<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="5309" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/5309?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-17T15:56:33-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3873">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/305/5309/HUMANITAS._1964._Filosofia._0002015875.ocr.pdf</src>
      <authentication>c2d014be9ab0821156196b262ff00ea6</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="146718">
                  <text>��PONDO UNIVEllólT-

,

..

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

5

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1964

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANíSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
.
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
,.

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA

5

1964

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria. - Monterrey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Abril de 1964. -

Dr.

1,000 ejemplares

Lic.

Estructura y Sentido
de la Lógica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ BERRONES: Estructura y Sentido
del Poder . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)
Dr.

INVESTIGADORES LOCALES

13
35

COLABORADORES FORÁNEOS

La Muerte como Problema del Orden
55
La Filosofía Presencial Yo, Autoconciencia y Temporalidad
67
PATRICK RoMANELL: La Significación del Fragmento De Arte Medica de Locke ........................................... . 109
ISMAEL DIEGO PÉREz: Introducción al Pensamiento del Hombre
por el Mito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
lvo HoLLHUBER:

PEDRO CABA:
Dr.

Dr.

SECCIÓN SEGUNDA

LETRAS

(A)
Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

•

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

En torno a los Problemas de la Filosofía
del Lenguaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JUAN ANTONIO AYALA:

165

7

�Lic.

ALFONSO R.ANGEL GUERRA: Literatura y Sociedad . . . . . . . . . . . .

Lic.

EDUARDO GUERRA CASTELLANOS: Influencias y Coincidencias en

la Concepci6n Poética de Antonio Machado . . . . . . . . . . . . . . . . . .

ToMÁS MENDIRICHAGA CuEvA: Breve Reseña del Archivo Parroquial de

173

la Catedral de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

191

CARLOS PÉREZ-MALDoNADO: El Lic. Don Rafael Pérez-M aldonado, Pri-

Prof. ROBERTO LIQUIERE: Lo Burlesco en la Poesía Francesa Contem-

poránea

. .. .. . . .. .. .. .. .. . . .. . . .. . .. . .. . .. . .. .. . . .. . . .. ..

mer Ministro de Hacienda que hubo en México . . . . . . . . . . . . . . . .

COLABOR.\DORES FORÁNEOS

CoLABORADORES FoRÁNEOS
JosÉ RAMÍREZ FLORES: Los "Tochos" de Jalisco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

HANS GuNTER PoTT: Hermann Broch; Poesía como Ethos y Sím-

...................... ......... .....................

221

En Torno a la Actitud Romántica de la Generación
de 1898 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

235

bolo

E.
Dr.

Lic.
E. V.

JosÉ ToRRE REVELLo: La Fragata Corsario "La Argentina" en las costas

245

americanas septentrionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

JAMES WILLIS RonB: Imágenes de América en Alfonso Reyes y Germán

F. W. WENTZLAFF-EGGEBERT: Consideraciones sobre el Sentimiento de
Veneración de Goethe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ALFREDO A. RoGGIANo: Los Comienzos de la Poesía en la América Hispánica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
RoBERT G. CoLLMER: ]ohn Donne, La Llave de la Poesía Inglesa Moderna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. ALLEN W. PHILLIPS: El Esperpento de Los Cuernos de Don Friolera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MYRON LICHTBLAU: Elementos Estilísticos de Hijo de Ladrón . . . .

439
JosÉ IGNACIO GALLEGOS: La Intervención Francesa en Durango
457
NIEMEYER JR.: Bernardo Reyes en la Historia de México . . . . . . . . 469
Primer Período Constitucional del General Díaz . . . . . . . . . . . . . . . .

HuGo RoDRÍGUEZ-ALCALÁ: Sentido de "El Camino de Santiago"

Arciniegas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

433

JoRGE FERNANDO huRRIBARRÍA: La Amenaza Intervencionista durante el

INMAN Fox:

de Alejo Carpentier . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

423

205
(B)

(B)

413

Dr.

255

PEDRO A. BARBOZA DE LA ToRRE: El Contenido de las Fuentes de

la Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr.

271

477
495

RAY F. BROUSSARD: San Antonio, 1835-1845: Una Ciudad en

Transición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

499

279
SECCIÓN CUARTA

297
CIENCIAS SOCIALES

309
323

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

533
Misión de la Sociología del Derecho . . . . . . . . 549

Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ: Internacionalismo y Universalismo
SECCIÓN TERCERA

Lic. VÍCTOR L. TREVIÑo:
Dr.

HISTORIA

(A)

G10Rmo BERNI: Cultura, Mercaderes y Contabilidad en los Siglos
XIII, XIV y XV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 561

INVESTIGADORES LOCALES
(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Prof. IsRAEL CAVAZOS GARZA: Las Incursiones de los Bárbaros en el No-

reste de México, durante el siglo XIX . . .................... .
JosÉ P. SALDAÑA: Retablo de la Calle ]uárez ....................... .

343
357

t

8

Lucro MENDIETA Y NÚÑEz: Emilio Durkheim; El Estado y la De-

mocracia
Lic. Lms M. F ARÍAs : La Radiodifusión y su Aspecto Educativo . . . . . .

Prof. EUGENIO DEL Hovo: Un Capítulo desconocido de la Obra de Don

FernandoSánchez de Zamora ................ .. ..... . .......

Dr.

585
593

399

. l

/

9

�;

SECCIÓN QUINTA
NOTICIAS

Y RESERAS BIBLIOGRAFICAS

La Cultura Mexicana Post-Revolucionaria. ( Comentarios al volumen México.
50 Años de Revolución) Dr. Agustín Basave Fernández del Valle, 609.ALFONSO REYES: Antología, por Juan Antonio Ayala, 628.-CHARLES
V. AUBURN y otros: El Teatro de Lope de Vega, poi Juan Antonio Ayala, 629.-Punuo VIRGILIO MARÓN: Geórgicas, por Juan Antonio Ayala,
634.-MARco Tuuo CICERÓN: Catilinarias, por Juan Antonio Ayala,
636.-JEAN CousIN: Los Estudios Latinos, por Juan Antonio Ayala, 638.MANUEL GÁLVEZ: Las Dos Vidas del Pobre Napoleón, por Juan Antonio
Ayala, 641.-REms JoLIVET: Les activités de l'homme et la sagesse, por
Agustín Basave Fernández del Valle, 643.-AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ
DEL VALLE: Teoría de la Democracia -Fundamentos de Filosofía Democrática, por Eusebio Castro, 647.-PLINIO D. ÜRDÓÑEz: Licenciado y General D. Lázaro Garza A:yala, por Israel Cavazos Garza, 649.-Monografía
del Municipio de Higueras, Nuevo León, por Israel Cavazos Garza, 650.Las Fuentes Doctrinales del Internacionalismo, por Alberto García Gómez, 650.-GiovANNI PREVITALI: Vida y Obra de Ricardo Güiraldes, por
Eduardo Guerra Castellanos, 651.-SAMUEL RAMos: Estudios de Estética,
por Alfonso Rangel Guerra, 652.

10

Sección Primera

FILOSOFIA

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DE LA LÓGICA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

Sumario: l. ¿Qué es la lógica?-2. Los principios lógicos supremos.-3. El concepto.4. El juicio.-5. El raciocinio.-6. La logística.-7. La lógica como instrumento
para la vida y para la salvación.

l. ¿ QuÉ ES LA LÓGICA?

LA LÓGICA NO TIENE por objeto el ser real. No le corresponde estudiar, tamI

poco, ese mismo ser real en su relación con el sujeto que conoce. Ciencia de
la razón o del "logos", la lógica se refiere a la razón misma en cuanto que es
"organon" (instrumento) de la ciencia. Gracias a ella procedemos "con orden,
fácilmente, y sin error en el acto mismo de la razón". Para adquirir y poseer
lo verdadero necesitarnos razonar, progresar de lo que ya conocemos a lo que
no conocemos aún. No se trata de un mero placer de "discurrir" de concepto
a concepto, sino de un ineludible menester de concluir que nos lleve a un descanso, aunque sea pasajero, en la verdad.
Cuando aprehendemos un objeto simple -pájaro, piedra, árbol- nuestro
espíritu no emite ninguna declaración de concordancia con la realidad. Concebir o captar una cosa, sin afirmar o negar nada de ella, es tener en el espíritu un preludio de verdad más que una verdad. Pero el concepto está hecho
para el juicio. En el juicio, nuestro entendimiento sentencia reuniendo dos
aprehensiones. Y podemos comparar no ya dos simples aprehensiones o conceptos, sino dos sentencias. En este caso estaremos raciocinando.
La palabra nos remite a la idea, al significado. A la lógica no le interesan las
palabras por las palabras - agudas, graves, esdrújulas; artículo, nombre, verbo,
predicado; tiempos, personas, números...- , sino las palabras en dirección hacia las ideas, las palabras - "cristales transparentes"- como medios para que
los conceptos se manifiesten. En la proposición, las palabras llegan al máximo

13

�de claridad. Y cuando los predicados de la proposición convienen únicamente al
sujeto, de manera que ninguna otra cosa pueda poseerlos, las palabras se hallarán en el estado lógico de la definición. En este supuesto vale la conversión:
todo hombre es animal espiritual, y todo animal espiritual es hombre. Partiendo de los predicados en una definición, es posible elaborar - corno lo hizo
Porfirio con su célebre árbol- un orden de extensión creciente. A mayor
extensión de un predicado menor comprensión o contenido. En el orden de extensión creciente llegaremos, inevitablemente, al predicado de ser, que tiene
una máxima extensión -todo lo engloba- y una mínima comprensión -expresa que la cosa es algo, pero sin decir lo que es-.
La definición, expresando la esencia de las cosas, nos dice lo que son y lo
que no son en sí mismas. De ahí que valgan, en esta disciplina, tres principios:
de identidad, de contradicción, de exclusión de tercero. Principios fundamentales que toda definición cumple perfectamente y que valen para todos los
entes.
Las cosas definidas en sí mismas, no están separadas de las demás, como
si coexistieran en un receptáculo de cosas sueltas. Hay formas y modos de unir
un juicio con otros juicios mediante predicados o aspectos comunes, denominados, desde Aristóteles, silogismos (de syn y logismos, que significa razones comunes). A través del término medio, y mediante tal término medio, se unirán
los dos extremos. Se ha dicho que la teoría general del silogismo "es complicada
e inútil modernamente, pues se han descubierto procedimientos puramente
calculatorios para decidir estas cuestiones, largas y complicadas en la lógica
clásica".1 A reserva de estudiar más detenidamente la estructura y el sentido
de la logística, séanos permitido manifestar que no es inútil ordenar el pensamiento según la conexión de los términos (universales) entre sí, ni nos parece
que las dificultades de una teoría general del silogismo sean menores, para
los no iniciados, que las de una álgebra de la lógica. Pero además - y esto
es más importante-, la sustitución del trabajo racional por el manejo reglado de signos ideográficos que postula la logística, se origina de hecho, en
la mayoría de los logísticos, "en una concepción general ("Lógica de la Relación") destructiva de una sana filosofía del raciocinio". 2
La identidad mediata que se pone de manifiesto con un término medio
conveniente -silogismo-- no puede ser, a la vez, verdadera y falsa. Pero no
pertenece a la lógica estudiar los criterios para discernir la verdad o la falsedad
de las proposiciones concretas. La lógica sólo considera la estructura de la proposición, y las relaciones entre tales estructuras, independientemente de la
' JUAN DAVID GA11.CÍA BAccA, Elementos de Filosofía, págs. 45-46, Biblioteca de
Cultura Universitaria, Caracas 1959.
• JACQUES MARITAIN, El Orden de los Conceptos -Lógica Formal-, pág. 367,
Club de Lectores, Buenos Aires.

14

materia sobre la que verse cada proposición. Por eso las leyes de la lógica
formal valen para cualquier clase de proposiciones. Cualquier proposición,
hable de lo que hablare, constará de un concepto que hace de sujeto y de un
concepto que hace de predicado, unidos por otro concepto, relacionante y funcional, que es la cópula ( o verbo "es").
Todas las anteriores disquisiciones, que el lector curioso podrá ampliar en
los tratados sistemáticos de esta disciplina, tienen por objeto hacemos comprender que la lógica está ubicada en la esfera de los productos del pensamiento, no como doctrina del pensar sino como ciencia de los pensamientos
enunciativos. Aunque ciencia teórica -y no práctica- de los pensamientos
mismos, la lógica nos suministra criterios o enjuiciamientos que pueden aplicarse a la valoración de los pensamientos y de los razonamientos.
En su excelente tratado de "Lógica", A. Pfiinder distingue cinco factores
en el acontecimiento real anímico del pensar: "En primer lugar es necesario
un sujeto pensante, de quien parte el pensamiento, o que lo verifica. En segundo
lugar viene el pensar mismo, considerado como un acontecimiento del alma
acontecimiento real que comienza en un momento determinado, se prolonga'
por cierto tiempo y cesa después. En tercer término, en cada acto de pensar
es pensado un pensamiento determinado, que constituye su contenido. En
cuarto lugar, este contenido mental, en los hombres que dominan un lenguaje,
es expresado o visto, más o menos exactamente, en ciertas formas verbales. Por
último, en quinto lugar, el sujeto pensante, el pensamiento y el contenido,
vestido de las formas del lenguaje, se refieren a algún objeto, en el sentido
general de esta palabra".3 De estos cinco factores, únicamente los pensamientos -estructura, relaciones y leyes-, interesan a la lógica. Cabría preguntarnos, ahora, por qué le interesa al hombre la lógica y qué puesto ocupa
esta disciplina dentro de la vida humana. Pero antes de dar cabal respuesta
a esta insoslayable pregunta, habrá que examinar, más estrechamente, la contextura esencial de la lógica.

2. Los

PRINCIPIOS LÓGICOS SUPREMOS

Hay leyes fundamentales y simples que rigen a todo pensamiento. Sin esas
"leyes supremas del pensamiento" o "primeros principios lógicos" no sería
posible pensar ordenadamente. Todo dejaría de tener sentido. Sería imposible cualquier conocimiento, cualquier verdad.
Si los juicios, como hemos tenido oportunidad de verlo, son pensamientos
• A. PFANDER, "L6gica", págs. 10-11, traducción del alemán por J. Pérez Bances,
Espasa-Calpe Argentina, S. A.

15

�enunciativos, la pretensión de verdad pertenece a su esencia. La verdad del
juicio dependerá de que el enunciado total del mismo coincida con el comportamiento de los objetos referidos. En consecuencia, la verdad y la falsedad
de un juicio no reposan en el juicio mismo, sino en el comportamiento de los
objetos a que el juicio alude.
Los principios de identidad, de contradicción, de tercero excluído y de razón
suficiente son, antes que principios lógicos, principios ontológicos. Todo objeto se somete a estos principios o leyes supremas que formula la ontología
formal. Pero ahora nos interesa considerar los citados principios desde el
punto de vista lógico, exclusivamente.
a) Principio de identidad.
Todo contenido de un concepto, aprehendido por nuestro pensamiento,
es igual a sí mismo. Una vez concebido, el concepto permanece idéntico a
sí mismo. Las cosas concretas podrán cambiar, pero no los conceptos. Porque
todo objeto es idéntico a sí mismo -A es A-, podemos decir que el juicio
es necesariamente verdadero cuando el concepto-sujeto es idéntico total o parcialmente al concepto-predicado. "El principio -apunta A. Pfander- se
refiere a juicios de determinada estructura, a los juicios cuyo concepto predicado es total o parcialmente idéntico a su concepto sujeto, esto es, a los
juicios de identidad propiamente dichos y a los juicios lógico-analíticos. Y lo
que afirma de estos juicios es que son necesariamente verdaderos. De los demás juicios, en cambio, no dice ni que sean verdaderos ni que sean falsos.
No exige que para ser verdaderos todos los juicios hayan de tener la estructura indicada, sino que se limita a afirmar que aquellos juicios que tienen
esa estructura son necesariamente verdaderos. Y la verdad del principio lógico de identidad descansa en la esencia de los juicios por él caracterizados,
así como en la esencia de la verdad y en el hecho formal-ontológico de que
todo objeto es idéntico a sí mismo, teniendo como objeto formal de un concepto las determinaciones que este concepto le atribuye. En cambio, este principio no es susceptible de fundamentación psicológica o empírica-inductiva,
ni la necesita".4 No se trata de un principio que enuncie una verdad presuntiva, sino de un principio apodíctico, verdadero absolutamente. Su validez se
fundamenta necesaria aunque no suficientemente, en el contenido objetivo
ontológico. Para comprender el fundamento suficiente del principio lógico
de identidad es preciso no omitir la esencia de los juicios positivos especiales
de determinación, cuyo concepto sujeto y cuyo concepto predicado son idén• A.

16

PFANDER,

ticos. La función de su cópula estriba en realizar una referencia positiva identificadora. En esta referencia se formula la pretensión de verdad.
b) Principio de Contradicción.
Cuando un juicio afirma lo que el otro niega, es imposible que los dos juicios sean verdaderos. De los juicios opuestos contradictoriamente, uno de

ellos, necesariamente, es falso. Si una cosa no puede ser y no ser al mismo
tiempo y bajo la misma relación, resulta comprensible que no puedan ser
verdaderos dos juicios opuestos contradictoriamente. La contradicción se puede dar no tan sólo entre los juicios universales, sino también entre los universales y los particulares. De un concepto-sujeto no podemos predicar, al
mismo tiempo y bajo la misma relación, notas contradictorias. La imposibilidad no proviene de alguna ley empírica o psicológica que nos impida pensar
así, sino de la esencia misma de los objetos que rechaza la contradicción. Al
decir que "dos juicios contradictorios no pueden ser verdaderos ambos", no
se dice cuál de los dos es el verdadero. El principio de contradicción se funda
en el claro comportamiento de todos los objetos posibles. Las pretensiones de
verdad no pueden cumplirse, ambas, en juicios que se contradigan por atribuir al mismo tiempo positivamente y separar negativamente de un mismo
objeto-sujeto la misma determinación predicada en la misma unidad objetiva. Si uno de dos juicios contradictorios es verdadero, el otro es falso.
c) Principio de tercero excluído.

Cuando dos juicios se contradicen no pueden ser los dos falsos. Si se reconoce que un juicio es falso, el otro es verdadero; no hay una tercera posibilidad, ( tertium non datur) . Basta que reconozcamos la alternativa ineludible, para que podamos afirmar la falsedad de un juicio y la verdad del
otro, sin decir cuál es el verdadero y cuál es el falso. El principio de tercero
excluído, estrictamente lógico, funciona sólo entre los juicios contradictorios.
Cuando los juicios se oponen contrariamente -un juicio universal afirmativo
y un juicio universal negativo-- no se aplica el principio de tercero excluído.
¿Razones? Es que entre los juicios opuestos contrariamente cabe la posibilidad de que ambos sean falsos, pudiendo existir entre ellos un tercero. El
principio de tercero excluído origina el principio de disyunción contradictoria: "al sujeto de un juicio le conviene siempre determinado predicado O no
le conviene", y se funda en el principio ontológico: "todo objeto tiene• que
ser P o no P".

L6gica, págs. 232-33, Espasa-Calpe Argentina, S. A. 1938.

17
H2

�d) Principio de razón suficiente.

Todo juicio debe tener una razón suficiente. Al tener la pretensión de ser
verdadero todo juicio necesita de una razón suficiente para serlo, de ~lg~
capaz par~ abonar lo enunciado. Ahora bien, la justificaci~n la recibe e_l ~~icio de afuera. Sólo cuando existe una relación de confonmdad entre el JUICio
y el comportamiento de los objetos a qu~ el juici~, se r_ef~e:e, puede ~~blarse
de un juicio verdadero. Pfünder nos advierte que los J~ic10s no se dmgen .ª
sus objetos como sentencias arbitrarias, sino que son srmpleme~te los servidores mentales de los objetos, y sólo sobre la base del comportamiento de ellos,
y acomodados a ellos, realizan sus hazañas mentales. ,Dej~ ~ los objetos el
cuidado de '1arles la legitimación de su certeza, la razon suficiente de su_ verdad. La esencia del juicio pide que la legitimación se la pr~senten los obJetos.
Como el papel moneda necesita estar sufici~ntemente c~bierto p?r las cosas
valiosas".5 Lo que no parece advertir el ameritado tratadista, a~eman es _que la
legitimación pedida por el juicio se sale de lo puramente log1co para ir a la
ontología y a la gnoseología. Aún así, la lógica no puede desentenderse de este
principio que en algún modo le corresponde, desde el momento en que todo
juicio lleva, esencialmente, la pretensión de ser verdadero.

3. EL

CONCEPTO

La lógica es, por esencia, formal. No es el co~t~nido d~ los pensamientos,
sino su formalidad conceptual, lo que interesa al log1co. Le mteresa, ant~ todo,
aclarar y fijar conceptos, estudiar las leyes y rela~io~es de lo~ ~e~sarru~tos,
afianzar el dinamismo y el progreso en el conocrm1ento. ObJe~ividad, idealidad, significatividad e intencio~alidad son_ ~~racter~sticas exclusiv~:- del pensamiento. De ahí el objeto propio y la pos1c10n autonoma de la lo0 1ca.
Concepto, juicio y raciocinio son las tres formas lógicas que en~i~rran la
multiplicidad de pensamientos. Aunque el juicio sea la estructura logica fundamental es el concepto lo más simple, lo más elemental. Sobre el concepto
se constr:iyen las estructuras siguientes: jui~o y raci?c.inio. Por el concepto
empezaremos, en consecuencia, nuestro estudio de la log1ca.
Hay en el hombre un afán de aclararlo todo. Este afán genera el saber. El
concepto -"unidad ideal de significación"- es el acto .por . el cual
• apreheníf
demos algo sin afirmar ni negar. Todo pensamiento, ordinario o c1ent 1co, es
una ordenación O complexión de conceptos. Pero en el concepto no hay aven• Opus. cit., pág. 272.

18

tura de juicio. Sólo una aprehensión "puramente representativa y enteramente neutral" ... Consiguientemente no tiene sentido preguntarse si un concepto
es verdadero o falso. El acto de la aprehensión es simple y único. Resultado
de este acto lo es el concepto objetivo. A la lógica no le interesa la función
psicológica y subjetiva de concebir, sino lo concebido, el obiectum que se halla
frente al sujeto. Y este concepto objetivo que importa a la lógica no es la
cosa real en sí misma, sino la cosa en cuanto conocida. Trátase de una cosa
revestida, mentalmente, de unas propiedades irreales ("lógicas"). Tomemos,
por ejemplo, el concepto "animal". Cuando pienso lo que significa la palabra
"animal", dirijo mi pensamiento hacia algo que no se confunde con el propio
acto de pensar, algo predicable de una pluralidad de seres, algo que posee
la propiedad lógica de la significación universal. El término universal es tan
sólo un signo arbitrario al que se adscribe una relación de razón con una
multiplicidad de cosas. Dícese, a menudo, que la universalidad se fundamenta
en la abstracción, sin reparar que esta misma absti;acción sería imposible de
no ser "abstraíbles" las propias cosas reales singulares.
Se habrá advertido, por las consideraciones precedentes, que el concepto
-fruto del contacto entre la inteligencia y un objeto- difiere de la imagen
sensorial, siempre tributaria de las características individuales de la cosa.
La cantidad o extensión y el contenido inteligible o comprensión, son características propias del concepto que mantienen entre sí una relación precisa:
a mayor extensión menor comprensión y viceversa. La extensión se refiere al
número de objetos, que el concepto recoge dentro de su significación. La comprensión, en cambio, es el conjunto de notas o características inteligibles que
constituyen el objeto.
El concepto se clasifica en universal, si está tomado en toda su extensión,
particular, si está tomado en parte de su extensión, y singular, si el concepto
predicado se aplica a un solo individuo. Se suele agregar el colectivo, que conviene a un grupo de individuos en tanto que grupo. Atendiendo ya no a su
extensión, sino a su comprensión, el concepto puede ser simple, cuando significa un solo tipo de ser, complejo, cuando accidentadamente se unen dos o
más tipos de ser; abstracto, cuando se representa como una unidad con total
independencia de cualquier objeto en el cual pudiese estar realizado; concreto
si hace referencia, determinada o indeterminadamente, a un objeto en el cual
forzosamente tiene que n:alizarse.
Si consideramos los conceptos en sus mutuas relaciones de extensión, adver-·
tiremos que algunos conceptos -los superiores-- recogen dentro de su extensión a otros conceptos -los inferiores-- que potencialmente quedan incluídos
dentro de ellos. Fue así como Porfirio trazó su célebre Arbol: Substancia
-simple o compuesta- (género supremo) ; cuerpo -inanimado o animado(género subalterno) ; viviente -insensible o sensible- (género subalterno) ;
19

�animal -irracional o racional- ( género próximo) ; hombre (especie) ; Sócrates (individuo) . Si contemplamos ahora a los conceptos en sus mutuas relaciones de comprensión, descubriremos que pueden ser idénticos, cuando tienen el mismo contenido significativo, o diversos, cuando tienen diferente significación. Estos últimos se subdividen en compatibles, si pueden unirse en una
unidad conceptual con sentido, incompatibles, cuando caen en lo absurdo. A
su vez, los conceptos incompatibles serán disparatados, si pertenecen a géneros
completamente distintos; u opuestos, si se excluyen por su significación. La
oposición puede darse en conceptos contradictorios, cuando uno de ellos implica la radical negación del otro; en conceptos contrarios, cuando señalan los
dos extremos opuestos con una posible serie de situaciones intermedias; privativos, cuando uno de ellos señala la carencia de una facultad o cualidad exigida por una naturaleza, mientras que el otro indica, precisamente, la indicada facultad o cualidad; correlativos, cuando en su significación hay una dependencia mutua.
Se denominan "predicamentos" a los géneros supremos que se obtienen al
· dividir los universales por la materia. Su examen corresponde, propiamente,
a la metafísica. El nombre de "predicables", en cambio, se reserva a las modalidades o especies que se obtienen al dividir los universales por su forma.
Lo que se predica del sujeto -"predicable"- puede atribuírse a éste dentro de estos tipos generales: especie ( la esencia del su jeto), género próximo
(parte de la esencia del sujeto), diferencia específica ( característica que determina al género constituyéndole en especie completa), propiedad ( característica que sin ser parte integrante de la esencia, deriva siempre de ella), accidente ( característica que como se tiene se podría no tener) .
Si la filosofía, y la ciencia en general, son saberes rigurosos a base de conceptos, era necesario estudiar, aunque sea en sus líneas fundamentales, la
teoría del concepto.

4. EL

JUICIO

El juicio -y no el concepto ni el raciocinio-, es la estructura lógica fundamental. Mientras el concepto presenta, muestra mentalmente una cosa; el
juicio enuncia, predica. En esta conexión enunciativa de conceptos, algo
afirma o niega el pensamiento. Sin esta conexión enunciativa de concrptos
no habría base para el progreso lógico racional (discurso o raciocinio) . En
el juicio se asienta la verdad. ¿No bastarán estas razones para convencerse
de que el juicio es la estructura lógica fundamental?
Juicio es la forma apofántica del pensamiento que, por la afirmación o
negación, compone o divide dos o más conceptos. Expresado logísticamente:

A es B, A no es B. Nuestro entendimiento compara dos conceptos entre sí,
ve la compatibilidad o la incompatibilidad, y afirma o niega. Para efectuar
esta operación se precisan tres elementos: un sujeto de quien se afirma o se
niega el otro concepto, un predicado que es lo que se afirma o se niega del
sujeto, y una cópula (verbo ser) que manifiesta la composición o la división
que entre el concepto y el predicado establece la inteligencia. Con estos elementos materiales -sujeto y predicado- y con este elemento f01mal --cópula- se integra la estructura del juicio. En ocasiones, la estructura antes
apuntada no es explícita: se sobreentiende el sujeto, el predicado o la cópula.
En todo caso, al juzgar intentamos tocar el plano de la existencia, anclar
en el reino de la realidad y no jugar absurdamente con los conceptos. Y al
tocar el plano de la existencia, en forma categórica, habrá o no habrá acuerdo entre lo que enuncia nuestro pensamiento y la realidad. Lo verdadero
y lo falso, en consecuencia, se nos presenta como propiedad del juicio.
Los juicios se clasifican en: a priori, no derivados de la experiencia y
dependientes de la razón, y a posteriori, derivados de la experiencia o contingentes; analíticos, el concepto predicado se encuentra contenido en el concepto sujeto, y sintéticos, el predicado está colocado fuera de las notas significativas componentes del sujeto; de esencia, determinan un modo de ser,
y de existencia, se refieren al ejercicio mismo de ser.
Cualidad, cantidad, relación y modalidad son las maneras de predicación.
Por su cualidad los juicios serán afirmativos, si componen los conceptos, o
negativos, si los dividen. Por su cantidad los juicios pueden ser universales,
el sujeto supone la totalidad de los objetos cubiertos por su extensión; particulares, el sujeto sólo supone una parte de los objetos englobados por su
extensión; singulares, el su jeto se refiere exclusivamente a un individuo. Por
su relación, los juicios pueden ser categóricos, la enunciación se efectúa sin
ninguna condición; hipotéticos, la enunciación se formula dependiente de
un supuesto; disyuntivos, la verificación de una de las dos determinaciones
enunciadas excluye a la otra. Por su modalidad, los juicios se clasifican en
problemáticos, si la adhesión del predicado con el sujeto puede ser y no ser,
según condiciones; asertóricos, si el predicado conviene de hecho al sujeto;
y apodícticos, cuando el predicado conviene o repugna necesariamente al
sujeto. Un juicio puede realizar varios puntos de vista o maneras de predicación. Ningún animal es inmortal, es un juicio universal, negativo, categórico, asertórico.
Entre los juicios se dan relaciones. Cuando un juicio afirma lo que el otro
niega, refiriéndose a una situación idéntica, salvo en la cantidad, se habla de
juicios contradictorios. Son contrarios los juicios universales que se oponen:
el universal afirmativo ( A) y el universal negativo (E). Sub contrarios se
denominan a los juicios particulares cuando el uno afirma lo que el otro nie-

20

21

�ga. Subalternos se llaman a los juicios que poseen el mismo contenido y la misma cualidad, aunque su cantidad es diversa. A partir de la verdad o falsedad de una proposición dada, se puede inferir la verdad o la falsedad de
las proposiciones opuestas, de acuerdo con las cuatro reglas siguientes:
la. Contradictorias: Nunca pueden ser ni simultáneamente verdaderas ni
simultáneamente falsas. De la verdad de una se infiere necesariamente la
falsedad de la otra y viceversa.
2a. Contrarias: Nunca pueden ser simultáneamente verdaderas. De la verdad en una se infiere la falsedad de la otra. Pero pueden ser simultáneamente falsas.
•
3a. Subcontrarias: Nunca pueden ser simultáneamente falsas. De la falsedad de una se infiere la verdad de la otra. Pero pueden ser simultáneamente
verdaderas.
4o. Subalternas: Si la subaltemante es verdadera también lo será la subalternada. Si la subalternada es falsa también lo será la subalternante.
Así como el concepto se expresa mediante el término ( o palabra), el juicio se expresa por la proposición: su vehículo gramatical. Ya tendremos
oportunidad, posteriormente, de estudiar los signos con significación. Por ahora nos importa, solamente, el estudio del juicio.
La cantidad de un juicio depende -se ha dicho tradicionalmente- de la
cantidad de su sujeto. Con la cuantificación del predicado se introduce una
interesante reforma de la lógica. William Hamilton advierte que es necesario
"enunciar explícitamente en el lenguaje todo lo que está contenido implícitamente en el pensamiento". Aunque en las proposiciones aparezca el predicado con una cantidad indeterminada, es lo cierto que lo pensamos siempre
e ineludiblemente con una determinada cantidad que es igual a la cantidad
del sujeto.6 Los cuatro tipos de juicios, por la cantidad y la cualidad, que
distingue la lógica clásica ( universales afirmativos, particulares afirmativos,
universales negativos y particulares negativos) es sustituida por esta otra clasificación que se estima como más precisa:
Juicios afirmativos tato-totales: Todo hombre es todo animal racional.
Juicios afirmativos toto-parciales: Todo pájaro es algún animal.
Juicios afirmativos partí-totales: Algún animal es todo pájaro.
Juicios afirmativos partí-parciales: Algunos mexicanos son algunos escritores.
5. Juicios negativos toto-(otales: Ningún hombre es ningún ángel.

l.
2.
3.
4.

• WILLIAM HAMILTON,

Lectures on metaphysics and logic.

6. Juicios negativos toto-parciales: Ningún hombre es algún vegetal.
7. Juicios negativos partí-totales: Algún animal (a saber, el hombre), no
es ningún ángel.
8. Juicios negativos partí-parciales: Algún animal (a saber, el hombre)
no es algún ser pensante (a saber, ángel).
Establecida la relación de cantidad entre el sujeto y el predicado, se tienen las bases de una analítica capaz de un cálculo operatorio, similar al
de las matemáticas, por más que resulte un tanto fútil querer manifestar
explícitamente la cantidad del predicado. ¿No es acaso de la esencia misma
del predicado, en virtud de su relación lógica con el sujeto, ser tomado particularmente en toda afirmativa, y universalmente en toda negativa? La cantidad del predicado depende de la forma del juicio. Para comprobar este
aserto, bástennos dos ejemplos: Todo animal es mortal (el predicado mortal
es particular, puesto que el sujeto hombre no agota su contenido potencial);
ningún animal es árbol ( el predicado árbol es universal, porque todo su contenido potencial queda separado del sujeto animal).

5. EL

RACIOCINIO

Así como el juicio se estructura a base de conceptos, así el raciocinio construye sus ilaciones a base de juicios. Partiendo de otros juicios conocidos, se
infiere un nuevo juicio. Gracias al raciocinio, nuestra inteligencia progresa en
su saber, derivando nuevas verdades de los conocimientos adquiridos. Las
proposiciones previas -antecedente- y los conocimientos resultantes -conclusión- constituyen el acto más completo de nuestro pensamiento. Se comparan dos conceptos con un tercero, para concluír afirmando o negando su
sociabilidad lógica. A diferencia de la intuición, en que la verdad se nos ofrece de modo inmediato, por una iluminación súbita que no requiere antecedentes lógicos, el raciocinio está montado sobre premisas. Para que el raciocinio sea verdadero, no basta la correcta disposición de conceptos y juicios;
menester es que el antecedente sea también verdadero. Tradicionalmente se
han formulado estos tres principios:
1. De un antecedente verdadero, si el raciocinio es correcto en su forma,
siempre se tendrá una conclusión verdadera.
2. Si la conclusión, aún correctamente deducida, es falsa, por lo menos
una parte del antecedente es falsa.

�3. De una conclusión verdadera no se puede deducir la verdad del antecedente.
El raciocinio matemático --dos cantidades iguales a una tercera, son iguales entre sí- es tan sólo un caso especial de raciocinio. El raciocinio lógico,
cuya expresión verbal se llama argumentación o discurso, presenta dos formas: deductiva o descendente e inductiva o ascendente. En el raciocinio inductivo se parte de la observación de objetos o casos singulares, para extraer
de esa observación, mediante procedimientos adecuados, un principio o ley
general. En el raciocinio deductivo, a la inversa, el punto de partida son los
principios generales para concluir, mediante principios propios, en proposiciones más concretas.
En sentido estricto, no se dan inferencias inmediatas. Cuando pasamos
del juicio: "Ningún perro es gato", al de su converso: "luego ningún gato
es perro", no hemos salido de una misma verdad, aunque la expresemos de
dos maneras diferentes. Toda inferencia, en sentido propio, supone el paso
de una verdad a otra verdad. Tal es el caso del silogismo.
En su tratado de los Primeros Analíticos, Aristóteles define: "El silogismo
es una enunciación en la que, una vez sentadas ciertas proposiciones, se concluye necesariamente en otra proposición diferente, sólo por el hecho de haber sido aquéllas sentadas". 7 Todo silogismo se compone de tres juicios: dos
premisas y una conclusión. Intervienen en todo silogismo: el término medio, que sirve de punto común de comparación en las dos premisas; el extremo mayor, que figura como predicado de la conclusión; y el extremo
menor, que figura como sujeto de la conclusión. A la premisa que contiene
el extremo mayor -primera o segunda- se le denomina premisa mayor, y
a la que contiene al extremo menor, premisa menor.
El mecanismo del silogismo está sujeto, cualquiera que sea su figura, a
ocho reglas:
la. El silogismo ha de tener tres términos, m más

ni

menos.

6a. De dos premisas negativas nada se concluye lógicamente.
7a. La conclusión sigue el carácter de la premisa más débil, entendiéndose
por débil lo negativo y lo particular.
8a. De dos premisas particulares nada se concluye lógicamente.
Estas reglas, cuatro de las cuales se refieren a los términos y las demás a las
proposiciones, se derivan de la definición misma de silogismo, como lo explicitan los tratados de lógica.
Según la disposición del término medio en las premisas, se obtienen estas
cuatro figuras del silogismo:
I. El término
menor.
II. El término
III. El término
IV. El término
menor.

medio es sujeto en la premisa mayor y predicado en la
medio es predicado en ambas premisas.
medio es sujeto en ambas premisas.
medio es predicado en la premisa mayor y sujeto en la

Los modos del silogismo dependen de la cantidad y cualidad de las premisas. De los sesenta y cuatro modos posibles -considerando 4 combinaciones
por la cantidad, otras 4 por cada una de las anteriores al intervenir la cualidad y 4 más por las figuras; multiplicación que arroja un total de 64 combinaciones- sólo diecinueve modos resultan válidos, al aplicarles las reglas del
silogismo. Utilizando la nomenclatura usual (A, universal afirmativa; E, universal negativa; I, particular afirmativa; O, particular negativa ) , se ofrecen,
agrupados en las cuatro conocidas figuras, los diecinueve modos siguientes:
la. Figura.

A-A-A; E-A-E; A-I-I; E-I-O

-ª· Figura.

2a. El término medio no debe aparecer en la conclusión.
3a. El término medio debe estar tomado por lo menos una vez en toda
su extensión.

E-A-E; A-E-E; E-I-O; A-O-O

4a. Los extremos no deben tener mayor extensión en la conclusión de la
que tienen en las premisas.

A-A-I; E-A-O; I-A-I; A-1 • v A-O; E-

Ja. }, 1gura.

,a.

5a. De dos premisas afirmativas siempre se concluye afirmando.
' ARISTÓTELES, Primeros Analíticos, Sección Primera, Capítulo Primero No. 8,
Pág. 479, tomo 3, Ediciones Anaconda.

24

.1.

.gura.

A-A-I; A-E-E ; I-A-I; E , _
Además del silogismo

1

,

11,...:,

J ....

.s.:.i aho1a estudiado, hay silogis-

25

�mos irregulares -entimema, epiquerema, polisilogismo, sorites- y silogismos
compuestos -hipotético, disyuntivo, dilema- que son también, indudable-

mente, auténticos raciocinios y que el lector curioso podrá encontrar expuestos en cualquier manual de la materia. Todo raciocinio -importa decirlo-pretende ser verdadero y concluyente. El error puede provenir de la materia
-se observan todas las leyes del silogismo, pero el argumento es erróneo-,
de la forma -paralogismo, sin intención de engañar; sofisma, en el otro
caso- o de la falta de forma. La falacia puede estar en las palabras (empleo de un mismo término en diversa acepción, por ejemplo) o en las cosas
(v.gr.: atribuir al su jeto en general lo que sólo le conviene accidentalmente).
El conocimiento del lenguaje, la observación de las leyes del razonamiento
y el buen sentido, sobre todo, evitarán los paralogismos.
La teoría lógica del raciocinio, que hemos intentado resumir, pone de manifiesto la debilidad de nuestro entendimiento. No podemos conocer sino sucesivamente. Buscamos confirmar la relación que une dos juicios, colocando
entre ellos un punto intermedio de enlace. Sólo así podemos transitar de un
juicio a otro. La debilidad de nuestro entendimiento es suplida por el raciocinio, que no se realiza sin un cierto esfuerzo: un esfuerzo de una inteligencia imperfecta que anhela conquistar una seguridad.

6.

LA LOGÍSTICA

La logística -también denominada lógica matemática y lógica simbólicaprescinde de los objetos concretos y en su lugar designa por letras -p.q.r ... las diversas proposiciones.
Las operaciones básicas, cada una con su signo propio, son las siguientes:
unión copulativa(&amp;), correspondiente a la palabra y; v.gr.: "el león es mamífero" y "el pulpo es molusco"; la unión alternativa o disyunción (v), que se
forma con la partícula o; v.gr.: "todo hombre es soltero" o "casado" ; la unión
por implicación ( ➔), designada con los términos de "por tanto", "luego";
v.gr. : "todo animal es corporal, luego todo animal es espacial"; la unión por
equivalencia o igualdad de valor lógico (=), v.gr.: "el hombre es el animal
que piensa" equivale a esta otra proposición: "el hombre es el animal que
hace utensilios". La escritura lógica varía de acuerdo con los sistemas establecidos por los diversos autores.
Sobre las operaciones básicas, antes apuntadas, la logística edifica unas
especies de tablas para cada una de las expresadas operaciones: por ejemplo, la tabla de operación "negativa" ( toda proposición sólo puede tener dos
valores lógicos; el de verdad (V) y el de falsedad (F) ; de modo que si la

26

proposición es verdadera, su negación será falsa; y si la proposición es falsa,
su negativa será verdadera), la tabla de unión, etc. En esta forma, las leyes
lógicas se obtienen por medio del cálculo, sin discursos, dando como resultado el valor total V. Además del cálculo llamado proposicional, "se puede
introducir -explica el Dr. Juan David García Bacca- el cálculo de proposiciones universales y particulares, dando el cálculo funcional; se puede
tratar por semejantes procedimientos calculatorios la extensión de una proposición o concepto, cosa que corresponde al cálculo de las clases que sirve
de fundamento lógico puro a la teoría matemática de los conjuntos, y además es posible construir un cálculo más general: el de las relaciones, del que
no hay ni indicios en toda la lógica clásica, v.gr.: estudiar las leyes de proposiciones del tipo: "a es menor que b", "a es paralelo con b"; "a es padre
de b y amigo de c" etc." 8 Partiendo de seis axiomas con dos reglas de derivación, la logística deduce todas las leyes lógicas, incluyendo los primeros
principios y la formas silogísticas.
La lógica matemática es un producto genuino del racionalismo y del formalismo, que dispone de todo el método e instrumental matemático. Moviéndose en un plano de rigurosa y pura logicidad, sustituye las proposiciones
del lenguaje por una reglada operatividad sobre sus símbolos. Es visible su
interna coherencia. La matemática parece quedar reducida a la lógica. Se
inventan nuevos cálculos y se advierte la necesidad de numerosos principios (reducción al absurdo, adición, aserción, asociación, conmutación, composición, exportación, factorización, importación, permutación, simplificación,
"summation", tautología, transposición, identidad, no-contradicción, tercero
excluído) . El objeto logístico proviene de la voluntad del lógico y no de su
propia esencia objetiva. La materialidad se ha perdido. "El objeto lógico de
este sistema aparece como una construcción mental desprovista de matices empíricos, sin que por ello pueda predicarse su carácter de universal. El dogmatismo matemático parecía inclinarle, al menos en la práctica, a la afirmativa ;
pero cierta índole abstracta del mismo --observa Manuel Granell- niega en
cambio su realidad".º Partiendo de ciertas fórmulas originarias, la axiomática
llega a deducir otras fórmulas mediante determinadas reglas operatorias. La
verdad o la falsedad de los axiomas no es cuestión que inquiete al formalismo.
Lo único que importa es el cálculo, la ausencia de contradicción, la coherencia
interna. La lógica matemática es una clase de lógica formal. Pero una lógica
formal axiomatizada, relativa. Expuesto en lenguaje simbólico y artificial, el
4

JUAN DAVID GARCÍA BACCA, Elementos de Filosofía, pág. 58, Biblioteca de Cultura Universitaria, Caracas 1959.
• MANUEL GRANELL, Lógica, págs. 246-247, Revista de Occidente, Madrid.

27

�contenido de la logística abarca la silogística aristotélica, la doctrina estoica de
la consecuencia, la lógica moral y muchas leyes más.
Dada la diversidad de sistemas en la lógica matemática actual, se ha preguntado: ¿ Cuál entre los numerosos sistemas de esta lógica debe servir como
fundamento de la axiomatización? Tenemos, hoy día, docenas de sistemas diferentes. ¿ A cuál crite1io acudiremos para escoger? J. Lukasiewicz y E. Post
establecieron los llamados sistemas polivalentes de la lógica; Brouwer postula
una lógica intuicionista, axiomatizada por Heyting en 1930; Whitehead y
Russel elaboran y amplían, en su obra Principia mathematica, la lógica formal
aristotélica; Lesniewsky se aparta de los Principia mathematica con un nuevo
sistema; Gentzen y Jaskowski establecen las llamadas lógicas naturales -lógicas de la consecuencia- que establecen reglas solamente; H . Curry presenta,
dentro de la más reciente evolución, la lógica combinatoria. Ante la creciente
proliferación de sistemas -que el lector interesado podrá advertir si se toma
el trabajo de consultar los manuales de lógica matemática más o menos nuevos--, surge en nosotros la inquietud por el problema de los fundamentos de
la logística. Se ha pretendido sentar, como criterio para seleccionar mejor el
sistema logístico, una norma metalógica: escojamos aquel sistema que permita
axiomatizar con mayor facilidad y sin contradicción la disciplina en cuestión,
buscando demostraciones sencillas y "elegantes". El relativismo de esta respuesta es patente. Pero hay algo más grave: la logística pierde de vista la
realidad, las cosas, para recrearse, con frecuencia, en un simbolismo matemático. "Detrás de los símbolos -dice Gonseth- se imagina tener una realidad
íntegramente concebible, y que la estructura del mundo real es precisamente la
necesaria para que la lógica dé cuenta de ella con perfecta fidelidad" .1 º La
verdad es que la lógica de los conceptos resulta necesaria como actividad del
espíritu humano. La lógica de signos nunca suprimirá, por completo, el margen
de indeterminación que subsiste sobre los signos mismos (orales o escritos) .
No podemos dispensamos de pensar conceptualmente, substituyendo el trabajo
mismo del pensamiento por cierta manipulación reglada de signos matemáticos,
a menos de acabar matando la viviente realidad. Podemos, eso sí, advertir la
conveniencia de un álgebra lógica como la propuesta por J. Maritain, totalmente diferente de la logística -y mucho más modesta- que pondría a disposición del lógico un sistema de signos artificiales especialmente adaptados
al análisis reflejo del raciocinio. Esta álgebra lógica, constituída conforme a
los principios de la Lógica tradicional, no pretende reemplazar el lenguaje
ni dispensamos de pensar; serviría, desde el punto de vista pedagógico, para
simplificar el manejo de las reglas lógicas, y nos ayudaría en la reflexión lógica

'º FERDINAND GoNSETH, Qu'est-ce que la logique?, capítulo II, Núm. 13 Pág. 28,
Hermano et Cie., 1937.

-estudio reflejo de los procedimientos de la razónpleto y preciso de signos técnicos.11

con un sistema com-

11
Para estar en aptitud de comparar la logística con el álgebra lógica que propone J. Maritain, seleccionaremos, entre los ejemplos ofrecidos por el mismo autor,
los dos siguientes: A). En logística un silogismo en Barbara se representará, según
Alejandro Padoa (La L6gica deductiva en su última faz de desarrollo, París, Gauthier-Villars, 1912, p. 78), por medio de la fórmula:

b =&gt; c.. o.. ::&gt; b ·.

~

: ex. ::&gt;c..

que puede leerse: si b está contenida en la clase e, y si a está contenida en la clase b,
entonces a está contenida en la clase c.
Habiendo establecido la igualdad
d = - c. = .c = -d
( decir que la clase d es la clase contraria de e, equivale a decir que la clase e es la
clase contraria de d, se dirá que el primer "silogismo" se, reduce al segundo (para esto
basta llamar d al término e) -lo que no está conforme a la Lógica clásica-, y lo que
no vale sino para las leyes del álgebra de los signos, no para las de la Lógica del pensamiento, porque: lo, un silogismo en Celarent no se piensa así:
Todo hombre es no-ángel,
todo filósofo es hombre,
luego todo filósofo es no-ángel
y 2o. el reemplazo de no-ángel por un término d ( tal como "corporal" por ejemplo),
que significaría la "clase contraria" de la clase "ángel", introduciría un cambio en la
materia misma de silogismo.
B) El álgebra lógica, constituida conforme a los principios de la Lógica tradicional,
es un sistema de signos artificiales especialmente adaptados al análisis reflejo del raciocinio, que no reemplaza el lenguaje ni excluye el trabajo del pensamiento, y sí facilita
el manejo de las reglas lógicas. "A título de ejemplo --dice J. Maritain- y solamente
para mostrar en qué camino sería posible aventurarse, supongamos que se elijan signos
elementales tales como los siguientes:
T

indicaría la identificación del Pr y del S en la proposición afirmativa,

X

su separación en la negativa,

T o X una

suppositio tomada con relación a la existencia ideal,
T o X una suppositio tomada con relación a la existencia real,
La ini~ial mayúscula indicaría un término tomado universalmente,
el paréntesis, un término tomado particularmente,
los corchetes, un término singular,
el signo ➔ indicaría la inferencia ("luego") .

Evidentemente esta lista podría ser ampliada. Pero con signos tan elementales es ya

29

28

�Examinada la corrección de las operaciones logísticas, faltaría aún comprender el verdadero sentido de toda la demostración. Para comprender
en plenitud una partida de ajedrez -aclaraba Poincaré- no basta conocer
las reglas del juego. Comprender la partida es enteramente otra cosa; es saber
por qué el jugador avanza tal pieza, en lugar de tal otra que habría podido

mover sin violar las reglas del juego. Es advertir la razón íntima que hace de
esta serie de jugadas sucesivas una especie de todo organizado.12 Algo semejante ocurre con la lógica.

7.

fácil iluminar muchos puntos interesantes. Así, para traducir en este sistema de signos
el silogismo "Todo hombre es mortal, Pedro es hombre, luego, etc.", se escribiría:
Hombre T (mortal)
[Pedro] ~ (hombre)
[Pedro] T (mortal)
lo que obHga a precisar que la menor singular (y lo mismo la conclusión) impHca
una suppositio tomada con relación a la existencia real, cuando afirma del S un Pr
esencial.
La conversión simple se traduciría por medio de los símbolos siguientes:

AXS
B X A,
o:
(b) T (a),
(a) T (b)

que manifiestan a los sentidos que en caso semejante no hay inferencia propiamente
dicha, sino simplemente expresión diferente de una sola y misma verdad.
La conversión parcial (per accidens) se traduciría por el símbolo
A T (b)
(b) T (a),

que demuestra que la conversa parcial repite de una manera implícitamente disminuida
la misma verdad que la proposición primitiva.

