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UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 65

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�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

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6

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

19 65

�HUMANITAS

•

ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lic.

,

ALFONSO RANGEL GUERRA

Jefe de la Sección de Historia:

.

'

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEz

Jefe de la Sección Editorial:
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

6

1965
•

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria - Mon!errey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN PRIMERA
FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Abril de 1965.-1,000 ejemplares

Dr.

INVESTIGADORES LOCALES

Teología Natural o Filosófica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
WoNFILIO TREJO: Sobre el Método de la Investigación y de la Interpretación Histórica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

Prof.

(B)

35

COLABORADORES

Derecho- a la Educación y al Saber . . . . . . . . 47
Sobre el Conocimiento y sus Clases . . . . 55
GIORGIO DEL VECCHIO: Verdad, Libertad, Caridad y Justicia . . . .
75
ISMAEL DIEGO PÉREz: Teoría del Conocimiento Filosófico . . . . . . . .
79
Ivo H6LLHUBER: Prolegómenos a una Lógica Integral de la Verdad 107
ÜcTAVIo N. DERISI: Arte contemporáneo y filosofía . . . . . . . . . . . . . . 123
IsMAEL QUILES: El Nirvana Budista y la Experiencia Mística . . . . 133

Dr. MICHELE

F.

13

ScIACCA:

Dr. JuAN DAVID GARCÍA BACCA:
Dr.
Dr.
Dr.
Dr.
Dr.

SECCIÓN SEGUNDA
LETRAS

(A)

Derechos Reservados @
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.
La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus res~ctivos autores.

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

La Fundamentación Psicológica de la
Poética en Dilthey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
ALFONSO RANGEL GUERRA:

7

�Lic. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS: El Paisaje en la Poesía de Antonio Machado .................................... . ...... . . . 173
Lic. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ B.: Azorín, Re-Valorizador de lo
Español . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
(B)

COLABORADORES

CÁNDIDO AYLLÓN: Bécquer: su realidad poética . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. OTTo DucHÁCEK: Reflexiones sobre la Semántica Lingüística y su
Evolución . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. MYRON L. L1cHTBLAU: El Sentido de la Realidad en unas Novelas Argentinas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
GREGORIO B. PALACÍN: Pasajes del "Quijote" mal interpretados ( el final
de la primera parte y los epitafios del mismo) . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA: Indice del Humanismo en San Luis
Potosí . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. JAMES WILLIS RoBB: Estilizaciones de un Tema Metafísico en Alionso Reyes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Huoo RoDRÍGuEZ ALCALÁ: El escenario de lS'an Manuel Bueno, mártir como "incantatio poética" . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

201

JOAQUÍN DE ARRIGUNAGA PEÓN: Falso Mayorazgo de la Casa de Montejo
Lic. Cmo R. DE LA GARZA TREVIÑo: El General Don Luis Caballero y los
orígenes de su rebelión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JOAQUÍN MEADE: Mapa y breve relación de las demarcaciones político
administrativas de la Nueva España, a principios del año de 1776 . .
Lic. RoDOLFO Ruz MENÉNDEZ: Interesante manuscrito de la Villa de
Sotuta, Yucatán, relacionado con el pintoresco Cura Pardío . . . . . .
JosÉ ToRRE REVELLO: La investigación histórica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

421
439
453
489
493

217
SECCIÓN CUARTA
233
CIENCIAS SOCIALES
243
251

277

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Lic. ALBERTO GARCÍA Gó~rnz: El Instituto Interamericano de Estudios
Jurídicos Internacionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 505

283
(B)

COLABORADORES

Dr. LuCio MENDIETA Y NÚÑEz: El XV Congreso de Sociología, una! introducción a la Sociología de la Reforma Agraria . . . . . . . . . . . . . . 517

SECCIÓN TERCERA
HISTORIA
(A)

SECCIÓN QUINTA

INVESTIGADORES LOCALES

Prof. ISRAEL CAVAZOS GARZA: La Villa de San Carlos de Marín
Prof. EuoENIO DEL Havo: Evangelización en el Nuevo Reino de León .
Prof. ToMÁs MENDIRICHAGA CuEVA : Indice de Artículos del Historiador
Lic. D. Pablo Herrera Carrillo. (1895-1957) . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JosÉ P. SALDAÑA: La tragedia de Tlaxcalantongo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
(B)

305
319
329
343

COLABORADORES

JosÉ BRAVO UoARTE, S. J.: Cómo se llegó al "modus vivendi" de 1929
395
Prof. FEDERICO BERRUETO RAMÓN: Santiago Vidaurri y el Estado de
Nuevo León y Coahuila . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 407
8

COMENTARIOS Y RESE~AS BIBLIOGRÁFICAS
José Ortega y Gasset en sus obras inéditas, Dr. Agustín Basave Femández del
Valle, 529.-Comentarios a la Estructura de la Obra Literaria de Félix
Martínez Bonati. Lic. Alfonso Rangel Guerra, 529.-AousTÍN BASAVE
FERNÁNDEZ DEL VALLE. "El Romanticismo Alemán", Dr. Octavio N. Derisi, 553.-"La Antropología Concreta" de FRANCISCO LARRoYo, Dr.
Agustín Basave Femández del Valle, 554.-GIORGIO DEL VEccmo, "Lecciones de Filosofía del Derecho", Dr. Agustín Basave Femández del Valle, 556.-R. M. ALBEREs, "Histoire du roman moderne", Lic. Alfonso
Rangel Guerra, 558.-JoRGE Lurs BoRGES y JosÉ EDMUNDO CLEMENTE,
"El lenguaje de Buenos Aires", Lic. Alfonso Rangel Guerra, 560.-

9

�GÜNTER GRAss, "El Gato y el Ratón", Eva Maria Alvarez Quezada, 563.IsRAEL CAVAZOS GARZA, "Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores de Nuevo León", Varios, 566.-J. IGNACIO D,\VILA GARIBI,
"Apuntes para la historia de la Iglesia en Guadalajara", Prof. Israel Cavazos Garza, 570.-LOTA M. SPELL. "Pioneer Printer. Samuel Bangs in
Mexico and Texas", Prof. Israel Cavazos Garza, 570.-DR. LUCIO MENDIETA Y NÚÑEZ e ING. Lms C. ALCÉRRECA, "Un anteproyecto de Nuevo
Código Agrario", Lic. Alberto García Gómez, 571.--S/N. "Organizaciones Internacionales no Americanas", Lic. Alberto García Gómez, 572.

Sección Primera

FILOSOFIA

�TEOLOGÍA NATURAL O FILOSóFICA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

Sumario: l. El sentido de las demostraciones de la existencia de Dios.-2. De lo contingente a lo necesario.-3. De lo fugaz a lo eterno.-4. De lo finito a lo infinito.5. Una nueva vía de acercamiento a Dios.-6. La sinrazón del ateísmo.-7. Aspectos
del Ser Supremo.- 8. Atributos de Dios.-9. El Ser infinito y los seres finitos.

l. EL SENTIDO DE LAS DEMOSTRACIONES DE LA EXISTENCIA DE Dros

HAY QUIBNES PIBNSAN que no debe buscarse una demostración de la existencia
de Dios. Trataríase, para estos autores, de una revelación como luz y como
voz, como presencia y como vocación existencial, que hace innecesaria -y
en cierto modo imposible- la prueba de la existencia de Dios. Los conceptos
se demuestran; las existencias se demuestran. Los que demuestran a Dios,
según los neo-ontologistas, es porque antes creen en El. Dios existe, esto lo
sabemos por la revelación presencial, luego no necesita demostración. Además,
por abstracción se llega a un saber lo general, nunca a un conocer personal.
"Las personas como Dios mismo se prestan no al saber -llega a decir Pedro
Caba-, sino al sabor, y a ellas se llega por concreción, por ahondamiento
y paladeo" .1 Las pruebas llegan tarde. La realidad existencial de Dios no
surge de una demostración.
Pensamos nosotros que aunque conozcamos de Dios mucho más de lo que
pueden damos a conocer unas demostraciones formales de su existencia, las
pruebas o vías no son innecesarias e imposibles. Decir que la demostración
presupone la revelación presencial, es dar por supuesto que el hombre dispone
de una intuición de Dios. Y en este supuesto, claro está, no haría falta ninguna prueba, porque las proposiciones enteramente inmediatas están dispen1

PEDRO CABA,

Metafisica de los Sexos Humanos, Ed. Indice. Madrid, 1956.

13

�sadas de demostración. Pero si carecemos de la capacidad de intuir naturalmente a Dios, entonces tendremos que partir de una causa o principio lógico
y nuestro conocimiento de Dios será algo inferido. La proposición "Dios existe"
es inmediata si la consideramos en sí misma, objetivamente; será en cambio
mediata subjetivamente, en el plano de nuestro conocimiento. En otras palabras: del hecho de que Dios no pueda tener una causa entitativa, no se
puede derivar el hecho de que el conocimiento humano de Dios no pueda
tener, en cambio, una causa explicativa. Todos esos "sabores" y "revelaciones
presenciales" transcurren en la singularidad intransferible de las personas y
no impiden la ciencia de Dios. Ahora bien, las pruebas contribuyen sobria y
eficazmente a iluminar con la luz natural de la razón los fenómenos humanos
y mundanales, ascendiendo a determinaciones más precisas de la idea de un
Ser divino. Deslindando el campo objetivo del campo subjetivo, desaparecen
muchos equívocos.
Partiendo de entes finitos el hombre puede -contra lo afirmado por Malebranche- formarse la idea de lo infinito. Tras de obtener la idea de finitud
es posible Ilegar a la idea de lo Infinito, como un verdadero ser, por negación
de toda finitud. La idea indeterminada de ser no es la idea de un ente ilimitado, sino algo que conviene tanto a los entes finitos como al Ente infinito.
Si Gioberti afirma que en la idea del ser, en la medida en que se opone al
no-ser, se capta inmediatamente la idea del Ser necesario es porque presupone,
indebidamente, la identificación de "ente" y "ente necesario". No hay que
confundir la indeterminación del ser en general -que no excluye la finitud
ni la contingencia- con el Ser Infinito que sí las excluye. Mientras Dios es
positivamente infinito, el ser en general o ente común es indiferente a la
finitud y a la infinitud. ¿En qué coinciden entonces? En que ninguno de los
dos es un ente finito determinado.
¿ Estará acaso envuelta la existencia del Ser perfecto en la idea de ese ser?
La idea de un Ser perfecto engloba tan sólo la idea de la existencia de este
ser. Pero una cosa es la idea de la existencia del Ser perfecto y otra cosa muy
diversa es la existencia real del mismo. En una boca pintada no se puede
poner más que un cigarro pintado. Los ontologistas pensaron erróneamente
que porque al ser Perfecto le conviene necesariamente existir, por esa sola
implicación ideal existe realmente. Lo correcto hubiese sido concluir que de
existir ese hipotético Ser Perfecto, existiría necesariamente. Pero una afirmación de esta índole, ¿ será propiamente una demostración? Tampoco cabe
condicionar la existencia del ser necesario -como lo hace Leibniz- a su
posibilidad, porque la posibilidad misma es la que está condicionada a la
existencia.
La existencia de Dios, que puede ser conocida por la razón natural, es un
preámbulo de fe. La fe supone la razón. Y la razón es capaz de probar la

14

existencia de Dios, aunque no pueda dar la razón de tal existencia. Quiero
decir que para demostrar que Dios existe, basta saber qué se designa y se
entiende por Dios -simple indicación extrínseca por funciones, actividades
y cargos- por más que su definición esencial nos resulte imposible: San
Agustín nos advierte: "Si lo comprendes, no es ya Dios lo que comprendes".
Cosa enteramente diversa es exigir una razón suficiente de los efectos -entes
intramundanos- que me son evidentes, comprendiendo la necesidad de lo
Incomprensible y definiendo la necesidad de lo Indefinible. Al afirmar: Dios
existe, afirmamos la existencia simplemente, sin calificar cómo sea, sin incluirla en ninguna categoría, en ningún cuadro ideológico.
Poseemos un conocimiento natural y precientífico de Dios, antes de conocer
la teodicea o teología natural. El hombre común de la caile se acerca a la
realidad de Dios remunerador, principalmente por su conciencia. Y se acerca
a la comprensión de Dios realizador por la contemplación de los efectos artísticos que presuponen un espíritu finalista. El universo entero evidencia la
acción de un espíritu excelso. La comprensión natural del mundo y de los
demás hombres incluye un avizorar algunas propiedades de Dios: poder creador, majestuosa sabiduría, reposo bienaventurado. Y un vacío tendencia! de
nuestro corazón nos lleva también a El. Pero todas estas vivencias más o menos
superficiales son susceptibles de profundizarse radicalmente. La concepción
natural de Dios que tiene el hombre sin bagaje científico, puede ser comprobada rigurosamente. A ello tienden las disquisiciones que prosiguen.

2. DE

LO CONTINGENTE A LO NECESARIO

Siempre he tenido una particular predilección por la vía de lo contingente
a lo necesario. Predilección que está fincada no tanto en motivos simplemente
racionales, cuanto en experiencias vitales. Mi existencia no se me presenta
como una resultante necesaria y espontánea de mi esencia. Mi existir es mío
en cuanto lo realizo, lo ejerzo; pero, en verdad, siento que no es mío, que
lo tengo recibido, dado por alguien. Y con mi concreta existencia "se dan"
de lleno, "en" ella o "con" ella, las cosas reales y los objetos ideales.
Contingencia quiere decir indiferencia, nula posibilidad, insuficiencia radical para empezar a ser y seguir siendo. Pura "posibilidad" no tanto '"existencial" cuanto "esencial". Yo soy, pero pude no haber sido. Hubo un antes
en que no fui y habrá un después en que no seré; en que no seré, por lo
menos, como soy ahora. Puedo ser y puedo no ser. Por mí sería la nada
absoluta. Ni siquiera tengo la posibilidad de existir. Mi ser depende de otro.
Por mi propio peso tiendo a no ser, tiendo a inmergirme en la vertiente de
15

�la nada de donde fui sacado por Alguien. Soy un ser completamente ajeno,
"ab alio", como bien dicen los escolásticos. Queda, pues, evidenciada, mi indiferencia esencial a la existencia.
He aquí la tercera vía tomista para probar la existencia de Dios, expuesta
con las mismas palabras del Santo Doctor: "La tercera vía considera el ser
posible o contingente y el necesario, y puede formularse así. Hallamos en
la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se
producen y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo
un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de
no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza
a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía,
fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora
no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los
seres son posibles y contingentes, sino que entre ellos, forzosamente, ha de
haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de
su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro,
como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de causas necesarias, es forzoso que exista algo q11e
sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman
Dios".2
No hay, en el razonamiento que precede, ningún salto lógico. Su rigor no
se puede evadir apelando a una cadena infinita de causas contingentes. Evidentemente la razón suficiente de la existencia de un ser que de suyo es indiferente para existir hay que irla a buscar en otro ser. De otra manera se
caería en lo absurdo o en lo inexplicable. Santo Tomás toma como punto
de partida nuestra cotidiana experiencia, que nos muestra seres que carecen
en sí mismos de razón de ser, que pueden ser y no ser, que empiezan en la
generación y acaban en la decrepitud y la muerte. Estamos rodeados de
seres imperfectos y deficientes de suyo, no tan sólo en el obrar sino en el
ser. Ahora bien, lógicamente hay que llegar al ser fontanal, fundamental,
que sea razón y principio de todos los otros, que se baste a sí mismo, que sea
necesario. Porque un ser contingente unido a otro y a todos los millones de
contingentes que se quiera sólo puede brindar la suma que permitan los sumandos. Por mucho que sumemos y multipliquemos los seres contingentes,
' SANTO ToMÁs DE AQUINO, Summa Theologica, I, q. 2, a 3; edición bilingüe,
tomo I, Biblioteca de Autores Cristianos.

contingentes resultan; la suma de todos los seres contingentes, no puede producir un ser necesario. Si más allá de esta serie de contingentes no hay un
ser necesario que los sostenga a todos, ninguno se sostendrá; más aún, si más
allá de todos estos seres contingentes no hubiera un ser necesario, esencialmente actual, jamás hubiera habido seres contingentes. Hay algo contingente,
luego hay algo necesario.
Nos hace falta un ser necesario; pero un ser necesario primero, absoluto
e independiente. Todo cuanto existe tiene en ese ser necesario su punto de
partida, su fundamento y su condición ineludible. Y esta necesidad de algo
necesario en el universo pone de manifiesto, además, la sublimidad de ese
Acto puro que es por sí mismo; perfección absoluta y fuente única de todo
ser. Porque "llevar en sí mismo la razón de ser y de existir, equivale a constituirse en origen de toda perfección, independiente de todo, más allá de
todo límite, sin mezcla de imperfección o potencialidad" (Hugon).
Nuestra razón exige la fuente misma de los entes y de la actividad, de
toda perfección y gradación, de todo orden. Los intermediarios, aún en número infinito, no pueden remplazar la fuente.
Por carencia primordial del ser, por falta de capacidad para existir, las
criaturas se anonadarían, "ipso facto", sin el Creador. Entre la posibilidad
absoluta de ser y la necesidad absoluta de ser está nuestra posición de contingentes. Un elemento recibido del exterior, de otro ser, me ha convertido en
existente. En última instancia, es preciso recurrir a un ser que no tenga recibido su impulso de otro. Sin un ser necesario nunca habrían existido los seres
contingentes. Pero el hecho es que existen los seres contingentes. Luego existe
el ser necesario. Los cimientos de la prueba -el hecho de la generación y
la corrupción- no pueden conmoverse por la ley de la conservación de la
energía -puramente empírica y contingente ella misma- que no es ninguna ley del ser y que no ha resultado rigurosamente demostrable en el ámbito
inorgánico, en el biológico ·y en el psicológico.

3.

DE LO FUGAZ A LO ETERNO

El espíritu del hombre no es una mónada clausurada en sí misma, sin ventanas ni enlaces con lo real. Tiene, en primer lugar, una religación originaria
y fundamental con Dios. Al contemplar el reino puro de las verdades eternas,
nos orientamos hacia lo divino. Padecemos, sepámoslo o no, un teotropismo
espiritual. El descubrimiento del mundo inteligible, con la luz superior de
la verdad, señala el "factum" de la religación del hombre con Dios. "Del
mismo modo que la naturaleza es el horizonte natural de nuestro ojo físico,

�Dios es el horiwnte natural de nuestro ojo intelectual", expresaba Lacordaire. La reflexión metafísica del fenómeno del conocimiento nos pone en
comunión con la verdad eterna. Este hallazgo espiritual nos percata del ligamen irrompible que nos ata, de raíz, al Ente fundamental y fundamentante.
La verdad sirve como vínculo conexivo, mejor aún, como fundamento mismo
de nuestro ser asido a otro Ser. Trátase de una realidad fontanal, de una
primera y soberana esencia. Es el caso de San Agustín, en las Confesiones,
cuando refiriéndose a la verdad, exclama: "Estaba encima de mí, porque
ella me hizo, y yo debajo de ella, porque soy hechura suya. Quien conoce la
verdad, ése la conoce, y quien la conoce, conoce la eternidad". 3 Todo cuanto
tiene ser, dimana de esta primera esencia que es, a la par, primera vida y
primera sabiduría.
Somos, como criaturas, seres participados. La gratuidad y la contingencia
de nuestro ser finito es una dádiva de amor que nos compromete a estar en
el mundo amorosamente. Una orden superior de verdades eternas se presenta a nuestro espíritu en forma de leyes, de principios axiológicos que vinculan y religan a nuestra conciencia. Nuestra religación, de carácter dinámico,
nos recoge a los hombres en una comunión creatural de espíritus. Inútil intento el de alejamos del fundamento de la naturaleza. Aunque nos olvidemos
de Dios, nos hallamos misteriosamente religados con El. Alejamiento y olvido de Dios sólo clavan en el espíritu el arpón de la angustia.
Los atributos existenciales del ser finito: mutabilidad, temporalidad, mortalidad y angustia concurren para darnos una extraña movilidad. San Agustín
advertía que el tiempo es un ladrón que roba al hombre lo que ama. El alma,
ante el despojo, queda poblada de sombras, de fantasmas, y es presa de la
codicia. Fray Victoriano Capánaga O. R. S. A. esboza, en tomo de esas palabras del hiponense, la psicología y la metafísica agustinianas de la inquietud:
"El hombre, esclavo del tiempo poblador de un mundo de seres fugitivos,
vive lleno de zozobra y de preocupaciones, péndulo entre la vida y la muerte.
La mutabilidad equivale a mortalidad. Todo cambio es cierta muerte para
San Agustín. Ha muerto la negrura en la cabeza de un canoso; ha muerto
la lozanía en el cuerpo de un anciano encorvado y enfermo; ha muerto el
movimiento en el que se para; ha muerto el estar de pie en el que se sienta.
Así, en todo lo que era y no es, veo cierta muerte en lo que pasó y cierta
vida en lo que es. ¡ O Veritas quae vere es! 'Oh verdad qué verdaderamente
eres'. Pero la misma fugacidad mortal de las cosas pregona el valor de lo
eterno. Todo impulso, toda tendencia, toda porfía, todo anhelo busca un
reposo en lo absoluto. En el pecado mismo, en que el hombre toma una
posición egocéntrica, se entraña un ímpetu de intencionalidad teológica,
• SAN AGUSTÍN, Con/., VII, X.

pues los anhelos de la criatura se lanzan hacia un mundo mejor de quietud
y de ensueño".4 Aun las apariencias engañosas dan testimonio de esa búsqueda de lo verdadero. La atracción universal de la verdad perpetua es una
atracción de Dios. El acto de caminar a Dios define al espíritu. Nuestra luz
es sólo un resplandor fugitivo de la luz increada. Queda siempre un trasfondo
de misterio en la reverberación luminosa de aquella parte del universo que
somos capaces de percibir.
Vivir es trascender lo fugaz, proyectándose intencionalmente hacia los valores, en un afán insaciable de salvación. "Toda Filosofía -desde Platón
hasta Nietzsche- posee un contenido religioso. En este sentido se halla al
servicio de la 'fe' y la apoya o la destruye, con toda la gravedad abismal
que ello lleva forzosamente consigo. Si no es así -asegura con toda razón
Xirau- 'no interesa'. No interesa porque no se refiere a nada de veras
interesante. Como vio certeramente Unamuno, lo único que interesa de veras
es salvarse, salvar la vida y la propia espiritualidad. Y sólo es posible salvarse, mediante la salvación del mundo que llevamos perennemente en el
alma". 5 Pero salvarse no es simplemente inquietarse por la salvación y pelear
cada quien su pelea sin cuidarse de la victoria, como lo quería Unamuno.
Tampoco cabe sacar esperanza de la desesperación misma. Hay que buscar
un solo Bien en el que se encierran todos los bienes. El camino de salvación
no está en la "fardiaca" de Unamuno, sino en el abrazo de San Francisco,
que no se cansaba de repetir: "Mi Dios y mi todo, mi Dios y mi todo".

4. DE

LO FINITO A LO INFINITO

El hombre está sujeto a una mutabilidad sin reposo. En el torbellino universal del movimiento, el hombre es, a más de ser móvil, motor. Dotado de
movimiento inmanente, vive moviéndose y se mueve viviendo. Pero el movimiento -tránsito de un término a otro- no es algo sustante sino inherente.
Suprímase la esencial referencia del movimiento a un ente y el movimiento
será inexplicable. No hay que olvidar que son los entes quienes se mueven,
quienes se viven. En la realidad sustancial del hombre particular, el movimiento ocasiona una modificación no-sustancial. Trátase, en otras palabras,
de "una modificación accidental de su modo sustancial de ser". En sus "Con' FRAY VICTORIANO CAPÁNAGA, O.R.S.A. Introducción al Tomo IV de las Obras
Completas de San Agustín, pág. 12. B.A.C. Madrid MCMXLVIII.
' JOAQUÍN XIRAU, Lo Fugaz y lo Eterno, Centro de Estudios Filosóficos de la Facultad de Filosofía y Letras, pág. 122, México, D. F. 1942.

18

19

•

�sideraciones Metafísicas sobre la Mutabilidad del Hombre" 6 el Dr. Angel
González Alvarez, tras de establecer el siguiente teorema: "La mutación y
perfeccionamiento del hombre sin cambio esencial comportan una contextura
real de sustancia y accidentes", concluye afirmando: El hombre particular
no es mera sustancia cerrada, absolutamente independiente y autárquica dotada de una perfección siempre actualizada. Tampoco es un puro repertorio
de accidentes que se suceden sin sentido. Sustancialismo y actualismo deben
ser considerados como recuerdos históricos en el plano de las interpretaciones
metafísicas del hombre. El hombre concreto es una realidad subsistente, al
mismo tiempo individual y necesitada, en incesante evolución homogénea.
Una sustancia particular en conexión trascendental con particulares accidentes.
Dotado de una perfección sustancial relativa que de continuo se expresa en
las variadas líneas de su devenir accidental. En suma, una sustancia siempre
abierta a ulteriores modificaciones accidentales.
Existir -etimológicamente- es estar fuera de sí. "Yo-soy-en-el-mundo",
podríamos decir con Heidegger, sólo que no creo un mundo a mi alrededor
-como lo piensa Heidegger- sino que lo descubro y mantengo con él relaciones esenciales. La magnitud espacial de mi cuerpo, comparada con las lejanías del espacio sideral, es verdaderamente insignificante. Pero comparada
con los electrones, protones y neutrones, la magnitud de mi cuerpo es enorme.
Mi ser en el mundo está sujeto a la ley de la gravedad; a. las leyes de la
nutrición, de la circulación sanguínea y de las secreciones internas. Las leyes
de la naturaleza se imponen implacablemente. En ese sentido, el hombre no
ocupa ningún puesto excepcional. Para comprender la posición incomparablemente elevada del hombre, es preciso atender al principio espiritual: capacidad de conocer, de querer, de autodeterminarse. Estos fenómenos están situados fuera y más allá de la serie mecánica y biológica. Aquí se abre un horizonte ilimitado ...
El hombre actual, tan lleno de deficiencias en su existencia, cuenta con
una posibilidad infinita. No hay impedimento absoluto para la evolución y
perfeccionamiento de los tipos humanos. Nos hallamos en los comienzos de
una era que persigue mejores formas de convivencia humana, valores personales más depurados, cultura más amplia y profunda. Las alteraciones y efectos que imprimimos al mundo exterior, y los movimientos de nuestra alma,
dan testimonio del poder cuasi-creador del hombre. De honduras religiosas
provienen las grandes verdades y bellezas que se manifiestan al hombre en
la historia. El querer positivo aporta en la acción, algo moralmente bueno.
En este sentido cabe hablar de una creación que le es imputable, con exclu• DR. ANGEL GoNZÁLEZ ALVAREZ, Discurso leído en la solemne apertura del curso
académico de 1949-50, en la Universidad de Murcia.

20

sivida?, al individuo libre. El contemplador y el amante poseen, en sí mismos
la~ mas altas _fo~as de conmoción interna creativa. La naturaleza, el arte ;
Dios -~res direcc10nes de lo real- tienen sus correspondientes actitudes en
el expenmentar, el configurar y el orar. Y hasta se podría decir que en la
~a~uraleza '! ~n- el arte hay un impulso que lleva a nuestro espíritu de lo
fm1to a lo mfmito. La emoción de la presencia de Dios en todas las cosas es
el punt~ cul~ina?te del existir humano. No se trata de ninguna línea ascendente m de nmgun punto final de los incrementos graduados. Trátase sencillamente, de lo "supremo", de lo Unico en su especie, fuera de toda Ía serie
de cosas creadas.
E_l ansia frustrada de plenitud nos muestra, a las claras, que no conseguimos
~qUietar plenamente en esta vida esa capacidad infinita -en cierto sentido--, que llevamos en el hondón del alma, porque los entes finitos son
mengua?os sus~itutos de nuestro propio y adecuado objeto. Santo Tomás
de Aqumo_ ª?vierte que "no hay nada finito que pueda aquietar el anhelo
d;l e_nten~i~mento,_ lo cual se ve porque el entendimie~to, al dársele cualquier
termmo fm1to, al mstante maquina alcanzar algo más allá• por esto trazada
cualquier línea finita, trama el trazado de otra mayor, y 10 ' mismo e~ los números; lo cual es precisamente la razón de la adición infinita en los números
y líneas _mat~máticas._ ~ora bien; la grandeza y la capacidad de cualquier
s~bstanc1a cnada ~s fm1t~. Por consiguiente, la capacidad intelectiva del espín~u, como tal, no se aquieta con el conocimiento de cualesquiera substancias
cnadas, por nobles que sean, sino que tiende con un anhelo natural a conocer
la substancia, que es de grandeza Infinita".7 Sólo en el Sumo Bien cabe hacer
descansar todo el fardo del corazón anhelante. Es inútil tratar de escamotear
la .U:ascend:ncia ontológica. El hombre, por su vida espiritual intelectivov~htiva, esta esencialmente abierto y lanzado más allá de sí. ¿Hacia dónde?
Solo una respuesta me satisface: el supremo bien del hombre radica en el
ser trascende~,te '.nfinito de Dios, que entraña, venturosamente, la conquista
de la perfecc1on mmanente específicamente humana.

5.

UNA NUEVA VIDA DE ACERCAMIENTO A

Dros

..
B~ta haber despertado a la realidad de la propia existencia y de la existencia de las cosas, para darse cuenta de que se ejerce la actividad de ser
amenazado por la fragilidad, la destrucción y la muerte. La existencia de
las cosas Y mi propia existencia se afirman a sí mismas de una manera inexorable. Pero esta afirmación, en el caso del hombre por lo menos, no es sólida
' SANTO

ToMÁs

DE

AQurno, Summa contra Gentiles, III, 50, razón 4a.

21

�y definitiva. Mi existencia humana terrestre está sujeta a la nada. Y sin
embargo en esa misma existencia amenazada intuyo la existencia suprema,
absoluta, eterna, libre de la destrucción. El conocimiento natural pre-filosófico
de Dios surge simplemente de ver que mi "ser-con-la-nada", como lo es mi
propio ser, implica, para ser, el ser-sin-la-nada, esa existencia absoluta que
desde el primer momento he advertido confusamente, como envuelta en mi
intuición primordial de la existencia (Maritain). Este avecinamiento eterno
me es connatural a mi ser. De ahí aquella honda visión metafísica de la sabiduría indostánica que supo advertir siempre, en el comienzo, el ser, el ser
solo y sin segundo. He aquí un expresivo texto: Tachandogya Oupanichad:
"Todas las criaturas, amigo mío, tienen su raíz en el ser: tienen su sede en
el ser; reposan sobre el ser". Las demostraciones científicas de la existencia
de Dios vienen después de esa intuición primordial de la existencia, de ese
conocimiento inocente, pre-filosófico, espontáneo y natural del Ser supremo.
Nuestra inteligencia padece una insaciable ansia de conocer el ser infinito.
No bien advertimos que las cosas provienen de El, como sus efectos, cuando
quisiéramos ya conocerle en sí mismo, en su esencia, sin mediación de ideas.
La visión especular, la aprehensión de las huellas divinas suscitan el deseo
imposible -para nuestra naturaleza- de eliminar intermediarios a fin de
poseer a Dios intuitivamente. Este deseo "trasnatural", que no está en nuestra naturaleza satisfacer, no debe considerarse, por ese solo hecho, como un
anhelo absurdo y trivial. Emerge de lo más íntimo de nuestro espíritu y acusa
una insobornable nostalgia de Dios. ¿No es sensato pensar que a un deseo
tan profundo de la naturaleza -imposible para ella misma- le corresponde
una satisfacción plena, por más que esta satisfacción sea sobre-natural? De
esta opinión parece ser Santo Tomás de Aquino cuando refuta a quienes
afirman que ningún entendimiento creado puede ver la esencia de Dios:
"Pero esta opinión no es aceptable, porque como la suprema felicidad del
hombre consiste en la más elevada de sus operaciones, que es la del entendimiento, si éste no puede ver nunca la esencia divina, se sigue, o que el hombre jamás alcanzaría su felicidad, o que ésta consiste en algo distinto de Dios,
cosa opuesta a la fe, porque la felicidad última de la criatura racional está
en lo que es principio de su ser, ya que en tanto es perfecta una cosa en
cuanto se une con su principio. Pero es que, además se opone a la razón,
porque, cuando el hombre ve un efecto, experimenta deseo natural de conocer su causa,. y de aquí nace la admiración humana, de donde se sigue
que, si el entendimiento de la criatura racional no lograse alcanzar la causa
primera de las cosas, quedaría defraudado un deseo natural. Por consiguiente,
se ha de reconocer que los bienaventurados ven la esencia divina" .8
• SANTO ToMÁs DE AQUINO, Summa Theologica, I, q. 12, a 1, edición bilingüe de
la Biblioteca de Autores Cristianos.

22

Hay muchas vías de acercamiento a Dios. Santo Tomás formuló, con ad~irable sim~lic_idad, sus c~lebres ~inco vías que tienen su antecedente, por
cierto, en Anstoteles ( la. via), Avicena (2a. vía), Moimónides (3a. vía), San
Agustín ( 4a. vía), Cicerón, Séneca y la Patrística (5a. vía). Pero estas cinco
vías tomistas, consagradas ya por la fama, no son las únicas pruebas racionalmente válidas que conducen a una certeza sólidamente establecida. En este
mismo siglo XX se han propuesto nuevas vías -válganme como ejemplo las
pruebas de Sciacca y de Maritain-, aunque excesivamente sutiles. En todo
caso, los caminos del espíritu discurren por las más diversas vías existenciales
Y fi1osóficas. Contemplando un objeto bello se advierte la existencia de una
perfección que trasciende a las cosas. En su experiencia creadora el artista
. .
'
posee un conoc1m1ento amoroso y nostálgico, por connaturalidad, que de la
bel!eza_ le ~l,eva a Dios. De ese instinto de lo bello nos habla Baudelaire, bajo
la mspirac1on de Edgar Allan Poe, en un pasaje de "El arte romántico": "Es
a la vez por la poesía y a través de la poesía, por la música y a través de
la música, como el alma entrevé los esplendores situados tras de la tumba•
Y :uando un exquisito poema trae las lágrimas al borde de los ojos, esas lá~
gnmas no son la prueba de un exceso de goce, son más bien el testimonio
de una melancolía irritada, de una postulación de los nervios, de una naturaleza excitada en lo imperfecto y que quisiera apoderarse inmediatamente
s?bre esta misma ~ierra, de un paraíso revelado". El poeta advierte que 1~
tierra y sus espectaculos son un resumen, una correspondencia del cielo. Es
claro que estas vías existenciales carecen de apoyo lógico y marchan, un
tanto a oscuras, con pasos inciertos. Aún así, su eficacia es a veces irremplazable desde el punto de vista subjetivo y personal.
Adviértase cómo la vida, esta pobre vida, se hace más vida ante un estímulo adecuado: sirvan como ejemplo una fuo-a de Bach la contemplación
de la Basílica de Santa Sofía, o la lectura del Quijote. Adivinamos entonces
un ~ras/onda de la vida que los sentidos no palpan, pero que ~l espírit~
presiente. Un trasfondo que pre-sentimos inabarcable, ilimitado, sin los barrotes espacio-temporales que nos hacen sudar angustia. Insobornables son los
deseos que reclaman sensaciones más suaves, sentimientos más finos visiones
ricas de matices, reflexiones más profundas. . . A veces, cuando un ~nsia inefable nos hace romper el cerco de nuestro mundo habitual, el alma estremecida
asoma a un horizonte infinitamente ensanchado ...
Quisiera ensayar, por mi parte, una nueva vía de acercamiento a Dios.
Descubro, en mi ser, un desfiladero hacia la nada y una escala hacia lo absol~to, porque so~ una misteriosa amalgama de alma y cuerpo, bruto y ángel,
tzemf o Y eter_nzda~, nad~ prehistórica y destino supra-temporal. Mi afán de
P:e~ztud su~sistenczal existe sólo en función de superar mi desamparo ontologzco. Y mi desamparo ontológico se hace tan sólo patente porque tengo un

23

�afán de plenitud subsistencia[. La plenitud lograda es siempre relativa y está
amenazada por el desamparo. Pero, a su vez, el desamparo se ve corregido,
amparado en parte, por el afán de plenitud subsistencia[ que se proyecta con
toda su intención significativa. Este afán de plenitud subsistencia!, aunque
se dé en el tiempo, no está sometido al tiempo. Trátase de un testimonio irrecusable de la egregia vocación humana, de una humilde sumisión del hombre
integral a su interioridad abierta al ser y a la Deidad. Mi afán de plenitud
subsistencia[, con toda su significación "metahistórica" participa de la plenitud
absoluta, primera y trascendente. En otras palabras: mi afán de plenitud
subsistencia[, que se me presenta coexistiendo orgánica y dialécticamente con
mi desamparo ontológico, con mi insuficiencia radical, en forma parecida al
contrapunto musical, implica la Plenitud Subsistente e Infinita de donde proviene, precisamente, mi concreto afán de plenitud que se da en el tiempo.
Si existe nuestro afán de plenitud subsistencia! -y esto es un hecho evidenteexistió siempre una Plenitud subsistente, porque si no hubiera existido, no
se darían todos nuestros concretos afanes de vida y de más vida. De ahí que

el primer acto de mi afán de plenitud subsistencia! sea el de dirigir una llamada a la Plenitud infinita que suscita todos los afanes de plenitud. Sin
un fundamento en Dios, inicial y final, mi concreto afán de plenitud subsistencia! no encuentra solución.
Mi argumento del afán de plenitud subsistencia! se funda en la finalidad.
Si Dios no existiera, el afán de plenitud subsistencia! -y la misma idea de
plenitud- sería un efecto sin causa. Pero un efecto sin causa resulta absurdo.
La causa final es la causa de las causas. Lo que exige el argumento no es
sólo una plenitud ideal, sino una Plenitud subsistente. La razón de ser última
de nuestro afán de plenitud subsistencia! no se encuentra en una idea, sino
únicamente en un Ser plenario, existente en sí y por sí.

6.

LA SINRAZÓN DEL ATEÍSMO

Nuestro existir -y toda existencia humana- no existe por sí. Estamos
"fundados", y la deidad es "lo fundante" en cuanto tal. "Inclusive el intento
de negar toda realidad a lo fundante (ateísmo) es metafísicamente imposible
-observa ese buho humano que se llama Xavier Zubiri- sin el ámbito de
la deidad: el ateísmo es una posición negativa ante la deidad".9
Todos los pueblos, en todos los tiempos y en todas las latitudes, han comprendido esa verdad "escrita en la tierra y en cielo con caracteres tan claros
' XAVIER ZUBIRI,

24

Naturaleza, ·Historia, Dios, pág. 440, Madrid, 1944.

y resplandecientes", de que Dios existe. No obstante, no han faltado hombres
que han negado la existencia de Dios, al menos por su boca y en su corazón.
Un verdadero ateísmo es cosa por demás difícil y alambicada. Las más de las
veces, se trata de actitudes puramente prácticas o de negaciones de una determinada idea sobre el Ser Supremo. "Nemo Deum negat, nisi cui expedit
Deum non esse", decía San Agustín ("Nadie niega la existencia de Dios, sino
aquel a quien conviene que no le haya").
Arrastrado por sus pasiones, el hombre es capaz de los mayores extravíos.
Cuando el ser humano se olvida de su nihilidad ontológica, de su insuficiencia y desamparo, de su radical dependencia, pierde aparentemente su
ser religado. "La existencia que se siente desligada es una existencia atea, una
existencia que no ha llegado al fondo de sí misma. La posibilidad del ateísmo
es la posibilidad de sentirse desligado. Y lo que hace posible sentirse desligado
-expresa Zubiri- es la 'suficiencia' de la persona para hacerse a sí misma
oriunda del éxito de sus fuerzas para vivir. El éxito de la vida es el gran
creador del ateísmo. La confianza radical, la entrega a sus propias fuerzas
para ser y la desligación de todo, son un mismo fenómeno. Sólo un espíritu
superior puede conservarse religado en medio del complicado éxito de sus
fuerzas para ser". Muchos siglos antes de que se escribieran estas palabras,
el apóstol San Juan había hablado - y el propio Zubiri lo recuerda- en espléndida frase, de "la soberbia de la vida". Cuando se endiosa a la existencia,
el hombre se desliga de todo y se rebela contra Dios. En realidad, más que
negar a Dios, el ateo afirma que él es Dios. Se trata, en consecuencia, de un
intento de usurpación satánica.

J. Maritain advierte dos contradicciones internas del ateísmo: 1) Proclama
la desaparición necesaria de toda religión, y él mismo es un fenómeno religioso; 2) Comienza como una reivindicación del hombre de llegar a ser el
único dueño de su destino, de quedar libre de cualquier enajenación y heteronomia, totalmente independiente de todo fin último y de toda ley eterna
impuesta por un Dios trascendente; y termina en una sumisión reverente y
postrada al todopoderoso movimiento de la historia, en una especie de sagrado
abandono mediante el cual entrégase el alma humana al ciego dios de la
historia. De un acto de fe al revés, parte el ateísmo absoluto. El punto dr.
partida reside en un acto fundamental de elección moral. El ateísmo tiene
diversas especies. "Hay ateos prácticos, que creen creer en Dios, pero queen realidad niegan su existencia en cada uno de sus actos; adoran al mundo,
el poder y el dinero. Luego hay pseudo ateos, que creen no creer en Dios,
pero que en realidad creen inconscientemente en El, porque el Dios en el que
dicen no creer no es Dios, sino una cosa muy distinta. Hay, en fin, ateos
25

�absolutos, que realmente nieguen la existencia del Dios en el que creen los
creyentes". 10
Siempre que me encuentro con algún indiferente en materia religiosa, confieso que me causa una viva exasperación. Pero no es sólo exasperación, sino
también asombro, dolor, conmiseración. Siempre evade -como si fuera posible evadirlo definitivamente- el problema religioso. Adormecido por el
tráfico diario de sus intereses mundanos, no parece darse cuenta de que cuando
suene su última hora será preciso morir, y encontrarse con la nada o con
la eternidad. Ante este negocio, ¿ qué le importan los demás? Es un negocio
exclusivamente suyo; tan suyo, como si sólo él existiera en el mundo; nadie
morirá por él, nadie se pondrá en su lugar en la otra vida, privándole del
bien o librándole del mal. Y sin embargo su insensatez llega hasta el extremo
de querer olvidar el único problema que verdaderamente conviene tener
siempre presente. "¿Has descubierto por ventura -pregunta Balmes-- el secreto de no morir? Miserable montón de polvo, ¿ olvidas que bien pronto te
dispersará el viento? ¿Débil creatura, cuentas acaso con medios para cambiar
tu destino en esa región que desconoces? La dicha o la desdicha, ¿son para
ti indiferentes?" 11 O religioso o antirreligioso, en esto no cabe otra posiciói:i.
Pobres existencias aquellas que, desligadas en todo, errantes y errabundas,
concluyen su existir encarándose con su íntimo y radical fracaso.
Comprobada la Existencia de Dios y demostrada la sinrazón del ateísmo,
estudiaremos las aspectos del Ser Supremo, los atributos de Dios que se siguen de su existencia.

7.

