<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="5315" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/5315?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T12:40:41-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3879">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/305/5315/HUMANITAS._1965._Historia.ocrocr.pdf</src>
      <authentication>863365e889bafbfc205cbce9258f3b2c</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="146724">
                  <text>de temas. de opiniones propias y ajenas. Y con exprcs1on no elogiosa, dt'be
añadirse que rcsultaha frrcuentemcntc marhacón.
En su So11 Mo11ud Buo,o, mártir no aronh.'{·c tal cosa. La tendencia a veces viciosa de su l'locurión se vuelve excelsa virtud estilística. Y lejos de incurrir cn ma1·haconcría su estilo logra una prodigios.a inrantot10 poética.
Univt•rsity oí Califomja
Rin·rside, California

Sección Tercera

HISTORIA

302

�LA VILLA DE SAN CARLOS DE MAR1N 1
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

Es EL DE MARÍN UNO DE LOS PUEBLOS más característicos de Nuevo León. En
füs construcciones, se observan múltiples ejemplos de la vivienda típica nuestra, y en sus habitantes la expresión franca de la gente del noreste de México.
Este lugar es uno de los más antiguos establecidos en el valle que forma la
cuenca del río de Salinas y que los antiguos llamaron: valle del Carrizal o
de los Aigualcs, por ser éstos los indios que lo habitaban.
El sitio en que actualmente se halla la cabecera municipal, fue poblado por
José Martínez, a quien le fue otorgada merced por el gobernador, general
Alonso de León, de cuatro caballerías de tierra, que pidió "con intención de
fundar una labor"; localizándose las tierras, " ... en la punta de la mesa que
llaman de Ramos, por la parte de arriba ... , que en cercanía de la dicha
Joma está un ojo de agua, que sale de lo alto de ella ... "
La merced fue otorgada el 20 de octubre de 1683, pero como el virrey marqués de la Laguna desconoció, por decreto de 10 de diciembre de ese año,
las mercedes dadas por los gobernadores interinos, fue necesario que el gobernador don Juan Francisco de Vergara y Mendoza la otorgara de nuevo, con
la misma antigüedad, el 2 de junio de 1699¡ reconociendo también la merced del ojo de agua, la licencia para una saca de agua del río y la merced de
las demasías de tierra, hasta por dos sitios de ganado mayor y menor. 2

El Fundador
Era José Martínez, al solicitar estas tierras, "vecino, labrador y criador de
ganados y caballada, en el real y minas de las Salinas". Expresa en su esTrabajo inédito, leído en Marín e.l 26 de septiembre de 196-1-.
MS. Merced de tierras. Archivo Municipal de Monterrey. Ramo Civil, volumen 48,
Exp. 1, fol. l.
1

1

305
820

�1

1

crito de 1673, tener más de doce años de vecindad, esto es que su llegada
al reino fue hacia 1670 ó 71.
La fundación de la labor o puesto de San Antonio de los Martínez, como
se llamó desde sus orígenes, tuvo lugar al año siguiente de la merced, esto
es en 1684; ya que en su testamento (1712) expresa claramente al referirse
a sus tierras: "en donde he vivido poseyéndolas veinte y ocho años".
Sabemos que fue hijo del capitán Ignacio Martíncz y de doña Isabel Flores, vecinos del Saltillo. En el archivo de la Parroquia del Sagrario, de la
Catedral de Monterrey, encontramos que contrajo matrimonio con doña Inés
de la Garza, hija del capitán Pedro de la Garza y de doña María de la Rocha.
La boda tuvo lugar el 13 de febrero de 1673, verific6.ndola el Lic. José Guajardo, con licencia del Lic. José de la Cruz, cura párroco. 3
Es un hombre importante, que ha servido al rey "a su costa, con sus armas
y caballos" y que, además, ha formado parte de las expediciones organizadas
por el general Alonso de León, a partir de 1686, a la bahía de Espíritu
Santo, en Texas. 4 Poco después, le vemos residiendo en el valle del Carrizal,
y adquirir, además de las tierras mercedadas, parte de sitios por compra a
los herederos del capitán Alonso de Treviño.
De este modo es como nace, en la eminencia de estas colinas, la hacienda
de San Antonio de los Martínez, o San Antonio de los Aiguales, como también se la conoce en aquellos años. La familia de José Marúnez está compuesta por sus hijos Rodrigo, Miguel, Ignacio ( que recibió las órdenes sacerdotales y el grado de bachiller) ; Darnián, Andrés, José, María Rosa, Luisa
y Catalina. Hubo, al correr del tiempo, enlaces matrimoniales con Montemayores, González, Chapas, etc., y el núcleo de la hacienda fue aumentándose y subdividiéndose al morir su fundador.
Sintiéndose gravemente enfermo, fue llamado el bachiller Miguel Cantú,
teniente de cura y vicario de Monterrey, para que le auxiliara espiritualmente. Y, no dando tiempo a llamar a la autoridad civil, fue ante el mismo
vicario que otorgó una memoria testamentaria, el 11 de abril de 1712.
Su muerte debe haber acaecido el día 15, toda vez que su partida de
entierro señala habérsele dado sepultura, confonne a su deseo, el 16 de abril,
en la Iglesia de San Francisco Javier, de los padres jesuitas, que existió en
la esquina N.O. de las actuales calles de Morelos y Escobedo, y que servía,
a la sazón, de parroquia. 5
Archivo del Sagrario. Catedral de Monterrey. Matrimonios, Libro 1, folio 58 v.
GARZA, Ct1dulario Autobiográfico de Pobladort1s y Conquistadores de Nuevo Le6n. Gobierno del Estado de Nuevo León y Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1964, p. 154.
• Archivo del Sagrario. Catedral de Monterrey. Entierros, Libro l al 5 (en un
solo tomo) 1668-17 52; 1712, fol. 46 v.
1

' lsRAEL CAVAZOS

306

Sus Bienes
Una idea bien clara del estado que guardaba la hacienda en 1712, nos la
da el inventario hecho por disposición de Juan Bautista de Villarreal, alcalde mayor de las Salinas.
Tenía la casa de vivienda, "de dos naos, que se compone de una sala, aposento y cocina, con más tres jacales con sus cocinas y dos corrales grandes ... "
El ajuar de casa era sencillo: tres cajas mexicanas, una cama, una mesa
y tres bancos. La cocina: cazos y ollas de cobre; calderitos "de batir chocolate"; tres metates, tres jarros de cobre nuevos, un sartén, carnales "de la
tierra"; una tinaja de Guadalajara; el azador de hierro y cinco cucharas y
una tembladera de plata.
La herramienta de labranza y minería, consistía en balanzas, azadones, hierros de berrar, escoplos, costales metaleros, mantas, etc.
No faltaba el imprescindible ajuar de montar: la silla jineta, con su estribera, escopeta de patilla, con su funda de San Miguel, cojinillos, espuelas
chicas de filigrana, el freno hechizo, y dos arcabuces, uno de agujeta, con su
funda de Michoacán.
El ganado era abundante: tres manadas de yeguas, bayas coyotas, alazanas rejegas, anaranjadas y moras rejegas; 25 reses; 190 cabezas de lana; 500
cabras y 6 yuntas de bueyes, aperadas.
El inventario incluye las prendas de ropa suyas y de su esposa, así como
media caballería de tierra con tres días de agua, en San Nicolás de los Garzas,
arrendada a Antonio del Bosque por 25 fanegas de maíz anuales y correspondiente a la dote de Sll esposa, originaria de dicha hacienda.
Según los capitanes José Bermúdez y Juan Gómcz, peritos valuadores, el •
valor de los bienes era de 5,166 pesos, tres tomines; y, deducidos las deudas
y gastos de funeral, quedaron 3,973 pesos, un tomín. 8

La Parroquia
La hacienda de San Antonio de los Martínez, como todas las del valle del
Carrizal, estaba incorporada, en lo político y en lo espiritual, al valle de las
Salinas. Esta circunstancia fue, con el tiempo, acentuando numerosas inconveniencias; tenía la hacienda su capilla, empezada a construir en 1746
y de la cual se ven aún vestigios en lo que fuera el casco antiguo del lugar.
Carecía, sin embargo, de ministro.
Un prelado insigne, el Ilmo. Dr. don fray Francisco de San Buenaventura
MS. Testamento e inventarios. Archivo Municipal de Salinas Victoria,
gajo 1 ( 1689-1734) E.xp. 20, 32 fojas.
1

N. L. Le-

307

�Martínez de Tejada, obispo de Guadalajara, fue el primero en palpar esta
necesidad. En su visita pastoral a estas haciendas, nombró al padre Lic. José
Antonio de Almandos, como teniente de cura en Higueras y que sostuvo por
muchos años don Salvador Lozano. La capillita de Higueras se arniinó. El
mismo obispo dispuso se edificara otra en Ciénega de Flores, p'ero nunca se
consiguió erigirla, y por lo mismo, continuó auxiliando espiritualmente a estas
haciendas su vicario de Salinas.
Los vecinos vuelven a representar sus incomodidades, y un paisano suyo,
el Dr. José Antonio Martínez, quien a la sazón era visitador del Obispado,
proveyó, el 5 de julio de 1777, un ministro de pie; pero tampoco lo hubo,
por oposición del cura de Salinas.
Nuevamente acuden los vecinos al obispo don Rafael José Verger ( 178390), señalando sus penurias, particularmente las de los pobres que no tienen
caballo y que han de solicitarlo al pudiente para ir a la parroquia; y ha
sucedido que no alcanzan auxilio los moribundos, o que el niño llevado a
bautizar, muere en el camino.
Se pasa el tiempo sin lograr sus propósitos y es hasta los albores del siglo
XIX ( 1802) cuando se renuevan gestiones más efectivas. Verificado un censo
en el que resultan 1,152 personas de todas las haciendas, los vecinos, encabezados por don Rudecindo Martínez, se comprometen a sostener un ministro,
aportando 1,816 cabras y 166 pesos en reales. Don Rudecindo aporta_ otras
397 cabras suyas, lo que aumenta a 2,213 las cabezas de ganado de vientre.
El Venerable Cabildo Sede Vacante, por medio de su Vicario Capitular,
Dr. don Miguel Ignacio de Gárate, autoriza estos trámites, nombrando como
primer ministro al presbítero José Félix Yance, y por mayordomo de fábrica
al señor Martínez, a quien autoriza para comprar con el efectivo más ganado y darlo en arrendamiento a 8 cabezas por 100, "según estilo de estas
tierras". 7
La Villa
No contentos con haber logrado esta vicaría, que se formó con San Antonio, Santa Elena, Acequia, Ciénega, Higueras, Orégano, Anteojos, Aguanegra, Casita, Papagayos, CastiJJo y Guadalupe, el 7 de diciembre de 1803,
los vecinos piden sea erigida como curato en encomienda, agregando, de ser
posible, los poblados de Pesquería Chica y Aguafría. Adjuntan a su petición
un inventario de la flamante capilla, en que aparecen, entre otras cosas, casulla y palio de damasco, manteles, sobrepellices, una imagen de San Antonio, en lienzo, el sagrario, una campana de doce arrobas, una imagen de
' MS. Testimonio . .. Archivo Municipal de Marln. "Legajo de papeles importantes".

308

bulto de Nuestra Señora de la Soledad, y ornamentos de damasco blanco, con
galón de oro, uno de los cuales es de la capilla de Higueras. 8
Pero en esta misma petición formulada por "los principales vecinos republicanos del valle del Carrizal y hacienda de San Antonio", se pide no solamente la elevación a Clll'ato, sino su separación política del valle de las
Salinas.
Alegan, para ello: tener su "capilla decente", disponer de los recursos necesarios para sostener al ministro, y haber costeado, muchos años, el aceite
de la lámpara del Santísimo, de Salinas. Renuevan el argumento de la distancia, puesto que el eterno alcalde de Salinas, don José Santiago ele Villarreal -que ha de tener papel tan importan te, más tarde, en la insw·genciareside en la hacienda de Viudas (Abasolo) a 14 leguas de San Antonio. Piden,
por lo mismo, "separarse del yugo de la jurisdicción real ordinaria del partido de Salinas". Ofrecen, para ello, servir los cargos concejiles -entonces
honorarios y sin retribución alguna-. Aportarán también 1,000 cabras de
vientre, para la formación del fondo de propios, aplicados al mismo tiempo
a la construcción de la casa cural, casas reales --del ayuntamiento-, cárcel,
escuela de primeras letras, etc.; fondo que podrá aumentarse --dicen- vendiendo los chivos y cabras viejas. Ofrecen, asimismo, hacer una saca de agua
en Santa Elena (General Zuazua), para el culto divino y para los pobres.
Juran, además, como patronos, a San Antonio de Padua y a la Virgen de
Guadalupe, cuyos títulos ha de Uevar la villa y cuyas funciones anuales
celebrarán. Piden, en fin, como teniente de gobernador, a don José Joaquín
Martínez.
A este escrito, en el que se elogia, desde luego, al gobernador, don José ,
Simón de Herrera y Leiva, por su labor progresista al eliminar los jacales del
centro de Monterrey, por construir la presa y por combatir "la pérfida apachería", se adjunta la lista de 33 vecinos que se hao ofrecido a hacer casa
en la nueva población, y en ella observamos que figuran los apellidos Martínez, Femández, Garza, Montemayor, Tamez, González, Treviño, Lozano,
García y Aguirre. 0
La Real Cédula
Desde marzo de ese mismo año de 1803, había empezado a gobernar la
diócesis del Nuevo Reino de León, el Ilmo. Dr. don Primo Feliciano Marín
de Porras, prelado nacido en Burgos, en España, y a cuyos títulos se añadían
'MS. !bid.
• MS. ]bid.

309

�los de haber sido capellán de honor de Su Majestad y penitenciario de su
real capilla. 10
Así este obispo como el gobernador Herrera pusieron especial empeño en
la creación de la nueva villa, y juntos pasaron a visitar la hacienda, a fin
de señalar el terreno apropiado al asiento. de la nueva población, a 1,000
varas al norte, en un lugar "plano, elevado, con agua suficiente y provisto,
a poco trecho, de canteras y maderas para fabricar". 11
Las comunicaciones eran lentas. El 20 de febrero de 1804, turnó el gobernador el e.xpediente a México. El virrey José de Iturrigaray contestó dos años
después -30 de enero de 1806- aprobando formarse la nue,·a población;
pero hay constancias de que no se esperó tal orden para erigirla, como veremos en seguida.
Tanto don Juan José de la Garza 12 como el Profr. Alberto Sánchez,13 que
han escrito sobre la historia de este pueblo, sitúan la erección entre el 4 y el 8 de
febrero de 1804. En el Archivo General del Estado, hemos encontrado el oficio
del alcalde de Salinas, de 6 de febrero, contestando al gobernador Herrera
de enterado de que, "por decreto de 4 del presente", mandó el gobernador
la separación de Salinas de las haciendas que la formaron. Así pues, la villa
quedó constituída el 4 de febrero de 1804.ª
Otras comunicaciones de esos días, se refieren al nombramiento del síndico
José de Jesús Martínez -8 de febrero-; lo que prueba la creación inmediata del primer ayuntamiento; y aluden también a 1a queja de algunos
atropellos al alcalde don Joaquín, por vecinos de Salinas, que hasta !Jegan a
enviarle algunas décimas ridiculizándole.16
Observamos que la llaman, simplemente: villa M arín. El gobernador y el
obispo pidieron al virrey que sustituyera este nombre con el suyo, esto es,
que se llamara: villa de Iturrigaray, o con el de su esposa. (Ya existía el antecedente de haberse fundado aquí una villa en homenaje al virrey Azanza).
Iturrigaray no accedió a ello; dejándole el nombre del prelado y disponiendo
solamente anteponerle el del rey Carlos IV, eso es: villa de San C4rlos de
Marín.
11&gt;

CARLos

PÉ.R EZ•MALOON.WO.

Monterrey, 1947.
" JUAN JosÉ DE

El Obispado. Monumento histórico de Monterrey.

Memoria sobre el origen de la villa de MarÍ71. En: JosÉ
Lecciones órales de Historia de lvuevo-León. Ed. de "La India".
Imp. del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores. Monterrey, 1881; pp. 105
a 120.
" Vid nota 1 l.
u Monografla del Municipio de Marín. Publicación No. 2 de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística; Monterrey, 1943; 74 pp.
14 MS. Archivo General del Estado de Nuevo León. Legajo 10, carpeta 1, No. 22 •
" lbid. Nos, 33, 39 y 42.
LA GARZA.

ELEUTERIO GoNZÁLEZ.

310

Pero, si dos años tardó la respuesta del virrey, tuvieron que pasar tres
para que el rey expidiera en Madrid su real cédula de 16 de julio de 1807,
aprobando el establecimiento y el nombre: " ...por ser muy justo -diceque, al mismo tiempo que se conserva la memoria de mi augusto nombre,
se tenga también la de un prelado de méritos, para estimularle a que continúe fomentando a aquellos vecinos y demás de su obispado, y sirva de
estímulo a otros prelados a que sigan su útil y laudable ejemplo ... " Y otro
año más hubo de pasar -8 de febrero de 1808- para que la cédula llegara
a la ciudad de México. 16
Costumbres

Lucha constante para defenderse de los ataques de los indios; dedicación a
la agricultura y a la ganadería; sencillez en el vestir, usando pieles curtidas
y telas tejidas por ellos mismos; casas y muebles modestísimos; prácticas
piadosas del rezo del rosario y cánticos a la Virgen; sistema patriarcal en
la vida diaria; respeto profundo a los mayores y a la autoridad; enseñanza
rudime~taria; alegría en las fiestas, con improvi_sación de coplas y ejecución
de danzas como el fandango, jarabe, rigodón y zacamandul. Tales eran las
costumbres candorosas y tranquilas, que nos describe don Juan José de la
Gana en una Memoria escrita en 1877 y publicada por el Dr. González.
Pero este cuadro nos lo completa una revisión de los libros de actas del
Ayuntamiento, particularmente, en lo que se refiere a la primera mitad del
siglo XIX.
Es entonces la de Marín una vida de aldea. El cabildo se reúne para se- •
ñala:r el tribunal municipal que ha de oír cada ocho días las apelaciones;
para cuidar del aseo de las calles, cerco de solares, recomposición de caminos
y puco tes, etc.; para dar en arrendamiento los solares, a dos reales al año;
para controlar la venta de licores; vigilar los encierros de tahures y dar facultades a los vecinos para conducir a la cárcel a "borrachos, blasfemos o
peleoneros" .17

Se. reúne también para cuidar de la limpieza del ojo de agua y de que
las señoras laven a 25 varas abajo del manantial principal. También para
procurar que nadie ande en la calle después de las 9 de la noche; o para
controlar el arrendamiento de las aguas del Saladito, el Mulato, Potrerillo
y el Ebano. Para evitar que los vecinos pasten sus ganados en forma excesiva
en los ejidos del pueblo; o para dictar bandos especiales a fin de que los
"' Real Cédula. Publicada por Juan José de la Garza y Alberto Sánchez. Ver notas
12 y 13.
" Actas del Ayuntamiento. Archivo de Marín. 1833 y siguientes.

311

�vecinos cuiden de que sus puercos no anden sueltos en las calles, o hagan
daño en las cocinas, solares y sembrados, previniendo el pago del daño y
dos reales de multa. Y para disponer también la venta de las plazas para las
ferias, o para acordar el traslado de la imagen de la virgen de Guadalupe,
de su capilla de Higueras a esta parroquia, con motivo de las sequías constantes.

Fiestas populares
Reúnese también el ayuntamiento, para designar a los regidores que han
de salir a colectar las limosnas para las conmemoraciones de la Navidad y
Semana Santa. Otra fiesta muy tradicional en el pueblo es, en esos tiempos,
la de Corpus Cbristi, y cada año se reúnen los vecinos para cubrir con ramas de árboles frondosos la estación por donde ha de salir la procesión del
Santísimo.
"De tiempo inmemorial" -dice el acta de 22 de junio de 1845- se acostumbran los paseos públicos a caballo, en los días de San Juan, San Pedro,
Santiago, Santa Ana, y es atribución del cabildo cuidar que no haya galopes
en el centro, que no se cortan gallos, que los ebrios no escandalicen y que
el paseo concluya a las oraciones de la noche.
Pero la fiesta principal es, indudablemente, la de la Asunción de Nuestra
Señora, cada quince de agosto. La plaza es cercada para la instalación de
cocinas, vendimias y carcamanes, y para la corrida de toros, instalándose al
frente de la plaza un palco para el Ayuntamiento. 18
Claro que en esta época no existían las bancas o glorietas de la plaza,
iniciadas en 1876 y concluidas 10 años más tarde; ni las casas del Ayuntamiento tenían los portales, que fueron construidos en 1887. 19
En 1858 -17 de abril- se acuerda que las 8 manzanas circundantes de
la plaza sean de tapia, lo que viene a dar mejor aspecto al pueblo. En ese
mismo año es abierta una plazuela para mercado y para rastro; demás de
la que en 1834 se había mandado trazar, "para evitar que los atajos de mulas,
carretas y burros, que traen frutas y otros efectos a vender, paren en la plaza
principal y la ensucien". 2º

13

312

Durante largos años y hasta pasada la primera mitad del siglo, padecen
los pueblos del valle las constantes incursiones de los indios, que bajan de las
praderías del sur de los Estados Unidos. No hay seguridad en los caminos ni
en las labores, y el comercio y la ganadería son nulos. El ayuntamiento de
1874 informa que de 1848 a 1856, han causado estas incursiones 58 muertos,
38 heridos y 9 cautivos, amén de los cuantiosos daños materiales.
Para contener estos ataques, está formada la Milicia Cívica. En 1803, el
capitán Tomás de la Garza ofrece su compañía "para mariscadas en esta
frontera, cuando se sienta rumor de enemigos". Al año siguiente, existen
las escuadras de Santa Elena, Ciénega, Higueras y San Antonio, al mando
de don Juan José Ramón Martínez, don Juan Francisco Quiroga, don Andrés Montemayor y sargento Joaquín Martínez, respectivamente. En 1829
la compañía de Marín está compuesta por 65 soldados.
Esta misma Milicia Cívica se convierte, a partir de 1848, en la Guardia
Nacional, que participa en todas las luchas, nacionales y extranjeras.
Y Marín es de los pueblos que sufren más durante la invasión angloamericana. Sus casas y las de la hacienda de Ramos ( hoy Doctor González) son
incendiadas y dest1uidas en su casi totalidad, por el ejército invasor. Cuando
el ayuntamiento de Cadereyta propone declarar suspenso en el ejercicio de
sus funciones al gobernador Francisco de P. Morales, mientras dure la invasión, el ayuntamiento de Marín, por dictamen presentado en sólo tres horas
por sus munícipes Juan José de la Garza, José María Dávila y Manuel Molano, acuerda reconocer al gobernador, " ... cuyas órdenes y providencias ,
serán obedecidas corno en tiempo de paz". 21
'
En la revolución de Ayutla, desconoce el Ayuntamiento el movimiento iniciado por Juan Alvarez, pero muchos de los hijos del pueblo luchan por esta
causa. Lo mismo sucede durante la guerra de Reforma. Don Juan José de
la Garza, nombrado secretario del Ayuntamiento en 1853 y que sirve este
oficio hasta casi acabado el siglo, acompaña a Vidaurri, de quien es amigo
íntimo, a sus campañas al interior.
Es esta amistad, indudablemente, la que hace que no proceda el Ayuntamiento contra la actitud de Vidaurri, al acordar que el gobernador -con
motivo de su conflicto con el presidente Juárez- obre conforme a 'lo que
parezca más conveniente al honor y al bien de la patria ... " 22

!bid. Cabildos de lo. de mayo, 22 de junio y 2 de agosto de 1845.

" MS. Expedientes sobre construcci6n de los portales y glorietas. Archivo Municipal
de Marín. Legajos 33 y 48.
:t

Milicia

Actas del Ayuntamiento. Cabildos de 11 de enero de 1834 y 17 de abril de 1858.

" Ibid. Cabildo de 5 de octubre de 1847.
" !bid. Cabildo de 8 de marzo de 1864.

313

�Contrabando
Es fuerza referirnos también a una etapa verdaderamente interesante. Estas
épocas aciagas son causa de que surjan aquí y en otros pueblos el bandolerismo y el contrabando.
Ya desde 1835, vemos disposiciones del Ayuntamiento tendientes a combatir el comercio ilícito del tabaco extranjero. El gobierno local autoriza, en
ese año, el comercio libre de efectos extranjeros, "mientras dure la guerra
de Texas".
Una comisión del cabildo, al dictaminar en 1851, sobre cosas hacendarias,
opina que las alcabalas deben ser abolidas, para proteger al comercio, única
manera de evitar -dice- "la escandalosa desmoralización del contrabando".~ª
Esta práctica se acentúa mucho durante la guerra separatista de los Estados Unidos, pero tiene mayor auge durante la anarquía ocasionada por
las revoluciones de la Noria y TtLXtepec. ( 1872-1876); y viene a ser sofocada
en los inicios del gobierno del general Bernardo Reyes, que se vale para
ello de algunos de los principales jefes de los grupos contrabandistas.
Son éstos tan hábiles, que saben eludir, con argucias y arrojo, las partidas
de rurales de la Acordada o del Contrarresguardo, con las que sostienen
frecuentes bataUas campales, y que no pocas veces se ven escandalosamente
complicadas en los contrabandos más cuantiosos.
Algunas tiendas de Marín llegan a estar mejor provistas de efectos extranjeros que las de Monterrey o Linares. Y hasta ha llegado a asegurarse que
de allí proviene el popular y festivo mote adjudicado al pueblo de: "Marín,

Texas".
Educación
Pero ello es sólo un fenómeno que e:i.-plican las circunstancias en que vive
el país. Porque, por otra parte, tiene Marín, en esta época, un florecimiento
extraordinario, particularmente en lo que atañe a la educación.
En los libros de actas del cabildo, anteriores a 1850, se observa una preocupaci6n constante de las autoridades, por la educación. En 1833 se registran los nombres de los maestros Francisco Tamez y Manuel Molano, originario este último de Monclova. Al año siguiente, tiene la escuela del pueblo
90 alumnos, y se queja el director de que su sueldo sea de sólo 12 pesos
mensuales. Otros maestros, entre 1853 y 1861, son José María de la Garza,
Laureano de la Garza y Juan y Domingo Lozano. El 20 de abril de 1861,
el cabildo autoriza la apertura de la escuela de niñas que instala doña Merced
u !bid. Cabildos de 22 de agosto de 1835 y 31 de julio de l851.

314

Ledesma. Hay, en 1863, una escuela particular muy importante, atendida
por Julio Chávez. Los exámenes públicos son todo un acontecimiento y tienen
lugar en el palacio municipal, con asistencia de la autoridad. En el de ese
año, se lucen por su adelanto los jóvenes Jesús Lozano, Albino Martínez,
Rudecindo Montemayor, Antonio Mireles, Espiridión Martínez, Jacobo Marunez, Román y Mariano González, Jesús Dávila, Crescencio Víllarreal, Apolonio González y otros, en el Catecismo Histórico y el de Ripalda; gramática
castellana, geografía de Roa Bárccnas y principios de aritmética y álgebra. 2 ~
Por lo que a la educación superior se refiere, ya desde 1853, el presbítero
Jesús Montemayor -a quien los vecinos habían pedido como vicario del
anciano párroco Juan Nepomuceno Báez de Benavidcs- estableció una escuela, cuyos exámenes públicos se hadan también en la sala consistorial.
Estos exámenes duraban hasta tres o cuatro días, porque los alumnos pasaban
pruebas difíciles de dos o más horas. En el que se sustentó el 4 de septiembre
de 1853, los j6venes E1euterio Femández, Francisco Martínez, Agustín Vela,
Luciano González, José Juan Martínez, Gregario Martínez, Francisco Chapa,
Valentín González y Francisco Montemayor, presentaron, en oposición pública, mínimos y menores, con sus traducciones respectivas del Jatín.1! 5
Pero la época de más esplendor en Marín, es cuando se establece aquí
una sucursal del Colegio Civil del Estado, en 1873. Creemos que haya influido
mucho en este hecho, además de la importancia del lugar, la intervención
del Lic. Canuto García, gobernador que fue de Nuevo León, casado en
Marín, el 12 de noviembre de 1871, con doña Josefa González. Un hermano
de ésta, el maestro Francisco González, quien desde 1858 había venido trabajando de maestro en el pueblo, se hizo cargo de la dirección del Colegio ,
Civil de Mario. Al año siguiente, 1874, hubo una matrícula de 26 alumnos,
y de 29 al año sigt,Úente. La revolución de Tu.."&lt;tepec hace clausurar el Colegio, que es reabierto el 11 de diciembre de 1877. Al pasar Francisco González a la dirección del plantel en Monterrey -16 de diciembre de 1879-,
queda en su lugar el Dr. Jesús Garza Lozano, quien es sustituído, años más
tarde, por el Lic. Mariano Cárdenas. Esta importante escuela fue clausurada
en 1886.

M arinenses notables
Tal impulso a la educación es factor para que de aqu.í surjan muchos hombres importantes. Alberto Sánchez, en su Monografía ... de Marín, publica
" /bid. Cabildo de 11 de octubre de 1863.
" [bid. Oabildo de 4 de septiembre de 1853.

315

�una amplísima lista de los hijos distinguidos del pueblo. En la imposibilidad
de citados a todos, sólo señalaré algunos de los que ahí faltan.
El Dr. José Antonio Martínez, cura por muchos años en Salinas, en el
siglo XVIII, y que en sus escritos ostenta los títulos de colegial del Real de
San Francisco de Sales, de San Miguel el Grande, y del de San Ildefonso,
de México; examinador, sinodal de juristas; presidente de las academias de
cánones, leyes y teología moral; bachiller en filosofía y ambos derechos; licenciado en sagrados cánones por la Real y Pontificia Universidad de México; abogado de la Real Audiencia y visitador del Obíspado. 28
Debemos citar también al Lic. José Alejandro de Treviño y Gutiérrez, nacido aquí en 1769. Estudia en San Miguel el Grande y en México. Tiene
por compañero de estudios a Mariano Matamoros. Vuelve a Monterrey eu
1818. Ocupa importantes cargos en el Gobierno. Es director fundador de
la Escuela de Jurisprudencia, en 1824, y muere en la villa de Guadalupe,
en 1830. 27
Otros datos de interés para la villa san los referentes al ilustre maestro Pablo Livas, de personalidad tan conocida. Son ignoradas, sin embargo, las
noticias sobre el arraigo de su fanúlia en Marín. La revisión de los documentos oficiales y eclesiásticos para este trabajo, nos da a conocer nombres
antiguos. Los Livas anteriores a 1850, aparecen en los padrones registrados
como plateros de oficio, y figurando en todas las listas de la guardia nacional,
como soldados, clarines, sargentos y hasta tenientes, como don Pablo José
Livas.
Pero es José Eugenio Livas, platero también de oficio, el más antiguo que
encontraroo~. Originario de Satinas, se casa en Marín con María Cornélia
Aguirre, el 25 de septiembre de 1819. Seis hombres y cinco mujeres nacen
de este matrimonio. El mayor, Pablo José, nace aqui el 30 de mayo de 1820.
A los veinte años se casa, también aquí, con María de Jesús Dávila. De sus
hijos, tres hombres y dos mujeres, es José Antonio Casimiro, el mayor, nacido aquí, el 3 de marzo de 1841, y padre del maestro don Pablo Livas. 28
" Archivo Parroquial de Salinas Victoria, Libros de Bautizos. Y periódico La Luz,
Monterrey, lo. de mayo de 1874.
n Una biografía muy amplia véase c:n: Armas )' Letras. Monterrey.
"' Archivo Parroquial de Marin. Matrimonio de José Eugenio Leivas (sic) y María
Cornelia Aguirre; 1819, acta No. 8. Hijos: José Pablo Ciriaco, 1820, acta 16; María
Dolores, 1821, acta 77; María Antonia, 1826, acta 73; María Concepción, 1828, acta
52; María Arcadia, 1830, acta 6; José Maria Eugenio, 1831, acta 105; José Buenaventura, 1833, acta 99; Juan Nepomuceno, 1834, acta 135; José Santiago, 1836, acta
122; José Cayetano Donato, 1838, acta 106; y María Isabel, 1844, acta 129. Matrimonio de Jos6 Pablo Livas y María de Jesús Dávila; libro No. 2, 1840, acta 14. Hijos:

316

Decadencia
Pueblo floreciente y de pasado importante, Marín entra en lastimosa decadencia.
Comprendiendo en su antigua jurisdicción las haciendas de Santa Elena,
Ciénega de Flores, Higueras y Ramos, creadas como municipios con los nombres de General Zuazua, Ciénega de Flores, Higueras y Doctor González,
respectivamente; las tres primeras en 1863 y Ja última en 1883, el territorio
de Marín se reduce.
Pero, no obstante su mutilación física y su decadencia econ6mica, las comunicaciones y los recursos actuales prometen un nuevo resurgimiento, que
vendrá indudablemente, porque los hijos de Ma.rín mantienen el mismo entusiasmo y el mismo espíritu tesonero de los ancestros que dieron vida al terruño.

José Antonio Casi.miro, 1841, acta 46; José Manuel, 1845, acta 68; María Crisanta
Lorenza, 1848, acta 144; Maria Crisanta Donaciana, 1850, acta 163; y José Eugenio,
1852, acta 132.

317

�EVANGELIZACIÓN EN EL NUEVO REINO DE LEóN
EUGENIO DEL

Hovo

Instituto Tecnológico de Monterrey

EN LA ÉPOCA de Carvajal y.de la Cueva no se puede hablar de evangelización.
Se desprende de su proceso que entraron con él algunos clérigos, como Pedro
Infante, 1'Clérigo beneficiado de Tlalchitán", que vino de la Huasteca acompañando a Caivajal; o el vicario Ortiz; o el beneficiado de Mazapil, Diego
Ramírez Zamorano 1 que acompañó a Carvajal en la repuebla de las minas
de Nueva Almadén y que era uno de aquellos clérigos "señores de Minas",
como lo fueron Baldo Cortés, primer cura de Sal tillo; Cebrián de Acevedo
Ovalle, que entró al Nuevo Reino a fines de 1599 y que algo o mucho ha
de tener que ver con una de las más descabeJladas leyendas que corren sobre
la fundación del Nuevo Reino de León por un "Fray Cebrián de la Nada" ;2
o Martín Abad de Uría, primer cura de la ciudad de Monterrey y cuyo
nombramiento nos dio la clave en el problema de la Villa de Cerralvo. 8
Alonso de León dice que Ca1vajal "trujo un religioso de San Francisco, de
la Huasteca, cuyo nombre no se ha podido averiguar". 4 Y en otro pasaje,
hablando de la prisión de Caivajal, dice que "ayudó mucho el disgusto que

' ALFONSO ToRo, Los Judíos en lo Nueva España, pp. 332-333 y 342-343, sólo
como ejemplo, pues se les menciona en muchos lugares del Proceso de Luis de Carvajal
el Viejo.
• Hay dos obras editadas en España que tratan el tema: Anónimo, Vida del Venerable y Gran Siervo de Dios .. .Sacerdote de la Orden Hospitalaria de San Juan d11
Dios, Fundador de la ciu.dad de Monterrey, capital del Estado y Ob4-pado de Nuevo
León y de varios Establecimientos de México y Guadalajara, en donde descansan sus
venerados restos. Madrid, 1900. Y, JUAN GRANDE ANTÍA, El insigne Misionero de
Zacatecas y Fundador de Monterrey, V. P. Fray Cebrián de Llanos, denominado de
"La Nada", Religioso de la Orden de San Juari de Dios, Barcelona, 1929.
1 Euo&amp;NJO D'EL Hovo, "La Verdad sobre la Villa de Cerralvo" en Hu.manitas, núm.
3, pp. 361-375. Monterrey, 1962.
• ALONSO DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 76.

319

•

�llevó el religioso que trujo de la Huasteca". 5 Creemos, aunque sin poderlo
demostrar documentalmente, que ese religioso de que habla el cronista, no
es otro que Fray Lorenzo de Gavira, fundador del Convento de San Esteban
de Saltillo en el año de 1582. Diremos aquí cuáles son los datos en que se
apoya nuestra conjetura: Fray Lorenzo era ''hijo de la Provincia del Santo
Evangelio", a la cual pertenecía la Custodia de San Salvador de Tampico,
lo que hace más posible que haya entrado por el camino de la Huasteca que
por el camino de Mazapil, ya que la Custodia de Zacatecas pertenecía a la
Provincia de Michoacán. La fundación del Convento de Saltillo coincide
perfectamente con la llegada de Carvajal a ese lugar, que fue en el año de
1582. Dice el Padre Fray Agustín de Morfi en su Viaje de Indios: "No pude
averiguar el origen y fundación de esta Villa (Saltillo), pero es constante
que en el año de 1582 ya era una población numerosa, pues en este mismo año,
erigió en ella un convento de Nuestro Padre San Francisco, el Padre Lorenzo de Gavira, hijo de la Provincia del Santo Evangelio y natural de
Extremadura. Subleváronse después los chichimecas, e infestaron con tanta
crueldad a los vecinos, que el Padre Gavira se retiró a Topia, y éstos protestaron al Virrey el despueble si no eran socorridos". 6 El Padre Arl~aui, en su
crónica, dice: "Diez (¿No querría decir veinte?) años antes que entraran
los tres referidos religiosos (los fundadores del Convento de Monterrey en
1602) en el Reino, consta por la referida certificación, haber entrado otros
religiosos nuestros a quienes1 por haber acompañado algunos españoles, aunque los principios fueron buenos, como vieron la codicia de los soldados, y
las extorsiones que ejecutaban, rehusaron convertirse {los indios) y se alzaron, precisando a los religiosos y españoles a que desampararan el Reino". 7
Es indudable que el cronista franciscano se refiere aquí a Fray Lorenzo de
Gavira y a las gentes de Carvajal. Por último, José María de la Fuente en
su estudio Etimología de Coahuila, dice: "Consta en documentos serios que
en 1583, ochenta y siete años antes de la entrada del Padre Larios, el caballero don Luis Carvajal y de la Cueva, primer Gobernador de Nuevo León,
fundó la Villa de Almadén (Monclova) en la Provincia de Qüauila (sic),
cuyo gobierno dejó encomendado al capitán don Gaspar Castaño y él regresó
a Santa Lucia (Monterrey) dejando con Castaño a Fray Lorenzo de Gavira,
primer misionero que entró a aquella tierra". 8 ¡ Lástima que De la Fuente
no diga cuáles son y dónde consultó esos "documentos serios".
Otro franciscano ligado a la historia del Nuevo Reino de León es Fray
Cristóbal de Espinosa, Guardián del Convento de San Esteban de la Nueva
• !bid., p. 90.
• FRAY AousTÍN DE MORFI, Viaje de Indios, pp.

153-154.

' FRAY JosÉ ARLEOUI, Cr6nica, p. 129.
' JosÉ M.\11.ÍA DE LA FUENTE, Etimología d, Coahuila, pp.

320

Tlaxcala, aledaño a la Villa de Santiago del Saltillo, quien, junto con don
Baldo Cortés, cura de dicha Villa, apoyaron a don Diego de Montemayor
con motivo de la fundación de Monterrey en 1596: "Hecha la dicha población, el año de 1600 (sic por 1596), hizo junta el Tesorero Diego de
Montemayor, de todos los vecinos, asistiendo el Padre Baldo Cortés, cura y
vicario de la Villa del Saltillo, y Fray Cristóbal de Espinosa, Guardián de
aquel convenlo; y en ella se decretó la forma que se tendría para dar noticia
al Virrey, salió de acuerdo fuese por cartas, haciendo pliego de cuatro: una
del Capitán, otra del Vicario, otra del Guardián y otra de los vecinos".º
Lo que no sabemos es si el Padre Espinosa llegó a misionar entre los indios
del Nuevo Reino; pero parece muy improbable.
De los tres misioneros que Arlegui y todos sus seguidores consideran como
descubridores y fundadores del Nuevo Reino de León y que son Fray Andrés
de León, Fray Diego de Arcaya y Fray Antonio de Zalduendo, tan sólo de
este último hemos podido encontrar datos documentales que demuestran que
fue un personaje histórico y no un ente fantástico, " ... El año de cinco
( 1605) que se volvi6 a su reedificación (de Almadén) el Capitán Pedro Velada ¿ quién se la contradijo? Antes consta que estando poblada con vecinos,
entraron religiosos de la orden del señor San Francisco de la Provincia de
Zacatecas ( se celebró la fundación de esta Provincia el día 2 de febrero de
1604), que fue el Padre Fray Antonio de Salduendo a quien, en 27 días del
mes de julio de 1605 dio posesión para fundar convento en la dícha villa
(Almadén) por de la dicha Provincia (de Zacatecas) dándosela como capitán y alcalde mayor por ante Alonso de Molina, escribano, habiéndosela
dado antes en el pasaje y ojos de Anaelo a los 21 ellas del dicho mes y año,
que consta del testimonio que de la dicha posesión se le dio al dicho Padre" .10 •
De Fray Diego de Arcaya nada sabemos ni nada diremos; pero del famosísimo Fray Andrés de Le6n, compañero de Urdiñola el Viejo, fundador de
Monterrey, primer cura de dicha ciudad, de quien tom6 su nombre el Nuevo
Reino de León, y en cuyo honor el convento de su ciudad metropolitana se
llamó de San Andrés, nos atrevemos a sostener que nunca existió fuera de
la fantasía de ciertos historiadores. Tengo la vaga impresión de que ese nombre, altamente simbólico, lo formó Arlegui al encontrarse algún documento
de muy difícil lectura en el que se hablaba del Convento de San Andrés del
Nuevo Reino de León, y que fue así como nació a la leyenda Fray Andrés
de León.
Lo que si está históricamente comprobado es que los primeros franciscanos
que tuvieron su residencia en Monterrey, y a la vez los fundadores de su con-

71 y 72.

1 ALONSO DE LE6N, Relación y Discursos, p. 100.
,. Documento del Parral, f. 18.

321
H21

�vento, fueron Fray Lorenzo González, el viejo, y Fray Martín de Altamira,
a quienes debemos considerar, fuera ya de toda fantasía o conjetura, como
los primeros evangelizadores del Nuevo Reino de Le6o. Así lo dice claramente Alonso de León: '"Año de seiscientos y tres, se libró mandamiento para
los oficiales reales de Zacatecas, que dieran la limoma de los religiosos, que
fueron Fray Lorenzo González, el viejo, y Fray Martín de Altamira; fueron
los primeros de esta conversión y religión . . . Estaban dos religiosos en el
convento de la ciudad, de buena v:ida y ejemplo, que eran los dichos Fray
Lorenzo y Fray Martín; éste fue lego, y por su sanüdad con que doctrinaba
los indios, le mandaron sus prelados ordenar. Salia la tierra adentro a predicar y catequizar a los indios, que era su mayor consuelo, en medio del
cual fue Dios servido pagarle su santo celo, llevándolo a la Provincia de
Coahuila, despoblada ya (por haberse retirado el Capitán Pedro Velada),
por volver con su predicación a regar aquellas plantas que alli habían quedado; y ellos, como vieron al Santo Religioso vestido de tanta humildad,
como si ganaran alguna prez y honra, le mataron no más de porque les
predicaba, hallando su alma en el cielo el precio de sus trabajos, y a tres
nahuatlatos que con él iban. e hlw después cruel materi en los indios, pagando con sus \'idas, mujeres e lújos la muerte cruel de un inocente ungido
de Dios".11 Tres importantes documentos corroboran lo dicho por Alonso de
León: una Información de Mér.tos de Francisco dt• Urdiñola, levantada en
la ViBa del Sal tillo en 1607; La In/ ormación de los Conventos, Doctrinás y
Conversiones que se han fundado en la Provincia de Zacatccas del año de
1622, y el Documento del Parral, ya mencionado. Los tres documentos constituyen fuentes de primera mano, fehacientes y de gran autoridad. Vito Alessio
Robles extracta así la lnformaci61t de Urdiñola en la parte que nos interesa:
"La muerte de Fray Altamira ocurrió a principios del año de 1607 y Jos
causantes de este asesinato fueron los indios quamoquanes de las márgenes
del Río adadores, que se habían levantado en rumas. Por encargo especial
del Virrey don Luis de Velasco, fue a combatir a estos indios el Capitán Urdiñola, Gobernador de la Nueva Vizcaya. Aparece en La información espe·cial levantada en Saltillo, a instancias de Urdiñola, que éste reclutó gente
en dicha Villa, que lo acompañaron en esta e.,--pedición el presbítero Waldo
Cortés y los capitanes Bernabé de las Casas y Alberto del Canto, y que los
e.'.--pedicionarios llegaron hasta las márgenes del Río Sabinas".u El mismo
documento habla de tres indios doctrineros que seguían a Fray Martín y que
también fueron muertos a flechazos. El Documento del Parral contiene dos
referencias especialmente importantes, pues vienen de las partes en pugna
n At.oNso DE LEÓN,

R11lación y Discursos, pp. 101 y 102.

"' Vrro ALESSIO ROBLES, Coahuila y Texas en la Epoca Colonial, p. 168.

322

por la jurisdicción de la Nueva Almadén, o sea, los gobernadores de la Nueva
Vizcaya y el Nuevo Reino de León: En la versión del Gobernador de la
Nueva Vizcaya se dice: " ... año de 1607 en 19 de octubre; el dicho señor Gobernador Francisco de Urdiñola ... que entró personalmente, como consta
de autos que están en este gobierno, y fue a castigar a los indios Couylas (sic)
que mataron al Padre Altamira y averiguó la muerte y ... castigó a los indios".l.3 Dice la versión del Gobernador del Nuevo Reino de León: " ... haber salido de este ciudad (Monterrey) el Padre Fray Martín de Altamira, religioso de la dicha orden de San Francisco, conventual del que en esta ciudad
está fundado, a predicar el Santo Evangelio y procurar la conversión de los
naturales, en cuya misión fue muerto por los indios de la dicha Provincja de
Coahuila, a cuyo castigo salió el Gobernador Diego de Montemayor y en esta
ocasi6n asimismo el dicho Señor Gobernador Francisco de U rdiñola, con orden de su Excelencia, y en cierto puesto, con todas cortesías, se conform:iron
a hacer el dicho castigo sin que hubiese impedimento de una a otra parte ... " 11 En La Información de los Conventos todos los testigos están contestes en su dicho. Tomemos el testimonio de Fray Francisco Santos: "Itero sabe
que mataron en Coahuila los indios chichimecos de aquella tierra al Padre
Fray Martín de Altamira, que les estaba administrando y doctrinan&lt;lo, al cual
conoció este dicho declarante y habrá que sucedió 14 años poco más o menos". Fray Pedro Juárcz añade un dato interesante: " ... le mataron dentro
de una hermita que estaba dedicada para que los dichos indios se juntasen
a la doctrina y allí lo flecharon estando de rodillas, recibiendo los golpes que
le dieron hasta que e.,-piró" .1 ~
Si hemos dedicado tanto espacio a este religioso es por dos poderosas razo-,
nes: que es el primero y el único mártir del noreste de México y que, también sobre él, corre, con gran fortuna, una falsa leyenda: en lugar de Altamira se le llama Altamirano y se señala como lugar de su martirio la estancia
de La Pastora, al pie del Cerro de la Silla, en los aledaños de la ciudad de
Monterrey y en ese lugar se ha erigido un monumento recordando su martirio.
El origen de esta leyenda, como de tantas, se encuentra en la Crónica de

Arlegui.1 ij
De la evangelización en el Nuevo Reino durante el siglo XVII, es muy poco
lo que tenemos que decir: ni las crónicas, ni los documentos consultados registran hechos verdaderamente importantes, ni personalidades dignas de especial mención: todo revela un estado de profunda decadencia en el espíritu
"Documento del Parral", f. 12 v.
" lbid., f. 18 v.
,. "Información de los Conventos" en Pa1uo FF.LTCJANO VEI.ÁZQUEZ, Colección d11
Documentos para la Historia de San Luis Potosi, vol. 1, pp. 125 y 135.
,. Alu.Eou1, Crónica, pp. 227-229.
0

323

�apostólico. No hay referencias de entradas de misioneros a tierras de infieles;
no encontramos ningún intento serio, de parte de los frailes, para sacar al
indio de la dura esclavitud de las encomiendas; no sabemos de ninguno de
ellos que se hubiese entregado al estudio de las lenguas que hablaban los nómadas. Remitimos al curioso lector al famoso parecer de Fray Francisco de
Ribera,1 7 tan contrario a los infelices indios; y Juan Bautista Chapa nos cuenta
de un religioso carmelita que entró al Reino a pedir limosna en el afio de
1668, y que viendo a 50 indios prisioneros "atados en una collera, dijo públicamente, que los más lo oyeron, que era lástima no ahorcarlos a todos ... " 19
En 1658, Fray Juan de Salas, Guardián del Convento de Monterrey, se quejaba ante el Gobernador don Martín de Zavala, de que habiendo " .. . ido a
algunas de las haciendas de los encomenderos a decir misa, a conocer la doctrina y señalarles temastianes a los indios. . . no he hallado ni aun disposición
para poder hacer una ramada a donde poderles decir misa y administrarles
decentemente y no me ha sido posible hacerlo ... ". 10 Y esta situación es constante, como lo revelan las sucesivas visitas de los gobernadores a las haciendas
y estancias de los encomenderos, donde nunca encuentran hecha la capilla a
que estaban obligados. Algunos muestran al gobernador algunos pocos materiales que han reunido para iniciar las obras y, años después, el mismo encomendero mostraba los mismos materiales a otro gobemador. 20
Alonso de León, en tono muy prudente y discreto, habla. del poco o ningún
éxito de los misioneros: " ... aunque es verdad que en tantos años como ha
que se empezó a promulgar el Evangelio, no hay un indio que se pueda decir
es cristiano en nombre y obras. . . No por eso se ha de decir es de parte de
los religiosos la falta, que si bien es, no ha habido en ellos la gracia de hacer
milagros1 ni el don de lenguas, como lo tuvieron los apóstoles, siendo un propio ministerio el de los unos y los otros, no dejarán de tener loables y probadas costumbres, para que con su vida y ejemplo, a ser gente menos inculta
la que habita esta región, estuvieran ya reducidas al gremio de la Iglesia, y
fueran dignos de llamarse hijos suyos; mas ¡ qué dolor! por justos ~ investigables juicios de Dios, no ha habido ningún español lengua en todo este Reino,
ni que siendo natural de él, haya recibido el hábito, quedando los indios en
su torpedad .. ". 21 Esto lo escribía Alonso de León en 1648. Los frailes, sin sa" JUAN BAUTJSTA CHAPA, "Historia del Nuevo Reino de León de 1650 a 1690"
en Historia de Nuevo Le6n, pp. 168-177, Monterrey, 1961 (Se trata de la segunda
edición del Alonso de Le6n preparada por Israel Cavazos Garza).
111 lbid., p. 163.
u "Queja de Fray Juan de Salas". Archivo Municipal de Monterrey, Ramo Civil,
vol. VII, Leg. 4, Exp. 16.
"' Archlvo Municipal de Monterrey: Visitas de gobernadores de diferentes fechas.
=• ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, pp. 68 y 69.

324

lir de su convento, se concretaban a bautizar, a casar o a enterrar a los indios
que los encomenderos les llevaban; pero sin ejercer la constante vigilancia de
los neófitos o de los catecúmenos, En 1635, Juanillo Mamalaohe, de nación
tepehuana, declaraba: "Siéndole preguntado si era cristiano: dijo que no se
acuerda Jo hayan bautizado, porque siendo chiquito estaba en servicio de (Pedro) Velada ... , y que los días pasados preguntó a su madre si era cristiano
(!, ella) le respondió qu~ no lo era, porque lo quería mucho (Había la superstic1on ,de que co~ el bautismo morí~) y por eso no le había dejado bautizar y
que él respondio que ya cuando vmo el Obispo se había confirma.do ... " 22 y
son numerosísimos los indios que, llevando nombres del Santoral, declaran no
ser cristianos y son también incontables los que los documentos llaman apóstatas por haber s_ido bautizados y vivir en su barbarie. Estos apóstatas y ladinos son los que siempre promueven las rebeliones.
En la primera mitad del siglo XVII 1a única empresa misional verdaderamente importante, tiene como escenario el Sur del Reino; entre los años de
1626 Y 1641 se desan·olla la interesante historia de las Misiones del Río Blanco, que exigiría capítulo aparte, pero que, por haber quedado fuera de la
influcnci~ de Mo~;crrey, no estudiaremos aquí. Su precursor fue Fray Lorenzo. Canru, Guardian del Convento de Santa María de las Charcas, y lo sigweron en la noble y difícil tarea, Fray Juan García, Fray Juan Caballero,
Fray Juan de San Gabriel, auxiliados eficazmente por el General don Femando Sánchez de Zamora, sobrino de Fray Juan Caballero y no de don Martín
de Zavala, como lo dije equivocadamente en otro trabajo. Estas misiones dieron origen a poblaciones como Aramberri y Zaragoza, en Nuevo León, e Hidalgo, en Tamaulipas.z 3
Después de la fundación del Convento de San Andrés en la ciudad de Monterrey, hecha antes del mes de mayo de 1604, se erigieron, en 1630, el de San
Gregario de Cerralvo, y en 1640, el de San José de Cadereita. 24 Además de
e~tos tres conventos, los franciscanos fundaron algunas misiones que, con excepción de la de Guadalupe de las Salinas (Salinas Victoria), establecida en 1636,
corresponden todas a la segunda mitad del siglo XVII. En 1646 se fundó la
Misión de San Cristóbal de Hualahuises, en 1675 la de San Nicolás de Gualeguas, en 1678 (Arlegui da 1654) la de San Pablo de Labradores. 23 A fines de
die~~ siglo, los ~ranciscanos de la Provincia de Jalisco iniciaron la conquista
espmtual de TeJas desde territorio de Coahuila y la región noroeste de Nuevo
» "Proceso contra Juanillo Mamalachc". Archivo Municipal de Monterrey Causas
Criminales, vol. I, Exp. 17.
'
"' FRRNANDO SÁNcnez D-E ZA111oaA, ''Descubrimiento del Río Blanco, etc." en
Juan Bautista Chapa, Historia, pp. 226-247.
,. ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos.
" ARLEOUJ, Cr6nica, pp. 106-108.

325

�León. El más interesante de todos ellos, dejando a Fray Juan Larios el lugar
especialisimo que por derecho le corresponde, es el inquieto fraile mallorquín,
Damián de Massanet, que tan importante papel desempeñó en las entradas a
Tejas en busca de los franceses, acompañando en todas sus entradas al General don Alonso de León. 26 Sin embargo, desde el punto de vista de la evangelización, está muy lejos de la perfección que sería de desearse: Fray Francisco
Mariano de Torres, en su Crónica, después de contamos cómo Fray Damián,
por ciertas discordias habidas en el Colegio de la Santa Cruz de Querétaro, de
las cuales era el promotor, fue depositado, como castigo, por orden del Comisario General, Fray Juan Capistrano, en la Provincia de Jalisco, y de allí enviado a las Misiones de Coahuila, le hace esta grave acusación: " ... quiso tener misión por sí. . . y no teniendo espíritu de convertir gentiles, se arrastró
gran parte de las estrellas o indios cristianos que, con grande estabilidad tenían hecho wi cielo la Misión de la Caldera. Resistiéronse tanto los indios que,
para desnaturalizados, les quemó las casas, taló las huertas y les cortó las parras y otros árboles que habían criado, lo cual agrió tanto a los indios tlaxcaltecas que nuestros religiosos habían llevado a poblar en dicha misión. . . que
se vinieron a su Pueblo de San Esteban del Saltillo, dejando la Misión sin fiscales, cantores, ni sacristanes. Pero, teniendo el Padre Fray Damián al gobernador Alonso de León, todo en su favor, se salió con su intento y, a una legua
de distancia de la Caldera, pobló una Misión con las naciones Xacajes, milijaes
y alijaes, que se sacó, y puso por nombre el de Santiago". 2 • Fue la Misión de
Santiago de la Candela, fundada en 1688. Diez años más tarde, siendo Guardián del Convento de la Santa Cruz de Querétaro Fray Margil de Jesús, envió
a Fray Diego de Salazar y a Fray Francisco Hidalgo a misionar a tierras de
Coahuila y Nuevo Reino de León. Después de visitar Monterrey, pasaron a
Boca de Leones, en donde los indios les descubrieron las vetas minerales. De
allí pasaron al paraje llamado Ojo de Agua de los Lampazos, en donde el 12
de noviembre de ese año de 1698 fundaron una misión bajo la advocación de
Nuestra Señora de los Dolores.
La entrada de los padres del Colegio de Propaganda Fide de la Santa
Cruz de Querétaro, señala el principio de un notable florecimiento misionero
en el noreste. No olvidemos que no fue sino hasta fines del siglo XVII y
principios del siglo XVIII cuando empiezan las quejas y las representaciones
de los frailes misioneros contra el abuso de las congregas.
A principios de enero de 1714, Fray Antonio Margil de Jesús, acompañado
de Fray Matías Sáenz de San Antonio y de otro religioso, salió de su Cole'" Para el estudio de las expediciones del General Alonso de León hay una abundantísima bibliografía que no sería pertinente detallar aquí.
:n FRAY FRANCISCO MARIANO DB TOR.Rl!:s, Cr6nica, pp. 63 y 64.

326

gio de Guadalupe de Zacatecas, rumbo al Norte, con el designio de plantar
misiones en tierras de infieles. Con aquel sin igual gracejo escribía un poco
antes: "Ya que este pobre Colegio (Guadalupe de Zacatecas) hasta ahora
no ha podido tratar de infieles, será bueno que yo, como indigno negrito de
esta mi Ama de Guadalupe, pruebe la mano y Dios Nuestro Señor obre". 28•
Y a pie, como siempre viajaba, fue cruzando aquellos inmensos despoblados
hasta la Villa del Saltillo, situada a más de 90 leguas de su Colegio, y ya
para entonces Fray Margil se iba haciendo viejo: "Frisaba en los sesenta;
estaba calvo; solo un angosto cerco de cabellos blancos le adornaban como
aureola la cabeza, un poco caída. Estaba flaco de carnes, encorvado liaeramen te hacia adelante. Sus pies eran feos, costrudos y negros como los d; los
indios. Ya había perdido gallardía y celeridad. Caminaba despacio aunque
con cierta firmeza que dejaba adivinar sus bríos de andarín incomparable. El
Margil de 1689, el que en la Talamanca y en las montañas del Cho! dejaba
atrás a las mulas andadoras, era ya abuelo que se fatigaba en los caminos.
Algo no había perdido: su alegría. La llevaba íntegra cuando con su compañero (sic) Fray Matfas iba por los campos yermos del norte rumbo a las
tierras de infieles" 2 ª. Este magnífico retrato del Santo Misionero en la época
en que entró al Nuevo Reino, se debe a la pluma de Eduardo Enrique Ríos,
el mejor de sus biógrafos.
Llegaron los religiosos a la ciudad de Monterrey, donde misionaron aquella cuaresma. Terminada la misión, salieron rumbo al Río de Salinas por
Boca de Leones y Lampazos, y el 15 de Mayo de 1714, fundó Fray Margil la
Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, la primera que nacía del Colegio
de Zacatecas. Las tierras para establecer la misión fueron donadas por el •
Bachiller Don Francisco de la Calancha Valenzuela, en quien Fray Margil
encontró gran ayuda y un firme apoyo. Durante junio y julio de ese año
Fray ~largil salió en busca de indios gentiles y logró reunir muchos. Pero:
a mediados de agosto, la vecina Misión de San Miguel Arcángel, que era de
los padres de Querétaro, fue asaltada por los indios tobosos, que la destruyeron matando a una mujer y flechando a un pastorcito y desnudando a Fray
Pedro Muñoz, que vivía solo entre los indios; milagrosamente escapó con
vida y "cubierto sólo con la vergüenza y un pedazo de enjalma", fue a refugiarse a la Misión de Guadalupe con Fray Margil, quien lo recibió "con repique de campanas y cantando el Te Deum Laudarnus, y lo llevó desnudo a
su pobre iglesia a celebrar, con acción de gracias, su honroso triunfo". Al
día siguiente, a la madrugada, le prestó su hábito para, que dijera Misa.
La dijo después 'el siervo de Dios. Le formó y cosió por sus manos un nuevo

~ Carta citada por
21

EDUARDO ENRIQUE

Ríos, Fray Margil de Jesús, pp. 151-160.

Ibid., p. 156.

327

�hábito de una sabanilla de lana blanca que era el ajuar umco de su cama1
y dispuso se matase un cabrito para celebrar con su hermano aquel día
como festivo", Pero este fue eJ fin de aquella primera Misión que, lo mismo
que la de San Miguel, quedaron definitivamente abandonadas, y los religiosos tuvieron que refugiarse en la Misión de Nuestra Señora de los Dolores
de la Punta de Lampazos. Después de varios intentos de restablecer su Misión de Guadalupe, cosa imposible por las constantes hostilidades de los terribles y crueles tobosos, a fines de septiembre de 1714, salió Fray Margil
a predicar por los lugares que estaban poblados. Hizo misión en Boca de
Leones y en muchos ranchos y pastorías. Pasó a Cadereita, al Valle del Pilón,
a Hualahuises, Linares, Valle de Huajuco y, en febrero de 1715, misionando
sin descanso, llegó hasta el Valle de la Mota (General Terán, N. L.). El
incansable andariego no se daba reposo. Desde la Mota, por el mes de abril,
se fue con sus compañeros a Lampazos, de a\ú a Boca de Leones y Sabinas;
después, llevando una sola escolta, salieron a Boca de Leones rumbo a las
Misiones de San Juan Bautista del Río Grande y San Bernardo, donde el 6
de Marzo se habían sublevado los indios; viendo que era imposible fundar
misiones por aquellos parajes, se fueron a San Francisco de Coahuila (Monclova), y de allí volvieron a Lampazos. Tiempo después, ya sin escolta,
los tres religiosos, en ese mismo año de 1715, fundaron, a orillas del Río Salado, la segunda Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, que pronto tuvieron que desamparar por el constante peligro de los indios de guerra.
Pero el infatigable anciano, con nuevas energías, sacadas de su fracaso,
volvió a misionar en ranchos y past~rías hasta volver, por el mes de diciembre, a Boca de Leones. En este lugar fundó Fray Margil el Hospicio del Real
de Boca de Leones con el título de Nuestra Señora de Guadalupe, en una
casa que generosamente clonó Don Francisco de la Calancha y Valenzuela y
que fue la única fundaci6n, de las que intentara Fray Margil, que llegó a
consolidarse. La toma de posesión de este Hospicio, por los misioneros de
Guadalupe de Zacatecas, tuvo lugar el día 14 de agosto de 1716.
He aquí, a grandes rasgos, las empresas del "Peregrino Septentrional
Atlante" en tierras del Nuevo Reino de León. Si bien es cierto que fracasó
en su intento de fundar misiones entre los indios infieles, este fracaso, a mi
juicio, se tradujo en un mayor bien para el Nuevo Reino: no sólo los indios
paganos estaban necesitados de su encendida predicación y de su presencia
ejemplar; los vecinos españoles, los pastores y los indios cristianos, estaban
urgidos también de que se les anunciase, por boca de un Santo, la divina palabra. Es indudable que la predicación de Fray Margil logró mover muchos
endurecidos corazones y derramar abundantes las divinas gracias sobre aquellas almas.

Historiador do11 Pablo Herrera Carrillo.