El estudio de la razón como instrumento de conocumento no es, propiamente, la sabiduría. Pero la sabiduría humana misma no podría adquirirse
sin los servicios del saber instrumental: la lógica.
Sin la lógica no podríamos llegar a poseer ninguna ciencia. No basta acumular conocimientos de modo confuso e incierto. Necesitamos orden, rectitud
en el proceder mental, unidad en el conocimiento. Nuestra afanosa y apasionada búsqueda de la verdad no llegaría a ninguna meta de no ser por la
lógica. El somero examen de la lógica, que hemos efectuado en los artículos
anteriores, pone de manifiesto la importancia de esta disciplina para la vida
humana. Imposible vivir, y sobre todo vivir bien, sin lógica. Nuestra actividad,
movida por valores, tiene que estar dirigida por una mente que respete la
ciencia lógica, convirtiéndola en arte vital. Y aunque la lógica de la vida no
sea el criterio exclusivo que decida del valor de una persona, es -¡ qué duda
cabe!- un insoslayable factor de valoración.
No se puede vivir congruentemente, inteligentemente, sino viviendo lógicamente. Toda la conducta humana sigue, debe seguir para ser consecuente
con uno mismo, los ideales personales que rigen la existencia. "Vivir lógicamente -ha dicho el Dr. J. Hernández Chávez- es vivir axiológicamente. La
lógica de la Vida se convierte en Axiología de la Vida. Vivir lógicamente es
{"existencial" o "ideal") que la mayor -y lo que demuestra también en forma sensible
.cómo Darapti se reduce a Darii, por conversión de la menor:

Silogismos en Darapti ( tales como los dados corno ejemplo en la página 298), tendrían
por símbolos:
Murciélago
Murciélago

Darapti

C T (b)
C T (a)
{ ➔ (a) T (b)

Darii

C T (b)
(a) T (c)
{ ➔ (a) T (b)

T (alado)

T

(mamífero)

➔ (mamífero)

1 alado)

Poeta

i

Poeta

T (hombre)

(hombre)

T ( artista)

(artista)

lo cual pone en evidencia que la conclusión debe ser tornada en el mismo sentido

30

LA LÓGICA COMO INSTRUMENTO PARA LA VIDA Y PARA LA SALVACIÓN

En la misma forma se podrían verificar cómodamente todas las reglas de la reducción
&lt;le modos.
(Véase El Orden de los Conceptos, págs. 288 a 301 y 367 a 373, Club de Lectores,
.Buenos Aires, 1953).
u

El valor de la Ciencia, I, cap. I, núm. 5.

31

�valorizar, jerarquizar los valores, y escoger lo mejor". El orden entre las premisas y la conclusión de un razonamiento no coincide con el orden de la investigación y de la invención de un problema. En uno y en otro caso requerimos, no obstante, del espíritu lógico. Gracias a este espíritu lógico no acometemos empresas vanas.
La pura lógica, por ser formal, no puede refutar una proposición metafísica,
ética o científica particular. Pero "del mismo modo que la forma implica la
materia, la lógica implica algo más que la forma" ( Morris R. Cohen) . Las
leyes y reglas lógicas, aunque referidas a la pura estructura de las proposiciones
o de las fórmulas, son útiles y hasta indispensables para la vida y para la salvación. Es cierto que las expresadas leyes y reglas no tratan de contenidos, pero
aún así se aplican a los enunciados relativos a lo real. Y se aplican con un
designio de orden. Nada dicen sobre el sentido de la vida y de la realidad,
pero nada se podría decir sobre ellos sin las estructuras lógicas. Si la lógica
es aplicable a la realidad es porque lógica y realidad no están abismalmente
separadas. No hay que perder nunca de vista que las formas lógicas se refieren
a los hechos. Y los hechos, con dificultades mayores o menores, son susceptibles·
de ordenación.
El raciocinio no es una mera tautología. Todo silogismo. establece un elemento de identidad entre cosas diversas. "La afirmación de que la conclusión
se encuentra contenida en las premisas no pasa de ser una tosca metáfora
-como si las premisas fueran una caja y las conclusiones los objetos contenidos en ella-. Las conclusiones -observa Morris R. Cohen- necesitan de
las premisas porque, siguiendo ciertas reglas lógicas, se puede demostrar que
todas las demás conclusiones alternativas son imposibles. Excluyendo algunas
combinaciones de premisas y conclusiones, obtenemos resultados determinados.
Y es en este desarrollo de las posibilidades limitadas en el que radica la fecundidad de la lógica". El mundo está lleno de posibilidades. Mundo de posibilidades que tiene, por cierto, alguna conexión sistemática.
La lógica opera sobre supuestos. La observación empírica contiene elementos.
no lógicos. Por eso la prueba de la existencia de un objeto está más allá de
la lógica. De ahí la importancia de conocer a los objetos tales como son. Hay
diferentes medios de aproximarse a la realidad, implicados en la diferencia
de las cosas mismas ... No es posible utilizar un mismo método para buscar
verdades de diverso orden. La vista, el oído, el gusto, el olfato, el tacto, la
imaginación y la sensibilidad interna contribuyen decisivamente, en muchos
casos a conocer las cosas tal como son. Resulta conveniente, en consecuencia,
'
no descuidar el funcionamiento adecuado de estas facultades.
La naturaleza nos ha dado una cierta disposición para conocer la verdad_
Esta disposición --que algunos autores han querido denominar "lógica natural"- es suceptible de afinamiento, de perfeccionamiento, si atendemos a las

32

reglas que nos guían en la búsqueda de la verdad, y a las razones en que se
apoyan. No basta conocer los medios para pensar bien --en el orden especulativo y en el orden práctico--; se requiere, además, un profundo amor de la
verdad, una conciencia de las propias fuerzas y un dominio de las pasiones.
La lógica, examinada objetivamente, presenta una adecuación a las cosas y
está sujeta al imperio de la ley impersonal de la corrección formal. Pero considerada como necesidad vital del individuo, como arte de vida, está regida
por la vocación personal y por el fin último de salvación. La lógica, en este
sentido, es sólo una forma y función de la vida; pero la vida no será auténticamente humana si no se orienta hacia la realización de la entelequia, hacia la
salvación. Para nosotros la lógica pasa a ser "ancilla salutis", sierva de la salvación. Así adquiere su movilidad personal y su fuerza de transformación.
Si por razón vital se entiende una razón ínsita en la vida, abierta a la realidad, sin supeditación a lo biológico, entonces debemos saturar a la lógica
de razón vital. Hay que atender no tan sólo al pensamiento formal, sino también, y acaso más, al pensamiento material vinculado a las cosas. Nuestro
siglo nos invita a volver humildemente la mirada a las cosas.
Si la logicidad es fruto del saber a qué atenerse, resulta incongruente decir
que "ha surgido en un momento de la historia, y nada garantiza su conservación. ¿ Es que la necesidad de corrección y de certeza no es una constante
humana? Lo que la logística tiene de verdadera lógica -teoría de los enunciados y teoría de las clases referentes a la extensión de los conceptos--- es exclusivamente, como lo ha visto Aloys Müller, lógica de viejo estilo, simplemente más desarrollada. Lo restante pertenece a la matemática (teoría de
los conjuntos) o a las ciencias especiales ( teoría de las relaciones), y queda
fuera del territorio de la lógica. Todo lo que de lógica tiene la logística puede
expresarse también en palabras. La lógica simbólica "aprehende manifiestamente sólo lo formal, casi diría lo más formal de la lógica, y naturalmente
-observa A. Müller- sólo puede aprehenderse esto pasando de largo, incomprensivamente, junto lo esencial, la inteligencia de la estructura de lo$ pensamientos y de su esfera".
La lógica interesa -así me lo parece a mí, por lo menos- porque se puede
situar en la vida, porque puede ayudar a realizarse, porque es, en suma, un
instrumento para la salvación personal.

a

33
H3

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL PODER
LIC. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras de la U. N. L.
Sumario: l. ¿Qué es el poder? a). ¿Para qué es el Poder en el Estado? b). ¿C6mo es
el Poder en el estado? c). ¿Cuándo surge el Poder en el Estado? 2. Elementos in-.
ternos del Poder. a). Mando. b). Obediencia. 3. Definición del Poder.-4. Notas
características del Poder en el Estado.-5. Sujeto del Poder en el Estado.--6.
Titular del Poder en el Estado.-7. Justificación del Poder en el Estado.-8. Técnica del ejercicio del Poder en el Estado.-9. La raz6n de ser del Poder Estatal.! O. La justicia en función del Poder Estatal.-11. El Poder, acción del Estado.! 2. Condiciones de la acci6n Gubernamental: Poseer la autoridad y ejercerla debidamente.-! 3. La acción Gubernamental debe concordar con los avances de la
cultura.-14. El individuo ante el poder.-15. El problema primordial de la acci6n
Gubernamental: Conciliación entre el Poder Estatal y la libertad individual.

l. ¿ QUÉ

ES EL PODER?

Después de un análisis histórico, hemos llegado a dilucidar la noc1on de
"Poder" como una energía o fuerza unitaria dirigida hacia algo, como la acción proyectada hacia la consecución de un fin. En la organización estatal
se encuentra un solo poder y no varios, cuyo fin es el Bien Público Temporal.
Ahora bien, una vez aceptado, como instrumento de trabajo, este concepto
de poder, surge ante nosotros una bandada de interrogaciones: ¿ qué es el
poder?; ¿para qué es el poder?; ¿cómo es el poder?; ¿cuándo surge el poder
en ese organismo estatal?
Fischbach nos dá la idea de poder como un "fenómeno psíquico"; Herman
Heller, como una "unidad de acción política"; y, el Dr. Sánchez Agesta, como
"un principio motor''.
La unidad de acción estatal se observa en la cooperación de esfuerzos y
voluntades, entre gobernantes y gobernados, para llegar a una finalidad común: la convivencia y paz humanas.

35

�Los miembros de la comunidad estatal, al unirse, tienen una fuerza que
antes no existía ni en los individuos aislados, ni en los órganos ni en los gobernados.
La organización estatal es la forma o esquema del Ser-Estado, y los seres
humanos son el contenido del mismo. Los hombres son los que ejecutan la
acción, y los que tienen el poder de dicha institución.
Nosotros descartamos las doctrinas de la fuerza que reconocen el derecho
del "más fuerte'\ del "más hábil", como un poder legítimo.
El poder es inherente a la comunidad, pero como ésta no puede por sí misma
ejercerlo, necesita transferir la autoridad al dirigente o dirigentes de ese grupo
humano. El gobernante legitima el poder estatal a su cargo, por el consentimiento que sus súbditos han manifestado, voluntariamente, dentro de la organización jurídico-política: el Estado.
El Dr. Basave apunta: "La autoridad ordena una línea de conducta a los
ciudadanos y extranjeros residentes en el país. Las órdenes deben ser justas
pero además oportunas. Esto último es cuestión de tacto político. La obediencia
de los súbditos no debe ser ciega sino razonable".1
Como decíamos, el poder en el Estado es una renovación continua de energía espiritual entre gobernantes y gobernados, quienes sostienen un orden,
tendiente a la consecución del Bien Público Temporal.
a ) lPara qué es el poder en el Estado?

El poder en el Estado es para conservar el orden y la coordinación de funciones, ya que sin la acción conjunta y armónica entre gobernantes y gobernados no existe la convivencia humana. El orden estatal se logra cuando las
normas y reglamentos jurídicos que se publican son acatados y obedecidos
por el hombre que vive en dicha comunidad, ya que el poder es la energía
espiritual, psíquica, que el hombre como ser social y racional, con capacidad
de decidir y de actuar, dirige o puede dirigir hacia un verdadero humanismo.
b) l Cómo es el poder en el Estado?

El poder en el Estado no es algo tangible, sino inteligible, concebible. No
es un elemento substancial ni estático sino dinámico. Es esa energía imperante que se trasmite de un ser a otro y que actúa mediante el mando del go-

bemante y la obediencia del gobernado, obteniendo la unidad de acc1on del
poder organizado. Desde el momento en que el mandato dado -sea Ley, Reglamento o Decreto, etc.- no se obedece, se pierde ese equilibrio de unidad.
Surge, entonces, el desequilibrio estatal, revoluciones internas, revueltas, etc.

c) ¿Cuándo surge el poder en el Estado?
El poder en el Estado surge cuando el hombre, para vivir pacíficamente,
se da cuenta que necesita de alguien que le dirija y proteja, meqiante las
instituciones establecidas para ello, dentro de la entidad social jurídico-política: el Estado.
Kranemburg dice: "Como hemos visto ya, la autoridad y el derecho al
mando nacen a la vida cuando se hace necesario organizar la fuerza y regular
las relaciones humanas.
"En los momentos en que se ven en peligro la vida y los¡ medios para gozar
de ella, cuando se hacen· necesarias las decisiones rápidas, la gente está dispuesta a instituir un solo órgano de gobierno y a otorgarle una autoridad
considerable. Pero cuando esta autoridad pasa a mando de personas indignas,
de hombres que no comprenden sus funciones y que las ejercen en detrimento y no en beneficio del bienestar general, aquellos que están sujetos
a la autoridad sienten entonces que están bajo condiciones injustas, y que
tienen el derecho y el deber de acabar con ellas. Así da principio un movimiento para deshacerse del que detenta el poder. Si la falta se debe a la
persona o a la dirección política, la revuelta se dirigirá contra el gobernante
en particular; pero si se cree que depende del sistema, su objetivo será el
régimen general en cuestión". 2

2.

ELEMENTOS INTERNOS DEL PODER: MANDO y OBEDIENCIA

Los elementos internos del poder que forman "la unidad de acción política" son: el mando y la obediencia.
No puede haber unidad de acción estatal si no existe el mandato y la obediencia del mismo. El gobernante ordena a los gobernados para que le obedezcan, y, ambos, como seres dotados de voluntad y de razón, sostienen, con
su actuación consciente, la unidad de acción política. En esa cooperación
de voluntades se observa el equilibrio estatal.

1

DR. AGUSTÍN BASAVE FE1tNÁNDEZ DEL VALLE, Teorla del Estado, p. 87. Editorial
Jus. México, 1955.

• R. KRANEMBURG, Te oría Política, p. 95, versión espa ñola de Juan Bazant. Fondo
de Cultura Económica, Pánuco 63, México, D. F., 1941.

36

37

�Como decíamos, el gobernante tiene la autoridad de poder en el Estado,
que le ha confiado la comunidad estatal. El poder del Estado es inherente
al mismo, ya que sólo es uno de sus elementos.
La unidad de acción estatal no puede atribuirse, parcialmente, ni a los
gobernantes ni a los gobernados, sino a la cooperación de ambas voluntades,
a través de los elementos del poder: mando-obediencia.
La obediencia no es un impulso físico sino psíquico, espiritual, moral. Es
una de las características del ser humano. Nosotros obedecemos porque nuestra conciencia moral nos aconseja que debemos acatar las órdenes de nuestros
superiores. Tenemos el sentido de responsabilidad respecto a una orden dada
que deriva de una persona considerada superior en grado. La moralidad de
nuestras acciones entra en juego para actuar obedientemente. Intervienen los
valores al juzgar la actuación del hombre. Un acto determinado puede no
tener validez moral para tal o cual persona, pero, para el ser actuante puede
tenerla. Existen varios ámbitos en la esfera de actuación del hombre: el
moral, que depende de la conciencia interna humana; el religioso, de la actitud de religación con Dios; y el jurídico que responde, preponderantemente,
a los actos externos. La coercibilidad estatal impera sobre el hombre, cuando
las normas jurídicas no son obedecidas.
El acto de obediencia tiene sus raíces profundas en el ser humano, como
persona que es. La razón interviene al actuar, pero, muchas veces, otras causas, ya de orden sentimental o psicológico o valorativo, suelen contribuir a
las diversas decisiones del hombre.
En el ámbito estatal, los elementos del poder, mando-obediencia, constituyen el orden, sin el cual es imposible la vida del Ser-Estado.

como decíamos, dos actos diversos que se complementan: el mando y la
obediencia.
. ~¡ mandato, dentro de la organización estatal, proviene del gobernante,
dmgente de ese conglomerado humano; y la obediencia debe efectuarse por
los gobernados.
Sólo las personas son capaces de dirigir y de ser dirigidas. Las cosas por
ser tal cual son, no necesitan de ello.
Entonces, el poder en el Estado es la energía dinámica, espiritual, que
actúa u opera sobre los hombres que conviven en esa comunidad.
"Y establece en un grupo humano el orden necesario". En esta oración
observamos la proyección de la acción conjunta de 0o-obernante y gobernados
dirigida hacia el orden.
'
"Para conducirlo a su fin". El fin que persigue el poder estatal, mediante
el orden, es el Bien Público Temporal.

Luego, el Dr. Sánchez Agesta, afirma, en otro párrafo: "El poder político
est~blec~ su relación ~ntre un imperante e imperados que participan de Ja
racionalidad y de la libertad humana. No es transmisión mecánica de movimi~nto, sino ordenación . pre~eptiva de acciones. El precepto ordenador es
su mstrumento y la obed1enc1a ordenada su efecto. Gobierna hacia el fin ordenado a él una pluralidad de conductas dentro de un grupo humano hacia
la realización armónica del fin propuesto. La idea de poder se enriquece así con
un nuevo elemento. No sólo es principio de ordenación a un fin sino también
de unificación y cordinación, esto es de orden de una pluralidad de conductas
a través de preceptos".4

4.

3.

NOTAS CARACTERÍSTICAS DEL PODER EN EL ESTADO

DEFINICIÓN DEL PODER

Las notas características del poder en el Estado son:
El Dr. Luis Sánchez Agesta apunta, en sus Lecciones de Derecho Político:
El Poder es "el principio motor que dirige y establece en un grupo humano
el orden necesario para conducirlo a su fin". 3
Analicemos dicha definición: El poder es "el principio motor que dirige".
En esta oración, observamos que se alude a una dirección hacia algo. El
"principio motor" va encaminado · a la realización de acciones de la persona
humana, quien es susceptible de ser dirigida, y, a la vez, capaz de razonar y
de tener una visión de una determinada finalidad. La dirección implica,
• DR. Luis SÁNCHEZ AGESTA, Lecciones de Derecho Político, p. 493. 3a. Edición.
Granada, Imprenta Hijo de Paulino V. Traveset, Mesones 52, 1947.

a_)•. La originalidad, ya que el poder estatal está delimitado por el Derecho
Ob1et1vo u ordenamiento legal positivo que se basa en el Derecho Natural.
La_ ley fundamental del Derecho Positivo es la Constitución. El poder estatal
es mherente al Estado. No deriva de ningún otro.
b) . La aptitud para la auto-organización y distribución del poder estatal
entre los órganos diferentes del Estado.
c). La Soberanía estatal, o sea el poder supremo, dentro del Estado en
relación a los súbditos.
'
• DR. Luis SÁNCHEZ AoESTA, Lecciones de Derecho Político, p. 492. 3a. Edición.
Granada, Imprenta Hijo de Paulino V. Travcset, Mesones 52, 1947.

38

39

�d). Unidad e indivisibilidad del poder estatal.
e). Inalienabilidad del poder, ya que el Estado no puede ser enajenado
de lo que le es esencial, sin dejar de ser.
f). Imprescriptibilidad, puesto que de ser prescriptible dejaría de ser.

mento, los jueces, los policías, etc.- está constituido por un conjunto de
actividades y de obras reales de los hombres: obras y actividades insertas en
su vida, condicionadas por ella, en las cuales late la referencia a unos valores (seguridad, justicia, utilidad común, etc.), es decir, late el propósito
intencional de realizarlos. Esos valores serán los criterios, las ideas en que
lo jurídico trata de orientarse".5

g) . Inviolabilidad, característica "sine-qua-non". Sin ella no sería poder
soberano y no cumpliría su finalidad.
8.

5. SuJETO

DEL PODER EN EL ESTADO

La comunidad política, el grupo social humano, organizado, en su tota-lidad, es el sujeto del poder en el Estado.

6.

TITULAR DEL PODER EN EL ESTADO

El titular del poder en el Estado -Presidente o Parlamento--- es la persona física O moral, en quien está depositada la autoridad y la que ejerce
las funciones de mando.
El titular del poder es legítimo, originalmente, cuando ha sido de elección popular, pudiendo ejercer la potestad estatal, pero_ si la finali_d~d. que
sigue no es la realización del Bien Público Temporal, pierde. su legitumdad.
En cambio, un titular ilegítimo del poder, en cuanto a su origen, puede llegar a legitimarse si se consolida por sus actos, al realizar el orde~ y l~ ~az,
a través del tiempo. Este último caso suele suceder en las revoluciones mJustificadas o en las conquistas territoriales fuera del Derecho positivo.

7.

JUSTIFICACIÓN DEL PODER EN EL ESTADO

El poder en el Estado se justifica cuando se cumplen los ~bjetivos q~~ persigue la comunidad política al reunirse y delegar la autoi:idad al dmgente
de la misma. Las finalidades del Estado son de orden matenal y de orden espiritual: contribuir al mejoramiento econ~rn~co, orientar_ a una. n:iejor educación, formar asociaciones culturales, art1sticas, recreativas, religiosas, etc.,
para co-adyuvar a la realización del Bien Público Temporal.
El filósofo Luis Recaséns Siches en su tratado Vida Humana, Sociedad Y
Derecho, anota: "Lo jurídico p.e. el código civil, el código penal, el parla40

TÉCNICA DEL EJERCICIO DEL PODER EN EL ESTADO

El ejercicio del poder en el Estado se manifiesta en la elaboración, publicación y ejecución de las diversas normas legales, a través del mando y de
la obediencia que constituyen el orden estatal.
El Estado se vale del Derecho Objetivo para re-afirmar su poder. Estas
normas legales del Derecho Positivo, al ser acatadas y obedecidas se transforman en el orden que sostiene el equilibrio estatal, coadyuvado éste por la
coerción jurídica a través de las sanciones legales que se aplican cuando hay
infracciones al Derecho. La realización de las normas legales debe efectuarse
voluntariamente por los hombres -siempre que sean justas-- o en caso contrario, mediante la co-acción estatal por intermedio de las diversas funciones del poder. De esta manera se administra la justicia y funciona la acción gubernamental, elemento "sine-qua-non" para que exista la estabilidad
de un "Estado de Derecho".

9. LA

RAZÓN DE SER DEL PODER ESTATAL

El hombre es un ser social por esencia y por su propia naturaleza vive en
sociedad, puesto que desde que nace se encuentra rodeado de sus semejantes.
La vida de un ser humano indefenso sería imposible, si no se le proporcionaran cuidados. Pero si el hombre es por esencia un ser social, no es por
naturaleza bueno, ya que no todos los hombres actúan correctamente. De
aquí el problema de la elección del gobernante para regir los intereses de
una comunidad jurídico-política y por lo mismo, la necesidad y la obligación que tiene de elegir, entre sus congéneres, a aquél que tenga las cualidades para la dirección y el mando. En última instancia, la institución denominada Estado, tiene la necesidad de un gobernante que tenga aptitudes para
' Luis RECASÉNS SICHES, Vida Humana, Sociedad y Derecho, p. 57. Editorial
Porrúa, S. A. Ave. Rep. Argentina No. 15, México, 1952.

41

�el manejo del gobierno y también para poder realizar las diversas finalidades
que él persigue. Asimismo, se requiere que el gobernante sea querido por sus
gobernados, que tenga iniciativa para conjugar sus fuerzas, sus deseos y sus
anhelos con las de los gobernados, y, de esta manera, se obtenga el ideal
común: la realización de la justicia, y del Bien Público Temporal.
La acción gubernamental se complementa entre la del gobernante y la
de los gobernados. El hombre no anula su libertad individual al verse obligado a acatar las órdenes del titular del poder estatal, ya que toda libertad
supone un límite que es el derecho de otro semejante. Por esto, si el ser
humano, en su libre actuación pretende violentar los derechos de su prójimo,
interviene la autoridad estatal para impedir la consumación del acto, coactivamente. Por ejemplo, si una persona tratara de ejecutar un delito con
premeditación, alevosía y ventaja, y es sorprendida "in fraganti", la suspensión del acto delictuoso es necesaria, mediante la co-acción estatal sobre el
sujeto-activo, ya que trataba de infringir la esfera de la libertad de otro semejante. De aquí la necesidad de la organización del "Estado de Derecho"
y de las funciones del poder. Luego la razón de ser del poder estatal es la
protección de las "garantías individuales" y la intervención del mismo en
la esfera de la libertad de la persona humana, cuando con su actuación trata
de inferir un daño a su prójimo.
El poder estatal impone una determinada actuación en el hombre que
vive en comunidad, pero los gobernados no están sometidos a la voluntad
arbitraria del gobernante, sino que aquéllos y éste se someten, voluntariamente, a un reglamento jurídico (Constitución del Estado, máxima ley del
Derecho Positivo), y lo acatan para su cumplimiento, siempre que no sea
contra los principios del Derecho Natural. Una Constitución en la que predominara la idea de la in justicia no sería tal y a nadie se le ocurriría proclamar que se acatase y obedeciese.
Ahora bien, la necesidad de la autoridad estatal se origina en la conformación social del hombre, porque así como coexisten en él mismo, el "yo
individual" y el "yo social" sin que se divida esa unidad viviente humana, el
ente mortal; así también, éste, necesita, al convivir con sus congéneres, tanto
su libertad como la autoridad gubernamental que le dirija en el ámbito social de su vida.
El gobernante que manda y los gobernados que obedecen forman la comunidad político-jurídica: Estado. Aquél, una vez investido de su autoridad
y de su cargo, debe ayudar a convivir armónicamente, mediante sus mandatos y proyectos justos.
Bergson estudia las sociedades humanas y las comunidades animales y hace
una comparación entre ambas. Percibe, aún en las organizaciones de himenópteros -las más distantes en grado al hombre-, que existe una autoridad

42

que es acatada y el instinto de obediencia propio, que les permite convivir
con sus semejantes. Y así como en toda clase de comunidades animales existe
una autoridad, con mayor razón ésta es necesaria en las humanas, puesto que
el hombre está dotado de una inteligencia que le permite reflexionar para
hacer sus elecciones libres y formar las diversas instituciones sociales. El progreso humano se observa, solamente, cuando hay una división del trabajo y
la diversidad de actividades del hombre. Sería una utopía tratar de que todos
los hombres fueran sabios, o artistas, o empleados, o jornaleros, ya que no
habría ambiente propicio en el que pudiesen aplicar sus conoc1m1entos ni
desarrollar sus inclinaciones y gustos personales. Si el sabio no volcara sus
enseñanzas en sus prójimos, no tendría mérito alguno. Si el artista no fuese
apreciado en su arte, tendría que dejar esa actividad, forzosamente. Si el médico no tuviese enfermos a quien curar y atender, dejaría de serlo por ese
mismo hecho. Entonces, sería absurdo pretender que todo el género humano
llevase un mismo sistema de vida y una mism~ clase de actividades, ya que
la sabia naturaleza ha dotado a los seres humanos de gustos diversos. Unos,
como los genios, tienen una capacidad intelectual extraordinaria; en cambio,
otros, solamente para los oficios diferentes; y para equilibrar las energías y
posibilidades materiales y culturales distintas de los hombres, es necesaria la
organización del Estado y la jerarquía político-administrativa. Por esto, la
autoridad estatal se justifica.
Así, pues, los gobernados se imponen la obligación moral de obedecer a
los que les dirigen en la comunidad política gubernamental, de acuerdo con
un determinado régimen estatal, puesto que, como decíamos, el hombre es un
ser social por esencia y su mismo instinto le arrastra a vivir en comunidad. De
todas maneras, la potestad del gobernante es necesaria en el Estado de Derecho, porque sin ella, nos encontraríamos en un laberinto; todos los hombres querrían mandar y nadie obedecer; sin ella, subsistiría el derecho del
más fuerte, sería el reinado de la anarquía, de las pasiones y no habría paz
social. Luego, la autoridad estatal tiene la misión de hacer realizar la justicia, y esta realización -al llevarse a cabo- justifica, por sí misma, la razón
de ser del poder en el Estado.

10.

LA JUSTICIA EN FUNCIÓN DEL PODER ESTATAL

En las comunidades primitivas no era tan necesaria, ciertamente, la organización estatal que se requiere en nuestros tiempos, debido a que el hombre se conformaba con la vida social que su medio-ambiente le proporcionaba.
Por la Historia nos damos cuenta que el hombre ha acatado el mando en
43

�los diversos regímenes por los que ha pasado a través de las vicisitudes del
tiempo y del espacio: el régimen Patriarcal, el Matriarcal, el Feudal, etc.,
etc. Pero, nuestras comunidades actuales, los Estados modernos de Derecho,
tienen otros ideales y otras ambiciones. Ahora se pretende realizar la justicia,
mediante una organización jerárquica-jurídico-política, concienzuda y estable.
Por esto, todos debemos comprender la idea de justicia que se tiene como
base en nuestras comunidades democráticas modernas, para que no haya
obscuridad ni mala interpretación, ni sea objeto de disensiones entre los miembros unidos, evitando así, que por ignorancia de una finalidad, se llegue a
la disolución de la cohesión social.
La justicia es un valor que debe ser realizado por el hombre. Ahora bien,
la idea de justicia es una cosa, y otra, la aplicación de la misma. A través
del tiempo, se ha representado la justicia por una balanza y se han tenido
diversos conceptos de la misma, según su especie: reglamento, igualdad, equidad, trueque, etc.
El trueque fue la primera forma de aplicación de la justicia entre las comunidades primitivas. Se utilizaba, para intercambiar objetos comerciales, ya
que se consideraba como justo. A partir del uso del trueque han variado las
transacciones mercantiles, hasta llegar a los contratos de los derechos y obligaciones personales; ya coordinadas, ya subordinadas entre gobernante y
gobernados.
Los conceptos proporcionales de la justicia se han mezclado con los actos
de cambio, efectuándose la realización del Derecho. Y, así como la noción
del trueque se ha entrelazado con el concepto de justicia, así las pretensiones
e ideales del hombre subsisten para realizar el Derecho, a través del tiempo.
En nuestros días se concibe la justicia como la meta a seguir por las comunidades jurídico-políticas, y, por lo mismo, es necesario que todos los hombres
que viven en el Estado se percaten del ideal de justicia que se espera ver
realizado en el Estado, para que pueda perdurar la convivencia humana, la
paz y el orden apetecido por todos.
La justicia, opina Santo Tomás, es "el hábito según el cual, alguien con
constante y perpetua voluntad, da a cada uno su derecho" .6
Según Aristóteles, hay diversas categorías de justicia: la justicia general
o legal; la justicia distributiva y la justicia conmutativa, de acuerdo con las
diversas relaciones entre la comunidad y las personas, individualmente consideradas. La justicia legal se aplica cuando existe una controversia entre la
comunidad y la persona; la justicia distributiva que emplea la comunidad
para dar equitativamente a cada quien lo suyo -igualdad no aritmética sino
• SANTO To11Ás DE AQUINO, Suma Teol6gica (22. q. 58, art. 1), 5a. Edición, 1953.
Colección Austral.

44

proporcional-; y la justicia conmutativa que se utiliza cuando hay una "litis" entre persona y persona.
Dice Aristóteles, en la Moral a Nicómaco: ... "Pero volvamos a la justicia... Distingo, por lo tanto, una primera especie: es la justicia distributiva
de los honores, de la fortuna y de todas las demás ventajas que pueden alcanzar todos los miembros de la ciudad, porque en la distribución de todas
estas cosas puede haber desigualdad, como puede haber igualdad entre un
ciudadano y otro. A esta primera especie de justicia añado una segunda; la
que regula las condiciones legales de las relaciones civiles de los contratos". 7
Y Santo Tomás, en la Suma Teológica apunta: "Hay dos especies de justicia. La una consiste en dar y recibir recíprocamente, cual se verifica en la
compra y venta y demás contratos o transacciones de esta naturaleza; esta
que es llamada por Aristóteles (Et. 1.5. c. 4) conmutativa"... "La otra consiste en distribuir, por cuya razón se llama distributiva, según la cual un
rector o administrador da a cada uno conforme a su dignidad".8
En nuestros días subsiste la interpretación aristotélico-tomista de la realización del derecho a través de los órganos estatales establecidos para ello, al
aplicar la justicia al caso concreto, "cuique suum". Nosotros debemos comprender que la justicia es un concepto abstracto, ideal, un valor, filosóficamente hablando; la realización de la misma es la aplicación de ese ideal justiciero, a través de las funciones del poder estatal. Esta aplicación del Derecho Positivo se hace por vía administrativa o judicial, cuando existe una
controversia legal. De esta forma se realiza la igualdad entre iguales y la
desigualdad entre desiguales, según el caso concreto.
Giorgio del Vecchio anota: "La exigencia primera de la Justicia es que el
ser humano sea reconocido en lo que en él hay de específico, es decir, en
su espiritualidad, y, por lo tanto, en su fundamental autonomía. Esto significa que a todos los hombres concierne un derecho primordial e inabolible
de libertad, cuya validez no deriva de las leyes positivas aun cuando debe
encontrar en ellas su confirmación. El respeto de ese derecho constituye más
bien el presupuesto y la condición más importantes de que depende la legitimación de toda autoridad política ante la conciencia de los sujetos a ella".9
Ahora bien, la vigilancia de una correcta aplicación de la justicia compete
' ARISTÓTELES, Moral a Nic6mano, p. 158. 2a. Edición, 1946. Colección Austral.
• SANTO ToM:Ás DE AQUINO, Suma Teol6gica, p. 53. 5a. Edición, 1953. Colección
Austral.
• GIORGIO DEL VEccmo, Teoria del Estado, p. 206. Traducción y escrito preliminar
sobre "Algunas ideas fundamentales para la elaboración de una nueva teoría del Estado". Por EusTAQUIO GALÁN Y GuTIÉRREZ, Bosch Casa Editorial, Urge! 51 bis,
Barcelona. Título original de la obra: Lo Stato. Editrice Stadium, Roma. Printed in
Spain. Tipografía catalana. Vich, 16, J. Puges, 16 Barcelona, 1956.

45

�al aobernante, en última instancia, quien, como representante de la entidad
est;tal, debe mantener la paz, evitar que los débiles sean víctimas de los fuertes; dirigir concienzudamente la política estatal, y así equilibrar_ las fuerzas
humanas al respetar las garantías individuales de la persona. Sm embargo,
nosotros no negamos que se cometan, muchas veces, atropellos e injusticias
entre los hombres, pero, por otra parte, sabemos que los errores son cometidos por la misma naturaleza humana, y, en tales casos, se debe juzgar equitativamente, haciendo prevalecer la caridad. Por lo mismo, la comunidad
estatal debe hacer una buena elección del dirigente estatal, que sea uno de
los mejor dotados, mental y físicamente, para que se obtenga el progreso, la
seguridad social, la realización de la justicia y el bienestar común de la
humanidad.

11.

EL PODER, ACCIÓN DEL ESTADO

El titular del poder político del Estado debe hacerse obedecer y actuar
oportunamente, para que las resoluciones tomadas no sean una consecuencia de lo inevitable, puesto que si no existiera la obediencia de los súbditos
al gobernante, reinaría la anarquía. Luego, la acción gubernamental debe
ser dirigida con energía y no impuesta por las circunstancias, ya que el gobernante al aceptar tal investidura y tal cargo, al mismo tiempo, toma conciencia de las obligaciones que son inherentes a dicho puesto político-administrativo. Por ello, él debe ser activo y dirigir los asuntos políticos o administrativo-gubernamentales o internacionales concienzudamente, y no ser un
títere de sus colaboradores inmediatos, puesto que los problemas estatales no
deben marchar al garete.
Ahora bien, debemos hacer notar la diferencia entre la obligación jurídica y la moral. La obligación jurídica es una coerción a la actuación del
hombre en cualquier agrupación humana, con validez legal, mientras que
la moral está en la conciencia misma del hombre; y en caso de controversia
de ambas, debe prevalecer ésta.
En el ámbito estatal, el titular del poder debe percatarse de su representación directiva-social, ya que en toda comunidad, si el jefe de la misma no
toma conciencia de sí, de su responsabilidad y de la imparcialidad que debe
tener al actuar, habrá necesariamente, las discordias subsecuentes, porque
los gobernados se dan cuenta de su incapacidad para el mando, de la falta
de cultura y de trato social, de la ignorancia en asuntos político-estatales e
internacionales, y todo ello repercutirá en la rebelión de los súbditos.
Como decíamos, el gobernante, al ser investido de la potestad estatal, ad-

46

quiere ciertos derechos y ciertas obligaciones, debiendo predominar su conciencia moral en su actuación. De ninguna manera está obligado a continuar
con dicho cargo político en caso de no sentirse capacitado para ello, y entonces debe dimitir.

12.

CoNDICIONES DE LA ACCIÓN GUBERNAMENTAL:

POSEER

LA AUTORIDAD Y EJERCERLA DEBIDAMENTE

Las dos condiciones de la acción gubernamental son: poseer la autoridad
y ejercerla debidamente.
En los regímenes democráticos modernos, la comunidad política delega la
autoridad al gobernante, mediante la libre elección y por ello el gobernante
se debe a dicha comunidad. Luego, el dirigente estatal debe ejercer la potestad atinadamente, sin cuyo ejercicio surge la anarquía, el descontrol y la
pérdida de la armonía social. En los Estados de Perecho modernos, la Constitución Política establece el período gubernamental y la política a seguir,
de protección a la persona humana. Pose corrobora esta ideología netamente
humanista. Así anota: "una política que deliberadamente sacrificara al individuo no tendría sentido, porque el individuo es la única entidad viva, mientras que el grupo no es más que una ficción. La realidad la constituyen una
masa de individuos que quieren vivir en grupo porque en agruparse está
su felicidad" .1 º
Ahora bien, se supone que la acción gubernamental dirigida por una sola
persona es más decisiva porque cuando la potestad estatal la detenta un grupo (Senado, Parlamento, etc.), surgen, muchas veces, discusiones en las deliberaciones posibles sobre los diversos asuntos político-gubernamentales y se
pierde, así, el tiempo preciso para resolver un problema determinado que requiere una solución inmediata. La multitud entorpece la acción gubernamental; por eso, la mayoría de los teóricos del Estado concuerdan en que
la autoridad del poder estatal la sostenga una sola persona. Tesis ésta, netamente individualista.

1ll ALPRED PosE, Filosofía del Poder, p. 72. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.

47

�13. LA

ACCIÓN GUBERNAMENTAL DEBE CONCORDAR CON LOS
AVANCES DE LA CULTURA

La acc1on gubernamental que compete al dirigente estatal debe concordar con los avances de la cultura. Por esto, el titular del poder debe tener
un buen número de virtudes. Entre otras, debe ser activo, debe actuar sin
demora en los casos que así lo requieran; debe mantener el orden en la comunidad y convivir con sus semejantes armónicamente.
La Democracia moderna permite a los ciudadanos -gobernados- una
amplia libertad, y, por lo mismo, es necesario tener un sentido moral firme
para que se pueda actuar conforme con los dictados de la razón, dentre&gt;
de la comunidad política estatal en que se vive. Por esto, tanto el gobernante como los gobernados deben tener cualidades y virtudes especiales para
poder sostener el equilibrio estatal, coadyuvando los unos y los otros a mantener el nivel cultural de las personas, ya que éste depende, generalmente,
del ambiente en que se vive. En una comunidad, si el dirigente de la misma
no tiene ideas morales y no las lleva a la práctica, es muy difícil que logre
el progreso y muy poco se espera de él. Por esto, el titular del poder estatal
debe ser elegido cuidadosamente, ya que él es la brújula de la comunidad,
es el imán que atrae las miradas de los gobernados y por ello, debe saber
mandar y hacerse obedecer. Mientras que no haya una comprensión entre
gobernante y gobernados ni la energía que se obtiene de la acción conjunta,
existirá el desequilibrio estatal, sobrevendrán las luchas y las intrigas, y, al
fin, la anarquía social.
Además, el titular del poder estatal debe tener una capacidad intelectuaf
suficiente para el manejo del gobierno y así pueda resolver los problemas de
diversa índole que se le presenten. Asimismo, debe estar al tanto de los avances de la ciencia, de las técnicas, de las artes, de las letras y la filosofía, para
que pueda orientar a la comunidad que dirige. Y, también, el dirigente
político estatal debe tener una personalidad distinguida, un carácter asequible aunque enérgico y decidido; un temperamento balanceado y una gran
simpatía. Nosotros recordamos, a través de la historia, ciertos tipos de dirigentes monárquicos -casi unos enfermos mentales-, incapaces para el mando, porque así les correspondía en el régimen político de la sucesión hereditaria. Pero, en nuestros días, en que el "Estado de Derecho" subsiste, que
permite a los hombres de cultura, a los intelectuales y a todos aquellos ambiciosos, luchar por una vida mejor y una convivencia humanitaria justa,
en esta época en que se ha logrado la libre elección del titular del poder a
través del voto popular, se debe luchar también por que el dirigente sea capaz e inteligente, ya que tenemos un medio mucho más amplio de elección

entre la comunidad y no la restricción que existe en los regímenes monárquicos, en los que la potestad se delega del Rey al príncipe o pariente más
próximo. En el Estado de Derecho lo que existe es la jerarquía de personas
y de valores; por esto, la relación de mando-obediencia debe subsistir. Sin
ella, todo intento de equilibrio está perdido, porque si no hay subordinación,
de acuerdo con una causa justa, no hay armonía, y sin ésta no hay convivencia humana.
Todas estas razones reafirman la necesidad de hacer una buena elección
del titular del poder estatal, pues éste, además de las cualidades que hemos
señalado, debe tener un conocimiento de las vicisitudes históricas del pasado
de su país en relación con el presente, y, también, de la historia política internacional; lo que contribuirá a la eficacia del mando y así el gobernante
podrá dar una solución adecuada a cualquier problema de naturaleza semejante que se le presente.
Queremos hacer la distinción entre los dirigentes políticos por línea hereditaria y aquellos por voto popular. El dirigente monárquico -que no sea
por naturaleza demente o enfcnno-- tiene a su favor el conocimiento de la
trayectoria política familiar que le es de una vital importancia; una cierta
herencia innata y el medio-ambiente en que se ha creado que coadyuvan a
su representación político-gubernamental. Ahora bien, el representante de
los Estados democráticos, es elegido por voto popular y tenemos la oportunidad de poder seleccionar un buen gobernante; y aun en el caso de una selección errónea, existe la posibilidad de una nueva elección al finalizar el
período señalado, cosa que en el régimen hereditario es muy difícil, puesto
que el reinado de un rey termina con su vida, tiempo bastante largo, en la
mayoría de los casos, y en el que pueden surgir muchos problemas para
la Monarquía. Suele surgir que un príncipe, infante o adolescente, llega a
ser rey por la muerte del padre, y en este caso no es él quien manda sino
una pléyade de colaboradores, quienes, como nos lo dice la historia, muchas
veces han sido fuente de arbitrariedades y disturbios sociales, aun entre los
mismos parientes aristócratas.
Por esto, nosotros opinamos que el régimrn político de una determinada
comunidad sea de acuerdo con las exigencias e ideales de una época, según
el lugar en que se viva y conforme con la realidad humana. Luego, el jefe
del Estado debe ekgir, sabiamente, a sus colaboradores, para que le ayuden
en el manejo del gobierno, ya que la fusión de ideales de un pueblo -nación- es necesaria para lograr el progreso. Por ello, es preciso fomentar el
amor a la tradición, el respeto mutuo, la caridad y la comprensión entre los
hombres; sentimientos éstos sin los cuales es imposible la convivencia humana.
El gobernante debe mantener el contacto con las capas vivas de la comunidad que manda, y debe comprender a sus súbditos en su contextura físico-

48

49
H4

�espiritual que es lo más profundo de su ser. Por eso, el hombre debe ser educado, desde niño, a gobernarse a sí mismo, para que en su caso, sepa dirigir
a sus súbditos, y encauzar concienzudamente la acción gubernamental, base del
poder en el Estado, ya que, como actualmente se entiende, el poder reside
en la comunidad política quien delega su potestad al Monarca, en el régimen
monárquico, y al Senado o Presidente en las democracias. De aquí, la responsabilidad suprema que tiene el gobernante en relación a la comunidad.
Alfred Pose está convencido de que la sucesión hereditaria es la mejor
forma de gobierno. Anota: "En las horas sombrías c11ando un acontecimiento sorprende y desconcierta la inteligencia del hombre que ocupa el poder,
si tiene detrás de sí una generación de personas que han tenido en sus manos el timón, puede encontrar entre los entresijos de su conciencia el depósito que sus antepasados le han legado y que pueden inspirarle reflejos
vivificadores gracias a los cuales se salve el grupo".11
De todas maneras, la acción gubernamental requiere la autoridad y la
calidad en el dirigente político, condiciones que coadyuvan a la realización
del objeto perseguido: el bien Público Temporal, la justicia, el orden, la
paz y el humanismo. Luego, la meta principal de los gobernantes debe ser
la conservación del poder dentro del Derecho Positivo, basado en el Derecho Natural, no importa cuál sea el régimen establecido, como afirma Pose:
"La acción gubernamental tiene que preocuparse por colocar el espíritu a
la altura de las necesidades que puede crear el éxito de las transformaciones
sociales que se buscan".12

14.

EL INDlVIDUO ANTE EL PODER

Según la filosofía aristotélico-tomista y de acuerdo con el pensamiento
cristiano, no debe haber restricciones entre la libertad del individuo y la comunidad política. La persona debe buscar su propia finalidad dentro de su
ambiente social, ya que no es ningún medio al servicio de la comunidad sino
ésta debe estar al servicio del hombre. En otras palabras, la comunidad es
para la persona y no ésta para aquélla.
En cualquier grupo humano, el hombre actúa o debe actuar voluntariamente, según su libre albedrío, teniendo, únicamente, el límite que le impone la libertad de su semejante. En la comunidad política, para conservar
11
ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 120. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.
" ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 131. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial lntercontinental, S. A. México, 1951.

50

el orden social, la persona debe obedecer las normas jurídicas, sin lo cual
surge la anarquía y el libertinaje. Como sabemos, el hombre hace funcionar
su "yo social" cuando actúa en relación con sus semejantes; y el "yo individual" respecto a sí mismo. Por lo tanto, la acción gubernamental debe velar por la correcta armonía entre la libertad individual y la función social
del grupo humano, mediante leyes justas, que no contradigan la realidad ni
afecten la libertad personal.
El hombre ha formado, históricamente, diversas costumbres -fuente de
la ley positiva-, dentro de los grupos humanos, a través del tiempo, y las
ha seguido; pero, a medida de que ha evolucionado la cultura humana, se
han ido descartando todos aquellos usos que le mantenían ligado a la esclavitud. En nuestros días, se ha llegado a un progreso tal, que, en las organizaciones estatales, el régimen político subsistente tiene como base primordial
la protección y el respeto de la persona humana, teóricamente; se le reconocen sus garantías individuales y sociales y se concibe al ser humano como
la realidad viva sin la cual el Estado de Derecho no puede existir. La autoridad gubernamental y la libertad individual se complementan, logrando,
así, la energía social dentro de la comunidad jurídico-política y la paz social
que proyecta el futuro de las naciones.
Las relaciones humanas, para que subsistan, deben ser justas, y, por lo
mismo, el titular del poder estatal debe tratar de hacer realizar el bien Público Temporal, a través de la Constitución, máxima ley positiva -que debe
estar basada en el Derecho Natural-. Cuando este ordenamiento jurídico
no es justo, sobreviene la anarquía social y el problema del hombre, al ver
atropellada su libertad individual por el abuso de la autoridad -tiranía-,
caso en el que la persona, en legítima defensa, tiene el derecho de protegerse, y, en ciertos casos, aun utilizando la teoría del regicidio.
El hombre por su razón de ser, tiene el deber de buscar su fin trascendente que le es primordial y de acuerdo con la filosofía aristotélico-tomista,
a través de su libre actuación en el mundo terráqueo, una vez espíritu solamente, en el más allá, gozar de la contemplación de la plenitud de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza; de la Esencia Pura. La persona humana
es un todo en sí misma; y, por esto, no se le puede vulnerar su dignidad; ya
que el hombre lleva en sí mismo, la mano del Ser que todo lo es: El Creador. El hombre, por su complejidad de ser ente de razón no se contenta con
satisfacer sus apetitos y necesidades de su ser-material, sino que busca, asimismo, la satisfacción de su ser-espiritual, y esto sólo se logra a través de su
actuación libre. De aquí que la libertad es un requisito "sine-qua-non". Así
Alfred Pose apunta: "La libertad no es únicamente el resultado de un equilibrio de fuerzas entre el individuo y el grupo, sino sobre todo la recompensa
al dominio sobre sí mismo. La libertad es un estado de hecho y no de de51

�recho y aquí tenemos una razón más para separar del examen de la libertad esta vaga noción acerca del derecho a la libertad que descansa sobre un
equívoco y que además tiene un contenido tan impreciso" .13
Y Jacques Maritain anota: "El cuerpo social, en un guerra justa tiene el
derecho de obligar a los ciudadanos a exponer su vida en la batalla; pero
su derecho no se extiende a más, ni a decretar la muerte de un ciudadano
por la salvación de la ciudad".U

J5.

EL PROBLEMA PRIMORDIAL DE LA ACCIÓN GUBERNAMENTAL: CONCILIACIÓN
ENTRE EL PODER ESTATAL Y LA LIBERTAD INDIVIDUAL

A través de este breve estudio sohre el poder estatal, hemos observado que
el titular de la acción gubernamental tiene el problema fundamental de sa-

ber guiar y concatenar las energías físico-espirituales entre él mismo y sus gobernados, para poder convivir armónicamente; que debe utilizar su autoridad
en provecho de la comunidad e imponer la justicia mediante el orden jurídico establecido, proporcionándole la paz y tranquilidad que busca al organizarse jurídicamente; asimismo, como dirigente, que debe tratar de realizar
el Bien Público Temporal, fin que caracteriza los regímenes democráticos del
"Estado de Derecho" actual, y meta a seguir por una buena organización
político-gubernamental. A su vez, los gobernados deben ejercitar su libertad
individual como tal, no como libertinaje. De esta manera, se logran la conciliación entre la autoridad y la libertad humanas, y la realización de la convivencia humanitaria.

