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/

Sección Qµinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS
1

�CINCO LECCIONES DE XA VIER ZUBIRI. DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE. Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo
León.

I

HAcE ALGUNOS AÑOS ME SENTÍ impulsado a escribir, para la prensa mexicana, un
artículo intitulado: "Nuestra deuda con Zubiri". Quería hacer patente mi gratitud
al maestro que me hizo descubrir una nueva luz filosófica y un nuevo estilo de filosofar. A muchos de mi generación, él nos lanzó, cobrando conciencia de la realidad,
en la apasionante aventura intelectual del filosofar. El magno espectáculo del riguroso filosofar en cuanto tal, que es Zubiri, nos ha develado un modo de existir y un
tipo de quehacer vocacional. De mí sé decir que si no hubiera ocurrido mi encuentro con Xavier Zubiri, tendría un espíritu completamente distint&lt;Y del que tengo. Acaso les haya sucedido eso mismo a muchos otros cultivadores hispanolocuentes de la
filosofía. Y todo ese ámbito prodigioso de la temática y problemática zubiriana, toda esa herencia emocionada que no podemos ni queremos negar, nos lleva -me lleva a mí, por lo menos- a hablar de nuestra deuda con Zubiri.
"Cinco Lecciones de Filosofía" ("Sociedad de Estudios y Publicaciones", Madrid1963) es la última obra de Xavier Zubiri. Se trata de una exquisita cortesía filosófica del autor para el público culto no iniciado, especialmente, en la filosofía. No tan
sólo presta un "servicio informativo y orientador", sino que nos hace vibrar al unísono con Aristóteles, Kant, Comte, Bergson, Husserl, Dilthey y Heidegger. El autor
ha querido prescindir de toda crítica para ofrecernos, henchido de simpatía y de
respeto, una exposición de lo que significa la filosofía en siete filósofos ejemplares.
Nada más y nada menos.
La filosofía, en Aristóteles, es una forma de saber, uha función intelectual y un
modo de actividad. Saber es poseer intelectivamente, firmemente, la verdad de las
cosas. Sobre el sentir -primer esbozo del saber, que compartimos con los animalesse organiza, por la retentiva o memoria, un orden que llamamos experiencia, "ernpeiría". H ay cinco modos de saber exclusivos del hombre: a) la tékhne consiste en
saber hacer las cosas. Es el modo primario y elemental de estar en la verdad de las
cosas. Mientras el saber de la experiencia ignora el por qué y es particular, el saber
de la tékhne es universal. b) El saber de la phrónesis -que los latinos llamaron
Prudentia- no es un saber hacer cosas, sino una actividad ("enérgeia"). Saber universal que no se constriñe a determinadas circunstancias, sino que se refiere a la totalidad de la vida y del bien del hombre. Trátase de "una habitud de praxis con
razón verdadera acerca de lo bueno y de lo malo para él hombre". c) La epistéme

677

�es realmente el verdadero saber de las cosas. Habitud de la demostración que nos
muestra un "por qué" universal por necesario. Ciencia es un saber "demostrar la
interna necesidad de lo que no puede ser de otra manera" (Opus cit., p. 22). Saber
apodíctico que fue la genial creación aristotélica. d) La intelección ( nous) está constituida por' "ciertas supremas aprehensiones videnciales del ser de las cosas. Solamente así es posible la intelección apodíctica. El saber apodíctico no recae directamente -ejemplifica Zubiri- sobre las relaciones triangulares, sino sobre "el" triángulo. Por esto la videncia noética de la triangularidad es el principio de toda la
ciencia del triángulo" (p. 24). e) La Sabiduría ( sophía) es el saber integral de algo.
Estriba "en, la visión de los principios y en la necesidad con que de ellos deriva necesariamente una ciencia y el Nous de las cosas que por su naturaleza son las más
nobles". El Estagirita quiere hacer de la filosofía una ciencia rigurosa que se explique acerca de sus propios principios. Llama a la filosofía "la ciencia que se busca". Ciencia según el todo en que está. Totalidad como coincidencia de todas las
cosas en un mismo carácter: el "ser". En tanto en cuanto es, toda cosa forma
parte del todo. La potencialidad viene de una actualidad y va ordenada a ella. En
consecuencia, ente es, ante todo, ente como algo actual, ente por sí mismo, substancia.
Como todo modo de saber, la filosofía desempeña una función intelectual. Se
dice que el que la posee es sophós (sabio). Por sophós, Aristóteles entiende el que
conoce no sólo cosas determinadas, sino que abarca el dominio entero de las cosas
que le conciernen. Pero hay varios otros significados: aquel cuyo dominio sabido
es lo más difícil e inaccesible, saber exacto de las cosas, saber enseñable, saber rector, saber que se busca por sí mismo. Solamente cuando las técnicas del placer, de
la comodidad y de la vida fácil se han descubierto, el hombre puede liberarse del
negotium y quedarse en simple otium. En el ocio se ha originado el mito por huir
de la ignorancia. Pero es la sabiduría el saber supremo de las cosas porque versa
sobre su entidad. Ser es el carácter y la noción más universal que cabe. Ninguna
cosa queda, pues, fuera de la filosofía. Nada más difícil e inaccesible que lo universal.
Filosofar es un tipo de bíos, de vida. No se trata, para Aristóteles; de una ocupación esporádica del hombre, sino de un modo de actividad que es patrimonio del
hombre libre. Es libre, según Aristóteles, "el hombre que es para sí mismo y no
en vista de otro". "El supuesto básico de la democracia es la libertad". El hombre
libre vive en la polis, dentro de un régimen de autodisponibilidad.
"Todos los hombres queremos ser felices", dice Aristóteles en el Protréptico, un
escrito de juventud. La felicidad es la habitud de lo bueno. Las diferencias de
ethos son diferencias ante lo que se considera el bien del hombre. Hay tres tipos de
vida: logro de goces y satisfacciones, vida política ( regir con justicia a los demás)
y vida teorética ( entrega a la verdad de lo que las cosas son) . Esta última se funda en las virtudes dianoéticas ( de la actividad del Nous) . La superioridad de la
vida teorética se caracteriza: a) por ser la más alta, la más fuerte, la más vigorosa; b) por ser la actividad más continuada, la que no se agota por mucho que
se detenga en la cosa; c) por ser la que produce las satisfacciones más admirables: lo que las cosas son; d) por ser la actividad más autárquica; e) por ser
la única actividad amada por sí misma; f) por ser la más ociosa de todas las actividades. El bíos theoretik6s no sólo es el bíos más alto, sino el más divino. Atiende a "lo que siempre es". En consecuencia es inmortal y envuelve al The6s. Más

aún, hombre.
és la vida de The6s mismo. p ura act1v1dad
. .
del
actual. Teoría pura. Es lo mejor
como forma de saber' la r·1
. z b..
1 "En
b conclusión:
d 1
I osof'Ia -apunta Xavie
e sa er e os entes en cuanto ent es, eI sab.er apod1ctico
, . de 1
· r· • u i n - es
en cuanto tal y en su omnitud total C
f ·~ .
· os prmc1p1os del ente
función de ser sabiduría. más a, . . lomob_unc~on mtelectual, la filosofía tiene la
•
'
un. es a sa 1duna por excele · 1
b.d ,
.
mera. Fmalmente, como modo de actividad 1 .
,
, ncra, a sa I una pnsuprerna Y más divina "C a t
,
li '. a filosof1a es b1os Theoretik6s, la forma
·
u n o mas so tano y abandon d
, .
encontrando -confiesa Aristóteles- m
, a o . a llli Ill!Smo me he ido
comenta· "N
, .
' e he vuelto mas allligo del mito" y z b. ·
0 es verosmul que Aristóteles hubiera
,
•
bdi d
•
·
u m
sof1a. Pero sería posible que su 1.de d I fil f' a ca o de su idea de la filo. •
ª
e a oso 1a como sabid '
1 •
más d 1vma del hombre hubiera t
. d
una Y como a vida
mito del saber. Sea de ello lo q ermmfa o por parecerle un poco mítica: sería el
ue uere entre estos dos mitos ¡ •
,
b
'
, e lllito que aun no
ha 11egado a ser un saber
1
la filosofía como una cien~ae ( sa_ e; como mi~o,. Aristóteles ha inscrito su idea de
todo en tanto ue es
epISt me) apod1ct1ca de la entidad de todo, y del
q
, Y solamente en tanto que es" (pp. 56_57 ).

11
Para acercarse a la idea kantiana de la filosofía, Xavier Zub· · d"I ·d
mente cinco puntos:
in
1 uc1 a sucesiva-

t·

~a
a
La
o. La
5o. La
o.

!º·

!0rmulación precisa del problema filosófico

para Kant.
idea de un nuevo método en la filosofía prim
e~truc~ura del saber filosófico como ciencia de e:jetos
fil~sof1a como saber de lo trascendente.
.
urudad del saber filosófico: la ciencia filosófica.

¿ Cómo saber si efectivamente una serie de saberes ha
d.d
gura. . . el real camin d
• . ,,
empren 1 o "la marcha se.
o e una c1enc1a ? Kant contesta con tres
.
.
eXIsta verdad en los resultados obtem.dos· b ) que existan
a ) que
, 1exigencias:
1
•, r·.
' ,
no so o resu tados verdad eros, sino, además' una di·r ecc1on
1Ja un metodo
la ·
· .,
c) que cada verdad ,
• d '
.
' en
mvestlgac10n de la verdad ·
as1 conquista a acreciente el sab
•
'
lo destruya, esto es si la marcha
,
er antenor y no simplemente
do lo restante son :neros pro
' segun aqu~l n:1étodo, es realmente progresiva. To.
gramas, nunca c1enc1a real
. Mientras la matemática y la física son cienci
. .
, .
siempre a discusión no llega a 1 .d d úl .
as ngurosas, la metaf1S1ca, sometida
'
c an a es timas no entra '
1
y sin embar
" .
'
aun por e seguro camino
d e la ciencia
sica".
T 'ta .
K
go, mientras haya hombres en el mundo habrá metafí
ra se, para ant, de una "disposici, f d
"
mana. El problema filosófico e I b ,
d odn un amen tal de la naturaleza hus a usque a e un nue O
·- • •
f d
no sólo originante. No se t t d
.
.
v. prmc1p10 un amental y
cierna la índole de la pur ra a, e1 onge~ _de las ideas, sino de un juicio que disL
, .
a razon, una critica de la razón ura
" a matematlca construye figuras y números se ,
p
.
. .
construcción". "La físic d G lil
. .
gun conceptos. Es ciencia, por.
ª
e a eo es c1enc1a no por p d · · ·
smo por hipótesis" (p 76) A ,
did
a o eix1s ru por construcción
es lo que Kant llama. "m·tw
. .' . ~1 ,~ntHen a la ciencia tiene ante todo algo "dado"'.
c1on
ay además t
•
d.
'
contepto es principio "para" 1 .. tui . ,'
' o ro mgre iente: el concepto. El
cíos; pero las intuicione . l a m c10n. Los conceptos sin las intuiciones son vacepto ". Por q ,
s sm. os conceptos son ciegas. Veo la naturaleza con el con•
é
ue no renunciar al supuesto de que los conceptos están tomados de

679

�las cosas y en lugar de hacer que la
los que giren en tomo de la mente?
blemas astronómicos con sólo suponer
no el sol en torno de la tierra. ¿No

mente gire en tomo de los objetos, sean éstos
Copérnico resolvió de golpe una masa de pro•
que es la tierra la que gira en torno al sol, Y
podría hacerse esto mismo en metafísica? Me-

recería la pena de intentarlo" (p. 78).
La lógica, la matemática y la física deben su rigor científico a que proceden a
priori. Pero la lógica está compuesta de juicios analíticos, se funda en evidencias absolutas no se ocupa más que del pensamiento mismo y tiene como supremo princi'
.
. .
pio el de no-contradicción. Las otras dos ciencias se ocupan de ob¡etos y sus JW·
cios son sintéticos, esto es, añaden al concepto del sujeto un predicado que no estaba contenido en él. Son juicios sintéticos a priori. Los principios de la metafisica
(por ejemplo, todo Jo que sucede tiene una causa) son, también, sintéticos a priori.
Pero, ¿ cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?
Conocer es subsumir bajo un concepto algo dado en una intuición, o referir un
concepto a una intuición. Los conceptos expresan la inteligibilidad misma de todo.
Son )as "categorías", como les llamó Aristóteles. Las cosas son los objetos de todo
posible entendimiento. Que algo sea objeto es una condición que depende de mí. El
"yo pienso" es el que "pone" la inteligibilidad misma de los objetos. Pero las categorías se fundan en el entendimiento mismo, y no en los objetos como pretende
Aristóteles. Trátase, en lenguaje kantiano, de una "deducción trascendental". La trascendentalidad del carácter de objeto está "deducida" de la trascendentalidad del
"yo pienso". Para que haya conocimientos no basta el puro entendimiento; se requiere un objeto dado, un objeto intuido. No es suficiente que la cosa sea real; menester es que sea sensible. Mi sensibilidad espacio-temporal (un aquí y un ahora) es
el principio determinante de la perceptibilidad de algo. El espacio no es un orden de
coexistencia dado por las sensaciones, sino el supuesto mismo de su ordenación. En
consecuencia, es anterior a las cosas. No estamos ante una intuición empírica, sino
ante una forma previa para poder percibir. Intuición pura, intuición a priori.
El entendimiento admite que los objetos son también cosas en si ( nóumeno). Pero del nóumeno no podemos conocer nada sino en cuanto se manifiesta en forma
de objeto (fenómeno). El entendimiento hace de lo dado objeto. La filosofía primera no es ontología sino ciencia de las condioiones trascendentales del conocimiento de los objetos. El conocimiento comienza por la iptuición, sigue con el concepto
y termina en 1a Idea. La idea tiene una función reguladora, no una función cognoscitiva. Cuando sistematizamos la totalidad de lo dable en una intuición externa, estamos ante la Idea del Mundo. La totalidad de lo dable en la intuición interior nos
lleva a la Idea del Alma. Y la totalidad de estas dos totalidades en un sistema absolutamente total es la Idea de Dios. Ahora bien, "mientras haya hombres, habrá
metafísica en el sentido de versión a Jo trascendente, hacia el mundo, hacia el alma, hacia Dios" (p. 96).
La conciencia cognoscente no agota la conciencia del hombre, porque el hombre
es también conciencia moral. En la historia nos encontramos con múltiples normas
morales. Hay que preguntarse no por el contenido de esas normas, sino por la moralidad en cuanto tal, esto es, por el deber. Pero, ¿ qué es el deber? Más allá de lo
que "es" está lo que "debe ser". El deber moral (deber por el deber) no pende de
ninguna condición, es absoluto. Imperativo categórico, le llama Kant. Estamos an·
te la forma suprema de la praxis. Los postulados de la razón práctica -alma in•
mortal y Dios-. son exigencias inteligibles. El puro entendimiento no conduce a la

680

existenc!ª. de Dios, porque Dios no es objeto de la experiencia. "Pero Kant --observa Zubm- ha afirmado enérgicamente: lo. que lo trascendente es absolutamente
reai; 2~. que de lo trascendente tenemos verdades absolutas; 3o. que estas verdades estan fundadas en necesidad intelectiva apoyada en una primera intelección
'demostrada', en la intelección de la realidad libre. Estas verdades forman pues un
verdadero saber" (p. l 08).
'
'
La filosofía
es una ciencia de las verdades últimas. Se trata de u n a reflexion
·' es.
peculativa sobre los principios de la razón, sobre las verdades últimas de l
'
El b
,
a razon.
sa er de que algo 'es". porque_ '_'debe ser" es la conjunción kantiana. "Como quiera q_ue sea -apunta Xavier Zubm para concluir-, Kant tuvo la convicción inconn:1ºVlble_ de que. la filosofía es metafísica, y de que la metafísica ha de ser una cienc'.a e~tncta Y ngurosa. Y la única manera posible de constituir la metafísica como
c1enc1a es hacer de ella una ciencia de los p rincipios supremos de la razón considerada
como princjpio de la inteligibilidad de las cosas para rm'". . . "La filosof'1a es
.
si.empr~ Y s_ó~o. ~na ciencia especulativa de este doble uso de la razón como principio
de !ª mtehg¡bilidad trascendental de los objetos y como principio inteligible de la
r~ahdad trascendente. Si se quiere la razón es principio de un saber teorético pero
~lo tr~cendental, de los objetos, y principio de un saber credencial o práctico'. pero
mtelectivamente verdadero, de lo trascendente" (pp. 114-115). Pocas veces se habrá
hecho u~,ª exposic_ión sintética de la filosofía de Kant que pueda parangonarse, en
penetrac1on y claridad, a la realizada por Xavier Zubiri.

III
La bancarrota de la especulación -singularmente de la filosofía hegeliana- "fue
uno de los grandes sucesos que vivió Comte, por así decirlo sobre sus propios huesos". Xavier Zubiri sigue su marcha en tres momentos suce:ivos:
lo. Cómo ve Comte la filosofía como problema.
2o. Cómo entiende que debe constituirse. el saber filosófico, es decir, la idea de
una .filosofía positiva.
3o. Qué es la filo.sofía como sabiduria del espíritu humano.
"La filosofía es siempre y sólo un momento de la evolución del espíritu humano"
(p. 123) • Trátase de una operación del entendimiento esencialmente incardinado e
una colectividad, en la sociedad. La vida fuerza al hombre a poner orden para po~
• der ~rever lo que va a ocurrir. "Saber es prever, pero prever para proveer". La fj.
lo~o~ia pro~onga metódicamente la sabiduría universal. Pero la filosofía es más sistematica Y tiende más a la generalidad que la sabiduría. Para Comte la filosofí e
en t'ernunos
.
1 "
'
a s,
genera es, aquel saber racional acerca de las cosas y de los hombres
que en última instancia determina el régimen de vida del espíritu humano social~
mente considerado" (p. 126). Cada régimen es un estado a que se ha llegado. Orden llama Comte a aquello según lo cual el estado es "estable". Orden en las ideas
en las costumbres, en las instituciones, etc. "Y aquello según lo cual todo estado vie~
ne de otros Y lleva, por lo menos en principio, a otros es a lo que Comte llama
"progreso" . La uru. dad ·mtnnseca
'
entre orden y progreso 'es, en definitiva, para Corote, la verdadera estructura de todo "estado": es un orden progresivo O un progreso
ordenado". (p. 128).
'
Si la filosofía no es más que la expresión del régimen intelectual de un estado, se

681

�,
comprende que haya distintos tipos de filosofía o, si" se quiere, diversos regímenes
filosóficos. Sistemáticamente considerada, cada filosofía es un orden definido. Desde
el punto de vista histórico cada nuevo orden es un progreso. La ley estructural del
orden y del progreso preside la marcha de la filosofia. Concretamente, Comte nos
habla de la ley de los tres estados:

r

1

lo. El estado teológico. Es el "régimen de los dioses". Todo lo que acontece se
debe a la intervención directa y continua de ~usas últimas y de conocimiento absoluto. El gran método es la imaginación. Fetichismo, politeísmo Y monoteísmo son
desarrollos graduales en el estado teológico.
2o. El estado metafísico. Las entidades
yen a los agentes sobrenaturales. Es "el
naturaleza de cada cosa y se renuncia a
"el primer ministro de la divinidad". El

abstractas o virtudes de las cosas substiturégimen de las entidades". Se apela a la
las causas trascendentes. La Naturaleza es
método es más imaginativo que racional.