ASPECTOS DEL SER SUPREMO

Dios no es para el hombre el ente más inteligible, aunque lo sea de suyo
por sí. Por el examen metafísico de lo finito determinamos, hasta dónde es
posible, la naturaleza de Dios. Todas las perfecciones de los seres particulares
están contenidas "virtualmente" en su causa adecuada y total: Dios. Pero
es preciso desterrar todo peligro de antropomorfismo. Hay perfecciones creadas con modos limitados -movimiento, vista, pasión, etc.- que no pueden
encontrarse "formalmente" en Dios. Estas "perfecciones mixtas", como las
llaman los escolásticos, sólo en un sentido metafórico se pueden aplicar a
Dios, quien, como causa adecuada y total, posee "eminentemente", de una
manera infinita, este tipo de perfecciones. En cambio las denominadas "per1º J. MARITAIN, Significado del Ateísmo Contemporáneo, págs. 9-19, Ediciones Desclée,
de Brouwer, Buenos Aires, 1950.
11

BALMEs, El Criterio, cap. XXI, 111, pág. 106, Editorial Sopena, Argentina, 1944.

fecciones simples" -que no implican de suyo un ser limitado--- se aplican
formalmente al Ser Divino, sin sufrir alteración esencial.
Las pruebas de la existencia de Dios nos ofrecen aspectos del Ser Supremo
y están apoyadas en las ideas trascendentales: el ser, lo uno, lo verdadero, el
bien, que se aplican a Dios como perfecciones simples. Sin embargo, estas
perfecciones no son conceptos distintivos y positivos que convengan a Dios de
manera exclusiva. Por eso al concluir las demostraciones de la existencia de
Dios, no sabemos aún lo que Dios es positivamente. Sabemos que se trata de
Algo trascendente, opuesto a lo finito. ¿ Cómo alzarnos del orden de los seres
finitos a su Causa infinita? Eliminando todo modo finito ("vía negativa");
afirmando como de Dios la perfección encontrada en los seres finitos que en
El tienen su causa ("via affirmativa") ; declarando que en Dios esta perfección se encuentra de una manera infinita ("via eminentiae"). Las dos primeras vías se implican y apoyan porque es en las creaturas donde captamos
las perfecciones, pero como negamos todo límite a esas perfecciones, concluímos
en la "vía eminentiae" que resulta de la combinación de la "via negativa" con
la "via affirmativa".
En Dios se dan cita todas las perfecciones, sin mezcla alguna de imperfección, de un modo total. ¿ Qué de extraño tiene entonces que su luz nos
resulte demasiado fuerte para nuestro entendimiento? Dios no es en su Ser
ni causado ni recibido, por tanto es Infinito. Infinitud que por cierto no
admite composición, porque cada perfección estaría limitada como miembro
del conjunto. Por eso afirmamos la simplicidad de Dios, que no es ningún
conjunto de cosas diversas que se unifiquen por algo, sino la unidad simplícima e indivisible de todas las perfecciones. Somos nosotros, por la imperfección de nuestro entendimiento, quienes introducimos la distinción de razón
en las perfecciones divinas, que real y propiamente son idénticas. Nuestra
captación limitada e imperfecta aprehende aspectos de la inmensa y · plena
perfección de Dios. Somos incapaces de aprehenderla con una sola idea y por
ello establecemos distinciones virtuales.
En el orden lógico de nuestro modo de concebir las perfecciones divinas,
la "esencia metafísica" de Dios --el constitutivo formal- se nos presenta
como aseidad o "ser-por-sí". Entidad incausada imposible de limitarse. Razón
de sí mismo. Ser subsistente. He aquí, desde el punto de vista nuestro, el
distintivo primordial de Dios y la razón de las otras perfecciones que se siguen
como consecuencia lógica. Por ser el "ser-por-sí" un ser enteramente inmaterial, han podido llamarle, también, Intelección subsistente, Entender radical.
La definición metafísica de Dios como ser-por-sí, puede expresarse por los
trascendentales para hacerse más explícita. Lo que es, es uno. Luego el
Ser subsistente es uno en su trascendencia y en su condición de absoluto.
Unicidad simple por carencia de relatividad y finitud. Simplicidad de Acto

26
27

�puro. Dios no está "en acto de existir" en la medida de su esencia, sino que
"es" la perfección de ser sin tener esencia. Ser y verdad son convertibles, en
sentido ontológico, porque lo que es, es inteligible. El Verdadero subsistente
-suprema inteligibilidad- es la fuente adecuada de toda verdad. Dios contiene en sí la razón de su actividad, es Acción pura, Bondad subsistente.
Decir que Dios es inmutable no significa, de ningún modo, que sea inmóvil, inactivo; todo lo contrario, es Operación pura. Ser puro sin devenir.
La simplicidad del ser subsistente no admite composición de cuerpo y alma,
cantidad y cualidad, figura exterior y duración. Inútil es tratar de localizar
su inmensidad. Ni término inicial ni término final, sino un es que se conserva
eternamente sin evolución.
La semejanza ontológica entre los seres finitos y el Ser infinito está fundada en la participación de aquéllos en éste. Si los seres finitos se asemejan
entre sí, con un "cierto aire de familia", es porque hay una semejanza fundamental entre cada ser finito y la Causa infinita. La participación fundamenta la analogía. La Causa infinita -analogado principal- posee el atributo analógico de manera eminente y primaria, mientras que los seres finitos -analogados secundarios- lo poseen de modo secundario y derivado.
Trátase de una analogía metafísica de atribución que es preciso no confundir con la analogía en el orden del conocer, donde el analogado principal
es lo finito, puesto que de ahí parten nuestros conceptos. Siendo Dios ser,
le hemos atribuído las propiedades comunes a todos los seres: unidad, verdad,
bondad. Siendo Dios causa, precontiene eminentemente la perfección de sus
efectos, sin ninguna proporción determinada. Al descubrir perfecciones simples se nos revelan las perfecciones formalmente poseídas por el Ser Supremo.
Pero este conocimiento es indirecto -fruto de una inferencia metafísicae incompleto; alcanzado sólo en cuanto causa manifestada en los efectos.

8.

ATRIBUTOS DE

D10s

El concepto de lo inmaterial, en Dios, tiene, a más de un aspecto negativo,
un aspecto positivo: el espíritu. La intimidad de la vida personal, el conocimiento y dominio de sí, el libre y consciente curso de la propia actividad
caracterizan la vida espiritual. Una distancia infinita separa la realidad espiritual del hombre y la de Dios, por más que exista, entre ambas, una analogía proporcional. Si no fuese por el auxilio que nos proporciona la "perfección participada de las creaturas", nunca poseeríamos a Dios por nuestros
medios naturales. En cambio, Dios se posee de un modo directo, simple,
infinito. Su conocimiento es inmediato y exhaustivo. Su perfección absoluta

28

es amada infinitamente por El. Todo ello independientemente de la experiencia y de las cosas.
Todo ente, por participar del valor del ser, es conocido por Dios. Es
preciso alejar definitivamente nuestro modo humano de conocer del modo
divino. Dios no recuerda, ni prevé, ni espera, ni se aleja, ni se acerca, ni
deduce. Su conocimiento está fuera de todo espacio, de todo tiempo, de
todo límite. Es omnisciente y providente a la vez. Alcanza a los seres en una
presencia eterna, creándolos por un Acto único, en un instante absoluto.
Y esta creación o producción total engloba a los seres en su existencia y
en su actividad, en sus principios y en sus consecuencias. Su voluntad crea el
tiempo y lo produce todo. Nosotros, como productos suyos, participamos en
su Ser y en su Operar y somos percibidos por su Inteligencia y por su Voluntad. La presencia divina, que es de una intimidad perfecta, "penetra y
envuelve al ser particular con su benevolencia y con su amor en la unión
más estrecha y más fecunda que pueda concebirse" (Raeymaeker). ¿No
será este resultado el más importante de la ontqlogía? A pesar de sus imperfecciones, el conocimiento metafísico de Dios y de sus atributos es de
una enorme fecundidad en una filosofía como propedéutica de salvación.
La prueba de la existencia de Dios concluye expresando los atributos negativos fundamentales de la Divinidad. Examinémoslos, brevemente, siguiendo,
con cierta libertad, lo apuntado en un curso de Ontología publicado por el
Instituto Superior de Filosofía en Lovaina:
A). Áseidad. Dios es un ser absolutamente incondicionado, independiente,
incausado. En otras palabras, El es de suyo necesario. Nosotros pensamos, a
diferencia de Fernand van Steenberghen, que el distintivo primordial de
Dios y la raíz de las otras perfecciones es la aseidad o ser-por-sí y no la infinitud. Precisamente porque Dios es razón de sí mismo, es imposible de limitarse. En el orden lógico le conocemos primero como entidad incausada,
como ser subsistente, y luego le conocemos como infinito.
B) Infinitud. Lógicamente la infinitud tiene un carácter negativo: ausencia de finitud. Un ser finito puede entrar en relación con otros, oponerse,
limitarse, enriquecerse. El ser Infinito, en cambio, no puede ser limitado por
ningún otro ser, ni puede tampoco recibir aumento de perfección. Dios está
falto de toda falta --como ha expresado un catedrático de la Universidad
de Madrid- por ser actualidad pura, omniperfección.
C). Atributos negativos derivados de los fundamentales expresados anteriormente, lo son:
l. Inmutabilidad. El Infinito es indeterminable, imperfectible e indefectible. Dicho en forma silogística: Todo sujeto que cambia depende de una

29

�causa extrínseca. El infinito es incondicionado e independiente. Luego el
infinito no puede cambiar.
2. Simplicidad. El Infinito excluye toda compos1c10n. He aquí un silogismo: Toda composición en un ser implica la composición constitutiva de
lo finito. Ahora bien, la composición constitutiva de lo finito implica la
finitud. Luego toda composición implica finitud.
3. Unicidad. No puede haber muchos infinitos, puesto que un infinito
opuesto a otro infinito es una contradicción en los términos. Esquemáticamente: Ser muchos es oponerse. El Infinito no se opone a nada. El Infinito
no es muchos, esto es, el Infinito excluye, por su misma naturaleza, toda
posibilidad de otros infinitos verdaderamente distintos de El u opuestos a El.
4. Espiritualidad. El Infinito no es un cuerpo, sino un espíritu. ¿Razones?
Toda composición implica finitud. Es así que el ser extenso o corporal es
compuesto de partes cuantitativas. Luego un ser extenso es un ser finito.
Ontológicamente finito, todo cuerpo es también cuantitativamente finito:
Todo cuanto existe es distinto o determinado. Es así que un cuerpo es distinto o determinado por sus límites espaciales o por su magnitud finita. Luego
todo cuerpo tiene límites espaciales o una magnitud finita.
5. Eternidad. En virtud de su inmutabilidad, el Infinito está totalmente
libre de las condiciones temporales. Presencia inalterable sin comienzo en el
existir, sin evolución, sin cesación en el ser.
Una vez purificada nuestra representación conceptual de Dios con los
atributos negativos, es menester examinar los atributos positivos presupuestos
en las negaciones:

I. Realidad infinita. El Infinito es ser sin restricciones, de modo absoluto,
inmutable, simple.
II. Causalidad infinita u Omnipotencia. El infinito es causa de lo finito,
sin restricción alguna, de manera total, incondicionada, inmutable, simple.
Hablamos de Omnipotencia, porque la causalidad creadora de Dios no es
su propia medida, no está medida por nada.
Implicados en la Realidad infinita, primer atributo positivo fundamental,
encontramos cinco atributos trascendentales: 1). Absoluta distinción o Trascendencia (la causa no finita es distinta de su efecto finito); 2). Indivisión
perfecta (el Ser divino excluye toda composición); 3). Ejemplaridad divina (causa ejemplar adecuada de lo finito que imita deficientemente el modelo trascendente); 4). Inteligibilidad infinita (Verdad subsistente, fuente y
razón última de toda inteligibilidad) ; 5) . Amabilidad infinita (en cuanto

30

absoluto y causa de lo finito, Dios es la razón última de la amabilidad de
todo ser finito) .
Hay cuatro atributos implicados en los efectos de la causalidad divina: 1).
Conciencia infinita; 2). Gozo infinito; 3). Vida perfecta o inmanencia absoluta; 4). Personalidad infinita; y cuatro atributos implicados en la causalidad
divina como tal: 1) . Ciencia infinita; 2). Benevolencia infinita; 3). Libertad
creadora; 4) . Sabiduría infinita. Queden por ahora tan sólo indicados los
atributos de Dios, que la razón humana descubre, no sin advertir que nuestros pobres conceptos son incapaces de encerrar la plenitud del Ser Supremo.
El estudio y la contemplación del universo creado, con todas sus maravillas,
ponen de manifiesto, a su modo, la omnipotencia, la omnisciencia y la infinita bondad de Dios, ensanchando nuestros horizontes, pero induciéndonos
a cultivar la humildad intelectual. Porque después de todo nuestros medios
intelectuales, tratándose de lo ultrasensible, son poco menos que nulos. Dentro de esa limitación y con ese espíritu, cabe considerar la relación que media
entre el Ser Infinito y los seres finitos.

9.

EL SER INFINITO

v

LOS SERES FINITOS

La experiencia me atestigua que hay seres particulares finitos. Ahora bien,
si Dios es el Ser infinito, ¿ cómo conciliar su infinitud de Ser con la existencia
de cosas que puedan ser sin ser Dios?
Lo finito no se puede sumar a lo Infinito para aumentar su perfección.
Los seres finitos particulares son reales exclusivamente por participar en el
valor del Ser infinito. Nada hay en las incomunicables individualidades de
las creaturas que no esté "contenido virtualmente" en el Creador. Nada nuevo
añaden, en materia de perfección, a su causa in-finita. No se trata de que
los seres finitos sean partes o modos del Ser infinito. Se trata de participaciones, esto es, de seres que poseen, de manera "limitada", la perfección que
en la Causa creadora se da de modo "eminente".
Porque participan en la perfección infinitamente activa del Creador, los
seres particulares son activos. Todas las actividades particulares, cada una
con su sello incomunicable, se coordinan, se suman, se subordinan para dar
el resultado total querido por la Fuente del orden real. Esta Fuente trasciende
todo el orden de la causalidad segunda y no se incrementa, en manera alguna,
con las actividades de los agentes particulares, puesto que es la Actividad
suprema y creadora.
Crear otro ser infinito, otro ser divino, que se opondría al Ser infinito, al
Ser divino, es un imposible por absurdo, por contradictorio. En consecuencia,

31

�el Infinito sólo es participable por seres finitos, compuestos, relativos, contingentes. Estos seres finitos se distinguen de Dios por la privaci6n de su Perfecci6n absoluta y se asemejan porque son participaciones análogas y dependientes de su Ser.
Tener plena conciencia de sí mismo equivale a conocerse como creatura.
Gracias a su actividad, la creatura humana participa de la perfecci6n de
su Creador, conoce el orden universal y ejerce en él una causalidad que
imita la perfecci6n infinita del Autor del orden universal. La pluralidad
determinada de las substancias finitas constituye un orden de naturalezas que
se complementan mutuamente. No hay desórdenes esenciales en la creaci6n,
imputables a la Causa primera, porque repugnarían a la benevolencia y sabiduría divinas. Toda substancia creada puede alcanzar su perfecci6n desde
el momento en que el mundo creado proviene de un acto de sabiduría y de
amor. Sería imposible, por ejemplo, que existiese un pez con su natural necesidad de vivir en el agua y que el agua no hubiese sido "prevista" en el plan
divino. Dios no hace absurdos, precisamente por ser Quien es. Las actividades de las substancias finitas son proporcionadas a sus naturalezas. Y las
naturalezas están perfectamente ubicadas en el universo y ambientadas en
su circunstancia.
A las causas segundas les ha sido dado el ser y con el ser la fuente de sus
actividades. El influjo creador permanente sobre las causas segundas, proviene de la daci6n misma del ser con la perfecci6n comunicada. Algo hay
de original en cada ser finito que manifiesta la inconmensurable grandeza
de la potencia divina.
Por raz6n de la similitud ontol6gica que une todos los seres, cuanto existe
como efecto de Dios constituye un único universo estático y dinámico. Este
universo, mediante una determinada evoluci6n, tiende hacia un orden final.
El tiempo pasado no es eterno, como lo crey6 Arist6teles, ni las revoluciones
de los astros se suceden desde siempre, ni una infinidad de días han transcurrido hasta hoy. Femand van Steenberghen nos ofrece razones decisivas: "o
bien se concede que un día cualquiera del pasado está a una distancia finita
de hoy y que, por consiguiente, ninguno está a una distancia infinita, y entonces ocurrirá que el pasado es finito (pues habrá un día, que, aun estando
a una distancia finita de hoy, es el más alejado de todos y por lo mismo el
primer día) ; o bien se afirma que uno o muchos días del pasado están a
una distancia infinita de hoy; mas entonces, ¿ c6mo concebir el tránsito de
los días infinitamente distantes a los días situados a una distancia finita de
nosotros? Es la incoherencia total".12 Aunque "simultáneos", Dios y el mundo
u

FERNAND VAN STEENBEROHEN,

no son "contemporáneos". Mientras el mundo tiene una realidad sucesiva
-deviene-, Dios no puede medirse por el comienzo de la evoluci6n del
universo creado.
Si partimos del hecho de que no hay ninguna realidad que no participe
del Ser absoluto, nuestras acciones libres dependen ontol6gicamente de Dios
y están destinadas a completar su obra. Porque nuestra libertad participa realmente en la soberana libertad de Dios, se puede afirmar que la relaci6n de
dependencia de la creatura respecto a su Creador no suprime la libertad
creatural. Lo que sucede es que no puede aplicarse, en este caso, el modelo
de la causalidad instrumental. Lo que Dios eficientemente hace es que la
causa segunda haga, entre en acción como voluntad finita libre, promovida
por El. Aunque nos resulte un misterio la forma concreta según la cual Dios
pueda hacer que la voluntad creada quiera libremente, es lo cierto que ambos
extremos -Supremacía de la Causa Primera y libertad del hombre- son
igualmente verdaderos. Dada la imperfecci6n de nuestro entendimiento no
podemos penetrar en el modo según el cual la Causa Pirmera mueve ~ la
causa voluntaria. Siempre que entramos en los confines de la divinidad avanzamos casi ciegos y como tanteando entre sombras.
¿ Hasta d6nde podemos llegar en el análisis del hecho religioso, con las
solas luces de la razón natural? El próximo capítulo está dedicado a trazar
en apretado resumen, los problemas y los temas fundamentales de la Filosofí~
de la Religión.

Ontologla, pág. 278, Biblioteca Hispánica de Filo-

sofía, Editorial Gredos.

32

33
H3

�SOBRE EL MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN Y DE LA
INTERPRETACióN HISTÓRICA

Por el PROF. WoNFILio TREJO
Universidad de Nuevo León

l. EL MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA tropieza el conocimiento con dificultades de
orden muy diverso a las que afronta en otros dominios del saber. Y es que,
en lo que se refiere a la historia, uno es el objetivo y otro el método que se
pone en marcha a los fines que ésta se propone. Muchos teóricos de la historia discuten cuál sea este objetivo y cuál el método que aquí procede; las
soluciones, por cierto, son muy diversas y no vamos a detenernos en su examen.
Trataremos, sin embargo, de deslindar estas cuestiones partiendo de la afirmación de que el objetivo y el método de la investigación histórica son inseparables. A tal efecto, tratemos de responder sucintamente a estas tres cuestiones: ¿DE QUÉ se ocupa la historia? ¿QUÉ SE PROPONE el conocimiento
histórico? ¿ Cuál es el PROCEDIMIENTO que pone en práctica para lograr
su propósito?
La primera cuestión pregunta por el asunto de la historia, por su objeto.
Los historiadores lo saben y el teórico de la historia lo admite: aquello de
que se ocupa la historia es el hombre; más precisamente, de lo que el hombre ha pensado y actuado. Se entiende que lo que se trata de decir es que
la historia convierte en objeto suyo todo aquel fenómeno que DENUNCIE
la presencia del pensamiento, del sentimiento y de la acción humanos en
cuanto entrañan algún propósito. No quiere decir esto, sin embargo, que todo
fenómeno humano que "actualmente" observamos es asunto de la historia.
Por eso hemos utilizado anteriormente el tiempo pasado; lo que el hombre
"ha pensado, actuado". Habría que añadir: el asunto de que se ocupa la
historia es todo aquel proceso humano ocurrido en el pasado. En realidad la
llamada "historia contemporánea" es la historia de lo que "recién ha pasado".

35

�En realidad también que es muy discutible la idea sostenida por algunos
teóricos de la historia en el sentido de que sólo los hechos humanos "significativos", que tienen una eficacia para el hombre, caen dentro del interés
del historiador. Dependiendo siempre de lo que en un momento es significativo y eficaz para el hombre, todo fenómeno humano ocurrido PUEDE
ser objeto de la historia. Aun cuando la afirmación anterior que hace del
"pasado humano" el objeto de la historia suscite una serie de cuestiones sobre
el "tiempo histórico", que ahora no tocaré, sigue siendo cierto que la historia mira hacia el pasado y que el historiador, desde su propia situación,
hacia allá endereza su búsqueda.
Sólo que el historiador, al dirigir su mirada hacia el pasado, no se encuentra
de frente con el rostro de los acontecimientos al modo como el físico (no
digo en la microfísica) se encuentra con un cuerpo cuyo comportamiento
observa. El historiador trabaja con procesos hasta cierto punto inasequibles
directamente, por el hecho mismo de haber ocurrido en el pasado. A nadie
le es dado percibir "ya" directamente, por ejemplo, la toma de la Bastilla.
Por lo tanto, al historiador le es imposible comprobar por sí mismo y de
manera inmediata los acontecimientos que estudia. El conocimiento histórico, POR PRINCIPIO, es necesariamente INDIRECTO. Esto quiere decir
tanto como que el principal rasgo del conocimiento histórico consiste en ser
un conocimiento por huellas o por "testimonios", es decir, que necesariamente, la historia, para conseguir el fin de su indagación, ha de partir de
la marca que han dejado los sucesos ocurridos, marca que en todo caso sí
puede caer bajo el dominio de la observación directa. La historia, señala
Collingwood, "es una ciencia a la que compete estudiar acontecimientos inaccesibles a nuestra observación, y estudiarlos inferencialmente abriéndonos paso
hasta ellos a partir de algo accesible a nuestra observación y que el historiador llama 'testimonio histórico' de los acontecimientos que le interesan" .1
Con esta caracterización del conocimiento histórico estamos en condiciones
de alcanzar una respuesta a la segunda cuestión que antes hemos planteado,
a saber, cuál sea el objetivo, el propósito, de este conocimiento.
Si la historia procede a partir de testimonios observables para poder llegar
a hacer presa en el hecho mismo inobservable que ha dejado aquel rastro,
esto indica que el fenómeno histórico posee una doble dimensión, un aspecto
exterior (el testimonio) y un aspecto interior ( el pensamiento, la acción, etc.,
mismos que se buscan). Ciertamente, el interior mismo que busca el historiador en la huella que le es manifiesta es aquello que el hombre quiso expresar, lo que el hombre pensó y se propuso realizar y que el testimonio
denuncia. Detrás de las características sensibles de las herramientas, de las
' R. C. CoLLINOWOOD, Idea de la Historia, pág. 289, F.C.E. México, 1952.

36

máquinas, detrás de los documentos y de las instituciones, la historia trata
de captar al hombre.
Considerada así la cuestión, se puede entonces responder: el objetivo el
propósito, de la historia es llegar a RE-CONSTRUIR, en lo posible, aqu~llo
que en el pasado un hombre o un grupo de hombres pensó o pensaba al
realizar una acción determinada. La meta del historiador se fija en re-crear,
h~sta donde es posible, todos aquellos proyectos que estaban en el espíritu del
sujeto que se propone investigar a partir del testimonio con que cuenta. Los
testimonios directos de que puede disponer el historiador oscilan entre las
má~ va:iadas formas, según el hecho en cuestión: un documento, páginas de
algun libro, una herramienta, una vacija, etc.
Hasta aquí ~odo parece caminar sin mayor dificultad: la historia se propone reconstrmr el pasado humano, el cual, no pudiendo ser directamente
º?servable, tien~ que reconstruirse a partir de los testimonios de que inmediatamente se dispone. Empero, con lo anterior se cruza un nuevo problema:
no todo testimonio es un testimonio AUTENTICO, no toda huella testimonial envía de modo legítimo al objetivo que el historiador se traza respecto
al suceso en que está interesado. La narración sobre algún acontecimiento
pu:de se: ~r~ónea, porque el escritor esté mal informado, porque haya escrito
ba10 pre1mc10s personales o francamente haya intentado faltar a la verdad
de los hechos; los documentos y demás materiales que sirven de rastro al
historiador pueden haber sido falsificados. Todo esto pone al descubierto
una circunstancia de fundamental importancia: el historiador no parte no
ha de partir, del testimonio como si en él estuviese preestablecida la ve;dad
de !ºs h~chos que estudia. Todo hecho histórico ha de probarse por medio de
testimonios, pero no todo testimonio es una prueba de aquel hecho. El testimonio mismo ha de ser sometido a una prueba examinadora, a una "crítica"
escrupulosa. Así alcanzamos o tocamos la última cuestión que al principio
nos planteábamos: ¿qué procedimiento pone en práctica la historia para
abrirse paso de modo LEGITIMO hasta su meta y al través de los testimonios históricos?
Para hacerse un camino hacia la reconstrucción del pasado humano que
valga como auténtico, el historiador se sirve de lo que con toda precisión
~ llama el "método de la crítica histórica", esto es, el procedimiento mediante el cual se calibra, en primer lugar, la verdad del testimonio y, en segundo lugar, se pasa a interpretarlo en su contenido "interior". El método
posee, según esto, dos fases claramente separables; en la primera se trata solamente de probar el "hecho" en su autenticidad y consiste en la "crítica exte:ior" del testimonio; en la segunda fase se trata de "interpretar" el pensa~men_to ,~el autor, del sujeto, a base del testimonio, y consiste en la "crítica
mtenor de este testimonio.

37

�De esta suerte, en la primera fase del método el historiador procede a e~tablecer la verdad de los acontecimientos, la autenticidad de los testimomos.
Guía de este trabajo pueden ser los siguientes supuestos: 2
A). El mundo histórico constituye un todo coherente y continuo.
B). Entre los testimonios de una época histórica prevalece una relativa
semejanza.
Bajo el supuesto "A" el historiador concibe los hechos como un conjunto
en el cual los fenómenos parciales se relacionan unos con otros de manera
no contradictoria, sino acorde. Las costumbres y creencias, la técnica, los conocimientos, el lenguaje, las normas y los intereses de una époc~, se e~tre:a~an
dentro de una sociedad para constituir una unidad, una totalidad smcromca
y una serie cronológicamente continua, lo cual se anuncia en los testimonios.
Cada fenómeno humano del cual se tiene testimonio es una malla en la que
se interpenetran los intereses, las tendencias y los conocimientos de una él?°ca
histórica. Que esto es así, y que a base de esta imagen coherente y continua
de los fenómenos históricos puede descubrirse el fraude de los testimonios,
es cosa que se pone de manifiesto mediante un trabajo de COMPARACION
0 confrontación de unos testimonios con otros, relacionando el testimonio
que se investiga con otros testimonios vecinos en el tiempo y en el espacio;
se comparan fechas, materiales, estilos, etc. En este momento es cuando se
impone el momento o el supuesto "B" de la primera fase de~ mé:odo ~ que
aludimos: el supuesto de la relativa semejanza entre los testimonios. Si una
herramienta, por ejemplo, que se cree es paleolítica, exhibe técnicas y procedimientos de fabricación que se sabe son muy posteriores, o si un documento,
pongo por caso, una carta de donación del siglo XII, aparece escrita sobre
papel, siendo así que todos los originales de esa época que_ ~e h~n enc~~tr~do
son de pergamino y, además, el texto revela en su redacc1on giros est1hst1cos
extraños a esa misma época, entonces puede inferirse con mucha probabilidad
que la herramienta de marras y el documento son falsos: ni presentan características coherentes con las costumbres y técnicas de la época a que se cree
pertenecen, ni, por tanto, pueden insertarse en una serie cronológicamente
continua y en un conjunto sincrónico de acontecimientos.
Para que el testimonio se reconozca como auténtico, pues, ha de encontrarse en él alguna similitud con los testimonios contemporáneos. En esto radicaría la crítica exterior del testimonio, pues se trata de alcanzar aquí su
autenticidad comparándolo con otros testimonios cercanos cronológica y topológicamente. Pero con ello no se agota la tarea de la investigación histórica
• Cf. MARC BLOCH, Introducci6n a la Historia, cap. 111, No. 3, págs. 87ss. Breviario, F.C.E. México, 1957, Segunda edición.

38

y esto sólo constituye su comienzo. El método necesita avanzar hacia su segunda fase, hacia la crítica interior o "interpretación" del testimonio.
Una vez que se ha identificado el testimonio como legítimo hay que desentrañar lo que el hombre pensó, el propósito que tenía en mente al realizar la
obra en cyestión. La segunda fase consiste, pues, en penetrar, en buscar
acceso al "interior" del testimonio. Para ello se requiere ahora de un trabajo
de "interpretación" a fin de aprehender lo que el sujeto humano se propuso.
Con este fin el historiador sigue regularmente estos cuatro pasos en su fase
de interpretación: s
A). El testimonio ha de ser interpretado por el historiador, por lo pronto,
como expresión de un propósito que aún se desconoce ( es el momento
puramente barruntador del "trabajo subterráneo" del historiador en
que pensaban, por ejemplo, Niebuhr y Ranke) .
B). Después ha de interpretarlo como expresión de un propósito o proyecto
DETERMINADO, con lo cual se precisa su SENTIDO.
C). Una vez fijado y determinado aquel propósito, y con ello su sentido,
ha de inferirse de aquí el FIN que se propuso el autor, es decir, de
"lo que" expresó o quiso expresar se infiere lo que pretendía.
D). Finalmente, el historiador ha de inferir de aquel sentido y de este fin
el "por qué" de aquel hecho cuyo testimonio está interpretando, o sea,
las circunstancias que llevaron al autor a expresarse de aquella manera.
Los cuatro pasos no hacen más que señalar un proceso de esclarecimiento
que se inicia en un momento de completa indeterminación. De ello habla
Cassirer al exponer el pensamiento histórico de Niebuhr. "Niebuhr compara
al historiador con una persona encerrada en un cuarto oscuro y cuyos ojos
van acostumbrándose poco a poco a la oscuridad hasta poder distinguir en
ella objetos que no sólo no vería, sino que reputaría incluso invisibles quien
de pronto entrara en la misma habitación"!
En suma. El método histórico se propone reconstruir el pasado del hombre, lo que éste pensó y realizó; su punto de partida está en los testimonios,
a fuerza de no poder constatar directamente los sucesos; su conclusión la constituye la adecuada fijación de aquellos propósitos que el hombre tuvo en
un momento y lugar precisos. Pero para ello es menester un complicado proceso de crítica externa, de comparación, a fin de establecer la autenticidad
de los testimonios, y un proceso no mehos difícil de interpretación a fin de
• Cf. FÉLIX KAUFMANN, Metodologla de las Ciencias Sociales, Segunda parte, No. 2,
pág. 211, F.C.E. México, 1946.
• E. CAssrRER, El Problema del Conocimiento, de la Muerte de Hegel a Nuestros
dlas, Libro tercero, capítulo 11. F.C.E. México, 1963, pág. 279.

39

�captar en pureza aquellos propósitos humanos tras de los cuales se encamina
la búsqueda histórica. El método de la interpretación histórica, sin embargo,
adopta otras veces una forma específica cuando se ocupa en exclusividad de
la crítica e interpretación de "documentos" escritos. En este último caso se
entiende y designa al método como "método hermenéutico". Se trata ahora
de caracterizar esta forma peculiar que adopta la segunda fase del método
histórico a que hemos hecho referencia.

2. EL

MÉTODO HERMENÉUTICO

Interpretación se dice en griego leµr¡veta, hermeneia. El método hermenéutico es el procedimiento "técnico" por medio del cual se logra conocer,
interpretándolo según ciertas reglas que luego señalaremos, el pensamiento
contenido en aquellos testimonios materiales conocidos como "documentos".
Algunos autores (W. Dilthey y Ch. Seignobos enti:e otros) consideran que
este método descansa exclusivamente en la técnica de la interpretación de
testimonios escritos. Tal como quedó establecido, el conocimiento de los sucesos humanos por medio de testimonios es esencialmente "indirecto". Entre el
hecho que se trata de captar y el investigador que hace las veces de intérprete, el testimonio opera como un intermediario al través del cual hay que
penetrar a fin de desentrañar el pensamiento que en él se encuentra encamado.
En el caso particular de un testimonio escrito los "intermediarios" se vuelven más numerosos y más complicados en virtud de que el documento escrito
en algún idioma determinado puede contener no sólo equívocos ortográficos
que se presten a una torcida interpretación, sino incluso palabras o frases
que, o bien pueden haber sido utilizadas con una significación literal o directa, o bien con alguna otra significación dada por el autor del documento.
Estas y otras dificultades con que puede encontrarse el investigador al estudiar un documento obligan a tomar precauciones críticas relacionadas con
el lenguaje y constituyen una de las razones por las que el arte de la interpretación se enlaza íntimamente con la "crítica filológica", sin la cual no
sería posible aprehender la comunicación del documento.
La interpretación de un documento debería tomar en cuenta por lo menos
las siguientes reglas: 5

2. Debe conocerse el significado "literal" de las palabras o frases que contiene el documento. Si las palabras o frases aparecen en varios pasajes
del documento, es necesario reunir y comparar éstas, de tal forma que
por el contexto en que aparecen pueda ponerse de manifiesto el sentido
literal con que han sido utilizadas.
3. Como el idioma no es un sistema de símbolos invariables, ya que cambia
no sólo con las épocas y los lugares, sino que, incluso, en un mismo
autor pueden variar los significados de las palabras, es preciso que el
intérprete conozca el uso del lenguaje propio del autor del documento.
4. No basta con interpretar el sentido literal de las palabras usadas por el
autor del documento. En algunas ocasiones es necesario saber además
si el autor ha empleado en aquel sentido las palabras o les ha' dado un'
sentido indirecto, metafórico, alegórico o hiperbólico, etc. Se podrán
comparar aquellos pasajes en que el sentido de las palabras es directo
con aquellos en que se desvía de este sentido; se puede dar cuenta así
el intérprete de que una palabra está tomada en sentido indirecto en
un contexto cuando el sentido literal aparece ahí mismo como absurdo
o contradictorio.
El trabajo de interpretación termina cuando el intérprete logra saber por
el documento cuál era la concepción del autor, qué fin se proponía éste, qué
valor tenía para él aquel propósito y por qué se expresó de aquella manera.
Nos puede servir como ilustración la interpretación que hace Werner Jaeger
del concepto de "sustancia" en la Metafísica de Aristóteles.
Lo de menos es que la palabra griega ovata, v~ta quiere decir sustancia.
Literalmente, en el lenguaje común de los griegos, ovata significa "'aquello
que se posee", los bienes o pertenencias de que se puede disponer. Sólo más
tarde, sobre la base de ese sentido primario, la palabra aludida vino a significar
"el sujeto que posee cualidades accidentales y que, como tal, representa el
soporte de las mismas". Pero el sentido de esta palabra no sólo ha cambiado
con las épocas y los lugares sino que incluso en un mismo filósofo, como en
el caso de Aristóteles, puede adquirir diferentes significados.

l. El requisito elemental del intérprete es que deba conocer el idioma en
que está escrito el documento.

Según Jaeger,6 Aristóteles debió haber pasado por un período platónico
antes de llegar a expresar su concepción metafísica definitiva. Durante un
primer período Aristóteles habría escrito los libros A, B, M, K y ..d de su
Metafísica, tal como ahora la conocemos. Ahora bien, un estudio comparado
de los textos de estos libros en que se alude al concepto de ''sustancia" lleva
a pensar que Aristóteles consideró primeramente como objeto de la Meta-

• Cf. CH. SE!GNOBos, El Método Hist6rico Aplicado a las Ciencias Sociales, Daniel
Jorro Editor. Madrid, 1926, cap. IV, págs. 52ss.

• W. ]AEGER, Aristóteles, Bases para la Evolución de su Pensamiento, F.C.E. México,
1946, caps. VII-VIII, págs. 194ss.

40

41

�física una sustancia de naturaleza SUPRASENSIBLE: "pues nosotros parece
que buscamos OTRO GENERO DE SUS:~NCIA, y est~ es nuestro problema, 0 sea, ver si hay algo que pueda existir aparte por _si y no pe:~e_nez~a
a ninguna cosa sensible".7 Aristóteles piensa aquí, como obJe~o d,e _la c1enc1a
buscada" en una sustancia platónica, universal, abstracta, mmov1l: en una
"idea". Ésto traía sus dificultades. Si el objeto de la metafísica ~s algo suprasensible, aparte de las sustancias sensibles, ent~nces éstas no ,tienen nada
que ver con la metafísica· de estas sustancias sensibles se ocupana solamente
la ciencia de la naturalez~, la Física. Pero en este caso surgía un problema
difícil de resolver: ¿ cómo podrían DERIVARSE las cosas particulares ( sustancias sensibles) de la sustancia suprasensible si ésta no existe REAL~ENT~?
Ante esta dificultad Aristóteles se encamina hacia una nueva soluc10n, hacia
un nuevo concepto de sustancia en el cual concilia la id:a u~iversal, suprasensible (FORMA) con las cosas particulares. La su_stanc1a vi:ne a ser concebida ahora como lo universal, la forma EN lo particular sensible.
Según Jaeger la aparición de este nuevo concepto de sustancia marca el
comienzo de un segundo período en el desarrollo intelectual de Aristóteles.
Un segundo período que coincide con la redacción de l~s li~ros Z, H,
consaarados preferentemente a estudiar la idea de sustancia, libros que Anstótele; debió incorporar a los anteriores a fin de resolver el probl~ma que
suscitaba la postulación de una sustancia aparte de las cos~s sensibles: En
estos últimos libros (Z, H, 0), se concede a las particulandad~~ sensibles,
a la materia (antes asunto exclusivo de la Física) un pape~ dec1S1vo dentro
del concepto de sustancia metafísica. De este mo~? so~rev_iene e_l :oncepto
de sustancia como "forma inmanente'' de lo real: y asi, dice Anstoteles, .el
reducir todas las cosas de tal manera a FORMAS, eliminando la maten~,
es un trabajo inútil; pues algunas cosas. so~ ciertamente ~n~ fom:1ª particular EN una materia particular". 8 La fmahdad de estos ultimos libros era
llamar la atención frente a Platón, sobre la importancia de la materia para
'
,
nuestra concepción de la esencia, de la sustancia. Se ve, pues, como. ~n estas
dos etapas del desarrollo intelectual de Aristóteles se pone de mamfiesto el
cambio de sentido que se da a una palabra como la de "sustancia". Cuan~o
se aplica este criterio evolutivo a la "crítica filológica" de las obras d: Anstóteles, dice Jaeger, resulta "absolutamente imposibl: explicar el pec~~~r estado en que se encuentran los _escritos conse1:7ados sm hacer 1~,s~r~sic10n de
que contienen las huellas de diferentes estadios de una evoluc1on .

f:!,

Metafísica, K2, 1060, 7-13.
Metafísica, Zl 1, 1036, 22.
Aristóteles. .. , pág. 15.

' ARISTÓTELES,
• ARISTÓTELES,

• W.

42

]AEGER,

3.

DILTHEY Y EL HISTORICISMO

El método hermenéutico, se dejó establecido, representa el instrumento por
excelencia del conocimiento histórico-social, y las ciencias particulares que
se refieren a los fenómenos humanos lo vienen utilizando desde hace siglos
con reiterado perfeccionamiento. Pero fue durante la segunda mitad del siglo
XIX cuando Guillermo Dilthey ( 1833-1911) lo elevó a la categoría de un
método filosófico.
Dilthey se propuso encontrar los fundamentos del conocimiento representado por las ciencias que estudian los fenómenos humanos, tales como la
economía, el derecho, la lingüística, la historia, etc., a todas las cuales denominó Dilthey "ciencias del espíritu". Consideró misión de la filosofía responder a la pregunta por la posibilidad de un conocimiento universal y necesariamente válido en el campo de las ciencias del espíritu. Esta era la tarea
que tenía que resolver una "Crítica de la Razón Histórica".
El problema así planteado por Dilthey adquiere sus características propias
por el hecho de que todos los fenómenos que estudian aquellas ciencias (por
oposición a las ciencias naturales) no son más que "manifestaciones sensibles
de la vida espiritual". Un código, una disposición legal de tipo económico,
una obra de arte, un documento histórico, son expresiones espirituales contenidas en materiales sensibles; constituyen el mundo del "espíritu objetivo".
La cuestión, pues, de cómo sea posible el conocimiento dentro del dominio
científico-espiritual viene a decir, según Dilthey, así: ¿ cómo es posible captar
de manera segura la vida espiritual a partir de las manifestaciones sensibles
en que se encuentra contenida?
Yo sólo puedo captar la vida espiritual de otras personas, partiendo de
sus manifestaciones, si previamente he experimentado en mí mismo los estados psicológicos similares; puedo captar en aquellas manifestaciones sensibles un sentimiento de alegría o de tristeza, o un ideal de la voluntad, porque yo mismo sé de esos sentimientos y esos ideales por propia experiencia.
Porque sé en mi propia experiencia vital de esos fenómenos espirituales es
por lo que puedo reconocerlos en aquellas expresiones con que me encuentro,
lo cual supone que haya "transferido'' mis propios estados de conciencia al
objeto de mi captación y, mediante esta transferencia, alcanzado a "re-vivir"
los estados de conciencia por los que pasó el autor de la obra que constituye
el objeto de mi captación. Yo, en suma, a base de mi propia experiencia
vital, al leer un poema, al recorrer las cartas de un personaje histórico, vuelvo
a vivir en carne propia el gozo, el sufrimiento, los ideales y las acciones de
los personajes. Sólo cuando sobre la base de mi "vivencia", de aquella "transferencia'' y esta "re-vivencia", alcanzo a colocarme en el curso. de vida de
43

�otras personas, partiendo de sus manifestaciones sensibles, sólo entonces puedo
decir que he captado, que he COMPRENDIDO a esas personas o que he
penetrado desde sus expresiones exteriores hasta la interioridad espiritual que
las ha producido.
Todas las ciencias del espíritu tienen que habérselas con este procedimiento
comprensivo. Comprender, según esto, es el proceso por el cual, partiendo
de signos que se nos dan por fuera sensiblemente, conocemos una interioridad. Pero cuando los signos que se nos dan por fuera son signos escritos
que se han fijado permanentemente bajo la forma de un documento, entonces
el proceso comprensivo será posible si a sus propósitos se enlaza la técnica
hermenéutica; ya vimos cómo esta técnica de la interpretación desemboca
ahí donde el intérprete alcanza a fijar la concepción, el fin propuesto, el valor
de este fin y las razones que tuvo el autor para expresarse de aquella manera.
Dilthey sabía que estos eran los designios de toda auténtica interpretación
comprensiva. Pero acabó por plantearse el problema de si una vez que el
conocimiento científico-espiritual había logrado fijar la concepción, el fin y
el valor encerrados en aquellas manifestaciones de vida, podía considerarse
este conocimiento como un conocimiento de validez "necesaria y universal",
válido para todo tiempo y lugar. A esto respondió negativamente: no hay
concepciones, valores y fines, que valgan en forma "absoluta" para todas las
épocas y lugares. Los hombres se expresan según concepciones, valores y fines, condicionados por la época y el lugar en que les toca vivir. Todo fin,
todo valor, es RELATIVO a las circunstancias históricas. "La historia misma,
dice Dilthey, es la fuerza productiva que engendra las determinaciones de
valor, los ideales, los fines con que se mide el significado de hombres y de
acontecimientos". 1 º En estas circunstancias, todo conocimiento humano posible de esos hombres y acontecimientos está sellado, según Dilthey, con la
marca de la historicidad, de la relatividad, de la finitud; pues en la historia
todo pasa y nada permanece. Este es el rasgo fundamental del historicismo

necesario. Toda manifestación humana es histórica y relativa, menos la vida
de donde toda manifestación dimana. "La última palabra del espíritu no es
la relatividad de toda concepción del mundo, sino la soberanía del espíritu
frente a cada una de ellas". 11

diltheyano.
Empero, si fuera posible a la filosofía superar este relativismo de todo saber
humano a que conduce "la conciencia histórica" de toda manifestación humana, esta superación habría que buscarla en la VIDA misma, en el espíritu
mismo de donde proviene toda manifestación. Y, de hecho, Dilthey mismo
encontró en la "vida" el fundamento último, universal y necesario, de toda
relatividad histórica. Porque si toda concepción, todo valor y todo fin, son
relativos a las circunstancias espacio-temporales, todos, sin embargo, proceden
de la vida espiritual a la cual se remiten corno al único sostén absoluto y

'º
44

W.

DILTHEY,

Mundo Histórico. F.C.E. México, 1944, pág. 317.

u W. DILTHEY,

Teoría de la Concepción del Mundo. F.C.E. México, 1945, pág. 241.

45

�DERECHO A LA EDUCACIÓN Y AL SABER

DR.

MICHELE FEDERICO

ScIAcCA

Universidad de Génova

ESCUELA OBLIGATORIA GRATUITA, como ya existe en algunos países, becas para
los estudiantes universitarios, uso de la radio, televisión y cine para enseñar
a todos, en cualquier lugar, de manera que todos se capaciten por medio
del trabajo formativo de la persona para ser socialmente útil: todo para aprovechar y para promover. Pero el problema, nada fácil y muy complejo, requiere aclaraciones y precisiones, aunque la improvisación y la prisa difícilmente son buenas compañeras para las soluciones adecuadas.