328

�INDICE DE ARTJCULOS DEL HISTORIADOR LIC. D.
PABLO HERRERA CARRILLO ( 1895-1957)
ToMÁs MENDIRICHAOA CUEVA
Socied.id ~uevolcone_sa de Historia

del historiador don Pablo Herrera Carrillo,
autor de Fray ]unlpero Ser,a, civilizado, de las Californias (México, tres
ediciones: 1943, 1950 y 1960) y Las siete guerras por 1'exas (México, 1959),
he reunido en este "Indice" los títulos de 125 trabajos suyos que vieron la
luz en distintas publicaciones. Estos artículos dispersos no han aparecido coleccionados en libro.
EN HOMENAJP. A LA .MEMORIA

La mayor parte de la valiosa producción histórica del Lic. Herrera Carrillo

se encuentra en las colecciones de periódicos y revistas donde fue publicada.
Por tal motivo su labor e~, ciL·rtamcntc, desconocida.
El presente "índice,,, al agn1par algunas colC&lt;".ciones de sus artículos, pretende dar a conocer, si no la totalidad, por lo menos una parte de la interesante ohra hist6rica &lt;lcl mencionado autor, en conmemoración del septuagésimo nni,·ersario de su natalicio, Por lo tanto, no es éste un registro de todos
los trab;,jos del Lic. l lerrera Canillo. Es sólo un "índice" que comprende la
última etapa de su vida, casi dos d~cadas de actividad intelectual.
Creo, por último, que el material que he reunido en esta investigación,
por su calidad, mt'rcce editarse en libro. Varios de estos escritos no dudamos
en calificarlos de obras maestras.
La .recopilación de la obra dispersa &lt;1ue aquí se menciona &lt;"stá dispuesta
por on.lm crono16gico y organizada en la fonna siguiente:

1:.1 Movimiento His16rico u1 México: seis artículos.
La Vo:: Guadalupana: once artículos.
Lectura: seb artículos.
Orden: tres artículos.
Onda: doce artículos.

329

�Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística: un artículo.
Trivium: cuatro artículos.

6. Historia Natural y Moral de las Indias. 2 No. 5, lo. de septiembre de
1940, pp. 10 y 19.

Revista Minera y Petrolera: veintidós artículos.
Excélsior: veintiún artículos.

LA Voz

La Nación: treinta y nueve a1tículos.

Revista mexicana de cultura

D~n Pablo Herrera Carrillo nació "en la casa solariega de sus padres", en
Calvillo (Guanajuato), el 29 de junio de 1895 y murió en la Ciudad de México el 25 de agosto de 1957, a los 62 años de edad.

EL MovrMmNTO HISTÓRICO EN

GuADALUPANA

MÉx1co

Director: Lic. Pablo Herrera Carrillo. Secretario de Redacción: Antonio
Pompa y Pompa. Registrada como mensual, sólo aparecieron cinco números
(noviembre de 1937-septiembre de 1940): número 1 noviembre de 1937·
' número 4, lo. de'
número 2, abril de 1939; número 3, mayo-junio de 1940;
julio de 1940 y número 5, lo. de septiembre de 1940. Colección completa
consultada en la .Biblioteca Central del Instituto Nacional de Antropología
e Historia (Ciudad de México) .
Varias críticas de libros y otros trabajos breves de esta publicación aparecen con las iniciales PHC. Hay interesantes comentarios, noticias, artículos
cortos y secciones de la revista que son, indudablemente, del citado autor,
aunque no llevan firma. Sólo mencionamos los trabajos más importantes.

Organo de la Insigne y Nacional Basílica y de la Archlcofradía Universal
de Nuestra Señora de Guadalupe. Director: Don Joaquín Cardoso, S. J. Jefe
de Redacción: Don Antonio Pompa y Pompa.
Desde agosto de 1939 hasta mayo de 1940 apareció en esta revista una
serie de artículos del historiador Herrera Carrillo bajo el título de "Lo que
México debe al Clero". Aparte de dicha colección de trabajos, salió un artículo
que no se refiere al tema y, un año después, apareció otro en la misma publicación, que también registramos en el presente "índice". Biblioteca U niversitaria "Alfonso Reyes". Monterrey, N. L.

7. La cooperaci6n del Clero

en las grandes obras del desagüe del Valle
de México. Agosto de 1939, pp. 13 y 14.
8. El concurso del Clero en la soluci6n del problema de las comunicaciones entre Sonora y las Ca/.ifornas. Septiembre de 1939, pp. 15, 16 y 18.
9. El Clero y las grandes rutas de comunicaci6n de nuestro país. Octubre
de 1939, pp. 11, 12 y 16.
10. El Clero, la lucha por el Derecho y el triimfo de la Justicia Social. No-

viembre de 1939, pp. 15-17.

11. La labor educativa más grande que registra la Historia del Mundo.
l. Napoleón Bonaparte asume la dirección del Movimiento de Independencia en México. 1 No. 1, noviembre de 1937, pp. 1, 4, 8 y 12.
2. Apttntes para una Historia de la Pirateria en el Golfo de México,
durante la Guerra de Independencia. No. 1, noviembre de 1937, pp.
9, 10 y 14.

3. Toma de posesión de Alaska por la Nueva España. No. 2, abril de 1939,
pp. 1, 7, 8 y 16.
4. Papel de las Antillas en la desintegración del mundo hispanoamericano.
No. 3, mayo-junio de 1940, pp. 5, 6, 12 y 13.

5. Influencia de la Minería en nuestro desenvolvimiento histórico. No. 5,
lo. de septiembre de 1940, pp. 1, 2, 3, 15 y 16.
' Este trabajo va firmado con las iniciales PHC.

330

Diciembre de 1939, pp. 17, 18 y 20.
12. El Clero ha construido los mejores puentes sobre el Rlo Lerma. Enero
de 1940, pp. 15, 16 y 20.
13. El Rfo Lerma. La cuenca de los cereales, la zona fundamental de México. Enero de 1940, pp. 16 y 20.
14. El gran eje agustino: Morelia-Salamanca. Febrero de 1940, pp. 15,
16 y 20.
15. El sistema de riego más grande del Bajío, "el granero de la República".
Marzo de 1940, pp. 15-17.
16. El alma musical de México. 3 Mayo de 1940, pp. 11, 12, 13 y 18.
17. Frailes andariegos. Julio de 1941, pp. 15 y 16.
• Es una extensa nota bibliográfica sobre la obra del mismo título del P. Joseph de
Acosta, S. J.
' Este ensayo, ampliado por su autor, se publicó siete años después en la Revista

331

�LECTURA

ÜNDA

Revista crítica de ideas y libros
Director: Dr. Jesús Guisa y Azevedo. Jefe de Redacción: Juan Sánchez
Navarro; después lo fueron sucesivamente Edmundo S. Meouchi, Bernardo
Claraval, Pablo Antonio Cuadra, Carlos Navarrete y Salvador de la Cruz
García. Registrada como mensual, apareció el lo. de mayo de 1937, pero a
partir de julio de 1938 se convirtió en quincenal y hasta ahora sigue publicándose. Fueron consultados desde el número l hasta el último del año 1957,
en total 462 números. Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes" y Biblioteca
del Instituto Tecnológico. Monterrey; N. L.

18. Sobre Juárez. 4 Septiembre 15 de 1939, pp. 88-107.
19. La cuestión del petróleo y nuestra "segunda Independencia". Noviembre lo. de 1939, pp. 12-19.
20. La revancha de María Antonieta. Diciembre 15 de 1939, pp. 237-245.
21. La gran paradoja de México: con la Independencia perdió su independencia. Febrero lo. de 1940, pp. 135-143.
22. El enigma de Hitler. Febrero 15 de 1940, pp. 199-206.
23. Los grandes temas de la Guerra. Septiembre lo. de 1940, pp. 7-14.

ÜRDEN

Organo de la Unión Nacional Sinarquista. Director: Rubén Mendoza Heredia; después ocuparon el cargo el Lic. José Trueba Olivares, Antonio Ocampo
y Felipe Navarro. Apareció como revista gráfica mensual en septiembre de
1942, pero a partir de septiembre de 1944 se convirtió en quincenal. Consultados desde el número 1 hasta el 25, fechado el 5 de octubre de 1944-. Hemeroteca Nacional (México, D. F.).
24. El parásito. No. 3, noviembre de 1942, p. 27.
25. La hermana esclavizada. No. 5, enero de 1943, pp. 21-23.
26. Baja California canta como la sirena. 5 No. 9, junio de 1943, p. 26.
Onda con el titulo siguiente: "La conquista musical de América por España"; véase
la ficha 38.
• Artículo firmado por el Lic. Toribio Esquive) Obregón y el Lic. Herrera Carrillo.
1 Es un fragmento de su obra Fr. Junípero Serra, civilizador de las Californias". México, 1943.

332

Organ~ mensual ?el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterre~. Du·ector: 1:licardo Medrano C.B.I.; después lo fueron el Dr. Joaqtún
Rodnguez Y Rodnguez y el Ing. Arturo Ulloa. Consultada la colección completa: 32 números (octubre de 1944 - septiembre de 1947); segunda tercera
y cuarta épocas.º Biblioteca del I.T.E.S.M. Monterrey, N. L.
'

27. Esplendor y miseria de la minería en México. 1 Diciembre lo. de 1944,
pp. 20-23.
28. La mujer que forjó España. 8 Enero lo. de 1945, pp. 43-49.
Apuntes Biográficos del Lic. don Pablo Herrera Carrillo.º Febrero lo.
de 1945, pp. 72 y 73 (Está equivocada la numeración, por lo tanto
deben ser pp. 62 y 63) .
29. Kino, el hombre que añadi6 a México un Imperio. Marzo lo. de 1945
pp. 46-53.
'
30. Establecimiento del correo público entre Monterrey y San Luis Potosí.
Mayo lo. de 1945, pp. 57-59.
31. Cuando México era el país de la abundancia. Julio lo. de 1945 pp.
38-45.
'
32. Importancia del estudio de la Historia para los alumnos del Tecnológico.
Agosto lo. de 1945, pp. 38-40.
33. Nuevos aspectos históricos del Movimiento de Independencia. Diciembre lo. de 1945, pp. 52-56.
34. Nuevos aspectos históricos del Movimiento de Independencia (II).
Enero de 1946, pp. 52-56.

35. La España de Unamuno. Febrero de 1946, pp. 41-47.
36. Nuestro complejo de inferioridad y la Guerra con los Estados Unidos.
Noviembre de 1946, pp. 68-84.
• En su primera época la revista Onda fue la publicación estudiantil de los alumnos
del ITESM. Después pasó a ser el órgano oficial del mismo Instituto Tecnológico.
' Este ensayo se volvió a publicar en Lectura, marzo 15 de 1945, pp. 95-102.
• Este trabajo fue reproducido en Lectura, diciembre lo. de 1945, pp. 136-148.
. • Ottos ~to~ sobre el bistoriador Herrera Carrillo en la Gula de personas que cultiuan la Histona de AméricaJ Instituto Panamericano de Geografía e Historia México
1951, p. 203. También en la extensa noticia necrológica del Prof. José Axenas' Sánchez1
aparecida en el periódico El Sol de Guanajuato, del viernes 30 de agosto de 1957, p'.
l. Véase además Los tres amigos de Job, semblanza por el historiador don Antonio
Pompa Y Pompa, en el periódico El Nacional de la ciudad de México, agosto 30 de
1957, pp. 3 y 8.

333

�37. Nuevos temas sobre el Mediterránco. 1° Febrero de 1947. pp. 67 y 68.
38. La conquista musical de América por España. 11 Marzo de 1947, pp.
37-52.

BOLETÍN DE LA

41. El color en la poesía de González Martínez. 13 Núm. 6, abril de 1949,
pp. 2-8.
42. La Civilización Occidental no está en bancarrota. Núms. 9 y 10, julio
y agosto de 1949, pp. 3-9.
43. El Cid de Juan Crist6bal.1·' Año II, número 7, mayo de 1950, pp. 16-20.

SocmoAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA v ESTADÍSTICA

EJ primer número de esta publicación centenaria aparec.io en marzo de
1839, siendo su Director don José Gómez de la Cortina. Conde de la Cortina.
Consultados los años 1930 a 1957, inclusive, en la Biblioteca Universitaria
"Alfonso Reyes" y 1a Biblioteca del Instituto Tecnológico. Monterrey, . L.
39. Integración y posterior dislocación geográfica del imperio Español. 12
Septiembre-octubre de 1946, pp. 263-275.

TRTVIUM

Organo del Departamento de Humanidades del Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey. Consejo Editorial: Lic. Alfonso Rubio y
Rubio, Lic. Fortino López Legazpi y ProL Porfirio • fartínez Peñaloza. A
partir del númem once, fechado en septiembre de 1949, aparece como Director el Lic. Rubio y Rubio. Fueron , ubdirectores1 sucesivamente, Martínez
Peñaloza, Jorge Eugenio Ortiz y Salvador Guandique y Jefes de Redacción
Guandique, Ortiz y el Prof. Eugenio del Horo. Esta revista mensual se publicó desde noviembre de 1948 hasta octubre de 1951. Colección completa
consultada: 36 números. Biblioteca del I.T.E.S.M. Monterrey, N. L.

REVISTA MINERA y PEn.OLERA

Editada por Publicaciones RoJJand, S. de R. L., Editor: Alberto J. Rolland.
Director: Ing. Modesto C. Rolland.
Bajo eJ título de La Historia de la. Mi11ería en México, apareció en esta
publicación mensual desde agosto de 1949 hasta julio de 1952. una serie de
trabajos del historiador Herrera Carrillo, que constituyen varios capítulos de
una obra en preparación. Algunos artículos no lle,·an título, por lo tanto
hemos puesto el primer subtítulo que aparece. La numeración de las páginas
de estos trabajos1 es aparte de la paginación de la re,ista. Hemeroteca acional (México, D. F.).

44. La minería de Zacatecas en los destinos de México. Exploración )' población de los desiertos del Norte. No. 191. agosto de 1949, pp. 1-6.
45. VII. Una empresa generosa; la reconquista del Nuevo Reino. (Continuación del anterior). ro. 192, septiembre de 191-9, pp. 7-8.
46. Los ingleses y los alemanes en fas minas de Mb:ico, a raíz de la Inde- ,
pendencia. :r-.o. rn2, septiembre de 1949, pp. 8-14.

47. LoJ ingleses y los alemanes en las minas de México ... (Continuación).
No. 193, octubre de 1949, pp. 15-18.

40. Estampa.s de Monterrey. Núm. 1. Sin fecha, pero seguramente es de
noviembre de 1948, pp. 14 y 15.
Son "palabras de presentación" a los trabajos de Historia Universal, que aparecen en seguida, escritos por cinco alumnas del Lic. Herrera Carrillo. En las páginas 87
y 88 hay unas "notas del profesor", acerca de Goethe, fiimadas por PHC.
11 Se reprodujo en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografla " Estadl.slica,
mayo-junio de 19+7, pp. 609-640; en El Sembrador, órgano de la Asociación de Clubes de SembradOTcS de Amistad, junio de 1947, pp. 15-28, y en Lectura, lo. de diciembre del mismo año, pp. 139-169.
" El lli. Herrera Carrillo ya había publicado en este Boletín dos breves notas bibliográficaB, que aparecieron en el año 1943: enero-abril, pp. 254-258 y mayo-diciembre, pp. 460-463. Después de este importante trabajo, se reprodupo su valioso ensayo
sobre la conquista musical de América, aparecido primeramente ea La Vo: Guadalupana y posteriormente en Onda, como quedó aclarado en las notas 3 y ll ; véanse las
fichas 16 y 38.
10

334

48. Introducción de las "bombas de fuego" en la minería dP nuestro país.
(Primera Parte) 15 ro. 194, noviembre de ]949. pp. 19-24.
49. lntroducci6n de las "bombas de fuego".. . (Segunda Parte). No. 195,
diciembre de 1949, pp. 25-28.

50. Los Obregones instalan la primera máquina de va/1or en "Real de Catorce". No. 196, enero de 1950, pp. 29-32.
51. El Visitador Gáluez, un gran personaje casi desconocido. No. 197, febrero-marzo de 1950, pp. 33-36.
u Se publicó después en el tomo 5 de la Colección Camelina (Monterrey, 1949) que
dirigió el Lic. Rubio y Rubio.
u Este artículo aparece firmado en Madrid el 23 de mar;;o de 1950.
Concluye el capítulo anterior y en seguida se inicia ~ste.

14

335

�52. Repentina aparición de "casas de moneda'' regionales. No. 198, abril
de 1950, pp. 37 y 38.
53. Repentina aparición de "casas de moneda" regionales. No. 199 (¿ Concluye?),1n mayo de 1950, pp. 39-42.
54. Creación del Real Tribunal de Minería de la Nueva España. No. 201,
agosto de 1950, pp. 47-50.
55. Creación del Real Tribunal de Minería de la Nueva España (Continuación). Nos. 202-203, septiembre-octubre de 1950, pp. 51-54.
56. Creación del Real Tribunal de Minería de la Nueva España. (Concluye). Se inicia otro capítulo: Fausto de Elhuyar (Primera Parte). Nos.
204-205, noviembre-diciembre de 1950, pp. 55-58.
57. Fausto de Elhtl')'aT (Continuación). Se inicia la Segunda Parte: El
Marqués de Rayas contra Ell,uyar.17 No. 206, enero de 1951, pp.
59-62.
58 .... (Continuación) .18 Se inicia otro capítulo: Completo fracaso del beneficio de platas del Ba,6n de Bom. Nos. 209-210, abril-mayo de 1951,
pp. 71-78.
59. Completo fracaso del beneficio de platas del Barón de Born (Continúa). Nos. 211-212, junio-julio de 1951, pp. 79-82.
60. Completo fracaso del beneficio de platas del Barón de Born (Concluye). Se inicia otro capítulo: Los últimos años de la minería colonial.
No. 213, agosto de 195 l, pp. 83-86.
61. Los últimos años de la mineria colonial (Continuación). No. 215, octubre-noviembre de 1951, pp. 87 y 88.
62. Los últimos años de la minerEa colonial (Concluye). Se inicia otro capítulo: Análisis de nuestro régimen minero de principios del siglo XIX
(Primera Parte). Nos. 216-217, diciembre de 1951-encro de 1952, pp.
89-92.
63. Análisis de nuestro régimen minero de principios del siglo XIX (Continuación). Se inicia la Segunda Parte. Nos. 218-219, febrero-marzo
de 1952, pp. 93-96.
64. Análisis de nuestro régimen minero de principios del siglo XIX (Concluye) Nos. 220-221, abril-mayo de 1952, pp. 97-99.
'" En el número 200, junio-julio de 1950, no aparece el artículo correspondiente, en
el ejemplar que pertenece a la Hemeroteca NacionaJ de México. En el 201 está duplicado el articulo correspondiente a este número.
11 En l.i colecci6n de la Revista Minera " Petrolera, que existe en la Hemeroteca
Nacional, falta el número 207-208, febrero-mano de 1951. El número 214, de septiembre del mismo año, no 1e publicó.
1ll Ignoramos el título debido a que falta el número anterior.

65. Un extraño movimiento de, huelga.u Nos. 222-223, junio-julio de 1952,
pp. 101-104.

ExcÉLSIOR

Esta colecci6n de artículos apareció en la sección dominical "Diorama de
la Cultura" del diario capitalino, desde principios de marzo de 1951 hasta
principios de agosto de 1953. Hemeroteca Nacional, Ciudad de México.

66. Aventura del hombre en América Española. La técnica minera mexicana.20 Marzo 4 de 1951, pp. 5 y 8.
67. La traición de Saiita Anna (I). Mayo 27 de 1951, pp. 5 y 12.
68. La traición de Santa Anna (II). Junio 24 de 1951, pp. 8 y 11.
69. La traición de Santa Anna . .. a los Estados U nidos ( III). Julio 8 de
1951, p. 14.
10. La traición de Santa Anna a los Estados Unidos (IV) .21 Agosto 19 de
1951, pp. 5 y 11.
71. Zavala, hombre de Poinsett. 22 Noviembre 25 de 1951, pp. 7 y 10.
72. Napoleón Zcrman contra Baja California. 28 Enero 13 de 1952, p. 8.
73. California, el paraíso perdido. 24 Marro 9 de 1952, p. 8.
7+. Historia de un nuevo aroma en Veracruz. 26 Marzo 23 de 1952, p. 8.
75. lnstantero de Semana Santa en Sevilla. Mayo 25 de 1952, pp. 7 y 12.
76. Matamoros: significación histórica. 26 Agosto 3 de 1952, pp. 7 y 12.
77. Galicia, donde nació la Salue. 21 Agosto 31 de 1952, pp. 10 y 11.
" Trata de la famosa huelga minera, iniciada en agosto de 1766 en los minerales de
Pachuca y Real del Monte, propiedad de don Pedro Romero de Terreros, Conde de
Regla. Tal parece que ~ste es el último artículo publicado, quedando el capitulo sin
concluir. La colecci6n de la revista, correspondiente al año de 1953, no existe en la
Hemeroteca Nacional; quizá se dej6 de publicar.
• Se publicó antes en Lectura, lo. y 15 de febrero de 1951, pp. 239-244.
21 Unos días antes apareci6 en Lectura, agosto 15 de 1951, pp. 20-l-209.
!: Se reprodujo, anónimo, en Lulura, lo. de enero de 1952, pp. 13-19.
lll Este trabajo apareció en Exci/siar, firmado erróneamente por Pedro Frank de
Andrea.
" Una semana antes se publicó en Lectura, lo. de marzo de 1952, pp. 14-18.
u Apareció posteriormente en Lectura, lo. de abril de 1952, pp. 75-78, bajo el titulo
de "La historia y el aroma".
.. Este articulo se reprodujo con el titulo de "El separatismo en Tamaulipas" en
Lectura, lo. de septiembre de 1952, pp. 26-30.
11 Se publicó tambibl en Ltctura, septiembre 15 de 1952, pp. 57-60, bajo el ütulo de
"El camino de Señor Santiago y México".

337

336
H22

�78. Galicia, la tierra donde naci6 la Salue (II). Octubre 5 de 1952, pp.
10 y 16.
79. La Independencia como problema. 28 Septiembre 21 de 1952, pp. 10 yl1.
80. El octavo día de la Creaci6n. 29 Noviembre 9 de 1952, pp. 6 y 7.
81. Las misiones, vencedoras del espacio y del tiempo. 80 Diciembre 14 de
1952, pp. 6 y 8.
82. Acento circunflejo sobre México. Enero 18 de 1953, pp. 10 y 11.
83. Humboldt, el viajero por antonomasia. 31 Marzo 15 de 1953, pp. 10 y 11.
84. Los orígenes remotos y secretos de la Independencia de Hispanoamérica.32 Abril 26 de 1953, pp. 7 y 11.
85. El dilema inglés: conquista o independencia de Hispanoamérica. 33 Mayo
17 de 1953, p. 10.
86. Alamán contra Poinsett. 3* Agosto 9 de 1953, pp. 7 y 11.

LA

NACIÓN

Organo del Partido Acción Nacional. Fundador: Carlos Septién García.
Director: Alejandro Avilés. Revista semanal; el primer número apareció con
fecha 18 de octubre de 1941 y aún se sigue publicando.
La siguiente colección de artículos apareció desde marzo de 1953 hasta
agosto de 1954. Algunos de estos trabajos ocupan dos páginas y en ambas
aparecen extensos encabezados, por lo tanto sólo citaremos como título el primero. Biblioteca Universitaria 'Alfonso Reyes". Monterrey, N. L.
87. En manos extrañas, el valle de Mexicali era cuña que separaba la península ... Núm. 597, marzo 22 de 195"3, pp. 8 y 9.
88. El Tratado de Aguas reprime el ímpetu agrícola de Baja California.
Núm. 598, marzo 29 de 1953, pp. ll, 12 y 13.
21 Apareció después en Lectura, lo. de octubre de 1952, pp. 85-89, con el siguiente
título: "La Independencia de 16 de septiembre no es la Independencia".
'" Se reprodujo en Lectura, lo. de diciembre de 1952, pp. 8i-90.
10 Después se publicó en Lectura, enero 15 de 1953, pp. 53-57, con el título de "Las
misiones españolas".
"' Se reprodujo en Lectura, lo. de abril de 1953, pp. 79-82.
"' Apareció en Lectura, junio 15 de 1953, pp. 112-115, con el siguiente titulo: "Las
sociedades secretas y la Independencia de Hispanoamérica".
ª Se reprodujo en Lectura, lo. de junio de 1953, pp. 84-87, bajo el titulo de "Los
Libertadores de América trabajaban para Inglaterra".
11 Una semana después apareció en Lectura, agosto 15 de 1953, pp. 116-119, con el
título de "Poinsett y Alamán frente a frente",

338

89. Los Estados Unidos están minados por células sovietistas incrustadas en
su vida .. . 3 ~ Núm. 600, abril 12 de 1953, pp. 6 y 7.
90. Los hombres que hicieron a México, pueblo de formaci6n pla11eada.
Núm. 601, abril 19 de 1953, pp. 8 y 9.
91. La Civilizaci6n es una. Núm. 602, abril 26 de 1953, p. 9.
92. México, puente de razas y culturas. Núm. 604, mayo 10 de 1953, p. 9.
93. El comunismo. Núm. 607, mayo 31 de 1953, p. 16.
94. Los muertos que vos matasteis, gozan de cabal salud. Ní1m. 608, junio
7 de 1953, p. 9.
95. El problema número 1 de México: la conservación del suelo. Núm. 609,
junio 14 de 1953, p. 9.
96. El nuevo experimento del Dr. Moreau. Núm. 610, junio 21 de 1953,
p. 10.
97. El caso Rosenberg y la traici6n de los Orandes. Núm. 611, junio 28
de 1953, p. 9.
98. C6mo fueron entregadas a Rusia varias naciones de Europa ~, Asia.
Núm. 614, julio 19 de 1953, p. 13.
99. Guanajuato, clave de caminos. Núm. 615, julio 26 de 1953, p . 13.
100. Estas son las causas del desastre de Corea. Núm. 616, agosto 2 de 1953,
p. 9.
101. Derrotismo norteamericano. Núm. 619, agosto 23 de 1953, p. 16.
102. El dinámico paisaje veracrnzano en la obra de Rafael Delgado. 30 Núm.
620, agosto 30 de 1953, p. 13.
103. El Sub-Comité de Seguridad norteamericano ratifica lo dicho por "La
Nación. Núm. 621, septiembre 6 de 1953, pp. 10 y 11.
104. El plebiscito de los pájaros en el antemu ral del desierto. Núm. 624,
septiemb1·e 27 de 1953, p. 8.
105. El loco de las presas. Núm. 626, octubre 11 de 1953, p. 9.
106. Rebelión contra el Emperador sin corona de América Central. Núm.
627, octubre 18 de 1953, p. 16.
107. Los Estados Unidos avanzan sobre nuestro territorio.3' Núm. 628, octubre 25 de 1953, p. 28.
11 Este artículo provocó 1.1-na réplica, publicada en La Naci6n (número 601, página
20). La contestación del Lic. Herrera Carrillo se publicó en el número 602. página 2.
En el número 604, página 16, aparece otra réplica de quien inició la polémica. El Lic.
Herrera Carrillo respondió, sin referirse a su contradictor, con el trabajo sobre "El
Comunismo'', que apareció en el número 607; véase la ficha 93.

• Se reprodujo en L11ct11ra, septiembre lo. de 1953, pp. 20-25, con el título de "Rafael Delgado y su paisaje veracruzano".
a; Se publicó en Lectura, noviembre lo. de 1953, pp. 12-17, bajo el título siguiente:
"Falcón, o el despojo manifiesto del Destino Manifiesto".

339

�108. Comunismo en la O.N.U. Núm. 629, noviembre lo. de 1953, p. 13.
109. Cómo ha enseñado la oreja el ex Presidente Truman. Núm. 632, noviembre 22 de 1953, p. 24.
110. Juan Donoso Cortés, profeta de la Revolución. Núm. 633, noviembre
29 de 1953, p. 12.
111. Cómo pasó a ser el hombre una pieza en la máquina del Estado. Núm.
635, diciembre 13 de 1953, p. 14.
112. Pasión y muerte de Puerto Rico. Núm. 647, marzo 7 de 1954, p. 14.
113. El "Carnaval" de Caracas. Núm. 651, abril 4 de 1954, p. 14.
114. Ironía~• ternura de San Felipe Torres Mochas. Núm. 652, abril 11 de
1954, p. 16.
115. Donde siempre es Semana Santa. Núm. 653, abril 18 de 1954, p. 19.
116. La "decadencia" europea. Núm. 655, mayo 2 de 1954, p. 12.
117. La significación mundial de McCarthy. Núm. 656, mayo 9 de 1954,
p. 12.
118. Estados Unidos no tiene prensa J,ropi,a. Núm. 657, mayo 16 de 1954,
p. 12.
119. Indochina y el Super-Estado Mundial. Núm. 658, mayo 23 de 1954,
p. 20.
120. La Provincia: inminente transformación de "El Bajío". Núm. 660, junio 6 de 1954, pp. 10 y 11.
121. Comunismo yanqui en Guatemala. Núm. 661, junio 13 de 1954, p. 20.
122. Leviathán, dueño del agua. Núm. 662, junio 20 de 1954, pp. 2 y 17.
123. ('Cuál imperialismo es peor? Núm. 663, junio 27 de 1954, pp. 12 y 18.
124. Guatemala: lucha cfvica contra el comunismo. Núm. 668, agosto lo. de
1954, pp. 8 y 16.
125. La Iglesia y la Universidad contra el comunismo. Núm. 671, agosto 22
de 1954, p. 20.

México, editadas por Miguel Dorantes Aguilar, Mfxico, 1943, 375 pp., 23 cms.
(La conferencia del historiador Herrera Carrillo se encuentra en las páginas 25-49).
3. El Lic. Herrera Carrillo pronunció numerosas conferencias que nunca fueron publicadas.
4. Hacia el año de 1946 aparecieron unos apuntes hist6ricos del Lic. Herrera Carrillo, editados en mimeógrafo por el Instituto Tecnológico de Monterrey, sobre la
intervención del Imperio Inglés en la Independencia de Hispanoamérica.
5. Son muy interesantes los "apuntes de clase" que este autor dictó a sus alumnos.
6. La Revista Mundo Hispánico, de Madrid, anunció (número 31, octubre de 1950,
página 42), que en un concurso organizado por el Instituto de CuJtura Hispánica
entre sus becarios, había obtenido uno de los tres premios el ensayo del Lic. Herrera Carrillo intitulado "El Real Tribunal de la Minería y la lucha por el Derecho
en la Nueva España".
7. Por los años 1951 y 1952 la Librería "El Gallo Pitagórico", de la ciudad de Guanajuato, editó los cuadernos de divulgación cultural "Difusiones". Entre otros trabajos "próximos a publicarse" en su colección se anunció el número 5 intitulado
' Este en"La Revoluci6n con R mayúscula" del Lic. don Pablo Herrera Carrillo.
sayo nunca se editó.

8. El mencionado historiador dejó a su muerte un valioso trabajo inédito sobre el
Juicio de Amparo.

BmL10GRAFÍA DEL IIIsTORIAooR ooN PABLO HERRERA CARRJLLo

1. "La Historia de Mexicali contada por sus viejos residentes". Mexicali, B. C., 1932.
2. "Fr. Junípero Serra, civilitador de las Californias". Ediciones Xóchiü. México,
1943. 233 pp., 19 cms. (Colección Vidas Mexicanas, t. 8).
Segunda edición, Ediciones Xóchitl. México, 1950 (Misma colección).
Tercera edición, Editorial Jus. México, 1960. 141 pp., 24 cms. (Figuras y Episodios de la Historia de México, No. 78) .

3. El color sn la poesla de Gonzále: Martínd'. Monterrey, 1949. Colecci6n Camelina, número 5).
NOTAS Bl:BLIOGRÁ.FICAS
ÜBRAS PÓSTUM.AS

1. El historiador don Pablo Herrera Carrillo, en su importante ensayo sobre "Nuestro complejo de inferioridad y la Guerra con los Estados Unidos" ( Onda, noviero•
bre de 1946, p. 78}, menciona una entrevista que concedió al historiador don

Eduardo Enrique Ríos, acerca de las sociedades secretas en México, aparecida en
la Revista Todo de la capital "por el año de 1937 ... "
2. Durante el Primer Congreso Terciario Franciscano, celebrado en la ciudad de México del 3 al 9 de mayo de 1943, el Lic. Herrera Carrillo sustentó una importante
conferencia en el Templo de San Fernando sobre "Fray Junlpero Serra". Dicha
conferencia está compuesta con algunos capítulos del libro del autor, pero sin la~
supresiones que se le hicieron al editarlo. Se publicó en la obra Conferencias Literarias, Congreso Terciario Franciscano de la Provincia de "El Santo Evangelio" de

4. "Coloni.zación del Valle de Mexicali, B. C.". Publicación de la Compañía Mexicana de Terrenos del Río Colorado, S. A., Unión Gráfica, S. A. México, 1958,
211 pp., 23 cms. (La segunda parte de esta obra es un estudio socioeconómico
del Ing. Alfonso Malina Villa.señor, pp. 215:279).
5. "Exposici6n al público sobre los asuntos de Texas", por Stephen Fuller Austin
(1793-1836) y "La.s siete guerras por Texas", estudio de Pablo Herrera Carrillo.
Editorial Academia Literaria. México, 1959. XIII, 32, 344 pp., 24 cms. (Colección de Documentos para la Historia de las Guerras entre México y los Estados
Unidos, 1 ).

340
341

�R epro d ucc1·6 n facSllil· llar de la "Esposición al público sobre los
. . asuntos de
. .Tejas", . por
el C. Estevan F. Awtin. Mégico, C. Sebring, 1835. 32 pp. Edic16n de sem:1entos eJemplares numerados.

NOTA FINAL

Un nuevo Indice de artículos del historiador don Pablo Herrera CarriJlo, más bre:e
y preparado posteriormente a este trabajo, publicaré en el transcurso del presente ano

en la Revista Absid~, que dirige don Alfonso Junco.

LA TRAGEDIA DE TI~XCALANTONGO
JosÉ

P.

SALDAÑA

Primera Parte
AL INICIARSE EL AÑo DE 1920, se precipitaron los acontecimientos políticos.
Los rumores alarmantes invadían hogares, empresas particulares, espectáculos,
cuarteles, oficinas públicas, sin dejar un rincón en calma. No podía distinguirse entre la noticia verídica y la falsa, formándose un clima de intranquilidad tan tenso, que fue paralizando actividades en espera de lo peor.
Se abrió proceso en contra del general Obregón por incitar a la rebelión.
Existían en poder del Gobierno pruebas plenas de sus actividades subversivas.
Había formalizado con los rebeldes más connotados compromisos para un ,
futuro próximo. En el plan estaban comprometidos los generales Manuel Peláez, Francisco Villa, Juan Andreu Almazán, Alberto Pineda O., Félix Díaz,
Genovevo de la O., Saturnino Cedilla y los más destacados jefes zapatistas,
formándose con todos ellos una amalgama en la que participan las más encontradas opiniones políticas: Felixistas, Zapatistas, Villistas, neutralistas de
Oaxaca, predominando los rebeldes que, como Félix Díaz, Manuel Pélaez y Juan Andreu Almazán, no aceptaban la Constitución de 1917. Eran pues
contrarios de Carranza, considerándolo como el Baluarte más fuerte de la
Constitución.

Sin embargo de esta contradicción de carácter político doctrinario, puesto
que el general Obregón había peleado con denuedo, valor y estrategia meritoria por la Revolución Constitucionalista, y consecuentemente por la Constitución, no tan sólo aceptaba la colaboración de individuos ideológicamente
contrarios a sus principios, sino que él los había invitado.
Descubierta su trama y considerando su situación peligrosa, logró fugarse
de la Ciudad de México llegando a la zona controlada por el general Fortunato Maycotte, cuyo radio de acción abarcaba el Estado de Guerrero. Como
342

343

�el gobierno reclamara a Maycotte la entrega del general Obregón, asumió una
actitud de rebeldía negándose a entregar a quien ya juzgaba no tan sólo su
amigo, sino su jefe, y consecuentemente, fue el índice de los próximos sucesos.
Entre tanto persistía la actitud intransigente del g~bierno de Sonora a cargo
de dori Adolfo de la Huerta, quien reclamaba respecto a la soberanía del
Estado que se decía amenazado, con motivo de la proximidad de las fuerzas
del general Manuel M. Diéguez.
De acuerdo De la Huerta con el general Plutarco Elías Calles, que había
renunciado como Secretario de Gobernación y se encontraba en Hermosillo,
lanzó el llamado Plan de Agua Prieta con fecha 23 de abril de 1920. A partir
de este momento, se sucedieron los acontecimientos en forma vertiginosa.
La situación del país había sido preparada hábilmente por los obregonistas.
Con inteligencia se hizo uso de tocia clase de recursos publicitarios para llevar
a la mente del pueblo la idea de que don Venustiano Carranza trataba de imponer como su sucesor al ingeniero Ignacio Bonillas, pisoteando los ideales
de la Revolución, que establecían como premisa inviolable el respeto absoluto
al voto ciudadano.
Por otra parte, emisarios perfectamente instruidos se distribuyeron en todo
el país visitando a los gobernadores y a los jefes de armas para tratar con
ellos Ja necesidad de un cambio radical en la situación política del país, a cuyo
efecto se les invitaba para que hicieran causa común con la Revolución que
se estaba preparando. Llegado el momento de los hechos, las deserciones de
los jefes militares fueron consumándose al grado de que en unos cuantos días
el 80% de las fuerzas militares estaban contra el Gobierno Federal.
El general don Pablo González tenía a sus órdenes en el Valle de México
y en Puebla alrededor de 22,000 hombres. Había esperado la posibilidad de
un entendimiento con don Venustiano, pues también, como el general Obregón, era candidato a la Presidencia de la República. Cuando se convenció de
que no había posibilidad de llegar a un acuerdo, los 22,000 hombres se rebelaron colocando al gobierno en situación sumamente crítica.
Sucedía eso precisamente en los primeros días de mayo. El día 6, reunido
don Venustiano con sus Secretarios de Estado, tomaron el acuerdo de evacuar
la Ciudad de México y establecer e1 gobierno provisionalmente en el Puerto
de Veracruz. Consecuentemente debía prepararse con la premura que el caso
demandaba todo lo necesario para emprender la marcha por la vía del Ferrocarril Mexicano.

•
344

Ese día 7 de mayo marcó una etapa en el reloj del tiempo, que significaba
históricamente el cambio radical de una situación poütica que llegaba a su
fin. Aun cuando don Venustiano sintió en propia carne cuanto estaba sucediendo, era de tal contextura su carácter que, a pesar de la gravedad de la
situación, actuaba serenamente abarcando todos los pormenores de una perentoria evacuación de los Poderes.
En su fuero interno alimentaba la convicción de que regresaría a la capital
triunfante. Seis años antes había pasado por trance semejante. Fue a instalarse
a Veracruz y volvió un año después con los honores del triunfo. Entonces
aceptó el desafío de la Convención Militar reunida en Aguascalientes, que
significaba la enorme fuerza de la División del Norte al mando del ya famoso
general revolucionario Francisco Villa, con quien hacían causa común ameritados revolucionarios como el general Eulalia Gutiérrez, más los contingentes
desafectos de tiempo atrás: zapatistas, cedillistas y grupos de variadas ideologías que operaban en diversos lugares del país.
Pensaba en el buen juicio del pueblo mexicano. Sabía que e] sacrificio de
su bienestar por la conquista de los principios democráticos lo haría reaccionar favorablemente al ser informado de los m6viles de aquel movimiento militar que trataba de arrebatarle el poder.
¿ Qué era lo que él pretendía? Acabar con el militarismo, razón de ser de
todas nuestras desventuras. No era posible aceptar el retroceso que significaóa
instalar en la Presidencia de la República a un militar, por muchos que
fuesen sus méritos revolucionarios. No negaba que tanto Alvaro Obregón como Pablo Gónzález habían servido con entusiasmo, sacrificio e indiscutible,
mérito a la causa ¿ pero sería correcto incurrir en el mismo error que se trató
de corregir? Él creía sinceramente que no, y abrigaba la seguridad de que el
pueblo acabaría por seguirlo para instaurar definitivamente el civilismo.
Decidido el rumbo a seguir, se dieron las órdenes del caso. Todo el día 6
se multiplicaron las actividades febrilmente. La salida de la estación del ferrocarril debería efectuarse a las 7 horas del día siguiente. Se alistaron 30 largos
trenes atiborrados de soldados, civiles, caballos, cañones, fusiles, parque, archivos, máquinas contables y cuanto es menester para combatir y para instalar
oficinas. Uno de los carros contenía el tesoro del gobierno: oro, plata, timbres
de correo y para documentos. Incitante cargamento que constituía un peligro

más.
A la hora precisa se instaló don Venustiano en el carro presidencial Lo
acompañaban varios de sus ministros, generales, y funcionarios de todo orden.
La confianza en llegar a Veracruz era firme, al grado de que algunos de los
funcionarios llegaron acompañados de sus esposas .
Cambió pronto el panorama. La confianza se transformó en incertidumbre
hasta llegar al temor. Los trenes no se movían. Las órdenes no eran debida-

345

�mente atendidas. Algo fallaba en la gran expedición. El personal ferrocarrilero no actuaba en debida forma, provocando confusión en Jos movimientos.
Cerca de las diez horas don Venustiano dió órdenes terminantes para que
salieran los trenes de cualquier manera. Tres, cuatro trenes principiaron a
moverse, y tras de ellos el que conducía a don Venu.stiano y a los personajes
más allegados. Hubo un respiro de alivio.
La situación, sin embargo, era más seria de lo que se suponía. Estaban listos en los trenes cerca de diez mil hombres armados. Apenas si lograron salir
la mitad. El resto con impedimenta, caballos, parque, y annas allí se quedaba.
Las vías estaban embotelladas. Sin duda alguna el sabotaje había surtido sus
efectos.
En esos precisos momentos entraban por las calles de México las tropas
comandadas por el general Jacinto B. Treviño. Fue para él cosa fácil detener
definitivamente los trenes. Algunos de los jefes militares dispuestos a la evacuación se inclinaron de inmediato a la revolución, otros se dejaron aprehender, y la situación quedó en manos de los rebeldes. Perdió a&lt;;Í el gobierno la
mitad de sus efectivos de hombres y de armas. Con ello se minó sensiblemente
la moral de quienes lograron salir de la estación.
Lentamente se alejaban los trenes convertidos en reductos de la legalidad.
Al enfrentarse a la Villa de Guadalupe se incorporó un escuadrón de alumnos
del Colegio Militar, al mando del coronel Rodolfo Casillas. Un centenar de
muchachos bien montados y armados, habían marchado del colegio hasta aquel
lugar. Rápidamente fueron colocados los caballos en carros adecuados, y los
cadetes ocuparon el lugar que se les designó en la retaguardia. ·
Enrnedio de toda clase de dificultades, por la tarde llegaron los trenes a
San Juan Teotihuacán. En ese lugar don Venustiano ordenó alto para hacer
un balance rápido de las pérdidas sufridas y acordar con los generales Urquizo
y Murguía la mejor forma de proteger la marcha. Momentos después continuaba el penoso éxodo llegando a la mañana siguiente a la estación de Apizaco.
Había designado Carranza al general Murguía como General en Jefe de las
Fuerzas, y de acuerdo con él se pasó revistru a los 5,000 hombres que le restaban, sumados algunos contingentes que procedentes de Puebla y Tlaxcala se
le unieron en ese mismo lugar. Al lado del general Murguía, Carranza, montado a caballo, pasó revista a la tropa. Escuchó sereno, impertérrito, la marcha
de honor. Los jefes y los soldados se cuadraban para saludarlo, y allá en la
retaguardia estaba el escuadrón de los Cadetes del Colegio Militar, serenos,
erguidos como si se tratara de una simple revista que efectuaran dentro de
los patios de su amado colegio.
Poco tiempo después se escuchó una tropelía procedente de Tlaxcala. Venían al ataque del tren, pero fueron rechazados con grandes pérdidas, disponiendo entonces Carranza que continuara la marcha.
346

Acercándose a San Marcos, es atacado el convoy y de nueva cuenta rechazado el asalto. Había la seguridad de que esa situación continuaría en el largo
trayecto que los separaba del Puerto de Veracruz. En efecto, ya en San Marcos se trabó nuevo combate, correspondiendo la principal operación a los
Cadetes del Colegio Militar, que con valor admirable lograron rechazar al
enemigo.
Pernoctaron en San Marcos para continuar adelante en la mañana siguiente
con multitud de dificultades, pues faltaba a.gua y combustible. El problema se
acrecentaba a medida que el tiempo transcurría, y la situación se transformaba.
de mala en grave.
Cundía el desaliento entre los civiles y la desmoralización en la tropa. Se
habían recibido noticias fidedignas de que una colwnna compuesta de 5,000
hombres, al mando del general Jacinto B. Treviño, avanzaba reparando los
puentes y las vías que de propósito eran destruídos por los leales, que a toda
costa trataban de alargar la distancia.
Había recibido don Venustiano un mensaje del general Obregón enviado
por conducto del general Luis T. Mireles, ofreciéndole garantías para que
llegase a Veracruz, con la condición de que se embarcaría al extranjero previa renuncia que hiciese como Presidente de la República.
Semejantes mensajes recibió también directamente del general Jacinto B.
Treviño por órdenes de los generales Obregón y González, agregando él por su
cuenta que en atención a la amistad que los había unido durante la Revolución
Constitucionalista, deseaba que se pusiera a salvo, pues era su propósito no
dañar su persona.
Aquellos mensajes parecían dirigidos a alguien distinto a don Venustiano. '
Bien lo conocían Obregón, González y Treviño, y sabían perfectamente que
jamás don Venustiano abandonaría a sus amigos y jamás renunciaría a la
Presidencia de la República, pues su fortaleza de carácter era de tal magnitud
que antes de llegar a esos extremos habría de sucumbir. A media noche del
10 de mayo continuó la procesión de trenes rumbo a Rinconada. Las dificultades se acentuaron en raz6n a que las máquinas ya no respondían a la urgencia del camino. Agua y combustible hacían falta.
Apenás entraban los trenes a Rinconada, cuando se inició el combate de
mayor categoría de los que habían tenido lugar hasta entonces. Mandaba las
fuerzas de ataque el general Luis T. Mireles, que había aumentado sus contingentes con los hombres del general Barbosa.
Procedió de inmediato Murguía a dictar las órdenes del caso para repeler
a los atacantes. Exploró con su escolta una loma vecina desde donde podía
abarcar el panorama: dándose cuenta de que la acción iba en serio. El enemigo
se desplegaba en forma simultánea tratando de envolver en una línea de fuego a los trenes.

347

�La caballerla, al mando del general Eliodoro Pérez, se lanzó con intrepidez
sobre el flanco izquierdo del enemigo, que trataba de romper la primera defensa. Pudo contenerlo haciéndole numerosas bajas. Por el frente y el flanco
derecho entraron en acción las infanterías al mando de los generales Urquizo,
Mariel, Millán, Olvera y otros más, maniobrando con unidad y eficacia.
Con alternativas propias de estas acciones de armas, tan pronto la situación
favorecía al gobierno como se tomaba grave.
El mayor ímpetu del enemigo, pasado mediodía, se dejaba sentir por el lado
de la loma. Habían emplazado cañones y ametralladoras, amenazando seriamente la estabilidad lograda al derrotar a los contingentes del frente y del
flanco derecho. Advirtió Murguía el peligro, procediendo, con la celeridad
que el caso demandaba, a encabezar un contraataque. Maniobró con ímpetu
y rapidez, logrando, después de media hora de terrible pelea, destrozar al
enemigo, apoderándose de los cañones y ametralladoras, y haciendo cuatrocientos prisioneros.
Enmedio de la hornaza de aquel combate, con su habitual aplomo don
Venustiano recorría a caballo la línea de fuego, inyectando a la tropa el optimismo que ya le estaba faltando. Su presencia en los lugares de mayores
rie~os daba ánimo y confianza a los soldados. En una de esas correrías una
metralla mató al caballo que montaba don Venustiano. Sin que su semblante
cambiara de expresión montó en otro, continuando la inspección.

'ª

Cuando ya caída
tarde el combate se había decidido a favor del gobierno, un desesperado intento de los rebeldes fue dirigido por la retaguardia.
Allí estaban los cadetes, serenos, con ]as armas preparadas, esperando estoicamente la acometida del enemigo, y cuando lo tuvieron a corta distancia, a
una orden de fuego respondieron con ráfagas de fusilería que materialmente
barrieron con las caballerías asaltantes. Los que no quedaron t~didos en el
suelo huyeron.
Don Venustiano regresó a su carro enmedio de aclamaciones entusiastas y
del bético resonar de las bandas de guerra. Pensaba que había madera entre
sus gentes, que por valor y decisión no se perdería la contienda. Otros elementos operaban decididamente en su contra: la muJticiplidad de los combatientes enemigos, y muy especialmente la imposibilidad física para continuar
la ruta trazada. Cada hora, cada minuto, acercaba la catástrofe. Las máquinas carecían casi por completo de agua y de combustible. De poco servían
las argucias para suplir lo que no tenía reemplazo.

•
34-8

El triunfo de Rinconada no había sido de aquellos que consolidan una
situación o que llevan a la mente a los triunfadores la idea de que han logrado cimentarse en forma tal que difícilmente puedan ser abatidos. Aquel
triunfo no significaba otra cosa que un período de respiro, ya que no se sabía
cuánto habría de durar, pero que se adivinaba no sería por ]argo tiempo.
Amaneció el día 12 en Rinconada la hilera de trenes, cuya incapacidad para
la marcha era manifiesta. Se echó mano de recursos inimaginables para llenar
los tanques, a base de maniobras en que se emplearon cientos de personas
acarreando agua en cubetas. No podía ser la situación más apremiante.
A lo lejos se veían los penachos de humo levantarse al cielo salidos de las
locomotoras que traían las fuerzas del general Treviño. Parecía que estaban
ansiosas de alcanzar al tren presidencial y en ello se empeñaban multitud de
hombres que reparaban puentes y rieles, ya que tenía el propósito el general
Treviño de caer sobre los trenes casi desmayados, muchos de ellos ya sin poder
caminar, para destrozar de un solo golpe los contingentes de la legalidad.
En este punto dejo la palabra al general Jacinto B. Treviño, que transcribo
de su libro Memorias. En la parte conducente dice así:
"Transcribo a continuaci6n el contenido del hist6rico documento, para
que la posteridad juzgue si hubo o no buena intenci6n de parte de sus
firmantes. Dice a.sí:

'Al C. General de Divisi6n Jacinto B. Treviño. Presente.-De común
acuerdo los abajo firmantes&gt; hemos dispuesto que salga usted acampa,.
ñado de un grupo no mayor de diez jefes y oficiales, que formarán m ,
Estado Mayor, y con el mayor número de fuerzas a sus órdenes, hacia
el lugar donde se encuentre el convoy del señor Carranza, y encaminará
usted sus mayores esftierzos para salvaguardar la vida del propio ciudadano. Al efecto, le hará usted saber por medio de un propio el motfr.o
de su comisión, tramcribiéndole el contenido de esta orden y sugiriéndole además que se coloque en lugar seguro, fuera del campo de la lrtcha.-México, D. F., mayo 10 de 1920. Firmado, General Alvaro Obreg6n.-Firmado, General Pablo Go,zzález'.
Como comj,lemento de lo anteriormente dicho, incluyo en estas páginas en c.opia f otostática, el boletín publicad o en "El Universal" el propio
lunes JO de mayo de 1920.
Me trasladé de inmediato a San Marcos, pues el convoy del señor
Carranza se encontraba detenido en Rinconada, donde habla sido hostilizado por algunas partidas rebeldes, sin poder avanzar gran cosa por
la falta de combustible y agua para sus máquinas. Y a en este punto y

349

�después de haber comenzado una rápida concentraci6n de tropas llevadas de México y Puebla (in/anterúz y cabalterla), pues la artillería
debía incorporarse más tarde para el caso de que se hiciera necesario el
empleo de esta arma; al mismo tiempo dicté a mi Secretario Particular,
señor Ruiz Cortine.r, un oficio dirigido al señor Carran;;a, con propio
especial, transcribiéndole el contrnido del documento preinserto, agregando yo al calce del mismo estas palabras: 'El hombre que aprnas hace
unos días se presentó ante usted para expresarle. su propio sentir sobre
la situación político-militar rn nuestro país, viene hoy a partici¡,arle, Í")r
l.l11a parte, los buenos deseos de los jefes del movimiento hacia usted
en lo personal, y por lo que a mí concierne, debo hacer de su couocimiento que tan sólo he acejitado esta comisión porque entraña la iínica
farma de poder hacer :}'O el mayor esfuerzo en favor de su ,bersona en
reconocimiento de nuestra antigua amistad y de niLestra común ideología revoluci'onaria sostenida a través de tan prolongadas fochas, que
usted supo e11cabezar desempeñando el importantísimo y difícil JJue.1lo
de ser nuestro Jefe. Firmado, Gral. Jacinta B. Treviño'.
En la tarde del día 11 de maya fue enviado el documento de ref erencia al señor Carra11za, desde San A/arcos, quedando yo en espera de
su con[(:staci6)1, aunque el conocimiento que ya Ir.nía del hombre me
hacía pensar que ¿¡ nunca podría aceptar separarse de los SU)'OS, abandonando a éstos en el peligro; así sucedió, pues el propio señor no dio
co11/estación alguna; por lo ta11to. suponiendo :ro que tal vez el remitido
no hubine llegado a su.1 manos el día 12 volví a enviarle una copia del
mismo, por rl mismo cond11cto, siendo el usultado el mismo, es decir,
sin contesfaci6n; procedi entonces a comunicar el resultado a México
a los jefes del movimiento, pero teniendo cuidado de enviar hor tercera
vez copia del documento, habiendo tan s6lo recibido en tsta ocasi6n la
nota breve que decía así: 'Pasa a m destino.-Capitán Rodrígurz. Ai•a11zada de R "taguardia'. TAMPOCO rruno CONTESTAClÓN.
Durante la noche del dfa 12, recibí un mensaje telegráfico de México, firmado por ambos jefes del movimiento, que decía: 'En vista actitud señor Carranza, asuma usted el mando de todas las f1,er:;as }' disponiendo lo necesario, ataque usted el convoy del propio señor, rindiendo
parte del resu/tado'.-Firmado. A. Obregón.-Firmado, P. González.
El día 13 me dediqué a proyectar un plan de ataque que dicté personalmente a mi Secretario Particular, C. Adolfo Ruiz Cortines, com prendimdo las órdenes de marcha y movimie11to de todas mis fuerzas
hacia A/gibes, Puebla, lugar hasta donde había podido avanzar el conVO)', más allá de Rinconada.
En este plan dispuse que se formaran tres cofamnas de infantería

350

con sus jefes respectivos, saliendo de San Marcos a las 4 de la mañana
en jornada lenta, para no fatigar a la tropa antes de que entrasen en
combate )' paralelamente marchando las columnas hacia el mismo ohje~ivo. Dispuesta y cumplida en tal forma la marcha, pugnábase por disminuir el fondo para poder disponer de todos los contingentes e,1 un
momento dado . La caballería debería situarse a los flo.neos de las columnas.
En el mismo Plan de ataque estuvo previsto el caso de que el enemino
se hubiere desplazado adelante de Rinco11ada, y por lo tanto, todas
columnas, una vez qije hubieren llegado a este punto, deberían hacer alto
y t'Sfterar nuevas 6rde11es. Por la vía tefrgráfica ordené al General Guadalupe Sá11chez que avanzara hasta tomar contacto por el frente del
Pnemigo.-Venía. éste, con sus huestes desde Veracruz.-Hacia las 10
horas del día 14".

lar

La noche impuso un silencio lleno de sobresaltos, se tomaron todas las
precauciones del caso para evitar una sorpresa: avanzadas retenes vigilancia
'
' momento.
mov ib le, Y cuanto constituyen recursos para estar alerta en cualquier

El triunfo, que en otras condiciones hubiera sido definitivo, en este caso
re,sultaba mu;: relativo. Ya _se tenía la r~rteza de que el general Guadalllpe
Sanchez. dommando con mas de doce mil hombres Veracruz_, había aceptado
el Plan de Agua Prieta y a marchas forzadas avanzaba rumbo a los trenes del
gobierno. Y a la espalda, sobre la misma vía férrea, el general Jacinto B.
Treviño trataba también de darle alcance con más de diez mil hombres, bien
pertrechados, y disponiendo de numerosas ametralladoras y cañones. Su fuerza '
la integraban varios regimientos de caballería, batallones de infantería, secciones de artillería, zapadores, y cuanto es menester para combates formales.
Para don Venustiano aquella situación incierta significaba la necesidad de
cambiar de planes; pero no dudaba en salir con bien de todo.
. Cerca de mil civiles, funcionarios, empleados de todas categorlas, y f amilias. pasaron la noche dormitando apenas. La prueba había sido terrible. Ya
sus energías decrecían de tal manera, que no tenían alientos ni para comer.
Se abandonaban a Jo que Dios quisiera.
No muy alta estaba la moral de la tropa. Con su sentido del peligro inminente esperaban resignadamente los acontecimientos.
Amaneció el día 12. Principió el ajetreo especialmente para abastecer a Jas
locomotoras de 3t,o-ua, S&lt;' formó una cadena de hombres que se pasaban de
uno a otro baldes de todas formas y tamaños, para surtidas de agua de un
depósito cercano.
Larga y tediosa la tarea, implicaba para todos una esperanza, pero no podia

351

�disponerse de tanto tiempo como para pasarse todo el día. Era indispensable
avanzar, aun cuando ello significara perder elementos.
Cambió impresiones don Venustiano con los principales jefes militares, y
resolvieron, a eso del mediodía., abandonar seis o siete trenes. Se bajaron caballos, equipos de fácil transporte, infanterías, y qued6 en aquel lugar lo que
no fue posible llevar. También quedaron allí, encerrados en un vagón, los
prisioneros.
A eso de la una de la tarde principiaron a resoplar estrepitosamente las
locomotoras. Nuevo intento de avance y nuevo respiro de alivio para todos.
Muy relativo era el descanso mental, cuando todo hacía presagiar que continuarían los combates. Sin combustible y sin agua no podrían Llegar muy
lejos.
Los militares apreciaban con más certe7.a la gravedad de la situación. Se
encontraban prácticamente a merced de dos columnas, que podían moverse
libremente, cada una de ellas disponiendo de mayor número de soldados, de
mejores armas, y de superior espíritu combativo, puesto que fonnaban parte
de los trh.1nfadores. No podían disimular su inquietud, y si no claudicaban era
en homenaje a don Venustiano, que no perdía su serenidad ni su fe en salir
de aquella situación.
Los cambios de impresiones entre don Venustiano y los generales que lo
acompañaban se habían transformado en permanentes, mientras los trenes con
lentitud desesperante avanzaban. Dentro de un ambiente de angustia llegaron
a Los Aljibes.
La lluvia caía torrencialmente y la noche dramatizaba aquel panorama.
La obscuridad se convirtió en cortina negra impenetrable a las miradas escudriñadoras de fos centinelas. Silencio, cansancio, agobio füico y espiritual, y
no muy lejos aullidos lastimosos de perros asustad.os.

•
Pasó la noche y amaneció el día 13, pero la angustia aumentó. Ya no era
tan sólo la desesperación de los civiles, sino también la intranquilidad de los
militares. Pelearían, ese era su deber ¿pero cómo lograrían deshacerse de los
innumerables enemigos que por todos lados los acosaban?
Se sentía en el ambiente la inminencia de la embestida. Guadalupe Sánchez,
seguramente ya muy cerca, Jacinto B. Treviño a unos cuantos kilómetros sobre
la misma vía férrea; Mireles, Barbosa, Higinio Aguilar, Lagunes, GabaJ y
algunos más. que acudirían para hacer méritos. Adelante la vía estaba levantada en largos tram.os; atrás Treviño, ansioso de llegar a la debacle. Estaban encerrados en una peligrosa ratonera.

352

Así_ veían la s~tuación_ l~s militares. Y así la apreciaba don Venustiano y sus
c~~se1eros. Hablan decidido abandonar los trenes librándose de cuanto significaba un lastre y una exposición innecesaria, como era el caso de los civiles.
R~uelto el problema, procedió don Venustiano con el asesoramiento de
Urqmzo Y Murguía a ordenar las condiciones de marcha. Formar el itinerario
,
1
)
qu~ no sena ya con e rumbo de Veracruz. Se habló de los lugares que ócupana la caballería, de la formación de la infantería, del traslado de ameuaUadoras, Y ~un_ de la posibilidad de llevar cañones de montaña. Se previó lo
urgente, lo mdispensable, lo que permitiera una marcha oie a tierra lo más
ligera y práctica.
No fue posible iniciar siquiera los preparativos. A es.o de las diez de la mañana principió la primera etapa de lo que habrá de ser una positiva hecatombe.
En formaci~n de combate apareció la caballería enemiga por el rumbo de
Veracrnz. Pos1ble11'.ente se trataba de las avanzadas de Guadalupe Sánchez.
A su encuentro sah6 con sus bravos jinetes Heliodoro Pérez. Se batieron ambos bandos con denuedo, tratando cada quien de ganar la contienda a toda
costa. Correspondió
el triunfo a las fuerzas del ~aobiemo, después de media
.
hora de sangnenta
batalla.
Entr~ ta~to, por el frente y el flanco derecho el empuje de las infanterías
se manifesto arrollador, encontrando una sólida resistencia de los defensores
que ayu_d~dos por un , centenar de ametralladoras estratégicamente empla~
zadas, hicieron centenares de bajas.
C~ando el encuentro era más enconado, el coronel Ruiseco, con un regular
contmg:nte de soldados, se pas6 al enemigo, produciendo su acción algún
desco,nc1erto, pu~s el sector que cubría quedó desamparado. Rápidamente llegaron otros contmgentes, siMendo aquella repugnante acción de acicate a los
leales, que con mayor coraje arreciaron la pelea.
Deshecha la caballería enemiga, siguieron las infanterías tenaces en la batalla a pcsal' de las enormes pérdidas sufridas, pensando tal vez que reoraanizadas regresaría, o que otros grupos les darían auxilio. Mediada la t:rde
de spues
' d e_ cmco
·
horas de combate, optaron por retirarse. Sin posibilidades'
de perseguulos fueron alejándose sin prisa hasta perderse a lo lejos.
Correspondía agregar otro triunfo, pero éste no había producido el efecto
de los anteriores. El espíritu de civiles y militares estaba anonadado sin
fuerzas ya para reaccionar con optimismo. Los civiles llenos de pánico h¡bían
buscado refugio en la.., pobres casas de la ranchería, y los militares aún los
de atta graduación, guardaban una actitud discreta, de reserva fo~da, que
a las claras hablaba de intranquilidad.
D~ regreso a su carro don Venustiano no encontró el ambiente amable de
ocasiones anteriores. Sus allegados, militares y civiles: Murguía, Urquizo, Ba-

353
H23

�rragán, Marciano Gonzále.z, Mariel, el licenciado Luis Cabrera, el licenciado
Manuel Aguirre Berlanga, don 1'.fanuel Amaya, todos reflejaban en sus semblantes profunda preocupación. El triunfo no era, según ellos, más que un
pequeño paréntesis confortante enlutado con la muerte del valiente y pundonoroso general Millán. Sereno don Venustiano escuchaba a unos y a otros
estándo de acuerdo en que se imponía abandonar los trenes. Ya había dado
instrucciones a U rquizo y a Murgúía para que a las primeras horas de la mañana se emprendiese la expedición pie a tierra. Se buscaría el rumbo de la
sierra de Puebla para encontrar el camino hacia el Norte, tal vez por Hidalgo.
Así tenninó aquel día 13 de mayo, que en otras circunstancias hubiera constituído la culminación p~echosa de una serie de triunfos.

