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                  <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�HACIA UN NUEVO DERECHO INTERNACIONAL DE LA PAZ
LIC. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

NUNCA COMO AHORA NUEVAMENTE se ha planteado el problema tradicional de
la Fuerza y el Derecho, a nivel tal, que vemos cómo se encuentra mortalmente
comprometido el porvenir del Hombre. Resultaría prolijo enumerar todas las
causas que han producido esta situación, pero es indudable que entre los factores p'rincipales está el notorio progreso que se ha venido operando en el
campo de la moderna civilización técnica, lo que ha producido una revolución en todos los órdenes de la vida humana.
En tanto que el hombre avanza por la senda del progreso científico, paradójicamente, se encuentra ante una crisis de los valores y principios que han
sustentado su vida en lo moral, social y cultural. En esta etapa de transición
se destaca de manera preponderante el Derecho Internacional si se toma en
cuenta que en las circunstancias actuales de la Humanidad, ésta se encuentra
colocada en un plan eminentemente internacionalista, por no decir universalista y que, por tanto, corresponde a este Derecho el realizar no solamente
las tareas jurídicas de relación ordinaria entre los Estados, sino que en esta
ocasión tiene una misión por demás importante: lograr el aseguramiento de
la paz, pero de una paz dentro de las nuevas circunstancias y que, lejos de
ser sólo una fórmula más, constituya un conjunto de normas que puedan salvaguardar la vida misma del hombre.
Son advertibles los esfuerzos -los nobles esfuerzos- por convertir al Derecho Internacional en "esa alta técnica de la concordia" de que habla Ortega y Gasset, que no es otra cosa que la realización de la justicia social internacional; o sea "aquella que no se funda directamente en un conjunto de
relaciones pacticias de miembro a miembro, sino que se deriva de las exigencias de la vida social, de la comunidad y del bien común.'
i

JosÉ MA. DIEZ-ALEGRÍA, Presupuestos Etico-Sociol6gicos del Derecho Internacional

455

�La crisis señalada anteriormente se refleja en forma natural en el Derecho
Internacional, atribuíble también a múltiples causas; sin embargo, lo cierto
es que resulta imposible negar la existencia de un ordenamiento jurídico de
reconocimiento entre las naciones que a través del tiempo ha permitido una
vida de relación, la que si bien en determinados momentos de la historia ha
sido precaria y, en otros, por desgracia, la guerra ha servido para violar principios y normas jusintemacionalistas, no por ello ha dejado de tener indudables
muestras de vigencia., Así, en realidad, resultan inoperantes, tanto la incomprensión como las críticas acerca de la eficacia del Derecho Internacional ante
los complejos problemas que la fuerza suscitara en el pasado, así como los
definitivamente graves de lo porvenir, lo que resulta irrelevante ante la carencia de otros medios que hayan podido prevenir el empleo siemp're creciente
de la guerra. Amén de su naturaleza intrínseca, tan cercana al hombre, no
&lt;lebe olvidarse que el Derecho Internacional ha hecho permisible el que la
vida de relación entre los Estados se haya canalizado dentro de cauces más o
menos jurídicos -pero jurídicos, al menos, cuando no imperó la fuerzaenmedio de serias turbulencias y, por último, es necesario el reconocimiento
de su valor como posibilidad para la salvaguarda de la propia supervivencia
humana.
La crisis del Derecho Internacional -como así lo ha advertido algún
autor-, no es solamente privativa de tal Derecho, sino que es común a todas
las manifestaciones jurídicas, ya que en ninguno de los casos existe crisis en
el sentido de falta de normas, éstas siempre existen por ineludible necesidad.
ciPero es que al hablarse de crisis se hace referencia a un ordenamiento jurídico con existencia histórica y características determinadas; en lo nacido
en el estado moderno y que llega en la actualidad a la etapa de su evolución
dialéctica, la crisis actual que comienza a gestarse con la aventura napoleónica pues en tal se abandona una metafísica de la fuerza para ser dominada
por una física de la fuerza. La técnica política y mecánica escapa al hombre
haciendo imposible el control de la fuerza y determinando con el miedo la
sumisión a la física de la fuerza". 2
Existe, además, el hecho de que si el hombre no cree ya en el Derecho, esto
se debe a su desilusión nacida de los fracasos y de las experiencias amargas
del pasado. Todavía conserva el recuerdo de la Sociedad de Naciones y en
nuestros días, no deja de observar, con angustia, las dificultades, los intentos
fallidos y los graves problemas que encara la Organización de las Naciones
Unidas en su lucha por la paz.
Público. Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional,
pág. 17, vol. II.
2
!bid. Antonio de Luna. págs. 430 a 468.

456

Cabría formularse la pregunta acerca del por qué debe atribuírsele exclusivamente al Derecho Internacional la grave responsabilidad de hacer de la
paz una institución salvadora de la misma ~atendiendo a que la paz está
seriamente amenazada-, cuando es indudable que podría haber otros medios
que tal hicieran, pero es que la Humanidad ha llegado, no ya a una situación
teórica del trágico binomio fuerza-derecho! o al sacrificio del Derecho Internacional por la política del poder, sino que este último puede sucumbir ante
la primera y considerando la trascendencia de lo que esto significa, si el hombre
desea sobrevivir, necesita del Derecho.
Recordemos las palabras del internacionalista Alfred Verdross, en relación
a este punto: "Más ello es olvidar que ninguna comunidad pacífica puede
existir sin el reconocimiento de un orden jurídico".3
No hay otra alternativa, ya que, en última instancia, en el caso de sobrevivir, cualquiera que fuese la fórmula jurídico-política que pudiera haber en
lo futuro, conjunto de organizaciones u organización mundial, la norma jurídica estará siempre protegiendo los valores que le han sido encomendados
al Derecho, colocada en un orden jurídico, ya que sin éste, no podría tener
realidad el Derecho.
No debe extrañamos el que el hombre de la calle no crea en la posibilidad
de un nuevo orden internacional y ponga su creencia en bombas atómicas,
pensando que las palabras del Derecho Internacional resultan impotentes para
evitar una tercera y más terrible conflagración universal. Algunos autores hablan de su inexistencia o bien de la ineficacia de toda una complicada red de
tratados bilaterales y colectivos en la solución pacífica de los conflictos internacionales y de que los valores contenidos en el Derecho Internacional, como
son, en primer término, Ia paz y la justicia -para no citar sino los principales-, no han tenido su plena realización, especialmente cuando se observa
que el más preciado de todos ellos, como es el de la paz, puede ser aniquilado en cualquier instante.
"Si bien es cierto --como dice Antonio de Luna- que ya desde Espinoza,
pasando por Gumplowicz, Lassol, Lundstedt y su discípulo Lunau, para terminar con Olivecrona no sólo el vulgo sino filósofos y juristas ilustres han
llegado a negar rotundamente que exista normatividad internacional alguna,
pues lo que llamarnos "Derecho Internacional" no es para ellos más que la
expresión ideal de la constelación de fuerzas que juegan en el campo de la
política internacional; y que otros, aun admitiendo la existencia de una normatividad internacional, niegan que sea derecho a consecuencia de que la
misma carece de uno o de varios de los elementos peculiares del derecho legal
moderno: a), comunidad jurídica; b), legislador; c), auténticos tribunales;
ª

ALFRED VERDROSs,

Derecho Internacional Público. Prólogo.

457

�,t
1

d), ejecuci6n coactiva, todo ello sazonado por la inseguridad y escasez de su
contenido, la carencia de unidad sistemática, la obscuridad y falta de principios de interpretación de sus normas, la gran cantidad de limitaciones y
excepciones, la imprecisión de sus nociones de "estado de necesidad" y de
la cláusula rebus sic stantibus, el derecho de represalia, el efecto anulatorio
de la guerra, su falta de elasticidad ante los cambios políticos, lo frecuente de
su violación y la escasez y heterogeneidad de sus su jetos p·o r lo que el derecho
internacional no es derecho, sino moral, para Hobbes, Austin, Puchta, Baumgarten; en parte moral y en parte usos sociales, para Binder; una normatividad "sui generis", para Somlo; un derecho imperfecto para Savigny, Wilson,
Zitelmann, Becker, Burckhardt, Elrnunds y Decensiere-Ferrandiere. Sin embargo, estos defectos y aun otros más, como consubstanciales con el Derecho
Internacional, inherentes a su propia esencia, incurables, por tanto, y que no
son debidos a que el Derecho Internacional se encuentre en un estadio primitivo de desarrollo del que pueda evolucionar y salir por un perfeccionamiento,
sino al concepto mismo de un derecho entre grupos sociales con poder de
autodeterminación, no son la principal causa del desprestigio en que ha caído
en la actualidad":'
Afortunadamente tales doctrinas y teorías han sido superadas en contra del
Derecho Internacional, pero frente a la realidad que el Derecho Internacional
sea más o menos observado y cumplido, como así lo expone el autor que
citamos, nada dice respecto a su existencia, ya que pertenece a la esencia
de toda norma moral o jurídica la posibilidad de su violaciónJ pues de otro
modo no se trataría de un deber ser, sino del ser probable de las leyes físicas,
y -agrega el autor- tan inútil su promulgación como el tratar de reglamentar la circulación de las estrellas o los latidos de un corazón enamorado. 5
En la actitud actual de escepticismo frente al Derecho Internacional no ha
influido grandemente ninguna de sus genuinas características (los defectos),
y no lo ha hecho porque, inherentes a la esencia del mismo, la Segunda
Guerra Mundial y la amenaza de una tercera, los habrá quizá puesto de relieve, pero no los ha creado de nuevo. Lo ocurrido es mucho más grave. No
ha sido sólo una violación del Derecho Internacional, sino una rebelión contra
el mismo". 6
Resultaría, pues, extenderse mucho, el hacer el señalamiento de los diversos
factores que han determinado la crisis del Derecho Internacional, porque no
es uno solo, sino que, como nos dice el ya citado internacionalista Antonio de
Luna, "las causas cuya conjunción se presenta por primera vez en la historia";,
' !bid., pág. 445.
' lbid., pág. 433.
' !bid., pág. 436.

458

que han engendrado la crisis actual, son las siguientes: a) el paso de la guerra
limitada a una guerra total, entendiendo a la guerra como una lucha armada
en la cual los contendientes se op'Onen en virtud de su pertenencia a grupos
sociales diferentes; por primera vez en la historia el objetivo de la guerra
es el dominio del mundo; disminución de las fuerzas políticas en una solidaridad internacional y ruptura de la unidad cultural del mundo". 7
Internacionalismo. Sin embargo, estas causas, a su vez, son convergentes y
reveladoras de otro fenómeno que se ha venido produciendo gradualmente
en el curso de la historia del hombre y el que es claramente distinguible de
los otros, nos referimos al lnternacionalismoJ que ha venido creciendo en
forma insospechable.
Este movimiento, el que no tiene manifestaciones doctrinarias ni políticas,
claramente objetivas, es, sin embargo, una corriente que de hecho pone de
manifiesto el acercamiento cada vez mayor del hombre con• el hombre. Desde
luego ese hecho es de la mayor importancia dentro de la panorámica futurible de integración de un nuevo Derecho de la Paz.
En trabajo previo,8 ya habíamos estudiado este fenómeno, ya que en la
actualidad, aun dentro del terreno mismo de la organización de las Naciones
Unidas se presentan otra clase de problemas que están relacionados entre el
"Regionalismo" y el Universalismo, compromiso que se encuentra incorporado significativamente en la propia Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, el Internacionalismo difiere del Universalismo, pese a que han sido
comúnmente empleados en forma indistinta por tratadistas y escritores dentro del campo del Derecho Internacional. Imp6nese, desde luego, el hacer
la distinción- clara entre el Internacionalismo, el que de acuerdo con nuestro
estudio citado, concebíamos, al hablar de sus principios, en que: "Los orígenes del Internacionalismo -en primer término-- es posible encontrarlos en
la naturaleza misma del hombre, el que a su vez alberga un anhelo de U niversalidad, Pero paradójicamente, el propio hombre se ha encargado de obstruir, de poner murallas y de sembrar odios fratricidas, con los resultados
que la Historia contempla". En otras palabras, el Internacionalismo obedece
a un proceso de integración vía jurídica. Sobre esta afirmación hay múltiples
ejemplos que así lo confirman, bastaría recordar los agrupamientos que tanto
en Europa como en América han venido operando con halagüeños resultados.
Además, el Universalismo, cae más bien dentro de la órbita de lo ideal en
la Filosofía, en uno de los aspectos de la antropología filosófica. Mencionamos
aquí ambas corrientes porque las dos tienen posibilidad en sus respectivos es' Ibid., pág. 435.
Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEz, "Internacionalismo y Universalismo", Humánitas.
Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, vol. 5, página 534.
8

459

�tadios de convertirse en importantes vehículos integrativos de un nuevo orden jurídico que permita el establecimiento de la paz permanente.
El Derecho de la Guerra y el Derecho de la Paz. Los tratadistas y autores,
especialmente en Derecho Internacional, en el pasado, hicieron la división
de esta disciplina jurídica en Derecho Internacional de la Paz y Derecho
Internacional de la Guerra, observándose cómo complejos factores -predominantemente bélicos----, habrían de crear esa consecuente división. En otras
palabras, el anacrónico problema de todos los tiempos, fuerza y Derecho, ha
producido discusiones y doctrinas y posiciones dentro del campo históricojurídico y en ellas han intervenido, lógicamente, los jusinternacionalistas.
Adviértese, desde luego, que la guerra, a semejanza de un péndulo trágico, ha
venido oscilando crecientemente entre los extremos de la paz y de la guerra;
por desgracia, es posible observar cómo ese péndulo ahora ha llegado a la
trágica posibilidad de paralizar su movimiento, no precisamente en el lado
de la paz, sino en el de la guerra.

Pero en tanto que los tratadistas estudiaron en el pasado el problema de
la guerra y su adjunto el de la paz --como así sucede en Vitoria, Suárez y
otros destacados autores de la escuela Hispánica del Derecho Internacional
de los siglos XVI y XVII, nunca como ahora este problema ha llegado a su
máxima y última expresión. Podría decirse que ha quedado atrás la etapa
de las teorías, para enfocarse la atención en las graves urgencias del momento
histórico actual. Así las diferencias especulativas y teoréticas acerca de la
fuerza y el Derecho pertenecen a épocas históricas superadas, cuyas circunstancias permitieron su verificación en la medida que el poder y la fuerza
gradualmente fueron creciendo hasta llegar a la Era Atómica y hoy, ~orno
nunca, vuelve de nuevo a p'lantearse con exigencia vital y con cruda realidad,
el problema de si la fuerza predominará sobre el Derecho, sólo que las condiciones de los planteamientos anteriores han cambiado totalmente.
No es posible desconocer que las presiones ejercidas dentro de la esfera del
Derecho Interno han trascendido al campo de lo Internacional, y estas presiones son debidas al desconocimiento por parte de los Estados de los derechos
del hombre, produciéndose así que éstos se han revelado no solamente contra
el Derecho Internacional, sino contra todos los Derechos, el encontrar la so~
lución a este desequilibrio jurídico y político corresponde como misión fundamental al Der-echo Internacional. Lo que significa que es necesario volver
la vista al hombre. "La guerra no es un hecho cuya casualidad sea extraña al
hombre --dijimos en otro estudio---9 si el hombre está en conflicto con sus
semejantes es que ya de por sí el hombre es un viejo conflicto, que vive en

perpetua tensión dialéctica y de su insuficiencia radical, que al tratar de
colmar, ya de facto, origina las guerras, que tal es el estado actual del hombre".
Así vemos como las presiones que mencionabamos de lo nacional han repercutido en lo internacional, y ya se habla en este último aspecto de los
Derechos del Hombre, como así se desprende de la Declaración hecha p·or la
propia Organización de las Naciones Unidas y esto es significativo, ya que los
ordenamientos jurídicos nacionales no solamente no han sido capaces de encauzar plenamente dentro del Derecho la vida de sus súbditos y ciudadanos,
sino, lo que es peor, hay graves violaciones que lesionan la dignidad humana.
Interesante, desde todos puntos de vista, resulta el enfocar la atención acerca de la naturaleza de la norma jurídica internacional, atendiendo a su efectividad, la que de ninguna manera puede ser reveladora de la multicitada crisis del Derecho Internacional. Y así, tendremos que volver nuestros ojos hacia
el campo fecundo de los orígenes del Derecho Internacional, ya que en ellos,
se puede tomar un nuevo punto de partida y tratar de aprehender los elementos
que informan su contenido.
Verdross -distinguido internacionalista- rinde un tributo por demás significativo a la doctrina que crea la ciencia del Derecho Internacional, cuando
dice: "por cuanto los fundamentos filosóficos en que se apoya (mi obra) echa
sus raíces en la Doctrina Española del Derecho de Gentes de los siglos XVI y
XVII de irradiación universal", 10 o sea que esta escuela cuyos principales creadores lo son Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, han establecido con claridad los verdaderos fundamentos del Derecho Internacional. Recordemos cómo
Suárez lo definía como el ªconjunto de normas jurídicas introducidas en el
curso de la Historia por el uso constante de las naciones como miembros de la
sociedad internacional".
Verdross -ya citado- establece que el Derecho Internacional no depende
sólo de la norma moral de la buena fe; se haya también determinado materialmente, en su contenido, por normas de moral social, que suelen recibir el
nombre de « Derecho Natural" .11 Es necesario buscar en la propia naturaleza
del hombre hasta qué punto es la relación que existe entre éste y el Derecho
Internacional, sólo que bajo un nuevo planteamiento, atendiendo a que si
Aristóteles dijo que el hombre vive en sociedad, tal sociedad presenta indudables cambios y estructuras. Ahora vivimos una intensa vida de relación y se
han perdido los elementos informativos del hombre colocado, digamos en pequeñas sociedades, para contemplar una gran sociedad, que sin tener las características de un monstruoso estado mundial, de hecho, se vive en una sociedad
internacionalista. Si la naturaleza humana está caracterizada por su racionali10 ALFRED VERDRoss,
11

• Ibid .. vol. 2, 1961, pág. 531.

