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UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
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ALFUNSO REYES"

Apdo. l 625 MONítRREY, MEXICO

8

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN
19 6 7

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lle. EouARDO

GUERRA CASTELLANOS

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Je/ e de la Sección de Ciencias Sociales:
Lle.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
DR. FRANCISCO B0010 pALOMINO

8

1967

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Hu.manÍ5ttcos. - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo Le6n, Ciudad Univenita•
ria. - Monterrey, N. L. - ~Exico.

..

INDICE
SECOIÓN PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Marzo de 1967.-1,000 ejemplares

INVESTIGADORES LOCALES

Dr. AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: La Filosofia de la CoordiDr.

naci6n de José V asconcelos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
FRANCISCO Buruo PALOMINO: Postura Fenomenol6gica de M aurice
Merleau-Ponty ...... , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

13

35

(B) CoLABoRADoREs FoRÁNEos

Dr.
Dr.

JosÉ SALVADOR GuANDIQUE:

Dr.

ANTONIO

ISMAEL

Drnoo Pilu:z: Originalidad del Pensamiento V asconceliano
V asconcelos y Gavidia . . . . . . . . . . . .
GóMEz

Lic. AuousTo CÉSAR

ROBLEDO:

Platón y su Epoca . . . . . . . . . . . . . . . . .

47
69
81
103

G:. Abstracción y Goce Estético . . . . . .
Dr. ALBERTO CATURELLI: Pluralismo Cultural y Sabidurla Cristiana,
-Ensayo de Filosofía de la Cultura- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113

Dr.
Di·.
Dr.

CÁRDENAS

FÉLIX HERNÁNDEZ ÜRNELAS: Notas para una Filosofía de lo
Social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

147

L. BROWN: El Demonio de lo Absurdo: lrracionalismo en las
Artes Contemporáneas .... , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

161

PEDRO

JoHN

ADOLFO

MuÑoz ALoNso: Los Preliminares Teilhardianos de La Vida 173

Derechos Re.servados ©
I&gt;Or el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.
La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exchuivamente a sus respectivos autores.

7

�SECCIÓN SEGUNDA

(-B) COLABORADORES FORÁNEOS

LETRAS

La Historia Olmeca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El Héroe Tepozteco. -Sicoanálisis de un mito
universal- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. MorsÉs GoNzÁLEz NAVARRO: El desarrollo económico y social de
México . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Cmo R. DE LA GARZA: Madero y Huerta. -La trágica decena de
Febrero de 1913- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Jos:É loNACIO GALLEGOS: Síntesis Histórica de la Ciudad de Durango .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. RAv F. BaoussARD: Comonfort y la Revolución de Ayutla . . . . . .
Dra. BARBARA JUNE MAcKLIN: El Niño Fidencio: Un Estudio del Curanderismo en Nuevo León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
loNACIO BERNAL:

Dr.

\
(A) INVESTIGADORES LOCALES

Lic. EnuARDo GuERRA

Un Documento para la Bibliografía de Alfonso Reyes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. MA. GUADALUPE MARTÍNEz B.: En Torno tu Teatro de Don Manuel
Eduardo de Go-rostiza . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GJANCARLO VON NACHER MALVAIOU: La Poesía Popular Italiana
Lic. EusABETH KLEEN DE HINOJOSA: Literatura Comparada (Breve
Exposición de su Historia, Definición, Método y Otros Aspectos). . .
CASTELLANOS:

199
203
219
241

439

GUTIERRE TlBÓN:

449
461
479
497
511

529 ,__-

(B) COLABORADORES FORÁNEOS
SECCIÓN CuA&amp;TA

Dr. JAMEs Wn.us RoBB: Borges y Reyes: Una Relación Epistolar . . . .
Dr. ALFREDO A. RoooIANO: Escritores Españoles en los Comienzos Poé,ticos de la Nueva España . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. RAÚL ARREoLA CoRTÉs: La Obra de Alfredo Maillefert y José Rubén Romero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GREooRio B. PALACIN: Sobre la Ruta de Don Quijote . . . . . . . . .
Dr. ELVIN L. GENTRY: Heine y Bécquer: El Problema de la Originalidad
Lic. JUAN ANromo AvALA: Unamuno y el Lenguaje . . . . . . . . . . . . . . .

SECCIÓN

257

\

(A)

299
315

ALBERTO GARCÍA GÓMEz: La Persona y los Derechos Humanos en el
Derecho Internacional . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 567
Lle. JoRGE MoNTEMAYOR SALAZAR: El Poder en el Estado . . . . . . . . . . . 575

TERCERA

(B)

8

IsRAEL CAVAZOS GARZA:

COLABORADORES FORÁNEOS

Dra. ANGELES MENDIETA AuToRRE: Influencia de la Política en el Arte.
-Estudio sobre Sociología del Arte- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 599
Dr. RICHARD A. JoHNSON: La Administración de la Política Exterior
Norteamericana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 619

INVESTIGADORES LOCALES

El Municipio de los Ramones, Nuevo León
ToMÁs MENDIRICHAOA CUEVA: La primera Universidad de Nuevo León:
1933-1934 ........................ : . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JosÉ P. SALDAÑA: Visitas del Presidente de la República Don Benito
Juárez a Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. Cmo R. CANTÓ: Origen de la Ciudad de M ontemorelos -Síntesis
de una investigación histórica- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof.

INVESTIGADORES LOCALES

Lic.

327
343

HISTORIA
(A)

CIENCIAS SOCIALES

271

359
373

393
413

Prof. ANTONIO PoMPA Y POMPA: El Humanismo de las Casas ....... .

--

Dr.

.,,

625

S. SMITH: Aspectos del Libre Comercio '.Y Proteccionismo
en la Economía Española. 1800-1850 ........................ . 635
Dr. Ivo HoLLHUBER: En 'Torno a las Ideologías Jurídico-Político-Filosóficas de la ONU y de la UNESCO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 651
RoBERT

9

�SECCIÓN

QUINTA

COMENTARIOS Y RESERAS BIBL1OGRAFICAS
Cinco Lecciones de Xavier Zubiri, por Agustín Basave Fernández del Valle,
677.-México y el Arbitraje Internacional -Un Estudio de Antonio
Gómez Robledo-, por Agustín Basave Fernández del Valle, 689.-JAIME
ToRREs BonET: León Tolstoi -su vida y su obra-, por Ari5tín Basave
Fernández del Valle, 697.-Poesf.a de Jaime Torres Bodet, por Agustín Basave Fernándezdel Valle, 701.-E. V. NIEMEYER, Ja.: El General Bernardo
Reyes, por Isidro Vizcaya Canales, 703.-JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA:
Un Minuto de Silencio, por Benjamín Morquecho Guerrero, 704.-DR.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEz DEL VALLE: El Romanticismo .Alemán, por
Manuel Mendoza Sánchez, 706.-FEDERICo SÁNC.HEZ ESCRIBANO y ALBERTO PORQUERAS MAYO: Preceptiva dramática espaiíola del Renacimiento y el Barroco, por Juan Antonio Ayala, 708.-VÍcTOR JosÉ HERRERO: Introducción al estudio de la filología latina, por Juan Antonio
Ayala, 712.-JMms WILLIS ROBB: El estilo de Alfonso Reyes, por Juan
Antonio Ayala, 715.-EnUARDo MALI.EA: Poderío de la Novela, por Ma.
Alicia Sánchez de Guerra, 720.-TERESA AVELEYRA A.: Al Viento Submarino - Libro del Mar por Dentro-, por Ma. Alicia Sánchez de
Guerra, 721.-FRANgms:e SAOAN: Le Cheval Evanoui, por Dietrich
Hauck, 723.

Sección Primera

FILOSOFIA

f

10

�LA FILOSOFIA DE LA COORDINACION DE
JOSÉ VASCONCELOS
Da. AousriN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo Le6n

I
TRAYECTORIA BIOGRÁFICA DEL HOMBRE

DE UNA FAMILIA DE LA CLASE MEDIA, honesta y cat6lica, naci6 José Vasconcelos
Calderón el día 27 de febrero de 1882 en la ciudad de Oaxaca, México. Murió, como un verdadero varón cristiano, el día 30 de jul)io de 1959. Muy pronto
empezó su vida peregrinante. Un traslado a una población fronteriza le hizo
vivir hondamente el violento entrecruzamiento de dos culturas. Los sucesivos
cambios que experimentó su padre, un empleado aduanal, le fueron dando esa
gran afici6n a los viajes que le ha llevado a decir: "viajar debiera ser un derecho inscrito en la Carta Fundamental de todas las naciones ... un baño de
mundo, tan necesario al alma, como al cuerpo es necesaria el agua de mar,
no debiera privarse a nadie de tenerlo. No poder viajar equivale a tener el
cuerpo en la cárcel. Dentro del corazón llevamos como un pájaro que periódicamente necesita volar ... " El deseo de aventura, el afán de conocer las reacciones del espíritu ante nuevos paisajes, nuevas costumbres, nuevas religiones,
y la nostalgia de lo que se deja para no volver a ver quizá jamás, le llevaron a
nuestro "Ulises Criollo" a Constantinopla y al Cairo, a España y a Italia,
a Palestina y a la India, a la América del Sur y a los Estados Unidos del Norte.
Resultado de su largo peregrinar por los campos y ciudades de Dios, fue \Illa
especie de sentimiento ascético de desprendimiento, una sensibilidad de exquisito refinamiento y una ciudadanía de todas las culturas.
Sus estudios primarios los hizo en Oaxaca; sus cursos de Preparatoria y su
carrera profesional los realiz6 en la ciudad de México. El título de abogado
13

�lo obtuvo con una tesis -bastante original por cierto- que intituló "Teoría
Dinámica del Derecho" y que fue publicada, dos años más tarde, en la Revista
Positiva. Fuera de lo que pudo aprender de Filosofía en sus años universitarios
-época de positivismo spencerian(}-, su saber filosófico lo debe a lo que aprendió y leyó por cuenta propia.
Ejerció la abogacía por breve tiempo. Pero sus estudios de Derecho influyeron, decisivamente, en su afición por las ciencias y las reformas sociales. En sus
viajes de "abogado de la legua" palpa las necesidades, y la miseria de nuestro
pueblo. El revolucionario se va incubando. Estalla la revolución y José Vasconcelos milita -con las armas en la man(}- en las filas de Madero. Cuando el
General Huerta se apodera del mando por el crimen, "Ulises Criollo" sale al
destierro y rueda por Europa en donde el desterrado se engolosina sin refrenar
su .grito delante de cada piedra, de cada ángulo de historia en que el genio
occidental se ha perpetuado. Bajo el régimen de Don Venustiano Carranza
asume la Dirección de la Escuela Preparatoria, puesto que tuvo que abandonar
por sus opiniones vertidas -sin cortapisas- en contra de los hombres y de los
métodos de Carranza. En la Convención de Aguascalientes -junta política
que desconoció a Don Venustiano Carranza y llevó a la Presidencia a Don Eulalia Gutiérrez- el abogado Vasconcelos presentó un estudio sobre la legalidad
y la soberanía de dicha Convención. En aquella época de fermento social
Vasconcelos ocupa por primera vez la Secretaria de Educación Pública. Vuelve
Carranza al poder y vuelve Vasconcelos al destierro, sólo que ahora por la
América del Sur. El Presidente Obregón le nombra Rector de la Universidad
Nacional, con el fin de que creara la Secretaría de Educación Pública. Es entonces cuando desarrolla la más grandiosa labor que se ha llevado a cabo en
el ramo de la Educación en México. Percatado de que la religión es uno de
los factor-es sociológicos más fuertes -s.i no el que más-- en la constitución
de una nacionalidad, desaloja de las escuelas el infiltramiento yanqui en fonna
de protestantismo. El Ministerio lo divide en tres departamentos principales:
el de las Escuelas, para impartir tanto enseñanza científica y técnica como
teoría; el de Bibliotecas, para difundir la lectura en todo el país; el de Bellas
Artes, para fomentar la cultura artística (canto, dibujo, gimnasia y estudio de
artes especiales en las Escuelas). Y con el ejemplo y la devoción que le habían
suscitado los misioneros españoles1 crea el departamento de Enseñanza Incügena
a cargo de un escuadrón de maestros que se debían inspirar en la obra de los
misioneros. Gracias a su famosa cruzada contra el analfabetismo, millares de
campesinos y de obreros empiezan a leer y a escribir. Edita las obras cumbres
del pensamiento humano, en la célebre colección de los libros verdes de la Universidad, y las pone al alcance de todos. Cuanto elemento de belleza ha creado
el alma popular de México: cantos, danzas; pinturas, cerámicas, artes decora14