•
Trabajosamente la lt12 del nuevo día iba dispersando la obscuridad. Muy
temprano reanudaron sus actividades Urquizo y Murguía, apro,·echando los
débiles re plandores de una perezosa alborada. Era necesario preparar caballos, mulas, carros de cualquier clase para acomodar armas, parque, archivos,
dinero, y cuanto fuese posible llevar.
Cuando por fin la luz se impuso, encontró a los generales responsables de
las maniobras en un ajetreo agotador, auxiliados por oficiales y soldados.
Se bajaron de los vagones cajas conteniendo toda clase de elementos, algunas
repletas de monedas de oro. Se habían preparado dos o tres carromatos, mulas
y caballos. Las operaciones caminaban en buena forma ¿ y las providencias de
defensa? Se habían olvidado. Cierto que por todos rumbos había sosiego. ro
se advertía signo alguno que indicara la proximidad del enemigo.
Tanto empeño se había puesto en las actividades para la e\'acuación de
aquel lugar pie a tierra, que se descuidaron las precauciones indispensables
para el caso de una sorpresa. Las loberas ocupadas el día anterior por los
infantes estaban casi abandonadas; los retenes de la derecha y del frente poco
numerosos; las caballerías de Heliodoro Pérez cubriendo la banda izquie1da,
sin la debida formación.
No se pensaba en combatir. Aquellos preparativo. indicaban claramente
que otra era la decisión tomada. ¿Hacia dónde irían? ¿ Cuál la suerte que
los esperaba en aquella incierta aventura? Quebrantado el espíritu de los soldados por una parte, y por la otra ocupados muchos de ellos en las labores de
aprovisionamiento, apenas si se dieron cuenta de que a galope se acercaban
las caballerías de Guadalupe Sánchez.
Cuando se dio la voz de alarma ya estaban los atacantes a tiro de f mil.
Se les recibió con débiJ resistencia, que no correspondía a la vigorosa del día

354

anterior. IIeliodoro Pérez cargó con su caballería logrando cont('nerlos; pero
nuevas formaciones, que pasaban de dos mil hombres más los contingentes ele
infantl·ría que iniciaban por la derecha su acometida presionaron en tal forma
que de&lt;:trozaron la líneas de defrnsa por completo. La confusión fue creciendo
hasta convertirse ('O pánico. El sál\'ese quien pueda invadía el ambiente.
De nada servía el empeño de Murguía por detener a la gente. Nadie obedecía órdenes. Lo demás gencrale : Urquizo, Olvera, Mariel. .. gritaban
tratando de contener la avalancha,
todo era inútil: la desbandada había
adquirido perfiles catastróficos. 'o quedaba nada qué hacer, la batalla estaba
irremediablemente perdida.
En tanto que Urquizo r fo~1ía convencían a don Vcnustiano para abandonar el lugar, los cadetes del Colegio Militar y los soldados de Pérez peleaban
empeiíosamente para detener el final lo más que fuese posible. Por fm una
pequeña columna se desprendió por el lado izquierdo. Era don Vcnustiano
en marcha hacia la sierra.
La resistencia débil, esporádica, no cesaba, en contraste con el asalto cada
,·ez más vigoroso del enemigo, que empleando a fondo sus efectivos usaba
fusiles, ame;ralladoras y cañones. El estruendo de la refriega era infernal, y
el repliegue de los defensores cada momento más y más desastroso hasta
llegar a 11tilizar los furgones como parapetos. Algunos de ellos, alcanzados
por las metrallas, ardían. Los gritos de los asaltantes se mezclaban con los
quejidos de los heridos, y la confusión llegó a tal grado, que los soldados,
abandonados a su propia iniciativa, fueron rindiéndose por centenare a la vez.
Aprovechando· 1a embriaguez del triunfo de los rebeldes y la conf usi6n del ,
momento, el coronel Casillas ordenó un movimiento de flanco para alcanzar
la desmedrada columna que eguía a don Venustiano. Coa semejante hizo e1
general He!iocloro Pérez con unos cuantos de sus soldados.
Entre los leales se destacaba la figura arrogante del general Lucio Blanco.
Sobre brioso caballo acudía a los lugares de mayor peligro animando a los
soldados con su ejemplo de valentía.
Había pasado el tiempo de sus memorables cargas de caballería, allá por
las planicies de Sinaloa y Jalisco, así como por las verdes campjñas de Guanajuato. Querétaro y Aguascalientes.
Con sus ,·eintidós mil hombres dio a Obregón, General en Jefe de la División del oroeste, los más brillantes triunfos; Eso fue durante la Revolución
Constitucionalista, en los años de 1913 y 1914.
Después vino la Convención de Aguascalientes, y con ella la división de los
revolucionarios. Lucio Blanco quedó con la mayor parte de las caballerias
que comandaba, al lado del general Eulalio Gutiérrez, designado por la
Convención Presidente de la República, desconociendo desde ese momento la
autoridad máxima de don Venustiano Carranza.

pero

355

�En la nueva contienda el general Obregón se afilió a las huestes de Carranza. Los antes compañeros de lucha se situaron en campos di\.'crso . Para
Obregón la actitud de Blanco merecía los más duro epítetos y jam:1s le
p rdon6 que lo hubiese abandonado en momentos tan difíciles privándolo de
contingentes valiosísimos.
Las vicisitudes terribles de aquella época de cruda violencia, que abarcó
1915 y 1916, dejó a Obregón en el pináculo de la victoria y a Blanco en el
dcstic~o, que don Venustiano suspendió en l9181 sin que ello significara su
completa r •habilitación.
Al romperse las hostilidadc entre Carranza y Obreaón, el camino para
Rlanco staba claro. S sumó a los contingentes leal s, con la nostalgia de
quien ha sido acto, de alta categoría y acepta un puesto cualquiera.
En el ardor del combate se olvida de todo porque stá cumpliendo eón un
deber de gratitud y de soldado.
Al consumarse ti desa tre ~ interna en la sierra. a en su caballo con el
pcn amiento t:n el 1 ·orl", allá en las ásperas montaña y desérticas planicies,
maestros de jinetes y aguerrido revolucionarios. Allá, en donde in inuara a
Carranza que debía marchar en lugar de hacerlo rumbo a Veracruz.
Bnrla a los perseguidores, va por rumbo distinto al seguido por don Venustiano, y semanas después. aparece de nueva cuenta en Laredo: Texas.
Esa hazaña significa solamente un compás de espera. Dos años después es
asesinado por esbirros al servicio del Gobierno y arrojado su cuerpo a las
turbia aguas del Río Bravo.

•
Al galope a ralos, sin orden alguno, los f u~itivos s alejaban del campo
de opcracion !S, en donde la situaci6n hacía cri is. Los soldados se avalam.aban sobre el carro &lt;.'xprcss repleto de dinero. Algunos lograron apoderarse de
~cos llenos de oro, otre&gt;&lt;; habÍ.an capturado un carro atascado en un lodazal
que contenía gran cantidad de las codiciadas monedas. Poco caso se hacía de los prisioneros ante la codicia de lo que se tenía a mano. El fe "tin
hubiera adquirido el tono de un cuento de hadas d no presrntar,e oportunameme f ucrzas del general Treviño, que advertido de lo que e:taba sucediendo, ordenó la inmediata cu todia del tesoro federal.
·
Para los que se alejaban, dejando lo que constituía la base segura de futuras actividades. no contaba aquello, lo urgente era caminar más y más ganando distancia, suponiendo lógicamente que serían perseguidos. Cuando
dejaron de escucharse )as detonaciones de armas la inquietud aumcntó1 pues
era de suponerse que lo rebeldes habían dominado la situación, y procede-

rían a la persecución al darse cuenta de que don Venu tiano v los principales jefes militares habían logrado escapar.
'
El_ triunfo engolo inó a los 1ebcldes }' dejaron pasar el tiempo in tomar
medid~ alguna en ~ontra de _l~s que seg-uían a don Venustiano. e ocuparon
dl' enhstar a los males de pn 1oncros militar :s y civiles, y de inventariar Jas
armas Y_toda.:lase ~e obj_ctos pertenecientes a los gobiemistas, encargando el
g&lt;'ncral frevmo al mgemero Pastor Rouaix el inventado minucioso de lo
caudales, _no obstante tratarse de uno de los prisioneros, en quien se reconoció
la honc ttdad necesaria para tan delicada misión.
En contraste al ambiente de alegría que respiraban los triunfadores, la
marcha forzada de los carranci. tas era un pregón apagado de ilusione!. Centenares de dispersos fueron prontamente captw·ado.. si •ndo concentrados en
el campamento. To quedaron fuera de control sino la colunma dt organizada a cuyo frmte se destacaba la figura respetable de don Venustiano.
Caminaron sin detenerse en lo rnis'rrimo· poblados que encontraban. Cualquier demora podía resultar de fatales consecuencias. La tensión nerviosa daba fuer?.as. Tadic senúa cansancio corporal como justa compensación al agotamiento espiritual, que solamente en el semblante de don Vcnustiano no
~e reflejaba.
• E_n ~~gún lugar, ya casi de. noche, se hizo alto para dar agua a los caballos.
\ s1gu10 la columna silencio a, como fantasma que se embarra en los arbusto:, rn las rocas, en el camino tortuoso, y se dHuye en la obscuridad cada vez
más espe a, que a todos parecía protectora.
Ll&lt;.'gan a Zacatepec a las primeras horas de la mañana. Ha transcurrido
una jornada larga, tediosa, cansada. de más de doce interminables horas. '
Ordena don Venustiano descansar. Toman algo de alimentos, dan de comer
a los caballos: y de nueva cuenta a caminar. Antes se despide de varias persona de huena \'oluntad que pie a tierra han formado parte del gr~po. No se
le puede pedir más. Se carece de caballos y lo que sigue nadie lo puede
predecir,
_En esa pa_usa estaban prc~entes los generales Urquizo, Mu~ía, Heliodoro
Perez, Marctano Gnzálcz, Juan Barrarrán 1 Francisco de P. M:aricl. Francisco
Gonúlez, León Osorio, Federico font , Bnmo cira, Pilar Sánchc-l, coronel _Pauli~o Fonte_s, Carlos Domíngucz y los capitanes del Estado Mayor
Pres1denc1al Octa,·10 Amador e Ignacio uárez, así como los civiles Luis Cabrera, licenciado Manuel Aguirrc Berl~mga, don :Manuel Amaya, licenciado Armando Z. O tos, don Gil Farias, aldaña Gah·án y alguno má..
Al reanudarse la marrha se dio a la columna una mejor organi:zaci6n. A )a
vanguardia se íonnó una fracción de soldados y a la ret3cauarclia, en perfecta formación. los cadet s, serios, animosos y marciales. En el centro el
resto de la columna.

357
356

�Con don Vcnustiano cambiaban impresiones los generales Urquiw, Mur-

guía y Marie) y el licenciado Luis Cabrera. Estaba la suerte echada, prevaleciendo las opiniones de Mariel y Cabrera, ambos conocedores de la regi6n.
El rumbo, la sierra a la que se acercaban ya. Había la seguridad de contar
con la ayuda del general Gabriel Barrios, del general Lindoro Hemández, del
general Rodolfo Herrero y del teniente coronel Aarón Valdcrrábano. El primero tenía su cuartel g ncral en Zacatlán, con dominio en Tetela de Ocampo, Coyutla y Papantla; el segundo en la región de Huauchinango, el tercero en La Uni6n, Jopola y Pahuatlán, y el último con su centro de operaciones en ViJJa de Juárei. La región estaba cubierta por amigos. Después seguiría el proyecto de internarse por Hidalgo, Querétaro, hasta llegar al norte,
en donde seguramente habría suficientes tropas leales para reconquistar el
terreno perdido.
El licenciado Cabrera con buenas razones acreditaba la conducta del general Barrios, con quien lo ligaban especiales lazos de amistad, que se habían
afianzado con motivo del asesinato de dos hermanos del licenciaqo Cabrera
-Ramón y Rafael-. En esa ocasión, Barrios había demostrado profunda
indignación procediendo a la persecución de los asesinos, demostrando a la
vez absoluta fidelidad al Gobierno.
Por su parte el general Mariel hablaba con fundada convicción de la lealtad de sus recomendados. Cuando ocupó la Oficialía • fayor de la Secretaría
de Guerra, dejó en la sierra de Puebla que estaba a su cuidado, al jefe de su
Estado Mayor, teniente coronel Aarón Valderrábano, de la más completa
confianza. Respecto a Lindoro Hemándcz, antes de salir de México había
confer ociado con él en el sector de Pachuca, Hgo., manifestando su adhesión
al régimen constituído, teniendo noticias de que había marchado con su
gente rumbo a Huauchinango. En cuanto al general Roclolfo Herrero, sometido al Gobierno por su conducto apenas hacía un mes, dados los antecedentes que de él tenía no abrigaba temor alguno sobre su conducta.
No había pues motivo alguno para cambiar de planes. Aquella humillante
situación tendría que transformarse; todo dependía, pensaba don Venustiano, de llegar a territorio dominado por Diéguez, el Dr. Silva, Castro, Santos,
López. de Lara, y quien sabe cuántos amigos más que con sus contingentes
armados serían la¡ base de una nueva contienda.
La mayor parte de los componentes de la columna eran personas experimentadas en las rudas tareas de la guerra, y no podía escapárseles el riesgo
que corrían. Por muy tranquilo que viesen a don Venustiano y por mucho
que confiaran en su pericia y buena estrella, en su fuero interno aquilataban en grado muy elevado el peligro. Pero el deber, no ya la convicción de
salir con bien, ni siquiera Ja esperanza en el cambio de fortuna, los hacía comerse el pesimismo y aparentar una tranquilidad que estaban muy lejos de

358

sen~fr, No tenían humor de platicar entre sí ni mucho menos de contar "tallas tan adecuadas en reuniones de otra naturaleza.
·

A rat?s a1 ~alope o al trote y en ocasiones al paso, según las condiciones
d:I. cami~o Y el cansancio de los caballos, continuaba la marcha hacia la codiciada sierra. Pasaron de largo por San Juan, atravesaron veloces la llanura
~'\.lv~ co~ la zozobra de
vistos por el enemigo. Salvaron la via férrea por
OnJa, sm encontrar vestigios de trenes, lo que scrcn6 las inquietudes. Más
a~elante toparon con el humilde pueblo de Coyotcpec, en donde se escondieron hasta los perros.

s:~

Si~ó el trotar incesante hasta Santa Lugarda, en donde comieron y die~n pienso &gt;: ª~. a los caballos y un poco de descanso, para continuar la dura
Jornada hacia la sierra, que parecía alejarse de ellos a medida que avanzaban.
Llegaron, al cae~ la tarde a Tcmaxtla, en donde consiguieron algunos alim~ntos. _Alh du:1111eron, y temprano, con las primeras luces de un día enfermizo, tnstón, d1a 16 de mayo, prosigui6 la gira pa~ando de frente por algunos pueblos scmiabandonados.
~abía necesidad de l!egar a Tetela, en donde d general Barrios les pres- .
t~a
ayuda Y protecCJón q~c _era menester. En eso no tenía duda alguna el
l~cenciado Cabrera, Y su optunísmo Jo compartía don Venustiano no así el
f~no olfato _de Murguía. Simulaba confianza en la acogida que se 'les brindan~ en l~ · 1erra ;_ pero, reflexionaba para sí, ¿ por qué no había enviado Barrio- algun propio como mensajero de su adhesión? ¿Porqué los serranos de
lo. pueblos que habían dejado atrás, algunos armados, no mostraban interés
alguno por la comitiva, concretándose secamente a contestar que Barrios se
encontraba en Te tela? o hay ambiente favorable para nosotros concluían
las rcllexiones de Murguía.
'

!ª

Acordes con ese sentir, rumiaban sus cavilaciones los demás miembros de
la c?lumna. Pero la esperanza es la última que mucre. Ver para ercer y a
cammar hasta llegar a la meta ambicionada.
'
Otra ~z la noche obligaba a detenerse. Ahora se trataba del pequeño pueblo de Z1tlalcuautla. El descanso se imponía para la gente
I
b u
d' "b
y os ca a os.
e . tSt~, uyero~ los servicios de \~gilancia a cargo de los cadetes. Algo se
cons1gmo de alimentos, y sin más a tratar de dormir.
:emprano se e cuchó el toque de botasilla. Llovía tenuemente; pero ya se
avistaba 1:etela. ~n e fuerzo más y estarían a salvo de cualquier sorpresa.
Al med1~r el. ~,a. cansados, aturdidos, molidos por el mucho caminar y
poco domur, hicieron su entrada a Tetela. e repondrían de tant
1
d
d
,
.
a mapasa a, ma uranan
bien
los
planes
a
seguir,
y
tal
vez
cambiaría
f
.
..
avora ble _
mente la S1tuac1on.
-~odo se vino. ab~jo, como un armazón mal ensamblado. Algunos de los
oficiales de Bamos informaron a don Venustiano que su General había sali-

359

�do rumbo a Cuaubtcmpan. No daban más datos; pero insistieron en que debían seguir adelante porque se tenían noticias ciertas de que el general Jesús
M. Guajardo con un regimiento venía por el mismo rumbo en su seguimiento.
Como se habían dispersado algunas personas, ordenó don Venusliano tocar
a reunión. Opinaron los experimentados acompañantes que convenía no detenerse allí. Montaron en sus cabalgaduras, se despidieron de los corteses
oficiales, y otra vez a la penosa caminata.
Cambiaba totalmente el panorama. La verde esperanza se había convertido en un golpe de obscura desesperanza. Tanto don Venustiano como sus
aenerales sintieron el rudo hachazo de la decepción. Barrios no los ayudaría,
o
,
los dejaría pasar sin molestarlos; pero nada mas.
Siguiendo las indicaciones del general Mariel, conocedor de la re~ión,
reanudaron la marcha bajo la luz cobriza de un sol avaro. En plena sierra
Jos caminos se estrechaban, los zarzales rompían vestiduras y los caballos resbalaban entre el lodo y los pedruscos. Cuadro vivo que acentuaba los obscuros pensamientos de la comitiva. Sólo don Venustiano parecía insensible a la
adversidad. Manejaba con destreza su caballo, y con serenidad iba al encuentro de su destino.
Después de varias horas de penosa cabalgata entraron al modesto pueblo
de Cuauhtempan. Tampoco encontraron allí al general Barrios, confirmándose el presupuesto de que no los ayudaría, y sin hacerles daño todo indi~ba su deseo de que salieran de su sector cuanto antes. Poco tardaron en rcc1bir el consabido aviso de que avanzaban las fuerzas del general Guajardo.
Se acomodaron como pudieron en las casuchas del pueblo para pasar la
noche, y de madrugada vuelta a la azarosa huída. Cierra como de costumbre
la columna la formación marcial de los cadetes.

•
Para don Venustiano constituía una seria preocupación el Escuadrón de
cadetes del Colegio Militar. Habían cumplido como buenos hasta el momento
de emprender la marcha hacia la sierra de Puebla, y su espiritu no tan sólo
se veía apocado, sino que alentaba ánimo vivo, como si se tratara de emprender una expedici6n de entrenamiento.
A la salida de México, don Venustiano, seguro de llegar a Veracruz, pensaba en tener a su ladO\ un símbolo viviente del heroico Colegio Militar. Allá
le daría vigor, y aquel puñado de muchachos constituirán la base de una corporaci6n que se formaría dentro de la doctrina más pura de la lealtad.
Ante la actitud gallarda, valiente, estoica de los cadetes, poJluelos de las

360

águilas de aquel Colegio que tantas paginas de gloria ha escrito en nuestra
historia, don Venustiano sentía una gran responsabilidad.
Se habían batido en los días anteriores como si se tratara de experimentados guerreros.. No tenía más divisa que la de cumplir sus deberes con dignidad. Ni titubeos. ni alardes de arrojo, simplemente en sus puestos, gallardos, alertas, dispuestos en todo momento a responder como las circunstancias lo demandaran. Iban conscientes de su misión, protegiendo, dentro de
sus posibilidades de capacidad y fuerza combativa, la legalidad Constitucional representada por el C. Presidente de la República. Eso pensaban ellos y
no necesitaban saber más.
En el corazón de don Venustiano se debatían los sentimientos, y en su
cerebro, acostumbrado a la línea recta y a las decisiones inquebrantables, bullía con hervor de pasiones lo que debía en conciencia hacer.
Sabía que al despedir a los cadetes lastimaría su amor propio, sabía también que su compañía significaba una especial protección; pero sobre todas
las consideraciones se imponía la de no exponer a aquellos valientes a las vicisitudes de una campaña tan llena de peligros. Eran todos jóvenes, rondando
los 18 años, cuando la vida ofrecei los colores llamativos de un halagüeño porvenir. No había razón alguna, por poderosa que fuese, para sacrificar vidas
que constituían positivas promesas de grandeza para la Patria.
Así pensaba don Venustiano, y la decisión se había afianzado en su ánimo.
No quedaba por resolver sino el momento más propicio para hacerla efectiva.
Tenía que adoptar la actitud que corresponde a los actos de alta importancia.
Ese momento llegó cuando hicieron alto en el poblado de Temoxtla, enclavado en las estribaciones de la sierra. El peligro acechaba por todos lados. •
Las noticias recibidas hablaban de persecuciones encarnizadas. Por un lado
Lindero Hcmández, en quien tanto confiaba Mariel, no daba señales de acción favorable. Por otra parte Gabay, Higinio Aguilar, los Márquez, y otros
muchos jefes que obedecían 6rdenes del general Barrios, a quienes él contenía para que no atacaran la columna; pero su actitud destruía los vaticinios
optimistas del licenciado Cabrera.
No quedaba más rumbo abrigador que el centro de la sierra, en donde había la posibilidad, según Maricl, de encontrar la ayuda del general Rodolfo
Herrero. Era necesario aligerar la marcha, prescindiendo de los civiles y militares carentes de caballos.
Todo indicaba la conveniencia de apresurar la despedida de los cadetes.
La ceremonia fue breve e imponente. Previamente había tratado el problema con el jefe del Escuadrón, coronel Rodolfo Casillas. A su insistencia para continuar cumpliendo con lo que titulaban era su deber, don Venustiano, en forma cortante, expuso que ordenaba se cumplieran sus disposiciones.
Todavía hubo un intento más. Los cadetes, resueltos a continuar con su

361

�honrosa, a la vez que peligrosa encomienda, designaron una com1S1on integrada por cinco compañeros para que directamente hablaran con don Venustiano. La entrevista, formal, severaJ se efectuó. Los cadetes, respetuosamente pero con vehemencia, expusieron al Presidente de la República el deseo unánime de los cadetes de continuar escoltándolo. Escuchó don Venustiano
conmovido aquel gesto heroico de los aguiluchos; pero, resuelto a dar por
conduída aquella situación, con palabra pausada replicó que sus propósitos
al haber ordenado en México que lo acompañaran había sido el de establecer en Veracruz e] Colegio Militar; que las circunstancias apremiantes del
momento habían cambiado fundamentalmente sus propósitos; que consecuentemente debían regresar a1 Colegio con la satisfacción del deber cumplido. Se
despidieron con hondo sentimiento. El honor y el deber habían triunfado sobre cualquier interés particular.
Los cadetes, en fonnación impecable, presentando armas, con la frente alta, la mirada al frente, conteniendo la respiración, escucharon las palabras
del señor Presidente de la República. Han cumplido con su deber, y sé que
seguirían adelante hasta el final. No se trata ya de actuar militarmente, y su
misión la doy por concluída. Regresen a su Colegio con la satisfacción de
haber actuado dentro de las normas de disciplina y lealtad que constituyen el
espíritu inalterable de su Institución.
Antes de que la emoción de los actores y circundantes estallara, el coronel
Casillas dio la orden de finnes. Después a montar para marchar en sentido
contrario. El silencio fue la respuesta más elocuente. Se alejaron los cadetes lenta.mente, sin prisa, con la mirada al frente, conteniendo las lágrimas
que se escapaban de sus ojos. Tal vez, pensaban, no volverían a ver más a
aquel hombre sencillo, de semblante majestuoso, que en desgracia mantenía
la dignidad de su alta investidura como si estuviese en plena posesión del
Poder.
Entre los que se quedaron fue aquello como un episodio vivido de una
tragedia de Esquilo. Se repetían las hazañas de los espartanos. Resonaban
las voces de las mujeres: Aquí está el escudo, vuelve con él o sobre él.
En unos cuantos minutos se perdieron a lo lejos. El ruido de las cabalgaduras se apagó, imponiéndose de nueva cuenta el susurro monótono y molesto de la llovizna. Un episodio más, y adelante, con cielo nublado y enemigos por todos lados.
Antes de seguir los pasos de la columna hagamos un paréntesis. Será como un remanso en el doloroso panorama o como un oasis en el desierto.
Las páginas obscuras, tristes, deprimentes, han sido hasta ahora las predominantes, con las luces momentáneas que, como en las tempestades, de cuando en cuando centellean acentuando más la obscuridad.
El desprendimiento de los cadetes de la columna deja latente una apre362

miante interrogación: ¿Qué fue de ellos? Vamos a descubrir esta incógnita,
y. a la
tomar:,mos nota de datos interesantes y de apreciaciones, que a la
distancia de 43 anos de los sucesos se antojan juicios serenos.
A:1tecedentes. El Gral. Ricardo Richkarday entrevistó al general Rodolfo
Cas.illas, sobre los sucesos de esta histórica jornada. Los artículos respectivos
~ public~?n en El Universal, en enero de l963. Por lo que se refiere a la
mterro~ac1~n formulada encontramos la respuesta, clara, precisa, elocuente,
en el siguiente reportazgo, que apareció en el mencionado diario el 22 de
enero:

:ez

Regreso de los Cadetes de la Escuela de Caballería a la Capi.tal
Por el general RoooLFo CAsn..us

Como lo ofrecimos en nuestro artículo anterior, hoy insertamos en su parte correspondiente lo que dice el señor coronel Gabriel Cuevas en su libro
Historia del Colegio Militar.
'
"El oficio girado por el Secretario de Guerra, señor general Francisco L.
Urquizo, al pundonoroso y valiente coronel don Rodolfo Casillas Director
de la ínclita Escuela de Caballería; documento hermoso que de;tro de su
rígido lenguaje e impecable forma oficial, es un canto a la honradez militar
timbre de honor y presea, causa de legítimo orgullo, no sólo para los com~
ponentes de la citada Escuela que tan bien supieron contestarla con su hermosa, limpia y brava conducta, sino para todo el Colegio Militar entero, dice:
'Un sello, Estados Unidos Mexicanos. El Escudo Nacional. Poder Ejecutivo,
Presidencia de la República. Al coronel Rodolfo Casillas, Director de la Escuela de Caballería del Colegio Militar. Por disposición del Presidente de la
República se servirá usted con la Escuela a su dirección, marchar a la ciudad
de México en vista de la imposibilidad que existe para su permanencia al lado del Poder Ejecutivo. El mismo mandatario dispuso que, al trasladarse los
Poderes de la Unión, lo hicieran también los planteles de Educación Militar
a fin
qu_e, continuaran sus estudios. Pero como la situación política impidi6
la verif1ca~10n de esos propósitos, es por esto que se le da a usted la presente
ord~ a fm de q~e ~adie, ni la historia, juzgue, o al menos se figure, que
se hizo mala aplicación de dicha Escuela. Reitero a usted las seguridades
de mi más atenta y distinguida consideración. Constitución y Reformas. Chautempan, Pue., Mayo 17 de 1920. El general de Brigada Encargado del Despacho, Francisco L. Urquizo' ."
Y ahora, continúa hablando ef general Richkarday: "Cuando mi heroico
amigo hubo terminado esta interesantísima narración, dos gruesas lágrimas
rodaron silenciosas por sus mejillas. Con cuánto respeto y admiración le
conte~?lé enjugárselas en aquella hora solemne en que los recuerdos volvían
a rev1v1r las horas angustiosas de su gloriosa jornada.

?:

363

�. T~~avía a SU5 setenta y seis años, cuando habla de las épicas cargas de sus
mtrep1dos dragones, de la bizarría con que se lam:aron con él a la cabeza
contra el enemigo hasta hacerlo pedazos, su cuerpo se rergue majestuoso su
voz toma extrañas sonoridades, y la mirada de sus ojos, que tantas hc~icidadcs conte~plaran,. s~ inflama alentada por el f ucgo del patriotismo y la
lealtad que siguen v1v1endo en su corazón de verdadero soldado como una
lámpara votiva encendida en el santuario de su fe para alumb~ar el altar
de la Patria.
i Qué grande y c¡ué sencillo es este general Casillas!
-¡ Pero dígam~: Rodolf?! -insistí-, cuando hubo terminado aquel instante de abstraccmn, emotivo y conmovedor, ¿ no tuvieron ningún incidente
durante su regreso al Colegio?
-¡ Sí, Richard, cómo no! -responde en el acto sobreponiéndose al peso de
sus emocion~, imagínese usted, en primer lugar, el estado de ánimo que
a todos por 1_gual nos embargaba. Tristes, silenciosos, cabizbajos, ahondando
en las rccon~1teces de nuestro propio dolor, cabalgábamos como sombras por
a~ueilas ac~1dentada.s s~rranías sobre los dejos y famélicos jamelgos que hab1amos podido consegwr en la región para dejar los nuestros a la comitiva
presidencial, dolorosamente fatigada ya por la penosa y larga caminata. Luego agregue usted el peligro constante de un regreso por zonas hostiles dominadas por el enemigo, cuyo encuentro eludíamos no por miedo al com,bate ni
a la muerte, sino por lo inútil que hubiera sido nuestro sacrificio. Sin embarg?. no por eso estábamos dispuestos a cruzarnos de brazos si alguien pretend1a estorbar nuestro regreso; precisamente en Zacatlán de las Manzanas
los hombres del general Gabriel Barrios, al notar nuestra presencia. en\'iaro~
un propio para advertirnos que, dada nuestra triste condición de rendidos
deberíamos entregar1es caballos, armamento y mWlicíones, constituyéndono;
en sus prisioneros mientras el mando obregonista disponía lo necesario.
-¿Qué contestó usted?

, - Que ~unca permitiría semejante humillación. Qu~ el Colegio Militar habia _c~mphdo con su deber y que, consecuentemente con sus principios y
trad1c1ones, regresaría a su glorioso plantel tal como había salido.
-¿Y Barrios qué hizo?
--: ada. Cuando se. !e dijo que estábamos dispuestos a defendemos para
contmuar nuestro cammo, comprendiendo qui:tás la razón que teníamos nos
dejó pasar sin molestarnos. Así reanudamos la marcha hasta llegar a J~ estación de Ahuazotepec, sobre la vía del ya desaparecido Ferrocarril de Hidalg~. Alli se encontraba el general Jesús Novoa, con quien me presenté
segwdo de mis heroicos alumnos. 1'Espere órdenes - me dijo-, mienuas
consulto su caso a México". Poco tiempo después llegaban éstas en el sentido

364

de que se pusieran a nuestra disposición las jaulas y carros para continuar
nuestra marcha hasta la Capital de la República.
-¿ Cómo llegaron al Colegio?
-Verá usted: al arribar a la Estación de San Lázaro, inmediatamente desembarcamos la caballada an-eglando nuestro maltrecho equipo lo mejor que
pudimos. En seguida, montados nuevamente, y en correcta formación, como
si acabáramos de regresar de unas simples maniobras, nos incorporamos a
San Jacinto, donde ya estaba entonces ubicado el Colegio :M..ílitar. Su nuevo
director, el general Marceüno Murrieta, pcnona de quien guardo gratísimos
recuerdos, nos recibió emocionado felicitándonos por haber regresado montados y armados, como ejemplos vi,iente.s del pundonor, el sacrificio y la lealtad, después de haber cumplido hasta el final nuestra histórica misión. Ya se
imaginará usted lo que sentiríamos en aquellos momentos, en que los abrazos, las felicitaciones, los comentarios y los "¡ hurras!" a la Escuela de Caballería se sucedían interminables, llenándonos de legítimo orgullo. Nunca olvidaré esos instantes tan emotivos como hermosos, que en forma destacada
figuran en las páginas del libro de mi Yida como uno de sus más brillantes •
capítulos. Créame, Richard, que fueron tan impresionantes y tan hondos,
que todavía cuando los recuerdo, siento que mi corazón se es.tremece de júbilo anhclando volverlos a vivir. ¡ Pero ha quedado eso tan lejos!
-Bien. ¿Y cuál fue la recompensa por tan brillante hazaña?
-Ninguna. Pero tampoco la esperábamos, porque nunca pensamos en ella.
Jamás ningún mezquino interés guió nuestros pasos en aquella odisea porque el solo pensarlo hubiera bastado para desvirtuar el altísimo ideal que
la animara.
-Perfectamente, pero recordará usted, mi querido Rodolfo, que si alguna vez se prodigaron las recompensas con largueza fue en esa ocasión. Cedilla, Genovevo de la O., Carrera Torres, Almazán y muchos otros más fueron incorporados al Ejército con los más altos grados, amén de muchísimos
jefes a quienes se ascendió por haber secundado el movimiento obregonista.
En cambio ustedes, por su lealtad indiscutible, fueron dejados al margen
ele la generosidad oficial.
-Qué quiere usted, así es la vida. Pero eso no impo1ia. El juicio de la
historia es el que me interesa, y 'se creo haberlo conseguido. Por e~o me
siento satisfecho. Con ello me basta.

El general Obregó,i rechaza la solicitud
de baja del general Casillas
-¿Qué hizo usted después de haberse incorporado al Colegio?
-Pedir mi baja del Ejército. Yo consideré que por elemental dignidad y

365

�por estimar que mi situación de ahí en adelante habría de ser difícil y molesta por razón misma de las circunstancias.
-¿ Y se la concedieron?
-No, señor. Cuando el general Murrieta la sometió a la consideración
del general Obregón, éste ordenó que continuara al frente de la Escuela de
Caballería y que se felicitara a todos sus alumnos por su conducta leal, airosa y valiente. Después, siendo ya Presidente, siempre tuvo numerosas atenciones y marcadas simpatías para la Escuela y para aquellos muchachos que
con tan ta hidalguía supieron conservar el inmaculado historial de su glorioso
plantel.
Hubo una larga pausa. El noble rostro de mi amigo se hundió pausadamente en la amplitud de sus manos abiertas que le servían de apoyo, comQ si
se tratara de retener en Ja pantalla de sus recuerdos, la lejana visión de sus
cadetes que sable en mano iban camino a la victoria, atravesando como rugientes huracanes las compactas filas que la deslealtad pusiera en su camino para probar su temple y su bravura. Al levantarlo de nuevo, vi asomar
una lágrima que, empañando la serena mirada de sus ojos, se deslizó furtiva
pm: la tostada piel de sus mejillas.
Y lleno de respetuosa veneración por este modesto y valeroso soldado que
erguido como una bayoneta aún permanece de pie junto al propio pedestal
de sus proezas, le abracé con fraternal afecto, orgulloso de estrechar junto
a mi corazón, el de aquel valiente paladín, símbolo de lealtad y de heroísmo".
Aquí termina la entrevista con el general Richkarday.
Cerramos este capítulo sin más comentarios, puesto que, por sí mismo, se
destaca con tonos luminosos, en el panorama sombrío de este episodio hist6rico.

•
Volvamos a tomar el hilo de nuestro relato a partir del momento en que
marcharon los cadetes rumbo a su escuela, y los fugitivos, más tristes y desolados, van en pos de ayuda.

se sabe exactamente dónde; pero todo lo vigila, y prefiere que suceda lo
que ha de suceder fuera del terreno de su influencia.
Más seguros de la situaci6n, convencidos de que no les queda otro recurso
que el de acercarse a Villa Juárez, guarnecida por Valderrábano, y la Unión,
cuartel general de Rodolfo Herrero, pernoctan esa noche en Tepango. Algo
consiguieron de vituallas y algo lograron de descanso.
Como el judío errante, la caravana siguió caminando al amanecer del día
19. Otra vez se repiti6 el panorama desalentador de los puebluchos indiferentes a su tránsito. Otra vez los ojos clavados de los campesinos-soldados
con un dejo de curiosidad y algo de sadismo primitivo.
Trotar cuando el camino lo permitía en tramos cortos, que hacía aumentar la impaciencia. Mas era el tiempo de ir al paso, y colgarse la columna.
Por fin el general Mariel dio la nota optimista: habían llegado a tierras
dominadas por Valderrábano y por Herrero. Cambiaría la situación, de ello
estaba completamente seguro. Insistió don Venustiano en no acercarse a Villa Juáre.z y mucho menos a Necaxa. P&lt;1Saba por ahí la vía férrea, y en ambos
lugares había teléfono. En ello estuvieron de acuerdo el licenciado Cabrera,
Murguía, Urquizo y Mariel. Sería suficiente enviar un propio para solicitar
de Valderrábano la ayuda necesaria.
La marcha se hizo más llevadera. Un rayo de luz se filtraba en las tinieblas. Se aceler6 cuanto se pudo la caminata hasta llegar a Cuamaxalco. Se
imponía el descanso.

•
El tiempo no se detiene, pasa inexorablemente elevando el espíritu o abatiéndolo, en un tejer y destejer, como la tela de Penélope. Acabó el día 19
dejando una amarga impresión, suavizada apenas por un remoto cambio. En
el despertar del 20 se afianzaba un tanto la posibilidad de encontrar manos
amigas.

Las nuevas noticias recibidas favorecían las conjeturas venturosas. Tanto

Atraviesan rancherías misérrimas, cuyos habitantes, que viven de milagro,
los ven pasar con algo de curiosidad. Algunos traen carabinas que acarician
con ambas manos; pero no demuestran intenciones de disparar. Es gente de
Barrios instruida para no estorbar y, maliciosamente, indicar que no se detengan.

el coronel César Lechuga, segundo de Herrero, como su jefe de Estado Mayor, teniente coronel Miguel B. Márquez, avisaron a don Venustiano que
contaran con ellos incondicionalmente. Ya habían recibido órdenes de Valderrábano para que atendieran en debida forma al señor Presidente de la
República y a sus acompañantes.

Y los fugitivos no se detienen, saben que deben abandonar los dominios de
un amigo de ayer, dispuesto ahora a no hacerles daño con tal de que se alejen. No desea verse en el compromiso de tener que atacar. Está por ahí, no

Antes de ausentarse de Patla, el general Herrero había dejado 6rdenes semejantes. Pronto llegó la oportunidad de cumplimentarlas. El paso del río
para llegar a Patla, que estaba harto crecido, ofrecía grandes dificultades.

366

367

�,
Entonces personalmente Lechuga y M arquez,
con un destacamento de soldados ayudaron a pasarlo.
.
En marcha hacia Patla los dos militares hicieron a don Ve~ustiano protesta firme de lealtad asegurando que el general Herrero procedía :~ la mis~
ma forma, y que su ausencia obedecía precisamente a la preparacion de sus
tropas, diseminadas desde Patla hasta el Plan de Zaragoza._
Por fin llegaron a Patla, en donde pudieron comer, banarse Y proveerse
de lo indispensable para cambiar de ropa interior.
,
_
Aprovechó don Venustiano la compañía de Lechuga Y Marquez P~ª ah,
Nanar los proyectos que veman
mad uran do en relac1'ón al rumbo a segurr.
.
.
·or q e estos señores conocedores de los vericuetos de la st.crt·a, para
d 1e
meJ
u
,
1.
• d' ,
l
fijar el itinerario. Lechuga, con la aprobación de Marquez, m 1co como e
lugar más apropiado para pernoctar el pequeño poblado de _Tiaxcalantongo,
la sien·a fácilmente defendible en caso de
ene1av ad o en un 1u gar alto de
,
un asalto.
. d
p•
M
Comentaron la idea Urquizo, Murguía, Cabrera, Helio oro erez,
arciano González, Juan Barragán, Fontes, Méndez y algun~ otras personas
que atentamente seguían el curso de la plática, y como nadie presentara una

solución más satisfactoria se aprobó el plan.
_,
A eso de la una de la tarde del mismo día 20, en el orden ~e fonnac1on
que cerraba el' general Heliodoro Pérez, con su escolta de diez soldados,
abandonaron Patla.
..
_
Cuesta arriba, por vereda serpenteante, llena de g~1.1Jarros, va_ la tnste cae caballo que le obsequiara el temente coronel
ravana. A la cabeza - SObr
.
Loreto Howell-, se destaca la figura adusta de don Venusti~no Carr~a.
Pocos son los que lo siguen, todos a caballo, formando una cmta q~e fi_gw·a
enorme serpiente. El silencio aplasta las voluntade~; diríase que nad1e piensa
en nada, a pesar de que los pensamientos se estruJan dentro de cada uno de
)os que van caminando sin saber a dónde van.
Hay que ganar la altura con el aliento de ~ vaga ~peranza. Es ahora
e.l general Rodolfo Herrero qufon g1úa a la comitiva, al m:orporarse en plena marcha. Lo recomienda el general Francisco de P. Mane!. Un mes antes
se sometió Herrero al Gobierno. Disuelto el Ejército Federal merced a los
Tratados de Teoloyucan, seguido por un centenar de hombres_ armados, ~uyo
número aumentaba O disminuía, según las circunstancias, qmso poner hn a
sus actividades revolucionarias.
.
,
Presentado a don Venustiano en, las condiciones depnmentes ~e una hmda
sin rumbo y sin fin, se muestra solícito en todo, acusando seriedad ~ sus
actos. y deseos vehementes de servir. Habla a ratos con don VenustJ.ano,
·
· s con los generales Urquizo y Murguía, contesta cort.és-.
camb·.ia l1Ilpres1one
mente las preguntas que le hacen algunas personas de; la caravana, y como s1

•

sintiera hondamente su responsabilidad, con el mayor celo revisa la columna
dejando pasar hasta el último hombre, y con la destreza de un magnífico jinete avanza de nueva cuenta hasta la cabeza, haciendo que su caballo, acostumbrado a las serranías, salve fácilmente los escollos del camino.
Se trata de un hombre de algo más de 30 años de edad, fornido, de semblante agradable, serio, sin llegar a la adustez, con bigote poblado, ojos
café obscuro. Causó su presencia buena impresión. Seguramente a ello contribuian las magníficas referencias que sobre él había hecho el general Mariel, agregado al ambiente favorable que sobre su persona se percibía. en las
pequeñas poblaciones que constituían su centro de operaciones.
En su abono debe asentarse el hecho de que no se Je atribuian latrocinios
ni asesinatos. Peleaba por la vigencia de la Constitución de l857; pero lo
más acertado seria considerarlo como un resentido a quien se le había cortado de un golpe su carrera militar, en la que había conquistado el grado de
Mayor.
La lluvia, 'fina, silenciosa, seguía empapando a los jinetes y molestando el
paso lento de los caballos. Resbalaban continuamente para colocarse en forma mediante especial esfuerzo, que daba la impresión a veces de que caballo
y jinete rodaúan entre piedras y todo.

A medida que la vereda se empinaba la columna se hacía¡ más y más larga.
En el trecho que ocupaba podían caber tres veces más caballos. Pero no pos
día ser de otra manera. Por un lado las rocas formando una muralla, por
el otro los abismos profundos, y a todo ello había que agregar el lodo, las
piedras, lo angosto de la vereda, y la fatiga.
En repetidas ocasiones fue neeesario caminar pie a tierra llevando de la
brida el caballo. En esos menesteres don Venustiano no encontraba dificultad
alguna; pero solícito Herrero le ayudaba a desmontar y a montar de nuevo.
Las atenciones de Herrero tan amistosas hacia don Venustiano, y sus repetidas protestas de lealtad no eran por todos bien recibidas. Despertaban
suspicacias, que pronto se desvanedan ante la franca aceptaci6n de don Venustiano, ajeno como era a los signos de adulación.
Pasadas cuatro horas de dura caminata, los primeros jinetes contemplaron
con desilusión el pequeño pueblo de Tlaxcalantongo. La atmósfera húmeda,
el abandono de las chozas, el silencio, la semioscuridad, todo daba la impresión de un lugar sin vida. Fueron llegando uno a uno los caminantes. Dirigían la vista a su alrededor y el c.orazón se les oprimía. Nada había allí que
indicara abrigo protector o siquiera para el descanso.
Estaban amontonados en una plazoleta lodosa, sin árboles. Dispersos se
veían algunos jacales de barrotes y palma. Herrero, cerca de don Venustiano, le señaló un jacal, tal vez el más grande diciéndole: esa pobre casa

369
368

H24

�será por esta noche el palacio nacional. Al resto de la comitiva indicó que
podían a discreción acomodarse en los demás jacales.
La noche se acercaba cuando don Venustiano entró en su "palacio". Por
todo mobiliario había una tosca mesa en el centro, y una silla desvencijada.
En este punto, epílogo de la tragedia, dejo la narración a quienes, con diversa autoridad, han escrito sobre los sucesos de la negra noche del 20 de
mayo de 1920 y de la madrugada estrujante que le siguió.
En primer término, transcribo la versión del general Francisco L. Urquizo,
testigo presencial, que aparece en su libro Carranza, editado en 1959, centenario del nacimiento del señor Carranza.

•
"Fuera de la actividad de la gente de la columna que desensillaba sus caballos y trataba de encontrar acomodo en las diseminadas casuchas de la
desolada ranchería, la vida parecía que había huído de aquel lugar.
Los escasos habitantes que sin duda estaban normalmente en aquel paraje
lo habían evacuado probablemente momentos antes de la llegada de la columna; aún se observaban huellas frescas de su estancia en el lugar. Secundino Reyes pudo pescar&gt; casualmente, al indígena que actuaba como autoridad en el poblado y lo llevó ante el señor Presidente.
-¿Dónde está la gente que vive aquí? -preguntó don Venustiano.
--Siñor, está por allá arriba, en las lomas, siñor.
-¿Qué hacen ahí? -nueva pregunta del señor Carranza.
-Están ctúdando sus milpas, siñor.
-Ordéneles usted que bajen y que nos traigan pastura para nuestros caballos; se les pagará lo que sea.
-Sí, sifior; voy a mandarlos.
Se fue el indígena y... no regresó.

•
-Capitán Suárez, no desensille su caballo; monte usted y vaya a avisar
a todos que no quiten las monturas de sus caballos y prevéngales que deberán
estar listos para continuar la marcha de un momento a otro.

A poco rato regresó Suárez de su comisión.
-Señor, todos han desensillado ya y se han diseminado por las casas distantes, tratando de encontrar forraje para lo&amp; animales.
-Está bien -contestó el Presidente, un tanto contrariado.
370

•
Más tarde lo vi yo, estaba sentado en el marco de la puerta del jacal
-Señor -le dije-, no hemos encontrado grano para los caballos. Es temprano todavía, y quizás convendría caminar un poco más hasta llegar a algún lugar en que encontráramos pastura para los animales.
-No me gusta esto; pero tenemos necesidad de esperar aquí noticias de
Mariel.
Conversó breves momentos después con varias personas de la comitiva que
lo fueron a ver; con el general Murguía, con Federico Montes, con Juan
Barragán, con Marciano González, con el licenciado Luis Cabrera y, seguramente también, con algunos otros de sus acompañantes. Hablaron de la
desastrosa situación del momento, del estado tormentoso del tiempo, de la
justicia de premiar a sus leales y, finalmente, al despedirlos en la puerta del
jacal, dijo el que fue siempre tan amante de la Historia Patria:
-Podemos decir lo que dijo el general Miramón en Querétaro: 'Dios esté
con nosotros en estas veinticuatro horas'.

•
Octavio Amador había conseguido algo de forraje para los caballos. León
Osorio, el inquieto propagandista convertido en soldado, llegó al jacal, e hizo
entreD'a de una gaUina que había logrado capturar y que Secundino Reyes
aderezó ele la mejor manera posible, ciadas las circunstancias, para que sirviera de cena al señor Carranza y a las cinco personas que estaban con él.
La noche se echó encima rápidamente.
Seguía lloviendo y soplaba un viento frío.
El Primer Jefe pidió una luz, y Secundino sacó de su morral un cabo de
vela que encendió y puso en el centro de la mesa.
En previsión de que la bujía se consumiera, dado su escaso tamaño, observó el señor Presidente que lo mejor era acostarse de una vez y apagar aquella vela cuya luz resultaría muy útil en la madrugada, al levantarse, para
continuar la marcha.
Hacia el fondo del jacal, en el rincón opuesto a la única pue1ia del mismo,
se acostó el Presidente; un poco distante, a su izquierda, el licenciado Aguirre Berlanga y a continuación Pedro Gil Farías.
Frente al sefior Carranza fue el sitio que eligió Mario Ménclez para reposar, y en la entrada de la puerta se acostaron los ayudantes Octavio Amador
e Ignacio Suárez.
Se hizo silencio en el interior del jacal y transcurrieron lentamente algu-

371

�nas horas. Afuera seguía lloviendo y las descargas eléctricas repercutían m-

contables veces en la serranía.
Suárez y Amador no dormían; cuchicheaban.
El tema de su conversación era¡ lo único que podía tratarse en aquellas circunstancias: la situación lamentable de aquellos momentos.
En medio de la obscuridad de la noche, vieron cómo una luz se acercaba
sigilosamente hacia la humilde casucha que servía de albergue presidencial.
Amador se levantó presuroso a inquirir quién o quiénes llegaban. Era un
ayudante del general Murguía, jefe de la columna, que por mandato de su
superior conducía ante el Presidente a un indio portador de un papel que
enviaba Mariel desde Xico.
El señor Carranza despertó y dispuso que se encendiera la luz y que pasara el enviado.
El Oficial de Murguía, cumplido su encargo, se retiró en seguida; el indio
hizo lo propio, no aceptando la invitación que le hicieron de quedarse a
dormir en el cobertizo en que estaban los asistentes con los caballos; prefirió
continuar su camino y llegar a su pueblo o a su rancho en medio de aquel
aguacero inclemente.
En voz alta el señoii Presidente leyó el recado que Je habíai sido entregado:
"El general Lindoro Hemández es leal. Muy de madmgada saldrá una
parte de sus fuerzas para encontrar a la columna expedicionaria y llevarla a
Villa Juárez". Firmaba el general Mariel.
- La verdad es que no había podido dormir pensando en esto -manifestó el señor Carranza- ; ahora sí vamos a poder descansar.
Se apagó nuevamente la vela, y esta vez sí se entregaron al sueño todos los
transitorios moradores del jacal.
Serían las tres de la madrugada cuando una descarga cerrada de fusilería
rompió el ruido monótono de la lluvia. Aquella descarga se hizo precisamente afuera del jacal, sobre el rincón en que dormía el señor Presidente.
Desde aquel momento se desarrollaron los acontecimientos con una rapidez vertiginosa.
Afuera, los asaltantes gritaban 'mueras" a· Carranza, insultos y 'vivas'. Adentro, en medio de la obscuridad absoluta, don Venustiano, herido, se quejaba.
El licenciado Aguirre Berlanga, que estaba cerca de él, al oírlo, le preguntó
solicito:
-¿Qué le pasa, señor?
-Tengo rota una pierna, no puedo levantarme -le contestó.
Una segunda descarga de fusilería repercutió imponente, perforando la
endeble pared del jacal.
Los ayudantes Suárez y Amador, pistola en mano, se levantaron inmediatamente.

372

Frente a la puerta del jacal no había ningún enemigo. El ataque estaba
concen~ado desde ~fuera, sobre el ángulo en que yacía el señor Presidente.
. Considerando Suarez que el camino estaba libre para sacar a su Jefe a
ttentas en la obscuridad, se dirigió hacia donde estaba él.
'
Se hallaba don Venustiano casi sentado en su improvisada cama. Suárez
lo rodeó por la espalda con su brazo derecho, diciéndole con respetuoso cariño:
-¡Señor... ! ¡Señor... !
. _De la ~arganta del Presidente Carranza se escapaba una fatigosa respirac10n, homblemente fatigosa.

-El Jefe está muriendo; oigan ustedes el estertor de su agonía.
Ya no había tiros sobre el jacal. Las descargas de las armas de fuego atronaban ahora sobre las demás casas de la ranchería.
En _la espantos_a obscuridad del cuarto acababa la vida del gran hombre,
sostemdo por su fiel ayudante Ignacio Suárez. Nadie se movió de la habitación.
Cuando Suárez observó que se había consumido la vida de su Jefe vio la esfera del reloj luminoso que llevaba en la muñeca.
'
-El Presidente acaba de morir; tomen en cuenta la hora que es: son exactamente las cuatro y veinte minutos".
Hasta aquí el relato, lleno de emotividad, del general Urquizo. Cita a personas cuya actuación fue directa en el momento mismo de la muerte del

señor Carranza, que todavía viven, y que, de no ser ciertos los hechos narrados, seguramente los hubieran rectificado.

•
Otra versión la encontramos en la obra Muertes Históricas de don Martín
Luis Guzmán. Veamos:
"No pasó mucho tiempo. Cerca de las tres o las tres y media, los fugitivos
desp~taron al clamor de grandes voces y a los disparos que se oían a la, puerta DllSIDa de las chozas. Parecía que los asaltaban. '¡ Viva Peláez!' '¡ Viva
Obregon.,
' P Y son~b a nutndo
·
fuego de fusilería. Se levantaron como pudieron, y como pudieron empezaron algunos a salir.
Af ~era, pese al estruendo, casi no vieron nada bajo la lluvia y entre la
oscundad, que era completa, aunque interrumpida por los relámpagos y los
fogonazos. Cerca de la choza de Cabrera y Murguía se entabló un tiroteo a
la ;ez que sonaban otros en torno de la choza de don Venustiano, y O:ás
alla, donde ~staban Bonilla y Amador, y hacia la parte ocupada por Fontes,
Carlos, Donuoguez, Ché G6mez y Landa Beniozábal, y del lado donde se
guarec1an Urqufao y sus ayudantes.

373

�-¡ Ríndete, Carranza: tienes garantías!
-¡ Ríndete, Murguia!
-¿Dónde estás, Bonilla?
-¿ Donde estás, Luis Cabrera?
Sueltos, espantados, empezaron a correr los caballos, algunos de los cuales ca.San heridos, o quebrados de las patas al tropezar con lo que encontraban en las tinieblas. Y seguían los gritos y las descargas; tan bien preparado todo, que al minuto de iniciarse el asalto ya era tremenda la confusión entre los que intentaban defenderse y los que pretendían huír. Peleaba
Murguía, peleaban sus oficiales y asistentes; pero casi no partían disparos
sino d~ las manchas claras de los asaltantes, apretados en grupos cerca de las
chozas y dueños de ellas por las armas y lo gritos. Ni un ¡ Viva Carranza!
Ningún grupo de defensores que opusiera verdadera resistencia.

En el interior de la choza de don Venustiano las descargas se habían
sentido cerradas desde el primer momento. Hendían las tablas por la parte
donde estaba acostado él; lanzaban pedazos de las tazas y platos que habían
quedado sobre la mesa. Afuera, junto a las tablas mismas, las voces gritaban:
'Sal, viejo an·astrado: aquí viene tu padre'. 'Sal&gt; viejo; ora sí vamos a cogerte por las barbas'. Y brillaba intermitente, por entre los resquicios, la
lumbre de los fogonazos, lo que parecia aumentar dentro de la choza la
oscuridad, en la cual, a tientas, todos trataban de levantarse y defenderse.
Alargó don Venustiano el brazo para coger sus anteojos y ponérselos; pero,
sintiéndose herido, se empezó a quejar. Le pregunt6 Aguirre Berlanga, que
también se había incorporado:

-¿ Le pasa a usted algo, señor?
-No puedo levantarme; tengo rota una pierna.
Suárez y Amador ya estaban en pie. Armados de sus pistolas intentaron
salir. Frente a la puerta no había nadie; el ataque parecía venir sólo de la
parte de atrás. Por un momento los disparos fueron tan próximos, que dos
de ellos parecieron produciue en la choza misma. Se volvió Suárez. A tientas
llegó hasta don Venustiano y le pasó un brazo por la espalda, para levantarlo
y ayudarlo a salir. Quiso hablarle, quiso animarlo, pero advirtió entonces que
del cuerpo que tenía sujeto no salía ya más que un estertor. Cerca y lejos seguían los disparos y los gritos.
Pasaron así diez minutos, quince, quizás veinte. Disminuía el tiroteo y aumentaban las voces. Suárez seguía sosteniendo a don Venustiano; sentía correr la sangre y vibrar en el cuerpo el estertor. Pero pronto rompió aquellas
sensaciones y la oscuridad de la choza la cercanía de un grupo de asaltantes
que llegaban a la puerta intimando rendición y ordenando que salieran todos
los que estaban dentro. Alguien les informó que el Presidente se hallaba he-

374

rido, que podían entrar, que nadie haría resistencia. Los asaltantes les mandaron entonces encender la luz, y, encendida ésta, pasaron.
Los capitaneaba un hombre de qujen después se supo que era pariente de
Rodolfo Herrero. Entraron apuntando las carabinas, profiriendo injurias
contra Carranza, cogiéndolo todo.
- ¡ A ver! ¡ Dejen alú al viejo! ¡ Todos aquí! Don Venustiano agonizaba.
Su estertor era un ronquido más y más grueso, que se iba yendo, que se iba
apagando. Entró otro grupo, al mando de un capitán y a los gritos de ¡ Viva
Pel.í.e,:! El capitán dijo que inmediatamente mandaría por un doctor. Todos
callaron y esperaron. El estertor se hizo opaco y lenue. Don Venustiano expiró.

Vino entonces Secundino Reyes a hincarse de rodillas junto al cadáver. Lo
acariciaba, Y él y Suárez estaban extendiéndolo en el suelo, y cubriéndolo con
la manta que tenía cerca de los pies, cuando se presentó, con más gente, Miguel B. Martíncz, el secretario de Herrero y Jefe de su Estado Mayor. Cogió
el chaquetín de don Venustiano, el sombrero, el reloj, y dispuso que los ocupantes de la choza salieran a ponerse en fila con otros prisioneros.
Amanecía. Sedan Las cinco de la mañana. La niebla y la lluvia, ya menos
copiosa, tamizaban la luz".
De este cuadro, muy bien dibujado, queda flotando una duda que se desprende de los dos tiros que "parecieron producirse en la choza misma". Es
una forma discreta para la historia, y literariamente elegante, de abonar la
posibilidad del suicidio de don Venustiano. La historia pide algo más. Sin
duda alguna el tiro que desgarró la pierna de don Venustiano lo recibió de
la primera descarga y fue de tal m3ocrnitud la hemorragia que pudo por sí
misma causarle la muerte.
Por lo demás, queda firme el hecho del asalto origen de la tragedia. Las
versiones sobre cuál tiro provocó la muerte de don Venustiano en manera
alg'lma disminuye la responsabilidad de quien o quienes dirigieron y autorizaron el albazo.

•
El coronel Miguel B. Márquez publicó en 1940 un libro titulado El Verdadero Tlaxcalantongo. Se trata de un documento público de inestimable valor,
puesto que el autor fue prominente actor en los preliminares y en el epílogo
del drama. Su relato tiene las características de testimonio fehaciente y de
confesión plena, lo que le da el carácter de prueba irrefutable, en los hechos
mencionados sobre el asalto, y sobre quienes !o efectuaron.

