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                  <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�EL INSTITUTO INTERAMERICANO
DE ESTUDIOS JURIDICOS INTERNACIONALES
Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEz
Universidad Nacional Autónoma de México,
Universidad de Nuevo León

0

Es POSIBLE OBSERVAR cómo en los últimos años -especialmente a partir de
la Segunda Guerra Mundial- se ha venido operando un incesante progreso
del Derecho Internacional en los diferentes campos de su aplicación y, como
su consecuencia natural, en el de su estudio y técnica pedagógica, así como
en su divulgación, según se advierte en las múltiples manifestaciones que ha
tenido a través de instituciones, estudios, obras especializadas, etc.
Diversas causas han producido ese progreso del Derecho Internacional, destacándose en forma principal la gravedad de los cada vez mayores problemas
de las naciones, así como de los derivados de la última guerra; la amenaza latente de otro conflicto bélico de proporciones insospechables y de los que
nacen en el decurso natural de sus relaciones entre sí. Finalmente, el hecho
de la comprensión y el reconocimiento universal de que el Derecho Internacional constituye un medio seguro, frente a otros que no han dado los resultados apetecidos de solución a tales problemas, permitiendo el que se vuelva
realidad una mejor convivencia entre los Estados.
América, cuyas características sociológicas propias, la hacen una región
distinta, no ha estado ni puede estar al margen del ritmo universal del progreso
en lo que al Derecho Internacional se refiere; por el contrario, su contribución
a este Derecho es altamente reveladora, no solamente de su vocación e interés,
como de la aplicación práctica de sus principios y normas en la génesis de su
organización, al incorporarlo a lo nacional, y en su influjo, al crear todo un
sistema Interamericano, que permite la solución de los diversos problemas y
conflictos a través del tiempo y, lo que es más importante: el acercamiento y
la identificación de las diversas repúblicas con un sentido que va más allá
de lo puramente formal y jurídico.

505

�Tal vez el desconocimiento de la contribución americana al Derecho Internacional produzca el que no se le dé el debido reconocimiento a esa ~~ra
trascendental que tiene su iniciación bajo el signo de Bolívar, crea~~r v1s1?nario de instituciones internacionales que habrían de tener una magnifica cnstalización en la posteridad en la forma de una estructura inter~mericana de
innegable raio-ambre jurídica. Lo anterior, sin embargo, no constituye la totalidad de la :portación americana al Derecho Internacional; ya ~olí~ar, al
que no puede escatimársele el mérito de haber iniciado el Pan~~ncan_1smo Y
de haber proyectado la unión, no solamente de nuest~a ~1:1enc~; smo de
todas las naciones del mundo, y a quien se le llama con Justicia el Precursor
de la Sociedad de Naciones Universal"; como si lo anterior fuera poco, en
aquel famoso documento que es la Carta dei Jamaica y en todo el demás material epistolario suyo, había de sentar las bases de la incorporaci~~ del Derecho
Internacional con nuevas modalidades, así como en la celebrac1on memorable
del Primer Congreso de Panamá de 1826.
Si en el campo del Derecho Internacional se yergue la fi~ura_ de Fr~cisco
de Vitoria a través de la creación de ese Derecho y de la c1enc1a del mismo,
Bolívar con su pensamiento político, echa las raíces de un Derecho Internacional de características peculiares, que, aunque no distinto al Derecho Internacional común es indudable que presenta el sello inconfundible de la preencía de América. Es más, en todas las manifestaciones del pensamiento bo;ivariano, es de observarse cómo éste descansa sobre principios_ de Derech_o
Internacional, actitud y pensamiento que adquiere un mayor relieve al_ considerar las circunstancias históricas y políticas tan especiales como determmantes
por las que atravesaban en aquel entonces las Repúblicas Ameri~as. , .
Modernamente, algún autor americano reprocha el llamado , ~splend1do
.
A !amiento" de América frente a Europa, al no tener una pohtica que le
lS
A .
1
.
permita un acercamiento más íntimo con Asia o aún ;ºn fnc~, a n:en:10nar que las relaciones actuales tienen un carácter m_as decorativo e md1ferente, que las que es posible observar entre otras regiones ~ue c~~ponen la
Comunidad Internacional. Se aduce, en apoyo de esta af1rmac1on, que l_a
proximidad geográfica de los Estados Unidos de Nor;e_américa ha d~te~mnado una gran influencia en el crecimiento y en la polít1c~ de las Repubhcas
de América. Se invoca, también, la existencia de la Doctnna Monroe, ia que
habría de. decidir en muchos casos y unilateralmente, no solament~ la ob~taculización del desarrollo del Derecho Internacional, llamado Americano, smo
el deseRvolvimiento de las relaciones políticas internacionales con otras regiones fuera del continente americano.
. .
Pero no viene al caso el hacer historia de las diversas motivaciones que han
determinado situaciones jurídicas o políticas en América ya que creemos sea
506

suficiente el señalamiento de las instituciones tan importantes creadas principalmente a través del pensamiento de Bolívar las que por sí solas serían sufici~?tes para justificar la presencia de un De~echo Internacional ~uya verificac1~n rebasa los ~cadernismos o los aspectos teorizantes que en otra época
habnan de conducir a la creación del Derecho Internacional en otras latitudes.
En nuestros días merece la atención, no solamente. de los especialistas y de
los estudiosos, la existencia del Instituto Interamericano p.e Estudios Jurídicos
Internacionales, que fuera creado por la Mesa Redonda de Profesores de Derecho Intemacoinal del Hemisferio Occidental, que tuvo verificativo en San
José, Costa Rica, del 31 de marzo al 5 de abril de 1963. En tal ocasión se
~c~rdó el con~ocar a una Reunión Inaugural a la cual asistirían los que participaron en dicha Mesa Redonda, así como otros jusintemacionalistas. En tal
informe se recogió la labor realizada en el curso de esa Reunión Inaugural,
celebrada en Bogotá, Colombia, de los días 18 al 23 de marzo de 1964 así
'
como sus antecedentes y las actividades del Comité Organizador y la Secretaría
Ejecutiva que la precedieron.
De acuerdo con, tal Informe, la creación de esta nueva institución obedecía
a una necesidad apremiante. En efecto, el antiguo Instituto Americano de
Derecho Internacional, al suspender sus actividades, había dejado un gran
vacío en el Continente. Desde entonces se venía sintiendo la ausencia de una
institución Interamericana que sirviera de medio de contacto y de cooperación entre profesores y especialistas; capaz, a su vez, de expresar en forma
colectiva la opinión científica, objetiva, de nuestros juristas en cuestiones que
cada día adquieren mayor importancia en la vida contemporánea. El llenar
ese vacío haría posible que el Continente Americano pudiese, de nuevo, aportar al desarrollo y !a codificación del Derecho Internacional una contribución
tan valiosa como la que llegó a aportar en el pasado. Al decidirse la creación
de una nueva entidad -prosigue el Informe- era natural que ya no se la
considerara con el mismo carácter ni tampoco con las mismas funciones, objetivos y actividades que tuvo el antiguo Instituto Americano. En primer
término, la enseñanza e investigación del Derecho Internacional presenta en
América Latina problemas de tal urgencia, que sólo podrán atenderse adecuadamente a través de la cooperación continua e institucionalizada de los
profesores y especialistas. En segundo término, el programa para el desarrollo
económico y social de los países latinoamericanos viene creando problemas
jurídicos internacionales cuyo estudio requiere, inaplazablemente, ser incorporado al de aquellos que tradicionalmente habrían ocupado nuestra atención.

507

�EL INSTITUTO INTERAMERICANO DE ESTUDIOS

Jmúmcos

INTERNACIONALES - ANTECEDENTES

En el American ]ournal of lnternational Law,1 aparece un estudio del profesor C. G. Fenwick, acerca del Instituto Interamericano de Estudios Jurídicos Internacionales que permite conocer los antecedentes previos a la creación
del mismo. Este autof nos habla en su artículo acerca de que hace ya cincuenta
años tendría lugar la organización formal del Instituto Americano de Derecho
Internacional, el 12 de octubre de 1912, siendo el doctor James Brown Scott,
entonces Secretario de la Dotación Carnegie para la Paz Internacional, quien
asUIDió la Presidencia. En opinión del autor citado, se han producido grandes
cambios en el mundo de las naciones a partir de aquel entonces, por lo que la
actuación del doctor Scott resultó un tanto idealista. La gran causa de la
Paz Internacional debía de atenderse -según su criterio-- por la promoción
del procedimiento de arbitraje para el arreglo de las disputas internacionales.
Sin embargo, este arbitraje podría solamente ser efectivo si se contaba con
reglas específicas de Derecho Internacional que deberían ser aplicadas al iniciarse las controversias. De aquí en adelante los esfuerzos para promover el
arbitraje deberían ser acompañados de los correspondientes esfuerzos para
promover la codificación del Derecho Internacional.
¿ Por qué no podrían tomarse las medidas correspondientes para promover
la codificación del Derecho Internacional por un Instituto organizado en América de acuerdo con las Resoluciones de las Conferencias Internacionales de
los Estados Americanos?, se pregunta el doctor Fenwik.
En la etapa de organización, el Instituto consistió de miembros fundadores,
hombres de Estado de alto rango, uno por cada País, quienes sirven o han
servido en las Secretarías de Relaciones Exteriores de sus respectivos países,
así como de miembros afiliados a las Sociedades Nacionales de Derecho Internacional en las diferentes Repúblicas Americanas. Estas Sociedades propondrían, entre sus nacionales, a personas de relevancia, las que en número de
cinco, deberían ser electas como miembros titulares del Instituto. Además,
había miembros ex-oficio, los Secretarios Ejecutivos de las Sociedades Nacionales y los miembros correspondientes, que no tuvieron la nacionalidad norteamericana.
Las labores del Instituto justificaron plenamente lo previsto por el doctor
Scott, si bien con la irrupción de la guerra en Europa, éste habría de dilatar
sus actividades. El 6 de enero de 1916, el Instituto adoptó una Declaración
de los Derechos y Deberes de las Naciones, siendo paralela a los Derechos y
1

508

The American Journal of International Law, Vol. 58, No. 1, January, 1964.

Obligaciones Fundame~tales de los Ciudadanos, bajo la Ley Municipal. Aunque el document_~ pudiera aparecer en la actualidad en alguna forma primitiva en _compara~1.on con el Convenio de la Liga de Naciones, y carente de
cua!qme~ propos1to para una organización Internacional y de seguridad colectiv~, sm embargo, estableció la base que fue seguida en 1933 por la Conferencia celebrada en Montevideo, al adoptar la Convención respecto de los
Derechos y Deberes de los Estados.
La más importante contribución del Instituto, sin embargo, fue la serie
de proyectos preparados como anteproyectos a la reunión de la Comisión Internacional de Juristas, verificada en Río de Janeiro en 1927 la cual en 1928
habría de . consagrarl~s en una serie de siete Convenciones' adoptadas en l;
Conferencia Internac10nal que tuvo celebración en La Habana en 1928. Por
otra parte, el establecimiento de nuevas agencias gubernamentales de codificació1n produjo el efecto de no considerar el trabajo científico del Instituto, y
con a muerte del doctor Scott, el Instituto permaneció meramente como una
or?anización n~minal. Más tarde, en 1956 el profesor Ulloa urgió el renacimiento del Instituto y el tema surgió para discusión en una reunión en Buenos
Aires en 196~, de la que habría de salir un Comité, con carácter preparatorio,
para proporcionar planes posibles para su reactivación.
Reanimando este último interés en el desarrollo del Derecho Internacional
en el Hemisferio Occidental, la Dotación Carnegie para la Paz Internacional
en cooperación con el Departamento de Asuntos Legales de la Unión Pana~
mericana, convocó a una reunión de Mesa Redonda de Estudios para encontrarse en San José de Costa Rica, el 31 de marzo de 1963, con objeto de discutir la situación y proporcionar sus gestiones y hacer recomendaciones. Claramente se advirtió que las condiciones de 1963, exigían un nuevo y más amplio_ examen de las cuestiones a estudio. La posible renovación del antiguo
Instituto de Derecho Internacional, demostró ser solamente un incidente en
la Agenda de la Reunión, la que incluyó las implicaciones de la Alianza para
el Progreso sobre el Derecho Internacional en el Hemisferio Occidental; los
~pectos legales del sistema colectivo de seguridad interamericano; las posibilidades de las Fuentes del Derecho Internacional; el marco de trabajo institucional que mejor podría convenir para promover la cooperación entre
los estudiantes para abocarse al conocimiento de los problemas corrientes del
Derecho Internacional, y el status de la enseñanza e investigación del Derecho
Internacional en el Hemisferio Occidental; tópicos éstos que quedaban fuera
del campo de acción del Instituto como éste funcionó una generación anterior.
Entre los participantes a la Reunión de la Mesa Redonda, se incluyeron a
los profesores Vittone, de la Universidad de El Salvador, de Buenos Aires;
Albuquerque Mello, de la Universidad del Brasil, Albónico Valenzuela, de la
509

�Universidad de Chile; Urrutia, de la Universidad de Bogotá; Sotela, de la
Universidad de Costa Rica; García Bauer, de la Universidad de San Carlos,
de Guatemala; Ferro, de la Universidad Católica de Lima; · Jiménez de Aréchaga, de la Universidad de Montevideo; Mármol, de la Universidad Católica "Andrés Bello", de Caracas; Milton Katz, de la Escuela de Derecho de
Harvard; Covey T. Oliver, de la Universidad de Pennsylvania y Morin, de la
Universidad de Montreal. Además, se invitó a un número determinado de
observadores, entre los que se incluyó a F. V. García-Amador y Charles G.
Fenwick, del Departamento de Asuntos Legales de la Unión Panamericana;
Osear Schachter, de la Oficina de Asuntos Legales del Secretariado de las
Naciones Unidas; Jhon B. Howard, de la Fundación Ford y Francis Deak,
Ejecutivo Asociado de la Dotación Carnegie para la Paz Internacional, a través de cuya iniciativa tal institución había patrocinado la Reunión de la Mesa
Redonda.
Para disponer debidamente, tanto la discusión, como los antecedentes necesarios, varios proyectos fueron presentados como preparatorios a la Reunión,
destacándose el trabajo del profesor Jiménez de Aréchaga acerca de la.s ventajas de la reactivación del Instituto, así como el del doctor Carlos García
Bauer, en los mismos términos de la agenda. En lo relativo a las implicaciones
de la Alianza para el Progreso, el profesor Milton Katz presentó un trabajo
que estaba comprendido en la propia agenda.
Como manifestación de un nuevo y más amplio punto de vista acerca del
Derecho Internacional de los participantes a la Mesa Redonda, fue la atención principal dada al status de la enseñanza del Derecho Internacional en
el Hemisferio Occidental, así como las materias disponibles para un adecuado
trabajo científico en este campo. El profesor Fenwick opinó que lo anterior
sería tomado para garantizar el trabajo de la codificación del Derecho
Internacional, lo que había constituído el principal objetivo del Instituto y
había sido ya adecuadamente provisto por las Agencias de la Organización de
Estados Americanos. No obstante, la codificación había sido confinada a las
relaciones políticas de los gobiernos. Pero aún era su campo, sólo que nuevos
intereses habían llegado posteriormente: problemas de relaciones económicas,
cooperación social y cultural, Derecho Internacional Privado, la interacción de
los arreglos regionales, y -no eran las materias para la codificación por las
Agencias del Gobierno- sino materias para estudio e investigación por estudiantes, dejando el campo para la acción subsecuente de los gobiernos.
Para este fin era que los profesores se necesitaban, y éste es el deber de los
mismos ahora, en la tarea de preparar una nueva generación con la comprensión del Derecho Internacional dentro de estos nuevos y más amplios campos,
y para tal propósito los materiales deberían ser hechos para tal fin; las

510

fuentes primarias del Derecho Internacional, los Tratados, las decisiones de la
Corte Internacional de Justicia y otros tribunales internacionales, la interpretación del Derecho Internacional por las cortes nacionales, así como por las
Secretarías de Relaciones Exteriores. Esta fue una condición esencial acerca
de si los problemas de un Derecho Internacional dinámico y vital' debían
tratarse.
La discusión siguiente habría de relacionarse en lo que respecta al "Marco
de T~abajo Institucional", que debía promover mejor la cooperación de los
estudiantes del Hemisferio Occidental en el estudio de los problemas presentados por el nuevo Derecho Internacional, sus principios básicos y procedimientos. La opinión general fue que el no activo Instituto Americano de
Derecho Internacional no debía ser revivido, sino que un nuevo Instituto,
establecido sobre bases más amplias, debe ser preferible y debería llamársele
"El Instituto Interamericano de Estudios Legales Internacionales". De nuevo,
se recalcó la situación -de acuerdo con el artículo del profesor Fenwikacerca del problema de la enseñanza sobre las bases del estudio y la investigación de los estudiantes libres de la dirección gubernamental, así como de su
influencia, a su vez, a los gobiernos y hacer posible un trabajo más efectivo en
la parte de las agencias\ de codificación oficial.
Es de interés hacer notar -agrega el autor citado- el que, aunque los
miembros de la Mesa Redonda eran todos expertos del Hemisferio Occidental,
relacionados primeramente con los problemas regionales, la reunión fue repetidamente prevenida y completamente advertida del peligro de un Derecho
Internacional Universal, débil, si se adoptaba una concepción crítica de Derecho Regional. El profesor Kats, en particular, enfatizó las implicaciones para
otro de los arreglos regionales dentro de las Américas, en Europa y en el Área
Atlántica, e hizo notar la cuestión acerca de que si la codificación del Derecho
Internacional debería ser o no puesta en un marco de trabajo de características
mundiales, o por lo menos, en uno que pudiera hacerse extensivo al Mundo
Libre. Para el mismo efecto, fueron las consideraciones preparadas por el
profesor Morin, de Montreal, quien llamó la atención hacia lo continuos cambios del Derecho Internacional como es comprendido por los nuevos Estados
de Asia y de África, así como la necesidad de ir coordinando los desarrollos
económicos dentro de los diferentes grupos regionales.
En llegándose al problema de la creación del marco de trabajo institucional, se creyó que sería deseable el promover los objetivos en los cuales se
estaba de acuerdo y se creó un comité de organizaciones de siete miembros
escogidos entre aquellos de los participantes a la reunión. La resolución que
hubo de crear el Comité, encargó a éste para que redactase los Estatutos del
Instituto, determinase su membrecía y trabajara acerca de un programa prác-

511

�tico de actividad, especificando la investigación de Derecho Internacional, la
preparación de profesores, así como la distribució~ del material jurídico esencial para el programa de la enseñanza.
La Mesa Redonda terminó sus labores con una Resolución en la que es
posible observar como quedó debidamente integrado el punto de vista expresado por sus miembros. He aquí tal Resolución:

2)

3)

Resolución Primera

4)

La Mesa Redonda de Profesores de Derecho Internacional. Considerando:
1) Que el debate ha puesto en evidencia que, por lo general el alcance y

5)

!ª

la calidad de los programas de enseñanza del derecho internacional en
el Hemisferio Occidental, así como el material y los métodos de estudio

no responden a las necesidades del mundo actual;
2) Que, por otra parte, la falta de un adecuado estímulo económico para
el ejercicio de la función docente y para la especialización en asuntos
internacionales crea un serio obstáculo para el progreso del derecho
internacional.
3) Que entre los estudiosos del derecho internacional y los que lo practican, no existe el necesario entendimiento sobre la fundamentación, métodos, objetivos, materiales de investigación y los problemas y soluciones
de ese derecho ;1 por lo que se hace necesario la creación de una institución que llene ese vacío.

Acuerda las siguientes Declaraciones y Recomendaciones:

1) Que es un deber fundamental e ineludible de las instituciones y profesores de derecho internacional del Hemisferio Occidental, mejorar la
calidad de la preparación en los campos del derecho internacional público, incluyendo las normas que rigen las organizaciones internacionales,
del derecho internacional privado y de materias afines, campos en los
cuales el jurista especializado se encuentra frente a la obligación de actuar o de opinar responsablemente en las complejas situaciones del
mundo actual.
II) Que el programa básico de estudios de derecho internacional debe poner
énfasis en nuevos elementos y condiciones tales como:

entre otros, los de soberanía, competencia exclusiva auto-determinación
no-intervención y legítima defensa.
'
'
La importancia fundamental en el estudio del derecho internacional del
desarroll~ económi~o y social y de las aspiraciones para dotar a los ~ueblos de mveles de nda cada vez más altos, así como la acción rectora que
corresponde al derecho internacional en el establecimiento de las bases
Y estructuras necesarias para el logro de ese fin.
Los problemas creados por nuevas condiciones internacionales, particul~ente en lo que respecta a los medios de guerra y al peligro nuclear.
El impacto que causan en la vida internacional los progresos científicos
y tecnológicos.
Los cambios en la estructura de la sociedad internacional, producidos
p~r el nacimiento de un gran número de Estados soberanos y, primord'.almen_te, por creación y el desarrollo de una multiplicidad de orgamsmos mternac1onales y formas de cooperación.
El desarrollo alcanzado en la protección internacional de los derechos
humanos y la creciente importancia del individuo en el derecho de gentes.
La reconocida importancia de los movimientos de interrración económica
, .
o
y pohtica.
El desarrollo del derecho internacional y su codificación como principal resultado de la actividad de la Comisión de Derecho Internacional
de las Naciones Unidas y las actividades de las organizaciones internacionales en la formación de este derecho.

6)
7)
8)

III) Que los estudios de Derecho Internacional en este Hemisferio, deberán
ser concebidos y planeados de conformidad con un programa revisado
y mejorado, en tal forma que puedan ser enriquecidos y vigorizados por
los trabajos que se lleven a cabo en otras áreas regionales y en otras
disciplinas, particularmente en lo que se refiere a la metodología y a la
orientación que se ha de dar a la enseñanza y a la investigación.
IV) Que deberán ser utilizadas al máximo las oportunidades para el enriquecimiento de la enseñanza y la investigación que puedan obtenerse
de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos.
V) Que para mejorar la calidad de la enseñanza y de la investigación deberán establecerse sociedades e instituciones nacionales de derecho internacional, y estimular la cooperación de éstos con grupos de abogados
y centros de estudios de otras regiones.
VI) Que la especialización de postgraduados en estudios de derecho internacional es esencial para la formación de nuevos maestros, profeso-

1) La evolución que se está operando en algunos conceptos fundamentales,

513
512

1133

�res, abogados en ejercicio y funcionarios competentes que se requieren
con gran urgencia y en mayor número, para asegurar la efectividad de
las normas del derecho en el Hemisferio Occidental y en el mundo
entero.
VII) Que para realizar un mejoramiento inmediato y efectivo de la enseñanza actual del derecho internacional, es necesario adoptar las siguientes:

del derecho internacional en América; tomando as1m1smo en consideración
el c~nsenso de los participantes acerca de la necesidad de perfeccionar la
~ns,e~anz~ del de~echo y de orientar el estudio e investigación de los problemas
Jund1cos mternac1onales de interés actual para las Repúblicas Americanas tal
como se señala en la Resolución 1 de esta Reunión.
'
Resuelve:

1) Revisar cuidadosamente el contenido de los cursos que actualmente se

ofrecen, con miras a garantizar que ellos sean adecuados a las necesidades de la hora presente, para lo cual cada profesor deberá beneficiarse
de la consulta y discusión de sus colegas de otras nacionalidades.
2) El curso básico de derecho internacional público no debe ser desplazado ni desnaturalizado por materias que, aunque atingentes a él, forman parte de otras disciplinas jurídicas; y
3) Como existe una seria escasez de versiones en español y en portugués
de documentos esenciales en esta rama del derecho, se deberá presentar especial atención a la preparación de una compilación económica
de tales materiales para el uso del estudiante en relación con su curso
o cursos en el sector internacional y sujeto a las modalidades de la instrucción en uso. La preparación de tales materiales podría lograrse
mediante un esfuerzo conjunto de una institución a la que se refiere el
considerando (3) de este documento y otras organizaciones.
VIII) Que los gobiernos y universidades del Continente Americano unan sus
esfuerzos para estimular la formación de profesores y especialistas en
materia internacional, estableciendo oportunidades y condiciones económicas adecuadas.
Resolut ión Segunda
La 1\-j:esa Redonda de Profesores de Derecho Internacional del Hemisferio
Occidental.
Tomando en cuenta:
Los documentos números 3, 5, 8 y 13 relativos al tema 4 del Programa; las
deliberaciones habidas en esta reunión sobre la conveniencia de establecer un
organismo que asegure la cooperación continua entre los profesores y especialistas del Hemisferio Occidental con el fin de intensificar el conocimiento

1) Crear el "Instituto Interamericano de Estudios Jurídicos Interna-

cionales", dest'.n~do a asegurar la cooperaci&lt;?n continua entre los profesores Y especialistas del Hemisferio Occidental para el estudio e investigación intensivos y el perfeccionamiento de la enseñanza del Derecho
Internacional Público y Privado, incluyendo los problemas jurídicos in.
ternaci~nal,e~ relaci?nados con el desarrollo económico y social y el progreso c1ent1f1co y tecnico.
2) Designar para este fin, un Comité Organizador compuesto de los sigui~ntes miei:nbros de esta Mesa Redonda: Linneu Albuquerque Mello,
Fab10 Fourn1er, Carlos García Bauer, Eduardo Jiménez de Aréchaga,
Jacques !van Morin, Covey T. Oliver y Francisco Urrutia. Este Comité
estará autorizado para invitar a asociarse a su tarea a otras personas del
Hemisferio Occidental activamente dedicadas a la enseñanza O investigación en el campo jurídico internacional.
3) El Comité Organizador queda encargado de redactar los estatutos del
Instituto, que definan el propósito y alcance de sus funciones, así como
preparar y comenzar, en la medida de lo posible, la ejecución de su programa de trabajo inicial, en el que se dará preferencia a las medidas
encaminadas a perfeccionar la investigación y enseñanza del derecho
internacional, la formación de profesores y la distribución e intercambio
de materiales destinados al mejoramiento de la enseñanza del derecho
internacional. En la preparación de este programa el Comité Organizador deberá tomar en cuenta, en lo que respecta a la investigación, el
documento que se anexa a esta Resolución como parte de ella. En lo
que respecta a la enseñanza y la publicación de material jurídico, el
Comité Organizador estudiará y elaborará los medios prácticos para:
a) El intercambio y discusión de ideas e informaciones relacionadas
con la enseñanza del derecho internacional.
b) La publicación, distribución e intercambio, en español, portugués e
inglés, de materiales jurídicos esenciales para el mejoramiento de la
enseñanza.

514
515

•

�4) El Comité Organizador confeccionará la lista de personas que han de
invitarse a la reunión del Instituto, la cual incluirá a los participantes de
la presente Mesa Redonda. Escogerá asimismo la fecha y lugar de dicha
reunión inaugural, cuyo primer punto del programa será la consideración y aprobación de los Estatutos referidos en el párrafo 3.
5) El Comité Organizador estará facultado para tomar las medidas necesarias a fin de estructurar, sobre una base provisional, un Centro para
la ejecución del programa de trabajo a que se refiere el mencionado
párrafo 3.
6) El Comité Organizador estudiará los medios para financiar las actividades del Instituto· y del Centro, estando facultado para gestionar el
apoyo de organizaciones internacionales, fundaciones y otras entidades
0 personas que puedan tener interés en cooperar con el instituto en la
realización de sus trabajos.
7) Para asistir al Comité Organizador en el cumplimiento de sus tareas se
designa Secretario Ejecutivo del mismo al Dr. Francisco V. García Amador Director del Departamento de Asuntos Jurídicos de la Unión Panade los Estados Americanos, quien, a título inm e:icana' Oraanización
o
dividua!, tendrá el cometido de asegurar la coordinación y mantener la
correspondencia necesaria para la ejecución de lo previsto en esta Resolución.
De la exposición anterior, es posible percatarse de la importancia que empieza ya a reconocérsele, tanto al Derecho Internacional, dentro del Sistema
Interamericano como a sus programas de estudios y de técnicas, así como la
verificación de' importantes eventos destinados al estudio y a la discusión de
los importantes problemas contenidos en las diversas agendas de las propias
reuniones. Sin embargo, éste es el primer paso, el primer jalón, que servtra,
como es de desearse, para la estructuración de una mayor intensifi~ación Y
fortalecimiento del sistema jurídico y del propio Derecho Internacional en
América.
El material usado fue obtenido gracias a la gentileza del Sr. Dr. Enrique
Ferrer Vieyra, Secretario General Adjunto del Instituto Interamericano de
Estudios Jurídicos Internacionales.

