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                  <text>Sección Quinta

~
COMENTARIOS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�]EAN LACROlX: Marxismo, Existencialismo, Personalismo, Editorial Fontanella, Barce•
lona, 1962.
DENTRO DEL MOVIMIENTO PERSONALISTA -una actitud más que una doctrina- Jean
Lacroix, junto con Mounier y Nedoncelle, ocupa un lugar destacado. Acaso sea el
pensador más profundo y congruente del personalismo. Cofundador de la revista Espirit,
profesor de Filosofía del Politécnico de Lyon, colaborador de las Semanas Sociales de
Francia, autor de numerosos e importantes libros ... Sus reflexiones se centran en el
compromiso, la trascendencia, la historia y el progreso. Habla, con ejemplar honestidad
intelectual, para que le entiendan los cristianos y los no.cristianos.
La obra Marxismo, Existencialismo, Personalismo, pretende confrontar la inspiración
personalista con el marxismo y el existencialismo. "A fuerza de privilegiar el proyecto,
los ex.istencialistas, acaban por desconocer el valor de la ciencia y del conoc1m1ento
objetivo, casi a negar la previsión,· a fuerza de privilegiar la previsión, los marxistas
llegan fácihnente a rechazar toda interioridad, a olvidar el aspecto, a la vez reflexivo
y moral del Cogito, y a no ver que la misma obra colectiva, para poder llevarse a
término, exige que llegue a ser para todos un proyecto individual. Ambos no pueden
combatir al otro sin mutilarse a sí mismos" (Marxismo, Existencialismo, Personalismo
~Presencia de la Eternidad en el tiempo-, pág. 11, Editorial Fontanella, Barcelona,
1962). El personalismo prosigue las filosofías del sujeto, pero las sumerge en el mundo
físico y social. Es un proyecto que excede a todas las previsiones, sin cesar de apoyarse
en ellas. Filosofía de síntesis y de totalidad, profundamente personal y universal a la
vez¡ preocupada, medularmente, por el debate, la explicación y la condición humana.
Más que la construcción de un sistema filosófico, político y económico, el marxismo
se propone la edificación de un hombre nuevo. "Las tesis de Marx han sido refutadas
mil veces; se ha demostrado, en particular, que su noción de clases sólo se aplicaba
adecuadamente a la clase obrera y que había sido hecha extensiva, abusivamente, a
otros medios sociales¡ que su concepción del valor, tomada en gran parte de Ricardo,
no tenía en cuenta las teorías psicológicas que se elaboraban ya en su tiempo y que
han llegado a prevalecer; que, de un modo general, en fin, sus intuiciones más justas
y preciosas estaban constantemente viciadas por expresarse en el cuadro demasiado
estrecho de una filosofía racionalista y científica que fue, demasiado a menudo, la de
su época" ( op. cit., p. 15). Y sin embargo, el marxismo no ha dejado de vivir en el
corazón y en el espíritu de millones de hombres. En consecuencia, es preciso aproximarse y aprehender este importante movimiento social de nuestros días, con esa "sim.
patía mt:todológica que, en reciprocidad, quisiéramos que los intelectuales comunistas
aplicaran a la actitud cristiana". A Juan Lacroix no le interesa conocer y criticar tal
o cual tesis de Marx, sino el tipo de hombre que está laborando el movimiento comunista. El marxista quiere sobrepasar la actitud filosófica contemplativa. La existencia

517

�humana no se deja captar por el pensamiento desinteresado. El comunista se siente
comprometido en el tiempo y en la tierra. "Los filósofos, hasta el presente --decía
Feuerbach-, no han hecho más que interpretar el mundo. Ahora se trata de trans•
formarlo". Antes de que adquiramos cualquier compromiso, estamos ya comprometidos.
Contra la inteligencia contemplativa el marxismo postula la inteligencia transformadora.
"En lucha con esta situación social, escribe Marx1 la crítica no es una pasión del ce•
rebro, es el cerebro de la pasión. No es un instrumento de disección, es un arma. Su
objetivo es el enemigo, al que no quiere refutar sino aniquilar. No se da nunca como
un fin en sí, sino simplemente como un medio. Su pasión esencial es la indignación,
su misión esencial la denuncia". Entre la producción colectiva de nuestros días y la
propiedad privada - supervivencia de regímenes superados~ hay una contradicción
que se precisa resolver. ¿Cómo? Mediante la socialización de los instrumentos de pro•
ducción. La lucha de clases es un hecho que el marxismo no crea, sino que comprueba.
El régimen capitalista produce al proletariado, pero el proletariado sepultará el ré•
gimen capitalista. La historia se mueve dialécticamente. El comunismo se presenta en
Marx no como un ideal sino como un movimiento efectivo que suprimirá la situación
actual. El proletario en la "pérdida del hombre". Pérdida que subleva. El burgués
es un inconsciente alienado. La trascendencia hegeliana de la Idea es sustituída por
la dialéctica revolucionaria del proletariado. Para "desalienar al hombre", ninguna pa•
lanca mejor que el proletariado. Por la revolución se marchará de la necesidad a la
libertad. Pero es preciso que el hombre tome conciencia de lo que es y del movimiento
histórico al que pertenece.
Con la sociedad presente, el marxista se encuentra en estado de guerra total. La
lucha debe ser implacable. Nada importa la buena voluntad, sino los actos. La refe•
rencia a lo eterno es huída o traición. "No es la conciencia de los hombres la que
determina su ser -dice Marx-, es su ser social quien determina su conciencia". Obrar
moralmente es obrar en el sentido de la revolución. Esto es progreso. Las catástrofes
mismas son condición del progreso. El Estado proletario se destruirá a sí mismo y na•
cerá la ciudad sin clases. El partido es, para los comunistas, una iglesia. "Fuera del
partido no puede existir ni verdad ni historia". El hombre degradado del mundo bur•
gués sólo merece desprecio. El entusiasmo del marxista vuela hacia el hombre nuevo.
El comunismo se presenta a sí mismo como una reconciliación del hombre con la na•
turaleza y como una reconciliación de la humanidad consigo misma. El trabajo es el
acto por el cual el hombre se produce a sí mismo. Cabe, en consecuencia, hablar de
un proceso de autocreación. En el período de la dictadura del proletariado se aplicará
la fórmula: "a cada uno según su trabajo", en el período auténticamente comunista
prevalecerá la fórmula: "a cada uno según sus necesidades". Al concluir la distinción
de clases acabará el Estado: instrumento de opresión de las clases dominantes. Se su•
primirá la dualidad de lo social y lo político. El estado se absorberá en la Sociedad.
Nunca más se volverá a caer en el atomismo individualista.
"El ser humano, dice Marx, no es una abstracción inherente al individuo. En su
realidad, es el conjunto de las relaciones sociales". El hombre marxista cree conocer y
querer la historia. Participa en el grandioso acaecer histórico de los hombres y lo
hace libremente.
Juan Lacroix objeta: "el marxismo oscila, necesariamente, entre la afirmación de la
desaparición de las alienaciones, que llevaría el fin de la historia, y la afirmación de
la continuación indefinida de la historia, lo cual implicaría la subsistencia de las aliena•
ciones: propone como inmanente a la historia de un ideal declaradamente transhistórico i

518

un ideal tan superior al hombre, que no pide solamente una mediación continua sino
la brusca intervención de un Mediador" (opus cit., págs. 58 y 59). La dialéctica' mar•
xista no puede eludir una flagrante contradicción interna: "le es necesario dar como
fin de la historia el final de la historicidad, como finalidad temporal la detención de
la dialéctica; o en caso contrario, no le queda más que una dialéctica indefinida 1 sin
término Y sin significación 1 tan vacía como un proceso discursivo desprovisto de toda
intuición" (pág. 62). En el marxismo, el individuo queda vacío de su interioridad y
el mundo despojado de su misterio. "Sólo la resurrección de todo lo vivo puede dar
un sentido al proceso histórico del mundo, un sentido que tiene una medida común
con el destino de la persona". Jean Lacroix no trata tanto de refutar, sentimentalmente
al marxismo, como de pedirle que reconozca aquello sin lo cual su intención más pro~
funda no podría realizarse.
Una desconfianza hacia todo conocimiento que pretende escapar a la condición
~umana preside la marcha del existencialismo. Importa, sobre todo, estudiar al ser en
situación. _Es una filosofía del sujeto, de la libertad creadora e individual. Hay un
menosprecio, un tanto extraño, del conocimiento objetivo. El individuo realiza su des•
tino y escoge su esencia en cada instante. El proyecto temporal de cada persona dota
de sentido el mundo. El sistema es sólo un medio de acción del individuo existente
un suceso de su vida física, pero no hay posibilidad de escapar al tiempo y dominarl/
"Existe una perpetua protesta de lo existente contra lo sistematizado; pero, desde e[
momento en que lo existente quiere filosofar --comenta Lacroix-, ¿ qué hace sino sis•
tematizar aunque sea solamente la existencia?" (opus cit., pág. 68). Hay un diálogo,
entre sistema y existencia, entre tiempo y eternidad. "El sistema auténtico no consiste·
en una reducción de todas las verdades a algunas fórmulas abstractas susceptibles de:
ser clasificadas sino en la estructuración del conjunto de estas verdades, en un todo coherente" ( opus cit., pág. 70). Las verdades son sistemáticas por su interdependencia. Hay
un doble interés del sistema: intelectual y estético. Sistematizar es asignar a cada
término su lugar. Es así como unifica y comprende el espíritu del hombre.
Teoría Y práctica se implican mutuamente. Para observar los hechos es menester
una teoría. Para construir una teoría se requieren hechos. Para comprender los hechos
el pensamiento agresivo responde. Para transformar los hechos en ideas y ordenar su;
relaciones, surge la estructuración. En todo caso, los sistemas filosóficos tienen un valor
de verdad Y una estructura polifónica. Y aunque existe un sentido de la belleza filosófica, "el sistema aspira a la verdad, más que a la belleza".
Como advierte Hamlet, existirán siempre más cosas en el cielo y en la tierra que en
toda nuestra filosofía. No cabe confundir todo lo real de cielo y tierra con nuestros
deficientes sistemas. "El hábito de sistematizar es el que nos ha hecho creer que podríamos poseer la verdad", cuando nuestra misión no es poseer la verdad, sino ser
poseído por ella. Gabriel Marcel desconfía del sistema. "En efecto, ¿ cómo no recono•
ceré en la necesidad de sistematización, por una parte, la preocupación del perfeccionar
la red de comunicaciones que una nuestras ideas unas a otras, para transformarlas en
una sola heredad -se pregunta Gabriel Marcel- sobre la cual nuestro dominio se:
ejerza con creciente facilidad, y, por otra, el deseo de que nuestro pensamiento sea
cada vez más transmisible, de verlo encarnado en un todo que pudiéramos contemplar
como nuestro, de la misma manera que un objeto o una propiedad?" Se corre el riesgo
de ocultar la complejidad de lo real bajo la simplicidad de cuadros rígidos. Las filoso•
fías de la existencia aparecen como una protesta contra el espíritu de abstracción y
-de sistema. "La persona está comprometida, es decir, que forma parte de los datos:

