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                  <text>sentido indio de la palabra. Los nahuatlismos son muy frecuentes. En un pasaje hallamos un vocablo indio integrado con el habla y la personalidad de
un hijo de conquistador:
Orno. No tanta burla, señor,·

que ya probé que soy fino
hijo de conquistador.
Mi padre dice que busque,
pues él es, viejo y trabaja:
no hay para vestir de raja
en doscientos de tepuzque
que me dieron de la caja. 58

La identificación y amor por México son totales. Se atreve a decir que
con la llegada del virrey Velasco, que, de paso, era criollo, se vería realizada
ailí la edad de oro. 58 Además, incluye el paisaje mexicano en un sentimiento
vivo de lo propio:

•

TIEMPO:

!bid., p. 44.
!bid., pp. 177-181.
" !bid., pp. 176-177.
M

~

298

Contempla los resplandores
de las selvas mexicanas,
mira cumbres y sabanas,
con tal esmalte de flores
que te quitarán mil canas.ºº

Sección Tercera

HISTORIA

�EL MUNICIPIO DE SANTA CATARINA, EN LA HISTORIA
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de Nuevo León

DE Los PUEBLOS DE NuEvo LEÓN, uno de los más vinculados a la historia de
Monterrey, es, indudablemente, el de Santa Catarina. Establecida la ciudad en
1596, su fundador don Diego de Montemayor, le señala como jurisdicción quince leguas por cada viento, y debido a ello, sus límites por el poniente llegan
hasta la cuesta de los Muertos.

En los primeros años, han sido fundadas por este rumbo la estancia de la

Rinconada, de Alonso Diez de Camuña; la de la Pesquería Grande, de los Fernández de Castro; el puesto de Camacho; la hacienda de Santa Catalina y la
de San Pedro de los Nogales.
Asalto del Huajuco.

La hacienda o estancia de Santa Catalina, es fundada por uno de los conquistadores más antiguos e importantes del Nuevo Reino de León: el capitán
Lucas García. Enclavada en un sitio que es acceso obligado a la ciudad, vive
las mismas penurias y las mismas zozobras que ésta. De allí que, cuando el 8
de febrero de 1624 sufre Monterrey el albazo de los temibles Huajuco y Colmillo, días después el mismo Huajuco da sobre Santa Catalina, en ausencia de
sus dueños, y, sorprendiendo al mayordomo Diego Pérez de Orellana, finge
dejarle libre, pero los suyos le dan muerte a flechazos en un montecillo cercano. 1
La casa fuerte es incendiada totahnente y en el botín se llevan doscientas fa-

negas de maíz que había en la galera, todo el ganado mayor y menor, la herramienta, ropa, etc., y además, se han perdido en el incendio las mercedes y
títulos de las tierras y las certificaciones de los servicios hechos al rey por Lucas
García.
1

ALoNso DE LEÓN y otros, Historia de Nuevo León ... , Monterrey, 1961, p. 67.

301

�El fundador.

A fin de resarcirse de por lo menos sus títulos, promueve el fundador de
Santa Catalina una información testimonial, comprobando la posesión de éstas
y otras tierras, y en especial, los servicios hechos a la corona durante más de
treinta años.

Conocedor de la lengua huachichila, en compañía del Cap. Diego Rodríguez, su hermano, p·acifica a los indios cercanos a Saltillo, y los hace mantenerse en población. Asiste, por orden de Francisco de Urdiñola, al castigo de
los indios que han dado muerte al misionero fray Martín de Altamira. Acompaña a Diego de Montemayor a la fundación de Monterrey, y es uno de los
primeros vecinos, que entra con su mujer Juliana de Quintanilla. Funda la
estancia de Santa Catalina, indudablemente en 1596; descubre minas importantes e impulsa la entrada de mercaderes de metales y de trigo.
El justicia mayor Diego Rodríguez, revalida las mercedes, que años más tar-

Jerónimo; de cuatro caballerías hacia el norte y otras tantas en la Pesquería
Chica, hacia las Tapiezuelas; de cuatro caballerías más en el Alamo de los
Cuataes, y de otras cuatro detrás de las Salinas. Y, además, la propiedad de los
caciques Oyoluque, Ayulama, Abinima, Cacanaoa, Caminicubama y Canaboyauma.

Aunque la hacienda sufre, hacia 1626, un nuevo albazo de los indios de Guapale, en el que mueren varios indios fieles y queman a una india encerrada
en el rancho, los daños materiales no son tan graves y logra la hacienda re-

cuperarse.

Muerto el capitán Lucas García por esos años, su viuda, Ju liana de Quintanilla, queda, como labradora y encomendera, al cuidado de la hacienda. Sus
hijos, Bernardo, Diego, casado con doña Mariana de Sosa; Tomás, Lucas y
Nicolás, casado con Nicolasa de Bracamonte, son soldados brillantes y llegan
a ocupar puestos honoríficos. La hija, Juana de Farías, está casada con Nicolás

Flores de Abrego.

de ha de confirmar el gobernador Martín de Zavala.
En la información recibida (31 de mayo de 1624) el Cap. Bernabé de las
Casas afirma haber conocido a Baltazar de Sosa e Inés Rodríguez, padres de
Lucas García, vecinos de Saltillo y muertos allí en servicio de Su Majestad: y
a los de Juliana Quintanilla, que entraron al Nuevo Reino de León.
Gonzalo Fcrnández de Castro, declara que la hacienda de Santa Catalina, es

Tomás es soldado desde 1635 en las compañías del Cap. Gregorio Fernández
y del Sargento Mayor Jacinto García de Sepúlveda. "Es práctico y entendido
en las cosas de la guerra", y el 22 de febrero de 1650 es ascendido por el gobernador Zavala a capitán de infantería española, arcabuceros de a caballo.'

"la mejor de toda la tierra, desde Zacatecas a estas partes". Diego de Montemayor, nieto, dice que le consta que estuvo en Saltillo, en compañía del Cap.

Visitas de gobernadores.

Alberto del Canto y de Estefanía de Montemayor, sus padres, y que pacificó
11

a los indios con suavidad y buen medio". Francisco de Avila, da fe del incen-

dio de la estancia, porque "lo vido todo, y trajo el cuerpo muerto de Diego
Pérez a la ciudad".

El mismo Bernabé de las Casas, testifica que Lucas García es "hombre honrado y de mucha reputación y crédito, y por tal ha sido estimado y querido;
y que ha dado entera y cumplida cuenta de todo lo que se le ha encargado . . .
y es digno de que Su Majestad le honre ... " Miguel de Montemayor añade
que, por ser "una de las mejores lenguas", don Diego, su abuelo llamó siem-

pre a Lucas García como intérprete de los huachichiles, y que sabe que por
ello le llamaban "el Capitán de la Paz".'
Los herederos.

Con esta información, comprueba la propiedad de la hacienda, compuesta
de doce caballerías de tierra; del herido de molino e ingenio de fundir, en San
2

302

Ms. Archivo Municipal de Santa Catarina. Legajo l. (Papeles sin clasificación).

De las visitas periódicas realizadas a la hacienda por el gobernador del reino

o por jueces comisionados, es importante la de don Martín de Zavala, de 7
de octubre de 1626. Le fueron manifestados por doña Juliana de Quintanilla,
el capitán Diego, cuatae, con cuatro indias y cinco muchachos; más una india
y dos indios chichimecas, en el servicio de la casa. Todos dijeron "que están

con gusto, que no han recibido agravio y (que) los tenían con amor y les enseñaban la doctrina. "Tenía entonces la hacienda siete bueyes, doce novillos,
trescientas cabezas de ganado menor, cincuenta yeguas y cinco arados en~
rejados".

Durante la visita del general Juan de Za,·ala -7 de marzo de 1653- vivía
todavía doña Juliana y presentó a los mismos indios cuatae, llamados también
ayuguamas, de los cuales sólo quedaban cinco, por haber muerto los demás.
Manifestó asimismo otra encomienda de borrados, "de hacia el pilón", llama~

dos cauyguama, más otra de traspaso del capitán Pablo Sánchez; todos ladinos en lengua castellana, y contentos porque ules daba de comer y vestir y que
no les quitaba sus hijos y mujeres . .. , y que todos los días les enseñaba la doc* l. CAVAZOS GARZA, Cedulario Autobiográfico ... , Monterrey, 1964.

303

�trina al pie de una cruz1' . La encomendera declaró que en tiempo de tunas y
mezquites, los indios bozales se le iban, y que volvían durante la cosecha del
trigo y el maíz.
El capitán Bemabé González Hidalgo, en su visita de 22 de diciembre de
1660, encuentra a los indios vestidos "con calzones de paño y sayal, y a las indias del servicio, con naguas y guipiles".
El Cap. Nicolás López Prieto (27 Dic., 1661) ; y el Cap. Alonso de León
(23 Mayo, 1669), encuentran que los indios reciben buen tratamiento.
El gobernador, marqués de San Miguel de Aguayo, advierte el 15 de febrero
de 1665, que sólo las indias saben rezar y no los indios, "por ser bozales". Durante su visita, Lucas presenta su encomienda de indios aguimaniguaras, que
significa "campo falto de leña y montes", y los cuales se hallan en Monterrey,
trabajando en la obra del convento. Tomás presenta más de 34 indios caguiamiguaras, o esa "gente que anda a la orilla del río". Doña Mariana de
Sosa demuestra los suyos garastiguara puanipuatama, que el intérprete traduce
como: "agua clara de los cerros". Pablo, su capitán, dice que los trata bien
"en la comi&lt;la y en todo lo que alcanza a darles". Todos los indios están "remotos", esto es, ignorantes u olvidados de la doctrina, por lo cual el gobernador dispone que pongan persona que los enseñe o lo hagan ellos personalmente.
El gobernador Francisco Cuervo de Valdés, en su visita de 22 de noviembre
de 1687, encuentra otra encomienda de Nicolás, de indios ariscapana canapanama archimamoica, cuyo significado es: "comedores de gavilanes". Todos están ausentes, porque es el tiempo en que suelen irse a su tierra, a comer tunas
y mezquites. 4

•

En 1692 (14 de marzo), al gobernador don Pedro Fernández de la Ventoza
se le da cuenta de dos minas, existentes en la boca de Vivanco. Para ese tiempo, figura un nuevo dueño de la hacienda: Baltazar de Treviño, quien ha
adquirido por compra; y dos años más tarde aparece también como propietario Francisco de Arredondo.
El 6 de abril de 1695, los herederos de Diego García: Nicolás, Margarita,
Gertrudis, Agustina, María, Josefa, Vicente y Lucía, venden su parte a don
Blas de Arrechederra y a doña María González Hidalgo, su esposa. Deciden
vender por ser muchos y tener casi todos su vecindad en otras partes. Del producto de la venta: doscientos diez pesos, tocan dieciocho pesos cuatro reales
a cada uno.

En el siglo XV 111.
A raíz de la muerte del capitán Lucas García, el viejo, y al hacerse la partición de la hacienda, de la acequia madre, que sale del Potrero, se abren
tres nuevas acequias para regar cada una de las partes: la de Arriba, o de los
Garcías; la de Enmedio, o de la Capellanía; y la de Abajo.

Observamos, así en el Archivo Municipal de Santa Catarina como en el
Municipal de Monterrey, numerosos litigios por el uso del agua, particularmente con los Flores o con los vecinos de San Pedro; y, sobre todo ya en años
posteriores, cuando se forman las haciendas de Capellanía, Buentellos, Arredondo, Molino, Abregos y Salinas.
F:l Valle.

Poco antes de 1735, observamos que Santa Catalina deja de ser hacienda
para titularse valle, jerarquía política establecida en las Leyes de Indias y que
concedía a este tipo de lugares un juez subdelegado, dependiente de la villa
española inmediata o del gobierno de la provincia.
El gobernador Bahamonde, en su visita de 1788, dice que el valle fue establecido '1Jor excusarles trabajos y gastos" de venir a Monterrey a ventilar sus
causas; y que les fue asignado un af~de mayor, "elegido de los pocos que
saben leer". 5
\
Advertimos también que no es ya Santa Catalina, sino Santa Catarina, americanismo generalizad~cipios del siglo XVIII.
No podemos dejar de mencionar a uno de los alcaldes mayores más importantes, el Cap. Juan García de Quintanilla, qlen a los quince años es ya soldado, y a los 20 ha sido ascendido a capitán. En 1717, el virrey marqués de
Valero le da título de reformado; y en 1722 1 vemos acudir a Coahuila, al
llamado del marqués de San Miguel de Aguayo, y hacerse cargo, con cuarenta
hombres, de una campaña que dura cinco meses, contra los indios que dieron
muerte al teniente de gobernador Juan de Valdés y a numerosos soldados. Ocho
años más tarde va a Texas, en auxilio del gobernador de aquella provincia,
Juan Antonio Bustillo, y comanda la campaña co~tra los apaches hasta pacificarlos y librar de sus ataques al presidio de San Antonio de Béjar. 6

5

1

Todos los Autos de Visita se hallan en el Archivo Municipal de Monterrey, Ramo
Civil.

304

J.

ELEUTERIO GoNzÁLEZ,

Colecci6n de Noticias y Documentos ...• Monterrey, 1867,

p. 112.
0

Ms. Archivo Municipal de Santa Catarina.

305
H20

�Límites del Valle.

El obispo Verger.

El extravío de los títulos antiguos da motivo a serios conflictos. El gobernador Juan Manuel Muñoz y Villavicencio dispone la composición de las tierras
y comisiona a Marcos Nicolás de Escamilla para este efecto. Este realiza la
vista de ojos y la medida de las tierras y señala los límites del valle.

El agua es abundante y sobra hasta para el servicio de Monterrey. El Ilmo.
Fr. Rafael José Verger, 2o. obispo de la diócesis, viendo que la ciudad carece
de agua para los usos domésticos, compra en 1786 al bachiller Alejandro de la
Garza, tres cuartas partes del agua de la Capellanía. Conducida a Monterrey,
es llevada a los hogares reineros por sendos canales especiales, y constituye,

Hacia el sureste, hasta el río, dividiendo a San Pedro al estrecharse en las
Mitras. De aquí al noroeste, "hasta el camino real de los saltilleros" y puesto

indudablemente, el primer servicio de esta naturaleza.

del Durazno. De aquí al suroeste, pasando por la falda de la loma y la cima
del cerro de la Escondida, Hmirando a un peñón colorado". Luego al poniente,
hasta la boca o potrero de Vivanco, para volver al oriente, por la falda de la
Sierra Madre, hasta el mismo peñasco colorado, y seguir por la ladera de la

Hay el propósito de llevar el agua por acequia especial; pero, hasta 1789, es
conducida por la acequia de Abajo. Ello provoca algunas diferencias interesantes contra don José Mariño Sotelo, mayordomo del obispo, porque el agua

Sierra Madre, al sureste, hasta el río de Santa Catarina al oriente, hasta el

de que no hay agua para los anímales domésticos y que se han perdido las sandías, los melones, las cebollas y el chile. Además, los vecinos pobres sólo tienen
una vasija y apenas la llevan y ya se agotó.'

primer punto de las Mitras.
Concluída la medida el 2 de agosto de 1760, resultó la impresionante cantidad de quince y un octavo caballerías de tierra y ocho cordeladas; ·más diez y
medio sitios de ganado mayor y tres cordaladas, valuadas, las primeras, en 200
pesos, y los segundos en 50 pesos, cada uno.'
Alcanzan a pregonarse en la plaza de Monterrey, para su remate, pero, encontrados los títulos, recuperan su derecho.

Estadistica.
Conviene mencionar algunas cifras estadísticas dadas por el gobernador don

Melchor Vida! de Lorca, en su visita de 10 de febrero de 1775. Tenían los valles de San Pedro y Santa Catarina una compañía de caballería española, montada, de 62 hombres. Había, en los dos valles, 63 vecinos españoles y 21 personas "de color quebrado"; en total 60 casados y 23 solteros. Santa Catarina contaba con las haciendas de Capellanía, la de los Ayalas y la de don Joaquín de
Mier (padre del ilustre fray Servando) .
Los vecinos cultivaban maíz, frijol, y caña dulce, y algunos criaban ganados

mayores y menores. La cosecha llega a ser hasta de 3,000 fanegas de maíz,
"bastante frijol y no menos piloncillo".
Hay en ese año en Santa Catarina 29 casas de adobe y 31 jacales de zacate
y caña. No existe la capilla y los vecinos van a Monterrey a los servicios religiosos.8

306

J.

ELEUTERIO GoNZÁLEZ,

El primer Ayuntamiento.

En esta vida patriarcal y bucólica asoma Santa Catarina al Siglo XIX; y
sólo interrumpe su quietud con el paso de don Mariano Jiménez, enviado de

Hidalgo en 1811; o con las guerrillas insurgentes de José Herrera, que se encuentra en el Durazno, después de su asalto a Monterrey en julio de 1813.
El número de vecinos ha crecido; pasa de mil doscientas almas, y el gobierno del reino, de acuerdo con la Constitución de 1812 y con el parecer del Lic.
Rafael de Lano, asesor letrado, y de la Exma. Diputación Provincial, dispone
que el valle de Santa Catarina deje de tener alcalde mayor para nombrar su
ayuntamiento. El lo. de octubre de 1820, los vecinos eligen su primer cabildo.
Y toca a Santa Catarina tener como primer alcalde a don Joaquín García, mis-

mo quien después ha de gobernar el Estado y distinguirse como patriota.
José de Gracia Rangel resulta electo procurador; y Antonio Rodríguez y Juan
de Luna y Góngora, regidores.

Trabaja este primer ayuntamiento con entusiasmo. Jura el 25 de octubre la
Constitución y el 8 de noviembre nombra a don José Manuel de Cuevas, primer maestro de primeras letras, con la dotación de doce pesos mensuales. El
4 de julio del año siguiente, un día después que en Monterrey, jura solemnemente la Independencia, de acuerdo con el Plan de las Tres Garantías.
• Ms. Archivo Municipal de Monterrey, Civil, 1789, Exp. 47.
Ms. "Creación del Ayuntamiento del Valle ... ". Archivo Municipal de Santa Catarina, Exp. 400.
10

' Ms. lbidem.
s

se confunde. En Santa Catarina se produce escasez y el vecindario se queja

obra citada.

307

�Traza del pueblo.

Desde ese mismo año de 1821, inicia la traza del pueblo. Para el asiento
urbano es señalado ''desde la acequia del Molino para arriba, hasta la loma
Pelona. . . de sur a norte".
Hay objeciones de parte de los accionistas antiguos, y, aunque se delinean
las calles no se llega a un acuerdo definitivo.

Ha de ser hasta el 8 de mayo de 1844 cuando una comisión compuesta por
Juan Luna, Norberto Ordóñez y Julio Morales, formula un dictamen aceptado por todos. Hecho el avalúo de solares; establecidas las condiciones de vecindad y de pago, y prohibida la extracción de maderas que ha de ser exclusiva para la edificación del pueblo, se procede al reparto de solares.
Comprendidas en cuatro calles y diecisiete callejones han sido trazadas setenta y dos manzanas, tres de las cuales son reservadas para el templo, la
plaza Y el Ayuntamiento. El precio de los solares es fijado de acuerdo con la
situación de éstos, fluctuando entre 3 pesos 4 reales los más baratos, y 8 pesos
]os más caros. 11

Realizado el reparto en absoluta conformidad, observamos que figuran como
apellidos fundadores los García, Góngora Guerra Arizpe Luna Rodriauez
'
'
'
'
o
'
Flores, Ayala, Gracia, Rangel, Arredondo y Páez, como más predominantes;
y Padilla, Almaraz, Breceda, Jiménez, Buentello, Sepúlveda, Ordóñez, Hemández y otros, menos frecuentes.
El templo.

Hemos visto ya que el lugar estuvo desde sus orígenes bajo el patronato de
Santa Catalina Mártir. El 25 de noviembre, fiesta de la santa, y el 25 de julio,
del apóstol Santiago, eran las dos fechas en que, durante toda la época colonial, se pasó revista de armas a los vecinos del reino.

Hay constancias de que hubo capilla en el siglo XVII. El Marqués de San
Miguel de Aguayo ordena el 15 de febrero de 1685 que, por ser mucha la
gente y grande la distancia a Monterrey, "dentro de seis meses reedifiquen la
capilla que solia haber en esta hacienda, y la pongan decente, de suerte que
pueda el ministro celebrar Misa".

Ya para 1810 existe el templo actual, sujeto a la Parroquia de Monterrey y
al cuidado de un vicario. El 26 de octubre de 1848, el Ayuntamiento del valle

soli:ita del provisor y vicario general un ministro. Señala la urgencia que hay
de este, así para la administración de los sacramentos cuanto por el peligro
en que se hallan los habitantes "de ser envueltos en la anarquía de las ideas
antir~eligiosas ~ue con tanta profusión y desvergüenza hay por todo Méjico".
El mismo Cabildo propone al Pbro. Jesús. Ma. Navarro y se compromete a
dota:lo con 300 pesos anuales, "contribución --dicen- que no tiene ejemplo
en nmguna parte de la diócesis" .12

La fama .

Sufre el pueblo en los días de la invasión americana. Partidas de soldados
invasores atropellan a hogares humildes y a vecinos pacíficos. Las casas de
Nazario Páez y Patricio de Luna son robadas e incendiadas. Cierto que no hay
día e~ que no aparezca un extranjero muerto o que del propio campamento
enemigo se rescaten los bienes perdidos.
Vienen dias de tranquilidad y el pueblo como que florece con el establecimiento de la fábrica de hilados "La Fama", en 1854. Esta planta ha de dar
origen a un importante núcleo urbano, que en nuestros días ha llegado a ser
uno de los más progresistas y ejemplares del Estado.
La villa.
Con la categoría de valle, pero con ayuntamiento propio e incluída como
municipalidad en la Constitución local de 1825, Santa Catarina vive toda la
primera mitad del siglo. Los historiadores Hermenegildo Dávila, Amado Fernández y David Alberto Cossio, la señalan como municipalidad desde 1812.
Santiago Roel y Timoteo L. Hernández consignan la versión generalizada de
que fue el presidente Juárez quien la elevó a villa, durante su estancia aquí
en 1864.
Sin embargo, una revisión de los manuscritos oficiales existentes en el riquísimo Archivo Municipal de esta villa, y en el General del Estado, nos han demostrado que Santa Catarina ostenta ese título antes de dicho año. Y encontramos que no sólo en 1864, sino en el 63 y el 62, usa este título invariablemente. Advertimos luego, tras de una paciente búsqueda y con el auxilio de
los señores A. Núñez de León y Agapito Renovato, que el 7 de diciembre de
1860 y en libro de Demandas Verbales del juzgado 2o., por primera vez es
titulada asi, llamándose después valle hasta el 27 de mayo de 1861 en que, así

11

Ms. "Expediente incluído sobre el reciento, formación y ornato de este valle, desde
el año de 1821, hasta la fecha, 2 de abril de 1837". Archivo Municipal de Santa Catarina, Exp. 1048. (Aunque dice concluir en 1837, comprende documentos hasta 1844).

308

iz

Ms. "Libro de Contestaciones". Archivo Municipal de Santa Catarina, 1848.

309

�en el libro citado, como en los del Registro Civil y la correspondencia oficial
despachada y recibida, se llama villa definitivamente.
La Constitución local de 4 de octubre de 1857, incluye a Santa Catarina

plaza de Santa Catarina se libran encuentros con el comandante vidaurrista
Cisneros.
El secretario en funciones de alcalde vive días angustiosos. El pueblo ha que-

como municip·aiidad. De derecho podría tomarse como documento que la elevó

dado vacío; las familias han salido al Potrero y a otros sitios; sólo hay dos policías y ni un solo vecino. Los soldados exigen bueyes para los carros militares,
y cuando el alcalde no puede dárselos intentan uncirlo a él. Sólo se escapa porque en eso pasa el presidente Juárez, por cuarta vez, rumbo a Saltillo, y le saca
del apuro.
Se advierte un fervor extraordinario del pueblo de Santa Catarina por la
causa de la República, y no deja de causar estupor el hecho de que Quiroga
ordene el 24 de agosto que se prepare el mejor recibimiento posible a las fuerzas francesas de Castagny, que ya vienen de Saltillo.

a esta dignidad; sin embargo, el uso definitivo del título, insistimos, data de
27 de mayo de 1861.
Juárez en Santa Catarina.

La historia está constantemente renovándose. El hecho de que no haya sido

el presidente Juárez quien declarara villa a Santa Catarina, para nada mengua el lustre del lugar.
Hemos visto que cuenta con ayuntamiento desde 1820, y que se la reconoce
como villa mucho antes de 1864.

Puerta de Monterrey.

Asoman nuevos días fatales para la Patria. Francia interviene en la vida de

México y el gobierno de la República se ve precisado a refugiarse en el norte.
Son de sobra conocidos los antecedentes de la actitud de don Santiago Vidaurri. Juárez ha llegado a Saltillo y decide establecer el gobierno nacional en
Monterrey. El ministro de Relaciones, Sebastián Lerdo de Tejada, participa
antes que el gobierno de Nuevo León al ayuntamiento de Santa Catarina este
propósito, en oficio de 5 de febrero de 1864. Vidaurri dispone que el pueblo
de Santa Catarina "aloje lo mejor posible al Presidente y sus ministros. 13
Ha llegado aquí el día 8 la División de Guanajuato, al mando del Gral.
Antillón. Dos días después arriba el presidente y se aloja en la casa cural, para
preparar su entrada a Monterrey.

No es posible un entendimiento con Vidaurri y de Monterrey vuelve J uárez
a Saltillo. El gobernador de Nuevo León ha mudado su actitud y ahora ordena al alcalde de Santa Catarina la interceptación de los correos del gobierno
federal. Juárez vuelve a Monterrey en abril. Vidaurri sale del Estado y el go-

Sería imposible reducir al marco de este ensayo histórico la vida de este

pueblo prócer. Santa Catarina ha sido, en el decurso de los siglos, la puerta
occidental de Monterrey. Ha visto entrar a todos los gobernadores coloniales

y a todos los prelados que gobernaron la diócesis, y ha presenciado el paso
venerable de Fr. Margil de Jesús. Vio entrar a Mariano Jiménez y salir abatido
el ejército mexicano a la caída de Monterrey en el 46. Las huestes de Ayutla y
de Reforma pasaron por su suelo y también las del Ejército del Norte marchar
arrolladoras rumbo a Querétaro. Santa Catarina sufre el azote constante del
salvaje y vive sucesos de trascendencia nacional en los días de la Revolución

de 1910.
La belleza imponente de los riscos de la Huasteca y de las Mitras, ha servido de regazo de este jirón de tierra nuevoleonesa, cuyos hijos son ejemplo de

tesón y de traba jo.

bierno nacional permanece en Monterrey durante cuatro meses.
En Santa Catarina estos acontecimientos hacen que la situación sea desespe-

rante. El alcalde Pablo Ayala ha preferido renunciar a su cargo, que acceder
a las órdenes de Vidaurri. Andrés Garza es designado para sustituirlo, pero
enferma (?) de gravedad. Es llamado el suplente, Juan Saldívar, pero, apenas
toma posesión, sale de noche a Saltillo y no vuelve. Queda entonces como primera autoridad el secretario, Juan Chrisman.

Don Benito Juárez se ha visto obligado a dejar Monterrey y la ciudad es
ocupada por J ulián Quiroga, cuyas fuerzas persiguen a las federales. En plena
13

310

Ms. Archivo General del Estado, Monterrey, 1874, Leg. 35.

311

�LA DECENA TRAGICA
JosÉ P.

SALDAÑA

Presidente de la Sociedad Nuevoleonesa
de Historia, Geografía y Estadística

LA voz PÚBLICA CALIFICÓ CERTERAMENTE, con el título de Decena Trágica, los
acontecimientos que precedieron a la caída del Gobierno Constitucional de
don Francisco I. Madero.
Diez días de incertidumbre, de cruel lucha entre el bien y el mal; diez días
en que se puso a prueba la maldad de unos y la bondad de otros; días negros
de nuestra historia, trágicos, sangrientos; pero al mismo tiempo engendradores
de grandes sucesos que habrían de cambiar radicalmente la vida institucional
del país.
Se impuso la fuerza de las armas sobre la fuerza de la razón, del esp'Íritu y
de la Ley. Imposición negativa como todo lo que carece de principios generosos
y por su propia esencia condenada al fracaso.
Habíase formado un clima contrario a Madero. Los mismos que habían sido
derrotados en la revolución, los que aparentemente se sometieron al nuevo régimen, fueron quienes sembraron el descontento y lo cultivaron con apasionado encono.
Por un lado, el ejército técnicamente derrotado; pero en quien descansaba
la seguridad del nuevo Gobierno. Por otro lado, los políticos despechados, que
habiendo ocupado en el régimen porfirista puestos de alta categoría, no se resignaban a lo que suponían una suplantación. Había que agregar todavía a los
maderistas que de buena fe criticaban a Madero, y a quienes, con carácter independiente, juzgaban necesario oponerse a lo que consideraban un Gobierno

débil e inepto.
Tendencias todas ellas distintas en su origen e intención pero coincidentes
en la finalidad que significaba el desprestigio de un equipo gubernamental lleno de deficiencias, pero imbuído de las mejores intenciones democráticas y de
los más sanos principios de honradez.
313

�EL CUADRILÁTERO

El Congreso de la Unión, integrado por la voluntad del pueblo mediante
elecciones de las más limpias que han tenido lugar en México, estaba formado
lógicamente por personas de diversas tendencias siendo en su mayoría simpatizadores fervientes de Madero. La Oposición se creó por obra de las circunstancias más que por acción premeditada de los enemigos.
Cuatro Diputados asumieron el papel representativo de la oposición. Inteligentes, jóvenes, dotados de brillantez en la exposición de sus ideas, honestos,
reuniendo en sí mismos condiciones de prestigio, lograron obtener la categoría
suficiente para asumir el difícil papel de oposicionistas, pero que resultaba airoso cuando tenían enfrente numerosos personajes de cultura envidiable.
Los cuatro parlamentarios de la oposición eran los señores Licenciados Francisco M. de Olaguíbel, José María Lozano, Querido Moheno y Nemesio García Naranjo. Ganaron el título de Cuadrilátero con el que se les distingue
históricamente.
Contendieron con tribunos de categoría por su ilustración, su honradez, espíritu combativo, dignidad y amor a la democracia, como los Licenciados Jesús Urueta, Luis Cabrera, Roque Estrada, José I. Novelo y Enrique Bordes
Mangel e Ing. Félix F. Palavicini.
Sin embargo, porque había en el cuadrilátero sinceridad, porque en su oposición existían convicciones, porque ninguno de ellos ofrecía antecedentes criticables, por eso precisamente los ataques resultaban demoledores para el régimen, máxime cuando había en muchas ocasiones razón para ello.
Los defensores del régimen, tanto o más preparados que los impugnadores,
se batían con denuedo, con inteligencia y con la fuerza que les daba el cumplimiento de los principios revolucionarios, que significaban la libertad de que
se gozaba para la expresión de las ideas, y el respeto al derecho del voto, que
ha significado para México la preocupación de más de un siglo.
Pero la opinión pública inclinada al lado de Madero, paulatinamente iba
perdiendo fuerza y en esa pendiente peligrosa buena parte tuvo el cuadrilátero;
pues siempre el que combate a un Gobierno, por recto y progresista que éste
sea, crea un ambiente de simpatías aun cuando sea por breve tiempo.

EL

EJÉRCITO

Al triunfar la Revolución Maderista quedaron las Instituciones bajo el sostén del ejército que había sido derrotado. Absurdamente se procedió en esta
314

forma porque Madero consideró que el ejército debería estar al margen de la
política ya que, tratándose de profesionales imbuídos de disciplina y de honor,
deberían continuar en servicio. Tanta era su confianza que ni siquiera conservó
a los contingentes armados que lo siguieron en ]a gran aventura.
No valieron consejos de los amigos porque para Madero, como hombre de
honor creía ciegamente que todos sus colaboradores obrarían en este plan. Grave error que vino a reconocer cuando ya era demasiado tarde.

EL HOMBRE

Bondad impresionante, credulidad extrema, valor excepcional, idealismo limpio, fueron características congénitas de Madero. Cualidades preciosas para un
hombre público de un país ideal que posiblemente todavía no existe.
La malicia no existía en Madero; pero podía comprender que a su alrededor
se movieran fuerzas traidoras. Cuando se le hablaba de intrigas, cuando se le
comunicaban noticias adversas apenas si ponía atención, pues siempre tenía
a flor de labio la más amplia excusa. No conocía la maldad ni creía que existiese. Ingenuo, con sana ingenuidad, disculpaba fácilmente los errores de los
demás, sin que alcanzara a comprender que muchas veces encerraban dolo y
mala fe.
Estimaba grandemente a los amigos pero no participaba de sus temores. Tenía tal confianza en sí mismo, que le parecía imposible la traición ni mucho
menos que se le derrocase. Sentía en lo más profundo de sus convicciones estar
cumpliendo con los ideales que había exaltado en la contienda armada. Los
ataques a su Gobierno los consideraba simplemente como producto de la libertad y eran en consecuencia la mejor demostración de su triunfo. No había por
qué ni para qué preocuparse. Si había luchado por la libertad, se disfrutaba
de ella y lo correcto era mantenerla incólume a toda costa.

ANTECEDENTES DE LA TRAGEDIA

Tres personajes cuentan como antecedentes de la decena trágica: el Gral.
Bernardo Reyes, el Gral. Félix Díaz y el Gral. Victoriano Huerta.
El Gral. Reyes, señalado en primer término por la opinión pública como el
indicado para suceder al Gral. Porfirio Díaz, en el momento decisivo optó por
retirarse de la contienda aceptando un puesto diplomático en Europa, a donde
marchó eliminándose automáticamente de la política, puesto que siguió al servicio del Gobierno Porfirista.
315

�Cuando ya habían pasado los acontecimientos revolucionarios maderistas intentó una contrarrevolución internándose al país por la frontera con los Estados U nidos y después de algunas correrías sin importancia se entregó preso en
Linares, N. L.
El Presidente Madero ordenó se le tuviesen toda clase de atenciones, y lo
que pudo ser un consejo de guerra sumario, se convirtió en cautiverio en la prisión militar de Santiago Tlaltelolco, de la ciudad de México.
Por cuanto al Gral. Félix Díaz, habiendo encabezado un cuartelazo en el
Puerto de Veracruz, fue sometido al orden quedando prisionero en San Juan
de Ulúa, Veracruz, y trasladado posteriormente a la Penitenciaría de la Ciudad de México.
Del Gral. Huerta existían antecedentes prestigiosos. Había combatido la
sublevación del Gral. Pascual Orozco hijo, caudillo de la revolución maderista, levantado en armas en contra de su antiguo jefe por no caminar de acuerdo con él.
Con una poderosa columna el Gral. Huerta, como General en Jefe, se enfrentó a los valientes orozquistas derrotándolos completamente en las batallas
de Rellano y Bachimba, del Estado de Chihuahua, regresando a la ciudad de
México con la aureda de la victoria. Esto le valió las simpatías de Madero, que
conseivó a pesar de algunas situaciones enojosas que significaron el retiro de
Huerta del servicio activo.

SE ACERCA LA CRISIS

Al principiar el año de 1913 todo era confusión y pesimismo. La actuación
del cuadrilátero en la tribuna de la Cámara de Diputados cumplía la más amplia y demoledora tarea. La siembra de ideas contrarias a la solvencia moral
del régimen maderista y a su capacidad administrativa, estaba minando día
a día la fuerza del Gobierno.
Abonaba la tierra removida la prensa de oposición. Los periódicos doctrinarios lanzaban cargos tremendos en contra del Gobierno dejando resabios y
sembrando dudas en todas partes.
Las versiones más desatinadas se transmitían de boca en boca y formaban
una malla espesa que ahogaba la realidad, presentando un panorama de tal
manera desastroso y desesperante, que obligaba a pensar en la necesidad de
un cambio.
El hombre de la calle no sabía a qué atenerse. Había recibido a Madero
como héroe, y apenas transcurrido algo más de un año, se le veían serios defectos, que opacaban las cualidades y los méritos que antes se le concedían.
316

¿ Qué había en todo ello? No era cosa fácil de explicar, no existía forma
alguna de comprender lo que bullía en el fondo de las pasiones exaltadas, y la
opinión pública, incapaz de formarse por el criterio de los más, se imbuía de
la prédica constante de los menos, que con su dialéctica transformaban la realidad en la forma que a sus intereses convenía.
Cierto que los hombres como los pueblos tienden siempre a caminar hacia
adelante; pero cierto, también, que en ese esfuerzo de superación los obstáculos
hacen muchas veces que se retroceda; pero es signo que acompaña al progreso
superar los obstáculos para avanzar cada vez más.
De esta manera, puede exp'licarse que la presión ejercida en contra del régimen maderista, deslumbrara a muchos, convenciéndolos de que había sido un
error considerar a Madero con la capacidad suficiente para dirigir los destinos
de México.
Al iniciarse el mes de febrero, la atmósfera estaba cargada de negros presagios. Algo grave estaba por suceder sin que pudiera definirse lo que sería.
Quince días antes el Bloque Liberal Renovador, integrado por la mayoría
de Diputados del Congreso de la Unión, de filiación maderista, había entregado
al Presidente don Francisco l. Madero un extenso memorial, redactado con la
vehemencia de quienes, conocedores perfectos del momento que vivían, formulaban sugestiones de altísima importancia, que al transcurso de los días, resultaron verdaderos vaticinios.
Sin reservas, llamando a las cosas por sus nombres, expresaban los renovadores: "La Revolución va a su ruina arrastrando al Gobierno emanado de ella
sencillamente porque no ha gobernado con los revolucionarios. Sólo los revolucionarios en el poder pueden sacar avante la causa de la Revolución". Porque
Madero, ingenuamente, creía que gobernaría con libertad, sosteniendo los postulados de la Revolución, con la colaboración de los mismos personajes que
habían sido clave del Gobierno Porfirista.
Si aquellas personas no habían actuado en la Revolución ni sentían sus ideales, su gestión no podía identificarse con tendencias que les eran contrarias a
sus principios.
Así veían la situación los Diputados renovadores diciendo: ''De ahí esa guerra civil que se desenlazará tal vez con el derrumbamiento del Gobierno más
fuerte que ha tenido la República".
La insistencia de aquellos amigos de Madero en ver próxima la caída del
Gobierno era producto de sus sentimientos revolucionarios y del conocimiento
real de la situación prevaleciente. Por lo demás muy cerca estaba la realización
de esos presagios.
Madero encontraba un pesimismo agudo en lo que le exponían los Diputados, confiando siempre en sí mismo, porque tenía la convicción de estar go-

317

�bemando con toda honradez, tratando de cumplir lo que había prometido al
pueblo.
Pensando en su forma de ser apegada a la más estricta ética, creía que sus
colaboradores harían honor a los compromisos contraídos, de manera que, siempre optimista, no hizo caso a las advertencias que de la mejor voluntad se le
hacían, y con ello marcó fatalmente el signo de su martirio.

DESPUÉS DE LAS PALABRAS LA METRALLA

Preparado el ambiente por los civiles, el siguiente paso correspondía darlo
a los militares. Para la explosión no faltaba sino la chispa que diera principio al fuego.
El día 8 de febrero fue de incertidumbre, de nerviosismo. Las más variadas y
extrañas versiones circulaban por la ciudad. Algo grave estaba por suceder. En
el ambiente se respiraba la proximidad de la tragedia.
Quienes preparaban la asonada, sí sabían cuáles eran sus propósitos, y hasta
dónde estaban resueltos a llegar. En cambio, para Madero y sus cercanos colaboradores existía incertidumbre, presagios más o menos graves, pero ningún
dato concreto que pudiera descubrir la conspiración.
Pasó el día entre zozobras precursoras de lo que en la noche ya sería signo
de activísima acción engendradora de uno de los más desventurados episodios de nuestra historia.

AMANECER TRÁGICO

Con el nuevo día nacía la deslealtad del brazo de la tragedia. No se trataba
ya de la versión callejera, ni de la amenaza tribunicia, sino del hecho tangible
que hablaría por boca de los cañones y de los fusiles.
El Gral. Manuel Mondragón, Jefe de la Artillería, con asiento en Tacubaya,
estaba en pie de guerra, dispuesto a usar las armas en contra del mismo Gobierno que se las había confiado para la defensa de las instituciones legales.
Disponía de 300 Dragones del Primer Regimiento y de 400 hombres del Segundo y Quinto de Artillería.
Habían sonado p·ausadamente las cuatro de la mañana. Principiaba el día
9 con fatídicos designios. A esa hora el Licenciado José Ma. Pino Suárez, VicePresidente de la República, llegaba a la casa del Licenciado Federico González Garza, Gobernador del Distrito, para comunicarle la fatal noticia.

318

Por teléfono fue plenamente confirmada: primero por conducto del Inspector General de Policía, Mayor Emiliano López Figueroa; después por testimonio del Prefecto de Tacubaya. Pasados unos cuantos minutos se tuvo conocimiento de que los alumnos de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan secundaban
el movimiento. Se trataba de 400 muchachos entre los 17 y 18 años de edad,
a quienes mañosamente se les sorprendió manchando a tan temprana edad su
vida de soldados.
A las cinco horas se desprendieron las dos columnas en dirección de la ciudad de México. La comandada por el Gral. Mondragón fue directamente hacia el Cuartel de la Libertad y sin disparar aumentó sus contingentes con 100
hombres del primer Regimiento. En seguida avanzaron sobre la penitenciaría,
emplazaron varios cañones frente al edificio, y sin resistencia alguna libertaron
al Gral. Félix Díaz.
Pasaron rápidamente a tomar posiciones frente a la ciudadela, fortaleza de
gran importancia estratégica por sus resistentes muros, ubicación cercana al
centro de la ciudad y por contener enormes almacenes de armas y de parque,
capaces de proporcionar elementos para tres meses consecutivos de combates. .
Durante tres horas se mantuvo el fuego hasta la capitulación de los defensores
ocupando la fortaleza Félix Díaz y Mondragón.
La traición hizo posible el rápido tránsito. Defendía la ciudadela el Gral.
Manuel P. Villarreal, valiente y leal. Distribuyó a su gente en los lugares más
adecuados, emplazando dos ametralladoras en la azotea a cargo de dos expertos oficiales. El se mantuvo en ese lugar la mayor parte del tiempo, vigilando
con sus gemelos el movimiento de las tropas enemigas y dando órdenes para
dirigir el fuego en la forma que convenía.
No era fácil para los atacantes el triunfo. Así confiadamente lo consideraba
el Gral. Villarreal; pero ignoraba que entre los oficiales a sus órdenes había
quienes estaban comprometidos con el enemigo.
Durante tres horas se estuvo combatiendo sin que lograran los atacantes
avanzar. De pronto, los oficiales que manejaban las ametralladoras, en un movimiento previamente acordado, volvieron sus armas en dirección a donde se
encontraba el Gral. Villarreal, dejándolo muerto con una ráfaga de balas. Siguieron vomitando fuego las ametralladoras hasta terminar con todos los soldados que se encontraban en aquel lugar.
Lo demás fue cosa fácil. Los oficiales comp·rometidos maniobraron rápidamente imponiendo su criterio. Se izó bandera blanca y el enemigo, sin riesgo
alguno, a tambor batiente, entró al enorme edificio.

319

�LA SEGUNDA COLUMNA EN ACCIÓN

Los aspirantes, mandados por oficiales del ejército, al llegar a la ciudad ~e
dividieron en dos fracciones: una se dirigió al Palacio Nacional y la otra a la
prisión de Santiago.
La guardia del Palacio, de acuerdo con el movimiento, fraternizó con los
aspirantes, procediéndose de inmediato, a redoblar la vigilancia. Sorprendido
el Gral. Angel García Peña, Secretario de Guerra, fue apresado junto con don
Gustavo A. Madero, hermano del Presidente. Como tratara el General de defenderse fue herido levemente.
Minutos después de estos acontecimientos llegó el Gral. Lauro Villar, Jefe
de Armas de la Plaza, en conocimiento de lo que había sucedido, violentamente
acudió al Palacio, y con unos cuantos soldados, haciendo alarde de audacia y
de valor, dio órdenes imperativas que sorprendieron a los guardias y a los aspirantes, haciéndose dueño de la situación.
En la confusión que se provocó logró el Gral. García Peña salir del lugar de
su reclusión, así como don Gustavo Madero, quienes se dirigieron inmediatamente a informar al señor Presidente de lo que sucedía.
La otra fracción de aspirantes atacó la prisión de Santiago sin encontrar gran
resistencia, más parecía un simulacro que un formal combate. La confusión
provocada por el tiroteo la aprovecharon algunos reclusos para evadirse. No
estaba ese acto en el programa y fueron ametrallados sin compasión, muriendo
más de 200.
Puesto en libertad el Gral. Bernardo Reyes, motivo principal de la acción,
se le dio el mando de los contingentes armados, fortalecido por más de 100
soldados que allí se agregaron. Jinete en magnífico caballo el Gral. Reyes ordenó la marcha hacia el Palacio Nacional, que creía en poder de sus amigos,
según noticias que se le habían comunicado.
Confiadamente llegó a la puerta principal del histórico edificio, dando voces
para que se le dejara franco el paso. La contestación partió de los fusiles y de
las ametralladoras, entablándose un nutrido tiroteo, siendo el Gral. Reyes uno
de los primeros en caer sin vida. Su estrella eclipsada de tiempo atrás, había
llegado al cenit.
El combate fue terrible, y solamente por las ventajosas posiciones de los defensores del Palacio, pudieron repeler el ataque infligiendo muy serio descalabro a los insurrectos, que dejaron entre muertos y heridos más de quinientas
personas, algunas de ellas civiles, que se habían agregado a la columna, creyendo que se trataba simplemente de un brillante desfile.
Los sobrevivientes huyeron en distintas direcciones tratando de unirse a los
sublevados que asediaban la Ciudadela. A pie y a caballo pasaban por las ca-

320

lles -~ toda velocidad espoleados por el miedo, al igual que numerosos caballos
sm Jmete que corrían alocadamente.
Entre los prisioneros hechos por las fuerzas del Gral. Villar se encontraba el
Gral. Gregario Ruiz, a quien se le formó consejo sumarísimo de guerra siendo
fusilado inmediatamente.
Se ~puso: a~emás, un doloroso escarmiento, fusilándose a 15 aspirantes, que
el destmo senalo. Ordenó el Gral. Villar que se formaran en línea desplegada
para ser pasado por las armas uno de cada cinco.
Este primer episodio había sido del todo favorable a las armas leoítimas •
pero quedaban reservadas muchas sorpresas.
b
'

Vivía en el castillo de Chapultepec. Informado de los sucesos llamó a su
lado a los amigos y a los funcionarios de mayor confianza. Acudieron los Ministr_os Ernes~o Madero, Lic. Rafael Hemández, don Manuel Bonilla; el VicePreS1d_ente, Lic., José Ma. Pino Suárez; el Gobernador del Distrito Federal, Lic.
F:denco_ Gonzalez Garza; el Inspector General de Policía, Mayor Emiliano
Lopez F1gueroa; los Ayudantes del Presidente, Capitanes Federico Montes y
Vázquez Chaffino, y algunas otras personas. Después de una agitada deliberación Madero decidió trasladarse al Palacio Nacional.
Encabezó Madero la comitiva montando un caballo blanco de buena estampa, llevando en la diestra una bandera nacional. Lo escoltaba un pelotón de
alumnos del Colegio Militar, y en seguida caminaban las demás personas.
Al llegar al monumento de Colón se incorporó el Gral. García Peña dándole
cuenta pormenorizada de lo que había pasado en el Palacio. Poco más adelante
se agregó el Gral. Victoriano Huerta, que no tenía comisión alguna, situándose
c.erca de Madero. A medida que se avanzaba se incorporaban amigos y simpatizadores del Presidente.
Cerca del cruzamiento de Juárez y San Juan de Letrán fue recibida la columna con nutrido tiroteo, obligando a Madero y a su comitiva a buscar refugio en un edificio ocupado por la fotografía Daguerre, en tanto los alumnos
del Colegio Militar rodilla en tierra contestaban la agresión.
Este inesperado percance obligó al Presidente a considerar de nueva cuenta
la conveniencia de seguir hacia el Palacio. Las opiniones estaban divididas•
pero se impuso el criterio de seguir adelante.
'
Aprovechando Huerta aquel momento de indecisión ofreció a Madero sus
servicios alegando que el General Villar, Jefe de Armas de la Plaza, se encontraba herido. Con patética emoción dijo que ofrecía su vida para salvar las
321
H21

�Instituciones amenazadas por ambiciosos vulgares; que él se comprometía a
restablecer la paz si le daba la oportunidad de hacerse cargo del Ejército leal.
Presente estaba el General García Peña a quien consultaba con la vista Madero, y como no viera gesto alguno que indicara la inconveniencia de un nombramiento provisional y a la vez urgente, desde luego designó a Huerta Jefe
de la Plaza.
Acallado el fuego enemigo por los alumnos del Colegio Militar, continuó la
marcha. Para cuando llegó Madero a Palacio era aclamado por millares de
personas, que pedían armas para combatir a los rebeldes.
Instalado Madero en Palacio, procedió a discutir la situación con los Ministros y amigos de confianza, en presencia del General Huerta, quien se retiró
para organizar las tropas haciendo protestas de lealtad y de seguridad en aplas•
tar a sangre y fuego la insurrección.
Se dispuso llamar a las fuerzas rurales del 80. y 300. Regimiento que guarnecían Celaya, Gto. y San Juan Teotihuacán. Como el General Felipe Angeles,
de absoluta confianza, se encontraba en Cuemavaca con 2,000 hombres, el
mismo Madero decidió personalmente ir a conferenciar con él. Salió inmediatamente en automóvil acompañado de varias personas. Al día siguiente, 10 de
febrero, regresó en compañía del General Angeles al frente de sus hombres.
Para Madero la situación se aclaraba. No era posible que 1,500 hombres,
encerrados en la Ciudadela, con todos los elementos con que pudieran contar,
por valiosos que fueran, significaran más que el resto del ejército, y sobre todo,
frente a un Gobierno Constitucional, electo por el pueblo.