460

ALFRED VERDROSS,

op. cit. Prólogo, p.
op. cit., p. 31.

VI.

461

�dad y su sociabilidad, es indudable que, antes que la fuerza pueda destruirla,
debe haber una nueva organización jurídica que lo lleve y mantenga en la paz
y al hablar de paz, no nos referirnos a la "ausencia más o menos prolongada
de la violencia, la pura tranquilidad", nos referimos a esa paz certeramente
establecida por el Dr. Adolfo López Mateos, o sea "la paz que anhelan los pueblos no es una tregua armada, tampoco una era de inmovilidad infecunda. Es
preciso concebir una paz dinámica, generosa y realista, en que se sobreponga
el principio de la convivencia mundial al de la destrucción; en donde prevalezca la negociación sobre la amenaza, y el diálogo persuasivo substituya a la
disputa violenta. La paz del mundo debe apoyarse en el principio de la seguridad de todos. Una paz sin justicia sería opresiva, y una paz sin progreso,
estéril inacción".
Verdross se refiere también a la norma fundamental del Derecho Internacional y dice: "que si el jusnaturalismo quiere aprehender la índole del Derecho
Natural, no puede hacerlo partiendo de los deseos y afanes de los respectivos
autores sino apoyándose en una antropología filosófica que indague la naturaleza del hombre en todas las direcciones. Y una indagación de esta clase nos
revela que algunos rasgos de la naturaleza humana permanecen constantes
junto a muchos factores variables. Ello excluye desde luego la elaboración de
un sistema de Derecho Natural inmutable y complejo; pero de los fines de la
naturaleza humana --existenciales- cabe deducir determinados principios
generales de validez universal" .12 El hombre -como decíamos con anterioridad-, de acuerdo con su naturaleza tiene que vivir en sociedad y "una sociedad sólo puede subsistir si los miembros están obligados entre sí a respetar sus
vidas y los bienes que les pertenecen. Más, para descartar toda lucha interna,
la sociedad tiene que establecer un orden que proteja a los consortes jurídicos
y sus bienes; y para que la comunidad esté en condiciones de cumplir este
deber, los consortes jurídicos habrán de contribuir a los cometidos de la comunidad tomando parte en ellos y poniendo a su disposición los medios nece.
/
sanos". 13

Las anteriores consideraciones nos permiten tener un mejor enfoque de la
norma fundamental del Derecho Internacional, sólo que los elementos fundamentales que permiten su vigencia no presentan la solidez necesaria: orden
jurídico internacional y fines. Diversos autores jusinternacionalistas consideran
que la norma jurídica internacional descansa en principios como el de "Pacta
sunt servanda" (Anzilotti). Para otros, la norma fundamental prescribe que
los Estados se comporten con arreglo al uso establecido (Kelsen y Guggenheim)
--citados por Verdross-, quien agrega que nos encontramos ante una norma
u lbid., p. 32.
13

462

Ibid., p. 32.

fundamental que puede ser rellenada con cualquier contenido, lo que no es aceptable. O sea que a esto ''hay que agregar que estas normas fundamentales presuponen ya la existencia de los Estados, puesto que sin ellos no puede haber
tratados ni usos interestatales. Ahora bien, admitida la existencia de los Estados
y demás su jetos originarios del Derecho Internacional como supuestos previamente dados a éste, se verá que el Derecho Internacional Positivo presupone
aquellos principios jurídicos en los que se asientan los ordenamientos de los
pueblos civilizados y han sido por éstos parcialmente positivizados.
La conjugación y concurrencia de los factores que actualmente determinan
una nueva situación internacional ante la fuerza (Era Atómica) empleada con
bélicos fines de destrucción mundial, exige la creación de un nuevo ordenamiento jurídico internacional, que determinando los vínculos jurídicos que ligan entre sí a los miembros de la comunidad internacional, tenga, no como
en el pasado, como único fin la eliminación de la guerra para la solución de
los conflictos internacionales, sino el objeto exclusivo de la paz.
Ya se observa cómo ia comunidad internacional paulatinamente se va agrupando y cómo muchas fronteras van cediendo y de cómo la distancia que antes
separaba a los hombres, tanto en lo espiritual como en lo material, ha sido
salvada. Nuevos tratados dan forma a estructuras internacionales que permiten
concebir -sin caer en utópicas esperanzas--- la posibilidad de que el hombre
puede salvar a su linaje de la destrucción total. El regionalismo y el universalismo no son oponibles, por el contrario, pueden integrarse, se están integrando.
No es posible desconocer que (\el fundamento del Derecho Internacional ha
estado a través de los siglos en relación con el progreso histórico contemporáneo
y con los requerimientos de la mentalidad humana correspondiente". 14
En otro aspecto, el término paz, siendo unívoco, se ha tomado en diversas
acepciones, de ahí que al hablar de un Derecho Internacional de la Paz, se
piense -y con razón- en que más parece una utopía que una posible realidad
fáctica, ya que a los múltiples obstáculos, habría que agregar el del nacionalismo
y el de la soberanía, que, hoy por hoy, y pese a que de hecho han sido superados, resultaría atrevido hablar de desconocerlos todavía.
Ciertamente, estamos a distancia lejana de San Agustín, cuando decía: "PAX
Est OrdinaJa Concordia", "Paz es la concordia en el orden". Con razón el
internacionalista Antonio de Luna ha dicho que "es inútil pretender resolver
la crisis del Derecho Internacional con meras reformas ni pretender resucitar el
cadáver de la justicia internacional asesinada a manos del nihilismo reinante
frotándolo con el viejo bálsamo positivista. Así, se encuentra este mundo en
un prolongado período de postguerra y en ese estado que padecemos, del que
11

Actas del Primer Congreso Hispano-Luso-Americano. Op. cit., p. 38.

463

�debe decirse que si la guerra abierta ha cesado, no es la paz". 15 Recordemos el
mensaje sublime del Pontífice Romano Paulo VI acerca de la paz.
Si bien el título de Derecho Internacional de la Paz no es ciertamente nuevo,,
no deberá obedecer a una simplista división metodológica, como en el pasado
así aconteció, con el trasfondo imperativo de la fuerza, porque ha llegado el
momento -grave momento-- de que el hombre haga un nuevo Derecho Internacional de la Paz, cuyo contenido determine el nacimiento de un nuevo
orden jurídico internacional. A este propósito cabría analizar -aunque esto
sea en forma somera- los antecedentes del propio Derecho Internacional
acerca de la paz. Esta ha sido buscada desde todo tiempo, pero es indudable
de que "las tareas de la comunidad internacional. . . no podrán r~alizarse. si
los Estados no se dejan guiar por determinados valores. En ese sentido -afirma Verdross-, ya hemos subrayado con anterioridad que el valor COMUN a
16
todo ordenamiento jurídico es el valor del orden o de la paz".
La Convención para el arreglo Pacífico de los Conflictos Internacionales, celebrada en la Segunda Conferencia de la Paz reunida en La Haya en 1907,
por la que se perfeccionó el instrumento análogo adoptado en 1899, _durante
la Primera Conferencia del mismo nombre, considerado como el primer mtento multilateral de importancia para dar permanencia a procedimien~os_ de
solución pacífica de las controversias internacionales mediante el establecumento de la Corte Permanente de Arbitraje, presenta interesantes aspectos. Así el
Título I se habla de "La conservación de la Paz General" y dice:

'

"Con el fin de evitar, hasta donde sea posible, que los Estados recurran
a la fuerza en sus relaciones recíprocas, las Potencias Contratantes convienen en hacer uso de todos sus esfuerzos para asegurar el arreglo pacífico de las desavenencias internacionales".
En el Pacto de la Sociedad de las Naciones, se agregan nuevos elementos,
cuando en él dice: "Las Altas Partes Contratantes: Considerando que para
fomentar la ~ooperación entre las naciones y para garantizarles la paz Y la
seguridad, importa: ... "
Tenemos el Protocolo para el Arreglo Pacífico de las Controversias lnt_ernacionales O "Protocolo de Ginebra", adoptado por la Asamblea de la Sociedad
de las Naciones del 2 de octubre de 1924, el cual dice: "Los Estados signata'
.
'
rios convienen en que en ningún caso deberán recurrir a la guerra, n~ en~re s1
ni contra cualquier Estado que llegado el caso, aceptare todas las obhgac10nes
especificadas a continuación, excepto en el caso de res1stenc1a a actos de agre!bid., p. 435. Vol., 1.
iu ALFRED VERDRoss 1 op. cit., p. 484.

15

464

sión o cuando obren de acuerdo con el Consejo o la Asamblea de la Sociedad
de Naciones, según las disposiciones del Pacto y del presente Protocolo" (Articulo 2).
Viene después, el Tratado sobre Renuncia de la Guerra, conocido bajo el
nombre de "Pacto de París" o "Pacto Briand-Kellog", suscrito en París el 27
de agosto de 1928, el que contiene en el capítulo de propósitos, una no menos
interesante confesión, cuando se dice: ªPersuadidos de que ha llegado la hora
de formular una franca renuncia a la guerra como instrumento de política nacional, con el fin de que las relaciones de amistad y paz que actualmente existen entre sus pueblos puedan perpetuarse ... "
No podíamos olvidar en esta breve panorámica, a los esfuerzos realizados
por la paz a la proposición de México en relación con el ¡'conmo DE LA PAZ"
presentado a la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz en'
'
Buenos Aires, del lo. al 23 de diciembre de 1936. En el capítulo I, Principios
Generales, Artículo I, se lee: '·'Las Altas Partes Contratantes declaran solemnemente que condenan las guerras de agresión en sus relaciones mutuas, y que
el arreglo de los conflictos o divergencias de cualquier clase que se susciten
entre ellas no deberá realizarse sino por los medios pacíficos que consagra el
derecho internacional''.
Tenemos, por últimos, las Declaraciones de la Carta de las Naciones Unidas,
en las que hay ya un nuevo enfoque hacia el problema de la paz -ampliamente conocida-, pero que dado nuestro estudio, resulta de interés, cuando en
ellas se dice: Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas resueltos ... a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor
de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de
las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan
mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados
y de otras fuentes del derecho internacional, a promover el progreso social y
a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad".
Conceptos que claramente denotan cómo gradualmente se ha venido creando
una conciencia cada vez mayor que puede acercar al hombre a crear un nuevo
Derecho Internacional de la Paz, bajo nuevas concepciones.
No podemos terminar nuestro breve estudio, sin antes consignar algunas palabras de admiración para aquel insigne creador y maestro, Francisco de Vitoria,
creador de la escuela hispánica del Derecho Internacional, quien anticipándose
a su época, su pensamiento ha logrado que sus doctrinas le sobrevivan y puedan ser reactualizadas para bien de la paz, de esa paz que el hombre necesita
para poder cumplir con sus designios y misión entre hermanos.

465
H30

�EL PERIODISMO DESDE ADENTRO
LIC. RODRIGO MENDIRICHAGA

HEMOS VISTO A UN HOMBRE que leía un libro por la calle. Ya era de noche
y cerca de él brillaban los escaparates de la zona comercial.
Parecía mal situada su figura. No porque sea malo leer un poco estando
próximo a las tiendas. La figura chocaba con algo más importante aún: con el
ambiente social.
En nuestro medio nacional -y sobre todo en nuestra ciudad- no se leen

libros. Hemos desterrado de entre los hábitos el de la lectura de libros.
Y un hombre sentado en su casa, leyendo La Caida de Camus, o El Viejo
y el Mar de Heminway, será para sus amigos un tipo raro. Qui7.á su propia
familia le califique bajo en su respeto.
Cuando un hombre sale a la calle de Morelos y se propone seguir leyendo su
libro, éste sí ya rebasa lo tolerable. Como a un apestado, el prójimo le dirá
tímidamente, sólo con la intención, "vete a tu casa".
Nuestras ciudades tienen un complejo de velocidad que quiere excluir la

pausa meditadora de la lectura de libros.
Recordamos aún con melancólico desprecio la observación de una mujer
adulta, esposa de un hombre de negocios, que al ver a un niño desplazarse
activamente en sus juegos e intereses, comentaba con orgullo que sería un hombre de negocios.
Su reducida visión de las labores humanas Je había hecho descartar de entre
las tareas activas, que requieren el espíritu pronto, la voluntad firmísima y el

trabajar continua y rápidamente, la labor intelectual.
La admiración por los oficios con resultados inmediatos en lo económico y
el rechazo de la tarea intelectual, conduce a la eliminación de los libros de

entre las cosas útiles.
Vertiginosa época en busca de dinero es la nuestra.
Pero la escuela sigue enseñando a leer y la gente continúa teniendo la necesidad de conocer lo interesante y lo nuevo.

467

�El hombre promedio que ya sabe leer ha de aplicar su conocimiento. Enfrentado un día entero a la deprimente rutina de un trabajo administrativo, seguirá
necesitando algo más. Aplicar su alfabetizada intelectualidad a papeles de diversos colores que' poseen datos monótonos, le dejaría permanentemente vacío.
Recepción y embarque de mercancías, clasificación de productos, numeración
de máquinas; y, cheques, letras, facturas ... Para la economía esto será importante. Para la urgencia humana de conocer y de estar enterado, los papeles
rosas, verdes y blancos, todas esas documentaciones que se parecen a las de
ayer y a las del año pasado, no dicen nada.
Tantos hombres que conocen que hoy será este su destino, con variantes maYores o menores, no pueden estar conformes.
Antes de marchar a enfrentarse con su rutina, o al volver de la misma, el
hombre buscará llenar su vacío.
Sólo que, por razones de época, es un ser vertiginoso.
No dispondrá de mucho tiempo, ni tendrá la madurez necesaria para permanecer quieto, anclado, en un solo sitio.
Quiere conocer, quiere estar informado, pero no sabrá mantenerse mucho
tiempo recibiendo y meditando.
Porque es un ser vertiginoso, ya lo hemos señalado, y porque su prodigiosa
época le ha mostrado muchas noticias en una forma ágil, fácil, que sólo le
pide mirar; porque cine y televisión le han dado gráficamente muchos mundos ignorados, el hombre rehuye la lectura de libros.
Ese hombre, fruto del tiempo y de su abandono, lee periódicos.
Rabia de leer algo más que aquellos papeles de colores que pasan diaria e
interminablemente por su oficina. Pero no conocía el reposo fecundo y, por
tanto, ni imaginó que debiera acercarse a Camús, a Goethe, a Cervantes, a
Dante.
Esa es la arcilla de la cual está hecho el consumidor de periódicos. Usamos
deliberadamente el término consumidor -tan de la economía, tan de nuestro
medio-, para situarnos en léxico comprensible. Y pensamos que será mejor
entender como consumidor al que lee, para no tener que aceptar al comprador
por kilos de periódicos viejos. Para no tener que recordar, con pena, que este
es el destino general del periódico: acabar reunido, sólo unos cuantos días
después de salir, alegre y violentamente de las rotativas, en las colonias de
"pepenadores" de cosas inútiles.
Por razones de época, por la mediocridad del consumidor, el p·eriódico no
tendrá siquiera ni la decorosa vivienda propia de los libros. No hay estantes
-que son estructura e indican permanencia- para los periódicos.