375

�Cuandq se desarrollaron los acontecimientos era Jefe del Estado Mayor del
general Rodolfo Herrero, además de fungir como su Secretario Particular.
Se infiere que estaba al corriente de cuanto sucedía, y dado su carácter
oficial y su íntima amistad con Herrero, se deduce que a sabiendas compartió
con su jcfe la responsabilidad.
Veamos lo que dice en su obra en la parte relativa:
"Al incorporarse Herrero a la Columna del señor Carranza, seguramente que debe haber sido presentado a este señor por el ge1ieral Mariel, '.Y en todo el camino hasta llegar a Tlaxcalantongo, según informes
de los testigos presenciales, colm6 de atenciones al Presidente, a quien
ayudaba a montar y desmontar del caballc, cuando era necesario hacerlo por lo accidentado y por las malas condiciones del camino, prodigándole tantas manifestaciones de afecto y respeto que impresionaron -quien
sabe si favorable o desfavorablemente- al señor Carranza, porque Herrero se excedió en sus manifestaciones de adhesión hacia el Presidente;
pero puede creerse, y yo lo aseguro, que s~ actitud era absolutamente
leal y sincera hasta esos momentos, pues que si antes había resuelto apoderarse de la Plaza de Zacatlán como obregonista, fue debido a los informes que le dio su pariente Ernesto, respecto de las intenciones que
atribuy6 al teniente coronel V alderrábano; pero una vez que la comitiva
llegó a su zona, el general Herrero se dio cuenta de que lo había engañado su pariente y por lo tanto tuvo el firme propósito de ser fiel al
señor Carranza, porque de lo contrario, no se habría incorporado a
dicha comitiva, ni menos la habria acompañado a Tlaxcalantongo, donde él personalmente anduvo alojando a todos, teniendo especial cuidado
para el Presidente; distribuy6 y colocó los puestos avanzados en los lugares más estratégicos y atendió los demás servicios militares en campaña.
En todos estos detalles están de acuerdo los testigos presenciales.
Como a las 8 de la noche, llegaron a la casa de don Leonel el general
Herrero y su pariente Ernesto, indicándome que habían acordado éste y
su hermano Hermilo, que esa madrugada se atacara a la comitiva del
señor Carranza en Tlaxcalantongo y me pidió mi opinión acerra del
particular. Me causó mucha extrañeza y profundo disgusto este cambio
tan inesperado e intempestivo del general Herrero; y al preguntarle por
qué había tomado esa determinación tan indigna de un hombre como
él, después de lo que acababa de hacer con eÍ señor Carranza y haberse
prestado a llevar a todos al lugar donde en esos momentos estarían descansando confiados en su lealtad, y traicionando con su determinaci6n
al general M ariel que había depositado en él ( en Herrero), toda su

376

confianza, me contestó que tanto su hermano como Ernesto lo habían
comprometido en tal forma, que se había visto obligado a consentir,
aduciendo como una razón poderosa la de que casi todos los soldados
que estaban a las órdenes del primero, andaban borrachos (lo que era
rigurosamente cierto), y exigían que se llevara a cabo este ataque, lo
cual no podía impedir por no contar con elementos suficientes para
hacerlo.
Como dije antes, el general Herrero fue a consultar mi opinión acerca del pretendido ataque a la comitiva, y :Yº le manifesté que me oponía
terminantemente a que se llevara a cabo, como ya nos habíamos opuesto
antes el coronel Lechuga y yo a que en Patla la atacaran Ermilo y
Ernesto; y seguí exponiéndole razones de tanto peso y convincentes a
fin de que no cometiera acción tan villana y tan irzdigna de un hombre
de su prestigio y valor, que su cuñado don Leonel se expresó más o menos en esta forma: 'hermano, lo que te dice don Miguel es la verdad
y no debes oír más que lo que; él te aconseje y no lo que te digan Ermilo
y Ernesto :Y por lo mismo debes desistir de emprender el ataque que
tienes dispuesto a Tlaxcalantongo'; pero ya estaba completamente sugestionado por sus parientes y no me valieron ningunas razones para
convencerlo de que obraba equivocadamente y en forma contraria a su
palabra empeñada; y sin hacer caso ya de lo que su cuñado y yo le decíamos, resolvió que se atacaría a Tla.xcalantongo esa misma madrugada,
manifestándome que, en vista de que yo me oponía terminantemente al
ataque, no fuera con ellos y que permaneciera ahí en La Uni6n, ert
espera del resultado; pero no acepté porque supuse que era exponerme
a ser víctima del general Mariel, quien tenía que regresar al día siguiente y es seguro que no habría creído que yo permanecía en La
Uni6n por haberme opuesto al ataque, y en el mejor de los casos, por
lo menos me habría aprehendido.
Volvamos a los preparativos del ataque a Tlaxcalantongo. Eran más
o menos las nueve de la noche del 20 de mayo, cuando después de la
discusi6n sostenida sobre el mismo asunto el general Herrero y yo, discusión que presenciaron los señores Leonel Lechuga y Ernesto Herrero,
como ya lo dije antes, dispuso el general que primeramente se escribieran dos cartas: una dirigida al general Obregón, a México, comunicándole que habiendo reconocido el Plan de Agua Prieta, esa madrugada,
es decir el 21 de mayo, atacaría la columna del señor Carranza que
había pernoctado en Tlaxcalantongo, y que oportunamente le daría cuenta del resultado de esta acci6n de armas; y otra, al general Mariel, a

377

•

�Villa ]uárez o donde se encontrara, dándole un aviso semejante '.Y haciéndole ofrecimientos hasta cierto punto denigrantes y por lo tanto
inadmisibles para un hombre de la lealtad del general Mariel.
Como a las once de la noche orden6 el general Herrero la marcha de
la columna atacante, compuesta cuando más de 120 hombres mal armados y municionados, porque no trajo el contingente que había en Progreso de Zaragoza; y enmcdio de una noche muy obscura ,, lluviosa nos pusimos en camino, la marcha fue penosa y dificil porque no se veía completamente nada y la lluvia era muy pertinaz. Hicimos alto como a la
una de la mañana en u11 rancho de la propiedad del señor don Antonio
Santos };forales, comerciante de Villa Juárez; descansamos unas dos o
tres horas y como a las cuatro de la mañana se reanudó la pesada marcha hasta llegar a unos jacales, inmediatos al ranclto indicado, donde
form6 su plan de ataque el general, organizando tres columnas para el
asalto, en la forma siguiente: una al mando del mayor Herminio Afárquez Escobedo (téngase en cuenta que los hermanos de Herminio fueron
asesinados en Otlatlán por fuerzas de Barrios, estando en tratos para rendirse al gobierno), llevando como segundo jefe al capitán Facundo Garrido '.Y Ernesto Herrero como agregado a la misma co/tlmna: la otra la
mandaba el capitán Perfecto Medina, y la tercera, el de igual grado
Alfredo Gutiérrez. Ordenó el general Herrero a cada jefe de columna
que el ataque se hiciera simultáneo y por distintos rumbos del poblado,
con la recomendación especia!, so pena de un castigo muy severo, de
que al señor Carranza no se le hiciera ningún daño ,, que en caso de caer
prisionero se respetara su vida a toda costa y se le guardaran las debidas
consideraciones.
Estas columnas avanzaron pie a tierra, pues la caballada se quedó en
el jacal al cuidado del oficial Francisco Vega. El general y )'o, con nuestros asistentes, nos quedamos como a un kilómetro de distancia del lugar
del combate sin tomar parte en él, iniciándose ef. fuego como a las cuatro
'.Y media de la mañana; al principio muy nutrido, pero fue disminuyendo
a medida que la resistencia era más débil, de tal modo, que como a las
seis casi cesó el fuego, oyéndose de cuando en cuando tiros aislados hasta
que r.ein6 un completo silencio como prueba de que el combate había
terminado. En e/ecto, a los pocos momentos se presentó al general el
capitán Facundo Garrido, enviado por Ernesto y le dijo: 'No tiene 1tsted
má.s novedad que se suicid6 el Presidente y que ya tomamos el p1teblo
haciendo bastantes prisioneros 1' no sabemos qué hacer con ellos'. E.ita
noticia caus6 muy mala impresi6n al general, expresando su pena por este
suceso fatal e irreJ1arable, ordenándome que inmediatamente fuera a

378

recibir los prisioneros, cuyas vidas debían ser respetadas y que los condujera después con toda clase de consideraciones y seguridades, hasta
el jacal donde estaba la caballada,· comisión que cumplf debidamente,
entregando sin novedad como 60 ó 70 prisioneros, sin poder precisar el
número de ellos, pues no fueron listados por la premura del tiempo.
Se recogieron muchas caballos, algunas pistolas y carabinas 'Maüsser',
parque y otros objetos; y del jacal donde estaba el cadáver del señor
Carranza, al que penetr6 Ernesto en compañía del mayor Herminio
Márquez Escobedo y del capitán Facundo Garrido, se recogió u11a máquina de escribir portátil, los lenteJ del extinto señor Carranza, su pistola
ensangrentada con tres cartuchos disparados y su maüsser con la efigie
del señor Garran.za labrada en la culata. Del jacal donde se alojó el
general Murguía, se recogió su reloj de oro, que como obsequio le hicieron sus subordinados en su día de su santo~ según la inscripción alusiva que tenía grabada. Se recogieron además sus polainas, su guerrera
)' su fuete".

En diversas ocasiones Herrero maniíestó que no había matado a Carranza.
Poco antes de morir insistió en su dicho.
Analizando los hechos sin prejuicios, con objetividad histórica que significa
plena justicia, existen datos suficientes para situarlo en la posición que le
corresponde.
Era Herrero el Jefe de la tropa que atacó Tlaxcalantongo. Él ordenó el
asalto sin participar personalmente. Delegó el mando en su hermano Ernesto y
en su pariente Hermilo Herrero.
Puede haber sucedido, sin que existan constancias, que ordenara respetar la
vida de Carranza.
Herrero era un militar con larga experiencia en el arte de la guerra, especialmente de guerrillas, donde la habilidad, el conocimiento del terreno y
la audacia juegan importante papel.
No podia ocultarse a Herrero el riesgo inminente que corría Carranza.
Los atacantes conocían el lugar, superaban en número y armas a los atacados, la obscuridad era intensa, llovía y en las casuchas dormían amontonados los legalistas.
El fu ego se concentró en el lugar preciso en que dormía Carranza. Las
balas traspasaron las débiles tablas del cuartucho hiriéndolo de muerte. No
hubo más heridos ni siquiera entre los que descansaban en el mismo cuarto.
El tiroteo se prolongó durante varios minutos, como si hubiese la consigna de
disparar al aire, con la intención de simular un combate.
379

�Quienes salieron de los jacales para repeler el ataque no distinguían enemigo alguno, La obscuridad era tan intensa, tan compacta que podía cortarse
con un cuchillo. En cambio podían ser alcanzados fácilmente por los disparos de los enemigos que previamente se habían posesionado de lugares dominantes, y cuando la confusión era mayor, irrumpieron estrepitosamente enmedio del caserío.
Avisado el general Herrero de los sucesos, PQCO después se presentó en el
lugar de los hechos asumiendo el mando personalmente.
Diez horas antes como soldado al servicio del gobierno, y como amigo, había
dejado a Carranza y a sus acompañantes en aquel lugar.

¿ A qué obedeció ese cambio tan radical? ¿ Fue la consecuencia de un plan
previamente meditado desde que se agregó a la columna de Carranza?
Los antecedentes del general Herrero lo acreditaban como hombre serio,
responsable y de honor. Sin embargo en el momento cumbre falló. ¿ Qué circunstancias motivaron esa situación?
Semanas antes del pronunciamiento de Agua Prieta lo visit6 el general
Alberto Basabe y Piña invitándolo a que se adhiriera a la revolución que encabezaría el general Alvaro Obregón, no aceptando. Días después le hizo
semejante propuesta el licenciado Manlio Favio Altamirano, Diputado al
Congreso de la Unión, negándose también. Cuando ya había estallado el movimiento, su hennano Ernesto y su pariente Hermilo le aconsejaron que se
adhiriera al plan de Agua Prieta, decidiendo en esta nueva ocasión seguir fiel
a sus deberes militares.
Tales antecedentes hacen presumir que en su lucha interna, hasta el momento de acompañar a Carranza a Tlaxcalantongo, había triunfado en su
conciencia la lealtad.
El cambio se operó posiblemente a contar del momento en que, llamado
con engaño por su jefe de Estado Mayor, dejó Tlaxcalantongo para ir a donde
se encontraba su hermano, de quien se decía estaba herido.
La presi6n de los parientes fue de tal magnitud, que olvidando las distinciones recibidas del general Mariel, la disciplina militar, y las palabras de
lealtad que horas antes había ratificado personalmente a don Venustiano,
siguió el camino fácil, en esos momentos, de la deserción.
Su Jefe de Estado Mayor, en su obra mencionada, con crudeza describe
la actitud de Herrero al decidir el ataque a la maltrecha columna del señor
Carranza, y le echa en cara "haberse prestado a llevar a todos al lugar donde
en esos momentos estarían descansando confiados en su lealtad, y traicionando
con su determinación al general Mariel, que había depositado en él toda su
confianza".

380

La tremenda requisitoria del coronel Márquez hunde al general Herrero,
y se hunde también su acusador, a pesar de los esfuerzos literarios que hace
para salvar su responsabilidad.

SEGUNDA PARTE

Con la inmolación del Presidente de Ja República, don Venustiano Carranza, concluía una etapa política y se iniciaba la consolidación del régimen
emanado del Plan de Agua Prieta.
Para mis propósitos me ocuparé en especial del desenlace de la tragedia
por cuanto hace a quienes, con el signo de la lealtad, siguieron a don Venustiano hasta la cumbre de la montaña, en donde un humilde pueblo sirvió de
sombóo escenario a un acontecimiento cuya magnitud describirá la historia.
Al despertar, las débiles luces de un día húmedo, el 21, mostraron los
efectos de un triunfo que no satisfacía a los vencedores, y de un dolor indefinible de los vencidos que borraba todo temor a las consecuencias futuras.
Setenta prisioneros, indiferentes a todos los peligros, rodeaban el cuerpo inerte del jefe. Emprendieron el camino a Villa Juárez, siguiendo a los indios que
lo cargaron en una improvisada parihuela.
La imponente procesión atravesaba rancherías cnrnedio de un silencio impresionante. Flores frescas eran depositadas por los indios sobre el cadáver.
Una desteñida bandera nacional fue colocada por alguien al lado de las flores.
Custodiados los prisioneros no atendían a más preocupación que al féretro.
Nadie hablaba. Los vencedores, cada vez más reservados, acabaron por respetar aquel silencio sumándose a lai tristeza reinante.
Cerca ya de Villa Juárez, ordenó el general Herrero la libertad de todos
los prisioneros. Antes procuró que firmaran una acta en la que se hacía
constar que don Venustiano se había suicidado. Recurso absurdo, significativo
del remordimiento que lo atocigaba y que lo martiri7.6 basta el fin de su vida.
Apenas si aquel acto signific6 para los prisioneros un poco de alivio físico.
La tensión nerviosa y el agovio moral eran de tal categoría, que el cansancio
físico, el ayuno y las molestias de la ropa mojada y los zapatos maltrechos, bien
poco les importaban.
Continuaron la marcha ya sin la compañía de personas que no les eran
gratas. A medida que se acercaban a Villa Juárez las demostraciones de condolencia aumentaban. De las casuchas salían gentes con flores que depositaban
en el féretro. De los árboles prendían listones o simples trapos negros. Hombres
y mujeres lloraban. Los indios solícitos se turnaban en el sostén de la parihuela.
Hicieron alto en el poblado de Xico, en donde esperaba a la columna el

381

�general Francisco de P. Mariel, con fuerzas del teniente coronel Valderrábano,
que guarnecía Villa Juárcz y había permanecido fiel al gobierno. Se improvi ó
la capilla ardiente en un modesto edificio destinado a escuela. Se cubrió el
cuerpo con la bandera nacional y se le rindieron los honores de ordenanza,
disparándose 21 cañonazos.
Continuó momentos después la triste caravana, llegando en la noche -21
de mayo- a Villa J uárez.
En tanto se hacen los preparativos necesarios para que se practique la
autopsia y embalsamamiento del cadáver, los amigos de Carranza envian el
siguiente mensaje al general Pablo González con copia al general Alvaro Obregón: "Hoy a la madrugada en el pueblo de Tla.-ccalantongo fue hecho prisionero y asesinado cobardemente, al grito de 'V.iva Obregón', el Ciudadano
Presidente de la República don Venustiano Carranza, por el general Rodolfo
Herrero y sus chusmas, violando la hospitalidad que se le había brindado. Los
firmantes de este mensaje protestamos con toda energía de nuestra honradez
y lealtad ante el mundo entero por esta nueva mancha arrojada sobre la
Patria.
"Cumplida la obligación que nuestra dignidad de soldados y amigos nos
impone, nos ponemos a la disposición de usted y sólo pedimos llevar el cadáver
de nuestro digno jefe hasta su última morada en esa capital, suplicándole ordenar se nos facilite un tren en Beristáin para tal objeto.-Atentamente.Firmados: Generales: Juan Barragán, Francisco L. Urquizo, F. de P. Mariel,
Federico Montes, Marciano González, Ignacio Bonillas; coroneles: M. Fcrnández, S. Lima, Arturo Garza, Librado Flores, Eustaquio Durán, Maclovio
Mendoza. Victoriano Farías; mayor Ignacio .Meza; capitanes primeros: Pedro
Rangel, Ismael García, Raúl Fabela, Juan R. Gallo, Fermín Valenzuela; capitanes segundos: Santiago Kell, Ignacio l'vf. Velita, Juan Sánchez, Mariano
Gómcz; tenientes: Pedro Montes, Juan G. Barrón, Manuel Robledo; subtenientes: Pascual Zamarrón, W enceslao Cáceres, Tirso González".
A este telegrama contestó el general Obregón con otro, concebido en los
siguientes términos:
"México, mayo 22 de 1920.-General Juan Barragán y demás firmantes del
telegrama de ayer.-Es muy extraño que un grupo de militares que, como
ustedes, invocan la lealtad y el honor y que acompañaban al C. Venustiano
Carranza, con la jndcclinable obligación de defenderle, hayan pennitido que
se le hubiera dado muerte, sin cumplir ustedes con el deber que tenían, ante
propios y extratios, de defenderle hasta correr la misma suerte, máxime cuando sabe toda la nación que son ustedes precisamente los más responsables en
los desgraciados acontecimientos que han conmo,·ido a la República durante
las últimas semanas y que ayer tuvieron el lamentable desenlace de la muerte

382

del C. Venustiano Carranza, muerte que encontró abandonado de sus amigos
Y compañeros, quienes no se resolvieron a cumplir con su deber en los momentos de prueba. Repetidas ocasiones se notificó al C. Carranza que se Je
darían toda clase de garantías a su persona, si estaba dispuesto a abandonar
la zona de peligro; y él se negó a aceptar esta prerrogativa, porque creyó
indudablemente que habría sido un acto indigno de un hombre de honor ponerse a salvo, dejando a sus compañeros en peligro. Este acto, que rebeló en
el señor Carranza un rasgo de dignidad y compañerismo, no fue comprendido
por ustedes. Solamente los firmantes del mensaje a que me refiero son treinta
y dos militares y un civil; número más que suficiente, si hubieran sabido cumplir con su deber, para haber salvado la vida del señor Carranza, si es, como
ustedes lo aseguran, que se trata de un asesinato; y tengo derecho a uponer
que ustedes huyeron sin usar siquiera sus armas, porque ninguno resultó herido. S.i ustedes hubieran sabido morir defendiendo ]a vida de su jefe y amigo,
que tuvo para ustedes tantas consideraciones, se habrían conc.iliado en parte
con la opinión pública y con su conciencia y se habrían ahorrado el bochorno
de recoger un baldón que pesará siempre sobre ustede .-A. Obregón".
La rudeza del lenguaje empleado por el general Obregón en este mensaje
acusa un estado de ánimo exaltado a la vez que una precipitada posición ante
la historia cuando dice que si "hubieran sabido morir defendiendo Ja vida
de su jefe y amigo. . . se habrían ahorrado el bochorno de recoger un baldón,
que pesará siempre sobre ustedes".
¿ Cabe hacer responsables a quienes, confiando en el honor y el deber de
un hombre, son asaltados cuando donnían en condiciones físicas y morales
desastrosas, precisamente por quien había ofrecido la más absoluta protección?
¿ Qué hicieron los cientos de amigos del general Obregón, que festejaban
su triunfo reeleccionista en el restaurante de la Bombilla, cuando fue arteramente asesinado ocho años después de estos acontecimientos?
¿ Se le ocurrió a alguien tildar de cobardes o de imprevisores a los amigos
de Obregón que lo acompañaban en la misma mesa en que fue asesinado?
Podemos juiciosamente calificar de injusto el anatema que Obregón lanzó
contra los amigos de Carranza. Y podemos también calliicar de víctimas del
propio Obreg6n a estos señores, puesto que él fue la figura de más relieve en
el pronunciamiento militar que originó la tragedia final.
Si el miedo a morir de lo.s amigos de Carranza fuese la causa de su asesinato no hubieran tenido la entereza de entregarse a los vencedores. El telegrama que contestó Obregón es un título de hombría patente.
Pero hay que agregar todavía, como inequívoca expresión de valor ciudadano
Y militar, la orden expedida por el general Francisco Murguía, al llegar a Ne~axa, cuya lectura escucharon todos en posición de firmes y fue cumplimentada
literalmente. Este documento dice:

383

�"Orden General Extraordinaria de la Columna Expedicionaria de la Legalidad eJ.."}Jedida este dia", Dice así:
"El General en Jefe de la Columna, teniendo en cuenta:
"Que en cumplimiento del deber marcado al Ejército Nacional, cuya
función fundamental consiste en velar por la pureza de las instituciones,
sali6 de México el día siete de los corrientes la Columna Expedicionaria
de la Legalidad en unión del C. Venustiano Carranza, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Que a través de la sierra de Puebla, el señor Presidente Carranza_ mcttmbió a consecuencia de una de las más infames·traici011.es que registra
la Historia Patria, de manera que el manto de la Legalidad ha sido
desgarrado, y, por ende, ahora inrnmbe a la citada Columna, como lo
está efectuando, llevar a México el cadáver del ilustre mandatario, que
no desmayó en el camino de la salvación de los principios.
Que en las conciencias de todos y cada uno de los miembros que in_teoran dicha Columna está la íntima convicción de que se ha cumplido
fielmente con los deberes del buen ciudadano, tanto por lo que respecta
a los que portan grados militares, cuanto por lo qtle hace a los meramente civiles, siendo de loarse en grado extremo la abnegación, lealtad
y valentía de todos ya que lo mismo que el señor Presidente no sufrieron ningún desaliento en la maTcha emprendida.
Que estando por terminar la misi6n de la expusada Columna, pues
solamente resta acompañar el cadáver del señor Presidente a su última
morada en la ciudad de México, es de absoluta justicia para los efectos
de la Hi.storia y para el precedente de la posteridad consignar en el presente documento un estímulo de honor a la par que de mérito para los
integrantes de la propi,a Columna.
.
Por todo lo anterior expuesto, esta Jefatura de la Columna ha tenido
a bien acordar:
Primero: Todos los miembros de la Columna Expedicionaria de la
Legalidad marcharán a la ciudad de México en compañ!a gloriosa del
cadáver del señor Presidente de la República, don Venustiano Carra11za,
a fin de depositarlo en su última morada.
Segundo: Efectuado el sepelio del señor Presidente, la Columna quedará disuelta, debiendo presentarse los militares a la Jefatura de la Gua~nición de la Plaza de México para lo que disponga el Presidente Provisional que fuere nombrado de acuerdo coii la Constituci6n de la República.
Tercero: Se hace una menci6n especial de todos los miembros de la
mencionada Columna J1or su abnegación y lealtad al haber acompañado

al C. Presidente de la República en la marcha emprendida para salvar la
Legalidad.-El General en Jefe, Francisco Murguía.
Lo que se hace saber a la Columna Expedicionaria de la Legalidad
de orden superior.-Comunícada: El Coronel, Jefe del Estado Mayor,
F. de Le6n".

En cuanto a quienes sin reservas, sin solicitar previamente garantías, obedecen una orden militar que los obliga a entregarse a los vencedores, tratando
de cumplir basta el último momento con sus deberes de soldados y de amigos
del Presidente, no puede en forma alguna ponerse en tela de juicio su pundonor y su lealtad.
La tragedia de Tla.-.ccalantongo tiene su epílogo espartano. Aquellos a quienes
se llam6 cobardes en un arranque de violencia, obedecen estrictamente la orden expedida por el general Francisco Murguía.
Marchan a la Ciudad de México "en compañia gloriosa del cadáver dcl
señor Presidente de la República, don Venustiano Carranza, a fin de depositarlo en su última morada".
En lento caminar del tren van los fatigados "amigos de don Venustiano"
rumbo a la capital. No discuten su destino ni les interesa su suerte. La traición los ha colocado en posición de víctimas a merced de las pasiones, que
allá afuera del tren, abaten principios, encrespan ambiciones, y transforman
las Instituciones a golpes de infidencias.
Llega el tren mortuorio a la ciudad de México el dia 24 de mayo. Previamente son detenidos por fuerzas militares los acompañantes del cadáver de don
Venustiano, e internados en la Penitenciaría.
En el domicilio de la familia Carranza, de las calles de Lerma, es velado
el cadáver y en la tarde, sin ceremonias oficiales, por disposición de las autoridades, parte el cortejo fúnebre rumbo al Panteón de Dolores.
Más de cincuenta mil personas forman la procesión, y al depositarse el ataúd
en una fosa de tercera clase, como lo había dispuesto don Venustiano, se
escuchó el Himno Nacional, cantado por millares de voces. Hablan en esos
solemnes momentos, e.."&lt;altando las virtudes del señor Carranza, y condenando
,a los traidores, el licenciado Antonio Islas Bravo y el ingeniero Baltasar Fcrnández Cué.
Queda cerrada así una etapa histórica, que es para unos de gloria, y para
otros de remordimiento y eterna pesadumbre, que no siempre la victoria va
acompañada del honor y la justicia.
En rápida mención de sucesos, como una referencia adicional de valor
histórico, anotaré las actividades sobresalientes del general Rodolfo Herrero,
hasta su muerte.
El día 21 de mayo, posiblemente aturdido por la hecatombe de que había

384

385
H25

�sido protagonista, logró que un grupo de prisioneros subscribiera, una -~ta en
la que se hacía constar que don Venustiano Carra~za _se hab1a. smc1dado.
Documento sin valor probatorio alguno, porque babia sido obte~1do por la
fuerza; pero elocuente por cuanto a que trataba Herrero de esquivar la responsabilidad tremenda de la tragedia.
En el camino que lleva a Villa Juárez, Herrero se desprende de la columna,
deja en libertad a los prisioneros, y temeroso de ser atacado por las fuerzas
del teniente coronel Valderrábano, que había permanecido leal a_l gobi:rno
constituído busca el refugio de sus antiguas correrías. Llega ese mismo dia a
Progreso d~ Zaragoza, Ver., donde recibe noticias alarmantes del coronel César
Lechuga. Le informa que el general Pablo González ha destacado fuerzas para
que lo ataquen.
,
Aprovecha el tiempo para enviar telegramas al general Pablo Gonz~l~z Y
al general Alvaro Obregón, haciendo relación_ ~ s,u gust~ de los ,aconte~ientos, insistiendo en que el señor Carranza se swc1do. Nemoso enV1a propios para que localicen al Jefe de Operaciones de Papantla. Se trata del _coronel
Lázaro Cárdenas, quien, en persecución de la columna d: don V~nustiano, se
ha detenido a orillas del río Entabladero, que está crecido, precisamente ese
día 21 de mayo, desconociendo los acontecimientos en que partici~ara Herrero. Le envía un propio invitándolo a adherirse al Plan de Agua Pne~a.
Encuentra Herrero la tabla de salvación. Emprende la marcha hacia Coyutla, lugar al que se dirige también el coronel Cárdenas. Se :~' se sal~~a~,
y Herrero le informa de los sucesos; Cárdenas recoge la vers1on del smc1d10
con reservas.
El día 5 de junio llega a México Herrero. Sostiene con insistencia que don
Venustiano se suicidó. La opinión pública está en su contra, a pesar de las
fanfarrias del triunfo de Agua Prieta. Ya, ante el Juez Tercero Supernumerario de Distrito, al hablar del suicidio dice que a él, en realidad, no le
consta, por no haber estado presente en el asalto.
.
. ..
Pasada la efervescencia del momento, se dejó a Herrero en dtspombilid~~
en la ciudad de México. A fines de julio fue nombrado jefe del Sector M1htar de Papantla, Ver., puesto que desempeñó hasta diciembre, _pasando a
México, por instrucciones del general Benjamín G. Hill, Secretano de Guerra, quien lo consignó a un Consejo de Guerra, co~~ ~resunto responsable
de los delitos de violencia contra las personas y hom1C1d10.
.
.. ,
Fue internado en la Prisión Militar de Santiago Tlaltelolco,, a d1spos1Cton
del Juzgado Segundo de Instrucción Militar. El proceso
llev? a cabo de~tro de los procedimientos rutinarios, y al final se decreto la libertad condi-

s;

cional de Herrero.
.
.
Días después, el primero de enero de 1921, el general ~nnque Estrada, ~ 1nistro de la Guerra, substituto del general Hill, que hab1a muerto, ordeno la
386

baja del general Herrero, por indigno de pertenecer al Ejército, en virtud de
haberse valido de medios contrarios al honor para atacar al señor Carranza
y a su comitiva en Tlaxcalantongo.
A fines de 1923 estalló la Revolución encabezada por don Adolfo de la
Huerta, alistándose Herrero en las filas del gobierno. Su actuación le valió
entrar de nuevo a formar parte de] ejército. Participó al lado del general Almazán contra la rebelión dirigida por el general José Gonzalo Escobar en
1929, continuando en servicio activo hasta el año de 1938 en que siendo
J
'
Presidente de la República el general Lázaro Cárdenas, se le dio de baja por
indigno de pertenecer al Ejército Nacional.
Retirado de toda actuación militar, se radicó definitivamente en Monterrey. Había, años antes, colaborado estrechamente con el general Almazán,
durante su gestión como jefe de esta Zona Militar, muy especialmente en la
construcción de la Ciudad Militar.
Nunca se hizo notar su presencia en Monterrey, ni en su carácter de mfütar en servicio activo, ni posteriormente cuando no tenía jerarquía alguna
militar.
Su retraimiento fue tan acentuado, que, cuando por alguna causa se le
mencionó públicamente como residente en Monterrey, causó sorpresa general. Así pasaron alrededor de treinta años.
En diversas ocasiones la prensa se ocupó profusamente de los acontecimientos de Tlaxcalantongo1 especialmente en los aniversarios de la tragedia, mencionándose en todas las ocasiones el nombre de Rodolfo Herrero, como el responsable. El guardó siempre un mutismo impenetrable, salvo en el caso de
una entrevista que le hizo la revista Impacto, que dio lugar a la intervención
de numerosas personas, por su conocimiento personal de los acontecimientos.
La importancia hist6rica de las diversas versiones emitidas entonces -julio Y agosto de 1958-, provenientes de personalidades de intachable rectitud, que por otra parte fueron protagonistas de los hechos, producen la impresi6n de que fue el general Rodolfo Herrero el responsable directo del
asesinato del Presidente don Venustiano Carranza, con los agravantes de premeditación, alevosía y ventaja, que configuran en el caso el delito incalificable de traición.
Insertaré algunos párrafos de los escritos en cuestión, que hablan con sobrada elocuencia de este acontecimiento.
Las declaraciones de Herrero se contienen en la relación dramatizada que
hace el Señor Carlos Lamayoa Lizárraga, jefe de redacción de Impacto en
la edición del 6 de agosto de 1958.
Nada existe de seriedad, nada que pueda calificarse siquiera como atenuante. Se concreta a repetir que no tenía por qué "matar al viejito", que antes

387

�bien se proponía salvarlo y por eso atacó Tlaxcalantongo. Argumento trivial
y absurdo.
Entre sollozos y ademanes forzados Herrero dice: "Sí, señor, aquello fue
horrible. Llovía mucho, Ja noche estaba cerrada, fría. Hubo muchos tiros.
Yo sabía cómo estaba dispuesto todo. Ordené a un primo mío que se encargara de sacar de su choza al viejito y que con su vida me respondía de la
suya. Yo estaba dispuesto a arrebatarlo a aquélJos al señor Carranza, para
salvarlo. Pero a los pocos minutos mi primo se me acercó entre el tiroteo
y me dijo que el viejito estaba "frío". No lo creí, señor. No podía creerlo. Me
metí en la choza y, efectivamente, el Presidente estaba muerto; en su mano
derecha tenía una pistola".
Difícilmente se pueden amontonar en una declaración tan breve tal cantidad de inexactitudes y contradicciones. Siempre hab.ía dicho Herrero que
él se quedó' a un kilómetro de distancia del poblado; y que uno de sus ayudantes le fue a avisar que don Venustiano se había suicidado. Ahora resulta
participando en el asalto. Y olvida que perpetrado el crimen rindió parte
telegráfico, que en lo principal dice: "Cerro Azul, Puebla, vía Huauchinango, el 22 de mayo de 1920. Of. 9.20 a.m. C. Gral. de Div. Pablo González.
México, D. F. Mé.xico, D. F.-Muy urgente.-Hónrome participar a usted
que por falta de noticias y comunicaciones, hasta estos últimos días reconocí Plan de Agua Prieta, adhiriéndome con doscientos hombres a mis órdenes, dependientes de la División General Manuel Peláez. En tal virtud y con
objeto de aprehender señor Carranza y principales acompañantes, a las tres y
media de la mañana de ayer ataqué con ochenta hombres y logré tomar el
pueblo de Tlaxcalantongo, del distrito de Huauchinango, donde hailábase de
paso para el norte de la República, donde pretendía establecer su gobierno
citado señor Carranza y su comitiva, escoltado por fuerzas general Francisco
Murguía. Viéndose perdido el C. Carranza y comprendiendo que era inevitable que caería prisionero, suicidóse, disparándose un balazo en el pecho
con su propia pistola, que conservo, la cual aún tiene sangre en el cañón".
Por fin, ¿con quién estaba Herrero? No puede darse, crédito a las palabras
pronunciadas después de 38 años de los acontecimientos, cuando los hechos
hablan con claridad absoluta. Lo cierto es que los remordimientos no dejaron
a Herrero un instante tranquilo.
Se enreda Herrero en la madeja de mentiras que cuenta. Luego dice:
"Ellos los que lo acompañaban, son los responsables. ¡ Los únicos responsables
de la muerte del viejito: No supieron cuidar y defender a su Jefe!"
¿ De quién debían defender al Jefe sus acompañantes? Al honor militar de
Herrero se había confiado todo. Y fue él precisamente el que efectuó el
ataque. Fue él quien distribuyó las guardias, y él quien destinó el lugar en
que debía dormir don Venustiano.

388

Pero veamos algo de las réplicas que le endilgaron algunos de los testigos,
personas de solvencia moral indiscutible.
El teniente coronel Aarón Valderrábano, jefe de la guarnición de Villa
Juárez, en los tiempos históricos de T'iaxcalantongo, uno de los pocos militares que permaneció fiel a Carranza dijo a Impacto -julio 30 de 1958:
"Al saber yo que la expedición del señor Carranza había abandonado los
trenes en Aljibes y se internaba en mi zona, Uamé a Herrero y lo conminé,
como hombre y como soldado, a que me dijera si realmente nos era leal Y
Herrero 1Jor6 ante mí, me abrazó y me juró su decisión de permanecer al
lado del Presidente Carranza. Como aconteció con el general Mariel, yo también creí en Herrero... Pero ese día -20 de mayo- Rodolfo fue localizado
por su primo Ernesto Herrero, quien seguramente le trnsmitió las 6rdenes de
asesinato. Lo que siguió bien se sabe, en la madrugada del 21 Rodolfo y sus
hombres cometieron el crimen ... Todos los integrantes de la expedición dieron pruebas de valor y lealtad al acompañar al Presidente hasta Tla.xcalantongo. ¿ Que en los momentos del atentado nada hicieron? Cierto, pero
¿ qué podían hacer? Todos estaban agotados, hambrientos, deshechos, eran
casi cadáveres... En mi concepto nada ni nadie podrá lavar la mancha de
traidor a Rodolfo Herrero, supuesto que al cometerla se encontraba sometido
al gobierno que presidía el extinto Presidente Carranza, y es imperdonable
que al encontrarse en estas condiciones trate de disculparse diciendo que como soldado recibió órdenes superiores, ya que, en realidad, el general Obregón era un rebelde".
El periodista e historiador, de tajante pluma y briosa acometida, don Roberto Blanco Moheno expresa -Impacto, julio 30 del 58-: "Herrero, antes
de presentarse a Carranza, está ya dispuesto a matarlo. En este sentido, en
el de atacar a la columna, no tiene más responsabilidad que es bien grande
por cierto -que la de todos los otros militares- que se levantaron a favor
de Obregón. Cárdenas mismo subió la sierra para atacar la columna presidencial; pero la hubiera atacado de frente, en plan de guerra, como soldado levantado en armas, sin más delito legal que el de rebelión. Lo malo, lo
repugnante en Herrero, es que antes de matar fingió lealtad, fue servil con el
Presidente. Herrero sirvió de palafrenero a don Venustiano, lo aposentó en
la choza de Tlaxcalantongo, dobló el espinazo, resum6 baba servil. Y se ausentó luego. Lo demás ya se sabe" ...
La versión inadmisible del suicidio, la opinión autorizada del Dr. José Sol
Casao, perito del Servicio Médico Legal de México, la destruye:
"Don Venustiano estaba acostado sobre el lado derecho de su cuerpo. La
mano izquierda reposaba cerca de su corazón, en tanto que su pierna izquierda se encontraba semicloblada sobre la derecha. Cuando sonaron los disparos
389

�él estaba profundamente dormido. No tuvo tiempo de levantarse, mucho menos defenderse. Dormido fue victimado. Los disparos partieron desde dos ángulos distintos, a una distancia que fluctúa entre los 5 y los 10 metros. Dos
disparos partieron desde el ángulo derecho del jacal, mientras otro vino del
ángulo izquierdo. De aceptar la falsa teoría del suicidio tendríamos que
aceptar, también, que don Venustiano Carranza, dormido cogió dos pistolas,
estiró y abrió sus dos brazos hacia cada uno de los rincones, así, hasta una
distancia de cinco o diez metros y siempre dormido se disparó para matarse.
Lo cual es enteramente imposible, sino burdamente fantástico".
El licenciado don Armando Z. Ostos, en larga y fundamentada exposición
-Impacto, agosto 6-58- formula once conclusiones, de las que, para el caso transcribo las 7a, 8a. y 9a.
"Séptima: Existe prueba plena, en cuanto a que Rodolfo Herrero, influenciado por su hermano Hermilo, ordenó en 'La Unión' en. la noche del veinte
de mayo de mil novecientos veinte, que sus secuaces dieran el 'albazo' de
Tlaxcalantongo, en la madrugada del veintiuno de mayo de mil novecientos
veinte, como lo efectuaron, al grito de 'Viva Obregón'."
"Octava: Existe prueba plena, en cuanto a que Facundo Garrido, Hermilo y Ernesto Herrero fueron los asesinos materiales del Presidente Carranza".
"Novena: Existe prueba plena en cuanto a que Rodolfo Herrero, por su
propia decisión, fue un abominable traidor, al ordenar y encabezar el mencionado 'albazo'."
Un testimonio de alto valor es el del teniente coronel Ignacio Suárez, ayudante del Presidente Carranza, quien estuvo de guardia en el jacal que el señor Carranza ocupaba. Con la sencillez de quien dice la verdad el señor Suárez explica:
"El señor Presidente preguntó a Herrero:
-¿Dónde está su gente? Herrero contestó: -Están allá arriba en la montaña; cuidando el paso de usted, señor Presidente, y el de la Columna. Dicho
esto se reanudó la marcha y tengo entendido que el señor Presidente siguió
conversando con Herrero acerca de la región. Adelante y en un lugar más
amplio tuvo necesidad el señor Presidente de desmontar, y su asistente el buen
Secundino Reyes se acercó para sostener el caballo y que bajara con comodidad; pero Herrero, con una atención extremada, estuvo sosteniendo el estribo de la silla del caballo y cuando el señor Presidente volvió a montar,
continuó Herrero con sus demostraciones de respetuosa atención, no permitiendo casi que Secundino Reyes interviniera.
Como entre cuatro y cinco de la tarde llegamos a Tlaxcalantongo, bajo la
lluvia y espesa neblina; pasamos frente a la iglesia del lugar, la que se encon-

390

traba en ruinas, pues estaba destechada y el piso cubierto de cascajo, etc. Herrero dirigió al señor Presidente hasta un jacal ubicado casi en el centro de
esa meseta, rodeada en su mayor parte por profunda barranca, y llegando
a dicho jacal --de paredes muy delgadas, poco más gruesas que un 'tejamanil'- le dijo al señor Presidente: 'Esta es la mejor casa del lugar y aquí podrá pasar, con seguridad, la noche'. El señor Presidente desmontó con las
atenciones extremadas de Herrero, y también apeó el señor general Murgufa;
iba yo también a desmontar cuando el señor general Murguía me ordenó:
'Acompañe usted al general (Herrero) y preséntelo Ud. con el coronel Fernando de León para que de acuerdo con Herrero que conoce muy bien el
lugar, sitúen las avanzadas'. Así lo hice y regresé al alojamiento del señor
Presidente y le di parte al señor general Murgwa de que había cumplido su
orden.
Todo el que conoció al señor Presidente Carranza, admiró su fortaleza
física, que le hacía superar en muchos aspectos a personas veinte años más
jóvenes que él. El señor Presidente Carranza, al morir, contaba sesenta y un
años de edad escasos. Hombre norteño de recia musculatura, acostumbrado
desde su juventud a lidiar con las desérticas tierras de Coahuila, a su edad
bien podía llaroársele pleno de juventud, y apelo al testimonio de los que
lo trataron ya en la campaña en contra de Huerta, después en contra de Villa,
y, en todo momento fue el Jefe erguido con el don de mando inpato y superior a todas las adversidades; es, pues, ridículo el Iodo que lanza Herrero
acerca de tal HOMBRE, llamándolo 'viejito' en la consabida entrevista de
la que es objeto la presente".

En la misma edición de Impacto, aparece un artículo del sefior Raúl Moraboto, que en lo conducente dice:

"Si se convocara a un plebiscito nacional para determinar quién fue el
autor de semejante crimen, puede tener la seguridad 'El Viejito RonoLFo
HERRERO, que sería señalado él como el principal representante de ese crimen, y además como un traidor más grande que VtcTORIANO HUERTA, ya
que pocas horas antes había jurado adhesión al Primer Jefe y ganádose la
confianza de los componentes de. la comitiva del señor Carranza. El propio
criminal declara que cuando él llegó a la choza en donde dormia el señor
Presidente, éste, irónicamente declara, ya estaba 'frío', pero yo considero que
solamente fue ahí para comprobar que ya había cumplido su cometido y esperar el gran premio que le otorgarían los vencedores a cuyo frente figuraba
el general Obregón, patrón de la Huelga de Generales".
La incisiva prosa del licenciado Luis Cabrera describe un panorama que
no deja lugar a dudas sobre la calidad moral de Herrero: -Impacto, agosto 13-58:

391

�"Estando en La Unión y, en vista de que ahí había algunas ca as de mampostería y una tienda bien surtida de comestibles, le pregunté a Herrero si no
convendría que esperáramos a Mariel en La Unión. Me contestó que era preferible que no nos quedáramos allí, porque estaríamos e&gt;..-puestos a un ataque que viniera del rumbo de Xico; pero que nos quedaríamos esa noche
en Tlaxcalantongo, 'lugar muy seguro y estratégico y donde hallaríamos bastante que comer y pastura para los caballos'. Esta fue la segunda vez que oí
el nombre de Tlaxcalantongo, y con este motivo procuré localizarlo en el
mapa que yo llevaba y donde había ido marcando las jomadas. -Desde La
Unión hasta Tlaxcalantongo, Herrero acompañó al Sr. Presidente cabalgando a su lado y conversando con él-. Ni durante el camino de Patla a La
Unión, ni en La Unión misma vimos foerzas organizadas ni soldados de los
de Herrero. Este se presentó solo al señor Carranza y siguió acompañándolo
solo, sin hacer aparecer fuerzas suyas. -Llegamos a TJaxcalantongo como
a las 5 p.m.- Al llegar, nos encontramos con que la mayor parte de las chozas estaban vacías y que casi todos los vecinos del pueblo se habían ausentado, de modo que no había tales víveres para la gente ni tales pasturas para
las cabalgaduras. Esto me chocó.

''Yo tenía razones personales para desconfiar de Rodolfo Herrero, pero estas razones no tenían nada qué ver con los hechos que estaban verificándose,
sino que derivaban de sus antecedentes. Herrero jamás había sido revolucionario sino que, por el contrario, fue siempre un enemigo del Constitucionalismo. Su carrera política y militar la había iniciado organizando el batallón 'Blanquet' de voluntarios de Zacatlán, en tiempo de Huerta, habiendo
permanecido alzado en armas contra la Revolución durante los años de 1914
a 1919, hasta su rendición, que ocurrió en los mismos días en que comenzaron a rendirse otros rebeldes, al estilo de Rodolfo Cejudo.
"A la mañana siguiente, serían las tres y media, nos despertó el tiroteo. No
se oyeron, primero, tiros aislados y lejanos como de avanzadas que vinieran
acercándose poco a poco hasta llegar a los principales jacales del poblado,
sino que el asalto fue simultáneo en todo el pueblo. Es indudable que los asaltantes habían penetrado en la oscuridad de la noche hasta la proximidad de
los jacales y comenzaron los disparos ya dentro del pueblo. Lo mismo debe
decirse de los gritos de guerra con que se acompañaba el tiroteo: 'Viva Pelácz', 'Viva Obregón', 'Muera Carranza'. De esto no me cabe ninguna duda".
Y llega el turno al general Marciano González, que sabe hablar con hondura, claridad, valor civil, y sin tapujos. Fue de los leales de verdad, de los
que llegaron hasta el final, de los que pregonaron su Carrancismo siempre,
y lo sigue pregonando. Perdió su carrera política, ¡ y qué!, antes que el vuelo
embriagador de las alturas ha sabido conservar el honor sin claudicaciones.
392

Ha sufrido largo calvario; pero sus legítimos timbres de lealtad, valen más,
mucho más, que los beneficios que pudo adquirir con algo de flexibilidad
para adular a los poderosos. Dice el general González -El Gráfico, agosto 22-58--:
"Al despertar en la nefasta madrugada, al ruido de Jas descargas de los
rifles asesinos, y al tratar de localizat el jacal en que quedaron el C. Presidente y sus acompañantes, varios de los que intentaron, cayeron prisioneros. Era
humanamente imposible, en aquella obscuridad, organizar grupo alguno de
defensa, Nadie sabía dónde estaban los nuestros y dónde el enemigo. Nuestras esporádicas descargas eran más bien al aire, temerosos siempre de disparar sobre los compañeros de la reducidísima caravana.
"Vive en nú un propósito, una convicción que tiene actividades y abarca
conexiones con recuerdos e im5.genes, que procuro encarnar en la más pura
de las verdades, aun contra mí. Y en este caso afirmo que ésta, mi verdad,
está limpia de pasión, vivida hace 38 años en el escenario doloroso de la
realidad, y la doy' como verdad auténtica y permanente para la Historia.
"El soldado sin lealtad, condición ideal que nunca debe caducar, es flama
sin calor, y la acción de Herrero, al matar al C. Presidente de la República,
unánimemente condenada, es desvinculación tácita de esa virtud, que constituye el linaje de todo ejército.
''No quiero terminar sin protestar enérgicamente por el concepto ligero y
necio de que hubo cobardía de nuestra parte. Me ufano de no ser un bravucón, ni un matasiete, pero no soy tampoco, ni lo he sido jamás, un cobarde. No tengo imaginación de héroe, pero sí armonía moral y una fuerte
reserva de altivez que me brindan facultades de dignidad y valor.
"Por esa dignidad, por conciencia de deber, gratitud. y valor, acompafiamos unos cuantos hombres, al señor Presidente Carranza, a sabiendas de los
mil riesgos y de que podíamos quedar muertos en cualquier recodo del camino. Como soldados nos era indigno alejamos de su lado cuando escuchábamos el tropel de las caballerías que lo perseguían furiosamente como si fueran bestias en celo.
"Y ahora, no importa la nue,·a faz y el sorprendente aspecto que Rodolfo
Herrero dé, como presente de aquellos acontecimientos, pues de cualquier
manera le resultan condenatorios. La culpa del asesinato del Presidente Constitucional de México, don Venustiano Carranza, es toda suya. Nadie le apljcó tormento, ni le arreó a latigazos, ni le hizo sentir el frío de las bayonetas
empujándolo al crimen. El creyó en la impunidad, en el premio, en la alegría de gozarlo, y suya fue la culpa de consumar su propio deshonor y cargar
para siempre con el estigma y la vergüenza de tamaña traición".
393

�El buen juicio del lector dictará su opinión, que la historia se encargará
de establecer la verdad desnuda de toda ficción .

•
~legó la hora suprema a Rodolfo Herrero; en Ja ciudad de Monterrey
exprró, a las 14 horas del 26 de enero de 1964. Día frfo, destem lado en~
vuelto en brumas, que lo hacían más triste.
p
'
~o que fue su hogar por largos años -San Jerónimo 1016- d
d'
·
t
.,
, e or mano
q weto
. , ~ es reme~~º ante I? fatal. Su abnegada esposa, doña María del Rosan_o Pen~ y sus h11os Beatnz y Aurelio, unieron su dolor para elevar una plegana a Dios por el descanso de su alma.
~uando, al día siguiente, fue colocado el féretro en la sepultura del Panteon de Dolores, no hubo ceremonia al!!Un S
¡
e,
ª· e escuch aron algunos sollozos
Y_ os poc~s acompañantes desfilaron lentamente embaro-ados por un ·1 ~
c10 angustioso.
º
st en

CóMO SE LLEGÓ AL "MODUS VIVENDI" DE 1929

JosÉ

BRAVO UGARTE,

S.

J.

México, D. F.

Nr PRONTA, NI FÁcn., ni satisfactoriamente pudo llegarse en 1929 al modus
vivendi en que remató la más aguda crisis que ha pasado la Iglesia Mexicana, esto es, el conflicto religioso que empezó en 1926. La situación era tempestuosa por lo exaltado de las pasiones en una y en otra de las partes contendientes; y caótica, entre los católicos, por las divisiones que surgieron entre
ellos acerca de lo que debía hacerse. Prevaleció, al fin, la solución práctica
de un "modus vivendi". Expondremos sólo, sumariamente, las negociaciones
que a él condujeron con sus antecedentes y circunstancias principales.
Como se sabe, las negociaciones fueron iniciadas y dirigidas hasta su término por el embajador Morrow de los Estados Unidos. De ahí, que casi todas
las fuentes documentales, en su original o en copias auténticas, aun las procedentes de México y de Roma, se hallen en ese país. Es preciso, sin embargo, completarlas con las de los dos últimos países.
Muy completa investigación en archivos estadunidenses hizo la religiosa
dominica M. Elizabeth Ann Rice para su tesis doctoral, impresa en 1959, intitulada Y.he Diplomatic Relations between the United States and Mexico,
as affected by the struggle far religious liberty in Mexico, 1925-1929, y presentada en la Universidad Católica de Washington, D. C. Comprendió principalmente: el Archivo del Departamento de Estado, el de Morrow en Amherst College, Mass., y el de Daniels en la Biblioteca del Congreso de Washington. En el de Morrow encontró fragmentos del Diario del P. Burke, que
intervino por parte de la Santa Sede en las primeras negociaciones; y en el
de Daniels la correspondencia Burke-Clark-Daniels. En el desarrollo de la tes.is, incurrió, sin embargo, su autora en algunas inexactitudes y confusiones,
que se indican en el artículo relativo a ella de Bravo Ugarte en Revista de
Historia de América (jun. 1960, p. 256).
En México es importante en la materia, el Archivo del Comité Episcopal

394
395

�y de Mons. Díaz, del cual publicó no pocos documentos don Alberto M. Carreño en su libro El Arz. de México .. . Pascual Díaz y el Conflicto Religioso

(México, 1943). Del arzobispo Ruiz, delegado apostólico ad referéndum para
el "modus vivendi" de 1929, quédannos, póstumos, así sus Recuerdos de mi
L'ida, escritos en 1936 y publicados en México en 1942~ como su artículo "Lo
que yo sé del Conflicto Religioso de 1926 y su terminación en 1929", dado a
luz en la revista Trento (Morelia, abr.-jun. 1959). Por último, el jesuita
Wilfrid Parsons consigna datos personales sobre su intervención en el asunto,
en Mexican Martyrdom (New York, 1936). Ninguna de estas obras --de
Carreño, Ru.iz y Parsons- ilustró la tesis de Rice.
Antecedentes de las negociaciones. El gobierno del presidente Calles ( 192428) tuvo dos principales conflictos: uno con la Iglesia Mexicana y otro con
los Estados Unidos. Nacidos ambos de la Constitución de 1917, llegaron a
su momento crítico: el de la Iglesia en 1926 y el de los Estados Unidos en
1927.
Origen inmediato del conflicto con la Iglesia, fue la "Ley Calles" ( 14 jun.
1926), que reformaba el Código Penal sancionando con gravísimas penas las
violaciones de los artículos constitucionales relativos a la educación, votos religiosos, bienes eclesiásticos, culto y disciplina externa. Dichas reformas en·
traron en vigor el 31 de julio siguiente. El Episcopado suspendió entonces,
con aprobación del Papa, todd culto público. Y el Gobierno se dedicó a aplicar la "Ley Calles" con todo rigor, persiguiendo aun a los que celebraban
los actos del culto privada y ocultamente en sus casas, lo que dio lugar a la
prisión de muchos sacerdotes y muerte de algunos de éstos. En vano presentaron los católicos a las Cámaras un memorial para que se derogase la ley
persecutoria, firmado por unos dos millones de personas; y en vano recurrieron también, primero a un boycot general que afectase económicamente al
Gobierno, y luego, no pocos de ellos, a la lucha armada, cuando se habían
agotado los medios pacíficos. Inútil fue asimismo, por de pronto, la entrevista del Arz. Ruiz y el Ob. Díaz con Calles: lo tratado en ella, sin embargo -como después se verá- sirvió de base para el "modus vivendi" de 1929.
Pero en 1926 no se le veía solución al conflicto.1

La controversia diplomática que desde 1917 sostenía el gobierno de México con el de los Estados Unidos acerca de las propiedades petroleras y agrarias de los estadounidenses, afectadas por el artículo 27 de la Constitución de
Querétaro, tuvo su mayor tirantez siendo presidente Calles y embajador del
vecino país, durante la presidencia de Coolidge, James R. Sheffield (1924-27) •
Este tenía la más baja opinión de Calles y su gabinete, y de la misma eran
Coolidge y sus secretarios. De ahí que, sin benevolencia alguna para el gobierno callista, trataron de doblegarlo con alardes de energía y legali~o, Y
aun con amena.7..as de retirarle su apoyo, prescindiendo de un arbitraJe, que
consideraban inútil en las circunstancias, porque los demás países tenían cuestiones análogas pendientes con México, y, además, era difícil ganarlo tratándose &lt;le confiscaciones legalizadas por la Constitución mexicana. Tal actitud exacerbó naturalmente la intransigencia de Calles, el cual contestó,
enérgicamente a su vez,, a las notas de Coolidge; se opuso a la política nicaragüense de éste, facilitándole armas a Sacasa; neutralizó su campaña de
prensa con la que él hizo, sin escatimar gastos, en los Estados Unidos; y logró, en fin, el fracaso total del embajador Sheffield con el asunto de unos
documentos "sustraídos" de la embajada estadounidense. Los documentos
trataban de una invasión a México, preparada -sin conocimiento del presidente CoolidO'e- por el secretario de Estado Kellog y el embajador Sbeffield
para apoder:rse de los campos petroleros y derrocar a Calles. Este los hizo
llegar a Coolidgc. En la investigación subsiguiente sólo se aclaró q~e los documentos eran, unos auténticos y otros falsificados; pero ellos motivaron, según el primer secretario de la embajada Arthur Bliss Lane, el ret~o de ~h:1field en julio de 1927., (Rice, 34 ss., Eduardo J. Correa: ¿Invadir a Mex1co
o derrocar a Calles?, Exce1sior, 5, 12 y 24 nov. 1953).
Así estaban en 1927, pendientes de solución, los dos conflictos, religioso Y
diplomático estadounidense. El religioso había despertado vivo interés en el
mundo católico sobre todo en Roma y en los Estados Unidos. En Roma lo
seguía con "pa:emal solicitud" el Papa Pío XI, quien lo atendía por medio
de los obispos mexicanos y, a falta de delegado apostólico en México, por el
de los Estados Unidos Pietro Fumasoni Biondi. En ese país eran muchos,

La entrevista de Calles con el arzobispo Ruiz y el obispo Dfaz en agosto de
1926, concluyó mal. Calles se rehusó a declarar en la prensa mexicana lo que días
antes había declarado para Ja de Estados Unidos: que el registro de sacerdotes era
medida puramente administrativa, y que el Gobierno no quería mezclarse en asuntos
de dogma y disciplina. Y terminó diciéndoles a los prelados: "pues ya saben Uds.:
no les queda más remedio que las Cámaras o las armas".
Hora, después, sin embargo, el Lic. Eduardo Mestre, que había arreglado la
entrevista, vino de parte del presidente con las declaraciones solicitadas, que el día
siguiente fueron publicadas en la prensa con la anotación de que los obispos a nada

se comprometían mientras la Santa Sede no dijera lo qu~ debía. ~acerse. Esto desagradó a Calles, el cual rectificó las anteriores declaraciones dic1endo que '.'1
nudarse el culto los sacerdotes se someterían a la Ley. El cardenal Gasparn env10
entonces (24 ag.) al anobispo Mora y del Río el siguiente telegrama: "Los periódicos anuncian que hay arreglos no conformes con las instrucciones de la Santa Se~e.
Esperamos informes. Entre tanto, no os apartéis de las determinaciones que el Episcopado desde el principio tomó con tanta firmeza, elogiado por el mw1do entero.
Responda al punto y sin dilación telegráficamente". ( Carreño, 147-148). Tal fue la
"prohibición" de Roma, a la que alude Calles.

1

396

re~:

397

�aunque con diversos planes y miras, los que pretendían colaborar para resolverlo. Entre los católicos, algunos, como varias personas de influencia, los Cab~ll~ros de Colón y un millonario, pensaron un tiempo en proteger el movu~uento armado de los cristeros; mientras que otros, como la Jerarquía Católica, preferían la acción diplomática de su gobierno. Los que veían las co~ sólo desde el punto de vista económico se interesaron también por soluc1onarlo, pero -ateniéndose a lo de menos riesgo- a base de sostener a Calles en su puesto, lo que exigía el arreglo previo de la cuestión religiosa, que
ponía en peligro su estabilidad. El gobierno de los Estados Unidos, por su
?arte, tenía resuelto no ejercer acción diplomática alguna, oficial, en asuntos
mternos de México, como el religioso.
Resultante de todo ello, fue la acción diplomática, amistosa en todo, de los
Estados Unidos: oficial para lo agrario y petrolero, y no oficial y secreta
para lo religioso. Para ella escogió Coolidge a Dwight W. Morrow.

Las negociaciones. Duraron año y medio (dic. 1927 - jun. 1929), pues hubo interrupciones forzosas e imprevistas, pero Morrow las tenía concluidas
para mayo de 1928. En ellas, además de Mon-ow, intervinieron: por parte
del gobierno mexicano, los presidentes Calles y Portes Gil; y por parte de
la Iglesia, Pío XI, primero por medio de Fumasoni Biondi y Burke, y después mediante el arzobispo de Morelia Ruiz. Desarrolláronse en dos etapas:
Burke-Calles (marzo-mayo 1928) y Ruiz-Portes Gil (mayo-jun. 1929).
Dwight W. Morrow (1873-1931), cuya biografía escribió Harold Nicolson
(~ew York, 1935), era abogado, banquero, socio de J. P. Morgan y Cía., y
miembro de la Comisión Monetaria. Estaba al tanto de la situación de México y en relación con los banqueros mexicanos Agustín y Luis Legorreta, a
los cuales manifestó sus ideas respecto de aquélla: "los Estados Unidos reconocían el carácter doméstico de la cuestión religiosa mexicana y no tenían
intención de intervenir; pero la prolongación del status quo sería desastrosa
para los dos países: en México, porque lo conducía a la desunión y a la ruina; y en los Estados Unidos, porque la crisis• religiosa mexicana, no sólo afee~
taba a su numerosa población católica, sino que impedía el restablecimiento
de su amistad con México, ya que para la cuestión de tierras y petróleo era
un obstó.culo la perturbadora del conflicto religioso. Sin lograr al menos algún 'modus vivendi' en este punto, ninguna solución de los otros sería permanente". ( Carta a Legorreta, 14 en. 1927. Rice, 109-110).
Antes de partir como embajador para México, Morrow fue entrevistado
por influyentes personajes católicos de su país: el cardenal de Nueva York
Hayes, el eminente jurista Morgan J. O'Brien, el P. Parsons y, de parte de la
Delegación Apostólica, el P. John J. Burke, secretario de la NCWC (National
398

Catholic Welfare Conference) . ( Rice, 111) . A todos ellos repitió sus ideas,
autorizadas ya por el Departamento de Estado.
Morrow presentó sus credenciales a Calles (29 oc. 1927) y se ganó luego
su amistad, a costa de malquistarse con los católicos mexicanos, a quienes
ofendían sus almuerzos en Santa Bárbara con Calles y su viaje de 6 días en
compañía de éste. Y ya el 9 de diciembre escribía a Olcls, secretario auxiliar
de Kellog, que confiaba poder prestar alguna ayuda para el arreglo del conflicto religioso (Rice, 110). En el mes de enero siguiente ( 1928) tuvo dos
largas conversaciones en La Habana, mientras asistía a la Conferencia Panamericana, con el P. Burke. Y el 1 de febrero habló ya a Calles "como su
amigo personal y como amigo de México" del asunto religioso, y le mencionó al P. Burke como el indicado para negociar su solución. Calles contestó
que siempre había estado dispuesto a tratar con personas de amplio criterio
(liberal minded), con las que se pudiese discutir con serenidad; y que si Burke
deseaba entrevistarlo, tendría gusto en verlo y en hablar con él "informalmente". Morrow le precisó a Calles en ulterior conversación lo substancial
del arreglo. La Iglesia no podía aceptar condiciones que "destruyesen su
identidad". Dos leyes ponían en peligro su existencia: la del registro de sacerdotes, que aplicada de mala fe, dejaría a la Iglesia en manos del Gobierno;
y la de la limitación de su número, que conduciría a la destrucción de la
Iglesia en cada Estado. A esto dijo Calles que no se trataba de controlar la
vida espiritual de la Iglesia y que si el clero no se metía en política, las leyes
se aplicarían "razonablemente". Añadió que en agosto de 1926 se había casi
llegado a un' acuerdo con el arzobispo Ruiz y el obispo Díaz, pero que Roma
lo había prohibido. Morrow, al informar de esto a Olds (21 feb. 1928), comentaba que el conflicto era no sólo de principios, sino de orgullo, y que
Calles prefería fracasar en todo a ceder en un punto solo. Y Olds respondía
a Morrow (9 mar.) que había que buscar un arreglo práctico, ya que "una
guerra de principios", en vez de conciliar a los contendientes, arruinarla a
uno de los partidos. (Rice, 115-118).
Y así quedaron como bases de las negociaciones:
l. El gobierno de CaJles, sostenido por los Estados Unidos.

2. Y la "Ley Calles", razonablemente interpretada, sostenida por su gobierno.
Primera etapa: Burke-Calles (marzo-mayo 1928). De acuerdo con lo que
había tratado con Morrow, pero sin mencionar a éste, escribió Burke a Calles solicitando una entrevista ( 29 marzo) . Esta, asistiendo también William
Montavon del Departamento Legal de la NCWC, fue doble: en Ulúa el vier-

399

�nes santo 6 de abril y en Chapultepec días después. Hubo discusiones, pero
terminó cordialmente (Rice, 123-125). Calles informó lo acordado en ella
en carta a Burke, publicada con algunas variantes en Rice (203) y Portes
Gil ( Quince Años. . . 305) :
Por su grata fecha 29 de Marzo pasado y por la entrevista que he tenido el día de ayer ( de ho)' Rice) con Ud., he quedado enterado de
los deseos de los Obispos Mexicanos de reanudar el culto público, y
aprovecho la oportunidad de manifestar con toda claridad, como ya lo
he hecho en otras ocasiones, que no es el propósito de la Constitución ni
de las leyes, como tampoco el núo propio, destruir la identidad de ninguna Iglesia, ni entrometerse en ninguna forma en sus funciones espirituales.
De acuerdo con la protesta de Jey que rendí cuando me hice cargo del Poder Ejecutivo de la Nación, de guardar la Constitución General de la República y las leyes que de ella emanen, mi propósito ha
sido cumplir honradamente con esta protesta y hacer que la ley sea
aplicada con un espíritu razonable y sin apasionamiento alguno, estando personalmente yo, así como mis colaboradores, dispuestos a oír
de cualquier persona, ya sea dignatario de alguna iglesia o simple particular, las quejas que tengan de injusticias que se cometan por exceso en la aplicación de las leyes.
(Texto de Portes Gil. La fecha 4 de abril en éste es inaceptable por
lo dicho anteriormente. En Rice es de 28 de abril).

el arzobispo Ruiz, Montavon y Bmke, haciendo éste notar que venía "con la
autoridad de la Santa Sede" (Rice, 130).
En esa conferencia -dice el Sr. Ruiz- se le hizo presente al general Calles que los términos de su carta anterior no daban lugar para poder reanudarse el culto, y se consiguió que hiciera declaraciones
menos vagas sobre el derecho que tenía la Iglesia de vivir y funcionar
en México, declaraciones muy parecidas a las que hizo el presidente
Portes Gil a la hora de los arreglos. (Lo que yo sé. .. 32).

Burke, en su mensaje a Fumasoni Biondi, dice que consideró "satisfactoria" la conferencia, que era inútil pedir más concesiones respecto de las leyes
y que el arzobispo Ruiz pedía autorización para entablar correspondencia con
Calles en el sentido de lo tratado en la conferencia y publicarla, declarando
que en vista de ella, la Santa Sede autorizaba la reanudación del culto público; la cual deseaba el arzobispo se hiciese para el día de Pentecostés, 27
de mayo. Pío XI sin embargo quiso estudiar maduramente el asunto y hablar personalmente, ante todo, con el Sr. Ruiz, quien salió para Roma el 26
de mayo y escribió durante el viaje un largo memorándum para el Papa, Los
que trataban de estorbar las negociaciones le atribuyeron unas declaraciones
a los periodistas de París, que molestaron a Morrow, pero que no hizo, pues
pasó rápidamente por esa ciudad sin hablar con nadie ni ser reconocido
(Recuerdos, 90).