SIGNOS ADVERSOS

Frente al optimismo de Madero, subsistente a pesar de cuanto le habían dicho sus más íntimos amigos y sus más adictos correligionarios, que los hechos
confirmaban, se urdía la obscura trama de la traición.
Concentrada la fuerza infidente en la Ciudadela, con limitado número de
combatientes, solamente la traición podía convertir una clara victoria en una
derrota. Ninguna posibilidad tenía Félix Díaz de recibir ayuda fuera del limitado radio de acción que dominaba, que aun cuando ofrecía magníficas posiciones defensivas, poco significaban ante la fuerza del Gobierno.
Cierto que el ambiente público había sido envenenado y cierto que la reacción cobraba bríos; pero el problema de la Ciudadela no era de carácter político sino militar, y en ese campo no había por qué dudar sobre el triunfo de
las Instituciones legales.

322

Sorprende que una traición premeditada, cuya ejecución se llevó diez días,
no hubiese sido frustrada. Cabe pensar en los designios inexcrutables del
destino.

PREPARACIÓN DEL GOLPE

Recibe el General Huerta plenos poderes militares del Presidente Madero.
Asegura, teatralmente, que muy pronto someterá al orden a los infidentes.
Confía Madero en el militar ostentoso y audaz, a pesar de cuanto se le ha
dicho en su contra. No tiene duda alguna de que en el término de 48 horas
las cosas volverán a su curso normal.
Sin prisas Huerta actúa en relación a sus objetivos personales. Prolongar la
tensión nerviosa de la populosa ciudad, era uno de sus propósitos. Necesitaba
impresionar en el sentido de que era punto menos que imposible tomar la fortaleza a sangre y fuego.
Pasa el día 9 sin gran aparato. Al caer de la tarde, como si se tratara de re~
cardar lo que pasaba, son disparados algunos cañonazos desde la Ciudadela,
que causan serios daños a edificios cercanos, especialmente a la prisión de
Belén. En la noche vuelve el silencio, que se rompe al aclarar el nuevo día.
Aprovecha Huerta la llegada de refuerzos para retardar el ataque. Debe llegar Angeles con 2,000 hombres ese mismo día 1O, anunciando en consecuencia
el ataque a fondo para el día siguiente.
Para ese día se disponen los efectivos del Gobierno en plan de combate. Por
delante van los rurales y en seguida la gente del General Angeles, dejando en
reserva a las tropas regulares. A las diez horas principia el tiroteo, que gradualmente aumenta en intensidad, participando a poco la artillería de una y
otra parte.
Durante ocho horas se combate sin cesar. Pierden los rurales importantes
contingentes al intentar repetidos asaltos. Las ametralladoras de los insurrectos
funcionan sin cesar ocasionando tremendos estragos. Los leales hacen infructuosos esfuerzos para acercarse a los muros de la fortaleza. El General Huerta
insiste en el asalto como si tuviera la diabólica intención de sacrificar a los más
adictos defensores de Madero. Ante el espectáculo de una inmolación criminal,
el General Angeles interviene evitando que continúe la absurda matanza. Para
entonces las cruces roja, blanca y verde, atienden a más de 1,500 heridos, y
recogen como 200 muertos.
El espectáculo es espantoso. Los cañones ensordecen con su continuo estruendo. Más edificios son dañados por la metralla, en tanto que Huerta no decide
un ataque en forma, maniobrando en detalle con la finalidad de ganar tiempo.

323

�SE

PROLONGA LA CONFUSA SITUACIÓN

Contempla con infinito dolor el sacrificio de sus más fieles elementos integrantes de los regimientos de rurales, se da cuenta de la impotencia a que ha
Con pequeños intervalos continúan los combates hasta el día 18. Parece como
que Huerta se complace en ello, no obstante las renovadas protestas de adhesión
a Madero.
En tanto los cañones no cesan de vomitar fuego, la ciudad principia a sufrir
seriamente los rigores de la escasez de alimentos, de luz, de agua, y de los más
elementales servicios, a la par que circulan toda clase de versiones contrarias al
régimen, versiones que tienen su origen interesado de los grupos de civiles par-

tidarios de Félix Díaz.
Cuanto más se prolongaba la contienda, mayor es la confusión entre el pú-

blico, y las dudas se extienden sobre la capacidad del Gobierno para sofocar
la rebelión.
'

sido sometido el General Angeles, en quien, justamente, tiene completa con-

fianza. La prolongación de la lucha es signo inequívoco de que algo existe que
él, por su congénita bondad y buena fe, no había advertido. Se niega, aún así,
a dar por hecho que la traición lo amenaza.

En tanto pelean denodadamente los soldados leales, que mueren porque a
esto se les envía a la línea de fuego, una serie de incidentes graves colocan a
Madero en situación desesperada.
El Senador Licenciado Francisco León de la Barra ofrece sus servicios a

Madero y recibe la encomienda de hablar con Díaz y Mondragón con el fin de
concertar un armisticio, en tanto dos representantes de cada parte proponen la

forma de solucionar el conflicto.

Los amotinados, a medida que pasan los días, se afianzan en la idea de que

En cumplimiento de la misión el Licenciado León de la Barra efectúa una

existe un interés preponderante en que la lucha continúe. No pueden localizar
con precisión dónde radica; pero sienten esa colaboraci6n, que los alienta a
continuar en la brega, y no tardan mucho en darse cuenta de que es el General

entrevista con Díaz y Mondragón, quienes aceptan al armisticio con la condición irrevocable de la previa renuncia de Madero y Pino Suárez. Informado

Huerta quien maniobra en tal sentido.
El secreto lo guardaba Félix Díaz. Había conferenciado con Huerta; pero
conociendo sus turbios procedimientos, no tenía confianza en el cumplimiento

de lo pactado. Sin embargo, era signo inequívoco de que Huerta se aliaría a
la rebelión, la forma en que llevaba las acciones militares.
No era necesario conocer de estrategia para darse cuenta de que cuanto hacía Huerta significaba una victoria moral para los sublevados. Pero ¿ cumpliría
Huerta su compromiso de reconocer a Félix Díaz como Jefe del movimiento?
Por Jo pronto, para los sublevados, lo importante era derrocar al Gobierno;
después cada quien pensaba en lo mejor para sus intereses, y en este punto,

muerto el General Reyes, lo indicado lógicamente, era que Félix Díaz se destacara en primer lugar, de manera que, aun cuando Huerta ambicionara cobrar cara su infidencia, tendría que aceptar esta situación.

Madero de tal pretensión, la rechaza indignado.
Por su parte los Ministros de España y de Inglaterra y el Embajador de los
Estados Unidos, hacen una primera visita a Madero, solicitando que se demarque una zona de fuego, haciendo la consideración de que es inaceptable que
a una ciudad de la importancia de la de México se le someta a la acción de los
combates. Madero contesta cortésmente que tiene la seguridad de dominar la
situación en breve plazo.

Al mismo tiempo, día 14, en la casa particular del Senador Sebastián Camacho se reunieron los Senadores Juan C. Hemández, Ricardo Guzmán, Jesús

Flores Magón, Guillermo Obregón, Víctor Manuel Castillo, Luis C. Curie!,
Carlos Aguirre, Francisco León de la Barra, Emilio Rabasa, Rafael Pimentel
y Tomás Macmanus. Asistió también el Ministro de Gobernación don Pedro
Lascuráin. Hubo un intercambio de opiniones prevaleciendo la idea de pedir
a Madero su renuncia, evitando así mayores males al país, y el riesgo de la
intervención armada de los Estados Unidos. Se convino en efectuar una junta

LA DIPLOMACIA Y LOS INTERESES CREADOS

más amplia en la Cámara de Diputados, coincidiendo la idea con el propósito
del señor Madero de informar al Senado sobre la situación prevaleciente.

Estoicamente resiste Madero la terrible situación. Se agrieta su autoridad,
pierde la adhesión de quienes antes lo adulaban; recibe frente a frente la demanda de su dimisión, por conducto del Cuerpo Diplomático, de Senadores,
Diputados, y aun de algunos de sus Ministros; p'ero él, imperturbable, firme en

La Asamblea tuvo lugar al día siguiente en la Cámara de Diputados sin que
se reuniera quorum, no obstante haberse hecho la cita con la urgencia que
demandaban los acontecimientos. Veinticinco Senadores pasaron lista de presente, y ante el Licenciado Lascuráin se llevó a cabo la sesión extralegal, tornándose los siguientes acuerdos:

sus convicciones, rechaza con indignación toda insinuación indecorosa.

324

"Primero: Consúltese al Presidente de la República en nombre de la supre-

325

�ma necesidad de salvar la Soberanía Nacional, que haga dimisión de su alto
cargo".
"Segundo: Hágase igual consulta al C. Vicepresidente de la República".

HUERTA EN ACCIÓN

Aprovecha Huerta la desorientación general, tanto en lo que respecta al Go-

bierno como a los rebeldes encerrados en la Ciudadela, a quienes les faltan ali-

"Tercero: Nómbrese una comisión que haga saber al señor Presidente Madero y al señor Vicepresidente Pino Suárez, los acuerdos adoptados".

mentos y no ven la forma de salir de la ratonera y en cambio esperan de un

Fueron comisionados para el desempeño de la delicada misión los Senadores
Gumersindo Enríquez y Diego Fernández.

son sino cortinas de humo para ocultar su verdadera situación.

Acompañados del Licenciado Lascuráin los 25 Senadores se trasladaron al
Palacio.
Advertidos oportundamente Madero de la visita de los Senadores y de sus
propósitos, comisionó a los Ministros Ernesto Madero, Manuel Bonilla y Jaime
Gurza, para que lo excusaran expresando que había tenido necesidad de ausentarse por cuestiones urgentes.
Ante los Senadores, reunidos en la antesala de la Presidencia, los mencio-

nados Ministros, después de los saludos protocolarios, don Ernesto Madero
expuso la razón por la cual el Presidente no podía recibirlos y que, aunque sin
la encomienda oficial, se permitía expresar que, atento a las condiciones especiales del Gobierno, había decidido el señor Presidente no renunciar a su pues-

to, pues tenía la seguridad de obtener el triunfo.
Replicó el Senador Enríquez expresando su pena por no transmitir personalmente al señor Presidente el acuerdo tomado por los 25 Senadores presentes,
que aun cuando no constituían la mayoría de todas maneras su número era

respetable, considerando interpretar el sentir de la mayoría, que dada la gravedad del momento de todas maneras expresaría la opinión de que era porta-

dor, expuesta en la sesión que habían celebrado. Que le suplicaba al señor Ministro hiciera del conocimiento del señor Presidente que los Senadores presentes habían acordado "suplicar al señor Presidente, al señor Vicepresidente y al
Gabinete, que renunciaran a su alta investidura en aras de la patria, a impulsos del más sublime patriotismo" ...

Agregó que la independencia de México estaba amenazada a pesar de cuanto oficialmente se decía, y en consecuencia, la actitud de los Senadores no
cambiaría.

En un ambiente de aparente cordialidad se dio por terminada la embarazosa entrevista.

momento a otro la ofensiva formal de las tropas leales. Sus baladronadas no
Al amanecer del día 18 cita urgentemente a los Senadores que habían pedido
la renuncia de Madero. Acuden a su llamado los Senadores Sebastián Camacho, Gumersindo Enríquez, Juan C. Fernández, Emilio Rabasa, José Castellot,
Ricardo Guzmán, Guillermo Obregón, Carlos Aguirre y Rafael Pimentel.
Insinúa Huerta la necesidad de actuar con rapidez para resolver la situación
y para el caso dice necesitar del consejo de los Senadores, versados en cuestiones de leyes, ya que en lo militar las cosas no se presentaban como era de
desearse.
Informan en seguida los Senadores a Huerta de la frustrada entrevista con

el Presidente, y de lo expuesto al Ministro Ernesto Madero, sobre la necesidad
de la renuncia del Presidente, del Vicepresidente y del Gabinete.
Con muestras de satisfacción Huerta encomió la actitud patriótica de los Se•
nadores, empeñada decididamente a procurar para el país el bienestar que solamente puede conseguirse mediante la paz.

Con base en la amable atención de los Senadores, Huerta, dando a sus palabras el tono más solemne posible, expresó su sentimiento por los males causados con motivo de la lucha entre hermanos, lamentando el sacrificio de los
que habían caído en cumplimiento de su deber; pero desgraciadamente sin resultados satisfactorios en atención a las circunstancias que rodeaban la empresa.
Después de una breve pausa, simulando hacer un gran esfuerzo al revelar
la noticia que iba a dar a conocer, recargando el tono apesadumbrado de sus

palabras, leyó un documento que había sido firmado el día anterior por los
Generales Angel García Peña, Ministro de la Guerra, y Aureliano Blanquet,
Jefe del 9o. Batallón, que no participaba todavía en la contienda, por motivos
ignorados, aun cuando altamente sospechosos. En el documento se hacía cons-

tar el informe técnico del Coronel Rubio Navarrete, Jefe de la Artillería Legal,
consistente en la imposibilidad de tomar por asalto la Ciudadela.
Honda impresión causó a los Senadores cuanto habían escuchado, afirmán.
dose con mayor decisión en su empeño de pedir la renuncia de Madero. Apro•
vechó Huerta la coyuntura para ofrecer su intervención a efecto de lograr una
entrevista con el señor Presidente, proposición que fue aceptada.

Para el efecto Huerta solicitó la cooperación del General García Peña, y de
inmediato se trasladaron a Palacio, logrando ser desde luego recibidos.

326

327

�Con extraordinaria serenidad escuchó Madero a los Senadores contestando,
en tono comedido pero enérgico, que no había motivos graves que no pudiesen ser superados, para su dimisión, máxime cuando el pueblo libremente lo

había elegido; que en consecuencia no le era posible complacerlos.

CONSUMACIÓN DEL CUARTELAZO

Había logrado Huerta sus propósitos. Contrariados los Senadores y alarmados por la situación le servirían incondicionalmente, como le serviría también

el Embajador Norteamericano, partidario acérrimo de Félix Díaz. El mismo
General Díaz, encerrado en la Ciudadela, suponiendo a su alcance los más
poderosos elementos de guerra, no podría sostenerse indefinidamente y al intentar una salida fácilmente sería aniquilado. Quedaba indudablemente también a merced de Huerta.
En cuanto al Ejército Federal, con excepción del General Felipe Angeles v
las debilitadas fuerzas rurales, estaba plenamente seguro de que todos los demás
jefes le serían adictos, especialmente el General Aureliano Blanquet, que le
había manifestado absoluta adhesión y quien se encontraba al tanto de los
proyectos que pronto pondría en ejecución. Toda la mañana del día 18 que
tantas alternativas había tenido, la pasó Madero en compañía de Pino Suárez,
Lascuráin, Bonilla, Rafael Hernández, Vázquez Tagle, Ernesto Madero, González Garza y Marcos Hernández. El tema a discusión no podía ser otro que
el de la revuelta, al que se le daban vueltas por todos los ángulos y se concluía
por caer en el mismo punto crucial: la renuncia del Presidente y Vicepresidente de la República, que en ninguna forma debla aceptarse, ni siquiera como
una lejana posibilidad. Se tomaba en cuenta que al renunciar ante la acción
de unos cuantos militares ambiciosos, resultarían inútiles los sacrificios que se

hicieron para el triunfo de la revolución.
Al mismo tiempo que en el Palacio Nacional se debatlan los altos intereses

contraba Madero y sus amigos, con paso vacilante y semblante sombrío. Su
aparición causó sorpresa máxima cuando, dirigiéndose al señor Madero le ma-

nifestó que por órdenes del General Aureliano Blanquet le comunicab~ que el
·General Manuel Rivera, procedente del Estado de Oaxaca, venía con sus soldados en actitud de rebeldía. Que en consecuencia lo invitaba a ocultarse en
un lugar previamente escogido en donde estaría completamente seguro. El
·señor Madero, sin perder la serenidad, con voz clara y terminante replicó que

·él no ten_ía _por qué abandonar el Palacio y consecuentemente que si Blanquet
deseaba ms1st1r en ello, que acudiera personalmente a notificárselo. Como in1entara Jiménez Riverol llevarse a Madero consigo sujetándolo de un brazo
protestó el Presidente en alta voz, haciendo acto de presencia el Mayor Iz~
quierdo y tras él se apostó un pelotón de soldados cubriendo la puerta.
La traición tomaba cuerpo y los acontecimientos no dejaban lugar a dudas
robre que se estaban viviendo momentos decisivos. El Mayor Gustavo Garmen-

dia. Ayudante del Presidente, se encaró a Jiménez Riverol y después de breve
eambio de palabras Garmendia le disparó certero balazo dejándolo muerto.
A l_a detonación irrumpieron en el salón los soldados con las armas preparadas
a tiempo que el mayor Izquierdo les ordenaba que hicieran fuego. En ese instante el también ayudante del Presidente, Mayor Federico Montes, disparó
-sobre Izquierdo matándolo.
Las descargas resonaron con estruendo produciendo espesas nubes de humo.
Se produjo tremenda confusión, que aprovecharon audazmente Garmendia y

Montes dando órdenes a los soldados para que retrocedieran, lo que hicieron
-desalojando el salón.
En las alfombras había tres cadáveres: los de Jiménez Riverol, de Izquierdo
y el de don Marcos Hernández, Introductor de Embajadores, y hermano del
Ministro de Justicia Rafael Hemández, quien viendo en inminente peligro
al Presidente Madero, lo cubrió con su cuerpo, salvándolo de una muerte segura.

El tiempo apremiaba; no podía perderse un instante ya que importaba antes que nada salvar a los primeros funcionarios del país, Madero y Pino Suárez. Las opiniones se cruzaban, pero en términos generales convergían en el

de la Patria, representados por sus más significados funcionarios, Victoriano
Huerta se dedicaba a consumar el cuartelazo. Para la ejecución de cuanto se

sentido de que se procurara salir a la calle en donde a pocos pasos se encon-

habla planeado quedaba Blanquet autorizado, de manera que el golpe fuese
decisivo. Para tal objeto Blanquet cambió las guardias del Palacio, colocando
soldados del 290. Batallón que le eran incondicionales. Asegurados sus movimientos de esta manera, comisionó al Coronel Jiménez Rivcrol y al Mayor Izquierdo para que, al frente de un pelotón de soldados, aprehendieran al señor
Madero, al Licenciado Pino Suárez y a las demás personas que se encontraban

Madero siendo aplaudido y vitoreado. Ellos serían los primeros defensores para

en el despacho presidencial.
A eso de las dos de la tarde entró Jiménez Riverol al salón en que se en-

traba un destacamento de rurales, a quienes momentos antes había arengado
continuar la lucha contra los traidores.
Poniendo en acción lo proyectado, Madero tomó uno de los elevadores que

dan al patio del Palacio y apenas había pisado tierra, le salió al encuentro el
General Blanquet conminándolo a rendirse. No había ya duda alguna; en la
propia casa se tenía al brazo ejecutor de la traición. Madero, a pesar de la situación, contestó a Blanquet con entereza: "es usted un traidor", a lo que éste,

329
328

�elevando la voz, replicó: "es usted mi prisionero"; pero de nueva cuenta Madero con más energía le dijo: "usted es un traidor" .

Nada había ya que hacer. A estos actos de fuerza bruta, de cobardía frente
a la dignidad, siguió un simulacro de cuartel: pelotones de soldados marchaban en todas direcciones; se daban órdenes en alta voz que retumbaban en el
ambiente · las ametralladoras se colocaban en dispositivos de combate; Y entre
el estrépi;o de armas, órdenes de trogloditas qu~ destroz~n las Leyes y pisotean
la majestad de la Patria personificada en sus mas altos d,gnatanos, pasaban los
prisioneros de unos a otros corredores entre filas de rud~s soldado~: don _Francisco I. Madero, Licenciado José Ma. Pino Suárez, PreSidente y V1cepreS1dente
de la República, y las demás personas, a excepción del Ministro Bonilla, que
aprovechando el desorden, logró escapar.

•

y don Adolfo Bassó, Intendente del Palacio, que también estaba en el banquete,

fueran detenidos conduciéndoseles a Palacio.
Cuando Huerta consideró propicio el momento hizo su entrada a Palacio

recibiendo del General Blanquet los más ostentosos honores. Informado de
todo cuanto había sucedido, ordenó la libertad de los Ministros y demás funcionarios, con excepción de los Generales Felipe Angeles y José Delgado. En
cuanto a don Gustavo y a don Adolfo Bassó dispuso que se complaciera el
pedimento de los rebeldes de la Ciudadela y ordenó se les enviaran. La crueldad de Huerta adquiría relieves infernales; pues sabía que serían bárbaramente sacrificados, como en efecto sucedió.

Llegaron los presos a la Ciudadela en donde los esperaban Félix Díaz y
Mondragón, además de un grupo de civiles capitaneados por el Licenciado
Cecilia Ocón, individuo de pocos escrúpulos, que a toda costa trataba de congraciarse con el General Díaz .
Siguió un simulacro de proceso organizado por Ocón, dando lugar a que los
civiles, serviles y cobardes, descargaran sobre los indefensos presos los más soe-

En esos precisos momentos Huerta se encontraba en el restaurant Gambri-

ces insultos, acompañados de golpes. Cuando la comedia había llegado a des-

nus. Se efectuaba un banquete que él mismo había preparado en hon~r de
don Gustavo A. Madero, hermano del Presidente, a quien Huerta d1Straia de

pertar los instintos bestiales de los circunstantes ordenó Félix Díaz que los reos
fuesen trasladados a otro cuarto.
Salieron a un patio seguidos de Ocón y del grupo de civiles, que hacían la
comparsa a la escolta que conducía a los reos. Continuaban en voz alta los insultos, arreciaban los golpes y un soldado con una bayoneta pinchó el ojo bueno
de don Gustavo, produciéndose el más espantoso espectáculo, impropio aun de
los hombres de las cavernas. Siguieron después de los golpes para rematar a la

esta manera, para maniobrar a su gusto.

Era del dominio público que a don Gustavo Madero, no tan sólo no le inspiraba confianza Huerta sino que había tenido con él diversos altercados y en

n momento de ira le había echado en cara su falta de hombría y de honradez,
;uesto que con sobrados elementos no había recuperado la Ciudadela.
Con el pretexto de aclarar situaciones y demostrar su lealtad, Huerta org~nizó el banquete invitando a varios amigos de don Gustav? y a o_tros de la mb'd d de él para teatralmente significar que no hab1a motivo alguno de

m1 a
,
,
'
·,
h·
distanciamiento entre quienes buscaban el mismo fin . La conversacion. se _1~0
general y en el momento oportuno Huerta man~estó sus s~~atías, estunac10n
y admiración por don Gustavo exaltando su caracter y patn~tismo. . . ,
Cuando el ambiente parecía acercar a todos en una misma asp1rac1?n, el

General Huerta se alejó para hablar por teléfono, regresando pocos mmutos
después excusándose por tener que retirarse.

Esta actitud de Huerta dejó a don Gustavo profundamente preocupado,
presintiendo que ese llamado telefónico _algo grav~ significaba y dentro de s_u
preocupación pensó inmediatamente en 1r a Palacio. Las cosas cammaron mas
aprisa de lo que pudiera pensarse y los temores de don Gustavo estaban plas-

mándose en hechos, de manera que nada quedaba por hacer.
Entre tanto Huerta, antes de ir a Palacio, dictó varias órdenes de carácter
militar con el objeto de afianzar el golpe de Estado. Dispuso que don Gustavo

víctima con una descarga de fusiles.

Quedó tendido el cuerpo de don Gustavo empapado con su propia sangre.
No había cometido más delito que el ser fiel al gobierno de su hermano. Jamás
se le ha formulado cargo alguno que mereciera castigo semejante.
Minutos después, con menos demostraciones de salvajismo fue muerto Bassó.

LA EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS

El Embajador de los Estados Unidos, Mr. Henry Lane Wilson, decano del
Cuerpo Diplomático, hombre versado en los asuntos diplomáticos, pero engreído de su propio valer, por las distinciones que recibía tanto de las esferas oficiales como de los demás representantes de los países amigos, daba a sus actuaciones una importancia que sobrepasaba los límites de su gestión diplomática.
En el caso de la decena trágica, en esa tragicomedia que costó centenares
de vidas y transformó la organización política y social del País, la participación

331
330

�de Lane Wilson fue de tal manera notoria y de tal forma absurda que llegó
a límites increíbles.
Desde el momento mismo en que se iniciaron las operaciones militares en la

ciudadela, Lane Wilson manifestó un desbordado interés por intervenir y tratando de encubrir sus actividades con frecuencia citaba al Cuerpo Diplomático
para cambiar impresiones y decidir lo que debía hacerse en defensa, según él,
de las familias extranjeras así como de los ciudadanos mexicanos ajenos a la

contienda. De esta actitud se originaron algunos actos fuera de todo principio
legal y de toda consideración de respeto a la soberanía de México.
Se puso en comunicación con el General Díaz, encerrado en la ciudadela, por

medio del señor Enrique Zepeda. Al mismo tiempo estrechó relaciones amistosas con Victoriano Huerta influyendo en su ánimo para que, de acuerdo con

Félix Díaz, se diera término a la angustiosa situación que privaba en la ciudad
de México.
Por supuesto que para Huerta aquella intervención del Embajador americano le abría de par en par las puertas de sus ambiciones y convirtió al señor Lane
Wilson en su confidente y en su director espiritual en todo aquello que a sus
planes convenía.

En la Embajada se establecieron las comunicaciones entre Huerta y Félix
Díaz, conviniendo ambos en que Huerta daría los pasos necesarios para que la
contienda armada terminara, en la inteligencia de que, en su debida oportunidad, formularían los términos para garantizar a cada parte lo que correspon-

diera en el reparto final.
Tan descaradas eran estas maniobras, que pronto trascendieron al público y
no podían quedar fuera del conocimiento de los amigos de Madero, diputados
y senadores, así como del grupo político afín a Madero y, consecuentemente,
se trató de influir por todos los cauces posibles ante la mente de don Francisco
I. Madero para que destituyera a Huerta del puesto que le había confiado,
considerándolo un elemento peligroso.
Sabemos que Madero no dio crédito a cuanto se decía de Huerta, ni aun en

el caso evidente tratado por su hermano Gustavo, quien había desarmado a
Huerta durante una acalorada discusión, poniéndolo virtualmente preso, y don
Francisco se opuso ordenando su libertad. Conferenció con él, recibiendo las
demostraciones más serviles que pueda hacer un hombre carente de dignidad
y a pesar de todo lo conservó en su puesto.
Para el Embajador Lane Wilson, Madero era simplemente un loco pernicioso al País y digno de ser eliminado como Presidente de la República. No le
concedía capacidad alguna para gobernar y, consecuentemente, debía hacerse
el esfuerzo máximo para eliminarlo de sus altas funciones.

actuara como si estuviese en su propio país. Su intervención en la política
mexicana fue clara y abierta y puede decirse que definitiva por cuanto a que

facilitó los designios perversos de Huerta.
Cuando el General Huerta en su carácter de Jefe de las Fuerzas del Gobierno, con la renuncia del Presidente y Vicepresidente de la República, Madero
y Pino Suárez, el Embajador Wilson le hizo presente sus cordiales felicitaciones
y sus deseos porque se realizaran los propósitos de que llegase a la Presidencia
de la República y estableciera el orden y la paz en el País.
Para darle forma a las impresiones que se habían cambiado entre Huerta y
Díaz, citó a ambos en la Embajada a la que acudieron, acompañados del General Manuel Mondragón y del Lic. Rodolfo Reyes. Después de los saludos de
rigor y de los abrazos efusivos, se entró en largas y embarazosas discusiones, surgiendo lo que se dio en llamar el Pacto de la Ciudadela.
En ese plan se establecía que Huerta sería el Presidente Provisional de la
República, comprometiéndose a convocar a elecciones a la brevedad posible a

efecto de que Félix Díaz pudiese llegar a la Presidencia mediante el voto
popular.
En el mismo pacto se señalaba a las personas que formarían el Gabinete, en
el cual figurarían, en su mayor parte, elementos que el propio Félix Díaz

designaría.
Toda esta trama y estos formulismos denigrantes se firmaron por las partes

interesadas, pero allá en el interior del espíritu de Huerta había el propósito
definido de no cumplir, como vino a confirmarlo el tiempo.

LA FARSA EN PLAN DE ALTURA

Dueño Huerta de la situación militar, procedió a informar de la prisión de

Madero y Pino Suárez, en primer lugar al Embajador de los Estados Unidos,
rogándole que hiciera conocer la situación al Cuerpo Diplomático, al Presidente de los Estados Unidos Mr. William H. Taft, y a los Generales Díaz y
Mondragón .
Esta actitud convertía en certeza la versión que circulaba en los centros po-

líticos y sociales, sobre el entendimiento de Huerta y el Embajador de los
Estados Unidos. De otra manera no se explica que comisionase a Mr. Lane
Wilson para que le sirviera de intermediario con los Generales Díaz y Mon-

dragón. Había en esta actitud de Huerta una lógica secuencia de hechos, que
se proponía aprovechar en toda su extensión.

Colocado Mr. Lane Wilson en este plano inclinado, se veía comprometido a
continuar en la pendiente. Si formaba parte de un complot, que según las pre-

Bien que el señor Lane Wilson tuviese esa opinión de Madero, pero mal que
333
332

�sunciones lo hacía por conviccrnn, sentía el deseo de actuar hasta conseguir
que el desastre (según él) de la administración maderista fuese corregido, por
un hombre fuerte, militar y políticamente, para bien de México.
En esta forma pensaba y actuaba en consecuencia. Ayudó eficazmente a la
caída de Madero y continuaba saboteando toda acción encaminada a proteger su vida.
Había perdido la noción del papel que le correspondía como Embajador, y
en forma cada vez más descarada inteivenía en los problemas que correspondía
resolver exclusivamente a los mexicanos.
El día siguiente de la caída de Madero Mr. Lane Wilson envió al Departamento de Estado de su país el siguiente mensaje: "El Presidente de la República y el Vicepresidente han renunciado, y sus renuncias se presentaron ante
el Congreso, el cual naturalmente las aceptará. Por ministerio de la ley el
Poder Ejecutivo recaerá en el señor Lascuráin, quien no ha tenido oportunidad
de renunciar. Este asumirá el cargo durante pocos momentos y desp'ués el
General Huerta será proclamado Presidente Provisional y anunciará inmediatamente el siguiente Gabinete: Relaciones Exteriores, De la Barra, Hacienda,
Toribio Obregón. Guerra, General Mondragón. Fomento, Robles Gil. Gobernación, García Granados. Justicia, Rodolfo Reyes. Instrucción, Vera Estaño l.
Comunicaciones, De la Fuente".
En efecto ese mismo día Huerta designó como Secretarios del Gabinete a
las personas mencionadas, cumpliendo en parte con el llamado Pacto de la
Ciudadela.

•
Con engaños Madero y Pino Suárez habían firmado sus renuncias de Presidente y Vicepresidente Constitucionales de la República. Se les había ofrecido
respetar sus vidas, enviándolos al Puerto de Veracruz para que se trasladaran
al extranjero, aprovechando la oferta hecha espontáneamente por el Ministro
de Cuba, poniendo a su disposición el crucero Cuba anclado en el Puerto.
Las renuncias fueron entregadas al Licenciado Pedro Lascuráin, Ministro
de Relaciones Exteriores en el Ministerio de Madero, con instrucciones de que
no fuesen presentadas hasta que ambos estuviesen en el Puerto de Veracruz.
A pesar de estas instrucciones, Lascuráin procedió en forma distinta, ya por
impulso propio o por amenazas o temores, que en ninguna forma podían ser
justificables, pero lo cierto del caso es que una vez en manos de Huerta las
renuncias, procedió de inmediato a citar a los Diputados para que en sesión
plena las aprobasen y se continuara el proceso constitucional correspondiente.
Reunido el Congreso, aun cuando en forma irregular por falta de quórum, se
334

dio cuenta con las renuncias que fueron aprobadas designándose al mismo señor Licenciado Pedro Lascuráin, como Presidente, de acuerdo con la Constitución. Pasados 20 minutos, Lascuráin designó al General Victoriano Huerta,
Ministro de Relaciones Exteriores, y minutos después presentó su renuncia
como Presidente de la República y el Congreso designó como tal a Victoriano Huerta.

•
Amaneció el día 19 después del cambio brusco de gobierno. Grupos azuzados por los felicistas recorrieron las calles tumultuosamente provocando incendios y saqueos. No hubo la presencia de personas de solvencia moral. La brutalidad se hacía presente en apoyo de un cuartelazo carente de todo sentido
patriótico.
Entre tanto los familiares y amigos de Madero y Pino Suárez hacían activísimas gestiones cerca del Embajador de los Estados Unidos, de Cuba, Chile,
España y Japón solicitando sus buenos servicios para garantizar la vida de
Madero y Pino Suárez. Se enviaron mensajes al Presidente de los Estados Unidos solicitando que influyera con Huerta para que respetara la vida de los
pns1oneros.
En cumplimiento de estas peticiones, y en el caso del Ministro de Cuba, don
Manuel Márquez Sterling, también motu proprio, para mantener al respecto una línea de conducta seria, envió al de los Estados Unidos una comunicación fechada ese mismo día 19 en la que, en la parte fundamental, decía:
"Me permito rogar a Vuestra Excelencia que disponga del Crucero Cuba
anclado en el Puerto de Veracruz por si la mejor medida fuese sacar del País
al señor Madero y, asimismo, que cuente con mis humildes seivicios para todo
lo relativo a dar asilo en dicho crucero al infortunado Presidente preso".
El Embajador de los Estados Unidos no dio crédito alguno a esta oficial
solicitud porque allá, en su fuero interno, él coincidía con la idea de Huerta
de que Madero y Pino Suárez, vivos, serían un gravísimo problema para el
nuevo gobierno.
En atención a la frialdad del Embajador de los Estados Unidos, los Ministros de Cuba y de España acudieron personalmente a Palacio con el propósito
de entrevistarse con Huerta. Encontraron ahí al Ministro de Chile señor Hevia
Riquelme que conversaba con el General Blanquet, haciendo gestiones en el
mismo sentido.
Solicitaron de inmediato una entrevista con el General Huerta, que al General Blanquet le pareció muy oportuna, y sonriendo, dijo que lo esperaran unos
335

�momentos. Desapareció por una puerta para aparecer de nueva cuenta instan-

tes después, expresando su pena porque el General Huerta estaba dormido.
Al despedirse de Blanquet, éste manifestó que podían irse completamente
tranquilos pues las vidas de Madero y Pino Suárez estaban a salvo desde el
momento en que, habiendo firmado sus renuncias, no había obstáculo alguno,
para ser trasladados de inmediato a Veracruz, como se había convenido.
Pero el tiempo transcurría y no se veía ningún acto encaminado seriamente
a proteger a Madero y Pino Suárez. Un pretexto, otro, y otro más, se enreda-

ban en las horas que iban transcurriendo para diferir la salida del tren quedebía llevar a los prisioneros al Puerto de Veracruz, y esto significaba que había algo oculto que se alejaba radicalmente de tales propósitos.
El Embajador de Cuba, testigo presencial de los hechos, considerando que a.
medida que el tiempo pasaba se hacía más grave la situación, al salir del despacho Presidencial, después de la infructuosa visita, fue directamente a la Intendencia encontrando a Madero, Pino Suárez y al General Angeles.
Nada alentador era el cuadro. Fue recibido con efusión, como si su llegada
tuviese el significado de una garantía de salvación. Madero, tan presto se sen-

taba como se paraba para dar vueltas de uno a otro extremo del cuarto. Comentaba lo sucedido como algo que no ha terminado, cuyo fin for,osamente ha
de ser satisfactorio. Pino Suárez y Angeles no compartían las conjeturas optimistas de Madero, a juzgar por sus semblantes, aun cuando no se atrevían a
contrariarlo.

Luego, como hablando consigo mismo, expresaba sombríamente: nada ganarán con matarnos, al contrario, provocarían una nueva revolución. Y diri-

giéndose a Márquez Sterling le preguntó por Gustavo, su hermano. Piadosamente le ocultó el Embajador su terrible muerte. Madero insistía: es que Gustavo es impulsivo; pero en esta ocasión fue vidente, causó a Huerta una de sus
más dolorosas vejaciones, y temo por su venganza.

Márquez Sterling, tratando de llevar la conversación a un plano de optimismo, les informó sobre la plática que había sostenido con el General Blanquet
en compañía de los Embajadores de España y de Chile, insistiendo en las seguridades que les había dado Blanquet de que ese mismo día 19 saldrían los
prisioneros hacia Veracruz en el tren que ya estaba listo en la estación.

Pero los hechos hablaban con mayor elocuencia. La tarde se había esfumado
en la obscuridad de una noche llena de negros presagios. El Embajador, tan
preocupado como los presos, ofreció pasar la noche con ellos, en espera, según

MOMENTOS DE ANGUSTIA

?orno el General Huerta no cumpliera su ofrecimiento de que el día 19
senan llevados Madero Y Pino Suárez a Veracruz, la intranquilidad se acentuó
entre qmenes tenían interés, llegando a crearse situaciones de profunda angustia
El ~ía 20 el Embajador de los Estados Unidos recibió un mensaje del Se:

cretano de Estado de su país concebido en los siguientes términos: "Aun cuando ~s un deber general de_ este Gobierno conservar la influencia que posee, para
usai _la en favor de sus cmdadanos y sus intereses nacionales, la consulta que

le hizo _el General Huerta respecto al tratamiento que había de dársele a Madero,
' es obvio
·
d · llende a dar a usted cierta responsabilidad en el caso . Ad emas,
ec1r que un tra~ento cruel_ fªra el ex Presidente dañaría ante los ojos del
mun?o l_a 1:putacwn _de la nac1on mexicana1 y este Gobierno seriamente espera
no oir nmgun tratamiento de esa naturaleza y espera saber que ha sido tratado

en una fo"."a compatible con la paz y con la humanidad. Sin asumir ninguna
r~~ponsab1hdad, puede usted usar, a su discreción, estas ideas en su conversa.
c1on con el general Huerta. Knox".
Este ~ensaje con~iene una evidencia condenatoria en contra del Embajador

L:"'e Wilson, pues SI el general Huerta consultó con él el tratamiento que debía
darsele a Mad~ro ello significa que obraban de común acuerdo. Así lo entendió
Mr. Kno~ _Y discretamente le advierte: "que esa consulta tiende a darle cierta
responsab~~1dad e~ el caso" y observa sobre el daño que causaría a la reputación
de la nac10n mexicana el hecho de que no se tratara en forma humanitaria al

Presidente caído.
Pero el. refinamiento de crueldad del General Huerta no se detenía ante
cons1der~c1ones que pudieran menoscabar el poder tiránico que pensaba ejercitar: Tema a su alcance demostrar que él lo podía todo inclusive eliminar a

qmenes le hicieron sombra, y no iba a perder esa oportunidad.
A los requerimientos que le llegab~n por diferentes conductos, explicaba que
habiendo rec1b1do un telegrama del ¡efe de las operaciones militares en Verac~z,_ Gene~a! José Refugio Velazco, no muy satisfactorio, había determinado
diferir el v1aJe por un día más.
,~itó ~l General Huerta con carácter urgente a sus Ministros y a los Generales
Fehx D1~ Y, Mondrag6n. Inició la sesión Huerta y en tono solemne, manifestó
qu~ const1tman _Pª~ª. él un mo~vo de inquietud los señores Madero y Pino Suárez, _que sus pnnc1p1os humanitarios le indicaban la conveniencia de ponerlos

expresó, de acompañarlos a la estación llegado el momento de la partida.

~n libertad; pero que, por otra parte la tranquilidad del País demandaba

A media noche un enviado de Huerta fue a comunicar a los presos que la
salida a Veracruz sería hasta el día siguiente. Con esta noticia abandonó la es-

unpenosamente que se mantuviera a toda costa la paz. Que encontránd
·· d
ose
en esa encruc1Ja a deseaba conocer la opinión de sus consejeros.

tancia Márquez Sterling, ofreciendo regresar oportunamente.

336

No hubo resultado positivo alguno por cuanto a que hubiese una decisión

337
H22

�definida, pues las opm10nes se emrtieron sin coordinación alguna y nadie se
atrevió a expresar concretamente lo que debía hacerse. La disyuntiva era
tremenda: libertad o muerte.
Para Huerta no había necesidad de un acuerdo categórico, siendo su Gabinete, y de Félix Díaz y Mondragón llegara a la tensión necesaria de manera
de colocar el problema en un plano de incertidumbre y de inquietud. Por
lo demás, como no había una sola voz que abogara por que se respetaran las
vidas de los prisioneros, virtualmente se colocaban en el otro extremo.
¿ Qué sucedería? La incertidumbre en que quedaron los Ministros se prestaba a toda clase de conjeturas; pero en la conciencia de todos se había
grabado la idea de la tragedia. Por algo, después de este incidente, uno de
los Ministros, el Lic. Jorge Vera Estaño!, al escribir años después su libro
La Revolución Mexicana pinta a Huerta con estos negros perfiles: De sesenta y un años de edad, físicamente recio e inmune al trabajo, excesos y
vigilia; despejado de inteligencia en los períodos normales, malicioso y suspicaz; militar por meollo y educación; sostenido y tenaz en sus determinaciones
también durante los períodos normales, y hombre de acción; pero egoísta,
inmensurablemente ambicioso, renuente a la noción del deber, ignorante o desdeñoso de toda energía individual o social, libre, maquiavélico, falaz hasta
la decepción de sí mismo, brutal, arbitrario, disoluto y por remate alcohólico
empedernido con las consiguientes intermitencias de abulia y ofuscación, Huerta,
bajo la acción aumentativa del poder, es dentro del Gobierno el elemento
11

~uan~~ llegaron frente a la Penitenciaría, por el lado de atrás se indicó
a os rISioneros que b_ajaran. En ese momento sonaron los primer~s disparos
cayen o muerto el senor Madero
rf d I
b
e instantes después el señor Pino'
h:ri;o c:ai:~e'~oer dios prboyectiles,
tres bal
,
'
n a ca eza por
as, caia para no levantarse más.
Los ~ism;s esbirros tirotearon los automóviles tratando de hacer creer en
un asa to , _ectuado por los Maderistas. La burda maniobra nadie
d'
creerla, max1me cuando no hubo heridos ni de las f
po ta
riales d l
d
uerzas causantes mate} t e ª .¡:iuert~ . ; los prisioneros, ni de las personas que se dice efectuaron
e a aque. a º,pm10n pública condenó el ignominioso crimen principiand0
a gestarse la mas tremenda revolución.
'
En esta forma sucumbieron dos hombres buenos, paladines de la libertad
y enamorados de los principios democráticos.
,
Es ley eterna que los pueblos, para su grandeza, necesitan
.
de los mártires.

s~:r::a

disolvente por excelencia".

•
Madero y Pino Suárez veían acercarse el fin de su existencia. Habían
perdido toda esperanza y la inquietud y empeño de sus amigos en salvarlos,
para ellos era el síntoma más firme de lo que les esperaba.
El día 21 recibió Madero la visita de su señora madre y ante ella don
Francisco se arrodilló besándole la mano, y pidiéndole perdón por la muerte
de Gustavo, pues para esos momentos ya don Francisco estaba enterado de
su martirio.
Mientras la Embajada de los Estados Unidos, la noche del 22 se engalanaba con fastuoso homenaje en honor del libertador Washington y se hacían
votos por la paz de México, brindando con champagne Lane Wilson y Huerta,
don Francisco I. Madero y don José Ma. Pino Suárez, eran sacados del Palacio Nacional para ser llevados a la Penitenciaría, obedeciendo órdenes directas de Huerta. Se trataba, según lo ofrecido, de llevarlos a lugar más seguro
en tanto se les enviaba a Veracruz para que se embarcaran.

339
338

�BREVE RESEfil'A DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE LA
CATEDRAL DE MONTERREY
TOMÁS MENDIRICHAGA CUEVA

Sociedad N uevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística

IV
Los LIBROS 9 y 10 de bautismos, que abarcan de febrero de 1751 a agosto
de 1768, se encuentran empastados en un solo volumen.

Libro 9 de Bautismos: Febrero de 1751 - Abril de 1759.
Consta de 174 folios numerados. Contiene casi 1300 partidas de bautismo
sin numerar.

Los folios, en general, conservan la numeración. Varios de ellos se encuentran destrozados por el efecto corrosivo de la tinta, en cuya elaboración se
usaban substancias como vinagre y caparrosa. En otros folios la tinta se ex-

tendió y traspasó el papel, siendo muy dificil la consulta de las partidas. Las
manchas de tinta son muy frecuentes, notándose cierto descuido de los amanuenses en la escritura.