•
Platón, en la República, no se ocupa de la educación y de la instrucción
de la masa o de las clases no dirigentes; pero, aparte de los límites intrínsecos
de la concepción griega del hombre y de la vida social, no niega a nadie el derecho al saber. En efecto, su "aristocrática" concepción político-social de
"aristocracia" -sin embargo, aristocracia no es la antítesis o la negación de
la verdadera democracia- admite explícitamente que el que pertenece a
una clase inferior, si está dotado de las aptitudes necesarias, puede ascender
a "dirigente del Estado", mientras que uno no dotado de la clase superior
debe bajar a la de los "hombres de hierro".
Así que el derecho al saber, propio de cada hombre en cuanto tal, no
debe considerarse en abstracto, sino en cada individuo en concreto. Como derecho no tiene límites: derecho del hombre no es el privilegio de algunos
a una concepción del Estado; pero, concretamente, tiene como límites totales
las capacidades, aptitudes y la buena voluntad de cada hombre, y se va ejerciendo proporcionalmente a ellos.
Platón no excluye a priori a esta o a aquella clase social al derecho al
saber o a su ejercicio, más bien ordena formar a las clases inferiores, pres-

47

�cindiendo de las condiciones sociales de cuantos no tengan aptitudes Y capacidades para adquirir un grado superior de saber. En otros térmi~os, aparte
de lo que ya está superado en la concepción social platónica y gnega, po~emos decir que, reconocido a todos el derecho al saber, los grados de su eJercicio están delimitados por la capacidad y la aptitud de cada uno; por lo
tanto las formas más elevadas del saber siempre son patrimonio de una
élite 'no en el sentido de privilegio de una determinada clase social, casi por
der:cho de nacimiento, sino en otro, en el que son propias de aquellos hombres que tienen capacidad de elevarse.
Por lo tanto si derecho al saber es el derecho de cada hombre a formar la
propia person;1idad integral, una democracia que quiera garantizar ese derecho no es aquella que corrompe o abroga las formas "aristocráticas" de la
vida intelectual, individual y social, sino la que, descendiendo has~a . ellas,
se hace "aristocrática", y hace que cada hombre, dentro de sus limites y
cualesquiera que sean sus mansiones, por más humilde que sea, hace que sea
"aristocrática" por lo que es en sí y por lo que puede ser. De tal manera
que el concepto de élite se gradúa según el grado de calificación que ca~a
uno logra darse a sí mismo, hasta el más alto, que expresa los valores mas
elevados, que no son únicamente los intelectuales o los de cultura, en sentido estricto.

•
De todo lo dicho, se deduce que el derecho al saber y a la escuela, para q~e
sea válido, comporta el deber de aprender: quien falta a este deber, renuncia
por sí mismo a dicho deber o, por lo menos, a aquella fo:ona del saber que
no quiere aprender; es decir, el ejercicio del derecho al saber no puede
ser separado, para que sea derecho de derecho, del correspondiente deber de
aprender y de todo lo que implica su cumplimient_o: ~) respeto por el saber
que se quiere aprender, cualquiera que sea; b) obligación de aprender, por el
hecho de que la mejor manera de respetar una forma de saber es la de empeñarse en su conocimiento; c) amor, es decir, con una palabra injustamente
maltratada, "diligencia", que implica respeto y obligación, humildad y modestia, también "inteligencia", porque la "diligencia" que es amor, es penetrativa, no en el sentido de "posesión" del saber, sino de "regalo" diligente
y humilde ante ella, para que se adueñe de nosotros y nos obligue por completo a ella y a dichas "respuestas". Nuestras obras; que cada saber, como
expresión de valor, tiene el derecho de esperarse de nosotros, que tenemos
el "deber", la "deuda" de darle; d) desinterés como disposición fundamental,
que, en definitiva, es interés desinteresado por el saber en cuanto tal, que
48

no significa esterilidad práctica, sino rechazo de reducirlo a sólo valor instrumental, a medio para fines pragmáticos que, por lo demás, no están excluídos del concepto mismo del saber desinteresado, ni lo contradicen. Además,
el derecho al saber, unido en una relación de contenido recíproco al deber
que de él se deriva, para que se ejercite el derecho, obliga a un examen de
conciencia, a una valoración de sí mismo, de las aptitudes personales propias, posibilidades y capacidades, es decir, al conocimiento de las propias limitaciones. Yo no debo preguntarme ni exigir el derecho al saber, qué es lo
que me será útil o beneficioso aprender, sino lo que soy capaz de aprender,
qué forma de saber corresponde a mis inclinaciones y capacidades; honestidad,
necesaria para que mi derecho a la escuela ser "honesto"; responsabilidad
consciente y moralidad fundamental, "sabiduría" primaria elemental para
exigir honradamente que se respete nuestro derecho al saber y se garantice
su sacrosanto derecho y ejercicio. Por lo tanto, este derecho envuelve un
momento de "interioridad", conciencia de lo que somos y podemos ser, amor
por el saber que nos conviene, obligación de progresar, propósito firme, honesto .y consciente para formarse cada uno libremente la personalidad que
le sea propia bajo la dirección del que está a cargo de su educación y con
la ayuda de aquellas investigaciones que se juzguen idóneas.
Estas reflexiones tienden a precisar y a afianzar dos conceptos que, en
definitiva, son dos aspectos que implican uno solo: a) el derecho a la escuela, que no es privilegio de una clase y de determinadas personas; b) pero
no es necesario transformarlo, abusando de él y por lo mismo negándolo,
en el privilegio para ejercerlo sin las buenas disposiciones para aprender o en
el uso arbitrario para nuestros fines individuales y como tales contrarios a
la formación de nuestra verdadera personalidad. En tal caso, no pedimos
ejercer libremente un derecho, sino que alegamos arbitrariamente como verdaderos "invasores" (es invasor quien ocupa un campo ajeno) ser ignorantes
con la pretensión de atribuirse funciones de dueño como que están en una
"wna de valores" extraños e inalcanzables. Daño individual: deformación
de la personalidad, que no se forma según lo que pudiera ser y se disfraza,
como un ladrón, con ropas que no le convienen; y daño social: uso estéril
y "antiproductivo" del dinero público con consecuencias antisociales, las del
fracasado, del "fuera de lugar" como es el que intenta ocupar u ocupa un
lugar que no le pertenece. Hace mal lo que hace por falta de capacidad y
no hace lo que hubiera podido hacer según sus propias aptitudes y posibilidades. En consecuencia, el derecho a la escuela, ejercitado según los deberes que implica, crea un equilibrio ordenado y orden justo en las personas
y en la sociedad; pero usado arbitrariamente, genera desorden personal y
social, desequilibrios peligrosos y problemas insolubles, aunque arreglados
provisionalmente por políticos con compromisos equívocos. En un punto de-

49
H.S

�terminado, por el uso arbitrario y bajo presiones dictatoriales o demagógicas,
el derecho a la escuela se transforma en un arma poderosa para afirmarlo
o no-saber con la pretensión de hacerlo valer en la carrera a los mejores lugares o las mejorías, que ya no es una legítima conquista. Naturalmente el
uso ilegítimo de un derecho legítimo no autoriza a nadie a servirse de este
motivo para abrogarlo o negarlo, más bien debería obligar a todos a corregir lo arbitrario, para que se restablezca, garantice y afirme como un derecho.
Pero este aspecto de nuestro problema se debe profundizar y aclarar lo más
claramente posible.

•
La democracia moderna, en su evolución, tiene el mérito de haber reivindicado el derecho de todos a la escuela y la escuela para todos, pero no
se olvide que ella (como toda forma, no sólo política, de progreso humano)
es obra de la "aristocracia", es decir, de los mejores: la revolución francesa
lo es de los "aristócratas" de la cultura del tiempo, por pura coincidencia
histórica casi todos eran también nobles; las teorías posteriores de las distintas formas de democracia son obras de hombres que reivindicaron aquel
derecho por el hecho de haberlo sabido ejercer como lo prueba el pensamiento iluminado, en cuyos límites está. Por lo tanto, el "democrático" derecho a la escuela no es una conquista de las masas, si "masa" significa, cualquiera que sea la clase social a que se pertenezca, el conjunto de los hombres aún no calificados, sino la conquista de una élite que ha sentido y
reivindicado tal derecho, haciéndolo llegar a la conciencia común, para que
cada hombre, según sus capacidades y su buena voluntad, ocupe su verdadero lugar, tenga su calificación. Por lo tanto, el fin de la llamada escuela
de masas, de los partidos de masa y de los medios de difusión de la masa
(radio y televisión) no ,debe ser el hombre masa sino precisamente su desaparición; así, en el momento en que todos puedan ejercer el derecho a la
escuela - libre y no arbitrariamente-, propio por el hecho de que cada
individuo se califica y se forma su propia personalidad, cesa la "masa" de
los individuos y nace la "comunidad de las personas", resultado de la obra
activa de aquella élite y de la buena vol_u ntad de cuantos han sabido transformar la masa de los descalificados en personas conocedoras de una sociedad calificada. Por lo tanto, es verdadera nuestra tesis de que la democracia es la que siempre se expresa en formas aristocráticas, la democracia
no demagógica, cuya finalidad es llevar a cada hombre a la conciencia de
sí mismo y de los valores proporcionales a su auténtica personalidad. Contrarios a la retórica del "trabajo intelectual" que, según un humanismo indi-

50

vidualístico y parcial, considera a la cultura como privilegio de una clase y
a quien la posee, como a individuo que tiene derecho a menospreciar y
dominar a los demás, también nos oponemos a la más reciente rectoría del
"trabajo manual" que, desconociendo y menospreciando los valores superiores del intelecto y acusándolos casi de ser "antidemocráticos" y "antisociales", reconoce como clase superior a los obreros. Desequilibrio consciente
del problema y equivocación deliberada: no se trata de sustituir un privilegio por otro ni la superioridad de una clase sobre otra, ni de nivelar a la
humanidad al más bajo grado, sólo porque la mayoría de los hombres no
pueda elevarse a grados más altos (o cree no poder llegar hasta ellos por
un concepto equivocado de elevación personal y social, que se hace coincidir
con la ocupación de los lugares socialmente más elevados o con la ganancia
o el bienestar material), sino eliminar el dominio de una clase sobre la otra
y el arbitrario privilegio de los hombres, intentando elevar a todos, según
sus límites y posibilidades, al más alto grado posible de su perfección espiritual, que coincide con la total actuación de la personalidad que le es propia
y que frecuentemente no tiene nada de común con la jerarquía social de
los empleos. La elevación interior de un hombre no se mide por el empleo
que ocupa o por lo que hace, sino por cómo trabaja y por lo que es intrínsecamente, es decir, siempre según un criterio que es auténticamente aristocrático. Por esto no existe nobleza del trabajo manual ni del trabajo intelectual,
si el trabajo, cada trabajo no se rescata en la l'lobleza del espíritu que es
siempre aristocracia, y es ésta y las instituciones en las que actúa, las que hacen posible el progreso de la democracia, es decir, la elevación de las masas
para que ya no sean "masa", sino sociedad de personas.

•
El derecho a la escuela no es separable del acto educativo: como tal, interesa al discípulo, pero también al docente, incluso en el caso del autodidacta de quien son docentes las personas con quienes está en contacto:
la familia, la sociedad; de hecho, también el que enseña ejerce el derecho al
saber, en cuanto enseñar es aprender juntamente con el discípulo. La educación, momento interior, es siempre autoeducación; pero, precisamente por
esto, es comunicación y promoción recíproca: el acto educativo concreto,
en la medida en que promueve el saber del que aprende, promueve a quien
enseña; ambos son discípulos de la verdad en el amor de promoverse recíprocamente. El acto educativo es el mismo derecho a la escuela en su forma
concreta de comunicación de las conciencias; es personal en cuanto social
51

�-yo promuevo mi personalidad en la medida en que promuevo la de otros:-,
es social en cuanto personal: no se promueve la sociedad como masa, smo
que cada individuo, personalmente, promovido, la promueve. Pero para que
el docente ejerza honradamente su derecho a aprender enseñando, es necesario que cumpla con los deberes que eso comporta, como el discípulo con
los que implica el enseñar aprendiendo; así como el discípulo hace v~ler
en concreto el derecho a la escuela sólo si se dispone con respeto, obligación y diligencia a aprender, así el docente el suyo, sólo si se dispone_ a enseñar con conciencia, preparación, dignidad y amor. El acto educativo en
el que se concreta el derecho a la escuela, se frustra en su significado y en
sus fines cada vez que falta a su finalidad de educación y elevación integral del hombre, es decir, cuando el discípulo no está "preparado" para
aprender y el docente para enseñar, y ambos no están dispuestos, en un
plano de amorosa comprensión, a ser el uno el promotor del otro, honrada
y humildemente discípulos de la verdad a la que sirven y que, sólo en cuanto
la sirven, los renueva y promueve.
Este amplio concepto de educación, no limitado a la escuela, que es sólo
uno de sus aspectos, nos lleva a precisar el concepto del saber en toda su
extensión. Saber no es sólo cultura humanística o altamente científica, sino
todo lo que expresa un valor y contribuye a formar la persona en la medida
en que responde a sus aptitudes y capacidades, las actualiza y las vigoriza;
es el saber del filósofo que investiga los abismos del espíritu e intenta descubrir la inteligibilidad de la existencia, como la del campesino que "diariamente" trabaja su tierra, en cuanto que uno y otro expresan valores religiosos,
estéticos, morales y sociales.
Derecho al saber, el de cada hombre para realizar libremente el "proyecto"
que es al nacer, es decir, a desarrollar y formar su personalidad auténtica, que
responda a su vocación: humanamente respetable el trabajo del artista y
del filósofo, como el del campesino y el del obrero, sobre la base de una
igualdad esencial de todos los hombres en cuanto hombres. El que es capaz
de escribir la Divina Comedia o la Crítica de la razón pura, no tiene derecho
a menospreciar al que cultiva un pedazo de tierra con el mismo empeño
moral y también estético y la misma dedicación al valor: también esta es
una respuesta humana y válida que en su pequeñez expresa una grandeza
y una nobleza de alma igual a las de los más grandes; y si lo menosprecian,
el gran poeta y el gran filósofo son inferiores a sus obras, es decir, a aquellos
valores a los que deben su grandeza.
De esto se deduce que socialmente y también como personalidad de su
valor, vale más un campesino y un artesano con "éxito" --con esto demues-

52

tran su estatura moral- que un gran personaje "llegado" no se sabe cómo
por el motivo que todos conocen muy bien: un parvenu. Como tal, el del
"villano" y no el destripaterrones, el del "desplazado" en su elevacüsimo
empleo; como "personaje" no es una "persona" la suya, sino una mixtificación. En tal caso el derecho al saber se ha transformado en abuso sin credenciales válidas y genuinas.
Es este el riesgo que la sociedad corre con las dictaduras y las democracias demagógicas, que avanzan sin reconocer derechos ni garantizar su
ejercicio, sino otorgando concesiones y asegurando su abuso arbitrario bajo
la "presión de la plaza". Así se degrada el derecho a la escuela a un derecho de estar siempre materialmente mejor, sabiendo siempre menos, no
en el sentido puramente técnico y nocional, sino en el intelectual y moral;
de empeñarse siempre menos en formar la propia personalidad de valor y
de deformarla siempre más en la vulgaridad de un pseudosaber hecho de
lugares comunes. La carrera al bienestar ya no tiene límites: quien ha tenido
quiere siempre más, sin preocuparse si ha cumplido con su deber para merecerlo; quien ha subido, quiere subir más, sin tomar en cuenta si tiene las
capacidades de aptitud y el sentido de responsabilidad y dedicación que reclama el nuevo escalafón: se derrumba aquella línea moral, la única que
puede mantener el derecho en los límites de honesta legitimidad y garantizar
la libertad de su ejercicio en el orden, fuera del capricho, negación de la
misma libertad.
Cualquiera que sea su trabajo, adecuadamente remunerado y respetado,
nadie está satisfecho con su estado: no se desea el libre ejercicio del propio
trabajo formativo de la personalidad; no se siente la satisfacción moral que
proviene de hacerlo bien y con honradez, no se advierte la actitud espiritual del quedar satisfecho con poco y en paz consigo mismo y con la propia
conciencia, se quiere salir fuera del propio estado y de la condición propia
para alcanzar otra que también deforma la propia personalidad y en contraste con la honradez o mayor bienestar material. ¿ Qué sentido tiene hablar de derecho al ofrecimiento de la educación a través de todos los medios
de difusión, radio y televisión y de otros? Sacrosanto derecho, debe ser respetado sacrosantamente cuando se ejerce para la libre formación de la personalidad y para la elevación espiritual o material de sí mismo; valores que
se pueden actuar con cualquier trabajo, siempre y cuando se los aprecie y
ame; pero llega a ser un arma peligrosa cuando se abusa de ella y se la viola.
Así se traicionan las profundas exigencias de cuantos aspiran al respeto de
su trabajo y de sí mismos en cuanto hombres, es decir, un altísimo ideal
de humanidad.

53

�b
una exigencia de libertad, la de
El derecho a la escuela ~ al sa erl es
lmente· fuera de estos límites,
, ·
f' · mtelectua y mora
·
mejorarse a s1 mismo 1S1ca,
di . t d los demás y de tantos "pro. d
de manera stm a e
yo entien o e1 progreso
r nder su recto significado.
gresistas" actuales, que no alcanzan a comp e
Traducción del Dr. Giorgio Berni.

SOBRE EL CONOCIMIENTO Y SUS CLASES
(Ensayo fenomenológico-matemático)
Por el

DR. JuAN DAVID GARCÍA BACCA

Universidad Central de Venezuela

I
FENOMENOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO

I. 1) Dejemos, ante todo, constancia del dato histórico de que la identidad
entre conocedor y conocido, en el acto y por virtud del conocimiento; ha ido
disminuyendo, en la opinión de los filósofos, de grado. a) Es lo mismo (idéntico, tautón) el pensar y el ser ( uoein, einai). Parménides. Y aquí esta identidad está afirmada sin recortes ni rebajas, de ninguna clase.
b) El alma es, de alguna manera, ( poos) todas las cosas ( todos los entes,
ta anta; De Anima, libr. III, cap. VIII). Aristóteles. Y ese correctivo "de
alguna manera" se refiere a que el alma puede ser todas las cosas en acto
o en potencia; empero acto y potencia son dos maneras reales, dos estados,
de ser una cosa. La identidad, expresada por el es, se halla todavía, como
en Parménides, en el orden de lo real. En el conocer, y por su peculiar
virtud, el alma es realmente, en potencia o en acto, todas las cosas.
c) El alma, el conocedor, es, de alguna manera todas las cosas en cuanto
conocidas; mas este "de alguna manera" debe interpretarse, según los escolásticos (Cf. Juan de Santo Tomás, Cursus Philosophicus thomisticus, vol.
III, pgs. 102 ss. edic. Marietti, 1937), por modo intencional, no real, como
real una materia recibe o se hace la forma, como un cuerpo se hace rojó.
Ya no es por modo de potencia o acto reales. La identidad intencional es
menor que la real entitativa.
d) Para Kant el conocedor dispone, y tiene que disponer, de un conjunto

54

55

�de formas a priori que son condición de posibilidad para que las cosas se
me aparezcan. De modo que lo conocido son, en rigor, fenómenos: aparenciales. La identidad entre conocedor y conocido no es ni real ni intencional.
El conocedor hace que las cosas se le aparezcan, casi en sentido equivalente
a como una placa fotográfica hace que, de todo lo que tienen las cosas,
se le aparezcan ciertos aspectos.
Todos tenemos la impresión de que, al ver luz, no nos hacemos realmente
luz; pero también tenemos conciencia de que, sin hacemos o llegar a ser de
alguna manera luz, de nada nos ~erviría el conocimiento de la luz. Que al
conocer circunferencia no nos hacemos redondos o circulares, pero guardamos el secreto convencimiento de que, si de alguna manera no llegamos a
ser circunferencia, no nos serviría para nada el conocimiento.
Tratemos de precisar ambos aspectos antinómicos, de que procede el problema del conocimiento, como real problema.

algo que se le enfrenta (Gegenstand), que hace frente a la identificación
o tendencias a ella, a la asimilación entitativa (identidad real y omnímoda)
que todo ser, en cuanto ser, tiene que tener con todo otro ser en cuanto ser.
Ahora. b'.en: e~fren~arse a un ser en cuanto ser, mantener la distinción ( y
a fortion la d1stanc1a, como en el objeto sensiblemente conocido) frente a
un ser, implica una violación del principio de identid~d, por tanto un descenso en el orden del ser. Luego el conocimiento es, desde el punto de vista
ontológico, una desidentificación, una descomprensión, aflojamiento, del ser
(Sartre, L'Etre et le Néant, pág. 32). La dualidad conocedor-conocido es
un r~lajamiento de la identidad. Por tanto, el conocer es, desde el punto
de vista del ser, un fenómeno secundario. Por tanto: el objeto en cuanto
objeto, lo aliud ( de la escolástica, cognoscere est fieri aliud in quantum aliud,
Cf. Juan de Santo Tomás, obr. cit.), no es ser en cuanto ser. Ni el conocedor, en cuanto conocedor, es ser en cuanto ser.

a') Conocer es mostrarse a sí mismo, darse cuenta de lo que uno no puede
ser de otro ser, de lo inasimilable de un ente. Cuando una facultad (permítaseme la palabra) de un ente, como el estómago, asimila íntegramente un
objeto, no lo conoce. La condición necesaria para conocer es no asimilar todo
lo de otro ente. Así que el conocer no es asimilación; no es similitudo.

e') Por tanto: el objeto conocido (sea un color, un sonido, o una idea ... )
no es ser, en rigor de la palabra. No es ni la cosa en sí (ser en cuanto ser
en sí), ni el sujeto en cuanto ser. Conocer es desconocer: presentar un ser
como "otro", enfrentado (Objcctum-, Gegenstand) de otro y a otro ser.
C~nocer es un fenómeno antiontológico. Lo raro, pues, desde el punto
de .vista del. ser es: 1) }ue haya conocimiento, 2) que el conocimiento tenga
ob¡etos. Objeto es lo obstante" (ob, stare; Gegen-stand), lo que hace obstáculo a la identidad natural y necesaria entre todo ser por ser ser. Objeto
es lo que tira (ob, jacere), lo que está puesto (jacére) contra la identidad
del ser con ser.

b') El conocimiento intenta, en principio, ser real e íntegramente todas las
cosas. Conocer por semejanzas, por especies, por species intentionales, por
identidad intencional, por modo espiritual, inmaterial. .. - , es una manera
de confesar que el conocimiento no está a la altura de sus pretensiones: ser
todo lo de otro ente -única manera ontológica de conocer lo que es.
c') Esta intención del conocimiento de ser, real e íntegramente, el objeto
conocido o a conocer, proviene, en el fondo, de que un ente, en cuanto
ente, no puede admitir el distinguirse de otro ente en cuanto ente. Sería ir
contra el principio de identidad del ser. Ser es, de suyo, idéntico realmente
y de todas las maneras con todo otro ente. "Non potest esse quod ens dividatur
ab ente in quantum ens; nihil autem dividitur ab ente nisi non ens; similiter
hoc ens non dividitur ab hoc ente, nisi quia in hoc ente includitur negatio
illius entis''. "No puede ser que un ser se separe o divida de otro en cuanto
ser; lo único que se separa o divide del ser es el no ser; parecidamente, este ser
no se separa o divide de este otro ser, sino porque uno se incluye la negación del otro". Son palabras de Santo Tomás; in Boetium de Trinitate, q. IV
art. l. En principio, pues, todo ser es idéntico con todo otro ser, tomados
ambos en cuanto y por lo que tengan de seres. No otra cosa dijera Parménides.
d') Ahora bien: el conocimiento tiene que tener un objeto, lo cual significa no sólo ni principalmente que tiene que tener algo a conocer, sino

56

f') Conocer es desconocer lo que una cosa tiene de ser (desconocer el conocedor lo que tiene él de ser; desconocr en el objeto lo que el objeto tiene
de ser); conocer es aparecerse una cosa a otra, enfrentarse por y en la medida
en que no son seres. Con lo cual aceptamos como dato básico que ser y aparecer son dos órdenes primarios e irreductibles. Más de alguna manera inversos: pues el aparecerse (conocer) oculta positivamente el ser. Aparecerse
es la negación propia (privación) especial, precisamente del ser. Lo cual viene
a advertimos que ocultamiento ( falsedad, pseudos) no es algo puramente
negativo, sino algo bien positivo; algo así como el reverso del ser (Un-wesen
Heidegger) .
'
g') Más ocultamiento del ser por el aparecimiento del objeto no equivale
a aniquilamiento del ser. Estamos siendo sobre la base desconocida ocultada
del ser de nuestro cuerpo, sin aniquilarla por tal desconocimiento. ' Vemos la'
luz, aunque la luz tal como es vista no sea la luz como ente, con es en sí.
En vez o a la vez que la palabra ocultamiento no aniquilante, emplearemos

57

�las de anulación, que no es lo mismo que nada, y la de preterición.-.. Toda
la realidad de lo físico, químico, orgánico, anatómico, fisiológico. . . de nuestro cuerpo es preterido, anulado, ignorado _por nuestra conciencia, lo cual
es condición para poder vivir conscientemente; y no ver lo que la teoría
física nos dice que es la luz -radiación corpuscular, ondulación...- , es
condición para verla. El fenómeno -el aparencia!-, "luz", no nos da lo
que es la luz; en caso contrario no había ciencia de la luz, y sabríamos sin
más qué es -sin trabajo, sin ciencia. Como en caso de vivir por modo de
ser nuestro cuerpo, seríamos -por nacimiento y por constitución-, perfectos
físicos, químicos, fisiólogos. . . El qué es el cuerpo, qué es el organismo sería
un dato inmediato.
El cuerpo, tal como nos es dado a la conciencia -y sólo la conciencia permite plantear la cuestión de qué es, sobre la base de que no nos da lo que es-,
la luz tal como nos es dada (se aparece, fenómeno) a la vista, el calor tal
como nos es dado (aparece) al tacto. . . son ocultamientos típicos, anulaciones especiales, pretericiones originales del ser, tanto del sujeto conocedor
como del objeto conocido.

Objeto es obstáculo (Obstans, Gegenstand) a identidad de conocedor-ser
con cosa-ser; sujeto es obstáculo a identidad de ser; sujeto en cuanto ser con
objeto en cuanto ser.
Luego sujeto y objeto, en cuanto tales, no son ser.
Sea ésta, por rara que parezca, la consecuencia final. No intentemos, con
esa mentalidad de que el fin justifica los medios, ni en moral ni en ontología,
esquivar su fuerza, temiendo que no lleguemos a ciertas cosas que querríamos, o pretenderíamos, salvar o estar a salvo. Esto, salvar ciertas cosas o teorías, se nos ha de dar por añadidura si hemos de ser leales a la verdad, y no
tramposos. Dejémoslo, pues, todo en este estrato de vibrante antinomia, de
consistente problematicidad, para que obre de revulsivo contra teorías dadas
por verdaderas, cariñosamente albergadas y queridas. Hay cariños que matan,
la verdad.

11

p ARTE

SIMBÓLICA GENERAL

II. 1) Conocer conscientemente es desconocer lo que de ente tiene una
cosa, y hacer aparecer lo que de aparencia[ tiene. Ambas funciones son complementarias.
58

Designemos por C ( ) la conciencia, que es la que hace la ciencia -Wissen,
Be-wusstsein-; y esa O cosa en general;
11. 1) C(O) =. C(~) &amp; C(o).
La actualización o posición de la conciencia -C ( )-, en cualquier orden
(visión consciente de que ve; conciencia de que nos duele una parte del
cuerpo; conciencia de que estamos pensando ... ) descompone la cosa, O,
en dos partes -y mejor, en dos tro_zos-, pues no sabemos, por ahora, qué
relación haya entre ellos, seguramente no la de partes que den un todo,
con unidad propia.
Tratemos, pues, la conciencia como un operador, que aplicado a la cosa
( sea luz en sí, sea figura, sea mi cuerpo) lo disyunge en C (6), trozo objetivo,
objeto, aparencial, fenómeno; y (&amp;)C(~), trozo de ente anulado, preterido,
ocultado -sin llegar a aniquilamiento, destrucción.
11. 2) La conciencia anula, de todo el ente físico, una parte, su cuerpo; de
él desconocerá qué es - su estructura de neutrones, protones, órganos, funciones ... ; designemos esta operación de la conciencia por
11. 21) C(o)=.O'.
Pero, además, es un dato que, respecto de una parte del universo (físico,
biológico ... ) , la conciencia no deja que se aparezca, como objeto, como lo
otro -lo enfrente, lo obstáculo u obstante (Gegenstand)-, eso mismo que
ha anulado en cuanto ente. O sea mi cuerpo está doblemente anulado.
11. 22) C(o)=. O"
Las comillas, o', O' ' designarán, respectivamente, la anulación óntica (O),
y la fenoménica o aparencia!, O' '.
En efecto, mi cuerpo, en cuanto sentido como mío, me es desconocido
en su qué es --en su estructura-, y no se me aparece como objeto, como
lo otro, y en la medida en que me veo, como veo otro objeto, no lo estoy
siendo. Extracuerpo, en términos de Ortega. Por 'esto, dice él, se presenta
como tan diverso y dispar la manera como veo la mano y como siento la mano
como mía. Extracuerpo e intracuerpo.
Podemos ahora definir:
Der. A. Cuerpo mío, consciente mío, es aquella parte del universo real
(físico, organológico ... ) respecto de la cual la operación tener conciencia
de, implica doble anulación: óntica y fonoménica.

Si cuerpo, así definido, coincide con los límites que solemos atribuirle, es
cuestión que, por ahora, queda abierta.
Si, por ejemplo, pudiéramos mostrar que la vista (operación de ver) anula
en este doble sentido lo que cae dentro del dominio de la vista -por ejemplo
hasta la vía moderna-. Entre los modernos la sostiene Sartre, con todas las
letras. Cf. L'etre et le Néant, pág. 382, edic. 1943. Los escolásticos ya

59

�tuvieron que refutarla, o se creyeron obligados a ello. Cf. Juan de Santo
Tomás, ob. cit., pág. 110, vol. III.
II. 31) La conciencia opera de dos modos al menos: como C' ( ) , anulando un trozo del universo del ser, mas dejando o haciendo que aparezca
algo como lo otro (objeto) ; teniendo tal alteridad (otredad) doble aspecto:
el de distinto y el de distante, o bien es dado lo otro como distinto por modo
o en medio de distancia ( en tiempo, en espacio, en dirección o vectorialidad). Es claro, por las generales consideraciones ontológicas que hemos
hecho en el párrafo anterior, que tal doble o reforzada manera de ser otro
va doblemente contra la natural y necesaria identidad del ser en cuanto ser.
Luego tal tipo de fenómenos o aparenciales es doblemente menos-ser.
Los aparenciales sensibles -la luz tal como es vista, el calor tal como
es sentido, la figura tal como es notada con los sentidos, la presión tal como
la siente la mano ... - , pertenecen a este tipo. Son doblemente otro, doblemente objeto, doblemente obstanto u obstáculos a identidad. Por tanto doblemente menos-ser. Lo cual es viejísima sentencia en filosofía, aunque la
forma de mostrarlo no sea, precisamente, la que aquí empleamos. Escribamos,
pues:
II. 31 C'(6). =· C' ( (+)d(6) &amp;+ D(6))
La conciencia sensible C' (o),= al operar sobre lo aparencia!, 6, es decir,
al producir sus aparenciales propios-, hace aparecer lo otro como distinto,
d(o) y (&amp;) como distante,
D(6). Por tanto a doble diferencia: distancia y distinción, frente al ser en cuanto tal.
II. 32) La conciencia opera, es dato, de otra manera: anulando un trozo
del universo del ser, de modo que lo que hace, complementariamente, aparecer se presente tan sólo como distinto, mas prescinda de la otredad de
distancia. Lo presenta como in-distante ( negación de localización en tiempo,
espacio, dirección) .
Los eidos (eide) de número -1, 2, 3, ... - , figura -circunferencia, elipse,
recta ... -, fórmula matemática -binomio de Newton, teorema de Pitágoras, fórmula del elemento diferencial, tensor de Riemann-Christofel, etc... se presentan como distintos de la conciencia (intelectiva) ; mas no tiene, respecto de ellos, sentido dado alguno lo de localización en tiempo, en espacio,
en dirección (sentido) . Son eidos, aparenciales, in-espaciales, in-temporales,
in-direccionales.
Y, con todo, repito, lo dicho en el párrafo primero, al conocer semejantes
objetos no somos o llegamos a ser circunferencia, dos, Hombre, recta, etc.
Se opera una anulación óntica; se pone fuera de Acción (ausser Aktion),
en paréntesis (Einklammerung), en "entredicho'' el ser y la identidad real
que de suyo le corresponde e impone (Cf. Husserl).
Así que podemos escribir:

+

60

+

=·

C" (6).
C" (Id(6) &amp; - D (6) )
Hay un tipo de conciencia -es dado--, C' ' ( ) , tal que, al tener, o por
tener conciencia de un dominio de entes, 6, hace que se le presenten como
distintos, Id (o), más neutralmente respecto de distancia ( en tiempo, espacio,
dirección), -D (6).
Ahora bien: sirviéndonos de la norma de identidad, habremos de afirmar
que lo que se presente como eidos, es decir tan sólo como distinto (Id) de
la conciencia, o de un conocimiento, mas no como distante -D ( ) , tiene más
ser en sí que lo distinto distante; es más ente; y, mejor aún, es más aparencia!, más pareciente; de manera que podremos afirmar:
a) Lo que un conocimiento hace que se presente como solamente distinto
-y como neutral o indiferente frente a distante-, está más próximo a ser,
e identidad inmediata, que lo que la conciencia ( un conocimiento) haga
aparezca como distinto-distante; b) lo que un conocimiento hace que se
aparezca como simplemente distinto (primera potencia de "otro", de objeto)
es mayor aparencial, más en sí, pues está siendo neutral frente a la vinculación a espacio, tiempo, dirección ( vectorialidad). Por el con~rario: a') lo que
un conocimiento hace aparecer como distinto-distante está más remoto de ser
que lo simplemente distinto, a causa de esa doble violación de la identidad
de ser en cuanto ser; es, por tanto, menos ser. b') Lo que un conocimiento
hace aparecer como distinto distante (segunda potencia de "otro", de objeto,
de obstáculo a ser) es menos aparencia[ que lo simplemente distinto, pues
tiene que estar siendo con vinculación a lugar, tiempo, movimiento, dirección.
Es aparencia! men&lt;Jr en sí mismo.
b) La conciencia (el conocimiento) es capaz de anular o poner fuera
de acción la distancia (-D) ; y lo que entonces presente aún lo real, el ente,
serán los eidos (eide) del ente; es decir: lo que 'del ente no podemos ya
asimilar, no podemos ya ser, por modo de identidad perfecta e inmediata,
que es el modo natural de ser algo y de unirse todo en cuanto ente. Los
eidos son lo más cerca a que puede un conocimiento acercarse respecto del
ser en cuanto ser, sin que ente "más cerca" llegue a proximidad por identidad.
II. 41) La mínima distancia o máxima inmediación con ser se consigue
cuando la conciencia (un conocimiento) anula distinción y distancia,· que
es el caso de la conciencia frente a su cuerpo. Es casi verdad que "lo somos".
Por eso nos da la máxima impresión de realidad; y estando en él es cuando
nos sentimos más reales, y su posible pérdida la tememos -sentimos o presentimos--, como pérdida de ser -pérdida real de verdad-; dejar de ser.
El cuerpo no es lo otro, ni objeto, ni obstáculo u obstante (Gegenstand)
para ser, sino todo lo contrario. Y precisamente el no poderlo objetivar es
una condición para que su realidad básica no nos resulte "otra", sino la seamos.

61

�Luego cuerpo no es de suyo un componente material, sino todos aquellos
entes, sean los que fueren -pudieran ser eidos en sí, si esto tuviera sentido--,
pudieran ser otros vivientes -y esto es más verosímil-, con la condición
de que la conciencia (superior) los anule de modo que no presenten nada
aparencia!, que nada de ellos se trueque en aparencia!, en lo otro, en objeto.
Se dé, pues, la doble anulación: óntica y fenoménica.
Definición trascendental de cuerpo. Lo que en principip haría posible (formalmente, abstractamente) que la conciencia pudiera estar siendo en cuerpo
de aire, de gases nobles, de paquete de ondas; fantasma. Of. Heidegger, Kant
und das Problen der Metaphysik, edic. 1927.
Completa ahora este punto lo dicho en II. 21, 22.

III
TRANSCRIPCIONES CONCIENCIALES

III. 1) El propio cuerpo, o lo doblemente anulado por la conciencia (conocimiento) , es dado bajo la forma aparencia! de sentimiento. Siento que estoy
bien o mal, siento que me duele una muela, siento placer, siento que estoy
aquí, siento peso o me siento pesado. . . Sensaciones cenestésicas. Cierto estado de los elementos físicos del cuerpo (estado óntico) es dado como dolor,
o como placer, o como estado de salud, bienestar. Sea la que fuere la distinción óntica, el número de protones, neutrones, electrones, células, procesos
químicos ... que intervengan en el cuerpo ónticamente tomado, me es dado
aparencialmente como mi cuerpo, en singular, sin huecos, ni vacíos, disten
cuanto distaren los átomos entre sí; aunque fuera verdad que, ónticamente,
se distinguen realmente materia de forma, esencia de existencia, sustancia
de potencias, potencias de actos, nada de esta distinción y pluralidad es
dada aparencialmente. Nos es dada nuestra unidad aparencia!. Unidad realísima que se funda sobre la anulación, preterición, de la unidad o pluralidades
ónticas, si las hubiere. No sobre su aniquilación.
La escolástica tropezó en más de un caso con este fenómeno: la trascendencia del orden cognoscitivo frente al óntico; la indiferencia de lo cognoscitivo frente a las distinciones y unidades o tipos de ser ónticos. Oigamos un
texto en que Juan de Santo Tomás resume todo: "Species sub formalitate
intentionis cognoscibilis non est determínate substantia vel accidens sed in
utroque reperiri potest . .. Et respectu hujus ordinis ( el orden cognoscitivo)
per accidens et materialiter se habet quod entitas speciei sit substantia vel
accidens. Dummodo enim habeat reddere rem intelligibilem illo materiali

62

modo qui requmtur ut potentiam informet, nihil per se conducit quod sit
entitas substantias vel accidentis loquendo in quarto modo per se; esto in re
necessario debeat esse accidens vel substantia" ( ob. cit., vol. III, pág. 187).
O sea: tanto los medios para conocer (especies), como el que la potencia
sea sustancia o accidente, nada de eso importa para el conocimiento en
cuanto tal. Con una especie, ónticamente y respecto del sujeto, accidente,
se puede conocer una sustancia; con una potencia realmente distinta de la
sustancia se puede conocer, exactamente igual que si fuere idéntica con ella.
O sea: que las distinciones ónticas de sustancia, accidente, material, espiritual, luz, materia .... no tienen importancia en el orden cognoscitivo: todo
ello es anulado, preterido, trascendido; no por cierto aniquilado.
El primero, históricamente, que con plena conciencia y consecuencia ha
desarrollado una teoría del conocimiento en cuanto conocimiento -lo que
es dado, y condiciones de posibilidad para lo que es dado-, fue Kant. Nada
de causas, efectos, potencias, acciones, especies, sustancia, accidentes. Todo
ello no es dado, ni es componente del orden cognoscitivo en cuanto tal.
Este lo trasciende por original manera, que no es óntica. Se trata de una
deducción objetiva, trascendental del conocimiento; no de una sujetiva, causal, potencias-, óntica. Tal es el plan kantiano.
, Mi cuerpo, en cuanto dado o sentido, me da el que la base óntica (átomos,
celulas ... ) es real, fundido todo en simplificada realidad; no me da sus
distinciones, distancias, número, movimiento. . . Anulamos todo, menos que
es real. Anulamos posiciones, cantidad de movimiento eneraía tiempo suyos·
'
o '
'
todo de vez; y no sólo se nos desdibuja o indetermina posición cuando o por
determinar cantidad de movimiento, o una magnitud conjugada al fijar otra.
Se trata de una anulación simultánea, en que todo queda reducido (epoqué)
a simple y solamente real. Lo cual, en su orden, es más, muchísimo más
-otra cosa-, que reducir materia y energía a una forma anterior, neutral
frente a ambas formas -anuladas las dos.
Y la vida y la conciencia, cada una en su grado, anulan -no aniquilan-,
la base orgánica, sean células o genes; y reducen su pluralidad, distinción,
acciones, leyes físicas o químicas, estadísticas. . . a unidad de otro orden
para el que son indiferentes tales categorías ónticas. No son dadas; aunque'
sean necesarias. Pero su necesidad pertenece a otro orden. Por suerte no
tenemos que vivir siguiendo afanosamente movimientos, combinaciones, reacciones, trayectorias. . . de todas nuestras células en un momento dado. La
vida no nos las da ni aparte ni sumadas; nos las da transcendidad anuladas
.
' no son'
totalizadas.
Lo cual no quiere decir, y lo repito una vez más, que
necesarias. El haber sabido prescindir de tal necesidad, sin aniquilar tal base,
constituye la sabiduría vital y la superior de la vida consciente.