HELLER, Teoría áel Estado. 2a. Edición. Fondo de Cultura Económica.
México. Buenos Aires, 1955.
JEAN DABIN, Profesor de la Universidad de Lovaina, Teoría General del Estado. Traducción de Héctor González Uribe y Jesús Toral. México, D. F., 1954.
Luis RECASÉNs S1CHEs, Vida Humana, Sociedad y Derecho. Editorial Porrúa, S. A.
Ave. República Argentina No. 15. México, 1952.
ÜSKAR G. F1scHBACH, Teoría General del Estado. Traducción de la 2a. Edición alemana anotada por Rafael Luengo Tapia. 4a. Edición. Editorial Labor, S. A.
FRANCISCO GINER DE LOS Ríos, La Persona Social. t. II. Madrid, 1924.
ALFRED PosE, Filosofía del Poder. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.
ARISTÓTELES, Moral a Nicómaco. 2a. Edición. 1946. Colección Austral.
SANTO ToMÁS DE AQUINO, Suma Teológica. 5a. Edición 1953. Colección Austral.
DR. AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DF.L VALLE, Los tres fines del Derecho. Artículo
publicado en el Anuario de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1956.
HENRI BEROSON, Las dos fuentes de la Mo1al y de la Religión. Editorial Sudamericana. Traducción de Miguel González Fcrnández. 1946.
G10RGIO DEL VECCHIO, Teor!a del Estado. Traducción y escrito preliminar sobre "Algunas ideas fundamentales para la elaboración de una nueva troría del Estado",
por EusTAQUIO GALÁN Y GuT1t:RREZ. Bosch. Casa Editorial. Urge! 51-Bis. Barcelona. Título original de la obra: Lo Stato. Editrice Studium. Roma. Printed in
Spain. Tipografía catalana. Vich. 16. J. Puges. 16, Barcelona, 1956.
jACQUES MARITAIN, La persona y el Bien Común. Versión castellana de Leandro de
Sesma. Drdebec. Ediciones Desclée de Brouwer. Buenos Aires.
HERMAN

BIBLIOGRAFIA
DR. AcusTÍN BAsAVE, Catedrático de la Universidad de Nuevo León, Teoría del
Estado (Fundamentos de filosofía Política) . Editorial Jus. México, 1955.
R. KRANEMBURO, Profesor de la Universidad de Leiden. Teorla Política. Versión española de Juan Bazant. Fondo de Cultura Económica. Pánuco 63. México, D.
F., 1911.
DR. Luis SÁNCHEZ AGESTA, Catedrático de la Universidad de Granada, Lecciones de
Derecho Polltico. 3a. Edición. Granada. Imprenta Hijo de Paulino V. Travese!.
Mesones 52. 1947.
" ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 151. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.
" JACQUES MARITAIN, La persona y el Bien Común, p. 74. Versión castellana de
Leandro de Sesma. Dedebec. Ediciones Desclée de Brouwer, Buenos Aires.

52

53

�LA MUERTE COMO PROBLEMA DEL ORDEN
DR. Ivo HoLLHUBER
Salzburg, Austria

EL PENSAMffiNTO ATEO DE ARTHUR SCHOPENHAUER --cuyo centenario de aniversario de muerte se solemniz6 extraordinariamente en el ámbito de la lengua
alemana- sólo admiti6 como es sabido, en su problema planteado en su
obra El Mundo como Voluntad y Representación (tomo 11, capítulo 41, "Sobre la Muerte y su relación con la indestructibilidad de nuestra esencia") y
• en las Parerga y Paralipomena (Segunda parte, capítulo X, "Teoría de la indestructibilidad de nuestra verdadera esencia por la muerte") una solución
negativa, en tanto que la premisa naturalista no tolera una inmortalidad hipostática del espíritu humano.
Vemos aquí en efecto, la muerte concebida como un poder ordenador, por
cierto como orden natural conforme al cual el individuo humano es un mero
fenómeno que arraiga en la época y por ello es un fen6meno transitorio,
mientras que al género humano solamente se puede tomar por inmortal y
eterno. La muerte destruye aquí sólo nuestra "personalidad (Yo)", la gran
ilusi6n, la gran equivocaci6n, sin tocar eso lo que contiene el (Yo) como
realidad, es decir, la categoría, la idea que vive siempre. Origen de esa concepci6n es el naturalismo, en virtud del cual la voluntad de Schopenhauer es
una energía ciega e irracional. La diferencia entre la energía ciega y la reflexi6n afecta sólo a la intensidad de la manifestaci6n sin afectar la esencia
misma de la voluntad que se manifiesta. El problema es, c6mo pueden originarse conocimiento y reflexión de una energía ciega e irracional en sí.
Schopenhauer hace de la conciencia una apariencia misteriosa e irracional
en lo fenomenal, la conciencia misma, y no la ciega voluntad de vida, es
principio del ser. Muchos fueron vencidos ya por la grandilocuencia fascinadora y la facultad de intuición del sistema de Schopenhauer --como ya hemos indicado hace dos decenios en nuestro libro Das M enschenbild als Grundlager der Menschenbildung (Munich, 1941, pág. 30)- sin comprender la

55

�contradicci6n. Esta existe sin embargo innegablemente porque se supone, por
un lado, que las cosas y los seres vivientes deben ser solamente "representaciones subjetivas", meras "imágenes del intelecto"; deben ser solamente mero
relumbrón, y por otra parte, al mismo tiempo deben ser objetivaciones de
la voluntad con toda la abundancia de su vida propia, queriendo, sufriendo
y compadeciendo. Además de ello, el papel sistemático o metódico de la .
"idea" de Schopenhauer queda completamente vago: ¿ las "ideas" significan
"escalones de la objetivaci6n de la voluntad", algo superior a la voluntad que
prescriben a ella su hacer? ¿ O tiene la voluntad misma "intelecto" y sabe
por eso por sí misma lo que hace y cómo debe representarse? ¿en caso de
que sea así, para quién o qué se representa? Evidentemente otra vez para el
intelecto humano. Sin embargo, de este último hemos oído, que es el servidor
de esta misma voluntad.
De todos modos la conciencia individual es para Schopenhauer solamente
un epifen6meno. Su apriorismo consiste, además de su naturalismo, en la condición de que la vida fuese una desgracia y que no valga la pena de ser
vivida. La muerte, pues, elimina ese error radical y por eso se le tiene que
afirmar. Sin embargo, detrás de ese pesimismo no se oculta sino el antiguo
hedonismo naturalista: la vida es el apogeo de todos los bienes y por eso la
quiero más que todo, con la muerte pierdo todo. Pero si la vida como el
bien más apreciado se me pierde, entonces no vale nada y no debería ser.
La voluntad irracional de Schopenhauer nacida del sistemático naturalismo,
ateísmo y pesimismo, parece acompañada de una inconsecuencia en tanto que
por un lado se afirma el regreso no-individual al mundo y por el otro lado
- a pesar de eso- se habla de la superación de la voluntad y de una nueva
y mejor individualidad. A ello hay que añadir el gran enigma del tiempo,
que en su posición dogmática debe ser sólo una forma de apariencia e intuición, y agréguese la contradicción hipotéticamente lógica que debe consistir en que un ser que tiene un principio, no debe tener fin, contradicci6n que
se comprende ya, pensando en un rayo que sí tiene principio pero no fin, o
en la serie de números que igualmente tiene principio pero no tiene fin, lo
que señaló una vez Aloys Wenzl en una crítica a Schopenhauer.1
Además de Schopenhauer el idealismo ha insistido en que el Yo-individual
del hombre perece en la muerte y en que el Yo como espíritu del mundo sin
embargo es inmortal. En eso generalmente se olvidó que por un lado pensar
y existir no es distinto toto coelo (en tanto que lo que piensa es un Yo y no
un pensamiento y se trata pues de su jetos que piensan) y por otro lado "vivir"
y "existir" no es uno y lo mismo.
Con ese desarrollo de pensamientos nos retiramos de Schopenhauer y del
' Ver,

56

ALOYS WENZL,

Inmortalidad, Munich 1951, p. 209.

idealismo y nos dedicamos al problema de la muerte que la deduce positivamente como la gran consumadora de la existencia humana y con esto como
el (gran) factor ordinario por excelencia de la existencia completa desnaturalizada y relacionada con el espíritu.
La muerte es un acto de la existencia y pertenece a la existencia del hombre en esta vida. Vivir la vida en la plenitud de su esencialidad significa
vivir la vida en una conciencia perpetua de la muerte. El pensar sin pensar
en el morir equivale a un pensar sin pensar en el existir en el mundo.
Nosotros todos estamos sentenciados a la muerte siendo dilatada solamente
la ejecución de la sentencia a un tiempo indeterminado. También el escéptico que duda en todo no duda en la muerte. Ese pensamiento de la muerte
que pertenece esencialmente a la vida del hombre quita también a todas las
cosas llamadas "importantes" su gravedad, o por lo menos, las coloca bajo una
norma adecuada y efectúa con eso una función ordenadora de primera categoría. La compenetración recíproca de la vida y de la muerte es una experiencia arquetípica del hombre. Muriendo cumplimos un acto de la vida
y vivimos el acto de nuestra muerte y existimos en él. Scheler ya enseñó que
pertenece a la esencia de la muerte que el ser mismo cumpla el acto de
morir. El acto de morir es mi acto por excelencia, que cumplo yo mismo.
También en caso de una muerte súbita se verifica la muerte en un momento,
que todavía pertenece a mí, que es un reconcentrado y último momento. No
se puede eliminar la muerte de la conciencia, es un acto de espíritu sea cual
fuere la causa de la muerte. Ese acto es una acción, la cual no puedo cumplir abstraído. Aquí vuelve el problema de si con la muerte del cuerpo también se muere el espíritu como acto de aquél. La muerte misma se muestra
como acto de la vida. Sin espíritu no habría muerte sino destrucción, putrefacci6n del cuerpo. Los animales y otros seres vivientes que no saben nada
de la muerte no mueren sino perecen o se extinguen.
Esto lo ha visto con especial profundidad uno de los más célebres pensadores de la vida actual, el erudito genovés Michele Federico Sciacca, originario de Sicilia, cuya obra Muerte e Inmortalidad (Editada en Milán, 1959
por C. Marzorati) nosotros agradecemos por su penetración tan competente
y profunda, y a quien queremos allanar el camino en el ámbito europeo de
habla alemana con nuestro libro editado en 1962 Michele Federico Sciacca;
un revelador del camino del espíritu occidental (Publicación Editora Anton
Rain, Mainsenheim-clan, Alemania). Según él, el objeto de la ciencia son
los muertos, los cadáveres y no la muerte misma. Eso es argumento de la
filosofía y por consecuencia de la reflexión interior, muy distinta de la reflexi6n exterior. Si viniera la muerte de fuera como un fiero usurpador, entonces tampoco el hombre como los animales sabría morir. Le faltaría la
experiencia interna de la muerte. Él solamente podría informarse de la muerte

57

�del otro pero nunca llegaría a ver su propio cadáver ni tampoco podría observarlo como un objeto de experiencia. Es decir: falta un saber experimentado de la muerte. La muerte no se presenta al fin de la vida sino es inmanente en todo acto de la vida y por eso acompaña toda la vida en su consciente desarrollo. Nacimiento y muerte son los dos límites de nuestra existencia terrestre, la cual es contingente. La muerte que sólo necesariamente
incumbe a lo que es contingente en el hombre, supone para la privación de la
vida, la vida. La vida sin embargo es una modalidad de la existencia y en
efecto, no la única que le corresponde. No es contradicción que la existencia
misma puede tener otro modo de existir que aquel de la vida en el mundo.
Eso significa que la existencia dispone la vida y con ella la muerte, la que
no habría sin vida. La muerte sin embargo no ordena la existencia, es decir,
no es preciso que haya muerte para que haya existencia, aunque para ésta es
necesario que haya vida. En efecto, es contradicción que haya un mortal que
no pueda morir. Pero por otra parte el hombre sólo muriendo puede perfeccionarse en su plenitud de ser, sobre todo cuando ya posee las condiciones
imprescindibles aunque no suficientes, de las cuales la muerte interpreta una;
y parece contradicción que el hombre, a pesar de su índole para esa aspiración
hacia la perfección, no pudiera morir, es decir: se viera privado absurdamente
de la muerte, la que es la condición imprescindible para alcanzar sus causas
finales.
También de nuestra inmortalidad individual tenemos experiencia en la
vida y no hasta el fin de la vida o sea después de la muerte. Sin esta experiencia, aunque sea muy oscura, no hubiera sido planteado el problema de
la inmortalidad. Muerte material e inmortalidad espiritual son inherentes al
desarrollo de la existencia misma. El hombre ya es inmortal en esta vida por
su naturaleza y su experiencia íntima o nunca llegará a ser. La inmortalidad no es una mera esperanza (la esperanza solamente se refiere a la salvación, a la bienaventuranza) y por eso el hombre es -así decimos con Sciacca- ontológico, y por imperativo lógico, inmortal, o no es inmortal en absoluto. En consecuencia la inmortalidad de nuestra existencia ya es inherente
al tiempo y nosotros tenemos una experiencia de ella: en cada momento
experimentamos la muerte y la inmortalidad. El hombre y sólo el hombre
sabe que su muerte es precursora de su inmortalidad espiritual. En el animal
la falta de esa conciencia significa también la falta de la inmortalidad.
El hombre que quisiera reprimir la muerte de su conciencia y con eso hacerla inexistente se igualaría de tal manera al animal y no sabría vivir ni
tampoco morir su muerte; llega a ser incapaz de comprender la profundidad
metafísica de la muerte. Este hombre no existe como persona, ni ha existido;
no es vivo ni tampoco lo fue jamás; tal hombre ha despojado la existencia
de su esencialidad.

Cuando una vez se ha negado la inmortalidad y con ella el espíritu, y
se afirma solamente la vida en este mundo y con ella la mera vitalidad, entonces la vida puede ser algo accidental de la muerte, con lo cual la muerte
misma llega a ser la única cosa esencial, la única radical. Al contrario aquí
la muerte se deduce inútil como poder ordenador, porque no queda nada
para ordenar en tanto que el existir mismo no es nada más que una encrespadura momentánea sobre el eterno mar de la Nada.
Se dirá: todas esas son afirmaciones, queremos pruebas.
En eso debemos de nuevo no perder de vista que la filosofía se ocupa del
problema de la muerte desde un criterio muy diferente al de las ciencias. A
las ciencias no interesa el problema de la muerte como tal, sino el mero reconocimiento de las leyes y circunstancias en las cuales termina la vida orgánica.
El biólogo se ocupa de la constatación de la atrofia de las células orgánicas,
el geógrafo o historiador de las costumbres funerales de los distintos pueblos y
en los distintos períodos de tiempo y el sociólogo con la estadística de la
muerte que nos indica hoy el número de aproximadamente 100,000 hombres
cuya muerte se puede comprobar diariamente. Todas estas ciencias se ocupan
de la constatación del hecho (empíricamente observable) de que un organismo
ha dejado de vivir. Para todas estas ciencias la muerte permanece filosóficamente como un enigma en cada uno de esos 100,000 hombres que mueren
diariamente. La solución de este enigma no es cuestión de su competencia
ni tampoco de su capacidad. En la filosofía no se trata de la muerte en general sino de la mía, tuya, suya y de ellos, de la muerte de cada uno y del
significado que le corresponde mientras que cálculos estadísticos no importan nada en absoluto.
La muerte como problema filosófico ya se impone pensando con Sciacca
que la frase: "Estoy muerto" es contradicción ~ientras la frase "El está
muerto" conserva su buen sentido. Como yo no puedo verme a mí mismo
muerto y no puedo observar mi propio cadáver pero si el cadáver de otro
hombre se termina la antinomia "científica" tan pronto como paso de la
'
primera a la tercera persona. Por eso es de importancia para la ciencia la
observabilidad o la no observabilidad del fenómeno de la muerte; el sentido
o valor de la muerte sin embargo no, ni de la mía ni de otra persona.
Pero aquí no se trata solamente de un pasar de la primera a la tercera
persona sino de que el matiz de ambas exposiciones concierne al ser mismo.
Mientras yo con la frase "él está muerto" solamente expreso que el otro
como organismo vivo ha muerto, refiero la frase "yo estoy" no solamente a
mi cuerpo, sino a mi ser total, así que la expresión, yo estoy muerto, en yuxtaposición con el "estoy" es una contradicción. Así como yo digo hoy del
otro: "él está muerto" se dirá quizás mañana de mí, "él está muerto". Pero
esa declaración no se refiere a mi ser total sino solamente a mi organismo.

58

59

�Eso de "él está muerto" no contiene por tanto todo el contenido de ser del
"estoy" porque en la última declaración del ser se incluye también al espíritu. Aquí se ve más evidentemente la división entre el modo de plantear
problemas científica o filosóficamente: para la ciencia que observa el mero
hecho de la muerte la declaración "él está muerto" sólo contiene la comprobación de que el organismo de un hombre dejó de vivir. El problema
de que si en eso de "él está muerto" ya ha entrado el total "(Yo) estoy",
no interesa a la ciencia; tampoco tendría remedios para solucionarlo. La
filosofía sin embargo plantea ese problema como problema de la inmortalidad del espíritu. Si se niega de antemano la inmortalidad del espíritu, entonces no existe ningún problema filosófico de la muerte sino sólo un problema de la observabilidad de la verificación científica del organismo aniquilado. La negación de la inmortalidad del espíritu supone una metafísica
materialista y hace aparecer el miedo de la Nada, visto desde el punto filosófico como una frase retórica, porque si en la muerte perece el hombre en su
totalidad, entonces ya está resuelto el sentido de la muerte en el hecho de la
paralización del organismo, y no queda ningún problema filosófico ni religioso.
Aquí no se trata de superar "psicológicamente" la angustia de la nada a
la cual el hombre parece ser sentenciado "ontológicamente". Mientras que
por ejemplo Jaspers solamente entiende aconsejar la tesis metafísica en consecuencia de la cual la muerte destruye la existencia -un remedio psicológico de índole adormeciente o estimulante-, Sciacca, partiendo de la metafísica, tiende a superar el horror psicológico de la nada convencido de que
un triunfo ficticio psicológico solamente rubricaría el fracaso ontológico
definitivo.
En rigor no existe ningún problema filosófico de la muerte ni para el agnóstico ni para el teísta, es decir ni para aquél que demuestra insoluble el problema de la inmortalidad y que opina que nosotros no podemos saber si el
espíritu del hombre es mortal o inmortal, ni para aquél que hace de la inmortalidad un secreto o un artículo de fe.
Vista desde ese punto la mera esperanza de la inmortalidad -según la
opinión de Sciacca- llega a ser absurda no sólo filosófica sino también teológicamente. También aquí es origen el pensamiento del orden del ser; el
espíritu, es según su naturaleza, o inmortal o no. Si no lo es, entonces significa la esperanza en la inmortalidad tanto como creer que Dios transformará
metafísicamente la naturaleza del hombre en la muerte. Esa mera esperanza
en la inmortalidad llega a ser filosóficamente absurda, en tanto que una naturaleza metafísicamente debería llegar a ser otra naturaleza, y llega a ser
absurda teológicamente, en tanto que Dios debería conmutar las esencias, es
decir, los entes, sin consideración de la orden del ser. Tal esperanza sin em60

bargo significaría solamente someter la desesperación de la nada a un exorcismo. El misterio permanece existente con razón sólo respecto a la esperanza
de la salvación religiosa.
La pregunta de si la muerte del prójimo puede ser de actualidad como mi
experiencia de la muerte, depende completamente del lazo con el cual el hombre está allegado al prójimo. Si el otro es solamente un factor exterior condicionado casualmente por la situación social, cuya muerte no me toca como
incidente exterior y no me interesa en el sentido propio, entonces no se puede
hablar de antemano de una experiencia de mi muerte; pero si el otro significa para mí el "tú" sin el cual mi "yo" no existe, entonces ese yo termina
de ser mi yo con la muerte del otro, porque no puede ser más el yo que el tú,
para el cual yo era yo y sin el cual yo no soy más yo. En esa situación la
muerte del otro significa una experiencia esencial radical y auténtica en tanto
que el sobrevivir del mismo yo en la muerte de su tú es imposible. En este
sentido yo soy después de la muerte del tú otro que fui, soy uno de los muchos
otros. En este fundamento la muerte del otro llega a ser una experiencia, la
cual me facilita el sentido ontológico de la muerte misma, en tanto que es
una experiencia de compañía verdadera. La separación no es definitiva y la
existencia resiste a la destrucción mediante su estructura propia y la estructura del ser que motiva el deseo de amor.
Motivos de un deseo sin embargo no son en manera alguna razones metafísicas. Hasta aquí hemos dado solamente con síntomas de la inmortalidad
y todavía no con argumentos. Una razón metafísicamente válida de la inmortalidad se puede conseguir solamente por la comprensión en la inherencia de la inmortalidad en la estructura ontológica de la existencia como tal.
Pero antes hay que observar que muchas veces se confunde el problema de
la inmortalidad con el problema de una infinita continuación temporal. Si el
hombre viviera continuamente en el tiempo entonces realizaría solamente su
continuación temporalmente infinita pero no su inmortalidad, que es distinta
cualitativamente de aquélla. De este modo el hombre nunca podría realizar
su perfección a la cual aspira en el fondo de su ser, sino él debería quedar
incompleto para siempre a pesar de su infinita continuación temporal. En
caso de que el hombre no muriera, la perfección y realización de sus objetos
finales serían imposibles. Por eso. la continuación temporal del hombre es
absurda. El hombre creado ontológicamente para el ser absoluto, para Dios,
no se puede perfeccionar en el mundo. Muerte e inmortalidad corresponden
al hombre por una razón postulada por su estructura ontológica. Así el espíritu mismo quiere la muerte del cuerpo para librarse de lo finito que forma
un obstáculo de su perfección. Esa es la verdadera dialéctica de ser hombre.
El hombre quiere la vida y no quiere morir y al mismo tiempo desea la muerte
para poder perfeccionar su existencia espiritual.
61

�La muerte vista de esta manera aparece como punto metafísico y como
unidad absoluta de la existencia. El momento de la muerte es la presencia
del pasado entero y la ausencia del futuro. Como acontecimiento la muerte
pertenece al tiempo y el hombre la cumple en el tiempo. Como acto de
morir sin embargo la muerte está fuera del tiempo y por ello es absoluta.
Inmortalidad, pues, no significa una vida continua temporal sino significa
un existir en una forma de existencia que es distinta de aquella en el mundo
para realizar aquellas finalidades las cuales la vida en el mundo -aunque
si fuera perpetua- nunca podría cumplir. En ese respecto la muerte es imprescindible porque representa la única posibilidad de la inmortalidad del
hombre.
La muerte concierne a la vida y de ningún modo -como se cree muchas
veces erróneamente-- a la existencia. Hay que discernir bien la existencia
individual y la vida individual del hombre. Si se arrojan vida y existencia
en un montón, entonces se degrada también la existencia a la contingencia.
Inmortalidad no significa continuación de esta vida después de la muerte
sino significa existencia sin la vida temporal que se extingue con la muerte,
significa además sobrevivir más allá de la vida misma. El que muere no vive
más pero puede existir sin vivir temporalmente. Solamente el hombre muere,
porque sólo él tiene conciencia del morir; los otros seres vivientes no mueren;
ellos se extinguen o perecen. Observable es sólo el fenómeno de la muerte en
el muerto, mientras que "el Ser" de la muerte es un acto íntimo. En la realidad el hombre sí tiene una conciencia de que muere su cuerpo, pero no
de que muere su conciencia. Ese tener conciencia de que el cuerpo se extingue
origina que su perecer no sea un mero perecer sino un acto de morir. Este
enaltecimiento del perecer del cuerpo (el hecho de que la vida orgánica se
extingue) al "acto" (a la "verdad") del morir solamente es propio del hombre y es testimonio de su dignidad. El que considera mortal al espíritu del
hombre lo iguala a la mera vitalidad y le degrada a una función orgánica.
La muerte está presente por la conciencia, por eso es contradicción que la
conciencia perezca. Precisamente el hombre es inmortal porque él muere y no
perece.
La muerte se comprueba como poder ordenador de primer rango radicalizando la vida y quitándole todo lo que no sirve para nada y colocándola
por esa esencialización de la vida en la verdad de nuestra situación humana.
De este punto de vista la vida no es pertenencia de todos los bienes de los
cuales hay que sacar el máximo, sino como existencia en el mundo para el
ser absoluto (Dios). El poder ordenador de la muerte en esa perspectiva hace
ganar a cada momento -sea tan contingente y tan insignificante como fuere- un sentido preciso y absoluto y lo hace desembocar en la perfección
adecuada por el amor.
62

El momento de la muerte es independiente del tiempo, es solamente la
presencia que contiene todo el pasado sin un futuro histórico proyectable en
el tiempo; la muerte exige por eso motu proprio un futuro extratemporal lo
que solamente el espíritu puede realizar en su plenitud. Se trata incesantemente
del problema de la inmortalidad individual del espíritu, lo que no tiene que
ver con la eternidad del espíritu como un Todo-Uno.
También hay que profundizar y reforzar los argumentos tradicionales de
la inmortalidad del espíritu por reducción al argumento metafísico. Así es el
argumento psicológico -lo que se respalda en la aspiración del hombre a la
inmortalidad- en tanto un argumento metafísico, como se funda en la estructura ontológica del hombre, y el argumento moral con su postulado de
una justicia más perfecta, -lo que corre de vez en cuando peligro de hundirse en derecho de indemnización por pérdida de dicha temporal- se abre
a la inteligencia de que todo sujeto moral precisamente es inmortal en tanto
que es contradicción que un espíritu mortal participe de valores absolutos
y eternos. Si un único hombre pudiera encontrar la perfección en lo temporal
su espíritu no sería inmortal, además ni siquiera sería espíritu sino solamente
un órgano animal de lo cual se originaría una determinada calidad llamada
conciencia. En tanto que el hombre mismo participa de valores que no se
pueden realizar en lo finito de la existencia mundana, los cuales sin embargo
sean constitutivos para su propia existencia individual, él mismo trasciende
todas sus realizaciones y no se lo puede igualar a sus acciones. Mejor dicho
"él es más que su ser en el mundo" y por eso imprescindiblemente mortal.
Existir es una experiencia original del ser, que solamente es posible por
el llegar a presenciarse del ser. Si el ser mismo no estuviera presente al pensar,
entonces no habría ningún pensar y lo existente no sabría nada del ser. Por
eso el ser no viene de fuera ni tampoco se lo recibe por fuera, sino el objeto
interior del pensar cuya primera determinación es el "yo soy" existencial, el
acto concreto de la conciencia de sí. Actividad espiritual y comprensión intuitiva del ser objeto no se pueden separar. El pensar es acto, pero su primer
objeto es el ser como idea, no puesto por el pensar sino presente al pensar.
Por eso el espíritu es experiencia íntima del ser y su objeto forma la interioridad objetiva.
Lo espiritualmente existente permanece como origen del acto intuitivo del
ser, la substancia personal, la cual con relación a su momento de personalidad
no está sujeta a ningún cambio por la muerte del cuerpo. Mientras que el
cuerpo no contiene nada, lo que trascendiera su naturaleza, el ser como idea
no puede ser destruído por fuerzas exteriores, sobre todo la idea como tal
es objeto de un espíritu y permanece presente a la "inteligencia". Es cierto que
la idea no está creada por ella pero está ligada con ella interiormente y la
constituye. Como en consecuencia de eso la indestructibilidad de la idea es
63

�también indestructibilidad de la inteligencia humana. Este ser, comprendido
intuitivamente por el hombre como idea no puede perecer. Por eso tampoco
puede perecer la inteligencia que comprende al ser intuitivamente y por la
cual es inteligencia. 'El acto de "intelligere" es -según la afirmación correcta
de Sciacca- el acto inmortal, es la inmortalidad del sujeto inteligente. Eso
estriba en el imperativo lógico en tanto que corresponde a la naturaleza
ontológica del hombre. Es imprescindible lógicamente, en tanto que lo contrario -es decir que el espíritu sea mortal- es antinomia; el acto del existir
no puede extinguirse de ningún modo sea como fuera. De otra parte es lógicamente imprescindible que perezca el cuerpo porque el hombre puede re.ilizar más allá de la muerte de los individuos las intenciones vitales en el
orden natural de las cosas.
La inteligencia humana es la intuición de la idea del ser como primera
verdad. Ahora no hay nada en el mundo que correspondiera completamente
a la idea del ser. La idea del ser excluye por eso naturalmente toda adecuación de un contenido de ser contingente. Por eso la inteligencia es transcendente y teísta. El espíritu humano comprende todas las cosas por la idea del
ser y nunca alcanzará el Ser Absoluto proporcionado a la idea aunque
aspire siempre al conocimiento de él como al objeto adecuado a su conocimiento.
Por eso siempre que el hombre piensa, piensa en rigor, aunque no sea de
ello consciente - siempre Dios-.
El acto de ser que es constitutivo para el espíritu es inagotable. La capacidad infinita de la actualización nunca alcanza la plenitud de su realidad
propia. La percepción ontológica del propio ser se manifiesta en su intimidad
como una percepción teísta del propio ser. La inmortalidad es el postulado
indispensable de la perfección de la intimidad objetiva del hombre. La presencia del infinito tiene honda raigambre en nuestra existencia; sentimus,
exj1erimur nos immortnles.
El espíritu - siguiendo a Sciacca- no es inmortal, porque es sencillo en s11
"principio", en su origen (así es también el alma como principio de entelequia
en los animales), sino porque es sencillo en su término, en su polo determinante, en su objeto final que lo constituye. Así el argumento clásico parece
notablemente cambiado (lo sencillo es sencillo, el alma es sencilla, por eso el
alma es inmortal): el espíritu del hombre es inmortal por la sencillez de su
"término", de su (energía operante) (E'l'?'EA.tXEta ), y no por la sencillez de su
principio porque está constituído por el ente del ser de tal modo que uniendo
todos los contrastes en sí no contengan ningún antagonismo.2
Si el cuerpo es individuación, el espíritu es personalización. El espíritu es
' MrcHELE FEDERICO ScrACCA, L'Intériorité Objetive, Milán, Bocea 1952.

inseparable de los actos espirituales que lo personalizan. Esos actos forman
su existencia, pero como substancia no consistente solamente en sus actos.
Los actos son el modo singular de la realización del espíritu de todo hombre
particular, son su respuesta individual a los valores. La muerte es el último
acto personalizante del espíritu humano en lo cual todo está presente. Con la
muerte está concluído el proceso de la personalización del espíritu humano.
La muerte significa solamente la abolición de la unidad, del conjunto
substancial del espíritu y cuerpo, mientras que queda abierta filosóficamente
la pregunta de si esta anulación es definitiva o solamente transitoria. El espíritu termina, con la muerte de percibir su cuerpo y cualquier otro cuerpo,
pero el espíritu no termina de comprender el ser intuitivamente. La original
intuición fundamental del ser trasciende infinitamente toda percepción sensitiva o intelectual que siempre puede ser solamente un finito, incluído el
cuerpo propio, con lo cual el espíritu humano está ligado substancialmente.
En consecuencia es el espíritu personal lo espiritualmente existente en su
totalidad, tal como se ha personalizado, lo que supera la muerte y lo que es
inmortal.
La dinámica del espíritu humano hace servir a la muerte -de acuerdo con
el orden del ser- a un nuevo proceso de la institución del orden, y así la
muerte es contraste a la vida material pero no al espíritu, el cual solamente
por ella llega a la posición de alcanzar sus objetos propios.
En el dominio del habla románica - antes de la publicación de la obra
fundamental del iniciador de la "Intimidad Objetiva" y maestro de la "Filosofía Integral", Michele Federico Sciacca- quizás realizó el trabajo preliminar más penetrante el filósofo y jurista Agustín Basave Fernández del
Valle en su Filosofía del Hombre (Fondo de Cultura Económica, México
Buenos Aires, 1957) cuyo pensar propio revela gran parentesco espiritual con
Xavier Zubiri y el mismo M. F. Sciacca.
Basave, que ve en el hombre principalmente el ser teotrópico que aspira
a la plenitud del ser -y el cual es bosquejado sutilmente en el capítulo
"Meditatio Mortis"- hace acompañar la muerte como gran ordenadora (cavando en lo más profundo) de nuestro "YO", programa al libre albedrío
del hombre, para que él supere su desamparo ontológico y su angustia psicológica en virtud de la esperada plenitud subsistencia! del ser, y para que
ponga efectos volitivos integrantes en vez de desintegrantes, hace desembocar
la trascendencia del hombre en una transubstanciación del ser humano.
En el dominio del habla alemana el libro Inmortalidad publicado en
1951 (Casa Editora Leo Lehnnen) y escrito por Aloys Wenzl merece --como
ya dimos a entender- una consideración especial y es de valor particular
porque el autor -saliendo de la filosofía de la microfísica y mecánica de los
Cuantos, promoviendo una metafísica de la "realidad de cinco dimensiones"-,

64

65
H5

�intenta despejar por el problema de la teodicea el acceso a la inmortalidad
individual, ampliando las posibilidades de pensar y amplificando también
nuestra idea de tiempo (la segunda dimensión temporal es inmaterial ante
las líneas mundanas situadas en el área del mundo) y revelando el motivo
verdadero de los procesos en contra del cristianismo que se extendieron por
los últimos siglos y deduciendo también el etos gobernado por el espíritu.
Es verdad que con Aloys Wenzl los límites entre ciencia y filosofía están
desdibujados, lo que especialmente en el planteamiento del problema muerte
e inmortalidad puede resultar precario.
Muerte y Perfección, así tituló Hans-Eduard Hengstenberg su libro editado
en 1954, a la segunda publicación del cual dio el título El Cuerpo y las últimas cosas, un título que según nuestra opinión es menos preciso (Ratisbona
F. Pustet, 1955) . La muerte como la gran ordenadora y gran consumadora
es también un pensamiento fundamental en Sciacea y Basave. Hengstenberg
habla explícitamente de "un poder ordenador que presenta el acto de morir
para todos los actos espirituales del hombre adquiridos en la vida temporal y
así para el 'ser espiritual del hombre' y califica a la muerte como el último y
más alto acto en el cual el hombre devuelve todo el ser en la mano del creador
y hace cumplir en la persona la unidad de espíritu y cuerpo siempre y continuamente". En consecuencia, la muerte es un llegar a sí mismo, a la totalidad:
la muerte es orden conclusivo.
Cierto es que todas esas inteligencias se pierden inevitablemente en cuanto
se intenta deshacer la ontología en teoría de conocimiento o tal vez en psicología. Eso es valedero especialmente respecto al concepto fundamental del
acto. De la definición del acto de Hengstenberg como "aquella realidad
espiritual, que corresponde al convincente de (evidente) de una substancia",
se aclara el sector espiritual muy penetrante desde el cual filosofan Sciacca
y Hengstenberg.
Así se puede tomar con derecho a Hengstenbcrg cuyo librito Ser y Originalidad (Pustet, 1958) será aún mucho más orientador que su gran Antropología Filosófica (Stuttgart, Kohlharnmer 1958) para un renacimiento
de la ontología en el gran dominio del habla alemana como uno de los más
grandes intérpretes de la muerte como gran institutora del orden.

LA FILOSOF1A PRESENCIAL.
YO AUTOCONCIENCIA Y TEMPORALIDAD 1

'

DR.

DEL "ELLO" AL "yo" PASANDO

EL "sE"

EN LA CONCIENCIA DE sí, halla el hombre su "sí mismo" y quizás, ahondando
en autenticidad y soledad, su "sí propio". Las cosas, los seres naturales buscan
ser otros (por eso evolucionan) porque no se sienten "otros" entre ellos, porque no tienen sí mismos. El hombre huyendo de lo natural, y de "lo otro"
que es todo lo que no es espíritu, se adentra en busca de sí. Y allí se encuentra
no con "lo otro" sino con su "sí mismo", y con el otro. Pero ese primer otro,
tan íntimo, no es el "otro yo" que vamos a hallar luego en lo social, sino
el "yo otro". Lo que ocurre es que aún no estamos autorizados a llamarle
"yo" de cada uno. Es que el yo es siempre empírico y éste a que se alude
es existencialmente, presencialmente, a priori. Y el "otro yo" es exterior al
hombre individual, es el Yo social. Veamos si podemos dar alguna claridad
sobre ello.

Freud puso el Ello más allá de la conciencia, en el mundo de la instintividad y de lo traspuesto y olvidado. Pero es que el "se" de lo social y público
es inconsciente, porque significa el arrumbadero escorial de todos los detritos
y todo lo trascordado, y porque es un sujeto gramaticalmente impersonal que
no sujeta ni actúa como centro. En lo colectivo y público, los hombres se
evaden, se olvidan de sus "sí propio" y se pierden al no tener conciencia de sí.
"Existencia banal" de hombre quiere decir existencia desarraigada y flotante
de hombres sin raíces en sí. Ese "se" público es impersonal y no tercera
persona, porque no hay una persona, en ese "se" no están muchas, todas,
la colectividad conjunta, sino que está nadie, un fantasma desujetante que
' Fragmento de mi libro inédito LA MIRADA
Beca de la Fundación March en 1961.

66

POR

PEDRO CABA

HUMANA,

escrito con la ayuda de una

67

�nada fija ni centra. Sólo una cualidad puede adjudicársele: que ese "se"
vale para designar todo hombre de la multitud, o cualquier hombre de ella
con tal de no determinarle mucho, pues todos los hombres, vistos a su luz,
son "lo mismo", esto es, ello mismo, a la vez, "id" e "idem". En suma el
"Ello". El Ello es un "El" indeterminado y remoto, muy vago de contorno.
Pero es que, aun el caso del "se" (dativo o acusativo) de la reflexividad gramatical aplicada a sujetos personales ("Luis se sienta", "Luis se comió la
fruta" o "Juan se mira al espejo"), el "se" (ladeado y marginal en el dativo,
central en el acusativo) es siempre tercera persona; es un El, de más o
menos acusada presencia. Y El es la primera forma que toma el Ello al
manifestarse más concretamente en el mundo de lo colectivo. Socialmente, "El"
es la primera persona que aparece, en el horizonte como "el otro". Ya lo
dejé dicho en mi libro "Filosofía de la presencia humana" (páginas 614 y
siguientes) ... "Ello" más que lo impersonal, es lo a-personal.
El, es la primera persona que nos aparece en el graderío de "los otros".
El niño empieza aludiendo a sí mismo en tercera persona gramatical, como
El o Ella, como si se sintiera venir de lejanías. Y se encuentra primero con
la madre, que es en Freud el Ello, pues representa lo ancestral y la Tierra,
la Madre Tierra; y luego con las cosas que, por prescntárseles "animadas",
como personales, las experimenta y concibe como "ellas". Kant en su "Antropología", descubre este orden en el niño; "Lo Otro", el "Ello", "El Otro"
y "El" dice que "el fenómeno resulta bastante difícil al antropólogo". Kant
pretende explicarlo así: "El niño antes se sentía a sí mismo; ahora, se piensa
a sí mismo". Víctor Frankl en "El hombre condicionado" sospecha si el Ello
de los freudianos no será un Yo dominado por el tiempo. Se apoya en Berze
(no sé quién es) que ya dijo: "El Ello es propiamente el antiguo Yo". También Goethe denominó al Inconsciente el Reino de las Madres, que es el
mundo del Ello.
Puede decirse, pues, que el Ello es un Yo desacercado hasta el olvido,
vago, gaseoso, transpuesto a lo inconsciente y precisamente a lo subconsciente. Es un Yo que, al disolverse en lo colectivo humano, se pierde y se
toma Ello. El Ello es una recaída en lo natural, algo que habiendo sido
humano se degrada y deshumaniza hasta quedar en casi Naturaleza. Por
no convertirse del todo en Naturaleza, aparece el "se" de lo colectivo o social
"un Yo mestizo de Ello que no es enteramente un Nosotros ni un Ello. Pero
tampoco es un Yo colectivo" (en mi libro citado pág. 618). Y también se
dice allí y todavía suscribo: "El 'se' tiene la gran ambigüedad de todo lo
social. Con el 'se' salimos al otro, a lo social, como con el 'Ello' salimos
a 'lo otro', pues 'el Ello' es de orden natural y no social". Y en la página
siguiente decía yo también: "F.I Ello es la primera determinación en desalejamiento de 'lo otro', como El, lo es de 'el otro'. El Ello resuena en los

sótanos de nuestra existencia en una tentativa de pasar a ser El, buscando
acceso a lo personal y existencial".
Pero el "se" dativo y acusativo en reflexión gramatical de persona no está
en el mundo exterior de lo colectivo, sino en el interior de cada individ~o
personal y lo hallamos en la conciencia, hacia el centro de la persona, mas
0 menos' marginado, según sea d ativo
· o acusativo.
.
El ot ro "_se ", e1 "Ello"
colectivo, además de colectivo, está también en el subconsciente personal,
de cada individuo humano, y no nos dijo Freud cómo era eso así. Pero nos
Jo dijo Jung encontrando en la base de toda concienc~a ~ersonal, _un T:ansfondo homogéneo colectivo, allí donde se fraguan las 1magenes pnmord1ales.
Los arquetipos primarios de que se nutre la existencia de todo hombre. Es
también como la madre nutricia, como la Gran Madre Tierra, sólo que en
el orden del Espíritu, que es el Gran Padre en la Comunidad de los ~ombres, Modelo y Arquetipo. El Logos es el -para nosotros- Inconsc1~nte
Universal de donde tomamos sentido y espiritualidad haciéndonos conciencia. El Ello no es el Logos o Espíritu, sino el fondo residual, detritual, que
van depositando las personas humanas en su paso por la Historia, pero. q~e
ofrece como material ya vivido y todavía aprovechable y operante, las imagenes convenientes, comunitarias, para que el Logos personal recobre en ell,as
el sentido humano y las siga haciendo circular. El Ello es el acervo comun
de las imágenes primordiales y el Inconsciente colectivo. El Ello es no-espiritual y no-presencia, pero a través del Ello (y gracias a la presencialidad
del espíritu) el hombre presencia y mira, como mira y presencia a través
de lo colectivo humano. Para ello hay que sumergirse en el sueño y trasponer la conciencia personal o darse a la evocación poética. Gracias al sueño,
y gracias a las evocaciones del arte, el Ello se reviene en la conciencia del
hombre. No es, pues, inconsciente
del todo, como no Io es tam poco el "se"
·
impersonal y colectivo que lo representa.

Y O-UNO,

YO-OTRO Y EL MÍ

Pero si de la consideración del Ello en lo colectivo, pasamos a lo personal,
asomándonos a nuestra conciencia, notaremos que, si allí, por desalejamiento
del Ello, a través del "se" y del "uno cualquiera", se pasa a El, al Tú y al
Yo ahora a la inversa desde la autoconciencia y el Yo, y el yo-otro, como
'
'
primer Tú interior, pasaremos al Otro-yo social, al Tú, a El y al Ello de lo
colectivo, que es también, como hemos dicho, el transfondo de lo personal.
Y así, ahondando en nosotros mismos encontramos a los demás, y dando
la vuelta por los demás, en lo social, nos hallamos a nosotros mismos, porque

68
69

�hallamos el mismo fondo de comunidad primera. El Ello personal es el mismo
que da transfondo a lo colectivo. Y el Yo personal moja sus raíces más profundas e~ un Ello, a la vez personal y colectivo. Por el Yo, mira y tiende
a lo social, pero arrancando de un Yo-otro, primario e íntimo y personal
que ,d~ savias_ al Y~ social ~ Otro-yo. Este último, el yo social u Otro-yo es
empmco y ps1cológ1co; el pnmero, el Yo-otro, es metafísico-existencial. Freud
descu~re bajo o dentro del yo personal, un "otro", también "yo", pero un
otro inconsciente, por represión. Le llamó el "otro-yo" confundiéndole con
el social y externo. Pero el que llamo "yo-otro", no es precisamente el "otroYo". Y tampoco es reprimido, pasivo, ni inconsciente, sino que dialécticamente hace a la conciencia personal ser consciente de sí y es el más activo
porque es el que se orienta a la actividad social, hacia el "Otro-Yo".
. Y esto. no
. es "percepción interna", porque la llamada así' ni es "interna"
sino objetivamente y por tanto externa al que objetuiza, ni es percepción
porque no halla objetivaciones que captar. La autoconciencia no es "percep~
ción" de lo que existencialmente somos y vivimos, sino su experiencia inmediata, ni siquiera intracorporal, porque en ella la corporalidad no se advierte. La autoconciencia es más que apercepción. En ésta, al catar cosas,
nos per-catamos. Pero en la autoconciencia tomamos noticias inmediatas de
no~?t~os ~}sm~s'. n tomar notas de cosas. ~n la aut~onci~ncia no hay "notas . smo_ noticia fatal. Y no por ello deJa de ser mtenc1onal, pues la intenc1onahdad recae sobre ella misma, sin ser objeto. Una es la conciencia
en la a percepción; otra, la percepción de algo en la conciencia; y otra es
la autoconciencia, la conciencia de sí, sin algo, y apareciendo ella misma,
no como "algo" sino como "alguien". Es la conciencia inmediata de Ja
persona, la cual, por ser obtenida por reflexión, por doblamiento sobre sí,
da unidad dual. Valga esta imagen: Cuando una línea o superficie se curva
y dobla, no es dos sino una, pero unidad doblada o dual. Así la autoconciencia
inmediata y reflexiva da unidad dual a la conciencia de sí. En esa unidad
~ual me encue~tro, no me hallo en contra, como parece indicar la palabra,
smo que me mzro a mí como otro y me hallo o encuentro, como hallazgo.
Y puedo dialogar conmigo, hallándome entonces como Tú, un primer Tú
que no es otro Yo distinto o diverso, sino el Yo-otro, en interlocución con
el Yo-uno.