468

EL

CONTENIDO

En el examen del periodismo no es posible quedar en análisis de época y
de lectores.
Este problema recuerda mucho al que plantea el arte cinematográfico.
Que al espectador de cine le gusta ver pornografía, se dice. Que podemos
observar la enorme demanda de boletos cuando lo que se anuncia presenta insinuantes escenas.
Siempre hemos recordado, al pensar en este tipo de dramas sociológicos, en
el acertijo de la infancia: "¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?"
La gente no influyó, con una correspondencia abundante o con manifestaciones masivas, ante las casas productoras de películas.
El cine tuvo cierto decoro y también gran público en otra época.
Luego, algunas mentes y sensibilidades, proyectaron ir girando hacia el descaro en temas y escenas; se basaron, quizá, en el conocimiento de la fácil propensión humana hacia el mal. Y buscaron, ciertamente, una finalidad económica.
Hecho el cambio, habituado el espectador, hoy es difícil saber quién fue
pnmero ...
Y el periodismo presenta esta misma amalgama de culpabilidades.
La gente no sabe leer mucho porque ha descuidado su capacidad. Es culpable.
Pero los editores también han retirado cada vez más las palabras para enseñar gráficas "que hablen".
El consumidor dé periódicos no tiene cariño por lo que compra y lee cada
mañana; porque no aprecia nada que no le conduzca directamente a mejorar
sus ingresos en dinero. Posiblemente entre los pobres la única sección que se
conserva por unas horas sea la de avisos de ocasión.
Y el lector es culpable de esta actitud fenicia.
Pero, ¿ qué es lo que entrega el periódico?
¿ Valdrá la pena conservar anuncios comerciales, historietas gráficas, fotografías de gentes vanidosas, espacios pagados que no son noticia, informaciones
de dudosa procedencia y comentarios tibios o comprometidos?
Un descrédito se gana poco a poco. Pero en el periodismo se tiene la terrible
desventaja de poder mostrar las lacras cada día.

FINALIDAD PRIMARIA DEL PERIODISMO

Posiblemente el error base en la organización de muchos periódicosi sea una
creencia que va muy bien con el sentir propio del siglo.
469

�Los periódicos se piensan, primero, como negocios.
Imaginamos a los aspirantes a la creación de un nuevo diario o revista des•
'
' un
trozandose
el cerebro p·a ra encontrar los caminos por los que pueda ser
buen negocio. Un gran negocio.
Y si un periódico tiene ante sí como principal finalidad alcanzar grandes
beneficios económicos, el mismo se ha prostituido, poco importa si desde su
origen o posteriormente.
Porque el periódico tiene una responsabilidad y ésta es su primera meta.
El periódico, que maneja información y plantea criterios con sus comenta•
ristas, tiene como fin primario el de orientar la opinión, el de crearla con
su mensaje.
Pero hacer un periódico cuesta mucho dinero; por tanto, debe vérsele tam•
bién como negocio. Deberá ser negocio para poder realizar su fin principal.
Esto es diferente.
Cuando se ha creado y llevado adelante la empresa periodística con este criterio, entonces se cumple con la responsabilidad y se vive decorosamente.
Pero si se desvirtuó el orden que por naturaleza debe tener la vida del periódico, si se pensó en alcanzar fortuna, lo más que tendrá su creador es hartura
económica, habiéndose olvidado de todo lo demás, desde su fin principal hasta
muchos otros aspectos que tienen relación con la verdad, la justicia y la caridad.
El periodismo.negocio es una deformación muy generalizada.
El asunto se manifiesta ridículamente y con las proporciones más increíbles.
En el periodismo-negocio viven docenas de mediocres aspirantes al pan día•
río; y al tequila diario, por qué no. Son ciertos seres mezquinos de aspecto y
peores de intenciones. Inventan hojas, boletines, revistas, diarios, y van viviendo por temporadas del favor de minúsculos políticos ambiciosos o de gentes
que prefieren adelantar su dinero a ver impresas calumnias, insinuaciones y hasta verdades.
Ninguno de estos miserables llega lejos, ni en la consideración pública ni en
fortuna. Pero tampoco lo desearon.
Son los que quieren tener algo más de dinero del que merecen por su capa•
cidad. Y lo obtienen aprovechando unas embrionarias y atrofiadas cualidades
que recuerdan un poco a las que debe tener un periodista.
Casi siempre aprendieron algunas cosas fundamentales sobre la exterioridad
del periodismo vegetando un tiempo en algún diario grande. Porque ahí estuvieron, saben hacer una nota informativa, conocen el proceso técnico del taller
y pudieron llegar a ciertas fuentes.
Por eso deciden algún mal día independizarse para vivir mejor, para alcanzar más beneficios económicos.
470

Inventan desde la carta confidencial hasta algo parecido a un periódico por
,su formato.
Hacen vivir su grotesca creación sólo el tiempo justo que les da para comer,
vestir y tener desórdenes morales frecuentes.
Hoja, carta, boletín, revista, periódico, nacieron y subsistieron en función del
fruto que pudieron dar. Cansados los anunciantes, menos asustados los tramposos, removidos los políticos amigos, el periodismo-negocio termina.
No así el hábito de su creador. Estos parásitos continúan inventando el siguiente negocio-periódico.
Y si estos seres desagradan, por sus intenciones, por sus actos, por su indigni•
dad al arrastrarse en busca de ayuda, no son mejores quienes alcanzan riqueza,
poder y aceptación social p·or los mismos medios.
Este otro extremo del problema se muestra en condiciones externas distintas.
Aquí, casimires suaves como piel de mujer, oficinas suntuosas, orientales, olor
a perfumes extranjeros y licores elegantes. Siempre afeitados; con el aroma de
cigarrillos americanos.
Es la alta escuela del periodismo-negocio.
No tienen que arrastrarse tan abajo ni tan frecuentemente. Los suaves casimires van al piso de las Secretarías de Estado y de las grandes empresas industriales y bancarias.
Van de vez en cuando; sólo a recoger un cheque bien gordo.
Aquí, los titulares se cotizan en miles de pesos. Los silencios también. La adhesión vergonzante a un régimen lo mismo.
Pero el creador de esta parodia de periodismo vive lujosamente y puede
extender favores y pasar con facilidad cualquier contrabando moderado. Tendrá acceso al mundo social de moda. Este negociante del periodismo puede
estar en clubes y casinos exclusivos.
No es menos indecente que el desarrapado que publica un boletín y espera
audiencia de un alcalde provinciano para recibir el pago por su alabanza o su
silencio.
Debiéramos creer que es peor. Porque su acción maligna, o su abstención en
la responsabilidad periodística, va a mayor número de lectores.
Siendo peor, esta época graciosa, especialísima, le aplaude, le tiene respeto.
Epoca curiosa que en voz baja condena todo el día los males y crímenes,
pero que admira al hombre que alcanza el poder económico, aunque haya llegado a él por caminos tortuosos.
Y entre este potentado del periodismo-negocio y el otro aprendiz eterno de
este nefando oficio, una gama interminable de eslabones. Ahí, desde los que
creyeron que sería sólo un medio para hacer dinero pero, a su vez, deseaban
471

�decir la verdad, hasta los que bandean de una borda a la otra, pues equivocaron desde el origen su finalidad.
Esta forma de periodismo es un error desde su raíz.
Un trabajo que se inicia con mentalidad propia de otros oficios, no podría
ser un acierto.
La apostólica misión de informar y orientar con verdad -que supone despego de beneficios propios, visión puesta en el prójimo como receptor de nuestro servicio---, no es posible condimentarla con miras de instituciones de crédito.
Son dos cosas bien diferentes. Lo son por definición, por naturaleza, de
origen.
Si soy poseedor de una información valiosa, conocedor de un enfoque correcto de la realidad, si tengo, en definitiva, la verdad, no es legítimo especular
con ella. La verdad es algo tan digno en sí, que sólo puede transmitírsela, no
negociar con ella.
Por los medios de que dispone, el periodismo está capacitado para alcanzar
la verdad; deberá decirla, por tanto.
Y en este magnífico oficio, creado para los buenos, no para el desecho de la
sociedad, no habrá más que una condición que la impone la persona humana:
al ejercer el periodismo, poder vivir de él con decoro.
Obtener del trabajo periodístico lo necesario para vivir con holgura no supone transgredir finalidades.
Quien vaya más allá y confunda esta misión con el tráfico comercial, es un
pobre diablo que no entiende en lo que anda o un perverso que sabe demasiado bien lo que desea.

PRESIONES ECONÓMICAS

a ver peliculas y se sienta desganadamente a aburrirse ante la pantalla de televisión. No lee, no quiere leer.
Ahí está el fenómeno, vergüenza de nuestro tiempo.
Y paradoja también. Pues, a medida que disminuyen los índices de analfabetismo, se va leyendo menos. Y esto, aunque verdad sociológica que enseña
nuestra observación, parece ser un reto a la lógica ... y quizá a las matemáticas.
V amos a dejar esto por ahora como un mal acumulativo que, para corregirse, requerirá de mucho tiempo. Creamos por un momento, optimistamente,
que en algún buen siglo próximo la gente quiera volver a leer.
Y vayamos al p'roblema que esta ausencia de lectores causa al periodismo.
Si el periódico no puede vivir de la venta tendrá que vivir de otras dos so~
luciones: publicidad y subvenciones.
De momento podemos quedar perfectamente tranquilos de saber que existen
medios de acercar la ayuda necesaria cuando han fallado los lectores requeridos.
Pero, subvenciones y publicidad, suelen allegar el dinero y ciertas condiciones.
Lo cual no sucedería fácilmente con una enorme masa de lectores, que no
estarían asociados como compradores de un diario determinado.
La vida más libre para un periódico existe cuando su tiraje y venta es tan
alto que cubre todos los gastos y hasta puede reportar alguna utilidad.
Un periódico en tales condiciones de subsistencia tendría que equivocarse
demasiado para ser abandonado por sus lectores, esos hombres anónimos que
con unos centavos diarios le hacen posible vivir.
Es más difícil que un solo hombre, o un pequeño equipo de hombres, no
vaya a tratar de exigir algo más a cambio del apoyo económico que proporciona a un p·eriódico.
Conociendo las reacciones humanas, podría predecirse que la libertad de expresión estaría en riesgo al recibir subvenciones y publicidad.
Pero no hace falta tomar actitudes proféticas.

Haber pensado un momento en la desviada mentalidad que programa un
periódico como negocio solamente, nos coloca de lleno en otro asunto que se
presenta como una peligrosa constante en México, y que sabemos también es
propio de otros lugares.
Los periódicos no pueden vivir de la circulación.
La crisis alérgica hacia la lectura es tan grande en nuestro p•aís, que m se
leen libros, ni suficientes personas leen periódicos.
Y la venta del periódico es tan pequeña, comparativamente al costo de su
elaboración y tiraje, que no podrían vivir las editoras de esto solamente.
No queremos insistir sobre esa masa humana que crece en nuestras ciudades,
que trabaja, pulula por las aceras y cafés, asiste al futbol y los toros, se mete

472

El hecho está aquí, y es uno de los mayores problemas para poder desarrollar
un periodismo libre.
Necesitado de dinero para imprimir la verdad, sabedor de que la venta
por voceadores, estanquillos y suscripciones no sería suficiente, el director programa su publicidad.
Debiera de ser una simple relación comercial. Pero no queda en esto porque
una de las partes, desde el punto de vista económico, está en desventaja. El peTiódico necesita del anuncio. No así el anunciante, pues para él es sólo uno de
los medios de mostrar el producto a sus compradores.
El anunciante entonces empieza a pensar en el periódico, creyéndose con
·unos derechos que pudiéramos llamar laterales, para intervenir en sus destinos.

473

�Si se dijeran ciertas cosas, o se dejaran de decir otras, el anunciante amenaza
con retirar su colaboración.
El periodismo está atado.
No todos los anunciantes serán así, pero existen muchos con este criterio.
Lo que es vida para el periódico -esa fuente de ingresos que llamamos publicidad- es sin embargo, también, una amenaza permanente. Y, a sabiendas
o ya como un complejo grabado dolorosamente en el subconsciente, muchos periódicos tienen que ir informando y comentando cuidándose de no lastimar
a los poderes económicos que hacen posible ir diciendo verdades a medias,
cuando menos.
Las subvenciones son otros de los caminos para procurarse recursos para
subsistir y que p'resenta riesgos similares.
En este caso, además, quien aporta el dinero ni siquiera vera illlpreso un
producto y recibirá ese servicio; por tanto, estará más listo para esperar el favor del periódico o quedará seguro de no ser atacado jamás.
El periodismo de hoy, de aquí, de muchas otras latitudes, cuando tiene que
depender en lo económico, fundamentalmente, de poderes externos, suele ser
un oficio difícil, muy difícil.
Y esta terrible angustia de querer decir la verdad, toda la verdad, y sentirse
dependiente del apoyo económico de algunas personas o grupos -públicos o
privados- no puede terminar con una actitud del periódico.
No bastaría con decidirse a actuar haciendo a un lado ese temor a los poderes económicos. La aventura puede durar un tiemp·o pero, al fifl, el anunciante inconforme o el político ofendido retirarían su ayuda y el periódico moriría o, en el peor de los casos, llevaría una vida precaria.
Si el periódico tratara de decir sólo la verdad y, sin embargo, sintiera la
presión del anunciante o del subvencionista para que callara, entonces el problema que se ha creado no está en el periódico mismo.
El problema lo ha creado un ser extraño al oficio que quiere opinar y decidir
sin tener ni capacidad ni derecho de hacerlo.
Si volvemos sobre nuestras primeras ideas y recordamos que el periódico es
hoy el medio más aceptado de lectura, si es, por lo tanto, una necesidad social
la existencia de buenos periódicos y la vida social es responsabilidad de todos
los que particip•amos de ella, lo menos que debe sugerirse a los extraños a la
tarea periodística es que retiren las manos.
Esta grave amenaza que existe sobre los periódicos de países donde aún no,
es posible vivir de la circulación, no terminará más que con la educación de
anunciantes y subvencionistas. Cuando entendieran que gracias a ellos puede-decirse la verdad y estén satisfechos con sólo esto, el problema se habría.
subsanado.

474

No puede estar la solución en otro lugar.
Deseamos que algún día, mayor número de colaboradores económicos entiendan esta otra obligación maravillosa de abstenerse de opinar.
Pero sabemos que será muy difícil alcanzarlo.

EL PERIODISMO COMO CARRERA

Pero, ¿ de qué serviría una correcta intención del director y una útil abstención de anunciantes y subvencionistas, si no se tiene un personal que realice un
periódico digno?
En este aspecto encontramos cierta semejanza entre las actividades magisteriales y periodísticas, que parecen provocar una dificultad de origen.
Por nuestras escuelas secundarias y preparatorias pasan meteóricamente cientos de maestros improvisados e inestables.
Para sólo ejemplificar, de las Facultades de Derecho mexicanas un p·orcentaje considerable de alumnos intentan probar capacidad temporalmente como
profesores de enseñanzas inferiores a las que ellos van cursando.
Es un fenómeno conocidísimo; y, según el hábito que ha creado y la reincidencia, se presenta casi como inevitable.
Durante algunos años y generalmente antes de recibirse, los aspirantes a la
abogacía prestan servicios en escuelas secundarias y preparatorias. También se
da esta tendencia entre estudiantes de medicina, ingeniería, contabilidad, etc.;
pero la hemos observado más frecuente entre estudiantes de Derecho y Ciencias Sociales.
Pues, estos meteoros de la enseñanza, son un caso que debe analizarse. Si a
cada uno le sirvió como entrenamiento para presentarse en público, le obligó
a prepararse mejor, le acostumbró a argumentar, puede ser interesante; p·ero
sólo para él.
Quienes tuvieron que sufrir como alumnos estos experimentos, no se habrán
beneficiado especialmente.
Por allá entre las intenciones, confesadas o no por los actores de este drama
educativo nacional, existe un deseo de hacer algo de dinero dando clases, para
pagar la ropa nueva, los cigarrillos, la gasolina del coche, los espectáculos.
Se miró, desde el principio, como oficio pasajero. Había tal demanda de profesores que podía estarse ahí -enseñando mal- durante unos años.
¿ Por qué no se continuaba en ello?
En primer lugar porque jamás se tuvo la vocación para hacerlo. Ni se sintió
el llamado, ni se tenía la capacidad p·a ra realizarlo.

475

�Pero también, y esto es muy importante, porque la perspectiva económica
que se ofrecía era lamentable.

El estudiante universitario que anda de aprendiz de profesor conoce los bajos sueldos de las escuelas. Y conoce los altos sueldos de otros oficios.
No está mal que mire este asunto con interés. Es chocante el joven que de:sea ser millonario; pero no lo es el que busca la dignidad económica.

Como en el magisterio llegaría a la estrechez, no lo pone frente a su elección
-como un camino posible. Lo rechaza desde el principio,
Los oficios profesionales, industriales, bancarios, comerciales, dejan abundantes frutos aun ejerciéndolos honestamente. Los sueldos del magisterio han que,dado rezagados.
El joven que ensayó la cátedra --con vocación tambaleante o sin ella-, ya
tiene decidido no continuar.
Por tanto, entre nosotros, pocos hacen del magisterio una carrera. Y, sin per-sonas suficientes que se especialicen, que dediquen una vida, esta actividad
siempre estará en crisis.