En el folio 36 se asentó la fe de un bautismo que se hizo el 24 de junio de
1753 en "esta Santa Iglesia Parroquial de San Andrés de Monterrey", o sea
en el convento franciscano.

En el margen del folio 67 se inscribió una fe de bautismo con esta curiosa
aclaración: "Va al margen esta partida porque no se pudo más. Bachiller
Acosta".
Se encuentra una partida interesante en el folio 68 vuelta: el bautizo (14
de agosto de 1754) de José Ignacio, "de quince días", hijo legitimo de don
Francisco de Elizondo y doña Ana Josefa Lozano, "vecinos de Huinalá (ha-

341

�cienda en el actual municipio de Apodaca) de esta feligresía ... " ¿ Será el
mismo Teniente Coronel don Ignacio Elizondo, que aprehendió a los primeros caudillos insurgentes en las Norias de Baján?
A partir del folio 98 se empezó a anotar al margen de cada partida el
nombre o los nombres del bautizado y su raza o casta. Desde el principio
del libro hasta el folio 98, sólo tienen estos datos una que otra fe de bautismo,
lo que dificulta bastante la investigación.

CURAS y FRAILES

Desde el folio 1 hasta el 98 casi todas las partidas aparecen firmadas por
el bachiller Agustín de Acosta, cura de la iglesia parroquial regiomontana,
pero algunas también fueron rubricadas, "curo licentia parochi", por los
bachilleres Juan y Pedro Regalado Báez Treviño,1 Fray Antonio Tenorio, Fray
Francisco Rangel y Amézaga, Fray Miguel de la Portilla, el teniente de cura
bachiller Francisco Xavier Landeros Rodríguez, una por Fray José García
y otra por el bachiller José Lorenzo Báez de Treviño. (Desde el folio 74
vuelta hasta el 83 vuelta y del 89 al 91 las firmó el bachiller Pedro Regalado
Báez Treviño). La última fe de bautismo que rubricó el bachiller Acosta se
encuentra en el folio 98 y está fechada el 22 de septiembre de 1755. Enseguida
dice: "Monterrey y octubre 1 de 1755 años. Hoy recibí este libro de bautismos a mi cargo, por haber tomado posesión de este beneficio, y para que
conste lo firmé en dicho día. Bachiller Bartolomé Molano". De ahí en adelante hasta la última partida del libro, fechada el 18 de abril de 1759, todas
las f{rmó el mencionado bachiller Molano, siendo rubricadas varias también
por el bachiller Francisco Antonio Larralde, Fray Blas Quintanilla, Fray Miguel Pérez, los bachilleres Cipriano García Dávila y Juan José Amalo de
Arizpe y algunos de los ya mencionados anteriormente.

1 Los bachilleres Juan Bautista y Pedro Regalado B.áez _Treviño, ~lérigos presbíteros,
recibieron sepultura eclesiástica en el presbiterio de la 1gles1a parroqmal {hoy ~~tedral}
el 11 de abril de 1764 y el 11 de febrero de 1767, respectivamente. Fueron h1JOS 1~~1timos del General Francisco Bácz de Treviño y doña Catal~na de ~aya Y Trev100.
(Libro 6-7 de entierros, octubre de 1752 - enero de 1773. Mismo archivo).

APELLIDOS

En este libro aparecen los primeros nuevoleoneses que llevaron los apellidos
Delgado (folio 9) y Quirós (folios 73 y 125 vuelta).
En el folio 40 vuelta se halla la primera fe de bautismo de un vástago del
apellido Gracia, sin embargo esta familia residía desde treinta años antes en
la villa de San Juan Bautista de Cadereyta.
Por primera vez fueron registrados, en los folios 11, 77 y 115 vuelta, los
bautizos de algunos vástagos de la familia Escobedo, que es más antigua. Su
origen nuevoleonés se remonta a la primera mitad del siglo XVII, cuando
se avecindó al sur del Nuevo Reino de Le6n, en los valles de Pablillo y Labradores (actual municipio de Galeana).

EDICTOS y AUTO DE VISITA

Edicto General y Carta Pastoral del Obispo de Guadalajara Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y Diez de Velasco, O.F.M.,
fechados en el Palacio Episcopal de aquella ciudad el 13 de abril de 1753,
(" ... he determinado salir con el favor del Señor el día 13 ó 14 de mayo
próximo venidero ... " a la visita pastoral). (Folios 30 a 35).
Edicto del mismo ilustre prelado, expedido el 19 de mayo de 1753, en los
folios 38 a 40.
Carta Pastoral fechada el 11 de mayo de 1753, que incluye en testimonio
una Real Cédula firmada en el Buen Retiro el 6 de Agosto de 1747, sobre la
prohibición de hacer aguardientes de caña y otras bebidas. (Folios 40 vuelta
a 45 vuelta) .
Auto de visita del Obispo Martínez de Tejada, fechado en Monterrey el
16 de septiembre de 1753 (folios 46 vuelta a 50). Su Señoría Ilustrísima llegó
a esta ciudad el día 13 del mismo mes y año, consultó este libro 9 de bautismos
y mandó que "expresen en lo de adelante en las partidas el día que nació
el bautizado ... y que cuando otro eclesiástico celebre el bautismo de licentia
parochi, se exprese así en la partida y la firmen ambos, para que en todo
tiempo conste ... " El día 16, "como a las nueve de la mañana", el ilustre
prelado inició su visita a la iglesia parroquial de esta ciudad, hoy Catedral,
con una misa solemne a la que asistieron el Gobernador y Capitán General
del Nuevo Reino de León don Pedro del Barrio Junco y Espriella y los miembros del Ayuntamiento regiomontano. Después se asentó que "todo se halló
en conveniente forma. . . visitó el altar mayor con su colateral nuevo y de343

342

�más de dicha iglesia, que se hallaron muy decentes y con la debida limpieza ... "
(Folio 47 vuelta). El cura bachiller Acosta le presentó el padrón de la feligresía, "que se compone de tres mil trescientos treinta y cuatro personas . .. "

(Folio 48 vuelta). Luego aparece una extensa e interesante noticia: "Y atendiendo Su Señoría Ilustrísima a que el Ilustrísimo señor doctor don Juan Gómez de Parada, de gloriosa memoria, Obispo que fue de este Obispado, estando en esta ciudad en su general visita nombró maestro de escuela para
Ja buena educación y enseñanza de los niños que ocurriesen a ella,2 encargándole al Vicario Juez Eclesiástico el cuidado de dicha escuela, y habérsele
ahora informado el que sobre las casas de la morada del Bachiller don Bartolomé Molano, vecino de esta ciudad, están impuestos quinientos pesos de
principal, que para la manutención de dicho maestro de escuela dejó el General don Francisco Báez de Treviño, y que asimismo están depositados en
poder del Alférez Real don Domingo Guajardo seiscientos cincuenta y cinco
pesos y un real de los réditos que ha producido dicho principal, mandaba y
Su Señoría Ilustrísima mandó que dicho Cura y Vicario Juez Eclesiástico luego
incontinenti solicite persona capaz y temerosa de Dios que ejercite el ministerio de maestro de escuela en esta ciudad y que, para su manutención, se le
den anualmente cincuenta pesos, los veinticinco que producen de réditos los
referidos quinientos que reconoce dicho Bachiller (Molano) y los otros veinticinco restantes se le vayan reemplazando con ciento cincuenta y cinco pesos
y un real de la cantidad que está depositada en poder de dicho don ~mingo,
ínterin que tiene dicho maestro suficientes emolu1:°e~tos con que _p~erse
mantener, y los quinientos pesos restantes al cumplimiento de los se1sc1en:os
cincuenta y cinco pesos y un real, para que se inv~ert~n en 1~ _obra mater:ial
de la iglesia parroquial de esta ciudad, a que Su Senona Ilustns1ma los aphc_a
como causa pía tan precisa y necesaria, teniendo cuidado dicho Cura Y Vicario de visitar dicha escuela, celando el que los niños sepan y entiendan la
doctrina cristiana y que sean educados en buenas costumbres y santo te~or
de Dios, sobre que se le encarga gravemente, como asim_ismo en q;~ se cu:de
y cele la observancia de lo prevenido y mandado por dicho IlustnS1mo senor
Parada en su auto general de visita y que se cumpla punto por punto_ al
pie de la letra en la forma que en él se previene, sin permitir su con~ravenc1~n
en manera alguna" (Folio 49 y vuelta). Inmediatamente, en el mismo foho,
se asentó que doña Josefa Francisca Cantú del Río y la Cerda "ha ofrecido
libremente hacer a su costa uno de los cruceros de dicha iglesia (parroquial,
hoy Catedral) y poner en él un altar dedicado a la Santísima Trinidad, adorJ El Obispo Gómez de Parada nombró maestro de la escuela de esta ci~dad a don
Martín de Arrambidc, a mediados de enero de 1742, como asenté en el numero 5 de

"Humánitas".

344

nándolo de todo lo necesario, y (ha) pedido a Su Señoría Ilustrísima le conceda licencia para fabricar un sepulcro o bóveda en dicho crucero o capilla
para que se sepulte su cuerpo y los de sus hijos y demás descendientes . ..
atendiendo a lo mucho que benefició a esta iglesia el general don Francisco

Ignacio de Larralde, marido que fue de la dicha doña Josefa y a los crecidos
suplementos que hizo para su fábrica material, a más de lo que gastó en ella.
de su propio caudal de que jamás le hizo cargo, en recompensa de su celo
y aplicación con que se dedicó al aumento y servicio del culto divino, le con-

cedía y Su Señoría Ilustrísima concedió a la susodicha el que pueda hacer
el dicho crucero o capilla con su altar y colateral dedicado a la Santísima
Trinidad ... " (Folios 49 vuelta y 50) Por último, el citado Obispo confirmó
"a un mil ciento setenta y tres personas ... " (Folio 50).
Enseguida, en los folios 50 y vuelta, aparece un edicto del Obispo Martínez
de Tejada, expedido en Monterrey el mismo día 16 de septiembre de 1753,
"estando en nuestra actual y general visita", en el que conmina a los curas
beneficiados, vicarios jueces eclesiásticos y padres ministros de doctrina para
que hagan cumplir un edicto general del mismo ilustre prelado, expedido un
año antes, sobre la prohibición de los juegos de apuesta, que aún no había
sido publicado en muchos lugares de su Obispado a pesar del tiempo transcurrido.
En el folio 63 vuelta se encuentra un despacho del citado Obispo, fechado
el día primero de diciembre de 1753, dirigido a los vicarios y sus tenientes,
ordenando que remitan todos los negocios eclesiásticos a su Secretario de Cámara y Gobierno y "de ningún modo" a la Notaría Mayor del Obispado,
"como se ha introducido de poco tiempo a esta parte.• . . "
Edicto del mismo Obisp"O, dado en el palacio episcopal de la ciudad de
Guadalajara el 24 de abril de 1754 (Folios 71 a 73).
En los folios 85 y vuelta se encuentra en testimonio una carta de don Miguel Francisco de Vargas, Secretario del señor Obispo, fechada en Guadalajara el 28 de marzo de 1755 y dirigida a los vicarios y curas del Nuevo Reino
de León.
Despacho del mismo Obispo, fechado el 28 de mayo de 1755, en el que
manda a todos los vecinos y moradores de ambos sexos del Nuevo Reino de
León, que vayan a contraer matrimonio y tuvieren impedimentos dirimentes
por consanguinidad u "otra cualesquiera forma", soliciten el beneficio de la
dispensa (Folios 89 vuelta a 90 vuelta).
En los folios 91 vuelta a 94 aparece otro edicto del Obispo Martínez de
Tejada, fechado el 4 de abril de 1755 (" ... mandamos que ninguna persona
de cualquier calidad o estado que sea, sea osado entrar en las iglesias con
gorro o birrete, escofia, pelo atado o paño . .. ") .

345

�Por último, en los folios 95 a 97 se halla un edicto del mismo Obispo,
fechado el 17 de mayo de 1755, dirigido al clero secular y regular de su diócesis.

•
Libro 10 de Bautismos: Abril de 1759 - Agosto de 1768.
Este libro consta de 210 folios numerados.' Contiene cerca de 1340 partidas sin numerar. Al margen de casi todas aparece el nombre del bautizado
y su calidad.
Ostenta una carátula manuscrita: "Libro en que se asientan las partidas
de bautismos que se hacen en esta Parroquial de Monterrey, perteneciente a
esta administración del cargo del señor Bachiller don Bartolomé Molano, Cura

por Su Majestad de esta Ciudad y su feligresía. Y comienza hoy veinte de
abril del año de 1759".
Todas las partidas de bautismo, desde el folio 1 hasta el 132, se encuentran
firmadas por el bachiller Molano. Lo último que aparece con su nombre es
la siguiente nota: "Desde hoy, 19 de abril de 1765 años, por hallarme sumamente fallo de la vista y no serme posible firmar con perfección, seguirán
firmando las partidas de este libro, respectivamente, los padres tenientes de
este beneficio. Y para que conste puse esta razón que firmé en dicho día,
mes y año. Bachiller Molano". En adelante, hasta el folio 191, rubricó las
partidas el bachiller Pedro José de Esparza, quien también firmaba así: Pedro
de Esparza o Pedro José García de Esparza.' (Tres partidas aparecen rubricadas por el bachiller Ildefonso Ramos y Gómez, teniente de cura, en los folios
156 y vuelta). En el mismo folio 191 y vuelta hay tres partidas sin firma.
Enseguida se hizo cargo de la administración de sacramentos el bachiller Francisco Manuel Polanco, "como teniente de cura", quien suscribió las partidas
hasta el folio 20 l. Desde ahí hasta el fin del libro ya no fueron firmadas.

Algunos folios están manchados por la humedad, pero esto no impide su
consulta. En general se encuentran muy bien conservados.
El libro concluye con una nota que dice: "Finalizado en el día de la
fecha y siguen".
En los folios 197 y 198 probablemente se cometió algún error, pues fueron suprimidos.
En el folio 151 se encuentra la siguiente anotación: "En veinte y dos de diciembre
de mil setecientos sesenta y cinco años, por dignación del Ilustrísimo Señor Doctor
Diego Rodríguez de Rivas y Velasco, dignísimo Obispo de esta Diócesis, mi Señor, me
llegó título de Cura Interino de esta ciudad y su feligresía, y en esta virtud me he
hecho cargo de todas las alhajas y ornatos de esta Santa Iglesia Parroquial y de este
libro de asientos. Y para que conste pongo esta razón en dicho día que firmé de mi.
puño. Bachiller Pedro de Esparza".
3
4

346

ALGUNAS PARTIDAS NOTABLES

La primera partida de este libro está fechada el 20 de abril de 1759. Es el
bautismo de Francisco Xa~ier Teodoro, "de ocho días nacido", hijo legítimo
del Sargento Mayor Antomo de Urresti y doña María Francisca de Larralde.
Don Francisco Xavier de Urresti fue Capitán de la Primera Compañía de
Milicias Urbanas y tuvo el cargo de Protector del Pueblo de Nueva Tlaxcala
de Nuestr~ Señora de G_uadalupe de Horcasitas (hoy Villa de Guadalupe,
Nuevo _Leon). Fue tambien Alcalde Ordinario de Monterrey en 1795, 1801 y
1802 siendo además Regidor Alguacil Mayor vitalicio en el Ayuntamiento
reg10':1ontano de 1787 .ª 1807. A fines del siglo XVIII y principios del XIX
ocupo en vanas ocasiones, interinamente, el Gobierno del Nuevo Reino
de León.
En el folio 39 vuelta (octubre 21 de 1760) se encuentra el bautizo de
Jo:é Froilá~, "de _doce días nacido", séptimo hijo legítimo de don José Joaqum de M1er Nonega y de su segunda esposa doña Antonia Francisca Guerra.
Don Froilán de Mier fue Alcalde Ordinario de esta ciudad en 1784 1800
1813 y 1815; Procurador General en 1796; Regidor Honorario del Ayunta'.
miento de Monterrey en 1798 y 1799 y, por último, siendo Alcalde en el
año 1815, tuvo además el cargo de Gobernador Político Interino del Nuevo
Reino de León. Este caballero fue hermano camal del célebre Fray Servando.
El 26 de fobrero de 1761 se asentó (folio 45 vuelta) el bautizo de José
Agabo, ongmano del valle de San Pedro (Garza García), uno de los diez
hijos legítimos del Capitán Pedro de Ayala y doña Clara María Guerra vecinos de dicho valle. Nieto, en línea paterna, del Capitán José Cayetan~ de
Ayala y doña Josefa Francisca de Treviño y, en línea materna, del Capitán
Juan Guerra Cañamar y doña Juana Flores de Abrego, antiguos pobladores
del Nuevo Reino de León. Don José Agabo de Ayala figuró prominentemente, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, en el Ayuntamiento
de Monterrey.
~n el folio 105 vuelta se inscribió el bautizo (28 de octubre de 1763) de
Jase Servando de Santa Teresa, "de nueve días nacido", octavo hijo legítimo
de don Joaquín de Mier y de su segunda esposa doña Antonia Guerra. Es
el futuro dominico Fray Servando Teresa de Mier.
En el folio 160 aparece el bautizo (28 de mayo de 1766) de Bernardo
Pedro Regalado, hijo único de don Ignacio Ussel y Guimbarda, Gobernador
del Nuevo Reino de León, y de su esposa doña María Josefa de Larralde.
Don Bernardo U ssel y Guimbarda fue Alcalde Ordinario de Monterrey en
1804 y Regidor Fiel Ejecutor del Ayuntamiento regiomontano de 1806 a
1810. A partir de 1809 figura como Regidor Perpetuo. En 1811 ocupó el cargo
347

�de Vice-Presidente de la Junta Gobernadora del Nuevo Reino de León. Era
en ese año, además, Regidor Fiel Ejecutor del Ayuntamiento reinero y Alcalde Ordinario de esta ciudad; en 1812 tuvo sólo el primer cargo y en
1813 ejerció los dos. Desde el año 1813 aparece como "decano del Ayuntamiento". A fines del siglo XVIII y principios del XIX fue Teniente de los
Gobernadores don Manuel de Bahamonde y don Santiago de Villarreal.
El 14 de septiembre de 1766 recibió el santo sacramento del bautismo
María Adriana, "de siete días nacida", hija legítima de don Joaquín de Mier
y doña Antonia Guerra (Folio 165 vuelta). Doña Adriana de Mier fue esposa de don José Joaquín de Ugartechea, genearca o fundador de su apellido
en Nuevo León.

lo menos las cinco reglas de contar, para la enseñanza de los mnos de la
escuela, a quien se le darán anualmente para ayuda de su manutención veinte
y cinco pesos en reales, los cuales se ha de ir sacando de los ochenta pesos

que sobran de los un mil depositados y que dichos un mil pesos procure
dicho Vicario Eclesiástico imponerlos a réditos en finca segura y de su satisfacción y los que así produjeran se vayan depositando hasta que haya competente cantidad para que también se imponga y se vaya juntando una mediana congrua para un sacerdote que se ejercite en enseñar la Gramática a
los niños de esta ciudad, y en acabándose los dichos ochenta pesos se tomará

el salario de la importancia de dichos réditos reservando lo demás que sobrare
para el referido fin". Por último se asentó que el ilustre prelado confirmó a

878 personas. Este auto de visita se encuentra en los folios 18 a 23.

•

AUTO DE VISITA

El 14 de enero de 1760, Su Ilustrísima el señor don Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada, Obispo de Guadalajara, llegó a la Ciudad
de Monterrey en su visita pastoral. Consultó los libros 9 y 10 de bautismos
y "declaró estar dichos libros y sus partidas con la debida expresión y formalidad . .. " Se asienta, entre otras cosas, que el padrón de la ciudad y su
jurisdicción "se compone de tres mil setecientas sesenta y siete personas ... "
(Folio 20) El día 17 Su Señoría Ilustrísima se trasladó al Pueblo de Nuestra
Señora de Guadalupe (hoy Guadalupe, Nuevo León), "que dista una legua
de esta ciudad", y visitó la iglesia y su altar mayor "que halló en conveniente
forma", ordenando al cura beneficiado que ~'procure ir ornamentando la dicha

iglesia como cómodamente pueda y que la fábrica material de ella la prosiga
de cal y piedra, como lo deja ordenado para su mayor duración y perpetuidad". (Folio 21) El Padrón de los indios de dicho pueblo ascendía a 69
familias, compuestas por 255 personas, incluyendo 72 párvulos. (Folio 22)

Libro JI de Bautismos: Septiembre de 1768 - Abril de 1779.

Consta este libro de 163 folios. En los cinco primews aparece destruída la
esquina superior derecha, donde se acostumbraba anotar el número del folio.

Otros ya no tienen la numeración debido al uso y los efectos de la humedad.
En algunos más casi no se distingue a causa de una mancha· de tinta.

El folio 145 es en realidad el 144 porque éste, por equivocación, no fue
anotado. Es decir que lo saltaron, pero no es que falte.
El folio 149 se encuentra muy deteriorado. En él están inscritas la última
fe de bautismo del mes de octubre de 1778 y ocho partidas de noviembre del
mismo año.

PÁRROCOS

Enseguida aparece otra noticia inédita relacionada con la enseñanza en Mon-

terrey: "Y porque en poder de doña Josefa Francisca Cantú del Río y la
Cerda se hallan depositados un mil ochenta pesos y un real, de principal,
los quinientos que dejó el General don Francisco Báez Treviño para la manutención de una escuela en esta ciudad, en que se cuidará de la buena crianza,
educación y aprovechamiento de los niños, y estaban impuestos sobre la casa

de la morada del actual cura beneficiado de donde se redimieron, y los quinientos ochenta pesos y un real, que produjeron de réditos en el tiempo que
duró la dicha imposición, debía mandar y Su Señoría Ilustrísima mandó que
dicho Vicario Juez Eclesiástico promueva el establecimiento de dicha escuela
y solicite ,un maestro de buena vida y costumbres que sepa leer, escribir y a
348

Desde la primera fe de bautismo inscrita en el folio 1 hasta el folio 9, las
partidas -sesenta en total- fueron firmadas por el bachiller Pedro José de
Esparza, excepto una que también aparece rubricada por el bachiller Francisco Antonio de Larralde. Hasta el folio 99 todas están firmadas por el doctor José Antonio Martínez. En seguida aparece la siguiente nota: "Desde hoy,
cuatro de marzo del corriente año de setecientos setenta y seis, por viaje que

hago a la ciudad de Guadalajara, seguirá firmado las partidas de este libro
y los demás de esta administración el Bachiller Don Alejandro de la Garza,
por dejarlo substituido en mi lugar de este beneficio curado (sic). Y para
que conste lo firmé". En efecto, el bachiller De la Garza las firmó todas,
349

�excepto una, hasta el folio 136.' Después, hasta el folio 158 vuelta, lo hizo el
doctor José Antonio Martínez. Inmediatamente hay otra anotación: "Hoy
doce de febrero del corriente año de setenta y nueve, por ascenso del señor

doctor don José Antonio Martínez, cura propio de esta ciudad, a la canongía
penitenciaria de la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara, qued6 a mi cargo
este curato y administración de su feligresía, en cuya virtud sigo como cura
interino de él firmando estas partidas. Y para que conste lo puse por diligencia y lo firmé. Bachiller Alejandro de la Garza". Por lo tanto, de ahí en
adelante, hasta el final del libro, sigui6 el mencionado bachiller.

LAS PARTIDAS

En la primera partida, fechada el lo. de septiembre de 1768, se aclara que
el bautizo fue "en esta Parrochial de Monterrey". Este dato aparece asentado
en casi todas con otras variantes, por ejemplo: "en esta Ig.ª Parroq. 1 de Ntra.

S.• de Monterrey". Pero en el folio 150 vuelta dice: "Nota. Hoy veínte y
tres de noviembre de setenta y ocho ( 1778), remiti6 el sacristán de Pesquería
Grande (Villa de García) las partidas de bautismo que se han hecho en
aquella Ayuda de Parroquia, desde primero de noviembre del año pasado
hasta veinte y seis de octubre del corriente. Y para que conste los días propios en que se hicieron, mandó se asentaran en sus fechas como siguen y lo
firmé. Doctor José Antonio Martínez". En efecto, en los folios 150 vuelta a
153 vuelta se asentaron 32 partidas de bautismo pertenecientes a la actual
Villa de García, que se hicieron desde el primero de noviembre de 1777 hasta
el 26 de octubre de 1778. Debo aclarar que, en las cuatro partidas de noviembre y en una de diciembre de 1777, se rectific6 el año y se puso err6neamente 1778. También los dos encabezados del folio 151 que dicen "Dbre de
1778" y "Henero de 1779" están equivocados, siendo verdaderas trampas en
las que puede caer el investigador; lo correcto es "Diciembre de 1777" y
"Enero de 1778".

Al iniciarse el año 1777, a partir del folio 111 vuelta, por primera vez se
numeran las partidas de bautismo. Al empezar los años de 1778 y 1779 se
inicia otra vez, al margen, la numeración. Se registraron 170 partidas en el

año 1777, pero repitieron los números 131 y 151, por lo tanto son 172. En

1778 anotaron 176 Y hasta el fínal del libro, en abril de 1779, asentaron 81.
Son 429 partidas, incluyendo las 32 de Pesquería Grande, pero hay que añadir
las que se encuentran sin numerar desde el primer folio hasta el 111 vuelta

que son casi 1100.

'

ÜTRAS ANOTACIONES

En el folio 16, al margen, hay una aclaración acerca de una fe de bautismo
que se dice fue asentada más adelante, en el folio 15 7 vuelta. La misma aclaración se repite en el folio 22, sin embargo la partida aparece inscrita en el
folio 158 vuelta.

En cada uno de los folios 30, 59 y 81 vuelta, al margen, se anot6 con letra
muy pequeña una fe de bautismo. La partida asentada en el margen del
folio 81 vuelta lleva la siguiente anotaci6n: "esta partida se hallará por duplicado a folio 157", pero fue inscrita en el folio 158 vuelta.
Otra aclaraci6n aparece en los folios 159 y vuelta: "Esta partida no vale por
estar duplicada a la vuelta".

AUTO DE VISITA

En los folios 119 a 123 ap·arece un interesante "Auto General de Visita",
fechado el 10 de julio de 1777. El doctor don José Antonio Martínez, Juez
Visitador y Vicario General, ordenó después de su visita, entre otras cosas,
"que se retoque la antigua Patrona" y "se demarque el cementerio, aunque
sea con pared sencilla, para que se le guarde su inmunidad ... " (Folio 120
vuelta) El padrón de la feligresía "asciende al número de cinco mil doscientas
treinta y cinco personas, con la inclusión de los pátvulos . .. " Se menciona al

bachiller Juan José Paulíno de Rumayor, presbítero del Obispado, "preceptor
de la clase de Gramática de esta ciudad" (Folio 121). Por último, hay algunas noticias interesantes sobre el Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe

(hoy Guadalupe, N. L.) y su iglesia, "que están fabricando a piedra y cal ... "
(Folio 122 vuelta).

6 En el folio 107, al margen, se anot6: "Aunque el día 13 de este mes vino de Guadalajara · el señor cura propietario, por traer las comisiones de Juez Visitador y Vicario
General de este Reino, me manda siga firmando las partidas como cura sustituto.
Y para que conste lo rubriqué de mi apellido", pero no lo rubricó el bachiller Alejandro

de la Garza.

350

351

�DON MART!N DE ZAVALA, PROMOTOR DE LA AGRICULTURA
Y LA GANADERIA EN EL NUEVO REINO DE LEÓN
EUGENIO DEL HOYO

Instituto Tecnol6gico de Monterrey

LA

AGRICULTURA

EN EL PERÍODO que va de la fundación definitiva de la ciudad de Monterrey
por Diego de Montemayor en 1596 a la llegada de don Martín de Zavala
al Nuevo Reino de León en 1626, todo habían sido intentos fracasados o ensayos infructuosos; sólo bajo el gobierno de don Martín de Zavala, el Nuevo
Reino va tomando forma, consolidándose, poblándose, y los fracasos y los
ensayos, convirtiéndose en logros y realizaciones. Es cierto que la colonización
agrícola se había iniciado en el período anterior; pero, el estado constante
de "guerra viva", así como la falta de un gobierno fuerte y eficaz, no menos
que la incuria de los vecinos, hicieron que los resultados fuesen tan precarios,
que la producción agrícola no bastaba para alimentar a la escasa p·oblación.
Los diez primeros años del Gobierno de don Martín se nos presentan como
años de inercia en que se prolongan, en lenta transición, todos los graves pro~
blemas de la época inmediatamente anterior. El cambio se opera, ya en forma
vigorosa, hasta el año de 1637, que corresponde a la fundación de la Villa
de Cadereita y que se explica por la entrada al Reino de un importante y
valioso contingente de nuevos pobladores, a partir de 1635, provenientes, los
más de ellos, de zonas en que la explotación agrícola y la cría de ganados
constituía una temprana y vigorosa tradición: Huichapan, Tepatitlán, San
Luis de la Paz, Puebla de los Angeles, Querétaro, Guadalcázar, son algunos
de los lugares de origen de aquellos colonos. El foco principal de esta nueva
corriente migratoria se localizaba en Huichapan en la Provincia de Jilotepec, 1
1
Véase la lista de los fundadores de la Villa de San Juan Bautista de Cadereita
en JosÉ ELEUTERIO GoNzÁLEZ, Lecciones Orales, etc., p. 68.

353
H23

�tan famosa ya al mediar el siglo XVI, tanto por su fuerza de expansión colonizadora hacia el norte de la Nueva España, representada por aquellos indios
caciques conquistadores, de raza otomí, como don Juan de Tapia o don Nicolás de San Luis Montañez, como por su fabulosa riqueza ganadera. Era
esta además una de las zonas de más intenso mestizaje y de más temprana

un nuevo tipo humano, más dúctil y complejo y, por lo mismo, menos conservador que el de los antiguos pobladores; las costumbres, las tradiciones y
el folklore iban a recibir también tan decisivo y favorable impacto.

tenemos la impresión de que la mayor parte de los u españoles"
que entran al Reino desde esa región, eran en realidad mestizos o castizos y
vienen con ellos gran cantidad de "indios laborios", mulatos, zambos, coyotes,

Zavala, sino también a las actividades de los nuevos colonos y al espíritu innovador que representaban.

'
'
aculturación;

etc. Don Luis de Zúñiga Almaraz declara en una relación de méritos el 16
de abril de 1635 haber venido del Pueblo de Huichapan "con mucha cantidad de ganados menores, con seis españoles que a su cargo los traían y más
de cien personas, indios e indias, chicos y grandes, y negros, para la guarda
del dicho ganado",' y en 1642 su hermano don Juan de Zúñiga Almaraz al
pedir licencia para el traslado de un obraje, dice: "Habrá tiempo de cuatro
años . .. que yo entré a poblar la Villa de Cadereita ... con más de cuarenta
indios naboríos con sus hijos y mujeres";' Juan Alvarez de Godoy, también
originario de Huichapan, en su relación de méritos de 16 de abril de 1635,
dice: "había entrado a dicho Reino ... con cinco españoles y más de setenta
indios e indias, chicos y grandes, y negros esclavos"/ y el 26 del mismo mes

y año, Mateo de Arce declara: "que ha entrado. . . con mucha gent~ española indios laborios y esclavos". 5 A estos numerosos indios mesoamericanos,
cristianos y "políticos", hábiles en los trabajos mineros y agropecuarios, _así

como en las artesanías, se debe la intensa nahuatlización del Nuevo Remo
que lo mismo se manifiesta en la toponimia que en el habla popular,º ~n el
folklore· a ellos se debe también, en gran parte, el incremento econom1co Y

'

,

.

la elevación del estandard de vida, ya que, en su gran mayona, eran romeros
u hortelanos, albañiles, carpinteros, tejedores o alfareros, pintores, canteros,
entalladores e imagineros; por último, frente a la ignominiosa esclavitud sufrida por los indios "naturales", estos indios "laborios" que se sabe~ ?ro~e-

gidos por las Leyes de Indias, defienden celosos sus_ derech~s. y pnv1leg1os
como lo demuestran multitud de documentos del Archivo Mumc1pal de Monterrey. No es pues extraño que esta nueva corriente de po?lación no, sólo viniese a fomentar vigorosamente la hasta entonces precaria econom1a agropecuaria del Nuevo Reino, sino a influir decisivamente en la integración de
Cedulario Autobiográfico de Poblaciones Y Conquistadores
de Nuevo Le6n. Monterrey, 1964, cédula 425 .
• "Licencia para el traslado de un obraje de Juan de Zúñiga Y AlmaTtzr''. Cecralvo,
17 de octubre de 1642. A.M.M., Civil, vol. IIIi exp. 11.
.
4
ISRAEL CAvAzos GARZA, Cedulario Autobiográfico de Pobladores y Conquistadores
de Nuevo Le6n. Cédula 5.
' ISRAEL CAVAZOS GARZA,

' !bid. Cédula 8.

3j4

Debemos señalar aquí la resistencia sorda y encelada que oponían los an-

tiguos pobladores o sus descendientes, no sólo al Gobierno de don Martín de

El régimen de propiedad de la tierra sufrió un notable cambio en este período al surgir una tendencia muy marcada a la formación de grandes propiedades; el término "caballería" va siendo sustituido por la palabra "estan•
cia" que "debían ser cuadrados orientados de Este a Oeste, y medir una legua
por lado ( las de ganado mayor) o sean tres mil pasos, que son cinco mil
varas; y dos mil pasos o tres mil trescientas treinta y tres varas las de ganado
menor; lo cual representaba más o menos mil setecientas hectáreas las primeras y setecientas ochenta hectáreas las segundas". 8 En otras palabras, la

unidad de medida era ya notablemente mayor que en el período anterior.
A partir de 1635, se forman verdaderos iatifundios que estudiaremos al hablar
de la ganadería. El proceso de este fenómeno económico es muy simple: en
primer lugar, don Martín de Zavala concedió mercedes de tierras con mano
pródiga extralimitándose de sus facultades 7 y, en segundo, unos pocos terratenientes fueron adquiriendo, por compra o por otros medios, las antiguas

mercedes; sin embargo, en el Nuevo Reino de León no llegó a desaparecer
la pequeña propiedad agrícola, que generalmente estaba localizada en las
cercanías de las ])'oblaciones; las grandes propiedades eran ganaderas y se
extendían por el inmenso "despoblado". A través de los documentos estudiados hemos podido observar un interesante fenómeno que explica, en parte,

la constante importancia de la pequeña propiedad dentro de la tenencia
de la tierra en Nuevo León. Siendo las familias muy prolíficas y estando reducidos los bienes de fortuna a la tenencia de la tierra y no existiendo otros
caminos vitales que seguir, al partir la herencia entre los muchos hijos, las

grandes propiedades volvían a fragmentarse en parvifundios.
En 1626, en que el único lugar habitado por "españoles" en el Nuevo Reino
seguía siendo la Ciudad de Monterrey, en un radio no mayor de ocho leguas
a partir de dicha ciudad, estaban establecidas siete "estancias": la de San

Francisco de Bias de la Garza y Alonso de Treviño, la de Gonzalo Femández
• FRAN~o1s CHEVALIER,

La formaci6n de los grandes latifundios en México. Mé•

xico, 1956, p. 84.
' "Real cédula sobre las mercedes de tierras hechas por don Martín de Zavala en
el Nuevo Reino de León". Madrid, 9 de mayo de 1672. A.G.N. Reales Cédulas, dupli•
cados, vol. XXX, exp. 86. Documento inédito, copia mecanográfica en la Biblioteca
del Instituto Tecnológico de Monterrey.

355

�de Castro, yerno de Diego Rodríguez, la de Bias Pérez, la de Bemabé de las
Casas en el Valle de las Salinas, la de Alonso Díaz de Camuño en el puesto
de los Muertos, la de Miguel Sánchez Sáenz, yerno de José de Treviño
y la de Diego de Montemayor, nieto del fundador de la ciudad; algunas otras
que se habían fundado en años anteriores, en ese de 1626 estaban despobladas
por causa de la guerra, como la de la Pastora, fundada en 1598 por Juan
López, la de Juan Pérez de los Ríos en Pesquería Chica, la que fuera de
Diego Díaz de Berlanga y que al pasar por compra a Pedro de la Garza en
1605, se llamó San Nicolás de los Garza. Pero, a partir de 1637, con la fundación de las Villas de Cadereita y Cerralvo, del Valle de las Salinas, y el
Alarno, así como con el incremento de la población, las "labores", "estancias" y ' 1haciendas" se fueron multiplicando, como lo demuestran las muchas
solicitudes de mercedes de tierras presentadas ante don Martín de Zavala.
Además, los documentos consultados nos permiten afirmar que ya en este
período los trabajos agrícolas se hacen en mayor escala y con técnicas más
eficaces que en el período anterior: En 1634 Bias de la Garza y Alonso de
Treviño declaran que su hacienda de San Francisco había proveído a "la dicha
ciudad (Monterrey) y esta Villa (Cerralvo) en muchos bastimentos y ganados ... y que habían venido a multiplicarla de tal suerte, que estaba a punto
de ser muy poderosa, así de panes que se cogían en ella como de ganados
mayores y menores, y gran cantidad de caballada que tenían ... "; 8 en 1642
Don Juan de Zúñiga Almaraz dice, haciéndo relación de sus méritos: " ... abrá
tiempo de cuatro años ... . que yo entré a poblar la Villa de Cadereita ...
con ... más de cuarenta indios naborios con sus hijos y mujeres y muchos
bueyes mansos, rejas y aperos para fundar haciendas de labor. . . y he estado
sacando una acequia de agua para labor, más tiempo de un año, que me ha
costado más de dos mil pesos de maestro y españoles que están sobrestantes
con salario en la dicha acequia . .. " 9 Sabemos por Díaz de la Calle, que
don Martín de Zavala en Cadereita ''porque el río está a gran distancia, hizo
hacer encañado y acequia para llevarle a ella, obra que dura más ha de
10
cuatro años, con grande gasto, y se quedaba prosiguiendo" .
Nos dice Alonso de León que antes de la entrada de las ovejas al Reino
en 1635 "no había sementeras, más que de trigo, y eso, sólo el necesario
para comer; no había saca, antes de Zacatecas traía el Gobernador lo que
se gastaba en Cerralvo; maíces no se sembraban, sino muy poco y mal, y en
berzas; se iba con el gasto de las haciendas de ovejas, que estaban habituadas
más al maíz que al trigo. Se empezaron a hacer labores, y una semilla de
8 lsRAEL CAvAzos GARZA,

maíz que envió don Juan de Zúñiga de Guadalcázar, privó y se da muy
bien; el que antes se sembraba, no acudía: hoy se coge cantidad en cada
labor, y doblado trigo que antes, tanto que con haberse acrecentado los gastos ( con el aumento de población), se suele hacer saca de ello habiendo
falta allá fuera. Arroz se da en cantidad tan gruesa y mejor que el de Castilla" .ª Hay que advertir aquí que el trigo que salía del Reino salía ya elaborado, convertido en harina; en casi todas las solicitudes de mercedes de
tierras y aguas, se solicitan "saca de agua para acequia" y "herido de molino".
Estos molinos eran grandes muelas de piedra movidas por agua. Uno de los
fines principales que se pretendían al intentar restablecer la comunicación
con la Huasteca, era abrir mercado a las harinas que salían de esos molinos;
ya en 1609 "salió el capitán Joseph de Treviño a hacer una jornada a la
Huasteca, con una recua de harina" 12 y esa "harina" fue lo que lo salvó de
una muerte segura: "llegó al Estero, catorce leguas de Tamaulipas; saliéronle
muchos indios; el paso era estrecho; tuvo por mejor acuerdo de derramarles
allí la harina y volver para, con carretas y más fuerza, hacer el viaje". 13 y
el año de 1645, nuestro cronista Alonso de León, salió de Cadereita "para
efectuar lo que tanto se deseaba, que era la comunicación de este Reino con
la Provincia de la Huaxteca y Puerto de Tampico ... llevamos treinta mulas
cargadas de harina para muestra de la que en este Reino se daba . . . " 14 Como
se ve, la industria harinera es de rancio abolengo en Nuevo León y el gusto
por la tortilla de harina muy antiguo.
No sólo se cultivaban trigo y maíz, sabemos por el cronista que el arroz
se daba en gran cantidad y "tan grueso y mejor que el de Castilla" . La caña
de azúcar, que empezara a cultivarse desde fecha tan temprana, llegó, con
el tiempo, a constituir uno de los cultivos más importantes, como lo demuestra la gran cantidad de trapiches o molinos de caña mencionados en los documentos y, la caña de azúcar, al igual que el trigo, fue industrializada y el
piloncillo" o "panocha" del Nuevo Reino, tenía amplio mercado en la zona
minera zacatecana y otros lugares del Norte de la Nueva España. Aunque
sólo tenemos un dato sobre el cultivo del algodón, conjeturamos que no se
trata de un hecho singular: en 1648 doña Juliana de las Casas, hija de Bernabé de las Casas, dice en un pleito sobre una ranchería de indios de encomienda: " ... y por ser p'obre y enferma, que al presente estoy en la cama;
11 ALONSO DE LEÓN,

u

lbid., p. 133.

18

lbid., p. 133.
]bid., p. 160.

Cedulario. Cédula 141.
u

' Ver nota 3.
10 JUAN DIEZ DE LA CALLE,

Relaci6n y Discursos, p. 143.

Memorial y Noticias Sacras, p. 232.

357
356

�y que con los dichos indios me sustento sembrando un poco de algodón y
otras cosas ... " 15
Todos los antiguos historiadores y v1a1eros nos hablan de la fertilidad de
las tierras y la abundancia de las aguas; de los pastos siempre verdes y las
hermosas arboledas. Juan Díaz de la Calle, hablando de Cerralvo, dice : "Esta
Villa y su distrito abunda de muchas aguas, y por medio ella pasan los arroyos,
son sus campos muy apacibles y deleitosos", 16 y dice de Cadereita: "Su distrito es de alegre sitio y fertilísimas tierras. . . En sus distritos ( de las dos
Villas) se coge mucho trigo, maíz, frijoles y otros frutos y legumbres con
abundancia .. . (hay) grandes montes para carbón y muchas aguas para la
labor de las mismas" .11 Alonso de León hace su elogio diciendo : "Es tierra
fértil, de muchos pastos y casi siempre verdes. Dan se los panes muy bien;
todas semillas y géneros de árboles frutales, de muy gran sabor y gusto; muchos melones, sandías y todos géneros de semillas. Sólo falta, lo que no puedo
decir sin gran lástima, hombres curiosos y trabajadores, con cuya causa no
hay sino muy poco de cada cosa, pudiendo haber en tanta abundancia, que
se pudiera pasar con mucho gusto la vida" ,1 8 y, añade: "Tres géneros de
frutas lleva este Reino, como las puede haber en España: higos, melones y
sandías; uvas me han dicho las hubo en las Salinas, que hacían ventaja a
las de Castilla, que se tienen p·o r buenas" .19

LA GANADERÍA

Mucho más importante que la agricultura, lo fue la ganadería en la vida
económica del Nuevo Reino de León. A pesar de la "guerra viva" y del
especial atractivo que los animales domésticos ejercían sobre los "naturales",
que consumían de ellos grandes cantidades, los ganados se multiplicaban en
forma prodigiosa y los hatos, manadas y rebaños iban, poco a poco, en forma
progresiva, aprovechando los "pastos casi siempre verdes" de aquel inmenso
"despoblado"; los "cimarrones", "mesteños" u "orejanos", cruzaban los desiertos, habitat de los nómadas, provocando notables cambios, tanto en su
alimentación, como en sus costumbres.
Mientras que la explotación agrícola, casi toda de pequeña irrigación, que13
«Pleito sobre indios entre doña Juliana de las Casas y Diego de Villarreal". Monterrey, 1648. A.M.M., Civil, vol. V, exp. 2.
1
ª JUAN DIEZ DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacras, p. 230.
" !bid., p. 231.
1
ª ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, p. 82.
19
/bid., p. 83.

358

daba localizada en los aledaños de los escasos y pequeños centros de población, las "estancias de ganado" se iban alejando como avance temerario de
la acción colonizadora y como única base de la ocupación extensiva de las
tierras. Fue la ganadería y no la agricultura la que condicionó la formación
de los latifundios en el Norte de México, y muy especialmente en el caso
particular de Nuevo León. La "estancia de ganado", que al decir de Charles
Julián Bishko, " . .. implica el criadero de ganado en número considerable sobre extensas tierras de pastos con el propósito primario de la gran producción
de carne y cueros . . . " 20 y que tiene sus más hondas raíces en los "ranchos
ganaderos" de la España medieval, floreció con extraordinario vigor en los
amplios "despoblados" de Aridamérica. El "rancho ganadero", antecedente
de la "estancia de ganado", siendo ésta a su vez el antecedente de la "hacienda" mexicana, tiene su origen en las tierras semidesérticas de la Meseta
Central de la Península Ibérica y, muy especialmente, en regiones como Zamora y Salamanca, en León o Segovia y Avila al Sur de Castilla la Vieja.
Desde esta área original, mediante la Reconquista, el "rancho ganadero" se
extendió hacia el sur por los extensos pastizales de Castilla la Nueva, Extremadura y el Alentejo, en Portugal y, a partir de 1250, con la reconquista
de Andalucía por Femando III, el "rancho ganadero" surge, renovado y
vigoroso, en el Valle del Guadalquivir. Y fue así como el urancho ganadero',
que había sido, desde una remota antigüedad, institución peculiar a la Pe•
nínsula Ibérica, "cosa de España", en tierras de Extremadura y Andalucía,
iba a adquirir las características definitivas con que llegaría a tierras de América. Dice Bishko: " ... la llanura de Andalucía vino a ser, en la edad media
cercana, la única región de la Península, y posiblemente de toda Europa,
donde la vida pastoril, y la verdadera vida campesina en general, fue dominada por una floreciente y altamente (sic) organizada economía de ranchos
ganaderos. El hecho de que muchos de los más antiguos colonizadores de las
Canarias y de las Indias proviniesen de esta andaluza región ganadera, la cual
estaba en su apogeo en el siglo XV y principios del XVI, o del no muy diferente ambiente ganadero de Extremadura, summ1stra una pista muy significativa sobre los adelantos ganaderos, muy especialmente en los ranchos de
ovejas en las colonias americanas". 21
Hemos querido insistir sobre este origen andaluz o extremeño de la Hestancia
de ganado", que tan bien se refleja en nuestro folklore campesino, para poder
explicar la presencia en el Nuevo Reino de León de importantes instituciones
~ CHARLES JuLIÁN BISHKO: "The peninsular background of Latin American Cattle
Ranching" en The Hispanic American Historical Review, vol. XXXII (noviembre
1952), número 4, pp. 491~515, La cita se encuentra en la p. 494.
11
/bid., p. 495.