~f

Pero aclaremos bien: No es que haya dos Yos; no hay más que uno, el de la
unidad personal. Y esa unidad es un solo Yo, y el mismo Yo es el Yo-uno
y el Yo-otro, pues "uno" y "otro" ahí son calificaciones del mismo Yo. También una hoja de papel doblada puede ser prendida en un solo clip
corO
chete y sin dejar de ser una, puede ser aludida en una y otra vertiente. Así
el Yo es grapa o broche de la dualidad de la auto-conciencia personal en
reflexión doblada sobre sí. Si distingo al Yo como "uno" y como "otro",

es para denotar una dirección, una orientación actitudinal, pero ni ese "uno",
añadido al Yo, es algo cuantitativo o numérico, ni es la totalidad del sí,
ni es el "uno" terciopersonal con que aludimos al Yo, la primera persona,
cuando decimos: "Uno cree ... ". No. Es "uno" por diferencia o diversidad
al "otro", del Sí personal. Cuando hablamos de dos objetos, distinguimos uno
y otro, sin que haya preferencia o privilegio para el designado como "uno".
Sin embargo, hay un matiz diferencial: que el "uno" es primero en el orden
del nombrar. En el Yo-uno y el Yo-otro, además de esa diferencia de orden
en la alusión, hay esta otra: que Yo-uno mira hacia dentro de sí, hacia el
centro, mientras el Yo-otro, mira hacia fuera, hacia los demás, hacia donde
. e1 O tro-yo. Pero en expresiones
.
se enge
como "U no cree que. . . " o "Ya se
ha dicho ... ", tanto el "uno" como el "se" son terceras personas, tras las
cuales se oculta o post-pone la primera, Yo, por cortesía, es decir, por gesto
ya social, en el que se refleja lo colectivo, el mundo de los Otros-yos.
En mi autoconciencia, prescindido todo "algo" en ella, distingo muy bien, en
primaria e inmediata experiencia, no solamente la conciencia excluída y lejana de todo "lo otro", sino en ella misma, en reflexión de la unidad personal, un "uno" un "otro", dentro de mí mismo y propio Yo. Fuera de mí,
pero afectando a mi conciencia, en la apercepción, me "doy cuenta" de la
presencia de otros hombres que interfieren con la mía y que participan de
una co-presencia, a la que la mía personal también pertenece. Son "otros
yos" ajenos capaces de mirarme y sujetarme en los suyos respectivos y colectivamente como un solo sujeto. Pero lo que yo decía ahora es que dentro
de mí, y sin salir de mí, hay otro que es el "otro sí" de cada hombre al mirarse en su autoconciencia; que hay un "uno" ( el Yo-uno) orientado hacia
el "sí propio", hacia el centro radical del sí personal, y un "otro" (el Yootro) que es más bien el "sí" de la ipsitud, pero con mismidad, con idem-tidad;
por tanto, referido u orientado hacia los "otros", y también hacia "lo otro",
hacia el sector real de las cosas. Se trata de un yo "para sí" y un yo "para
otros", que no son distintos y que, en mí, autoconciencia, yo los hallo en mi
como unidad personal, aunque en dos aspectos o doble faz, o mejor, en doble
actitud. Me percato de que hay en mí un "para mí y un "para otros" y que
aquel "para mí" es último, radical, inaccesible, pero comunicable de modo indirecto, por medio de mí "para otros" o "yo otro". Y me percato de que en el
centro de la autoconciencia personal se conjugan en un solo "alguien" o
"Quien", el "para mí" (como forma del "para sí" en general) y el "para otros".
Pero por el acto de reflexión, esa conjugación la miro y veo como un Yo sujeto,
que sujeta a los dos en unidad profunda.
Ya en mi libro antes citado (y lamento tener que citarme otra vez) y en
las páginas 575-576 decía que la etimología del vocablo "Yo", alude en todos
los idiomas a algo que enlaza, sujeta y unifica, y también es ejecutivo, centro

70

71

�de acción personal. Hay sujetos pasivos, sujetos que reciben la acción' de
otros, pero no hay posibilidad de Yo pasivo. Todo Yo es activo y en esto
tuvo razón Fichte. Pero si no enteramente pasivo, cabe aludir al yo de un
modo deponente o semiactivo no sólo como "me" sino también como "mí".
Note el lector que antes, pocas líneas arriba, me he deslizado del Yo al Mí,
y por eso subrayé este vocablo. También dije en aquel libro que hay un Yo
en forma de Me o Mí que indica cierta pasividad, pero precisamente frente
al Yo-otro desdoblado conceptualmente para eso, para quedar de sujeto casi
pasivo, como un Yo tendido, marginal, un poco menos central y activo, un
poco más ladeado y como paciente, respecto de la acción existencial de la
persona. "El yo, para hacerse sujeto pasivo, se desdobla y, en fo1ma directa
o indirecta, se hace reflexivo y se vuelve esa forma misteriosa del Yo que es
el Mí. Cuando consideramos el Yo y el Mí, notamos que aquél es más activo
que éste, y que el Mí es más pasivo. Pero es forma del mismo Yo. De ahí
las formas deponentes y medias en que el \'erbo se hace, en parte, activo y en
parte, dando ese carácter al sujeto o recibiéndolo de él. No solamente si digo
'Yo me miro', hay gramaticalmente un Yo y un Me desdoblados, en que
uno es sujeto activo y el otro parece pasivo, sino que realmente, existencialmente, me estoy mirando a un espejo, y el Yo que mira es activo con respecto
al Yo o Me mirados. El uno es Yo. El otro es Mí. Y ambos se hallan en la
acción verbal en el mismo sentido, con la misma dirección" (pág. 382) . Es
que el Yo-otro se nos aparece con el nombre de Mí, bizqueando ya entre
el "sí propio" y el "sí mismo", pues la mismificación es afán idem-tificativo,
una cierta inclinación a los otros, indicando así como el Yo no es inmanente
ni termina en él mismo, sino que se abre a los otros yos. Y así la persona'
íntima se proyecta hacia el individuo social, resultando ya, en la relación con
los otros, la totalidad del Yo amplia y propiamente dicho: la totalidad de
individuo y persona, que integra el "Yo uno", el "yo-otro", ambos dentro
de sí, y el "otro-yo" que soy para los demás. Este es el Yo empírico activo
'
'
ejecutivo, proyectante a que se refieren casi todos los filósofos.
Antes de continuar con el Yo, deténg{1monos un poquito más (inevitablemente) en el Mí. No hay tautología entre Yo y Mí, ni siquiera la hay, como
luego diré, en el "Yo soy yo", pero menos entre Yo y Mí, pues por éste último, aludimos más pasivamente al Yo que es de índole activa y proyectante,
pero ya se ve, no todo acción como creía Fichte. El Mí no mira como el Yo
ni actúa enérgicamente como ese Yo. "Mírame a la mirada y no a mí" dice'
un personaje en La Esfinge de Unamuno, porque el Mí no mira, y en
nuestra mirada ejecutante, activa, lanzada hacia adelante va más el Yo que
el Mí. Mirarme a la mirada, más que verme a Mí, es verme y mirarme el
Yo, el cual, sólo por ser pasivamente mirado, deja de ser Yo para ser Mí.
Por eso el Yo es posesor y propietario, pero no el Mí que actúa más bien
72

como casi poseído. Las formas personales de la gramática española Me, Te,
Se tienden a tomar formas posesivas en Mi, Ti, Su, pero la gramática misma
d~tingue aquellas formas llamándolas personales de estas que llama posesi".~s,
y además dejando de ser pronominales. No dijo mal Orteg~ cuando dtJO,
ha mucho: "Lo mío es anterior a Yo" (C.II-387); y no dtJO mal porque
aludía a la aparición histórico-biográfica del Yo en el niño. Pero desde el
punto de vista en que aquí se está tratando, no hay "mío" que no sea posterior a Yo (o "tuyo" respecto a Tú, o "suyo" respecto a El) , pues sólo el
Yo es capaz de poseer y sujetar en sí, cualidades, propiedades, posesiones y
usufructos. El verbo "haber" o "tener" exige siempre un sujeto que sea precisamente un Yo. Y este Yo se proyecta sobre lo poseído y sobre lo apropiado.
Pero todo esto alude al Yo proyectado en lo social, al "otro Yo" que cada
cual es como individuo frente a los demás. Mas el Yo metafísico, el de la
autoco~ciencia, no tiene propiedades ni posesiones. Ni siquiera tiene cualidades, pues la condición o cualidad del ser yo Uno o "Yo-otro", ya dije ~ue
era un modo de designar para distinguir. Ni siquiera el Yo de la autoconciencia es bueno o malo, pues aún no ha empezado la acción en lo social, frente
a los otros, y todavía, por tanto, no se ha definido en sus cualidades éticas,
aunque el Yo, por ser toda persona íntima eticidad, tienda a manifestarse
socialmente como conducta ética. El yo empírico-social es el que posee y tiene
cualidades y propiedades. Pero el Yo no puede ser poseído.
.
Y por cierto, que, de diverso modo, puede el Yo ser posesor. No poseo m1
cara, como poseo mi abrigo o mi familia o mi lenguaje o mi modo de ser.
Mi abrigo es mío y lo puedo usar, vender, modificar etc. . . Mi cara es mía,
pero no puedo enajenarla, aunque sí quizás modificarla en algo, pero no en
lo fundamental de ella que es la expresión. Mi lenguaje lo puedo modificar
hasta cierto punto, pero no es mío, aunque puedo habérmelo apropiado. Cuando me apropio de algo no lo hago mío, lo hago mí mismo, y mejor, mí propio, como ocurre con mi fe o con el lenguaje que adopté a los diez años y
que ahora forma parte de mí mismo. Pero mi familia, como mi nación, no
son mías en ninguna de esas acepciones, más bien al contrario, soy yo quien
pertenece a la familia o a la nación. El Yo no puede ser poseído, pero puede
en la acción social, integrarse en pertenencia a una comunidad, manteniendo
siempre su singularidad y su intimidad personal, inaccesible. Apropiarse de
algo es hacerlo un poco Yo, pero el Yo nadie que me sea ajeno puede apropiárselo. En cambio el Yo posee y se apropia, y gracias a ello se sostiene
vertical y único. Y para ello se vale del Me o Mí en sus formas más variadas
de posesión y de cualidades. Yo soy yo gracias a mi sentimiento, a mi modo
de ser, a mi lenguaje, a mi familia, a mi nación, a mi raza y mi estirpe. Y
poseyendo a Mí, posee cuanto éste posee. El Yo no es una cosa y no puede
ser poseído ni apropiado. Pero si no puedo poseer y mandar en mi Yo, sí puedo
73

�poseer-me, mandar en Mí. Y de un modo genuino. Y por todo esto, no acepto
a~uello de Ortega de que, al decir "mi vida" sea el Yo el que posea a mi
vida, después de decir también: "Yo soy mi vida". Poseo mi vida, pero no mi
Yo; luego el Yo, mi yo, no es mi vida. La vida mía es tan ajena al Yo como
otra vida cualquiera, más ajena por más próxima. Luego volveremos sobre
el Yo en Ortega, y el Yo en general.

EL ENCUENTRO Y EL RE-ENCUENTRO CONSIGO MISMO

La primera acepción etimológica de "en-cuentro" es ir o estar en contra
Y así ocurre con el choque de las cosas físicas, las cuales chocan y se en~
cuentran tanto más, cuanto más en contra y de opuesto sio-no sean sus trayectorias vectoriales. Pero en todo caso, en las cosas, el encu:ntro es ocasional
Y no buscado (ni siquiera es buscado cuando chocan porque se atraen), y en
ellas, hay encuentro, pero no se encuentran reflexiva ni recíprocamente sino
·
, hay encuentro sin encontrarse
'
q'.1e ese ""di
se e encontrarse es pasivo,
y as1,
n,1 buscar-se, al revés que en los hombres que se buscan y se encuentran rec1procamente.
Pero_ ¿y las cosas con el hombre? Ante el hombre, las cosas son encontradas,
en pasiva, Y no pocas veces puestas en contra del hombre mismo. Pero no
P?rque ellas se le pongan en contra y le resistan (como tantas veces se ha
d1ch?) no; las cosas aspiran ( es un decir) no a encontrarse a sí mismas (pues
no t1en~n "sí mismo") ni recíprocamente (pues no hay reciprocidad entre
ellas), smo que, ante el hombre, aspiran a ser halladas, descubiertas O destacadas de entre la espesa coseidad, a ser presentadas. Antes de s:r cosas
eran entes y aspiraban a ser vestidas de ser, presentadas y presenciadas po;
el hombre, y como entes desnudos se ofrecen en el "hay" universal. La primera obr.~ universal ~~ da en el "hay", no en el ser, el cual supone ya la
presentac1on y la acc1on presencial del hombre sobre los entes para hacerlos
cosas, seres-qué. Las cosas son lo ob-vio; las personas son lo pre-vio. Ya hablé
de esto en otras partes. Ahora basta con esto:
No hay oposición ni resistencia de las cosas al hombre. Ellas se ofrecen
dan como son, sin ocultaciones ni resistencias. Si a veces nos salen físic:
mente al paso ( una montaña, una piedra, un animal dañino) es precisamente
ofre~~éndose ~l tr~t~ y a la intelección del hombre para su evitación y remoc1on. Son mtehg1bles porque nos instan y excitan a ser inteligidas. Pero
ellas se dan y ofrecen como son. Y el hombre busca cosas por el universo
porque las necesita metafísicamente para ser quien es. La resistencia que
hallamos en las cosas no procede de ellas que se ofrecen siempre, sino de nuestra

propia intelección, de nuestra actuación, de nuestras propias sombras existenciales o de la obstinación y las sombras y obstáculos puestos en nuestro propio
camino de búsqueda, por nuestros errores, nuestras pasiones y las obnubilaciones creadas por esos errores. Quizás el progresar del hombre a lo largo de sí,
personalmente, y a lo largo de la Historia, quepa entenderlo como un avance
en disminución de obstáculos, penumbras y resistencias para su inteligencia.
Al fin, el primer obstáculo y la primera sombra proceden de su. propio cuerpo
al que necesita ir levizando y superando en sus resistencias. Pero el cuerpo
del hombre no es una cosa que se encuentre ahí, fuera, objetivando, sino su
mismo ser en el mundo natural, y también ese cuerpo suyo aspira a ser
superado y ennoblecido, también se ofrece como es y se da en servicio al
hombre.
Las dificultades brotan de mi cuerpo, de mi situación encamada; es mi
cuerpo el que pesa y se resiste al desplazamiento, el que halla resistencias de
superficies al tacto, de las cosas lejanas y demasiado cercanas a la visión, de
la resistencia del aire al andar, etc. Pero nada de esto resiste a mi espíritu
y mi inteligencia que salva la gravedad, las lejanías, las resistencias físicas.
También las cosas en su ser parecen resistir a mi inteligencia, pero es ella la
que se confunde y traba y dificulta en su discurso, en su metafísico andar,
y gracias a ello yo progreso y voy sabiendo, pero con la ayuda de los hombres. Si no hubiera dificultades el conocer y el saber humanos serían instantáneos y universales, como la mirada de Dios. Pero no es así. La inteligencia
del hombre hay que irla ayudando a ser y desarrollarse en sus posibilidades,
a la vez que ir creándole, entre todos los hombres, posibilidades nuevas. Por
· eso, para saber y conocer y fundar la cultura sobre la Naturaleza, necesitamos
la cooperación y la referencia de los otros: el libro, la noticia, la manufactura,
el símbolo, la narración, el habla, el lenguaje. La aparente resistencia de las
cosas es pobreza y defecto mío, resistencia mía, pues lo que parece que me
resiste soy yo quien, con mi pobreza, lo ofusca y dificulta.
Tampoco hay resistencia de los otros hombres ante mí; tampoco los tengo
ordinariamente en contra. Los hombres se buscan entre sí en metafísicos y
trascendentales rastreos. Se transrecuerdan como de una última y primera
comunidad en que todos los hombres participan. Los hombres también se dan,
expresándose. Siempre se expresan como son, pues hasta cuando se ocultan
y disfrazan y mienten están diciendo de algún modo que son mentirosos,
máscaras y ocultadores. No hay dificultad ninguna para que un hombre y
otro se presencien; más aún, es inevitable su presencia mutua y su cooperación presencial, su copresencia. Juntos, los hombres hacen la Historia, hacen
la Cultura, y la civilización (que ahora no sé si es o no lo mismo) y juntos,
es decir, después del encuentro o reencuentro (pues ya se sabían y barruntaban) se aman o se odian, pelean y se asocian . . . Las dificultades, las re-

74
75

�sistencias y mutuas hostilidades de los hombres entre sí, surgen, no de sus
presencias personales, sino de sus individualidades, de presentarse unos a otros
en sus cuerpos y atuendos físicos respectivos. Cada uno, como logos encarnado, halla en sí resistencias y dificultades que aumentan al presenciar a los
otros también vestidos de corporalidad, de modo que más que verlos, los
entrevé; y como cada uno, al expresarse, halla dificultades, los hombres se
entrevén, como manifiestos y como ocultos, en suma se hallan, pero revelándose, en ambigüedades y penumbras. No hay encuentro entre los hombres,
sino re-encuentros; cada uno se encuentra a sí y al otro; se ven otra vez, después de haberse olvidado de los orígenes, y al re-encontrarse, hay un afán
de confronte, de reajuste como molecular. Al primer contacto social de dos
hombres, puede verse que se espían, se observan, casi se registran, buscando
confrontes y reajustes mutuos. Y en cierto modo hay mutua invención, esto
es, hallazgo o descubrimiento a medias. Y brota el diálogo y la dialéctica
social que es como prolongación y proyección de la dialéctica existencial, en
la profundidad de cada persona individual. El reencuentro social de los hombres entre sí, es afán de interpretación recíproca porque es un mutuo preguntar, una callada inter-rogaci6n en busca de posibilidades de restauración
de la comunidad, si no perdida, al menos traspuesta y olvidada.

..

El verdadero encuentro del hombre es, primariamente, originariamente, el
encuentro consigo mismo, y ese encuentro, como toma de contacto consigo,
como auto-conciencia, hace posible el reencuentro con los otros. Se buscaban
los hombres antes de conocerse, pero una última comunidad les llevaba a la
búsqueda y al reencuentro. Certeramente dice Lain que en el encuentro de
un hombre con otro, en el paleolítico, en sus emigraciones y correrías, el hallazgo de un hombre desconocido, que sin embargo reconocía como hombre
debió ser "una excitante mezcla de alarma y de delicia" "Teoría y realidad
del otro" (II-42). No la alarma experimentada ante el animal que se mostraba peligroso, ni la delicia ante la presa buscada con hambre, ni tampoco
el encanto misterioso, la alegría y la pre-delicia, experimentada ante la mujer
(en la atracción sexual está el principio biol6gico de lo social), sino la delicia,
el júbilo secreto e indecible, de un ser en quien reconocía comunidad presencial, coparticipación en un transfondo; y alarma por entreverle oscuramente manifestado a través de un cuerpo como el suyo, con posibilidades
de hostilidades y resistencias, de formas ambiguas de acción hacia él. "Delicia
y alarma" porque ese "otro" primero, se le revelaba y él solamente la entreveía.

ENCUENTRO CON EL CUERPO PROPIO Y CON LOS OTROS

Hemos visto a qué profundidad se encuentra el hombre consigo, Y cómo
ese encuentro marca ya la unidad dual del hombre, como un " para sí". p ero
también hemos visto que, en esa profundidad se insinúa ya lo que h~y en él
"para otros", y por lo tanto, se prevé y anticipa el. enc_uentro posible con
ellos. Antes que mi cuerpo, experimento mi autoconc1enc1a y en e_lla, se da
mi primer encuentro conmigo, y "antes", quiere decir ahí más radicalmente.
Luego, hay encuentro con mi cuerpo; y con los otros hombre~,, con Y entre
las cosas del mundo. Son diversos encuentros, pero esa enumerac1on y el orden
con que acabo de enunciarlos, no indi_ca ~riorid~d rel_ativa. en el orden de
aparición. Lo que indica es prevalencia, Jerarqma ex1stenc_1al, rango metafísico y axiológico en la autenticidad y el saber en profundidad. del. hombre
sobre sí. Que no repare en mí mismo, como Yo y como autoconc1enc1a, hasta
que el encuentro con otros me hace refle~ionar, ~oblarme _sobre mí, Y t~mar
notas y noticias de mi propio Yo, no quiere decir que m1 Yo sea derivado
del Yo ajeno, ni mi presencia y mi autoconciencia hayan brotado porque
hay en el mundo otras conciencias y presencias; ni quiere decir tampoco que
mi Yo no sea previo -para mi conciencia- a todo "otro" sólo, porque ~nt:s
de verme como yo, haya necesitado ver socialmente a otros. Es como _si dijéramos que para mi conciencia de hombre, el espejo en que me nur? es
anterior a mí. Eso de que primero presencio a otros, y luego me ~resenc10_ a
mí, se dice y manifiesta así, porque se está pensando en temporalidad social
y hablando de un Yo también social, pero no se está pensando en el Y? m~tafísico primordial que brota en la conciencia de ser hombre. Esta conc1enc1a
y este Yo primordial, son anteriores metafísicamente a todo otro Yo y por
tanto, también al Tú. Antes que un Tú, hallo mi Yo-otro.
Lo mismo, o cosa análoga, ocurre con el encuentro con mi corporalidad.
No puedo ser metafísicamente posterior al encuentro de otros cuerpos humanos, porque sólo desde mi cuerpo puedo encontrarme con los de otros hombres
y con otras presencias corporalizadas. Que yo haya tardado en darme cuenta
de mi propio cuerpo, y que pueda juzgarle y mirarle y considerarle -desde
fuera de mí- como otro cuerpo, o como un cuerpo cualquiera, no quiere
decir que mi cuerpo no me sea más primario e inmediatamente dado que todo
cuerpo humano. Precisamente por mío y por propio y por inmediato, necesito
desacercarlo, objetivarlo como algo extraño para verlo. Después de haber visto
y mirado y tocado otros cuerpos humanos toco, miro y veo el mío (en el
espejo, en el cine) de un modo lejano y objetivo. Es evidente que yo siento
mi cuerpo de un modo evidente e inmediato, tan in-mediato y e-vidente,
que para darme cuenta total y objetiva de él, preciso salir - al menos men-

76
77

�talmente-, y verme en totalidad y configuración desde fuera: verme en el espejo o en el cine o en la televisión u oírme en mi voz resonada, en mi cráneo,
o reflejada en el magnetófono o reproducida en la radio; y tocarme con mis
manos otras zonas de mi piel, y oler mis olores, conservados en mi vestido
o en las ropas de -mi lecho. Y si huelo mi aliento o mis meteorismos por ser
míos, no me desplacen como si fueran de otro, y no puedo hacer que me
parezcan de otros. No puedo verme directa e inmediatamente mi cara ni mi
espalda o mis orejas; sólo puedo verme, y no bien, por falta de objetividad,
mis manos y mis piernas o mi vientre. Este cuerpo es tan mío y para mí.
que no me parece un cuerpo, ni siquiera éste, sino sólo mi cuerpo algo inefable
como algo integrante de mi Yo, y precisamente de mi yo metafísico. Porque
lo más difícil de entender es que este cuerpo que soy yo, aun siendo masa física
al tacto y a la vista, y aun percibiéndolo yo de modo cenestésico, intraorgánico,
o sensorial, lo experimento metafísicamente. Hasta cuando padezco dolor y malestar, la totalidad de mi cuerpo es tan mía que su experiencia o vivencia
es de orden existencial. Hay una imposibilidad de objetivar físicamente mi
cuerpo. El cuerpo de los demás lo percibo como protuberancia o bulto en el
espacio físico, algo que se mueve y que está como detrás de una presencia
y un espíritu corporalizado en esa protuberancia. Presencio su presencia, y
luego, tras de ese presenciar, percibo su cuerpo, no ya como cuerpo bruto,
sino como cuerpo humano, como cuerpo desde el cual aquella presencia
personal pre-vista por mí, actúa. Y aun percibiendo en la distancia o en la
penumbra, un bulto o protuberancia, aunque le vea como posible cuerpo
vivo ( no sé si humano) le veré, como arquitectura no de cualquier cuerpo
físico, sino como organismo. Y si lo veo como hombre, tras de su presencia
percibo un cuerpo vivo que se autoconduce y expresa.

MI

CUERPO Y YO: CUERPO Y CARNE

Y sin embargo mi cuerpo me sitúa en el espacio y me da un impreterible
e insuperable "aquí". No puedo saltar de él y actuar desde otro cuerpo. Ni

puedo objetivarlo ni puedo actuar sin él. Con él me sitúo físicamente en el
mundo, y a través de él, obro y opero. Pero me sirve no de "instrumento"
sino de "medio", pues el "medio" tiene continuidad con el agente; el "instrumento", no, es separable de él. El cuerpo al hombre no le es instrumento
sino medio; y no órgano ni suma de órganos, sino organismo. Y el organismo
humano lo es, no solamente por la concentricidad y la correlación funcional
que hace C?&lt;)perar a todos los miembros y los órganos ( y no son la misma
cosa, "miembros" y "órganos"), a una finalidad común, sino que el orga-

78

nismo humano lo es porque está transido, transfundido y trasminado por algo
transcorporal. El organismo del animal es organismo vital o biológico. El
organismo humano es biográfico, está perfundido y perfumado de lo espiritual, que es lo que le confiere la condición de "humano". Basta recordar que
yo puedo enmendar y corregir mi organismo, y que, de hecho todo hombre
educa, corrige y enmienda el suyo, de varios modos; y hay quien pone el suyo,
con la corrección, "como nuevo". La cosmética, la higiene, la cirugía, la
ortopedia, la dietética, la terapéutica misma, no hacen sino trabajar por
corregir y modificar al organismo, a veces, hasta en sus entrañas y raíces.
Alguien manda en mi cuerpo, que no es él, sino Yo, pues aún siendo
otros hombres los que me lo corrigen, se entiende que es con mi aquiescencia
0 mi mandato. Mi cuerpo se integra en mi Yo. Yo no podría serlo, ni tomar
autoconciencia presencial, ni presenciar a los demás, ni presenciar y presentar
cosas en el mundo, sin mi cuerpo. Pero yo soy mucho más que mi cuerpo. Incluso alcanzo a estar de modo espiritual, donde mi cuerpo no está ni me ha
llevado: por el recuerdo, por la fantasía, por el pensamiento, por el proyecto,
por la espera. Pero gracias a mi cuerpo me es posible recordar, proyectar,
mirar, ver, etc ... Por él me hallo situado en un mundo y trato cosas. Pero
por todo eso, mi cuerpo no es un "organismo vivo cualquiera", como puede
serlo -y lo es- el del animal. Este organismo humano está asumido por
alguien que es más que vida animal; pero todo mi yo se trasume de él y me
es inseparable y aún indiscernible o distinguible. No me es -como decíaun instrumento extraño como unos catalejos o un aparato ortopédico, pues
estos instrumentos no ven ni tocan ni perciben, ni conmigo ni sin mí. Pero
mi cuerpo ve, y yo, con él, miro. De los catalejos puedo desprenderme y seguir mirando y viendo. Pero de mi cuerpo, no. Y es que mi cuerpo me pertenece, tiene relación pertenencia! con este Yo que soy con él y gracias a él.
La relación genitiva con mi cuerpo no es de posesión -como un objeto
extraño-, ni de propiedad en cuanto cualidad mía, pero me es propio en
cuanto es sustantivamente Yo, y es de mi pertenencia, en cuanto es integrado
y asumido por mí. Mi Y o no puede actuar sin mi cuerpo ( no sin un cuerpo,
sino sin "el mío", que es mío pertenencialmente, y por serlo, deja de ser uno
cualquiera), pero mi cuerpo no sólo no puede actuar humanamente sin mi
Yo, sino que, sin él, ni siquiera sería cuerpo humano sino sólo carne. Ortega
distingue "cuerpo" y "carne" y, con él, Zubiri; no recuerdo si con algún
matiz diferencial, pues no tengo a mano los textos. Ortega parece rehuir la.
sola denominación de "cuerpo" que es común al mineral, al astro y al electrón. Y halla que la "carne" se distingue de todo ello. Pero también hay
carne en el animal, y con ella sola, no diferenciamos a la del cuerpo humano.
Y si con el vocablo "came" se quería distinguir la del "cuerpo" del hombre,
hubiera bastado usar otro nombre técnico, o mucho mejor, el de "cuerpo

79

�humano", y no el de "carne", que es vago y genenco, tanto como el de
"cuerpo". Sin duda la noción de "carne" excluye la de cuerpos geométricos,
minerales, vegetales, gaseosos y sidéreos. Pero tampoco alude diferenciadamente al ser vivo, puesto que los vegetales son vivos y no se habla de "carne"
en el vegetal. Carne, pues, sólo es aplicable al cuerpo animal. Pero el cuerpo
animal se compone de algo más que de "carne" (sangre, hueso, humores,
linfa etc.). No todo el cuerpo animal es, pues, "carne". Y hay, además, animales (como los insectos o el pescado) que más bien se contraponen a la
noción de "carne"; por ejemplo, en la abstinencia cuaresmal. Y, en fin,
cuando en el uso ordinario del idioma hablamos de "carne" solemos atribuir
su concepto, al de animal, sí, pero al animal ya muerto y descuartizado. Sabido es cómo la noción de cadáver se ha vinculado a la de carne muerta,
dada a los gusanos: ca(ro), da(ta), ver(mibus).
Mientras "cuerpo" implica la noción de organización, de estructura, de
jerarquía en las partes, la "carne" no tiene órganos ni partes articuladas ni
jerarquía. El cuerpo del animal, en general, implica la "carne", pero la carne
por sí, no indica organización; y tal concepto de "carne", ¿ qué valor puede
tener fuera de lo~ mataderos y del gremio de hostelería?, ¿ acaso hay carne
fuera de toda corporalidad? No. Pero es la estructura corporal la que ennoblece a la carne, que es sólo parte del cuerpo, y parte indiferenciada como
concepto, pues ella, en sí no comporta la idea de estructura ni de organización,
como la noción de materia nada dice de ella si no se estructura físicamente de
algún modo. Ni hay en la Naturaleza materia prima, ni hay "carne" sin
corporizar. Y lo que conforma la individualidad, no es la carne, sino la estructura de ella, la organización, el cuerpo. Se puede teorizar y especular
sobre la materia prima y sobre la carne, pero, en el mundo físico, en el biológico y en el humano, no hallamos más que cuerpos. Fuerzas físico-químicas
edifican y labran cuerpos inertes. Fuerzas físico-químicas dirigidas por otras
biológicas edifican y labran cuerpos vivos, animales o vegetales. También en
el hombre hay corporalidad, la cual no es meramente un cuerpo vivo, labrado
por la biología, más bien es dirigido en su organización por algo que
no es físico ni biológico, sino espiritual. Y la edificación corporal resulta la más compleja, delicada y noble. ¿ Y hemos de definir al hombre
por la "carne" y no por la organización corporal? Si se amputa un brazo,
una pierna, un trozo de carne muscular, no resultan dos "cuerpos" ni dos
"carnes", sino un cuerpo, aquel fragmento en que aún dura la vida y continúa
como unidad vital, y un trozo de carne muerta, la del miembro o pedazo
fragmentado. Lo que vive en el ser vivo es el cuerpo, no la carne. La carne,
como tal es masa; el cuerpo es organización, arquitectura y jerarquía de partes. ¿ Que la noción de "carne" supone implícitamente la de vida, en cambio
la de cuerpo no? Pues dígase "cuerpo vegetal", "cuerpo animal", cuerpo

80

humano", y nadie los confundirá con esos cuerpos que son los poliedros, las
rocas O los astros. Ortega no sólo ve en la "carne", vida, sino algo más: expresión, pues para él, siguiendo a Klages y a Scheler, todo lo cósmico se
expresa, y sobre todo, lo vivo. Y así dice: "Carne es constitutiva y esencialmente cuerpo físico cargado de electricidad psíquica; de carácter, en suma"
(O.C.V.-547), pues "sólo la carne, y no el mineral, tiene un verdadero dentro" (O.C.II-571). Y en otra parte: "Cuando un cuerpo es señal de una
intimidad, que en él va como inclusa y reclusa, es que el cuerpo es carne,
y esa función que consiste en señalar la intimidad, se llama "expresión". La
carne, además de pesar y moverse, expresa, es expresión ( El hombre Y la
Gente, 118). Bien. Pero cuando una mujer nos gusta por su "carne" y lo sabe
ella, se disgusta, porque sabe que no buscamos ni su intimidad ni su expresión.
No agradece los elogios a su carne, pero sí agradece los elogios a su cuerpo;
ella rastrea que el cuerpo es más noble que la carne. Ya veremos luego cómo
. " cuerpo para ot ro" ,
la mujer, no es "cuerpo para s1'", como d'ice Sartre, smo
y no hay desconsideración ni irreverencia para ella. Y concretando ya sobre
el hombre, Ortega precisa: "La Carne nos presenta de un golpe y a la vez,
un cuerpo y un alma en indisoluble unidad". Pero no es la carne la que nos
presenta esa unidad, sino el cuerpo que no es un cuerpo cualquiera sino
un cuerpo humano. . . ¿ Se nos presentaría también con esa unidad de cuerpo
y alma toda la carne de un cuerpo en trozos reunidos en montón? Lo que
decide no es la masa de carne sino la estructura y la edificación corporal.
Pero Ortega sigue: "No vemos nunca el cuerpo del hombre como simple
cuerpo sino siempre como carne; es decir, como una forma especial cargada
de alusiones a una intimidad" (O.C.II, 573-574). No comprendo qué quiere
decir Ortega en ese último texto. No se ve cómo podrá expresarse la carne
y ser decisiva para la interpretación del hombre, si esa carne no es estructura
y organización corporal. La carne expresa, si expresa, a condición de estar
corporalizada. Pero él a continuación del texto últimamente citado no se
arredra ante las últimas consecuencias y dice: "en el cuerpo del hombre, el
verbo se hace carne" ( lbid. 574) .
Si en los textos paulinos y evangélicos se habla de la "carne" es por hablar
de un modo intensivo y plástico, como hablamos aún hoy de la contraposición
de materia y alma en el hombre, a sabiendas de que no es la materia como
tal, la que se contrapone al alma sino la materia organizada y corporal. La
expresión "El Verbo se hizo carne" es una expresión intensiva y literaria,
metafórica y no científica. Es la misma acepción en que ha quedado la palabra
"Encamación", tan usada por la filosofía de hoy. Y puede seguir diciéndose,
a condición de no trabucarse filosóficamente, tomando metáforas por precisiones científicas o filosóficas. ¿Qué médico o que biólogo habla hoy científicamente de carne para tomarla como más expresiva y precisa que la noción

81
H6

�de cuerpo? En lenguaje filosófico y cargado de sentido de lo que va dicho
antes, yo enunciaría así: "En la carne del hombre, el Verbo se ha hecho
cuerpo".

ESQUEMA DEL YO Y EL CUERPO DE OTRO

A la autoconciencia del Yo, el cuerpo aporta lo que llaman el "esquema

corporal'', la vivencia indiferenciada de ese esquema, que no es sino el complejo de auto-cepciones ( lo que llaman ••propio-ceptivo") de diverso signo:
el postura!, el de altura, el de la marcha, el de la expresión, el del habla
etc. . . etc. . . Es como una vaga y confusa conciencia corporal, sobre la que
destacan movimientos, afecciones, sensaciones, estímulos, que sobremontan
el umbral para formar parte del "contenido" de la conciencia. La llamada
vivencia de "el esquema corporal" es descartada. Es más que "esquema". El
esquema corporal es resonancia tenue y leda de la corporalidad en el Y o. El
esquema corporal es la conciencia irreflexiva del Yo, la que me insta a intencionalidades no buscadas en la reflexión. El Yo hace que el cuerpo sepa
de sí mismo, le presta la conciencia reflexiva que el cuerpo por sí, no tendría.
Hallo mi cuerpo, lo encuentro incluso en mi Yo, y precisamente en mi Yo
empírico, el cual no por empírico y existencial, deja de ser metafísico, puesto
que trasciende mi corporalidad. Que como antes dije, no se trata de un cuerpo
sino de mi cuerpo, con un "mi" pertenencia! y no posesivo. Scheler, aprovechando que en alemán, frente a ••Korper" (que es cuerpo vivo y objetivado)
se dice "Leib", en la acepción de cuerpo propio que se vive, ha formado
"Leib-ich", el propio Yo corporal, nomenclatura que alguna vez acepta Sartre.
Pero ya he dicho que, para mí, no hay "propio" cuerpo sino cuerpo pertenencia!.
El Yo es ejecutivo porque es un complejo de hechos y actos; son "hechos"
los del cuerpo sin autorización expresa del Yo, y son "actos" las determinaciones del Yo con, sin o contra las inclinaciones corporales oriundas de lo biológico natural. Mis vísceras funcionan con hechos, en los cuales no influyo
directamente con mis decisiones voluntarias y conscientes, aunque puedo
influir en esas vísceras y sus hechos por modos indirectos. Mi voluntad, mi
pensamiento, mi fantasía, son actos. Pero todo, hechos y actos integran mi Yo.
Aunque soy más que mi cuerpo, con él y gracias a él estoy sienda quien soy.
Y ese "siendo" indica acción. No movimiento sino acción, aunque cuente con
movimientos corporales. El Yo no es algo quieto ni dinámico, acabado ni sin
acabar; es un "siendo" existencial en función de la persona que le presta su
acción gerundiva. Por eso el Yo es ejecutivo y aun empírico, hasta cuando

82

actúa metafísicamente. El Yo ejecuta a la persona metafísica, la cual es acción, pero no ejecución; el agente ejecutivo de la person~ es el Yo. ~ el
órgano de ejecución del Yo es el cuerpo, es decir, el organism_o, la totalidad
orgánica de su cuerpo. Yo no soy mi cuerpo sino que soy qmen soy en ~ a
través de mi cuerpo: con él y a través de él, me ejecuto y cumplo como, qmen
soy, y ese "quien" no me Jo da mi cuerpo, pero coopera a que 1~ sea, catandose
él de la "quienidad" de la persona, gracias al Yo en que se mtegra, un Yo
necesariamente empírico, pues el propio ••yo presencial" lo es, por ser experimentado de algún modo en la autoconciencia.
.
Que sea mi cuerpo un organismo, el mío, aquel en que y con ~ue m1 Yo
organiza su individualidad (no porque indivi~ualice e~ cuerpo, smo porque
mi cuerpo Jo individualizo Yo) no quiere dec1~ q~e m1 cuerp~ me ob~dezca
siempre de modo ciego y automático. Su obed1en~1a no es ~as:va, de m~t~umento ciego y sordo, sino cooperación activa de umdad organ1st1ca, que, smergicamente, contribuye a la realización de fines que le son tr~nsc~ndent~s y que
él no ha propuesto. Con sus funciones no inventadas por el, ~ por el c~rregidas O modificadas, coopera a la unidad superior en ~ue se. mtegra Y s1n:e,
y Yo, con mi cuerpo, he de contar para no dar órdenes rmpos1b!es de cu~phr.
Por ejem.: No puedo ordenarle que vuele. Mi volunt~d, m1 pensami&lt;:n~~'
todos mis mandatos sobre mi cuerpo, deben contar con el y co~ sus pos1b1hdades aunque esas posibilidades puedan ser aumentadas por m1 Yo. Lo qu~
digo ~s que en todo caso, hay que contar con las posib~lidades que y~ m1
cuerpo tiene. Ni puedo saltar sobre él ni p~edo expenmen~r sensaciones
y percepciones O expresiones que otros expenmentan o reahzan desde los
suyos.
.
Si no cuento con las posibilidades y límites de mi cuerpo, con sus aptitudes
y capacidades, mi cuerpo y yo pueden diverger y aún coli~i~, perturbándose
y aún desquiciándose la yoidad, la cual, en efecto,. es un q~c10, sobre el cual
se centra, vertebralmente, como sobre un eje, la pnmera urudad dua~ de cada
hombre, la de cuerpo-espíritu (dualidad que no se debe confundi~ con la
profunda que hemos visto dibujarse de Yo-uno y Yo-otro en la umdad del
Yo presencial). Puedo tener hambre y no querer s~ti~facerla, Y mantener la
disparidad O divergencia horas y días, pero con un lím:te, pu~s el ayuno excesivo puede anularme la conciencia e impedirme segutr que_:iendo º. no. queriendo. Es que el Yo tiene que contar con su cuerpo. Suenos, alucmac1ones,
parestesias, pueden significar divergencias, no de alma '. cuerpo co~o suele
decirse, sino entre la corporalidad y el Yo, los cuales diverge~ prec'.samente
sobre el fondo de su unidad común y compartida. Las amb1valenc1as afectivas no son divergencias de cuerpo y alma, sino dobles afectaciones del Yo,
que no se unifica bien en su unidad profunda, unas veces influído por tendencias, inclinaciones e impulsos oriundos de lo corporal, y otras, por rupturas
83

�internas al Yo que no obra unitariamente y anda zarandeado entre indecisiones, debilidades y perplejidades. El Yo, para ser ejecutivo, ha de ser enérgico y
unitario, y en esos casos el Yo fluctúa y se bifurca. Es un Yo que no incardina ni
da unidad de acción; es un Yo des-sujetante, incapaz de obrar, de consuno,
con su cuerpo y las posibilidades y aptitudes de ese cuerpo, o bien incapaz
de sujetar la acción a un sentido central que es el que se origina en la persona
profunda y él transmite y administra. El llamado "autismo" en alguno-nos
esquizofrénicos, no es propiamente "autismo" porque con la rotura del Yo
falta el "autós" a que referirlo. Lo que hay es "des-yoización", pues un Yo roto
no es un Yo. Tampoco debe hablarse -desde este punto de vista existencial
y metafísico- de "despersonalización", pues sin persona metafísica, sin presencia personal, no hay hombre, pero puede haberlo ( aunque deficitario y
enfermo) sin un Yo que actúe como sujeto y quicio. Y es entonces cuando
el cuerpo queda destimonado de sentido existencial, lejos de la persona me.
tafísica, sin que entre ambos, actúe el Yo ejecutivo que transmite el sentido
de la acción y la presencia personal. Un cuerpo mal dirigido o mal administrado en sus posibilidades, lo mismo que un Yo débil, tan poco enérgico
que hasta no unifica bien, da desquiciamiento. Y los psicópatas no son sino
estos individuos vistos desde el ámbito social y que los demás no saben interpretar bien en su conducta.
El cuerpo del Otro es posterior a la presencia de ese Otro para mí, pero
su cuerpo es, ante todo, para él, de un modo que yo no puedo experimentar
ni ver y que sólo alcanzo a imaginar por vagas analogías. Me es evidente su
unidad individual, en su presentación corporal, en su relieve físico-espacial.
Pero primero capto su presencia personal, luego su contorno o esquema ( que
ahora, objetuizado, sí es "esquema") corporal objetivo, luego su bulto, y,
por fin, reparo en su cuerpo como organismo correspondiente y pertenencia)
a esa presencia personal suya. En su condición de persona y presencia, se me
aparece en comunidad; como_cuerpo y esquema corporal, es algo distinto y
lejano. Como persona en comunidad presencial con la mía, es de algún modo
un "para mí"; como individuo físico-social su cuerpo es "para sí", para él.
Pero a toda su individualidad le hallo una expresión que no es la que experimento en mí, pero que se parece a ella. No puedo salir de mi cuerpo ni de
mi expresión, pero veo, percibo, otros cuerpos igualmente humanos, e interpreto expresiones igualmente personales. No puedo decir que sea el cuerpo
del Otro un mero objeto para mí, porque ni lo he elegido entre cosas como
objeto, ni es totalmente una cosa, ya que lo percibo como persona que me
presencia y acaso me ve y mira. Si me fuera sólo "objeto", no me sería "el
Otro" sino "lo Otro": Pero si me es "el Otro", no me lo es al descubrir su
bulto como un "qué" sino como lo que está fuera de toda objetividad, como
un "quién"; entonces me es "alguien" y no "algo", pero estas nociones de
84

"quienidad" y de "alguienidad", las obtengo, no de su ob_jetividad_ ni de su
bulto sino que las hallo en mí y de su comunidad presencial conmigo. Antes
de se:me Otro-yo, antes de serme objeto, me es "alguien" y me es ~Quien",
por la presencia con que se adelanta a su objetividad de bulto o ~ehe~e corporal. El Otro es transcendido por su presencia personal. Yo no se qui~n e~,
pero si su presencia me llega por delante no c~~o heraldo, ~o como 1lum1nación que antecede al foco, sino como expres1on de comu~:dad, ante~ _del
encuentro con él, es que está este reencuentro en la comumon del espmtu;
y lo sepa bien o no lo sepa, pre-siento, al~en y no algo, ~ui~n. y no qué. El
re-encuentro presencial y personal es prev10 al encuentro mdiv1dual. Su presencia personal, es, en esta acepción transcendental, para mí; pero su cuerpo
y su individuación es para sí, para él. Puede ocurrir y ocurre de hecho muy a
menudo, que al ver un hombre que avanza hacia mí, oscurament~ rebozad?
de distancias, yo, barullentamente ofuscado en mis propias confusiones y hgerezas, no repare en lo que tiene de presencial eso que avanza, y sin esperar
a clarificar mi conciencia de la presencial personal que me está llegando, lo
instituyo y nombro como cosa u objeto físico. Pueden fallar mis sentidos y
tomar a un hombre por una vaca, una roca o un árbol. Pero soy Yo quien se
equivoca, no mi sentido personal que reconoce lo presencial aunque. no reconozca al individuo humano que lo proyecta. El cuerpo humano a1eno se
me da no como cosa inerte, sino como alguien expresivo y presencial.

EL

CUERPO DE VARÓN Y DE MUJER

Mi cuerpo es pertenencialmente, no posesivamente, mío; es un "para mí".
El cuerpo de los otros es para sí, para cada Yo que lo sujeta y enquicia. Pero
mi cuerpo, que es "para mí", resulta, en el ámbito de lo social, también
"para otros". Los otros encuentran mi cuerpo de un modo radicalmente
distinto de como yo me lo encuentro. Ellos lo encuentran no como objeto
-salvo las ofuscaciones ya antedichas-, pero tampoco como sujeto, a no ser
que hablemos de un "sujeto objetuizado". Pero tampoco es así, pues ellos hallan en mí un "quién" que les comuniza presencialmente, y por tanto una
persona que ha de canalizar y ejecutar su sentido existencial en un Yo, en
Otro-yo distinto como cada uno de ellos, y a la vez lo mismo idém-tico, con
cada cual de ellos. Me ven en primer término como persona presencial, aún
no sujeto y ya no objeto. Mi cuerpo queda para luego y a un lado, como
"cuerpo humano para otros". Es, quizás, eso que Sartre llama dramáticamente "alienación" y que nada tiene que ver con la alienación de Hegel,
aunque sí, quizás, con la de Marx, pero, en éste, la alienación es económico-

85

�social y en Sartre es psicológica. Pero aquí surgen nuevas complejidades del
sentimiento existencial de la corporalidad humana, que Sartre no ha tratado,
me parece. Se trata de algo que puede ser enunciado sencillamente así: Hay
quien enajena, "aliena", su cuerpo, quien lo dona u otorga, y en esa donación,
sin embargo, se recupera, se unifica y encuentra su Yo existencial; dándose,
se encuentra, y experimentando su cuerpo, no como "para sí" sino como "para
otro", se recupera y centra. No mantengamos un segundo más la situación de
"suspense" para el lector que no lo haya pensado por sí solo, más de una
vez: Ese ser humano que experimenta su cuerpo como "para otro" es la
mujer, de modo tanto más patente y paladino, cuanto más feminal sea su
condición humana. Si hay un profundo sentido de servicio corporal, que
gloria al donador que sirve, no es en el esclavo, que siempre lo fue con última
repugnancia de serlo, sino en la prostituta, que halla últimas alegrías en servir
con su cuerpo al gozo de los demás. Ruego al lector que recuerde la novela
"Volvoreta" de W. Fernández Florez. Aclaro, sin detallar para seguir a lo
que voy, que la prostitución por afán de servicio corporal, no es la única ni la
más frecuente forma de prostitución.
Viendo cómo la mujer se acicala, pule y adoba su propio cuerpo, podría
creerse, con escaso rigor psicológico y filosófico, que su cuerpo es mimado y
cultivado para ella, para su recreo y goce. Sólo en la aberración narcisista de
muchas Salomés, de hoy y de siempre, ocurre eso: que el cuerpo feminal es
cultivado para ella misma; es el mito de Narciso. Pero en la mujer normalmente femenina, no es el cuerpo para ella, sino ella para su cuerpo. Y su
cuerpo, así cultivado y embellecido, es para otro; ¿ para quién? Para el varón
elegido por amor, para que engendre en él; para el hijo, que ha de alimentarse
de él; para el medio social en que vive, para embellecerlo y darle delicadeza,
gracias y cortesía o respeto social, una lejanía que se establece socialmente
para mirar el cuerpo y la belleza de la mujer, pero a distancia. Todos los
frenos ( y también todos los desenfrenos) de la vida social humana se originan
en la conducta de la mujer. No se trata de que socialmente, todo hombre
(y por tanto, también el varón) haya de enajenar su cuerpo para ciertas
funciones de tipo social (yo no muevo mi cuerpo en el desplazamiento cuando
me conduce el "Metro" o el taxi, ni soy dueño de mi cuerpo, sino que de
algún modo lo enajeno, cuando me doy al pintor, al fotógrafo, al cine, a la
Televisión, o me dejo manipular por el médico que me explora, etc., etc.)
sino de una enajenación corporal más profunda hasta lo metafísico, que es
lo que hay que saber ver en la mujer.
En las formas más decisivas y ricas de la vida feminal, en el recato, en el
pudor, en la discreción (tan contadas y exaltadas por los escritores clásicos)
en el sentimiento de la honra (nótese que es el femenino de "honor, hon(o) ra") lo que resalta es un afán de frenar e inhibir algo que es como una

dormida y secreta impulsión de donación y entrega espiritual y corporal.
La bien llamada "fragilidad'' de la mujer, es esa quiebra, quebrantamiento
0 fallo de frenos o inhibiciones. La coquetería y el adorno corporal e indumentario son modos de "llamar la atención", precisamente del varón y no de
las otras mujeres. Lo que va como subpensado secretamente y dirigido a las
otras mujeres es la cultura intelectual, la posición social y el lujo de la mujer.
Ella se enlujece para las otras, pero se adorna y embellece para el varón, Y no
precisamente para el anciano, sino para el posible candidato a la paternidad
en ella. El recato, el pudor, la vergüenza fisiológica (que ruboriza) así como
la discreción, son manifestaciones de un temor a ceder a hondas impulsiones
del propio cuerpo, así preparado y embellecido. Es lo privativo del individuo
feminal humano que (por sentirse precisamente poco enérgico en su individualidad, y muy débil para sujetar su "para sí" en un Yo que dé unid~d
de sentido y energía para la acción), nota que su cuerpo tiende a fluv1alizarse, a irse dormido, lento y gozoso hacia otro Yo que lo llama, sorbe y
absorbe: el Yo varonil que la enamora. Por eso, el más universal motivo de
enamoramiento, lo que más profundamente enamora a la mujer, es la "gran
personalidad" ( real o aparente) el gran Yo señorial, del varón. Es que el
· y f und ad o " para otro" y no " para ~1,,, .
cuerpo de la mujer está concebido
Ya la concentricidad física a que tiende la morfología corporal de la muJer,
toda ella redondeces, rincones, recodos, hoyuelos y verticilos, da una tendencia a la individuación física, buscando el redondeo, la clausura y el encapullamiento florea!. Simbólica y expresiva~e~te es así, porJ~e la m~j~r se
sabe siendo, existiendo para otro, y para resistir a esa metafmca proc!iV1dad,
se cierra física y metafísicamente sobre sí. Lo mismo que se da así en su
cuerpo (cerrado, "sellado", dice la Escritura) se da en su p~abra, en su_ elocución, en su pensamiento. Todo en ella tiende al hermetismo, a la circularidad, a la perfumación interna, para tesaurizarse y darse en generosa perfumación a otro, por el amor. La gran virtud universal de la mujer es el
recato ( de "recaptarse" o "recabdarse", ponerse a recaudo, esto es re-cogerse)
o sea, la inhibición de los impulsos de donación corporal, manteniendo a los
demás a distancia, en nombre del respeto social. Otra virtud profundamente
feminal es la "discreción". En matemáticas como en ciencia física, lo "discreto" ;s precisamente lo no continuo, lo separado y distinguido, lo individuado en su apartamiento. También la "discreción" como virtud social de
la mujer certifica su apartamiento, su "distinción" y su "recato", con su actitud respetable y respetuosa, sus escasas y medidas palabras, ~ sus _muchos ~portunos silencios. La discreción feminal se compone: de un silencio expresivo y
evasivo, de prudencia moral, de mesura en la palabra, en el gesto y en la
actitud, y sobre todo, de pudor y de recato, de recogimiento en sí misma Pª;ª
perfumarse y lograr riquezas interiores, íntimas, para perfumar a los demas,

86

87

�y mantenerles a respetuosa distancia, sin insinuar su disposición a la entrega
corporal. De ahí el tesoro humano que se supone en la intimidad de la mujer.
Represada, inhibida, más se siente "ser para otro". Y la entrega de su cuerpo
o ( como se dice con eufemia simbólica y expresiva), la "donación de su
mano", por amor, es el triunfo y la gloria de la mujer. Pero esto no significa
"alienación" sino al revés, yoización, pero en otro Yo, en el que se enquicia existencialmente por el amor. La mujer tiene su Yo fuera de sí. Y esto debe entenderse como principio general del sexo. En la medida en que un hombre
atiende y sirve y mima a su cuerpo se acentúa de rasgos femeniles. Y al
revés: la despreocupación por el propio embellecimiento corporal, nos indica
que ese cuerpo sirve al Yo y no está destinado a otro. El autopulimiento y
adobo corporal, a veces hasta el narcisismo, en la adolescencia humana, no indica sino que es ésa, una edad todavía de sexualidad no totalmente diferenciada. Narciso era un adolescente.

EL YO EN GENERAL

Hemos hablado de mi Yo, con el cuerpo y sin el cuerpo o Yo presencial.
Hablemos ahora del Yo en general, del Yo abstraído de los hombres, lejos ya de
la persona que en cada individuo le da savia y sentido. Parece cosa no facil
saltar del Yo que estoy siendo, de modo inobjetable, al Yo en general que es
todo él objetividad. Frente al Yo, hay El-Otro y Lo Otro... Frente al Yo, no
basta hablar del no-Yo como se hizo en los tiempos del idealismo y aun
hacen algunos psiquiatras y psicólogos de hoy, pues dentro del no-Yo, hay
"el Otro" y hay "lo Otro", y aunque el Otro resulta ser un Otro-Yo, aun
siendo un Otro, es también un Yo, y no mero no-yo. Por otra parte, hay
formas y manifestaciones nebulosas y crepusculares en que no se sabe si el
Yo es mío, mi Yo, o es el de Otro-Yo que me sustituye ( como ocurre en la
historia, algunas formas del sueño onírico, es decir no meramente fisiológico,
en la sugestión hipnótica, en el sonambulismo) o si se trata de una "disolución" del Yo en el Cosmos ( experiencia de yoguis), en la Naturaleza ( experiencias de algunos poetas) , o en Dios ( experiencias de algunos místicos
religiosos.) Recordemos que Gabriel Marcel comenzó a meditar sobre la
filosofía del Yo y el Tú, cuando participaba en sesiones metapsíquicas, en las
cuales él mismo actuó de "medium". De aquellas que dice: "Yo tenía conciencia de ser el instrumento, no la fuente; en ningún sentido podía decir
que era Y o quien respondía. ¿ Quién era pues?" Ninguno de estos problemas
tiene por qué ser planteado aquí. Vamos sólo a determinar cómo puedo, pasar
del Yo mío al Yo general, en punto de vista enteramente filosófico.