,

1,

Este mismo fenómeno hemos advertido en el periodismo.
Pocas vocaciones, es cierto. Pocas capacidades, también. Pero, habiéndolas,
un temor legítimo de pasar estrecheces económicas, pues los sueldos no valen la pena.
Y, si continúa esta situación, seguiremos viendo, como en las aulas, el paso
de jóvenes que sólo estuvieron una temporada en las redacciones y los talleres
,de los periódicos.
Pocos quieren hacer carrera.
En ciudades como las nuestras, en que otras labores se adelantaron ya en
mostrar decorosos resultados económicos, el joven que permanece un tiempo
de reportero tiene la mira definitiva puesta en otro sitio.
Casi nadie hace carrera.
Sin una generación de periodistas de carrera, no será nunca posible tener
tradiciones, experiencias, escuela.
Este grave problema puede tener solución en las empresas editoriales mismas.
Hace falta una meditación sobre los daños que acarrea, debe hacerse el esfuerzo de revisiones a la contabilidad y, pudiéndose, habrá que tener la actitud ge...nerosa de aumentar los sueldos.
Que, quienes posean vocación y capacidad, puedan estar tranquilos porque
alcanzarán holgura ejerciendo el p·eriodismo honestamente.

Los

MEJORES HOMBRES

Y, entonces sí, a exigir,. Los directores que entreguen sueldos suficientes,.
pueden hacer la limpia de indeseables.
Dado el paso de la nivelación de sueldos respecto de otras actividades se
podrá, como se procura hacer en la industria, la banca, el comercio, escoger
lo mejor.

Hemos estado tan pesimistas en la contemplación de las necesidades del periodismo, que queremos pregonar entusiastamente, con Daría y sólo para los;
efectos de nuestro tema, que andan por ahí "tantos vigores dispersos ... "
Hay calidad moral e intelectual que ha quedado dispersa porque no podía
o no se atrevía a agruparse en periodismos que negaran su finalidad, que estuvieran presionados por los p·oderes económicos y porque no se podía hacer
carrera.
Presentado un sugestivo sueldo, se haría la selección.
Entonces sí, casi violentamente.
El periodismo es la lectura más generalizada hoy, ya lo hemos recordado in-•
sistentemente. Para servir a la comunidad hacen falta en el periodismo los mejores hombres.
Exigir calidad moral, que también por ahí la habrá.
Aceptar sólo vocaciones probadas; aquellos que sientan urgencia de decir la
verdad, pero que sean capaces para decirla.
No sólo moralidad, no sólo buenos deseos, también cultura, una preparación
suficiente para ejercer el oficio.

Que no llegue por el teletipo una noticia de Indonesia y el entusiasta redactor la cabecee en Malaya.

SJNTETJZANDO

Recapitulemos lo dicho en esta visión panorámica e incompleta del periodismo.
Sería saludable el recuerdo, la revisión permanente, la autocrítica, para saber si se cumple con la primera finalidad: decir la verdad .
Es necesario que en una sociedad perfeccionada, los grupos económicamente poderosos que rodean la vida del periódico, tengan la madurez de comprender que, para bien de todos, deben dejar paso libre a la verdad.
Urge una reestructuración económica en los periódicos, para poder ofrecer
un mejor futuro en ganancias legítimas a los aspirantes que sí tienen vocación.

476

477

�Deberá exigirse, entonces, de quienes quieran continuar en el periodismo,
calidad moral y capacidad cultural.
_
.
Habrá otras muchas cosas interesantes que no hemos senalado; habran otras
formas de decir lo que hemos presentado. Pero el análisis, la ':'ed'.tación y la
redacción de estas ideas han sido efectuados con profunda conc1enc1a del puesto del periodismo en las responsabilidades de este siglo. . .
•
Hemos escrito además con el cariño que nace de percibir la fuerza aromatica de los ling~tes de :Uetal y de escuchar el melódico chasquido de los
lino tipos.

VENEZUELA EN LA EMANCIPACIÓN
DE AMtRICA
PROF. ANTONIO POMPA y POMPA

Instituto Nacional de Antropología e
Historia. México, D. F.

ESTE ENSAYO HISTÓRICO se propone llevar a un mejor intento de interpretación
integral, uno de los fenómenos de mayor trascendencia en la evolución de
América.

Las complejidades de este fenómeno histórico, el movimiento de emancipación americana, se van destruyendo en tanto la investigación va sugiriendo cauces que conducen a causas endógenas o exógenas que hacen la manifestación
externa del fenómeno y que plantean a la crítica en sus diversos aspectos, desde sus mismas fuentes, los orígenes de las manifestaciones externas, a veces
deformadas, azás frecuente, entrañando un imperativo de revaloración.
El gran movimiento de la emancipación americana es esencialmente uno e
indiviso aunque accidentalmente se manifieste múltiple, las causas u orígenes
remotos están concatenados y obedecen a postulados perfectamente definidos.
Peculiaridades las hay por el influjo del medio o del hombre, o de una circunstancia particular, sea ésta específicamente de tipo económico, político o ideológico.
Así, dentro de este concep'to general, lógico dentro de la evolución biológica
de América, hay objetivos que por propia naturaleza aparecen determinantes
y destacan por su propio destino como el muy particular, por sus proyecciones
continentales, que se operó en la capitanía general de Venezuela, cuya naturaleza le da preeminencia en el movimiento de la emancipación americana.
Antes de abordar el estudio de acontecimiento tan trascendente, nos parece
indispensable actualizar someramente la organización colonial, de la manera
como actuaba en los últimos años de la dominación española, y de esta manera conseguiremos a la vez, tener un juicio, aun cuando sea somero, de las
instituciones diversas que tuvo la capitanía general de Venezuela, ya sean és-

478

479

�tas de carácter político o administrativo, logrando también ubicar_ a 1_~ Real
Audiencia (de Caracas)' en la complicada estructura de. la ~rgam~ac10n col .al spañola institución la Real Audiencia que conslltuyo el tnbunal
;:~ar ecategorí~ judicial e~ esta parte de los domini~s español_es. ~o conoc10
más superior que al rey, quien por medio de su ConseJo de Indias ma en casos
especiales, apelaciones de sus sentencias.1
. . .
A esar de su importancia, que la tuvo como corte de Justicia, como cuerpo•
cons!itivo del Gobernador y Capitán General, y como _r,epresentant: en Vc~e-•
· person al.dad
de 1J monarca , su erecc10n, mstalac1on,
func10-•
zuela de la propia
1
•
•
• l
. t
xtinción e influencia que ejerció en el desenvolV1m1ento socia y
narruen o, e
, d 1 h' t . dores p·ara
olítico de Venezuela, no ha llamado la atencion e . os is ona
, .
~acer una exégesis que permita tener un concepto preciso acerca de la tornea
que imprimió a la sociedad de su tiempo. 2
•
•
•,
L Real Audiencia era el nexo de unión entre las provmc1as de la _reg1~~,.
,
·
las aque tenían gobernadores autono~os,
qmenes
reºcrían por la leg1slac1on
que España había dado para sus colonias.
.
,
La milicia tanto en los cuerpos fijos como en los de otro tipo, teman ~u
centro en C~racas que era la Capital de la provincia de ese nombre y don e
residía la autoridad de la Capitanía General de Venezuela.
. .
tanto los regulares como los seculares, reconocían como principal
El el
1 1os d.istmos
· t t n·bunales que
.d ero,
d I Ob,·spo de Caracas· y en lo judicia'
auton a a
'
.
.
c
S 'l
impartían justicia, reconocían la instancia supenor ~es1den~e. en aracas. ;. ~
conservaban autonomía bastante manifiesta los Cabildos c1v~les, donde se_
cutían prerrogativas y derechos, como en los Cuer~os ~oleg1ados, Y e:~n:::
tución de raíces tan antigua conservó sus preemmenc1as como los
g
Cabildos españoles.'

d:

i:

Un somero análisis de la evolución colonial de Venezuela Y_ de_ los_ ~nte~edentes del Cabildo español, nos hará ver, con efecto, que ~st~ mstltu:1~n hizo
germinar muchos de los valores _que_ ;ontribuyeron a const1tmr el esp1ntu que
animó al movimiento de emanapac1on.
, .
. .
Desde el siglo XI los monarcas de Castilla concedieron ª. sus subd1tos pnv1~
legios extraordinarios que constituyeron los fueros de las cmdades, siendo as1
b . n puede mirarse..al reino de Castilla como el lugar de Europa en_ que
que 1e
, ·
régunen
se implantó por vez primera y con particularidades caractensticas un
liberal de libertades municipales.'
· de Historia Colonial V enc;:olana. Caracas,
GARCÍA CHUECOS, HÉCTOR, Estu d lOS
1938, t. II, p. l.
: GARCÍA CHuEcos, H., ob. cit., t. II, P· l.
a LEVENE, RICARDO, Historia de América, t. VI, p. 309.
.
17 y 18.
. toria del Reinado de los Reyes Católicos, t. I, pp.
t PRESCOTT, WILLIAMS, H ts
l

Estos fueros daban al ciudadano la facultad de organizar ayuntamiento para
la dirección de los negocios del municipio, bien así como la de designar los
jueces que administraran justicia en lo civil y en lo criminal. Ningún hombre
podía según los fueros, ser molestado en su persona o en sus bienes sino por
determinación de los jueces municipales, cuya autoridad era tan precisa que
a los tribunales superiores no les era lícito avocarse el conocimiento de los
asuntos que estuviesen ventilándose por los jueces municipales; las libertades
públicas habían llegado a una madurez verdaderamente ejemplar.'
El doctor Angel César Rivas en su discurso de ingreso a la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, nos dice, refiriéndose a este tip·o de libertades públicas otorgadas a los ayuntamientos, que en Castilla habían llegado
al punto de que con frecuencia se establecía en las cartas, que a los nobles
no les era permitido adquirir propiedad raíz dentro de los límites del Municipio; que no era lícito a los mismos levantar en ellos fortaleza alguna y que
cuantos de su clase residieran en la jurisdicción mencionada quedaban sujetos
a la autoridad municipal, la cual podía rechazar legalmente por la fuerza
cualquier ataque de aquellos contra los ciudadanos. 6 "Así, mientras que los
habitantes de las primeras poblaciones de otras partes de Europa gemían bajo
el yugo de la servidumbre feudal, los de las villas y ciudades castellanas que
vivían bajo la protección de sus leyes y magistrados en tiempos de paz y eran
mandados por sus propios oficiales en la guerra, estaban en el pleno goce
de todos los derechos y prerrogativas de los hombres libres". 7 Por su parte
el doctor Rivas agrega que los ciudadanos de Castilla no se limitaron a entender en los asuntos exclusivos de su ciudad, se restringía el poder del soberano y se afirmaba el imperio de las libertades adquiridas. 8 Y por un natural
reflejo al proyectarse el Cabildo en Venezuela adquiriría todas las preeminencias del Cabildo castellano.
Consecuentemente con el clima que daba el Cabildo a la sociedad venezolana y teniendo en cuenta la evolución natural y lógica de este pueblo, se
llega a la conclusión de que fue madurando, fue fraguando ese espíritu de
independencia y libertad ante el aspecto despótico de muchas de las autoridades de la Corona.
Sólo un análisis preciso de los diversos factores que privaron en la evolución, no sólo del Cabildo, sino de otras instituciones coloniales de Venezuela,

~ Varios, La Colonia y la Independencia. Juicios de Historiadores Venezolanos. Caracas, 1949.
~ RtvAs, DR. ANGEL CÉSAR, Orígenes de la Independencia de Venezuela. Discurso
de ingreso como Individuo de la Academia Nacional de Historia. Caracas, 1909.
7
PRESCOTT, ob. cit., t. I, p. 19.
8
R1vAs, DR. ANGEL CÉSAR, ob. cit., p. 21.

480
481
H31

�puede llevar a una mayor claridad en la v1sion de los orígenes históricos de

q~eros de Ausb~rgo sólo fue un contrato con la corona de Castilla y que ade-

la emancipación de este país. El desenvolvimiento trisecular colonial venezolano nació, se crió y desarrolló en medio de un sistema de leyes y de instituciones sociales, políticas y culturales, que causó impacto e imprimió carácter
en la estructura colonial y dejó estratos manifiestos que aún superviven en
la estructura nacional republicana, a pesar de acciones negativas, que las ha

mas, los companeros de los Welser eran en su mayoría españoles: sin haber

habido en todos los tiempos; supervivencias como también las dejó el mundo
indígena prehispánico cuyo carácter provocó un Fuero Indígena Venezolano,9

por la lucha represiva del Estado y la ambición del conquistador, situación
jurídica que hizo nacer y desarrollar una amplia legislación desde las llamadas
Leyes Nuevas (1552), cuya aplicación provocó escaramuzas y motines civiles
en el Perú y protestas enérgicas por encomenderos de muchos lugares,1° y
después de la Recopilación de Indias, amplio monumento legislativo comparable a los mayores y más notables del derecho universal."
Dentro de esta circunstancia de tensión y aparato jurídico-administrativo
de la Audiencia, Consejo de Indias, Chancillería y demás organismos vivió

el venezolano desde el siglo XVI, desde que fue puesto el territorio en 1526

e_st ado segregada_ propiamente e:,ta _región del imperio de las leyes españolas,
smo, como lo afirma Humbert
de esas leyes". 16

mas de una vez sintieron sobre sí la sanción

C~n esta estructura inicial y el aparato jurídico-administrativo de la Colonia
r~afinnamos nuestro criterio de que sólo el Cabildo tuvo la constitución pro~
p1amen~e, venezolana, por las preeminencias específicas de esta institución que
le penm:1a por los fueros municipales, dar una estructura propia regional con
las esencias del hombre y del medio; pues mientras instituciones de otra Índole~ Y funciona:ios llegaban de la metrópoli con orientaciones y disposiciones

preCisas, los Cabildos eran la reflexión autóctona de lo que se iba constituyendo
con su propia idiosincrasia.17

'

La. confo~~ción social de la comunidad venezolana fue similar a la de
toda mdoamenca, con sus peculiaridades regionales que sólo fueron una pincelada en el mosaico continental.
La vida colonial en Venezuela fue más que todo una vida criolla en lo ur-

que p'romovió su colo-

bano, puesto que el peninsular se acriollaba en el medio y el hijo de éste era

nización por expediciones enviadas a la Costa de Cumaná y Coro. El rey hizo
del territorio dos circunscripciones, la de Venezuela y la de Nueva Andalucía
y el Dorado, y capituló en el año 1526 la población de la primera con Enrique
Ehinger y Jerónimo Sayler, siendo causahabiente de ellos desde 1531 Antonio
y Bartolomé Welser 13 y la de la segunda con Diego Femández de Serpa en
1568," ambas entidades quedaron sujetas a la Audiencia de Santo Domingo,
como ya lo habíamos referido.
La colonización de la región venezolana dio principio por 1528, ya que los

el ~~e por dere_cho vivía esa vida, en el funcionamiento de la vida social y
pohtica predo~maban lo~ blancos europeos, quienes tenían los cargos princi~ales que los cnollos les disputaban, tal y como aconteció en toda nuestra Aménea; estaban frente a frente dos orgullos en pugna, indiscutiblemente con mayores derechos los segundos; los primeros alegaban su "raza superior" y eran

bajo la inspección de la Audiencia de Santo Domingo,

12

intentos anteriores como el de Uvagua fueron sólo eso, intentos, siendo la
región occidental y un tanto del sur, de mayor ventaja por el tesón de los
alemanes Antonio y Bartolomé Welser, aunque esto representó una mayor cru-

deza por la energía de las bases de la colonización que la de los propios castellanos. Para 1556, época en que concluyó la capitulación de los alemanes
ya existían Coro (1528), el Tocuyo (1545), Borburata (1549) y Valencia
(1555). 15 Angel César Rivas nos hace ver que la capitulación con los ban11
GABALD6N MÁRQUEZ, DR. JOAQUÍN, Fuero Indígena Venezolano. Parte Primera
(1552-1783). Caracas, 1954.
10
DÁVILA, DR. VICENTE, Encomiendas. Caracas, 1927-49.
11
Recopilación de Indias. Lib. IV. Tit. I-XIX.
11
Ob. cit. Lib. II. Tit. XV. Ley II.
11 HuMBERT J., L'Ocupation Allemande du Venezuela au XVle. Sieclé. 1928.
1
• Apuntes Estadísticos del Estado Cumaná, 58.
u RlvAs, ANGEL CÉSAR, ob. cit., p. 32.