359

�que le son peculiares dentro del marco novohispánico, como la Mesta y la
trashumancia de los ganados menores.
No fue ciertamente sólo un capricho el haber llamado, en su descubrimiento,
"Valle de Extremadura" al lugar en que habría de erigirse la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey; sus descubridores, tal vez uno de
ellos extremeño, han de haber encontrado evocadoras semejanzas: una y
otra fueron, a sus tiempos, tierras de "frontera", de "guerra viva", planteles
de hombres de armas; cuando Bishko describe el clima en la cuenca de Guadiana, nos parece que está hablando del clima del Noreste de Nuevo León:
1
' tierra de prolongados y abrasadores veranos y de frígidos inviernos sin nieve,
-de régimen pluvial inadecuado cuyos efectos se agravan con un alto grado de
-evaporización y con la extremada permeabilidad del suelo ... ríos que se convierten en el estío en arroyos secos o minúsculos regatos.· . . La vegetación
predominante es el matorral, que comprende varios tipos de arbustos leñosos,
aromáticos, de raíces profundas, hojas coriáceas, siempre verdes y resistentes
a la sequía .. . " 22 Y lo que nos dice acerca de las tierras de la Mancha o de
Extremadura, parece escrito sobre el cambio sufrido en el paisaje en la región de nuestro estudio: uParece sin embargo muy probable que durante la
Edad Media las tierras con hierba ocuparan una mayor extensión que la que
ocupan hoy ( invadidas por el matorral), después de siglos de excesivo pasto
e incendios de primavera . .. " 23 La investigación que hasta ahora hemos podido realizar nos lleva a la conclusión de que aquí se dio el mismo fenómeno: desde la entrada de las ovejas al Reino en 1635, el excesivo pastoreo
fue convirtiendo en matorrales las tierras que antes habían sido de pastizal;
huizaches, retamas, mezquites, chaparros y nopales dieron al paisaje nuevo
carácter que es el que ahora conocemos. Así como los antiguos viajeros y
cronistas hablan de los "pastos siempre verdes" del Nuevo Reino de León,
dice Bishko: "Notemos como característica de la hierba del Valle del Guadiana que crece no sólo durante la primavera, cuando la hierba abunda en la
mayor parte de la península, sino también y muy ferazmente durante el lluvioso otoño. Esto explica los grandes traslados, desde el Norte, de ovejas y
o-anado vacuno trashumantes que tuvieron un papel central en la historia
b
de las regiones manchega y extremeña durante su período de tierras fron~
terizas" 24 y fueron el carácter de frontera con tierras virtualmente despobladas y los "pastos siempre verdes" los que hicieron aparecer la trashumancia
:i,,. CHARLES JuuÁN
BisHKO, El Castellano hombre de llanura. Trabajo inédito ~resentado en el Segundo Congreso Internacional de Historiadores de los Estados Umdos
y México1 celebrado en la ciudad de Austin, Tex. en noviembre de 1958, pp. 2 Y 3.

u Ibid., p. 3.
" Ibid., p. 3.

360

en tierras del Nuevo Reino de León : HEI año de treinta y cinco habiendo
' siempre'
algunos antes, estado en este Reino Antonio Leal, cuyo oficio era
pastor, como vio la tierra tan poblada de pastos, y tan diferentes, verdes todo
el año, tantos ríos y salitres, todo útil y provechoso para la cría de ganados
menores, salió a la Nueva España y dispuso el volver a guardar ovejas; y
conseguido, sin dar parte a su amo del intento, metió la hacienda y otras
dos que sus hermanos traían, con muy grande dificultad del camino, a causa
de los pocos aguajes y largos matorrales y nopaleras, que les causaban mucho
impedimento y pérdida de ganado; mas la esperanza de llegar a gozar la
fertilidad del Reino, les facilitaba todos los embarazos. Llegaron finalmente
y avisaron a sus amos la resolución que tuvieron ellos; vinieron al principio
muy pesarosos por ver el camino; después que vieron tanta amenidad, trataron de pedir tierras en propiedad, que les dio el Gobernador ( don Martín
de Zavala) conforme la cantidad de ganados que tenía cada uno. Salieron
las haciendas medradas, a cuyo ejemplo fueron entrando otras, y cada año
otras nuevas, de tal suerte, que cuando esto se escribe (1648), entran trece
haciendas de ovejas de más de a treinta mil cabezas, cual más, cual menos". 25
Y esta entrada de ganados trashumantes siguió en aumento como se desprende de una nota puesta por Juan Bautista Chapa en 1690, a continuación
del párrafo de Alonso de León arriba transcrito: "Ahora cinco años, que
fue el de mil seiscientos y ochenta y cinco que se hizo cómputo del ganado que
entró en este Reino, se hallaron quinientas y cincuenta y cinco mil cabezas en
solas diez y ocho pastorías, y se han aumentado, que ya entran veinte y una
y veinte y dos haciendas, sin otras muchas de cameros, todo lo cual saca muy
gran multiplico" .26
La trashumancia de ganados en el Nuevo Reino de León en los siglos XVII
y XVIII es un hecho de la mayor importancia histórica ya que obliga a rectificar lo que hasta ahora se había escrito sobre el tema: Julius Klein en su
fundamental obra The Mesta, dice, refiriéndose a la trashumancia en la Nueva España : "(un rotundo fracaso) acompañó a la introducción de la Mesta
en la Nueva España por Cortés y sus continuadores, muchos de los cuales estaban particularmente familiarizados con la ganadería trashumante ... En México, como en Santo Domingo, todos los esfuerzos encaminados a introducir la
trashumancia del ganado lanar resultaron frustrados, por la falta de condicio·nes geográficas favorables y por la mayor atracción ejercida por otras industrias,
'Singularmente la minería. La única parte del Código de la Mesta que sobrevivió
:fue la antigua disposición relativa a los consejos semestrales para disponer de
2~ ALONSO DE LEÓN,

Relaci6n y Discursos, pp. 142 y 143.
!bid., p. 143. Nota puesta por Juan Bautista Chapa en 1690.
.2r Suprimida.
26

361

�los animales descarriados". 28 Ya José Miranda en su trabajo: Notas sobre la
introducción de la Mesta en la Nueva España,2 9 objeta esta opinión de Klein;
pero, por los datos que aporta, más bien se refiere a un pastoreo a base de rotación de los pastos de acuerdo con las estaciones y dentro de una región limitada que a la trashumancia propiamente dicha; además los datos corresponden
todos al siglo XVI y para Mesoamérica; esto explica su última conclusión: "De
lo expuesto, debe concluirse que la migración periódica de los ganados, aunque
no alcanzara en la Nueva España el grado de importancia a que se remontó
en la Península, sí adquirió suficiente entidad para que se la considere como
elemento integrante del todo orgánico que fue la Mesta mexicana".'° El deficiente y superficial estudio que hemos podido hacer sobre tema tan importante,
nos permite afirmar que la Mesta en el Nuevo Reino de León presenta todas las
características de la Mesta española medieval y que la trashumancia sí alcanzó
un grado de importancia comparable al que tuvo en la Península Ibérica. A
fines del siglo XVII más de medio millón de cabezas de ganado lanar entraban
a pastar al Reino 31 y, pocos años más tarde, en 1715, un nuevo cómputo arrojó
más de un millón. 32 Los rebaños venían de regiones tan distantes, como son los
actuales Estados de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato, 33 principalmente; es decir que los ganados trashumantes recorrían distancias mayores a ochocientos kilómetros. Los ganados llegaban al Nuevo Reino por el mes de noviembre y no
salían sino hasta el mes de mayo,3 4 es decir, los ganados pasaban el invierno y
parte de la primavera en el Norte, donde tenía lugar la "nacencia", mientras
que la trasquila se realizaba en el Sur, en sus lugares de origen. Las fechas de
entrada y salida resultan perfectamente lógicas si se piensa en el camino que
tenían que recorrer y que, tentativamente y a grandes jalones, vendría a ser por
San Luis de la Paz, Guadalcázar, Matehuala, Misiones del Río Blanco, Pablillo,
28
Juuus KLEIN, The Mesta, p. 9. En una obra de fecha más reciente; The Mexican Mesta, por WILLIAM H. DusENBERRY. Urbana, 1963, tampoco hay la menor

referencia a la trashumancia de ganados en el Norte de México.
:~ Publicado en Revista de Historia de América, núm. 17 (junio 1944), pp. 1-26. La
cita se encuentra en las pp. 1 y 2.
~

lbid., pp. 5 y 6.

n Ver nota

412.

IsRAEL CAvAzos GARZA: "Algunas características de los pobladores de Nuevo
Le6n en el siglo XVII", en Humanitas, número 1 (Monterrey, 1960), pp. 467-480.
32

Galeana Y Montemorelos." Juan Bautista Chapa en su Historia del Nuevo Reino de León nos dice: "Hay tres caminos para ir a él ( al Real de Minas del
Río Blanco) : el un_o es el que llaman del Pilón Chico, que se pasa el río treinta
Y siete veces, que viene por entre dos sierras altas, inaccesibles, y en donde está
una puente que la llaman de Dios, por ser de naturaleza fabricada, y debajo de
ella pa.sa el ~icho río, cuya caja está del hondor de veinte estados, a lo que paree; Y_ de alh se va a dar a un puesto que llaman Labradores (Galeana), que
esta cmco leguas de un valle que llaman Pablillo, y de allí al Río Blanco. El
otro camino se llama DE Los PASTORES, que no hay ningún río que pasar; es
una abra pequeña y angosta, que tiene cinco leguas de largo; muy arriesgada al
pasar las ovejas, en caso que hubiese accidente de algún aguacero, p·orque va
tan encañada, que fuera imposible escaparse ninguna. El otro camino es por la
misión de San Antonio, y para llegar a la población del dicho Río Blanco se
pasa éste cuarenta y cuatro veces, y no obstante estos inconvenientes, se trajinan
estos caminos de ordinario por los dichos pastores y por ellos salen a la Nueva
España".ªª Aquí surge otra de las más importantes características de la Mesta
medieval española: la existencia de "cañadas" bien determinadas y su jetas a las
Ordenanzas de Mesta. El Diccionario de Autoridades la define: "Cañada, s. f.
El camino que tienen los ganados merinos para pasar a extremo, que a lo men~s ha de ser de treinta varas de ancho, el cual no se puede romper para labrar,
m embarazar en modo alguno, pues lo contrario tiene penas establecidas en las
Leyes de la Mesta. Viene del nombre Cañal, p·orque en los campos lo parece
este camino, que en algunas partes es en barrancos, que semejan mejor a la canal". En la Nueva España las "cañadas" aparecen en fecha muy temprana, en
las Ordenanzas de la Mesta de 1574," se dice: "Que los Alcaldes de Mesta
abran cañadas por las partes y lugares que les pareciere ser necesarias, así para
que salgan los ganados a los agostaderos y para que tornen a volver a ellos ... " ss
Es indudable, aunque no podamos documentarlo, que el paso de ganados tan
numerosos, año tras año, por tan largo camino, tuvo que provocar numerosos
conflictos entre los pastores y los propietarios de las tierras que cruzaban, lo que
tuvo que conducir a las autoridades a señalar "cañadas" sujetas en todo a las
Ordenanzas de la Mesta)· pero, tomemos de nuevo el hilo del discurso: decíamos.
atrás que las fechas de entrada y de salida de los ganados resultan perfectamente lógicas si se piensa en el largo y difícil camino que tenían que recorrer: dejaban las majadas de verano por el mes de septiembre, al presentarse allá las

La cita en la p. 471.

"Acta de fundaci6n de la Villa de Cadereita" en DAVID ALBERTO Cossío, Historia de Nuevo Le6ii, vol. I, pp. 246-248. O Testimonios de las constancias relativas a
la fundaci6n de Cadereita ]iménez, publicadas por SANTIAGO VmAURRI. Monterrey, 1863.
M PEDRO DE RIVERA, Reglamento para todos los Presidios de las Provincias Internas.
Ordenanza 176.
13

362

3/i
36

1
~

"Descubrimiento del camino del Pilón". A.M.M., Civil, vol. VI, exp. 28.
JUAN BAUTISTA CHAPA, Historia, p. 347.
Ordenanzas de la Mesta en Pacheco y Cárdenas: Documentos, segunda serie,.

vol. XXII.

• lbid., p. 213.

363

�primeras heladas, para cruzar las zonas semidesérticas antes que se agotasen
los aguajes y abrevaderos y que el hielo quemase los pastos; llegaban al Nuevo
Reino ya entrado Noviembre para salir a principios de Mayo, ya cuando el
calor de las llanuras norteñas hacía peligrar a las ovejas y cameros cargados
de fina lana, y si no salían antes era para poder cruzar las zonas semid:sérticas con las lluvias tempraneras. Otra característica de la trashumancia
medieval española aparece también, como notable reminiscencia, en la trashumancia neolonesa; el complejo "esculca-rafala" tan bien estudiado por
Bishko :19 tiene tardíos renuevos acá. En la cercana edad media española eran
las esculcas "escoltas de jinetes armados y soldados a pie, que acompañan a
los rebaños durante su estadía en lejanos campos de pasto, al objeto de guardar
el ganado y a sus pastores" 40 y añade más adelante : '~las ovejas y el ganado
vacuno. . . se colocaba bajo la guarda oficial de lo que se llamaba la esculc~,
que era claramente una compañía de gente armada, jinetes que eran fac1htados por los dueños del ganado a base de un caballero por rebaño de ganado
vacuno O tres de ganado lanar" .41 La rafala, también "escolta armada ~ara
la seguridad del pastoreo", 42 puede diferenciarse de la esculca en que mientras ésta acompañaba a los ganados desde el lugar de origen a lo largo del
camino, la rafala se organizaba en el lugar de destino para _c uidar la seguridad de ganados y pastores en su invernada. Aunque los pmtorescos y arcaicos términos de rafala y esculca no aparecen en nuestros documentos -en
ellos se habla de soldados escolteros-, creemos haber podido identificar la
institución. no hay que olvidar que el Nuevo Reino de León era tierra de
"guerra vi~a" y que los ganados eran tentación irresistible para los bárbaros y
hambrientos chichimecas. Un alto porcentaje de los procesos penales que
guarda el Archivo Municipal de Monterrey, se refiere a muertes de pa~tor_es
a manos de los indios. 4s De aquí que la escolta de los ganados fuese md1spensable. Aquellas enormes "haciendas de ovejas", de treinta_ mil o ~ás c_abezas 44 venían bajo la responsabilidad de un mayordomo y cmco o sets asistentes todos españoles y jinetes en caballos "encubertados", armados de ar•
cabu/ lanza y espada y protegidos por ''chimales" y "escaupiles"; generalment~ a estos mayordomos y asistentes se añadían los "soldados escolteros~'
cuyo número variaba según las circunstancias; condu~ían_ los ganados multitud de pastores, de sesenta a cien, a pie y a caballo, md1os, negros, mulatos,
39 BisHKO,

!bid., p.
(l !bid., p.
d
!bid., p.
~ A.M.M.,

~

0

-14

364

ALONSO

El Castellano hombre de llanura, pp. 11-14.
11.
11.

12.

!'
Causas Criminales, especialmente los tres primeros vo umenes.
DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 143.

coyotes, zambos, que venían, muchos de ellos, acompañados de sus mujeres
y de sus hijos; no era caso insólito que mercaderes, frailes, estudiantes o simples viajeros, acompañasen también a los rebaños en busca de seguridad,
aumentando así la escolta armada. 45 Como se ve, tenemos aquí un tardío retoño de la vieja esculca. Pero hemos podido encontrar también notables supervivencias de la rafala en el Reglamento para todos los presidios de las Provincias Internas, formulado por el Brigadier Don Pedro de Rivera como resultado de su viaje de inspección y publicado por orden del Marqués de Casa
Fuerte en 1729.46 Lo que aquí nos interesa está contenido en las ordenanzas
175, 176 y 177: "número 175. El Gobernador del Nuevo Reino de León, hará
cumplir cuanto la siguiente ordenanza previene sobre el ganado menor, que
todos los años entra a pasar el invierno en sus tierras, se mantenga con la
seguridad de no ser insultado y los pastores muertos por los enemigos".
"Número I 76. Cada año, por el mes de noviembre, saldrá el capitán de
la Villa de Cerralvo con doce soldados de su comando y marchará al Vallecillo, situado entre la Villa de Linares y Valle de San Antonio, donde luego
que lleguen dichas haciendas de ganado, contribuirá cada una con dos hombres equipados de todas armas que se agregarán a dicho cuerpo, a los que
como soldados, mandará dicho capitán, y con ellos correrá toda la tierra que
los enemigos habitan y hace frontera con el Valle del Pilón, por el río de
las Conchas, para que con esto se resguarden la Villa de Linares y las haciendas que pastan en las inmediaciones del cerro de Tamaulipas y Valle de
San Antonio, y se libren los pastores y pueblos de ser insultados, siendo dicho
capitán responsable a cualquier defecto que provenga de su descuido, y por lo
que mira al mantenimiento de cada dos hombres que ha de contribuir cada
hacienda de las que entraren a pastar, habrá de ser a costa de sus dueños, lo
que se les advertirá, para que cuando llegue el caso, estén prevenidos y este
gasto se repartirá entre los interesados igualmente, conforme a la ley".
"Número I 77. Luego que por el mes de mayo, salgan de dichas tierras las
referidas haciendas de ganado y no antes, se retirará el dicho capitán de Cerralvo a su presidio, donde se mantendrá hasta el tiempo prefinido que repetirá la misma campaña y el tiempo que se gastase en ella, estará al cargo de
los vecinos de Cerralvo, el defender la frontera que aquella Villa hace al
Río Grande del Norte" .47
Creemos haber presentado un cuadro completo de la trashumancia de ganado menor entre el Reino de la Nueva España y el Nuevo Reino de León
y demostrado su profunda analogía con la institución medieval española al
..:. FRANQOIS CHEVALIER,

La joTmaci6n de los grnndes latifundios en México, p. 142.

Ver nota 420.
n lbid.

-i(I

365

�señalar la presencia aquí de características tan privativas como las ,rcañadas"
o el complejo uesculca-rafala". La trashumancia en Nuevo León ha de haber
alcanzado su apogeo en la primera mitad del siglo XVIII en que se nos
muestra con toda su madurez jurídica. Israel Cavazos Garza en su magnífico
trabajo ªEl muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey'' recoge los nombres
de los alcaldes de la Mesta en la Ciudad de Monterrey en los primeros años de
dicho siglo.
1707. Alférez Bias de la Garza.
1708. Capitán Cristóbal González.
1709. Capitán Eugenio de la Garza.
1710. Caudillo Diego de Ayala.
1711. ¿ ... ?
1712. Capitán Cristóbal González.
1713. Capitán José Eugenio de la Garza.
1714. Capitán Juan Esteban de Ballesteros."
La existencia de la Mesta local desde los orígenes de Monterrey no la hemos podido documentar por las premuras con que se ha hecho este trabajo;
pero es indudable que existió ya que las Ordenanzas de la Mesta de 1574 extendieron la institución a toda la Nueva España 49 y, además, se comprueba la
existencia de un registro de marcas y hierros a través de los documentos, así
en el testamento de Diego de Montemayor el mozo otorgado en la Ciudad
de Monterrey el 29 de Abril de 1611, se lee : "Y asimismo me pertenecen y
tengo la mitad del ganado mayor que está en la dicha boca en el Río de San
Gabriel, así de grandes como de chicas, machos y hembras y el hierro mío
que es el del margen y se han de herrar la dicha mitad del dicho ganado
con el dicho mi hierro". 50
La especial atención que pusimos en el tema de la trashumancia se justifica por las múltiples e importantes consecuencias, tanto sociales, como económicas, que de ella se derivan.
Pero, hay que aclarar que no sólo la ganadería trashumante tuvo importancia en el cuadro económico de este período; la crianza de ganados menores
y mayores recibió también notable impulso 51 y don Martín de Zavala, por
razones de índole militar fomentó personalmente la cría de ganado caballar, tan
sólo en sus estancias de ganado de la jurisdicción de Cerralvo los inventarios
de los bienes que quedaron a la muerte del Gobernador registran en diferentes
-13

lsRAEL CAvAzos GARZA, El Muy Ilustre Ayuntamiento de Monterrey, pp. 60-62.

* Ver nota 37.
"Testamento de Diego de Montemayor el mozo". Monterrey, 29 de abril de 1611.
A.M.M., Civil, legajo 3, exp. 24.
61
ALONSO DE LEÓN, Relación y Discursos, p. 126.
:111

366

partidas 770 cabe~s, grandes y chicas, machos y hembras, sin contar las numerosas_ yeguas reJegas que no se pudieron juntar. Copiaremos algunas de
las partidas de tan curiosos inventarios:
"La mulada del molino: cincuenta mulas y machos de tiro, carga, silla y
carroza, viejas y nuevas.
"Dos garañones: el Columpio y el Güero.
"Cuarenta y cinco caballos mansos, enteros y capones, v1eJOS, mansos y
buenos.
"Sesenta y nueve caballos mansos de todas edades.
"Manada del Blanco: treinta y nueve yeguas de vientre, dos machos y una
mula de a dos años, dos potros y dos potrancas de a dos años, ocho crías y
once muletos por herrar, un burro maestro". 52
Desgraciadamente los beneficios de estas prosperidad aanadera se vieron
limitados por la notable decadencia que presentan los ;eales de minas en
el transcurso del siglo XVIII, ya que estos reales eran el mercado natural de
los productos agropecuarios y mineros del Nuevo Reino.
Pero, pasemos a hablar de las funestas consecuencias de la trashumancia :

Los

SEÑORES DE GANADOS

Para poder atraer al Nuevo Reino de León las grandes "haciendas de ovejas"
de Hidalgo, Guanajuato y Querétaro, don Martín de Zavala tuvo que conceder mercedes de tierras y aguas con mano pródiga, demasiado pródiga, a
los ricos ganaderos del Sur. Es muy interesante comparar las antiguas mercedes con las de este período, a partir de 1635: en aquéllas, lo normal eran
cuatro caballerías de tierra y un sitio de ganado; en éstas, son cincuenta y
más estancias de ganado. Tomemos algunos ejemplos: el día 16 de abril de
1635, en la Villa de Cerralvo, el Gobernador Don Martín de Zavala hizo
merced de 76 estancias de ganado mayor (?) y 8 caballerías de tierra a Juan
Alvarez de Godoy, vecino del pueblo de Huichapan y que había entrado al
Reino con más de 30 mil cabezas de ganado menor, 130 bestias entre caballos,
yeguas de cría y mulas de recua; y, para la guarda de dicho ganado, 5 españoles montados y armados y más de 70 indios e indias, chicos y grandes y
negros esclavos. 63 El mismo día, otro vecino de Huichapan, don Luis de
Zúñiga Almaraz, "hizo relación diciendo que, ... por la noticia que de su
bondad (de las tierras del Nuevo Reino) se le dio, se dispuso a entrar en él
62
"Inventarios de los bienes de don Martín de Zavala en la jurisdicción de Cerralvo",
1664. A.M.M., Civil, leg. 5, exp. 26.
111
ISRAEL CAVAzos GARZA, Cedulario . Cédula 5.

367

�con mucha cantidad de ganados menores, con seis españoles que a su cargo
los traían y más de cien personas, indios e indias, chicos y grandes y negros
para la guarda del dicho ganado; y más de cien bestias, caballos y yeguas
y mulas de recua, entrando en el mayor y más apretado tiempo del año, con
notable riesgo de perder hacienda tan considerable . . . " 54 y, por ello, recibió
en merced, 75 estancias de ganado mayor y menor; asimismo Francisco Leal,
en representación de don Juan Méndez Tovar, otro rico ganadero de Huichapan, recibió otros 75 sitios de ganado menor;" el 4 de Mayo de 1638,
Don Juan de Zúñiga Almaraz, hermano de don Luis, recibió 50 sitios de
ganado menor en el "agostadero de San Juan" ;56 el capitán Remando de
Mendiola, que entró en 1636 "como vecino y poblador del Reino, con su casa,
familia y hacienda de treinta mil ovejas y otros ganados", recibió 30 sitios,.
15 de ganado menor y 15 de mayor y 16 caballerías de tierra," y, por último,
nuestro cronista don Alonso de León que, como uno de los fundadores de
la Villa de Cadereita, recibió 30 sitios de ganado mayor y menor y 6 caballerías de tierra "en los cerros de las garrapatas". 58 No hay que olvidar que
la estancia de ganado mayor representaba más o menos 1,750 hectáreas y 780
hectáreas la de ouanado menor. Y de estos grandes propietarios sólo
Remando
.
,
de Mendiola y Alonso de León se avecindaron en el Nuevo Remo, los &lt;lemas.
mantuvieron su vecindad en Huichapan. Y esta política de liberalidad, tan
desusada en las mercedes de tierras y a no pobladores del Reino, la llevó don
Martín a verdaderos extremos. Fran~ois Chevalier en La Formación de los
Grandes Dominios, etc. nos da una interesante lista de beneficiarios de dichas.
mercedes: "Se encuentran en ella (la lista), el capitán Juan de Espindola,
en 1644 tesorero de la Santa Cruzada en México; el contador mayor Juan
de Alcacer, tesorero, asimismo, de la Santa Cruzada en 1643 y ya propietario
de vastos territorios en la Nueva España y en las provincias del Norte, compró al capitán Juan de Zavala las 25 estancias que éste había recibido . ~1gunos meses antes de manos del Gobernador don Martín de Zavala; el cap1tan
Antonio de Godínez, que estableció un mayorazgo, y sobr~ todo, su h~rmano,
el poderoso Luis Tovar Godínez, que compró por 126 "..111,,pesos el_ titulo -~e
"Secretario de la Gobernación y Guerra de Nueva Espana y fundo tambien
un rico mayorazgo en 1643-1644. En la lista aparecen, además, don Juan
Francisco de Vértiz regidor y alférez real de México; 4 Zúñigas: don Lms,.
don Juan, don Fra~cisco y don Lucas, y el capitán don Diego de Horduña,
" /bid., cédula 425.
611 A.M.M., Protocolos, vol. I, doc. 25, f. 34.
1141 A.M.M., Civil leg. 3, exp. 42.
1
G1 lsRAEL CAVAZOS GARZA, Cedulario, cédula, 263.
GS "Mercedes de tierras y encomienda de indios a Alonso de León". Cadereita, 1637.

A.M.M., Civil, leg. 2, exp. 13.

368

que poseía inmensas y ricas haciendas dispersas en todo el virreinato: por
mercedes o por compras, había reunido, sólo en Nuevo León, más de 150
. d e oveJas
" ".59 Td
es t
ancias
o os ellos hombres ricos y poderosos que, en su mayoría, vivían en la ciudad de México y que sin duda nunca conocieron sus
alejadas posesiones en el Nuevo Reino de León. Israel Cavazos Garza, en
Algunas características de los pobladores de Nuevo León en el siglo XVII,
dice: "Casi toda la nobleza criolla tiene aquí sus latifundios, en los siglos XVII
y XVIII. Los marqueses del Castillo de Aysa, de San Francisco y de Buena
Vista; los condes del Alama, de Penalva y de la Canal, etc., poseen dilatadas
1
posesiones '.ºº Este hecho económico-social es de la mayor trascendencia en
la historia de Nuevo León: El carácter de la propiedad rústica fue muy peculiar, pues si bien las tierras del Nuevo Reino estaban ocupadas, casi en su
totalidad, desde fines del Siglo XVII, esa ocupación era muy relativa, ya que
los propietarios de los enormes latifundios eran verdaderos "absentistas" que
residían a más de 800 kilómetros de sus propiedades y que no tenían más
lazos con el Reino que el aprovechamiento de los pastos por sus ganados trashumantes que, como decíamos, ni siquiera eran esquilados aquí; todos los
impuestos sobre ventas de lanas, cueros o crías, eran pagados fuera del Nuevo
Reino y, como dice Chevalier: "Entre estas vastas posesiones, algunas permanecían inutilizadas, o porque sus dueños no tenían mucha prisa en explo•
tarlas, más preocupados como estaban por acaparar tierras que por realizar
utilidades, o bien porque se trataba de zonas particularmente expuestas a
los ataques de los nómadas. Así las 150 estancias que había adquirido el
capitán Diego de Horduña eran declaradas 'Ynabitables' en 1677; sus herederos ya no las explotaban, y se les atribuía apenas un valor de un mil
pesos en una fortuna, casi únicamente territorial, de 400 mil pesos". 61 El
"absentismd' de los propietarios determinó que el fomento económico así
como la colonización del Nuevo Reino fuese, a pesar de los esfuerzos de don
Martín de Zavala, limitados y raquíticos y que no surgiesen aquí las grandes
haciendas de economía casi autosuficiente: de hermosas '~casas grandes" y
suntuosas capillas; haciendas que eran orgullo y deleite de sus dueños y que
tanto contribuyeron a la consolidación social y económica de otras regiones
del país; este "absentismd' impidió, asimismo, la integración de la "civitas"
en los pueblos y villas del Nuevo Reino de León y, en el campo del Arte,
la ausencia de grandes obras arquitectónicas: templos, conventos, palacios o
casonas, enriquecidas con esculturas, pinturas y todas las ricas y variadas
manifestaciones de las artes menores. En otras palabras, este peculiar régimen
9

FRANi;o1s CHEVALIER, La formaci6n de los grandes latifundios en México, p. 143.
ISRAEL CAvAzos GARZA, Algunas características, etc., p. 471.
41 FRAN¡;o1s CHEVALIER, La formaci6n de los grandes latifundios en México, p. 143.
~

369
H24

�de la tenencia de la tierra, en distritos en que no llegó a desarrollarse la minería, impidió la formación de una clase de "hombres ric~s ' !' poderos~s, _?u.eso
y nervio de la república", verdaderos creadores del Mex1co novoh1spamco.

Los vecinos del Nuevo Reino de León eran pobres, muy pobres: a unos pocos
podríamos llamar "acomodados", como lo revelan todos los inventarios de
bienes que hemos podido estudiar. Si los "señores de minas", íntima Y emotivamente vinculados con su ciudad, las fomentaron y embellecieron: Guanajuato, Taxco, Zacatecas, Sombrerete, San Luis Potosí, estos "seño~es de ~anados", para quienes las tierras del Nuevo Reino de Leó~ no eran smo aneJOS
a sus grandes y prósperas haciendas del Sur, lugar de invernada de sus rebaños un nombre más en la extensa lista de sus propiedades, nada, absolutamente' nada hicieron en su beneficio.
'
Tuvimos la fortuna de dar con un importante documento hasta ahora desconocido: se trata de una Real Cédula de la Reina Gobernadora, fechada
en Madrid a g de mayo de 1672 años "sobre las mercedes de tierras hech~s
por don Martín de Zavala en el Nuevo Reino de León". Por su importancia
dentro del tema que nos ocupa, lo vamos a insertar aquí:
"La Reina Gobernadora.
"Virrey, Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Ciudad de México de la Nueva España, don Nicolás de Azcárraga, gobernador de la Pr~vincia del Nuevo Reino de León, en cartas del 29 de Septiembre del ano
pasado de 1667 y 5 de abril de 1669, me dio cuenta de difere_nt~s cosas que
tuvo por convenientes, tocantes al gobierno de aquella Provmcia y ~ayor
aumento y beneficio de la hacienda real
entre otras c~sas, represento que
aquel Reino por su fertilidad y abundancia de pastos Y_ hierbas, es e~ agost~dero de todos los ganados ovejunos de la Nueva Espana y que están en el
cada año más de 300 mil ovejas, de que se sigue a los dueños grandes conveniencias por lo que se multiplican los esquilmos, así de lanas, como de
borregos ',in parrar a la Real Hacienda ningún derecho por razón de los
· · por
' e1 d esor
bden que tuvo don Martín de Zavala en dar títulos. supuestos
s1tJ.os,
de sitios de tierras, adjudicando a uno sólo ciento y a otros doscientos y al
que menos cincuenta, sin tener facultad ni cédula real para poderlo hacer,
pues aunque la tuvo para dar a los pobladores que _le ayu~asen algun~s de
las dichas tierras, había sido limitadamente, en cantidad senalada, se~un la
. ·, d e1 poblador, y que hoy están apoderados de los dichos sillas
los
con d1c1on
.

y,

dueños pastores, sin constar ser pobladores, y excediendo en la cantidad de
lo dispuesto en las ordenanzas reales, de que suponen _tener derecho por la
·' sien
· do el principio ninguno por no
poses10n,
. haber habido facultad para poi

i

derlas dar, y ser del patrimonio real a qmen pertenece y q~e con solo este
que se cobrara de los dueños pastores, limitadamente a med10 real por cada

cabeza del hierbaje que comen sus ovejas, era bastante para la paga de dos
presidios de veinte soldados que conservan y defienden aquel Reino de los
daños que causan los indios bárbaros y, demás de esto, hacerse pago al gobernador de dos mil pesos ensayados de oro de minas, que tiene de sueldo,
sin que fuese de gravamen al que pagare el dicho derecho, porque en seis
meses de asistencia que están las ovejas en aquel Reino, sale ganancioso el
dueño de siete reales, por lo menos, en cada una, y que fuera razón pagasen
derecho de este aprovechamiento, así por ser las tierras del real patrimonio,
como por conservar en paz y quietud, defendiéndolos de los indios enemigos,
pues los soldados asisten con todo desvelo y cuidado, escoltando los ganados
para que no tengan pérdida, y que en caso que no fuese conveniente este
derecho por situación de años, se podría enviar orden para que se vendiesen
dichas tierras, de que se podía sacar cantidad considerable. Y que don Nicolás de Azcárraga a los dueños pastores, que están a derecho, de lo que
deben de arrendamiento de dichas tierras; y para situar el de medio real
por cada cabeza de ganado, ofrece su persona, prorrogándole aquel gobierno
por más tiempo y mantener los dichos dos presidios y poner otro de diez
soldados, para conservar aquel Reino con toda quietud, en que se logrará
el interés de diez mil y cuatrocientos pesos que se pagan a los dichos veinte
soldados que están situados guarneciendo las fronteras de Cadereita y Cerralvo
y los dos mil pesos ensayados del sueldo del Gobernador y el aumento de
diez soldados más para otra frontera que ha de estar en un para je que llaman
Anhelo, puesto arriesgado de los indios de la Nueva Vizcaya, con que resultará de beneficio a la Real Hacienda diez y nueve mil pesos cada año. Y habiendo informado sobre ello esa Audiencia en carta de trece de Julio de
mil seiscientos y setenta y uno. Y vístase todo en el Consejo de las Indias
con lo que acerca de esto pidió el fiscal de él, como quiera que por cédulas
de la fecha de esta, envío a mandar a vos el Virrey, dispongáis se introduzcan
los derechos de la Alcabala y media Annata en el dicho Nuevo Reino de
León, y que se vendan los oficios de república en la ciudad de Monterrey, que
es cabecera de aquella Provincia, ha parecido ordenaros y mandaros, como
lo hago, que habiendo precedido la introducción del derecho de Alcabala y
media Annata y la venta de los oficios y reconociendo lo que esto produce
y qué personas poseen las tierras que dio don Martín de Zavala, sin tener
facultad para ello, y si los poseedores son españoles o naturales y si los ganados que pastan en ellas son suyos o de otros particulares que los lleven,
pagando el pasto, y lo que contribuyen por esto, con particular noticia de
todo lo referido, me informaréis lo que convendrá ejecutar sobre el p'unto,
sin hacer novedad en ello, hasta tener otra orden mía. Y vos el Virrey, con
acuerdo de esa Audiencia, haréis poner el Tercer presidio que propone don
.371

370

�Nicolás de Azcárraga en el dicho paraje que llaman Anhelo y que éste y los
otros dos que están puestos, se paguen de lo que rindieren las alcabalas y
demás derechos y también lo que faltare para el salario del gobernador de
aquella Provincia y en esta conformidad lo ejecutaréis, dándome cuenta de
lo que se hiciere. Fecha en Madrid a 9 de mayo de 1672.
"Yo la Reina (rúbrica) .
"Por mandato de su Majestad, Francisco Fernández de Madrigal (rúbrica)". 62
Detrás de esta peregrina resolución se adivinan las manos poderosas de los
"señores de ganados", nobles o burócratas demasiado influyentes.
Esta peculiar y desusada situación de las tierras del Nuevo Reino y el auge
alcanzado por la trashumancia a principios del siglo XVIII, inquietó también a las autoridades eclesiásticas; así "El Oidor Francisco Picado Pacheco
propone al Rey, en 1717, la erección de un obispado. El millón de ovejas
(según cómputo del gobernador Barbadillo en 1715) procrea 300 mil cabezas al año. De éstas, 30 mil corresponden al diezmo y su valor asciende
a 15 mil pesos. Igual suma producen la lana y las pieles. Con 30 mil pesos
anuales, de sólo este ramo de ingresos, bien puede sostenerse una institución
piadosa tan necesaria, por lo apartado de los obispados de Guadalajara y
Michoacán. El obispado de Monterrey no se pudo crear, sin embargo, hasta
sesenta años más tarde. Los productos del Nuevo Reino de León siguen
siendo centralizados por el virreinato, sin provecho alguno para Monterrey,
cuyos templos y edificios públicos son, por ello, los del más pobre villorrio"."
Los "señores de ganados" detuvieron, en buena parte, el desarrollo económico y demográfico de esta región por dos siglos.

ª

Ver nota 7.

&amp;3

ISRAEL CAvAzos GARZA,

372

Algunas características, etc., p. 471.

LA LUCHA POR EL PODER EN 1871
Lrc. JosÉ

FUENTES

MAREs

Universidad de Chihuahua

EN 1871 SE AGITABA MÉXICO en una lucha electoral sin precedentes, al coincidir
factores que no se reunieron antes ni después, dos sobre todo: la talla nada
ordinaria de los candidatos, y una combativa madurez democrática en amplios estratos de la población. El periodismo de Zarco y Ramírez, de Altamirano, de Vigil, de Zárate y Velasco terminó por formar una conciencia
política entre grupos selectos y emprendedores; Juárez, Lerdo y Díaz no surgían candidatos de improviso, casualmente, sino reclamados por una circunstancia madura. Y era tan decisiva su aparición en ese instante, que de la
lucha electoral tendría que resultar el tirón definitivo hacia la democracia, o
la regresión a las viejas fórmulas del fraude político y la dictadura.
Mr. Nelson, ministro de los Estados Unidos, recibía informes de la contienda en los diversos Estados: incidentes violentos en Zacatecas; buen trabajo de los porfiristas en Sinaloa; Acapulco se declaraba por Juárez, y en
Piedras Negras, donde el Cónsul americano "nunca había vistou tan grande
interés por los negocios públicos, los porfiristas andaban activos, mientras
Juárez contaba, sobre todo, con el voto de los empleados públicos. Constantemente llegaban noticias a la Legación: que si en Tamaulipas era J uárez el
más fuerte; que si en Chihuahua, "aunque el pueblo en general está en
favor de Díaz", el resultado final tendría que favorecer a J uárez porque el
gobernador Terrazas y los empleados públicos, según el cónsul Moye, inclinarían Ia balanza en ese sentido. En Monterrey, en cambio, la importancia
de la contienda cedía ante los intereses locales: el general Treviño, gobernador
en funciones, y el señor Melo, "todo lo inteligente y progresista que un mexicano pueda ser", se disputaban el gobierno del Estado. Del resultado de esas
elecciones dependería la federal, ya que, de ganar Treviño, el cónsul americano daba por cierto que la balanza se inclinaría en favor de Díaz.1
1

Thomas H. Nelson a Hamilton Fish, desp. 402; México, 28 de mayo de 1871; en:

373

�una opinión pública vigilante, la única garantía posible de un gobierno

Gravísimos acontec1m1entos se registraban, mientras tanto, en el Distrito

Federal. El 9 de junio, el gobernador del Distrito acusó al Ayuntamiento de
"pretender falsear el voto público en las próximas elecciones", y lo suspendió
en sus funciones. El úkase cayó como carga inflamable en las columnas de
la prensa oposicionista, mayormente cuando el Ayuntamiento depuesto, lejos
de someterse, se instaló en el Hotel lturbide y dirigió un Manifiesto a los
habitantes de la capital, rechazando "la hipócrita imputación" que le hacía
el Gobernador, nada más que "un subalterno del C. Juárez". Acusarlo de
que pretendía "falsear el voto público en las próximas elecciones", era un
grueso expediente para "resguardar a un poder cobarde que se parapeta en
un funcionario irresponsable". No, no entraba en los planes del Ayuntamiento
falsear el voto del pueblo -protestaban los ediles-, pero tampoco estaban
dispuestos a "degradarse" hasta el extremo de entregar los colegios electorales
"a la corrupción ministerial". 2
De considerar la trascendencia política de la medida que adoptó el gobernador del Distrito, resulta difícil admitir que lo hiciera sin el consentimiento
de Juárez, a pesar de que éste sólo escribió ese día en su cuaderno de notas:
"El Gobernador don Gabino Bustamante suspendió al Ayuntamiento. La
Diputación permanente pidió informes al Gobierno, que le contestó que ya
las había pedido al Gobernador para determinar lo que fuera justo y conveniente" .3
Para desgracia del Ejecutivo, la Diputación permanente se hallaba entonces
en manos de la oposición, y ésta aprovechó el incidente no sólo para reclamar que el Ministro de Gobernación informara de los hechos sino, además,
para que reinstalara al Ayuntamiento depuesto, y mandara enjuiciar al Gobernador. Era una agitación que El Mensajero describía como "precursora
de las tempestades", aunque la gente se expresara sólo "a media voz", temerosa de que la policía secreta la llevara "al cuerpo de guardia". Los defensores
del gobierno contaban poco a esas alturas. Refugiados en el Diario Oficial,
ensayaban argumentos en defensa del Presidente, pero aun aquí tuvieron
que moderar su tono cuando una nota del Congreso advirtió a Balandrano,
director del Diario, que el periódico era órgano del Gobierno -o sea de los
tres poderes del Estado--, y no sólo del Ejecutivo. Funcionaba en el país
una democracia imperfecta, pero democracia al fin. Y sobre todo se formaba
General Records of State Departament, vol. 43, acompaña los informes consulares que
se reproducen.
2 El Ayuntamiento Constitucional de 1871, a los habitantes de la Capital; en: Dia~
rio Oficial del 15 de junio de 1871, t. V, No. 166.
• BENITO JvÁREZ, Documentos, Discursos y Correspondencia; t. I, p. 368. Selección y
notas de Jorge L. Tamayo, México, 1964.

374

popular y representativo.
El 26 de junio, sin incidentes violentos, tuvieron lugar las elecciones, y al
comenzar julio, a la vez que se perfilaba Juárez como el vencedor, se sospechaba también que no obtendría el número suficiente de sufragios para
asegurar la mayoría absoluta, y que, en consecuencia, el Congreso tendría
que resolver entre los dos candidatos con más altas mayorías relativas. Se
avizoraba, pues, el único riesgo que Juárez temía realmente, o sea el de una

fusión lerdo-porfirista que hiciera peligrar su reelección, al plantearse el caso
en el Congreso, y se puso en guardia. Era preciso vigilar el movimiento de
sus enemigos en el nuevo frente.

r'

El 2 de julio, por fin, se reunieron diputados lerdistas y porfiristas "para
dar forma Y autoridad a un pensamiento que ya está aceptado de uno y
otro lado", según Isidro Montiel, un entusiasta de la idea, que consistía en
hacer concurrir los esfuerzos de ambas partes "para que sea una verdad práctica la estricta observancia y perfecta consolidación del régimen constitucional;
para que sea una verdad práctica las Leyes de Reforma, y para que partiendo
de esos principios se trabaje mancomunadamente por el progreso del país"."
Si, como decía Vigil, la reelección significaba el "abuso de la fuerza armada
la disolución de Ayuntamientos y la lucha abierta con el poder Legislativo"'
era preciso afrontar el riesgo, y salvar a la democracia de la dictadura. EÍ
camino adecuado, el único realmente al alcance de las fuerzas antirreeleccionistas, era el de una coalición parlamentaria, a cuyo solo anuncio, según
José María Lozano, "han temblado de temor los palaciegos y los parásitos
del señor Juárez". Con la fusión, pensaba Lozano, los partidos desaparecerían,
y el pueblo entero haría acto de presencia "frente al poder perpetuado en el
señor Juárez". fi
Zamacona, uno de los entusiastas del proyecto, ideaba de tiempo atrás "hacer de los juaristas y lerdistas enemigos irreconciliables", aun cuando, abiertas

apenas las sesiones extraordinarias, halló que los agentes del Ejecutivo oponían
a su plan cuantos obstáculos tuvieron a su alcance. El Gobierno procuraba
naturalme.i:te, desintegrar la mayoría adversa que se formaba en el Congreso:
y que hacia prever desagradables consecuencias a la hora en que la Representación nacional afrontara el problema que las urnas dejaron pendiente. La
corrupción, al decir de Zamacona, abría brechas tanto en las filas lerdistas
• Isidro Montiel a Mariano Riva Palacio; México, 2 de julio de 1871; en: Archivo
Mariano Riva Palacio de la Universidad de Texas leg. 26 · fondo Genaro Ga '
No. 171.
'
'
rc1a,
11

J. M. LozANO, La Hora del Peligro11 , editorial en El Siglo XIX del 5 de julio de
1871, t. 52, No. 9675.
G

375

�"como entre la opos1c1on veterana", más todavía en aquéllas puesto que el
partido que sostenía a don Sebastián, "recién destetado de la ubre ministerial", se formaba con gente Hmuy accesible a las seducciones del poder''. 6
En maniobras de una y otra parte se consumieron los meses de junio, julio
y parte de agosto. Para entonces, el cómputo de votos confirmaba la predicción que se hizo poco después de las elecciones, en el sentido de que J uárez,
por no haber logrado mayoría absoluta en las urnas, quedaría forzosamente
sujeto al riesgo de la decisión final del Congreso. Pero aquí, mientras tanto,
la coalición oposicionista tropezaba con nuevas y graves dificultades. Los diputados juaristas cortejaban a los porfiristas, induciéndolos a romper todo
contacto con el lerdismo,7 y no es precisa una gran imaginación para suponer
que harían otro tanto cerca de los afectos a don Sebastian. Pero un riesgo
mayor todavía se hacía patente dentro del porfirismo mismo, y era el de la
escisión del grupo en dos facciones, una inclinada al triunfo de su candidato
por el camino de la ley, encabezada por hombres como Montes y Zamacona,
y otra resuelta a lograr eso mismo por medio de las armas. Hacia el 20 de
agosto era ya tan precario el entendimiento lerdo-porfírico, que Ezequiel
Montes se resolvió a reclamar la intervención personal de don Porfirio.
La carta de Montes es un magnífico documento para comprender la situación del antirreeleccionismo, y los medios que todavía tenía a su alcance para
asegurar el triunfo. De las cifras electorales conocidas, según Montes, resultaba
"la verdad indeclinable" de que el Congreso tendría que elegir Presidente entre
Juárez y Díaz. Mas como Juárez contaría al llegar la elección con 98 diputados, Lerdo con 62 y Díaz con 52, "saltaba a la vista" no ya la conveniencia
"sino la necesidad, absoluta, de que el partido porfirista celebre una alianza
parlamentaria con el partido lerdista". Esto, por supuesto, sobre la base de
que Montes interpretara correctamente la conducta del candidato, en el sentido de que el "verdadero y legítimo intérprete" de sus intenciones fuera el
grupo que perseguía el triunfo electoral por medios constitucionales. Si el caudillo no intervenía directamente y sin pérdida de tiempo, ordenando a Benítez y demás belicistas que apoyaran la fusión, el resultado no podía ser otro
que la revolución, "que traerá a nuestro desgraciado país todo género de males".
"He expuesto a usted toda la situación que aquí guardamos --concluía Montes--, a usted toca apreciarla y pronunciar su última palabra:
• Manuel María de Zamacona a Porfirio Díaz1 sin fecha; en : Archivo del General
Porfirio Díaz, t. IX, pp. 143-156; México1 1947. En lo sucesivo se mencionará este archivo bajo la sigla A.G.P.D.
7
Manuel María de Zamacona a Porfirio Díaz: op. cit . supra; loe. cit.

