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                  <text>Sección Tercera
HISTORIA

�LAS INCURSIONES DE LOS BARBAROS EN EL
NORESTE DE MÉXICO, DURANTE EL SIGLO XIX
lsRAEL CAvAzos GARZA

Univrrsidad de Nuevo León, México.

LA HISTORIA DEL NORESTE DE MÉXIco, y particularmente la de Nuevo León,
está constituída, durante toda la etapa colonial, por una lucha constante contra las tribus salvajes. Basta examinar las fuentes bibliográficas y documentales, para percatarse de este hecho. El colonizador de la región tiene que
empuñar las armas desde su más tierna infancia, a fin de defenderse. Y hasta
la mujer toma participación directa en esta vida de perpetua zozobra, por
ser tierra de "guerra viva", esto es, ininterrumpida.1

Todavía en las postrimerías del siglo XVIII, hay que enfrentarse a este
serio problema. Originalmente fue obligación particular de cada vecino contrarrestar la amenaza; a partir de 1762, con el establecimiento de las Compañías Presidiales, la defensa es conjunta. Y las tribus bárbaras, merced a la
obra apostólica de los misioneros, se someten, aunque en mínima parte, a
vivir en pueblos, o se ven obligj:l.das a replegarse a sitios alejados del español.
Esta retirada se realiza, primero, hacia el oriente; pero, al ser colonizado Tamaulipas, se repliegan a los desiertos norteños.
Hay una etapa de paz, lograda por las compañías Presidiales, que establecen
un dique a las incursiones. El sistema de defensa prevalece hasta la segunda
década del XIX, en que es objeto de innovaciones,
Y entretanto que se opera la retirada de estos grupos que no se incorporan a
la vida civil española, en los Estados Unidos tiene lugar otro desplazamiento,
en sentido inverso, de los núcleos con los cuales el, anglosajón no acepta mezi Para el estudio de las incursiones en el siglo XVII, véase: Historia dt Nuevo León ...
Escrita en el siglo XVII por el Cap. ALONSO DE LEÓN, JUAN BAurtsTA CHAPA y el Gral.
FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMORA. Centro de Estudios Humanísticos, Universidad de Nuevo León; Monterrey, 1961.

343

�ciarse. Poco a poco van siendo concentrados hacia el río Colorado y Wichita,
límites entonces con nuestro país. Las reservas indígenas vienen a formar
pueblos con casi absoluta independencia. Habitantes del noroeste de los Estados Unidos, recorren las Praderías, dedicados a la caza del cíbolo, en verano, y bajan a los ramales del Colorado o el Brazos, en invierno.
Esta concentración, realizada en 1831 hacia las fronteras mexicanas, constituye una seria amenaza. Antes de este año, las depredaciones de los bárbaros, salvando con dificultad la barrera de presidios, efectuaba incursiones
que se limitaban al sacrificio de ganado y al hurto de éste en no muy gran
escala. Cuando el gobierno de México otorga concesiones a colonos texanos,
tales incursiones van gradualmente en aumento. Las Compañías de Bahía,
Álamo y Espíritu Santo, llegan a ser insuficientes. Las tribus bajan hasta el
r.ío Grande, y los pueblos de la ribera sur, particularmente Lampazos, sufren
asaltos a partir de 1820.
La anexión de Texas a los Estados Unidos, motiva más tarde el establecimiento de una cadena de fuertes militares, en sus límites con Nuevo México.
Estos son, sin embargo, ineficaces, y las depredaciones aumentan cada día.

COMERCIO n.ÍCITO

En la región noroeste de los Estados Unidos, surgen a partir de 1~35, circunstancias que agravan el problema. Los coroneles Chouteau, pnmero, Y
Mason, después, entablan negociaciones con las tribus para el tráfico ~e. efectos robados en México, a cambio de los cuales reciben armas Y muruc1ones.
Los propios funcionarios oficiales, americanos y mexicanos, disim~l~ este
tráfico deshonesto y aún participan en él. Y llega a ser común el transito de
caravanas de Santa Fe y Chihuahua, conduciendo armas y wisky, que han de
cambiar por caballada y otros productos. 2
Ha sido establecida para el caso, en e] campo Holmes, en jurisdicción de
1os Estados Unidos, una casa-trato, a donde llevan los comanches el fruto , de·¡
sus rapiñas. y si las depredaciones anteriores a ese año, tuvieron como mov1
principal el deseo de venganza por el despojo de las tierras, ahora es el botín
el motivo primordial.
El problema entonces recrudece. Los asaltos salvajes, como que tienen ahora
algo de sistemático, debido a la obra de los blancos. En 1840, se observan a~•
ques simultáneos. Bajan, unos, a San Buenaventura; acampan frente a Salb• Informes . .. de la Comísi6n Pesquisidora de la Fron(era del Norte ... México, Imp.
de Díaz de l..eón y Whitte; 1874. p. 35.

344

Uo, y hacen incursiones por Aguanueva y el Salado hasta Morterillos, cerca
de San Luis Potosí. Otros entran a Nuevo León, por Bustamante, hasta Salinas y el Topo de los Ayalas, a inmediaciónes de Monterrey; entretanto que
otros atacan los pueblos de la ribera sur del río Grande, en Tamaulipas.
Firmado el Tratado de Guadalupe (2 Feb. 48), su capítulo 11 establece el
compromiso de los Estados Unidos de ayudar a contener las incursiones, y
el de indemnizar a los mexicanos afectados por éstas en sus bienes. Durante
largos años carece de poblaciones aquel pais en su nueva e inmensa frontera,
y los fuertes, establecidos a lo largo de ésta, son deficientes, y toleran abiertamente el paso de las tribus a nuestro país, sin intervenir para nada en su persecución o castigo, ni mucho menos en el rescate de lo robado para restituírlo
a sus dueños.
Las incursiones, a pa1tir de 1848, aumentan en forma alarmante. Reinosa,
Camargo, Mier y Laredo, cuyos vecinos tienen sus ranchos en la ribera norte
del río Grande, padecen asaltos con mayor frecuencia. Guerrero, Tamps., ha
sufrido sesenta incursiones, en el lapso 1848-65, con un saldo de 78 muertos.
En Nuevo León, situado en el centro, han sido "inmensas, incalculables, las
depredaciones". El gobernador del estado, en su informe de 1850, señala que
han sido "menos frecuentes", y que sólo hubo 86 asaltos sobre 16 pueblos del
estado en ese año. 8 Coahuila, de frontera más extensa, difícilmente controla
los ataques. En 1851 ha sido invadido por más de tres mil indios y los estragos son insospechados.
En 1852, el radio de acción de las incursiones se ha extendido. En el mes
de julio, han bajado hasta Fresnillo, Sombrerete, San Andrés Teul, Jerez, y
aún a las cercanías de Zacatecas. En Fresnillo ha habido 50 muertos, y sólo
en el partido de Mazapil más de 400.
Doscientos comanches han caído sobre el Táscate, Dgo. (23 de Jul.), y en
la refriega han muerto 21 hombres. En abril del mismo año, las hordas comanches alcanzan a llegar hasta Colotlán, Jalisco.4
Santa Rosa, Morelos, Guerrero y Palomas, en Coahuila, se convierten en
campo propicio para las depredaciones.
En Nuevo León, que en 1852 habían llegado sólo hasta el Topo, bajan, dos
años después, por Linares, Montemorelos, Iturbide, Galeana y Dr. Arroyo.
Estos pueblos no tienen la experiencia de los del norte, y el ataque a Peñuelo,
en Galeana, ocasiona más de doscientas víctimas. En 1858, han llegado a
Guadalupe, a inmediaciones de Monterrey, y están en las montañas .que circundan la ciudad.
El Paso del Pan, sobre el Bravo, es el punto de acceso más común para el
• Memoria, Monterrey, 1850.
• Organo Oficial, de Nuevo Le6n. No. 75, Monterrey, jueves 27 de mayo de 1852.

345

�noreste. Entrando por el puerto de Guerra, toman puntos estratégicos, y, desde
las lomas de la Oración, Pájaros Azules, cerro del Pánico, la Paila Y Jaco,
hacen sus agresiones a Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

TOLERANCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

El tráfico entre las tribus y blancos corrompidos, incrementado sin escrúpulo por agentes oficiales americanos, ha sido señalado _como causa ~rincipal
de las incursiones de los bárbaros, sobre el norte de México. Pero, motivo muy
esencial lo es, indudablemente, la tolerancia del gobierno de los Estados Unidos, infringiendo el compromiso establecido en el TratadO' de Guadalupe.
Por lo que al estado de Texas se refiere, se observa una abierta instigación
a los indios, por parte de los colonos, antes y después de la segregación. Los
pueblos fronterizos mexicanos, se quejan constantemente de que no hay protección para sus intereses que han quedado allende el Bravo. En forma patente se advierte que, a todo lo largo de la frontera, los indios cruzan los límites en presencia de los fuertes, sin que en éstos se vea el menor interés por
impedirlo.
y la situación para los pueblos mexicanos limítrofes se hace más crítica,
por cuanto a que se ven impedidos de castigar a los agresores, que, con sólo
cruzar la frontera, se ven salvos en terreno inviolable.
No es posible ya, como en los tiempos de Ugalde o de Zapata, llevar la
guerra hasta los campamentos indios sin provocar un conflicto internacional.
Abiertamente también se observa cómo se proporcionan armas y municiones
a los indios, a bajos precios; y que los salvajes traen pistolas de repetición Y
carabinas que sólo allá pueden adquirir. Muchos testimonios de cautivos rescatados, coinciden en que los comanches "andan vestidos como la gente~ con
chalecos y medios pantalones, con muy buenos sombreros, y que son muy buenos amigos de los americanos" .5
Obligado el país vecino a ayudar al rescate de lo robado y de los cautivos,
se da el caso de que militares no muy escrupulosos, pidan al gobierno de Nuevo León 80 pesos por cada uno de los jovencitos sacados de poder de los
indios. y la frontera no sólo sufre por largos años el azote del salvaje, sino
que ve, añadido a éste, el constante del filibusterismo, tolerador también
abiertamente; o el de grupos de blancos que, disfrazados de indios, caen sobre
• Informes . .. p. 22.

346

los pueblos indefensos, causando iguales o mayores daños, por venir mejor
armados y montados. 6
Desde los primeros años siguientes al Tratado de Guadalupe, se inician reclamaciones infructuosas de indemnizaciones. Y éstas han de ser objeto, en
1873, de un magnífico estudio realizado por la Comisión Pesquisidora de la
Frontera del Norte. Observa ésta que, de 1861 a 66, lapso de la guerra de los
confederados en Estados Unidos, las incursiones van en disminución, hasta casi
extinguirse. Y lo atribuye, categóricamente, a que los fuertes fronterizos americanos son desamparados, y a que, por ello, acabó el comercio criminal de
los agentes oficiales.

LAS TRIBUS SALVAJES

Alguna vez, las autoridades americanas protestan por incursiones de tribus
residentes en México, pero la citada Comisión comprueba más tarde, que
todos los ataques sufridos en territorio americano, han sido hechos por indios
residentes allá.
De los indios Carrizos, de Reinosa y Camargo, a los que se atribuyen asaltos, sólo quedan algunos descendientes, mezclados con el pueblo, y, de hecho,
han desaparecido.
Los Carancahuaces, habitantes originalmente de Espíritu Santo, y arrollados
al separarse Texas, están, en 1851, en la Mesa, en Reinosa. De aquí son concentrados, debido a sus pillajes, a las cercanías de Burgos y al municipio de
China, en Nuevo León; pero vuelven nuevamente a la Mesa, y, combatidos
por los vecinos de Mier, se reconcentran a Texas en 1859, y alli se extinguen.
En 1850 se celebran convenios por el jefe de las colonias militares de Coa.
huila, para dar tierras a los seminoles, kickapoos y mascogos. Estos, a cambio,
obedecerán nuestras leyes, ayudarán a combatir las incursiones y a guardar
la armonía entre ambos países. Los kickapoos se revelan y vuelven a los Estados Unidos. Retornan en 1864 a Santa Rosa, y, en 1870, su número es muy
reducido.
Por cuanto a los seminoles, encontrándose inconveniente su proximidad a la
frontera, son concentrados a las montañas de Santa Rosa, y se les dan 52 sitios
de tierra en Nacimiento, Durango. 7 Participan de 1854 a 56, en campañas
contra los comanches y mezcaleros; siembran maíz y frijol, y son inclinados a
• Para la historia del filibusterismo, véase el mismo libro de la Comisi6n Pesquisidora,
pp. 1 a 124.
' El gobierno de uevo León celebr6 convenios sobre los seminoles y mascogos el 16 de
octubre de 1850 y e1 26 de julio de 1852. Para los primeros véase también: EowARD HoLT

347

�la caza y a recibir instrucción cultural y religiosa. En 1857 son diezmados por
la viruela. Muchos se vuelven a los Estados Unidos, y sólo 60 permanecen
en Santa Rosa.
En la mesa de Catujanos, próxima a Lampazos, residen temporalmente
los lipanes, los que, con los mezcaleros y gileños, son conocidos con el nombre
genérico de apaches. Estos y los comanches y los caiguas, son los autores de
todos los asaltos a los pueblos del noreste. Visten todos igual, con escasa diferencia.
Las flechas comanches son más cortas y mejor acabadas y usan éstos tres
grandes trenzas; mientras que los apaches solo usan un molote en el pelo, o
se lo cortan hasta el hombro. 8
Las listas del pillaje capturado a los salvajes, y publicadas en el Organo
Oficial de Nuevo León, registran prendas indias, tales como: cotones de manta, chimales, belduques, lanzas, cueros de león, fustes, cueros de cfüolo, teguas,
sudaderos de cíbolo, cencerros, gamuzas, jorongos, reatas de cuero, etc.

ESTRATEGIA 'INDÍGENA

Tienen los bárbaros amplio conocimiento del terreno, aunque nunca antes
lo hallan andado. El cacique Tabaquena, de las Praderías, tenía, al decir de
la Comisión, un mapa señalando los establecimientos mexicanos con mayor
precisión que los mapas de los blancos.
A su astucia para robar, unían la destreza y sagacidad para defenderse, y
el arrojo para atacar. Habilísimos para montar, ancianos de Bustamante, N. L.,
nos han referido que sus padres vieron entrar al pueblo los caballos, al parecer
sin jinete, que venía vuelto hacia abajo.
Desde las Praderías, bajan a millares hasta un punto determinado e inaccesible, y desde allí hacen sus correrías invadiéndolo todo; repitiendo, si es
necesario el ataque, y saliendo con el botín. En esta táctica, no observada antes de 1840, ven los conocedores de las costumbres de Jos indios, la probable
organización de los blancos.
Los grupos grandes se fraccionan en pequeños, que asaltan simultáneamente
diversas poblaciones. Por tres o cuatro partes distintas aparecen en un pueblo,
ardid guerrero que confunde a los vecinos, los cuales no aciertan qué punto
defender. Verificado el robo, salvan el botín, que se adelanta a toda carrera,
MosELEY, The Public Career of Santiago Vidaurri, 1855-1858. (Tes.is de grado). University, Alabama, 1963, 387 pp.
' Informes .. . , p. 59.

348

entretanto que el resto espera entre las montañas. El triunfo es celebrado con
"alegría infernal", según expresión de un periódico de la época.
Y resulta increi'ble que, por pequeña que sea una partida de indios, raras
veces es castigada o aniquilada. En los pueblos inmediatos a la frontera, hay
el argumento de que cruzan a territorio extranjero. Más al interior, el salvaje
se interna en lo más fragoso del ·monte, a donde no puede el blanco penetrar
sino a pie y nunca con la agilidad del indio. Muchas son, sin embargo, las
ocasiones en que son alcanzados. La cifra de sus muertosi es ridícula o difícilmente obtenida, debido a que el salvaje tiene buen cuidado de ocultarlos.º

RUINA Y DESOLACIÓN

Viven los pueblos en zozobra perpetua. No bay seguridad de los bienes ni
de 1a vida. Los hogares, los campos y los caminos, no están exentos de la terrible amenaza. El Regulador de Guanajuato, refiriéndose a estos pueblos dice:
"Una guerra cruel y desoladora los consume, desde muchos años ha. Los
bárbaros les talan los campos, les destruyen sus mieses, les roban sus ganados,
les matan sus ciudadanos, y les arrancan las mujeres y los niños". 1 º
Los giros comerciales y del campo están paralizados. De nada vale a Nuevo
León "la notoria laboriosidad de sus habitantes", a que la Comisión Pesquisidora ya alude en 1873.n
Hay inseguridad en los caminos. Los viajeros, para trasladarse de un sitio
a otro, por cercano que sea, se reúnen en caravanas. En los desiertos se ven
los carros y carretas abandonadas por sus ocupantes que fueron muertos u
obligados a huír. Es com(m que el caminante encuentre su muerte y su sepulcro en el desierto.
Es frecuente asimismo ver en los archivos norteños, disposiciones testamentarias por motivo de viaje, por corto que éste sea. El Lic. Juan N. de la •
Garza y Evia, gobernador de Nuevo León en diversas ocasiones, dicta su
testamento porque va de Monterrey a Cerralvo ( 1853). (Murió en 1877).
La estadística, sólo para el caso de Nuevo León, es pavorosa. En 2'2 años
( 1848-70) registra 809 incursiones, con 935 muertos. Llega a establecerse comparación entre esta guerra y los estragos del cólera morbo. En ocasiones la
defensa resulta inútil. El gobierno de Nuevo León, recibe aviso de que en el
asalto a Baján, "no había quedado persona viva".
• Los partes rendidos al gobierno por las autoridades municipales, sobre cada asalto,
dan detalles minuciosos sobre la táctica salvaje.
'º Reproducido eo el Organo Oficial de Nuevo León, Jo. de enero de 1852.
u Informes ... , p. 33.

349

�CAUTIVOS

Con el botín de guerra el salvaje lleva también a los cautivos. El jefe de
familia es muerto, pero el indio captura a las mujeres y los niños. Con aquéllas
se cometen actos de violencia. Los niños son llevados ,a lugares remotos. Generalmente pertenecen a fauúlias humildes, campesinos o pastores; pero son
frecuentes los casos de miembros de familias acaudaladas.
Hay niños o jóvenes que han permanecido cautivos tres, seis_, diez y hasta
diecisiete años. Al ser rescatados, apenas si se logra su identificación. Algunos
fueron capturados en la escuela, y recuerdan algo de lectura; otro, capturado
de 5 años y rescatado a los 16, apenas si logra articular frases en español, y
vagamente recuerda su apellido o alguna referencia al sitio o a la época en
que se lo llevaron. Muchos son los que jamás vuelven, y que adoptan para
siempre las costumbres de sus raptores.

Cor.IERCIO
Las actividades mercantiles están paralizadas. Difícilmente se encuentra
quien se preste a servir, sobre todo en viajes, por los riesgos que se corren.
Una vista rápida a los casos de asaltos a fleteros o mercaderes ambulantes, nos
ofrece datos de sumo interés para el estudio del aspecto económico de la
época.
Una de las fuentes de riqueza más importante, es, indudablemente, el cultivo de la caña. De allí que sean frecuentes, los asaltos a carros que conducen
piloncillo de Nuevo León a Texas, Coahuila, Durango, Chihuahua, Zacatecas
o Aguascalientes.

~bio,.~6lo pide 4,000 por la muerte de su padre (lo. Feb.11849); y cánclido
Flores f1Ja en 1,500 el valor del brazo que perdió en la lucha y que Je impide
.atender sus intereses.u

GANADO

Pero el fin principal de las incursiones de los bárbaros, es, sin duda alguna,
el robo de ganado, y, en particular, de caballos.
De las rapiñas en territorio mexicano, los caballos tenían gran aceptación
entre los agentes que traficaban con los comanches desde 1835.
La presencia de los indios, es advertida casi siempre en los ranchos o agostaderos "por el estrépito de la mulada". Los criadores de ganado prefieren
abandonar su actividad y van a vender sus animales a Texas.
Hay asaltos e~ los cuales el número de bestias caballares robad~ sobrepasa
a 700. La autondad de Guerrero, Coahuila, informa el 7 de febrero de 1851,
que durante dos noches se ha observado a los indios pasar caballada a la
ribera opuesta del Bravo.
La zona norte se ve empobrecida de ganado, y, en sus correrías por Zacatecas el comandante Francisco Treviño logra quitarles, además de barras de
plata, 8,000 bestias caballares. 13
El ganado de pelo y lana concluye casi totalmente, y, cuando la población
de los Estados Unidos avanza hacia el oeste, se advierte que, además de los
caballos, empieza a desaparecer, en grandes cantidades, el ganado vacuno,
que allá es requerido para las nuevas poblaciones. Los criadores no encuentran quien "por ningún sueldo" se comprometa a cuidar los ganados.

Los vinateros, fabricantes de mezcal, son sorprendidos también por esos
caminos de Dios. Los hay también que llevan a otras latitudes madera, géneros nacionales o extranjeros, aguacates, nueces, etc .
. Un producto regional que tiene gran demanda en el mercado de otros estados, es la jauja, planta silvestre usada en la elaboración del jabón.
Cuando, en alguna ocasión, se empiezan a promover demandas contra los
Estados Unidos por daños a intereses, observamos que algunos hacen avalúo
de sus bienes perdidos: jacales incendiados, cosechas robadas, etc. Y también
se establece el precio de las vidas. Jesús Cantú, de Salinas Victoria, dice que
la vida de su padre político "no tiene precio ni se puede avaluar por su suegra
en su valor verdadero". Al fin, incluyendo el pago de doce hombres que tra-jeron su cadáver, pide ser indemnizado en 8,000 pesos. Silvestre Gana, en

Auxruos DEL CENTRO
La Comisión Pesquisidora1 fiel y exacta en todos sus informes, por cuanto
a la reseña de incursiones, no lo es cuando se refiere al auxilio que el gobierno del centro presta a los pueblos de la frontera.
Cierto que, desde la reorganización de las Compañ.ías Presidiales, en tiem. " MS. Cuaderno que contiene las copias de los 11,cpedientes. .. expresando las cantidades que reclam6 cada uno . • . Salinas, lo. de junio de ] 854. Archi,,o Municipal de
Salinas Victoria, Vol. 13, 1848.
ia

Informes . .. , p. 82.

350
351'

�pos de Bustamante, se dictaron, en lo sucesivo, disposiciones de defensa; pero
estas fueron ineficaces, faltando, sobre todo, el auxilio económico.
En 1834, se ordena la formación de Compañías Permanentes, y en 1842,
se excluye a los estados fronterizos de los productos del papel sellado, destinado a la guerra; pero la orden se deroga diez años más tarde.
En 1849, son establecidas las Colonias Militares, pero éstas no tienen ni
la mitad de la tropa, y de las 34 compañías ordenadas sólo hay 11 ; y las colonias se hallan situadas a 25 o 30 leguas entre sí, de suerte que no evitan el
paso de los indios.
.
El Congreso de Nuevo León echa en cara la inutilidad de las colonias, por
la malversación de la hacienda, y sugiere acabar con el manejo criminal Y el
robo sistemático de caudales públicos, "con ese descaro y desvergüenza con
que los empleados improvisan fortuna, al día siguiente de ocupar una aduana
o un destino semejante",14 salvo excepciones honrosas.
La misma legislatura de Nuevo León señala que Texas se está poblando
rápidamente; que allá se disfruta de tranquilidad y que la gente fronteriza
mexicana se va. Que urge atender a las fronteras, porque el vecino poderoso
continúa con los ojos puestos sobre los terrenos del norte de la Sierra Madre. 15
El Congreso de Chihuahua, en otra ocasión y refiriéndose al abandono de
la frontera afirma que, "si importa convertir los desiertos en poblaciones, más
imperiosa debe s~r la obligación de impedir que las poblaciones se conviertan
en desiertos" .16
En el centro se opina, sin embargo, que son exageradas estas voces y se
tiene a los nortefios en concepto de semibároaros.
La prensa de la Ciudad de México, a partir del 52, empieza a preocuparse
por la situación. El Siglo XI X es de los primeros en pedir que calle la voz de
los partidos, que cesen las recriminaciones y que se piense en salvar a la nación de la garra del salvaje. Propone el envío al norte de armas, caballos y
basta de maíz y frijol, de que se carece por la sequía. 11
Otro periódico: E Trait d'Union, sugiere la formación de juntas para reunir fondos, y lanza la iniciativa de que el clero ponga cepos especiales con
este objeto, del mismo modo que se están usando para colectar para la Santa
Infancia de China. "Salvémonos nosotros mismos", dice. 18
El mismo Siglo XIX, añade que estos cepos sean puestos además en teatros
y mercados, y que se organicen funciones de beneficencia. Señala que para la

iglesia no habrá dü.icultad porque el Illmo. D. Lázaro de la Garza ha gobernado la diócesis de Sonora y conoce el problema. ( No se cita el dato de que
el Arzobispo de México era originario de Nuevo León).

DEFENSA LOCAL

Pero los gobiernos de los estados, y en especial el de Nuevo León, no se
atienen al centro y organizan la defensa. Se tiene la experiencia de 200 años
de lucha y los vecinos se convierten en soldados. Los pueblos no esperan ser
invadidos para prevenirse. Al menor rumor, los jueces, por cordillera violenta,
lo avisan a cada uno de Jos pueblos, y dan aviso oportuno a los campesinos
para que recojan sus familias y ganados.
La Guardia Móvil, tiene a sus hombres "todos con caballo amarrado, listos
para acudir al peligro dondequiera que se les llame"; y la Guardia Nacional
está pendiente para resistir los puntos más cercanos, a pie o caballo." 19 No
hay pueblo que no tenga 40, 80 y hasta 100 o ,más hombres, dispuestos para
la defensa.
El 20 de septiembre de 1850, es dado a conocer el primer Plan de Defensa,
de acuerdo con las experiencias y recursos, y disponiendo las reglas de las operaciones que conviene realizar. En cada pueblo habrá siempre "fuerza lista",
y todos tendrán "bastimento hecho". La autoridad tomará los caballos "de
dónde los hubiere". 20
Ya una disposición anterior había fijado los premios conocidos por acciones contra los indios, señalándose entre otras, el de 25 pesos por cada cabellera indígena entregada al gobierno, y el de 60 por cada cautivo rescatado.

COALICIÓN

r
En agosto de 1851, el gobierno de San Luis Potosí sugiere un plan de
defensa colectivo, proporcionando recursos cada estado y obrando en combinación. No era idea nueva. El gobierno de Durango la había planteado ya
en julio de 1848, y el ministro de Relaciones, Otero, había presentado una
brillante iniciativa en su apoyo, que no llegó ni a discutirse. 21
Reunidos en Saltillo los comisionados de cada estado formularon reglas im-

" Organo Oficial, Monterrey, 13 de mayo de 1852,
u Jbid., 15 de abril.
" lbid., 20 de mayo.
17 Reproducido en el .Organo Oficial, Monterrey, 5 de agosto de 1852.
" Jbid., 29 de julio de 1852.

"' lbid., 20 de mayo de 1852.
'" Publicado en el Organo Oficial, y girado en circular a todos los pueblos.
n Por decreto No. 156, de 28 de abril, el Congreso de Nuevo León aprobó la par-

353
352
H23

�portantes en el aspecto militar: sugieren reunir, proporcionalmente 1,075 hombres, para la defensa; reviven el viejo término de las "mariscadas", o sea las
salidas en busca del enemigo, a distancias no muy grandes y puntos conocidos;
proponen campañas al Bolsón de Mapimí, Chihuahua y Durango, llevando guías para no extraviarse en los desiertos, como ha sucedido. Los cautivos
indios, distribuidos proporcionalmente, serán educados por cada estado. Establecen, además, premios y penas, y, en artículos transitorios, piden la aprobación de las legislaturas, el auxilio económico del centro y la intervención
oficial del mismo ante Washington para batir a los bárbaros allende el Bravo;
sin perjuicio de reclamar el cumplimiento del artículo 11 del Tratado de
Guadalupe.
El Plan, fechado en Saltillo el 22 de Feb. de 52, y formulado por Antonio Hernández, Juan N. Arizpe, Santiago Vidaurri y Agustín Menchaca,
no es visto con buenos ojos por las Cámaras, en México, pero sí es llevado
a la práctica, aunque no en la forma conjunta que se había previsto.
En julio de 52, Nuevo León abre una de las campañas más importantes
contra los bárbaros: cien hombres salen de Salinas, Abasolo, Hidalgo, Mina,
García y Santa Catarina, para situarse en el Huizache y seguir por el Pánico
y Pájaros Azules, y expedicionar por el Salado. Ochenta hombres patten de
Cerralvo, Marín, Agualeguas, Vallecillo y Sabinas, para expedicionar entre
el Salado y el Bravo, y regresan por el Tasajo, San Vicente y Puerto del
Guajolote hasta la Laja, Los de Marín y Cerralvo recorren también la sierra
de Picachos, descendiendo hasta Vallecillo. Otros cien hombres de Víllaldama,
Bustamante, Llanos y Valdés y Lampazos, salen a Pájaros Azules, el Capulín,
la Azufrosa, el Caracol, el Pescado, Laguna de la Leche y la Anguila. Todas
las fuerzas tienen algunos encuentros con los bárbaros, y se logra el principal
propósito: que sepan que se les persigue. Hay combates en el Carrizal, Cañón
del Saúz, Santa Catarina y Chupaderos de Loma Prieta; aunque apenas se
ganan 11 cabelleras. 22
Los recursos de defensa no importan. Conocemos varias cartas del gobernador Vidaurri, con las cuales hace envíos a los pueblos del norte, de raciones
de veneno para los charcos que los indios suelen usar para beber. 23

te correspondiente a este estado. El Piar¡ de Guerra Defensiva. . . formulado en Salrillo, se publicó en el Organo Oficial, Monteney. 26 de febrero de 1852.
u brgano Oficial, Monterrey, 22 de julio de 1852.
•• Correspondencia Vidaurri. Archivo General del Gobierno de Nuevo Le6n.

EL HOMBRE DEL NORTE

Con la tradición secular en estas luchas el hombre del norte se forja en la
guerra contra los bárbaros para las grandes lides nacionales.
"Estas constantes luchas -dice el Lic. Hennenegildo Dávila en su magistral Biografía del Gral. Juan Zuazua-, templaban el carácter de los fronterizos. En efecto -agrega- la audacia del indio los hacía temerarios; lo
artero de aquél, precavidos; lo infatigable del eterno enemigo tenaces y la
fe~dad del comanche, valientes en grado heroico. No podía ser co'barde
quien se batía con el salvaje, tan ágil en pelear pie a tierra como a caballo,
sobre cuyo lomo, atronando el espacio con terrífico alarido, deslizábase en
veloz carrera cual si fuese un ala del no domado bruto"P'
El alcalde de Bustamante, informa al gobierno que alli no hay vecino que
no tenga una buena anna de fuego; y, desde que empezó a tener fusiles han
resultado, insignes cazadores, especialmente entre los jóvenes. La Cm~.isión
Pesq:1isidora, re~oge testimonios de hombres que emplean la mayor parte de
su vida combatiendo a los indios, y que "cuentan sus campañas por el número de sus cicatrices". 2 º Al referirse a los casos especiales de los comandantes
Ugartechea y Menchaca, añade que "han encanecido en pelear contra el
indio". 2e
No hay biografía de hombres de esa época, que no se inicien con la lucha
cont~: los ,bárb~s: Zuazua, Aramberri, Escobedo, Naranjo, Garza Ayala,
Trevmo, Perez V11larreal, Caso y otros muchos, tienen su bautismo de sangre
en estas contiendas.
En la invasió? americana, primero, y en las revoluciones de Ayutla y de
Reforma, despues, el hombre del norte da: pruebas de valor y arrojo que só]o
pudo adquirir en ese tipo de vida. El Ejército del Norte, formado por gentes
de Nuevo León, Coahuila y Ta.tru1;ulipas, aporta su contribución valiosa para
la caída definitiva del imperio.
Puede concluiISe, por todo lo anterior, que el noreste de México lucha
contra ~as dep_r~aciones d~ los bárbaros durante medio siglo (1820-70). Que
los motivos pnncipales de estas, a juzgar por los informes de la Comisión Pesquisidora, fueron la concentración de las reservas en las Praderías y el comercio ilícito con ]os indios. Que la defensa Ja hicieron los hombres del norte
con el escaso o ningún auxilio del.gobierno federal. Que los hombres de] nort~
que participaron en nuestras más importantes luchas nacionales, se forjaron
•• Tip. Calle del Dr. Mier No. 70 ; Monterrey, 1892; 90 pp.
'" Informes . .. , p. 6.
•• lbid., p. 52.

354
355

�en este género de vida. Y que un estudio más profundo del tema,. y particularmente de los puntos de reunión de los salvajes, 27 podría conducir_ al esclarecimiento de los petroglifos y pinturas rupestres del noreste de México .

•
Para la elaboración de este artículo fueron consultados, además, cuatro voluminosos legajos con la documentación sobre las incursiones, facilitada por el ~obiemo de
Nuevo León a la Comisión Pesquisidora, y que se encuentran en el Archivo General
del Estado, en Monterrey, Año 1873, Legaj~ 28, 29, 30 y _31. En el ~egajo 27, Carpeta&amp; 1 y 11, se hallan los documentos relac1onados a los kickapoos, as1 como numeroSllll noticias sobre incursiones.

n Los itinerarios de los indios en sus incursiones, pueden verse en el Mapa del Estado de Nuevo León del coronel de ingenieros Santiago igra de San Martín, 1853;
(Engraved by Sardn;y &amp; Major, New York). La Comisión Pesquisidora publica también en sw informes otro mapa hecho en 1873 en Monterrey por FRANCISCO L. MreR.

RETABLO DE LA CALLE JUAREZ
JosÉ P. SALDAÑA
Monterrey, N. L.

Si DE PRONTO SE ME PREGUNTARA qué calle de las de Monterrey es la de mayor tradición histórica y merece en tal aspecto la primacía, seguramente que
me encontraría en situación embarazosa para contestar.
Surgirían a mi memoria de inmediato los nombres de las calles de Hidalgo,
de Morelos, Padre Mier, Zaragoza, Escobedo, y, claro, de Juárez. Con ello la
contestación sería un tanto acomodaticia, y diría, por ser materia de este artículo, que la calle de Juárez es una de las que contienen mayores motivos de
especial consideración, y consigujentemente debe tomársele en cuenta como
una de las de mayor sabor hislórico.
Pero habrá quien pregunte: ¿ Merece una calle que se le tome en cuenta
hasta el grado de admirarla, tenerle cariño y hasta amor? Sí, contestaría yo
de inmediato. Como se quiere, conserva y cuida una joya, un abanico, un libro, una cosa cualquiera que reúna condiciones tales, que nos haga recordar
algún incidente importante de nuestra vida.
Las calles son el canevá en que se va, día a día, tejiendo la vida del pueblo. Son ellas la vía en que transita la alegría y el dolor, la fiesta y la tragedia, la esperanza y la desilusión, la juventud y la vejez, el hoy, el ayer y el
mañana. Son ellas el testimonio petrificado; pero viviente de todo lo que sucede, de todo lo que, a veces trivial, significa con el tiempo una referencia
útil, un recuerdo sentimental, o un punto de partida histórico.
Son las calles un tesoro de inestimable valor que necesitan, sí, del artífice
que las descubra, que las saque de su sueño, que las coloque en el lugar propio a la admiración. Ahí tenemos la hermosa obra Por la Vieja Calzada de
Tlaco pan, escrita magistralmente . por el inolvidable Cronista don Artemio de
Valle Arizpe. Y están a nuestro alcance los relatos amables de las Calles de
México, del historiador don Luis González Obregón. Son ellos, con otros, que
con exquisito arte le han dado vida palpable a las viejas casonas, que hablan

357
356

/

�de la Colonia a las costumbres antiguas que tuvieron como teatro de acción
diaria las call:s y las plazas. Ellos han revivido las consejas, las peripecias de
la humanidad de otras épocas, las páginas de historia que se grabaron en las
baldosas, en las fachadas de las casas, y en las rejas de las ;entanas. .
.
Si pudieran las calles hablar cuántas y cuántas cosas. sabnamos ?e ~estlmable valor. Nos dirían de los pasos precipitados de Juventudes mqu_ie~
anhelosas de un nuevo sistema de vida; de las vacilantes pisadas ~e los vieJo~;
del trajinar de los hombres que buscan afanosamente constnur su p~~10
porvenir; de inquietos políticos inconformes con todo y con todos; de v1S10•
narios que ven en el mañana la redención de todos nu:5tros males.; • .
. Cuánto más nos dirían las calles! De los amores nacidos en el transito or•
~ario• de lo efímero de cuan to se desea, se posee y al fin se pierde; de las
ambici;nes; de las claudicaciones¡ de los pasos perdidos de los que no se sa•
be qué buscan; de los que huyen de sus propios errores o crím~nes i de !ºs que
,•an presurosos a prestar una urgente ayuda¡ de los que c~an hao~ adelante y retroceden por cansancio o decepción¡ de los que pisan con fmneza
porque saben a dónde van; de los que triunfan y de los derrotados. aben las
calles y no pueden por si mismas decirlo, todo cuanto hay en el ser humano
de b~eno y de malo, de virtuoso y de perverso, de al~"º y de abyecto. Todo
lo saben porque sobre ellas han discurrido las generae1ones una a una.
¿Por qué este discurso? Cosa sencilla, porque quiero hablar de la calle
Juáre-z. Quiero evocar algo de lo que sé de ella, por lo que he oído y por lo
que he visto. Algo tengo que decir y qwero decirlo. _
.
Mi cariño por esta calle me dará fuerzas para pergenar una crónica am~ble, que nos sirva de entretenimiento a la vez que para ~arcar la categona
que le corresponde, sin menoscabo de otras calles también m~reccdoras . ~e
nuestra atención y especial estima. Por ahora bagamos una rápida excumon
por esta Calle Juárez.

•
A fines del año de 1905, el Gobierno Federal, a CU)'º frente se encontra~a
el General don Porfirio Díaz, emprendió una intensa campaña con el obJeto de enaltecer la memoria de don Benito Juárez.
La propaganda que se organizó con ese motivo se extendió a t~o e~ pa.ís, a
través de los Gobernadores de los Estados, quienes a su vez dilund1eron la
idea por todos los medios a su alcance, instruyendo en debida forma a los Presidentes Municipales.
Cabría decir, juzgando por los acontecimientos históricos no muy lejanos
en aquel entonces, que el General Díaz sentía, allá en su interior, un profun-

358

do remordimiento con motivo de sus actitudes rebeldes en contra de don Benito, que habían surgido, según él, por las violaciones al Sufragio Efectivo. Y
para calmar aquellas recónditas sensaciones de su espíritu, acometió la tarea de formar un homenaje, de carácter nacional, al cumplir don Benito Juárez el 21 de marzo de 1906, el Centenario de su acimiento.
En reciente artículo el Lic. AUonso Cavazos expresa: "En términos generales, el remordimiento es una sanción, sanción interior, como todas las penas del tipo ético. Es como un reproche de nuestra conciencia, es el juez implacable y sutil ( duendecillo) que nos pide cuentas de nuestros actos cuando
quebrantan un principio ético" . .,eguramente que esta era la situación anímica del General Díaz, cuando, transcurridos ya más de 30 años del fallecimiento de Juárez, y habiéndose formado una aureola popular a su memoria, sintió ese "duendecillo" que le gritaba en su interior, las fallas que habia cometido. Como soldado republicano combatió a Jos invasores franceses, bajo la
bandera legalista empuñada por Juárez, distinguiéndose en grado heroico;
pero después, en el plano político, se había enfrentado a don Benito, llegando
hasta la revolución.
Con tales antecedentes puede inferirse que hubo de parte del General Díaz
una especie de confesión pública, para rehabilitarse de todo cuanto pudiera
significar menoscabo a la lealtad que debía al hombre que había salvado al
país de la dominación extranjera.
Para el general don Bernardo Reyes, Gobernador del Estado de Nuevo
León, se presentaba 1a oportunidad de hacer patente demostración de su fervor hacia don Benito Juárez y acogió con entusiasmo el proyecto emanado del
Primer Magistrado de la República. Al efecto, organizó un comité que tom6
a su cargo tocio cuanto se relacionaba con lo festejos que habrían de llevarse
al cabo.
Una bien organizada publicidad encendió el entusiasmo popular. Como
números centrales e programó un desfile por las principales calles de la ciudad; la colocación de la primera piedra del monumento al Benemérito en la
Plaza del 5 de mayo; fijar una placa en la calle que llevaría en lo futuro el
nombre de Juárcz; y una velada literario-musical en el Teatro Juár z. Para
el mayor realce de tales eventos fueron invitados los intelectuales de más nombradía del Estado.
Entre ellos podemos citar a los señores Lic. don Enrique Gorostieta, Lic.
don Virgilio Garza, Lic. don Rafael Dávila, Lic. don Rafael Lozano Saldaña, don Celedonio Junco de la Vega, don Manuel Barrero Argüelles, Lic. don
Carlos F. Ayala, Lic. don Bartolo Ramírcz Anguiano, y los poetas, que sin ser
de Nuevo Le6n, residieron en Monterrey algún tiempo y cultivaron muchas
amistades, don Juan B. Delgado y don Manuel José Othón.

359

�Para el General Reyes aquellos acontecmuentos significaron un especial
motivo para destacarse como hombre de acción y de letras. Escribió lo que
él mismo tituló: Rasgos Biográficos del Ilustre Mexicano Benemérito de la
Patria Benito Juárez, que, publicado en la prensa y en folletos se repartió
profusamente en todo el Estado, aparte del discurso que pronunció en la velada efectuada en el teatro Juárez.
Pero para nuestro propósito nos detendremos en el punto del bautizo de la
calle del Roble y al efecto del programa de festejos copiamos lo siguiente:

que no sería posible reconocerla por quien, ausente de la Ciudad durante ese
tiempo, ~e pronto se encontrase en la esquina de Juárez con Morelos, o con
Padre Mier.
La anchura, a más del doble sería la primera sorpresa, y después la substitución de los edificios, que acallaría cualquier impulso emotivo por el recuerdo de tiempos idos.
Para establecer el contraste reproduzco la primera parte de la narración sobre la Calle Juárez:

"IV. A la misma hora de las 9:30 de la mañana se situará a espaldas del

"Atraviesa la Ciudad estJ. importante calle de Sur a Norte. Principia
en la margen del río de Santa Catarina y termina en la Colonia Matehualita, teniendo como remate la vía del ferrocarril. Algo más de dos
kilómetros comprende su extensión.
El Obispo don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés trazó la calle
que bautizó con el nombre de 'El Roble' en honor de la Virgen que tie~
ne su templo por esta misma calle y 15 de Mayo. Corría el año de 1794
y el activo Obispo de Llanos y Valdés se proponía erigir la nueva Catedral al Norte de la ciudad y la calle nueva precisamente llegaba al lugar en que se había planificada.
Con motivo de la colocación de la primera piedra para la erección
de la Santa lgleJia Catedral, el Obispo hizo especial invitación al señor
Gobernador don Simón de Herrera y Leyva, y al Ayuntamiento de la
ciudad para que asistieran a la función que tendría lugar el miércoles
26 de noviembre de 1794, función que tuvo las características de los
grandes acontecimientos.

Palacio Municipal, una 'Sección de Caballería del Cuerpo de Rurales
de la Federación, una música militar, los carruajes necesarios para recibir a los miembros de la Delegación Nuevoleonesa y del H. Ayuntamiento, presidídos por el Alcalde lo. -,, una Compañía de Infantería del
23 Batallón, para, con solemnidad de bando fijar dos lápidas conmemorativas en casas en que habitó en ésta, el Ciudadano Benito ]uárez, en
1864 y otra que dará el nombre del ilustre Ciudadano a la calle conocida hasta hoy con la denominación del 'Roble'; comitiva y fuerzas que
se disolverán una vez verificado la expuesto, a la indicación del Alcalde 1o.".

Las casas de referencia, que habitó don Benito Juárez durante su estancia
en Monterrey en 1864, fueron las que existieron en la esquina Noroeste de
Morelos y Escobedo, y en la esquina Noroeste de Padre Mier y Galealla. A
partir de entonces, la calle del Roble, que también llevó el nombra del Nogal
y de ta Ciudadela es ahora la de Juárez, de cuya tradición y situación especial del momento me estoy ocupando.

•
En el año de 1942 publiqué el libro Estampas Antiguas de Monterrey, que
contiene la crónica o narración de cada una de las principales calles de Monterrey. Tal vez sería más propio decir de las más antiguas, ya que han surgido nuevas calles cuya importancia comercial o residencial reclama un lugar
preferente en la historia.
.
Pues bien, en este libro, que tanto quiero, porque es producto de un smc~ro e ingenuo impulso, más que de un ensayo literario, aparece la Calle Juarez tal como yo la comprendía entonces.
Durante el transcurso de más de 20 años se han operado sensibles transformaciones, al grado de que nuestra calle ha sido de tal forma cambiada
360

En 1848, pasados 50 años de abrirse la calle, el Ayuntamiento de la
Ciudad dispusa que ésta fuese prolongada, de la Plazuela de la Carne
hoy Mercado Colón, hacia el río de Santa Catarina. De esta maner~
llegó a s~ máxima longitud por el Sur, y años después fue agrandándose hacia el Norte hasta adquirir .ru actual dimensión.
De importancia comercial innegable es la calle Juárez, cuyos nombres
sucesivos han sido del Roble, del Nogal, de la Ciudadela, y de 1906 en
adelante, ]uárez.
Al trazarse la calle fue necesario construir un puente entre las actuales calles de Allende y IS de Mayo, para salvar el arroyo que conducía
agua de los Ojos de Santa Lucia, puente que se le denominó de Nues~
tra Señora de Guadalupe.
En 1841 los vecinos del barrio del Roble solicitaron del Ayuntamiento que el puente de M orelos, en lo sucesivo se llamara puente de Santa María del Roble y se colocara en una pilastra su imagen. La comi361

�sión de ornato que dictaminó sobre el asunto expuso: 'que no hay dificultad alguna en que se conceda a los vecinos la pilastra y colocar en
ella la imagen de Nuestra Señora del Roble en el puente situado en el
callejón de Santa Lucía, por ser éste el que precisamente está más en
contacto con el templo de dicha imagen y porque en concepto de la
misma comisión no parece conveniente que desaparezca un monumento
pública como lo es el puente de Morelos erigido en memoria de los patrióticos servicios que prestó en la sagrada causa de la Independencia
el héroe de este nombre'. No se tienen noticias de que los vecinos hayan llevado a cabo su proyecto.
Desde tiempos remotos la calle de Juárez ha sido asiento de muy diversos comercios, que le han dado un aspecto pintoresco.
El tramo comprendido entre el Mercado Colón y el río de Santa Catarina, siempre estuvo dedicado al comercio en sus más variadas formas.
Carnicerías, fondas, hojalaterías, sastrerías, cantinas, zapaterías ,, en fin,
un abigarramiento de todo lo que constituye el comercio de menudeo".
· A qué se debe la primacía de esta calle en el tránsito de personas a pie?
¿ iaste algún atractivo especial? ¿ Son sus banquetas más amplias? ¿ Cuál es
la razón de esa preferencia?
Damos por un hecho que ninguna otra calle de Monterrey tiene un tránsito igual. A ciertas horas tal vez la calle del Padre Mier, de Zaragoza a Juárez, ofrezca semejante panorama, por el movimiento provocado por los autobuses. Cuestión circunstancial. En cambio Juárez, sin ese requerimiento, ofrece mayor movilidad de gentes.
No se trata de un fenómeno nuevo. Desde principios del siglo se distinguió
esta calle por su especial movimiento. Tránsito normal abundante todos los
días, y extraordinario por desfiles políticos, sociales o de circos.
Esto último ha cambiado a partir de la ampliación de la avenida Pino
Suárez, por donde ahora pasan los desfiles.

•
Cuando veo la indiferencia de los albañiles encaramados en lo alto de las
paredes, al lanzar al vacío uno a uno los sillares, siento tristeza.
Ellos destruyen porque su trabajo así lo exige, sin pensar en que están bonando de la fisonomía de la Ciudad, una fase característica de épocas, que
poco a poco, van desapareciendo.
Fue primero la cuadra entre P. Mier y Morelos, después la de Mo~elos,
hasta el nivel que ocupara el Puente de San Luisito, mas luego de P. Mier a
362

Matamoros, para continuar de 15 de Mayo a 5 de Mayo, y en los días que
corren -julio de 1963- de Allende a 15 de Mayo.
Edificios de diez y más pisos, de sólidos materiales -concreto ladrillo hierro- substituyen a las casas de uno y dos pisos edificadas con Íos sillar:S extraídos de las lomas cercanas, con techos de vigas y tablas de madera cubiertos con "tepecbil", a prueba de goteras.
Esos edificios, unidos unos a otros, formaban una valla rectilíne~ que amparaba a los habitantes de los rigores del frío y del calor. Sello pecttliar de las
paredes gruesas de sillar renuentes a transmitir las variaciones de la temperatura por más extremosa que sea.
Costumbre heredada de los españoles que conquistaron estas tierras. Pudieron utilizar las canteras de piedra, abundantes y cercanas; pero no ofrecían el "confort", como diríamos ahora, de las paredes de sillar.
Todos los edificios de los primeros tiempos de Monterrey, que han sido respetados por el hombre, muestran su bondad, con la sencillez de lo eterno.
Parece como que el tiempo, respetuosamente, se detiene ante ellos.
Y es aquí, en esta Calle Juárez, en donde se ha puesto la nota conmovedora de la destrucción más espectacular, de lo que fue por siglos, comodidad
Y buen gusto, para obedecer el imperativo de los tiempos modernos.

•
Habría que reconstruir mentalmente la configuración física del Río de Santa Catarina frente a la Calle Juárez.
Hasta 1909 la margen norte del río llegaba a lo que es hoy calle de Humboldt, es decir, 100 metros más allá de la calle de Hidalgo.
La comunicación con la Colonia Independencia, entonces San Luisito se
hacía mediante un puente construido en 1891 por la Empresa de Tran~ías
de Oriente a Sur. Los tranvías de mulitas, que hacían el recorrido desde la
Estación del Golfo, ya desaparecida, seguían las calles de Zuazua, Washington, 15 de Mayo, Matamoros, Cuauhtémoc, Hidalgo y Juárez, pasando airosamente sobre el puente, para internarse en la barriada de San Luisito, por
las calles de Constitución y Jalisco hasta el templo de Guadalupe.
Los propietarios de los tranvías eran los señores don Pánfilo García don
Crescencio de Arce y don Ramón N. Sepúlveda, a quienes se les c;nocía
c?mo los empresarios de a cuartilla, en atención a que el pasaje costaba preosamente tres centavos.
El puente se lo llevó la creciente del río en el año de 1895 dándose de
inmediato los pasos necesarios para edificar otro, que s.igruficó' un adelanto
363

�en la técnica de la construcción, pues se empleó además de madera, vigas y
cables de hierro, ya que se trataba de un puente colgante.
Era más amplio que el anterior, más resistente, con casetas a los lados ocupadas por comerciantes, pero fue destruído por el fuego al finalizar el siglo
pasado.
Viene entonces la construcción de un tercer puente, con las características
de los nuevos procedimientos que imponían el uso del concreto armado. La
concesión la obtuvieron los señores Ing. Genaro Dávila y don Fortunato V.
Villarreal, disfrutando de exención de impuestos por el término de 50 años,
al cabo de los cuales quedaría en beneficio del Ayuntamiento. La inversión total fue de $ 60,000.00, siendo inaugurado el 5 de enero de 1905.
En la construcción se hizo alarde de consistencia, usándose el hierro y el
concreto en forma abundante. Hubo manera de comprobar esto, en forma
que no dejó duda alguna, durante la inundación que sufrió la ciudad los días
27 y 28 de agosto de 1909.
Por supuesto que esa resistencia enorme del puente, dio lugar a que se formara una represa originando el desbordamiento de las aguas y consecuentemente, que la devastación fuese de mayores proporciones, pues bien es sabido
que esa inundación costó a Monterrey varios millones de pesos. Pero lo más
sensible fue que perecieran entre 5 y 6,000 personas.
Quedó casi integro el puente suspendido en el río, a más de 200 metros de
la ribera sur. La creciente había ampliado el cauce en esa fantástica proporción. En cuanto al tránsito de peatones, se requería de escalerillas para bajar al lecho del río y subir después a tierra firme de la colonia Independencia.
Los comerciantes que ocupaban las casetas del puente, pasada la tragedia, continuaron en sus actividades, y en poco tiempo olvidaron las pérdidas;
contentos estaban de no haber naufragado en las encrespadas aguas de la
creciente.
Fuera del puente, al norte se enfilaban los comercios en la calle hasta Hidalgo, dejando una simple vereda en medio, dificultándose el tránsito aún
por las banquetas. Había de todo: frutas, legumbres, dulces, janos y cazuelas,
ropa, maiz, frijol, enchiladas, tamales, menudo, fierros viejos y cuanto pueda
imaginarse de chucherías. Era un hacinamiento increíble, apenas cubierto por
techos de lonas, y por supuesto, las mercandas se exhibían en mesas desvencijadas, y en el suelo, sobre petates o esteras de dudosa limpieza.
A cada lado de la calle, los comerciantes establecidos en las casas hacían
la competencia a los puesteros, con ausencia notoria de orden y buen gusto.
Bultos de maíz y frijol en las puertas. En el mostrador balanzas de dudoso
fiel, obedientes a las triquiñuelas del abarrotero.
El armazón, cuadriculado por los casilleros, lleno de polvo y telarañas, mos-

traba botellas de vinos, vasos de vidrio y de peltre, paquetes de azúcar, café,
garbanzo y demás menudencias.
Colgando de ganchos: tazas, cacerolas, lámparas de petróleo, bacines, velas
de cebo y estearina, trompos, mecates, sombreros de palma, espuelas, imitando
a las de Amozoc, cuartas de cuero, y qué sé yo cuántas cosas más,
Vino la canalización del río, la ribera norte avanzó más allá del puente
aproximadamente 100 metros y éste quedó dentro de los terraplenes.
Trabajo para las autoridades y grande, fue lograr que los inquilinos del
puente lo abandonaran, ya que habían constituido su forma de vida en él y
seguramente no les había ido mal que digamos. Sin embargo, el progreso
demandaba acabar con aquella feria continua de vulgaridades.
Como dato histórico, que no deja de impresionar el espíritu, por cuanto
confirma lo transitorio de las obras humanas, transcribo el comentario que
hizo El Norte, con fecha 16 de febrero de 1955:
"Después de uarias décadas de vida, el anacrónico y mal situado mercado de 'San Luisito' empezó a sentir, ayer, la acción demoledora de
las barras y las picas.
Algunos de los comerciantes que durante muchos años se cobijaron
a la sombra del uetusto jacalón, dejando escuchar sus pregones entre la
generalmente nutrida concurrencia, trataron de aferrarse hasta el último
momento a los beneficios correspondientes y, tras de agotar las solicitudes
para que al menos se les dejase allí dos o tres meses más, se aualanzaron
a solicitar amparo contra actos de la Autoridad Municipal, sin embargo,
todo lo hicieron en forma torcida, defectuosa, pues mucho antes, hace
15 días, firmaron con el Municipio un convenio mediante el cual la
autoridad les prorrogaba el plazo de desaloje precisamente en 15 días
más respecto de una fecha fijada con anterioridad, a cambio, todos ellos
se comprometieron a salir del mercado Precisamente para el día 15 de
febrero (ayer} a más tardar. Por otra parte, los pocos comerciantes que
trataron de ampararse llevaron a las autoridades competentes la solicitud en forma tardía, esto es, cuando ya personal de Limpia y Transportes y de otras dependencias municipales estaba dando barra.zas a las
viejas paredes, por lo que todo hace suponer que la orden de la Presidencia Municipal será cumplida al pie de la letra: desaloje pleno de
locatarios en f arma inmediata y demolición del edificio que fuera fincado sobre el macizo puente de San Luisito, una de las primeras obras
hechas en nuestra ciudad con hierro y concreto, construída en 1905 por
el Ing. Bernardo Reyes, hijo del entonces Gobernador del Estado Gral.
Bernardo Reyes".

364
365

�La piqueta no entiende de sentimentalismos y emprendió la obra demoledora, diríase que con fruición. Dos intereses convergían opuestamente: el de
los locatarios, que veían derrumbarse la fuente de su trabajo -acumulación
~e e~fuerzos Y ahorros por 20 años o más- y el de la sociedad, que demandaba
limpiar de estorbos, lo que habría de ser amplia avenida, y dominio definitivo
del río sobre su amenaza permanente.
Fueron cayendo techos y paredes, armazones y mostradores, hasta quedar
solamente columnas de concreto enterradas, quizás para siempre, en los terraplenes que formaron los macizos ganados al río, que en esa zona alcanzaron
más de 100 metros de ancho, es decir de norte a sur.
Con esto quedó cerrada una época larga, de típico sabor popular, en donde
se mezclaba el pregón suave de las mujeres, con el ronco y ríspido de gargantas hechas al fregor de aguardientes y mezcales con alma de alcohol.
Y sobre tan tajante algarabía, alguna orquesta desafinada, trataba de imponer las notas desmayadas de la canción en voga. Pero se perdía el esfuerzo
bienhechor ante los ~perativos de la lucha por la vida, que acicateaba el
regateo entre vendedor y comprador.
Al fin se impuso la fuerza de la época. ¡ El Rey ha muerto! ¡ Viva el Rey!
es la consigna eterna. Lo que acaba, a la tumba, y lo que nace a darle forma
y vida.
Desaparecieron también los puestos de la calle dejando todo preparado para
1~ ampliación que se llevó al cabo, de manera que aquellas casas ruinosas y
figones de mal agüero, quedaron vencidos para dar lugar a muchas construcciones que hoy ofrecen el espectáculo de edificios limpios, siguiendo la
tradición de tiendas populares.