(4 jun.).
Burke informó del resultado de su entrevista al Delegado Apostólico Fumasoni Biondi y al Episcopado Mexicano, encabezado a la muerte del arzobispo de México Mora y del Río (22 abr.) por el de Morelia Leopoldo Ruiz,
el cual informó a su vez a los demás prelados y recabó sus pareceres. La
opinión general era que los términos de la respuesta de Calles eran "demasiado vagos" y que había que obtener de él mayores y más explícitas garantías. Burke escribió entonces nuevamente a Calles haciéndole saber el parecer de los obispos mexicanos, encargando la carta a Morrow; pero éste le
disuadió de enviarla, porque "era virtualmente imposible obtener más de
Calles, especialmente por carta. Lo práctico sería que Burke y el arzobispo
Rufa entrevistaran personalmente a Calles". Este se negó terminantemente a
recibir al arzobispo Ruiz, diciéndole a Morrow que Ruiz agitaría a los católicos con una publicidad molesta. Insistió Burke con Morrow, y Morrow
con Calles, hasta que éste, con repugnancia, accedió a recibir al arzobispo
moreliano (Rice, 128-130).
La entrevista fue eJ jueves de la Ascensión, 17 de mayo, asistiendo a ella

400

En la audiencia con el Papa -refiere el mismo prelado- pude
darme cuenta desde luego, primero de la importancia que el Papa daba al asunto, pues dijo que iba a pensarlo, consultarlo y encomendarlo a Dios; segundo, del interés que él tenía de que todos los obispos
pensaran como él y recibieran la resolución con agrado; y tercero, que
él estaba inclinado y aun resuelto a una transigencia cualquiera, siempre que la conciencia lo permitiera. En otra audiencia me dijo que le
pareda inadmisible lo que se proponía, y que ya iba a ponerse en comunicación con Washington para ver qué era lo más que podría conseguirse (!bid.).
Trabajábase en esto lentamente, cuando el presidente electo Obregón fue
asesinado ( 17 jul.). Con él también, sin saberlo Morrow ni Calles, se habían
iniciado conversaciones desde 1927 sobre la cuestión religiosa por el obispo de
Brooklyn Malloy; y varios obispos mexicanos preferían entonces tratar con
Obregón, que iba a suceder a Calles el 1 de diciembre {Olds a Morrow, 25

401
H26

�ab. 1928: Rice 128) . Más aún, Obregón iba a entrevistarse con Morrow la
tarde del día en que fue asesinado. Su muerte suspendió las negociaciones,
que no se reanudaron hasta casi un año después.

En estos meses de interrupción (jul. 1928-mayo 1929), disipadas las dudas que en México y en el extranjero tuvieron algunos sobre la responsabilidad de la Iglesia en el asesinato de Obregón, menudearon las tentativas de
continuar las negociaciones con nuevos proyectos y nuevos mediadores. Morrow se esforzó por terminarlas antes de que Calles dejara la presidencia, pero éste prefirió dejarlas a su sucesor Portes Gil. A nueva dilación forzó la rebelión del general Escobar (mar-abr. 1929), a la que rehusaron adherirse los
cristeros. Esto facilitó la reanudación de las negociaciones.
Segunda etapa: Ruiz-Portes Gil (mayo-jun. 1929). En ella actúan: por
parte del gobierno mexicano, el presidente Portes Gil; y por parte de la Santa Sede, el arzobispo Ruiz, con cierta intervención del jesuita Edmundo A.
Walsh, enviado en misión puramente informativa (ya que a Roma llegaban
noticias confusas y contradictorias), y el diplomático chileno Miguel Cruchaga, quien desde la primavera de 1928 se interesaba activamente por la
solución del conflicto religioso. Retiráronse, en cambio, Fumasoni Biondi y
Burke. Morrow, a su vez, intervino de nuevo extraoficial y activamente entre
las partes contendientes hasta que fue firmado el "modus vivendi".

Comienzo de la segunda etapa fue una entrevista que concedió el presidente Portes Gil al periodista Dubose, redactor de periódicos americanos y
europeos, publicada en el New York Times el 2 de mayo de 1928, insinuando la posibilidad de un arreglo con la Iglesia. Con esa ocasión declaró a su
vez, el mismo día, el arzobispo Ruiz, que el conflicto religioso no había sido
motivado por ninguna causa que no pudiese ser corregida por hombres de
buena voluntad. En seguida sugirió Morrow a Portes Gil que respondiera
favorablemente, lo cu~l hizo éste contestando a una pregunta que le hicieron los periodistas de la capital sobre si había leído las declaraciones del
arzobispo Ruiz; y para ello utilizó el borrador que le había dado Morrow
(8 mayo: Rice 17 7) . Portes Gil concluía su propia declaración diciendo: "Si
el arzobispo Ruiz deseare discutir conmigo el modo de conseguir la cooperación ... que él desea, no tendría inconveniente en tratar con él sobre la materia" (Portes G., 306-313).
El mismo día {8 mayo) habro Morrow con el P. Walsh sobre lo que se
había de pedir en definitiva al Gobierno, recordándole a Walsh que Portes
Gil no admitía discutir más que "la finalidad e interpretación'' de las leyes, y
no su reforma. Y así acordaron ambos atenerse a la respuesta de Calles a
Burke, adicionándola con estas aclaraciones, propuestas por Walsb: l. que
el gobierno no pretendía el registro de sacerdotes no presentados por los

402

obispos; 2. que podía impartirse enseñanza religiosa en los templos; y 3. que '
la Iglesia tenía derecho de pedir a las autoridades competentes la reforma de
las Leyes. Morrow formó de este modo el correspondiente esquema, que, después de obtener la aprobación oral de Calles y Portes Gil, envió al Sr. Ruiz
por cable mediante el Departamento de Estado ( 11 mayo) . Este le comunicó
el día 22 que el Sr. Ruiz había sido nombrado delegado apostólico. Tal nombramiento, sin embargo, era sólo ad referéndum, esto es, para que Ruiz conferenciara con el presidente e informara al Papa, el cual se reservaba la resolución de todo.
La entrevista con el presidente quedó fijada para el 12 de junio. El 6 partió de Washington el Sr. Ruiz, llevando por secretario al obispo de Tabasco
Pascual Díaz. Morrow, que se hallaba en Englewood por el matrimonio de
su hija con el aviador Lindbergh, llegó al mismo tiempo que ellos a St.
Louis, donde hizo que su carro especial se añadiese al tren en que viajaban
los prelados, los cuales, a su invitación, pasaron a él para conversar largamente. En San Antonio se separaron.
Cuatro fueron las entrevistas: el 12, 13, 15 y 21 de junio. La primera fue
cordial y en ella se acordó que al día siguiente se presentarían y discutirían las
declaraciones del presidente y del arzobispo. En la segunda ( 13 jun.) no se
logró avenimiento: Portes Gil presentó unas declaraciones idénticas a las de
Calles a Burke, hubo discusiones y los prelados quedaron desalentados. Enterado Morrow de ese adverso resultado, que al saberse en Washington produjo allá inquietud, para asegurar el éxito de la tercera redactó las declaraciones de una y de otra parte, las presentó a Calles y Portes Gil¡. y a Ruiz; y '
una vez aceptadas por todos ellos, se presentaron en la tercera entrevista {15
jun.), en la cual, sin discusión ya, fueron aprobadas, con la salvedad, de
parte del arzobispo, de que él debía someterlas a la Santa Sede. Y en esa
misma fecha fueron trasmitidas a Roma por medio de la embajada chilena y
en su clave, firmadas por Rniz, Walsh y Cruchaga, manifestando los tres
que debían ser aceptadas inmediatamente (Rice, 182-185, 204).
Hasta el 20 de junio no llegó la respuesta de Roma, que Walsh Ilevó a
Mor.row:
l.
2.
3.
4.

Santo Padre ansioso por pacífica y laica solución.
Completa amnistía para obispos, sacerdotes y fieles.
Devolución de casas episcopales, curatos y seminarios.
Relaciones libres entre el Vaticano y la Iglesia Mexicana.
Sólo con estas condiciones puede Ud. firmar, si lo cree conveniente delante de Dios.

Morrow dijo en seguida a Walsh que el telegrama alteraba mucho la situa•

403

�ción, ya que el 2o. y 3o. puntos no estaban incluidos en las condiciones aceptadas por Portes Gil; y que el telegrama podría hacer fracasar las negociaciones. Walsh volvió a poco diciendo que el arzobispo Ruiz no se había desconcertado con el mensaje, que él interpretaba así; el primer punto era la clave
de los demás y establecía que el Santo Padre ansiaba una solución pacífica y
laica, es decir, de acuerdo con las leyes mexicanas; el segundo, sobre amnistía,
significaba la vuelta de prelados y párrocos ~ sus diócesis y parroquias (sic) ;
el tercero, la devolución, en lo posible, de las propiedades de la Iglesia; y el
cuarto, la admisión de un delegado apostólico. Morrow no acabó de entender ni el telegrama del Vaticano ni la interpretación de Ruiz, pero creyó que
éste tenía suficiente autoridad para aceptar el arreglo concertado ( Rice,
185-186).

biemo. Tan falsa como enfáticamente dijo Portes Gil: "Por lo que se refiere
a la supuesta intervención del Embajador de los Estados Unidos, niego de
manera terminante que haya existido alguna" (318).
El domingo 30 de junio, un alegre repique de campanas despertó a Morrow en Cuemavaca, el cual dijo a su esposa: "Bety, ¿ oyes? Yo he abierto
las iglesias en México". (Nicolson). El día anterior, en ]a Basílica de Guadalupe, llevando el arzobispo Ruiz procesionalmente el Santísimo, la gente
le arrojaba flores y "una mujer del pueblo se le acercó, lo abrazó y lo besó,
otras se arrodillaban en frente de é~ le abrazaban las piernas y besaban el
alba y las puntas del velo» ( Rui~, Recuerdos 99).

El relato del arzobispo Ruiz explica el verdadero sentido del telegrama:
"El día 20 de junio, por la tarde, recibí telegrama cifrado del Santo Padre
por conducto de la Delegación de Chile, deciéndome que me autorizaba para finnar la reanudación del culto, siempre que se estipulara con el Gobierno:

"l. Amnistía general para todos los levantados en armas; 2. que se devolvieran las casas curales y las episcopales; y 3. que de alguna manera se garantizara la estabilidad de esas devoluciones.
"Al día siguiente, 21 de junio, a eso de las 11 del día, fuimos al Palacio Nacional el Sr. Díaz y yo. Nos recibió el Sr. Presidente, le enseñamos el telegrama que se acababa de recibir de Roma y en seguida mandó llamar al Sr. Canales, que fungía como secretario de Gobernación, y le ordenó: primero,
que inmediatamente comunicara a los Jefes de Armas de todos los lugares
donde hubiera gente levantada en armas, que dieran amnistía a todos los
que quisieran rendirse, dando a los simples soldados pasajes gratuitos a cualquier punto de la República adonde quisieran irse y dejando a los oficiales
sus pistolas. Segundo, dijo al mismo Sr. Canales que ordenara la devolución
de todas las iglesias y casas curales y episcopales que no estuvieran ocupadas
con alguna oficina del Gobierno, y que en cuanto a las demás se procurara
desocuparlas para devolverlas. En cuanto a la garantía que se le pedla&gt; nos
dijo que, por lo que a él miraba, no daría un paso atrás en el arreglo que
íbamos a firmar. Entonces nos presentó dos ejemplares de sus declaraciones y mías, que también habían sido preparadas por Mr. Morrow, y las
firmamos en seguida" ~ ( Lo que yo sé. 24) .

Así se llegó al "modus vivendi,,, que fue muy mal cumplido por el Go~ El texto de los documentos ha sido publicado varias veces, v. g. en Portes Gil,
pp. 314-316; y también su reproducción fotostática, por ejemplo en Bravo U ga.rte
"México Independiente", Barcelona, 1959, p. 428-429.

404

405

�SANTIAGO VIDAURRI Y EL ESTADO DE
NUEVO LEóN Y COAHUILA
Prof.

FEDERICO BERRUETO RAMÓN

Sub-Secretario de Educaci6n Pública.

l.

POR LOS CAMINOS DE LA li.rSTORIA

EL HOY EsTAoo DE CoAHUILA es fruto de un dilatado proceso bjstórico; su
parte meridional, donde se establecieron Saltülo y Parras, correspondía a
principios del siglo XVII a la Provincia de Nueva Vizcaya, mientras su zona
septentrional permanecía inexplorada; sobre esta última adelantó sus expediciones el Nuevo Reino de León para originar poblados de fugaz existencia.
Ya bien entrada la misma centuria, de Saltillo salieron conquistadores que le
dieron vida permanente a las fallidas fundaciones, circunstancia que suscitó
un pleito de jurisdicciones entre las dos Provincias, pleito que fue superado
con la creación de la Nueva Extremadura al norte del panilelo 26 y cuyo
territorio se ensanchó considerablemente con el del actual Estado norteamericano de Texas, mismo que le fue segregado en 1722 para integrar la provincia del mismo nombe.
La mutilada Nueva Extremadura que tenía por capital a Monclova, dilató
sus dommios al adscribírsele en 1777 la región del sur que pertenecía a la
Nueva Vizcaya, para instituir así la Provincia de Coahuila que formaba parte
de las Provincias Internas de Oriente.
Ya en las Cortes de Cádiz, en 1812, principiaba a escucharse la voz de un
insigne coahuilense, la del dipu'l:ado don Miguel Ramos Arizpe, quien, después de un dramático informe sobre el atraso de las Provincias últimamente
aludidas, proponía que se constituyera una sola con las de Coahuila, Nuevo
Reino de León, Nuevo Santander y Texas, pues afirmaba que su abandono
era tal y su desarrollo tan difícil, que de no funsionarlas seguirían expuestas
a vivir en perpetuo estancamiento; también sugería que se abrieran uno

407

�o varios puertos sobre el Golfo, con objeto de animar las transacciones con
el exterior, ya que todo el intercambio comercial con Europa se hacía por
Veracruz, lo que volvía casi imposible en aquellas comarcas el comercio de
multitud de mercaderías.
Al independizarse el país y convocarse al Congreso Constituyente de 1824,
Ramos Arizpe, que se había convertido en su figura más importante, insistió
en el proyecto, sólo que Tamaulipas no estuvo conforme y por eso en el acta
constitutiva del 31 de enero del mismo año, se hablaba de que Coahuila,
Nuevo León y Texas formarían el Estado Interno de Oriente; tal vez por
las dificultades para decidir entre Saltillo y Monterrey en lo relativo a Ja
capital, y aquí Monclova también reclamaba derechos, se separó Nuevo
León, constituyéndose el Estado de Coahuila y Texas, cuya sede política quedaría en Monclova. A consecuencia de esto, las rivalidades entre dicha ciudad
y Saltillo, generarían a la larga_ no pocas y lamentables consecuencias.
Se trataba de un inmenso territorio con escasas poblaciones que vivían
precariamente por su aislamiento del centro del país y por las incursiones de
los naturales jamás sometidos por el conquistador, circunstancias que las mantuvo al margen de un auténtico dominio gubernativo.

II. LA

GEOGRAFÍA CoAHUn.TEXANA

Para contemplar mejor el aspecto demográfico de la nueva entidad baste
considerar que las contadas fundaciones, separadas entre sí por grandes distancias, carecían de comunicaciones seguras, porque las numerosas tribus en
rebeldía merodeaban por todos los ámbitos, volviendo punto menos que imposible la convivencia.
Con excepción del nornoreste texano, región abundantemente regada y
del sursureste montañoso, en el resto del territorio dominan las llanuras con
reducida precipitación pluvial y surcadas por unos cuantos ríos; esto y el
clima extremoso originan su flora, que es la de las zonas áridas, entre cuyas
especies prevalecen los pastizales que desde entonces parecían indicar el destino pecuario de' la entidad; con una agricultura limitada, la cría del ganado
se fue convirtiendo en actividad básica dentrq de aquel estado de inseguridad,
pues ni el gobierno virreinal, ni el de la República, después, podían acudir en auxilio de las aldeas empobrecidas por la inseguridad, el atraso, la zozobra y la
inclemencia de la naturaleza.

408

III.

EL HOMBRE DE LA FRONTERA

En la historiografía ocupa calificada significación el término fronte~a en 1~
formación de las nacionalidades, entendiéndose por frontera las regiones limítrofes con zonas por conquistar, poblar e incorporar cultural, económica Y
políticamente.
Para nuestro objeto es interesante examinar esta incorporación que se inició
con gentes de mentalidad metropolitana; se trataba de hombres que hubieron
de enfrentarse Jo mismo a la naturaleza que a los bárbaros y posteriormente a
individuos de distinta formación cultural; a fuerza de sufrir las más variadas
experiencias, acabaron por adquirir su pe_culiar psi~ología; ~sí se ~olvieron
más audaces valerosos y tercos para dommar su c1Tcunstanc1a; forJados en
el desampar;, su inteligencia cobró signos propios; su carácter se tomó, cuanto
más hostil et medio, más emprendedor y acabó por aprender a no esperar nada
que no le viniera por el camino del esfuerzo; desconectad~s ~e los ?1'andes
centros del país, se fueron transformando en gentes con cnten~ pro~10 p~ra
enjuiciar lo que sucedía en el resto de la naci6n; siempre hosp1ta~os e intrépidos, desconfiados y aptos para sortear tod_as las. sorpresas; bro~1stas, francos, partidarios del juego de azar, un tanto msum1sos y poco sociables, configuran una personalidad inconfundible.
Cobra rasgos tan firmes el hombre fronterizo, que apenas se le advierte Y
ya se le percibe un modo especial de hablar y de relacion~e_, una ~anera
directa de, entender, tratar y comentar las cosas y los acontecmuentos, sm que •
falte entre sus particularidades la indumentaria y la alimentación todas ellas
tan conocidas.
Con ser gentes que matizan la cultura nativa con nuevas tonalidades que
se reflejan en su vocabulario, en sus artes, en su trabajo y en su ac~~~ fr~te
a la vida, no son descastadas; por lo contrario, su contacto con otra civ1hzac16n,
las hace sentirse más hondamente orgullosas de la suya.
Esta desaliñada digresión del hombre de frontera, nos permitirá comprender mejor su conducta en esta región del noreste en el período de integración
de la República.

IV.

ÜTRA VEZ POR LOS CAMINOS DE LA HISTORIA

Desde la Independencia las nuevas generaciones fueron adquiriendo poco a
poco la noción de la nacionalidad y esto explica sus luchas contra el pasado
para constituir el país sobre principios que eran ya patrimonio de los más

409

�adelantados del mundo. Pero ni el futuro se impone fácilmente, ni lo que
debe dejar de ser se entrega sin pelear; así observaremos cómo frente al espíritu
colonial y monárquico se levantará el espíritu republicano y cómo ante el
centralismo se alzarán las instituciones liberales y federalistas.
Esa lucha originó un largo período de turbulencias, entre cuyos resultados
destacaremos la pérdida de gran parte de nuestro territorio y en ello se fue
Texas, que fo.tmaba las tres cuartas partes de la entidad coahuiltexana.
Tras del desastre, México vivió frecuentemente en el seno del despotiilllo y
la anarquía bajo la reiterada tutela de Santa Anna, político tornadizo, dictador
sin escrúpulos, siempre apoyado por dos fuerzas entonces decisivas: el antiguo
ejército y la iglesia.
Durante esa agitada época que va desde la tentativa federalista de la Constitución de 24 hasta los días de Su Alteza Serenísima, Coahuila vive su más lacerante exi&gt;eriencia; lo mismo en la región del Saltillo y Parras tan saturada de
la clásica cultura· hispánica, que en la del norte, en que se iba fraguando el
hombre de frontera; 1a condición de esta última era más desoladora; las
agresiones de los naturales se volvían más frecuentes, porque en la medida en
que Texas se poblaba se les arrojaba sobre nuestro suelo; ni el gobierno nacional ni el del Estado podían proteger a los pueblos; entre Saltillo y Monclova se extendían 200 kilómetros de desierto y peligros, del mismo modo que
entre Monclova con sus vecinas aldeas y las del norte otra distancia igual
prolongaba el aislamiento y la desesperanza.
Cuanto más se avanzaba hacia el Bravo, más se sentían el abandono y la
intranquilidad; por eso las gentes se fueron dejando ganar por el desaliento
y la animosidad contra un gobierno incapaz de auxiliarlas; sobre esa situacjón
habría de venir otra calamidad, la de las bandas de texanos que con pretexto
o sin él entraban armados para cometer mil atrocidades. Todo esto acontecía
mientras en el interior de la República arreciaba la lucha intestina con todas
sus alternativas.

V. DoN SANTIAoo VIDAURRI

En ese conturbado mundo de la frontera nació y se modeló una figura
singular del noreste mexicano: don Santiago Vidaurri, hombre de personalidad impresionante que habiendo tenido momentos espectaculares para el
bien del país, acabó por perder todos sus méritos cuando, al negarse a sí mismo, adquirió el peor de los estigmas al luchar contra los suyos y contra el
destino de la Patria.
Vidaurri es un personaje desconcertante; ambicioso como pocos, pero celo-

410

samente apas1onado de la frontera, cuyo futuro le preocupó siempre; voluntarioso en extremo, pero dueño de una gran capacidad organizadora; a veces
demaiogo y a veces patriota; a veces generoso y a veces iracundo; audaz,
hábil, tortuoso y capaz de todas las veleidades con tal de mantener su autoridad absoluta; patriarca y cacique; héroe y villano, caudillo y apóstata; hombre en swna de complicada caracterología.
Como gobernante se entregó por entero a consolidar la vida de su región
que defendió de todos los desmanes, sin que su régimen, nunca modelo de libertades plenas, haya acusado las notas sanguinarias propias de su época.
Por mucho tiempo se especuló sobre La oriundez de Vidaurri; en su misma
familia se aseguraba que había nacido en la hoy ciudad de Múzquiz; lo cierto

es que sus antepasados inmediatos vivieron en Coahuila, pero don Santiago
nació en Lampazos, Nuevo León, el 25 de julio de 1808; gran parte de su
niñez y de su juventud la pasó en el norte coahuilense, lo que explica sus numerosas relaciones que tanto habrían de servirle en su carrera política; él
mismo se consideraba ciudadano de Nuevo León y Coahuila y todos los de
su sangre vivieron en distintos lugar de ambas entidades.
En pleno vigor juvenil N\,,OTesó a Lampazos y más tarde marchó a Monterrey; uno de tantos días, en reyerta vulgar, le cercenó la mano a un soldado
y fue a dar a prisión; algunas letras debe haber tenido, porque luego se le
descubrió como muchacho inteligente, muy hábil para redactar y más aún
para ganar amigos.
Todo ello le favoreció para que se le ocupara como amanuense municipal;
su facilidad para relacionarse le abrió las puertas de alguna de las oficinas del
gobierno neolonés en las que trabajó de escribiente; después de ser jefe de
mesa llegó a Oficial Mayor, de donde no tardaría en ascender a Secretario de
Gobierno; eran los tiempos del dominio centralista, pero en Nuevo León ya
principiaba a notarse cierta corriente liberal encabezada por el periodista Manuel María del Llano.
A principios de 1833, Del Llano llegó al gobierno para desarrollar un programa de reformas que reglamentaban los honorarios del clero, que prohibían
los entierros en las iglesias y que dejaban a la voluntad de los fieles asistir a
las fiestas religiosas. El audaz gobernante liberal pronto fue desplazado por el
centralismo; años después, uno de sus prosélitos, don Joaquín García, al hacerse cargo del ejecutivo neolonés en 1837, le confió a Vidaurri la Secretaría
de Gobierno. Es muy probable que desde esos días don Santiago haya principiado a cultivar cautas relaciones con gente liberal como Del Llano; así lo
pensamos, porque por ese entonces los Vidaurri venían figurando prominentemente en el movimiento federalista de Monclova, que terúa por objeto inmediato la captura de Saltillo, ciudad a la que se acusaba de conservadora.

41 l

�En 1839, al salir de Monterrey tropas centralistas a sofocar nuevos brotes
armados en Coahuila y Tamaulipas, se registró una sublevación j Vidaurri se
unió a los alzados, pero el placer del triunfo les duró unos cuantos días y
don Santiago se fue a incorporar a uno de los núcleos rebeldes que operaban
en la región del Bravo al mando de Antonio Canales, nativo de Monterrey¡
población que atacó sin éxito, amnistiándose posteriormente. Por este tiempo
se principió a incubar el fantástico proyecto de la República del Río Grande
que se trataba de constituir con Tamaulipas, Nuevo León, Coabuila, Chihuahua, Sonora, Nuevo México y las Californias; para el efecto se pidió el patrocinio de Texas; pero Texas, que aún no se anexaba a la Unión Americana,
no se atrevió a tanto.
Desde ese tiempo y hasta la ocupación de las fuerzas americanas, Nuevo
León no dio mayores signos de liberalismo. Vidaurri se encuentra en la
penumbra, pero lo asombroso es su retorno a la prominencia política al amparo de la restauración conservadora en 1853, a consecuencia de la cual, en
1854, llegó al poder estatal el general Gerónimo Cardona, quien le asigna
nuevamente la Secretaría de Gobierno.
Era la época en que Santa Anna, una vez derrocado el régimen de Arista,
volvía a la Presidencia apoyado en sus aliados de siempre, para instituir el
despotismo más ominoso y en cuyos desafueros contaría la venta de La Mesilla.
La rebelión no tardó; el primero de marzo de 1854 se proclamaba el Plan
de Ayutla con sus dos figuras tutelares: don Juan Alvarez y don Ignacio Comonfort. El Plan se proponía derrocar a Santa Anna, acabar con los abusos,
el absolutismo y la corrupción burocrática, cancelar los altos impuestos, terminar con la inestabilidad política y atender debidamente al ejérciLo, censurando de paso la venta de La Mesilla.
El documento de Ayutla, obra de los liberales moderados, contó también
con las simpatías de los radicales o puros, que tratarían de aprovechar la
contienda para introducir reformas sustanciales en la organización del país; el
Plan no disponía de un ejército, pero lo sostenían pequeños grupos armados
que adoptaron la táctica de guerrillas.
Cuando Santa Anna principiaba a dominar los insurgentes surianos, en
Tamaulipas, por julio de 1854, se rebeló don Juan José de la Garza, que
también fue derrotado; marchó a Nuevo León y al acercarse a Monterrey lo
destrozaron las tropas de Ampudia el 11 de septiembre.
Vidaurri, en lugar de sumarse al liberal tamaulipeco, permaneció en la gracia del santannismo. Mientras el dictador triunfaba en el noreste, Alvarez se
fortalecía en el sur y Comonfort se unía en Michoacán con un futuro gran
reformista: don Santos Degollados; Santa Anna encargó al general Ampudia
412

la tarea de combatirlos y de esa manera sólo quedaron en el noreste mermadas
corporaciones sin haberes y desmoralizadas.
Ahora Vidaurri principia a conspirar; son los comienzos de 1855; con
pretextos de salud se ausenta de su empleo por varias semanas y es entonces
cuando se entrevista con el capitán Nicolás Régules, comisionado para atizar
la hoguera liberal en Nuevo León. Entretanto la frontera coahuilense padece
toda clase de infortunios.
Vidaurri cree llegado su momento y el 11 de mayo se esfuma de Monterrey
con varios amigos; el buenazo de Cardona hasta el 16 se dio cuenta de que su
Secretario andaba en Lampazos, donde se reunió al grupo rebelde que capitaneaba don Juan Zuazua, veterano de la guerra contra los americanos y
contra los bárbaros; Cardona denunció como separatista al movimiento y así
lo proclamó por todas partes.
Con el apayo de los pueblos de la región, Vidaurri y Zuazua organizaron
sus huestes bajo el nombre de Ejército Restaurador de la Libertad y se dirigieron a Monterrey, ocupándole después de ligero combate el 23 de mayo;
3,000 rifles y 21 piezas de artillería, además de otros abastecimientos, formaron el botín de esta jornada, con la que nacía un nuevo caudillo.
"Nueuo León no se compone como los estados del interior en gran parte
de indios miserables: tenemos conciencia de nuestro deber y al mismo tiempo
de nuestro poder y derecho, y muy viuo el entendimiento y la dignidad de
hombres libres para dejarnos ultrajar por la fuerza en lugar de rnr regidos
por leyes justas. .." Así hablaba Vjdaurri después de la victoria, como típico
hombre de frontera, sin mencionar para nada el Plan de Ayutla.
Santa Anna se alarma con lo de Monterrey, insurrección que tacha de filibustera para formar la República de la Sierra Madre, otro vesánico proyecto
que apuntaba entonces bajo el liderato de José María Carvajal, sublevado
separatista que, según se decía, había proporcionado armamento a Vidaurri;
éste rechazó el cargo y proclamó que su mouimiento era nacional, que luchaba por la libertad y en defensa de la integridad del territorio, de la independencia y de los sagrados derechos de la naci6n.
El mismo 23 de mayo convocó Vidaurri a una junta de ciudadanos distinguidos para establecer un gobierno provisional, misma que lo nombró gobernador y jefe militar de Nuevo Le6n; dos días después se proclamó el
Plan de Monterrey, por el que se declaraba que Nueuo Le6n rescataba su
soberanía y que as! permanecería hasta que un Congreso Nacional constituyera un nuevo gobierno para el país sobre la base republicana y federal.
De inmediato invitó a los pueblos de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas
para que lo apoyaran, y, si lo consideraban conveniente, se allanaran para
farmar un solo gobierno respetable ,., fuerte para de/ enderse de las incursiones
texanas y de las depredaciones de los naturales.
413

�De todas partes le llegarían adhesiones y bajo su mando principió a fulgu·
rar una nueva generación de jefes militares, entre los que mencionaremos a
Juan Zuazua, Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Julián Quiroga y José
Silvestre Aramberri.
Como programa de gobierno se proponían reprimir el contrabando para
impulsar el comercio, corregir abusos y negligencias, ~efi~ir los cam~os que
competen a la iglesia y al estado y establecer la contnbuc16n voluntana para
sostener la administración.
Vidaurri trabaja premiosamente; ahora emplaza al general Valentía Cruz,
Gobernador de Coahuila, para que abandone Saltillo y al mismo tiempo
organiza sus tropas para expugnar el puerto de Matamoros, en tanto _que
recibe el refuerzo de 800 tamaulipccos que siguen a De la Garza, al que designa
su segundo en el mando del Ejército del Norte, cuyo fue el nombre que recibió
la columna jefatura.da por el caudillo neoleonés.
Las operaciones proyectadas fueron suspendidas al saberse que el ºdictador
había destacado una brigada a las órdenes del general Francisco Güitián para batir a los norteños; por eso Vidaurri volvió a Monterrey y siguió hasta
Sal tillo donde venció a los santannistas el 23 de julio; el 26 declaraba en esta
última ciudad el fin del centralismo, lo que significaba, así lo decía, que el
pueblo se regirá democráticamente escogil&gt;ndo a sus propios gobernantes: enseauida celebra una junta con las personas más calificadas, junta que aceptó
ei°Plan de Monterrey y la mayoría, error de consecuencias fatales, le otorgó
el mando militar y poWico de Coahuila.
Para fines de julio todos los pueblos de Coa.huila se declaraban por el Plan
de Monterrey; pero Vidaurri no se sentía muy seguro, porque creía que lo~
funcionarios de Saltillo que aparecían como sus amigos, eran peligrosos, y aqu1
se advierte otro de los signos de su personalidad: la desconfianza.
Para ejercer la doble investidura política nombró en agosto al licenciado
Miguel Blanco, Secretario de Gobierno para los asuntos de Coa.huila y al licenciado José Garza González para los de Nuevo León; por ese entonces
declara que su movimiento deseaba la emancipación política, social e intelectual del espírtu humano y se pronunciaba por las libertades de pensamiento,
expresión y trabajo, sin excluír la de creer.
Después del triunfo de Saltillo destacó con rumbo a San Luis Potosí una
columna militar al mando de Zuazua.
Por Ja naturaleza de sus declaraciones, Vidaurri comenzaba a ser considerado por los liberales puros como uno de los suyos; esto sucedía en los momentos en que principiaban a darle la pelea a los moderados que tenían por
guía a Comonfort, con quien el neoleonés tendría serios desacuerdos, a causa
de que aquél trataba de incorporar militares del viejo ejército que habían
reconocido el Plan de Ayutla para conservar sus privilegios.

414

Por esas fechas Santa Anna dejaba, ahora sí para siempre, el mando supremo del país, que ejercería don Juan Alvarez por virtud del triunfo liberal.

VI. EL

DESMÁN VIDAURRISTA

Apenas victoriosa la causa de Ayutla, principió a desencadenarse con intensidad el debate entre moderados y puros; estos últimos pugnaban por un cambio sustancial en la estructura económica, social y política de la República,
definido posteriormente en la Constitución de 57 y de modo más enérgico en
las Leyes de Reforma.
Vidaurri siempre consideró al Plan de Monterrey como gemelo del de Ayutla si bien matizado el primero con una serie de notas ideológicas que le
daban un sentido más avanzado; para no aumentar disensiones acabó por
reconocer al segundo, pero sin renunciar al carácter impreso al gobierno de
Nuevo León y a su determinación de no soltar ]a jefatura del noreste; respe~t?
a lo primero insistiría en el principio federalista, en la lucha contra el_ m1htarismo y en el derecho de los Estados para resolver sus asuntos domésticos y
organizar su propia milicia.
Ya para agosto de 1855 el poderío de Vidaurri se extendía a los tres Estados
del noreste y al norte de San Luis Potosí, y si no lo dilató más, fue para no
despertar suspicacias en Comonfort y porque quería conservar intacto su
liderato fronterizo, amenazado ahora por una especie de conjura, pues ya
desde Sal tillo le comunicaba don José Ma. Aguirre que, habiéndose pronunciado la ciudad por el Plan de Ayutla, se le había designado Gobernador Interino, pero que era su voluntad conservar las relaciones en lo atañedero al
mando militar del Ejército del Norte.
Vidaurri respondió encolerizado; consideraba aquello como maniobra conservadora y así lo delató ante los pueblos del centro y del norte coahuilense,
cuyas rivalidades con Saltillo aprovecharía para conseguir el apoyo de la casi
totalidad de los municipios, algunos de los cuales le ofrecieron tropas para
ocupar militarmente la capital de Coahuila.
Al mismo tiempo se dirigió al Presidente Alvarez y a Comonfort para acusar de rebeldes al gobernador Aguirre y los suyos, apuntando que él, Vidaurri,
había sido nombrado como t'mica cabeza del gobierno de Ooahuila, por virtud
de la conquista militar de Saltillo y agregaba que de ningún modo renunciaría
al 1iominio de la frontera.
Pero f-ue más allá, al inducir a los pueblos que manifestaron su sentir; de
esa manera una comisión de Monclova producía el 25 de septiembre un largo
informe sobre la situación de Coa.huila, en el que se afirmaba que el Estado
415

�padecía desesperada penuria que lo incapacitaba para sufragar los gasto: de
la administraci6n, por cuyo motivo le era imposible subsistir como entidad
autónoma ,, se pronunciaba por que los distritos de M onclova y Río Grande
se unieran a Nuevo León, dejando a Saltillo, Parras y las otras regiones, el
derecho de seleccionar el Estado al que quisieran adherirse,

Al tiempo que Vidaurri movia sus emisarios para ganarse la voluntad de
los pueblos del norte, se dirigía a los líderes de la política nacional para convencerlos de que eran los coahuilenses los que venían pidiendo la anexi6n.
Un inesperado acontecimiento acabará de fortalecerlo; las bandas de texanos continuaban invadiendo la frontera; pero el suceso más serio fue la derrota
que las milicias mexicanas le causaron el 7 de octubre de 55, a ~a partid_a
filibustera en las cercanías de Piedras Negras; los derrotados volV1eron al siguiente día en número de 300 e incendiaron la poblaci6n. La fechoría alarmó
a Vidaurri, quien ordenó la concentración de sus fuerzas en Monterrey y
mandó cuatro compañías con 5 piezas de artillería a proteger la frontera de
Coahuila ,· la alarma creció cuando se supo que en San Antonio,. Texas, se
preparaba una expedición invasora. Vidaurri al informar al Presidente acusaba al gobierno americano de solapar aqueJJas tropelías y anunciaba que ya
reclutaba más gente para salir en defensa del territorio nacional.
La denuncia caló tanto, que el cónsul americano en Monterrey y el propio
embajador, desde México, le dieron explicaciones, condenando el incidente;
hasta el Secretario de Estado, desde Washington, se dirigía a Vidaurri para
decirle que las incursiones indígenas sobre Texas, no justificaban la violaci6n
del suelo mexicano y la destrucción de propiedades, criticando al destacamento
de Fort Duncan, frente a Piedras Negras, por haber protegido a los malhechores; después le enviaría copia de la orden del Presidente Pierce para que
se evitara toda invasión sobre México, utilizando para el efecto las fuerzas
de mar y tierra.
Todo esto le sirvió a Vidaurri para ponderar el peligro del filibusterismo;
así protegía sus propios fines y justificaría sus futuras maniobr~, ganando. de
paso la consideraci6n del gobierno americano que observaba como el caud1Jlo
norteño perseguía enconadamente a los indígenas; ahora Vidaurri se mueve
en el plano internacional, mientras, por otra parte, da fe de su patriotismo al
gobierno del país.
Las crecientes divergencias entre moderados y radicales provocaron en diciembre de 55 la renuncia de Alvarez a la presidencia y la exaltaci6n de
Comonfort como sustituto; moderado por excelencia, trataba de conciliar a
los dos grupos en pugna. En la definición de los bandos, Vidaurri ~es_ta_caría
entre los puros; su relieve era tan firme, que no escasearon los que pnncLp1aron
a considerarlo como el indicado para suceder a Comonfort.

416

Así IJega el año de 1856 en que habría de reunirse el Constituyente; Coahuila estaba representado por el ilustre republicano don Juan Antonio de la
Fuente, en tanto que por el mismo Estado, pero auspiciado por el gobierno
neoleonés, concurrían don José Ma. Viesca y Montes y don Miguel Blanco.
En aquella asamblea se iba a decidir el destino de México; ahora veremos
los efectos de la copiosa correspondencia que Vidaurri, señor de la maniobra,
de la lisonja y del enredo, sostenía con las figuras capitales del pensamiento
radical.
El 19 de febrero de 1856, casi en la misma fecha en que iniciaba sus tareas
el Constituyente, Vidaurri expetlía, de sus puras pistolas, el decreto que establecía la unión de las dos entidades norteñas bajo un solo gobierno, integrando
así el Estado de Nuevo León y Coahuila.
El atraco era evidente; con todos los méritos que Vidaurri pudiera ostentar,
ningún estatuto podía amparar el desmán;_ la misma petición de los pu~b_los
del norte coahuilense escondía mucho de política de mala ley. En Mexico
algunos consideraron el decreto como un modelo de arbitrariedad y despotismo, pero otros lo tuvieron por necesario y conveniente.
Sólo un hecho enturbiaba el futuro vidaurrista: La pérdida de su influencia
en Tarnaulipas a causa de varios incidentes que enemistaron a De la Garza
con el mandatario ncoleonés.

VII.

LA PUGNA ENTRE CoMONFORT Y VmAURRt

Comonfort desde que asumió la presidencia venía tratando de ganarse al
bronco cacique norteño por los caminos de la conciliación; por eso, al conocer
el decreto anexionista trató de persuadirlo de su error, pero sin resultado;
ante la ineficacia del recurso, le suplicó que lo derogara, pero también sin
consecuencias.
Así las cosas, cambió de procedimiento: instruy6 al gobernador de Tarnaulipas para que le cerrara a Vidaurri los puertos de la frontera; con ello lo
dejaría sin recursos, ya que desde tiempo atrás retenía los derechos aduaneros
para cubrir los gastos de su ejército; por otra parte, ya no podría abastecerse
de armas y municiones; el golpe era certero y De la Garza, ni tardo ni perezoso, lo asest6.
Enb·e tanto Comonfort, el 15 de abril de 561 reprobaba el decreto y disponía que las autoridades de Saltillo procedieran a nombrar Gobernador
Provisional. Fundaba su acuerdo en e1 Plan de Ayutla que reconocía a Coahuila como Estado, por lo cual ni Vidaurri ni el propio gobierno nacional
podían violar su soberanía.

417
H27

�En mayo de 56 el Congreso principió a conocer el asunto; con serena, pero
enérgica entereza, don Juan Antonio de la Fuente defendió la autonomía de
su Estado y solicitó que se aprobara la disposición del gobierno provisional
que nulilicaba los efectos del atenta.torio decreto.
Para examinar el conflicto se nombró una comisión, que produjo un tibio
dictamen que reflejaba el deseo de conciliar a Vidaurri con los de Saltillo,
pero a la vez destacaba el derecho de los pueblos de Coahuila para escoger
libremente su organización política y pedia, por lo tanto, que se suspendieran
los efectos de la anexión hasta conocer el sentir de los coahuilenses, para lo
cual sugería designar una comisión representativa del Congreso y del Ejecutivo.
La polémica se prolongó por meses; los diputados partidarios de la anex.ión
sostenían que era compatible con el Plan de Ayutla, pues éste disponía que
cada entidad sería gobemada por el caudillo local del movimiento y Vidaurri
lo había sido simultáneamente en Coahuila y Nuevo León.
El lo. de junio por 57 votos contra 35 se rechazó el dictamen; de esta
suerte el Congreso se abstenía de reconocer la anexión, expresándose que la
decisión final dependería de su propio acuerdo que se incluiría en la Constitución.
Pero los adictos a Vidaurri no retrocedían; ahora esgrimirían como argumento el fantasma de Texas, que, según ellos, se había perdido por la ingerencia del gobierno nacional en los asuntos locales. Vidaurri no descansaba
en su correspondencia y reclutaba más tropas para dirimir el asunto en el
campo de las armas si era preciso.
Comonfort apretó la mano; el 19 de agosto aparecía una información relativa a la destitución de Vidaurri, como Gobernador de Nuevo León, designando en su lugar a don José de Jesús Dávila y Prieto; por esos días, el 7
de agosto, 46 diputados votaban por la anexión contra 39 que se oponían;
el resultado era inoperante, porque se requería el sufragio de las dos terceras
partes; con todo, la débil posición del Presidente en el Congreso no admitía
dudas.
Comonfort no se arredra; organiza una fuerza de 3,000 hombres al mando
de los generales Rosas Landa y Echeagaray que atacarían por el sur, al tiempo
que los tamaulipecos lo harían por el oriente y el norte de Nuevo León.
Vidaurri andaba forzando la puerta. de la frontera cuando supo que De
la Garza marchaba sobre Monterrey, cuyo_ ataque coincidiría con el de la
columna del sur; el plan falló por la demora involuntaria de Rosas Landa; a
pe~r de esto, De la Garza asaltó la ciudad el lo. de noviembre; el combate
se prolongó por dos días, suficientes para que llegara Vidaurri y obligara a
sus enemigos a replegarse a Saltillo.
El 15 de noviembre, cuando Vidaurri percibió que se le echaba encima la

418

poderosa división de Rosas Landa, ya había ganado la batalla en el Congreso; el 15 de septiembre, ni más ni menos dos meses antes, por una mayoría
de 56 votos contra 25, se había votado la unión de Coahuila y Nuevo León,
legalizándose así el zarpazo anexionista, aún cuando dicho mandato, no surtiría sus efectos sino hasta que se promulgara la Constitución.
En esas condiciones, Vidaurri, en lugar de combatir pidió parlamentar
y así se produjo el convenio de la Cuesta de los Muertos, signado el 18 de
noviembre, en el que se asentaba, entre otras cosasi que Vidaurri se sometía
al gobierno provisional; que entregaría el poder al Presidente del Consejo del
Estado de Nuevo León, (gente suya), al que se le subs.idiaría con ocho mil
pesos mensuales para batir a los bárbaros y, para mayor satisfacción se apuntaba, innecesariamente, que en cada lugar de Coahuila, con excepción de
Saltillo, se convocaría a un plebiscito para que los ciudadanos expresaran su
voto en favor o en contra de la anexión.
El resultado de estos actos en los Partidos de Par.ras, Monclova y Río Grande, fue de 4,056 votos por la anexión contra 260; tan aplastante mayoría
nos hace pensar en aquella otra que se obtuvo después bajo la presión de las
armas francesas, para convencer a Maxim:iliano de la pretendida vocación
monarquista de los mexicanos.

VIII.

SOMBRAS y CLARIDADES DE UN CAUDILLO

No hay duda de que nos hemos encontrado con una figura singular y con
un hecho sólo explicable a la luz del azaroso proceso en que se fue fraguando
la nacionalidad.
Vidaurri es un hombre desconcertante que merece un estudio a fondo, no
para absolverlo de una culpa que siempre escapará al perdón, sino para valorar su conducta y conocer mejor lo que fue el noreste mexicano en el crítico
promediar del siglo XIX.
Vidaurri, como no pocos liberales, comenzó su carrera en el centralismo;
después se definió radical de sustancial prosapia; contnbuyó a defender nuestro suelo en días aciagos y cinceló capítulos decisivos en el inicio de la Guerra
de Reforma; pero este hombre, cacique cabal, era capaz de todos los pactos
con tal de retener bajo su personal dominio el dilatado territorio de Nuevo
León y Coahuila.
Pacificarlo, limpiándolo de naturales insumisos, de filibusteros y malhechores, fue su obsesión permanente, pues sólo así se poblaría el desierto y prosperarían la producción, las comunicaciones y el comercio; tales eran sus in419

�tenciones, siempre condicionadas por un hecho: todo aquello se podía lograr
pero únicamente con las manos insustituibles de un hombre: Santiago Vidaurri.
Después de consumarse la anexión de Coahuila a Nuevo León, gobernó
al inmenso Estado durante ocho años; pero un día, en el viacrucis de la República, la soberbia lo enfrentó al titular de la dignidad nacional, al que no
pudo doblegar, como no han podido doblegarlo ni el odio sectario, ni el tiempo ni la muerte.
Vidaurri fracasó en su osadía; pudo buscar el exilio para reflexionar sobre
sus yerros y rehabilitar su conducta, pero la pasión lo perdió hace cien años
al reconocer el imperio; pensando que de ese modo conservarla su cacicazgo;
mas no fue así.
En el momento de su lamentable ofuscación, repitámoslo aquí, cometió
el peor de los olvidos, el de México, cuya gloriosa bandera llevaban por los
caminos del desierto norteño, las manos de un indio que desde entonces preside
los más altos valores de la Patria.

420

FALSO MAYORAZGO DE LA CASA MONTEJO
JOAQUÍN DE AluuGUNAGA PEÓN

Mérida, Yucatán

EN 8 DE FEBRERO DE 1565 y a los 57 años de edad, falleció en la ciudad de
Mérida de Yucatán, cargado de deudas, el Capitán en Jefe de la Conquista
de la Península y fundador de las ciudades de San Francisco de Campeche y
de Mérida, don Francisco de Montejo y León, comúnmente llamado "El
Mozo", por ser homónimo de su padre el Adelantado y de su primo hermano,
el fundador de Valladolid, el cual es conocido como "El Sobrino".
El Ayuntamiento de Mérida conociendo la difícil situación económica por
la que había venido atravesando el joven Montejo, pues su innata honradez
le había impedido lucrar en los altos cargos que desempeñó, y en justificado
reconocimiento a sus relevantes prendas personales y méritos alcanzados durante la conquista y en la organización de la Capitanía General de Yucatán,
con sede en la ciudad de Mérida, acordó sufragar los gastos de su sepelio.
Don Francisco de Montejo y León es uno de los más destacados conquistadores del Nuevo Mundo, descubierto por Colón, bajo el patrocinio de la
egregia Isabel, la Católica, Reina de Castilla, pues el joven Montejo no tan
sólo supo realizar la conquista de la península con un puñado de esforzados
españoles, sino que también fue un leal y abnegado hijo. Su lealtad y abnegación las puso de manifiesto cuando ya concluida la Conquista fue requerido
por su padre para que le lúciera entrega del mando no obstante que a él se
debía el éxito, pues su padre había fracasado en las reiteradas ocasiones en
que había intentado sojuzgar a los bravos mayas. En ocasión al fallecimiento
de su padre, el Adelantado, acaecida en Salamanca, su ciudad natal, en 8 de
septiembre de 1553, el joven Montejo volvió a poner de manifiesto su amor,
respeto y obediencia a su padre, pues acató sin protesta la voluntad testamentaria del Adelantado, por la cual, a excepción de la casa de su morada en
Mérida, la "Casa de Montejo", construida por él, todos los bienes y el título
de Adelantado pasaron a ser propiedad de doña Catalina, media hermana

421

�de Montejo el Mozo, no obstan.te que a éste se debía que su padre pudiera
en verdad titularse Adelantado de Yucatán, pues de no haber el joven Montejo realizado la conquista ésta no la habría efectuado el Adelantado, quien
en 1542 ya era de avanzada edad y si de joven había fracasado, menos probabilidades de éxito habría tenido perdidas en parte sus facultades guerreras.
La prudencia del joven Montejo se puso de manifiesto al haber sabido
atraerse la amistad del poderoso cacique Tutul-Xiu. Su capacidad como jefe
se hizo patente por las atinadas medidas que tomó para metódicamente ir
consolidando su conquista de la extensa Península de Yucatán. Su valor fue
puesto de manifiesto en el azaroso e inverosímil viaje a las Higueras como
paje de don Hemán Cortés, en los múltiples encuentros tenidos con los
indígenas durante la conquista y principalmente al ser atacado por el fiero y
bravo cacique de Sotuta, Nachi Cocom en Ichcanzihó, hoy Mérida, al frente
de 60,000 decididos indígenas, siendo que Montejo ( el Mozo) tan sólo contaba para librar la batalla y salir victorioso con doscientos españoles entre capitanes, soldados de a pie y de a caballo.
Su espíritu de equidad y justicia dentro de la época y circunstancias en que
le tocaron actuar se puso de manifiesto en reiteradas ocasiones, principalmente al no permitir la venta de indios, no obstante la penuria en que se debatía
la incipiente colonia en Yucatán a raíz de consumada la conquista.
Ya hemos visto que al ocurrir el deceso del capitán Montejo y León ( el
Mozo) éste se encontraba en situación económica difícil, por lo que para solventar sus adeudos se sacó a remate hasta su casa habitación, mas su fiel y
abnegada esposa doña Andrea del Castillo, dama de extraordinarias dotes y
entereza, una verdadera matrona, se presentó a la Almoneda y rescató la Casa
Solar de manos de los acreedores, conservándola así, como hasta hoy para la
descendencia habida en su matrimonio con el fundador de la ciudad de Mérida. Para apreciar el temple de esta gran dama que fue doña Andrea del
Castillo, basta analizar su solicitud de una ayuda de costas hecha ante el
Visitador del Rey en 15831 en que dice: " ... Porque muchas veces las mugeres
principales y de mi calidad, quando se hallaban presentes en las conquistas y
guerras, los caballeros y soldados, con su bista, se esfuerzan y 1animan a señalarse y bien obrar y a servir a sus Reyes y Señores con más ánimo y valor,
y mas si saben que pueden ser parte con los Capitanes generales para que
gratifiquen sus servicios como yo lo podía ser con el dicho mi marido, encareciéndole lo bien hecho y bituperándole lo contrario".
Doña Andrea poseía regular fortuna personal heredada de su madre doña
Francisca del Castillo y no titubeó en gastarla para solventar las deudas de su
esposo y así rescatar de los acreedores la "Casa de Montejo", construída por
su esposo para su propia residencia y la de su padre, el Adelantado.

422

De esta soberbia mansión, el erudito maestro don Manuel Toussaint asienta
lo siguiente: " ... Además de esta casa poseemos otras de la misma centuria
que creemos necesario dar a conocer en este breve estudio. Pocas son las casas
documentadas del siglo XVI que poseemos aparte de esta magnífica mansión
de Montejo. En la ciudad de San Cristóbal de las Casas en Chiapas se ve
otra, la cual se dice era la casa del Corregidor del lugar, según tradición de
la que no conocemos comprobación en fuente histórica, don Andrés de la
Tabilla, pero es mucho más simple y sobria, recuerda las viejas casas españolas
de Toledo y aun algunas que se conservan en la maravillosa ciudad de Cuzco
en el Pení. En Puebla hay varias de gran valor, como la llamada "Casa del
que mató al animal", en la antigua calle de Infantes. Su composición es sencilla y es simplemente la ornamentación de las jambas y trabe la que encierra
gran interés artístico, aquéllas con relieves tomados de un tapiz flamenco
del siglo XV con escenas de caza, de donde se deriva la tradición surgida en
torno de esta casa; ésta con un friso de granadas que muestra en su técnica
una enorme influencia indígena ..." " ... En Guadalajara muestran una puerta semejante a la primera que hemos mencionado en Puebla, con los sillares
de sus jambas y las dobelas de su trabe profundamente marcados, un poco a
la manera barroca. Otras casas del siglo XVI pueden encontrarse en Michoacán como la del Portal Chaparro de Pátzcuaro, pero ninguna puede
afiliarse al sello renacentista como las que antes hemos mencionado". "Ningún
monumento más rico en este género que la Casa de Montejo... " Describamos
la Casa de Montejo:
(La portada) "cornpónese de dos partes: La inferior construída en torno
~e la puerta que es arquitrabada y rematada por una gran ménsula que sostiene una repisa sernioctogonal que forma el balcón de la parte alta"." ... Completand~ nuestra descripción de la parte baja, vemos que sobre una sotabanca
o zócalo, se alza propiamente el basamento del edilicio, compuesto por resaltos entablerados con sus entrantes y salientes respectivos para dar realce a dos
columnas esbeltas que encuadran la portada, con sus antas correspondientes
tras l~ cuales se ven otras. El marco de la portada está formado por tableros
esculpidos en alto relieve con motivos renacentistas y medallones en su centro
con conchas de las cuales salen cabezas humanas; en los ángulos tableros con
cuadros; a la derecha el busto de una mujer con corona y a la izquierda el
de un hombre barbado cuya cabeza parece cubrir un yelmo o turbante. La
trabe se forma por dos pequeños tableros a los lados de 1a clave; en estos
tableros se ven tritones que sostienen pequeñas cartelas con inscripciones: del
lado derecho dice "Amor Dei", en la izquierda "Vincit". La clave es curiosí~: representa un hombre vestido con un traje de piel de cordero que
SOS tlene inclin_ado la base de la ménsula que forma el balcón y que es uno a
modo de capitel con volutas; la posición de este hombre da a entender que

423

�toda la obra depende de él. .." " ... El cuerpo alto altera profundamente el
sistema constructivo: al eje de las columnas, sobre la comisa, hay dos grandes
capiteles que sostienen salvajes burdamente vestidos con pieles de camero,
cuya lana ostenta toscas vedijas; en sus manos sostienen mazas de troncos.
Al eje de los tableros de la parte baja cmnspondcn basamentos de pilastras en
cuyas caras se ven guerreros armados que descansan en cabezas de indios vencidos, y tienen en una mano una alabarda, y en la otra una tosca espada.
Las cabezas de los vencidos no apoyan en la parte baja de Ja pilastra, de manera que los guerreros parecen estar en el aire. La puerta del balcón es
también adintelada, pero presentan modillones en sus ángulos. Su marco está
construído por fajas de ornato: botones rehundidos en cazoletas y la más importante consiste en una fila de cabecitas de niños que alternan con ganchos
incru tados en el muro y que en la parte alta, o sea en el dintel, toman Ja
inclinación que debían seguir las do\!elas, por más que no existe dovela alguna.
Las pilastras presentan capiteles estilizados formados por grifos, y en su centro
pequeñas ca1telas; la de la izquierda con el monograma de Jesús y la de la
derecha con el de María. Arriba de la puerta se encuentra el gran escudo
de los Montejo, coronado por un yelmo que cobija una águila, y por todo
el espacio libre entre las pilastra¡¡ y el dintel se extiende el lambrequín del
escudo, formado por ramas vegetales que en vez de frutas presentan cascabeles. El lambrequín cubre armoniosamente tocio el espacio".
Los fragmentos anteriormente transcritos nos dan una ligera idea de la importancia arquitectónica de la soberbia portada de la "Casa Montejo", que la
coloca.ron en primer plano entre las construcciones civiles del siglo XVI en
las Américas, mas también debe tenerse presente que esta mansión es la
Casa Solariega más antigua en el Nuevo Mundo, ya que por más de cuatro
siglos ha sido la residencia de legítimos descendientes del conquistadqr que la
construyó y de su esposa doña Andrea del Castillo, los cuales la han sabido
conservar con el debido decoro para omato de la ciudad de Mérida, siendo
así la única construcción civil que del siglo XVI aún se conserva en la tradicionalmente hospitalaria capital de! Estado de Yucatán.
La esposa del Capitán en Jefe de la Conquista de la Península ele Yucatán,
doña Andrea del Castillo, provenía de nobles hijosdalgo y naturalmente estaba
imbwda de las tradiciones y costumbres de la nobleza de su época y por ello
quiso perpetuar en su descendencia la '·Casa de Monte jo", por lo que aJ
otorgar testamento en 15 de julio de 1585 estableció un mayorazgo con dicha
propiedad a fin de que fueran heredando sus descendientes en orden a "mejor derecho", sin que la pudieran vender, enajenar o hipotecar a fin de perpetuar en el correr de los años y de los siglos la propiedad en la sangre de
Montejo, honrando así la memoria de su esposo el verdadero cqnquistador de
la Península y fundador de las ciudades de Campeche y de Mérida.

424

Doña Andrea otorg6 su testamento ante don Pedro Ortiz Bocanegra, Escribano de su Majestad y Público del número de la Ciudad de Mérida, Provincia de Yucatán, por su Majestad, y dice así eo lo conducente:
"In Dei Nomine, Amcn.-Sepan q(uan) tos esta Carta de Testam(en) to
vieren como yo D(oñ)a Andrea del Castillo, biuda, muger q(ue) fui de
D(o)n Fran(cis)co de Montcjo q(ue) aya gloria, vecina q{ue) soy desta
Ciud(ad) de Mérida, de las Pro(vinci) as de Yucatán, estando enferma del
cuerpo y sana de la voluntad y en mi buen seso y entendim {ien} to natural
qua! N(ues)tro S(eñ)or fué scrv(i)do de me lo dar, y temiéndome de la
muerte, que es cosa natural, y creyendo como creo en la Sant(ísi)ma Trinidad, Padre y Hijo y Espíritu S(an)to, tres personas y un solo. Dios verdadero,
y en todo lo q (ue} cree y tiene la S ( an) ta M (ad) re Igl (esi) a Romana, deseando poner mi ánima en carrera de saluación, hago y ordeno este testam (en) to
e postrim(er)a voluntad de la f(o)r(m)a y roan{er)a siguiente.
"Ruego a la Limpia Conccpci6n de la Madre de D(io)s y S(eñor)a
(uest) ra ruege a su precioso Hijo me perdone todos mis pecados y q ( ue)
mi ánima se salue y sea c-n mi fauor y ayuda pa(ra) q(ue) haga y ordene lo
q(ue) a la saluaci6n de mi ánima combicne, Amén.
"!ten, mando a D(on) Juan de Montejo mi hijo, por ser el primog-énito
mio y del d(ic)ho D(on) Fran(cis}co de Montejo (que aya gloria) las Casas
de mi morada, con todos los guatro solares que tienen, con cargo q(ue) ante
todas cosas cumpla y pague todo lo q (ue) faltare de mis vienes todo lo ,
contenido en este d ( ic) ho mi testam (en) to y deudas, si algunas paresieren
demás de la q (ue) está declarado, demás q (ue) todas las cosas contenidas en
este d(ic)ho mi testam(en)to se cumplan y paguen, sin que falte cosa alguna,
de modo q(ue) mi ánima se descargue según q(ue) aquí lo dexo ordenado
y se me haga el bien q ( ue) de.xo declarado, de manera q (ue) visto el valor
'de los vienes q(ue) mios se hallaren, cumpla e pague todo lo q(ue} faltare
para cumplir e pagar todo lo q (ue) yo deviere y todo lo q ( ue) mando en estte
d(ic)ho mi testam(en)to, lo qual a de hacer e cumplir dentro de año y medio, que se quenta desde hoy en adelante, y declaro que la d(ic)ha Casa, ni
solares, ni parte alguna de todo ello no lo pueda vender, trocar, ni enajenar,
él ni sus her(mano)s, sino q(ue) vaya sub ed.iendo p(or) linea recta de unos
en otros porque s(iern)pre esté viva la roem(ori)a de cuyo fué, la qual manda
le hago por vía de mejoralle como le mejoro en el tercio e reman (en) te del
quinto de mis vienes.
''Y por aquella vía e f(o)r(m)a q(ue) más de d(erec)ho lugar aya, y
para cumplir e pagar y cxecutar este mi testam(en) to, dexo y nombro poT
mis alvaceas y testam(entari)os al d(ic)bo D(o)n Juan de Montejo, mi hijo,

425

�y a (Do)n Carlos de Arellano, asimismo hijo mio,1 y a Gregorio de Cetina,
mi herm{an)o, y a Francisco Tamayo Pacheco, mi cuñado, a Juan de Magaña, el Viejo, vecinos desta d(ic)ha Cibdad, a los q(ua)les y a cada uno
dellos, por si e insolidum, doi poder cumpp(Ii) do para que entren y tomen
mis vienes y los vendan e rrematen en pú (bli) ca Almon (e) da e fuera della,
y de los montos de su valor cunplan e paguen estte mi testam( en) to e las
mandas e obras pías dél como en él se contiene, e qual ellos lo hicieren por
mi ánima tal depare Nuestro Señor quien otro tanto por ellos haga".
Mediante este testamento quedó fundado el Mayorazgo de la histórica casa
que doña Andrea había rescatado de manos de los acreedores de su esposo.
El matrimonio Montejo-del Castillo, hubo tres hijos, un varón y dos hembras. Primero doña Beatriz, segundo don Juan y tercero y última doña Francisca, y en cumplimiento a las leyes heredó el Mayorazgo por ser varón don
Juan y después de él su hijo don Juan de Montejo Maldonado casado con
doña María de Velasco, el cual no tuvo sucesión, por lo que a su fallecimiento
heredó el Mayorazgo su sobrino don Juan de Salazar Montejo, nieto de su
hermana doña Andrea de Montejo, esposa que fue de don Juan Velásquez
de Salazar. El referido don Juan de Salazar Montejo fue casado con doña
Ignacia Santos Padilla y hubieron a don José de Salazar Montejo, quien
heredó el Mayorazgo a la muerte de su padre. Al fallecer este don José heredó
la casa doña Catalina de Salazar Montejo, su hija, la cual hubo dos hijos
en su matrimonio con don Francisco Diez de Velazco, don Francisco y doña
Josefa; el primero no contrajo matrimonio y doña Josefa aunque casó dos
veces no hubo sucesión, con lo cual se extinguió la descendencia proveniente
de don Juan de Montejo y del Castillo, primero en heredar el Mayorazgo.
Al extinguirse la sucesión del hijo varón de don Francisco de Montejo y
León y doña Andrea del Castillo, inmediatamente reclamó el Mayorazgo el
capitán don Francisco de Salís Casanova, Regidor Perpetuo de Mérida y
Encomendero por su Majestad, alegando que don Francisco de Montejo y
León tan sólo hubo dos hijos, don Juan y doña Francisca. Veamos pues la
petición hecha por el Capitán Salís Casanova ante las autoridades para que
se le diera posesión de la casa como Mayorazgo:
"Petición.-EI Capitán don Fran ( cis) co de Salís y Casanova, vecino de esta
ciudad, rexidor perpetuo y encomendero de yndios por Su Magestad, premisas
las solemnidades en d (e) r( ec) ho necesarias y como mejor me combenga paresco ante V.M. y digo: que doña Andrea del Castillo, mujer Iexíti.ma que
fué de Don Fran (cis) co de Montejo, Theniente de Capitán General de la
Conquista, por fallecimiento del susod (ic) ho compró en almoneda pública,
Doña Andrea del Castillo. llama a don Carlos de Arellano "hijo mio" debido a que
éste estaba casado con su hija doña Francisca.
1

426

con su propio caudal las casas que fueron de su morada y se hallan en la
trasa de esta ciudad, por la parte sur de la plasa maior, la que comúnmente
llaman Casas del Adelantado, y usando de la propiedad, dominio y señoría
que en virtud de d(ic) ha compra adquirió, a las referidas Casas, al tiempo
de su fallecimiento las dexo vinculadas para que todos los herederos y subsesores en d ( ic) has Casas las fuesen gosando y poseyendo, guardando el orden
de mayorazgo, cada uno en su tiempo y lugar, prefiriendo siempre el más
propinquo, como consta de la cláusula del testamento de la d (ic) ha Doña
Andrea del Castillo, que en devida forma presento, en cuia consequencia, de
DOS hijos lexítimos que le quedaron z del d(ic)ho su marido, que fueron Don
Juan de Montejo y Doña Fran(cis)ca Montejo, entró como primogénito en
la primera poseción de las sobred (ic) has Casas el referido Don Juan de Montejo, quien casó con Doña Ysabel Maldonado y tubieron por sus hijos lexítimos
a Don Juan y a Doña Andrea Montejo y Maldonado, y aviendo fallecido
entró por segundo poseedor don Juan de Montejo Maldonado, su hijo, quien
por no tener subsesor llamó para después de su fallecimiento a d(ic) ha subseción al Capitán Don Juan de Salazar Montexo, como hijo lexítimo que fué
de Doña Guiomar de Velasquez y Montejo, su sobrina, hija lexítima de Doña
Andrea de Montejo, su hermana, y del Capitán Don Juan Velasques, su
marido, y d(ic)ho Don Juan de Salazar y Montejo, tercer poseedor, aviendo
casado con doña Ygnacia Padilla, tubieron por hijo lexítimo a Don Joseph
de Salazar y Montejo, quarto poseedor, quien casó con Doña Catalina de
Aguilar, tubieron por hija lexítima a Doña Catalina Salasar, la qual casó ,
con Don Fran(cis)co Velasco, y tubieron por sus hijos lexítimos a don
Fran ( cis) co y a Doña J osepha Velasco, y con el motivo de auer fallecido
d(ic) ho don Francisco Velasco en menor hedad y la referida Doña Catalina
de Salazar, su madre, recayó en la poseción de las Casas en Doña Josepha
Velasco, su hermana, y aviendo casado la d (ic) ha en primeras nupcias con
Don Alonso Valverde, y en segundas con el Capitán Don Nicolás Carrillo, ni
en las unas, ni en las otras tubo subseción alguna, par qual feneció en ella la
línea; y siendo previsto para la perpetuidad, conservación y permanencia
de d(ic)ho vínculo en Ja desendencia, sin salir de ella, por pretesto alguno,
en conformidad de la voluntad de la fundadora, recurrir al tronco principal
(donde) prosede la linea más ynmediata desde Doña Fran(cis)ca Montexo,
hija lexíti.ma de la fundadora, hermana entera J coheredera de Don Juan de
Montexo, su primogénito y primer poseedor de d{ic)ho vínculo, porque avien• En su pedimento para obtener el Mayorazgo, el capitán don Francisco de Solís
Casanova, asienta una falsedad, al decir que don Francisco de Montejo y Le6n y doña
Andrca del Castillo un s61o hubieron Dos Hijos Legítimos, puesto que está plenamente
demostrado que fueron Tre,.