EL XV CONGRESO DE SOCIOLOGfA. UNA INTRODUCCIÓN
A LA SOCIOLOG1A DE LA REFORMA AGRARIA
DR. Lucro MENDIETA Y NúÑEZ
Universidad Nacional Autónoma de México

LA AsocIAcIÓN MEXICANA DE SOCIOLOGÍA, correspondiente de la Asociación
Internacional de Sociología y el Instituto de Investigaciones sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de México, han realizado, con este que ahora se inicia, quince Congresos Nacionales sobre diversos temas sociológicos,
gracias al apoyo de los gobiernos, de las Universidades e Institutos de varios
Estados de la República. La provincia siempre ha respondido al llamado de la
ciencia y de la cultura con férvido entusiasmo y a ello se debe, en gran parte,
el desarrollo que están alcanzando en nuestra patria algunas disciplinas que
antes sólo eran cultivadas en los más adelantados países de Europa y en los
Estados Unidos de Norteamérica.
La mayoría de los quince Congresos a que aludimos, se ocuparon de analizar el aspecto sociológico de importantes fenómenos sociales como la Economía, el Derecho, la Educación, la Política, el Desarrollo, la Planificación,
la Seguridad Social, porque aún siendo sociales esos fenómenos, son tratados unilateralmente por las ciencias respectivas desde un ángulo condicionado por su propia materia y especializada hasta el punto de que a menudo olvidan los intereses vitales del hombre que debe ser, de acuerdo con
la sentencia del insigne filósofo griego Protágoras, la medida de todas las cosas.
Los Congresos de Sociología han tenido, así, por objeto, principalmente,
combatir la deshumanización de las ciencias tratando de devolver a cada
una su dimensión sociológica sin la cual no solamente no alcanzan sus fines
esenciales, sino que, a veces, se tornan en instrumentos de explotación y destrucción en el seno de las sociedades humanas.
Este XV Congreso Nacional de Sociología, tiene un número simbólico,
marca larga trayectoria y la llegada a un punto de arribo en el tiempo que
significa haber dominado las circunstancias adversas que suelen oponerse a

516

517

�Ja consecución de los ideales, al florecer de la vida misma y para celebra~ este
acontecimiento que nos enorgullece, hemos querido dedicarlo al estudio d_e
una cuestión muy antigua, la cuestión agraria; pero que ahora cobra p~lpitante actualidad en estos momentos en que hallándose el mundo en situación tan crítica que siente amenazada su propia e~st:~cia, ~arece entonar
un mea culpa y querer dedicarse a revisar su organ1zac1on social a la luz de
los principios eternos de la ética y de la justicia.
Es necesario decir ante todo que esta reunión fue posible por el
que nos brindó espontánea y generosamente el señor Gobernador_ Const1tuc10nal del Estado de Nayarit, doctor Julián Gascón Mercado, quien con amplia visión de estadista consideró la trascendencia de un Congre~ en el que
van a tratarse puntos no tocados antes sobre la Reforma A~rana qu~ es el
problema crucial de la América Latina y de todos los pa1ses en v1as de
desarrollo.
Pero para celebrar un Congreso como éste, esencialr~;nte humanista, en
el moderno sentido del concepto, no bastan la comprens1on de un gobernante y las posibilidades materiales: se necesitaba, además, el clima r_r1?ral Y cultural de una Casa de Estudios y hallamos uno y otro, en el ausp1c10 del In~tituto de Ciencias y Letras Nayarita en donde su rector, doctor Pedro L~pcz Díaz y los jóvenes estudiantes nos dieron la hospitalidad deseada con hidalgo gesto acogedor y cordial.
. .
_
Vaya, por tanto, nuestro más profundo reconoc1m1ento para el seno~ Gob mador el señor Rector y el Instituto de Ciencias y Letras de Nayant, en
embre de la Asociación Mexicana de Sociología, del _Instituto de . Invesno
tigaciones Sociales de la Universidad Nacional y de los senore~ congres1s.tas.
y es así como estamos reunidos aquí un grupo de estudiosos mexicanos
de las ciencias sociales con eminentes intelectuales de diversos países de Europa y de América, para tratar, desde el punto de vista sociológico, el gran
problema de la Reforma Agraria.
. .
Lo primero que debemos preguntamos es hasta qué punt~ un movIID1~nto económico y político necesariamente transitorio p_orque tlend~ a ;amb1~r
el estado de cosas existente, por otro, puede ser matena de la Soc1olog1a dedicada al estudio de los hechos sociales que según el análisis genial de Durkeim, se caracterizan por su repetición, su generalidad, su permanencia y su
fuerza coercitiva.
La Reforma Agraria, en nuestro concepto, reúne estas características, es
un verdadero fenómeno social universal, según se advierte en la historia de
todos los países del mundo.
.
He aquí algunos ejemplos que comprueban este aserto y ~ue ~elecc1onamos de un libro por demás interesante de Víctor Alba, la Historia General

.ªPº:º

518

del Campesinado, síntesis admirable de diversos autores y fuentes históricas
sobre la propiedad agraria en el mundo antiguo.

En Sumeria, la Iglesia llegó a tener en sus manos la mayor parte del suelo
agrícola y eso provocó una reacción popular que dio lugar a la Reforma
Agraria: "Las tierras de la Iglesia pasaron a la corona y se distribuyeron
entre los campesinos". 1
En Persia, el gran propietario era el Estado que a su vez distribuía tierras
a los templos, guerreros y funcionarios. Los campesinos sólo tenían pequeñas
heredades que cultivaban en común. La aristocracia terrateniente dominaba en
la sociedad sobre una población rural que vivía en muy duras condiciones.
Bajo la administración de los partos, la gente del campo se levantó contra el
poder. Su líder, Mazdak, predicaba una doctrina religiosa y social reclamando la igualdad y el reparto equitativo de las riquezas. Los campesinos se
apoderaron de las tierras de las clases dominantes y organizaron la explotación de acuerdo con un sistema colectivista. El movimiento fracasó y volvieron a reinar las condiciones de sujeción y de acaparamiento de la propiedad territorial que motivaron otras sublevaciones en el siglo VIII antes de
la era cristiana; pero de efectos transitorios por lo que respecta a las reivindicaciones sociales, pues bien pronto volvieron a triunfar los poderosos. 2
En Egipto el río Nilo determinó la organización y el estilo de vida del Estado y de la sociedad. Allí se ve con claridad nítida, el proceso agrario. En
un principio, la propiedad está bien repartida. Aristóteles refiere que "en las
aldeas egipcias las tierras se dividían de tal modo que cada familia poseía
una parcela en las cercanías de la población". Pero el aumento del número
de aldeas y de sus pobladores, llevó a la constitución de pequeños Estados, al
surgimiento del poder real, del feudalismo y de la injusta distribución del
sucio agrario, pues el Rey, el ejército y el clero se apoderaron de grandes extensiones territoriales y empezó entonces, a formarse y a crecer la enorme
masa de los "fella", campesinos sin tierra que vivían en la miseria.ª
Esta situación da lugar a diversas rebeliones. Los trabajadores del campo
se apoderan de las propiedades agrícolas de los nobles; pero bien pronto las
cosas vuelven a su antigua situación bajo la fuerza del Estado y de las clases superiores. t
Los hebreos, que "eran en su origen pastores nómadas", se transformaron
en agricultores en el siglo XII antes de Cristo al llegar a Canaan. Allí distri1

VÍCTOR ALBA.

tro de fütudios

y

• VÍCTOR ALBA.
' VÍCTOR ALBA.
• VÍCTOR ALBA.

llirtoria G,:n,.ral del Campesinado. I. Del clan al latifundio. CenDocumentación Social. México, 1964.
Op. cit., p. 45 y ss.
Op. cit., p. 52.
Op. cit., pp. 52 a 76.

519

�huyeron por suertes entre tribus y familias las tierras conquistadas a los cananeos. Bien pronto surgió la propiedad privada, los hebreos se organizaron
en Estado y apareció la división de la sociedad en clases, el acaparamiento
excesivo del agro. Se olvidaron las leyes de Moisés en las que se ordenaba
una revisión de la propiedad y el reparto periódico del suelo agrícola. Empezó así una lucha entre campesinos y grandes propietarios, estrechamente
ligada a la religión. Los profetas tomaron a su cargo la defensa de los desvalidos y elevaron su palabra "en nombre de Jehová" contra el orden injusto. Hubo varios levantamientos de las masas rurales en diversas épocas y
débiles intentos de Reforma Agraria que fracasaron bajo el poder del Estado. Sólo quedó en el viento la voz de los profetas. Isaías predicó : "Ay de
los que juntan casa con casa y añaden tierra a tierra hasta el término del
lugar, ellos serán colocados solos en medio del mundo" y predij~ ~ue "cuando renaciera el reino de Jehová, las naciones de sus espadas ÍOfJanan arados
. h oces" 5
y de sus 1anzas
.
.
.
En Grecia las condiciones geográficas, la naturaleza del suelo unpus1eron
una estructura: agraria que estaba constituída por extensiones pequeñas o medianas de tierras laborables. Se produjo, sin embargo, con el transcurso del
tiempo, una tendencia a la concentraci~n de la propiedad que consistía no en
la formación de latifundios, sino en "la acumulación en unas mismas manos
de numerosas propiedades dispersas ya para arrendarlas o para especular con
su venta". El resultado económico y social, sin embargo, era el mismo que el
producido por los grandes dominios territoriales: la formación de una masa
campesina desposeída que se agitaba en la opresión y en la miseria. Las sublevaciones eran frecuentes y también las reformas agrarias para restablecer
el equilibrio en los Estados-Ciudad. Así, en Megara, 410 años antes de Cristo,
se declaran abolidas las deudas y se confiscan los bienes de las familias ricas;
en 412 antes de la era cristiana, el pueblo de Samd destierra a las gentes poseedoras de grandes fortunas y reparte sus tierras y en Siracusa, el pueblo
al libertarse del tirano Dionisio, reparte las tierras. En Mesania, 411 años
antes de Cristo, se distribuyen las propiedades territoriales y se destierra a sus
propietarios.
Toda la historia interna de Grecia se desarrolla en la lucha de dos partidos el urbano formado por los gremios de artesanos y por los comerciantes
'
.
y el agrario constituído por los pequeños propietarios rurales y l~s ca'.11pe~1nos. Esta lucha, dice Víctor Alba, tiene altibajos. Aunque cualquier v1ctona
del partido agrario ha de ser de consecuencias duraderas, por 1~ índ_ole misma de sus reivindicaciones; el partido urbano toma sus prov1denc1as para
el futuro y así por ejemplo en el año 401, antes de la Era Cristiana, los ate-

nienses prohibieron a los aleatas "votar sobre propos1c1ones referentes al reparto de tierras y a la abolición de las deudas".6
Roma se formó por "la unión de las aldeas de pastores establecidas al pie
de las siete colinas"; la tierra, según el autor a quien venimos glosando, "era
cultivada sólo en la medida necesaria para el sustento familiar". Cada familia
disponía de un lote de dos yugadas (aproximadamente cincuenta áreas) en
propiedad absoluta; pero al correr de los años se fue creando una verdadera
propiedad agrícola privada, especialmente bajo la influencia de las guerras,
pues las tierras conquistadas se vendían o se distribuían gratuitamente para la
formación de colonias.
El colono es un plebeyo que tiene la obligación de defender como soldado las instituciones romanas; pero cuando abandona su heredad para ir a
la guerra, su familia contrae deudas y de ese modo la pequeña propiedad
fue cayendo en. manos de los patricios o de los plebeyos enriquecidos. Así nació el latifundio que era cultivado por siervos y asalariados, al propio tiempo que surgía un proletariado rural cada vez más numeroso e inquieto.
Como los otros pueblos de la antigüedad, el romano se enfrenta con el
problema de la lucha entre grandes terratenientes y campesinos desposeídos
de todo patrimonio. Esta lucha obliga al Estado a ensayar la Reforma Agraria en diversas ocasiones.
Para detener el auge del latifundismo, la Ley Licinia el año de 376 antes
de Cristo, limita a 500 yugadas ( 126 hectáreas) la extensión de tierra que
puede una sola persona tener. De entonces en adelante, el agrario es el problema fundamental de Roma. Tiberio Sempronio Graco promovió una ley
expropiatoria de las tierras excedentes de la extensión legal para repartirlas
entre los ciudadanos itálicos. 7 Inmediatamente se aliaron, con el apoyo del
Senado, diversas fuerzas sociales para impedir la aplicación de la ley. Tiberio fue asesinado y aun cuando su hermano pretendió continuar su obra, encontró dura oposición en el Senado y en la lucha perdió la vida. Así fue destruída toda la obra de los Gracos; mas, inútilmente, porque la inquietud de
las masas rurales miserables promovió la llamada guerra social que tenía un
carácter étnico y político; pero que en el fondo intentaba la reivindicación
de la tierra en favor del proletariado campesino. 8
A partir de las reformas infortunadas de los Gracos se hicieron frecuentes
distribuciones del agro para aliviar la tensión social, sin embargo, concluye
Víctor Alba: "estos repartos no alteraron la tendencia hacia el latifundismo"
que siguió minando el poderío de Roma. Bajo el Imperio fue necesario no
• VÍCTOR ALBA.
' VÍCTOR ALBA.

• VÍCTOR ALBA.

520

Op. cit., pp. 80 y 88.

• VÍCTOR ALBA.

Op. cit., p. 121.
Op. cit., p. 185
Op. cit., p. 190.

521

�sólo repartir tierras sino alimentos entre la muchedumbre miserable que se
agolpaba en las ciudades.
Estos son los datos que proporciona la Historia sobre la cuestión agraria
en el mundo antiguo. Al sociólogo toca desprender de ellos las constantes sociológicas y uniéndolos a lo que se sabe sobre el origen de la~ sociedades humanas, hallamos que, con variantes no esenciales, en todas las naciones se observa un proceso agrario que atraviesa por las siguientes fases.
Al principio el mundo estuvo habitado por bandas trashumantes de seres
humanos que vivían de la recolección de los frutos de la tierra. En una
época ignota, lograron el inapreciable descubrimiento de la agr'.cultura
la
que obtuvieron tantos beneficios que todos los pueblos le atnbuyen ongen
divino.9
La Agricultura y la domesticación de algunos animales, vuelven al hombre sedentario; pero ello no obstante, considera a la tierra como bien común
y así permanece durante largo tiempo. La transformación de la propiedad
comunal en propiedad individual es el resultado de un proceso lento y com- ·
piejo sobre el que sólo pueden hacerse conjeturas. Probablemente la permanencia de cada familia, a través de varias generaciones sobre una misma extensión del suelo, bajo la autoridad patriarcal, hizo nacer la idea y el sentimiento de la propiedad privada. Las luchas intertribales y la esclavitud fueron seguramente otros dos factores que intervinieron en la configuración de
la propiedad privada porque los victoriosos se repartían las tierras conquistadas. Esos repartos se hacían en favor de los capitanes, de los nobles y de
los sacerdotes.
En todas las sociedades humanas encontramos este oscuro proceso del que
surge, al lado de la propiedad comunal que pervive largo tiempo, la ~e las
clases privilegiadas. Así, de la propiedad comunal, se pasa a la propiedad
privada y en cuanto surge ésta aparece la tendencia ~ la conc~ntr~ción que
pone en poder de unas cuantas manos enormes extensiones temtonales dando lugar al latifundismo, en tanto que el grueso de la población campesina
en constante multiplicación, se aglomera en el resto disponible del agro que
se pulveriza bajo la presión demográfica en innumerables minifundios en los
que la explotación resulta incosteable y la producción insuficiente. Esta situación desemboca en violentas reacciones populares y para calmarlas aparece
un nuevo fenómeno social universal: la Reforma Agraria, con la que se
pretende restablecer un equilibrio justo en la distribución de la tierra; pero
en el acto se perfila y desarrolla con igual generalidad, la contra-reforma
agraria que impide su cabal realización por todos los medios posibles.
El mundo modemo heredó de su remoto pasado el problema agrario. Ac-

d:

• VÍCTOR ALBA.

522

Op. cit., p. 14.

tualmente, en las democracias capitalistas puede decirse que es el problema
fundamental, especialmente en los países insuficientemente desarrollados en los
que la mayoría de los campesinos viven en la ignorancia y en la más espantosa miseria.
De acuerdo con un estudio publicado por las Naciones Unidas, en esos países la economía es eminentemente agrícola, pues en tanto que en los Estados
Unidos de Norteamérica, solamente el 20 y en Europa el 33 por ciento de
la población se dedica a actividades agropecuarias, en la América del Sur el
60 y en la del Centro incluyendo a México, el 67 por ciento de sus habitantes trabajan en la agricultura.
Estos porcentajes significarían muy poco si la distribución del agro fuese
racional y equitativa, pero sucede en la América Latina que los índices de
concentración agraria son alarmantes, aún domina el latifundio hasta el
punto de que en la República Mexicana a pesar de la Reforma Agraria que
viene desarrollándose desde el año de 1915, la gran propiedad, según datos
estadísticos oficiales ocupa todavía la mayor parte de su territorio agrícolamente aprovechable.
A raíz de la primera guerra mundial, hubo en los países de Europa y en algunos de Latinoamérica, una gran corriente legislativa de carácter agrarista
después de México, que se adelantó en varios años iniciando esa corriente
que transformó el concepto de propiedad de un derecho absoluto, en una
función social y sentó las bases de la redistribución justiciera de la tierra en
la Ley de 6 de enero de 1915 y en el artículo 27i de la Constitución de 1917.
Pero no fue sino hasta la terminación de la segunda conflagración mundial cuando las democracias capitalistas constituyeron un gran organismo político a fin· de resolver todos sus problemas económicos y sociales y entre ellos
principalmente, el agrario.
Desde entonces, han sido frecuentes las reuniones diplomáticas, las de técnicos y de expertos y los compromisos internacionales con el propósito antes
aludido hasta que después de largos preparativos concluyeron en la Alianza
para el Progreso, que exige para derramar sus beneficios en los países Latinoamericanos, que éstos inicien sus correspondientes Reformas Agrarias.
Llegamos, así, a la plena comprobación de que la Reforma Agraria a pesar
de su apariencia transitoria es un verdadero fenómeno social que viene repitiéndose desde los tiempos antiguos hasta la actualidad y que por ello mismo
cae dentro del campo de estudio de la Sociología, no para constituir una sociología especializada; pero sí como capítulo de la Sociología Rural que amerita, por la vital importancia que ofrece en el mundo moderno, la cuidadosa
y profunda consideración de los sociólogos.
Ante todo debemos preguntarnos ¿ cómo es posible que si desde el más

523

�remoto pasado de las sociedades humanas se han venido poniendo en práctica diversas Reformas Agrarias, es la hora en que aún no puede resolverse
el problema de la distribución de la tierra?
Esto se debe, indudablemente, a que la cuestión ha sido erróneamente
planteada; se la ha visto y se la ve COf!IO un simple caso legislativo y económico de reparto del suelo agrícola, haciendo caso omiso de su lado humano,
de su realidad social.
La Sociología puede contribuir a la solución del problema que representa
la Reforma Agraria analizando esa realidad desde puntos de vista conceptuales y pragmáticos.
La Sociología de la Reforma Agraria se ocupará, ante todo, de definir su
objeto de estudio, es decir, de señalar con precisión qué debe entenderse por
Reforma Agraria, cuáles son sus finalidades y sus fundamentos jurídicos y
morales.
En seguida revisará la historia de los movimientos agraristas en los diversos países del mundo para derivar de ellos las constantes sociológicas que
ilustrarán sobre sus causas y los motivo&lt;; de sus fracasos o de sus éxitos.
Toda Reforma Agraria, si no ha de ser aplicación ciega de leyeg y de actos
mecánicos de distribución de tierras, tiene que basarse en el conocimiento del
medio social en que va a realizarse.
La Sociología mediante la aplicación adecuada de sus métodos, analizará
la constitución de la familia campesina, su nivel cultural, sus costumbres, sus
problemas, su realidad económica y social, como parte de una nación y de
un Estado. Descubrirá la magnitud del proletariado rural, su movilidad social, sus migraciones internas, la causa de la despoblación de los campos, de
la atracción de las ciudades, del éxodo de campesinos hacia el extranjero.
La redistribución de la tierra se logra generalmente trasladando a los campesinos de lugares superpoblados a otros en donde es posible establecerlos.
Paradójicamente, la gente del campo se opone a abandonar los lugares en
donde vive en la miseria, hacia aquellos en donde puede hallar mejores condiciones de existencia. Esa oposición se basa en intereses, tradiciones y costumbres que sólo pueden conocerse mediante la investigación y la interpretación sociológicas, conocimiento indispensable para fundar sistemas educativos y de propaganda que transformen la mentalidad de las poblaciones rurales y su actitud ante la vida.
La Reforma Agraria exige la implantación de métodos crediticios, de técnicas modernas de explotación agrícola, de organización para el trabajo y la
defensa de los intereses campesinos; pero todo esto halla serias dificultades en
la práctica por la baja cultura y las resistencias que oponen los mismos interesados a toda innovación en sus formas de trabajo y de conducta individual

524

Y colectiva. Hallar la razón y el sentido de esas resistencias para vencerlas,
es algo que corresponde también a la investigación social.
Es, pudiera decirse, una ley sociológica el hecho de que siempre que se
ponen en contacto dos poblaciones de distinta cultura, la mejor dotada culturalmente tiende a explotar sin piedad a la otra. La Reforma Agraria se
proyecta hacia los medios rurales en donde el nivel cultural es muy bajo y se
encomienda a una burocracia y en elli toman parte además comerciantes e
industriales de educación media y superior que ponen en práctica diversos
procedimientos para obtener de la mencionada Reforma el más grande provecho. Descubrir mediante estudios e investigaciones esos procedimientos para que sea posible anularlos, es otra de las grandes misiones de la Sociología.
La Reforma Agraria introduce cambios radicales en la organización vigente de la propiedad territorial basada en antiguos conceptos del Derecho hoy
superados y en costumbres tradicionales de manera que provoca la oposición
de las clases sociales que se sienten afectadas. Esa oposición ofrece diversos
aspectos, se vale de diferentes medios y procedimientos que la Sociología como
ciencia de la realidad debe analizar para que el político y el gobernante puedan combatirlos de manera justa y eficaz.
Estos son apenas unos cuantos ejemplos de la importancia que reviste la
Sociología de la Reforma Agraria queí es extraordinariamente rica en su contenido como puede verse en el temario de este Congreso. Su utilidad no sólo
se advierte en la, preparación, en la planeación de- la redistribución de tierras
y de la organización de los campesinos, sino que resulta indispensable para
estudiar los efectos de esa distribución pues no basta repartir tierras ni en
las mejores condiciones posibles para dar por terminada la Reforma Agraria.
En efecto, si de acuerdo con las ideas de Max Weber concibiéramos un
tipo ideal de Reforma Agraria y beneficiáramos con ella a un grupo de
cien familias, el bienestar material y moral que les proporcionaría aumentaría su fecundidad, abatiría el índice de mortalidad, elevaría el término medio de la vida y en poco tiempo debido a su propia reproducción habría quinientas familias que tratarían de vivir de los recursos de una tierra proyectada para cien. Así se ve que en último análisis, la cuestión agraria es una
cuestión demográfica extremadamente compleja que requiere la organización de sistemas educativos que preparen a las juventudes agrarias no sólo
para la agricultura sino para otras actividades a fin de mantener el equilibrio de brazos en el campo. Quiérase o no, lo cierto es que al final de cuentas nos hallaríamos frente al espinoso problema moral y religioso del control
de la natalidad, afortunadamente, aún lejano en nuestra América en donde
rnbran tierras feraces y Jo que falta es repartirlas de manera racional y justa.
He aquí la tarea que corresponde al sociólogo en esta fase de la transfor-

525

�mación del mundo moderna en la que nos ha tocado el privilegio de asistir y
de actuar. Mis ideas no son, no han querido ser, sino una brevísima introducción, un leve bosquejo de lo que es la Sociología de la Reforma Agraria y
lo que debe esperarse de ella. Corresponde a ustedes, en este Congreso, exponer ideas y experiencias con el valor y la objetividad que caracteriza al hombre de ciencia para contribuir, así, con vuestra sabiduría a la solución de
uno de los más grandes problemas que confronta la humanidad.

I

El estudio que antecede fue presentado por el doctor Lucio Mendieta y Núfiez, en su
carácter de Presidente del XV Congreso Nacional de Sociología, en la inauguración
que tuvo verificativo en la ciudad de Tepic, Nay., de los días 19 al 24 de octubre
de 1964.

Sección Quinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

526

�JOSÉ ORTEGA Y GASSET EN SUS OBRAS INÉDITAS

Por el Dr. Aou STÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Facultad de Filosofía y Letras de la U.N.L.

I

•

¿ QUÉ ES FILOSOFÍA?