tivas, es .recogido amorosamente por Vasconéelos. Crea la orquesta sinfónica
y hace surgir escuelas de pintura al aire libre. La gran pintura mural mexicana de nuestros días -Diego Rivera y José Clemente Orozco, sobre tod(}- ·
nació en la época en que José Vasconcelos, desde el Ministerio de Educación
Nacional, puso todo su empeño en prohijar las grandes realizaciones de nuestra plástica.
En su libro De Robinson a Odiseo Vasconcelos nos da cuenta de las ideas
que animaron el primer Ministerio de Educación Pública Federal que haya
funcionado en México. Aunque levantó edificios en abundancia, nuestro ''Ulises Criollo" estaba convencido de que no bastaba construir escuelas, sino que
había que insuflarles el espíritu de una ideología generosa. Puesto que los
mexicanos somos culturalmente latinos, no podemos ni debemos -piensa Vasconcelos- someternos a un adiestramiento fundado en los métodos inductivos
de la manera de pensar anglosajona. Contra la insistencia de Dewey en "aprender haciendo" -que produce el tipo Robinson- Vasconcelos opone la formación del "nuevo Odiseo": el hombre que no será educado para una tecnocracia, sino para recibir las disciplinas de la totalidad y para gozar de la
cultura.
Dos grandes decepciones políticas han cruzado la vida de Vasconcelos: su
derrota como candidato a Gobernador del Estado de Oaxaca y su derrota como candidato a la presidencia de la República. En ambos casos los consabidos
fraudes e imposiciones en su contra. En la vida política de nuestra Nación
nunca ha habido una campaña, como la vasconcelista de 1929, con mayor
entusiasmo rayano en frenesí. Ante los abominables atentados contra la vida
del Maestro y la de sus partidarios, Romain Rolland convoca a los más esclarecidos intelectuales de Europa y América para exigir que se respete la vida
de Vasconcelos, de tan alto valor para la humanidad entera. Tengo la impresión -pese a todas las explicaciones que Vasconcelos me ha dado por carta
y oralmeitte- de que de esta amargura no se pudo curar nunca. Desde entonces
hasta su muerte, se sintió siempre desligado de la política mexicana.
Su último destierro voluntario es en la época del general Calles: Europa,

Asia y residencia en Norteamérica. Del exilio supo siempre hacer un campo
fecundo en que forjó su pensamiento y elaboró sus libros. Vuelve con nosotros
- retomo definitivo hasta el día de su muerte- cuando asumió la presidencia el Gral Avila Camacho. Desempeñó el puesto de Director de la Biblioteca Nacional y posteriormente dirigió la Biblioteca México.
José Vasconcelos es un converso. De la Iglesia le habían apartado -según
su propio decir- cuestiones en cierto modo accesorias. Debe a Menéndez Pelayo -con las páginas de Los Heterodoxos-- el servicio de haberle ayudado
a lograr su propia definición. Hubo un día en que hizo pública profesión de

15

�fe cat6lica y repudió todo cuanto en sus obras o en sus palabras se oponga
a la doctrina de la Iglesia. ¡ Acabado ejemplo de honradez intelectual y moral!
Vasconcelos se nos ofrece como una figura proteica. Hay el Vasconcelos
pintoresco que conoce hasta el último de los mexicanos: es el hombre de los
desahogos políticos, de las frases certeras que son verdaderos fusilamientos
civiles. Hay el Vasconcelos de la autobiografía transparente, el de la sinceridad sin reticencias que llega hasta el impudor. Un crítico nuestro decía
-con esa su peculiar manera elusiva- que sólo encontraba en México una
novela, una verdadera novela, el libro de memorias, Ulises Criollo -que dicho
sea de paso: es el libro más vendido en la República Mexicana- de José
Vasconcelos. La autobiografía vasconceliana está contenida en cuatro gruesos
tomos: Ulises Criollo, La Tormenta, El Desastre y El Proconmlado. Por la obsesión amorosa de nuestro Ulises criollo desfilan sus amantes: Adriana (personificación del goce estético), Charito ( encarnación del goce material), Valeria
(la musa del goce intelectual) ... Sin pretender justificar este afán de sacar
a la luz pública, sucesos que debieron quedar cubiertos por el piadoso velo de
la intimidad, bien se puede explicar y atenuar esta actitud diciendo que late
en ella -como ocurría en los viejos cristianos- una franca contrición pública. Lo malo del caso es que, al confesar pecados propios, se confiesan los
ajenos, los de los seres cuya intimidad sólo debe ser conocida por Dios.
Ante todo, Vasconcelos es una figura cesárea que gira en grande. Pueden
ser muy grandes sus defectos pero también son muy grandes sus virtudes. Condenar a José Vasconcelos -el hombre, el esteta, el místico, el educador- por
esos pecados, es propio del resentido o del estulto. Juzgar a un hombre que ha
publicado una veintena de libros, por hechos aislados de su vida, por frases
contradictorias o exageradas o por cualquier otra minucia, constituye una ligereza imperdonable. El que esto escribe, le conoce de cierto a José Vasconcelos
una serie de quijotadas y de bellas acciones que por ahora juzga oportuno
callar.
Se dice que Vasconcelos es el ''maestro imposible", el maestro que no ha
podido ser nuestro maestro porque no le gusta ser maestro. ¡ Entendámonos!
Vasconcelos no es un profesor de tipo académico porque le aburría a muerte
la docencia profesional. Ha preferido siempre ser filósofo en el sentido platónico y por eso su magisterio se ejerció, sobre todo, a través de su obra luminosa que aclara en ocasiones --con sin igual luz- muchos puntos oscuros.
Maestro también por la magnífica y valiente defensa de su raza; por su manera personal -fuertemente personal- de encararse con los problemas filosóficos; por las inestimables sugerencias que brinda y por las violentas reacciones
que suscita. Exagera a sabiendas para barrer una idea que estima falsa. Es
sencillo como un niño -nunca he visto un intelectual con menos pose-, pero

16

su pasión, en la charla privada, le hace disparar tajantes absurdos. Así y
todo, los que le conocemos, terminamos no sólo por acostumbramos, sino por
quer,erle Y_ hasta por buscar, en su difícil diálogo, los chispazos geniales que el
volean avienta. Un fondo hermético e incomunicable le hacía respirar me ·0
en u_n~ atmósfera de aislamiento y soledad. Con él fracasaban todas nuest!a:
prcv1S1on~s porque en _cualquier momento podía surgirle un romántico impulso
de ,":beld1a y desconcierto. Aunque fue, como alguien ha dicho, "luminoso y
er:ahc,~ como un cohe_te", ante la juventud tuvo siempre el prestigio de un
rmto. Maestro de las JtJVentudes de América" le han llamado los estudiantes
de América del Sur que han visto en el hombre que leía a Platón y seguía
a Madero la clave para entroncar el mundo ideal de la cultura con el mund
0
real de la vida patria.

II
ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS OBRAS PRIN'ClPALES

_1; Los preludios de su sistema. En 1916, Vasconcelos publica su ensayo:
Pita~~~a.r, ~na te_oría del ritmo. Sobre los escasos fragmentos y la legendaria
tra~:cion p1tag6nca, Vasconcelos desarrolla una novedosa y brillante interpre~c1on ?e la teoría de los números que, más que una exégesis de la doctrina
~1tagór1ca, es ~ª, un intento de construcción vasconceliana. Interpretando estéticamente a P1tagoras, Vasconcelos dice que la teoría de los números no es
sino una teoría del ritmo. y como el ritmo implica un
.una teoría matemática
. .
proceso o movuruento alternativo en oposición a un movimiento uniforme
n'.11°ero pitagórico viene a ser de esta suerte, el símbolo del movimien~
n~1co exterior e in~luso ~el movimiento interior. Admite Vasconcelos que
FJlolao Y tal vez el nusmo P1tágoras hayan tenido una caída O desviación haci
el ma_t e.~ªf1c1smo,
·
con mengua de la concepción estética del universo apuntada m1c1almente.

e!

ª

. En 19~8 ~~arece, con el_ libro El Monismo Estético, el primer esbozo del
sistema filosofico vasconceliano. El título de este pequeño volumen d
_
· if'
een~
yos. se Just 1ca, según su autor, si tomamos en cuenta que el sentimiento especial q_ue. t~vo ~~nt por la belleza -recordemos la CrUica del Juicioes el pnnc1p10 unificador del arte, de la ciencia y de la moral. Vasconcelos
pr?~ecta, desde cnt~nc~s, un tratado de Estética Fundamental. Puesto que Ja
mus'.ca ex~resa }º. universal concreto", la filosofía debe adoptar un método
mus'.cal. S1 la logica conceptual es demasiado abstracta para captar las concreciones de la existencia, es preferible abordar la realidad con una conciencia

17

�estética supcr-intekctual que vaya más allá de la razón pura y práctica. El
mundo ofrece dos tipos de ritmo: el físico -monismo dinámico energético-

y el espiritual -energía de nuestras almas.
La Revulsión de la Encrgla publicada en 1924, contiene, en germen, su
futura filosofía de la naturaleza. Para explicar los ciclo jerárquicos de la
existencia; materia inorgánica-organismo-espíritu, el filósofo mexicano recurre
a su teoría de la revulsión de la energía. La materia es energía mecánica.
Pero una concepción puramente mecánica ya no pued explicar la \'ida, que
es energía teleol6gica. Por último, el esp1ritu es una energía creadora, desintelectualizada, emancipada de toda preocupación mundana y con modo de
vida estético. Estas ideas erán objeto de un desarrollo ulterior en las obras
que integran e\ sistema vasconceliano: Metafísica, Etica, Estética, L6gica Orgánica y Todología. Pero antes de construir su istema, nuestro inquieto "Ulises
Criollo" va a constituirse en defensor de su ra7.a y en profeta de Iberoamérica.

2. El Filósofo Defensor de Hispano-América. Para Vasconcelos la cultura
hispánica es la más e.xcelsa de la rama latina. Ingresamo a las filas de la civilización bajo el estandarte de Castilla, que a su modo heredaba al romano y
lo superaba por su cristiandad. 'os hemo educado bajo la influencia humillante de nuestros enemigos que anulan nuestros fines exaltando los suyos. Hay
que empezar por independizarnos intelc tualmcntc haciendo vida propia y
cultura propia. Tenemos ante el mundo una personalidad peculiar, porque
peculiar es nuestra unidad étnica y cultural. o nos reconocemos ni en el
indígena ni en el europeo, como el europeo tampoco se reconoce en nosotros.
Estrenamos alma y territorio. Pero nos falta afirmamos en nue. tro ser para
cumplir nuestra misión.
En La Raza C6smica ( 1925) y en Indología l 1927) el filósofo de Iberoamérica predice el desarrollo y la implantación, en América, de la nueva y
última cultura que va a tener el mundo. La civilización se inició en el tr6pico
y terminará en el trópico. Habitará en nuestro continente una raza síntesis
que será una superaci6n de las estirpes, hecha con el tesoro de todas las anteriores, con el genio y con la sangre de. todos los pueblos. Porque Iberoamérica
nunca ha sentido repugnancia al mestizaje biológico y cultural, es la tierra
más liberal en el sentido primario de la palabra. Corresponde a una raza
emotiva como la nuestra, sentar los principios de una interpretación del mundo
de acuerdo con nuestras emociones. i imperativo categórico, ni razón, sino
juicio estético que es lógi~a particular de las emociones y la belleza. El sentimiento creador, regido por el "pathos e tético", llegará a una eugenesia en
la que los tipos inferiores extinguir.in en ello· mismo , voluntariamente, todo
deseo de reproducción. (Esta aseveración que no pasa de ser fantasía pagana,
18

porque como juicio e ingenuo e incon . t
celos muchos atios antes d
. is ente, fue formulada por Vascon- ,
"
e su convers16n a] catoli .
) y
estado espiritual O estético" sob
d
osmo ·
se llegará a este
"'
repasan o el "estado
'al
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20