482

~ombres P?'. l? general llenos de prejuicios y supersticiones de sangre y de
ti tu los .n~b1hanos,. muchas veces discutidos, por su parte el criollo pretendía

el dormn10 de la llerra donde había nacido y consideraba que sólo a él correspondía. Los pardos, u hombres de color, eran el mayor número, como mestizos
de las razas blanca, broncínea y negra y como los nativos sin mezcla estaban
relegados a un plano inferior y sólo tenían permitido los oficios m~nuales y
las bellas arte.s; los esclavos negros y los sirvientes nativos formaban generalmente la servidumbre. Calcúlese que la capitanía general de Venezuela tenía

en. las proximidades del movimiento emancipador 800,000 habitantes, distrib,mdos en los 950,000 kilómetros cuadrados de superficie, constituían mayona los hombres de color y luego se contaban los criollos y peninsulares que
éstos eran en minoría, pues se calculaban unos 12,000.
Aun cuando hubo intentos y propósitos de mejorar intelectualmente a la co•
munidad venezolana, la masa estaba en una categoría ínfima, pues esto con~
ob. cit. Introducción.
Recuérdese al Ayuntamiento de la Ciudad de México y el caso particular, en el
Movimiento Emancipador, del Lic. Primo de Verdad y Ramos.
JG HUMDERT,

17

483

�venía indiscutiblemente a la política regional, y por lo general sólo los criollos
estudiaban en escuelas particulares o públicas y después seguían carrera en
la Universidad de Caracas, en el Colegio de Mérida o bien en Santo Dominao Santa Fe o la ciudad de México del reino de Nueva España, por ello
vem~/ que muchos de los venezolanos que figuran en la revolución emancipadora, carecían de la preparación necesaria, y buen número de ellos eran
autodidactas. 18
Adúcese como una de las razones o motivos principales para la guerra a
muerte durante la lucha de la independencia, la premeditada ignorancia con
que España mantuvo a Venezuela, con objeto de _retener mejor,el comercio,
la agricultura y ganadería y los diversos monopolios que se habian f~ndado,
ello hizo que fuera creándose un rencor latente co~tra los_ qu~ dommaban,
porque privado de toda noción de libertad e_n s~ vida o_rdmana, no encontraba modo de expresar sus sentimientos y aspiraciones y siempre pensando en
•
,
un porvemr
mas
venturoso.19
.
,
Sólo una minoría formada por criollos y algunos mestizos sab1an lo que
era_. aunque en forma inicial, el sentido de patria, los demás por el ai~lam~e~to
con Esp·aña y la ignorancia de las esencias que constitu~en a la _patria, v1v1an
sin el vínculo de las tradiciones, desligados de toda esencia aglutmante. . ,
La vida colonial fue en las ciudades, dentro de una paz y tranquilidad
manifiesta, sin mayores entretenimientos que la vida cotidiana de las transa~ciones propias de un mtmdo más medieval que renacentista, con entretenimientos a veces de tipo religioso o de fiestas reales, en ellas como e~ natural
participaba el pueblo en su segundo medio; vida galana de la sociedad de
la época, muy particularmente la de Caracas, donde -nos ~ice la obra de
Levene- las familias mantuanas, las que venían de los conqmstados Y gobernantes mantenían en vivo las pocas tradiciones de la patria.
En los campos -nos sigue diciendo-- el que más se esbozó c~n sus perfiles
propios fue el llanero, semejante al gaucho de las Pampas argentmas:, ocupa~o
en domar potros y carnear reses para su industria y diaria ahmentac10n, a1::_en
de improvisar coplas alegres al son de sus maracas ~ ?uitarras: Desde m~os
se ejercitan y ejercitaron en el manejo de sus fuerzas f1s1cas y adiestran su_ rustico ingenio en la astucia, disimulo y agilidad, para salvarse de los peligro;
de una naturaleza indómita y salvaje. En la guerra, desde luego, encontro
el llanero su vocación natural, de alli el papel preponderante que tuvo en las
campañas, tanto en las filas realistas como en las de la emancipación. Y p~ra
completar este magnífico cuadro de los llaneros, la ?bra de Levene nos_ dice
que sin más ley que su habilidad en el rodeo, la reciedumbre de sus punos y
18

19

484

LEVENE, RICARDO,

Ibidem.

oh. cit., t. VI, p. 310.

su afilado cuchillo, se advierte que cuando algún habitante de las montañas
cometía un homicidio o latrocinio, para evitar los inconvenientes de la intervención de la justicia, se refugiaba en los llanos, donde se convertía en cuatrero.
En esta forma tan clara y precisa la obra de Levene nos da los rasgos principales de quienes con su lanza en ristre y sobre indómito caballo serían los
bravos combatientes en las luchas cruentas por la emancipación venezolana. 20
Esto no quita que un grupo selecto de criollos y mestizos fuera el núcleo
que contribuyera a formar el espíritu de nación y conservar todas esas inquietudes y esencias que pudieron consolidar y ser la circunstancia principal y el
alma de un movimiento que un poco complejo por diversas influencias trajo
el rompimiento del vínculo con la Metrópoli.
Aun cuando la política de España en sus colonias, muy particularmente en
Venezuela, fue la de preservar la entrada de ideas distintas a las tradicionales,
las corrientes del pensamiento se manifestaron con espíritu de renovación desde
el siglo XVII, subrepticiamente hicieron presencia las ideas de la modernidad
como algo inevitable.
U na minoría selecta venezolana, con una conciencia de mayoría de edad, y
que había captado esa serie de inquietudes, estuvo apta para lanzarse por nuevos cauces con sentido autonomista, hacia una postura de soberanía, de libertad e independencia, no sólo dentro de un concepto económico, ni político,
sino ideológico, dentro de la corriente cuyo movimiento recibe tónica del
liberalismo europeo y cuyas raíces pueden encontrarse muy atrás, desde que
en Venezuela empezó a conformarse una conciencia mestiza. 21
Los descubrimientos geográficos; la ruina de la economía feudal; el establecimiento de nuevas iglesias que no reconocían ya la supremacía de Roma; la
revolución científica que trastornó las perspectivas mentales; el volumen creciente de los inventos técnicos que es causa de nuevas riquezas y aumentos
de la población; el invento y desarrollo de la imprenta tipográfica, con su
inevitable consecuencia sobre los ensanches de la cultura, de lo cual nace una
teoría política que, en Maquiavelo y en Bodin, funda la investigación del
problema social en la relación del hombre con el hombre y ya no en la relación del hombre con Dios.
Esta vida nueva de los ilustrados de los siglos XVII y XVIII fue infiltrándose a pesar de la vigilancia y de la acción de algunos tribunales como el de
la Inquisición, en las colonias españolas de ultramar y fue creando una crisis
de la conciencia venezolana así como transformando su fisonomía p'ropiciándola para el movimiento emancipador,
Roto por Renato Descartes el centro de la autoridad tradicional, y erigida
:ro LEVENE, RICARDO,
21

POMPA

y

ob. cit., t. VI, pp. 311-312.

POMPA, ANTONIO,

La Reforma Liberal en México, México, 1965.

485

�la afirmación de propia conciencia en base y fundamento de toda filosofía,
cambió de pronto bruscamente el punto de partida y con él cambiaron los procedimientos todavía más que las soluciones. He aquí la raíz y la razón de la
nueva doctrina reflejada en América, en Venezuela. 22

•

Es, pues, la doctrina de la Modernidad la que transforma y conforma la
crisis de la conciencia venezolana, dentro de una tónica que imprimen los
mismos ilustrados españoles, quienes la recibieron a su vez de la gran revolución filosófica preparada por los pensadores italianos y españoles del siglo
XVI; es el Cartesianismo y los principios de lo positivo que les llegan a los
ilustrados venezolanos por los ilustrados europeos, son las ideas muy particularmente de Benito Jerónimo Feyjóo y Montenegro y de Tomás Vicente Tosca;23 es la doctrina de esta gran transformación que los sujetos de la Compañía
de Jesús tratan de acriol!ar dentro de una postura ecléctica y después auspician cuando han sido expulsos por la política de Carlos III ;" es la doctrina de
las sociedades secretas, políticas y masónicas ; 25 esi en fin un nuevo concepto
del mundo y de la vida bajo la tónica de los imperativos ideológicos, políticos
y económicos lo que ha transformado y creado una nueva crisis en la crisis de
la conciencia venezolana, propiciándole idoneidad para la lucha p·or la emancipación.
Preparado el clima con el concurso de múltiples circunstancias internas, da
aliento el de otras circunstancias del mundo exterior, y por ello vemos que
potencias como Inglaterra y Francia participan, lo mismo que los Estados
Unidos, en acelerar ese movimiento que llevaría a Venezuela a la emancipación de la Corona española. Aquí resurgirá la lucha secular entre Inglaterra
y España y la lucha ideológica entre España y Francia y los intereses de una
21

POMPA y POMPA, ANTONIO, ob. cit., México, 1956.

u

FEYJÓO

y

MONTENEGRO, BENITO JERÓNIMO, Teatro Critico Universal. Madrid,

1778-79.
Cartas Eruditas y Curiosas. Madrid, 1760.
ToscA, ToMÁs VICENTE, Apparatus Philosophicus Sive Enciclopaedia Omnium Scien-

tiarum (Valencia, 1754).
:u QuIROZ•MARTÍNEZ, ÜLGA VICTORIA, La introducci6n a la Filosofía Moderna en
España. El Eclecticismo Español de los siglos XVII y XVIII. México, 1949.
NAVARRO, BERNABÉ, La Introducci6n de la Filoso/la Moderna en México. México,

1948.
is LAZCANO, MARTÍN V., Las Sociedades Secretas, Políticas y Mas6nicas en Buenos
Aires. Buenos Aires. P. García. "El Ateneo", 1927, 2 V.
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1929•1932. México. Archivo General de la Naci6n.

486

nación joven y pujante, los Estados Unidos; además de otras potencias; como
intereses de empresas holandesas.
La sociedad criolla y mestiza empieza a manifestar, no ya inconformidades
sociales discretamente expuestas, sino manifestaciones agresivas, y como un
reflejo aparece la actitud de nativos y negros y así tenemos que desde la segunda mitad del siglo XVIII, el espíritu de rebeldía de algunos grupos hace
preocupar a las autoridades españolas; es el malestar propio de una situación incómoda para las mayoríasi e intolerable para las minorías que aprovechan intereses externos ya económicos, ya políticos, ya ideológicos; los criollos
tratan y no tratan de romper con el régimen español puesto que piensan, como los criollos mexicanos, en Femando VII; los mestizos son más del lugar
y ellos proponen el rompimiento total con la metrópoli; la tensión esp'iritual
del venezolano siente y hace sentir más, como sus hermanos de Continente,.
el momento aventajado de esta crisis.
El expediente formado por las autoridades de la Capitanía General de Venezuela, con motivo de la insurrección acaudillada por Juan Francisco de
León en 1749, con el fin de lograr la expulsión de la Compañía Guipuzcoana,
contiene, en efecto, elementos preciosos para el estudio de la situación generar
de la Provincia en aquellos momentos; para medir el grado de su progreso
económico y la densidad de su población; para señalar las circunstancias políticas, particularmente en lo relativo a la ingerencia de los negocios locales
por parte de las autoridades peninsulares; y para apreciar el grado de la evolución del espíritu público frente a los problemas planteados por la colonización, especialmente los políticos ya que iba dando lugar el desarrollo ascendente de las fuerzas vivas autóctonas. 27 La manera como el patriciado caraqueño, lo mismo que "la plebe toda de estos valles", según reza el expediente,
hubieron de comportarse dentro del antagonismo político y económico surgido de la actuación de la Compañía Guipuzcoana, pone de manifiesto, en
forma muy clara y elocuente, el vigor con que los nativos sin distinción de
categorías, reaccionaban solidariamente ante las pretensiones absorbentes de
los elementos metropolitanos. 28
En el archivo del Consejo Municipal de Caracas existe documentación del
cabildo de la Ciudad que completa los expedientes de esta insurrecci¡Sn de
don Juan Francisco de León, uno de los p'recursores destacados del movimiento
de emancipación venezolano.
La población negra en Venezuela es capital para entender la composición
social de ese país y por consiguiente, la influencia que tuvo en muchas de
:, Documentos relativos a la insurrección de Juan Francisco de León. Prólogo de
Augusto Mijares, Caracas, 1949.
2t

lbidem.

487

�las actitudes del venezolano en la época colonial son de inexcusable presencia;
así lo acepta el doctor Pedro Manuel Arcaya en sus diversos trabajos de so-

decreto de 25 de julio de 1796, y así fueron destinados a reclusión perpetua

ciología venezolana.

en los castillos de Puerto Cabello, Portobelo y Panamá, 29 en tierras americanas.
Un equipo magnífico de revolucionarios intelectuales aposentaría en lugar

Al enfocar el doctor Arcaya los diversos complejos móviles que determinaron el principio y luego el desarrollo de la insurrección de los negros de
las serranías de la región de Coro en 1795, puntualiza con claridad el medio
social donde estalló la sublevación y el panorama esclavizante en Venezuela,

muy particularmente en la región de Coro. Lugares y haciendas en los cuales
estaban distribuidos los esclavos, la transformación de esa esclavitud en servidumbre de gleba, la organización social y económica de estos esclavos en

las haciendas agrícolas y de los que moraban en los fundos pecuarios así como de los destinados al servicio doméstico.
El valioso estudio del doctor Arcaya analiza la forma como los negros y los
pardos libres llegaron a formar una numerosa congregación de hombres de
población en el partido de Coro, y cómo el proceso de emancipación de los
esclavos fue iniciado desde la fundación de la Colonia, ora por ¡&gt;'ropio rescate, ora porque los amos, como era frecuente, les hacían gracia de la libertad,
manumitiéndoles por escrituras o testamentos.

t

Como era natural, los negros de la región de Coro en ese complejo devenir de intranquilidad y opresión, fueron activos agentes en esta conjuración
en que participaron José Leonardo Chlrinos muy particularmente y algunos
otros, como se asegura, de la talla de José Caridad González. Muchas circunstancias operaron en este movimiento de los negros, que consideran como
inicial en la lucha por la emancipación, muchos rumores hubo que se conjugaron para que estallara el movimiento que con enérgica y sangrienta repre-

sión sólo gestaba un esfuerzo de mayor altura.
El día 3 de febrero de 1796, día de San Bias, debía estallar en Madrid la
conspiración planeada para transformar la monarquía es¡&gt;'añola en RepúbHca
-nos dice Pedro Grases---- al estilo de lo acontecido poco antes en Francia.
La influencia de las ideas francesas tenía que sacudir forzosamente la península. Un grupo de hombres de letras dirigía la conspiración, capitaneados por
Juan Bautista Mariano Picornell y Gomila, mallorquín de Palma, maestro
reform'ador de la escuela tradicional en España, autor de vanos tratados pedagógicos, políticos. Acompañaban a Picornell, José Lax, Sebastián Andrés, Manuel Cortés Campomanes, Bernardo Garasa, Juan de Manzanares, Joaquín
Villalba, Juan Pons Izquierdo, todos profesionistas, abogados, médicos, profesores, quienes la víspera, es decir el 2 de febrero, fuer~n hechos prisione:~s,
excepto Garasa quien alcanzó a huir a Francia. Este mtento de revoluc1on
en España iba a terminar con la vida de los con jurados, mas por la interven-

ción del agente francés, Mr. Perignon, se logró una conmutación de pena por

propicio y donde había voluntades decididas como las de los hombres de
San Bias.
La piratería había hecho difícil el tránsito de la marina española y por
este motivo, los conspiradores fueron transladados separadamente y encerrados
en las mazmorras de La Guaira, entre tanto se les llevaba al destino final, así
llegó a La Guaira el bergantín correo "La Golondrina", con Juan Bautista

Picornell, dirigente principal del movimiento de San Bias, hombre dinámico,
de decisión, tiempo después, Sebastián Andrés, José Lax, Manuel Cortés Campomanes y Juan Pons Izquierdo, quienes continuaron sus propósitos revolucionarios.

Al contacto de los conjurados de San Bias con los americanos de La Guaira,
se inició una nueva conspiración, la de Manuel Gua! y José María España,

historiadores venezolados como Caraccio!o Parra Pérez lo han estudiado y
Pedro Grases lo trata ampliamente.'°
El día 13 de julio de 1797 fue denunciado el intento de sublevación al
capitán general de Venezuela, don Pedro Carbonell, siendo encarcelado buen
número de los comprometidos, mas don Manuel Gua! y don José María España lograron escapar y refugiarse por lo que parece en Curazao. 31
Tiempo después José María España regresó a La Guaira donde fue detenido, procesado y luego condenado al suplicio, ejecutándosele en Caracas el
8 de mayo de 1799. Gua! murió en Trinidad, en San José de Oruña, el 25 de
octubre de 1800.
El movimiento de la emancipación venezolana no había terminado, había
&lt;:oncluido tan solo un episodio.

Un importante hallazgo hecho por el historiador colombiano don Jorge Ri-cardo Vejarano, da una contribución de particular importancia en el estudio
de los orígenes de la emancipación venezolana y que se refiere a la con jura-

&lt;:ión de 1808 en Caracas, dirigida con el fin de formar una junta suprema
gubernativa que rigiera los destinos de Venezuela y según se desprende, como
lo conjeturó el doctor Vejarano, da oportunidad para estudiar dos aspectos
diferentes dentro de los movimientos de emancipación, el que se refiere a

julio de 1808 y el que hace a noviembre del mismo año, este segundo de
n

LAFUENTE, MODESTO,

•

GR.ASES, PEDRO,

Historia General de España. Madrid, 1869.
La conspiraci6n de Cual y España. Caracas, 1949.
n DAUXIÓN LA VAIS.E, jEAN FuNi;:ors, Vo, 1agt aux iles de Trinidad, et Tabago, dt la
Margarite, et dans diverses parties des Venezuela, dans L'Amerique meridionale. París,

1813, II, 116.