BAJO EL TÍTULO "¿ Qué es filosofía?", los compiladores de las obras inéditas de José
Ortega y Gasset reunieron las conferencias que el filósofo matritense sustentó -años
de 1928 y 1929- en Buenos Aires y en Madrid. Habría que determinar hasta qué
punto la serie de obras inéditas de Ortega, que ha publicado la Editorial Revista de
Occidente, modifican el panorama de conjunto -con sus ideas-madres- de la filosofía orteguiana. Por ahora me interesa destacar la idea de la filosofía que Ortega nos
presenta en dos de sus obras inéditas: ¿Qué es filosofía? (Revista de Occidente, Madrid) y Origen y epílogo de la filosofía (Fondo de Cultura Económica, México).
El público de nuestros días siente necesidad - ¡ voluptuosa necesidad!- de ideas.
Ortega recuerda una frase de Schlegcl: "Para lo que nos gusta tenemos genio" y acuña, por su cuenta, otro pensamiento similar: "El destino de cada cual es, a la vez, su
mayor delicia". Y se lanza a someter, el filosofar mismo, a un radical análisis. Advierte
que "los grandes problemas filosóficos requieren una táctica similar a la que los hebreos
emplearon para tornar a Jericó y sus rosas íntimas: sin ataque directo, circulando en
torno lentamente, apretando la curva cada vez más y manteniendo vivo en el aire son
de trompetas dramáticas. En el asedio ideológico, la melodía dramática consiste en
mantener despierta siempre la conciencia de los problemas, que son el drama ideal"
(¿Qué es la filosofía? pág. 35, Ed. Revista de Occidente, Madrid 1957). Quiere
estar a la altura de su tiempo. Cree que "el poro cuya abertura aprovecha la verdad
para deslizarse no es sino la mente de un hombre". Recuerda, con verdadero disgusto, aquella edad antifilosófica -la del positivismo-- que va desde 1840 a 1900.
El imperialismo de la física se explica por su práctica exactitud, por su conformación
por los hechos sensibles y por las conveniencias vitales del hombre. Pero el confort
no revela por sí solo superioridad ninguna de carácter. "La buena fortuna, el favor
del ambiente social suele exorbitarnos, nos hace petulantes y agresivos. Esto ha acontecido al físico, y por eso la vida intelectual de Europa ha padecido durante casi
cien años lo que pudiera llamarse el 'terrorismo de los laboratorios'." La teoría de

529
H34

�los físicos mismos ha concluido por des~ubrir que la física es una forma inferior de
conocimiento: un conocimiento simbólico. "La llamada realidad física es una realidad dependiente y no absoluta, una cuasi-realidad porque es condicional y relativa al hombre". ( Opus cit., pág. 63). Además, empieza por acortar un trozo del
Universo. Inicia su especulación no con un problema, sino con algo que da o toma
por sabido. A diferencia de todo otro científico, el filósofo "se embarca para lo
desconocido como tal. Lo más o menos conocido es partícula, porción, esquirla de
Universo. El filósofo se sitúa ante su objeto en actitud distinta de todo otro conocedor; el filósofo ignora cuál es su objeto y de él sabe sólo: primero, que no es
ninguno de los demás objetos; segundo, que es un objeto integral, que es el auténtico todo, el que no deja nada fuera y, por lo mismo, el único que se basta. Pero
precisamente ninguno de los objetos conocidos o sospechado posee esta condición.
Por tanto, el Universo es lo que radicalmente no sabemos, lo que absolutamente
ignoramos en su contenido positivo" (pás. 69 y 70). Ya podrán haber advertido,
los lectores, que la filosofía se presentará, en Ortega, como una teoría del Universo.
Apunta el objeto~aterial, pero no se cuida de precisar el objeto formal.
No quiere tajar esa integridad de nuestro mundo vital. Anhela una perspectiva
íntegra, con primero y último plano, no un paisaje mutilado, no un horizonte al
que se ha amputado la palpitación incitadora de las postreras lontananzas. "¿ Cómo
se puede vivir sordo a las postreras, dramáticas preguntas? ¿De dónde viene el mundo,
adónde va? ¿ Cuál es el sentido esencial de la vida?" Todos los temas restantes
son intermedios, secundarios. Y que no se nos venga a decir que estos problemas
carecen de interés, puesto que no se ha hallado manera de resolverlos. "¿A quién
le ha quitado nunca el hambre saber que no podrá comer?"
Como insuficiencia viviente, el hombre necesita saber. Le duele su ignorancia.
Anhela una verdad radical, un fundamento y raíz de los saberes. Aunque la verdad
filosófica resultase menos exacta que la científica, es de más alto rango y más verdadera. En este sentido, "la filosofía es una cosa ... inevitable". Ortega pretende retroceder de la física a la vida primaria y en ella halla la raíz de la filosofía. Postula
no una meta-física, sino una ante-física. Entiende por Universo "todo cuanto hay".
El problema filosófico es ilimitado en extensión y en intensidad problemática. Problema de lo absoluto y absolutamente problema. ¿ Universo o multiverso? El filósofo
renuncia a toda seguridad previa. Busca al mundo su integridad. Trata de completarlo en universo y fundamentarlo. El ser fundamental es el eterno y esencial ausente,
es el que falta siempre en el mundo; a diferencia del ser secundario y fundamentado.
La filosofía es una ciencia sin suposiciones. Es autonomía y es pantonomía. Es
apetito de transparencia y resuelta voluntad de mediodía. "Tiene una dimensión deportiva y del deporte conserva el limpio humor y el riguroso cuidado" (pág. 126).
Me parece que la seriedad, la dramaticidad y el compromiso de toda auténtica filosofía le separan, radicalmente, del deporte. Por lo demás, afirmaciones posteriores
de Ortega no parecen conciliarse con el concepto deportivo de la filosofía. Nos habla
de ascetismo y distanciamiento -aparente- de la vida, en el estricto pensar, exclamando agudamente: ¡ Quién sabe si pensar en la vida no es añadir al ingenuo vivirla
un magnífico afán de sobrevivida!"
Al lado de la intuición sensible se da la intuición de lo insensible. La total evidencia, fundada en intuiciones adecuadas, es el criterio de certeza de la filosofía.
Es preciso buscar los datos que nos faltan del universo, partiendo de los datos que
encontramos. Y la búsqueda debe estar presidida por una duda metódica. El realismo

~:!!~t;a:u;/;tte~: 1~ e~'.stencial indubitad~ de las cosas cósmicas es la ingenuidad
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1
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Y nos pasa. La vida es s·
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radicales. Nos es dada para h
iempre lffiprev1sta, en sus líneas
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ierto e "universal concreto" m • •d ¡ d
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r ega que ha descue "individual". Pero lo ciert~ I v1 a, . a e cada cual, que es a la par "general"
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ca egona general • y si se t t , .
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· d" "d ¡
tltuye, por sí solo, filosofía.
ceso m 1v1 ua que no consLa vida es siempre circunstancial. De ahí esa dim . ,
.
un repertorio determinado de posºbºl"d
de fatalidad que ofrece
1 1 1 ad es. Somos unens1on
• .
haz
· · ¡ d
.
nes, 1lus1ones. "Venimos al mund d d
.
ongma e apetitos, afa.
o, es e 1uego -escnbe Orte
d d
sistema de preferencias y desdenes" ( á
ga- ota os de un
25 7
que venimos "a nativitate" con
. tp g. d ) . Exagera, seguramente, al afirmar
un sis ema e pref
·
d d
al apuntar esas simpatías y rep Is·
f
erenc1as y es enes. Pero acierta
u 10nes que orman part d ¡ " h "
en apretado resumen la obra inéd"t d
,
e e et os . Hasta aquí,
por la Editorial Revi~ta de Occidente¡ a Qe _Jose¡·¡Ortfe~a y Gasset, ahora publicada
, ¿ ue es

I

oso ta?

II

•

ORIGEN y EPÍLOGO DE LA FILOSOFÍA

En 1943, Ortega emprende la tarea de escribir
'l
·
filosofía de Julián Marías. Por diversos motivos queunnoep1_ogo ª1 la Historia de la

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epílogo _no salió a la luz pública en vida de o:tega. En t;:~e
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~uedar:e en el pasado es haberse ya muerto. Ningún "sistema filosófico" ent
1os trmu ,ados, n?s. parece, hoy en día, suficientemente verdadero. Además al
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tar ilosof1as pretentas las mutilamos y las adicionamos L0
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otra 1losof1a. Por . de pronto, el pasado f"l
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e rumas.
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rec10sos e~u.1va e a ª,1~ar que hay verdades insuficientes. La aventura filoca es, para utilizar el termmo de Hegel, una "Aufhebung", vocablo que me

530
531

�permito traducir corno superac1on absorbente del pasado. Para Ortega, "la serie de
los filósofos aparece corno un solo filósofo que hubiera vivido dos mil quinientos
años y durante ellos hubiera 'seguido pensando'. En este tercer aspecto se nos revela
el pasado filosófico como la ingente melodía de experiencias intelectuales por las que
el hombre ha ido pensando" ( Origen y epílogo de la filosofía, pág. 27). Estamos repasando el pasado en continua reviviscencia. El futuro no lo tenemos, sino que lo
pronosticamos. · Cuando se absorba -vigorosa y trnhelantemente-- el pasado, vendrá
la aurora de la razón histórica.
Cada momento histórico presenta un cierto número de "aspectos de la cosa". Los aspectos dependen de la cosa y del espectador. Pertenece a la realidad tener aspectos
y respectos. La palabra enuncia las perspectivas que nos son patentes. Pero la realidad tiene siempre más aspectos de los que manifestamos; es entera. Es preciso,
en consecuencia, integrar los aspectos en una vista suficientemente total. Ortega parece evolucionar, en el libro comentado, del perspcctivismo al omniperspectivismo.
Bajo la variedad de los sistemas filosóficos, José Ortega y Gasset descubre la unicidad de la filosofía. Refiriéndose a las doctrinas, nos dice: "Bajo sus caretas de
antagonistas, todas son la misma filosofía, es decir, que las filosofías no son mera
muchedumbre, no son sólo ésta y aquélla y la de más allá, sino que tienen últimamente
una mismidad" ( Opus cit., pág. 53). Sólo que el pasado filosófico nos llega en
nombres. Y un nombre es una "referencia a la cosa", una presencia de lo ausente.
El concepto -expresa Ortega en forma hiperbólica- es una caricatura de la cosa.
El uso colectivo impone, además, determinadas significaciones. La filosofía es una
faena de descubrimiento -alétheia- que nos pone en contacto con la realidad desnuda. Porque hay "un mundo patente y un trasmundo o supermundo que late bajo
aquél y en poner de manifiesto el cual estriba la culminación de la tarea filosófica"
( Opus cit., pág. 70). Próximo a Heidegger, Ortega se desvía por los senderos de
la filología: "perseguir, en sus momentos decisivos, la variación que con respecto a
los términos de aquella doble operación se haya producido en la historia de la filosofía hasta la hora presente. Este nos dará la mismidad de la filosofía en su pasado"
( pág. 72). La razón histórica se traga, sin ascos, melindres ni escrúpulos, la realidad.
El pensamiento de un pensador tiene siempre un subsuelo, un suelo y un adversario.
"El subsuelo, constituido por capas profundas y originadas en lo antiguo del pensar colectivo dentro del cual brota un pensamiento de un pensador determinado, suele
ser ignorado por éste. El suelo es de constitución reciente: son las admisiones fundamentales de que el pensador se da cuenta pero que ha encontrado ya recientemente establecidas. . . En fin, todo pensar es un pensar contra, manifiéstese o no
en el decir. Siempre nuestro pensar creador se plasma en oposición a otro pensar
que haya la vista y que nos parece erróneo, indebido, que reclama ser superado"
( Opus cit.~ pág. 77).
En Historia como sistema, Ortega había afirmado que "el hombre no tiene naturaleza, sino historia". En Origen y epílogo de la filosofía rectifica implícitamente, tan
insostenible postura, al reconocer: "Esto no significa que en el hombre no haya algo
constante. De otro modo no podríamos hablar del hombre, de la vida humana, del
ser humano. Es decir, que el hombre tiene una estructura invariable a través de todos
sus cambios. Pero esa estructura no es real porque no es concreta sino abstracta.
Consiste en un sistema de momentos abstractos que, a fuerza de tales, reclaman ser
integrados en cada caso e instante con determinaciones variables para que la abstracción se convierta en realidad. Si decimos que el hombre vive siempre desde ciertas

532

creencias, enunciamos una verd d
la 'd
a que es un teorema perteneciente a la teoría de
v1 a, pero esa verdad no declara nada
propia irrealidad al d ·
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.
que sea real, antes bien manifiesta su
e¡ar m etermmada la creencia de que
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.
como una fórmula algebraica la solic1'ta . ,
en ca a caso vive, y es,
,
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c10n constante para que 11 n
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teoría sobre la naturalez~ª~- 1 . o nos m~eres~, por ahora, discutir la cuestionable
Filosofía del hombre hemos heabl:d:st~uctura mvanable del ser humano. En nuestra
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e una estructura permanente y hem d t d
1as dimensiones constantes d I h b
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gu1ano en este importante tema de antropología fl 'f'
J orteI · ,
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que a ora empezamos a hacer b .
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diferente frente a toda la filosofía".
nueva I oso ia smo algo nuevo y
~o vamos a . entretenernos exponiendo el paralelo entre Parménides y Heráclito
:-mteresante, ciertamente-- que Ortega traza con mano ágil, aunque parcial Nos
mteresa, centralmente, el concepto orteguiano de la filosofía El f'J' f
·.
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d
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1 oso o matritense
~icr~ en ten er . Y ~nticar el pasado, entusiasmarse, angustiarse e untarse con él
E¡erc1ta su conciencia de perdimento y naufragio Habla de la d d
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se Je vea d d
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u a, aunque nunca
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u ar en sus a 1rmac10nes. Acaso porque entiende que "todo
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reacc1on a una d d " ( ,
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.
me o o es
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~ ~
pag. 106 . La filosofía se presenta, en su origen "como el
proced1ID1ento metod1co para obtener la revelación -la l'th ·
'. hablar
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· (E I b •
ª e eza-. s·1 se quiere
e v1venc1a
r e nis), esta metódica revelación fue la "Erlebni' ,, b, ·
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as1ca e os
primeros I oso os, y alétheia, por tanto, el nombre que vista desde
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mirlad co
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.
su persona mti.
:respon ia a su ocupación" (pág. 128). Con excesiva facilidad se re ite
la f1losof1a es pregunta por el Ser "'];al vez ¡ S
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que
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er era ya respuesta. Cuando se
ice que a 1losof1a es pregunta por el Ser se subentiende
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que e a va a procurar
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·escu dnr os atn utos constitutivos del Ser o del "ente"• p ero esto 1IDp
tiene , e.1ante ya el Ser. ¿ Cómo llegó a estar delante de las mentes?• t. No parece mas
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veros1m11 que los hombres, perdido el fundamento de su vida se
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algo X q
d b'
.
,
pregun aron por
ue e 1a tener ciertos atributos, previos -precisamente los
· ·r· b,
que ¡usti 1ca an
q ue f uese b uscad o .?" (pag.
128). No se cuida, Ortega, de cont estar, con acopio de
b uenas razones, esta pregunta que parece querer 1'nduci'rnos
a considerar, como más
radical, la vida que el ser.

111
MEDITACIÓN DE EUROPA

Las
·
.
.naciones occidentales que han aprendido de Europa, tienen ahora que servir
e mflmr en Europa, porque Europa apunta a un nuevo cataclismo. Progreso te'cn·
.d d . I .
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ico,
capac1 a mte ectlva, an elo de libertad son, ¡ qué duda cabe! legados europeos. Pero
acontece que Europa ha mostrado, hasta la saciedad, su incapacidad de vivir en
paz. Hoy en día .no puede o~tentar~e, en consecuencia, como maestra de Ja paz.
Nunca he podido compartir la idea orteguiana de Europa, como tierra elegida,
porque creo que la historia desigual, de ese trozo del planeta, no autoriza a formular un mesianismo europeo. Examinemos, en sus líneas directrices, Ja teoría de
José Ortega y Gasset, esbozada en aquella conferencia que pronunció en Berlín (sep-

533

�tiembre de 1949), bajo el título: "De Europa meditatio quaedam", recogida hoy
en el volumen Meditaci6n de Europa, de sus obras inéditas, publicada por la Revista
de Occidente en Madrid ( 1960). El enjambre de pueblos europeos que partió a
volar sobre la historia desde las ruinas del mundo antiguo se ha caracterizado siempre -apunta el Meditador del Escorial- por una forma dual de vida. El vivir de
cada pueblo europeo es un convivir con el resto de los pueblos europeos. Ortega
-dicho sea entre paréntesis- no parece advertir la insuficiencia de este europeísmo
insular. Desde el siglo XI (Otón 111) tienen conciencia de moverse y actuar en un
espacio o ámbito común. "Peleaban dentro del vientre de Europa, como los gemelos
Eteocles y Polínice en el seno materno" (pág. 33). Y es que "Europa como sociedad
existe con anterioridad a la existencia de las naciones europeas" (pág. 35). Más
exacto hubiera sido Ortega si hubiese dicho "Cristiandad" en vez de "Europa".
Dentro de la amplia sociedad europea, como ámbito social preexistente, se han ido
formando poco a poco, como núcleos más densos de socialización, las naciones de
Occidente. "La historia de Europa, señores, que es la historia de la germinación,
desarrollo y plenitud de las naciones occidentales, no se puede entender si no se
parte de este hecho radical: que el hombre europeo ha vivido siempre, a la vez
en dos espacios históricos, en dos sociedades, una menos densa, pero más amplia,
Europa; otra más densa, pero territorialmente más reducida, el área de cada nación
o de las angostas comarcas y regiones que precedieron, como formas peculiares de
sociedad, a las actuales grandes naciones" (pág. 36). En este sentido, cabe decir
que la unidad europea no es tanto un mero programa político para el inmediato
porvenir, cuanto un principio metódico para entender el pasado de Occidente. La
historia de Europa se explicaría por un ritmo en el predominio que una de esas dos
dimensiones -la europea y la nacional- logra sobre la otra. Ha habido siglos -siglo de Carlomagno, siglo VIII- en que lo europeo predomina sobre las peculiaridades nacionales. Frente a esas épocas encontramos otros siglos -siglo XVII, siglo
XIX- en que sobresalen los particularismos nacionales sobre el fondo común europeo.
Lo que llamamos "nación" no aparece plenamente en el área histórica -con
España antes que con Francia-, hasta fines del siglo XVI y comienzos del XVII.
Mientras la ciudad -la "polis"- es un artefacto jurídico que la hacen los individuos, la nación es empresa y tradición que hace la historia. No se trata, como lo
quiere Mr. Toynbee, de "un cock-tail de tribalismo y democracia", puesto que la
realidad nacional es de mucha mayor antigüedad que la invención de la democracia
y no tiene nada especial que ver con el tribalismo. El equilibrio europeo está montado sobre la convivencia de las naciones europeas. Para José Ortega y Gasset resulta "incuestionable que todos los pueblos de Occidente han vivido siempre sumergidos en un ámbito -Europa-, donde existió siempre una opinión pública europea.
Y si ésta existía no podía menos de existir también un poder público europeo que
sin cesar ha ejercitado su presión sobre cada pueblo. En este sentido, que es el auténtico y riguroso, una cierta forma de Estado europeo ha existido siempre y no hay
pueblo que no haya sentido su presión, a veces terrible. Sólo que ese Estado supernacional o ultranacional ha tenido figuras muy distintas de las que ha adoptado el
Estado nacional" (pág. 84). ¿ Cuáles son esas figuras? Ortega se limita a decir
que se trata de algo puramente dinámico. Dinamismo sin sostén y sin razón. Pero
no es éste el error fundamental en que incurre Ortega. ¿ Cómo hablar de un Estado
europeo sin una autoridad efectiva, sin un pueblo de gobernados, un bien público
europeo, claramente delimitado, al cual sirva este supuesto Estado? Del hecho de

534

que exiSta una opmion pública europea no cabe deducir, sin más, que existe un
poder público. No cabe confundir el "balance of Power" con la autoridad estatal.
Resu~ta difíci~ que las naciones se entiendan, porque "una nación es una intimidad
en
sentido• homologo a como lo es una persona" (pág• 98) • A'un asi,' o r tega asegura:
ce
Las. nacio_nes de Occidente son pueblos que flotan como Judiones dentro del único
espacio social que es Europa, 'en él se mueven, viven y son'. Yo postulo una historia
d~ Europ~ q_ue nos co~taría las vicisitudes de ese espacio humano y nos haría ver
como su md1ce de socialización
ha
.
. variado . . . " (pág. 98) . La verd a d es que h oy
no se pue~e sostener , es_ta msulandad europeizante. Las naciones europeas ya no se
mueven, _vi:en Y son umcarnente en Europa, sino en el mundo entero. El tamaño del
mundo subitarnente se ha reducido y todos los pueblos son próximos. El propio Ortega
r:cono_ce ~ue Europa está hoy desocializada, esto es, que Je faltan principios de conv1venaa vigentes. Por de pronto, urge una nueva técnica de trato entre los pueblos
eu~peos. Y ~sto supone, claro está, que los pueblos, que las naciones existen. Hasta
aqu1, _en s~s 1d~as-rnadres, la conferencia que don José Ortega y Gasset sustentó en
la Umvers1dad hbr~, de ~erlín el 7 de _septiembre de 1949, bajo el rubro: "De Europa
med~tatio q~aedam . Mas que la teona sobre Europa y su destino, de escasa consistencia, n~s mteresan los agudos atisbos sobre el pueblo alemán, sobre la idea de polis
Y de ~ación, sobre nacionalismo e internacionalismo. Los compiladores de Jos escritos
orteguian?s ha~ tenido el designio de incluir, en la obra inédita Meditaci6n de Europa,
otros esc:1tos afmes. Fuera del primer escrito: La sociedad europea, los restantes escritos:
Toc~ueville '-( su ~empo, Vistas sobre el hombre gótico, algunos ternas del Weltverkehr
no tienen, m podnan tener, como cuestión central, a la realidad de Europa.
~l recorrer los siglos de Hist?ria Europea, Ortega no parece advertir el principal
peligro de Europa: su depravación moral, su materialismo pagano. Recordamos aquellas palabras de Guardini: "Si Europa quiere seguir existiendo si el mundo ha d
.
. d
'
e
segmr necesitan o a Europa, ésta tiene que continuar siendo aquella magnitud histórica determinada por la figura de Cristo; mejor dicho, tiene que serlo con una seriedad nueva, corno lo exige su naturaleza. Si pierde este elemento esencial, Jo que
de ella pueda quedar importará ya poco". Porque lo verdaderamente importante no
es el continente -mero concepto geográfico- sino el contenido valioso: realidad
espiritual, moral y cultural. La fuerza salvadora de Europa, prefigurada bajo el cielo
azul de Grecia (humanismo) y realizada espléndidamente en el Cristianismo, aún puede
cobrar vigencia, a condición de que las élites reaccionen ejemplarmente en un esfuerzo
de voluntad y de organización. Pero amar a Europa, a fuer de universales, no es
hacer del Viejo Continente -europeísmo trasnochado- la tierra elegida.

IV
MEDITACIÓN DE LA CRIOLLA

Algo había, en José Ortega y Gasset, de torero y de gitano. Algo que Je impulsaba
a llevar a la plaza y a la plazuela de la intelectualidad -la prensa y la radio-, su
traje de luces y su gracia de gitano. Necesitaba siempre su coro femenino. Sin esa
atmósfera no podía respirar ni vivir. Le repugnaba el tipo de salteador de alcobas,

535

•

�•

el "homme a femmes" de las novelas francesas, que es todo lo contrario del fiero,
magnífico, trágico y español Don Juan.
En 1939, José Ortega y Gasset quiso encerrarse en la cabina de una radiodifusora
de Buenos Aires, a solas, para poder ser no más que voz, voz anónima que trota por
las pampas y se enreda en las sierras. Atraído por el misterio -"misterium fascinans"de la criolla, ofreció, como homenaje a la mujer argentina y a la mujer criolla de
nuestra América española, en general, una conferencia que parece, a ratos, una rigurosa meditación filosófica y en otros momentos un exquisito poema lírico. Sabía
que en la mujer -y la criolla es el superlativo de la palabra "mujer"- hay siempre
algo de corza, para ventura de ella, para derrota nuestra, y cuando esa corza latente
se pone alerta, estamos perdidos porque hace lo que hacen todas las corzas: se estremece maravillosamente sobre sus finos cabos, vuelve desdeñosa la deleitable cabecita y parte veloz en fugitiva carrera. Pero obsesionado por la idea de darle caza y
sintiéndose atraído hacia el fondo arcano del bosque, hacia el lugar mágico donde
se operan los encantamientos, emprendió su deliciosa aventura. Dejémoslo todo, por
el momento, y acompañémosle como sensibles· espectadores.
Como la filosofía -esa ciencia radical, integral, depurada y sublime que Aristóteles concluyó dándole un nombre conmovedor: la buscada-, la criolla es para Ortega
esa perfecta y suprema realidad que el hombre busca. La criolla que busca el filósofo
español es el prototipo real de todas las criollas. Sus cualidades forman una arquitectura viviente. Ante todo es vehemente porque vive en constante y omnímodo lujo
vital. Trátase de una vehemencia de piel suave y sabor dulce, aunque enérgico. Un
inmenso afán de vida -de todas las formas de vida- preside el carácter de la
criolla. En ella encontramos el gran máximo de espontaneidad femenina, la permanente autenticidad. La hallamos asentada tranquilamente con la cotidianeidad y nos acercamos a ella sin precauciones y... estamos perdidos, perdidos sin remedio! Porque en ese
marco de aparente y aceptada cotidianeidad, surge imprevista la más pura originalidad.
Cada palabra, cada gesto, ~s un poco otra cosa que lo usado, es una creación constante, porque en la medida que se es auténtico, se es creador.
Imaginémonos a José Ortega y Gasset recién llegado de Europa a este nuevo mundo,
donde súbitamente y sin saber cómo, se encuentra ingresado. Entra, tan tranquilo
como cualquier día, en una casa donde no ha estado nunca y ve que del fondo del
vasto salón, avanza con un caminar elástico y de vago ritmo, que no es sino andar
y es, sin embargo, ya una danza en germen, un ser -no- unos ojos oscuros y
densos, donde bailan imaginaciones, una blusa de organdí blanca, una pollera de campana y bufante ... Es la criolla. Y entonces Ortega se siente perdido, sin saber qué
hacer. . . Perdido ante la gracia de la criolla, ante sus ademanes, posturas, expresiones, fervores, travesuras. ¿ Qué hacer ante esta inventora de proyectos, de estratagemas, de halagos, de burlas? El "Meditador del Escorial" responde con un "tango
trascendental", para decirlo con su misma ironía, con una meditación -que es también un madrigal- en la que no pide nada, ni una sonrisa, como pedía Dante a
Beatriz, ni una palabra estremecida, nada. Le basta vivir profundamente, apasionadamente su himno a la criolla. A esa criolla que tal vez tenga una gota de sangre
ameri~diana, como fermento, como vitamina, que por sí no es nada, pero que excita
e incita las sustancias positivas del alma criolla.
Para un español que lo sea hasta el tuétano, como lo fue José Ortega Y Gasset,
ponerse en contacto con la criolla es despertar las regiones de su ser que tenía como
dormidas y que de pronto se ponen en erupción. Evoca, por ejemplo, el choque amo-

536

roso de Diego de Avendaño Y una princesa inca. "Qué pasaría entre estos dos seres
tan d~stintos, tan distantes, que chocan de pronto en el universo de la pasión? Est~
conqmstador, este hidalgo fiero -como buen español loco por la feminidad, apasionado, ~a_lante, conceptuoso, elocuente, y a la vez, atroz, áspero, bronco, desesperado,
melancohco, con la muerte pronta siempre a su lado, como su sombra- y esta india
de~ u~a de_ las razas más nobles que han existido en el mundo, aquellos misteriosos y
~en?nales meas del Cuzco, que adoraban el sol y las estrellas y todo lo fulgura! -esta
md1a muda, de semblante quieto, con un fuego arcano, fuego de montaña que va
a ser volcán, esta india con su dulzor extrahumano, un dulzor cósmico- la íntima
~ulz~ra del vegetal y la dulzura de la estrella. ¿No han pensado ustedes en una noche
hmp1a, cuando las estrellas pulsan como menudas vísceras de oro y de fuego, que las
estrellas de~en ser dulces, que lo sabríamos si pudiésemos besarlas? ¡ Besar una estrella!
- ¡ buen D10s!- qué delicia casi mortal. ¡ Sentir que la estrella pusiese su temblor
su temblor inextinguible e incandescente sobre nuestros labios! En la Biblia los labio~
se purifican como un carbón ardiente. Santo Tomás de Aquino soñó que tocaban los
suyos con un ascua para que pudiesen hablar con pureza de teología. Un ascua un
carbón ardiente es casi la definición de la estrella. ¡ Qué amores, qué amores deleitable~. Y tremeb~ndos debieron ser aquellos, entre el conquistador y la princesa inca!
La h1Ja que tuvieron era ya, en germen, la criolla -a un tiempo hijadalgo e hija del
sol-. E~te noble. ingrediente amerind_iano es uno de los muchos con que las abejas
de los anos han ido elaborando la miel de la criolla". Esa criolla que ni es dura ni
etérea s'.n~ ese venturoso justo medio, que es lo muelle. Es muelle su cuerpo, lo son
sus mov1m1entos: es muelle su voz -se mece uno en su voz- ¡ ay, la voz de la criolla!
hecha con el reposo y el silencio de las estancias y de los ranchos. Como Goethe Ortega fue un gran intelectual que creyó siempre en la mujer, que para existir, éÍ que
era un gran varón, necesitaba respirar mujer. Y aquí en América encontró a la criolla
y quiso componerle, a la manera japonesa, un hai-kai que es el poema más sencillo
del mundo. Un día redondo de primavera, sale a caminar, a embriagarse de luz
de paisajes, de existencia. De pronto -podemos imaginarlo- oye las melodiosas voce~
de las lugareñas, de la ciudad o del campo, de la estanciera elegante O de la muchacha obrera. Culmina la delicia del momento y exclama: ¡ Ay, la voz de la criolla!
Esta exclamación, sólo esta exclamación es todo el hai-kai, todo el poema.

