica, cuatro Paísei
firmaron el Tratado General de Integración Económica Centroamericana.

Como en el Tratado Tripartita, el Tratado General enumeró los productos
exceptuados por la regla general de libre comercio, ya fuese indefinidamente
o bien por un período de tres a cinco años. Un protocolo comprende la
lista de artículos en los que las tarifas en contra de los no-miembros re/accionistas son igualizadas y establece, para próximas negociaciones, el perfeccionar las normas de la unión. El Tratado General también incorporó la
Convención de 1958 sobre el Régimen para la Integración de Industrias, la
que sí fue ratificada por todos los países, con excepción de Costa Rica, n_unca
se llevó a efecto. 11 lntegración de Industrias" es definida como un con1unto
de industrias comprendiendo nuna o más plantas que requieren acceso al
mercado Centroamericano, con objeto de operar bajo condiciones razonables,
tanto en lo económico como en los aspectos de la competencia, aun las de
,
. da
una capacidad mínima". Inicialmente, una de tales industrias fue asigna
para cada país; una "industria de integración" del país, debería disfrutar del

libre comercio en los otros y debería también de ser protegida uniformemente
de la competencia extra-regional. Finalmente, como un sustituto para el des-

arrollo del fondo del Tratado de Asociación Económica, los firmantes del
650

Lo primero, entre las dificultades que espera vencer Centroamérica, a través de la acción colectiva, es el estancamiento de su comercio exterior. De

1955 a 1960, un período de elevación general de precios y de un rápido crecimiento de población, las exportaciones anuales de los cinco países permanecieron dentro del angosto margen de 418.00-467.000,000.00 de dólares. El
exceso de importaciones, sobre las exportaciones -cerca de ciento cuarenta

millones de dólares- se cubrió por anticipos y préstamos externos y echando
mano de las reservas extranjeras de cambio. El comercio interno Centro•
americano, que, si bien ha venido creciendo firmemente, sin embargo, en

1960, constituye menos del 10% del comercio exterior regional.'
La depresión comercial, a la que los Centroamericanos se inclinan a considerar como crónica, ha tomado y tiene sus rutas en el carácter único de

las exportaciones regionales. El café, el algodón y el plátano -productos a
los cuales los precios están establecidos en los variables y frecuentemente atestados mercados del mundo- ascendieron en un 75 a 85% de todas las exportaciones.
Todos los gobiernos de Centroamérica se adhieren al Convenio Interna-

cional del café y demandan pactos similares para estabilizar el precio de otros
productos; más aún, nadie espera una cuenta al sector tradicional de exportaciones tan grande que sea suficiente para sostener el cambio internacional
necesitado para sostener el crecimiento económico.
Cada país pugna por diversificar sus exportaciones, aunque en los mercados
• Honduras lo ratificó un año después.
Centroamérica importa de la propia Centroamérica, lo que solamente llegó a la
suma de 8.3 millones de dólares en 1950; habiendo subido a 32.7 millones en 1960
Y ha sido provisionalmente calculado en 37.4 millones de dólares en 1961 (Carta fo.
formativa de la Secretaría Permanente de Integración Económica Centroamericana,
11 de marzo de 1962).
1

651

�del pasado para exportaciones secundarias -----&lt;:acao, chicle, ajonjolí y aceil!I
esenciales, por ejemplo- han permanecido inseguros. El embargo hecho por
los Estados Unidos del azúcar cubana ha estimulado la producción Centroamericana y ha alentado a los exportadores a esperar ingresos permanenl!I
en cuotas para el mercado americano. Exportaciones de artículos de e1abc,.
ración doméstica, particularmente café instantáneo, pescado congelado y
carne, y los racimos de plátano empacados, se han elevado con firmeza en
los últimos años; y tales cosas producen más cambio exterior que las cantidades equivalentes de exportaciones no elaboradas. El turismo, que ha ve-

AMBITO, SENTIDO Y LIMITACIONES DE LA LIBERTAD POLITICA
POR SU INTRÍNSECA LÓGICA

nido creciendo lentamente, por de pronto no proporcionará aunque esto sea
relativamente, tanto cambio de dólares como México obtiene de esto que no

"exporta". Así, sin abandonar el punto para la diversificación de exportaciones, los planes nacionales así como el programa de integración, buscan la
substitución de productos domésticos para importar, como el método más seguro de mejorar la balanza de pagos.
La línea de productos alimenticios importados para su substitución, que
absorbe cerca de 1% del cambio exterior de la región, recibe una atención
particular. No pocos consideran esto una desgracia, en la "tierra de la eterna
primavera", en la que muchos granos, huevos, productos lácteos y otros,
tienen que ser importados. Los obstáculos para el incremento de la producción alimenticia no son ínsuperables, con la excepción posible de los países
densamente poblados como El Salvador. Dando una inversión modesta a las
reclamaciones de tierras, irrigación, transporte y educación, una área de libre
comercio de cinco naciones puede llegar a ser más prontamente suficiente en

sí misma en lo relativo a una alimentación adecuada. No obstante, las importaciones de ciertas clases de materiales pueden ser reemplazadas econ6micamente por productos domésticos; fibras domésticas, particularmente.
Traducción del Lic. Alberto García Gómez.

Dr.

Lms REcAsÉNs-S1cHES

Universidad Nacional
Autónoma de México

l. LIBERTAD COMO GARANTÍA contra interferencias ajenas y públicas; y libertad como contribuci6n positiva a las decisiones políticas.-Los Derechos básicos
de libertad individual (de conciencia, de pensamiento, de expresión, de autonomía personal, de garantías procesales, de inviolabilidad del domicilio y de
la correspondencia, de libre locomoción, etc.) consisten en defender a la
persona individual frente a toda ingerencia por parte de otros individuos, de
grupos y sobre todo de las autoridades públicas; consisten en asegurar una
no intervención, un ámbito de franquía, donde el sujeto pueda moverse a su
albedrío, sin que sus movimientos deban ser interferidos, ni de ellos se pueda
seguir ningún efecto jurídico pernicioso para el individuo. Es relativamente
f~cil garantizar esos derechos básicos de libertad individual, pues, en definitlva, se trata de poner barreras eficaces, infranqueables, para evitar toda ingerencia. A esos derechos fundamentales de libertad individual se los llama
negativos, porque consisten en negar intervenciones ajenas, especialmente las
del poder público en el santuario de la personalidad individual.
·
Parece indiscutible, se entiende, dentro de una concepción humanista, que

esos derechos negativos, es decir, las libertades individuales, constituyen los
supremos valores que deben encarnar en todo orden jurídico positivo, pues se
~an en conexión directa o inmediata con el valor principal, a saber, la

idea de la dignidad de la persona individual.
Pero además de esas libertades, cuya esencia consiste en exigir que los demás, Y sobre todo las autoridades, se abstengan, hay otros derechos de liber11

ª Es importante, a mi modo de pensar, el señalar que "industrias de integraci6n
no se integran necesariamente en el sentido de los negocios. Las industrias referida
así son aquellas que supuestamente contribuirán a la integración regional econ6mica.

652

tad que podríamos llamar positivos, es decir, las libertades políticas, las cuales
COnsISten en el derecho de participar en la formación de las decisiones estatales, especialmente de las normas generales, esto es, de ]as leyes; y también

653

�en el derecho de desenvolver ciertos tipos de actividad, como la que se produce en las reuniones y en las asociaciones, con el propósito sea de exponer
ideas y opiniones en materia política, sea de realizar funciones sociales ( re-

superior a aquellos que se cumplen en las instituciones sociales, y en los bie-

nes cristalizados de la cultura objetivada, no implica en modo alguno la
imposibilidad de reconocer, al mismo tiempo, que los intereses egoístas del
individuo deben ceder el paso a los intereses de bienestar general. Una cosa
son los valores y otra cosa son los intereses. Así, p.e., no puede haber ningún

ligiosas, culturales, económicas, etc.) ; y eh el derecho de tener acceso, en
condiciones de igualdad, a las funciones públicas, es decir, a los cargos y puestos políticos, administrativos, judiciales, etc., de su país; lo cual significa que
el nombramiento para tales funciones no debe constituir ni un mero privi-

pello de la libertad de conciencia de u'n individuo; porque no hay, ni habrá

legio ni un simple favor.

jamás, ningún valor colectivo superior, ni siquiera igual en rango, al valor

2. Los derechos básicos de libertad.-Los derechos fundamentales de la
persona individual son consecuencias esenciales de la idea de dignidad, la cual

que tiene la libertad de conciencia del individuo. Por eso hay que reconocer que

consiste en reconocer que el hombre es un ser que tiene fines propios, suyos,
que cumplir por sí mismo, o lo que es igual, diciéndolo en una expresión

negativa, que el hombre no debe ser un mero medio para fines extraños o
ajenos a los suyos propios. O expresando lo mismo con otras palabras: el
hombre es un centro autónomo no sólo de conocimiento sino también, y sobre
todo, de acción, que necesariamente se siente responsable de su propia misión,

esto es, del contenido que dentro del marco de su albedrío dé a su propia
existencia.
Si el hombre es un ser que tiene fines suyos propios, si es un ser que constituye un fin en sí mismo, si a él le incumbe la misión o destino en su propia

vida, el problema de su salvación, y si esos fines pueden ser cumplidos tan
sólo por propia decisión individual, resulta claro que la persona humana necesita una espera de franquía, de libertad, dentro de la cual pueda operar
por sí propia; necesita el respeto y la garantía de su libertad individual, necesita estar exenta de la coacción de otros individuos, de cualquier grupo, y
sobre todo de la coacción de los poderes públicos que quisiesen interlerirse
con la realización de tales finalidades, que son privativamente propias de la
persona. Todavía por otra razón, la libertad jurídica es esenciahnente necesaria
al ser humano, porque la vida del hombre es la utilización y el desarrollo de
una serie de energías potenciales, de una serie de posibilidades creadoras, que
no pueden ser encajadas dentro de ninguna ruta preestablecida. El desenvolvimiento de la persona sólo puede efectuarse por medio de las fuerzas creadoras latentes en el individuo humano. Aunque la sociedad y la autoridad
sean esencialmente necesarias al hombre, ni la sociedad ni las instituciones

supuesto requerimiento del bien común que justifique en ningún caso el atro-

]a más noble de todas las instituciones jurídicas, es la de admitir la exención
del servicio de armas con fundamento en una creencia religiosa o filosófica,

la llamada exención de los objetantes de conciencia, que ha cristalizado en el
derecho del Reino Unido, y en el de los Estados Unidos de Norteamérica.
Pero, en cambio, en materia de meros intereses materiales, es evidente que

el bienestar general, la utilidad de todos o de la mayor parte, debe privar
sobre el egoísmo particular.
3. Las libertades políticas.-Es necesario que exista el Estado, el cual es
el órgano del Derecho, puesto que la vida sería imposible sin un orden jurídico. Ahora bien, como nadie está ungido sobrenaturalmente, ni por ningún

título propio personal, con el derecho de autoridad política, resulta que el
único fundamento posible de ésta es la voluntad del pueblo, esto es, de la
colectividad política.
Por otra parte, el derecho a participar en el gobierno del propio país constituye un corolario de la dignidad de la persona humana. Si los hombres fuesen solamente materia u objeto pasivo del poder público, su dignidad humana
quedaría lesionada. Puesto que es necesario que exista un poder público, el

modo de armonizar esta exigencia con los requerimientos de la dignidad
humana, es conceder al hombre una participación en el gobierno.

La colectividad política, que está formada por personas morales libres, debe
también ella poseer una autonomía colectiva, es decir, no debe ser materia

de ningún poder humano distinto de ella misma.
Aunque el poder político corresponda al pueblo, este poder político no

valores y bienes, no implica necesariamente un individualismo desenfrenado.

debe jamás ser ilimitado ni absoluto, antes bien, debe tener siempre como
barreras, que nunca será lícito rebasar por ningún pretexto, los derechos individuales de libertad. Además, la colectividad política, que es autónoma y
dueña de sus propios destinos, debe respetar los valores jurídicos, los criterios
axiológicos, e inspirarse en ellos.

Reconocer que los valores realizados en el individuo son siempre de rango

Estos son los principios esenciales de la democracia, de la democracia justa,

son creadoras. Sólo la libertad personal le hace al hombre desenvolver
propia persona.

SU

La afirmación vigorosa del sentido humanista que lleva a reconocer la

emi•

nente prioridad de las libertades personales por encima de cualesquiera

otroS

654

655

�o sea de la democracia subordinada al reconocimiento y a la prática de Jas
libertades básicas del individuo.
Las hipócritamente llamadas "democracias populares" como cí~ic~ etiqueta
del más feroz antihumanismo encarnado en los Estados totahtanos, nada
tienen de democracia, y niegan radicalmente las libertades políticas. La democracia auténtica, fundada en las libertades políticas efectivas, supone e implica el libre juego de la opinión pública, y comprende esencial y necesariamente el derecho a la disidencia, a la discrepancia. La auténtica democracia
supone el juego normal y la negociación constante entre la mayoría y la,
minorías, reconociendo a éstas su derecho a existir y a desenvolverse libremente, aunque tenga que acatar las decisiones de la mayoría.
Recuérdese que entre las libertades políticas, figura también el ya mencionado derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas.
Pueden considerarse como incluidas entre las libertades políticas, o al menos
estrechamente conectadas con éstas, la libertad de reunión y de asociaci6n
para fines lícitos. Ahora bien, hoy día, y como reacción _co~tra am~as eXJ&gt;C:
riencias de abusos sufridos no sólo en el área de los totahtansmos fascista, nazi
y soviético, sino también en países civilizados de democ:a~i~ líber~, se_ sub~ya
enérncamente que la libertad de reunión y la de asoc1ac10n no solo Implican
el d;recho de reunirse y el de asociarse pacíficamente para fines lícitos, sino
también el principio de que nadie debe ser obligado a concurrir a una reunúm
ni a pertenecer a una asociaci6n en contra de su voluntad o deseo.

Las libertades de reunión y de asociación, lo mismo en sus dimensiones
positivas que en las negativas, tienen un doble alcance: el reco~ocimie~to !
la protección jurídica de unas importantes proyecciones de la libertad individual; y, al mismo tiempo, el respeto y la garantía para la espontan~i~
de los grupos sociales, todo ello naturalmente, dentro de la esfera de lo hc1to.