3o. El estado positivo. Este estadio se atiene a la observación de los hechos Y. al
razonamiento sobre ellos. Ya no importa averiguar por qué ocurren las cosas, smo
tan sólo cómo ocurren. En vez de causas, hay que descubrir leyes, relaciones invariables de semejanza y sucesión en los hechos. Es el "régimen de los hechos" que no
explica sino constata.
"Los hombres, nos dice Comte, son teólogos en la infancia y metafísicos en la juventud; sólo llegan a ser hombres positivos en la edad madura" (p. 134). El ::a?;r
positivo, que enuncia hechos, se entiende en seis sentid~s: 1) es r~l por opos~cion
a lo quimérico; 2) es útil a diferencia de lo que es ocioso; 3) es _c1~rto Y no mdeciso; 4) es preciso, riguroso y estricto, a diferencia de un conocuruento vago; 5)
es constructivo por oposición a lo negativo; 6) es constatable frente a aquello que es
inconstatable. Constatables son los fenómenos observables, verificables, objetivos. La
naturaleza es un sistema de relaciones.
Como saber teorético positivo, la filosofia tiene por objeto el "totum de los hechos".
Presenta la ventaja de ser un orden real y efectivo, no simplemente especulativo e
imaginativo. Gracias a su positividad, la filosofía es constitutivamente progresiva. Los
hechos tienen una precisa estructura, según seis categorías:
a) Ante todo la categoría de lo matemático, base formal de la unidad de todos los
hechos en un universo espacio-temporal. El universo tiene formalmente una estructura matemática. Nada es ciencia plena, si en una u otra forma, no alcanza carácter
matemático.
b) La astronomía es una especie de pura matemática en marcha que se ocupa d:
la mecánica celeste. Creía Comte -fallas debidas al estado del saber en su tiempo-que lo que ocurre en los astros nada tiene que ver con la química de la tierra. Un siglo después se constituyó la astrofísica.
c) Los hechos terrestres se subdividen en dos grandes zonas: hechos inorgánicos
y hechos orgánicos. De la zona inorgánica se ocupan d.os ciencias: la Física y la Química.
La zona orgánica tiene dos grandes categorías, lo fisiológico como él le llama ( es
decir lo biológico) y la categoría de lo humano, los hechos sociales. "Es hora de que
se haga de la sociedad objeto de una investigación que él llamó en un principio física social, y después sociología. Y la categoría de lo social no es sólo una categoría

682

propia, sino aquella categoría en la que todas las demás categorías adquieren su última
concreción" (p. 152).
Lo matemático, lo astronómico, lo físico, lo químico, lo biológico )' lo social estructurado en su carácter de hecho, constituyen el "totum" con el que se enfrenta la filosofía de una manera positiva. "Este sistema tiene una unidad total de carácter matemático, y sus diversas categorías se hallan fundadas las unas sobre las otras hasta adquirir su última plenitud y concreción en la categoría de lo social". "Pretender que
Comte ha hecho de la filosofía una teoría de la ciencia y no teoría de la realidad
es una caricatura para uso de los positivistas contemporáneos" ( p. 153) .
La sabiduría universal sobre la que está asentada la sociedad está constituida por
la razón teorética y la práctica -tomadas a una- en su carácter racional y positivo.
La filosofía es la forma suprema de la filosofía. Es la razón pública en cuanto positiva. "El progreso consiste en afirmar cada vez más la humanidad frente a la animalidad. Y la diferencia entre el hombre y el animal se cifra, para Comte, en dos
puntos: la inteligencia y la sociabilidad" (p. 159). La humanidad es, el Gran Ser,
la versión positiva de lo que fue Dios para los teólogos y los metafísicos. A la religión positiva , -religión de la humanidad- consagra Comte su "Catecismo positivista".
A pesar de que el sistema de Comte ofrece tantos y tan fáciles flancos a la crítica,
Xavier Zubiri no ha querido transgredir el propósito -expositivo, pedagógico-- que
se trazó inicialmente. Con un raro poder de penetración y de simpatía ha iluminado, en perfecta construcción, ideas flotantes, imprecisas a veces, periféric~ casi
siempre. Ninguno de los otros filósofos seleccionados por Zubiri me parece que pueda
comparársele a Comte en pobreza y en falta de rigor. Pero no voy a emprender ahora una crítica por mi cuenta.

IV
./,

X'avier Zubiri examina la idea que Bergson se forma de la filosofía, en tres pasos:

1o. Cuál es para Bergson el origen de ot,la filosofía.
2o. Qué es el saber filosófico en sí mismo.
3o. Cuál es el ámbito del saber filosófico.

'

Ante todo hay que advertir que Bergson comenzó su labor filosófica en pleno auge del positivismo. Se había c'onstituido la psicología como ciencia positiva y la
sociología. Renace la metafísica. El filósofo hebreo-francés se propone describir el
universo entero en términos matemáticos. Y para cumplir ese cometido necesita, claro está, hacer un análisis "científico" de la idea de tiempo aplicable con precisión
a la sucesión de los múltiples estados mentales. El tiempo de la ciencia positiva es
el tiempo como "sucesión", en la cual hay una cadena determinista de estados. Ahondando en el tema, Bergson descubre que el tiempo es "duración" pura, libertad.
"En frase lapidaria, como todas las suyas, la filosofía, nos dice Bergson, nace de
una concentración de pensami:Oto sobre la base de una emoción pura" (p. 170). El
hombre, antes que horno sapiens, es horno f aber. Y el "horno faber" nos ha dado la
tecnicidad y la ciencia. La inteligencia se nos ha dado como un sucedáneo del instinto. Pero además, el hombre es originariamente horno loquax que entra en "cooperación" con los demás, recortando los caracteres de las cosas y reduciendo el
perfil aristado del concepto. Los peligros de este "horno loquax" estriban en la "so-

683

�'
cialización de la verdad" en la "adaptación de lo real a los intereses de la práctica
y de la vida soci,al". La 'filosofía tendrá que, ir a contrapelo ~e esta fabri~ació~ Y ~e
esta conceptuación esquemática. La concentración de pensamiento_ de la fil~sof1a ~ene como base una gozosa alegría de poseer la realidad. Se conV1ve la realidad m15ma. La filosofía nace, pues, como puro amor a la realidad.
Mientras el símbolo reemplaza lo simbolizado para facilidad de la vida, la metáfora no reemplaza, sino que sugiere una realidad a la que nos. t~anspo~ta. L?s conceptos son meros esquemas de la realidad, guías para el ~onocuruento mmed1a~o de
¡0 real. El objeto de la filosofía es el hecho inmediato. El saber de los ~ec~os inmediatos tomados en y por sí mismo: a) seguirá en cada caso en Y por s1 rmsmas, las
ondulaciones propias de lo real; b) aprehenderá lo real en su continuidad interna,
sin descomponerlo arbitriamente en trozos aislados; c) concebirá, sin embargo, lo
inmediato con toda precisión. Y esta precisión tiene dos caracteres: es general Y es
clara.
La intuición es el método específico de la filosofía. No se trata de una constatac ·ón sino de una aprehensión inmediata por obra de simpatía o simbiosis. El espí1 ' se despoja de ideas preconcebidas y ausculta la realidad en una "duree
' " '. e~
ritu
una e&gt;.-periencia metafísica de un acto durativo. "La conciencia no es una muluphcidad numérica de estados, sino multiplicidad cualitativa de un solo estado, que_ como un élan ( un torrente, decía W. James) , dura y se distiende sin censura. El. uempo de la conciencia --explica Zubiri- no es la sucesión de divers?s esta?os, smo la
durée de un mismo estado" (p. 189). La vida misma es una especie de elan, que se
va abriendo paso a través de la materia. Por eso la intuición, que en sí misma es
durativa es el único instrumento para, aprehender la vida. La "durée" tiene tres caracteres 'precisos: variedad cualitativa, continuidad de progreso, unidad de dirección.
La verdad de la intuición bergsoniana no es una adecuación, sino una inserción
simbólica simpática en la "durée" misma. La metafísica intuitiva es el único saber
que puede captar l~ realidad del espíritu. Los presuntos problemas _del _orige~ del ser,
de la índole del conocimiento y del yo humano se plantean a la mteligenc1a cuando
está fuera de las cosas y no dentro de ellas por intuición. Cuando la inteligencia se
coloca fuera del ser aprehende el ser justo desde allende el ser, esto es, desde la nada.
"Por este camino -observa Zubiri- nunca llegará a descubrir el ser. Haría falta colocarse no fuera del ser, sino dentro de él, por intuición. Y ento~ce~, en lug'.'-1:, d~
saltar del ser a la nada, lo que es espíritu descubre el ser en su ~U1:1a cond1c10n
(p. 200). "Lo propio debe decirse de la crítica kanti~a del conoc~ento. Colocado fuera de las cosas, el entendimiento humano logra ideas que constituyen las co~diciones de inteligibilidad de las cosas. Pero las ideas están separadas de ellas precisamente porque están formadas desde fuera de las cosas. . . Puesto d entro_ de las _cosas mismas por intuición, el espíritu logra de las cosas lo que el entendimiento mstalado fuera de ellas no podrá dar jamás" (p. 200-1201). "Y esto mismo resulta
aún más claro si atendemos a lo que es el yo. . . En realidad, entre los estados mentales el empirismo socava un túnel; el racionalismo tiende un puente; pero a los
dos se les escapa la fluencia del río que corre por la tierra. Este río es el yo, ª&lt;:esible tan sólo a la intuición porque es la durée misma. Es el yo profundo, a diferencia del yo superficial de los estados" ( p. 20 l).
Si el espíritu es una durée que se va abriendo paso por las estructuras somáticas
en la medida que ellas se lo permiten -una acción que se va insertando en la ma-

684

teria-, entonces no hay razón para que esta acc1on cese cuando haya cesado la materia. La inmortalidad aparece como un hecho inmediato.
"La esencia de la conciencia --expone Zubiri- es memoria. Una realidad que
no tuviera la capacidad de retener el pasado en un presente seria un espíritu de estructura puntual; cada acto comenzaría en cero, y aunque ejecutara actos iguales
o parecidos a los de antes, esta semejanza sería mera repetición. Sería justo la inconsciencia. La consciencia es, pues, esencialmente memoria. Ahora bien, la memoria
no es un acto del cerebro". . . "El cerebro es el órgano de la atención a la vida, es
el órgano que selecciona lo que podemos recordar, pero no es el órgano que recuerda" (pp. 202-203). Y nos advierte Zubiri cómo esta teoría de Bergson sirvió de base
a la interpretación de las afasias efectuada por Pierre Marie y a la teoría de las localizaciones cerebrales realizada, en Zürich, por Monakow.
La metafísica y la ciencia tocan a lo absoluto del modo de ser de lo real, con distinto método: la intuición simpática y la inteligencia abstractiva. La dualidad de
métodos se funda en la dualidad de los objetos: la materia y el espíritu.
Al mundo real no llegarnos por conceptos, sino por experiencia metafísica ante lo
inmediatamente dado. Cada cosa nos lleva a todas las demás. Por la intuición se nos
abre el campo entero de lo real. La realidad es élan, evolución "creadora" de algo
nuevo, imprevisible por no hallarse contenido en la fase anterior.
El hombre, para Bergson, es algo más que un espíritu socializado. El aspecto estático del hombre social es el aspecto de organización, cuyo carácter es la presión. El
aspecto dinámico es la aspiración. Hay una moral y una religión de presión, pero
hay también una moral y una religión de aspiración.
Con admirable finura, Xavier Zubiri nos ha instalado en el núcleo bergsoniano de
la filosofia. Esfuerzo de intuición que descubre la realidad espiritual, nos hace entrever las distintas prolongaciones de la durée y nos abre finalmente a su principio y
término trascendente. Instalación en la durée primaria. Experiencia integral. No cabe mejor síntesis ni mayor capacidad de simpatía que las realizadas por Xavier Zubiri.

V
De las "Cinco Lecciones de Filosofía" dictadas por Xavier Zubiri, la última está
dedicada a Husserl, Dilthey y Heidegger. ¿ Por qué agrupa Zubiri a estos tres filósofos alemanes? "Al igual que el pensamiento de Husserl brota en el campo abierto
por Brentano, así también en el campo abierto por Husserl brota el pensamiento de
Heidegger. De esta suerte tenemos un área filosófica determinada por tres pensadores: Husserl, Dilthey, Heidegger" (p. 218). Porque Husserl trata de liberarse tanto
del psicologismo como de la idea de la filosofía anclada en las ciencias del espíritu
a la manera de Dilthey. Sin entrar a la exposición compieta de sus sistemas, Zubiri
se limita a la idea de la filosofía encuadrada. por estos tres nombres. Por supuesto la
mayor parte de los exposición está dedicada a Husserl.
Hay que hacer de la filosofía una ciencia rigurosa y estricta. Hasta ahora todo ha
sido cuestión de puntos de vista, de opiniones discutibles sin fin. Es menester apelar
a las cosas mismas. El psicologismo y el historicismo, consisten en fundar una validez absoluta en algo que no la tiene: en los hechos Husserl ha de aclararnos, sucesivamente, tres puntos:
lo. El planteamiento del problema filosófico.

685

�2o. La posibilidad de hacer de este problema una ciencia.
3o. El problema filosófico radical.

.

\

La actitud de Husserl es la de un ego que quiere fundamentar radicalmente desde
sí mismo toda posible verdad. Fenómeno llama Husserl a lo que es manifi~to en
tanto en cuanto es manifiesto. El cogitatum puede recaer sobre el mundo eterno o
sobre los propios estados psíquicos. ''Fenómeno y conciencia son dos términos correlativos: Toda conciencia es conciencia de algo, y este algo es el fenómeno que se da
en aquella conciencia" (p. ·224). La reducción fenomenológica opera sobre la protocreencia en el mundo entero, y consiste en dejar en suspenso la actitud natural. El
mundo queda reducido a no ser sino lo que aparece a mi conciencia y en tanto que
me aparece. En lugar del puro hecho tenemos el eidos. Trátase de una reducción de
lo fáctico a lo eidético y trascendental. No estamos ante simples estados psíquicos
míos. La conciencia y su objeto no es~n en función de "conformación", sino ~e. mera "correlación". El resultado de la reducción fenomenológica es el descubruruento
de la esencia -aquello que es una cosa "es"-, del ser. Las cosas son más o menos
azules, redondas, etc.; pero "el" azul, "el" círculo, son plen~amente lo qu~ s~n. e~
sí mismos. Justificar es sólo una apelación al saber de la esencia. "El saber filosof1co
·'
· · 1og1a
' " , smo
·
''fenomenología"
-escribe Zubiri en su última 1ecc1onno es '' empino
(p. 232).
El error del psicologismo estriba en convertir el puro darme cuenta en un sist~ma
de mecanismos. Toda conciencia está dirigida hacia algo, es intencional. La conciencia es una "intentio" una noesis. No sólo tiene un objeto, sino que hace que haya
objeto intencional pa;a ella, y lo hace desde ella misma. El noema es el té~no intencional de la conciencia. La unidad noético-noemática es una unidad de sentido. La
evidencia -repleción de una intención en su objeto intuitivamente dado-- es un
momento estructural de la conciencia y no sólo del pensamiento lógico.
La filosofía consiste en la experiencia fenomenológica. "Es una ciencia estricta Y
rigurosa de la esencia. La filosofía no es un sistema racional y lógico de proposiciones y demostraciones, sino que es evide~ciación intuitiva, -~ª e~~enciación_ q~e. no
se funda en puntos de vista personales, smo en una apelac1on objetiva a la mtu_ició?,
en la cual encuentra nuestro saber su última estricta verdad absoluta. Esta c1enc1a
es sistemática pero es un sistema de lo manifiesto en cuanto manifiesto, el siste~
'
•
de las manifestaciones
que competen a las cosas por lo que e11as 'son' . Esta c1enc1a
absoluta de los fenómenos en su sistema es la filosofía. La filosofía es siempre Y sólo
'fenomenología trascendental'. He aquí lo que Husserl buscaba" (p. 243) •
Co el instrumento descubierto Ifusserl ha emprendido el análisi~ fenomenológico
las grandes estructuras es:nciales del mundo: lo que es la .materia~d_a~, lo
que es Ja animalidad, Jo que es la realidad humana y Jo qu~ ~ _la mtersubJetividad.
Estamos ante las grandes ontologías regionales. El ego -subjetividad trascendentalnos abre el área de lo objetivo. El tiempo es la forma de la conciencia en cuanto tal.
Pero no el tiempo del mundo real como transcurso de las cosas, sino el fluir "reducido" la fluencia misma del fluir. La conciencia pura es el ser absoluto.
Diithey es el gran teórico de la vida. La filosofía no nace de la estructur~ de una
razón absoluta, sino de la condición intrínseca de la vida humana como urudad que
se halla en ·un constante cambio de estado. Cada estado es un acontecimiento o suceso que supone la mismidad del alma y la mismidad del mundo objetivo. La vida es
un proceso en que el alma cobra una cierta firmeza en sus tres momen~os: rel'._resentación, estímulo y volición. La vida evoluciona por el cuerpo, por la mfluenc1a del

d:

\

686

medio y por la conex1on con el mundo espiritual circundante. La vida se ve impulsada a una concepción unitaria del mundo, de los valores y de las acciones ( W eltanschauung). Los enigmas de la vida -nacimiento, muerte, lagunas o ·censuras de
la vida- impulsan y dificultan la concepción del mundo. A diferencia de la concepción religiosa, la concepción filosófica del mundo es universal y tiene validez general.
Pero a diferencia de la concepción artística, la concepción filosófica pretende actuar
sobre la vida para reformarla. El objeto de la filosofía es el enigma de la vida en
cuanto dominable por un saber racional de validez universal. Pero la filosofía se
presenta en la historicidad. Históricamente, los sistemas filosóficos se reducen para
Dilthey a tres: naturalismo ( materialismo antiguo y moderno, positivismo ), idealismo objetivo ('estoicismo, Spinoza, Leibniz, Schelling, Hegel, etc.), idealismo de la
libertad (Platón, la filosofía helenístico-romana, la especulación cristiana, Kant, Fichte, Maine de Biran, etc.). Las antinomias entre estos tres sistemas son lógica y metafísicamente irreductibles. Cabe, no obstante, la comprensión de la filosofía como
un hecho histórico (filosofía de la filosofía) . Para Husserl, la filosofía de Dilthey es
un radical escepticismo. Olvida que el espíritu empírico pende de Jo que sea esencialmente la estructura del espíritu en cuanto tal. Confunde el saber de la vida con
la ciencia estricta y rigurosa que puede alumbrarse en ese saber.
Heidegger, discípulo de Husserl, afirma que el ser es algo distinto de la esencia,
cuestión en la que no repara su maestro. El problema radical de la filosofía es el
sentido del ser. El ser y el tiempo, en su unidad radical, constituyen la estructura
del problema ontológico. El análisis de la vida es una pre-ontología u ontología fundamental. La filosofía arranca de la pre-ontología inscrita en el ser del hombre. "El
hombre es, pues, aquel ente cuyo ser consiste en la presencia del ser. Por esto no puede entenderse el ser desde el hombre ( es el error de toda antropología filosófica al
uso) sino que ha de entenderse al hombre desde el ser, pues el hombre vive con vistas al ser. El hombre es lo que es por y desde el ser. Ahora bien: ser, sistere,
desde (ex) algo, es justo lo que se llama ex-sistir desde el ser, existir con vistas
a su ser propio para ser sí mismo" (p. 273). Mi existencia es algo "pre-cursor"
algo que va por delante a lo que voy a ser yo mismo y a la patentización de las cosas intra-mundanas. La comprensión del ser se realiza en forma de mundanidad y de
cuidado. La temporeidad -tridimensionalidad intrínseca del ex-mismo- es el tiempo originario, el horizonte del ser. La angustia -potencia de la nada- es el ánimo
fundamental que sólo es posible por la temporeidad. La filosofía surge por un acto
de tematización de la estructura ontológica de la existencia natural. "Husserl estimó
siempre que la filosofía de Heidegger es una recaída en el antropologismo. Mantuvo enérgicamente -apunta Zubiri- su posición de que la filosofía es, y sólo puede
ser, fenomenología trascendental" (p. 279).
Hasta aquí la presentación de las ideas-madres de Xavier Zubiri expuestas en
sus cinco lecciones de filosofía. "Con esto -concluye Zubiri- pensarán ustedes que
los filósofos no se entienden entre sí. Depende de a qué se llama entenderse. Si por
entenderse se quiere significar estar de acuerdo, evidentemente los filósofos no se entienden, porque no están de acuerdo. Pero si por no entenderse se quiere significar no
saber más o menos de qué se trata, entonces hay que decir que, por el contrario, los
filósofos son hombres que no están de acuerdo, pero que en el fondo se entienden
entre sí. Y esta unidad extraña entre entenderse y no estar de acuerdo en nada es lo
que positivamente, constituye un conflicto" ( 283-284). ¡ Maravillosa ~anera, la de
Xavier Zubiri, de dibujar ese conflicto! Sus lecciones son un estímulo --sutil, valioso,
inteligente- para que nos encaremos, en carne viva, con la problemática filosófica.

687

�I

MÉXICO Y EL ARBITRAJE INTERNACIONAL

-Un estudio de Antonio Gómez RobledoDR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Nuevo León.