519

�•

.rriismos del problema y el problema en el cual se está comprometido, más que un
problema es un meta•Problemático, lo que Marce} llama un misterio. La persona se
encuentra arrojada in media res entre un principio y un fin que ignora. Construir un
.-sistema de ideas es evadirse de la realidad en la cual la persona se encuentra y que
,es ella misma: todo se reduce a su ser personal concreto. Así Kierkegaard opone a la
,dialéctica hegeliana la realidad de la vida individual, sus estremecimientos y sus irreWuctibilidades en lugar de una filosofía del sistema y de la verdad, el existencialismo
:propone una filosofía del acontecimiento y del encuentro" ( opus cit., pág. 79). En
·conclusión: la existencia no se deja reducir a un momento dialéctico; no puede ser
parte integrante de ningún sistema. Al menos, así lo piensan los existencialistas. "Es
--sólo rompiendo el círculo cerrado del mundo --escribe Jaspers------ como, la exploración
filosófica del mundo, me permite, refluyendo hacia mí mismo, permanecer disponible
para la trascendencia".
Lo cierto es que, como apunta Jean Lacroix, "no podemos pasarnos sin los sistemas,
ni contentarnos con ellos". Menester es construir una noción de sistema que satisfaga,
.a la vez, la necesidad arquitectónica del espíritu y la realidad existencial, que ninguna
•doctrina podría agotar ni apresar. No vamos a negar el sistema en aras del métodG
:para caer en pragmatismo filosófico. El método, en última instancia, no es más que
1una ductiina en crecimiento. Resulta imprescindible el sistema. Pero un sistema que
-ponga su mira en la existencia. No podemos perdernos en la abstracción por el camino
de una visión no situada de las cosas. Está bien que no haya historia sin negatividad
y temporalidad; pero sin la eternidad, la historia misma carecería de sentido.

trascendencia, Jean Wahl ha objetado: "¿ Cómo conservar este sentimiento de algo
que rebosa, en un universo en el que, sin embargo, ensayamos explicarlo todo con rela.
ción a este mismo universo?"
Cada uno de nosotros tiene la obligación de rehacer su sistema indefinidamente. Cada
uno de nosotros tiene que ser un sistema actuante que se sobrepase a sí mismo.
Más que una filosofía técnica, el personalismo es un espíritu capaz de encarnarse
en posiciones distintas {existencialismo de Gabriel Marce!, idealismo de Lachiéze.Ray).
La persona --objeto y sujeto del filosofar personalismo-- "no es un conjunto de lazos
extrínsecos que se establecen entre un individuo desde ahora real y una comunidad
distinta; es la participación viviente del yo en un orden concreto que se compromete
a servir y que, a cambio le confiere la sola realidad a la que puede aspirar" (opus
cit., pág. 96).
El personalismo tiene su origen en el Cogito Cartesiano. Emplea la duda y la in•
quietud como patentización de que todo pensamiento y toda acción humanas tienen
su apoyo en la libertad espiritual. Soy libre porque no estoy obligado por el objeto .
Domino al mundo porque tengo la capacidad de negarlo, de reducirlo a la nada,
como diría Sartre. La duda cartesiana puede interpretarse como una heroica voluntad
de elevarse del mundo corporal al mundo espiritual. Descartes no duda por las razones
de los escépticos, sino porque quiere dudar, por un heroísmo del querer. Mientras no se
alcance la certeza, la duda de resucitar y subsistir. "La duda es el jercicio mismo del
libre albedrío y su prueba primera y fundamental, puesto que permite cortar nuestras
ataduras y tornar carrera" ( opus cit., pág. 104). Nos separa de todo dogmatismo, es decir,
de toda adhesión inmediata e ingenua al contenido de la representación. Acaso la reali•
dad sea una ilusión. En todo caso, quedará siempre lo inteligible, aunque dude de lo
sensible.

.¿ Qué género de conocimiento le conviene a la existencia? La existencia sólo puede
ser vivida. Para constituirse en filosofía, el existencialismo tiene que reconstruir, de una
manera o de otra, las vivencias. Lo demás es impresionismo filosófico. Lo que importa
es llevar a cabo, como apunta Vialatoux, una re/lexi6n progresivamente intuitiva. Todo
ello dentro de un sistema abierto.

1

1

El origen de toda filosofía puede encontrarse en la existencia auténtica. Al univer•
salizar una experiencia espiritual -traduciéndola en conceptos intelectuales válidos
para todos- filosofamos. Le Senne ha definido a la filosofía como la descripción de
la experiencia. Personalmente me parece muy pobre esta definición. En rigor, las des•
cripciones fenomenológicas son meros preámbulos de la filosofía. Pero aun partiendo
de esa definición, la filosofía como la experiencia, sería inagotable. Por lo demás, la
realidad, que nos resiste y nos rebasa, desborda nuestros sistemas una y otra vez.
De ahí la legítima e insoslayable variedad de los sistemas. "Mi sistema -asegura La·
croix- es mi forma de crecer, por el conocimiento, en el ser; si el sistema es la más
profunda expresión de mi persona, ¿ cómo podría ser impersonal? ¿ Cómo podría yux•
taponer-se, en mí mismo, a otros sistemas? El personalismo es lo único que puede con•
,ciliar tan integralmente la seriedad de cada sistema con el respeto a los demás sistemas,
es decir~ a las demás personas" (opus cit., pág. 89). Y habría que agregar -~cómo
olvidarlo?- la natural abertura de mi sistema a otros sistemas, esto es, de m1 per•
.sana a otras personas, por medio de una continua confrontación. La inquietud -marca
,del ser en nosotros- es irremontable y permanente. Tiende -advirtámoslo o no-a la posesión soberana. Excita la voluntad y sirve de aguijón. La inquietud Heva a la
trascendencia.
"Lo propio del existencialismo ateo es multiplicar las trascendencias, es decir, los
movimientos de rebasamiento, pero permaneciendo siempre en el mundo: su trascen•
dencia está en el interior de la inmanencia''. A esta trascendencia horizontal o pseudo·

520

En la interioridad misma del juicio, está metido el tiempo. Y el tiempo permite la
duda. La duda es un esfuerzo para separar el juicio de su contenido. El contenido
proviene de las cosas materiales. Al establecer una distancia entre nosotros y el
objeto de nuestra creencia, la duda pone de relieve la primacía del sujeto. Por la duda
descubro lo espiritual. Es un ejercicio, una ascesis para elevarse del mundo sensible al
mundo inteligible. Si el fin de la filosofía es alejar el espíritu de los sentidos, el único
medio para lograrlo es la duda: toma de conciencia de la persona. Al dudar me com.
prendo como espíritu finito vinculado al espíritu infinito. Bien lo dice Descartes: "Pues
sólo es posible conocer bien la certeza y la evidencia de las razones que prueban, a
mi juicio, la existencia de Dios, que recordando claramente aquellas que nos hacen
reparar en la incertidumbre de todos nuestros conocimientos de las cosas materiales
{Cartas, A. T., t. I, p. 560). Lo que olvida Descartes es que el mundo es la causa
necesaria de la duda. El mundo está frente al que duda, "al menos como ocasión de
duda o de suspender su juicio".

l

La creencia -personal y comunitaria- afirma la superioridad del sujeto en su
compromiso con el objeto. Este compromiso se da en comunión con los demás sujetos.
En este sentido cabe afirmar que la creencia es pensamiento comprometido. Compromiso total. Personalidad del juicio. Todo ello va involucrado en nuestras creencias. Si
filosofar es suponer que el mundo tiene un sentido, creer en un sentido que es preciso
descifrar, comprender, entonces la creencia importa a la vida y a la filosofía. Las mis•
mas pruebas de Dios, para Jean Lacroix, explicitan una fe natural e implícita, de una
especie de creencia, de fiducia elemental. "El hombre es exigencia de sentido: Dios
,e~ el sentido del mundo, el lenguaje de Dios. Si Dios ha creado el mundo, es que

521

�habla a alguien y probar su existencia no puede ser más que escuchar este lenguaje,.
comprender esta palabra. La filosofía no es conocimiento, sino comprensión. Y comprender es siempre comprender un sentido" (pág. 128). Más que de pruebas, cabe hablar, pascalianamente, de signos o marcas de Dios. Al buscar las huellas de Dios le
conocemos ya de alguna manera.
Desgraciadamente Lacroix no hace un análisis ontológico de la fe. Nada nos dice
sobre el objeto inevidente que se afirma a pesar de su inevidencia, debido a un elemento extrínseco: la "auctoritas". Tampoco analiza el concepto de autoridad y los motivos de credibilidad. Se limita a observar que la fe trae aparejado un compromiso
total, una adhesión integral a sí mismo, a los otros 1 al mundo y a Dios. El asentimiento
es absoluto o no es sentimiento. Aquí no se dan grados. Nos juzga nuestra creencia, más
que nuestro juicio. El criterio último de la creencia --d.e un orden superior a la lógicaes ético-religioso. Al personalismo -filosofía de la síntesis y de la totalidad- no le
puede ser indiferente la creencia. No le puede ser indiferente, porque es una filosofía
del comportamiento humano. Es preciso reintegrar el conocimiento al conjunto de la
actividad humana. Hay que partir del hombre como ser en situación, como ser dividido entre el tiempo y la eternidad.
¿ Qué es la creencia? "Ni puro saber objetivo pretendidamente universal, ni simple
suposición subjetiva al estilo de un proyecto temporal. Pues la creencia, en el fondo~
no es más que una progresiva captura de la eternidad a través del tiempo: no es visión, sino movimiento para ver". Es claro que las frases que anteceden no integran
una definición esencial. Pero acaso a Jean Lacroix le interese más sugerir que definir.
Por eso nos dice, líneas delante, que la creencia es unidad de nuestro ser que piensa,
actúa y siente. Por eso apunta que el creyente es, al mismo tiempo, ser en el mundo
y ser superior al mundo; sujeto que progresa en la verdad participando en ella. Por
eso reconoce, corno única creencia, la que nace de una duda siempre superada.