427

�do casado la d ( ic) ha doña Fran {cis) ca con D (o) n Carlos de Arellano tubieron por sus hijas lexítimas a D ( oña) Catalina de Arellano y a D ( oñ) a
Ana de Arellano, la primogénita que es la referida D ( oña) Catalina, casó
(con) don Diego Solis, y tubieron, por su hijo lex(iti)mo y primogénito a
D(o)n Francisco de Solis A.rellano, que casó con D(oñ)a Isabel Guillén de
las Casas o Casaus, y tubieron por su hijo lex(iti)mo y primogénito a d(o)n
Fran ( cis) co de Solís y Casaus, q ( uie) n casó con d ( oñ) a Catalina Pachcco
Rosado y tubieron por su hijo lex(iti)mo a d(o)n Fran(cis)co de Solís Pacheco, mi padre, y éste casó con D ( oñ) a Petrona Sauli y Casanoba, de q (uie) n
nací primogénito y principal heredero de sus d(e)r(ech)os y acciones, porque
aunque d (o) n Fran ( cis) co de Solís y Casaus, mi abuelo, tubieron por primogénito al Sargento M(ay)or d(o)n Ygnacio de Solis y Casaus y éste tubo por
hijo a d(o)n Juan de Salís que casó con D(oñ)a Ana Cerrano, murió sin
dejar subseción, por lo qual recayó el d (e) r ( ech) o en d (o) n Fran ( cis} co
de Salís Pacheco, mi señor y padre, como hijo segundo del d (ic)ho d (o)n
Fran (cis) co de Solís Casaus, mi abuelo, como todo consta así de las fees de
baptismo y casam(ien)to como de todos los ynstrum(en)tos que con el jura•
mento y solemnidad necesaria presento, que se servirá V.M. de mandar se
me devuelvan para resguardo de mi d(e)r(ech)o, para que en su vista y la
de la ynfonnación que para maior abundamiento ofresco, sobre que se servirá
V.M. mandar que los testigos que presenta,.;e sean examin ( a )dos por el tenor
de este pedimento, se servirá asimismo en administración de Justicia de haverme y declararme por tal subsesor, desendiente lexítimo de d (ic)ha fundadora y en q ( uie) n principalmente recaen todos los d (e ) r ( ech ) os y acciones
asi reales como personales que mis asendientes y antcsesores en caso semejante
pudieron y deuieron tener a d (ic)has Casas como vinculadas a los más ynmediatos subsesores, y en consequencia de todo lo anejo y perteneciente a
ellas sin que falte solemnidad ni sircunstancia alguna para que yo y todos mis
desendientes y stibsesores las podamos baver, tener, gozar y poseer cada uno
en su lugar y tiempo con el d(e)r(ech)o que le tocare y tocar le puede que
he aquí por e&gt;.J&gt;reso y repetido, y porque las d ( ic) has personas que han de
declarar y jurar en la ynformacíón ofrecida son personas condecoradas, se a
de setvir V.M. de dar comisión al presente escrivano para que vaya a las
casas de sus moradas a reservir1es sus juramentos, por todo lo qual,
"A.V.M. pido y sup(li)co asilo provea y mande por ser de Justicia y para
ello juro en forma y en lo necesario, &amp;.-Don Fran(cis)co Solís.- Pedro de
Sosa.
"Auto.-Por presentado juntamente con el testimonio y fees de baptismo y
casamientos que se refiere y a esta parte se le admite la información que
ofrese y los testigos que presentare se examinen al tenor de este escripto, poi

428

ante el presente escrivano, a q ( uie) n se da comisión para ello y fecho se
traiga.
"Proueiolo el Señor Maestre de Campo D (o) n Juan de Castillo y Arrue,
Alcalde hordinario y de la S(a)nta Hermandad de esta ciudad de Mérida y
su jurisd(iccio)n, por Su Magestad, en ella en veinte y tres días del mes de
Noviembre de mil setecientos y dies y seis a(ño)s.-Castillo.-Ante mi, Bar( tolo) mé Mag(añ) a. es( criba) no pú(bli) co.
"En Mérida d (ic) ho día, mes y año, yo el escrivano dí noticia del auto de
la buelta al Cap(itá)n Don Fran(cis)co Solís, en su persona, doi fe.-Bartolomé Magaña, escrivano público".
La solicitud del capitán Salís Casanova está basada en burda y manifiesta
falsedad, puesto que el capitán Montejo y doña Andrea, su esposa, tuvieron,
ya lo hemos dicho, no dos hijos como declara el referido capitán Solis, sino
tres, y fueron: primero doña Beatriz, primera persona de raza blanca nacida
en Mérida y bautizada el 3 de junio de 1543, según consta en el libro lo.
folio lo. y partida la. del libro de bautismos del Sagrario.ª
El segundo hijo fue don Juan, bautizado el jueves 12 de mayo de 1544, según consta en el citado libro y el mismo folio en que se registró a su hermana Beatriz.

El tercer hijo fue doña Francisca, bautizada el 8 de abril de 1545 y también registrada en el libro lo. ya citado y en el mismo folio, pues a raíz de
Ja fundación de Mérida el aumento de la población blanca era en extremo
reducido.
Siendo doña Beatriz la hija mayor, es innegable que a su descendencia correspondía, sin género de duda, heredar el Mayorazgo de la "Casa de Mon~
tejo", al extinguirse la descendencia de don Juan, su hermano, y por ello,
el capitán Solís Casanova negó en su petición la. existencia de doña Beatriz y
coloca así a la descendencia de doña Francisca como la única con derecho a
heredar el Mayorazgo, y consecuentemente a él por ser el de mejor derecho
en esta línea de sucesión. Para demostrar su mejor derecho, tuvo que presentar las partidas de bautismo y de matrimonio de sus, padres, abuelos y demás ascendientes, hasta entroncar con doña Francisca, y no encontró las
correspondientes a doña Beatriz y su descendencia. Además presentó cuatro
testigos, personas de alta representación: señores doctor don Pedro Mijangos
e lbáñez, licenciado don Femando Falcón, capitán don Lucas de Villamil y
Vargas y don Antonio Magaña, para que previo solemne juramento declarasen ante las Autoridades ser verdad lo dicho por el capitán Salís Casanova.
ª Todas las partidas de bautismo y matrimonio que se citan en el cuerpo de este
~rito, se conservan en el Archivo General de Ja Arquidiócesis de Yucatán, provenientes del Antiguo Archivo del Sagrario Metropolitano.

429

�Los cuatro testigos declararon favorablemente con lo cual se convirtieron
de mala fe o por ignorancia, en sostenedores de la falsedad en que basó su
mejor derecho el capitán Solís. El alcalde de la Ciudad de Mérida don Juan
del Castillo Arrue, quien parece era desconocedor de la historia de Yucatán, expidió el 7 de diciembre de 1716, un Auto por el cual se reconoce ser
"primero en mejor derecho al Mayorazgo de la Casa de Montejo al capitán
don Francisco de Solís Casanova" y manda se le dé posesión. El Escribano
don Bartolomé de Magaña, también ignorando nuestra historia, extendió la
documentación prescrita por las leyes, por lo que en los primeros meses de
1717 entró a poseer el Mayorazgo y la Casa de Montejo, el capitán Solís
Casanova.
Es en verdad sorprendente que tuviera éxito la manifiesta falsedad en que
basó su mejor derecho el capitán Solís, pues era evidente e innegable que
doña Beatriz no tan sólo fue hija legítima de don Francisco de Montejo y
la primera persona de raza blanca que nació en Mérida, sino que en primeras nupcias casó en 1554 con su tío el fundador de Valladolid don Francisco
de Montejo (el Sobrino) y en 1572 casó en segundas nupcias con don Diego
de Santillán, Gobernador y Capitán General de Yucatán, ambos destacados
personajes de nuestra historia local por lo que es de suponer no pasaran
inadvertidos. Además consta que doña Beatriz fue de las más acaudaladas
personas de su tiempo y poseedora de las Encomiendas de Chuburná, Hunucmá, Tixcocob, Nolo, Mocochá, Buctzootz.
Por si todo lo anterior fuera poco, Fray Diego de Cogolludo en su Historia de Yucatán claramente cita a doña Beatriz como hija de don Francisco
de Montejo, e igual cosa hace Fray Diego de Landa en su Juicio de Residencia, así es que toda persona de mediana cultura tenía que conocer la existencia de doña Beatriz.
Sea por una u otra causa, el hecho fue que el Capitán Solís Casanova hered6
el Mayorazgo y lo disfrutó quieta y pacíficamente, así como sus descendientes
hasta su tercera nieta doña Manuela de Ancona y Solís, quien al fallecer
el 26 de agosto de 1828, sin sucesión, dejó por heredero y albacea a su hermano don Joaquín de Ancona y Cárdenas, estableciendo que al fallecer éste
heredara su sobrino don José Julián de Ancona y Velázquez.
Tio y sobrino, ya consumada la Independencia, obtuvieron del Tribunal de
Justicia de Yucatán un Auto fechado el 29 de noviembre de 1828 autorizándolos a vender la casa de Montejo. Basándose en esta autorización, el 3 de
febrero 1832 compró la casa doña Teodosia Robertos, la cual no era de
los antiguos vecinos de Mérida ni descendiente de don Francisco de Montejo y León. La señora Robertos, meses después, en 19 de septiembre de dicho año, vendió la casa a don Pedro Casares y Armas, natural de Campeche

430

e hijo de un hidalgo español establecido en dicho puerto. El señor Casares y
Armas tampoco era descendiente de don Francisco de Montejo, con Jo cual
quedó destruído el vínculo de consanguinidad establecido por la viuda del
capitán Montejo para honrar y perpetuar la memoria del Jefe de la Conquista de la Península de Yucatán y el cual había subsistido casi trescientos años.
Es de interés saber qué actitud asumieron los diversos descendientes de
Montejo al ver destruido el vínculo de consanguinidad instituido por su
antecesora doña Andrea del Castillo, viuda de Montejo, para honrar a perpetuidad la memoria de su esposo. En general lo ignoramos, mas sabemos
que a dos jóvenes descendientes de Montejo contrarió enormemente la actitud de su primo don Joaquín de Ancona y Cárdenas y de la madre y tutora de don José Julián de Ancona y Velázquez por haber roto el vínculo vendiendo la "Casa de Montejo"; y tomaron la determinación de adquirirla en
la primera oportunidad que se les presentara. Estos dos jóvenes descendientes
de don Francisco de Montejo y León, fueron don Lorenzo y don Simón de
Peón y Cano, pertenecientes a distinguidas y acaudaladas familias, pero que
aún no disponían en lo personal del capital necesario para comprar la casa
de Montejo y restituir así el vínculo de consanguinidad que había establecido
su decimaprimera abuela doña Andrea del Castillo, viuda de Montejo.
La ocasión no se hizo esperar, pues don Pedro Casares y Armas se había
adeudado en 1832 para comprar la casa y la había hipotecado. Seis años
después, en 1838, el señor Casares se vio en la necesidad de poner otra hipoteca a la casa y fue don Lorenzo Peón y Cano quien otorgó el préstamo. A
fines del año siguiente, 1839, don Simón de Peón y Cano, hermano del citado don Lorenzo y consecuentemente decimoprimer nieto del capitán Montejo, adquirió la propiedad y sus directos descendientes la poseen hasta hoy
día, con lo cual don Simón de Peón hizo posible que hasta la fecha perdure la
voluntad testamentaria de doña Andrea del Castillo viuda de Montejo.
Al romper los Ancona en 1832 el vínculo de consanguinidad, la histórica
mansión de los Montejo estuvo en manos extrañas tan sólo siete años es
.
'
decir,
un fugaz período en sus 420 años de existencia con que cuenta hoy.
Don Simón de Peón y Cano era descendiente de Montejo por la misma
línea que el capitán Solís Casanova, pues también descendía de la hija menor doña Francisca; pero su esposa doña Venanciai Losa era a su vez descendiente por línea preferente que la de su esposo, pues provenía de la rama
primogénita una vez extinguida la descendencia de don Juan de Montejo y
del Castillo, pues era novena nieta de doña Beatriz de Montejo y del Castillo, la hija mayor, por lo cual la descendencia de don Simón y de doña Venancia, los de Arrigunaga y Peón, actuales propietarios de la solariega mansión, provienen de las dos ramas existentes, la primogénita correspondiente a
431

,

�doña Beatriz y la segundona proveniente de doña Francisca. De esta última
descienden por cuatro líneas, como podrá verse en lineas adelante al exponer
la documentación correspondiente.

AsCENDENClA DE DOÑA VENANCIA

LosA

Don Francisco de Monte jo y León ( el Mozo), contrajo matrimonio en la
ciudad de México en 1539, con doña Andrea del Castillo, como consta en
sus Probanzas del año de 1563 que se conservan en el Archivo General de
Indias. Asimismo consta que fue legítimamente casado según las partidas de
bautismo de sus tres hijos. Hija primogénita de este matrimonio fue doña
Beatriz de Montejo, la cual nació en la ciudad de Mérida y fue bautizada el
día 3 de junio de 1543 y registrada en el libro lo., folio lo., partida la. del
Sagrario. Contrajo matrimonio en segundas nupcias el 16 de septiembre de
1572 (libro lo., folio 4o. vto.), con el gobernador y capitán general de Yucatán don Diego de Santillán y de este matrimonio fue hija única doña Beatriz, de Santillán y Montejo, de la cual no hemos podido localizar su partida
de bautismo,' mas sí la de su matrimonio fechado en 21 de noviembre de
1585 (libro lo., folio 11 vto.) con don Diego Ordóñez y López de Orduña,
hijo legítimo de don Sancho Núñez Ordóñez y doña María de la Paz. De
este matrimonio fue hija legítima doña Mariana, bautizada el 30 de marzo
de 1595 (libro lo., folio 89 vto.), la cual casó el 30 de noviembre de 1607
(libro lo., folio 37) con el capitán don Pedro de Burgos y Cabrera, hijo del
conquistador Sebastián de Burgos y de doña Francisca Cabrera; -ésta hija
legítima del conquistador Diego Cancino y de doña Magdalena Cabrera. El
matrimonio del capitán don Pedro de Burgos y de doña Mariana Ordóñez
y Santillana Montejo, fue hija legítima doña María, bautizada el 18 de diciembre de 1614 (libro lo., folio 135), la cual contrajo matrimonio el 3
de septiembre de 1642 (libro 2o., folio 95 y 95 vto.), con don Francisco Muñoz Zapata y Quijada, hijo legítimo de don Femando Muñoz Zapata y doña Mariana de Quijada y nieto por línea paterna del capitán de la Conquista de Yucatán, don Remando Muñoz Zapata y doña Juana Farías Sigüenza.
Del matrimonio de don Francisco Muñoz Zapata y doña María de Burgos Y
• A falta de esta partida de bautismo tenemos como ya indicamos su partida de
matrimonio y avalando este documento carta del Gobernador de Yucatán, don Francisco de Solis, a S. Magd. sobre varÍO!I asuntos de su Gobemaci6n, en la que hace
constar que en cabeza de doña Beatriz de Santillán puso la Encomienda, de Nolo a la
muerte de su padre. (Archivo General de Indias Est. 60 Caj6n 4o. Lejago 24. Nomenclatura Antigua, Año 1586).

Ordóñez Montejo, fue hija legítima doña Inés Zapata Burgos bautizada el
lo. de febrero de 1646 (libro 2o., folio 88 vto.), con don Baltazar Pacheco
Contreras, descendiente legítimo de los conquistadores Cristóbal Sánchez Pedro Gómez Chamizo, Diego de Contreras, Pedro de Castelar, Andrés' Dorantes de Carranza y Gaspar y Melchor Pacheco. Del matrimonio de doña
In~ Zapata Burgos y de don Baltazar Pacheco Contreras, fue hija legítima
dona Petrona Pacheco Zapata como consta en los folios 513 y 521 de las
Probanzas de los Hnos. Quijano y Cetina ante 1a Real Audiencia de México
en 1791. Esta cas6 con don Felipe Carrillo de Albornoz, Capitán de Milicias en Yucatán y Alcalde Ordinario de Mérida, así como descendiente de
los conquistadores don Pedro de Castelar, don Andrés Dorantes de Carranza,
don Gaspar y don Melchor Pacheco. Del matrimonio de don Felipe Carrillo de ':lbomoz y doña Petrona Pacheco Zapata, fue hija legítima doña Juana Carnllo de Albornoz y Pacheco, la cual contrajo matrimonio con don Lucas d~ Lara Booifaz y Bracamonte, descendiente de los conquistadores Diego
Narvaez, Juan Bote y Hernando de Bracamonte, como consta en las ya citadas Probanzas d~ los Hnos. Quijano y Cetina y fueron padres de doña Josefa
de Lara y Carrillo de Albornoz la cual contrajo matrimonio el 4 de octubre de 1733 (libro 70.,. folio 48 vto.), con don Francisco de Cetina y Bravo descendient~ ~e los _conquistadores Alonso de Medina, Marcos Trujeque
de Ayala, Gerommo Lopez de Bobadilla, Juan de Sosa Velásquez, Francisco ~rceo, Rodrigo Alvarez, Remando de Aguilar, Antón Julián, Cristóbal
?utJerrez Y Gregario de Cetina. Del matrimonio de don Francisco de Cetina Y Bravo y .doña Josefa de Lara y Carrillo de Albornoz, fue hija doña
Petrona de Cetma y Lara. Esta doña Petrona fue Encomendera de Indios
de Sacalún Y, medio Sacalam por merced Real fechada el 22 de septiembre
de 1761; caso con don Juan Esteban Qwjano, Procurador Síndico General
de Yucatán en 1771; Mayordomo del Pocito y Alhóndiga en I 755 y 1770;
A~calde de Segundo Voto de Mérida en 1782; Juez General de Bienes de
Difuntos en 1782; Alférez de Milicias en 1751; y Depositario de Arbitras
Municipales en 1776. Todo lo concerniente a doña Petrona y a su esposo
con5ta muy por extenso en las Probanzas hechas en 1791 por sus hijos y en
su solicitud para obtener su Encomienda. El prirner documento se conserva
en el Archivo del Ex-Ayuntamiento de México y el segundo en el Archivo
General de Indias. Del matrimonio Quijano-Cetina, fue hija doña Francisca Quij~o Y C~tina,_ bautizada el 17 de marzo de 1772 (libro 19, folio 190)
Y contrajo matnmoruo el 18 de mayo de 1792 (libro 10, folio 83) con don
José Joaquín de Losa y Bueno, capitán de los Reales Ejércitos, y fueron pa~s de doña Venancia de Losa y Quijano bautizada el 23 de mayo de 1811
(libro 40, folio 81 vto.), la cual casó el 6 de abril de 1832 (libro 15, folio lo.),

432
433
H28

�S. , de Peón y Cano de quien a continuación establecemos su
d
con on Jillon
'
·
d M te' y León
legítiina con don Francisco e on JO
.
entronque d e consangw·n·dad
1

ASCENDENCIA DE DON SIMÓN DE PEÓN y CANO

.
. , en . efe de la Conquista de YuDon Francisco de MonteJo y León, cap1tan
J
.
,
1539 con
catán, fundador de las ciudades de Campeche y ~énda, caso en 1 3-12/3
doña Andrea del Castillo (Archivo General de Indias:-Patrontod - F
amo I Año 1563.-Signatura moderna 65.-Probanzas .. e on ranNo. 2, R
·.
,
.
matrimonio procrearon un h110, don Juan,
cisco de MontCJO y Leon)' ~ en su
de cendencia. y dos hijas: doña
del cual no existe hoy en día, que sepamos, s
'
.
. y dona
- Franc1sca
.
de las que existe numerosa descendencia.
Beatnz
.
.
b .: da el 8 de abril de 1545 {libro I, folio lo.)' conDona Francisca, auuza
•
M
·
·tadas)
.
.
.
1562 {Probanzas de don Francisco onteJo, ya Cl
'
tra10 matnmoruo en
, d 1
d M ués del Valle de
con el capitán don Carlos de Arellano, t10 Del se~ o . arkellano Montcjo
Oaxaca don Martín Cortés y Arellano. e matrunoruo .
. 5
.. ' ,.,
.
bautizada el 12 de enemo de 1565 (libro lo., folio 1
fu)e ~1Ja d:na c,a:~1;;, de junio de 1583 (libro lo., folio 10), con ~1 C~pitán
v. ' a cu caso
, .
Die o de Salís Del matnmomo de

~

dde Cocra:talias·~a ~:~d:~ ~:p~;1a;ol~o~ue h~a doña C~talina de Salís, Arcona
( .b 1 ( li 76) la cual caso con
llano bautizada el 26 de mayo de 1590 li ro o., o o T ~ t . de Gobernadon Andrés Dorantes Magaña, Alcalde de primer vol~ y d emJen e d Magaña
O itán General en Yucatán y nieto del Conqrnsta or uan e
'
: \ ~ d:pm'ayo de 1605 (libro lo., folio 36). Del matrimonio Solis Arcllano•
f
hi' d ña María Dorantcs, bautizada el 11 de febreDorantes Magana, ue Jª 0
,
d 1627 (libro 2o.,
ro de 1607 {libro lo., folio 113 v.)' y caso el 3 de ~ayo ed 1'-·u bautif r 29 ) con don Sebastián de Mendoza y hubieron a on m?~'
o ~o l 1~ de septiembre de 1630 (libro lo., folio 317 v.), fue Cap1tan, Casde la Ciudadela de Mérida y Regidor Perpetuo, cas6 el lo. de
#

::u:0:

octuh;:

de 1650 (libro 3o., folio 26)' con doña Paula de Varg_as Pac~:o~rs~he. t d l C 'tán Melchor Pacheco Y tercera de los Capitanes
p
.
me a A:dré:p~orantes de Carranza, todos ellos Conquistadores. Del. matnm~c~ y
hi ·0 don Andrés, bautizado el 5 de septl~bre e
mo Me~doza2-Vargf;s, ::;) YJ casó el 18 de abril 1672 (libro 3o., folio 127)'
1651 (libro o., 0 1º
,.
• , d p dr de Mézcon doña María Mézquita y Villacis, hija del Cap1tan on, e . o f
hi'a
uita
doña Inés de Villacis. Del matrimonio Mcndoza-Mezqmta. ue J
q - y
. b . d 1 21 de noviembre de 1672 (libro 3o., foho 71)' y
dona; Antonia, aut¡za a e
.
.
) con el Maestre de Campo
ó el 23 de abril de 1691 (libro 4o., folio 86 '
. f
h"a
cas
don Manue l d e Bo lio y OJ'eda. Del matrimonio Mendoza-Boho, ue IJ

434

doña Felipa, bautizada el 3 de marzo de 1692 ( libro 4o., folio 102), y casó
el 23 de septiembre de 1708 (libro So., folio 103 v.), con el Capitán Pedro
Díaz de Avila. De este matrimonio, fue hija doña Felipa Josefa, bautizada el
16 de marzo de 1711 (libro 60., folio 42), y casó el 5 de febrero de 1724 (libro 60. 1 folio 120 v.), con el Capitán y Protector General de los N aturalcs,
don Domingo Cayetano de Cárdenas. De este matrimonio fueron hijas doña
Leonor y doña Dominga. La primera, doña Leonor, bautizada el 15 de julio
de 1742 (libro 10 folio 152) casó el 25 de noviembre de 1761 (libro 8, folio
137), con don Alonso Manuel de Peón Valdés, Coronel de los Reales Ejércitos y Caballero de Calatrava. De este matrimonio fueron hijos don Ignacio
y don Alonso Luis. El primero, don Ignacio, bautizado el 6 de octubre de
1762 (libro 17, folio 42) , casó, previas las dispensas de parentesco, el 15 de
septiembre de 1783 (libro 9, folio 33), con su prima hermana, doña María
Josefa de Ma]donado y Cárdenas, bautizada el 28 de noviembre de 1770 (libro 19, folio 145), e hija del licenciado don Sebastián Maldonado, abogado
de los Reales Consejos; Oidor Honorario de la Audiencia de Santo Domingo; Auditor de Guerra de la Capitanía General de Yucatán y Teniente General y de doña Domínga de Cárdenas, bautizada el 12 de agosto de 1748 (libro 12, folio 59). Esta doña Dominga era hermana de doña Leonor, la esposa del Caballero de Calatrava don Alonso Manuel de Peón Valdés, pues ambas eran hijas de don Domingo Cayetano de Cárdenas y doña Felipa Díaz de
Avila, ésta, octava nieta del conquistador, don Francisco de Montejo, por Jo
que al casarse don Ignacio Peón y Cárdenas, Alcalde de Mérida y, como su
padre, coronel de los Reales Ejércitos, con doña María Josefa Maldonado y
Cárdenas, se unieron dos líneas descendientes del Conquistador Montejo. Del
matrimonio Peón-Maldonado fue hijo don Manuel José, bautizado el 17 de
junio de 1797 (libro 32, folio 58 v.), y casó el 19 de marzo de 1839 ( libro
16, folio 62), con su prima hermana doña Loreto Peón y Cano, con lo que
nuevamente se unieron descendientes del Conquistador Montejo, por lo que
su hija doña ~aría Jesús Peón y Peón, bautizada el 6 de abril de 1847 (libro 56, folio 136), resulta 12a. nieta por tres líneas del Conquistador Montejo, por lo que al casarse esta doña María Jesús Peón, con don José Ma.
Peón y Losa, se unió a otra línea proveniente de Montejo, como establezco a
continuación.
En líneas anteriores al hablar de los hijos del Caballero de Calatrava don
Alonso Manuel de Peón y Valdez y de su esposa doña Leonor de Cárdenas,
ésta, novena nieta del Conquistador Montejo, citamos dos hijos: 1o. don Ignacio y 2o. don Alonso Luis. Del primero acabo de establecer su descendencia hasta su segunda nieta doña María Jesús, por lo que ahora solamente me
falta establecer la descendencia del segundo hijo, don Alonso Luis, bautizado
435

�el lo. de septiembre de 1772 (libro 20, folio 18 v.), el que fue Teniente Coronel de Milicias Blancas de Mérida; Regidor y Subdelegado del Camino Real
y quien casó el 18 de marzo de 1799 (libro 11, folio 32), con doña Joaquina
Cano y Roo, bautizada el 22 de octubre de 1785 (libro 25, folio 70), hija del
Regidor Unico de Baleaba, España y en Yucatán Administrador de la Real
Renta del Tabaco; Regidor y Alcalde de Mérida, así como Alguacil Mayor,
don José Femández Cano y de su esposa doña Josefa Roo. Del matrimonio
Peón-Cano fueron hijos don Simón y doña Loreto. De esta dama ya establecí en lineas anteriores su descendencia como esposa de don Manuel José
Peón y Maldonado; por lo que paso a establecer la descendencia de don
Simón, bautizado el 30 de octubre de 1808. (Libro 38, folio 24 v.). Casó el
6 de abril de 1832 (libro 15, folio 1), con doña Venancía Losa de Qu.ijano,5
hija del Capitán de los Reales Ejércitos don José Joaquín Losa y Bueno y de
su esposa doña Francisca Quijano. Del matrimonio Peón-Losa, fue hijo don
José María, bautizado el 5 de enero de 1847 {libro . 56, folio 117 v.), y al
unirse en matrimonio el 14 de enero de 1871 (libro 21, folio 3), con doña
María Jesús Peón, decimasegunda nieta, por tres líneas, del Conquistador
don Francisco de Montejo y León, como establecen los documentos que he
citado en líneas anteriores, se unieron nuevamente descendientes del citado
Conquistador, por lo que la hija del matrimonio Peón-Peón, doña Eduviges,
bautizada el 5 de noviembre de 1871 (libro 67, folio 72 v.), fue decimatercera nieta por cinco líneas. Esta doña Eduviges contrajo matrimonio con el ingeniero civil y Caballero de Leopoldo II don Manuel de Arrigunaga y Gutiérrez de Estrada el 16 de noviembre de 1893. El referido don Manuel fue
hijo de don Manuel de Arrigunaga y Sabido de Bargas y de doña Faustina
Gutiérrez de Estrada. Del matrimonio de don Manuel y doña Eduviges se
origina la familia Arrigunaga-Peón, actuales propiearios de la Casa de Montejo.

hace muchos años, perdurando únicamente Ja descendeno·a po 1,
f
.
r meas e-

menmas que naturalmente no usa el apellido.

Queda pues establecido que don Francisco de Salís C
,
c di te d d F
.
asanova s1 era deseo_ en
e
ranc1sco de Montejo y el de mejor derecho en la línea proveniente de dona Francisca la hi ·
d
.
tabl 'd
,
Ja menor e MonteJo, mas también queda
:
/~do dque eFl Ma_yorazgo de la Casa de Montejo que obtuvo y disfrutó
re en o on rancISCo de Solís Casan
di f
d Be
,
ova y s rutaron asimismo su hijo
on mabe de Solís Barbosa, su nieto don Pantaleón de Solís M' d d
la Ra
b· •
Y en ez e
ya, sus ismetos don Juan Ramón, doña María Josefa doña M ,
Manuel~ An:~na y Solís y por último don Joaquín de Ancona\ Cárden::1a
don Jose Julian Federico de Ancona y Velázquez NO 1
día y
1 ,·
d
,
es correspon
en
egitimo erecho, pues lo obtuvieron mediante una falsedad
I d
]
·d
.
aprovec 1an o
que as aut~n. ades y personas que intervineron en su otorgamiento tenían
desconocmuento total en materia genealógica y de la historia de Yucatán
~ es nos negamos a pensar que se hubieran coludido para defraudar a lo 1 , '
~unosLde~cend.ientes de doña Beatriz, la hija mayor de don Francisco de ~o:::
JO y eon.

º~º

u:

Es ~e justicia hacer constar que don Simón de Peón hizo
la C
d
MonteJo en 1840 l
•
a
asa e
'
' as reparacwnes necesarias para su conservación
consta amenazaba ruin A · .
, pues
.,
a. stm1smo, que el ingeniero don Manuel de Arri ºª!ª y Gu~errez de Estrada, en 1893, poco antes- de contraer matrimonio :n
dona Eduv1ges de Peón, nieta pr.imogénita de don Simón le hiz
paraciones co I
al 1
,
o nueYas re.st a' n o cu a construcción se conserva en buenas condiciones y
en vi a e que en esta ciud d
d
·
del siglo XVI
.
a no que a en pie ninguna construcción civil
de .
'1ª excepción de la Casa de Montejo, puede justificadamente
cu-se que a e los se debe.

Es del caso hacer notar que, no obstante el hecho de que varios acuciosos
y competentes historiadores han escrito en relación con el Mayorazgo de la
Casa de Montejo, ninguno se percató de la falsedad en que basó su preferente derecho el capitán Francisco de Solís Casanova, y han aceptado como
verdad que don Francisco de Montejo y doña Andrea del Castillo tan sólo
tuvieron dos hijos, siendo que fueron tres.
El apellido Solís, de don Francisco de Solís Casanova, fue originado en
Yucatán por don Francisco de Solís y Paz, Gobernador y Capitán General que
fue de esta Provincia, y hasta donde mis conocimientos llegan, se extinguió
• De esta doña Venancia hemos narrado ya su ascendencia hasta entroncar con doña Beatriz, la hija primogénita de don Francisco de Montejo y León.

436

437

�EL GENERAL DON LUIS CABALLERO Y LOS OR1GENES
DE SU REBELIÓN

L1c. Cmo R.

DE LA

GARZA TREVIÑo

Cd. Victoria, Tamaulipas

Es FÁCIL HACER JUICIOS de los acontecimientos cuando ya ocurrieron, y opinar doctoral.mente sobre los errores, de modo señalado, si se fracasa; pero especialmente en el caso que será motivo y objeto de nuestro estudio, tales hechos, por nuestros antecedentes de Estado arisco y ríspido, por el carácter
medio de los hombres de Tamaulipas, por el estado de efervescencia del
ambiente; por los ocho años de violencia nacional que les precedieron; por
nuestro complejo de "machismo", y porque muchos de los actores creían de
buena fe que defendían su Soberanía atropellada y el sufragio, escarnecido,
tales hechos, repito, se habrían realizado de uno u otro modo y en plazo
más o menos breve.
¿ Cuáles fueron los antecedentes que colocaron frente a frente dos admi.rados caudillos (general don Luis Caballero y César L6pez de Lara) a quienes el pueblo de Tamaulipas reverenciaba por igual y amaba con devoto
fervor? ¿Forzó el Presidente Carranza tan prudente como obcecado, la actitud del general Caballero? ¿Faltó ponderada ecuanimidad al ex-gobernador
pre-Constitucional? ¿Urgencias de ambiciosos segundones lo condujeron a
esa decisión? ¿Trató el general Eugenio López jefe de la 5a. División de
aprovecharse, para ocultar un desfalco en la caja de sus fuerzas?

SECUELA

El pretoriano general Victoriano Huerta, en cuyo minado organismo el
alcohol había matado todos los atributos positivos y todos los sentimientos
de un hombre de bien y de un soldado de honor, el cruel sicario de la vio-

439

�lencia; el tenebroso maestro de la perfidia, había asesinado a los Manda ta- .
rios legítimos del país y se había hecho declarar Presidente de la República,
ejerciendo el Poder Público de dudosísima procedencia, sobre un pedestal
que resultaba, una serie de violencias sin solución de continuidad. El Gobernador Constitucional de Coahwla alz6 su voz de justa protesta y convoc6
al pueblo a la rebelión. Justamente el 28 de abril, en Monclova, Coahuila,
un mes después de haber firmado y lanzado el "Plan de Guadalupe" que le
serviría de bandera en su lucha por la "constitucionalidad", extendió nombramiento de mayor al joven César López de Lara, oriundo de H. Matamoros (semillero de héroes) y lo autorizó para reclut.ar tropas y levantarse en
armas eDJ el norte de Tamaulipas. 7 días después, es decir el 5 de mayo, como hermanando las fiestas de la Patria con la nueva esperanza, hizo eso precisamente (alzarse en armas) el después general don Luis Caballero, en la
Antigua Villa Capital del Nuevo Santander: Jiménez. Es incuestionable,
que ellos fueron los revolucionarios de más arrastre y prestigio en Tamaulipas;
siendo el general Caballero, el de más atrayente personalidad, dicho sea de
paso y con la justísima aclaración de que de ningún modo es nuestra inten·
ción subestimar a la pléyade de Tamaulipecos, que hicieron armas para castigar a1 usurpador señores generales (después) Eugenio Lópe:7, Francisco
Gonzá.lez Villarreal, Agapito Lastra, José Villanueva Garza, Raúl Gáratc,
general Emiliano P. Nafarrate "un tamaulipeco de Sinaloa", José María,
Gustavo y Faustino Rodríguez, Gregario y Carlos Osuna (bravo entre los
bravos), Juan M. Guerra, Alberto y Francisco Carrera Torres, Pablo Villanueva, Ernesto Higuera Pineda, Ernesto Higuera Jiménez, Samuel Kelly y
Genovevo Rivas Guillén: un "potosino de Ciudad Madero".
Desde las fechas que se indican fueron compañeros, y subordinados el
mayor López de Lara del señor coronel Caballero tanto en la campaña contra Huerta primero, como contra el "villismo" después. Habiendo sido designado don Luis Gobemador pre-Constitucional de Tamaulipas, para cuan•
do se tomase la capital del Estado, caída Ciudad Victoria el 19 de noviembre de 1913, el general Caballero protestó como Gobernador de Tamaulipas.

Monvos

DE ALEJAMIENTO

lo. Al parecer fue con motivo de la toma de Ciudad Victoria que surgió
la primera fricción entre aquellos hombres y se derivó de la petición de López de Lara al general Caballero, que éste denegó, para que hiciera alguna
gestión ante el superior de Francisco Garza¡ Cano (creo que lo era el general
don Cesáreo Castro}, soldado aquél originario de Burgos y quien por renci-

440

Has pueblerinas pretendía asesinar como en efecto asesinó a los señores 1saac
y Gregorio Zúñiga, a éste dentro de una noria, donde había buscado refugio de la casa que estuvo- ubicada en Matamoros y 19 de esta capital. 2o. El
segundo motivo de disgustó entre ellos se originó de que, cuando en abril
de 1915 López de Lara había hecho el "plan" para atacar a los "villistas"
generales Ceniceros y Máximo García en "Puerto del Aire" ordenó a los coroneles Eugenio L6pez y Ricardo Cortina atacaran el flanco derecho debiendo sa1ir de Hidalgo a la una de la mañana; Jefes que fallaron por cuanto que iniciaron su marcha a las once, y siendo aquél "castigado" por los "vi)listas", dichos coroneles se fueron a Padilla a incorporarse con el general
Caballero, lo que fue aceptado por éste&gt; contra el parecer de López de Lara.
3o. El tercer y definitivo nubarrón para el rompimiento entre ambos, se
presentó días después en Jiménez con motivo de la evacuación de Ciudad
Victoria y el establecimiento del cuartel general en dicha Villa. Los "tecos"
reclutados por el general L6pez de Lara en Tehuantepec, Oaxaca, en septiembre y octubre en 1914 y a quienes quería paternalmente (aún sobreviven):
Mariano B. Marín, Benjamín López, mayor Linares, capitán Gurrión, pretendieron abandonar sus banderas si no se les pagaba sus haberes. De los alborotadores tres, entre ellos Encamación Cruz, fueron fusilados por instrucciones del general Caballero, pasadas al general Juan N. Guerra, y ejecutados por el general Eduar-do Vera.

Al establecerse definitivamente el "constitucionalismo" en la ciudad de
México, el señor Carranza, designó Gobernador del Distrito Federal al general César López de Lara, quien tomó posesión el 16 de julio de 1915 en
tanto que el general Caballero, continuó por algún tiempo más como Gobernador pre-Constitucional. El "huracán" todo lo había cambiado, y en Tamaulipas se organizaron dos partidos para el palenque electoral, "el verde"
( que apoyaba al general Caballero) donde se infiltraron residuos del gn1po
tradicionalmente conservador, y "el rojo" (que apoy6 al general López de
Lara) donde se afiliaron las personas de ideas más avanzadas; y tocaba su
tumo a Tamaulipas, para volver a la "constitucionalidad", pues que tal era
el contenido total del "Plan de Guadalupe".
El 13 de enero de 1917 fue designado Gobernador de Tamaulipas, el general don Gregorio Osuna7 a quien con fecha 15 de junio lo autorizó el Ministro de Gobernación para convocar a elecciones a quien sin hacerlo, el 21
de junio mandó aplazar la fecha de la publicación de la Convocatoria ( se
oice que para favorecer al general César López de Lara) por lo que el 14
de julio fue subsitiwdo por el general Alfredo Ricaut. Unos días antes de todo
ello, con fecha 18 de mayo, se había tratado de incapacitar al general L6pez de Lara. Con efecto, éste había designado Juez Séptimo de Instrucción
441

�de la ciudad de México al licenciado José G6mez, para lo cual estaba facultado; pero con ello se urde una intriga. El Tribunal Superior, comunicó
lo anterior a la Comisión Permanente y con tan intrascendente motivo se
convocó al Congreso a Sesiones Extraordinarias, pues algunos Magistrados
eran líderes del P. L. C. y por lo consiguiente enemigos de López de Lara.
Tomaron parte en los debates los licenciados Jesús Urueta y Luis Sánchez
Pontón (parciales del General Caballero) y Emilio Portes Gil y coronel Pedro A. Chapa (parciales del general López de Lara), resolviendo que como
el Gobernador del Distrito no era funcionario de elección popular, sino designado por el Presidente de la República, carecía de¡ fuero, de donde no podía ser juzgado por el Gran Jurado, dejándose sin efecto la consignación
que del Gobernador del Distrito había hecho el Tribunal Superior de Justicia al Procurador de la República. En diciembre 17, cada uno por su parte declara que luchará por el Gobierno de TamaulipasJ y el 21 de enero de
1918 renuncia el general López de Lara al Gobierno del Distrito Federal
para hacer su campaña política, siendo substituído por el general Alfredo
Breceda.
El ambiente político del Estado, estaba muy agitado, por lo que el Señor
Carranza, previendo actos de violencia y con motivo de la próxima celebración de las elecciones ( el día 3 de febrero) dispuso con fecha primero de
febrero, que el señor general Caballero permaneciera en Pueblo Viejo, Veracruz, donde era jefe de operaciones de las Huastecas, en tanto que el general López de Lara, permanecería en Linares.
Por fin el día 3 de febrero de 1918 y después de cinco años de preconstitucionalidad se verifican elecciones hoy, para renovar los Poderes Locales,
saturados de todo género de incidentes y actos de violencia. Al día siguiente,
como era de esperarse, ambos pretendientes se atribuyen el triunfo. El 11 de
febrero se reúne la Legislatura integrada por seis diputados "caballeristas"
y siete "lopezlaristas" quedando pendiente de discutirse la credencial del presunto por H. Matamoros. Hecha la elección de la Directiva del Congreso,
quedó en manos de los "rojos", por lo que los "verdes" en vía de protesta abandonaron el Salón de Sesiones, instalándose en la calle frente a aquél y por primera vez (nació un vicio que después arraig6 mucho) ; dos legislaturas declarando cada una de eUas el triunfo de su candidato, en tanto que el Gobernador general Alfredo Ricaut sugería al sefior Carranza que no reconociera a ninguna y tomó la providencia de desalojar a los "rojos" del Recinto
del Congreso, mandando colocar sellos en las puertas, a manera de clausura.
El día 15 de febrero el Gobernador del Estado general Ricaut, recibió del
Secretario de Gobernación, licenciado Manuel Aguirre Berlanga, el mensaje
siguiente: "Con motivo de las elecciones a Poderes del Estado de Tamauli442

pas, instaláronse dos asambleas, cada una de las cuales pretendía ser la legítima Junta Preparatoria del Congreso; como resulta absurdo que en un mismo Estado haya dos Congresos y el Ejecutivo no puede calificar cuál de las
dos agrupaciones que se dan este nombre, es la legítima, porque sería tanto
como revisar los actos de las mismas, el Gobierno Constitucional y el preConstitucional del Estado, no reconoce a ninguno de los dos grupos que se
constituyeron en Congreso Local, ni los actos de ellos. Cada una de las asambleas ha declarado Gobernador al candidato de su partido, general César López de Lara y general Luis Caballeroy respectivamente, y lo han comunicado
a los Gobiernos Federal y del Estado. Por tanto el primero, como el Local,
no reconocerá ninguna de esas declaratorias por los motivos expresados. La
paz pública, será mantenida inalterable en eJ Estado. Salúdalo. El Secretario
de Gobernación. Aguirre Berlanga". Nueve días después el general Lópcz
de Lara comunicaba a México, que, como había ganado las elecciones ya se
disponía a tomar posesión ante el Congreso Local, legítimo (era él quien calificaba) que era el de su partido. Todavía el 27 de febrero, continuaban instaladas en Ciudad Victoria dos legislaturas, pues una declaró electo Gobernador al señor general Caballero y la otra al general López de Lara. Ricaut,
el Gobernador p"re-Constitucional, no reconoce a ninguna y se niega a publicar el decreto de cada una de ellas, declarando Gobernador electo a cada una de las personas indicadas e informa a ]a Secretaría de Gobernación.
El primero de marzo, el señor general Caballero comunica a México haber
tomado posesión del Gobierno Local, protestando por ante "su" legislatura.
La Comisión Permanente del Congreso de la Unión contesta de "enterado"
del día seis ( un mero trámite) pero la Secretaría de Gobernación le desconoce ese carácter, y declara que mientras el Senado resuelve el conflicto, seguirá como Gobernador el señor general Ricaut. Al día siguiente (7 de
marzo) el general Caballero sale para la ciudad de México a donde llega el
día nueve, sosteniendo varias conferencias tanto con el Presidente de la República, cuanto con el Ministro de Gobernación, con quien también confe.renda el general López de Lara sin ningún resultado. El 2 de marzo, el señor licenciado Aguirre Berlanga declara, que eJ Gobierno de la.. Unión no reconocerá a ninguna de las Legislaturas por no estar en aptitud de calificar
cuál es la legítima Y, el día 3 del mes en cita, el general López de Lara sale
de México a Ciudad Victoria, ostentándose como el verdadero Gobernador
electo y declarando que sus "partidarios" reclaman su presencia.

443

�DUELO EN CHAPUL'IEPEC

Contra la opinión del Mmistro Agui.rre Berlanga, quien recomendó al general López de Lara, no concurrir, el 23 de marzo se celebra una junta a
sugestión del general don Pablo González, en la casa de éste ( ubicada frente a la antigua Estación de "Buena Vista") entre los aspirantes al Gobierno
de Tamaulipas, procurando un arreglo amistoso de la situación política del
Estado. Estuvieron presentes además de los tres generales ya citados, el general y licenciado Pablo A. de la Garza, Procurador general de Justicia de
1a República; el señor doctor don Luis G. Ceivantes, y el general don Gregorio Osuna, procurando un avenimiento. El general López de Lara era acompañado por el señor licenciado y diputado Emilio Portes Gil, diputado Eliseo L. Céspedes, mayor Ramón Elizondo y el capitán Mata (su ayudante)
hijo del periodista don Filomeno. Reunidos a las cuatro· de la tarde el general López de Lara, hizo dos proposiciones por su orden: la. "Que dado el
prestigio de los Magistrados que integraban la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, ambos generales de común acuerdo los designasen como 'Comité
de Arbitraje Privado' y se sometiera a su fallo, la solución del problema electoral de Tamaulipas". E1 señor general Caballero, rechazó esta solución, por
lo que López de Lara, presentó otra consistente en: 2a. "Que se afirmaran
las bases de un convenio, mediante el cual ambos candidatos, renunciaban a
los derechos electorales que les pudieran pertenecer, dando una prueba de
desinterés en beneficio de Tamaulipas". El Procurador de la República, general y licenciado De Ja Garza, apoyó esta proposición ampliándola en el
sentido de que la Legislatura del Estado quedáse integrada por siete diputados de cada partido, y quienes elegirían el Gobernador. El general Caballero también rechazó esta segunda sugestión, echando algunas "puyas" que
lastimaron al general López de Lara, quien se limitó a decir que no eta el
lugar ni la ocasión para esa controversia, pues que no deberían confundirse
la querella personal con los intereses del Estado, tenninandó la junta sin solu~onar el problema que la motivó. El señor general Caballero se despidió
pnmero y al salir el general López de Lara al patio, se cruzaron algunas
frases injuriosas, los ánimos se exaltan, retándose y con el propósito de dirimir aquella contienda en el campo de honor, convienen en ir de allí al Bosque de Chapultepec. El general Caballero, invitó al general López de Lara,
a subir a su coche y aunque los acompañantes de éste se oponían a que López de Lara lo hiciera, pues temían un atentado, éste subió al coche; pero reclamaba por cortesía el lado derecho del mismo, pues que el vehículo era
de la propiedad del general Caballero, quien negó la petición, por lo que
esta cuestión protocolaria se bajó el general López de Lara, aceptando ir al

444

Bosque a batirse. Al enfrentar a cierto lugar de la Estación de carga (Buena
Vista} donde don Luis tenía su pullman especial, algunos de sus oficiales
bajaron de alli, unos rifles ( armas largas), que subieron al automóvil de
éste. Al llegar a Chapultepec, cerca de la casa del director del viejo monumento a los Niños Héroes, ya estaba estacionado el coche del general Caballero, por lo que al pasar y parar el de López de Lara, y antes de que se bajaran éstos, les dispararon una lluvia de balas a una distancia de diez o
quince metros, recibiendo un impacto en la cara (en sedal) de manos del
capitán Pablo Villarreal, el diputado y licenciado Emilio Portes Gil, hiriendo además en un brazo, al capitán Mata, ayudante del general López de Lara. El teniente coronel don Francisco Aguirre Garza, jefe de la Escolta del
general Caballero, resultó muerto en la refriega de unos diez minutos, siendo
aprehendidos todos los rijosos por los guarda-bosque de Chapultepec. Don
Luis, era acompañado además del teniente coronel Aguirre, por el capitán
Pablo Villarreal ( quien también resultó herido en una clavícula, a manos del
capitán Mata), por el teaiente Carrasco, y por el licenciado Jesús Urueta.
Uno de los acompañantes del general Caballero, llevó y echó sobre la "parrilla" del coche del general López de Lara las armas largas; pero el C.
Juez Instructor al examinar las bolsas de parque y las fundas de los rifles
encontró en una de ellas un documento firmado por el propio general Caballero, 3/ que sobre el extremo dio la clave del asunto. Poco después, llegó
accidentalmente el Ministro de la Guerra, general J. Agustín Castro, quien
solicitó las armas de los antagonistas y luego hizo acto de presencia el jefe de
la Policía, general Marciano González, disponiendo que el general Caballero
quede detenido en la Inspección General y el general López de Lara en
la Sexta Delegación. El diputado Portes Gil, fue conducido a la Cruz Roja,
por el licenciado don Aarón Sáenz, y sujeto a delicada inteivenci6n quirúrgica por el doctor Rosendo Amor, quien le extrajo la bala, quedando fuera
de peligro. El Presidente Carranza, fue personalmente a saludar a los militares tamaulipecos en el lugar de la detención. El día 27 del citado marzo
(cuatro díag después de los hechos) el Juez del conocimiento, los manda poner en absoluta libertad por falta de méritos.
Habiendo regresado a Tamauüpas el general Caballero, hace nuevo viaje
a México el día 11 de Abril, y aunque viajaba en tren especial con una
pequeña escolta, tren y escolta le fueron quitados en Empalme Escobeclo,
Guanajuato, agregando su coche al tren ordmario número 4 procedente de
Ciudad Juárez, alojándose con sus acompañantes, mayor Agustín Soto y
capitán Pablo Villarreal en el Hotel Regis, y al día siguiente de su arribo
a la Capital, el Ministro de Gobernación, envió al Senado de la República
el expediente electoral de Tamaulipas, dictaminando este Alto Cuerpo el
Día 27, declarando nulos los comicios Locales.
'

445

�Relacionado con el caso electoral de Tamaulipas, días después del VJaJe
a México, del señor general Caballero, ocurrió una tragedia. Con efecto,
en una casa de mala notat ubicada por la Avenida Hidalgo, frente al panteón en Tampico, es asesinado a tiros por la espalda el Senador por Tamaulipas, general Emiliano P. Nafarrate, por un sujeto (se dice que era -parcial
del general López de Lara) a quien por su corta estatura apodaban "El Minuto't y quien a su vez fue muerto violentamente en H. Matan10ros algunos
años después. Al regl'csar a México, el día 16 de abril, el general Caballero,
cuyo triunfo no le había sido reconocido, ya había madrugado en él el propósito de rebelarse. El día 17 telegrafió al Senado, comunicándole que el
señor Presidente de la República le informó, que el general Manuel M. Diéguez, sería movilizado de Tampico, sobre Ciudad Victoria, con sus fuerzas
dizque para dar garantías y advertía que aunque no tiene intenciones de
atacar al Gobierno Federal, está dispuesto a defender la Soberanía del Estado.
Después de ello (dos varones de tanto carácter) no seria posible dar marcha
atrás. Los acontecimientos se sucedían con pasmosa rapidez, para conducir
fatalmente al 18 de abril.

LA REBELIÓN

(18 de abril 1918).
El general don Luis Caballero, descontento con el Gobierno del Centro,
considerándose Gobernador Constitucional del Estado, carácter que aquél no
le reconocía y sintiéndose defraudado, se levantó en armas contra el señor
Carranza, en Ciudad Victoria en la fecha citada. Defe&lt;;cionando asímismo,
el general Eugenio L6pez, Jefe de la 5a. Divisi6n. Los Podetes Legislativo y
Judicial del Estado ( también en rebeldía) se dirigen al Senado de la República y a la Suprema Corte de Justicia de la Naci6n, protestando por el desconocimiento que de los Poderes de T'amaulipas (que afirman legítimamente
electos y debidamente integrados), ha hecho el Presidente Carranza, para realizar su propósito de imponer un Gobernador Provisional. Desde muy temprana hora del día en cita, el señor Carranza gestionó una conferencia telegráfica por hilo directo, con el general Caballero; pero éste se niega a concurrir a la Oficina de Telégrafos. Por la tarde, como a las seis, se reúnen
gran cantidad de personas en la Plaza Hidalgo, mganizándose con tal motivo un mitin en el que desde el viejo Kiosko, hacen uso de la palabra el
general Eugenio López, quien dijo que "con motivo del asesinato del Senador y general Emiliano P. Nafarrate, y el fraude electoral, la 5a. División
446

de su mando, desconocía al Gobierno del Centro". También habló el Señor
Licenciado Fidencio Trejo Flores y el Profesor Francisco Nicodemo, explicando al público los motivos de la rebelión. Sigue luego una manifestación
que desfilando por la Calle Hidalgo presenció el general Caballero desde el
balcón de la "Casa de las Palmas" (actualmente una modestísima hostería)
en unión de algunos de sus amigos: general Eugenio López, coroneles Ricardo Cortina y Rodrigo Flores Villarreal, mayor Julio de la Llata, Juan
E. Richer y el coronel (ferrocarrilero) Mateo Morales. Don Luis, tomó la
palabra para criticar al señor Carranza, por el "malicioso sesgo que dio al
caso de T arnaulipas", manifestándose inconforme con la solución, diciendo:
"Venustiano Carranza, el hombre que nos invitó, que nos llevó a la lucha armada, para destruir la dictadura, se ha olvidado de sus deberes para con el pueblo
de Tamaulipas. El general Eugenio López, Cortina, Ramírez, Flores Villarrcal,
con todos los elementos de la 5a. División y yo, vamos a demostrarle que
no ha sabido cumplir". En medio de aquella euforia, el teniente coronel
Lázaro de la Garza, más conocido por el "Güero Lázaro" ( en cuya campaña
murió) disparó su pistola al aire. Al día siguiente ( 19 de abril) por Ja tarde
el ferrocarrilero coronel Mateo Morales, recibió órdenes del general Caballero, para salir en una máquina hacia el Sur, a destruir la vía, iniciándose
el levantamiento de los rieles en Forlón hasta Estación Lavín (hacia el Norte)
quemando además algunos pttentes para retardar así, la llegada a Ciudad
Victoria, del general don Manuel M. Diéguez, que avanzaba desde Tampico,
con dos mil hombres de infantería, pue.s¡ el mismo día salió violentamente del ,
Puerto sobre Ciudad Victoria, movilizado por orden del señor Carranza, deteniéndose en Forlón (desde allí la vía estaba dcstnúda) donde echó pie a
tierra (fuerzas de infantería) siguiendo sobre la Capital del Estado. Por el
norte, avanza desde Monterrey sobre la Capital de Tamaulipas el general
don Carlos Osuna, llevando como subordinado al general don Juan N.
Guerra con el Segundo Regimiento (entre otros cuerpos) cuyos Comandantes
de Escuadrón son: Domingo García, Mariano M. Marín, Gabriel Centeno y
Domingo Vela García. El 20 de abril, el Secretario de Gobernación, explica al Senado de la República el conflicto de Tamaulipas, agregando que la
actitud del general Caballero aún antes de que se alzara, era la de un rebelde. El Senado acuerda pedir señor Carranza, para facilitar un arreglo,
que ya no era posible, ordene al general Diéguez, no avance más sobre Ciudad Victoria.

447

�EL PRINCIPIO DEL FIN

El día 21 de abril, impone el general Caballero un préstamo forzoso al
comercio de la capital del Estado y son intervenidas las oficinas del ferrocarriJ, del Express, Correos, Telégrafos y Federal de Hacienda, Por la tarde
se entrega todo el material bélico disponible al coronel Francisco Ávalos y
al mayor Librado Salinas para que 1o lleven a Jiménez, saliendo de inmediato a cumplir su comisión. Los Diputados Locales y los Magistrados integrantes de los Poderd Legislativo y Judicial, parciales del general Caballero,
abandonan Ciudad Victoria, rumbo a Güemez. El 22 de abril, el general
don Carlos Osuna, que ya se encontraba en Santa Engracia, juntamente con
el coronel Juan N. Guerra, llama por teléfono al general don Lujs Caballero, teniendo una plática, sobre los acontecimientos, y en la tarde, lo hace
con él, el general Eugenio L6pez, éste desde la estación de Ciudad Victoria.
Esa tarde del 22, el mayor Juan Galarza y el maquinista Lozano alias "El
Candado'', reciben orden de organizar un convoy que habrá de salir hacia
el norte, a encontrar y detener al general Osuna_, con toda la infantería a
las órdenes del coronel Teódulo Ramírez, en tanto que el mismo día a la
una de la tarde, las avanzadas del general Osuna en Santa Engracia, atacan
una partida de rebeldes "caballeristas", quienes se dispersan después de perder una ametralladora, algunos fusües y varios prisioneros. El día 23, aban9ona en tren la capital de Tamaulipas hacia el norte el general don Luis
Caballero, con sus fuerzas (la 5a. División a las órdenes del general Eugenio
López) acosado. por el Norte y Sur. La vanguardia de la caballería va a las
órdenes del mayor Tiburcio Quílantán, en tanto que López, sale con la infantería por ferrocarril, confiscando las existencias de artículos alimenticios
que encontró en la bodega de la Estación. Avanza en primer término, un
tren explorador, con una góndola por delante en 1a que iba una sección de
ametralladoristas, yendo dicho explorador a las órdenes del mayor don Norberto Uriegas, con instrucciones de que cuando encontrara al enemigo se replegara, para que entrara en acción la caballería, Al llegar el convoy rebelde
a Estación "Caballeros", el general Diéguez entraba en Ciudad Victoria por
el rumbo del "Santuario" y "La Loma del Muerto" y en una escaramuza a
la entrada, fue herido el sub-teniente Aurelio Ramírez, hijo del coronel
don Teódulo, siendo sacado por el capitán 1o. Pablo Villarreal, quien en
esos momentos Hegaba de Jiménez en automovil a donde regresó rápidamente.
Previamente el general Diéguez, había sorprendido en Güemez a algunos
de los ruputados locales tomándolos presos, entre otros al señor doctor
Cipriano Guerra Espinosa y a quienes consignó al C. Juez Instructor Militar,
Licenciado Meza, el C. Agente del Ministerio Público del Fuero Federal Li-

448

cenciado Ismael Pintado Sánchez. El Tribunal Castrense, se declaró incompetente por tratarse de civiles, mandándolos poner ~n libertad; pero las Au•
toridades militares, presionaron para que los ex-diputados abandonaran el
territoi:ío del Estado como en efecto lo hicieron. La columna del general
Caballero avanzó hasta Estación "Martínez", donde alcanzó el tren explora•
dar extrema vanguardia de su columna, el que .se replegaba, con algunos
heridos, pues se había tomado tanto contacto con el _ene~igo e~ el _Río, de
Santa Engracia, encuentro en el que murió el mayor T1burcro Qmlantan (este
mandó el piquete de ejecución cuando fue fusilado el general Alb~o Carrera
T rres a quien dio el tiro de gracia) en ul) duelo personal a pIStola con el
ca;itá~ Enrique Enríquez (quien todavía labora en ~ . Policía R~ral) Y ~ue
herido en la nariz el general don Carlos Osuna, sien.do reco?1d~, el :mo
caballo de Quilantán por el mayor Juan Álvarez. AJ tlroteo, s1g~o casi la
desbandada de las fuerzas rebeldes las que vinieron a parar hasta Carboneros", donde se mandó a explorar al capitán Sigfredo Dfaz de Le~n, Y ~l hoy
médico Feljpe Valdez Rarnírez, ayudante del GeneraJ en Jefe, mt~mando~e
rn el campo hacia el norte, encontrando poco después al mayor Lucio Garc1a
., "C.ar boneros"
(inválido) y al capitán Pedro Terán, regresando a la Estac1~n

.ª,

donde el general Caballero ordenó que las fuerzas echaran pte tierra Y f~rmándolas en cuadro y estando él al centro acompañado d~l cap1tan Camermo
Caballero ( su hermano) las arengó incitándolas, a cu11:phr con su deber~ ~asando allí la noche. El general Diéguez informo al senor Carranza que. se
apoderó de Ciudad Victoria, que hubo un combate en 'Carboneros' do11de
las fuerzas rebeldesJ afirma, fueron dispersadas; que el general Osuna, _las
obligó a abandonar trenes y material de guerra y boca, al norte de la _cap1t~I
del Estado así como parece que los cabecillas Francisco Tamez y Sidromo
Rodríguez,' que ya merodeaban anteriormente por Tamaulipas, estaban. ~e
acuerdo con el general Caballero y que la rebelión de éste; ~a quedad~ def 1mtivamente aplastada". El 24 de abril, los alzados se encamman ~ ,Parulla, ~arnndo por un lado de Güémez, llevando la vanguardia el cap1tan Faustmo
Rodríguez. De allí siguen a Jiménez y Juego a Cruillas, donde se encontraba e1
personal del gobierno, que había salido al abandonar la capital, entre o~os:
Epigmenio Camacho, Martín M. Herrera, licenciado Guadalupe Jar~1llo,
profesor Alfredo Uruchurtu, Hip61ito Treviño Solís, José Martínez y Martinez,
Lcocadio Candanosa, Femando Trejo, Agustín Cárdenas, Mauro Fuentes,
Daruel Cuevas, Esteban Rodríguez, Manuel Ramos, Juan de los Santos, y los
diputados al Congreso Local, que no cayeron en Güémez, ~eñor~s: licenci~do
Agustín Aguiue Garza, general José María Rodríguez, licenciado Zcfenno
Fajardo, licenciado Fidencio Treja Flores, doctor A_bel J. C:111º• Rafael G~nzález, Alberto Cárdenas, Pelayo Quintana y otros, mcorporandose pocos días

449
H29

�después el mayor Iglesias, que había sido derrotado por la Gendarmería Fiscal
de H. Matamoros.