V
EL HOMBRE y

LA GENTE

Más que una doctrina sociológica, propiamente dicha, El hombre y la gente contiene
una filosofía social. En Valladolid, Madrid, Buenos Aires, Munich y Hamburgo, José
Ortega y Gasset expuso públicamente sus ideas sobre lo social. Habló de ensimismamiento y alteración, de la vida personal, de la estructura de nuestro mundo, de la
aparición del "otro", de la vida interindividual (nosotros-tú-yo), de la excursión hacia
ella, del peligro que es el otro y la sorpresa que es el yo, de la gente y del saludo,
de la significación de un uso y de las bases para una nueva lingüística ...
Lo social, adscrito sólo a los hombres, consiste en acciones o comportamientos humanos. En toda acción hay un sujeto y una responsabilidad. La vida humana es so-

537

�'

'

'T

!edad. Lo social es un hecho de la humana convivencia. Trátase de usos impuestos
por el contorno, por la sociedad, por la gente ... Son imposiciones mecánicas, impersonales, cuyo contenido es ininteligible. "Y como la 'vida social o colectiva' consiste en los usos, esa vida no es humana, es algo intermedio, entre la naturaleza y
el hombre, es una casi-naturaleza, y, como la naturaleza, irracional, mecánica y brutal"
(El hombre y la gente, pág. 27, Revista de Occidente, Madrid, 1957). Los usos presentan, para Ortega, tres principales categorías de efectos: 1). Nos permiten prever
la conducta de los otros y, en consecuencia, la casi-convivencia con el desconocido;
2). Nos obligan a vivir a la altura de los tiempos; 3). Al automatizar gran parte
de la conducta personal, nos sitúan en cierta franquía frente al porvenir y nos permiten crear lo nuevo y racional.
El animal no vive desde sí mismo sino desde lo otro, alterado, enajenado. Sólo el
hombre puede ensimismarse. Crea en su derredor un margen de seguridad, siempre
limitado -la técnica- y vuelve a ensimismarse. "Según esto, no puede hablarse de
acción sino en la medida en que va a estar regida por una previa contemplación; y
viceversa, el ensimismamiento no es sino un proyectar la acción futura" (pág. 43).
Caminando entre precipicios, el hombre guarda el equilibrio. Y cuando le falta un
cierto margen de tranquilidad, la verdad sucumbe. Una vez más, Ortega insiste en
que la "realidad radical" es la vida de cada cual. . Todas las d:m~s cosas apare~e~,
surgen, saltan, resisten, se afirman dentro del ámbito que es rm vida. En el existir
va incluido el resistir. A nadie le es dado elegir el mundo en que vive. Tengo que
enfrentarme con la circunstancia: minerales, plantas, animales, prójimos. Pero en
medio de esa circunstancia, estoy solo. Y "sólo en nuestra soledad somos nuestra
verdad". "El auténtico amor no es sino el intento de canjear dos soledades" (pág. 73).
"• Es posible -literal y formalmente posible- un humano vivir que no sea un esp:rar? No es la función primaria y más esencial de la vida expectativa Y su m~s
visceral órgano la esperanza?", se pregunta Ortega. ¡ Lástima grande que sólo se limite a engolosinamos con el tema!
El mundo vital se compone de unas pocas cosas en el momento presentes, e innumerables cosas en el momento latentes, ocultas. Además, el mundo posee siempre dos
términos y órganos: la cosa o cosas que vemos con atención y un fondo sobre el cual
aquéllas se destacan. En otras palabras: en la estructura del mundo se destacan_ tres
planos: la cosa, el horizonte y el más allá latente. Las cosas se agrupan en rcg10nes
espaciales. Y o estoy fuera del otro hombre y también mi mundo está fuera del suyo.
y sin embargo, co-cxistimos, entrepeinamos nuestras existencias. El cuerpo del otro,
su mímica y su pantomímica, gestos y palabras no patentizan pero sí manifiestan que
ha allí una intimidad similar a la mía. La vida del otro no es realidad radical, sino
y
·
. 1: " e1 h omrealidad
presunta. José Ortega y Gasset formula este pnmer
teorema socia
bre está a nativitate abierto al otro que él, al ser extraño; o con otras palabras: antes
de que cada uno de nosotros cayese en la cuenta de sí mismo, h~bía tenido ya la
experiencia básica de que hay los que no son "yo", los Otros; es decir, que ~l hombre
al estar a nativitate, abierto al otro, al alter que no es él, es a nativ1tate, quiera o no,
gústele O no, altruista" (pág. 135). Altruismo que implica un Nosotros. Hay un forcejeo con el tú que me descubre a mí mismo. Pero el tú puede ser hombre o puede
ser mujer.
Los caracteres primordiales de la mujer, apuntados por Ortega, son tres: 1). La
humanidad íntima de la mujer es confusa, crepuscular, deliciosamente secreta; 2).
El destino de la mujer es "ser en vista del hombre". Sólo la mujer sabe Y puede

538

amar, es decir, desaparecer en el otro; 3). "El cuerpo femenino está dotado de una
sensibilidad interna más v·
¡ d ¡ h b
-, .
.
iva que e
e
om re, esto es, que nuestras sensaciones
orgamcas mtracorpor_ales son vagas y como sordas comparadas con las de la mujer".
El cuerpo de la muJer, con su propens10n
·' a 1 ad orno, nos aparece como impregnado
·
como lleno todo él de alma.
'
. "T~da_ sociedad -advierte el filósofo matritense- es, a la vez, en una u otra dosis, disocie dad -que es un~ convivencia de amigos y de enemigos" (pág. 183). Tendremos que apuntar, posteriormente, algunas críticas a la obra comentada. Por ahora
me im~o:ta destacar que en el concepto de sociedad, forjado por Ortega, se incluye
a los vivientes y a los muertos. Pero sólo los vivientes nos son peligrosos. Por eso tenemos q~e acogernos ~ los usos. Los usos los hace la gente. Son de todos y de nadie.
L~s copia~~s o repetimos de los otros. A regañadientes, con frecuencia. Tienen un
~rige_n anomi:no, Y se nos imponen sin entender su sentido. Por tanto son acciones
irracionales, mvoluntarias, ininteligibles. "El uso, pues, se me aparece ~orno la amenaza presente en mi espíritu de una eventual violencia, coacción O sanción que los
demás van a ejecutar contra mí" (pág. 235).
Lo ~o~ial es esencial anacronismo. Conserva y acumula la vida humana fenecida
Y pretenta. Hay "usos débiles y difusos" ( convencionalismos sociales y opinión pú-

blica) y "usos fuertes y rígidos" ( derecho, economía y Estado).
La lengua materna no se aprende en gramáticas y diccionarios, sino en el decir
de la gente. Es un uso social que viene a interponerse entre dos intimidades. En fonn
1 , .
a
a~o~ca, Ortega y Gasset nos expone su idea de una nueva lingüística: Hablar es
prmc1palmente ~sar de u~a lenguas en cuanto que está hecha y nos es impuesta por
el contorno social. El decir es un estrato más profundo que el habla y a ese estrato
profundo debe hoy dirigirse la lingüística. El hombre es, constitutivamente, el Dicente.
Urge, en consecuencia, determinar qué es lo que dice, o, expresado de otro modo
cuáles son las direcciones primarias de su decir, qué cosas son las que le mueven a deci:
y cuáles las que le dejan silencioso. Cada pueblo calla unas cosas para poder decir
otras. No basta el utilitarismo zoológico para explicar la génesis del lenguaje. El hombre es un animal fantástico gue tiene mucho que decir, aunque la lengua socializa
lo más íntimo de su ser. Hablar es una operación que comienza en dirección de fuera
a dentro. Decir, en cambio, es una operación que empieza dentro del individuo.
Contrapone Ortega las "opiniones particulares", emitidas con brío, a las "opiniones
reinantes", meros tópicos de la opinión pública. La vigencia, alfa y omega de la sociología, es indiferente a nuestra adhesión, ejerce su coacción sobre nosotros, y podemos
recurrir a ella como a una instancia de poder en que apoyarnos. Justamente el poder
público se presenta como "la emanación activa, energética de la opinión pública, en
la cual flotan todos los demás usos o vigencias que de ello se nutren" (pág. 311).
Pero líneas delante, Ortega afirma que "la sociedad es una realidad constitutivamente
enferma, deficiente -en rigor es, sin cesar, la lucha entre sus elementos y comportamientos efectivamente sociales y sus comportamientos y elementos disociadores O antisociales. Para lograr que predomine un mínimo de sociabilidad, funciona el Estado.
Hasta aquí, en sus ideas-m~dres o líneas fundamentales, la obra inédita de José Ortega
y Gasset, publicada por la Revista de Occidente, El hombre y la gente.
Concluyamos con las indispensables observaciones críticas.
A). El alter ego que se me anuncia o revela con su presencia física o espiritual es,
provisoriamente, un enigma, la gran paradoja de que habla José Ortega y Gasset

539

�en su curso sobre El hombre y la gente, porque es un yo que consiste precisamente
en ser el no yo, en serlo de modo radical y superlativo. Pero la incomunicación primigenia -y esto no lo dice Ortega- es sólo un estadio provisional destinado a superarse
por efecto de la caridad.
B). No podemos aceptar con Ortega que nuestra realidad auténtica sea nuestra
radical soledad. Las relaciones sociales no siempre se presentan como una seudorrealidad convencional. Es claro que ante la masa de los individuos indeterminados -esa
entidad abstracta que es "la gente"-, no va a ser posible que mi individualidad única
e intransferible emerja con su plenaria singularidad. Pero no hay razón para llevar
las cosas al extremo y decir: "la acción social es acción sin sentido para el sujeto;
por tanto irracional; por tanto, involuntaria. Y como involuntaria, forzada. Cumplimos con los usos sociales a la fuerza". Los usos o convencionalismos sociales surgen
de la dimensión social del hombre con un sentido bien claro: garantizar la seguridad.
En mis frecuentes y complejas relaciones sociales con los demás, es preciso que sepa
a qué atenenne; es preciso que cuando dirija una fórmula de cortesía a un desconocido me conteste con otra fórmula de cortesía; y si no es así, si el desconocido me
responde con un insulto o con un golpe, es menester que la sociedad me respalde
en la desaprobación del acto.
C). Sin caer en una ridícula interpretación optimista, cabe decir que la relación
social está constituida, sobre todo, de actos positivos; que los actos negativos son, por
su misma esencia, antisociales. No es lo mismo el beso que prodiga la madre que
la puñalada que asesta el asesino. Por ello, y por el principio lógico de contradicción,
no podemos aceptar la afirmación de Ortega en el sentido de que "toda sociedad es,
a la vez, en mayor o menor dosis, disociedad".

VI
IDEA DEL TEATRO

En Lisboa y en Madrid, José Ortega y Gasset, sustentó, el 13 de abril Y el 4 de
mayo de 1946, respectivamente, una conferencia intitulada "Idea del Teatro". Los
compiladores de las obras inéditas orteguianas publicaron la conferencia, con los anejos
encontrados, en la Editorial Revista de Occidente (Madrid, 1958).
Un imperativo de continuidad movía siempre a Ortega para "hincar los talones en
el pasado, despegar desde el presente, y pari passu, un pie tras otro del~nte, ponerse
en marcha, caminar, avanzar; le aterraba quedarse en el pasado o enqmstarse en el
presente. Quería innovar. Acaso el afán filoneísta le haya extraviado, en más de una
ocasión. Pero sus atisbos de adelantado vigía -valiosos, numerosos, fecundos- están
en pie.
. ,
Al través de toda una variedad de formas, subsiste, en el teatro, una estructura 1dentica. Sólo que es preciso descubrirla, des-ocultarla, hacerla patente. Quiere mostrar
el "ser en forma" del teatro, no su "ser ruina". Tiene la convicción de que hoy "está
en ruinas casi todo, desde las instituciones políticas hasta el teatro, pasando por todos
los demás géneros literarios y todas las demás artes" (J dea del Teatro, pág. 30). Por
eso quiere tener a la vista las grandes épocas del teatro: siglo V en Grecia (Esquilo,

Sófocles, Ari,tófanes), finales del siglo XVI y comienzos del XVII con el teatro inglés ; el español (Ben Johnson, Shakespeare, Lope de Vega, Calderón), el teatro
aleman de Goethe y Schiller, el siglo XIX: una de las grandes centurias teatrales.
Eso ha sido el teatro en fonna.
"E~ t~atro -define, Ortega- es un edificio que tiene una forma interior orgánica
c~nst1t111da por dos organos -sala y escenario-- dispuestos para servir a dos func10nes opuest~s pero conexas: el ver y el hacerse ver" (pág. 36). Se ha dicho que
la dr~aturg1a . es ~n género literario.. Pero esta consideración, para Ortega, es secundana Y par;1ª~· Teatro es por esencia, presencia y potencia: visi6n -espectáculo--,
Y en cu_anto publico, somos ante todo espectadores" (pág. 3 7). Trátase de un género
vmonano, antes que de un género literario. El circo y los toros son primos del teatro.
Cosas Y personas se nos presentan, en el escenario, representando otras que no son
ellas. "Todo teatro, por humilde que sea, es siempre un monte Tabor donde se cumplen transfiguraciones". En otras palabras: el Teatro es metáfora visible. Pero, ¿ qué
es lo metafórico? La metáfora -"bomba atómica mental"- anula, neutraliza desmaterializa dos realidades que chocan y se identifican. El actor hace farsa. 'y el
público se deja "farsear". Ambos participan en un mundo irreal, fantasmagórico. La
vida humana es, tiene que ser a ratos, "broma", farsa. El hombre tiene que descansar
de su vivir, &lt;lis-traerse, verterse en una ultravida. La escena, la sala y el teatro entero resultan ser fantasmagoría, ultravida.
La religión griega es, en un sentido formal, religión "popular". Consiste en culto
público. El teatro griego nace del culto a Dionysos --danzas y cantos corales- que
representa el vino y lo elemental en la naturaleza. "El beodo siente que se ha arrane~~º a lo que le era la vida -pesadumbre-. Vive ahora una vida exenta de negatlv1dad, llena de luz, en que todo sonríe, ni siquiera siente la resistencia de la materia
(por pérdida del tacto periférico). Por eso da tumbos, no siente la dureza y solidez de
la tierra. No percibe limitación alguna a la vida. Todo es como debe ser. Es la felicidad, la beatitud. De la vida anterior conserva sólo la impresión como de algo de lo
cual ha sido arrancado, liberado, arrebatado o asumpto. Esta sensación de "asunción"
es la característica del éxtasis, del "estar fuera de sí" (pág. 72). Pero la embriaguez,
por sí sola, no tiene que ver con lo religioso. Habría que postular, advierte Ortega,
una embriaguez religiosamente predirigida, en algún sentido. En la fiesta, las gentes
se reúnen no para trabajar, sino para vivir horas de contagio y despersonalización:
danza, bebida, ritos religiosos. Del fondo de las almas todas surgen emociones profundas, extraordinarias, trascendentales del patetismo místico. Hay que dejarse absorber por una extrarrealidad, por un mundo mejor, excepcional, visionario. La religión dionisíaca es un "perder la cabeza", un frenetizarse, un enloquecer. Dionysos es
hijo de Zeus -de lo más alto-- y de Semela - diosa telúrica-. Dionysos es, a la
vez, delicia y espanto. Se contrapone a la mesura y al ser razonable que Apolo representa. Los griegos no quisieron renunciar a nada. Amaron el orden y el desorden,
la seriedad y la diversión, la razón y la enajenación. Dionysos vive frenéticamente,
muere despedazado y resucita gloriosamente. De ese profundo humus religioso dionisíaco - místico, visionario, fantasmagórico- brota el Teatro como su flor más afín.
El Anejo 11, intitulado "O século" (El siglo), no versa sobre el teatro. Se refiere,
exclusivamente, al concepto de tiempo. Su inclusión, en el volumen Idea del teatro,
nos parece fuera de lugar, arbitraria. Pero de esto no tiene la culpa Ortega.
Puestos a juzgar esta obra de Ortega, habrá que empezar por reconocer los profundos atisbos sobre el origen y la esencia del teatro. Subraya, acaso demasiado, el

541
540

�elemento espectáculo, vmon, farsa. Se desentiende, muy pronto, del teat~o. ,como ob_ra
literaria. Nada nos dice sobre el carácter de la dramática -lucha, opos1c1on, conflictos-• sobre Ja unidad e integridad de la acción; sobre la exposición, nudo ~ desenlace; 'sobre la expresión, diálogo y estilo ... ¿Cómo eludir estos elementos "sine qua
non" en una idea -por abreviada que sea- del Teatro?

VII
PRÓLOGO PARA ALEMANES

En los archivos de la "Deutsche Verlags-Anstalt" quedó un inacabado "prólogo para
los alemanes", escrito por José Ortega y Gasset. ¿ Por qué escribir un pr~l~go para
alemanes? Los libros de Ortega alcanzaron en Alemania nuevas Y nuevas edicwnes. La
necesidad de no dejar indefensas sus ideas y el deseo de que los lectores de_ habla alemana Je conociesen, movieron la pluma de Ortega. Porque la palab~a escrita :orno
advertía Goethe--- es un subrogado de la palabra hablada. Y el f¡Jósofo matnt~nse
desea estar presente en cada uno de los párrafos, con el ti~bre de su voz,_ geStl~uJando. . . Quisiera que si alguien pusiese el dedo sobre cualquiera de sus páginas, sintiera el latido de su corazón. La involución del libro hacia el diálogo con los lect~r_es
en su más concreta realidad posible, es su propósito primordial. No pretende escribir,
"urbi et orbi", para el hombre en general. Su intención es explicar a sus lectores de
Alemania lo que han sido sus libros y de paso, quién es él. .
,
Empieza por confesar que sus libros propiamente no son hbr~s. Tra_t:se de sus :s•
critos, de sus artículos publicados en los periódicos de mayor circulac10n ~e _Espana.
Es verdad que ha estudiado a fondo, frenéticamente, en Marburg, e~ Le1pzig ~ en
Berlín. "Durante tres años ha sido una pura llama celtíbera que_ ar~1a, que chisporroteaba de entusiasmo dentro de la Universidad alemana. Con N1cola1 Hartm:~• c~,n
Paul Scheffer, con Heinz Heimsoeth ha discutido sobre Kant y sobre ~armeru~es ;
muchas veces a media noche, en paseos sobre el camino nevado, que terminaban JU~to
al paso a nivel, mientras cruzaba monstruoso el expreso de B~rlín cuy~s farole; ro¡os
ensangrentaban un momento la nieve intacta. Luego he continuado a~os . Y anos sumergido en la ciencia alemana hasta casi ahogarme. En alg~n~s :~enc1as conozco
casi íntegramente la producción alemana, la importante y la ins1gruf1cante, Y c~mo
tengo bastante buena memoria, no es imposibl~, que al enco~trar un hombre d~ ciencia de quinto O sexto orden le recite un traba10 suyo aparecido hace much~s anos _en
el rincón de una revista. Todo esto es verdad, pero también lo es que de rrus estudios
en Marburg en Leipzig, en Berlín, saqué la consecuencia de que yo debía por lo pronto
y durante ~uchos años. . . escribir artículos de periódicos ( Obras Completas, tomo
VIII, pág. 20, Editorial Revista de Occidente).
.
Declárase perteneciente a un pueblo caracterizado por sus "guerras de mdependencia" en el orden territorial y en el orden intelectual. Ha rehusado en sus_ horas
de mayor postración aceptar al triunfante de la hora. "El miserable numantmo no
se humilla ante Ja ~agnificencia de Escipión, y el labriego de la áspera meseta castellana, abandonado de su aristocracia, de su rey, de su Estado, se rebela , ~-spontáneamente contra Napoleón antes que nadie lo hubiera osado. Y, c~so parado11co, los
españoles han solido cantar al vencido y no al vencedor. La Farsaha de Lucano mo-

542

viliza sus hexámetros en honor de Pompeyo sin ventura y no de César triunfante, y
el Quijote es la epopeya del eterno y esencial derrotado". Con esto quiere indicarles a los alemanes, que lleva en la sangre la más vieja experiencia de "resistencia",
de "independencia". Es un hombre experimentado, un hombre maduro que ha visto
ya la espalda de las cosas. Cuando tenía veinte años sufrió la influencia de Francia
y un influjo de ciertas cosas inglesas. De Alemania sólo a Krause conocían en España.
Y esto era poco más que nada. Pronto se convenció, después de medir el fondo del
líquido elemento de la cultura francesa, que "no podía España nutrirse más de
Francia. Esto me hizo volverme a Alemania de que en mi país no se tenían sino
vagas noticias. La generación de los viejos se había pasado la vida hablando de las
"nieblas germánicas". Lo que era pura niebla eran sus noticias sobre Alemania. Comprendí que era necesario para mi España absorber la cultura alemana, tragársela
-un nuevo y magnífico alimento-. No imagine, pues, el lector mi viaje a Alemania
como el viaje de un devoto peregrino que va a besar en Roma el pie del Santo
Padre. Todo lo contrario. Era el raudo vuelo predatorio, el descenso de flecha que
hace el joven azor hambriento sobre algo vivo, carnoso, que su ojo redondo y alerta
descubre en la campiña ... España necesitaba de Alemania. Yo sentía mi ser -ya
lo veremos- de tal modo identificado con mi nación, que sus necesidades eran mis
apetitos, mis hambres" ( Opus cit., pág. 24). Pero es claro que este contacto supone
un entusiasmo sincero, profundo, exasperado por el destino alemán.
Hoy España -su intelectualidad más connotada y sus universitarios- se sabe de
memoria la cultura alemana. Anda por ella como Pedro por su casa. Pero fue Ortega
quien conquistó para ella, para sus ideas, para sus modos, el entusiasmo y la admiración de los españoles. "Y algo más. De paso -nos confiesa-, he infeccionado a
toda Sudamérica de germanismo". Me parece -permítaseme el comentario- que
esta expan~ión de los valores alemanes -rigor, disciplina, métodos, profundidad- ha
sido benéfica para la cultura de habla española.
José Ortega y Gasset estudió en las universidades alemanas donde la filosofía era entonces más difícil, más "técnica", más esotérica. Cohen le obligó a tomar contacto
íntimo con la filosofía difícil y, sobre todo, "renovó la voluntad de sistema, que es
lo específico de la inspiración filosófica". El neokantismo fue una necesidad escolar
del europeo recaído en puerilidad filosófica comteana. Pero el idealismo trascendental había terminado en una radical catástrofe de la filosofía. Hegel -Nabucodonosor
de la filosofía- fue acaso el más imprudente aunque sea "uno de los cuatro o cinco
mayores filósofos del planeta Tierra". Al llegar a los veintiséis años, Ortega no era
ya neokantiano. Había estudiado Kant a fondo y esto no es un grano de anís, "Porque
en Kant hace el pensamiento europeo un giro por ciento ochenta grados y se constituye frente a todo el pasado en audaz paradoja". No han faltado quienes identifiquen lo alemán con el idealismo. Ahora bien, lo que "hay de alemán en Fichte, Schelling y Hegel importa mucho a Alemania separarlo de lo que en aquéllos no es lo
alemán, sino momento transitorio, caduco y pecaminoso, adscrito exclusivamente a
unos grupos de hombres fugaces, a un par de generaciones" ( Opus cit., pág. 37). Lo
malo del caso es que Ortega enuncia el problema sin proceder al deslinde. Se limita
a tachar el idealismo postkantiano por falta de veracidad, por falta de pulcritud en
la terminología. Y expone, a los alemanes, su filosofía de la razón vital de la perspectiva y de la reabsorción de la circunstancia. Aclara que desde hace muchos años
se encontró instalado en algo parecido "a lo que hace muy poco se ha descubierto
en Alemania con el nombre, a mi juicio erróneo y arbitrario de "filosofía de la exis-

543

�tencia". Por otra parte, Husserl, con su "conciencia pura" -supuesta realidad absoluta- desrealiza cuanto hay en ella y lo convierte en puro objeto, en puro aspecto.
Lo "puesto en sí", lo impuesto al pensamiento del filósofo, es aquello de donde éste
viene: la vida.
¿ Por qué con todas esas ideas, aprendidas en Alemania, no se dedicó Ortega a
escribir libros compactos, técnicamente artillados? ¿ Por qué se ocupó en escribir artículos de periódico? Respuesta orteguiana: porque el destino concreto del hombre
es la reabsorción de su circunstancia. El precipitado que los años de estudio en Alemania dejaron en él fue la decisión, de aceptar íntegro y sin reservas su destino español. Su destino individual -inverso al del "Gelehrte" alemán- se le aparecía como
inseparable del destino de su pueblo. Un pueblo de viejo pretérito. Un pueblo compuesto de hombres "que todo lÓ ganaron y todo lo perdieron".
Un pueblo que ha sabido vencer y ha sabido sucumbir, las dos figuras extremas que
torna la vida. Por eso pide -en plena época del nacional-socialismo- que se oiga la
anciana voz de su raza, y lo pide no ciertamente en beneficio de él ni de su nación,
sino impulsado por un altruismo casi extra-humano. Inmerso en su pueblo español,
Ortega siente la necesidad de hacer un alto en la encrucijada, antes de proseguir su
ruta para volcar claridades sobre su misión en la historia. Va sumido en su raza
"co~o la gota en la nube viajera". Su germanofilia no le restó nunca esa íntima
e intransferible rúbrica de auténtico español.

de Unamuno Y José Ortega Y Gasset -"Un bosquejo valorativo"- señalé desde
1950, el característico filoneísmo y la vocación de iconoclasta del pensador matritense.
Me parece que sus obras inéditas -sin mengua de sus altos méritos- confirman mi
aserto.
"El conocimiento es siempre contemplación de algo a través de un principio", dice
Jo~é ?:tega Y &lt;?as~et. Esta proposición sirve de punto de partida al libro La idea de
principio en ~eib~iz ~ _la evolución de la teoría deductiva. Pero estos principios deben
ser, en materia filosof1ca, radicalmente últimos. Por eso los filósofos han sido, titula~m~nte,_ los "hombr;s d~ los principios". Leibniz destaca, en este sentido, por su
pr'.nc'.p~hsmo. _He ~qui la lista de sus principios: lo. El principio de los principios. 2o.
~rmcipio de _1dent1dad. 3o. Principio de contradicción. 4o. Principio de razón sufic_iente. So. P_nncipio de uniformidad o principio de Arlequín. 60. Principio de la identidad ~e ~o~ mdiscernibles, o principio de la diferenciación. 7o. Principio de continuidad.
~o. _P_rmc1p1_0 ~e. lo mej_or o de la conveniencia. 9o. Principio del equilibrio o ley de
Justicia (prrnc1p10 de simetría en la actual matemática). l0o. Principios del mínimo
esf~e~o ~ d~ las f~rmas óptimas. Estos principios, al decir de Ortega, los instaura
Le1b~1z sm Jerar~mzarlos y coordinarlos. Y cosa curiosa, Leibniz insiste en que es
preciso probar o intentar probar los principios, cuando solía entenderse por principio
lo que ni puede ni necesita ser probado. Dentro del "corpus lógico", el principio se
halla en el comienzo. Tradicionalmente se dice que son verdades "per se notae" 0 evidente~, p~ro_ pudiera resultar que carecieran de verdad propia -insinúa Ortega- y
que solo s1rv1eran de apoyo a las consecuencias. Pero entonces --comentamos nosotrosla misma correcc1on formal de la lógica carecería de sentido y toda la construcción
filosófica se disolvería en el agnosticismo y en el nihilismo.