376

la mía está resumida en este pensamiento de Tácito: 'Quieta turbidis
ante habeo'." 8

Ezequiel Montes tenía razón en todo, salvo en suponer que, a esas alturas,
fuera Porfirio Díaz un partidario de la paz. En los últimos meses, la actitud
pacifista del caudillo había sufrido un cambio radical. Dos años y medio
antes temió Montes también, como hoy, que Porfirio pudiera caer "en las
redes de los malos demócratas, que pretenden subir a los puestos públicos
por una vía diversa del voto popular, emitido en los términos prescritos por
la Constitución", y con esa inquietud escribió a José Antonio Gamboa -amigo
personal de Díaz-, para que interviniera cerca del caudillo, y evitara que
"una de las figuras más limpias y elevadas" pudiera caer ''de su pedestal glorioso, al fango de las revueltas" .9 Gamboa intervino como se lo pidió Montes,
y dio oportunidad a que Porfirio redactara una de sus elegías pacifistas más
conmovedoras:
"Dime, José, con la mano sobre tu corazón; tú, que conoces mis sentimientos como los tuyos propios; tú, que has vivido en íntima unión
conmigo . . . tú, mi único confidente . .. tú, que sabes cuánto me gusta
el trabajo material, y la aptitud que la naturaleza me ha dado para
soportarlo, y que conoces la pequeñez de mis necesidades ¿has podido
creer, o siquiera dudar, que sea conspirador? ... {Has podido creer,
repito, que de un día para otro se cambiara la naturaleza e índole de
un hombre de conducta constante hasta la fecha? 10

Pacifismo antiguo, patético por añadidura, sobre el cual habían corrido los
resentimientos. Hoy, dos años después, Porfirio se hallaba resuelto por la
violencia, y este era el error fundamental de Montes. La labor de Benítez
y demás partidarios de la revolución dentro del porfirismo culminaba al mismo
tiempo, ya que sólo cinco días después de la fecha de la carta tuvo lugar
el rompimiento que temía don Ezequiel, y los partidarios de Lerdo abandonaron la coalición oposicionista, para respaldar la reelección de Juárez. 11
Volvían de ese modo a su tronco primitivo, ya que si en los orígenes de la
• Ezequiel Montes a Porfirio Díaz; México1 20 de agosto de 1871; en: op. cit. supra1
t. IX, pp. 251 -255, edic. cit.
11
Ezequiel Montes a José Antonio Gamboa; México1 11 de enero de 1869, en: op. cit.
supra, t. VII, p. 1801 edic. cit.
10
Porfirio Díaz a José Antonio Gamboa; Oaxaca, 27 de enero de 1869; en: op. cit.
supra 1 t. VII, p. 203, edic. cit.
11
Thomas H. Nelson a Hamilton Fish; desp. 440, México 1 30 de agosto de 1871; en:
General Records of State Departament, vol. 43.

377

�campaña fue el lerdismo sólo un juarisrno sin Juárez, ahora, derrotado, y sin
posibilidad de entendimiento con la oposición porfírica, el lerdismo volvía a
ser lo que siempre fue: nada más que un juarisrno con Juárez.
En el campo porfirista quedaban fuera de cortadura los creyentes en la
victoria electoral por los caminos de la ley. Se salían en cambio con la suya
hombres corno Benítez, Mena y González, los saboteadores de la coalición
parlamentaria, llenos de fe en las excelencias de un movimiento armado. Sin
esperar la declaratoria del Congreso, para saber quién habría de ser el próxico Presidente, pretendían que se proclamara la nulidad de las elecciones;
que el general Méndez se levantara en la Sierra de Puebla; que Negrete
hiciera eso mismo en el Valle de México; y que los demás lo siguieran en Veracruz, en Tamaulipas, donde quiera que hubiera un porfirista con mando de
fuerzas. Faltaba una semana para que se produjera el levantamiento de la
Ciudadela. Faltaba un mes para que Gerónimo Treviño comenzara la revolución en el Norte. En relidad todo era cuestión de horas, de días cuando
más. Al acabar de mal modo la fusión lerdo-porfírica, se rompía el último
eslabón entre la paz y la guerra.
El 16 de septiembre, en la apertura de sesiones del Congreso, Juárez se refirió a "los mexicanos pervertidos", que promovían desórdenes y revueltas
"para satisfacer sus criminales intentos". Pero estaba seguro de que sus esfuerzos se verían rechazados por el buen juicio de las mayorías. Todo el discurso del Presidente era una invocación a la paz:
"La paz es hoy el medio de alcanzar la apetecida y necesaria reconciliación de los mexicanos . .. Cuando ella esté consolidada se olvidarán
todos los errores, todas las diferencias de partidos. Habrá siempre diferencias, pero sin el veneno del rencor, y bajo los pliegues de la bandera
nacional cabrán todos los hijos de México, sea cuales fueran sus creencias
y sus pasados yerros políticos"."

Mas no esperó, confiadamente, el fracaso de la coalición oposicionista. Sabía
muy bien que, en Oaxaca, los hermanos Díaz se entregaban a febriles aprestos
revolucionarios, y también en agosto, mientras las maniobras lerdo-porfíricas
en el Congreso entraban en su etapa crítica, acudió a los servicios de Matías
Romero para prevenir a Porfirio, por su conducto, contra quienes le inducían
a encabezar un movimiento armado en el caso de perder las elecciones. Para
cumplir la misión que le confió el Presidente, Romero escribió a Díaz en la
esperanza de que ni aun en el caso de padecer un fracaso electoral, se aven-

dría a tomar parte en movimientos "que empañarían su nombre sin mancha".
Esgrimía, para terminar, el mismo viejo y tentador argumento:
"Y o soy de los que creen que no se pertenece usted a sí mismo sino
que tiene un gran destino que llenar en este país, y que lamentaré por
lo mismo no solamente como la desgracia de un amigo, sino como una
verdadera calamidad pública, el que por cualquier combinación de circunstancias llegase a tomar parte en cualquier revolución". 13

Un mes después insistía Romero en la necesidad de que ambos oaxaqueños
llegaran a un entendimiento:
El señor Juárez no ha tenido ni tiene mala voluntad respecto
usted. Lejos de esto, ha sido el mejor apreciador de su mérito, y le
tenido verdadero cariño. Creo que si usted une sus esfuerzos a los
él, en beneficio de la nación, se podrá conseguir mucho en favor
nuestra patria en el próximo período presidencial. 14

de
ha
de
de

Y al siguiente día volvió a la carga:
Repito a usted. . . que el señor ]uárez no tiene prevención alguna
contra usted, y que, lejos de eso, reconoce el mérito de usted, y le ha
tenido verdadero cariño. 15

Pero ninguna negociación pacífica torcería ya el curso de los acontecimientos.
La revolución estaba en el aire desde mayo de 1871, cuando se produjo la
chispa de Tampico. Ahora, en septiembre, no se apagaba todavía el eco de
las palabras que Juárez dirigió al Congreso, el 16, cuando el 20 se pronunció
en Sinaloa el general Parra, y siete días despué3 hizo lo mismo, en Monterrey,
el general Gerónirno Treviño. Pero faltaba algo más: cerca del mediodía
del lo. de octubre, un batallón de gendarmes se apoderó de la Ciudadela al
grito de "Viva Porfirio Díaz", y esa misma tarde atacó Aureliano Rivera por
el rumbo de San Cosme. Los pronunciados coordinaron mal su acción, y
Aureliano tuvo que volver a sus madrigueras en el Ajusco, mientras Sóstenes
u Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 8 de agosto de 1871; en: A.G.P.D., t.
IX, p. 234, edic. cit.
u Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 10 de septiembre de 1871; en: A.G.P.D.,
t. IX, p. 287, edic. cit.

21

El discurso de Juárez en El Siglo XIX del 17 de septiembre de 1871, t. 52,
No. 9748.

378

15

Matías Romero a Porfirio Díaz; México, 11 de septiembre de 1871; en: op. cit.
supra; loe. cit.; edic. cit.

379

�Rocha debelaba la resistencia de la Ciudadela,16 mas Juárez no podría ya
continuar su jeto a los efectos de su propia propaganda. Aunque el Diario
Oficial asegurara haber pasado ya el tiempo "en que los cañones de la Ciudadela dominaban la voluntad nacional", lo cierto era que tres brotes revolucionarios en el lapso de diez días anunciaban la vuelta de los malos tiempos,

que en forma tan simplista se daban por desaparecidos. Más cerca de la verdad estaba Bablot, quien se hizo cargo de la dirección de El Federalista ese
primero de octubre: para él, el primer cañonazo de la Ciudadela anunciaba
"la impía y nefanda tentativa revolucionaria, que iba a inaugurar una nueva
era de discordias civiles y de incalculables desgracias".
La nueva era de discordias, efectivamente, quedaba inaugurada. Juárez, con
su laconismo de obsidiana, se limitó a escribir en su cuaderno de notas: "Octu-

EL GENERAL DON LUIS CABALLERO, GOBERNADOR DE
TAMAULIPAS, Y EL FUSILAMIENTO DEL GENERAL
EUGENIO AGUIRRE BENAVIDES

bre lo. Comenzó la sublevación, ocupando los revoltosos la Ciudadela a las

Lic. Cmo R. DE LA GARZA

tres de la tarde" .17

Cd. Victoria, Tamaulipas

Nadie podía suponer que el motín del lo. de octubre de 1871 fuera un hecho aislado, pues no era lógico que un grupo en armas se encerrara sin víveres
en un recinto vulnerable, como la Ciudadela, sin contar con algún plan cuya
combinación falló en el último momento. La circunstancia adicional de que los
hechos ocurrieran en la capital, donde el gobierno contaba con mayores elementos, apoyaba más todavía la convicción de que los pronunciados contaban
con auxilios que no se les prestaron. Todo era demasiado claro, y Juárez, al
siguiente día, se presentó en el Congreso a reclamar facultades extraordinarias.
Era preciso, nuevamente, dominar la situación. Seguro ya de que su reelección

no era la paz, el hombre tomaba medidas para la guerra.
El 12 de octubre, el Congreso proporcionó las cifras electorales definitivas:
de los 12,266 votos emitidos, 5,837 fueron para Juárez; 3,555 para Porfirio
Díaz, y 2,874 para Lerdo de Tejada. Tal y como se previó desde julio, Juárez
ganaba sin mayoría absoluta, pues para lograrla necesitó 297 votos más. 18 Ganar sin mayoría absoluta significaba una victoria a medias, ya que el Congreso
tendría que decidir finalmente entre los dos candidatos con mayorías relativas,
o sea entre Juárez y Díaz. El triunfo del Presidente parecía seguro aquí, gracias
a la fusión lerdo-juarista de última hora. Pero algo más era cierto también, y

estaba en la mente de todos: que si la coalición lerdo-porfirista habría pospuesto la guerra, la fusión lerdo-juarista significaba la revolución.

PROEMIO

EN 1910 LA DICTADURA PATRIARCAL del señor General don Porfirio Díaz, por
sus métodos, achaques y senectud, resultaba anacrónica por todo extremo, señaladamente la prestigiosa devoción con que la y lo veía el pueblo mexicano,

había declinado, después de la Conferencia Díaz-Creelman, en la que declaró:
"que el pueblo de México estaba ya apto para el ejercicio de la democracia",

y el libro de don Francisco I. Madero, bondadoso soñador, sobre la "Sucesión
Presidencial".

Y Madero se opuso al tirano. Después de una campaña electoral llena de
incidentes hostiles, y que culminó con el in justo proceso y prisión en San Luis

Potosí, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en función electoral, declaró reelecto ¡ por sexta vez! al General Díaz para el período 19101916, y el volcán que tanto temía el anciano dictador, hizo erupción.
Sirviendo de fundamento el "Plan de San Luis Potosí" del 20 de noviembre
del año en cita, y de bandera el "Sufragio Efectivo-No Reelección", se iniciaron los prolegómenos de la Revolución Mexicana, y de allí a seis meses, después

de la toma de Ciudad Juárez, y de una imprudente y poco meditada transacción ( revolución que transa, revolución perdida), renunció el General Díaz a

El parte militar de Rocha sobre la toma de la Ciudadela, en El Siglo XIX del 2
de octubre de 1871, t. 53, No. 9764.
lT BENITO JuÁREZ, op. cit. supra, p. 369, t. I, edic. cit.
u Las cifras del escrutinio electoral, en el Diario Oficial del 28 de octubre de 1871, t.
V, No. 271.
1

•

380

la Presidencia (el 25 de mayo de 1911) y se expatrió a Europa.
Y el Pueblo Mexicano en "luna de miel con la democracia" (la frase es de
Francisco Bulnes), eligió como Jefe de Estado al señor Madero, iniciándose
un telurismo político (lucha por el poder) que tanto angustiaba al General
Díaz, y quien al declinar como persona física y como gobernante, decía no

381

�querer que se despertasen de nueva cuenta, en el Pueblo Mexicano, instintos
atávicos que adormecidos consideraba olvidados, por el largo período de "su
paz octaviana.
Madero el apóstol, fue un incomprendido por "tirios" y "troyanos" ( abstrac-

Y apenas vencido el "huertismo" y cuando aún no se disipaba el humo del
combate por Zacatecas, y con pretexto de él, la Revolución se extraviaba por
el laberinto de las incomprensiones, de las desmesuradas ambiciones, bajo la
errónea creencia de que la fuerza aventaja al derecho, perdiendo algunos de

ción hecha de su inquebrantable falta de carácter), lento en la iniciación de

los caudillos total y lamentablemente toda autocrítica.

las reformas sociales, estorbado por el "cientificismo", atado por engorroso
legalismo y pesando como grillete sobre él una maquinaria administrativa, que
no se resolvió a renovar con celeridad, fue asesinado la noche del 22 de febrero

Con efecto, tratábase de un problema castrense, el doce de junio de 1914
el señor Carranza ordenó al General Villa, auxiliase al General Pánfilo Natera,
con tres mil hombres (de la División del Norte) que comandaría el General
José Isabel Robles, de la propia División para tomar Zacatecas, cuyo ataque
había sido iniciado por aquél. Villa, con cualquier pretexto, desobedeció ne-

1

'

de 1913 por un pretoriano ebrio de sangre y de Poder, que soñaba, controlando
la Capital, que controlaría y sería obedecido por todo el país.
Huerta, el centurión descalificado de la decadencia, pretendió gobernar la

gando su concurso. Reiteradas las órdenes por el señor Carranza, el General

República como si fuera un gran cuartel, yendo de violencia en violencia ( asesinatos de los señores Madero y Pino Suárez, con los que se estrenó, el de don

Villa renunció a la Jefatura de la División del Norte, renuncia que fue aceptada de inmediato por el Primer Jefe, y quien llamó telegráficamente a To-

Adolfo Bassó, el de don Gustavo Madero, el de don Abraham González, el del
Doctor Belisario Domínguez, el de los Diputados Licenciado Serapio Rendón,
Adolfo Gurrión y Pastelín, el del General Gabriel M. Hernández, éstos sólo,
de las personas más significadas) culminando con el golpe de Estado, de la
disolución del Congreso en octubre de 1913.

rreón, a seis de los Generales de la tan citada División, entre quienes se encon-

traba Eugenio Aguirre Benavides, para conferirle al que ellos eligieran el mando de la misma, negándose todos a aceptarla enviando al señor Carranza altanero mensaje, que a petición de éste, ratificaron por escrito. Villa asumió
de inmediato una actitud hostil y poco comedida hacia la Primera Jefatura,

Y ante la conculcación de tantos y tan escarnecidos derechos, surgió un hom-

quien separó al General Felipe Angeles de la Sub-secretaría de Guerra, sur-

bre: Venustiano Carranza, varón probo y completo, Gobernador del Estado
de Coahuila, quien llamó al pueblo a las armas estallando una guerra civil,

giendo así la división entre "villismo" y "carrancismo", que habría de disputarse

que en poco tiempo y como inmensa hoguera, abrasaba todo el país, despertán-

dose en el pueblo los instintos atávicos adormecidos que como pesadilla temía
e inquietaban al señor General Díaz.

ANTECEDENTES REMOTOS

El General Francisco Villa, cuyo verdadero nombre era Doroteo Arango,
"maderista irregular" que había estado a punto de ser fusilado por Victoriano

Huerta, durante la campaña contra Orozco (incidente por la substracción de
una yegua de la propiedad del General Terrazas) y quien acudió al llamado
de Carranza, llegó a disponer, en poco tiempo, de una fuerza bélica incontrasta-

ble. Entre las personas que se le unieron desde el principio de su aventura, se
contaban los hermanos Aguirre Benavides: Luis, que ocupó el cargo de Secretario Particular del General Villa; Don Eugenio, que llegó a ser uno de los
Generales más destacados de la División del Norte, y el señor Licenciado don

Adrián (claudica de una pierna) y quien hasta hace unos veinte años, era un
consumado litigante, en los Tribunales del Fuero Común del Distrito Federal
(en Donceles 100) .
382

palmo a palmo el ya dolorido y sangrante territorio nacional. De todos modos, Villa marchó sobre Zacatecas, cuando quiso hacerlo, y dueño de la Ciudad, lo comunicó al señor Carranza, protestándole su subordinación y respeto,
por lo que algunos altos Jefes militares que le eran adictos presionaron, para
buscar una reconciliación, reuniéndose para tal efecto, en Torreón, del tres al

ocho de Julio los Generales Antonio I. Villarreal, Cesáreo Castro, don Luis
Caballero, Teniente Coronel Arturo Lazo de la Vega y Ernesto Meade Fierro
como Secretario, por parte del señor Carranza, y el Ingeniero Manuel Bonilla,
el Doctor Miguel Silva, el General José Isabel Robles y el Licenciado Roque
González Garza, como Secretario por parte de Villa, llegando a un acuerdo
que fue más aparente que real, como lo justificaron los hechos posteriores;
pero que el señor Carranza utilizó como expediente, para que llegasen primero

a la Capital de la República, los Generales Alvaro Obregón y don Pablo González. Entre los puntos de acuerdo, se pactó que se convocaría a una Conven-

ción ( imitación extralógica de la francesa de 1789).
El primero de octubre, y en los términos de la convocatoria respectiva, e&gt;..-pedida por el señor Carranza, se reunieron en el local de la Cámara de Diputados
en la Ciudad de México, militares y civiles "Constitucionalistas" (Villa lo era
hasta entonces) estando integrada la Comisión revisora de credenciales por los

Generales Ramón F. !turbe, Juan Dosal y los tamaulipecos General don Luis
383

�Caballero y Coronel Gregorio Osuna, quien fue electo y fungió como Secretario. Poco después, se trasladó a Aguascalientes, instalándose el día diez de octu-

órdenes de su Presidente, General Gutiérrez, había salido hacia México, buscando liberarse de influencias que la asfixiaban.

bre. El General Caballero, Gobernador del Estado, desconfiando de la actitud

Precisamente entre las fuerzas "convencionístas" que salieron a México quedaron como parciales de ésta: "carrancistas" como los Generales Eulalia Gutiérrez y Lucio Blanco, "villistas" como los Generales Mateo Almanza, José Isabel
Robles y Eugenio Aguirre Benavides, designados estos dos últimos Secretario y Subsecretario de la Guerra de la Convención y aún algún otro de extracción "zapatista". Ante el empuje "villa-zapatista" comenzó la disolución de las

que el General Villa pudiera asumir, designó su representante al Coronel Bi-

biano Saldívar, volviendo él a Tamaulipas. Comenzada la desbandada, la
mayor parte de los Delegados que iban por el Estado (Generales Emiliano P.
Nafarrate, Alberto y Francisco Carrera Torres, Antonio Medina -"El Mechudo"-, Coroneles: Rafael Cárdenas, Gregario Osuna, Bibiano Saldívar, y Mayores: Pedro Morales y Clemente Osuna), la abandonaron el día siete de
noviembre habida cuenta de que no se podía deliberar con libertad, ya que
declarada Aguascalientes Ciudad neutral, poco después fue ocupada por fuerzas de la División del Norte, siendo desconocida la citada Convención por el
señor General Caballero el día nueve de noviembre siguiente, desp·achando su
adhesión el señor Carranza, desde Monterrey, el trece del mismo mes, y lan -

zando el 29 un manifiesto al Pueblo del Estado, en el que entre otros conceptos
afirmaba: ''Llamo otra vez a la guerra de las armas a los hombres honrados,
que me siguieron en mi lucha contra el Dictador Porfirio Díaz y contra el
usurpador Victoriano Huerta. Ahora tengo que combatir la nueva tiranía que.
se cobija detrás de la División del Norte. Hombres revolucionarios de Tarnau-

lipas: se posa en el corazón de nuestra República el germen maldito de una
inicua trinidad, encabezada por el bandolero Francisco Villa; el deber nos
manda salir a aniquilarla".
De momento tal parecía que la Revolución se había dividido en "carrancismo" y la Convención; pero cuando poco después Villa se dio cuenta de que la

Convención, de la que había sido designado Presidente el General Eulalio
Gutiérrez, no sería como supuso, un instrumento en sus manos, se echó encima
de ésta, y al parecer se unió a Zapata, y es oportuna la cita, de que Villa y
Zapata sellaron su acuerdo con recíproca infamia que venía a justificar la falta

de libertad de la Convención para deliberar. El periodista Paulino Martínez de
la Delegación "Zapatista", fogueado en su lucha contra la Dictadura, talentoso

periodista, hiw un bellísimo discurso refiriéndose a la debilidad de carácter del
señor Madero. Ello disgustó al General Villa. El General Zapata tenía algún
motivo de resentimiento contra el General ex-zapatista García Aragón, de
las fuerzas de Villa, personas éstas que fueron intercambiadas entre ellos, y que
recíprocamente mandaron fusilar.
Tres, pues, eran las facciones que se disputaban sobre montones de cadáveres el ejercicio del Poder Público, la de Carranza, que era ciertamente la

más equilibrada y que sólo contaba con Veracruz y algunas otras Ciudades,
entre ellas todas las más importantes de Tarnaulipas; la facción "villista", su-

puestamente ligada a Zapata y la más poderosa, y la Convención, que por
384

fuerzas de la Convención (a la que por otro lado nadie obedecía), saliendo
ésta de México a Toluca donde se inició el principio del fin.

ANTECEDENTES PRÓXIMOS

El día 31 de enero de 1915, el General "villista" Agustín Estrada contando
con el concurso de las fuerzas de los Generales tamaulipecos Alberto y Francisco Carrera Torres, derrotan sucesivamente en "La Quemada" y "San Felipe
Torres Mochas", Guanajuato (hoy Ciudad Hernández Alvarez) las fuerzas
"convencionistas" fuertes en nueve mil hombres bajo las órdenes de los Gene-

rales Lucio Blanco, Miguel M. Acosta, Gonzalo Novoa, José Isabel Robles,
Eugenio Aguirre Benavides y otros de menor significación. De ellos, llegan 500
dispersos a Chijol a las órdenes del General Juan Pablo Marrero, los que fueron reincorporados a las del General Don Pablo González, y 1500 a "Micos" el
trece de febrero, cuyo Jefe lo era el General Fortunato Zuazua y quien también
se reincorporó al "carrancismo".

El desastre anterior, y la derrota que infligió el General Alberto Carrera
Torres, al General Eulalio Gutiérrez el 24 de marro en "Palmas Gordas" y en

Venegas, San Luis Potosí, donde aquél tomó preso y colgó todo el Estado Mayor del General Mateo Almanza, fue el fin de la Convención, pues en abril
siguiente el General Alberto Carrera Torres, que del "carrancismo" se había
pasado a la Convención y de ésta había derivado hacia el "villismo", le tendió

una trampa en Tula de Tamaulipas, tomando presos a los Generales Lucio
Blanco y Alejandro Mackiney, logrando escapar aunque herido, el General
Eulalia Gutiérrez y finalmente en junio dos, éste lanzó un manifiesto, en "Ciénega del Toro", Nuevo León, renunciando a la Presidencia Provisional que le
había sido otorgada por la tan citada e infortunada "Convención", dando por
terminadas las funciones administrativas, civiles y militares de su referido ca~
rácter, diciendo entre otras cosas: "Por las circunstancias en que me encuentro,
todavía convaleciente de mi herida, ocasionada por la traición de Carrera Torres, nada puedo hacer".

385
H25

�Habré de hacer una digresión, antes de seguir a los Generales José Isabel
Robles y Eugenio Aguirre Benavides, después de "Palmas Gordas" y "Venegas"
para afirmar aunque se me considere parcial y jactancioso, que en tan trágicos
y solemnes momentos, para la salud de la Patria y el triunfo de la Revolución,
Tamaulipas, sí, mi amado Tamaulipas, salvó la Revolución en el norte del
país. Es un hecho evidente, consagrado por la historia, que en la primavera de
1915 todo el norte de la República (con alguna excepción en Sonora), quedó
sujeto al imperio del ' 1villismo", no así Tamaulipas, y que precisamente en la
antigua Nueva Santander, comenzó el principio del fin de dicha facción concomitante con las derrotas que le infligió el señor General Obregón en el Bajío. Con efecto, después del desastre de Ramos Arizpe (enero d_e 1915! donde
el General Felipe Angeles derrotó totalmente al General Antomo I. V1llarreal,
quien hubo de abandonarle Monterrey, la Revolución en el Norte f~e sal~ada
en "El Ebano" sucesivamente por los Generales (por su orden) Cesar Lopez
de Lara, cuya ala izquierda siempre estuvo a las órdenes d~l bravo Gen~~al
tamaulipeco don Carlos Osuna, Pablo A. de la Garza y Jacmto B. Trevmo,
que detuvieron y derrotaron a los Generales "villistas" Chao y Urbina, quie~~s
pretendían apoderarse de Tampico, para disp·oner de chapopote para mov1hzar sus trenes; en H. Matamoros (el 28 de marzo de 1915) donde los Generales Emiliano P. Naffarrate (sinaloense) e Ildefonso V. Vázquez, humillaron
la soberbia de los Generales "villistas" Absaul Navarro, que murió, y José María
Rodrícruez· en Nuevo Laredo (el 13 de abril de 1915) donde el "bayardo" de
la Re:olu~ión ( la denominación es del señor Carranza), General Maclovio
Herrera con la cooperación de los Generales Vicente Dávila, José E. Santos,
Alfredo' Ricaut, Benjamín y Reynaldo Garza, derrotó en el "Huizachito" las
falanges "villistas" a las órdenes de los Generales Orestes Pereyra y Pedro
Bracamontes quienes huyeron a Monterrey, y, finalmente los Generales don
Luis Caballero y César López de Lara, auxiliados por Eugenio López, Francisco González Villarreal, Ricardo Cortina, Pedro Morales, José Villanueva
Garza, Agapito Lastra, Rodrigo Flores Villarreal y o:ros, derr~taron e~ "villismo" representado por los Generales Máximo Garc1a, Sevenno Cemceros y
Alberto y Francisco Carrera Torres, castigándolos sucesivamente en Padilla
(el 23 de abril), en Linares Nuevo León (el 17 de mayo), y en Ciudad Victoria (el 28 de dicho mes) .
Después del desastre de "San Felipe Torres Mochas" (hoy Ciudad Hemández Alvarez), el 31 de enero de 1915, se pierde la pista de los Generales José
Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides, y no se vuelve a tener noticias de
ellos sino hasta el tres de marzo de 1915, fecha en la que una Comisión de su
part:, se presentó en Linares, N. León, al General don Luis Caballero, solicitándole garantías para dichos Generales, pues que don Eugenio deseaba se le
386

permitiera ir a Veracruz (vía Tampico) para hablar y sincerarse con el señor
Carranza, en Faros. El señor General Caballero, accedió concediendo la autorización y aún esperó algunos días; pero habiendo sido movilizada la 5a. División de Linares, sin que el General Aguirre Benavides se hubiera presentado,
instruyó al General Eduardo Vera, de sus fuerzas, quien quedó de guarnición
en Linares, en el sentido de que al presentarse, lo condujese personalmente a
Tampico, con toda clase de consideraciones.

LA TRAGEDIA

El General Eugenio Aguirre Benavides, después de que despachó la referida
comisión a Linares, N. León, cambió de idea, y en lugar de marchar a Veracruz,
a hablar con el señor Carranza, quien le profesaba especial afecto, pues que
había actuado como "poder moderador" ante el incontrolable Jefe de la División del Norte, se puso en contacto con el Doctor y General Rafael Cepeda
(ex-Gobernador ''maderista" de San Luis Potosí y quien otorgó la fianza, para
que el señor Madero obtuviera su libertad cuando por junio de 1910 estuvo
procesado y detenido en la Penitenciaría del Estado, fugándose, para lanzar el
"Plan de San Luis"), gestionando su paso y exp·atriación hacia los Estados
Unidos, mediante un salvoconducto.
Con efecto, los dos Generales "ex-villistas", Secretario y sub-Secretario de
la Guerra de la Convención, José Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides,
se concordaron con el citado señor Doctor y General don Rafael Cepeda, Jefe
de las Operaciones Militares en el Sur de Nuevo León y Norte de San Luis
Potosí (ruta de los "convencionistas"), entregando los restos de sus fuerzas al
"constitucionalismo", solicitando se les permitiera emigrar a los Estados Unidos,
concediéndoles las garantías necesarias, para cuyo efecto, el señor Doctor Cepeda, obrando por instrucciones del General don Pablo González, les expidió un
salvoconducto con la conformidad y refrendo del señor General Caballero,
Jefe como ya se sabe de la 5a. División, y cuyas fuerzas y subordinados guarnecían la frontera norte del país, en el Estado de Tamaulipas. Hecho el arreglo
y de paso hacia el Norte, pernoctaron en doliente caravana de noche entre el
treinta y uno de mayo y primero de Junio de 1915, en la Hacienda de Guadalupe, del Municipio de Los Aldamas, N. León, y un vecino de dicha hacienda, avisó al Coronel don Teódulo Ramírez de la Brigada Nafarrate, de
la 5a. División, cuyo Jefe lo era el señor General don Luis Caballero, que un
grupo de gente armada estaba pernoctando allí. El Coronel Ramírez, para
investigar la procedencia de dicho grupo, verificar si no se trataba del enemigo,
pues pululaban por el rumbo ''partidas villistas", y resolver si su presencia podía
387

�no justificarse, en territorio bajo el imperio del "constitucionalismo" y sujeto
a su mando, despach6 comisionado al Capitán Rodolfo Rodríguez Berna!,
para que, con quince soldados de sus fuerzas, se tras!adase
lugar citado y los
aprehendiera. Al llegar Rodríguez Berna] a la referida Hacienda ( el g:upo se
encontraba comiendo) y sitiar la casa que ocupaban, fue rec1b1do hostilmen~e
y un hombre pudo pasar, y escapar a matacaballo por entre los soldados sitiadores, aunque herido de una pierna, sabiéndose después que se trat~ba del
General José Isabel Robles y quien logró internarse en los Estados :1mdos. Al
rendirse y entregarse los atacados, cuyo Jefe era el General Ag~rre Ben~vides, se encontr6 muerto al general Julián Delgado. El Cap1tan Rodnguez Bemal recibió las armas, caballos y catorce velices, algunos de los cuales contenían en total, según se afirma, quince mil pesos en oro amonedado, pues el Doctor y General Rafael Cepeda habia regalado a los Generales Aguirre Benavides, Robles y Delgado, cinco IDil .~esos ~~o a cada
uno, velices que fueron enviados en una carreta a la Estac1on de Los Al~amas" avisando Rarnírez de todo ello, a su superior General Nafarrate, qmen
dispu,so se remitiera el numerario a Monterrey y le previ~o esperar~ órdenes.
El General Nafarrate (después Constituyente por Tamauhpas) curso un mensaje desde Monterrey, donde se encontraba, a su subordinado Co:on~l Teódulo
Ramírez en el que le decía: "Monterrey, Nuevo León, a lo. de Jumo de 1915.
Señor C~ronel Teódulo Ramírez, Los Aldamas, Nuevo León. Enterado sumensaje relativo, aprehensión enemigos. Recójales documentos y valores. Mándelos
en seguida pasar por las armas. General Emiliano P. Nafar:ate": ~ste fue el
único mensaje que fue recibido por el destinatario, cuando aun_ v1v1a el 1lust~e
preso y sus compañeros. El señor General Caballero, _pued~ af1~arse categoricamente, fue totalmente ajeno a la tragedia, y aun mtento evitarla cursando
órdenes para que se permitiera el paso ( a los ya victimas) hacia los Estados
Unidos.
El dia dos de junio del año en cita ( 1915 )' a las cinco de la mañana, en la
primera curva del Ferrocarril (Monterrey-Matamor~s) al Norte de '.'Los Aldamas", Nuevo León, fue fusilado el General Eugenio Agmrre Benav1des ( exSubsecretario de la Guerra de la Convención), juntamente con todos sus compañeros ( trece en total) que fueron tomados presos, tanto_ civil:s como ~-ilitares, a saber: señores Coronel Magdalena Robles, Abdon Tellez (Oficial,
Secretario Particular del General Aguirre Benavides), y los Abogados Alfonso
Bolaños Cacho (pariente del señor Licenciado Gustavo Diaz Ordaz) y Guillermo Morán, Capitán Ramírez, Oficiales Ricardo Corral Terrazas, Aurehano
Ruiz, y Remigio Zertuche, Subteniente Manuel M. Macias, Sargento 2o. Manuel Alcalá, y soldado Diego Guajardo. De los presos sólo escap6 de aquella
trágica hecatombe el soldado F. Díaz, quien actuaba como guia, Al comentar
0

ª!

388

este hecho, en uno de sus libros, el señor Licenciado don José Vasconcelos, que
ya estaba en el destierro dice: "La pantera del norte (se refiere a Nafarrate)
había saciado su sed de sangre". Mandó el cuadro el Mayor Arcadio Reséndez,
originario de Méndez, Tamaulipas, subordinado del Coronel Teódulo Ramirez, éste de la Brigada Nafarrate, y quien en el caso recibió órdenes expresas
de su Jefe, bajo cuyas instrucciones actuó. El señor General Aguirre Benavides,
momentos antes de ser fusilado, obsequió al Mayor Reséndez, su reloj de oro,
muriendo con toda serenidad, mandando su propia ejecución. Las víctimas
fueron inhumadas en el lugar en el que fueron ejecutados, casi a flor de tierra.
Su hermano el señor Licenciado Adrián Aguirre Benavides, llegó el día 10
de junio al lugar de los hechos provisto de trece ataúdes, incluyendo el del
General Delgado, los exhumó y colocándolos en sus respectivas cajas los inhumó
de nueva cuenta. Momentos antes de morir la innecesaria e ilustre víctima
escribió un recado a sus hermanos cuya grafía es la de un hombre absolutamente tranquilo en tan difícil trance, pues sus rasgos son firmes, entregándolo al
señor Cipriano Soto, ferrocarrilero militar, quien lo hizo llegar a don Rafael
(padre del General) con otro de él cuyos recados se reproducen en fotostáticas,
debido a la gentileza del señor Licenciado don Adrián Aguirre Benavides.
Y pasma la hoja de servicios castrenses del impoluto Jefe revolucionario
sacrificado, desde noviembre de 1910 en que organizó en Torreón un batallón
integrado por ferrocarrileros, hasta junio de 1915. Concurrió a 36 acciones de
armas, contando entre sus subordinados (entre otros) a los Generales Raúl
Madero, Manuel Medinaveytia, Lorenzo 11uñoz Merino, Fortunato Zuazua,
Arturo López Sánchez, Dizán Gaitán, Elpidio Velázquez, Neftali González, Manuel Reyes Iduñate y otros.
Un mensaje fechado el día dos de Junio, procedente de Monterrey, cursado
por el General Caballero al Coronel Teódulo Ramírez, y en el que ordenaba
que se les permitiera el paso y seguir su camino ( a quienes suponía detenidos
hasta aquellos momentos) hacia los Estados Unidos, por estar amparados por
el salvoconducto expedido por el General Rafael Cepeda, con refrendo del
Gobernador de Tamaulipas, superior a su vez del General Nafarrate; otro
enviado por el mismo, al General Aguirre Benavides confirmando el anterior,
y un tercero despachado por el tan citado General Cepeda, en el que inquiría
del Coronel Teódulo Ramírez le informara si el General Aguirre Benavides
y demás compañeros, habían sido puestos en libertad, fueron recibidos por
aquél, ocho horas después (a la una P.M.) de que éste y sus acompañantes,
habían sido ejecutados.
El Primer Jefe, señor Carranza, no tuvo aviso oportuno de los hechos y
consecuentemente no pudo evitar el drama, y cuando el señor Licenciado
don Adrián le telegrafió a Veracruz informándolo, se mostró muy dolido,

389

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.

·-....----:'·- · .i.;. ~~ • ·· •••

.. --- ·----·. ---·
· - - -........ -

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Monterrey, 6/15/15.
Sr.
Rafael Aguirre Benavides. El Paso.
Muy Sr. mio:
Mucho hagradeceré el que me aga el fabor de dispensarme lo tarde que
remito a usted la carta adjunta, esto por estar yo en trenes militares y no poder
ir a una población de importancia pero hoy tan pronto como yegue a esta
lo hago.
De Ud. Atto. S. S.
Cipriano Soto

390

, _,

--.. .' .··.' :-+:~-.:-:-:-::-:-:
.•

____

~

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En camino de los Aldamas a los Herreras el dia dos de Junio a las 4 de la
mañana. A mis queridos hermanos: Voy a morir en estos momentos, de or-

den de Monterrey, después de habemos detenido en la Hda. de Guadalupe
por fuerzas carrancistas mis últimos recuerdos son para mi madre y todos Uds.
Muero tranquilo después de una larga lucha libertaria, soy una de sus víctimas

necesarias para llevar adelante las buenas ideas que entraña la revolución.
Adiós a todos y resignen a mi madre a quien no le escribo porque considero el
pesar tan terrible que le causaría, no la apenen con estas lineas.

Adiós.
Eugenio

391

�contestándole deplorando los hechos, y enviando sentidísimas condolencias.
Algún tiempo después don Luis Aguirre Benavides entrevistó en "Faros" al
señor Carranza, quien emocionado le pidió que se le incorporara; pero éste
declinó para dedicarse a la atención del mermado patrimonio familiar. Se
ha afirmado que el oro que llevaban las víctimas, y la codicia del General
Nafarrate para apoderarse de él, y no devolverlo, fue el móvil del innecesario extremismo, dinero que según se dice se erogó en la campaña contra
el "villismo"; pero del que no hay pruebas que su erogación haya sido fiscalizada. En un mítin celebrado unos cuantos días después del asesinato en
Monterrey, el señor General don Marciano González ( "Pico de Oro") cuyo
regimiento revolucionario se llamaba "Girondinos de Nuevo León'' fustigó
con irritado y candente verbo, al General Nafarrate, hecho que los colocó
muy cerca de un lance personal.

mitología), sigue siendo también válida, en nuestros días, la premisa de que:
la Revolución, como su implacable dios Kronos, devora sus propios hijos.
Carranza, Obregón, Villa, Zapata, Lucio Blanco, Carrera Torres, José Isabel
Robles, Aguirre Benavides, Nafarrate, todos muertos violenta y tráo-icamente
b
&gt;
¡Sic Transit Gloria Mundi!

COMPLEMENTARIAS

Ya consolidado el Gobierno del señor Carranza, y con su carácter de Presidente Constitucional, recibió una solicitud de indulto primero del General
José Isabel Robles, y concedido y ya en México, gestionó su reingreso al
Ejército, el cual fue aprobado. Se le proveyó de elementos de guerra, al rebelde General Guillermo Meixueiro, y una vez allí, se alzó en armas contra
el señor Carranza. En alguna escaramuza en la que la suerte le fue adversa,
cayó prisionero de las fuerzas del General Jesús Agustín Castro, Gobernador
y Comandante Militar de Oaxaca, y fusilado.
El General Nafarrate, el otro actor en el drama, fue uno de los Constituyentes de Tamaulipas y asesinado por la espalda al través de una ventana,
en una casa frente al Cementerio de Tampico en 1918, por un sujeto llamado
Trinidad Guajardo alias "El Minuto" (por su corta estatura) y quien a su
vez fue asesinado en Matamoros algunos años más tarde.

EPít'.OGO

En 1915, la Revolución Mexicana (etapa que ya hemos felizmente superado) se dividió en "carrancismo", "villismo", "zapatismo" y "convencionistas", tanto como en 1789 se había dividido la Revolución francesa, en "jacobinos", "girondinos", "realistas" y "estado llano" y así como en los tiempos
clásicos de la Grecia heroica (según la elaborada e inagotable fuente de su

392
393

�DON FRANCISCO DE PAULA VEREA, OBISPO
DE LINARES Y DE PUEBLA
RICARDO

LANCASTER-JONES

Guadalajara, Jalisco

1
ANTECEDENTES DE FAMILIA

SEGÚN EL Nobiliario de Atienza, el origen de la familia Verea es la población
gallega de Lugo, pero en las pruebas de ingreso del año de 1839 en la Orden
de Carlos III de don Joaquín Verea y Aguiar, se muestra a la ciudad de
Santiago de Compostela y a la feligresía de Santiago de Andrade, como el
lugar de nacimiento de sus antepasados. Se menciona como posible primer
asiento de la familia a la Parroquia de Santiago de Verea en Galicia, pero
un examen de los libros que hizo el Párroco dio resultado negativo. El Padre
Fray José Santiago Crespo y Pozo de la Orden de la Merced, ha publicado
dos tomos de su obra Blasones y Linajes de Galicia, y desgraciadamente el

tomo con letra V no ha ap'arecido, ya que incluirá seguramente interesantes
noticias sobre este linaje. En el tomo I da a conocer el escudo de armas de

Verea: En campo de plata una espada guarnecida de oro, punta arriba y
brochante sobre el todo un león de sable, bordura de gules dentellada. Mismo
que incluye Atienza en su Nobiliario. Algo sobresalieron los de este apellido
en asuntos culturales, ya que en la Historia de la Universidad de Santiago
de Compostela, de Cabeza de León, se mencionan dos doctores, un maestro,
un bachiller y dos estudiantes de esta familia; aparte del autor de la Historia
de Galicia don José Verea y Aguiar, de quien se tratará más adelante. Pero

en la milicia sí hubo muchos de esta estirpe, como lo prueba el tomo IX del
Indice de Expedientes Personales del Archivo Militar de Segouia, publicado
por el Instituto Salazar y Castro, en donde aparecen catorce miembros de
395

�que suponemos una rama de la de Abello, que tenía su solar en Orano, lla-

la familia Verea en diversos puestos militares, incluyendo el Caballero de
Carlos III ya mencionado.
Existen también varias familias que escriben su apellido Berea Y de quien
respetables autores aseguran provienen de Cataluñ~ y B~le~rcs, pero posiblemente de remoto origen gallego. U na de esas familias radico en el puerto mexicano de Veracruz y a ella pertenecen distinguidas personas q_ue vive~ a~tualmente en la ciudad de México y otras partes de la República. El lmaJe
aragonés de Vera, de estirpe real, se enlazó con nobles casas e~~añolas Y
una rama se estableció en Pontevedra, Galicia, pero no tiene relac10n con el
de Verea. También aragonés, es muy conocido el li~aje de Be_re:~ pero no
encontramos conección con el de Verea que estudiamos. Benstam, _en su
bibliografía, menciona a Fray Francisco Vereo, autor de una obra ~1adosa

mado después Torre de Brieves, en el consejo de Valdés, de donde pasaría
a Betanzos y a la Parroquia de San Nicolás de Cinis, donde adquirieron
tierras por su enlace con la familia Verea. Por la pronunciación gallega alte-

raron su apellido en Abellón.
En la Historia de un Linaje de Luis León de la Barrera, se mencionan

varias variantes del escudo de Abello y Abella. Y menciona el apellido Abelló
de Valencia, como aumentativo de Abello, lo que es también Abellón. Aclara
que el truébano es la colmena, por lo que describe así las armas de esta familia: En campo de sinople, a la diestra una colmena de oro, con abejas
de los mismos volando en torno de ella y a la siniestra un castaño al natural,
aterrizado de oro.

Rafaela Sánchez Viscayno, mexicana, que fueron los padres del notable prelado y gran patriota, don Francisco Pablo Vázquez, Obispo de Puebla, que
nació en Atlixco, Estado de Puebla, el 21 de marzo de 1769 y fue el fundador del episcopado de México independiente. No hemos encontrado el _lugar de origen de don Miguel, por lo que sólo podemos suponer que haya sido

La familia Abella destacó culturalmente, puesto que aparecen doce escritores de ese nombre en el Manual de Librero de don Antonio Palau sólo
dos para Abellán, uno por Abellás, otro por Abelló, y dos de Abello. ' A la
milicia dio más hijos esta familia, como lo demuestra el Indice de Expedientes
del Archivo de Segovia, en el que se notan cuarenta y siete del apellido Abella,
veintiuno de Abellán, veinticinco de Abelló y dos de Abellón, de los cuales
uno pertenece posiblemente a la familia que se avecinó en Quintela. En Asturias eran inscritos como hidalgos los Abella y Abello, como indica el índice
del Archivo Nobiliario de la Audiencia de Oviedo, que dio a conocer el
Marqués de Ciadoncha.

gallego.
.
,
En la parroquia de San Nicolás de Cinis, Ayunta:'11ento de Osa_ de los Rios,
Arquidiócesis de Santiago de Compostela, Provmc1a d_e_ la Coruna, del antI~

sonas de apellido Abellón, como lo demuestra el Indice de Pleitos de la familia
Abellón, de Betanzos, existentes en el Archivo Histórico Regional de Galicia, la

que publicó Hogal en 1727 y 1730, pero no se s~b_e si es error la termmal en
o, y pudo ser realmente V crea; el pnmero en Mex1co.
En nuestra patria, el antecedente más antiguo y seguro del apell~do Ver:a
es el señor don Miguel Vázquez Verea, peninsular, esposo de la senora dona

En la región de Betanws existieron desde hace más de cuatrocientos años per-

gua Reino de Galicia, se estableció una rama de la fam1ba Verea que e~tron~o

Coruña, que amablemente envió al que esto escribe, don Antonio Gil Merino,

con la de Abellón. El 19 de mayo de 1687, fueron padrinos de un matnmomo
los señores don Antonio de Abellón y doña Inés de Verea, que son al parecer los fundadores del linaje Abellón Verea que después se cambió_ en
Verea Abellón. La familia Abellón se supone sea una rama de la asturiana
de Abello, de la cual escribió Tirso de Avilés en el siglo XVI esta descnp-

Director del Archivo. En el siglo XVI Juan Abellón tuvo ocho pleitos con diversas personas, y Pedro Abellón, tres. En el siglo XVII, Juan Abellón, escribano,
diez juicios, y otro Juan Abellón doce, un tercer Juan Abellón, clérigo, uno,

ción de su escudo de armas:

/

Antonio Abellón, tonelero de Fariña, Betanzos, uno, y otro Antonio Abellón,

de Figueroa, Coruña, uno. En el siglo XVIII sólo tres Abellón tuvieron pleitos
judiciales, Victorio y Antonio Abellón Gómez, de Santiago de Compostela,
y Francisco Abellón, del mismo lugar, en 1759.

El truébano y sus abejas
Y el castaño y ramos bellos
Traen por armas los Abe/los.