4. La intrínseca l6gica de la libertad exige que se prohiba ejercer la libertad
contra la libertad.-Los liberales del siglo XIX incurrieron en un tremendo
error: en admitir que las libertades políticas podían ser ejercidas en cualquier
sentido, en cualquier dirección, al servicio de cualquier fin, sin limi~6n
de ninguna especie y que, por lo tanto, el ejercicio de tales derechos y libertades debía ser permitido y garantizado incluso a quienes luchaban p0r la
supresión de esos derechos y libertades. Esto no sólo constituyó una lamen~
candidez, sino además, un garrafal error teórico, que viene a negar ~senaa
misma de la libertad política, y que, además, representa un absurdo logico.
Ha habido trágicas experiencias de cómo los peores enemigos de la libertad
-fascistas, nazis y comunistas-, se sirvieron del ejercicio de las l~bertades
públicas del Estado de la democracia liberal, para preparar el cammo con-

1:

656

ducente al establecimiento del totalitarismo, es decir, de la total y absoluta
destrucción no sólo de todas las libertades políticas, sino también, cosa mucho
peor, de las libertades individuales.
Pero no se trata aquí de apelar tan sólo, ni siquiera principalmente, a esas
destructoras experiencias. Se trata de otra cosa, mucho más importante, a
saber: se trata de demostrar que es un absurdo lógico, un contrasentido, que
las gentes afectas a idearios y a propósitos de totalitarismo, pretendan ejercitar ninguna libertad política. La libertad posee su lógica intrínseca: tiene
sentido sólo sobre la base de una plena reciprocidad. O, dicho con otras palabras: las libertades políticas implican o presuponen un juego limpio sometido a reglas de reconocimiento mutuo. Por eso, sólo deben tener derecho a
participar en el juego, aquellas personas que estén dispuestas no sólo a observar sino a mantener y a defender las reglas del juego mismo.
A comienzos del siglo XX se produjo una conversación muy ilustrativa en
los pasillos del Parlamento español entre el ilustre profesor de Derecho Público, Gumersindo de Azcárate, diputado de tendencia acentuadamente liberal, y el Conde Rodríguez de San Pedro, jefe del partido tradicionalista ultrareaccionario. El jefe tradicionalista le dijo al Dr. Azcárate: "Don Gumersindo: yo estoy con respecto a usted en una situación de máxima ventaja.
Si algún día llegara usted a gobernar en España, usted, de acuerdo con sus
ideas, tendría el deber de respetarme a mí en absoluto. Mientras que, por
el contrario, yo, si llegara a gobernar en España, mandaría que usted fuese
quemado en la plaza pública".
De acuerdo con la esencia misma de la lógica de la libertad hay que reconocer que no debe haber libertad contra la libertad, que no debe permitirse
el ejercicio de la libertad para socavar, poner en peligro o suprimir los derechos fundamentales de libertad, tanto los derechos básicos de libertad individual, como las libertades políticas.

La idea de justicia implica un principio de reciprocidad. Si tal principio
no impera, si determinadas gentes, por ejemplo las partidarias de un régimen
totalitario, para sus fines antiliberales y antidemocráticos, se aprovechan de
las libertades individuales y de los derechos democráticos, cometen una acción .
sucia, una fechoría, una deslealtad, una traición. Pero, quienes con una ingenuidad, rayana en la tontería, se lo permiten, cometen un superlativo agravio
a la lógica, incurren en un contrasentido. El instrumento de gobierno de la
democracia liberal no impone en manera alguna un determinado contenido
político. Por el contrario, admite la posibilidad de varias direcciones, incluso
opuestas entre sí, todas ellas igualmente lícitas: el pueblo decidirá si la política del Estado debe encauzarse hacia la derecha, hacia la izquierda o por
derroteros de centro. El pueblo es libre para tomar esas decisiones en cualquier

657
H42

�momento. Podríamos comparar el Estado a una nave. El pueb~o es lib~
para determinar la ruta que la nave haya de seguir. Pero, en c~b~o, a nadie
se le debe permitir ejercitar ninguna libertad ~ara !anzarse a ac~vidades que
tiendan a destruir la nave, es decir, a destruir el instrumento liberal democrático.
. .,
1
En el campo del Derecho positivo esta idea halló realizacion en a guna medida en la ley checoslovaca de Defensa de la República de 1931, la_ cual prácticamente equivalió a poner fuera de la ley las actividades políticas de los
partidos nazi y comunista. Pero donde esta id~ ha hallado ~bal y perfecta
·, es en un texto de Derecho internacional, en el articulo 30 de la
~~oo
.
U'das,
"Declaración Universal de Derechos del Hombre"
las Nac1on_es m
proclamada el 10 de diciembre de 1948, el cual precisamente eqwvale a de.
·meqmvoc
' amente que no puede permitirse el ejercicio de .ninguna
termmar
rtad
libertad encaminado a la supresión de cualquiera de los derechos y hbe es
que se proclaman en dicha Declaración.

LA HISTORIA Y EL CONCEPTO MODERNO DE HISTORIADOR

d:

Lic. DEsIDERIO GRAuE
Universidad Nacional
Autónoma de México

ANATOLE FRANCE Nos HA LEGADO en su libro La Isla de los Pingüinos una
de las críticas más sutiles y pintorescas de que tenemos noticia sobre la Historia y sus artífices:
"He confiado -nos dice- a varios sabios arqueólogos y paleógrafos de
mi país y de los países extranjeros las dificultades experimentadas para conocer la historia de los pingüinos y me han hecho objeto de su desprecio. Me
miraban con una sonrisa de piedad que parecía decirme: ¿ Es que acaso, escribimos nosotros la historia? ¿Es que nosotros tratamos de extraer de un
texto, de un documento, la menor parcela de vida o de verdad? Nosotros nos
atenemos a la letra escrita. La letra es la sola apreciable y definida. El espíritu no lo es; las ideas son fantasías. Hace falta ser un vanidoso para escribir
Historia, y además, tener mucha imaginación". Todo esto estaba en la mirada y en las sonrisas de nuestros maestros en Paleografía y sus apreciaciones
me desanimaban profundamente. Un día, después de una conversación con
un silógrafo eminente, me encontraba más abatido que de costumbre -relata
el mismo autor- cuando de repente me hice esta reflexión:
A pesar de todo hay historiadores. La especie no ha desaparecido por
completo. En la Academia de Ciencias Morales se conservan aún cinco o seis
que no publican textos, sino que escriben historia y no me dirán que hace
falta ser vanidoso para dedicarme a esta clase de trabajo.
Esta idea me devolvió el valor. Al día siguiente me presenté a casa de uno
de ellos, un anciano sutil:

-Vengo, señor, le dije, a pediros los consejos de vuestra experiencia. Estoy
muy preocupado por componer una historia y no llego a nada, a ninguna
conclusión.

El anciano me respondió encogiéndose de hombros :
658

659

�-¿ Por qué, mi pobre señor, siente tanta preocupación que da pena escucharlo, por componer una historia, cuando no tiene más que copiar cualquiera
de las conocidas como es costumbre? Si usted tiene un conocimiento nuevo
que exponer, o una idea original, si presenta a los hombres y a las cosas bajo
un aspecto inesperado, sorprenderá al lector y el lector no quiere ser sorprendido puesto que sólo busca en las historias las necedades que ya conoce.
Si usted trata de instruirlo no hará más que humillarlo y enfadarlo. No intente sacarlo de su error porque gritará que usted insulta a sus creencias.
Los historiadores se copian los unos a los otros pues de este modo se evitan
la fatiga de crear y no parecen jactanciosos. Imítelos y no sea original. Un
historiador original es objeto de desconfianza, de menosprecio y de repugnan.
cia universal.
¿ Cree usted, señor -añadió-, que yo sería honrado y considerado como lo
soy, si yo hubiera puesto novedades en mis libros de historia? ¿ Y qué son novedades? ¡ Impertinencias!
Se levantó, le di las gracias por sus atenciones y cuando ganaba la puerta,
me llamó:
-Unas palabras todavía: Si usted quiere que su libro sea bien acogido no
olvide ninguna ocasión de exaltar las virtudes sobre las cuales descansan las
sociedades: el respeto de la riqueza, los sentimientos piadosos, y especialmente
la resignación del pobre, que es el fundamento del orden. Afirme, señor, que
los orígenes de la propiedad, de la nobleza, de la gendarmería, serán tratadOI
en su historia con todos los respetos que merecen dichas instituciones. Haga saber que admite lo sobrenatural cuando se manifiesta, y con esas condiciones medrará entre la gente de buenas costumbres".
¿ Cómo escapar a la profunda ironía lanzada por ANATOLE FRANcE? ¿06mo destruir su refinado ataque? ¿La imagen que nos describe del historiador, es la verdadera? ¿Son los métodos que pregona los que se han usado
para elaborar la Historia?

EL CONCEPTO DE HISTORIA
Nos parece propio determinar en primer lugar qué es lo que ha sido la ffis.
toria en el pasado:
La palabra griega "historia" significa la, investigación o inquisición Y fue
empleada por vez primera por Herodoto en el siglo V como título de 111
obra. El empleo de la palabra con este significado señaló una real revolu•
ción literaria ya que los escritores anteriores a él habían sido simples narra-

dores de cuentos comúnmente conocidos. Fue por consiguiente, su empleo
con esa connotación, lo que justifica para Herodoto el título de "Padre de
la Historia".
Herodoto se proponía contar las hazañas de los hombres con el fin de que
no cayeran en olvido de la posteridad. La función de la historia, según él,
era en parte descubrir lo hecho por el hombre y en parte descubrir los motivos que lo impulsaron a obrar. Tucídides también la entendió así, pero
afirmó explícitamente que la investigación histórica descansa en el estudio
de los testimonios. Ambos tienen de común que propiamente la consideran
un relato, una descripción de los momentos o de los caracteres de una cosa,
y ello en contraposición a su definición esencial, es decir, a la visión de lo
que es esta cosa de un modo permanente y definitivo.
Los griegos posteriores al siglo V fueron los creadores de la historia ecuménica que tiene por fundamento la alta estima de las obras escritas por
los historiadores particularistas de la edad helénica, pues tuvieron ya conciencia de la pluralidad de las unidades sociales particulares que juntas integran un mundo humano.
Polibio crea después un nuevo tipo de historia cuya unidad dramática podía alcanzar cualquier extensión con tal de que el historiador pudiera reunir los materiales y fuese capaz de exponerlos en un relato único. Polibio
suponía fundamentalmente que el decurso histórico transcurre en un todo
de acuerdo con la naturaleza y según una ley inmutable de la que no es posible escapar. De aquí la importancia que atribuyó a todo el proceso causal de la indagación histórica. "En la historia -dice- la atención del escritor, como la del lector, no debe dirigirse tanto sobre el relato de los hechos
mismos como sobre las circunstancias que los han precedido, acompañado o
seguido. ¿Qué queda en la historia si apartáis de ella el estudio de las causas, de los medios, del fin de las empresas humanas y el cuidado de examinar si cada una ha tenido el éxito que debía esperarse?; un ejercicio literario, no una enseñanza; un pasatiempo para halagar un instante el oído, pero sin resultado para el porvenir".
,
En aquel entonces, como nos cuenta Polibio, este ejercicio literario constituía la actividad propia de aquellos historiadores que no se esforzaban por
descubrir el secreto íntimo de la historia y no obtenían de ella, en consecuencia, ninguna enseñanza valiosa.
Con este historiador, la tradición helenística del pensamiento histórico pasa a Roma cuyos dos representantes sobresalientes fueron Tito Livio y Tácito.
Tito Livio intentó una tarea verdaderamente grandiosa: la historia de Roma desde sus orígenes, pero fracasó debido al exceso de toda clase de elementos fabulosos que quiso considerar, y también por la carencia de un mé-

660
661

�todo adecuado para manejar la complejidad de los materiales de que disponía.
Tácito intentó aplicar a la historia un método que podemos denominar
didáctico-psicológico pues se propuso escribir para enaltecer las virtudes en
el orden público y para escarnecer ejemplos señalados de vicios y atropellos,

la gigante figura de Bacon la historia se transforma en un saber de hechos
y no en saber de esencias; el hombre se interesa en el pasado por el pasado
mismo, pero sin embargo cabe señalar que la situación de la historia es aún
precaria porque carecía de un método preciso y definido.

y esto último acarreó una decadencia en el índice de la honestidad histórica.

El aspecto constructivo del pensamiento del siglo XVII se concentró en los
problemas de las ciencias naturales, dejando a un lado los problemas histó-

El Cristianismo, con la introducción de las nuevas ideas sobre el pecado
original, la gracia y la creación, cambia totalmente el modo de concebir la
historia.

ricos. Para Descartes la historia no era en absoluto una rama del conocimiento. ¡ Pero cuán intrascendente nos parece hoy esta negación frente a la grandiosa concepción cartesiana del yo pensante, frente a la estructuración de

En efecto, le imprime otras características; considera al proceso histórico
no como la realización de los propósitos humanos, sino de los propósitos divinos, y éstos los debe actualizar el hombre en su vida a través de la activi-

arranca toda la fisicomatemática moderna! Es precisamente al amparo del

método de las ciencias naturales que se han desarrollado los métodos de la

dad de su voluntad. En este proceso, Dios se concreta a la predeterminaci6n

moderna investigación histórica.

de los fines, destacándose no sólo las acciones de los hombres como agentes
históricos, sino además que tanto su existencia cuanto su naturaleza deben
ser consideradas exclusivamente como instrumentos de los propósitos divinos.

Además, la posición asumida por el Cristianismo respecto a la igualdad de
todos los hombres ante Dios, o universalismo de esta actitud cristiana, trae
por consecuencia la exigencia de una historia universa] cuya temática sea el

desarrollo mundial de la realización de tales propósitos de Dios respecto al
hombre. Por ello veremos, que la historia cristiana va a asumir los caracteres de universalidad, de providencial, y también dividirá el tiempo histórico
en dos grandes períodos: antes y después del nacimiento de Cristo.

La Edad Media se dedica a perfeccionar los conceptos antes señalados,
pero además incluye una escatología, o tratado del destino final del hombre
y del mundo, pues miraba hacia el fin de la historia como algo predetemúnado por Dios y al mismo tiempo como algo que e) hombre sabia de antemano por medio de la revelación.
Como consecuencia de estas diversas concepciones, al hombre del medioevo

ya no le quedaba nada por hacer, se cae incluso en la falacia de afirmar que
se podía predecir la historia, que se podía adivinar el futuro, y se tiende a
buscar la esencia de la historia fuera de ella, en un vano esfuerzo de perci•
bir el plan divino exclusivamente y sin tener en cuenta las acciones humanas.