•
El tramo de la calle entre Hidalgo y Morelos era tal vez el más estrecho
apenas si de paramento a paramento se contaban 8 metros.
'
Durante algunas temporadas sufría la invasión de puestos semüijos. Se les
desalojaba por las autoridades; pero en la primera oportunidad volvían a plantarse, a pesar de las protestas de los comerciantes establecidos.
En la esquina con Hidalgo, durante muchos años, existió un tendajón, de
nombre "El Toro", que vendía desde calabazas y piloncillos, hasta zapatos y
medicinas. Posteriormente cambió el ramo a ropa barata, que se exhibía colgada en los marcos de las puertas.
Seguían comercios de poca categoría basta la esquina que ocupó durante
largos años el montepío "La Montaña de Piedad", fundado por don José María Elizondo, quien lo traspasó a principio de este siglo a don Jesús y don AI366

fredo Pérez, clausurándose el negocio cuando don Alfredo inició sus actividades políticas por el año de 1911.
Años más tarde sufrió la cuadra una notable transformación al establecerse
en ese lugar la empresa Proveedora del Hogar, conocida por "P.H.". Este
establecimiento ocupó toda la cuadra por Juárez, y al ampliarse la calle perdió
edificios y terreno en proporciones muy estimables.
Ya en la nueva alineación se levantó un edificio por la Compañía filial
Financiera del Norte, S. A., arteria económica del grupo del vidrio, cuyo eje
motor lo constituye la Vidriera Monterrey.
Esta empresa financiera ha logrado, en el transcurso de 25 años, aumentar
-sus actividades al grado de que, habiendo iniciado sus operaciones con un
capital social de trescientos mil pesos, se ha elevado a la respetable cantidad
&lt;le setenta y cinco millones de pesos.
Pues bien esta Institución ha contribuido a la belleza urbanística de Monterrey, con un edificio sobrio, elegante, funcional, que aumenta el atractivo de
1a vista panorámica de ese sector.
Consta de un cuerpo de 3 pisos y una torre de 8. Se asienta en un terreno
&lt;le 1,055 metros cuadrados, que limitan las calles de Juárez, Hidalgo y Morelos.
Los primeros tres pisos sirven a Proveedora del Hogar; los cinco siguientes
a Financiera del Norte; y el resto a Almacenadora del Norte, Industria del
Alcali, y Fomento de Industria y Comercio.

•
La siguiente cuadra está llena de reminiscencias que trascienden a épocas
lejanas, porque fue a fines del siglo pasado y lo que va del presente, un centro
comercial de primera categoría .
En la esquina noroeste de Morelos y Juárez durante muchos años disfrutó
el comercio de abarrotes al medio mayoreo y menudeo una tienda llamada
"Las Palomas", propiedad de don Timoteo Lozano, quien allá por 1896 la
traspasó a don Joaquín García. Por su parte don Joaquín García bautizó el
comercio con el nombre de "El Puerto de Matamoros", dirigiendo el negocio
con gran éxito hasta 1906; a su vez lo vendió a don Francisco Armendáiz,
quien organizó una compañía quedando al frente de la misma don Emilio
'Ballí, hombre de amplios recursos, de simpatía, de don de gentes y de grandes
alcances comerciales.
Pared de por medio don Manuel Guajardo, comerciante de arrestos, estableció la cantina "La Zacatecana" que pocos años después transformó en
abarrotera de gran prestigio y popularidad.
Seguía aumentando el movimiento comercial y don Andrés Galindo, que
367

�en 1875 había establecido un comercio de miscelánea, por incontables años
estuvo en actividad en una casa vecina con la particularidad de que para él
el dinero no era cosa de gran atractivo y consecuentemente, importándole más
que todo la actividad comercial, tenía especial predilección por hacer operaciones al trueque. Lo interesante era que ningún cliente se fuese sin llevar y
dejar algo.
Más adelante se estableció otro comercio de abarrotes denominado "La
Concha" fundado por don Primitivo González en el año de 1880 y por los 90
fue a parar a manos de don Bias Cantú, quien a su vez lo traspasó a los
señores Femández García, hermanos activos y dinámicos, quienes por último
en 1897 pasaron activo y pasivo a don Lorenzo Guerra, quien introdujo novedades que mucho alentaron al comercio de ese lugar. Entre otras de sus
ocurrencias se destacaba la quema de diablos el Sábado de Gloria, que reunía
a centenares de personas ávidas de contemplar la pirotecnia, eJ estampido de
los cohetes y, lo más importante, la lluvia de dulces encerrados en las panzas
enormes de los diablos y la distribuci6n directa que desde Ja azotea del edificio hacia personalmente don Lorenzo con la ayuda de sus dependientes.
Volaban por el espacio latas de sardina, salmón, paquetes de jab6n, de sal,
de frijol, etc., etc. Estos acontecimientos de sabor esencialmente popular le
dieron gran prestigio a "La Concha" y algo alcanzaron también sus vecinos.
Seguía por orden de ubicación la panadería "La Bola", una de las más
antiguas de Monterrey, bien manejada por su propietario don Francisco Roel,
que mantuvo su actividad durante más de treinta años. Llegando a la esquina
existía un comercio "La Fama", sucursal de una fábrica de cigarros de San
Luis Potosí que se transformó andando el tiempo en el Montepío "La Rueda
de la Fortuna", propiedad de don Vicente Ferriño. La veleidosa fortuna a
veces sonrió al señor Ferriño y otras le volvió la espalda. Fue minero y comerciante en bienes raíces, supo de todo y como los gladiadores cayó en la lucha.
Pero esta esquina que estuvo impregnada de quejas, lamentos y regateos
por aquello de los empeños, sufrió una transformación de grandes alcances.
Don Guillermo Zambrano, Capitán Segundo en el mundo de los negocios.
porque el primero de la dinastía lo fue su hermano mayor don Lorenzo,.
construyó un edificio bello, elegante y funcional.
Se titula "El Roble", así bauti.7.ado en homenaje al primitivo nombre que
llevó la calle, nombre que adquiría del Templo del Roble. Fue inaugurado el
edificio el 25 de febrero de 1959. Consta de sótano y diez pisos, con aire
acondicionado, empleándose en su construcción fierro, concreto, mármol y
abundancia de vidrio. El Arquitecto responsable don Marcclo Zambrano unió
a la solidez del edificio detalles de belleza, que hacen del edificio algo con
pei:sonalidad propia.

368

Para las minucias de la historia, que suelen adquirir especial categoría, dejo
consignado que la planta baja, hacia la esquina, la ocupan los Almacenes
García -ropa y géneros-- con auténtico sabor popular "a raja-tablas". Hacia
el sur se instaló la Biblioteca Franklin y en seguida la tienda "Telas Monterrey". El resto lo ocupan numerosos despachos, significándose por su especial
categoría el Consulado Norteamericano, que dispone de algo más de dos pisos.
Sigue un edificio de agradable aspecto de tres pisos, que lleva el título de
"Edificio Martínez". La planta baja la ocupa casi en toda su totalidad el
Banco Comercial de Monterrey dejando un espacio a la empresa Windsor,
S. A., distribuidora de relojes.
Por último, un edificio de dos pisos, de tipo modernista presenta un extenso
letrero que dice: "La Puntada", Fuente de Sodas, en donde se reúnen q1úencs buscan, a pretexto de un tonificante, refresco o café.
Completa el panorama bello y alegre de esta calle la anchurosa Avenida,
que en ese Jugar adquiere mayor amplitud, y en frente los monumentales edificios, que en dos cuerpos, forman el Condominio Monteney. Fuertes, elegantes, imponentes. Se asientan en el predio en que, por muchos años, estuvo
el Mercado Colón, del que en alguna otra ocasión he de ocuparme.
Los rascacielos, las empresas de gran categoría, las oficinas suntuosas y el
ambiente de gran actividad que se respira en este sector apabullan, diríamos,
aquellas modestas casas comerciales que fueron colmenar de actividades en
tiempos que ya van siendo lejanos; pero el espíritu de aquellos tiempos de
amistades abi~rtas y de costumbres sencillas, seguirán imperturbables en el
recuerdo, en la historia, la leyenda y la anécdota.

•
Procede caminar hacia el norte, entendidos que la ampliaci6n de la calle
Juárez correspondió exclusivamente a los edificios del poniente, con excepción
del tramo vecino al puente que también sufrió amputaciones del lado oriente.
Volviendo a los primeros años del siglo, nos encontramos con una serie
de pequeños negocios entre los que destacaba la peluquería "La Borla de
Oro", de abigarrada clientela, en donde se asistía al ceremonial del corte del
pelo y afeite de la barba, con respeto absoluto al bigote, y además se era
parte auditiva de la charla pintoresca e incisiva de los peluqueros. Le seguía
a este establecimiento una famosa hojalatería, y más adelante un comercio de
Alfarería de don Sebastiáo Leal, para continuar con la librería de don Espiridión G. Vallejo, hombre de férrea contextura a pesar de su escasa estatura,
pero en cambio mostraba la cabeza redonda con pelo negro a los 80 años,
siempre afable, con los anteojos cabalgando sobre la achatada nariz, buscando

369
H24

�afanosamente los libros, reglas, cuadernos y cuanto necesitaban los muchachos
que a grito abierto pedían se les atendiera de inmediato. Era don Espiridión
un Mutualista de hueso colorado, que actuó en las filas del Gran Círculo de
Obreros durante rnás de 30 años. Hijo de él es el Lic. D. José Juan Vallejo,
''Vallejito", como se le nombra en todas partes, lo mismo en las aulas de la
Escuela de Leyes, en donde por más de 50 años ha sido maestro, como en
las sociedades Mutualistas que le han otorgado el honroso título de "Benemérito del Mutualismo", por sus permanentes trabajos en pro del ideal mutualista.
Vecino, también mutualista, don Jesús Sandoval, se destacaba con su fotografía "El Bello Arte", compartiendo su fama de artista con el popular Cuco
García, herederos, sin duda alguna, de la aristocrática fotografía "Lagrange".
Había otros pequeños negocios hasta IJegar a la esquina en donde "La
Brisa" abrla sus puertas rojas, de rejas de fierro, ofreciendo la mejor carne
de res y de puerco que se vendía en la ciudad. Por supuesto, compitiendo con
el Mercado Colón a base de kilos de más de mil gramos y precios que no
rebasaban los veinte centavos el kilo.
Andando el tiempo, fueron desapareciendo uno a uno esos negocios para
ser reemplazados por otros hasta que, a mediados de la cuadra, y ocupando
la mayor parte, se estableció el almacén "El Centro Mercantil de Monterrey",
que con la ampliación sufrió algunos cambios y en la actualidad están agre•
gándose nuevas edificaciones para ser campo de operaciones de los almacenes
"Sears Roebuck de México".
Hecha la ampliación, se construyeron los edificios que ocupan el almacén
de ropa "Tiendas U ni versales", para llegar hasta la esquina en donde opera
la zapatería "El Centenario". En el tramo del oriente las transformaciones han
sido notorias por cuanto a que los pequeños comercios y casas particulares que
existían han desaparecido para ser reemplazados por almacenes de mayor
cuantía.
Entre las cosas que recuerdo de aquellos tiempos, puede citarse la casa
particular, que a mediados de la cuadra era propiedad del Lic. don José
Luna, Notario Público. Su renombre le venía más que de sus actividades profesionales, de su afición a la pintura. Varios cuadros de indiscutible mérito
ennoblecen su afición.
Hijo de él es el Dr. José Luna Ayala, gran clínico, profesor del Colegio
Civil y de la Escuela de Medicina. Se cuentan por centenares sus discípulos.
Durante los años treintas ocupó esa casa un artista de las artes gráficas
y de la pintura, Celedonio Mireles. Después se estableció un repertorio de música, para quedar más adelante dentro de la invasión de comercios de ropa
y zapatos.
370

•
De Matamoros a Allende se inician los derrumbes con cierta lentitud,
mostrando las casas, aún cuando desocupadas, sus anteriores letreros: Ferretería Mexicana -antes comercio de abarrotes del Sr. N. Guajardo, quien
murió accidentalmente, al ayudar a bajar de un transporte una caja fuerte
que había adquirido para su negocio-; después, en el mismo lugar estuvo la
Librería Nueva; siguen, Curiosidades Mexicanas de don Mateo Leal, viejo
comercian te en artículos típicos mexicanos; "La Reyna" zapatería; México
Eléctrico; Trajes Fusi; y otra vez México Eléctrico. En esta esquina, una
cantina, "El Barril de Cristal", ponía la nota alegre, al contar entre sus clientes a hombres de letras como Oswaldo Sánchez, Federico de P. Robledo, apodado el Vale Coyote, Lic. Manuel Múzquiz Blanco, y algunos otros escritores,
que discutían sobre asuntos literarios, y declamaban los versos de su propia
cosecha Seguramente que muy pronto la piqueta acabará con estas construcciones y surgirán los edilicios que han de reemplazar a los que sirvieron, tal
vez dmante un siglo, al comercio de Monterrey.
En la acera oriente, esquina noreste, durante más de 40 años, el doctor
Mauro Villarreal mantuvo abierto su consultorio y la botica del comercio. En
la actualidad el comercio de ropa, de moderna presentación, "Almacenes Sagaón ', atrae a la clientela mediante llamativa propaganda.
En la esquina siguiente se estableció una mueblería, bien surtida; pero no
tuvo resultados satisfactorios. Fue reemplazada por el Colegio Porfirio Díaz,
del profesor don Jesús Rojas, en donde prestó sus servicios un antiporfirista,
el profesor Antonio l. Villarreal, precursor revolucionario, t:¡ue al caminar
de los años conquistó en la Revolución Constitucionalista, el grado de General de División.

•
La cuadra de Allende a 15 de Mayo, en un 50% ha sido ampliada surgiendo nuevos edificios de vistoso acabado.
Enumeramos, como dato curioso, la serie de negocios que existían en esta
cuadra, que al desaparecer las viejas casas, algunos persistirán en las nuevas y
otros habrán cambiado.
Veamos: Fotografía Treviño, antes cantina "las Delicias"; Salón de Belleza "Venus"; Estanquillo "El Roble"; Dr. Everardo G. Lozano; Dr. Carlos
de la Garza Páez; Estanquillo, Venta de sodas y dulces; "Arte", Salón de
Belleza; Cuerpo de Bomberos, -evocar al Cuerpo de Bomberos de aquellos
tiempos, es imaginarse un par de carros colorados, eso sí, muy rojos, tripu371

�lados por bomberos disfrazados de choferes, o de choferes con trazas de bomberos, cuya posición parecía la de titanes empujando a los carros.

modificación y algo queda también en el fondo del tiempo que se me ocurre
desenterrar.

Solía suceder que antes de llegar al lugar del siniestro se reventaba una
llanta, o escapaba el agua hirviendo desconchinflando el radiador, o se clavaba
la dirección; pero en todos los casos, los bomberos llegaban, aunque tuvieran
que llevar a cuestas los carros.

Principiando la cuadra en Allende se levanta un moderno edificio de maciza construcción, que lleva el nombre de Maracán. Su propietario don Pedro
Canavati, lo bautizó en esta forma en recuerdo de su esposa, de quien tomó
los primeras letras de su nombre: María Canava ti. Se trata de una construcci6n compuesta por sótano y 4 pisos. El primer piso está ocop~do por negocios
comerciales. En la esquina existe una tienda de ropa para damas que se
titula: Remy. Lo otros departamentos están ocupados por la Fotografía ''Estudios Portillo"; "Tiendas Melo"; "Zapatería M6naco" ¡ "Hilados Finos Monterrey" y "Mercería Juárez".

¡ Ah! pero había que ver cómo se mantetúa en pie la economía de la institución: Ayuntamiento $ 100.00 mensuales, que no siempre los pagaba, y
empresas particulares que "daban donativos" de uno y dos pesos mensuales.
En total un presupuesto mensual de $ 600.00.
El Comandante lo era todo: bombero, mecánico, instructor, cobrador; eso
sí, después de cada hazaña, los periódicos generosamente repartían los más encomiásticos adjetivos. En estos andares, durante 32 años, actuó Emilio Alanís
Alanís. Entró al servicio como simple bombero: fuerte, sanguíneo, ágil hasta
llegar a Comandante. Envejeció en el servicio, perdiendo los atributos de la
juventud, para conservar una sonrisa de optimismo, que fue en su vida
como un pregón del deber cumplido.
Pasó aquello, llegó la ampliación, y el chiflido de casa ya no sirvió para
las funciones a que estaba destinada; los tiempos han cambiado, y con la generosa cooperación del Gobierno del Estado, del Ayuntamiento, y de los particulares, se ha construído un edificio en terrenos ganados al Río de Santa
Catarina, que merece justamente el título de Cuartel Central de Bomberos.
El edificio por desocuparse fue donado poi: don Santiago Belden.
Sigamos la n:renci6n de establecimientos: Nuevo León Eléctrico; Peletera
Montei::rey; Estanquillo ''Jovita"; Peletera del orte; Salón de Belleza "Guadalupe"; Casa Myúam, Mercería y Joyería; Estanquillo; casa habitaci6n¡ Zapatería Ramirez; Consultorio Médico; La Sorpresa, Relojes y Alhajas; El
Triunfo, Marcos y Molduras; Las Novedades, ropa para niñas; Clínica Dental del Roble; Casa Hinojosa; casa habitaci6n; "Gema", Relojería y Joyería,
y Carnicería "La Aurora"; -treinta años antes ' consultorio del doctor José
Sepúlveda.
Como puede apreciarse, los numerosos establecimientos dan idea del comercio de poca monta. Con excepción de tres casas de dos pisos, las demás
eran de un solo piso.

•
Algo debemos decir de la acera oriente, pues aun cuando las transformaciones sufridas son poco notorias, de todas maneras, ya se ha principiado la
372

Los pisos restantes sirven a muy distintas actividades: Centro Patronal de
Nuevo León; Petróleos Mexicanos¡ bufetes de abogados; oficinas de seguros;
distribución de artículos para el hogar; despachos de ingenieros, etc., etc. Años
antes el predio pertenecía a la Cía. de Luz y Fuerza Motriz de Monterrey.
En departamentos de construcción antigua operaban oficinas y bodegas.
Continúan construcciones del siglo pasado, a las que apenas si se les ha
hecho algún remiendo sin categoría y llegamos a mediaciones de la cuadra
en donde, a principios del siglo, estuvo situada la Academia de Comercid General Zaragoza, cuyo propietario don Anastasio A. Treviño Martínez, inició
lo que pudiéramos decir la carrera de Contador Privado, aW1 cuando sin los
relieves que tiene en la actualidad.
Como me tocó estudiar en ese colegio, puedo hablar de1 algunas de mis impresiones, entre las cuales se destaca la existencia de un Ojo de Agua en el
patio, que invitaba a los muchachos en las horas de recreo a beber con fruición,
formando con las manos improvisado Tecipiente.
En cuanto a los profesores --después de don Anastasio, cuya figura singular lo destacaba como hombre de principios, de carácter, de sólida rectitud
en sus procedimientos, de gran espíritu emprendedor y, sobre todo, de W1a
arraigada responsabilidad en las actividades a que se había dedicado-, dejaron profunda impresión en mi recuerdo.
Había un 'profesor de español, joven, como de 20 años de edad, de mediana
estatura, delgado, ojos pequeños, pelo negro, semblante intensamente pálido,
pulcramente vestido, cuello y puños duros, siempre blancos. Todo ello, unido
a una prematura seriedad, daban al joven profesor marcado aspecto romántico, que e acentuaba con su tendencia a dictar trozos literarios de los próceres
del romanticismo, principalmente de Bécquer, que lo entusiasmaba. Don
Anastasio, con su voz robusta de barítono, hizo la presentación: ... "El Profesor Don Joel Rocha". Con el tiempo, aquel joven habría de destacarse en su
373

�profesión y posteriormente, como uno de los industriales de mayor categoría
en nuestro medio ambiente.
Profesor de planta fue don Alonso Mendoza, cuya característica principal
eran la pulcritud, tanto en el vestir como en sus modales. Su simpatía se hizo
general, de manera que todos los muchachos le teníamos gran cariño. Poco
tiempo actuó en su carácter de profesor, dedicándose a otras actividades y
según tengo entendido, en la actualidad dirige un negocio de camiones de
carga.
En ese rosario de recuerdos, ocupa un lugar preferente Aldo B. Alarcón,
escritor y poeta, hombre sencillo, de genuina prosapia romántica, a quien los
intereses terrenales nada significaban. Era serio, dedicado a su ministerio, afable, y dispuesto siempre a ayudar a los estudiantes en todos aquellos problemas
que se les dificultaba resolver.
Viene después el profesor don Rufino Salinas, que habiendo actuado en la
educación primaria, formó parte del profesorado de la Academia en donde
aprendió la Contabilidad en término rapidísimo, y se constituyó en uno de
los más capaces profesores de la materia. Algunos años después abandonó el
Magisterio para encargarse de la Contabilidad de la Casa Chapa, S. A., en
donde estuvo sirviendo basta su muerte.
Contiguo a la Academia regenteó durante muchos años una sastrería "La
Primavera" don Efraín Villarreal, amable siempre y siempre correcto. Mientras tomaba las medidas platicaba sobre los sucesos de actualidad, que forzosamente se relacionaban con la Revolución. Madero revolucionario; Madero
Presidente; Madero asesinado; Carranza, Primer Jefe de la Revolución. . . y
por ese orden todo cuanto iba sucediendo.
De fácil palabra, aprovechaba toda coyuntura para hacer ambiente favorable a la revolución, y por upue to era una magnífica fuente de infonnaci6n.
Más adelante se encontraba la botica de "El Roble", propiedad del Dr.
don Alfonso Martínez. Se trataba de persona pulcra escrupulosa en sus funciones de médico, y posiblemente fue el último en nuestro medio, en usar
jaqué y sombrero alto al hacer sus visitas a los enfermos. Su presencia, con tal
atuendo, causaba un efecto sicológico saludable, lo demás quedaba a cargo
del tratamiento médico. Ese edificio de dos pisos está ocupado en la actualidad
por un comercio de artículos religiosos titulado: "Nuestra eñora del Roble".
Continuaban establecimientos de poca monta, entre ellos una dulcería en
donde en la actualidad se encuentra la Pastelería Monterrey, de bien ganado
prestigio; al final de la cuadra había un tendajón de escasa categoría transformado ahora en tienda de ropa para niños.

•
374

Hagamos un alto en este tramo para rememorar un emotivo espectáculo.
Los tranvías de mulitas bajaban por propio impulso de la calle Padre Mier,
entonces de Bolívar, para detenerse a media cuadra pasando la ·de Allende.
La velocidad ·se multiplicaba en comparación a la que solían llevar cuando
las mulitas tiraban del carro. No faltaba señora, que sobresaltada, a pesar de
la costumbre o tal vez por ella, e..xclamara: ¡ Santísima Virgen del Roble! Sin
que faltara el estribillo: ¡ Que Dios nos asista!
En contraste, los muchachos le gritaban al conductor -que iba atento a los
frenos-: suéltale más; suéltale más; pero el conductor, consciente de su gran
responsabilidad dejaba a la fuerza de inercia cumplir su misión, bajo su
vigilancia, por supuesto. Solla agregarse la nota chusca. Algún muchacho, haciendo alarde de acrobacia, bajaba del tranvía en plena carrera rematando la
suerte con una revolcada y aparatosa maroma.
Ahora aquello nos parecería cosa de niños, aún a las señoras que entonces
se alarmaban. ¡ Dos minutos para recorrer doscientos metros! No se puede en
esta época del jet concebir. Y sin embargo cada cosa en su tiempo. Si
todavía existían las diligencias, sí paseaban las gentes en carruajes tirados por
caballos, si Jos papalotes eran los únicos objetos más pesados que el aire que
surcaban la atmósfera, lo de los tranvías de fuerza animal cumplían plenamente con la parte que les correspondía en aquellos venturosos días de la
crinolina, del bastón y del bombín.

•
Atravesamos 15 de Mayo. Del lado oriente se levanta la típica construcción
de sillares del templo del Roble, que ocupa un buen tramo hacia el norte.
Sus gruesos muros dan la impresión de una fortaleza.
Hablaremos de este gran edificio más adelante, y entre tanto, agotaremos lo
que haya por decir del resto de la cuadra, que es bien poco.
Después del templo existe una casa de dos pisos, destinada a menesteres de
los servicios religiosos, y de actividades de carácter social. Nada tiene de extraordinario, en su sencilla arquitectura, digno de mencionarse.
Pared de por medio, un edificio de las mismas características, viene siendo
ocupado por la Talabartería Cía. Treviiio1 S. A., desde hace mis de 50 años.
Termina la cuadra con edificios de dos pisos, que llevan el sello de las Farmacias Benavides. Oficinas, laboratorios, almacenes y en la esquina, farmacia,
artículos de tocador y restaurante. Antaño, allá por los primeros años del siglo
actual el doctor don Melesio Martínez, de amplia y popular clientela, administraba la botica y el consultorio.
El clinamismo de don Felipe de

J. Bcnavides,

convirtió la modestia de una

375

�acti\'idad de tipo provinciano, en un centro cosmopolita, que han vivificad&lt;&gt;
con inusitado entusiasmo y tecnicismo sus hijo .
Es de mencionarse un lapso intermedio entre ambas referencias. Durante
varios años, que fonnaron parte de los tiempos de la revoluci6n Carrancista,
tres personas: Francisco Ruiz Leal, Santiago Villarreal y Julián E. Guerra,
formaron una sociedad comercial. Compra y \'enta de cereales. El tiempo no
era propicio para los negocios )' el capital social, no muy abundante, se esfum6.
La separación se impuso. El fracaso ignific6 pérdida de dinero; pero ganancia firme de experiencia. Franci co Ruiz Leal marchó a Tampico en busca
de mejores vientos. Inteligente, ambicioso, con esa ambición limpia que enaltece, pronto se abri6 un magnüico campo de acción. Comerciante. industrial
financiero, conquistó una posici6n envidiable, ganada a pulso con honradez y
actividad. Viv allá, rodeado de u familia, cada vez más grande, y gozando
de la admiración y cariño de la sociedad, a la que ha entregado mucho de
sus csfuenos.
antiago Villarreal también abandonó Monterrey para radicarse en Torreón. us actividades de comerciante y agricultor honesto y trabajador le produjeron respeto y estimación. Murió hace unos inco años, cumpliendo con
la consigna de los buenos: Todos a su alrededor lloraban, y solamente él
sonreía.
Queda en el recuerdo Julián E. Guerra, tipo sacado de estampas del siglo
pasado. Simpático, afable, miope, extremadamente sociable, de esa sociabilidad sin etiquetas. Gustaba de la música y de la poesía, · solía d clamar versos convirtiendo en tribuna los sacos llenos de maíz o de frijol.
Su paso por la calle e significaba por las repetidas pausa5; aquí se detenía
ante una ventana para saludar al compadre o a la comadr , más allá aquietaba el paso ante una pu ·ta semiabierta preguntando por alguien, y luego
detrnciones rápidas para saludar a quienes caminaban en sentido opu to. o
daba descanso al sombrero. ni se borraba de su embln.nte la sonrisa afable,
que achicaba aún má los ojos, a pesar de lo cristales de aumento.
n día, un aciago día del año de 1936, llegó de su trabajo algo fatigado,
se tendió en la cama para descansar, y cuando su esposa Jo llam6 para que
se sentara a la mesa ya no conte tó. Pas6 la invisible línea que nos separa del
má allá, con la misma dulzura, con la mi ma gentileza, que empleaba al
saludar a un amigo.
Pero retrocedamos hasta colocarnos de manera que podamos analizar el
T cmplo del Roble.

•

Por supuesto que el Templo merece mención especial. Su categoría queda
dentro d I fervor religioso de los regiomontanos, a la altura de la Catedral
y de la Purísima.

La tradición de la Virgen del Roble queda fuertemente ligada a nuestra
historia. Como en el caso de ]a Purísima aquí naci6, tomó forma y se afianzó

en la conciencia religiosa de las gentes.
El Templo, amplio, funcional, de cantera de sillar, con paredes de fortaleza,
era típico preg6n del solar regiomontano.

Digo que era porque en parte ha desaparecido. El frontispicio ha sido modificado, cambiando totalmente su estilo. ¿Mejor6? ¿Es apropiado al r sto
del edificio? o me atrevo a contestar estas preguntas. Algún té01ico en la
materia podrá hacerlo.
Yo me qucdq en la imaginación con aquel frente tosco, de sillares desnudos,
que ,ieron a nuestros abuelos subir las escalinatas para franquear las amplias
puertas.
Cuántas veces, el 18 de diciembre, siendo niño, sufría codazos y empujones
para postrarme ante la pequeña irgen. Y f:Sa5 mismas ocasiones de"oraba las
golosinas que en la calle vendían mugrientos dulceros, sin perdonar el plato
de enchiladas, al reclamo apetitoso del olor que despedían, sin importarme la
traza de las greñudas f ritangueras.
Participaba al gremente en la algarabía d los muchachos, que fuera de la
solemnidad de la misa y de los rosarios, distantes de las amplias y vistosas naves del Templo, asaltábamos los caballitos, la rueda de la fortuna, y corríamos
de un lado a otro ansiosos de no perder oportunidad alguna para divertimos.
iguiendo las instrucciones del cohetero lanzábamos al espacio las varas explosiva., qu llenaban de lucecitas el ciclo, dando la imprei6n de fugaces e trellas. o faltaba el muchacho atrabiliario, que sin esperar el momento oportuno, arrojaba el cohete entre "puesteros" y transeúntes. Con una reprimenda
del "mai tro" cohetero quedaba fuera de servicio.
Tratando de agotar las diversiones rodeábamos las mesas de juego, apostando desde uno hasta cinco centavos. La ruleta desvencijada con lo colores
rojo, azul, blanco y negro. La mesa boliche, juego ingenioso. Op raba mediante una canica, o bolita sólida, que se arrojaba por uno de los postes· huecos colocados en los extremos de la mesa, la que tenía figuras pintadas equidistantes entre sí, con un hoyo cada una de ellas. Ganaba quien lograba
colocar la bolita en el número mayor. El propietarid de la mesa descontaba
a su favor el 20% d las apuestas. Juego entretenido y de cierto arte.
Al si te colorado jugaban únicam nte los incautos. Los dados e taban arreglados de manera que el ganador era siempre el montero, En la baraja sucedía
Q&gt;Sa semejante.

376
377

�Los ya enterados pasábamos de frente, con cierto aire de suficiencia. Habíamos pagado el noviciado.
. .
.
A eso de las once de la noche iniciábamos la desbandada, Jubilosos o tnstes -cada quien habla de la feria según le va en ella-. Lo que no fallaba
era el dolor de estómago productd de la indigestión. La purga y a otra__co_sa.
El día 8 de septiembre de 1884 fue inaugurado el Templo. El penodico
La Defensa del Pueblo publicó las siguientes notas:

60. A las cinco de la tarde se cantará el Rosario, y en seguida las
preces mandadas por el Santo Padre por las necesidades de la Iglesia.

7o. Un solemne Tedeum en acción de gracias dará fin a esta festividad.
80. El domingo catorce del corriente a las siete de la mañana se cantará una misa con su Majestad manifiesto, quedando expuesto todo el
día para que los fieles vengan a rendirle adoración en la nueva iglesia".

Domingo 7 de septiembre de 1884.

•
EL TEMPLO DEL ROBLE

"Mañana el Illroo. Sr. Obispo bendecirá con toda solemnidad el
nuevo Templo de Ntra. Sra. del Roble.
A este fin se ha hecho circular la siguiente
INVITACIÓN

El lunes 8 de los corrientes, fiesta de la Natividad de Ntra. Sra.; el
Illroo. Sr. Obispo bendecirá solemnemente el nuevo templo del Roble.
El Presbítero Manuel Martínez capellán de este Santuario invita a
todos los católicos a concurrir a esta ceremonia, así como a lo~ d~ás
actos piadosos que con este motivo tendrán lugar conforme al s1gwente

PROGRAMA

lo. En la mañana del día 8, ál toque del alba un repique a vuelo en
todas las iglesias será el anuncio de la gran festividad.
2o. A las ocho en punto de la mañana el lllmo. Señ~r ??ispo acom- do de¡ V. Cabildo y Clero de esta ciudad, dará pnncip10
pana
. a la benºb
dición del nuevo Templo con todas las ceremonias que el nto prescn e.
3o. Después de Ja bendición la Sagrada Imagen será trasladada en
procesión al nuevo Templo.
_ ,
. .
4o. Se cantará una misa solemnísima en que su Senona Illma. of1c1ará de Pontificia!.
So. Terminada la misa se cantará la Salve Regina como prime: _homenaje que el Prelado, el Clero y el pueblo, ofrecen a la SantiSuna
Vin!en
del Roble en su nuevo Templo.
o
378

Jueves 11 de septiembre de 1884.

PADRINOS y MADRINAS

El Presbítero D. Manuel Martínez quiso honrar con el nomhramiento de padrinos y madrinas de la bendición del Templo del Roble
no sólo a las personas de más representación en esta ciudad y fuera de
ella, sino también a todas aquellas que con sus donativos especiales han
contribuido más o menos directamente a poner la nueva iglesia en estado
de servicio. Todas las personas invitadas aceptaron con gusto el nombramiento, pero no todas pudieron concurrir al acto de la bendición,
por encontrarse a larga distancia unas, y por!diferentes motivos las otras.
No obstante, como además de aceptar bondadosamente el cargo conferido han contribuido generosamente con diferentes sumas, así para
ayudar a los gastos de la función como para eI pago de varias partidas
que se adeudan pues los últimos trabajos han causado gastos extraordinarios, nos ha parecido conveniente publicar en este número los nombres de las personas que estuvieron presentes en el acto de la bendición,
reservándonos para el siguiente con los de todos los bienhechores que
fueron honrados con igual nombramiento, y no pudieron asistir.
Asistieron como padrinos y madrinas a la bendición del Templo del
Roble las personas siguientes:

SEÑORES:

Canónigo D. Narciso VillarreaJ, D. Valentín Rivero, Lic. D. Ramón
Treviño, Dr. don Juan de D. Treviño, don Patricio Milmo, don Luis
379

�Sánchez Lic. don Francisco Sada Lic. don Emilio Cárdenas, don Gabriel Fl~res, don Justo del Pilar, Dr. don Mclesio Martínez, don Pedro
Maiz don Amado Garza, Dr. don Tomás Hinojosa, Lic. don Modesto
ViUa;,.eal, Lic. don Anastasio Trcviño, don Rómulo Rodríguez, Dr.
clon Pedro Martínez, don Valentía Rivero Gajá.

SEÑORAS:

Sra. doña Refugio Dávila de Garza García, Srita. Ana Treviño, ~~ª·
Trinidad Garza, Srita. Elvira Cantú, Sra. Josefa García de Tm·mo,
rita. Sara Milmo, Sra. Concepción Guajarclo de Hinojosa, ra. doña Josefa González de García, Srita. María Villarreal, rita. Modesta
Rivera. Srita. Carlota Larralde, Sra. Guadalupe Galván del Pilar, rita.
Lo~ Galván, Srita. Clotilde de la Gana, rita. Cruz de la Gar:za,
ra. doña Genoveva M. de Martínez, Srita. Catarina de la Garza, S~_ta.
María Antonia Cárdenas, Sra. doña Concepción Vargas de ~revmo,
ra. doña Josefa Martínez de Treviño y ra. doña Petra fartmez de
1'.íartínez.
.
Una atractiva cúpula &lt;le amplias proporciones, fue construida a pnnipios de e te siglo. Se hacían los preparativos para su inauguración, a
fines de 1905 cuando se desplomó.
Fue providencial que no ocurrieran des!!racias personale , Y aun la
imagen del Roble no sufri6 deterioro alguno, no obstante encontrarse
debajo de la cúpula.
.
. .
Se cr que cl d •rrumbe se debió a determinados c~b10s que s . hicieron en tos muros de sustentación, sin tomarse las d b1das precauoon~s.
A salto
ha hecho este templo, que aún no está del todo concluido.
Cincuenta años de pués se iniciaron reformas y ampliaciones de gran categoría, que están en proceso.
.
.
La torre del campanario, nueva totalm nte, se construyo al oncnte del
templo. Ita, tal vez la m:ís alta de las torres de los t':111plos. de Monterrey, esbelta, de estilo di tinto al mismo templo, da la 1IDpr 16n de un
centinela en posición de firme.
y dicho lo anterior cerramos este sencillo relato.

•
A to largo d la ac ra poniente no tengo datos que ,·algan la pena mencionar. En los últimos ti mpos la esquina con 15 de Mayo la ocupó una fotogra-

fía popular. Se1!1Úan casas habitación alternando con pequeñas imprentas,
tintorerías, carpinterías y al final, con 5 ele Mayo, casa habitación del Lic.
Gil Trcviño, que antes ocupó don Ismael Guerra, tronco de numerosa y honorable familia, y mucho antes, a principios de siglo, fue campo de operaciones de un comercio de abarrotes titulado "El Gallo".
Esa casa desapareció totalmente. Del resto quedan muros y vigas cortadas
al límite C..'&lt;igido por la ampliación. El aspecto nada tiene de agradable, aun
cuando se han construido dos edificio de buen aspecto.

•
De 5 de Mayo a Washington las referencias no son tan extensas, por aquello de que el lado oriente lo ocupa la Plaza del Colegio Ci,;t y el lado poniente casas sin nin una especial característica, aun cuando algo de la cuadra se
ha transíormado por algunos edificios de nueva construcción.
Por cuanto a la Plaza del Colegio Civil, como dato que pinta lo que existía y algo de lo qu fue, copio aquello que encaja en la narración publicada
en mi ya mencionado libro Estampas Antiguas de Montem·y:
"Forma la pla::a un cuadro de 48 metros por lado y está poblado di'
árboles, en su ma}'or fiarte fresnos, que le dan un aspecto agradable.
En .su interior existe una glorieta amplia y en el centro se levanta un
pedestal que sostiene el busto en metal del ingeniero don Francisco Beltrán, que por sus pequeñas dimensiones ofrece un aspecto antiestético,
aparte de no corresponder a los mlritos que como educador se le reconocen al ingeniero Beltrán.
Para levantar este monumnzto fue quitada una fuente de piedra dr
rostro de dimensiones proporcionadas al tamaño de la plaza. En el centro
de la fuente existía u,i surtidor de firrro vaciado, de tres cuer/1os, de
agradable aspecto. No tan sólo no ml'joró la plaza en ornamento sino
que, sin necesidad se le quitó un adorno antiguo que debió conservarse,
puesto que el monumento al inoeniero Beltrán, hubiera quedado mucho
mejor ya en Ido banqu la del Colegio Civil, o en la misma plaza en el
andador del lado poniente dando frente, precisamente, aJ edificio del
Colegio en donde pasara el Ingeniero los años más importantes de su vida.
En esta plaza, dude hace más de 50 años, se ha acr,stumbrado dar
audiciones musicales los viernes en la noche, conJeruándosc la tradición •
y el romance de nuestras seretiatai'.

380
381

�Habría que agregar la transformación sufrida por la plaza hace unos cuantos años.
Se arrancaron los árboles que la poblaban, se suprimieron los jardines Y se
hizo una explanada de concrnto, dejando únicamente en cada esq~a ~a
pequeña glorieta con un fresno en el centro. Parece ser que hubo la mte~aon
de perpetuar la canción aquella que le sirvió al general Amulfo R. Go~ez,
como bandera de su malograda candidatura a la Presidencia de la República:
"Cuatro milpas tan sólo han quedado ..."
En el lado oriente de la Plaza se construyó una especie de estrado de concreto, que puede servir de tribuna en casos de reuniones populares. Lo demás, a excepción de un pequeño cobertizo fabricado al lado norte, no ofrece
perspectiva alguna que rompa la planicie.
.
.
Al fondo calle del Colegio Civil de por med10, ofrece su fachada colorual
el edificio del Colegio Civil, que ha sido para uevo León, Y diríamos para
el norte de la República, el centro de estudios de más alta categoría en lo que
respecta a la preparación de los futuros profesionistas.
.
.
Siruiendo el fácil procedimiento de las citas, que en este caso nene disculpa ;or robarme a mí mismo, doy albergue a lo que en el multicitado libro
rrúo publiqué sobre el Colegio Civil:
"El Obispo don Andrés Ambrosio Llanos y V aldés, que tantos em~eños
puso en dotar a la ciudad de los elementos nec~sarios para el cultw_o Y
se!¿uridad de los habitantes, principi6 a construir por 1796 un hospital,
q~e viniera a substit1lir al que existía en el edíf icio• que posteriormente
ocup6 el colegio 'San José', situado en Mina )' Abasolo. Dumnt~ ~na
epidemia de viruela, que se desarrolló en la ciudad en 1798, se destino el
hospital, todavía en construcci6n, al servicio público, prestando ~atables
servicios. El único médico que existía en la ciudad, Fray Antonio de la
Vera y Gálvez asistió con todo celo a los enfermos l~grando señalados
éxitos, que le valieron menci6n especial cerca del Virrey de la Nueva
España.
.
El Gobernador del Estado, don Santiago Vulaurri, el 4 de noviembre
de [857, decret6 el establecimiento del Colegio Civil, sin que pudieran
normalizarse los trabajos debido a las guerras intestinas, sino dos años
después, durante el gobierno del General Aramberri.
,
El 5 de diciembre de 1859 principiaron las clases, con una matricula
de 70 alumnos, siendo director el licenciado José de Jesús Dávila Y Prieto.
Siguiendo la tradición ya establecida en el Colegio, los ~o~iernos su~!sivos /e prestaron atención; pero fue el general don Jerommo Tr~~i~o
quien hizo el mayor esfuerzo hasta lograr que se terminara el ediftcto,

382

comprendiendo un frente de 84.70 metros y 55 de fondo. Se componía
de un solo piso, con excepción de la parte occidental y una pequeña porci6n del lado Sur, en que se constrwy6 un segundo piso.
Durante la administración del Lic. Aar6n Sáenz se construyó en el
centro del edificio un segundo piso y una atractiva fachada, y hacia el
Poniente se levantó la Aula Magna de la Universidad.
Durante el Gobierno del general Anacleto Guerrero se levantó el segundo piso en el resto del edificio, mejorándose su aspecto general.
Muchos notables hombres de ciencia pasaron por el Colegio Civil cw),·a
menci6n darla lugar a una interminable lista. Citaré el personal del
Colegio de 1899, porque aún siendo lejana la época, existen muchos de
los que fungían como /Jrofesores: Director, Dr. Lorenzo Sepúlveda; Prefecto de Estudios~ fosé Luna Ayala; Tesorero, Dr. Amado Fernández;
Profesores de diversos cursos: Lic. Macedonio Tamez, lng. Ernesto García, lng. Porfirio Treviño Arreola, Dr. Eusebio Guajardo, Prof. Emilio
Rodríguez, Lic. Rafael Lozano Saldaría, 1ng. Francisco Beltrán, Dr. Benig110 R. Davis, Prof. Federico Garza, Prof. Guadalupe Montenegro, Lic.
Virgilio Garza; Mayor José R. Moreno. Estudiantes: Néstor González,
Faustino Roel, Alfonso Pérez y Galdino P. Quintanilla".

Esto estuvo bien para 1942. Ahora, en 1964, las cosas han cambiado. Casi
todas las personas mencionadas han muerto.
No tendríamos sino agregar una pequeña nota, que no por pequeña deja
&lt;le tener importancia. Me refiero a la construcción hecha en el patio que correspondió al Colegio Civil -los llamados matorrales- de la Escuela de Labores Femeninas Pablo Livas.
El terreno no podía haber tenido una aplicación más apropiada. Se trata
de un centro de enseñanza que durante muchos años ha preparado a millares de jóvenes mujeres, en condiciones de ser buenas amas de casa, o empleadas eficaces, y en muchos casos propietarias de establecimientos, ya de costura, de juguetería, pastelería, y de otras actividades.
El edificio es amplio, bien construido, de agradable aspecto, y llena todas
las formalidades necesarias para que la benemérita escuela cumpla, aún con
más eficacia, la encomiable labor que le corresponde.
Se inauguró este flamante edificio con la solemnidad del caso el día 21
de marzo de 1963, sirviendo de homenaje a la memoria de don Benito Juárez, aniversario de su nacimiento.
Presidió el acto el licenciado don Eduardo Livas VillarreaJ, Gobernador
Constitucional del Estado, e hijo de don Pablo Livas, en honor de quien hace
cuarenta y dos años se integró la escuela, como realización de los esfuerzos

383

�encomiablcs de los profesores don Anastasio A. Treviño Martínez y don Plinio D. Ordóñez.
Una nutrida concurrencia asistió a este acto, contándose los más cercanos
familiares de don Pablo Livas, así como funcionarios del Gobierno, de la
Universidad de Nuevo León, licenciado Alfonso Rangel Guerra, Rector Interino; del Patronato de la misma don Manuel L. Barragán, así como del C.
Presidente Municipal, licenciado Leopoldo González Sáenz, del Secretario
General del Estado don Humberto Ramos Lozano, del general de División
J. Trinidad Rodríguez López, Comandante de la Séptima Zona Militar. Estuvo también presente don Jesús M. Montemayor, quien cedió la cantidad
de $ 2.000,000.00 para la construcción del edificio.
La ceremonia fue sencilla pero imponente dado que, recordándose los méritos de don Pablo Livas, se daba la circunstancia de encontrarse algunos profesores que fueron compañeros de él y quienes sintieron la emoción de recuerdos imperecederos.
Seguirá la escuela derramando sus beneficios, de cuya categoría podemos
damos cuenta al mencionar que para la fecha han recibido enseñanza 21,613
alumnas, habiendo obtenido su título profesional 4,567 cifras que hablan con
elocuencia.
Volvamos a nuestra calle; pasamos al lado oriente y nos encontramos con
un edificio comercial de tres pisos en substitución de un cine que se tituló
"Imperio", mejorándose el aspecto en forma notoria.
Contiguo se levantó el Teatro-Cine "Juárez", uno de los más confortables
de la ciudad, de sencillas líneas, de gran amplitud, y magnífica butaquería~
Reemplazó a una serie de casas pequeñas, de ningún valor estético, y sin tradición que valga la pena mencionar.
Del resto de la cuadra no hay sino manifestar que se han modificado algunas casas sin que ello signifique cambios de tal magnitud que valga la pena
hacer notar.

•

quienes cariñosamente se les llamaba "Jos pelones", porque acostumbraban
pelarse al rape.
Años después estos jóvenes entraron de lleno al mundo de las actividades
industriales, fonnando una fortuna envidiable, y según entiendo radican ambos en la ciudad de México. Contrajeron matrimonio en esta ciudad, formando dos hogares en donde retozan ya los nietos. Como hermanos y compañeros
de trabajo, continuaron estrechando más sus vínculos, al casarse con dos hermanas, Francisca y Ma. del Socorro Tijerina. Por su parte don Angel de
Fuentes que se casó con Sofía, hija también de don Ambrosio, adquirió en
propiedad el edificio comercial reteniendo así Ja casa de los Guajardo.

Ninguna novedad en el resto de la cuadra, sino es en la esquina siguiente
en donde se construyó un edificio de tres pisos, cuyas principales localidades
están a la disposición de la Sucursal del Banco General de Monterrey.

En tiempos que ya van siendo lejanos, en ese lugar existió la cantina denominada "El Sol" que tenía como contrapeso en la esquina de la acera poniente de la misma calle la cantina "La Luna". De aquí que los trasnochadores
se iban tranquilamente de "El Sol" a "La Luna'' completando el circuito
que los alejaba de sus hogares.
Por los años veintes dos esforzados trabajadores de la industria mueblera,
don Miguel Arredondo y don Melesio Lankenau, establecieron una modesta
fábrica de Muebles "El AncoralJ que andando el tiempo habría de transformarse en gran industria.
De la acera poniente no tengo ninguna referencia de tiempos pasados, y
de los actuales puede decirse que al principiar la calle con Washington hace
años que la esquina estaba ocupada por la Librería del Maestro, propiedad
del Prof. Timoteo R. Hemández, y en la actualidad por una cafetería. Más
allá rompe la monotonía de los pequeños comercios el edificio de la Sociedad Mutualista de Joyeros, Relojeros y Grabadores. Don Manuel M. García
operaba con una Mueblería, y oficina de negocios, entre los cuales se destaca
la construcción de la Colonia Estrella.
Y con esto llega el punto final de Juárez hasta Modesto Arreola.

Cruzamos la calle de Washington para continuar hacia el norte, deteniéndonos breves instantes para decir lo que el recuerdo nos sugiere.
Del lado oriente, en la esquina con Washington, el dinámico hombre de
negocios don Angel de Fuentes construyó un edificio de grandes proporciones integrado por tres pisos, que lleva el título "Edificio de Fuentes". La
planta baja la ocupa la farmacia ''El Fénix".

Pausadamente llegamos a la siguiente calle. Sin prisas, abriendo los ojos
para escudriñar lo que vemos, y haciendo aflorar el recuerdo, para describir
lo que hubo.

Anteriormente fue residencia y ]ocal comercial de don Ambrosio Guajardo
y posteriormente de sus hijos Apolonio y Ernesto, dinámicos y populares, a

Tal vez valga la pena explicar algunas citas que pudiera pensarse quedan
fuera del retablo. Me refiero especialmente a las menciones ocasionales de

384

•

385
H25

�algunas personas, que por una u otra circunstancia tienen que ver o han tenido que ver con esta calle.
No se trata de biografías, que ello nos llevaría espacio y tiempo, y constituirían obras ajenas a esta labor, sino simplemente de rápidos brochazos en
una pintura que debe contener el claro obscuro de los hechos relacionados
con la calle, 'Y existen hechos que no pueden desprenderse de las personas.
Lo lamentable, es mi parecer, radica en no incluir todos aquellos hechos
y personas que debieran mencionarse; pero que yo ignoro.
Hecha esta digresión caminemos adelante. En la esquina de la acera poniente, durante largos años, un tendajón mantenía la costumbre de la miscelánea; lo mismo vendía máiz y frijol que medicinas, vinos y licores. En la
actualidad existe una papelería y librería escolar, con el nombre de "Patria",
propiedad de don Estanislao González. Pero antes, allá por los noventa del
siglo pasado, dos hermanos, Estanislao y Federico Trevifio, dieron vida a un
comercio de miscelánea, en el que los vinos y licores ocupaban buen lugar. Se
llamaba "La Luna". Ese negocio desapareció por 1918 siendo reemplazado
por un depósito de naranjas, pionero de la costumbre, ya muy extendida, de
consumir el jugo.
El Banco Mercantil de Monterrey estableció una Sucursal en un edificio
contiguo, de tres pisos, atractivo y funcional. Después tenemos una serie de
casas de poca monta con salón, peluquería, florería, intercalados hasta la esquina otros comercios y especialmente restaurantes, que más propiamente llamaríamos fondas, en donde los cabritos al pastor llaman a la clientela con su
peculiar olo,r que sale por las puertas, formando un ambietite apetitoso en
combinación con las fondas establecidas en la acera de enfrente.
Mencionaremos otro edificio de tres pisos en donde opera la Ferretería Monterrey para llegar a la esquina donde puede leerse un letrero que dice "Salón
Lontananza". Se trata del trasunto de una cantina amplia y muy conocida
en tiempos ya lejan_os que se llam6 "Lontananza", nombre significativo en
cuanto a que resultaba lejana del centro de la ciudad.
Pero es el caso de mencionar un sucedido que nos pone en contacto con
una persona cuyos andares por el mundo son muy conocidos en Monterrey y
vale la pena mencionarlos por cuanto a lo que en comunión con la colectividad tiene. Se trata de don José D. Lozano.
Este señor Lozano es de mucha historia y de mucho peso. Comerciante, industrial, revolucionario, mutualista. Anda pisando, con pies que sostienen
más de cien kilos, los ochenta años, que ya es algo en persona de ese peso.
Se dice que las gentes. gordas 'son de buen carácter. Aquí la regla tiene su
meJor comprobación. Es afable, comunicativo y dicharachero. Donde él se

encuentra hay ambiente grato; cuentos de todos colores comentarios picosos
salpicado todo ello con risas alegres, francas, abiertas. '
'
Cu_ando ~e ~uemó su casa comentó en presencia del fuego, con gesto compungido: lastuna. que se desperdicie tanta lumbre, cuando la podíamos aprovechar asando "agujitas".
Al mutualismo se ha entregado con fervor: a él, en gran parte, se debe la
construcción del gran edificio de la Sociedad Mutualista, de Viajeros. Actúa en el Círculo Mercantil Mutualista y en Factores Mutuos, y asiste puntualmente a los Congresos Mutualistas Nacionales, lo mismo a Tuxpan, Ver.,
que a Puebla.

~ se desborda. abarca~do actividades de servicio social. A sus gestiones, en
un10n de don Miguel V1llarreal, que gusta de viajar por la India encantando
serpientes, se debe la construcción de las carreteras de Monterrey a Monclova y de Monterrey a Colombia.
Es tambi~ de los soldados de la buena vecindad, que operan bajo la bandera humanista de la tolerancia y comprensión, sostenida con fe y entusiasmo
por el ingeniero José Muguena.
Dicho lo anterior tiempo es de pasar a la acera Poniente.
Del poniente principia la cuadra con el edificio de tres pisos del Banco Industrial de Monterrey, sucursal que complementa las labores financieras con
las demás sucursales de los Bancos, que actúan a. unos cuantos metros de distancia, y que se mencionan en estos renglones. A continuación el Banco de
Comercio también opera con una sucursal para seguir con el edificio del
cine "Rodríguez".
Aquí cabe detenernos algunos momentos por aquello de que este cine tiene su historia.
A principio~ de siglo los hermanos Adolfo y Antonio Rodríguez, los má.ximos empresanos de teatros y cine que durante medio siglo controlaron los espectáculos, fincaron en ese lugar un jacalón amplio sin ninguna comodidad
ni ~tractivo especial, con el propósito de dedicarlo ; funciones populares, esp_e~1almente de teatro, pues en aquellos remotos tiempos el cine apenas principiaba.
La idea fue satisfecha cumplidamente pues el jacalón se llenaba de continuo, a precios de uno a dos pesos luneta y cincuenta centavos galería. Las
compañías teatrales que operaban raras veces eran aceptables, de ordinario
se trataba simplemente de "cómicos de la legua". Lo importante es que el
público se divertía y la razón de ser de aquel teatro se cumplía satisfactoriamente.
De lo bueno se destaca la temporada larga que llenó cumplidamente el famoso e inolvidable actor cómico Arturo García Pajujo. A su influjo y ense-

386
387

�ñanza se formó el barítono José Pulido, quien alcanzó renombre y gloria. Por
el mismo camino fueron Ojcda, Cabrera, Pardavé y cien más.
Pasados los años se hizo necesario modificar los planes primitivos, pues la
ciudad iba creciendo y sus necesidades, en todos los menesteres también. En
consecuencia se pensó en hacer algo de mayor categoría y los hermanos Rodríguez emprendieron la faena desde luego.
El día 28 de marzo de 1928 fue inaugurado el nuevo teatro que ya contaba con comodidades mamíficas y aun cuando no eran precisamente una notabilidad, sí reunía las condiciones necesarias para que en esa época se le titulara "Coliseo 1áximo de Monterrey".
La construcción se debió al muy conocido y competente maestro contratista M. J uárez y la decoración estuvo a cargo de los maestro Salvador Tarasona y Je ús D. Jíménez, quienes cumplieron satisfactoriamente su comeúdo,
dando un aspecto al teatro vistoso y alegre.
Se turnaban las actuaciones de teatro y cin , habiéndose pasado películas
de gran r nombre eo la época como El Arca de oé y El Gaucho.
Volviendo a la inauguración diremos que la compañía que e. taba encargada de hacerlo fue la encabezada por el inspirado compo itor mexicano Alfonso Esparza Oteo, que ya había adquirido renombre con su famosa canción
ccun Viejo Amor''. Actuaban con él Elvira Luz R yes, Evangelina Magaña,
Manuel Ramiro Malpica, Francisco Salinas y Leobardo 1. González.
En posteriores ocasiones pasaron por el tablado del r gio teatro Bertha
Singennan, la declamadora de voz de cristal; Matilde Palau, la temperamental; Virginia Fábregas, la egregia; las hermanas Aguila, inigualables; María Teresa Montoya, la Maestra; Pepita Embil, siempre atractiva, y otras muchas artistas que largo seda citar, sin que dejemos al margen a los hombre
que como el doctor Alfonso Ortiz Tirado, Tito Gu1zar, Jorge egrete, Pedro
Infante etc. etc., llenaron una época de arte.
Durante la primera temporada del Teatro escuchamos a famosas cuplctistas que se alternaban cantando canciones espa.fiolas, argentinas y mexicanas. Entr las primeras podemos anotar: "El que a Yerro Mata", "Agua qu
no Has de Beber", "Calla Jilguero" "La' Muñ a" y "El Relicario"; entre las
argentinas: "Ladrillo", "Uno", "Volver", "Silencio", " oche de Reyes" y
entre las me.xicanas: "Estrellita", ''La Pajarera", "Mi Querido Capitán", "Morenita Mía", "Mujer". "Rosa", "Veracruz" "Farolito", "Varita de Nardo", etc.
in orden cronológico citaremos algunos de los compositores mexicanos que
más contribuyeron con su in piración a formar el ambiente folklórico de México,
cuya calidad ha significado que, a través de nuestras canciones, se conozca
a México en el mundo entero.
Podemos referimos a Manuel M. Ponce, Tata

acho, Pepe Guízar, Gon-

zato Curie), Joaquín Pardavé, Agustín Lara, Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín. Jorge del Moral, Luis Arcaraz, María Greever.
El Teatro que llenó una época interesante en nuestro medio ambiente se
qucm6 el día 22 de noviembre de 1954 sin que afortunadamente hubiese des-gracias penonales.
El nuevo Teatro-Cine se inauguró el 28 de mayo de 1955, bautizándole con
el nombre de "Imperio-Rodríguez".
F~aliza la cuadra sin otra anotación que rompa lo normal: pequeños comemo fondas, con el remate de una clásica taquería que agrega caldos de
pollo y menudo.