Lo que los marxistas llaman la reconciliación de la humanidad consigo misma, sólo
cobra sentido a la luz del personalismo como una conquista progresiva que conducirá,.
en el límite, a la reciprocidad de las conciencias. El personalismo concilia dos valores
esenciales: el concreto -de origen existencial- y la objetividad.
S6lo se cree con los demás y con todos los demás. Creencia es sistema abierto, consolidación del ser. "En la fe existe un elemento de conocimiento nocional, los enunciados dogmáticos, y un elemento de conocimiento concreto, una relación nueva y vivida
del alma con Dios". Por la creencia nos encontramos con la verdad y con los demás
hombres. Devenimos y somos. La persona y la humanidad están por hacer. "Creer
-nos dice en conclusión Jean Lacroix- es anticipar en una experiencia actual un
porvenir ya de alguna manera presente, o más bien, la única creencia que se dirige
hacia un futuro que tiene la posibilidad de no ser un espejismo: consiste en reconciliar
lo temporal y lo eterno en un crecimiento actual del ser, ya que el presente no es
más que la presencia de la eternidad en el tiempo" (Marxismo, existencialismo, personalismo, pág. 151, Ed. Fontanella).
El libro Marxismo, Existencialismo, Personalismo consta de una introducción y cuatro
capítulos: "El hombre marxista", "Sistema y existencia", "La significación de la duda
cartesiana'', "La creencia". Fue publicado, originalmente, por "Presses Universitaires
de France". La traducción castellana publicada por la Editorial Fontanella de Barcelona, con una introducción de Antonio Jutglar, enriquece nuestra bibliografía y abre
nuevas perspectivas a los lectores de habla española. Se trata de un estudio conciso,.

522

sincero y luminoso. Jean Lacro,·x, cas,· d esconoc1"d o por Jos Jectores de nuestro idioma,
merece mayor atención y más amplia estima de los hispanolocuentes. Hagamos votos
porque se traduzcan, a nuestra lengua, el resto de sus obras.

DR.

DR.

AGUSTÍN

BASAVE

fERNÁNDEZ

DEL

Samuel Ramos -trayectoria filosófica y antología de textos-, Centro
de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, México, 333 págs.
1965.
VALLE,

MOTIVO DE GRATA SATISFACCIÓN ha sido
en los medios culturales en general, la
publicación del libro Samuel Ramos
-trayectoria filosófica y antología de
textos-, que debido a la pluma del Dr.
Agustín Basave Fernández del Valle y
como publicación del Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, acaba de ver la luz pública.

Decíamos al principio, que es motivo
de satisfacción, porque en este momento
histórico actual, las "cosas" del espíritu
están siendo relegadas a un último término, y así resulta altamente reconfortante el ver y el leer una obra del espíritu para el espíritu.
Samuel Ramos, cuya sencilla enunciación envuelve a su vez a la sencilla personalidad de un filósofo auténtico en su
pensar y obrar, es la figura mexicana que
movió a ~asave a ocuparse de una tarea
que mucho lo dignifica, a través de su
laborar cotidiano y fecundo.
En México, como en otros países, son
escasos los filósofos, en el alto sentido
que la palabra filósofo encierra, porque
en Samuel Ramos no fue pose ni máscara, sino una realización humanamente
profunda de la filosofía y una proyección
amorosa de lo suyo, lo mexicano, hacia
la propia filosofía. Con modestia, tampoco fingida, la vida de Samuel Ramos
transcurre cristalina, no exenta tampoco

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

de los dolores que en ocasiones laceran
el corazón humano, pero pudo más en él
su genuina vocación y su innegable inteligencia para seguir fiel a ese camino
luminoso de la verdad, pero árido por
la incomprensión que exige el estudio
y la dedicación a las faenas del intelecto. Los que tuvimos el privilegio de
conocerlo -como alumnos-, en sus clases de la Escuela Nacional Preparatoria
de la ciudad de México, en aquel ilustre albergue colonial, no podemos menos de rendirle un tributo de homenaje
a través de nuestro agradecido recuerdo,
por sus orientaciones y por habernos
guiado en el camino que, por desgracia,
ha sido desconocido para muchos mexicanos: México, si bien, no tenía la oratoria de otro no menos ilustre maestro,
Antonio Caso, sin embargo, sus ideas claras, dichas con una modestia que se antojaba religiosa, produjo en varias generaciones el amor por la filosofía, y sobre
todo, por la filosofía en México. Y así
el mexicano trasciende de su corazón hacia su cerebro y produce estudios filosóficos que indudablemente son la pauta
para un futuro mejor de investigaciones
y producciones que vengan a darnos mayores luces acerca del complejo del ser
y del pensar mexicano.
Por eso resulta encomiable, desde todos puntos de vista, el esfuerzo realizado
por Agustín Basave al entregarnos esta
obra primera en su género acerca del
ilustre maestro desaparecido Samuel Ramos, dividida en las siguientes partes: l.
La Figura de Ramos; 2. La Polémica
entre Antonio Caso y Samuel Ramos; 3.
El Intelectualismo de Samuel Ramos;

523

�4. "El Caso Strawinsky"; 5. Perfil de
la Cultura Mexicana; 6. Psicoanálisis del
Mexicano; 7. Veinte Años de Educación
en México; 8. Hacia un Nuevo Humanismo; 9. Filosofía de la Vida Artística;
10. La Pintura de Diego Rivera; 11.
"Estudios de Estética"; 12. Samuel Ramos ante la muerte; la segunda parte,
comprende la antología de los textos del
maestro Samuel Ramos repartida de la
manera siguiente: l. HipóteJis: La campaña anti-positivista; Caso, abogado del
pragmatismo; La historia de la filosofía
teatralizada; El irracionalismo; La intuición no es una teoría gnoseológica; El
dogma de la acción; El conocimiento es
un valor; La vuelta de la razón; conclusiones; Mi experiencia pragmatista;
II. El Caso Strawinsky: La Impersonalidad de Strawinsky; El Período Ruso;
III. El Perfil del Hombre y la Cultura
en México: Vasconcelos y la revolución
educativa; El fantasma de la educación
socialista; IV. Hacia un Nuevo Humanismo: La crisis del Humanismo; Programa de una Antropología Filosófica;
Axiomas de la ontología humana; El
hombre como "deber ser" j Las teorías
del hombre y la curva del humanismo;
La nueva valoración de los instintos; Las
capas del ser humano; V. Historia de la
Filosofía en México: ¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos?; La Filosofía en el siglo XX; La Filosofía en la
época con temporánea; José Vasconcelos;
VI. Filosofía de la Vida Artística: Introducción; psicología del artista y la
creación; El objeto estético; La esencia
del arte y su función en la vida humana;
VII. Diego Rivera: Diego Rivera; Los
temas; El estilo; La estética de Rivera;
Paralelismo de los estilos de arte y pensamiento en la cultura mexicana; VIII.
Estudios de Estética: La Estética de Martín Heidegger; Estética de la música en
los filósofos románticos; La música y el
scntimientoj estética de la pintura.
Como es de advertirse en el conteni-

524

do de esta obra. Basave divide en dos
partes a la misma y en la primera, vemos como hace una incisiva penetración
en el pensamiento del maestro Samuel
Ramos. Así, en el parágrafo número tres,
perfila la actitud intelectualista y realista de Samuel Ramos y establece -al hacer la crítica-, el no existir el pretendido
parentesco cultural avasallador que tiene
México con Francia, señalando también
las debidas proporciones y la distancia
entre ambas.
Las ideas políticas de la ilustración
francesa se presentaron en México cuando el mestizaje cultural hispano-indígena
estaba ya realizado. Además, menester es
recordarlo, hay órdenes anteriores y superiores al orden político, por ejemplo,
el orden religioso, el orden metafísico, el
orden moral. Y en estos órdenes, la Fecundación hispánica estaba ya verificada.
Nada tiene que ver con el neo-clacisismo
Francés, el barroquismo -patetismo vital trascendente, apoteosis de valores personales- de nuestra cultura hispánica.
Por último, la obra de Agustín Basave, creemos que constituye la primera en
su género por su valimiento de crítica
filosófica y, además, no deja de reconocer otra de las cualidades del maestro
Samuel Ramos, o sea la lealtad con que
expuso doctrinas y autores, cualidad que
revela, a no dudar, otra de las facetas
de la relevante personalidad del maestro.
No es menos valiosa la aportación de
Agustín Basave en relación a todas las
obras de Samuel Ramos, muchas de las
cuales, por desgracia, se encuentran ' agotadas. Siendo de desearse que en lo fu.
tura dichos libros fuesen reeditados, si
se considera que toda la obra de Samuel Ramos constituye el primer paso
al descubrimiento del pensamiento mexicano en el campo de la Filosofía y de la
Cultura en general. Siendo de desearse,
también, que el mensaje del maestro
Samuel Ramos que ahora en forma por
demás completa y atildada aparece en

el libro de Basave, llegue a la juventud
de México.

Lic. ALBERTO GARCÍA

GÓMEZ

JESÚS GUISA v AzEvEno, Me lo dijo
V asconcelos, Editorial Polis, México,

1965. '
CON VOLUNTAD JUSTICIERA, con ánimo
comprensivo, son propósito esclarecedor,
Jesús Guisa y Azevedo nos ha dado su
testimonio. Testimonio pulcro, viril, luminoso. El autor conoce a su personaje.
Lo trató íntimamente y lo quiso como a
un hermano mayor. No se trata de una
exposición y de una crítica de la filosofía
vasconceliana. Tampoco de una biografía.
Trátase de una semblanza espiritual, de
un ideario o "formentario" El libro está
escrito con pluma limpia y afilada. Muestra escuela y estilo. Mueve a la simpatía
y a la gratitud.

El índice de la obra es ya de por sí
bastante elocuente: Capítulo I. "Este es
Vasconcelos ... "; Capítulo II. "Este
era Vasconcelos ... ''; Capítulo III. ''Vasconcelos y su dolor de ser mexicano ... ";
Capítulo IV. "Vasconcelos, genuino humanista pese no haber sabido griego ni
latín"; Capítulo V. "Este par de malhechores: Marx y Freud"; Capítulo VI.
"¿ Decadente y claudicante Vasconcelos,
a causa de su catolicismo?"; Capítulo
VII. "Suma, sentencias y cuestiones".
Vasconcelos no cesaba de pensar en la
presencia ausente de la muerte. Liberación, complemento, revelación.. . "Vasconcelos hablaba de la muerte como de
una presencia que nos incita, que nos
previene, que nos corrige, que nos hace
reflexivos, que nos madura y que, por
todo esto, nos perfecciona y nos trasmuta
en buenos. La muerte viene a su término
y a su hora ( Opus. cit., pág. 13). Y sin
embargo, amaba la vida. Quería gozos
subidos y sobrados. Anhelaba una vida
digna para México, para el México de

su familia modesta. No fue ajeno a la
pasión, a la diatriba, a la cólera y al calificativo vivaz. Era una legión en un
solo hombre. Filósofo, esteta, educador,
político, poeta ... Todo lo veía bajo el
signo de lo bello. Su visión de poeta le
hizo concebir la política como "actividad
de colaboración, de unidad, de concierto
y armonía, de fraternidad y amistad"
(]bid., pág. 18). Nos dio a conocer un
nuevo tono de vida, anudando el hilo de
la vieja y por siglos pujante acción misionera de los frailes. Música, danza, teatro, recitación poética fueron convocados
para entretener al pueblo en menesteres
estéticos.
El enderezamiento de la política mexicana -inclinación del poder a la j usticia, racionalización, rectificación y humanización- data de la audacia y diligencia de Vasconcelos, en su campaña
presidencial de 1929, y de la generosa
respuesta -heroica en muchos casosde la juventud.