dad el conjunto de sensaciones debido a su forma "a priori" o categorial originando el juicio sintético a priori. Pero en este peldaño se d pide Vasconcelos
de Kant y se lan1.a a un conocer emocional que le hace consubstanciarse con
la esencia de los entes. Nada más opuesto al escepticismo kantiano del "nóumeno".
El filósofo norteamericano Patrick Romanell observa que "la sugestión más
cercana a la doctrina vasconceliana sobre el significado lógico de la emoción
estética es la indicación de Scheling en el ' ystem des transzendentalen idealismus'i de que el arte es el órgano de la filosofía. Tan rica idea, que en el
idealista alemán no pasa de ser una sugestión, se convierte en manos de Vasconcelos en la clave maestra de todo un sistema filosófico" (p. 146, La Formación de la Mentalidad Mexicana, El Colegio de México, 1954).
De Bergson hereda Vasconcelos ese anti-intelectualismo tan peculiar. La
razón, disolvente por analítica, no sabe de unidad plena. La emoción, en
cambio, si sabe de síntesis. El sentimiento intuitivo-emocional es el secreto del
Universo, porque el Universo no es la obra de un lógico, sino de un artista
que se goza en el acto de creación. Pero mientras Bcrgson se quedó en el señalamiento de las limitaciones de la ciencia, Vasconcelos desarrolló un método
estético para conocer la naturaleza de las cosas. Decir que Vasconcelos llegó
a lo que el filósofo francés hubiera llegado de haber llevado a sus extremos
lógicos ese "mistici mo completo" de "las dos fuentes de la moral y de la
religión'' -como lo afirma Romanell- nos parece una a,everación audaz e
innecesaria.
4. Metafi.ríca. Para explicar el conjunto de las cosas y los sucesos, José Vasconcelos busca una realidad fija que le pueda servir de punto de partida. e
trata de encontrar la raíz misma del ser, la fuente de donde brotan sus representaciones y nuestra misma exi tencia. "Exi t n las sencias indeterminadas,
existe la r alidad inmaterial de donde toma cuerpo la forma y existen las ideas,
las nonnas; existencia es un primer y postrero comLJn denominador" (p. 41,
Metafísica, Editorial "Mé..xico Joven", México 1929, impreso en los talleres
de la Editorial Cultura ) . Y así como Lccomte du oüy habló recientemente
-en su libro el Destino Humano-, de una escala de observación, Vasconcelos,
desde 1929, afirmaba que "según el instrumento de observaci6n, cambian los
caracteres; pero queda siempre indestructible el dato esencial: la existencia''
(p. 41, Opus cit.). Como San Agu tío, también nuestro filósofo se sumerge
una y mil vec en las profundidades de su cr, inve tiga las apariencias, contempla lo que es y rncuentra una y mil veces la misma certidumbr , la misma
noción, independiente de accidentes y circunstancias: la e.xistencia. "Soy, es
decir, existo, eso dice la conciencia, e o mismo repite la experiencia, eso mismo
confirman nuestro semejantes, eso comprueba la razón" (p. 45). En la base

21

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de todo lo demás, "hay un dato primario de mera emoción de presencia" (p.
42), que se manifiesta a nuestra sensibilidad interior.
V asconcelos trata de echar mano de un método tal, que enlace en síntesis
orgánica los diversos géneros del conocer. El método concurrente integra la
unidad en la pluralidad, respetando cada cosa en su plenaria realidad. Y
corresponde a la emoción, realizar este método.
Si el ser se manifiesta por caminos de emoción existencial, ya se podrá prever cuál va a ser la teoría del conocimiento vasconceliana. Conocer -nos
dice-- "es reducir a términos de conciencia los elementos más extraños, haciéndolos participar de nuestra vida según sus afinidades con los distintos poderes de nuestra personalidad y ligado todo en una convicción de superexistencia y trascendencia en que se combina lo disímil, para el logro cabal de
la armonía" (p. 136). El conocimiento sensible convierte en intuición empírica,
mediante las formas espacio-temporales, la impresión indeterminada que viene
del exterior y hiere nú sensibilidad. El conocimiento intelectual reduce a unidad el conjunto de sensaciones, merced a la forma "a priori" del entendimiento. Pero sólo por el conocinúento emocional llegamos a consubstanciamos
con la esencia misma de los seres. "Así como la existencia es el fondo común
de toda filosofía, de igual manera la emoción es el fondo común de toda vida
y aun el fondo de toda cosa; pues pensar la cosa es incorporarla en el seno
de la emoción. Concebimos la vida como emoción antes de concebirla como
pensamiento, y la seguimos concibiendo como emoción más allá del pensamiento" (p. 164) . Tal es, a grandes rasgos, la teoría del conocimiento -alógica y emocional- de José Vasconcelos.
En la cosmología emanantista y dinámica de Vasconcelos -que niega implícitamente 1a extensión-, el Universo se presenta como un cuerpo único
con irradiaciones emotivas. Todo es ser y todo para ser participa de una misma
sustancia, aunque en diverso grado y calidad, según su cercanía del Ser Absoluto. Su experiencia de hombre moderno le indica que la sustancia una se
encuentra en estado de dislocación o de catástrofe. ¿Motivos? Debe haberlos
y profundos, pero se nos escapan. Es el caso que el mundo marcha -según la
Física de Camot, la termodinámica y la doctrina de los electrones- por una
vertiente a su desintegración y por la otra (proceso de reversión) asciende a
reintegrarse al Ser Absoluto. La integración de la energía triunfa en una primera escala que es el átomo. En determinados instantes el flúido dinámico
se condensa y se estructura -fase atómica- en un ritmo particular, monótono y mecánico. Prosigue la energía su marcha de integración y arriba a
una segunda "revulsión" : la fase biológica. En esta etapa hay ya propósito,
finalidad, y el esfuerzo por la individuación es ya más avanzado. La tercer
estructura típica es el alma que vive de imágenes. Cuando el mundo se ha

22

hecho imagen -fusión de intelecto (marco) y emoción (esencia)- entra al
ritmo del espíritu y se eterniza y se salva, pese a la disipación y a. la entropía.
La función del hombre creador de imágenes, es, en este sentido, mesiánica.
Hasta aquí la energética revulsional (las revulsiones son cambios violentos de
calidad energética) de José Vasconcelos, cuya ley parece ser: "avanzar o
perecer".
5. Etica. Si la esencia de lo ético es el acto teleoklino que se rige por ciertas
normas, Etica será, para nuestro filósofo, "toda disciplina de vida", toda
potencia que se traduzca en acto.
También en la Etica (escrita en 1932) es fácil reconocer el plotinismo de
Vasconcelos. El Absoluto, último y supremo fin de todo lo existente, atrae al
hombre -libremente- para que redima y salve a la naturaleza ciega sumida
en la inconciencia. La naturaleza, sedienta de unidad redentora es un dócil
'
instrumento del hombre para la trasmutación a planos espirituales.
La norma de moralidad es el juicio ético emotivo que distingue lo bueno
de lo malo y crea el reino de los valores. La doctrina de los valores de Vasconcelos es por completo diversa a la de Scheller o a la de Hartmann. En
sí las cosas no son buenas ni malas. La emoción es la que estima las cosas
según la concreta conveniencia que guarden con el fin supremo del hombre.
El valor depende pues de que las cosas se incorporen al espíritu con su ritmo,
su armonía y su contrapunto. En la más alta de sus formas: la santidad, la
moral es pasión y dolor de inmolación. Sin Dios y sin libre albe(irío no sólo
es imposible toda Etica sino toda existencia. Si se aparta el alma del Bien
Absoluto cae en la animalidad que a la postre se resuelve en la nada. Tal
es en esquema la Etica vasconceliana, la cual, por lo demás, abunda en certeras y hondas observaciones críticas a los sistemas morales de mayor relieve.
6. Estética. La obra maestra de José Vasconcelos es, para nosotros, la Estética (publicada en 1936). En su tercera edición ( 1945) consta de tres títulos,
veintiún capítulos y 653 páginas. Los títulos son los siguientes: 1) Gnoseología
estética; 2) El apriori estético; 3) Clasificación general de las Bellas Artes.
Apuntemos las ideas-madres de la Estética vasconceliana: Estética no es para
Vasconcelos el tratado de lo bello. Se trata de algo muy diverso. Se trata de
redimir el mundo físico trocándole su ritmo de material en psíquico. Los cuadros de la naturaleza, destinados a desaparecer, son salvados por el hombre,
que los conmuta en ritmo, armonía y contrapunto. El amor -alma de la
Estética- es la fuerza que emprende la reintegración de lo disperso a Jo
Absoluto. La ley del espíritu (su función estética) es realizar una coordinación viviente de los heterogéneos sin sacrificar la cualidad. Si el hombre está
creado a imagen y semejanza de Dios, y está dotado de ese maravilloso poder
23

�de creación que despliega en el mundo del arte, es probable que Dios haya
creado el Universo de una manera a.rústica con júbilo inefable.
Las imágenes vivas de las cosas las maneja el espíritu humano en el crisol
de su triple "apriori" estético: ritmo, armonía y contrapunto. Aquí reside
la belleza. La operación estética, en esencia, radica en aislar la cosa de su
ritmo nativo, a fin de incorporar su movimiento al ritmo del alma. Estamos en
el reino del subjetivismo.
Empecemos por examinar el ritmo. En el fluir ininterrumpido de la corriente psiquica, el alma percibe sus actos sensoriales e intelectuales, a determinados intervalos. De ahí que cuando los sonido.s se acomoden a Ja disposición del espíritu, produzcan goce. El ritmo con pulsación natural es placentero.
En tanto que el ritmo es sucesivo, la armonía es simultánea. La armonía
enlaza y combina series melódicas al mismo tiempo en la unidad de la composición musical. Esto es incomprensible para "nuestra pobre atención lógica, habituada a manejar idea tras idea". No es unidad conceptual, sino unidad global sui-gcneris, la operación del compositor que organiza conjuntos
significativos.
Arribar al contrapunto es arribar a la cumbre de 1a estética vasconceliana.
En la dinámica unidad de la conciencia, la sensación! despierta ideas, las ideas
recuerdos, y simultánea y orgánicamente se influyen y se conciertan. El contrapunto logra la unidad de heterogéneos conservando la integridad de cada
canto, pero colocándolos adecuadamente en el concierto.
Con mente kantiana, Vasconcelos adopta las ideas de Nietzche sobre la tragedia griega, convirtiéndolas en categorías. Y por su cuenta añade a las dos
categorías nietzscheanas de la belleza - apolinea y dionisíaca- una más: la
mística, aplicable sólo al plano sobrenatural. Se trata de una intuición de
esencias -que no son abstracciones-- de lo Absoluto. La unión con lo divino
se verifica por la inteivención de la gracia.

páginas qllf~ Vasconcelos dedica al mundo del arte, son dignas de figurar entre
las mejores del siglo XX en habla castellana.
1. L6gica Orgánica ( 1945). Define Vasconcelos la Lógica como "la ciencia que estudia la razón como instnunento para alcanzar la verdad, 1a finalidad y la am1onía" (p. 58). La di.vide en: a) Lógica intelectual (formal,
deductiva matemática y como ciencia de fo homogéneo) ; b) Lógica inductiva (el método de la experiencia); c) Lógica ética ( consideración de fines
y criterio de finalidad aplicable al comportamiento) ; d) Lógica estética (coordinación de heterogéneos, según las puras leyes de la calidad o sea la armonía) (p. 74). Pensar -para el filósofo mexicano- no es raciocinar, es
decir, no es referir lo particular a lo general, para crear un mundo conceptual
ficticio; pensar, en esta nueva manera, es reconocer cada objeto en su individualidad concreta, y en relación de simultaneidad o de separación en el
tiempo; de cercanía o lejanía en el espacio, en relación a quien piensa. El tipo
moderno del conocer es coordinar conjtmtos. Los distintos aprioris -mental,
ético y estético- son los instrumentos de exploración que se reparten el conocimiento. La clasificación que Vasconcelos hace de las ciencias -que no
exponemos por falta de espaci~ es verdaderamente original.

8. Todología. Movido por el propósito de mostrar los caminos que conducen a la armonía del saber total, José Vasconcelos sacó a la luz pública, en
1952, su Todología. Nunca más volverá a escribir - así nos lo declaró personalmente- otra obra filosófica. Pero nos dejó su postrer esfuerzo por plasmar un experiencialismo vivo, al cual concurren ---cada uno en su funciónlos datos de los sentidos, los arreglos de la razón y los propósitos de la voluntad.
Todo en armonía amorosa.

Cree Vasconcelos que ha descubierto nada menos que un órgano estético
en el hombre. Este órgano que posee un sentido de orientación y que nos
lleva a un equilibrio energético de composición, lo encuentra Vasconcelos en
los conductos semi-circulares a donde convergen las impresiones cerebrales
conscientes y las sensaciones internas o cenestesia, brotando de este concurso
la unidad fundamental del yo.