En las teorías cuánticas modernas se habla, y se dan al parecer casos, en
63

�•

que ciertos grados de libertad quedan inoperantes, osciladores que ni reciben
ni emiten energía, moléculas que cesan de girar, al bajar la temperatura,
de modo que sus grados de libertad se quedan ineficientes. . . La vida y la
conciencia, en diversos grados -punto que en este momento no interesa
deslindar-, vuelven inoperativos, anulan, sin aniquilar, ciertos componentes
ónticos de la realidad que le sirve de base real, y es sentida como real en
bloque.
Llamemos a esta transustanciación (Aufhebung) por doble anulación de
realidad y sus constitutivos ónticos, transformación sentimental, T s Nuestro
cuerpo es dado por T .
III. 2) La conciencia transpone o supera otras realidades, sus diferencias,
distinciones, leyes ... por transformación fenoménica, Tf'. Así la luz en cuanto
vista anula, sin aniquilar, la multitud de fotones, su distribución irregular, su .
cantidad de movimiento, su vinculación con ondas. . . y nos da todo eso
simplificado, totalizado con continuidad original, que no es ni física ni matemática (ónticas) ; en bloque, a la una, sin aniquilar por eso la velocidad, sea
grande o pequeña. Mas tal aparencia[ fenoménico (perdónese que de alguna
manera las dos palabras digan lo mismo) es dado como distinto-distante de
mí, vinculado por tanto con espacio, tiempo, dirección.
La luz en cuanto vista no se compone ni de fotones ni de ondas, ni corre
con velocidad de 300,000 Km. sec., ni se difunde por ondas concéntricas ...
Todo eso es ónticamente necesario; mas no es fenómeno dado.
Tenemos ya dos funciones transformadoras operadas por la conciencia
( vida cognoscitiva .... ) : 1) aparencia! sentimental,
2) aparencia! fenoménico.
Veremos inmediatamente, al llegar a la parte físico-matemática, qué vmculaciones ónticas guarda este aparencial-fenoménico con lo real físico, precisamente por no anular la distancia, o quedar sometido a tiempo, espacio y
movimiento.
III. 3) Se da por fin un aparencia[ fenomenológico: Los eide. Que no
son realidades en sí, tal como son dadas a la conciencia, el dos conocido no
es el dos en sí; la circunferencia pensada no es la circunferencia en sí ...
No nos hacemos ellos. No llegamos a serlos, a pesar de que el principio de
identidad de ser con ser lo está exigiendo.
Empero tales aparenciales, tales visibilidades (eidos, idein, idenai), merecen llamarse fenomenológicos, ya que, por su proximidad al ser, por su mínima distinción de nosotros no agravada por distancia, permiten que demos
lagos o razón del ser de lo que aparece en los aparenciales fenoménicos.
O bien: los eide no son más que aparenciales fenoménicos a los que la
conciencia ha conseguido libertar del componente de distancia, de uno de los
64

grados más insalvables de separación del ser de los entes, dejando solamente
el de distinción.
Así el eidos de luz, el qué es la luz, formulado en matemáticas, no es sino
la luz visible misma, a la que la conciencia (el pensamiento) ha quitado
-por procedimiento cuyo funcionamiento óntico oculta ella por igual motivo
constitutivo general-, el componente de distancia ( de espacio, tiempo, vectorialidad, movimientos aparenciales-fenoménicos), y ha guardado solamente
los matices coherentes de distinción.
Quede esto por unos momentos en tal vaguedad. Lo precisaremos en la
Parte V.
Así que no admitimos, por sola teoría del conocimiento, basándonos en el
orden cognoscitivo puro y simple, el que se den ideas en sí, en este o en otro
mundo. Son realidades que necesitan tanto de su aparencial-fenoménico como
nosotros de un cuerpo para sentimos reales. Hablaremos, pues, de una transformación fenomenológica, T/.
Por orden de distanciamiento del ser:

T / T¡'- T
5

IV
TIPOS DE HABITACIONES SENTIMENTALES

IV. 1) Según hemos definido en II. 2, y en II. 21, una parte del universo
físico se hace nuestra, nuestro cuerpo, por una doble anulación: óntica y
fenoménica. Punto que expresa delicada y exactamente Sartre (obr. cit., pág.
395) diciendo: le corps est le négligé, le "passé sous silence", "L'insaisissable";
• de la conscience nan( pág. 393) "le corps appartient, done, aux structures
thétique de soi" (pág. 394) ; y refiriéndose a los sentidos: "le sens, en tant
qu'il es-pour-moi est un insaisissable" (pág. 379).
Pero si anulamos o preterimos -silenciamos-, la realidad física, química,
orgánica. . . de nuestro cuerpo -aun perdiendo, con ello, la posibilidad de
ser por constitución, sin estudio, perfectos físicos, químicos, fisiólogos ... - ,
nos la damos bajo forma de sentimientos; no la somos; la estamos siendo.
"La conscience du corpe se confond avec l'affectivité originelle" (Sartre, ob.
cit., pág. 395) . Nos sentimos bien, mal, adoloridos, pesados, ligeros. . . Maneras bien reales, las más reales, de estar siendo nuestro cuerpo, sin ser cuerpo.
Lo físico, químico y orgánico está habitado y habitable sentimentalmente,
sensible para la conciencia.
Pero, a la inversa: el estar siendo un cuerpo (o en un cuerpo, para atenemos a la fraseología corriente) implica, necesariamente, con real necesidad,
65
H5

�el preterirlo, ignorarlo, pasarlo en silencio. Anular su qué es. Quedarse siendo
lo que es (que es), su nuda, global, realidad.
IV. 2) Empero también habitamos sentimentalmente, con sentimientos peculiares, en matiz y tono, fuera del cuerpo. Nos ahogamos, nos sentimos oprimidos cuando se nos reduce el espacio visual; habitamos sentimentalmente
'
.
con alegría, tranquilidad, sosiego, descanso un paisaje; con temor, tnsteza ... ,
ciertos estados del cielo;
"el silencio de los espacios infinitos me aterra" (Pascal);
Morada de grandeza, Templo de claridad y hermosura (Fr. Luis de León).
T out pusissants étrangers (Valery, refiriéndose a los astros).
No tomemos estas frases en vano; el hombre está siendo en Mundo (Seinin-der-Welt), Heidegger, Sein und Zeit, (págs. 53 ss.); lo habita sentimentalmente, de ordinario con el sentimiento de familiaridad (Vertrauthert), a
veces con el de extrañeza (Cf. Was ist Metaphysik); o como decía San Juan
de la Cruz, con "temple de peregrinación y extrañeza". El dolor de muelas,
el deleite de un manjar no son sentimientos con que habitemos, o estemos
siendo, hasta la Vía láctea; pero sí estamos siendo hasta ella con sentimientos
como tranquilidad, paz, naturalidad; terror, extrañeza.. . , según los casos; el
modo que estamos siendo una muela o con dolor o con natural bienestar.
Ahora bien: no puede uno sentir dónde no está siendo realmente; y al
revés: estar siendo (sentir) en algo es estar realmente en él. Además: el
sentimiento oculta, anula, pasa por alto, en silencio (sin aniquilar) el qué es
la cosa; está siendo su que es ( su simple realidad). Y al revés: todo ocultamiento, preterición de un qué es -dentro de una realidad que, indisolublemente, en sí, es qué es (esencia) y que es (realidad)-, es indicio seguro
de que una vida (más o menos consciente, un conocimiento), está siendo
en tal objeto. Luego la vida humana está siendo hasta donde en cada momento llega la vista, el oído . ..
Llamemos, para mayor claridad, a este cuerpo nuestro que se extiende
hasta donde lleguen los dominios de vista, oído. . . con el término de soma,
para distinguirlo así de un cuerpo, doblemente y totalmente anulado (en su
qué es, no en su que es), al que nos referimos al templar esta palabra.
El soma llega hasta los límites a que llegue cualquier sentido que anule
-de lo físico, de lo orgánico-, sólo un qué es. Que opere, por tanto, una
separación -dada en forma de color visto, de luz vista, de sonido oído . . . - ,
dentro del ser entre ·qué es y que es, cuanto todo ser, por serlo, es idéntico
en todos sentidos.
Y no nos extrañaremos, si es verdad lo dicho, de que la luz, el color en
cuanto vistos, el sonido en cuanto oído, y tal como son dados (fenoménicamente), nos sirvan para descubrir qué es la luz, que es el color, qué es el
sonido... ; de que el ver, oír, tocar materia física no nos dé de qué se com-

66

pone; sino todo al revés: no hay medio más seguro para ignorar qué es -la
luz, el color, el sonido, el calor, el átomo ... - , que estai;-Io siendo, estarlo
viendo, estar oyéndolo, estar sintiéndolo...
El universo visto, oído. . . está habitado y es habitable sentimentalmente,
con un cuerpo nuestro más sutil que el ordinario. En tal soma no sentiremos
ciertamente dolor; el de muelas o de estómago, no, nos podrán herir con
cuchillo, o matar con bala; pero eficazmente pueden darnos a sentir angustia,
encerramiento, temor, paz ...
Notemos ahora la diferencia, dada, en el modo como se nos da, consciente,
sentidamente, cuerpo y soma.
Soma incluye toda aquella realidad que la conciencia anula óntica, más no
f enoménicamente.

e s'(o)·=· (-C s'(o)
= O')
•

&amp; (I

e s' (o)

=

O")

Respecto de la misma realidad (física, orgánica... ) , o, la conciencia sensible, C'(o),
anula lo óntico de tal realidad, su qué es, C' (o)=O'-; mas no
s
anula su que es ( su realidad), IC's (o) = O' ' --que es dada fenoménicamente,
en cierta forma aparencia!-, color como visto, sonido como oído ...
La conciencia sensible opera una transposición sentimental, T ; y sobre el
s
mismo objeto una transposición fenoménica T; '.
Es claro que fenómeno -tal como es dado, a la vista, al oído ... - no es
un qué es. No llega ni puede llegar a eidos. Pero sin la habitación sentimental,
sin el estar siendo, no habría manera de expfü:ar la anulación del qué es de
lo visto, de lo oído. . . y la conservación de su que es: la diferencia entre lo
físico visto y la ciencia óptica; entre lo físico oído, y la acústica... ; entre
lo orgánico vivido, y la biología.

•

Los sentidos descubren ( aletheis), pero no descubren la verdad, el qué es
de un ente.
IV. 3) ¿Estamos siendo, habitamos sentimentalmente, un cierto mundo
de ideas, de eidos? ¿Tiene real sentido estar siendo en mundo de ideas? Para
responder a ello, será preciso averiguar si habitamos sentimentalmente, con
propios sentimientos, eidos o conjuntos de ellos.
Para hacer filosofía, nos advertía ya Aristóteles, es preciso el sentimiento
de la admiración, de paz, tranquilidad, desinterés por lo real utilizable,
ocio (Cf. Metaphys. A, 981 b 15-25; 982 b 10-20 ) . La teoría, el plan de
simple contemplación, no es real o sentimentalmente posible, sin la admiración por lo desconcertante, átopos ( ibid. 14) -por lo que no tiene lugar
(topos) dentro del mundo familiar, servicial, útil, en que estamos siendo:
Eclipse como rareza, algo fuera de lugar, dentro de lo natural y corriente
astronómico; magnitudes irracionales (álagas) como algo raro, fuera del

67

�lugar corriente de toda magnitud que es ser medible; el ser, como algo fuera
de eso tan corriente y manual como son los entes, hombre, caballo, dos, sol. • •
Estos sentimientos, cuyo lugar en que estar siendo no es ni el c~e~o ni_ el
soma son los que hacen no solamente posible objetivamente la c1enc1a, smo
real 'consciente, vivible la ciencia. Son los existenciales básicos.
¡sí que los eide ( o ideas) podrán formar o no un uni~ers~ en sí (ón_tica ~,
mas para ser conocidos por una conciencia, !?ara una c1encia-con-conc~e~c1a
-Hegel-, hace falta que se organicen en mundo, Welt, que los mundifique
(welten) , que los trueque en una especie de cuerpo espi~itual (mío_),. Y como
todo sentimiento toda vida en grado mayor o menor, estos tamb1en ocultarían hasta ciert; límite propio el qué es de lo así concienzado en ciencia
-anulación especial del qué es en cuanto vivido como eidos~, sin llegar, en
modo alguno, a aniquilar su qué es, la realidad en sí de los e1dos. De nuevo
orden gnoseológico y óntico no coinciden, ni pueden coincidi~.
. .,
Ahora bien: vimos en II. 2 que los eide nos son dados sm adscnpc10n a
espacio, tiempo, vectorialidad. . . Luego este nue:o cue~po espiritual ~º. está,
tal como es dado, adscrito directamente a espac10, a tiempo, a mov1m1ento,
a dirección ...
Dejemos las cosas en este punto; la siguiente y_ últi~a. ~~rte ac~a~ará Y
perfilará algunos de los conceptos ontológicos que, sm defm1c10n explicita, ha
tenido que emplear.

V
NocroNES ONTOLÓGICAS FUNDAMENTALES

Por la índole de este trabajo, se reducirá esta parte a simples indicaciones,
lo suficiente para esclarecer algunos puntos de los párrafos anteriores.
V. 1) La relación que todo ente concreto sostiene con todo ente concreto,
tomados ambos en cuanto entes, pertenece al tipo de identidad. No puede ser
que un ente se divida o separe de otro en~e en cuanto ~nt~ (Sa~to Tomás:
"Necessario enti creato inest privatio alicuius gradus entitatzs, qui non repugnaret ei quantenus ens est" (Duns Scoto, Reportat. paris_iensia, C. F. Gilson,
L'esprit de la philosophie mediévale, pág. 118 nota, ed1c. 1948) . Nada ~e
ser repugna a un ser en cuanto es ser. Otra forma, vieja y venerable, de decir
lo de Parménides.
Empero esta necesidad --o necesaria falta de repugnancia a que un ente
tenga todo lo de todos los demás, en cuanto todos son entes-, no _es algo
teórico O formal; pongamos que es real, tan real como sea un ser. Y diremos:

68

Todos los entes, en cuanto tales, están identificados realmente con identidad entitativa. Se identifican en el que es (realidad); se distinguen por algo
que, en rigor, no es ser, ya que la distinción va contra la identidad del ser
en cuanto ser. Se distinguen, necesariamente, por el que es ( esencias propias).
Qué distinción haya entre qué es y que es, cómo el qué es no pertenezca,
en propiedad, al dominio del ente en cuanto tal, no cabe en este trabajo. La
escolástica señaló un caso en que algo puede ser positivamente real y con
todo no tener entidad real. "Quod ergo aliquid possit considerari positive,
etiamsi non entitative realiter, proprium relationis est" (Juan de S. Tomás,
ob. cit., I, pág. 581, edic. cit.). Lo que aquí se dice ser propio de la relación
pudiera también convenir, y aun ser más verdadero, de otros órdenes. Por
otra parte: la identidad de varios con un tercero no implica necesariamente
identidad de ellos entre sí. La identidad no siempre es transitiva. Un caso
lo halló la teología escolástica en la Trinidad. Mas pudiera de nuevo suceder
que tal solución lo fuera mucho más de dific;ultades metafísicas que de explicación de misterios.
La identidad de todos los entes en cuanto entes, en su positiva realidad,
no implica su identidad en cuanto tal o cual ser, en sus esencias a qué es.
Suponer lo contrario, que la identidad es transitiva y total, es un pre-juicio.
Quédese este punto en indicación.
Cuando, pues, decimos que la conciencia, el conocimiento, se identifica con
todos los entes~ y que tal identificación positiva y real es base positiva y real
para conocer lo otro -para poder tener objetos, lo otro de mí en cuanto
ente, y lo otro de la cosa conocida en cuanto ente-, no se puede de ello
concluir -como lo hacía la teología por excepción respecto de la identidad
real de las tres personas divinas con la esencia, conservándose su distinción
real entre sí-, que todos los entes sean uno. Monismo.
La Conciencia, la vida, el conocimiento -cada ~no en su grado-, anula
el qué es, la esencia, o quididad, que en rigor no es ser, no es "entitative realiter", aunque sea algo bien positivo ( positive re alis). Mas la conciencia, la
vida... no aniquilan la realidad, lo positivo básico de todo ente en cuanto
ser. Y esta dualidad de comportamiento no tiene, en principio, dificultad
ontológica.
a) Hablaremos de identidad real entitativa de un ente cualquiera con todos
los entes, en cuanto entes; y de
b) Anulación óntica de su qué es, anulación que no será aniquilación por
no atentar, ni poder atentar contra la positividad real o realidad positiva del
ser. Esta anulación podrá tomar las formas de ocultamiento, disimulo, preterición, paréntesis, poner fuera de acción ... Distinciones que, dado el carácter
de ensayo de este trabajo, pueden omitirse, englobándoselas en el término ge-

69

�. , on
, tºica. En este punto Heidegaer
y Sartre han sido los
0
neral de anulacwn
máximos videntes.
c) La anulación óntica puede tomar la forma o estado de anul~ci6n f en~,ménica. No dejar que aparezca el qué es de un ente. y e~o de _' aplarhec~r),·
. estar patente d e s1, y de suyo (ventas
rez, a et eia '
hacer acto de presencia,
1
d b, . de
.
d
d
e
_
es
e
mo
o as1co
aunque nadie la mire entien a, contemp1e, ese ...
'
.
.
d
grado
no
solamente
verdad La vida, la conciencia... ' ca a una en su
'
. . d ( seararí¡ dentro del ente en total, que es y qué es, realidad y qu1d1da esenP_ ) i~o todo ello de verdad, de derechos y hecho de hacer paten~e, oste~tar
c1a ', sy por sí cada ente el que es ( real'd
. ) y qué es ( esencia
1 ad propia
, . propia).
1
d e si
1
,
tic
y
fenomemcamente
a
Así hemos visto que la conciencia ocu1ta o anu a on a
realidad que hace de cuerpo suyo.
d) Aparencial fenoménico. Cuando la vida, la conciencia, id(entific;d~s
real- ositivamente con todo ente en cuanto ella_ y ellos entes o rea es '
anul~ ositivamente el qué es de un ente puede deJar que_ aparezca
alguna
p
,
(
ncia)
baJ
·o
la
forma
de
aparenczal
f
enomenzco,
manera su que es ese
. por
e'emplo· color en cuanto y como visto, continuidad real en cuanto vista o
J
·
'd
,d
Implica' seguramente, una
d
dada al tacto sonido en cuanto 01 o Y por 01 0 · · ·
'
y
la IIDP
· 1·ica, porque to o
.
1
.
'n
del
que'
es
mas
no
completa.
cierta anu ac10
,
bl
1
aparencia[ fenoménico (sensible) presente un ente co~o otro,_ en do e rea_
ositivo componente: como distinto (id) y como distante (1d). Ambos as
y
p
.
fbles
con la real identidad de. todo. ser en cuanto ser. Derogapectos mcompa
1

?~

ciones aparenciales, reales, del principio de identidad.
.
C ando un ente se halle en estado de ser otro ente en cuanto ente, en
su r~alidad -tratarse con él, permítaseme la terminologí_a de re~l a real-, tal
. , ;,.,.,pli'cará
anulación óntica de los respectivos que es (las
1'denti'fº1cac1on
,.,,
1 esend
cías son un plural irreductible y primario) y de sus apareceres -de roo o
de sustentar sus que' es-· Así nos pasa con el cuerpo. . . se. tratan
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que
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alma,
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conciencia,
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vida
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que
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,
óntica)' y su aparecer ( anulación fenoménica) .
e) Caben aparenciales fenomenol6gicos. Cuando un ente -el vivi~nte,
· t e... _ , se identifica con otro ente, en cuanto entes,
y ,por virtud
e1 consc1en
.
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(id) , mas no este 1stan e i
luz, Un aparencia! que sea sólo distinto
slia r a
...,
de uno (o de los dos entes) en fase de ident1hcac1on.
Tales son los eide.

70

Y con esta última afirmación preparamos la siguiente, de carácter más hondo,
aunque ajeno al tema de este trabajo :
Es un pre-juicio clásico que la identidad, además de ser necesariamente
transitiva, tiene que ser definitiva: que no caben identidades de hecho. Además:
que toda identificación tiene que ser formal, es decir, exigida por la esencia
de las cosas que se identifican. Este último punto ya fue discutido, y negado,
por Cayetano, en sus comentarios a la Summa Theologica (Cf. comm. I
part. quaest. 54, art. I). Cabe entre dos entes una identidad material, casi
de facto, sin que tenga que ser siempre formal, fundada en la esencia. La
identidad, e identificación, no es ni 1) necesariamente transitiva, 2) ni
necesariamente definitiva ( cabe estado de identificación, pérdida de identificación), 3) ni formal, o fundada en necesidades de la esencia.
Pues bien: cuando un ente se compone de realidad y esencia, en un grado
cualquiera, la identificación (fáctica, concreta, no transitiva) con otro ente
-los dos tomados en cuanto y por lo que tengan de ser-, hace que se unan
en cuanto y por lo que tengan de reales (uni6n real), a la vez que esa misma
unión en la realidad precisamente opera -por modo que dejo inexplicado
aquí-, una especie de desencialización, de salida a la superficie del ente de
los componentes esenciales, troncándolos en aparenciales; en aparenciales
fenoménicos, unos (color, calor ... ); en aparenciales fenomenol6gicos, otros;
eide.
La unión o identificación (fáctica, concreta, no transitiva) de dos entes,
cuando adquiere cierto grado de intimidad hace rezumar los componentes
esenciales de ambos tanto que se distingan y distancien; o simplemente que
se distingan.
Pero, al revés de lo que pudiera parecer a primera vista, cuando los componentes esenciales de dos entes salen a flor de ser, afloran, de modo que se
distingan y distancien, la unión, en realidad, de tales dos (o más) entes es
menor ser que cuando sólo se distinguen, ya que en este caso se deroga menos
el principio de identidad.
Luego una unión, en realidad y según ella, de dos entes que tenga por
efecto un aparencia! solamente distinto ( eide) es más íntima que la que produzca aparencia! distinto-distante. Y por tanto, los eide son menos otro (menos objeto, obstáculo) que los aparenciales fenoménicos (color, calor, etc.).
Y de consiguiente permiten un conocimiento del ente más próximo, más
hondo, los eide que lo aparencia! fenoménico (sensible) .
f) Empero la unión entre dos entes, hecho por ambos ser, y en la medida
en que lo sean, o estén siendo (por un estado especial. . . ) , la reversión de
ambos o estado de realidad, a estado de ser, a ser que está siendo (Da-sein)
ser, puede verificarse de varios modos, uno de ellos por estado sentimental,

71

�por ciertos sentumentos especiales, algunos, señalados ya. En general, son
los sentimientos los que fijan el grado de identificación (real, positiva, fáctica,
no transitiva, concreta) de dos entes, con la consiguiente anulación óntica
( del qué es), a veces fenoménica ( de aparenciales distintos-distantes), a veces
hasta fenomenológica ( de aparenciales distantes, reducidos a distintos solamente).
Mas nos sentiremos -volviendo al problema de este trabajo--, reales, estaremos siendo reales, en diversos grados según la potencia identificadora (revertiente o transformante del ente en ser, en real) del sentimiento correspondiente. Así nos sentimos, y estamos siendo, más reales en cuerpo que en
soma, porque al primero lo anulamos óntica y fenoménicamente; por tanto
eliminamos dos motivos de distinción y distancia, dos grados de desentificación; mientras que el soma anula parcialmente lo óntico ( del aire, de la
luz ... ) y deja subsistir la distinción (lo otro, lo objeto, lo obstante, obstáculo)
de fenómeno.
Mas la pequeña, o grande, anulación óntica que impone sentimientos
como miedo, paz, sosiego, naturalidad, familiaridad. . . son lo físico -con
el cielo, la noche ... - proviene de que estamos siendo (por identidad fáctica,
concreta, no transitiva) lo .físico en su realidad; y, por serlo realmente eliminamos, hacemos que se presenten como lo otro (objeto) los aspectos (esenciales o esencialoides) que impedirían la identificación. En concreto: el que,
según la ley de Fechner-Weber (aceptémosla como indicio, pero vale una
de esa forma o parecida), sólo se perciba el log. de la intensidad del excitante
-cantidad menor que el excitante mismo--, nos da la medida de la identidad real entre los entes ( conocedor sensible y lo conocido sensiblemente) a
la vez que lo que queda sin identificar, sin anular ónticamente, bajo forma de
aparencia! -la diferencia entre la magnitud A y lo log.: (A -log A). Esta
diferencia es dada aparencialmente, pues es lo inasimilable (inidentificable)
realmente, aun estando los dos entes en estado de ser-, por tanto en estado
de identificarse lo más posible.
Cuando disminuya, por las causas o motivos que fuere, el grado de identificación (el estado de ser) de dos ( o más) entes, disminuirá, si son conscientes
(o lo es uno de ellos) la sensación, imágenes de la imaginación ( ensueños... )
La certeza que nos dan las ideas (eide) proviene, en su fondo ontológico,
de que cuando dos entes se identifican tan profunda, casi formalmente -de
modo que eliminen o se deshagan de un aparencia! (esencial) con matiz
de distancia-, es que están siendo idénticos con indistancia, por tanto con
unión más de ser. El sentimiento de certeza -fundamentum inconcussum,
immutabile, Descartes-, es un sentimiento, un estar-siendo, ontológico, cuya
función propia, cuyo valor indicador consiste en damos, a la conciencia, el
grado de identidad entre dos entes, como indistantes, reducida su diferencia

72

a simple distinción, rezumando lo otro, lo que fuera motivo de desidentificación,
en forma de objeto ideal (eidos).
De aquí que la certeza inteligible sea mayor que la sensible.
g) El color verde que las hojas tienen es precisamente el que no poseen,
pues es el color único reflejado: mientras que los colores absorbidos, los que
poseen, son precisamente los que ni aparecen ni pueden aparecer. Lo son.
Los colores que las hojas no pueden ser, los reflejan, los truecan en aparenciales, en lo otro y para otros. Objeto.
Si los objetos sensibles emitieran en forma de radiación todo lo que son,
no nos lo reflejaran, serían espejos perfectos, y no los veríamos; a lo más
nos veríamos nosotros en ellos. Pero si nuestro mismo cuerpo emitiera todo
lo que tiene de radiación, si no absorbiera nada ( trocándolo en inobjetivo)
no se vería a sí mismo ni en él se vería nada ni vería nada. El fenómeno de
absorción -de poner algo en sí y para sí, de sustraerlo a la categoría y estado de objeto (de lo otro)-, es condición para que realmente veamos, realmente oigamos, realmente seamos cuerpos físicos. . . Esta realidad no es notada objetivamente: es sentida.
Dejemos el término físico de absorción, y empleemos los más rigurosos de
ontología; la identificación entitativa, con un grado de anulación óntica y
fenoménica o fenomenológica, es condición para realmente ver, oír, conocer.
Cada cuerpo, cada ente, para ser realmente lo que es, para estar siendo
ser, tiene que anular algo; de lo suyo por de pronto ( su parte de realidad),
y algo de lo de los demás entes, para ser diferente de ellos. Es el equivalente ontológico de la absorción física de radiaciones: volverlas invisibles,
infotografiables ...
El capital neto en ser de un ente está dado por su coeficiente de en sí, inobjetivable, atematizable (Cf. Heidegger, Kant und das Problem der Metaphysik,
pág. 42. edic. 1929), por su potencia de absorción, de anulación de lo otro,
de lo objetivo, y por su poder de eliminar, de sacarse de su realidad las causas
intrínsecas de distinción y distancia. Regalar, o dar, aparenciales, para así
estar en sí, y estar identificado con otro ente, en cuanto seres ambos.
Un ejemplo concreto físico, ontológicamente interpretado: cuando un objeto (espejo) emite todo lo que recibe (lo refleja totalmente) no lo vemos;
nos vemos (los que no emitimos todo, sino absorbemos algo) en forma de
imagen virtual, irreal, que no puede fotografiar nada, ser recíbida en pantalla, dar interferencia, etc.; lo que hace el espejo aparecer se truec\ en
irreal. Luego que, en el conocimiento mismo, tomado en su integridad, se
dé el que las cosas son ( su que es), además de su qué es, es un dato inmediato, diversamente dado según los casos.

73

�El que no podamos objetivar íntegramente el yo, la conciencia, no solamente no es un inconveniente; es la mostración de que tienen ser en sí.
Oigamos a Sartre que es quien mejor, según mis conocimientos, ha expresado este punto: "La conscience n'est pas un mode de connaissance, particulier, appelé sens intime ou connaissance de soi, c'est la dimension d'etre
transphénomenale du sujet". "La conscience est l'etre conscient en tant qu'il
est et non en tant qu'il est connu. Cela signifie qu'il convient d'abandonner
le primat de la connaissance, si nous voulons fonder cette connaissance meme"
(ibid.).
Damos por terminado con estas indicaciones ontológicas lo que hemos creído
imprescindible aportar como fondo de la teoría gnoseológica, tema de este
trabajo.

VERDAD, LIBERTAD, CARIDAD Y JUSTICIA
GIORGIO DEL VECCHIO
Universidad de Roma

Dos MÁXIMAS LUMINOSAS Y SUBLIMES creo que deban ser tenidas siempre
presentes: la del Evangelio según San Juan (VIII, 32) : "Veritas liberavit
vos" y la de San Agustín (De vera religione, c. 39): "In interiore homine
habitat veritas". La Filosofía moderna, en sus formas mejores, ha confirmado
e ilustrado ampliamente estos conceptos, aunque si.Q referirse a premisas
teológicas, con respecto a los testimonios de la conciencia y a la naturaleza
racional del hombre. Igualmente ha quedado demostrado el nexo que liga
entre sí indivisiblemente las nociones fundamentales de la Etica, las cuales
pertenecen todas a un orden superior de la naturaleza física.

•

74

Los más esmerados análisis gnoseológicos (incluido, por ejemplo, el de
Kant) han comprobado que existen en el espíritu de todo hombre ideas y
certidumbres que trascienden los datos de los sentidos y, a diferencia de estos
datos, tienen el carácter de la universalidad y de lo absoluto. De esto -que
el hombre es justamente espíritu y cuerpo, perteneciendo casi a dos mundosnace la perenne crisis de nuestra existencia, el ~nhelo nunca del todo apagado de ascender del finito al infinito. Sin embargo este anhelo es ya por sí
mismo un claro y cierto testimonio de nuestra verdadera naturaleza. Se impone a nuestra conciencia la ley eterna, por la cual nos sentimos libres e imputables, mientras la misma ley nos indica imperativamente la vía del deber
sobre las insidias de las pasiones.
La tendencia hacia la verdad, innata en nuestro espíritu, no es solamente
un dato psicológico: es también un principio ético, una exigencia moral.
Tenemos el deber de buscar la verdad y, en cuanto podamos alcanzarla, de
respetarla y conformar con ella nuestro obrar. Ningún sistema ético, digno
de este nombre, es posible sin tal precepto, indisoluble de aquellos fundamentos de la caridad y de la justicia. El mandamiento del Antiguo Testamento:
"No levantarás falsos testimonios" ha sido, al par que los otros, no solamente

75

�acogido, sino desarrollado fecundamente por el Cristianismo, que ha sacado
de él una serie de mandatos y prohibiciones, inspirados igualmente en el
fundamental respeto a la verdad. La Etica cristiana ha dado, además, una
nueva consagración a este principio, poniendo entre los pecados contra el
Espíritu Santo el impugnar la verdad conocida. No se podría definir más
exactamente, aun en términos estrictamente filosóficos, el ultraje hecho conscientemente a la verdad que como un pecado contra el espíritu.
Vale, pues, para todo hombre, cualesquiera que sean las condiciones de
vida y el grado de cultura, el imperativo categórico que Manzoni expresó
con las palabras: "Jamás traiciones la santa Verdad". Servir a la verdad a
toda costa, buscarla al precio de cualquier fatiga, amarla por sí misma y no
por las ventajas que puedan derivar de ella: he aquí nuestra misión esencial cumpliendo la cual sentimos trascender las miserias de nuestra efímera
vida' para reunimos otra vez en el reino eterno de lo Absoluto, y as1, vo1vemos dignos de la inmortal huella que está en nosotros.
Del reconocimiento de la validez de esta suprema ley y de la obligada obediencia a ella depende esencialmente, no obstante cualquier apariencia contraria, nuestra libertad. Sólo a un observador superficial, la libertad parece
consistir en la esencia de toda ley; pero en verdad, es libre solamente el que
sigue la ley de la propia naturaleza. Y porque el hombre es por su naturaleza
un ser espiritual, capaz de elevarse del reino de los sentidos al de la razón,
podemos decir que es tanto más libre cuanto más se redime de las pasiones.
Así escribió incisivamente San Agustín: Eris liber si fueris servus: liber
peccati, servus justitiae. En el mismo sentido se había ya expresado San Pablo;
y a no diversa conclusión han llegado los análisis de la Filosofía moderna;
basta recordar que, según la doctrina de Kant, la libertad se compenetra
con el respeto a la ley moral. Esto vale, tanto para el orden moral como
para el jurídico; y tanto para los individuos, como para las naciones y los
Estados. Todo mundo sabe que, aun en el orden interno de cada Estado, la
libertad es posible sólo donde la ley sea respetada, y está tanto mayormente
en peligro, cuanto más graves y frecuentes son las infracciones a las leyes.
Exactamente expresó este concepto Cicerón, afirmando: L egum omnes servi
sumus ut liberi esse possimus.
Por la universalidad que le es propia, la suprema ley impone a todos los
súbditos el reconocimiento recíproco de la dignidad de la persona humana, es
decir del vínculo de la fraternidad entre todos los hombres, por la común naturaleza de su espíritu. Tal es el significado del fundamental precepto evangélico, que se expresa en las dos formas, lógicamente unidas, de la moral y
del derecho: en las máximas, distintas pero coherentes, de la caridad y de la
justicia. Innumerables son las aplicaciones de estas máximas; baste aquí no-

tar que bajo esta base se desarrolla el sistema de los derechos naturales del
hombre.
No sin profunda razón Santo Tomás enseñó que la verdad ("veritas sive
veracitas") se conecta con la justicia y es más bien una "pars justitiae"; porque también ella, en cuanto se manifiesta, "est ad alterum" (Summa Theol.
2a. 2ae., q. C IX, art. 1 y 3). Cada quien tiene con respecto a los demás la
obligación de ser verídico: "ex honestate unus horno alteri debet veritatis
manifestationem"; porque, sin el recíproco crédito, perdería la posibilidad de
la convivencia, impuesta al hombre por su naturaleza social.
Sin embargo, muchos problemas surgen ( y es superfluo decir que no escaparon a la mente del de Aquino) cuando se trata de los límites a los cuales se
somete la obligación de manifestar el propio pensamiento. El obsequio debido
a la verdad excluye evidentemente la mentira, no el silencio. Esto es, en muchos casos, un índice de mayor virtud que la palabra, hasta como medio idóneo
en la búsqueda de la verdad en nuestra misma conciencia. Más aún, el secreto es en muchos casos no sólo lícito, sino obligado. Particularmente riguroso y absolutamente infranqueable, como todos saben, es la obligación del
secreto en el caso de la confesión religiosa, que sería desnaturalizada (inhumana-cruel) si no fuera secreta. Pero aún fuera de este caso, donde el secreto
tiene el carácter de sagrado, puede responder a precisas exigencias de carácter ético y hasta técnico, por ejemplo en el ejercicio de ciertas profesiones.
La piedad puede sugerir el disimulo (a menudo temporáneamente) de verdades dolorosas. Típico es el caso de los médicos, que no se consideran siempre obligados a comunicar a los enfermos pronósticos infaustos, especialmente
cuando esto podría ocasionar el aniquilamiento de los poderes extremos de
resistencia al mal. En general se debe conciliar el deber de la verdad con el
de la prudencia y de la piedad.
Del callar verdades conocidas al disimular, el '¡Jaso es breve, y a veces casi
inevitable. Esto aparece también en las doctrinas de los más intransigentes enemigos de la mentira y sostenedores de la verdad a toda costa. Santo Tomás,
por ejemplo, no sólo afirma que no siempre estamos obligados a abrir nuestro
intelecto, y que "etiam in doctrina sacra multa sunt occultanda, maxime infidelibus, ne irrideant", según el dicho evangélico: "Nolite sanctum dare
canibus"; pero, recordando un paso de San Agustín ( De mendacio, X, 17) ,
admite del mismo modo que a veces "licet veritatem occultare prudenter sub
aliqua dissimulatione" (Summa Theol., 2a. 2ae., q. XL, art. 3; q. CX, art. 3 a
4) . Sobre esto, como sobre la admisibilidad de anfibologías y de disfraces en
particularísimas circunstancias, se ha disputado largamente en tiempos antiguos y recientes; pero no me detendré ahora sobre tales disputas habiéndolo
ya señalado en otra parte. Se trata, por lo demás, de raras excepciones, que
estarían justificadas por especiales razones de índole ética. Sea como fuere,

76

77

�permanece fija la máxima que dice que la mentira es condenable y condenada hasta en sus formas más leves, aunque no constituye violación a otros
deberes que el de la vetacidad.
Importa por cierto observar que la veracidad, como la caridad, debe ser
iluminada por el intelecto. Palabras pronunciadas precipitadamente, o dietadas por diversas pasiones, pueden producir dolores y daños no leves, si no a
nosotros mismos, a los demás, contrariamente a las leyes de la caridad y de
la justicia. El amor a la verdad no nos dispensa de observar estas leyes; más
bien nos impone respetarlas, puesto que son ellas mismas las verdades más
ciertas e inconcusas. Ese amor debe pues ser valorado y sostenido por una
vigilante reflexión, y por una cierta autocrítica: sólo entonces él nos guía realmente a cumplir todos nuestros deberes. No en balde advertía Pascal: "Comme la premiere regle est de parler avec vérité, la seconde est de parler avec
discrétion" (Lettres a un provincial, XI) . Ciertamente no peca, en rigor, contra la verdad el que expresa sinceramente cualquier pensamiento o sentimiento suyo: puesto que, como observaba San Agustín ( De mendacio, 3), "non
omnis qui falsum dicit mentitur, si credit aut opinatur verum esse quod dicit".
Pero esto prueba precisamente que no mentir no basta, y que esta regla debe
ser integrada con la que impone la ponderación y la reflexión, por consiguiente con una cierta mesura en las palabras. No se olvide que la prudencia es la
primera de las virtudes cardinales, y que, como ya amonestaron San Pablo y
San Juan Crisóstomo (In Epist. ad Philipp. Comment., H omilia JI, C. I),
también las virtud teologal de la caridad debe ejercitarse "adhibito judicio,
cogitata ratione, delectu quodam ac sensu".
Resulta confirmado de esto el nexo que liga entre sí las distintas virtudes;
así es que bien puede considerarse la virtud en general, definiéndola, según la
fórmula de San Agustín. (De civitate Dei, XV, 22), ordo amoris. Tal definición comprende también la justicia, puesto que ésta se realiza plenamente
sólo cuando, junto con el orden, reina la caridad o sea el amor. Y no está
fuera de lugar recordar aquí un pensamiento de Rousseau (Nouvelle H eloise),
que si bien tal vez en forma no muy exacta, encierra en mi opinión, una
gran verdad: "Le _vrai chrétien, c'est l'homme juste; les vrais incredules sont
les méchants".
Ciertamente que en nuestra breve vida terrena no puede saciarse nuestra
sed de verdad y de justicia. Pero en esta misma sed, en esta inextinguible aspiración se revela nuestro superior destino y reposa nuestra esperanza en la
paz y en la beatitud eterna.

Traducción de JORGE RANGEL GuERRA

78

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO FILOSóFIOO
ISMAEL DIEGO PÉREZ
Universidad Nacional Autónoma de México

Capítulo Primero
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO EN GENERAL
UNA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO debe basarse en la validez de los conocimientos de la mente humana. ¿Hasta qué punto lo que conocemos por medio de la razón o por medio de la -intuición tiene validez para la ciencia? Porque dos son los instrumentos con los que podemos conocer: la razón y la
intuición.
El filósofo Pedro Caba en su libro Misterio en el hombre dice que conocemos por la "aletheia" griega, a una desvelación del conocimiento oculto hasta
entonces y hecho patente después, que es todo el conocimiento científico o
filosófico en las diferentes ciencias particulares o en los distintos sistemas filosóficos. O conocemos por Revelación, que es el conocimiento religioso, que
literalmente significa cómo lo que está velado, al tratar de conocerlo, se nos
presenta con un nuevo velo, o envoltura en doble velo. En lengua latina el
"mysterium" significa lo que se esconde o se oculta. ¿ Cómo entonces conocerlo? Lo conocemos por lo que llama Rodolfo Otto en la fenomenología de
lo santo como una gracia del espíritu humano o una intuición de las esencias
de lo religioso por las vivencias del hombre religioso.
Este último conocimiento no satisface a la inteligencia, pero satisface al
sentimiento, o bien, realidades que n0 satisfacen a la mente, y satisfacen a
la vida, porque lo religioso existe como un testimonio histórico y una realidad
actual. Los místicos y los santos nos hablan con elocuencia de lo que han sido.
¿ Quién puede desconocer en la historia del pensamiento, de la cultura o del
arte, la presencia del cristianismo?
Las obras de la filosofía cristiana, la literatura, el arte de las catedrales gó-

79

�ticas O de místicos como San Buenaventura, San Francisco o Santa Teresa,
nos dicen que la vida religiosa o "los hechos de la vida religiosa" nutren el
pensamiento de la humanidad.
El filósofo J. Hessen asegura en su Teoría del cono[Jimiento que la primera
tarea para estar en situación comprensiva de la "Teoría" sería hacer una Historia de la Teoría del conocimiento humano.
John Locke fue el fundador o al menos el primero que se planteó con ese
nombre una actitud crítica del saber. En su obra maestra Ensayo sobre el entendimiento humano, pone en cuestión los siguientes problemas:
a) Sobre el origen del conocimiento; b) sobre la esencia del conocimiento;
c) sobre la certeza del conocimiento.
El fundador europeo de la Teoría del Conocimiento fue Manuel Kant, al
establecer una fundamentación crítica del conocimiento científico de la naturaleza y creando un método trascendental.
.
Fichte presenta la "Teoría del conocimiento" como una Teoría de la Ciencia. Hessen afirma que una "Teoría general del conocimiento" sería una e~plicación O una interpretación filosófica del conocimiento humano. Lo pnmero que hemos de abordar es el objeto del conocimiento, e~plea~do un
método fenomenológico para conocerlo, estableciendo claras diferencias entre un conocimiento ontológico por vía de la razón y un conocimiento psicológico, que podría enmascarar con juicios individuales el _conocimiento puro.
El conocimiento por vía de la razón investiga la esencia general en el :enómeno concreto, es decir, lo que es esencial en ese objeto y lo que es esencial
a todo conocimiento, averiguando así la consistencia de estructura general.
En todo conocimiento se hallan frente a frente la conciencia que conoce
y el objeto que es conocido, o lo que lla~amos sujet~ ~ objeto. A ese dualismo de objeto y sujeto pertenece la esencia del conocimiento.
.
El método fenomenológico hace una descripción del fenómeno del conocimiento estableciendo esencias o leyes generales de los diferentes objetos. Sobre est~ descripción da una explicación y una interpretación de una Teoría
del conocimiento.
Te o ría de los objetos en la Filosofía
fenomenológica de Husserl

La filosofía contemporánea llamada fenomenológica, estableció una "Teoría
de los objetos". Se procede a una teoría de los objetos, a clasificar las ciencias
y a establecer una relación de los objetos con las ciencias.
Se estudia lo que es un objeto y se dice que hay objetos físicos, objetos de
pensamiento y objetos de la Metafísica.

80

Todos los asuntos de que trata una ciencia son objetos. Y el concepto que
fonnamos del objeto se define así: "todo aquello de lo que cabe decir algo".
En la filosofía tradicional decíamos que objeto es todo aquello que puede ser
sujeto de un juicio.
Si por ejemplo, X no es objeto, lo hacemos sujeto de un juicio y ya es objeto. A nada podemos negar el carácter de objeto. Igual sucede con objetivo y
con objetividad. Lo objetivo es lo opuesto a lo subjetivo. A nada podemos negar la cualidad de objetividad.
Ser y existir son sinónimos de objeto. Existencia equivale a objetividad. Real
y realidad son sinónimos de existencia y existente.
Se procede a la busca de los objetos y a su clasificación; el procedimiento
es empírico y la clasificación deductiva.
Objetos físicos. Los objetos físicos son desde nuestros vestidos hasta las estrellas más lejanas. ¿Qué tienen de común estos objetos? Y contestamos: a)
que los percibimos por los sentidos; b) todos los objetos que nos rodean los vemos con una evidencia irrefragable; c) la objetividad: todo objeto exterior ha
de estar en el espacio.
Los objetos físicos son todos aquellos que pueden ser percibidos por nuestros
sentidos o por medio de aparatos: así las estrellas o los átomos y electrones.
Objetos psíquicos. Son estados, hechos o fenómenos de conciencia. No son
perceptibles por los sentidos ni por aparatos. No habrá nunca un aparato que
nos pueda presentar un pensamiento, un deseo, un instinto. Los estados de
conciencia se presentan como propios, íntimos, entrañables; no se nos presentan: nos constituyen. Se nos presentan con la misma evidencia que los físicos.
Es evidente que estoy pensando. Pero a diferencia de los objetos físicos, los
psíquicos son inespaciales e inextensos. El tiempo es la forma a priori de la
sensibilidad interna. Los físicos se nos presentan de forma mediata y los psíquicos de forma inmediata.
Objetos ideales. Son los objetos matemáticos: Los números y las figuras.
Las figuras no son perceptibles por los sentidos; es la mayor lucha que ha de
sostener toda ciencia o filosofía: anular el sentido común. No se llama recta
a la arista de una mesa, ni circunferencia a la esfera de un reloj. La recta es
una totalidad de puntos; la circunferencia es la totalidad de los puntos infinitos de un plano a otro. ¿ Quién ha visto a la recta y a la circunferencia? La
recta o la circunferencia que vemos dibujadas son imágenes representativas,
es decir, siempre imperfectas. Para llegar al resultado de que no son sensibles,
necesitamos de la intuición y hemos de pasar por largos aprendizajes para llegar a esta intuición. Es como el error, en palabras de Manuel Kant, de creer
que la paloma volaría mejor sin la resistencia del aire.
Por la teoría de la abstracción nos parecen exactas y perfectas las rectas
o figuras: abstraemos sus imperfecciones y buscamos la quintaesencia, lo

81
H6

�ideal, y esto es la figura. En la abstracción hacemos como el químico u~ fi_no
análisis. Abstraemos el color de la mesa, cosa que no pueden hacer el quumco
0 el alquimista; abstraer este color en la doctrina ele Aristóteles es la figura
ideal.
Pero no puedo abstraer el concepto ideal de una cosa si no está en ella misma implícito. Para decir que una recta es imperfecta, hay que suponer un
concepto de perfecta.
.
La percepción de las figuras geométricas es inmediata, como los objetos
psíquicos, pero no se fusionan con nosotros como estos últimos: no nos constituyen y son tan exteriores como los objetos físicos.
Hay un mundo de experiencias de objetos ideales. Pero los objetos ideales
no ocupan un lugar en el espacio: ocupan lugar sus figuras físicas representativas. ¿Dónde residen entonces?
.
Son inespaciales y ajenas al tiempo y a la causalidad. Perduran en el tiempo y no desaparecen con él. Lo que desaparece son las cosas exteriores, las
representaciones sensibles, pero no su esencia ideal.
Percepci6n de objetos

La nota común de todos estos objetos es la evidencia.
De los objetos físicos tenemos una evidencia mediata y están en relación
de oposición al contemplador. De los objetos psíquicos tenemos una evidencia
inmediata y su relación con el contemplador es la fusión. Los objetos ideales
tienen una relación de oposición al contemplador.
Los objetos físicos tienen cuatro características: causalidad, espacialidad,
temporalidad y legalidad. Los objetos psíquicos tienen las mismas características pero son subjetivas estas carácterísticas. Las figuras y los números de los
objetos ideales siempre han sido y siempre serán. Una figura de tres lados Y
tres ángulos fue y será aunque la humanidad no tuviera la intuición eidética
que nos legó la filosofía de Platón. ·
Objetos relacionantes. Son objetos que se nos presentan de repente y no
son sensibles. El mundo ideal no son solamente los objetos matemáticos. Existen también los objetos relacionantes. Hay relaciones de la misma clase y distinta. Un ejemplo de relación es el color rojo y el naranja, que son semejantes.
Pero la relación no es el color rojo y el naranja. La relación es ideal.
Vemos fenómenos, pero no su causación. Las relaciones no son puestas sobre los objetos por la conciencia. El color rojo y el naranja son siempre, han
sido y serán así, aunque no nos hayamos dado cuenta. Las relaciones no forman parte del mundo sensible, aunque para conocer los objetos relacionantes necesitemos del mundo sensible.