"Por mi Raza Hablará el Espíritu",
reza el lema que Vasconcelos donó a la
Universidad de México. Su inspiración
fue un don de la gracia. "El Espíritu que
tiene que hablar en los universitarios,
portavoces titulados de las grandezas de
México, y obreros diligentes de ellas, es,
y así lo declaró él mismo, el Espíritu
Santo, dador de consolación, difusor de
dones y motor de las bellas acciones, escudo y fortaleza, bien y dulzura, manjar
de vida, fuente de agua clara, constancia amorosa y seguridad de permanecer
en la vecindad divina" (Opus cit., pág.
13). En los momentos de mayor peligro
Ulises Criollo se amarró al mástil de su
nave, gritando a grito herido su verdad,
para no irse tras los encantos de las sirenas, seducido por sus cantos. Como el
Ulises griego cayó el Criollo en tentaciones. Y se solazó con las gracias de
Adrianas y Antonietas. Pero volvió a Itaca para vivir, para dar testimonio de la
verdad, para denunciar la nocividad de

525

�las fuerzas del mal, para volver a la fe
de sus primeros años. "Itaca para Vasconcelos es la Iglesia Católica, la Penélope que no teje ni desteje, que no teme
a nada y que no se cansa de esperar, que
tiene abiertos y largos sus brazos de misericordia y dulce, atractiva, fresca como
el rocío, y líquida como la luz del sol,
su palabra de perdón. Itaca son las virtudes del hogar, la modestia de las familias, la sencillez de las costumbres, el
temor de Dios y, para decirlo todo de
una vez, el México justiciero, pacífico,
sociedad de amigos, empresa de todos ... "
(Opus cit., pág. 23).
A Vasconcelos le causa tedio, cansancio, arrepentimiento el haber ocupado su
tiempo en el solaz de la carne: Pero a
nosotros nos interesa todo lo suyo: su
actividad amatoria y su tedio espiritual.
Sentía la insuficiencia del porfirismo:
arbitrariedades, manías legiferantes, imitaci6n de lo francés ( descastamiento).
No quiso seguir el camino fácil del profesional burgués: ahorro, comodidades,
seguridad. Sentía muy a lo vivo el dolor
de ser mexicano. "Vasconcelos de recién
recibido de abogado y patrocinador de
pingües negocios, no se dejó ahogar por
la codicia del dinero, ni fue seducido por
el miraje de una vida cómoda y tranquila, burguesa, diríamos ahora. Le dedicaba sus horas de soledad a su dolor, a
cultivar su inquietud, a alwnbrar su conciencia de ciudadano con la luz ardiente
de su amor a México, con su sostenido
propósito de ir derecho a la fuente que
es el pueblo, con su designio de interpretarlo con honradez, sinceridad, interés
por el bien común y constancia de patriota". (!bid., pág. 35). Los temas mexicanos, vistos y tratados por Vasconcelos, nos pueden dejar tristeza, nunca desánimo. Nos mueve a la acción y nos
transmite su cólera. Sus facultades creadoras eran extraordinarias. Su obra es
como "la novela de una Naturaleza y de
un Cosmos que él ha recreado, que ha

526

dotado de alma para que estén en contacto íntimo con nosotros, esto es, con
nuestra propia alma".
Sus confesiones se parecen a las de
San Agustín, no a las de Rousseau. Mide
la altura desde donde ha caído1 da testimonio de lo humano y nos hace asistir
al triunfo del espíritu. Era un inconfor•
me. Los mexicanos tenemos que agradecerle su desazón, su rebeldía, su desdén
o su cólera ante la injusticia. Nos punza, como para que México se haga más
nuestro.
Se le llamó maestro de la juventud.
Enseñó a los j6venes mexicanos -nunca
lo olvidemos- "la dignidad de vivir y,
como remate de esa dignidad 1 la grandeza de saber desprenderse de la vida".
Al final de sus días sólo quería escribir
una palabra: misericordia. Sabiéndose
anclado en lo eterno1 anhelaba llenar la
vida de grandeza. De la anécdota a la
categoría, de la fugacidad a la eternidad. Agobiado por el peso de sus culpas,
llevando en su corazón el arrepentimiento
y pidiendo, humilde, el perdón 1 seguro
de la misericordia: no se presenta, con
todo esto, con las manos vacías. Lleva en
ellas su dolor de ser mexicano, las batallas que libró por el enderezamiento intelectual, su amor cívico a la comunidad,
su afirmación, oportuna e inoportuna,
como conviene hacerla, según San Pablo, de católico, apostólico, romano1 sus
arrebatos de perseguido y, como suma
y razón de ser de todo, su ardorosa, su
cabal, su infantil y por consiguiente genuina y pura, amigable humanidad. La
calidad humana de Vasconcelos es única,
de dilatada anchura y en la que, con
amor de caridad, quiso abrazamos a todos los mexicanos'' (!bid., págs. 60-61 ).
Amaba la verdad de México, aunque esta
verdad fuese cruel. Sacrificio, víctimas y
sangre de nuestras revoluciones. Injusticias que se perpetúan y se multiplican.
Acaso por eso declaraba sentir dolor y
rabia de ser mexicano. Y sin embargo

su deseo de hacer un México bello era
patente. Su devoto interés por los mexicanos no quedó estampado, tan sólo, en
las frases del gran escritor sino en los
hechos del Ministro de Educación y del
político militante.
El verdadero humanista no se circunscribe en lo grecolatino. Las humanidades
son, antes que un sistema de doctrinas,
una búsqueda que replantea incesantemente los problemas, para sacar de ellos
el significado y la realidad de la vida
humana. No andamos en pos de un humanismo libresco y conceptual, "almendrado de citas griegas y latinas, pero sin
latido cordial para el hombre" (Caba).
Queremos llegar a un saber del hombre
para el hombre. Un saber del hombre
concreto, del hombre integral que es, a
la par, espíritu y carne, alma y hueso,
razón y sangre, instinto y pasión.
Vasconcelos "no sabía griego ni latín,
pero honró la tradición clásica advirtiendo en ella la fuente de donde mana n uestro sentido y nuestra conciencia de hombres cultos. San Agustín no sabía arameo
Y, con todo esto, entendió, con una amplitud que nos conmueve todavía ahora
las palabras de Nuestro Señor en la ver~
sión griega hecha por los mismos evangelistas. Santo Tomás no sabía griego y
penetró, pese a ello, con más rigor que
.infinidad de comentaristas y de filósofos,
al pensamiento de Aristóteles. Nunca
pretendió Vasconcelos, por otra parte, ser
traductor de los clásicos, ni discutir pormenores de la vida privada de griegos y
romanos, ni hacer interpretaciones de la
conducta de tal o cual personaje, de la
historia o de la literatura, comparando
los textos de éste o del otro autor" ( "Me
lo dijo Vasconcelos ... ", pág. 75, Ed. Polis), Vasconcelos fue un gran humanista
porque fue un hombre lleno, pletórico de
humanidad, por ser católico de corazón
y de espíritu, por ser heredero consciente
de Grecia y Roma. "Escribir libros sobre
la religión de los griegos y no ser sensi-

ble, ni siquiera por tentación, a la religión de los mexicanos, le parecía una
aberración, una pedantería y una ausencia de conciencia nacional, además de la
exhibición de un falso humanismo".
( Opus cit., pág. 76). Tampoco simulaba Vasconcelos conocer las lenguas sabias para ponerse dizque a traducirlas o
"trasladarlas" al castellano valiéndose de
las versiones inglesas, francesas e italianas.
"Malhechores, y en grado subido, con
malicia grande, diligencia incansable, malevolencia constante, insidia penetrante,
fiel aborrecimiento a la tradición cristiana, complicado aparato científico pretendidamente contundente, equívoco hábilmente aprovechado de verdades a medias,
fueron, para Vasconcelos, estos dos judíos, Marx y Freud, los cuales por ellos
mismos, y por su valía intelectual, la fuerza corrosiva de su razonamiento, la malversación de los valores j udeo-cristianos
de Occidente, la irrefragable voluntad de
dañar de una parte, y, de otra, por las
carencias de los cristianos, su infidelidad,
su dura cerviz, su afición a buscar el cebo
de la ganancia, su inhwnano trato para
los de abajo, su canalla práctica de usar
las cosas santas para el propio provecho,
su apego a los bienes temporales, mudaron los rasgos de la justicia y han precipitado al mundo a la aberración que, en
muchos aspectos, consiste en un retorno
a la animalidad, la cual es temida por
ellos, Marx y Freud, como el carácter
prístino y genuino del hombre" ( Opus
cit., pág. 100). El Dr. Guisa y Azevedo
emprende una aguda e implacable crítica a Marx y a Freud. Lástima que la
crítica esté hecha sobre comentarios a
las doctrinas de Marx y de Freud, sin
acudir, el 99% de las veces, a las fuentes
originales. Sólo una vez se cita la traducción francesa de las obras completas de
Marx.
¿Decadente Vasconcelos porque había

527

�vuelto a vivir lo sobrenatural y a tenerle
preparada en su mente y corazón una
casa al verbo de Dios?, se pregunta
Jesús Guisa y Azevedo. ¿ Claudicante porque había dejado las malas compañías y
porque cay6 en la cuenta de que servir
a México, y servirlo con todas las potencias del alma, no era sino trabajar por
la elevación de sus compatriotas basta lo
divino? Viéndose católico, José Vasconcelos sentía la consoladora seguridad de
ser hombre completo. Sabía que la Iglesia le hablaba su propio lenguaje y le
hacía eco a sus propias inquietudes de
hombre moderno. "Vasconcelos, no por
decadente y claudicante; no por débil
mental ni por cálculo y codicia; no por
ignorante, ni menos por inhibición de
su espontaneidad, sino por todo lo contrario: por lúcido, por desinteresado, por
reflexivo y contemplativo, por hombre
libre, por fiel a su tradición, por defensor de la familia, por patriota iluminado,
por hombre de historia que hizo historia
y que poseyó, clara y transparente, la
conciencia del mexicano; por humilde y
por noble, por alto y robusto, cuya altura
y robustez alcanzó él en la verdad, fue
católico" (Opus cit., págs. 157-158). Su
vida de escritor la concluyó con una plegaria: "Letanías del Atardecer", "libro
de dulce, de confiada, de sincera humildad".
La obra Me lo dijo V asconcelos . ..
se cierra con un capítulo intitulado "Suma, Sentencias y Cuestiones", en el cual
Jesús Guisa y Azevedo agrupa, alfabéticamente, algunas de las ideas-madres
en la producción escrita de José Vasconcelos. Aunque reconocemos el cuño vasconceliano de la mayor parte de las ideas
expuestas por Guisa y Azevedo, no dejamos de advertir, en algunas sentencias
y cuestiones, el sello personal -filias y
fobias- del Dr. Guisa.
Vasconcelos ha muerto, pero vive su
obra. Para los discípulos y amigos de
José Vasconcelos, la aparición del libro