La palabra "Todolog'ra" es vaga y equívoca. ¿ Por qué emplear el término
"logía" cuando su esfuerzo es anti-intelectual o anti-conceptual? ¿Y qué vamos a entender por la palabra "todo"? Vasconcelos no se cuida de precisarlo.
No ha de faltar alguien que, conociendo el plotinismo manifestado en Ja obra
anterior del Ulises Criollo, se imagine vislumbrar nuevos tintes panteístas.
Además, hubiera podido Vasconcelos llamar más acertadamente a su obra
"Filosofía Estética" o ' 'Filosofía de la Coordinación", simplemente, sin tener
que echar mano de ese horrendo neologismo.

El arte es una fuga del trabajo: "grito acompasado de los marineros que
tiran del cable, canciones del Temador, romance popular del carrero, que
arrea sus bestias al unísono chirriar de los eJ·es". Poesia música plástica las
' cristiana
' es el 'arte
artes todas alcanzan su cúspide en la liturgia. La liturgia
comprensivo y unitario que realiza la imagen del mundo celeste. Su misión es
preparar el alma para el goce inefable de la verdad revelada. Muchas de las

En el "Prólogo" nuestro autor apunta su programa: ocupa sitio central el
problema de la unificación de los heterogéneos. Conforme al método de la
coordinación, la verdad es concebida como un acorde musical, más bien 'que
como un acuerdo 16gico. En lo real hay una relación de coexistencia, en la
cual cada cosa puede ser concebida como porción de un todo. La movilidad
es asunto de posición más bien que de fondo y de meta. "Siempre que contero-

24

25

�piamos la creaci6n según sentido de simultaneidad, el presente encierra en sí
los pasados y los futuros, reduciendo a su unidad _todas sus ~ensiones". ~~a
filosofía que aspire a ser completa, debe descubnr la colocac1on y la func1on
de las partes dentro del Todo. "Una visión del Universo, que comienza en la
onda magnética y termina en la Trinidad que definió San Pablo", es la que
procura brindarnos Vasooncelos en su último libro. Su objetivismo primordial
es religioso: ''No busco, pues, otro fin, que el de unir mi voz al coro de las
alabanzas del Eterno. Añadir al caudal de la verdad el testimonio de mi experiencia y, desde algún escondido rincón del-Templo, entonar con humildad
mis salmos" ( p. 11, T odología, Ediciones Botas, 1952), El filósofo de la coordinación nos asegura que la ''verdad, además de adecuación, debe demostrar
coordinación. La adecuación se da en lo estático y conceptual. La coordinación es la verdad de lo vivo" (p. 16).
9. Observaciones críticas. José Vasconcelos elabora sus lucubraciones a "golpes de intuición". En cada página nos presenta luminosas intuiciones o visiones que no lleva, por el razonamiento, a su cabal desarrollo. No es que
le falte sistema, sino método. El método se refiere a los medios encaminados
para descubrir verdades latentes o exponer las ya conocidas. El sistema se
caracteriza por un estilo personal del pensar, por un filosofar peculiar que se
enfrenta, en carne viva, ante una problemática que preocupa. Todas la~ obras
de Vasconcelos dan la .impresión de estar atadas indisolublemente a su ahna..
Su proceder no es el del científico que demuestra, sino el del artista que
muestra. A la luz de un principio rector cohesiona elementos heterogéneos Y
los re-crea en el seno fecundo de un propósito estético o de salvación.
El sistema vasconceliano no se cuida de basar sus principios en tierra firme.
Porque erigir la emoción en supremo criterio de verdad y en norma de mor~lidad es caer en el campo de lo versátil, de lo subjetivo, de lo oscuro. Combinar el intelecto kantiano con la emoción plotiniana :no resulta hacedero en
filosofía.
Vasconcelos es una especie de nuevo Rey Midas que acaba por transformar
en Estética todo problema que se propone. Con tal "estetización" de la experiencia res~lta sumamente difícil saber cuál va a ser, en realidad, el sitio dejado a'la estética propiamente dicha. Si el único modo de conocer la realidad
última es por vía de la intuición artística, los artistas son los filósofos.
Pretende el filósofo mexicano fundar la filosofía sobre la ciencia fisica
actual -aunque en rigor se funde sobre la experiencia pre-cientifica y maneje
conceptos de una física que ya no es plenamente actual- pero sin lleg~ a
una interpretación propiamente filosófica de la ciencia. A ~ta pretendida
necesidad de fundar la filosofía sobre la ciencia, José Gaos opone este argumento histórico: ''la existencia de una alta filosofía cuando aún no había

26

ciencia sobre qué fundarla, por la sencilla razón de que entonces era la filosofía la que fundaba, creándola, la ciencia -tal la filosofía presocrática (p. 131,
Pensamiento de Lengua E.spai'iola, Editorial Stylo, México, 1945). El raciocinio metafísico no puede ser considerado, sin desvirtuarlo, como un epílogo
de alta ciencia. Tal es, al menos, nuestra opinión.
En el "monismo diversificado'' de la cosmologú,i. vasconceliana las revulsiones de la energía quedan sin explicación filosófica, al declararse como "un
saltus misterioso en la naturaleza,". Vasconcelos no se cuida, con frecuencia,
de definir los conceptos capitales de su filosofía y de mantenerse dentro del
campo de lo definido, porque procede, las más de las veces, por ocurrencias
sueltas o "a golpes de intuición", aunque estas intuiciones -menester es reconocerlo- sean, en muchas ocasiones, las de un genio.

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CONSIDERACIONES SOBRE EL ÉXITO DE JOSÉ VASCONCELOS

Vasconcelos es hoy en día la figura de mayor relevancia intelectual en Hispano-América. El Conde Hermann de Keyserling afirma, en sus Meditaciones Sudamericanas, que "José Vasconcelos es el ideólogo más original que
hasta hoy ha habido en la América del Sur" (p. 231, Meditaciones Sudamericanas, traducción española, Madrid, 1933). Y páginas adelante, en el capítulo
que consagra a la "delicadeza", nos asegura: "En América del Sur pueden
encontrarse ya los primeros elementos de una concepción del mundo autóctona y original. Reposa sobre el concepto de delicadeza. El argentino Leopoldo
Lugones postula para su país una cultura de la belleza semejante en estilo
a la antigua ... Pero el pensador más representativo es el mexicano José
Vasconcelos".
En algún lugar de la América del Sur, un buen día le llamaron a Vasconcelos "el Maestro de las juventudes de América". Y es lo cierto que a donde
quiera que fue -en sus frecuentes viajes por los países iberoamericanos-hubo siempre un puñado de estudiantes que esperaban a su maestro, en la
estación ferroviaria o en el aeropuerto, ansiosos de escuchar de sus labios una
nueva idea o una palabra de estímulo.
No be conocido hombre a quien le importaran menos las distinciones académicas. Las Universidades de Chile, Puerto Rico, Salvador, Guatemala y México le confirieron el grado de Doctor en FiJosofía "honoris causa". Fue
miembro del Colegio Nacional y académico de la Academia Mexicana de la
Lengua y de la Real Academia Española de la Lengua. España le otorgó sus

27

�más altas condecoraciones. Estados Unidos le llamaba con frecuencia, para
que dictara conferencias en sus principales universidades. Pero Vasconcelos
de preció el éxito. Cuando éramos studiantc no. aprendimos, de una de sus
más célebres conferencias, aquel fragmento: "El éxito es e téril y mediocre,
se acomoda con el instante muere con él, no suscita ni anhelo:. ni virtudes. Lo
que se tnmca por alzars demasiado, conserva vigor en las raíces para recomenzar el asalto de la altura ... "
En materia de ociología, la teoría vasconc liana de "La Raza Cósmica" se
ba visto confirmada en las obras de Toynbee, que advierte en la historia un
proceso hacia la heterogeneidad y m zda de todas las razas. Vasconcelos insiste en que a la larga vendrá la unificación de la ~pecie, con aumento de
sus potencias si logra aprovechar las virtude de los componentes.
En Filosofía, José Vasconcclos reclama el derecho a que se juzguen como
originales suyas, las tc.~is c;iguientes:
a). La te01ía del A priori Est ~tico, en la cual se afirma que el fenómeno de
la belleza obedece a formas específicas, que son: el Ritmo, la Melodía, la
Armonía y el Contrapunto, formas independientes totalmente de las formas
lógicas aristotélicas.

b). La teoria de la coordinación mental que liga conjuntos heterogéneos.
Cuando pensamos en un objeto, por ejemplo ponemos en un sector de la
mente lo que nos dice del objeto la Física, lo que nos dice la Química, lo que
nos dice la literatura, y así la labor del filósofo va a consistir en coordinar todas
esas esferas del conocimiento, para logtar algo que ya no es "Logos'' sino Armonía. La verdad, en consecuencia, ya no es la rcducci6n de lo particular a
lo general -piensa nuestro filósofo- sino el secreto de la coordinación de
valores irrC'ductibles uno al otro, pero que se ligan por la vida y la acción,
dando por resultado una existencia como armonía.
e). En su ensayo intitulado La Sinfo,1Ea como Forma Literaria, Vasconcelos
lanzó por primera vez la tesi de que el arte supone la combinación de elementos heterogéneos que se coordinan en forma no intelectual, .sino en forma
armónica y estética, a efecto de producir efectos de conjunto, que son perfectamente inteligibles y además sensibles y que no tienen nada que ver con las
conclusiones lógicas de la mente. Esta tesis coincide con las ideas sobre la
belleza del poeta Elliot, en sus Cuartetos, escritas como diez años después,
según lo ha hecho notar el fil6sofo norteamericano Philip Wheelwright.
En la obra escrita de José Vasconcelos hay un semillero de ideas geniales
que, mediante un apropiado cultiYo, pueden tener un desarrollo fecundo. v~
concclos puede salvarse, para la posteridad, en antología. Y aún no se ha
hecho una verdadera antología de la obra filosófica de m1estro pensador.
28

Mucho dice a la juventud ¡
·
Todo lo creado puede ser ameadmcnsaJe var;conceliano: "Amar sin transigir''.
o rectamente oblig d
1
~ que colaboren a nuestro fin superior. y más ali an o a s~cc.so ,Y al hecho
tunos hermanado a José V
á de toda f1losofia, nos sen.
I
de Dios.
•
a. conce o por una profunda e incurable no taJgia

s·J J~se, Vasconcel0s constituye un profundo eni
•.
. debido a que ate tiaua co
t d h
gma para los cnticos, ello
0
,
mo o o ombre egrem 0 1
•
•
mundo supremo. Por senti t
•
o· , a ex1Stenc1a de un
1o vivo
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.
d ido e tar siempre en posibilidad de su rarse "El o. e_ s~ mismo, ha po-ha dicho icolás Berdiacf1 • d~
. . , _pnnc1p10 suprahumano
hecho mism d 1
.
.
es e m tc10 consl1tuhvo del S&lt;'r humano El
.
o e a existencia del hombre ñala una ru Jtur
.
ate agua que la naturaleza n
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, . 1 a nd el mundo,
o
pue
e astarsc a s1 m1sm
b re un •r supra-natural. En tant
.
a y que escansa sode superarse a si mismo I l
bo que ser pertencc1cntc a dos mundos y capaz
, e 10m re es un ser cont di
·
concilia en sí las más cxtr·cmad
. .
ra ctono y paradójico; que
·
as opos1c10nes" ( 86
. .
Hombre, Editorial de José J és B
P· , La Destmaczón del
.
,
an , arce Iona).
La filosof1a nunca ha sido para Vasc
.
perjudicial de todas las fil r'·
o~celo, cosa de cátedra. La más '
,as --que segun nuestr ··ur e .
de Hegel-, procede de la oso
cátedra. Las
o,
,ses nollo" es la
o se llaman "San A
, "
.
grandes filosofias se llaman "Platón"
gustin ; nada tienen que ,
•
•
1
ceden -en opini6n del pcn d
..
ver con as un1ver idadcs. Pro. .
sa or mexicano- de una al
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decidió a pensar libremente fue1·a de tod
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piense que no sea conveniente que la
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tendrían que cerrarse las a I
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u as.
En una ponencia presentada al "T
fía" (Mesa redonda de la UNE. C~~er Congreso Inter~cricano de Filoso-