•
. En el tramo de Aramberri a Ruperto Martínez sí nos dice la historia cosas
m teresantcs.
Del lado ~riente,. ~ ~a actualidad, operan comercios de ropa, calzado y
frutas. o tienen d1stmüvo especial que los haga destacarse y no tardarán
mucho tiempo sin que los derrumbes procedan a la ampliaclón de la calle.
Pero allá en el siglo , VIII, cuando el Obispo de Llanos y Valdés se echó
a cuestas la tarea de construir la nueva Catedral, metros más.adelante, se
con truyeron en toda la cuadra edificios de modestas proporciones, destinado ~ Convento de Capuchinas, que no lograron habitar, por circunstancias
que ignoramos.
Posteriormente, mediante arreglos apropiados, los edificios fueron ocupados por soldados, bautizándosele con el nombre de Cuartel Iturbide. Epoca
en que todavía el nombre de Iturbide no se había proscrito de la nómina de
los héroes nacional .
Los vecinos se habían acostumbrado al toque de diana a las seis de la mañana, a la escoleta de la banda de música y a las audiciones casi diarias que
ejecutaba en la banqueta, a horas en que el sol ocultaba el fuego de sus hornos, detrás del Cerro de la Mitra.
A '.nstancia del general do? Bernardo Reyes el Gobierno Federal construyó
amplios cuarteles en algo mas de cuatro hectáreas de terreno, por la entonces Calzada Unión, hoy venida Madero, a la altura en que se encuentra la
escuela Presidente Calles.
Preci amente cuando en 1898 visitó Monterrey don Porfirio Díaz, todavía
en el esplendor de su largo gobierno, se efectuó un imulacro de combate
en los terreno libres de los cuarteles, que la prensa calificó de brillante.
Pues bien el cuart 1 Iturbide quedó sin funcione , y posiblemente se ven-

389
388

�dió para la construcción de los nuevos, como sucedió con éstos, al construirse
otro en Madero con Félix U. Gómez, esquina suroeste.
El producto de la venta sirvió para pagar las indemnizaciones a los pr~pi_etarios de los edificios y terrenos en donde se construyó, durante la Adnumstración gubernamental del licenciado don Aarón Sáenz, en 1928, el Palacio
Federal.
De esta manera la barriada quedó en silencio, siendo substitu1do el Cuartel Iturbide, por numerosos comercios.
En frente existía una explanada que abarcaba toda la manzana. No la llamo
plaza por la sencilla razón de que tal título no le correspondía, por más que
fuese conocida con el nombre de Plaza Juárez.
En efecto no existían sino unos cuantos truenos, y menos fresnos, distribuídos sin orden alguno, que vivían de milagro, pues no conocían de más atenciones que las dispensadas por la naturaleza.
.
Los circos con cierta frecuencia lucían sus carpas y banderolas de abigarrados colores. Entonces adqt.úría la plaza especial señorío, notoriamente
cuando era el Circo Orrin el que plantaba sus tiendas. De lejos en lejos sucedía esto; y como se trataba de un espectáculo, para la época, maravilloso, el
turismo llegaba a Monterrey de todo el Estado, y aun de poblaciones de los
Estados vecinos.
Como no existían suficientes hoteles, los visitantes se instalaban en las casas de los parientes y amigos. Era tal vez el único motivo que lamentaban las
familias de Monterrey. Pero al final de cuentas todo se pasaba por alto -acomodo en las habitaciones, y aumento de la comida- con goce del pleno disfrute del extraordinario espectáculo.
La evolución del circo ha sido lenta. Antes y ah.ora los perros amaestrados;
focas con su natural frac y fina sensibilidad; caballos nobles y obedientes; leones y tigres fieros atentos al látigo del domador; elefantes enormes ~~ f_inos
colmillos de marfil haciendo acrobacias; trapecistas voladores; equ1hbnstas
admirables; y los payasos, encanto y admiración de los niños.
El Circo Orrin presentaba lo mejor que había en cada variedad; pero sobre todas Jas notabilidades sobresalía el grupo de payasos, y sobre el grupo la
figura original, inimitable de Ricardo Bell, inglés de ~rigen; pero mexicano
de corazón.
El simple anuncio de la presencia de Ricardo Bell, encen~ía el entusiasmo
entre chicos y grandes. Apenas pisaba la pista y las carcajadas resonaban.
Un traspiés, un gesto, un ademán, eran más que stúicientes para que la alegría se desbordara.
En este punto recurro a una oportuna cita. Escribía el inolvidable ~aestro
y amigo, arquitecto don Agustín Basave, una sección en El Norte, htulada

De aquí ~ de allá. Hacía desfilar hechos notables, personajes históricos, acontecimientos especiales, anécdotas de grandes hombres, y entre ellas va la que
se refiere a Ricardo Bell :
"Bell fue un payaso genial. El único auténtico entre todos los que
nos han visitado. Fue, además, un enamorado de México, inglés de nacionalidad, poseía un corazón mexicano. Sus hijos han permanecido en
el país, definitivamente vinculados con nosotros.
Recordaba nuestro amígo al evocar a Bell, un chiste que le oyó en
Saltillo y el cual hizo las delicias de nuestra simpática vecina.
Acababa de llegar el Circo Orrin a la capital coahuilensc, procedente
de Monterrey, y, como sucedía siempre, en todas las ciudades que visitaba el circo memorable, la gran carpa estaba a reventar.
Alambristas, p,restidigitadores, trapecistas y jinetes habían ya cubierto sus números cuando una cometa y un tambor al trote, anunciaron
la entrada del payaso. Una salva de aplausos los salud6, pues era el
primer dla de la temporada en Saltillo. Bell ejecutó algunas piezas en
sus particulares marimbas, juegos de campanas y de cascabeles y se fue
a saludar a Mr. Welton, el Jefe de Pista que entraba en esos momentos al redondel.
---Señor Welton, qué gusto me da ver a Ud. -le dij&lt;&gt; Bell, llevándoselo a sentar en la barda del ruedo.
-Señor Bell ¡ cuánto tiempo hacía que no veía a usted! -le dijo
W elton con su acento inglés- ¿ dónde estaba usted?
- ¡ Ah! amigo mío. He andado por todas partes, por París, por Pekín,
por Ramos .Arizpe, por Viena, por el infierno . ..

-r:Cómo? ¿Estuvo usted también en el infierno, señor BellJ
--lS'í, hombre y me encontré allí mucha gente conocida. Había rusos, turcos, belgas, japoneses, uruguayos, de todas partes. .. Muchos mexicanos, de la Capital, de Saltillo, de Morelia, de Chihuahua. Pero,
¿sabe usted, Mr. Wellon? No había ninguno de Monterrey.
-r:Cómo no, Mr. Bell? ¿Tan buena es la gente de por allá que ninguna se ha ido al infierno?
-No es eso, .Mr. Welton. Ahí tiene usted nomás que me puse a buscar alguno de Monterrey, y un diablo muy viejo me preguntó que qué
andaba haciendo, yo le dije lo que buscaba y me respondió: -No,
compadre. Es inútil que sigas buscando, el único que yo vi llegar aquí
de Monterrey, ya se' murió. Eso fue hace mttchos años.
-¿C6mo está eso, Mr. Bell?

390
391

�-Sí, M r. W elton; el que llegó de Monterrey pescó un resfrfo en el
infierno. Se le complicó con pulmonía y se murió.
Ya se imaginarán nuestros lectores cómo se le festejó la ocurrencia al
nunca bien alabado payaso Bell".

No soy de los que piensan en que todo tiempo pasado fue mejor. Hay de
todo ·en lo ya vivido, lo que sucede es que el tiempo forma en nuestro espíritu
una especie de velo a través del cual idealizamos lo que, en su tiempo, no
tuvo más relieve que un sucedido distinto a lo normal.
Así con el tiempo, hasta los momentos de peligro porque pasamos, vistos
a distancia, como que nos confortan. Pudimos salir adelante, y olvidamos las
zozobras, los sufrimientos que apretujaron nuestro corazón.
La poesía impresiona, conmueve y penetra en las fibras más sensibles del
ser humano, de ahí que Jorge Manrique, se haya inmortalizado con sus Coplas a la muerte de su padre, el Conde don Rodrigo:
Recuerde el alma adormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte,
tan callando.
Cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado,
da dolor;
cómo a vuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor ...

Volvamos al circo. Además de la carpa principal ha sido costumbre levantar carpas de medianas proporciones) donde se exhiben víboras domesticadas,
fenómenos a base de espejos, y todo cuanto distorsiona la realidad, y rompe
con el sentido común. La descripción que hace el poeta Miguel N. Lira pinta a lo vivo el panorama:
Señores, vayan pasando
que la función comenzó,
que la niña está oantando,
con la voz que Dios le dio.

392

En esta carpa, señores,
verán lo que nadie vio;
verdad que dicen mis labios
nadie jamás desmintió.
Verán al ilusionista
lirtones cómo enredó,·
varita de mil virtudes
palomas los convirtió.
Ya el príncipe Bacasegua
fuego y plomo se comió;
el Diablo con ser diablo
comió lumbre y se quemó.
Pasen y pasen señores
¡ que la función comenzó!
l Por sólo veinte centavos,
verán lo que nadie vio!

•
En 1909 se construyó un mercado, de amplias naves, empleándose bloque~
de concreto, madera y lámina. Edificio no muy consistente; pero venía a llenar una necesidad para las amas de casa.
Durante el mes de septiembre de 1910 se realizó una e&gt;.'Posición industrial,
exhibiéndose numerosos productos de los que se fabricaban en la ciudad.
Un stand llamó la atención especialmente. Lo ocupaba un ajuar de recámara tallado por artistas expresamente traídos de San Luis Potosí, por la
fábrica de muebles "La Mexicana".
Verdaderas filigranas habían sido laboradas en madera de cedro, al estilo
barroco. Ropero de 3 metros de ancho, con 3 hojas; tocador de altas columnas
y lunas francesas; buró y sillas, así como espaciosa cama, con respaldo alto;
todo ello vistoso, más llamativo que útil.
Su precio se estimaba en veinte mil pesos, lo que hacía exclamar a los
curiosos visitantes que se trataba de una fortuna. Y sucedió lo presumible: el
propietario de la fábrica, don Alfredo Gutiérrez, tuvo que llevarse a su hogar
el "elefante blanco", como certeramente lo calificara su tío, el doctor don Juan
de Dios Treviño, de muy grata memoria.
A fines de 1959, es decir 50 años después de su erección, fue demolido el
393

�mercado. Fácil la operación si la comparamos con las dificultades presentadas
por los inquilinos de adentro y de afuera.
El edificio por dentro había perdido las características de mercado popular
para convertirse en tiendas de curiosidades, ferreterí~, a~ar~rías, plomer~as,
y venta de aparatos eléctricos. Lo que fuera el renglon pnnopal -frutenas,
dulcerías, carnicerías- había quedado en proporción pequeña.
La cosa por fuera ofrecía el más lamentable espectáculo. Pu~stos de ~
aspecto, sin servicios sanitarios, convertidos en fonduchas, nevenas, frutenas,
y cuanto puede c~ndimentarse a la vista del público: enchiladas, tacos, tortas, fritos, elotes. . . en una mescolanza de olores, como para marear a un
marinero.
En idas y venidas, vueltas y revueltas, entre autoridades y puesteros, se
pasaron varios meses, hasta llegar al final. El viejo edificio des~pareció. .
Un año después fue inaugurado un edificio de estilo modernista, atrachvo
y funcional, quo sí merece el título de mercado.

•
Seguimos caminando para avanzar hacia el norte. La calle es esencialrn~,te
comercial. En extensión difícilmente existe otra que le gane, con excepc10n
de la avenida Madero.
En el tramo siguiente no quedan habitaciones particulares. Misceláneas,
boticas, restaurantes, fruterías, de uno y otro lado. Movimiento activo de colorido popular. Pasamos a la siguiente cuadra.
En el lado oriente se inicia la cuadra con un edificio moderno de dos pisos
de la Papelei;ía Saldaña. Contiguo el edificio de cuat:o pisos de 3:5pecto alegre, del Hotel Coello. Casas particulares y de comercio hasta el f mal.
Por el poniente, en la esquina, casa de construcció~ antigua, co~struída a
principios del siglo para el Hospital Monterrey,_ atendido ~r médicos norteamericanos. A su clausura se instaló la Academia Mercantil de Monterrey.
El resto de la cuadra corresponde a un edificio que originalmente fue constnúdo para el Colegio María Auxiliadora. Las aulas se extienden por la calle
de M. M. del Llano hasta la del Colegio Civil.
Hace más de 20 años que el Gobierno Federal tomó posesión de este gran
edificio, al que se le han hecho arreglos y agregado m_ás salones. Está ocupado
por la Escuela Secundaria No. ,1. Demolida el _a1~_or1ente, la nueva construcción se hizo obedeciendo a la !mea de la amphac1on.

•
394

Pasando la calle M. M. del Llano entramos a un tramo de gran interés
histórico, de cuya narración me ocupé en ocasión anterior:
"Las escuelas normales están situadas en la manzana comprendida
entre las calles de ]uárez, Colegio Civil, M. M. del Llano y General
Tapia. Mide el terreno 66 metros por cada lado. Los edificios ocupan
el terreno de la parte oriental, destinándose el lado Sur para hombres
Y el Norte para señoritas. Ambas escuelas tienen la misma disposición en
la parte baja y la alta es común a las dos, estando formada por un salón
que mide 39 metros de longitud por 14 de ancho, comunicándose por el
su1' con dos piezas de regular extensión que sirven de ante-salón y por
el Norte con un saloncito.
El terreno lo compró el Gobierno, el 27 de Febrero de 1902, en la
cantidad de $ 10,000.00. La construcción fue dirigida por los señores
Mackin y Dillon, mediante contrato por valor de $ 88,230.80 más
$ 2,432.64 para obras de acabado. En consecuencia, el importe total
del edificio fue de.$ 90,663.44. A fines de Mayo del mismo año de 1902
estaba ya en servicio.
Hace años que se le ha abandonado, y no obstante su magnífica construcción, presenta huellas palpables de deterioro que ameritan una rápida atención.
La Normal fue creada por decreto de 23 de Noviembre de 1879
estando hasta 1886 bajo la dependencia del Ayuntamiento de la Ciudad~
En este año, siendo Gobernador del Estado el General Reyes, se hicieron algunas modificaciones al decreto respectivo y en 1889 fue reformada la Ley dándole mayor amplitud al plan de estudios.
'.El historial de la Escuela Normal es interesante, por sus Catedráticos
de indiscutible mérito y porque se ha formado un verdadero ejército de
Pro/eso res, que han elevado el nivel intelectual de nuestro pueblo. En
el año de 1899 fungió como Director el Ing. Don Miguel F. Martínez,
Y flor esa época, tenían Cátedra los Profesores don Aristeo González
Garza, don Serafín Peña, Dr. don Rafael Garza Cantú, don Arcadio
Espinosa, don Pablo Livas, don Joel Rocha, don Eulogio Flores y don
Conrado Montemayor.
Pero aún cuando los estudios normales adquirieron importancia por

1886, muchos año~ antes ya se hacian ensayos sobre la materia. En 1829
el Ayuntamiento concedió a don Victoriano Sáenz Mercado, Director de
la Aula Normal, pensión de $ 12.00 mensuales para la enseñanza a seis
niños del sistema Lancasteriano: 'En consideración, decía Mercado, que
debo comprar pizarras, nuevos testamentos, catecismos, papel, etc.' La

395

�comisión que dictaminó decía: 'Estos seis niños jóvenes que se dediquen
con empeño por su Señoría a esta enseñanza mutua, no se ha de tener
presente su fortuna, sea la que fuere; sino sus tamaños intelectuales y
demás virtudes morales y civiles para que sirvan de un vivo ejemplo de
los demás sus condiscípulos o discípulos que es el fin que debe imponerse
esta corporación para la pública utilidad del Distrito y la general del
Estado'."

Sería prolijo entrar en mayores detalles, cuyo interés histórico es innegable;
pero queda ello reservado a una obra extensa, que tiene ya realizada el Prof.
Plinio D. Ordóñez.
Nos concretamos a lo esencial, y a ello corresponde anotar el derrumbe
total del edificio y la erección de otro, más espacioso y funcional. A la entrada
del moderno edificio existe una placa conmemorativa, develada por el Gral.
don Bonifacio Salinas Leal, Gobernador 0onstitucional del Estado, que contiene en síntesis las transformaciones sufridas por el edificio:
"En este mismo sitio se levant6 el edificio de las Escuelas Normales
del Estado, puesto al servicio de ,la educación el día 22 de mayo, de 1903.
Era Gobernador del Estado de Nuevo León, el C. General Bernardo
Reyes y Directores de la Escuela Normal de Profesores, el C. Profesor
Serafín Peña y de la Escuela Normal de Señoritas, el C. Profesor Pablo
Livas.
Siendo Gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León, el C.
General Bonifacio Salinas Leal, se inició el derrumbe total de la vieja
construcción el 4 de octubre de 1941, inaugmando este nuevo edificio
para la Escuela Normal Miguel F. Martínez, el 4 de octubre de 1942.

Procede agregar que las ampliaciones hechas al edificio permitieron acomodar aulas para impartir instrucción primaria a más de mil niños y niñas, atendiendo al crecimiento incesante de la población escolar.

•
Principia otra página de nuestra historia. Parte de la época en que .1:15
Autoridades Civiles y Eclesiásticas discrepaban, más de la cuenta, en cuestion
de interés social Una de esas disensiones ocurrió con motivo de la erección
de una nueva Catedral. Surge la evocación al detenemos en la esquina noreste
de Juárez y Tapia.
Seguramente que el señor Obispo don Andrés de Llanos y V aldés, no se

396

imaginó que las obras destinadas a un fin piadoso servirían con el tiempo como trincheras para guerras intestinas e internacionales.
En el orden del relato decía yo:
"Puesta la primera piedra de la nueva Catedral el 26 de noviembre
de 1794, por el Obispo don Andrés Ambrosio Llanos ,, V aldés, se continuaron las obras con todo empeño, invirtiendo el Obispo más de
$ 60,000.00, lo que indica la importancia que tales obras llegaron a
tener. Por graves desavenencias habidas entre el Obispo y el Gobernador
del Estado, don Simón Herrera y Leyva, se suspendieron los trabajos y
el Obispo salió de Monterrey para no volver más.
La ruptura del Obispo y el Gobernador dio origen a mil percances
que estuvieron a punto de provocar el cambio de la Sede Episcopal a
Saltillo, como la pedía el Obispo; pero activas gestiones del Gobernador,
del Cabildo Municipal y de personas de arraigo en la ciudad, así como
de las muy especiales que: hizo Fray Servando Teresa de Mier, que a la
sazón se encontraba en Madrid, dieron por resultado que el Rey de España resolviera a favor de Monterrey.
Comprendía el tramo destinado a la nueva Catedral, la manzana que
circundan las calles de ]uárez, Guerrero, General Tapia e Isaac Garza.
El 25 de Mayo de 1855 el Gobernador del Estado don Santiago Vidaurri, ordenó que se vendieran los materiales de las obras de la Catedral, que formaban la fortaleza, considerando inútil, y a!Ín perjudicial
para Monterrey, conservar lugares que eran aprovechados para depasitar toda clase de inmundicias.
Años después se vendieron a particulares los solares de la manzana y
casi se perdió todo vestigio de aquellas obras, hasta que, como queda
dicho, el Gobierno del Estado reservó un pequeño lote como recuerdo
de las andanzas guerreras de nuestros antepasados, que se cubrieron de
gloria en defensa de la Patria".

Al transcurso de los años apenas si quedó, de toda aquella arquitectura empleada como fortaleza, un solar de reducidas dimensiones, que en 1940 se
transformó en una modesta plazoleta, adornada con varios cañones de los que
tuvieron la gloria de defender en ese·mismo lugar el honor nacional, en contra
de los invasores norteamericanos, por el año de 1847.
Durante la administración Municipal del Lic. don Leopoldo González Sáenz,
aquel pequeño predio se convirtió en Biblioteca Pública y nervio motor de
toda clase de promociones culturales.
Hacia el norte, un siglo atrás, el campo ofrecía los matices verde ere397

�mas del maíz, la cebada, el trigo, y algunos manchones de frondosos nogales
y aguacates.
En 1842 el Ayuntamiento encomendó al agrimensor don Guillermo S. Still,
el levantamiento de un plano del repueblo norte, siguiendo los puntos de
referencia trazados años antes por el Ing. Juan Crouset, el mismo que levantó
los muros de la nueva Catedral.
Para el mes de agosto de ese año el señor Still decía al Ayuntamiento:
"que está concluido el plano que contiene 532 manzanas incluso las plazuelas,
siendo 159 manzanas más que las que contraté hacer y cuyas 159 todavía no
están delineadas". .
Arrancan de entonces las obras materiales para cuadricular el espacioso terreno, mediante calles, que más propiamente podían llamarse carreteras, anotando en favor de las Autoridades su visión al trazarlas de gran amplitud.
Es hasta principios de este siglo que la tierra laborable se fuera convirtiendo
en residencial, y una de las calles que más rápidamente se urbanizó fue la
de Juárez.
Ahora, extendiendo la vista del lugar en que nos hemos detenido, contemplamos al norte una sucesión de importantes casas comerciales, entre las
que se destacan las indicadas especialmente a la venta de refacciones automotrices.
De las más antiguas puede mencionarse las de los hermanos Chapa: Ricardo, José y Andrés, cuyo esfuerzo excepcional constituye un ejemplo de capacidad, perseverancia y éxito. Cerca de 50 años de titánica lucha, les permite ahora delegar responsabilidades en sus hijos de preparación universitaria,
quienes, por ley natural, gobernarán la embarcación asumiendo el mando
total, cuando el tiempo, que nada respeta, cumpla su misión.
Entre tanto, la calle Juárez atraviesa la Av. Madero, sobrepasa la calle de
Colón, y como punta de lanza se introduce rectamente en colonias proletarias,
en donde todavía el progreso no impone los servicios necesarios de salubridad
y buen vivir, para morir en la calle Anaya.
Cerramos este sencillo relato haciendo votos por que la ampliación de Juárez no tenga parecido alguno con aquella frase que se escuchaba con frecuencia al iniciarse el siglo actual: ¡ Quién verá concluir el Templo del Roble!

398

UN CAP1TULO DESCONOCIDO DE LA OBRA
DE DON FERNANDO SANCI!EZ DE ZAMORA
EUGENIO DEL HOYO

Instituto Tecnológico de Monterrey

EL GENERAL DON FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMoRA, don Alonso de León y
Juan Bautista Chapa, forman la tríada de historiadores del Nuevo Reino de
León en el siglo XVII; sus obras formando un solo cuerpo fueron publicadas por primera vez en 1909 por don Genaro García en el tomo XXV de sus
Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, con el título de
Historia d¿ Nuevo León con noticias sobre Coahuila, Tejas y Nuevo México
por el capitán Alonso de León, un autor anónimo (Juan Bautista Chapa)
y el Ge11eral Fernando Sánchu de Zamora. Esta edición se hizo de un volumen manuscrito, hoy perdido, de la rica biblioteca del can6nigo don Vicente
de P. Andrade. Recientemente, en julio de 1961, salió a luz la segunda edición
magníficamente realizada por el joven y erudito historiador regiomontano
Israel Cavazos Gana y patrocinada por el Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León.
Casi nada sabemos de la vida de don Fernando Sánchez de Zamora antes
de su entrada al Nuevo Reino de León en octubre de 1659; se sabe que
fue vecino y minero en San Luis Potosí, que era sobrino de Fray Juan Caballero y no de don Martín de Zavala como yo mismo dije erróneamente en
otro trabajo; pero, para no extender inútilmente esta nota biográfica, remitimos al lector al erudito y ágil Estudio preliminar escrito por Israel Cavazos
Garza para la segunda edición de la Historia de Nuevo Le6n con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, etc., que atrás mencio•
namos; donde encontrará todqi lo que se sabe hasta ahora sobre la vida y la
personalidad de nuestro autor.
El General don Fernando Sánchez de Zamora escribió unos "apuntamientos"
históricos con el título de Descubrimiento' del Río Blanco y conversi6n de sus
naturales, hecha por los Religiosos de Nuestro Seráfico Padre lS'an Francisco,
· 399

�de la Provincia de Zacatecas; estos "apuntamientos", publicados por Genaro
García en 1909, como se dijo atrás, han sido hasta ahora la más valiosa
fuente para la historia de aquellas remotas misiones que fueron el origen
de los actuales municipios de Zaragoza y Aramberri en Nuevo León e Hidalgo,.
en Tamaulipas; comprenden desde las primeras entradas de los misioneros
hasta fines del año de 1680.
Recientemente tuve la fortuna de descubrir otro trabajo histórico de don
Femando Sánchez de Zamora que, además de añadir nuevos y valiosos datos
a su Descubrimiento del Río Blanco, etc., continúa la historia de aquellas misiones por diez años más, es decir, hasta 1690, fecha del documento, Y nos
habla del estado que guardaban todas las demás misiones del Nuevo Reino
de León al finalizar el Siglo XVII y nos entrega una rica nómina de misioneros. Tan importante documento, hasta ahora desconocido por los historiadores, figura en un rarísimo impreso, tan raro que no lo hemos visto cit~~ol en
ninguna bibliografía; tan extremadamente raro, que sólo tenemos noticia dedos ejemplares; el que perteneció a la 1-iquísima biblioteca Carrancedo, queya fue dispersada al venderla en pequeño!., lotes, y el que se guarda en la Colección Latinoamericana de la Biblioteca de la Universidad de Texas en la.
ciudad de Austin; la Biblioteca del Instituto Tecnológico de Monterrey guarda una copia microfílmica de tan raro impreso. El ejemplar de la Universidad
de Texas, del que se tomó el microfilm, carece de portada y ya no sabemos a
dónde fue a parar el ejemplar de la Carrancedo y por lo mismo ignoramossu titulo original, así como el lugar y la fecha de la edici6n; lo he~os titulad~,
tentativamente, Carta al Rey sobre las Misiones del Nuevo Remo de Leonescrita por Fray Francisco Ayeta y lo fechamos a fines del año de 1690. LaS:
58 fojas de este notabilísimo impreso, están llenas de datos hist6ricos Y ~e
consideraciones y comentarios del mayor interés y, ocupando desde la foJa
30 hasta la 36, se encuentra el testimonio del General don Femando Sánchez
de Zamora, que es el documento que ahora ofrecemos a los estudiosos de la
historia del noreste de México con la esperanza de poder ofrecer muy pronto,
íntegra, la Carta del Padre Ayeta.
Fray Francisco Ayeta, Procurador de la Orden Franciscana en todas las
Indias, es autor muy conocido y lo han hecho famoso sus hábiles y ~rillantes.
alegatos jurídicos en defensa de los misioneros franciscanos en tierras de
América así como por la forma tan clara y muchas veces violenta, con que
se dirige a los Obispos de las diócesis en que los frailes menores tuvieron
pleitos o problemas. La pluma de Fray Francisco Ayeta es "pluma de fuego".
Su Carta al Rey sobre las Misiones del Nuevo Reino de Le6n, es eso, un
violento, vigoroso y bien llevado alegato jurídico en defensa de sus hermanos.
de Orden, los misioneros franciscanos del Nuevo Reino de León, que habían
400 ·

sido rudamente atacados y acusados de gravísimos delitos ante eJ Obispo de
la Nueva Galicia por dos destacados e influyentes reineros: el Gobernador
del Nuevo Reino de León que lo era el General don Alonso de Le6n, hijo
del gran historiador, y el Licenciado don Francisco de la CaJancha,. "Clérigo
Presbítero, Vicario y Juez Eclesiástico de la Provincia de Coahuila, y Nuevo
Reino de León". Las graves acusaciones, contenidas en varias cartas de diferentes fechas, escritas por estos dos personajes al Obispo, nos las da a conocer el Padre Ayeta:

"Los testimonios se reducen a decir, que- al Reverendo Obispo le escribe desde Monterrey Alonso de Le6n, Gobernador y Capitán General
interino que fue del Nuevo Reino de León, en carta de 11 de febrero
de 1684, lo mal administradas que están las Doctrinas de dicho Reino
por los Religiosos de San Francisco; las unas, por la poca asistencia que
tienen en ellas los Padres; y porque, aunque asisten, sólo sirue para que
a los indios les alquilen para trabajar, y quitarles los jornales que ganan
por su trabajo; otras por la falta de licencia y aprobación del Ordinario,
e inteligencia de la lengua de los indios, usurpándolos de otras Doctrinas,
de que resulta no tener Párroco determinado y no adelantarse en la
Ley Evangélica; y últimamente en algunas, por permitirles cometan
graves delitos, siendo en éstos_, y otros, c6mplices los mismos Doctrineros.
Lo primero se prueba de la referida carta de 11 de febrero de 1684,
en que el dicho Gobernador Alonso de León escribe al Reverendo Obispo que en la Misi6n de Santa Engracia no asiste el Doctrinero, que es el
Padre Fray Matheo Gutiérrez, lo más del año; y que lo poco quej asiste,
s6lo sirve para alterar los indios de tal manera, que han estado para
matarle ( como la sabrá el Reverendo Obispo por carta que le escribe el
Alcalde Mayor del Río Blanco) y demás de ésto afirma que se han
querido levantar. También dice que en la Misión de San Antonio, falta
el Doctrinero, que es el Padre Fray Pedro de la Villa, por cuya causa
los indios carecen de enseñan.za; y que en la de Gua/eguas, donde es
Doctrinero Fray Diego de Evia, se pasa sin que se diga Misa los cuatro
meses: Todo lo cual se pretende comprobar con cartas del Licenciado
Don Francisco de la Cal,ancha, Clérigo, Presbítero, Vicario, y Juez Eclesiástico de la Provincia de Coaguila (sic) y Nuevo Reino de León; en
una de ellas, su fechQ de 24 de marzo del año pasado de 1683, dice al
Reverendo Obispo que ninguno de los Misioneros de aquellas Doctrinas
cumple con su obligación, porque no asisten en ellas; '1 en otra de 12
de febrero del mismo año, afirma lo mismo, que dice el Gobernador de
la poca asiste11cia en la Doctrina de Santa Engracia del Padre Fray
401
H26

�Matheo Gutiérrez y el fruto que de ella resulta, diciendo el sujeto que
llevó a este Padre, porque no le matasen los indios, que fue el Capitán
Zamora.
Y en cuanto a la de San Antonio, aunque en una carta el Licenciado
Calancha, su fecha de 5 de enero de 1684, afirma absolutamente, que no
hay Misionero porque murió el Padre Fray Alonso Mesa, que lo era, Y
no había venido otro; en otra posterior de 12 de febrero del mismo año,
dice: que la causa de esta falta es no haber venido el Padre Fray Pedro
de la Villa, que era el nombrado, ,, asiste en Mazapil. Y en cuanto a la
de Gualeguas, en otra de 25 de abril del mismo año, dice: que vuelve
a avisar al Reverendo Obispo la necesidad de nuevos Ministros; y que
el Padre Fray Diego de Evia no asiste a su Misión de Gualeguas, ni
dice Misa, sólo alquila los indios para que vayan a trabajar a las minas
y les quita los jornales. Y en la referida dJ 12 de febrero del mismo año
da la causa, que es por tener el Ornamento en San Gregario (Cerralvo).
Lo segundo, de administrar sin licencia y aprobación del Ordinario,
con poca inteligencia de las lenguas de los indios y usurpándolos de otras
Doctrinas, lo intenta persuadir el Reverendo Obispo con la referida carla,
que le escribe el dicho Gobernador, que dice: Que en la Misión de San
Christóbal, donde asiste el Padre Fray Juan de Menchaca, es mayor la
parte de Españoles, Mestizos, Mulatos, Negros y Indios Otomíes, admin_istrados sin licencia del Ordinario, 'j su aprobación, ni menos con permiso
del Vicario de aquel Reino, que los indios que se reducen, agregándolos
de unas Doctrinas y Feligresías a otras; de lo cual nace que no se adelanten en la Ley Evangélica, por no tener Párroco determinado; '.Y conffrmase con carta referida del Licenciado Calancha de 12 de febrero
de 1684, en que le escribió al Reverendo Obispo, que este Padre más
asiste a los ranchos de los Pastores, que a su Misión, administrándolos sin
licencia, avisándole que ninguno cumple con su obligación; )' que si no
se envían otros Ministros, se demolerán todas las Doctrinas, como sucedió
con la del Álamo, que está junto a la de Gualeguas, por enviar mucha.chas para su administración. También dice el Gobernador en la referida
carta de JI de febrero, que Fray Ventura de Serias, Misionero de la del
Alamillo, se la fundó con los propios indios que componen la de Gualeguas; finalizando que el intento de los Padres Doctrineros no es convertir
y enseñar a los indios, sino usurpar a Vuestra Majestad los medios que
concede para tan piadoso fin. Y acerca de ésto dice el Licenciado Calancha en la dicha carta de 12 de febrero del mismo año, que Fray
Ventura de Señas fundó dos X acales (sic) entre San Gregario y Gua-

402

leguas, sin tener ni un indio, y sólo tiene por oficio andar divirtiéndose
en paseos.
Lo tercero y último con que intenta persuadir el Reverendo Obispo,
la mala administración de las Doctrinas, es porque en la carta del Gobernador Alonso de León se le dice, que los Padres Misioneros permiten
hacer a los indios graves delitos, siendo en ellos cómplices, así por permitirlos, como por la misma ejecución, constándole que habiendo el
Reverendo Obispo dispensado a un indio que estaba amancebado con
dos hermanas, el que se casase con una; y casádose la otra con otrc, éste
se la fue a hurtar y se la trajo, y está mal amistado otra vez con ellas; y
también, que este Padre enviaba a un indio Gobernador con otros a
hurtar las mujeres y doncellas de otras rancherías ,, se las traían a la
misión, de que redundaron algunas quejas y alteraciones que pondera
haberle costado mucho trabajo el componerlas. Y el Licenciado Calancha, en carta de 12 de febrero de 1683 dice: que este Padre le han., informado, que los indios le miran mal, porque se lleva las mujeres a la
celda; que envía la tierra adentro por ellas y otros escándalos semejantes".

Con lógica demoledora y violento lenguaje, Ayeta va desbaratando todos los
cargos contra sus hermanos misioneros, cargos que, no por ser personales, dejaban de manchar a toda la Orden Franciscana; y entre las pruebas de descargo presentadas por Fray Francisco Ayeta, una de las que hacen más fuerza,
es el testimonio bajo juramento del General Don Fernando Sánchez de Zamora que a la letra dice:

TESTIMONIO DEL GENERAL DON FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMORA
SOBRE LAS MISIONES DEL

Río

BLANCO

1690
"Dixo, que juraba, y juró a Dios nuestro Señor, y la señal de la Santa
Cruz, de la manera, y forma, en derecho acos-tumbrada, so cargo de el
qual prometió de dezir verdad, y en todo quanto sabe, y ha visto~ y
dixo, que lo primero, que ha treinta años, que con título, y comissión
de Don .Martín de Zavala, Gouernador que fue de este Nuevo Reyno
de León ( que esté en gloria) de Justicia Mayor, y Capitán a guerra, y
poblador primero de esta dicha Misión, entró a ella en compañía de el
Reverendo Padre Fray Juan Cauallero, Religioso de nuestro Padre San
Francisco de esta Provincia de los Zacatecas, y uno de los graduados de

4-03

�aquel tiempo, el qual avía entrado a esta Missión en otras oca.ssiones
antes de esta, a amansar, y catequizar los Indios vozales, naturales de
ella; y assimismo sabe, que entró assisliendo al llustrissimo Señor Doctor Don Juan Ruíz Colmenero, Obispo de este Obispado, por lo que dicho General Zamora ha conocido todos los Religiosos Missioneros de
esta dicha Missión, ,, las demás, que después se fueron poblando, assi
de esta jurisdición de su cargo, como las demás que se han fundado en
todo el Reyno de León, como son las de San Antonio de los llanos, la
de San Bemardino en Santa Engracia, la de San Pablo de Labradores,
la de San Christoval de Gualeguas, la de San Buenaventura de. Tamaolipa; y assimismo, los que en dicho tiempo han asistido en la Villa de
San Joseph de Cadereyta, y Ciudad de Monterrey, cabecera de este dicho Reyno; y todo el dicho tiempo no ha visto, ni oído dezir cosa, que
contradiga al Estado Religioso de ninguno de ellos, ni ayan dado nota
de sus personas, en lo que toca en la general; y en cuanto en .la particular de cada uno, dixo, que- el dicho Padre Fray Juan Cavallero avía
sido el primer poblador de estas Missiones., el cual dexando las preeminencias, y exempciones, de que gozan los Padres nuestros, se dedicó a la
conversión de estos Indios de esta jurisdición, donde con su predicación,
y buen exemplo, agregó al gremio de Nuestra Sanla Madre Iglesia mucho número de Infieles, como constaba de los libros de administración;
y aviendo puesto en vida política estos Indios de nación uozales ( sic por
vocales), y edificado Iglesia de terrado, y decente ( que es la que oy
permanece) con Sacristía, y Celdas, baxó a poblar la Missión de San
Antonio, donde dexó al Padre Fray Joseph de San Gabriel, Religioso
Lego, de vida austera, y exemplar, para que quedas.re instruyendo, y
enseñando a los Indi&lt;JS la Doctrina, y Misterios de nuesta Santa Fé, en
cuyo exercicio estuvo, hasta que el Prelado embió Míssionero, para la
dicha Missión de San Antonio, la qual alajó el dicho Padre Cavallero
de todo lo necessario, para celebrar el Santo Sacrificio de la Missa, y
Campanas, y otras atajas caseras, y de rexas para cultivar; y de aquí
entró hasta las mesas de Castrejón, y tierras de los Janambres, que es
una Nación muy dilatada, y amansó toda aquella gente, y los reduxo al
gremio de nuestra Santa Madre Iglesia, catequizando, y bautizando muchos de ellos, con cu;,a ocasión en este tiemp&lt;J. avían entrado ya a poblar
algunos vezinos Españoles sus estancias, y labores, y Pastorías de Ovejas,
y Carneros, que entraban a agostar en dichos llanos, de que se originó,
que por defender, qtte los Indios hurtassen Ovejas, y desnudassen Pastores, y no querer consentirles sus robos, se alzaron los Janambres, y de
San Bernardino, en ocasión, que ya el dicho Padre Cavallero avía so-

404

licitado con el Provin'cial embiasse Ministro, y estaba ya en San Antonio
el Pádre Fray Salvador de Barragán, Religioso de dicha Provincia, viejo,
y de vida observante, y exemplar, matando los dichos Indios todos los
Pastores, y Vasieros de la PaJtoría de Carneros de Bemabé Bigil, y la
H azienda de Ovejas de Don Juan Péret Romo, vezinos de Cretaro ( sic
por Querétaro), cuyos ganados se llevaron, y a la siguiente noche mataron en su casa a Diego de Ynojosa, Teniente de la dicha Missión; por
lo cual temerosos los Indios de San Antonio, de miedo se huyeron y
despoblaron, con cuya ímbasión llegando las nuevas al Reyno, salió personalmente Don Nicolás de Ascárraga, Governador que fue en la ~azón
de este Reyno, y con más de cien hombres, que traxo en su compañía,
no pudo en mucho tiempo que estuvo en San Antonio, conquistar, ni
baxar de paz a los dichos alzados. Y atendiendo, a que las fuerzas de los
vezinos eran pocas para poder resis'tirsse de tanto gentilismo, mandó
despoblar las Missiones, y vezinos, con cuyo avila.ntez pretendieron los
dichos Indios hazer otro tanto con esta. Missión, cercándola una noche
mucho número de ellos, hasta que amane.ció, que el dicho Capi,tdn Zamora mandó salir a los vezinos, e Indios de la. Mi.swn, por to qual huyendo los enemigos, trepándose por la sierra, Je fueron antecogiendo
toda la caballada, que passaron de 200 bestias, y una manada de Cabras paridas, que estaban en su camino, amenazando, que breve volverían
con más gentes, y fuerza, como en efecto lo executaron, y teniendo de
ello noticias, que en la Messa· del Horrio hazían junta muchas Naciones,
y Capitanes de diversas tierras, y montes para venirlos a destruir; con
cuya noticia el dicho Padre Cavallero se resolvió, sin temor alguno de
la muerte, a baxar a los llanos con solo doze compañeros, que el dicho
Capitán Zamora embió para que le assistiessen; y aviendo llegado a los
dichos llanos, uió un grande, y copioso esquadrón de Indios enemigos,
que ya venían para el Río Blanco, y viéndolos el dicho Padre, se apeó
de la bestia, dexando retirados mucho trecho a sus compañeros, se fue
para los Indios, y se metió entre ellos; los qua.les reconociéndole, soltando las armas en el suelo, se allegaron a besarle el Hábito, segun que se
lo avían enseñado; y a su exemplar muchos Bárbaros, que venían incorporados, hizieron lo mismo, y dándoles a entender lo mal que avían procedido, los reduxo a paz, y sosiego, y desvaratándose la junta, se boluió
a esta Missión, a que se sigui6 luego el venir a ella por Missi.onero segllnda vez el Padre Predicador Fray Antonio Velasco, a quien los Indios tenían mucho amor, en que fiado el dicho Padre, bolvió a poblarla, y perseveró en su administración sólo entre ellos, sin vezindad de Españoles, ni
otra persona que le assistiesse, más que los Indios, de cuyas comidas y yer-

405

�bas silvestres comía muchas uezes, passando álgu11os trabajos, y desconsuelos en aquella soledad, hasta que le acaeció enfermedad de eriipcla,
de que siendo auisado el dicho Capitán, baxó a aplicarle algunos remedios, y en el camino topó un Indio, que le venía a avisar como avía muerto, y assí lo halló ya amortajado de los Indios, con su hábito y otro día
lo enterraron en su Iglesia, sin auerse hallado a su cabecera, y entierro
otro Sacerdote que le administrase los Santos Sacramentos, para el consuelo del Alma: los Indios hizieron muchas demostracio1ies de sentimiento, de alaridos, y llantos, y algunos viejos, y viejas se pelaron las cabezas
a su usanza, en vez de luto, de que se infiere el mucho amor que le tenfan, a que luego el Prelado proueyó de Ministro de esta Missión de San
Antonio al Padre Predicador Fray Luis Camacho, Religioso de prendas
amables, y muy amante de los Indios, a quien ellos querían, y amaban,
como al difunto, el qual .rienáo avisado, de que el Padre Cavallero estaba mlly enfermo, vino a administrarle los Santos Sacramentos, y aviéndole Sacramentado el día de Nuestro Padre San Francisco, se bolvió a su
administración, y el Padre Cavallero passó de esta presente vida al eterna,
auiendo assistido en la propagación del Santo Evangelio 18 años continuos, y aviendo convertido mucho Gentilismo, especialmente la dilatada Nación de los Janambres, ,, dexado las Missiones alojadas de ornamentos, Campanas, y otras alajas caseras, y de labranza, assi la de San
Antonio, como la de San Bernardino, dos años poco más, o menos, se
auía anticipado su compañero Fray loseph de San Gabriel, passándose
de esta vida a la eterna, cargado de años, y de virtudes: los Prelados
con el cu,•dado que acostumbran, y siempre han acostumbrado, proveyeron Ministro de Santa María del Río Blanco al Padre Fray Miguel
de Yrazoque, Religioso de buenas, y santas costumbres y vida exemplar,
y observante, el qual aviendo assistido a la administración de esta dicha Missión, fue por Ministro, y fundador de la Mi.ssión de San Bernardino, y Nación Janambre; y por su proceder, ,, apacibilísimo natural,
fue muy amado de todos los Indios, y de los vezinos Españoles, que ya
en. aquel tiempo se iban agregando, a quien mudándole a la Missión
de San Antonio, le sucedió el Padre Fray Matheo Gutiérrez de Evia,
Religioso de prendas, y muy humilde, que experimentó y vió el Ilustrissimo Señor Doctor Don luan de Santiago de León Garavito, Obispo de este Obispado, quando passó en prosecución de m visita, de los
quales Ministros se condolió su S eñoría llustríssima, viendo la miseria,
y cortedad con que passaban la vida, y en la ocasión baxaron todos
los Indios de la comarca, y se bautizaro11 muchos., y nunca supo, ni
oyó dezir se quexassen los dichos Indios de los dichos Religiosos; ade-

406

más, que el dicho Padre Fray .Matheo era de tan pusilánime natural,
y temeroso de los Indios, que no se auía de atrever a hazerles agravio, que
caussasse en ellos alteración, ni en su tiempo la huvo; porque si fo. huviera,
de necessidad lo avía de saber el dicho Capitán Zamora; antes presume,
que los Prelados lo sacaron de la Misión, por reconocer en él el poco
ánimo que le assistía, para habitar entre los Indios; y que después oy6
dezir, que viniendo el Padre Fray Lorenzo Nieto por visitador de las Missiones, traxo por Secretario al dicho Padre Fray Matheo Gutiérrez; y
que los Indios de San Antonio, pensando, o entendiendo, que el Padre
Visitador era Provincial, se lo avfan pedido para su Ministro, de que se
infiere estaba el Padre Fray Mathco bien querido de los Indios, por ausencia del Padre Predicador Fray Miguel de Yrazoque, que fue proveído
por Missionero de San Pablo de Labradores; vino por Ministro de San
Antonio el Padre Fray Alonso de Messa, el qual a pocos días de llegado,
le sobrevino achaque de pulmonía, y embiadb primero a pedir licencia
al Prelado, para irse a curar a la ciudad de Zacatecas; y saliendo a este
fin, le agravó el achaque en casa de dicho Capitán; donde murió, administrándole los Santos Sacramentos el Padre Predicador Fray Lucas González, que era actual Missionero de este Convento del Río Blanco, y en
ru. lugar proveyeron al Padre Fray Pedro de la Villa, Religioso viejo, y
zeloso de la honra de Dios, y Culto Divino, y muy cuydadoso de la Doctrina y enseñanza de los Indios de su cargo, ,, administración, con grande fruto y aumento de su Doctrina, procurando siempre cumplir con
las obligaciones de su cargo; y nunca uió, ni oyó dezir, que con los vetinos de la Missión, ni con los Indios de su administración, ni otros algunos tuuiesse riña, ni diesse ocasión a ella, como se infiere, y da a entender, de que los dichos Indios de San Antonio, en el alzamiento del
año passado, siempre se estuvieron doméJticos, firmes, y leales con losde la labor de San Mathías, que assimismo eran de su administración;
y que assi de este R eligioso, como de los demás de estas Missiones de su
jurisdicción, nunca vió, ni oyó dezir hiziessen cosa que f uesse contra su
estado Religioso, antes sí, han dado muy buen exemplo, y doctrina a
sirs uezinos, y feligreses, administrándoles con amor, y caridad, passando en estas soledades muchos trabajos, hambres, y desconsuelos, y demás inclemencias del tiempo; de tal merte, que si el dicho Capitán Zamora no huviera socorrido algunos Religiosos en muchas ocasiones, se
huvieran salido despechados, a buscar .ru alivio; y hallándolo en él, se
han templado en alguna mariera, y permanecido en sus Mi.rsiones, hasta
que el año passado de 89. los Indios Janambres de San Bernardino, por
no quererles consentir los robos de ovejas, y Pastores, que hazían repe-

407

�tidamente, se levantaron, matando muchos pastores, y V asieros, y llevándose las manadas de ovejas, y carneros, a lo qual el dicho General
Zamora acudió a su reparo; y despachándole cartas al Señor Governador Don Pedró Fernández de la Ventosa, a dos, o tres leguas distante de la labor de San Mathías, le salieron los Indios de Tamaolipa, Y
le mataron (falta una palabra o una frase); y visto por el dicho General lo imposibilitado de el socorro, y estar tan remoto, más de 50. leguas de la Ciudad de Monterrey, y recelándqse, de que sucediesse ruina
considerable, por la poca gente de armas, y ser muchos los enemigos, se
resolvió a despoblar la Missión de San Antonio, y su vezindad, trayéndose consigo hasta la Messa del Horrio los Indios de la dicha Missión,
por el riesgo ta11 manifiesto que tenían en su Pueblo, y viniéndose a esta
del Río Blanco con los vezinos de aquel distrito, y por el consiguiente a
los Padres Apost6licos, que avían fundado Missi6n en la tierra de los
Janambres· y assimismo los de las Minas del Santo nombre de Jesús,
que por estar metidos en las Sierras, vezinos a los ]anambres y ]aumaltecos, se rezelaro11 de ellos, como de hecho una esquadra de Indios les
salieron en la Mina Santa Catalina, donde se metieron, por aver sentido a fos enemigos; y visto estos que se avían escapado, cogieron la ropa,
y bestias ensilladas, y se bolvieron, sin poder ha.zer otro daño; por lo q'!_al
.se despoblaron las Minas con daño grande, atrassos, y menoscabos, assí de
el dueño, como de los Reales quintos de su Magestad; y aunque al reparo acudió luego el dicho señor Governador, con todos los más vezinos
de el Reyno, y Soldados de Presidios, no pudo conquistar los dichos
Indios, ni baxarlos de paz, por averse metido en lo más oculto de la sitr-rra, y montes; y un Correo que les despach6, Indio de la misma Missi6n
de San Bernardino, embiándoles a ofrecer la paz, y por señas del seguro de ella, su venera del Señor Santiago, lo mataron; por lo qual,
atendiendo a las dificultades que se anteponían, a que corría algún detrimento aquel lado del Norte, se bolvió a la dicha Ciudad de Monterrey, y dexando este lado a cargo de el dicho General Zamo~a, y de el
Sargento mayor Carlos Cantú, hasta que por el mes de Septiembre. del
dicho año passado bolvió a salir el dicho seño-r Governador con cinco
esquadras de Soldados, de la jurisdicción de este Reyno, en cuya compañía traxo por Capellán al Padre Predicador Fray Nicolás Recio de
Le.6n, de que dando noticia al dicho General Fernando, baxasse con sus
Soldados a incorporarse en dicha Compañía, y assí lo hizo, baxando con
su esquadra, en que llevó por Capellán al Padre Predicador Fray Joseph
de Ribera, assí por el consuelo de la Compañía, como por la assistencia
a los Indios de su administración de San Antonio, y labor de San Ma-

408

thías, que fueron de Infantería, como amigos fieles de los Españoles; en
cuya campaña, a diligencias de el dicho señor Governador, y de su Lugar-Teniente, y de los dichos dos Padres Missioneros, se baxaron de paz
los Indios revelados, y de San Bernardino, y Jambres, y con efeto se
reduxeron, y vinieron todos los Capitanes, y cabezas a esta Missión, donde se le hizo buerr. acogimiento, y se bolvieron a su tierra muy contentos,
y deseosos de que se buelvan a poblar sus Missiones, aunque para ésto sirven de mucho estorvo los Indios de la sierra de Tamaolipa, enemigos declarados de éstos, por lo qual se están recogidos en la Messa del
Horrio, donde el dicho Padre Rivera les assiste, y administra, ínterin que
se reducen los de Tamaolipa, para que con seguridad se puedan poblar
las dichas Missiones; y dixo, que todo lo arriba referido, lo sabe, como
testigo de vista, que ha assistido a las dichas entradas, con los dichos Re•
lígiosos Missioneros, a la conquista, y conversión de los Indios, '.Y essas
Missiones, como lo son las referidas, San Antonio, San Bernardino, y
San Pablo de Labradores, y esta de Santa María de los Angeles del Río
Blanco, que son las de su jurisdicci6n, ayudándoles en quanto se les ha
ofrecido, y socorriéndoles sus necessidades, conforme a su possibilidad; y
por lo que toca a las demás Missiones de este Reyno, que son San Christoval de Gualeguas, San Buenaventura de Tamaolipa, ,, la J!illa de Cadereyta; sabe, que siempre las ha visto pobladas de Religiosos Missioneros de esta dicha Provincia, en aada una un Ministro, y en la de Cadereyta dos; y continuamente vio le assistía el Ministro assignado, donde
conoci6 primero al Padre Fray ]oseph Cortinas, que lo fue muchos
años, y por viejo, y enfermo lo sacaron a la Ciudad de Zacatecas, y en
su lugar proveyeron por Ministro Doctrinero, que ha diez años, poco
más o menos, que lo es de la dicha Villa el Padre Predicador Fr&lt;ry Joseph M olinedo, con muy buenos créditos, cumpliendo con la obligación
de su cargo, y nunca ha oido quexarse a ningun ve.tino de su distrito,
antes ha oído dezir mucho bien de él, y siempre lo ha tenido el dicho
General Zamora por bueno, y observante de su Regla, y muy inclinado
a la virtud, y Culto Divino; y por el tanto, aunque la Iglesia de dicha
Villa esta buena, por ser pequeña, y concurrir 'a ella toda la jurisdicci6n
las festividades graves, y tS'emanas Santas, se dedicó en medio de muchas
cortedades, y dificultades, por falta de Oficiales, y materiales, que para ello se antepusieran a ha.ter nuevo Templo, 'Y capaz, que lo tiene ya
en estado de acabarlo; y as5imismo ha visto, y conocido a los Padres
Guardianes, y Doctrineros de la Ciudad de Monterrey, que de ordinario son dos Religiosos, y a vezes tres, y quatro, conforme los tiempos, y
ocassiones; y principalmente Ministros de Doctrina, ha conocido al

409

�Muy Reverendo Padre Fray Juan de Salas, que después de muchos años,.
que assistió en dicha Doctrina, lo eligió la Provincia Ministro Prouincial de ella, y le sucedió el Padre Pr'edicador Fray Pedro de Fontidueñas; de todos los quales, ni otro Religoso alguno, sabe, ni ha oído dezir,
cosa que contradiga al Estado Religioso, antes sí, queridos, y venerados
de toda la Ciudad, y vezinos de ella, y de los Curas Be11eficiados de la
dicha Ciudad; porque como son, y han sido únicos, quando se les ofrece
salir a la administración de las estancias, y labores de la jurisdicción, que
es larga, dexan encomendada la administración de el Pueblo a los dichos
Padres, gue acuden con todo amor, puntualidad, y cuydado, a todo lo
que se ofrece; con cu,'a licencia, sabe, que los demás Missioneros de las
Missiones de este Reyno, administran los Españoles, Negros, Mestizos, y
Mulatos, que se agregan a las dichas Missiones; y por el consiguiente, los
Capellanes que salen a las Campañas las vezes que se han ofrecido, como
a las dos que hizo el General Alonso de León, al descubrimiento de la población de Franceses, a la Costa, en qtte oyó dezir fue por Capellán el
Padre Fray Nicolás Recio de León, a la primera; y a la segunda, el Padre Fray Damián de Massanete; y otra que el dicho General León hizo,
al socorro de la Guaxteca, en que fue por Capellán el Padre Fray Fernando Jayme; y en la que hizo aora dos años a la sierra de Tamaolipa
el General Don Francisco Cuerbo de Valdés, Govemador interino que
fue de este dicho Reyno, en que fue por Capellán el Padre Predicador
Fray Antonio Lascano, Missionero de San Christoval, y otras de que no
se actterda, más que de ordinario salen los dichos Padres Missümeros por
Capellanes de Campaña, con grande consuelo de la gente Militar, actLdiendo con toda caridad, y puntualidad, pláticas, y buen exemplo, a la
administración de todos los Soldados, e Indios amigos; y aunque algunos
Españoles, obligados de la necessidad de no tener quien les muela un poco de maizt para tortillas, y quien les haga un poco de atole, por no aver
pan, y que es preciso lo hagan las mugeres, como es costumbre; y que de
darles el maiz, para que en sus casas lo hagan, o no lo ha.zen con limpieza, o lo traen cercenado, y menoscabado; y para este efecto, y no a otra
cosa, suelen entrar en las chozas, y habitaciones de los Religiosos, por la
inopia de no tener quien les assista en tan urgentes necessidades, y no
por esto se ha de presumir, ni sospechar escándalo, daño, ni mal exemplo,
antes los ha tenido, y tiene por buenos, y observantes de su Estado Reli-

Monterrey, ha passado por las dichas Missiones, y lo ha visto, y en cada
una de ellas su Iglesia, con la decencia, y limpieza, que su pobreza, y
cortedad de la tierra les permite; y sabe, que después de la Iglesia Parroquial de la Ciudad de Monterrey, no hay otras Iglesias más qtte las de
los Religiosos de Nuestro Padre San Francisco de los Pueblos, y Missiones
de este Reyno; y para descargo de su conciencia, conoce, que son tan
essenciales, como provechosos los dichos Religiosos en todo este Reyno,
assí para la predicación del !Santo Evangelio a los Españoles, como para la doctrina, y enseñanza de los Indios; y que de faltarles, serían muchos los desconsuelos, por estar los uezinos muy distantes y retirados los
unos de los otros para administrarlos; en cuyo exercicio sabe se ahogó
el Padre Fray Juan Muñoz en el Río de Ramos, jurisdicción de la dicha Villa de Cadereyta, y media,ite su caridad, y cuydado, acuden a
todas partes con todo amor; y que esta es la pura verdad de lo que ha visto, y sabe, sin encubrir cosa alguna, so cargo del juramento que tiene
hecho".

gioso; y que si faltaran los dichos Religiosos de este Reyno, fuera de grande desconsuelo a los vezinos, e Indios naturales de él, quedándose tanto
número de almas perdidas, por la falta de administración, y Doctrina; y
que ésto sabe, porque en repetidos viages que ha hecho a la Ciudad de

410

411

�BREVE RE E~A DEL ARCHIVO PARROQUIAL
DE LA CATEDRAL DE MO .TERREY
TOMÁS MENDTRJCIJAGA CUEVA

Sociedad

uevolconesa de Historia Geografía y Estadística
Monterrey. , • L. •

II I
Libro de Bautismos 6, 7 y 8 de ma)'o de 1731 • febrero de 1751
Los LIBROS 6, 7 Y 8 DE BAUTI Mo del archivo parroquial d la Santa Igle. ia
Cat dral de fonterrey están encuadernados n un solo ,·olumen.
El libro 6 empieza a mediados de mayo de 1731 y termina a prin ipio d .
noviembre de 1739. Consta de 140 folio .
El libro 7 comienza a principios de noviembre de 1739 y acaba a fines d
julio de 1744. Consta de 92 folio .
El libro 8 se inicia a principios de
brero de 1751. on ta d 97 folios.