488
489

�extensísima documentación en 23 cuadernos que componen las declaraciones
de conjurados y testigos, a quienes se siguió un amplísimo proceso que obtuvo
sentencia el 4 de mayo de 1809; en este documento de una grande importancia y que publica el comité de Orígenes de la Emancipación, de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, se tienen
multitud de testimonios, de confesiones, de informes y declaraciones que llevan no sólo a atisbar con conocimiento de causa, sino a palpar el estado de
ánimo, la crisis de la conciencia patria que operaba en Venezuela.
Desde antiguo, aparecen testimonios que hacen manifestación franca del
estado social, económico y político de Venezuela, muy particularmente al finar
del siglo XVIII; de los proyectos fallidos y de los vaticinios, algunos después
comprobados acerca del futuro de Venezuela, se conocen y se conservan en
repositorios documentales; uno de ellos el que dejó don Gabriel Femández
de Villalobos, tiempo después Marqués de Varinas, en que vaticina la pérdida
de las Indias para la monarquía española. El comité de Caracas para el movimiento emancipador, dependiente de la Comisión de Historia del Instituto
Panamericano de Geografía e Historia, publicó Vaticinios de la Pérdida de
las Indias y Mano de Relox con una introducción del Dr. Joaquín Gabaldón
Márquez. 32
Fernández de Villalobos natural de Cuenca, Castilla la Nueva, pasó a las
Indias en 1654, cuando tenía doce años, estuvo en Cuba y fue un observador
muy dedicado y aprovechó cuanto le fue dable observar; se dio cuenta de
los traficantes de negros, supo de la vida en las Costas del Brasil, fue prisionero y salvado por traficantes holandeses, visitó Curazao y escribió Vaticinios
de la Pérdida de las Indias, que tuvo por primer título Desagravio de los Indios y Reglas Precisamente Necesarias para Jueces y Ministros, así también
escribió Mano de Relox que muestra y pronostica la ruina de la América e
ldrografia y Cosmografía de la América de Sona a Sona. Femández de Villalobos como se ve en sus manuscritos era un conocedor del medio y del hombre,.
por ello con tanta certeza pronosticó las consecuencias del coloniaje cruel

hacen ver testir~on~o_s expresivos y valiosos como el de don José de Austria
o el de ~on_ Jose Fehx Blanco, libro de influencia definida que vino a recon
fartar y Justificar las opiniones sobre la emancipación. u
-

Como, referimo~, la corriente de la mo-dernidad imprimió una fisonomía a la
r~vo~uc1on e~~nc1padora y no sólo los hombres en lo particular sino ue instituciones se f1ha~on a esta corriente renovadora, ni que decir de las so1edade
s:~~~ta~, ~as polít'.c~s por táctica de lucha, el secreto conservaba mejor la se~
g n a
el eJerc1c10 de un plan, mas las sociedades masónicas lo tenían como
una no~a. y tomaron participación en forma definida puesto que encerraba
~st~ ~ov~~uento ~~stulados humanos de libertad, por ello vemos Ia acción de
a ogia Lautaro de Londres: donde se iniciaron muchos de los caudillos
ie _la !~cha por la emanc1pac10n, además muchos oficiales eran iniciados en
og1as¡¡ otantes, es .dec1r, en los barcos que traían cuerpo rm·1·t
1 ar o aun en
aque os que se dedicaban al comercio por ello ]a maso ' 1·
•
· ·,
d
'
nena 1ene una partic1pac1on muy estacada en el movimiento emancipador de América.
Otra
institución, la Compañía de Jesús' tamb"é
·
1 n es importante
• •
en este
mov1m1ento de la independencia, pues aun cuando estaban la
, d
los . t
1
11
mayoria e
suie os expu sos, a e os se debe el progreso de las ideas de la mo-d "d d
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·
· · hl
erma,
uc vieron en mev1ta e c?rriente y que adaptaron a la concepci6n venezolan~ del m~ndo Y de la vida; entre las figuras notables de este movimiento
est~ _e_l Jesuita Juan Pablo Viscardo, quien merece en particular estudio y un
anahs1S Justo a su Carta Dirigida a los Españoles Americanos publicada en
L ondres 1801."
'

y tonnentoso. 33
Otro observador de la vida venezolana fue Tomás Paine (1737-1809) in-glés de origen, demócrata y luchador denodado por la libertad, de este importante escritor existe La Independencia de la Costa Firme, traducida del inglé~
al español por don Manuel García de Sena, este interesante estudio cuandofue publicado y al ser conocido en Venezuela fue libro de sensación, así lo

Así como encontramos instituciones como las referidas en el p
d ¡
·
•;
b''
,
roceso e a
"'.'1anc1pac1on tam 1en_ h_ubo países entre los que destacaban Inglaterra y Francia. •Inglaterra
es . defm1t1va en la emancipación de Ame'r"ca
.,
.
1
y 1a ptratena
auspiciada
desde
tiempos
remotos
por
ella
es
la
que
rompe
la
,·nte
·
.
rcomumcanón entre la metrópoli y las colonias; ejemplo destacado es la Escuadra chilena_ que organiza y mantiene Lord Thomas Cochrane. La acción inglesa muy
particularmente en los mares dio el tiro de gracia al coloniai·e arneri
F
•
cano.
rancia con su Revolución Francesa y con política interna en España desde
la, entrada, de los barbones, cooperó eficazmente a la independencia americana,
lo hacia ver a la Corona Española y al Virrey de Nueva España el minIStr_o don Lms de Onís, quien residía en los Estados Unidos como plenipotenciano. Napoleón Bonaparte fue uno de los muy interesados por la ernan-

= FERNÁNDEZ DE VILLALOBos, GABRIEL, Vaticinios de la Pérdida de la.s Indias y
Mano de Relox. Con una introducción del Dr. Joaquín Gabaldón Márquez. Caracas.,.

A:

1949.

" lbidem.

490

ª"

La Independencia de la Costa Firme justificada por· Thomas Paine T . t
nos Ha. Trad. de Manuel García de Sena Prólogo de Ped . G
' rcm a
•
·
ro rases.
BATLL~RI, S. J. MIGUEL, El .A.bate Viscardo. (Historia y Mito de la Intervención
de los Jesuitas en la Independencia de Hispanoamérica). Caracas, 1953.

491

�cipación americana y conocemos lo menos tres instrucciones dadas a los agentes

gobierno, a pesar de sus ofertas, porque está empeñado en arrancar a la co-

revolucionarios en América.36
A Francia más que todo le interesaba la independencia de Amfaica desde
el punto de vista ideológico y por ello luchó en diversos aspectos; s1 a Inglaterra interesaban los mercados y el progreso de la revolución industri_al, I_o que
acontecía también con Holanda, a Francia le interesaban las conciencias, el

la Soberana y le da amplia recomendación para sus Ministros en Europa, le
cubre con el uniforme de Coronel ruso y una orden por miles de libras ester-

rona española sus Colonias hispanas. La grandeza del propósito halaga a

linas. De este modo generoso salvó Catalina al futuro precursor de la inde-

pensamiento del americano.
.
.
La revolución de la emancipación amencana, coro~ hemos d1c~o, en su
esencia es una e indivisa, obedece a un común denommador que impone la
evolución y el progreso de la humanidad.
.,
.
.
.
La figura prominente, no sólo en la emancip~c1on a~encana, smo !igura
en la revolución universal, es don Francisco de Mtranda, ilustre caraqueno_ nacido en 1750 y ausente en forma definitiva en 1816, es por ello el pnmer
criollo de dimensión histórica mundial, el primero que en aquel turbulento
siglo XVIII figura y con categoria en el Viejo Mundo, su nombre está g:abado
de manera indeleble, en forma lapidaria, en el Arco del Triunfo en P~"-, .
El tema de Miranda -nos dice Picón Salas- es para un drama ps1colog1co
político drama de eterna vigencia porque inciden en él, co°:o ~n muchas
~ragedias ,colectivas, el irracionalismo y la lógica, la cultura Y_ el m~tmto ~ cons. ,
las Cortes europeas en los grandes círculos de estadistas financieros Y
pp:l~ti::, siempre pensando :en la libertad de Venezuela. Williams S. Robertson
' una amplia biografía lo m1Smo
·
le dedica
que R"1cardo .Bcrra"ynohay
_e e ,
_
historiador de la emancipación americana que pueda onuttr su nombre,_ hombre de contrastes, incomprendido a veces; para los con~1;adores ~tran~a
aparecía como un peligroso jacobino, para los liberales u~ ~~eJO revoluc1onano.
. el pensaE ra e I d rama del hombre de alta cultura y pulida sens1b1hdad,. era
miento maduro que ya ha tenido la manifestaci6n de la expenenc1a.
_
De este extraordinario personaje, Ricardo Levene en su Historia de Aménca
nos lo describe con amplitud y conocimiento en los interesantes párrafos que

pendencia hispano-americana. Regresa a Londres el 89, después de recorrer
varias naciones europeas. La relación de sus servicios y sus viajes se encuentra
publicada en tomos, titulados Archivo del General Miranda, que corresponden

a 26 volúmenes de infolios custodiados por la Academia Nacional de la Historia en Caracas.

Ya en Londres presenta al Ministro William Pitt en 1790 sus proyectos para
emancipar la América española. En constante labor hasta 1792 por medio de
informes que dirige a varios Ministros ingleses, con el fin de conseguir auxilios militares, a trueque de un comercio en los puertos de las colonias, sin

compromiso alguno de las soberanias de aquellos pueblos una vez emancipados.
Decepcionado de la politica inglesa ante la perspectiva de la Revolución francesa se dirige a París en marzo del 92. Entra en seivicio, como Mariscal de
Campo por sus grandes conocimientos militares, con las condiciones de cooperar a la independencia de América y de atender a sus asuntos económicos .
Su actuación en Francia como militar, escritor y hombre de estado, se encuentra publicada en otros siete tomos, que corresponden a 18 volúmenes de

su Archivo.
Expulsado de Francia por Napoleón, en marzo de 1801, se refugia de nuevo
en Londres donde continúa, ya más hombrado por los grandes acontecimientos

de aquella revolución, en la cual llegó a mandar en las batallas hasta 20,000
soldados, y tuvo bajo su dirección unos 60,000, con el firme propósito de
la Independencia hispano-americana. El conocimiento del fracaso de Gua!
en La Guayra el 99 se pone en inteligencia con éste, una vez refugiado en
Trinidad. En todas las Colonias hay revolucionarios que reciben sus inspira-

,

ciones. En las logias que fundó en España se inician americanos que serán

Francisco de Miranda pasó en 1785 a Inglaterra -nos dice- y continuo
sus viajes por pueblos y ciudades europeas, ilustrando su m~nte para enfrentarse a la Monarquia Española. En Rusia, Catalina II, _a quien se lo presenta
· ado Potemkin acoge con deferencia al suramencano que habla vanos
su pnv
,
I
· · .,
idiomas, tiene conocimientos generales y está per~guido por la n~u1S1c1on
politica de España, Tribunal que odia la Emperatriz. No acepta servir en su

futuros libertadores. Desde México hasta Buenos Aires y el Brasil se extien-

siguen:

• El Movimiento Hist6rico en México, No. l. México.' noviemb,re 1937.
Aº; .. Luis México y sus Revoluciones. Pans, 1836.
MORA, D R. Jos É M ~
•
.
11 RoBERTSON, WM. S., The Life o/ Miranda. Chapel H1ll, 192~.
.da de don Francisco de Miranda. Madrid.
BECERRA, RICARDO, VI

492

.

den sus actividades emancipadoras. Prepara, con políticos ingleses la expedición,

que en 1806 conduce Popham a la Argentina, la cual enseñó a los porteños
cómo se rechazan a los expedicionarios que pretenden ser conquistadores y
no saben ser libertadores. Parte a los Estados Unidos y allá, con la ayuda de
ingleses y americanos, sale de New York en febrero de 1806 con 200 hombres y algunos oficiales que logra embarcar para invadir a Venezuela. A bordo
del "Leandro" iza, por vez primera, su pabellón tricolor, que llama colombiano

en desagravio de la memoria de Colón. Recibe auxilios en Haití y en Barbadas, islas del Caribe, se entrevista con Lord Cochrane, Almirante inglés que

493

◄

�le ofrece su cooperación. En abril se acerca a Ocumare, costas de Venezuela,
pero su gobierno, en conocimiento de la invasión, le recibe en armas y des•

En el primer semestre de 1810 es cuando los emigrados políticos españoles
e hispanoamericanos agitan más en Londres, el problema de la rebelión penin-

truye la expedición. Apresa dos goletas con 58 prisioneros, fusila a diez en
Puerto Cabello y los otros van a las prisiones. La cabeza de Miranda, apellidado traidor, es puesta a precio. Intenta reparar el fracaso y desembarca en
Coro, pero encuentra la ciudad desierta y juzga por ello la carencia de espí-

sular se liga al movimiento que se prepara en las colonias; Venezuela como
Nueva España están en vísperas de algo extraordinario, los Cabildos son el
centro donde se respira con mayor libertad la decisión de la comunidad.
En el momento en que la crisis de la conciencia venezolana llega a una
marcada madurez, las circunstancias generales parece que se hacen más propi•
cias y parece que la hora de la emancipación se halla próxima.

ritu revolucionario. Regresa a Trinidad y desde allí continúa en sus empeños

que los renueva en 1808 al arribar una vez más a Londres.
A la invasión de Bonaparte el pueblo español contesta con el 2 de mayo de
1808 en Madrid, y esto tiene resonancia en Venezuela. Por eso los caraqueños
expulsaron a los comisionados franceses y pretextando los derechos de Fernando VII, se apercibieron a la lucha. El Ayuntamiento depone al Gobernador Emparan, cuando Francisco Salias le obliga a regresar al Cabildo, donde
le esperan Roscio, Félix Sosa y El Canónigo Chileno Cortés de Madariaga
que se nombran, a sí mismos, Diputados del pueblo y del clero. Estos sucesos
constituyen el 19 de abril de 1810 que proclaman la autonomía municipal.

El flujo y reflujo de las conspiraciones sigue. Inglaterra y Francia no descan-

bién al exterior. A Bogotá fue el Canónigo Madariaga, gran revolucionario y
pactó el primer tratado público. A Londres fueron Bolívar, López Méndez
y Andrés Bello. Hubo decretos favorables a la comunidad, en uno de ellos se

san y sus agentes recorren el macizo americano en todas direcciones. España
se aproxima al término de una de sus grandes crisis, lo que se agrava con la
presencia de los ejércitos napoleónicos. La autoridad del rey la ha usurpado
José Bonaparte, y las colonias de ultramar tienen su momento p·ropicio.
Hay ensayos, propósitos y proyectos. Los cabildos toman iniciativas; Venezuela se agita. Caracas crea un Consejo de Regencia, hasta que de la Junta Pa•
triótica, que preside Francisco de Miranda salió la idea de la Proclamación de
lndependencia. Junta patriótica donde con sagacidad y elocuencia destacaba el
joven Simón Bolívar.
El gran acontecimiento de la declaración de que las provincias de Venezue.
la formaban una confederación y se hacían libres e independientes se llevó al

prohibió el trato de esclavos. De las Provincias, siete se adhirieron a la revo•

cabo el día 5 de julio de 1811.

lución y tres permanecieron realistas. Ante los sucesos del 2 de agosto de
1810 en Quito se protestó en Caracas, y se pidió la expulsión de españoles y

En esta forma, Venezuela toma primacía y preponderancia en el movimiento
de la emancipación americana.

La Junta revolucionaria envió al punto comisionados a las Provincias y tam•

canarios, primer grito de exterminio de la raza blanca. El Marqués del Toro,
Coronel de Milicias, sometió en Coro a los realistas en armas. Bolívar regresó
BIBL!OGRAFIA GENERAL

de Londres, en diciembre del 10; con él vino Miranda después de 40 años
de ausencia. La amistad de éste con Bolívar fue de gran importancia, pues
sembró en su joven cerebro el caudal de sus muchos conocimientos.