"E encial es de un filósofo cierta condi;ió~a;on~elos afumó rotundamcnt~:
gusto, que no se concilia con el profes·
li p rman~l; d:sacuerdo y dis' ·
iona smo • · • Quizas rungu
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de1 espmtu
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f1l6sofo. Debe ser el filósofo, ante todo, hombre
ru ma, q~e la facultad del
das las contingencias del hombre
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' y por lo m1Smo, afrontar toh be
. . . ara abiar con autorid d
.
a r aceptado previamente tod 1 .
.
, .
a , es neccsano
na,,. (Véase El Pelioro de la r ;boes ,ºsdrliesgols unphc1tos en la condici6n huma,,
L,l
r a 1itt ectual p 87 d"1 1'6
tad de Filosofía y Letras Imprent U .
. . ' · , e c n de la Facul'
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1952)
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· Y es lo cierr e sus actos Josc Vasc
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, s ecir sm alegar p · ·¡ ·
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con sus propias palabras-- propios de doncellas tímida:1"~~~:s --d1gám~slo
acogerse a un fuero, para no perder autoridad moral H . d sd - a ha quendo
de profesor universitario para damos una l "6
. ·. a e cnado las clases
'
ecc1 n Vl\'Jente con su temple viril

29

�que ha sido siempre la condición dd filósofo. Una y muchas veces ha sabido
colocarse por encima de las circunstancias viles. La pena y la die.ha las ha
soportado con dignidad. He aquí una lección más: el filósofo ha de ser Rey
de la Circunstancia. Filosofar no es divagar; filosofar es decidirse. Por eso ha
intervenido clara y terminantemente -y con voz tronante cuando ha hecho
falta- cada vez que se comete una injusticia susceptible de ser remediada. Una
de sus mejores cualidades es la de saber indignarse.
Pensamiento y vida no están, no deben estar, divorciados. Las futuras generaciones podrán aprender de José Vasconcelos que la filosofía, siempre que la
encarnan hombres cabales, tiene desde luego una tarea social que realizar: la
tarea de ballar la verdad y proclamarla. El filósofo es un rompecaretas; denunciar la hipocresía, el fariseísmo; tal es la misión moral del filósofo. Su grito
no se puede desoír: "Guerra contra los opresores del cuerpo y del alma, sin
descanso, hasta el fin de los tiempos".
Vasconcelos ha comprendido su destino: norma y designio; lugar en la existencia; materia en que verificar su vida y un modo de verificarla; unas posibilidades y unos limites concretos. Pero también tarea para la propia acción y
creación. Poder percibir este llamamiento y .satisfacerlo, ha sido su más propia prerrogativa.
A las generaciones venideras -a las mexicanas, especialmente- les corresponde reactualizar y modificar el mensaje vasconceliano en la medida en que
ellas revivan esa filosofía y ese modo de existencia. Si sus ideas no encuentran
apoyo de fuerzas, intereses, pasiones e impulsos, carecerán --cualquiera que sea
su valor espiritual- de toda vigencia en la historia real. Los factores reales,
aunque no determinan los contenidos ideales de la cultura, abren o cierran las
compuertas para que las potencias espirituales se abran camino efectivo en la
historia. Yo ignoro cuál vaya a ser el destino, en lo futuro, del mensaje vasconceliano. Pero de una cosa estoy seguro: si su filosofía, si su modo de filosofar, logra efectiva vigencia en el porvenir, estará, de todas maneras, más allá,
en complejidad y riqueza, de lo que correspondería a una determinada interpretación unívoca por los factores reales.
Estemos o no estemos de acuerdo con muchos actos de su vida, no caigamos
en el mezquino vicio de restar méritos a ese su arte de ser fiel a sí mismo¡ fidelidad heroica que no ha podido ser aprisionada por el público. Esa pasión,
ese calor y esa vida que ha sabido poner en sus libros, subsistirán mucho tiempo
después que se hayan perdido en el olvido los nombres de sus detractores.

Filósofo de alma ardiente y luchador activo en la calle, ha concluido por
abrirse a lo sobrenatural para evadirse de esta paradoja: ser más que hombre
sin dejar de ser hombre. Su itinerario no ha transcurrido en vano. La esperanza

IV
BmuoGRAFÍA

(A)
1) Obras filosóficas de José Vasconcelos: Pitágoras una Teorz'a del ºt
1916
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Esta, segunda
., dAustral, Espasa
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E , .
e cion e la T odologia se impnmi6 con otro nombre: Filosofía
stetzca, y con algunas supresiones) .

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tancia, México, D. F.
'
'
ons-

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. Ediciones Botas
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. . , Botas' México' D . F . '. L a T ormenta, primera
edición
. ' septtma ed1c1on, 1949; El Desastre, primera edición 1938 q .
di'
ción,
1951;
El
Proconsulado,
primera
edición
1939
'
d
di'
..
wn
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e
T d
,
, segun a e Cl6n 1946.
Botas, Mexico,
' , . ·
D.0 F.as las obras autobiográficas están publicadas por Edº1c1ones
J

-aventura en curso- penetra a través del tiempo y funda su vida.

31

30

�.

8 . d

' las itfra.s rontrmporáneas,

b . . Gabmo arrt a )
.
1916
5) Ensayos )' otros tra a¡os; .
F' . L 'ntrlrctualidad mexicana,
·
·da d . M
ª .1 Divagaciones lrtcrnr1as
•
•
(1919 i
1910 Revista mwrs1
. •x1co ' D.
. •·o· F
'
· p · t •a México · · •
· ·
(Conferencia), Rensta o,1 l'- J
Í920, Editorial América. fad1id; Pe.s1m1sLima, Perú); Promet«o Vmcrdor,•llo 1931, Madrid¡ Sonata Mágica (Cue~mo Afogre, lmpr nta. de Juan Pude J'
Plicllo Madrid, 1933; eaunda cd1. '6 n. Imprenta e uanal Argentina
'
· : Qut·' tl
to. ) ' primera ed 1c1
Buenos Aire
·'
A
tral
Espasape
'
·
ción 1950 Colccc1on us
'
.
, .·
D F . Qué rs el Comunismo,
!
937 Ecl" ·oncs Bota" Mcx1co, . .
Ed' .
s
la Reuolució1l, l
'
1c'. .·
D
El Vfrnto tfr Bagdad, 1945,
ic1o~e
1937 Edicionc Bota' Mcx1co, . . '
. /9?0-1950 Edicionc· Botas, 19:&gt;0,
Lctr~ de México, Mt~xico, D. F.; D1sc1mo.1 .

F,.

México, D. F.
.
.
atcrialmcnte impo:ible n.'Co1-!er la abundan6) Producci~,i pen~d!~t&amp;~a. Es mosé Vasconcelos esparcida en el tr~scurso
tísima producción penod1!.t1ca de _J
. •¿· y revistas de dos continentes.
, d
últiples peno 1cos
de varios años y a traves e m
Librero Mexicanos Unidos Col. Laure'1
ÜBRAS CoMPLF..TAS, cuatro tomos,
México, D. F., 1957-1961.

(B)

. so bre ]os:, Vasconcelos.
Principales Estudios

_J~se• Vasco11celos

con
- U na "'.. 1'da q,u iguala
,

l ) Henninio Ahumada, Jr.,
ué .·
D. F. 1937. Tratase d
.
Ed1c1ones Botas, .u x1co,
'
d .
la acción el perisamiento- ,
d f sa con una muy hon a s1m. b'ográfico
hecho en tono . de e en '
1
m breve cstu d 10
l
•
, ·1
biillanle en oca 10nes.
patía Y con estilo ag1 y
.
F"losó/ico de V a.sconcelos
. J El Su tema ' 1
,
2) José ánchcz Villa.: nor, . ·: . 1 p 1· S A México D. F., 1937.
.
.
iJ 6/'
Ed1tona o ,s, . .,
,
-Ensayo dt· Crítua F os ua-, .
' • critica -penetrantemcnte· r mct6d1co expone )
.
d l T
d
Este libro con verd ero ngo
.
' d ¡ Lón. ica Oreámca Y e a o.
·pci6n hec.l1a e a
,..,
.
el sistema vasconcehano, cxct .
,
d ánchcz Villaseñor e en'b'10,
dología. que no habían aparecido aun cuan o •

ª

su libro.
.
.
E
.d de José V asconcelos -Sclecci6n
.
L 1 PÓ!!lllas !sCO/!t as
.
.
d
3) Antonio Castro ca, "' , .
~ F 19 4-0. Castro Leal - hteralo e
•
Botas Mex1co D. ·,
f
de
y Prólogo--, Edi oones
,
.
' t d' sobre el escritor, e1 de ensor
pura cepa- nos presenta ~n brillante csc~tu~io sobre el fil6 ofo es muy débil
~"stro im¡J0s1blc. Pero su
la ra.1.a. Y e1 m=

y ligero.

Prologo y elección-,
or V asco11c1.1os ·l) Genaro Fcmandcz Mac reg
Públ'ca México 1942. En este ensayo
Ediciones de la Secretaría de Educac1 n
i ' •
'
32

,

G

.¿

sobresal n la compren ión del hombre y del sociólogo. El estudio sobre la fi.
losofía vasconceliana es en extremo deficiente.

5) José Gaos, Pensamiento de Lengua Española (pp. 121 a J-1-3), Editorial
Stylo, íéxico, 1945. Enjuiciamiento severo y hondo de la filosofía de Vasconcclos, con motivo de la aparición de la Antología publicada bajo la dirección
de Castro Leal, al que le falta valorar la parte posith-a que Vasconcelos aporta
a la filosofía.

6) Oswaldo Robles, "José Vasconcelos, filósofo de la emoción creadora", en
la Revista Fi/oJofía y Letras, Núm. 26 abril-junio, 1947, México, D. F. Estudio puramente expositivo, escrito con mucha corte ía y con profundo conocimiento de la esencia del pen. amicn to vasconceliano.
7) José Luis Martínez, "La obra literaria de José Vasconcelo ", en la Revista Filoso/la y Letras, úm. 26, abril-junio, 1947, México, D. F. Hacía falta
que alguien se echase a cuestas la tarea de clasificar las obra de Vasconcelos,
de analizar sus excelencias y sus deficiencias literarias y de captar su estilo.
Aunque no del todo logrado, es é ·te un primer intento de penetrar -con ,·oluntad de orden- en la extensa producción literaria de nuestro pensador.

8) Patrick Romanell, La formación de la mentalidad mexicana -Pa,wrama
oclual de la filosofía en México-- (1910-19S0), editado por el Colegio de
México en 1950. En este libro sobresale, como su mejor capítulo, el dedicado
a "El Monismo Estético de José Vasconcelos" (pp. 109 a 160). Honda simpatía
humana, sentido irlandés del humor, agudo sentido crítico y rigurosa pn:paración filosófica, hacen de este trabajo un excelente instrumento para conocer
a Vasconcelos y su filosofía. Lástima que en ocasiones se deje llevar Romanell
por su deseo de teorizar y de someter a las simplificaciones de sus e quemas
preconcebidos -brillantes pero no e....;actos- la rica realidad que analiza.

9) José Gaos, Filosofía Mexicana de Nuestros Días, Imprenta Universitaria,
México, 1954. En forma sugestiva, Gaos penetra en el Sistema de Vasconcelos
expuesto en la Todología, esta vez con mayor cordialidad y con ostensible voluntad de entresarar lo indudables aciertos que palpitan en la obra vasconceliana.

10) Agu tín Basave Femándcz del Valle, en la Re ista Trit:ium, órgano del
Departamento de Humanidades del In titulo Tecnológico y de Estudios Superiores de fonterr y: "La Metafísica de José Vasconcelo.", Año II, úm. 9,
julio y agosto de 1950; "La Filo ofía de Vasconcelo en Panorama", Año III,
'úm. 1-2, noviembre y diciembre de 1950; "La Estética de José Vasconcelos''
(primera parte), Año III, N{uus. 6-7, abril y mayo de 1951; ( egunda parte),
1 {1ms. 8- I 2, junio a octubre de 1951.

33
• H-3

�I

.
His ánica de Madrid publicó, en 1958,
La Editorial del Instituto de Cultura l p El Hombre y su Sistema-, que
la obra La Filosofía de José V asconce os -:- t del sistema vasconceliano. No
.
. todo el extenso con1un
abarca, por prunera _vez, . le resumen. Se intenta llegar al alma de ese poese trata de un trabajo de ~p fí de Vasconcelos; captar la unidad bajo las
roa en abstracto que es la filoso a
1
irit que palpita en el fondo del
. es doctrinales. aprehender e esp u
li
ap cac1on
'
sistema.