528

de Jesús Guisa y Azevedo es una buena
nueva. Mientras le sigan recordando y
evocando los verdaderos y buenos mexicanos, nada importa que su nombre no
aparezca en las placas que escribe la adulación y en los homenajes que gestan las
caravanas del servilismo. Vasconcelos
-árbol azotado-- hunde muy hondo sus
raíces en suelo mexicano. Su voz la guardan los bosques, y los vientos, y las campanas... Su alma -que mucho tiene
que ver con el fuego, como observó recientemente mi cordial amigo, Enrique
Ruiz García- seguirá siendo evocada en
las emociones hondas y en los pensamientos vehementes. Amó entrañablemente,
desesperadamente, pero sin transigir, a
este México nuestro. Acaso lo haya amado así, con rabia, porque le dolía --como a Unamuno la Esoala de su tiempo-,
porque lo soñaba diferente, porque lo
quería con voluntad de perfección. Nunca gust6 de componendas ni de medias
tintas, síntoma inequívoco de su llamado al cumplimiento de una misión. Como
funcionario público supo realizar con
maravillosa naturalidad y sencillez una
síntesis bien difícil: servir con dignidad,
estar en su sitio sin humillación ni vergüenza y desempeñar su puesto con desenvoltura y gravedad. Un poder de acción y de creación -que nunca le abandonó- le hizo sentirse vivir con fuerza.
Prefirió la verdad antes que la paz. Padeció persecución por la justicia y sufrió
destierros. Esa pasión, ese color y esa vida
que supo poner en sus libros, subsistirán
mucho tiempo después que se hayan perdido en el olvido los nombres de sus
detractores.
Quiero evocarle corno le vi en Venecia, la última vez: sus ojos eran de rey
vencido que ve su reino desde el fondo
de una cárcel. Subía y bajaba de las góndolas con el aire trágico de un árbol azotado. Después se quedaba en pie, como
un niño asombrado, pero dispuesto siempre a marchar a todos los rumbos, del

brazo de la aurora. El lo sabía: su lábaro
no estaba hecho para el lucimiento de
los desfiles. Era un airón de combate.

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNOEZ DEL
VALLE, Metafísica de la Muerte, Librería
Editorial Augustinus, Madrid, 1965.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

SE TRATA DE COMPROBAR y de comprender. De comprender o entender lo entendible del misterio de la muerte. Pero antes, Y quizá más importante que hacer el
misterio racional, se trata de tomar conciencia de la vital resonancia que para
la existencia tiene la idea de la muerte.
Las comprobaciones iniciales han de ser
lo más objetivas que sea posible: con ese
tipo de objetividad en el que la conciencia y el sentido común reconocen (a su
manera respectiva) su ideal común. Ha
de hablarse de la muerte que angustia a
quien la presiente y atemoriza a los que
con despecho iconoclasta, hacen de ell~
un tema de conversación ordinaria·1 ha
de mirarse su imagen corno la ven alucinadora, los que la rehuyen a pes~r de
sentir su naturaleza imantada por ella
o como los que se le acercan sin poder
contener el grito de su carne y de su espíritu rebeldes al destino inexorable ...
Debe hablane de ella, de la muerte, como un hecho dramático, ante el cual
todo fil6sofo 1 todo pensador1 ha de dar
su medida.

AUERBACH, EatcH, lntroduzione alla Filologia Romanza, Picola Biblioteca Einaudi, Torino, 1964. (PBE 29).
~P~RECE POR SEGUNDA VEZ, en lengua
1taliana, esta obra de Auerbach que sirve
de maravilloso auxiliar en la cátedra de
Filología Románica.
El Texto, en una presentación de 10
por 18 cm., está compuesto de 308 páginas y dividido en cuatro grandes partes.
La primera parte, que se titula "La
Filología en sus diversas formas" presenta una explicación general de la ciencia
&lt;le la Filología que va desde la edición
crítica de un texto hasta la explicación
&lt;:lel mismo.
La segunda parte "El origen de la lengua romance" se inicia con un brevísimo
resumen de la historia de Roma y sus
colonizaciones para luego, en forma detallada, pasar a hablar de la lengua latina vulgar, origen de las lenguas romances. Un siguiente capítulo se dedica a
explicar el desenvolvimiento del latín
vulgar hasta su natural desembocadura
-en las lenguas romances.

La tercera parte "Doctrina general de
las épocas literarias" abarca tres capítulos: La Edad Media, el Renacimiento,
,¡, los Tiempos Modernos. En cada uno
de estos capítulos hace especial referencia a las tres grandes 1iteraturas roman-ces: Francesa, Italiana y Española.
L_a cuarta parte, muy importante1 la
dedica el autor a dar una guía bibliográfica en los dos campos de la filología:
Linguútica y Literatura.
LIC. EDUARDO GUERRA CASTELLANOS

Más aUá del sentido común más allá
de la ciencia, el filósofo ha d; ocuparse
de ese gran drama y tratar de arrancarle
su secreto arcano y de hacerle mostrar su
sentido más profundo. Pero ¿ tiene la
muerte un sentido profundo, o es ella un
sin-sentido? ¿ se topará, el que lo busca,
con el absurdo, o encontrará una explicación que arroje luz y comprensión sobre la misma vida? Estas son las primeras formulaciones filosóficas de ]a gran
interrogante1 y a ellas quiere dar respuesta en tono metafísico el Doctor Basave,
después de hacernos asimilar en la primera parte de su obra, la sabiduría de
los siglos que nos invita a ser "poetas de
la existencia que saben hallar a su vida
la rima exacta en una muerte inspirada".

529
H

�La insuficiencia radical, la indigencia
ontol6gica del hombre, es vivida por todos en un menudeo de insatisfacciones en
nuestros gozos y en nuestras tristezas,
en nuestras aspiraciones y en nuestros
desencantos, en nuestras realizaciones y
en nuestros padecimientos: siempre queda el hombre más acá o más allá de lo
esperado, y en esa distancia de lo adecuado, en ese desajuste entre su ser y su
deber ser, vive en la vida diaria su co~dición de ser contingente. Pero esa mlSma condici6n 1 vivida en su radicalidad
extrema, hace surgir en nosotros la muerte como aquello a que naturalmente estamos abocados, siendo tal vocaci6n un
elemento constitutivo de nuestra propia
existencia. La muerte, inherente a nuestra vida como el término que le da fin y
la acaba, no es por lo mismo sino más
dramática. Se traduce, en efecto, ese término en un límite desde donde empieza
la "allendidad" que encubre el misterio
de lo incierto: "El último día nos enfrenta con la eternidad o con la nada" y
desde luego, º¿acaso nos puede ser indiferente esa ultimidad?" El drama se agudiza haciéndose personal en la certeza
de que somos cada uno de nosotros, de
que soy yo el que tendré que interrogarme entonces: "¿ aniquilación o segundo
nacimiento?''
En este planteamiento de disyuntiva,
la cuestión de la 11allendidad" sólo puede tener respuesta a partir de la reflexión
sobre el alma y sobre su estructura ontológica. Y habrá de cuidarse que dicha
reflexi6n no contravenga la elemental
preceptiva de la lógica, pues realmente
"¡ trágico hado el tener que cimentar en
la movediza y deleznable piedra del deseo de inmortalidad la afirmaci6n de
ésta!", según la admonición de Unamuno. Pero el autor sabe que ha de probarse por otros caminos lo imperecedero del espíritu, el cual no puede correr
la misma suerte que el cuerpo al que
está unido por mostrar ya en esa unión

530

una cierta autonomía en sus operaciones.
o actividades propias.
Pero, no es ese todo el cometido de la
obra del Doctor Basave. A esta tarea han
entregado, cien otros, muy valiosos esfuerzos. No se quiere dar por satisfecho
integrando la muerte a la vida, como su
elemento constitutivo 1 ni probando a su
manera la perenidad del alma humana.
Desea llevar su pensamiento de filósofo
católico hasta convertir el ya clásico "ser
u
para la muerte" del hom bre, en un ser
para la vida real e inacabable". Quiere
probar que la raz6n asiste al "mu~ro
porque no muero" de Santa Tere~; quiere hacernos trocar la repugnancia ante
la "presencia ausente" de nuestra muerte
por la alegría que ha de sentir el que
ve en ella una "libre y cordial adhesión
a los designios del Señor".
FRANCISCO Buc10 PALOMINO
JEAN WAHL, L'Expérience Metaphysique,
Flamarion, Paris, 1965.
UNA COSA ES METAFÍSICA y otra cosa es
"experiencia metafísica". La primera _se
hace con juicios que por lo menos quieren ser plenamente predicativos. La s~gunda toca el terreno de lo "pre-predicativo" en sentido husserliana. Pero
-con la venia de Husserl-, si hay experiencia de lo pre-predicativo o de lo
antipredicativo ¿podría ser ésta una
experiencia metafísica?' ¿ no se contraponen por un lado "experiencia" Y "an'
.
tepredicativo"
Y, por el otro, " experiencia" y "metafísica"?
Es muy importante la cuestión para
todo pensador que quiera pisar un suelo
56lido. Jean Wahl está consciente de ello
al entregarse en esta obra a la tarea de
analizar a los "fil6sofos célebres" en sus
respectivas experiencias metafísicas i al
aplicar a cada uno de los grandes sist~mas filosóficos la pregunta sobre la posibilidad de la experiencia metafísica, para