El 2 de marzo de 1811 se reúnen en Caracas 45 Diputados de las Provincias
de Barcelona, Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. El 5
de julio de 1811 se declara la Independencia absoluta de Venezuela; la "Sociedad Patriótica", convertida por Miranda en Club de Jacobinos, fue eficaz

colaboradora del Congreso, por medio del verbo cálido de Bolívar y otros oradores. Los realistas de las Provincias de Coro, Maracaibo, del Morro, de Valen.

cia en agosto de 1811. En este momento es cuando Bolívar se perfiló ya como
oficial facultativo.
La tormentosa guerra que comenzara en Venezuela se extenderá entre 1810

y 1825 por toda la América del Sur, tocó pues a Miranda dar una tónica, pero
no ser el caudillo central, de todas maneras su figura llena totalmente los ámbitos de la gran revolución.
494

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496

497
H32

�POR LA JUSTICIA EN EL ESTADO Y EN LAS
RELACIONES INTERNACIONALES
GIORGIO DEL VECCHIO

Universidad de Roma

EL MUNDO ESTÁ HOY GRAVEMENTE TURBADO:

una oscura amenaza pone en pe-

ligro la paz, reclamando a nuestra mente los horrores de las dos recientes guerras mundiales. Sería una inmensa desgracia para el género humano si tales
horrores debieran repetirse, tal vez de modo aún más catastrófico por la siempre mayor potencia de los medios de destrucción.
¿ Qué cosa puede salvarnos de éste sino el derecho, que debería inspirar la
política internacional y garantizar un justo orden de paz? Pero, si es fácil afirmar en general este concepto, no es fácil, por otra parte, determinar el preciso

significado, tántos son los problemas que ello suscita, y tántos los errores y los
prejuicios que se oponen a la solución de tales problemas.
Ya la palabra derecho encierra una ambigüedad, que es bueno aclarar de
inmediato. En un sentido meramente formal, derecho significa una coordinación
de relaciones intersubjetivas, por la cual a ciertas facultades corresponden ciertas obligaciones. En este sentido, un cualquier derecho existe necesariamente

en cualesquiera condiciones de vida humana, porque ésta no puede subsistir sin
un complejo de relaciones sociales. Así, no es posible un Estado que no tenga
un derecho propio (en sentido formal) es decir un ordenamiento jurídico, del
cual esto es precisamente el centro y el su jeto.
Pero la cosa cambia si se entiende el derecho como un valor esencial atribuido
a la persona humana, por quien ella puede pretender un absoluto respeto de la
propia naturaleza espiritual. Si sobre esta base se constituye el Estado, esto se
anuncia frecuentemente como Estado de Derecho. Pero sería más propia {para
evitar cualquier equívoco) la denominación Estado de justicia, que propuse
hace ya algunos años 1 y recientemente también como tema de una discusión
1

La Giustizia. (3a. ed., 1946, p. 132 ; y así en las sucesivas ediciones ) .

499

�•

( Estado de derecho y Estado de justicia)'. que se llevó ~ efecto ampliamente
en el último Congreso de la Sociedad Italiana de F1losoha del Derecho. _Pero
no conviene hacer debate de palabras, a condición de que quede bien defm1do
el concepto. Por otra parte, la expresión fütado de Der~cho ha entrado ahora
tan ampliamente en el uso, que sería vano intentar ehi:nmarla. Lo que tmpo:ta
es que se tenga clara conciencia de que con tal expresión no se _trata de designar cualquier Estado que tenga (como no puede no haber) un sistema de le_galidad positiva, sino tan sólo un Estado que se conforme con el ideal de la JUSticia, 0 sea que se reconozcan los derechos fundamentales de la persona hu~~ªNosotros reafirmamos con esto un concepto que, ya anunciado en la ant1guedad clásica, tuvo luego más amplia expresión en las sublime_s máximas d:I
mensa je cristiano, de ahí todavía nuevas razonadas demostracrones en 1~ Filosofía moderna : el concepto, en una palabra, del derecho natural. No ignoramos que a este concepto se oponen todavía diversas escuelas, que a menu~o
representan viejos errores, ya perentoriamente ~e~utados. Algunos a~tores afirman a priori admitir solamente al derecho positivo, y luego con ev1de~te _paralogismo, partiendo de este arbitrario postulad?, deduce~ que, ~or cons1g_u1en:
te no existe un derecho natural. Otros, aduciendo la mexactitud de ciertas
fó:mulas, usadas tal vez p·or simple comodidad de lenguaje _por algunos _jusnaturalistas de los siglos decimoséptimo y decimooctavo, consideran tales m_iperfecciones verbales como una prueba suficiente de la falsedad del pcnsam1en~o
fundamental de aquellos autores y de otros innumerables qu~, ante~ o despues
de ellos elaboraron la misma doctrina sin incurrir en aquella mexachtud. Otros
aún (~r ejemplo aquel gran erudito, pero mediocre filó~~fo que fue Benedetto
Croce) se fundan en la obvia observación de la mutab1hdad de las leyes humanas para rechazar el concepto de un derecho universal, racional o n~tural; 2
como si no hubiera ya estado demostrado c6mo se concilian la eternidad ~e
ciertas máximas de razón con la variedad de sus aplicaciones en el curso h_1st~rico. Tomás de Aquino, por ejemplo, ha claramente exp~ca~o que_ los pnnc1pios de la ley de la naturaleza, mientras permanecen_ en s1 m1sm_os mmutables,
no pueden aplicarse siempre de igual manera, y admiten determinados detalles
"et secundum personas, et secundum negotia, et secundum tempera". 3 Hay, ~n
a en las leyes humanas un elemento de relatividad, que no excluye, sm
sum '
. 1 1 d
embargo, un fundamento suyo absoluto.• Este fund_ame~to, es de,c1r a . ~y e
la naturaleza, vale como criterio para reconocer la Justicia, de ah1 tamb1en las
: B. CROCE Filosofia della pratica - Economia ed Etica. (6. ed., Bari, 1950), ~- _323.
a v. s. To,MAsso, Summa Theol. la. 2a. e, q. 95-97. Cfr. SuÁREZ, De Leg,bis ac
Deo legislatore, L. II, C. XIII, 3-5.
• Sobre esto puede verse mi ensayo Mutabilita ed eternita del diritto (en la revista
"Jus", 1954, y en Studi sul diritto, vol. II, 1958).

500

posibles desviaciones de ella, porque la mente humana es falible, y en la forma
de la juridicidad puede encerrarse una real in justicia.
El significado de aquella ley, que corresponde a una exigencia inabolible de
nuestra conciencia, es esencialmente deontológico, o sea que expresa un deber
ser, válido sobre la esfera del empíreo. De hecho, esta ley puede ser transgredida, pero las transgresiones no destruyen su valor. Sólo una falsa filosofía
desconoce que el ser humano, aun perteneciendo al orden fenoménico, es también partícipe de ideas y de normas universales y eternas. Por esto ello es y se
siente libre e imputable; por esto tiene un lumen rationis naturalis, que le impone el respeto de la Etica en sus ambas formas fundamentales, de la caridad
y de la justicia. Por esto ello puede legítimamente pretender, en el nombre
mismo de la Etica, el reconocimiento de su dignidad de persona.
Conviene advertir que el principio ético es único, y se distingue en sus dos
formas mencionadas sólo porque da norma, respectivamente, a cada sujeto para
sí, y a las relaciones entre más sujetos. La justicia no es otra cosa que el perfil
social de la Etica.
De estas elementales nociones consigue una recta concesión del Estado y de
la Política. Pero ¡ cuántas erróneas doctrinas fueron sostenidas en contra! Para
indicar sólo algunas de las más notables, recordemos que según Maquiavelo
el Estado debe entenderse como fuerza y poder de mando, sin ningún límite
ético; de ahí la justificación del poder absoluto de un príncipe, que tendría fa.
cultad para usar la violencia y la crueldad, y también la simulación y el engaño.' El fin último que Maquiavelo se proponía, es decir "libertar a Italia de
las manos de los bárbaros" con la fundación de un Estado unitario, era noble;
pero su fatal error fue creer que para alcanzar un fin deseado, cualquier medio, hasta el más inmoral, fuera lícito.
Si en la obra de Maquiavelo están, junto a los defectos, también innegables
méritos, bastante menos estimable, por su extremo inmoralismo, es la obra de
Nietzsche. Es bien sabido que, con su extravagante "inversión de todos los
,·alares", él combate ásperamente no sólo los principios fundamentales de Ja
Etica, sino la idea misma del Estado, al cual define simplemente como "un
monstruo". 6
Croce, al contrario, exalta al Estado, pero sostiene "la amoralidad de la Política, la anterioridad de la política a la moral" : 7 una doctrina que se acerca
en sustancia a la de Maquiavelo, sin aquella relativa justificación que se puede
conceder a Maquiavelo con relación a las circunstancias y a las costumbres de
1

V.

JI Pri11cipe, C. XVIII.
Also sprach Zarathustra (en la edición de Leipzig, 1904, p. 69).
' B. CROCE, Elementi di Politica (3a. cd., Bari, 1949), p. 27. V. también del mismo,
contra los derechos naturales, Filosofia della pratica, cit., p. 324.
MACHIAVELLI,

• NIETZSCHE,

501

�su tiempo. Pero tal justificación no puede concederse a quien hoy propugna
semejante doctrina, luego que con tanto trabajo de pensamiento y tanto sacrificio de sangre se ha constituido el Estado sobre las bases de aquel principio de
libertad y de fraternidad, que Croce desprecia y escarnece como "fórmulas
insulsas''. 8
Maguer de que estas falaces doctrinas han sido ampliamente propagadas
volviendo mundialmente famosos a sus autores (porque las paradojas y los
errores más que la verdad procuran fama ) , las máximas capitales de la Etica,
también por lo que concierne al derecho y al Estado, permanecieron siempre
vivas en la conciencia de los pueblos civiles, como aparece no sólo en las obras
de muchos autores, sino también en las leyes constitucionales y en los documentos internacionales: baste recordar, por ejemplo, que la vigente Constitución de la República italiana "reconoce y garantiza los derechos inviolables del
hombre" (Art. 2) , y que análogas afirmaciones están decretadas en la uUniversal Declaration of Human Rights" del 10 de diciembre de 1948.
El viejo sofisma según el cual la Política estaría exenta de la obligación de
respetar la verdad, y así el arte de la política consistiría principalmente en
saber fingir, fue expreso en varios proverbios, citados a menudo todavía; signo
indubitable del perdurable durar de deplorables equívocos en una materia tan
importante. Se ha confundido al silencio, que puede ser sugerido por la prudencia, virtud necesaria a todos y particularmente a los hombres de Estado,
con el vicio de la mentira, vicio tanto más criticable cuanto más elevada es la
condición de los que se hacen culpables de ella. Justamente observó Romagnosi
que los gobernantes deberían dar el ejemplo de la veracidad y de la lealtad.'
Y Mazzini inspiró todo su nobilísimo apostolado en el concepto del uculto a
la verdad", combatiendo enérgicamente contra ula diplomacia fundada sobre
la mentira", contra "las teorías de los delitos útiles y de la mentira oportuna,
y otras semejantes". "Es necesario, es urgente", declaró, "fundar la política sobre la moral". 10 Y dirigiéndose especialmente a los jóvenes de Italia, así los
amonestaba: ~'Alejad de vosotros a los predicadores de maquiavelismos, de
tácticas, de oportunidades. No es así como se crea una nación; se crea con la
verdad, con la audacia en la fe, con el sacrificio".
Máximas luminosas, a las cuales la Historia misma confirmó: porque la
unidad de Italia fue hecha por la virtud y el heroísmo de los que siguieron,
8

Elementi di Politica, cit., p. 23.
RoMAGN0s1, Instituzioni di civile Filosofia essia di Giurisprudenza teorica (en Op.,
ed. De Giorigi), vol. III, p. § 2974.
ro MAzzrnr, Scritti editi e inediti (ed. Daelli) , vol. VI, p. 232 y sig.; vol. XI,
p. 74; etc.

mientr~s los frau~es Y los engaños aconsejados por Maquiavelo no valieron
para librar a Italia de las discordias intestinas ni de las dominaciones extranjeras.
Una_~ª polític~ n_o puede prescindir de aquellos principios de moralidad y
de Justicia que estan impresos en el espíritu humano por su naturaleza racional. A tales_ principios deben conformarse las constituciones de los Estados que
qmeran calificarse como legítimos, según la acostumbrada fórmula, "de derecho". Corresponde ahora a la política promover la aplicación y el desarrollo
de los mismos principios, con relación a los medios existentes y a las condicio-•
nes de hecho. Esto pide un continuo trabajo, porque la vida del Estado no
ca.nace pausas, mientras mudan a menudo las circunstancias, y en el seno
".1'.smo del Estado son frecuentes las discrepancias y los contrastes, que la poht1ca debe tratar de resolver, teniendo siempre como mira las bases y los fines.
esenciales del Estado.
Por otra parte, a nadie escapa el hecho ( demasiado claramente demostrado
no sólo en la historia del pasado, sino también en la actual experiencia) de que
un Estado puede erigirse sobre bases diversas de las indicadas por la ley natur~l. o sea rac10n~l, qu_e la Teología concibe como un reflejo a la sapiencia
d1vma. Por la existencia de un Estado, en rigor, es suficiente el instaurarse de
un poder de hecho sobre un cierto pueblo en un territorio determinado, aunque·
t~l poder se funde solamente sobre la fuerza y no sobre el derecho, en el sentid~ ~ue habíamos arri~a exp'licado. Se tendrá, de un lado, una política oportun1stica, que secundara aquel poder; pero se tendrá en contra otra política
que trayendo inspiración de los más profundos motivos del ánimo human~
t~~derá a la co~stitución de un Estado diverso, esto es, de un Estado de justicia. Esto podra suceder por vía de reformas, pero en los casos más graves.
también con una sublevación y una revuelta. La celeste voz de la conciencia
no podrá ser callada definitivamente; y de esto la historia de todos los tiempos da innumerables ejemplos. Célebres son las palabras de Antígena en la
tragedia de Sófocles, que contra la cruel prohibición de un tirano invocó "1as
leyes indestructibles de los dioses", palabras que, según el P. Yves de la Briére,.
son "le témoignage de l'ame naturellement chretienne". 11 No menos célebre
es aquel llamado al Cielo ("appeal to Heaven" ) , que Locke indicó como
última instancia cuando no sea posible un llamado a una autoridad terrena. 12
Análogas son las expresiones de Guillermo Tell en el drama del poeta Schiller:
la potestad de los tiranos tiene un límite ("eine Grenze hat Tyrannenmacht"),

i

502

n YvEs DE LA BRIERE, La race et le droit (en el vol colectivo: Racisme et Christianisme, Paris, 1939), p. 112.
12 LocKE, Two treatises of government (1690), II, Ch. XIX, § 242.

503

�'

,,

1

'

1

y cuando el peso de la opresión es intolerable, el oprimido trae del Cielo sus
eternos derechos, inquebrantables como las estrellas. 13
•
Al Estado, en cuanto personifica un orden jurídico positivo, se atribuye formalmente la calidad de soberano. Pero la soberanía se puede entender en dos
modos bastante diferentes: como poder absolutamente arbitrario, o como poder vinculado a una ley, y por esto no ilimitado. Análogamente, la libertad dd
.individuo se puede concebir o como simple arbitrio, o como facultad s~bord1nada a una ley. Es fácil percibir que en el primer sentido, soberanía y libertad
no tienen éticamente valor alguno. Un Estado que se considere desligado de
la obligación de respetar los derechos fundamentales que sus ciudadanos así
como los de los otros Estados, y hasta de la obligación de tener fe en lo'. tratados concluídos por sí mismos ( aunque esto, como es notorio, ha sucedido a
veces y fue sostenido por algunos autores), no es un verdadero Estado, es un
ultraje a la razón humana y una permanente amenaza contra la paz del mundo. Asimismo, es una vana ilusión que el hombre esté libre cuando sucumbe
al impulso de las pasiones; lo cierto es que él es tan sólo cuando obedece a la
ley de la propia naturaleza espiritual.
No ocurre insistir aún sobre estos elementales conceptos para rech~zar los
gravísimos errores que hemos señalado. Conviene más bien notar cu~n inaceptable es también una tesis que se hace retroceder a la Paz de Westfaha ( 1648),
según la cual un Estado habría tenido que observar solamente aqu:llas normas
del derecho internacional al cual haya dado el concurso de la propia voluntad.
Pero en verdad no parece que con los tratados de Westfalia se haya quendo
negar la existencia de una ley de la razón, válida para todas las gentes; ~on ello
se intenta más bien poner en relieve que ningún Estado debe ser sometido a la
hegemonía de otros Estados o de otras parecidas potestades. Inex_act_ª, es pues,
a mi parecer, la interpretación de algunos autores respecto al s1gmf1cado de
esos tratados.
. ,
Cierto es que la idea de una sociedad natural_ d~l ~énero humano,_ ya mtmda
en la antigüedad clásica y convalidada por el Cnst1amsmo, tuvo p~rc1ales ac:uaciones, como ya antes de la Paz de Westfalia, así también en los siglos sucesivos
y especialmente en la edad más reciente, aunque no llegando a _aquella realización integral, que aparece todavía como una met~ un tant~ leJ~ª·
La organización unitaria, hacia la cual está encammad_a la h1st~n~ ~el mundo, para ser sana y vital debería fundarse sobre los. m1:mos prmc1p10s a los
cuales deben conformarse, como decimos, las const1tuc10ne~ de los Estados
. lares. La adhesión de éstos a la organización
internacional debe• repupart lCU
.
.'
tarse obligatoria, y facultativa como la considera actualmente la Orgamzac10n
de las Naciones Unidas. Ningún Estado tiene el derecho de rehusarse a entrar

en relaciones p'acíficas con los otros Estados del mundo. Justamente el gran
jurista español Francisco De Vitoria, afirmando que "totus orbis alique modo
14
est una respublica", sostiene el principio de libre comunicación de la gente
de intenciones pacíficas y consideró la violación de este principio como una de
las pocas justas causas de guerra. 15 El mismo concepto fue sostenido, no mucho después, de otros grandes juristas y filósofos, como Alberico Gentili y
Francisco Suárez.
La adhesión a la sociedad universal no significa que a todos los Estados
deban atribuirse en el organismo social iguales funciones y poderes. Por el contrario, debería aplicarse aquí la distinción entre los Estados legítimos o de
justicia y aquellos que desconocen los derechos esenciales de la persona humana. Solo a los primeros, en mi opinión, deberían atribuirse facultades deliberativas, al menos para las materias más importantes, mientras a los segundos
podrían concederse funciones menores, haciendo depender la atribución de
aquellas mayores de una reforma de sus defectuosas constituciones, lo que
-obviamente valdría como estímulo para una tal reforma.
Un falso igualitarismo, que no tenga relación con las diferencias de capacidad, de méritos y de actitudes, donde ellas son realmente de gran peso, es
un error gravísimo; y duele deber notar que de tal error no está exenta la
Organización de las Naciones Unidas, que especialmente en los últimos tiempos ha admitido en su seno un gran número de pueblos apenas salidos de la
barbarie, y privados del todo de válidas normas constitucionales, equiparándolos
a Estados entre los más civilizados del mundo. Con otra evidente anomalía, la
Carta de esa Organización ha concedido una posición de privilegio a cinco Estados (los llamados "original members"), ciertamente no todos respetuosos
&lt;le los derechos humanos, dando a cada uno de ellos la facultad de impedir
las deliberaciones de los otros para todas las más importantes materias. Ya in-convenientes no pequeños se han verificado, en consecuencia de estos defectos;
y hay el peligro de inconvenientes aún más graves, especialmente si, como no
está del todo excluído, alguno de los miembros privilegiados concuerde con
los numerosos Estados que ignoran la libertad y la justicia, para oponerse a
]os que representan y sostienen estos ideales.
No debemos todavía repudiar esa Organización, si bien debemos hacer votos
:para que corrija sus imperfecciones a fin de que pueda más eficazmente operar
en su noble fin. En caso contrario, ninguno puede garantizar que, como ella
-sustituye a la difunta Sociedad de las Naciones, así no debe a su vez ser sus1ituida por otra Organización que defienda mejor los derechos humanos.
F. DE VITORIA, De potestate ciuili, 21.
Id., De lndis recenter inuentis, Sect. III, De titulis legitimis, 2 y sig.; v. también
:ita otra Relectio, De Indis, sive de jure belli Hispanorum in Barbaros.
u

3

13 ScHILLER;

504

Wilhelm Tell, II Aufzug.