RESTAURACIÓN

Para el día 25 de abril se normaliza la vida en Ciudad Victoria, el señor
general Osuna, herido en la nariz en Santa Engracia, es atendido en la capital
del Estado, el Senado sigue discutiendo el "Caso Tamaulipas" y por fin el
27 decide pedir al Ejecutivo una tema para designar Gobernador Provisional,
acuerdo al que llegaron después de declararse en Sesión Permanente durante
siete horas. El mismo 27 de abril en "Marquesotes" cerca de Jiménez,
el general Osuna combate y acaba de desintegrar la columna rebelde, a las
órdenes del general Eugenio López, careciendo desde entonces el movimiento
de importancia castrense, reduciéndose a meras escaramuzas. Así el 29, el
general Galindo se apoderó de Jiménez haciendo huír a los generales Caballero Y López, rumbo a Cruillas y San Femando, respectivamente, tomándole
sus caballos al primero; el 11 de julio en Magueyes fue dispersado un pequeño
grupo de rebeldes; el 16 de octubre el mayor Mariano B. Marín, de las fuerzas
del general Juan N. Guerra, bate al mayor Francisco Tamez; el 18 del mismo
es loca~iz_ado el general Caballero en un rancho llamado "Los Coyotes"; y el
2 de diciembre tiene lugar un tiroteo entre las fuerzas del general Osuna y
las de López en el rancho "Los Morales".
Por fin, el 8 de mayo, recibió el Senado de la República la tema enviada
por el señor Presidente Carranza, proponiendo nuevo Gobernador Provisional
de Tamaulipas y la cual está integrada por el profesor don Andrés Osuna,
Y los generales Rafael Cárdenas y Carlos Osuna, y el Senado, después de
mucho "jaleo", eligió el día 11 al profesor Andrés Osuna quien protestó el
13 Y se hizo cargo de su representación el 19, por entrega que le hizo el
general Ricaut. El lo. de septiembre siguiente, y con motivo del infonne
anual del señor Carranza, por ante la XXVIII Legislatura del Congreso de la
Unión, dijo que: "en Tamaulipas, entre. otros estados, aún no se restablece
el orden Constitucional".

del general Caballero no tuvo el sentido de la oportunidad. Con efccto, después
de dos años de andar a "salto de mata", acepta las condiciones que se le
imponen para su rendición, y se somete llegando el 4 de enero de 1920 a
Ciudad Victoria. Poco después, es designado Embajador de Méicico en Guatemala, siendo recibido en audiencia especial, por el Presidente de aquella
República, licenciado Manuel Estrada Cabrera el 28 de febrero siguiente.
No obstante que el general Obregón profesaba especial afecto al señor general
CabaUero, y tanto era así, que cuando aquél contrajo nupcias con doña María
Tapia de Obregón, don Luis fue uno de los testigos que firmaron el acta,
sin embargo, caído el señor Carranza y encumbrado el "sonorismo" no dio
ninguna oportunidad al exgobemador de Tamaulipas, seguramente porque su
prematura rendición, le produjo desconfianza. El general Eugenio López que
siguió en rebeldía, reconoció el "Plan de Agua Prieta" el 21 de mayo, justamente el día que caía asesinado arteramente en el obscuro villorrio de Tlaxcalantongo, el Presidente Carranza.

EPÍLOGO

De los actores del drama, el Presidente Can.u'lza fue asesinado por gentes
que él había encumbrado y que todo se lo debían, en Tlaxcalantongo Puebla,
el 21 de mayo de 1920; el general Eugenio López murió asesinado en un
campamento petrolero en la Huasteca el año de 1921; el general don Carlos
Osuna (bravo entre los bravos) murió en un accidente el 24 de noviembre de
1923; el general don Juan N. Guerra murió en tinieblas mentales; el general
Manuel M. Diéguez fue fusilado ya casi al finalizar la revolución "delahuertista" en Chiapas a principios de 1924; el señor general don Luis Caballero
murió en Jíménez casi olvidado y pobre, en 1934; como pobre vivió y murió,
también en la ciudad de México, el 10 de abril de 1960, el señor general
César López de Lara. ¡Sic Vita Fugit!

RENDICIÓN

La rebelión "caballerista" por más bellos ejemplos que haya dejado a la
posteridad de una actitud viril y digna, fue un sacrificio inútil y la rendición

450

451

��~MAPA---N

u CV O
M

·AL C4LO;~·MAYORec; ·
-?'r(OVINCl~~1::CbP:TANIA,GENfiRAL ·
Z: ,U ,4iD:l~WY0aE~,E.(~IJH,c""°'.._.,

X

.1

e o

ONl~IOH •TlllflflTOlfl.U.

fS~w

,Olí, L4 -NUIV.lo·
-&amp;t,¡, El,. !&gt;IGL.O .XVIII

.t.1.TIS 0.L , EST.t.eLECIMlll'fTO
0a·U-5-COM41tOAHtl&amp;). l •IMTIIIOCNCIA)

Cl1LIFOl2NIA

· t 770·

o
\S

\t

o

T

..\

1-

--

o
1l
~

~

e

~

XA/'

JOAQUIN•MCA~

�..

MAPA Y BREVE RELACIÓN DE LAS DEMARCACIONES
POL1TIC0-ADMINISTRATIVAS DE LA NUEVA
ESPARA, A PRINCIPIOS DEL A~O DE 1776
JOAQUÍN MEADE

San Luís Potosí, S. L. P.

AL PRESENTAR EL ''Mapa de las Demarcaciones Político-Administrativas de
la Nueva España", en l 776J conviene explicar someramente los antecedentes
de los siglos anteriores.
Efectuada la conquista, Hernán Cortés gobernó desde el 13 de agosto de
1521 hasta el 22 de agosto de 1524. Por real cédula de 1521, Francisco de
Garay obtuvo la Gobernación de Pánuco; Cortés salió para la Huasteca y el
Pánuco a fines de 1522 y para enero de 1523, había conquistado la Huastcca,
Garay llegó al río dtj las Palmas el 25 de julio de este año, pero su gobernación quedó invalidada por real cédula que un enviado de Cortés Je presentó. En 1524, Cortés dejó en México a los oficiales reales que deberían sustituirlo durante tres meses. En 1525, se había dado a Nuño de Guzmán la Gobernación de Pánuca a donde llegó en 1526, pero en 1533 se dio fin a dicha
Gobernación de Pánuco y quedó entonces bajo la jurisdicción de la Audiencia de México.
El 17 do noviembre de 1526, se dio real cédula a Pánfilo de Narváez para
la conquista del Río de las Palmas, hoy río de Soto la Marina, hasta Ja
Florida, pero la expedición fracasó en 1528.
El 13 de diciembre de 1527, el rey mandó los primeros Oidores para que
fundaran la Real Audiencia en 1528, de la que Nuño de Guzmán fue su presidente; su ineptitud fue motivo para que él y los que componían la Audiencia fueran depuestos en 1531; se estableció entonces la 2a. Audiencia,
presidida por el lllmo. don Sebastán Ramírez de Fuenleal obispo y presi453

�dente de la de Santo Domingo. La Audiencia, era un cuerpo colegiado, esto entorpecía la buena marcha del Gobierno¡ Carlos V erigió entonces el Virreinato de la: Nueva España, el 17 de abril de 1535.
En 1532, se establecieron los Corregimientos y las Alcaldías Mayores. El
primer virrey, don Antonio de Mendoza, conde de Tendilla, llegó a la ueva España en 1535, pero subsistió la Real Audiencia, ésta se subdividía en
Gobiernos, Corregimientos y Alcaldías Mayores; administraba justicia; por
un lado estaba sujeta al virrey, por otro lo fiscalizaba¡ en realidad, compartían el poder. La Audiencia trataba en cuestiones judiciales, administrativas
y políticas¡ tenía fuera especial contra el virrey y contra los tribunales religiosos; o sea que vigilaba al Estado y a la lglesia, cuidando se cumplieran
las reales 6rdrnes. Al supiimir·e las encomiendas, se nombraron alcalde·
Mayores, nombrados por los virreyes o por el rey, a diferencia de los alcaldes ordinarios, elegidos por el pueblo.
Como hemos visto, la Primera Audiencia de México, o sea de la Nueva España, se estableció en 1528.
La Audiencia de los Confines, después llamada de antiago de Guatemala,
al principio incluía a Chiapas, Yucatán y Cozumel, pero de acuerdo con la
real cédula del 23 de abril de 1548, tomaban Yucatán y Cozumel a quedar
sujetas nuevamente a la Audiencia de México. En 1550, Tabasco que había
pertenecido a Chiapas, pasó a depender de Yucatán, pero en cambio Soconusco, por real cédula del 6 de agosto de 1556 fue segregada y agregada a
la Audiencia de Guatemala; se estableció por real t'édula del 13 de $eptiembre de 1543 esta Audiencia de los Confines o de . antiago de Guatemala.
La Audiencia y Cancillería Real de Guadalajara, o sea de la Nueva Galicia, se estableció por real cédula del 1'.3 de febrero de 1548.
En 1583, Luis de Carvajal y de la Cueva, fue nombrado gobernador del
Nuevo Reino de León, pero con su prisión pocos años después, se extinguió

e,
&lt;q'
11)

esta Gobernación.
A partir del siglo XVIII, la Audiencia de México, tuvo sujetas a las Audiencias de Santo Domingo, Guatemala, Guadalajara, Filipinas y a la Capitanía General de Yucatán.
En la actualidad se ha dado en la costumbre de dividir a la ueva España, en 23 Provincias Mayores, en realidad, estas denominaciones eran
nombres convencionales, no oficiales, pero acaso aceptadas por la costumbre;
la verdadera división era la del Virreinato, las Audiencias, las Alcaldías Ma•
yores, las Provincias del orte y la Capitanía General de Yucatán.
La real cédula del 22 de agosto de 1776. nombró a don Teocloro de Croix,
comandante general de las Provincias Internas, independientes del virrey;
por este motivo, las Demarcaciones que aparecen en el Mapa, ron anteriores
a agosto de este año de 1776.

454

.....

• ,,

-u

z

\9

:::J

_J

4

\._r1

-:&gt;
X

.
•

.

'

~

w

~

Q.,

_a

o

..J

-

\!J

\S)

�Las Intendencias son muy posteriores, se crearon el 4 de diciembre de
1786 y quedan fuera de este trabajo.
Antes de terminar, debo dar las gracias por las indicaciones y la ayuda
prestada por los profesores Wigberto Jiménez Moreno y Ram6n Alcorta
Guerrero, por el señor Rafael Carrasco Puente y por otras personas que en
una forma u otra me ayudaron en mi tarea.

J.

Alcaldia Mayor

Estado

Acapulco (Puerto)

Guerrero

Acatlan

Puebla

Acayuca (Coatzacoalcos)

Veracruz

Actopan

Hidalgo

M.

ALCALDIAS MAYORE
PROVINCIAS, ETC. DE

NUEVA ESP A.NA
Número total
-238-

AL~OS
(1522-1748-1776)

-1776FUENTES

Archivo General de la Nación (diversos ramos) - López de Ve.lasco - Villaseñor y Sánchez, Thcatro Mexicano. Paso y Troncoso, etc. Ver: la Bibliografía al final.
Los corregidores se iniciaron por eJ año de 1530 o poco después, se transformaron en alcaldes mayores y corregidores que extendieron su jurisdicción a las encomiendas y a los residentes españoles en 1580 y terminaron el
4 de diciembre de 1786 al ser establecidas las Intendencias de las que dependían las Subdelegaciones.

Alcaldía Mayor

Estado

Pueblos principales

Acaponeta

Nayarit

Olita - San Joseph - San Blas Guamamota - San Diego - Sayula - TequaJa Ayoyacán - Chilapa - Picachos - Quiviguinta • Caimán - Milpillas - Misiones
de: Guaxicoli, San Bias, Santa Fe y
San Cristóbal Guaynamota - Chimapan.

456

Aguacalicntes
(con Xuchipila)

• Aguascalientes

Amola

Jalisco

Analco

Jalisco

Appa - Tepcapulco
Asientos de !barra
(Ver /barra)
A tia ti auca

Méxieo-Puebla

Ailixco

Puebla

Oaxaca

Pueblos principales
Cacahuatepec - Tecuanapa - San Migu,.J Coyuca - Tecaxtepec (en Acapulco el gobernador era castellano y
teniente de capitán general).
Tepetlazingo • Chila • Yexitlan - Píastia - Tepexe - Xaya - Ydoixtlahuaca •
Atonahustla - Totoltcpeque - Piaxtla Chimantla - Tequautidan - Tlaxcuapa - Axuistla - Tehuisingo - Tusantlan - Tcxalpa - Tecomatlan • Ilamacingo - Chila - lxitlan - Chapultepequc - Pctlazingo - Tepcxillo.
Coatzacoalcos - Xocoteapa Macaya •
Santiago Socomisco - Olulla - Tesistepec Zayultepec - Tenantitlan Chinameca - Menzapa - Oteapa - Cozolcaque - Xaltipac Moloacan - Partido
de los Ahualulcos - Pochutla - Ixhuatla
o Ocuapa - Huim.1nguillo - Ostitan Mocotepegue - Tecominucan - Villa
del Espíritu Santo (desierta).
Tetillan - Yolo - San Jerónimo - Tlachkhilco - Tomacustla - lzquintlapilco • Tecavic - Tlachichilco • Santa
Bárbara - Lagunilla.
Jesús María - Sau Joseph de la Isla San Joseph de Gracia - Soyatal - Rincón de Romo - Axu....:ucar - Cieneguilla - Chichimeco - Ciénega de Mata.
Tuxcacuexco • Tonaya - San Juan Chacala - Zapotitlan - Ayotitlan - Tozin - Chachichilco - (Linda al Oriente
con Sayula) - Cuzalapa - San Antonio - Mazadan - Tetepan - Toliman Copala - San Gabriel - Xiquilpa •
Teutlan.
San Joseph - San Sebastián Mexicalcingo - (estaba 1 legua al Oriente de
Guadalajara).
Tlapanalá - Tepeapulco.

{Linda con Teutitlan 'Y con Cuicatlan
Marinaltepec).
Soyatlidan.1pa - Calpa - Amecaque Guaquechula - Tianguismanalco -

457

�.

A.lcaldla Mayor

Autlán (Puerto de Navidad)

Azuchitlán o Tetela del Río
(este era independiente en
una época)
Bolaiio.s
Cadercita

Estado

Pueblos principal,s

Axocopa - Acapctlahuacan - Coyula •
Cuaco • Tepango - Acapulco - Tienguismanalco - Atlimcyaga - Tlapola •
Calpan • Xolco - Yancuitlalpan • Xalinti.:intla - At. itzahuacan - Amecaque · Qu:nepec • Ixhuatepcc - X'ochitcopam - Tcpango - Quap('xco - Ateopan - Quahu}·ucan - Zompnhuacan Huaquechula - Quautla • Comoluican • Tc...,upan • Quatepec - Huilulco Zoyotla.
Jalisco

México

Jalisco
Nuevo Le6n

Cadercyta
California, altn
( Provincia)

Querétaro
California

California, vieja
(Provincia)

Baja California

Zacapala - Amcca - Amilpa - E,.utla •
Tccolotlan - Ixtlahuacan • ZuchitJan
(Confina aJ Oriente con Sa}-ula y al
one con Huauchinango) - AcotitlanTenanztlan - Zoyatlan - Tepantla •
Ayutla • Cuautitlan - Char.ala • Toitin • Tcnamatlan - At.cngo.
Totolapa - Po1.utla - Pezuapa Tlacotepec • Cutzannla - Tecpan - Zacatula • Huautla - Tehuehuctla - Mar
del Sur - Alba de Liste - Halchfapa.
Chimaltitan - San Martín de Bolaños.
San Juan Bautista - Saucillo - Cerrito - Los Ramonc. - Santa Cruz.
Escancia • Pinal de Amoles - XaJpa.
Había un gobernador. Fray Junípero
Scrra estableci6 las Misiones de San
Francisco, Los Angeles, San Diego y
otras más.

Alcaldla Ma}'or

Estado

Ca....ititlan

Jalisco

Cclaya

Guanajuato

Centipac (Ver Sentipac)
Ccrral\'o

• 'uC\'O Lc6n

Cina ua-La Guacana

.iichoacán

Ciudad Real

Chiapas

Coahuila
(Pro~incia)

Coahuila

Coatepec

Colimn

Veracruz
Colima

San Pablo • Pilar - Santiago • San
Lui1 - Santa Rosa - Hostell • Magdalena • Consag. - Todos Santos. Se destruyeron las Misiones de San Javier San Juan Bautista Ligui - La Paz San José del Cabo - y las fundadas
má, tarde como Santa Gertrudis - San

Colimilla y Mata1án
Colotlan

Jalisco
Jaluco

Borja - San Fernando - Rosario • Santo Domingo - San Vicente • San Miguel de la Frontera - Santo Tomás San Pedro Mártir - Santa Catalina y
Dl' canso (dominicanas).
San Luis - Cuyatán - A:úx.iqw - Istahuacan - Chapala - Coxcomatitlan •
Santa Cruz.
Yuririapúnclaro (fue alcaldía mayor
indcpenditnte) Chamacucro, Jerécuaro - Emfoguaro - Urireo - San Juan
de la Vega - Acámbaro.

jalisco
Agualcguas - China • Boquilla • Llanitos - Mojarras - Calabozo.
Churumuco - Ario - Etuqu.arillo - Turicato - Paracu.aro - Nocupétaro Acuyo - Pungro.

Había un capitán en el Presidio de
Lorcto y una serie de Misiones en la
Península y de Presidios como el de
San Joseph.
Misiones de: Dolores - Santa Rosalfa • 'Mulcgé • San Ignacio - Magdalena - Guadalupe - Purísima - San
Joseph Comundú - San Francisco Javier.

Pu~blos principales

Todo el Estado hasta que en 1777 se
dividí6 con la d!" Tuxtla, que-dando entonces la mitad Sur de esta Akaldla
Mayor con la subdclcgaci6n del Soconusco.
En fonclova estaba la residencia del
gobernador de Coahuila o ucva Extremadura Presidios de: Sacrammto.
Pueblos y Misiones de: San Francisco
y San Miguel de Aguayo - Peyotes,
Dulce 'ombre de Jesús - San Francisco \"izarr6n - ruc1tra Sl·ñora de la
Victoria - • ·adadores - Haciendas de:
Castaño - Afamo - San Jo c·pb - Carrizal - Pozuelo - Contotolrs - Ciénegas - Santa Mónica.
Cbicoloapa - Chimahuacán.
AJmololoyan - Cueza.lapa - Comala •
Caxitlan - Totomoloyan • Ixtlahuaca
Xilotlan - Mirnflores - (Lindaba por
el N. con Tuscacucsco, S. con Motines,
E. con Zapotlan y W. con Aullan }'
Puerto de avidad rn la 'ueva Galicia).
Tlaltcnango - Tocatic - ornas - Bolaños - Tonatiche - Temastian • Acacalco - Talutipan - Tepichitan Villi-

458

459

�Alcaldía Mayor

fütado

Pueblos principales

Alcaldía Mayor

Pueblos principales

ta - Cuaximic - Santiago - Santa María • Huejuca.
Compostela

Copala

Córdoba y Huatusco

Nayarit

Sinaloa

Veracruz

Cosamaloapan

Veracruz

Coyoacán

Distrito Federal

Cuicatlan

Culiacán

Guimeo-Cirándaro

460

Oaxaca

Sinaloa

Michoacán

Matanchd • Zapotán - San Pedro Membrillales - Taliacapan - Santa
Cruz - Mazatlan - Xaltocan - Acaxala - Tiacapan • Metztitlan.
Masatan - Real de Copala - Real de
Charcas - Hacienda de Pánuco - Badiraguato - San Xavier de Cavasan.
Zacan • Zentla - Huatusco - San Pedro Ixhuatlan - Coscomatec • Copan
Coscomatepec - Punta - Amatlan de
los Reyes • {Lindaba por el O. con
Orizaba, por el N. con San Juan de los
Llanos, por el E. con la Antigua Veracruz y por el S. con Zongolica).
Amatitlan - Tlacotalpan - Texhauacan - Acula - Chacaltianguis - úmalhuacan - San Pedro Amatlan • Otitlan - Tuxtepec - Chinautla (fue partido independiente) - Acatepec - U tzila - (Chinautla linda con Teutila) Uzamacin - Yetla.
Tacubaya • San Angel - Tlahuac San Agustín de las Cuevas - Xaltocan.
Teutitlan del Camino - San Lorenzo
Alpiwgua • Nacantcpec • Quiotepec
Papalotipac • Santos Reyes • Tepeuzila - Teponastla - Casa Blanca - Nahuatipac - Los Cúes - Tecomahuaca Teopu.xco - Sa.ntiago - Huehuetlan San Lorenzo - Santa Ana - San Pedro - San Jerónimo - San Lucas - Sitn
Antonio - Huautla - Santa María •
San Mateo - Chilchota.
Real de Cozela - Misión de Tacuchameta - Buya • Binapa • Bayta Vadiraguato - Jurisdicciones - Canelas Baurigame - Varias Misiones.
Guimeo - Huetamo - Santiago Tlapecuila • San Jerónimo - Cirándaro Covican - Pungarabato - Tetela del
Río - Charando - Turicato - San Lucas - Perochucho - Cucio (Linda por
el Sur con Tetela) - Putechuchu Mar-

Cuitzeo

Michoacán

Cuquio

Jalisco

Cuatro Villas del
Marquesado

ÜllX3,Ca

Cuauhtitlan

México

Cuauhtla de Amilpas

Morelos

Cuernavaca

Morelos

Chalco-Tlalmanalco

México

Charcas
Charo

S. L. Poto!Í
Michoacán

zán - Conguripo - Paganguato - Tlapeguala - Coyuca.
San Buenaventura - San Marcos - San
Jerónimo - Cupándaro - San Juan •
Santa Ana Maya - (por el Tute linda
con Acámbaro, por el Norte con Celaya, por el Oeste con Patzcuaro y por
el Sur con Valladolid Morelia).
Nochistlan • San Cristóbal - Yahualica - Cautla - Manalisco - HuisculcoAcatico - Metztitlan • Toyagua Apulco - Tenalucan - Quacuala • Ocotic Tepunahuasco - Ixtiahuacán - Tacotán - San Cristóbal - Iscatlán.
Etla - 'Mexicapa - Cuilapa (Zoachil)
Cuayapa - Tlanechico - Xalpa - Labal - Santa Lucía - Tuctla - Tomaltepec - Zagache • Chilateca - Guegorese - Las Minas - Chichicapa (minas) Santa Martha - Yachila • Las
Peras - Atzompa • San Gabriel Guelache - Nativitas - Sa.ntos Reyes Guadalupe - Nareo - Soledad - Santo Domingo - Xoxocotlan - Tlapacoya.
Coyotepcc - Santa Bárbara - Tultepec - Huehuetoca - Tcoloyucan - Tepozotlan - Xaltocan - San Miguel de
los Xagueyes - Zumpango.
Ocuituco - Xamiltepec - Tetelzingo
Tlacotepec - Temoac - Cacoyoc Tlamimilulpa - Zocoalpan.
Huytepec - Xochitepec - Mazatepec Xonacatepec - Xantetelco - Guizinclan - Coatetcko - Miacatlan • Huastepec - Yacapixtla - Mazacatepec •
Xoxutla - Yautepec - Tepoztlan Pawlco, Tutela del Volcán (se agregó) Xumiltepec - Zacualpa.
Tecamachalco - Tlayacapa - Mexicalcingo - Ecazingo - Tezozoko - Amecarneca - Zentlalpan - Tcpetuxpan Ayapango - Mixquique - Tlemamatla Oiumba.
Venado - Matehuala.
Charo 'Matlazingo. (Linda con Valladolid) Ahuehueringo • Atzala- Tenex-

461

�Alcaldla Mayor

Estado

Pueblos principales
calco - Temascalapa - Sacualatengo Xaltepec - Atecingo.

Chicontepec (Ver:
Huajococotla)
Chichicapa y Zimatlan

Oaxaca

Chletla
Chilapa

Puebla
Guerrero

Chiautla

Puebla

Chihuahua
( Provincia)
Chilchotla
Cb.inantla
Choapan
Cholula

462'

Chihuahua
Michoacán
Pue., Oaxaca
Ver.
Oaxaca
Puebla

Zjmat.an (antes alcaldía separada) Río Hondo - Tequila - Lositha - Tetipac - Cozautepec - Tepezimatlan Atzozola.
Atzala.
Atengo - Xiutopantla - Tehuanstitla Zacanhualin - Quecholtenango - Zitlala - Acatla.n - Awqualoya - Ayahualulco - Zumpango - Mochitlan Huiziltepec.
Xicotlan - 1 - Huehuetlan - Chautla de Tapia {de la Sal) Tlacualpican - Tzicatlan - Xolalpa - Mitepeque - Teutla - Xochltepcque - Quetzala - Ayosustla - Zenteocala - Pilcaya - Quacalco - bcamilpa - Xkotlan Acaixtlahuacan - Totolapa - Tlaltepexi • Xucingo - Tulcingo - Chila • Ocotlan - Nahuituxco - San Juan del
Río - Teotlalco - Xolalpa.
(Ver TARA.HUMARA).
(Barrios).
A 43 leguas de Cosarnaloapan a la
que se agregó.
Jalahui - Jaltepec.
Con 43 pueblos Quautlazingo - Momospan - San.ta Bárbara - Todos Santos - San Luis - Sacapecpan - Quapan - Cuaucotla - San Sebastián
Cuautla - Zacatepeque - Tcnanchm San Jerónimo - Zocrumehua - San
Andrés Cholula - Acatepeque - Tlaxcalzingo - Texmitlan - Cacolotepeque • Ocovica - Malacatepeque - Coronango - Coztla - San Francisco Ocotlan - San Antonio - San Mateo - San
Gabriel - San Lucas - San Martín San Lorenzo - Tlaltenango - Santa
Isabel - Santos Reyes - Santa Ana Ahuatempa - San Mateo - Qucscomate • Papalotla - San Bernardino.

Alcaldía Mayor

Estado

Pueblos principales

Chontales

Oaxaca

Durango (Guadiana)

Durango

Escanela
Fresnillo

Querétaro
Zacatecas

Santiago Xanica (Yautcpec y Santa
María Ecatepec}.
Cuencamé, (hasta cerca de 100 Chalehihuitz y Sombrerete) Presidio del
Pasaje, Haciendas de Patos Olidin •
La Peña - Alama • Laguna de Panos
de San Pedro - Guat.indpe Guadalupe • Caladonga - Saín Cataria Ayala Corrales - Atotonilco - Sauces - Garate - Juan Pérez - San Salvador Groseros, La Puerta - Remedios - Quitea • Calabaza! y Misión Jesuita de
San Quinotio - ( ver Tepcguana y
Nombre de Dios).
Se agregó a Cadereita.
San Cosme - Veta Grande - Real de
Pánuco - Haciendas de Santa Cruz,
Dolores • Truxillo y Abrego - 'Maguey
Troncoso - Poro Hondo - Bañón Valle de Ameca - San Antonio Torreón • La Zanja - San Mateo - Sauceda - San Agustín.

Guadalajara
Guadalcázar (San Pedro de)

Jalisco
S. L. Potosí

Guanajuato
Guautlauaca

Guanajuato
Puebla

Guejolotitlan
Huamelula

Oaxaca
Oaxaca

Huauchinango

Puebla
Veracruz

Tula • (hasta 1749) - Palmillas Jaumave - Monte Alberne - Santa
Clara - Santa Maria. - Naola - La Lasca • Valle del Maíz.
Silao - lrapuato.
Huehuetlan (35 leguas al Sureste de
México.
Cuitzeo - La Seda.
Huatulco - Aztatla - Pochutla - Barra de Coyutla - Tonameca • Puerto
de San Agustín. (Linda con el Marquesado Tehuantepec y la costa) (Zona Chontal) - Puerto Escondido Puerto San Angel • San Miguel - San
Pedro - Xuchitepec - Chongo - Acatcpec - Elotepec - Zapotlan.
Pah.uatlan (con tres pueblos) - Tabuco • Tlaola - Tlacuilotepec (c-00 3
pueblos) hruta el Golfo de México.
Chicocuautla - Naupan - (con 8 pueblos) - Xocotepec - Xalpantepec Pantepec (y 5 pueblos) Tamapache
( con Tabuco, Tcpetzintla y Tihua-

463

�Alcnldla Mayor

Huauchinango (hoy
Guachinango)
Huaxuapa y Tonalá

Estado

Pueblos principales

Jalisco

dan - Tamiahua ( con Amatlan, Acala, Cacateapa y Tampao).
Misllan - Atcnguillo - CuauUa.

Oaxaca

Huayncocotla y
Chicontcpec

Veracruz

Huejotzingo

Puebla

Tonalá (fue alcaldía independiente) Tezuatlan - Tlapanalá - Atoyaque Tlapalzingo - Hua:xtepcc • Zilaca)"Oapan - Caleguala - San Jcr6nimo
Aguatlán - Zacatcpcc - lncuyachi Huelotitlan - Tlachichllco - lgualtcpec - Cacalotepec - Xusisllahuaca Tcquisistepcc - Chametla - 'Mixtepec. Guamapa - Zuchitlapilco Xuchltepec. Guejolotitlan - Tuctla.
Tzcntcomatlan - Tlachichilco - Ilamatlan - Ixhuatlan - Ch.inautcpec.
Texmelucan San Salvador y San Mai:tin (29 jueblos) - Xolalpan - San Rafael del Monte - Tianguistengo - Tianguisolco - Azitla - Atzala - San Pedro
San Andrés - Tlalancalcca - Palmillas
Tlauúngo - Atzopan - San Juan Tctla - Huiazocualco - Tlamimilolpan
Tepctlaxco - Temaxcala - Tiaguismanako - Alozozingo - San Buena\'cntura.

Huejutla

Hidalgo

Ixcatlan - Maeustcpetla Thrbuctlan
San Pedro y 10 haciendas.

Ibaua, Asientos de

Zacatecas y
Aguascalientes

Teitiqui - Tepezalá - Rincón de Ramos.

Iguala

Guerrero

Igualapa

Guerrel'O

Coacula - Tuxpan - Tehuisnao - Mayannln - Tepecuacuilco - Tlaxmalac.
Hudrnt-tlan - Popolapa - Acatepeque
C11ilapa - Quet7..alapa - Chacapalapa
Alcamani (linda al oriente con Xustlahuaca al oeste con Tlapa, al norte
con Xicayan y al sur con Acapulco).

Iiccateopan
( Ver Zacualpan)

Gucrri::ro

Ixmiquilpan

Hidalgo

Alcaldla Ma}'º'

E1tado

Ixtcpcxi

Oaxaca

lxtfahuaca

México

Izatlan-Ahualulcos
(Hoy Etzatlan)

Jalisco

Izúcar

Puebla

Jasso-Teremcndo
Juchipila

Michoacán
Zacatecas

J uxtlahuaca

Oaxaca

La Barca

Jalisco

Labradores

Nuevo Le6n

Lagos

Jalisco

Le6n

Guanajuato

Xonocapa - Cardonal - Santa Ma-

ría Ixtlatla.xo - San Agw¡tín y Tepcxic Tlazintla - Orizaba - San Juan y
Sabana.

Ixuintepec-Peñolcs
(Ver Tccocuilco)

464

Oaxaca

Elotcpec - Chilapa - Huytepec - Estetla - Tlai.oyaltepec - Tepantepec - To-

Pueblos principales
tomachapa - Teosacualco - Teococuilco.
Chicomexuchil - San Mateo - Calculalpa - IxtJan.
Tcrnucalcingo - Allacomulco, Joeotitlan.
Magdalena - Amatlan - San Juan - (al
oe5lc de Guadalajara) San Marcos
Oconahua - Miraflores - Laxa.
Aguatlan (antes alcalcüa mayor)
Teopantlan - Culucan - Santa María
de la Asunci6n • Epatlan • Tepexoxttna - Telip:m Tepapaycca - Ahuatelco - Chietla - Ahuehuczingo - Tenexcalco - Azalan - AguatJan - Texaloca - Zoratitlanapa - Coatzingo
Pucctla - Mazay - Tatela - Alchiehica
Ayutla - Xochiapa - Colucan - Ahuate-leo - Cohuccan - Azizintla - Tetla •
Tlapanalan.
Moyahua - Atemanica - San Miguel
Mczquitula - Apozol - San Pedro - San
ta María - Santiago - Teul - Cospala
Mezquital - Analco - San Lucas - Totolotalco - Amatlán - Villanueva - La
Encarnaci6n - La Quemada - Malpaso • Tabasco - Tayagua - Guamuzco
Mezquitan.
Tla&lt;'otepec - Mixtepcc - Tilapan - Tecomaxtla • Tcpetlatongo - San Lucas Santa Maria - Santiago - San Juan San Francisco - San Martín.
San Pedro - Atotonilco - Ocatlan
Quit.zeo - Sa.n Luis - Zapotlán - Totan - Sula - San Andrés - La Ciénega •
Zapote - Azo - Poncillan.
(llurbidc) - Cue\'aS - Camarones - Purlsima.
Comanjá - Ja!ostotitlan - Mitic - San
Miguel Buenavista - San Juan de la
Laguna - Moya - San Juan de los Lagos • San Gaspar - Temacapulin. Se
agregó Tcocaltichc.
San Francisco del Ric6n - Pénjamo
(linda con Salamanca, Pátzcuaro y

465
HSO

�tflcaldla Mayor

Ll'rma
Linares
Malinako

Maloya
Mara\·atío

Estado

México
'ut"vo León
Mfxico

Sinaloa
Micboacán

Mascota
Mazapil

Jafüco
Zac:w .·cas

Mctcpcque

Mé.·ico

Mcutitlan

Hidalgo

Putblos principaln
con Tlazazalca) . San Pedro - Piedra
Gorda • Concepci6n - San Miguel Cuecillo.
Tarasquilla - Santiago.
San Crist6bal - Hualahuisc,.
San Miguel Tecomatlan - Zumpahuacán • Tenancingo - Santiago Ocuila Almolonga • San Ga par • Quatl'J)Cc
Zoquizingo • Santa Ana - San Lucas
Evan dista.
Taximaroa - ZitA.cuaro - San lon?nzo
Tiriprtio • San Matl'o - San Lucas
San Bartolomé - San Pedro • San Sl'bastián - San Felipe • lrimbo Cerguyo
Epungco - Apoyo - Zingatto - Tuxpan • Jungapeo - Ziraguato - Turuodeo • Puma • Tinguineo - Contrpeque • Chichimequilla • Enandio - Apaseo • Púcuaro • San Mateo del Rincón - San Bartolomé - San Francisco Tuzantla - San Esteban Tíripitio Juzantla • Tiquicheo • Copándaro Qucréndaro - Tungarco - San :Mi ucl Tupataro - Tarimancacho.
T.tlpa - Tuito - Tintoque (Mita).
Gruñidor • Cedros • Norias - Sierra
H!'nnma • San Juan de los Ahorcados
Santfago Tianguistengo - Xilotzingo
Ouolotepeque - X1cotitlan • Capuluaque - Trpcxoyuca - Ocuyoacaque
Gunpanoya y 300 pueblos más. Se
puedl" dividir en tres distritos ro {ctepcque, en Ixtlabuaca y l"n Tianguistengo. Tlachichllpa • Tlacotepee - Atlamulco - Atengo - San Gaspar - Zinacantcpcc • Mexicalzingo
Tcmelicaque - Chapultcpcc • Tcprmoxako - San Antonio de Padua - Calimaya - Mimialpa - Ynlatlaco - Temascalcingo - Xiquipilco - Amanalco
Ixtlahuaca - Tultcpec - Chichicoautla
Xonacatlan - San Felipe • Malacatcpcc
Tcmoya - Hutmilapa - Atlapulco - AJ.
moloya del Río.
Molango • Chapulbuacan - Tcpehua-

Alcaldla M4yor

Estado

Putblos principal,s

cán • Tunchinol • Tianguistcngo - Cofiahuatlan

Oaxaca

Misantla

Vcracru1

Monterrey

Xur.vo Lc-6n

fotines (Pomaro)

Nrxapa

ievcs

fichoacán

Oaxaca

Zaratecas:

lotlan.
Coatccas - Amatlán - Coatlán - Lozicha - Santa Marta • Otzolotepec • Zuchltcptc • San 'Matro de las Piñas
San Juan Otzolotepec - Santa Catarina cneguta ( e ve el mar del Sur)
7S pueblos.
Tlalixcoyan - Ccmpoala - Chicontepec - Colipa - Ct"mpoala - Tctcla - Tt••
nampa - Tlacoteptc • Nanacatlan Tonara - Tlapostectlan - Potingo - Cihuaroatla.
(Con Gobernador) Santa Catarina
Encamación - Remates.
San Trlmo • Zinacamitlan - Xolotlan
Chiamila • Goalcoman - Macuili
(Ll~aba al Mar del Sur).
Qurir.hapa Tepalcatcpec (y 12 pueblos mis) San Balta.zar - San Francisco - San Prdro Leapi - Santo Domingo - Santo Tomás Quiri - Santiago
Larhivra • San Juan Xanaguechc Santa Catarina - Quiquitane - (Partido de.-) Mixtepcque - San Prdro - San
Juan - San Lorrnro • San Agu~tín
Mixtepec - Lachiguiri - San Andrés
Mixtcpec - Santiago • San Juan Tepalcatrpec, cabecera dr. los Chontalc., - Topiltcpec Santa María - an
Pedro Mártir • Cbilteptc - Santa Luda - Tecolotepc~ - Candelarias - Zuchiltcpec - San fatiiu - Acatcprc Hiscatcprc - Santo Tomá~ - Snn André3
Quitguelani - Santiago Ne,capa • Yautep&lt;'c - Xarcia - Santa Ano. Lachixila
Sanguanbrca - Coatlán - Iscuintepcc
Cocatlao - Santn Margarit.'l Qu~ialtl'p e - Xicula - Ocotcpec - CacalotcP&lt;'C - Acatlarinto • Malacatcpcc - Chimaltepcc - Acatlin Tustla - fiuatlán
(Mixcs - :. "izagui - Lachigojani • Xilotepec • San Sebastián - Santa Cruz San Pedro - Maxaltc¡&gt;l'c - Totolapa Zoquitlan.
Me-zanital - Xarnlillo - San Miguelito -

466
467

�Alcaldla Mayor

Estado

Nochixtlan

Oaxaca

Nombre de Dios

Durango

Nuevo México
(Provincia)

N ucvo México

Nuevo Santander
(Colonia)

Oaxaca-Antequera

Orizaba

468

Tamaulipas

Oa.xaca

Veracruz

Pueblos principales
Pastelera - Tetillas - El Fuerte - Guadalupe - Río Grande - Cerro de Santiago.
Tilantongo ( se agregó) Tamazula
Mitlantongo - Xaltepec - Chachuapa.
Se extendía por el oriente del Estado
de Durango hasta La Punta.
Con gobernador en Santa Fe• San Jerónimo de los Taos - Villa de Santa
Cruz Havicuii - Soledad del Rlo · San
Juan de los Caballeros - El Embudo •
Bernalillo - Santa Ana - Alameda de
Mora - Villa de Alburquerque - Atlixco - Limpia Concepción o Cañada
Valencia - Cerro de Tomé - San Agustín de la Isleta - Tezaque - Nambé San Ildefonso - Santa Clara - Pecuries - Pecos - Zuñi - Galistco • Santo
Domingo - Cochiti - San Felipe - Santa
Ana - Zia - Gemes - Acoma - Nuestra
Señora de Guadalupe del Paso - San
Lorenzo • Carrizal - La Peña.
La Colonia del Nuevo Santander con
gobernador e.n la Villa de Santander
Ciudad de Horcasitas - Santa Bárbara - Llera - Tula - Altamira - Padilla•
Güemes - Real de los Infantes - Aguayo • Soto la Marina • San Fernando •
Laredo - Burgos - $antillana - Reinosa - Escandón - Croix - San Carlos Hoyos - Camargo - Mier - Revilla •
Dolores - Real de Borbón - Cruillas
San Nicolás - Presas del Rey - Palmillas - Jaumave.
Ixtepec - Xalatlaco - Otzoltepec • Exutla - Tilcaxete - Ayocuexco - Ocotlán Ixtlan - Guelatao - Coyotepec • Tlacochoguaya - Teozapotlan - Tenexpa Xalteanguis - Tezozola.
Aculzingo - Nexapa (lindaba con Córdoba, Veracruz, Tehuacán y Tepeaca)
Tomatlán - Naranjal - Ingenio de
Tuxpango - Atlaca - Tequilan • Temilolacan - Atlahuilco - Necoxtla •
Maltrata - Aquila - Ixtaxoquitlan •
Nogales - Ixhuatlan.

Alcaldía Mayor

Estado

Pueblos principales

Ostimuri
(Provincia)

Sonora

Ostotipac

Jalisco

Bayateca - Río Chico - Nuri - Bcthlem - Ruan - Potan - Bocón • Cocorin - Moabas - Comoripa - Zuaqueo Yacora - Onabas - Tonichi - Onapa
Aribetechi - Bacanóra - Saguaripa Tacupeto - San Marcos - Real de Todos Santos - Nacozari - San Marcial San Joseph - San Miguel - Río Chico Tecoripa - San Xavier - Nacori - Matape - Opostura - Cumpaó - Guazabas • Oputu - Thesico.
San Sebastián - (Mascota 38 leguas
al occidente de Guadalajara) - Tolapa
Talpa - Jyto en la costa (hoy Tuito)
(Ver Mascota, contiguo).

Ostotipaquillo

Jalisco

Cacalutla - San Francisco (25 leguas
al noroeste de Guadalajara).

Otumba

México

Pachuca

Hidalgo

Pánuco y Tampico

Vcracruz
Tamaulipas

Papantla

Veracruz

Parral, San José del,
(Ver Chihuahua y
Tarahumara)

Chihuahua

Parras (Ver: Saltillo)
Pátzcuaro

Coahuila
Michoacán

Axapuzco - Ostolotipac - Huautlanzingo.
Tizayuca - Tolcayuca - Huaquilpa Real del 'Monte - Acayuca - Tezontepec.
Otontepec - Tantima - Tarnalin - Ohiconamel - Ozuluama - Tanjuco - Tantoyuca - Tempoal.
Espinal - Zozocalco - (linda con Huauchinango) Coatzintla - Zozocalco - San
Mateo - Chumatlan - Mctlatlan - Santo Domingo - Guaytlan - Coatlan.
Misiones de Santa Ana, Tataca, Concepción , Las Cuevas, San Ildefonso,
Atotonilco, Reales de Minas de Santa
Bárbara, El Oro, Ciénaga, Hacienda
de Lapian, El Pilar, Canutillo, San
Pedro, Presidio de San Francisco de
Conchos en donde había un capitán.
Mapimí - Peñoles.
Tzintzuntzan - Cocupa - Santa Fe Purunchéquaro - Tirindaro - Zacapu Etúcuaro - lndaparapeo - Siguinan Arantzan - Capáquaro - Arentapaqua Santa Clara del Cobre (Villa Escalante) Uruapan • Jucutacato - Parangaricutiro - San Salvador - Sacán
Tzirosto - Ap6 - Corupo - Guango
(aquí residía un alcalde mayor) - Ure-

469

�Alcaldia Mayor

Estado

Pesquería

Nuevo Le6n

Puebla

Puebla

Purificación
(Ver: Tomatlán)
Querétaro

Jalisco

Rlo Blanco

Nuevo León

Sabinas

Nuevo León

Salinas

Nuevo León

Salinas del Peñol Blanco
Salamanca
Salinas ( Santiago de las)

S. L. Potosí
Zac.
Guanajuato
Nuevo León

Sal tillo

Coabuila

Salvatierra

Guanajuato

San Antonio de los Llanos
San Bartolomé

Nuevo- León

Querétaro

San Bias
San Crist6bal de la
Barranca
San Felipe

Nayarit
Jalisco

San Juan de los Llanos

Puebla

470

Guanajuato

Pueblos principales
cho - Xongo - San Juan.
Tiripitio - Echuacándiro - Undameo
Auramba - Acutzio - Puruándiro - Angamoquitiro - Conguripo - Panindicuaro - Aguanato - Epexa - Numaran.
Valle de la Pesquería Grande (hoy Villa de García).
Amozoc - Coatincha - Totomehuacan
Se agregó.
Tomatlan • Chamela - Mazatlan • Navidad.
San Juan del Río • Tolimán (y 17
pueblos más) .
(Arambcrri) - Milpillas - Molino - El
Varal - Tepozanes - Santa Rosa.
V allecillo - Lampazos - Camarón Huizachito - Hormigas - San Antonio.
Marin - Abasolo - Hidalgo - 'Mina
Higueras - El Carmen • Zuazua.
Pinos.
Se agregó a Ce.laya.
Ciénega - Adjunta - Los Pozos - Mamulique • Refugio • Canelo.
Parras - Patos ( todo el sur del actual
Estado).
(Se agregó a Celaya) (linda con Celaya y Apaseo) .
(Hidalgo) - Encinas • San Nicolás.
Con capitán en eJ Presidio - Misiones:
Cuevas - Lope de Hierro - Santa Bárbara - Las Bocas - Reales de Minas de
Santa Bárbara y El Oro.

(Se agregó a San Miguel) (Dolores se
erigió en pueblo).
Tlatlauquitepec - Zacapoaxtla - Chichiquila • Quimixtla • Hueyapan
Yaonahuac. Tenextlatiloyan - Huezcaleca - Ixtac - Maztitlan - Xonacatlan •
Elotepeque • Xuchitlan - Cuyoaco Zantla • Xocbitlan - Nauzontla - Quetzalan ~ Yancuitlalpan - Teteles - Tepeyahualco • Chilchota - Paplanala.

Alcaldla Mayor

Estado

Pueblos principali

San Juan Teotihuacán

México

San Luis de la Paz

Guanajuato

San Luis Potosí

S. L. Potosí

San Mateo del Pilón

Nuevo León

San Miguel de Aguayo
San Miguel el Grande

uevo León
Guanajuato

San Pedro de Boca
de Leones
San Sebaslián
(Real de)
Santa Catarina

Nuevo León

Theotalco • Tem.ascalapa -1
Tepexpan - (linda con E
Texcoco).
Reales de los Pozos • Palmar
Targea - Sao Juan Bautista t...- 1.ucnu
( se agregó) San Francisco de los
Amucs de Xichú - Santo Tomás - Tierra Blanca - (lindaba al S. E. con Cadereita. Al W. con San Miguel el
Grande. Por el N. con San Luis Potosí y por el S. con Querétaro) .
Santa María dd R1o - Río Verde
Valle de San Francisco • San Pedro
Armadillo.
Valle de la Mota - (Rayones) (Montcmorelos) - El Castillo - Providencia - Cartagena.
(Bustamante) - Huizache - Ranchlto.
San Felipe (se le agregó-) - Dolores
Atotonilco.
(Villaldama) - Santa Fe - Casita •
Santa Rosalía - San José - Escondida.

Jalisco
Nuevo Lf'ÓU

Santiago de los Caballeros

Sinaloa, Sonora
Chihuahua

Sayula

Jalisco

Sentipac

Nayarit

(3 leguas al Oeste de Monterrey)
Rinconada - Torreo - Placeres - Tanque.
Misiones de Chinipas • Zerocabuy
Morís - Yecora - Guai;apares - Tubores - Sinaloa - Bacuberito - Tebeco Navojoa • Mozo y otros más.
Uxmaxaque - Amacueca - San Luis Apango - Tepec - Tapalpa - Talapa
Teoeuytlan - Xalpa - Atlato - Zacualco • Cuaycapan - San Marcos - Chapala - Jocotepec • Cbichilixpan - Teotepec - Techalutla - Zacualco - San
Antonio - Tizapan - Atotonilco - Acatlan (Juárez) V. Corona - Atcmaxaque - Atoyaque - Cocula - San Martin - Santa Cruz - Axixique - Cozatla
San Cristóbal - Tcncuitatlan - Tuxcueea - Tecolotlan - Atengo - Tenamaxtlan.
Mezca - Axcatlan - Santiago - Zapotlan - Ixcuintla - San Sebastián - Oxal-

471

�Alcaldía Mayor

Estado

Sierra de Pinos,
San Matías de

Za catecas
Jalisco
S. L. Potosi

Sinaloa

Sinaloa
Sonora

Soconusco

Chiapas

Sombrerete (o Llerena)

Zacatecas

Sonora
(Ver: Ostímuri)
(Provincia)

472

Sonora

Pueblos principales
tepec - Axacala - Convento de San
Francisco.
Angeles - Ojo Caliente - Ojuelos - Ciénega de Mata - Haciendas de: Ballena
Pendencia - Santa Teresa - Espfritu
Santo - Santa Gertrudis - Santiago
San 'Martín - La Jaula - El Ga1linero
San icolás - Buenavista - Agostadero
Lobo - Marquillos - Salitre - Santa
Rita - Cerro Prieto - Santa Pita - Bucnavista - La Parada - Santa Gertrudis
La Sauceda - Gallinas - La Noris.
Tenía categoría de Provincia con gobernador - El Fuerte - Alamas - Real
de los Frailes - San Benito y varias
misiones.
El Reino o Subdelegación de Soconusco formaba parte de la alcald1a mayor de la Ciudad Real o de Chiapas y
tenla un alcalde ordinario o subdelegado.
La Noria - San Sebastián - Corrales
Santa Catarina - Atotonilco - Santa
Monica - Laborcita - Sain Alto - Torrecilla - Chacuaco - La Noria - Calabaza! - Calahona - Chalchihuitcs
Tonalá - Buenavista.
(Con capitanes) San Juan Bautista
Pitiqui - Presidio de Buenavista - Nacozari - Gila - Tepache - Moteporc
Coro de Guachi de Fronteras - Babispe - Real de la Soledad - Guevavi
Guisuani - Aguaje - Real de Aygame
San Francisco - Los Alamas - Batuco - San Cosme - U res - Babicora
Bayaconi - Aconchi - Guepaca - Banamichi - Cinoquipa - Arispe - Chinapa Bacoati - Basochucha - Real de S. Pedro - Los Angeles - Populo - Nasameri - Opode - Merisichi - Toape - Cucurpe - Los Dolores - Los Remedios - Real
de la Concepción - S. Hipólito - Real
de Bacanutchi - Real de Cananea Real de los Tepetates - Cocospera Timén - Sao Ignacio - Santa Magdalena - Tubutama - Puerto de Barboroco.

Alcaldta Mayor

Sultepec

Tabasco

Tacuba

Tala

Tancitaro

Tarahumara

Ta:xco

Estado

Pueblos principales

México

Temaxcaltepec - Capula - Huiztlán
San Pedro Almoloya - Totcolmaloya
Amatepcc - Temascaltepcc - Hueztahualco - Tccaltitlan - Clacoyac - San
Pedro Almoloya - Amaltepcc - Coajusco
San Miguel - Tcquizampa - La Goleta Pozoltepec - San Simón de los Barreteros - Acamuchitlan - San Francisco
del Valle - Ahuacatlan - Ixtapac - San
Martín y Santa Cruz - San Lucas - Otzoloapan - Atezcapa - Texupilco - San
Miguel Ixtapa - Santiago - Arizmendi
San Andrés - Acutitlan.
Tabasco
Perteneció en un principio a la Capitanía General de Yucatán que tenía
las alcald1as ordinarias de Mérida,
Campeche Valladolid Salamanca de
Bacalar y Tabasco. Había entonces en
Tabasco un alcalde ordinario. Al separarse de Yucatán se convirtió en
Alcaldía 'Mayor y la residencia del alcalde mayor estaba en Tacotalpa. En
l 785 se erigió un Gobierno y desde esta frcha se nombró un gobernador.
Distrito Federal Atzcapotzalco - Huizquilucan - Sao
Bartola Naucalpan - Tcnayuca - Tlalnepantla - Tultitlan - Tepetlacalco San Jerónimo - Coatepec - San Pablo
Salinas.
Jalisco
Teuchitlan - Ameca - Aguisculco - Colula - San Nicolás - Cabezón - Jocotáo Ocotán - Nextipac.
Michoacán
Thomatlan - Acahuato - Parácuaro San Juan de los Plátanos - Amatlán Xalpa - Pinzándaro - Tcpalcatepec
Tetlama - Se agregó después: Motines y Sinagua y La Huacana.
Chihuahua
San Phelipe de Chihuahua . Santa
Eulalia - Nombre de Dios - Cosihuirachic - Santa Ana - Chubizca - San
Andrés - Concepción - Santa Cruz
San Borja - San Agustín - Pasayochi Tomosochic - Matachiqui - Theoloac.hi - Tomichi - Tacuta - Cocomeracbi.
Guerrero
Azozalco • Talistac . Trucco Viejo
Coxcatlan - Coatlan - Tcxtipac.

473

�Alcaldia Mayor

Estado

Tecali

Puebla

Tcccútlan
Tecocuilco hoy
Tcococuilco

O:ucaca

Tehuaw

Puebla

Tchuantcpcc

Oaxaca

Tenango dd Valle

México

Teocaltiche

Jalisco

Tcotako

Puebla

Teozacualco

Oaxaca

Prublos print:ipalts

Toxtcpcc - San Buenaventura - San
Luis - San Jerónimo - San Pedro Apatla - Santísima Trinidad - Aguatepcc
San Miguel - Tzitlacacoya - Huizcololla - Toxtep&lt;"que • Huichitepequc
Tepcya}1ualco - San Bartolomé - Aloynt::mpan - Santa Is.1bel - San Lorenzo - San fartln Mixtla - San Martín San Bartolomé - Santa Clara• San Sal,.idor - Santa Isabcl - San Francisco Mina de Tccali.
(Ver Paso y Troncoso Vol. V).
San Juan Atepec - San Juan Analco
(se agrcg6 a TeozaC'ualco mediando
Peñolcs y Zimatlan) - Santiago - Zucuyapa - Yoloxinisquilla - Macuitianguisco.
Zoquitlan - Coyomeapa - Coapa - Chilac - Coxcatla - Eloxuchitlan - Acatepee - Miahuatlan - (linda al . con
Córdoba y Orizaba, al E. con Teutillan del Camino al O. y S. con Tcpcaca) - San Lorenzo - Coscatlan • Altcpexi - Tititlan • Tla.xoxcalco - Axalpan • · Uahuatlan • Sinancarepcc - Cojomeapan • Quautla - Xocotla - Tlacotepec • Zapotitlan - Atzingo - Teloxco
Caltcpequc • Santos Reyes - Coatepequc - Acatepec - Acatitlan.
San Antonio de la Sal - Asumba • Tepango - Chapulco - Zoquitfan - Xillama - Alcomonca - Axayahualolco
Mazatcopan.
(Linda con Chiapas) - Tanapatepec
Chimalapa - Tequimtlan • Guichicovi • Patapa - San Mateo dd Mar - San
Francisco del Mar.
Allatlauca - Xuchiapa - Ziletcc - (lin•
da con Mctcpec Malinalco - Tt'mas•
caltepec y Zultepec) - Zapoyutla.
Tecaltitbn y Ajojucan • Guadalupe
Mechoacanejo - Huejotitlan.
Miltcpec - San Pedro • Xolalpan •
Tcutla.
Teozomulco - Amoltepec - Tezontr•
pee • lxtalutla.

474

Alcaldía Mayor

Estado

Teotitlan del Valle

Oaxaca

Tcpatitlan

Jalisco

Tcpeaca

Puebla

Trpexi de la Sl'da

Puebla

Pueblos principalts

Tlacolula - Mitla • Albarradas - /lindaba con Tehuantcpcc) - Santo Domingo • ZapotitJan - San Lorenzo
San Juan - San Luis - Santa Ana
Quiatoni - Santa Ana del Valle - San
Miguel • Santa Catarina - Matatlan Santo Tomás • Macuil:ruchil - Xilotepcc - Huizitlaltepec - San Francisco Guclavia.
Acatic • Tecualtitlan • Tonacty - San
Joseph • San Miguel el Alto - Mezquitic • Zapotlan - Santa Fe - Ascatlan.
Tccamachalco - Cachulac • Tlacotepee - Todos Santos - San Marcos
Acatlan • San Luis - San Andrés • Ostoticpac • S~t.:i Maria - Santiago Tenango - Soyapetlahucan • San Mateo Val~quillo - Sacaola - Coattpeque San Gabriel • Acacingo - Actipan San Sim6n • Chakhicomula - Huizcolotla - Quecbolan • Nopaluca - Palmar • Santa Isabel • Purificaci6n • Alscseca - Tlaixpa - Ostotipac - San HJpólito • Tlacotepcc - Cacaloapan - San
Sebastián - Aljojuca • Temalacayucan
San Salvador el Seco • San lúpólito Santa Margarita - Tesayucan - Tlacomula • Acaxetc - Tlacomilco - Acatzingo con 67 aldras • Igualtepec • XaJ.
tepec r Istapa - Quaonopalan • San
Andrb Chakhicomula - Tcchachalco Azizintla - Aljojuca • Soltepec • No•
palucan - Xaltetclolco - Tepatlasco Tetela - Ncnetzintla - Tlaxco - Ocotitlan • Tepulco - Magdalena - San
Agustín - San Sebastián - San Jer6nimo • Acazingo - Cozaqui - Los Reyes • San icolás - Santa Catarina San Miguel - Qucchula • Santiago San Bartolomé.
lxaquistla - Ahuatempan - Atexcal •
Coyotrpec - Cuayuca - Chímccatitlan
Huautlatlauca - Zacapala - Tlatlauquitepec • Xuchitepeque - Aguatempan - Quitlaxcoltcpcc - Quautempan •
Soyamayalco - btacuistla - Atexcal -

475

�Alcaldía Mayor

Tepic

Tepozcolula y Yanhuitlan
(Ver: Tilantongo)

Estado

Nayarit

Oaxaca

Tequepexpa (Santa María)

Nayarit

Tequila
Tetela del Volcán
Tetela y Xonotla

Jalisco
Morelos
Puebla

Tetcpango

Hidalgo

TeutiJa (San Pedro}

Oaxaca

Texas
( Pr~vincia}

Texas

476

Pueblos principales

Magdalena - Tonahuistla - NopaJa Santo Tomás - San Nicolás • San Lucas • Tcnayuca - Molcaxoque - San
Andrés • San José - San Luis - Huitziltepec - Quatetelco - Asolotepcc Yanhuitlapan - Tlachichilco . Ahuehuctlan.
Xalisco - Guayanamota • Xaltocan
Simochoqui • Mecatlan • Guarislempa
Zapotlan - Tepchuacan - Caztlan •
Pochotitlan - Texuitoxco - Atemba.
Texupa - Ocotepec • Chilapa - Tlaxiaco - Guautla - Atoyaquc - San Juan
Tlaltepcc • Pueda - Chicahuaztla •
Cuicuila - Ahiautla - Yolotepec - Atoyoquilla • Atlatlauca - Monte León Chacaltongo • Tecaltitlan • Copala Yunduza - Maninaltepec • Tulancingo - Peñasco - Tamazulapa • Xipacoya - Tonacatcpec - Xaltcpctongo
Apuala.
Comatlan - Santa María - San Pedro
de la Lagunilla • Tepotlan - San Luis.
Amatitlan - Cucambaro.
Hueyapan - Metepec - Xuchicalco.
Totooalapa (Hda.) • Tetela del Oro
(Totonacos} (30 leguas al norte de
México) - San Martín • San Francisco Ayotusco • Santiago Ecotlan - San
Andrés - Los Reyes - Cuautempan
Hueytentan - Huitzilan - Tenanpu.lco lztulco • Tuzamapan - Xochiapulco Tetelilla - Zapotitlan • Zongozotla •
Zoquiapan.
Huipuxtla • Atotonilco - Atitalaquia Apasco • Mizquiahuala - Jalpanaloya Tlaxco - Tlamaco - {Anteriormente
fueron 3 alcaldías mayores) .
Ixcatlan - Tenango - Quetzalapan Xalapa - Tlacomaltepec - Tlaquazin•
tepec - Zoyaltepec - Ayautla • Guaxospan - Tecoutla - Oxitlan • Tepetotuda - Chlnautla.
Con gobernador en el Persidio de San
Antonio de Béjar - Presidios: de Nues-

Alcaldía Mayo,

Estado

Tcxcoco

México y
Tlaxcala

Texiutlan

Puebla

Tilantongo
Tingüindin

Oaxaca
Michoacán

Tixtla de Acapulco

Guerrero

Tlacotalapan
Tlalpujahua

Michoacán

Tlapa

Guerrero

Pueblos principales
tra Señora de los Dolores - Adaes
Bahla del Espíritu Santo.
Tulantongo • Tezucuca - Chiautla Guaula • Oalpulalpao • Acolman •
Atengo - Tezontla • Ixtlahuacan Cuanali - Tepetlaostoc - Tlaílotlacan Papalotla - San Luis Huejutla • Coatlinchan - Nexquipayac - Purificación.
Chlnautla - Atempa • Atoluca - Zimpaco (y 12 pueblos más•. Xiutctelco Acatcno - Mexcalcuautla - Atolucan San Sebastián.
(Se agregó a Nochistlan)
(Se agregó a Xiquilpan) - Guascuaro Tocumbo - Laguneta • Ayumba • Cotipa • Magdalena - Tacázcuaro - Atapa - Ziquicho • Camata.
Atliacan - Apanco - Hostolipan - Ozomatlán - Tequiziapan - Oapan • Huacazingo - Tetelzingo - Huiziltepeque
Zumpango - Chilpancingo • Pctaquillas
Nochltlan.
Atlicintla • Catemaco.
Ucareo - Zinapécuaró - Taimeo • Otzumatlan.
Tutotcpec - Olinalá - Tenango Ahuatepec - Zaqualpa - Tlalapa
Coautlaco • Cualaque • Cuauzingo Tema.lazingo • Huautzotla - Tlapa Ahuezitla - Ocotitlan - Amatinchan Tcpetlazingo - Petlazingo - Acuilpa Ayozinapa - Tlacuiltepec - Atlistac Atlamajazingo - Tlaquizalapa - Cuautolotitlan - Tcxocotla - Cuapala - Quiziapa - Zapotitlan - Acantepec - Huyzapula • Teocucalpa - Tuycatenango Clalquilungo - Ostozingo - Ocotcquila - Capamatoyaque - Pactlichan • Potichan • Chanapa - Tenamazapa - Tezistac - Totomisl.ahuaca - Pazcala •
Tlaxatixtlahuaca • S. Luis de la Costa Zoyacatlan • Ahuacazalco - Alrovi Quanaxtitlan - Xalpatlahuaca - Zoyatlan - Tequixtlahuaca - Coapa - Quauzoquitengo - Alaclatzala - Malinaltepec - Tlacotla - Zacotipa - Cuyacla-

477

�Alcaldla Mayor

Tia.xcala
(con gobernador)
Tiaxcala
Tla,comulco

TlazacaJca (La Piedad)

Estado

Tlaxcala
N u,·,·o Le6n
Jalisco

Michoacán

TocbimiJco

Puebla

Toluca

México

Tomatlan

Jalisco

Tonalá

Jalisco

Totomehuacán

478

Puebla

Prubfos principal,s
zala • Atlamaxaczingo - Huehuttepeque • Zitlaltepcque - Xalaza.la - Ancnccuilco • Zilacototi tlan - San Miguel Cochoapa - Alpoyecuingo . Cuauripac • Anchiapa • Quczuapa - Qua,·ilotlazala - Metlatono - Tlapa • Zapotlahuaca - Alcoz:iuca - Chimalt&lt;'pcc Auompa - Totomochoapa - Atlamoxique - Xonacatlan - Amapilcan • Cuiztlahuaca • Tolimpcntlalo~·a • bcatcpan • AJpoyeca • Ayeticpac - TlaquizaJa - Tlaquiltep e - Huamostitlan •
Huehuetlan • Xochihuehuetlan - Xilotepec - Xocotla - Tcpetlapa . Xihuitlipa - C:unitlipc.
Xonotla • Tetela • Huamantla - Santa Cruz - San Felípc.
(Gu.adalupt') • Enea.marión
Cocotepec • Zacualco - Cocula - Tizapan • Santa Ana - Santa Cruz - Ato•
tonilco • Cuyutlan - Cuescomatitlan Cajititlan - Atlixtac • Juchitlan.
Yurécuaro ( y seis pueblos más) - Pcnjanullo • La Piedad - Tanhuato
(Tanhuen~ato) • Ecuandureo - Atacheo - Chilchota.
San , ligue! - San iartín - San Antonio Alpanoca - (lindaba con Tctcla) •
Huilango - Santa Cruz - Toltzinco
Teu7.anilpa - Quautomatitlan - Zaratempa • Yoncuictlalpa • Tcpanapa
Huilotcpec • Colozingo.
Ostotitlan - Cacamoloatlnn • Tccaxic San Buenaventura - Santa Ana - San
Juan - San Jerónimo• San Bartolomé San Francisco • San Pablo (17 pueblo)
(Ver: Purificación).
San Pedro (loza) - Toluquilla - San
Martin ( 4 leguas Al este de Guadalajara) • Tuteposco • Tlaqucpocue. Tcpcchi • Tcqutpexpan.
Santo Tomás • Xacahimalco - TeteJa •
Atotoniko • Tccola - Azumiatla • Batan • Chapulco - Coatepec - Tlalcosepa.