Es sólo hasta el Renacimiento que la visión humanista de la historia fundada por los antiguos, reaparece.

En el Renacimiento se combate lo fantástico y lo que estaba deficientemente fundado; se niegan las pretensiones de predicción del futuro y se niega igualmente que la función del historiador sea la de describir el plan divino que norma los hechos. Las investigaciones se tornan exactas, se coloca al
hombre en el centro de las preocupaciones del pensamiento histórico, y con

662

las pruebas de la existencia de Dios y frente a su sistema metódico del cual

Hasta hace poco la opinión corriente era de que el siglo XVIII, el de la
Ilustración, era un siglo específicamente ahistórico. Tal afirmación ha demostrado ser inexacta si se tiene en cuenta el desarrollo que tuvo en su proble-

mática religiosa y que desde un principio la filosofía del referido siglo trata
el problema de la naturaleza y el problema histórico como una unidad que
no permite fragmentación. La ciencia, en cuanto tal, se niega a reconocer
nada sobrenatural o suprahistórica. La concepción de los teólogos de este siglo se apoya siempre en el concepto y la exigencia de una crítica histórica de

las fuentes religiosas. Es verdaderamente la historia la que lleva la antorcha de la Ilustración y la que aparta a los teólogos de la ortodoxia de siglos
anteriores. Las exposiciones históricas que produce este siglo se hallan bajo
la influencia de Newton a través de Voltaire, y con este último la historia se
convierte en el modelo metódico por medio del cual cobra una comprensión

nueva y más profunda del objeto general y de la estructura de las ciencias del
espíritu. Se produce en suma, en este siglo, una síntesis del espíritu racional

y del histórico. La razón es referida a la historia y la historia a la razón. Ambas se mantienen en constante tensión en la que se apoya todo el pensamiento religioso de este siglo, en el que se considera que solamente con el paralelismo y la confrontación de ambas se produce la verdadera Ilustración del es-

píritu.
Al intelectualismo de la ilustración, sigue la génesis, en la segunda mitad

del mismo siglo XVIII, del historicismo, que ha llegado a ser parte integrante del pensar moderno.
Se originó el historicismo en cuatro elementos que unidos produjeron una

nueva manera de ver del historiador y de toda la vida humana. El proceso
al que llevó el historicismo fue de una individualización occidental, a la con~

663

�ciencia de sí mismo y enseñando a comprender toda la vida como una ev~
lución de lo individual.
Los cuatro elementos que le dieron nacimiento fueron, en primer término,
una necesidad prerromántica que volvió la atención de las gentes a los pueblos
primitivos y a las épocas iniciales de la humanidad, idealizándolos y poniéndolos como modelo de una humanidad más pura y plena; en segundo lugar
el movimiento pietista en Alemania protestante que despertó las subjetividades en los contactos de hombre a hombre; como tercer elemento aparece la
nueva relación espiritual con el arte antiguo, vivida y difundida por Winckelman, que aumentó la predisposición espiritual para lo nuevo, y por último el
antiguo mundo de ideas platónicas y neo-platónicas que revivió en la doctrina de las mónadas de Leibnitz y la teoría de la "inward fonn" de Shaftesbury que contiene una tendencia a lo individual.
La médula del historicismo radica en la substitución de una consideración
generalizadora de las fuerzas humanas históricas, por una condición individualizadora.
Surge la concepción positivista y dentro de ella la historia queda definida
como el estudio de los acontecimientos sucesivos que yacen en un pasado
muerto y que deberían ser comprendidos de la misma manera que los acontecimientos naturales por estar regidos por las leyes de éstos.
Caracterizase el positivismo porque, como teoría del saber, se niega a admitir otra realidad que no sean los hechos y se niega a investigar otra cosa
que no sean las relaciones entre esos hechos.

EL CONCEPTO MODERNO DE LA HISTORIA

Cabe entonces preguntarse cómo se concibe hoy la Historia.
El esfuerzo y movimiento iniciado por Dilthey, de los años de 1860 a 1870,
continuado por Max Weber y Raymond Aron por un lado, y por Heidegger
y Jasper por otro, ha llegado, como lo deseó Dilthey, a constituir una Critica
de la Razón en su Uso Histórico, al dotar al conocimiento histórico de un
fundamento racional que detenninase su legitimidad, justificándola y delimitándola a la vez. La nueva concepción realiza en el plano técnico de la historia, una transposición de perspectiva análoga a la revolución Kantiana
dentro de la teoría del conocimiento.
Pero antes de analizarla precísase examinar el pensamiento de Dilthey.

Dilthey en su único libro Jntroducci6n a las Ciencias del Espíritu, adoptó
años antes que Windelband la posición de que la historia maneja individua•
664

les concretos y que las ciencias naturales se refieren a generalizaciones abstractas, y su intención era escribir una Gran Crítica de la razón histórica, lo

que no llegó a realizar.
Para Dilthey los documentos y datos, con los que trabaja el historiador y
que por sí mismos no revelan el pasado, le ofrecen la ocasión de vivir en su
propia mente la actividad espiritual que los produjo. Es en virtud de su propia vida espiritual y en proporción de la riqueza intrinseca de esa vida, como puede el historiador infundir vida en esos materiales muertos, de tal suerte que el verdadero conocimiento histórico es una experiencia interna de su
propio objeto y el conocimiento científico es el intento de comprender fenómenos que se le presentan como espectáculos externos. Esta concepción del
historiador de hacer que el objeto viva en él pres~pone un adelanto, pero
como para Dilthey la vida significa experiencia inmediata, distinta de reflexión o conocimiento, desemboca a un psicologismo.
En efecto, el pasado viviente de la historia vive en el presente, pero vive
no en la experiencia inmediata del presente, sino sólo en el autoconocimiento
del presente. Esto es lo que Dilthey ha pasado por alto; piensa que el pasado
vive en la experiencia inmediata que el presente tiene de sí mismo; pero esa
experiencia inmediata no es el pensamiento histórico, es psicología o experiencia personal del historiador.
Hoy en día el pensar histórico ha superado el pensamiento Diltheyano y
reconoce que la Historia no es en sí misma más que la re-creación en la mente del historiador, del pensamiento pensado.
Afirmase también que lejos de apoyarse en otra autoridad que no sea él
mismo, y a cuyos dictados deba conformar su pensamiento, debe basarse precisamente en él, y por ende como tal es autónomo, auto-autorizante, dueño
de un criterio al cual deben confonnarse sus llamadas autoridades o testimonios y por referencia al cual pensamiento, se las critica.
Así, los historiadores y filósofos de nuestros días piensan que la historia debe ser una ciencia que se ocupa de las acciones de los hombres en el pasado,
investigadas por medio de la interpretación de los testimonios y cuyo fin es
el autoconocimiento humano.
Afirman que la Historia en una ciencia porque es una forma de pensamiento que consiste en plantear preguntas que intentamos contestar, pues
la ciencia en general no consiste en coleccionar los conocimientos que ya se
tienen para arreglarlos dentro de tal o cual marco.

Esta ciencia de la historia se ocupa de actos humanos realizados en el pasado, es decir trata de contestar interrogantes acerca de acciones humanas
verificadas en el pretérito.
Esta ciencia de las acciones de los hombres en el pretérito procede met6665

�dicamente en su investigación, especialmente en la interpretación de testimonios y documentos, y, finalmente, esta ciencia sirve para el auto-conocimiento
humano.
Conocerse a sí mismo significa conocer primero: qué es ser hombre; segundo: qué es ser el tipo de hombre que se es, y a la postre: qué es ser el
tipo de hombre que uno es y no otro.
Por ello el valor de la historia consistirá en que nos enseña lo que el hombre ha hecho, es decir, lo que verdaderamente es el hombre, o sea nos revela..
rá el propio conocimiento del hombre.
No deja de haber, sin embargo, pensadores que como Croce niegan a la
historia la calidad de ciencia porque creen que esta disciplina no puede
generalizar ni inducir las llamadas leyes, pero a la vez admiten que, sobre la
base no científica del conocimiento histórico, y fuera ya de la historia, se
puede generalizar y filosofar respecto de la vida misma, como si la vida, por
ser vida ... no fuese precisamente historia.
Otros, como Xénopol y Langlois afirman que no se puede tener duda de
que son compatibles la negación de las leyes históricas y la afirmación de
que la historia es ciencia.
Otros en fin más radicales creen imposible la verdad y la certeza del co'
'
nacimiento histórico. Refutando la validez de los testimonios y documentos en que consisten las fuentes históricas, proyectan su escepticismo sobre
la veracidad e imparcialidad humanas del historiador.
Pero felizmente la confianza en la historia cuenta ya con una serie nota•
ble de investigadores que sostienen filosóficamente lo contrario y de entre
ellos, séame permitido transcribir las palabras plenas de significados y de
emoción, de Francis Ambriére en su libro titulado Les Grandes Vacances.
"No es este el lugar de defender la historia -afirma-; los que maldicen
a la historia por temor o por interés no prueban nada a no ser contra eUos
mismos y no contra la historia. Un largo e íntimo uso de las fuentes documentales, una información no limitada a una sola sino que alcance un amplio encadenamiento de Edades, una inteligencia vivaz y sensible que no se
contenta con la mecánica de las fechas salientes, sino que prefiere la oscura
gestación d~ los efectos de las causas; un vasto conocimiento del hombre Y de
sus resortes secretos; extensos viajes a través de las naciones, a lo menos espirituales... ; una segura cualidad intuitiva y un alma abierta cert~ramen_te a
la poesía, la ciencia y el arte ... ; he ahí el raro conjunto de trabaJOS _Y v,rt_udes que exige la historia ... Con el estudio y meditación de la histona forJemos nuestro pensamiento y a costa de nuestro destino, realicemos nues~
desquite haciendo de él un instrumento de nuestra libertad interior; la libertad que nunca podrá ser detenida por ninguna alambrada".

666

También entre los contemporáneos, Amold J. Toynbee, a pesar de creer
que existe una tendenc1a a la repetición que se afirma a sí misma en los
asuntos hwnanos, reconoce que esta repetición de hechos en el tiempo, es
uno de los conocidos recursos de la facultad de creación y sostiene que: "si
la historia humana se repite lo hace en consonancia con el ritmo general del
universo; pero el sentido de este orden de repetición reside en el libre campo de ofrecer al trabajo creador para seguir adelante". "Bajo esa luz -concluye- el elemento repetitorio de la historia se revela como instrumento para la libertad de la acción creadora y no como índice de que tanto Dios como el hombre son esclavos de la fatalidad".
Se ve de lo expuesto que hasta hace poco la historia fue una reflexión sobre las varias y opuestas verdades que proponía cada cultura y una verificación de la heterogeneidad de cada sociedad y de cada arquetipo, mas ahora
la historia ha recobrado su unidad y vuelve a ser lo que fue en su origen: una
meditación del hombre.
Esta meditación del hombre implica la mejor de las negaciones, la negación histórica, afirma Leopoldo Zea. En efecto, si no se desea repetir la experiencia de los antepasados, viviéndola, es necesario convertirla en Historia, que es auténtica experiencia, y ya que la historia de la cultura no la forman los puros hechos, sino precisamente la conciencia filosófica que de ellos
se tiene, cuando se tiene esta conciencia se ha alcanzado la comprensión
histórica.
Comprender es, desde este punto de vista filosófico, tener capacidad para colocar un determinado hecho en el lugar preciso que le corresponde en
el presente.
Cuando se comprenden las razones que causaron en una época dada, la
realización de formas de expresión histórica determinadas, se comprenden
también las razones por las cuales estas mismas formas no pueden repetirse
en el presente salvo negando la historia, es decir, en suma, negando la capacidad del hombre para progresar valiéndose de sus propias experiencias.
De esto se sigue que el papel del historiador será precisamente el señalar
las rutas que ante sí tiene el hombre por sus capacidades para progresar sirviéndose de sus propias experiencias.
¿Cómo debe realizar este papel el hombre al hacer historia?
El historiador, al realizar su trabajo, debe construir una imagen coherente,
con pretensiones de verdadera, y que tenga sentido, de las cosas tales como
fueron, y de los acontecimientos tal como ocurrieron, y para ello es menester que norme su actividad por reglas de método.
Los pensadores contemporáneos están de acuerdo en que esas reglas metodológicas consisten primeramente en que la imagen del pasado -además de

667

�EL HISTORIADOR EN LA MODERNA CONCEPCIÓN

ser coherente y continua, es decir con sentido--, tiene que estar localizada

en el tiempo y en el espacio; en segundo lugar que toda historia tiene que
ser coherente consigo misma; y, por último, que como la imagen del histo,.
riador mantiene una peculiar relación con los que se denominan testimonios
históricos ( textos, documentos, obras materiales, de arte, edificios, lugares
geográficos, etc., etc.), debe el investigador fundar su verdad en dichos testimonios históricos.
Ahora bien, como estos testimonios son históricos sólo cuando y en tanto
que alguien los considera históricamente, se sigue de ahí que el conocimiento
histórico solamente puede surgir o nacer del propio conocimiento histórico,
lo que expresado en otras palabras quiere decir que el pensar histórico es una
actividad original, fundamental o innata de la mente humana.

Resulta, pues, que el pensar histórico es aquella actividad de la imaginación, mediante la cual se propone el historiador dar a esta idea original o
innata, un contenido detallado, la cual se consigue empleando el presente
como testimonio de su propio pasado.