VIII
LA IDEA DE PRINCIPIO EN LEIBNIZ

Dentro de las obras inéditas de José Ortega y Gasset, ninguna más compacta, rigurosa
y estructurada que "La idea de principio en Leibniz y la evolución de la :eoría deductiva" (Biblioteca de la Revista de Occidente. Emecé, Editores). Obra inconclusa,
es cierto; pero obra rica en sugerencias fecundas, en críticas agudas, en ~pe~t~ra de
nuevos caminos. . . No se trata, tan sólo, de rehabilitar el gran rango frlosoftco de
Leibniz en la historia del pensamiento. Tampoco se limita al análisis del "principialismo" leibniziano. Trátase de tomarle el pulso a la filosofía moderna; de trazar el
sistema de "ideornas" y "draomas" ( acciones vitales). Esta, y no otra, es, a nuestro
juicio, la parte positiva de la obra. La interpretación del aristotelism~ y de la escolástica es notoriamente ligera, inexacta, arbitraria. El propio Gaos, discípulo de Ortega, reconoce que muchos se pueden sorprender por "la forma sumaria con que se
despacha una cuestión tan "principal" para ellos y tan disputada por ellos como la
de la esencia y la existencia" ("Dianoia", Anuario de Filosofía, 1960, pág. 205). Más
aún, Ortega llega a extremos pintorescos cuando reduce el concepto abstraído de la
sensación a la sensación misma. Esto es confundir a Aristóteles y a Santo Tomás con
Condillac. La verdad es que Ortega no llegó nunca a conocer, seriamente, la problemática y la temática de la escolástica. Su formación universitaria, en Alemania, fue
neokantiana. Posteriormente influyeron, en su estructura mental, Renán, Nietzsche Y
Dilthey, sobre todo. Apunta Gaos un rasgo característico -caracteroló~ico- de Ortega, que no es posible pasar por alto: "el irresistible placer de descubrir a los demás
cosas que los dejan admirados de ellas y del descubridor" (ibid.). En mi libro Miguel

544

"La .filosofía es una cierta idea del Ser. Una filosofía que innova, aporta cierta
nueva idea del Ser. Pero lo curioso del caso es que toda filosofía innovadora -empezando por la gran innovación que fue la primera filosofía- descubre su nueva idea
del Ser gracias a que antes ha descubierto una nueva idea del Pensar es decir un
método intelectual antes desconocido". (La idea de principio en Leibniz ~ la evol:ción
de la teoría deductiva, pág. 27 ) . Entonces, ¿por qué ha anunciado Ortega, en otra
de sus obras, un jaque mate a la idea del Ser? ¡ Prosigamos! ¿ Qué entiende Leibniz
por pensar? Respuesta: pensar es probar. Hacia 1750 comienza el reinado de la física.
Junto con Newton, Leibniz -alma fosforescente de extrahumana hiperlucidez- es uno
de los creadores de la física. Más aún, "es Leibniz, de todos los filósofos pasados, aquel
de quien resultan hoy vigentes mayor número de tesis (pág. 55). El álgebra, como
modo de pensar, es la "Mathematica Numerorum incertorum". La Jogicidad de un
concepto, surge en su relación con las cosas. Einstein lo ha dicho genialmente: "Las
proposiciones matemáticas, en cuanto que se refieren a la realidad, no son válidas, y en
cuanto que no son válidas, no se refieren a la realidad" ("Geometrie und Erfahrung").

•

La evolución del método deductivo o exacto moderno, se resume en tres pasos: uno
que da Vieta creando el Algebra, otro que da Descartes creando la Geometría Analítica y la duda metódica y un tercero que acomete Leibniz con su principialismo
matemático. En este tercer paso "convergen la herencia de la antigüedad clásica con
la rehabilitación del pasado medieval y la más potente innovación de las ciencias que
caracterizan la modernidad" (pág. 406 ) . Para este genio integrador, no hay verdades
evidentes, porque nada es sin razón. Toda verdad tiene que ser probada. En las proposiciones idénticas no hay que salir de ellas para probarlas. Unimos el predicado al

545
H35

�sujeto porque ya estaba unido. Las verdades que no son idénticas tienen que ser probadas mostrando, por el "análisis de los conceptos", que pueden reducirse a proposiciones idénticas. Al descomponer el concepto del sujeto y el del predicado se constata, por una serie de identidades intermedias, una continuidad de identificación entre
conceptos que parecían diferentes.
"Para dar razón del mundo existente hay que recurrir a un principio ajeno a la
lógica, hay que admitir lo que Leibniz llama "el principio de lo mejor o de la convivencia" (pág. 422). La optimidad del mundo es anterior a su contenido. Nuestro
mundo llegó a existir, porque era ya, esencialmente, el mejor. Los posibles reclaman
-puesto que no son imposibles- la existencia. Al decir que nuestro mundo es el
mejor posible, Leibniz quiere significar que es el mejor de los no buenos. El mal efectivo se justifica como evitación de otro mayor. A lo que se presenta sin razón o fundamento hay que buscárselo (principio de la razón suficiente). "Con ello desaparece
de lo 'real' su contingencia" (pág. 432 ) , observa Ortega. Dios, ente necesario, pudo
no crear o crear otro mundo distinto del efectivo. Su elección entre los posibles está
guiada por la voluntad de lo mejor.
A Ortega no le parece solución afortunada el "decir que el concepto de Ente se
refiere a los entes concretos confusamente". Piensa que "el Ente no está en los entes,
sino al revés, los entes en el Ente. Sería esto una hipótesis inventada por el hombre
para interpretar las cosas en torno de él y su propio destino". No anda lejos de Rosmini. Y se aproxima a Heidegger cuando asegura que "las cosas, en su relación primaria con el hombre, no tienen Ser, sino que consisten en puras practicidades" (pág.
266). Claro que la teoría es también vida; pero es sólo una porciúncula de nuestra
vida. "Tras la escena lúcida, con candilejas, a que el intelectual asiste dentro de sí
cuando piensa, está el ~bismo de cuanto en nuestra vida y persona es invisible pero
actúa de profundis sobre aquel superficial escenario donde, actores de nosotros mismos, recitamos nuestra aria de intelectuales" (págs. 311-312 ) . Ser intelectual es tener
una deuda consigo propio. Y dentro de la categoría de los intelectuales, el filósofo es
el hombre que se extenúa "en el esfuerzo de exhumar esos 'principios' pragmáticos,
latentes"- arbitrarias asunciones en que no repara o que, si repara en ellas, solemniza con el pomposo título de "principios". Salta a la vista, en este pasaje, el irracionalismo orteguiano de tinte nietzscheano. Más afortunada nos parece la distinción
que Ortega establece entre filósofo y curioso. El filósofo, a diferencia del filósofo, no
va a la filosofía ya hecha para divertirse con el primor de sus ·análisis, con la agilísima
acrobacia de sus argumentos. Al encontrarse viviendo, el hombre forja un sistema
de radicales actitudes interpretativas. Duda, pero no se desespera. "La duda sin vía
a la vista no es duda, es desesperación. Y la desesperación no lleva a la filosofía, sino
al salto mortal" (pág. 323) . Se filosofa desde dentro de la vida y en vista de cierta
situación a que se ha llegado. Cada nuevo nivel es un estrato más hondo de los problemas filosóficos. No es que el hombre se extrañe del mundo, como lo pretende
Heidegger, es que es, a nativitate, un extrañado del mundo, un extraño, un extranjero. No podemos detenernos en las críticas -agudas, aceradas- que Ortega endereza
contra Heidegger. Tampoco hemos querido exponer, en detalle, las muestras de feroz
incomprensión hacia algunos otros filósofos a quienes por cierto no puede dejar de
considerar como verdaderos gigantes del pensamiento que Ortega nos suministra. Un
cazador de gazapos podria entresacar, de la obra comentada, algunos de no escasa
monta (por ejemplo: la torpe apología del Dios arbitrario -contradicción en los

546

términos- de Ockam). Hemos preferido destacar el hilo conductor de la obra, sus
felices atisbos y su brillante estilo. Todo ello en forma casi telegráfica.

IX
UNA INTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA UNIVERSAL

Desde su propia perspectiva, José Ortega y Gasset realiza una exposición somera y
una crítica implacable de la obra de Arnold Toynbee, A Study of History. Trátase de
un curso, 1948-1949, que despliega, también, las ideas personales de Ortega en torno
a la disciplina histórica y al proceso de los pueblos.
Toynbee es ?rofesor de Historia Internacional, en la Universidad de Londres, y Director del Instituto de Asuntos Internacionales. El internacionalismo -tan estimado en
Inglaterra- es, pues, la profesión de Arnold Toynbee. Y este dato hay que conservarlo
en la memoria; un anglosajón ocupado en informarse e informar sobre asuntos internacionales. M. Toynbee contempla, desde fuera, la realidad histórica como un fenómeno
de la naturaleza. Minimiza lo que hay de intimidad, de secreto, de nacional en todo
acontecer humano.
La historia de Inglaterra -asegura y con razón Toynbee- no puede hacerse desde
el punto de vista inglés. Porque pese a su arisca y recalcitrante insularidad, Inglaterra
es parte de algo más amplio. No constituye lo que Ortega llama una "realidad enteriza"
o lo que Toynbee denomina un "campo histórico inteligible". "Nos hallamos, pues
-comenta Ortega-, ante la exigencia metódica, rigurosamente científica, de tener
que buscar esa sociedad de nueva especie cuyos miembros son las naciones" ( Una interpretaci6n de la Historia Universal, pág. 59, Ed. Revista de Occidente).
Junto a la Sociedad Occidental, en la cual está inmersa Inglaterra, hay cuatro grandes sociedades: Sociedad Islámica ( el mundo del Islam que corre desde el Pakistán
hasta el extremo de Marruecos ), La Sociedad Hindú ( en las regiones tropicales del Asia ),
la Sociedad Extremo-Oriental ( de Dhina y parte del Pacífico) y la Sociedad CristianoOrtodoxa o Bizantina ( que forman Grecia y Rusia). En nuestro viaje de regreso hacia el pretérito llega un punto en que perdemos la visión de nuestra sociedad occidental.
Nos hallamos en medio del Imperio romano. Toynbee censura a los historiadores contemporáneos - no cuidándose de nombrar a los más recientes- por tomar a sus respectivas naciones como si fuesen entidades independientes y autárquicas. Pero el hecho
es que el historiador inglés no nos ofrece una idea de nación, medianamente deglutible. Sin rehuír la dureza de las palabras, Ortega asevera: "es falso de toda falsedad
sostener que la ciencia histórica durante la época a que Toynbee alude trabajó inspirada por el nacionalismo en ningún sentido del vocablo. Sostener, afirmar esto sin más
ni más, como él lo hace, es error y frivolidad. Si nos acordamos de Niebuhr, de Ranke,
de Fuste! de Coulanges y de Mommsen, nos parece que es propiamente bordear la insolencia, porque la ciencia histórica creada en el Siglo XIX por estos hombres fue
hecha y forjada ocupándose ellos de naciones que no eran las suyas; más aún, que ni
siquiera existían. ¿ Es que se puede hablar del nacionalismo romano de Mommsen o
de Fuste! de Coulanges? Y en cuanto a Ranke, fue, si alguien en el mundo lo ha sido,
el hombre de la historia universal; escribió varias, unas tras otras, y cuando quiso tratar un tema particular lo tituló "los pueblos germano-románicos" ostentando en Ja in-

547

�temperie del título su voluntad de brincar por las fronteras de toda crítica nacionalista,
quiera o no el señor Toynbee" ( Opus. cit., pág. 77). Por lo demás, Toynbee no analiza
el concepto de civilización; se limita a apuntar, en el espacio y en el tiempo, las diversas civilizaciones. Para decirlo con las palabras de Ortega: "Toynbee no gusta de
entrar dentro de las civilizaciones sino que suele contemplarlas desde fuera, como se
contemplan las montañas, y así hace pasear por las vastedades de la historia el alma
de turista que Dios concedió al inglés". Las preferencias de Ortega vuelan hacia la
gran historiografía germana, y en particular hacia Mommsen, "uno de los pocos genios
que ha habido en la ciencia histórica y al que por mi parte dedico un fervoroso culto".
Pero volvamos a Toynbee. La interrupción del "proletariado externo" en la civilización grecorromana trae consigo siglos de caos -"interregno"- y la destrucción fi.
na!. Una religión universal, nacida del "proletariado interno", invade verticalmente el
Estado universal en la última etapa de la civilización grecorromana. El historiador inglés se empeña vanamente en unir y fundir la civilización griega, la historia griega a
la historia romana en una única civilización: "Toynbee pretende, de un modo bastante
sumario, que hay veintiuna civilizaciones) ni una más ni una menos. No tiene sentido
entrar ahora a discutir si todas las civilizaciones presuntas, que Toynbee enuncia y nombra, lo son en efecto o no porque él tampoco se ha tomado gran trabajo ni pulcritud
en su determinación y no tiene sentido que a su galanura vayamos nosotros a oponer
una seriedad de método que él no practica" (pág. 245). Bajo el método empírico, que
utilizan los británicos, se oculta la resolución totalitaria de que en los hechos repercutan,
quiérase o no, las ideas preconcebidas.
Reconoce Ortega que Toynbee ha dado alguna luz sobre el dinamismo histórico, sobre las victorias y derrotas de los hombres, con la categoría doble que él titula "obstáculo" y "ataque". Pero al lado de este acierto pululan los errores; al menos, en opinión de Ortega. El filósofo matritense no vacila en dirigir, al historiador inglés, las
frases más rudas y sarcásticas. "Es tal la peregrina condición de Toynbee que sus transpiraciones, de puro arbitrarias, resultan a veces divertidas" (pág. 264). En el historiador inglés "no hay una sola idea aguda, perspicaz y ni siquiera simpática y amorosa
sobre su propio país". (pág. 287). Y sin embargo, sin darse cuenta, "Toynbee es tan
inglés que cree al pueblo inglés elegido por Dios para inventar todo y ser el origen de
todo, de lo bueno y de lo malo". ¿ Cuál es en definitiva el balance orteguiano sobre
Toynbee? Helo aquí: "Hagamos, pues, balance. He aplaudido su idea de que el principio dinámico de la historia humana es, en efecto, algo así como reto y respuesta; pero
he criticado su empleo precisamente como explicación de la génesis de las civilizaciones,
y ello primero, porque los hechos lo rechazan en sentido de que no ha habido en la mayor parte de los casos ese cambio súbito en el contorno geográfico; segundo porque
aun en el caso, como Egipto, en que debió de haberlo, los pueblos que respondieron
a ese reto respondieron porque ya poseían en buena dosis eso que Toynbee llama civilización; tercero, consecuentemente, porque me parece inaceptable el planteamiento mismo del problema basado en suponer que la civilización es algo "toto caclo" distinto de
la vida primitiva; cuarto, porque, como en seguida vamos a ver, el dinamismo retorespuesta es permanente y congénito de la vida humana y es inadmisible suponer que
no actuaba ya y actúa en la vida de las sociedades primitivas" (págs. 281-282).
La reacción de Ortega ante Toynbee -un tanto exasperada y exagerada- es la
reacción de un filósofo ante un historiador que de improviso se siente impulsado a forjar una filosofía de la historia. La morfología histórica de Toynbee muestra dos defectos primordiales, a mi modo de ver: fcnomenismo y mecanicismo. Pero es que además

Toynbee ha f~rmulado sus leyes como si fuesen evidentes por sí mismas y no necesitasen demos_trac1ón. Y antes de toda demostración deben darse las prenociones o presupuestos. Sm ellos, la demostración es imposible. El ilustre historiador inglés en s deseo
hacer filo~of!a. de la historia se ha olvidado de un sencillo y sano postula:o de
la log1ca: el rac1ocm10 es nuestro medio y modo ordinario de conocer con certeza lo
que no conocemos inmediatamente.

?~

FÉLIX MARTÍNEZ BoxATI, La Estructura
de la Obra Literaria, Ediciones de la
Universidad de Chile, Santiago, 1960.
UNA DE LAS AFIRMACIONES más importantes, si no la más imporLmte, que encontramos en este libro de Félix Martínez Bonati, es la de que el fenómeno literario surge en "pseudofrases sin contexto ni situación concretos, es decir de
frases representadas imaginadas sin determinación externa de su situación comunicativa" (p. 98).
Esto, por sí solo, no llamaría propiamente la atención, pero es necesario completarlo con su antecedente inmediato,
relativo a esas pseudofrases y a las frases
representadas. La pseudofrase, dice Bona ti, se distingue de la frase real auténtica; ésta es la que "como producto sensible de la acción comunicativa del hablante (emisor de signos), hace efectiva
la comunicación, causando en el oyente
(destinatario) la percepción y aprehensión de ella como signo comunicativo".
Estas frases reales auténticas pueden hacerse presentes por sí mismas o por medio de un representante. Bonati ejemplifica: si estoy relatando una conversación
y digo "El ha dicho: 'Pedro es mi amigo'," esta última frase ('Pedro es mi amigo'), pronunciada por mí al relatar que
la dijo alguien, no es una frase auténtica
sino representante de una frase real auténtica, o sea, una pseudofrase.
Las pseudofrases, evidentemente, son
signos, pues significan. Pero, agrega Bona ti, no son signos lingüísticos, es decir,
ninguna pseudofrase es signo lingüístico;

en otras palabras, toda frase ( que es
pscudofrase según Bonati) relata, toda
frase dicha por un hablante para relatarla como contenido de una acción comunicativa de otro hablante, no es lenguaje, ya que "en su gestión de signo,
no median las esferas ideales del significado inmanente del signo lingüístico" (p.
97). En consecuencia, si se pueden pronunciar o escribir pseudofrases, frases
que no lo son, entonces podemos comunicar frases imaginarias. Toda pseudofrase nos remite, al comprenderla, a otra situación comunicativa, precisamente aquella en que la ahora pseudofrase es frase
real auténtica.
Pero ocurre también que existen pseudofrases que no tienen contexto ni situación concretos, frases representadas imaginadas "sin determinación externa de su
situación comunicativa". Tal es el f enómeno literario, concluye Martínez Bonati. La literatura se fundará así en una
convención, en un acto convencional, que
es el de aceptar como lenguaje lo que no
es tal.
Esta y otras conclusiones son respuestas a la pregunta con la que se abre este
estudio: ¿ Qué es el objeto literario?
( "en el sentido de ¿ qué forma [estructura] tiene?"). Se trata, en palabras del
propio autor, "de una investigación \cerca de la naturaleza esencial de la literatura como objeto". No se maneja el problema del origen del fenómeno literario,
ni el del valor poético o criterios estimativos, como se nos hace ver expresamente.
Sin embargo, la investigación sobre la

549
548

�estructura del ohjeto literario se realizará
desde un particular punto de vista, porque en las mismas páginas que sirven de
prólogo el autor nos dice: "nuestro tema
se limita a la cosa misma literatura como objeto del conocimiento discursivointuitivo del lector o contemplador" ( las
cursivas son nuestras).
Para penetrar en tan difícil tarea,
Martínez Bonati dedica la Introducción,
la Primera y la Segunda Partes ( 90 páginas de las 163 que forman el libro),
a problemas de vocabulario y crítica de
teorías ( lngarden, Bühler), al estudio
de la naturaleza lógica y estructura fenoménica de la narración literaria, y por
último a la estructura de la significación
lingüística (las dimensiones semánticas
del lenguaje). La Tercera Parte se ocupa
de lenguaje y literatura, y se incluye en
apéndice sobre símbolo y enajenación.
El vocabulario. Martínez Bonati hace
una clara y magnífica exposición del problema relativo al uso del lenguaje y al
manejo de ciertas palabras cotidianas
cuya "virtud" se desconoce, así como a
las limitaciones que se derivan de todo
concepto definido. Dice al respecto: "Todo concepto definido es un límite para
la visión del fenómeno. En el concepto
cristaliza y da su último fruto una línea
de aproximación al objeto. En ese mismo
punto, este movimiento del espíritu se esteriliza para todo posible logro ulterior;
se enajena la facultad intuitiva en la forma abstracta, fija, del orden conceptual.
Si queremos volver a ver la cosa directamente, contemplarla en su ser inmediato,
tenemos que salir retrocediendo, por este
túneill ciego, ya formalizado, a la difusa
luz del lenguaje cotidiano y del trato preconceptual, intuitivo, con las cosas. Vista
por su lado positivo, la vaguedad de visión antes denunciada es una liberación
frente a la estrechez de la abstracción"
(p. 30). En efecto, fácilmente puede
caerse en un manejo solidificado de la

550

palabra, que nos aleja de aquello a lo
que pretendemos llegar a través de ella.
En igual forma, puede alcanzarse esa
"virtud" del lenguaje cotidiano, que nos
coloca en la vía de la intuición directa.
"Fondo" y "forma", por ejemplo, son
términos que maneja Bonati desde este
punto de vista, haciendo ver la negación
dogmática de la dualidad que proponen
( "Las teorías y las palabras comunes
dogma tizadas se convierten en prejuicios
ciegos, en fórmulas que no dan visión alguna"). Por ello Bonati afirma la necesidad de respeto a la tradición, lo que implica no obstante el revivirla para conocer sus propias limitaciones, revisando
sus conceptos.
Naturaleza l6gica y estructura fenoménica de la narraci611 literaria. Primeramente se distingue a la narración de la
descripción. Si "narración se llama preferentemente a la representación puramente lingüística de la alteración de determinadas personas, situaciones y circunstancias en el curso del tiempo", descripción será "la representación de aspectos
inalterados de las cosas, permanentes,
momentáneos o recurrentes, o de hechos
sin mayor duración" (p. 45). Por su parte, el discurso mimético ( sea narrativo o
descriptivo) será "una especie de configuración lingüística que se distingue esencialmente. . . por el tipo lógico específico de su frase fundamental". Lógicamente, toda frase mimética es frase apofántica (aseverativa) de sujeto concreto
individual. Todo concluirá en la afirmación de que el lenguaje cabalmente representativo es eminentemente apofántico, es decir, que todo narrar o describir
es hacer afirmaciones referentes a individuos o grupos individualizados.
La frase mimética, el discurso mimético, se nos transforman en estrato de la
unidad de la obra narrativa, o sea, es un
estrato del objeto que constituye la obra
narrativa. Ya concebido como estrato,

porta, lleva, ofrece la estructura de lenguaje de la obra narrativa. Esto quiere
decir que al estrato mimético no se le ve
como estrato lingüístico, sino como mundo: "El discurso mimético se mimetiza
como mundo. Se enajena en su objeto"
(p. 57).
Veamos ahora lo que corresponde al
narrador. Este, claro esta, es el que narra; pero como tal narrador, no debe
confundírsele con el autor como persona
real, pues es narrador en cuanto subjetividad que narra. Y el hablar del narrador se percibe como estrato propiamente
lingüístico. Este estrato es el narrador
( estrato que no será lingüístico cuando
incluye mímesis del narrador).
A los dos estratos ya mencionados ( discurso mimético, narrador) se suma el tercer estrato de la obra, constituído por el
hablar de las "figuras", o sea de los personajes. Este sí es un estrato lingüístico,
porque las palabras de los personajes,
son frases, no son representación, no son
"narración-descripción mimetizada", son
"cosa presente por sí misma". Considérese, en torno a todo esto, que el autor
distingue el signo lingüístico de la lengua
del signo lingüístico del habla. Este conlleva la comunicación; aquél, se toma
como "unidad virtual del sistema lingüístico (por ejemplo, la palabra del diccionario, aislada por la consideración reflexiva de todo contexto de su nivel originario, que es el hablar)" (pp. 24-25).
"Lo común a todo el género novelesco
-concluye Bonati-, de cuanto se relaciona con nuestra exposición hasta aquí,
es el ser ficción mimética de puro lenguaje y el tener, como toda literatura,
por base la convención de que las pertinentes frases miméticas explícitas o implícitas son verdaderas".
Estructura de la significaci6n lingüística. En este capítulo se estudian las funciones y dimensiones semánticas del lenguaje, en un plano general, ya que será
en la parte siguiente cuando se haga re-

ferencia concreta al lenguaje de la literatura. Después de criticar las ideas de
Bühler sobre el lenguaje, y ocuparse de
las de Husserl y Kainz, Martínez Bonati
estudia una situación concreta del lenguaje, para encontrar sus elementos constitutivos como tal situación lingüística. La
acción comunicativa, dice, tiene por objeto influir en el otro, el oyente. Una
acción es comunicativa en cuanto el hablante se dirige al oyente para hacerle
compartir•una experiencia, para que ésta
sea común a ambos. La frase, dice, es la
que permite crear esta situación común.
En cuanto a esta situación comunicada,
sus momentos serían: el objeto ( que se
incluye por la acción comunicativa), la
actitud del hablante, y la acción misma,
por la que se establece el "ámbito común", involucrándose en todo esto, además, una "expectativa de actitud de respuesta", sin la que no habría comunicación: en ello se basa la posibilidad de la
actitud-respuesta.
Tomando la frase como signo, veremos
que es la que pone de manifiesto la actitud del hablante (y en ella misma, la actitud como tal hablante) ; "la frase como
momento sensible constitutivo de la acción comunicativa es indicio de ésta, y
a través de ésta, del actuante como tal
actuante" (p. 82). O sea que la frase
como frase es indicio del hablante como
hablante. Y aquí aparece el otro elemento de la comunicación, lo que la hace
posible: el oyente, en función de la aceptación del signo: "Al aprehender la palabra como palabra, aprehendo al hablante como hablante, porque ella, como
tal, es indicio y momento sensible de la
acción comunicativa. Pero, a la vez, me
aprehendo a mí mismo como destinatario ... " La posibilidad en el oyente de
llegar al objeto significado conociéndolo,
y" de intuir los actos de referencia del
hablante, está en comprender al signo
como signo, al hablante como hablante,
y a sí mismo como oyente. Todo esto lle-

551

�vará a la afirmación de que el signo, la
frase como signo, hace perceptible el estado del hablante, "intencional y común
al objeto de referencia", y efectiva la
reacción del oyente. Afirmación que a su
vez será base para otra más importante,
sobre la idealidad subyacente en la situación comunicativa concreta: "Los planos
superiores de la manifestaci6n del estado
del hablante (los que se fundan en la
mención del objeto) muestran, igualmente, la intervención de esferas ideales.
La frase es síntoma complejo de un estado individual del hablante, en virtud
del hecho de que este hablante, al decirla, es percibido como alguien que dice
una frase como ésa" (p. 86). En el acto
comunicativo, pues, están presentes ciertas generalidades del hablante que se intuyen por el acto comunicativo: actitud,
estado, carácter y ser íntimos.