88

Yo, mi Yo, no es un concepto ni una noción o noticia, sino una evidencia
plenísima, tan próxima, inmediata y llena de sentido para mí, que no sé cómo
pueda saltar a una ribera mía para verlo y objetivarlo y dar una noción general del Y o como la tengo de tantas otras cosas. Pero, por de pronto, Yo,
mi Yo no es una cosa; tampoco una persona; nada que se enuncie como "tercera persona", pues Yo ni siquiera es primera persona, sino plenamente, casi
exuperantemente, Yo. Lo ha dicho Lowith: "El verdadero nombre propio
de una persona es exclusivamente el pronombre personal de primera persona".
Sin embargo, no es una persona, porque Yo es la propia persona que se le
hace Yo. Y justamente para saltar hacia fuera, hacia los otros Vos, aludimos
a nuestro Yo, en español, diciendo: "Uno cree que ...", en cuya frase el
"uno" no es la tercera persona que se podía creer según el enunciado de su
indeterminación, sino que es precisa e indudablemente Y o. Ya hemos visto
que en ese "uno" se dan, en unidad el Yo-uno, vuelto hacia dentro, hacia las
raíces presenciales, y el Yo-otro, inclinado a lo social, hacia fuera, hacia el
Otro-yo. Pero en todo caso Yo no es el Yo, ni cabe en un concepto general que
repugna a la persona viva que actúa y presencia en él.
Cuando se habla del concepto "persona metafísica" se prescinde la singularidad unísima de cada persona, se abstrae lo más peculiar de cada persona, su singularidad para dar un concepto general de ella. Lo mismo ocurre
con el Yo, con el concepto general de Yo. Ni la persona vivísima, singular y
trascendente, ni el Yo actuante, irrenunciable y evidente pueden quedar cubiertos e inscritos, en un concepto general. Pero la persona metafísica actúa
y se ejecuta mediante el Yo, y el Yo mediante su cuerpo. Y la pregunta
vuelve: ¿ Cómo puedo Yo concebir y teorizar sobre el Yo? Si mi Y o entra
en el concepto, mi Yo queda objetivado y aun objetuizado, pero ¿por quién?
Y si, no entra, ¿ qué yo general es ese que no comprende ni abarca mi Yo?
Quiero apurar todas las dificultades que surgen. Se dice: Todo lo vivido y
existido por mí, todo lo esperado, recordado y proyectado, entra en mi Yo.
Hasta se ha llegado a decir que, si no admite definición es porque no aguanta
predicados ni cualidades ni atributos, o que su "constitutivo formal", no se
deja influir por lo exterior. Yo no es más ni menos que Yo, y ninguna otra
cosa se le puede atribuir. No es objeto pero tampoco sujeto, sino Yo puro,
sin determinaciones, pues al subjetuizarlo, al nombrarle sujeto, de algún modo
quedaría objetivado y separado de mí, ya que quedaría situado en la correlación lógica "sujeto-objeto", y por tanto "objetivamente determinado".
Esto, y algo más, se ha dicho del Yo, bueno, de mi Yo, algo o alguien inefable, evidente y florentísimo. Fichte, siempre tieso y enérgico, dice que el Yo
carece de predicados porque lo que podría predicarse de él, es precisamente
él, con su acción y su energía, quien lo determina y pone. Y Ortega, que le
sigue en los comienzos del filosofar, acaba por separarse para decirnos que el

89

�Yo es, sí acc1on, pero ejecutante o ejecutiva; que es dinámico y tensional
como (Fichte), pero ello, en Ortega, se justifica porque mi Yo es mi vida.
"Una vida humana no es una sarta de acontecimientos, de cosas que pasan,
sino que tienen una trayectoria con dinámica tensión, como la que tiene un
drama. Y este argumento consiste en que algo en nosotros pugna por realizarse y chocar con el contorno (subrayo yo) a fin de que éste le deje ser. Las
vicisitudes que esto trae consigo constituyen una vida humana. Aquel algo
es lo que cada cual nombra cuando dice a toda hora: YO" ("Goya" pág.
71). Pero el caso es que en otra parte nos dice que ese Yo a que aludimos
ordinariamente no es el Yo como realidad primaria: "Yo no es el hombre en
oposición a las cosas, yo no es este sujeto en oposición al sujeto tú o él, yo, en
fin, no es ese mí mismo me ipsum, que creo conocer cuando practico el
apotegma délfico "Conócete a ti mismo" ( O.c.VI.253). ¿ Qué es el Yo para
Ortega? En sus primeros libros creía que el Yo era para los mediterráneos
una "cosa", mientras para los germanos era "acción". Pero, a lo largo de su
obra su concepción del Yo ( unas veces social y otras metafísico, y no siempre
distinguidos en el concepto) va ahondándose, y, a veces, oscureciéndose. El
Yo es, desde luego, no un "querer o desear ser tal", sino un "necesitar ser
tal", lo cual para mí no es claro. Pero él sigue y apunta hondo: "Nuestro
yo no consiste nunca en cosas que queremos ser, por tanto, en proyectos de
acción, que están sostenidos a pulso por actos concretos de nuestra voluntad.
El Yo actúa en regiones mucho más profundas que nuestra voluntad y nuestra inteligencia". Y también: el Yo "ni es una cosa material ni una cosa
espiritual; no es cosa ninguna sino una tarea, un proyecto de existencia"; o,
como dice en otra parte, "un drama". El Yo manda en la voluntad. "Manda
sin apelación y no se funda en razones ni se digna justificarse" ("Goya"
72-73). Se ve que aún siendo el Yo para Ortega, acción, como para Fichte,
y acción enérgica y casi impera!, Ortega apunta a otras cuestiones, como
luego veremos al volver sobre el Yo en Ortega.
Ni Fichte ni Ortega distinguen el Yo que hace y ejecuta y la persona que
presencia y origina. El Yo es acción pero ejecutiva, no originante; la persona
es acción originante, pero no ejecutiva. El "Yo-uno" es personal y originario;
el "Yo-otro" es activo y ejecutivo, dirigido hacia fuera. Pero el Yo es siempre
empírico, más un fruto que un principio metafísico. El Yo cuenta con el
cuerpo; y la persona con el Yo. Si abstraemos la persona metafísica, nos
quedará la acción presencial pura, un Yo presencial como el que obtenemos
si separamos mentalmente al "Yo-uno" y al "Yo-otro" y nos ahincamos en
el primero. Y aún ese "Yo presencial" es empírico porque es experimentado en
la autoconciencia. Pero ni el Yo cubre totalmente a la persona, ni el cuerpo
cubre y representa al Yo. Este Yo no queda restringido ni insularmente limitado
por su cuerpo, sino que va más allá de sus fronteras, aunque arrastrando sus re-

90

sonancias e influencias, como la persona va más allá del yo, aunque actuando
a través de éste y tomándose de sus actos y su historia, pues la persona es acción;
el yo, se constituye con actos. Puede estar mi persona (en ideas, en obras de
arte o de pensamiento) en donde no actúa mi Yo. Y sin duda puede estar mi
Yo donde no está mi cuerpo: por el recuerdo, por el amor.
Pero, según ya vimos, hay un Yo profundo, presencial, y un Yo social,
ejecutivo, que actúa en relación y función de los demás hombres, los cuales
son también presenciales y también ejecutivos y sociales. Mi Yo presencial,
constituído en autoconciencia personal y presencial, no se deja calificar por
nada. Es el Yo puro de Fichte y de Husserl, el cual manda en la voluntad y
no necesita justificarse. Es el Yo profundo más allá de la inteligencia y la
voluntad que hemos visto aludido en Ortega. Pero el Yo socialmente concebido, en sus actos funcionales y relacionales con los demás, admite atributos.
Puedo decir y digo, y con ello me aclaro mi conciencia; "Yo soy necio": "Yo
soy injusto" etc., etc. Y además me siento sujeto, capaz de percibir cosas y de
apercibirme en la toma de conciencia de ellas, y de sujetarlas, someterlas a
respectividad conmigo, y objetuizarlas y ponerlas en un orden que no está
en ellas sino en mí, y que es también una orden. Ya el hecho de presenciar
el ente crudo, lo hizo "ser", pero no fui Yo quien lo fundó sino mi irradiación
presencial o la de los demás. Y me lo transfiero a mí por la acción copresencial, en la cual está su jeto, su jetado mi Yo. Pero ni la presencia ni la persona
actúan como sujetos. Es el Yo presencial quien sujeta la autoconciencia y ejecuta desde ella, llevando la acción presencial hacia los otros hombres. Y los
actos del Yo nacen de él como sujeto de la acción personal. Y no actúa como
fuente de acción, que es la persona, sino como actuante, como ejecutante y
realizador, como sujeto. Y como tal sujeto, pone objetos entresacados de las
cosas, objetuiza.
El carácter de activo le viene al Yo de la acción presencial de la persona que
le inspira y sostiene metafísicamente. El Yo actúa, es acto y ejecuta. El Yo,
más que autor genuino de sus actos, es resultado y fruto de ellos. Se ejecuta
y realiza actuando. Sólo parece fuente y principio de acción, en el ámbito
social, frente a los yos. Pero esto mismo nos dice que el Yo no se origina como
rebote en el frente de un otro al que llamamos Tú, sino que es originariamente
quien es, por la acción presencial de la persona que hay en el Yo y que le
presta la vocación existencial para ser quien debe ser. Es el transfondo ético
que ya vio Fichte y que también resuena en Ortega oscuramente. Que yo
socialmente no me encuentro como Yo, ni tomo total conciencia de mí, sino
cuando ya me enfrento con otros hombres, no quiere decir que mi yo brote
como reacción y aun consecuencia de la presencia de otros en el mundo,
dicho sea para aclarar ciertos equívocos filosóficos que, por ahí, por los libros

91

�de hoy, circulan, con apresto de novedad y verdad. El Yo no aparece como
reflejo del Tú, pero tampoco es algo original y primordial, sino empírico y
ejecutivo que se va haciendo en sus mismos actos, pero que ejecuta según
la inspiración de la persona, de modo que el mando del Yo sólo empieza
a partir de su ponencia e inserción en el mundo de los otros. El Yo no sólo
es ejecutante, sino que a lo largo de los actos resulta ejecutado. Resulta que
el Yo es activo, pero también pasivo. Este Yo social es verdaderamente empírico, toda experimentación, muy escasamente "puro" ni "inteligible", ni
"trascendental", salvo lo presencial y auténtico que de la personante originante,
pone el Yo en el mundo, y salvo la comunidad copresencial de que se nutre
en la raíz.
Y así se comprende que yo, mi Yo, tan evidente, inmediato e inalienable,
pueda sin embargo objetuizar y subjetituizarse, y hablar de todo Yo en un
concepto general en el cual queda comprendido y comprometido el mío. Es
que el Yo presencial, el de la autoconciencia, no juega, al llegar a lo social,
con los otros. Nadie, al enunciar el Yo general, se considera comprendido
en él; no podría. No es que no haya comunicación entre el Yo general y el
presencial. Es que en aquel Yo del concepto, sólo viaja la presencia personal
del Yo que enuncia el concepto. No podemos meter nuestro Yo en el Yo
general, pero ponemos, metemos, nuestra presencia personal en él y entre
todos hacemos que ese Yo general sea algo también presencial y personal. Al
decir "Los hombres son malos o son tontos, o son bondadosos" queremos o
no, nos excluímos. Pero también al revés: Para que haya un yo social, general, conceptuable, en encuentro y diálogo con otros Yos, es preciso que actúe
la persona presencial que hay en él. Si no obraran personas en los Yos sociales,
sus encuentros serían puramente físicos, de cuerpos y no de Yos, serían choques sin acción a distancia. Pero justamente el encuentro de los Yos, como
toda acción social o colectiva de hombres es acción a distancia, una gravitación en que juegan fuerzas humanas; simpatía, respeto, amor, odio, etc.
Los Yos sociales lo son porque comportan intenciones personales, sentido
existencial, radiaciones presenciales. Y al proyectarse, al semi-objetivarse el Yo
de cada persona, se sujetuiza, se toma a sí como sujeto frente a los otros, y no
solamente frente a los objetos. Y así, cada Yo en lo social, resulta acción abstracta y acto concreto, no sólo acción y acto y ejecución, sino también concepto. Cada Yo se concibe a sí mismo actuando, y en la acción se cata a sí
mismo como concepto, como Yo conceptual, idém-tico a los otros Yos. Y
así puedo dar yo un concepto objetivo de todo Yo que encuentro o puedo
encontrar, y así justifico mi yoidad, pues sin otros yos, el mío no podría
actuar como Yo ni dar vía ejecutiva a la persona presencial que me inspira
y da sus savias metafísicas. Seguiría experimentándome en mi autoconciencia

92

como "Yo-uno" y como "Yo-otro" y segu1na, desde mi "Yo otro", postulando otros Yos, para no quedarme frustrado en mi sociabilidad.

EL YO, LA LIBERTAD Y LA PERSONA

En la actuación social me veo y represento, porque soy allí sujeto, limitado
sujeto, cohibido por los otros. En aquel yo primordial de la autoconciencia,
cuando la conciencia se dobla sobre sí, alcanzo una originalidad, una libertad,
que nunca podré alcanzar socialmente frente a los otros, en el encuentro con
otros Yos que me limitan y restan de acción. Pero a cambio obtengo una
cooperación, un re-encuentro copresencial que me enriquece de sentido y
estimula más quien ya soy. En mi autoconciencia estoy siendo plenamente
Yo, pero sin cosas y sin otros Yos. La soledad es inaplicable y por lo tanto
estéril. Para no serlo, mi ''Yo-otro" busca salir hacia los otros Yos cediendo
metafísica libertad para alcanzar la otra libertad, la que hemos de hacer entre
todos, pues la libertad sin los otros no tiene sentido; me siento apto y capaz
y vocado a ser libre, a constituirme en libertad. Nunca soy para el otro, el
mismo Yo que soy para mí. Pero todos hemos de esforzarnos en llevar ese
Yo que cada uno es para sí, en obsequio y colaboración de los otros. Y así
surge el hombre auténtico en lo social. Y con hombres auténticos salta la
nueva libertad, la colectiva. Mas si nos proponemos lo contrario, hacer que
los demás no sean quienes deben ser, que sus Yos no alcancen libertad frente
a nosotros, tampoco nosotros seremos libres. Mi autoconciencia me da mi
Yo; mi heteroconciencia del Yo ajeno, me da la libertad nueva, la nueva
oportunidad de ser quien debo ser, precisamente con los otros. En los otros
Yos también me encuentro yo, y esto en acepción metafísica: Mi Yo me lo
encuentro con y entre los Yos ajenos. No puedo renunciar a mi yo presencial
y último, ni puedo saltar sobre mi Yo ni posponerme a mí, ni desconocerme
radicalmente salvo cuando dejo de ser Yo por pérdida de la autoconciencia
(sueño fisiológico, -no onírico-conmoción, ataque, catalepsia, etc.) pero puedo tomar un Yo ajeno para que complete y sirva al mío.
Y esa salida hacia el Yo ajeno, ya lo hemos visto insinuarse en lo profundo
de cada Yo presencial. La expresión "Yo soy Yo" no es tautológica, siquiera
porque puede interpretarse, uno de esos Yos, como presencial, y el otro, como
social y referido a otros Yos. Pero también porque puede ser entendido como
si dijera "Yo soy un yo" como tantos otros. Hegel decía que la frase enuncia
una id-entidad ( como "la silla es silla", o con ella alude a una idem-tidad
"Yo soy como otro"). Pero la primera acepción no tiene sentido; no porque
mi yo presencial no sea mi yo, sino porque el Yo es acción gerundiva, y no

93

�puede llegar el segundo a identificarse con el primero. Es la aparición de lo
temporal que desidentifica. Nunca el Yo segundo del enunciado cubre justamente al primero: no son dos Yos presenciales distintos, sino la unidad dual
que ya vimos; y el pensamiento, al enunciar, introduce la temporalidad y
distingue. Pero el pensamiento es temporalidad porque el Yo también lo es.
Y éste es temporal por la persona que le inspira. No hay Yo estático, quieto
ni puntual ni solidificado. El Yo, así presencial como social, trama sus actos
de temporalidad. Y todo otro que me ve en distintos momentos temporales,
me encuentra Yo, pero también me encuentra Otro, un "Yo-otro" dentro
del Yo que él me encuentra. Yo también sé que no soy ese Otro al que veo
fuera como un Otro Yo, y le experimento como comunidad en presencia,
como ajeno, no como extraño. Yo sé que no soy él, y él sabe que no es Yo,
pero los dos nos sentimos integrados en el concepto Yo y hallamos certificada
nuestra comunidad. Es decir, nos id-entificamos -en la individualidadpara idem-tificamos a distancia, en lo común colectivo, sin confundimos.
La temporalidad existencial no es originaria del Yo, sino de la persona;
de esa temporalidad se cata el "Yo-otro" presencial para proyectarlo al tiempo
social, y atribuirlo al "Otro-Yo". Un yo sin temporalidad no sería acción ni
acto, ni, por tanto, Yo. El Yoga al suprimir los estados de conciencia, suprime
el tiempo y por tanto el Yo. Tramándose de temporalidad el Yo dura, madura,
perdura, y, metafóricamente, se endurece, se consolida y afirma, pues sus actos
en la medida en que son auténticos, reinfluyen sobre él conformándolo. El
Yo es historia personal. Es presente porque está hecho de presencia pero se
teje de futuro y de pasado porque el Yo se forja de sus propios actos. Pero
ahí, he de interrumpirme para dejar hablar a Ortega:

LA TEMPORALIDAD DEL YO Y LA TEORÍA DE ORTEGA

"El Yo es siempre presente" -dice en "Goya" (pág. 75) . - No hay en todo
el vocabulario palabra que enuncie con mayor energía la actualidad. La misma palabra "presente", la palabra "ahora", la palabra "hoy" (que, dicho sea
al margen, por mi parte, no son igualmente presentes) necesitan, para rendir
eficazmente su significado, suponer un "yo" que las pronuncia o escribe. Nuestro yo de hace un instante, ese que fuimos, ni es ya, ni es yo. Es una mera
cosa (otras veces nos ha dicho que el Yo no es cosa) que ha pasado a nuestro
yo de ahora, y cuyo efecto sobre nuestro único y auténtico yo, que es el
presente, resuena en éste como un eco próximo. Pero la cuestión gravísima
es ahí soslayada: ¿ Cómo al Yo de ahora, al Yo del presente, le ha pasado
ser aquel Yo que, ahora, según dice Ortega, no es ya ni es Y o? ¿ Y cómo

94

no siendo ya el que era, sigue actuando en el Yo de ahora? ¿ Y cómo, sin
dejar de ser presente personal y desde el "ahora" colectivo, desde el "hoy"?
¿ Cómo el futuro brota como yema vegetal en el presente del yo, y cómo el
presente y el futuro anhelado, proyectado y planeado se vuelven pasado, el
,cual pasado "no es ya ni es Yo" pero sigue resonando en ese Yo "como un
eco próximo"?
Sigamos escuchando a Ortega: "En este eco de lo que fuimos hace un instante, resuena, a su vez, el eco de otro instante anterior, y así, sucesivamente,
involucrando eco en eco, llegamos con continuidad de reminiscencia, desde
ahora hasta los límites indecisos de la primera infancia. Esta continuidad (a
pesar de estar hecha de ecos, margino yo) de un pasado con nuestro Yo (ese
"un", ¿ quiere decir cualquier pasado de otro, o mi pasado?) , que es siempre
el de ahora hace de aquel nuestro pasado algo inseparable de nosotros que
nos pertenece más entrañablemente que cosa otra ninguna, que inexorablemente arrastramos y del que nuestro yo actual aparece siempre emergiendo
(subrayado mío) . Pero el hecho de que sea nuestro pasado ( creo que estos
'nuestros' quieren decir 'mío' y no algo de otros apropiado por mí), la cosa
del universo más próxima a nuestro yo, no debe inducimos a confundirlo con
éste" (pág. 75 ) . No debemos, pues, confundir ni identificar nuestro Yo con
nuestro pasado, el cual nos llega como sucesivos "ecos próximos".
Ese texto orteguiano para mí es confuso y muestra una vez más esos traspiés que siempre dio su pensamiento al hablar de la temporalidad y a que
ya he aludido en este mismo libro y en otros míos. Que el Yo "emerja del
pasado" siendo éste una sucesión de "ecos próximos" al Yo, y siendo por tanto
ese Yo quien produce los ecos que luego le llegan, es confuso. Pero además,
decir que el Yo nace ( o "emerge") del pasado, podrá valer para el historiador que alude al pretérito, al pasado colectivo y que no me ha pasado a mí
(aunque puedo apropiármelo, hacerlo mío, y por eso he distinguido antes,
entre paréntesis marginales, lo de "nuestro" pasado y lo de "mi" pasado) ,
pero no vale para interpretar mi Yo, ni mi presente, ya que es el pasado
el que nace (o "emerge") del presente, y no mi presente el que nace de mi
pasado sino que nace de un pasado no mío, pues, según ha dicho ahí el propio
Ortega, el Yo es siempre "presente" y "actual".
Y algo parecido ocurre con la relación del Yo y su futuro. También viene
a decir Ortega que el presente es antes que el futuro, lo cual parece cierto,
pero es confuso y no verdadero. Después de hablar de que el Yo es "posibilidad necesaria" y a la vez, "insegura" (con lo cual da a entender que el
presente del Yo es futuro posible y no seguro, "emergiendo" el futuro del
Yo y no el Yo del futuro), dice: "Este, pues, (el Yo), lo primero que hace,
antes de darse cuenta del presente en que está, es estirarse hacia el futuro, se
futuriza y desde allí se vuelve al presente". No comprendo cómo, a pesar de

95

•

�1

1

•

metáfora tan plástica, el Yo se alarga o estira al futuro para volverse luego
a su presente. Y añade en la página 80: "El yo de un hombre es su vocación, y la vocación es tensión futurizante, pre-tensión, hacia horizontes nuevos". Y en fin, resume en la página 92: "Hemos visto que el Yo del hombre, está siempre en el futuro (nos había dicho que era siempre presente) y
desde allí afronta, vive el presente". Quiere salir Ortega de su propia confusión y la aumenta. Pues lo grave en esa frase es el "desde allí", desde el
futuro, pues no entiendo cómo siendo el Yo presente, y hallándose siempre
presente, está también "'siempre en el futuro" y "afronta" "desde él", desde
el futuro, el propio presente.
Aclaro mi posición: Hay futuro antes de ser presente, y llamo la atención
de la diferencia del "hay" y el "ser" que van subrayados. Es cierto que fu.
tu rizamos ( proyectamos, esperamos, anhelamos, planeamos, etc.) desde el presente personal. No es que el futuro funde al presente, sino que, desde el presente, futurizamos, fundamos el futuro; y eso es lo que dice Ortega. Bien.
Pero lo que ahora nos es presente, ¿no fue antes futuro? (Notemos que el
futuro para sernos presente ha de pasar como futuro, ha de hacerse pasado,
ese "fue" que he subrayado. El presente "fue" futuro desde el presente). No
hubo un futuro que luego nos es presente. El "hay" del futuro se hace el
"es" del presente. Pero la confusión no está ahí sino en esto: El presente
desde el cual el Yo futuriza, no es el presente que él ha de ser, luego, el
futuro cuando se realice. El presente del Yo es un futuro que ha dejado de
serlo, por haber pasado de futuro a presente, de modo que en esta versión
de la cuestión, el futuro, mi futuro, antecede a mi presente. Desde mi presente lo proyecto o planeo pero no se me hace, no me es, presente hasta que
deja de serme futuro. Pero además hay un futuro mío (casi todo mi futuro
real y verdadero) que nunca he previsto, ni proyectado, ni planeado, ni futurizado, sino que me sobre-viene (más que por-venir, es sobre-venir) sin saberlo yo, y que se me hace presente. Es lo que he llamado, en otros libros
míos, el "futurante", el futuro no futurizado por mí. Y aun puedo hablar
de un futuro mío no futurizado por mí, pero sí por otros que lo prevén y
proyectan y planean para mí (por ejemplo, rni_s padres), y es, en efecto, un
futuro que me será quizás presente algún día; es el "para-futuro". Por último, hay un futuro colectivo que ha de afectarme y que yo no planeo ni
proyecto, pero lo hace el gobierno de mi nación, o los sabios, por mí y para
mí; y ese futuro también ha de serme presente, en unión del presente de
otros; es decir ha de serme, no un "presente" personal, sino un "ahora", presente colectivo. Pero hay también un futuro colectivo que ni planeo yo, ni
ha de serme presente nunca, porque cuAndo llegue, ya no viviré. Es lo que
he llamado, por su parecido al "pretérito" ( que_es pasado que no me pasó,
que me "pasó de lejos") el "futúrito", futuro que no ha de ser presente para

96

mí, que ha de pasarme lejos, pero que por ser futuro para otros, me afecta
copresencialmente, como futuro para la Humanidad y la Historia, y por tanto, para mí.
Pero la temporalidad del Yo es más intersticial para él de lo que puede
parecer. El Yo es presente, y todo presente está trenzado de pasado y de
futuro; pero· pasado y futuro míos, tuyos, suyos. Soy presente futurizado y
recordado, que recoge mi pasado y pre-para mi futuro. Lo que he olvidado
también está en mí y puedo evocarlo. Si recordar es otro modo de presentar, de tener presente algo, de representarlo, olvidar es un modo de recordar,
de tener en presente segundo un modo de tener almacenado y retener en
el pasado, para poder presentarlo y representarlo por la evocación. El olvido no extingue, sino que conserva y reserva; la reserva que puede ser llamada al servicio activo ... Soy futuro y pasado porque Yo soy presente; pero
soy presente, porque soy presencia, y por ser presencia, por estar siendo presencia, soy un Yo, el cual ganado, influído por la acción de la persona que
soy, se trama de actos, se reviene de impulsiones de comunidad presencial,
y, buscando a otros, y buscando cosas, se proyecta en el mundo y proyecta
futuraciones. Y como la persona es generador de tiempo existencial, de temporalidad humana, el Yo, mi Yo, también temporaliza, ejecuta lo temporal.
Yo me encuentro al nacer con un pasado antes de mí, con un pasado que
no me ha pasado y que, sin embargo, me informa y me influye y de algún
modo es mío. Pero aquí vuelve a salirnos al paso, y hay que retomarlo, que
el "me" del Yo no indica posesión ni propiedad; que no acusa un "mío".
Cuando yo digo "Me ha pasado tal o cual cosa", no digo que lo pasado sea
mío, sino que ello ha ocurrido en "me" o a "Mí". Y al quedar en mí, como
pasado, hay relación genitiva de pertenencia y no de posesión ni de propiedad; mucho menos aquello que la Gramática dice de "materia referida a
nombre". Mi pasado me pertenece. Pero el pasado anterior a mí, el que
antecede a mi nacimiento, no me pertenece; soy yo quien pertenece a él, no
por inclusión e inserción, sino por participación en la comunidad de mis antepasados, mi estirpe, mi raza, mi nación, la Humanidad, la Historia, a todos los cuales pertenezco, en un modo no poco misterioso. Pero a partir de
mi florescencia personal, de mi nacimiento existencial, esto es, de mi autoconciencia, o toma de conciencia de mi Yo, pertenezco a una persona, a una
presencia personal, y a una temporalidad también personal, pero, a cambio, me
pertenece mi cuerpo, y son míos, mis cualidades, mi abrigo, mi viña. Y en esa
temporalidad personal, a que pertenezco, y en aquellas entidades en que me
encontré al nacer, en el pretérito, a los que también pertenezco, fundo mi
pasado y mi futuro. Me soy presente; y mi pasado y mi futuro son míos, en
acepción no posesiva sino pertenencia!. Es que forman parte integrante de
mi Yo. El Yo es la densidad del presente existencial, con un peso especí-

97
H7

�fico que nos hace gravitar y da gravitación y peso a lo que nos pertenece.
Nos pasa el pasado propio, no el pretérito. Gravitamos hacia el futuro propio, no al futúrico, ni al futurante, no nos pesa el pasado, ajeno, sino que,
por su mayor densidad y sobre todo, por ser pasado, de los padres, de los
ante-pasados, de quienes nos han traído al presente, nos hace gravitar hacia él. No gravitamos hacia el futuro ajeno, pero si es futuro de personas
a quienes dimos el ser, o las que pertenecemos existencialmente (nación,
raza, o nuestros hijos y nietos) su futuro nos hace tomarlo como propio y
gravitar hacia él. Todo lo que me pasa, pasa a mi Yo, y se me hace mío
y queda adscrito de modo pertenencial; me queda como mi pasado. Al pretérito, al pasado ajeno, sólo si me es muy ajeno, muy próximo, pertenezco,
en tanto que mi pasado me pertenece. En el libro contrapongo "ajeno" y "extraño". Me es ajeno quien tiene comunidad presencial conmigo; por eso me es
prójimo. Lo natural (mueral, anual) me es extraño, lo otro. Sólo lo humano
me es ajeno, el otro. Aunque rectifico a Terencio, éste quiso decir lo mismo.

TEMPORALIDAD, VIDA, CIENCIA, CONCIENCIA Y YO

Porque somos espirituales, experimentamos el espíritu y elaboramos su concepto; porque somos divinos, experimentamos a Dios y tratamos de constituir su concepto; porque somos presencia, podemos hablar del concepto de
presencia. Del mismo modo, porque somos temporalidad hemos podido forjar el concepto de tiempo, y este concepto aplicarlo a las cosas del Universo.
Y somos temporalidad, porque el espíritu en el hombre, al ingresar en lo
humano, al hacerse humano, hace o funda temporalidad hilando de lo eterno: el espíritu, intemporal, se hace temporal. Funda el tiempo, pero no lo
sufre ni so-porta, a diferencia de la Naturaleza, que es pasiva para la temporalidad y no la tiene por sí ni la funda. Cuando decimos "el tiempo que
hace", o bien, "amanece", "llueve", etc., etc., usamos formas impersonales
de verbo, precisamente porque la Naturaleza no hace ese tiempo, y porque
ese tiempo no pertenece a la temporalidad humana, sino que es tiempo meteórico, falsa temporalidad, mero movimiento, variación o perturbación física.
La Naturaleza no es tiempo sino espacialidad en todas sus formas, masa, dimensión, distancia, movimiento (no velocidad que va herida de la temporalidad del hombre, sino mero traslado, cambio o variación). El tiempo es
secreción humana, flujo procedente de los manantíos del Espíritu, y que sirve al hombre para medir, calcular, precisar, comparar, distinguir en las cosas del Universo natural. El único instrumento de medida es la "unidad
de tiempo", pues aunque midamos con una masa material tomada como

98

patrón de medida, hemos de aplicar ese patrón en intervalos que suponen
unidades de tiempo.
Existencialmente vivimos lo temporal. Pero ese "existencialmente" quiere
decir que lo vivimos como lo eterno del espíritu inserto en lo corporal, en
contacto con lo natural. Brota el tiempo humano cuando lo espiritual se cruza con lo natural en nuestra encamación. Lo eternal del espíritu, al hacerse
existencia de hombre, quiebra y fragmenta en temporalidad, en tiempos existenciales que luego han de servir para unidades de medida. Y mide su propia
corporalidad como objeto natural, como masa, movimiento, cambio y función, en ritmos, pulsaciones, modificaciones y recambios. El espíritu encarnado se hace "mens", es la "mens" la que "mensura". El Espíritu, antes de
encamar en hombre, no puede ser considerado como algo quieto; es acción
pura e incansable, aunque no movimiento, como Ser. Y encamado en hombre es un "siendo", acción combinada en movimientos, en ritmos y en funciones. La temporalidad es la acción misma del "siendo" existencial. Y nuestra presencia, al presenciar, a la vez existe y mide, pone lo temporal en las
cosas del universo natural. Al presenciar, por de pronto, enlaza cosas, une,
reúne, toma conciencia de las cosas y de sí, y da testimonio de sí y de las
cosas. Al presenciar, temporaliza, porque presencia y presenta, pero también
pre-ve, pro-yecta y recuerda. Suprimid el hombre con su presencia y suprimiréis la temporalidad en el universo, pero no suprimiréis la espacialidad,
pues el espacio estaba y seguirá estando ahí, con la pre-sencia y sin ella,
aunque, sin duda, estaría ahí sin ontología (aunque con su onticidad) y sin
respectividad, pues sólo hay respectividad cuando hay un "respectare", un
mirar algo que le queda referido. Sin ese mirar o presenciar, no hay nada
re-spectivo. Al ser lo espacial presenciado por el hombre, toma respectividad
y se ontologiza. Y el hombre saca de sí, de sus senos más misteriosos, la temporalidad, y mide y compara y calcula.
Aristóteles, Newton, Galileo, el mismo Leibnitz concebían el tiempo como
objetivo, como algo que está ahí, fuera del hombre, como un "continuo unidimensional uniforme", pero "independiente de lo real"; algo así como otra
realidad, algo real sí, pero otro que lo real, lo cual no sé qué querría decir.
La ciencia físico-matemática posterior a Kant ha tendido a concebir el tiempo como categoría mental a priori, pero luego la Relatividad, a partir de
Minkowsky y Einstein, ha querido que sea otra dimensión de lo real su
"cuarta dimensión". Pero el tiempo no es dimensión de lo real, ni cuarta
ni enésima, pues siendo un medio de presenciar y medir el hombre, y no
hallándose entre las cosas, · no es ni siquiera « di-mensión" como lo es la longitud, la latitud o el grosor. Ninguna dimensión mide a las otras: la longitud no mide a la latitud y a la profundidad, ni éstas a ninguna de las otras;
ni siquiera cada una está en función de las demás, y la longitud es inde-

99

�pendiente e invariante respecto a la profundidad y la latitud, como ésta respecto de las otras. Pero en cambio -según la Relatividad- cada una de
las tres dimensiones de las estructuras materiales son variables del tiempo
con que son medidas permaneciendo el tiempo, sin embargo, como variable
independiente de ellas. ¿ Cómo, pues, va a ser una dimensión más? Las dimensiones están en las cosas y el tiempo está fuera de ellas hasta que el hombre se lo adjudica y entreverá en las cosas. El tiempo va con la presencia,
con la "mens" del hombre que mide. No es que la temporalidad ni el tiempo
estén en la presencia humana, ni en la existencia, sino que al existir, al funcionar el hombre como existencia, produce tiempo y lo quema como el motor, los gases de su combustión. No es el tiempo una categoría o una fa.
cultad a priori, como siguen imaginando no pocos físicos de hoy, sino que,
al trajinar, el existir como "siendo", produce temporalidad, para la cual
toma a las cosas y sus variaciones como hitos referenciales, como toma el
viajero las variaciones del paisaje. El tiempo que el hombre pone en lo real
no es real ni es ontológico, hasta que lo toma el hombre ya objetivado entre
las cosas. Y tan bien lo objetivamos, que el mismo tiempo que pusimos entre ellas lo retiramos en el recuerdo y lo seguimos mirando como si fuera
un objeto más. Y como tal, lo observamos y medimos, lo especializamos.
Paseando nuestra presencia y nuestra mirada por entre las cosas del mundo,
y poniendo comparaciones y medidas con la temporalidad que en él inyectamos, notamos las variaciones y los cambios. No se mide el tiempo por los
cambios -como han dicho físicos de mucha nota y filósofos de nota y de
noticia-, sino los cambios y las variaciones por el tiempo. Las cosas se mueven, pero sólo el hombre, incluso sin movimiento, mide ese movimiento de
las cosas. Ellas, sin el tiempo que las mide, están en diversos lugares, por
cada instante de tiempo, como dijo, más profundamente que parece, Zenón
de Elea. Son ellas mismas con diversos aspectos, estados y apariencias fenoménicas. Pero sin el tiempo con que el hombre las observa y mide, no las
reconoceríamos en lugares distintos, ni como cosas distintas ni como las mismas. Es el tiempo el que las des-id-entifica para idem-tificarlas con distancias
entre ellas. Pero ellas no arrastran temporalidad que tome notas de sus variaciones. Por eso hubo que recurrir a la noción de substancia. Se dijo que
era la misma cosa la que se movía variando, y se su(b )-puso algo que permanecía incólume bajo toda variación: la sub-stancia o hipo-khéimenon. Pero
para saber que permanece, también hay que inyectar temporalidad, fracciones de tiempos. La sustancia es tan temporal como la variación. Para saber
que dos cosas distintas son iguales, hay que recurrir a la "mens", a la presencia existencial del hombre. El ser clásicamente concebido como lo que
permanece, se temporaliza en "siendo". Un ser inafectado por el tiempo no
es nada para el hombre. Lo que no está siendo ¿ cómo se puede decir que es?

100

Y hay movrm1entos que el hombre no percibe y la "mens", sin embargo,
mide. Con variaciones muy rápidas, los cuerpos nos parecen en reposo; tal
ocurre con el batir de las alas de un insecto o el giro veloz de las aspas de
una hélice. Y si es lento el variar, como en las manillas de un reloj, tampoco
percibimos la variación (y conste que el reloj no marca tiempos sino espacios). En el movimiento de desplazamiento, si la distancia es mucha, el sistema nos parece en reposo; tal ocurre con un móvil en la lejanía o un astro
entre otros astros, cuyo movimiento relativo sólo alcanzamos de un modo
indirecto y calculado. Y al revés: cualquier objeto en reposo, nos resulta
todo movimiento, si lo analizamos finamente. No es pues sólo cosa de percibir o no. Sabemos de movimientos ( por ejemplo los de ciertos astros lejanos),
en virtud de muchos cálculos, sin que la percepción sensorial, los note. Y
por otra parte los movimientos que percibimos no siempre son tales como
los percibimos: así, el movimiento del Sol respecto de la Tierra, mientras
los de la Tierra no son directamente percibidos. Y es que para percibir un
movimiento o variación, tiene el hombre que meter la cuña de su temporalidad, interponerse en los acontecimientos. Si no se puede alcanzar la pureza de la observación física sin la intromisión del observador, es porque
toda observación exige temporalidad y presencia humana. Sólo hay variación
si el hombre pone y entromete el tiempo, pues la variación no es más que una
serie de porciones sin relación entre sí, pero que el hombre relaciona y ata con
su presencia y su memoria. La totalidad de variaciones en la unidad de tiempo es la velocidad y la variación de las totalidades, es lo que se llama aceleración o retardamiento.
Meter el tiempo es un modo de distinguir, de desidentificar y aun de individualizar. Sobre la individualización que pueda dar la materia a los seres materiales está la individualización que da el tiempo. En el mismo individuo se da el otro con sólo percibirlo o pensarlo en distinto instante de
tiempo. En el individuo humano, más que la materia, es el tiempo el que
identifica, con los rasgos y detalles que él mismo inventa. Pero es la persona
la que genera e identifica los instantes de la temporeidad. La personeidad,
por medio de la temporalidad, contribuye a identificar individuos. Las categorías de edad, vejez, juventud, ayer, mañana, antigüedad, etc., aparecen
en el individuo porque las origina la persona en acción espiritual y presencial. La individuación de los seres naturales, las de la especie si es ser vivo,
y el contorno material recortado, si no lo es. En ambos casos interviene la
temporalidad que sólo el hombre pone. La multiplicidad en el espacio indica difere~cias y acusa distinciones individuales, pero hace falta tiempo para
enumerar o contar esas diferencias o enumeraciones. La multiplicidad en el
tiempo da sucesividad, pero hace falta algún intervalo como espacialidad,
pues el espíritu para temporalizar, necesita espacialidades en que apoyarse.

101

�La multiplicidad espacial en la unidad de tiempo es la simultaneidad. La
unidad o simultaneidad en el espacio con unidad de tiempo, da el individuo.
La unidad de acción, en sucesión de instantes de tiempo, da la persona.
No hay persona en el ser vivo por el mero hecho de ser vivo. El espíritu
personifica (como lo hace en las criaturas o personas de arte) sin necesidad
de valerse de la vida biológica, y conste que no hay redundancia, pues hay
vida (la de las personas de arte, la del espíritu en su autoconciencia) que
no es biológica. Pero el espíritu sólo alcanza a individualizar encamándose
en lo que vive. Esto hizo pensar que la individualización era cosa de orden
material cuando lo que es más brutalmente material (rocas, viento, agua)
no individualiza ni se configura por sí solo; precisa de algo que lo limite y
configure. La vida, a través de las especies, individualiza, pero no personifica, no da unidades de conciencia. El hombre es individuo y es persona, pero
mientras la individuación se ve desde fuera, la persona sólo se percibe desde
dentro de cada hombre, y su apunte o conato de individualidad se llama Yo.
Este Yo emite radiaciones presenciales que permiten que los demás lo capten
como persona, y como otro Yo. Pero ni el Yo ni la conciencia ni la persona
se dan en los seres meramente vivos y que, nada más, viven. Vivir, nada más
que vivir, no garantiza la presencia de la persona y del Yo.
Los seres meramente vivos no son autores de su vivir sino que se dejan
mandar por la vida. En sus hechos, impulsos, hábitos, instintos, obedecen,
ejecutan, no mandan sobre la vida. También el hombre tiene, en su fisiología, impulsos, movimientos que él ejecuta pero no manda; tal ocurre con las
secreciones de sus glándulas, las contracciones y movimientos de sus vísceras
y los reflejos de sus nervios. Ni los manda ni los obedece. Pero ¿ a quién nos
estamos refiriendo?: Al Yo personal que está un poco fuera de su individualidad personal. Entre el hombre hay un Yo, y toda la fisiología y gran
parte de su psicología queda al margen, a un lado del Yo, interaccionándose
con él, pero sin mandarle aunque también sin obedecerle del todo sus mandatos. Lo que hacen sus vísceras, su sangre, no siempre lo hace el Yo, aunque
lo hecho y ejecutado quede afectando al Yo y ejerciendo influjos en su
ámbito. Pero el Yo es mucho más que la anatomía, la fisiología y aun la
psicología de cada uno. La vida que vivo, mi vida, es mía y por serlo está
por bajo de mi Yo. El Yo no es esa vida que se alude cuando se habla de
la anatomía, la fisiología y la psicología individual; tampoco el Yo es vida
de especie o de colección, sino lo contrario, parece querer fundar su propia
especie o su misma colectividad. Si algo se puede decir de cada Yo, es que
no tiene especie ni pertenece a ninguna. Yo no es mi vida, sino mucho más
que mi vida. Por de pronto no la obedece y se propone, en cambio, mandarla, aunque tampoco lo logre, por entero, siempre. Pero puedo querer comer, tenga o no tenga hambre -y mejor si no la tengo- y puedo parar

102

mi corazón en el suicidio o dominar mis reflejos mediante un ejercicio adecuado como los contemplativos hindúes.
Yo 'soy más y otra entidad que mi vida. ¿ Qué o quién es este Yo que soy?
¿ En qué forma lo soy si, aunque lo soy viviendo, no es ese vivir el que constituye sustantivamente mi Yo? . . . Lo primero que se suele pensar,,º al menos decir, es que ese vivir se hace Yo cuando se hace saber de ~1, c_uando
se convierte en conciencia. Pero aquí, ¿ se dice que el Yo es conc1enc1a, saber de sí, o que la conciencia es un Yo doblado, un saber del Yo? Se nota
que los términos "conciencia" y "Yo" andan un poco entrelazados y confundidos. Y ello resta claridad, sobre todo si se da a entender que la conciencia y el Yo son solamente vida refleja, doblada sobre sí. Pero si, _co~o
he dicho la vida nunca alcanza a ser Yo, tampoco llega a ser conciencia
por muchas dobladuras y potenciaciones que ~e le dé. en_ ~u in?ividuación,
por lo mismo que el individuo a fuerza de refmar su md1v1duahda?, nunca
llega a persona. Ni la conciencia se identifica como un copo de vida cualquiera, ni el Yo es, sin más, una conciencia, entendi~a ésta_ coi:no aperc~pción y fuente de intencionalidad deliberada. Sin Yo m conc1enc1a, hay _vida
en el ser vivo. Sin conciencia hay Yo que actúa en el mundo del subconciente
y en el sobreconciente. Lo que no hay es conciencia sin Yo. Y sin Yo, pero
con conciencia plena de sí, hay Espíritu, si bien no hay espíritu sin encarnar; y con la encamación aparece la conciencia y con la conciencia_ o ~in
la conciencia, el Yo. El espíritu está más allá del Yo y de la conciencia,
pero al encamarse, como decía, se hace conciencia y también se constituye
en Yo con conciencia o sin ella. La vida está más acá de la conciencia, del
Yo y 'del Espíritu. Hasta en el hombre hay muchos momentos de vida sin
conciencia y sin Yo, aunque no totalmente sin espíritu encam:,do e~ ~l y
para constituirlo. Lo mismo en la conmoción cerebral que en el su~no _(híp~1co,
no onírico) el espíritu vigila y actúa, aunque no haya conciencia m Y_o
conciente, pero el Yo de algún modo persiste actuando y actual. Al decir
"soy Yo quien duerme", no digo que vivo y duerm_o sin Yo, sino ~ue ~l Yo
mismo decae en su vigilia, pero vigila y no se extmgue. Al dormir, pienso,
actúo, imagino, fantaseo, sentimentalizo; tengo el Yo más o menos anárquico
de mi conciencia, pero no tengo conciencia de mi Yo, o la _ten~o vaga y
diluída cuando no tergiversada. Hay Yo, pero no hay conciencia aparte.
Tamp;co la hay en la sobreconciencia, en el rapto inspirador del místico, del
poeta, del artista; ni la hay en el hombre enfurecido que se altera y se enajena. No hay, en esos casos, conciencia nítida de sí, pero ¿ quién es el que
habla, piensa, actúa y se enajena? No es la mera v_ida ni es la con~ienci~,
pues ya decimos que no la hay. Es el Yo, algo, alguien, que es y ~~tua. m~s
allá de mi vida y de toda vida a diferencia del alma que es espmtu mdividualizado en hombre. Y este Yo no es sino una radiación presencial de

103

�Espíritu, que, al hacerse espíritu humano, al encarnarse en hombre, toma
conciencia de sí, pero que, sin esa conciencia de sí, no deja de ser espíritu.
y aun Yo, pues se hace Yo por bajo y por encima de la conciencia.
Ni el Yo es meramente vida, ni la vida por sí sola se constituye en Yo.
Tampoco Yo es siempre igual a conciencia. Este se presenta como una reflexión de la vida sobre sí, pero la vida sólo puede doblarse y recaer sobre
sí, gracias al espíritu que la informa. Y la conciencia es capaz de unificar
porque alguien la sujeta, unifica y preside. El Yo no siempre es consciente.
No neguemos al Yo porque se nos trasponga a la conciencia. No hay conciencia sin un Yo que unifique y sujete, pero el Yo puede ser inconsciente
o presentar diversas formas y contenidos de conciencia. Y esto es posible porque el espíritu es como un Yo presencial universal. La vida en el hombre
se hace conciencia y se hace Yo porque viene trasumida de presencia del Espíritu. Cuando -en el niño por ejemplo- todavía no es conciencia de sí
ya es un Yo presencial, una participación en lo humano y por tanto en lo
divino de toda presencia y cuando aun no es un Yo singular y consciente
ya es algún resplandor de luz increada y presencial que le llega del espíritu.
Así el niño en quien todavía no hay conciencia, hay un Yo en amanecer,
resplandor impersonal todavía del espíritu como presencia. Poco a poco se
constituye en Yo y en conciencia de sí. No ha entrado apenas en la temporalidad humana y ya se notan en el niño resplandores de lo eterno. Viene al
mundo con transconciencia del Espíritu. De ahí la reminiscencia, la melancolía metafísica que trae todo hombre al mundo. Y así es posible que desde
su singularidad insulada en lo corporal pueda experimentar la universalidad
y la eternidad, sin saber cómo. Y así es posible también la trasmisión cultural de unos a otros hombres, y el reconocimiento o anagnórisis de ellos
entre sí gracias a la contraseña secreta de la presencia del espíritu.
Esa contraseña o consigna que identifica, que da a conocer a unos hombres con otros es el Yo. Al pensar y sentirse Yo cada hombre se siente distinto de los demás, se siente otro que los demás, pero también se siente comunitario, en comunión o en comunidad de lo espiritual y presencial que trasciende a toda individualidad humana. El individuo no es individuo por inmersión en una individualidad genérica o universal, sino al revés, por retraerse
cada uno, distinguiéndose y aun diferenciándose de los demás individuos.
Pero la persona es persona por traer su singularidad de un fondo de comunidad en la presencia espiritual. Por ser el hombre individuo, a la vez que
persona, tiene conciencia de sí y constituye un Yo. La persona le da la comunidad básica en el espíritu; la individuación le da la conciencia distinta
de ser otro. Al decir "yo", nos experimentamos distintos y nos sentimos comunizados por la raíz; nos sentimos a la vez Yo y otro. Este "otro" no es "otro
Yo" sino el mismo Yo nuestro, pero siendo a la vez otro: es nuestro "Yo
104

otro". Y así, la otroriedad primera del hombre le hace distinguir, le permite
distinguirse a sí mismo de todo otro, y sentirse otro, no sólo respecto de ellos,
sino incluso dentro de sí. Es respecto de los demás, más otro, no cuanto más
lejos y distinto (que ello indicaría su individualidad) sino cuanto más desalejado y próximo a ellos, pues lo que entonces pierde en individualidad distinta lo gana en personeidad común. Su otroridad respecto de las cosas, respecto de lo extraño, aumenta con la lejanía. La otroriedad de lo ajeno, con
los demás hombres, aumenta con la proximidad. Cuanto más nos aproximamos a los demás, más otros nos son, y esa otroridad quiere decir comunión. Un hombre socialmente muy lejano o desconocido y remoto, nos parece un extraño, porque lo sentimos sin projimidad. Nunca tenemos la conciencia de ser otro Yo, ni nos sentimos nunca el Yo de otra conciencia ajena,
pero tenemos la conciencia de ser Yo y a la vez ser otro, solo que no solamente Otro-yo, sino también para nosotros mismos, ser "Yo-Otro". Y todo
esto es debido a la presencia. Para la presencia no hay otroridad como no
hay espacio; ni tampoco tiempo físico. La presencia distingue a los seres
naturales de los que no lo son. SóÍo el hombre por ser extra o sobre-natural,
es presencia. La presencia no considera a la presencia de otro hombre como
"otra", aunque lo considere como otro individuo.
Para la presencia no hay espacio ni tiempo físico. Al presenciar todo está
en actualidad, en plenitud, y todo está en presente. La mirada física se vale
de lo espacial, por medio de los ojos, y los objetos son más distintos y detallados al presentar más o menos luz y más o menos tamaño. Pero, para el
presenciar del espíritu no hay tamaños ni graduaciones de luz, no hay espacio ni tiempos físicos, pues lo que se presencia está siendo en presente no
con más o menos ser, no con más o menos tamaño por el espacio, ni más o
menos presente por la acción del tiempo que está pasando. Una vez más:
en el presenciar como acto existencial, como disparo mental, no hay tiempo
ni espacio físicos u objetivos. Pero para aclarar así: en el presenciar se da
lo temporal e incluso lo funda, pues da a luz el presente, pero es tiempo
existencial, presencial, no objetivo_ ni físico. El amor con que una persona
presencia a otra, ¿ conoce tiempo ni espacios físicos?; con la ausencia ¿ no sigue siendo el amado presente? El libro en que habla el autor al lector, ¿ en
qué tiempo ni en qué espacio le habla? Lo mismo puede decirse de la expresión del artista en la obra de arte. En un disco fonográfico habla una
persona que ya murió hace años; ¿ cuál es el espacio y el tiempo en que
habla ese disco al cual estamos escuchando en: presente y sin lugar concreto
para el que habla? ¿ No sigue actuando su presencia humana aún después de
muerto? Sin embargo, el libro, la obra de arte y el disco son presenciados
por mí con un tiempo mío existencial, no objetivo.
Es que la pre-esencia está más allá del tiempo, del espacio y del ser. Por