Pero los testimonios históricos de que dispone o puede disponer el historiador para resolver cualquier problema, han cambiado y cambian con cada
innovación de los métodos históricos y con cada variación en la competen..
cia de los historiadores, y del examen de estas variaciones o de estos cambios,

1

aparece una segunda dimensión del pensamiento histórico, lo que se llama la
historia de la historia o historiografía.
La historiografía tiene su fundamentación en el descubrimiento de que el
historiador mismo, junto con el "aquí" y "ahora" ( o sea la espacialidad y
temporalidad) que forman el cuerpo total del testimonio de que dispone,
forma parte del proceso que estudia, es decir que el historiador tiene su propio sitio en el proceso a estudio, y sólo puede verlo desde el punto de vista
que en el momento presente ocupa dentro de él.
Los actos de la mente del historiador, no sólo son de pensamiento, sino
que este pensamiento es a su vez reflexivo, es decir que se ejecuta con la con•
ciencia de que se está ejecutando, y se constituye tal como es, precisamente
por esta conciencia.
Estos actos reflexivos, o por decirlo así, hechos a propósito, adrede, son
los únicos actos que pueden convertirse en materia de la historia, y preci-

samente por ello podemos afirmar que puede existir una historia política, una
historia de arte militar, una historia económica, corno también una historia

de la moralidad o de la religión, pues en cada uno de estos aspectos es la
mente reflexiva la que interviene en la forma especificada.

FILOSÓFICA DE LA HISTORIA

A la luz de lo sumariamente expuesto, tratemos a continuación de investi-

gar el papel y las facetas que nos presenta el historiador en la moderna concepción filosófica de la historia.
Al positivismo con toda su objetividad, la nueva filosofía de la historia le
opone ahora una clara conciencia del papel activo que en este orden del conocimiento se toma al sujeto: el historiador.
Son las categorías del historiador, su curiosidad, su experiencia humana

las que determinan, modelan y construyen la obra histórica.
Ya nadie osaría hoy reducir el papel del historiador al de un simple aparato registrador encargado de reproducir mecánicamente su cometido.

El progreso de la metodología crítica conduce a superar la distinción que
fue clásica entre la "realidad histórica" y el "conocimiento histórico" entre

.
'
el tJempo pasado, realmente vivido por hombres de carne y hueso, y la imagen que reconstruye de ese pasado la labor paciente del historiador. Por eso
lo real, lo material, la única realidad que denota el lenguaje es la "toma de
conciencia" del pasado humano, realizada en la mente del historiador y por
su esfuerzo. La realidad es la síntesis de los dos polos antes opuestos: está en
el vínculo que entre pasado y presente establece el acto creador del historiador.
Puesto que como hemos dicho, es una ciencia, la historia supone un objeto, este objeto es aprehender, comprender el pasado realmente vivido por

la humanidad.
Pero este pasado realmente vivido, esta evolución de la humanidad no
constituye propiamente la historia: ésta no es una simple calca de aquél o de

aquélla, sino que el pasado humano, cobrando vida en la conciencia del historiador, asume otro carácter, cambia de categoría ontológica. Desde luego,
lo que constituye la evolución de la humanidad, lo que ha "estado activo",

~s su pasado, la totalidad tan compleja de las relaciones causales, y este conJunto jamás se encontrará plenamente reflejado en el conocimiento, debido
a dos razones: a sujeciones técnicas ( cuantos "hechos activos" han desapa-

recido sin dejar trazas o huellas en nuestros documentos) y a servidumbres
lógicas (ya que del pasado, la historia no retiene sino los aspectos, los elementos que la "teoría del historiador" retiene entre sus redes). El historiador
puede desear formar una imagen sumaria pero exacta de este pasado inago-

table, seleccionando los hechos importantes y las causas profundas, pero esta selección estará siempre ligada a la doctrina que haya seguido para elegir

669
668

�los materiales, tanto esenciales como accesorios, y por tanto será dependiente
de la mente humana y no del objeto. A este respecto hay que insistir en que
sólo la mente divina por ser omnisciente y omnipotente, sólo ella puede poseer la totalidad del pasado, y la historia pensada por los hombres no representará nunca más que una selección.
Con razón, pues, podemos afirmar que mientras que nuestro ideal de la
historia se haga más comprensivo, es decir que mientras más trate de encontrar los aspectos más variados y diferentes del pasado humano, más se revela
como irrealizable el sueño de una historia total, universal. Podría pensarse
en una aproximación a ella, por medio de un rodeo, efectuando una síntesis colectiva a la que estuviesen asociados los sabios de una generación, o de
una época, pero en la medida en que tal colaboración fuese posible, la historia elaborada en tal forma, a lo más que podría llegar sería a reflejar la
mentalidad colectiva de una generación o de una época, y también tendría
que haberse operado en ella una selección arbitraria y limitada.
Toda historia lleva impresa el sello o marca de sus autores, pero lo que
fundamentalmente nos hace pensar que las ideas de los historiadores han
envejecido no es el hecho de los progresos y de los cambios realizados en
nuestra documentación, sino el que nosotros hemos cambiado, que no nos
planteamos ya los mismos problemas, que no juzgamos tampoco con los
mismos valores.
Además, en la historia, el pasado no aparece simplemente transcrito, reproducido, calcado, sino que está específicamente calificado; se le conoce en tanto que es pasado, no sólo porque ya estuvo cumplido, efectuado, sino también porque cuando fue real, vivido, constituyó el presente para los contemporáneos. Siendo el conocimiento histórico una relación entre los hechos de
antaño y la mente del historiador en la cual se actualizan, considera al mismo tiempo la distancia que nos separa de ellos, y por eso no es sino metafísicamente que se expresa del historiador que reanima, que resucita o revive
el pasado. Si por ejemplo estudio la vida de San Pedro, mi conciencia me
representa a la vez los acontecimientos en vías de suceder en el primer siglo de nuestra era, pero también y al mismo tiempo la distancia de diecinueve siglos que me separa de ella. Es pues en esta síntesis, entre la realidad viviente y la proyección al fondo del pasado, que se encuentra la esencia del espíritu histórico.
Por otra parte, este conoc1m1ento del pasado, en tanto que tal, es al mismo tiempo conocimiento del presente, pues vive en· la conciencia del historiador, introduce en la conciencia realidades espirituales de orden específicamente humanas, respecto de las cuales reacciona de modo característico, es
decir libremente, y esta libertad se extiende a toda la historia, vale decir que

nada de lo que es humano me será extraño, pues lo hago mío y puedo apropiarme sus valores o rechazarlos.
Por eso, desde cualquier ángulo que se la contemple, la historia revelará
siempre la misma síntesis: el objeto, el pasado, que no es aprehendido sino
por refracción a través del sujeto cuyo papel nos aparece siempre como más
importante. Bajo este subjetivismo se hace notable el cambio de postura filosófica en comparación con la concepción positivista, (obsesionada de objetividad), y por ello es justo decir que en la moderna concepción de la historia se ha operado una revolución copemicana.
En la actualidad ya no se consideran los hechos materiales como la esencia de la historia, ya no son sino la osamenta, es decir, son una condición necesaria pero no suficiente. El actual conocimiento histórico consiste, según
lo hemos afirmado, en comprender esos hechos y una profunda comprensión
de los hechos humanos exige que esa osamenta sea revestida con el ropaje de
los valores que le confieren una significación, es decir, deben ser reflexionados, y cuando hablamos de reflexión, toda subjetividad del historiador entra
en juego.
Más que una cronología crítica, la historia actual es esta nueva captura
de valores en un campo ilimitado, pues las categorías de la lógica se han extendido a todas las manifestaciones de la vida social, económica, religiosa y
artística. Mientras más penetramos en la comprensión de los valores se borran
más todos los límites a todas las aproximaciones posibles, todo se toma "evidencia potencial".
Es clásico decir que por ser una ciencia, la historia debe ser una actividad desinteresada, y ello es una verdad elemental, pero esta evidencia deja
intacto el problema propiamente filosófico del valor subjetivo, existencial de
la búsqueda histórica.
Este valor existencial de la investigación, de la búsqueda histórica, se palpa cuando vemos que, por más contingente y más gratuita que pueda haber
-sido en un principio la elección ~el tema por el historiador, desde aquel momento en que profundiza la investigación, desde el instante en que abandona el dominio esotérico de la erudición para convertirse verdaderamente en
historia, obliga más y más al investigador a entregarse a él, a poner en juego
todas sus facultades, a embeberse, a interesarse, a vivir en él, a hacerle una
dación completa de su alma, porque, como decía el maesfro Antonio Caso:
"Hay que escribir la Historia con toda el alma vibrante; sólo así se infunde
nueva vida en lo inerte y resurgen las instituciones y las creencias desaparecidas y cobra nuevos bríos el abigarrado conjunto de hombres y cosas evocado
sobre las ruinas ungidas con la predilecta veneración de los pueblos, sobre
el vasto acervo de reliquias seculares que deposita la humanidad en el pla-

670

671

'

�neta, al cumplir su destino constante: su muerte perpetua y su perpetua
resurrección" (Problemas Filosóficos).
Pero no hay que limitarse a describir el aspecto radicalmente subjetivo del
conocimiento histórico y recalcar sus rasgos negativos, sino que también hay
que subrayar insistentemente lo que tiene de positivo, de activo: si los testimonios y documentos no hablan, no arrojan luz, sino en la medida en la
cual el historiador sepa interrogarlos, podemos asentar que la historia sí es
una respuesta, una contestación a una pregunta que surge del fondo del alma del historiador, quien precisamente por eso tratará de solucionar el pn&gt;
blema central de su existencia; aquella interrogación a la que consagrará su
vida y su persona.

En los términos que a Sartre le sirven para la definición de su psicoanálisis existencial, para un historiador de auténtica vocación, es decir para aquel
que considera la historia no como un pasatiempo o una ocupación acciden-

tal, la búsqueda histórica es una manifestación empírica de esa idea original,
de ese deseo fundamental por el cual se encama y busca su realización la
persona humana.

píricos y ampliar su horizonte, que agranda la experiencia humana y la ayuda al planteamiento correcto de sus problemas, pero por sí misma ... no soluciona nada ...
Desde otro punto de vista existe también el peligro de poner demasiado
en relieve el carácter existencial de la búsqueda histórica... Sin duda, por ser
humana, debe esta búsqueda, en alguna forma, responder a una cuestión
fundamental, pero para ser fecunda, para ser verdaderamente historia, exige
del espíritu una cierta disponibilidad interior, un cierto desprendimiento, un
mucho desinterés.
Si la historia, si la búsqueda es, digámoslo ahora en otros términos, un encuentro con el "yo ajeno" de los hombres del pasado, exigirá del historiador
que siquiera por un momento salga de su subjetivismo, de su ensimisma-

miento, de la obsesión de sus propios problemas, y con el espíritu alerta realice la nueva experiencia, ya que en ella, como más directamente en el amor
y en la amistad, "nuestro yo" sale y se proyecta, para volcarse en el prójimo,
en el "yo ajeno", en el objeto de nuestras inquietudes y desvelos.

¿Quién podrá negar el profundo valor, que con tales presupuestos, y des-

Sartre y los existencialistas, han descrito con aspectos más o menos llamativos y conmovedores este carácter existencial de la búsqueda histórica: para ellos, el diálogo que el historiador sostiene con el pasado se convierte en

de el punto de vista existencial, reviste tal encuentro?
Sin embargo, como bien pudiera pensarse que tal aventura con el "yo aje-

una interrogación angustiosa que con la vista al futuro, formula el hombre a
sus antepasados, a sus hermanos o modelos de antaño, y poniendo de relieve

chos es Ia historia-, o bien, que tal contemplación no sea gratuita sino en

la temporalidad humana juegan con la ambigüedad de la noci6n de la historia describiendo la labor del historiador como un acto por medio del cual
'
el hombre
histórico trabaja en su propia realización.
De todo lo dicho, no hay que forjarse una idea demasiado optimista de la
historia o esperar y exigir demasiado de ella. No es de ella que recibirán su
solución los problemas fundamentales de la existencia; precisamente estamos

viendo y queremos demostrar, que la aportaci6n principal de la nueva temia
de la historia, reside en el hecho, bien establecido hoy día, que la verdad de
sus resultados, la verdad de los valores propiamente humanos (no de las
verdades de hecho que establece la historia) , está dada por completo, con
sus características y límites, en los "presupuestos doctrinales que la subjeti-

no" pudiera reducirse sólo a una contemplación estética -lo que para mu-

apariencia -cuando no hay desinterés- precisa asignarle un valor, lo que
nos puede conducir a una deontología o ética práctica; pero también al punto neurálgico de nuestro tema: "lo que debe ser el historiador".
A partir del momento en que se reconozca que mientras tanto vale el hombre, tanto vale la historia, se tomará uno más exigente: la fecundidad, sin-

ceridad y hondura del trabajo histórico estará en proporción directa de la
riqueza humana del historiador; mientras éste sea más inteligente, cultivado,
accesible a las cosas y a lo humano, sincero, ético y rico en experiencia, más

será capaz de comprender, de encontrar en el pasado el equivalente de esos
valores, y consecuentemente su estudio será más rico y verdadero.
Si pues, en los testimonios que maneja el investigador todo es evidencia

ción". La verdad de la historia se convierte en una función de la verdad de

potencial, como hemos dicho, resulta que el historiador debe, además de las
características apuntadas, tener otras, saberlo todo, haber leído todo. . . y
como desde luego y por más esfuerzos que el pobrecillo realice, no alcanzará

la filosofía profesada implícitamente o no por el historiador.

jamás este desmesurado y ambicioso desiderátum, resulta que la ecuación per•

vidad del historiador impuso desde un principio como marco a su investiga-

La historia por sí misma no puede alimentar una vida interior, no puede
forjar una cultura, ni ser su eje, su elemento director o su alma: tal papel
pertenece a la mente especulativa. La historia debe ser considerada como
una disciplina auxiliar a la mente, que sirve para proporcionarle datos ero-

672

sonal (cultura y temperamento) definirá su competencia, como de hecho la

ha definido siempre.
En efecto, no cualquiera puede desarrollar cualquier investigación, cualquier tema; antes que nada se debe estar interior y espiritualmente, de acuer673
H43