LIBRO

6

agosto

OE BAUTISMOS: MAYO DE

de 1744 y concluye

1731 -

NOVIF.MBRE OE.

a fines

de fo-

1739

En el folio 1 aparece la igttiente l yenda manu rita: "Libro en que
asientan los bautismos, perteneciente a la admini traci6n de la ciudad de
Monterrey, del cargo del Bachiller don Matías de Aguirre, quien lo comenzó el día 13 de mayo del año de 1731".1 Enseguida, en el mismo folio,

se

' El Libro 5 de bautismos, que ya reseñamos, concluye a mediados de mano de 1731.
Quizá íaltc algún folio en el libro 6, ya que cmpiua a m diados de mayo dr ese año.
Es frecuente que los primeros y últimos folios de catos valiosos registros parroquiales
se encuentren muy deteriorados y, probablemente, varios se habrán perdido.

413

�halla esta otra: "Y lo prosiguió el Bachiller don Juan Báez Treviño, Cura
en encomienda de la sobredicha ciudad, desde el día 31 de enero de 1734
- ".
anos
En general, todos los folios están numerados. Sin embargo, algunos tienen otra numeración que aparece tachada.
Los folios 42, 107 y 108 no tienen número por hallarse destrnidas las_ ~squinas del margen superior derecho, pero se encuentran colocados en su sitio.
Entre los folios 108 y 109 se encuentra un folio muy maltratad_o, sin núm~ro y al revés, que contiene varias partidas de bautismo de noviembre Y diciembre de 1738: es el 127.
Varios folios están mal encuadernados en el orden o desorden siguiente:
123, 128, 129, 124, 125, 126 y 130. Además, los números de esos folios están
casi ilegibles.
Este libro contiene cerca de 1,200 partidas de bautismo sin numerar. La
mayor parte de estos bautizos fueron hechos "en la Parroquial de esta Ciudad", hoy Catedral, aunque muchas veces no lo haya~ asentado. ,°tros se
efectuaron en los val1es de la Pesquería Grande -hoy villa de Garc1a- (f~lios 58 vuelta, 113 y 119), de Santa Catarina (folio 60 vuelta) y de San Nicolás (folio 61) ; "en el puesto de las Higueras" y en "el puesto que ll~an
Los Martínez" -hoy Zuazua- ( ambos en el folio 76 vuelta) ; en el mismo
puesto de las Higueras (folio 87); en la hacienda del capitán Cristóbal _Gon2ález ''llamada Guadalupe" -en el actual municipio de Marín- (follo 93
vuelta) y en el valle del Guajuco (folios 124, 127, y 133).
.
Casi todas las partidas llevan al margen la anotación del nombre del bautizado y su raza o casta.
Desde la primera fe de bautismo, inscrita en el folio 2 y fechada el 14 de
mayo de 1731 , hasta el folio 45 ' a fines de enero de 1734, la mayor
. parte
•
fueron firmadas por el Bachiller Matías de Agu~;,re, "cur~ de. esta d1c?a cmdad", pero otras se hicieron "de licentia_ yaroch1 ( con ~cenc1a del pa~roco)
y, por lo tanto, fueron rubricadas tamb1en por los bachilleres_ Juan Baez ~e
rr1.
·Bartolomé Molano, Buenaventura Méndez Tovar H1dalg-0,• Ignacio
nev1no,
, ¡
Martínez y Juan Sánchez de la Barrera Gallardo. Hay una que_ fumo so o
el mencionado Bachiller Báez de Treviño y tres que aparecen ~bncad~s na~~
más por el Bachiller Molano, "theniente de cura de esta ~a ( d1ch~) crndad .
En seguida, en el mismo folio 45, aparece una nota:. Hoy,
Y un~
de enero, tomé posesión del curato. Año de 1734. Bachiller Trevino . D~ ah1
en adelante, hasta el fin, la mayor parte de las partidas se encuentran fuma•
das por el Bachiller Báez de Trcviño, aun~ue algun~s también. fueron si?nadas por otros eclesiásticos: los citados bachilleres Matias de Agurrre, Ignacio

t~~~:ª

414

Martínez, Juan Sánchez de la Barrera Gallardo y el licenciado Tomás Freire
de Somorrostro.
Al final de este libro 6 de bautismos aparece la siguiente nota:
"En trece ( debe ser tres) de noviembre (de 1739) dio fin este libro y
·se pasaron a un cuaderno las partidas que se ofrecerán en adelante de esta
naturale2a ... Visitado este libro de bautismos en esta vísita general en 24 de
-diciembre de 1741 ".

PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

Tres hijas del cirujano francés Pedro de Fee y su esposa doña María Gertrudis Rodríguez de Montemayor, nuevoleonesa, aparecen registradas en este
libro. (Folios 7 vuelta, 44 vuelta y 79 vuelta).

En el folio 24 se encuentra registrado el bautizo de una hija del iJustre
nuevoleonés Capitán Clemente de la Garza Falcón y doña Manuela Guerra,
de quienes tratamos en el número anterior de Humanitas.
En los folios 31, 71 y 108 aparecen tres hijas de otro distinguido nuevoleonés, el General Juan García de Pruneda y de su esposa doña María Gertrudis
García. Don Juan fue Gobernador de la Provincia de Coahuila de diciembre
de 1739 hasta agosto de 1744.
En el folio 40 se halla el bautizo (13 de octubre de 1733) de doña María
Francisca de Larralde, insigne benefactora de la Catedral de Monterrey, hija
legítima del General Francisco Ignacio de Larralde y de doña Josefa Francisca
Cantú del Río y la Cerda. Fue esposa del General Antonio de Urresti y el
Capitán Andrés de Goicoechea. Murió el 25 de noviembre de 1769.
Dos hijos de don Joaquín de Morales y doña Francisca Ruiz de Ocón fueron bautizados con los nombres de Josefa Francisca y Francisco Esteban, respectivamente, el 6 de abril de 1735 y el 27 de febrero de 1738 (folios 66 y
116). Don Joaquín fue el fundador de una de las familias nuevoleonesas que
llevan el apellido Morales, precisamente la que enlazó con la familia Mier,
como explicaré al hacer la reseña del libro 7 de bautismos. Este caballero
también aparece nombrado así: Joaquín Morales y Apezechea o Estanislao
Joaquín de Morales. 2
En el folio 72 está el bautizo ( 10 de agosto de 1735) de María lgnacía
Gertrudis, hija legítima del Escribano Real Juan José Sánchez de Roe! y An' Don Joaquín de Morales era Notario Episcopal en 1737 ¡ Procurador General del
Ayuntamiento de Monterrey en 1742, 1748, 1750 y 1751; Alcalde Mayor del Valle de
Santiago del Guajuco en el mismo año de 1750 y Ayudante de Ordenes de la Capitanfa
GenCl'aJ del Nuevo Reino de León a mediados del siglo XVIII.

415

�drade y doña Ana Francisca Sánchez de Robles, quien fue esposa del caballero
don Antonio Marcos de Cossío. Otra hija y un hijo del Escribano Sánchez
de Roe) de su espo a aparecen en lo folios 95 ...-uelta y 123.
En el folio 132 se encuentra registrado el bautizo de Juan Antonio Isidoro,
hijo legítimo del Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León
don José Antonio Fernández de Jáuregui y rrutia y doña María Josefa
Gertrudis de Villanueva. El mismo Gobernador habia sido padrino en el
bautizo de un hijo del General Larraldc y u esposa doña Josefa Francisca
Caotú (folio 100).
En este libro 6 de bautismos aparecen lo primeros nucvolcon es que lle- •
varon los apellidos Larraldc y Roe!.
Por primera vez. aparecen los bautizos de al!ruilos vástagos del apellido Canales en los folios 10, 54- y l08 vuelta. ·¡o embargo, este apellido Canales
más antiguo y se avecindó muchos años antes en la Villa de San Gregario de
Cerralvo.
o aparecen anotados autos de visita epi copales ni olros documentos.

Por último, en el folio 129 vuelta la partida dcJ 23 de febrero de 1729 debe decir 1739.

y

ALGUNOS ERRORES

En c1 folio 15 vuelta hay una partida fechada erróneamente el 3 de marzo•
"de setesientos y beinte y dos a.s(ruios) ... ", pero debe srr 1732.
En el folio 16 la fe de bautismo del 13 de marzo "de rnill tessientos y
treynta un año " debía decir 1732.
En el folio 21 mella la~ tres partidas fechadas en julio de 1731 son también de 1732.

r

En los folios 35 vuelta y 42 lo bautismo fechados erróneamente el 22 de
junio de 1732 y el lo. de diciembre de 1731, respectivamente deben ser ambo de 1733.

Hay otras partidas que tienen la fecha equivocada:
En los folios 44 y vuelta Jas que están fechadas el (?) y el 24 de enero de
1733 son de 1734.

LIBRO

7 DE

BAUTISMOS: NOVIEMBRE DE 1739-JULIO DE

1744

Este libro empieza en el folio l y tennina en el 92 vuelta. Contiene cerca
de 800 partidas de bautismo sin numerar.
El lircve encabezado manuscrito, en eJ folio 1, se encuentra casi ilegible.
De vez en cuando, en alguna fe de bautismo, se dice que el bautismo se hizo
"en esta parrochia" o bien "en esta iglesia parroquial", pero generalmente no
se a~cntó en dónde e hicieron. Sólo dos o tres veces se aclaró que el bautizo
se efectuó "en esta iglesia parroquial de Monterrey..." Otros bautizos fueron
en los vall de Pesquería Grande y del Carrizal y, muchos más, en el valle
del Guajuco. Casi siempre se anotó al margen de la fe de bautismo el nombre
del bautizado y u raza o casta.
Desde el folio 1 hasta el 78 casi todos los bautismos aparecen firmados por
el Bachiller Juan Báez de Treviño, excepto algunos que rubricó también el
Bachiller Ignacio fartínez, por haberse hecho de licencia parocl,i. Otras partidas fueron firmadas por los bachilleres Matías de Aguirre y Bartolomé MoIano. Desde la primera fe de bautismo del año 1744, en el folio 78, hasta el
final del libro en el folio 92 vuelta, todas fueron firmadas por el Bachiller
Pedro Regalado Báez de Treviño, hermano del Bachiller Juan de los mismos
apellidos. 1 pie del último folio se halla esta nota: "Se empezó otro libro".
Muchas partidas se encuentran casi ilegibles, siendo muy difícil -aunque
no imposible--- su con ulta. Esto es debido, seguramente, al hecho de haberse
usado una tinta deficiente, quedando después el libro expuesto a la humedad
durante algún tiempo. Los dos últimos folios están parcialmente destruidos y
muy manchados.
En el folio 83 aparece el bautizo ( primero de marzo de 1744) de una niña
de apellido Páez. Es el primer párvulo nuevolconés de su apellido que se
encuentra registrado en los libros de bautismos de este archivo.

En los folio 67 vuelta y 73 los bautismo del U de mayo y lo. de septiembrede 1725 debían decir 1735.

En el folio 79 vuelta la fe de bautismo del 22 de enero de 1726 e~ de 1736.

PARTIDAS DE llA TISMOS rNTERESA TES

En el folio J05 la que aparece fechada el 24 de mayo de 1733 debe decir

1737.
En el folio 117 vuelta la que se encuentra fechada el lo. de abril de 1737
es de 1738.
416

En el folio 12 vu Ita aparece el bautizo (18 de septiembre de 1740) de una
hija legitimad I Gobernador Femández de Jáuregui y Urrutia y doña Gertrudis de Villanueva, a quien se impusieron los nombres de Maria Justa Josefa.
417
H27

�En el folio 26 vuelta se encuentra la fe de bautismo ( 29 de octubre de 1741 )
de una hija legítima del Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de
Le6n don Pedro de Barrio Junco y Espriella y de su esposa doña María Antonia de Sorola, a quien bautizaron con los nombres de Ana María Petra.
El 11 de marzo de 1742 fue bautizado Manuel Antonio, "de doce días",
hijo legítimo de don Joaquín de Morales y doña Francisca Ruiz, "vecinos de
esta ciudad ..." (Folio 40 vuelta). Don Manuel Antonio Morales y Ruiz era
Teniente de las Milicias de Dragones Provinciales de la Villa del Saltillo, en
la Provincia de Coahuila, a fines del siglo XVIII. Contrajo matrimonio do
veces y su hijo don Pedro José Morales cas6 en el año de 1~08 con doña
Dolores de Mier, sobrina carnal de Fray Servando Teresa de Mier, por haber
sido hija ltg1tima de don Froylán de Mier Noriega y doña María_ Te_resa Leal
de León.ª Don Manuel Antonio Morales recibió sepultura eclesiástica en la
Catedral de Monterrey el 6 de septiembre de 1799, pero antes "se conf só }'
recibió el santo óleo y no el viático por la prontitud del accidente.. ,"
El bautizo de Ramón Fulgencio, "de ocho días nacido', noveno hijo legítimo del General Francisco de Larralde y doña Josefa Francisca Cantú del
Río y la Cerda, efectuado el 23 de enero de 1744, se encuentra en el _folio
79 vuelta. Don Ramón de Larralde fue Procurador General del Ayuntamiento
de Monterrey en el año 1766.

AUTOS DE VISITA

El 20 de diciembre de 1741 llegó a esta ciudad, en su visita pastoral, Su
Señoría Ilustrísima el Señor Doctor Don Juan G6mez de Parada, Obispo de
Guadalajara. Dos días después consultó los registros parroquiales y, al revisar
este libro, dejó asentado en el auto de visita respectivo que "mandaba y _mandó que en lo de adelante se exprese la vecindad de los padres del bautizado.
y que en una partida no se inserten muchas, que éstas se pongan s~paradas.
Y que las fechas no se refieran a las antecedente_s. Y que . el bautJ.sm? que
hiciere otro que no sea el cura exprese de licentia parochi y la partida se
firme por el que hizo el bautismo y el cura. Y en lo demás se guarde la forma
hasta aquí practicada..." (Folio 29).
En seguida aparece un extenso "Auto General de Visita" del mismo ilt1~tre
prelado, que abarca los folios 29 al 37. En su visita a la iglesia parroquial,
hoy Catedral, se asent6 entre otras cosas que u Señoría Ilustrísima "visitó
• En la revist., Absid, (julio-s •ptiembr de 1959) apareció mi trabajo sobre el origen
del apellido Mier en ' uevo Le6n.

418

el altar mayor con sus colaterales, que halló competentes..." La estancia del
ilustre Obispo se prolongó varios días en esta ciudad y el 11 de enero de
1742 consagró seis campanas siendo dos de ellas de la parroquia de Monterrey, "que puso por nombre y dedicó" a Jesús María y San Miguel, y las restantes se enviaron a las iglesias de la villa de San Juan Bautista de Cadereyta,
del valle de San Mateo del Pil6n (hoy Montemorelos), del pueblo de Nuestra cñora de la Purificación y del real y minas de San Pedro de Boca de Leones (Villaldama). (Folio 35). En seguida aparece una valiosa noticia: "Y
por cuanto se halla Su Señoría Ilustrisima con buenos informe del maestro
de escuela don Martín de Arrambide, vecino de esta ciudad, y ser a prop6sito
para el ministerio, por tanto Su Señoría Ilustrísima Je nombra por tal maestro
de escuela, encargándole mucho )a buena educación de los niños de esta ciudad que ocurriesen a su escuela. Y manda al Vicario Juez Eclesiástico que
cada seis meses visite la escuela y procure que los niños estén bien educados
en las oraciones, doctrina cristiana, santo temor de Dios y buenas costumbres.
Y en caso de que haya algún bienhechor que deje alguna renta para ayuda de
mantener al maestro cuide mucho de su principal y que permanezca la obra
pía. Y asimismo procure con esfuerzo que los padres de aquellos niños que
tuviesen posibilidad contribuyan a dicho maestro con lo que fuere justo, como
es de razón, para su congrua sustentación". Por último, el ilustre Obispo Gómez de Parada ordenó el traslado de unos restos: "Y atento a haber sido ayuda de parroquia la iglesia de la Compañía, en tanto que se componía esta
parroquial (hoy Catedral), por cuya causa se enterraban y enterraron en ella
los cuerpos difuntos, para que no carezcan de los divinos sufragios, Su Señoría
Ilustrísima manda al dicho cura que haga trasladar a su iglesia parroquial los
huesos de dichos cuerpos difuntos".

LIBRO

8

DE

]h

11SMOS: AGOSTO DE 1744-FEBRERO DE 1751

Este libro se inicia en el folio l y termina en el 97. Contiene casi 950 partidas de bautismo sin numerar.
Los folios, en general, están numerados, e.xcepto los cuatro últimos.
Al principio, en un folio sin número, aparece la siguiente carátula manuscrita: "Año de 1744. Libro en que se asientan los bautizados, perteneciente a
esta Parroquia de la Ciudad de uestra Señora de Monterrey, cabecera del
Nuevo Reino de Le6n, que e tá a cargo del Bachiller don Juan Báez de
Treviño, Cura en encomienda de dicha ciudad, Notario del Santo Oficio,
Comisario de la Santa Cruzada) Vicario Juez Eclesiástico en ella y otros agregados. Comienza el día dos de agosto del arriba dicho año. Gobernando este

419

�Obispado de Guadalajara el Ilustrísimo Señor Doctor Don Juan Gómez de
Parada, mi señor".
Las partidas están finnadas, desde el folio 1 hasta e} 7, por el Bachiller Juan
Báez de Treviño. De ahí en adelante fueron rubricadas por su hermano el
Bachiller Pedro Regalado Báez de Trevifio hasta el folio 28 vuelta. Después
continuaron firmándolas, alternativamente, los mencionados bachilleres hasta
el folio 64 vuelta En seguida, aparece en las partidas el autógrafo del bachiller
Agustín de Acosta hasta el final del libro, excepto en siete bautizos que firmó
el bachiller Bartolomé Molano en los folios 78 vuelta y 79. La última vez que
rubricó una fe de bautismo el Bachiller Juan Báez de Treviño fueJ a fines de
noviembre de 1750.
Este libro 8 de bautismos se encuentra en magnífico estado de conservación.
Hasta el folio 65 todas las partidas llevan anotados al margen el nombre del
bautizado y su iaza o casta. Después solamente tienen estos datos los siete
bautizos que firmó el Bachiller Molano.
Desde esta época los apellidos compuestos García de Pruneda y Sánchez de
Roe! se empiezan a mencionar como se conocen actualmente: Pruneda y Roe!.

AUTO DE VISITA y EDICTOS

Auto de visita del doctor don Matías López Prieto, Visitador General del
Obispado, con fecha del 28 de noviembre de 1745, en los folios 26 al 27
vuelta. Después de consultar las partidas de bautismo de este libro, quedó
asentado que "se hallaron estar en debida forma... " En la iglesia, parroquial,
hoy Catedral, el doctor López Prieto visitó el Sagrario, "que halló en competente forma", el altar mayor y los demás de dicha iglesia con sus colaterales,
"que halló decentes ...", y, por último, el bautisterio.
Edicto del doctor Ginés Gómez de Parada, Vicario General del Obispado,
expedido en la ciudad de Guadalajara el 24 de marzo de 1746. (Folios 40
a 42).
Edicto del Obispo Gómez de Parada, decretado en el Palacio Episcopal de
la misma ciudad el 19 de enero de 1746. (Folios 42, 42 vuelta y 43).
Edicto del mismo ilustre Obispo, dado el 7 de abril de 1750. (Folios 90
a 91 vuelta).

ALGUNAS PARTIDAS NOTABLES

En este libro aparecen registrados los bautizos de varios hijos e hijas de las
prolíficas familias regiomontanas de mediados del siglo XVIII. Sólo citaremos tres:
La fe de bautismo (13 de noviembre de 1746) de doña Juana Josefa de
Berridi, hija legítima de don Juan Ignacio de Berridi y doña Juana Josefa
Muñoz de Herrera, se encuentra en el folio 44 vuelta. Esta dama fue esposa
de don Andrés de Ayarzagoitia, originario de la Villa de Durango en el Señorío de Vizcaya y fundador de su apellido en Nuevo León.
En los folios 70 vuelta y 71 se asentó la partida de bautismo (20 de marzo
de 1749) de doña María Josefa Florentina de Larralde, hija legítima del General Francisco Ignacio de Larralde y doña Josefa Francisca Cantú del Río
y la Cerda. Doña María Josefa de Larralde fue esposa de don Ignacio Ussel
y Guimbarda, Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León desde
1764 hasta 1772. Y a viuda, contrajo segundo matrimonio con don Cosme Damián de Arrese. Murió a fines de abril de 1780 ..
Otro vástago de don Juan Ignacio de Berridi y doña Juana Josefa Muñoz
de Herrera, fue bautizado el 26 de junio de 1750 con los nombres de Antonio
Silverio, (folio 89). Este caballero actuó como Alcalde Provincial de la Santa
Hermandad en el Nuevo Reino de León de 1776 a 1780.
420
421

�EL LIC. DON RAFAEL Pt:REZ-MALDONADO

Primer Mitiistro de Hacienda que hubo en México
Por

CARLOS PÉREZ-MALDONADO

EL SR. Lic. DON RAFAEL PÉREZ-MALOONAOO, Primer Ministro de Hacienda
que hubo en México independiente, nació el día 10 de febrero de 1761 en
San Pedro de Teocaltiche, Jalisco. Su partida de bautismo dice a la letra: "En
dicho día, mes y año ( corresponde al 19 de febrero de 1761), bauticé solemnemente y puse los Santos óleos a José RAFAEL Antonio, hijo legítimo de don
Joaquín Pérez-Maldonado y de doña Jacinta Lozano, españoles de este pueblo. Padrino don Miguel Domínguez, a quien advertí su obligación y parentesco y lo firmé. Joaquín Argüelles de la Esprieta. (Rúbrica)". (Esta partida
está asentada en el Libro No. 16, folio 94, Acta la., correspondiente al año
de 1761. Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en la citada población
de San Pedro de Teocaltiche, Jalisco) .
Nuestro biografiado aprendió las primeras letras en su pueblo natal, pasando
posteriormente a la capital del Virreinato en donde continuó sus estudios en
los colegios de San Pedro y San Pablo, y San Ildefonso de México. Cursó' la
carrera de leyes hasta graduarse de abogado el 19 de junio de 1793.
En el Archivo de la Universidad Pontificia de México, que actualmente se
encuentra en el Archivo General de la Nación, puede verse en el "Libro de
Grados de Doctores y Licenciados'\ Tomo 276, folio 94 vuelta, la siguiente
partida:

" Dr. José RAFAEL PÉREz-MALooNADO LozANo. Abogado de la R eal
Audiencia, Matriculado en m I lustre y R eal Colegio de Abogados. R ecibió el grado de Licenciado en Le,,es, de manos del Sr. Canónigo Juan
Francisco Campos, en 19 de Junio de 1793. L eyó la noche de su examen
una hora de ampolleta, (reloj de arena), de la Ley 35 Quod sepe de
contrahenda empt., hasta probar la conclusión de la L ey 11: Scrupulu423

�sam veterum inquisitionen, codic. lib. 8, t. 38 de contrahcnda et conmitend stipulatione. Arguyeron los Doctores Don Agustín Fernández, Don
José Tirado y Don Antonio Lavarrieta. Asistieron 33. Salió aprobado
nemine discrepante (sin discrepancia alguna). Presidió el acto el Sr.
Decano Dr. don José Vicente Sánchez".
Los primeros puestos oficiales que desempeñó el Sr. Lic. Pérez-Maldonado
fuero!'} los de Agente Fiscal de Real Hacienda, Asesor y Juez Interino del
Real Tribunal de la Acordada, y Abogado de la Real Audiencia durante el
gobierno virreinal, siendo honrado posteriormente con el título de "Individuo
del Ilustre Colegio de Letrados".
Llegamos ahora a la época de la consumación de nuestra independencia.
Puede decirse que don Lorenzo de Zavala y don Lucas Alamán fueron de los
primeros historiadores que escribieron sobre este periodo tan importante de
nuestra historia. Ambos, y con mayor saña Zavala, fueron enemigos políticos
de lturbide. Por su parte, los padres de don Lucas, en unión de otras familias
de Guanajuato, entablaron un juicio contra don Agustín cuando éste era Jefe
del Ejército del Norte, habiendo sido el fallo completamente favorable para
el Caudillo.
Con estos antecedentes es fácil suponer que las versiones de ambos historiadores no deben de haberse escrito con toda la imparcia1idad ni estrictamente apegadas a la realidad histórica, al ocuparse de un período de tanta
importancia como lo fue el del gobierno del Libertador.
El Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, antepasado del que esto escribe,
fue uno de los más adictos colaboradores del héroe de Iguala y, en consecuencia, no escapó de las criticas enderezadas contra todos los componentes
del nuevo régimen en general.
Con objeto de poner en claro las cosas, nos dimos a la tarea de investigar
la trayectoria, así como la actuación del Primer Ministro de Hacienda que
hubo en México, con resultados completamente favorables para don Rafael,
como podrá verse en seguida.
El Libertador don Agustín de Iturbide, a quien debemos la consumación
de nuestra independencia, entró triunfalmente a la ciudad de México, al frente
de su glorioso Ejército Trigarante, el día 27 de septiembre de 1821.
Uno de los primeros actos del nuevo régimen fue la creación de la Regencia
(Poder Ejecutivo) y de la junta Provisional Gubernativa (Poder Legislativo),
quienes a su vez instituyeron las Secretarias de Hacienda, de Guerra y Marina,
de Relaciones Interiores y Exteriores, y la de Justicia y Negocios Eclesiásticos.
Al Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado se le distinguió con el honroso car-

424

"1 821" '
Co n.sumada fo fo dt pe11dencia poi Don Ag11sti11 de / Jut bide. el Lir. Do11
Ra fael Pére:-M aldonado /11e nombrado Primt• M inulro de Hacienda.

�go de Ministro de Hacienda, y, por lo tanto, fue el primero a quien tocó la
ardua tarea de organizar tal dependencia.
La Regencia estaba formada de don Agustín de Iturbide como Presidente,
don Juan O'Donojú, don Manuel de la Bárcena, don José Isidro Yáñez, don
Manuel Velázquez de León y el Illmo. Sr. don Antonio J. M. Pérez.
En cuanto a los componentes de la Junta Provisional Gubernativa, nos dice
el historiador Alamán que "los individuos designados fueron en número de
38 de los más notables de la ciudad po:- su nacimiento, fama de instrucción y
empleos que ocupaban ... como el Canónigo Monteagudo y el Lic. Espinosa;
el Obispo de Puebla, el Arcediano de Valladol1d Bárcena: los oidores Rus y
Martínez Mancilla, varios abogados distingujdos como Azcárate, Guzmán y
Jáuregui; el Brigadier Sota Rlva, los coroneles Bustamante y Horbegoso; don
José María Fagoaga, y Alcocer de la Diputación Provincial, Tagle y otras
personas".
Estos ilustres personajes fueron quienes designaron a los primeros Ministros y, por lo mismo, no deben de haber estado tan desacertados tales nombramientos como los califican algunos historiadores (inclusive A1amán), ya
que provenían de aquel grupo de notables.
Hacemos esta aclaración porque se impone para contrarrestar las apreciaciones falsas y calumniosas que hizo de los señores Primeros Ministros don
Lorenzo de Zavala y en su Ensayo Histórico de las Revoluciones de México y
que a la letra dicen: "El Generalísimo creó un Ministerio compuesto de las
personas menos a propósito para conducirlos ni menos para sostenerlo. Don
José (sic) Pérez-Maldonado, anciano octogenario, sin otro género de conocimientos que el de oficina subalterna en el ramo de alcabalas, era Ministro de
Hacienda: don Antonio Medina, marino honrado y con algunos conocimientos de este ramo, fue nombrado Secretario de Guerra; en Justicia estaba don
José Domínguez, uno de aquellos hombres cuyo mérito era plegarse a todas
las circunstancias. En el Ministerio de Relaciones Interiores y Exteriores se
colocó a un eclesiástico de quien es necesario hablar con más extensión: don
José Manuel He1Tera ... es un hombre de quien no se puede hacer una descripción positiva; es necesario para darle a conocer sin que se ofenda a la verdad, definirlo negativamente por decirlo así; no tiene conocimientos de ningún género, no tiene actividad para ninguna empresa, ni capacidad para
decisiones atrevidas, ni mucho menos para resoluciones que puedan tener grandes resultados ... Este era el Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores".
Como podrán ver nuestros lectores por esta descripción de Zavala, según
él ninguno de los señores ministros era capaz. Mayor falsedad no pudo haberse escrito y claramente se ve que obraba en su ser la envidia y el rencor
por causas que veremos más adelante. Además hay que hacer notar que al

425

�referirse a don Rafael, lo llama José, lo que nos viene a probar que ni siquiera
lo conoció, y tan errado andaba don Lorenzo, que lo califica de "anciano
octogenario" cuando don Rafael, al hacerse cargo del Ministerio de Hacienda,
no tenía más que sesenta años de edad, pues como hemos visto por su partida
de bautismo incluída a principios de estos apuntes, nació en febrero de 1761.
Con tan burdas falsedades y completo desconocimiento de nuestro personaje,
¿cómo es posible que el historiador de marras se haya atrevido a juzgarlo?
Además, Zavala publicó su Ensayo Híst6rico en París, diez años después de
estos sucesos, o sea en 1831.
Como hemos dicho, don Lorenzo de Zavala fue, por desgracia, uno de los
que primero escribieron algo sobre el régimen de lturbide, y digo por desgracia porque es regla muy generalizada entre los historiadores, transcribir o
al menos referirse a las obras escritas con anterioridad sobre los mismos asuntos, en vez de investigar y respaldar sus afirmaciones con documentos históricos auténticos y fehacientes.
Así tenemos el caso de los Primeros Ministros tratados en forma similar en
la Historia de México de Alamán, quien confiesa en su misma obra que ese
punto lo trata haciendo uso y siguiendo a Zavala en su Ensayo Hist6rico, debido a que al escribir este autor lo que vio "Jo hace con agudeza, aunque no
sin graves equivocaciones".
¿ Cómo es posible que un historiador de la talla de Alamán haya escrito lo
que aconteció en uno de los períodos más importantes de nuestra historia, sin
pruebas fehacientes y atenido solamente a un texto que él mismo califica que
adolece de graves equivocaciones? Es esto algo inconcebible.
Pero veamos ahora lo que él nos dice en su Historia de' México: "La provisión de estos empleos (los Ministerios) fue muy poco acertada..." Sin embargo, reconocía que en aquellos tiempos "tampoco podía serlo mucho por la
escasez de sujetos idóneos para desempeñar tales puestos" y, al referirse al
Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, copia lo dicho por Zavala: que era un
"anciano octogenario; que había sido Agente Fiscal de Real Hacienda y
como tal tenía bastantes conocimientos en la parte judicial del ramo, pero
ningunos en la administrativa".
Otro historiador, don Francisco Banegas Galván, Obispo de Querétaro,
en el Libro II de su Historia de México, publicado en 1923, dice: "nombramientos desacertados como los califican Zavala y Alamán" (él no da su opinión) y, al referirse a don Rafael comenta que era "muy laborioso y de mucha
honradez", Jo que ya eran muy altos méritos para aquel puesto de tanta
responsabilidad.
Por último, en México a T-raués de los Siglos leemos: "Ya desde el día 4

426

�del mi5mo mes de Octubre, para regularizar la mafC'ha administrath·a, la
Regencia había nombrado cuatro Secretarios del Despacho, designánd~ para
que lo fueran, a cuatro personas de buena reputación: quizá no bastante idóneas para desempeñar tan importantes puestos ( nótese que esto lo toman de
Atamán). pero que en aquellas circunstancias era de lo mejor que podía
encontrarse". Después transcriben lo que ZavaJa dijo y que ya comentamos.
Y para terminar viene este comentario: "A ser ciertas las apreciaciones de Zavala sobre las cualidades que a estos personajes atribuye, resultaría que todos
habían sido ineptos y alguno de eUos hasta pernicioso (como Herrera) : pero
en esto, se3 cual fuere la verdad, lo que no admite duda es que en aqudla
época todos carecían de experiencia y práctica en asuntos de política y administración, que habrían de ser suplidas con el talento y buena \·oluntad y,
por imperfecta que pareciese la máquina gubernamental, se le construía di'!
mejor modo posiole para regularizar la marcha de los negocios".
Ahora bien, por lo que respecta a la 'actuación y capacidad del Sr. Lic. don
Rafael Pércz-Maldonado, vamos a tratar de probar, en primer lugar, que no
era una tarea fácil arreglar la muy grave situación en que se encontraban las
finan7,as de la nue\·a nación, )' que fue victima indirc&lt;"ta de los ataques y
maquinaciones que los enemigos políticos del Libertador tramaban contra su
régimr.n.
Como lo han relatado todos los historiadores, la principal dificultad con
que tenía que luchar el nuevo gobierno, era la faltn de re&lt;'ursos necesario, para
cubrir las atenciones del senicio público. fata crítica situación económica se
debió, según unos, a que lturbide. con la intención de popularizarse y atraerse
partidarios, había disminuido los impuestos y aumentado los gastos. Como
consecuencia de tal medida, se afirma que los ingresos que afios antes ascendían a seis o siete millones de pesos, en el año de 1822 llegaron solamente a
$ 1.348, 170.00, cuando por otro lado los gastos subieron a $ 4.213,492.00
resultando terrible déficit.
Muy abundantes datos que ponen de manifiesto lo anterior en forma predsa. podrán verse en la "~{emoria que el ~linistro de Hacienda ( don Rafael
Pércz-Maldonado) prc~entó al Soberano Congreso sobre el c~tado del Erario".
A ~te inte~tc documento le dio lectura el mismo don Rafael en la Cámara
de Diputados, en la sesión ronespondientr. al día 28 de febrero de 1822, y
posteriormente se publicó "en la Oficina de Don Alejandro Valdés, Impresor •
de Cámara del Imperio. México 1822".
Allí queda demostrado. con multitud de datos fidedignos )' cifras debidamente ("Omprobadas, el triste estado de un erario C."thausto.
Ante situación económica tan desastrosa, es fácil comprender que, por más
csfuer7.os que hiciera el Ministro de Hadenda, no em posible que hiciese
427

�milagros, ya que era imposible., prácticamente, sacar a flote aquel estado de
cosas, lo que tampoco hubiera podido hacer el más hábil y eficiente financiero.
Otra prueba en abono de don Rafael es el hecho de que estaba prácticamente maniatado, puesto que el Congreso no e&gt;,.-pedía la reglamentación del
ramo de hacienda. De esto se queja amargamente Iturbide en sus poco conocidas Memorias diciendo: "No quiero ser creído por mi palabra. Examínese
lo que hizo el Congreso en ocho meses que corrieron desde su instalación
hasta su reforma... En el pá1S más rico del mundo, el erario estaba e,tliausto,
no había con qué pagar al ejército ni 31 los empleados: no había de hacienda
ni aún sistema establecido, pues el que regía en tiempos del gobierno español
se había abolido sin sustituírle otro: El Congreso no quiso ocuparse de negocio tan importante a pesar de las reclamaciones repetidas y urgentes que
hice de palabra y por medio de los Secretarios dé Estado".
Claramente se ve en todo esto, lo injustificado de las críticas enderezadas
contra el Ministro de Hacienda, cuando el mal venía de más arriba, correspondiendo a ellos la censura, como lo dice el mismo Iturbide.
Y a mayor abundamiento de datos en abono de la personalidad de nuestro
biografiado, hay que ver lo que dice el Diccionario de Geografía, !f~st01~a Y
Biografía Mexicana y las Noticias Bio-Bibliográficas de Alumnos Distinguidos
del Colegio de San Pedro, San Pablo y San lldefonso de México en cuyas
obras podrá verse que el Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, antes de ser nombrado Ministro de Hacienda, desempeñó, entre otros cargos, los de Agente
Fiscal de Real Hacienda; Asesor, y Juez Interino del Real Tribunal de la
Acordad~; Abogado de la Real Audiencia durante el gobierno virreinal, e
Individuo del Ilustre Colegio de Letrados, cargos y distinciones como esta última, que no cualquier imprepa.rado o de medianos alcances hubiera desempeñado o recibido en aquellos tiempos.
Además, se vio obligado a dejar el Ministerio de Hacienda cuando resultó
electo Consejero de Estado del Gobierno Imperial, cuyo cuerpo quedó integrado por personalidades de las más destacadas de la capital.
Ya hemos dicho al principio que no pudo haber habido estricto apego a la
verdad en todo lo que don Lucas Alamán escribió sobre el régimen itw-bidista,
puesto que existía el caso de que su f aroilia, después de haber llevado las
más cordiales relaciones con la de don Agustín, confiesa el historiador que
aquéllas "se entibiaron". El caso o motivo de este entibi.amiento fue la famosa
acusación que en contra del libertador presentaron, entre otras casas de Guanajuato, las de Casa Rul y Alamán, sobre algunas medidas violentas y excesos
de severidad que le achacaban a Iturbide cuando éste tenía el mando del
Ejército del Norte, pero quedó plenamente comprobado que en todas las acu-

saciones hubo mucha exageración y calumnias y, una vez terminado el proceso por el Auditor de Guerra Batallerl don Agustín fue absuelto completamente, dec~arándosc que "no había méritos para su comparecencia y que estaba expedito para volver al mando del Ejército del Norte", lo cual debe de
haber causado no poco disgusto a sus acusadores. En relación a este mismo
~sunto,
de hacer notar que don Lucas advierte que "él no tenía ninguna
mgerenc1a en los asuntos de su padre, puesto que en ese tiempo se encontraba
en Europa". Así pretende hacerse aparecer ecuánime al juzgar a Iturbide y
a sus colaboradores.

:8

Ahora bien, por lo que respecta a Zavala y a las falsedades asentadas en su
obra ya citada, veamos lo que nos dice el historiador don Carlos María de
Bustamante en su Suplemento a Los Tres Siglos de México del Padre Andrés
Cavo: "Creo de mi deber... deshacer algunas equivocaciones palmarias en
que ha incurrido un don Lorenzo de ZavaJa, a quien le vino la humorada de
escribir y publicar un Ensayo Histórico de las Revoluciones de México, desde
1808 hasta 1830, ignorando hasta los nombres de los primeros personajes de
ella. Habria excusado esta crítica si este buen señor no hubiese querido dar a
su obra el carácter de magistral y clásica, sembrando sentencias graveclosas a
lo Tácito y presentándonos caricaturas desagradables de sujetos que saltaron
a la arena cuando él estaba quietecito en su casa y fonnulando criticas muy
cáusticas de varones inmaculados y que forman la gloria de la nación. Con
esta advertencia, sus lectores le darán la correspondiente carta de resguardo y
no lo creerán a ciegas".
Además, en su Diario Histórico el mismo historiador Bustamante asienta que
en enero de 1823 la actitud del mismo Zavala en el Congreso se le miró como
un acto de contrición, o un "pequé" de su extraviada conducta cuando se
empeñó en adular al Emperador Iturbide, "aunque no falta quien lo atribuya
a que Zavala se prometía que se le confiara la plenipotencia de Francia, que
se la burla.ron".
No cabe duda que con estos antecedentes, y el no haberle concedido Iturbide el ansiado nombramiento de Ministro Plenipotenciario de México en Francia, fueron la causa principal I de su odio y rencor contra el Libertador, y a tal
grado se desató en injustos ataques en contra de Iturbide y sus colaboradores,
que él mismo previó su fracaso por la falsedad de sus aserciones, Y' hacía grandes esfuerzos para que lo tomaran en serio., según podrá verse en su Prevención al Segundo Tomo de su Ensayo mencionado. Allí nos dice que "los enemigos de las reformas nacionales, los interesados en la subsistencia de los
abusos y en que la República entera permanezca estacionaria... se levantarán
con furor contra mi obra aprovechándose del candor nacional, y pretendiendo

429
428

•

�•

abusar de la ignorancia del pueblo, llamarán al honor mexicano en de[ensa
de su causa. ..", y tcnnina: "Ved, dirán a los ignorante , cómo este mexicano
desnaturalizado ataca la religi6n, ridiculiza nuestras costumbres, desacredita
a los hombres m:ís eminentes y os presenta ante las nacion civilizadas como
hombres incultos y sin virtudes. Condenad al anatema, al libro y autor''.
Y no estaba don Lorenzo muy errado al auto-nombrarse "mexicano desnaturali7ado", ya que termin6 su carrera política en la siguient forma, según
reza parte de u biograHa: "Durante la revolución separatista de Tcxa , Za\·ala, no obstante er m icano, se ali6 a los colonos tc.xanos y cooperó con
mucha eficacia a procurar la independencia de Texas. Fue electo Diputado
por HarrisbUIY perdiendo su nacionalidad, habiendo sido ademá , delegado
a la convención que en\ ashington proclamó la independencia de Te.xas que
costó tantos sacrificios y tanta sangre a México, y cuya esci ión fue el pretexto .
de que se valió la república \'ecina para hollar nuestro sucio y arrebatamos

f_ucron concedidos~• por lo tanto, llegamos a Ja conclusión de que su persona~1dad queda muy b1 n colocada en el destacado lugar que real y justamente le
corresponde .
El ·r. Lic. don Rafael Pércz-Maldonado falleció en la ciudad de Tol
Estado de . . féxico, el 26 de diciembre de 1830, a la edad de 69 años.
uca,
Ciudad de

uestra

eñora de Monterrey, 1963.

inmensa porción de nuestro territorio".
i el autor de todo esto fue uno de los que censuraron al régimen y colaboradores de lturbide, ¿ cómo es posible dar crédito a sus apreciaciones tan
llenas de falsedad s?
·o es difícil que Zavala se haya dejado influir por aquellos libelos que tan
injustamente se publicaron en contra de Iturbide, y sobre los cuales dice é t
en sus ya citadas .Memorias: "Tengo por puerilidad perder el tiempo en refutar libelo que se escribieron contra mí; ellos stán concebidos del modo
más a propósito para desacreditar a sus autores: parecen inspirados por las
furias; \'f'n anza y sangre solamente respiran; y poseídos de pasiones tan bajas,
ni refl ionar pudieron en us contradicciones. ¡ Miserabl s, ellos me: honran!''
Para tenninar repetiremos solamente lo dicho con anterioridad: La mejor
justificación d la capacidad y personalidad de los primeros Ministros en general, fue la designación que de ellos lúcieron la Regencia y la Junta Provisional Gubernativa, cuyos cuerpos estaban fonnad.os por personas de la
más notables y culta.e; de aquella época y, como se a.ienta en México a Través
de los Siglos, los citados Ministros eran personas de buena reputación y, en
aquellas circunstancias, era de lo mejor que podía encontrarse, aparte de que
ra muy natural que todos careciesen, por más inteligentes que fuesen, de
xperiencia y práctica en asuntos políticos y administrativo , que habrían d
uplirse con el talento y buena voluntad y, por imperfecta que parc.-ciese la
máquina gubernamental, se le constituía del mejor modo posibl .
Por último en relación con el Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, ya
hemos visto los !tos cargos de responsabilidad que desempeñó durante el
gobierno virreinal, así como su brillante examen de abogado y honores que le

431
430

�LOS "TOCHOS" DE JALISCO

SEMÁNTICA D.E UN VOCABLO

Por JosÉ

R.AM.ÍR.Ez FLORES

Guadalajara, J alisco.
MucHAS soN LAS NOML.'UCIONES dadas por nuestros historiadores a los grupos de población que, a raíz de la conquista, se encontraban establecidos en
la parte occidental del Anáhuac, porción llamada más tarde Nueva Galicia, y
entre ellas se encuentra la de tochos, recibida por determinadas tribus incligenas que se supusieron, con relación a las demás, con düerendas raciales y
lingüísticas.

La Crónica Miscelánea de la provincia franciscana de Santiago de Xalisco,
escrita por Fray Antonio Tel10, y terminada ( 1652), poco antes de su muerte,
es considerada con justa razón, la primera fuente de nuestra historia regional.
A ella debemos la noticia de la existencia de los tochos, habitantes en tiempos
remotos de una fracción del territorio de lo que hoy es Jalisco, noticia que
preocupó al Sr. D. Alberto Santoscoy, insigne historiador tapatío, determinándolo a emprender un minucioso estudio de la obra del cronista franciscano,
para esclarecer, hasta donde fuera posible, la importancia y localización del
grupo indígena así nombrado. Coordinadas sus referencias, bien pronto llegó
a su conclusión en esta forma:
"Al referir la tradición del cacique Pantécatl, se dice en la obra referida, cómo los emigrantes mexicanos fundaron la ciudad de Tuitlán,
y pretendiendo la falsa divinidad se posesionaron del territorio y pueblos
vecinos, decidieron 'habitarlos de los rústicos mexicanos que traían, los
cuales no hablaban la lengua mexicana tan culta 'Y limitada como ellos',
y explica como ese dios 'encargó a los rústicos y tochos mexicanos que
conquistasen todas las naciones circunvecinas'.
433
H28

�Sigue diciendo Teilo ( pág. 854), que comprendían 'los tochos o cazcanes, Tcocaltech, Noxtlan, Tlaltenango, Xuchipila, Tuix o Teul y Cuixpalan'; y en la pág. 93 asegura que 'son los pueblos cazcanes una gente
que habla la lengua mexicana y se precian de descender de los mexicanos'."

Localizando e identificando a los tochos, concluye así el Sr. Santoscoy:
"Por último, a mayor abundancia referiré que antes de haber aclarado
ese punto, ,mtresacando yo de los libros de visita que hizo el Obispo
Colmenero, en los años de 1648 y 1649, los datos concernientes a las
lenguas que hablaban los indígenas en los diversos pueblos del Estado,
datos que se escribían con toda puntualidad, no hallé se usara el Caxcán,
sino en las poblaciones de Axixic, San Juan y San Antonio, inmediatas
al lago de Chapala, es decir, muy distantes de la comarca que Pl cronista llama la Caxcana; y en cambio en toda ésta, los pueblos de Mezquitic, Colotlán, Sta. María, Huejúcar, San Diego, Tlaltenango, Susticacán,
San Miguel, Mectabasco, Talpa, Atotonilco, Apotzol, Juchipila, Cuxpala,
Moyagua, Teul (San Juan del), San Miguel (otro), San Lucas, San
Pedro Magdalena, Y.euchitlán (jurisdicci6n de Tlaltenango), Tocatic,
Teocaltiche, Momax, Momotla, Otatitlán, Tepizcac, To'}•agua, Apulco,
Trryuca y Nochistlán, así como en Ameca, Ahualulco, Teutlán, Atemanica y Santa Ana (feligresía de Atemaxac), se hablaba de la lengua
tocha por cierto no clasificada por el Sr. Orozco y Berra, aunque diversas veces aludi6 a los indígenas de esa denominaci6n. Pero '.)'a que
me hube fijado bien en los pasajes de la citada Crónica, transcritos antes,
me expliqué al J1unto que no existía distinción alguna entre los tochos
y los caxcanes.
"En consecuencia -digo ahora ratificando la opini6n que expuse en
el referido pr6logo-, la lengua Ca:tcana que supuso el Sr. Orozco y
Berra que se había perdido, no era más que el mexicano hablado rústicamente, el Mexicand Tocho, pudiéramos llamarle, puesto que esta última
voz suena tanto como rústico, según se ha visto"?

Queden en buena hora identificados tochos rústicos y caxcanes, como concluye el estudioso escritor tapatío; nosotros, sinceros admiradores de su labor
inquisitiva, lamentamos que haya escapado a su erudición, Ja observación fon ALBERTO SANTOSCOY. Cartas al Dr. Nicolás León. Los Icliomas Indigenas en varios de los pueblos del antiguo Obispado de Guadalajara. En Anales del Museo Nacional.
Tomo VII. México. 1903.

damental de pertenecer e] vocablo tocho al idioma español como se ve claramente por el sentido en que lo toma el mencionado P. Tello.
En 1941, en notas insertas en Prisma, gaceta literaria de esta ciudad, así lo
habíamos apuntado. El P. Tel10, nacido según todas las probabilidades en
España, poseía con perfección el idioma patrio, como lo demuestra en su preciosa Crónica, y en correcto español dio el calificativo de tochos, o los siguió
nombrando como eran llamados por anteriores conquistadores y colonos, que
tomaron en cuenta únicamente, el estado de cultura en que vivía ese pueblo
de indígenas.
La nominación es definitivamente espafiola, quedando descartada toda posibilidad que le pudiera señalar su origen en alguna de las lenguas indígenas
habladas en la comarca, puesto que la mexicana, reconocida por aquéllos
como lengua madre, en la voz tochtli, conejo, que pudiera servir de raíz al
vocablo está muy distante de relacionarla con la acepción precisa que ya
conocemos por el P. Tel10.
En nuestro Estado de Jalisco, con la significación de brusco, barbaján, etc.,
hemos oído aplicar la palabra a unos campesinos de los Altos; siendo una
constancia que es conservada por el pueblo, el hecho de catalogarla el Prof.
Ramos y Duarte en su Diccionario de Mexicanismos, de esta manera:
"Tocha. (Guanajuato} Adj. Desaseada, sucia. 'Pepa es una mujer muy
tocha'. En galleg-o se dice tocho a los toscos, feo, i tochu, en bable quiere decir
'grosero, rústico'."
Don Roque Barcia, en primer Diccionario General Etimológico de la Lengua Española -Madrid 1883-, anota:
"Tocho. Masculino. Provincial aragón. Palo redondo. Etimología. Origen
ignorado. Tocho, cha. Adjetivo. Inculto, tonto, necio, tosco. Etimología, I.
Aludiendo a que es grosero o rústico como un palo; catalán totxo".
Finalmente, el Diccionario de la Lengua Española, edición de la .Real Academia, Madrid, 1925, lo interpreta por tosco, inculto, tonto, necio y en igual
sentido es tomada la voz en la edición del Año de la Victoria.
El propio valor que se ha dado a la palabra, se observa en nuestros refranes
castellanos, que dicen:
"A asno lerdo, modorro arriero; o asno tocho, arriero tonto; o asno tonto,
arriero modorro".

En tiempos moderno, José Ma. de Pereda, el "genial prosista" como lo llama Menéndez y Pelayo, en el Cap. XV de El Sabor de la Tierruca escribe:
' 1Dale otro más. .. ¡ Mire usté que es tena, puño! -dijo Nisco ma-

1

434

chacándose con los suyos cerrados las caderas-. Y a usté ¿ qué le importa?, y por último, usté ¿qué sabe?

435

�¿Pues no he de saberlo?
¿No ves que soy bruja, tocho?''
Siglos antes nuestro Miguel de Cervantes Saavedra ( 1547-1616), en El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, Parta Segunda, Capítulo V, hace referencia sugiriendo el significado que conocemos de la voz estudiada, que
él da como apellido a uno de sus personajes diciendo:
" ... Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dexadlo a mi cargo, que ahí
está Lope Tocho el hijo de Juan Tocho, mozo rollizo y sano, y sé que no mira con mal ojo a la muchacha, y con éste que es nuestro igual estará bien
casada".
Reafirmando nuestra tesis, ya consumada la Conquista, Fr. Alonso de
Molina en su Vocabulario de la Lengua Mexicana (la primera edición data
de 1554), que es la fuente filológica de mayor altura en su materia, hace
una definitiva distinción entre las voces del castellano y del náhuatl cuando
escribe:
"Tompoxtli, tonto o tocho".
Pudiera argüirse que siendo la voz indígena pasó a España difundiéndose
con rapidez, argumento que queda destruido con la cita de otro literato español, quien en pleno siglo XV, y antes del descubrimiento de América, emplea la palabra con idéntico significado. Tal vez lo hizo don Gómez de Manrique (1412-1490), en la Exclamación o querella de la Gobernación, que satiriza a los torpes o tochos mandatarios en esta forma:

Los mejores valen menos
¡Mirad que gouernación
Ser gobemados los buenos
Por los que tales no son!
La fruta, ftrJr el sabor
Se conoce su natío
E por el gouernador
El gouernado navío.
Los cuerdos fuir deur!an
De do locos mandan más,
Que cuando los ciegos guían,
¡Guay de los que van detrás!
Por último, en plena edad media, en la formación del idioma español, la
emplea Gonzalo de Berceo (1198-1264?), cultivador del "mester de clerecía"
aunque grafiado tozo, como entonces se escribía el fonetismo de la ch, según
se ve en el tomo XX de la Colección de los mejores autores españoles". 2
Berceo, que escribe en el siglo XI, en la cuarteta 197 de Duelo que fito
la Virgen María, da tal calificativo a los sayones judíos cuando dice:

196. ¡ Resucitó Don Xpto; Dios tan grande alegría!
Dos soles, Deo gracias, nacieron essi día:
Resucitó Don Xpto, e la virgo María
Toda la amargu,-a tornó en alegría.

En un pueblo donde moro
Al nescio fazen alcallde;

197. Los gabes, e los tozos, de los malos truffanes
Que andaban rabiosos como famnientos canes,
Non valien sendos rabos de malos gavilanes,
Menos valien que cuchos los bocudos alanes.

Hierro precian más que oro,
La plata dánla de balde.
La paja guardan los tochos,
E dejan perder los panes,

El anotador de la obra, don Eugenio de Ochoa, en la palabra estudiada hace una llamada (p. 251), que copio textualmente:
"Tozo. Tocho, tonto, fátuo. Está la z puesta por la ch como en remazado
por remachado".

Cazan con los aguilochos,
Cómense los gauilanes.
Queman los nuevos olivos,
Guardan los espinos tuertos,
Condenan a muchos biuos,
Quieren saluar a los muertos.

4-36

•

Ni siquiera los apodados por los españoles tochos tuvieron una lengua particular, como antes se creía, sino que hablaban un mexicano muy estropeado,
1 Poeslas Castellanar anteriorl!s al Siglo XV, publicadas por don T. A. Sánchez, bajo
la direcci6n de don Eugenio de Ochoa, París, 1842.

437

�consecuencia de su rusticidad y evoluci6n. Así me lo hace ver la noticia suministrada por el Sr. Pbro. D. Eucario L6pe:z., qtúen me mostró el original
existente en el archivo del Arzobispado de Guadalajara, de la Descripción
de Tlaltenango, dirigida al Ilmo. Sr. Colmenero, obispo de la diócesis, por su
autor don Francisco de Salcedo y Herrera, Cura Beneficiado y Vicario de
dicha jurisdicción, escrito publicado a la fecha en México por la Editorial Porrúa. Está fechado el 16 de julio de 1650, y dice refiriéndose a la lengua de
los moradores de dicha comprensi6n:
"El idioma qt¿e los indios habla1¡ entre sí es tocho, que este es su nombre propio, el cual hablan comúnmente con sus ministros y vecinos en
general".
"Es mexicano tosco que entrometen con algunas palabras y vocablos castellanos''.