Vázquez nos hizo el favor de revisar el Archivo, encontrando las siguientes

Según dicho autor tenía su solar en el consejo de Valdés, en Asturias.

Enero 30 de 1749, matrimonio de Benito Abellón con Isabel del Rilo. No
menciona nombres de los padres, y sólo los testigos, Santiago Rilo, Jacinto
Bales y Pedro Fandiño.

Atienza, en su obra ya citada, indica ser la misma familia Abello y Abella,
y aun manifiesta que la de Abellán, aragonesa, provenía dd solar de Abella'. y
que pasó a Cataluña, Valencia y Murcia. Pero no menc10na la de Abellon,

En la parroquia de San Nicolás de Cinis, el Párroco don José Codesido
partidas:

Enero 29 de 1759, bautizo de Simón Francisco, hijo de Benito Abellón e

397
396

�Isabel del Rilo, vecmos del lugar de Quin tela. Otros hermanos: Escolástica
y Jacobo, de quien no se encontró acta, los mencionan varios documentos, Simón fue Sacerdote y educó a su sobrino Benito V erea Abellón.
Mayo 22 de 1784, matrimonio de Jacobo Abellón, hijo legítimo de Benito
Abellón y de Isabel de Rilo, con Josefa Do Pazo, hija legítima de Silvestre de
Outeiro y de María Do Pazo, vecinos de Cinis.
Mayo 2 de 1785, bautismo de Benito, hijo legítimo de Jacobo Abellón de
Josefa Do Pazo, del lugar del Quintela, nieto por parte paterna de Benito
de Abellón y de Isabel de Rilo, y por parte materna de Silvestre de Outeiro
y de María Do Pazo. Es Benito Verea Abellón.
Noviembre 7 de 1796, se dio sepultura al cadáver de Josefa Do Pazo, mujer
que fue de Jacobo Abellón, vecinos de Quintela. Murió repentinamente. Su
nombre verdadero era Josefa de Otero, por ser hija de Silvestre Otero (Outeiro
en gallego) y de María Do Pazo.
Enero 11 de 1789, entierro de Benito Abellón, marido que fue de Isabel de
Rilo, vecino de Quintela, feligresía de Cinis. Fue sepultado en la Iglesia Parroquial. Hizo testamento. Otros datos: Juan, hijo de Jacobo Abellón y
Josefa Do Pazo, falleció en Cinis en 1795. Isabel, de los mismos nace en 1786,
se casó en Cinis con Lorenzo Lago en 1827. José, nace en 1789, falleció en
1808 peleando contra los franceses. Dominga nació en 1788. María casó don
Manuel Do Pazo en 1811. Nicolás, nació en 1797, y contrajo matrimonio en
Cinis en 1827 con María Do Pazo Gómez, siendo sus hijos: Simón, nacido
en 1820, Domingo en 1823, y Pedro.
Abril 2 de 1791, se dio sepultura en San Nicolás de Cinis al cadáver de Silvestre de Outeiro, marido que fue de María Do Pazo, vecinos de Cinis.
Mayo de 1837, se dio sepultura en el Cementerio Parroquial de Cinis, al
cadáver de Jacobo Abellón, viudo de Josefa de Outeiro. Conocida también
por Josefa Do Pazo.
Enero 28 de 1867. Testamento de Nicolás Abellón Verea Otero, viudo de
80 años de edad, vecino y residente de la Parroquia de San Nicolás de Cinis,
Ayuntamiento de Oza de los Ríos, declara ser hijo legítimo de Jacobo Abellón
y Josefa Outeiro, difuntos, vecinos de Cinis. Casado con María Do Pazo
Gómez, el 13 de febrero de 1819. Siendo sus hijos: Simón, de 53 años de
edad, Domingo de 50, Pedro de 38. Simón, casado con Josefina Lago, ya difunta, dejó un hijo llamado Nicolás, que tiene 20 años. Domingo es viudo
de María Carro, y Pedro Abellón es casado con Andrea Regueiro Linares.
El documento anterior y otras cartas de familia muestran que la familia
Abellón de Cinis, usaba el apellido Abe/Ión Verea, y actualmente los que residen de la familia, en Sionlla, La Coruña, España, usan solamente el apellido
Verea, como la rama de México.
398

En el año de 1808 se formaron en Galicia varias juntas fernandinas, para
oponerse, como toda España, a la dominación francesa del rechazado José

Bonaparte. En Betanzos, organizó la Junta el historiador gallego don José
Verea y Aguiar, de quien se ha tratado antes, y quien tenía parentesco lejano con los Abellón V erea de Cinis. A esas juntas concurrieron los hermanos
Benito y José Abellón Verea; éste se dio de alta como soldado y pasó al ejército
que formó la Junta de Galicia, el cual, mandado por el Gral. Blake entró
en Castilla, en donde desgraciadamente tomó el mando el Gral. Cuesta, quien
sufrió la derrota de Rioseco, en cuya batalla, aparentemente murió José Abellón Verea con grado de oficial de infantería. En Galicia siguió su hermano
mayor Benito Abellón Verea, quien fue perseguido por los bonapartistas por
la fama de su hermano, considerado héroe de la patria en su región. Para
salvar a Benito, don José Verea y Aguiar le proporcionó un pasaporte con el
nombre de Benito Verea, y logró pasar a la Nueva España con los Oidores
de la Nueva Galicia, don Juan José Recacho y don Juan Nepomuceno Hernández de Alva. Al llegar a Guadalajara, México, presentó cartas de recomendación a don Antonio Mijarez Díaz y a su esposa, doña Ana Joaquina
Ferreira, gallega originaria de El Ferro!. Las cartas lo nombraban Benito Verea,
pero nunca dejó de usar su apellido paterno, siendo conocido como Benito
Verea Abellón, como lo demuestra el acta de su primer matrimonio: "En
Guadalajara e Iglesia del Convento de San Juan de Dios, a seis de junio de
mil ochocientos diez años, el Doctor don Mariano Iriarte en mi licencia y
ante los testigos: el Prebendado don José María Sanmartín, don José Tamayo
y don Benito Verea y Abellón natural del lugar de Cinis en el Arzobispado
de Santiago de Galicia, hijo legítimo de don Jacobo Abellón Verea y doña
Josefa Dopazo, y a doña Ignacia González, natural del pueblo de Hostotipaquillo y vecina de esta ciudad, hija legítima de don Andrés González y de
Ana María Jiménez, a quien su Sría. Ilma. se dignó dispensar las tres moniciones dispuestas por el Santo Concilio de Trento. Para que conste lo firmé
como el dicho Sr. Cura Rector, Manuel Covarrubias". Cuyo original existe
en el Archivo de la Parroquia del Sagrario de Guadalajara, localizado por
el Sr. don Francisco Javier de Castaños y Cañedo.
El acta anterior indica que don Benito Verea Abellón se estableció en
Guadalajara en una casa situada cerca del Convento de San Juan de Dios,
que en esa época era barrio de buenas residencias, como el Palacio de Medrana, que sirvió en un tiempo de sede a la Audiencia de la Nueva Galicia
y al parecer entonces estaba habitado por la distinguida familia Sánchez Pareja, descendientes del Oidor de esos apellidos. Posteriormente se cambiaron
a casa cercana a la Iglesia de San Sebastián de Analco, de la Orden Franciscana. Eso se desprende del acta de bautismo de los dos hijos de su primer
399

�matrimonio y el primero del segundo. Su primer hijo fue nuestro biografiado
el Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. don Francisco de Paula Verea y González de Hermosillo, de acuerdo con el acta que conocemos por copia del Sr. Castaños y
Cañedo, ya mencionado, como sigue:

D. Jacobo Verea Abellón y Da. Josefa Dopaso y Otero. Maternos D. José
González de Hermosillo y Da. Dolores Jiménez de Castro, como apoderada
de dicha señora lo sacó de pila Da. Plutarca Verea Abellón, quienes están
entendidos de su obligación y lo firmé. Domingo Chávez".

"En la Iglesia de San Sebastián de Analco a los quince de Diciembre de
mil ochocientos trece: Yo el Br. Dn. Vicente Díaz de la Fuente, Teniente
de Cura de San José de Analco, bauticé solemnemente a Juan Maria Francisco
Espiridi6n Antonio Miguel, español, nacido el 14, hijo legítimo de D. Benito
Verea Abellón y de Da. Ignacia González de Hermosillo. Abuelos paternos
D. Jacobo Verea Abellón y Da. Josefa Dopazo. Matemos, D. Andrés González de Hermosillo y Da. Ana María Jiménez, fueron padrinos el Presidente
Prior de San Juan de Dios Fray Antonio Gómez y Da. Micaela Guerra, quienes están entendidos de su obligación y lo firmamos. Vicente Díaz de la
Fuente. Agustín Virgala". De todos esos nombres sólo usó el de Francisco de
Paula, el de Espiridión se explica por ser el que se celebra el 14 de diciembre.
Aquí se nota que ya se había invertido el apellido de los abuelos, de Abellón
Verea, a Verea Abellón, para estar conforme al que usaba don Benito en su
pasaporte y como era conocido en Guadalajara, México. La única hermana
del Excmo. Sr. Obispo Verea fue doña Plutarca Verea, que casó con don
Antonio Romaneo, sin dejar sucesión. Su acta, como la anterior y la siguiente
provienen de copias del Sr. Castaños y Cañedo, como sigue:
"En la Yglesia de San Sebastián de Analco a treinta de junio de mil ochocientos diez y ocho. Yo el Presbítero D. Agustín Santos Coy, Teniente de
Cura de San José de Analco, bauticé solemnemente a Ana Josefa Plutarca de
los Dolores, española, nacida el 28, hija legítima de D. Benito Verea Abellón
y de Da. Ignacia González Jiménez. Abuelos paternos D. Jacobo de Verea
Abellón y Da. Josefa Dopazo. Matemos, D. Andrés González de Hermosillo
y Da. Ana María Jiménez. Fueron sus padrinos D. Pedro González y Da.
Agustina Jiménez, quienes están entendidos de su obligación y parentesco, y
para que conste lo firmé con el señor Cura. Domingo Chávez".
Poco después del nacimiento de Plutarca, murió su madre doña Ana María
González Hermosillo y Jiménez de Castro, y don Benito Verea Abellón pasó
a segundas nupcias con doña Dolores González de Hermosillo y Jiménez de
Castro, prima-hermana doble de la primera esposa. Aún vivían en Analco
(barrio de Guadalajara) en 1826, como prueba el acta siguiente:
"En la Yglesia de San Sebastián de Analco, a los veinte y cuatro de marzo
de mil ochocientos veinte y seis. Yo el Dr. D. Domingo Chávez, Cura Interino de dicha parroquia, bauticé solemnemente a José María de Jesús, nacido
el 19 a las once y media de la mañana, hijo de D. Benito Verea Abellón y de
Da. Vicenta González de Hermosillo y Jiménez de Castro. Abuelos paternos

Posteriormente D. Benito Verea adquirió una casa en la esquina de la
calle de la Merced (hoy Hidalgo) y la Cruz (Cruz Ahedo actualmente). Dicha
casa es de la familia; está frontera al antiguo convento y templo de Santa
María de Gracia, en donde habitaban dos monjas de la famiEa González de
Hermosillo. Tenía frente a la plazuela de San Agustín, en que después se construyó el Teatro Degollado, y muy cercana al Templo de San Agustín y Colegio
Agustiniano de Señor San José, en el cual cursó sus primeros estudios don
Francisco de Paula Verea, en compañía del joven don Carlos María Colina,
que sería su amigo inseparable y compañero de carrera eclesiástica; quien siendo
originario de Colima, vivió en Guadalajara en la casa de la familia Verea
y González de Hermosillo, hasta que fue consagrado Obispo de Chiapas.

400

II
ESTUDIOS Y LABOR SACERDOTAL

El joven Francisco de Paula Verea ingresó al Seminario Conciliar de Señor
San José de Guadalajara, al terminar sus estudios primarios en el Colegio
Agustiniano, y muy joven salió del Seminario en el año de 1827, según indica
Dn. Agustín Rivera en su obra Los Hijos de Jalisco. En el Seminario fue Colegial de Honor y Becario en Derecho Canónico. El rector era entonces el Dr.
don Miguel Gordoa, Canónigo Lectora] de Guadalajara, y el Profesor de
Derecho Canónigo don Arcadio Cairo, que después fue Cura de Jala, Nayarit.
Fueron sus condiscípulos el Lic. don Octaviano Muñoz Ledo, después Gobernador de Guanajuato, y Ministro en el Gabinete del Presidente Gral. Miramón; el Lic. don Juan Gutiérrez Mallén, notable abogado del foro jalisciense; don Dionisio Rodríguez, abogado y filántropo, declarado Benemérito
de Jalisco por el Congreso del Estado. Pasó a la Universidad de Guadalajara
don Francisco de Paula y allí se doctoró en Derecho Civil el 24 de agosto
de 1835 habiéndose recibido de Abogado del Supremo Tribunal de Justicia
de Jalisco, y aceptado como miembro del Colegio de Abogados de la ciudad de
México. Fue catedrático de cánones en el Seminario de Guadalajara y director
del Colegio Clerical de esa ciudad.

Recibió el orden sacerdotal el Jo. de marzo de 1837, de manos del Ilmo.
Sr. Aranda, quien lo nombró su familiar, y su primera misa la dijo el 2 de
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predicaba con frecuencia en sus fiestas, por ser su familia materna de _la re-

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gión de Los Altos de Jalisco y haber heredado de su abuelo materno, Junta-

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abril del propio año. Su labor como Sacerdote fue muy completa, ya que
actu6 como Cura Interino de la Parroquia de San José de Analco en Guadalajara, sirviendo también en la Curia del Obispo en donde ocupó la Prnsecretaría y luego la Secretaría del Gobierno Eclesiástico; fue Juez Provisor,
Gobernador, y Vicario General de la Mitra, durante el gobierno del Ilmo. Sr.
Aran da y Carpinteiro. En la Catedral de Guadala jara ocupó una Prebenda
y obtuvo por oposici6n la Canongía Doctoral. Fue Director del Hospital de
San Juan de Dios, cuando construyó la arquería que aún existe y se conoce
como Portal de San Juan de Dios. Ayud6 a su Prelado a establecer a las Hermanas de la Caridad en el Hospicio que fund6 el Ilmo. Sr. Cabañas. Era
muy devoto de la Imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos Y

mente con su hermana Plutarca, unas propiedades rústicas cercanas a Tepatitlán a cuyo Santo Cristo de la Misericordia que se venera en su Santuario
de es~ lugar, también profesaba ardiente devoción. Su amistad con el Prior del

Carmen Fray Manuel de S. Juan Cris6stomo Nájera, se demuestra con el
Asiento de Cofrade de Ntra. Sra. del Carmen que le extendió el 20 de julio
de 1847; y se sabe frecuentaba el trato de ese ilustre orador sagrado que tanto
hizo por la cultura tapatía.
Es curioso observar cuán semejante fue su carrera eclesiástica con la de

su compañero don Carlos María Colina y Rubio, que na~i6, como él_ en lfü3,
se ordenó en 1839, estudi6 en el Seminario de Guadalapra en caSI los mismos años aunque en diferente facultad, ya que éste se doctor6 de Teología
por 1839, cuatro años después que el Sr. Verea, pero igual que él fue maestro
del Seminario, Prosecretario y luego Secretario de la Curia, Prebendado Y
Canónigo de la Catedral de Guadalajara.

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III

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ÜBISPO DE LINARES

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Siendo Canónigo Doctoral de Guadalajara y Vicario General del Obispado,
recibi6 la noticia de haber sido preconizado Obispo de Linares por Su Santidad Pío IX el 26 de junio de 1853, por carta de ese gran Pontífice, escrita
en latín en la fecha indicada y en la que se refiere a una misiva del Sr. Verea
del 31 de Marzo pidiendo autorización para que lo consagrara el Ilmo. Sr.
Arzobispo de México, lo que se le concede. Se publica copia de esta carta

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por su importancia histórica, ya que hace suponer una fecha anterior al 26 de

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junio y aún antes del 31 de marzo de 1853, para su preconización como Obispo
de la Diócesis de Linares, con sede en la ciudad de Monterrey. El Sr. Iguíniz

indica el 27 de junio de 1863 como la fecha en que fue preconizado, pero el
Sr. don Carlos Pérez Maldonado en su magnífica obra El Obispado, sólo proporciona la fecha de la consagración episcopal.
El Sr. Verea estaba muy bien relacionado socialmente y con las autoridades
de la nación, al momento de su consagración, por lo que fue un acontecimiento

nacional, ya que el oficiante fue el Ilmo. Sr. don Lázaro de la Garza, Arzobispo
de México, y tuvo como padrino al General Santa Anna, Presidente de la Re-

pública, quien le extendió nombramiento de Consejero de Estado y lo agració
con la Orden de Guadalupe en grado de Comendador. La consagración se
efectuó en la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe el 13 de noviembre
de 1853, y habiendo tomado luego p·osesi6n de la Diócesis por medio de apoderado, salió para Monterrey, llegando el 25 de diciembre del mismo año, en
que se le recibió con las formalidades de costumbre.
En Monterrey encontró el nuevo Obispo una situación lamentable en cuanto
a la organización religiosa, ya que la diócesis se hallaba prácticamente carente

de Pastor desde 1838 en que renunci6 el Sr. Belaunzarán, o sea diez años, y
puesto que el Sr. Apodaca s6lo gobernó cuatro meses y el Sr. Sánchez Navarro
no llegó a ser consagrado. Por tal motivo el Sr. Verea puso especial empeño en
reorganizar la Curia y luego emprendió la visita del vasto territorio que abarcaba entonces su diócesis, o sea los Estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, casi todo el Noreste mexicano.
Para poder conocer siquiera el enorme territorio de su diócesis, puede decirse
que los primeros cuatro años de su gobierno fueron de casi constantes visitas

pastorales, interrumpidas s6lo por la necesidad de permanecer algún tiempo en
su sede para atender los asuntos generales de la Iglesia. Por lo tanto nadie puede extrañarse de que la promulgación de la Constitución de 1857 lo haya encontrado en Santa Rosa de Múzquiz, Coahuila, lugar en esa época muy peligroso,
por ser paso de las tribus salvajes de Pieles Rojas que invadían territorio nacional desde Texas, cometiendo incontables depredaciones. En esa poblaci6n
recibió el Sr. Verea una circular del Ministerio de Justicia y Negocios Eclesiásticos y un ejemplar de la ley sobre derechos y obvenciones parroquiales, que
encontr6 contrarias a la libertad de la Iglesia, por lo que envi6 un instructivo
al Cabildo, párrocos y clero secular, prohibiendo la aplicaci6n de esa ley y del
contenido de la Constitución contrario a la independencia de la Iglesia, como

lo hizo saber al Ministerio de Negocios Eclesiásticos.
La crisis con las autoridades del Estado de Nuevo Le6n culnúnó el 7 de septiembre de 1857, cuando el Sr. Obispo envió una nota al Gobernador del Estado D. Santiago Vidaurri, indicando que no podrían ser recibidas con honores

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�las autoridades municipales debido al cambio de actitud del Gobierno Federal
hacia la Iglesia, ya que las distinciones que se extendían a !ºs gobernante~ eran

en agradecimiento al patronato que otorgaban a la Iglesia, lo que, habia cesado. Un escrito similar envió también al Congreso de Nuevo Leon, lo ~ue
motivó los acontecimientos del día 8 de septiembre, en que se celebraba la fiesta de la Natividad de María, patrona de Monterrey.
El Sr. Pérez-Maldonado, en su obra El Obispado, narra cómo fueron aprehendidos los miembros del Cabildo de la Catedral de Monterrey, por las autoridades municipales de esa ciudad al finalizar la celebrac!ón r_eligiosa, _Y que

poco después fue arrestado el Sr. Obispo Verea en su palacio ep1Scopal, situado
entonces en la esquina noreste de las calles de Morelos y Zaragoza. El Prelado
no opuso la menor resistencia y fue conducido a la c~rcel municipal entre una
escolta de las autoridades de la ciudad. El pueblo hizo valla respetuosa Y recibió la bendición pastoral de hinojos, ante la actitud desafiant~ del gobierno
civil. Asumió el Obispo toda responsabilidad del asunto y en casllgo fue expulsado del Estado y de toda la región nordeste de la República que gobernaba
Vidaurri como verdadero cacique.
Salió el Sr. Verea hacia Zacatecas, en donde fue recibido en el Colegio

Apostólico de Guadalupe, por su coterráneo el Padre ~alomar,_ que era Guardián a la sazón. En ese refugio conventual pennanec10 el Obispo de L°:ares
algún tiempo, siendo muy bien atendido por los miembros ~e la comumdad
franciscana; pero habiendo sido invitado, ~or los ~~dres. Fehpe~ses a su residencia de La Profesa de la ciudad de Mex1co, parllo hacia :sa cmd~d, en q~:
intentó gestionar su regreso a Monterrey con el Presidente Jua~ez, q~1en aprect~

el valor y simpatía personal del Sr. Verea, y como estaba distanc1a_do de V1daurri, lo exceptuó de la expulsión general de todos los prelados mexicanos que
dictó a principios del año de 1861. No quiso li~rarse de la suerte de sus hermanos mitrados el Sr. Obispo de Linares y saho hacia Veracruz, en donde es-

tuvo prisionero del Castillo de San Juan de Ulúa con los demás obispos, hasta
que pudieron salir del país embarcándose por febrero de 1861.
"

a la ceremonia, casi todos de fuera de Italia, muchos que viajaron desde remotas regiones para tomar parte en los grandiosos festejos. El Santo Padre honró
a los prelados mexicanos asistentes con grandes distinciones, y el Sr. Verea re-

cibió los títulos de Prelado Doméstico de Su Santidad, Asistente al Solio Pontificio y Conde Romano. El 7 de junio de 1862 había sido nombrado Académico Ilustre de la Academia de Quiriti en Roma, como lo demuestra un

diploma firmado por el Príncipe Anual Vicenzo Basilio Diotaltevi, en poder del
que es:o ~scribe. Antes, cuando estaba recién consagrado Obispo de Linares, el
14 de Jumo de 1854, le extendió en París, Francia, el Príncipe Duque de RohanRohan, como Presidente de la Sección del Instituto de Africa, diploma comprobando su nombramiento el 10 de junio anterior, de Presidente de Honor
de dicho Instituto. Firma también el documento como Presidente General el
Duque de Valentinois, y se conserva en el archivo del autor.

En calidad de familiar acompañó en su viaje a Roma al Sr. Obispo Verea,
Fray Francisco de la Concepción Ramírez, religioso del Convento de Guadalupe
Zacatecas, originario de León, Guanajuato, que había sido activo colaborador
suyo en las visitas pastorales y misiones que dieron en la diócesis de Linares
.
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particularmente en lugares lejanos que no recibían visita de sacerdote alcruno
desde hacía muchos años. Como el Sr. Verea se había dado cuenta de
imposibilidad de atender bien las necesidades religiosas del enorme territorio de

1:

Línares, logró del Santo Padre Pío IX, la erección de Vicariato Apostólico de
Tam~ulipas y que fuese nombrado primer Vicario su familiar Fray Francisco,

a qmen su Santidad extendió Breve nombrándolo Obispo-in-Partibus de Caradro y lo consagró el Cardenal Constantino Patrizi en el oratorio privado de
su palacio el 21 de julio de 1861. Así fue segregada Tamaulipas de la diócesis

de Linares.
Como resultado de la intervención francesa y el imperio de Maximiliano,

pudo reg:esar al país Monseñor Verea, llegando a Monterrey en enero de 1863,
para dedicarse de nuevo con ahinco a su ministerio pastoral.
Siempre siguiendo la santa visita, se encontraba Monseñor Verea en Parral

Casi todo el tiemp·o del destierro vivió en Roma el Sr. V_erea, con e~cepc1on

Coahuila, el mes de marzo de 1864, cuando el General Antonio Carbajal, del

del viaje que hizo a Tierra Santa acompañando al Sr. Ob!Spo Labastida Y de

partido liberal, trató de fusilarlo, protestando que ayudaba a los conservadores,
lo que no se pudo demostrar. Pero para evitar esa amenaza tuvo que salir de
su diócesis nuevamente el tan perseguido Obispo, y esta vez se refugió primero

una corta visita a Bohemia para rezar ante el cuerpo de San Juan Nepomuceno,
de quien era gran devoto. Tuvo la dicha de presenciar la canonización
los
veintiséis mártires del Japón, entre los que se cuenta San Felipe de Jesus ~l
santo mexicano, lo que ocurrió el 8 de junio de 1862, en espléndida_ ceremoma
a la que asistieron 21 cardenales, 5 patriarcas, 54 arzobispos y 186 ob1spos,_entre

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en Guadalajara, luego en la ciudad de México y por último en Puebla, en
donde residía su antiguo compañero Monseñor Colina, que había sido tras-

éstos seis mexicanos, pero con la ausencia de la mayor~a _de los p;el_ados 1tal_1a:
nos, que por la guerra intestina de ese país no pudo asistir. Esto ult~mo motivo

ladado a esa importante diócesis, y vivía allí desde 1863. A fines de 1866 asistió
en México, por orden del Sumo Pontífice, a la reunión de Obispos que debían
preparar el Concordato con el Imperio de Maximiliano, el cual no se llevó a

que S.S. Pío IX se mostrara muy agradecido con los pastores que dieron realce

cabo. A la caída del Imperio, estando con el Sr. Colina en Puebla, fueron

404

405

�ambos arrestados por orden del Gral. Porfirio Díaz, cuando tomó la plaza, en
1867. Siguieron días de persecución para la Iglesia y sus Prelados, y Monseñor
Verea tuvo la pena de perder a su padre don Benito Verea Abel!ón, el 4 de

abril de 1868.
Emprendió nuevo viaje a Roma en el año de 1869, para participar en el
Primer Concilio Vaticano, y regresó luego a Monterrey, en donde todo estaba

es considerado Monseñor
Verea como uno de los tres notabl es Jª
· 11sc1enses
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.
que
prepararon el cammo hacia la actual grandeza regiomontana. El Prelado en
la parte c~ltural Y moral, el Dr. don José Eleuterio González, en salubridad y
b~nefic:ncia,_ y el General don Bernardo Reyes, en la parte industrial comercial Y fmanc1era, que propició con su política de paz social.
'

trastornado, pero con el valor de siempre se dio a reconstruir y reorganizar su

Diócesis. Principió por el Seminario de Monterrey, cuyo edificio había sido
ocupado por el Gobierno, y venciendo mil dificultades logró comprar otra
finca, que adaptó lo mejor posible, abriendo de nuevo el establecimiento a fi.
nes de 1869, bajo la dirección y magisterio de los Padres Paúles, que había
traído de Europa con ese objeto. La Compañía de Jesús le ayudó proporcionándole sacerdotes que sirvieran curatos en lugares fronterizos con los Estados

Unidos, y además pudo lograr la fundación del Colegio de San Juan Nepomuceno de Saltillo, para el cual proporcionó una vieja finca ( antiguo hospital), como indica el Padre Gerardo Decorme en el segundo tomo de su
Historia de la Compañía de Jesús en México. En esa época Mons. Verea
logró muy buen entendimiento con el Gral. Charles, Gobernador de Coahuila, antiguo alumno de los jesuitas, quien facilitó los trámites, por lo que

IV
Seguramente ~onseñor Ver~a era bien conocido en Puebla y eso influyó para

q,ue el Ven. Cabildo Metropolitano lo eligiera por mayoría de votos en primer
te~mo para la tema que debería enviarse a Roma, para que ocup~ra la Sede
Episcopal.
· ocaSiones
·
. Por su amistad con su antecesor había estado en vanas
en esa, cm dad; como se ha dicho, en una de ellas fue preso por el Gral. Díaz.

A~cmas se puede saber que había ayudado muy importantemente a la fundacion del Coleg10 Apostólico de la Inmaculada Concepción de Cholula
carta de fecha 31 de octubre de 1860, en que el Padre Guardián Fray Fr;n~::
co ?~rdona, 1; informa ~e la erección canónica de ese semillero de misioneros
serahcos'. el dia 18 de dicho mes y año, dándole las gracias "por todo lo que
V.E.I. hizo en favor de esta fundación".

se abrió el plantel educativo de Saltillo el 3 de noviembre de 1878. Asistió
el Prelado a la primera distribución de premios en julio de 1879, mostrándose
muy satisfecho de haber podido proporcionar ese centro educativo al noreste

. El 13 de oct~bre de 1879, segundo año de su pontificado, expidió el SantíSimo Padre Lean XIII, las bulas que confirman el nombramiento de M

mexicano, que aún es recordado con cariño por unos cuantos ex-alumnos su-

Ve~ea en la diócesis Angelopolitana y de Tlaxcala; siendo en poder del a:~:

pervivientes.

En Monterrey también estableció un buen externado que fue la semilla de
la cultura católica neoleonesa. En su Diócesis abrió dos casas de las beneméritas
Hermanas de la Caridad, un colegio de niñas, otra casa de religiosas, construyó

dos templos y puso la primera piedra al santuario de Nuestra Sra. del Roble
(en septiembre de 1854), logró operaran varias escuelas parroquiales, las Conferencias de San Vicente de Paul, y algunas hermandades y cofradías que estimularan el celo religioso, que en esa época había decaído tanto. El 10 de
marzo de 1879 falleció el Ilmo. Sr. Colina, Obispo de Puebla, su amigo más
adicto, y el Santo Padre León XIII lo trasladó a esa diócesis el 16 de septiembre de ese año ya que había sido propuesto por el Cabildo de Puebla el 28
de marzo anterior. Su sucesor en Monterrey fue el famoso escritor y orador
Excmo. y Rvmo. Sr. Dr. y Mtro. don Ignacio Montes de Oca y Obregón, quien
hizo grandes elogios de la obra de Monseñor Verea como titular de Linares,
diciendo textualmente: "al suceder en este Obispado al Ilmo. Sr. Verea ....
nuestro papel se redujo a conservar y dejar que marchara la máquina, sin
tener el trabajo de fundar o la terrible tarea de reorganizar". Por ese motivo

406

el Juego completo de trece pergaminos, doce cordón blanco del que pende un
sello de plo~o, en cuyo reverso está:

"LEO PAPA

xm" y en su verso una cruz lati-

na que despide rayos de luz sobre las testas aureoladas de San Pedro y San Pablo, con :uatro SSSS en la parte superior. El documento de mayor tamaño mide
45.5 cent1metros de largo p~r 61 centímetros de ancho principiando: "LEO Epis:us Servus Servoru'.11 Dei ~enerabili Fratri Joanni Francisco de Paula Verea
!Ilhh-nuper de. Lmares m Episcopus T!ascalensen Angelopolitan Electo
Salutem et Apostohcam Benedictionem Romani Pontificis quem Pastor Cae! t'
tE",,
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e_ _p1scop~s .' termina: "Datum Rome apud Sanctum Petrum Anno Incamatioms Dom1mce Millesirne Octagentesimo Septuagesime nono, Tertio decimo

Kalendas Octobris, Pontificatus Nostri Anno Secundo S S" Al
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L. _Belloti Cap. Coad." Hay otro pergamino más peque-

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n~ con cordon roJo d1ng1do también a Monseñor Verea; el sicruiente
al Arzo0

bISpado de México, al Cabildo de la Catedral Angelopolitana, al Clero de esa

407

�Diócesis, al pueblo cristiano de la misma, otro es la forma de profesión de fe,
otro la de juramento, etc.
Aunque su edad no era muy avanzada, ya que tenía 66 años cuando fue
trasladado a Puebla, las muchas persecuciones que sufrió y la lucha constante
que tenía que desarrollar para llevar adelante sus obras, seguramente habían
minado su salud, pero no quiso cuidarla y siguió en Puebla el mismo plan de
trabajo que en Monterrey, aunque le había sido fácil dejar marchar las cosas
como las tenía organizadas su antecesor Monseñor Colina. Por eso admira que
en escasos cuatro años que duró al frente de la diócesis Angelopolitana, haya
dejado tan buen recuerdo y que se sepa aún de varias mejoras que ejecutó en
tan corto plazo.

Por especial deferencia del Excmo. Sr. Dr. don Octaviano Márquez y Toriz,
actual dignísimo Arzobispo de Puebla, hemos podido contar con un estracto
de la obra del Sr. Pbro. J. Manuel Martínez, intitulada Episcolopio Angelopolitano, muy bien documentada, especialmente en los libros de actas del Ven.
Cabildo de la Catedral de Puebla, y en otras obras como la del propio Excmo.
Sr. Arzobispo mencionado, intitulada Serie de Obispos Angelopolitanos que
apareció en la Revista Eclesiástica de Puebla; al final se incluye la bibliografía
del Sr. Pbro. Martínez, que complementa la del autor.
Por el trabajo mencionado anteriormente, sabemos que el domingo 26 de
octubre de 1879 se cantó en la Catedral de Puebla un Te Deum, por acuerdo
del Cabildo, con motivo de la designación papal de Monseñor Verea a la
diócesis de Puebla; y que el 11 de noviembre del mismo año acordó también
el Cabildo hacer reparaciones al Palacio Episcopal para recibir a su nuevo
Prelado. Monseñor Verea prestó juramento de fidelidad y obediencia a la
Santa Sede en diciembre de 1879, ante el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo de
México Dr. don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, en la ciudad de
México, y tomó posesión de la diócesis por poder suyo el M. I. Canónigo Doctoral y Vicario Capitular Lic. don Atenógenes Castillero, el 23 de enero de
1880, en la forma acostumbrada. El día 26 del mismo mes hizo su entrada a
su sede episcopal, verificándose la recepción oficial en la tarde de ese día, en
el Colegio Clerical Josefino, según acuerdo del Cabildo y varios Sacerdotes, en
carruajes, seguido de larga y entusiasta comitiva, hasta la Catedral en donde
se verificó la ceremonia de rigor, y al siguiente día 2 7, se celebró una· misa de
acción de gracias a la que asistió el Obispo.

En sesión capitular de 21 de enero de 1881 se aprobó con el acuerdo del
Obispo la ampliación del templo parroquial del Sagrario, anexo a la Catedral,
a iniciativa del M. I. Sr. Deán Dr. D. Ramón Vargas, quien poco después entregó una importante suma para costear la obra. En 24 de mayo de ese año
el Cabildo acordó apoyar la solicitud de la Sociedad Católica de Puebla para
408

Dr. Don Francisco de Paula Verea

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•
Carta de Pío IX a Monseñor Verea

��pedir a Su Santidad la declaración de la Asunción corpórea de María Santísima como dogma de fe, adelantándose muchos años al logro de ese anhelo
católico, que fue proclamado el primero de noviembre de 1950 por S. S. Pío
XII. En el mismo año se reimprimió el Manual Diocesano por acuerdo de
Mons. Verea.

Habiendo enviado el Prelado solicitud al Cabildo de que fuese trasladado al
Coro de la Catedral el altar de Nuestra Señora de la Defensa, patrona de ese
templo, no encontró eco entre los señores capitulares esa sugerencia, por lo que
Mons. Verea se abstuvo de insistir sobre el asunto, con el respeto que caracterizó su actuación para los acuerdos del Ven. Cabildo; como fue también el

caso de la solicitud que hizo en octubre de 1882, para establecer de un modo
permanente en la Catedral la devoción de la Hora Santa, para aprovechar las

importantes indulgencias concedidas por la Santa Sede a los que participasen
en ese piadoso ejercicio, lo que fue resuelto en forma negativa.

Mons. Verea trató de fundar un Instituto de Caridad a favor de los eclesiásticos pobres, pero desgraciadamente no tuvo tiempo de realizar tan generoso

deseo. Pero sí logró bendecir solemnemente la capilla de su Patrono San Juan
Nepomuceno (hoy conocida con el nombre de Templo de la Mansión) el día
16 de noviembre de 1882, depositando en el altar una reliquia de ese mártir del
sigilo sacramental. En la Catedral Angelopolitana inauguró varias mejoras, ben-

diciendo el día 26 de enero de 1883, un altar en honor de San Nicolás de Bari,
el 6 de febrero del mismo año un nuevo nicho en la restaurada capilla del Sa-

grado Corazón, y el 16 de julio el altar dedicado a Nuestra Señora del Carmen.
En ese mismo magno templo ocurrió el 10 de marzo de 1883 un acontecimiento
que impresionó fuertemente al Prelado, al ocurrir durante la misa conventual
el repentino fallecimiento del M. l. Sr. Prebendado don José María Peláez del

Llano, que había ingresado al Cabildo desde 1873.
Como se recordará, en Monterrey había entregado Mons. Verea el Seminario a los Padres Paúles, y como allí hacían falta maestros preparados, los
resultados fueron magníficos. En Puebla los religiosos de la misma Orden tenían a su cuidado el Colegio Clerical Josefino, y a pesar de su gran cariño por

los hijos de San Vicente de Paul, se dio cuenta de que su labor en Puebla era
perjudicial a la disciplina, puesto que invadían funciones del Seminario Conciliar Palafoxiano, notable institución que justamente admiraba el Prelado, por
lo que, agotados todos los medios de conciliación, le fue necesario decretar la
supresión de dicho colegio, pasando los alumnos al Palafoxiano, para el cual
tuvo todavía más amorosos cuidados, al gestionar y obtener de la Santa Sede
en 1883, que mediante ciertos requisitos ese Seminario Conciliar pudiera otor-

gar grados académicos de bachiller, licenciado y doctor en Teología. Debido
a eso el 7 de julio de ese año la Sagrada Congregación de Estudios en Roma,

409

�llegó a autorizar doscientos títulos de bachiller, otros tantos de licenciado, e
i(Tual número de borlas de doctor en teología. Por petición de Mons. Verea,
s: logró ( cuando éste ya no existía) el 20 de mayo de 1884, ~ue el mi'.mo
Seminario pudiera expedir grados académicos en derecho c~~omco Y civil.
Cuando llegó la autorización a Puebla, ya Mons. Verea no v1via, por lo que
su labor en pro del Seminario Palafoxiano dio frutos aún después de su muer•
te, lo que hace suponer que su memoria será recordada en ese notable centro
de estudios eclesiásticos.
El Amigo de la Verdad fue un pequeño periódico, al parecer publicado por
la Compañía de Jesús en Puebla, que tenía residencia en esa ciudad y operaba
el Colegio de Artes y Oficios, contando sin d"..da con la b~ena voluntad de
Mons. Verea, que tantas pruebas dio de su carmo hacia los.~IJOS de San -~gna. El 10 de mayo de 1884, enmarcado en negro, aparec10 en ese
CIO.
, penod1co
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un editorial con el título: "Muerte de un Santo", en que proporciona 1mpor•
tantes detalles sobre el fallecimiento del Ilmo. Sr. Obispo de Puebla don Francisco de Paula Verea ocurrido en Cuyoaco, el 4 de mayo de 1884. Por ese
escrito nos damos cu:nta de que a fines del mes de abril de dicho año salió
de su Sede Episcopal con el objeto de dirigirse a Zacapoaxtla, en el Estado
de Puebla para bendecir un templo, y continuar la visita pastoral que constantement~ emprendía desde su llegada a su nueva diócesis, como lo hizo antes
en la de Linares. Pasó algunos días en San Juan de los Llanos y el lunes 28 de
abril se dirigió al pueblo de Cuyoaco, situado en el mismo Estado de :uebla,
siendo cabecera del municipio de su nombre y en esa época contando solo con
poco más de setecientos habitantes. Llegó en un carruaje que le había enviado
el Párroco de Cuyoaco hasta San Juan de los Llanos, alojándose_ en la casa del
C ura Y hab iendo comido ' a las tres de la tarde se puso a adm1mstrarh elb'Sacra'd
mento de la Confirmación en el templo Parroquial, el cual parece a 1a s1 o
regado poco antes para asearse, por lo que estaba frío comparado con ~ª- ~emratura del exterior que a esa hora era alta. Ese cambio brusco h1no los
pe
'l
terminó una fuerte pulmoma
confa '
ta b
1e re, pero
pu lmenes d e su lima . Y de
.
.
. .
el Prelado se esforzó en terminar las conhrmac1ones y luego e_l rezo del oficio
. ·
·
nerse en cama inmediatamente, como le aconse3aban sus acomd1vmo,
sm po
, .
l d' ·
pañantes. Se llamó luego de Zacapoaxtla _ª un med1~0, pero hasta e 1a siguiente pudo llegar el Dr. Francisco ArauJo, y despues se reumeron
Dres.
Esteban Lamadrid y Agustín Pérez Salazar, de Puebla, los que umeron sus

:ºs

esfuerzos para tratar de obtener el alivio del Prelado.
También llegaron de Puebla a Cuyoaco el Sr. Deán don Ramón Vargas,
Monseñor Leandro G . Trcviño, el Sr. Canónigo don Miguel Mariano Luque,
y otras personas, siendo todos atendidos de la mejor mane_ra por el Sr. Cura
del lugar, don 11iguel Gerónimo Díaz, quien hizo lo imposible para encontrar

410

hospeda je para tan distinguidos huéspedes en pueblo pequeño y escaso de
víveres. Se administraron los últimos Sacramentos a Mons. Verea por el M.
I. Sr. Deán, y en todo momento admiró a los circunstantes su piedad y fervor,
~parte de su. humildad. Como gran devoto del Castísimo Patriare.:. le imploró
siempre monr en alguna de sus festividades, lo que Dios le concedió, el día
del Patrocinio de Señor San José, a las cuatro y tres cuartos de la tarde, a los
70 años de edad. Como buen Obispo, murió desempeñando su Santa Visita,
y como ejemplar sacerdote no descuidó jamás el oficio divino.
El Gobernador de Puebla negó autorización para que se llevara el cadáver
a la Catedral de esa ciudad para su inhumación y con el objeto de que se
efectuaran solemnes honras de cuerpo presente, como deseaba el Cabildo, y
sólo con gran dificultad se logró poder enterrar sus restos en el Camarín del
Santuario de Nuestra Señora de Ocotlán en Tlaxcala, con los honores debidos
a su dignidad episcopal.
Aún después de muerto sufrieron sus restos persecuciones, ya que durante la
revolución de 1910 fueron violadas las tumbas de prelados del Camarín de la
actual Basílica Menor de Ntra. Sra. de Ocotlán, en Tlaxcala, siendo confundidos los restos del Ilmo. Sr. Verea con los del Ilmo. Sr. Dr. don Francisco
Melitón Vargas y Gutiérrez, Obispo Angelopolitano que fue enterrado en ese
lugar el año de 1896. Entre los festejos del III Centenario de la Consagración
Y__Dedicación del templo mayor poblano, el cabildo angelopolitano, por suges11on del Excmo. Sr. don Ignacio Márquez y Toriz, dignísimo Arzobispo de Pueblo y Tlaxcala, acordó se exhumaran los restos mixtos de los dos Prelados y se
procedió a llevarlos a Puebla, en donde encontraron nuevo descanso e~ las
gavetas preparadas al efecto en la cripta catedralicia, en la cual dos placas
señalan el sitio en que se encuentran esas venerables reliquias.
En Guadalajara causó consternación la noticia del fallecimiento de Monseñor Verea, ya que era muy estimado en todos los círculos sociales, aun en los
gubernamentales. Su hermano el Lic. José María Verea salió inmediatamente
para Puebla; pero no pudo alcanzar el entierro, que se verificó con la rapidez
que exigían las circunstancias; era nombrado albacea en el testamento siendo
usufructuaria de sus bienes matemos y paternos por vida, su hermana' entera
Plutarca Verea Viuda de Romaneo, y herederos sus medios-hermanos Lics.
José María, Trinidad y Miguel Verea, lo mismo que Marina Verea, esposa del
Dr. Nicolás Puga. No dejó muchas propiedades, ya que los pobres de las dos
diócesis que rigió recibieron la mayoría de sus fondos. Siendo amante de las
bellas artes, poseía una pequeña galería de pinturas que se repartió entre sus
hermanos, y aún conservan personas de la familia en Guadalajara y en la Ciudad de México, óleos que formaron parte de esa colección, la que es posible
haya heredado de su buen amigo y antecesor en Puebla Monseñor Colina

'

411

�quien tal vez pudo haber adquirido obras de la gran pinacoteca del Ilmo. Sr.
don Francisco Pablo Vázquez, que enriqueció, al ser vendidas, varias coleccio-

nes poblanas que han llegado a nuestros días y la de la Academia de San
Carlos de México. Por otra parte el mismo Monseñor Verea pudo adquirir en

Europa algunos cuadros, pero figuran entre los que tiene aún la familia algunos que sin duda proceden de Puebla, por lo que se aventura la idea de la
herencia de Monseñor Colina, ya que en cuatro años poco pudo haber reunido
directamente.

La madre del que esto escribe, hija mayor del Lic. José María Vcrea, visitó
a su tío en Puebla el año de 1883, cuando ella tenía once años. Recordaba
claramente su costumbre de leer todas las noches la Sagrada Biblia hincado
de rodillas y entre dos velas, en la misma postura. Por la mañana¡ después de
la misa que decía en su oratorio, tomaba sólo un espumante chocolate servido

en pocillo de porcelana sobre mancerina de plata. Recordaba en el palacio

plenitud episcopal, firmado también T C
posee también en su colección un óleo. deº';::;'' 18_53. La Catedral de Puebla
visto en el Cole io de Guadal
onsenor . Verea, y otro lo hemos
dice así. "El E~

I

upe, Zacatecas, el cual tiene una inscripción que

.
xcmo. e lmo. Sr. D Francisco de p V
d. , .
de Monterrey, Colegial de honor y beca d
.. , . erea, ,gmSimo Obispo
Seminario Conciliar de Guad I .
e opoS1~10n en derecho canónico del
del mism S . .
a ªJara, pasante Jurista y catedrático de cánones

bido del ;upee::rª;:b~:c;~rd:ndey:s ~~ aqu~I_a Universidad y abogado reciaquella ciudad. Cura interino de u~~ aiara .. i;ctoAnr del Colegio Clerical de
bendad
d
, .
arroqma e
aleo de la misma Prebiemo ;:iesi~~:és ;anomgo GDoctoral de aquella Catedral. Secretario d~l Goo, rov,sor, obemador y Vicario General d I M"
ballero Comendador de la Nacional y D" 1·
"d O d
e a ,tra. Cae
.
IS mgu, a
r en de Guadalu
0 n5&lt;:1ero de Estado Honorario. Retratado a los 40 año d
d d
pe y
Sevenano Hemández pintó en México en 1854" A ~ e ~u e a en 1854.
retrato por ser el menos conocido.

.

qm se

a a conocer ese

episcopal, un pasillo que tenía al fondo pintado un curioso "trompe-l'oeil",

que consistía en la figura de un joven estudiante marchando hacia la persona
que avanzaba por el pasillo, cuyos mismos pasos repetía un raro eco, dando la
impresión de que el joven andaba en sentido contrario.