�do con el objeto de la investigaci6n. Para llevar a cabo la historia del arte
es necesario poseer una sensibilidad estética desarrollada y rica de contenido· para elaborar una historia del cristianismo se necesita ser capaz de concebir lo que pueda ser el fen6meno religioso hasta llegar casi a sus aspectos
místicos, y por más sutileza que se posea para comprender la .mente y las acciones de un hombre es menester tener en común con él cierto parentesco
psicol6gico que permita sentir y revivir las emociones, las ideas y las convicciones que fueron suyas.
.
Ciertamente el historiador debe, al empezar su tarea, estar animado de un
espíritu crítico extremadamente despierto y vivaz, pero alentar en él solamente la crítica es exponerlo a desechar los filones más nobles de. la ~
riencia, y si esta actitud desconfiada perdura a todo lo largo de su mvestigaci6n le perjudicará, imposibilitándolo para reconocer los verdaderos valores
humanos, ahí donde existan.
.
El exceso o abuso de la crítica, la hipercrítica como se ha llamado, la mvestigaci6n y lucubraci6n, exclusivamente teniendo en cuenta el hecho ~terial han conducido a múltiples errores, pero además han puesto en evtdenci~ a sus sostenedores más ardientes. ¿ Quién podría poner en duda hoy,
la autenticidad por ejemplo, de los testimonios extraídos de las catacumbas
romanas o de la tumba de San Pedro, o del libro de Isaías, como lo puso
en duda' el siglo XVII?
Si por el contrario el historiador, en último análisis, trata de com~render,
de penetrar en las profundidades del alma de los hombres de ?tros tiempos,
y con su espíritu totalmente abierto examinar sus actos, y su vida entera, la
virtud suprema deberá ser en él, la "simpatía", esa disposición anímica q~e
nos hace connaturales con el pr6jimo, con el "yo ajeno", que nos penmte
volver a sentir sus pasiones, volver a pensar sus ideas, a experimentar SUS
afectos O a gozar con sus triunfos y deprimimos con sus desd!chas, y todo
ello bajo la misma luz, a través del mismo prisma que se las hizo conocer a
él como verdad.
Por eso y con justa raz6n coincid~os en este ~.unto c?n el. p:n.samien~
del Maestro Antonio Caso, cuando afumaba, que el sentido h1stonco -di
ce Hoeffding-, es una forma de la simpatía universal. _Aca~o sea. la forma
suprema de la simpatía humana. Saber interpretar en smtes1s ~ummosas. los
lances sucesivos de la vida de la especie, es no s6lo entender, smo amar, es
amar intelectualmente como amaba Spinoza, como S6crates amó, como han
sabido amar los que en el desarrollo indefinido del pensamiento al través de
· · el conocim1e
· · nto y la
sí mismo llegaron a' unificar en un acto d e conc1enc1a,
· precisa,
· geome'tn· ca.' de. la
emoci6n,' la representaci6n y la voluntad, la 16g1ca
pura raz6n, y la 16gica del instinto y el sentimiento. La verdad h1st6nca,

humana, por excelencia, como la metafísica, no se engendra sino en la armonía de las ideas y la intuici6n, dentro de la íntima coherencia del espíritu" (El concepto de la Historia Universal y la Filosofía de los Valores).
Creemos que nadie puede improvisarse en historiador si no posee en términos generales esta tendencia a la simpatía que permite la comuni6n con el
prójimo. El historiador debe poder realizar esta total entrega de sí mismo,
a todo lo que de humano encuentre: Bi6grafo de Napoleón necesita comprender sus ambiciones tanto como el alma de acero de Wellington... Historiador de Hidalgo, compenetrarse con su papel de Cura y sus sentimientos de Ministro del Señor, como con la lucha interna que debió sostener al
desobedecer la autoridad eclesiástica, al mismo tiempo que vivir su afán libertario, pero asimismo poder tener conciencia plena del rencor de Calleja.
Creemos también, que el mejor historiador de un hombre o de una época,
o de un acontecimiento, podrá ser aquel que, por su estructura mental y su
propia experiencia humana se encuentre lo más cerca, lo más Citrechamente
vinculado al espíritu que antaño anim6 a su héroe, o prevaleci6 en ese período.

Por otro lado, pensamos que la simpatía a su vez, no debe constituir la
única virtud del historiador; el ideal sería conciliarla con el más fino espíritu
crítico y con la intuici6n ya que como decía el Maestro Caso: "la misión
primera del historiador es, como la del sabio, un esfuerzo de análisis, un procedimiento de crítica, pero su misi6n última es un esfuerzo de reconstrucci6n, que s6lo puede lograrse merced a la intuición que revive y anima en el
espíritu la realidad exánime de los datos, las fuentes y los monumentos de
la historia" (Problemas Filos6ficos), pero como de hecho estas diferentes virtudes se encuentran desigualmente representadas en cada investigador, los
excesos de unos de ellos tienden a provocar la enmienda de los otros, circunstancia que hay que tener presente al considerar que el progreso de la historia es en mucho la resultante de un esfuerzo colectivo.
Estimamos que como la investigación histórica, en resumen, es una aventura interior a la que se entrega totalmente el historiador, como constituye
el esfuerzo de un alma que busca la resolución de un problema que es fundamental para ella, como esta interrogaci6n al pasado, se toma quizás la
meta de su destino, debe preocuparle más hallar la respuesta a la pregunta
de "¿Dónde está la verdad?", y llegar a ella totalmente, y para sí, que la
elaboración de un conocimiento objetivo y valedero para todos.

Al través de este valor personal, que podríamos como lo hemos hecho lla-

.
'
mar existencial,
la investigaci6n imperativamente se tomará más rigurosa
porque el crítico más exigente será la propia conciencia del historiador la
cual a la postre es siempre el juez más implacable.

674
675

�LOS PROBLEMAS DE LA UNIVERSIDAD DE MASAS EN LA
AMJ!RICA LATINA

Da. Lucm

MENDIETA Y

NúÑEz

Universidad Nacional Autónoma de México

INTRODUCCIÓN

LA EDUCACIÓN SUPERIOR ALCANZA cada día mayor importancia en los pueblos latinoamericanos y sus centros universitarios son, año con año, mate-

rialmente asaltados por un número siempre mayor de estudiantes que tratan
de ingresar a ellos.
Pero sucede que la velocidad con que se desarrollan en esta época los fenómenos sociales es superior a la previsión y a las posibilidades de las ciencias
que tratan de resolverlos y a los recursos materiales de que se pueden disponer
para hacerles frente.
Resulta por esto de gran interés el análisis de los problemas que plantea el ingreso a la Universidad.
El ingreso de los estudiantes a la Universidad se hace cada vez más dificil y ofrece diversos problemas que nos proponemos tratar en este breve ensayo en el que tocaremos cuatro temas íntimamente relacionados.

1) El aumento masivo de 1a población estudiantil.

2) La deficiente preparación de los estudiantes en el ciclo secundario.
3) La orientación vocacional y
4) Las necesidades reales de la sociedad.
Nuestro ensayo no se refiere a un país determinado ni a una Universidad

particularmente considerada, sino que tiene un carácter general; pero está
basado principalmente en la experiencia actual de las Universidades de la
América Latina.
\

677

�1) El aumento masivo de la poblaci6n estudiantil. El aumento masivo de
la población estudiantil es un fenómeno universal que está relacionado con el

hay buen número de catedráticos poco escrupulosos o carentes de energía que

aumento general de la población en todos los países del mundo y en consecuencia es absolutamente normal y benéfico puesto que al crecer el número
de habitantes son mayores las necesidades económicas, científicas y culturales de la sociedad que deben ser proveídas necesariamente por más profe.
sionistas, científicos y técnicos, pues un déficit en estas tres clases de intelectuales provocaría muy serios desajustes en el desarrollo de los pueblos.
Pero el constante aumento de estudiantes crea el problema de la superpo-

a todos sus alumnos con altas puntuaciones y así influyen en el promedio general que obtiene cada estudiante restándole valor efectivo.
Otro procedimiento que se emplea para dificultar el ingreso a las uni-

blación de las universidades que ofrece varios aspectos:
A. El económico desde luego, porque exige crecientes erogaciones por par-

"regalan calificaciones", son los llamados "profesores barco" porque pasan

versidades y que nos parece más realista y más justo, es el de los exámenes
de admisión cuando se sujetan a cuestionarios bien elaborados, porque entonces todos los aspirantes a carreras universitarias quedan en igualdad de

circunstancias y hasta los que hayan obtenido bajos promedios en sus anteriores estudios, pueden prepararse convenientemente para tener éxito en las

pruebas de admisión.

te del Estado para construcción de nuevos edificios) sostenimiento de una
burocracia universitaria y de un profesorado cada día más amplio y la com-

Pero cuando la corriente estudiantil de nuevo ingreso es muy voluminosa,
se corre el peligro de que el número de examinadores no sea suficiente y

pra de equipos escolares, científicos, técnicos, deportivos, ministración de becas y de seivicios cada vez en mayor cantidad.

ficientemente.

B. .El didáctico en vista de que es difícil hallar número suficiente de eatedráticos de reconocida competencia para que atiendan a los grupos de clase que se multiplican cada año.
C. El de la disciplina porque el paso de las universidades de escasa población escolar a las actuales universidades de masas, que han dado lugar a la
aparición del líder estudiantil y de grupos juveniles de presión, dificultan
mucho el mantenimiento del orden en Escuelas y Facultades y aun en el
interior de las aulas.
Se pretende resolver la cuestión del aumento masivo de la población estudiantil en las universidades, cerrando el paso a quienes no lleguen a ellas con

un alto promedio de calificaciones de las escuelas secundarias o preparatorias; pero este sistema resulta injusto :

a. Porque la experiencia enseña que hay muchos estudiantes' que habiendo hecho una secundaria y una preparatoria con medianas calificaciones, en
las escuelas profesionales mejoran y algunos resultan verdaderamente bri-

llantes.
b. Porque a las universidades desembocan dos corrientes de alumnos: la
que viene de establecimientos escolares oficiales y la de las escuelas privadas.
En éstas a menudo se aumentan deliberadamente las calificaciones sobre las
'
'
.
que en realidad merecen los estudiantes para facilitarles el ingreso a las um·
versidades.
c. Tanto en las escuelas secundarias y preparatorias oficiales y privadas,

678

de que por la premura de tiempo y el cansancio, se realicen las pruebas deLa única solución
tiría en mantener los
universidades en vez
las universidades de

posible a este problema, en nuestro concepto, consisexámenes de admisión; pero creando nuevas pequeñas
de las grandes ciudades universitarias y fortaleciendo
provincia para evitar que afluya una corriente exa-

gerada de población estudiantil a las universidades de las capitales o a las
de mayor prestigio.
Al propio tiempo, el Estado por medio de subsidios o de exenciones de
impuestos debe favorecer y estimular el establecimiento de universidades privadas que se incorporen al sistema general de enseñanza; pero cuidando de

garantizar la idoneidad y la eficiencia de cada una.
De este modo se volvería a la antigua universidad selecta, de escasa población escolar, y se acabaría con la universidad de masas que como hemos
visto, crea muchos problemas y disminuye la calidad de la preparación universitaria.
Es claro que esta nueva organización de los altos estudios y de la enseñanza profesional requeriría una legislación adecuada o cuando menos un
acuerdo entre todos los centros universitarios de cada país a fin de no admitir en una universidad la inscripción de alumnos que vivan en lugares en
donde les corresponde otra, sino en casos excepcionales debidamente reglamentados y drásticas medidas para determinar el cupo máximo de escuelas
Y facultades y para mantenerlo con objeto de evitar que descienda su calidad

por exceso de estudiantes y falta de profesores, de aulas y de elementos administrativos y didácticos.

2) La deficiente preparación de los estudiantes en el ciclo secundario. Una

6i9

�vez resuelto el problema del aumento masivo de la población estudiantil
mediante la multiplicación y la localización racional de las universidades,
surge el relativo a la deficiente preparación que adquieren los estudiantes en
el ciclo secundario.

En efecto, los profesores de las escuelas preparatorias y especialmente los
de las profesionales se quejan de que se les dificulta mucho desarrollar sus
enseñanzas porque los alumnos carecen de los conocimientos previos indis,.

pensables para comprenderlas y asimilarlas.
Esta crisis de adaptación que sufren estudiantes y maestros al pasar aquéllos de un ciclo a otro sólo puede resolverse, a nuestro parecer, llevando al
cabo una revisión general de la educación secundaria, preparatoria y profesional para articular los planes de estudio con precisión de materias y de
métodos de enseñanza y de sistemas de evaluación del aprovechamiento, a
fin de establecer entre ellos un eslabonamiento riguroso y una continuidad
pedagógica eficiente.
Como a pesar de todo los desajustes subsistirían aún cuando fuese en
menor grado, el examen de adnúsión al que ya nos hemos referido, obligaría
a los estudiantes de nuevo ingreso a las escuelas preparatorias y a las profesionales, a superar su deficiente preparación y a adquirir especialmente los
conocimientos básicos necesarios al correspondiente nuevo ciclo de estudios.

En las universidades en donde la preparatoria o bachillerato establecen
diferentes programas en función de las carreras que puede elegir el estudiante, una revisión de esos programas, métodos de enseñanza y sistemas de
evaluación del aprovechamiento para adaptarlos rigurosamente a las exigencias de las escuelas y facultades profesionales, resolvería el problema de la
deficiente preparación del alumnado de nuevo ingreso que en éstas se advierte. En las universidades de bachillerato único es necesario establecer en

cada escuela o facultad un curso de un semestre de estudios intensivos previos para preparar al estudiante de nuevo ingreso en las materias que nece-

sita conocer a fondo para abordar con éxito el aprendizaje profesional.
Establecida y perfeccionada así, la nueva organización universitaria, surge

otro problema de trascendencia social: el de la orientación vocacional Y
profesional.
Si el Estado hace grandes desembolsos para sostener a las universidades,
tiene derecho a exigir por esto y para defensa de los intereses sociales, que
de ellas salgan profesionistas bien preparados; pero esa preparaci6n no sólo
depende de la excelencia de la organización universitaria y de sus enseñan•
zas, sino también de que cada estudiante elija la carrera para la que sea
realmente capaz. Cuando esto no sucede, se producen frustraciones en el
680

individuo que eligió erróneamente una profesión y no siendo competente en
ella, es incapaz de prestar a la colectividad servicios eficientes.

3) La Orientación Vocacional. Es éste el problema de la orientación
vocacional o profesional, pues se llama de estas dos maneras estableciendo
una confusión que es necesario deshacer.