82

Las relaciones no son percibidas por los sentidos. Cuando decimos que vemos la r~lación entre el rojo y el naranja empleamos una metáfora. Los obje• tos_ rela:1onantes los percibimos de una manera inmediata. Se parecen a los
º~Jetos ideales porque ,n?s presentan una ~elación de oposición. Son inespaciales como los matematicos, aunque espaciales en su representación sensible.
Son extraños al tiempo. La causalidad formará parte del mundo ideal como
también el reino de los valores de Meinomg. Los valores nos son acÍarados
por su valor_ lógico._ ~1- teorema de Pitágoras es un juicio, aunque no podemos confundir un JUICIO con un objeto psíquico. Al hablar del teorema de
Pitágoras hay tres momentos en la conciencia: uno es la repetición mental
otro la representación de la figura geométrica y otro la fórmula geométrica'.
Y todo ~rá acompa_ña~o- por un sentimiento de placer o de disgusto, según
l? que sugiera en el mdiv1duo su complejoo psicológico de gustos o de avers10nes.
Los objetos psíquicos son distintos en cada hombre y las relaciones tienen
un valor permanente.
~a conciencia de cada individuo es como el río de Heráclito, en que nunca
es_ igual. Podrá ser idéntico, pero no igual; podrá ser otro igual, pero no el
mismo. ¿El teorema de Pitágoras es un objeto psíquico? De ninguna manera.
El teorema de Pitágoras se presenta igual que se presentará en todos los tiempos. En el teorema hay que buscar la idea, como aseguraba Platón, el concepto que es uno, no tiene plural, ni tiene otro idéntico al teorema de Pitágoras. Para ser un objeto psíquico se debiera primero fusionar con nosotros
Y está en oposición a nosotros, es decir, está fuera de nosotros.
La impresión del teorema nos deja herméticos y separados, no nos fusiona.
~os objetos psíquicos son temporales y causales y los juicios son extraños al
tiempo y a la causalidad.

•

Ahora bien, para formular el juicio del objeto ideal nos hemos de apoyar
en el juicio físico-psicológico, como para darnos cuenta del río que no corre
n_os hemos de fijar en el río que corre. Los juicios no son objetos matemá~
tic~s, pero sí son juicios matemáticos sobre lo que recae. Los juicios son relaczones.
Una_ cosa es el juicio y otra el objeto. La relaci6n matemática descansa sobre ob¡etos matemáticos.
•. Las relaciones de igualdad y de semejanza no son iguales. Un cuadrado será
igual a otro cuadrado, pero no el mismo. Una relación de io-ualdad
es
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a re ac1on ogica. e 1gua a es lo que constituye rigurosamente
e! Jmc10. Pero en el juicio hay una pluralidad de objetos psíquicos. y lo que
tienen de común estas relaciones es la intencionalidad.
Además de percibir con evidencia las relaciones, como en toma de pose-

83

�sión, las tomamos por verdaderas o falsas, lo que no sucede con_ l~~ obje~os
físicos. El juicio es lo que se llama un valor y valor es siempre un J_~c10 su~Jetivo. El valor que se puede definir en economía, no se puede defm1r en filosofía. Pero aunque no podamos definir un valor, sabemos si es verdadero o
falso. Los valores suscitan en nosotros sentimientos superiores: el conocer la
verdad el valor de un mueble o de una persona, se nos presentan de momento, sin 'poder definirlos. El valor no es la mera contemplación física del objeto sino una captura de su valor ideal. Por eso puede presentarse el valor en
conciencia, valor de objeto o persona, aunque para los demás, permanezca hermético.
Objetos suprasensibles. No pueden verse con los ojos, ~e la cara. _Lo que
vemos con los ojos es lo que no es, en el concepto platomco.. Los ~bJetos suprasensibles son substancia, alma, Dios, que no son valores m rel_ac1ones. Todos los conatos de negarles objetividad, es porque sólo se consideran como
objetos los sensibles. Los objetos suprasensibles son tan difíciles de captar que
podemos decir lo que no son, para decir lo que son.
.,
Son objetos no perceptibles mediata ni inmediatamente: no ~uardan relac1on
de fusión ni de oposición y no se presentan como los objetos ideales.
Los objetos suprasensibles no tienen experiencia. porque no tie_n~ visión.
La Substancia es lo que permanece en mí y los accidentes se manifiestan. No
podemos percibir a Dios, porque sería un contrase~tido con Objetos_ Suprasensibles. Si es suprasensible no puede hacerse sensible.. Lo qu~ ?erciben los
místicos no es el objeto sensible, sino el valor ideal de Dios, lo divino.
Se llama Objeto Nodal el cuerpo con el que vemos los Objetos Ideales Y
Dios es el sumo nodo de los valores y de lo suprasensible; es lo que llama Espinosa la causa sui.
El objeto de cada ciencia es su objeto propio. El objeto auténtico de las ciencias son las Relaciones o la ciencia sistemática de juicios. El valor lógico, llamado también gnoseológi_co, comprende la función del pensamiento o teoría
del conocimiento y la estructura del mismo llamada Lógica.
La Psicología es ciencia de los objetos psíquicos. La Metafísica es ciencia de
fos Objetos Suprasensibles. La Psicología es también ciencia de la cultura Y
del espíritu humano.

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Teoría fenomenológica del conocimiento religioso

Nos atenemos a las investigaciones y conclusiones de Otto Gründler. O una
interpretación del fenómeno religioso, considerado como ontología y gnose':
logía. Nos haremos tres preguntas fundamentales para adentramos en el hbro de Gründler.

84

Primera: ¿Hasta qué punto el texto elegido confirmaría o invalidaría la definición de la Metafísica como Ontología teológica y Autocrítica?
Debemos comenzar por una Fenomenología del Conocimiento, que presupone: A) Una teoría de los objetos. B) Una fenomenología de las formas
de conocimiento. C) La posibilidad o imposibilidad de. establecer la metafísica de la ciencia.

Y contestamos: ¿ Hasta qué punto nos ofrece Gründler una respuesta a estres preguntas?

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En el Prólogo de Max Scheler Sf! dice que lo hecho por Gründler es "más
bien un ejemplo del arte de aprender a encontrar lo divino (ars in veniendi),
que no de enlazar o de relacionar lo divino ya hallado, con el conocimiento
del mundo". Y también añade: "su método, consistente en traer los fenómenos
primarios de la vida religiosa a la intuición directa, no puede bastar por sí
solo para dar un fundamento seguro de la religión. Y ha de encontrar un
complemento metódico en consideraciones metafísicas, que el autor ofrece en
la tercera parte de su trabajo".
Vemos hasta qué punto los datos ontológicos y epistemológicos que presenta
Gründler tienen o no legitimidad metafísica.
En la primera parte del libro sitúa nuestro conocimiento en la experiencia
fenoménica de lo religioso y dice que se presenta en intuición sensible y categorial, como primeras fuentes epistemológicas. Lo que se sabe de Dios está
basado para unos en razonamientos, para otros en la intuición, donde interviene el sentimiento, y para otros en la revelación divina.
Pero Gründler no considera suficientes estos tres puntos de partida, sino que
existe el conocimiento fenomenológico, que quiere decir intuición esencial y
como "el más alto linaje y el último fundamento del conocimiento".
Y es que la "intuición que se da originariamen,te es una fuente legítima del
conocimiento, que ha de tomarse como se da". Y así excluye "todo conocimiento indirecto de Dios, bien racionalmente o partiendo del concepto del
mundo, o lo revelado por la autoridad divina".
Gründler critica al empirismo y al racionalismo y dice que no es problema
el definir lo religioso, sino el aprehender en acto de intuición, pues "intuir
es un acto de conciencia, en el que los objetos se nos presentan de modo plástico, como constituídos de ésta o de la otra manera".
Entonces considera diversas clases de intuiciones: A) La percepción sensible, como base esencial de toda otra intuición o acto de captar lo objetivo.
B) La intuición categorial como captación esencial: así en un árbol intuyo
su "ser verde" en su plástica plenitud. La intuición esencial, concebida como
el "eidós" aristotélico: en el árbol aprehendemos la "esencia verde" o la entidad "color en general". C) Intuiciones sensibles mediatas: el reverso de una
cosa cuyo anverso percibo, me es dado intuitivamente, en una intuición en-

85

�cubierta o mediata. D) Intuiciones anímicas mediatas: por la cabeza de una
persona veo su inteligencia, por el rostro expresivo su entusiasmo o en su comportamiento la lealtad, etc.
D•e esta suerte de intuiciones mediatas, con especie peculiar, sería la intuición de Dios.
.
Nos atenemos a las palabras de E. Husserl: "Aquí, por dondequiera, en la
fenomenología, no hay sino tener el valor de aceptar y describir honradamente, tal como ello mismo se ofrece, en vez de interpretarlo, lo que realmente se
ve en el fenómeno".
.
Ahora bien, para este saber de Dios, necesitamos una "conciencia de la verdad en determinadas proposiciones, basadas originariamente en una auténtica visión de la cosa sabida".
Pero Gründler se aparta de Husserl cuando dice que también podemos acudir a un saber supra-racional o revelación divina, pues un saber supra-racional
es "en esencia, perfectamente pensable".
Entonces caei;n&lt;;&gt;s en una filosofía teológica, sin bases intuitivas racionales,
recordando el famoso argumento de San Anselmo: "Existe sin duda alguna,
no sólo en el intelecto, sino también en la realidad, un ser tal, cuyo mayor no
puede pensarse. Y a este Ser le llamamos Dios".
Igualmente en aquella afirmación de Schopenhauer, cuando del pensamiento de la muerte deduce la "necesidad metafísica".
Pensemos, sin embargo, que la esencia de la religión, no de la filosofía religiosa, es una teoría irracional. Por eso todos los errores interpretativos del
fenómeno religioso consisten en tomar como teoría racional lo que no es una
teoría racional.
No podemos entrar en el ámbito de la Teología, sino limitamos a las dimensiones de una Teoría del conocimiento filosófico.
Gründler afirma que al no tener solución fenomenológica el conocimiento
de Dios, necesitamos de un saber que sobrepase a nuestro conocimiento y
por eso necesitamos de la revelación.
Necesitamos tener conciencia de la "presencia de Dios", o la aprehensión
de un ser absolutamente real y absolutamente valioso, en dos momentos inseparables: A) Emocional. B) Teorético.
El primero es la fe, en sentido religioso, o una religación del creyente con
Dios. El segundo tendría dos aspectos: a) la inteligencia. b) la revelación.
La inteligencia sería darse en el reino de los valores, no accesible a todo el
mundo, pues un "infranqueable abismo existe entre el conocimiento del reino de los valores y el de una naturaleza indiferente a todo valor".
Y es que el "dominio religioso no sólo está determinado por un valor, sino
absolutamente po1' el valor supremo y no se puede exigir que el conocimiento
86

religioso sea universalmente accesible, como el conocimiento científico del mundo exento de valor".
Así lo expresó Cristo en la parábola del sembrador: "No en todas partes
puede prender la simiente, sino sólo allí donde cae sobre terreno adecuado".
Pero la filosofía sólo puede elaborarse con la razón o con la intuición esencial. Aceptamos la existencia de "la cosa en sí", como la llama Kant. Pero
nuestra facultad de razón no nos permite conocer el objeto de la Metafísica, ni
establecer una relación de la facultad y el objeto. Aceptamos con Locke que
la substancia es un "quid ignotum". El filósofo Gründler no establece hasta
ahora un sistema para llegar a la metafísica teológica.
Dice Scheben que la Teología es ciencia de los misterios, o de verdades que
la razón humana no puede por sí misma ni reconocer como reales ni comprender en su esencia otra cosa que conceptos análogos y por tanto obscuros
e inadecuados.
Y Max Scheler en "De lo eterno en el hombre" nos dice: "El hombre puede adquirir con la ayuda de la razón filosofante, un seguro saber respecto a
la mera existencia de Dios, pero penetrar en el interior de éste, sólo puede hacerlo con la ayuda de la aceptación creyente del contenido de la revelación, tal
como lo expone la teología negativa".
Por eso el Dios demostrado racionalmente por la Teodicea natural, no es un
Dios vivo de la fe. Podemos demostrar la existencia de Dios y no creer en El.
Se requiere una especie de patetismo dionisíaco, como aseguraba Ortega y
Gasset.
Sostiene Max Scheler la existencia de un saber de Dios, puramente racional, independiente de la fe y de la gracia: A) Saber natural o racional. B)
Saber sobrenatural o de fe, al que alude la Teología mística. C) Saber sobrenatural o por medio de la revelación. Este. último saber se encuentra en
las Escrituras Sagradas o en la palabra de Dios.
Dice Gründler que la única fuente de todo conocimiento filosófico-religioso
es la propia experiencia religiosa y nos habla de estados de fe o de gracia,
de santidad. Y otras fuentes de este conocimiento religioso, son las historias
de santos, los libros sagrados o el testimonio de los Padres de la Iglesia y de
los místicos.
Ahora bien, en el dominio religioso existe una toma de conocimiento y
una toma de posición y los dos encuentran su unidad esencial en un acto
concreto: la oración.
En "Lo santo" de Rodolfo Otto y en la "Etica" de Scheler, se hace una
distinción de la religión oriental y occidental. La primera está vuelta hacia
sí en una pura Nada, y la segunda hacia sí y hacia el mundo. Scheler desemboca en el estudio de Dios como fenómeno de conciencia o actuación inmediata del espíritu divino sobre lo finito. La presencia de Dios otorga la santi-

87

�dad que es "un bien supraterrestre, la conciencia de la seguridad, de la paz
de Dios, que es superior a toda razón".
Gründler atribuye a Dios un sentido valorativo y además lo considera como
Ser Absoluto y Absoluta Verdad.
Seguimos el orden metodológico y la exposición de ideas en el libro de
Gründler.
Dos conceptos de la existencia

La fenomenología distingue entre "hecho" y "esencia", factum y eidós. Hay
existencia fáctica y existencia eidética. La existencia fáctica de un objeto es
la experiencia. La existencia eidética corresponde a todo eidós o leyes esenciales evidentes.
Así como en todo hecho hay una esencia, en toda existencia fáctica, hay
una existencia eidética. La existencia fáctica deduce la existencia eidética, pero
la fáctica no se deduce de la eidética. El que el centauro no exista de hecho,
no niega la existencia eidética de dicha esencia. Por eso dice que el eidós de
Dios existe y no contiene en sí nada que contradiga las leyes esenciales. La
Idea de un Sumo Bien, en forma de persona perfectísima, subsiste con pleno
derecho. Otra vez San Anselmo viene en nuestra ayuda: "Quod non possit
cogitari non esse".
La Metafísica anselmiana es una Teodicea, donde aparece Dios como causa eficiente, ejemplar y final del mundo inteligible y sensible.

Dos conceptos de la realidad

Llamamos a una cosa efectiva o real, como opuesta a inefectiva e irreal.
Lo real es lo que existe en el mundo tempo-espacial. Irreal es lo que no corresponde a ninguna existencia en tiempo y espacio; toda esencia es irreal,
puesto que en el mundo real nunca hay esencias, sino sólo individuaciones
de ellas.
Lo real coincide con lo fáctico y se opone a lo ideal. El idealismo enseña
que el ente primario y original es la conciencia y que toda objetividad dada
en la conciencia es ideal. El realismo, por el contrario, enseña que fuera de
la conciencia se da además algo real o independiente de la conciencia.

Tres formas de idealismo

A) El idealismo subjetivo. Es la conciencia individual de la persona finita.
Pero existen otras personas finitas, otros yoes, que pueden afirmar: el mundo
es mi representación.

B) El subjetivismo de la especie. Se trata de evitar la contradicción de los
yoes extraños, individuales, acudiendo a la conciencia de la especie entera.
Pero la especie humana no es sino una entre otras especies posibles, en número infinito.
C) El idealismo absoluto. No parte del sujeto empírico, sea individuo o especie, sino de la conciencia pura "absoluta" de la conciencia en general. Pero
olvida que esta conciencia en general es una esencia, que sólo tiene existencia eidética y de la que no es posible deducir jamás la existencia de un hecho.
Toda conciencia, incluso la conciencia pura, que se considera en la reducción
fenomenológica, es individual.
D) El idealismo teístico. Es la salida que busca Gründler, o dependencia
del mundo respecto de la conciencia divina, dada intuitivamente. Critica a
Husserl diciendo que funde en el concepto de "conciencia pura" tres concepciones distintas:
A) El núcleo abstracto de todo sujeto consciente o corriente individual; lo
que queda del sujeto cuando se desliga in mente la conciencia de su vmculación al cuerpo, al alma y a la persona.
B) El eidós o esencia de la conciencia pura individual, descrita en el idealismo subjetivo.
C) La conciencia absoluta. Su existencia no alecta al ser o no ser del mundo. De ella depende en cuanto a su esencia todo lo trascendente.
Para Gründler, esta conciencia absoluta está en identidad con la divina,
que Husserl no ha querido ver por no introducir conceptos religiosos. Y cree
que su elaboración intuitiva del idealismo teístico se corresponde con las más
profundas intenciones de Husserl.
Gründler se mueve entre meras descripciones intelectuales, pero sin desembocar claramente en una ontología teológica.

La realidad de las ideas
La idea no es una forma subjetiva, producida mediante operaciones psíquicas, sino un dato objetivo, que no se deja hacer por el sujeto, sino sólo contemplar, a condición de entregarse puramente al sujeto.

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¿ No son acaso los números lo que son, los formemos en operaciones men-

tales o no?
Sólo se realiza la intuición esencial auténtica cuando el yo se dirige puramente al objeto y no añade ni resta nada de lo que le es propio; el eidós según su esencia es siempre real y nunca ideal. Se da siempre frente a la conciencia como absoluto, como no dependiente de ella.
Y concluye Gründler : el pensamiento de Dios no puede en absoluto ser
más que verdadero; su voluntad no puede ser más que buena. La idea de
esta Suma Bondad es la más alta de las esencias, la suma de todas las perfecciones eidéticamente existentes.
Libertad y necesidad en la creación del mundo

Como toda conciencia, la conciencia divina es también por naturaleza "conciencia de algo"; el mundo del eidós es la objetividad que por naturaleza le
corresponde. Si Dios quiere crear un mundo de hechos, libre es de hacerlo;
toda cosa esencialmente posible puede Dios realizarla de hecho. La "necesidad por la que Dios ha creado el mundo, no tiene base fenomenológica". Ya
dicen los Escolásticos que la perfección de Dios no disminuye ni aumenta en
lo mínimo, con la carencia o la posesión del amor a las criaturas. Queda al
arbitrio de Dios elegir entre la multitud de ideas presentes a su espíritu, aquellas que singularmente quiere otorgar una existencia fáctica.
La realidad de Dios

La realidad de Dios es independiente de la conciencia finita que lo percibe.
A diferencia del puro eidós, Dios es constantemente eficaz en el mundo tempoespacial de los hechos, por lo que tenemos su atribución de existencia efectiva; está más allá de la diferencia entre hecho y esencia, de lo fáctico y de
lo eidético; es el más real y el más esencial de todos los seres en absoluto; es
al mismo tiempo inmanente y trascendente; es el Sumo Valor, el Absoluto
Ser y la Absoluta Verdad.
Para Husserl, los Objetos Suprasensibles son difíciles de captar. Podemos
decir lo que no son, para decir lo que son. Dicen los Escolásticos que sólo renunciando a todo, podemos tenerlo todo. Conocemos con certeza que la causa es, que existe, pero no sabemos lo que es, sino únicamente lo que no es.
En la abstracción radica la miseria y la grandeza de la inteligencia humana:
abstrahentium non est mendacium.
Segunda. lCuál es el punto de partida de la filosofía expuesta y hasta qué
punto incurriría o no en el contrasentido del dato inicial buscado?

90

El punto de partida es la presencia del fenómeno religioso en la conciencia
subjetiva, conocido por las distintas formas de intuición o de saberes que
Gründler ha descrito.
Como Dios es un fenómeno subjetivo en la conciencia, no puede existir conocimiento objetivo de Dios. Aquí radica el contrasentido de Gründler al pretender encontrarlo en el idealismo teístico o dependencia del mundo de la
conciencia divina. No podemos tener conciencia de lo que no podemos conocer, al menos filosóficamente.
Tercera. Las grandes clases de entes reconocidos, más o menos explícitamente y los caracteres por los que se distinguen.
Todos los conceptos que entrañan términos de relación o de fundamentación de conocimiento, tienen un ser o una razón de ser, son entes. Podríamos
enumerar muchos en este libro de Gründler. Señalamos algunos: intuición
sensible e intuición categorial; intuición religiosa; el saber y la fe; la revelación; el saber supra-racional; la teoría y la emoción; el valor y la esencia;
la conversión y la gracia; lo santo y lo insanto; la doctrina y la profecía; lo
divino y lo humano; lo sensible y lo suprasensible; la oración o el nirvana;
la ideología y el amor; oriental y occidental; alma sensitiva y alma racional; la
predestinación y el libre albedrío; el hecho y el eidós; existencia efectiva e
inefectiva; el idealismo subjetivo, el subjetivismo de la especie, el idealismo
absoluto; inmanente y trascendente; Sumo Valor, Absoluto Ser, Absoluta Verdad, etc. Y tantos otros cuyos caracteres han sido explicados en gran parte a
lo largo de esta exposición crítica.
El filósofo Gründler no ha creado una metafísica crítica, al no plantearse
la validez o invalidez de los supuestos o de las realidades tomadas. Le faltó
hacer una filosofía crítica sobre su propia filosofía o una filosofía de la filosofía, elaborada con tan finos análisis discur~ivos. Cayó en el espejismo del
idealismo fenomenológico y perdió de vista la vivencia y la ontología de lo
religioso, en su patetismo fundamental.

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F. R. LIPIHUS,

Capítulo Segundo
LA FE RELIGIOSA

y

LA TEORÍA DEL CONOCIMIBNTO

LA FUENTE DE LA QUE NACEN casi todos los errores al juzgar la religión y la fe,
está sustentada en la siguiente equivocación: tomar por una teoría racional
lo que no es una teoría racional.
Si la fe religiosa no admite demostración desde el exterior, tampoco ¡;iue92

de ser refutada desde el exterior por la ciencia. Si tomamos la Teología negativa por una teoría racional, lógicamente desembocamos en el ateísmo. La
definición del No Ser coincide con la definición de Dios. Un Ser del que sólo
podemos dar determinaciones negativas, no existe, es el No Ser. De Dios afirmamos: es infinito, no tiene principio, no tiene fin, no tiene potencias, etc.
Todo son determinaciones negativ~s, que es lo mismo que la definición del
No Ser.
Partiendo de esta confusión, al definir a Dios, negamos a Dios, ya que lo
identificamos con el No Ser.
Pero la Teología negativa no es una teoría racional, sino el fundamento de
la Teología positiva: los actos religiosos y su esfera de objetos reales y de objetos de valor, forman un conjunto originariamente cerrado en sí mismo, algo
así como los actos de percepción exterior y el mundo exterior que en ellos suponemos, según la definición de A. Messer.
La consideración fenomenológica de la esencia de la religión que hemos estudiado con Otto Gründler, nos asegura que la "sensación religiosa" es algo
originario y que no puede hacerse derivar de ninguna cosa.
En estos actos específicamente religiosos se nos da lo divino, así como en
actos de percepción externa se nos da el mundo exterior.
Así como de la existencia de actos del mundo exterior, deducimos la e::nstencia del mundo exterior, ¿ no podríamos también deducir de la existencia
de actos religiosos, la existencia de lo religioso, de Dios?
Creer que es preciso reconocer primero la existencia de Dios, para reconocer luego que los actos religiosos son algo más que alucinaciones, es lo mismo
que si se exigiese probar racionalmente la existencia de los colores y del mundo exterior, para recqnocer después que los actos de percepción sensible son
algo más que alucinaciones, en el concepto de Max Scheler.
'
No debemos caer en el error de admitir como
válida únicamente la experiencia sensible. Ya dice Nohler que lo dado en la experiencia sensible es sólo
una pequeñísima parte de lo dado. Así, los datos o los dados que no ·consisten
en sensaciones, son por ejemplo : figuras, formas, relaciones, orden, acción,
movimiento, espacio, número, cualidad de valor, unidad del yo, etc. Y son
datos primarios auténticos.
La insuficiencia o la pobreza de nuestra experiencia sensible, nos lo demuestra la percepción visual y la auditiva. Vemos los siete colores del arco
iris y nada más. Nuestra experiencia sensible no nos da la zona ultrarroja ni
la ultravioleta. Pero además podemos suponer que hay otras zonas más allá de
las zonas ultrarroja y ultravioleta. Comparado con todas esas zonas, la zona
de los colores es una parte insignificante. Esa insignificancia es la que nuestra
experiencia sensible nos da a conocer del mundo infinito. Lo mismo para los
sonidos: sólo percibimos sonidos cuando el número de vibraciones no sobrepa-

93

�sa ciertos límites, máximos y mínimos. Pero es indudable que para un órgano
auditivo mucho más sensible que el nuestro, serían perceptibles los sonidos mucho más graves y agudos que los capaces de ser percibidos por nosotros. Comparada esa zona de vibraciones que nosotros percibimos, con la inmensidad de
vibraciones que escapan a nuestra experiencia, veremos la insignificante parte
del mundo físico que podemos conocer por la experiencia sensible. Ampliando
este análisis a todos nuestros sentidos, veremos lo ridículo que resulta admitir
como válido sólo lo dado en la experiencia.
Estos hechos nos enseñan que nuestra experiencia sensible no nos da más
que una parte infinitamente pequeña de la inmensidad de la naturaleza; una
visión del mundo físico limitadísima, parcial y desde luego errónea. Todo lo
que contiene ese mundo físico y es capaz de ser conocido, lo conocemos no
por los datos de la experiencia sensible. Lo vamos descubriendo por medio de
las ciencias naturales, con sus métodos y sus juicios especiales, apropiados y
legítimos para descubrir los objetos físicos.
Pero además del mundo físico, existen otros mundos, como el ideal, el metafísico, el religioso, etc. y sobre los cuales no nos suministra ningún dato la
experiencia sensible, ni tampoco los juicios y los métodos válidos para las
ci~ncias físicas.
No podemos caer en el error de querer tener conocimiento del mundo ideal,
religioso o metafísico, por medio de nuestro conocimiento científico y con sus
recursos metodológicos, querer probar o refutar la existencia de Dios. Sería lo
mismo que pretender conocer el mundo físico en su totalidad sólo con los
datos de nuestra experiencia sensible, prescindiendo de las ciencias físicas, con
sus juicios y sus métodos.
No podemos llegar a conocer la divinidad por medio de las categorías finitas· de la inteligencia y es lo que han pretendido los investigadores de la teoría de la ciencia.
La fenomenología ha demostrado que los objetos físicos, ideales y metafísicos, están determinados para darse a conocer por sus métodos legítimos.
Los objetos de la fe son perfectamente distintos a todos los demás y por lo
tanto requieren un método especial y legítimo para darse a conocer.
Para completar la teoría del conocimiento habremos de empezar por hacer
la fenomenología de los objetos de la fe y el método legítimo para llegar a
conocerlos.
Así surgirá la teoría de la fe, distinta de la teoría de la ciencia. Pero también formando parte esencial del cuerpo de la teoría del conocimiento. V amos
a hacer según el método fenomenológico ese análisis ontológico y metodológico, para que quede asimilada a la teoría del conocimiento, la ciencia que
más ha influído en la Historia de la Cultura: la Teología.
Por ser la que más ha influído en la Historia de la Cultura, A. Messer em-

94

pieza su Ensayo de una Filosofía de la Cultura, tratando de la religión. Igual
que Luis Vives en su Tratado de la enseñanza empieza por la religión.
Tratamos, pues, de hacer un análisis fenomenológico de la fe para que entre a formar parte de la Teoría del Conocimiento.
_No podemos admitir que sólo podemos aceptar lo que se ha probado o demostrado. Si así fuera tendríamos la obligación de rendir cuenta de todos los
juicios. Ni admitir que los actos religiosos son alucinaciones si no demostramos la existencia de Dios, puesto que tampoco necesitamos demostrar la existencia del mundo físico para deducir que nuestras percepciones sensibles no
son alucinaciones. Es un empeño sin sentido querer demostrar la existencia
de la existencia o que existe la existencia; o querer demostrar la realidad de
la realidad.
Tampoco caer ~n el error de probar la existencia de una región, grupo o
clase de realidades, por medio de otra región, grupo o clase de realidades esencialmente diferentes, aplicando a aquéllas las reglas, juicios y métodos propios
y característicos.
Nunca podrá probarse la existencia de objetos religiosos por medio de la
existencia de objetos esencialmente diferentes, del mismo modo que "por medio de un conocimiento y evidencia perfectos del mundo inorgánico, no es
posible probar lá existencia de seres vivos, o la existencia de los colores y de
los tonos". Son palabras de A. Messer.
En todos los sectores de la vida de nuestro espíritu, se ve una conexión entre los grupos de objetos y la clase de actos. Por esto lo divino sólo nos es dado
en los actos religiosos y el mundo religioso en la experiencia religiosa, a la que
conduce sobre todo la mística.
La mística, conduciéndonos a lo más íntimo de la vida religiosa, nos descubre la esencia de la religión.
La religión tiene sus formas específicas de intuición. Si nos faltan esas formas específicas de intuición, nunca podremos tener el conocimiento intuitivo,
no racional, de las pruebas de Dios. Lo mismo podemos decir del orden físico, etc.
Señalamos por último un hecho de gran importancia. Los místicos nos describen sus estados de gracia o sus sensaciones religiosas, tanto artísticas como
psicológicas. Existe una sorprendente comunidad de tendencias en los místicos
de todos los tiempos y . en los pueblos más diversos.
Creo estar situado dentro de la fenomenología y de la teoría del conocimiento.

.

95

�Teoría de los objetos

El método de toda disciplina tiene que estar siempre determinado por la
categoría de objetos de esa disciplina. Ya Aristóteles cuando trató de determinar las relaciones de "la primera filosofía" con las dem~s ciencias, se expresó del modo siguiente: "Toda ciencia toma una región determinada de la
Naturaleza por objeto de sus investigaciones, pero ninguna de ellas llega hasta
el concepto de la esencia. Es necesario, por lo tanto, una ciencia que se ocupe
de lo que las demás consideran hipotéticamente como objeto de la experiencia.
Este es el objeto de la 'primera filosofía', en cuanto se ocupa en el ser en
cuanto ser, mientras las demás sólo tratan del ser en sus determinaciones concretas. Esta ciencia del Ser y de sus últimos fundamentos es la metafísica, que
supone las otras disciplinas formadas, por lo que es la primera filosofía".
Si sólo hubiera seres físicos, la física sería la primera y única filosofía, pero
como quiera que existe un ser inmaterial e inmóvil, que es el fundamento de
todos los seres, así habrá también una "primera filosofía" y por ser la primera es universal.
Este primer fundamento de todos los seres, no es otro que Dios, por lo que
llama Aristóteles Teología a la primera filosofía, que quiere decir: T eología
Meta Física.
En este mismo sentido aristotélico ha continuado la Escolástica cristiana y
en este mismo sentido aristotélico pudo identificar Hegel la Lógica con la Metafísica y con la Teología. Hegel dice que el dominio de la Lógica es el dominio de la verdad sin velos, tal como es en sí. Es la representación de Dios,
tal como es en su eterna naturaleza de creador de mundos y de espíritus.
La filosofía fenomenológica tiene por denominador común el objetivismo,
que encontramos en los discípulos de Brentano, como iniciador y como cualidad común a todos ellos. Es la misma tendencia que siguen actualmente Hartmann y Heidegger, dándole el nombre de ontologismo.
Max Scheler y Martín Heidegger proceden de la fenomenología. El filósofo
Husserl señala que los objetos ideales son especies y no tienen el principio de
individuación, que es el aquí y ahora.
La Idea en griego es lo que se vé; species en latín es lo mismo. Los objetos
ideales son especies o esencias. Los objetos ideales tienen meramente validez.
Rechaza las tres hipóstasis; la psicológica, que está en la mente; la metafísica,
que son los entes en lugar inmaterial; y la teológica, que es la mente de Dios.
Husserl asegura que la fórmula de Newton sería verdad, aunque nadie la
pensase.
_La esencia de la vivencia es el conjunto de todas las notas unidas entre sí,
por fundación. En la fundación una parte está unida a otra, sin estar contenida en ella: el color fundamenta la extensión y un color inextenso no puede

=

96

darse. Husserl trata de evitar la metafísica, reduciéndose a las puras esencias
de todo lo objetivo.
Todas las ciencias se especifican y distinguen por sus objetos específicos y
distintos, de tal manera que la diversidad de objetos da origen a la diversidad
de las ciencias y es la base para su clasificación. La clasificación de las ciencias es la prueba más palpable de la diversidad de objetos y de la variedad
del mundo.
La Teoría de la Ciencia es la encargada de diseñar con precisión el campo
de la naturaleza propio de cada una de las ciencias y tiene por misión exponer sus métodos respectivos.
Como los métodos dependen en su estructura fundamental de los objetos
a que se han de aplicar, resulta evidente que la Teoría de los objetos es la
condición primera, el primer estudio que hemos de emprender para poder determinar los métodos propios de cada ciencia. Y una vez conocidos los objetos
y los métodos, podemos entonces definir las ciencias y clasificarlas.
Lo que decimos de las ciencias es aplicable también a las distintas ciencias
filosóficas.
La Teoría de los objetos nos presenta las regiones distintas del mundo o
de la vida, a las que aplican las distintas disciplinas filosóficas, o las partes
de la filosofía. Y esto mismo ha hecho siempre el análisis filosófico en todos
los tiempos.
Hagamos una síntesis de la Teoría de los objetos en la Filosofía fenomenológica.
La región ontológica propia de la Filosofía es psico-física. Y el análisis de
ese mundo psicofísico se nos revela en tres categorías de objetos:

'
A) Fenoménica. La forman objetos fenoménicos,
constituídos en parte por
elementos psicofísicos puros. Nos conduce a su conocimiento la intuición sensible, empírica.
B) Ideal. La forman objetos ideales, esenciales. Nos conduce a su conocimiento la intuición eidética.
C) Metafísica. La forman objetos metafísicos. Y nos conduce a ella en descubrimiento de su esencia, la intuición eidética. Para mostrar su existencia,
ya que demostración no cabe y sí sólo mostración, la vía dionisíaca o patética.
Cada una de estas inmensas regiones tiene sus leyes y categorías peculiares. Pero no olvidemos que no son cerradas, pues que existen relaciones particulares entre cada una de esas tres grandes regiones y existen leyes y categorías aplicables a todos los objetos.
Unimos y totalizamos por la síntesis lo que el análisis desune y descompone

97
H7

�en partes. El mundo fenoménico aparece como la fusión de esas regiones distintas.
Así es en la naturaleza: variedad y unidad, armonía de diversas uniformidades. La Naturaleza no nos ofrece una sola uniformidad, sino una serie de
leyes unifor117,es.

Existen en la uniformidad de la naturaleza categorías radicalmente, esencialmente distintas entre sí. La prueba de esta radical distinción es la división
de las ciencias.

Aunque en edades primitivas el espíritu humano haya tenido muy arraigado el prejuicio de la unidad de la naturaleza, hoy sabemos que la nat_ur~l~za
contiene varios cateaorías de fenómenos, cada una de ellas con sus pnnc1p1os
, d os
separados, sus leyes ºdistintas, sus objetos diversos esencialmente y sus meto
diferentes.
Así por ejemplo los hechos y los principios, los m_ét~dos refer~ntes a los
números, a la cantidad, se estudian aparte, por ser d1stmtos esencialmente a
los hechos, los principios y los métodos referentes a la vida.
Podemos afirmar:
A) La naturaleza es uniforme. B) Esta gran uniformidad está formada
por gran número de uniformidades distintas.
Hay en la naturaleza regiones, esencialmente distintas y separadas,. ca~a
una con sus leyes propias, que se refieren a las diversas partes de la c1enc1a
o del conocimiento.
Ahora bien la fenomenología tiene su punto de arranque en el idealismo
platónico. La'fenomenología y la Teoría de los Objetos ideales, están sustentados por el inagotable idealismo-realismo de Platón.
Los neokantianos no quisieron encontrar en Kant el paso a la metafísic~ y
la fenomenología desdeñó a los neokantianos, porque creyó que los neokant1anos eran Kant y Kant fue separado del punto de partida de la fenomenología.
Como la fenomenología pretendió encontrar posteriormente en Kant _el paso
a la Metafísica, resurgió entonces la genial figura del filósofo de Koemgsberg,
tan fecunda como la de Platón en la fenomenología.
Husserl asegura que se puede encontrar en Kant el tránsito a la Metafísica,
puesto que la Filosofía de Kant conclu~e. e~ Metafísica. Cori_i~ el idealismorealismo platónico debe alcanzar su obJebv1dad en la Metaf1S1ca, resulta de
ello que Platón y Kant son las dos figuras centrales en las que encontramos la
anticipación de la fenomenología.
Digamos ahora qué son las esencias y qué son los objetos metafísicos para
exponer los métodos adecuados de su conocimiento.
Las esencias son objetos ideales. Representan lo inmutable, lo que perdura,
la estructura invariable de los objetos, de los cuales son sus esencias.

98

El principio de que el concepto es el verdadero ser, el único ser real, ya
.fue expresado por Sócrates, pero no lo desarrolló. Fue considerar el conocimiento lógico como exigencia práctica.
Fue Platón quien dio a los conceptos o ideas una sistemática exposición o
desarrollo. Podemos definir las ideas, según Platón, diciendo que son lo fijo
y permanente en lo variable, lo universal en lo particular, lo uno en lo múltiple, lo común en lo diverso.
Subjetivamente las ideas son principios ciertos en sí y no derivados de la
experiencia. Objetivamente las ideas son los principios inmutables del ser y
del mundo fenoménico. La doctrina platónica de las ideas satisface la necesidad de expresar la esencia de las cosas, o sea, lo que en el pensamiento encontramos idéntico al ser de las cosas, o sea, lo que cada cosa es en sí, es
decir, el mundo real como mundo intelectual unido a aquél. En síntesis: la
necesidad del conocimiento científico es el motivo de la doctrina de las ideas
platónicas. Así lo concibió Aristóteles cuando dijo: Platón llegó a la doctrina
de las ideas por haberse convencido de la verdad del principio de Heráclito
con respecto al mundo sensible, considerándolo como un eterno flujo. Pero
para que pueda existir ciencia de algo y opiniones científicas es preciso que
existan otras naturalezas, otras esencias al lado de las sensibles que tengan existencia. De lo que está en perpetuo cambio, en perpetuo flujo, no puede haber
ciencia. La idea de ciencia exige la realidad de las ideas y para que esta exigencia se realice, es necesario que la idea sea el fundamento de todos los seres. Platón asegura que no es posible la ciencia sin la realidad de las ideas.
La cosa en sí de Manuel Kant sería el objeto de la intuición intelectual,
si tuviéramos una intuición intelectual, como tenemos la intuición sensible,
que es la única admitida por Kant.
Las esencias son a priori, independientes d'e la experiencia y por lo tanto
necesarias y universales. Necesidad y universalidad quieren decir que debemos
poder siempre, intuír en todos los objetos que tengan la misma esencia, lo que
hemos comprobado en la esencia del objeto examinado, aunque no quiere decir que exista tal objeto· o que no exista. Si no existen efectivamente objetos,
será posible su esencia, y si existen efectivamente, podemos siempre intuír en
ellos la misma esencia.
Nos enseña la fenomenología que esencia y existencia son totalmente independientes, pero no se oponen ni se excluyen: son distintos.
Cuando tenemos la intuición eidética de la esencia de un objeto, es cuando
estamos en condiciones para ver con claridad y distinción el objeto físico cuya
esencia hemos intuído. La intuición sensible, empírica de este objeto, es la
ocasión, el motivo para que surja la intuición eidética de la esencia de ese
mismo objeto. Pero una vez vista esa esencia, es cuando la intuición empírica
nos puede suministrar la visión de ese objeto físico como tal objeto.

99

�En una palabra: no puede haber intuición eidética de la esencia sin previa
intuición sensible de tal objeto y no puede haber intuición sensible, clara y
distinta, sin la intuición eidética. Kant afirmaba que toda intuición sin objeto
es ciega y todo objeto sin intuición es vacío.
Ahora bien, el método de toda disciplina debe estar siempre determinado por la categoría de objetos de esa disciplina.
El error del hombre de ciencia, acostumbrado al método de su ciencia de
objetos físicos y no conociendo en el mundo nada más que su ciencia y sus
objetos, quiere aplicar este mismo método a la filosofía y a otras ciencias, que
tienen sus métodos determinados por objetos ideales, esencias, valoraciones,
etc. Para evitar todo esto debían atenerse a la siguiente verdad: para el científico, los objetos; para el filósofo, las esencias.
Las esencias son el objeto de la Filosofía. Los objetos metafísicos, como Dios,
sustancia, alma, son también objeto de la Filosofía, no sólo en cuanto a sus
esencias, sino también en lo que se refiere a su realidad individual. Los objetos metafísicos interesan a los filósofos no sólo para saber lo que son, es decir,
su esencia, sino para saber si existen.
Dos son los objetos de la Filosofía: las esencias u objetos ideales y los objetos metafísicos u objetos reales.
Damos a continuación el método de investigación de las esencias y diremos
lo que son objetos metafísicos y el método adecuado para llegar a su conocimiento.
La primera categoría de objetos propios de la Filosofía es la constituída por
los objetos ideales, llamados esencias. La fenomenología nos suministra el método de investigación de las esencias.
Para Kant la única intuición es la sensible. Para la fenomenología existe
además la intuición eidética, siendo la intuición sensible, la ocasión o el motivo para que surja la intuición eidética, que nos presenta la esencia correspondiente.
Del mismo modo como la causa ocasional es necesaria para que se produzca
el efecto, la intuición sensible o empírica es necesaria para que se produzca
la intuición eidética.
Para llegar a la idea platónica necesitamos también partir de la intuición sensible. Para elevar el vuelo, la paloma necesita de la resistencia del
aire, aunque la paloma creerá volar mucho mejor en el vacío, como asegura
Kant. Para elevamos nosotros a la región de las esencias, como las de las ideas
platónicas, necesitamos también apoyamos en la intuición sensible. La intuición empírica nos presenta objetos físicos, o partes o elementos de ese objeto
y la intuición eidética nos presenta las esencias.
Pero la intuición eidética de la esencia de un objeto completa la intuición
sensible de ese mismo objeto, de tal manera que para que el objeto de la

in~ici~n. ,sens~b~e. quede aclarado, con toda justeza y distinción, es necesaria
la mtuic1on eidetica, es decir, ideal o intelectual.
Aquí_surge una dificul_tad._ Hemos dicho que las esencias son a priori, independientes d~ la expenenc1a y por tanto universales y necesarias. Por otra
parte hemos dicho que la intuición sensible sirve de base O de motivo para
que s~j~ la intuición eidética que nos presentará la esencia. Entre estas dos
~ropos1C1on~~ parece que hay contradicción. La fenomenología aclara esta dif1c~ltad val~endose de una sutil distinción: dice que la intuición eidética no
es mdepend1ente de toda experiencia, aunque sí lo es del quantum d 1 e _
· ·
·
d'
eaxpe
nenc1a; qm~re . e~~r q~e, ~orno, la intuición sensible es contingente y en ella
se f~da 1~ mtu1c1on, e1det1ca, esta tiene que participar en cierto modo de la
conti~g~c~~ de a~uella, es decir, siempre que la experiencia nos suministra
una mtu1c1on sen51ble, podremos remontamos a la intuición eidética Per
c?m~ la intuición eidética necesita de la intuición sensible y ésta de
expe~
nenc1a, resulta que en último extremo y en cierto sentido las esencias son
escl~vas de la ~p~riencias, a pesar de la independencia en;e esencias y existencia y expenenc1a y esencias.
Tratamos ahora de la categoría de los objetos propios de la Filosofía, que
son los objetos metafísicos.
. Estos objetos son reales, cuya realidad y existencia individual interesan a la
Filosofía como al conocimiento de su esencia.
~iendo objetos reales, no puede 'aplicarse a ellos el mismo método que el
aplicado para conocer las esencias, que son objetos ideales.
Para com~~obar la existencia de los objetos metafísicos, tenemos el método
de_ la ~etafis1ca, que hoy en día se está renovando y estructurando en dos
onentaciones:
,

ia'

A) El método eidético, o vía eidética, para definir su esencia.
B) El método~ por ~a vía patética, según expresión de Ortega y Gasset, para
comprobar la ex1stenc1a de los objetos metafísicos.
Así_ como para que pueda existir ciencia de algo, es preciso que existan otras
esencias, al lado de las sensibles que teng3.1' existencia, según decía Aristóteles
~omen~do a _Platón, y así como la idea de ciencia exige la realidad de las
id~, as1 también la estructuración ideal de la vida exige la existencia de los
Objetos metafísicos.
, :ero la vía eidética _n? nos puede asegurar la existencia de esos objetos. Lo
u~ico que p~ede summ1stramos es que si acaso existen, tienen que tener la
~sm~ esencia que poseen los objetos metafísicos, exigidos por la estructuracwn_ ideal de _la vida. Del mismo modo, esa vía no puede probamos la existencia de las ideas, pero sólo nos puede decir que si las ideas existen, tienen

101

100

�que tener la misma esencia que poseen las ideas exigidas por la idea de la
ciencia.
Por haber querido dar a la intuición eidética mayor alcance que el debido,
por no haberle señalado con precisión los límites de su actuación legítima Y
haber querido invadir el orden existencial, se han implan~ado grandes _error~s
en Filosofía y sofismas en Lógica. El argumento ontológico de la existencia
de Dios, establecido por Kant, nos lo prueba: el ser que contiene en sí toda
realidad puede ser pensado como posible, pero no como real.
.
Para comprobar la existencia de los objetos metafísicos sólo es legítima la
vía patética de Ortega y Gasset o la dionisíaca de Max Scheler.
.
.
Pero esta vía o este método sólo nos suministra vivencias de la existencia
de dichos objetos y estas vivencias son subjetivas e irracional_es.
. . .,
Así como la intuición eidética de las esencias presta clandad y distmcion
al objeto de la intuición sensible, así también las vive~ci~ ~e lo_s ?~jetos metafísicos nos comprueban la realidad del objeto de la mtwcion eidebca.
Pero las vivencias de la existencia de los objetos metafísicos no las pen5a:mos: las sentimos, las vivimos, pues sólo podemos vivirlas y sentirlas. Y en los
casos ·e n que esas vivencias se nos presentan de manera indubitable, c~mo ~n
sentimientos de simpatía, de caridad, de compasión, etc., no por la evidencia
con que las sentimos y las vivimos hemos de olvidar que se presentan irracionalmente.
El método metafísico tiene hoy ·dos caminos, el de la vía eidética que nos
suministra las esencias de los objetos metafísicos, pero nada nos puede decir
de su existencia, y el camino o vía patética nos muestra la existencia de esos
objetos metafísicos, aunque de manera irracional.
. .
Si nos limitamos a este segundo camino, desembocamos en el vitalismo, entendido como irraci.onalismo, con la preponderancia sobre la razón de los sentimientos, tal y como lo entendió Bergson.
.
La fenomenología no quiere limitarse a ese segundo cammo por dos razones: A) Porque ello supondría la ruina total de la Filosofía. B) Porque la ~azón es fuerza vital tan legítima como el sentimiento y la voluntad; más bien
quiere que los do; caminos sean transitables al mismo tiempo, es decir, vivir
la realidad pensada y pensar la realidad vivida.
Para que la Filosofía pueda seguir existiendo necesitamos al mismo tiempo
que vivir la realidad, poder pensar en esa realidad vivida, y de este modo,
la vida se convierte en el material que la razón ha de elaborar; es lo que
llama Ortega y Gasset la razón vital. Esta misma orientación siguen Dilthey
y Heidegger.
Llegamos a la conclusión de que para que la Filosofía pueda seguir existiendo se necesita poder pensar la realidad vivida. De una parte tenemos la
intuición sensible O elementos de hecho, y de otra parte nos encontramos con

102

l~s vivencias metafísicas, elemento de hecho, aunque irracional. Como la razon, que es elemento universal y necesario, debe unir y no desdeñar los dos
elem_entos de hecho y entonces llegamos en último término a la unión de lo
contmgente y necesario, o sea a la armonía de los contrarios.
_La unidad se ~ealiza en el mundo, sólo en tanto la vida universal se despli~ga en contranos, en c~ya reu~ión y ajuste consiste la unidad, es decir, la
u?i~ad presupone la dualidad. Tienen confirmación los dos axiomas de Herach:o: la_lucha es el padre de las cosas, y lo uno, desdoblándose coincide
consigo mismo, como la armonía del arco y de la lira.
Ninguno de los elementos, contingente o necesario, debe ser desdeñado en
el ~oncepto fenomenoló~ico. Y para constituir la Filosofía como disciplina
autonoma, c?mo pura. Filosofía, consciente de sí misma, precisamos determinar la esencia de la Filosofía.