°

POSTURA FENOMENOLóGICA DE MAURICE
MERLEAU-PONTY
DR. FRANCISCO Buc10 PALOMINO

Universidad de Nuevo Le6n

Et NÚMERO ESPECIAL que la revista Les Temps Modernes cons3t,O'J'Ó a la obra
de Merleau-Ponty en 1961, después de su muerte, recoge el trabajo L'Oeil et
l'Esprit que poco antes, en ese mismo año, había sido publicado en Art de
France. La misma obra fue editada en Gallimard en 1964 y con su título se
cerró el ciclo de un pensamiento que espera seguir siendo pensado ...

1

1

El tema de la pintura es tomado en esta obra a la manera de un campo de
observación en el que adquiere relevante nitidez al ser escudriñada la más
profunda estructura humana. Por consiguiente, más que el arte, es el hombre
el que también aquí se encuentra en el foco de las preocupaciones del filósofo.
Por lo demás, no se trata ni de descubrimos ni de fundamentarnos la misma
estructura del hombre, a cuyo tema central fueron dedicadas sus admirables
obras, La Estructura del Comportamirnto y Fcnomenulogía de la Percepción.
Y sin embargo, tampoco es una mera nueva luz sobre algo plenamente definido:
el misterio de nuestra unidad y de nuestra individualidad, que es el misterio
de nuestro ser, queda más visible desde esta ventana que a la vez podemos
convertir en puerta para entrar hasta él.
Ni un puro espíritu podría pintar, como tampoco lo podría hacer un puro
trozo de materia. El hombre sí puede hacerlo gracias a esa misteriosa transubstanciación por la cual, "prestando su cuerpo al mundo el pintor cambia el
mundo en pintura".
Ya había quedado bien asentado en la Fenomenología de la Percepci6n que
mi cuerpo tiene una ciencia práctica, un saber consiguiente a los proyectos que
su estructura hace posibles. Ahora se afirma que mi cuerpo puede hacerse
mundo, y parece sobreentenderse que también el mundo puede convertirse en
mi cuerpo. Las dos proposiciones quedan comprendidas dentro de la que cita-

35

�mos de la Fenomenología de la Percepción, a la vez que la aclaran descubriéndole un sentido dialéctico que no había sido aún su.tlcientemente explicitado.
La síntesis del cuerpo propio parecía, ya en la Fenomenología de la Percepción, no püderse consumar sino par la mediación del mundo. En efecto, la
noción de "esquema corporal" a que recurrió el autor para concretizar la unidad original de nuestro cuerpo es presentada como un concepto mixto adecuado para traducir la organización espontánea en que se dan, en su surgimiento
primario, el cuerpo y el mundo. El esquema corporal no es la imagen-resumen
de mi cuerpo, sino la toma de conciencia de mi postura global en el mundo
intersensorial; sus características dinámicas le confieren la calidad de "momento
de tensión" en que se realiza lo único primario que se da: mi postura ante las
tareas actuales o posibles que me son anunciadas a partir del mundo. El mundo
y mi cuerpo forman. el circuito del "arco intencional" que sostiene la vida
de conciencia y del que Merleau-Ponty afinna que "proyecta en tomo a nosotros nuestro pasado, nuestro futuro, nuestro medio humano, nuestra situación física, nuestra situación ideológica, nuestra situación moral, o más bien,
que hace que estemos situados bajo todos estos aspectos".1 El sistema «cuerpomundo" asi entendido explica suficientemente la originariedad del "sentido" o
arreglo inmediato de la realidad en una unidad de significado.
El concepto de ''esquema corporal" supera de un golpe el dualismo "cuerpoespíritu" que había encumbrado prácticamente toda filosofía desde el tiempo
de la Helenidad. Y por esta superación quedará inaugurada una perspectiva
de novísimas posibilidades, no sólo en cuanto a un nuevo planteamiento del
estatuto ontológico del hombre, sino también, y sobre todo, por lo que mira
a una nueva ontología y a una auténtica metafísica. En cuanto al hombre, en
efecto, queda a salvo su unidad indivisible ya no como una recuperación o
síntesis tardía sino como lo originario, como el punto de partida y razÓn de
ser de la diversidad misma. Ya no~ trata de preguntar cuándo y en qué condiciones es el cuerpo o el espíritu el que efectúa una experiencia y, por ella,
entra en contacto con la realidad; ya no tiene sentido "localizar'' en el hombre el sujeto de la experiencia, y explicar la coordinación del movimiento espiritual y del movimiento corporal en el que parece darse la efectuación de la
experiencia. El sujeto de la experiencia es el hombre; no existe una mirada supervisora ( un regard de survol) que en mí tome nota de los datos registrados
por mis órganos sensoriales, haciéndome acceder de la suerte a un conocimiento, a un saber, o más generalmente (como debe ser), a una "captura"
de los mismos en un nivel superior. En el caso mismo de las experiencias que
otras filosofías calificarían de "puramente corporales", nunca es mi cuerpo

sin
• d
.
el que por. su cuenta entra en relación con 1a realidad
.
. ,
cuerpo qwen efectúa tal exper1·en . T ,
. '
o ~oy yo-sien o-IIllal h
c1a. catase pues si
ombre, del cuerpo espiritualizad
d 1 ' , . ' empre,_ en lo que respecta
Esta
.
o y e espmtu corporahzado.
. urudad monosubstancial que es el hombre in
senaa un nuevo nivel en la realidad· e1 .
~ugura con su sola preSi el hombre fuera un cuerpo el c .t mvel del sentido y de la significaci6ti.
,
'
on acto y el comerc·10
el
SÓJ o sena posible en el nivel
el
.
con mundo exterior
en que 1a realidad
d'
lid ad; y si el hombre fuera un e , . tu
. , se iera como pura materiala realidad, pudiera col
sp;n . , reducma sus relaciones a lo que de
si el hombre posee aque~:::to e m~ell dde p~ra espiritualidad. En cam'bio
especia escn to p M 1
'
cuentro entre él y el
d
,
or er eau-Ponty un enmun o no solo será O "bl ·
'
hombre sea hombre y el mund
d
p s1 e sino necesario para que el
o mun o· y e ta " "b"l'd
y Juego queda sellada al d
1
'
~ posi i i ad necesaria"
nace
"
.
'
arse e enfrentamiento d I d
.
'
medio común" del sentido y 1a s1g
. nif"1cac10n
. , Tod e ·os d os
d términos en el
sus conductas, se a1'ustan a un " sen ti"d o" d e la
. ·t a actJ.tu
.,
. el hombre, todas
más por un "medio de comportami t "
s1 uac1on, misma que es tenida
mulos" ante los que mi res
·t
'enl o que por una composición de "estí.
.
pues a so o fuera co 'd d
.
qwer actitud o conducta es prun·
.
nSJ era a una reacción. Cualero una mtenció d
a un mundo que es el nuestro. Lo rimero
~ _e. nuestro ser total relativa
ductas es nuestra fe en
d p
que s1gruficamos con nuestras conun mun o es la fe
.'
. e~ _una estructura a tenor y a talla
h umanos de la realidad M'
·
is rrusmos dispos1tJ.vo
• ·
el mundo geográfico en
. 1
.
s anatomicos comunican con
un mve que trasetend tOd O ·
mente positiva. El mundo al
. .
e
tipo de relación mera. ..
que m1 mismo cuerpo
nf
d e pos1bihdades de acción q
1m
. me e renta es un conjunto
ue v ua ente total
al
medio eficaz.
. El hombre, escn'b e M erIeau- p onty IZO
"n dicentrarme
, activo en un
en cuanto unplicado en un
di
' o spone solo de su cuerpo
me o concreto no s
.
lamente ante las tareas bie d f' 'd d '
e encuentra en situación son e lD1 as e un oficio
.
so lamente a las situaciones real
.
, se encuentra abierto no
es, smo que ademá ti
que correlativo de meros es•{1 d esproVlstos
' .
ene su cuerpo
en tanto
Ull.lU os
ds, "gnif'
•,
encuentra
abierto a las s·tu aetones
.
1cac1on práctica, se
•
verbales f · e• s1
1
mismo o que Je pueden ser pro
y ictic1~ que puede escogerse él
puestas por un exper1m
s1'ble so'lo gracias al d"ál
. en tador" .-• Esto es po1 ogo constante que ha
y a partir del cual la intención human
Yb. entre el hombre y el mundo
•
a se cam 1a en
t' d al
mientras que el sentido se convierte
.
.,
sen i o
mundanizarse,
.,
en mtenc1on al ho · ·
En
esta operac1on
dialéctica
que
es
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f
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.
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.
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b re, a un mstalarse en el m d
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, poi parte del homun o vac1an o en él s di
.
.
percepción, de volición y de ent d' .
us versas mtenc1ones de
en umento · la realidad
d
te, se vuelve con ello "significativo" y a d qwere,
' .
o
mun
para manera de o,
leypor
de su
estrucírt'

2

1

o p. cit.,

p. 126.

Phé11oménologie de le Perception, Galliroard, Paris, 1943, p. 158.

37
36

�tura o sistema de coordenadas, una ratón de unidad o de organización de "los
sentido ., transitable por el hombre. El mundo se hace, de esta manera, habitable para el hombre: y el hombre ajusta su talla a la medida del mundo.
Pero, lejos de ser ésta una operación de acaecer caprichoso ( que prestara a
extremos de arbitran dadcs o de fatalismos, del hombre, los prim ros y, del
mundo, los segundo ) , constituye la relaci6n orieinaria entre el hombre y el
mundo y, por lo tanto, aquella in la cual el hombre fu ra incomprensible como
hombre y el mundo como mundo. Tanto la capa más próxima de significación
como el substrato más alejado y profundo que no es . ino el soporte de la red
de sentido que I hombre confiere al mundo para hacerlo tal, hablan del hombre y permiten que sr, encuentre a sí mi mo. En una palabra, que sintetiza y
aclara Jo que 11 vamos dicho, el movimiento de existencia es traído a efecto
por el hombre en un hacer qu la coa, el objeto, el mundo deje des r un en- í
y se haga para el hombre, mientras que éste abandona su calidad exclusiva de
para-sí, saliendo de si, para encontrarse en el mundo. El en-sí y el para- í dejan
de ser dos ''regiones del . cr'' incomunicables e insintetizables y pasan a ser
correlativos de un Todo o síntesis originaria.
Esta es la postura (y todavía no la te is) de Merleau-Ponty. Ella nos revela
u intuición (o punto de partida de su pensamiento) metafísica, que es clara
v abiertamente fenomenológica. os revela, podríamos decir, su entc-ndimicnto
del espíritu de la Fenomenología, de sus tareas, de sus ohjetivos, de sus obstáculos, etc. Se advierte 1 por ejemplo que ha hecho suro el interés vital 1de la
Fenomenología por reivindicar al hombre su familiaridad originaria con las
rosas, o, en otros ténninos, su estricta cotxistencia con las cosas como "la C.'&lt;(&gt;C·
riencia originaria''. a cuya explicitación deb consagrarse una aut'ntica filosofía
que es lo que quiere ser la Fenomenología al pretender verificarse como ciencia puramente descriptiva de las e encías. A imismo, es fácil reconocer en
Merleau-Ponly la ,·oluntad di' eliminar todo "prcsupue to" en el punto de
partida del auténtico filosofar, con el fin expreso de hacer de la Filosofía una
di ciplina de fundamentación de toda ''intencionalidad de acto" (la intencionalidad de una afirmación, de una deci ión, etc.) rn "la intencionalidad operante" o intencionalidad ejercida de manera a,1teprcdicativa n la espontánea
unidad primordial d I mundo y de nu tra vida en él. Este estilo de hacer ü-'
losofía como práctica del "retomo a las cosas mismas" es el único que puede
garanti:t.ar, desde su pureza descriptiva, la legitimidad para toda ciencia de
sus prctenJones de objetividad. En efecto, ''volver a las cosas mismas es volver
al mundo-anterior-al-conocimiento que es el mundo del que lodo conocimiento
entiende hablar, y con r laci6n al cual toda determinación cicntüica es abstracta, 'significativa' y de ndiente, como la geografía con respecto al paisaje
en donde por primera ve:t. aprendimo lo que es un bosque, una llanura o un