Estas citas, resultado casual de mis lecturas, pudieran tal vez multiplicarse, al hurgar cuidadosamente en las obras maestras de los autores antiguos.
Para finalizar, se ve patente el apodo de tochos, puesto por los españoles,
a algunos grupos indígenas del territorio del actual Estado de Jalisco, tomando en cuenta únicamente su estado cultural, sin indagar su origen etnológico
y lingüístico.

LA AMENAZA INTERVENCIONISTA DURANTE EL PRIMER
PERIODO CONSTITUCIONAL DEL GENERAL D1AZ *
Por JoRGE

FERNANDO lTURRIBARRÍA

Oaxaca, Oax.

Los PRIMEROS CUATRO AÑos de gobierno del general Díaz iban a estar erizados de problemas. Además de los internos --desórdenes, desempleo, miseria,
deudas acumuladas- el vencedor de Tecoac iba a tropezar con un fuerte obstáculo opuesto por los Estados Unidos: la negativa de su reconocimiento hecho inusitado, contrario a su tradición diplomática con nuestro pais. En ~fecto; nunca hasta entonces había condicionado reconocer a un gobierno de nuestro país o condicionar el reconocimiento, como en este caso, a determinadas
obligaciones, convenios o tratados.
Poco después de que el 26 de noviembre de 1876, el general Díaz se hizo
cargo del gobierno provisional comienza a asediarlo ese problema, cuya solución cubre en el tiempo treinta meses de los cuarenta y ocho en que va a
transcurrir el período constitucional inmediato.
En realidad, la cuestión del reconocimiento es un asunto de política interior norteamericana, más que internacional, sin que eso impida apreciar en
to?a su importancia el que durante el largo período de reticencias, aplazaIDJentos y demoras deliberadas, estuvieron moviéndose en los Estados Unidos
fuertes intereses intervencionistas, principalmente te.xanos, y que probablemente, si hubiera faltado energía y decisi6n en el jefe del Estado mexicano
para mantener una política digna, o la habilidad necesaria para sortear los
problemas marginales del reconocimiento, la corriente intervencionista hubiera ganado entonces una batalla más en México.
Cuando nuestro ministro de Relaciones, el licenciado Ignacio Vallarta, co• El presente artículo es una glosa de la parte relativa de la Historia moderna de
México. El Porfiriato. Vida polltica Exterior. Segunda Parte, de don DANlEL Cos.ío
VtLLEGAs (Editorial Hermes. México, 1963).

438

439

�munica a John W. Foster, jefe de la misión norteamericana en nuestro paísy
que cl vencedor de Tecoac se ha encargado del poder ejecutivo, Foster contesta la comunicación con un ostensiqle "no oficial" puesto en el pliego, lo
que no deja de causar extrañeza en nuestra cancillería. Sin embargo, el comisionado norteamericano envió a Washington la nota de V allarta para su
conocimiento y solución.
Reflejo de la preocupación de Díaz es la visita que nuestro canciller hace
a Foster para conocer el criterio del departamento de Estado americano. Con
ruda franqueza Fostcr le dice que el escollo principal para el reconocimiento
radica en la situación que ofrece la frontera Norte del país. Del lado mexicano se practica el contrabando y con frecuencia se organizan incursiones para robar ganado en Texas, el que más tarde es sacrificado en México. Por
otra parte, nuestro territorio -agrega Foster- sirve de albergue a criminales norteamericanos, que así evaden la acción de la justicia.
Visto el caso con serenidad y desde un punto de vista histórico, el asunto
fronterizo ofrecía una importancia relativa y debía considerarse un riesgo calculado por los Estados Unidos desde que se modificaron nuestras fronte.ras
en el 48. En el transcurso de 29 años el país vecino no había_ hecho cuesuón
internacional de un problema considerado como natural consecuencia del
cambio de limites.
En riaor el representante norteamericano había considerado al gobierno
de Díaz°co:.no de facto, porque afirmaba que así como éste pudo derribar a
don Sebastián estaba en peligro de ser abatido por otro movimiento análogo,
aunque por 1~ pronto hubiera desaparecido la amenaza de Le_rdo y la ~~1 Jicen ciado José María Iglesias, que se había proclamado presidente legitimo.
, .
Opina Foster en sus comunicaciones al departamento de Estado que el r:g1men emanado de Tuxtepec no duraría más de un año; no obstante, recomienda esperar ]a elección constitucional. Esta tiene lugar y, como era de esperarse, el general Díaz resulta electo. Toma posesión el 5 de _may~ de_ 18_7,7·
Conforme a las prácticas del derecho internacional es reconocrdo sm dilacion
por diversos países europeos y centro y sudamericanos; pero no por los ~stados Unidos. Entonces Vallarta subraya con dignidad que "cree el gobierno
de la República que es indecoroso solicitar como gracia un reconocimiento
que se le debe (a México) por justicia".
Vista la cuestión desde otro ángulo, no podía negarse la existencia de un
t
grande número de hechos delictuosos -robos, contrabandos, asesinatos,
an
incendios
y violación constante de la frontera- a lo largo dlb"
e ªJº Río Bravo desde Piedras Negras hasta Matamoros, en una franja entre los cien y los
'
.
doscientos kilómetros -hechos imputables a mexicanos y texanos- que resultaba imposible soslayar la necesidad de formalizar un convenio con repre440

sentantes de ambos países, que se elevara a la categoría de tratado, para corregir una situación irregular suscepnb de concluir alguna vez. No obstante el criterio norteamericano no se canalizaba hacia un arreglo internacional
'
posterior
al reconocimiento, sino que exigía el arreglo del problema fronteri20 por el gobierno mexicano, como condición previa al reconocimiento, lo
que hubiera resultado imposible aun disponiéndose de todo el término del período constitucional del general Díaz.
En esta fonna Washington llegaba a la cómoda y deliberada conclusión de
que, no habiendo cooperación de parte del gobierno mexicano, los Estados Unidos tendrían que arrostrar por sí solos la totalidad del problema, lo que se
resolvería a hacer, en todo caso, sin respetar los límites internacionales y teniendo que violar frecuentemente la soberanía nacional con incursiones "punitivas" de su ejército. Esta conclusión llevaba a sugerir que el único remedio
previsto por los Estados Unidos era provocar una guerra con México, y cuyo botín necesario tendría que ser precisamente la faja de territorio motivo
del problema.
Poco antes de la exaltación del general Díaz, el 4 de marzo de 1877 había
rendido la protesta como presidente de los Estados Unidos Mr. Rutherford
B. Hayes, a cuya dudosa elección se debió, según rumores, la actitud del país
vecino. Se recordaba que de los sesenta gobiernos que México había tenido
desde la Independencia hasta el régimen de Lerdo, jamás tuvo antes Washinton inconvenientes para negamos su reconocimiento. Se pensaba, pues, con
visos serios de veracidad, que esa actitud podría atribuirse, entre otros motivos, a la conveniencia de fijar la atención de los enemigos políticos del nuevo
presidente norteamericano sobre la existencia de un problema internacional
grave con Mé:Kico y que podría conducirlo hasta la intervención armada.
Consecuentemente, se comenzó a mover la propaganda en ese sentido. Al
recibir Hayes el gobierno, tanto el World, el Times y el Herald Tribune de
Nueva York, así como el Republican de Washington y el The Press de Filadelíia comenzaron a machacar sobre el tema de que México jamás lograría
afirmar su estabilidad política y econ6mica por sí mismo, y que para Jlegar a
conquistar esa situación le era necesario convertirse primero en un protectorado de los Estados Unidos.
Por aquel tiempo sustituye en el Departamento de Estado a su antecesor
Hamilton Fisch, William M. Evarts. Entonces se comienza a configurar la
idea sugerida por el teniente coronel W. R. Shafter, de que la única forma
&lt;le acabar con las "atrocidades" de la frontera era la persecución de los delincuentes en territorio mexicano y en sus propios nidos. El departamento
norteamericano hizo suya la opinión de Shafter y mandó a Foster que propa-

441

�lara en México una versi6n sobre la posibilidad de adoptar, de hecho, esa
opinión; aunque no dejando de advertir que "sería preferible, sin duda, contar con el consentimiento oficial de México para que las tropas norteamericanas entren en su territorio en persecución de los delincuente$".
Para combatir el tema monocorde de que México nada hacía en colaboración para resolver el problema fronterizo, el general Díaz mand6 reconocer
la frontera y nombró a Jerónimo Treviño jefe de las fuerzas federales de
vigilancia.
Como el licenciado Ignacio Mariscal -que había desempeñado el cargo
de ministro de México en los Estados Unidos durante la administración de
Lerder- venía actuando simplemente como consejero diplomático del presidente Díaz, éste nombró a José Maria Mata para que lo sustituyera. Bajo
malos auspicios comenzó Mata su gestión en Washington: recién llegados se
resucita un viejo informe del ministro de la Guerra (marzo-16-1877) sobre
el robo de doscientas cabezas de ganado en la frontera. Con este motivo, escogido para especular, vuelve a echársele en cara a México el desetúdo de sus
obligaciones, y Sherman, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, recibe
órdenes (jun.-10-1877) de comunicar al Comandante del Ejército general
Ord, que "en caso de que esas incursiones continúen, se sienta en libertad,
usando de su propia discreción, de seguir más allá del Río Bravo, para aprehenderlos y castigar a los culpables, así como para recuperar la propiedad robada que se encuentre en manos de mexicanos al otrd lado de la frontera" ...
Sobre esta orden va a girar por mucho tiempo el problema fronterizo, como
se verá.
Mata, que iba instruido en el sentido de hacer presente al departamento de
Estado, con toda prudencia, pero con dignidad, que el reconocimiento no es
solicitado por el régimen mexicano como una gracia, sino un acto "exigido
por el derecho internacional y ejecutado por varios gobiernos europeos y
americanos", es recibido en Washington de manera informal, sin siquiera considerarle su carácter de agente diplomático. Consecuentemente, Mata prefiere retirarse.
Por aquellos días se produce una invasión de las fuerzas del coronel Shafter en Piedras Negras, en un incidente en el que estuvo varios minutos con la
pistola amartillada, frente al jefe político mexicano, que también estaba listo
a disparar su rifle. Además, otro íncidente local pudo haber provocado con
motivos suficientes, una ruptura entre México y los Estados Unidos y quizá
la intervención armada: trescientos hombres que comandaba el oficial yanqui ya mencionado y los vecinos armados de Piedras Negras se estuvieron vigilando listos para disparar en el momento necesario. Esta situación creada
por la invasión de Shafter obligó a México a presentar una reclamación a

442

Washington, por conducto de don Ignacio Mariscal, que había vuelto a la
capital norteamericana a encargarse provisionalmente de nuestra representación. Mariscal, en su nota a Evarts hace constar que, aparte de la violación flagrante de nuestro territorio, han sido insultadas las autoridades de Piedras Negras y amagadas por Shafter. Pero éste ya había informado oficialmente al departamento de Estado sobre el grave incidente, y Evarts remitió
el infonne a México con la versión norteamericana, en copia, para ser mostrado a nuestro canciller por conducto de Foster, y como Vallarta, después de
leerlo, lo rechaza porque no puede considerarlo como una justificación, Foster replica airado que su misión no es defender a Shafter, sino entregar simplemente el documento, con lo que tienden a agriarse las relaciones informales y muy perentorias entre los dos países.
Esta situación obliga al Gobierno de México a dirigirse al general Treviño
por conducto de don Pedro Ogazón, ministro de la Guerra, informándole de
las órdenes ya consabidas del primero de junio, extendidas al general Ord, y
cómo ya éste ha sido autorizado por su gobiemo para penetrar en nuestro
territorio "si lo considera necesario", lo que es incompatible con los tratados
vigentes entre ambos países. Se excita a Treviño para que redoble su vigilancia en la frontera, que trasmita a Ord las instrucciones que tiene y que le haga saber "que no pudiendo el gobierno nacional permitir que una fuerza extranjera entre al territorio de México, ni mucho menos que (lleve al cabo)
actos de jurisdicción, usted repelerá la fuerza con la fuerza en el caso de que
la invasión se verifique". Termina la comurúcación recomendándole obrar
con prudencia, pero con toda energía "repeliendo con la fuerza el insulto que
se quiere hacer a México invadiendo su territorio".
Como Foster está bien convencido de que el criterio resuelto del departamento de Estado es condicionar el reconocimiento a la posibilidad de que
México tenga la capacidad suficiente para arreglar el problema fronterizo, celebra una entrevista con Vallarta, en la que le hace conocer las instrucciones
de Washington, leyéndolas casi íntegramente; instrucciones concebidas en el
sentido de que los Estados Unidos no pueden creer que el previo reconocimiento obre el milagro de solucionar las cuestiones pendientes, y que, en consecuencia, insiste en la opinión de que primero se logre un arreglo satisfactorio del problema y después se reanuden las relaciones. Esta conducta lleva a
la evidencia de que los Estados Unidos han variado con respecto a México
su política tradicional y viene a confinnar la suposición de que priva hostilidad de parte de Hayes, probablemente por la influencia que en él ejercen los
lerdistas x-adicados en Nueva York, o tal vez para seguir distrayendo la atención de sus enemigos políticos sobre un posible conflicto internacional con
México. Además, debe advertirse que Ord era un anexionista bien califica-

443

�do, indinado a desatar la guerra sobre nuestras fronteras, y por eso, bien escogido para servir de instrumento a esos designios.
Poco a poco, comentado por algunos peri6dicos norteamericanos, se va perfilando otra nueva exigencia previa al reconocimiento: la de que los ciudadanos norteamericanos radicados en México sean eximidos de participar en
los préstamos forzosos.
Y así, este nuevo requisito y la inusitada negativa para el reconocimiento,
van calando más y más en la opinión pública de México, principalmente en
el partido porfirista, el que da una interpretación política al caso, afirmando
que esa negativa no es sino un pretexto cualquiera para presionar al general
Díaz y ponerlo en el caw de abandonar la presidencia y devolver el poder a
los lerdistas, ante la amenaza de la invasión, ó de lo contrario, tener que decidirse a ser vencido en una lucha desigual con todas sus ya previstas consecuencias. Mientras tanto, los lerdistas exiliados aprovechan la situación para
publicar que los intereses nacionales están siendo subordinados en México. al
reconocimiento "pasajero" de un régimen usurpador, con lo que calumruan
a Vallarta, cuya conducta ha sido esmeradamente patriótica, al suponer que
él ha declarado a Foster -lo que es falso- la buena disposición de México
de aceptar las condiciones que le sean propuestas antes de desistir del reconocimiento.
Mientras tanto The Herald, de Nueva York, public6 el 17 de julio una
especie de suplemento con un mapa en el que aparecían marcados los Estados de Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Coahuila, parte de uevo
León y el territorio de la Baja California, como la zona de México en la que
los Estados Unidos deberán darle un nuevo zarpazo para engrandecer su territorio. No sólo sef trata de un deseo de la ciudadanía del país vecino, sino de
lo que cierta opinión de los políticos norteamericanos considera insidiosamente como un remedio contra la situación, porque, se dice, las fricciones desaparecerán en cuanto se mueva hacia abajo la frontera con México. Ante este pronóstico, replica un periódico mexicano -si bien que porfirista-, El
Monitor Tuxtepecano, que "la nación mexicana, la que en 1846 atropellaron los americanos; aleccionada por la e..,q,eriencia no permitirá que los e.xtranjeros atenten contra la integridad de su territorio ni dejará que se coarte
su autonomía como nación libre". Así como en la publicación mencionada, en
otros periódicos mexicanos se empieza a enardecer imprudentemente a la opinión pública presentando el caso como extremadamente grave y comparando la situación a la de treinta años atrás. El gobierno del general Díaz trata
de calmar la excitación asegurando que Treviño cuenta en la frontera con
4,792 hombres de las tres armas1 "a los que se sumarán pronto otros dos mil",
y que los partes que constantemente se reciben son de "sin novedad".

444

Lamentablemente en los primeros días de noviembre ocurre una segunda
invasión, esta vez por fuerzas yanquis que comanda el teniente John L. Bullis,
lo que desencadena ataques de la prensa nacional contra Treviño. Se le reclama que su deber obliga a los soldados mexicanos a "presentar el pecho noble y lealmente a las balas enemigas, y de no hacerlo se han mostrado indignos de un pueblo libre". Se señala a "la canalla texana" como incitadora de
estas invasiones, se protesta hasta el delirio, y así se va encendiendo más y
más el rencor, azuzado el pueblo por los periódicos. Estos dan por real e inmediato el propósito de los Estados Unidos de emprender una invasi6n de
conquista sobre el país. En La Bandera Nacional se llega a decir: " .. ·)'ª no
hay que dudarlo: el conflicto con el Norte es inevitable... Los yanquis quieren un pedazo de México".
Y no es que no hubiera de parte de muchos políticos norteamericanos del
Sur, del tipo anexionista de Ord, y del gobernador texano Hubbard, el propósito de aumentar con el nuestro su territorio. Esa situación prevaleció como amenaza por algunos años. Era natural que el gobierno mexicano, temeroso de que la situación llegara a tomarse comprometida por un torpe manejo del caso, buscara evitar el enardecimiento y trabajara activamente por los
canales diplomáticos. El general Díaz tenía interés personal en que el asunto
del reconocimiento no fuese a derivar hacia un conflicto internacional. Con la
actitud de los periódicos, de poca idoneidad algunos de ellos, se les estaba
haciendo el juego a los políticos y a los anexionistas.
Por fin las cosas empiezan a cambiar un poco, y con esto la excitación,
'
,
cuando se sabe por el órgano de los tuxtepecanos que el general Ord habta
solicitado de Treviño una en.trevi}ta, y que ésta tuvo lugar en Piedras Negras
el 17 de junio. Más tarde, al corresponder Treviño la visita en el campamento norteamericano, fue saludado por una salva de cañonazos el general mexicano e invitado a pasar revista a las fuerzas del país vecino, lo que se consideró como honores discernibles entre dos países amigos. Por otra parte, y
en cumplimiento de órdenes de Ord, el comandante del Fue11e Brown fue a
Matamoros en busca del comandante militar de Tamaulipas, general Servando Canales, para informarle que, en reciprocidad, las tropas mexicanas
podían pasar a territorio norteamericano cuando la necesidad de perseguir
a los malhechores lo requiriera. Como es de suponerse, este trato entre los
militares de uno y otro país fue de pura cortesía y estuvo determinado por un
cambio en la política de Washington, dentro de un estira y afloja que jamás
dejó de preocupar al general Díaz, haciendo que la codiciada presidencia de
la República se le estuviera consumiendo en las manos sin haberla disfrutado
ni poder hacerla fructífera en tantos aspectos de la vida del país, tan necesitado de la aplicación de sus energías y de su don de mando. El mandatario

445

�me.xicano estaba muy molesto por los merodeos fronterizos de un numeroso
y complejo conjunto de lipanes, kikapúes, mezcaleros, seroinoles, apaches y

otros indios que, sin quererlo ni pensarlo siquiera, resultaban obstáculos directos al reconocimiento.
Pero no era este el único motivo de preocupación del general Díaz: los
lerdistas seguían muy activos en sus planes de reivindicar para sí la presidencia. El teniente R. A. Williams había logrado interceptar en el vapor
Ackley un buen cargamento de armas y parque consignado al general Mariano Escobedo, ex secretario de Guerra de Lerdo y alma de la conspiración
de Veracruz cuando ocurrió la sublevación de los vapores Independencia y
Libertad, cuya tripulación fue apresada por el gobernador Luis Mier y Terán
y exterminada en 1877, en una impresionante e inolvidable masacre. Su participación en la dirección del complot motivó que Escobedo fuera detenido.
Cum1do la actitud de las fuerzas norteamericanas en favor del régimen del
general Dfaz se consideraba indicio promisor del inminente reconocimiento,
el 10 de agosto de ese año se registró una invasión de mexicanos sobre Río
Grande City, que encabezaron Segundo GarLa y Rodolfo Espronceda. Cruzaron el río y se dirigieron a la cárcel disparando sus armas, la abrieron y
libertaron a dos prisioneros mexicanos. La reacción de Washington fue virulenta: "Estados Unidos está cansado de promesas y ahora exigirá obras".
La noticia cunde por todo el territorio norteamericano y nuevamente vuelve
a plantearse la situación de la incapacidad del gobierno de Díaz para evitar
esos desmanes.
Washington pide la extradición de los culpables, y Vallarta "con facultades
jurídicas muy discutibles", tiene que conced[rla echándose encima la opinión
pública, porque conforme al tratado de extradición entonces vigente no estaba obligado el gobierno de México a entregar a los incursos en el asalto. Alguien llega a proponer qu~ tanto el presidente Díaz corno el ministro Vallarta sean llevados al Gran Jurado del Congreso.
Entonces interviene el Congreso de los Estados Unidos, y llama a Ord para
que responda si cree que el gobierno de México está obrando conforme a
sus compromisos y promesas. Ord responde afirmativamente asegurando que
hay cuatro mil hombres del ejército mexicano sobre la frontera y que no pasará mucho tiempo sin que lleguen otros dos mil más. Estas fuerzas reunidas
-aseguró- serán suficientes para mantener la vigilancia, por lo que supone que no habrá razón ya para que las tropas de los Estados Unidos vuelvan
a cruzar la frontera.
Sigue después aliviándose la tensión cuando se sabe en México que el teniente Ward, que marchaba en persecución de unos abigeos, había sido invitado por la fuerza de Treviño a acompañarlo en la persecución, lo que se

+H&gt;

hizo "en gran armonía". Pero esta posibilidad de avenimiento que. comenzaba a perfilarse se perjudica por la publicación de un editorial en El Diario
Oficial de México imputando la dilación del esperado reconocimiento directamente al presidente Hayes de los Estados Unidos y a su gabinete. Foster
entrevista a nuestro ministro de Relaciones y exige que se publique sin tardanza una rectificación, y Vallarta, después de consultar el caso, ordena que
se publique al día siguiente de la entrevista, con el memorándum del representante norteamericano. Pero al punto interviene don Matías Romero en
nombre del presidente, y se llega, de acuerdo con Foster, a la conclusión de
ser inconveniente la publicación para evitar polémicas peligrosas sobre el ca-so. Sin embargo, como Foster da a entender su intención de que el memorándum quede en el archivo diplomático del ministerio de Relaciones como constancia, se resuelve la publicación de la réplica de Foster y de la contrarr~plici de nuestro canciller. La segunda está basada en un excelente argumento:
¿ en qué medida puede responsabilizarse a México de ser el culpable' único, o
siquiera principal, de los lamentables sucesos de la frontera? Echa mano para
fundamentar su tesis de la opinión del árbitro inglés Sir Edward Thomton
--que intervino en las reclamaciones de 1868--, extemada en forma imparcial, al considerar que tales depredaciones no pueden ser achacables a ninguno de los dos países, sino a la situación especial que guarda la frontera después de la modificación de nuestros límites, en el 48.
Así, con alternativas, va transcurriendo el tiempo; pero si la situación no
mejora, cierto es también que no puede considerarse lo contrario. Otro ángulo del problema, empero, vuelve a aparecer, aunque ya estaba anteriormente insinuado: la exención de los préstamos forzosos en favor de los norteamericanos, como un privilegio a su nacionalidad. Ernesto Vallarta fue intransigente, apoyado en el artículo 9o. del tratado entre México y los Estados
Unidos, de 1831. Entonces Foster propone la exención recíproca, lo que resultaría inoperante, porque los Estados Unidos no han usado ni usan el sistema de préstamo forzoso. La reciprocidad así seria ingenuamente teórica
para México.
Por fin, se busca redactar un tratado para el paso de tropas de ambos países en persecución de delincuentes: Foster da ideas conducentes o que estima por tales, y Vallarta formula su proyecto y lo entrega a Foster. En esta
empresa se encuentran, cuando se sabe que Shafter ha invadido Piedras Negras. La reacción en México vuelve a ser violenta; señá]ase al oficial invasor
como a la personificación de la transgresión de los derechos nacionales. Como el motivo principal de estos hechos se denuncia la increíble vigencia de
la orden de primero de junio, que aún no ha sido cancelada. México pidió a

447

�Washington una reparación por la vía diplomática y el departamento de Estado no tuvo Ja atingencia de contestar siquiera la nota de nuestra cancillería.
Así las cosas, Foster, a su vez, presenta su proyecto sobre la frontera, pero
Vallarta le responde que no lo podrá considerar mientras su gobierno no reciba satisfacciones por el constante cruce del Río Bravo, y pide otra vez el
reconocimiento antes de negociar. En rigor, el proyecto de Foster no era propiamente desproporcionado en ventajas para los Estados Unidos. Por el contrario: en forma más conciliadora de lo que podía suponerse, proponía concesionrs y coordinabaialrunas de las propo icionc-s de Vallarta con las de Mata. Pero, a la sa26n sobreviene un cambio arrogante en el criterio diplomático mexicano, cuando Vallarta dice a Foster (nov. 27-1877) que encuentra
inútil proseguir las negociaciones mientras los dos países permanezcan sin sostener relaciones normales. México -insiste-- ha demostrado sobradamente
su buena voluntad y, en consecuencia, tiene que considerar estéril y sin resultaclo práctico alguno proseguir el estudio de la situación más allá de donde
se halla hasta ese momento. Además -subraya-, México no está dispuesto a
admitir que el tratado sea una condición del reconocimiento, con lo que Vallarta viene a ratificar la línea de conducta que desde el inicio de los arreglos
siguió la cancillería mexicana.
Este cambio en la actitud del ministerio de Relaciones tiene su explicación:
para el momento en que ocurre, el gobierno de México se había ya estabilizado; contrariamente, el del presidente Hayes comenzaba a tener en su contra una marcada corriente de la opinión pública. Estos datos, debidamente
comprobados, habían sido enviados inteligente y oportunamente por don Manuel María de Zamacona, quien se hallaba en Washington en sustituci6n de
Mata y actuaba con nombramiento de agente confidencial de México.
Consecuencia de ese cambio en las relaciones informales con los Estados
Unidos fueron las instrucciones dadas a Zamacona para que por su conducto México hiciera oír su voz entre el pueblo norteamericano y éste conociera que nuestro país "ha estado estimando la intervención que los Estados
Unidos ha pretendido ejercer en los asuntos mexicanos, constituyéndose en
juez de la legitimidad del actual gobierno, como un acto ofensivo a su soberanía e independencia, y tanto más hostil a México cuanto que esa especie de intervención no es conforme a la política tradicional de los Estados
Urúdos". Al mismo tiempo se activaba por otros canales la propaganda en
favor de México y se movilizaba a escritores y periodistas norteamericanos
como Guillermo Pritchard y Edward Lester. Este último escribe un libro titulado The Mexican Republic, an Historical Study, en el que explica la verdadera situaci6n de nuestro país en relación con el reconocimiento. De este
libro se tiraron cinco mil ejemplares, que fueron a las manos de diputados y448

senadores, indu_striales, comerciantes, banqueros y hombres de negocios de
los Estados Umdos, para levantar, en la opinión pública norteamericana, el
velo de la ya larga, tediosa e injustificada negativa del país vecino a reconocer el régimen nacional.
Debe considerarse como una reacción a esa propaganda la llamada que el
Departam~nto de Estad~ hace a Foster para que informe ante el Congreso
norteamencano en relación con el caso México. Foster, en realidad, mtercede
en favo~ del re~onocimiento, cuando contesta a pregunta especial, que el pueblo mexicano, sin excepción, está irritado por la negativa de los Estados Unidos, y piensa que esa negativa es el primer paso de un plan deliberadamente
conceb1do para la conquista del país. Y Evarts, conforme con la opinión de
Foster, explica que "el caso de México es el de un pueblo que tiene todo el
orgullo }' las opiniones propias de una nación civilizada (pero que) de hecho
c~r:~e _de la fue~"necesaria para cumplir con las obligaciones que tal con~1,c1on importa. • • . . .En alguna forma ha de creársele a México la impreS1on de que, a cambio de una mala vecindad' de hecho, no podemos recibir como excusa las buenas intenciones o la dignidad e importancia de la República Mex:icana".
Sobr~ el _punto de vista de que México está incapacitado para cumplir con
s~ ~bhgac1ones en la frontera, martillea Foster, y propone aplazar el reconocu~u.ento hasta q~e. el gobierno mexicano demuestre que tiene la capacidad
exigida para reprmur los actos vandálicos. Como era natural, las conclusiones
de Fos~er provocan indignación en México y canalizan la opini6n general en
el scnndo de que no debe mendigarse el reconocimiento. Así el criterio del
país ~ueda uniformado en torno de la administración pública, sirviéndole de
aglutmante. Pero, bien analizada la situación internacional del momento debe rec_ono~erse q~e los informes de Foster reportaron a México más biene; que
males. as1 quedo probado el esfuerzo hecho por el régimen para pacificar Ja
frontera, esfuerzo superior a sus fuerzas. Consecuentemente, queda common~o Foster para comunicar a Vallarta que, por su conducto, los Estados
'l!mdos van a proceder a negociar las medidas pertinentes para la conservaci6n de la paz en la frontera, y que de ese momento en adelante las relaciones entre ambos países ser'an oficiales, lo que significaba el reconocimiento
de facto.
La reacción de la prensa lerdista es violenta en e..x:tremo. Se advierte e]
d~specho porque el reconocimiento virtualmente está concedido, disipándose
asi toda, esperan~a ~n un cambio político interno. Se culpa al régimen del gen_e,ral Diaz de clieetocho meses de humillaciones, de "bajezas que la usurpa~10~ ,tuxtepecana ha acumulado a los pies de la Casa Blanca e, incluso, se
msmua que se ha apelado a medios inconfesables que se conocerán más tarde".
449
H29

�El resentimiento les hacía deformar la verdad, porque es indiscutible que la
diplomacia mexicana logró mantener siempre la dignidad del país, como se
ha podido ver.
Durante año y medio se ocupó la atención preferente del régimen del general Díaz en las dos fases del problema: el diplomático, con sus graves repercusiones hacia la intervención militar de los Estados Unidos, por una parte; y por la otra, respecto de las medidas dictadas por mantener en la frontera un orden relativo, atención esta última que distrajo esfuerzos, creó preocupaciones y requirió mantener un ejército de casi seis mil hombres situado a
varios centenares de kilómetros de distancia de la capital del país, con fuertes erogaciones. A esto debe agregarse el interés del régimen, dentro de su
pobreza, por hacer dos abonos a los Estados Unidos en relación con el pago
de la deuda de México, por concepto de reclamaciones por daños durante la
Guerra de Reforma -reclamación que pretendieron extender a la época de
la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano- conforme a la convención firmada en Washington el 4 de: julio de 1868. Cada uno de los dos
abonos montó a la suma de 246,501 dólares.
Como primer paso a los arreglos entre los dos países, el Senado mexicano
aprobó la iniciativa para el paso reciproco de tropas, quedando autorizado
el presidente de la República, tanto para permitir la salida de tropas nacionales del territorio, como para la entrada en él de fuerzas federales de los Estados Unidos, siempre que éstas persiguieran a indios bárbaros en regiones
desérticas. Batidos, los soldados debían retirarse a su país de origen. Los abusos que hubieran de cometerse por tropas de una y otra nación serían castigados por el gobierno del país inculpado conforme a sus propias leyes.

Al otorgarse el reconocimiento, Zarnacona asciende de agente confidencial a ministro plenipotenciario en Washington, por despacho expedido en su
favor el 9 de abril de 1878. El 13 de mayo siguiente, presenta sus credenciales al presidente Hayes; pero el 14 de junio pide telegráficamente a Vallarta que en su nombre presente su renuncia al general Díaz, alegando motivos de enfermedad imputables al clima demasiado extremoso de Washington. Como por esos días ocurre otra invasión y la posición internacional de
Mé,dco respecto del país vecino aún no puede considerarse como definitivamente firme, se suplica a Zamacona que permanezca en el cargo. Zamacona reacciona y acepta en vista de que la invasión imputable a mexicanos, está
haciendo renacer la amenaza intervencionista.
Sin embargo, pasada la crisis inmediata, el 25 de agosto repite su renuncia.
Desentrañando el motivo de su actitud, queda evidenciada, por la declaración del propio interesado, su inconformidad para e! paso recíproco de tropas de ambos países, reciprocidad que Zamacona considera como puramen450

te teórir.a en el caso de Méxic;o. Por fin, se acepta su renuncia cuando ya
Vallarta ha dejado el ministerio de Relaciones, para ir éste a ocupar la; presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Mata lo sustituye y a
él corresponde firmar el acuerdo expresando que el presidente no se empeña en mantenerlo en el cargo contra su voluntad.
A los cinco días de enviado este despacho, Mata, a su vez, renuncia el ministerio de Relaciones, actitud que muy probablemente estuvo determinada
por la absorbente influencia que en todos los negocios del gobierno iba ad quiriendo el licenciado José Justo Benítez, amigo personal del o-eneral Díaz y
aspirante a sucederlo en la presidencia. Quizás Mata quiso evitar un choque
con el presidente negro, como entonces se le llamaba en los étrculos políticos
no benitistas. Se encarga entonces del ministerio Eleuterio Avila, con su carácter de oficial mayor, y como Zamacona no ha saHdo aún de Washington,
Avila insiste con él para que permanezca en su puesto provisionalmente, porque el general Díaz estima de gran importancia su permanencia. Nuevamente Zamacona acepta.
De manera tardía, como con mecanismo de bomba de tiempo o bien
'
porque la disposición del Senado fue conocida en el país con tardanza,
la'
prensa hace comentarios violentos sobre la autorización para el paso recíproco de tropas, considerándola "criminal" y contraria a la Constitución, lo que
significa "elevar a tratado internacional" la tan rebatida orden del primero
de junio de 77, dada al general Ord. En El Federalista se azuzaba a la opinión pública diciendo que "el pueblo debía levantarse en masa para apedrear a los traficantes de la honra nacional" porque la llevada y traída autorización es el colmo del "escándalo, de la desvergüenza y del cinismo".

•
Ahora, ya al fin logrado el reconocimiento con tantas condiciones, requisitos y dificultades, iba a presentarse al país un problema en el orden de su
política interna, a partir de los seis meses siguientes: la renovación del Congreso de la Unión y la designación de cuatro magistrados de la Suprema Corte. Benítez, alerta, se disponía a lograr mayoóa de diputados en las elecciones de julio, como medida previa al momento de lanzar su candidatura
presidencial, para la que se suponía suficientemente apoyado por el general
Díaz.
En los corrillos políticos se habla de que si Benítez logra dominar al Congreso y consigue mayoría de componentes de la Corte, el general Díaz se convertiría en un "rey de burlas". En un banquete político celebrado a la sazón
casi se proclama la candidatura de Benítez, pese a que el pretendiente a la
451

�silla presidencial comienza a sentir el contrapeso de un grupo de enemigos.
Se suscitan, además, algunos brotes rebeldes en el país, entre ellos el del general Mariano Escobedo, que logró penetrar subrepticiamente al país a principios de junio. Lo acompañaban hombres de prestigio en el grupo lerdista,
como el general Joaquín Verástegui y Lázaro Garza Ayala. Parecía incompatible con el ya concedido reconocimiento -y así lo consideraba el general
Diaz- que, cuando esa situaci6n se discutía tan apasionadamente en los Estados Unidos, Washington en ese tiempo hubiese impedido el paso a implementos de guerra para la revuelta escobedista, y ahora, ya en plenas relaciones oficiales, el departamento de Estado no hubiese puesto objeción al paso
del jefe de la rebelión y a sus adláteres. Por otra parte, el general Miguel Negrete, comandante militar del Distrito Federal, hace renuncia de su puesto
cuando sabe que el general Ignacio Mejía, ex-ministro de la Guerra en el gabinete de Lerdo, regresa a México de su destierro autorizado por el general
Díaz.
Como si tocio esto fuera poco, una fuerza norteamericana de mil quinientos
hombres de las tres armas, comandada por el coronel Mackenzie, invadió la
zona limítrofe de Coahuila con el fin de recobrar una partida de ganado robada en Texas. Con el mismo propósito, a fines de julio, el capitán J. M.
Kelley, comandando cien soldados, sitió durante siete horas la Villa de Jiménez. Con este motivo el diputado por Texas suelta la especie de que el
gobierno de su país había resuelto ocupar militarmente los Estados fronterizos o comprarlos, como la única forma de evitar más invasiones, atropellos y
robos de ganado.
También corrió la versión de que Evarts, secretario de Estado, afirmó en
esos días que convenía aprovechar el receso del Congreso norteamericano para precipitar los acontecimientos sobre México. Simultáneamente, el general
Ord propone que si las medidas conciliatorias cc;m los indios "renegados" fracasan y el gobierno mexicano no se persuade de la conveniencia de cruzar la
línea divisoria, las tropa!r de los Estados Unidos deben hacerlo sin miramientos, atacando a los grupos armados mexicanos y considerándolos como cómplices. El general Sheridan propuso, a su vez, que si dentro de un determinado plazo no terminaran las incursiones, el Congreso norteamericano debe
aprobar las medidas consecuentes con la ocupación del territorio mexicano,
del Río Bravo a la Sierra Mexicana. Pero en esta ocasión el general Sherman, comandante general del Ejército de los Estados Unidos, opina con cordura, aplomo y conocimiento de causa, y dice que nada se ganaría con la1proposición de Sheridan, porque aun bajando hacia el Sur la frontera no por eso
dejaría de ex;stir el atractivo del robo, los Estados Unidos tendrían que enfrentarse con más indios, y repetido este juego hasta el infinito, lejos de convertir a

los mexicanos en anglosajones, nada difícil sería que "puedan hacernos a nosotros mexicanos".
Las pretensiones de Sheridan llegaron hasta el departamento de Estado y
a oídos del presidente Hayes, pero éste no se manifestó dispuesto a "seguir
considerando que el caso de México debería volver al Congreso de los Estados Unidos", pensando que los suceso9 anteriores, al demostrar que la opinión
de aquel cuerpo legislativo habia prevalecido sobre la suya propia, venían a
demostrar que quizás el Congreso se :negaría a aprobar sobre las rodillas medidas que tuvieran, al fin, que epilogarse con una declaración de guerra. Finalmente, la Comisión de Relaciones Exteriores del propio Congreso optó
por formular un proyecto de resolución conjunta colcgislativa en la que se
proponía que los Estados Unidos deben mantener en la frontera una fuerza
militar de más de 5,000 hombres, y que, en tanto que no se lleguen a firmar
los convenios internacionales de frontera, se mantengan vivas las órdenes de
primero de junio. El general Ord opinó de la misma manera y estuvo de
acuerdo en que no se rectificara la cuestión del reconocimiento del régimen
del general Díaz, porque tiene esperanzas de que dicho reconocimiento irá
a repercutir favorablemente sobre el problema de las invasiones de indios.
Al conocerse en la frontera mexicana las discusiones provocadas en torno
al problema de las depredaciones, se arman los civiles compatriotas nuestros
creyendo inminente la invasión yanqui disfrazada de vigilancia. Esto ocurre
más espectacularmente en Matamoros, y entonces los senadores por Texas
Johri S. Ford y P. R. Storms piden a Ord autorización urgente para que el
comandante del puerto de Brownsville arme la población civil de ese puerto,
ya que el rompimiento se considera punto menos que inevitable. En previsión
de una violencia, el ministro de Ja Guerra, McCrary, ordena a Sherman que
trasmita confidencialmente a Sheridan y a Ord la opinión del presidente Ha.yes, en el sentido de que el paso de la frontera no lleva la intención de provocar a México, y que las fuerzas de los Estados Unidos sólo deben defenderse
en el caso de ser atacadas por las tropas o los civiles mexicanos, ya que sólo el
Congreso está Jcgalmentc capacitado para una declaración de guerra.

Al volver Mata al ministerio de Relaciones toman los asuntos fronterizos
a sus canales diplomáticos en lo que a México se refiere. El ministro&gt; autorizado pór el Senado mexicano, dirige al departamento de Estado una nota
pidiendo Ja revocación de la orden de primero de junio, como condición previa a la firma de un tratado de paso recíproco. A esta revocación se opone
Foster, intransigente en su punto de vista original referente a que las tropas
de los Estados Unidos puedan cruzar la frontera cuando se trata de perseguir a cualquier criminal, no sólo a un indio bárbal'O. Más tarde aún, insiste
en la misma cantilena: que México no presta la cooperación suficiente en la

452
453

�vigilancia de la frontera común, cargo que, como se ha visto, estaba de sobra
desmentido por los hechos. De algo habían de servir cerca de seis mil soldados mandados y sostenidos por el empeño del general Diaz en evitar nuevos
motivos o pretextos de dificultad entre ambos países.
Poco tiempo después se enfoca la situación, desde el punto de vista de Ord,
hacia otro ángulo del mismo problema: los indios bárbaros de Santa Rosa,
Coahuila. Entonces Ord pide al gobierno mexicano, por conducto de Foster,
una campaña colectiva de los dos países sobre dichos indios. Foster trata el
caso con Mata y éste le arregla una conferencia con el general Díaz. En ella
el presidente mexicano declara categóricamente que mientras no se revoque
la consabida orden de primero de junio, rechazará cualquiera petición en ese
i;entido, o sea el paso de soldados norteamericanos a territorio nacional. Y
para poner a Foster en antecedentes de la repulsa que esa orden encon~ó en
la opinión pública del país, le revela que la autorización del Senado mexicano
para el paso recíproco de tropas antes de la revocación de la mencionada orden había motivado la renuncia de Zamacona.
'
A la sazón, ocurre un incidente en el teatro Arbeu de la ciudad de México,
en la noche del 16 de septiembre de 1878, durante la velada con que celebrábase el fasto de nuestra Independencia; uno de los oradores del programa leyó un poema, cuya parte principal resul~ó ser "una d~c~, amarga. e
insultante" requisitoria contra los Estado Umdos, que el publico aplaudió
frenéticamente. Esto daba idea clara de la tensión en la opinión pública y del
enorme recelo del pueblo y de la población pensante sobre las intenciones que
podían encubrir la insistencia con que el gobierno yanqui sostenía la ar~~traria orden. La anécdota no tardó en ser referida por Mata ~ Foster, al visitarlo éste para darle a conocer el resultado de su entrevista con el presidente
Díaz.
Por fin, con la orden de su retiro de la Legación de México y su cambio
a Rusia, Fo ter recibe a principios de marzo de 1879 un informe del departamento de Estado en el sentido de que el 25 de ese mes el ministro de la
Guerra de los Estados Unidos acordó remover la orden de marras. Foster fue
despedido con una solemne ceremonia en Palacio.
Lo sustituyó P. H. Margan, que llegó a México el 15 de abril de 1880.
Con ta venida de Morgan se advierte ya un notable cambio en la política de
los Estados Unidos cambio atribuible a las instrucciones que recibe. Prácticamente ha terminado ya el gobierno de Hayes. También pronto terminará
el régimen del general Díaz. Ambos países están en vísperas de entrar en un
período de efervescencia electoral y se procura remover el estorbo de la multicitada orden. La muerte de doña Delfina Ortega de Díaz, esposa del presidente de México, propicia la expresión de un síntoma muy favorable por
454

espcctacu1ar: en el Fuerte Brown se iza la bandera de los Estados Unidos a
media asta.

•
Ocurren todavía algunos incidentes, como era natural que ocurrieran en
una frontera tan dilatada. El último, durante el mando del general Díaz fue
causado porque un grupo de indios bárbaros, cruzó la frontera a mediados de
junio de 1880. Entonces el coronel Hatch, comandante del Fuerte Craig, tratando de evitar nuevas incursiones de estos indios en Nuevo México, consideró la necesidad de batirlos en la Sierra de Chihuahua, para lo que el
comandante dijo que las autoridades de ese Estado se encontraban conformes
siempre que se gestionara la autorización del gobierno de México. Hayes instruyó a Margan para que presentara la petici6n, y la contestación del general
Díaz fue otra vez completamente negativa. Por conducto del nuevo ministro
de Relaciones, Miguel Ruelas, se explica a Morgan que la situación por la
que se interesa el comandante Hatch puede quedar a cargo de las fuerzas
mexicanas, ya que éstas existen en la comarca en número más que suficiente.
Trata Morgan el caso con el general Díaz y se acuerda proponer que se combinen las operaciones de las fuerzas mexicanas con las del general Hatch, y
que el paso de las tropas norteamericanas, si se hace necesario, no podrá estimarse como precedente para el futuro.
Como en la proposición de Margan venía encubierta otra que hubiera vuelto a resucitar el problema ya resuelto por el retiro de la consabida orden de
primero de junio; "que los Estados Unidos deben autorizar por reciprocidad
el paso de las tropas mexicanas a su territorio", y éste tendría que ser motivo
de una convención, el caso, después de consultas y dudas, quedó resuelto por
el general Díaz en una conferencia con Morgan; solicitará la autorización del
Senado por exigencias constitucionales. En efecto, el presidente hace la solicitud y se pone de acuerdo con los senadores. como valor entendido, para
que nieguen la autorización, sobre cuya actitud hay antecedentes muy elocuentes y recientes en la opinión pública del país. Y el asunto concluye casuísticamente, con una autorizaci6n perentoria, por sólo tres meses, aplicable
exclusivamente a la cuestión presentada por el comandante Hatch.

•
Pronto vence el período presidencial de Rayes, y así también el del General
Díaz. EJ primero es sustituído por James A. Garfield. El segundo por su com455

�padre el general Manuel González. A éste le tocó tener que consentir en la
firma del convenio de 29 de julio de 1882 para el paso recíproco de tropas,
lo que con habilidad y valentía supo evadir el caudillo oaxaqueño.
En contradicción a Ja opinión frecuentemente extemada de don Sebastián
Lerdo de Tejada, de que entre México y los Estados Unidos debe estar el
desierto, tres meses antes de entregar el poder el general Díaz consiguió del
Congreso la autorización necesaria para contratar con empresas del país vecino la construcción del ferrocarril a Ciudad Juárez y la del Nacional a Nuevo
Laredo. Este paso tuvo gran significación en el mejoramiento de las relaciones
entre los dos países y sirvió para aplacar el recelo de una inminente intervención norteamericana. Se iba a iniciar otro tipo de penetración; la del capitalismo yanqui dentro del programa de industrialización del país a base de recursos extranjeros.
Como un soplo y erizado por miles de preocupaciones debidas, entre otras,
al problema fronterizo -creado artificialmente como cuestión internacional
por el régimen de Hayes- transcurrió el período presidencial del general
Díaz. Esa situación cultivada con finalidades políticas por el régimen de los
Estados Unidos, no dejó al vencedor de Lerdo saborear sus fugaces cuarenta
y ocho meses de gobierno constitucional. Finalmente, con la salida de Hayes
había quedado rebasado el problema y el general Díaz podía entregar el
mando a su compad1·e, el general Manuel González, sin este dolor de cabeza.
El sucesor tuvo más suerte en este sentido. En esas circunstancias, y sin haber
podido el general Díaz intentar un programa de gobierno inspirado en sus
ambiciones de pacificar al país y encaminarlo hacia el progreso material, nada
de extraño tiene su afán de reincidir en el aspirantismo presidencial, pasado
un período de gobierno, ahora que, a causa de sus desvelos y preocupaciones,
había quedado consolidada internacionalmente la situación de México y podía
ofrecerse el espectáculo, verdaderamente inusitado, de una transmisión pacífica del poder.
Años después Foster, el ministro norteamericano que tuvo que hacer el
papel de testaferro en el juego de la política de los Estados Unidos, publicó
sus Memorias diplomáticas. En ellas acepta que la existencia de un complot
de su país para desviar la opinión pública hacia una supuesta guerra con
México, fue un ardid al que se recurrió para hacer olvidar el origen fraudulento en la designación del presidente Hayes y afinnar su situación en el
poder.
Así el general Díaz, que tan esperanzado se hallaba en lograr una labor
fecunda en su país, fue víctima inocente de las inconfesables maniobras de un
presidente de los Estados Unidos no muy seguro de la legitimidad de su
elección.

456

LA INTERVENCIÓN FRANCESA EN DURANGO
Lic. JosÉ

loNACIO GALLEGOS

Universidad "Juárez" de Durango

PRIMERA

pARTE

EL PRESENTE TRABAJO HrsTÓruco lo voy a dividir en dos partes: las causas
lejanas e inmediatas que dieron lugar a la Guerra de Intervención; y lo que
es propiamente el tema de este artículo.
Causas lejanas

La consumación de la Independencia y el establecimiento de la República
fueron dos acontecimientos que el pueblo de México vio con desconfianza por
no estar debidamente capacitado para recibirlos.
Dice el señor general don Jesús de León Toral en su magnífico estudio
Historia Militar. La intervención francesa en México, que el Partido Monarquista subsistió en México durante gran parte del siglo XIX, debido a que
las instituciones republicanas por inercia no llegaban aún a asentarse con
firmeza en el país.
Entonces era natural que hubiera una corriente en favor de la Monarquía.
Recordamos que en 1840 don José María Gutiérrez Estrada publicó una carta
en la que abogaba por la instauración de la Monarquía, consecuencia de ello
fue el destierro de su autor dada la oposición que encontró en las altas! esferas
oficiales.

Además de las causas políticas podemos indicar las económicas.
Al concluir la Guerra de Independencia, México tenía muchas fuentes de
riqueza, pero debido a las guen·as civiles que tuvimos en el siglo pasado, nuestro país se convirtió en uno muy pobre. Sin embargo la fama de país rico
traspasó las fronteras y algunos estados europeos fijaron en México sus mira-

457

�das. España soñaba con la reconquista. Estados Unidos del Norte quería
extenderse hacia el sur, y Francia e Inglaterra deseaban a toda costa organizar
intervenciones armadas que les dejaran opimas ganancias.
Todavía recordamos la guerra sostenida con Francia en 1838, en que nuestro
país se vio obligado a pagar $ 600,000.00 por reclamaciones de los súbditos de
aquel país, de cuya cantidad quedaron en las arcas francesas $ 200,000.00
porque no había quien los reclamara.
Los representantes diplomáticos acreditados en nuestro país, desarrollaron
una labor tendiente a provocar la intervención y a través de secretos informes,
despertaron la ambición de su gobierno.
La actuación de estos diplomáticos fue funesta para México.
Deudas que tenían súbditos extranjeros con nuestro gobierno aparecían
reclamadas oficialmente por las potencias extranjeras, y al no ser pagadas por
México, venía la correspondiente protesta con la consiguiente amenaza de cobrar por la fuerza la cantidad reclamada.
Causas inmediatas

También las hubo políticas y económicas.
La intervención de Francia fue provocada por la deuda del banquero suizo
Jecker, quien como sabemos le facilitó a Miramón la cantidad de$ 700,000.00,
comprometiéndose éste a pagar 15 millones con el quince por ciento de los
impuestos federales.
La sangrienta guerra de tres años, agotó por completo el Tesoro Público,
de tal manera que a su término el Presidente Juárez se vio obligado a fin
de nivelar el presupuesto, a dar la ley del 17 de julio de 1861, por la que
suspendía el pago de las deudas extranjeras por el término de dos años.
Inmediatamente que dicha ley se publicó, las potencias europeas, Inglaterra, España y Francia se reunieron en Londres para discutir sus asuntos con
México, e invitaron a los Estados Unidos del orte a participar en dicha
conferencia, pero esta nación declinó diciendo que no se sumaba a ellos,
porque tenía especial interés en la seguridad y prosperidad de México. Por
otra parte acababa de estallar la Guerra de Secesión, que por lo pronto iba a
impedirles intervenir en nuestros asuntos.
Las tres potencias ya dichas, firmaron en Londres el 31 de octubre de 1861,
lo que en la historia se conoce como la Convención de Londres y que dio
origen a la intervención en nuestro país.
Cada una de ellas reclamaba de México fuertes cantidades de dinero.
458

Inglaterra reclamaba . .
España
Francia . . .
Total

... ... . .... .

$ 69.994,544.54

"

9.460,986.29
2.859 ,917 .00

$

82.315,447.83

Como se verá a la nación que menos se le debía era a Francia.
Después de firmada la Convención de Londres, las tres potencias enviaron
sus escuadras al Golfo de México.
La Convención de Londres sirvió para ultimar detalles de la intervención
armada, pues dos años antes, la idea de inter,;enir en los asuntos de México
había cobrado fuerz.a en Inglaterra y Francia. En el mensaje que el 19 de
diciembre de 1859 el Presidente Buchanan dirigió al pueblo de los Estados
Unidos del Norte, pedía la expedición de una ley que lo autorizase a enviar
las fuerzas militares contra México a fin de obtener indemnización por lo
pasado y garantías para lo por venir.
Estas ideas de los Estados Unidos se vieron frustradas por el talento de
Ocampo y por la guerra civil que estalló poco después; pero dichas declaraciones fueron aprobadas por Inglaterra y Francia al iniciar sus gestiones por
la intervención. El pretexto lo tuvieron dichas potencias cuando el Presidente
Juárez expidió la ley del 17 de julio de 1861; poco tiempo después aparecieron
en el Golfo de México las Escuadras española, inglesa y francesa, que ocuparon tierra mexicana. El gobierno de México nombró como su representante
al general Doblado, que obrando con mucha habilidad celebró los tratados
de la Soledad y por último en Orizaba, el 6 de abril de 1862 la Alianza Tripartita queda rota al declarar los ingleses y los Españoles que ellos se retiraban
del país, quedando sola Francia, que faltando al compromiso que había contraído en la Convénción de Londres, mostró sus deseos de seguir sola con la
intervención armada. Así fue como se inició la Guerra de Intervención en
nuestro país.

SECUNDA PARTE

Antes de entrar a la parte medular de este trabajo, quiero hacer una
síntesis sobre las condiciones en que se encontraba el Estado de Durango en
el momento de ser invadido por los ejércitos franceses.
La intranquilidad y el desasosiego estaban en todas partes. Gavillas de bandidos sin ninguna bandera y con el único fin de robar andaban por todas
partes Y en todas direcciones. Las fuerzas del gobierno no eran suficientes para
459

�combatirlos, así es que aquéllos se paseaban impunemente por las diversas
regiones del Estado, siendo Nombre de Dios uno de los lugares más atacados.
En esta misma ciudad de Durango había ambiciones por el poder. Era Gobernador Constitucional del Estado el general José María Patoni, que tuvo
que salir con la Brigada "Durango" a sumarse a las fuerzas del Ejército de
Oriente, quedando como Gobernador Interino nombrado por la Legislatura
del Estado, el licenciado Benigno Silva.
El coronel don Tomás Borrego, que siempre se distinguió por su inquietud,
mostró desagrado por la conducta del licenciado Silva como Jefe del Estado
y tachándolo de débil en la preparación de la defensa del Estado, organizó
un movimiento armado que estalló la noche del 9 de junio de 1863, por el
que se desconocía al licenciado Silva como gobernador, y se nombraba con
el mismo cargo al licenciado Juan José Subizar. ,
Este movimiento era sumamente peligroso dadas las condiciones en que se
encontraba el país, por lo que el Presidente Juárez lo reprobó por Decreto del
24 del mismo mes desconociéndose al gobierno del licenciado Subizar, declarando esta ciudad en estado de sitio y manifestando que el Gobernador
Constitucional) que lo era el general Patoni, vendría a hacerse cargo de su alto
puesto y además del mando politico, ejercería el militar.
Por este motivo el general Patoni se hizo cargo nuevamente del gobierno
del Estado el 14 de julio del ya citado año de 1863.
Pocos días después el propio general Patoni era nombrado jefe de las fuerzas
de Durango y Chihuahua.
El general Patoni emprendió obras para la fortificación de la ciudad construyendo, entre otras, un fuerte en el Cerro de los Remedios.
Un pequeño grupo de intelectuales publicaba artículos en el periódico La
Libertad, que era el oficial del Estado, con el fin de despertar el espíritu cívico
entre los durangueños contra la intervención francesa. Mí encontramos artículos llenos del más sublime patriotismo escritos por don Francisco Gómez
Palacio, don Pedro José Olvera, don Cayetano Masca:reñas y por don Carlos San tamaría.
Cuando los ejércitos franceses pisaban el Estado de Durango, el general
Patoni tuvo que salir a campaña quedando como Gobernador Interino don
Cayetano Mascareñas.
Mientras tanto los franceses después de ocupar las plazas de Zacatecas,
Fresnillo y Sombrerete entraron al Estado de Durango, siendo Nombre de
Dios uno de los primeros pueblos que ocuparon.
El 3 de julio de 1864 el ejército francés que se dirigía a ocupar la ciudad
de Durango, pernoctó en la hacienda de Navacoyán, para seguir su camino
al día siguiente, llegando al medio día a la Garita de Oriente, donde los sol-

460

dados descansaron, teniendo que resistir un fuerte chubasco, que cuando pasó
siguieron adelante, para entrar a la ciudad por la vieja calle Real, siendo las
tres de la tarde. Aquí sucedió lo mismo que en otras ciudades, los imperialistas
fueron recibidos en forma entusiasta con flores y agua de colonia; como jefe
de la columna venía el general Eduardo L'Heriller.
Pocos días después de su arribo a esta ciudad un oficial francés escribía una
carta en los siguientes términos:
"Estam~s- :ncantados con Durango que es una ciudad muy bonita, con
buenos edif1C10s, fortunas fabulosas, jóvenes bellísimas de suma elegancia en
el vestir y cuyas costumbres civilizadas y buen trato, muy superior al de
otras poblaciones del interior, se explican por la inmediación al importante
puerto de Mazatlán en el Pacífico. Hemos sido recibidos de una manera
enteramente simpática y cordial. Llegamos a las tres de la tarde tras de una
marcha de once leguas. Al llegar a la Garita comenzó a caer un aguacero
deshecho, pero las señoras permanecieron en sus puestos vitoriando a los
franceses echándoles flores y agua de colonia.
"Hay multitud de buenos edificios: la alameda es grande, y ésta y los demás
paseos se pueblan por las tardes de señoras vestidas con una elegancia que
nos ha sorprendido agradablemente".
Los principales jefes imperialistas quedaron hospedados en las casas de los
vecinos más distinguidos y el resto de la tropa en el Colegio Civil, que se
encontraba clausurado y durante los años que estuvieron los franceses en
esta ciudad quedó convertido en cuartel.