·

E~ este, sentido están orientadas las obras de Max Scheler, De la esencia de
la F1losof1a; E. Husserl, La Filosofía como ciencia rigurosa; M. Heidegger
"Qué es M~tafísica"; La~k, Lógica de la Filosofía; K. Jaspers, Psicología d;
las concepciones del Universo; Dilthey, Filosofía de la Filosofía· Ortega y
Gasset, Qué es Filosofía, etc.
'
A~t~s de es~ concepción, la teoría de la Filosofía venía considerándose como
una mtroducc1~n- al estud~o de la Filosofía o como un hilo conductor que nos
llevaba .ª las d1stmtas reg10nes de las diversas disciplinas filosóficas.
~a Fil~sofí~ ªP,ª:ece ~ora como un todo orgánico cuyas partes sólo tendran sent1~0 filosofico mientras se puedan referir a la unidad total y fundirse
en esa umdad total. Por esto es por lo que el punto de partida debe ser un
dato cuya esencia sea la unidad. El sentido de la vida O el sentido del Universo son dos expresiones del problema que fandamenta la unidad de la F·losofía: El término vida o el término Universo debe entenderse como unida~
del sujeto con s~ medio ~bjetivo, la unidad del yo y del no yo. Hay algunos
autores ~ue prefiere~ dec~r sentido de la vida y no sentido del Universo, porqu~ sentido de la vida tiene la subjetividad y la objetividad y sentido del
Umv~rso tiene. sólo objetividad, a la que le falta la subjetividad que es tan
esencial como la objetividad.
El p~nto d_e partida de la Filosofía es un dato unitario, es decir, la vida
con:eb1da uruversalme_nte y no individualmente. La fenomenología considera
la vida como el matenal que la razón ha de elaborar.
P?~emos pensar que la vida sólo por medio del sentimiento y la voluntad
la vivimos Y_ s?lo sintiendo y queriendo la captamos y en ella nos sumergimos.
nuestras vohc10nes y nuestros sentimientos, incluyendo el sentimiento religio~
so, nos pres~ntan la realidad, nos comunican con ella, nos unen y nos sumergen en la vida en su total complejidad. Pero para pensar la realidad vivida
hay que presuponer que la vida o la realidad, la incógnita externa sea capa~

103

�de ser pensada, es decir, que sea capaz de ser encuadrado todo en las leyes
fundamentales del pensar.
Pero como la Filosofía no puede presuponer nada, pues es una ciencia sin
supuestos, nos vemos envueltos en otra dificultad tan grande y tan grave como
la que hemos evitado al huír del racionalismo.
Si hemos de partir de un supuesto, caemos de nuevo en el irracionalismo y
en el dogmatismo, contrarios al espíritu filosófico.
De todos modos al parecer desembocamos en el irracionalismo, ya que para
poder pensar la realidad vivida, hemos de admitir como base algo supuesto,
de naturaleza irracional.
Ahora bien, si por su misma esencia, la vida, el Universo o la realidad son
irracionales o extraños a la razón y a las leyes del pensar, y si por su misma
esencia tiene afinidad con otras potencias vitales, como la voluntad o el sentimiento, resultará que sólo por medio de esas potencias vitales podremos captar esa realidad y ponemos en comunicación con la vida. Podremos pues encontrar la voluntad vital o el sentimiento vital.
No cabe decir que yo puedo aplicar mi razón y las leyes fundamentales del
pensar a toda categoría de objetos o al Universo en su unidad y complejidad
simultánea. Existen categorías de objetos cuyo ser se agota sintiéndolos o queriéndolos, por lo que es absurdo pretender pensarlos.
Aunque pudiéramos aplicar las leyes del pensar al Universo y encuadrarlo
en nuestra razón, eso sería una exigencia nuestra como seres racionales, como
seres pensantes, pero sería todo esto extraño al Universo, incluso en el caso
de que la esencia del espíritu fuese el pensar, como quería Descartes.
Pero si la esencia de mi espíritu es la voluntad y si el pensar es voluntad de
pensar, ni siquiera como exigencia de nuestro espíritu podríamos pretender
pensar la realidad vivida, y en cambio, la unidad del sujeto con su medio objetivo en el que se presenta la vida, tendría otra significación muy distinta a la
racional. Tal vez entonces la realidad, la vida o el Universo no serían tan extraños a mi yo y podría realizarse naturalmente la unidad del sujeto con el
medio objetivo. Pero en este caso, en lugar de la razón vitai9 tendríamos la
voluntad vital, como quería Schopenhauer.

BIBLIOGRAFÍA

ALCAYDE VILAR, DocTOR, Lecciones de Filosof!a. Universidad de Valencia.
A. MESSER, Historia de la Filosofla, Revista de Occidente, Madrid.
M. SCHELER, El fundamento de la Moral y la Etica material de los valores.
E. HussERL, Investigaciones l6gicas, Ed. R evista de Occidente, Madrid.
- Ideas, Ed. Fondo de Cultura Económica, México.

104

LUIS V1vEs, Tratado de la Enseñanza, Ed. M. Aguilar, Madrid.
Obras completas de Arist6teles, Ed. Anaconda, Buenos Aires.
MANUEL KANT, Crítica de la Raz6n pura, Ed. Losada, Buenos Aires.
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H. BERGSON, Evoluci6n creadora, Ed. Losada, Buenos Aires.
MAX SCHELER, De la esencia de la Filosofía, Ed. Losada, Buenos Aires.
M. HEIDEGGER, Qué es Metaf!sica, Ed. Cruz y Raya, Madrid.
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LAsK, L6gica de la Filosofla, Ed. Losada, Buenos Aires.
K. JASPERS, Psicología de las concepciones del Universo, Ed, Losada, Buenos Aires.
DILTHEY, Filosofía de la Filosofía, Ed. Fondo de Cultura Económica, México.
J. ÜRTEGA Y GAssET, Qué es Filosofla, Ed. Revista de Occidente, Madrid.

�PROLEGÓMENOS A UNA LÓGICA INTEGRAL DE LA VERDAD
DR.

Ivo

HoLLHUBER

I
NOMINALISMO DESENMASCARADO Y LÓGICA INTEGRAL

sufre, en la actualidad, bajo el
hecho de que se ha dado por entendido emplear el término técnico "idealismus",
que solamente debería ser usado en relación con la "idea" en el pleno sentido clásico, para caracterizar aquellas ideologías que desazonaron en el rumbo
nominal la "idea" a un concepto subjetivo de pensar.1
Sería bueno recordar con gratitud a Otto Willmann, que censuró categóricamente el nominalismo como empobrecimiento del pensar, y a la mayoría
de los modernos como nominalistas ingenuos. "El nominalismo ha convertido
el significado principal de la idea de elem,ento existencial ideológicamente
ejemplar" a otro concepto subjetivo de pensar. "El nominalismo explica los
conceptos de indicios según el género de los valores y niega un elemento de
ser, correlativo, inteligible, en las cosas. Con tal motivo la ontología nominal
obtiene ante todo su orientación general: solamente atribuye realidad a las
cosas particulares porque ahora únicamente valen géneros y especies como
ayuda mental de la razón".2
Esta negación de las formas y potencias va de acuerdo con la negación de
la posibilidad real.
Tan pronto como hemos reconocido al nominalismo como fundamento más
profundo del hecho de que el idealismo verdadero queda a merced de un
pseudo-idealismo, entonces hay que tomar sus medidas para eliminar, en lo
posible, los sistemas coordinados unilaterales nominalísticos del pensamiento

TODA LA HISTORIOGRAFÍA DE LA FILOSOFÍA

'WILLMANN, ÜTTO, Historia del Idealismo. 2.A. Braunschweig 190, p. 94 (tomo 11).
' Op. cit., p. 633 ( tomo 11 ).

107

�científico. Esto, sin embargo, no es posible mientras que los instrumentos corrientes de todo pensar científico y la misma lógica formal, queden orientados todavía individual y nominalmente. Y nuestra lógica escolar aún está
orientada en un sentido completamente nominalista.
También convendría aquí, antes de proponer nuevos rumbos, darse cuenta,
primero, del terreno ya ganado respecto a la lógica escolar, sin duda aceptada con tendencia nominalista. Hay que damos cuenta que el pensamiento
principal de la lógica, orientada hacia el nominalismo-empirismo conforme
a lo cual el concepto común todavía está llamado como consistente de aquellos criterios -los cuales serían comúnes a muchos objetos particulares- ese
pensamiento principal no es tan evidente. Othmar Spann ya censuró, durante el tercer decenio, en su tratado "Sobre el fundamento de una lógica
integral", esta tesis principal del nominalismo lógico. "La tradicional lógica
empirista entiende por concepto común una suma de criterios, el cual se logra
-según dicen- prescindiendo de los criterios heterogéneos en un recinto
de objetos, salvo aquellos criterios comunes a todos. Con esto, la formación
del concepto llega a ser, principalmente, un problema estadístico. Descuidando las diferencias y poniendo de relieve lo común -como se cree- se
origina el concepto común. Por eso se llama empíricamente idea general.
Cuanto más grande es el contenido de un concepto, tanto más pequeña es
su esfera. Pero cuanto más pobre sea el contenido, es decir, cuantas menos
propiedades comunes tenga el concepto, tanto más abarcará. El concepto
común sería por eso, vacío; el concepto individual, lleno. Con ese modo de
ver el concepto común se despojaría a lo común de toda esencia autónoma.
Esto sería solamente lo que es común a todo y no existiría, por supuesto, en
sí mismo. Además se le convierte en algo autónomo inconciliable con lo
"especial" .3
Frente a esto, Othmar Spann hace entender el concepto común en el sistema de coordinadas de una lógica integral por el concepto de género de
la categoría cada vez más alta de la totalidad. Desde luego afirma, con razón,
que solamente existe un común relativo y un especial relativo, con lo que
se demuestra, como completamente equivocada, la opinión de la lógica tradicional orientada nominalisticamente, la cual trató los criterios de los conceptos numéricamente y sin hilación: "Se conserva y comprueba lo particular,
ascendiendo al común como a su totalidad más alta. Se conserva lo común,
descendiendo al particular como a su miembro. El concepto común no es
vacío sino que lleva la plenitud total de sus miembros en forma virtual. Lo
común no expresa solamente las comunidades de muchos particulares sino
que expresa el valor de la categoría de una totalidad o de un género". Por
• SPANN , ÜTHMAR,

108

Kiimpfende Wissenschaft. Jena, 1934, pp. 159-60.

eso, pensar "abstracción", "común", no significa "suprimir", sino poner separadamente lo no coordinado, es decir, ver hacia la categoría superior en la
gradación de los géneros, y por eso: "determinación", pensar lo particular
no significa "añadir", sino poner separadamente; lo no coordinado significa,
pues, ver hacia lo inferior en la gradación de los géneros y especies. En sí,
es un mismo hecho básico del pensar por el cual se piensa meramente lo
definido, pero con valor distinto de la categoría. No es uno más de los criterios, sino criterios de otro valor de categoría lo que está aquí en tela de
juicio".4 Disertaciones correspondientes a esto ofrece la obra póstuma más
grande de Othmar Spann Lógica Integral editada en 1958 (Editorial Stifterbibliothek) e Ivo Hollhuber, Lengua-Sociedad-Mística, Munich, 1964.
La lógica nominal del juicio cronológicamente fue vencida antes que la
lógica nominal del concepto. Es notorio que ya Franz Brentano subrayara
que el juicio verdaderamente sencillo es de un miembro y no de dos, y que
lo esencial de · un juicio está en un reglamento, en una tesis, y no en una
composición o en una síntesis.
En su Introducción a la Filosofía (1933) Theodor Litt dio una réplica muy
expresiva al sumario artificial del juicio lingüísticamente expresado, en el
cual el principio lógico lingüístico se le convirtió en la desviación notable de
la teoría del conocimiento con la pregunta: "¿ Cómo llegan conocimiento y
conocimiento trascendental a reunirse de tal manera que sea posible el reconocimiento?" o, en aquella otra pregunta: "¿ Cómo llegan a separarse tanto
el conocimiento y lo producido del conocimiento hasta que éste, llegado a
ser objeto, pueda parecerse casi como un "trascendental", un desplegable
y consistente por sí mismo?" 5
Tampoco pasó inadvertido que el juicio, sí es "Cosa de la declaración",
mientras que "lo esencial no está en la forma lógica sino en la forma de
conocimiento" (Nicolai Hartmann). Además no queremos perder de vista
que durante siglos se han deslizado errores de traducción de fuentes griegas
en nuestros libros de lógica, causando muchas confusiones de concepto y
juicio; a lo que hay que añadir un desprendimiento igualmente artificial de
los conceptos de su país ontológico natal. Hay que tomar en consideración
la advertencia de Nicolai Hartmann, que "el término anócpa11tis- significa
"hacer ver" (darse a conocer) y que fue traducido erróneamente por Juditium
(sentencia, pronunciamiento); al parecer, todavía falta aquí un verdadero
concepto del concepto. Lo que los latinos llamaron "notio y conceptus" es
aún desconocido en la analítica de Aristóteles, ~i11os- y eli5os-, sin embargo,
lo que los intérpretes generalmente caracterizan sin el menor reparo como
' Op. cit., pp. 165-66.
• Compare: THEODOR

LtTT,

Introducci6n a la Filosofía.

TEUBNER.

1933, pp. 223-24.

109

�concepto principal y secundario, pertenece, en realidad, igualmente al ser
como al pensar" .6
Ya en el IV Congreso de Filósofos Alemanes (Stuttgart, 1954) Leo Gabriel
se empeñó en una reseña sobre "Lógica Integral", después de haber censurado
la logística como un formulismo "solipsístico" por la descortezación del punto
esencial del sentido en el campo significado por el concepto. Ha indicado
con toda prevención, por confusión de la lógica con la ontología, "que el concepto como aspecto terminológicamente absoluto, junto con los fenómenos
extensionalmente comprendidos --en síntesis lógica- forma un sistema abierto
al ser".7 El hecho que el juicio en la logística se haya convertido en un
concepto significativo de la frase con el "criterio" de verdadero o erróneo,
significa, según Leo Gabriel, nada menos que perder de vista las dimensiones
lógicas, que es en el juicio en contraposición al concepto, con la consecuencia
de la amplitud opuesta de las oscilaciones del péndulo en el existencialismo
moderno: "clara y evidente es la reducción lógica al concepto de la forma
del juicio en la lógica racionalista: en el análisis de conceptos elementales a
priori de Descartes, o el modo de combinación de Leibnitz y en la consecuencia del concepto de la frase de la logística. La lógica racionalista ha
fundado aquel a-priorismo y también la existencia como criterio del concepto, de aquel esencialismo diluente que causó necesariamente la decisión
contraria irracionalista y existencialista".8 Sin embargo la lógica integral de
Gabriel no acaba en una lógica del concepto y del juicio sino, más bien,
postula una categoría de la forma de la integración lógica que pasa los límites y que se representa por el sistema". ''Lógica integral es lógica de sistema. Considera al sistema como un total independiente c.on propia estructura
lógica y legalidad".
Con esto indudablemente se logró un gran paso. Ahora todo depende de
qué hay que entender finalmente bajo la palabra "sistema". Gabriel no se
cansa en contrastar concretamente el pensar "constitutivo" y "el pensar que
define y predice"; asimismo, no cesa de advertir que no se puede formular
en la forma del concepto y en la forma de la manifestación una proporción
de motivación, haciendo responsable a la entrega de la diferencia lógica de
fundamento y objeto para los caminos de error del pensar totalitario en ideología y política. Si Gabriel distingue "tres categorías de una imagen cada
vez más intensa, entrando en el objeto de una reproducción aumentando a
• H. HARTMANN, N1coLAI, El Problema de lo Apri6rico en la Filoso/la de Plat6n.
Berlín, 1935 (Acta de Sesión de la Academia Prusiana de la Ciencia) , p. 33.
' GABRIEL, LEo. "Lógica Integral". Revista de investigaci6n filos6fica. Tomo X , 1,
1956, p. 52.
• Ibid., p. 54.
• Ibid., p. 55.

110

su vez de intensidad por revelaci6n estructural del símbolo y las deja ser
válidas" de tal manera, que la exposición primeramente se dirige sobre el caso
dado, declarando y determinando lo que es y asimismo, explicando que existe,
que se da el caso, y finalmente, exponiendo en una amplia relación -porque
lo es así-1 º de tal manera que a base de eso se podría entender "el sistema"
concurriendo decididamente con "constitución". Esto parece ser el caso de
Leo Gabriel en toda amplitud de tal manera, que su tercera categoría de la
"lógica integral" acaba en "constitución" y en último caso en "nexo causal
constitutivo de motivación". Sin embargo en nuestra opinión, el informe de
Gabriel contiene principios que parecen enseñar que "constitución" o "nexo
causal constitutivo de motivación" son categoría superior de la lógica integral. Base para esto es la comprensión de que el punto esencial de la lengua
no se encuentra en señales impuestas sino en símbolos como formas de expresión._ Solamente en el caso de que las formaciones simbólicas del lenguaje,
las oraciones y concatenaciones determinadas para comunicar dicción expuesta,
sean s!mbolos, es decir, formas lógicas de expresión llenas y no reducidas, pueden e1ercer su función de descripción de un ser objetivo en la relación creada
del sentido. Pero donde se suprime la forma y se trata a los símbolos abstractamente, donde no se encuentren símbolos legítimos sino "señales" impuestas a_l arbitrio en una lengua arbitrariamente construida, no se puede
esperar ru reclamar de estos símbolos reducidos y formalizados la expresión
representante de una descripción verdadera que es propia de los símbolos
auténticos".11
En esta misma línea se encuentra lo que Romano Guardini formuló claramente hace ya más de veinte años: "la lengua no es un sistema de señales
de un 'modus vivendi' (inteligencia) por el cual establecen un intercambio
dos personas sino que la esfera del sentido' en el cual vive cada hombre" es
un contacto determinado de formaciones del sentido -por leyes sobreindividuales- en el cual nace cada uno y por lo cual se forma. Es un total independiente al individuo en el cual cada uno da forma según su índole. 12 De
esta base_ anteriormente explicada se podrían dar algunos pasos más: se pueden seguir las huellas de Humboldt acordándose de que el "milagro de la
l~ngua" Y el "milagro del sentido" no se encuentran en el "carácter órgano"
smo en el "carácter energeia" de la lengua. Esto lo destacó con toda claridad
Erich Heintel en un ensayo lingüístico filosófico muy comprimido y sin embargo muy orientador: "'en su sentido la lengua no es mero 'órgano', instrumento de la descripción y comunicación en un mundo ya acabado de cosas
,. Cfr. lbid., p. 50.
11

Cfr. Ibid., p. 49.

11

GUAJU&gt;INI, ROMANO,

Mundo "'
Persona. Würzburg. 1939'p. 157.
J

111

�y prójimos sino que le corresponde una función propia constitutiva en relación
con tener un cosmos y ser hombre. La precisa amonestación de la filología
de nuestra época que se escucha en muchos lugares: '¡ volver a Humboldt!'
y con eso regresar a un idioma como 'organon' se refiere, por lo tanto, directamente a la filosofía". 13
Con esto penetra una luz nueva hacia la cuestión del origen del idioma
en cuanto que se puede decir brevemente: "que ésta se plantea solamente
dentro del sentido como energeia, es decir, objetivamente, pero nunca como
organon de idioma ya supuesto. Es una pregunta de relación objetiva pero
de ningún modo una interrogación de la constitución del objeto o del sentido mismo. Por eso solamente se puede plantear esta pregunta en relación
14
con el idioma como dinámica e idioma como ergón.
También es deseo de Erich Heintel, el cual opone a la crítica positivista
del idioma su crítica dialéctica, mostrar "que el total del idioma como energeia
e idioma como ser determinado (como dinamia y ergón) nunca se puede
contraponer como concepto más lato o más limitado, es decir como concepto
de intención linear" .15
Hans-Eduard Hengstemberg dio otro paso más en el puente de los símbolos
y del idioma evaluable solamente en forma lógica integral como esfera de
sentido, lo cual hizo fecundo su análisis de las relaciones de origen para
nuestro problema central, en tanto que expuso claramente que el espíritu humano -con exclusión de la causalidad en el sentido moderno- primera~
mente comunica sentido a la materia del sonido y en tanto es creador: "¿ Qué
hace nuestro espíritu al producir una palabra sino actuar causalmente y a
pesar de ello es imprescindible?" El comunica un orden a los sonidos. Ya antes
de hablar existió un orden en el espíritu. Porque en el acto espiritual se ve
primero en el pensar racional una entidad. . . no es por ejemplo arbitrario
o casual el "vestido simbólico", "árbol" como orden del cuerpo de la palabra
sino que el acto espiritual puede vivir en él. Ninguna convención o estipulación podría lograr esto. Aquí se ha hecho presente el espíritu humano en el
material físico del sonido progenitor creador y el producto de esta procreación
16

es el cuerpo de la palabra "árbol" .
En una evaluación metafísica de este principio llega a hacer el idioma humano, para Henstemberg por una diferenciación material fisiológica del sonido por su parte y de importancia por la otra, un caso particular de la relación
HEINTEL, ERICH, "Filosofía de la Lengua" en Filolog!a Alemana en Proyecci6n.
18
Berlín-Bielefeld-München. Segunda edición, 1958, pp. 568-69.
" Cfr. [bid., p. 599.
" Cfr. lbid., p. 604.
•
1

HEN0STEMBER0, HANS EowARD, Ser y Originalidad. München-Salzburg-Koln.

de
a secas.· t'.. Pero que' hace el espmtu
, . en
1 hespíritu
bl l y materia
1
· absolutamente
.
enicaa alar aCpa abra
siendo
inalienable
en
la
formación
d
1
.
?
. .,
e a misma. -comu_go. om~~icacion es algo distinto esencialmente de causalidad . Qu,
comumca
el espmtu? -un orden · Este ord en, sm
• embargo no p d · ht'. b e
.
s1d~dcreado ,ca~salmente. El espíritu ha creado causalment~ el or~:ne deª 1:r
som
.. s
en laos tan mfimamente
d
· como el poeta la frase de un poema que se venÍlca
prensa e u~a imprenta. Ahora solamente aparece su orden anti r yet~~o ~orno la mISma en material distinto, es decir, en matrices
Po~ ~a
re ac1on ~te~a del ser entre orden del acto y orden del sonido ·u·e· exclu e
. permitir
. . por' eso
q una de
y
dtoda . ,arb1tranedad
d
, . en la elección de son"d
l os ( sm
~ccion e _la ultima)~ la palabra, como Scheller expuso claramente no e:
nmguna s~nal. Una sena! se puede fijar. Un fundamento sensorial ' d
y se asocia posteriormente con el significado. Justamente eso es
r:si~~e
con la p~labra. Se puede caracterizar algo con palabras mientras ta~to 1:
palabra vive,
como existente ·11 y finalmen te 1a consecuencia
.
ontolóai
¡ ya presupuesta,
¡
" ca, a cua nunca se puede diferenciar de una lóaica dirigida . t
1
mente y de ¡a r·¡
f'
"La umo
. mystica de sonido o . "f" d m egra l oso ia:
'
cr
•t
d
•,
Y s1gn1 1ca o en un

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!~~:::1/:1

h:;~~:,,_~:

cuerpo y espíritu. Por esto la lengua es un atributo

II
LA LENGUA DE PRIMERO'

SEGUNDO
y TERCER ORDEN Y SU SIGNIFICACIÓN
,

EN LA LOGICA DE LA VERDAD 19

a): Todo lo corpóreo, saturado psíquic:rnente, el "cuerpo d

"

.;:e;:,~:,;gu:

;::•J:a:~ un •~mido pcralto refinado y mucho más transparent:

L
, ª1:1ºs ianame~te _Y_ a través de la cual vivimos.
. o plastico saturado mtu1t1vo-musicalmente es lo original A ,
d
mterpretar desde luego la poesía como la f~rma más anti~uas1dquel poi emos
0
o metaf' ·
¡
. .
o
e a enaua.
L
onco preva ece orwmalmente.
A ,
b
físic~u:ne;t~os frente Ia un secreto sui-géneris del acto generador psico_ ____ª_ engua, y a palabra mágica que nos descubre este secreto es
" H
229-3/NGSTEMBERG,
HANS EowARD, Antropología Filos6fica. Stuttgart. 1957, pp.
,. Cfr. lbid., p. 230.
a este capítulo entero· lvo Ho
Fundamento de Formación del Hombr~
..
LLHUBER, La Imagen Humana como
autor: Lengua-Sociedad M' t" (P l . ,Munchen. 1941. Igualmente la obra del mismo
chen, 1964.
- is zca
ro egomena de una Antropología Pneumática) . Mün-

" eompare

1958, pp. 30-33.

113
112
H8

�precisamente "creación". Sin embargo, no es creación primigenia sino crea-

•

ción delegada.
Igualmente como la modelación del retrato más ingenioso y fiel del hombre en el arte se diferencia toto coelo de la "creación" del nuevo representante
de personaje -engendrado por el nombre- espera ser llamado a un~existir
espiritual propio, así también, la invención más perfecta de . una ~enal de
una lengua artificial sería mucho más inferior al sentido resucita~o ~dep~ndientemente en una lengua materna, el cual se forra de las apariencias idiomáticas. Continúa creciendo y comienza a florecer hasta que de tan crecido
el vestido ya no corresponde al talle y se envuelve en uno nuevo y aún más
ajustado, o en un cuerpo de palabra.
A veces parece que la facultad de la intuición del conocimiento humano
hubiera lleo-ado a un punto muerto en el momento del nacimiento de la lengua, el cu:l tiene que ser vencido: logrando la reducción de lo físico de la
"imaginación", en el sentido trascendental idealístico de la "cosa" y, entonándose él, imagen de una ideología preñada de símbolos para que nazca
una nueva unidad de sentido que vive a través de palabras con la cual, la
lengua, se ha enriquecido con un idioma nuevo intraducible. Mas en el momento de no lograr esa reducción quedándose clavada en su esfuerzo, aferrada en la mitad del camino en su firme volición de la lengua, entonces
también en algunas ocasiones, nace algo admirado como nuevo pero q~e no
son palabras sino a lo sumo vocablos, señales que viven por benevolencia d_e
una arbitrariedad caleidoscópica o, mejor dicho, señales puestas por un volitivo decreto riguroso que debe su brillo únicamente a la luz tenue que proyectan la similaridad superficial con la integridad legítima de la lengua. Y
sin embargo, guardando aquella facultad de ver que cuelga en e~ p~nsar
discursivo solamente en un fragmento de la imaginación por sobrepu1amiento
de una imao-inación saturada de sentido sobre imaginación y dejándose clasificar pasiv~ente por el último sentido, haciendo _activament_e efectivos _los
hechos de la lengua psicofísica como letras de cambio a una vista de senudo
lingüísticamente trascendente e intuitivo y que, en último término, se acaba
en un "encerrarse" frente a los acicates de sentido y sonido de tal manera
que se ha abierto el camino para dedicarse completamente a la vis~ de s_entido: se ha vencido la lengua. De este modo, la lengua, entendida pSicofísicamente en su última relación al sentido, apenas es un indicio de la relación
del ser ontológico metafísico del hombre como tal. Igualmente como el hombre es eterno por su temporalidad, así el sentido espiritualizado de la oración
humana es dado, respecto al tú alejado de la transformación de la plenitud
visual preidiomática. Queda un acertijo del ser contingente porque toda esta
unidad sensorial se excluye dado que hic et nunc, justamente son así Y no
distintamente, como precisamente en eso y no en otras palabras. De pronto,
114

se abre el camino tal como se crea una erupcion, toma forma de cuerpo,
llega a ser lengua, palabra vivida y vida comunicativa, llega a ser sirnificación de una imagen de sonido, llega a ser espíritu del cual, los cue~os de
palabra y frase, pueden alcanzar a ser vehículos de pregón de sentido o cadenas de petrificación del mismo. Por este espesor idiomático también en
su perfeccionamiento más posible, siempre queda fase de trrui'sito desde el
adivinar preidiomático hasta el entender sin palabras, a la comunicación de
los espíritus. Es lengua humana, es sentido saturado de espíritu, forrado de
melodía, impregnado de intuición: lengua en todo su esplendor nacida del
espíritu y lengua en toda su insuficiencia por estar sujetada al cue~po.
b). Solamente interpretando el sistema de categorías como neologismo
que se crea libremente, el espíritu como medida de descripción de los modos
de ser ~e todo lo dado -en camino de intuición, en camino de experiencia,
en cammo, tal vez, de conocimiento de la.s leyes de intermodalidad (Nicolai
Hartmann)- adivinados o descubiertos directamente ni absolutamente comprensibles ni terminantemente comunicables, podremos resistir a querer componer un total de conceptos sueltos de categorías posteriormente y de este
modo evitar una anamorfosis de la antropología filosófica categorial como
clase elemental de la lógica de la verdad. Queda como fin la comprensión
del t~tal de una estructura categórica con sus componentes particulares pertenecientes al sistema, idiomáticamente perfeccionados.
. Las categorías mismas presentan una creación lingüística de primer orden,
Sin que la lengua tenga que sacrificar su carácter psicofísico con esto. Al
contrario, 1~ estructura filosófica categórica misma, llegada a ser lengua de
orden superior, se basa en una relación psicofísica. Las funciones cateaoriales
adquieren la calidad de un físico de segundo rango mientras que para :osotros
los conceptos categoriales valen por un físico de segundo rango que de suyo
no es más físico pero sí orientado en lo físico.
De cierto modo es un paso de prolongación de la facultad de fonación
revelada del homogéneo total sensorial de un conjunto de oraciones -"'en
nuestra lengua de primer rango o lengua a secas"- a las cuales la creación
de ~a lengua madre debe su origen, en palabra y frase, un paso de prolongación desde el medio idiomático de descripción más sencillo hacia uno
mucho más complicado para nuestro pensar discursivo rezagado y sin emba~go en su elemento mucho más básico, es decir categorial de una y la misma
unidad de sentido. Categorías en sí, son f armas fundamentales del ser, pensar
Y valorar. Son tanto géneros de formaciones de conceptos por los cuales dan
con la lógica material como también géneros de lo formado abstracto mismo
por los cuales dan con la lógica formal. Finalmente, son también, modos de
ser no solamente de todo "existir" sino que también lo son del ente contingente por lo cual dan con la metafísica. Por supuesto, no se debe perder de
115

�vista que no se puede agregar nada al ser, de lo que no expresa por sí mismo
de cualquier modo. Además, el concepto de ser no es un término genérico
ni unívoco sino un concepto análogo que "se extiende en un arco infinito
desde los límites de la Nada hasta el ser absoluto de Dios" (Martín Grabmann). Por eso Peter Wust habló una vez, con todo derecho, "ele la varita
mágica de la analogía". La diferenciación de funciones categoriales y conceptos categoriales queda como fundamental (según Eduard von Hartmann)
"Los conceptos categoriales son los representantes del conocimiento de las
funciones categoriales inconscientes inductivamente descubiertas", según Nicolai Hartmann: "Categorías tampoco son hipótesis del pensar puesto que
son conceptos". Sin embargo nuestros conceptos de categorías si son hipótesis,
es decir, "estudios de fórmula". Según Robert Reininger: "Los conceptos
de categorías no son más que estudios para seleccionar los géneros de la
síntesis presentados en las manifestaciones, fijarlas y hacerlas constar en
conceptos".
Continuemos preguntándonos lo que es de cerca, como lengua categorial
este psicofísico de segundo rango. Un proceder específicamente humano toma
en cuenta con esto la finalidad de su potencia adicional en la revelación del
sentido. "Lo físico" en eso es la proporción correspondiente de símbolos del
imaginar quedando esto inevitablemente antropomódico. Bajo la lente de
aumento trascendental idealística, el imaginar llega a ser sin más físico, como
ya lo interpretó Robert Reininger lógicamente saliendo de su tesis: "Esse est
percipi" en su "Metafísica de la Realidad". Bajo la lupa trascendental real
llega a ser un "físico de segundo rango" en el sentido de un cuadro simbólico
orientado por la visión memorística de lo físico. Lo físico, en esto, llega a ser
decididamente, para el idealista trascendental, la experiencia de la actividad;
para el realista trascendental, el intencional sin extensión para lo extendido.
Para un aquende, sin embargo, llega a ser de la clasificación de la teoría del
conocimiento, la recompenetración en un "prefísico" todavía no especificado
exactamente. Con esto la acción se coloca sin cesar en el centro de la significación. Finalmente, la creación espiritual, de categoría superior, también
depende de la acción como la función categorial sirve de padrino al concepto
categorial. Con esto no se quiere poner un signo de igualdad a secas entre
conocer y querer, pero sí tomar en cuenta el caso en el plano peralto del
sistema categorial, donde el conocer siempre necesita ser deseado sobre todo,
como existe también un cerrarse enfrente de la verdad conocida y un retener de la afirmación en oposición a ella. Después de haber llamado este
"estar presente" del querer elegir, actuar en el pensar, aspecto del acto de
conocer, surge la pregunta sino es anticipado hablar del conocer donde había
verdaderamente un pensar. Contemplábamos y aún no pensábamos y pensábamos y no contemplábamos más. Empezábamos a pensar porque nuestro

contemplar era demasiado limitado. En el contemplar no había opción
po~que _traía en sí aun la plenitud de todos los resultados de la opción 0
~eJor dicho d_e todas las resoluciones previas 20 no desdobladas y• sin embargo,
aun _no conocimos, porque lo finito del contemplar era obra imperfecta y no
plenitud Y teníamos. ~ue pedir . auxilio al pensar. Este grito de socorro por
el pe~sar_ es la func1on categonal como ritmo del conocer no como conocer
por s1 mismo: pero el concepto categorial pasmado en su movimiento de
pensa~, c?mo em~ncipado del silogismo, aguarda la retransformación de la
expenenc1a, es el obolo con el cual contribuye la intuición humana moribunda
al Charon silogístico para vivir una vida de apariencia en los campos humanos de conocimiento finito.
Remo~ v_isto, pues, que el andamio categorial que nos predice conducirnos
~l conocmuento, es conectado también con la relación psicofísica, la cual es
inherente al carácter humano del ser e incapaz de soltarse de él. Sin embargo,
lo hace responsab~e como lengua de categoría superior de la disposición siemp_re corree~ del sistema de los coordinados, correspondiente a las circunstancias respectJ~as en la cual "la lengua de primera categoría" marca las curvas.
En es~~• se ben': que evitar,. siempre, el peligro de coordinar razón y volición.
Tamb1en la tesis de evolución del prelogismo afirmado por Levi Brühl la
cu~l en estos días está superada por el argentino Raymundo Pardo con' sus
t~s1s de evolución de sus "integrantes racionales" que conduce a ~na calle
ciega.
e). Hay dos conocimientos de causas que nos parecen especialmente apropiados para liberarnos de escrúpulos frenantes de una perspectiva Jano, fundament:1lme~te p_ara una interpretación sen,sorial de la lengua, interpretación
que está ennquec1da por una nueva dimensión. La antítesis artificial RealismoIdealismo se presenta tal como la expuso sagazmente M. F. Sciacca,21 haciéndonosla ver como un teorizar de dos ilusiones, las cuales se basan en un modo abs~ract? en el concepto de ser, pensar, realidad y sus relaciones: realismo e 1deahsmo son descendientes hostiles de un origen común, es decir a
un lado de la identificación de lo real con el ser y al otro, de la convicción
de que el ser y el pensar forman antinomias. Ahora bien, ambas hipótesis se
"' Es un mérito de Hans Edward Hengstemberg el haber destronado el fenómeno
de _opción Y ~simismo el haber diferenciado críticamente la resolución previa de Ja
opci~n. La primera es "hechar por un camino", un ajustarse en el sentido de pertinencia . o rmpertmencia,
·
·
· mientras
·
•
la opción
puede referirse exclusivamente a medios
para !mes pero no a motivos (Cfr. HENOSTEMBERO, HANS EowARD, Filosofia AntroPol6gica, p. 46 y p. 62).
-~ Cfr. ScuccA, M1cHELE FEDERICO, Acte et Etre. Aubier. Paris. 1958, pp. ¡ 9-24. y
Ilo~LHU~ER, Ivo, Michele Federico Sciacca guía del esp!ritu occidental. A. Rain.
Me1senhe1m-Glan. 1962.

117
116

�muestran como "idola theatri" en tanto que el ser no se puede reducir a lo
real aunque sí sería verdad que lo real formaría un ~odo de ser, en tan~o
que el ser y el pensar además, no se contraponen ru se excluyen. Marün
Heidegger aprovechó un principio de Novalis ("monólogo"): Justa1:1en:e lo
propio de la lengua (el hecho que ella se preocupa solamente por si misma
nadie ¡0 sabe), intentando la revelación de que verdaderamente _no es el
hombre el que habla, sino la lengua, con lo cual parece s~r descubierta una
nueva dimensión sensorial.22 Aquí la lengua, según su entidad, no es expresión ni tampoco una actuación del hombre. La lengua habla. De aquí ~~­
bién se comprende por qué Heidegger puede ver en el desarr~llo de la logica
como
h aci·a la logística, un proceso metafísico que se presenta fmalmente
b''
una agresión contra la entidad de la lengua. Y si finalmente des~u no que
pertenece a la lengua, al decir, también el callarse ~orno part: mtegrante,
se debe recordar entre otras cosas el libro de M. F. Sc1acca, l~o.mo se vence
en waterloo? 2a el cual, profundiza metafísicamente este conocimiento y cuyo
tema principal forma en verdad: "El callarse y la palabra". .
.
Después de )a superación de la antítesis artificial realismo-idealismo Y por
razón de esta experiencia en "la lengua que habla", se puede ahora tomar
otra vez en consideración peralta la historia de filosofía -en tanto que es
historia de sistemas filosóficos- como una expresión de un -'físico
terc~:ª
categoría" y la historia de la filosofía en ~nto que entra en cons1deracion
como historia de conocimientos 24 ( en el pnmer caso se trata de la pregunta
. cuáles cateaorías enseñaron los diversos filósofos?; en el segundo caso: ¿ en
e
º
,·¿
t,
cuáles pensaron ellos mismos?) se puede llamar psiquico e tercera ca egon~.
Se necesita mucho ánimo, mucha envergadura espiritual dentro del horizonte intelectual, gran dominio de sí mismo para abrirse paso a esta co~cepción una concepción que a su vez interpreta un sistema completo de 1deologí; como una especie de cuerpo refinado, lo. mismo que en el ~rad~ ~ensorial subordinando las palabras y frases particulares eran t~mb1e~,. um~amas mfenor
t "cuerpo para el contenido espiritual
mene,
_
,y en el grado, sensorial
,,
del idiomático, la creación del somdo tema algo corporeo
Animo: porque existe el gran peligro de ver en la_ ~eleg~c~ón d~ to~~ verdad
.
1 ver ya todo en la denegación, en la fonac10n
e 1d1omatizac10n
de
litera,
.
.
'd' la
creación, una vez acabada de un total sensorial ( todas las fonaciones e 1 10-

d:

,. Cfr. HEIDEGGER, MARTÍN, Camino a la Lengua. G. Neske. Pfullingen. 1959, PP·
14, 19, 9 y passim.
.,
d 1957
" ScrACCA, MrcnELE FEDERICO, Cómo se vence en Waterloo. M1lan, Marzo e
·
" Cfr. La argumentación de esta d~erenci~ción por _IIA~TMANN, ~:~OLA!, El pensamiento filosófico y su Historia. Acadelllla Prusiana de C1enc1as, 1936. Un nuevo ~odo
de pensar está pegado a la consecuencia del sistema. . . El otro modo de pensar sigue
a la consecuencia del problema".