invitarlos a responder afirmativamente
octu excercito, brindándoles a la vez la
ocasión de manifestarse en su genuino valor. Pero no es precisamente un desfile
de filósofos ante la prueba de fuego lo
que intenta el autor; este cometido histórico ha de ser propuesto en primera
intención a los historiadores de la Filosofía. Trátase más bien de cercar la experiencia metafísica, a la luz de la Historia de la Filosofía, para descubrir su
esencia. Y la esencia de la experiencia
metafísica va a revelarse, a través de todos los ejemplos históricos examinados,
en el sentido de "prueba" de la presencia
de "Algo" que sobrepasa nuestro conocimiento ordinario y que a la vez "nos
prueba", a la manera como el hombre
religioso "éprouve qu'il est éprouvé" por
Dios. En tanto que presencia obsedante,
el término de la experiencia metafísica
no conserva su categoría filos6fica sino
por ser presentida en él una explicaci6n
englobante de la realidad al trascender
el tipo de explicaciones dadas por la ciencia. También por esto ha de tipificarse
la experiencia metafísica más en forma
de interrogante que en forma de respuesta. Así, en la defensa que Jean Wahl hace de la metafísica ante los analistas lógicos, nos dice que aquella es por lo menos ese saber que el hombre consigue
acerca de las cuestiones que pueden ser
planteadas sobre las cosas que sobrepasan
nuestra experiencia ordinaria. Que el término internacional de tales cuestiones llegue a ser expresado en conceptos claros
u obscuros, según una secuencia racional
precisa o con errores J6gicos, ello dependería de Ia habilidad que se tenga
en el manejo de la argumentación y del
lenguaje. Pero aun cuando éste sea torpe, en nada afectará el que haya sido
posible la auténtica experiencia metafísica. Cierto es, por otra parte, que el
contenido intencional de toda experiencia metafísica permanece con una ambigüedad radical por el hecho mismo de

no poderse desvelar una vez por todas.
Quizás, por Jo mismo, no estamos siempre seguros de la autenticidad de las diferentes experiencias metafísicas de los
grandes filósofos. ¿ Será, o no será una
experiencia metafísica el Cogito Cartesiano? Jean Wahl no lo creía antes, ahora está convencido de que sí lo es. En
todo caso. no tenemos razón para negar
su posibilidad, como, por otra parte, no
tenemos razones para asegurar que es
prerrogativa exclusiva del filósofo. Ya sea
que hayan muchas, ya sea todas se reduzcan a la experiencia metafísica del
Ser ( como Jo cree firmemente Heidegger), nuestra actitud interrogante no
está lejos de ser hermana de la del poeta
que quiere abandonarse al inconmensurable todo que es él, que eres tú, que
soy yo.
FRANc1sco Buc10 PALOMINO
MARIANO BAUERO GoYANES, Proceso de
la novt:la actual, Biblioteca del pensamiento actual, Ed. Rialp, S. A., Madrid 1
1963.
TAL COMO EL AUTOR INDICA en la Introducción, el libro está integrado por un
conjunto de ensayos y artículos referentes a la novela. No trata de hacer una
apología del género, sino de caracterizarlo de acuerdo con una precisa conciencia hist6rica y a la luz de la problemática del pensamiento contemporáneo.
El tema se abre con comentarios a la
discusión entablada entre Ortega y Baraja en 1925. El camino que el autor se
ha trazado es el de una presentaci6n de
la problemática actual a partir del pun.
to de vista de quienes consideran el género como medio expresante del Humanismo (Jean Paul Sartre) y el de quienes lo reducen al exclusivo valor de lo,
literario (Paul Valery). Es por esto que
uno de los ensayos se titula "Deshumanizaci6n de la novela". Estudia las pecu-

53?
H

�liares "fisonomías" que la novela presenta en nuestro siglo, partiendo desde
Dickens para señalarlo como un punto
inicial con su obra Pickwick Papers; esto
no es sino un modo de hacer resaltar el
nuevo sentido de la novela sin argumento en la que "nuevas estructuras expresivas se apoyan sustancialmente en el símbolo, la situación, el contrapunto de monólogos" ; sobre este particular cita a
Proust, Joyce y Virginia Woolf.
El problema de las relaciones existentes entre el teatro y la novela lo enfoca
a propósito de la adaptación hecha por
Camus de Requiem para una mujer de
Faulkner. En el fondo replantea el problema apuntado por Ortega al considerar la novela como "categoría del diálogo".
En torno a las opiniones de Gabriel
Marcel y Sartre de si la novela estricta
es o no políticamente reaccionaria, se
pone de lado de este último: "En mi
opinión, no existen grandes novelas reaccionarias ( o no suelen existir), por la
misma razón que tampoco existen novelas de signo ideológico opuesto. . . incluso entre los grandes creadores novelescos suele ocurrir que sus creaciones
más tendenciosas (las más juveniles corrientemente) son, a la vez, las menos
artísticas e importantes.
Respecto al destinatario de la novela,
dedica todo un pasaje a "El público, lector de novelas", señalando la tesis de
Unamuno, para quien "todo es novela,
todas sus obras en cierto modo, y no pocas de las ajenas, desde la Jlíada hasta
la L6gica de Hegel". Se remonta a los
orígenes del género en un capítulo que
llamó "El ocio y las formas novelescas",
rastreando los antecedentes en la Edad
Media 1 el Renacimiento, y el Barroco i
hace hincapié en el esfuerzo de los novelistas del s. XIX en dar jerarquía artística al género. Su opinión primordial
es que "En la medida que la novela ha
ido emancipándose de su antigua candi•

532

ción de género enderezado a cubrir el
ocio femenino, ha ido, al mismo tiempo,
superando los prejuicios que, a su alre•
dedor, había permitido crecer el énfasis
clasicista, jerarquizador de géneros y es•
tilos".
En los últimos capítulos trata de hacer
ver que el enfoque intelectual de la no•
vela ha servido "para hacer ver lo que
de falso y convencional había en la imagen de este arte". Su problemática desemboca en las técnicas, que a su juicio
presentan una doble vertiente: la del
mero snobismo y la del necesario encuentro de nuevos procedimientos expresivos
para "conseguir formalmente una visión
adecuada del hombre de nuestro tiempo
y de sus problemas".
M. DEL VALLE DE MONTEJ ANO
JAVIER M1rnDIRICHAGA CuEvA, Tres Mo•
numentos Virreinales de la Ciudad de
Monterrey. Tesis para obtener el grado

de maestro en historia universal. Escuela
Normal Superior Labastida. Monterrey,
1965. 56 pp. Mimeógrafo, carátula im•
presa.
INVESTIOACIÓN DE CARÁCTER histórico ar·
tístico, que comprende sendos estudios
del desaparecido convento de San Francisco, de la Catedral y del Obispado.
Del primero ofrece interesantes descripciones de diversas épocas, y consigna,
al final su opinión sobre el estilo. Asienta
que este templo no se ceñía al barroco
imperante, y encuentra la explicación en
"la realidad geográfica y psicológica, es
decir, por la aridez del terreno en que
se levantó y por la angustia vital que
padecían los pobladores". Era un edificio de escasa altura "y apegado a la tie•
rra", en lo que el autor cree "descubrir
el dramático mensaje de aquella genera•
ción batalladora que buscó la satisfacción de tantas necesidades humanas";
aunque pudiera ser más bien la caracte-

'

rística establecida para las construcciones religiosas y civiles de los lugares de
clima cálido.
El mayor número de páginas está dedicado al estudio de la Catedral. Los
datos históricos son de primer orden y
las descripciones bien logradas. En su
opinión, la portada cae dentro del barroco moderado y lo atribuye al medio
en que se movió "una generación ruda,
bizarra, en constante lucha con la naturaleza y el indio hostil".
De igual manera procede para el
Obispado: antecedentes, descripción y
juicio crítico. La portada, que clasifica
en el barroco estípite, es descrita con
acierto y encuentra en ella elementos
que interpreta como "una anticipación
al grito de Independencia".
El autor rebate las opiniones adversas
de especialistas, de viajeros o de informes oficiales. Dignifica, además, el ma•
terial de la región: el sillar, y protesta
contra el empaste de cemento y contra la
"yesería y filigranas ridículas".
El libro logra su objetivo: reivindicar
el legado artístico j aportar datos nuevos
Y provocar la inquietud en los estudiosos. Está escrito con sencillez y claridad
admirables y, además de ser el único en
la bibliografía local en su género, es lo
más valioso que se haya escrito aquí sobre el tema.
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA
CARLOS FUENTES, Cantar de ciegos, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1964.
ESTA OBRA SE INTEGRA con siete relatos,
independientes entre sí, pero tendiente
cada uno de ellos -al menos esa parece
ser la intención del autor- a reforzar
una sola idea, tema de la obra: la impo•
sibilidad del hombre de alcanzar la plena
realización de sus anhc1os.
De estos siete relatos únicamente Las
dos Elenas, El costo de la uida, La mu-

ñeca reina y A la uíbora de la mar cum-

plen aceptablemente su cometido. En
efecto, cada una de las cuatro historias
desemboca en un mismo desenlace: el
protagonista, al ver frustrados sus mayores deseos, cae abatido por el desengaño.
. En Las dos Elenas, Víctor, el protagonista, comparte su vida con la de su esposa Elena, mujer aristócrata, egoísta e
inclinada a todo género de actividades
frívolas y escandalosas. Cegado por el
amor, Víctor anula su personalidad para
entregarse débilmente a secundar los caprichos y extravagancias que la vida vacua que consume su mujer exige para
librarla del tedio. La incomprensiva Elena excluye de las metM que se ha propuesto perseguir la felicidad de su amante consorte. Impelido por el agobio que
este alejamiento le produce, el marido
conforma en su mente, con calidad de
consuelo ficticio, la imagen de otra Elena, más diáfana y consistente que la imagen que le ofrece la Elena real. La Elena idealizada es más dulce más tierna
más apegada al hogar. . . ;n una pala~
bra, es un verdadero complemento. Y un
complemento es lo que Víctor más ne•
cesita como antídoto para su soledad.
Pero al percatarse de lo irrealizable de
su ideal, ora por su sentido de responsabilidad, tan arraigado en él, ora por
su falta de energía para instar a Elena
a que recapacite sobre sus actos, tan
poco dignos de una esposa, Víctor queda impedido para evadir su situación;
irremisiblemente se condena a convivir
rutinariamente con la compañera equivocadamente elegida.
En El costo de la vida Fuentes hace
derroche de acción y dramatismo. Esta
narración justifica en mayor medida que
las restantes el propósito último del autor.
La joven pareja que interviene en el
relato lucha por vencer las penalidades
económicas originadas por los excesivos
gastos que requiere la vida en una gran
ciudad. Los miserables salarios de am•