38

·
n'o" •1 Vo1~•er ª. 1as cosas mismas
era, para el fundador de la Fenomenología,
unan ces1dad 1mpue~ta por el ideal de máxima racionalidad que ha sido desde Platón, el ideal del saber humano. Pero, habi ~ndos reservado en exclusiva
este ideal las ciencias positivas, que son métodos "explicativos" de la realidad
la ~ilosofía, p~ifi~ando sus intenciones ant la adjudicación de aquel privi~
!~gto ~r. la11 C1en~a, no puede menos que atribuirse como propio I método
descnpnvo haciendo del '·retomo a las cosas mi. mas" la intención de un
saber prim~rio de la '·experiencia del mundo" y de la cual la ciencia es sólo
una expresión s gunda. Con e to, la Filosofía no hace ino enderezar su cauce
-en tanto que, sin haberlo perdido, siempre corre en él con el sentimiento de
haberlo "hallado"renovar su rredo y purificar us esperanzas. El suceso
mayor que con Husserl habrá regi tmdo la historia de la Filosofía será la
nueva vida que a la actitud filosófica, la actitud d a.sombro, le ha . ido inyectada por el método fenomcnol6gico, el método de las reduccion . "La mejor
f~rmula d~ la reducción, escribe Mcrleau-Ponty, es sin duda la que daba Eugen
Fink, el asistente de Husserl, cuando hablaba de un 'asombro' ante el mundo".~
Y es que, efectivamente, i la reducción tiene por fin romper nuestra familiaridad co~ el mundo para prcsentámo lo romo "extraño", "esta ruptura no
puede ensenamos otra cosa que no sea el surgimiento inmotivado del mundo".ª
Esta limitación ( que, bien entendida. más que "limitación" es u "detemúnación") del método fenomenológico, así como la cvaluaci6n que de él hace
Merleau-Ponty al decir que la principal lccci6n de la reducción es dejar bien
sentad_a con su so~o e}ercicio la impo ibiHdad de una reducción completa, son
~ª. ~eJor caractenzac1ón del espíritu dinámico del momento filo56fico que se
iruc1ó con Husserl. Hay una invitación, en el dinamismo de esta filosofía a
tomar cada v~ de nuevo, como ella misma lo hace) la reducción ( ... el aso'mbro) Y su sentido por tema, gtúa y motor de toda problemática filosófica. No
dándos~ completa, la reducción tampoco se da como definitiva y, por lo tanto, ~l filósofo, que parte de ella.' es un elt!rno principiante. "Esto quiere decir,
ex-plica Merleau-Ponty, que el f 1l6sofo no da por definitivamente recibido nada
de l~ qu~ los hombres o los científicos creen saber. Y también quiere decir que
la ftlosofia no debe darse por cumplida en lo que ha podido decir de verdadero, que ella es una experiencia renovada de su propio origen y que consiste
toda entera en describir este comienzo ..• " 6
Así, al hacer suyo el lema de la Fenomenología, el ''retomo a las cosas mismas", en su sentido de autentificación de la Filosofía, Merleau-Ponty se de• O p. cit., p. III.
• Op. cit., p. VIIl.

• lbidnn.
• Phinominolo¡ii• de le Perception, p. lX.

39

�clara dentro de la línea husserliana. Para él, como para todo filósofo de verdad,
"estar en una línea" significa participar de la misma fuente de jnt«:rrogac~ón
de qujenes la trazaron a guisa de nueva orientación para el pensamiento filosófico; significa reanudar con la historia haciendo que se cumpla la. ley de
cooperación entre la filosofía y su historia, tal como Merleau_-Ponty m1SID0 _
afirma e&gt;--plícitamente ~n otra obra 7 al hablar de esa especie de _u9su~pa~~n
(empietement) necesana y provechosa que se da entre ana_y otra, s1~:m1ca
hacer productivo el acto de reconocer el valor de un pensamiento ,co~o fuente de sentido", en tanto que un tal reconocimiento conduce al amb1to de la
no-verdad que es el campo en que la actitud interrogativa se nutre Y hace
floreeer la vida de un nuevo pensar. Introducirse en el ámbito de la no-verdad,
en una palabra, es la operación de arranque del ve~a~er~, filosofar, ~do
que con ella empieza el movimiento de respuesta a la mvitac1on a persegwrlo
que, según la expresión de Heidegger, el ser nos lanza al volvernos las espaldas.
Es en este sentido en el que A. De Waelhens afirma la relación dialéctica
que existe por esencia entre filosofía y no-filosofía. "Sucede pues, dice, cualquiera que sea la filosofía, como si su realidad fuera inseparable de la nofilosofía como si la filosofía se conqujstara tan bien sobre lo que aparentemente Je e/ exterior, que llega a animar secretamente su otro (la fe religiosa, el
conocimiento científico, la praxis de los hombres en lucha con el mundo Y
con ellos mismos) y que, sin reducir a su antagonista al silencio, llega a hac~rlo
suficientemente 'filosófico' para hacer nacer en él nuevas 'razones' de rmpugnarla".º Lo no-filosófico se convierte en tema de refl~ón filosófica cuando por virtud del acercamiento del filósofo, pone de manifiesto las razon~s de
haber permanecido fuera del ámbito de lo reflexionado o, cuando, habiendo
sido ya tema de reflexión, descubre regiones inexploradas junto co~ las razones
de su virginidad. Y es que "la filosofía es sin embargo muy poco a1ena (lo cual
significa: no absolutamente heterogénea) a la experiencia no-filosófica y lo
bastante poderosa para acertar en volver a aquélla consciente ~; sí ~s~
como no-filosófica, permitiéndole así erigirse a veces en contestac1on eA-phota
de la filosofía. Correlativamente, la experiencia no-filosófica se encuentra suficientemente próxima de la filosofía para hallar audiencia en ésta, inspirarle
inquietud y llegar a transformarla como filosofía" .10 La región de la no-filosofía está constituida por la experiencia, es toda la experiencia en cuanto ignorante de sí misma o en la inopia en cuanto a sus mejores razones; y la

!º

' Signes, N.R.F., p. 20.
1

BRÉHIER EMILE,

9

Dr.

wi\ELRENS

Etude de Philosophie Antique, P.U.F., París, 1955, PP· 1-9.
A., "Phllosophie el non-philosophie", Rev11e Philosophique de

Louvaín, février, 1959, p. 5.
"' Art. cit., pp. 6-7.

filosofía se da por tarea precisamente el dotarla de "conciencia'' de sí misma
'
el hacerla experiencia sabedora de sus orígenes, de su vida, de su fin ...
Esta labor de la filosofía sobre la experiencia, que es todo el quehacer filosófico, no es una pura sublimación de la experiencia. No podría serlo porque
la experiencia pura se realiza con el solo juego de las estructuras humanas sin
esperar de alguna condición de posibilidad otra que aquellas el acceso a un
plano superior al simplemente humano. Por eso, dice A. de Waelhens, "el
filósofo no puede tener la pretensión de establecer, en el sentido más ordinario'
la racionalidad y la inteligibilidad de nuestra experiencia. Pues esto es precisamente lo que ella intenta espontáneamente hacer por ser sencillamente experiencia humana. Pero no lo hace en cuanto al conJºunto de ella misma, ni'
en tanto que no es filosófica, de manera reflexiva. La experiencia se esfuerza
en ser razón, pero sin saber nada de la raz6n".n Hay pues un mínimo de "razón" en la experiencia, o mejor, como el mismo De Waelhens lo dice, "un
comienzo de razón" que es propiamente aquello sobre lo que la filosofía se
apoya para hacerse ella misma la co11tinuadora de esos comienzos. La continuadora, y nada más: la filosofía, en efecto, no podrá nunca "prescribir normativamente" ningún tipo definitivamente ideal de racionalidad o inteligibilidad ... , sólo sabe que la razón está en marcha y que el camino andado es
camino ganado, "a menos que se sostenga que aún nos encontramos, desde
todos los puntos de vista, al nivel del hombre de las cavemas". 12
Además de la experiencia, al lado de la misma, el filósofo encuentra como
puntos de referencia o caminos para acercarse a ella las filosofías que, como
momentos de reflexión, ofrecen sus e&gt;.-periencias a manera de pases introductorios. Metleau-Ponty entiende acercarse de esta manera a Husserl para hacer
obra continuadora pensando lo no-pensado de Husserl. Como otro filósofo
explica, "cuando se trata del pensar, mientras más grande sea la obra realizada (la cual no coincide de ninguna manera con la extensión y el número
de los escritos) , más rico será en esa obra lo impensado es decir lo que a
,
'
,
traves de esa obra y por ella sola, viene hacia nosotros como nunca antes pensado'' .13 El pensamiento pensado de Husserl guiará a Merleau-Ponty hasta el
ámbito de lo impensado precisamente por la desembocadura configurada por
la apertura ante lo-otro-que-lo-dicho ( o lo explícitamente pensado) que el
diálogo entre ambos constituye. Y es que, como lo aclara el mismo MetleauPon~y en El filósofo y su sombra, "pensar no es poseer objetos de pensamiento,
es circunscribir por ellos un ámbito del pensar que todavía no pensamos" .14
11

Art. cit., p. 41.

12

Ibídem.

11

HEIDEGGER MARTÍN,

14

Der Satz vom Grund, pp. 123-124.
Trabajo publicado en Eloge de la Philosophie et av.ires essais, N.R.F., p. 243.

41

�• Cuál ha sido ese diálogo l a 1no dudar fecundo; que Merleau-Ponty sostuvo
, •
1
con Husserl? Fue un diálogo a tenor de las más nobles y a la vez ongina es
intenciones de Husserl, como la de hacer de la filosofía una ciencia estricta Y
un saber primario al que pudiera apelar toda cienc~a e~ _s~ afán de ~ur~~ preceptiva, la de la racionalización inmediata de la mtwoon en s~ e1~c1c 10 del
retomo a las cosas la de romper todo inmanentismo de la conciencia, que es
intencional, pero ;in quebrantar el respeto a las cosas por _lo ~~: é5ta5 son
puramente "presentes". Si es cierto que, por ejemplo, la rotu1c1on es para
Husserl la forma adecuada del conocer, que ésta se efectúa en un momento
activo de "constitución" de sentido como intuición donatriz originaria, que tal
donación compromete al hombre en el mundo por volvérs~lo ~aroiliar a1,,so~citarle como respuesta a esta familiaridad un acto de fe e1ercido como teS1s
natural del mundo", y que el método fenomenológico debe empezar por ser
una "reducción" de esa tesis natural con el fin de liberar al hombre del perspectivismo en que lo encierra aquel compromiso.~ entendiaa,_ p~es,_ la "re~u~ción" en su sentido más positivo como la supres1on de las limitaciones historicas de la.conciencia); si es cierto que tal es el camino por donde se prepara
el método fenomenológico, habrá que decir que Merleau-Ponty lo recorre por
su cuenta abriéndose a la intención husserliana en cada uno de los pasos mencionados ~ dejándose guiar por ella hasta el terreno mismo de la in_spiració~
de Husserl suficientemente abonado por éste como para haber recogido de el
1
,
" 'unpensad
los frutos maduros de la fenomenolog1a,
pero a 1
a vez
o "ol b
as t
ant e
para que de él haya podido obtener Merleau-Ponty tema de pensamiento pro(.

pio para su obra continuadora ...
No serÍa nada difícil identificar en Mcrleau-Ponty el plano de correspondencia a todos estos elementos ni tampoco caracterizar su propia fisonomía. La
intuición o conocimiento i~ediato ( relación directa entre sujeto y objeto),
es llevad~ por Merleau-Ponty hasta su plano más origin~rio, el de la ~~ediatez
absoluta, importándole poco que, para salvarse esta últuna, e.l conoc1JD.1ento se
pierda como originario. Es más, el principal resultado de esta voluntad de establecer el plano originario de la relación prístina entre el hom~r~ y el mundo
es el de la necesidad de reconocer como previa a la del conocimiento una relación de comunión. "La percepción originaria, afirma, es una experiencia
no-tética, preobjetiva y preconsciente. Digamos pues provisoTiam~n~e que allí
sólo hay cierta materia del conocimiento posible".15 Si el conocnmento abre
e.J nivel de la historia la percepción primordial constituirá entonces el plano
de la prehistoria que ' urge pulsar por ser la raíz y el fundamento de aque'l•
Ahora bien, siendo la reflexión radical el momento ideal del conocimiento,
,. Phénoménologie de le Perception, p. 279.