118

matizaciones posibles) y en un cumplimiento continuo del postulado de comprender todo simbólicamente, se comprende durante tanto tiempo simbólicamente hasta que no queda absolutamente nada para simbolizar.
Envergadura espiritual: Porque la facultad visiona! humana limitada siempre está dispuesta en demasía a poner la línea de sumación debajo de su
caso dado, por pura impaciencia en averiguar finalmente todo. Cumpliendo
con esto, olvida que la denegación del sentido, sea de un total idiomático
o del universo, se basa siempre en eso que ella todavía dentro de una partícula disonante, la cual ya le parece "total" (sea esta una frase, un capítulo
o también, una vida humana) anticipadamente, en pura impaciencia, aprieta
el reloj de trinquete de su intelecto de hombrecillo.
Dominio sobre sí mismo: En tanto que se tiene que empeñar en frenar este
impulso asimptóticamente, pues lo sistemático-universalmente no se puede
frenar en tanto que la facultad visiona! limitada quede siempre como facultad
visional. Se trata de perseverar en la oscilación del péndulo. 25 Si uno se empeña en hacerse cargo de las perspectivas aquí sugeridas, quizá le parecerá
extraño que todo eso pertenece a los prolegómenos integrales necesarios de
la lógica de la verdad.
Sin embargo así nos interrogamos. Era indispensable desde el principio otra
ideología cuando se trató de contener dentro de la "lengua de primer rango"
y practicar lnox17 (juicio, duda, suspensión), dentro de la "oscilación del
péndulo", la cual era allá la palabra, concepto o juicio, y cuando se trató con
tenerse dentro de la lengua de "segundo rango" y practicar otra vez lnox11
también dentro de la oscilación del péndulo que era aquí la creación categorial,
es decir, la causalidad de la argumentación. En ambos casos, seguramente, se
necesitó un número considerable de oscilaciones del péndulo para avanzar
a un sentido fundamental. Y aquí, en el grado más alto bastaría, si cabe,
media oscilación del péndulo para conseguir un entendimiento completo. Porque en esa totalidad idiomática de tercer rango, la unidad no es más la frase
fundamental del sentido o la creación categorial que lleva el sentido dentro
de un determinado sistema categorial de coordinados, si no se lleva aquí la
unidad por la verdad de una ideología total que preforma una vida humana
completa. No solamente la concordancia de modos de manifestación entre
sí (concepto de verdad del idealismo trascendental), no solamente la concordancia de manifestaciones con el estado propenso de cosas (concepto de verdad
del realismo trascendental), sino también, la concordancia de la entidad del
sentido que aspira a expresarse en una vida humana con la creación correspondiente de expresión que requiere verdad, sea esta expresión el discurso
24

Cfr. HOLLHUBER, lvo, La Imagen Humana como fundamento de la formaci6n
del hombre, p. 267 y ss.: "La Educación oor el .Milagro del Ser-No existente".

119

�sencillo de un hombre sencillo o el sistema de un sabio. Estas dos formas de
expresión solamente se verifican en la lengua.
Por otra parte, la lengua es: oerá"º", instrumento.
Pero, no existe ningún instrumento para sí, sino solamente en atención a
conseguir una realización por el realizador de propósitos, igual como no
existe el "señor sin el criado" (Hegel). El propósito que se tiene que realizar
es, en este caso, la objetivación de la entidad vida-sentido, por comprensión
de la verdad en el sistema. Si esto da resultado, aquí no se decide: pero el
hecho de que se le propone y que forra con el cuerpo de la lengua del sistema
para la realización del propósito, ciertamente sí es objeto de consideración.
Cabe aquí también decir que la let'lgua además de su ser de instrumento,
tiene también una función constitutiva en la causalidad de tener mundo y
ser hombre en general (E. Heintel). Este ensanchamiento del horizonte es
bastante grande también para dejar lugar, asimismo, a una verdad literal.
No debe ser tragado todo y especialmente no lo que hay que simbolizar por
el símbolo.
Un entendimiento más profundo se logra finalmente considerando siempre
que no la "letra", sea como letra "de primer rango", o el concepto sea como
letra "de segundo rango", o creación categorial, sea como letra de "tercer
rango" o sistema concreto, está en un lado y el símbolo en otro, sea éste, otra
vez, símbolo de primer rango o símbolos a secas, o símbolo de segundo rango
o función categorial que simboliza, o símbolo de tercer rango o inteligencia
posible dentro de la facultad visiona! finita en una integridad sensorial, sino
letra y símbolo, juntos aquí, que son medios de descripción y espejo de un
ser humano y por eso dependientes de la lengua como función de su expresión.
Por el hombre en sí no es un tirano, arbitrariamente disponiendo de letras
y símbolos, sino que solamente, puede ganar la particularidad de su libertad
a través de un tú y también el conocimiento de su peculiaridad que resulta
de la incapacidad del idealismo de explicarse a sí mismo, ni mucho menos
al tú o al nosotros, mientras al otro lado, de parte del tú, aunque suena primero paradójico, se logra la explicación no solamente del tú y nosotros sino
también la del yo tan problemático. Así, las prolegómenas integrales de una
lógica de la verdad nunca se podrán desprender de una metasicología y pneumatología de la lengua, en favor de la cual el gran desconocido de nuestros
días, Ferdinand Ebner, ha realizado un trabajo preliminar muy valioso con
26
su obra: "La palabra y las realidades espirituales ( 1921 ) ", a la cuai
"' Cfr. Primer capítulo de: H6LLHUBER, Ivo, Lengua-Sociedad-Mística (Proleg6mena
a una Antropología Pneumática). Para cuyo libro primero "De la Metapsicología de
la Lengua a la Metafísica del Hombre" Lumr STEFANINI (Universidad de Padua) ha

nosotros esperamos haber contribuido con materiales útiles. Las repercusiones
de nu:stra tesis, aquí expuesta, a la nueva metafísica de nuestros días ya
aparecieron en dos publicaciones españolas 27 y sobre todo en las obras nuestras publicadas en el dominio del habla alemana. 28

.., Cfr. H6LLHUBER, lvo, "Eutanasia o resurrección de la Metafísica" Universidad
(Organo de la Universidad de Nuevo León) Monterrey, N. L. Méxi~o 1959
.
47-70. As1m1Smo;
· .
Hºº0LLHUBER, Ivo, "Revalorización de la filosofía y jurisprudencia
'
' PP

amenazadas de desquiciamiento en sus conceptos básicos". Humánitas No. 2. Monterrey, N. L., México, 1961.
-~ Cfr. H6LLHUBER, lvo, Michele Federico Sciacca guía del espíritu occidental y
H~L-LHUBER, Ivo, Lengua-Sociedad-Mística (Proleg6mena a una Antropología Pneumatica).

escrito una "Prezentacione" ...

121
120

�ARTE CONTEMPORÁNEO Y FILOSOF1A
MoNs. DR. OcTAVIO NmoLÁs DERISI
Rector de la Universidad Católica Argentina "Santa Maria de los Buenos Aires".

1. El arte es la expresión material de la belleza, realizada por el hombre.
La belleza natural de las cosas y del mismo ser humano -obra bella de
Dios- es acrecentada por esta belleza creada por el hombre, que es la obra
de arte. Por su espíritu el hombre es capaz de concebir nuevas formas de belleza, a partir de las naturalmente dadas y encamadas en formas sensibles, de
acuerdo a los medios técnicos a su alcance.
Pero lo que queremos subrayar ahora es que el modo de concebir y realizar
concretamente una determinada belleza estará en íntima dependencia de la
concepción que el artista, consciente o inconscientemente, posea de la belleza
y de su expresión. Lo cual quiere decir que la obra de arte, tanto en el artista que la concibe y realiza, como en su encamación concreta, está alimen•
tada originariamente por una weltanschaung o concepción filosófica y aun
religiosa del hombre y de la vida.
Los diferentes sectores de la cultura no son estancos aislados e independientes: proceden del mismo espíritu humano actuando bajo la influencia de una
concepción del hombre y de la vida, natural y sobrenatural, frente a los diferentes valores, también organizados en una u otra jerarquía de acuerdo a la
estimativa originada y fundamentada por aquella concepción.
En la raíz de las más variadas expresiones culturales de una región y de
una época, dándole fuerza, sentido y unidad espiritual, está una concepción
del hombre y de la vida con uno u otro signo, alimentada a su vez por la
Filosofía y sobre todo por la Religión, cuando ella conserva su vigorosa influencia. Tal concepción, comúnmente aceptada por los miembros de la sociedad en un determinado momento, informa y otorga unidad a las múltiples
y diversas realizaciones de la actividad humana, que precisamente constituyen
la cultura, y crea el estilo o modo propio de vida, y también el estilo o modo

123

�común de expresión material de un pueblo, en consonancia con los medios
técnicos de lugar y tiempo.
2. También hay una íntima conex10n entre la actividad artística y, en
general, entre el Arte y la Filosofía, o manera de pensar dominante de una
detem1inada época.
Ahora bien, las principales corrientes de la Filosofía pueden ser sintetizadas
en tres: 1) el racionalismo, que reduce el conocimiento a actividad puramente
intelectiva, y, en última instancia, la vida humana misma a una vida enteramente espiritual: angélica o divina; 2) el empirismo, que, ya en su forma sensista no admite otro conocimiento ni otra vida en el hombre que la material
de l~s sentidos y apetitos consiguientes; ya también en su forma irracionalista,
quiere atenerse únicamente a un contacto inmediato con la vida o existencia
-de hecho material, y de derecho destituída siempre de toda esencia inmaterial-; y 3) el Intelectualismo, que tiene en cuenta la vida material cognoscitiva
y apetitiva de los sentidos, como la espiritual de la inteligencia y de la voluntad
libre, en su unidad substancial originaria.
Estos tres sistemas fundamentales se repiten a través de la historia en un
plano ya cosmológico, ya ontológico, ya lógico, ya ps~cológico, ya ?noseológico, ya axiológico y ético, según las épocas. Vale decir, que tales sistemas
-con variada gama de matices originales dentro de cada uno- constituyen
las posiciones fundamentales de la Filosofía. Sólo varía su encarnación o modo
determinado de presentarse en cada región y época. La concepción del hombre y de la vida, en lo que hace a su esencia, se repite en una y otra de estas
tres posiciones fundamentales; lo que cambia es el plano en el que se realiza y la encarnación o estilo concreto con que se reviste y toma cuerpo en el
espacio y en el tiempo.
De esas posiciones típicas, sólo el Intelectualismo alcanza a de-velar sin deformar, la verdad del· ser de las cosas y del hombre y, a través de ese ser
finito, material y espiritual, logra llegar al ser mismo de Dios, precisamente
porque se ajusta a las exigencias del objeto trascendente de la inteligencia
humana, el ser, inmediatamente dado a esta inteligencia en los objetos materiales a través de los datos sensibles, desde el que escala los sectores superiores
espirituales, finito e infinito; y, a la vez, y por eso mismo, _P~rque se ajusta
a las exio-encias del conocimiento del hombre en sus cond1c1ones concretas
" instancia, a las exigencias del ser del hombre, del que aq~el
y, en última
conocimiento es tributario: de un espíritu o alma espiritual finita sustancialmente unida a la materia, abierta a la vez y esencialmente relacionada con el
Fin último divino.
El Racionalismo y el Empirismo contemplan sólo un aspecto del conocimiento humano: ya el intelectivo espiritual, ya el sensitivo material respec-

124

tivamente, sm atender al otro; y, por eso, reducen el ser del hombre ya a
un ser puramente espiritual -incluso divino- ya a un ser puramente material.
3. Tales posiciones se reflejan en las concepciones artísticas de una época
y región.
Veamos qué sucede cuando domina el Racionalismo. Hemos dicho que
para éste en el hombre sólo cuenta la vida espiritual de la inteligencia y de
la voluntad, suprimiendo o no teniendo en cuenta, al menos lo suficiente, la
vida material de los sentidos. Con una lógica interna hace del hombre una
substancia espiritual completa: un ángel o el mismo Dios. El objeto propio
del conocimiento intelectivo es la esencia inmaterial de las cosas, intuitivamente aprehendidas por "ideas claras y distintas" (Descartes), que el hombre posee formal o virtualmente innatas, con independencia causal de los
sentidos, que o no intervienen o sólo juegan un papel secundario en el origen
de las ideas {Platón y Descartes), cuando no creadas trascendentalmente en
la inmanencia de una Idea o Espíritu absoluto divino {Hegel y Croce).
Cuando esta concepción filosófica unilateral domina y dirige la elaboración artística, su realización tiende a expresar una belleza puramente espiritual
o una belleza material de un modo casi enteramente inmaterial, sin atender
lo necesario y hasta eliminar lo más posible las formas bellas y sensibles. Resulta
así una obra descarnada, con hegemonía casi absoluta del elemento racional,
de la esencia inmaterial, aun tratándose de objetos bellos materiales: un arte
más de ángeles que de hombres y en el cual la unidad de la forma esencial
se logra a costa de la belleza de la expresión material. No es un arte humano
y, por eso mismo, claudica de la esencia misma del arte en mayor o menor
grado, porque el arte es expresión humana de la belleza. Y como el hombre
es alma y cuerpo y toda su vida espiritual está condicionada por una vida
material y no se expresa ·sin la ayuda de los elementos sensitivos, tampoco
el hombre puede elaborar una concepción bella en su interior ni mucho
menos expresarla exteriormente sin la ayuda de las formas bellas sensibles o
materiales.
Muchas realizaciones del arte contemporáneo, en un noble esfuerzo, buscan
expresar en todo su vigor y unidad la belleza de la esencia o forma interior
de las cosas con un mínimum de formas sensibles bellas para no perturbar
la aprehensión de aquéllas. Y debemos confesar que este arte un tanto abstracto, cuando conserva un mínimo de expresión exterior, logra a veces poner
al alma en contacto casi directo e inmediato con la esencia bella, sin distraerse en una encamación por demás frondosa. Tal acontece también, pero
con más simplicidad y autenticidad, en el arte medioeval -por ejemplo, en
el Canto Gregoriano o las poesías sencillas de entonces-: que la esencia

125

r

�inmaterial bella de las cosas está expresada en toda su fuerza, gracias precisamente a la simplicidad de sus formas sensibles que logra trasuntada casi transparentemente.
Pero como el hombre no llega normalmente a la captación de la esencia
bella -en sí misma siempre inmaterial, aun en los seres materiales-- sino
a través de las formas bellas corpóreas, la reducción, cuando no la supresión
casi total, de tal expresión exterior, hace poco menos que inexpresable e inaccesible aquella hermosura esencial interior, constitutiva de las cosas. En todo
caso, este arte descamado requiere un esfuerzo no común para encerrar tal
esencia hermosa en una expresión material, casi indescifrable para el común
de los espectadores. Y la obra de arte debe poder comunicar la belleza de
una manera fácil y placentera al hombre común, medianamente culto, si
quiere cumplir con su misión propia. Un mínimum, pues, de bellas formas
materiales es indispensable para expresar la belleza esencial de las cosas, que
paradojalmente sin ellas resulta inasible aun en su realidad esencial inmaterial.
La reducción de los elementos sensibles expresivos de la belleza para conseguir una supremacía del elemento inmaterial o esencial conduce a un "arte
de cenáculos", a un arte esotérico, que sólo la élite de los iniciados puede
comprender y gustar. Ahora bien, el arte, que es un trasunto individual del
alma del artista, cuando es verdaderamente arte, debe subsumir y expresar a
la vez la cosmovisión y sentimiento de un pueblo en una determinada época
y debe ser comprensible y asequible para el mismo, que ve expresadas en él
su propia alma, a la vez que los valores eternos y universales de la belleza,
inmutables a través de todas las vicisitudes y cambios humanos. Las grandes
obras de arte de los genios de todos los tiempos, en mayor o menor grado,
han sido y son siempre, por eso, comprendidas y gustadas por el pueblo de
una determinada región y época, precisamente porque en tales obras la comunidad se siente comprendida y encuentra la expresión decantada y bella de
su propia alma con sus modos de pensar y sentir y con su estilo de vida, es
decir, porque constituyen la encamación del acervo espiritual de su alma
nacional dentro de los valores esenciales de la belleza eterna, acuñados en la
visión espiritual del artista.
Por no atender lo suficiente a tal condición humana del arte, muchas elaboraciones artísticas del arte actual de vanguardia claudican y pierden su
sentido de arte en mayor o menor grado, al encamarse en una expresión tan
esquemática y alejada de la belleza material, tan frágil, que resulta incapaz
de trasuntar la belleza esencial, substancial a la factura artística; belleza que
el artista ha vislumbrado muchas veces y, sin embargo, ha dejado escapar
precisamente por intentar significarla tan sumariamente, que, en el mejor de
los casos, cuando logra un mínimum de encamación sensible, constituye un

126

arte para unos pocos, capaces de penetrar y descifrar el misterio oculto de
aquella forma esencial.
Tal acontece con ciertas pinturas y músicas tan esquemáticas y privadas
de formas, de colores y de sonidos hermosos, que resulta realmente arduo
poderlas comprender y develar en su pretendida belleza espiritual.
4. Es claro que mucho más grave es la posición del Empirismo también
en el arte, porqu_e si el Racionalismo reduce la vida humana al espíritu y el
arte_ a u~a esencia bella descamada, el Empirismo opta por la posición contrana, diluyendo al hombre en su vida animal y al arte a una expresión de
belleza puramente material.
En efecto, reducido el conocimiento humano a los datos de los sentidos
s~n ~osibilidad de llegar a ser trascendentes, la forma intrínseca o acto cons~
tltuhvo de la esencia y de la consiguiente unidad del ser resulta inaccesible
e inaccesible también la aprehensión recreadora de su f~rma esencial en eÍ
alma del artista.
Cuando en la elaboración de su obra el artista está dominado y alimentado
~o~ una concepción empírico-sensista de la realidad, su mirada se detiene
um~ente en !as. múl~pl~s formas materialmente bellas, a las que recrea
en su mmanenc1a rmagmativo-sensitiva, pero sin alcanzar la forma bella interior Y esencial de las cosas, y su obra se resiente con su ausencia que la
priva ~e a~uella esencia bella, única que, desde dentro, puede pone/ orden y
c?nfenr unidad y armonía a la multitud de colores, sonidos y formas rnatenalmente hermosas. Si la ?bra así realizada aún resulta bella, es porque el
autor es un verdadero artista y sus dotes naturales de tal lo hacen superar
su p~opia limitación filosófica y alcanzar de algún modo, siquiera en mínima
medida, la visión artística y recreadora de aquella esencia bella, que se trasunta en su obra Y a la que confiere el grado indispensable de unidad interior.
Muchas expresiones de pintura, escultura, música y letras del arte cont:mporáneo están bajo el signo de esa concepción. Pareciera que hubieran
sido eliminados casi enteramente los elementos esenciales inteligibles, únicos
capaces de dar sentido y unidad interior a la obra.
Es el caso del Impresionismo que, a principios del Siglo, echando manos
!e los medios perf_eccionados por el progreso técnico, brindó obras realmente
ermosas por la nqueza de los colores, formas y sonidos, pero carentes casi
t~talmente de unidad interior; obras que por su sonoridad, plasticidad y colondo resultan más placenteras a los sentidos que al espíritu. Si tales obras
logran alcanzar la categoría de obras de arte como acaece con la música de
Debussy Y _con pinturas de Gauguin y Renoir es precisamente porque sus
autores, artistas de raza, consiguen superar la limitación de su propia concep-

127

�c1on sensista y obtener un mínimum de esencia bella y unidad interior en la
multiplicidad de sus ricas y deslumbrantes formas materiales.
5. Más grave se toma el panorama del arte influenciado por el VITALISMO
irracionalista posterior y, más concretamente, por el Existencialismo actual.
Tal corriente filosófica intenta eliminar toda esencia, toda estructura y sentido
interior de las cosas. Estas no son sino en el único ser capaz de darles presencia, que es el ser del hombre; el cual a su vez no es, carece de ser inmanente y está reducido a una pura existencia o hacerse, a una pura libertad
autocreadora desde la nada, por la nada y para una definitiva nada, sin ser
y deber ser trascendentes y, por eso también, carente de sentido y absurda.
De hecho el Existencialismo, al menos en sus principales representantes
-Heidegger y Sartre--, es un retomo al Empirismo de tipo irracionalista,
una posición que quiere colocarse en una experiencia o contacto inmediato,
no por vía de conocimiento objetivo -intelectivo ni siquiera sensitivo- sino
por vía de intuición o coincidencia irracional, no representativa sino subjetiva, de la propia realidad concreta o, como dicen sus propios autores, por las
"notas existenciales". Como tal intuición es irrealizable, lo que realmente se
logra es silenciar o prescindir cuanto es posible de la mirada del espíritu y
de la aprehensión espiritual del auténtico ser subjetivo y objetivo, inmanente
y trascendente, y hundirse en una sorda experiencia sensitivo-emotiva interior
de "notas existenciales", en que el ser, que tanto se menciona, no supera y
hasta se agota en su puro "aparecer" fenoménico -Sartre-- o, lo que es
lo mismo, en su pura "presencia", en el puro hacerse, a que se reduce la
ex-istencia humana -Heidegger- con la consiguiente desaparición de la
dualidad consciente y expresa del ser del sujeto y objeto.
En este horizonte, cerrado a todo ser trascendente e inmanente, a toda
unidad esencial interior, y aun a toda representación objetiva sensible, el arte
tiende a expresar o, mejor, sugerir, estas sordas y confusas experiencias de la
ex-istencia enteramente subjetivas, amorales e infrahumanas y, en definitiva,
carentes de sentido y que sólo la inteligencia puede de-velar.
Así observamos en la pintura, en la escultura y en la música, comprendiendo
en ellas los bailes actuales y, en parte también de la arquitectura, obras que
no son sino un conjunto de sonidos privados de esencias y unidad interior y
aun de melodía sensible, cuando no un conjunto de ruidos extraños y nuevos,
logrados con el avance de la técnica -vg. los electrónicos- sin sentido artístico ni siquiera placentero a los sentidos, o un conglomerado de colores sin
alcance esencial alguno interior y ni siquiera puramente exterior, o un montón de formas extrañas, acumuladas en la materia escultórica, destituídas de
armonía e indescifrables en su significación. Frente a tales realizaciones, sobre
todo cuando se conjugan en una multiplicidad de ruidos ensordecedores o de

c?lores .desl~mbrantes, el espectador se siente como tomado por sordas emoc10nes mfenores, privadas de objetos o formas bellas determinadas: se trata
de una su.erte de sobrecogimiento dionisíaco, que enajena al hombre -piénsese
en los bailes de puro ruido arrítmicos, que tienden a aturdir y arrojar a sus
actores en un delirio de puras emociones inferiores, privándolos del uso connatural de la razón-, destituido de todo goce apacible del espíritu. En efecto
vemos cómo e~ ciertas realizaciones contemporáneas de la música, pintura ;
escultura, el ruido sustituye a los sonidos, el desorden y el caos a la armonía
y al ritmo, la confusión a la unidad. El espíritu -la inteligencia y sentimientos superiores- lejos de aprehender claramente la forma bella interior
hermosament~ en.camad~ y ex~erimentar el goce apacible que le es propio,
sufre ante lo mas1ble y sm sentido, cuando no experimenta una verdadera repulsión o una emoción que lo sumerge en la vida puramente animal. El elemento apolíneo, que confiere forma unitaria e integradora interior a la multiP!~ci?ad .representativa y emotiva sensible, es suplantado por las notas or~1astI:as informes y, en ~!tima instancia, lo humano por lo animal. Las expenenc1~s parece~ haber ~ido despojadas de toda hermosura espiritual y aun
material, esencial y sensible, de toda hermosura objetiva. Este llamado arte
r~sponde a .una co~~epción y forma de vida, en la que los hombres han perdido el sentido espmtual y humano y se han sumergido en un modo de pensar
y a~tuar enteramente animal, guiados por las metas hedonistas del puro goce
sensible, que pretenden justificar como normas humanas de conducta.
La verdad es que, carentes de forma y de unidad esencial bella y aun de
formas materialmente hermosas, resulta difícil calificar de artísticas a tales
mani!est~ciones. Y no podría ser de otro modo, desde que las concepciones
que msp1ran tales obras son antihumalyl.S y absurdas. El hombre y las cosas
poseen una estructura y unidad interior, que las constituye y. especifica y que
las hace aprehe.nsibles y descifrables en su sentido, en lo que son y en lo que
deben ser, precisamente por su forma o acto esencial. Toda tentativa en contrario .es contradictoria, como lo es toda posición antiintelectualista; ya que
tal actitud, negadora o desconocedora del valor de la inteligencia, no se puede
so_stene: ni _expr~sar ni comprender siquiera sino en conceptos y juicios de la
misma m tehgenc1a.
No negamos que en algunas de estas obras pueda excepcionalmente persistir
todavía algún atisbo de arte, que engendre todavía cierto placer estético·
pero ~llo es debido, no a la intención irracionalista de la posición adoptada:
q~e tiende a anularla totalmente, precisamente por ser antihumana y, por eso
mismo antiartística; sino por el genio o el ingenio del autor; quien con sus
~otes naturales supera su propia posición antiintelectualista y antiespiritualist.ª,. y realcanza de algún modo, contra su propia intención, siquiera un resqu1c10 por donde se revela la forma esencial de las cosas y del hombre. Pero
129

128

H9

�en sí misma, por la intención que las guía, tales realizaciones están destituidas
de todo valor artístico, como privadas que están de significación y expresión
estrictamente humanas. Y de hecho, muchas de estas "obras de arte" son
engendros de actitudes espirituales anormales y contradictorias, que no llegan,
ni con mucho, al plano estrictamente artístico, ni engendran, por lo mismo,
goce estético alguno, sino más bien la natural repulsión ante lo falto de unidad interior y de sentido, en una palabra, la repulsión ante lo informe y
absurdo.
6. Frente a tales realizaciones artísticas contemporáneas extremas: de un
arte esencialista proveniente de un Racionalismo o Intelectualismo exagerado,
que no tiene en cuenta el aspecto material y sensible del conocimiento y del
ser humano; de un arte empirista o impresionista, que, inversamente, se detiene en las formas puramente materiales, placenteras a los sentidos, confundiendo el goce estético, esencialmente espiritual, con un goce sensible; y de
un pretendido arte existencialista, que se empeña en una expresión puramente
irracional o emotiva material, sin elementos objetivos esenciales y ni siquiera
sensibles; cabe al Intelectualismo renovar y revivir todos los valores artísticos,
diseminados en tales posiciones unilaterales que ellas deforman, cuando no
los anulan totalmente, en una visión profundamente humana, que los reintegra en su unidad espiritual y material, en una esencia, que les da unidad y
belleza, expresada en una encamación material también bella.
Ni puro materialismo, ni puro espiritualismo, ni puro empirismo -sensista
o irracionalista-, ni puro racionalismo, sino aprehensión que la inteligencia
espiritual alcanza a través de los sentidos y con la cual re-crea en el alma
del artista la esencia o forma inmaterial bella de las cosas y del propio hombre; y, por ella analógicamente, la de los objetos espirituales y aun sobrenaturales y del mismo Dios, expresada, primero, e~ las formas bellas materiales
de la imaginación y de la sensibilidad del propio artista y, luego, de los colores, de los sonidos y de las formas de la materia exterior.
El arte no es tal, si las formas bellas de los objetos exteriores no son acuñadas primeramente en la interioridad espiritual y sensible del artista, y luego
encamadas en la materia exterior, como un compuesto de alma y cuerpo, de
esencia o forma bella inmaterial y de materia en la que se encama. Es decir,
el arte no es arte, si no es elaborado y realizado como expresión humana de
belleza, como creación de hermosura propia del hombre, que es espíritu y
materia sustancialmente unidos, y que trasunta siempre la esencia inmaterial
de las cosas materiales y aun de las espirituales en la materia, como expresión
unitaria de esa esencia inmaterial bella de los objetos materiales y espirituales,
re-creados siempre en la propia visión interior humana de la misma, hecha
de inteligencia y de imágenes, de sentimientos y emociones espirituales y roa-

130

teriales, de espíritu y materia íntimamente unidos. La factura artística, lejos
de detenerse en una hermosura puramente sensible a los colores, sonidos y
formas, ha de trascenderla hasta llegar a infundir y expresar en esas formas
bellas exteriores, la belleza inmaterial de la esencia, fraguada primeramente
en la interioridad intelectivo-sensitivo del artista y trasvasada lueao en la expresión material de la obra, a la que confiere su unidad y armo:ía interior
así la vida y belleza del alma se trasunta en el cuerpo. Todos los valores des~
cubiertos y realizados por las posiciones unilaterales antes mencionadas, que
total o parcialmente los invalidan o deforman por exceso o por defecto, con
el desconocimiento o desmedro de los otros, con los cuales deben integrarse,
encuentran su cabal ubicación y son salvados en todo su alcance al ser incorporados a esta concepción verdaderamente humana del arte, que es la intelectualista. Es ésta la que, teniendo en cuenta los aspectos espiritual y material
del hombre con los objetos de la inteligencia y de las sensaciones, es decir, el
esencial inmaterial y el accidental material de las cosas, elabora una visión
re-creadora de la belleza inmaterial, esencial de la realidad, a la vez trasuntada en una encarnación material también bella de la misma.
Tal ~l arte de los grandes maestros de la pintura y de la arquitectura, de
la música y de escultura: de los griegos y romanos, de los medioevales y renacentistas: de Rafael y de Leonardo, de Miguel Angel, de Bach y de Haydn,
de Mozart y de Beethoven, en que la belleza esencial de las cosas y del hombre, re-creadas y animadas de una nueva vida por el genio, es encarnada en
las formas materialmente bellas de la imaginación y sensibilidad del artista
.
'
pnmero y, luego y en definitiva, en las de la expresión material de los colores
sonidos o rasgos de la piedra.
'
Tal belleza esencial, así hermosamente expresada en los trazos materiales,
es a su vez trasunto de la Belleza infinita, a la que esencialmente remite, y
que constituye la meta suprema del arte: ya que el hombre esencialmente
aspira a Ella como a la Hermosura beatificante de su ser y, sólo movido y en
busca de la misma, puede detenerse a realizar o gozar de sus participaciones
finitas.
7. Precisamente el arte clásico es quien mejor ha logrado este equilibrio
de los elementos espirituales y materiales, inteligibles esenciales y sensibles
accidentales de la belleza finita e infinita, en una unidad que trasunta la
~nidad substancial del espíritu y materia del hombre, finito bien esencialmente "religado" con la Verdad, Bondad y Belleza infinitas y trascenden~ales del Ser divino, cuya posesión únicamente puede conferirle la plenitud
mmanente de su vida y de su ser humanos; y a las que remite, por eso, también todo auténtico arte.
Esta realización equilibrada de belleza esencial o inmaterial del ser -desde

131

�el ser material hasta el espiritual, desde el ser finito al infinito, desde el natural al sobrenatural- y de la belleza material de las formas sensibles, propia
del arte clásico de todos los tiempos, en nuestra época, sin perder nada de
su belleza esencial eterna, debe buscar enriquecerse con nuevos medios de expresión, adecuados al progreso creciente de la técnica actual, concordante
por lo demás con los cambios accidentales del gusto de nuestra época.
No tomamos, pues, la expresión de arte clásico, como una encarnación equilibrada del elemento esencial inmaterial y del material de belleza, dada una
vez para siempre, sino realizable continuamente en nuevas formas de expresión, de acuerdo al progreso y cambio de las formas exteriores y al gusto
de los tiempos. El hombre no debe aferrarse a los moldes tradicionales de su
expresión, que son esencialmente cambiables como la materia que los sustenta y constituye, sino que debe buscar nuevas formas de la misma en consonancia a los nuevos medios proporcionados por la técnica y sensibilidad actual;
pero, sobre todo, ha de cuidar de no disminuir ni obscurecer los valores permanentes o eternos de la belleza esencial, que debe encamar en toda su fuerza
sin menoscabar, antes bien, debe acrecentarlos y valerse del progreso técnico
para darles una encamación más vigorosa y clara, a la vez que esforzarse
por lograr una articulación orgánica de ambos elementos· en una unidad
equilibrada, que refleje y trasunte la unidad humana, que, aun tomándoles
de la trascendencia de las cosas, los re-cree y les confiera una nueva vida
bella, desde el alma y vida del artista.

EL NIRVANA BUDISTA Y LA EXPERIENCIA M1STICA
PoR IsMAEL QUILES, S.

J.

Universidad del Salvador
Buenos Aires, Arg.

EN LA COMUNICACIÓN QUE PRESENTAMOS al XIII Conareso Internacional de
Filosofía (México, septiembre 1963) tratamos de establecer la relación entre
el nirvana Y lo que la filosofía occidental ha denominado "experiencia metafísica" .1 Nuestra impresión, desde el primer momento en que entramos en
c~nt~~to con l?s textos sagrados budistas, con su historia y con las escuelas
filosoficas que interpretaron de diversa manera el Canon budista, fue de una
sorprendente coincidencia entre las descripciones de la realidad del nirvana
Y 1~ experiencia fundamental del ser de que habla la filosofía contemporánea.
EVIdentemente, a nuestro parecer, el nirvana es una iluminación una intuición de tipo preconceptual, por lo cual se experimenta a la
la íntima
realidad del yo y su inserción en la totalidad del universo, lo que viene a ser
una experiencia del principio último de todos los seres, donde todos vienen
ª. encontrar su última base de comunión y de unidad. El nirvana es experiencia del ser en cuanto ser a través de la intimidad máxima del yo.
Citamos en esa oportunidad el modelo clásico del nirvana el del fundador
del budismo. Tal como es descrito en el Canon Pali y según' la interpretación
de Ashvagosha, el nirvana de Buda fue una iluminación que le dio a conocer
"la última verdad" de todas las cosas y de la vida humana.2 Las descripciones
que los maestros del Zen hacen del nirvana, a pesar de que todos confiesan
que éste es inefable, lo presentan co~o una iluminación, un "despertar" de
la mente al conocimiento superior de la realidad última de todos los seres.
Recordemos por ejemplo las repetid;i,s exposiciones que D. T. Suzuki ha

v:z

1

Nirvana y experiencia metafísica. Memorias del XIII Congreso Internacional de
Filosofía, vol. IV. La Crítica de la Epoca, pp. 262-268.
2

132

AsHVAGHOSHA,

Buddhakarita, XIV, 1-10.

133

�hecho del Satori, expresión que los budistas japoneses de la escuela del Zen
3

usan para designar el nirvana.
Remitimos a los lectores, asimismo, a las experiencias del nirvana que podemos conocer por la confesión de sus propios autores, tal como han sido
4
recogidas por H. Dumoulin en su obra Zen, Geschichte und Gestalt.
Pero los mismos análisis y las descripciones de las raras experiencias que
se han conservado, nos muestran otro aspecto importante y esencial del nirvana, que afecta profundamente a la esencia del hombre: el nirvana tiene
evidentes resonancias místicas. Por ello creemos que será de interés aprovechar
la experiencia mística del nirvana y analizar su contribución para revelar algunos aspectos de la mística humana en general.
Ya a primera vista el Nirvana reviste caracteres que nos obligan a situarlo
en el plano de la mística. Las referencias de los libros sagrados, y de los comentaristas, así como los ejemplos que la historia nos ha conservado y el
espíritu mismo del budismo, parecen no satisfacerse con una escueta experiencia metafísica. De ahí que la iluminación budista haya sido considerada
frecuentemente como una "experiencia mística". El espíritu se halla transportado, por el éxtasis, a un plano de profundas y extrañas experiencias, superiores a las de la vida normal. Esta interpretación del Nirvana, como fenómeno místico, no deja de tener, sin embargo, sus dificultades y por ello debe
ser cuidadosamente aclarada.
1) Negación del Nirvana como experiencia mística

No han faltado quienes hayan negado la compatibilidad de la mística con
el budismo. Este, por su naturaleza, no podría contener una mística propiamente dicha, y, en consecuencia, no puede hablarse de "mística budista".
En autores de indiscutible prestigio encontramos afirmaciones, que pueden
desconcertar, como la siguiente: "No hay misticismo en el budismo, si la
palabra 'misticismo' se entiende estrictamente: relación inmediata, no discursiva, intuitiva, con el Absoluto, ya sea este personal (cristiano, mahometano, Bhagavata) o impersonal (neo-platonismo, Vedanta propiamente tal) ( ... )
No existe Absoluto, según todas las formas ortodoxas del pensamiento budista, ya sea del Pequeño o del Gran Vehículo, y por lo tanto no existe ningún misticismo budista".5
' Véase, por ej., el cap. 4 de Zen, Budhism. Selected writings. Doubleday and Co.

New York, 1956.
• BERN, FRANKE, 1959.
• VALLÉs-PoussxN, L. DE LA, y TuoMAS, E. J., Mysticism (Buddhist) en Hastings,
"Enciclopaedia of Religion and Ethics", vol. IX, pp. 85-86.

~a ,razón fundamental de este aserto consiste en el carácter racionalista
~nbmdo generalmente al bu~ismo. El budismo, siguiendo la actitud apren:
d~ del Maest~o, ha mantenido una posición estrictamente racional, en el
sentido d~ excluir de su do~trina toda apreciación del universo y toda actividad. o metodo que n_o pud1er~ ser justificado ante la razón misma. En este
se~tido,, parece excluir el budismo todo lo que pueda llamarse sobrenatural
mas ali~ del alca~ce natural del conocimiento humano. Este aspecto racional
del _budism~ ha sido frecuentemente subrayado por expositores de extraordinaria autoridad. As~, por ejemplo, Suzuki insiste particularmente en este punto
t~atando de neutralizar la concepción del budismo como mística. "El Nº
sm
irvana,
. embar
.
go, dºice suzuk"1, no es más que un estado de la mente o de la
conciencia,. p~r el que de hecho trascendemos la relatividad --es decir el mundo
d~l nac1m1ento_ y de la ~u_erte-".G y ante una cita de W. James hecha por
Sir ?har~es Ehot a propos1to de Satori, según la cual "'la incomunicabilidad
del. extas1s" es la nota
de todo misticismo" , Suzukº1 precisa
· lo s1·
. característica
.
gmente: , El _Sat~n es sm duda alguna incomunicable, ·pero no es ninguna
clase de extas1s. S1 lo es, ello será un fenómeno, un mero fenómeno psicoló ·
Y
gico,
1 no puede tener ningún otro profundo significado · El Saton· es rea1mente
que
subyace
en
el
fondo
de
todo
verdadero
sistema
filosófico.
Tiene
por
0
7
tanto, una connotación metafísica".
'
S~zuki no se c~sa a este propósito de repetir que el Satori es una visión
lummosa ,q~e no ti~ne nada de misterioso o secreto por contraposición a un
estado m1st1co propiamente tal: "El Satori, como iluminación O mejor aún
como '~esp~rtar', es un proceso que ilumina momentáneamente el campo de
1~ conc1enc1a:, como un relámpago 1e luz".8 y repite a una afirmación de
Sir Charles: Uno concluye que el Satori no es misterio o secreto O algo intelectual que puede ser comunicado. Es una nueva visión de la vida y del Universo que debe ser sentido".9
Siguiend~ esta línea de pensamiento, no pocos autores tratan de mostrar
que el budismo no está dentro de ninguna gnosis O línea de pensa · t
secreta• "El conoc1m1ento.
· ·
rmen
q~: libera del renacer no es una gnosis; es la
deli-o
berada Y verdadera aprec1ac10n de la impermanencia natural de las cosas del
dolor 1natural
· : to
, de la vida. Es un 'correcto acto de atenc1ºo'n' • Tal conoc1m1en
corta ts ra1ces del deseo y por tanto de la vida", en lo que consiste el Nirvana.1 Y aunque el budismo ha admitido algunos elementos propios de las
. ' lbid., pp. 48-49. La referencia de James está sacada de su obra Var,· 1·
f R ez·1g10
E p ·
·
e 1es o
us, x erien~ie, Longmans. Green and Co. London, p. 396. ELIOT la h
Japanese Buddhism, London, 1935, p. 401.
ace en
' lbid., p. 48.
:. lbid., ,P· 49, de la citada obra, /apanese Buddhism, p. 401.
VALLEE-POUSSIN THOMAS, L. c., p. 86.

135
134

�prácticas místicas, como la concentración y la provocación del tra~ce, sm ~mbargo éstos no tienen valor en sí mismos, ni consiste en ellos el Nuvan~, sm~
que son puros medios para llegar al conocimiento de la verdad, a la 1lum1nación en que el Nirvana consiste. "Pero los trances, como quiera que ellos
no tienen valor cuando no están guiados y dominados por el 'acto correcto
de atención', no son en manera a1guna indispensables. Al asceta Gautama
le fue suficiente para obtener la liberación el entender que 'la muerte es el
fin de la vida' y el realizar, por sola la vista de la extinción de las lámparas
de su monasterio, la ley universal de la extinción" .11
Pero a pesar de estas autorizadas afirmaciones, creemos que la esencia del
mismo no puede agotarse en un simple "acto de atención" y qtte no queda
suficientemente descrita la realidad del Nirvana tal como aparece en la doctrina y en la historia con los rasgos exclusivos racionales. El elemento místico
parece inseparable del Nirvana. Vamos a tratar de apuntarlo.
2) La esen_cia del Nirvana

En este problema es de importancia capital precisar el significado en que
se usa el término "mística". Con frecuencia las confusiones y oposiciones proceden de concepciones diversas del término mismo que está en cuestión, es
decir, el misticismo como tal.
a). Lo místico. Vamos a tomar como punto de partida_una definición imparcial sin compromisos con el problema budista ni con una determinada actitud religiosa. Para ello recurramos a una autoridad filosófica, ya que las
definiciones relacionadas con la teología están más inmediatamente interesadas
en una determinada concepción religiosa o teológica del misticismo.
Mística y misticismo "en sentido propio, es la creencia en la posibilidad de
una unión íntima y directa del espíritu humano con el principio fundamental
del ser, unión que constituye a la vez un modo de existencia y un modo de
conocimientos extraños y superiores a la existencia y al conocimiento normales" .12 Fácilmente podemos distinguir tres elementos que constituyen lo
místico: 1) experiencia de intimidad y unión directa; 2) con el principio
fundamental del ser; 3) lo cual constituye un modo de existir y conocer
diversos y superiores del normal.
Este modo diverso y superior al normal tiene su culminación en el "éxtasis".
Este es un estado en el cual se rompe la comunicación normal con el mundo
11

!bid.

"

LALANDE,

A., Vocabulaire de la Philosophie, 5a. ed. Presses Univ. de France,

Paris, 1946, p. 644.

136

exterior y se transporta el espíritu a un mundo superior; en éste se percibe
el principio último de todas las cosas y la únión del alma con dicho principio,
lo que con frecuencia lleva la pérdida de contacto con el mundo exterior
que rodea al estático.13
Notemos que en esta descripción de lo místico no se hace referencia explícita
a lo religioso como tal.14 Hasta qué punto uno y otro estén unidos lo veremos
oportunamente. Pero, especialmente tratándose del budismo, preferimos mantenemos a las líneas esenciales de lo místico, según la anterior descripción.
Esto es de particular importancia en nuestro caso. El budismo, como tal,
no profesa, antes bien parece rechazar la existencia de un Dios personal, aun
cuando en 'su seno haya tendencias que pueden equivaler al teísmo. En tal
sentido los términos de "misticismo" y de "religión" no pueden referirse a la
íntima unión del alma con el Dios personal, el cual es el objeto del acto
religioso, sino simplemente a la unión del alma con el principio absoluto, ya
sea éste considerado como Dios personal o como principio impersonal e indiferenciado de los seres.
Con los rasgos indicados podemos distinguir lo místico de otras realidades
afines. Contrapongámoslas para mayor claridad:
Lo místico es lo que se refiere a la "unión inmediata" con el Absoluto,
por un modo superior al normal de existencia y de conocimiento que es fundamentalmente una experiencia profunda y viva de la presencia del Absoluto
y de la unión con El.16
Lo filosófico es el conocimiento e investigación de las últimas causas y de
" !bid., p. 645.
" Una síntesis doctrinal e histórica de la "Teología Mística" cristiana puede verse
en el "Dictionnaire de Theologie Catholique", art. Mystique (Theologie), por A.
FoucK., 10, 2a. p. cols. 2599-2674.
" Creemos que estos son los rasgos esenciales del fenómeno místico. Recordemos la
descripción que antes hemos dado. No admitimos el criterio de distinción entre "metafísica" y "mística" dado por R. Otto. Según él "metafísica" es "conocimiento del
Ser" (knowledge of Being); pero "mística sería el conocimiento del Ser Beatífico" es
decir, el conocimiento del Ser como "salvación": "It is the idea of 'salus' of salvation,
of sreyas, of Heil, and of how this is to be won. This conception which is found
in the teaching of both Sankara and Eckart gives their 'metaphysicals' phrases and
terms a meaning which they would not otherwise possess. It is this wich makes the
two men first truly mystics and colors ali their concepts with mysticism": Mysticism
East and West, Collier Books, New York, 1962, pp. 33-34. No creemos que sea correcta esta norma de distinción entre la m~afísica y la mística. La razón es la siguiente:
el mismo ser como salvación puede buscarse y adorarse por el conocimiento y actitud
racional. Puede haber una filosofía y una religión de la salvación mantenida en el
conocimiento y actitud vital racional. La mística implica un modo superior de conocimiento del mismo ser y salvación que la metafüica conoce por vía nocional.