I
LLEGAR A LA FrLOSOFÍA, POR EL camino de una ciencia particular, es una positiva
ventaja. Antonio Gómez Robledo llegó a las disciplinas filosóficas por la vía del Derecho. Más concretamente: por el Derecho Internacional. También Descartes (Licenciado en Jurisprudencia) y Leibniz (Doctor en Derecho) cursaron estudio$ jurídicos en la Universidad. Y entre nosotros, Vasconcelos y Caso. Pero Gómez Robledo no ha abandonado nunca el cultivo de las ciencias jurídicas. Estamos ante un
tipo muy arraigado en los pueblos hispanolocuentes: el del filósofo-jurista en provechosa simbiosis vital.
Hace muchos años que siento particular simpatía y admiración por la ejemplar
obra escrita de Antonio Gómez Robledo. Rigor, claridad, mesura, noble pasión, ho- "'
nestidad intelectual ... Todo ello en una dosis muy clásica y muy mexicana.
Bajo los auspicios de la Editorial Porrúa, S. A., apareció, en 1965, la obra del
Dr. Gómez Robledo intitulada: México y el Arbitraje Internacional -El Fondo
Piadoso de las Californias, La Isla de la Pasión, El Chamiza/-. El título, aunque publicitario, no resulta conceptualmente exacto. México, en la plenitud de su significación, no es-- el sujeto o el tema- principal del libro. Se trata de tres casos de arbitraje
internacional en los cuales el Estado mexicano, es una de las partes. Por fortuna, la
obra tiene un subtítulo que precisa el título vago y ·equívoco.
La obra comentada consta de una introducción general, tres partes (los tres arbitrajes enunciados en el sub-título) y un apéndice documental. El método seguido
es siempre el mismo: antecedentes históricos de la controversia, secuela del juicio
(con una amplia y honrada exposición de los alegatos de las partes contendientes) y
examen crítico del laudo. El cariño hacia México -eomo mexicano bien nacido-se da en el autor sin ribetes de ese execrable "chauvinismo" que he conocido y detestado en cierta nación europea, sobre todo, pero que entre nosotros no está del todo
ausente, por desgracia. Una limpia pasión por la verdad -verdad que de Dios es
Y a Dios confluye, como advierte Max Scheler- salva a Gómez Robledo de los excesos patrioteros. Los mexicanos hemos practicado, inveteradamente, el respeto de

689
e H-44

�la norma jurídica, el culto del Derecho. Acaso, como potencia menor y como vecina
de la que es en la actualidad la mayor del mundo, haya México extremado ese culto por la justicia y ese ireneísmo. Como pueblo débil, México no puede escoger, como las grandes potencias, entre la fuerza y el Derecho; sólo puede refugiarse en este
último. Pero lo ha hecho con sinceridad en la convicción. Y cuando hubiera podido
utilizar la fuerza, como en el caso de los pueblos centroamericanos, no lo ha querido hacer. Cierto que somos testarudos. Por afirmar el Derecho cerramos la puerta
a la negociación. En el caso de Texas nos aferramos en )a reafirmación de nuestro
Derecho, "tan cierto como ineficaz, con lo cual no logramos sino precipitar su anexión a los Estados Unidos y contribuir sin quererlo a disponer la situación propicia
al estallido de la guerra del 4 7" (p. XI). No podemos ocultar que nuestro culto por
el derecho -celo por la conservación del territorio nacional, conciencia de la soberanía sin ingerencias extrañas, fe en la justicia -tiene mucho de bueno, pero también tiene mucho de malo. Ya don Lucas Alamán, con su peculiar clarividencia, nos
advertía el peligro de un juridicismo farisaico. Hasta aquí las líneas generales de la
Introducción.
El padre Kino, y otros dos jesuitas, idearon allegar un capital propio, mediante limosnas de personas acomodadas, cuyos réditos pudieran subvenir a las necesidades de
las misiones que se fueron fundando en California. Así nació el Fondo Piadoso de las
Californias. El marqués de Villapuente, y su prima doña Gertrudis de la Peña, marquesa de las Torres de Rada, otorgaron por escritura pública en favor de la Compañía de Jesús y para la cristianización de las Californias, varios bienes. Esto sucedía el 8 de junio de 1735. Se trataba, según los términos de la escritura, de una
obligación de pura conciencia. "En un terreno de pura especulación jurídica se podría argüír --0bserva Antonio Gómez Robledo- que la Compañía no era sino administradora y fideicomisaria, y que el dominio radicaba en las misiones mismas ("donamos a las misiones ...", dice la escritura); pero, en primer lugar, éstas no tenían
como tales personalidad jurídica, y cualesquiera derechos que hubieran tenido, además, no podían hacerlos valer sino por el intermedio y el arbitrio de la Compañía,
"en tal manera que siempre y perpetuamente se continúe el dominio y gobierno de
dichas haciendas en la Sagrada Compañía de J esús y sus prelados", según dicen los
donantes" ( p. 9). Habria que preguntarse si la Compañía de Jesús tiene personalidad jurídica. El autor se limita a negarles personalidad a las misiones, pero no cuestiona la personalidad jurídica de la Compañía de Jesús. Y si resulta evidente la personalidad moral de la orden jesuítica, no parece igualmente evidente, conforme a
Derecho Civil, su personalidad jurídica.
Por virtud de la independencia, México se subrogó a España en todos sus derechos y obligaciones. Se pusieron a disposición del nuevo obispo y de sus sucesores,
los bienes pertenecientes al Fondo Piadoso de las Californias, para que los administrasen e invirtiesen en sus objetos u otros análogos, respetando siempre la voluntad
de los fundadores. Adviértase que no se transfirió al obispo la propiedad del Fondo,
sino sólo su administración. Tras la separación de la Alta California, el Arzobispo
de San Francisco, el Obispo de Monterrey y el Obispo de Grass Valley ocurrieron
ante la Comisión Mixta manifestando tener contra el gobierno de México, una reclamación por tres millones de pesos. ¿Motivos? La injuria que el gobierno mexicano
había hecho al primer Obispo que hubo en California al quitarle la administración
del Fondo Piadoso. Esta reclamación, ridícula a todas luces, fue variada por otra
presentada fuera de tiempo. Ahora se reclamaban sólo los réditos vencidos desde la

690

firma del tratado de Guadalupe. La agencia de México negó la procedencia
demanda, argumentando:
de la
"I. Falta de personalidad, o, quizá mejor/falta de interés 1·urídico
actora, por el triple motivo de:
en la parte
. a) No haber sido nunca de propiedad eclesiástica, ni por el capital ni
réditos, el Fondo Piadoso de las Californias.
por sus
b) No ser los obispos reclamantes los causahabientes o sucesores, con arreglo a
d erech o, d el obispo mexicano de California, y
c) Por el carácter nacional del Fondo.
11. Falta
razón
de: de jurisdicción o de competencia por parte de la Comisión Mixta, en
a) Ser los actos ongmantes y fundatorio, de la reclamación, anteriores al Tratado
de Guadalupe-Hidalgo.
b) ,Ser los. mismos actos de aquellos en que se versan derechos privativos de la soberarua, Y ~~- estru: comprendidos por ello, dentro de los que están sujetas al examen
de la Com1S1on Mllta, con arreglo a la Convención de 1868, y
. c) No haber agotado previamente los peticionarios los recursos legales de carácter
mterno ante los tribunales mexicanos.
III. lmparidad entre el caso del llamado "Fondo Piadoso" de J F'li ·
"F d p· d
as 1 pmas y el
on o ia oso de las Californias" (p. 28).
Pese a la "filosofía ·simplista", enmendando tan sólo las cantidades demandadas.
No vale la pena detenernos en esta sentencia que al decir el ilustre 1· urista ·ali ·
do I
· L Vall
J sc1ense,
n gnac10 .
arta, contiene "más errores que palabras" El D G'
R
hld
b
.
~
~
e o
serva con razón: "siempre duele la injusticia, pero acaso más cuando va
acompa.'lada del desdén y la frivolidad" (p. 57). Quince años después sufrimos un
segundo zarpazo. ¡ Casi increíble!
/
El segundo arbitraje
se extiende literalmente a toda la eternidad, O por lo menos
,
-como apu~~ Go~ez Rob!edo--, al fin del mundo. El embajador Clayton maniobró
co_n tal habilidad diplomática que llevó a nuestro canciller Mariscal a proponer él
nns_mo exactamente lo que deseaba el Departamento de Estado. Más nos hubiese
valido una mala. transacción que un buen pleito. Pero nos aferramos a nuestro derecho, creyendo mgenuamente que brillaría por sí solo ante cualquier tribunal d 1
mundo
·
e
. . . : C orno s1em~re,_
pecamos por los tres vicios de nuestra psicología colectiva:
Jundic1smo, abstracc1orusmo y romanticismo.
De acuerdo c~,n el protocolo de compromiso, los árbitros deberían decidir: lo. Si la
n~eva recl~ac1on, como consecuencia del laudo anterior está regida por el princi~10 de res iudicata, y 2o. De no estarlo, si es justa la misma reclamación Se const1tuyo' _e1 T ~1ºbuna1 A_rbltral
·
con puros europeos que eran desconocedores · puros de
~uestra ~ealidad mexicana (México era uno de "les petits pays chauds", como sohan decrr_ los franceses de aquel tiempo). En término de equipo, la llevábamos de
P_erder: siete contra tres, seis norteamericanos, y un mexicano. El mexicano
cierto
·
•
, por
.
, una b ellísima
persona, s1• se qwere,
pero un cero a la izquierda -"sit
venia verbo"- en materia de Derecho Internacional. En cambio los norteamericanos

º-

=~

691

�eran expertos internacionalistas que conocieron, desde sus orígenes, el asunto sujeto
a debate. Se emplearon el francés y el inglés en la secuela del juicio. Ni siquiera supimos escoger a alguien de los nuestros que tuviera dominio de estos idiomas. No
podemos seguir, en detalle, el doble plano de los debates, la controversia sobre la
cosa juzgada, el duelo judicial Beemaert-Dex y la condena perpetua. Antonio Gómez Robledo expone, con verdadero cuidado notarial, las peripecias del juicio y los
puntos doctrinarios salientes en la controversia. El 14 de octubie de 1902 se dio
lectura a la ultra-breve sentencia que nos condenaba a pagar al gobierno de los Estados Unidos de América la suma de 1.420,628.67 dólares de México, además de
una renta a perpetuidad de 43,050.99 dólares de México anuales.
El examen crítico realizado por Antonio Gómez Robledo, de la segunda sentencia,
puede resumirse en los siguientes puntos: a) Es patente la frivolidad con que se
despacha -un considerando y de una plumada- la cuestión prejudicial controvertida. No se exponen las razones por las cuales los árbitros tomaron partido por una
teoría de la cosa juzgada, de preferencia a su contraria. En consecuencia no motivaron debidamente su fallo y deslucieron la dignidad de la justicia arbitral; b) "No
era de evidencia apodíctica, ni mucho menos, la tesis formalista de 'México, la que
reduce la autoridad de la cosa juzgada a los solos puntos resolutivos de- la sentencia.
El mal estuvo en haber aceptado nuestro gobierno, en el Protocolo ae Comprpmiso,
que esta cuestión fuera examinada en primer lugar, cuando a todo trance debíamos
haber propugnado un arbitraje sobre el fondo del asunto, si no como revisión de
la sentencia de Thornton, por lo menos, para el futuro; pero ya que los árbitros,
según lo convenido, debían decidir ante todo lo relativo a la res iudicata, nadie podrá negar que había sólidas razones y respetables autoridades para sostener que ella
estaba dada irrevocablemente, para los vencimientos futuros del Fondo, en el primer arbitraje" (pp. 96-97); c) "Lo más equitativo, pues, de· parte de los miembros
del tribunal arbitral, hubiera sido tener el punto como dudoso, en presencia del conflicto doctrinal, y en la duda, aplicar el principio general de derecho' de que la
controversia debe resolverse en favor de quien trate de evitarse perjuicios y no de
quien pretenda obtener lucro, es decir, absolver a México"; d) "Hubiera sido igualmente deseable que los árbitros hubiesen explicado con mayor pormenor por qué
eximieron de la autoridad de la cosa juzgada, con referencia al fa!}o de Thornton,
la especie de moneda en que debía hacerse el pago de los réditos, y que, con arreglo a la decisión final, no debía ser ya en oro, sino en moneda de curso legal en México" (p. 100).
Advierte el Lic. y Dr. Antonio Gómez Robledo que las teorías más modernas sobre la cosa juzgada no abrazan, al parecer, la tesis formalista, sino más bien la sustancialista. Y trae a colación las opiniones de varios tratadistas extranjeros y de algunos nacionales. "Por espíritu cient'úico, nada rpás", para usar las mismas palabras
del autor, :me veo precisado a señalar el hecho de que Gómez Robledo omite el
nombre y la obra del autor mexicano de mayor relevancia en materia de res iudicata;
me refiero al distinguido jurista poblano J. Ramón Palacios, autor de "La cosa juzgada" (Editorial José M. Cajica Jr., Puebla, Pue.).
11

La prensa neoyorquina aseguraba, el 15 de agosto de 1897, que se izaría en la isla
Clipperton la bandera inglesa, "a pesar de que se supone que pertenece a México".

692

Casi_ ,°'.1die sabía, a ciencia cierta, dónde estaba ubicada esa isla. Pero el sentimiento
p~tri~tico herví~ en indignaci~n, fresco aún el recuerdo del despojo de nuestros terntonos e~ Belice. El Secretario de Relaciones Exteriores pidió al Secretario de G _
rra y Manna. que se SlIVlera
· ·
" ord enar sea visitada la isla Clipperton por un buque
ue
guerra, a f'.n de que se averigüe lo que haya de cierto en los hechos que se anuncian Y comurucar el resultado a esta Secretaría". El cañonero "Demócrata" t
rode0 . f t
d
h,
.
' ras un
m ruc uos~, espac o u~ prrmer bote que se llenó de agua con los fuertes gol~es de las rompientes. Los tripulantes salieron a tierra como pudieron. No se pudo
izar n~estro pabellón por haberse perdido al llevarlo a tierra. AJ día siguiente el
aprend¡z de fogonero, J ~Jiáq Santos, llevó a nado, dentro de un tubo de hoja de' Jata, nuestra bandera nacional. Luchó con los tiburones, defendiéndose con el mismo
tubo Y, llegó desfall~cid~ ~ _izar nuestra pabellón con los honores de ordenanza. Este es solo el preludio h1stonco del magno e infructuoso esfuerzo por mantener nuestra sobe_ranía. en ,la is!~ de la Pasión. Porque antes de llamarse Clipperton (nombre
de un pirata mgles, la ISia se llamó Médanos y de la Pasión.

d:

"Fue Francia, en efecto, y no Inglaterra ni Estados Unidos ni siquiera Costa Ri-

c~: en cuya "vecindad" está la isla más que de México, quie~ exclusivamente apare-

c10 en el escenario internacional, disputándole a México su soberanía E
ta f
h d ¡
• .
. n no
e15 de Juruo de 1898, el Ministro de Francia en México hizo formal reserva de los d~rec?~s ~e su gobierno sobre la isla, y anunció que pronto sometería los
documentos JU~ti-f1~tivos, como lo verificó en el curso del mismo año" (p. 111). Los
~echos -a mi JWC10 verd~~eramente _ridículos- en que basaba Francia sus pretens\ones, , fueron: l. Declarac1on del ternente de navío y comisario del gobierno frances, V1c_tor Le . Coat de Keverguen, de que a partir del 17 de noviembre de 1858
la, mencionada isla pertenece, en plena soberanía, a Su Majestad el Emperador Napol~on III Y a ~us herederos y sucesores a perpetuidad; 2. Participación del acto anterior, POI el mismo comandante del Amiral, anclado frente a Honolulú al Cónsul General ~~ F~cia Y ?omisario_ Im~erial ante el Rey de las islas Hawai o Sandwich;
3. Notificac10n de dicho func10nano al Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno francés, con la publicación consiguiente en el periódico The Polynesian, de Honolulú.
e a a e

¿ Quién les dijo a esos señores franceses que esos actos bastaban para adquirir la
sob«,ranía de la isla de la Pasión? No encuentro más que esta disyuntiva: ignorancia
del Derecho Internacional o mala fe. Ninguna señal permanente quedó de aquella supuesta ocupación. Ninguna visita periódica al islote. Sólo una declaración flotando
en el aire.

Aunque México no tuviese intereses, económicos en la Isla luchaba por territorio
suyo. La lucha por el Derecho --de la que tan elocuentemente ha hablado el 1·1ustr: Juns~
· ·
·
ge~no. Rudolf. von Ihermges un deber ético. Por eso me permito
senalar m1 radical divergencia del Dr. Antonio Gómez Robledo, cuando afirma: "Lo
que, p~r. el contrario, no percibimos por parte alguna, es cuál pudo ser el interés real
de Mexico en defender su soberanía sobre un islote que no tenía para nosotros el
menor valor político o estratégico, y ni siquiera un valor económico, fuera de las
menguadas regalías que pudiera percibir nuestro gobierno de los explotadores del
gu~no, Y que no ~erían suficientes ni para P!lgar los gastos de la guarnición que deb~namos tener alh como símbolo mínimo de nuestro dominio" (p. 112). Si el interes económico o el valor estratégico lo decidiesen todo, acaso habría que abandonar
nuestro dominio sobre las islas Marías y sobre otras porciones de territorio. Si antes

'

693

'

�/

de 1897 no habíamos tenido una efectiva poses1on y si la isla quedaba lejos de nuestro territorio, ello no significa que debíamos renunciar sin más a la soberanía sobre
la isla de la Pasión. Si la isla era "res nullius» cuando la supuesta apropiación de
Francia, con mayor razÓn México podia ocuparla en 1897. Nuestra Constitución la
mencionaba como parte integrante del territorio nacional. El dominio nos venía desde mucho antes que los franceses soñaran en descubrirla.
Cometimos la torpeza de no aceptar un tribunal arbitral mixto, con un juez de
nuestra nacionalidad. La estulta manía de Mariscal, a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores, de sujetar las disputas a los soberanos europeos, nos hizo perder
nuestro incuestionable derecho. No advertía nuestro canciller porfirista que los jefes
de Estado deciden por sus ministros o consejeros técnicos y falsean la justicia, a menudo con tal de favorecer los intereses de su país.
Las tres tesis cardinales de México fueron las siguientes:
"l. La isla Clipperton, en 1858, formaba parte del territorio mexicano ;

II. Suponiendo que la isla no formase parte del territorio mexicano, la declaración de
toma de posesión de Francia, en 1858, no pudo mudar su condición jurídica de res nullius, y, por tanto, México pudo válidamente ocuparla, como lo hizo en 1897;
III. Suponiendo que Francia hubiese adquirido en 1858 un derecho a ocupar la
isla Clipperton, este derecho no sería oponible a 'México, y en todo caso se habría
extinguido por el no uso".
La réplica de Francia, que no podemos seguir por falta de espacio, nos parece notoriamente inconsistente. Sin embargo, Su 'Majestad Víctor Manuel III, rey de Italia, proclamó en su sentencia que Francia tuvo desde noviembre de 1858 la pos_esión
de la isla Clipperton, habiéndose probado el animus possidendi y el corpus re,. La
decisión del monarca italiano es un verdadero monumento a la falsedad y a la torpeza. Lo digo por mi cuenta y riesgo. Aún suponiendo que no hubiésemos probado
nuestros títulos históricos, es un hecho incontrovertible que México ocupó válidamente -y no ficticiamente como Francia, con el ridículo sistema polinesio de publicidad- la isla de la Pasión desde 1897. La curiosa "indulgencia" que utilizó Víctor Manuel III para juzgar la mítica posesión de Francia me resulta bastante sospechosa. Lo que duele no es tanto la pérdida material del islote, cuanto la injusticia cometida con un país débil que ha puesto toda su esperanza en el triunfo de la
razÓn y del Derecho.

III
El Affaire del Chamiza! es, a juicio de Antonio Gómez Robledo, el caso más apasionante de la historia diplomática mexicana. Una nación, "largamente mutilada y
humillada por su poderoso vecino", obtiene, por primera vez, una gran victoria pacífica.
El Dr. Antonio Gómez Robledo no quiere incrementar la función fabulatriz. Con
la serenidad de un pensador clásico, se aplica a analizar esa rara "amalgama de mito
y realidad tan difícil de desleír". El 15 de junio de l9 l l se pronunció el Jaudo arbitral qµe otorgó la victoria a México. Pero no fue sino hasta el 30 de junio de
1962 cuando el Presidente Kennedy y el Presidente López Mateos resolvieron expresar su voluntad de arreglo. Durante más de cincuenta años Estados Unidos des-

694

conoció la validez del laudo arbitral. Acaso la extensión o el valor económico del
territorio expliquen la torpe renuencia de los injustos detentadores.
En 1864 tuvo lugar el desplazamiento, de una a otra ribera, de "nuestro" Chamiza!. La Convención de Arbitraje estipulaba que el caso había de resolverse "de
a~uerdo co_n
varios tratados y convenciones vigentes entre los dos países y segun los pnnc1p1os del derecho internacional". Pero había, por Jo menos cinco tratados sobre la línea fluvial divisoria. Este es uno de los principales moti;os que tornaron tremendamente intrincado el caso.