En el Seminario celebrado en Caracas, Venezuela, durante los meses de
agosto y septiembre de 1948, se definió la educación vocacional incurriendo
en la confusión aludida pues se dijo que: "Es la que, sin desatender los aspectos esenciales de la Educación Fundamental, forma, instruye y capacita
para adquirir una profesión, arte, oficio u ocupación que pennita ser individual y socialmente útil". 1
Pero como dice acertadamente Fingermann, la vocac10n es una disposi-

ción de carácter subjetivo. La vocaci6n -la palabra lo dice-- es como un
llamado desde afuera; pero en realidad es una inclinación que va desde
dentro hacia determinadas tareas o actividades. A veces es la repercusión,
en la conciencia, de una aptitud subyacente. Mas por desgracia, no siem-

pre la vocación sentida está combinada con la presencia real de una aptitud.
¡Cuántos se creen poetas sin serlo! 2
En consecuencia, la vocación tiene que ver con las disposiciones innatas

que inclinan al individuo hacia determinadas actividades, se da principalmente en la esfera del arte. La educación vocacional sería aquella que Ir.atara de mejorar las aptitudes correspondientes a la vocación y de cultivarlas, una vez descubierta; pero que en el arte fracasaría cuando la vocación
en el individuo no estuviese complementada con la aptitud porque ésta se
puede mejorar con la educación, pero no se puede crear. Eñ cambio la

educación profesional, sin desdeñar la vocaci6n se refiere principalmente a
las aptitudes. No todos los individuos tienen vocación para algo; pero todos
tienen aptitud para algo.
La orientaci6n profesional parte de la determinación de las aptitudes de

cada persona para señalarle ·¡a profesi6n que más le conviene estudiar.
La vocación y la profesión a veces se integran en una sola unidad; pero

también pueden coexistir. Hay profesionistas eminentes dotados de grandes
aptitudes profesionales que al propio tiempo sienten y cultiv,!Il una vocación: Cirujanos que aman con fervor la música; abogados que en sus horas
1

Seminarios Interamericanos de Educación. No. 9. Universidad de Maryland 1952.

Unión Panamericana. Washington, D. C. 19541 p. 61.
1
GREGORro FINGERMANNi Fundamentos de Psicotécnica. El Ateneo. Editorial. Buenos Aires, Argentina, pp. 55 y 56.

681

�de ocio se dedican a la pintura; ingenieros que se sienten fuertemente atraídos por la aviación o por la política, etc., etc.

Si pues, las universidades tienen por objeto preparar a los estudiantes
para las profesiones liberales, para la ciencia y las disciplinas filosóficas, lo
que les corresponde específicamente es la orientación profesional y no la
vocacional.
Para cumplir adecuadamente su misión, toda universidad ha de tener un
servicio de orientación profesional al que deben acudir los estudiantes al
terminar la educación secundaria en aquellos países en donde existe el ba-

chillerato diferenciado y en donde hay bachillerato único, al concluir los
estudios de éste, puesto que la orientación profesional tiene por objeto descubrir las aptitudes del alumno antes de que se decida por una profesión
específicamente determinada.
Los tests descubren cualitativa, y cuantitativamente, las aptitudes de los individuos, ya sean físicas, técnicas o manuales; pero deben escogerse y agruparse
convenientemente para formar las "baterías de tests" que no solamente revelan las posibilidades de cada quien sino como dice Fingermann, la personalidad global del sujeto, su tipo psicológico.
Sin embargo, a nuestro parecer, el servicio de orientación profesional debe
ser obligatorio en las universidades para todos los estudiantes de nuevo ingreso; pero no así sus diagnósticos. En los países democráticos no puede imponerse el estudio de una profesión determinada y prohibirse otras a los
alumnos que llegan a los centros universitarios con el propósito de hacer una
carrera, sólo porque el diagnóstico del servicio de orientación profesional sea
negativo. Eso significaría una imposición contraria al principio democrático
de la libertad individual.
En primer lugar, aun cuando aceptemos con Fingennann que "con los tests
se obtienen verdaderas radiografías del espíritu" hay que tener en cuenta
que, como el mismo autor lo advierte, no basta la radiografía, sino que es
necesario saberla interpretar y no puede hacerse víctima a los estudiantes de
posibles errores de interpretación.
Por otra parte, no es raro que una persona demuestre aptitudes para varias
profesiones. Hay, inclusive, quienes siguen con éxito dos, quienes son médicos
y abogados, abogados y economistas, etc., etc.
El servicio de orientación profesional, ha de ser, en consecuencia, una especie de consejo científico que estará contenido en el diagnóstico que se entregará a cada estudiante; pero dejándolo en libertad de aceptarlo o no. Es
de suponerse que en la mayoría de los casos lo aceptará, que servirá para que
los alumnos y sus familiares recapaciten sobre la carrera elegida si no es la
indicada como más conveniente en el diagnóstico.

682

4) Las Necesidades Reales de la Sociedad. El servicio de orientación profesional de las universidades, tiene que organizar sus baterias de tests, en función de un cuadro determinado de actividades científicas y técnicas que formará de acuerdo con las necesidades del país correspondiente para canalizar
a las corrientes de estudiantes que llegan cada año a los centros universitarios,
hacia aquellas profesiones que sean más necesarias en un momento dado.
La orientación profesional, además del diagnóstico, debe dar a cada estu.
&lt;liante una información escrita sobre las finalidades, el contenido y el sentido
social de cada carrera y una explicación clara de la forma en que esa carrera
se practica y de lo que de ella pueden esperar desde el punto de vista
económico.
Les presentará también un cuadro realista de las necesidades del país en
cuanto a profesionistas y técnicos de las diferentes ramas de las ciencias de
la naturaleza y de las ciencias sociales.
En resumen:
l. El problema de superpoblación escolar que crea el aumento masivo de
la población estudiantil, sólo puede resolverse a) creando y distribuyendo adecuadamente en el territorio, nuevos centros universitarios para descongestionar los ya existentes y para evitar el surgimiento de más universidades de
masas que ofrecen innumerables problemas y ningunas ventajas.
II. La deficiente preparación que adquieren los estudiantes en el ciclo
secundario es una cuestión que sólo puede resolverse revisando y reestructurando los programas de estudio de esas escuelas en función de las necesidades
científicas de las escuelas y facultades profesionales y estableciendo en éstas,
el sistema de exámenes de admisión de acuerdo con bien estudiados cuestionarios que comprendan la preparación fundamental para la carrera de. que
se trate.
Estos exámenes a la vez que serían una criba que detendría a los incompetentes, servirían para subsanar los defectos de la preparación del ciclo secundario en los que lograran aprobarlos.
III. Los alumnos que llegan a las escuelas y facultades profesionales de
la universidad, deben ser ilustrados por un servicio eficiente de Orientación
Profesional sobre la carrera que más les con viene elegir de acuerdo con sus
aptitudes; pero este servicio ha de ser simplemente de orientación y no de
imposición.
. IV. La Orientación Profesional comprenderá, además del diagnóstico, una
mformación sobre las necesidades reales del país por lo que respecta a profesionistas y técnicos, sobre las finalidades, el contenido, el sentido social y las
perspectivas de cada profesión.

683

�EL DERECHO Y EL SENTIDO COMÚN

Lic. Lms M. FAR.ÍAs
Universidad Nacional Autónoma de México.

ToDA LA VIDA SOCIAL se encuentra profundamente permeada por el Derecho,
cada día más acentuadamente la legislación invade las varias actividades humanas, por lo que, con cada día que pasa, es más acusada la necesidad para
tocio hombre de tener un mínimo de conocimientos jurídicos. La noción del
derecho resulta así indispensable para el que anhela vivir en armónico concierto con los demás y ser útil a la comunidad.
Sin embargo, salta a la vista que aquellos que se dedican al estudio del
derecho y los que de él viven parecen perderse en un laberinto de leyes y de
f6nnulas olvidándose de la esencia y los fines del Derecho.
Ha habido épocas, y parece que hoy regresamos a ellas, en que las palabras
estaban dotadas de poder mágico, en que se daba más importancia a la forma
que al contenido, a la ley que a la justicia, a la fórmula que a la verdad, y
así en juicio, era preciso pronunciar fórmulas sacramentales sin cambio alguno, so pena de perder el pleito. El Derecho pasa a convertirse en rito, el
proceso deja de ser una búsqueda de la verdad con miras a impartir justicia
para convertirse en un ritual en el que se premia la habilidad para manejar
f6rmulas y se castiga la ignorancia de ellas.
En un examen profesional escuché a un distinguido maestro preguntar al
que se examinaba -y lo hacía en serio- si creía que los tribunales eran
creados para impartir justicia, y cuando el examinado respondió categóricamente que sí, el maestro rio benévolo y se mofó de lo que consideraba ingenuidad juvenil. Y es que, para muchos, los tribunales, todo el aparato de
la justicia nada tiene que ver con la justicia y la verdad sino simplemente con
el respeto a las leyes, a la letra de la ley, su función es -para ellos- nomofiláctica: custodio de la ley, no custodio de los derechos del hombre.

685

�Este es el peligro que confrontamos. La pérdida de la perspectiva, el olvido de los fines para ver s6lo la forma y la praxis.
Si a esto añadimos el descrédito de la profesi6n, la falta de fe que universalmente se tiene para el derecho, el desaliento que los abusos y los en.
gaños han llevado a la mente de los legos, la creciente cañ\idad de burlas de
que se hace objeto a nuestra ciencia, no podemos menos que alarmamos.
Recientemente ha aparecido un libro -interesantísimo-- del español Juan
Gómez Jiménez de Cisneros en que con gala de erudición y agudo ingenio
recopila cuanto de malo se ha dicho en contra del derecho y sus oficiantes a
través de los tiempos y por todos los medios: chascarrillo, novela, anécdota,
teatro, periodismo, radio, cine y televisión.
Todo esto nos debe mover a llevar al ánimo del estudiante la . advertencia
de lo fácil que es caer vencido ante el atractivo de las formas con descuido
de las esencias humanas del derecho.
Hace ya algún tiempo leí con verdadero interés un libro del jurista inglés
Sir Paul Vinogradoff, titulado Common Sense in Law, o sea: El Sentido Común en el Derecho. Años después se public6 en nuestro idioma bajo el nombre de Jntroducci6n al Derecho. La obra es fecunda y Jlena de sugerencias;
pero quizá lo más sugestivo de todo sea el título original suprimido, desgraciadamente, en su edición mexicana. Pensando en lo que escribí al iniciar

este estudio y recordando el libro de Vinogradoff, he escogido el tema de
El Sentido Común y el Derecho.
Desde luego no pretendo ser original, lo que escribo será simplemente un
recordatorio para todos los estudiosos. Pero, después de todo, me complazco en

recordar lo que alguna vez me dijo el licenciado Mariano Azuela con su característico humor: "En derecho sólo hay dos clases de escritores: los que
ponen las comillas y los que se las comen". Respetando pues las comillas, entremos en materia.
Todo el que acude a una escuela de jurisprudencia cree tener ideas muy

claras sobre el Derecho, la Ley y la Justicia, algunas veces es cierto. Todo el
que viene a estudiar sueña con ser un paladín de la justicia y un campeón
de los desheredados. Pero -primero el estudio- y después la práctica van
envolviéndolo en las teorías y las f6rmulas. Principia por admirarse de la
eficacia de las f6rmulas y termina por creer en ellas con grave detrimento
de sus limpios ideales, y las ideas claras que antes tenia quedan en el olvido
cubiertas por un cúmulo aplastante de preceptos y f6rmulas. Los primeros
triunfos profesionales inflaman su vanidad, hacen luego su aparici6n los
intereses y la ambici6n y el joven, que lleg6 a la escuela con el ánimo de
luchar por la verdad y el bien, pasa a ser un virtuoso de la eficacia, un

686

manipulador del sofisma, un adalid de la mentira, un adorador del éxito fácil, un cínico que se ríe de la justicia y no cree en la verdad.
El sentido común debe ser nuestro aliado para volver al camino recto, des-

cubriendo la esencia del derecho, del Derecho en su sentido universal, no del
positivo manifestado en leyes.
Es preciso tener nociones claras de los conceptos fundamentales, saber qué

es hombre, qué familia y sociedad y estado, derecho, justicia, ley y moral.
Sin estas nociones generales nos perderemos en los laberintos de las reglas
y la casuística.
El hombre -animal racional- es un ser social, un ente que por su ca-

rencia y por su dignidad requiere de la colaboraci6n de sus semejantes. Por
ser débil e insuficiente necesita hallar en la colaboración las satisfacciones que
aislado no alcanzaría. Por ser superior y tener dignidad exige la comunicación con los demás para expresar su amor. El espíritu pide comunicarse, por
eso posee el habla, la materia impone necesidades que sólo encuentran cumplimiento en la participación de sus semejantes.
Así surge el grupo humano cuya primera expresión es la familia. Ésta nace
por virtud de la diferencia de sexos y la tendencia o instinto de conservación
de la especie. Pero no basta la unidad familiar para satisfacer el instinto gre-

gario del hombre, las familias se van sumando hasta constituir la ciudad y
luego el Estado.
Es el sentido común el que nos indica que el hombre necesita de la sociedad, no conocernos al hombre viviendo de otra manera. Un Robinson, aparte
de ser creación imaginativa, no está aislado, Ileva consigo la ciencia de su
tiempo y aun estos conocimientos no le satisfacen y encuentra su "Viernes",

el nativo que le acompaña y al que enseña, así pues el propio De Foe está
indicándonos lo indispensable que es para los humanos la comunicación.

"Aquel que no tiene necesidad de los demás -dej6 escrito Arist6teles- ha
de ser o bestia o Dios: no es parte de un Estado". "Hay por naturaleza, nos

dice el mismo fil6sofo, un instinto o tendencia en todo hombre hacia la sociedad". Y el viejo rapsoda Homero en la Ilíada recomienda: "Huíd de todo
hombre que vive sin leyes, sin familia, ni hogar, sin afecciones . .."