137

�la última de todas que es el Absoluto, lo que implica principalmente una
actitud especulativa.
Lo mítico se refiere al intento de relación con seres irreales en que se personifican las diversas fuerzas de la naturaleza.
Lo mágico abarca todo intento de suspender o transformar las leyes de
la naturaleza por actos o palabras a los cuales se atribuye especial virtud.
Lo religioso dice relación a la actitud reverente del hombre frente a lo
absoluto, ya sea personal ya impersonal, y que se manifiesta principalmente
por los actos del culto.
b) Mística natural. Por de pronto es necesario reconocer que': existe una
actitud mística, surgida naturalmente del espíritu humano, y no vinculada a
una religión determinada. El espíritu humano, como tal, puede sentir de una
manera profunda e inmediata la presencia y la acción de Dios en el alma y
llegar a la "realización mística" en cualquier culto religioso, serio y sincero.
Teólogos católicos reconocen esta posibilidad natural del alma y en consecuencia no restringen los fenómenos místicos a la religión cristiana, sino que
admiten la posibilidad de los mismos fuera del cristianismo. Si la religión cristiana tiene su propia mística sobrenatural, en la cual Dios obra directamente
por una gracia particular sobre las potencias superiores del alma, incluso sin
esperar el libre consentimiento de ésta, sin embargo no se excluye la posibilidad de que Dios se comunique también con todas las almas, las cuales son
seres espirituales capaces de sentir la presencia y la acción inmediata de la
divinidad. "No puede sostenerse", ha escrito A. Mager, que con el culto y
la consagración a Dios se haya ligada exclusivamente una forma de experiencia mística. Que ha existido antes y fuera del cristianismo la experiencia
mística, lo muestran Buda, Plotino, el Sufismo, etc., etc.16 Esta mística no
cristiana puede denominarse "mística natural", que puede definirse de esta
manera: "La mística natural no está libre de objeciones en su realidad misma,
pero, sin embargo, no existe ninguna contradicción en que el alma, aun en
su estado de unión con el cuerpo, comoquiera que sigue siendo un espíritu
y Dios obra sobre ella también en el orden natural, pueda experimentar esta
1 • MAGER, A., Mystic.
En "Lexikon für Theologie u. Kirche", Herder, Freiburg,
1935, vol. VII, col. 406. En la 2a. ed., 1962, el párrafo "Religions-phaenomenologische,
u. psychologische" está redactado por K. Rahner, quien admite también la mística natural "als. erfahrener Kontakt mit ihm (Gott ) ", col. 742. A. MAGER en su obra Mystik
als Lehere un Leben, (Tirolia-Verlag, Innsbruck, 1934) , supone la posibilidad de la
mística natural: "auf dem Gebiet rein na&amp;úrlichen Seelenslebens" (p. 56), y dedica
el cap. 18 a exponer las experiencias del Sadhu Sundar Singh, mistico del neohinduismo.
Hay otros teólogos que no admiten fenómenos místicos, sino bajo el influjo de la
gracia sobrenatural. En tal caso, dondequiera que hubiere un auténtico misticismo,
se debería al influjo sobrenatural de la gracia.

138

acción natural de Dios en ella, como sucede en el budismo, neoplatonismo,
sufismo, y en la mística del neohinduísmo, como Ramakrishna y Vevekananda" .17
La mística budista se sitúa de esta manera dentro de una mística natural,
que va dirigida al absoluto, no en forma de Dios personal, sino como principio y realidad última de todas las cosas. Cuál sea el alcance y el valor de
esta mística, es un problema que estudiaremos posteriormente. Pero el hecho
en sí parece innegable.
c) Mística budista. El "hecho" de una mística budista, a pesar de las objeciones propuestas por algunos autores, ha sido claramente afirmado por eminentes historiadores budistas. H. Dumoulin, ya en el comienzo de su obra
sobre el Zen, observa no sólo el hecho de la mística budista, sino también
que el elemento místico constituye por así decirlo el aspecto fundamental
del budismo. "El elemento místico juega en el budismo un papel preponderante ( ... ) . Lo específico del budismo en ninguna cosa se muestra tan claramente como en la mística, que empapa todo el budismo. Las múltiples manifestaciones del budismo -las severas prescripciones de las comunidades primitivas de monjes, las atrevidas especulaciones metafísicas del "Gran Vehículo",
las confiadas plegarias de los creyentes de Amida, los ritos mágicos de las
sectas Shingon y Tendai-, todas ellas están sumergidas en el claro oscuro
de la mística, que envuelve a los discípulos del Iluminado, a cada uno según
su propio camino".18
Efectivamente, y en primer lugar, no podemos dejar de tener en cuenta
que el budismo surgió en un mundo cultural y religioso donde la mística era
el ideal de la realización de la vida• religiosa y humana. Si Buda recortó de
aquel árbol las ramas accidentales e inútiles de la superstición, el culto formalista, el mito de las penitencias excesivas, sin embargo, todo parece indicar
que conservó la sustancia del ideal yoga en el cual él se encontraba, es
decir, la unión mística con la última realidad y verdadera de todas las cosas.
Su meditación, por la cual "'aquel Supremo Maestro del éxtasis" llegó hasta
"la real y esencial naturaleza de este mundo" fue una "meditación estática",
para usar las expresiones del Buddhakarita.19 Aunque evidentemente se trató
de una iluminación y conocimiento de orden superior, éste no fue puramente
especulativo, sino que implicó una íntima vivencia y transformación del alma
de Buda al contacto con la "esencial naturaleza" de las cosas, con "última
realidad" que comprendía y vivía con tal evidencia, que le dio el impulso
creador de su nueva religión. La experiencia mística como tal no va necesa11

1bid., col. 407.
Zen, Geschichte und Gestalt, Bem, Franke, 1959, p. 11.
" XIV, 1-15 y 64-67.

18

139

�riamente acompañada de fenómenos supranorrnales externos, sino que es
una íntima vivencia y transformación interior experimentada por el vidente.
El "éxtasis", en Buda y en el primitivo budismo, que habitualmente se
daba, como creencia y como práctica, en tiempo de Buda. Para explicar la
doctrina escolástica del Nirvana, ya sea de la escolástica pali como de la
Sanskrita, según la cual los santos tienen un ojo especial, una facultad más
sensible por la que experimentan el Nirvana y la satisfacción del contacto con
el mismo, La Vallée-Poussin conecta acertadamente la tradición budista con
la yoga:
"El origen de esta doctrina, como el origen de otras muchas, debe ser
buscado en los hechos y en las prácticas más bien que en la pura especulación. No podemos dudar de que los fenómenos del éxtasis hayan constituido
aquí el punto de partida.
"Las escuelas del yoga donde se impusieron dogmas piadosos o panteístas,
explicaron el éxtasis por la unión mística del alma con Dios o con el alma
del mundo. Diversas escuelas, a las que se vincula la tradición budista, especularon sobre el éxtasis al margen de toda concepción teológica. Si no fuera
por temor a las explicaciones abreviadas, que son con demasiada frecuencia
falsas por exceso de simplificación, diríamos que el vedanta y el yoga vedántico son una metafísica piadosa o teológica del éxtasis, y que el budismo es
una metafísica atea de los mismos fenómenos mentales". 2º
Estas consideraciones vuelven a situar otra vez al budismo en su propio
lugar dentro de las corrientes de su tiempo. En vez de inspirarse en la tradición ortodoxa de tipo piadoso del yoga vedántico, cuya unión mística tenía
un carácter explícitamente religioso, el budismo se inspiró en la tradición
heterodoxa, en la cual las prácticas religiosas quedaban olvidadas en un plan
secundario, y dio una explicación racional del fenómeno del éxtasis: nosotros
la llamaríamos puramente ontológica. La doctrina budista conserva así los
caracteres esenciales de la mística que antes hemos recogido, pero la experiencia de unidad no se realiza, al menos explícitamente, con un Dios personal o con. otro elemento divino personalizado como sería el alma del mundo,
sino con el principio último del ser de todas las cosas. Los occidentales diríamos con el "ser en cuanto ser". De aquí la íntima conexión entre la experiencia metafísica y la experiencia mística en el budismo. Se trata, pues, de
una mística que podemos calificar de ontológica, más que de teísta o panteísta.
La teoría y la práctica del éxtasis han perdurado siempre en la tradición
budista hasta nuestros días. Es notable la clasificación budista de los estados
sucesivos de meditación, a los que corresponden sus éxtasis propios, inspirada en la tradición yoga hindú: Cuatro éxtasis materiales, es decir, en rela-

'º VALLÉE-PoussIN, L. DE LA,
140

Nirvana, Beauchesne, París, 1924, pp. 75-76.

ción con los objetos materiales; cuatro éxtasis espirituales en relación con
los objetos espirituales, y el último, que es el recogimiento 'de la cesación de
la noción y de la sensación, por el que se obtiene el Nirvana perfecto O el
último grado del Nirvana.21
El éxtasis, punto culminante del proceso místico, no puede estar ausente
en las descripciones del Nirvana que nos han dejado los protao-onistas O sus
~sto:iadores.. El budista es en general muy parco al respecto, ;ues la expenenc1a del Nirvana es absolutamente incomunicable e indescriptible. Sin embargo, la naturaleza humana no podía renunciar tampoco entre los budistas
a expresar, en alguna forma, esta experiencia humana superior. Aun dentro
de la secta del Zen budismo ( una de las que más acentúan el aspecto racional
Y dan menos importancia a la devoción y a la oración) se encuentran esas
descripciones, que confirman plenamente el carácter místico del budismo.
Dumoulin ha tomado por así decirlo, como tesis central de su estudio sobre
el Zen la naturaleza mística del budismo en general y del satori en particular. H_a prestado al respecto un gran servicio recogiendo las experiencias
del saton, las cuales muestran con claridad la naturaleza mística del Nirvana
budista. Las referencias son expresivas y a ellas remitimos a nuestros lectores.
Pero recojamos una cita que confirma el aspecto extático místico del satori.22
La iluminación viene repentinamente y transporta al iluminado a un estado
sup:rior al ~~rmal, donde l~s límites habituales parecen desaparecer y se
realiza la un1on con la totalidad de los seres. La experiencia metafísica se
realiza en un verdadero éxtasis místico en el cual se vive la unidad del yo
con todos los demás seres. Así por ejemplo, en el caso ya antes citado de
Imakita Kosne, maestro del Zen de la ép..oca Meiji, nos relata de esta manera
su experiencia:
"Una noche, durante el ejerc1c10 de la meditación, se cortaron repentinamente los límites del pasado y del futuro, del antes y del después. Yo entré
en un campo hermoso del maravilloso más allá. Me encontré como en el
fondo de la Gran Muerte, sin tener ningún conocimiento del ser de las otras
cosas Y de mí mismo. Sentí solamente como si en mi cuerpo un espíritu se
hubiese extendido a diez mil mundos y hubiese surgido un infinito relámpago
de luz. Después de. un breve momento, recobré la respiración. También repentinamente retornaron los sentidos de la vista, del oído, de la palabra y
del movimiento a su realidad norrnal".23
21

AN, IV, 410. Véase también la descripción de los distintos grados de la iluminación hasta llegar al éxtasis supremo en M.P. 111, 34.
" C. C. pp. 274 Y ss. Ver también nuestro artículo 34, El nirvana en esta vida
como experiencia metafísica. En "Humánitas", Tucumán, XI (1963), 33-39.
21
Dumoulin, H. c., p. 277.

141

�Evidentemente nos hallamos aquí ante una experiencia del Nirvana o Satori
y de tipo claramente místico.
"Tal vez, observa Dumoulin, esta viveza en la descripción se deba al influjo
de Hakuin. El estado extático, por el cual queda el Iluminado fuera de sí,
se resuelve en un estado de exaltación de superior felicid~d.
"La corriente ordinaria de la conciencia se quiebra y la realidad de los sentidos es interrumpida". 34 Pero son de particular interés, al respecto, los análisis
realizados por Dumoulin en tomo a la mística del maestro japonés del Zen,
Hakuin. El es sin duda el más importante después de Dogen, y ha tenido el
cuidado, raro entre los maestros budistas, de dejar por escrito, con notable
precisión e inspiración, sus experiencias místicas. Hakuin tomó como tema
de su meditación el célebre koan o problema del maestro Chao-chou, la
"Nada"; día y noche, sin descansar ni comer, trataba de concentrarse en el
tema de su meditación. Dumoulin muestra, a través de los fragmentos de
sus éxtasis, el proceso por el que Hakuin fue avanzando desde la gran duda,
que provocó en él la tensión psicológica y espiritual, hasta la gran iluminación
y la gran felicidad que constituyen el proceso total místico y que claramente
aparece en su experiencia.25 En este trabajoso camino, Hakuin, absorbido
por su tema, sea en el monasterio, sea fuera de él, a veces pidiendo limosna,
vive absorto y como fuera de sí. Queda primero como muerto, y después
hace movimientos extraños, por los cuales la gente lo tiene como un monje
loco. Pero él estaba absorbido por su koan, ya que él le abría la realidad
última de todas las cosas. La última y definitiva experiencia, la Gran Iluminación y la Gran Felicidad, las describe Hakuin con una fórmula que ha
aparecido en la técnica yoga y ha sido también adoptada por los místicos de
Occidente, es decir, dar el "salto en el vacío". Describe la situación de un
hombre extraviado; de repente se encuentra sostenido apenas con una mano
por un débil sarmiento y agarrado por la otra a un zarcillo; la iluminación
definitiva consiste algo así cómo en "soltar las manos ante el abismo". Llega
un momento en el cual el que está ejercitándose en un koan, siente su espíritu como muerto, su voluntad como perdida, un gran vacío sobre un profundo abismo, sin ningún apoyo para las manos y para los pies. Todos los
pensamientos desaparecen, y asciende ardorosa angustia a su pecho. Entonces
repentinamente se rompe juntamente con el koan el espíritu y el cuerpo.
Este es el momento en el cual se sueltan las manos frente al abismo".26
Al espíritu místico de Hakuin no podía faltarle una de las más delicadas
coronas de la mística, la poesía. Ella confirma, una vez más, el carácter
" lbid., ibid.
2
• lbid., p. 259.
"" lbid., p. 258.

142

esencialmente místico del Nirvana y del Satori, aunque naturalmente no en
todos los iluminados alcanza la misma elevada tensión espiritual. He aquí
una de sus célebres poesías:
Todos los seres son esencialmente Budas.
Sucede como con el agua y el hielo:
No hay hielo sin agua;
No hay Budas fuera de los seres.
No conociendo cuán cerca de ellos está la verdad (Buda)
Los seres la buscan lejos. ¡ Qué lástima!
Cuando tú entiendas qué forma es la forma de lo sin-/orma
Tu ir Y venir tiene lugar no en otro sitio, sino donde tú estás.
Cuando tú entiendes qué pensamiento es el pensamiento de lo sin pensamiento
Tu cantar y danzar no es otra cosa que la voz del Dharma.
¡ Qué infinito es el cielo del S amadhi!
Cuando el Absoluto mismo se presenta ante ti
El lugar donde tú estás es la Tierra del Loto
y tu persona, es el cuerpo de Buda. 21

El fondo místico del Nirvana se revela no sólo por el éxtasis en sí mismo y
por la descripción de la experiencia de unidad del yo con una realidad
universal, sino porque, como en todos los casos de una mística auténtica
~l éxtasis transforma la vida del iluminado dándole en adelante un nuev~
sentido Y una nueva fuerza. Para co1;firmar la coincidencia de los elementos
encontrados en el Nirvana o Satori budista con la realidad esencial de la
mística, recojamos la descripción que hace de la experiencia mística otro
especialista:
"Las múltiples manifestaciones de la mística se reducen a una experiencia
fundamental; el hombre, el cual tiene conciencia de las cosas que lo rodean
Y se contrapone a ellas definidamente, se eleva sobre la tensión sujeto objeto,
Y se experimenta a sí mismo en las cosas y a las cosas en sí mismo. Entre
lo interior y lo exterior descubre él ahora una identidad esencial: 'Nada está
dentro, nada está afuera; pues lo que está adentro, es lo que está afuera'.
La mística consiste por tanto en llegar a tener conciencia de una unidad
del yo Y del no-yo. El hombre y el mundo, el microcosmos y el macrocosmos
no sólo no se oponen entre sí, sino que el hombre es el mundo. La oposición
27

Ha~uin. Trad. de la versión inglesa según Daily Recitations, del Zen Study Center,
Chotokum, Shokokuji, Kyoto, s.t.

143

�entre cada yo y tú, desaparece. 'Tat I vam Así' (esto eres tú), dice el místico
a todas las cosas".28
Sin embargo, ¿ en qué sentido puede afirmarse que en el Nirvana (y en
ello creemos que sucede como en toda otra experiencia mística) , verdaderamente el yo desaparece frente al tú, frente al mundo y a las otras cosas? Este
aspecto debe ser muy cuidadosamente precisado. Pero antes debemos aclarar
una dificultad :
Hemos visto anteriormente que el Nirvana consiste en una "experiencia
metafísica". La experiencia del yo en su relación con el ser universal y del
principio último de todas las cosas. ¿ Qué diferencia hay entre la experiencia
metafísica y la experiencia mística que ahora acabamos de describir? ¿Se
trata de dos clases de Nirvana o de dos estudios diversos del mismo Nirvana?
¿ Es esencial a toda experiencia del Nirvana la experiencia mística o puede
éste ser realizado dentro de la pura experiencia metafísica?
3) Experiencia metafísica y experiencia mística. Tal vez la diferencia
más específica de la mística budista respecto de las otras místicas (hindú,
mahometana, cristiana, etc.) consiste en que éstas tienen una dirección explícita religiosa: el sentido de unidad con todos los seres se experimenta en
un Dios personal o en un Dios panteísta, pero siempre con un principio determinado que es el fondo de la unidad universal. Lo característico de la mística
budista es que la unión, la experiencia de la unidad, se realiza directamente
con toda la realidad universal, de la cual se descubre el elemento de unidad
esencial en todos los seres, sin "personificar" o "divinizar" directamente este
elemento. Este último principio de unidad de todas las cosas, el fundamento
último y la realidad última de todas ellas es lo que un metafísico occidental
denominaría el "ser en cuanto Ser" (-ro ov 1J ov) . Podemos caracterizar la
metafísica budista, respecto de las otras metafísicas, diciendo que al paso
que éstas tienen una dirección teológica, la budista tiene una dirección óntica.
Esta particularidad aproxima extraordinariamente los dos aspectos del Nirvana: el Nirvana como experiencia metafísica y el Nirvana como experiencia
mística. Pero ello nos da a nosotros motivo para analizar en general la relación existente entre estos dos tipos de experiencia, o estas dos formas de Nirvana. La persistencia co~ que algunos autores describen el Nirvana o el Satori
como perteneciente al orden racional, y, por tanto, al orden filosófico o metafísico, y, por otra parte, la realidad de los elementos místicos implicados en
el Satori, es lo que ha excitado nuestra curiosidad acerca del presente problema.
En primer lugar, es evidente que hay una conexión entre la experiencia metafísica y la experiencia mística. Por de pronto, hemos comprobado que ambas versaban sobre el mismo objeto, la ' 1unidad última de todas las cosas".
28

144

LEISEGANG,

La Gno_se, p. 335.

Adem~s, una y otra están situadas en el plano del conocimiento experimental: tienen en común que se trata de un conocimiento vivido y no de una
simple especulación.
Hagamos un esquema del conocimiento filosófico y del conocimiento místico, para poder precisar su conexión y su diferencia:
La filosofía es el conocimiento de la realidad por sus últimas explicaciones.
En consecuencia, todo conocimiento que alcanza a los últimos fundamentos
de la realidad es un conocimiento filosófico.
Pero este conocimiento filosófico puede obtenerse de dos maneras:
. O b~en por un conocimiento puramente especulativo, teórico, razonador y
d1scurs1vo, que compara los objetos presentes a la facultad cognoscitiva y analiza sus relaciones hasta llegar a las últimas causas. El filósofo es, en este caso,
un simple "contemplador" de la realidad, pero no llega a la experiencia de
los objetos, de la realidad, del ser o de los seres que está estudiando, contemplando y analizando. Es un conocimiento puramente objetivo, que se acerca
al que tiene el matemático de un problema o al del biólogo sobre la estructura de la célula examinada en el microscopio.
Pero la filosofía posee también otro tipo de conocimiento, en el cual el filósofo ya no es un simple contemplador, antes bien se encuentra interesado
en el objeto o realidad que estudia porque hay ciertos "lazos vitales" entre el
filósofo y la realidad misma, superiores del alma que la hacen sentir como una
vida nueva, agudiza sus facultades, y pueden incluso dar lugar a fenómenos
psicológicos y físicos que no se obtienen en el estado normal del conocimiento
filosófico o metafísico.
Resumiendo nuestra interpretación 'podríamos decir:

El conocimiento filosófico teórico es el conocimiento especulativo del ser
Y de sus últimas explicaciones; el conocimiento filosófico propio de la exper'.encia metafísica es el conocimiento vivido del ser y de sus últimas explicac10nes pero dentro todavía del plan normal; el conocimiento de la mística, la
experiencia mística propiamente tal, es el conocimiento vivido del ser y de
sus últimos fundamentos pero de un modo supranormal.
Pero ahora atendamos al hecho de que la experiencia metafísica, es decir,
e~e íntimo y vivido conocimiento de la realidad última del yo y de su esencial comunidad con todos los demás seres del universo, no hace más que revelamos la última esencia y realidad del hombre. Ahora bien, como acertadamente repite el budista, tanto indio, como japonés o chino el Nirvana O el
Satori no nos muestra en realidad un elemento nuevo, sino 'que nos hace patente la última realidad que estamos viviendo en nuestra vida ordinaria, pero
que está envuelta entre las preocupaciones e ilusiones que no nos dejan mirar
al fondo de nuestra misma realidad. Ese fondo y esa realidad están ahí pre-

145
HIO

�sentes y las vivimos continuamente, pero no nos damos cuenta. 29 De hecho el
hombre es hombre porque "es eso"; y en tanto vive como hombre en cuanto
"eso" en alguna forma lo actualiza. Todos, en algún grado, actualizamos nuestra conciencia y todos, en alguna forma, tenemos esa experiencia de nuestra
esencia íntima. Por ello hemos repetido con frecuencia que la experiencia metafísica es común a todos los hombres, por lo menos en un grado mínimo. El
hombre se revela como hombre, porque en alguna forma tiene siempre su última realidad presente a sí y la experimenta inserta en la realidad total del
universo. Esto es tener ya la experiencia metafísica inicial o en un grado mínimo. 30 El filósofo se distingue del hombre común porque esta cotidiana e
inevitable experiencia de realidad última del hombre él la hace más luminosa,
con una autopresencia más clara y por ende más actuante. La experiencia
metafísica propiamente tal, la situada en el plano filosófico, no es más que la
experiencia del hombre común, pero más viva y actuada. En cuanto esta experiencia no es un simple "objeto de análisis", sino que trasciende la vida toda
y aparece como la vida misma del hombre, despierta, inspira y transforma todas sus potencialidades y todas sus relaciones con el universo, nos hallamos
ante la concepción budista de la iluminación, del Nirvana o del Satori. Esta
sería, en consecuencia, una experiencia metafísica que es, a la vez, mística.
El paso o el salto de la simple experiencia metafísica a la experiencia mística propiamente tal, lo imaginamos nosotros como un "salto de tensión". La
experiencia realizada a tensión normal, tiene su radio limitado de profundidad y de extensión; pero cuando, sea por el esfuerzo propio que ha preparado
el espíritu para una experiencia superior, sea porque una fuerza, prescindiendo de la preparación individual sistemática, actúa en el mismo sentido, el
alma o el espíritu se encuentran inmediatamente abiertos a una experiencia
mucho más profunda, la viva presencia de la "última realidad" que desborda
la capacidad normal de las facultades humanas. Entonces adviene esa tremenda distensión psíquica que se produce en los estados místicos. 31
De esta manera la experiencia mística no rompe en realidad el proceso de
la experiencia humana propiamente tal. De hecho no hace más que continuarla y elevarla a un grado superlativo. La vivencia esencial del hombre
común, que se experimenta a sí mismo en su realidad y en su situación en
el universo, lo cual es la experiencia metafísica, es, en el fondo, la misma
experiencia que el místico tiene, sólo que éste la vive en grado muy superior.
2

Este es el sentido de la frase paradójica: "samsara es nirvana y nirvana es
samsara".
30
Esto expresa también l¡i expresión común a hindúes y budistas: "Tate tvam asi"
( Esto eres tú) .
31 "Yo me encontré como en ~¡ fondo de la Gran Muerte" dice Imakita Kosen en
la descripción de su experiencia mística. Cfr. H. DuMOULIN, o. c., p. 271.
•

146

De esta manera el plano de la mística no es, estrictamente hablando, sino la
realización, en grado superlativo, diríamos "en alto voltaje", de la experiencia esencial humana. El místico realiza de esta manera la vida superior humana, en toda la plenitud posible al hombre. 82
-No hay, por tanto, a nuestro parecer, una "diferencia esencial" entre la
experiencia que el hombre común tiene de sí y de la realidad de las cosas,
y la experiencia suprema del místico; es el mismo tipo de vivencia, es el mismo objeto (la última realidad de sí y de las cosas), es la misma dialéctica (encontrar la última realidad del yo y de la conexión con su último principio,
superar la pluralidad y dualidad que en cierta manera perturba y distrae nuestra mente y nuestra existencia toda). Es el ansia de llegar a la unidad, a la
serenidad, a la paz absoluta, a la felicidad absoluta. Es una misma experiencia
y una misma dialéctica y una misma tendencia. Pero en el místico se halla
en pleno y maravilloso desarrollo, lo que en el hombre común se vive como
envuelto en penumbra, en la cual se percibe apenas oscuramente la misma
vida humana y del mismo tipo que la del místico.
Lo que vagamente se percibe en la vida ordinaria; lo que reflejamente se
vive en la experiencia metafísica, eso mismo, con plena profundidad y luminosidad, es experimentado en la mística.
Podríamos ahora invertir la terminología y decir que en realidad la
experiencia metafísica no es más que un grado inferior de la experiencia mística y que la vivencia ordinaria del hombre común no es más que el grado
mínimo de la experiencia mística. El vislumbre de la relación de intimidad
entre el yo y el absoluto y el anhelo de llegar a esa unión, está ya vivo en
la experiencia del hombre común: e:tta es una experiencia mística elemental.
No es extraño que la experiencia metafísica plenamente vivida, sin llegar a
la alta distensión de los grados superiores de la mística, participe de los efectos de ésta y transforme íntimamente la vida y el ser de quien tiene plena
conciencia de su experiencia del yo hasta su última y auténtica realidad, lo
sabe distinguir del yo superficial y pasajero, y sabe ubicarse dentro del conjunto de seres del universo y en sus relaciones con los mismos. La vivencia de
la unidad esencial o fundamental de los seres es la experiencia metafísica misma, y puede ella tener las características que el budismo exige para el Nirvana
o para el Satori. Los que excluyen el elemento místico en el budismo interpretan el Satori como esta visión, serena y fría, pero a la vez, con fuerza para
32

Todos los místicos orientales y occidentales insisten en que la unión con Dios les
descubre la naturaleza misma de su propia alma, es decir, les hace transparente Jo
q4e sólo en penumbra habían sentido de su propio ser. El verdadero conocimiento de
sí implica el conocimiento del Absoluto y viceversa. El Gita lo llama "conocimiento
real", es decir, propio del rey, y "secreto real" (raja vidya rajaguhyam) y no discursivo, sino de "experiencia directa" (pratyaksavagaman) IX, 2.

147

�transformar racionalmente la vida del iluminado. Sin embargo, en la realidad difícilmente pueden aislarse los elementos místicos de esta experiencia
metafísica. Por eso el budista que alcanza el Nirvana llega siempre a un mayor o menor grado de experiencia mística. Este es el resultado normal de esta
vivencia de la unidad de todas las cosas, y es la que al místico transforma en
su visión del universo. Todo es uno, todas las diferencias retroceden. La realidad del yo se conoce no ya en su individualidad aislada, sino en su último
principio, en el cual se encuentra unido más estrechamente a los seres. El
individualismo, la diferenciación, o, mejor dicho, el individualismo diferenciado, desconectado de la realidad, es un yo irreal e ilusorio que desaparece;
el yo real, esto es, el yo conectado con el universo y unido a todos los seres
es el que surge al primer plano. En este sentido la experiencia metafísica y la
experiencia mística vienen a ser la máxima expresión de la realidad del yo. 33
4) Experiencia mística y conciencia del yo. Hemos clasificado intencionadamente el Nirvana como experiencia mística "dentro del plano de la conciencia". Esto parece ir contra la clásica afirmación budista de que en el Nirvana se realiza justamente el no-yo. Lo cual puede encontrarse también con
fórmulas más o menos coincidentes en casi todas las escuelas místicas. Recordemos la cita de Leisengang quien describe el fenómeno originario de la
mística como la pérdida de la noción de dualidad entre el yo y las otras cosas y entre el yo y el mundo todo. Esta descripción coincide con la idea budista de que la realidad última del hombre es el no-yo y en ello consistiría
justamente en el Nirvana. Los místicos cristianos por su parte han repetido
que la unión experimentada con Dios implica el olvido total de sí mismo, el
perderse a sí mismo en la inmensidad absoluta de Dios que absorbe y penetra al alma. La terminología cristiana, como es sabido, ha sido inspirada por
el Pseudo-Dionisio. La unión íntima con Dios y el olvido de sí son los dos
ejes principales en que se mueve la descripción del éxtasis hecha por el Aeropagita. "Este perfecto conocimiento de Dios que se obtiene por ignorancia en
virtud de una unión superior al entendimiento, tiene lugar cuando el alma,
dejando toda otra cosa y olvidándose de sí misma, se une a las claridades de
la gloria divina".34
~ R. Otto ha distinguido dos etapas fundamentales en la experiencia mística: la
"introspección" y la "visión unificante", lo cual es correcto. Pero también es cierto
que en la "visión unificante", es el conocimiento de la primera intuición del yo como
traspasado por el absoluto. El mismo Otto cita a Plotino: "La vida más gloriosa actúa
en mí y yo vengo a ser uno con la Divinidad" (Enneada VI). Mysticism East and
West, ed. c., p. 60.
" De divinis nominibus, VII, 3. P. G., vol. 3, e.o!. 871. Nótese que se trata de una
"unión superior al entendimiento" ({mie YOVY €YOl1ÍY) y que éste debe "separarse de
sí mismo" ( lavi-ó,, aeú~). El "yo" y la "conciencia" parecen superarse.

148

El yo y todas las cosas aparecen como fundidas en la única realidad verdadera pero incomprensible, del Absoluto. Por eso es también descrita ~orno
la n~da'. el vacío y las tinieblas. "Por este sincero, espontáneo y total abandono
de t1 rmsmo y de tus cosas, libre y desembarazado de ataduras te precipitarás
en el fulgor misterioso de la divina oscuridad".35
. ~n realidad, en la esfera de la mística, en la cual se tiene una experiencia
vivida ~e la ~ntima unión de sí con el universo y el Absoluto, la pluralidad y
1a dualidad henden a esfumarse. Se acentúan los rasgos de comunidad con las
otras c~sas Y, en el fondo, con el Absoluto mismo. En éste todas las cosas, y
el yo mismo, cobran una "unidad", porque todas en él encuentran su fundamento Y su raíz única. Por tanto, 1a Unidad en la esfera mística avanza hasta
el primer plano con tanto relieve que la individualidad parece a veces retroceder totalmente. Entonces es cuando la diferencia entre sujetos y objetos tiende a desaparecer. El yo y el tú, el yo y el mundo, el yo y el Absoluto, dejan de
mostrarse en la dualidad con que comúnmente se presentan en el campo
de la conciencia.
Tales son las descripciones de los místicos, que en este punto coinciden con
las que tenemos del Nirvana budista. 36
. Sin embargo, las descripciones del Nirvana o Satori ¿ nos muestran en realidad la total desa~ari_ción de la conciencia del yo? He aquí una pregunta que
nos ha estado persigmendo continuamente en toda nuestra búsqueda a través
del diálogo personal con los maestros y profesores budistas- y con las fuentes y
los comentadores orientales y occidentales del budismo. La pregunta volvía
85

Mystica Th_e~logi~: I, P.G., vol. 3i col. 999. Todo este párrafo habla de la
~eslumbrante tm1ebla en que se sumerge el alma. La idea de "tiniebla" Ja recogieron los escritores cristianos de la misma tradición bíblica a la cual hacen referencia
los místicos: recordando que Moisés entró en la "tiniebla donde estaba Dios" (in
calígine ubi erat Deus). Exodo, XX, 21.
36
~n. Plotino encontramos también la afirmación de la unión del yo con el Uno,
e_n termmos qu_e hacen pensar en la pérdida de la conciencia individual: "Habiendo
sido, pues, el vidente y lo que él veía no dos cosas, sino una (no como quien ve sino
coro~ q~ien se une), ~i éste quiere recordar aquella unión, conserva de ella imágenes
e_n si mis1'.1º· Ahora bien, entonces era uno y no tenía en sí mismo, ninguna disimilitud consigo mismo ni con respecto a las demás cosas: puesto que nada se movía
dentro de él. .. ; y no separándose de la esencia de El, ni volviéndose hacia sí mismo,
~e~a~ecía completamente inmóvil". Ennéadas, VI, 9, 11. Sin embargo, esta ident1~1cac10n no llega a suprimir el recuerdo de aquel estado, lo que significa que la pérdida de la conciencia individual no es, a l menos, total. Lo mismo se deduce de otro
t~xt~ anterior donde afirma la "unidad" del que ve y lo visto, pero usa la frase signif1c~~1va "se convierte, por así decirlo, en otro" (a.U'' olDY al.to~ ytvóµtvo~). !bid., 10.
Utilizamos ~uestra tra~~cción dada en la selección Plotino: El Alma, la Belleza y la
Contemplac16n. Colecc10n Austral, Espasa-Calpe, Argentina, Buenos Aires, 1950. 2a.
ed., pp. 145-147.
"

149

�a surgir nuevamente después de cada conversación y de cada hora de estudio.
De acuerdo a los textos, hemos visto antes que el Nirvana puede ser conocido
por el privilegiado que llega a entrar en él. Se da cuenta, lo reconoce, y disfruta de la íntima felicidad que él le produce. "El asceta, entrado en el recogimiento, en el momento en que el discernimiento nace en él por el recogimiento, toma conciencia del Nirvana, de su naturaleza, de su actividad" y
una vez ha terminado el éxtasis se da cuenta del favor que ha recibido: "cuando él sale de la contemplación, exclama: Oh, el Nirvana, destrucción, calma,
excelente, evasión". 37
Recordemos las descripciones de los casos de Satori recogidas por Dumoulin,
en las cuales el estático describe lo que ha experimentado durante el éxtasis.
Este ha sido para él un momento verdaderamente luminoso, la última realidad del yo y de las cosas se le ha revelado como un sol radiante. Es una experiencia indescriptible, íntima, incomunicable en sí misma, pero de la cual dejan traslucir su emotivo recuerdo.
A esto puede objetarse que con frecuencia los místicos mismos confiesan
llegar a perder totalmente la conciencia de sí. Dentro de la historia del Zenbudismo, tenemos en Hakuin un testimonio fehaciente. El confiesa que repetidas veces perdió el conocimiento en los momentos de éxtasis. Una vez fue
a presentar a un maestro unos versos y éste los rechazó como si fueran un
enredo y sin sentido. Pero los versos, que exaltaban precisamente el Nirvana,
estaban grabados en el alma de Hakuin y la acción del maestro suscitó todavía
más la realidad de la iluminación que estaba viviendo. Como si esto no fuera
bastante, el maestro golpeó con su vara al discípulo, medio usado con frecuencia por los maestros del Zen para excitar en el alumno la atención y la experiencia de la iluminación. "Eso era por la tarde del 4 de mayo, después del
tiempo de lluvia. Yo caí en el fango, perdí pronto la conciencia y todos los
pensa~ientos desaparecieron de ella. Tampoco podía moverme. El maestro
estaba junto a mí y reía fuertemente. Después de un momento volví en mí y
desaparecí de la presencia del maestro". 38 La pérdida de la conciencia no era
rara en Hakuin. En otra oportunidad, escribe, quedé "sin conciencia, estaba
yo como muerto y no pude moverme".39 Sin embargo, estos momentos en que
la conciencia del yo desaparece, no sólo porque queda desconectado del mundo exterior, sino también porque desaparece en él toda actividad mental y
toda presencia del yo ante sí mismo, no son en realidad los momentos valiosos
del éxtasis. Nada en ellos se vive o se aprende. Es psicológicamente posible que
" Samghabhabra, Tokio XXIII, 3, 94, a. citado por LA VALLÉE-Poussrn, Nirvana,
p. 74.
38
DuMOULIN, H., o. c., p. 249.
" I bid., p. 250.

150

el místico en el momento de alta tensión llegue a perder totalmente no sólo
los sentidos exteriores sino también la total conciencia de sí. Las facultades
humanas alcanzan su límite de posibilidad y no es extraño que pierdan toda
sensibilidad exterior y toda actividad interior.40
Pero, repetimos, esos momentos, si son realmente inconscientes, no son justamente los verdaderamente fructíferos y eficaces del éxtasis. No se puede hablar entonces de "vivencia o experiencia", o "iluminación". Lo auténtico y
valioso del éxtasis es la vivencia a plena luz de esa íntima unidad del yo con
el principio último, con el Absoluto, con la última Realidad y Verdad de todas las cosas. Mientras todavía se está en el umbral de esa experiencia tan
profunda (que a veces lo desborda a uno pero sin llegar a quitarle una fundamental conciencia de la realidad que se vive) es cuando el éxtasis enriquece
al alma con su transformación. En caso de que se pase el umbral de la experiencia como tal, y se llegue a un estado de plena inconsciencia, no parece que

'º La pérdida de la conciencia individual en el éxtasis místico es sin duda una de
las características que señalan los mismos místicos cristianos. San Juan de la Cruz
dice claramente: "Esta general noticia y luz que vamos diciendo, sobrenatural, embiste
tan p~ra Y sencillamente y tan desnuda ella y ajena a las formas inteligibles, que
son obJetos del entendimiento, que él no la siente ni la echa de ver. Antes bien, que
es cuando ella es más pura, le hace tiniebla, porque la enajena de sus acostumbradas
luces, de formas Y fantasías, y entonces siéntese bien y échase bien de ver la tiniebla".
Pero todavía más explícitamente declara el místico que, en ciertas condiciones, la
luz embiste de tal manera que "se queda el alma a veces como en un olvido grande
que ni supo dónde estaba, ni qué se había hecho, ni le parece haber pasado por ell¡
tiempo". La pérdida de sí la subraya todavía diciendo que "ha estado unida en inteligencia pura que no está en tiempo ... Y penetra los cielos porque el alma está unida
en inteligencia celestial".
'
¿ Cómo entonces puede recordar el alma aquel estado? San Juan dice que es ello
por los efectos que el alma siente en sí. "Y así esta noticia deja el alma, cuando
recuerda, con los efectos que hizo en ella, sin que ella los sintiese hacer, que son levantamiento de mente a inteligencia celestial y enajenación y abstracción de todas las
cosas y formas, y figuras, y memorias de ellas".

, Nótese ante todo la característica esencial del místico que es la intuición superior
a los modos habituales de conocer y sentir por una intuición general y luminosa de
Dios que suspende las imágenes y "todas las formas inteligibles". La intuición la llama
San Juan "general noticia y luz".
Se afirma que a veces no se siente y que el alma cae en "un olvido grande" y
"está unida en inteligencia pura".
Pero lo valioso de la intuición se señala en que se siente el "levantamiento de
mente e inteligencia celestial y enajenación y abstracción de todas las cosas y formas
Y figuras, y memorias de ellas", lo cual es comprobado y recordado y es '10 positiv~
de la experiencia mística. Subida del Monte Carmelo, L. 11, c. 14. En Vida y Obras
de San Juan de la Cruz. Biblioteca de Autores Cristianos, Edit. Católica, Madrid,
1950, pp. 644-645.

151

�en esos momentos el alma se pueda enriquecer con experiencias o vivencias
que ella misma no siente en manera alguna. Los que han alcanzado las cumbres místicas en este mundo poseen la seguridad de su felicidad y de su santidad en base a la experiencia recordada. A nuestro parecer, este es un punto
capital en la interpretación del Nirvana, sea como experiencia metafísica, sea
como experiencia mística. Se recuerda la experiencia del estado místico en
muchos de sus aspectos, aunque se lo confiesa siempre indescriptible. Se reconstruye la experiencia. Ello implica que el yo se sabe presente a sí mismo
al dar el salto en el vacío. Es el yo el que toma conciencia de que está inmerso
en el mismo y único océano del ser y de la unidad de todos los seres. Esto lo
estremece y aturde. Justamente el tener la conciencia y el darse cuenta de "esto". El yo individual no puede abarcar la unidad absoluta en la cual se siente
como íntimamente ligado, como identificado con todo el universo. Nada extraño que se encuentre en su más íntima realidad distendido y como fuera de sí,
es decir en el "éxtasis". Pero la realización esencial de "éxtasis" es la realización de la comunidad _rlel yo con el todo: por esencial paradoja el auténtico
éxtasis es la vivencia del yo en cuanto yo, en su suprema realidad. La total
ausencia del yo a sí mismo desvirtúa el éxtasis: sería éxtasis de otro, de nadie,
impersonal, pero el éxtasis impersonal es incapaz de ser captado por un yo
y de apropiárselo contra lo que en la realidad sucede, tanto en los místicos
budistas como en los místicos cristianos, hindúes, mahometanos, etc., etc. Cada
yo se salva por "su" propia realización, "su" Nirvana. 41
Los ejemplos analizados del Satori budista nos muestran claramente que en
realidad el Nirvana, aún en los casos más claros de experiencia mística, no es
de hecho una pérdida de conciencia, no es una pérdida del "sí''. Se desdibuja, es verdad, la zona exterior del sí, el sí artificial, externo, difuso: pero se
recupera el sí íntimo que no deja de estar presente a sí mismo, como un yo,
que sintiéndose individual, no se halla aislado, sino en comunión íntima con
el universo. Antes bien, se recupera la mayor intimidad del sí, porque del sí
exterior y artificial, viene como a retroceder hacia la raíz más originaria e
íntima del propio yo, que resulta precisamente más consciente de sí mismo. En.

mi diálogo con los maestros del Zen de los cuales se decía y con frecuencia
ellos confesaban que habían llegado a realizar el Satori, mi pregunta inevitable era siempre si ellos recordaban exactamente el momento en que habían
tenido esta privilegiada experiencia. Ante la respuesta afirmativa, solía yo discurrir de esta manera. Evidentemente si se recuerda haber tenido el Satori
es porque, en el momento de tenerlo, el yo estaba presente a sí mismo, es de-'
cir, se daba cuenta de que estaba experimentando la propia realidad última.
"En ningún momento, mientras esa experiencia estaba viva, dejaba usted de
pensar que era usted mismo y no otro el que vivía dicha experiencia", solía yo
decir. Si el yo no hubiera estado presente a sí mismo en la experiencia, no habría quedado rastro alguno en la memoria. En síntesis, y hablando en términos
generales respecto de todo fenómeno místico: o el yo estaba presente a sí
mismo o no lo estaba. Si no estaba presente, no podría acordarse de la experiencia. Y si lo estaba, entonces el yo no se habría perdido totalmente a sí mismo y conservaba la conciencia fundamental de sí, como tal yo individual, distinto de los otros.
Creemos que estas consideraciones, que en realidad han surgido en nosotros
a propósito de la experiencia del "Nirvana" budista, son aplicables a todos los
estados místicos y por ello no hemos dudado en clasificar el Nirvana como
experiencia mística, dentro de la interpretación según la cual no se llega a perder totalmente la conciencia del yo.
Queda todavía una última pregunta a propósito del Nirvana como experiencia mística. El Nirvana budista ¿ tiene un sentido religioso? En caso afirmativo ¿ cómo explicar esa religiosidad y el objeto de la misma? ¿ Se trata
en el fondo de un panteísmo? ¿Se excluye toda interpretación de un Dios
personal en la experiencia misma 'del Nirvana budista? Pero la respuesta a
estos grandes interrogantes está relacionada con la idea del Absoluto en el
budismo, que debe ser objeto de un estudio aparte.

u Las expresiones son explícitas en las experiencias que hemos visto descritas: Y o
entré en el maravilloso reino". "Yo me encontré ... ", "Yo sentí. .. ", "Mi sí era
claro ... ", "Yo me olvidé a mí mismo", "Yo era como un espejo .. . ", "Todos los límites de mi espíritu y de mi cuerpo se soltaron ... ", "Cuando yo me contemple a mí
mismo ... " Cfr. H. DUJ,WULIN, o. c., pp. 271-272. El Canon supone que el jivanmukti
se da cuenta de que alcanza el Nirvana y del momento en que lo experimenta. Cfr.
M. N. J. 150 y A. N. l. 159. También Vasubandhu enseña que el santo tiene una
facultad especial por la que reconoce el Nirvana que ha alcanzado y siente sus efectos.
AK, I y II, vol. I, pp. 101, 110, 112, 116. Cfr. LA VALLÉE-PoussIN, Nirvana, pp.
74-75.

152

153

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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