105

�eso es pre-esencia y actúa desde un "pre", no ubicable ni temporal. Antes
que comunidad en el ser, los hombres --como personas-- somos comunidad,
somos personas en la presencia, en la co-presencia. Nuestra vera ontología
es pre-ontología, porque actuamos desde un "pre" que nos basa y fundamenta. De la co-presencia, nos llega un resplandor y un ímpetu comunes que
nos hacen reconocernos los hombres unos a otros, y mentalizar ese fondo
común como ser, encontrándolo por todas partes. Pero las cosas no son hasta
que el hombre las ilumina en su onticidad; sólo el hombre está en el ser,
o mejor en el pre-ser de la presencia. También Heidegger ha afirmado que
el ser hay que buscarlo en el hombre, y, por iluminación suya, en las cosas.
Es muy antigua y certera doctrina agustiniana. Las cosas al ser presentadas
por el hombre, quedan ontologizadas porque quedan vestidas de ser. Sólo el
hombre es y alcanza a ser, pero no ser en infinitivo sino en gerundio, ser en
gestión o administración que es lo que quiere decir "gerundio". No viene desde el ser sino que va a él, tratando de alcanzar cada hombre el suyo, el que
viene previsto en su vocación, buscando o barruntando desde el "pre" originario,
desde la pre-esencia. No trae tiempo ni espacio. El espacio lo encuentra ahí,
en las cosas ( no hay espacio vacío) ; el tiempo lo pone la presencia misma
con el "siendo". Como dice Agustín: "El tiempo es hecho con las cosas, no
las cosas en el tiempo". Las cosas fueron hechas sin temporalidad de ellas.
Luego vino el hombre y se la puso. Y la temporalidad la sacó el hombre
de su propio siendo. Viene de la eternidad y proyecta lo que es: temporalidad, por eso, según Platón "El tiempo es la imagen móvil de la eternidad". Yo me experimento ser Yo, en presente, ahora, en este instante. Y
luego, días o meses después, me siento ser yo, y precisamente ser yo mismo,
el mismo Yo de antes. El hecho debiera sorprendernos. Resulta que el mismo
Yo lo noto permanecer en mí y cambiar. Me siento permanentemente el mismo
Yo. Pero también en cada instante y continuamente me siento otro. En las
filosofías más clásicas se resolvió el problema diciendo que permanece algo
que es sustancial, y varía algo que es accidental, fenoménico, y sujeto a tiempo,
pues la sustancia está más allá de lo temporal. El tiempo pasa, pero no por la
sustancia ni por lo que permanece de las cosas, sino que pasa sólo por lo
cortical, aparencia! y accidental. Pero aparte que hay sustancias que parecen
haber perecido (especies extintas, seres que desaparecieron del mundo del
hombre) resulta que ahí se habla del tiempo como otra sustancia independiente de la que permanece en las cosas, y como tal sustancia ésta también
permanece. Bueno, permanece y sin embargo varía hasta no parecemos dos
tiempos distintos; parece que varía sustancialmente. Pero aquellas filosofías
clásicas lo que decían que es lo que permanece de las cosas es su sustancia,
lo que sub-está, o está debajo de las variaciones. Pero el tiempo ¿ qué sustancia va a resguardar de las variaciones que produce él mismo? Diciendo

106

que el tiempo es algo que pasa sobre las cosas, algo alígero y andarín decimos algo no cierto, y que vale sólo en el concepto. Y todo concep~o es
como falsa sustancia externa a las cosas, pues aunque éstas caduquen, el
concepto permanece.
Pero al aplicar el tiempo al Yo parece que decimos que el Yo y el tiempo
son dos sustancias extrañas entre sí que se frotan y unas veces se conjugan
y .?tras no, pues los seres vivos parece que se impregnan de tiempo en sus
teJidos y envejecen, transidos de temporalidad, mientras los seres no vivos
no envejecen nunca, y no vamos a decir por eso que son eternos O intemporales. ~n cuanto ~l Yo, hay en él y por él, memoria, recuerdo, evocación,
melancoha, pero ¿ d!remos que pasa el tiempo por él, siendo el Yo el que
parece segregar el hempo? . . . el Yo es Yo porque está siendo y temporalizando; está si~ndo el mismo y a la vez se siente estar siendo otro. Y parece
que esta otrondad no nace del Yo porque este Yo pase y deje de serlo, sino
~orque, a la vez que permanece, cambia, afectándose, dejándose influir del
tiempo, de modo que está siendo Yo, el Yo permanente, y está siendo a la
vez, otro; y no otro yo como un Yo distinto del anterior, sino el mismo Yo,
pero Otro, porque "el mismo" quiere decir "idem", esto es, un Yo y otro
Yo que, c~mparados, resultan iguales, el mismo Y o con su otroridad. Y así,
pued~ decir que Yo soy "el mismo" Yo, es decir, Yo, sí, pero otro igual 0
el mismo que Yo. Y como ese Yo brota del "siendo" existencial en el cual
me siento el mismo y me siento otro, en vez de decir que el tiem~o me hace
permane~e: y cambiar, puedo decir que es mi Yo (siendo Yo y siendo Otro)
el que ongma el succedendo de lo temporal, pues siendo Yo, me estoy siendo
haciéndome tempo~alizar, y sucediéndome a mí mismo, ya que soy y O ;
?tro, o l~ que es igual: soy Yo-otro, pero no otro-Yo distinto del que soy,
smo el mismo Yo pero Otro. Y así, siéndome, sucediéndome, origino mi propia temporalidad que, luego, lanzada, proyectada sobre las cosas, las baña
de un tiempo ya objetivo, con el que mido los acontecimientos y los fenómenos, y el concepto de tiempo que no es tiempo abstraído sino concepto
de lo temporal congelado y sin temporalidad. Y esa temporalidad que es el
Yo y el Yo proyecta sobre el mundo - pero que no lo origina el Yo sino el
siendo- se abre por la apercepción en conciencia de cosas y en autoconci~ncia. Y m~s allá de mi Yo siendo una como Yoidad más amplia en que
m1 Yo se bana y por la cual presencia. No siento mi yo como algo aislado
Y sin_gular, más que socialmente, es decir, frente a otros individuos a los que
concibo como Yos, pero, existencial y metafísicamente, mi Yo lo siento sum~rgido en comunidad, en un magma cálido y vitalísimo de yoidad, una
yo1dad general que sólo es aplicable a personas, no a cosas. Y sé que ésas son
persop.as por su resplandor presencial y su aptitud y su vocación para presenciarme a mí. Me siento Yo, no como un islote, que es el Yo social de lo

107

�individual, sino como sumergido en una atmósfera, en una esencia de presencialidad en una co-presencia, dentro de la cual presencio y soy presenciado con actitud y poderes iguales a los míos. No es que sea Yo con otros
Yos a los que me llego desde fuera, sino que ellos y Yo nos presenciamos
mutuamente porque estamos sumergidos en una misma yoidad copresencial,
la cual no es un concepto abstracto como la equinidad del caballo o la felinidad del león, sino que es una realidad ultrafísica experimentada por
todo Yo.
Pero no se crea que esa yoidad copresencial universal de lo humano, es
. Dios, sino la virtud o ímpetu presencial que de Dios viene, pero Dios no es
ningún Yo aunque es la pre-esencia de toda persona. Esta yoidad es la copresencia humana porque desde ella, dentro de ella, todas las personas pueden presenciar y presencian. Y con una co-presencia que está más allá de
la realidad social e individual, más allá de cotaneidad y contemporaneidad,
pues nos presenciamos unos a otros, en el pasado, en el futuro, y más allá
del pasado y del futuro personal de cada uno. Por la copresencia el Yo experimenta más de sí, trascendiendo su propio Yo, como si mirara desde la
yoidad humana, desde más allá de lo temporal, desde lo eterno. Se hace así
inteligible que el Yo tenga más de una conciencia, y que persista el Yo más
allá de toda conciencia suya, y se haga conciencia de lo inconsciente de este
modo; lo que me es inconsciente sé que me es inconsciente, y tomo por tanto
conciencia de lo que me lo es. El mundo de mis sueños me es inconsciente,
pero tomo conciencia de que me lo es. También el poeta toma conciencia
de lo que no sabe, que sabe, y sin embargo dice y expresa. Se ve que para
llegar a ser quien soy, se abrieron rutas y posibilidades que me han constituido en conciencia de mí y de las cosas que conmigo se relacionan. Y así
ha brotado mi Yo. Y ese Yo ha brotado en la temporalidad, pues esas vías
o rutas se abrieron porque Alguien me sembró en eternidad y me abrí florealmente como conciencia y Yo presencial en el tiempo. Y a lo largo de la
temporalidad humana quedarán sembradas mis semillas y las rutas de mi
Yo en mis hijos o en los que hayan de recoger mi mensaje, que nunca se
perderá, pues los otros hombres recogen mi presencia en su Yo y la multiplican con su presencia y su propia semilla.

LA SIGNIFICACIÓN DEL FRAGMENTO
DE ARTE MEDICA * DE LOCKE
Dr. PATRICK RoMANELL
Universidad de Oklahoma
Norman, Oklahoma, E.U.A.

JOHN LOCKE (1632-1704) HA SIDO TRADICIONALMENTE llamado en filosofía
como "empirista", sin embargo, esta etiqueta no vale estrictamente en cuanto
al •'Padre del Empirismo Británico". Atendiendo a que si bien Locke es compl:tamente un empirista en lo que se refiere a las fuentes de todo conociIment~ humano, no es un empirista acabado en lo que toca a las pruebas de
su v~hdez: De ~echo, Locke es intuicionista en lo tocante a la prueba de su
pro~1a ex1st:nc1a y un racionalista en lo que concierne a probar la existencia d~ Dios, las ~e:d~des de las matemáticas y de la ética. En otras palabras, Y ciertamente iromco, Locke es un no-empirista en cuanto a la lógica
de aquellas cosas que más cuentan en la vida, a saber las no-físicas.
Desde luego, es cierto que él aplica la prueba empírica de la experiencia
Y de la observación a las cuestiones de hecho, pero si así lo verifica, es solamente porque cree que no tenemos nada mejor para orientamos cuando se
trata de establecer la verdad de tales cuestiones. Brevemente, es posible decir
q_ue ~l hecho de que Locke sea un empirista, de acuerdo con la lógica de la
c1enc1a natural, esto no lo hace automáticamente un empirista en la lógica
de cualquier otra cosa.
Desgraciadamente, no poca confusión ha habido en discusiones acerca de
la teoría del conocimiento de Locke, y con tristeza es necesario admitir que

El autor agradece el patrocinio de la American Philosophical Society, para realizar parte de las
investigaciones sobre el presente artículo.

108

* El1 fragmento del• manuscrito de LocKE' De Arte Medi'ca, 1669, está' conservado
ent; a documentación Shaftesbury en la Oficina del Archivo Público de Londres
(p. .O. 30!24(47/ No. 2, fols. 38-47). De las tres impresiones existentes del M.S.,
por
estamos usando la versión modernizada de H • R • Fox BOURNE, Th e
L'f converuenc1a
¡¡ h
1e o
o n Locke, vol. I (Londres, Henry S. King &amp; Co., 187_6), pp. 222-227. A
menos que se especifique, todas las citas están tomadas de esta edición.
109

�tal vez es el propio Locke el responsable de este estado de cosas, aunque
de Lo;ke sea sólo en parte la culpa, como nos apresuramos a agregar. Probablemente no pueda considerarse a Locke como el más claro pen~ador qu:
haya habido en el mundo, pero ciertamente que lo es m~cho ~as que 1
mayoría de sus seguidores y críticos que lo han llevado mas alla de lo que
es en realidad.
. .
Pero hay más aún. Nos referimos a otras notas en la teoría del conoc1m1en~o
de Locke que son más características de su maner~ de pensar, q~e su obvia
vena empírica : en forma particular, habremos de citar las agnost1ca~ Y _pragmáticas. De importancia suficiente, esas tres_ notas ~a~actcrísticas estan Junt:s
y así permanecen firmemente en su pensamiento medico, pero en forma Pª. ticular en el fragmento de uno de sus escritos iniciales, al cual el pr~p10
Locke habría de intitular De Arte Medica 1669. No obsta~te, como as1 lo
hiciera notar un prominente médico británico hace ya tres decada_s, este fragla atenmento d e Locke "On the Art of Medicine" parece no haber atra1do
.
•
1
ción que este trabajo merecía de parte de los pensadores y escntores, no sm
mencionar la atención que debió haber merecido en prime~, lugar d&lt;: pa~te
de los estudiosos de la filosofía. Seguramente que, tanto el b1ograf~ V1cton~3
no 2 de Locke, así como su redactor, también Vict~riano ( el primero mas
do) habrían de apreciar la importancia general del fragmento
que e1 segun
,
b dif' ·1
el
en sí mismo, pero no pudieron percibir -lo que resu1ta a
1c1 para aqu
entonces-- su verdadero alcance y significación.
Nuestro propósito en el presente trabajo, es por lo tanto, mostrar e~ forma sucinta a través de un examen del texto y de un breve comentario, la
· if.1cac1·o'n mc'di·co-fiºlosófica de la obra De Arte. Medica
s1gn
.
• ( 1669),d así como
la relación entre este frecuentemente citado -s1 bien mexplora o manus·t
y la formación del propio pensamiento de Locke.
en o--,
.
t
'l
El manuscrito De Arte Medica ( 1669) , de Locke, ~ue consiste an so o
de doce páginas escritas de su propio puño y letra,_ ~erm_~ando abruptamente
' ·to de establecer una cuádruple clas1f1cac1on de enfermedades,
con e1 propos1
.
.
d ·,
inicialmente se oriainó con el intento aparente de servir de mtro ucc1on para
una obra más gr~de, cuyo propósito sería "proponer algu~das c~~as"d para
·
· to de la profesión médica a través de la cons1 erac1on e sus
e1 meJoram1en
'
.,
"bT
éxitos y fracasos en el pasado, su estado actual y tamb1en el de sus p~s1 1 1dades futuras. Sin embargo, en realidad, la mayor parte del texto existente
está dedicado a las fallas de la medicina en el pasado, a l~s razo~es por las
que éstas se produjeron y a las mejoras que era necesano realizar en ese
, ALEXANDER

GEORGE

GrnsoN,

The Physician's Art (Oxford, Oxford University

Press, 1933 ), p. l.
2

ºf·

Fox BouRNE,
• A. C. FRASER,

110

cit., pp. 221-222.
Locke (Edimburgh, Blackwood, 1913 ), p. 36.

campo. Aunque es de sentirse el que Locke nunca haya podido dar término
a su obra, no obstante esto, en lo que hemos mencionado hay lo suficiente
como para garantizar mucha más atención de la que hasta ahora haya recibido de los estudiosos, especialmente en lo que toca a su filosofía.
Para principiar, Locke, en aquel remoto año de 1669, sostiene que la dificultad principal de la medicina en el pasado es el que sus "reglas de práctica", no habían sido "fundadas sobre la observación, ésta libre de perjuicios",
-sino sobre "fantasías", concebidas por la imaginación. Como resultado de
esto, la medicina de las primeras épocas estuvo llena de sistemas médicos de
un carácter puramente especulativo. El prevalecimiento de tales sistemas en
-el pasado -como así lo admite Locke, sin ambages-- es psicológica y sociológicamente comprensible. Psicológicamente, sus "letrados" autores, ansiosos
«en la búsqueda de las causas ocultas de las enfermedades" y "curiosos en
imaginar la obra secreta de la naturaleza", hicieron lo que es muy "agradable a la condición del entendimiento humano, el que, no satisfecho con-sigo mismo con observar la obra de la naturaleza y el verificarse de las cosas,
es muy inquisitivo en la búsqueda de sus causas y permanece muy inquieto
hasta que en aquellas cosas de las que se cree versado, llega a formarse al-guna hipótesis que pueda servir de base desde la cual establecer todos sus
razonamientos". Sociológicamente, "ellos mismos se acomodaron a la moda
de sus tiempos y países", los que les produjo la necesaria habilidad "disputando" lo suficiente como prerrequisito para llegar a la "fama y reputación".
Siendo así el caso -concluye Locke- no constituye una sorpresa el que "su
práctica no se extendía más allá de lo que sus sagrados principios les po-drían permitir, según su manera de pensar", con los desastrosos resultados,
que en un intento para explicar el fenómeno de la enfermedad en los términos de sus favoritas y preconcebidas hipótesis, así como sus "agudas, pero
inútiles especulaciones", no solamente "confinaron e hicieron más estrecho
-el pensamiento del hombre", sino que, lo que es peor, desviaron sus indagaciones del verdadero y ventajoso conocimiento de las cosas. Locke despliega
-su temperamento pragmático cuando declara que las nociones especulativas,
"aunque verdaderas", son, a pesar de todo, inútiles como una guía en la
práctica, "y que cualquiera que vaya con la mirada puesta en ésta, "apuesto
-diez a uno que se extraviará". En otras palabras, aquellos sistemas de la me&lt;licina que empiezan con principios puramente hipotéticos de la enfermedad
y que desde éstos establezcan los diagnósticos, así como las consecuencias terapéuticas, de aquí en adelante, "enriquecen el arte de hablar", pero no el de
curar. Ilustrando lo anterior con dos ejemplos claves tomados de la historia
&lt;le la medicina: uno antiguo (la doctrina de los cuatro humores) y el otro
moderno (las nociones de Paracelso) , Locke- enfatiza: "esos teoremas especulativos le proporcionaron tan poca ventaja a la medicina como el alimento

111

�al hombre, y quien cree haber llegado a ser un médico más acertado en las:
enfermedades debido al estudio de la doctrina de los humores, que las nociones de la 'obstrucción y putrefacción le hayan podido ayudar en la cura
de las fiebres, o bien, que por haberse familiarizado en el uso de sulfuro y
el mercurio, pudo llegar hasta el útil descubrimiento en el sentido de que las
medicinas y un régimen adecuado son tan certeras para matar el último período de algunas fiebres, como se curan en otras; como también racionalmente
pudo creer que su cocinera debía su habilidad en asar y hervir, a su estudio
de los elementos y que, finalmente, sus especulaciones acerca del fuego y el
agua, le enseñaron que la misma ebullición del líquido que endurece el huevo
también hace más blanda la gallina".
En oposición al método hipotético-deductivo de los escolásticos y de los
racionalistas a priori, Locke sostiene con Francisco Bacon y con los empiristas que "el verdadero conocimiento se originó primeramente en el mundo
por la experiencia y las operaciones racionales y que, de haberse continuado
este método si los pensamientos de todos los hombres hubiesen sido empleados.
para sumar sus propios juicios en la observación de los otros, no solamente
en los que se refiere a la cuestión médica, sino también a todas las demás.
artes, se hubiera obtenido una mejor condición de la que actualmente se
tiene". Pero -y aquí está la diferencia crucial entre Bacon, el profeta británico de la ciencia moderna y Locke el científico agnóstico- "hombre orgulloso, no contento con ese conocimiento del que fue capaz y que le fuera
útil, necesitaba penetrar en las causas escondidas de las cosas, echar abajo
los principios y establecer reglas para sí mismo acerca de las obras de la
naturaleza y entonces, vanamente, esperar que la naturaleza o, en verdad,
Dios mismo, procediesen de acuerdo a esas leyes que sus reglas le habían
prescrito, siendo así que sus estrechas y débiles facultades no podían ir más.
allá que la observación y recuerdo de solamente algunos efectos producidos
por causas externas y visibles permitían, pero en una forma completamente
fuera del alcance de su aprehensión".
Con objeto de comprender por qué la tradición ha ido por caminos errados al interpretar a Locke como empirista baconiano, permítasenos comparar
el pasaje acabado de citar, tomado del fragmento en cuestión, De Arte Medica ( 1669), con su contraparte en la obra de Bacon: Advancement of Learning ( 1605). Comentando acerca de la fuente esencial de las dificultades que
han plagado de errores a la profesión médica por siglos, Bacon afirma, con
su acostumbrado aire de confianza, "que no es la insuficiencia o incapacidad
de la mente humana, sino la alejada posición o colocación de ésta, lo que
produce estas confusiones e incomprensiones; porque así como la percepción
desde lejos está llena de errores, pero exacta desde cerca, así acontece en lo
tocante al entendimiento. El remedio, por lo tanto, no es el tratar de dar vida

o fortalecer al órgano, sino ir lo más cerca posible del objeto. De aquí en adelante no hay duda de si los médicos aprenderán y usarán los verdaderos accesos y avenidas de la naturaleza"/ síguese que para cada enfermedad deberá
haber la cura correspondiente. Sin embargo, ¡ tal milenio médico nunca hubo
de ser prometido por Locke !
Si se desea captar al mismo tiempo la diferencia básica en los puntos de
vista entre el pensamiento renacentista, como el de Bacon, y el pensamiento
de la restauración en el pensamiento de Locke, rn la Inglaterra del siglo XVII,
una comparación de sus evaluaciones acerca de las perspectivas de la medicina puede ser suficiente. Pero aun así la posición pesimista de Locke acerca
de las ciencias naturales en general, y de la medicina en particular, parece
extraña en cierta forma, ya que siendo él mismo miembro de la Real Sociedad de Inglaterra, hubo de moverse entre los Baconianos, algunos de entre
los cuales fueron sus personales amigos, tales como Boyle y Newton, para no
mencionar sino a los más famosos. Por otra parte, su énfasis de las limitaciones
del c-ntendimiento humano no es extraño por lo demás, si tenemos en mente
su formación médica, para no hablar de su crecimiento en un medio puritano.
Mientras que Bacon, con un cerebro de jurista, está siempre dispuesto para
curiosear las causas de las cosas, Locke, con mentalidad de médico, está siempre dudando acerca de la habilidad del hombre para descubrirlas. ¿ Puede,
por lo tanto, causar cierta sorpresa, el que Locke hace aproximadamente tres
siglos haya preguntado a aquellos que pretendían conocer las "causas ocultas"
de las enfermedades por mera especulación?
A pesar de todo nuestro considerable progreso médico obtenido desde entonces, la "desconocida etiolog-ía", permanece al presente como un fenómeno
no muy extraño, de acuerdo con lo que nos reporta lo clínico. Y si Locke,
el médico, es más que un Tomás dudoso de la ciencia, que Boyle, el químico,
y Newton, el físico, ¿ no es porque la medicina como tal, esté en nuestros días
confrontando cotidianamente con más incógnitas, por no decir incógnitas
irresolubles, que los químicos o los físicos?
Desde el punto de vista de lo histórico, el rasgo agnóstico de Locke nos
lleva a los tiempos de Sexto Empírico (Sextus Empiricus), el escéptico de los
médicos antiguos, anterior y predecesor de David Hume, el escéptico de los
filósofos modernos. Pero mientras que Ifome fue lo suficientemente brillante
para hacer el debido planteamiento de los problemas de la causalidad en cerebro propio, según parece, Locke tuvo que aprenderlo penosamente a través
de la experiencia de la práctica de la medicina. De cualquier manera, es su
rasgo agnóstico con fondo médico, característico de su obra De Arte Medica
de 1669, el que llega a ser la tónica constante en la obra maestra de Locke
• En Bacon Selections, Ed. M. T. Me Clure (New York, Scriber's, 1928) , pp. 157-58.

113

112

H8

�de 1690, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, cuyo bosquejo inicial ~está fechado -lo que es muy importante hacer notar- solamente dos anos
después del manuscrito médico que venimos estudi~do, esto es, en 1671. El
que comparativamente el fragmento casi desconocido s~bre A_rte de la Jv!edicina y el famoso Ensayo, participen de un fondo co~un ,de ideas, no sconstituirá ningún problema para los estudiosos de la filosofia d~ Locke. .
Mientras que el rasgo agnóstico, representa el aspecto ne~attvo de la filosofía de la ciencia, de Locke ( "filosofía natural", co~o asi la llam~ en el
lenguaje de su tiempo), la nota pragmática puede decirse que const.Jtuy~ su
aspecto positivo. He aquí cómo de nuevo su preparación méd~ca le sirve
como factor de control y para así mostrarlo concretamente, permltasenos observar cómo su concepción utilitaria de todo el campo de la ciencia natural,
está coloreada por "ese brazo del cual concierne la salud del hombre": la
medicina.
. •
d 1
Hablando de De Arte Medica acerca de que "el conocnmento e a naturaleza de los cuerpos, cuyo fin y beneficio del cual, no puede ser otro que
obtener ventajas y conveniencia para la vida humana", Locke agrega en su
forma característica, que si "todas las especulaciones s~~re est~ tema, ya s~n
curiosas O refinadas O bien que parezcan profundas y solidas, si no _Ie_s ensenan
a hacer algo a sus seguidores O mejor, o en una más_ pronta y fac1l _manera
de lo que de otro modo pudiesen, 0 si no les conduJeren al_ d~scub,1,erto de
algo nuevo y de útil invención, no merece el nombre de conoc1rrnento . ,
Luego entonces, ¿por que, habla Locke de
. tal. manera, como aferrandose
en los lados tecnológicos O prácticos de la c1enc1a? Po~que, a pesar ,de_ todo,
es médico de corazón. Todos los médicos son pragmatistas en su practica de
la medicina, aun cuando no lo sean en las teorías de ésta, y Locke no constituye una excepción.
, .
.,
En realidad, lo que distingue a Locke como un medico filosofo, es ~ue ~s
un doble praomatista en medicina, en la medida en que se acerca .ª la c1enc1a
de la medici~a con el mismo espíritu utilitario con el que practica su arte.
• Un ejemplo de esto es un pasaje que resulta importante por una razón __muy
· 1
e tablece que el autor de De Arte Medica fue con toda probab1hdad,
especia, ya que s
.
, •
(V"d K
el mismo LocKE y no SYDENHAM, como así se ha pretendido ultunam~nte
I e
ENNETH DEWHURST, THoMAS SYDENHAM Medical History, vol. VI, abnl, ~962, p. l?B).
Es el asaje en De Arte Medica que dice que "el progrcs~ de las artes ut1lcs fue ~eJado
en m~nos de gente común que tenía más débiles aptitudes y menos oportumdades
de aquí que hubiesen sido apodados con el desafortunado nombre de
para h acerlo,
• d "D ft B" ( 16 71 )
, ·
El tema del pasaJ·e está repetido a lo más verbatim e
ra
mecamcos.
d"
d B
del Ensayo (JoHN LoCKE, An Essay Concerning Human Understan mg... , e.• •
Rand, Cambridge, Harvard University Press, 1931, p. 17_3) y en el Ensayo
JoHN LoCKE, An Essay Concerning Human Understandmg, ed. A. C. Fraser,
ford Clarendon Press, 1894, vol. II, p. 128.

IIllS~::

'

114

El rec1en desaparecido médico, el doctor Henry Sigerist, puso el dedo en la
doble naturaleza pragmática de la medicina, cuando sutilmente observó que
"lo que cuenta en medicina son los resultados, ¿fue un tratamiento eficaz
o no? ... El valor de la teoría médica está determinado por los resultados
prácticos que produce". 6 De seguro, esta es la razón por la que resulta más
exacto llamar a Locke un pragmatista en medicina, más que un simple empirista. Para ilustrar la diferencia, lo que el ruibarbo significa para un médico
práctico, no lo es así para un botánico como tal. Abreviando la interesante
cuestión acerca de De Arte Medica, es que en ésta, ya sea consciente o inconscientemente, Locke extiende la prueba pragmática adecuada a la medicina al área total de la ciencia natural. Si los conocimientos científicos, tal y
como se encuentran en la actualidad, apoyan esta extensión -habida cuenta
aparte de lo demás- a base de lo pragmático, el hecho es que los intereses
médicos de Locke hicieron tal impacto en su propio pensamiento, que no
podemos comprender su posición filosófica en el Ensayo de 1690, sin tomar
seriamente en cuenta su contexto médico original. Pues la mayor enseñanza
del Ensayo sobre el Entendimiento Humano apareció primeramente, in nuce,
en 1669, en De Arte Medica, del propio Locke.
Sucintamente establecida, la enseñanza es ésta. Desde que el intelecto humano no puede penetrar en los secretos de la naturaleza debido a sus "estrechas y débiles facultades", la única cosa sensible para nosotros por hacer,
bajo estas circunstancias, es lograr lo más posible de experiencia, como nuestra guía y concentrarla sobre "el aumento del conocimiento práctico". Así
es que el pragmatismo de Locke, el cual proviene en gran parte, aunque no
del todo, de su preparación y experiencia de médico, constituye su salida del
agnosticismo y lo salva de un completo escepticismo.
Como una razón de por qué Locke necesitaba ser un pragmatista médico,
esto deberá ser ya ahora perfectamente claro. Hume pudo, sin duda alguna,
llegar a ser un acabado escéptico en su estudio, ¿ pero cómo lo pudo ser
Locke al lado de la cama de un enfermo? Aparte del hecho de que el compromiso pragmático de Locke tiene los defectos de cualquier compromiso en
filosofía, por lo menos tiene el mérito de dejar abierto el camino para alcanzar la verdad, por virtud de sus punzantes ataques sobre las "vacías especulaciones".
En suma, para concluir, el conocimiento profundo de Locke acerca de
las limitaciones de la mente humana y su defensa de un conocimiento útil
• HENRY E. SICERIST, A History of M edecine, vol. 11 (New York O xford University
Press, 1961), p. 7. Digamos de paso que no es accidentalmente que el hombre que
formuló la filosofía conocida técnicamente como "pragmatista" fuese él un médico
también, Williams James, el Locke de América.

115

�que vaya con ésta, son esencialmente el producto de una mentalidad ,;édi;.
Consecuentemente hay una muy cercana relación entr~ L~~kc, el me _1co .e
, tºca y Locke el pragmático de mente filosof1ca. La evidencia
mente pragma 1 ,
.
•
d. ·
de que la filosofía general de Locke es en el fondo una philosoph_ia me ici, puede ser encontrada en varios manuscritos de él, tanto en los pubhcado_s _como en
los no publicados, pero tal vez ninguno de éstos sirva para tal proposito como
el fragmento de 1669, De Arte Medica.
Traducción del Lrc. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO DEL
HOMBRE POR EL MITO
IsMAEL Orneo PÉREZ

EL MrTO

Y

LA VERDAD

EL MITO Y LA VERDAD son las dos caras del conocimiento y el anverso y reverso
de la realidad humana. El mito es la desfiguración de la realidad, pero
para que se dé el mito se ha de dar la realidad. Aunque podemos imaginar
cosas irreales, son siempre en referencia con algo que es real. Don Quijote
no se ha dado nunca ni en la Mancha Castellana, ni en ningún lugar de la
tierra. Don Quijote es un mito, pero un mito encamado en la realidad del
hombre universal.
Los hombres vivimos de verdades intelectuales y de verdades existenciales,
pero también vivimos de los mitos. La fabulación es tan necesaria a nuestra
existencia como la busca y la definición de la verdad.
¿ Qué sería del hombre y de los pueblos si no encontraran junto a la verdad
histórica y científica, la verdad fabulada o mágica? Grecia fue grande por
Aristóteles, por Praxiteles o por Pericles, pero no fue menos grande por Homero, por Platón o por los viejos órficos: todavía los héroes y los mitos homéricos son tomados como paradigmas morales en la literatura de todos los
pueblos o en la acción ejemplar de los hombres. O los relatos platónicos, donde
se define la verdad con la parábola poética, siguen actuales en el sentimiento
de los filósofos.
La verdad en filosofía es la adecuación entre el pensamiento y la realidad;
en física es la adecuación entre la ley formulada por el hombre y el fenómeno
observado en la naturaleza. Y en matemáticas es la consecuencia correcta en
las conclusiones de los datos presupuestos.
Es verdadero todo lo que satisface a la mente de la generalidad de los hombres. Sin verdades positivas aceptadas, el hombre no podría vivir, aunque sean

117
116

�verdades provisionales, que en un futuro no determinable pueden ser revisadas
y mejoradas. En todo viaje hace falta un zurrón con la comida_ que podemos
conseguir y para que el viaje sea posible. Cristóbal Colón hubiera navegado
mejor en un submarino atómico o en un jet cometa, que en una carabela,
pero en su tiempo se vio obligado a valerse de lo que tenía a su alcance y no
esperar el progreso de la navegación para evitar los peligros. ~a carabela ~ra
la verdad de la navegación en un tiempo, como los cohetes interplanetarios
son la verdad de la navegación cósmica del nuestro.
Teóricamente el escepticismo es necesario para el progreso humano, pero a
la vida le hacen falta verdades con las que vivir, aunque estas verdades que
satisfacen a la vida no satisfagan a la mente.
La entidad y la cateaoría de la calidad se dan en filosofía: la cantidad Y el
número se dan en las ~atemáticas. Y el movimiento en la física. La química
es una descomposición en partes de la materia física. El químico Loustalot
aseguraba: no creeré en la química si no recompone lo que descompone.
La creación de materia viva en los laboratorios es la tarea actual de la
química.
Son los diversos caminos en la investigación del conocimiento y de la verdad,
lo que llamaban "aletheia" los filósofos griegos, o desvelar lo que estaba velado.
La verdad es siempre mito. El canto y el mito fueron antes que la gramática y la lógica. Antes de ser razón intelectual fue sinrazón del sentimiento,
antes de ser ciencia fue poesía y antes de ser abstracción filosófica y matemática fue realidad inmediata, objetiva y tangible, desfigurada con la luz
máaica del hombre primitivo. La realidad inmediata se fue haciendo mito
ant: lo desconocido; en paralelo con los sentidos, coexistiendo con la ~ateria
estaba la imaginacjón de lo lejano o inexplicable: así se gestaba el mito.
Mitificamos lo que no conocemos, aureolado por nuestro sentimiento mágico, de diferente naturaleza a nuestra razón lógica, pe:o el_ mito es tan
verdadero como la verdad científica, así somos capaces de imagmarlo, porque
en nuestra naturaleza existe la profunda necesidad de su realidad o de su
existencia y tiene el mismo valor para nosotros como el teorema de Pitágoras tiene valor objetivo para todos los hombres.
Los grandes hombres de la Historia, como Aníbal o Julio qésar, tienen
una doble personalidad, la que les confiere la Historia y la que imagina el
arte de la ficción literaria o artística; es el mito que enriquece su personalidad haciéndoles ser desde el lado de la leyenda, mucho más de lo que fueron
en realidad. Alguien dijo que no hay ningún hombre grande para su ayuda

1:

de cámara.
O la madre o la mujer que hemos amado, al perderlas las agigantamos en
virtudes y las mitificamos. Asegura Gustavo Le Bon que el triunfo del imperio
romano y su continuidad de seis siglos, se debió a que las más remotas aldeas

118

de Hispania, de Galias, o de Egipto, tenían una estatua del Emperador en
hornacinas que los pueblos sometidos veneraban como dioses.
La ciencia fue antes hipótesis. Las leyes de la naturaleza fueron antes intuiciones, convirtiéndose después en normas científicas. La caída de las manzanas en el huerto familiar de Isaac Newton permitieron el descubrimiento
de la ley de la gravitación universal.
La coexistencia del mito y de la razón son inseparables de la naturaleza
espiritual del hombre.
Mito es el infierno o el demonio del que todos los hombres han hablado
y que Sócrates llamó "daimón" o el inspirador de sus mejores ideas: el mito
actúa en el sentimiento del hombre como si fuera real; hay en el mito, en
efecto, una verdad actuante, que revela una naturaleza oculta de las cosas.
¿ Cuál es esa naturaleza oculta?
Es lo que pretendemos saber, con ánimo esforzado, hasta lograr fijarlo en
la realidad con la razón científica.
Formas del mito son el amor o la amistad, la creencia política o religiosa.
Si decimos a una mujer te amo con todo mi corazón, podríamos preguntar
con la razón lógica: ¿Por qué no con todo mi hígado o todos mis pulmones?
Existe sin duda una razón oculta, que justifique la colocación del órgano
cordial. Algún_,,día lo sabremos o tal vez no lo sepamos nunca.
Esta actitud de renuncia al saber verdadero por el mito, forma parte de
nuestra naturaleza poética.
Cuando a un niño le dicen que no son verdaderos los Reyes Magos de
Oriente de su imaginación infantil, le producen un gran desconsuelo; hubiera
preferido creer siempre en el mito e ignorar la verdad. El origen de estos
reyes no está claramente establecido, por el solo relato del Evangelio de San
Marcos. Y sin embargo, su presencia mágica en las imaginaciones infantiles
ha seguido durante dos mil años de cristianismo.
Hasta el comunismo que ha combatido las formas mágicas del sentimiento
poético, exaltando la razón y la verdad científica, ha creado mitos como el
de Lenin, porque saben que el mito es actuante y creador sobre la conciencia
de las multitudes. Igual se hace con los dirigentes políticos nacionales en
países comunistas, donde se aconseja exaltarlos y mitificarlos. Y sobre los héroes caídos, cuya ausencia no constituye un peligro de exaltación de la personalidad, en oposición a los caudillos que gobiernan.
Existe más el sentido de la razón en los países democráticos, donde los
caudillos son elegidos en elecciones populares y el término de su gobierno es
un período fijado por las constituciones. Y sin embargo, en su tiempo procuran exaltar sus obras de gobierno y su talento ante sus electores para mantener su carrera política con otros gobernantes que le suceden.
Mito existe cuando queremos conocer una ciudad o una nación por los

119

�relatos de un viajero o de un libro. La distancia nos lo hace mitificar Y probablemente cuando conocemos lo que tanto deseamos por lo que sabíamos,
nos desilusionamos: es entonces cuando hemos dado entrada a la razón Y
hemos desvanecido el mito. La realidad directa ha producido este cambio.
Junto a la belleza ideal, se da en la naturaleza la escoria materia: del mundo.
Por eso el arte tiene la virtud de transfigurar la naturaleza, dandole valor
permanente con el recurso de la técnica y de la fantasía del. artista. La n~turaleza de "La Primavera" de Boticcelli, no era como el pintor la recreo,
pero su naturaleza artística se inmortalizó con las luces_ del mito estético y se
ofrece a la contemplación eterna de todas las generaciones.
La naturaleza es cambiante y la naturaleza artística del genio es eterna,
porque ha logrado una "imagen estática", o una unidad dinámica perdurable
de realidades mudables.

EXÉGESIS DEL MITO

El m'to
nace de una idealización de la realidad y las criaturas
mitificadas
i
h
.
.
son arquetipos de la naturaleza. La imperfección natu:al nos las ace 1magmar
con virtudes O resplandores ideales, que nunca se dieron realrr_iente.'
Así el heroísmo idealizado, el amor idealizado o la verdad 1deahzada. El
héroe tiene miedo por su humana naturaleza y si llega al sacrificio es porque
su gesto está idealizado por un elevado sentimiento. El caso de Sócrates tomando la cicuta, es porque su naturaleza se superaba por el sentimiento del
ejemplo ante los discípulos que le seguían.
.
El enamorado vé en la mujer amante virtudes y bellezas ideales, como es
el amor platónico, que nace del deseo y se llega a la idea univers~l del amor,
donde las imperfecciones morales o la debilidad física no_ son _posibles.
,
Como Ja verdad filosófica no es posible con todas las ex1genc1as de la razon,
la definimos por metáforas literarias y decimos "es aquello que puede ser
concebido como universal".
La existencia del mito se prueba con innumerables ejemplos. ¿ E~istió alguna
vez Penélope, 0 una mujer que tejía y destejía la tela, a la espera sm esperanza,
después de largos años de esperar a Ulises?
¿ Existió Ulises, el navegante, como arquetipo de! héroe esforzado, ~apaz
de sortear los peligros marítimos, las asechanzas de Circe o los encantamientos
de las sirenas?
¿ Pudo existir Aquiles, el héroe de Troya, cuya debilidad consistía en un
talón?
Aunque nunca hayan existido, la capacidad de inventiva en el hombre lo

hace imaginar así, como una forma profunda de escapar a la realidad material del mundo, en que el hombre busca la tranquilidad, alejado de los peligros, como la cobardía del poeta Horacio, y en que el instinto de conservación hace al hombre cobarde, mendaz y traidor.
Mitos admirables son los de Platón para explicar el reino de las ideas. Son
reinos en relación con los reinos de la tierra para mejor comprender, por las
metáforas, esos mundos del "topos uranos" que de otra manera no serían
imaginables, si nunca los hemos visto con los ojos de la cara, ni conocido
como conocemos los reinos que han existido y aún existen de los hombres.
¿ Existió Sigfrido, el héroe invencible, cuyo lado vulnerable lo tenía en la
espalda, lo mismo que los atlantes legendarios lo tenían en los talones? ¿ O el
tesoro de los Nibelungos en las interioridades de la tierra?
Coexistiendo con Sigfrido, la presencia de Grimilda y de su venganza, o
de Brunilda, la mujer fuerte de Escandinavia: y la presencia de Gunther, el
rey que la enamoró con engaños, con ayuda de Sigfrido.
Los mitos nos presentan a los hombres con una perfección poética, o una
compensación ideal de los hombres que existen 'en la realidad. El mito es creador y fabuloso a las luces de la fantasía y del arte.
La muerte de !solda, de Wagner o la Quinta Sinfonía de Beethoven, nos
recrean idealizando en el pentagrama por medio de los sonidos y de la armonía, lo que pudo ser en la realidad natural, pero que no fue tan bello y armonioso como lo fue en la obra del genio creador en esos dos grandes músicos,
o nos presentaron secretos de armonía natural, que fueron diferentes, aunque
en ambos casos fueran de belleza armónicas.
¿ Existió alguna vez don Juan? Probablemente nunca ha existido y si ha
tenido existencia un hombre así, nunca fue como en la creación artística de
Tirso de Molina o de Mozart, uno en los versos y otro en la música. O las
creaciones del mismo mito en Lord Byron, en Moliere o en Zorrilla. En cada
creador se diferencia, aunque el mito sea el mismo, lo que muestra cómo la
realidad, si fue posible, admitía recreaciones distintas, que ese es el poder
del mito y de la invención humanas.
Por eso es innecesario estudiar a Don Juan a la luz de la psicología, de
la medicina o de la historia. Don Juan es eterno, porque se halla concebido
por el mito y el arte.
O la maravillosa constelación de los libros de caballerías que inspiraron
a Cervantes, donde se da el ejemplo más extremo de creación mítica. Nunca
se dieron esos caballeros andantes y nunca hubo hombres tan valientes, perfectos o puros. En la realidad puede darse el héroe o todos los arquetipos,
pero al lado del héroe existen gravísimas faltas humanas y que en el personaje
idealizado no se conciben. Ni Amac.lís de Gaula, ni las grandes creaciones

121
120

�míticas de este tipo de novelas, han presentado a los héroes con sus defectos;
es la virtud excelente del mito.
.
Por eso la novela mítica o fantástica tiene su reverso en l_a no':ela p1c;resca
li t donde los ideales quedan subordinados a las ex1genc1as de a na;u;:~ez:~•donde el hombre, el miedo, la picardía, el _sexo o los anhelos mez.
son las normas de las acciones en los pcrsona1es.
quinos
.
1 1
d "El
Pre:entamos otro ejemplo original de estética del mito en ~ _eyende~ In
", inspirado en el "Bhagavad Ghita" poema ep1co
príncipe Indra
dostán.
BmLIOGRAFÍA: Bhagavad Ghita.-Editorial M. Aguilar.-Madrid.