El hecho de gue en Durango fueran recibidos los franceses con tanto entusiasmo por parte del pueblo indica que aquí sucedía lo mismo que en la
mayor parte del país. La anécdota tan conocida de que una vez que fue
derrotado el Imperio_ y los Republicanos ocuparon la capital de la República,
al tratar de reorganizar cada una de las secretarías, se encontró en una de
ellas una lista de todos los .simpatizadores del Imperio, la que se trató de
ocultar porque si se hubiera dado a conocer no se hubiera encontrado gente
para formar el Gobierno Republicano, tiene su aplicación en esta ciudad.
El 5 de julio se celebró una junta en uno de los salones del Palacio de
Gobierno, a invitación del general VHeriller con el fin de nombrar las autoridades que debian de regir los destinos del Departamento de Durango.
Según puede leerse en el número correspondiente del periódico oficial de
la Prefectura Superior Política, de fecha 14 de julio de 1864, asistieron 95
personas cuyos nombres aparecen al final del acta correspondiente.
Basta leer los nombres de todas las personas que asistieron a dicha junta
P_ara darse cuenta que ahí estaban las más conocidas de la entonces pequeña
ciudad de Durango.

461

�El general L'Heriller exhort6 a los asistentes para que con toda libertad hicieran el nombramiento de sus autoridades y se retiró del salón. Entonces se
cligi6 como Prefecto Politice del Departamento de Durango al señor don
Buenaventura G. Saravia y como Prefecto Municipal al licenciado don Rodrigo Durán.
El día 6 e hizo la elección del Ayuntamiento, resultando electos los siguientes:
Primer Alcalde, don José Rafael Peña.
Segundo Alcalde, don Crescencio Romero.
Tercer Alcalde, Lic. don Vicente Quijar.
Primer Regidor, don Juan de Dios Palacios.
Segundo Regidor, don Gerardo Jáquez.
Tercer Regidor, don Juan Francisco Escobar.
Cuarto Regidor, don Francisco Alvarez.
Como Procurador resultó electo don Clemente García.
El primer acto del Ayuntamiento fue adherirse al Imperio según acta
del 12 de julio.
El Prefecto Saravia una vez que tomó posesión de su alto cargo integró el
Consejo Departamental con las siguientes personas como propietarios: Juan
N. Flores, Lic. Toribio Bracho, Francisco García, Ignacio Asúnsolo y Felipe
Pérez Gavilán. Estos nombramientos fueron ratificados por el Emperador Maximiliano el 14 de agosto del mismo año.
Después de haber ocupado la ciudad de Durango, el ejército francés pasó
a diversos pueblos del Estado; el 14 de julio llegó a San Lucas de Ocampo,
el día siguiente ocupó San Juan del Río; el 21 de septiembre ocupó Nazas y
el 3 San Juan de Guadalupe.
No obstante la ocupación del Estado por los imperialistas, no había paz.
El 15 de noviembre fue nombrado Comandante Militar del Departamento de
Durango el general José Quintanilla, días después salió de esta ciudad a
campaña y en el Pasaje fue muerto intempestivamente en unión de su secretario Mariano Canseco. Esto indica que ninguna tranquilidad existía en
Durango.
Como el Prefecto Saravia se diera cuenta que la opinión del Departamento
de Durango no estaba unüicada a favor del nuevo régimen de cosas, inició
una gira por algunas partes a fin de convencer a sus habitantes de que el
mejor régimen para el país era el imperialista. Una larga temporada se pasó
Sa.ravia por esos lugares que visitó uno por uno y cuando consideró completa
m misión regresó a Durango.
En su ausencia se encargó de la Prefectura Política el señor Juan de Dios
Palacios. En el mes de octubre de 1865 el señor Saravia se separó definitiva-

462

mente de la Prefectura y en un principio lo substituyó el señor Palacios y
después el doctor Felipe Pérez Gavilán.

Accio11es de guerra
Estas eran frecuentemente, pues exisúan diversas partidas de republicanos
que combatían sin cesar; entre los incansables estaba el general Patoni que
muchas veces !legó a dar serias batallas a los imperialistas, tanto en Menores
y en Juana Guerra. Pero la batalla más importante fue la de Majoma que
tuvo lugar el 21 de septiembre de 1864 en eJ cerro de este nombre que se
encuentra en los límites de este Estado con el de Zacatecas.
La columna republicana era dirigida por el general González Ortega y
&lt;:olaboraban los generales Patoni, Alcalde, Oitega, Carvajal y Castro.
Sabedor el general González Ortega de que una columna de imperialistas
venía de Zacatecas en auxilio de Durango, y se encontraba próxima a San
Miguel del Mezquital, decidió destruirla, para lo cual se dirigió con todo su
ejército a San Miguel, pero sabiendo los franceses el plan de aquél, retrocedieron para encontrarse con las tropas de Gonzáiez Ortega.
La columna imperialista que ib_a a las órdenes del coronel Martín llegó el 21
de septiembre a la hacienda de la Estanzuela que se encuentra en el Municipio
&lt;le Cuencamé, el coronel Martín resguardó su convoy en la casa grande de
la hacienda y en las azoteas almenadas dejó sus ejércitos armados.
El cerró de Majoma fue ocupado por las tropas que mandaba el general
Patoni, así como con las del bataUón de Chihuahua a las órdenes del general
Ojinaga. En la llanura se situaron las divisiones de González Ortega y Alcalde; ésta que constituía la reserva, quedó un poco atrás y a la derecha la
del general en jefe; 1a caballería del general Castro, que la integraban unos
200 hombres, formó el ala izquierda, y la del lado opuesto la formaron 300
jinetes de Carvajal.
La acción fue provocada por Carvajal que al frente de un grupo de exploradores llegó hasta los aledaños de la hacienda donde se desprendió el capitán
Fouré con un escuadrón de cazadores montados; se trabó un combate de corta
duración en el que los mexicanos obtuvieron la ventaja.

Martín creía en un principio que sólo tenía que batirse con la División
Patoni, porque las otras fuerzas no eran visibles desde la hacienda y se lanzó
al rescate del cerro; pero descubrió a poco que se hallaba frente a todo un
ejército, cuando ya no era posible retroceder; comprendiendo que la loma
era la llave de la posición, siguió adelante decidido a ocuparla; entró en
fuego la artilleria y uno de los primeros disparos destrozó al propio coronei'
Martín; lo substituyó el comandante Japy, quien aceleró y se apoderó de
463

�la altura) capturando parte de la artilleóa y volviéndola contra los republicanos.
Todos los esfuerzos de Patoní y González Ortega resultaron ínfructuosos;
Alcalde permaneció inmóvil y ni uno de sus soldados se batió, entonces González Ortega pudo efectuar la retirada, la que trajo la dispersión del Ejército
de Occidente.
Éste se componía de tres mil quinientos hombres y los franceses eran ochocientos.
Esta fue una de las batallas de más graves consecuencias para el Ejército
Republicano, que aquí se acabó.
Se encontraba en el Estado de Durango el Presidente Juárcz, habiendo llegado a príncipios del mes de septiembre en su peregrinar hacia el ,norte;
El primer lugar del Estado de Durango que tocó fue Santa Rosa, de a~1 paso
a Mapinú a donde llegó el día siete, después a Pedriceña donde el qumce de
septiembre dio el "Grito de Independencia". Dice Guillenno Prieto, uno de
los acompañantes del Presidente Juárez, que aquel día quince de septiembre
llegó a Pedriceña la Comitiva, iban todos cansados yéndose a recoger sín
acordarse de la fecha en que estaban, a no ser por las luminarias que los
soldados de la tropa habían encendido por todo el campamento. Así recordaron la fecha que se conmemoraba, dando el Presidente Juárez "El Grito" Y
el discurso corrió a cargo del mismo don Guillermo Prieto.
Cuando ya todo estaba en silencio y cada quien en sus habitaciones, a ínvitación del mismo Prieto los soldados fueron a cantarle al señor Juárez unos
. ' "L a PaJ orna" , que enimprovisados versos suyos con la letra de 1a canc1on
tonces estaba de moda. Dichos versos dicen así:

Si a tu ventana llega un pajarito,
trátalo con cariño que es don Benito.
Al día siguiente la Comitiva pasó a la hacienda del Sobaco, donde recibió
la visita de las autoridades de Nazas que iban a invitarla para que visitara
a esa ciudad.
Como ya se esperaba el choque de los ejércitos republicano e imperialista,
que como hemos dicho tuvo lugar en Majoma, el señor Juárez aceptó ir a
Nazas donde esperó el resultado de la batalla, que seguramente tenía esperanzas de que fuera favorable para la causa que defendía, pero al saber
el resultado, optó por seguir rumbo a Chihuahua.
Mientras tanto las fuerzas francesas seguían ocupando el Estado de Durango y el general L'Heriller fue substituido el mes de noviembre por el generaJ Castagny.

464

Actos sociales
Desde su llegada a esta ciudad los oficiales del Ejército Francés procuraron
relacionarse con la sociedad de Durango a través de distintos actos sociales.
Pocos días después de haber llegado a esta ciudad el Ejército Francés, la
Prefectura Política del Departamento de Durango organizó un baile en honor
del general L'Heriller, que tuvo lugar en el Palacio de Gobierno. Las crónicas
de este acontecimiento social aparecen publicadas en el periódico oficial de
la Prefectura Oficial Política. En dicho baile los poetas Crescencio Romero,
Antonio Gómez del Palacio y Vicente Quijar hicieron gala de su inspiración.
Después hubo otros dos bailes, el primero el 4 de diciembre en honor del
general Castagny dado por los vecinos de esta ciudad; el segundo el 15 de
agosto de 1865 obsequiado por el propio general Castagny con motivo del
cumpleaños del Emperador Maximiliano.
De este último baile conocemos una bella crónica escrita en verso por don
Vicente Quijar en la que habla con mucha elegancia de las damas que asistieron a dicho acto social.
Por ese entonces se empezó a munnurar que el general Castagny habíase
enamorado de una bella dama de esta ciudad cuyo nombre era Rosa.
Uno de aquellos poetas románticos compuso unos versos que todo Durango
conoció y que se sabía de memoria y que han llegado hasta nosotros. Dicen así:

¡ De estas Rosas no hay en Francia,
mi general Castagny!
¡ Este garbo, esta arrogancia
son propios sólo de aquí.!
El 28 de abril de 1866 se inauguró en esta ciudad el Hospicio San Carlos
destinado a la atención de los niños pobres. Se fundó a iniciativa de un grupo
de damas altruistas, las que no teniendo los recursos suficientes para su fundación, se dirigieron a la Emperatriz Carlota quien les regaló la cantidad de
quinientos pesos; por dicho motivo la institución llevó su nombre.
Años después el hospicio cambió su nombre por el de Francisco Zarco, que
es el que ostenta actualmente.
Por motivos de sobra conocidos, el Ejército Francés fue retirado de este
país, entonces conforme iban abandonando las diferentes ciudades los imperialistas, iban siendo ocupadas por los republicanos.
En esta ciudad el Ejército Francés comenzó a salir el 4 de agosto de 1866
nunbo a San Luis Potosí, quedando la plaza defendida por el batallón mixto

465
H30

�compuesto de trescientos hombres, un escuadrón de cien hombres de caballería,

más el batallón imperial formado por 600 infantes.
Los jefes republicanos que se encontraban en el Estado eran los generales
Silvestre Aranda, Francisco O. Arce, Juan González Herrera y Miguel Auza,
siendo este último nombrado jefe de las fuerzas de Durango, por cuyo motivo
hubo descontento entre el elemento militar, siendo nombrado en su lugar el
licenciado José Ma. Pereyra.
Los republicanos velan en la toma de Durango la llave del éxito en sus
futuras campañas. Así lo confesó el general Aranda al Presidente Juárez en
carta que le dirigió el 28 de agosto de 1866, al decirle que "la ocupación de
Durango será de la mayor importancia, pues entonces se extendería una línea
desde Matamoros hasta Mazatlán, situándose en algún punto de ahí el gobiemo podrá dictar las disposiciones necesarias para llevar a cabo la destrucción del Imperio".
Al abandonar definitivamente el Ejército Francés esta ciudad un grupo de
vecinos dirigidos por el señor licenciado Francisco Gómez Palacio, se comprometieron a cuidarla con el fin de salvaguardar el orden y evitar que se cometieran abusos mientras llegaban las tropas republicanas.
Ocupó la ciudad ele Durango don Silvestre Aranda que tenía el nombramiento de Gobernador y Comandante Militar del Estado de Durango, expedido a su favor por el Presidente Juárez.
El general Aranda se preocupó por reorganizar los servicios públicos y únicamente a los más conocidos imperialistas los castigó imponiéndoles fuertes
multas, pero fue muy parco en las medidas que tomó, dado que la mayor
parte de los vecinos de la ciudad simpatizaban con el Imperio.
El 26 de diciembre hizo su entrada a esta ciudad el Presidente Juárez, donde
estuvo hasta el 30 en que salió rumbo a Zacatecas.
De su estancia en esta ciudad, nos ha dejado un interesante relato el señor
licenciado Luis Zubiría y Campa, que aparece publicado en el Álbum ]uárez,
editado el año de 1931. Dice así:

"El 26 de diciembre de 1866 don Benito Juárez, hizo su entrada a
la ciudad de Durango, donde fue recibido con entusiasmo y arcos triunfales; las principales /Jersonas del Partido Liberal salieron a encontrarlo a la Garita del Norte, donde se form6 un templete para darle la
bienvenida y pronunciar discur5os alusivos al acto; las campanas se
echaron a vuelo y la artillería de la plaza hizo los honores de ordenanza, disparando veintiún cañonazos. La Comitiva Oficial entr6 en elegantes coches y el pueblo, delirante, pretendi6 arrastrar la tarretela
Presidencial y quitarle los caballos, pero el señor Juárez, de manera su466

plicatoria se opuso a ello. La calle de mayor tráfico ha sido siempre la
que hoy lleva el nombre de Constitución y que en ese tiempo la apellidaban 'De los Conservadores', por tener muchos de los connotados imperialistas sus residencias .allí; la Comisi611 encargada del recibimiento
no quiso que el Presidente entrara por esa calle, sino por la de Teresas (hoy Juárez). Al pasar por el lado oriente de la Plaza de Armas se
le extendió una gran Bandera Francesa, para que pasara sobre ella; al
notarlo don Benito, detuvo la carretela disgustado y ordenó que fuera
levantado el referido pabellón ( después se supo que la idea del hecho
fue de la señora Luz Noriega de Arce que había sido perseguida en la
época de los franceses por su labor patriótica a favor de la causa republicana; era esposa del General liberal Francisco O. Arce). El séquito
continuó '.)I dio vuelta por la calle Real ( hoy calle de 5 de Febrero) hacia la Casa de Gobierno, donde se lzabfa preparado alojamiento al
Presidente y sus acompañantes, que lo eran: Lic. José María Iglesias, El
General Ignacio Mejfa, el General Francisco Ortiz de Zárate, etc., y su
escolta especial.
Por la noche se dio un gran baile en el Salón Principal del PaCacio
de Gobierno, al que asistieron las familias de los Liberales, distinguiéndose entre las damas, la señora Guadalupe Porras de Mascareñas con
quien bailó una pieza el Presidente; la aristocrática señora Josefa Segura de Santamaría; la inteligente y sociable señora Carmen !tune de
Santamaria; la arrogante señora Luz Noriega de Arce; la señora Francisca Asúnsolo de De la Peña llevando elegante traje tricolor; doña
Cleofas Valles de Ríos y Valles, doña Antonia Prado de H ernández,
etc., la misma noche hubo fiestas públicas populares, un baile en la
Plaza de Armas y los cohetes clásicos.
Al día siguiente se obsequió al señor Presidente con 1m suntuoso banquete; al finalizar éste hubo varios brindis y el señor Cayetano Mascareñas aludiendo a algunas personas que habían simpatizado con el régimen anterior y que trataban de acomodarse al nuevo orden de cosas,
pronunció unos versos que terminaban así:
Brindo por las blusas rotas
en la guerra, no en la pa.z;
no por los falsos patriotas
que gustan ponerse botas
al sol que calienta más''.
El día 27 por la noche, la Compañía de Opera Mexicana que se encontra-

467

�ba en Durango desde el mes de julio, dio una función de invitación a la
que concurrieron todos los liberales. Al entrar el Presidente se estrenó el Himno a Juárez, composición durangueña con música del Director de la Compañía señor M.iguel Meneses y letra del licenciado Antonio Verdugo, cuyo coro
es el siguiente:

Viva Juárez, mil ecos repitan
porque Juárez la Patria nos dio,
y ya rotas las férreas cadenas
impotente el tirano partió.

BERNARDO REYES EN LA HISTORIA DE MÉXICO
E. V.

Con la cita transcrita, damos por terminado este trabajo histórico, que no
tiene más objeto que el de dar a conocer una época muy importante de esta
ciudad de Durango.

BIBLIOGRAFIA

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1949
Jv.árez. Lu1s ZunnÚA Y CAMPA. 1931.

468

NJEMEYER

JR.

RESULTA SIBMPRE MUY oIFÍcn, colocar a un personaje en la verdadera luz
histórica y para cada uno de nosotros interpretar los acontecimientos cuando
se tienen prejuicios personales.
Lamarti.oe ha clicho que la historia no es otra cosa más que una biografía
a grande escala. Pero los lectores de cualquier biografía casi nunca están de
acuerdo con la personalidad en cuestión. Para algunos, es un pecador. Para
otros, es un santo. Todo lo que un historiador puede hacer, es sujetarse a
presentar los hechos tal como son y emitir al final sus propias conclusiones
derivadas de tales hechos. El lector siempre tiene que formular su propia
decisión.
¿ En qué fonna han tratado los escritores de la Historia de México a la figura de Bernardo Reyes, General de División del Ejército Mexicano, podirista de hueso colorado, y por mucho tiempo Gobernador de este Estado de
Nuevo León? Algunos han sido justos con él. Otros no lo han sido. Antes de
llegar a ninguna conclusión en relación a que si sus cualidades exceden sus
defectos, yo desearía considerar al personaje Bernardo Reyes sobre la base
de las siguientes características. Sobre todo debemos prepararnos para juzgarlo colocándolo exactamente en el tiempo en que vivió.
Primeramente debemos recordar que don Bernardo fue un soldado. Desde
la primera vez que luchó contra los invasores franceses con piedras: y palos,
siendo todavía un muchacho de catorce años, basta el momento en que cayó
mortalmente herido el día 9 de febrero de 1913, Reyes fue un enamorado de
la vida militar. Es necesario darle la atención necesaria a sus hazañas en el
campo de batalla. Antes de los 17 ya había sido herido en combate dos veces:
una por sable, otra por bayoneta. Fue un dulce consuelo el estar presente
cuando Maximiliano entregó su espada al general Mariano Escobedo en Querétaro. De 1867 a 1885 participó en numerosas campañas contra los revoltosos que hicieron imposible la paz en México durante este período. Los aseen-

469

�sos se sucedieron frecuentemente a medida de que el joven oficial demostraba
hab~dad, astucia, v3:1or y adaptabilidad a los rigores de la vida en campaña
en diez estados y baJo cuatro presidentes. El sentido de lealtad hacia Lerdo
de Tejada lo involucró en escaramuzas con ]as fuerzas porfiristas en 1876
pero aun esto no detuvo su ascenso meteórico en rango.
Sus cualidades como jefe y su lealtad fueron prontamente reconocidas por
Díaz. La batalla de Villa Unión en 1880 fue una carga de caballería en la
que Bernardo Reyes, a la cabeza de sus tropas recibió tres heridas, una de
las cuales le hizo pedazos la mano derecha y lo dejó parcialmente manco para el resto de sus días. Por esta victoria que aplastó una revuelta que amenazaba abarcar el México occidental, Bernardo Reyes recibió el grado de General de Brigada. Más tarde llegó a General de División. Mientras muchos
generales engordaban o enriquecían durante la Pax Porfiriana, Bernardo Reyes se dedicó a: su profesión. Constantemente se perfeccionaba en la Ciencia
Militar y en sus tácticas. Escribió manuales de instrucción y revisó muchos de
los existentes. Tenía una verdadera sed del saber. Su gran oportunidad llegó
en 1900 cuando Díaz lo nombró Ministro de Guerra. Al darse cuenta de la
miserable condición del ejército, del lucro y de la ineficiencia que prevalecían
en el ~sterio de Guerra, Reyes no perdió tiempo en instituir refo:rmas que
re~entmamente transformaron este ejército en una máquina de guerra de
primera clase. El mayor logro obtenido fue probablemente la creación de la
Segunda Reserva que juntó a más de 30,000 reclutas y 210 unidades de reserva en toda la nación. 1
Nunca jamás se había conocido tal patriotismo y devoción al país durante
tiempo de paz. Desgraciadamente esto le valió a Reyes la enemistad de los
científicos que provocaron su renuncia del Gabinete y suprimieron la Segunda Reserva.
Bernardo Reyes fue primero, último y siempre un militar. Cuando escribía
de lo que era más querido a su corazón: El Ejét-cito Mexicano. Anotamos
aquí sus palabras en la monografía El Ejército Nacional~ que fue su contribución a un trabajo de Justo Sierra intitulado: Méxi.co, Su Evolución Social:
"¡-Qué época la de nuestras guerras! ¡ Los batallones que combaten, y
sus restos ensangrentados que son vencidos o que triunfan· los escuadrones arrebatados por el vértigo de la caroa, que caen destrozados; los caño11,es que truenan e iluminan siniestramente; los estandartes flotando,
1

Memoria de la Secretarla de Estado y del despacho de Guerra y Marina presen•
tada al Congreso de la Unión por el secretario del ramo, gmeral de división Bernardo
Reyes. Comprende del lo. de julio de 1901 al 31 de diciembre de 1902:, (México Tipografía de la Oficina Impresora de EstampilJas, 1902), 6-7; JosÉ R. DEL CAsT~LO
Historia de la Revolución Social de Mlxico 'de 1910 (México 1915) , 66.
'

470

corriendo como llamas er1cendedoras, en los amigos y enemigos campos;
tropas chorreando sangre, que se miran entre el fuego y el humo; brillo
de armas, fragor de bronces, toque de cornetas y tambores, flamear de
banderas vencedoras o vencidas; tal fue el cuadro apocalíptico de nuestras luchas intestinas! Y así, despedazados por ellas, nos agobia la invasión
anglo-sajona, y luego, más tarde, viene el galo a nuestro festín sangriento: pero nada nos agota: ruedan instituciones envejecidas, ruedan
cabezas con coronas, y al fin, tras tanto padecer, tras brega tanta, se alza
nuestra República gloriosa; se yergue al cielo, por nuestro ejército sostenida, la nacional Bandera Mexicana.
Al reflejarnos la Historia, en su gigante espejo fiel, la perspectiva de
los tiempos idos, el vértigo de lo infinito1 nos invade, se siente el deseo
de acciones grandes, y la emoción, electrizando nuestros nervios, nubla
la vista y aprieta el corazón"!

Solamente un romántico pudo haber escrito así.
Cuando hablaba y actuaba lo hacía como un soldado que creí.a en la Autoridad y en el mando militar. Esta característica más su naturaleza impulsiva y su gran dificultad para convivir con aquellos que no participaban de sus
puntos de vista, le crearon muchos enemigos entre sus contemporáneos civiles.
Fue su código de honor militar que le impidió actuar contra Madero. Unicamente después de haberse retirado del Ejército el día 2 de septiembre de 1911,
pudo rebelarse contra el Gobierno Constitucional. Como soldado sabía lo que
significaba la muerte y cómo morir cuando el tiempo llegase.
Fue en el campo de la administración donde Bernardo Reyes brilló como la
más fulgurante luminaria del período porfiriano. Ya he mencionado sus reformas al Departamento de Guerra. Ayer hablé de su administración en este
Estado y cómo se dedicó a servir a los intereses públicos. En este aspecto demostró una gran inteligencia en hacer decisiones, en ver que sus órdenes se
ejecutaban al pie de la letra, una alerta visión en lo que estaba transcurriendo en todo momento en la administración del Gobierno del Estado y honradez escrupulosa que abarcaba desde su vida privada hasta su vida pública.
Para el Estado de Nuevo León y para la ciudad de Monterrey, Entidades que
estaban pasando por su período de desarrollo, no podrá haber circunstancias
más afortunadas.
Además de los talentos militares y adininistrativos que caracterizaban a
don Bernardo Reyes, tan ampliamente demostrados, debemos considerar su
' General don BERNARDO Ri;;n;s. El Ejército Mexicano, monografía hi.rtórica escrita en 1899 para la obra, México - su evolución social. Edición especial (México, J.
Ballesca y Cía.), 1901, 75-76.

471

�papel como agente en jefe del Porfiriato en la frontera noreste. De 1885 a
1909, Reyes fue la personificación de Porlirio Díaz en esa área. Fue él quien
destruyó el cacicazgo Treviño-Naranjo en Nuevo León, e hizo posible posteriormente la reconciliación política tan favorable al desarrollo económico.
Fue él quien puso fin al desorden y al contrabando a lo largo de la frontera
norte que siempre había constituido una amenaza para el centro de la República.
Con firme lealtad a Porfirio Díaz, Bernardo Reyes se hizo cargo de todos
los procesos políticos en Nuevo León, Coahuila y aun en una menor escala
en el Estado de Tamaulipas. Una palabra de Bernardo Reyes era generalmente suficiente para detener cualquier oposición a Díaz y a su régimen.
Durante el porfiriato, el agente solidifícador del régimen era el Gobernador
del Estado, quien muchas veces fue descrito por algunas autoridades como un
títere de Díaz e incapaz de ejercer su propia iruciativa. En gran parte esto
era verdad. Los Gobernadores debían su posición a Díaz y a él solamente.
Pero sería injusto caracterizarlos como puramente agentes mecánicos del Presidente porque eso no haría justicia a la responsabilidad de su posición como jefes administrativos y políticos de sus Estados ni a su papel de mantener
el prestigio de la Dictadura y del aseguramiento de su continuación.
Los gobernadores servían como fuentes de información y comÓ Consejeros en asuntos locales; desarrollaban mucho del trabajo del centro en la ejecución de la política conciliatoria de las diversas facciones e intereses en los
Estados y contribuían a conservar la paz y el orden tan necesarios al desarrollo económico. Su relaci6n con Díaz puede ser mejor descrita como una de
cooperación mutua y de interdependencia. De todos los Gobernadores de Estado durante el porfiriato, ninguno tipifica mejor esta relación que Bernardo
Reyes.
En los primeros años de su larga administración Díaz preparaba las listas
de candidatos para el Congreso, la Legislatura del Estado y los puestos judiciales, pero a medida que el tiempo pasaba Reyes asunúó personalmente ~ta
responsabilidad y únicamente enviaba los nombres a Díaz para su aprobacion.
Si este sistema era anti-democrático, fue ciertamente el que más se acomodó a
las tendencias políticas contemporáneas en los procedimientos gubernamentales mexicanos.
No solamente ejerció Reyes una poderosa influencia en el nombramiento
de los miembros del Congreso, sino que también ejecutó grandes servicios de
carácter político, judicial y civil para el centro. En 1894, por ejemplo, se
ocupó todo un año en intervenir en los asuntos comerciales en Coahuila _Y
Nuevo León a petición de miembros del Gabinete. No era raro que se le pidiera intervenir en litigios, el resultado de los cuales eran de interés para el

472

•

Gobierno Nacional. Podemos dar un ejemplo de cómo se le pedía que demostrara con solamente su presencia la Autoridad del Gobierno Nacional en
el Estado de Nuevo León. Una carta a don Bernardo Reyes del Presidente
Díaz fechada el 31 de Julio de 1899 reza a la letra:
"Como el Gobierno General no tiene en ese Estado
por virtud de su carácter oficial y por sus reconocidas
merecedor de mayor confianza que Usted .. . sírvase
de Caja de la Jefatura de Hacienda para mostrar en
ta que la inspección ha sido verificada". 8

una persona quien
cualidades sea más
visitar las oficinas
forma más concre-

Para Bernardo Reyes, encargado de mantener la autoridad y prestigio del
sistema político porfiriano en la frontera norte, esta tarea era parte de su día
de trabajo.
Puede afirmarse que Reyes desde su llegada a Monterrey siempre conservó un ojo vigilante sobre los acontecimientos de la política coahuilense. Como un ejemplo de su atinada intervenci6n en ese Estado, podemos mencionar
que intervino en la eliminación del Gobernador José Maria Garza Galán en
1893. El año siguiente Reyes se vio obligado a llamarle la atención al Gobernador Francisco Arizpe y Ramos que "es necesario que estén de acuerdo conmigo" y que de no hacerlo sería "contrario a la política general de la nación,
la que requiere que cada una de las Entidades que la integran hagan sacrificios para el bienestar de todos".• Más tardeo Reyes se vio obligado a escribirle a Arizpe y Ramos que era imposible que "continuara a la cabe7,a de ese
Gobierno". Después de la renuncia de este Gobernador en 1894, el Lic. Miguel Cárdenas llegó a la gubernatura y sirvió como dócil instrumento de Reyes en Coahuila por espacio de 15 años.
Después de haber discutido brevemente las más importantes fases militares y administrativas de su carrera pública, es necesario hacer mención de la
calidad humana de Bernardo Reyes. En una época en que el progreso material de la Nación iba acompañado por la despiadada explotación de los trabajadores industriales y de la esclavitud de la población campesina, la voz de
Bernardo Reyes frecuentemente se dejaba oír en defensa de los oprimidos. Su
mterés en el ranchero, el campesino de la comunidad mral y el indio en su
aldea nativa, le impulsaron a intervenir en muchas ocasiones para proteger
Porfirio Dlaz a Bernardo Reyes, 31 de julio de 1899, ms. Cartas del Sr. Presidente
Dí.u al Sr. Gral. Bernardo Reyes, enero de 1899 a 18 de enero de 1900, Archivo de
:Bernardo Reyes.
• lleye.s a Arizpe y Ramos, Monterrey, June 4, 1894, ms. Cartas Varias, 1894. p.
:240. Archivo de Bernardo Reyes.
1

473

�a esta humilde gente contra la explotación de esos extranjeros ansiosos de
enriquecerse con la tierra y con el agua que hace a 1~ tierra rendir sus frutos. Su sentido de justicia social determmaba su oposición a la rapacidad de
la Claque de los científicos. A todo esto hay que añadir que decretó una legislación social en el Estado de Nuevo León que lo colocó muy adelante de la
tendencia contemporánea tanto en México como en el extranjero. Su Ley Sobre Accidente.s del Trabajo ( 1906) y su Ley dirigida a la eliminación del peonaje ( 1908) son solamente dos de las muchas manifestaciones de su preocupación humanitaria para el trabajador y su bienestar. 5 Estos actos son ma,,on1ficos exponentes de su recio espíritu liberal.
Para 1909, a medida que la Dictadura se aproximaba a su fin, la estrella
de Bernardo Reyes había lleg;,.do a su cenit. Su comprobada capacidad lo haáa aparecer ante los ojos de todas las clases sociales como el único para conducir un movimiento de reforma social, económica y polí.tica.
Desafortunadamente para México, Reyes no respondió a la demanda de
que actuara en contra de Díaz. ¿ Era por seguir su comportamiento patriótico tradicional? La definición del vocablo patriota es: aquel que ama a su
patria y apoya celosamente su autoridad y sus intereses. En esta ocasión coloc6
su lealtad a Díaz antes que los mejores intereses de su querido País. Fue una
lealtad personal que no supo cómo vencer. Además, creyó que cualquier oposición a don Porfirio Díaz, conduciría a la violencia, a la destrucción y al
caos. En las palabras de Daniel Cossío Villegas, Reyes "no deseaba, como al
igual que ningún otro hombre dentro del régimen, arrojar la primera piedra
contra el palacio porfiriano". 6
Siempre fue la convicción sincera de Reyes que lo que él había hecho era lo
mejor para México, y únicamente una persona de alto valor moral pudo haberse adherido a tal política ante la universal demanda de que retara la Dictadura. Al hacer caso omiso del llamado del pueblo, hizo el mayor sacrificio
personal en a.ras de la lealtad. Sus seguidores poco entendieron o apreciaron
los altos ideales que motivaron la conducta de Bernardo Reyes durante el
apremiante verano de 1909. Y Díaz, sobre quien descansaba la última responsabilidad por el sacrificio de Reyes, tampoco supo apreciar la conducta de
su General de División, hasta que se abrió el fuego de la Revolución de
1910 y no había un Bernardo Reyes para extinguir las llamas.
• Memoria que el ciudadano general Bunardo Reyes Gobernador Constitucional del
Estado de Nuevo Le6n presenta a la XXXIV Legislatura del, mismo y qu.e corresponde al pufodo transcurrido del 4 de octubre de 1903 al 3 de octubre de 1907 (Monterrey, Tip. del Gobierno del Estado, 1908), tomo I, 732-736, 740-742 ; Peri6dico oficial
del gobierno del Estado Libre y Soberano de Nuevo León, vol. XLIII, no 64, p. 2.
• Manuscrito en posesión del Dr. Daniel Cossio Villcgas.

474

Con la salida de Díaz en 1911, la causa de don Bernardo, tan íntimamente
identificada con el viejo régimen, pasó a ser u.na causa perdida para siempre.
El héroe del pueblo era ahora Francisco Madero. Desde el 4 de junio de 1911,
cuando Reyes regresó de Europa, hasta su trágica muerte un año y ocho meses
después fue patente que su carrera pública había terminado, pero Reyes todavía se resistía a reconocerlo. Era un indeseable, pero se rehusaba a creerlo.
Tenía delirio de grandeza y se consideraba como el único llamado por el destino para salvar a México del caos y la anarquía que amenazaba la propia
existencia del país. Instigado por partidarios que estaban igualmente cegados,
Reyes fue empujado a cometer una serie de errores: anunciar su candidatura
contra Madero, el apóstol, y rebelándose contra él desde San Antonio Texas
a fines de 1911, cada uno de los cuales lo hundía más en el fango del cual'
únicamente su muerte frente al Palacio Nacional le extraería con honor.
Porque Bernardo Reyes había rehusado retar a don Porfirio en 1909 se
'
le llamaba cobarde. Porque se rebeló contra Madero en 1911 y 1913 se le
denunció como traidor. Además de la seriedad de•estas acusaciones las desafortunadas circunstancias acontecieron cuando los historiadores interpretaron a
Reyes y su papel en la Historia de México, contra la luz de los trágicos eventos
que lo envolvieron en una red desde 1909 a 1913. Tal interpretación es injusta para Reyes, quién merece ser juzgado de acuerdo con los tiempos en que
vivió. Fue esencialmente un producto del, y contribuyó al régimen porfiriano
al cual le dio los mejores años de su vida. En comparación con otros funcionarios de su época Bernardo Reyes fue sobresaliente. Sin embargo su vida
desgraciadamente traslapada con el siguiente período de la Historia de México, una época extrafia a Reyes y la era autoritaria que representó. Si Reyes
no pudo aceptar el cargo, no debiese ser juzgado tan rígidamente por causa de
los trágicos eventos que lo envolvieron en los años de 1911 y 1913. Pero el
estudiante de la Historia de México, las personas que atienden a esta conferencia tendrán que decidir por sí mismos. Cualquiera que sea vuestra decisión
,
'
pe~taseme_ cerrar con este párrafo tomado de su querido Alfonso, (q.e.p.d.),
qtuen conoció a su padre tan bien y quien aquilatando las cualidades de un
hombre íntegro, lo amó tanto:
"Cuando la ametralladora acabó de vaciar su entraña, entre el montón de hombres y de caballos, a media plaza y frente a la puerta de
Palacio, en una mañana de domingo, el mayor romántico mexicano había muerto". 1

' ALFONSO RBYEs,

Oración del 9 de febrero. (México, Ediciones Era, t 963) , 23.

475

�E

LA FRAGATA CORSARIO "LA ARGENT! A"
LAS COSTAS AMERICANAS SEPTENTRIO ALES
JosÉ TORRE REVELLO

l. "LA

ARGENTINA"

PARA coNTRARllESTAR LA ACCIÓN de los navíos de guerra españoles y perseguir
su comercio marítimo, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la
Plata resolvi6 establecer el corso, concediendo patente para su ejercicio a toda
persona que armara algún buque destinado a luchar contra las embarcacion
enemigas.1 Para ello promulgó el 5 de mayo de 1817, un reglamento donde,
en cuarenta y seis artículos, se establecían las disposiciones que regulaban las
obligaciones y fines de la guerra que debían sostener los navíos corsarios. 2
En el artículo doce de ese reglamento, se prometía premiar a todo corsario
' La primera disposici6n sobre corso, dictada por el gobierno de las Provincias Uni-

das del Rio de la Plata, fue el D,cr,to para ,1 Corso expedido en Buenos A.ir,s, el 18
de noviembre de 1816. Impreso de la €poca, 4 páginas. Consta de 19 artículos y, en su
prdmbulo, se Ice: "La guerra sangrienta que el rey D. Fernando VII desde su rtstituci6n al trono de sus padres ha continuado por medio de tiranos contra lo puc-blos
del nuevo mundo que han reclamado su inmunidad natural, exige las medidas de
reinstalaci6n que permite el derecho de gentes y hacer sentir a la naci6n española
las consecuencias de la bárbara obstinación de su monarca, fascinado por ministros
corrompidos contra el justo clamor de los americanos injuriados".
1 Antes de promulgarse el decreto del 18 de no\'icmhrc de 1816, que fue reemplazado
por el R,glamento d, Corso del 5 de mayo de 1817, estuvo en vigencia en las Provincias
Unidas del Río de fa Plata, la Ordenanza d, Corso, expedida por el monarca de España,
en 20 de junio de 1801, que consu de 51 artículos, y las adiciones que la compl mentaron. Véase ls1001to Rvtz MoRJ!NO, l,as presas marltimas
la República .Argentina,
prim,ra pn,11 (1810-/830). Estudios editados por la Faculud de Derecho y Ciencias
Sociales de la Universidad de BuCllos Aires, XIII, Centro de Estudios de Derecho Internacional Público, 1926, pp. 149-202, donde se reproducen los textos mencionados de

,n

1801, 1807 y 1817.

477

�•

que apresase alguna embarcación enemiga "con tropas, municiones o útiles de
guerra dirigidos a hostilizar los países de América o reforzar algún punto de
los dominios españoles". En el decimotercero se recomendaba a los comandantes de las naves corsarias, no ser crueles en el tratamiento de los prisioneros,
pero se les encargaba que incendiaran y destruyeran "todo buque enemigo
de alta mar, que por su poco valor no quiseran conducir apresado", prohibiéndose, terminantemente, dejar en libertad, bajo pretexto alguno, o bien
''dejar en poder de los enemigos embarcación alguna de la clase indicada, reputándose como hostilidad al país, cualquiera de esta naturaleza". Además
de lo señalado por dicho reglamento, se acostumbraba entregar a los capitanes
de los navíos corsarios, instrucciones reservadas que se debían tener en cuenta
en circunstancias especiales.
A Hipólito Bouchard, capitán de la fragata corsario La Argentina, a cuyas
hazañas nos vamos a referir, se le extendió su patente en la fortaleza de Buenos Aires, el 25 de junio de 1817.8 Con la misma fecha, se le dieron las instrucciones reservadas, haciéndose constar en éstas, el nombre de su armador,
doctor Vicente Anasta,;io Echevarría. Se e..xpresaba en ellas que la embarcación iba a ser destinada al "corso contra los eneJDigos de la América". Por
uno de sus artículos se precisaba que el gobierno deseaba mantener buena
amistad con todos \os países amigos y neutrales, por lo que recomendaba que
se respetara toda propiedad española que estuviera bajo el amparo de aquellos
pabellones, con excepción de "los géneros prohibidos por contrabando de
guerra; pero toda propiedad que se hallase bajo el pabellón español, sea la
que fuere, será buena presa; previa la declaración del gobierno y los oficiales
al servicio de esta nación serán considerados como prisioneros de guerra".
El corsario, en caso de trabar "combate tremolará el pabellón de las Provincias Unidas, a saber blanco en su centro y celeste en sus extremos a lo largo". Era obligación del capitán del corsario La Argentina, llevar un diario
de sus operaciones, que debía enviar periódicamente a las autoridades.
En otro de los artículos, se le señalaba al capitán del corsario, en fonna
especial, que si en su navegación encontraba alguna expedición destinada contra las Provincias del Río de la Plata, debía tratar de apresar, de truir o incendiar cuantas embarcaciones pudiera, considerándose "este servicio como el
más importante a la justa causa de la América". Además se le recomendaba
que, en caso de que navegase por el Océano Pacifico, considerase el bloqueo
impuesto a las costas peruanas por las autoridades españolas y tratara de
obtener toda clase de informaciones sobre las ideas que pudieran sustentar
' El facsímil, se reproduce en Ruiz MoRENO,

Las presas marítimas, entre pp. 10 y 11.

los habitantes de aquel virreinato, con respecto al sistema de libertad e independencia que se había proclamado en el Congreso de Tucumán.•

II.

EL PRIMER COMBATE NAVAL

El corsario La Argentina era en su origen una fragata mercante española
llamada C~nsecuencia, que había sido apresada por Hip6lito Bouchard, frent;
'3 las batenas del Callao, cuando en 1816 se hallaba al mando de la corbeta
~ada de ~uerra Halcón, en circunstancias que con Guillermo Brown, realizaba su pnmera campaña de corso sobre las costas del Pacífico.6
las úl•:-~
· d agac1ones,
·
h Hipólito
,
•Bouchard era oriundo de Francia y' secrún
o
LJ.J.UaS ID
abna n~c1~0 en Bormes, ?,oblación situada entre Tolón y Saint Tropez -lugar este ultimo que, tamb1en, se le ha señalado como cuna- el 15 de enero
de ~ 780. También se sostiene que pudo haber nacido en Sa~t Tropez " resunublemente" en 1785.6
p
En su j~ventud ~abía sido marino mercante e, incluso, había integrado el
rol de navios corsanos ~n su p~tri~ nativa. Llegó al Río de la Plata en 1809 y,
al estallar. en
·'
. .Buenos Aires al s1gmente año la Revolución de Ma}'º , se adbino
a su~ -~rmc1p10s, al crearse, en 1811, la primera escuadrilla argentina, se Je
confino una de las tres naves que la integraron. Partió, el 10 de febrero del
pu~rto de Buenos Aires hacia un fatal destino. Juan Bautista Azopardo,' Hipólito ~ouchard y Angel Hubac eran "capitanes, respectivamente, de las naves
Invencible, 25 de Mayo y Americana, cuyos nombres inspiraron aquella frase
«L• L as rep:o d,~ce V. MAR.ro QuARTARUOLO, Preparativos para el crucero de la fragata
a Argentina . Apartado del Boletín del Centro Naval, Buenos Airi.-s enero-febrero
de 1953. Vol. LXX, úm. 608, pp. 12-14.
'

1: T. MlimNA, La expedici6n de corso del comodoro Guillermo Brown en aguas del
Pacifico,
·
del I nsbtuto
·
de
. octubre de 1815-junio dt 1816, Buenos Aires. Publ:ca
• c10nes
1nves~gacioncs Históricas, número XLI, 1928; RICARDO R. CAILLET-Bots, Nuestros
.corsarios: l, Brown Y Bouchard en el Pacifico, 1815-1816, Buenos Aires, Publicaciones
&lt;lel
de Investigaciones Históricas, número LII ' 1930• y HÉC'IOR R . ~T'IO,
n •
H' Instltuto
.
i.stona de Brown, Buenos Aires, Biblioteca de la Sociedad de Historia Argentina VIII
1939, t orno J , p. 125 Y Slgts.;
·
·
'
'
del nusmo
autor: Capitán de navlo Hip6lito Bouchard
"Buenos Air~s, Secretaría de Estado de Marina, Departamento de Estudios Histórico:
Navales, sene C, número 2, 1961, pp. 30-36.
1

• ~"RANCtsco LA1ous, Identidad del capitán de navío Hip6lito Bouchard, en la
Naci6n, ~ucnos_ ~es, 10 de noviembre de 1962, p. 6. Ver la nota del Departamento
&lt;le Estudios Históncos avales, que firma Humberto F. Burzio en Ratto Capitán
ae navío Hip6lito Bouchard, pp. 71-72.
'
'

479
478

�de esperanza de que "a partir del 25 de mayo sería invencible la causa
americana". 1
La pequeña flotilla, cuyo mando ejercía Bouchard, cuando semanas más
tarde remontaba el Paraná, advirtió que iban en su seguímiento naves españolas procedentes de Montevideo, que respondían a las órdenes de Jacinto
de Romarate. El 2 de marro resolvió el jefe patriota fondear frente a San
Nicolás de los Arroyos, en donde se trabó la lucha en forma desigual para los
argentinos.ª
AJlí "fue destnúda completamente la flotilla patriota". A raíz de ese desastre, Bouchard "se alistó en 1812 en el famoso Regimiento de Granaderos
a Caballo que organizaba San Martín. A sus órdenes se halló el año 13 en el
combate de San Lorenzo, tocándole la fortuna de arrebatar de manos del
enemigo la bandera española, que fue el trofeo de aquella jornada, aunque
algunos le disputan esta gloria, que, sin embargo, se funda en el testimonio del
mismo general San Martín". 9
Después de la actuación de Bouchard, a la que nos hemos referido, ~ue
hizo con Brown en el Pacífico, retomó a bordo de la fragata Conserne11c1a a
Buenos Aires, en donde el tribunal respectivo la consideró buena presa. En
esa circunstancia fue adquirida por el doctor Vicente Anastasia de Eche arría,
armador que había sido también de la corbeta corsario Halcó11. 1º

RATTo, Brown, tomo I, p. 24; del mismo autor: Bouchard, pp. 15-20.
Véase: ~1.1.CE0ES G. AzoPAJlDO, Corontl dt marina Juan Bautista A:opardo, BueAires, Departamento de Estudios Hist6ricos ·avales. serie C, núm. 3, 1961.
BAII.TOLOMÉ M1T1.1.E, El cruc11ro dt "La Argentina" dt l 817-1819, en Obras Completas, de Bartolomé Mitre, Buenos Aires, 1949, volumen XJI, pp. 82 Y sigtes. La
primera edición de este estudio, se publicó en la R11uista d11 Bu~nos. Aires, de 1864,
tomo IV, y en seguida fue reproducido en folletos en ':aJpara1so imprenta de ~
Patria, 1864. Este estudio sobre 1 crucero de La Argenlma, es uno de los tr~baJoS
capitale., sobre el tema, por las fuentes inEditas que se utilizaron en su redacc16n Y
que son la base de cuantos se han ocupado sobre el asunto. En el parte del combate
de San Lorenzo datado en el lugar de la acción, por el entonces coronel José de
San Martín el ~uno día. del triunfo -3 de febrero de 1813- , se lec: "una bandera
que pongo ~n manos de V. E. la arranc6 con la vida del abanderado el, valiente oficial don Hipólito Bouchard". Figura incorporado este documento en Jos&amp; Tou&amp; RBVELLO Selecci6n de documentos relativos al Libertador don JosJ de San Mardn, Buenos Aires, Instituto acional Sanmartirúa.no, 1953, pp. 42-43, transcribiéndolo de la
Gazeta Mini.stllrial del Gobierno de Bu11nos Aires, viem s 5 de febrero de 1815, núm. 4-t-,

'
•
nos
•

pp. 19-23; Ratto, Bouchard, pp. 23-24.
.
. .
,. L.EWlS Wu:KLER B&amp;ALER, Los corsario1 de Buenos Aius. Sus actividades en_ las
gue,,-as hispano-americanas de la. ind~p1mdencia, 1815-182 l, Buenos Aires, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Hist6ric.,s, número LXXII, 1937, p. 124.

480

III. LA

PARTIDA

Después de efectuarse a la fragata, cuantas reparaciones fueron convenientes, la dotaron del debido armamento y de la tripulación necesaria para
el viaje, que iba a emprender y cuyo cmcero y tiempo empleado no pudieron
calcular ni el armador, ni su valiente capitán. Dos días antes de levar anclas
el navío corsario del puerto de Buenos Aires, se amotinó la marinería que, al
igual que la tripulación, era integrada por personas de distintas nacionalidades
europeas y americanas. Según lo expresó su mismo armador, la fragata La
Argentina, era "de 464 tonelada, 100 pies de quilla; piezas de artillería 34:
18 de a 8 y 16 carronadas de a 12. Marinería y toda tripulación completa
180 hombres" .11
Acompañaban a Bouchard, en el cuadro de oficiales, su segundo athan
Somers, Guillermo heppard, Luis Crassack, Miguel Burguess, Guillermo P.
Milis, Colverto Thompson y José María Píriz, que dejó escrita una relación
del ,·iaje y que actuaba de comandante de la tropa. 32 A bordo figuraban dos
hermanos políticos de Bouchard, el sargento voluntario Cayetano Merlo y
el pilotín Juan Agustín Merlo. is
Había otros dos pilotines más: Andrés Górnez y Tomás Espora; este último hada después famoso su nombre en la guerra contra el imperio del
Brasil. 11 Como médico actuaba el doctor Bernardo Copacabana.
u ANGJ?L JusTINIA ·o CAR.RANZA, Campañas naval11s d11 la República Arg11ntina,
Cuadros Hist6ricos, Buenos Aires, 1916, tomo III, Guerra de Corso, 1815-1821, cap.
VIII, Bouchard - La Argentina, p. 105. Existe una R,lación de W armas, municiones
Y demás pertrechos mandados entregar por el Gobierno en decreto d11 16 de abril último,
Para habilitaci6n del corsario la fragata "Argentina'' . . . Buenos Aires, mayo 30 de
1817. Juan ]oJJ de Sarratea. Fue publicada por F1usuTo º" OuvEJRA CÉzAR. El
corsario "La Argentina", Buenos Aires, 189+, p. 17. Sobre el estado del armamento se
ocupa QuAI.I.TARUOLO, Preparativos para el crucero de la fragata "La Argentina", pp.

14-15.
u JosÉ MAJÚA PÍRcz, M,moria exacta y puntual de todos los sucesos y méritos más
distinguidos qu11 superamos y labramos el señor comandante d11 la fragata de guerra
don Hipólito Bouchard y yo como comandante de las tropas de este buqu, ni la ex-

pedición que hicimos a los rumbos del nortt con las patentes corresponditntes de nutstro supremo dirutorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Santiago de Chilt·,
lo. de octubre de 1819. Fue publicada por el capitán de fragata TEOOORO CAILL&amp;T·
Bors, El Manuscrito de Plriz, crucero "La Argentina", en Boletín del Centro Naval,
Buenos Aires, 1929-1930, tomo XLVIII, pp. 623-626. P[riz había nacido tn 'Montevideo.
u Bouchard se había nacionalizado como ciudadano de las Provincias Unidas del Río
de la Plata y había casado en 1812 con Norbcrta Merlo, cuyo d eceso ocurri6 en 1869,
ui la ciudad de Montevideo.
11
Era natural de Buenos Aires ( 1800-1835) . Sobre este insigne marino publicó cl

481
1131

�Al sonar el 27 de junio de 1817 el estampido del cañonazo de leva, eran
izadas en las balizas exteriores del puerto de Buenos Aires las anclas de la
airosa fragata, mientras en lo alto del palo de mesana ondulaba suavemente
la bandera blanca y celeste de la nueva nación, que era saludada al grito de:
"¡ viva la patcia!" 15 El navío enfiló su proa hacia la Ensenada de Barragán. 16
Allí quedó de estación algunos días, y el 9 de julio -primer aniversario de la
proclamación en 1816 de la Independencia Argentina- inició su viaje con
rumbo al cabo de Buena Esperanza, para dirigirse a Madagascar, a surtirse de
víveres y hacer aguada. El 4 de septiembre, fondeaba en uno de los puertos
de la isla Tamatava, donde Bouchard fue requerido por un oficial inglés allí
destacado, para que impidiera el embarque de negros que habían sido adquiridos como esclavos, hasta que arribara el navío de su nación destinado a
esa vigilancia. Bouchard 1 correspondiendo a lo resuelto por el gobierno de
capitán de fragata Héetor Raúl Ratto varios estudios, que culminaron en el tit~do
volumen Espora, 1835-1935, impresión dispuesta por el Centro Naval al cumplme
el centenario de su fallecimiento, ilustraciones de EMlLIANO Ce.LERY, Buenos Aires, 1935,
el nieto, JuAN M. EsPOllA (1862-1907), public6 Episodios Nacionales. Hay reimpresión.
prolongada por ENR.IQUB UoAONDO, Buenos Aires, 1945. En las pp. 59-63, dedi~ el
titulado Por la vida de un hombre, a referir las incidencias del viaje de La Árgenhna.
u Hip6lito Bouchard, en extensa carta que remitió al Gobierno de Buenos Aires,
expuso las incidencias de su crucero, que ha sido utilizado por cuantos autores trataron
el tema, desde que el general Mitre la empleara en su estudio. Se fecha en las islas
Tres Marías (frente a San Bias), el JO de febrero de 1819 y la dirigió al Director
Supremo de las Provincias Unidas. Se conserva el original en el tfrchivo General de
la Nación, Buenos Aires, Sala X, cajón 25, anaquel 2, número 6. A la vista de la
misma, publicó el armador de la nave, V1CBNTE ANASTASIO DE ECREVAIUÚA, Relación de los viajes de la fragata Argentina contra los españoles 1n la India y otros puntos,
Buenos Aires, imprenta Independencia, 1819, 22 páginas. Sobre la personalidad del
ilustre marino se ocupó el capitán de fragata HÉCTOR RAÚL RAT'I'o, en Bouchard, en
Boletín dal Centro Naval, 'Buenos Aires, 1936, tomo LV, pp. 401-412, en De la Marina
Heroica, Buenos Aires, 1936; cuya reedición publicó el Departamento de Estudios
Históricos Navales, con el título: Capitán de nav!o Hipólito Bouchard, Buenos Aires,
1961 que hemos citado y en Bouchard y la primera etapa del crucero La Argentina en
La Prensa, Buenos Aires, 9 de mayo de 1937, año LXIX, (núm. 24. 535), segunda
sección, p. l.
,.. Con motivo del traslado de La Arg1111tina a la Ensenada de Barragán, se hicieron,
en su tiempo, muchos comentarios sin fundamento. Ello obe~ecía, simplemente, a dar
cumplimiento a la orden del ministro de marina, Matías de Irigoyen, que en 18 de
marzo de 1817 mandó que los buques que demoraran en sus eargamentos, se trasladasen
al lugar referido o a cualquier otro puerto que pudiera convenirles a sus capitanes,
para que las baterlas de Buenos Aires y los navfos de guerra, pudieran actuar libremente contra cualquier ataque enemigo. QuARTAAUOLo. Preparalivos para el crucero
de la fragata "La Argentina", p. 16.

482

Buenos Aires, puso el poder de su fuerza al servicio de la humanidad, impidiendo ese vergonzoso comercio.17
Otro de los marinos que actuaron en esa ocasión, Julián Manrique, dejó
escrita una relación, en donde, al referirse al episodio mencionado, anotó:
"La introducción a ese paseo triunfal de aventuras y hazañas sin rival de nuestro capitán fue el de dar libertad al cargamento de esclavos de cuatro barcos
franceses e ingleses que se habían campado en aquella isla y que Bouchard
poniendo en práctica las declaraciones de la primera Asamblea Nacional declaró libres". 18 Según dejó escrito Bouchard, parte de los buques "tenían embarcado una porción de negros" que hizo desembarcar. Firme en su decisión,
evitó que esas naves pudieran alcanzar sus propósitos hasta la llegada de la
corbeta inglesa Conway, cuyo capitán le dio las gracias en nombre de la
civilización. 19

IV.

NAVEGACIÓN HACIA ÜRIENTE

De ese lugar partió La Argentina el día 16 con rumbo a Oriente, con el
propósito de interceptar alguna nave española de la Compañía de Filipinas,
lo que no pudo lograrse porque hacía algunos años que se habían suspendido
los viajes. Cruzando el estrecho de •la Sonda, el 7 de noviembre arribaba la
nave a la isla de Java. Durante la travesía, entre la gente de abordo, se babia
declarado el escorbuto, lo que redujo sensiblemente su tripulación. Al siguiente
día levaba anclas y el 7 de diciembre penetraba en el estrecho de Macassar,
donde se le enfrentaron cinco naves piratas tripuladas por malayos, una de
las cuales, enarbolando una bandera negra, la abordó. Se luchó tenazmente
durante hora y media, hasta que pudo dominarse a la embarcación pirata. A
bordo de la misma se hallaron cuarenta y dos hombres, a los que se resolvió
juzgar por medio de un consejo de oficiales. pe ellos veinticuatro eran jóvenes,
que se mandó embarcar en la fragata, mientras los restantes, teniendo en
17 Las resoluciones de la Asamblea Constituyente, que sesionó en Buenos Aires, con
fecha 2 y 5 de febrero de 1813, declaraba libre a todo hijo de esclavo nacido en las
Provincias Unidas del Río de la Plata, a partir del 31 de enero de dicho año, en
adelante; y a todo esclavo que, procedente de países extranjeros, fuera introducido en
su territorio. Registro Oficial de la República Argentina, q1" comprende los documentos
expedidos desde I 810 hasta I 873, Buenos Aires, 1879, tomo I, p. 194, números 395
y 397.