!º~

El caso del Chamiza! tiene una primera fase diplomática. El 31 de octubre de
1866, el Gobernador del Estado de Chihuahua advertía al Ministerio de Relaciones
Exteriores . d~J, Gobierno de J uárez sobre "las dificultades que se están ofreciendo
por la vanac1on del cauce principal del río Bravo en su margen inmediata a Ja Villa del Paso" . Se hacía men~ión expresa del Chamizal. Nuestro Ministro en Washington, actuando en consecuencia, llamó la atención del gobierno norteamericano "sob
la permanencia de la línea divisoria entre las dos Repúblicas" según lo convenido :e
los trat~dos de Límites. El Procurador General Cushing se af:rró, desde un principi:,
a la ,te~1s de que los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y de la Mesilla habían establecido
un _I,rmite natural y no un límite matemático. Confundió el abandono del cauce o mutac10_n_ ?el lecho con otro fenómeno radicalmente diverso, el de la avulsión. Con seria
~ru~1_c1on -fuentes de primera mano- Antonio Gómez Robledo estudia el estatuto
Jundico de los cambios fluviales desde los romanos hasta nuestros días.
. ~ientras los testigos presentados por México se refieren a hechos inmediatamente
v1v1dos, Y :n el lenguaje de los hechos, los testigos norteamericanos dan la impresión de
est~r alecc1on~dos _por quien los presentaba. Es de suponerse que esta impresión de veracidad haya mflwdo en los miembros del tribunal de arbitraje. Hubo proposiciones de
~rueque, por parte de nuestro gobierno, que no se aceptaron. La Convención de ArbitraJe d~ ~?IO sujetó 1~ diferencia del dominio eminente sobre el territorio del Chamiza! a la
C_o~s1on ln!ernac_10nal de Límites, aumentada con un tercer Comisionado, que presidma sus deliberaciones. Este Comisionado sería un jurista canadiense escogido por ambos gobiernos de común acuerdo o, a falta de este acuerdo por el Gobierno de Canadá. Se convino, expresamente, que el fallo sería inapelable y se llevaría a efecto,
en ~o d: que fuera favorable a México, dentro del plazo improrrogable de dos años.
F.Iub1ese sido preferible que los árbitros no fuesen las mismas personas que habían
figurado como Comisionados de México y Estados Unidos en la Coinisión de Límites
"porque, a cambio de su reconocida experiencia, tenían uno y otro, como era natu~
ral, una opinión predeterininada y recíprocamente antagónica" (p. 197). El tribunal que~~ integrado en la forma siguiente: el ingeniero Fernando Beltrán y Puga por Mexico; el general Anson Milis por Estados Unidos y por entendimiento entre a~bos gobiernos, como Comisionado Presidente y árbitro en discordia, el jurista
ca?~di.ense Eugene Lafleur, doctor en Derecho Civil y Consejero de Su Majestad
Bntáruca.
'.'La estrategia de la Agencia Mexicana, a cargo del ilustre jurisconsulto don Joaqum D. Casasús fue muy sencilla (si hábil o no, es imposible apreciarlo en este mo1?ento), pues se concentró exclusivamente en estas dos trincheras: la teoría de la
lmea invari~~le y fija con refe:cencia a los Tratados de Líinites de 1848 y 1853, y la
n~ retroactividad de la convención de 1884" (p. 199). Los Estados Unidos sostuVJ:ron, invariablemente, que el aluvión había sido la única causa del desprendiID!ento de todo el Chamizal. Pero, ¿ cómo explicar por el aluvión "aquella destruc-

695

�cion de la ribera que tuvo lugar de modo violentó y súbito, llevando el asombro Y
la consternación a los afligidos habitantes de la ribera mexicana"? "Ni una ni otra
parte -apunta Antonio Gómez Robledo- iba a tener satisfacción, por los jueces
del litigio en sus respectivas demandas. Los Estados Unidos perdieron en el capítulo
de los he~hos, y nosotros (salvo el único punto de que luego hablaremos) en el derecho..." (p. 220). La sentencia fue pronunciada el 15 de junio de 1911, por el
voto concurrente del comisionado Presidente y del Comisionado mexicano, contra
el voto disidente del Comisionado norteamericano. El laudo arbitral rechazó la teoría de la línea fija. Con irreprochable método se procedió a examinar la conducta
observada por ambas partes, así como las convenciones formales celebradas entre
ellas como ulterior instrumento de interpretación. En materia de Derecho, 'México
alca~ó la victoria en un solo punto: la pretendida posesión del Chamiza! no
reunía todos los requisitos exigidos jurídicamente (ser pública, continua, pacífica
y diuturna ). En materia de hechos, la Convención de 1884 exigía que no sólo la accesión sino también la corrosión fueran lentas y graduales. "Es difícil imaginar - afirma el - Tribunal- cómo podría estimarse como ejemplo de corrosión lenta y gradual
la destrucción de tierras casas y bosques descrita por los testigos en el presente
caso". El laudo concluyó por dividir el Chamiza! entre México y Estados Unidos.
He aquí los párrafos finales de la sentencia:
"Atendiendo a todo lo cual, el Comisionado Presidente y el Comisionado de México, representando una mayoría en la expresada Comisión, sentencian· y declaran:
que el dominio eminente sobre aquella parte del territorio del Chamiza! que queda
comprendida entre la línea media del cauce del río Bravo o Grande levantada por
Emory y Salazar en 1852 y la línea media del cauce del mismo río tal como existía en 1964, antes de las avenidas de ese año, pertenece a los Estados Unidos de
América, y que el dominio eminente del resto del mencionado territorio pertenece a
los Estados U nidos Mexicanos".
Gómez Robledo estima que el laudo del Chamiza! -único tal vez en toda la historia de la judicatura internacional- es un fallo justo, pero extraño, paradójico.
"México en efecto --observa el distinguido internacionalista tapatío-, fue coro'
.
pletamente derrotado en las tesis jurídica_s en las _cu~es articuló t~~ su def~nsa'.
línea fija e irretroactividad de las postenores convenciones sobre hnntes, y trrnnfo
apenas en algo en que la derrota de los Estados Unidos hubiera venido por sí misma como era el punto relativo a la prescripción. Pero, en cambio, y sobre la base
del' derecho alegado por los Estados Unidos (la Convención de 1884), ganó Méxic~
la mayor parte del territorio del Chamiza!, o sea la que se formó por desprendi·
mientos bruscos y no por corrosión lenta y gradual, y que, según los cálculos más probabÍes representa una superficie de 177 hectáreas sobre un total de 234. Por esto de·
cimos 'que en este caso insólito, no marcharon a la par, y en beneficio de la misma
parte, los 'hechos y el derecho" (p. 227). La teoría de la línea fija era _i~d~fendible.
Pero, "¿ cómo hubiéramos podido retractamos durante la secuela del 1u1c10, de lo
que tan solemnemente habíamos afirmado un año antes apenas? Lo pued~ ~acer un
particular, pero nunca- un Estado soberano" (p. 229) . Discrepo de este d1stmgo que
apunta el Dr. Gómez Robledo. Me parece que la sin~eridad, 1~ honrad~~ intelectual
y las normas éticas no sól9 se aplican entre los particulares smo tamb1en entre los
Estados soberanos. Convengo, en cambio, en la defensa del laudo que realiza, tan brillantemente, Antonio Gómez Robledo. Ninguna causa de nulidad pudo esgrimirse
válidamente contra el famoso laudo arbitral. Las últimas páginas del estudio comen-

696

'
tado están dedicadas a exponer las fases del arreglo final y el problema
constitucional en torno al Chamiza!.
Un libro como el de Antonio Gómez Robledo, México y el Arbitraje Internacional, honra a la nación cuna del autor, enriquece la bibliografía del Derecho Internacional Y contribuye a iluminar -histórica y jurídicamente- tres importantes casos de arbitraje interestatal.

JAIME TORRES BoDET, León Tolstoi -su
vida y su obra-, Editorial Porrúa, S. A.,
México 1965.

HAY UNA UNIVERSALIDAD de amor en
Jaime Torres Bodet que le ha llevado
siempre a transfigurarse - henchido de
simpatía- ante toda gran manifestación
del espíritu. Por su aptitud en penetrar
el corazón de los pueblos y de los hombres, por su esfuerzo incesante y consciente para armonizar los diversos elementos de su rica naturaleza, era d~
esperarse - ¡ casi fatal!- que Jaime Torres Bodet se ocupara de León Tolstoi.
La mayor parte de las veces, el fondct
último de Tolstoi ha resultado inexplorado, inédito. Las más diversas y contradictorias interpretaciones han venido
a chocar ante la problemática personalidad del genio ruso. Hace algunos años,
José Ortega y Gasset pedía un Goethe
desde dentro. Pero en vez de inclinarse
respetuoso ante los hechos de aquella vida magnifica, hasta donde le ayudasen
a apreciar la evolución espiritual del genio, de antemano le trazó su yo-programa en vista de "un plan hechizo y seguramente arbitrario". El propósito se
malogró, pero el imperativo quedó en
pie. Torres Bodet ha tratado de ofrecernos, sin decirlo, un Tolstoi desde dentro.
No se trata de ensartar las cuentas de un
rosario biográfico ni de ensayar una crítica más sobre la obra tolstoiana. Estamos ante una visión -iluminada e ilumÍ.nante- de ! la trayectoria vital de
Tolstoi. Graci~ a la poderosa intropatía de Torres Bodet, podemos recrear el

destino de Tolstoi, comprender su "Weltanschauung". Sobre las huellas, sobre
Ir. obra, surge la figura personalizada.
El mundo del espíritu tolstoiano y el mundo que le circunda aparecen humanizados. Jaime Torres Bodet hace de ellos un
redondo universo y nos lo transmite, después, en transmisión emocional, casi en
poesía...
El lector del libro León T olstoi -su
vida y su obra- (Editorial Porrúa, S.
A., México 1965 ) se acostumbra a ver,
en el novelista ruso, una viviente integridad. Le sentimos vivir en sus momentos fundamentales. Y Je comprendemos
mejor al examinar algunas de sus obras
cimeras. León Nicoláievich Tolstoi "pretendió hacer lo que nadie realiza nunca
completamente -y jamás a tiempo-:
huír de su propia historia; romper, por
decreto de su conciencia, la continuidad
patética de su vida, desde la hora en
que el responsable de esa conciencia -tan
penetrante y profunda- vio la primera
luz, en agosto de 1828, hasta los años en
que le sonreía la dicha y el triunfo lo Ji.
sonjeaba, lo mismo en el amanecer de
una infancia rica, espléndida e impetuosa, que en el crepúsculo de una edad cargada a la vez de remordimientos y de
laureles" ( Opus cit., p. 9). Quiso dejarlo todo: mujer, hijos, costumbres, celebridad y fortuna, en busca de la paz
interna, de la confonnidad con su yo
esencial. Y murió en plena fosatisfacción
dé la gloria - el día 20 de noviembre
de 1910-, en la modesta casa del encargado de I la estación de ferrocarril de Astápovo.

697

�Como si se tratase de una fantástica
partitura, Torres Bodet examina, en varios tiempos, el hombre y la obra. Niñez,
adolescencia, juventud, primeras actividades del hombre... Con técnica impresionista nos presenta al "audaz Nemrod
de las cacerías improvisadas entre artilleros, cosacos y balalaikas", "la imagen
del irascible juerguista de las veladas petersburguesas". Y asistirnos a la madurez del narrador implacable de Guerra
y Paz, imparcial y sereno como un demiurgo, al lado de ese mismo demiurgo,
sólo que ahora lloroso, en la sombra, junto al piano en que alguien tocaba · quién
sabe qué música dominante, gemebunda
y torturadora. A la semblanza "del cuentista del pueblo huµulde, barredor de su
propia alcoba, cortador de su propia leña, Zeus sin águilas y sin rayos, entre la
pena o la risa de sus mujiks", sucede la
figura "del destructor intrépido de sí mismo, la del artista que acabó por odiar
su arte, la del cristiano a quien la jerarquía ortodoxa hubo de excomulgar, la
del viejo profeta airado, de barba intonsa, que fue a morir, como un lobo
herido, sin una lágrima ni una queja,
solo ya con su gloria - y con la ternura de la hija que nunca lo defraudó"
( Opus cit., pp. 11 y 12). En la consideración de cada capítulo hay una referencia constante al moralista. Hay un diálogo, siempre operante, entre el creador
y el crítico de sus creaciones, entre el artista y el filósofo". Por humorismo trágico del destino, el crítico de sí propio
-apunta Jaime Torres Bodetmató
al artista en Tolstoi, incluso materialmente. Pero sobre su muerte, se irguió
a la postre su vida. Esa vida, como las
flores que acariciaban sus ojos grises entre los árboles de Yásnaia Poliana, la renueva -sin saberlo-- cada generación.
La rehace cada primavera del hombre,
siempre distinta, y la misma siempre"

(p. 13).
De un rápsoda analfabeto, León Nico-

698

láievich aprendió el arte espléndido de
contar. Le educan tres mujeres: la abuela, una tía y, sobre todo, Tatiana Alejandrovna, un antiguo amor de ru padre. Avido, brusco y vanidoso, a pesar
de su fealdad, León Tolstoi vive desgarrado entre el ángel y la bestia que conviven en él. Se flageló física y li,t erariamente, "proclamando sus vicios y sus flaquezas en voz tan alta que más parecía
querer atemorizar a sus fieles que convencerlos". Hay en Tolstoi una ininterrumpida oposición entre la vida que vive y la
que quisiera poder vivir. Creyó siempre
sincero el amor que decía tener para
todos sus semejantes. Siri embargo -ob~erva Torres Bodet- los comprendía quizá demasiado para quererlos íntegramente. Dueño del universo por sus sentidos,
León Nicoláievich soñaba a veces ser
una planta capaz de florecer antes que
las otras y de crecer tranquila, sencilla Y
alegremente.. . No se contentaba con
describir y cantar a su pueblo como ninguno; quería instruirlo, darle un alma
para vivir. Hace de la libertad la regla
esencial de su escuela en Yásnaia Poliana. La disciplina ha de manifestarse como el producto de una voluntad colectiva.
El matrimonio con Sonia Bers sólo le
brinda unos cuantos años de dicha y un
cauce a su desbordada sexualidad. Sonia, frágil en apariencia, tenía un carácter desapacible y una autoridad d e acero. Esta alma de propietaria, administraba, con singular destreza, los derechos de
autor y las tierras de su marido. Le instaba a que trabajase arduamente en sus
obras y le deparaba, obsecuentemente, el
placer sensual. Su labor de copista le entusiasmó mucho más que su oficio de
fábrica familiar. Sonia se avergonzaba
de ser tan fértil. Las cunas alternaban
con los ataúdes. Tolstoi se fabricó su propia cárcel. La dependencia de Sonia le
pesaba y le confortaba. Hu.bo un mo-

·mento en que Tolstoi se sacude la tutela
y huye de su casa "lleno de muerte".
En ·1as manifestaciones del culto, Tolstoi buscaba "una ocasión de integrarse
a los más humildes, de ser tan obediente y tan dócil como ellos, para olvidar
sus dos permanentes congojas: la repulsión que le inspira la existencia ( demasiado cómoda y regalona) que su familia había acabado por imponerle, y el
terror que suscita en su alma la condición mortal de todos los seres vivos" ( p.
212). Pero su aventura eclesiástica duró apenas dos años. Pierde la fe en la
eucaristía y siente que los ritos externos
son un estorbo para su religiosidad. Honrado y orgulloso, pasa de una contradicción a otra. "Un orgullo que, en ocasiones, lo lleva hasta dejar entender que
habían sido necesarias dieciocho centurias para que alguien ( él, por supuesto)
comprendiera en su plenitud la verdad
de Cristo" (p. 217).
Toda la vida de Tolstoi gira en torno a contradicciones. "Deja de fumar y
adopta dietas vegetarianas. El, sexualmente tan insaciable, afirma que los matrimonios han de ser castos. Más tarda
en decirlo que en asistir al nacimiento
de su hija Sacha. Es el duodécimo parto de su mujer. Desde luego, no será el
último" {p. 218). La muerte, como contradicción y término de Ía vida, le pro'duce un miedo fotenso. "Todas esas
muertes -las inventadas y las reales-son como una serie de ensayos de la
muerte que, según sabe Tolstoi, está esperándolo a él" (p. 219). Odiaba la
mentira y tuvo que vivir en un ámbito
de mentiras. "Propagandista de la pobreza, seguía recibiendo anualmente muchos millares de rublos por sus novelas y
muchos otros millares por el cultivo de
sus terrenos. Teorizante de la castidad,
no cesaba de fecundar a Sonia. Enemigo verbal del arte, no podía olvidarse de
ser artista. Con su camisa de mujik, y
con los pies dentro de las botas que él

mismo se fabricaba, lo veían sus amigos
al frente de una mansión donde casi todos los lujos tenían su asiento. La misma
plutna que encomiaba el ideal evangélico
del trabajo, la virtud y la no resistencia
al mal, iba a mojarse en la misma tinta
para trazar los crueles análisis psicológicos de La Muerte de Iván Jlich y de La
Sonata a Kreutzer. El fauno encarnado en
monje buscaba a Dios con la lezna del
zapatero o con la guadaña del segador;
pero, por las noches, llamaba a Sonia,
para infligirle un homenaje sensual, vehemente y brusco como un insulto" (pp.
235-236). Fuerte por su sed de gloria,
Tolstoi era un débil de carácter. Se empeñaba en ser moralista y era un artista.
Amaba la verdad y vivía en el engaño.
Despreció la fama, y la obtuvo siempre.
"Salvo ciertos instantes nocturnos, que
no me atrevo a llamar de dicha, León y
Sonia viven en estado de guerra -o, por
lo menos, de paz armada- por espacio
de muchos lustros". De joven, había anotado, en su Diario, que no podía existir
verdadero amor entre un hombre y una
mujer, porque no es amor el deseo. Con
Sonia libró una lucha a muerte. Sólo hubo, quizá, .erotismo y violencia. No nos
extrañemos de "La Sonata a Kreutzer" .
En apretados y felices resúmenes, Jaime Torres Bodet nos ofrece la enorme y
multifacética obra escrita de León Tolstoi. Se detiene, con especial delectación,
en Guerra y Paz, Ana Karenina y Resurrección. Traza, con mano maestra, las
grandes líneas directrices de las novelas
tolstoianas y destaca, con singular brío,
el sentido y las excelencias de las grandes obras de León Nicoláievich Tolstoi.
Fiel a su doctrina de la no resistencia al mal, Tolstoi menospreciaba a quienes pretendían hacer la revolución. Sufría
por su inacción. Y sufría por las injusticias sociales que le rodeaban y en las que
participaba, hasta cierto punto, por su
flaqueza ante el sentido capitalista de su
esposa. En la persecución que empren-

699

�de el gobierno contra los "dujobors",
Tolstoi adopta una actitud de franca rebeldía, contra el gobierno del Zar. "Nada confirma la majestad que suele alcanzar el poder de la inteligencia como el
duelo librado, durante años, por los dos
zares de la Rusia decimonónica: el que
llevaba la corona imperial ( fuera cual
fuese el nombre del Romanov en turno)
y el señor de Yásnaia Poliana, enemigo
de la violencia, adalid de la no resistencia al mal; pero rebelde a todas las transacciones, y demoledor del orden establecido, no con las armas, sino con la autoridad de la convicción" (pp 267-268).
Esperaba, para el próximo viraje de la
historia, una alianza de los espíritus, una
solidaridad de las almas en la comunión
de la verdad y del bien que producirían
un nuevo orden de cosas. Pero indudablemente, en Tolstoi, como lo advierte
Jaime Torres Bodet, "el creador fue más
humano que el humanista, más comprensivo que el creyente y más grande que el
ideólogo" (p. 258).
El 22 de febrero de 1901, los miembros del Santo Sínodo decretaron la excomunión de León Tolstoi. El profeta incrédulo se había burlada, en su última
novela, de los ritos de la Iglesia Ortodoxa. Todo lo juzgaba severo, artificial,
sombrío, aburrido, falso. . . Tras la excomunión vino la apoteosis. Un millar
de obreros y de estudiantes aclamó al novelista, en Moscú, al pasar por la plaza
de Lubianka. Centenares de visitantes,
telegramas y cartas invadieron su mansión. Se organizaron cortejos para felicitar al excomulgado. Hasta la misma
Sonia - tan ortodoxa- se solidarizó con
su marido y escribió una enérgica carta
de protesta al Metropolitano de San Petersburgo: "Los culpables del pecado
de traición a la fe no son los que se
extravían en busca de la verdad, sino los
que se mantienen orgullosamente a la
cabeza de la Iglesia y que, en vez de
practicar el amor, la resignación y el

700

perdón, se convierten en verdugos religiosos. Dios perdonará más fácilmente a
quienes, renunciando a los bienes terrenales, viven fuera de la Iglesia una vida
de humildad y de caridad, que a los portadores de condecoraciones y de brillantes mitras, que condenan y que excomulgan . . ." Lo cierto es que el cristianismo
de Tolstoi era más filosófico que dogmático. Su credo, no exento de cierto ímpetu panteísta, rechaza la divinidad de
Jesucristo. Se reduce a afirmar la existencia de un Dios que concibe como el
espíritu, el amor y el principio de todo.
La plegaria solitaria reafirma en nosotros la conciencia de nuestra religación
y del sentido de nuestra vida.
A costa de Tolstoi (anciano ya y convaleciente de una pulmonía) se cometió
una grave injusticia: el Premio Nóbel
( que apenas parecía digno de los méritos del gran escritor ruso) se le atribuyó a Sully Prudhomme, tan mediocre -o
menos que mediocre- al lado del genial
Tolstoi. El viejo novelista ruso sonrió
despectivamente, y comenzó una nueva
convalecencia. Muchos proyectos le estimulaban aún.
La situación conyugal de León Tolstoi
se había tornado insoportable. Sonia, histérica y paranoica, se convirtió en espía
de su marido. Hurgaba sus diarios, buscaba su testamento y espiaba sus más mínimos movimientos. Sonia odiaba y adoraba, a un mismo tiempo, a León Nicoláievich. El médico recomendó a los esposos que se separasen. A los 82 años,
con 32 rublos en el bolsillo, León Tolstoi escapó de Y ásnaia Poliana. En Chamardino, lo · alcanzó su hija Alejandra.
El profeta en fuga contrajo una pulmonía y hubo que descender del tren. Murió el 20 de noviembre de 1910, cinco
días después de haber perdido el conocimiento. Le rodeaban sus familiares, amigos, periodistas, fotógrafos y la expectación invisible del mundo entero.
Máximo narrador, Tolstoi no imita la

vida, es la vida misma. Por eso le admira
Torres Bodet y con él nosotros. "Y casi
le agradecemos -como un signo de humanidad- que, habiendo sido tan poderoso en la acción creadora, haya sido
tan vulnerable ~n la vida práctica, tan
débil frente a sí mismo, y tan indeciso
frente a los seres, de carne y hueso, que
no inventó" ( p. 318) . Hasta aquí las
grandes ideas-madres del libro -generoso, comprensivo, inteligente- de Jaime
Torres Bodet. La bibliografía de habla
española se enriquece con esta aporta&lt;;ión de un mexicano universal.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Poesía de Jaime Torres Bodet, Editorial
Finisterre, 1 o. de enero de I 96 7.
JAIME TORRES BooET es uno de los más
dignos ejemplos de perfección que ofrece la lírica hispanolocuente. Poesía recatada Y seria. Tersura de expresión sencillez de elementos, homogeneidad de tono. La riqueza de su cultura y de su
mundo interior se traducen en una perfecta unidad. Todo es mesura y armonía. Nada de exterioridad y pintoresquismo. El poeta anda en pos del sentido humano de las cosas. Bucea en la hondura
de sus raíces y emerge a la superficie
con una límpida diafanidad y con un
temple sereno. Su veta poética está en
la depuración de la vida espiritual interior. Viene de vuelta del superrealismo ("Destierro"). Conserva la huella de
la simplicidad lírica de sus "canciones"
y la intimidad emotiva de "Los días".
Pero su tendencia intelectual y moral ha
prestado a su arte universalidad, consciencia, dignidad literaria.
En mi adolescencia gusté, extraordinariamente, de un poem~ juvenil d e
Jaime Torres Bodet que ya apuntaba
la difícil sencillez del clásico. Lo publicó 'en el libro Los días el año en que
yo nací:

MEDIODÍA

Tener, al mediodía, abiertas las ventanas
del patio iluminado que mira al comedor.
Oler un olor tibio de sol y de manzanas.
Decir cosas · sencillas: las que inspiren
[amor ...
Beber un agua pura, y en el vaso pro[fundo
ver coincidir los ángulos de la estancia
[cordial.
Palpar, en un. durazno, la redondez del
[mundo.
Saber que todo cambia y que todo es
[igual.
Sentirse, ¡al fin!, maduro, para ver, en
[las cosas,
nada más que las cosas: el Pan, el sol,
[la miel...
Ser nada más el hombre que deshoja unas
[rosas,
}' graba, con la uña, un nombre en el
[mantel. ..
La Editorial Finisterre publica ahora,
con fecha adelantada ( lo. de enero de
1967), cincuenta poemas de Jaime Torres Bodet, seleccionados y prologados
por su autor. En el "¿Preámbulo... 0
epílogo?", escribe Torres Bodet: "Durante casi treinta años, pensé que la agitación exterior -viajes, responsabilidades
conferencias, discursos, celebraciones, de:
beres públicos-- me iba a apartar de la
poesía. Tal divorcio no se logró. Publiqué rnenos versos, sin duda. Pero, si la
poesía escrita se hizo menos frecuehte
-y quizá, para otros, más hipotéticala poesía vivida se convirtió, para mí, en
fuente clara e inagotable". Cada poema
constituye la explicación de un trozo
biográfico. El poeta lo sabe. Pero la poesía no vive de anécdotas. Y el lector tiene que conformarse con la expresión selecta.
En el otoño de su vida, Jaime Torres
Bodet advierte la ampliación paulatina

701

�..
I
de horizontes. O dicha a la manera de
Leopoldo Lugt&gt;nes, tan cara para el propio Torres Bodet, "se ve más cielo entre
las ramas, cuando principia a deshojarse
el huerto". Nada de lo vivido se pierde.
Todo lo conserva la sal del recuerdo. Y
el "ars moriendi" cobra su puesto:

BAJAMAR

"Conforme va la vida descendiendo
-bajamar de los últimos ocasosse distinguen mejor sombras y pasos
sobre esta playa en que a morir aprendo.

hora y lugar en que no estés conmigo;
pues te clavó la muerte tan adentro
del corazón filial con que te abrigo
que, mientras más me busco, más te en[cuentro".
Sentirse hombre entre los hombres,
ejercer el oficio humano, padecer la sed
de vida, solidarizarse con los buscadores
de verdad, ser espíritu y materia vulnerables es poesía en J aime Torres Bodet.
Toda una antropología filosófica está entrañada en este magnifico poema;
NuNCA

Acaba el sol por declinar. Los rasos
de la luz se desgarran sin estruendo,
y del azul que ha ido enmudeciendo
afloran ruinas de horas en pedazos.
Ese que toco, desmembrado leño,
un día. fue timón del barco erguido
que por piélagos diáfanos conduje.
En aquel mástil desplegué un ensueño.
Y en estas velas, ay, siento que cruje
todavía la sal de lo vivido".
La presencia ausente de un ser querido deja sentir su continuidad y su imperio. Todo prolonga y señala a ella. No
es la muerte quien les separa, es la vida.
Pero en la vida se condensa una ilusión
de aurora:

"No has muerto. Has vuelto a mí. Lo
[que, en la tierra
-donde una parte de tu ser reposasepultaron los hombres, no te encierra;
porque yo soy tu verdadera fosa.
Dentro de esta inquietud del alma ansiosa
que me diste al nacer, sigues en guerra
contra la insaciedad que nos acosa
y que, desde la cuna, nos destierra.
Vives en lo que pienso, en lo que digo,
y con vida tan honda que no hay centro,

702

Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyec[tos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas . ..
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinqs
hacia , l jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escom[bros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus ma[nos
• lo que jamás hereda un alma digna,
¡ porque, de todo cuanto el hombre ha
[hecho,
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar su vida!
Somos y no somos. No somos del todo.
Somos proyecto de evasión, invento de
lo que no somos aún. Sólo en la muerte
nos fijamos, nos definimos, nos revelamos.
Y nuestra vida se reduce a vivir de la
creencia de que fuimos. Jaime Torres
Bodet lo dice en forma penetrante y
alada :

R ESUMEN

Vivimos de no ser. . . De ser morimos.
Somos proyecto en todo mientras somos.
Proyecto de esperanza en el deseo·
Y, cuando poseemos lo esperado, ' · · ·
proyecto de evasión, sed de abandono.
En el joven trigal, lo verde es siempre
ansiedad de la espiga. Acaba en oro.
Pero ¿ dónde comienza cuanto acaba?
Vivimos de inventar lo que no somo/
En cambio, este magnífico absoluto
de lo que ya no sufre deterioros,
de lo que ya no pueden
modificar ni el tiempo ni el olvido,
este sólido trozo
de vida inalterable que es la muerte
i cómo nos garantiza y nos define
Y nos revela y nos demuestra en todo!
Vivimos sólo de creer que fuimos.
Seremos siempre póstumos.
I

El lento desasirse de las cosas en el
- d e la vida, tiene su melancolía
,
otono
y
su encanto y su dignidad y su lección
ejemplar. Oigamos al poeta:

PERDÓN

Mírala, cómo cae blandamente
de la más alta cima, entr,e los olmos,
la clara, la dorada hoja sin prisa,
última en desprenderse del otoño.
Con mayor lealtad nadie se rinde.
Nada nunca murió con más decoro.
Toda hecha de luz, fue cielo a tiempo
y no la humilla ennoblecer el lodo.
Ninguna idea sucumbió en tal triunfo,
ni aceptó sin jactancias tantos oros,
ni abdicó de tan puro y frágil reino
con desdén tan completo y silencioso.

¡Quién pudiera imitar su adiós sereno
Y dejar de su paso un dulce asombro
acariciando el aire en que perece '
y perdonando al viento del otoño!

Aunque parezca a algunos demasiado
intelectual la poesía de J aime Torres Bodet, es lo cierto que nos presenta siempre
un valor emotivo --con menos frecuencia
un valor sensual o sensorial - en estado
abstracto, separado
de su raíz natural, y,
,
por esta razon, separado de todo esfuerzo
de saber y de querer. Metafísica del sentimiento es la suya. Y por ello auténtica
poesía.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

E. V. NraMEYER, JR., El General Bernardo Reyes. Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León.
México 1966.

"Como Gobernador del Estado y agente político de la dictadura en la región
que controlaba, Bernardo Reyes fue excelente. Pero al mismo tiempo era una anomalí_a. En un período en que el ejército
mexicano se estaba agotando por la indolencia y la degeneración moral, Reyes lo
levantó escribiendo manuales sobre táctica, intentando resolver el problema del
reclutamiento y creando una Segunda
Reserva, un fuerte ejército de civiles. En
un período en que el progreso material de
la nación estaba acompañado de la cruel
explotación de los trabajadores industriales y por la esclavización de la población agrícola, la voz de Bernardo Reyes
se levantó en defensa del oprimido".
En esta forma resume el Dr. E. V.
Niemeyer la personalidad del general
Bernardo R eyes en una excelente biografía ~~blica1a recientemente bajo el patroc1ruo del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León.
El estudio del Dr. Niemeyer reúne todas las condiciones indispensables en una

703

�investigación histórica moderna. Casi todas sus afirmaciones tienen el apoyo, no
de una, sino de varias fuentes biográficas.
Es precisamente éste, uno de los aspectos
más interesantes del trabajo, pues el autor utiliza una abundante bibliografía,
mucha de la cual no es de fácil consulta
para el investigador mexicano. Esta
cluye, no sólo todo lo que se ha e~cnto
sobre el general Reyes, sino una sene &lt;le
estudios, tanto mexicanos como norteamericanos, referentes a la época en que
le tocó actuar a este personaje. La bibliografía, incluye también, entrevistas
con varias personas importantes y la consulta de numerosos periódicos de la época muchos de ellos editados en losi Estad~s Unidos. Además de los archivos mexicanos, consultó el autor archivos norteamericanos. De estos últimos, resultan
especialmente interesantes, las cartas d_e
los agentes consulares de los Estados Urudos, pues siendo correspondencia confidencial pintan con mayor fidelidad cier'
,
h
tas situaciones que lo que pod1an acer
los periódicos mexicanos de la época.
Esta correspondencia sustituye, cuando
menos en parte, a un diario que se hubiera llevado de los acontecimientos de
esa época. Es precisamente, una de las
mayores dificultades con que tropieza el
investigador al hacer la biografía de personajes de nuestro país; casi no existen
diarios o memorias y la correspondencia
personal, la más de las veces, ha desaparecido.
Debido a esta carencia, la primera parte de la obra del Dr. Niemeyer - la etapa en que don Bernardo todavía no, ~ra
un personaje importante en la política
nacional- aunque más valiosa como
contribución histórica e indudablemente
la de más difícil investigación, nos parece la más débil. La escasez de datos
obligan al autor a recurrir a fuentes de
, valor dudoso, libros, folletos o artículos
escritos muchos años después de los acon'tecimientos, por aduladores o detractores
de don Bernardo, en donde se incluyen

!n-

704

anécdotas que tienen por objeto ensalzar
0 desprestigiar y que, como es imposible
verificarlas, deben considerarse como leyendas.
La última parte de la obra del Dr. Niemeyer es magnífica. La carrera del General Reyes desde julio de 1909, en que
desengaña a sus partidarios que querían
fuera candidato para Vicepresidente, y
el desenlace final frente al Palacio Nacional el 9 de febrero de 1913, parece el desarrollo de una tragedia clásica.
ISIDRO VIZCAYA CANALES

JOAQUÍN ANTONIO l'EÑALOSA, Un Minuto de Silencio, Editorial Jus, México
1966.
UN MINUTO DE SILENCIO nos pide el poeta potosino Joaquín Antonio Peñalosa para su último libro: la reunión de sus
"obras incompletas": Ejercicios para las
Bestezuelas de Dios, Sonetos desde la
Esperanza, Canciones para entretener la
Nochebuena y la Cuarta Hoja del Trébol.
Falta -el eterno y santo horror de
Nervo de las obras odiosamente íntegras- el primer libro del poeta: Pájaros
de la Tarde: sus poemas juveniles, su
mañana de poeta.
Hablando de este libro en la noticia
autobibliográfica, Peñalosa lo señala como "la prehistoria de la que luego uno
se sonroja".
"La Biblia - agrega- me había sugerido sus versos de ancha túnica, sus
paralelismos desdoblándose com_o ~Sfrellas en reflejos, como ecos persiguiendo
vo~es. Ahí quedó el intento juvenil" (p.
7).
Ahí quedó como ausencia bibliográfica. Editado "con el perfil de Estilo"
en 1948, está agotado y es inencontrable
desde 1949.
"Pájaros que cantan sin saber que cantan sin saber qué cantan, sin saber que
'
encantan".

'

1

"Pájaros de la tarde que van besando
las nubes crecidas, y a cada beso revienta
una estrella" (Pájaros de la Tarde, p.
16).
La voz juvenil del poeta cantó, en
ese libro ausente, "la Suave Niña de la
Suave Patria"; las "Antífonas para México"; "El Benedícite de las Cosas me11udas", etcétera. Mirada y voz de niño
que creaba un mundo amable: a su imagen y semejanza:
"Cantemos el himno de las cosas breves, de las creaturillas que alcanzaron
el último soplo de Dios" (p. 44).
El pudor del poeta maduro nos privó
de la segunda edición de sus Pájaros de
la Tarde; aquel primer botón de su primavera.
En los Ejercicios para las Bestezuelas
de Dios, el poeta potosino, franciscano
e Ignaciano, halla en las bestezuelas
- "También las bestezuelas de Dios, ¡ oh
Ignacio, oh Francisco!, pueden ayudarnos
a ordenar vida y poesía"- pretexto para
hablar a los hombres de pobreza, de silencio, de amor.
Esta coleccioncita de poemas había conocido su primera edición, bajo el signo
de Abside, en 1951, en México, y la segunda, en inglés, con el título de God's
little Creatures, en Nueva York, en 1956.
En esta edición ha añadido Peñalosa algunos poemas entonces no coleccionados:
"Lai Mariposa nos advierte que pequeñez
es grandeza", "Ejemplo del Qaracol en la
Santa Pobreza" y "Lección del Caracol
sobre el silencio".
Es la voz del poeta potosino, en esta
colección, la voz aniñada que el propio
Peñalosa celebra, en Inuitación a los Clásicos al Padre Homero.

"Como Noé me construiré mi arca
c011 paredes de nuez y piso de naranja. .."
Así en "Preludios al Arca de Noé".

"Viejo Padre Noé, cuando Dios entre,
ciérrame el arca y que el amor naue[gue .. ." (pp. 15-16)

Y navega el espíritu franciscano y
poético entre árboles que mueren a la
hora dorada, mariposas que meditan sobre la muerte.

"Considera, hermana, que morir tene[mos:
las mariposas mueren en el uiento . ..
La mariposa es irse, deshacerse;
Poluo de oro, recuerda que polvo eres''.
(pp. 19-20)
elefantes de piel arrugada -rocas en
movimiento-, peces que escuchan, redondo el ojo quieto, un sermón de dolor;
asnillos muertos y honnigas que alcanzan el Amor al término ignaciano 'de los
ejercicios.

"No era la leña, ni el carbón, ni una
[carga de rosas;
era la muerte sobre su espalda sola.
Venía por el camino bebiéndose la luna,
Por sus ojos pasaba una alameda oscura,
¡ era la carga última!" (p. 31).
En los "Sonetos desde la Esperanza"
el Dr. Peñalosa cambia de tono totalmente: la estructura cerrada del soneto,
por él manejada hasta con virtuosismo,
se presta a una mayor concentración
conceptual. Serenos, rnagnüicos, perfectos los sonetos fueron editados por vez
primera bajo el signo de Abside en 1962
y recogidos luego, todos, por Salvador
Novo en sus Mil y Un Sonetos Mexicanos, poesía de madurez, no ofrece la cálida voz aniñada del joven Peñalosa.
En Canciones para entretener la Nochebuena las bestezuelas -"por el burrito Blanco de las nueve posadas"- y
la magia navideña arrancan nuevas notas
a su lira; ángeles, bestias azoradas, pesebres y piñatas entre los versos frescos
para la noche blanca:

"Que los ángeles niños rompan ya la
[piñata,

705
• H-45

�que compró Miguel en el puesto, tan
[cara.
Que suban al techo a colgarla en la
[reata
que venden los ojillos con oscura mascada
y que preste José, por un rato, su va[ra; ... (p. 63).
La Cuarta hoja del Trébol reúne poemas no coleccionados antes: "Carta a
Abuelita", "El Problema de la Vivienda", "El Evangelio de Zaqueo", "La
Matanza de !os Inocentes", "Testamento para abrirse en 1999" y "A Nuestra
Señora del Siglo XX".
La voz del poeta que "sabe de sepulturas, de cribas, de hoces", pide un minuto de silencio y un minuto pleno, chorro encantado de tiempo, nos hace comulgar, con su palabra franciscana y niña,
con la hermana muerte y la hermana esperanza, con hormigas y mariposas, con
peces y asnillos muertos.
El arca de su poesía convida al viaje
en compañía del amor:
.. ." amor constante que empiezas siem[pre sin tener ocaso
Este era un gato con los pies de trapo . ..
Viejo padre Noé, cuando Dios entre,
ciérrame el arca y que el amor naue[gue . . ." (p. 16) .
PROF. BENJAUÍN MoRQUECHO GUERRERO

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL
VALLE, El Romanticismo Alemán. Centro
de Estudios Humanísticos de la U. N. L.
México 1964.
PUBLICADA POR EL Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, que preside su fundador el propio doctor Agustín Basave, esta obra nos
ofrece algo nuevo en literatura crítica en
México. Es más que una mera crítica literaria. En efecto, un crítico sólo examina y califica objetivamente el resultado,

706

la obra, sin necesidad de conmover ni hacer vibrar al ritmo del creador original.
En cambio, el presente estudio del romanticismo alemán es una presentación
en vivo de esta corriente fundamental
del pensamiento moderno, en modo semejante a como surge y se desenvuelve
en los propios románticos.
El libro tiene dos partes. En la primera asistimos en primer término a un despliegue de realizaciones y posibilidades
de la cultura alemana en la que se va a
nutrir y desenvolver el alma romántica
de sus más agregios representantes. Luego vemos cómo las líneas directrices del
romanticismo germano parten de sus orígenes históricos: el movimiento llamado
Sturm und Drang y las figuras prerrománticas de Herder y Goethe. Estos y
los siguientes personajes los presenta Basave sin rodeos, como se presenta a viejos conocidos y buenos amigos.
Lo que yo deseo hacer en esta esquemática reseña de la obra del excelente
amigo Dr. Basave es aproximarme como
él a las fuentes: los propios románticos.
El romanticismo es una abismal infinitud
de ensueños, emotividad, sentimientos,
ideas, experiencias y objetivaciones inagotables. Pero los románticos son finitos
y limitados seres que se duelen de sus limitaciones y finitudes y se desgarran buscando el infinito. Si nos detenemos, pues,
en ellos, más fácilmente podremos reconocer algo de nosotros mismos en esa
"constante humana" que persigue en su
estudio nuestro autor. Por eso trataré
solamente de presentar en grandes rasgos las imágenes o retratos, biografías espirituales que el Dr. Basave ha trazado
espléndidamente de esos grandes tipos de
humanidad que son los románticos.
Juan Godofredo Herder (1743-1803) ,
que nació pobre, "escuchó gratuitamente
las lecciones de Kant", inconformándose
con el frío sistema de su maestro debido
a causas de moral y religión. Dícese que
pudo haber servido de modelo a Goethe
para su Fausto. Más que filósofo, hom-

bre de gran cultura, es un precursor del
movimiento romántico, por ejemplo, en
su valoración del lenguaje como órgano
espiritual de un pueblo y en la exaltación del decir espontáneo, no libresco,
que es el verdaderamente poético. Enfréntase al iluminismo francés, y al joven
Goethe lo arrastra "hacia el mundo de
la afectividad y del entusiasmo". Escribe
poemas ("El joven salvado") y estudios
( "Selvas críticas") de contenido subjetivo. Despierta en Europa el interés por
las expresiones de la cultura popular ( Colección de "Cantos populares"). Sostiene una filosofía de la historia en que "la
actitud de imitación a todo modelo y a
toda ley que no emane de la intimidad
queda proscrita", preparando en ello el
camino para el romanticismo.

Goethe aparece luego en su etapa romántica con "Goetz von Berlinchingen"
y "Werther". "Goethe es para los alemanes la figur~ central de su cultura y hasta
la encarnación nacional", indica Basave.
Entendimiento y sensibilidad abiertos.. .
pasión de vivir. . . vivencias y poesía.. .
"Amó a las mujeres, a la naturaleza y
a los libros. . . de su vida quiso hacer
una obra de arte... escribió, a golpes de
amor, para escudriñar el alma y para
efculpir la belleza". Pasa la imagen de
este hombre universal y tras su magna
sombra vemos surgir, en individuales rasgcs, las figuras de los más destacados románticos alemanes. Nos hallamos en la
segunda parte de la obra, que así se desarrolla:
HEINRICH voN KLEIST. Nace en 1777.
Lleva una vida azarosa y muere suicidándose en compañía de una mujer. "Esa
vida y esa muerte son la vida y la muerte de un romántico", pero lo romántico
propiamente en Kleist es "su disolución
en el ensueño. . . su sentimiento amorfo
Y vaporoso", advierte nuestro autor. Dramaturgo y poeta, habla y escribe poco
(Catalina de Heilbronn, La batalla de
Hermann, El príncipe de Hamburgo), y

compone, antes de morir, su Letanía de
la muerte.
NovAL1s (pseudónimo de Federico
Leopoldo von Handenberg) es la figura más perfecta y representativa del romántico. Nacido en 1772, fué "débil y
enfermizo en su infancia, alegre y estudioso en su adolescencia, romántico
y místico en su juventud". Muere joven. Poeta plenamente, en él "todo en
la distancia se torna poesía", y ésta se
aloja en lo más profundo del ser. La
religión y el saber último se funden
místicamente en ese arte creador y configurador de un universo íntimo que sustituye al cosmos. "Poesía de totalidad es
la suya", nos dice nuestro autor. Enrique
de Ofterdingen, su más grande obra, inconclusa, es un héroe legendario que vive en un mundo idealizado. Los Himnos
a la noche son el mejor canto a su misterio. Sus Cantos espirituales han dado
incluso material a la liturgia. Inspira
poetas y artistas. Schubert musicó varios de sus cantos. En su ''idealismo mágico" evoca igualmente formas del pensamiento y se anticipa a filósofos en su saber del hombre. "Antes que Heidegger",
observa Basave, "tuvo la intuición, expresada en otra forma, de que el hombre
es un ser para la muerte", pero a diferencia de ese filósofo, no ve en la muerte
"sólo un desenlace, sino también un principio y una victoria".
FEDERICO HOELDERLIN, un poeta fuera de sí, en rapto, enajenado, se constituye intermediario entre los dioses y los
mortales, roba los rayos al infinito y los
devuelve al hombre envueltos en cantos.
Su Hiperión, griego moderno que reencarna ideales de la Grecia antigua, prenuncia, dicen, "la efusión dionisíaca, el
movimiento del ditirambo y la educación
heroica que sacuden y hacen r esplandecer el Así hablaba Z aratustra de Nietzsche", y aún llegan a considerarlo "como
la obra revolucionaria más pura y profunda de los alemanes".