BIBLIOGRAFIA

No deseamos terminar sin incluir aquí la cita que hace don Carlos Pérez

Maldonado, del sabio historiador Dr. don José Eleuterio González, sobre la

IMPRESOS

actuaci6n en Monterrey, de Monseñor Verea, que fue su íntimo amigo: "Gobernó esta Diócesis por el dilatado espacio de veintiséis rulos, con singularísirno
tino y gran prudencia, haciéndose amar por la bondad de su carácter, admirar

AGRAZ GARCÍA DE ALBA, GABRIEL, Jalisco
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,
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Santiago, 1947.'
' u ona e a Universidad de Santiago de Compostela,

por su mucha sabiduría, y respetar por la santidad de su vida".
Son poco conocidas en Guadalajara las obras impresas de Monseñor Verea
y solamente se ha encontrado un devocionario de San Juan Nepomuceno, que
confirma, lo mismo que una estatua del Santo aún en poder de su familia, el
gran amor que tuvo por el Patrono del Secreto Confesional. Monseñor Valverde en su Bio-bibliografía, incluye solamente trece obras de don Francisco de
Paula Verea, y don Juan B. Iguíniz enumera veintiuna, entre éstas el devocionario indicado, que apareció anónimo y hay fundadas razones para atribuirle.
Con respecto a la iconografía de Monseñor Verea, existen en Guadalajara,
aparte de numerosas fotografías de la época, varios retratos al óleo suyos, todos

copias de la tela original en poder del autor de estas líneas, en la cual aparece
como Obispo Electo de Linares, sin pectoral, y firma el pintor T. Corral, 1853.
Las copias son de J. Mariano Mares, una existe en la Catedral, otra en San
Agustín, y la tercera en poder del que esto escribe; siendo en 1854, lo mismo
que otra de Monseñor Colina, también sin pectoral, del mismo pintor y año.
En el Seminario de Guadalajara existía un óleo del que hay copias fotográficas. La Catedral de Monterrey tiene una bella tela en que aparece con la
412

CRESPO
1962.

Y

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M.ARTÍNEz, J. MANUEL, Anotaciones Particulares. Puebla, Pue.

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l Retrato al óleo del Excmo. e Ilmo. Sr. Dr. Don Francisco de Paula Verea, Obispo de
Linares y después de Puebla, que existe en el Museo de Guadalupe, Zacatecas, pintado
en 1854 por Severiano Hemández.
2 Carta: de S. S. Pío IX a Monseñor Verea sobre su elección a la Diócesis de Linares,
en que se refiere a carta suya de aceptación de fecha 31 de marzo de 1854, siendo ésta
del 26 de junio del mismo año.
3 Bula de S. S. León XIII con relación a traslado de Mons. Verea a la Diócesis de
Puebla de los Angeles y Tlaxcala, de fecha 13 de octubre de 1879.

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Verea. Puebla, Pue., julio 15, 1965.
MuÑoz ALTEA, FERNANDO, Copia de las Pruebas de Dn. Joaquín Verea y Aguiar en la
Orden de Carlos 111. Madrid, 1841.
VEREA, Lic. Jos'É MARÍA, Copia de carta a Juan Atanasio Bibo. El Ferrol. Guadalajara,

1876.

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VEREA y VALLARTA, LIC. JORGE, Apuntes Geneal6gicos. Guadalajara, 1920.

414

415

�LA CIENCIA HISTÓRICA Y EL ESTRUCTURALISMO
DR. FRÉDÉRIC MAURO

Universidad de Tolosa

LAs NOTAS QUE SIGUEN no son de un filósofo, sino de un historiador que se

enfrenta todos los días a los problemas de la investigación; de un historiador
que ha visto transformarse su disciplina, profundamente, en algunos años. Son
pues un llamado a la discusión con todos aquellos que como él, se apasionan
por su trabajo, un trabajo que parece renovarse perpetuamente.

Las ciencias humanas y la noción de la estructura.
Las ciencias humanas llegaron a la noción de estructura por dos vías opuestas, por así decirlo, pero complementarias. Las llamaremos, para simplificar, 1a
historia y la anti-historia.
1. La Historia. Tomemos el caso de la ciencia económica, que se llamaba
tradicionalmente economía política en nuestras viejas Facultades de Derecho.
Fue sobre todo, en el siglo XIX, la economía de los clásicos, Ricardo, JeanBaptiste Say, John Stuart Mil!. Pretendía ser una ciencia universal, válida y
aplicable en todo tiempo y en todo lugar. Trataba de descubrir leyes generales.
Ahora bien, esta disciplina ha sufrido, desde mediados del siglo XIX, numerosas transformaciones. Se ha ampliado y desarrollado considerablemente, purificándose cada vez más en sus aspectos doctrinales y terminando por formar un
cuerpo impresionante de teoría positiva al servicio de la acción humana, la
ciencia de la rareza. Uno de los enriquecimientos más notables de esta ciencia
ha sido la noción misma de estructura. Ha sido posible por la obra de Marx,
de la Escuela Histórica alemana, de la Escuela Institucionalista norteamericana.
Después de la guerra esta noción se impuso con una fuerza apremiante a la
economía, con los estudios sobre el crecimiento y el desarrollo económicos. Estas influencias explotaron una cierta relatividad de las leyes económicas. Cada
417
H27

�época, cada civilización, cada sistema tienen leyes que les son propias y cuyo
conjunto es precisamente el sistema mismo, y forma las estructuras de este
sistema. Los diferentes factores de la economía se combinan según ciertos mecanismos y en proporciones que representan una cierta constancia. Pero esta
constancia es precaria. Intervenciones exteriores o una transformación interna
más o menos rápida alteran el equilibrio así realizado. Y por una crisis de las
estructuras el sistema se destruye y da lugar a otro sistema, y las estructurag a
otras estructuras cuyas leyes son diferentes.
La noción de estructura ha tomado un lugar importante en la ciencia
económica. Y esto, gracias a la historia. Pues la economía de Marx es una
economía histórica; la de la Escuela Histórica alemana lo es por definición;
la de la Escuela Institucionalista lo es en la medida en que explica la economía no por ella misma sino por su contexto, contexto que bien puede calificarse de histórico. En cuanto a los estudios sobre el desarrollo económico Y
sobre el subdesarrollo, están penetrados de historia, de dos maneras. Por una
parte, apelando a la noción de desarrollo, apelan también a la noción de
tiempo, o sea de evolución, tomando la teoría de las fluctuaciones económicas
-fluctuaciones temporales- y completándola por el estudio de los mecanismos del crecimiento para hacer de ella una "dinámica". Por otra parte,
estudiando distintos aspectos de la civilización industrial surgida de las transformaciones de los siglos XIX y XX en Europa y en América del Norte,
descubre la variedad histórica y geográfica de los sistemas económicos.
Introducida en la economía por la historia, la noción de estructura en
economía aparece entonces como un exceso de la noción de ley universal por
la historia, y en consecuencia directa o indirectamente como un producto de
la ciencia histórica.
II. La Antihistoria. Tomemos ahora el caso de las ciencias antropológicas:
la lingüística, la etnología y aun la psicología o la sociología. Aquí parece
que dos tipos de explicación son posibles. O bien el sabio explica un fenómeno por sus antecedentes y nos da entonces una explicación histórica, un
historicismo. O bien lo explica por el conjunto del que forma parte en un
momento dado y por el papel que en él juega. Y la explicación es entonces
no-histórica o antihistérica, es estructuralista. El término está tomado de la
psicología y la biología. La estructura en psicol~gía, es el co~junto cuy~s part~s
son modificadas por el hecho de su pertenencia al todo, dice la Enciclopedia
Larousse, que da para el estructuralismo en biología la siguiente definición:
teoría según la cual los órganos no tienen ninguna existencia separada y se de-

Ahora bien, en algunas ciencias el estructuralismo ha sido tomado del historicismo. "(El) procede, escribe Paul Ricoeur,2 de la aplicación en la antropología y las ciencias humanas en general de un modelo lingüístico. En el
origen del estructuralismo encontramos primero a Ferdinand de Saussure y
su Cours de linguistique générale, y sobre todo la orientación propiamente
fonológica de la lingüística con Troubetskoy, Jakobson, Martinet. Con ellos
asistimos a una modificación de las relaciones entre sistema e historia. Para
el historicismo, comprender es encontrar el origen, la forma anterior, las fuen tes, el sentido de la evolución. Con el estructuralismo aparecen los arrealos
" '
las organizaciones sistemáticas en un estado dado que son en principio inteligibles". Y Ricoeur agrega:
"Así nace una lingüística sincromca, como ciencia de los estados en sus
aspectos sistemáticos, distinta de una lingüística diacrónica, o ciencia de las
evoluciones, aplicada al sistema. Como se ve la historia está en segundo plano
y figura como alteración del sistema. Además, en lingüística, estas alteraciones
son menos inteligibles que los estados del sistema ... "
El mundo lingüístico ha sido traspuesto por Levi-Strauss en antropología. 3
Los sistemas de parentesco han proporcionado a ésta "la primer analogía
rigurosa de los sistemas fonológicos", para decirlo con palabras de Paul Ricoeur. Pues el parentesco es un sistema de comunicación. Del parentesco se
puede pasar en seguida a otros sistemas de comunicación: el arte, la religión, etc ...
La historia y las estructuras.

Si oponemos así historicismo y estructuralismo, historia y estructuras, ¿ es entonces posible para la historia encontrar estas estructuras? Ahora bien, hay
este hecho: esta ciencia social que es la historia, se ha enriquecido considerable•
mente en los últimos treinta años, gracias a la noción de estructura. Basta
observar el papel que ha jugado para la escuela histórica francesa, en particular para el grupo de los Annales. ¿ Se nos permitiría una anécdota personal?
Cuando -pronto hará 20 años- prep·arábamos la agregación de historia,
fuimos llamados "los estructuralistas:" este neologismo debido al entusiasmo
de la juventud mostraba muy bien cómo acogía la nueva generación a los
nuevos métodos de la historia. Fernand Braudel, en su Seminario de la École
Pratique de Hautes Études no cesaba de oponer a la historia de los aconte-

finen por su función global.
RrcoEUR, Structure et Heméneutique, Esprit, noviembre 1963, p. 598.
En particular en su libro Les structures élementaires de la parenté.

: PAUL
1

418

Algunos especialistas, con Levi Strauss, dicen "diacronía" Y "sincronía"•

1

419

�cimientos* -la expresión provenía de Franf:tois Simiand- una historia de
la ocasión (coyuntura) y las estructuras.
Son necesarias algunas observaciones sobre la significación de las estructuras
en historia y sobre su situación en relación a los otros conceptos de la epistemología histórica.
a) Se ha confundido a menudo y durante mucho tiempo, estructuras con
economía, acontecimientos con política. O se habla demasiado fácilmente de
la coyuntura económica, de las estructuras sociales, de las instituciones políticas. En esto hay simplificación de la realidad y aproximaciones que no son
verdaderas sino muy superficialmente. En realidad, las estructuras pueden
ser políticas, económicas, sociales, religiosas, culturales. Pueden ser materiales
o mentales.
b) A menudo se han producido confusiones entre estructuras, instituciones
y derecho. Por un lado los pueblos de lengua inglesa tienen tendencia a llamar
instituciones lo que nosotros llamamos estructura. De aquí la expresión conocida de escuela institucionalista para designar a los discípulos de Commons.
Por otra parte, para muchos juristas, las instituciones no pueden ser sino jurídicas, aun cuando existen instituciones de hecho, independientes del derecho.
El derecho puede reconocer su existencia pero está obligado, salvo excepciones,
a inclinarse ante ellas. Sin duda una ley o un contrato pueden ser una institución, y una institución puede ser jurídica. Pero la coincidencia está lejos de
ser perfecta entre las dos disciplinas. De la misma manera una institución
puede hacer estructura pero esto no es una necesidad de la noción misma
de institución.
c) Generalmente se oponen estructuras y coyuntura pero mirando esto detenidamente, estas dos nociones se penetran íntimamente. Pues los efectos repetidos de la coyuntura pesando más o menos en tal o cual sentido, traen un
movimiento de larga duración o secular, o una tendencia mayor con cierta
orientación. Ahora bien, esta coyuntura de período largo tiene un carácter
estructural: sus crisis manifiestan cambios de estructuras. Se habla de "crisis
de estructuras". Por otra parte, un buen conocimiento de la coyuntura reposa
sobre el conocimiento de todos los elementos de la estructura y de su evolución.

d) No hay, como lo prueban las líneas precedentes, o lo hay raramente,
un paso brutal de una estructura a otra. En el debate entre lo continuo y lo
discontinuo en las ciencias sociales, es más bien lo continuo lo que tiene razón.
Se pasa insensiblemente de una estructura a otra, de un tipo de estructura a
otro tipo. De la misma manera se pasa de una civilización a otra, de un sis-

*
420

El autor utiliza aquí la expresión histoire événementielle (N. del T.).

tema a otroi de pasado al present N .
ideal entre el asado
l
. e. º. Slendo el presente más que una línea
vida cotidian: Las y e lpo~emri la historia llega hasta las orillas de nuestra
.
revo uc10nes por brutales
mucho tiempo antes y una de
t
d
. qu~ sean, se preparan desde
'
as areas el historiador
,
.
chas revoluciones son la culmina . , d
d
es mostrar como d1c10n e to o un proceso d t
f
a veces demasiado largas.
e rans ormaciones,

i'

e) ¿ Estos caracteres nos llevan a
· , ,1
. .
toria? Es deci .
. , una concepc10n evoluc1omsta" de la his. '.
r, e a una concepc10n seaún la cual no h b , . ,
.
Jamas movimiento dialéctico? . E
o
.
. . a na Jamas mutac10nes,
toria, considerar que el mu~d e ~ necesano ser vitalista u organicista en hismanera de un oraanismo vivo~ ~:ano y 1~ soci~dad se desenvuelven a la
0
.
•
ª a perrmte afirmar esto A , t d 1
exp licaciones son posibles · Sol amen t e se recordará que e l · qm
d. d o as as
se adopta un principio eneral de
. .,
n a me I a en que
tesis de trabai·o co'modga
. explhcac10?, debe aparecer como una hipó'
para estlmu ar la m tºa ·,
l
pero que deberá abandonarse cuand
ves i?acio~ _Y e descubrimiento
donaría el dominio
.
. ~ se _vea q~~ es msuf1c1ente. Si no, se abanh. t . 1
de la h1stona c1enc1a pos1t1va por el de la filosofía d 1

1t;:;~h: c~~::íf~:/nteramente legítima, pero no debe ser confundida :o;
f) Est~diando las estructuras en los diferentes dominios del pasado la histor~a. rev1s:e una competencia universal. Es a la vez ciencia
, . ' . .
poht1ca, ciencia social, ciencia geográfica del pasado E eci°nom1ca, ~1enc!a
6r~emogr~ía, etnología y. ?sicología. ¿ Tiene desde. ensto:c:s ::a so:~:~;~~
ve pro ema cuya soluc1on no está en la hi
.
.
.
.
c~as sociales de las que es proyección en el pa:~:ia .;:ma, smo ~n las ciendiferentes ciencias sociales en el presente? . O b. . le y una ~~1dad de las
.
· e
ien as problematlcas que nos
~roponen s~n Irreductibles unas a las otras, sin denominador común? . E
s1ble una ciencia del hombre.&gt; Son problemas que los sociólogos, antropólogos
. ' s polú t . d
. s on.a _or;s s~ plantean cada día. Por esto ellos se orientan hacia el traba.~
mterd1sci~lmano, ~acia los grupos de áreas culturales, hacia los e ui os
area st udzes, en la mvestigación de esta unidad.4
q p
e

l

Más allá de las estructuras.
el aue
llevó a la economía 1a noc10n
•, de estructura
El Es pues
tih · el · historicismo
·
~
an
1stonc1smo
es
el
que
llevó
la
etnología
a
la
rm·
.,
Es una.
f
. .,
sma noc10n.
pro und1zac10n de la noción misma de dato histórico que la historia trajo a
' Para los estudios franceses sobre América LatJ·n a cfr. los del Institut des Hautes

É tu d es de Paris y el de la Universidad de Toulousse. '

421

�la estructura. Desde este punto de vista puede decirse que es un rechazo del
antihistoricismo lo que ha hecho descubrir a la historia la noción de estructura si al menos se llama antihistoricismo a una exageración y una perversión
de la explicación histórica del fenómeno social, explicándose éste a toda costa
y superficialmente por un antecedente o por antecedentes cuando es sobre
todo el resultado de una interdependencia funcional.
Desde entonces la historia aparece como una ciencia estructural del pasado.
Lo que la distingue de la lingüística, que sería una ciencia pura y absolutamente estructural.
Pero entonces se plantea al historiador un grave dilema. O bien él construye la teoría del pasado en términos de presente y corre el riesgo de dejar
escapar lo que hace precisamente la originalidad de ese pasado. O bien la
construye en términos del pasado, pero entonces arriesga que sea incomprensible a los hombres del presente. Este dilema ha sido especialmente grave en
historia económica, donde tuvimos ocasión de estudiarlo. 5 Su solución puede
llevamos a nuevas vías sobre el papel de la estructura en historia económica,
y en general sobre el con junto de la ciencia histórica.
En efecto, los historiadores y los economistas han reaccionado de cuatro
maneras diferentes al problema que aquí planteamos. Indiquemos brevemente
estas cuatro actitudes.
1) La actitud llamada de Hamilton. Se trata de Earl Jefferson Hamilton,
el gran historiador de la moneda y de los precios españoles. A él se atribuye
a menudo una actitud que no es la suya. Por esto nosotros hablamos de la
actitud llamada de Hamilton. Según los críticos, Hamilton aplicaría brutalmente a la realidad del siglo XVI o del siglo XVII la teoría económica contemporánea. Esta teoría, construída a partir del capitalismo industrial, no
puede rendir cuentas de fenómenos anteriores a él.

2) La actitud de Ernest Labrousse. Aplicando el princ1p10 marxista de la
relatividad de las leyes económicas, Ernest Labrousse se ha esforzado en construir una teoría de las crisis del Antiguo Régimen Económico, distinta de las
crisis del capitalismo industrial. Esta actitud ha sido generalmente aprobada
por los historiadores economistas franceses, aun los no marxistas.
3) La actitud de R. Romano y A. Chabert. Estos autores han tratado, cada
uno por su lado, de relacionar la estructura económica de una época pasada
con el pasado económico de la misma época, explicando aquélla por ésta, y
a la inversa.

4) La actitud de Mi/ton Friedman y Oskar Lange. Hemos ligado intencionalmente estos dos nombres de economistas tan opuestos, ya que el primero
pertenece a la Escuela de Chicago, considerada como la más liberal en los
Estados Unidos, y el otro es presidente del Consejo del Plan en Polonia comunista. Friedman muestra que las estructuras son mecanismos complejos,
combinaciones de mecanismos simples. Los primeros son variables con el tiempo y los sistemas. Los segundos son universales, y a menudo los más importantes. El de la ciencia física una comparación: la ley de la caída de los
cuerpos (V
½ g t 2 ) no se realiza prácticamente jamás en la naturaleza
en estado puro: en general se combina con otros mecanismos: frotamientos,
resistencia del aire, etc. . . Pero en la práctica estos otros mecanismos son
despreciables y sólo cuenta el mecanismo de la gravedad. De la misma manera se puede, en economía, despreciar los diferentes mecanismos de una estructura y tomar de ella solamente uno, el esencial, que se encontrará en
todas partes, tanto en economía socialista como en economía liberal.

=

De la misma manera Oskar Lange distingue leyes económicas generales y
leyes económicas propias de una estructura o de un sistema determinado. Sin
entrar aquí en el detalle de su pensamiento, ni en el de Milton Friedman,
puede decirse que ambos llegan a la idea de una economía generalizada, según
la exp'resión del economista francés Perroux, es decir una teoría aplicable a
todos los sistemas económicos actuales, liberales o socialistas.
Pero según lo anterior, puede fácilmente verse que de una economía generalizada podemos pasar a una economía histórica generalizada y distinguir en
los diferentes sistemas económicos pasados y presentes mecanismos universales, leyes generales por una parte, y por otras combinaciones variables -y en
proporciones variables- de estos mecanismos universales; es decir estructuras
propias para cada sistema económico. Podemos pues distinguir una naturaleza económica y estructuras económicas. El esfuerzo del historiador será entonces doble: por una parte explotará lo que es estructural, y por ello afectado
de una permanencia pasajera, si así puede decirse, y por otra parte desprenderá lo que es fundamental, universal. En este sentido unirá el esfuerzo de
grandes pensadores de la economía que ha siempre alcanzado una verdad
más general: J. M. Keynes escribió una teoría "general" de la moneda, considerando que la de los clásicos era particular a la situación de empleo. Y
Marx, mostrando que las leyes económicas eran relativas, ha emitido precisamente esta ley más general de la relatividad de las leyes y de la sucesión de
las estructuras.

~ Cfr. nuestra comunicación a la Sociedad Marc Bloch de Toulousse, de próxima
aparición en el Boletín de la Asociación, sobre "L'histoire science de l'abstrait".

422

423

�Conclusión.

Este esfuerzo por ir más allá de las estructuras, la "sociología" de los fenómenos, se encontraba en otros dominios de la historia, como el de la historia
política o la historia literaria. Para este último remitimos al hermoso libro de
Robert Ellrot sobre Los Poetas Metafísicos Ingleses, publicado en París hace
tres o cuatro años.
Lo importante era mostrar que después de haber pasado por el romanticismo absoluto de las filosofías del devenir -todo pasa, nada permaneceel pensamiento occidental en ciencias humanas ha vuelto a encontrar la idea
clásica de la Universal naturaleza. Mientras que estas dos posiciones se tomaron en el pasado, parecían deber coexistir en la explicación, para la nueva
generación de nuestros sabios, formando como los dos pilares de esta explicación. Ser a la vez clásico y romántico, sabio de lo uno y de lo múltiple, es
el medio de hacer progresar más las ciencias humanas hacia un paso decisivo.

Enero, 1965.
Traducción de ALFONSO RANGEL GUERRA

424

LOS HISTORIADORES GRIEGOS COMO DRAMATURGOS
PROF. DR. PEDRO Lms HELLER
Instituto Panamericano de
Geografía e Historia

I
l. No sin razón habrá dicho Aristóteles, en su Arte Poética (Cap. 9): "Evidentemente no es tarea de poeta decir lo sucedido, sino lo que podría suceder
según verosimilitud o necesidad ... ; y del poeta se distingue el historiador ...
por decir éste lo sucedido, pero aquél lo susceptible de suceder. Por eso también
la poesía es cosa más filosófica y seria que la historia; pues la poesía enuncia
más bien lo universal, y la historia lo particular. Es universal, o sea a quién
sienta hablar u obrar de tal modo según verosimilitud o necesidad, lo que
persigue la poesía, inventando los nombres, y es particular lo que hizo o sufrió Alcibíades". uPero luego añade el mismo Aristóteles: "aún si dramatizare
sucesos reales, el poeta no dejará de ser tal; pues nada impide que algunos
de esos sucesos sean tales como puedan producirse según verosimilitud, captando la cual un autor se vuelve poeta de los mismos". (Veremos más adelante que esta salvedad alcanza a justificar la tesis sostenida por nosotros).
En capítulo posterior (23) Aristóteles precisa la diferencia entre ambos géneros literarios con claridad aún mayor: "respecto de la exposición e imitación métrica es manifiesto que las fábulas deben componerse dramáticamente
como en las tragedias, a saber en torno a una sola acción completa y acabada
que tenga principio, medio, fin. . . y no asemejarse a las composiciones históricas, donde es necesario desarrollar no una sola acción sino un solo (período
de) tiempo, es decir todo lo que sucedió durante el mismo entorno a uno
o varios personajes, mediando entre cada suceso y los demás el simple azar.
Y tal como por los mismos tiemp·os se produjeron la batalla naval de Salamina y la lucha siciliana contra los cartagineses sin que las dos convergieran

425

�hacia un rmsmo fin, así tamb1ºe'n se producen
t
·
a veces en e apas sucesivas,
sucesivos sucesos sin constituir unidad alguna".

1
1

2. No obstante dicha definición aristotélica, cabe demosttar que los máximos historiadores griegos no sólo intercalaron episodios dramáticos en sus
obras monumentales (y no sólo recurrieron a la técnica dramática en importantes partes de su exposición), sino fueron impulsados a componerlas por
concepciones netamente dramático-trágicas. La historia que ellos escribieron
lejos de ser concebida como sucesión casual de hechos incoherentes, lo er~
muy al contrario como unidad orgánica, con principio, medio, fin, con enlace, vuelco, desenlace; historia cuyo interés radicaba en el despliecrue de un
conflicto trascendente, originado por un choque necesario y llevado ba su apogeo por los protagonistas de acuerdo con el juego verosímil de la psicología humana. Para los griegos, la humanidad no era ni juguete pasivo de poderes sobrenaturales e inescrutables, ni forjadora omnipotente de un progreso infinito;
la historia ni era un vaivén de mareas altas y bajas, un sucederse perpetuo de
acontecimientos siempre similares, ni tampoco el lógico resultado de proyectos
bien calculados. Demasiado les valía la libertad del hombre para admitir su
d~gradación a simpl~ eslabón de cadena; pero demasiada les parecía, asimismo, Ia dependencia del hombre para creerlo capaz de transformar el universo a su antojo. La originalidad de los helenos consistió en reconocer que
cada ser humano, cada fenómeno humano y, sobre todo, cada pleito interhumano son a la vez únicos y universalmente válidos. Tal como la naturaleza
(physis) de las distintas regiones climáticas-geográficas-antropológicas resultaba ser investigable (historeté), así también la naturaleza de las diferentes
constituciones estatales (politeiai) y de las mutuas relaciones conflictuales entre las póleis; y siendo lo "político" la preocupación esencial de los griegos,
este estudio debió convertirse entre ellos, forzosamente, en su "investigación"
(historia) por excelencia.
3. Intuida la existencia de leyes, surgió la pasión por "reconocerlas" (anagnórisis) en los sucesos reales. Para ello no bastaban los escuetos anales (horoi)
ni los relatos de fundaciones locales (Ktíseis), sino que debía enfocarse un
momento de "detenimiento" significativo (epoche). Vale la pena oponer el
concepto de "epoca!", coincidente en este sentido con "eónico", al de "efímero". Bien sabía Píndaro (Pítica VIII, última époda) que los hombres somos
"epámeroi" y "sueños de sombra"; a pesar de lo cual opinaba que, bañados
por resplandor divino ( aigla diósdotos), nos envuelve una ndulce eternidad"
(méilichos aión). Semejantes instantes de esplendor, constituyendo ' 1detenimiento" (época), interrumpen la sombría fugacidad del tiempo. Los tres momentos, o sea las tres épocas decisivas en la evolución de la antigüedad clásica

encontraron cada una a su historiador congenia} que supo "reconocer" ( anagnorízein) su significación "epoca!" (aionikón): el choque entre el Asia despótica y la Europa "demótica", a H erodoto de Halicarnaso; el choque entre
Esparta reaccionaria-rural-continental y Atenas progresista-mercantil-marítima,
a Tucídides; el triunfo final de Roma sobre las potencias rivales, a Polibio
de Megalópolis. En opinión impregnada de emotividad intelectual de los
tres escritores nombrados, cada uno de aquellos tres sucesos marcaba el desenlace de un drama que llenara el escenario ecuménico (internacional) durante
una "época" de 50 años aproximadamente; por tanto, el término pentekontaétis, referido por Tucídides al período intermedio entre la expulsión de los
persas y la guerra del Peloponeso (480-430 a.C.), es aplicable en forma análoga a las ép·ocas dramáticas ilustradas, respectivamente, por su predecesor
H erodoto ( desde el sometimiento del Asia Menor hasta después de Maratón:
( 535-485) y por su lejano epígono Polibio (desde la caída de Sagunto hasta
la batalla de Pidna: 218-168). Y en cada una de dichas épocas no hubo
solamente, hablando a lo Aristóteles, una mera unidad de tiempo ni tampoco
un sucederse de sucesos accidentales, sino --como en las tragedias- unidad
de acción acabada.
4. No cabe duda que esos tres historiadores prominentes, dadas las circunstancias dispares de su origen, formación e idiosincrasia y, de los respectivos
argumentos de su investigación, representaban -o mejor dicho creaban
(epoiounto ) - modalidades bien diversas de escribir historia. No pueden imaginarse antípodas más pronunciados que H erodoto el fabulista ameno ( tildado
de "mythodes" por Tucídides), amante de anécdotas y digresiones extra-históricas, imbuido de creencias religiosas, hijo directo de la epopeya heroica,
no ya desprovisto sino desconocedor de experiencias estratégicas políticas económicas, y, p·or su parte, Polibio el npragmático", estadista de alcurnia, diplomático, militar y jinete, reacio a lo fantasioso y verboso pero ponderador
sagaz, de necesidades materiales. Sin embargo, ni deja el primero de razonar
en todos los asuntos, ni de ser intuitivo el segundo con respecto a las causas
latentes: ambos arrancan de una visión integral (Kathólou) del "mundo
habitado" (oikouméne, es decir de la civilización) explorando el griego del
siglo quinto la debilidad del ya declinante imperio persa, y el griego del siglo
segundo la fuerza del aún incipiente imperio romano. Recoge el microasiático,
colocado por nacimiento entre Asia y Grecia, la asombrosa herencia de las culturas milenarias del Nilo y de Mesopotamia; vislumbra el peloponesio, colocado por el destino entre Grecia y Roma, la estructuración interna de la cultura
occidental de los milenios venideros. Entre ambos, equidistando de ambas
mentalidades, el ingenio agudo del ateniense comprende con introspección infalible la trascendencia del conflicto interhelénico que le tocara vivir y sufrir,

426
427

�el cual -como hoy lo sabemos-- nada menos significaba que la quiebra irremediable de la civilización helénica. Los tres, por manejar la palanca de
aquel espíritu desprejuiciado, obser\'ador objetivo, distanciado, de realidades
aparentes, accesible a relaciones auténticas, que ha hecho de los griegos antiguos los revolucionarios permanentes contra intentonas siempre redivivas de
violar la Naturaleza, lograron pues elevarse por encima de su propio tiempo
y ambiente, persuadidos de la gra\'itación educati,·a de sus "investigaciones"
absolutamente originales.
5. Herodoto (Tal vez 485-425), tras de un prólogo breve pero sabroso, donde
en manera picaresca atribuye los primordios del conflicto entre Europa y Asia
a recíprocos raptos de mujeres, hace comenzar la u acción" (praxis) casi como
la Ilíada y la Odisea --en vísperas de la "peripecia"-, o sea con la incorporación a Persia de la semi-helenizada Lidia reaida oor Creso y posterior.
'
mente, de los griegos litoreños del Asia Menor,º trampolín
del asalto
a la
Hélade peninsular. Después de haber presentado la biografía trágica de Creso,
se remonta atrás como lo hace el relato (apólogos) de Ulises en la corte de
los feacios a los comienzos de la dominación medo-persa, narra la fundación
del imperio por Ciro el Grande, asegurada a raíz de su entrada en Babilonia,
pasa luego a la conquista de Egipto bajo el mentecato Cambises, extendiéndose
sobre geografía, etnografía e historia propiamente dicha de ese misterioso país
e intercalando paralelamente, con la tragedia de Polícrates tirano de Samos,
un nuevo barrunto del destino que amenazaba a la Hélade entera. Con el advenimiento de Darío, su avance hasta la Libia en Africa y hasta Macedonia en
Europa parece, desde el sur y desde el norte, cerrarse una tenaza inexorable
sobre la pequeña península; pero aquí -como en aquella arremetida de Héctor
contra las naves aqueas-- queda retardado el desenlace gracias a la rebelión
de los jonios instigada por Aristágoras e Histico, retardado más tarde también por el revés importante pero no terminante que experimenta el ejército
de Darío en la batalla de Maratón ( 490). Y ahora por fin el cuarto Rey de
los Reyes, Jerjes, prepara por tierra y mar lo que considera, no sin razones,
el golpe de gracia; pero entonces en el penúltimo libro {el octavo) sobreviene la gran peripecia, el vuelco total de la fortuna en el combate naval de
Salamina y luego en el campal de Platea ( 480 y 4 79) : en el penúltimo libro;
pues en el último, al igual que en los últimos cantos de las epopeyas homéricas y en los últimos actos de la dramaturgia ática, se aquieta la intensa acción con el reflujo de las fuerzas bárbaras hacia sus tierras nativas.
6. Tal es la trama general del drama herodoteo, al cual por cierto no faltan
ni principio (arché) ni medio (mésa) ni fin (télos), como tampoco ni enlace
(désis) ni peripecia {peripétia) ni desenlace (lysis); y ni siquiera por parte

del invasor, la anagnóristis del fatal error cometido, atribuible a su propia
soberbia (hybris). Lo demás son episodios, cuentos, anécdotas, comentarios
marginales; algunos de los cuales bien pueden -como las distintas partes
de la Ilíada- haber sido compuestos de antemano, procedentes de fuentes
diversas, pero, nuevamente como en el drama de Troya, el hecho de poder
comprobarse su composición de piezas originariamente independientes, no disminuye sino incluso acrecienta el mérito dramatúrgico del arquitecto de la
obra completa. Creemos que no sin justicia se le ha dado al genial narrador
de Halicarnaso el título de "padre de la Historia"; en efecto, al reconocer
en la magna gesta cumplida por la generación de sus padres, la culminación
de un destino desde tiempo incubado en la "naturaleza" de poderes y caracteres antagónicos, H erodoto fue el primero en "descubrir" la historia como
tensión constante, como actualización de conflictos inevitables, en otras palabras: como drama ya sea en potencia, ya sea en acto. Recién a partir de
Herodoto existe una conciencia histórica, por haber él conferido un sentido
inmanente a lo actuado por los hombres sobre la tierra; pues no hay verdadera
historicidad para quienes esta vida terrenal no es más que un tránsito breve
entre dos regiones ignotas, y al hombre, en el mejor de los casos, le incumbe
el precepto moral de purificar su alma. Para quienes así realmente seamos
"sueños de una sombra" no podrá haber historia ni tener interés alguno. Si
Aristóteles dice, en el lugar citado, que "Herodoto podría ser puesto en metros,
pero con o sin versos la suya jamás dejaría de ser historia", nos es lícito objetarle que un historiador inspirado por tamaña concepción dramática no ha
de ser aquilatado, con toda su prosa deliciosa, como menos poeta que Homero.
7. Diríamos que dicha observación aristotélica alcanza, en cambio, sí al
cuarto clásico griego cuya obra se conserva hasta hoy y quien, a pesar de su
estilo ágil en vida y verba no merece ser calificado de dramaturgo de la historia; diríamos que Jenofonte (435-354) no pasa de relatar, en su llamada
Anábasis, una aventura interesante e instructiva, ni demuestra haber captado,
en sus "historias helénicas", el quid del trágico decaimiento de la Grecia del
siglo cuarto. Bajo este aspecto, dramaturgo del ocaso recién aludido sería más
bien Demóstenes, con su afán apasionado e inútil de restaurar la hegemonía
ateniense. En la lucha oratoria de Demóstenes contra la supremacía de Macedonia, se yergue por última vez un anhelo elemental por no dejarse arrebatar
las riendas del propio destino; y la conciencia hosca de su probable frustración capacit6 al ingente retórico para iluminar hasta el fondo las causas del
descalabro nacional. No nos parece una mera coincidencia que la figura del
Magno Alejandro haya carecido de un historiador condigno; pues fue un
Aquiles a quien no se enfrentaba, entre los suyos, un Agarnenón ni, entre los
enemigos, un Héctor. Su muerte un siglo más tarde, cuando Cartago y Roma

428
429

�se asomaban al plano mundial, habría tenido acaso las características de la
tragicidad; pero en sí la muerte, incluso la prematura, no configura un hecho
trágico.
8. Mas aun sin tener un Alejandro entre sus protagonistas, aquella contienda suprema -en tomo al año 200 a.C.- por el dominio de la "oikouméne"

(del mundo civilizado) encontró a su cabal intérprete, calificable sin duda
como el postrer heleno auténtico, pues de los historiadores que escribieron
después de él, ninguno ha sido más que un literato con mayor o menor espíritu. Polibio el aqueo, en efecto (204-122), y no un escritor latino, tuvo preclara visión de la conjunción de causas remotas, motivos contingenciales y
pretextos momentáneos que condujo y debía conducir según verosimilitud o
necesidad a que la república romana prevaleciera en definitiva entre las
potencias rivales alrededor del Mar Mediterráneo; y es lástima grande que,
de los 40 libros de su obra colosal, no nos queden más que los 5 primeros
amén de algunos fragmentos. El autor, tras de haber insistido en que, por
primera vez en la historia, se hallaban entrelazados los sucesos políticos de
todos los teatros del mundo a partir de la Olimpíada 140 (219-216), culminando en evolución paralela -al cabo de 50 años- con la victoria romana
sobre Perseo de Macedonia en la batalla de Pidna (168), eligió esta "época"
repleta de hondo interés dramático como centro de sus indagaciones. Con
respecto a ella, lo demás constituye ya sea su prólogo ( los libros 1 y 2: desde
la ocupación de Roma por los galos en 387) o su epílogo (los libros 31 a 40:
hasta la destrucción de Corinto en 146). Dice Po/ibio, textualmente {libro
1, 3), que a partir de la Olimpíada señalada la historia se ha vuelto "orgánica, por enlazarse los sucesos itálicos y africanos con los del Asia y de Grecia,
pudiendo todos los hechos ser referidos a un único punto"; y atribuye la
razón última del triunfo de Roma a su constitución superior, analizándola al
por menor en la parte conservada del libro VI. Al historiador, por ende, no
atrajo la multiplicidad sino la organicidad de los acontecimientos; cuyo desenlace no explica con rawnes externas y fortuitas, sino internas y psicológicas:
pues la constitución {politéia) significaba para los helenos -y ciertamente
no sólo para Platón- el alma de los Estados.
9. La situación sustancial se le planteaba del modo siguiente: Convertida
Roma en dueña de Italia y parte de Hispania, fatalmente debía producirse
su choque con el imperio marítimo de Cartago. Atribulada Roma, en la segunda guerra púnica, por el ejército victorioso de Aníbal, pudo el diadoco
macedónico -Filipo V-, aliado de la Liga Aquea, neutralizar -en la llamada "guerra social"- el poder de la revoltosa Liga Etólica {paz de Naupacto) y proyectar una invasión de Italia. Distraídas de esta suerte las grandes

potencias de Europa, quedaban libres Rodas para lanzarse contra Bizancio y,
sobre todo, el diadoco egipcio -Ptolomeo IV- para atacar, venciéndolo en
la batalla de Rafia, a su congénere sirio Antíoco III, el cual a su vez más
tarde logró extender su reino hacia el norte, asaltando la ciudad de Sardes.
Pero eliminado el dominio cartaginés, los romanos, tras de arrollar la Hélade
bajo Quincio Flaminia, llegaron ellos hasta el Asia Menor, triunfando sobre
Antíoco en la batalla de Magnesia. Y aunque luego, con desesperada rebeldía,
levantóse en annas el Peloponeso unido, incrementóse de nuevo la fuerza de
Rodas y dirigióse Antíoco IV contra Egipto presa del caos, quedó con la derrota de Perseo, rey de Macedonia, a manos de Emilio Pablo en la batalla
de Pidna ( 168), instaurado definitivamente el predominio de Roma entre todas
esas potencias contrincantes. Frente a hecho tamaño, no eran más que "operaciones de limpieza" tanto la lucha romana contra los pueblos celtíberos en
el Oeste, como en el Sur la destrucción total de la ciudad de Cartago, como
en el Este la destrucción vandálica de Corinto ( 146). Tal, pues -en líneas
muy someras-- el drama concebido por Polibio.
10. Ahora bien, nuestro concepto del historiador como dramaturgo aparece
desmentido, a más de por Aristóteles, por el propio Polibio cuando (en el
libro 2,56) aconseja que "el historiador no deslumbre al lector contando portentos, ni vaya en busca de discursos que puedan haberse pronunciado, ni pase
revista a las circunstancias concomitantes, como lo hacen los poetas trágicos,
sino que mencione a la luz de la rígida verdad los hechos y las palabras aun
cuando resulten completamente banales; ya que la finalidad de Historia y
• de Tragedia no es idéntica, sino opuesta. En efecto, el poeta trágico debe,
con discursos bien persuasivos, consternar y seducir momentáneamente a los
auditores; en cambio, el historiador debe, con las acciones y palabras correspondientes a la verdad, enseñar y convencer para siempre a los estudiosos. Pues
en la tragedia prevalece lo verosímil aun cuando sea falso, siendo su finalidad crear una ilusión en los espectadores; al paso que en la historia se impone la verdad para utilidad de los estudiosos". Esta disquisición polibiana,
de fuerte sabor isocrático (por el equilibrio estudiado entre las partes antitéticas de cada oración), demuestra únicamente que el autor del segundo
siglo, hombre de acción, escritor apegado a los hechos -"pragmatikósu, como
él mismo gusta de estilarse- poco entendía de la tragedia ática del siglo
quinto, la cual no había pretendido suscitar ilusiones "falsas" para entretener
a sus espectadores con cuentos de susto; sino al contrario introspecciones certeras para enseñarles, por detrás de realidades aparentes, la verdad genuina.
Pero la obra polibiana misma nos demuestra cuánto había aprendido su autor
en la escuela de la dramaturgia y aun de la epopeya helénicas sin darse cuenta
de ello, puesto que dice (en el pasaje ya citado antes, libro !, 3), que con

430
431

�anterioridad a aquella Olimpíada "los acontec1m1entos
carecían de cualquier unidad de concepción, de actuación y de lugar". De tales términos se
serviría un régisseur para rl!chazar el manuscrito de un dramaturgo bisoño.
Unidad de concepción se le exige a una mente creadora, o sea a un poetés;
unidad de actuación se le exige a un elenco de actores o músicos; y la exigencia de una unidad de lugar recuerda el aristotélico "tollto dé eusynopton
einai" (eso ha de ser bien abarcable para la vista) del cap. 7 de la "Poética".
A Polibio le interesaba la "época" referida por ostentar justamente los rasgos
negados a la historiografía por el fundador del Liceo: a saber, por "mediar
(en ella) entre cada suceso y los demás otra cosa que el simple azar, convergiendo todos ellos hacia un mismo fin".
Más difícilmente que las de Herodoto podrían verterse en metros las Historias del megalopolitano; pero aun éste, con su estilo casi castrense, se revela
como poeta cuando canta (en VI, 51) el tríplice ritmo inherente a todas las
repúblicas y empresas "como a seres vivientes'': crecimiento -florecimiento-decaimiento, vaticinando sin otro fundamento que esa prístina especulación,
archihelénica antes que spengleriana, el inevitable ocaso del por nadie tanto
como por él admirado Imperio Romano.

II
TucÍDIDES COMO HISTORIADOR DRAMATURGO "KAT'EXOCHÉN"

l. Basados en lo que hemos expuesto -y tratado de ilustrar- durante
nuestra conferencia anterior, nos urge hoy aclarar con la mayor nitidez posible
en qué consistió ese trascendental enfoque dramático trágico que del hombre
como ente social y político (zo0n politokón ) tenían los griegos antiguos; cuya
orioinalidad reside en haber sabido hacer abstracción de las circunstancias inº
mediatas y los intereses subjetivos que suelen motivar y activar nuestro pensamiento en cada instante. Los griegos encontraron, así, el punto arquimédico
o sea la plataforma desde donde podemos asistir a todos los acontecimientos
-inclusive a los que nos involucran- como a un espectáculo que se desarrolla
ante nuestra vista en escenario distanciado de nosotros mismos sin dejar, empero, de afectamos incluso cuando no nos involucre personalmente. En este
sentido deberemos interpretar el ya mentado párrafo aristotélico donde el filósofo afirma ( Poética 9) que "nada impide que algunos sucesos reales sean tales
como puedan producirse según verosimilitud, captando la cual un autor se
vuelve poeta d~ los mismos", siendo --como dice poco antes- "la poesía una
cosa más filosófica y más seria que la historia Si no nos llamamos a engaño,
11

•

expresa, en el fondo, Aristóteles que el historiador, para verdaderamente captar la esencia de sucesos reales, deberá poseer las cualidades de un dramaturgo
(poietés) , pues sin ellas no pasará de ser un simple analista o cronista de
sucesos aleatorios, aunque simultáneos o sucesivos, escapándole por completo
su oculta relación recíproca, la dramática tensión del con junto, vale decir:
su necesidad y su entrañable verosimilitud. Historiador de vocación hist0riador-poeta será aquel que reconozca, en sucesos vividos ya sea por é1 y en
su tiempo o por otros y en otros tiempos, un drama objetivo, susceptible de
reproducirse con características análogas en análogo clima psicológico; un
drama cuya objetividad, sin embargo, no obste para afectar a los lectores
de cualquier época, justamente por esa su validez universal. El historiador
consumado no habrá, por ende, de ser menos afectivo que objetivo; dos rasgos
que tienden a excluirse mutuamente, y de hecho se excluyen casi siempre cuando el relator de los sucesos los ha vivido como actor y testigo.
2. Pues bien; se cumplió ta! milagro, a la par que aquel postulado sugerido
-según nos parece- por la definición aristotélica, en la figura cumbre de la
historiografía griega y aun la de todas las edades, hijo de la república que, de
acuerdo a sentencia puesta por él en boca de Pericles ( 2, 41, 1), era "institutriz de la Hé!ade" ( tes Helládos páideusis), coetáneo de la trágica peripecia
de la civilización helénica: Tucídides, quien quizá naciera antes del año 470
a. C. y muriera por el 399, año de la muerte de Sócrates. Ciertamente, el interés
perenne de su obra emana de la dramaticidad del propio argumento: la guerra
del Peloponeso; mas, con todo, cabe dudar que su importancia hubiese llenado
la conciencia histórica de los siglos y milenios posteriores, si no hubiera sido a
su vez "descubierta" --en su estructura compleja- por un dramaturgo de semejante talla, quien (valga de nuevo Aristóteles) convirtióse en poietés de los
sucesos reales. Acude a nuestra memoria aquel dicho de Fausto de que "aun
cuando los necios tuvieran la piedra filosofal, le faltaría a la piedra el filósofo".
Heleno hasta las raíces, sabía y experimentó Tucídides el axioma heracliteo de
que "la naturaleza ama ocultarse" (physis philei kryptesthai); pues con haber
sido inmenso su esfuerzo por reunir los hechos patentes, son empero los hechos
latentes cuyo reconocimiento exacto ha llevado, en el proceso místico-epóptico
de sus investigaciones, a la epifanía de verdades sobrecogedoras. El juego antitético de los adjetivos "latente" y "patente,, (correspondientes a los griegos
"aphanés" y "phanerón") figura notoriamente en el pasaje siguiente (1, 23,
6) : " ... pues como causa la más verdadera, pero confesadamente la más latente, considero que los atenienses, deviniendo grandes e infundiendo miedo a
los lacedemonios, los obligaron a hacer una guerra; mientras que los motivos
patentemente declarados por ambos bandos, quienes con ellos rompieron el
pacto e iniciaron la guerra, eran los siguientes: .. . " A lo cual sigue la exposi-

432
433
H28

�cion de los dos sonados "affaires" de Corcira (24-56) y de Potidea (56-66) .
Pero luego, en el transcurso de la obra, se patentiza como. causa aún más verdadera la inconciliable duplicidad de la idiosincrasia latente en todos los griegos, si bien simbolizada por los dos centros antagónicos: Esparta y Atenas;
pues las eternas "dos almas" convivían también en el pecho de cada griego,
en el seno de cada ciudad: la progresista, democrática, mercantil, expansionista y la conservadora, oligárquica, ruralista, reconcentrada. Y esta doble tendencia hizo que, por ejemplo, en Atenas existiera una influyente capa "laconizante", la cual en definitiva originó su ruina. Así, la conflagración fratricida se
debía menos al choque material de dos potencias que al conflicto espiritual de
dos mentalidades, las cuales tenían ambas su p·rofunda razón de ser : conflicto
íntimo, inevitable y, por lo tanto, trágico.
3. Había surgido de nuestro análisis ( efectuado el año pasado) de la tragedia
ática que la grandeza del pensamiento griego se debió -fundamentalmentesu índole dialéctica, transluciendo la plena verdad, dentro del mundo aparente, siempre a través de fenómenos antitéticos; y que, como este juego antagónico de la naturaleza celosa por ocultarse en nada nos intriga tanto como en
el prisma falaz de las relaciones interhumanas, había lógicamente la Tragedia
de llegar a ser la flor suprema del espíritu creador de los helenos. Ahora bien:
ningún S6focles habría podido idear un pleito más cargado de tragicidad que
la contienda entre Atenas y Esparta, por su origen, desarrollo, desenlace, por
su tejido entreverado, p·or sus situaciones paradojales, por sus personajes contradictorios, por su hybris y némesis, por su acción tan eficazmente retardada,
por su a ratos ofuscada pero a la postre cristalina unidad orgánica. Después de
la victoria común sobre los invasores persas (480/479), los espartanos, aunque
recelando del novel poder de Atenas con su propensión "innovadora" {neoteropoia), dejaron que ésta asumiera la dirección de las precauciones helénicas
frente al imperio derrotado, entre otras razones por "temer que los que salieren
(de Esparta) sean echados a perder" -como se expresa el gran etopéyico (diseñador de caracteres) Tucídides (1, 95, 7); gente cerril, maniatada desde
hacía dos siglos por la servidumbre perpetuamente precaria de sus vecinos los
1nesenios. Esta preocupación doméstica, esta desconfianza huraña para con empresas y caras nuevas, esta falta de mundo lacedemónicas continuaron siendo la
tónica inalterable durante toda la guerra; en la cual los espartanos, paradójicamente, fueron obligados a entrar (año 431) bajo la presión constante de las
repúblicas marítimas deseosas de sacudir el yugo cada vez más duro de la Liga
Atica, ganándola -como quien dice- contra su voluntad al cabo de 27 años,
en cuyo decurso reiteraron con insistencia, hasta p·oco antes de su triunfo final,
-sus proposiciones de paz. Con atiquísima ironía, el historiador comenta -a
propósito de no haber aprovechado los espartanos su victoria rotunda en la

ª

434

1

vecina Eubea ( año 411) ---que ' no sólo en esa ocas1on los lacedemonios fueron los adversarios más convenientes para los atenienses; pues difiriendo extremadamen_te por su carácter -los unos rápidos, los otros lentos, emprendedores
los unos, inoperantes los otros- aquéllos favorecían muy esp·ecialmente a una
potencia naval" (8, 96, 5). Una vez terminada la guerra con la "rendición incondicional'1 de Atenas ( año 404), los espartanos por cierto no desaprovecharon la oportunidad para demostrar su falta absoluta de vocación para asumir la
hegemonía de Grecia.