Lenguaje y literatura. De todo lo anterior se desprenden las ideas iniciales de
este capítulo, sobre la frase auténtica real,
la frase real inauténtica o pseudofrase,
y la frase auténtica imaginaria a que ya
hicimos referencia al comienzo de estas
notas. Pero los argumentos que desembocan en la afirmación de que hay pseudofrases porque no responden a la situación propia del hablante, se inician a
partir de una alteración de la frase que
se tomó como ejemplo (la frase es: "El
ha dicho: 'Pedro es mi amigo'"). Porque si bien dice Martínez Bonati: "la
frase 'Pedro es mi amigo' que yo pronuncio hic et nunc como parte de mi relato, no es una frase real auténtica sino
representante de una frase real auténtica
de aquel tercero", dicha frase no puede
desprenderse del todo expresado, en el
que sólo es un complemento (Pedro es
mi amigo), siendo el sujeto El y el verbo
ha dicho, o sea que el hablante está comunicando su propia experiencia en la
frase completa: "El ha dicho: 'Pedro es
mi amigo'." Pero la conclusión de Bonati es otra: "La virtud de la pseudofrase

552

es hacer presente una frase auténtica de
otra circunstancia comunicativa ( real o
imaginaria) . Comprender la frase representada (es decir, hacerse cargo de sus
dimensiones semánticas) equivale a imaginar su situación comunicativa, a imaginarla en su situación comunicativa".
Esto se traduciría, en última instancia,
en lo siguiente: el hablante que comunica una pseudofrase no tiene situación que
comunicar, se vuelve mero transmisor de
situaciones comunicativas pero sin que él
comunique ninguna situación propia (el
comunicar situaciones comunicativas de
terceros es ya en sí misma una situación). Pero Bonati va más adelante y
encuentra que pueden aparecer pseudofrases sin trasfondo real: "Lo asombroso, frente a esto, es la aparición de pseudofrases sin contexto ni situación concretos, es decir, de frases representadas imaginadas sin determinación externa de su
situación comunicativa. Tal es el fen6meno literario. Aceptar como lenguaje
tales frases, atribuirlas en general sentido, es la convención fundamental de la
literatura como experiencia humana"
(pp. 98-99). ¿No pudiera decirse, por el
contrarío, que las pseudofrases sin contexto pertenecen, no obstante, a la esfera ideal del hablan te (escritor), que a
través de ellas manifiesta su estado? Si
no fuera así, el que hace literatura no se
encontraría, en ningún momento de la
expresión literaria, dentro de una situación comunicativa.
Bonati tiene una respuesta clara y precisa para esta situación: "El autor de narraciones literarias no es el narrador de
tales narraciones; ni son los versos líricos
frases que dice el poeta. Esto es: el poeta, en cuanto tal, no habla. Su escribir
o recitar no es acción comunicativa lingüística sino producción de pseudofrases". Y más adelante: "El hablante (lírico, narrativo, etc.) de las frases imaginarias es una entidad imaginaria como
éstas, a saber, una dimensión inmanente

de su significado, un término de su situación comunicativa inmanente" (p. 103).
¿ Y qué es, en verdad, lo que en el mundo interior del literato puede ser llamado "real" o "imaginario"? Porque afirma
categóricamente Bonati al hacer la crítica
de la estilística de Vossler: "Como demuestran los ejemplos de giros corrientes acerca de poesía ( el poeta 'nos dice
en sus versos', nos expresa en ellos 'sus
sentimientos', etc.), la errónea visión de
poesía como hablar real, que preside la
concepción vossleriana, tiene la apariencia de lo evidente. Valiosas teorías de lo
poético, de gran riqueza intuitiva, fracasan por tal indiscriminación en el plano
del riguroso ordenamiento conceptual, y
dan lugar a determinaciones más o menos complicadas, pero en esencia semejantes a ésta, que sólo es válida si se la
toma muy vagamente, y absurda en cuanto se la aprieta como lenguaje propio, no
semi-alegórico" (p. 117). Sin embargo,
no hemos encontrado en el libro de Bonati que se comenta en estas páginas, una
discriminación rigurosa de lo real y lo
imaginario en la estructura interna del
escritor; ni en sus referencias a la ambigüedad de las palabras, aclaración del
sentido que se da a éstas ( real e imaginario). ¿ En qué momento el hombre que
es hombre-poeta se expresa realmente,
pretende compartir situaciones en comunicación, es decir se comunica por medio
del lenguaje, y en cuáles otros sólo nos
comunica lenguaje (literatura)? No niega Bonati, claro está, que el poeta haya
vivido, o viva los sentimientos que expresa en su poema, simplemente, dice,
"queremos mostrar que la naturaleza del
fenómeno poético no permite deducir de
su visión afirmaciones sobre la psicología
de la creación" (p. 119).
Terminemos estas notas recogiendo la
definición de literatura en sus tres funciones de épica, drama y literatura: "La
literatura es un modo de ponerse el hombre, mediante lo imaginario, frente a po-

sibilidades radicales de su ser: conocer
lo pasado por relato (épica), actuar en
medio de los hombres (drama), y sentirse a sí mismo ser, in tuírse como in terioridad (lírica)". Esta obra de Bonati es,
con todo, una valiosa aportación en la
escasa bibliografía hispanoamericana sobre problemas de teoría literaria.
ALFONSO RANGEL GUERRA
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, El Romanticismo Alemán, Centro
de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, México, 262 págs.
1964.
A LA LARGA LISTA de libros y trabajos
de Basave se añade este nuevo ensayo
sobre el Romanticismo Alemán. Si bien
el autor se refiere preferentemente al Romanticismo literario, la obra comprende
el movimiento romántico en todo su ámbito y quiere remontarse hasta la determinación de las notas esenciales que lo
constituyen; lo cual le confiere un carácter eminentemente filosófico, nota que no
podía estar ausente en una obra de Basave, que es ante todo y siempre un filósofo.
El libro comprende dos Partes.
La Primera se inicia con un estudio
sobre Los Caracteres de la Cultura Alemana que el Dr. Basave analiza con agudeza y simpatía. De la profundidad, religiosidad y vigor vital de esta cultura,
caracteres opuestos al frío formalismo del
neo-clasicismo latino, brota en toda su
pujanza el romanticismo alemán. Aunque el romanticismo, como movimiento
de la intimidad, del sentimiento, de lo
dionisíaco, primitivo y auténtico sobre lo
exterior, lo racional y apolíneo, de lo refinado y convencional, "es una constante
humana y una constante histórica" y
"todo hombre, por el hecho de serlo, tiene algo de romántico" (p. 17), es Alemania donde el Romanticismo ha alean-

553

�zado su relevante y vigorosa realización
hacia fines del siglo XVIII y principios
del XIX, precisamente por responder
mejor al alma y cultura de su pueblo.

FRANc1sco LARR0YO, La antropología
concreta de Francisco Larroyo. Editorial
Porrúa, S. A. México 1963.

En un segundo Capítulo Agustín Basave señala los caracteres constitutivos de
la esencia y los fundamentos del Romanticismo alemán, sus exigencias y directrices para terminar con unas consideraciones sobre la Poesía alemana.
Un tercer Capítulo se ocupa en tres
parágrafos de los antecedentes del movimiento romántico: el "Sturm und
Drang", Herder y el período romántico
de Goethe.

FRANCISCO LARROYO empieza por reconocer el predominio del tema antropológico en el ámbito de la filosofía contemporánea. Y no es cuestión de moda.
Todo filosofar es, en cierto sentido,
antropocéntrico y egocéntrico (no egoísta). Porque el hombre es el centro y
el objeto último de la filosofía. Larroyo
no lo dice explícitamente, pero lo deja
entrever en su depuración, ubicación y
jerarquía de los problemas de la antropología filosófica.

En la Segunda Parte el Prof. Basave
se aplica, en sendos capítulos, al estudio
de cinco románticos alemanes, cuyas principales obras analiza: H einrich Kleist,
Noualis, Friedrich Holder/in, F.E.D. Schleiermacher y Friedrich Nietzsche. Cada
capítulo termina con la transcripción de
algunas páginas más significativas de los
autores estudiados, en su original alemán
y en su traducción castellana.
Sin duda el autor ha logrado darnos un "conspectus" orgánico del Romanticismo Alemán, en sus antecedentes y en su esencia y también en su
existencia encarnada en algunas de sus
figuras más importantes. Y lo ha hecho
-tarea difícil- con objetividad y entusiasmo a la vez, trasuntados en su
vigorosa y recamada prosa.
Como dice en su Prólogo Francisco
Monterde, Director de la Academia Mexicana: "Merced a este libro bien organizado, puede contarse ahora, entre
nosotros, con un excelente guía para
abarcar de una sola mirada todo el Romanticismo alemán": y, añadimos nosotros, para develarlo en sus caracteres
esenciales y en sus expresiones más sobresalientes.
ÜCTAVIO N. DERISI

554

Ante todo, el Dr. Larroyo deslinda
campos. La antropología filosófica no es
un saber acerca de la evolución humana ( an tropogenia), ni una adoración o
divinización del hombre ( antropolatría),
ni una radical dependencia de la vida
humana y de la cultura de los pueblos
respecto del medio geográfico ( antropogeografía), ni un antropologismo individual o subjetivismo externo... No
niego -¿ cómo podría negarlo?- que
el hombre posea una naturaleza física,
psicológica, etnológica, etc., que es preciso describir y explicar. Pero advierte
que ninguna ciencia particular puede,
legítimamente, constituirse en disciplina
exhaustiva, "con pretendida y supuesta
capacidad para resolver, si no todos, los
fundamentales temas de la antropología.
La antropogenia de Haeckel es un grueso intento, bien que ilustrativo, de esta
transgresión de fronteras" (La antropología concreta, pág. 23, Editorial Porrúa, S. A., México 1963). Aunque el
autor considera justificada la investigación del nexo intrínseco de los hechos
orgánicos, con la vida psíquica, no estudia la relación ontológica entre cuerpo y espíritu. Se limita a plantear preguntas que deja sin respuesta.
La Antropología concreta de Francisco Larroyo está estructurada, dentro de

un plan histórico-sistemático, en catorce
capítulos: l. El nombre del hombre. 11.
Biología y psicología del hombre. III.
Paleon tropología y antropología física.
IV. Culturología y antropología cultural. V. Las formas culturales. VI. La
antroposociología. VII. El hombre en la
historia de la filosofía. VIII. Concepto
y temas de la antropología filosófica. IX.
El método. X. El ser del hombre. XI.
Hombre y hombres. XII. Los tipos concretos. XIII. El puesto del hombre en
el cosmos. XIV. El destino humano. El
libro está escrito en estilo claro, preciso,
didáctico. El autor muestra, a lo largo
de su obra, una sorprendente capacidad de síntesis. Acaso habría que intentar, en una próxima edición, una ordenación más rigurosa de los capítulos.
Por ejemplo, "Concepto y temas de la
antropología filosófica", "El método",
y "El ser del hombre" debieran anteceder al capítulo "El hombre en la historia de la filosofía". Porque para emprender un examen histórico de la idea
del hombre, es preciso saber en algún
modo, de antemano, qué es el hombre.
De otra manera, ¿ cómo historiar lo historiado?
Tras el estudio del hombre en sus
manifrstaciones, más externas que internas, incluyendo su existencia social, Larroyo presenta las llamadas disciplinas
antropológicas de vocación científica y
la filosofía del hombre en los grandes
momentos de su historia. Pasa, después,
a ocuparse de la temática distintiva de
la antropología filosófica: totalidad estructural ( comprensión cabal, completa,
íntegra de la estructura humana), culturalización (lenguaje, religión, arte,
costumbres, ciencias, derecho, economía,
política como substancia vital del hombre, como expresión humana), situación cósmica (la relación entre el yo y
el no yo), personalidad ( opción por cierta manera de ser), sentido y valoración
( construcción de la vida en actos de

preferencia en torno a fines concretos),
destino ( conclusión y finalidad 'del itinerario vital), tipos humanos (grupos
de individuos con caracteres comunes) .
Entre lo general y lo individual, el Dr.
Larroyo encuentra el tipo. Sabe que
el hombre en general no existe. No quiere permanecer en una mera abstracción,
en un hombre despersonalizado. Por eso
propone una antropología concreta que
descubra "al hombre en su real existencia, en su status in statu" (Opus cit.,
p. 151). Trátase de una antropología
tipológica como vía de acceso al reino
de lo concreto. Piensa que "el tipo humano es el gozne entre lo abstracto y lo
individual". Pero en rigor, el tipo representativo es también, inevitablemente
-me parece-, una abstracción. Es claro
que en el caso de esta abstracción, como
en el de muchas otras, se puede apelar a
lo concreto, una y otra vez, aunque tengamos la certeza de que estemos manejando abstracciones. Por lo demás, no debe
asustarnos esta manipulación -ineludible- de conceptos. La filosofía es un saber rigurosamente conceptual. Y las abstracciones legítimas no son una mutilación de la reilidad, sino un momento superior de ella y un instrumento indispensable del raciocinio. El problema estriba
en delinear ese "sistema de categorías
axiológicas, flexibles, históricas, ceñidas al
ser y posibilidades de lo humano". Como
definición de la antropología filosófica,
propone la siguiente: "es una teoría de
la totalidad del hombre en sus vínculos
estructurales consigo mismo, con la historia, con la sociedad y con el universo,
encaminada a descubrir a la luz del
sentido y valor de la existencia cómo y
para qué aquél hace su vida" (Opus
cit., p. 152).
En cuanto a método, Larroyo quiere
permanecer equidistante de la antropología desde arriba -derivar la naturaleza humana de un principio supe-

555

�rior- y de la antropología desde abajo
-aplicar los métodos propios de las ciencias naturales-, partiendo del hombre
mismo y de sus obras. El análisis de los
productos culturales nos muestra, en
gran medida, lo que es el hombre. Pero
es preciso ensimismarse para tener la
experiencia viva, interior, de los actos
a través de los cuales el hombre produce o reproduce sus obras. Habrá que
tomar en cuenta, además, el reino de
la relación personal de tú y yo. Hay
que elaborar -para servirnos de sus propias palabras- una antropología en primera, segunda y tercera personas.
Tratando de penetrar en el ser del
hombre, Larroyo utiliza cuatro exclusivas ónticas del hombre: l). Autoconciencia; 2). Intencionalidad, abstracción
y objetivación; 3). Libertad circunscrita; 4). Futurización; y cinco exclusivas
ontoaxiológicas: A). Temporalidad; B).
Finitud; C). Conciencia de la muerte;
D) . Preferibilidad; E) . Sociabilidad y
comunicación. Habla del hombre trivial: el que elude su responsabilidad y
huye de su propio valer y ser; y del
hombre máscara: el "Poseur" que finge
ser otro de quien en realidad es. "En
el fondo, cada hombre tiene un órgano
de selección, al través del cual se allega
y asimila los contenidos culturales, y el
cual supone una peculiar actitud en
sus preferencias" (Opus cit., p. 184).
Pero no todos tienen igual poder y ejemplaridad. El jefe, que cuenta con la opinión de los subordinados, actúa sobre
el grupo de prosélitos con voluntad de
mando.
Entre los tipos concretos, el profesor
Larroyo destaca el intelectual, el religioso, el político, el educador, el esteta,
el utilitario y el héroe. Próximo a Spranger y a Scheler, introduce puntos de
vista personales en los tipos contemporáneamente descritos y estudiados. Y
como no hay conciencias enclaustradas
y la vida es interdependencia, el autor

556

se plantea el problema del puesto del
hombre en el cosmos. Rechaza "las fórmulas fijistas que adscriben al hombre
una naturaleza invariable, permanente,
exenta de todo cambio". El hombre -alvéolo del universo- "tiene su peculiar
sitio en el mundo, sitio cambiante, dramático, como su propia esencia" ( Opus
cit., p. 243). Somos iguales y diferentes
a la vez. En cada uno de nosotros están dadas ciertas posibilidades. Exista
o no la eternidad -Larroyo permanece
agnóstico, en este punto- hay algo que
realizar : un quehacer vocacional, una
misión personalísima. Cabe preguntar,
no obstante, si tiene sentido un quehacer vocacional, una misión personalísima, si nuestro destino va a parar a
la nada.
La Antropología corzcreta de Francisco Larroyo constituye una valiosa aportación a la filosofía de lengua española
en el siglo XX. Equilibrio, claridad y precisión -cualidades eminentemente latinas- se conjugan, felizmente, con el rigor, la penetración y la responsabilidad
intelectual -tan propios del espíritu
germano- que el Dr. Larroyo tuvo oportunidad de asimilar durante sus años de
permanencia en Alemania.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

G10RGIO DEL VECCHIO, Las Lecciones
de Filosofía del Derecho. Dott. A. Giuffre Editore ( Milano, 1963).
Las Lezioni di Filosofia del Diritto
del ilustre ex-Rector y profesor emérito
de la Universidad de Roma, Giorgio del
Vecchio, han alcanzado doce ediciones.
Tengo a la vista un ejemplar de la décima segunda edición italiana, revisada
por el autor y publicada por Dott. A.
Giuffre Editore ( Milano, 1963). Las doce ediciones de esta obra maestra de
Giorgio del Vecchio han ido sucediéndose -desde 1930- con reformas de

mayor o menor importancia, pero con
invariable voluntad de perfección. Y esta voluntad sostenida de un octogenario
egregio, resulta estimulante, consoladora,
ejemplar.
Pensamiento penetrante y agudo, estilo claro y conciso, estructura equilibrada y sobria, todo ello con el inconfundible sello italiano de Giorgio del
Vecchio. La obra consta de una parte
histórica y de una parte sistemática.
Trae unas consideraciones preliminares,
en las cuales se nos advierte que la Filosofía del Derecho no se presenta autónoma en sus orígenes, sino ligada a la
Teología, a la moral, a la Política. El
autor ofrece, en apretadas y felices síntesis, la filosofía griega, los juristas romanos, el Cristianismo y la Filosofía
del Derecho en el Medioevo, el Renacimiento, la Filosofía del Derecho en la
Edad Moderna y en la Epoca Contemporánea. América latina -injustamente
ignorada o postergada por tantos europeos- está incluida, aunque en reducidos límites, en la obra de Giorgio del
Vecchio. Quiero dejar una pública constancia de gratitud, al Prof. del Vecchio,
por citarme entre los iusfilósofos latinoamericanos (p. 160).
La parte sistemática, la más extensa
y personal del libro, está dividida en
una introducción y tres secciones: El
concepto del Derecho, origen y evolución histórica del Derecho y fundamento
racional del Derecho. El autor proviene
del neocri t1c1smo stammleriano, pero
presenta su propia posición. No prescinde, como los neocriticistas, de la fundamentación metafísica del Derecho. Y
tengo la impresión que el Prof. del Vecchio se ha ido aproximando, en forma
gradual y creciente, a la Filosofía del
Derecho aristotélico-escolástico. No anda
lejos de Francisco Suárez en su concepto
del Derecho Natural.
A Giorgio del Vecchio le interesa
aprehender, independientemente de todo

criterio de valor, el concepto universal
de lo jurídico. Pero le interesa también
como iusfilósofo, el problema de la justicia y el problema de las constantes
históricas del Derecho positivo. La noción del Derecho -forma lógica- no
dimana de la experiencia ni de la historia. Trátase de una norma o criterio
objetivo de valoración. Define el concepto del Derecho como "il coordinamento obiettivo delle azioni possibili tra
piu soggeti, secondo un principio etico
che le determina, escludendo ne !'impedimento" (Lezioni di Filosofía del Diritto, XII edizione riveduta, p. 226).
Dicho en castellano: Derecho es la
"coordinación objetiva de las acciones
posibles entre varios sujetos, según un
principio ético que las determina excluyendo todo impedimento". A cada cual
le asiste el derecho de cumplir con su
deber. Como norma bilateral, el Derecho establece relaciones y límites. De
ahí la esencial coercibilidad de Jo jurídico. A mí me parece con todo el respeto que me merece la opinión del Prof.
del Vecchio que la coercibilidad es una
propiedad y no un elemento de esencia
del Derecho. Lo fundamental, en lo jurídico, es la dirección. La coacción viene
de fuera y se le asocia. En ocasiones es
inoportuna, otras veces es imposible, y
la mayor parte de las obligaciones jurídicas se cumplen voluntariamente.
El concepto de naturaleza humana, en
el Derecho natural, tiene un sentido
teleológico y no ca usa!. Se trata de un
obrar de acuerdo con la conciencia de
la pura espontaneidad de las determinaciones racionales. No estamos frente
al individuo empírico (homo phaenomenon) sino ante el yo racional (horno
noumenon ) absoluto _:y universal que se
identifica, sustancialmente, con el ser del
prójimo, del semejante. La idea de justicia entraña la alteridad y la reciprocidad. Supone la remuneración, el reconocimiento de la persona en sus par-

557

�ticularidades concretas. La historia confirma la existencia del derecho natural
y sus progresivas realizaciones. El reconocimiento de la autonomía del ser humano se va realizando gradualmente. El
derecho Natural mide y valora el Derecho positivo. Los intérpretes del Derecho no pueden atribuir a una mera
invención legislativa lo que está fundado
en la "naturalis ratio". Pero el Derecho
natural -ideal del Derecho-- no puede
intervenir en la definición lógica del
Derecho. La forma lógica de lo jurídicho se distingue siempre de todo contenido, sea empírico o trascendental. El
Derecho se refiere al obrar, a las acciones. Es un principio de valoración objetiva y bilateral, en contraste con la
valoración subjetiva y unilateral de la
Moral. Hasta aquí puede advertirse la
filosofía neokantiana de Giogio del Vecchio, con todos los inconvenientes de las
construcciones formalistas. Sin embargo,
la separación entre el concepto y el
ideal del Derecho no es, en la obra
del Prof. del Vccchio, tan rígida y tan
tajante como en Stammler, por ejemplo.
Ya el hecho de que incluya en la definición del Derecho un principio ético
-si bien indeterminado en cuanto a su
contenido-- muestra a las claras su aproximación a una filosofía de los valores
jurídicos. "Una cosa es afirmar el ideal
del Derecho, y otra muy distinta es dar
la noción ( o el concepto) del Derecho
in genere, la cual debe abrazar en su
seno tanto el sistema ideal como todos
los demás ordenamientos posibles", nos
advierte. El insigne profesor italiano admite la lucha contra las leyes positivas
que vulneren las exigencias jurídicas imprescriptibles. de la naturaleza humana:
"E legittimo allora !'apello al Cielo
(secondo l'cspressione del Locke), vale
dire la lotta contro le leggi scritte nel
nome dclle "non scritte", la rivendicazione del diritto naturale contro il positivo che lo rinneghi" (p. 376). Más

558

aún, incita al sacrificio en aras de la
más alta justicia: "la lotta per la giustizia ha per contrassegno primo della
sua legittimita l'accetazione dei maggiori
doveri, che quella pi'u alta giustizia, che
si propugna, porta con se: vale a dire
il sacrifizio ed infine, ove ocorra, el
martirio. La massima: 'Fiat justitia, pereat mundus' vuol essere intesa appunto
nel senso che la giustizia ha per sua
natura una validita trascendente e metagoistica; di guisa che chi !'invoca debe
sottoporle, prima di ogni altra persona
e di ogni altra cosa, se stesso" (!bid.).
El equilibrio, la armonía y la buena
proporción en la obra Lezioni di Filosofía del Diritto, hacen de Giorgio del
Vecchio un clásico de la Filosofía del
Derecho. Todos los materiales empleados
llevan el sello propio. A la originalidad
va unida una naturalidad, una frescura,
una viveza y una sinceridad muy difíciles de lograr. Me complace rendir, con
este breve comentario, un cálido homenaje a este joven octogenario que aún
pasea su andante italianería por los campos del espíritu.
AGUSTÍN BASAVE fERNÁNDEZ DEL VALLE

R. M.

ALBÉRES, Histoire du roman moderne, Editions Albin Michel, Paris.

Historiar la novela moderna es tarea
de titanes. En el inmenso bosque de la
ficción novelesca, es fácil extraviarse o
perder los caminos que conduzcan a algún punto de llegada. La tarea, sin embargo, no es imposible, aunque no puede
resumirse en un volumen pequeño. Y
de todas formas, una historia de la novela moderna es, casi necesariamente,
una historia personal de la novela, porque su autor llega a dibujar las líneas
de sus lecturas, y a través de ellas encuentra explicación a un todo heterogéneo y huidizo como lo es la producción
novelesca de diversos tiempos y países.

Esto es lo que ha hecho, así nos lo parece, R. M. Albéres, con su Historia
de la novela moderna, lo que no significaría en última instancia que se pretenda minimizarla con esto, sino simplemente tratar ·de explicarnos una postura del propio autor ante la tarea de
emprender.
"Au milieu du xxe siecle, le roman est
devenu le mode le plus repandu d'expression littéraire --dice el autor al inicio de su introducción que titula "La
aventura de la novela occidental"-.
Autrefois divertissement et assouvissemcnt facile de l'imagination ou de la
sentimentalité, il exprime maintenant les
intentions, les rcsponsabilités et les inquiétudes qui furent jadis celles de l'épopée, de la chronique, du traité moral,
de la mystique et, en partie, de la poésie.
Et, d'autre part, par sa vaste diffusion,
le roman représente, socialement, l'instrument de communion littéraire des
publics les plus divers: seules La guerre
et la paix ou La Co11ditio11 humaine
permettent la rencontre du lecteur le
plus exigeant et du lecteur le plus élementaire ... " (p. 7). En estas pocas líneas nos deja Albéres los rasgos principales de la situación novelística actual. Esta "invasión" de la literatura
que encontramos en la novela como un
crecimiento natural, podría explicar por
otra parte todos estos diversos rostros,
con los que se alimenta la "necesidad"
literaria del hombre moderno.
Una pregunta se impone sin embargo,
en relación a esta capacidad inagotable
de seducir al hombre que es propio de
toda novela auténtica. La respuesta que
da el autor es que este fenómeno obedece a que la novela ofrece, al mismo
tiempo, la atracción de una historia y
el registro inmenso de las resonancias
psicológicas, sociales, ontológicas, estéticas, simbólicas, implicadas en esa historia. Bajo el manto de la ficción, se
agitan todas las inquietudes del lector,

encuentra reflejada su imagen con tal
precisión que no puede menos que penetrar en ese mundo novelesco que le
promete un cierto conocimiento del mundo. Esta podría ser una de las trayectorias más marcadas que se observan en
la novela del siglo XX: la intromisión,
cada vez más profunda, en la intimidad
de los seres, el descubrimiento de sus
recintos secretos, el encuentro de sus dioses más íntimos. "L'art romanesque --dice Albéres- est un art de l'exploration
ou de l'indiscrétion" ( pp. 8-9). Además,
si la vida propia se considera pobre y
desprovista de valor, podrá enriquecerse
introduciéndonos en la de otros, en las
de los personajes novelescos, lo que será
"una ayuda y una revelación".
Para R. M. Albéres, la novela es un
género literario superficial, que considerado vulgar en la antigüedad y despreciado hasta el siglo XVIII, se enriquece con intenciones extrañas a su esencia. Así, estima que una historia de la
novela moderna tendría por objeto unir
estas dos tendencias, y hacer ver en la
evolución del género la implicación que
supone, del enriquecimiento de la novela con todo lo que no lo es. Afirma,
además, que no se sitúa como historiador de las condiciones de esa evolución,
sino sólo como quien recoge la "voz de
la novela".
El libro se divide en tres grandes partes: "Las fuerzas de crecimiento"; "Las
fuerzas de oposición" y "Proteo o la
novela". De cada una de ellas, lo más
interesante son quizá las primeras páginas, en las que encontramos una exposición general del fenómeno, que después se desmenuza en infinidad de nombres. Si alguna crítica hay que hacer
a este libro, sería el pretender abarcar
todas las novelas, o casi todas, que en
el presente siglo importan algo, aunque sea poco. Así, no es difícil encontrar autores a los que se les dedica sólo
una línea, o de quienes se mencionan

559

�solamente sus obras como ejemplificación, después de afirmarse algún aspecto
o trayectoria de la novela en determinado momento. Veamos un ejemplo:
L'époque 1921 trouve dans l'etude de
l'adolescence un autre theme brulant,
pittoresque, audacieux et banal: La vie
inquiete de Jean Hermelin, de Jacques
de Lacretelle ( 1920) ; Le Premier de la
classe, de Benjamin Crémieux et L'inquiete adolescence, de Louis Chadourne
( 1921); Dixhuitieme année de l'epicurien-sthendalien J ean Prévost, et L'ame
obscure du catholique Daniel-Rops
(1929); sans compter ce Diable au
corps de Raymond Radiguet ( 1923),
qui echappe aux normes. D'ailleurs, ce
gout de !'ame adolescent était, en fait,
un peu en retard dans cette floraison
de 1921, puisqu'il avait déja trouvé sa
poésie dans Le Grand M eaulnes d' Alain
Fournier ( 1913), et son inquietante
cruauté dans Les Désarrois de l'éleve
Torless ( 191 O), d'un écrivain qui avait
une autre -et plus longuc-, destinée
a remplir: Robert Musil" (p. 88).
En las 443 páginas de texto de esta
historia de la novela moderna no se detiene la atención en los novelistas hispanoamericanos. La razón, muy discutible, se nos da en la misma introducción.
No se trata precisamente de suprimirlos
del estudio, sino más bien de "dejar
un poco aparte" la nÓvela americana,
la rusa o la hispanoamericana. ¿ Por
qué? Porque se desarrollaron en mundos
social e intelectualmente diferentes del
europeo y su historia no puede confundirse con la de la novela de Europa".
Entre los hispanoamericanos, se cita a
Giro Alegría, del Perú; a Alcidcs Arguedas, de Bolivia; a Miguel Angel Asturias, de Guatemala; a Jorge Luis Borgcs, de Argentina; a Alejo Carpcntier,
de Cuba; a Rómulo Gallegos, de Venezuela; a Joao Guimaraes Rosa, de Brasil; a José Hernández, de Argentina y
a Jorge Icaza, del Ecuador. Aunque no

todos son novelistas, pero se les cita
sólo de paso. Se nota sin embargo la
gran ausencia de Ricardo Güiraldes, de
Machado de Assis, de Graciliano Ramos, de Julio Cortazar, para no mencionar sino a algunos. · De México, no
aparece ni un novelista, cuando en toda
historia de la novela moderna pueden
tomar lugar Al filo del ·agua, de Yáñez,
o Los Otros Días, de Rubén Marín, para
no citar a Rosario Castellanos, a Juan
Rulfo, a Martín Luis Guzmán, etc.
Este libro de R. M. Albéres se convertirá, sin duda, en una fuente de consulta indispensable para ubicar en épocas y tendencias las novelas y los novelistas del siglo XX. Además de otros
méritos indudables, éste bastaría para
valorarlo dentro de la bibliografía sobre
la novela moderna, nunca muy numerosa y en ocasiones inaccesible.
ALFONSO RANGEL GUERRA

y JosÉ EDMUNDO
El lenguaje de Buenos Aires,
Emecé, Buenos Aires, 1963.