De esa tendencia del hombre hacia la sociedad nacen los agrupamientos humanos que se hacen para complementar las carencias naturales de los hombres.
Y bien, tenemos ya la sociedad, sea esta familia, o ciudad o Estado en el
sentido moderno. ¿ Podrá una sociedad vivir sin normas, sin leyes, sin derecho? Volvamos a Homero, ahora en la Odisea, cuando Ulises charla con el
Rey Alcinoo: "Cada quien dicta leyes para su esposa e hijos". Queriendo
decir que no es concebible ninguna agrupaci6n humana sin que esté dotada
de leyes, de normas, de reglas. Es absurdo imaginar siquiera una sociedad sin

687

�derecho, vale decir sin normas, tanto como lo sería pensar en_ el ~er:ch_o sin
atender a la realidad social; una y otro van a lo largo de la H_1storia ~nd15?lublemente unidos. En efecto, una sociedad -cualquiera. sociedad unagmable--- sin normas no sería colaboraci6n y mutua ayuda smo mutuo estorbo,
confusión y choques que terminarían en la violencia._ Y un derecho en ab_stracto
sin pensar en los sujetos del mismo, carece de senado. El derecho es siempre
relaci6n de hombres. Todo derecho hace referencia a las personas. Alguno
podría alegar que los derechos reales son domi_nio de un h~~bre sobre una
cosa; pero en verdad no es -si bien se ve-- smo una re!ac1on humana ~r
la que un hombre tiene imperio sobre una cosa y los &lt;lemas, todos los &lt;lemas,
tienen prohibici6n de disfrutar de aquella cosa asignada por el derecho a uno.
El Derecho se crea para el hombre porque la convivencia que es producto
natural requiere del orden para subsistir.
.
Por encima de todas las agrupaciones humanas está el Estado que se diferencia de todas por su mayor extensi6n y superior misi6n. El Estado_ no es
a un agrupamiento espontáneo sino conscientemente creado con miras al
~ienestar colectivo y se da leyes para armonizar esfuerzos y preservar el orden. El Estado tiene tres elementos que lo constituyen: Gobierno, _gobernados
y territorio. Su existencia implica la idea de soberanía en el sentido, ~e que
no tiene nada por encima, de que es autosuficiente en el orden poht1co, de
que se da a sí mismo sistemas y leyes para su organizaci~n. Esto, desde luego,
sin perjuicio de mantener relaciones de interdep_endenc1a con ot~os E~tados
soberanos y con organismos supranacionales que llendan a la coex1stenc1a pacífica. Ahora bien, ¿ cuál será la funci6n primordial del Estado? Debe ser la
administraci6n del bien común, propiciando todo aquello que lleve a sus
miembros a la práctica de las virtudes sociales. Si el Estado se forma con
miras al bien común todos sus miembros aportarán su esfuerzo Y su _colaboraci6n porque todos están interesados en ello. En el ~stado la ~c1edad
obra y vive merced al concurso de sus miembros orgamzados mediante la
acción de la autoridad. Y toda sociedad organizada, todo Estado supone la
existencia de una autoridad encargada de la coordinación del actuar de todos
los miembros con miras a su fin propio: el bien común.
Ser miembro de un Estado implica una renuncia a la libertad P:i:s&lt;&gt;nal;
pero esa renuncia se ve suplida con ventaja por los resultados y bcnef1c1os, ya
e Como afirman algunos autores, "el hombre sólo llega a ser todo lo que
qu '
.
'] .
". o
tiene la obligación de ser, a cambio de deJar de ser solament~ e m~smo ,
como pensara don Antonio Caso: sólo en el abandono del ego1smo, solo en la
entrega absoluta se encuentra la plena libertad.
Pero no podemos detenemos aquí. El Estado que es soberano Y que _es
autónomo necesita de una Ley Suprema que establezca el sistema de trabajo,

la forma del cuerpo directivo, que fije los límites del poder público y señale
los derechos de los miembros de la sociedad. Es decir, el Estado requiere de
una Constitución. Esta podrá ser escrita o tácita; producto de la tarea de un
cuerpo legislativo constituyente o consecuencia de un largo proceso de Ja
tradición y la costumbre; pero siempre existirá en el Estado. Y será como Jo
quiere Hauriou equilibrio entre el Poder, la Libertad y el Orden. La Cons.
titución señalará principalmente la forma de Gobierno.
Las formas de Gobierno, enseñaba Aristóteles, son tres: Monarquía, Aristocracia y Democracia con sus correspondientes formas viciosas de Tiranía
Oligarquía y Demagogia. Y en esta exposición del estagirita queda de mani~
fiesto que lo fundamental es el hombre pues no es la ley ni la forma las que
~n buenas o malas sino la manera en que el hombre las maneja y las aplica.
Sm embargo el propio peripatético indica que la mejor de las formas es la
democrática y en nuestro tiempo el uruguayo Carlos Vaz Ferreira nos dice
que la democracia es superior en tres planos: el bien del menor mal; da mejores resultados; y estimula el desarrollo de la personalidad. En la democracia
5«: evit~ males y abusos, en ella se obtienen resultados de libertad y sana conv1venc1a y en ella la persona puede desarrollarse mejor para su propio bien y
para el bien de los demás.
_La existencia de Estados Democráticos -lo veremos con mayor detenimiento un poco más adelante-- implica íntima relación entre el derecho y la
~oral, y la necesidad de considerar a la ley no como simple forma y sanción,
smo como precepto cargado de contenido ético. Pues la identidad entre Estado
y Derecho nos lleva a la justificación de todas las tiranías.
Veamos ahora qué es el Derecho. El punto no es fácil. Empezaremos por
recordar que hay más de doscientas definiciones, lo cual ya nos indica Ja
falta de acuerdo entre los tratadistas respecto a su verdadera definición. Las
hay formales y las hay de contenido. Unas definiciones miran a la libertad
otras a la seguridad, otras más a la voluntad en tanto que algunas sólo atien~
den a la sanción, entre las que se preocupan del aspecto formal. Las de contenido, fijan su atención ya en la buena fe, ya en el ideal de la justicia
0
en el bien común.
Intentemos con el auxilio del sentido común una definición que comprenda
lo que la experiencia nos indica es el Derecho. Repasemos primero lo que
~emos entende~ por el término. El estudioso argentino Arturo Orgaz senala cuatro acepciones, a saber: Primera.-La regla de conducta socialmente
obligatoria a cuyo cumplimiento puede compelimos el Estado. Segunda.-La
pretensión legítima que una persona tiene para exigir algo del Estado o de
otro sujeto privado; es decir, el derecho como facultad. Tercera.-EI concepto doctrinario-filosófico acerca del contenido de la justicia; el derecho

688
689
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'
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y esto sm entrar en 1as habituales divisiones de: Derecho
serv1c10 p ico.
,. .
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Positivo, Natural, Pubhco, Pnv~ o, hac~mos referencia a las formas segunda
hablamos del Derecho en genera nho
t ) a la primera (derecho-nor.
1 t c ra ( derec o-concep o Y
y cuarta, smo a a er e
1 • d. Derecho se refiere al conjunto de
b . 1 t cuando a gu1en ice
ma). Ha ,tua
men
e
,
. do o al ideal de la 1· usticia en abs.
un pa1s deternuna
normas que imperan en
errnite elaborar la doctrina y
tracto. Pero es el derecho-norma el qu~d nos: o la norma ¿ tendrá sentido
abstraer partiendo de ·los hec~os co~oc'. os.? ~:sde luego que no. La norma
por sí es decir constituye un fm en s1 misma. 1
n "para" Sí
. '
.
. ificación teleológica, a norma es u
. '
es mstrumento, tiene s11l".
,
, 1 f rdad que persigue la norma
para una finalidad cualqmera. ¿ Cual sera a ma '
ju~:c;:imer lugar podemos decir que ~n::::"ii:ª:: ~t:~:g~: ~e:::
en la vida social. Pero no es ~l o~d:: : L~ego la norma es decir el Derecho
a su vez el bienestar de la co ect.1v1 a .
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1 b·en común la felicidad social. Pero hay go mas y e
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' 'be -esencialmente- sino cuando hay una soc1e~
h norma no se conc1
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.
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preceptos obligatorios; pero no toda 1a nea gam~ he b
el derecho y que son fuente de facultades para e om re.
. , ? . sAh ra bien . todo el derecho está contenido en las normas pos1t1vbas. é El
o , d , éh
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·do? Ya e·1ceron
tas de don e an nac, ·
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1 d. t del Pretor
1
de la filosofia y no en e e ,c o
ciencia del derecho .en e ar~~ ,, Encontrarnos decía el sabio orador, el
ni en la Ley de las Doce a as .
' 1 lado
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derecho en _l~ naturaleza del_ hom~:-n:u::s : : v~gencia ;e~anente, o sea
derecho pos1tivo, hay un conjunto
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.
. una norma positiva es o
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d'o de la confrontación con nuestra 1 ea e a J
no Justa s1 no es por me i
l . sticia constituyen el derecho
ticia? Estos principios generales, co~; el ~~ ªdl~ ntido común Este sentido
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s·, es cierto que hay un derecho
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1
t·guos consideraran como justa la
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inmutab1e no po emos
I
Tendremos que responder a
1 · ta salta que no o es.
esclavitud, ya que a a VlS
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d sostiene que no es el derecho
éstos con la tesis de Georges Re;a. ' cuanseº nos va presentando progresivael que cambia sino nosotros, es e~ir, qute d rechos eternos y la existencia
d 1 · congruencia en re e
mente. El caso e a lil
. d
r por ignorancia de los antiguos y
en la antigüeda~ d; la_ esclav1ltu s~ e~; ~c~aya sido justa. De la misma ma•
no porque en mngun tiempo a ese aVI u
690

nera que las estrellas y los astros están allí desde incontables milenios aun
cuando el hombre los vaya descubriendo día a día conforme aumenta su capacidad de observación con la creciente potencia de los telescopios. La estrella -dice el discípulo de Houriaou- es fija, pero el conocimiento que de
eJla tenemos progresa; así el derecho natural tiene un contenido progresivo,
no porque realmente su contenido aumente, sino porque nuestro conocimiento de él progresa.
Pasemos ahora a observar lo inconveniente de la tesis formalista que niega
todo contenido al derecho y lo identifica con el Estado. Esta postura es sostenida por los partidarios de la teoría pura del Derecho con Hans Kelsen a
la cabeza, proponiéndose, según propia confesión, estudiar el derecho positivo
haciendo a un lado "todo juicio ético-político de valor". Con tales ideas no
es posible separar los conceptos de Derecho y Estado, ya que no hay más
derecho que el impuesto por el poder público; no cabe tampoco diferenciación entre derechos objetivos y subjetivos; poca será la diferencia entre ley
y sentencia ya que ambas son decisiones del poder si bien una tiene carácter
general y la otra particular; se cae en un monismo jurídico sin distinción de
las clásicas divisiones del derecho en privado, público, nacional, internacional, administrativo, etc., ya que todo será expresión de la voluntad del poder.
Por último -sigo en esto a Orgaz- si Derecho y Estado son una y la misma
cosa, haciendo caso omiso de los ideales de justicia y libertad, se sirve por
modo espléndido como escudo para todos los sistemas buenos y malos, justos
e injustos, democráticos y tiránicos. Y como atinadamente indica Bodenheimer: "la lucha entre el poder y el derecho carecería de todo interés
para el jurista". Esta teoría echa por tierra la comprensión de la naturaleza
del derecho, impide la lucha continua por el perfeccionamiento de los sistemas
jurídicos puesto que no pueden invocarse ni valores ni ideales.
Con vista en lo expuesto anteriormente podemos decir que el Derecho es
el conjunto de principios que se traducen en normas dotadas de coactividad
que tienden a: delimitar, coordinar y proteger todos aquellos intereses que
se juzgan valiosos para la convivencia social (Orgaz) .
El Derecho nace, pues, de principios sin los cuales la vida social es imposible: respeto a la vida humana, respeto a la familia, respeto a la libertad
individual, respeto a la conservación de la sociedad, respeto a la conciencia y
respeto a la buena fe. Todos estos principios -dice el Maestro García Rojas-- tienen sustento en tendencias naturales del hombre: instinto de conservación, atracción de los sexos e instinto de conservación de la especie, anhelo
de libertad, instinto gregario, sentido religioso y amor a la verdad.
Hemos aceptado ya que el hombre es un ser social que por razones naturales se agrupa formando familias, ciudades y estados. También hemos acep691

�tado que todo grupo humano requiere de normas con miras a la eficacia en
la colaboración y preservación del orden. Pero hay una consecuencia a la
cual no hemos hecho referencia expresa suficiente y es ésta: toda sociedad
exige la existencia de la autoridad. Una autoridad que se encargue de administrar el orden y encauzar la colaboración. Una autoridad que sepa imprimir a todos los miembros del grupo social un impulso hacia el mismo fin:
el bien social. Será la autoridad la que dicte las normas de la convivencia y
vigile su cumplimiento, será la que administre la justicia y la que maneje los
bienes de la colectividad.
Pero esa autoridad no podrá ser ejercicio del poder sin límites, ni expresión de voluntad caprichosa, sino ejecución racional de actos que tiendan al
bienestar colectivo. La autoridad es "gerente del bien común" y está para
proteger y garantizar los derechos individuales y los derechos sociales de los
grupos colectivos que integran el Estado.
Quien dice autoridad no señala privilegios sino que indica responsabilidades. La autoridad sólo tiene como razón de ser -en última instanciael servicio a la sociedad. Ella indagará las necesidades y señalará las metas
y, una vez conocidas las necesidades y fijadas las metas, dictará las normas
que den satisfacción a las primeras y permitan el logro a las segundas.
El poder, la autoridad, no pueden dejar de ejercerse. No puede haber
vacíos de poder. Si la autoridad no ejerce el poder, éste pasa a otras manos.
¿ Qué sucede cuando una autoridad deja de ejercer el mando? Siempre surge
a su lado o detrás o frente a ella alguien que lo ejerza; pero con la gran
desventaja de que como la responsabilidad formal y nominal sigue en la
autoridad, el otro actuará sin sujeción a normas ni a consideraciones de
responsabilidad. La Historia está llena de ejemplos.
El poder es permanente, los hombres que lo tienen en sus manos son transitorios. Podríamos decir que éstos tienen la autoridad en forma fiduciaria;
que lo reciben, lo usan para bien de la comunidad y lo pasan a otras manos.
La autoridad se ejerce promoviendo, organizando y garantizando los intereses
de la persona y de la colectividad. Y esos intereses pueden resumirse de la
siguiente manera: Seguridad, Justicia, Salud, Cultura y Libertad.
Pero pasemos ya a ver qué concepto tenemos de la Ley. Entendemos por
ley la regla que promulga el Estado para inducir a los hombres a actuar o
para que se abstengan de ello. El Derecho, lo hemos expresado ya, se manifiesta en leyes, en disposiciones obligatorias. Y las leyes son necesarias a la
convivencia, es decir son indispensables a la sociedad para coordinar sus
actividades. Esto es tan palpable que todo intento de demostración resulta
superfluo, es algo que se desprende de todo lo que hemos venido asentando
en esta exposición. Pero veamos qué significado tiene la palabra, qué es lo