707

�FEDERICO ERNESTO DANIBL SCHLEIERMACHER nace en 1768. Teólogo, predicador, pensador religioso, en sus Mon~logos la moral de lo humano alcanza dimensiones de totalidad infinita. Proyección hacia el futuro en eterna juventud.
Religiosidad sentimental sin credos ni
dogmas. "Con la religión no conocemos
ni queremos. Intuimos y sentimos", resume nuestro autor. Panteísmo. "Filosofía de la religiosidad más que de la religión", concluye.
FEDERICO NIETZSCHE ( 1844-1900). La
trágica personalidad de este poeta filósofo que era hipersensible para sí e insensible para los demás, destructor de valores ajenos y narcisista intelectual en Ecce
Horno, es presentada aquí "sin perder
de vista en ningún momento al hombre
de carne y hueso". Se exponen los siguientes aspectos: su "vitalismo, la doctrina
del superhombre, la religiosidad dionisíaca, la actitud anticristiana, la vocación
poética y sus últimas confesiones". Encontramos la voluntad de vivir sin límite, de amar el propio destino en el cosmos en unión individual con él. El ser
~ano queda por encima, de todo. Surge el superhombre, dominante en el universo y henchido de vida inagotable. Primero su entusiasmo, de Nietzsche, por
Wagner y luego la condena de su "cristianismo estetizante y sentimental" y en
él la de todo cristianismo. "Dios h a
muerto". Todo está permitido. El culto
a la vida sustituye al los demás cultos. El
superhombre anticristo y antinihilista
"tendrá que venir algún día". Mas este mito irrealizable termina en absurdo
y en locura. Sin embargo, Nietzsche no
es ateo nos advierte el autor, es un exal'
tado religioso.
''Dios ha muerto" porque
lo hemos matado en nuestros corazones.
"Ha observado de cerca", continúa, "la
civilización que se dice cristiana y se ha
convencido de que vive como si Dios estuviera muerto o como si su ausencia
fuera algo irremediable y fatal". Nietzsche
sostiene una actitud incongruente frente

708

al cristianismo. Lo mismo ve a veces en
la Iglesia (católica) una "vigorosa belleza", que firma su libro El Anticristo.
Pero la verdad es que "no se atreve a
lanzar sus peores dardos contra la figura
de Cristo, por más que se nombre Anticristo", dice Basave. "En el fondo, Nietzsche padece el impresionante encanto de
Jesús". Cristiano, pues, a pesar suyo, este
desorbitado romántico es, ante todo, poeta, no de los quejumbrosos "de estirpe
lunar" sino poeta vigoroso "de estirpe
solar",' que canta en un nuevo lenguaje.
Al final vienen las "últimas confesiones"
publicadas en el libro Mi hermana 'Y
yo que apareció hasta 1961 en traducción
inglesa y que fueron escritas en un sanatorio mental. Con ellas termina la trágica historia del postrer romántico alemán.
Lic. MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

FEDERICO SÁNCHEZ ESCRIBANO y ALBERTO PORQUERAS MAYO, Preceptiva
dramática española del Renacimiento y
el Barroco, Biblioteca Románica Hispánica, Editorial Gredos, S. A., Madrid,
1965. 258 páginas.
TRADICIONALMENTE, LA dramática española del Renacimiento y del Barroco ha
sido estudiada formal y temáticamente
como una eclosión magnífica del genio literario español, de su concepción de la
vida y de la muerte y como una galería
de tipos y conflictos humanos en medio de
pasiones elementales. Han sido relativamente pocos los estudios llevados a cabo
desde el punto de vista de la teoría, como si todo ello fuera una brillante improvisación paralela a la improvisación política y económica que fue la tónica de la
época y la que, en definitiva, causó la decadencia de España. Sin embargo, toda la
dramática renacentista y barroca está sustentada por una teoría bien clara y definida tal como se deduce de este hermoso

libro de Sánchez Escribano y Porqueras
Mayo, Preceptiva dramática española del
Renacimiento y el Barroco, publicado en
el otoño de 1965 en la Biblioteca Románica Hispánica de Gredos.
La obra consta de dos partes: una introducción en la que ambos autores orientan al lector en la teoría dramática de
los siglos XVI y XVII y en el campo de
la comedia española del XVII y una segunda parte, la más amplia, en la que se
han recogido los textos teóricos sobre el
teatro, en una secuencia cronológica. A.
Porqueras Mayo titula su -trabajo Algunas observaciones introductivas a la teoría dramática de los siglos XVI y XVII,
en el que delimita, inicialmente, el criterio seguido en la recolección de los textos y las bases para la localización de los
mismos, así como también el establecimiento de las fuentes utilizadas y una revisión de los trabajos publicados previamente, señalando sus alcances y limitaciones. A. Porqueras Mayo analiza a
continuación cómo comienza a aparecer
en el panorama de la cultura española
una teoría dramática, en pleno siglo XV,
que va a servir de base para todo el desarrollo posterior: estas primeras manifestaciones las encontramos ya en Juan de
Mena, inspiradas en la tradición clásica,
principalmente en lo que el autor llama
"definición de Tulio". El Marqués de
$antillana aporta también sus puntos de
vista, basado en las primeras fuentes que
Mena. Es en el siglo XV cuando los tratadistas tratan de establecer un criterio
para distinguir la comedia de la tragedia y de definir principalmente los caracteres de la primera, pero con una aportación. nueva e interesante, pues señala
el autor: "Ya veremos que la preceptiva dramática del Siglo de Oro sólo se intetesa, prácticamente, en el segundo aspecto, ampliando con gran rigor de pensamiento la mezcla de acontecimientos
tristes y alegres, para crear una teoría

de nuevo cuño sobre la tragicomedia"
(p. 15).

El siglo XVI se abre con dos actitudes que, según Porqueras, serán definitivas en la orientación dramática posterior y que posibilitarán toda "una germinación espléndida posterior". Una es la
de Bartolomé Torres Naharro y otra, al
fmal del siglo, más filosófica y densa, la
de López Pinciano. Hasta la época de
Torres Naharro había predominado el
esquema aristotélico tradicional y ampliamente revivido por los humanistas del Renacimiento; Torres Naharro destacará en
un primer plano a la comedia sin confrontarla con la tragedia, para definirla y
reelaborar su concepto "con una clasificación novedosa: 'comedia a fantasía',
es decir de cosas inventadas, y 'comedia
a Noticia', es decir de cosas ocurridas"
(p. 16), al paso que dignifica a la comedia y le da su valor de género noble entre los dramáticos.
Importante también dentro de este
desarrollo teórico es la obra de López
Pinciano Filosofía antigua poética ( 1596)
quien, aunque influido todavía por las
ideas aristotélicas respecto a la naturaleza de la comedia, concede a ésta "El
principio catártico de la tragedia" (pp.
16-1 7) . Su actitud conservadora se manifiesta al seguir muchas normas preceptivas de las antiguas concepciones clásicas, principalmente en lo que se r efiere
al número de actos, concepto que evolucionará a través de Juan de la Cueva
hasta Jlegar a Lope de Vega, que fija dicho número en tres "desde un punto de
vista teórico" ( p. 17) .
Otro aspecto importante que señala
Porqueras en su exposición es el concepto algo confuso que sobre la acepción de
la palabra comedia priva aún en el siglo
XVII y de donde provienen algunas de
las contradicciones que se encuentran en
las terminologías empleadas por los tratadistas y que incluso alcanzan al Arte nuevo de Lope. Sin embargo, es en el siglo

709

�XVII donde florece pujante la teoría y
donde también se trata de fijar un concepto claro del género. Carvallo, en 1602,
con su Cisne de Apolo, Agustín de Rojas,
en 1602, con Loa de la comedia, van perfilando significados y direcciones nuevas
que, sin romper con el punto de vista tradicional, elaboran un concepto más claro
y definido en la teoría y la práctica, como asegura el autor: "Pero todo ello
transformado, enriquecido, en suma, nacido originalmente ante la observaci6n
de un género cuya 'práctica' va 'modelando' la teoría literaria a la que siguió
en un principio, y que termina por transformar completamente. En otras palabras,
se parte de lo "antiguo' para dejarlo
atrás, lentamente, ante la evidencia de lo
'nuevo' " ( p. 20) .
Juan de la Cueva, uno de los grandes
teóricos, contribuye también, a su modo,
a crear en torno a la comedia el concepto
de lo "nuevo" , planteando en términos
prácticos su teoría y actitud ante el pasado, estratificado en las concepciones oficiales {pp. 21 y 22). Interesantes son
también los comentarios sobre El Arte
nuevo de hacer comedias de Lope, en
los que destaca su sentido polémico ( "tirar la piedra y esconder la mano"), su
ambigüedad misteriosa y, a veces, su indecisión. Los años posteriores a la aparición del Arte ( 1609) representan tomas
de posición decisivas en la teoría dramática y en ellas se perfilan ya claramente las dos tendencias que vislumbr6 Juan
de la Cueva entre los partidarios de lo
antiguo 'y lo nuevo. "Y tenemos - e
afirma- la famosa guerra literaria estudiada por Entrambasaguas, que se
agudiza en dos años decisivos: 1616, año
de la Spongia, y i618, año de la Expostulatio Spongiae. La comedia sale triunfadora, y años después surgen dos columnas inconmovibles, de gran solidez
dialéctica:• Barreda y Pelicer de Tovar"
(p. 23). A través de la polémica, de réplicas y contrarréplicas, muchas veces

710

apasionadas, vemos cómo el siglo XVII
es el siglo del triunfo de la comedia,
triunfo sólidamente asentado en las bases teóricas de los tratadistas. El estudio
de Porqueras viene a demostrar que, en
•medio de la aparente facilidad externa
de la comedia española renacentista y
barroca, la sustentación teórica es de una
solidez extraordinaria y que el "oficio"
de nuestros comPdiógrafos estaba cimentado en bases bien firmes: ''La teoría
dramática española -firma Porcplerasofrece un corpus compacto, muy unido a
la labor creativa. Diríase que ésta, con
sus sacudidas vitales, crea el movimiento
de vaivén que oscila entre la tragedia y
la comedia, para crear, por síntesis, una
nueva criatura de arte: la tragicomedia.
Ningún país en el mundo, por estos siglos,
puede ofrecer una teor!a dramática tan
original y completa como España" (p.
31).
El segundo estudio que sirve de introducción, Ensayo de síntesis sobre la comedia española del siglo XVII por Federico Sánchez Escribano, conocido especialista en nuestros Siglos de Oro, insiste en "el nexo entre teoría y práctica,
con lo cual se prepara al estudiante y al
investigador a no tratar en falso difíciles
problemas estéticos" (p. 33). El punto
de partida de S. Escribano es que "la comedia española del siglo XVII, es un
teatro de ideas expuestas siempre con una
tremenda belleza"; su estudio, por tanto,
si no nos equivocamos, tiende a demostrar cómo operan las ideas en el proceso
creador de la belleza y c6mo se enlazan
con la actitud total que supone el Renacimiento y el Barroco. En apretada síntesis, S. Escribano discute, con la acerada
maestría y la pasi6n que siempre ha. puesto en estos temas, el problema básico de
las épocas espirituales y de las corrientes
literarias, el de la clasificación y los peligros inevitables que se presentan en la
abstracción y caracterizaci6n de las mismas. Las difíciles implicaciones de la ter-

minología usada pueden a veces oscurecer en su base el fenómeno mismo que
se trata de analizar y quedarnos con la
visión, desordenada y caótica del esquema sin apreciar el hecho concreto el hecho vital y base del fenómeno es~ecífico.
Sin embargo, S. Escribano cree y sostiene
que la abstracción, la caracterización tipológica, puede y debe aplicarse, con
cierta medida y cautela. "La abstracción
-dice--1 en grupos literarios, en corrientes literarias, tiene aplicación variable en
extensión y profundidad. Es decir, el término clasificador tiene, en algunos casos,
un sentido lato y puede comprender muchas manifestaciones de la vida de determinada época" ( p. 36). Con esta serie de
c!istinciones y aproximaciones, S. Escribano trata de tipificar el fenómeno complejo del Barroco, sobre el que se han hecho tantas abstracciones, no siempre acertadas. Parte de la divisi6n radical entre
lo "clásico" y todas las demás teorías
opuestas que han recibido distintos nombres a través de la historia de la crítica.
Y, sin caer en la tajante oposición tradie,ional, llega a tipificarlo acertadamente
en los siguientes términos: "Nosotros creemos que se debería llamar 'tragicómico'.
El 'tragicomiquismo' es la fusión total
de lo trágico y cómico, sea en lo que toca a la estructura de una obra, a lo tectónico, sea en el sentido vital que expresa.
Unamuno, por ejemplo, es un trágico de
contextura barroca. En cambio Sartre es
un barroco en su sentido vital, de tenc!encia clásica en la forma. Estas tres
clasificaciones, lo clásico, lo aclásico y lo
tragicómico, son la base de las abstracciones literarias y hay que tenerlas en
cuenta para la mejor comprensión de la
abstracción literaria" ( p. 3 7).
Sentados todos estos presupuestos teóricos, S. Escribano se lanza a describir lo
barroco-español y sus manifestaciones
posiblemente en una caracterización tan'
originalmente nueva y poética que viene a revolucionar muchos de los puntos

tradicionalmente aceptados por la apatía intelectual. En primer lugar, sostiene
que el Barroco como abstracción "es más
exacta que otras" (p. 37), es decir, más
exacta que las clasificaciones parciales o
unilaterales que responderían a una moda o a una tendencia dentro del fenómeno total del Barroco. Es necesario entrar en contacto con la vigorosa caracterización que hace el autor para darse
cuenta de la profundidad con que ha penetrado en esta abstracción que nos lleva a comprender una actitud total de la
vida y la cultura españolas del siglo
XVII; remitimos al lector especialmente a las páginas 38-40 donde se caracteriza lo Barroco en función de lo vital expresivo, de la angustia y de la crisis.
Definida y circunscrita esta abstracción
el autor pasa a continuación a articula;
dentro de ella al teatro del siglo XVII
corno expresión máxima de lo barroco. Es
muy importante la consideración que hace S. Escribano respecto a la influencia
aristotélica en las ideas dramáticas de
nuestro Barroco: "Pero, en general, preceptistas y dramaturgos se ciñen y aceptan ciegamente ciertas afirmaciones de la
Poética del estagirita" (p. 42) y a continuación se citan diecisiete puntos en los
cuales la doctrina de Aristóteles se revitaliza en la teoría barroca, y como consecuencia de esto, los caracteres permanentes de la comedia española del siglo
XVII, caracteres definidos y sustanciados
en las obras maestras. La influencia de
la teoría y la práctica de la dramática de
la antigüedad clásica hacen de la comedia española un fenómeno universal, casi
más universal que español, como señala
originalmente el autor: "El terna de una
crónica casi siempre lleva en sí un paralelo o reminiscencia de la antigüedad clásica. 'El españolismo' de la comedia española es un espejismo de que se han valido algunos críticos para desprestigiar el
valor dramático del drama español del siglo XVII y menoscabar su universalidad.

711

�Porque de lo que menos tiene es de 'español'. La prueba está en que los españoles de siglos posteriores no lo comprenden, y en algunos casos han sido los primeros en ver sus 'tachas'." (pp. 44-45).
Muchas veces se ha presentado la cuestión de si verdaderamente puede existir
una "tragedia cristiana", en el auténtico
sentido de la palabra "tragedia". Personalmente, siempre hemos creído que dentro de la articulación de la teología cristiana y su concepción de la vida y del
destino del hombre, no se presta a la
creación de un concepto trágico de la
vida, ya que, en definitiva, puede echarse mano del "deux ex machina" de la
providencia para resolver muchos problemas planteados en el plano natural. Sin
embargo, S. Escribano sostiene decididamente que sí existe y que puede existir
una verdadera tragedia en la concepción
cristiana de la vida, y que el Barroco
produjo esa tragedia en su sentido más
pleno: "El Barroco, como crisis del Cristianismo, creó la tragedia cristiana...
Gran parte del teatro europeo del siglo
XVII es la tragedia del hombre cristiano, y si esa tragedia cristiana no se ve
en muchos casos es porque el problema
se ha tamizado tanto que no se trasluce
a primera vista. Con todo lo que se ha
escrito sobre La estrella de Sevilla, los
críticos no se han percatado de que se
trata de un caso de conciencia cristiana"
(p. 45).
A continuación se enumeran algunas
de las innovaciones que introduce en el
arte dramático la comedia española del
~iglo XVII en todos sus aspectos y los
puntos coincidentes y discordantes con
la teoría aristotélica. La conclusión de
S. Escribano es definitiva y totalmente
definitoria en su claridad : "En resumen,
la comedia española del siglo XVII no
se estructuró ni con una repentista ignorancia ni con una repentista ligereza,
a: espaldas de una teoría del arte dramático, sino con principios estéticos ya da-

71Z

dos por Aristóteles y Horado, pero refundidos para someterlos al gusto espiritual de la época y a las vitales exigencias del espíritu" (p. 48).
Siguen los textos de la teoría dramática de los siglos XV, XVI y XVII que no
dudamos adquieren una nueva luz con
las aclaraciones que se hacen en los dos
estudios precedentes.
Lm.

JuAN ANTONIO AVALA

JosÉ HERRERO, Introducción al
estudio de la filología latina, Biblioteca
Universitaria Gredos, 1, Editorial Gredos, Madrid, 1965. 387 páginas.
VÍCTOR

Los ESTUDIOS CLÁSICOS en España y en
muchos de los países de habla española han vivido durante mucho tiempo dependiendo de materiales procedentes de
otros países, donde la cultura clásica ha
gozado siempre de un alto prestigio entre
las ciencias del espíritu. Afortunadamente,
li.s nuevas generaciones de estudiantes españoles han cobrado una nueva conciencia y responsabilidad ante los estudios
dásicos; el profesionalismo riguroso ha
ido desplazando a la improvisación de los
aficionados; las traducciones nuevas y orig;.nales van imponiéndose sobre las malas
traducciones del pasado que los editores ponían una y otra vez en circulación
ya que el dominio público sobre la propiedad literaria de las mismas prometía
un negocio redondo. Un entusiasmo nuevo, la calidad superior de la enseñanza
universitaria, la mejor preparación científica de los nuevos filólogos y lingüistas,
la publicación de revistas, anuarios, índices bibliográficos, etc., han hecho que
nuestros estudios clásicos gocen de una
nueva y renovada vitalidad.
Entre los estudios recientemente publicados sobre filología clásica, de.staca por
su originalidad esta Introducción al estudio de la filología latina del Prof. Víctor José Herrero. En una síntesis vigo-

rosa -muy difícil en este campo por la
amplitud e importancia de los problemas-- y con valiosa claridad, se introduce el lector al fascinante mundo de la fi.
lología latina. La obra está dividida, además de la introducción en que se explica
el concepto de "filología", en tres partes:
a) Las fuentes para el estudio del latín,
b) La filología latina en su evolución histórica y c) ámbito y orientación de la
gramática latina.
En la primera parte se- estudia ampliamente la trasmisión de las obras clásicas por medio del testimonio directo: los
manuscritos; se estudian los textos más
antiguos, los materiales empleado,s, la
conservación de los códices durante la
Edad Media, la actividad desarrollada en
los monasterios, el impulso recibido en la
corte de Carlomagno y las lecciones de
Alcuino, el movimiento humanista del
Renacimiento y el descubrimiento de nuevos códices hasta los primeros impresos
y la aparición de las ediciones príncipes.
Todos los datos, nombres, informaciones
bibliográficas y materiales proporcionados por el autor en este capítulo son de
extraordinaria importancia para comprender el largo proceso por el que ha
pasado la trasmisión de la cultura clásica hasta nuestros días.
A continuación, el capítulo III está
dedicado a la edición crítica y su problemática: para cualquier edición crítica y
la reconstrucción más fiel de un texto hay
que partir, siempre que se pueda, de la
base firme de un manuscrito y del conocimiento del tipo de letra empleada en su
composición; de aquí. fa importancia que
el autor da a este capítulo dentro del estudio de la filología y del estricto método de análisis que expone: esta es la
razón por la que, en un plano histórico,
teórico y práctico se explican los principios básicos de la crítica textual y toda su terminología; entre estos principios
básicos están los dos más importantes que
son la "recensio" y la "emendatio", re-

cursos empleados para la reconstrucción
y fijación de un texto y que han sido,
desde el Renacimiento, la piedra angular de la filología. El hábil manejo de estos recursos de la ciencia filológica concluye con la edición del texto en su forma más cercana al original y depende
mucho de la intuición y la pericia del
investigador el llegar a una conclusión
positiva.
Una parte importante, en el estudio de
los manuscritos, es la papirología y' el latín de los papiros, a la cual el autor dedica un breve y sustancioso capítulo, con
una interesante referencia a la papirología en España, así como una abundante guía bibliográfica para estos estudios.
Lo mismo puede afirmarse en lo que toca
al estudio de las inscrip&lt;:iones latinas,
fuente importantísima y segura para reconstruir muchas etapas de la lengua y
de la cultura y que por su permanencia y
solidez, ofrecen un testimonio más seguro
y menos cuestionable que otros testimonios documentales.
Quizá la parte más sólida de este volumen es la dedicada a la exposición de los
problemas lingüísticos y a demostrar el
entronque de la filología latina con todos
los adelantos de la ciencia lingüística modt-rna: lingüística y filología forman en la
actualidad una unidad integral, complementaria y recíproca; los métodos de una
y otra están claramente definidos, como
lo están sus campos respectivos, pero ambas, en íntima relación metodológica, ayudan a que las aclaraciones en el campo
lingüístico sean más profundas y definitivas. Víctor J. Herrero parte del concepto de indoeuropeo común y de los problemas inherentes al método lingüístico,
para exponer, amplia y documentalmente, todos los puntos de importancia en la
formación de las lenguas itálicas y, en
concreto, del lat'm. Para este capítulo se
han aprovechado los valiosos materiales
que la ciencia lingüística ha ido acumulando desde el descubrimiento del sáns-