533

�bos cónyuges -maestro él y oficinista
ella- no bastan para asegurarles una
tranquilidad material estable. Para colmo de desdichas, un mal día enferma
la esposa, y el marido, desesperado, se
moviliza sin descanso hasta conseguir un
empleo eventual de chofer de carro de
alquiler. Este empleo complementario le
permite equilibrar nuevamente el presupuesto habitual. Pero cierta noche en
que el infeliz se dispone a desempeñar
sus nuevas labores, sus esfuerzos por continuar viviendo reciben la más irónica
de las respuestas: un absurdo altercado
con un sujeto de mal vivir le acarrea la
muerte, al ser apuñaleado en el vientre
por su inesperado enemigo.
En La muñeca reina un bello recuerdo de adolescencia resurge en el corazón
de un joven abogado. A los catorce años
había conocido, en un parque de los
alrededores de la capital, a Amilamia,
preciosa chiquilla de siete años que le
había proporcionado inolvidables momentos de alegría con sus infantiles ocurrencias. Quince años más tarde, abrumado
por el hastío y el aburrimiento que le procura la monótona rutina, evoca la calma, la sencillez y los sueños que lo
acompañaron en su segunda infancia.
Asocia aquella felicidad pasada con los
grandes ojos grises de Amilamia; con su
cabello amarillo pajizo de tonos cambiantes; con su delantal a cuadros; con
sus dibujos grotescos y su mala ortografía; con su gravedad innata. . . Pero
lo que más añora es el afán que bullía
en la niña por infundirle entusiasmo,
poniendo al servicio de este afán su portentosa imaginación con la que urdía
una ilimitada gama de piruetas y travesuras.
Deslumbrado con la perspectiva de un
reencuentro con la actual Amilamia, acude presuroso a la antigua casona en la
que viviera hacía quince años. Los padres, al conocer ]a finalidad de su visita,
lo enteran de la repentina muerte de su

534

hija, ocurrida precisamente cuando contaba siete años de edad. Y para que
Carlos no abrigue ninguna duda al respecto, lo conducen a un sombrío sótano,
en cuyo centro descansa un pequeño
ataúd conteniendo una muñeca de pasta1 destinada a conservar el recuerdo de
la desaparecida.
Tras la penosa escena, los ancianos
suplican al visitante que se marche y que
no regrese más; su presencia 1 de repetirse, renovaría con intensidad cada vez
más creciente el dolor que hasta entonces
estuvo asentado en sus almas. Sin embargo, pocos días después, contra lo prometido1 Carlos sorprende a los padres de
su amiga con una segunda visita para
devolverles unos dibujos hechos por Amilamia. Pero el espectáculo que contempla
en la puerta de entrada lo estremece
violentamente: Amilamia, sentada en una
silla de ruedas lo recibe, sonriendo con
expresión estúpida j la abultada joroba
que deforma su pecho hasta hacerla aparecer monstruosa mata de golpe la hermosa ilusión que daba a la vida de Carlos un toque de ensueño. En este mismo
instante comprende la verdad: los ancianos prefirieron mantener intacto su
frágil ideal haciéndole creer la muerte
de su hija, antes que enfrentarlo con la
despiadada realidad.
Por último en A la víbora de la mar,
Isabel Valles, mujer bastante madura,
es víctima de su lastimosa credulidad, al
ser burlada y estafada por dos degenerados.
Isabel dedica los mejores años de su
juventud a trabajar duramente hasta reunir un capital considerable con el que
abre una tienda de artículos para regalo.
Cumplidos los cuarenta años, una tía suya
con quien a la sazón vivía y que había
sido testigo de la fatigosa existencia de
su sobrina, la persuade para que emprenda un largo viaje por Europa con
sus ahorros.
Una vez a bordo del Rhodesia Isabel

se siente torpe y ridícula; por ser la primera vez que sale del país ignora las
normas de comportamiento en tales circunstancias. Para evitar el ridículo decide imitar al resto de la tripulación.
Sin embargo, no obstante sus precauciones, Harry y Jack 1 dos vividores de oficio, con la malicia y vivacidad propias
de los hombres acostumbrados a toda
suerte de correrías, descubren al punto
la ingenuidad de la novel viajera. Inmediatamente recaban informes sobre la fortuna que porta la dama. Sabedores de
que lleva consigo ocho mil dólares en
cheques de viajero, ambos la asedian con
sus galanteos sin ningún escrúpulo. Uno
de ellos, J ack, incurre en el extremo de
casarse con ella.
Asombrada, a la par que halagada con
su nuevo estado1 Isabel rejuvenece visiblemente. Tiene conciencia de que, aunque tardía, la felicidad tanto tiempo esperada ha por fin llegado.
Cierta ocasión, convencida por las argucias de su "marido", pone en manos
de éste la cartera de cheques, facultándolo para que haga uso de ellos como
mejor le plazca.

l.

Logrado su objetivo, los dos homosexuales bien poco se cuidan de no despertar sospechas en Isabel y en los demás
viajeros con su vergonzoso proceder. Y
las murmuraciones no tardan en levantarse. La misma Isabel es objeto de la
cruel maledicencia. Los pasajeros del
Rhodesia no conciben que un hombre
de la apostura y elegancia de Jack se
enamore de una solterona vieja y desabridaj tampoco pasa inadvertida la extraña amistad que une a los dos ingleses,
a quienes se les ha sorprendido en actitudes demasiado sucias. Isabel, hasta entonces ignorante de la relación que mediaba entre Harry y Jack, adivina su
fracaso. Herida profundamente, pero sin
acobardarse, resuelve arrancarles la careta a los timadores. Temblando de indignación pide a uno de los camareros

que la conduzca hasta el dormitorio de
Jack. Su decepción se convierte en asco
al irrumpir en la habitación: Harry y
Jack, estrechamente abrazados, se hacían
el amor, y entre risotadas y majaderías
festejaban su último triunfo: ocho mil
dólares en cheques de viajero, obtenidos
con sólo despertar una ilusión engañosa
en una mexicana solterona e insulsa.
Los otros tres relatos: Fortuna lo que
ha querido, Vieja moralidad y Un alma
Pura distan mucho de sostener con su
peso la estructura total. Introducen la
nota discordante en el conjunto. Vieja
moralidad refiere la falsa virtud que engendra el fanatismo en tres viejas libidinosas. Sin tapujos ni rodeos saca a
relucir Fuentes la hipocresía revestida de
piedad que tornan como estandarte algunos miembros de asociaciones religiosas.

Fortuna lo que ha querido y Un alma
pura carecen de lo que propiamente se
denomina argumento; el estilo1 retorcido
y obscuro, resulta vacío por el uso excesivo de giros y expresiones pedantescos.
Es evidente que el tema elegido, considerado en sí mismo, es de extraordinario interés humano. Desafortunadamente
Fuentes lo trata desde la superficie. La
falta de unidad en la trama y la vulgaridad de los personajes, que en lugar de
mostrar una vigorosa individualidad actúan como indefensos ciegos, quedando
a merced de la disposición que de ellos
se sirva hacer su autor, son testimonio
de la inautenticidad del sentimiento creador de Fuentes. Su capacidad para desarrollar asuntos de innegable hondura
filosófica está en entredicho. Dentro del
campo realista, donde es más factible
plantear problemas políticos y sociales,
entresacando a contraluz inquietudes triviales de la cotidiana existencia, este escritor es más convincente. Los temas de
trascendencia universal, como pretende
serlo la presente obra, los ejecuta corno
trabajo de laboratorio. Abundan en ella

535

�mezclas de todo género pero no la sincera visión original del artista. Todas
estas deficiencias, no vislumbradas por
Fuentes o tal vez no vistas intencionalmente, actualizan en forma poco seria y
deslucida lo que bien pudo haber sido
un gran logro literario y artístico.
EvA

MARLA ALVAREZ

Q.

NOTICIA BIBLIOGRÁFICA

LA Biblioteca de Psicología y Psicoterapia

dirigida por el Prof. Dr. Juan José L6pez Ibor, acaba de aparecer en sus primeros 4 volúmenes a través de la prestigiosa Editorial Gredos de Madrid. Se
trata de una colección largamente esperada por el público de habla castellana.
Primero que nada porque hace años el
Prof. L6 pu I bor es reconocido en el
mundo entero dentro del campo específico de la Psiquiatría y también como
pensador y conferenciante.
La idea central es aportar en español
un amplio campo en el que remansan
las más activas corrientes del pensamiento
contemporáneo. No se trata de llegar al
gran público, sino al especialista preferentemente y además a aquellas personas
que se mueven en un ambiente cultural
para el que el conocimiento de estos temas, supone franquear una divisoria decisiva.
En el título de la Biblioteca, las palabras "Psicología y Psicoterapia" no suman sus contenidos, sino que cada una
limita y determina en cierto modo a la
otra. Tampoco en sus contenidos estarán
estas materias dogmáticamente adheridas
a una escuela, sino que alcanzarán la amplitud suficiente para que el lector tenga
conciencia de encontrarse en un campo
científico seguro.
Serán características destacadas de esta Colección la cuidadosa selección de
títulos y su modernidad 1 de manera que

536

el lector esté siempre en el umbral cambiante de un cautivador campo cultural.
A continuación ofrecemos algunos de
los títulos que aparecerán en la Biblioteca de P.ficología y Psicoterapia.

V. E.

FRANKL,

Teoría y terapia de las

neurosis.
P.ficoterapia desde el punto
de vista antropol6gico.
DIETER WYss, Las escuelas de p.ficología
profunda desde los comienzos hasta la
actualidad.
J. J. LÓPEz 1BoR1 La neuro.fis como enfermedad del ánimo.
lGoR A. CARUSO, Bios, p.fique y persona.
HENRY EY, La conciencia.
JuRG ZuTT, En el camino de una psiquiatría antropol6gica.
JASPERS, E.fcritos sobre psicopatología.
KLAUSER, Manual de análisis biográfico.

BRAUTIGAM,

En el Prólogo a la Colección, L6pez
lbor señala entre otras cosas:

"El hombre contemporáneo se siente
atraído por la psicología. Tiene, además,
necesidad de ella para entenderse a sí
mismo y la sociedad en la cual vive. Por
eso, de todas las direcciones psicológicas,
aquella que mayor fascinación ejerce sobre él es la que se ha dado en llamar
'psicología profunda'.
Resulta imprescindible subrayar, una
vez más, que la psicología profunda ha
sido obra de los médicos.
Este ser humano, tan simple en apariencia1 tan complejo en el fondo, responde siempre a lo que se le pregunta,
lo cual quiere decir que en la respuesta
no está nunca más que una parte de
él. Quiero decir con ello que la investigación en profundidad es una investigación abierta, con respuestas múltiples
y diversas, según la dirección de donde
vengan las preguntas. Si Freud preguntaba por la dinámica de los instintos, es
natural que no hallase más que dinámica
de los instintos en su respuesta. La psi-