4. Entre tanto los mejores aliados de Esparta eran los oligarcas atenienses,
terratenientes del Atica expuesta a devastaciones, industriales armadores o mercaderes opulentos, quienes detestaban la guerra al igual que los lacedemonios;
si estos últimos nada esperaban ganar, ellos mucho temían perder. Pues el triunfo de Atenas, de cuya enorme probabilidad ni unos ni otros dudaban al estallar
las hostilidades, habría acarreado una democratización general, vale decir, para los espartanos, el fin de su régimen y dominio artificiales, y para los atenienses, el fin del resto de Ia influencia retenida por los círculos adinerados y seguramente algún reparto de sus riquezas entre el pueblo común. Así, por el
efecto contrastante de factores externos e internos, Atenas, destinada a triunfar
gracias a la superioridad de sus recursos materiales e intelectuales, era alentada
a luchar por la indecisión e inercia lacedemónicas, pero al mismo tiempo menguada en su eficacia y retardada en su acción por el acogimiento simpático que
halló en su seno libérrimo la antipatía de los propios aliados. El rutilante edificio de Pericles cayó víctima, no de Esparta, sino de la híbrida pretensión de
cimentar sus libertades democráticas mediante el esclavizamiento progresivo de
las demás repúblicas griegas. La "hybris" de tal pretensión, acrecentada por el
estadista nombrado en su intento de embellecerla con palabras idealizadoras,
clamaba -y esto se percibe de entrada en la obra tucididea- por una "némesis1' correspondiente, insinuada (como al comienzo de la Ilíada) por pestilencia
siniestra que fulminó al mismo orador, acentuada luego por la ceguera (áte)
de cometer crueldades innecesarias ( los episodios de Lesbos y de Melos) y de
entregarse a malevolencia suicida ( el doble proceso contra Alcibíades; la condena a muerte de los jefes vencedores en las Arginusas) y, finalmente, remachada
por los múltiples gestos soberbios de desconsiderar ofrecimientos ventajosos
de paz.
5. Con la paradoja de las situaciones, corre pareja la contradictoriedad de
los personajes. Ya en el prólogo (libro 1, la "Pentecontaecia"), los dos libertadores de la Hélade, Pausanias el espartano y Temístocles el ateniense, perecen
execrados como traidores de sus respectivas patrias y como amigos de Jerjes;
en la asamblea de la Liga Dórica, propiciada por los corintios, Arquidamo rey
435

�de Esparta se opone a la iniciación de la guerra contra Atenas, pero precisamente a él le toca luego dirigirla con violencia extrema, conociéndose incluso
por su nombre el primer período de la misma ("guerra arquidámica": 431421); cuyo fin es marcado, en la batalla de Anfípolis, por la simultánea muerte
del noble general Brasidas, convertido en propagandista liberal de la oligárquica Esparta, honrado por los propios enemigos, y del rabioso demagogo
Cleón, metido a general de la democracia ateniense, flagelo de los propios
aliados. Y, para no continuar hablando de figuras menores, recordemos ahora
la pareja impresionante de los antagonistas centrales de este trágico drama:
Nicias y Alcibíades. Nicias, patriota intachable, pero prudente, contemporizador,
pesado, permanente abogado de la paz, conociéndose incluso por su nombre
el segundo período de la guerra (la "paz -caliente- de Nicias": 421-413);
Alcibíades, niño bien, ególatra, fanfarrón, pero de brillante talento tanto político como militar, incesante instigador de aventuras bélicas. Quiso la suerte que
al primero le incumbiera conducir hasta su término desastroso la por él desaconsejada expedición ateniense contra Siracusa; y que el segundo, en cambio, ardiente sostenedor de la misma, antes de llegar a Sicilia, hubiera de refugiarse
en la ciudad de Esparta, promoviendo desde allí, con su doble consejo de mandar refuerzos a los siracusanos y de re-ocupar el fuerte de Decelea frente a Atenas -hecho que debía dar su nombre al tercer período de la guerra ("guerra
deceleica": 413-404 )-, el vuelco de la fortuna dentro de esa expedición siciliana (415-413), pues hasta la llegada del espartano Gilipo al mando de una
flota corintia Siracusa se veía perdida e incluso, en fin de cuentas, la peripecia
de la guerra entera. Aunque también es verdad que durante la guerra deceleica
levantóse una vez más el poder naval ateniense, merced a la habilidad del mismo Alcibíades restaurado en su antiguo rango; pero este último retardo y vuelco semifinal de la fortuna (para bien) -nos referimos a la victoria ateniense
de las Arginusas no aprovechada por los vencedores sino, muy al contrario,
conducente a la ejecución de los almirantes victoriosos- ya no se hallan incluidos en la historia tucididea, trunca -según se afirma, por accidente de su
autor- a partir del año 41 l.
6. Mas no nos compete aquí relatar hechos por demás conocidos, sino señalar, al lado de la concepción dialéctico-dramática fundada en la dialéctica inmanente a aquellos hechos mismos, la técnica dialécticodramatúrgica de que
Tucídides se valía, y que era la erístico-sofística de reciente importación y elaboración en Atenas. De acuerdo a la tradición filosófica procedente de los
Heráclito y Parménides ( dialécticas respectivamente "objetiva" y "subjetiva"),
los dissói lógoi (argumentaciones dúplices) permitían enfocar cada cuestión
desde dos ángulos de vista opuestos. Dicha técnica, adoptada en medida creciente por los poetas trágicos -y, naturalmente, los cómicos-- se hallaba pre436

conizada, por supuesto, en la epopeya homérica donde ya encontramos despuntes de un sistema "triádicd' consistente en tesis-antítesis-síntesis (por ejemplo, el
debate triangular Aquiles-Agamenón-Néstor en el primer canto de la Ilíada).
A nuestro modo de ver, no puede explicarse el descubrimiento genial por Tucídides del método discursivo como expediente para esclarecer la realidad psicológica subyacente a la de primer plano, sin relacionarla con su concepción
dramática de la historia. Para Tucídides, la realidad aparente es constituida
por los érga ( obras, hechos), cuya averiguación y recolección meticulosas brindan la premisa indispensable para penetrar, por medio de una investigación
introspectiva, al lógos que -no necesitamos reiterarlo-- significa en griego a
la vez "razón" "palabra" y "discurso". El lógos le ofrecía al historiador la
posibilidad de poner en su sitio verdadero ( a-lethés
no oculto) a los acontecimientos aparentes; sobre la técnica respectiva se expresa del modo siguiente
(1, 22, 1-2): "Cuanto, por un lado, en discurso (lógos) dijo cada orador, sea
para entablar una guerra o ya estando en ella, era difícil recordar la exactitud
misma de lo hablado tanto para mí que lo había escuchado personalmente como
para aquellos que me lo referían de alguna otra fuente; sino tal como me parecía
haber dicho a grandes rasgos cada orador lo necesario acerca de cada respectiva
actualidad, y ateniéndome lo más fielmente posible al sentido total de lo verdaderamente hablado, así está consignado. En cambio, los actos {érga) realizados en la guerra no consideré bien escribirlos en base a informaciones fortuitas, ni tampoco como a mí se me antojaban, sino indagando en detalle con la
mayor precisión posible lo que yo mismo presencié y de los otros supe". Sin
precedentes, pero también sin consecuentes son los discursos atribuidos ( o, mejor dicho, adjudicados) por el dramaturgo Tucídides a los distintos personajes
en las ocasiones distintas; las partes concluidas de su obra no contienen menos
que 45 discursos directos, debiéndose presumir que, en las inconclusas, todos los
indirectos y tal vez ciertos documentos constituyan oraciones "en bruto" ( semifabricadas). Lamentamos no disponer del tiempo necesario para hacer resaltar
la esencia de los principales discursos antagónicos; no debe de haber quien
niegue que el historiador ha derrochado en ellos su admirable ingenio artísticoetop·éyico como escultor de caracteres individuales y colectivos, proyectados sobre el contrafondo de problemática privada y pública. Ahí se materializa de
veras el citado precepto aristotélico del "decir ... lo que podría haberse dicho
según verosimilitud o necesidad" pero no menos aquel otro e importantísimo de
que "los asuntos (prágmata) y el argumento (mythos) son la finalidad (télos)
de la tragedia", de manera que en ella los personajes "no actúan para imitar
los caracteres, sino obtienen sus caracteres a través de la acción ( diá tes
práxeos)" ( Poética 6). Precepto importantísimo: porque ni a un dramaturgo
ni a un historiador serios le interesa un personaje primariamente por sus par-

=

437

�ticularidades biográficas o -peor aún- psicosomáticas; tal curiosidad morbosa
pertenece de lleno al ámbito de los anecdotarios frívolos. Al igual que en el
teatro sofocleo, actúan los personajes en el teatro histórico creado por Tucídides en función de los intereses y los conflictos que ellos encarnan, representan,
simbolizan; y sólo por medio de la acción no ya muestran, sino recién obtienen
cada uno su carácter. Hablando por una vez a lo Toynbee, las historiae personae
tanto como las dramatis personae interesan propiamente, en calidad de paradéigmata, en su modo de "replicar" a los "desafíos" de la situación que en
cada caso se les va planteando.
7. Esto, lo "paradigmático", nos lleva al trillado problema de la historia magistra, la historia como maestra. La edad helenístico-romana y, pisando en sus
huellas, la cristiana hasta el siglo XVIII pensaban grosso modo lo que enuncia
Polibio (1, 1): " ... porque ninguna manera de corregirse es para los hombres
más procedente que el conocimiento de los sucesos históricos del pasado. Por
eso no sólo algunos, ni incidentalmente, sino casi todos los historiadores, se
podría decir, del principio al fin de sus obras han afirmado que la enseñanza
extraída de la historia es la más eficaz instrucción y la preparación más infalible para la vida política, mientras que el recuerdo de los reveses ajenos es el
maestro más adecuado, y hasta el único, para enseñar a soportar noblemente
los cambios de la fortuna". Es decir que la historia nos proporciona ejemplos
(paradéigrnata) útiles para ajustar nuestra conducta a la más conveniente vida
de relación (social: politiké) e individual (estoicismo). Deja en obscuro Polibio por cuál razón espontánea y por cuál proceso psicológico nos obliga la
historia a aprender. Pasemos a la introducción de las Historias de Herodoto
(1, 1): "Esta es la presentación de la investigación de Herodoto de Turios, para
que ni lo producido por los hombres se borre con el tiempo, ni queden sin resonancia grandes y admirables obras, exhibidas unas por helenos, otras por bárbaros, y en especial por cuál causa se pusieron a guerrear los unos contra los
otros". El padre de la historiografía ostensiblemente no pretende que la historia
enseñe, sino quiere -a guisa de cronista- conservar los sucesos comunes y
-a guisa de poeta- glorificar los hechos maravillosos de los hombres inves~
tigando empero la causa de la guerra entre Asia y Europa. El suyo se diría
comparable al triple proceso de los iniciados en los Misterios: myesis ( cierre
de los ojos} para reconcentrarse sobre los sucesos pretéritos; epoptéia (mirada
hacia los objetos sagrados) para admirar con emoción lo milagroso; y epiphanía: aparición triunfal de la hasta tanto oculta verdad. El ejemplo nos lo da,
en este caso, no tantd la Historia como el propio historiador; ejemplo seguido
desde entonces por innumerables investigadores, quienes primero han reunido
su material de estudio, luego han admirado los fenómenos aparentes y, al final,
corrido el velo de su naturaleza escondida. Contra Herodoto, ahora, parece

438

estar dirigido el siguiente párrafo célebre de Tucídides ( 1, 22, 4) : ''Y para el
auditorio quizá lo no fabuloso de los hechos expuestos parecerá algo falto de
gracia; sin embargo, para cuantos quieran examinar con precisión tanto lo ya
sucedido como lo que podría a su vez suceder en el futuro, según la naturaleza
humana, de manera similar y aproximada, ellos resultarán suficientes para ser
juzgados provechosos: pues una adquisición para siempre (ktema es aiéi),
antes que una pieza de competencia a ser escuchada en el instante, se halla aquí
compuesta". El autor ateniense, es cierto, rechaza la idea de entretener con
cuentos fantásticos a un público ingenuo, atribuyéndola tácticamente a sus
antecesores; pero si, por el otro lado, parece coincidir con Polibio en reivindicar
la utilidad de los hechos históricos, deberá repararse bien en el matiz de la
analogía humana. A diferencia de Polibio, Tucídides no afirma que esos hechos
en sí sean instructivos para regular nuestro comportamiento público y privado,
sino que gracias a su método propio de examinarlos ( skopéin} resultarán educativos como concepción de un conjunto verosímil de sucesos humanos. ínter-•
pretados sub specie aeternitatis, y como tales -al igual que los dramas del
culto dionisíaco, con su efecto purificador (catártico)- un acervo adquirido,
para siempre por el espíritu avizor y plasmador del intérprete, de clásica ac-.
tualidad.
Más que a los griegos del siglo de su apogeo, nos acosan a nosotros hordas·
bárbaras propensas a burlarse de aquéllos, de su número tan reducido, de la•
insimificancia territorial de su país. ¡ Cuánto ruido -nos dicen- metéis los
hu;anistas con los 300 pobres lacedemonios que murieron en las Termópilas,,
hace dos milenios y medio, cuando hoy en guerra y paz son segados millones
de vidas! ¡ Qué importancia exagerada asignáis a los poquitos kilómetros que
mediaban entre Esparta y Atenas! No obstante: de los pleitos de esos pocos
que con poco se alimentaban en tan poco territorio, extrajeron unos pocos
intelectos tantas y tamañas conclusiones que los sucesos dramatizados por ellos
han quedado hasta la fecha como una adquisición, más que perenne, imprescindible, si deseamos triunfar sobre la barbarie en el Maratón y la Salamina que
se acercan.

43g

�SAMUEL BANGS, IMPRESOR PIONERO
EN MEXICO Y TEXAS
LOTA

M.

SPELL

Universidad de Texas

que participaron en la introducción de la imprenta
en el suroeste, han sido objeto de investigaciones y tema de especulaciones por
muchos años, y, como la región fue en otro tiempo parte de México, la búsqueda de datos que arrojaran luz sobre el problema no se ha limitado a los
Estados Unidos ni a historiadores de habla inglesa. J. Eleuterio González, al
escribir sobre Nuevo León,1 dedica considerable esp·acio a su creencia de que
los angloamericanos que vinieron a Texas en 1813 trajeron con ellos una prensa, que fue capturada en San Antonio por los mexicanos y llevada a Monterrey; pero ni en el parte oficial de la batalla, ni en la lista de objetos capturados se hace mención alguna de una prensa o partes de ella. 2 En unas breves
notas inéditas, H. R. Wagner asienta que el primer documento impreso en el
suroeste de que él tenga conocimiento, es una proclama de Arredondo, que
fue expedida en Monterrey el 21 de julio de 1820. 3 Otros escritores se han
referido a la prensa traída a Texas por la expedición de Long, en 1819,' en la
LA FECHA Y PERSONAJES

1
Colección de Noticias y Documentos para la Historia del Estado de Nuevo León
(Monterrey, 1867).
2

México, Provincias Internas de Oriente, Comandante General José Joaquín Arredondo, Parte de la Batalla de Medina, 18 de septiembre de 1813. Historia XXIII,
Arredondo IV, fols. 179-193. Archivo General de la Nación, Ciudad de México (en
lo sucesivo se citará: AGN).
3
MS. Notas sobre el primer impreso. Fotocopia. Biblioteca de la Universidad de
Texas (en lo sucesivo se citará: TxU).
4
Archivo Lamar. Calendario No. 703. Lamar's Life of Long. Original en la Biblioteca del Estado. Impreso en Lamar Papers II, 59. Calendario No. 1966. Eli Harris,
Providence, Lousiana, 18 de enero de 1841, a M.B. Lamar, en III, 483.

441

�cual se imprimía el periódico Texas Re publican. De este periódico tres ejemplares, según otros periódicos, fueron recibidos.5
Basado en los datos de que había una imprenta en Texas en 1819, y también
una en Monterrey, en 1820, Wagner llega a la conclusión de que la de Monterrey fue la prensa de la expedición Long, diciendo:
"No hay duda de que la segunda expedici6n de Long tenía una prensa
que fue capturada y probablemente también el impresor, puesto que
Bangs formaba parte de la expedici6n y fue capturado; y poco después
se hacía pasar por impresor".6

Pero ¿quién era Bangs y cómo llegó a Texas o a Monterrey? ¿Estaba Wagner
en lo correcto al decir que Bangs estaba en la expedición de Long? Ambas
preguntas permanecieron sin respuesto hasta que una carta firmada por Samuel
Bangs y escrita en Saltillo en 1822' reveló la verdad acerca de su viaje a
Texas y a México. De dónde vino él fue un misterio, hasta que una referencia
de Benjamín Lundy proporcionó un norte. 8 Después, su nombre apareció como
el publicista del primer periódico dedicado a la guerra con México. Cada vez
se hacía más claro que el conocimiento de los detalles de sólo unos veinte
años de la vida de Bangs, arrojaría alguna luz sobre la historia de la primera
imprenta en Texas y en el norte de México. Con este fin en mente, la tarea
de escudriñar la vida y andanzas de Bangs fue iniciada. La búsqueda nos ha
llevado desde Boston hasta la ciudad de México, y desde Londres hasta Madrid, con muchas paradas en el camino.
De este norte obtenido de la carta de Lundy, que establecía el hecho de que
Bangs era nativo de Bastan, se dedujeron algunos hechos de interés relacionados con su vida. Era hijo de Samuel Bangs, Jr., nacido en 1769, y de Hannah.
Grice, también de Boston. Su padre murió antes de 1800, y en ese añQl el testamento de su abuelo Samuel Bangs, padre, asignaba su propiedad a los menores Samuel y Harriet Bangs, que no llegaban a los catorce años e h.ijQs del
9
finado Samuel Bangs, vidriero; y nombraba como su tutor a Williarn Hawes. ·
El 10 de noviembre de 1801 fue nombrado un nuevo tutor para los dos niños,
~ E. W. WiNKLER, "The Texas Republican", Southwestern Historical Quaterly. VI,
162•165· VII 242-243; VI, 329-331. C. S. BRIGHAM, "Bibliography of American News•
papers" 'en P;oceedings of American Antiquarian Society, New Series, XXXV, 98.
6 MS. Notas sobre el primer impreso. Fotocopia, TxU.
7 Samuel Bangs, Saltillo, a José Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, 13 de ·
julio de 1822. Archivo Mier, TxU.
.
8 Life, Travels, and Opinions of Benjamin Lundy (Philadelphta, 1847), p. 154.
9 DEAN DunLEY, History and Genealogy of the Bags Family (Boston, 1896); Probate-:
Records of Suffolk County, XCVIII, 696.

442

de edad aún inferior_ a catorce años; y el 18 de agosto de 1806 fue designado
otro tutor _para H_arnet, pero no se mencionaba a Samuel. Por lo tanto él debe
haber nacido hacia 1798, de una familia prominente en la localidad.
Sus ~rimeros añ~s los habría pasado con su madre y hermana, pero antes de
su partida de Baltim~re, poco había visto de su familia inmediata. Después
que su m~dre contrajo segundas nupcias, se le dio comida y habitación durante los cmco años que sirvió como aprendiz de impresor en el taller de Thoma~ G. B~ngs. Cuando leyó que en Baltimore era solicitado un impresor, salió
ª. ~icha c1~dad, y fue allí donde en calidad de impresor se unió a la expedici_on de Mma, con destmo ª. México. 10 A partir de aquí es posible seguir el
hilo de s_us andanzas, estableciendo los mis prominentes individuos con quienes
t~vo amistad. Uno de ellos fue el Dr. Servando de Mier, fraile mexicano cuya
vi~a . Y andanzas. ~e~en _mucho de novelesco. 11 Después de ser expatriado de
M:x1co por ecles1ast1cos ignorantes y supersticiosos, perseguido en España, seculanzado por el Pap·a, y. casi muerto de hambre en Francia, buscó refugio en
Inglaterra, dond~ conoció a Francisco Xavier Mina, quien trabajaba entusiastame~te por la_h~ertad de México. Mier se unió a este proyecto con todo su
corazon y cons1gmeron una embarcación y material con que llevar a cabo su
empresa. Con. ello trajeron de Inglaterra una prensa portátil.12 Su primera
e_scala fue Baltimore, donde esperaban conseguir ayuda pecuniaria para adqui~Ir más material. Allí hicieron arreglos con Bangs, para que les sirviese como
1~preso~. En septiembre de 1816, la expedición se dio a la vela, con los jefes
bien satisfechos ~el apoyo y est~ulo recibidos. Después de varias experiencias,
puesto .que no siempre prevalec1a una armonía comp'leta entre estos apóstoles
de la hb~rtad, el grupo se detuvo en la isla de Galveston. Bangs imprimió allí /
un Manifiesto de mina, fechado en Galveston el 22 de febrero de 1817. Este
documento ha sido reproducido por Bustamante,1 3 quien dice que al reverso
aparece esta nota: "Impreso por Juan J. M. Laran y S. Bancs".
Hay otro_s testimonios documentales : sus propios impresos, por los cuales se
puede segmr desde este punto a Bangs por algún tiempo. El se hallaba en Ja
desembocadura del Río Grande el 12 de abril de 1817;" desembarcó en Soto
16

_Samuel Bangs. Solicitud de tierra, 1830. Original en Oficina General de Tierras.
Austm, Texas. Spanish grants, XXX, 200-230.
n J. E. GONZÁLEZ, Biografía del benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier
Noriega y Guerra (Monterrey, 1876) .
12
HERNÁNDEZ Y DÁVALOS, Documentos para la Historia de México (México, 18771882), VI, 847.
111
~ARLOS MARÍA DE BusTAMANTE, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana.
(México, 1823-1832, 6 vals.), IV (1826), Farte segunda de la tercera época, carta 16,
pp. 7-12.
H Reimpreso en Boletín l.

443

�j

la Marina en mayo de 1817, y celebró este acontec1m1ento imprimiendo un
canto patriótico en cinco estrofas, compuesto por Joaquín lnfante. 15 El colofón
de este efusivo y poético canto, dice: "Soto la Marina, 1817. Samuel Bangs,
impresor de la división auxiliar de la república mexicana". Imprimió asimismo
varios números de un Boletín, del que aún existen ejemplares. 16
Pero la poesía y el periodismo pronto serían desterrados de la mente de
Bangs, por consideraciones prácticas más apremiantes. Cuando Mina decidió
avanzar al interior de México con una parte de sus fuerzas, dejó a Bangs y a
Mier en Soto la Marina, donde pronto fueron capturados por Arredondo, jefe
realista de ese sector de México. Esta vez Bangs habría compartido la misma
suerte adjudicada a la mayor parte del grupo: inmediata ejecución, si Arredondo no se hubiera percatado de la utilidad de la prensa y de alguien que
supiera manejarla. A Mier le perdonó la vida porque Arredondo sabía el gran
respeto y alto concepto que se tenía de él, no sólo en México sino también en el
extranjero; no obstante, fue encadenado, montado sobre una mula y conducido
por tierra a la capital. Hasta 1822 supo Bangs que Mier, después de ordenarse
que fuera conducido a España, se había fugado en La Habana y estaba otra
vez en México. En una carta que Bangs le escribiera, le relataba sus propias
experiencias en estas palabras:
Sor. Dr. Dn. Servando Mier.
Saltillo Julio 13. 1822.
Yo me hayo bueno en esta Villa desde hace tres meses Que vine Con
el Comandte. Gral Ynterino Dn. Gaspar Lopez; pues ya sabrá VS. como
Arredondo se hizo de la imprenta cuando nos agarraron prisioneros y qe.
yo tube la dicha pr voluntad de Dios, por ser impresor, el libertar la vida,
exerciendo mi oficio en el Govierno con un sueldo tan mísero qe apenas
tenia qe subsistir; hasta a hora tengo el sueldo de 18 p. al mes; pero con
un tratamiento muy iniquo como si fuera prisionero sin acordarse estos
señores que espuse tambien mi vida por la libertad del Septentrion; aun
que en nuestro tiempo no se verifico.U
11

Canción patriótica. Original at Yale. Reimpreso por Bustamante, Cuadro Histórico,

IV, Carta 17, pp. 5-6.
18 Boletín I de la División Auxiliar de la República Mexicana. Soto la Marina, a 26
de abril de 1817. 3 pp. Yale. Museo Nacional de México. Reproducido en facsímil en
GENARO GARCÍA (editor), Documentos históricos mexicanos. .. (México, 1910-1912,
7 vals.), IV, García agrega la información de que fue impreso en una prensa portáta
de Samuel Bangs. Véase Introducción, p. XV.
11 Samuel Bangs, Saltillo, a Servando de Mier, 13 de julio de 1822. ALS. Archivo de
Mier. TxU.

444

Co~ la p_o~sión de más de cien documentos impresos por Bangs con fecha
antenor a Jubo de 1822, así como con carta mencionada, se echa por tierra
la teoría de Wagner en relación a que la prensa y el impresor fueron llevados
a Monterrey con la expedición Long. La prensa de Long fue inmediatamente
destruída por los realistas. 18 La prensa en que fue impreso el documento de
Galveston, fue una prensa inglesa que Mier y Mina llevaron a México 10
que Bangs había usado desde 1816 hasta 1822, año en que la usó en Saltill;
lugar a donde había sido cambiada la sede del gobierno de las Provincia;
Internas de Oriente. Bangs fue el impresor del documento de Monterrey de
1820, a que alude Wagner como el primer documento impreso en el suroeste.
Existen otras pruebas mediante las cuales Bangs puede ser seguido durante la década siguiente. En 1823 fue publicada en el órgano oficial en la
capital, una lista de contribuyentes voluntarios ( ?) para un fondo c~n que
se ayudaría al gobierno. Nada encontramos ahí, fuera de una nota de Saltillo
e~ que consta que "el impresor Samuel Bangs" donaría dos pesos de su salano mensual para la causa. 20 Evidentemente Samuel estaba todavía en Saltillo
Y seguía en su oficio. De este puntOI en adelante, por algún tiempo, la carrera
de Bangs aparece cubierta por una bruma de misterio. Pero algunas partidas
en la Memoria del Congreso de Coahuila y Texas, de 1830," nos dan nuevamente el derrotero de Bangs. En primero de enero de ese año hizo solicitud
ante el gobernador para ser admitido como ciudadano mexicano; su solicitud
fue aprobada el día 14; y, por decreto número 112, José Manuel Bangs fue
declarado ciudadano del estado de Coahuila y Texas." La aparente discrepancia en los nombres es aclarada por la posdata de la carta de Bano-s
a Mier'
o
en la cual él explica que cuando los mexicanos lo bautizaron en la Iglesia
Católica, le cambiaron el nombre a José Manuel, pero él siguió firmándose
Samuel para que Mier pudiera reconocerlo.
La explicación del repentino deseo de Bangs de adquirir ciudadanía mexicana Y algunos otros detalles de su vida, vino de un origen inesperado. En el
archivo de la Oficina General de Tierras, en Austin, Texas, aparece una
solicitud por concesión de seis leguas de tierra en el Colorado, firmada por
José Manuel Bangs en Saltillo, el 27 de enero de 1830." En este documento
Bangs relata que el 26 de septiembre de 1816 salió de Baltimore con Mina
y desembarcó en Soto la Marina en mayo de 1817. De esa fecha hasta 1821
18

Eli Harris a M. B. Lamar, 18 de enero de 1841, en Archivo de Lamar.
Afirmación de Mier ante la Inquisición: "Desembarcó Mina su imprenta portátil
que traía de Londres" (Hernández y Dávalos, VI, 807.
:1G La Gaceta de México, 20 de febrero de 1823.
21
Copia en TxU.
23
GAMMEL's, Laws of Coahuila and Texas.
u Spanish Grants, XXX, 200-230.
19

445

�perman~ció prisionero de Arredondo y era forzado a trabajar en la imprenta
del gobierno. En 1823, volvió a su tierra natal, pero regresó a México en
18
27, llevando una unprenta que instaló en Victoria y que después vendió al
gobierno d~ Tamauhpas; entonces se estableció en Saltillo con otra imprenta
que ~~stenorm~nte vendió al estado de Coahuila y Texas. Con esa prens~
trabajo de contmuo hasta 1830, pero como deseaba radicarse en Texas y dedicarse a la Agncultura, es por ello que solicitara la concesión de las mencionadas seis leguas de tierra en el Colorado.
Parte de esta aseveración es confirmada por otro escrito encontrado en
Boston. El 12 de mayo de 1824, Samuel Bangs, impresor vecino de Boston
solicita la partición o de~linde de un terreno al lado este de F'ort HiII, a la mitacÍ
d:l cual le fue reconocido el derecho de posesión. 24 En su carta a Mier dos
anos antes, había afirmado que tenía recursos de que echar mano.
'
~i se requirieran más datos para comprobar que Bangs era indudablemente
el impresor del gobierno, fácilmente se podrían obtener de los numerosos docu~entos que aún existen y que llevan su nombre como impresor. Muchos
de estos s~ e~cuentran en los archivos de Béjar; muchos otros, con sus hermosos Y limp10s legajos, se encuentran en el Archivo General de Méxic0 .2s
Bangs residió en Saltillo hasta fines de 1832, pues mediante el decreto 195
se le exceptuaba ~e ser comprendido en lo dispuesto por el decreto 183, por
ten:r familia ~a:1da en México. Este decreto 183, prohibía a personas no
nacidas en Mex1co, vender cualesquiera mercancías, excepto "por la mitad
o el total de una carga de mula". 2s

Par~ 1834, ya Bangs estaba de regreso en Tamaulipas, donde fue empleado
co".'? impresor del_gobierno en 1835, cuando Lundy hizo su viaje por esa
r~g.1on. Le acompan~ban su esposa, nativa de Virginia del Sur y dos hijos,
viviendo con comodidad, aunque no con abundancia, y disfrutando en alto
grado del aprecio y la confianza que les dispensaban los mexicanos. Cuando
Lundy trajo_~ Bangs una carta de presentación de un amigo de ambos, el
rab10so abolic1on~st_a fue cordialmente recibido por el bostoniano, y pronto
Lundy andaba p1d1endo ayuda para solicitar una concesión de tierras a fin
de establecer una colonia de negros libres y de esclavos fugitivos. Bangs'. desde
luego, se interesó, y debido a su influencia, la concesión fue hecha a nombre
de _Bangs, pero se dejó transcurrir algún tiempo antes de permitir a los empresanos traer a sus colonizadores.27
Pero antes de transcurrir un año las condiciones eran tales que Lundy juzgó
2
•

Land Records, Suffolk County, Massachusetts CCCXL 226.
.
'
'
En TxU; Archivo General de la Nación, Ciudad de México.
u Leyes de Coahuila y Texas, Decretos nos. 195 y 183.
21
BENJAMÍN LUNDY, Life, Travels an Opinions, pp. 154, 161 y 164.
u

446

inconveniente el mandar colonizadores, y Bangs optó por ausentarse de México. La revolución en Texas estorbaba sus planes y la muerte de la esposa
de Bangs le indujeron a retirar a sus hijos del peligro. Cuando estaba en Matamoros en camino a Nueva Orleans, en marzo de 1836, conoció a James Ogilvy,
un escocés que había estado activo por varios años en asuntos de tierras en
la región. Bangs le dio poder amplio y suficiente para llevar a cabo, como
;Su representante, las estipulaciones de la concesión original. 28
Puso Bangs a sus hijos en la escuela, en Kentucky, se casó con Carolina
.French y regresó a Texas. A fines de la primavera de 1838, se encontraba
,en Galveston, tratando de hacer valer sus derechos a las tierras que cubría
la concesión. Tenía títulos en regla para la legua adjunta al Colorado, p·ero
las notas de campo de las dos leguas concedidas junto al río Brazos carecían
,de la firma del agrimensor y el título no había sido registrado. La tierra cu.bierta por la concesión de Tamaulipas, ya no estaba en Tamaulipas, sino en
Texas, y el título no había sido revalidado por el gobierno de esa república
independiente. Como medida para asegurar dicho título, presentó demanda
-contra Sam Houston, presidente de Texas. 29
Se ocupaba también en la publicación de un prospecto del primer perió,dico de la ciudad, el Comercial lntelligencer, cuya segunda edición apareció
,el 27 de julio, anunciando que sería "publicado sernanariamente por Bangs,
-en nombre de los propietarios", y que John Evans era el editor. Uno de los
propietarios resultó ser un hombre sin escrúpulos y logró venderle a Bangs un
lote cuyo título era de dudosa autenticidad. Con el periódico en condiciones
precarias, Bangs recibió aviso de que su esposa venía en camino y ~ue esperaba que la fuera a encontrar en Nueva Orleans. Durante su estancia en esa
ciudad, el Jntelligencer expiró, y la demanda de Bangs contra Sam Houston
foe sobreseída.'° Ogilvy trataba de establecer la validez de esa concesión de
tierras, como lo testifica en detalle en su Diario.si
En enero de 1839, Ogilvy asienta que Bangs aún estaba en Nueva Orleans
esperando a su esposa, cuyo barco había zozobrado dos veces ~n el tray~cto.
En febrero, él asienta sus intentos infructuosos para consegmrle trabaJO a
Bangs en el Telegraph, de Houston. En marzo, dice que Bangs· estaba en Gal::s "Diary of Adolphus Sterne" in Soutwestern HiJtorical Quaterly, XXX. Este, en
realidad, era el diario de James Ogilvy, pero el editor no lo supo hasta después de
impresa la primera parte del manuscrito.
211 Harris County, 11th. Judicial District Court, Libro B, 28 de diciembre de 1838 .
.Bangs cont.:-a Houston.
~ [bid., libro B (8 y 12 de mayo de 1840), pp. 218, 284.
:n. El Diario de Ogilvy, en las fechas 12, 13, 20, 25, 28 y 29 de 1838; 8, 14, 18, 19,
21, 22 y 26 de enero; 8, 11, 22, 26, 27 de febrero; 5, 7, 14, I?, 19 Y 29 de marzo; Y
2, 6 y 7 de abril, indica los lugares donde andaba y las relaciones entre uno y otro.

447

�veston, donde ya había adquirido título de propiedad a un lote en dicho lugar
y otro en Houston.

Con Bangs vinieron a Texas sus dos cuñados, G.H. y H.R. French, ambos
periodistas, con quienes sus intereses estuvieron íntimamente ligados durante
varios años subsiguientes. En el curso del tiempo transcurrido entre la fecha
de su llegada y el 15 de abril, comenzó a publicarse "de la oficina del Sr.
Bangs", un diario. Inicialmente el editor era "Simple" John Gladwin, pero
después de su muerte, en octubre, el editor fue H.R. French, bajo cuya dirección siguió cuando menos hasta mayo de 1840. 33 En septiembre de ese mismo
año, apareció el San Luis Advocate, en el pequeño poblado de ese nombre,
en la isla de Galveston, con la inclusión de un artículo intitulado: uMina
and the three Hundred", y que apareció desde el 11 de noviembre de 1840
hasta el 5 de febrero de 1841; lo cual hace pensar que Bangs estaba de alguna manera asociado con ese periódico también. 34 Después de que el número
41 había sido impreso, el periódico fue cambiado a Galveston, '~a fin de
aumentar las facilidades de comunicación con cada sección de la república,
así como con naciones extranjeras"; y el nombre fue cambiado a Texas Times.
El 11 de marzo de 1843 G. H. French y G. L. Hamlin se hicieron cargo de su
publicación. 35
Probablemente Bangs no tenía gran interés en ese periódico, pues precisamente al morir el Advocate, aparece como publicista del Commercial Chronicle, del cual el cuarto número ya circulaba el 8 de septiembre de 1842."
De este periódico, que cambió su nombre al de lndependent Chronicle, Bangs
era el editor, impresor, publicista y propietario. En cuanto a táctica o plan de
acción, el periódico era enemigo de Houston, y por más de un año su editor
no cesaba de molestarlo, lo cual le caía muy mal a la prensa del gobierno.
Se lamentaba ésta de que el entusiasmo de Bangs no iba acompañado de la
discreción y sentido de propiedad, en consonancia con la posición que él había asumido. Sin embargo, todos mantenían una actitud benevolente en lo personal, porque, como dijo uno de ellos, no creían que llegara a causar ningún daño. 37
Es muy probable que el Chronicle no llegara a ser un gran éxito económico; de todas maneras, para noviembre de 1845, Bangs estaba publicando
otro periódico, el Doily Globe, del cual B. F. Neal, antiguo editor del Gal"Printing in Galveston", en Galveston City Directory, 1859, p. 89.
Austin C!'ty Gazette, 6 de mayo de 1840.
3-l En un manuscrito no firmado existente en la Dyer Collection, Rosemberg Library,
se afirma que Samuel Bangs trabajó "para Mr. Pincus, en el San Louis Times".
"The Texas Times, 23 de noviembre de 1842 y 11 de marzo de 1843.
36
The Redlander (San Augustine, Texas), 8 de septiembre de 1842.
31 Redlander, 7 de octubre de 1843; 13 de enero de I 844.
32

33

448

veston News, era el editor. Aparecía en una hoja pequeña, pero sus editoriales
merecieron comentarios favorables del editor del Telegraph. 38 Este periódico
no puede haber sobrevivido por mucho tiempo bajo la supervisión personal
de Bangs, pues el lo. de enero de 1846, vino a ser el publicista del primer
periódico de combate.
La llegada del Gral. Taylor con tropas de los Estados Unidos a Corpus
Christi, hizo que los ojos de Texas se dirigieran a esa región. Bangs pensó que
ahí se le presentaba una magnífica oportunidad para un periódico. Consiguió
la ayuda del Dr. George W. Fletcher como socio, y como editor la de José
de Alba, uno de los más importantes miembros de la colonia de habla española. El primer número apareció el lo. de enero de 1846, bajo el título de
Corpus Christi Ga.zette. No era un simple papelucho sino que constaba de
cuatro páginas de tamaño reglamentario. 30 El tipo era nuevo y de buena calidad. Grabados en madera adornaban los anuncios, y el conjunto revelaba
la mano de un impresor de experiencia, como indudablemente lo era Bangs.
Nada mejor para conocer el tipo de vida en Corpus a principios de 1846,
que el periódico la Ga.zette, de la época. En política, la actitud de este periódico era neutral.
Pero los días de prosperidad para Bangs en Corpus estaban contados. Por
dos meses la Gazette se vendió bien, pero pronto las tropas fueron trasladadas
al Río Grande. El 11 de marzo, los últimos contingentes iniciaban la marcha;
y pocos días después, el número 12 -y último- de la Gazette vio la luz.
Pero para entonces Bangs tenía ya otro proyecto en mente. Después de encontrar un nuevo socio, se cambió a Matamoros.
A principios de junio, se anunció que un nuevo periódico: el Río Grande
Herald, sería publicado en Matamoros, editado por Bangs, de la difunta Gazette y Gideon Lewis, editor del Galveston News. Nunca materializó el Herald,
pero en su lugar, el 24 de junio, apareció el Matamoros Reveille "º Este periódico era frecuentemente confundido con el St. Louis Rweille, del cual probablemente tomó su nombre; y apareció, al principio, como semisemanal, en
español y en inglés. La sección de español, sin embargo, fue pronto suspendida,
38

19 de noviembre de 1845.
Volumen I, No. 7 (12 de febrero de 1846), en la biblioteca de la Wisconsin Historical Society, Madison. Fotocopias, TxU; LMS. Un Extra del 8 de marzo, está en
TxU; No. 12 ( 19 de marzo) se halla en el Archivo de la Secretaría de la Defensa
Nacional, México, D. F.; fotostática del No. 14, LMS; y No. 14 (2 de abril de 1846)
en AA W, Worcester, Massachusetts. Otros ejemplares en la correspondencia del General Taylor. NA. Referencias del peri6dico pueden verse en el Texas Democrat, 6 de
mayo de 1846, y en el Daily Picayune, 6 de enero de 1846.
"° Daily Picayune, 14 de junio y 7 de julio de 1846, Volumen I, número 1, en la
biblioteca de la State Historical Society of Wisconsin. Fotocopias, TxU j LMS.
39

449
H29

�y en su lugar apareció otro periódico, todo en español, hecho en la misma
prensa y por publicistas mexicanos. Como resultado de un artículo inconveniente que apareció en el periódico extranjero, sus oficinas fueron clausuradas
en agosto, por orden del Gral. Taylor, y Bangs fue encarcelado." Luego que
salió libre, los editores del American Flag, ofrecieron comprarle la prensa,
dándole trabajo y permitiéndole hacer trabajos suyos en ella. La compraventa no se llevó a cabo sino hasta febrero de 1847," cuando la falta de papel
le obligó a cerrar sus oficinas por algún tiempo.
Atraído por la oferta de un terreno suficiente para una imprenta y un hogar
en Punta Isabel, que le hicieron creer que llegaría a ser un gran puerto, Bangs
vendió su propiedad en Galveston 43 y embarcó su prensa y sus muebles, el
barco que los llevaba zozobró y todo se perdió.
Mientras esperaba, logró construirse una casa, que luego tuvo que convertir en posada. Por algún tiempo este negocio le fue costeable, pero hubo de
clausurarlo cuando las últimas tropas estadounidenses fueron retiradas de México. Imposibilitado para ganarse la vida allí, después de extender las escrituras a nombre de su esposa, Bangs regresó a Kentucky, donde trabajó emp·eñosamente para ahorrar lo suficiente para trasladar a su esposa a su lado. Pero
no logró verla, porque el 31 de mayo de 1854 le sorprendió la muerte en
Georgetown. 44
No sólo fue Bangs un impresor capaz, sino que adiestró a muchos jóvenes
en el oficio. Introdujo el sistema de aprendizaje y mejoró el trabajo de los
obreros antiguos mediante su rígida dirección y mejoría de salarios. Durante
diez años fue el único importador y distribuidor de prensas en el norte de
México. Fue, por lo tanto, el creador de oportunidades para jóvenes impresores en lugares donde las posibilidades de una imprenta eran completamente
desconocidas.
Como impresor, Samuel Bangs merece, indudablemente, el calificativo de
pionero, además de haber sido el primer impresor en Texas, cuando era ésta
todavía una provincia española; fue, además, durante los siguientes cinco
años: el primer impresor de Tarnaulipas; primero en Nuevo León; y primero
en Coahuila, los tres estados colindantes con Texas. Durante la existencia del
estado mexicano llamado Coahuiltejas, él era el impresor oficial en la capital, Leona Vicario, y el editor del primer órgano oficial, la Gazeta Consti-

tucional de Coahuiltejas. Después sirvió al estado de Tamaulipas con el mismo
carácter, en Victoria, donde publicó su órgano oficial Atalaya, y una hoja
de noticias por su propia cuenta, El Telescopio. Durante los días de la República de Texas, publicó el primer periódico de Galveston, y, exceptuando un
corto lapso en que estuvo en Houston, donde publicó The Musquito, poseyó,
imprimió y publicó una serie casi continua de periódicos en Galveston. Al anexarse Texas a los Estados Unidos, estableció la Corpus Christi Gazette, el
periódico en inglés más al oeste del continente americano. Al estallar la guerra,
fue él uno de los primeros en establecer un periódico en inglés y español al
oeste del Río Grande.
Además de su gran categoría como impresor, Samuel Bangs fue un estadounidense de quien su patria debe sentirse orgullosa. Su espíritu emprendedor,
su valor, su habilidad para erguirse sobre el infortunio, el orgullo que cifraba
en la producción de su prensa, y la determinación de triunfar; todas estas
cualidades lo hacen una figura que merece reconocimiento. Cuando a esto
se agrega su contribución al progreso de la imprenta, sorprende el hecho de
que el nombre de Bangs haya permanecido en silencio en los anales de la historia de la imprenta por cerca de un siglo después de su muerte. En nuestros
días, para ninguna historia autorizada de la imprenta en Texas o en los estados vecinos al sur o al oeste, puede pasar inadvertido el nombre de Bangs
o su obra. Algún día deberá erigirse un monumento en honor de Samuel
Bangs, no sólo como el primer impresor de Texas, sino también como el pionero del suroeste.
Traducido por el
!Ne. SANTIAGO CERNA

Monterrey.

41
Daily Picayune, 6 de julio de 1846; Northern Standar {Clarksville, Texas), 5 de
septiembre de 1846.
ª New Orleans Weekly Delta, 22 de marzo de 1847, citando del Galveston News,
carta fechada en Corpus Christi el 2 de marzo de 184 7.
ª Galveston County. Index to Deed Records.
44
Georgetown {Kentuky) Herald, X, No. 13 (8 de junio de 1854), 3. Legajo de
la Kansas State Historical Society, en Topeka, Hansas.

450

451

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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