,. V. MARIO QuAR.TARUOLO, La Argentina rumbo a Oriente, (Apartado del Boletín
del Centro Naval. Buenos Aires, mayo-junio de 1953, \'ol. LXXI, núm. 610), p. 5.

,. MITRB, Obras completas, vol. XII, p. 84.

483

�cuenta que habían aprisionado una nave portuguesa y que asesinaron a cuantos en ella viajaban, fueron condenados a muerte, hundiéndose a cañonazos
la embaTcación en donde se encontraban. Entretanto, las otras naves piratas
se perdían en el horizonte. Mitre, refiriéndose a ese acontecimiento, escribió:
"aquella embarcación -La Argentina- que había salido a cruzar los mares en
busca de tesoros y barcos españoles, se ensayaba en su crucero alcanzando dos
victorias benéficas para la humanidad: primero sobre los traficantes de carne
humana que violaban las leyes de Dios, y luego haciendo una terrible justicia
en medio de la soledad de los mares, castigando a los que violaban las leyes
de los hombres" .20
Proseguida la navegación, ya iniciado el año 1818, la fragata se detuvo en
la isla de Joló, dirigiéndose después hacia la de Luzón, para pasar a la bahía
de Manila, donde a partir del 31 de enero estableció Bouchard un riguroso
bloqueo, al que dio término el 30 de marzo. Durante ese lapso fueron hundidas
dieciséis embarcaciones españolas cargadas de azúcar y arroz no registrándose
el tonelaje de esos navíos en ninguno de los documentos conocidos. El 9 de
abril fue avistado un bergantín español que al advertir la presencia del corsario, se refugió en el puerto de Santa Cruz. Ansioso de apresarlo, despachó
Bouchard tres botes de La Argentina, al mando de su segundo, Nathan Somers.
Este se adelantó con la embarcación en la que iba, que zozobró al chocar con
el bergantín, siendo muertos quince de sus tripulantes, juntamente con omers.
Ante ese terrible contraste, al siguiente día insistió Bouchard en su propósito,
alcanzando su objetivo el oficial Luis Crassack. Bouchard resolvió llevar consigo esa nave, poniéndola al mando de Colverto Thompson. Tres dias más
tarde, apresaba frente a Luzón una goleta española con un \·alioso cargamento. Ambas naves, debido a un temporal que habría de desencadenarse, fueron perdidas de vista y para reunirse con ellas, La Argentina fondeó el 8 de
mayo en el puerto de San Ildefonso, donde quedó de estación una quincena, sin
que aparecieran las embarcaciones perdiéndose, expresa Mitre "La presa más
valiosa del crucero".

v.

HAWAJ

El corsario prosiguió su v1aJe con rumbo a las islas Sandwich (Hawai),
donde arribó el 17 de agosto. En ese lugar se informó Bouchard que el monarca de las islas había adquirido una nave de guerra. Cuál sería su sorpresa
al advertir que se trataba de una embarcación corsaria de Buenos Aires, la
,. MITRE, Obras completas, vol. XII, p. 87.

484

corbeta Santa Rosa, llamada también Chacabuco, que había partido del puerto
argentino casi poco más de seis semanas antes. Se informó también Bouchard
que su tripulación se había sublevado y, después de ejercer la piratería dirigida por el piloto McDonald, se había presentado en la bahía de Kealakekua,
donde había sido vendido al rey Kamehameha I. n
El capitán de La Argentina se entrevistó con dicho monarca, obteniendo
su devolución previo pago de una suma convenida, más el importe de los
gastos ocasionados por la tripulación. Según refiere Píriz, se celebró con el
soberano "un tratado para paz, guerra y comercio, quedando obligado el rey
con esto a remitir a disposición de nuestro supremo gobierno todos los buques
que arribaron por aquellas costas como la Chacabuco, y a damos hombres y
auxilios cuantos se le pidieren a nuestro socorro, reconociendo desde entonces
nuestra independencia. El señor comandante lo congratuló, dándole una rica
espada, sus mismas charreteras, su sombrero y un uniforme a nombre de nuestro supremo gobierno y también título de teniente coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata". 22
Cuando arribó La Argentina a Hawai -dice Peter Comey-, testigo de
ese hecho, constituían el armamento del corsario, cuarenta y cuatro cañones
"y pertenecía a los independientes de Sud América, siendo su comandante un
francés llamado Hipólito Bouchard. Muchas presas había hecho durante el
crucero realizado, pero ninguna de ellas era de valor. Su tripulación estaba
muy enferma, y de los 260 que la tripulaban, escasamente había número suficiente con que atender el trabajo del barco". Más adelante, recuerda, "habiéndole inspirado gran afecto -a Bouchard- me pidió aceptara el mando
de la Santa Rosa, a lo que accedí, asumiendo su comando en el mes de octubre de 1818". 23
" Mrne, Obras completas, vol. XII, pp. 88-92; BEAJ.ER. LoJ corsarios de Buenos
Aires, pp. 132-140.
.., Refíri6ndose a este hecho BRALER. (Los corsarios de BuenoJ Aires, p. 138) lo pone
en duda, mencionando lo expuest.o por el historiador hawaiano Lydccker. En un dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Buenos Aires, titulado El país que
,uonoció en primer thmino la independencia de la República Argtnlina, qucr se asienta
que Píri?. en su J.femoria y Boucharcl, en su Relaci6n, "por error cona:ptual hayan denominado tratado a un mero conveni01 o negociaci6n con cl objeto de la entrega de. la
corbeta Santa Rora de Chacabuco". Más adc1antc, se manifiesta; "De acuerdo con lo
expuesto puede afirmarse, sin lugar a dudas, que Hawai no reconoció por acto unilateral ni bilateral la independencia de lllS Prouincias Unidas del Rfo de la Plata".
Cfr.; Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1950, 1951, vols.
XXIV-XXV, pp. 685-690.
" Sobr-e el arribo de la Sanla Rosa a Hawai, véase a HoRAc10 Boss1 CÁCBRES,
Peter Corney y el i;rucero de "La Argentina", tradu,ción y notas de ... en Boletín del
Instituto de Investigaciones Históricu, Buenos Aires, 1929, tomo VIII, p. 28 y siguientes.

485

�Ambas naves recorrieron juntamente el archipélago, logrando, con la ayuda de los naturales, capturar a más de setenta hombres que habían pertenecido
a la dotación de la Santa Rosa,2" que fueron juzgados por un consejo de
guerra. 25
Después de los acontecimientos narrados, ambas naves levaron anclas con
rumbo a las costas americanas septentrionales. Durante la travesía, se adiestró
a la tripulación, preparándola eficientemente para la lucha, en el manejo de
las armas individuales y en el uso de los cañones, leyéndoles frecuentemente
las leyes militares, cuyas disposiciones eran estrictas, castigando todo acto de
insubordinación con la pena de muerte.

VI. EN

LAS COSTAS AMERICANAS

En su memoria, anota Píri.z que en la navegación alcanzaron hasta los 36
grados Norte, arribando a la bahía de San Carlos de Monterrey, Alta California, el 22 de noviembre. En ese lugar existía un fuerte guarnecido por
tropas españolas que Bouchard se propuso desmantelar. Peter Comey fue destinado con la Santa Rosa a tomar poseción dentro de la bahía para iniciar
el ataque. La entrada se hizo de noche y su capitán no advirtió que Ja nave
quedaba dominada por la batería de tierra, integrada por dieciocho piezas de
artillería. Seguidamente, despachó Bouchard, desde La Argentina, los botes
con la gente que debía efectuar el desembarco, quedando a bordo de la fragata cuarenta hombres. Ejecutado el traslado, la tropa llegó a la corbeta casi
extenuada. Guillermo Sheppard, que debía dirigir la operación, se hallaba a
bordo y resolvió demorarla, para que los hombres se recobrarán con 1 algún descanso. Al amanecer, se advirtió que la Santa Rosa quedaba a merced de los
1'

Boss1 CÁCEREs, Peter Corney, pp. 30-31. Refiriéndose Peter Corney a la Sanla

Rosa,, escribe que era un navío construido en Norteam~rica, "de 300 toneladas de
porte, con 18 cañones de 12 y 18 libras; la tripulación estaba constituida por cien
personas, de las que treinta eran nativas de las islas Sandwich, y el resto estaba formado
de americanos, españoles, portugueses, criollos, negros, manilas, malayos y algunos ingleses".
11 En Atooi, fue apresado uno de los tripulantes de la Santa Rosa, de apellido Griffiths, que aparece entre los principales jefes de los sublevados, que había ejecutado
y ordenado actos de pirateria. Fue abandonado, después, por MacDonald, y haciéndose
de un bergantín, arribó al archipiélago. Se le formó consejo de guerra, que lo condenó
a muerte, cuya sentencia se cumplió en la playa, dos horas más tarde. Otro tl'ipulante
que había sido condenado a la misma pena, obtuvo la conmutación de ésta poJt la de
azotes". Se aplicó la pena de doce docenas de azotes a otros doce condenados. Boss1
CÁOERES, Peter Comey, pp. 31-32.

486

cañones de tierra, que con sus disparos, la obligaron a rendirse. Los españoles,
como carecían de embarcaciones, no pudieron hacer efectiva la posesión de la
corbeta. En esta situación -23 de noviembre-, Bouchard envió un emisario
a tierra intimando al jefe de la guarnición la libertad de la nave y la entrega
de la plaza. En contestación, se le pidió un fuerte rescate a cambio de la
corbeta rendida. Lo importante, en ese momento, era dilatar las negociaciones,
mientras se planeaba, para esa misma noche, el rescate de los hombres que se
hallaban a bordo de la Sanla Rosa en condiciones de reanudar la lucha.
Llegada la noche, mientras en tierra se festejaba ruidosamente el triunfo
alcanzado, Bouchard hacía trasladar con sus botes, desde la corbeta, a La
Argentina, todos· los hombres en condiciones de luchar, mientras los lamentos
de los heridos hacían confiar a la guarnición la seguridad de su presa.
Al amanecer del día 24, se preparaba a bordo de La Argentina un desembarco, que se llevó a cabo a las ocho, en Punta Pinos, lugar que escasamente
distaba tres millas al oeste del fuerte. Las fuerzas eran dirigidas por Bouchard y
las integraban 200 hombres, de los cuales, 130 iban armados con fusiles y los
restantes, en su mayoría hawaianos, llevaban lanzas como única arma. La
guarnición de la plaza salió al encuentro montada a caballo, la que, al ser
castigada por los disparos de los fusiles, dio la espalda y huyó hacia la población. A las diez, en lo alto del mástil del fuerte, tremolaba el pabellón
blanco· y celeste. Durante seis días dedicó Bouchard a sus hombres a inutilizar
las defensas, arrasando hasta los cimientos, al igual que los edificios dedicados
a cuartel y presidio, respetando, únicamente, los templos y las moradas de los
nacidos en América. Sólo fueron trasladadas a la fragata La Argentina, dos
piezas de artillería de bronce y un número de barras de plata. Entretanto se
reparaba febrilmente la corbeta 'Santa Rosa, para proseguir el crucero. 26
Ambas naves levaron anclas de Monterrey, el 29 de noviembre, con rumbo
al rancho denominado El Refugio, propiedad de un acaudalado español que
había "hecho pasar -escribió Bouchard- bastante martirio a los patriotas
de México". El 4 de diciembre fondeaban las naves frente al' referido lugar.
Fueron enviados a tierra 60 hombres armados, para que tomaran posesión del
rancho, que había sido abandonado por cuantos lo habitaban. Se surtieron
debidamente de víveres, perdiéndose en esa acción como prisioneros, un oficial y dos soldados, dedicados a esa labor. Antes de levar anclas las embarca&lt;:iones, se dieron a las llamas todas las viviendas del rancho. Las proas de las
dos naves corsarias se dirigieron el día 7 con rumbo a la misión de Santa
Bárbara, donde arribaron al día siguiente, rescatando seguidamente a los prisioneros a que hemos hecho referencia, y entregando en su lugar, al único
que en esa condición iba embarcado. El 11 se dieron nuevamente a la vela
" Boss1

CÁcl!RES,

Pet11r Corney, p. 32.

487

�y el 16 fondearon frente a la misión de San Juan Capistrano. Al comandante
de ese lugar, pidió Bouchard. que le vendiese algunos víveres que le eran necesarios y éste, le hizo responder de palabra, "que tenía bastante pólvora· y
bala para darle". Una respuesta tan altiva no podía quedar impune y, ese
mismo día, el jefe corsario inició los preparativos para efectuar un desembarco, que en la fecha siguiente se puso en práctica, con un contingente de
hombres que, a las órdenes de Peter Comey, llevaban por objeto ocupar la
población. A las diez de la mañana de ese día -17 de diciembre-- era ocupado el lugar, señalando Comey en su relato que los hombres que actuaron a
sus órdenes, alcanzaban a 140. "Al desembarcar -anotó- un destacamento
de caballería avanzó hacia nosotros y nos hizo algunos disparos, huyendo enseguida hacia el pueblo. No hubo resistencia, y pronto fuimos dueños de la
localidad, la que, después de almorzar, nuestra gente comenzó a saquear, encontrando al pueblo bien provisto de artículos en general, con excepción de
dinero. La mayor parte de los edificios públicos fueron destruídos, lo mismo
que gran cantidad de vinos y licores; los almacenes reales fueron incendiados,
como igualmente los cuarteles y casa del gobemador".27
Después de exponer los hechos referidos, recuerda Corney que el 23 -por
24 de diciembre-- divisaron las islas de los Cerros, donde permanecieron algún tiempo, reparando las embarcaciones. 28 De alü partieron el 17 de enero
de 1819, con destino al puerto de San Bias, para bloquearlo, medida iniciada
el día 25 y que fue mantenida por espacio de un mes, llenando de incertidumbre y temor a las autoridades españolas. Levantado el bloqueo, las naves
corsarias, a la vista de la costa mexicana, se dirigieron hasta Acapulco, de
donde siguieron hacia el puerto de Sonsonate. En ese lugar, informa Píriz en
su memoria, sacaron "un bergantín que estaba anclado bajo sus baterías con
todo su cargamento, capitán y parte de su tripulación. Con las noticias que
nos dio este capitán que acababa de llegar del puerto del Realejo, supimos
que allí estaban anclados cuatro buques; y con el deseo de no dejarles marirr M1T1ui, Obras completas, vol. X'.II, pp. 99-105; ANOEL JusTINlANO CARRANZA,
Campañas navales de la República Argentina, Cuadros hirtóricos, Buenos Aires, 1916,
tomo III, pp. 124-128; BEALER, Los corsarios de Buenos Aires, pp. 141-144; V. MARIO
QuARTARUOLO, "La Argentina" en las costas del Paeífico Americano (Apartado del
Boletín del Centro Naval, Buenos Aires, 1953, vol. LXXI, núm. 612; 1954, vol. LXXI,
núm. 614) pp. 8-18; Boss1 CÁcEREs, Peter Comey, pp. 32-35; y Capitán de fragata
TEOOORO CATLLET-Bors, El "Año de los Insurgentes", Bouchard en la costa de California en Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires, 1934, tomo
XVII. pp. 322-336, obra donde se citan las fuentes principales relativas al tema, y a
la vez se señala la deficiente información que, sobre la actuación de Bouchard en las
costas americanas. registran HuBERT HowE BANCROPT, History o{ California y THEOnou H. HrTTEL, History o/ Calif omia; Ratto Boucliard, pp. 52-53.

488

na, y nos acercamos a él, en distancia de ocho leguas, poco más o menos. Aquí
nos pusimos a la facha, para nq ser vistos, y con la obscuridad de la noche
aprestamos dos lanchones con una pieza de cuatro cada uno y la dotación
necesaria de gente con los pertrechos". A la siguiente mañana, abordaron los
buques y los sacaron fuera del puerto. Dos de ellos, e[ bergantín San Antonio
(a) La Concordia y Lauterana, fueron entregados a las llamas y los otros dos,
goleta María Sofía y lugre San José (a) Neptuno, se incorporaron a los cor·sarios, con todos los tripulantes, artillería y pertrechos, sirviendo de embarcaciones auxiliares.
Antes de retirarse la escuadrilla de Bouchard del puerto de Realejo, advirtió la presencia de un bergantín que enarbolaba bandera española y que le atacó resueltamente, disparando contra la Santa Rosa, causando varias víctimas entre sus tripulantes. Cuando se iba a generalizar la lucha, el bergantín enarbo16 la bandera chilena. Se trataba del corsa1io de dicha nación amiga, llama,do El Chileno. 29
A consecuencia de este error, habría de sufrir después Bouchard graves
~cusaciones.

VII.

HACIA VALPARAÍso

Después de ese acontecimiento, despachó Bouchard la Maria Sofía, la
.Santa Rosa y el Neptuno con dirección a Valparaíso, siguiendo La Argentina en último lugar. El primero de los nombrados anib6 al puerto recordado
-el 3 de julio juntamente con el segundo; el tercero el día 12 y el último el 14.
Antes de arribar Bouchard, los tres navíos anteriores habían sido detenidos
por orden del vicealmirante lord Cochrane y, al Jlegar Bouchard, por la ac1itud que éste asumió en defensa de sus naves, fue encarcelado. Se le acu·saba de haber ejercido la piratería.ªº Se le inició un proceso que ha sido es2ll Corney le da, en realidad, el nombre de Ceres; otras fuentes la recuerdan con el de
"Los Cedros". Bouchard, expresa al mencionarla: "Isla del Cerro en la costa de
'California".
e. MITRE, Obras completas, vol. XII, pp. 109-110. CARRANZA, Campañas Navalts,
·tomo III, pp. 128-133; y B!!ALER, Los Corsarios de Buenos Aires, pp. 146-147.
.. En reaUdad, las fechas de arribada que anotan los distintos autores, no concuerdan. En informe de Lord Cochrane, de 9 de julio de 1819, dice lo siguiente: "Anoche
:atracó en el pui:rto un bote que daba lugar a sospechas; la persona que lo mandaba
manifestaba mucha ansiedad por regresar inmediatamente a su buque. Pedí al gobernador lo detuviese mientras yo destacaba al Galuarino a examinar el barco. Vuelve
-ahora el Galvarino conduciendo un buque que tiene todas las circunstancias que usualilllCntc constituyen los piratas, y a más otro barco y una goleta que ha detenido como

489

�tudiado por un destacado historiador de la marina argentina, 81 quien señaJa que Cochrane, en sus Memorias, nunca menciona a Bouchard. "Sin embargo -expresa- la llegada a Valparaíso de una expedición de cuatro barcos,
fragatas dos de ellos, fue sin duda acontecimiento de importancia en momentos que tanto necesitaba de hombres y barcos para la gran expedición. 82 Es
que este asunto le hace poco favor, y por los disgustos que dio al gobierno,
debió a la larga causarle daño al lord, contribuyendo al vacio que se le formó
y motivaría su retiro de Chile poco después. Respecto a los móviles que le
impulsaron en la acusación de piratería contra Bouchard, el general Mitre
los atribuye a su codicia desenfrenada. No cuesta creer esta explicación, por
más que no haya casi páginas de las M emoria.s de Cochrane que no hable
de dinero, y por más que Bouchard indignado por el saqueo de los barcos diga que 'no buscan más que cajones de oro y plata, los millones de onzas de
oro que ellos dicen; 150,000 pesos no pueden reparar la falta'. Creeríamos
más bien que obró en un principio de buena fe, aunque con increíble falta
de juicio sin prever consecuencias". 58

VII1.

SE PROCESA A

BoucHARD

El armador de La Argentina, Vicente Anastasia de Echevarría, designó a
Juan José de Sarratea con carácter de apoderado en Chile en defensa de sus
intereses, quien al informarle, desde Santiago, a 27 de agosto, le manifestaba:
"Por más que trabajo no puedo adelantar mayormente sus negocios. No hay
demonio que no haya tratado de mortificar a Bouchard; el comandante inglés de la Andrómaca se queja de que un bergantín inglés ha sido robado por
presas". Capitán de fragata TEOD&lt;&gt;RO CAILLET-Bo1s, El Proceso Bouchard, Buenos
Aires, P11blicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, número LXIX, 1936,
p. 9. "La Argentino fue secuestrada; muchos de sus hombres, junto con los de los
otros barcos, tomaron servicio en la armada chilena o en el ejército de San Martín;
otros, además se embarcaron de vuelta hacia Buenos Aires lo meJor que pudieron".
BEALRR, Lo1 Corsarios de Buenos Aires, p. 150.
., TEODORO CArLLET-Bo1s ( 1879-1949). Entre las múltiples obras que produjera&gt;
figura también una Historia Nauol Argentina, Buenos Aires, Emecé, Editores, 1944.

Se refiere el autot a la Expedición Libertadora a1 Perú, que se estaba organizando
entonces en Chile, a la que se incorporó Bouchard, a las órdenes de San Martín. En
cuanto a la fragata, retomó su primitivo nombre Consecuencia, y tuvo por capitán a
Pedro Dronct, integrando 1a misma 0pedici60 como transporte.
12

., TEODORO CAILL'BT-Bo1s, El Proceso Bouchord, pp. 46-47. Sobre el proceso también se ocupa Dumo BARROS ARANA, Historia General de Chile, Santiago, Rafael Jover editor, 1892, tomo •XII, pp. 310-316.

490

La Argentina; el piloto de la goleta 'Sofía le reclama por ser danesa. Este gobierno lo acusa de algunos actos de piratería) pero todo emana de declaraciones que han dado algunos marineros borrachos y dos oficiales a quienes Bouchard traía con grillos. A no ser que las arbitrariedades continúen hasta aquí:
no dudo saldrá completamente vindicado el nominado Bouchard". at
Después de varios meses de cárcel, fue interrogado Bouchard el 22 de noviembre, quien contestó a cada uno de los cargos que se le hicieron, figurando entre ellos, el haber continuado ejerciendo el corso, no obstante haberse
vencido su patente y haber autorizado a hacerlo a sus presas. A todo ello, respondió que "sus despachos le facultan para trasladar a sus subalternos, sin limitación, la propia autorización dP. corsario; ni podía dejar de arbitrar todos los medios necesarios a hacer respetar su expedición cuando había los mayores riesgos enemigos. Todas las ordenanzas le conceden estas facultades":85
En tan dificultosa situación, intervino Tomás Guido, representante argentino acreditado ante el gobierno de Chile, interesándose por el ilustre marino
que había paseado por todos los mares la insignia argentina, alarmando con
sus hazañas a iaJ¡ autoridades españolas, contra cuya nación !uchaba. 36
La solución de la causa se iba dilatando más cada día, mientras la nave era
despojada de sus cañones y arboladura, aparejo y cuantas otras cosas útiles
poseía.

IX.

SENTENCIA

Finalmente, el 7 de diciembre de 1819, el tribunal que siguiera el proceso,
dictaba la siguiente sentencia: ''En consideraci6n a1 actual mérito del proceso, a lo expuesto por el señor fiscal y por el defensor del teniente coronel don
Hipólito Bouchard en el auto de la relación de la causa, y a los perjuicios consiguientes a su proceso (después de lo que ha ocasionado una retardación que
no ha estado al alcance de la comisión evitar) se declara que, afianzado competentemente al teniente coronel Bouchard toda responsabilidad por las reclamaciones entabladas sobre la goleta María Sofía, queda absuelto de la
instancia del presente juicio y sus formalidades. P6ngasele en libertad: y de.. BENJAMfN VlLLEGAS BASAVlLBASO, Apresamiento de la Fragata Corsario "La Ar-

gentina" (1819), en Boletín del Centro Naual, Buenos Aires, 1911, p. 467.
" TEODORO CAtLl.ET-Bors, El Proceso Bouchard, p. 42.
• El fiscal Argomedo intervino en la causa y expresó en su requisitoria: "no habrá quien lea las diligencias y no crea al capitán un verdadero pirata, ni quien no se
admire, igualmente, de la formal oposición que hizo cuando se trat6 de registrarle el
buque". TEODORO CAJLLET-Bo1s, El Proceso Bouchard, p. 43.

491

�,'l.lékase la fragata Ar~entina y demás buques tomados en su corso. E perándo del supremo gobierno de las Provincias Unidas se servirá disponer la sati f ac i6n debido al pabellón de Cliile por la resist ncia que parece haberse
hecho al registro ordenado por el vicealmirante Cochrane. Póngase esta resolución en noticia del señor diputado de Buenos Aires; transcríbase al gobernador de Valparaíso para sus efectos y anótese en el expediente seguido por
parte de don , ntonio Chri hiansen, en demanda de la Alaría Sofía, archivándose los originales, y dándose a las partes que perdieron y al teniente coronel
Bouchard sus diarios y demás papeles de navegación, copiándose en los autos los que han obrado en ello . Godoy, Astorga. Doctor Vera. Ante mí:

local, con respecto a los lugares que visitó, la airosa nave corsaria, que fue difundiendo, con el tronar de sus cañones y un pabellón entonces d sconocido,
los principios que alentaba la Revolución de Mayo y el finnc prop6sito de
combatir contra quienes se oponían a la justa causa que defendían los pueblos
de América.

Olivares" .37

X.

BoucHARO EN LlBERTAD

Así se dio ténnino al proceso relacionado con el apresamiento del corsario
La Ar~entina y sus presas, y al encarcelamiento que padeció su capitán llip61ito Bouchard, cuya libertad recobró el 8 de diciembre. Poco después ~e incorporaba a las filas del ejército libertador del Perú que estaba omaninndo
u antiguo jefe, el general Jo5é de San Martín, y, más tarde pasó a la arma-

da pcruana.38
Di\'ersos autores ar!!'entinos y de otros países americanos, se han ocupado
de narrar el extraordinario crucero realizado por la fragata La Argentina, bajo el mando de Boucbard, o bien, se han referido, en particular, a la hi toria
T1Wl)()RO ~rLuT-Bo1s, E( Proceso Bou.chard, p. 44.
• Retirado Bouchard del servicio, con el grado de capitán de na\•ÍO, en 1829, se establrci6 en las haciendas de San Javirr y San José, en el pueblo El Ingenio, en el departamento de lea, donde muri6 asesinado, d 4 de: enero de 1837, como lo documentan
rectificando a los autores que han rl'fcrido el trágico fin de su e,ú tencia, lo miembros de número del Crnlro de Estudios Hi5tórico-Militare del Perú, capitán de naYlo íctor Carcelén, doctor Ricardo Cavero Eguzquiza y César García Rosell, en el
informe que redactaron dando a conocer la partida de defunción que hallaron en el archivo parroquial de la iglesia de San Francisco Javi r, en el valle El Ingenio. Se publicó ro la Revista del C,ntro de Estudios Hi;t6rico-Militaw d,l Ptrú, núm. 7, pp.
108-112, citado por QuARTAJUJOLO, Pr,parativor para el cruc,ro d, la fragata La Argtntina, p. 19. Lo restos de Bouchard dentro de una urna, fueron tnuladados a Bueno ,\iJ-es. a bordo del crucero escuela La Argentina y de embarcados el 12 de noviembre de 1962. La urna fue depositada en el Panteón avnt, en el cementerio de la
Cbacarita, de la capital Federa.! de la República Argcntin:1. Sobre la muerte de Bou&lt;"hard véase la ota del Departamento de Estudios Históricos • avales en RA.no, Bou11T

chard, p. 68.

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�EL CONTENIDO DE LAS FUENTES DE LA HISTORIA

n~.

PEDao

A.

BARBOzA DE LA

ToRRE

Profesor de la Facultad de Humanidades y Educación
Universidad de Zulia
Venezuela

Vrvn.10s EL MOMENTO de la revisión crítica de la Historia, la Sociología, la
Psicología y otras Ciencias. Los avances científicos se han producido de tal
manera vertiginosos, y la libertad del intelectual se ha fortalecido a tal extremo, que los cánones conservadores presentan fisuras por las cuales penetran
las fuerzas de nuevos bríos en la inquisidora mente humana.
La Sociología está dejando de ser la ciencia enciclopédica, meramente especulativa y filosófica, aunque de origen positivista, para convertise en una
ciencia con grandes resultados prácticos sin llegar a lo normativo, como lo
quisieran algunos utilitaristas. La Psicología, de ciencia que estudiaba el alma, ha visto menguar su contenido después de mejores enfoques de muchos
de sus temas.
En la Historia, se vienen operando cambios substanciales desde poco después de su advenimiento; pero, en los últimos tiempos, particularmente desde el siglo XIX, sus transformaciones han sido de una profundidad impresionante, así como ciencia, ora como narración historiográfica. Y la América ha
desempeñado en ello un papel de trascendencia. Cuando alguna vez se haga
una síntesis del pensamiento historiográfico de América Latina, podremos valorar la significación de nuestros aportes en la revisión crítica de la Historia,
donde las Facultades de Humanidades han sido señeras, tanto por su cientificismo, como por su preocupación, su constancia y su influencia.
Tal vez haya obrado en ello la necesidad de América Latina, de conocer
la verdad de su propia historia, a ratos mutilada, a ratos deformada, por esta
razón o por aquella conveniencia. Cualquiera que pudiera ser la explicación,
de suyo interesante, lo real e innegable es que no hemos permanecido ni indi-

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�Ierentes1 ni inconscientes, no obstante que algunas instituciones de Historia no
han mostrado mucha actividad.
La revisión comenzó por la Historiografía; pero actúa ya en la propia Heurística de donde, como se adivina, comienza a avanzar al terreno conceptual.
El campo de los historiadores está deslindándose muy claramente, distinto
al de los eruditos, y se acentúa la tendencia a exigir del historiógrafo, más que
nunca, una conducta de investigador; porque se reputan insuficientes su limitada obra de glosador, su periodística, y ligera dedicación al breve comentario, tanto como aquella costumbre de repetir las opiniones de otros,
en una exposición simplista con la fementida aspiración de hacer "historia
crítica".
Las Facultades de Humanidades, bajo la austeridad del rigor universitario
y con el reposo que permite el hábito científico, han impreso ritmo y espíritu académicos a )a obra de la revisión. Así sucede en Venezuela; así, según
entendemos, ocurre en otros países de la América Latina.
En la de la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo, tiene, lugar un
movimiento nuevo alrededor de la técnica del "asedio a las fuentes". Los historiadores, compenetrados de que no puede aislarse con caracteres absolutos
el hecho histórico, por la razón de ser social y porque envuelve muchas implicaciones que no deben escapar al análisis que toma hacer al historiógrafo, ni
a la labor intuitiva del investigador, están actuando en equipo, no sólo para
estudiar, registrar y explicar el fenómeno, sino para comprenderlo dentro ~el
conjunto, referido a los factores concurrentes que configuren al hombre _histórico y el medio donde vivi6 al momento del acontecer. Enfocan la historia, no como una ciencia de hechos notables y trascendentes, sino como el
estudio sistemático y metódico de todo lo que ha sido, por el hombre o con
ocasión del hombre-social. No es una idea original 1 pero sí, una detenninaci6n inquebrantable que constituye una corriente definida.
Tal concepción obliga a elegir una técnica especial para el tratamiento de
las fuentes, que no se miran como meros materiales para el historiador, sino
como vehículos culturales de valor para la reconstrucci6n total del pasado,
no en términos de simple cronología sino, más que eso, como realidad substante que supervive. No es pasado sino en la medida en que pueda demostrarse su no vigencia en los substratos de la sociedad. Será presente aunque el
acontecer se ubique en el ayer, si llena la condición de mantener en la Cultura
alguna fuerza determinante.
Se necesita, por lo tanto, el "asedio a las fuentes" cuya aprehensión no es
' F. C. J. HEARNASnAW, en Scíeritia, de Marzo de 1932, citado por L. VERNIERS,
en Metodo/ogla de la Historia. Editorial Lozada, S. A. Buenos Aires, 1958. 94 págs. p. 12.

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el simple hecho de tenerlas sino, primordialmente, el poderlas emplear para
esclarecer o explicar con ellas el obrar histórico.
Suele distinguirse, como lo han propuesto los tratadistas, las fuentes genuinamente históricas y las que, sin proponérselo, trasmiten noticias de ese tipo.
Aquéllas y éstas no hablan por sí solas en forma única. Hablan muchos lenguajes y son múltiples, según el especialista que las utilice o las maneje; 2
porque al geógrafo dirá lo que no advertirá el folklorista, y al sociólogo confiará lo que no podrá encontrar el zoólogo.
Debemos temer, con fundamento, que algunas fuentes históricas, no obstante su elocuencia, dado lo ilustrado y pintoresco de su contenido, no han
sido hasta ahora bien aprovechadas. Tratadas de primera mano con técnica
horizontal y por ello, superficial, o en el mejor de los casos, con técnica vertical de poca profundidad, ahondando sólo en lo rigurosamente historiográfico, se les habrá empleado en la medida de lo útil para la historia escrita con
método cronológico, de estilo heroico; patriotera y erudita. En muchos casos, el especialista mismo las ha manejado con apresuramiento, con la atención indispensable para captar la noticia que impresione al lector. Así aprovechadas, no escrutadas por otros que se contentan con citarlas como testimonios de segunda mano, conservan quizá valiosa información que espera la
obra planificada, e,xhaustiva y coordinada de los investigadores reposados y
exigentes.
Hace ya algún tiempo, se babia previsto que la constitución gradual de la
historia exigiría la acción perseverante y coordinada de equipos de investigadores.3 Así lo reclama la revisión crítica de la Historia, y tal es lo que se ha
comenzado a hacer en Venezuela donde historiadores, antropólogos, sociólogos, lingüistas, indumentaristas, etnógrafos, folkloristas, economistas, documentaristas, etc., de varias universidades del país,• han emprendido la tarea
de estudiar más que eso, asediar la obra de Caulín, como fuente histórica,
' RAM6N lotES!As. El Estado actual de los Estudios Hist&amp;ricos. En Jornadas, No. 51.
Editado por el Colegio de México. Centro ,de Estudios Sociales. México. 1945. 47 págs.,
pp. 9-19.

• P. LAcoMBE. Del L'histoi,e coruiderée come science. Pans. Citado por L. VERNTERs,
en Metodolog!a de la Historia. Editorial Lozada. Buenos Aires, 1958, 94 págs., p. 11.
• De la Universidad Central de Venezuela; Miguel Acosta Saignes (antrop6Jogo),
Alonso Game:ro (zoólogo), Francisco Tamayo (botánico), Angel Rosembla ( fi16logo),
Germán Carrera Damas (historiógrafo), Pablo Vila (geógrafo), Pedro Berocs (literato),
J. De Armas Chity (sociólogo) y Joaquín Gabald6n Márquez (jurista).

De la Universidad de Zfllia: Agustín Millares Cario (bibliógrafo) y Pedro A. Barboza
de la Torre (historiador).
De la U11iversidad de los Andes: Carlos Muñoz Oraá (historiador).

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H32

�exigiéndole no sólo la información que se propuso sino, también, rcspue"Stas a
las preguntas que sugiere.
El asedio consistirá, en efecto, en la demanda que cada especialista le formulará a la fuente, esperando, incluso, respuestas de conexión porque, si la
fuente estudiada no puede suministrarlo todo, cabe la posibilidad de que
"en\'íe" o "reenvíe" a otro manantial.
El asedio es indispensable para la comprensión profunda del sentido de las
fuentes y así, la Historia aumentará su rango de estudio humanístico.
Con la labor de equipo se puede alcanzar, mejor que de otro modo, la
verdadera estatura del autor o autores del testimonio. Se puede conocer el
criterio de autenticidad de quien ofrece la (uente al historiador. Se llega a clasificar, previa la diversificación homogenizadora, los tipos de testimonios que
están contenidos. Se logra determinar cómo el autor alcanzó el conocimiento
que suministra y hasta dónde pudo haber caído en la ficción. Se puede seguir
la huella de los datos, hasta alcanzar la fuente que sirvió directa o indirectamente al autor del libro o del documento, del resto o del monumento. Se obtiene, inclusive, la comprensión de su propio interés en suministrar el testimonio, que es elemento de juicio de no poca importancia. ¿ Qué propósito tuvo? ¿Qué fin se propuso? ¿Fue o no interesado su objetivo?
Donde otras técnicas concluyen la utilización de las fuentes, esta del "asedio" la prosigue siempre en persecución de la verdad, hasta encontrarla. Es
que la América Indiana está urgida de hallar respuestas a muchas interrogantes que le inquietan y cuyas soluciones están ligadas, con profundas raíces, a su propia comprensión de realidad cultural.
Algo nos dice que no estamos muy lejos de poder precisar cuándo terminó
efectivamente el período de la Conquista y cuando se inició el de la Colonia.
Si el de la Emancipación comenzó sólo bajo los aires de la Revolución Francesa, o si acaso ya fue parte de ese proceso el gesto libertario de Atahualpa,
o el de Guaicaipuro, o el de Cuauhtémoc.
La técnica del "asedio", fortalecerá no sólo la Historiografía, como se comprende fácilmente sino también otras ciencias, así naturales como sociales y del
espíritu y, aun cuando provocará seguramente la acre reacción de loSi tradicionalistas, constituirá un nuevo vínculo que acercará a los especialista. Es probable, inclusive, que alguna vez nos encontremos historiadores de varios países, formando filas en un mismo equipo de trabajo, asediando una fuente,
de las tantas que se hallan en la base fundamental del ser iberoamericano.
Por ello, formulamos nuestros votos.

SAN ANTONIO, 1835-1845: UNA CIUDAD EN TRANSICió
DR.

R.AY

F.

1

*

BROUSSARD

Profesor de Historia de América Latina,
en la Mississ.ippi State University, en
State College, Mississippi

San Antonio de los Llanos, Villa de Béjar, San Antonio de Valero, Villa San Femando, San Antonio de Béxar, San Antonc, La
Ciudad del Alamo, son algunos de los nombr~ que se han aplicado a la Ciudad de San Antonio, la hermosa y romántica ciudad del Sureste. La historia
de la ciudad es tan interesante y variada como lo son sus nombres.
SAN ANTONIO DE PADUA,

Fundada en 1718 como fortaleza para proteger la Misión de an Antonio
de Valero, y como una estación de descanso y centro de abastecimiento para las misiones del este de Texas, San Antonio de Béjar peleó desesperadamente por conservar la existencia, guerreando en contra de los indios, las dificultades de la frontera y las vicisitudes del sistema colonial español. Las
probabilidades de subsistencia aumentaron cuando en 1731 las tres misiones,
Concepción, San Francisco de la Espada y San Juan de Capistrano fueron
transferidas a San Antonio; asimismo, las probabilidades de subsistencia aumentaron debido a que los primeros colonos civiles, "catorce familias de las
Islas Canarias", se establecieron en la Villa de San Fernando. 1
Durante el siglo XVIII la ciudad se desarrolló lentamente pero a paso seguro progresando las misiones y llegando más colonos. Los ciudadanos se
convirtieron en agFicultores, cultivando únicamente alimentos suficientes para su propia alimentación, ya que no existía lugar alguno para vender el pro* El autor agradece eJ patrocinio de la American Philosophical Society, para rea-

lizar parte de las investigaciones sobre el presente artículo.
FREDERlCK C. CHABOT, San Antonio y sus Comienzos, 6 ; EnwARo W. HEuStNGER,
Una Cronología de Eventos en San Antonio; Siendo u11a Historia Concisa de la Ciudad Aiio por Año Desde eJ Comienzo de su Establecimiento Hasta el Fin de la Primera Mitad del Siglo Veinte, 4-5.
1

Maracaibo: Julio de 1963.

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�dueto de sus cosechas, excepto a las fuerzas armadas. Las misiones se valían
de sí mismas y ayudaron también a sostener la fortaleza. Pero muchos de los
habitantes de Villa de San Fernando y la Fortaleza de San Antonio de Béxar
combinaban el deporte de la caza de ganado salvaje, el cual abundaba en el
lugar, con un modus vivendi.
Debido a este énfasis que se le daba al ganado, se establecieron un número
de ranchos en el territorio situado entre San Antonio y El Río Grande. Algunos establecimientos comerciales se fundaron para cubrir las necesidades de
los rancheros y de los ciudadanos de Béxar, nombre que se le llegó a dar a
la ciudad.
Con el término del Siglo Dieciocho llegó la secularización de las misiones.
Este evento ttajo consigo una división y distribución de las tierras de la misión entre los neófitos. De esta manera terminó una fase de la vida de San
Antonio, ya que no seguiría siendo un centro de actividad misionera.
La ciudad continuó floreciendo durante los primeros años del Siglo Diecinueve. El comercio empezó a desarrollarse, sirviendo la ciudad como una estación de paso para el transporte de mercancías de los Estados Unidos con
destino a México. Se sugirió que se abriese una brecha entre San Antonio y
Chihuahua, puesto que ésta aumentaría el comercio en forma notable, pero
el gobierno de México nunca aprobó dicho plan. El número de habitantes
en la primera década del Siglo Diecinueve fue cerca de 5,000. 2
Luego empezó la guerra por su independencia de España, escribiéndose así
otro capítulo en la vida de San Antonio. Lai ciudad fue una guarnición militar, un centro comercial y un centro de agricultura. Por lo tanto, fue blanco
de los ejércitos de ambos bandos. Séµl Antonio cambió de dueño varias veces
y sufrió los pillajes de la guerra.
Una vez que la independencia de España se convirtió en. una realidad, la
ciudad vino a menos, hasta cierto punto. Con la paz, San Antonio no recuperó su anterior prosperidad. Esta falta de progreso continuó hasta fines de
1820 y principios de 1830, a medida que empezó a desarrollarse una fricción
entre los colonos de Austin y las autoridades mexicanas. En 1834 San Antonio tenía una extensión territorial de menos de la mitad de lo que había tenido un cuarto de siglo antes. 3
Debido a que San Antonio era la ciudad más antigua en Texas, siendo una
parte de México, en lugar de una parte de nuevo Texas, fue fundada por el
grupo de Austin y también, debido a que estaba más cercana a El Río Grande, la ciudad se convirtió en base de operaciones de las fuerzas centralistas
2 JUAN ALMONTE (Carlos E. Castañeda, ed. y trad.), Reporte Estadístico sobre Texas. Revista Trimestral Histórica del Suroeste, XXVIII (Enero, 1925), 186-192.
1 lbíd. 186.

mexicanas mandadas a dominar la armada texana, luchando en pro del Federalismo. Por lo tanto, el símbolo de la autoridad mexicana, la sede del gobierno civil en Texas, llegó a ser el blanco del ejército revolucionario texano bajo las órdenes de Stephen F. Austin, Comandante en Jefe.•
Béjar, como se llamaba a San Antonio en aquel entonces, estaba bajo las
órdenes del general Martín Cos y sus 700 hombres, un destacamento algo
más grande que el ejército de 450 hombres bajo las órdenes de Stephen F.
Austin, de manera que aparentemente la única determinación a seguir después de que el comandante mexicano rehusó la oferta de rendición, fue la de
sitiar la ciudad. 6
El sitio de Béjar duró cerca de dos meses. Todos los intentos por parte de
los mexicanos por abandonar la ciudad fueron desafiados por los texanos y
siempre con resultados desastrosos para las fuerzas mexicanas. Pero en cambio, la ciudad estaba tan fuertemente fortificada por los soldados del General Cos, que era imposible que los texanos se arrimasen a tiro de cañón. Por
lo tanto, la situación militar alrededor de Béjar permanecía estancada.
El General Austin, teniendo dificultades con su salud y con el mando, aparentemente fue relevado para aceptar el puesto de Comisionado de los Estados Unidos, renunciando a su puesto como Comandante de la Armada Voluntaria Texana. Fue reemplazado por el General Edward F. Burleson, quien
fue elegido por unanimidad en noviembre 25 de 1835. 6
El sitio continuó bajo el mando del general Burleson. Se suscitaban casi
a diario encuentros, pero la firme posición militar de las fuerzas dentro de
la ciudad, evitaban el ataque. Uno de los eventos más interesantes del sitio
fue un incidente, el cual se refiere chuscamente como la "pelea del zacate",
el cual tuvo lugar inmediatamente al sur de la ciudad. Se vuelve a relatar con
algún detalle para ilustrar el tipo de choques que se estaban suscitando.
El general Burleson recibió informes de que un destacamento mexicano estaba avanzando hacia Béjar proveniente del sur. Mandó al coronel James
Bowie a observar el avance e interceptarlo si fuese posible. En la batalla que
se desarrolló ambos bandos recibieron amplios refuerzos de sus respectiv.os
campos. Después de varios ataques y contra-ataques se trajeron cañones de
• STEPBEN F. AusnN, El Libro de Ordenes de la Campaña de 1835 del General
Austin. Trimestral de la Asociación Histórica del Estado de Texas, XI (Julio, 1907), 1.
' Stephen F. Austin al Presidente de Consulta, Cuartel del Ejército, Una Milla Después de Béxar, Noviembre 4 de 1835, en Eugene C. Barker (ed.), Docum,ntos Austin,
III, 235-236; Stcphcn F. Austin al Presidente de Consulta, Cuartel del Ejército, Una
Milla Después de Béxar, Noviembre 1 de 1835, en Corresponde11cia Oficial de la Re110/ución Ttxana, 1835-1836, pp. 41-42.
• El Libro de Ordenes de A.ustin, Trimestral de la Asociaci611 Histórica Ti.cana, XI
(Julio, 1907), 3.

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�la ciudad y las fuerzas mexicanas retrocedieron dejando sus pertrechos militares en manos de los texanos y numerosos heridos en el campo de batalla. Las
bolsas de las monturas se abrieron ansiosamente puesto que se creía que contenían oro, pero en su lugar encontraron únicamente zacate. Los texanos habían atacado un grupo de arrieros con un cargamento de forraje para los
caballos de la fortaleza de Béjar. 7
Las semanas pasaron, el sitio se estancó y muchos de los voluntarios disgustados por la falta de actividad estaban listos para abandonar el ejército y
regresar a sus casas. Es más, algunos de ellos ya estaban desertando el campamento, pero por fortuna nuevos vo1untarios llegaron para reemplazarlos, y
el número de hombres permaneció relativamente constante.ª Pero se inició
una serie de eventos conmovedores y dramáticos que cambiaron el curso del
sitio y posiblemente afectaron el resultado final de la guerra.
Primero tres americanos, Samuel Maverick, John Smith y un hombre llamado Holmes, quienes habían sido arrestados teniendo la ciudad de Béjar por
cárcel durante el sitio, lograron escapar al hacer creer al Comandante que
ellos viajaban mmbo a los Estados Unidos. Estos hombres se dirigieron de
inmediato al campo texano y urgieron a Burleson a que atacase la ciudad.
Hicieron hincapié en la escasez cada vez mayor de abastecimientos entre los
mexicanos y la pobre puntería de las tropas al mando del General Cos. Se
dice que Maverick presentó un plan de ataque el cual evitaba los puntos fuertes mexicanos al pasar a través de las casas y por túneles a través de las paredes. 9
En se!!'Uida
está el arribo de un desertor de las fuerzas mexicanas, un horno
bre que ha sido identificado como Jesús Cuéllar, o Comanche Cuéllar, quien
reportó que los defensores de la ciudad no eran tan fuertes como se esperaba,
y que fácilmente se les podría tomar por sorpresa ya que no se esperaba ningún ataque. Cuéllar ofreció guiar a los texanos pasando los mandos de centinela al anocbeccr. 1 º
El arribo de Cuéllar con tal información tuvo su efecto en los hombres,
' W. H. Jack a Edward Burleson, Campamento Después de Bexar, Noviembre 27
·de 1835 en Binkley (ed.), Correspondencia Oficíal de la Revoluci611 Texana, I, 126127; Edward Burleson al Gobierno Provisional, Cuartel, Ejército Voluntario de Texas, Noviembre 27 de 1835 en Binkley (ed.) , Correspondencia Oficial de la Re110lución Texana, I, 127-129.
8 Rcna Mavcrick Green ( ed.) , Samuel Ma i erick, Texano, l 803-1870: Una Colección de Cartas, Periódicos " Memorias. 43.

' !bid.

'º ]bid.,

fuRBERT DAVENPORT,

El Capi1á11 Jesús Cuéllar,

Caballería Texana, Co-

11oaido de otra Manera como "Comanche", Trimestral Histórico del Suroerte, XXX
(Julio, 1926), 56-62.

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quienes se puede decir que literalmente estaban "muriéndose por pelear".
Aparentemente no existe registro de una orden de ataque dada por el general
Burleson ni aún su aprobación de tal plan, pero el coronel Ben Mi1am llamó
a los voluntarios y guió aproximadamente 250 aventureros al ataque de la
ciudad fortificada de Béjar. El general Burleson afirmó más tarde que él tuvo que permanecer en el campo con el resto de la armada para proteger los
abastecimientos. El Comandante sí aprovechó al máximo la situación. Mandó una corriente constante de abastecinúentos y refuerzos a la fuerza atacante y a tiempo que c1 final de la pelea se acercaba recuperó el mando. Fue
Burlcson quien dio un paso adelante para afirmar los papeles de rendición con
el general Cos, el comandante mcicano.11
Una descripción del ataque inicial escrita por Sion R. Bostil, uno de los
participantes, es lo suficientemente interesante para citarla detalladamente:

Nosotros no fuimos por los caminos o las calles abiertas, sino a través de las viejas casas de adobe y de madera de los mexicanos, usando
arietes hechos de troncos de 10 a 12 fri,es de largo . .. haciendo agujeros en las paredes a trauls de los cuales pasamos. Como chillaban las
mujeres y niños cuando hicimos los agujeros en las paredes ,, penetramos . .. de día todos los hombres se refugiaban en estas casas . .. Nos encontrábamos opuestos a las barricadas en la calle· y en cada lado en las
casas. Ellos no podían voltear sus rifles para tirar en contra de nosotros,
pero nosotros podíamos tirar sobre la parte superior de las barricadas y
cuando alguno de ellos cruzaba en frente nosotros le disparábamos."
Los voluntarios ocupaban las casas en ambos lados de la calle. Estaban en
dos grupos bajo mandos distintos, uno bajo el mando del Coronel Ben Milam
y el otro bajo las órdenes del Coronel Frank W. Johnson. Los grupos avanzaron lentamente, peleando de casa en casa, de tejado en tejado, y a veces
de cuarto en cuarto. La batalla duró desde la mañana del 6 de diciembre
hasta el 9 de] mismo mes. Se suscitaron muchos actos de heroísmo y valor por
parte de las fuerzas atacantes. La pérdida más seria de los texanos fue la
muerte de su comandante el Coronel Ben Milam, quién cayó al tercer cUa
después del ataque. El 9 de diciembre, tres días después de haberse iniciado
el ataque, los mexicanos, quienes para entonces se habían retirado al Álamo,
u Relato de Burlcison sobre el Ataque de Béxar, Diciembre 14 de 1835, en ]OHN
BaoWN, Historia de Texas: Desde 1835 a 1892, I, 422-424; Green {cd.) Samuel Ma verick, Texano, 44.
HENRY

u SroN R. BosTnc, Memorias de Sion R. Bostik, Trimestral de la Asociaci6n Hút6rica del Estado de Texas, V (Octubre de 1901), 89-91.

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�mostraron un bander'm de tregua y piclieron nl"gociar. Lo términos de rendición firmados por el General Cos y el General Burlcson fueron generosos
hacia el ejército derrotado. Se l permitió -guardar sus annas y partir rumbo
a México bajo promesa de no pelear en contra de las fuerzas que favorecían
la Constitución de 1824. 13
En pocos días las fw·rzas del General Cos partieron y Béjar quedó completamente en manos del victorioso ejército texano. Esto representó el primero
de varios cambios de autoridad que la ciudad sobrellevaría en los años próximos futuros. El primer cambio técnicamente no estuvo fuera del mando mexicano, puesto que el cj 'rcito texano estaba supuestamente peleando por
conseguir la restauración de la Constitución Federal de 1824 y no por la
independencia.
La autoridad texana en Béjar no se estableció firmemente. Había confusión
con respecto al mando y pronto se suscitó la inseguridad. La confusión provenía del hecho de que existían varios comandantes a una vez y la inseguridad
resultó de los rumores que habían llegado a Texas sobre un gran ejército encabezado por el general Santa Anna, el cual se creía que venía rumbo a
Texas a sofocar la rebelión.u
La inseguridad se complicó por la posición expuesta de Béjar y la falta de
municiones y abastecimientos ocasionada por el saqueo de la guarnición para
equipar la e,,..-pedición desafortunada de :Matamoros, parte de la cual salió de
an Antonio el 30 de diciembre de 1835. Mientras tanto, la otra parte de la
guarnición bajo el mando dd Coronel J. C. Neill trató de establecer alg~ de
orden y decoro. Un gobierno civil se estableció y se eligió un alcalde ba30 la
autoridad que amparaba la Constitución de 1824. El nuevo Cabildo cooperó
de lleno con las Iuerzas de la guamición. 111
Los ciudadanos de San Antonio no permanecieron ociosos mi.entras que
estos eventos notables se e taban desarrollando. Muchos de ellos simpatizaban
con la causa texana; es más, ellos mismos eran texanos y deseaban participar
en la pelea contra el Centralismo, lo cual aparentaba ser c~d~ vez más una
lucha por la independencia. Eligieron delegados para que asistlesen a la con12

Reporte de Frank W. Jonnson sobre el Ataque de Béxar, Diciembre 11 de 1835, en

BRowi-:, H~toria de Texas, 1, 417-421; Renclici6n del General Martín Periccto de Cos,
de Jas Tropas Mexicanas y del General Edward Burleson, de lat Tropas Coloniales de
Texas, Diciembre 10 de 1835, en BROWN, Historia d11 Te;cas, I, 424~27.
,. James Bowie a Henry Smith, Bcjar, Febrero 2 de 1836, en 81nkley (cd.), Correspondencia Oficial de la Reuolucidn Tuana, I, 381-383; J. M. RooJÚouu, Memorias del Comienio de Texas, 8.
•• Green (ed.), Samuel Ma1.1erick, Texano, 44; J. C. Ncill al Gobernador Y Con~jero, Comandancia en Béxar, Enero 6 de 1836, en Binkley (ed.),. Correspondencia
Oficial de la Rt:voluci6n Texana, I, 272-275.

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vención en \\1 ashington en donde se firmó la Declaración de la Independencia.
Los delegados elegidos para representar a Béjar fueron Jcssc B. Badgett, Samucl A. Maverick, J. Antonio Navarro, y Francisco Ruiz.16
Aunque la ciudad se encontraba en posición débil con respecto a su defensa, el Coronel eill resolvió defender San Antonio si fuese posible hacer
tal cosa. La situación no estaba perdida. Llegaban nue\·os voluntarios, y si
suficirntcs refuerzos pudiesen ser mandados junto con abastecirtiientos adecuados y municiones, serla posible defender la ciudad y resguardarla del ejército mexicano en marcha. El fayor William B. Travis fue mandado a Béjar
por el Gobernador Henry Smith con refuerzo , abastecimientos y órden s de
defender la ciudad en contra de la fuerza mexicanas in\'asoras que e acercaban.17
Las líneas de batalla se prepararon, el enemigo avanzaba y las fuerzas texanas bajo e1 mando de Travis y Bowie sin poder proteger la ciudad con los
pocos soldados disponibles, se resguardaron en El Alamo y mandaron peclir
refuerzos. Aunque algunos pocos ayudantes sí llegaron de Goliad, en general
las llamadas dese peradas de ayuda no fueron oídas. Las lineas de sitio se
estrecharon. Los mexicanos demandaron la rendición o la muerte. Travis contestó con un tiro de cañón y los defensores del Álamo escogieron la muerte.
Finalmente la mañana de mar.to 6 de 1836 el asalto e inició. Varias veces
la infantería mexicana atacó con el único resultado de ser repelida sangrientamente, pero el número superior pronto demostró su poderío, y los dcfen- .
sores exhaustos fueron vencidos. El General Ampudia volte6 el propio cañón
de los texanos en el interior del fuerte y la pdea pronto vio su término con la
muerte de todos los defensores. El Coronel Bowie fue herido a punta de bayoneta estando encamado y enfermo y cinco hombres que habían sido tomados
prisioneros fueron ejecutados de inmediato por órdenes directas de Santa
Ann_a,lD

La tristeza se apoderó de la ciudad. El pueblo de San Antonio no simpatizaba con Santa Anna ni pensaba que sus acciones eran dignas. La mayoría
de ellos habían apoyado y auxiliado a las fuerzas texanas. Es más, muchos de
" William C. Binkley ( ed.), Corrnpondencia Oficial de la R,1.1o!uci6n Texana, 1835-

1836, [, 467.
11 William B. Travis a Henry Srruth, Cuartel en Campamento en Burnam, Colorado,
Enero 28 de 1836, Binklcy (cd.), Correspondencia Oficial de la Reuoluci6n Texnna, I,
352.
11 Green (ed ), W. B. Travis a Ciudadanos Compaiicros y Compatriotas, Béxar, Febrero 24, 1836, en Sam Ma1.1erick, Texano, 52.