JORGE Luis BoRGES
CLEMENTE,

Reeditado después de su publicación
del año de 1952, este volumen no ha
perdido actualidad y se le lee con el
doble interés, por una parte del asunto,
que aunque limitado a un lugar de Hispanoamérica tiene validez para todo el
continente de lengua española, y además por estar escrito, en la mitad de
sus páginas, por un autor que en estos
momentos representa una de las expresiones más valederas de la literatura de
Hispanoamérica.
El pequeño texto introductorio, firmado por los dos autores, nos revela de
inmediato su postura ante el problema
que ocupa estas páginas: su clara actitud "ante el coloniaje idiomático de
las academias". Esto, solamente, basta
para dedicarse a su lectura con la espe-

ranza fundada de encontrar aquí ideas
importantes sobre el lenguaje. En el texto
titulad'o El idioma de los argentinos, escrito en 1927, se inicia Borges con una
doble afirmación a propósito del habla
argentina: "Dos influencias antagónicas
entre sí militan contra un habla argentina. Una es la de quienes imaginan que
esa habla ya está prefigurada en el arrabalero de los sainetes; otra es la de
los casticistas o españolados que creen
en lo cabal del idioma y en la impiedad
o inutilidad de su refacción" (p. 17) .
Para atacar la primera, Borges se dedica a aclarar lo que es en Buenos Aires
el "arrabal" y lo "arrabalero": éste es
el dialecto de las orillas, en su sentido
general; pero puesto que en este caso
la palabra arrabal tiene más carácter
económico que geográfico -dice Borgcs-, mal se entendería el fenómeno
lingüístico en Argentina si diéramos en
afirmar que se desprende de lo "arrabalero", en el que no escribieron ni
versificaron, nunca, autores como José
Sixto Alvares o Evaristo Carriego, el
"entrerriano un poco chacotón y un
poco triste", recordado en Palermo. La
conclusión es clara y terminante: "Desertar porque sí de la casi universalidad
del idioma, para esconderse en un dialecto chúcaro y receloso -jerga aclimatada en la infamia, jerigonza carcelaria
y conventillera que nos convertiría en
hipócritas al revés, en hipócritas de la
malvivencia y de la ruindad- es proyecto de malhumorados y rezongones"
( p. 22). Pero esto no hace caer a Borges en las afirmaciones desmedidas sobre
el idioma que es fácil encontrar en quienes lo defienden innecesariamente, postulando su perfección por razones a veces
ajenas al propio lenguaje. En consecuencia, pasa a la segunda afirmación
ya citada arriba, que defienden los casticistas y españolados, con la que establecen que el español es no sólo perfecto
sino tan completo que no requiere re-

facción, como dice Borges. Uno de los
mayores argumentos que manejan estos
casticistas es el de la cantidad de palabras que tiene el castellano: sesenta mil
en el diccionario ( inútil decir que esta
cantidad de palabras, que para muchos
representa la riqueza del castellano, obedece sólo al criterio acumulativo de quienes hacen el diccionario, del que no se
utilizan todas esas palabras como lenguaje vivo). "La riqueza del español -dice Borges- es el otro nombre eufemístico de su muerte. Abre el patán y el que
no es patán nuestro diccionario y se queda maravillado frente al sin fin de voces
que están en él y que no están en ninguna boca" (p. 23). En el predominio
de la sinonimia, la capacidad de decir
una cosa de muchas y diversas maneras,
lo cual no implica muchas y menos diversas ideas.
No cabe para Borges la afirmación de
que existe una conseguida plenitud del
habla española, y en esto es tan categórico como en los otros aspectos del texto
que comentamos: "Afirmar una ya conseguida plenitud del habla española, es
ilógico y es inmoral. Es ilógico, puesto
que la perfección de un idioma postularía un gran pensamiento o un gran sentir, vale decir una gran literatura poética
y filosófica, favores que no se domiciliaron nunca en España; es inmoral, en
cuanto abandona al ayer, la más íntima
posesión de todos nosotros: el porvenir,
el gran pasado mañana argentino" (p.
26). "Difusa y no de oro -dice en la
página siguiente- es la mediocridad española de nuestra lengua".
Afirma que no hay una "zanja insuperable" entre el español de los españoles
y el de la conversación argentina, pero
deja establecido, no obstante, lo que es
propio de un habla determinada, según
su propia circunstancia, su geografía, y
su peculiar sensibilidad. Es por ello que
el lenguaje de los argentinos tendría
diferencias con el español peninsular por

561
560

�razones emotivas, que a su vez provienen de la atmósfera de la palabra, de
aquello que la envuelve como su propio
ambiente. Pero tampoco se deja llevar
por la preferencia de las locuciones nativas, y el mejor ejemplo de esto es lo que
dedica a la palabra macana: "Macana se
les dice a las paradojas, macana a las
locuras, macana a los contratiempos, macana a las perogrulladas, macana a las
hipérboles, macana a las incongruencias,
macana a las simplonerías y boberías, macana a Jo no usual. Es palabra de haragana generalización y por eso de éxito.
Es palabra limítrofe, que sirve para desentenderse de Jo que no se entiende y de
Jo que no se quiere entender. ¡ Muerta
seas, macana, palabra de nuestra sueñera
y de nuestro caos!" (p. 35).
No hay soluciones generales -termina- ante el problema verbal. "Dentro
de la comunidad del idioma. . . el deber
de cada uno es dar con su voz", sobre
todo los escritores, que tienen el trato
cotidiano con la palabra. Un texto breve: "El escritor argentino y la tradición", que forma parte del volumen Discusión, podría servir para completar estas ideas en un plano literario.
"Las alarmas del Dr. Américo Castro", que se publica también en El lenguaje de Buenos Aires, aparecido ya, si
no nos equivocarnos, en alguno de los
volúmenes de las obras completas de
Borges, comenta el libro La peculiaridad
lingüistica rioplatense y su sentido histórico, de Américo Castro, en un singular
tono irónico que derrumba las tesis que
propone este autor sobre el lenguaje de
Buenos Aires.
"El idioma de Buenos Aires" y "Estilística del lunfardo", son los dos textos
de José Edrnundo Clemente que complementan este libro; orientado el primero
a estudiar los modos propios de la expresión porteña, y el segundo al argot porteño, el lunfardo, presentan en conjunto un estudio introductorio muy intere-

sante, pero permite pensar que su autor
debió dedicar más páginas a un problema que bien pudiera tratar sistemáticamente, como lo demuestran éstas. Animado por las ideas de Borges sobre "El
idioma de los argentinos", como dice al
principio, torna sin embargo su propia
trayectoria y presenta un panorama, muy
esquemático, de los aspectos arriba citados, que en visión rápida nos ofrece breves ejemplos de palabras actuantes en
lenguaje de la ciudad, y en el de determinado grupo social, dejando bien claro
en todo esto que el lenguaje popular
nunca puede ser identificado con el delictuoso (lunfardo, en Buenos Aires).
Largo sería ocuparnos de las muchas palabras con las que ejemplifica José Edmundo Clemente, pero nos referiremos
solamente a algunas ideas centrales: en
primer lugar, que cada región o territorio posee una determinada "latitud expresiva"; además, que el mecanismo del
lenguaje popular es esencialmente metafórico; aunque se defiende al idioma
de Buenos Aires por lo que son sus características propias, no se ocultan sus
"corruptelas y precipitaciones".
Clemente termina con estas palabras:
Diferencias que justifican estas apuntaciones y las defienden del prejuicio dialéctico de un casticismo totalitario; prejuicio sospechoso de racismo por cuanto
tiende a perseguir de mestiza a toda literatura que no participe de la regencia
académica, motejándola de débil e incipiente o de pretender corromper al idioma madre, cuando en verdad es su fuerza, su sangre, su color. Solamente con
este encomiable sentido biológico se puede admitir el calificativo con que se la
pretende humillar". Esta afirmación es
sumamente clara y reitera la idea inicial del libro, sobre el valor propio de
cada lengua para no estar sujeta a tendencias o causas que no son las suyas en

el ambiente, la comunidad, el suelo en
que crece.
ALFONSO RANGEL GUERRA
GÜNTER GRAss, El Gato y El Ratón,
Editorial Joaquín Mortiz, traducción de
Carlos Gerhard. México, 1964.
EN ESTE LIBRO, el autor cuenta la vida
de unos adolescentes que en Danzig, durante la segunda guerra mundial, se ven
absorbidos por el aparato bélico de los
nazis. Estos jóvenes tratan de fraguar, no
obstante la continua zozobra que los rodea, su íntimo ensueño. En medie de las
calamidades y violencias que trae consigo la guerra, Pilenz, Hotten Sonntag,
Jürgen Kupka, Schilling, Winter, Mahlke
y Tula Pokriefke, procuran desenvolver
su adolescencia lo más normalmente posible.
Toda la trama del libro está estructurada de tal forma que, a la vez que describe una serie de aventuras juveniles,
enmarcando con precisión la vida de Joaquín Mahlke, pinta con dolorosa intensidad lo que ocurría en el pequeño mundo burgués de Danzig.
Joaquín Mahlke es un joven dos años
mayor que los demás integrantes del grupo, flacucho, enfermizo, tímido y con
cara de redentor. Llevaba el cabello partido en el centro, y sus mechones irregulares los fijaba con una mezcla de
agua y azúcar. En la escuela a la que
asistía se tomaba muy en cuenta su debilidad física. Estaba dispensado de los
ejercicios gimnásticos y fácilmente conseguía certificados médicos para justificar
su pusilanimidad. En la clase de natación, nada menos, practicaba sus lecciones en los baños para niños.
Al cumplir los catorce años, el cuello
de Mahlke comenzó a ostentar una abultada nuez. Este cartílago Je produciría,
más tarde, agudos dolores en la garganta. El traductor aclara que la palabra

alemana "maus", se emplea con dos significados diferentes: nuez y ratón. Es,
pues, la nuez de Mahlke, un simbolo
que representa la vanidad y el amor propio de su poseedor. A la menor provocación del gato -alguna oportunidad de
sobresalir- se agitará hasta que la satisfacción de su deseo la aplaque.
Así pues, al hundirse el dragaminas
"Rybitwa", que Alemania había arrebatado a Polonia, pero que por su hundimiento no pudo utilizar, dan principio las actividades sobresalientes de
Mahlke. En efecto, al ver a sus compañeros que a diario se echaban al agua
en dirección al bote, y al oír las maravillas que de él contaban, su nuez se
agitó por primera vez. Haciendo esfuerzos sobrehumanos, en unos días superó
sus deficiencias físicas. Aprendió a nadar en aguas profundas. Con tesón pidió luego a los del grupo que le permitieran acompañarlos.
A partir de entonces, Joaquín Mahlke
dejó de ser un apocado. Con su destornillador al cuello bajaba constantemente a la cabina sumergida del dragaminas. Extraía de allí placas, tornillos, etc.
Ahora era el Gran Mahlke. Ahora hacía
cosas que ninguno se atrevía a hacer.
Todos lo admiraban. La nuez de su pescuezo hizo lo que debía hacer ante el
gato.
La religiosidad constituía otro de los
distintivos del Gran Mahlke. Católico,
asistía a la iglesia con regularidad. De
su cuello pendía una medallita de la
Virgen. Recitaba de memoria grandes
trozos de rezo en latín, antes de emprender cualquier empresa, imploraba a la
Santísima su ayuda. Y concluída alguna
tarea, le daba gracias por ello. Pero lo
extraordinario era que Mahlke ponía especial cuidado en las formas exteriores;
su manera de mirar a la Virgen, de unir
sus manos sobre la frente, separados los
codos del pecho, su boca semiabierta, todo, en fin, tenía un objetivo: no pasar

563
562

�inadvertido. La nuez de Mahlke nunca
se daba punto de reposo.
En todo y por todo este jovenzuelo se
distinguía. En el piso superior de su casa, en dirección al barco semihundido,
tenía Mahlke su bohardilla. Dentro de
ella guardaba una lechuza disecada, con
una raya en el centro de la cabeza, imitando a su dueño, una reproducción de
la Santísima Virgen, un gramófono con
varios discos y algunos libros. Un día se
le ocurrió trasladar sus pertenencias a la
cabina del "Rybitwa". No vaciló en
transportar con mil cuidados la reproducción de la Santísima y en prepararle
un si tia! privilegiado. Desde allí daba
cuerda a su gramófono y regalaba los
oídos de sus compañeros con música clásica y semidásica. Se encerraba de cuando en cuando a leer sus libros religiosos
y a contemplar a su Patrona.

peraba a Brunies. Pero Mahlke, movido
por su rectitud -¿o acaso por su
nuez?-, retiró el preservativo en cuestión. Ni un susurro se oyó en la sala.
Era evidente que Mahlke no era un
don nadie entre sus condiscípulos.
Un invierno, cuando el agua que rodeaba al bote estaba congelada, Mahlke,
con una hacha comenzó a golpear el
macizo bloque que cerraba la entrada
de la cabina. Pilenz y Schilling, queriendo entretener a dos primas de éste
último, que acababan de llegar de Berlín, se encaminaron hacia Mahlke. El
muchacho, al sentir sobre sí las miradas
de los cuatro, fingió no haberse enterado. Continuó su trabajo, y no tuvo
empacho en pedirle -casi le ordenóa su reducido público que soltara sin
demora sus aguas, para reblandecer la
masa de hielo. Conseguido lo que buscaba, forcejeó con el hacha hasta que
el témpano cedió. Un triunfo más para
su nuez. Se complacía de contar con
un público. Tal vez a solas nunca hubiera hecho nada notable.

En una de tantas veces que buceaba,
sacó del fondo de la cabina un destornillador inglés, de acero. De inmediato se
dispuso a dedicarle alabanzas de gratitud a la Santísima. Fue tal la gravedad
que adoptó en esos momentos, que rayaba en lo cómico. No tardaron en estallar las risas divertidas de toda la pandilla. Pero las agudezas y ocurrencias
revestían en Joaquín Mahlke un aire
de seriedad. La gravedad más profunda emanaba de su persona. En el instituto, cuando uno de los maestros preguntó a los alumnos cuál era la carrera
que seguirían, Mahlke respondió con
firmeza que sería payaso. Nadie ridiculizó esta decisión. ~tes bien, un sentimiento de desconcierto invadió a los estudiantes.

Y fue Mahlke el que introdujo en la
escuela - y aun en Danzig- el uso de
las borlas de lana en el cuello. De restos
de calcetines viejos, su tía, o tal vez su
madre, le confeccionó unas vistosas esferitas. En cuanto las lució, junto con
un descomunal y ridículo imperdible,
llamaron la atención general. A los pocos días ya se vendían en las tiendas y
las portaban maestros y alumnos. Pero
al extenderse su uso, Mahlke, que ya no
podía individualizarse con ellas, les quitó
su carácter de distintivo y jamás volvió
a anudarlas en su cuello.

Fue Joaquín Mahlke quien, con su
sentido de responsabilidad y de respeto,
dio una lección a sus compañeros de
aula. Se habían propuesto algunos de
ellos jugarle una broma de mal gusto
al profesor Brunies. En la puerta de entrada, contiguo a la perilla, se colocó
un preservativo. Menuda sorpresa le es-

Pero la mayor osadía de Mahlke tuvo
lugar cuando un teniente comandante,
ex a lumno de la Escuela Superior de
Horst Wessel, misma en la que a la sazón estudiaba Mahlke, y que había participado muy honrosamente en numerosas batallas, dictó una conferencia en
una de las a ulas de dicha escuela. Sobre

!i64

su pecho traía prendida una medalla,
recompensa de su valor. Mientras el teniente hablaba, Mahlke temblaba, nervioso. No prestó ninguna atención a las
palabras del conferenciante. Su mente
maquinaba un plan: sustraer la medalla
de aquel saco. Y es que el ratón de
Mahlkc no pudo menos que estremecerse
ante tamaña golosina.
El teniente comandante, tC'rminada su
conferencia, participó con los alumnos
en los ejercicios que se hacían en el
gimnasio. Para el efecto se cambió de
ropa, poniéndose un calzón rojo bandera, similar al de los demás muchachos.
Esta ocasión la aprovechó Mahlke para apoderarse de la medalla. Descubierta la pérdida, se armó la escandalera.
Gritos, reprimendas, amenazas y hasta
golpes, repartían los maestros entre los
alumnos. Pero todas estas medidas resultaron infructuosas. Mahlke llevó la
medalla hasta el dragaminas, y, ya en
la cabina, se pavoneó con la insignia
ante la Virgen. Sólo hasta entonces se
calmó su nuez.
Esta fechoría de Mahlke fue conocida
después en Horst Wessel. Su conducta
ameritó su expulsión de la escuela y se
le envió a uno de los campamentos de
habilitación para la defensa.
Ya con más años a cuestas y con una
buena formación militar, Mahlke fue
despachado al Servicio del Trabajo. Allí
siguió comportándose de manera excéntrica. En una de las letrinas, sobre las
tablas de una de sus paredes, grabó en
latín unas frases alusivas a la Virgen.
Sostuvo durante mucho tiempo relaciones intimas con la esposa de uno de los
comandantes. Finalmente, por su loable
actuación en la guerra, recibió el grado
de suboficial.
Después de derribar varios tanques
enemigos, y una vez dueño de su grado,
se presentó en la escuela a la que había asistido en su niñez y adolescencia.
Su mayor ambición era dictar una con-

•

fercncia ante sus antiguos maestros y
condiscípulos. No faltaron objeciones a
su pretensión. En otros lugares, el gimnasio y la iglesia del Sagrado Corazón,
por ejemplo, lo invitaron a dirigir algunas palabras a sus miembros acerca de
los combates. Pero las aspiraciones de
Mahlke no se reducían a exponer los
pormenores de una batalla; necesitaba
saciar el hambre de su nuez, que volvía de nuevo a exigir su golosina. El director de Horst Wessel, Klohse, poco o
nada hizo por cumplir los deseos de
Mahlke. Se concretó a aconsejarle que
pusiera en práctica la parte más elocuente y sublime de la oratoria: el silencio. El corazón de Mahlke fue presa
del resentimiento.
No tardó en presentarse para Mahlke
el momento de tomar venganza. Paseando por el barrio donde vivía Klohse
-estos paseos los hacía con todo propósito-, tropezó con él. Teniendo en
cuenta la recomendación que anteriormente le hiciera Klohse, muy calladamente descargó su ira sobre sus descoloridas mejillas, asestándole una y otra
bofetada. Su vanidad quedó nuevamente
a salvo.
Al ver frustrado el sueño de su vida,
Mahlke se entregó a la abulia. Se convierte en desertor. La guerra ya no Je
atrae. Si sus esfuerzos no son premiados,
para qué ha de arriesgarse. Nadie ha de
saber más de Mahlke.
Complementa la personalidad de Joaquín Mahlke, la descripción de la vida
en la ciudad de Danzig. Con terrible
ironía, el autor hace alusión al penetrante olor a cadáver que sofoca a sus
habitantes. Los alimentos, la ropa y otros
artículos de primera necesidad estaban
racionados. Centenares de coterráneos
perecían a diario en la defensa del führer. Grass nos habla también de la pequeñez de la ciudad. Danzig, vista por
su otra cara, la antibélica, no es más que
una provincia en la que reinan el abu-

565

�rrimiento y la monotonia. A las rarezas
de Mahlke les confiere demasiada importancia. Identificándose con sus manias se evade de la insípida realidad
provinciana. Son las a ven turas corridas
en compañía del Gran Mahlke, las que
sazonan su gris existencia.
Se mencionan, además, una iglesia
convertida en gimnasio y un gimnasio
convertido en iglesia. A pesar de las
múltiples adaptaciones y recargos ornamentales, ni el gimnasio pierde su carácter de tal ni la iglesia el suyo. Los
monaguillos -el narrador había sido
monaguillo- no asumían ninguna actitud reverente en el altar. Gastaban la
mañana en bostezar y en escrutar los
largos rostros de los cuatro o cinco feligreses fastidiados e incrédulos. A la hora
de la misa, se dirigían unos a otros preguntas en latín acerca de los buques y
tanques de guerra destruidos. Conocían
al dedillo nombres, fechas y ciudades
arrasadas. ¿ Qué hubiera sido de ellos
sin estos infantiles entretenimientos?
El reverendo Gusewski era un sacerdote común y corriente. Su fe se tambaleaba día con día. Su labor de director
espiritual no se le dificultaba gran cosa.
Para él no pasaba de ser un oficio.
Ótro aspecto de Danzig: las calles
de la osterzeile y la westerzeile. Casas
idénticas las poblaban, como producidas en serie. Sólo se diferenciaban una
de otra por el m'.!mero marcado en la
puerta. Algunas de ellas eran unifamiliares; otras albergaban más de una familia. Los cafetines, tranvías, cines, al
igual que la iglesia, el gimnasio y el
instituto, se encontraban en pésimas condiciones; condiciones, por otra parte,
muy dignas de una ciudad en guerra.
Es El Gato y el Ratón una novela de
tipo subjetivo. Todos los pormenores de
la narración, así como los elementos secundarios, tienden a la configuración de
un personaje. El estilo empleado es vigoroso, conciso y altamente individual.

Maestro de la ironía, Grass nos presenta
en esta obra a una ciudad des.trozada por
la guerra, vista a través de su juicio
burlón, casi mordaz.
La naturaleza humana es puesta al
descubierto. Los dos simbolos utilizados,
un gato y un ratón, representan el aspecto objetivo de la obra. La nuez del
protagonista es la vanidad. Y la vanidad es el más poderoso resorte que nos
impulsa a obrar. El hombre realiza grandes cosas por amor propio. Y la subestimación de sus hechos lo aniquila.

ISRAEL CAVAZOS GARZA, Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores de Nuevo Lean. Biblioteca de Nuevo
León, 2. Gobierno del Estado de Nuevo
León y Centro de Estudios Humanisticos
de la Universidad de Nuevo León. Monterrey, México, 1964; 25 7 pp.
UNA OBRA DE GRAN UTILIDAD para quienes desean conocer los antecedentes de
los primeros pobladores de esta región.
Estas cédulas que ofrece a la investigación, contienen datos muy importantes
sobre nombres, apellidos, actividades y
rasgos distintivos de los hombres, cuya
categoría de valientes, decididos, arriesgados y dignos, legaron a las sucesivas generaciones que tienen su arraigo desde
aquellos remotos tiempos. Para lograr datos de esta naturaleza, de tan hondo contenido social y humano, habría sido necesario revisar centenares de expedientes
que con su trabajo ha ahorrado y consecuentemente somos deudores a su acuciosa investigación.
JosÉ P. SALDAÑA
Sociedad Nuevoleonesa de Historia
... precioso y a todas luces interesantísimo Cedulario . .. ; labor benedictina
digna de encomio, en la que el lector
puede consultar cuanto quiere rápida-

•

mente, debido a los variados índices onomásticos que avaloran la obra.

J.

foNACIO DÁVILA GARIBI
Academia Mexicana de
Genealogia y Heráldica

...obra de gran utilidad para los que
gustamos de nuestra historia local y que
representa un encomiable esfuerzo de
dedicación y trabajo de su autor.
CARLOS PÉREZ-MALDONADO
Academia de Ciencias Históricas
de Monterrey
Libro de verdadero mérito de investigación histórica. Tenaz y minuciosa
obra, la que nos servirá admirablemente
de guía y libro de consulta a todos los
que nos place conocer la historia del
pasado de nuestra provincia.
PABLO SALCE ARREDONDO
Linares, Nuevo León
He revisado el tomo. . . y me doy
cuenta de que es utilísimo y se puede
decir indispensable para el que quiera
estudiar la historia del No reste de México.
DR. WoDROX BoRAH
Universidad de California
Creo que este tipo de estudios son de
gran importancia, pues contribuyen a
conocer las personas que formaron la
base de nuestras ciudades y por lo tanto
nuestros países. Tiene igualmente una
serie de elementos de importancia para
la historia social y económica de Nuevo
León.
JAVIER MALAGÓN

Secretario Técnico del Programa
de Becas y Cátedras de la OEA,
Washington
He ojeado este interesante trabajo que
viene a enriquecer la bibliografía histó-

rica mexicana. Excelente labor de investigación.
CARLOS VÍCTOR PENNA
Jefe, División de Bibliotecas, de
Documentación y de Archivos.
UNESCO, París
...habrá de prestar un gran auxilio
en las investigaciones históricas de nuestra ciudad ...
PROF. HUMBERTO RAMOS LOZANO
Secretario General de Gobierno,
Monterrey
Hermoso Cedulario... Valiosa obra,
que recuerda tanto a la de Troncoso,
editada por !caza, sobre la Nueva España.
PBRO. JosÉ EucARIO LÓPEZ
Guadalajara, Jalisco
Obra que he leído con mucho interés.
Para un trabajo que estoy realizando,
quiero utilizar el estupendo prólogo.
Lic. ERNESTO DE LA ToRRE VrLLAR
Secretario de la Comisión de Historia,
del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, México
Me parece un libro de gran utilidad.
Hacen mucha falta esas obras de "referencia" que ayudan tanto a las obras
de interpretación.
MARÍA DEL CARMEN VELÁZQ.UEZ
El Colegio de México
Muy valioso libro. Libros como éstos
vienen a enriquecer nuestra colección
para el estudio de la vida y de la cultura.
NETTIE LEE BENSON
Latín American Collection
Universidad de Texas

567

�Por su impecable y elegante impresión y por su interesante contenido, es
una verdadera joya bibliográfica que,
si no me equivoco, se convertirá en una
especie de "biblia" social de las viejas
familias del Estado y sus contornos, pues
posee un interés insuperable para los estudiosos de la ecología humana del nordeste de la República en los siglos XVI,
XVII y XVIII, principalmente. Además,
el número y sistema de los índices, tan
completos y adecuados, acreditan esta
obra como técnicamente perfecta. Y,
claro, acreditan a su autor.
Lrc. JuAN PABLO GARCÍA ALVAREZ
Sociedad Mexicana de Geografía y
Estadística
... buena prosa, lenguaje sabroso de
cronista, y de pasear los ojos por el paisaje que vieron los colonizadores del desierto.
ING. JosÉ EMILIO AMORES
Instituto Tecnológico, Monterrey
Brillante contribución científica y literaria.
LIC. RAÚL RANGEL FRÍAS
Monterrey
Importante aportación para la historia del Norte de México, y especialmente
para Nuevo León. A mí me interesaron,
naturalmente, las fichas que traen algo
de las entradas a la Huasteca. En lo que
toca a San Luis Potosí, son de interés
especial las de Miguel de Medellín y
las de los Orpinel y Escurrigüela; sobre
éstos diré que sus datos hay que buscarlos e~ los archivos del Nuevo Reino
de León y en los de la Nueva Galicia.
Hay otra ficha interesante: la de don
Antonio López de Villegas, que tenía
en San Luis Potosí el cargo de Tesorero
de la Real Caja y, en 1693, fue electo
Alcalde de Primer Voto, del Ayuntamien-

to de la ciudad citada de San Luis Potosí, según dato que vi en las Actas de
Cabildo. Tenía cargos destacados en dicha ciudad y únicamente le aventajaba
el Alcalde Mayor. Esto explica la importancia de su expedición con tan numerosa cuadrilla, al Nuevo Reino de
León, en 1694.
JOAQUÍN MEADE
San Luis Potosí
Mucho me interesa a mí esta parte de
la Historia americana, y mucho he apreciado el Diccionario de !caza y el publicado en Buenos Aires, por su enorme
utilidad. Nos falta el del Perú -hecho
y desaparecido en el incendio de la Biblioteca Nacional- y ahora se incorpora éste que merece toda clase de felicitaciones.
FRANCISCO MORALES PADRÓN
Catedrático de la Facultad de Filosofía
y Letras. Universidad de Sevilla
Libro que abre nuevos caminos al conocimiento de nuestra región y que revela capacidad de investigador y amor
al terruño.
PROF. FÉLIX NEIRA BARRAGÁN
Director de la Biblioteca Pública
Saltillo, Coahuila
Espléndido trabajo, modelo de investigación, de tesón y de amor a nuestra
historia regional.
JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí
Obra indudablemente importante para
reconstruir el pasado del Norte, con rasgos tan particulares que merece historia
aparte.
JosÉ FUENTES MARES
Chihuahua

Cedulario . .. en donde encuentro -no
podía menos que encontrar- los Garzas, Garcías, Cantúes, Treviños y Villarreales, sin duda antecesores de los hacendosos y activos regiornontanos de
ahora.