Alealdfo Mayor

Estado

Pu1blo1 principal6s

Tula

Hidalgo

Tulancingo

Hidalgo

Tuxcacucico

Jalisro

Michlmaloya • Tepexi del Río- Tepetitlan - • 'extlalpan - Axuchitlan - Iztlalpa - Tultcngo • Xicapatla.
Atotonilco • Tutotcpec • Zinguilucan •
Tcnango • Guacazaloya • Acatlan Acaz1,1chitlan.
Tcusontla - Tonara • Tenango • Soya.capan.

Tututepec
Tuxtla

Oaxaca
Chiapas

Tuxtla y Cotaxtla

Veranuz

Valladolid

Michoacán

\'allc d'" las Salinas

S estableció en 1771, en esta forma
se dividió en dos parte, la Provincia
de Chiapas. La mitad norte pasó entonces a formar la AlcaJdia Mayor
de Tuxtla (hoy Tuxtla Gutifui:cz).
San Andrés - Cotaxtla - Rinconada •
Ixcalpan.
Tarámbaro - Zacapu • Cbiquimitio •
Santa María • Jesús del Monte • San
Miguel • Santiago del Pueme.

'uevo Le6n

(Ver: Salinas)
\'aJlt." de Santiago
Valle de Santiago Hunjuco

Guanajuato
ucvo León

Valle Pesquería Grande
Valles

Nurvo León
S. L. Potosi

Vera.cruz

\'eracruz

AJvarado - Mcdellin • Tiacotalpan.
Se agrcg6 de!pués - (lindaba con Xalapa).

Villa Alta

Oaxaca

Temascalapa - Ya.zona - Betaza • Yalalny • Tagüis • Yahahuy - Yctzincubi
RuaJlaga - Yaba., • San Francisco de
los Cajones - TiJtcpec • Jayacatep&lt;-c •
Jareta - Mctepec - Torontcpec - ?.foctun - Amatepcc - Tepitongo • Tonagui • Tlahuitoltcpcc - Chichicatepec •

Sr agrr1ró a Cclaya.
Guajuquito • El Alamo - San Juan •
Cañón • Potrrro • San Pedro.
Guadalupe · San Andr~s - Carrizalejo.
Tamuin - Tancuayalab - Tampamolón • Tanquiin - S. Martín - Chalchiruautla • Chapulhuacan - Mccatlan TamazunchaJe - Xilitla - Matlapa .
Aquismon - Tamapache - Tanchochin •
Tamul • Tanlacú - Guayabos - La Palma - Alnquincs • VaUc del Mafa •
Tanguanchin - Chama! - Tan1axas Huchuctlan - Coxcatlan • Chalco Tancanchuitz • San Antonio Tamanetzen.

479

�Alcaldía Mayor

Bstodo

Pueblos principolu

Mexistlan - Yacochi - Huitcpec - Ocot.cpec - Lala - Comahepec - Lacbixoba
Yahuybe - ZapiJoza • Jaltepcc - Puzmecatan - Otzolotepec - Chisme - Candado - Cozocozonque - Atitlan · Alotepec - Ayacatepec - Sacatcpec - Metaltepec - Ayutla - Tuxtepec - Tempantlale - Tamazulapa - San Pedro
San Migud - Santo Domingo - San
Pablo - San Mateo - Sochlla - Jopa Yahu)'O - Yeloxi - Yazeche - Sogocho Zazache - El Bajo - Tabegua - Juchitepec • Taboa - Yojobil - Solaga • Yucchi - Yace • Lachichina - Yagayo Yaviche - Tanche - Juquila - Yatao CacaJotepec - Lopa - Hoya - Yatloni Talea - Yogabila - Tapanzacucco - Yaneri - YajiUa - Teotalco - Xofaa - Tiltrpec - Chixila - Xalagasi - Yobego Yaxoni - Reagui - Comatlan - Yetzclala - Tcotalzingo - Nobani - Petlapa •
Tocabda - Tipinapa - Xocotepcc Lalama - Lattani - Maninaltcpec Jalahuy - Suchiapa - Chuapa.
Xala

Xruapa

ayarit

X'amulco - Zuatlan - Ixtlan - Aguacatlan - Mezpa - Tititlan - Ixtlan - Tequepcxpan.

Vcracruz

Perote - Xalcomuko - Amazapan Coatepcc - Xochimalco - Cenquantla •
Ixahuacan - Ayahualulco - Tlacolula Chiconquiac - Chapultepec - Coaucazintla - Pazlepec - Tonayan - Yecuatla - Xilotepec - Chllchoyaque - Tlalnchualoyan - San Miguel del Soldado · San Salvador • Las Vigas Tlatalila • Xalazingo - Atzalan - Altotonga Tlapacoyan - Mfahuatlan - Noalingo
Tepetlan - Xaltomulco - Actopan Atexcac - 'Maxtlatla • Colipa - Acatlan • Xilotcpec - Tlacolula • Almolonga - Ixhuacan - Xichochimalco.

Xamiltepcc

Oaxaca

Xercz

Zacatecaa

480

Valparaíso • Gutiérrez del Aguila (lindaba con Nayarit) - Susticatán - Mon•
te de Escobedo - Tesorero - Organos

.A.lcaldla Mayor

Estado

Xicayan

Ouaca

Xilotepec

México

XiquiJpan

Michoacán

Xichú

Guanajuato

Xochicoatlan

Hidalgo

Xochimilco

Distrito Federal

Xolapan y San Sebastián
Yahualica
Yanhuitlan
(Se agregó a Tepozcolula)

Jalisco
Hidalgo
Oaxaca

Yucatán ( Se convirtió en

Yucatán

Pueblos principa/u
Huejuqwlla - Víboras - Buenavista
Santa Fe • Susticacan.
Xamiltepec - Guajolotitlan • Tututepec ( se agregó) - Pinotepa - Xacoa Sfouyu - Nutio - San Cristóbal - San•
ta María. - San Lorenzo - San Agustín - Pinotepa del Re&gt;• - Xicaltepec Poputla - Tlacama - Atoyaque • San
Juan Santiago - X'icarán • S. Joseph •
Ixcapa - Tulistlaocan - Amu-zsos - Cacahuatepcc - Icapaca - Zultcpec • Zacatept'C • Grotes - Coahuitlan - (Chatino) - Cortijos - Jocotepec - Santa
Cruz - Santa Ana - Tlaltepec - Tepestlahuaca - Juquila - Olintepec - Xalotepec - San Luis - Ixcantcpec - Amiltepcc - Lazao - Palanizuela - Jxtapa Xuchatcngo.
Cambay - Chapa de Mota - Chapantongo (y dos pueblos más) Zonaylquilpan.
San Juan Periban - Charapa • San Angel - Tarequato - Patamba • Ocumi•
cho - San Joseph • San Gabriel - Siquicho - Tingüindin - Atapan - San Francisco Pcriban - Pamatacuaro - Santos
Reyes.
(Se agregó con Palmar de Vega a San
Luis de la Paz) .
Acomulco - Ahuacatlan - Quautlarnaya • Atempa - (y cuatro pueblos
más) Chilchayotla • Xacalco - Rexmatlan - Talnalic - Pauchutla - Tuzancoa • Papaxtla - Mazahuacan.
Amilpa • San Pedro Actopan - (Lindaba aJ Poniente con Coyoacán y la
Laguna al Norte, al Este con Chalco
y al Sur con tierra caliente).
Xolalpan.
Huazalingo - Huautla - Coapa.
Yxtatepec - Topiltepec - TiUo - Cuixtlahuaca - Tonaltepec - Apuala - Zoyaltepcc - Coyotepec - Tequizistcpec Ch.icahuaatepec.
De Alcaldla Mayor se convirtió en
Capitanía General en 1565 con a.sien-

481
lI31

�.Alcaldía Mayor

E11ado

Gobi rno y Capitanía
General)

Yuririapúndaro

Cuanajuato

Zacatecas

Zacateca,

Zacatlán

Puebla

Pueblos pri11cipalts
to en ~férida para ti capitán gt'neral.
Había alcaldes ordinarios en Campeche, en \'alladolid, Salamanca de Bacalar y Tabasco que de pués se segreg6.
. foroleón - Uriangato. (Se agregó a
Celara).
antuario de Guadalupe.
:\qui tia - Ahuacatlan - .\matlan • Zapotitlnn • TeutaJpan - Olintla • Pat.la •
Xolapa - Chilaque • Tlaobr Chinconlla • Xochimilco • Trpcíxco • Tenango • Chignaguapan • Omitlan • Tt·
perzintla • Zoquitlaxc:o • Chicuascntt••
pctl • Tloquilpan • Tomolixco •
Ahuacntlan - Mc:squishuapan • Xiloxochitlan - Tlacotepec • Tonalan ·
Tlayobualtzingo • Tt'pango • Amixtlan • Quautotol - Tcopatlan • CoY3)1tngo - Tujupango • Camocuautla •
Xochiatzingo • Tapayula - Quautrpec - Zapotitlan - Zongozotla - Huit1jla • • •anac:atlan.
Tuxtla • Atlcqui1.oyan • Ozelonncaxtla • Caxhuacan • Hueir.lalpan • Nexquititlan - Ixtepcque • Zitlala Cbipahuatlan • Olintla • Hu.-huctla Xopala . Chicont.la • Putla - Tlaotontongo.

Zacatula

Guerrero

Coyuca - Tecpan • Maxaltepec o
Atoyaque.

Zacualpan

Guerrero

Teloloapan - Coatepec · Zicapuzako
Ixcatcopan - Oztuma - Alahuiztlan •
Marinaltenango - San Juan Qu tzala
Acapt"tlahuaya • Totoltepcc • Tona·
tico • Ixtapa - Santiago.

Zamora-Xacona

Zapopan

482

Michoacán

Jalisco

Tangancícuaro - Ario de Santa Mónica • 2. nguyo • La Palma • Coxumatlnn - Guarachira • Sin1tUyo - Comu:uo • an Pedro - Santiago • Xo- ,
ripo • Parantiro - Tia.:azalca • Chilchotla..
(Zapopan) . San Esteban • Cedazos
Ocotlan - Tesistlan • Ixcatan - Atemajac - Tcpetitlan · A7.tlan • Copala.

Alcaldia M nyor

Estado

Zapotlan y Tuxpan
(Cd. Guzmán)

• fic.hoarán
Jalisco

Zempoala

Hidalgo

Zimapan
Zimatlan

Hidal o
Oaxaca

Zítácuaro
Zumpango de la Lnguna

• fic.hoacán
México

PROVI

Pu,blos principa/n
Zapoltiltíc • Mn.somitla - To.mazula •
El Tit;re • !enguaro • (Lindaba con
Tuzcncu o y Colima) • Quitupan •
Ma=itla - Jilotlpn • Zapotitlan •
Tonila • Píhuano • Copala • Toliman
Trntan - Tosinique - bpoporotle • Trtexpani - Xoquilpa.
Trzahuapa • Za ualpa - Epazoruca •
Tlaqu:lpa - Talistac.
Minas: Loro d l Toro.
hic.hicapa - Thcquila o Rio Hondo
Loo ha • Tetip, r. • Coz:iut pee • Te¡,czin.ntlan - Magdakna - Atzozola.
Jungapeo - Cóporo - Púcuaro.
Citlaltl'pec • Xaltengo - Xaltocan •
Tilonzingo • Tcquixquiac.

e I.

Alta California, con gobc:-mador.
California. con un capitán en el Presidio de Lor to.
Coahuila o 'ue\'a Extrcmadura, con gobernador en 1fonclo\·a.
Copala, con alcalde ma&gt;·or el N.O. de hamatla, la cabecera taba en
an ·bastián.
Culiacán, tenía 30 leguas de N. a S.
Chametla o Rosarioi con alcalde mayor, pi incipíaba en el río de la Cañas.
Chiapas, pertenecía al Reino de Guatemala. s han apuntado en la lista
dos alcaldías mayores &gt;º la subdelegación de . oconusco.
Chihuahua Nueva Vizcaya.
Durango.
Maloyai con alcalde mayor, estaba al Oriente del río Ro ario, tenía 4
pul!blos.
ayarit o uc-vo Reino de Toledo tenía un Pre idio con do~ capitanes }'
once misiones de los jesuitas.
Ostimuri, con alcalde nia)·or.
Parral, con Reales y Misione .
Parras, con Presidios.
San Bartolomé, con Presidios y Misiones.
'inaloa, con gobernador en el Fuerte, tenía 22 leguas de N. a S. 10 Dis-

483

�BIBLIOGRAFIA

tritos en 1824: Fuerte, Sinaloa, Mocorito, Culiacán, Badariguato, Cosala,
San Ignacio, Mazatlán, Concordia y Rosario.
AllRrovr,

ombrerete o Llerena.
onora, con un capitán.
Tarahumara, con Reales y Misiones y el Presidio de Paso del Norte.
Tepeguana O ueva Vizcaya, con gobernador en Parral o en Durango Y
alcalde mayor en ombre de Dios.
Texas O Nueva Filipinas, con gobernador en San Antonio de Béxar Y tres
Presidios.

REINOS
Nuevo México tenia 30 pueblos, con gobernador.
·
d' e Leo'n , sus alcaldías ma)·ores aparecen ya en ·la lista,
uevo R emo
d Gpero
eran Santa Catcrina, Pesquería, Salinas, Sabinas, Cerralvo, Santiago , e uajuco, San Mateo del Pilón, Linares,_ San Antonio de Lo Llanos Y Río Blanco, Labradon.-s (lindaba con Mazaptl y Charcas)•

COLO

IAS

Nuevo Santander, con gobernador.

CAPITA

IAS GENERALE

DOMJNCO LÁ:tA.Ro, "Descripción de la Nu,va Galicia". Prologo de John nn
Honc rdición de Francois Chaolin. Sevilla, 1946.
AVALA, RAPAEL, DR. Mtrced otorgada al Capitán .Alonso dt Toi;ar Guzmdn, para la
fundaci&amp;n dt Cadertita en 1748. Editor, Vargas Rea. 1945.
BA11Low, R. H. Tbe 18th. Century. Rtlaciones Geográficas: A Bibliograpby En: ''Tialocan", Vol. l, ·o. 1, Sacramento, California, 1943. (Contiene una buena lista
alfabética. La mayoría de los original citados, se encuentran en la Biblioteca Nacional de 'Madrid; pero existen copias en el Musco acional de México).
Diccionario Univ,rsal de Historia y Gtografia. M. 01t.ozco y Br.llRA. y otros. 9 Vols.
M~xico, 1853-1856.

DfEz, DoauNco. El Estado, d, Mortlos y sus der,chos territoriales. México, 1932.
D0Mir-1our.z, Mtouu, Da. La ""ción d,l Estado dt Cut""º· Antecedentes históricos. Sl'cretaría de Educación Pública. México, 1949.
ESTEVA, CAVETANo, Pao,. Geografía histórica d,I &amp;todo d, Oaxaca. Ouaca, 1913.
GA1t.CÍA CUBAS, ANTONIO. Diccionnrio geográfico, hi.ftóric&lt;J )' biográfico de los Estados
Unidos Mtxicanos. 5 Vols. México, 1888. Antigua Imprenta de Munguía.
GAJ1.CÍA lCAZBALCETA. Rtlaci6n de Zacaltptc. 1580. Oaxaca. Varga! Rea. México, 1956.
Ht:RJU:RA, A:sTo. ·10 D!. Historia J!t:ntral de lor hechos dt los cost,llanos en las islas y
Tiara Firm, del Mor Ocía110. (Décadas). Madrid, 1726-1730.
Jná.Nz:z Mou11.o, W1c;B!RTO. Docurruntos r1lativos a Cvanaxuato. León Colonial. Editor. Varsa., Rea. Mé)Cico, 1945.
L6Pl!Z Dr. VELASco, JUAN. G,ografla '1 dtscripci6n universal de lat Indias ... 157 al
de 1574. Madrid, 1894.
GRAClDA, 'MANUKL v SEllRANO, CABlt.UU.. Coltcci&amp;n de cuadros sin&amp;ptieos
d, los pueblos, haciendas y ranchos d,l Estado Libre y Soberano de Oaxaca. Oa.uc.a,
1883.
MEAD!, ]oA~UÍN. El adelantado Francis,o de Caray. México, 1947.
-A.tlas hist&amp;rico de Mlxico. M.S.
MF.NDIZÁBAL, MrouEL OraÓN or.. La evoluci&amp;n del Noroest, de México. México, 1930.
J.foTA PADILLA, f. DB LA, Historia dt la conquista de Nuei;a Calicia. Gu.ndalajara.
1856 y l 924.
MAaTÍNEZ

MOTA

Yucatán el alcalde mayor se convirtió en 1565 en gobernador Y capitán
general co~ asiento en Mérida. Había alcaldes ordinarios en Campeche, Valladolid y en Salamanca.

PRESIDIOS INTERNOS

Janos.
Coro de Guachi.
San Felipe de Jesús de Guevavi.

484

Escoa.u,

ALONSO D!.

D,scripción gtogrdfica d11 los r1inos de Galicia, Vizcaya

y úón. México, 1930.

MuÑoz C.urAJtco, Dn:co. Hfrtoria de Tlaxcala. México, 1892 )' 19-HI.
Noticio; históricas sobre los pu,blos d, .Ajuchitlan, Coyuca, Cvl:amala., Coahuayulla,
Patallan, T,cpan, Atoyac. Editor, Vargas Rea, 1947.
O' GORMANN, E1&gt;MUNDO. Brtve historia de las di1•isiones territoriales. México, 1937.
ORozco y BuRA, MASUEL. Historia antigua y d, la conquista de Mlxi.co. México, 1880.
-llútoria d, la dominación española
Mlxico. Mbico, 1938.
- y otros. Diceionario Uniumal d, Hi.rt. y Geog. 7 Vols., y 3 Vol&amp;. de Apéndice. Méx.
1855. Impr. F. Escalantc.

,n

o y TRoscoso, FRA. ·rusco DBL. Pap,l,s d, Nueva España. Madrid, 1905. 7 Tomos.
2a. Serir.
-Epistolario de Nuevo España. M~xico, 1939-19-lO. 15 tomos.
- Papel,s d, Nv,i·a España. Manuscritos existentes n el Mu.seo acional.
PA

485

�-

Pnptles de Nueva España. 2a. Serie Gt&gt;ogTafía y Estadistica.
Papeles dr Nue1J11 España. 2a. Serir, tomo 9 y último. Villa de Xcrc1., Ciudad de
=-:ucstra Sciiora de Zacatccas. Editor, Vargas Rea. México, 19-18.
- Papeles de Nucua füpaña . 2n. Seri , tomo 9 y último, Provinci· d • los Togu1•s,
Provincia de Sinaloa, de~cubrimicnto de Topia. salida de Guadalaxara a la parte
srpt ntrional, \'illa de los Lagos, 2á. s:1lida de Guadalaxara para Zacatetas. Editor,
Vargas Rra. Mb.iro, 1948.
P.\ o ,. TRoscoso, Fa1&lt;se1sco
Memoria de los Corregirni,mtos de Nue,;a &amp;paña
en: Papeles de . Tucva España. Tomo II 2a. Scrir Varga Rea. México, 19 l4.
- Relaci6n de Culiacán . Pap k · de Xueva España. M.S. Vargas R,·a. México, 195·1.
- Relari611 d, Tlaxomulco y olros Pueblos. Pap lrs de 'ue\·a Españn M.S. Vargas
Rea. Mé.'l:iro, l 9j5.
- Rtln.á6n de Xilolepeque 1777. Papeles de 'ucva E.spaña, M.S. Vargas R1~a. México, 19+7.
- Relaciones dt Santa Cruz )' de Tetiquipa, Oaxaca. Papeles de Nueva España. Var•
gas Rl'a. México, 1955.
- Relaciones d, los pueblos de la Proz·incia de Am11/a. Am&lt;·ra. \'. R. 1:fx.ico, 1951.
- Relaci6n de la Villa despoblada del Esplritu Snnto y rtlnción de la Villa de San
Micrul. (Nueva G.1licia ). Y. R .• fé:ico, 195'.!.
-Tequilitlan. (Nuevn Galicia). Relación (Compostela). V. R. léxico, 1954.
- Relación dr Xilo1t/1tque Oax. 1777. V. R. Mé.xico, 195-l.

-:elCaci~nes Gdeo,g,áficas drl Siglo XVIII, Charo" pu,blo di! Santa María Magdale11a
t a Laguna. Editor \'ar-m,s R,.a M' .
R, I u,t.eo
.
'
.,.,..
. ' CXICO. ¡9•5
... •
.' an.ontt Gt:ográficas del Siglo XVIIJ. Purnándíro }' lirtcho Vargas Rea. ~t•
XJCO, 1945.
.
• C•
--:::.c;o;:;. Geográficas dd Siglo XVIII. Zapotalan )' Tegu,pes/¡an. Editor, Var
-

Relaci611 Geográfica_ dt:t Siglo XVIII. El Rosario. R,al de Minas del Stñor San
Pedro dt los Chalch1hu1leJ. Motiner d,l Oro. Editor, Var¡¡as Rea. 1945.
PA ..O y • •TRONCOSO
FRASOl~CO
Rt: I ac,'ó 11 Geográfica del SiKlo XVIJ l PI
· •
•
·
DEL,
manif1e~ta lo~ lugar&lt;'s y d , d
• an que
·\utl' \' . R.
&lt;'mas e que se compone y contiene esta fp]igrc~fa de
•
an , argas ea. 1945.
- R~lación
Ccográf ira dtl Siglo
XVIII • San J uan Baptisla
·
d e AmatlLn de Xo
.
.
Editor, Vargas Rea. 1945.
ª
ra.

º"·'-

PUGA. \',1,sco Dr.. Ctdulario dt 1518 a 1556. Mé.xico, 1878-1879.
Relación• de
lfua)'acocolln. j' deuripci6n dtl Arrobispado d e ,.•¡,.-.·neo.
·
Edición de Lui1
G,ama p¡ mentd. México. 1897.

Rel2nci6n ~e Hurjutla. Por CRISTÓBAL PÉREZ
a. errt'. Tomo \'I, Madrid, 1905.

V. R. • {éxico, 195-t.
- R,lación de Miol11rntlo11 )' su Pr.rtido 1609. (Oaxar:a). Y. R. Mr.·ico, 1952.
-- Gcnnal 'oticia d, todas las j1,risdirciones de uta Ncm:a España frutos )' obispados,
tributos )' tributarios 178-1. Editor Vargas Rea México, 19-17.
- Papeles dt Nutta Eipaña. Tomo Il. 2a. trie. Corregimientos de la • 'ueva España.
Editor Varga Rea. México, 1944.
- Papeles dr. Nueva Espa,ín. 2a. SPrir. 'fomo "VII. Suplt'menio. R&lt;"laciones Gcográ•
ficas de :\Hchoacán. Xiquilpa, Tcpic, Sl·ntipnc, Acaponeta, del Obispado de Mechoacán. Editor argas Rea. Mbko, 19-H.
- PapeleJ dt , 'uei·a E.tpaña . 2n. Serie. Tomo VII. Suplemento Rel. Gcog. de MichoaCª1l, Chorandiran-Tarecuato. Editor argas Rea. México, 19,;5,
- Pap,les d, Nuwa E.rpaña. Tomo IJ. 2a. Serfr. Rd. Gcog. de Michoacán Relación.
Editor Varga Rea. México, 1945. 2 Vols.
PAso v TRo. co o, Fiv.r-.c, co DF.L. Papeles dt Nueva España. Tomo 11. 2a. Serie.
Rcl. Gc-og. de Micboacán. Relación Memoria de los pueblos de la provincia de
Colima. Editor, Vargas Rea. íéxico, 1945.
- Paptles de ueva España. Tomo U. 2a. Seri . Rel. Gcog. de Michoacán. Memoria
de los pueblos de la provincia de Colima, Amula, Zapotlán. Editor, Vargas Rea. 1945.
- Papeles d, Nueva España. Rcl3.ci6n de Cclaya r su Partido. Año de 1570. 2a. Serie. Tomo VTI. Suplem('nto. Editor, Vnrgas Rea. México, 1945.

486

DE PUEBLA .

En: Papeles de Nueva Erpaña

Relación dt la Provincia dt M et:titlan tn J579. Por GABRIEL
Doc11mentos. Vol. 1-1, pág~. 530 a 555. Madrid, 1868.

PAso Y TRo. ·coso, FRANcrsco o~:L. R1lacionu dtl Si!!lo JYVIII rtlativas n Oaxnra.
Piastla. \'. R. México, 1950.
- Relncionu dtl Siglo XV/ll rtfotiva.r a Onxaca, Ocuapan 1• otros pueblos. V. R.
México, 1950.
-Rdacionrs dtl Siglo XVIII, rrlalivas a Oataca Chi11ameca. V. R. fhico, 1950.
- Rela&amp;i6n dt los Pueblos de Santiago /::tapa, Q.uilitlnn, Matlatiquipaqut. Sin focha.

35

·
DE

CeÁn:z En.
.
• Col. dt

Relaciont" manu5critas di\'trsas, ~xistcntcs en el Muse-o :,.; • al
Ifotoria.
• ac1on
de Antropología e
Relaciones di\'ersas que aparecen en: Papelrs de NuetJa F:spaña de F. DEL PAso Y
TRO!liCOSO.

'

JosÉ GUADALUPE , DR. Villa )' Rtal de Minar de Santa F: d
6
Editor \'ar~as R•a ,, •. ·
,
·
t
'
...
~ . ,ne. ICO, 19 'T 7 •
ROMERO, JosÉ GuAoA1,urr. 1 DR. Datos hist6ricos sobre tl Departamento d
.
e
\ arg3J5 Rt'a. Méxil'o, 1947.
ROMERO,

-

e

uanaxu11to.

etlllnaxuato.

Doc11me11to.r de Gunnajualo · Salamo,ua , Vatl•• d e san 1cago,
·
L e6n, Coman:ca, Pueblo.f dt:I Rincón dt: I.e6n. Vargas Rrn. México. 19-18.
Documtntor dr Gua11ajuato. Marfil, Sontann., Silao, frapuato Varg~• R ,3 ·u, ·
1948.
•
..., t · mc-XJCO.
- Doc11mentos dr G_ua.najunto. San Pedro, Pln:ramo, Cuituo, San Migt1el de .d.lltmdt
Varv;as Rr.a. ).fb.ico, 1948.
•

-

Documentos d, Guanajun.to. San Juan de fa Vega , Apasr o, Ch amacuero ,v C,/a,,a.
V
argas Rea. Mfxi&lt;'o, 1949.

S. P. E. P. Tejas o Nutvas Filipinas. 1799. Noticias por S. P. E. P. Va
R
Mé
·
¡9., 5
• rgaa ca. • •
XJCO,
-,. ,
TORRE~ DE MENDOZA,

Madrid, 1864-1884.

L. y otros. Colrcción de docr1me11tos inidiloi de Indio.r 42 V 1s
0
·
•

JosÉ ANTO!liiO. Th,atro .A11111ricnno, descripción it('neral dr
los Rcynos Y p1ovmc1as de la Nueva España y su9 jurisdicciones 2
¡ Mé ·

YrLLASP.ÑOR Y SÁ!liC~P.~ ,

1746-1 HR.

.

vo 5.

XICO,

487

�MANUSCIUTOS
Archivo General ele la Nación, M&amp;ico.

RAMOS
Alcaldes Mayores
Ayw;tamientoc
Historia
Intendenciu
Media Annata
Mercedes
Reales ~ulu Originalea
Reales adulu Duplicadol
Tierras

.

Vola. 1 a 11
Vob. 1 a 246
Vob. 1 a 565
Vola. 1 a 82
Vola. 1 a 206
Vola. 1 a 84
Vob. 1 a 254
Vola. 1 a 182
Vola. l a S,693

INTERESANTE MANUSCRITO DE LA VILLA DE SOTUTA,
YUCATAN, RELACIO ADO CO EL PINTORESCO CURA PARD!O
Lic. R.ooouo Ruz MENÉNDEZ
Universidad de Yucatú

Paa DI\IEJlSAS CIRCUNSTANCIAS, que serla prolijo relatar, ha venido a parar a
nuestras manos, salvándose de la destrucción, un interesantísimo manuscrito
constante de 77 fojas, de 22 centúnetros de alto por 16 de ancho, en excelente
J&gt;11pel de arroz y un poco maltratado por el comején y por la humedad, que
fuera uno de los libros de Actas de Matrimonio de la Iglesia Parroquial de
Sotuta (Yucatán).
El referido Libro de Actas, que se inicia en una fecha correspondiente al
mes de mayo de 1823 y termina en otra correspondiente al mes de abril del
año de 1846, contiene un promedio de 600 notas sobre matrimonios, siendo
cada una de ellas más o menos como la que a continuacióo se reproduce,
respetando la ortografia original: "Lunes 13 de diciembre de 1830. Se casaron
y helaron en esta Santa Iglesia Parroquial Juan Pablo Balam natural de
Sotuta, hijo de Dn. Juan Pfo y de Doña Maria Juliana Ceh, con Juana Tomua Canché, hija de don Tiburcio y de doña Anizeta Canché. Se amonestaron para el día 5, 8, y 12 de diciembre. Testigos: Pablo Hau, Ambrosio
Hau, y Roque Jacinto Cocom. El señor Presbttero don Miguel Pasos".
Del examen de las diversas notas mencionadas aparece que, la mayoría de
los matrimonios celebrados entre 1823 y 1842, en la Iglesia Parroquial de
Sotuta, lo fueron por e) señor Presbftero don Apolinar Vallanueva y L6pez,
nacido en la localidad de Sacalaca, Yucatán, en el año de 1790 y muerto en
Sotuta el 23 de agosto de 1843. (Datos biográficos tomadoe del Archivo de la
Secretarla de la Mitra Yucatanense}.
En el lapso de 23 años que abarca el documento que nos ocupa, aparecen
también, como oficiantes de los matrimonios, los presbiteros don José Maria
Espinosa, don Juan de la Cruz Monforte, don Manuel de la Trinidad Mendoza, don Benito Esquive!, don Miguel Pasos (Coadjutor de la Parroquia des-

489

�de enero de 1831), don José Ignacio López (Coadjutor desde septiembre de
1833) don José Leonardo Paz (Coadjutor desde diciembre de 1839), don
Marc:lino Paz (Coadjutor desde abril de 1841) y don José Antonio Monfortc,
cuyo nombre se cita por vez primera en enero de 1844 y, ya como Coadjutor,
desde abril del propio año, es decir, cuando iniciaba su larguísima carrera
sacerdotal, que duró más de 62 años, pues mm;ó en la ciudad de Mérida el
2 de mayo de 1904, después de haber prestado a Yucatán útiles servicios e~
los aciagos días de la Guerra de Castas y haber ejercido su ministerio en diversas parroquias del Estado. (Datos biográficos tomados de: Carlos R. Menéndez: 90 Años de Historia de Yucatán).
El Cura Párroco de otuta, el tristemente célebre don Manuel José Pardío,
es mencionado únicamente como oficiante de 4 matrimonios celebrados: uno
el 21 de septiembre de 1827, otros dos el miércoles 6 de febrero de 1828 y
el último el lunes 25 de febrero del propio año, lo que demuestra la poca
dedicación a su parroquia de este hábil e inescrupuloso político.

t

t

Como se recordará, el Cura Pardío nació en Mérida en el año de 1790 Y
fue expuesto a las puertas de don José Ignacio Pardío y de doña María Josefa
Escudero, que se hicieron cargo de él. (Ver en el Apéndice los datos del bautizo del Cura Pardío). Habiéndose educado en el Seminario de San 1ldefonso,
fue ordrnado Presbítero por el Obispo Estévez en el año de 1812 y, más tarde,
fue designado Cura Párroco de Sotuta.
A la llegada del nuevo Obispo de Yucatán, Dr. Dn. José María Gue~ra,
valiéndose de la señora Condesa de la Cortina, Pardío fue nombrado Provisor
y Vicario General, en noviembre de 1834.
En 1837 al tomar pos~sión del Gobierno del Estado, interinamente, don
Pedro Esc:dero de la Rocha, solicitó del Supremo Gobierno de la República
la postulación del Cura Pardío para Obispo Auxiliar de la Diócesis, todo ello
sin el consentimiento y sin el conocimiento del Obispo Guerra. El Papa Gregorio XV1 despachó las Bulas correspondientes, ignorando la verdadera situación, con lo que, hasta fines de 1840, el Obispo Guerra no vino a enterarse
de toda la trama.
El Arzobispo de México y el de Puebla se negaron a Cons,agrar al Cur~
Pardío sin una nueva declaración pontificia, razón por la cual este se traslado
a Car~cas en compañía de don Manuel Crescencio Rejón, qtúen acababa de
ser nombrado Plenipotenciario cerca de los gobiernos de las Repúblicas Suramericanas. Una vez allí, y sorprendiendo la buena fe del Arzobispo de Caracas,
Dr. Dn. Juan Ignacio Femando Peña, fue consagrado Obispo de Gennanicópolis el 25 de septiembre de 1842.
Vuelto a México el señor Pardío fue suspendido de pontificales por el Arzobispo Metropolitano, quien declaró clandestina e ilícita su consagración,
490

conforme a las instrucciones del Pontífice, por lo que no regresó nunca a su
Curato de Sotuta, ni volvió a pisar las playas de Yucatán aunque alguna vez
tuvo el proyecto de salir &lt;le México para La Habana y de allí trasladarse a
Bacalar, en la región oriental de la Península, con el ánimo de llegar a su
Curato, sin reconocer la ciudad de Mérida.
Se dice que cierto prominente personaje de. la Reforma había pensado en
Pardío para hacerlo jefe de una Iglesia Cismática Mexicana.
ruestro pintoresco cura falleció en la ciudad de México de manera repentina, el 20 de abril de 1861, en el interior de su carruaje (Ver: Carrillo
y Ancona: El Obispado de Yucatán, tomo II).
Sólo nos resta mencionar una curiosísima nota que se encuentra en el multicitado manuscrito, colocada ent1e dos apuntaciones matrimoniales, fechada, la primera, el 26 de diciembre de 1841 y, la segunda, el 24 de enero de
1842, y que a la letra dice: "Señor Juez de Letras del Partido de Yaxcabá
don Pascual Espejo: el indígena Mariano Aké, del pueblo de Sotuta, hace
saber que ha sido atropellado por el Juez de éste y no teniendo de quien valerse me ha dicho haga un escrito en contra".

El acta de bautizo de Manuel José Pardío aparece en el Libro de Actas de
españoles y mestizos, que se encuentra en el Archivo del Sagrario de la
Santa Iglesia Catedral de Mérida, en el libro 28, folio 36, año de 1790, interpolada entre las actas números 142 y 143, ambas fechadas el viernes 17 de
junio de 1790, correspondiente la primera al acta de Manuel Angulo y la
segunda a la de José Felipe Espinosa, hijo natural.
El tenor literal de la referida acta, que por primera vez aquí se publica
es el siguiente:
"Miércoles 8 de junio de 1790 recibió solemne y condicionalmente el Santo Bautizo en esta Santa Iglesia Catedral de San Ildefonso de esta ciudad
de San Bemabé de Mérida, provincia y Obispado de Yucatán, un niño blanco que fue expuesto el día 3 de dicho roes a las puertas de Dn. José Ignacio Pardío y Doña Ma. Josefa Escudero, fue Madrina Dña. Ma. Ignacia Escudero, el Pbro. Dn. José Ma. del Puerto con licencia del Párroco hizo este
Bautismo advirtiendo a la Mad1ina el parentesco espiritual y obligaciones gue
contrajo con el ahijado, impúsole el nombre de Manuel José, dióle por abo.
gado al señor San José y para que conste yo el Br. Dn. Antonio Cabero como
Teniente de Cura de dicha Iglesia y me hallé presente a todo y lo firmamos".
49\

�"Autorizado por S. S. l. el Obispo .Mi Sor. como consta de su decreto que
para en este .Archivo, y por fallecimiento del bautizante que se expresa en
esta partida".
"Francisco de Paula Vtllegas (firma). (Enero de 1807)".

BtBUOORAPÍA

Además de los libros citados en el texto, conviene consultar La Vida Pasional e Inquieta de Manuel Cresce11cio Rejón, del Lic. Carlos A. Echán~\"e
Trujillo, que hace referencia al viaje de Pardío a Caracas y a su sorpres1va
consagración como Obispo de Gennanic6polis .

.

LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
JosÉ ToRRE REVELLO
Buenos Aires Argentina

l. LA H1sToRIA TIENE, como fin primordial, la búsqueda de la verdad de los
hechos acaecidos en el pa! ado, tarea nada fácil qu requiere en quien la va
a ejecutar, cualidades morales superiores.
En busca de esa verdad, consagra el auténtico estudioso días y días sin medir las jornadas, pasando, en el transcuno de ellas, muchas horas de tortura.
Si la verdad, después de tantos afanes, e alcanzada -o tan sólo se vislumbra- queda compensado el esfuerzo con la tranquilidad espiritual que desciende sobre la mente del infatigable investigador.
Una bibliografía deficiente, cuando no tendenciosa, cerca al historiador
que se inicia, qui n debe marchar cauteloso entre tantos caminos divergentes que le agobian en su elección. Si no se carece de espíritu de sacrificio, las
dificultades redoblarán las energías, que además le darán fueT?a para enfrentarse contra la apatía de un ambiente muchas veces escéptico, creado
en parte por la perniciosa influencia ejercida por seudohistoriadores -muy
imaginativos, por c-ierto- que olvidan que el elemento vital de la historia
se encu ntra en los archivos, donde cantidades inmensas ele documentos
aguardan la lectura de los estudiosos.

2. Hay que desconfiar, siempre, de la producción sensacionalista, de aquella que descubre enigmas históricos y que, "a priori", señala todo lo que debe ser demostrado desvirtuando el verdadero sentido de los documentos,
utilizados, las más de las veces, en forma fragmentaria a fin de que se ajusten a los fines que se persiguen. Quienes producen tal bibliografía usan, en
principio, elementos auténticos, pero tan contorsionados en su exposición que
resultan peligrosos en sus alcances. De esta manera, exponen "su•• verdad,
muy personal, acondicionada a fines pragmáticos que no sólo restan digni-

492

493

�dad a la Historia, sino que la convierten en un instrumento de fine , muchas
'1
1

1

1

1'

1

;¡

li
1

j:
11

i!
:1
11
1

11

il,,

1

,1

ycces, inconfesables.
Hay que desconfiar, también de la literatura, de las frases artí ticas, de las
figuras ret6ricas, que con\'icrten a la Historia -a la: ciencia histórica- en un
mero escarceo tras una cortina vaporosa y frágil.
Un ilustre lústoriador y sociólogo argentino, Juan gustín García, escribía, en 1922, refiriéndose a la historio!?Iafía hi panoarnericana: ''Hay algunas épocas que .e cree conocer. pero a medias; y e pa a asimismo por entre
espacios 11 nos de brwna, que no fueron despejados. Ocurre sto con to&lt;lo lo
que corre entre el siglo X\1 y mrdiados de • • 1x· . En
uicla, se pr'guntaba: "¿.'e abe algo del período colonial, a pesar del tiempo pcrd ido en seguir paso a paso el descubrimiento y primera población; sin perder detalle,
y con una tenaz prolijidad?" A la pregunta formulada por d mac tro, vamo
a responder diciendo qu&lt;", si •n su tiempo poco se sabía, no e ha progresado mucho más hasta nuestros días, no obstante la labor cksarrollada, y ello
debido al afán de notoriedad que abruma a muchos y a la falta d · vocación
para rmprcnder el estudio con propósito desintere ados, con la sola mira
de dar solución a los múltiples problemas que atañen a }a historia de esta
parte de América, so~pechados algunos e ignorados los más.

1

1

:¡
1
1

de la Historia científica
d n acérrimo• defensor
.
· D · X·enopo~l ¡m expre~a o que ~ h1stona humana ·'es una disciplina científica que tiene por oh-Jeto, e~ pnmer lugar, como toda ciencia, la detecminación ,·erídica de los
hecho .. At~m_entando ·us razonamiento·: sostiene que el primer deber de
cualquier b1stonador, e dirigir todos sus esfuerzos a ofrecer una imaaen
0
todo lo exacta po. ible de la realidad pasada, para dilucidar la ,·crdad de
entre la~ niebla. ~·ol.~tarias o in\'ol~mtaria que la rodean. ·'Toda obra que
no 1e_sp1 t~ e_te pnnc1p10 en todo su ngor -afirma- no puede aspirar al título
de b1stona".
¿

1

1

11 a
El fmaestro 1Iui1fo
.
~ ' al referirse a ese tipo d e rt
1 era t ura, cxprc a que es
~nal o~a ?e ~tSl~na en lu.xación, que ''sobrecarga el elemento fantástico
_e, ª Hi 5 lona, mdispen!:able por sí mismo, }' con eso r ·presenta la cxageracton del. .momento
·
·
• ornada. como la crr.a. narrat'ivo. •, pienso
•n 1a b1ograf1a
1
E
ron m1 10 Ludww y Olros, q ue pre t en d e ser 111stona.
.
. pero lo hace no s61o con
un e.'-CCSO d e 1_11ed.10 r1teranos
. -y esto L'S lo importante.
con una in t.cnción
en el fondo , lit ra na.
· ¡..; 0 }es importa
•
la parte sobria de la verdad conocible.'
L
· -·1
d e •md ole ps1rolog1ca
· • "da suplen con pormenores 1·~lll&lt;WOS,
con m-'1s colon. o local del que ™'rm·t
I
di
·6
E
·
·
' agreaa
' Huir
1 e a tra c1 n.
s lustona perfumada",
zmga, remat~ndo el párrafo. Lineas de pués de lo dicho anota que •· ea lo
q_u e fuere, bien e ~e concederá que el historiador serio nunca debe participar de la tendencia a una adaptación literaria ornada"
J_lefiriéndose,. también, al a pecto c¡ue venimos señala~do, ha scrito otro
~m~nte e ·tud10s0, J. T. Shotwell, que "el método de investigación del
histo~ador parece, con frecuenC'ja, debilitarse en la medida que aumenta u
retórica".
Los autores qu~ hcmo recordado, con unas u otra palabras, est:n acordes
en. que
·
· · ladcarencia de una sólida información es la tónica d e Jos t.1ab aJos
h1 toncos
e tal tipo.
·

1

3. Es falla común, como ya apuntamos, el \'uelo literario que suele dan.e
a la producción sed icen te "histórira". Para reforzar esa opinión, nos atrnemos a lo expresado por un ilu. tre hi toriador peruano, el R. P. Ruhén Vargas Ugartc, quien recorrió los archi\'o. tanto del Juevo como del Viejo fondo, para documentar, en forma científica y \'eraz, la hi. toria de u país. eñaló •ste aulor que la primera y, quizá, más gra\'c causa que ha impedido
el de·cn\'ohimiento del estudio de la Historia, se debe a ''la propcn ión de
nuestros historiadores a convertir la historia en un género literario''. Esa
opi.ni6n es refrendada por d mism~ historiador cuando sostiene que la pereza intelectual y el poco afecto por una labor constante y disciplinada y el
prurito de llamar la atención conduce a "realizar sínt is brillantes" por
parte de quienes para los que "la paciente y ob. cura labor de erudito es op ·•
raci6n menuda y de buceo, mientras ellos se reservan la más alta tarea de rewnir un período histórico o trazar una biografía en dos plumazos. Muchos
de los tales -prosigue el padre Vargas Ugark•- con talento y todo dejan
traslncir la endeblez de su obra por falta, precisamente, de esa investigación
que desdeñan; otros, tal ,·ez los más, no son sino declamador huecos que encubren la pobreza de sus ideas con la aparente hondura del acento". Tales males, señalemos, no han nacido en nuestra América, sino que vienen &lt;le los centros más evolucionado· del Viejo Mundo, n donde la historia romanceada
ha tenido y tiene cultores de fama universal.

Del mismo autor es la reflexión, relacionada con la opinión personal que
a~gun~s autores suelen lanzar, en sus escritos, ya sea censurando los hechos
históncos o pretendiendo ajustarlos a un supuc to sobre lo que pudo acontecer de hab~rse d arrollado tal o cual incidente. "La \Crdad hi. tórica -dice
al resp eta Xenopol- no está más que en la reproducción de Ja realidad
de los hechos pasados, ruí como en la de sus causa, y no en la opinión peronal que pueda merecrmos esa realidad. Esta opinión individual -a!!l'eO
ga- es un elemento completamente apartado de la detenninaci6n de los
hechos y de su encadenamiento causal, único objeto de la historia".
4. Los archivos. como fuentes de la Historia, al servicio de lo estudios
son una conquista moderna. Digamos que n lo que se refiere a América'
la consulta de la documentación onservada en los repositorios de la • lad~

495

494

�Patria sólo era permitida a los cronistas reales, con un sentido bien distinto
al que orienta a un historiador de nuestros días. Los ~quísimos archivos .relacionados con América eran usufructuados por el Cromsta Real de las Indias,
destacadísimo personaje en el elenco de altos funcionarios del Real Consejo
de las Indias. Entre las personalidades que desempeñaron ese importante
cargo, figuró el llamado ''Príncipe de los Cronistas de América", don Antonio de Herrera y TordesiUas, que utilizó más que otros los documentos
fidedignos, aunque errando muchas veces la lectura de los mismos.
Cuando el Papa León XIII, por medio de la conocida "Carta Magna"
del historiador católico, señalaba cuáles eran sus directivas, dejó manifestado,
en forma clara, que había "que esforzarse grandemente, por que se refuten
todas las mentiras y falsedades, acudiendo para ello a las fuentes mismas
de los hechos. Y deben advertir los escritores ante todo, y tener muy presente que la primera ley de la historia es no atreverse a decir cosa al~a
que sea falsa, y luego no temer jamás el decir lo que sea ver~adero,. a,,rm
de que no haya contra el escritor sospecha alguna de afecto m de odio •
Después de otras consideraciones, dice ese importante documento qu~, para
probar cualquier hecho histórico, "con firmes argumentos, es necesano_ desprenderse del deseo de imponer la propia opinión; la verdad, por sí m1~ma,
superará y quebrantará los ataques, desde tiempo ha dirigidos contra 1~ rm~ma
verdad la cual podrá ser oscurecida por algún tiempo, pero no extmgmda.
Y ojalá. se exciten cuantos más sea posible con el deseo de investig~ la verdad, y así descubran útiles documentos para el futuro".
No obstante existir en los países de América Española, en sus principafes
ciudades, importantes repositorios documentales, podemos decir que es escasa
0 reducida la tarea que en ellos se realiza. Sin embargo, sin esa labor previa, no es posible alcanzar la verdad del hecho histórico. ¿ L~ causa? ~: muy
sencilla. Esa labor exige el conocimiento de la grafía y la mterpretac1on de
siglas y abreviaturas, que sin ser tarea difícil, es de obligada necesidad para
leer correctamente los textos. Conviene señalar ese detalle, porque hay autores
que pasan por ser autoridades y temen tener que verse precisados. a .realizar
esa clase de tareas, que consideran como ajena a sus preocupaciones.

5. Muchos mitos y leyendas han nacido y se han perpetuado en el tiempo,
por la falta de un conocimiento exacto del hecho histórico. Para .con~irmar
lo dicho, podemos señalar un acontecimiento relacionado con la histona colonial del Río de la Plata y cuya veracidad se había ignorado hasta nuestros
días. Se trata de la desaparición de la ciudad de Esteco -por entoncesNuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco--, ubicada en jurisdicción de la antigua gobernación del Tucumán. Según refiere la leyenda forjada
en torno a su eclipse, el Supremo Hacedor castigó a sus habitantes por sus

496

muchos pecados y por el desmedido amor que tenían por el lujo. Muchos años
antes de que desapareciera la ciudad, un cantar que ha llegado hasta nuestros
días, recopilado por Juan Alfonso Carrizo, profetizaba:
Salta saltará,
San Miguel florecerá
y Esleco perecerá.

A causa de un movimiento sísmico, Esteco desapareció en 1692 y sus ruinas
todavía las advierte el viajero en la actual provincia argentina de Salta. Hasta
el año de su desaparición, la villa había .siclo baluarte de la civilización frente a
los embates de las tribus del Chaco, las que en sus correrías penetraron, sembrando el terror y la muerte, el 12 de abril, Viernes Santo, de 1686. El ululante malón que la invadiera, integrado por indios mocovíes, alcanzaba a
sumar, según distintas referencias, entre quinientos y mil hombres. Los embrave~idos salvajes lucharon en las calles con los escasos vecinos capaces de
maneJar arcabuces y espadas los que, junto con la guarnición militar, sólo
totalizaba ochenta individuos. Los ayes de los moribundos y los lamentos de
l~s heridos redoblaban las energías de ambas partes y, cuando después de
cmco horas de lucha, los mocovíes se batieron en retirada, se comenzó la
penosa tarea de trasladar los heridos a1 Hospital de Jesús, testigo mudo de
aquellas impresionantes escenas. Los muertos, cristianos e indios, fueron llevados a la parroquia y cubrieron con sus cuerpos la pequeña y humilde nave
de la iglesia de la ciudad mártir. Desde Lima a Buenos Aires circuló vertiginosamente la noticia del terrible ataque y de sus trágicas consecuencias.
Los vecinos que salvaron sw; vidas huyeron hacia las poblaciones cercanas,
abandonando la ciudad, cada día más triste y más ruinosa. Cuando el 13
de septiembre de 1692, el movimiento telúrico redujo a escombros la villa,
la habitaban cinco vecinos, con sus familias y la guarnición, que constaba
de veintiún hombres. Murieron ese día, no obstante el reducido número
once personas.
'
Cuanto acabamos de exponer se ignoraba hasta nuestros días y, debido a
las búsquedas que personalmente realizamos en el Archivo General de Indias,
se pudieron conocer las causas de la decadencia de la heroica ciudad y su
destrucción. Aplicamos, en la confección de nuestro estudio, el más riguroso
método científico y reconstrwmos un trozo de historia verídica. Las nuevas
generaciones tendrán que efectuar paciente y riguro:;amente esa labor para
volver a la luz tantos otros episodios análogos, desfigurados a lo largo de los
siglos.
La glosa que hemos transcrito en parte, fue elaborada cuando la leyenda

497
H32

�se había hecho carne en el espíritu d~ los habitantes cercanos al lugar de las
ruinas. La verdad, como la hemos expuesto, ha podido alcanzarse merced a
la documentación existente en los archivos españoles, fuentes imprescindibles
que completan las e.xistentes en América, de obligatorio co~oc.imiento ambas para el historiador del período hispánico. Es mucho pedtr lo expresado
a escritores que hayan tomado la Historia como pasatiempo o que confundan, lamentablemente, el arte literario con el hecho hist6rico.

6. Don Miguel de Cervantes, por boca del bachiller Sansón Carrasco, en
El Quijote, expresó el concepto que tenía de la Historia, diciendo que "uno es
escribir como poeta, y otro como historiador: el poeta pu_ede _contar o cantar
las cosas como no fueron, sino como debían ser; y el histonador las ha de
escribir no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad
cosa alguna". Líneas más adelante, completa el concepto mencionado, haciendo decir a don Quijote que "la historia es cosa sagrada, porque ha de ser
verdadera, y donde está la verdad está Dios en cuanto a verdad;, pero n~
obstante ésto hay algunos que así componen y arrojan libros de s1 como si
fuesen buñu:los". ¡ Qué mejor expresión para sintentizar lo dicho!

C. V. Langlois, en la obra que escribiera en colaboración con C. Seignobos,
expresa, al iniciar su tratado, que "la historia se hace con documentos", base
por supuesto, de toda construcción historiográfica. Agrega que de "todo pensamiento y todo acto de que no hayan quedado huellas directas o indirectas,
son hechos perdidos para la historia de inmensos períodos del pasado de la
humanidad o como si no hubieran existido". Por falta de documentos, tales
tiempos de la Historia no podrán ser nunca conocidos. "Porque nada suple a
los documentos, y donde no los hay, no hay historia". Asentemos que, sin
embargo, algunos espíritus inquietos no se arredran por la falta de documentos
y, llevados por genial intuición, hacen decir u obrar a los personajes históric~s
de quienes se ocupan, según su propio criterio personal, con una carencur
absoluta de seriedad que, realmente, obliga a meditar no sólo sobre lo pernicioso del procedimiento, sino sobre el fraude que cometen con el lector incauto, que no repara sobre el método seguido por el "falsario.
U na crítica severa, que pusiera en evidencia los procedimientos utilizados
sin duda alguna1 y evitaría digresiones de incompetentes que desparraman por la prensa
el fruto de la impaciencia y la incomprensión.

y los fines tendenciosos de las lucubraciones, sería muy benéfica,

7. Don Santiago Ramón y Caja1, el insigne histólogo español, solía a~~sejar a sus discípulos diciéndoles que no debían tomar la pluma para escnb1r
lUla obra, si no tenían nada nuevo que decir, con respecto al tema que se

498

pro~onían desarrollar. Variando la ciencia de que se trata, otro tanto podría
deorse con respecto al saber histórico.
8. Es común oír el énfasis de quienes poco o nada han realizado en el campo de la historiografía al expresar manifestaciones rotundas, aún de temas o
hechos que ignoraron hasta el día anterior, y señalar a la vez la conveniencia
de r~lizar determinadas investigaciones, gue cuidan de ejemplificar con la
propia persona. Al respecto, recordemos que,_ durante el lapso de más de ocho
años corrido entre 1910 y 1918, se destacó en la ciudad de Sevilla, paia investigar en el Archivo General de Indias, a un funcionario de la Biblioteca
acional de Buenos Aires, don Gaspar García Viñas. Dicho funcionario tenía
por misión buscar cuantos documentos pudieran interesar a la historia argentina desde las primeras exploraciones hechas por los españoles en esa parte del
continente americano. Con uua constancia digna de todo encomio, García
Viñas realizó la tarea gue se le confiara, alcanzando a reunir una colección de
copias de cerca de seis mil documentos, que comprenden los años 1492 a
1639, aproximadamente. Esa colecd6n ha sido utilizada por diversos autores
para la redacción de sus obras, omitiendo señalar en sus citas la ,·erdadera
procedencia del material que, por provenir de copias con los problemas pa~
leográficos salvados, han servido doblemente a sus propósitos. Sin embargo, no
sólo han callado el origen, sino que, en otro lugar, han cometido algunos Ja
impudicia de criticar la colección de la que, calladamente, se han servido,
indicando, como decíamos al comienzo del acápite, detenninados lineamientos
sobre su posible y ''mejor" compilación.

Esto nos da pie para señalar la ocultación sistemática de los colaboradores)
lugar común en el medio histórico. Por ello, creemos un deber de estricta
justicia propugnar, como ya lo hiciéramos en otro lugar, que tales colecciones
lleven el nombre del investigador que se desveló en su confección, con lo que
se rendirá, no sólo un homenaje, sino también un amplio beneficio al método
hist6rico.

9. Hemos aludido al Archivo General de Indias, importante repositorio
documental que se encuentra en Sevilla y que, al decir de don José San Román, escritor sevillano, representa algo así como el arca sagrada de la Historia
de América. El edilicio, pétrea fábrica de severo trazado, fue levantado para
Casa Lonja, en el último tercio del siglo XVI. Su proyectista fue el arquitecto
Juan de Herrera, discípulo y continuador de las obras iniciadas por Juan
Bautista de Toledo, por orden de Felipe II, del celebérrimo monasterio de
San Lorenzo del Escorial.
Durante dos siglos los mercaderes de las Indias Occidentales hicieron en
la soberbia Casa Lonja de Sevilla sus transacciones, hasta que, habiendo sido

499

�trasladadas a Cádiz, en 1717, las oficinas de la Casa de la Contratación, se
inició para evilla la decadencia como centro comercial. La imponderable
fábrica arquit clónica estuvo, a partir de entonces en abandono ha ta que,
debido a una rara circunstancia: fue habilitada para Archivo.
En 1777 se publicaba, en Londres, la Historia de América redactada por
, illiam Robertson. La Real Academia de la Historia, que había confiado a
uno de sus miembros, Ramón Guevara Vasconc los, la traducción de dicha
obra al castellano. solicitó al monarca Carlos III que se le facilitara por la
distintas dependencias del Consejo Real de las Indias, la documentación competente para agregarle, decía, varias notas ''en aquellos p~ ajes hi t6ricos, cuya
puntualidad no era posible al doctor Robertson 1 por falta de documentos en
lo geográfico, político, económico, comercial y mucho más en el cálculo
de la población". El Rey, en principio, atendió tan laudable propósito y en
las distintas oficinas del Consejo se comenzó la tarea, con el fin de faciUtar
el adicionamicnto de la obra de Robertson. El 29 de noviembre de 1778, por
medio de una Real Orden, se mandaba secuestrar en España y en todas sus
posc.~iones ultramarinas. los ejemplares que se encontrasen de la obra de Robertson. Expliquemos este cambio de opinión.
Juan Bautista Muñoz, que gozaba de la confianza y amistad del ministro
José de Gálvez, parece que persuadió al Rey de qu~ no era conveniente que
s autorizara por la Real Academia una Historia de América escrita por un
extranjero, máxime si dicha corporación entre las funciones que tenía confiadas, poseía las del Cronista Mayor de Indias, con obligación de escribir

de Juan Bautista Muñoz concentrándose e
l .
les que, relacionados co~ Am. .
n e mismo_ los fondos documcntapositorios oficiales.
enea, se consen·aban dispersos en distintos re1O. La Historia debe resplandecer como .
.
pasada. Al ervicio de los a t, t'
di ex pre. ión exacta de la realidad
u en icos e tu oso están los
.t .
facilitarán las fuentes para alcanzarla Mili
. • . rcpo l onos que les
tos, se hallan sin consultar tanto e A. • • ares, qu1za nullones, de documcncomo en Europ
1a h1, toria de Jo- países de 'h· bl h" n menea
.
a, que atancn a
ª a ispana
y s1 han d
'd
desaparecer infinita cantidad d
JI
~parec1 o o se han hecho
,
e
e
os
por
razones
ignorad
has
1os que aun restan pennitirán afi
if
.
as mue
veces,
presente.
rmm- o rcct icar conceptos vertidos hasta el
Su búsqueda, la, ubicación de las e
1 .
crítica cicntífi~ son pue las
'donde us10ncs que de ellos e destaquen, su
.
'
,
neces1 a es y las urgencias de 1 . . h'
nea: las que se satisfacen por m"cli d 1 . . . . . •
. a c1enc1a istóo e a m, e llgac1on consciente }' pau. ada.

una obra similar.
fescs más tarde, Juan Bautista Muñoz elevaba a arlos III un memorial
en el que manifcstaba la conveniencia de escribir "una Historia General de
Indias autorizada con documentos seguros e incontestable". Tale son las
palabras del ilustre sabio valenciano: escribir una historia científicamente
apoyada, dando así un mentís a cuantos a,;cguran que, en España, no había
evolucionado el método histórico en el siglo XVITI. Ya en 1733, el dominico
Jacinto . egura, en su 1orte crítico señalaba la. desconfianza que s ntía por
aquellas obras de historia e critas pulidamente, "por entender --dice Sinchei
Alon o-- que los muy preocupados del ornato son menos solícitos en depurar
la verdad de los hechos''.
Volviendo al insigne Muñoz, digamos que, acogida favorablemente por el
Rey la propuesta, por Real Orden del 17 de julio de 1779, le confió la redacción de una historia general de América, con el encargo de reconocer
"Archivos y Colección de documentos".
Es en virtud del episadio que hemos mencionado que se crearla el Archivo
General de Indias, con sede en la Casa Lonja de Sevilla, a propuesta también

501
500

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="305">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3234">
                <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479096">
                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142512">
            <text>Humanitas</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142514">
            <text>1965</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142515">
            <text>6</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142516">
            <text>Enero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142517">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142518">
            <text>Anual</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="142536">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142513">
              <text>Humanitas, Sección Historia, 1965, No 6, Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142519">
              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142520">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142521">
              <text>Filosofía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142522">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142523">
              <text>Letras</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142524">
              <text>Humanidades</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142525">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142526">
              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142527">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142528">
              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="142529">
              <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142530">
              <text>01/01/1965</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142531">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142532">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142533">
              <text>2017258</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142534">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142535">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142537">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142538">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="142539">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="13722">
      <name>Evangelización</name>
    </tag>
    <tag tagId="13801">
      <name>Modus vivendi 1929</name>
    </tag>
    <tag tagId="13693">
      <name>Nuevo Reino de León</name>
    </tag>
    <tag tagId="13799">
      <name>Pablo Herrera Carrillo</name>
    </tag>
    <tag tagId="6771">
      <name>Santiago Vidaurri</name>
    </tag>
    <tag tagId="13800">
      <name>Tlaxcalantongo</name>
    </tag>
    <tag tagId="13798">
      <name>Villa de San Carlos de Marín</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