cología profunda es, pues, un campo
abierto a la interrogación y no un terreno acotado para la manipulación.
Entre las muchas utopías del hombre
se halla ésta de la manipulación de sus
vísceras anímicas. La educación, la formación de la personalidad, la adscripción a una mentalidad colectiva y social,
mayoritaria o minoritaria, son formas de
manipulación de las vísceras anímicas.
El hombre es, en este sentido, el ser más
plástico que existe, pero también el más
rebelde 1 porque la manipulación encuentra siempre sus límites. Uno de los elementos utópicos de Ja sociedad futura
es el de lograr hombres conformados con
arreglo al esquema de la misma. Una
de las resistencias frente a esa utopía
es la insobornalidad de la persona humana. En cualquiera de los casos esa
ambigüedad incita a su estudio, El' descubrimiento de la textura de las opacas
entrañas del ser facilita su comprensi6n 1
aunque no haya que pensar que con
"comprender", la tarea esté terminada.
Cada vez crece el número de libros
que se publican sobre estos temas. Es
evidente que en el conocimiento de los
mismos nos hemos enriquecido, y que
este enriquecimiento ha sido una obra
compleja. El pensamiento filosófico contemporáneo ha sido fecundado de un
modo decisivo. Yo ya sé que para la
acción son más eficaces las ideas elementales que las complejas, y que, a medida
que se aumenta la complejidad de una
situación psicológica, nuestra capacidad
de actuar sobre ella es menor. Por eso
son temibles los hombres y los libros de
una sola idea. A la larga -y a veces a
la corta-, el monoideísmo lleva a la
frustración. Siempre se escapa sustancia
humana que resiste a ser envasada en
recipientes estrechos. En la hipnosis, el
campo mental del hipnotizado parece
reducirse a la monoidea del hipnotizador.
Los primeros resultados son brillantes,
deslumbradores. Al cabo de poco tiempo,

su insuficiencia y lo que de tosquedad
hay en su interpretación del contacto hu•
mano aparece claramente. De ahi el
flujo y reflujo que ha habido en ]a utilización de la hipnosis como técnica psicoterapéutica.
Lo más apasionante de Ja psicología
profunda es que enseña a actuar sobre
el hombre. El "contacto personal" deja
de ser una cutícula sin estructura para
convertirse en una red compleja, que ha
de ser manejada con arte de pescador.
El mayor problema de la medicina actual consiste en que no se pierdan esas
formas milenarias, transidas de una especial luz afectiva, que permitían que
el contacto humano entre el médico y el
enfermo fuese algo singular que contribuyese a la curación o ayudase al enfermo a soportar su cruz.
En la sociedad actual, a medida que
crecen las técnicas de comunicación, crece la distancia que existe entre los hombres, aun entre los que físicamente están
más próximos.
No diré yo que la psicología profunda
posea un secreto que permita en seguida
demoler estas dificultades¡ pero sí afirmaré que ese conocimiento de lo extraño
del ser que propugna es, al mismo tiempo, apertura de cada uno a los demás.
De ahí la influencia de sus puntos de
vista en el mundo contemporáneo.
Con esta colección pretendemos ayudar
a nuestros lectores a encontrar caminos
propios para entender los problemas de
la intimidad humana. El que en ella se
acojan direcciones distintas se debe, precisamente, a que, a pesar de todo, la
singularidad de cada uno debe ser salvada".
La presentación impecable de un pensamiento profundo, aparece a primera
vista sencillo. Cuando habla y escribe el
Prof. L6pez Ibor lo hace en forma sencilla. En su último libro La A ventura
Humana, dice que estarnos asistiendo his-

537

�tóricamente "a una hipertrofia del quehacer, como conducta. La historia no es
:algo que pasa, sino algo que se hace.
En el hombre actual se subraya su di,ncruión aventurera. Realmente, la aven"tura pertenece a la esencia humana, ex-presión de la libertad". No es de extrañar

que el Prof. López Ibor haya sido nombrado Presidente del Cuarto Congreso
Mundial de Psiquiatría, que deberá celebrarse en Madrid, durante los primeros
días de septiembre de 1966.
DR. ADRIÁN Qumoz

CANJE

Publicaciones recibidas

*

(1956)
ALEMANIA

Das Tier in Der Spanischen Bildsprache, Ibero-Amerikanisches Forschungsimtitut, Hamburgo, 1949.
Institut für Auslandsbeziehungen Stuttgart, Ausland-Institut, 1963, 1964, 1965.
Problems of the peoples of the USSR, edited by a Comttee or the Loague for the Liberation oí the peoples of the USSR, Munich, No. 23 (Autumn 1964), No. 24
(Winter 1965).
Uber den Indianismus, das ibero-indianische Lcbensgefühl und seine Gestaltung bei Ricardo Rojas, Ibero-Amerikanisches Forschungsinstitut, Hamburgo, 1951.
Universitas, Revista alemana de Letras, Ciencias y Arte, edici6n trimestral en Lengua
Española, Stuttgart, Vol. II, No. 3 (Diciembre 1964), Vol. II, No. 4 (Marzo 1965).

ARGENTINA
Bibliografla Argentina de Artes y Letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires
(Compilaciones Especiales) No. 19, No. 20 (Octubre-Diciembre 1963), Nos. 21/22
(1965).
Boletín Bibliográfico, Ministerio de Gobierno, Biblioteca Pública Gral. San Martín, Mendoza, No. 2 (Julio-Diciembre 1963).
Boletín Informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 35 (Junio-Julio
1965).
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires ( 1963).
Estudios, Revista argentina de cultura, información y documentación, Buenos Aires
(Noviembre de 1964), (Diciembre 1964), (Marzo-Abril 1965), (Mayo 1965), (Junio
1965), (Julio 1965), (Agosto 1965).
Fichero Bibliográfico Hispanoamericano, catálogo mensual de toda clase de libros en
español publicados en las Américas, Buenos Aires, Vol. 4, No. 4 (Enero 1965).

* Se recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas.

538

539

�PETIT, ULYSEs, El Miserable Amor, Buenos Aires, 1959.
Philosophia, Revista del Instituto de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cuyo, Mendoza, No. 28 ( 1964).
Revista de Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía
y Letras, Mendoza, No. 3 (1964).
Sapientia, Organo de la Facultad de Filosofía, Uhiversidad Católica Argentina, Santa
María de los Buenos Aires, Año XIX, No. 73 (1964), Año XX, No. 75 (1965),
Año XX, No. 76 (1965).
Universidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 59
(Enero-Marzo 1964), No. 60 (Abril-Junio 1964), No. 61 (Julio-Septiembre 1964),
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Versión, Revista de la Biblioteca Pública General San Martín, Mendoza, No. 4 ( 1965).

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Revista da Facultade de Direito, Universidad de Sao Paulo, Vol. LVIII (1963), Vol.
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Colegio de Bibliotecarios Colombianos, Editorial Universidad de Antioquía, Medellín,
Vol. !, No. 1 (Diciembre 1963), Vol. II, No. 2 (Junio 1964).
COTE LAMUs, EDUARDO, Estoraques, Ediciones del Ministerio de Educación, Bogotá~
No. 2, 1963.
Estudios de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de
Antioquía, Año XXV, Segunda Epoca, Vol. XXIII, No. 65 (Marzo 1964), Año
XXV, Segunda Epoca, Vol. XXIII, No. 66 (Septiembre 1964).
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541

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EL SALVADOR
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The Journal o/ Aesthetics and Art. Criticism. Published quarterly the American Society
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543

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Les Cahiers du Nouvel Humanisme, Rivista del Nuovo Umanesimo, Revue littéraire
fondée en 1946 por Lucien Poyet sous le haut patronage de Saint-Georges de
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Abside, Revista de cultura mexicana, México, XXIX, No. 2 (Abril-Junio 1965), XXIX,
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Catálogo Abreviado de la Colección Cervantina "Carlos Prieto", del Instituto Tecnológico Y de Estudios Superiores de Monterrey, No. 1, 1965.
El Cuadernillo de la Lengua de los Indios Pajalates, Publicaciones del Instituto Tecnológico Y de Estudios Superiores de MonterreyJ Serie: Historia, No. 3, 1965.
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LA CALLE, P. U., Quevedo y los dos Sénecas, México, 1965,

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Vol XV, No. 1 (Julio-Septiembre 1965).
'
Homenaje de El Colegio Nacional a Alfonso Reyes, El Colegio Nacional, México (Febrero 8 de 1965).
La Palabra Y el Hombre, Revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz,
No. 29 (Enero-Marzo 1964), No. 30 (Abril-Junio 1964), No. 31 (Julio-Septiembre
1964), No. 32 (Octubre-Diciembre 1964), No. 33 (Enero-Marzo 1965), No. 34 (Abril
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ITALIA
Giornale di Metafísica, Revista Bimestrale di filosofía, Genova Universitá, Genova.
Anno XIX, Nos. 4-5 (Luglio-Ottobre 1964), Anno XIX, No. 6 (15 NovembreDecembre 1964), Anno XX, Nos. 1-2 (15 Gennaio-Aprile 1965), Anno XX, No. 3
(15 Maggio-Giugno 1965).
Quaderni Ibero-Americani, Attualita Culturale nella Peninsola Ibérica e América Latina
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Rivista di Estética, Instituto di Estética dell'Universitá di Torino, Torino, Anno VIII,
fascicolo III (Scttembre-Diciembre 1963).
JAPÓN
Bigaku, is published quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-sha by the Japanese Society for AestheticsJ Tokyo, Vol. 14, No. 2 (September 1963)¡ Vol. 15, No.

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Revista de la Universidad de Yucatán, Publicación bimestral, Mérida, Yucatán, Año
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Síntesis Económica, Gobierno de Veracruz, Dirección de Industria, Comercio y Estadística, Veracruz, Tomo II, No. 8 (Junio 1965).
Universidades, Unión de Universidades de América Latina, México, Segunda Serie,
Año IV, Nos. 16-17-18 (Abril-Diciembre 1964).
PERÚ
Nueva Coronica, Organo del Dcpto. de Historia, Facultad de Letras, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, No. 1, 1963.
PUERTO RICO
Asomante, Revista trimestral de la Asociación de Graduadas de la Universidad de Puerto
Rico, San Juan, Año XIX, Vol. XIX, No. 4 (Octubre-Diciembre 1963), Año XX, Vol.
XX, No. 1 (Enero-Marzo 1964), Año XX, Vol. XX, No. 2 (Abril-Junio 1964),
Año XX, Vol. XX No. 3 (Julio-Septiembre 1964 ), Año XX, Vol XX, No. 4. Año
XXI, Vol. XXI, No. 1 (Enero-Marzo 1965), Año XXI, Vol. XXI, No. 2 (AbrilJunio 1965).
VIENTÓS GASTON, NILITA, Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico, San Juan
(Septiembre 5 de 1964).

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1962-63, Tomo CXXI, 1963. Anno Academico CXXVI, 1963-1964, Tomo CXXII,
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VENEZUELA
Catálogo de Obras Ingresadas, Biblioteca Caracas, Universidad Central de Venezue1a
(Marzo-Abril 1964).
Cultura Universitaria, Revista trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas (Enero-Junio 1961), período de Marzo
de 1964 a Junio de 1965.
Revista Shell, Editada trimestralmente por la Compañía Shell de Venezuela, Año X,
No. 38 (Marzo 1961).

Acab6se de imprimir el día 22
de marzo de 1966 en los Talleres de la Editorial jus, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero, México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

I'

EJEMPLAR

546

•

�</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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