713

�/

crito a finales del siglo XVIII y todo el
desarrollo del comparatismo durante el
XIX. El autor, paso a paso, va reconstruyendo todos los procesos a través de
los que la gramática comparada --o mejor dicho el método comparativo- llegó
a establecer el parentesco y la afinidad
dentro de la familia de lenguas indoeuropeas y el establecimiento de las leyes fonéticas "por las que se rigen y a las que
responden las conservaciones e innovaciones relativas a la pronunciación" (p.
81) . Toda la metodología del comparatismo ha llevado, con su perfeccionamiento, a fijar totalmente el parentesco lingüístico entre este grupo de lenguas y a
d2rnos un conocimiento más amplio de la
evolución y desarrollo del latín a partir
de sus origenes más remotos. Saliéndose propiamente del enfoque tradicional
que seguía la filología latina, V. J. Henero expone con más amplitud los fundamentos lingüísticos generales del grupo indoeuropeo, caracteristicas que serán aplicables, en cierta medida, también al latín y al estudio histórico de su evolución.
Toda la reconstrucción de estas etapas
históricas del latín ayudan extraordinariamento al estudiante de filología a tener un panorama más amplio y crítico
de la lengua y de sus implicaciones dentro del campo de la lingüistica actual.
Asimismo, nos referimos a las consideraciones que el autor dedica al latín medieval y a las fuentes para su estudio.
De especial interés es también el capítulo dedicado a El latín de los humanistas y al desarrollo del concepto del
"humanismo" dentro del campo de la. filología latina, en especial de la influencia del "ciceronismo" en los ideales culturales, humanos y políticos del hombre del Renacimiento. La influencia de
Cicerón, sobre todo a partir del siglo
XIV, comienza cada vez a ser más importante sobre todo en el aspecto lingüístico y ayuda a la recreación de la lengua latina como instrumento de cultura.

714

Las polémicas entre ciceronianos y antic.iceronianos plantea interesantes cuestiones en esa formación de la conciencia lingüística de los humanistas. V. J. Herrero
dedica también unas páginas a los ciceronianos españoles que llenan una página gloriosa, aunque desgraciadamente
bastante preterida, en el movimiento humanista español: Ginés de Sepúlveda,
Fray Luis de Granada, Luis Vives y otros
muchos. El mérito' de esa inquietud lingüística del Renacimiento reside principalmente en que el latín se convirtió de
nuevo en una lengua viva a pesar de haber nacido de un movimiento de imitación literaria. "Fue -afirma el autor-,
pues, el latín humanistico la lengua viva
e mtemacional de una sociedad culta,
algo así como el francés en el siglo
XVIII. .. Hasta tal punto llegó a ser el
latín la lengua de aquellos humanistas
mtelectuales, que, a pesar del auge que
iban adquiriendo ya algunas de las lenguas modernas, ellos hablaban y escribían latín sin /e en el triunfo y posibilidades de aquellas lenguas'' (p. 188189) . Tiene también cabida en este capítulo el estudio de los principales géneros literarios del latín humanístico, corno la poesía, el teatro (principalmente el
teatro escolar promovido por los jesuitas
y otras órdenes religiosas en sus colegios
y universidades) y la Historia, cultivada
en España con riqueza que sobrepasa a
otras naciones europeas.
No podía faltar en un manual de filología latina la referencia necesaria a las
fuentes bibliográficas; a este punto está
dedicado todo el' capítulo XI. Después
de una introducción sustanciosa y breve
consagrada al alcance y valor de la bibliografía, se describen los repertorios bibliográficos, diccionarios y enciclopedias
de la Antigüedad clásica, colecciones de
textos latinos, Revistas de filología y todas las fuentes secundarias para el estudio de la lengua, tales como la historia
de la misma, la gramática general, Foné-

tica, Morfología, Sintaxis, Estilística, Léxicos y Gramática comparada. La bibliografía es exhaustiva y orientadora para
el estudiante de filología latina.
La parte siguiente estudia La Filología latina en su evolución histórica, en
los siguientes aspectos: en la antigua Roma, en la Edad Media, durante el humanismo y, finalmente, la Filología clásica y la lingüística desde el siglo XIX
hasta nuestros días. No creemos que el
autor, en esta parte, haya añadido nada
sustancial a lo que ya sabíamos por el
manual de Kroll, aunque algunas etapas
se han enriquecido con nuevos materiales y una perspectiva histórica más completa y articulada.
El último punto tocado por el autor se
refiere al Ambito y orientaciones de la
Gramática latina. El estudio de la gramática latina se expone, en estas últimas
páginas, con una metodología nueva teniendo en cuenta los avances y planteamientos de la lingüística moderna. Las
partes de la gramática no deben estudiarse como islotes aislados dentro de la
lengua sino como elementos interrelacionados e integrados indivisiblemente en
un conjunto; de aquí que deba de aplicarse también al estudio del latín esta
nueva metodología para comprender su
mecanismo interno y funcionamiento. Se
estudian, pues, los siguientes aspectos:
a) Relación entre fonética y fonología,
b) Relación de la lexicología con la fonética y fonología, e) Relación de la lexicología con la morfología, d) Relación
de la lexicología con la sintaxis, e) Relación entre fonética y morfología, f)
Relación entre morfología y sintaxis, g)
Relación entre fonología y sintaxis. Aparte se estudian otros problemas gramaticales que completan una visión nueva y
renovada de la gramática latina a la luz
y con la ayuda de los últimos adelantos
de la ciencia lingüistica, con lo que el
estudio del latín recobra un valor nuevo.
Creemos que esta Introducción al estu-

dio de la filología latina viene a llenar
un vacío que existía en lengua española
y que se venía llenando con traducciones y adaptaciones de manuales extranjeros. Como manual orientador, será una
gran ayuda para los estudiantes de filología en el mundo de habla española, tan
rico en su tradición en este campo y tan
descuidado en los últimos tiempos.
Lic.

JuAN ANTONlO AYALA

JAMES W!LLIS RoBB, El estilo de Al¡onso Reyes, Colección "Lengua y estudios literarios", Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965. 261
páginas.

INTERÉS QUE ha comenzado a despertar el estudio de la obra de Alfonso Reyes se ve aumentado, año con año, en
una bibliografía abundante y sólida. Lo
interesante es que muchos de estos trabajos son el resultado de investigaciones
encaminadas a una tesis y como tales llevados a cabo con el máximo rigor y con
en método claro y definido. El trabajo
que nos ocupa en esta nota bibliográfica
es el del profesor James Willis Robb, de
la Universidad George Washington, titulado El estilo de Al/onso Reyes. Este sencillo título nos presenta una de las obras
de crítica más sólida que existen en la
bibliografía alfonsina y no dudamos en
afirmar, desde ahora, que la consideramos de capital importancia para cualquier estudio posterior sobre este tema.
El valor máximo de este estudio reside,
a nuestro juicio, en la especiar metodología empleada para abordar uno de los estilos más ricos y brillantes que ha producido la literatura de lengua española en el
presente siglo. Porque cuando se habla o
se escribe sobre Alfonso Reyes lo primero que hay que señalar, quiérase o no,
es su posición impar como maestro del
estilo, como un explorador de temas universales que lo llevaron a todos los cam-

EL

715

�pos del interés humano y, en una palabra, como quien ejerció las funciones de
la cultura con la más alta dedicación y
simpatía. Y otro aspecto interesantísimo
y de capital importancia en la cuestión
del estilo de Alfonso Reyes es que dicho
estilo presenta rasgos de regularidad, en
el tiempo, que son muy poco frecuentes.
Normalmente, en un mismo autor se pueden señalar con claridad distinta etapas
estilísticas a través de su obra, ya sea en
un sentido progresivo, cuando dicho escritor va conquistando gradualmente el
dominio total de la expresión hasta llegar a un punto de regularidad y de máxima expresividad o, lo que es aún más
frecuente, cuando el escritor presenta diferentés planos estilísticos que reflejan, a
su vez, distintos momentos de su sensibilidad. En Alionso Reyes no es éste el caso:
desde su primer libro Cuestiones estéticas ( París, 1911) y a través de toda su
obra escrita en un período de más de
cincuenta años, se nota ya un estilo hecho, regular, permanente, con todas las
características de brillantez, claridad y
expresividad estudiadas en la obra de J.
W . Robb.
El campo d el estudio presente está
bien delimitado por su autor, así como
también el método. "Su intento -nos
dice en la Advertencia preliminar- es
el de estudiar las características más sobresalientes del estilo artístico de Alionso Reyes, manifiestas en la totalidad de
su obra literaria pero que se revelan más
sorprendentemente - a nuestro juicioen su prosa ensayística. Por lo tanto, el
enfoque central -especialmente en el aspecto esiructural- se dirige al ensayo,
pero se verá cómo la visión artística se
desbord~ de los escritos más estrictamente
ensayísticos hacia los tratados monográficos como El deslinde" ( p. 7). Su método,
el de la Nueva Estilística ( es importante señalar que el prof. Helmut Hatzfeld
~e el director y asesor de esta tesis) ,
acomodado a la naturaleza peculiar de

716

la expresión estilística de Alfonso Reyes:
"Uno de los aspectos de nuestro estudio
del ensayo artístico en Reyes, podrá ser,
entonces la medida en que, y las maneras
en que trasciende el 'mero lenguaje de
todos los días', comunicativo y expositivo,
pasando a la creación de emociones estéticas con Langue Fictive o 'lengua de
ficción'."
Los postulados teóricos que establece
Robb para penetrar en ese estilo especial que caracteriza al ensayo son importantes aunque a alguien le puedan parecer discutibles. Estos presupuestos plantean inicialmente la pregunta sobre la
naturaleza del ensayo y su inclusión dentro del campo de la literatura creadora.
Aplicando los mismos criterios que Leo
Spitzer aplicó a Thibaudet, Robb establece presupuestos críticos que deben
aceptarse ante el ensayo ya que "un crítico o ensayista puede hacer uso muy
especial de los instrumentos artísticos o
·'estilísticos' de expresión, sino que además puede encontrar detrás de sus rasgos expresivos toda una motivación estilística o sea un mundo de estilo y de
pensamiento..." (p. 12). De modo que
lo que intenta Robb es analizar el estilo
artístico de Reyes a través de sus ensayos, sin hacer en su obra "limitaciones
artificiales de géneros literarios" (p. 15)
nÍ "separar al ensayista del poeta".
La primera parte de la obra está dedicada a demostrar cómo en Alfonso Reyes "la crónica se vuelve motivo artístico", es decir, cómo A. R. tuvo la habilidad en convertir en materia poética cualquier suceso u objeto trivial ( recuérdense, las Burlas) a través de la expresión
lingüística más depurada, haciendo uso
de la "nota expresiva, la humedad de
afecto que ni la estrecha aplicación práctica ni la pretendida fijeza lógica logran
siempre absorber. .. Tal es el dominio de
la estilística, cuya soberanía es extensísima y siempre fue más o menos reconocida, o sospechada siquiera, aunque sólo

ha poco estudiada debidamente..." (pp.
19-20). Robb establece en este capítulo
cómo Alfonso Reyes, a través del lenguaje, sublima experiencias ideológicas, sentimentales o de cualquier otro tipo hasta llegar a crear con su materia prima
una verdadera obra de arte. ~eñala también Robb cómo el resultado de esta
elaboración estilística en A. R. proviene
de su toma de posición previa ante el fenómeno del lenguaje y cómo a través de
ese fenómeno se transparenta todo un
mundo, mejor dicho, una visión personal
del mundo y de la vida. "Así -afirma
Robb-- la crónica ha dado paso al comentario interpretativo personal, el cual
a su vez ha conducido a la sugerencia y
creación artística mediante el mágico poder transformador de la lengua de f icci6n" (p. 23).
En la segunda parte, Robb estudia el
proceso expresivo que, partiendo de la
idea, se plasma en imágenes de valor
artístico y más allá del campo ideativo
o meramente informativo. Alfonso Reyes posee ese toque mágico que transforma ideas, sensaciones, impresiones, etc.,
en expresiones verbales de alto valor estético. "El factor muy inclusivo del estilo de Alionso Reyes, más responsable de
su diferencia radical del puro tratadista
o escritor de crónicas y monografías, es
su propensión y capacidad para experimentar y expresar ideas en términos de
imágenes artíst_icas, por sentir las ideas
a través de impresiones visuales, auditivas
u otras impresiones sensoriales estéticas"
(p. 23). Robb e.xarnina ampliamente y
clasifica todo ese mundo de imágenes de
A. R. en este capítulo que creemos es
uno de los más densos de su estudio, por
su amplitud, profundidad y claridad en la
clasificación y en la recolección de datos.
"En esta sección -nos dice-- intentaremos acercamos al mundo artístico-estilístico de Alfonso Reyes sólo desde una
de las varias perspectivas posibles, la perspectiva de su galería o repertorio de imá-

genes individuales predilectas, vistas selectiva y resumidamente" (p. 25). El prin;ero de estos grupos es el de la figura
humana ("central en Reyes el humanista"), figura humana que se proyecta tanto en su dimensión universal como individual y personal y que, también, se concreta en ciertos "héroes simbólicos" predilectos de Reyes. Entre dichas figuras
estudia Robb todo el valor simbólico-estético del cazador, el acróbata, el nadador y el buzo, el jinete y el conquistador. A continuación, y sin abandonar aún
el simbolismo humano, pasa el autor a
examinar los que él llama "eslabones vivos entre hombre y universo", principalmente la flor y la planta, y señala un dato importante en la ideación simbólica de
Alfonso Reyes: "Uno de los símbolos y
encarnaciones más perfectas de la belleza es la flor. En Reyes como en Keats,
entonces, la belleza de la poesía se simbolizará en la flor, creación divina y única que podrá ser analizada pero nunca
explicada del todo" (p. 33). Son particularmente interesantes todas las implicaciones de este símbolo tales como el
poema, la perfección ( en dos niveles: el
material y el espiritual), la expresión de
lo mejicano y de lo local, y, finalmente,
el crecimiento vital. Se analiza también
el mundo de los insectos, de las aves, de
las serpientes y caracoles, en una fauna
simbólica del mundo natural sublimado
a especie estética. Al mismo examen está sometido otro aspecto del mundo de
la naturaleza: el de la geogra_fía dinámica con sus manantiales, ríos, mares, islas,
vientos, nubes y estrellas, que forman el
cosmos de A.R., todo él virtualizado y
estilizado a través de la imagen y la representación estética. Como en el caso de
la imagen del hombre, con sus amplios
elementos de relación, así mismo Robb
centra su atención en todos los procesos
físicos vitalizados a través de la imagen,
como el aire, agua, sangre y luz, que forman parte de la simbología reyista, vista

717

�toda ella como su lenguaje, dinámica en
imágenes pulsantes de energía y fuerza.
Otro capítulo es el de las "Direcciones
seguidas" que incluye senderos y caminos,
viajes, redes y laberintos, importante aspecto tanto en la vida como en la obra
de A. R., como señala Robb: "Una de
las cualidades fundamentales del estilo de
Alfonso Reyes es su dinamismo. Sus frases casi siempre tienen movimiento y van
a alguna parte. ·Este sentido constante de
áirección y de movimiento se expresa,
por ejemplo, en un concepto poético como "Vaivén de Santa Teresa" (Romances del Río de Enero) o en el concepto
de un ensayo como paseo, viaje, exploración con las ideas, dandcl a veces la satisfacción de la complicación, la de atacar un problema o de enmarañarse en una
red, o buscar su camino por un laberinto" (p. 50). El capítulo se cierra con
el análisis de los objetos predilectos manejados por Reyes en su mundo de imágenes: Joyas, rosarios ( con valor más estético que religioso) , campanas y cascabeles, relojes, cámaras, telescopios, veletas,
navíos, ánforas griegas, etc. Creemos que
el análisis llevado a cabo por Robb en
este capítulo es exhaustivo y altamente
valioso ya que introduce al lector al
mundo íntimo e interior de A. R., mundo poblado de todos los seres imaginables, vividos extremadamente y articulados en la expresión simbólica, dentro de
un sistema integral, como veremos más
adelante, y al mismo tiempo esencial para comprender su obra extremadamente
polarizada.
Pasa a continuación Robb a estudiar
los que él llama "ejes imaginísticos", es
decir, la ordenación estilistica de todos
los elementos examinados anteriormente.
"Esta nueva perspectiva --&lt;iice el autornos pone al descubierto toda una serie de
imágenes que parecen seguir cierta ordenación estética, orgánica y dinámica, de
procesos que llamaremos explosión, reverberación, refracción, irisación y on-

718

dulación. Es una configuración íntegra,
una serie continua en que una imagen se
resuelve en otra, de matiz en matiz, como formando un 'espectro' de matices
o imágenes; daremos a todo este proceso
el nombre de 'espectro alfonsino', pues,
según creemos, son procesos imaginísticos fundamentales que fluyen por la visión artística total de don Alfonso" ( p.
61). No.s extenderíamos demasiado si
detalláramos aquí el amplio y profundo
análisis que Robb hace de estas interesantes polarizaciones simbólicas en la obra
de A. R .; lo importante que cabe señalar
en este lugar es cómo estos "ejes imaginísticos", rosa de los vientos que estalla
en una variada gama expresiva, constituyen la traba básica del sistema estético de
A. R. El capítulo profundiza especialmente en las concepciones estéticas que, como
presupuestos necesarios, es necesario tener
en cuenta para entender todo el sistema
de relaciones verbales que saltan a la vista
en todos los ensayos de A. R. y que tienen
un sentido preciso y articulado en toda su
obra. Son coordenadas estéticas que explican el sistema en una obra compleja y llena de referencias, como el mismo Robb
señala al final del capítulo: "Ahora podemos ver uno contra el otro los dos ejes
imaginísticos alfonsinos. Lo que hemos
llamado espectro alfonsino, extendiéndose de la explosión a la ondulación, puede considerarse como el eje horizontal que
abarca la amplia y diversa latitud de sus
reacciones imaginísticas. El segundo eje,
comprendiendo la serie que se extiende
del prismatismo al perspectivismo, ilusionismo y vislumbrarniento, puede considerarse como el eje vertical o eje de profundidad que se proyecta en múltiples
dimensiones" (p. 97).
El capítulo cuarto aborda el mundo de
las imágenes desde otro punto de vista
aún más revelador de su valor estético.
En las Facetas del prisma, Robb afirma
que "todavía hay una tercera manera
de ver las imágenes de Alfonso Reyes:

en términos de una serie de 'modos' o
modulaciones estilísticas constituidas no
sólo por grupos de imágenes temáticamente relacionadas sino por distintas actitudes estilísticas complementarias expresadas cada una por su propio repertorio de
imágenes" (p. 98). Aquí es donde el análisis estilístico de Robb echa mano, hasta cierto punto, del análisis psicológico
para delinear y delimitar los aspectos básicos del mundo interior de Reyes. Creemos
que esto puede ser discutible ya que cuando el análisis estilístico roza con el análisis
de la personalidad hay que andar con mucho tacto en la interpretación de los datos. Sin embargo, Robb basa todas sus
afirmaciones en hechos concretos, en hechos estilísticos que apuntan hacia las
preferencias estéticas de Reyes tal como
están patentes en su obra. Destaca en
este capítulo nueve "temperamentos" que
"Se agregan a la personalidad estilística
del escritor Alfonso Reyes: el científico,
el culinario y el plástico; el popular, el
heráldico y el mitológico; el dramático,
el cinemático y el metamórfico" (p. 98).
La descripción y el análisis son completos y los testimonios altamente reveladores de la psicología y la personalidad de
A. R., al mismo tiempo que su curiosidad de humanista que lo llevó a explorar
y a interesarse en los campos más dispares de la vida humana, que es precisamente donde reside el gran valor de la
obra de Reyes: infinita curiosidad, infinito interés en todo y para todo.
El último capítulo del libro titulado
La visión toma forma está dedicado a estudiar las estructuras ensayísticas, es decir, a comprobar cómo ese mundo interior de A. R. y su concepción estética de
la múltiple y cambiante realidad, se ha
plasmado en el ensayo y en las formas lingüísticas. Comienza tratando de establecer un criterio para clasificar los distintos tipos de ensayo: "según el contenido o la temática; según la extensión,
grado de formalidad o tono personal, in-

tención estética o expositiva" (p. 149).
El autor se inclina por una clasificación
basada en una visión interna y estructural del ensayo: el del motivo y la intencionalidad estética, es decir, un punto de
vista esencialmente estético-estilístico como corresponde a la metodología seguida
en todo este estudio. Robb establece cuatro tipos generales o sistemas de estructuración : 1) estructuras simbólicas, 2)
estructuras de contraste ideológico, 3) estructuras eidéticas y 4) estructuras dinámicas; dentro de cada uno de estos sistemas hay una serie de implicaciones
complejas y de estructuras entre~ruzadas
elaboradísimas, todo el amplio mundo en
que vivió A. R., actualizado y vivificado
en categoría estética. Robb nos lleva, horizontal y verticalmente, por todo ese
mundo y despliega ante nuestra vista temas amplios, variados, universales, iluminados todos por una visión y expresión
metafórica que un lector no avisado jamás podría sospechar que se hallan en
la obra de Reyes, obra que presenta, a
primera vista, un aspecto de sencillez,
cortesanía y fácil serenidad.
Básica es la síntesis y conclusión a que
llega Robb al final de su estudio: "Finalmente, vemos en Alfonso Reyes al artista ensayístico más completo y más perfecto de Hispanoamérica desde José Enrique Rodó; quedando fiel a lo mejor del
americanismo arielista rodiano, Jo ha
universalizado totalmente, llevando a
nuevas alturas de desarrollo y superación
las variadas potencialidades de la flexible forma del en~ayo" (p. 241).
En resumen, como ya señalamos más
arriba, consideramos que esta obra es de
capital importancia en la bibliografía reyista, tanto por la metodología seguida
como por todo lo que a través de ella se
demuestra y se ilumina en la perspectiva
de idea-vida-expresión de Alfonso Reyes.
LIC. JUAN ANTONIO