EL

PRÍNCIPE INDRA

(Fondo moral de India)

..,

h
~ s No sabemos si fue mito
Lo que vamos a contar ocurno hace mue os ano. d
h
d'do en la
o verdad, pues tan lejano es el tiempo, que su recuer o se a per i
memoria de los hombres.
.
. n de los
Allá en la India, tierra siempre desconocida .y marav1ll~sa, ~r~g\ntre los
.
1
d los misterios, silbaba el viento una eyen '
.
lengu~Jes y e ave e
de los á'aros multicolores, no comprendida
rama1es de los bosques o el canto d d pl Jb'o a oído en el corazón de los
por el común conocer y conserva a e a i
'
1
t
Pocos sabios.
.
se dice en el comienzo de todos os cuen os
Erase una vez un :emo,_ tco::: en la O'ran península indostánica, regía sus
o fábulas. En ese remo, s1 u
."' 1 llamada dinastía de los kuravas.
destinos desde los albores de la raza ana, a
, .
~
. an estos hechos había sido consagrado rey, el pnnc1pe
Cuan o c?m1enz
.
' ila ro de los cielos, la familia de los kuIndra, todav1a at_dol:ds:;:: ~::e u:á:O'O: único, después de largo tiempo esravas tuvo con mm
"
perando descendencia.
, .
d Indra tuvo una muerte violenta y dramatica; en
El rey Nakula, padr~ eta pa'v1'das las almas acuchilladas de dolor, vieron
, fraO'osa y sangnen ,
'
d
:~:::s súbditos del cortejo, sin poderlo evitar, cómo el soberano era destroza o
t&gt;

•

a dentelladas por un tigre.
· t'eron
·
1 corazones se vis 1
Con este trágico motivo y durante mueh o tiempo os
de silencio y pesadumbre.
.
.
.
celebraron con impresionante suntuosidad. Los despoJOS
Las exequias se
~
por el cuerpo muerto de la reina,
sangrientos del rey, fueron acompanados

tomado el veneno ritual, productor de la muerte, incinerados los dos reyes
y conservadas las cenizas en un cofre de oro guarnecido de pedrerías.
Las ceremonias para la coronación de Indra, transcurrido cierto período
de dolor oficial, sucedieron al hieratismo severo y doloroso del sepelio.
Keshava, la bella y fastuosa capital, se vio engalanada durante el cambio
de cuatro lunas. El boato, la riqueza, la gozosa inquietud de la ciudad y cortesanos, que no excluía la austeridad del recuerdo trágico.
El brillo de las armas y armaduras de los caudillos y soldados del rey: las
tiendas de lino y oro, en cantidad innumerable, donde acampaban los guerreros de reyes invitados. Los cortejos y desfiles marciales, las músicas y cantos
de los juglares de diversas razas y lenguas, venidos en exóticas comitivas
reales; las competiciones de los adalides, la profusión de festines, de esencias
y de flores; un mundo de goces y sueños, sólo imaginables en la ficción de
las fábulas, quedó en el recuerdo maravillado de los que lo vivieron.
A partir de entonces, fue famoso el reino de los Kuravas, por la magnificencia de la corte, los incontables temores acumulados, el heroísmo de los
guerreros, puestos a prueba en millares de combates.
La educación del príncipe había sido atendida desde niño con el mayor
esmero; rodeado de atenciones y cuidados, nunca conoció los efectos del frío,
del calor, del polvo o del rocío; procuróse evitarle todo posible conocimiento
del mundo exterior, del dolor, la enfermedad o la pobreza, que aqueja a los
hombres.
Sonrientes y jóvenes servidores, le daban la visión exclusiva de la felicidad.
El príncipe lndra había heredado de su padre una insólita riqueza y poderío.
Pero el rey Nakula, por acciones que parecían olvidadas, había adquirido
tan elevado poder.
Cuatro eran los palacios de los Kuravas, edificados adrede para las cuatro
estaciones del año, en bellas y distintas regiones.
En las construcciones, monumentos ciclópeos, se habían invertido enormes
cantidades de oro macizo, marfil, maderas preciosas, diamantes, plata y cristal; águilas y cóndores, esculturados en oro, en los grandes frontispicios, daban
entrada a las mansiones del rey; los altos fustes, llenos de inscripciones, en
lenguas misteriosas, remataban con figuras de leones y elefantes.
En los pórticos, de centenares de columnas, se guardaban las hornacinas de
los dioses y los héroes venerados.
La decoración de los interiores, brillaba por el reflejo de los cristales y las
piedras preciosas: la porcelana, el nácar, las sedas valiosas de Cachemira,
amueblaban los salones: pieles de tigre y leopardo hacían imperceptibles las
pisadas.
El humo de los pebeteros exhalaba esencias de mirra y áloe, y en las lám-

123
122

�paras, de bronce y oro, ardían llamas de aceite fragante, iluminando las estancias.
Bosques de canelas y sicomoros, cedros y bambúes, boa-bads Y palmera~,
circundaban de espesuras los contornos: había arroyuelos que reptaban sinuosos, entre el verdegay de los hierbazales, floreciendo, . en los bordes de su
curso, las juncias, las adelfas y los juncos; y daban colo:1do y exhalaban fragancias, los laureles rosa, las ccledonias azules o las ane~onas moradas._ .
Magnolias, tulipanes, flores variadas, impregnaban el aire de perfumes, miles de pájaros y de insectos multicolores animaban las fronaa~.
Las superficies de las aguas, en los estanques, de fondos limosos Y p_eces
dorados, asomaban las flores desmayadas de los lotos o la verdura refleJada
1

de las lianas.
Nalguisacados flamencos, cisnes tetierg:üdos y orgullosos pavos reales, llenaban de voces ecoicas las florestas y nncones del bosque.
.
Para distraer sus ocios el príncipe Indra, escuchaba a. menudo, co~o n tualcs de guerra, los himnos épicos de sus guerreros al ntmo enardecido de
los címbalos con las estridencias de las bocinas de plata o las llamadas de los
caracoles sa~rados, convocando a los desfiles para la guerra, montados los
jinetes en rebaños clamorosos de elefantes. .
.
_
Así se renovaba el homenaje de los caudillos a su rey, postrados con de
voción y humildad, inclinando las frentes y rindiendo _las espadas.
Bellas mujeres, alternando con este bélico trajín, bailaban ante el rey, tratando también de llenar sus ocios con ilusión y alegría.
.
Danzas rítmicas de bayaderas, en contorsiones ondulantes d_e r~~o, al son
de músicas invisibles; los músculos tensos y contráctiles, con ag1tac1on de se~pientes descorriendo velos de misterios; los ojos brillantes y en llamas las hcruras {icriles y evanescentes, como el soplo de la brisa.
b Ví~e~es de Cachemira O de Grecia, doncellas morenas de Si~ o de ~ersia, blancas danzarinas del Cáucaso o de Palestina, bellas hetairas, ele,g'.das
cuidadosamente en todos los lugares, que las selvas aroman ~on sus pahdos
alientos O vivifican con su frescura los ríos sagrados d~ ~a In~1a.
.
Así el reino de los Kuravas y así su vida y magnif1cenc1a. Pudo decirse,
repitiendo el poético lenguaje de los V~das, que e~_nombre de Indra fue
·¿
todo el mundo como si los mmensos tamdos de una gran camconoc1 o en
,
.
·da del pabellón de los cielos hubiese llevado sus resonancias
pana, suspend 1
.
'
a los más escondidos rincones del Umverso.
Pero el príncipe Indra, tan poderoso, rodeado de la fama, ~e las riquezas
de los placeres, que la imaginación más exigente pu:da sonar, y t~l vez
0
por un extraño designio de los dioses, era ~~y de~gr~c1ad~. . . . . ,
, s el sabio lenuuaJ· e de la mistica hmdu terua s1gmficac1on Y
o
.
,
U na vez m a ,
cumplimiento; nunca espera el hombre la felicidad completa, s1 su corazon

no conoce la verdad, junto al perfume y belleza de las rosas se ocultan muchas
veces las espinas del rosal.
En la vida del joven rey, lo mismo que en la leyenda de Siddartha, el
iluminado, había un misterioso presentimiento, una nostalgia de mundos
perdidos, una tristeza de algo profundo e inexplicable, como si una segunda
persona, coexistiendo con la habitual, descontenta de sí, le hablase de un
pasado obscuro y le mostrase otro camino de luz y de esperanza.
Hizo largos viajes por indicación de sus ministros y consejeros, visitando
reinos lejanos, huyendo de su dolor y buscando una felicidad al parecer imposible. Tal vez el hallazgo de una princesa, pensaban en la corte, podría traer
el amor y la paz que el príncipe necesitaba.
Los diferentes reinos visitados tuvieron el orgullo de tenerlo como huésped,
y grandes fiestas celebraban en su honor.
El alma de Indra se hallaba siempre ausente, triste y vacío el corazón, con
ansias escondidas en lo profundo del ser, tan distinto de lo que veía pasar
ante sus ojos, como procesión de figuras o de cosas sin sentido.
Vana y engañosa era la acción. Ilusorio anhelo de buscar fuera de sí lo que
únicamente tenía solución en las delicadas regiones del espíritu, en la difícil
intimidad del alma.
Cansado de tantos ajetreos, de las fiestas, de los viajes, regresó por fin a
su reino.
Allí vivió varios años, sin contacto con el exterior, entregado a la meditación y al estudio. Una gran sed de conocimientos quemaba su inteligencia
tratando de explicarse el por qué, la razón de su descontento y desgracia.
Se ocupaba especialmente del estudio de la ciencia teológica, enseñada por
los sabios brahamanes, buscando la pureza interna y el recto conocimiento;
quería conocer el destino del hombre y hallar la comprensión de cómo sería
Brahama.
El poeta Kanada decía que había muchos modos de imaginárselo. A veces,
como un ánade inmenso. Cuando llovía es porque agitaba las alas desprendiendo el rocío de las plumas y trayendo la fecundidad a la tierra. Otras,
como un gigantesco corzo, concibiendo así la velocidad del viento, del pensamiento o de la luz. Y otras veces, imaginaba que sería un pavo real, cuando
el día sale, con su gama de luces y colores, en que desplegaba la cola.
Escuchaba todas las voces, conoció todas las enseñanzas, alegró su alma
con la belleza de imágenes y parábolas, en la interpretación teúrgica de los
brahamanes, o en los cantos intuitivos de los poetas.
En el fondo del alma sentía cansancio y desaliento; las definiciones no
saciaban su anhelo.
Algunas veces, y para descanso de su espíritu, agobiado del esfuerzo intelectivo, recibía gustoso el aliento del mundo; ingeniosos rápsodas, venidos

125
124

�de diversos lugares, le recitaban consejas y leyendas, evocaciones epicas de
caudillos, acciones de guerra y amor, con inquietantes aromas de sangre y admiración increíble de heroísmo.
Brahama quiso llevar la luz a su corazón. Cual mensaje que lleva el viento
o verdad que esconde la nube, llegaron noticias a su oído de un sabio sanyasy,
a quien todas las gentes, después de conocido, veneraban.
Especiales emisarios, cabalgando elefantes, llevaron la orden de conducirlo
a palacio. Mientras estaban ausentes los enviados, el príncipe Indra se consumía en la impaciencia. .
La comitiva real, tras agobiadoras jornadas, que traía el jadear de los
jinetes y el sudor fatigoso de los elefantes, encontró junto a la sombra que
proyectaban unas palmeras, al borde de un riachuelo, de aguas ondulantes
entre guijarros y piedras, al anciano sanyasy, sentado y pensativo, en actitud
serena de santidad.
El sanyasy contestó a las palabras de los emisarios: Sabía que vendríais...
Y después, pausado y silencioso, levantóse del sucio, cabalgando sobre el
elefante que le fue ofrecido.
Emprendida la marcha siguió pensativo y callado ante la reverente mirada
de sus conductores.
Contagiados todos de este respetuoso silencio, sólo le perturbaban las voces de los que animaban a los elefantes en la carrera.
Caminaban sin cesar a través de las selvas, entre espesa vegetación de árboles y malezas, donde se deslizaban las serpientes y agazapaban los leopardos.
Llegaron por fin al camino que conducía a Keshava, y después, entraron en la
ciudad y en el palacio de los Kuravas.
El rey los esperaba con invencible ansiedad. El viejo asceta llevaba los pies
desnudos y el cuerpo escasamente cubierto con un lienzo pardo: en la cabeza,
un turbante jalde, de lino, le protegía contra el polvo y el sol; la mirada, con
profundidad de infinito y claridad de aurora, elevaba y distinguía la figura,
trayendo a su alrededor un bienestar inefable.
Ya en las estancias reales, sentóle el rey junto a sí. Y le dijo en un tono
acongojado: -Soy desgraciado, noble sanyasy. He ordenado que vinieses
aquí, pues sé que conoces la razón de mi desgracia. A cambio de tus nobles
palabras, te daré el dinero que me pidas.
Vivirás en mi palacio, dormirás en muelles lechos de plumas, perfumados
los dormitorios con esencias de sándalo; te vestirán con lujosos trajes: tendrás
criados y doncellas a tu servicio, bañarás tu cuerpo en aguas claras y transparentes, esenciadas de mirra.
El sanyasy escuchó atentamente, sin demudarse, mirándolo con piedad y
simpatía. Tras una larga pausa, contestó: -Nada de cuanto me ofreces
vale para mí. Brahama es el único tesoro indestructible. La verdad eterna

de Brahama, nos dice: toda acción tiene una reacción: el bien y el mal obedecen en el hombre a una imprescriptible ley.
El recobro de la felicidad es para ti la renunciación y la desdicha. Necesitas
~espos;erte ~e la gloria y de las riquezas, convertirte en un hombre pobre,
sm mas patnmonio. que tu espíritu; debes salir de tu palacio, del encanto
de tu torre de marfil y conocer, por ti mismo, la existencia del dolor.
~o hay otra salvación posible. Habrás de cruzar las selvas, escuchando el
gnto. de los ch~cales, el silbido de las aves de presa y arrostrar los peligros
del tigre, padeciendo pobreza y desamparo.
Así podrás expiar las culpas anteriores. Escucha la voz pura del espíritu y disP?nte para la gran acción. Vyasa, intérprete de Brahama, comunicará a tus
01dos la le~enda de las dos dinastías de la India, causantes de tu dolor.
Y al decir estas palabras, levantóse el sanyasy, saliendo de la cámara real
Y desapareciendo en las vagas neblinas de la distancia ante el asombro del re
I n d.ra vivi~
.. ' dos noches absorto en amarga reflexión.
' Transcurrieron largos
y.
espac10s de tiempo con los más crueles insomnios.
Salió un día al jardín cuando amanecía. El bulbul entonaba un canto
dulce, y melancólico, alternando con los bravos gritos del bengalí.
Oyo la voz de Vyasa: -Dos dinastías reinaban en la India: Los Kuravas
Y los Pandav,as. Nakula tu padre, regía los destinos de los Kuravas. Los
Pandavas teman por rey a Sahadeva, con una hija: Ambalika.
La dinastía de los Kuravas simbolizaba las ambiciones, los deseos y la codicia.
Los Pandavas representaban el reino del espíritu, la virtud y la dicha perfectas.
Vivían los Pandavas en comarcas muy lejanas, más allá de las nieblas,
de las montañas, de las nubes azules, y se albergaban en suntuosos palacios
tejidos de sueños.
'
Todo era blanco, transparente y luminoso, sin ninguna posibilidad de
sombra. Hermosas doncellas se diluían en el nácar de luz con grados cada
vez más tenues e invisibles de blancura.
Gu;rre_ros con alas empuñaban las espadas flamcantes del espíritu.
~lh. r~mab~ la paz, pues se habían trascendido los deseos y las pasiones, y
la Just1c1a, mas alla de toda determinación, tenía un valor imponderable.
En cierta ocasión, los ejércitos dr Nakula llegaron a las fronteras de los
Panda;~s. El rey _Nakula ambicionaba la gloria de Sahadcva y tentole para
que viniese al remo de su ambición. Tras reiteradas tentaciones Sahadeva
fue vencido por Nakula.
'
. Fueron entonces derrotados los Pandavas y malditos los Kuravas. Los ejércitos de Nakula entraron victoriosos en Atma, la hermosa capital de los
Pandavas.
Sugestionado Nakula con el poder de su triunfo y cegado por la codicia,

127
126

�asesinó a la mayor parte de las huestes aladas y robó los tesoros de los Pandavas.
Las bellas doncellas de la luz se transformaron en espíritus errantes de los
bosques. Los habitantes del reino de Sahadeva fueron parias en adelante.
La princesa Ambalika perdió la luz de su realeza y vivió pobre en un ignorado rincón de la India.
Los Kuravas fueron muy poderosos con su victoria. Pero los ciclos trajeron
el castigo de su acción, con dolor invencible de nostalgia, por el reino perdido
de Brahama. El áspid del pasado ensombrecía la gloria del poder.
Keshava, capital de los Kuravas, fue a partir de entonces, el centro universal de la riqueza y el poderío.
Nakula vivió atormentado por su acción. Dedicábase a la caza, para abstraerse del recuerdo, serenar su espíritu y apaciguar la tormenta de su vida.
Al atravesar un bosque, siguiendo una presa, fue arrebatado del elefante que
montaba y destrozado a zarpazos y mordiscos por un tigre.
El príncipe Indra hubo de sustituir a Nakula. Y con la herencia del poder
y riquezas arrastraba el pecado.

Para hacer desaparecer este descontento, conciliar a los Kuravas y a los Panclavas y volver al espíritu, el príncipe había de despreciar la vi&lt;la si quería
vivir con alegría: la riqueza, si quería felicidad; la molicie, si amaba el
heroísmo.
Aquello que poseemos o aparentamos, decía Vyasa, nada vale y está sujeto
a cambio, como el viento escinde las montañas de arena o el terremoto derrumba los palacios.
Hay que matar la ambición. Y por el conocer de sí mismo, ser más ambicioso, conquistando una riqueza más yaliosa que los tesoros de los Pandavas
en manos de los Kuravas, el reino de la verdad y del espíritu.
Has de buscar, príncipe Indra, a la princesa Ambalika y libertarla de su
pobreza y abandono: ensilvecerte como los hombres que laboran los campos
o los pájaros libres que cruzan el aire, y marchar pobre, sin honores, con la
sola riqueza de tu fe y la voluntad de alcanzar un mundo más allá del deseo
del logro.
Y así fue: vestido Indra con pobres vestiduras, ceñidas con el cíngulo de
una soga, calzado con albarcas de palma, salió de su palacio.
Nadie enteróse de la huída, ni del éxodo, hasta después de ocurrido.
Aquella noche brillaba la luna, proyectando rayos de blancura sobre la
encantada fronda del palacio; un viento suave movía las ramas de los ár-

y

boles.
Mucho anduvo Indra, cruzando una naturaleza a menudo inclemente ...
Durmió a la sombra de los ramajes, sobre la verdura de los prados en primavera y sobre las secas hojarascas del otoño.

128

Cansado, extenuado por los caminos interminables, encontraba alivio, cual
rocío de amanecer de los aromas del henneh, del mango o del jazmín, descansando a la sombra de las báculas, los cadabos o los mangles.
Encontró un día una aldea de alfareros, de afanosos parias, que tejían
palmas y mimbres, sentados en el suelo o en escabeles pintados de azafrán.
Aledaño al caserío, construído, con maderas y palmas; se veían campos
cultivados de maíz y cebada; crecían los cocoteros, los lirios y las ashocas.
Unos niños desnudos daban gritos de alborozo, bañándose en las aguas tibias
de un lago, calentado por la brisa soleada.
Los aldeanos le miraron, al advertir su presencia, como si fuese un yegui
o sanyasi, por la pobreza de sus vestidos, la largueza de las barbas o el triste
signo del peregrino. Diéronse cuenta, por un misterioso saber, que se trataba
del príncipe Indra. Hablaron entre sí, mirándose con un mutuo consenso.
Le volvieron la espalda y diéronle voces para que se alejase, lanzando piedras
y azuzando a los canes. El príncipe Indra -dijeron las voces-- el destructor
el ladrón de los Pandavas.
'
Alejóse con tristeza de aquellas gentes, sin oír ya los ladridos de los perros
ni el mortificante griterío, deteniéndose a descansar a la dulce sombra de
unos saptapamas y madares.
Estaba sediento y tenía hambre. Aparecían en su imaginación ricos manjares, servidos con la vajilla de oro y plata, de sus palacios; las frutas más
sabrosas y que más gustaban a su paladar la ambrosía de excelentes vinos
y licores.
En su espejismo del agua creía ver cercanos los manantiales y cataratas
saltando entre piedras y verdines. Escuchaba, aguijoneado de pesadillas, eÍ
salvaje griterío de los cóndores; sentía las pupilas vidriosas de los tigres en
amenaza, o el pesado vuelo y olfateo de los buitres, en los cielos llenos de
nubarrones.
Como si el ala suave de la brisa le pespertase de las pesadillas, vio un
arroyuelo, deslizado entre la maleza, que descendía de un montecillo.
Sació su sed y siguió el curso del agua que corría por estrechos cauces, entre
pedregales, hasta encontrar una gruta, origen del nacimiento.
Multitud de gotas caían en los remansos, desprendidas de las techumbres
humosas.
Avanzó en el interior de la gruta, movido por invisible fuerza protectora,
rozando y separando las ramas de tupidas plantas que se oponían a su paso.
Entre enlazados tallos vegetales se adivinaba una puerta pequeña, como
madriguera de raposas. Al empujar esta entrada, abrióse lentamente, y por
el estrecho abertal formado, introdujo Indra su cuerpo.
Avanzó por un largo y obscuro corredor, al parecer de techos muy altos,
y de anchas distancias laterales, pues resonaban los pasos como en la oquedad

129

�de un extenso espacio vacío, notándose con inverosímil extrañeza grandes
corrientes de aire, en algunos de los largos trechos cruzados.
Después de una lejana marcha, pudo notar los vagos y pálidos r:splandores de la luz cada vez más intensos, a medida que avanzaba, y al fmal, una
gran salida, ~orno la cuenca vacía de un ojo irregular, abierto al infinito.
Gio-antescas cadenas de montañas y bosques de árboles corpulentos, entre
somb:as azules e imponentes roquedales, se distinguían desde los bordes de
esta gran abertura.
Un valle extenso se formaba en las faldas de los montes. Corrían las aguas
de un río rodeado de prados, de arbustos espinosos y de rosales silvestres;
correteaban los alzacolas, los pájaros de aguas y las golondrinas, cerca de los
márgenes húmedos; ondulantes palmeras y verdes frondas formaban los alrededores de un poblado, edificado en la planicie de una colina.
Indra atravesó el valle, lleno de luminosa esperanza, y ascendió hasta el
caserío. Los habitantes vivían en gran pobreza, aunque su aspecto era noble
y espiritual su continente. Todos vestían de blanco con el más fino lienzo,
como siempre es fama tejióse en Benares.
Allí estaba la princesa Ambalika, y los escasos supervivientes de los Pandavas.
Debían trabajar y sufrir los dolores de la humana naturaleza.
No tenía Ambalika a su alcance, como en otro tiempo, las sombrillas de
seda que le evitaban las molestias del sol o del polvo, ni los vigorosos elefantes para conducirla sin pisar las piedras o la dureza del suelo, con los
roces posibles de los cardos y las ortigas en desplazamientos por agrestes caminos.
Se ocupaba ahora con sus mujeres y antiguos servidores,. ;n el culti;~ Y
~osecha de los campos, la higiene de los hogares y la educac1on de los runos.
Pero su belleza se mantenía inmarcesible, en eterna primavera, con la más
noble gracia y hermosura.
Destacaba la negrura de sus cabellos, luengos, abundosos, de sus bl~cas
vestiduras O entre los dorados campos de lino y la albura de las margantas
silvestres.
La misión de Indra se hallaba cumplida. Ambalika le concedió su amor
y los Pandavas encontraron el reino perdido.
El amor de Ambalika y de Indra hicieron el milagro. El príncipe Indra
obtuvo la felicidad que buscaba.
El espíritu de los Pandavas dio la inspiración de Brahama a las acciones
de los Kuravas.
Una vez más la voluntad cósmica se hacía conciencia en los hombres.
La ley de Brahama nada ni nadie la puede destruir.
Nota aclaratoria.-Hay mito en la creación de personajes inexistentes, cuya

130

acción, por sus dimensiones imaginativas o sus perfiles fantásticos, no pudieron darse en la realidad. Y encontramos valores estéticos en el carácter de
los actores, donde el bien triunfa del mal y el amor se logra con el vencimiento de las asechanzas de la fuerza simbólica, de la perfidia. Son pensamientos estéticos los que establecen un parangón espiritual entre las dos
fuerzas del simbolismo, encamadas en los Pandavas y en los Kuravas, o en
el desarrollo de las acciones argumentativas. O en los escenarios naturales,
donde los protagonistas actúan, presentados con el lenguaje literario más bello y sugestivo que me fue posible y procurando buscar la mayor fidelidad al
espíritu del "Bhagavad Ghita", o a la leyenda "El Caudillo de las manos
rojas", de Gustavo Adolfo Bécquer, que también me sirvió de referencia
inspiradora.
Tomamos a Indra como el primero o el principal, el príncipe es el primero, que es el que armoniza a los dos principios opuestos de los Pandavas
y los Kuravas, o el Uno, que es la suma resultante del dos y el tres, después
de haber sido el origen de los dos, con el significado filosófico del Sumo
Hacedor, o la suma reabsorción de los entes de la creación en sí mismo; es
suma o síntesis después de la manifestación, en el sentido que daba Plotino:
salir de Dios y volver a Dios, que es la patria divina de origen.
Y en esto consiste el poder figurativo del símbolo: las metáforas son el recurso literario para explicar ideas o principios. La estética radica en las descripciones de los simbolismos, presentados los entes de pensamiento como si
fueran vivientes o reales, con la patética de los seres humanos.

Mrro

y ESTÉTICA DEL QUIJOTE

El mito de Don Quijote consiste en la idealización de los más nobles sentimientos que radican en la naturaleza profunda del hombre y constituye la
dualidad del sexo humano: de una parte, la entrega a las exigencias de las
necesidades del cuerpo y al instinto de conservación que hace generar en
el hombre el miedo, el egoísmo, la cobardía y las pasiones por la posesión
de bienes materiales o el goce del amor, considerado como el demonio sobre
la mujer. Y de otra parte, la conciencia de nuestra finitud o la presencia de
un fondo insobornable de solidaridad o de simpatía con los otros seres humanos, que radica en el sentimiento platónico de que lo que vivimos no es
perfecto y que hay algo superior que podemos imaginar perfecto, y que frente
al egoísmo está la simpatía o el dejar de ser en sí para ser en los otros: que
frente al amor como dominio y posesión está la conciencia del amor ideal,
que es compenetración con la mujer y los hijos, llevándonos a los mayores sacrificios y a las más bellas acciones.

131

�Cervantes encontró en Don Quijote, sin saberlo, el paradigma más elevado de
las virtudes mejores de la humana naturaleza. Por eso es la más perfecta
creación del arte, como nunca se ha dado hasta entonces. La mente de los
filósofos o la imaginación de los artistas pueden crear sistemas o criaturas
que tengan validez de realidad, aunque siempre una realidad condicionada
o limitada a la mente que lo imaginó, pero si la criatura es la NATURALEZA
MISMA SIN LIMITACIONES, entonces viven por sí mismos, sin necesidad del
autor: FUE LO OCURRIDO CON DON QUIJOTE, que se dio a caminar sin necesidad de Cervantes, por los caminos del mundo.
Miguel de Cervantes, le dio el cauce a la palabra, pero Don Quijote, como
los secretos de armonía en la naturaleza, solamente necesitan que un compositor les dé forma o los recoja en el pentagrama. El compositor es el canal por donde discurre la armonía. El pensamiento del hombre es limitado
y LA NATURALEZA ES EN TODA su MAGNITUD CREADORA. Lo que imaginamos
como hombres, es perecedero y la vida es siempre una renovada creación o
una infinita posibilidad de interpretación.
Don Quijote y Sancho son presentados en oposición y así es en la realidad. Sin embargo, como descubre Salvador de Madariaga, Don Quijote influencia a Sancho en el quijotismo y Sancho influencia a Don Quijote en
el sanchismo y es una prueba evidente de que en el hombre hay siempre un
Sancho que acecha y un Don Quijote que nunca está oculto del todo.
La locura de Don Quijote ha pasado a Sancho y la cordura de Sancho
a Don Quijote. Igual sucedió con los Duques o con quienes trababan contacto con los dos locos geniales. Así dice Cicle Hamete: "que tiene para sí
ser tan locos los burladores como los burlados y que no estaban los Duques
dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco ponían en burlarse de dos
tontos".
Don Quijote había enloquecido en un amor idealista. "Y fue a lo que se
cree que en un lugar no cerca del suyo había una moza labradora de muy
buen parecer, de quien él en un tiempo anduvo enamorado, aunque según
se entiende, ella jamás lo supo ni se dio cata de ello".
Ahora bien, si Sancho no existiera no conoceríamos a Don Quijote. Lo
bueno se comprende por la presencia de lo malo, a lo sabio por lo necio:
todo existe en relación con algo diferente; es la dualidad fundamental de
todo lo que vive. Las especies vivas se justifican por lo masculino y lo femenino, que hace posible la creación y la continuidad de la especie respectiva. La síntesis de la cualidad se daría en el fruto resultante y éste a su vez
volvería a ser dualidad en el encuentro renovado de lo masculino y lo femenino creadores. O podría darse en una síntesis intelectual, en que imaginásemos la desaparición de los opuestos.
Don Quijote es una novela, la primera y la única novela de todos los

tiempos, es la revelación más profunda y más real del hombre a todos los
hombres, lo mismo que los libros bíblicos, son la revelación de Dios a los hombres, pero Dios se revela con alegorías no siempre comprensibles o con relatos de criaturas angélicas, cuya comprensión es muchas veces de naturaleza infusa.
Don Quijote, en cambio, puede ser comprendido por todos; es el hidalgo
castellano de la Mancha, cuyas hazañas, aunque inverosímiles, en muchos
casos pudieron darse y comprenderse con el entendimiento natural; es la
caricatura de un caballero armado, con armaduras enmohecidas y anacrónicas, con una bacía de barbero que provoca la irrisión, una lanza y una espada, que parecen sacadas de un museo y un pobre caballejo, el sufrido Rocinante, que lleva en sus lomos aquella triste y cómica figura, a quien todas
las desventuras acaecen por el idealismo irreal. Simboliza la lucha contra la
injusticia liberando a los condenados a galeras, que después lo molerán a
pedradas y que le harán decir: "el hacer· bien a villanos, es echar agua en

el mar".
O defender la belleza ideal de Dulcinea del Toboso encamada en una
moza campesina, oliendo a ajos y cebollas; o en lucha con el caballero vizcaíno por solas suposiciones ideales; o enfrentarse al león de la jaula con
una valentía ciega; llamándose después por su valor caballero de los leones,
en lugar del caballero de la triste figura y padeciendo de los más fuertes
contrastes, en que el caballero ideal es vencido casi siempre frente a la más
dura realidad, que Sancho Panza advierte y que Don Quijote no se da cuenta. ¿ Cómo Don Quijote que es el paradigma del ideal más puro, puede rebajarse a la realidad egoísta y al contacto con la escoria de todas las cosas
materiales? Y que fuese vencedor con su vencimiento del cura y el barbero,
aunque otra cosa pudiese pensar el lector.
Los creadores de religiones, los filósofos que alumbraron sistemas nuevos
de pensamiento, que sirvieron para crear mundos mejores, los poetas que vaticinaron o que cantaron la gloria de los héroes, no tuvieron el menor temor
de aparecer locos o idealistas y se entregaron con el quijotismo abnegado
de los que cumplían una misión de felicidad, de progreso y perfección para
los humanos.
Cervantes expresó al mundo medieval en el Renacimiento en una España
que se constituyó en campeona de la Contra-Reforma donde frente a la
claridad de la razón se aferraba a la sinrazón y donde frente a la filosofía
seguía cultivando la mística medieval, como el ejemplo de la Celestina, que
fue un anticipo del Quijote, donde el amor y la pasión de los jóvenes Calixto
y Melibea contrasta con el materialismo y la brujería de Celestina. Y que
gracias a este medievalismo fue posible el milagro de la colonización ame-

133
132

�ricana con sus misioneros ejemplares o la creación de la literatura española
del Siglo de Oro.
.
,
,
Don Quijote es el fruto típico de esa España medieval, que todav1a s:g_ma
creyendo en la fe idealista, que se pedía cuentas de sus derechos en A_m:~ca,
cuando nadie se las pedía y cuando ningún pueblo, en el pasado ~stonco,
se las había pedido. El derecho de conquista, decían todos los conqwstadores,
daba todos los derechos.
La segunda parte del Quijote es cuando los Duques se bu~l~ del _ca~allero y del escudero, porque los Duques representaban el Renacimie_nto_ i_tahano. El Renacimiento se burla de la Edad Media. Pensemos para Justificarlo
que el cristianismo italiano tiene la influencia del_ paganismo griego Y r~mano y el cristianismo español está radicalmente vmculado con el _hebra1smo
primitivo como encontramos en el arte de estos dos pueblos. !taha es Leonardo de' Vinci O Miguel Angel y España es el Greco y Zurbarán.
Nada más lejano del cristianismo medieval que esos aristócratas burlones
y escépticos.
.
El mito proporciona los motivos estéticos y la expresión del carácter bello
de los personajes. Existe una Estética del Quijote desde que comenzamos por
conocer al caballero en su pueblo de la Mancha, donde de tanto leer y poco
dormir se le secó el cerebro y vino a perder el juicio.
Nos encontramos con un loco idealista que lee libros de caballería, recordando una Edao. Media olvidada. La Edad Media no es solamente en un
orden cronológico de la Historia; viven la Edad Media to~?s los ide~listas,
que por serlo, tienen el alma medieval y se entregan al se~1c10 de los ideales
que aparentemente son locura y que nunca tendrán re~hdad. Por eso Don
Quijote eterniza su medievalismo en todas las generacione~; to~o hombre
busca la réplica a lo que lleva en sí o encuentra destellos o ide~tida~es a su
patética idealista. Don Quijote tiene siempre la respuesta al idealismo de
la humanidad.
Mucho sabía de este idealismo Miguel de Cervantes, cuya vida desventurada y heroica, tenía gran parecido con su ?ersonaje_ ~nmortal. Cervantes
aprendió, con dolor en la Universidad de la v1~a, conv1V1en~o con soldados,
con pícaros, con aventureros y cautivos, con mu1eres _de la vida y con damas
honestas, pero siempre viviendo en la escasez d: dmero, -~e honores Y de
amor, y si alguna vez los tuvo, fu~ siempre efimero, de1~ndole a~~;gura
en el alma como en sus tiempos de alcabalero, que le llevo a la pns1on de
Argamasill~ del Alba, o las prisiones de Argel, después de su. heroísmo de
Lepanto. o aquella Catalina de Palacios en Esquivias, su muJer por corto
tiempo. O su negado viaje al Soconusco.
Miguel de Cervantes tenía el alma grande y su humorismo nunca le ha~ía
amilanarse de sus desventuras. El Quijote es un libro de humano humons134

mo, que hace reír lo mismo que hace llorar. La risa y el llanto como las dos
caras del alma humana.
Sancho es la contraposición de Don Quijote con una cara diferente o el
contrapunto de la misma armonía. Y así lo confirma el cura: "Veremos en
lo que pára esta máquina de disparates de tal caballero y de tal escudero, que
parece que los forjaron a los dos en una misma turquesa, y que las locuras
del Señor sin las necedades del Criado, no valían un ardite".
Don Quijote está compenetrado sin saberlo en su locura con Sancho y
abundan los reproches de que la equivocación o la locura es del otro. Así
Don Quijote ataca a Sancho en términos duros: "Ahora te digo, Sanchuelo,
que eres el mayor bellacuelo que hay en España. Dime ladrón, vagabundo,
¿ no me acabas de decir ahora que esta princesa se había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea y la cabeza que entiendo corté a un gigante
era la puta que te parió, con otros disparates, que me pusieron en la mayor
confusión, que jamás he estado en todos los días de mi vida?"
Buscaremos algunos ejemplos donde se muestre con gran sugestión una
estética del mito.

EN

LA MUERTE DEL PASTOR CRISÓSTOMO

En los capítulos XII, XIII y XIV de la primera parte del Quijote se relata este curioso suceso de la muerte del pastor Crisóstomo, enamorado de
la pastora Marcela.
Encontramos aquí la influencia medieval de pastores de bosques y de encantamientos, aunque en el Quijote se produce el encantamiento de Crisóstomo por el amor no correspondido de Marcela. Don Quijote es como el
Pan de los griegos que defiende a los pastores virtuosos contra las asechanzas
de los malvados.
El Renacimiento resucitó a la antigüedad griega y romana y el mundo milagroso del medievo. Las Pastorales de Longo o Dafnis y Cloe, que tradujo
al castellano Juan Valera, sirvieron de inspiración a otras novelas con el
mismo tema, como Menina e moca de Bemardín de Riveiro, La Diana, de
Jorge Montemayor o el Amadís de Gaula, que durante más de dos siglos fue
leída por toda Europa y que fue citada por Cervantes en el Quijote: o Pablo
y Virginia, de Bernardino de Saint Pierre.
La antigüedad griega fue siempre el modelo, como aquella llamada Teogenes y Cariulea, de Heliodoro, y que imitó Cervantes en Persiles y Segismunda,
o Calderón de la Barca, para su c9media Los hijos de la Fortuna.
El origen de Dafnis y Cloe está en la mentalidad de los griegos antiguos,
135

l.

�los que llamaron a la novela "mytho", y los latinos "fábula". Contar o hablar era referir mitos o fábulas. Por eso hablar viene de "fabulor", que a
su vez procede de •'fabula". El mito significaba la palabra, discurso, fábula
o tradición popular o cuento.
Toda habla tenía mucho de cuento, novela o fábula. Y así se explicaban
los fenómenos de la naturaleza, la imaginación de los dioses del Olimpo, los
demonios y los genios y su historia se cantaba en himnos y todo lo que acontecía a los hombres. Pues fueron los rapsodas que conservaron en cantos épicos
la tradición de Aquiles y de Ulises y que Homero les dio la cifra de su unidad argumentativa.
¿ Acaso Hércules, Teseo, Perseo y Belerofonte, caballeros andantes, que amparaban a los débiles, ayudaban a doncellas y liberaban a la tierra de monstruos y tiranos, no eran sino mitos?
Cervantes en el pastor Crisóstomo, como en el discurso a los cabreros, imita a los antiguos poetas bucólicos, especialmente a Teócrito, pero sin la afectación de los antiguos y la naturalidad realista española. En Crisóstomo en·COntramos una novela idílica. Cervantes hace decir a Vivaldo, el caminante:
"que aquella madrugada habían encontrado con aquellos pastores, y que por
haberles visto en aquel tan triste traje, les habían preguntado la ocasión por
,que iban de aquella manera: que uno de ellos se lo contó, contando la extrañeza y hermosura de una pastora llamada Marcela, y los amores de muchos que la recuestaban, con la muerte de aquel Crisóstomo, a cuyo entierro iban".
Don Quijote habla de la necesidad de tener una dama de la que estar enamorado y justifica también el amor de Crisóstomo: "digo que no puede ser
que haya caballero andante sin dama, porque tan pronto y tan natural les
es dado a los tales ser enamorados, como al cielo tener estrellas".
El pastor Ambrosio hace el elogio de Crisóstomo, a punto de ser enterrado
en la montaña, y en que la belleza de la descripción es digna de Cervantes:
"-Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue depositario
de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. Ese es el
cuerpo de Crisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, extremo
en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción,
alegre sin bajeza, y finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin
segundo en todo lo que fue ser desdichado".
Marcela contesta a los reproches de los amigos de Crisóstomo con palabras
sabias y discretas: "Tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero, ni aborrezco a nadie; no engaño a éste, ni solicito a aquél; ni burlo con
uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas de
estas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretienen. Tienen mis deseos por

136

término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del
cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera".
Marcela se alejó por la espesura del bosque y algunos quisieron seguirla,
sin tomar en cuenta sus palabras de desengaño para los que la escuchaban.
Entonces Don Quijote encontró la ocasión para defenderla por su honor de
caballero andante: "Ninguna persona de cualquier estado o condición que
sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa
indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca
o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Crisóstomo, y cuán ajena
vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa
es justo que en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada
de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con
tan honesta intención vive".
Asegura Salvador de Madariaga que el Retablo de Maese Pedro adquiere
segunda inmortalidad con la música de Manuel de Falla.
Allí se han conjugado los diversos factores de la farándula teatral, ofreciendo con la ficción de las figuras y el contenido del lenguaje del Retablo
una imagen de la realidad. El mono adivino; Maese Pedro caracterizado con
un parobe verde en un ojo, simulando estar tuerto para ocultar al Ginés de
Pasamontes, el pícaro redomado; el ventero, el joven relator que deforma la
seriedad histórica del romance, lo que provoca la cólera de Don Quijote;
el rebuzno de los dos alcaldes o el ejército pintoresco de uno de los pueblos,
dispuesto a combatir con el otro. Y finalmente, la fuga de Don Quijote y
Sancho, donde se muestra la falsa fortaleza de la que blasona el caballero
de la Mancha.
El Retablo no son solamente las figuras de Maese Pedro: hay que considerarlo aumentado con todos los circunstantes, incluídos los espectadores,
como en un teatro de guiñol o marionetas. Don Quijote, con su estrafalaria
figura, la bacía del barbero, la armadura enmohecida, la lanza y la espada
viejas, sin el brillo de los aceros toledanos, los ojos brillantes y obsesivos del
loco caballero del ideal: el Rocinante flaco, que puede asomar su cabeza
cansina por la ventana del establo vecino, la gordura sanchopancesca, el ventero y todas las gentes que estaban en la posada, incluídas las maritornes y
los mozos de mulas.
Así describe Cervantes a Maese Pedro: "Este es un famoso titiritero, que
ha muchos días que anda por esta Mancha de Aragón, enseñando un Retablo de la libertad de Melisendra, dada por el famoso Don Gaiferos, que
es una de las mejores y más bien representadas historias que de muchos años
a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismo consigo un mono de
la más rara habilidad que se vio entre monos, ni se imaginó entre hombres,
porque si le preguntan algo, está atento a lo que le preguntan, y luego

137

�salta sobre los hombros de su amo, y llegándosele al oído, le dice la respuesta
de lo que le preguntan, y Maese Pedro la declara luego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están por venir; y aunque no todas
las veces acierta, en las más no yerra; de modo que nos hace creer que tiene
el diablo en el cuerpo".
Don Gaiferos y Melisendra, Cario Magno, los soldados y caballeros franceses, las torres almenadas de Zaragoza, y después Don Quijote que irrumpe
con violencia y destroza el tablado y sus muñecos. La huída de Maese Pedro, la fuga del mono y el estrépito de voces temerosas de la tragicomedia.
Se ha producido una eclosión tragicómica. Don Quijote reconoce que los
encantadores le han engañado y ofrece pagar los maravedises y reales del
estropicio. Aquí se da el valor estético más destacado, lo mismo que en aquella devolución por el Cid Campeador a los judíos Raquel y Vidas.
"Ahora acabo de creer, dijo a este punto Don Quijote, lo que otras muchas veces he creído: que estos encantadores que me persiguen no hacen sino
ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las mudan
y truecan en las que ellos quieren. Real y verdaderamente os digo, señores
que me oís, que a mí me pareció todo lo que aquí ha pasado que me pasaba al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra; Don Gaiferos, Don
Gaiferos; Marsilio, Marsilio y Cario Magno; por eso se me alteró la cólera,
y por cumplir con mi profesión de caballero andante quise dar ayuda y favor a los que huían, y con este buen propósito hice lo que habéis visto. Si
me ha salido al revés, no es culpa mía, sino de los malos que me persiguen
y con todo esto desde mi yerro, aunque no ha procedido de malicia, quiero
yo mismo condenarme en costas; vea Maese Pedro lo que quiere por las
figuras deshechas, que yo me ofrezco a pagárselo luego en buena y corriente
moneda castellana".
Es una estampa medieval, trasladada al Renacimiento, que ya no tolera
la ficción tal como se entendía en siglos anteriores y produce un contraste
tragicómico, en maravillosa conjunción de elementos.
Recuerda a los juglares castellanos que recorrían los pueblos y los reinos
peninsulares, relatando romances de heroísmo, de amor y de fantasía. Todavía hasta primeros del siglo XX se encontraban estos epígonos del juglarismo; recorrían los pueblos españoles, llevando grandes cartelones, ilustrados
con litografías y dibujos, sobre crímenes o bandoleros de leyenda. Un narrador repetía el argumento con un sonsonete persuasivo y la masa pueblerina
se deleitaba con el hecho de ficción, provocando lágrimas, admiración o indignación.
El narrador pasaba después el platillo y recogía las monedas voluntarias.
de los asistentes. Fue el antecedente del explicador del cine mudo, que fue
el que enterró a los romances populares y al teatro de la legua.

138

Se mostraba, sin proponérselo, en el Retablo de Maese Pedro, que existe
una ambivalencia humana; la seriedad y el humor o la comedia y la tragedia
Y el choque provocaba la risa. El relator del Retablo con voz seria y la furia
de Don Quijote que hacía huír a Ginés y al mono, con la destrucción de
las figuras del Retablo, generando una carcajada bárbara y estrepitosa, como
la entrada de un burro violento en una cacharrería. O el rebuzno de los alcaldes, con tal realismo que parecían burros y no hombres, haciendo recordar
a Sancho que en su pueblo también él rebuznaba con el mismo realismo.
Cervantes logró reunir en el Retablo de Maese Pedro un maravilloso contraste de emociones y de personajes cómicos, cuya comicidad arrancaba de
una seriedad aparente,· aunque manifestada como real. La picardía de Ginés
de Pasamontes, con la presencia de Maese Pedro, recuerda la espléndida
novela picaresca española, con personajes inmortales como Lazarillo de Tormes, Gil Blas de Santillana, El Escudero Marcos de Obregón o el Buscón Don
Pablos. Y sobre todo la expresión española de la dualidad medieval y renacentista, que eso es Don Quijote.

LA FILOSOFÍA DEL HUMORISMO Y EL QUIJOTE

Hay en el hombre dos formas de conocimiento o dos saberes de él mismo
Y lo que conoce de otros seres es en función de su alcance cognoscitivo o en
relación con sus facultades humanas. Pero hay un conocimiento propio del
hombre, deslindado de los otros seres de la naturaleza. Otras zonas del conocimiento como la naturaleza o Dios son posibles porque el hombre las conoce
y aunque el hombre no las conociera, existirían tal vez, puesto que todo
puede ser considerado en función del hombre; otro conocimiento no es posible. Así pues la teología o la cosmografía se subordinan o condicionan a
que el hombre las conoce; en la naturaleza, el hombre descubre sus leyes y
en la teología, es creada por el hombre, y se crea porque la idea de Dios ya
existe en la mente del hombre.
El hombre tiene una naturaleza física o una entidad corpórea que alberga
otra naturaleza mental. La primera se estudia como antropología física y la
segunda como antropología filosófica. Saber si el hombre es de raza indoeuropea o americana, si es de color cobrizo o blanco, si manejaba la piedra
y los metales, todo eso es conocimiento antropológico o físico. Pero estudiar
al hombre como investigador de la ciencia, como creador de comunidades
en función del espíritu, de arte o de cultura intelectual, de lenguaje o de simbolismos, es antropología filosófica.
La antropología física podría responder al interrogante, ¿ qué es el hom-

139

�bre? y la antropología filosófica contestaría a la pregunta, ¿ quién es el
hombre?, dando a esta última averiguación una mayor jerarquía intelectual
o una mayor sabiduría del hombre espiritual.
El humorismo es una manifestación de cultura filosófica, puesto que sólo
aparece cuando se han dado formas refinadas de cultura. El hombre primitivo ríe porque satisface sus instintos, porque ha alcanzado la presa que ha
de satisfacer su hambre o porque ha logrado un placer sexual.
El humorismo puede ser intelectual cuando conviene a los sentimientos
generales del hombre, en choque de contrastes o erupción del absurdo. O bien
puede ser manifestación de un sentimiento de comunidad, en que sólo se
sienten impresionados los que pertenecen a esa comunidad.
Así por ejemplo el humor mexicano es diferente del humor inglés. Con el
humor inglés no se ríen los mexicanos, como con el humor mexicano no se
ríen los ingleses, porque en los dos casos hace falta un esfuerzo intelectual
para comprenderlo, y cuando interviene la función de la inteligencia, el
humor se enfría y a "tempo" lento la risa se desvanece. El humor ha de ser
un choque espontáneo, cálido y sorprendente.
Solamente el hombre ríe entre todos los animales y la función de la risa
y el llanto, que son dos categorías iguales de signo contrario, muestran una
complejidad espiritual o una manifestación superior de las emociones y de
la inteligencia, cuyo estudio, con su significado o su alcance intelectual, pertenece al conocimiento filosófico; es lo que llama Cassirer una antropología
filosófica.
Federico Nietzsche nos habla en Zarathustra de un hombre sin ternura y
sin belleza, sin piedad para lo humano: "Adornado de horribles verdades,
su botín de caza y de una belleza de vestiduras desgarradas, muchas ramas espinosas colgaban de él, pero no vi ninguna rosa. Todavía no había aprendido a reír ni a conocer la belleza. Con aire sombrío volvía este cazador del
bosque del conocimiento. Volvía de luchar con los animales feroces, pero
su seriedad refleja todavía el aspecto de una fiera, de una fiera no vencida".
El hombre ha de saber reír y llorar o debe darse en el hombre la confluencia de la tragedia y de la comedia. Desconfiamos del hombre que ha
reído poco o llorado poco; sus frenos intelectuales se lo impiden, por experiencias de varias naturalezas, formando un ser contrario a su constitución
normal de hombre. Algo de esta realidad quiso decir Platón, el maestro
de Filosofía de todos los tiempos y que relata Ortega y Gasset: "En la novela como síntesis de tragedia y comedia se ha realizado el extraño deseo,
que sin comentario alguno, deja escapar alguna vez Platón. Cree oír que
están trabados en un difícil diálogo, donde Sócrates sostiene frente a Agathón
el joven autor de tragedias y Aristófanes el cómico, que. no son dos hom~r~s
distintos, sino uno mismo, debe ser el poeta de la tragedia y de la comedia .

140

El hombre que comprendiese la seriedad y el humor, participando de las
dos caras de la medalla, nos daría el dechado de lo humano. Lo encontramos
en la caricaturista que nos descubre, en el gesto de sus caricaturas, auténticos poemas de afecto, de ironía o de intención anímica, con una graciosa
aureola de humor logra en un breve trazo o pirueta lo que un pintor lograría
pintando del todo al personaje, con luces, sombras y técnica pictórica. Un
pintor de genio puede descubrimos en un solo gesto el contenido esencial
del hombre, más allá de temporales mudanzas y en ese solo gesto está la significación total de un cuadro; es un esfuerzo de imaginación para traducir
la realidad como concebida en sueños.
Desconociendo esta verdad, el hombre lógico desprecia al hombre mágico
por tradicional y el hombre mágico no cree necesario el estudio de la ciencia
objetiva. Muchos hombres lo han reconocido así. Romain Rolland estudió
las formas mágicas de la literatura y de la filosofía orientales y el irracionalismo de Bergson es el justificante de este fenómeno, acudiendo a la intuición
y a los impulsos vitales.
El humor o "humour" tiene para los ingleses significado de temperamento,
a diferencia del carácter que imprime la cultura o la educación. Y la paradoja se produce : el humor nace como escape de la educación inglesa, que
alcanzó su temperamento por la disciplina intelectual o las ideas morales de
la sociedad sajona. Así, la novela no es completa si no tiene temas resueltos
con seriedad y humor.
Esta realidad explica las manifestaciones del humor en diferentes cómicos
y como resultado de la educación recibida o del inconsciente cultural de su
estirpe.
El humor cuando es mínimo, provoca la sonrisa y cuando es máximo provoca la risa. Entre la risa y la sonrisa hay jerarquías o gradaciones bien
marcadas. La sonrisa, se da frecuentemente en el intelectual, que suele esconderse en la sonrisa como una concesión al humor tomando más bien el
aspecto de un escudo protector contra la franca espontaneidad de la naturaleza.
Cervantes había descubierto en el Quijote antes de que lo hiciera Bergson
en su breve libro La Risa, que el humorismo es el flanco necesario del hombre serio y como remedio contra la rigidez educativa individual; que la bacía
del barbero y la armadura enmohecida, cabalgando en Rocinante, las llevan
muchos hombres sin saberlo, aunque no sean físicas, sino mentales y con la
aparición de la risa la advierten.
Miguel de Cervantes hablaba el lenguaje vivo de la experiencia y la intuición y no sabía de tesis filosóficas, como ahora diríamos en términos académicos, pero la idea quedaba expresada en sus personajes inmortales. Sucede
lo mismo con ios usos y las costumbres del pasado, que naturalmente envejecen; los jóvenes lo advierten, pero los viejos, que viven impregnados de
141

�las ideas que han vivido, no se dan cuenta, y si se dan cuenta, no son capaces
de vivir con la nueva realidad.
Por eso una generación muere, aunque siga viviendo físicamente; son vivientes que en el orden de las ideas están difuntos, o lo que llama Heidegger
hombres inauténticos. De estos cambios se salvan las grandes ideas filosóficas
o ciertos principios religiosos, cuya vida puede durar milenios de tiempo tal
vez, pero nada garantiza que en el futuro, con el advenimiento tal vez de
nuevas dimensiones interpretativas de la realidad, puedan cambiar.
El hombre es hijo de lo que ha sido y ya no es posible renovarse: sus hijos
y sus nietos, físicos o de época mental, lo reemplazarán por naturales impulsos vitales y la necesidad biológica y psíquica de experimentar personalmente.
El viejo, si quiere vivir otra época que no es la suya, propende a las extravagancias cómicas. Señala la comicidad en el caballero Don Quijote, manteniendo el ideal de la justicia más pura, tal como se entendía en la literatura
caballeresca medieval, cuando estaba viviendo en una época de auge de la
razón; Don Quijote nos hace reír y llorar con sus hazañas desventuradas o el
fracaso estrepitoso de la idea falsa de su fuerza o poder; en esta criatura literaria creada por Cervantes se da el ejemplo típico del humorismo, como conciencia trágica de lo grotesco que lo ha generado.

GENUINA EXPRESIÓN DE LA ESTÉTICA DEL MITO EN EL EPISODIO
DE LA CUEVA DE MONTESINOS

Alcanza la estética del mito su genuina manifestación en este episodio de
la Cueva de Montesinos, donde el propio Don Quijote· duda de su veracidad
ante las dudas de Sancho. Pertenece al género de la literatura fantástica, a
la que pertenecían los libros de caballerías, y a la maravillosa tradición poética de la Grecia mitológica, heredada especialmente por los bardos germánicos, quienes la transmitieron a los otros pueblos europeos. Un ejemplo típico
son los Nibelungos que recogió William Shakespeare en el Sueño de una
Noche de Verano.
Si el mito es siempre la cara opuesta a la verdad, lo relatado por Don
Quijote pertenece a las grandes creaciones del mito literario en todos los
tiempos.
Comienza el relato a desarrollarse en la entrada de una cueva, "donde
era menester proveerse de sogas para atarse y descolgarse en su profundidad".
Y que "era llena de cambroneras y de cabahigos, de zarzas y malezas, tan
espesas e intrincadas que de todo en todo la ciegan y encubren".

142

Miguel de Cerv~tes se ha anticipado cuatro siglos a la psicología profunda
de la escuela de Viena. El superego de Don Quijote se había formado en su
larga soltería, en que amó a una mujer y por timidez nunca se le declaró.
Y esa mujer idealizada se transformó en Dulcinea del Toboso, concebida para
que el amor concreto de hombre y mujer no pudiese realizarse. El hombre
busca s~~mpre lo que no ha tenido, tratando de compensar su complejo de
frustr~c1on. La lectura de los libros de caballerías había impregnado el subcons~1~?te_ de ?ºn Q~ijote de. ideas fantásticas e irrealizables, pero por su
amb1c1on idealista hubiera querido ver realizadas en su vida.
Mito de la caverna llamó Platón a una de sus ideas más impresionantes.
Y Cueva de Montesinos llamó Cervantes a un episodio legendario de Cario
Magno de Francia. Psicología de la caverna se ha llamado el estudio difícil
y complejo del subconsciente.
Como lo sucedido no es posible aceptarlo por la razón al moverse en el
reino ~el misterio, entra en la substancia típica del mito y en el relato argumentativo se produce la estética con valores filosóficos y literarios.
. Queda defin~do el mito con aquella declaración de Don Quijote, en que
hincado de rodillas, rezó una oración a Dios, invocando también a su señora
Dulcinea.
"¡ Oh, señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea
del Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones de
este tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches; que
no son otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto
lo he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el
abismo que aquí se me representa, sólo porque conozca el mundo que si tú
me favoreces, no habrá imposible a quien yo no acometa y acabe".
La idea de la amante como una mujer taumatúrgica, que es capaz por
e! amor que se le ~iene, de hacer milagros o de hacer que las empresas difíciles, llenas de peligros, puedan realizarse sin temores ni obstáculos, revelan
tal vez, en el caso de Don Quijote, la orfandad infantil, perdiendo a su madre,
lo que hacía que la madre tuviese todas las virtudes ideales, a la que se
acude en demanda de amparo cuando el peligro real o imaginario nos cerca.
Cervantes no ~abló de la madre de Don Quijote, pero puede suponerse que
en el subconsciente del caballero de la Mancha, existía una frustración de
lo materno.
Descendido al interior de la cueva, se produce la más maravillosa fantasía
por contraste entre la realidad y el mito. Y dice Don Quijote: "me salteó
un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo
no, desperté de él, y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso
prado que puede crear la Naturaleza, ni imaginar la más discreta imaginación humana".