692

q~e lo_s hombres han entendido por ley. Sobre la etimolo ,
disparidad entre los autores p
e· , .
gia de la palabra hay
. ara iceron viene de "leg " 1
A 'l
en esto San Isidoro y muchos t
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ere ' eer.
e sigue
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.
au ores mo ernos la aceptan S t T ,
cambio opma que el origen está en ''r
" r
.. an o ornas en
obliga a actuar. y esta explicac·,
ligar~ ' igar, obligar, puesto que la ley
10º es a mas aceptada t d
.
pre la ley ha sido escrita en t t
.
' o a vez que no sieman o que siempre ha sid0
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consi era a obligade Leyes Física: que di::
eqmvocos yfa que hablamos lo mismo
. 'd"
e causa a e ecto • de le
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JUn ico o normas. de leyes
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,
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ciencia si bien se ~aducen mor tes quhe ven sólo a la interioridad de la conen ac uar umano· qu d 1
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: 1~::~: :

La ley _-norma jurídica- nace de la necesidad
en la
d d T d
de orden Y colaboración
accion;~c~:~~as oso: ~:ecterpto Ilegal rbecae sobre el actuar del hombre. Las
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,
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ue proce en e las virtucado, la Ley las prohibe. pretptua; malas, la~ que nacen del vicio y el pe.
, y, as que no son m buenas ni malas la L 1
,
ey as
permzte.
La Ley será d
'
individuos que co::i:::ct:: !::i:~a~d n~ae~á diritda al indiv~~uo sino a los
los ciudadanos no para
h
.
ey se ace para utilidad de todos
,
provee o de uno Se co 'd
.
bien de los hombres la r' t' d
:
nsi era que tiene por fin el
legislador tiene com; fin m~clac i_ca 1eh la bvirtud. y~ Aristóteles decía que "el
ucir a om re a la virtud" La l
senalar caminos para marcar l' .t
.,
·
ey se hace para
'
rmi es a 1a acc10n del homb b
d .
pre el bienestar colectivo.
re uscan o s1emAhora bien ¿ a quién corresponde la facult d d h
que ser al Estado, pues hemos ace tado u ~ e acer, las leyes? Tendrá
es el gerente del bien común 1 d' p
} e e~te, a traves de la autoridad,
trario sería invitar al caos 'ae irector., e la vida colectiva. Afirmar lo conasí lo indican E
y la confus10n. El sentido común y la tradición

t

tad de redact~r ; ~~:~~lgE:~!; queLtie~el la auto~dad legislativa, la faculh
eyes. eg1s ar es atributo de la b
,
ay soberanía sin facultad legislativa La
, d I
so eran1a, no
se dividen en tr
d
. :
mayona e os Estados modernos
.
es po eres: Legislativo que elabora la legislac·, d l
,
atendiendo a las necesidades ue en cada ,
wn e pais
organización social; Ejecutivo ~ue administ/poc~ se van presentando en la
encargado de impartir justicia interpretando tasel~mpone ~as ~yes; y Judicial,
el orden social por violaciones a las normas esta:i::i~=vitan o que se rompa
L a t area 1egislativa es obra del entendimiento p , t'L
experiencia del
d
.
.
rae ico que aprovecha la
. .,
pasa o y aspira a m terpretar las necesidades del f t
S
mis10n es de razón más que de voluntad· El Estado podra, querer un
u u~o.
fm de-u
693

�terminado pero no podrá imponer una ley contraria a la razón, una ley _que
de an temano se sabe no va a ser cumplida. Si bien no han faltado
. tratadistas
.,
-especialmente alemanes- que consideren que la Ley ,
es smo ex~reS1on
de la voluntad del legislador. No, la Ley es razón, es analis1s de la realidad y
es disposición prudente. Ya el filósofo de Estagira dice: "La Ley debe ser ~~a
expresión de la sabiduría y la inteligencia" y Platón no obstante su adorac10n
por el Estado absoluto, pide que el legislador se guíe por la -~azón y para el
bien de todos. También para San Agustín la ley es emanac1on de la mtehaencia. Santo Tomás nos dice que "la ley es una ordenación de la razón
~on vistas al bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la
, ".
comunidad". Y Cicerón considera que "la Ley verdad era es 1a recta razon
Pero hay algo más que conviene destacar y es esto: que la ley _no sólo
establece obligaciones y crea derechos para el cuerpo gobernado, smo que
también limita al propio poder soberano. Hay lo que podríamos llamar autolimitación del poder, o la autosubordinación del creador a su criatura que
es ]a ley. A través de la legislación el poder público se señala límites y se
establece obligaciones. Y todavía más, ofrece al ciudadano, es decir al gobernado, medios para enfrentarse al poder y evitar sus abusos. Estos ~~ los
"derechos y garantías" por medio de los cuales el particula~ puede _exigir al

~º-

Estado que respete cierta actividad o no realice actos contrarios o lesivos para

sus intereses como la libertad, el honor, el patrimonio y la seguridad de la
persona humana.

Sabemos ya que la ley es regla dada por el Estado dirigida .ª los hm':1bres
indicándoles el camino de su acción y poniendo límites a la misma mediante
prohibiciones y sabemos también, que la ley es dada por el mismo Estado_ en
función de su soberanía a través de un cuerpo especial llamado leg1slatJvo.
Pero •cómo deberá ser el precepto legal? San Isidoro de Sevilla, el admirable
sabio 'del siglo VI, opina que la ley "deberá ser honesta, justa, posible, conforme a la naturaleza, conforme a las costumbres patrias, conveniente al
lugar y tiempo, necesaria, útil, manifiesta, para que no caiga alguien_ ~
engaño por su oscuridad, no acomodada a ningún interés privado, sino hm1-

tada a la común utilidad de la ciudad". La exposición de este pensador medieval me parece clara por sí misma. En esencia, nos dice que las leyes han
de ser conforme a las necesidades de la época y la realidad social en donde
han de aplicarse, claras en su redacción para evitar confusión en su interpre-

tación y hechas siempre para beneficio de la colectividad.
Tenemos, pues, ya la Ley. Pero toda ley,
muy sabia que sea, es insuficiente en la práctica. No es sino una fórmula abstracta que se concreta en
los actos de los hombres y en la interpretación que de ella se haga. Toda ley
es insuficiente. Aristóteles llama la atención sobre el hecho de que las leyes

Por

694

r

son, por necesidad, generales, en tanto que las circunstancias de cada caso son

particulares y que está más allá de las previsión humana y de la ciencia
el establecer por adelantado reglas que se ajusten a todas las variaciones de
la práctica. Por lo tanto, añade, la ley debe complementarse con la equidad;
debe existir el poder de adaptación, el trato flexible para realizar la justicia.
También Bacon nos dice que la "estrechez de la prudencia humana no puede
captar todos los casos que el tiempo encuentra". Toda ley adolece de lagunas,
de insuficiencias y es el juez el que debe salvar esas carencias aplicando los
principios generales y el sentido común, para extender, por decirlo así, el
alcance del precepto. El legislador señala soluciones generales y abstractas y
son el Ejecutivo, mediante la facultad reglamentaria, y principalmente el
Juez, los que le confieren sentido concreto de aplicabilidad a la norma.
De lo anterior se desprende que lo que más importa es la capacidad para interpretar la ley. Por eso ha dicho Piero Calamandrei: "El Derecho, mientras
nadie lo turba y lo contrasta, se hace invisible e impalpable como el aire que
respiramos; inadvertido como la salud, cuyo valor sólo se conoce cuando nos

damos cuenta de haberlo perdido. Pero cuando el derecho es enmendado 0
violado, descendiendo entonces del mundo astral en que reposaba en forma
de hipótesis, al de los sentidos, se encarna en el juez y se convierte en expresión concreta de voluntad operante a través de su palabra. El juez es el
derecho hecho hombre; sólo de este hombre puedo esperar en la vida práctica la tutela que en abstracto la ley me promete, sólo si este hombre sabe
pronunciar la palabra de la justicia, comprender que el derecho no es una
sombra vana".
Con gran acierto los romanos señalaron tres fines a la jurisprudencia: jus
adjuvandi, jus supplendi y jus corrigendi. O sea, ayudar a la ley clasificándola
al individualizar su alcance en el caso concreto; suplir las lagunas de Ja ley,

llenando las omisiones fruto de la imprevisión del legislador y corregir las
excesivas consecuencias de una mala ley o de su incorrecta aplicación.

La interpretación de la ley, la hermenéutica jurídica es, pues, de singular
importancia y su técnica ha de ser motivo de inquisición detenida para el
estudiante que mañana será juez o colaborador de la justicia en su calidad
de abogado.

Veamos ahora qué entendemos por Justicia. Si el Derecho ha sido definido
tanto y de tan diversas maneras que ya parece indefinible, a la justicia le
pasa lo mismo, pero más acusadamente. Para Kelsen, por ejemplo, la justicia

_es un ideal irracional y no puede ser objeto del conocimiento. Sin embargo
casi todos los tratadistas están acordes en esto: que la justicia es ]a virtud
suprema que las comprende todas, y "Constans et perpetuas voluntas jus suum
cuique tribuendi" o sea la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno
695

�lo suyo. En la Edad Media Santo Tomás consideraba que sirve para or_denar
al hombre en sus relaciones con los demás e implica igualdad. Para los ¡usnaturalistas de los siglos XVII y XVIII es el ideal al que debe conformarse
el derecho como sustancia absoluta y trascendente. Entre los modernos Stammler dice que la justicia "es la orientación de una determinada volunt_ad
jurídica en el sentido de la comunidad pura". Esta declaración implic~ P?~cipios de igualdad, solidaridad y libertad. Del Vecchio piensa que la JUStlCla
requiere de los criterios de igualdad y de reciprocidad para que cad~ ~no s~
le reconozca lo que vale y se le atribuya lo que le pertenece. La Justicia sera
pues un término ideal que se funda en la proporción, la igualdad y la solidaridad humanas que aspiran a la paz universal, a la conciliación de todos los
intereses. Pidamos auxilio al Sentido Común e intentemos saber lo que es
justicia, porque si bien es cierto -como ya lo vimos-- que a los juristas Y
filósofos les ha resultado difícil expresar la justicia, todos los hombres creemos
tener un concepto claro sobre ella. Justicia es, para el sentido común, la
equilibrada distribución de los derechos y obligaciones de todos los hombres.
Consideramos justo que se nos reconozca nuestra dignidad de personas Y se
nos otorguen derechos esenciales como el derecho a vivir, a trabajar, a pensar
y hablar, a asociamos, a vivir en familia, a transitar, a disfrutar ~el pr~ducto
de nuestro traba jo, a la propiedad legítima, a que se nos considere 1gu~I:5

ante el Estado ' etc. En cambio consideramos in justo lo opuesto. Y .tamb1en
.
llamamos, ordinariamente, justicia a la que deben impartir sus func1onanos,
los jueces, que están obligados a escuchar nuestras demandas y nuestras de•
fensas.

Finalmente, la Moral es algo que el jurista nunca debe perder de vista.
Mucho han debatido los escritores sobre las distinciones entre moral y derecho. A Kant debemos la separación del Derecho y la Moral. Pero no podemos
menos que reconocer que el derecho y la moral, si bi~ sigu~n distintos ~étodos y están sujetos a distintas formas, persiguen un mismo fm, el perfeccmnamiento del hombre. El Derecho no puede desligarse de la moral, ella le da
su principal -si bien no todo- su contenido. No hay contradicción esenci~l
entre el Derecho y la Moral. Todas las legislaciones tienden a dar cumphmiento a los preceptos fundamentales de la moral. Normalmente el derecho
positivo no ordena lo que la moral prohibe ni obliga a lo que ésta demanda
cumplimiento. Hay, eso sí, diferentes campos de acción: la moral apela a la
conciencia y se interesa por la conducta íntima; en tanto que el derecho vela
la conducta externa de los hombres frente a sus semejantes y no penetra la
intimidad de la conciencia. Aun cuando la jurisprudencia no deja de interesarse por los motivos del actuar humano. Especialmente en la comisión de
1os delitos. No en balde Francesco Camelutti ha dicho que si "el civil ma-

nifiesta la corporalidad del derecho, el penal revela su espiritualidad. Pero
aún así, ni el abogado ni el juez pueden olvidarse de los principios morales
en su actividad estrictamente jurídica. Nunca podrá el jurista dejar de hacer
consideraciones de valor en sus tareas. Consciente o inconscientemente la moral, los valores éticos, están presentes en sus esfuerzos por realizar la justicia.

Así nos lo indica el buen sentido.
Ahora bien, he venido utilizando a lo largo de esta charla al Sentido Común como un aliado. He de confesar que es un aliado en que no todos han
tenido confianza e incluso ha sido motivo de burlas y ataques especialmente
a manos de Voltaire que sólo lo considera un grado arriba de la bestialidad.
El es quien afirmó que es un sentido poco común, que raras veces se encuentra en los hombres. Y también el ingenioso Benavente dice que "es más fácil
ser genial que tener sentido común". Pero todo esto pertenece al mundo de
las bromas y el buen humor.
Ahora, en serio ¿qué será pues ese sentido común? Considero que es un
sentido "común a todos los hombres" que no están afectados por vicios del
entendimiento, o sea la capacidad ordinaria de razonar. A ese sentido se presentan corno evidentes los principios inteligibles fundamentales, así como los
que son producto de la observación cotidiana. Entre los primeros, los inteligibles, podríamos citar a manera de ejemplos éstos: que el todo es mayor que
las partes, que todos los cuerpos tienen longitud, latitud y grosor, etc. Y entre
los segundos: que la noche sigue al día, etc. El sentido común es -nos dice
Maritain- el ejercicio natural de la inteligencia independientemente de la
educación que la inteligencia reciba. Nosotros ejercitamos el sentido común
tamizado por la razón y el conocimiento. Y sí considero que es buen aliado,
es más, que es un aliado indispensable para toda indagación científica.
He hecho un intento de exprimir -mediante el sentido común- la esencia de lo jurídico, si lo he alcanzado o no es cosa que no debo juzgar, de
todas maneras el intento se ha hecho y la mayor satisfacción que pudiera recibir es saber que sirve para futuras discusiones y, aun cuando sólo sea con
ánimo de contradecir lo hoy asentado, para que vengan otras personas con
mayor preparación y experiencia a tratar el tema.

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