AY ALA

719

�MALLEA, EDUARDO, Poderío de la Novela.
la. edic. (Col. Ensayistas Hispánicos).
Edit. Aguilar. Buenos Aires. 1965. 180
páginas).
EDUARDO MALLEA, argentino, compañero
en lides de Jorge Luis Borges, nos deja
en este libro una verdadera vivencia del
novelar. Acaso, estas páginas, nos dan un
sentido eidético que ha servido de base
a la novelística contemporánea.
En un mundo, como el nuestro, que
tiende hacia los "antis", surge esta voz
privilegiada que pone en su lugar toda
la problemática literaria. Nada de antinovela, sino novela en su único, absoluto, sentido. En su poderío valedero, pensándola como "ese poder ser a la vez
mundo y criatura" (p. 123), es decir,
"uno y un todo" a la vez. Por eso nos
dice : "He sonreído muchas veces cuando he visto impugnar una novela por
una sola de sus propensiones, como si
una sola de sus propensiones bastara para negar en una persona su cualidad esencial, que es la de vivir" ( p. 124) .
La obra de Eduardo Mallea consta de
ocho pequeños ensayos, que aunque independientes entre sí, no dejan de formar
una unidad, porque, como él mismo lo
atestigua en su prólogo: "Por detrás de
las páginas de este libro pasa constante
un personaje. Ese personaje es la novela.
Casi todas las cuestiones que las presentes
páginas enfrentan distan mucho de estar meramente referidas a la novela. Al
revés, suelen ser cuestiones profundamente relacionadas con el tema de la
vida, la obra, la preocupación y la conciencia del hombre y del escritor. Pero
de algún modo muestran en el fondo a
aquel silencioso personaje" (p. 7).
La novela que es considerada por Mallea como "crónica y el canto del hombre mismo, la memoria en que su d estino
toma forma" (p. 7), ahora, más que
nunca, en lugar de estar próxima a desaparecer, "se acerca cada vez más al dominio de su poder esencial" (p. 7).

720

Aquella crisis que tantos críticos contemporáneos nos señalan como síntoma de
nuestro mundo, lejos de reducir la esencialidad de la novela, convirtiéndola en
algo que de suyo propio antes de nacer
ya está envejecido, antes bien la ha provisto de un mundo totalmente nuevo.
"Un poderoso mundo de problemas tremendos la hará centralmente poderosa,
pues revivirá y se extenderá por el modo
como haya enfrentado y reflejado esos
problemas" (pp. 7-8).
La novela pues "ha de ser ( ... ) no
entretenimiento ~e sofistas, sino ficción en
profundidad y empresa de conocimiento" (p. 9).
El primer ensayo, que Mallea ha titulado Testimonio de un Escritor, y que
fuera una conferencia que nuestro autor
dictase en los Estados Unido, nos muestra
aquel sustento de su propia vivencia: Buenos Aires, su vida en familia, sus libros ...
"Yo ( ... ) ingresé maravillado en la feérica Buenos Aires, donde de día erraría de
estupor en estupor y de noche leería las
novelas policiales y del primer Dickensl.
Pero de las novelas policiales y del primer Dickens algo hería mi imaginación,
algo operaba más profundamente, que
las peripecias mismas relatadas; otra cosa acontecía; al niño le importaba más
soñar que él mismo era uno de aquellos
detectives ( ... ) De modo que el niño
quería ser algo más que un lector pasivo
de activas historias: ansiaba ser su activo actor, su protagonista ideal" (p. 15),
y sobre todo, sus amigos: "Allí conocí a
Ricardo Güiraldes y a Jorge Luis Borges, a Francisco Luis Bernárdez y a Leopoldo Marechal, a Ricardo Molinari. Esa
legión de poetas asombraban ya entonces
al amigo testimonial, al gran mejicano
Alfonso Reyes, doctor titular, padre encantado y hasta editor de aquellos jóvenes fervientes" (p. 17) , y los proyectos:
"Una generación, entera, la generación
nacida a la vida literaria en 1926, se
propuso en la Argentina un ideal uní-

versal ( ... ) Hablo de una aspiración y
un proyecto" (p. 20).
En fin, su experiencia toda que le conformó en el ámbito literario.
Importante también, es aquel otro ensayo titulado El Lenguaje Creador y Contendor. Nos dice Mallea: "Hace algunos
años leí una frase que me causó un infinito placer. Ninguna frase causa un infinito placer si esa frase, aun larvada o informulada, no ha estado ya antes en uno,
no ha sido pensada antes por uno. La
frase de que les hablo era una frase de
William Faulkner, y yo había pensado
tanto y tan igualmente en lo que Faulkner decía -lo había escrito a mi vez,
aunque en otra forma- que recibí ese
pensamiento como una justificación, esa
justificación especialisima, mezcla de placer y de nostalgia, que siente un escritor
cuando se encuentra expresado en las palabras de otro escritor. La frase de William Faulkner era muy sencilla. Pero,
i qué cantidad de implicaciones contenía!
Su texto no era más que el siguiente: Lo
importante no es lo que se dice, sino cómo se dice. Se trataba naturalmente de
la opinión de un novelista sobre su propio arte. Pero alcanzaba al arte de escribir en general" (p. 107).
Sobre esta frase de Faulkner, Mallea
va a tejer una interesante teoría sobre el
lenguaje de la creación literaria. Nos
dice: "Pues el mito, y he aquí el verdadero valor del mito, crea el lenguaje con
que ha de ser dicho antes de crearse a sí
mismo. Más aún: es el lenguaje mismo
el que adapta el mito a su manera. De
ese lenguaje nace la naturaleza misma del
mito, su sustancia y no su accidente. Y
he ahí lo trascendental, lo soberanamente importante de esta convicción" (p.
108).

O bien, más adelante: "El hombre que
alguna vez se ha propuesto crear algo
poéticamente, sea poesía, novela o drama, descubre, en cuanto su inteligencia
se vuelve experta, que lo que ha de sal-

var o matar su producto dramático es
precisamente aquello de estar o no la
vida en el verbo" ( p. 109).
El lenguaje, pues, es convertido en
verdadera guía del creador. Es el lenguaje el que elige las fronteras y limites de
la obra literaria. "De tal manera es así,
que de pronto sucede que el lenguaje
devora al creador que tiene en sus manos" (p. 115). "En resumidas cuentas,
el lenguaje decide no sólo la forma, sino
también el fondo del escritor. Lenguaje
es lo que revela. Lenguaje es lo que acepta o rechaza un proyecto de asunto" (p.
116).
En fin el libro de Mallea, nos lleva, deliciosamente, entre experiencia y vivencia,
a un mundo del novelar, donde todo se
nos aparece completamente nuevo, no por
su novedad en sí misma, sino por su apertura a la generación en crisis.
SRA. MA. ALrclA

SÁNCHEZ

DE

GUERRA

AVELEYRA A. TERESA, Al Viento Submarino (libro del mar por dentro). Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Monterrey, México.
1966.
CoN ESTE LIBRO INICIA, la biblioteca del
Instituto Tecnológico de Monterrey, una
nueva colección, cuyo rubro es el de
Creadón Literaria. Y buen principio,
ciertamente, es este maravilloso libro de
poemas de Teresa Aveleyra A.
Poesía humana, íntima, que despierta
en nosotros una mirada siempre nueva,
La temática amorosa que impregna la
obra de Aveleyra nos muestra una conciliación entre lo humano y lo Divino.
Amor terreno, encadenado a la esperanza y amor Divino, férreo, involucrado
en el destino.
Se abre el texto de Teresa Aveleyra
con un poema que, a manera de introducción - portada, como ella le llama- ,
nos abre los ojos a la metáfora continua-

721
e H46

�da que le servirá de pauta en el desarrollo interno de sus poemas.

"Todo el amor estaba encendido en el
[mar:
el mar era el amor.
El secreto se dijo
por fin en alta voz.
Se dio una gran bonanza
y el amor fue más puro,
porque era s6lo uno
-¡uno solo y no dos!en la unidad del mar,
en la unidad de Dios" (p. 9).
Secreto a voces que nos muestra un
ser, sólo uno, en el enigma del Amor.
¿ Es Amor más puro, por ser de uno Y
no de dos?
Más claridad nos viene, cuando en la
parte preliminar otro poema nos dice:

"En el mar todo es camino,
en la ola y en la espuma
no hay destino,
y lo único que importa es la hermosura
del amor y del mar.
El camino es el final:
playa larga, pura, intacta,
donde campa
y se dilata el placer
de andar y de ser mujer" (p. 19).
Todo camino nos lleva al amor, pero
¿ qué acaso no falta conocerlo?

"Quisiera conocerte, mar, por dentro,
para tener de toda tu figura
la visi6n esencial, exacta Y pura
que se\ muestra en el centro de tu centro;
quisiera ver el fin de nuestro encuentro
bajo la sombra ya de tu espesura:
la fusi6n en belleza claroscura
•
que se cumple tan s6lo mar adentro.
Si en la inmersi6n primera y temblorosa
-apenas de los labios mojadurares tu anfibio color tan deslumbrante,

722

¡ apriétame tu cerco, agua espaciosa,
para que pueda, al fin, de tu hermosura
cantar la hora precisa y el instante!" (p.
[25).

"Existe -y no es de piedra- un alto
entre tu mar y el mío;
[dique
la sombra de su sombra gris divide
las aguas mutuas, el caudal recíproco. .."

Pero si se quiere Amor, no hay que tener temores. ¿ Cómo conocer Amor si se

Pero cuando los dos:
" .. .calando
una brecha en su muro,
en un punto de inmensidad juntamos
r,uestros labios de agua . .. En ese punto,
¡ qué confusi6n alegre de colores,
qué espejear de reflejos,
qué fluir acordado, qué salobre
y encendida dulzura, qué destellos! ..."
(p. 49).

le tiene miedo?

"Rombo de miedo y de sombra
en el ópalo del sueño
-¡ay de mi vuelo pequeño
contra aquel que no se nombra!has puesto sobre la alfombra
de luz en polvo tu asiento
y, al surgir tu movimiento
despacioso por alado,
mi susto agudo y mojado
se clava en el firmamento" (p. 39).
Amor temeroso, por no estar acompañado... ¿Faltará el otro, perdido en el
intento, para hacer vivir el amor?

"Encastillado, amigo,
el varonil enigma en tu mirada
sin claro ni postigo,
me desvela templada
y contenida, más que apasionada.
Más fuerza tiene el roce
liviano en que tu intento queda preso,
a fo largo de doce
horas en embeleso
de casi una caricia y casi un beso.
En ti se me descubre
- sin descubrirse- el vado temeroso,
y limpio, hacia un octubre
hecho para el reposo
de mi mano en la tuya-sin reposo:
y, por la vez primera,
la inc6gnita de amor esclarecida,
que lo que quiero quiera
haz, para que rendida
mi medida resuelva en tu medida. .."
(pp. 41-42).

y sin embargo, tan pronto se conoce
Amor, hay algo que surge y lo d etiene:

O bien, aquel otro poema que nos
dice:
"Sobre el pecho del mar puse las manos
y los iabios se fueron detrás de ellas,
y probé sensaciones como estrellas
de cinco brazos ávidos y arcanos. .."
(p. 82).
Pero, bien lo sabemos, Amor tiene otros
caminos. Aquel placer amable inconsciente, de pronto se ve deshecho por la
duda. Duda ingrata que destroza. El ser
que ama trata de penetrar hasta lo profundo de aquel otro. Pero hay algo, oculto tras la mirada, que dice:

"Algo le falta
a la perfecta música que suena
en esta tarde íntegra.
Algo le falta
a la hora completamente malva
y azul, a la acabada
redondez de la gota que repite
la boca de la fuente.
Algo le falta
a lo absoluto, a Dios mismo le falta
algo esta tarde,
Porque en Dios, música, hora, tarde y
[fuente,
tú,
estando junto a mí, no estás conmigo"
(p. 95).

Y entonces, tras la duda, viene la afirmación del ser que se levanta, aunque
quede la nostalgia. . .

"Mar, una isla entrañada
en tu desierto flúido
--¿oasis de tierra firme?la tuve por espejismo;
y, navegando de largo,
la dejé atrás, al descuido
de las aves ribereñas
y al aroma del tomillo.
No puedo entender por qué
del relente de su olvido
se me han quedado los ojos
para siempre humedecidos
y a solas me voy diciendo
que yo no quise su arrimo,
sino ir ahondando en el mar
en donde todo es camino..." (p. 119).
SRA. MA. ALICIA SÁNCHEZ DE GUERRA
FRANQOISE SAGAN: Le Cheval Evanoui.
LA ÚLTIMA PIBZA de teatro de Fran~oise
Sagan fue representada por vez primera a
principios de septiembre de 1966 en el
teatro parisino "Gymnase".
La alta sociedad aplaudió como se debe mientras que la autora manifestaba
una emoción contenida --según lo reportó
cuidadosamente la prensa-, obedeciendo de esta suerte a su nuevo slogan: "No
quiero que la gente sólo ría de mis chistes; quiero llegarles a sus sentimientos".
Si la prensa no desbordó en elogios, al
menos se mostró condescendiente. El periódico Le Monde descubrió en la pieza
un cierto encanto, aunque ligeramente vetusto; el Fígaro fue del parecer que Fran~oise tiene siempre algo que decirnos,
aunque lo haga según su manera tan personal.
¿ Qué- quiere decir el titulo? La pieza
no nos lo explica. Fran&lt;,0ise Sagan pensó
tal vez que un caballo desmayado era
algo poético.

�Miremos pues el contenido de la pieza,
pues ya sabemos que su marco no es nuevo. Volvemos a la atmósfera de Chateau en Suede con su sociedad aristocrática. El lord inglés Chesterfield (¿por qué
esta marca de cigarrillos?) vive lujosamente con su familia en el fastidio habitual de los, personajes de Fran!,oise Sagan. Su hija "arrastra en su estela" a un
francés, Hubert, "Hobby" como ella lo
llama, y con quien piensa casarse algún
día. En cuanto a él, no parece muy indiferente a la fortuna paterna. Hubert, sin
embargo, no viene solo. También trae su
juguetito, su amante Coralie con quien
espera poder casar al hijo del lord. Por
otra parte, los dos piensan desaparecer
después de este doble matrimonio llevando consigo la parte de fortuna que les habrá tocado. Sin embargo, Coralie no atrae
la atención ni las miradas del hijo estudioso, a pesar de pasearse con un tomo de
Heidegger bajo el brazo y disfrazada con
medias de lana y con gruesos anteojos.
En cambio se hace notar por el viejo
Chesterfield, quien siente en sí un retoño de juventud. Este último hace lo imposible por guardarla con él y llega hasta
a poner azúcar en la gasolina de sus
rolls royce para impedir su partida. Pero

todo vuelve al orden, con evidente falta
de originalidad, cuando Hühert y CoraIie, huyendo del dinero y de sus compromisos, regresan a París en donde vivirán
dichosos.
Se encuentra en el lord uno que otro
pensamiento que recuerdan a la Fran~oise Sagan de las primeras obras, como
éstos: "lo que nos da seguridad sin agradarnos nos ata"; o "un buen día una se
cansa de amar -no de amar a alguien,
sino de amar en general-". ¿No es ésta
la Sagan bien conocida, la que creó el
slogan: "¿ para mí la libertad?" ¿ Para
qué, pues, ese nuevo intento de querer
llegar hasta los sentimientos? Esta tendencia, muy nueva en Franc;oise Sagan,
me parece propia de muchos autores contemporáneos. En efecto, muchos autores
moderno~ escapan más o menos rápidamente de] universo absurdo en el que primitivamente se habían encerrado. Algunos, como Maurois, se refugian en una
estética fría, egoísta; otros1 como Camus, tratan de trascender lo absurdo en
favor de un ideal altruista de amistad ;
otros en fin, como Franc;oise Sagan, no
hacen sino ofrecer historias tiernas que
sólo alcanzan valores de sensiblería.
DIETRICB HAUCK

CANJE

ALEMANIA:
Institut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, 1965, 1966.
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Bibliografía Argentina de Artes y L etras, Fondo Nadonal de las Artes, Buenos Aires,
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Estudi~s, revista argentina de cultura, información y doclU)'.lentación, Buenos Aires
(Setiembre 1965), (O ctubre 1965 ), (Noviembre 1965), (Diciembre 1965), (Enero-Febrero 1966), (Marzo-Abril 1966), (Mayo 1966) (Junio 1966) Setiembre 1966).
'
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Nordeste, re~ista de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste, Argentma, No. 6 (Diciembre 1964).
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Sapientia,, Organo de la Facultad de Filosofía, Un¡versidad Católica Argentina, Santa Maria de los Buenos Aires, Año
No. 77 (1965), Año X.XI, No. 79 (1966)
Año XXI, No. 81 (1966).
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x:x:

U11iversidad, publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 64
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724
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The ]ournal of Aesthetics and Art Criticism, published quarterly the American Society
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The Personalist, an international review of philosophy, religion and literature, the School
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728

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�JAPON:

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Bigaku, is publishcd quarterly, in collaboration with Bijutsu Shuppan-Sha, by the
Japanese Society of Aesthetics, Faculty of Letters, Tokyo University, Tokyo, Vol.
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MEXICO:
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(Abril-Junio 1966), No, 3, 1966, No. 4 (Octubre-Diciembre 1966).
AruAs, OLGA, Los Preludios, Durango, 1965.
AVELEYRA A., TERESA, Al Viento Submarino, libro del mar por dentro, Instituto
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Historia Mexicana, El Colegio de México. Vol. XV, Nos. 2-3 (Octubre 1965-Marzo
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Humanismo, revista de la Escuela de Humanidade5, Universidad Autónoma de Guerrero, No. 2, época 1 (Abril 1966).
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No. 4, 1965.

Catálogo de obras ingresadas. Universidad Central de Venezuela, ediciones de la
biblioteca, Caracas, 1963, (Mayo-Agosto 1964).
Cultura Universitaria, revista trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas (Julio-Septiembre 1965), (OctubreDiciembre 1965), Enero-Marzo 1966) .
Boletín de la Biblioteca General. Dirección de Cultura. Universidad de Zulia. Maracaibo, Año 111, No. 5 (Julio-Diciembre 1963).
BRICEÑO PEROZO, MARio, Magisterio y Ejemplo de un Vasco del Siglo XVIII, Caracas, 1965.
Humanidades, revista de la Facultad de Humanidades de la Universidad de los
Andes, Mérida, No. 2 (Abril-Junio 1959), Nos. 3-4 (Julio-Diciembre 1959), Año
11, Tomo 2, No. 5 (Enero-Marzo 1960), Año II, Tomo 2, No. 6 (Abril-Junio
1960), Año 11, Tomo 2, Nos. 7-8 (Julio-Diciembre 1960), No. 10, Tomo IV,
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Mesoamerican Notes 6. Department of Anthropology. of the Americas, A. C., México, 1965.
La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz,
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PERU:
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Evaristo San Cristoval, Vol. 1, 1821-1867, Lima, 1943.

y

PUERTO RICO:
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Puerto Rico, San Juan, Año XXI, Vol. XXI, No. 3 (Julio-Septiembre 1965),
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�T ermin6se de imprimir el día
28 de marzo de 1967, en los talleres de la Editorial Jus, S. A.,
Plaza de Abasolo No. 14, Col.
Guerrero. México 3, D. F. El tiro
fue de 1,000 ejemplares.

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Humanitas, Sección Comentarios y Reseñas Bibliográficas, 1967, No 8, Enero</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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