~

505

�1
'

Entretanto es de suma importancia la adhesión a aquellos organismos internacionales que, aunque coligando un menor número de Estados, son efectivamente más válidos defensores de la civilización y de la paz por ser más
homogéneos, o sea fundados sobre una real comunidad de ideas y de principios.
Poner en duda la fidelidad de estos organismos, constituidos con la participación del Estado italiano, sería de nuestra parte, más que un error, un delito.
Un estéril neutralismo es signo de escasa conciencia, y no ha servido nunca
para asegurar la paz, que, como la justicia, puede ser salvaguardada solamente
con una acción vigilante y resuelta. Recordemos que, según la máxima de Lactancio, "mili tia est in ipsa justitia" ,1 6 y que un pávido amor del quieto vivir
no sólo no ha impedido la guerra nunca, sino a veces la ha directamente provocado, como una reciente experiencia lo ha claramente demostrado.
Es falsa aquella política que aconseja mantener una equidistancia entre el
bien y el mal, entre la civilización y la barbarie. Por un falso igualitarismo se
ha consentido el abandono de las colonias, que habían encaminado pueblos
semi-bárbaros sobre vías del progreso, para crear otros tantos Estados, donde
han encontrado fácil terreno bajas pasiones, como el odio racista, y se han
insidiado a menudo la anarquía y la tiranía. Lo que no ha impedido, como
notarnos, la admisión de tales Estados con paridad de derechos en la Organización de las Naciones Unidas.
Los pasados errores políticos son casi siempre irreparables ( quod factum est,
infectum fieri nequit), pero es obligatorio reconocerlos y hacer todo esfuerzo
a fin de que, por lo menos, no sean repetidos y agravados. Ocurre tener presente y defender sin descanso los valores supremos del espíritu, y también
verdades lógicas elementales que, si bien bastante obvias, están a veces desatendidas u olvidadas; por ejemplo, que no se puede sostener la paz internacional
mientras se atenta contra la paz de la propia nación fomentando luchas de
clases.
Una coherencia es necesaria entre la política interna y la externa. Un Estado
legítimo, que cumple su misión, debe tutelar el propio orden jurídico, manteniendo sin culpables abdicaciones la integridad de su territorio y favoreciendo
el desarrollo intelectual de la nación. Tanto más culpable sería hoy de parte
nuestra cualquier debilidad y renuncia en este propósito, luego que un injusto
tratado ha infligido a Italia crueles mutilaciones.
Pero, al mismo tiempo, el Estado debe estar abierto y no cerrado hacia el
exterior. Debe promover y facilitar lo más posible las comunicaciones con los
otros pueblos, sobre todo en el campo del pensamiento. Debe cooperar para
el desarrollo de los acuerdos con los otros Estados, no sólo sobre objetos particulares, sino también a fin de organizar una estable unión, que comprenda al
1G

me~o~ u~a parte de los Estados europeos sobre la base del derecho de la
Justicia, s1 actualmente no es posible sobre esta base
.,
y
d , ,
una umon con todos Se
~roce e~7 as1, _aunque ~ea por grados, sobre la vía de la positiva constitu~ión
e aque a sociedad :1mversal, que por indefectible postulado de la razón humana vale ya como imperativo categórico.
Hagamos fézvidos votos para que, superada la crisis que hoy amenaza las
~ue~tes del mundo~ según la altísima invocación del Pontífice Paulo VI la az
md1solublemente ligada con la justicia, triunfe al fin p'or todos los si;Ios. p '
GIORGIO DEL VECCHIO

LATTANz10, Divinarum Instit., VI. 20.

506
507

�•

EL HUMORISMO: FILOSOF!A EN PEQUE¡;¡o
JosÉ

SALVADOR GuANDIQUE

al afirmar cuál nota distintiva del hu~
morismo en relación con los géneros afines su tendencia filos6fica. Quien
busca "hacer reír" sin propósitos ulteriores nunca será un auténtico humorista.
TAL VEZ SE ASUSTE ALGÚN RETÓRICO

1

1

Este protagoniza un filósofo en pequeño.
Luis Alberto Sánchez superó el concepto rígido al calibrarlo lirismo contrahecho. Esa ampliación constituye miraje, no rasgo característico. El escritor
festivo carece de sentido último. Atrae, alegra, divierte. Nunca profundiza, ni

ahonda, ni "filosofa".
El desorden intencionado del humorista constituye refulgente faceta. A primera vista suena paradoja que lo antimet6dico apoye un estilo, pero éste más
aparente que real, representa un recurso, brinda un camino.

Hay cierta inclinación a querer gozar por lo menos incidentalmente de la
rebeldía frente a los ordenamientos. Y el humorismo explota esa llama. Piruetea
con las palabras y vuelve juego la terminología. Utiliza -picaronamente- los
puntos suspensivos. Se burla de la preceptiva y viola reglas gramaticales. A ratos emerge trasmutante casi anárquico.

Ese desorden -tenso y prefabricado- entretiene o convence. Ilumina contornos en alucinante giro. Chisporrotea para persuadir o "corregir costumbres".
Disimula y aproxima, entre ingenuo o despreocupado. Y en la entraña palpita
algo -pensante, reflexiv~ pugnando por salir a la superficie.
El humorista tiene un campo suyo, sui géneris. Hay distancia del Lazarillo
de Tormes al Tartarín de Tarascan. Y no podrá forjarse dicha filosofía minúscula -a ratos extraordinariamente efectiva- en párrafos rotundos o largas tiradas.
Esto llevaría a la concatenación estilística o a los procedimientos técnicos,
más importa sobre todo advertir a estos "filósofos" influyendo en zonas específicas. A momentos su finura disminuye extensión y alcance. No se trata de
desatar tempestades sino de dirigir brisas. Por eso, caracteres y temperamentos

509

�'

'

.

reaccionan divertidísimamente ante Chesterton o Bennet, por referimos a los
ultramarinos. Y para cada uno abundan partidarios o detractores.
Por sobre la subjetividad atribuida estéticamente al arte moderno, lo humorístico afina, centra y preocupa. Cada autor en tal rango ostenta su propia semántica al aire de singular terminología. Van y vienen los rubros entre fluir
conceptual y expresión huidiza. Nervioso aparece Cami. Rítmicamente acelerado, más allá y más acá de semitonos, Soiza Reilly, en aquellos fantásticos
reportajes de la bonaerense revista Caras y Caretas. Ondulante y ágil, Vital
Aza. Y tantos otros en su eterno cambiar voces y acepciones. El humorista
desarrolla un lenguaje especial.
Lo típico del género, sin embargo, radica en el fondo y no en la forma. En
las diversas escuelas y tendencias juegan ambos conceptos bifrontalmente: el
fondo ejemplifica algo inclasificable.
Se habrá notado cómo, en muchos escritores llamados "serios", cierto tono
raro. Aunque no hagan humorismo de primera intención, inciden en ello de
manera tangencial, episódica, por la agudeza comparativa, la temática planteada o el proceder de un personaje. Eso -indeciso y real- es el fondo.
La vida conlleva mucho de humorístico. Doloroso, hondo, hasta sangrante.
Nunca hilaridad ingenua, chiste burdo o payasada vulgar, cuyos resortes encuentran teorías explicativas de Freud a Jung pasando por Woolf. Al contrario: intención, sutileza, contraste ...
El fondo impregna las obras universales, según esos calumniados clásicos,
leídos por muy pocos y citados a diestra y siniestra. Así la tragicomedia del
Quijote sentida en carne viva, también por Sancho; palpita en Nietzsche pese
a su arrebatado meditar; singulariza a Shakespeare, autor y actor; obsesiona a
Shaw y borda los claro-obscuros dostoyevskyanos. Por eso los raros -siempre
salta Rubén- albergan un burla burlando entrevisto, difuso, a veces negado.
Tenemos humoristas por vocación, incidencia o a su pesar. En tal tipología
surgen casos y contrastes en pugna inacabable. Y los límites varían mientras
crecen las obras y aumentan las citas bibliográficas. Veamos los detalles ...
Los primeros se sientan a la mesa de trabajo decididos a la tarea. Tienen
pose, oficio, rutina. Y lo demuestran con demasiada frecuencia. Son consagrados, técnicos, empeñosos. Los segundos pueden ocuparse de historia o filosofía,
aun de matemática. Fluye bajo la propia tarea esa vena punzante como de
incógnito. Canta el humorismo entre los resquicios del documento, la nota,
el sistema, el teorema. Ahí el juglar le hace competencia al concurso sinfónico.
En estos momentos el fondo parece perderse para regresar, a lampos, entre las
arideces cinstíficas, la sabia monotonía erudita o el acerbo biblioteconómico.
En los terceros, el fondo se venga de la forma, al viso de dos viejos y conocidos
rivales. Ni uno ni otro quieren dar su brazo a torcer. Cubre el manto de lo

510

mesurado aquella inquietud brotada de muy dentro. En circunstancias extremas, la inspiración taladra el ropaje y, de repente, sentimos el humor arrasando
a la inquisición metafísica o al trabajo sociológico.
En el humorismo cunde una tragedia: se siente, lucha, clama y sufre con
igual o mayor intensidad pero nadie quiere ver lo adolorido bajo el sayo multicolor de la paradoja o el retruécano. Y tal filosofía minúscula pasa inadvertida, pues el lector común está a caza del ingenio superficial.
El humorista no es un señor dicharachero y ocurrente como muchos escritores más o menos festivos, meros recopiladores de anécdotas o chascarrillos.
Al revés, no faltan ansiosos y vociferantes, implorando tierras prometidas sin
tregua para el esparcimiento. Con tan visceral debatirse no reza la superficialidad ni la despreocupación, aunque sean éstas notorias. El humorismo arguyendo con método sería algo extraordinario cuando no ridículo. Debe hacerlo
con disimulo -al desgaire--- cubriéndolo todo bajo un matiz peculiar. Y hay
exponentes que filosofan agónica y férrearnente -ante la indiferencia de unos
y la risa de otros.
Sería sugerente trabajar una psicología del pseudónimo humorístico, esa
careta con la cual se atrae la mentalidad del lector, reviviendo en él cosas
sub o inconscientes, casi muertas. La eufonía del substituto adoptado explica
éxito y proyección. Si resulta bien escogido crea esa atmósfera propicia a una
filosofía sutil -a ratos lacerante e incisiva- cuyos rasgos escapan a los
desaprensivos.
El humorismo no es sólo prosa o poesía; aflora en pintura, teatro o cine.
Shaw en su Prefacio a Santa Juana -y él mismo calificó su obra de crónica
en forma dramática lanza dardos: "Siempre es difícil a los entendimientos
superiores comprender la cólera que suscitan al p·oner de manifiesto las majaderías que corresponden a cada tonto ... " Y esa vitriólica portada dice hasta
dónde el humorista levanta tempestades y dirige conciencias. Alguna vez -en
el N ew York Times- alegorizó Chaplin: "Hay algo saludable en la risa, en
el reír de las cosas más trágicas de la vida y aun en la misma muerte. . . La
risa es el tónico, el alivio, el fin de la pena. Es saludable, la cosa más saludable del mundo y da esperanza".
Desde luego rubricamos esa apología al lado de Bergson con su ensayo inimitable por apoderamos de un oasis, inexpugnable a los apetitos, al jadear de
las ambiciones. Porque el humorista sigue haciendo filosofía, a su modo, con
esperanza o fe.
Hace poco vimos por enésima vez la película "Candilejas" en un cine de
San Salvador, comprobando que el hombre del bigotito no hace de víctima
pasiva sino como denodado impulsor, si bien levanta los hombros en aquel
personalísimo gesto, aparentemente resignado. Los verdaderos humoristas --den-

511

�tro y fuera del cine- no son seres distraídos y confusos, anhelosos de provocar la carcajada; en determinados trances se alzan en contra de las injusticias individuales o colectivas. Aquello del arte igual a juego implicó amabilidades siglo XIX.

de brindar un brillante comentario sobre la Electra de E , 'd
f'lm · El - •
unp1 es en vers10n
~ ica, Di~;zo de Hoy, 4 agosto 1963- tiene la palabra. Con nuestro artista creemos que el temblor del twist ni el rumiar del h' 1
1
gracia de la vida".
c rc e no son a

Una labor humorística desborda los fines meramente recreativos. Lo me-dular de toda filosofía consiste en definirse ante las cosas -no mediante la
conocida operación que reivindica Rickert después de años en descrédito-sino como actitud humana íntegra, definitiva. Y el auténtico humorista será.
un filósofo en pequeño y no decimos en grande por no suscitar mayores;
controversias.

Y -desde sus rumbos- T. P M hí
. ec n y el negro Lagos nos guiñan el o1·o,
esperando ...

Estarnos viviendo un minuto signado por el existencialismo, vuelto preocupación psicológica en Kierkegaard, angustia esencial en Heidegger, obs~sión
inapagable a lo Unamuno, vendaba! crítico en Sartre, más el de la Prostituta Respetuosa que el del Ser y la Nada ... Atrás quedan fenomenología
husserliana; formalismo a lo Marburgo o Baden; neotomistas de Maritain a
Jollivet; axiólogos, sea Scheler o Hartmann; historicismo, de Dilthey a Meinecke. Ahora el aluvión de los poseídos barre con académicos y rebeldes, contraprobando lo afirmado por Azorín en su lúcida "Postdata": "el mundo moderno tiene miedo a la soledad".
A la vera de cumbres y a la rosa de los vientos se entrecruzan huracanes o
fantasmas: estremecidos a lo Van Gogh, obsesos a lo Holderlin, suicidas a
lo Zweig. Aquéllos y éstos tiemblan ante lo desconocido como Sócrates se
autoaniquiló místicamente, no por las leyes atenienses sino en virtud del cosmos helénico.
En la misma trayectoria, Cendras epató a los burgueses y Malaraux -er
militante no el ministro-- desataba fronda a través de su condición humana,
mientras Faulkner y Hemingway, con o sin premio Nobel, aparecen profetas
desarmados como Maquiavelo calificó a Savanarola cuando desafió la ira
papal.
Y los humoristas no pueden quedarse fuera, al fin hombres de su época.
También ellos levaotan pabellón y dicen mensaje. Nuevo padre de la Iglesia
llamó Alfonso Reyes a Chesterton. Mark Twain también tuvo sus epítetos y
Kipling nos dice que alguno de sus porcentajes era de perversidad mercantilizada. Por norte y sur afloran testimonios agudos, penetrantes, a kilómetros
de la prosa regocijada o procaz.

Todavía algunos niegan al humorismo su noble jerarquía. Sin adentrarnos
en clasificaciones ni distingos lo localizan entre las ramas que el clasicismo
estético llama "impuras" al lado de la crítica y la caricatura. Para nosotros
merece figurar al nivel de las artes puras, pero Toña Salazar -y nos acaba
512
513
II'.13-

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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