Lic. CARLOS PRIETO
México, D. F.
Acuciosa, benedictina obra documental, de valiosa aportación histórica al
acervo de ese progresista Estado de Nuevo León, y de nuestra Patria.

mos que rebuscar, incidentalmente, datos sobre estos personajes, algunos de
los cuales, con el tiempo se esfuman.
J uuo LE RIVEREND, director
Instituto de Historia y Archivo
Nacional, La Habana
Encuentro datos que me serán muy
necesarios para enlazar los Garzas españoles y mejicanos.
FERNANDO TABOADA DE ANDRÉS
Monforte, Lugo, España

ENRIQUE CORDERO y TORRES
Puebla, Puebla

Su prólogo nos parece muy atinado,
además de erudito y ameno.

Estilo claro y sencillo de las páginas
introductorias. Las cédulas las he hojeado con sumo interés, y me parecen útiles para el estudio de Nuevo León así
como para entender el carácter del norteño.

FELIPE GARCÍA BERAZA
Centro Mexicano de
Escritores, A. C.

JoHN P. HARRISON, director.
lnstitute of Latin American
Studies. Universidad de Texas
Si el recibo de un nuevo libro constituye una especial alegría en todo bibliógrafo, puede suponerse la mía con
éste que tanto interesa en mi calidad
de catedrático de Historia del Derecho
Indiano de la Universidad de Sevilla.. .
Será utilizado en mis explicaciones sobre
Instituciones Sociales y mis alumnos trabajarán sobre él en sus estudios académicos.
DR. ANTONIO MURO ÜREJÓN
Instituto de Estudios HispanoAmericanos, Sevilla
Se trata de una interesante manera
de aprovechar los documentos legislativos de los siglos XVI y XVII. Puede
considerarse como un pequeño diccionario biográfico que será muy útil para
todos los que en algún momento tenga-

El volwnen publicado, bellamente impreso por su sobria disposición tipográfica, cogió mi curiosidad desde el primer
momento. El título es ya fascinante,
¿ Cedulario Autobiográfico? Luego uno
cae en la cuenta de lo que al autor ha
hecho. Ha entregado al estudioso, al
biógrafo, al historiador, al economista un
material de primer orden para el conocimiento de una época, material que se
encontraba enterrado y perdido en una
documentación inerte y que explotada
sagazmente se ha convertido en útil, de
agradable lectura, de importancia extraordinaria. La labor que ha tenido que
hacer para llegar el autor a estas síntesis biográficas, es enorme. Sólo podemos
apreciarla los que trabajamos en la documentación original. El libro servirá
de modelo en estos países de nuestra
América, pues yo, al menos, no conozco
otro de un género igual. La introducción, es también una novedad como ensayo de reconstrucción histórica.
GUILLERMO FELIÚ CRUZ
Profesor de la Universidad de Chile

�J. IGNACIO DÁVILA GARIBI, Apuntes para
la Historia de la Iglesia en Guadalajara.
Editorial Cvltvra; México, 1963. Tomo
tercero, 2 volúmenes; 1239 pp.
EN EL MES DE ENERO DE 1964, cumplió
Dávila Garibi sesenta años de escribir
para el público. Este lapso supone una
producción abundantísima. Y así es,
dada la laboriosidad de este autor, que
ha cultivado las investigaciones históricas, preferentemente, y cuya bibliografía
sobrepasa al centenar de libros y folletos.
Una obra, sin embargo, le ha llevado
largos años de estudio: la Historia de
la Iglesia en Guadalajara, de la cual
lleva publicados ya dos tomos. Ahora
nos brinda el tercero en dos gruesos volúmenes, tan valiosos como los primeros.
La jurisdicción vastísima del obispado
en el siglo XVIII -cuya etapa comprende este tomo- hace que la obra
se refiera a noticias no sólo del actual
estado de Jalisco, pero de la Nueva Vizcaya, Zacatecas, Nuevo Reino de León,
etc., con riqueza tal de documentación
que su consulta es imprescindible para
quien estudie este aspecto de la historia
colonial mexicana.
598 obras aparecen citadas como bibliografía; independientemente de las
fuentes originales en las que predomina
el Archivo General de Indias, de Sevilla.
La exposición sigue lapsos de gobierno
de cada prelado, ocupándose, a la vez
que del aspecto biográfico de cada uno,
de las cosas sucedidas en su tiempo;
incluyendo, al final de cada capítulo, el
texto de los documentos relativos más
importantes.
El libro de Dávila Garibi es, indudablemente, uno de los más valiosos en
su género, publicados en nuestros días.
ISRAEL CAVAZOS GARZA

570

LOTA M. SPELL, Pioneer Printer. Samuel
Bangs in Mexico and Texas. University
of Texas Press. Austin, 1963; 230 pp.

aportación a la historia de la cultura de
esta región.
ISRAEL CAVAZOS

LA SEÑORA SPELL, quien ha publicado
tan eruditos y apreciables estudios sobre
historia colonial mexicana, venía trabajando, desde hace largos años, en una
investigación, la más importante indudablemente emprendida por ella: la historia de la imprenta en Texas y en el
noreste de México.
Y ha logrado con creces su propósito,
al ofrecernos, en un volumen impecablemente impreso, su trabajo titulado:
Pioneer Printer . ..
La autora logra su objetivo al obtener, en forma que pudiéramos decir
exhaustiva, toda la información sobre un
tema de tan fundamental interés para
la historia cultural de esta zona.
Y ha sabido seguir las huellas del
impresor más destacado: Samuel Bangs,
hasta en sus menores detalles; relatando,
de paso, acontecimientos trascendentales
en la lucha por la independencia de
México, particularmente los relativos a
la expedición de Francisco Javier Mina;
o, más tarde, los de la azarosa época
del federalismo y el centralismo, y de la
Guerra de Texas.
Se trata, por lo mismo, de un estudio
meritísimo y a todas luces fehaciente,
por cuanto a que las fuentes a que acude la autora: archivos, bibliotecas, colecciones particulares, etc., son abundantes y la bibliografía utilizada copiosísima.
Testimonio de esta pesquisa minuciosa,
lo es la lista que modestamente llama
"tentativa", de 359 impresos de Bangs,
localizados en Monterrey, Saltillo, Victoria, Galveston, Houston, Corpus Christi, Matamoros, etc.
La obra, que como todas las salidas
de las prensas ·de la Universidad de Texas, cuenta con excelente índice analítico, constituye, insistimos, una valiosa

GARZA

DR. Lucro MENDIETA v NúÑEz e ING.
Lurs G. ALCÉRRECA, Un Anteproyecto de
Nuevo Código Agrario. Centro de lnv.
Agrarias, México, 1964.
ACABA DE APARECER la publicación que
bajo el título de Un Anteproyecto del
Nuevo Código Agrario, el Doctor Lucio
Mendieta y Núñez y el lng. Luis G.
Alcérreca presentan a los estudiosos de
esta importante materia, con objeto de
dar a conocer esta contribución dirigida
a modificar el Código actualmente en
vigor.
Atendiendo a una invitación oficial,
hecha en el año de 1961, el Doctor Lucio Mendieta y Núñez en unión del lng.
Luis G. Alcérreca, se dieron a la tarea
de elaborar este anteproyecto, el que a
su vez, debería servir como base de discusión a un grupo selecto de especialistas que colaborarían con ellos para la
formulación de un proyecto definitivo.
Enmarcado dentro del ámbito constitucional, el trabajo en cuestión ofrece
soluciones para todos los problemas jurídicos y prácticos que plantean las actuales leyes agrarias, en el aspecto básico
de la redistribución y . tenencia de la
tierra.
La obra que comentamos, consta de
278. páginas y después de la Advertencia
Preliminar, de la Introducción y de la
Breve Exposición de Motivos, ésta se
divide en 12 libros, en los que quedan
comprendidos los diversos problemas de
la materia agraria, principiando por la
organización y competencia de las autoridades agrarias y ejidales, así como sus
atribuciones.
En el Libro Segundo, se estudia lo
relativo a la redistribución de la Propiedad Agraria, y sobre este punto el

Doctor Mendieta y Núñez señala el que
"Los extremistas de izquierda pretenden
la colectivización de las tierras ejidales.
Desde un punto de vista teórico, abstracto, es indudable que la explotación
colectiva de los ejidos resulta más ventajosa que la individual porque uniendo
muchas parcelas pequeñas se pueden
emprender trabajos agrícolas en gran escala que procurar mejores rendimientos
y grandes ahorros.
"Pero lo que no parece recomendable
es la colectivización forzosa de los ejidos porque es contraria a nuestro régimen constitucional de libertad y a la
tradición jurídica de nuestras instituciones agrarias".
También la obra se refiere, dentro del
Libro Segundo, a la restitución de tierras y aguas, a las Propiedades inafectables por restitución, Dotación de Tierras
y Aguas, Capacidad de los Núcleos de
Población, Capacidad Individual en Materia Agraria, Bienes Afectables, Dotación de Tierras, Dotación de Aguas, Ampliaciones de Ejidos, Redistribución de
la Propiedad Rural y Nuevos Centros
de Población Agrícola, Bienes lnafectables por Dotación, Ampliación o Creación de Nuevos Centros de Población
Agrícola, de los Certificados de Inafectabilidad Agrícola y Ganadera, la Empresa Ganadera, Nulidad de los Fraccionamientos y Bienes Comunales.
En el Libro Tercero, se estudia lo
relativo al Régimen de Propiedad y explotación de Bienes Ejidales y Comunales, el Régimen de Propiedad, Propiedad de los Núcleos de Población, División y Fusión de Ejidos, Derechos Individuales sobre la Propiedad Ejidal, la
zona de urbanización ejidal, la Parcela
Escolar, Expropiaciones e Indemnizaciones Agrarias, Régimen Fiscal de los Bienes Ejidales, Explotación de Bienes Ejidales y de los pertenecientes a Núcleos
Comunales, Disposiciones Generales, Crédito para los ejidatarios y comuneros y

571

�para los agricultores de Nuevos Centros
de Población Agrícola Fondo Común de
los Núcleos de Población, de las Comunidades Agrarias y de los Nuevos Centros
de Población Agrícola, El Fondo Nacional de Fomento Ejidal, Medios complementarios de Distribución de la Propiedad Territorial, Terrenos baldíos y
nacionales, De los terrenos baldíos, nacionales y demasías, De los deslindes,
Fraccionamientos de latifundios, Nulidad
de contratos y concesiones, De los Nuevos Centros de Población Agrícola, Disposiciones Generales, Los Nuevos Centros de Población Agrícola tipo colonia,
Fomento y promoción ejidal.
En el Libro Quinto, se trata lo relativo a los Procedimientos Agrarios de
los Organos de Justicia Agraria, El Cuerpo Consultivo Agrario y las Comisiones
Agrarias Mixtas, de la Procurad u ría de
Asuntos Agrarios y de los Asesores Particulares, del Cuerpo de Ingenieros y
Postulantes del Departamento Agrario,
Dotación y Restitución de Tierras y
Aguas, Disposiciones comunes, Restitución de tierras, bosques y aguas, Primera
Instancia para dotación de tierras, Segunda Instancia para la dotación de tierras, Dotación de aguas, Ampliación de
ejidos, del incidente de respeto a la
pequeña propiedad agrícola en explotación, Fraccionamiento de ejidos y titulación de parcelas ejidales, De las
Asambleas Generales de Ejidatarios, Nuevos Centros de Población Agrícola, Permutas, fusión, división y expropiación de
ejidos, Permutas de bienes ejidales, Fusión y división de ejidos, Expropiación
de bienes ejidales.
El Libro Sexto está referido a Inaf ectabilidades, de los certificados de Inafectabilidad, de los procedimientos para
la expedición de Certificados de Inafectabilidad, de la Empresa Ganadera.
El Libro Séptimo, trata de las Nulidades en Materia Agraria, Nulidad de
Fraccionamientos, Nulidad de la Asam-

572

blea, de los Certificados de Inafectabilidad y de los actos y documentos contrarios a las leyes agrarias y de la Nulificación de Contratos y Concesiones.
El Libro Octavo toca lo relativo a la
Titulación y deslinde de bienes comunales, Titulación de bienes comunales,
Conflictos por límites de Bienes Comunafos, Primera Instancia, Conflictos por
límites de Bienes Comunales, Segunda
Instancia, deslinde de Bienes ejidales.
El Libro Noveno está referido exclusivamente a la Privación de Derechos
Ejidales.
El Libro Décimo estudia lo relativo a
los conflictos ejidales, del Procedimiento
Conciliatorio, del Procedimiento Sumario ante las Comisiones Agrarias Mixtas
y del Procedimiento sumario ante el Departamento Agrario.
El Libro Decimoprimcro está referido
al Registro Agrario Nacional.
El Libro Decimosegundo toca lo relativo a las sanciones en materia agraria, así como a las causas de responsabjlidad y sanciones, y los procedimientos
para ser efectivas las responsabilidades
y las sanciones en materia agraria.
Es de hacerse notar, la valiosa contribución que en la materia agraria y
jurídica representa este importante estudio, en el que se destaca la experiencia
y los conocimientos del eminente sociólogo mexicano Doctor Lucio Mendieta y Núñez, en esta su contribución al
Derecho Agrario Mexicano.
Lrc.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

SIN. Organizaciones Internacionales no
Americanas. Washington, D. C., 1964.
HAN srno ENVIADAS a las Facultades de
Derecho de América dos importantes publicaciones del Instituto Norteamericano
de Estudios Jurídicos Internacionales. La
primera, lleva como título el de Organizaciones Internacionales no America-

nas
(instrumentos
constitucionales),
Washington, D. C., 1964 y la segunda,
Instrumento Relatíuo a la Integración
Económica en América Latina.
En la primera de las obras que se
mencionan, o sea la referida a las Organizaciones Internacionales No Americanas, vemos que el contenido trata los
siguientes temas:
A). Organización de las Naciones Unidas, Capítulo que incluye tanto la carta
de la ONU, como el Estatuto de la
Corte Internacional de Justicia.
B). Organismos Especializados Vinculados a Naciones Unidas : Convenios sobre el Banco Internacional de Reconstitución y Fomento; Convenio sobre el
Fondo Monetario Internacional; Construcción de la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la
Ciencia y la Cultura; Constitución de
la Orga¡1ización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación;
Constitución de la Organización Mundial de la Salud; Constitución de la Organización Internacional del Trabajo;
Convenio Postal Universal; Convenio
Internacional de Telecomunicaciones;
Convenio de Aviación Civil Internacional; Convención Relativa a la Organización Consultiva Marítima Intergubernamental; Convención de la Organización Meteorológica Mundial y Estatuto
del Organismo Internacional de Energía Atómica.

C). Organizaciones Regionales: Estatuto del Consejo de Europa, Convención
Europea para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales y Protocolo; Tratado por el
que se Instituye la Comunidad Económica Europea; Convención sobre la Organización de Cooperación y Desarrollo
Económicos; Tratado del Atlántico Norte; Tratado de Amistad, Cooperación y
Asistencia Mutua; Pacto de la Liga de

los Estados Arabes y Carta de la Organización de la Unidad Africana.
En la segunda de las obras publicadas por el Instituto Interamericano de
Estudios Jurídicos Internacionales, la que
lleva por título Instrumentos Relativos
a la lntegraci6n Econ6mica en América
Latina, vemos que su contenido comprende los siguientes tópicos:
A). El Mercado Común Centro Ame ricano. Libre Comercio: Tratado General de Integración Económica Centroamericana, suscrito en Managua el 13
de diciembre de 1960; Instrumento de
adhesión de Costa Ricá al Tratado General, suscrito en San José el 23 de
julio de 1962; Protocolo al Tratado General que comprende las listas de los
artículos sujetos a regímenes transitorios
de excepción al libre comercio entre
Costa Rica y cada uno de los demás
Estados Miembros, suscristo en Tegucigalpa el 16 de noviembre de 1962; Tratado Multilateral de Libre Comercio e
Integración Económica, firmadn en Tegucigalpa el 10 de junio de 1958; Tratado de Asociación Económica entre las
Repúblicas de Honduras, Guatemala y
El Salvador, firmado en Guatemala el
5 de febrero de 1960.
Equiparación Arancelaria: Convenio
Centroamericano sobre Equiparación de
Gravámenes a la Importación, firmado
en San José el lo. de septiembre de
1959; Protocolo sobre Preferencia Ar.ancelaria Centroamericana al Convenio
Centroamericano sobre Gravámenes a la
Importación, firmado en San José el lo.
de septiembre de 1959; Protocolo de
Managua al Convenio Centroamericano
sobre Equiparación de Gravámenes a la
Importación, firmado el 13 de diciembre de 1960; Protocolo suscrito el 31
de julio de 1962, por el que Costa Rica
se adhiere al Protocolo de Managua;
Protocolo de San José al Convenio Centroamericano sobre Equiparación de Gra-

573

�vámenes a la Importación, suscrito el
31 de julio de 1962; Protocolo de San
Salvador, al Convenio Centroamericano
sobre Equiparación de Gravámenes a la
Importación, suscrito el 29 de enero de
1963.
Régimen Industrial: Convenio sobre
el Régimen de Industrias Centroamericanas de Integración, suscrito en Tegucigalpa el 10 de junio de 1958; Protocolo al Convenio sobre el Régimen de
Industrias Centroamericanas de Integración, suscrito en San Salvador, el 29 de
enero de 1963; Convenio Centroamericano de Incentivos Fiscales al Desarrollo
Industrial, suscrito en San José el 31
de julio de 1962.
Régimen Financiero: Convenio Constitutivo del Banco Centroamericano de
Integración Económica, suscrito en Managua el 13 de diciembre de 1960, e
instrumento de adhesión de Costa Rica; Convenio Constitutivo de la Cámara
de
Compensación
Centroamericana;
Convenio de Compensación y de Créditos Recíprocos entre los Bancos Centrales Miembros de la Cámara de Compensación Centroamericana y el Banco
de México, S. A.; Protocolo al Tratado
General de Integración Económica Centroamericana. Código Aduanero Uniforme Centroamericano.
Otros Instrumentos: Reglamento del
Consejo Ejecutivo del Tratado General
de Integración Económica Centroamericana; Nota sobre privilegios e inmunidades; Notas sobre el Acuerdo Regional
,Centroamericano para la Importación
Temporal de Vehículos por Carretera;
el Acuerdo Centroamericano sobre Circulación por Carreteras; y el Acuerdo
Centroamericano sobre Señales Viales
Uniformes; Notas sobre el Comité de
Cooperación Económica del Istmo Centroamericano; el Instituto Centroameri-

cano de Investigación y Tecnología Industrial (ICAITI) y la Escuela Superior de Administración Pública América
Central (ESAPAC).
B. La Asociación Latinoamericana de
Libre Comercio:
Tratado que establece una Zona de
Libre Comercio e instituye la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio, suscrito en Montevideo el 18 de febrero
de 1960, y Protocolos adicionales;
Resoluciones sobre Funcionamiento y
organización de la ALALC; Reglamento
de la Conferencia de las Partes Contratantes ALALC, Resolución 35 (11);
Reglamento del Comité Ejecutivo Permanente. ALALC, Resolución 19 (1);
Acuerdos sobre Privilegios e Inmunidades de la ALALC en el territorio de los
Estados Miembros. ALALC, Resolución
6 ( 1) ; Acuerdo entre el Gobierno de
Uruguay y la ALALC sobre privilegios
e inmunidades en territorio uruguayo.
ALALC, Resolución 7 ( 1); Remitiendo
al GATT las respuestas al cuestionario
presentado por dicho Organismo sobre
Disposiciones del Tratado de Montevideo, Protocolos y Resoluciones Complementarias. CPM/Res. 21; Sistema de votación de la Conferencia. ALALC, Res.
68 ( 111) y Nota informativa, doc.
ALALC/C. II!/de 1 l.
C). Otros documentos:
Convenio Constitutivo del Banco Interamericano de Desarrollo ( Artículos
seleccionados) ; Carta de Punta del Este
(Título Tercero); Resoluciones aprobadas en la 1 y 11 Reunión Anual del
CIES al Nivel de Expertos y al Nivel
Ministerial; BID. Reglamento para el financiamiento de las exportaciones de
bienes de capital.
Anexo: Bibliografía sobre integración
económica latinoamericana.

CANJE

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GROTZER, PETER, La Conscience du Temps dans l'Oeuvre de Gabriel Marcel (Essai
de Critique Litteraire), Faculté des Léttres de l'Université de Zurich, 1962.
KUHN MEIERHANS, DoRtS, Le Curé de Tours Studie zur Macht und Ohnmacht des
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KuNDERT, HANS, Romancerillo Sanabrés, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zurich, 1962.
LICHTENHAHN, ANA, La Storia di ove dove onde Donde di Dove de Dove. Facultá di
Lettere deU'Universitá di Zurigo, 1951.
MATTA, SvETLANA, Existence po·etique de Bacovia, Faculté des Lettres de l'Université de
Zurichi 1958.
PFISTER, MAx, Die Entwicklung der inlautenden Konsonanten-gruppe -PS- in deln
romanischen Sprachen mit besonderer Berücksichtigung des Altprovenzalischen. Philosophischen Fakultat Ii der Universitiit Zürich, 1960.
PLozzA, P1ERA, Buoni incontri di Antonio Baldini, Facoltá di Lettcre dell'Universitá di
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(Enero-Marzo, 1963) - No. 18 ( Compilaciones especiales) (Abril-Junio, 1963).
Boletln Bibliográfico, Ministerio de Gobierno, Biblioteca Pública General San Martín,
Mendoza, No. 1 (Enero-Junio de 1963).
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Central de las Villas. Santa Clara, 1962.
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Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1962. El girasol sediento. Direcci6n
de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, Santa Clara, 1963. Sonetos en
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1964. Cuerda Menor, Editora del Consejo Nacional de Universidades, Universidad
Central de las Villas, Santa Clara, 1964. Juan Quinquin en Pueblo Mocho, Edit. del
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RoA, RAÚL, Retorno a la Alborada. Tomos I y II. Dirección de Publicaciones. Universidad Central de las Villas. Santa Clara, 1964.
SuÁREZ Sods, RAFAEL, Un pueblo donde no pasaba nada (Novela del Tiempo quieto),
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s/n., Cuentos populares cubanos. Tomo 11, Recopilación de Samuel Feijóo. Departamento de Investigaciones Folklóricas, Universidad Central de las Villas. Santa Clara, 1962.
s/n. Cheo Alvarez (El Trovador Caonaero). Los poetas del pueblo. Departamento de
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(1962) - Philologica 2, Oricntalia Pragensia II ( 1962) - Philologica I, Germanistica
Pragensia II ( 1962) - Philosophica et Historica 2, Aestetica ( 1962) - Philosophica
et Historica 3 (1962) - Philologica 3, Slavica Pragensia IV (1962) - Philosophica et
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Archivo Ibero-Americano, Revista trimestral de Estudios Históricos, publicada por los
PP. Franciscanos, Madrid, Año XXIII, No. 90-91 (Abril-Septiembre, 1963) - No.
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SPELL, LOTA M., Pioneer Printer (Samuel Bangs in Mexico and Texas). University
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The Journal o/ Aesthetics and Art Criticism . Published quarterly The American Society
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Baltimore, Maryland, Vol. XXIII, No. 1 (Fall, 1964) - No. 3 (Spring, 1964). Vol.
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The New World looks at its History. s/n. Edited by Archibald R. Lewis and Thomas
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The Personalist, an international review of philosophy, religion and literature, The
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The Psychological Record. A quarterly Journal in theoretical and experimental psychology, Denison University, Granville, Ohio, Vol. 14, No. 1 (Enero, 1964) - No. 2
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The Philosophical Review. Cornell University, Vol. LXXIII, No. 1 (Enero, 1964)
No. 2 (Abril, 1964) - No. 3 (July, 1964).

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Instituut, gevestigd aan de Rijksuniversiteit te Utrccht. Utrecht, No. 13, 1963.

INGLATERRA
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Routledge and Kegan Paul Ltd., London, Vol. 3, No. 4 (October, 1963). Vol. 4,
No. I (January, 1964). Vol. 4, No. 2 (April, 1964).

ITALIA
Giornale di Metafisica. Rivista bimestrale di filosofia, Genova, Anno XI~, Nos. 1-2
(Gennaio-Aprilc, 1964) - No. 3 (Maggio-Giugno, 1964) - Nos. 4-5 (Luglio-Ottobre,
1963} - No. 6 (Novembre-Dicembrc, 1963).
Rivista di Estética. Instituto di Estética dell'Universitá di Torino, Torino, Anno VIII,
fascicolo I ( Gcnnaio-Aprile, 1963} - fascicolo II (Maggio-Agosto, 1963} - fascicolo
II (Settembre-Diccmbre, 1963). Anno IX, fascicolo I (Gennaio-Aprile, 1964) .

JAPÓN
Bigaku, is published quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-Sha, by the
Japanese Society of Aesthetics, Faculty of Letters, Tokyo University, Tokyo. Vol. II,
No. 1 (July, 1960) - No. 2 (Septembcr, 1960) - No. 3 (December, 1960) - No. 4
(March, 1961). Vol. 12, No. 1 (June, 1961) - No. 2 (September, 1961) - No. 3
(December, 1961) - No. 4 (March, 1962). Vol. 13, No. 1 (June, 1962 - No.
2 (September, 1962) - No. 3 (December, 1962) - No. 4 (March, 1963). Vol. 14,
No. J (June, 1963) - No. 4 (March, 1964). Vol. 15, No. 1 (June, 1964).

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de 1950) - No. 4 (Febrero de 1950) - No. 5 (Marzo de 1950) - No. 6 (Abril de
1950) - No. 7 (Mayo de 1950) - No. 8 (Junio, 1950) - No. 9 (Julio y Agosto
de 1950) - Nos. 3, 11 y 12 (Octubre, 1950). Año III, No. 3 (Enero, 1951) - Nos.
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Cultura Universitaria. Revista trimestral de la Dirección de Cultura de la Universidad
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PUERTO RICO
Asomante. Revista Trimestral de la Asociación de Graduadas de la Universidad de
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Locura y Siete Antifábulas. Ediciones Humanidad. Montevideo, 1961.

582

583

�Acabóse de imprimir el día I O
de abril de 1965 en los Talleres de la Editorial ]us, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero. México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

Ejemplar

N9

0773

�</text>
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            </element>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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