"H. YoAKUM, Historia de Texas Dtsde su Colonizaci6n im 1685 IUJSta su .d11exacidn
a los Estados Unidos en 1846, II, 80-81; Carlos E. Castañeda (ed. y trad.), El Lado
Mexicano de la Re1.1olucid11 Texana, 101.

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�ellos abandonaron la ciudad al acercarse las fuerzas mexicanas Y se unieron
al éxodo de 1836. Pero la autoridad del dictador mexicano duró poco. Pronto
vino la derrota de San Jacinto, en la cual una compañía de hombres de
an Antonio, bajo el mando del Coronel Juan N. Seguin e incluyendo a J.osé
Antonio Navarro, figuró prominentemente. En cambio, las pers~nas que sunpatizaron con la causa Centralista de México, abandonaron la ciudad cuando
se hizo inminente la reocupación del área por los tcxanos. 2º
Uno de los primeros ciudadanos de San Ant~nio que regresó después de
lo de San Jacinto fue el Coronel Seguin. Tomó posesión de la ciudad el 4 de
junio de 1836. Habiendo escapado de la suerte que tuvieron otros defensores
del Álamo porque actuaba como mensajero en busca de refuerzos cuando el
ataque final se llevó a cabo, ( él había tenido bajo su mando ~~ compañía en
San Jacinto) ocupó an Antonio en el nombre de la Re~~blica de Texac;.
Había sido nombrado Comandante Militar y Alcalde Prov1s1onal.
El Coronel Sewin continuó al mando de la ciudad durante el resto del
año de 1836 y 1: mayor parte de 1837. En mano de 18:7 recibió_ órdenes
del General Félix Huston de destruir la ciudad y transfenr sus habitantes a
la orilla este del río Brazos. Considerando esta medida prematura e injusta,
Seguin, siguiendo la verdadera tradición militar texana,_ asumió la responsabilidad al desobedecer la orden hasta que hubiera refendo el asunto al Presiden te. El Presidente Houston prevaleció sobre el Gobernador Huston para
que desistiese; la orden fue rescindida y San Antonio escapó de la suerte de
San Felipe.22
••
Pero el gobierno de Seguin fue temporal y provisional. Pronto ~ hic1e~on
arreglos más permanentes. El 5 de junio de 1837. 1~ ciudad de ~Jar f~e mcorporada por la Legislatura Texana y el 14 de d1c1embre del mismo ano fue
reincorporada como la ciudad de San Antonio.~3
:a J. M. RODRÍGUEZ, M tmorias de Rodrlguez: de Texas tn su. 1~i~iaci6n, 17 ! JuAN
•
SEGUTN, Memorias Personales de Joh11 N. Seguin, 5-7, transcr1poon a máqum.a en los
Archivos de la Universidad de Texas.
.
., FREDEIUCK CHABOT Con los Fu11dadorts de San Antonio: G1mealog!a de las Primeras Familias de Orig:n Latino, Angla-americano y Alemán con Biog:afla.s Ocasiona/es, Cada Grupo Prologado con un Esquema Hist6rico Breue e Tlustrac1ones, 125; Memorias Personaüs: de Seguin, en los Archivos de la Universidad de Texas, 3-6, Sam
Houston a Coronel Seguin, Enero 16 de 1837, en Amelía W. Williams Y Eugen' C.
Barker (cds.), Los Escritos de Sam Houston. 1813-1863, II. 33-3-t-.
.
" CeABOT. Con los Fundadores: de San Antonio, 125 ; Memorias Personale~ de Seguin,
6, e.n los Archivos de la Universidad de Texas ; J. H. Wharton a J. • . Srguin,. Depa_n_a mento de Guerra, Septiembre 17 de 1836, en Binkley (rd.), Correspondencia O/mal
de la Revo/uci6n Texana, II, 1012.
2:1 H. P.
. G,u ntEL (Comp.), Las Leyes de la República de Texas, 1822-1897, I,

1298-1299 ; ibid., 1379-1381.

506

Actuando bajo la autoridad del Acta Legislativa de Incorporación, se efectuaron elecciones municipales y se escogieron un Presidente y ocho miembros
de Cabildo. John W. Smith fue electo alcalde y los cabildos fueron Manuel
Martínez, Francisco Bustillos, Gabriel Arreola, Rafael Herrera, Francisco A.
Ruiz, Ramón Treviño, Pedro Flores Morales y Francisco Granado·.2'
Es interesante notar que Smith es el único nombre inglés en la lista de los
cabildos electos. El hecho de que fue electo comprueba su popularidad entre
los ciudadanos de habla española, puesto que eran la gran mayoría en aquel
entonces. Los texanos de procedencia americana eran sumamente escasos en
San Antonio en el verano de 1837.
La primera elección municipal bajo la bandera de una sola estrella representó el fin de la primera etapa de la transición que habáa de sobrellevar la
ciudad de San Antonio en el período de la República. Primeramente la autoridad militar había sido transferida desde México a las fuerzas texanas de
rebelión, otra ve:z; hacia México y finalmente hacia la República de Texas.
Con la incorporación de la ciudad bajo las leyes de Texas y la elección de
oficiales locales de acuerdo con estas leyes se e tableció un gobierno civil.
El nue,·o gobierno civil representó un cambio en la forma de gobierno. El
alcalde se convirtió en el Presidente Municipal y los regidores se convirtieron
en los Cabildos. Pero los problemas del gobierno local permanecieron casi
iguales, y la membrecía del cabildo no cambió mucho.
Pero en el momento en que el establecimiento del gobierno civil se estaba
efectuando ocurrió otro evento, el cual causaría una repentina afluencia de
ciudadanos hacia San Antonio y marcaría la segunda etapa de su transición.
Este nuevo cambio estribaba en la cualidad de sus habitantes. Se vio el aumento del número de ciudadanos anglo-americanos y la disminución del número de ciudadanos México-americanos. Este cambio duraría hasta el fin del
período de la República. La situación que atrajo un número considerable de
americanos a San Antonio en el Verano y el Otoño de 1837 fue la aperrura
de una oficina de bienes raíces. De acuerdo con la ley emitida el 22 de
diciembre de 1836 las oficinas de bienes raíces deberían abrirse el 1o. de
junio de 1837 a todos los veteranos de guerra para permitirles reclamar sus
partes y más tarde, el lo. de enero de 1938, las oficinas se abrióan a todos
los inmigrantes. 2 5 Las persona atraídas a San Antonio como resultado de la
apertura de la oficina de bienes raices fue un grupo variado. Había veteranos
de la guerra de independencia que querían cobrar sus generosas participa" Rrgistros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, 1837-1849, Septiembre 19 d ·
1837, pp. 1-5 transcritas y traducidas por la Administración Texana de Obras en Proyecto. en los Archivos de la Universidad de Texas.
:s GAlUIEL (Comp.) , Leyes de Texas, I, 1276-1284.

50i

�ciones. Tras éstos vinieron los speculadon:s para comprar los certificados de
lo ,-eteran~ a precios bajos. Top6grafos fueron necesarios para establ ccr denuncias. Por último, pero in meno. preciarse, vinieron los aventurero., quien
sin d recho propio a la tierra y no siendo topógrafos previeron la adquisici6n
de rit¡ue7.as de los veteranC\s recién enriquecidos, por medio de las cartas, los
dado o implemente ofreciendo u servicios a la pcr-ona indicada al tiempo
preciso.:6
in embargo, no todos los r :cién llegado a la ciudad eran persona de este
tipo. Hombres de responsabilidad Ue aron para hacer su casas allí. Alguno
de e~tos hombres trajeron a su familias · contribuyeron en gran parte al crecimiento comercial de la región. Esto hombre fueron reconocidos desde el
principio como líderes y sus nombres aparecen una y otra vez como reprcntantes en la Legislatura Texana, como Oficiales de Condado o más a m •nudo como ,fiembros del Cabildo. Entre los primeros de esta nueva clase de
ciudadanos estuvo amuel A. Maverick, un hombre que llegó a San Antonio
con u familia el 15 de julio de 1838, no mucho después de haberse abierto la
oficina de bienes raíces. Fue una de las primeras familias americanas en an
Antonio. 27
Afortunadamente para la post ridad, Mary Maverick llevó cuidadosamente
un diario detallado. Esta dama pionera ha dejado una e."cdrnte imagen de
los \"entos sociales e hist6ricos de su vida y tiempo. o rccab6 sus primeras
impresiones de San Antonio con mucho detalle, pero conc ntró su interés
en asunto relacionados con su ,ida familiar y sus hijo. En una carta a u
madre, Mary Ma,•erick hizo notar que con la excepci6n de dos familias irlandesas. quienes no eran sociables, los faverick era la única familia de habla
ingl sa en la ciudad, y consecucnt mente su único roce social se realizaba
con los mexicano .:a
La vida y tiempo en San Antonio eran difíciles a fines de 1830. Los peligros aumentaban desde el interior así como del exterior. Los problemas
exteriores aparentaban e:'1.-igir la mayorí.a del tiempo y atenci6n de los ciudadanos, pero éstos no podían hacer nada hasta haber ordenado su ca5a.
Había que controlar y organizar a los ciudadanos desordenados para que contribuyesen al bienestar de la ciudad. Algunos de estos p rsonajes desagradables
" James T. DeShield.s y Matt Bradl y (eds.) Gunra5 Fronleriuu d, Tt.tnI' Sundo
un R1porlt Autlntico y Popvlar en Orden Cronológico dtl Largo 'Y Amargo Conflicto
Sosttnido entr, Tribur lndia1 Saluaj,s 'Y los Colonos Pionuos de TuaJ, 264; CHABOT,
Los Prisioneros dt Ptrolt, 9 ¡ Samuel A. Mavericlr. a M.ary . Ma,•erick, Iléxar, Fcbr ••
ro 26 de 1838 y M n.o 13 de 1838, en Green, (cd.), Samuel Mau,rick, T,xano, 63-ó5.
" Rena b\" rick Green (ed ), Mt,rwrias de Mary A. Mav,rick, 21.
,. Mary A. Mavcrick a Agatba S. Adams, Bexar, Agosto 25 de 1838 en Green ( d.),

ran ~ventureros mexicanos, obrantes del ejército de anta Anna, pero la
rnayoria se com_ponia de aventureros americanos ,·cteranos texanos, topógrafos, tahures, quienes no tenían ningún modus vivendi aparente. Crearon una
gran_ dificu1tad alguno _de ellos, por maltratar a los ciudadanos me.'&gt;ic::mo por
considerarlos sus enemigos, otros al causar dificultades con los indios los
Comanches en particular, a medida que los gmpos topográficos penet;aron
en el territorio indio.
El Cabildo intcnt6 hacerse cargo de la situaci6n. e emitieron varias 6rdenes por parte de la ciudad en contra de vaaos y la vagancia. e requería a
los ta~emeros ~ue lle,·aran una lista de sus clientes regulares y a los que
no ~meran algun modo de ustento se les invitaba a que realizacen una entrevista ron el alcalde. Si no podían explicar su presencia se les pedía abandonasen la ciudad. Lo mexicano eran enviados hacia el Rfo Grande )' los
americano hacia el este.
. Pero la creciente amcna1.a de los indios era aún más seria que la oca!!Onad~ por lo d~rdenados ciudadanos. El aumento del peligro de este sector onlló a los ciudadano que tenían interés en aliviar la situación a
qu~ pidi ran protección a su gobierno. Se convocó una junta en masa y se
des1gn6 al Coronel Seguin, Pre5idente de las Defensas de la ciudad. Una orden
emitida por la ciudad mand6 a todos los hombres disponibles de la vecindad
a que estuvie en listo de inmediato para r peler un ataque.ªº
Los esfuerzos de dcf nsa propia eran ambiciosos pero el trabajo de realizarlos
era imposible, de manera que en ag~to de 1839 Samuel Maverick el Presidente Municipal d an Antonio, finn6 una carta mancomunadam~te con otros
ciudadanos prominentes en la cual solicitaba al gobierno de Texas que les
ayudase en contra de los indios y también en contra de la siempre presente
am naza de una invasi6n mexicana. 31
Los ciudadanos de San Antonio habían apoyado aJ Presidente Mirahean B.
Lamar, s gundo presidente de la República de Tcxas,_principalmente debido a
sus prom as de proteger la frontera en contra de los indios. Fiel a u palabra
el ~residente babia ser.-ido en forma instrumental en la obtenci6n de la legis~
!ación que proveía compañías de destacamentos montados, para proteg r la
frontera. A los sanantonianos se les prometi6 que una compañía de estas tro.." Re-gimo de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Octubre 11 de 1838, p. 32;
1b1d., Octubre 24 de 1837, p. 13; ibid., Junio 21 de 1838, p. 25; SEoUtN, Memorias
Prrsonales, 6-1. Todas éstas cslán n forma transcrita en los Archivos de la Universidad

de TC!.us.
.." Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Octubre 8 de 1838, p. 32;
,bid., Octubre I l de 1838 p. 32, trarucritos en los Archivos de la Univcnidad de TeXJU
h Samucl A. Maverick y Otros al Mayor Thomas E. Western, San Antonio Agost~
1839 en Green (cd.), Samuel Mav,ritk, Ttxano, 99.
'

Samuel Mavuick, Ttxano, 77.

509
508

�pas montadas incluiría a San Antonio en su "ronda de inspección", pero que
ninguna podría permanecer de pie en la ciudad en ese entonces.ª2
día
EÍ auxilio verdaderamente se necesitaba, ya que los Comanches cada
se mostraban más atrevidos y efectuaban ataques en los suburbios de la ciudad
Pero las únicas defensas de fiar seguían siendo 1a milicia local o como se auto11 aban los "hombres del minuto". En general, estos voluntarios locales se
am
,
·
J
d d 1
dividieron más o menos en dos grupos, los mexicanos baJo e man o e,
Coronel Seguin y los americanos bajo las órdenes de John Coffee ~ays. Paso
el tiempo y el mando del joven topógrafo llegó a ser tan sobresaliente que
eclipsó a Seguin como líder militar de San Antoni~·ªª.
Las dificultades causadas por los m
· dios se conv1 rt1eron en un más serio
problema a fines de 1830 y principios de 1840. . ,
.
Un incidente recabado por Mary Maverick serv1ra para ilustrar la_ gr~vedad
d e la s1·tu ao·o·n . Cerca del fin del término otoñal de la Corte de
• DIStnto,
d 'di un
grupo de hombres estando en San Antonio para a istir a la ,Sesión, eo ~on
salir a poca distancia de la ciudad para ver el campo. Hab1a ce~ca de vemte
hombres en el grupo y todos con buenas montaduras, estando bien armados.
Los Comanches lograron separar al grupo de la ciudad, matando a todos con
excepción de un hombre llamado Campbell, conocido_ algun~s veces como
" 1 1 chín Campbell" quien escapó y regresó a la ciudad siendo portador
e par an
,
. . .
ilad sf
del relato. Al día siguiente un grupo salió y traJo dieciocho cue~os mut
os.
· · · del año de 1840 se hicieron esfuerzos más def101dos por ·eldigoA pnnc1p10s
biemo de la República de Texas para confrontar el problema de los:-° os.
Al Coronel William B. Fi.sher se le ordenó que partiese a San Antoruo _con
tres compañías de tropas para negociar con los_ indios el _re~omo de cautivos
que habían capturado. Se efectuaron negociaciones _P":lirmnares_ en febrero
de 1840, por el Capitán Henry Watt Kames y los mdios acced;eron a una
conferencia general el mes siguiente, durante la cual ellos debenan entregar
• •
35
a los texanos todos sus pns1oneros.
Los eventos que tuvieron lugar durante estas negociaciones y como consecuencia de ellas en marzo 19 de 1840 se les ha llamado la "pelea de la Ca~
d e b"ld ,, el "rompimiento del 40'' o "La Masacre de la Casa de la Corte .
e a1 os,
la
.,
tra
Los Comanches, cerca de 65, llegaron a la ciudad para
reumon, pero
-

jeron consigo únicamente una cautiva, una joven llamada Matilda Lockhart.
Habían prometido traer trece. La vieja casa de la corte fue el escenario de
las negociaciones. Los jefes indios se reunieron con representantes del gobierno
texano, la milicia y el gobierno local. La mayoría de lo indios permanecieron afuera en la plaza demostrando su destreza con el arco y la flecha al
dar en el blanco a dólares de plata que el juez Robinson había instalado para
ellos. Muchos de los pueblerinos eran ávidos expcctadores.
Dentro del edificio el Coronel Fisher, el Coronel Hugh McLeod, General
Adjunto, y el Coronel William G. Cooke, Intendente del Ejército y Secretario de Guerra Interino negociaban con los Jefes Comanches. Los texanos
exigían saber el por qué los otros prisioneros no habían sido entregados, a lo
cual los jefes respondieron que no había ningunos otros con la tribu. Sabiendo
&lt;¡ue esto era falso, los Comisionados texanos informaron a los jefes que se les
detendría como rehenes hasta que el resto de los prisioneros se entregase.
Cuando los indios comprendieron la declaración hecha por el intérprete, reaccionaron con un grito de guerra emitido a! unísono y trataron de escapar del
lugar. A esto siguió una lucha a mano armada y todos los jefe~ fueron muertos.
El resto de los indios también reaccionó violentamente. A tiempo que escucharon la señal del grito de guerra, los que habían estado disparando a los
blancos puestos sobre la barda, ahora buscaban blancos entre los ciudadanos
y el juez Thompson fue muerto instantáneamente. La pelea se generalizó en
las calles y en el sector de la plaza. 86

El relato de la participación de Mary Maverick en esta pelea bien vale la
pena citarlo en detalle.
Cuando el grito de guerra ensordecedor se escuch6 en el cuarto de la
Corte, era tan fuerte, tan estridente y tan inexplicablemente horrible,
emitido de una manera tan repentina, que las mujeres, al asomarse a
traués de la uerja, viendo la pericia de las mujeres y de los muchachos
1io podían comprender de momentos su significado. Sin embargo, los
indios conocieron su primer nota e instantáneamente dispararon sus flechas en los cuerpos del juez Thompson y otros caballeros que se hallaban cerca, matando instantáneamente al juez Thompson. Huímos hacia
la casa de la señora Higginbot/zam que daba a la calle Comercio y yo
lzuí a través de la calle hacia la puerta. Dos indios corrieron y me sobrepasaron en la calle y uno de ellos alcanzó mi puerta en el momento en

W McCraven a M. B. Lamar, San Antonio, Julio 29 de 1838 en Gulick (ed.), Do. L
II 192 - 193·, GAMMEL (Comp.) ' Leyes de Texas,
15-20; GMayor(cd
Tbocumentos amar, ,
d II, 39
)
mas G. Western a Samuel A. Maverick, Houston, Septiembre 2 e 18 , en reen · · ,
n

Samuel Mauerick, Texano, 100.
.
as Green (ed.), Memorias de Mary Mavenck, 27-29.

••
30.PR&amp;SCOTT W EBll, L os V1'g'la11tes
Texanos: Un Siglo de Defensa Fronteriza,
» lbid.,
WALTER
1
55-56; CRAl!OT, Los Prisioneros de Perote, 15-16.

,. Coronel Hugh McLeod al Presidente Lamar, San Antonio, Marzo 20 de 1840 en
W. JonNSON, (Eugene C. Barkct y Ernest W. Winkler, eds.), Una Historia de Te:cas y Texanos, I, 403-404; Green (ed.), Memorias de Mar)' Maverick, 31-33; CHABOT,
Los Prisioneros de Perote, 18-21.
FRANI&lt;

510
511

�que yo entré. El se volteó para levantar su mano y empujar la puerta,
precisamente cuando )IO bajé el pesado cierre, entonces él siguió corriendo adelante . .. El. señor Maverick se apresuró hasta la calle Y Andrés hacia el JJatio de atrás durante el tiempo que yo estaba gritando a
todo lo que mi voz daba, "¡ aquí están los indios!"; "¡ aq1,í están los indios!" Tres indios se habían escabullido a través de la verja en la calle
Soledad e iban derecho hacia el rfo. Uno de ellos se detuvo cerca de
Jinny Anderson, nuestra cocinera, quien valientemente se encontraba al
frente de los niños, los míos y los de ella, con una gran roca levantada
en ambas manos sobre su cabeza y le escuché gritar al indio, "si no te
vas de •aquí, te aplastaré la cabeza con esta piedra". El indio . .. se detuvo
un momento y corrió vertiginosamente río abajo y tomó el rumbo de la
orilla opuesta. s.
Temporalmente los indios, algo apaciguados por la pérdida de sus jefes,
pronto se recobraron e iniciaron ataques y escaramuzas ~orno ant~riorm~nte.
Literalmente sitiaron la ciudad, permaneciendo a escondidas y baJo cubierta
para matar a ciudadanos aislados o para robar niños y caballos. Mary Maverick se dio cuenta que los incidentes que ocurrieron eran demasiado numerosos
para relatar.
La amenaza india era asunto diario. La historia de un paseo vespertino
para recoger moras se da a continuación como ejemplo del peligro.

La señora Elliott y )10 partimos río arriba para recoger zarzamoras. • ,
el Sr. E/liott mandó a dos de sus dependientes, Peter Gallagher y John
Conran, yendo también el hermano de la señora Elliott, estando aquéllos bien armados .. . Nos divertimos en grande y partimos rumbo a casa
sin ninguna novedad. Pronto después de haber partido del brazo del río
nos encontramos con un carretonero mexicano que salía par{J&gt;, pastar sus
bueyes en el magnífico zacate que nosotros acabábamos de pasar. Apenas
habíamos avanzado algunos cien pies después de haber pasado al mexicano, cuando escuchamos a todo nuestro alrededor el repentino grito
de «¡indios!", "¡ indios!" Pronto la campan a de alarma llamó a las armas
y nosotros rápidamente corrimos rumbo a casa. El carretonero que nosotros habíamos pasado resultó ser la víctima -fue muerto y escalpado
por los Comanches, quienes habían estado escondiéndose cerca de nosotros en el bosque ribereño durante el tiempo que nos divertíamos mucho
1t

Green (ed.) , Memorias de Mary Mauerick, 33.

11

lbid., 50.

512

y recogíamos las zarzamoras. Nuestros dos guardias armados. . . habían

salvado nuestras vidas.
. Los Comanches, ardidos por los resultados de la pelea de la Sala del Cabildo,
intentaron cobrar venganza en el gran ataque a Lindville. Esto resultó en la
batalla de Plum Creek en donde la milicia texana bajo el mando del Mayor
Félix Houston logró vencer en forma aplastante a los indios. Más tarde, en
el mismo año el ataque 'del Coronel John Moore a los poblados Comanches en
la parte superior del Río Colorado acabó con el trabajo necesario para destruít
la amenaza Comanche.ªº
Durante el período acabado de describir había muchas otras cosas que estaban ocurriendo en San Antonio, además de las peleas de los indios. La vida
de la ciudad aparentaba un definido progreso durante los primeros días de la
República. Aunque Mé,xico y Texas técnicamente estaban en guerra, y no
era posible realizar relaciones comerciales normales, la necesidad de la mercancía por parte del Norte de México, y las grandes ganancias involucradas,
a pesar del riesgo, indujeron a hombres audaces y aventureros a efectuar el
peligroso viaje hacia San Antonio para comerciar. La venta de mercancía a
estos comerciantes mexicanos fue la causa principal de la prosperidad en San
Antonio, ya que los contrabandistas generalmente pagan por la mercancía en
oro y plata. 40
Este comercio mexicano combinado con el negocio de bienes raíces y la
agricultura aparentó ser suficiente para sostener la población. A pesar del
éxodo_ de realistas mexicanos después de lo sucedido en San Jacinto en 1836,
el flu10 de gente de Texas y de los Estados Unidos casi había superado el déficit. Los tiempos tristes de la guerra por la independencia parecían haber
sido olvidados y la ciudad progresaba. Durante los años de 1838, ' 1839 y 1840,
el comercio con México se estimó en cerca de 100,000 d6lares anuales, más
que el doble de los cuarenta mil por año que se realizaba, en 1835 cuando el
comercio era cosa legítima.~1
La ciudad de San Antonio fue descrita por J. W. Benedict, un voluntario
en la campaña en contra de los Comanches en 1839, como una ciudad de apa"

250.

(Barker y Winkler, eds. ), Una Historia de Texas)' Texanos, I, 469; NOAH
La Evolucí,hi de 1m Estado: O Recolecciones de los Antiguos Días Texanos
'

JonNSON

St.nTHWICK,

"' RODRÍGUEZ , Memorias, 34-35; SEourN, Memorias Persona/es, 9, en los Archivos
de la Universidad de Texas.
" William Van Zandt a William S. Archer, Washington, D. C. ; Enoro 10 de 1843
en George P. Garrison (ed.), Correspondencia Diplomática de la República de Texas,
11, 146-147; Ar.MONTE (Castaficda, trad.) , Reporte Estadístico sobre Texas, Trimestral Hütórico del Suroeste, XXVIII (Enero de 1925), 221.

513
H33

�riencia sombría y g6tíca. Notó que había mucha gente en la ciudad, pero pocos
americanos. Hizo hincapié en la "indolencia" de los habitantes durante el día,
pero le impresionó su jovialidad y frivolidad en los atardeceres cuando las
calles se alumbraban y se bailaba. 42
Samuel Maver:ick, Presidente de la ciudad en aquel tiempo, estuvo de
acuerdo parcialmente con las obseivaciones del Sr. Benedict, cuando escribió
a su esposa diciéndole que la ciudad de Béxar estaba adquiriendo una apariencia de negligencia y ruinosa, pero "era asombrosamente bonita y oriental
en su apariencia". También mencionó que era el único lugar en Te..xas donde
había bastante para comer y todo el mundo estaba de buen humor:º
Como había notado Benedict, los ciudadano de San Antonio de verdad
amaban el baile. El fandango o el baile era una institución. Estos bailes descritos por todos los ciudadanos de la ciudad, eran para el deleite del público...
La música generalmente era mal tocada por un violín chillón. Las muchachas
se sentaban en una banca a lo largo de la pared y los hombres se arrimaban Y
les pedían bailar. Después del baile el bailador llevaba a su pareja hacia una
mesa con dulces atendida por una vieja mujer y permitía a la muchacha que
escogiese un dulce. Generalmente no tomaba el refrigerio comprado por su
acompañante, pero lo ponía en un pañuelo o bolsa y lo llevaba consigo_ a su
casa después del baile. En la parte de atrás del cuarto se encontraba el Juego
inevitable de monte. Estos fandangos eran tan populares que el Primer Cabildo de la ciudad de San Antonio les fijó un impuesto. El impuesto de un
dólar fue aumentado a dos dólares por Cabildos subsecuentes y resultó ser una
fuente muy gustada de ingreso fijo.«
Estos primeros Cabildos de la ciudad generalmente se componían casi en su
totalidad de ciudadanos que habían prestado sus servicios en el gobierno de
la ciudad durante la guerra mexkana. Algunos nombres ingleses aparecían,
tales como John W. Smith, Samuel Maverick y William Henry Dangerfield
en ]a lista de Presidentes Municipales y William E. Howth, Comelius Van
Ness, George Blow, John McMullen y John R. Black en el registro de Ca-12 J. W. BENll.DlCT, Diario dt una Campaña en Contra de los Comanches, Trimestral Hist6rico del Suroeste, XXXII (Abril 1839) 304-305.
.. Samuel A. Maverick a 'Mary Maverick, B~xar, Febrero 26 de 1838 en Green
{ed.), Samuel Maverick, Texano, 63; Samuel A. Maverick a Mary Maverlck, Béxar,
Mano 13 de 1838 en Green (ed.), Samuel Maverick, Texano, 64-65.
" BENEDICT, Diario de una Campaña en Contra. dt los Comanches, Trimestr~l Histórico del Suroeste, XXXII (Abril 1929), 304-305; GEORGE KENOALL, Narrac16n de
la Expedici6n de Texas-Santa Fe, I, 46; FERDINAND RoBHER (Oswald Mueller, trad.),
Texas con Referencia Particular a la Inmigraci6n Alemania y a la Apariencia flsica del
Pals, 122-123; Registros de la Ciudad de San Antonio, Octuhr_e 7 de 1837 1 pp. 11-12;
ibid.; M3rzo 13 de 1838, p. 16, en Los Archivos de la Universidad de Texas.

514

bildos. Pero el grupo más grande de nombres tales como Antonio Mencha.ca,
Juan N. Seguin, Rafael Garza, Ambrosio Rodriguez, Francisco Busti110s1 Fran·
cisco A. Ruiz1 Pedro Flores, indicaban la nacionalidad de la mayoría de los
padres de la ciudad durante este período. 45
La educación en San Antonio era prácticamente nula. Se habían realizado
intentos anteriormente para mantener una escuela pública local, pero durante
los tiempos difíciles de la guerra por la independencia, ésta murió. José Ma.
Rodríguez declaró que él había asistido a una "pequeña escuela mexicana"
en la vecindad de la calle Comercio y que el "señor Calonge" impartió cátedra
en una escuela del lado oeste de la Plaza Militar, y que había una escuela en
la Casa Veramendi en 1840. 4 r. Todas estas escuelas tienen que haber sido
muy pequeñas y manejadas por un tutor. Probablemente sólo los niños de las
familias acomodadas podían asistir.
Una escuela pública sostenida por la municipalidad y similar a la anterior
fue el objeto de una petición el 14 de febrero de 1839. l. H. Winchell pidió
al Cabildo que estableciese tal escuela para la enseñanza del inglés, escritura
y la aritmética. Se ofreció como instructor con un salario de 800 dólares por
año. Pero no hay record de que se haya realizado ningún trámite como consecuencia de dicha solicitud. Más tarde, e1 27 de junio de 1844, P. L. Buquor
hizo una solicitud similar, En esta ocasión se nombró un comité para investigar el asunto y se iniciaron realmente reparaciones de la vieja casa de la Corte
en un intento por preparar uno de sus cuartos como salón de clase, pero el
trabajo en realidad nunca se terminó sino hasta la década siguiente.4 7 Aunque
no hay mención de esto en el registro, se cree razonable pensar que la falta
de fondos fue la razón por la cual la ciudad no fue capaz de establecer una
escuela pública.
Pero Ja educación elemental no era el único interés de los ciudadanos de
San Antonio. Había evidencia considerable que indicaba que deseaban establecer una_casa de estudios superiores o universidad. Dos representantes del
Condado de Béxar en la Legislatura de Texas, Juan N. Seguin y José Antonio
Navarro, tenían interés en establecer una escuela preparatoria y una universidad de artes liberales, pero bajo la dirección de la Iglesia Católica. Se comunicaron con el Padre John Trmon en 1839 cuando éste estaba en Houston,
..- Registros de la Ciudad de San Antonio. Septiembre 18 de 1837, pp. 1-5; ibid.,
Marzo 5, 1838, p. 15; ibid., Enero 6 de 1840, pp. 41-42; ibid., Enero 9' de 1841, todos en los Archivos de la Universidad de Texas.
.. RonRÍGUBZ, Memorias, 35, 37.
41 Registros de la Ciudad de San Antonio, Febrero 14 de 1839, p. 40; ibid., Junio
27 de 1844, p. 140; ibid., Junio 29 de 1844, p. 141; ibid., Febrero 22, 1847, p. 169,
en los Archivos de la Universidad de Texas.

515

�habiendo venido de Nueva Orleans para realizar un viaje de inspección para
investigar la condición de la. Iglesia Católica en Texas. Los ciudadanos de San
Antonio tenían la confianza de que la legislatura texana cedería cuatro leguas
de tierra como una dote para la universidad ya que tales donativos ya habían
sido oton!ados a otras universidades sectarias. 48
Debid; a la falta de fondos y a dificultades administrativas no se realizó
ninguna acción en ese tiempa. Pero en el año siguiente, en 1840, cuando el
Padre Haydon estuvo en San Antonio en un viaje de inspección, se le hicieron
ofertas generosas para ayudarle a establecer una escuela, pero él las resistió
hasta poder ponerse en contacto con las debidas autoridades eclesiásticas.t 9
Esto debería de indicar que el interés en la educación mostrado por los representantes de Béxar en la Legislatura, el cual había sido comunicado al Padre
Timan el año anterior, era una expresión genuina del sentir del pueblo de
San Antonio.
Cuando el Padre John Odin, el Vice Prefecto de Texas, estuvo en San Antonio en 1840, visitó las Misiones y tomó nota de que San José sería un lugar
ideal para una escuela de muchachos y que la Misión Concepción estaba
precisamente adecuada para una academia de muchachas. 50
Fue durante la visita del Padre Odin actuando bajo la autoridad concedida
por el Prefecto Padre Timan, que mandó quitar a los dos Padres ~exi~os
de San Antonio. Estos dos eclesiásticos habían estado bajo la autondad Y Jurisdicción del Obispo de Monterrey y esta acción ahora sometía a la ciudad
bajo la autoridad y jurisdicción eclesiástica del Obispo Blank de Nueva Orleans. Pero el siguiente año, en 1845, el Padre Odin fue consagrado como el
primer Obispo Católico residente de Texas.n Por lo tanto, cineo años después
de la transición de autoridades militares y civiles desde México a Texas, se
efectuó el cambio de autoridad eclesiástica.
En conjunto la situación en San Antonio en 1841 no era, mala. La peor parte de la amenaza india había terminado. El comercio estaba prosperando,
las dificultades religiosas habían sido resueltas con Ja expulsión del clero mexicano y con el establecimiento de la iglesia bajo la autoridad y la jurisdicción
del Obispo Odin. El número de americanos iba en aumento paulatinamente,
George Kendall, un periodista de Nueva Orleans, describió la ciudad en 184 l
como "la ciudad más agradable y más interesante en Texas". 52
Pero los relativamente buenos tiempos y la relativa prosperidad pronto iban
E.
.. !bid., 82.
"' !bid., 94.
., !bid., 87.
.. CARLOS

"' KENDALL,

516

CAsTAÑE.DA,

Nuestra Herencia Cat&amp;lica en Texas, VII (M.S.), 49.

Narración de la Expedición de Santa Fe, I, 47.

a ser retados por nuevos peligros. Estas nuevas dificultades iban a causar un
choque al bienestar de la ciudad de San Antonio, del cual la vieja y venerable
ciudad iba a tomar una década o más para recuperarse. El tren de sucesos se
inició a principios de 1841 cuando el Presidente Lamar visitó la ciudad. La
ciudad se encontraba bastante emocionada en espera de la visita de tal dignatario. El Cabildo se preparó para la ocasión ordenando que se disparara un
saludo de veintiún salvas y el Presidente Municipal Seguin invitó al Presidente
a un Sarao. 53
El sarao efectuado para el Presidente Lamar fue el evento social sobresaliente de la década. Se realizó en el la!'go cuarto de la casa Yturri. El cuarto
fue decorado con banderas y siemprevivas puesto que no había flores. En la
festividad el Presidente Lamar bailó con la esposa del Presidente Municipal,
una dama bastante corpulenta y puesto que Lamar no era un bailarín consumado, la pareja, según Mary Maverick, "hizo tal figura que nosotros no tuvimos más que sonreír". 5•
Se agregó una nota chusca a la descripción cuando el aprieto de los capitanes Hays, Chevallier y Howard, del destacamento de vigilantes fue relatado.
Entre los tres únicamente tenían un saco de vestir. Se pusieron de acuerdo
en turnarse, permitiendo que uno de ellos usase el saco y bailase mientras
que los otros dos esperaban. A medida que al bailarín de suerte le tocaba su
tumo de usar el saco, los otros dos se quedaban en la puerta haciendo comentarios chispeantes, amenazándolo con los puños en actitud desafiante. 55
La visita del Presidente Lamar a San Antonio tenía un motivo ulterior.
Quería despertar interés en una e.xpedición a Santa Fe, Nuevo México, para
abrir una ruta o brecha comercial hacia esa área. Obtuvo éxito al persuadir
a algunos de los hombres de San Antonio a unirse a dicho proyecto. Es más,
J. Antonio Navarro fue uno de los comisionados de la e.xpedición. 56 La expedición topó con dificultades desde el principio y cuando llegó exhausta a
Nuevo México estuvo a merced de las fuerzas mexicanas allí. Los mexicanos
la consideraron como una invasión de su territorio, así es que sus miembros
fueron capturados y puestos en marcha rumbo a México para ser encarcelados
en la prisión infame de Perote. 57
Esta invasión de territorio mexicano fue todo lo que los mexicanos nece.. Registro de la Ciudad de San Antonio, Mayo 13 de 1841, p. 81, en los Archivos
de la Universidad de Texas; Seguin a Lamar, Mayo 15 de 1841, en Gulick (ed.),
Documentos Lamar, III, 521.
.. Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 55 .
.. !bid.
ot lbid., 58.
•• CHABoT, Los Prisioneros de Perote, 43-44.

517

�sitaron para proporcionarles la razón de realizar una nueva invasión de Texas.
El General Vázquez, encabezando el grupo de ataque, capturó San Antonio
sin resistencia en marzo de 1842. Las pequeñas fuerzas de defensa bajo el
mando del Capitán Jack Hays retrocedieron. El General Vázquez proclamó
que Texas estaba otra vez bajo autoridad mexicana y llenó las formali~l.ades
para establecer un gobierno civil al haber nombra~o un Alcalde. ln~t6 a
todos los ciudadanos mexicanos de San Antonio a remcorporarse a su alianza
anterior. Vázquez también indicó que el Presidente Municipal Juan N. Seguin, quien recientemente había estado en México desempeñando una misión
en nombre del Presidente Lamar y quien había regresado con una advertencia
inminente, simpatizaba con la causa mexicana. Esto aparentaba ser un intento
. a Segum.
' 38
deliberado por desacredrtar
Aunque el General Vázquez permaneció en San Antonio únicamente días,
la destrucción causada por su visita fue considerable. En primer lugar, la noticia de su avance llenó de pánico a los ciudadanos y la mayoría de las familias
americanas abandonaron la ciudad huyendo hacia el este, en lo que se conoce
como "La Huída de 1842". Muchas de ellas no regresaron por muchos años
debido a la inestabilidad y la anarquía subsecuentes. En segundo lugar, Vázquez logró sembrar semillas de duda en lo que respecta a la falta de lealtad
del Presidente Municipal Seguin. Los enemigos del Presidente Municipal se
valieron de esto e incitaron al pueblo en su contra. fütaban tan agitados que
cuando regresó con el Capitán Hays después de haber perseguido a Vázquez Y
sus tropas hasta el Río Grande, fue encontrado por una ralea enardecida y
tuvo que esconderse y huír para salvar su v:ida. Pocos días después, cuando el
General Burleson llegó a hacerse cargo del ejército, el Presidente Municipal
Seruin
exi!ri6
la conducción de un juicio militar para reivindicar su nombre.
o
o
.
pero Burleson rehusó esta solicitud arguyendo que no había ninguna evidencia
para apoyar tales cargos ridículos.
Un tercer logro de Vá.zquez fue el de iniciar d éxodo de ciudadanos mexi.canos de San Antonio hacia México. Algunos de éstos simpatizaban con la
causa mexicana, pero muchos abandonaban el lugar debido a las depredaciones efectuadas por las tropas voluntarias texanas al tratar de invadir sus
tierras y ranchos. Con su campeón Seguin, quien ahora había $ido forzado a

ª JAMES KJMMINS GREER, El Coronel /acle Hays: L!der de la Frontera Te.,ana Y
Fundador de California, 64; CBABOT, Los Prisioneros de Perote, 46-47; Memorias
Personales de Seguin, 9, transcripción en los Archivos de la Universidad de Texas.
• Green (ed.), Memorias de Mar}' Mauerick, 29, 59;
les, 9-10 en los Archivos de la Universidad de Texas.

518

SEGUIN,

Memorias Persona-

esconderse para salvar su vida, los mexicanos sentían que no había ninguna
autoridad que los defendiese así es que escogieron emigrar. 66
Parece evidente que aunque d ataque de por sí no tuvo ninguna consecuencia, sus efectos a largo plazo sobre la ciudad de San Antonio fueron importantes. Los americanos que habían huído regresaron pocos años después,
pero el descrédito que sufrió Seguin no solamente arruinó a un hombre políticamente, sino que también separó del mando al último de los héroes de
habla española de la Guerra por la Independencia. De aquí en adelante los
americanos empezaron a dominar la vida política de la ciudad. Seguin renunció a su puesto como Presidente Municipal y se unió a los refugiados en
marcha hacia Méxi.co. John W. Smith fue electo Presidente Municipal para
reemplazarle. 61
La emigración de familias mexicanas de San Antonio fue uno de los efectos
de más profundo alcance del ataque de Vázquez. No regresaron a Ja ciudad
después de que se habían solucionado las dificultades como lo hicieron los
americanos después de su huída. Consecuentemente, la población de la ciudad
declinó desde 1,800 en el año 1839 hasta cerca de 600 en el año 1843. En
1839 había cerca de 1,500 mexicanos y como 250 americanos; en 1846 había
cerca de 750 personas, entre las cuales se dividían equitativamente las dos
nacionalidades. 62
La importancia del ataque de Vázquez como una amenaza militar fue exagerada por el pueblo de Texas y su¡gobierno. La mayoría de las personas pensaron que la guerra con México se había reiniciado. El Congreso votó en
favor de la declaración de guerra con el único resultado de que este voto fuera vetado por el Presidente Houston. Pero la pronta retirada de las fuerzas
mexicanas adormeció la sensación de peligro y algunog. de los que habían huído
empezaron a regresar a San Antonio. El sentimiento de seguridad era tan
fuerte que la sesión otoñal de la Corte de Distrito se convocó. Entonces, en
septiembre de 1842 llegaron a oídos de San Antonio rumores y noticias de un
nuevo avance de un ejército mexicano compuesto de 1,500 soldados. Se convocó una reunión en masa para decidir el curso a seguir. Pero la memoria
• B11.owN, Historia de Texas, II, 231, CASTAÑnDA, Nuestra Herencia Cat6/icq en
Tuas, VII (M.S.), 155, Secmm, Memorias Personales, 10, en los Archivos de la
Universidad de Texas.

" Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Abril 18 de 1842; ibid.,
Abril 25 de 1842, en los Archivos de la Universidad de Texas.
11 Hermana MARY ANQELA F1TZMORRlS, Cuatro Décadas de Catoli.cismo en Texas:
J820-186(), p. 45; Rm~MER ('Mueller, trad.), Texas, 117.

519

�de numerosas alarmas falsas era fuerte y las noticias de un ataque inminente
se descontinuaron. 63
Sin embargo, se efectuaron preparativos para defender la ciudad en contra.
de un ataque. Dos compañías milicianas se formaron, una consistente en su
mayoría de mexicanos bajo el mando del Capitán Antonio Menchaca y Ja
otra de americanos bajo las órdenes de Chauncey Johnson. En total compoIÚan una fuerza de cerca de 200 hombres con el valiente Jack Hays como su
Comandante en Jefe. Pero Hays se encontraba fuera de la ciudad formando
parte de un grupo de reconocimiento que intentaba localizar y determinar el
número de fuerzas que amenazaban a San Antonio.
Temprano por la mañana el 11 de septiembre el Ejército del General
Adrián Woll avanzó dentro de la ciudad de San Antonio marchando a la
tonada de "La Cucaracha", un aire popular de aquellos días. Los milicianos
defensores dispararon a los soldados que avanzaban creyéndoles ser un grupo
de ladrones. Quince soldados mexicanos fueron muertos. La reyerta cesó
cuando se levantó la niebla y los santonianos descubrieron que se encontraban
rodeados por un gran ejército de tropas mexicanas vestidos de civiles. Los
defensores se rindieron declarando que ellos pensaban que habían estado rechazando ladrones y no elementos ordinarios del ejército mexicano. Sus explicaciones no fueron aceptadas y se les tomó prisioneros marchándolos hacia
México y encarcelándolos en la prisión de Perote junto con los sobrevivientes
de la expedición de Santa Fe. 64
Al General Woll se le ofreció una bienvenida por algunos sanantonianos y
se efectuó un gran sarao en su honor por sus admiradores. Llegó noticia al
General pronto después de haber ocupado la ciudad de que el Coronel Jack
Hays y el Coronel Caldwell se encontraban en el Río Salado y le retaban a que
viniese y los capturase. Las fuerzas mexicanas partieron para pelear y fueron
vencidas estrepitosamente sufriendo fuertes pérdidas. Este suceso convenció
firmemente a Woll de que la posición en San Antonio era bastante precaria
y al día siguiente abandonó la ciudad. Luego enfiló hacia México perseguido
de cerca por las fuerzas texanas. 68
Un reflejo trágico de la batalla del Salado fue la masacre de Dawson. El
Capitán Nicolás Dawson, con una compañía de voluntarios originarios de
Fayette intentaron unirse a la parte principal del ejército texano bajo las
Diario de J. L. Truehart en (ed.), Los Prisioneros de Perote, 91-93 ; Roo!Úmraz, Memorias, 17-18.
,
.. CHABOT (cd.), Diario Truehart, en Los Prisioneros de Perote, 93-97; RooRIOUEZ,
Memorias, 18; Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 68.
.
.. RooRÍoUEZ, Memoria¡, 18; Green (ed.), Memorias de Mary Mavmck, 72-73;
CnABOT, Los Prisioneros de Perote, 52.

~rdenes de _H~ys y CaldweIL Dawson fue interceptado y atacado por el contmgente pnnc1pal de Woll. Sin esperanza de salvación por su mayoría en
número, Dawson intentó rendirse pero la señal de su banderín de paz fue
ignorada. Los mexicanos atacaron cuando el humo de la batalla se había
levantado habiendo dado muerte a trece texanos y capturado quince prisioneros de guerra. Estos prisioneros más tarde se unieron a los otros prisioneros
de San Antonio que iban en marcha a Perote. El esclavo de Sarnuel A.
Maverick, Griffin, realizó un acto de valor prodigioso. A Griffin se le ofreció
su libertad para que siguiera a los prisioneros en marcha hacia México y pudiese
ayudar a. su.~º· El esclavo rehusó la oferta de libertad pero de cualquier
manera s1gwo a su amo. En camino se unió por casualidad a la compañía
Dawson ~~o ante~ de ser atacada. Cuando las municiones no servían para
nada, ?riffm peleo con la culata de su carabina y cuando ésta se quebró
arranco una rama de un árbol de mezquite y continuó peleando hasta caer.
.El Coronel Carrasco, uno de los oficiales mexicanos, más tarde infom1ó a
Maverick que había sido testigo de las hazañas de "ese valiente hombre de
color'', quien fue la persona más valerosa que él hubiera visto jamás. 68
Tanto el General Woll como el General Vázquez hicieron la farsa de establecer autoridad mexicana en San Antonio. Se nombró un Alcalde y el
General llegó hasta derrocar al párroco local y reemplazarlo con el Padre de
la Garza, quien estaba desacreditado y ten.ía mala reputación. Cuando retroc_edió Woll P:rseguido de cerca por CaJdweU y Hays, muchos de los simpatizadores mexicanos de San Antonio le siguieron. El anterior Presidente Municipal Seguin, oficial del ejército de Woll, estaba a cargo de su escolta.°7
Fue así que Ja ciudad casi se despobló. Los americanos huyeron rumbo aJ
este los mexicanos rumbo al sur y los únicos que permanecieron fueron los
voluntarios. Se les urgió que regresasen a sus casac;, pero pronto se les guió en
una expedición rumbo al Río Grande por el General Somerville. Un grupo
de los hombres de Somerville, sin órdenes, continuaron y se internaron en Mé. xico, siendo capturados en la ciudad de Mier. También se les puso en la prisión
de Perote con los otros prisioneros texanos. Varias de las familias prominentes
de San Antonio fueron separadas, el padre habiendo sido mandado rumbo a
México como prisionero y el resto de la familia habiendo huído aJ este de
Texas como refugiados. Uno de los resultados de estos tiempos difíciles fue la
anarquía. No existió ningún gobierno civil por casi dos años. Por un tiempo el

o CKABOT,

520

• Green (ed.), Memorias de Mary Mavcrick, 73-74; RooRÍo.UEZ, Memorias, 18-19;
(cd.), Diarjo Truehart, en Los Pri.sio11eros de Perote 113.
~- CASTAÑEDA, Nuestra Herencia Católica en Texas, VII (M.S.), 157; CHADOT, Los
Pr!.$ioneros dt Perote, 52-57; Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 74-75; SEOUIN, Memorias Personales, 12, en los Archivos de la Universidad de Texas.
CHABOT

521

�Mayor Jack Hays gobem6 la ciudad bajo ley marcial. Entonces John ~~ullen fue designado Juez de Condado por la Legislatura Texana el 9 de diaembre de 1842.68
Los reaistros de la ciudad de San Antonio citan:
e

Como consecuencia del estado desorganizado de los asuntos de este
condado durante los últimos dos años, no se efectuó ninguna elección
de oficiales de la Corporación hasta el 23 del actual, cuando se llevó
a cabo una elección de acuerdo con u.na orden emitida por el Honorable David Morgan, Procurador de Justicia del Condado, emitida de
acuerdo con una ley que aprobó el honorable Congreso y ratificada por
el Presidente el 14 de enero de 1842.0
Edward Dwyer fue electo Presidente Municipal y Rafael Garza, Ambrosio Rodríguez, Juan Urrutia, Antonio Menchaca, José M. Flores, James Good·
man Robert Lindsay y Thomas Whitehead fueron electos miembros del cabild~.10 Deberá notarse que babia un considerable aumento en el número de
nombres inaleses entre los integrantes del cabildo. Quizás esto fuese un refle,
jo del cambio de proporción de los dos grupos en relación del uno con el otro.
El número de personas de habla española había dismin.uído de cerca de 95o/o a
aproximadamente 50%.
Otra seria consecuencia de la invasión Woll fue que cuando él partió, un
fuerte grupo de refugiados que partieron con él saqu~aron la ciudad _Y de una
manera u otra los registros de bienes raíces de la audad desaparecieron. En
los años siguientes en que no hubo gobierno, mucha gente aprovechó la ausencia de registros ocupando las mejores propiedades sin tener ningú~ derecho a ellas. Uno de éstos, James Goodman, un herrero y armero ocupo part_e
del área de la plaza militar, cercándola, retando a cualquiera a que se la qwtase. John James, el topógrafo diputado del C~~~ado fue e'??leado por el
Cabildo de la ciudad para auxiliarlo en la resoluaon de esta dificultad. James
había leído la cesión original española, la cual delineaba el área ~: la ci~dad
y se la sabía de memoria. Volvió a delinear la ciudad y establec10 las lineas
de propiedad antiguas. La cindad entonces empleó a un abogado para que
demandase a los paracaidistas y así fueron lanzados. 71
.. GREER, El Coronel Jack Hays, 80; GAMMEL (Comp.), Leyes de Texas, 11, 827,
Registro Telegráfico de Texas, Julio 12 d~ 1843'., 8;ouston, Texas.
,,. Registros de la Ciudad de San Antonio, Period1co A, Mano 30 de 1844, p. 132,

en los Archivos de la Universidad de Texas.

'ºn

Jbid.

VINTON LEE JAMES,

A pesar de tiempos azarosos la ciudad paulatinamente comenzó a recupe-

rarse. El comercio una vez más empezó a florecer. Los trenes de mulas empezaron a llegar desde el sur portando las bolsas de plata y oro. Hacia el verano de 1843 los comerciantes mexicanos llevaron $ 50 000 en oro y plata a
San Antonio.ª
'
Pero quizás el evento más importante del año fue la llegada de Henri Casacomp,añado ?e un grupo de colonos para cumplir su propósito de colom~ar el ~o Me~a. La ~ayoría de estas gentes eran de origen francés y aleman. Hab~ sufndo homblemente el viaje desde la costa y habían llegado a
San Antonio e.x.haustos, enfermos y moribundos. Los ciudadanos les auxiliaron en todo lo que les fue posible. 73 No todos los franceses y alemanes inmi_grantes continuaron hacia la colonia de Castro, la cual llegó a ser )a Villa de
Castro. Un número de ellos permaneció en San Antonio. Los primeros en llegar no encontraron gobierno o autoridad alguna y sí mucha tierra baldía, de
manera que la ocuparon o se establecieron sin derecho. Estos fueron algunos
de los paracaidistas en contra de los cuales estaba el Cabildo de la ciudad actu~do para .esclarecer títulos de bienes raíces. Los alemanes y los franceses
ti:a1eron consigo nuevas voces, nuevos idiomas y nuevos problemas a la ciudad.
Sm pode~ _entender las lenguas inglesa o española, no conocían los reglamentos civiles que regulaban el uso del agua de riego. Este problema en
particular causó dificultades. Fue tan agudo que el Cabildo votó el 22 de
julio de 1844 que se tradujesen en las lenguas francesa y alemana los reg~amentos ~viles que gobernaban el uso del agua de riego y que estas traducciones se ÍlJasen en lugares públicos. 74
Otra seña que indicaba el cambio de condiciones en San Antonio fue la
realización del primer servicio religioso protestante. El Reverendo John McCullough, Presbiteriano, y el Reverendo John W. DeVilis, Metodista, oficiaron los servicios en la primavera de 1844. Asistieron a la congregación once
personas además de los dos ministros. Algunos de los nombres mencionados
que asistieron a los servicios fueron los de John James, James L. True-

U:º

San
Antonio y el Oeste de Texas, 19; Registros de la Ciudad de San Antonl·0 , pe_
"6di
ri co A, marzo 30 de 1844, p. 132; ibid., mayo 30 de 1844, p. 138; ibid., mayo 25
de 1844, p. 139; ibid., junio l 7 de 1846, p. 162, en los Archivos de la Universidad
de Texas.
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" Car! of Solms-Brauniels (traducido del alemán), Texas, 1844-1845, p. 37; William
Bo~l~ert, Texas, 221; Green (ed.}, Memorias de Mary Maverick, 92; Cbabot, Los
Prmon~ros de Perott, 80-81.
" Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, junio 22 de 1844, p. 140,
en los Aschivos de la Universidad de Texas.

Memorias Fronterizas y Pioneras de los Primeros Dlas en.

523
522

�hart, Thomas Addicks, Mrs. Elliot, Mrs. Jacques, and Mrs. Bruner. 75 Pero esto fue únicamente un arreglo temporal, ya que los ministros solamente
se quedaron por corto tiempo y luego partieron. El comienzo de servicios protestantes de tipo regular y la construcción de la primera iglesia protestante
habría de efectuarse más tarde. Esto parece indicar el principio de un cambio que estaba de acuerdo con el cambio en la composición de los habitantes. Durante el tiempo de la República, la mayoría de los protestantes en
San Antonio, alrededor de 100 en 1839, aparentaban no sentir la necesidad
de contar con una iglesia propia. Simplemente asistían a los servicios en San
Fernando si sentían la necesidad de ir a la iglesia. Esto fue particularmente
cierto después de que el Obispo Odin reorganizó la iglesia en 1840.

La vida de San Antonio continuó siendo más o menos desorganizada hasta el fin del período de la República, pero para aquel entonces todos los elementos para el crecimiento y composición futura de San Antonio ya estaban
presentes. La transición fue completa. El único elemento que se agregó a la
lista de ingredientes necesarios para la construcción de una ciudad texana
próspera y llena de éxito fue la presencia del ejército de los Estados Unidos.
El primer destacamento arribó pronto después de que se desató la guerra entre los Estados Unidos y México. 76
Los fundadores de la ciudad, ansiosos de contar con la milicia de los Estados Unidos dentro o cerca de la ciudad, ofrecieron un lote al gobierno como base para el ejército. El obsequio fue rehusado. 77

Una función importante de las tropas de los Estados Unidos fue la ·de
hacerse cargo de la protección de la frontera y la de establecer una cadena
de fortalezas para proteger las brechas por las cuales los colonos y viajeros
transitaban rumbo al oeste.
Aunque San Antonio aparentaba ser una ciudad en ruinas en el año de
1845 cuando se hizo parte de los Estados Unidos, contaba con todos los elementos necesarios para su desarrollo. La vieja ciudad hispano-mexicana había sido en gran parte destruida por las guerras y las turbulencias y se puede
decir que la nueva ciudad estaba resurgiendo de las ruinas. Las familias americanas regresaban e inmigrantes de los Estados Unidos, de Alemania y de
Francia comenzaban a internarse en números reducidos y en pocos años esta corriente llegó a convertirse en una inundación. Llegaría a incrementar el

n_úmdedro d~ habitantes de tal manera que en 1860 San Antonio llegó a ser la
cm a mas grande en Texas/8
río!~

c;;~:c;e

c~~liMéxico ~ue _los contrabandistas realfaaban durante el peca, llego a mcrementarse y desarrollarse después de hab
erse egitun o con el Tratado d G dal
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b .
e ua upe 1 algo. Nuevos sectores de
comer~10 se a n_eron y cuando se inició la fiebre de oro californiana S
Antomo estaba hsto para convertirse en parte del m . .
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ovuruento ac1a el oeste
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. En conclusión, se puede declarar que la ciudad mexican d
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la mm1grac1on ya fluía dentro de la ciudad y mostraba 1
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., .
a promesa no solo
e una _n:~uper~c~on sino de un crecimiento y desarrollo mucho más ali' d
su cond1eton ongmal.
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              <text>Humanitas, Sección Historia, 1964, No 5, Enero</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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