143

�Y añade esta descripción: "Ofrecióseme luego a la vista un real y sun-

tuoso palacio o alcázar, cuyos muros y paredes parecían de transparente y
claro cristal fabricados".
La aparición de Montesinos, despertando de su encantamiento y llegando
a Don Quijote, reafirma los valores del mito estético, con estas palabras:
"Luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, que los
que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, para que des noticias al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde
has entrado, llamada la Cueva de Montesinos; hazaña sólo guardada para ser
acometida de tu invencible corazón y de tu ánimo estupendo. Ven conmigo,
señor clarísimo, que te quiero mostrar las maravillas que este transparente
alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetuo, porque soy
el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre".
El conjunto de hechos míticos, con lenguaje impresionante, levantan la
estética de este capítulo del Quijote, donde el idealismo más puro lo hace
posible. Que Montesinos había sacado el corazón de su gran amigo Durandarte y que fue llevado a la señora Belerma, a petición de la víctima, como
prueba de su gran amor; de los encantamientos del sabio Merlín, que fue
hijo del diablo; del enajenado corazón de Durandarte, tal como fue entregado a Belerma. Del encantamiento del escudero Guadiana, con la dueña
Ruidera, sus siete hijas y dos sobrinas, las que lloraban sin cesar y que el
mago Merlín por compasión las convirtió en tantas lagunas como personas
eran, dando lugar a las lagunas de Ruidera, que se encuentran en la Mancha.
Y que el río Guadiana se abastece de las aguas de Ruidera, pero corre en
un misterioso juego de verdad y fantasía, apareciendo y desapareciendo en
la supedicie de la tierra, por el pesar de haber sido encantado.
O la aparición de hermosísimas doncellas, visibles a través de unos cristales "todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas, al modo
turquesco".
Sancho se muestra escéptico ante tantas maravillas, es siempre el encuentro
de la locura y la cordura, de la seriedad o la comicidad, que se repite a lo
largo del Quijote: "Creo, respondió Sancho, que aquel Merlín, o aquellos
encantadores que encantaron a toda la chusma que vuestra merced dice que
ha visto y comunicado allá abajo, le encajaron en el magín o en la memoria,
toda esa máquina que nos ha contado, y todo aquello que por contar le
queda".
La invención de este episodio mítico de la cueva de Montesinos, que Cide
Hamete Benengeli pone en tela de juicio, por el realismo y fantasía cervantesca, en contraste con William Shakespeare que no se pone a dudar en sus
creaciones semejantes en el Sueño de una Noche de Verano. El mito es mito

Y como tal se presenta, para deleite estético de los lectores y eso es todo
bastante.
'
y
Dice Cide Hamete: "No se puede dar a entender ni me puedo persuadir
que el valeroso Don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el
antecedente capítulo queda escrito". Y añade: "de esta cueva no le hallo
entrada alguna para tenerla por verdadera por ir tan fuera de los términos
razonables". Y que Don Quijote "al tiempo de su fin y muerte dicen que se
retractó de ella
·
do por parecerle que convenía
. , y diJ.o que él 1a ha b'1a mventa
o cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias"
. En .la creac~ón -~el mito no hace falta preguntarse si es verdadero ~ falso,
smo si la realizacion logró los valores estéticos, literarios O filosóficos que el
au.tor ~ prop~~- Y la Cueva de Montesinos cumple sobradamente con las
exigencias estetlcas del mito.
Edición Centenario. Madrid. Interpretación Psicologica del Quijote, de Salvador de Madariaaa
Editorial M A ·1
0
Madrid.
•
•
guiar,

BrnLI~G~FÍA: El Quijote.

INTRODUCCIÓN A LOS SIMBOLISMOS

El sím~lo es una r:presentación figurada de la realidad y tiene semejanza
con e~ mito: todo mito ha de ser símbolo aunque no todo símbolo ha de
ser mito.
Adoptan s!111bolos las sociedades políticas, religiosas, deportivas y de diferente_ ;ontemdo, pu~den ser banderas, escudos o combinaciones de palabras;
tambien representaciones de animales, de cifras cabalísticas o de marcas.
L~ aristocracia adoptaba escudos -imitando a la realeza- que significaban
cualidades destacadas, como el heroísmo, la lealtad, la fuerza O Ja constancia,
como el f~dament? o la causa por los que los reyes O los Papas hicieron
esas concesiones de Jerarquía social o de distinción digna de perpetuarse.
Las frate~dades religios~s o políticas adoptan sus símbolos para reconocerse
o ser reconocidas. Y las sociedades artísticas o de diversa dedicación.
. Los. brujos de los pueblos primitivos tienen necesidad de disfrazarse para
s~bolizar el poder taumatúrgico. Con su cara descubierta no ejercerían el
mismo efecto sobre sus pu~blos. Igual sucede con los magos reales O ficticios
actuales, que adoptan vestidos o lenguajes mantránicos para predecir O lograr los. ef~~tos buscados, o la inclinación al uso de pseudónimos, que literal~ente significa nombres falsos. O las diversas manifestaciones del teatro O del
eme, cuando los artistas imitan con sus atuendos, sus gestos y sus palabras, a

145
144
HIO

�los personajes que dicen representar y es más impresionante cuanto más e~ectivo es el simbolismo figurativo. La música, los efectos t~atrales, los nud?s
de diversa naturaleza, el estruendo de tambores, todo contnbuye a que el publico sienta como real los símbolos representados.
Los símbolos de los sueños, descubiertos por Freud, en su método psico-analítico desvelan el fondo onírico detrás de las representaciones simbólicas.
L;s pueblos adoptan también sus símbolos raciales o nacionales. ~l. símb~lo
de los vikingos era el martillo, de los árabes la media luna;_ la familia ~º~Jª,
en Roma, adoptó el toro ibérico de su origen, y los mexicanos, el agmla,
comiéndose a la serpiente, sobre un nopal.
A los rusos se les conoce por el oso, a los ingleses por la zorra, a los franceses por el gallo, a los españoles por el león, a los alemanes por el águila.
Y el símbolo confiere espíritu.
A los norteamericanos por el "cow hoy'' del '"farwest" -o El dorado de
los pioneros en las vastas regiones de la geografía americana; ,Y _al mexicano
por el charro valiente y enamorado, de enorme so!11brero con~co, espuelas
gigantes de plata y pistola al cinto, con un caballo arabe de bnosos saltos Y

andadura ligera.
..
El llanto de Niobé, la madre helena, por la muerte de sus ocho ~JOS Y
el nacimiento de una fuente de lágrimas, simboliza el dolor de la muJer, a
la que le han asesinado sus hijos. La fuente es el símbolo.
El cristianismo tiene su símbolo en la Cruz y aunque ya existe este símbolo
como expresión de lo masculino y lo femen~o, es a. partir
Cristo cuando
adquiere valor universal, representando al H110 de Dios crucificado, o muerto
en la Cruz, tomando desde entonces un nuevo significado, diferente del que

~&lt;:

tenía entre los arios primitivos.
El estado tiene también sus símbolos: la monarquía con la cor~na_ r:al; la
república con una bella mujer, que lleva como a~ibutos a la 1ust1~1~ Y a
la libertad. El comunismo adoptó la hoz y el martillo, en representac1on del
trabajo de los obreros y campesinos.
. . .
Cassirer nos habló del mito del Estado; las mst1tuc1ones, los programas políticos, el hombre a quien van dirigidos, tienen en el fond? una fundamental
insuficiencia, un fraude consciente o impuesto por la realidad de_ los hecho~,
que desvirtúan los esquemas teóricos de sus formuladores o los impulsos VItales de los pueblos que los viven.
Símbolos existen en los lenguajes; las palabras son la cifra de un contenido ideológico; las letras son el símbolo de la rea~ida_d, que necesitaban a~optar una fórmula gráfica para ser expresadas. El linaJe de los pueblos está en
los idiomas, que allí fueron depositando sus experiencias y sabidurí~, ancestrales. y la palabra escrita con sus simbolismos gráficos, tuvo la virtud de
perpetuarlo.

146

El lenguaje algebraico tiene signos convencionales para representar cantidad~s o números, tomados de unidades concretas existentes y que en el lenguaje de los símbolos tienen una razón formal de ser.
Los ~eroglíf'.co,s _egipcios, con sus figuras de animales y sus signos, simbolizaban ideas h1stoncas o morales y que el descubrimiento de Lord Carnavon
hizo posible. Egiptólogos posteriores encontraron su significado para curiosidad
de los hombres actuales.
~~s monumentos mayas, aztecas, toltecas y su estatuaria, simbolizaban el
e~pmtu guerrero o artístico de su cultura. Las pinturas de Bonampak O las
figuras de Tlaloc o Huitzilopochtli, son testimonios expresivos de ese tiempo,
de su ser y de su modo de ser.
Los griegos y romanos fueron creadores de simbolismos en sus figuras de
mármol o en sus pinturas, unas encontradas y otras perdidas para nuestro
tiempo~ :orno las diosas ~inerva, Palas Atenea o Venus Afrodita, del general Al_c1biades, o d~ los f1losofos Sócrates y Platón, o los frescos de Pompeya,
las rumas de Palmira o los acueductos de Hispania, etc.
. No ~udiendo expresar la realidad en muchos casos, la expresaban con arte
f1gurat1vo. ¿Cómo expresar la sabiduría, si se encuentra diluída entre los humanos o en fuerzas invisibles llamadas dioses?
Minerva expresaba en una figura este concepto abstracto de la sabiduría.
Las fórmulas estéticas de la belleza masculina y femenina, se han mantenido
siempre en la Venus de Milo y en el Apolo del Belvedere. El sentido de la
fuerza en Crotón de Milo; el encanto de lo desconocido en la belleza femenina de la mutilada figura de la Victoria de Samotracia. O la gracia poética
de la h_istoria en los pórticos y columnas rotas del Partenón, en los templos
y palacios truncos de la arquitectura romana. O las esculturas de los Césares
~oman?s en los muchos lugares del imperio, simbolizando el poder y la fuerza
invencible de Roma ante los pueblos sojuzgados.
Siempre el símbolo representa la realidad, expresada convencionalmente.
¿Acaso el lenguaje científico no es en gran parte expresión de simbolismos?
~uan~o Einstein encontró la tesis de la cuarta dimensión, se vio obligado
a smtet¡zarla para darla a conocer, encontrándola en el tiempo, como una
covariante de tiempo y espacio, reduciendo su formulación a un simbolismo
matemático.
Vivimos en tres dimensiones de tiempo, y espacio, no podemos entender la
cuarta dimensión directamente, sino sólo especulando intelectualmente y representando la conclusión hallada con metáforas literarias, en la creación de
f~gur~s. de p~nsamiento o en fórmulas físico-matemáticas. En esa capacidad
srmbohca esta representada la grandeza y la pobreza del pensamiento humano.
En filosofía se ha creado una lógica simbólica de signos convencionales o
una lógica matemática, aprovechando los recursos de figuración del pensa-

147

�miento La lógica es siempre una representación de la realid~? c~n 1signos
d 1 e~samiento lo mismo que la gramática es una representacion e a reali:a! or medí; de los recursos de la escritura o de la p_alabra _hab~~da.
. ~é son las pirámides de Egipto, sino representaciones s~boli~as del
éQ .
. .
• •,
·nas del Nilo y que nos lego el Libro de
pensamiento egipcio, que vivio a on
los Muertos?
1 l' d A i. Qué representaban el legendario talón de los atlantes o e ta on de q~ 1
les~ sino algo figurativo de algún flanco de debilidad en la gran eza e
ho~~:e:xistido Quetzalcóatl o es un mito de la leja~~ª de los pueblo~ indíé
d México confirmando la facultad de fabulac10n en el hombre.
ge~: v:rdad his;órica coexiste en gran parte con un gran. ~audal de s'rmbolos,
y comprobac1on.
t
que alimentan las fuentes de investigación
.
h"
·
1
¡·
·
'n
son
en
gran
par
e
. . el arte, el lenguaJe' la istona, a re 1g10• '
di
·
L a c1enc1a,
.,
símbolos . Cómo expresar la idea de Dios, las versas mamexpre~1on de
.. é•
de la Virgen María o el concepto de los seres
festaciones O cognommac1ones
anNgélicos?
obligados con el lenguaje filosófico o la expresión plástica del
os vemos
od
apa a la
arte a re resentaciones con formas simbólicas, o t o 1o que ese
.
.d d pgnoscible El gran mérito del catolicismo es que por esta neces~dad
reali a co
·
·, d
rte de 1IDade expresión de lo religioso ha propiciado la creac10n e u~bt 1
. ,n
. ,
de arte pictórico que en muchos casos ha hecho pos1 e a creac10
gmena o
,
.
de obras maestras del genio creador del artista.
.
.
rSólo los privilegiados de la mística, que dicen haber visto esas entid~des re i
.
1 dan a los artistas para poderlas expresar en formas corporeas, en
giosas, as
. , .
· ,
de plástica pictonca.
d
imagenes
1 f.l, fo o más bien el teólogo, con los recursos e
O en el hallazgo por e i oso '
.
0
1
la
::~~icºa :e:: ;::nq;:r:::t!::~;ac7:~ ~~::~:~::· en la obr~ d~
. , teo'rica de su contemdo. La belleza abstracta es siem
arte O en 1a concepc1on
pre en relación con la obra conc~eta, ? réplica y res?uesta de 1o que vemos.
y la réplica es una figuración o simbolismo de la realidad.

¿:

Antropología filosófica
Cultura Económica. México.

BIBLIOGRAFÍA.

de E. CASSIRER. Editorial Fondo de

LENGUAJE Y REALIDAD

:~n

Marshall Urban, profesor norteamericano, incide
es~=
del simbolismo y de la realidad o en la representac1on y
148

!~~~~d:~. e~~~::

Marshall enseña en la Universidad de Yale. Nos encontramos ante una nueva
investigación de la realidad y de sus expresiones verbales, tomadas en su prístino sentido idiomático, ya que toda filosofía no es sino una crítica del lenguaje. Federico Nietzsche volvió sus ojos a la filosofía clásica y creó la idea
del superhombre y su metafísica trascendente. Urban se atiene a la realidad que ofrecen las palabras y considera a la metafísica como un híbrido
de poesía y ciencia. Se trata de un esfuerzo considerable para fundamentar
un neopositivismo, como "preludio de un denodado nuevo mundo, en que el
espíritu humano, habiéndose librado de los espectros de Platón y Aristóteles
y de la impedimenta de los siglos, pudiera entrar en la luz plena de una era
completamente científica".
Para obtener un nuevo resplandor de los hechos y de las creaciones ver~
bales del hombre, acude a los principios del simbolismo y que Ferrater Mora
sintetiza así en su Diccionario de Filosofía:
l. Todo símbolo que es símbolo "está en lugar de", representa algo.
2. Todo símbolo tiene una referencia dual. El carácter esencial del símbolo
primario, a diferencia del mero signo, es el hecho de que los caracteres
originarios del objeto intuible son en un cierto sentido idénticos a la significación que tienen como símbolo, con lo cual el símbolo se refiere al
objeto original y al objeto que representa.
3. Todo símbolo contiene a la vez verdad y ficción.
4. Principio de la adecuación dual; un símbolo puede ser adecuado desde
el punto de vista de la representación del objeto como objeto, o puede
ser adecuado desde el punto de vista de la expresión del objeto para nuestro
tipo especial de conciencia.
Urban ha buscado consecuencias a la investigación fenomenológica y en
especial a la teoría del lenguaje, comenzando por la filosofía de los textos,
en la estructura de los signos gráficos, o como signos de expresiones orales,
significando objetos simbólicos o los objetos mismos.
La metafísica aparece como un minucioso análisis de la realidad expresiva,
la palabra y el concepto, en la comunicabilidad e inteligibilidad, como nuevos Linneos de filosofía del lenguaje y la verdad filosófica se atiene a los
datos que nos comunican las palabras y su simbolismo semántico y filológico.
Lo que llamamos metafísica no está bien fundamentado, por haber caído
en un pragmatismo tradicional o en una casuística verbal.
Marshall Urban se propuso una metafísica natural del espíritu humano,
desde el punto de vista del lenguaje.
A Manuel Kant se le hicieron estas objeciones, que debió escribir una
Crítica del lenguaje y no una Crítica de la Razón: que si era posible el cono149

�cimiento nouménico o no lo era en los límites de la razón y de la ciencia,
pudo más bien haber pensado si el discurso o el alcance de las palabras tenían
sentido y eran inteligibles.
Marshall Urban en la introducción a su libro, acude a citas poéticas, como
las Upanishads: "Si no hubiera lenguaje, no podría conocerse lo bueno ~i
lo malo lo verdadero ni lo falso, lo agradable ni lo desagradable. El lenguaje
'
. ,,
es el que nos hace entender todo esto - Meditad sobre el lenguaje .
La posición de Marshall es la de un honrado hombre de ciencia, todo en
la naturaleza está pidiendo por descubierto y ordenado en ley, mostrado en
infinito despliegue encubierto. Se le podría objetar que a fuerza de enredamos en las palabras como hecho y como símbolo, o d~ afinar !ºs c~ncepto~,
no veríamos la realidad viva. Pero ¿qué otra tarea hizo la filosof1a tradicional? Tal vez sea el único concepto que nos sea dado a los humanos, ya
que nuestras conclusiones son siempre provisionales, y ~l filósofo ~u~a problemas teóricos, y no hay un sistema que haya prevalecido como un1co; nos
lanzamos tras una desesperante liebre mecánica y nunca la alcanzamos.
Se plantea el problema del lenguaje en la historia del pensamie~to, ~~ra
llegar a los propios problemas de una filosofía considerada. en su :ª~~ez ~d10mática. Pregunta Marshall qué es el lenguaje y sus funciones significativas.
Estudia después una fenomenología del sentido idiomático, con sus nocion~s
de denotación y connotación, a la comunicación inteligible y a sus condiciones. A un análisis del lenguaje y a sus problemas metalógicos, con el conocimiento por descripción y lenguaje, o por interpretación, hallando la verdad
como inmanente en el discurso: veritas in dicto.
O el simbolismo del lenguaje, con una filosofía de las formas simbólicas
y una teoría de las lenguas. Clasifica o investiga el simbolis°;o idiomático en
los distintos contenidos del saber. En la lengua de la poes1a establece una
distinción entre el saber poético y el saber científico; la primera es la original
y la segunda es la derivada. Se dice en los versos clásicos.

"Así nos hizo la naturaleza; en verso, melodiosa,
surgió la voz del hombre antes de hablar la prosa".
El símbolo poético se toma como forma del símbolo estético en general.
Olvidemos el carácter de revelación encontrado en muchos poetas, como Víctor Rugo, que decía cómo los ángeles le inspiraban, o en general la concepción clásica, para entrar en el intuicionismo o en el sentido de los signos
verbales.
Todos los símbolos poéticos son metáforas y salen de metáforas. "La metáfora pasa a ser símbolo cuando por medio de ella encamamos un contenido

150

ideal, que no puede expresarse de otra manera". Hace una filosofía de la
poesía, como un modo de aprehender la realidad o una metafísica disfrazada.
Investiga el simbolismo como principio científico. Ya para Pierre Duhem,
la relación del concepto o símbolo científico con la experiencia sensible, es
un problema fundamental, o el símbolo en las ciencias de la vida y del espíritu. O la consideración de doble aspecto en la definición de la ciencia;
como método lógico-matemático excluyendo de la ciencia y de su forma, todo
lenguaje. O el doble concepto de lo vivo y lo espiritual, tomados como símbolos de lo corporal o lo físico.
Estudia los símbolos religiosos y el problema del conocimiento religioso,
distinguiendo entre religión y metafísica. Y termina con la metafísica natural
del espíritu humano. Apela al pensamiento de Bergson; "la ciencia se esfuerza
por llegar a un simbolismo de relaciones". Y la metafísica natural "se esfuerza por llegar a un simbolismo de cosas".

ALGUNAS PRECISIONES DEL SIMBOLISMO DEL LENGUAJE
EN OTROS FILÓSOFOS

Tomamos del Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora: En teoría del conocimiento es el símbolo el modo como se ha expresado una realidad, a través
de notaciones conceptuales, lingüísticas o significativas no correspondientes
a un universo inteligible y substante.
Para Langer, el edificio entero del conocimiento humano se presenta, no
como una vasta colección de informes procedentes de los sentidos, sino como
una estructura de hechos que son símbolos y de leyes que son sus significaciones.
Para Diego Ruiz, la expresión situada en su lugar es un símbolo, de suerte
que el simbolismo aparecería como una técnica del manejo de las significaciones y la lógica sería una de sus partes.
Para Kant, el símbolo de una idea es como la representación de un objeto,
según analogía.
Para Guillermo de Occam, el signo no era ya lo que hace presente al conocimiento algo distinto de sí, sino lo que el objeto refleja en la conciencia, lo
que existe en el contenido de conciencia de un modo objetivo.
Hobbes define el signo como el antecedente evidente del consecuente, y a
su vez, el consecuente al antecedente, cuando se han observado antes consecuencias parecidas.
Cassirer ha investigado el signo y el símbolo como elementos conducentes

151

�a una comprensión de la naturaleza humana, la cual es, fundamentalmente
simbólica, o apta para el manejo de los signos. .
.
Richards asegura que los cánones del simbolismo constituye~ 1~ b~se de
todas las comunicaciones, sin las cuales no podría establecerse ~mgun siste~a
de símbolos, y por ¡0 tanto, ninguna ciencia, ni siquiera la lógica, concebida
como la ciencia de la sistematización de los símbolos.
BIBLIOGRAFÍA: Lenguaje y Realidad, de MARSHALL URBAN. Editorial Fondo
de Cultura Económica. México.
.
.
Diccionario de Filosofía, de J. FERRATER MoRA. Editonal Suramencana.
Buenos Aires.

SIMBOLOGÍA DEL ESPÍRITU
Tomamos como referencia inspiradora la Simbología del espíritu, de Jung.
.
. Cómo representa el espíritu del hombre sus contenidos vivenciales? ¿ Existe~ las ideas en potencia en la naturaleza humana, cuando se nace, o son por
el contrario forjadas con la experiencia vital?
Porque las ideas del hombre civilizado se encuentran como balbuceos en
el hombre primitivo. Los temores entre las ~uerzas podero~~ de la Natu:~leza que lo hacen adoptar actitudes reverenc1~les de lo re~gioso, la cr~c1on
de la ética social por necesidades de convivencia y la ~re~cio~ de los primeros
clanes como fundamento de progreso y las primeras mstituc1ones de derecho
frente a otros clanes o frente a otros hombres.
. Las ideas nacieron con el hombre o se despert aron con la necesidad de
(,

y la Antropología Filosófica, de Cassirer.

vivir?
Jung asegura que ex1'ste un inconsciente personal y colectivo. Pero este
,
inconsciente se da en el hombre civilizado, t~l ~~mo Jun~ lo conoce, ¿se~ia
igual en el hombre primitivo? El hombre pnrrutivo traen_a tal vez otro mconsciente del mundo psíquico donde surgió. ¿ Sería de ongen ce~e~te, o por
el contrario, el cuerpo físico y mental estaría en ~l~co com~ una pag~a d_onde
nada se ha escrito? o bien según la idea platomca, traena la expenenc1,a de
otras vidas, de una memoria olvidada y que a medid~ q~e transcurna el
•
'b d Ul·r·endo de nuevo la memoria o la conciencia de su pasado.
tiempo 1 a a q 1
.
.
. C,
· , el símbolo del demonio? La presencia del demonio o de
e orno surg10
.
1
. d fuerzas
, fue orio-inada con la aparición del bruJO, o a presencia e
Satan
e
·
1o, surgio
· ' e1 mago
· · 'bles
que producían el mal, y para conJurar
rea1es e mvis1
1 h
'd d
primitivo, tal como lo vemos hoy en comunidades atrasadas de a umaru a .

152

Se llegó después al mismo simbolismo demoníaco en las religiones civilizadas.
El demonio existe en la conciencia del hombre civilizado con otros simbolismos, porque en el hombre existe como necesidad profunda de su naturaleza
el demonio o el cielo de los simbolismos antiguos.
El culto de Ormus y Ariman en el magisismo persa, de Arjuna y Erisna
en el Mahabaratha, el demonio y el ángel del hebraísmo y del cristianismo,
los términos opuestos que son extremos de una misma verdad, aunque con
diferente signo, del hermetismo egipcio; en todo se repite un simbolismo de
formas que sin duda responde a una misma verdad desconocida en términos
de razón.
La idea de Satán es la presencia del mal en la conciencia de cada hombre,
creándose él mismo su propio demonio o su propio cielo, tal vez como anticipo de otro cielo y otro demonio en otra dimensión de tiempo y espacio,
después de la muerte corpórea.
Jung hace un estudio de Satán en el Antiguo Testamento y es una confirmación del mismo símbolo antiguo. En el pueblo hebreo se muestra como
revelación divina.
¿No sería una mente superior que confirma en la palabra o en el símbolo
la presencia de esta idea consustancial con el nacimiento del hombre?
Jung dice que el dogma religioso "es un símbolo con una imagen antropomorfa, establecida para designar un estado de cosas trascendente y que
no puede ser fundado en interpretación racional".
Aunque para Jung lo trascendente es interpretado como psicológico.
Jung presenta la figura de Satanás como no concebida en sí misma, sino
sólo en su relación con Dios y aunque en la historia de Job está Satán subordinado a Dios, considera que es sólo un aspecto de relación entre Dios y Satanás en el Antiguo Testamento. En el libro de Job aparece Satán como
creador de infundios y en Zacarías se le presenta como acusador y ángel
de castigo.
En el Antiguo Testamento el concepto de Dios es ambivalente, donde se
da la fusión de lo luminoso y de lo obscuro, del bien y del mal, en la personalidad divina única. Por eso el monoteísmo hebreo es la unidad de la
pluralidad. En el Libro de Job se presenta Satán como enemigo del hombre
y de Dios. El hecho de que a Yavé puedan atribuírsele acciones demoníacas
es porque existían leyendas antiguas sobre demonios, aunque al comentador
le parecía imposible la existencia de otros espíritus al lado de Yavé y "en un
piadoso afán, del demonio se hizo a Yavé ... "
La figura de Satanás se presenta también como el demonio de la enfermedad. Y añade: "parece más bien ser un espíritu maligno que tuviera poder
especial sobre tales demonios". Porque existía la creencia en demonios de la
enfermedad.

153

�A Satanás se le consideraba como el hombre que hace mal a otro hombre.
Von Rad en su tesis sobre Satanás asegura que "encama la amenaza a
los hombres por parte de Dios, ya sea como azuzador de sus fallas morales
o religiosas, o como principio demoníaco y destructor, firmemente anclado
en un plan de regeneración".
En Job la figura de Satán tiene el significado de policía divina y en el
Antiguo Testamento, Satán significa impugnar, retar, perseguir, o impugnar
por medio de acusaciones. El término Satán en un sentido primitivo significaba una persecución en forma de impedir la marcha hacia adelante.
El Daimon de Sócrates era el espíritu que le inspiraba o la fuerza contraria que le hacía tomar conciencia de la verdad.
En el libro número XXII, 22, Satanás es un ángel que se interpone como
adversario en el camino del hombre. Y como concepto mitológico es la figura
que se enfrenta al hombre con enemistad.
En Leviatan, es Satán un demonio espiritual, frente al cual Dios está en
controversia dialéctica.
Y Jung lo define así: "La Iglesia tiene la doctrina del diablo, de un principio maligno, que puede ser imaginado con patas de cabra, con cuernos y
con cola. La figura de un hombre medio animal y de un dios atónico que
parece haber escapado de una reunión de misterios dionisíacos, de un adepto
persistente del paganismo pecaminoso y alegre. Este cuadro es excelente y
caracteriza exactamente el aspecto nefasto del inconsciente, al cual no se tiene
acceso, y que por lo tanto, está anquilosado en un estado original de barbarie incontrolable".
Jung asegura que Satán "es el acto volitivo de Dios, que se hace realidad
partiendo de la personalidad de Yavé, o sea la hipótesis de situaciones activas
de Dios".
Jung establece los modelos específicos a los arquetipos universales de los
pueblos. El arquetipo es la suma de las experiencias y de la sabiduría de
todo un pueblo, representado en un hombre o en un grupo de hombres, en
oposición a los hombres con mentalidad de grupo que repiten las mismas
ideas grupales y no se diferencian en el orden intelectual unos de otros. El
hombre arquetipo es la máxima sabiduría del inconsciente personal y colectivo. Pero cada hombre del grupo puede llegar a la misma superación en un
proceso de decantación ideológica, logrado tal vez en varios siglos de experiencia vital.
Esta idea nos da la siguiente luz; hay ideas que se traen con el nacimiento
y hay ideas que se adquieren viviendo.
El inconsciente colectivo se encuentra en la tradición de un pueblo como
en la tradición de toda la humanidad, y esta tradición inconsciente se encuentra_con diferente grado lo mismo en la voz de un salvaje antepasado

154

c_omo en la voz de Platón o de Aristóteles; el hombre que recoge esas múl~ples :oces es el genio universal de la razón o el modelo arquetípico que
sunbohza el pasado de experiencias, legadas por la humanidad.
En la constitución psíquica del hombre actual lo mismo están presentes
las ho~das de Gengis Khan, las crueldades de los ejércitos orientales, la
barbane de los soldados romanos o el talento de los mercaderes fenicios·
en todo hombre está presente su pasado familiar, el pasado de su raza y ei
legado de la humanidad, en el colector inconsciente de su compleja personalidad. Nada se ha perdido. Lo que fue es.
¿ Podremos algún día recoger como recogemos las voces actuales de los
hombres, las voces de la Academia platónica o del Liceo aristotélico en
grabadoras adecuadas que la nueva técnica había descubierto, para volver
ª. recrear sus enseñanzas vivas, tal como las recogieron los discípulos atenienses?
¿ Podrem~s descub~ir el simbolismo del canto del ruiseñor en el pentagrama musical, lo mismo que hoy establecemos el simbolismo melódico de
la naturaleza?

. Todo lo que existe tiene existencia en razón de algo y anhela ser descubierto y expresado. En todo existe una enseñanza donde caben las firuraciones simbólicas o las verdades racionales. La expresión en el homb;e es
una conquista de perfeccionamiento moral o intelectual. O descubrir el
lenguaj~ ast~ológ_i~o de las estrellas _en el destino del hombre. La astrología
es la cifra simbolica de ese lenguaJe, con sus clasificaciones O sus convencionalisn:ios nominal:s,_ tomados sin duda de la realidad humana y estelar.
C? 1~ cifras .matem~tlcas que regulan el curso y las distancias estelares y
sigrufican la mfluencia sobre nuestro planeta. Jung recogió estos simbolismos
al hablamos del hombre astrológico.
El simbolismo queda expresado en todas las manifestaciones de la cultura
y es el reflejo del inconsciente colectivo. Cada pueblo o cada hombre expresa
lo que lleva dentro de sí, ofreciendo sus obras consecuentes.
En cada italiano, lo mismo encontramos a Rómulo y Remo que a Virgilio o Julio César, a Donatello o al Dante. En cada español, ~n Cid O un
Cervantes, un Velázquez o un Quevedo, un Roger de Flor o un Ausias March.
Y en un mexicano, lo mismo hallamos a un Cuauhtémoc O un Xicotencalt
un Antonio de Mendoza o un Motolinía, un Hidalgo cast;llano O un caciqu~
indígena.
Las expresiones sociales, literarias y artísticas de los pueblos, llevarán el
fulgor de los ~tep~s~dos, aunque de ello no sean conscientes. Una psicología
de las formas simbohcas, empleando el lenguaje de Cassirer en los diferentes
pu~b_los, nos daría mucha luz sobre el sentido de la cultur; 0 de su mensaje
espmtual.

155

�Hipólito Taine hizo una filosofía del arte, teniendo en cuenta las características diferenciales y peculiares de algunos pueblos europeos, asegurando
que el arte era la consecuencia de las psicologías nacionales. El hombre como
integrante de una comunidad nacional ofrece sus simbolismos o sus expresiones peculiares. Un doctor mexicano buen amigo mío, acusaba la doble
característica indc.,hispana. Aprendía idiomas con gran facilidad, como la
Malinche que ayudó a Cortés. Había un inconsciente colectivo de la magia
curativa indígena y era un médico de gran ojo clínico. Estaba presente en
su espíritu la herencia de un sacerdote azteca. Y el caso psicológico actual se
justificaba así. Su madre había muerto cuando era un niño de un año; tenía
una insuficiencia fundamental de lo femenino, que le creaba timidez y complejo de inferioridad con las mujeres. Reiteradamente había fracasado en
sus intentos amorosos. Para consolarse de su insuficiencia sentimental, escribía
literatura y filosofía. Sus representaciones formales eran líricas, con simbolismos de soñador. De otra parte, sentía la hidalguía castellana y sus criaturas
de ficción eran generosas, idealistas. Y de otra parte, sentía el complejo
indio, según sus palabras, el complejo de inferioridad y de su devoción por
las mujeres blancas.
Dice Cassirer que el hombre se diferencia de otras especies animales en
una marca distintiva. Su círculo funcional "no sólo se ha ampliado cuantitativamente, sino que ha sufrido también un cambio cualitativo". El hombre
vive en un universo físico como las otras especies, pero se ha creado además
un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión son partes
de ese universo, en donde se va formando toda la experiencia humana y va
abandonando la realidad física en la misma proporción que avanza en la
actividad simbólica. Y ahora todo lo que ve o conoce, lo hace a través de
las formas simbólicas que ha creado, bien sean lingüísticas, artísticas, en los
símbolos míticos o en los mitos religiosos.
Y cita a Epicteto: "Lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas,
sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas".
Y el hombre como animal racional sigue teniendo verdadera significación.
Aunque el mito se explica por un sistema conceptual no se puede caracterizar
al mito como racional. Y es que junto al lenguaje conceptual tenemos un
lenguaje emotivo; el lenguaje lógico o científico y el lenguaje de la imaginación poética. Y el hombre podría definirse ahora no como un animal racional, sino como un animal simbólico. Es el nuevo camino de la civilización
abierto para el hombre.
Y asegura Cassirer que no existe fenómeno natural, ni de la vida humana,
que no sea capaz de una interpretación mítica y que no reclame esta interpretación.
Pero el mito no tiene categorías lógicas. El mito es ficticio y nace de una

ficción inconsciente. Malinowski dice que todo mito posee, como núcleo o
realidad última, algún fenómeno natural, entretejido laboriosamente en una
fábula, a tal grado, que a veces casi lo cubre y disimula por completo.
Para Freud, las creaciones míticas, no serían sino variación y disfraz del
tema psicológico de la sexualidad.
La visión de la naturaleza en el hombre primitivo no es teórica ni práctica
sino simpática, de donde brota el mito, que siempre lleva un trasfondo emotivo.
Los mitos llevan esta característica diferencial del lenguaje filosófico de
la lógica de la razón. Así el mito, de Prometeo que trae el fuego a los hombres desde el cielo; el mito del Zeus olímpico, que es un dios de la naturaleza,
adorado en las cimas de las montañas y que gobierna sobre las nubes la
lluvia y el rayo. En Esquilo, es Zeus la expresión de los ideales éticos ; el
guardián y protector de la justicia.
•
El mito participa de la misma naturaleza emotiva que la religión. Cuando
no podemos expresar algo con lenguaje científico, lo expresamos con el lenguaje de los mitos.
La religión, dicen los teólogos, no es irracional, sino supra racional o que
no puede expresarse en lenguaje racional. Aseguraba Santo Tomás que hay
verdades de razón y verdades de fe. Pensemos que el Evangelio para ser
comprendido fue escrito con alegorías. Los mitos antiguos estaban relatados
en el lenguaje metafórico para ser entendidos, aunque el mito responde siempre a una realidad.
Desentrañando el significado del mito, podremos llegar a determinar la
vida ultraterrena o la vida anímica del hombre. Los sueños revelan por
medio _de símbolos la realidad de la conciencia. Y los mitos podrán revelamos
la realidad metafísica de la religión.
El hombre es siempre doble en su constitución mental, lo mismo que su
cuerpo participa del mito de Adán y Eva o de la doble naturaleza masculina
y femenina, escindida en la lejanía de los orígenes bíblicos. Por eso el hombre es lógico y mágico o cortical e hipotalámico. Con la razón del hombre
cortical, no descubrimos las razones últimas de la existencia y acudimos a
nuestra substancia hipotalámica y figuramos con mitos lo que no descubrimos
con la ciencia o con las luces de la razón.
El esquizofrénico es un hombre enfermo del sentimiento o de actitudes
hipotalámicas y se expresa por medio de símbolos. Volver 'a la infancia a
los balbuceos del sentimiento de los orígenes, es encontrar la terapéutic~ a
su intranquilidad.
Anatole France dicen que en su enfermedad final, regresó al lenguaje de
la infancia y eso explica cómo los ancianos revienen a la infantilidad o una
forma de consolarse de su ancianidad.
'
Los símbolos de Adán y Eva son las figuraciones de lo masculino y fe-

157
156

�menino. Los símbolos religiosos son fulgores de una realidad invisible e inexpresable en palabras. Y Dios, la máxima figura religiosa, aparece _re~onocido
como "Deus absconditus". El lenguaje poético son símbolos del sentlIIllento, en
oposición al lenguaje lógico o científico.
Ana Bessant, en su "Cristianismo esotérico", asegura que Cristo tiene tres
aspectos interpretativos; el mítico, el místico y el histórico.
El primero es el mito, solar en el lenguaje de los ocultistas y que existe
en la tradición egipcia y oriental. El sol es el padre de nuestro sistema solar
y la luna es la madre; los dos símbolos están encamados en una madre con
un niño. La virgen Devaki egipcia tiene en sus brazos al niño Horus y fue
adorado por el pueblo del Nilo. El sol alumbra la vida de los planetas y tiene
ut!a luz espiritual diferente de la luz física.
Cristo místico es el que estudian las Iglesias cristianas y Cristo histórico
es el conocido en la historia, o la ciencia de los hechos del pasado.
La luz de los tres Cristos interpretativos alumbra todo posible conocimiento sobre el guía espiritual de los hombres de la tierra, aceptado especialmente
hasta ahora por los pueblos occidentales.
BIBLIOGRAFÍA: Simbología del Espíritu, de Jung.-Editorial Fondo de Cultura
Económica.-México.

Mrro

y ESTÉTICA DE LA PINTURA DEL GRECO

Nos encontramos ante una de las obras estéticas más representativas del
arte español y universal, comparable en su grandiosidad con las grandes creaciones del genio humano y que Manuel B. Cossío considera en su manufactura
técnica y en su espíritu, aunque de diferente temática y técnica pictórica, a la
Capilla Sixtina.
El mito se produce cuando existe una des-realización de la realidad, o una
transformación de la naturaleza en otra naturaleza de arte, que el temperamento del artista ha creado. La naturaleza es la verdad y en oposición a
la naturaleza está la creación de otra naturaleza de espíritu.
El arte pictórico del Greco es de un naturalismo ideal o de un realismo
idealizado en la sencillez y profundidad de la plástica y del espíritu que lo
anima.
La expresión de la estética consiste en el carácter general de los cuadros
pintados y en la manifestación del Inito ideal, representado por el conjunto
de las figuras, de los planos, de las perspectivas o de los colores, por la luz

158

pintada que patetiza lo pintado, logrando expresar un nuevo umverso de
contemplación estética.
Estudiar a un pintor de genio debe hacerse en todas y cada una de sus
obras, pero en todas existe el mismo carácte,r fundamental o la unidad general del fondo y la forma, dentro de las diferencias de los temas que les ha
impreso el mismo creador, o que en todas las criaturas existe el mismo aliento
del creador.
Tomemos una de las obras más representativas; el Entierro del Conde de
Orgaz.
El Greco escogió esta leyenda del caballero de Orgaz que estaba en la
tradición toledana. Aunque en realidad se dio al hombre piadoso y caritativo,
no había motivo verdaderamente justificado para el milagro producido, que
fue creado por la imaginación de las gentes, que en el correr de los tiempos
todo lo mitifican.
El Greco inmortalizó con tradición piadosa en su pintura, la aparición en
el entierro de los santos Esteban y Agustín, preiniando al fallecido con su
presencia protectora, fue la causa inspiradora del cuadro.
En la concepción y en la obra se manifiesta una aureola mítica, des-realizada, logrando el impacto estético de la hermosura de los personajes y de la
obra en general, al resaltar un carácter singular y de la obra en general, el
Greco ha logrado hacer visible una realidad invisible valiéndose de los recursos de la plástica.
El Greco se identifica plenamente con el espíritu español del siglo XVI
y particularmente con la ciudad toledana, donde se halla la síntesis· más perfecta de las diferentes civilizaciones que pasaron por la península ibérica. ¿ Cómo no produjo esta identificación tan fiel? Se desconoce, puesto que la figura
del pintor es todavía un misterio. Viniendo de Creta y de Italia, con la
influencia de los pintores italianos, se desnuda de toda adherencia imitativa
y crea una obra absolutamente original y de caracteres castizamente españoles.
Refleja la tristeza de Castilla en el siglo XVI, en que la decadencia se
produce a grandes pasos hasta culminar físicamente en aquel Carlos 11, el
Hechizado, el último monarca de los Austrias. El Greco vive en tiempos de
Felipe 11, que no comprendió su pintura, y prefirió a los académicos italianos
que pintaron El Escorial.
A diferencia de Velázquez o de Goya, que son pintores de la vida, el Greco
es el pintor del espíritu triste y concentrado de esa época de la sociedad española, en unión de Zurbarán o de Ribera el Españoleto, cuyas temáticas de
santos o de frailes estáticos, coinciden con el espíritu del pintor aretense españolizado.
El Greco lo mismo que Cervantes no tuvieron conciencia de lo que estaban
haciendo. Casi desconocidos en su tiempo, no pudieron pensar en la trascen-

159

�dencia de su obra para España y para la h~~idad. Ce1:'antes apenas si
pudo sentir la alegría de su gloria con la pubhcac1on del QmJ_ote. La segunda
parte fue en los últimos años, cuando estaba a punto ~e morir. E_l Greco fue
casi desconocido para sus contemporáneos y para vanas generaciones posteriores, hasta que Manuel B. García nos lo dio a conocer en toda su grandiosidad.
,
Cossío asegura además que la pintura del Greco ~fluy~ e? _Velazquez posteriormente con su realismo luminoso y con su técnica p1c~onca. Igua~ente
· ·
frances,
' como D egas, Renoir o Gaugum, y en la pintura
con el impres1omsmo
modernista actual.
Einsenstein el director de cine, que influyó en Emilio Femández, se ~nspiró
en la pintura' de la ciudad de Toledo, concibiendo diferentes planos cinematográficos.
.
. .,
, .
, .
El Greco estaba sin duda agobiado por la 1mpos1c10n del espmtu teo1~g1co,
al lado de los hidalgos pobres y orgullosos y la tristeza ~e la decadencia española que se acusaba en el ambiente, y buscó, como se dice ahora, un esca~e
hacia la abstracción de la realidad y demostró que el arte pued~ :rearse sm
cánones académicos ni recetas establecidas y que basta un sent1m1ento profundo y una inspiración para crear un arte personalísimo.
Rodney Collin en su "Teoría de la vida eterna" ase~ur~ que el Greco
expresaba sus distintas encamaciones y que cada personaje tlene una luz familiar con el pintor.
.
., .
Es una curiosa teoría sin validez científica, pero es una mte~retac1on interesante del cuadro del Entierro. Reproducimos sus palabra~ lit:ralmente:
"El Greco: Entierro del Conde de Orgaz, 1586. En la parte mfenor,_ gr~ves
deudos muestran las distintas partes del hombre muerto, en tanto que md_1can
con la otra mano el destino de cada una de ellas, la ~beza o la p~rsona~dad
se desvanece, las partes inferiores son destinadas a la berra, e~ co~azon al cielo.
Por el borde de la capa pluvial del Obispo, las sombras de el mismo en otras
vidas, pasan por su cerebro. Y la llama de la energía solar, l'.berada por la
muerte arde aquí y allá en los circunstantes, en veces como impulso sexual
y en v~ces como conciencia. Los circunstantes no son otros que el hombre
mismo en todas sus edades, todos sus yoes.
.
,
"Por encima y entre el cielo y la tierra un án~el recoge ya de Cnsto, Mana
José el embrión todavía informe de otra vida en tanto que S'.1°. ~edro
~uy;s llaves de los mundos visibles e invisibles son el símbolo del inf1rutoy toda la compañía de Santos observan. Y San Pedro, San José, los Santos
y Cristo son él mismo".
.
Lo que es evidente es que el Greco pintó en este cuadro del En:1erro dos
diferentes dimensiones del espíritu humano, el terrestre y el celestial. Y en
las dos dimensiones existe una luz unitaria que le da al conjunto la impresión

160

de que en esa forma nunca se dio en la realidad; es una nueva realidad pictórica y luminosa, creada por el pintor, de la misma forma que la corporeidad
física cambia a la luz del sol, de las velas o de la electricidad. La luz del
Greco es luz espiritual.
Como el hecho del Entierro había ocurrido muchos años antes y es presentado en el Templo de Santo Tomé como si fuera entonces, o en la actualidad del Greco, las figuras se dijeran con la luz dimensional de ultratumba,
desconocida para los humanos y que el pintor quiso representar; es un realismo como concebido en una serena visión onírica, en que el pasado se hace
actual con toda la impresión viva, como si ahora lo estuviéramos viviendo.
El milagro del arte es que hizo eterno lo que fue un episodio intrascendente, válido tan sólo para la época del Conde de Orgaz. Y llamo milagro
en el sentido de que una imagen pictórica lo eternice para todos los tiempos,
no por el Conde de Orgaz, sino por el Greco.
Manuel B. Cossío dice que el misticismo puede ser o no ser religioso para
explicar el Entierro: Mística es una actitud mental. El Entierro es religioso
por la presencia de mantos y de clérigos, pero el tema pictórico es independiente de las calidades artísticas. No importa lo que se pinte o lo que se pretenda hacer en un orden artístico, lo importante es cómo se ha representado.
La mística es una actitud contemplativa a diferencia de la actitud analítica
de la ciencia, o un conocer dianoético y no noético.
El tema de la muerte puede ser religioso o puede ser un intento de captar
otra dimensión espiritual post-mortero. Creo que ambas actitudes se dieron
en el Greco, buscando una imagen abstracta con los recursos de la plástica,
y en eso consistió su genio.
Cossío establece un parangón del Entierro con Don Quijote. Son diferentes,
porque el uno es pictórico, y el otro literario. El Entierro es triste no sólo por
el asunto, naturalmente serio, sino, por la técnica de las formas y el Quijote
es humorístito y triste. Pero los dos son "las dos fuentes de vida más intensa,
las dos más armónicas y originales conjunciones de idealismo y realismo que
en el arte español se han producido".
El Universo pictórico del Greco ha representado el alma de los españoles
en el siglo XVI; es la más concluyente aportación a la psicología hispánica
en tierras de Castilla y tiene tanto valor representativo como El Escorial en
la piedra arquitectónica, señalando un carácter ético y estético inconfundibles.
La realidad adquirió las dimensiones del mito por la estética del arte pictórico, logrado con la expresión de un artista genial. Y fijando el carácter
de un pueblo, con la revelación realista y abstracta, armonizando todas las
figuras en una unidad indestructible, dentro de la gran variedad, lo mismo
el conde muerto que los santos o los cléricos o los hidalgos o la visión angélica

161
Hll

�en armonía con la terrena. La luz creada con la paleta del pintor lo unifica
todo.
Los rostros de las figuras muestran las diferentes psicologías, que son como
mascarillas en cera de seres que fueron vivos y que ahora están viviendo en
otra dimensión espiritual, pero las mascarillas son de una gran fidelidad al
original.
Dentro de las diferencias individuales, en todos se manifiesta la unidad
del espíritu español, con esa luz realísima o irreal que el Greco supo pintar.
BmuoGRAFÍA: El Greco de MANUEL B. Cossío.-Editorial Espasa-Calpe.
La Teoría de la Vida Eterna, de ToDNEY CoLLIN.-Editorial Sol.-México, D. F.
The paihtings of El Greco.-Phaidon Press. Londres, 1938.
El sentido del Cine, de SERGIO EINsENSTEIN.-Editorial Lautaro.-Buenos
Aires.

162

Sección Segunda

LETRAS

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="305">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3234">
                <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479096">
                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142344">
            <text>Humanitas</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142346">
            <text>1964</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142347">
            <text>5</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142348">
            <text>Enero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142349">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142350">
            <text>Anual</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142368">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142345">
              <text>Humanitas, Sección Filosofía, 1964, No 5, Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142351">
              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142352">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142353">
              <text>Filosofía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142354">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142355">
              <text>Letras</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142356">
              <text>Humanidades</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142357">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142358">
              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142359">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142360">
              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142361">
              <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142362">
              <text>01/01/1964</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142363">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142364">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142365">
              <text>2015875</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142366">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142367">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142369">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142370">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142371">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="13766">
      <name>Autoconciencia</name>
    </tag>
    <tag tagId="13765">
      <name>Filosofía presencial</name>
    </tag>
    <tag tagId="2998">
      <name>La muerte</name>
    </tag>
    <tag tagId="13680">
      <name>Lógica</name>
    </tag>
    <tag tagId="13769">
      <name>Mito</name>
    </tag>
    <tag tagId="9423">
      <name>Orden</name>
    </tag>
    <tag tagId="13768">
      <name>Pensamiento del hombre</name>
    </tag>
    <tag tagId="13764">
      <name>Poder</name>
    </tag>
    <tag tagId="13767">
      <name>Temporalidad</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