42

ésta habrá de consistir en un "encontrar" la experiencia no reflexiva del mundo, en la cual, como una tarea inmediatamente posterior, se habrá de buscar
la coyuntura por donde queda enraizada toda operación reflexiva y toda actitud de verificación de la misma. Tómese, por ejemplo, uno de los elementos
que caracterizan esencialmente esa relación originaria, y por consiguiente no
reflexiva: "la espacialidad originaria de la existencia". Ésta es un fenómeno
de estructura global de mi mundo. Por ella me anclo en un mundo que yo
supongo "completo" por vivir en él según una estructura de implicaciones
que garantiza mis relaciones familiares con las cosas que, sobre ese fondo, me
es permitido describit como movimientos, distancias, direcciones 1 orientaciones'
etc. La espacialidad originaria será pues un "estilo" de vivir e.l mundo; y como
toda manera de vivirlo, también ésta incluye cierta dosis de fe: fe en que sus
estructuras sabrán "responder" conformándose al sentido que les es infundido
por esa actitud. Por esto, percibir originariamente, como relación primaria entre
el. hombre y el mundo, quiere decir "tener confianza" en ese fondo espacial,
rrusmo que es configurado como sistematización virtual de todo espacio en
torno o, mejor dicho, con referencia• a un plano privilegiado. Este plano privilegiado está constituido por el cuerpo, pero no en cuanto compuesto orgánico
sensorial, ni tampoco en cuanto modelado según la estructura simétrica que le
conocemos y que -podría creerse- define los ejes de la verticalidad y la
horízontalidad, si-no en cuanto "agente" de mis intenciones y de mi experiencia.
"Lo que importa para la orientaci6n del espectáculo, escribe Merleau-Ponty,
no es mi cuerpo tal como es de hecho, en cuanto cosa en el espacio objetivo,
sino mi cuerpo como sistema de acciones posibles, un cuerpo virtual cuyo "lugar'' fenoménico es definido por su tarea y por su situación" .16
Relación de comuni6n, relación de conocimiento a nivel no reflexivo y relación de conocimiento reflexivo; tal es el orden ontogenético del binomio
sujeto-objeto. En cada una de estas tres relaciones el sujeto o el objeto no
podrán ser entendidos sino gracias a su estructura referencial a su correlato: la
esencia de la conciencia no puede manilestarse sino en cuanto presencia
efectiva al mundo, y la esencia del mundo no se revela sino como aquello
que por naturaleza se ofrece a la conciencia ya antes de toda tematización.
Por esta razón, finalmente, aparece a Merleau-Ponty como más urgente la
tarea más filosófica -permítasenos hablar así- del estudio de la primera
relación, la de comunión, que es la originaria y la fundamentante de la
"correlación ontológica" entre los términos del binomio. Esa primera relación (la comunión del comercio perceptivo) fundamenta nuestra idea de
ll

o p,

cii,, p. 289.

43

�verdad y hace posible que la segunda relación, así como la tercera, p~tend~
ücitamente a ese mismo tipo de idealidad. "No hay que preguntarse si pel'Cl·
bimos verdaderamente un mundo, sino que, al contrario, hay que decir: el
mundo es lo que percibimos".ir La percepción no puede no ser considerada
como el acceso mismo a la verdad; o, si se quiere, no puede haber región o
nivel de verdad que no tenga sus últimas garantías y fundamentos en ese
primer contacto entre el hombre y el mundo.
El mundo es lo que vemos, lo qu~ percibimos; y sin embargo hay necesidad
de enseñarnos a ver. Esta es la paradoja que da sentido a la filosofía asignándole como tarea primera la destrucción de todo prejuicio o apriori onto•
lógico. Si es muy cierto y evidente para todos que al ver vemos ~ árbol, una
nube O un hombre, es menos cierto que nuestro concepto de vmón c~s:1:'e
su pureza al ser empleado en razonamientos posteri~res o en simpl~ JU1C10s
que pretenden decir (fundados en ese acto perceptivo) lo q_ue el arbol es,
lo que la nube y el hombre son. Estos juicios son emitidos (y, desde luego,
concebidos) por el sentido común sobre la base de su fe en el ser "en-sí" del
árbol de la nube o del hombre. El sentido común ''trabaja" con la apropia'
ción práctica
del concepto de ser ''en-sí" que aplica. a las realidades del mundo y, concomitantemente, con la convicción personal de la f~nna "P,ara-sí"
de su ser como sujeto. Es éste el prejuicio ontológico del sentido comun que
combate Merleau-Ponty en su interminable diálogo con el racionalismo y
con el empirismo. Su intento más puramente fenomenológico lo lleva a trascender magistralmente el apriori señalado y a proponerse la cuestión del
ser de la cosa, del ser del mundo, del ser del hombre, en lugar de darla por
resuelta o de declarar sencillamente su inexistencia, tal como de hecho y
prácticamente lo hacen las filosofías que substituyen este problema por el de
la certeza o incertidumbre de la verdadera existencia del mundo y de la nuestra propia. Al fin y al cabo, vista con aquella óptica, la dificultad de distinguir la verdad de la ilusión (dificultad realmente mayor a los ojos de
estas filosofías) es vencida casi por el simple juego de la buena voluntad que
se ponga en el entendimiento de los términos sencillos de esta sencilla aclaración : la percepción verdadera se corrobora en sí como verdadera por abrir
sobre un campo congruente de todo un sistema de posibilidades y por presentarse acorde a la lógica que sostiene la compleción principal del mundo,
mientras que la ilusión es lacunaria a estos mismos respectos y no sobrevive
al examen de la intención integradora de la unidad radical del mundo.

al abordarlos lleva siempre el riesgo de comprometerse con algún prejuicio ontológico, a menos que, haciéndose consciente de este peligro, no aceptando por
dada la idea del ser "en-sí" de la cosa ni la del ser "para-sí'' del sujeto como
regiones del SER, se vuelva la atención al hecho originario del hombre habitando el mundo y se asista al surgimiento de este "estar siendo" el mundo
para el hombre y el hombre en el mundo.
Esta postura genuinamente fenomenológica orientó el interés filosófico de
Merleau-Ponty hacia el estudio de la percepción, pues en este concepto resultaba claro que sólo una común medida entre el hombre y el mundo daría
la clave del sentido del ser, el cual empieza por "realizarse", gracias a la
percepción, como una donación de sentido por parte del hombre y una recepción del mismo por parte de la cosa. Esta común medida es revelada por
la talla mundanal del cuerpo humano, el cual, por ser nuestra primera situación en el mundo, hace posible la percepción del mismo según el estilo
de verdad (el único del que es capaz el hombre) que esta misma percepción
inaugura. Esta tesis, la tesis de Merleau-Ponty, también es fenomenológica.
Su explicitación le preocupó hasta su muerte, según Jo prueban sus notas
póstumas publicadas cuatro años después de su muerte por Gallimard con el
título de Le Visible et ['Invisible en el texto establecido por Claude Lefort.
En estas notas sería posible hallar, según su intención, el camino fenomenológico hacia una nueva ontología. Y en todo caso, es ya visible desde su postura
el viso de autenticidad al que una tal ciencia del Ser puede legítimamente
pretender.

Hay un problema del mundo y hay un problema del hombre. Más aún,
son éstos los primeros problemas a que ha de hacer frente la filosofía. Pero
11

44

O p. cit., p. XI.

45

�ORIGINALIDAD DEL PENSAMIENTO VASCONCELIANO

DR.

ISMAEL DIEOO PÉREZ

Universidad Nacional Autónoma de M~xico

Meiodología. José Vasconcelos en su "Filosofía estética" encuentra que el
mundo y el hombre presentan un desorden por heterogeneidad y pretende
encontrarle un orden y una razón de ser homogénea, una unidad de pensamiento.
Pensar para el filósofo es transformar la realidad objetiva dándole una categoría subjeúva. Lo que para el hombre de ciencia son hechos reales, evidentes, sujetos a reglas o a leyes de la naturaleza, para el filósofo son unidades
universales de pensamiento, levantando una ciencia de supuestos intelectuales,
con el mismo rigor sistemático y metodológico que el desarrollo científico. La
metafísica del idealismo se presenta como ciencia de las entidades del pensamiento. La filosofía positiva trata de encontrar unidades científicas, prescribiendo el idealismo.
Vasconcelos parte del examen de dos clases de filosofía: a) filosofías de análisis; b) filosofías de síntesis. En las filosofías de análisis se hace un examen
de la realidad, desmenuzando porciones del saber. Vasconcelos quiere encontrar una filosofía de síntesis.

1

1

La tradición filosófica de Aristóteles está presente en su pensamiento, aunque se aparte de su contenido doctrinal. Comienza por una inducción lógica
y termina en una deducción. Siempre el paso de lo particular a lo universaL
El apriori estético permitirá hacer esa generalización de los contenidos del
conocimiento.

El punto de partida de la filosofía. El filósofo racionalista tratará de encontrar una ciencia de pensamiento, comprobable o demostrable como una ciencia
positiva, es decir, hacer ciencia de la idea, como s'mtesis de la realidad. O
dándole una realidad objetiva a toda esfera de la realidad. Pero esta ciencia
de pensamiento, por el hecho de serlo y por ser filosofía racional, adquiere

47

�categorías ideales. Una vez más el ''fainoo" platónico se transfonna en "noumeno". Lo que aparece no es, al menos no satisface a la mente del filósofo,
y lo que es, no aparece, sino después de sigilosa busca intelectual y por medio
de lo que Plat6n llamó intuición eidética.
Por eso el realismo de Arist6telcs se convierte en idealismo: las entidades
cognoscibles se adecúan con el "nus'' o la inteligencia abstractiva. Los grados
de abstracción formal con tituyen la nueva ciencia del pensamiento.
Manuel Kant invierte el conocimiento filosófic:o. Las categorlas ideales están
previamente en el entendimiento puro, las que aplican a la realidad. Las categorías las proporciona d entendimiento puro y no las proporciona la naturaleza. No es la realidad la que se adecúa con el pensamiento, sino que
es el pensamiento el que da catl.-goría o sentido a la realidad.
Edmundo Husserl stablcció una fenomenología de todo conocimiento, reduciendo el saber a esencias, lo que llama la "epojé" fenomenol6gica. on
categorías racionales donde la metafísica, lo mismo que en Kant, no es posible. Pero sí es posible una fenomenología racional del positivismo científico.
Sus antecedentes son aristotélicos y positivistaS.
José Vasconcelos igue fiel a la tradición filosófica y se adentra en el puro
subjetivismo, en la intuición dinámica de los seres, presentados como ritmo,
melodía, annonia y contrapunto y halla una unidad de pensamiento, un modelo de la inteligencia para establecer su si tema original; esa unidad se llama
el a.priori estético. Con este hallazgo o punto de partida, como llaman los
fil6sofos, se constituye en un filósofo original, como después demostraremos en
el desarrollo, en las f ucntes o en las conclusiones de su sistema, al que podría
considerársele como una filosofía de la intuición, con lenguaje literario, lo
mismo que en el pasado helénico fue Plat6n.

Las dos / ucntes de todo conocimiento. El e.xamen de la Historia de la Filo-

que son la fuentes de los principios de las cat o , del
,.
llama la psicología profunda las
_
eg nas
espmtu o lo que
del supra.consciente.
enscnanzas que proceden del subconsciente o

Pero la racionalidad v la irracionalidad
nombrar a lo instrum~tos d 1
• • son dos formas convencionales de
e conoc1m1ento intelect I L
trumento intelectual más elevado para
ua . a razón es el insforma de la razón. Podemos d
. 1 conocer; pero la irracionalidad es una
•
cstruir as categonas de I az6 ¡
arquitectura irracional "' cantand
.
ar
n, evantando una
,
J
o us exce lenc1as
pe hab ,
d e la razon para levanta
. az6
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namos de valemos
r una smr n A Va
¡
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hizo una filosofía racional sino una . .
sconce
se le obJeta que no
tamos al lector otra vez· . '
~u1t~ctura poetica. Entonces pregunEl b
.
. e qué_ es la racionalidad y qué es la irracionalidad;,
ergsorusmo es llamado irracional or
'
.
ernlución creadora. Pero Be
. p ~ue apela al 'clan de vie" y a la
rgson maneJa el mstrumentO d I
ó
que Vasconcelos para movc"'" e
d d
e a ra.z n, lo mismo
O
n
un
mun
e
p
·
1rrac1onal.
en.amiento de naturaleza

-º~

. .

'

~~

Lo racional sería 1o c1ent1
· •r·ico y lo .irrac1onal
.
l . ..
levanta un sistema ong· inal d pe
.
o mtu1tivo. José Vasconcelos
,
e
nsamiento con fuent ·
·
J&gt;?dnamos preguntarle cómo tenemos la intuició d I e~ irrac1onaJ~, porque
nia y contrapunto para que en nosotro
n e n~o, melodía, armoPero esa misma pregunta ad , ·
sham_anezca el apnori estético.
P riamos acersela J
, ·
te.' qu aman a Dios o al ser hum
. b
a o~ IDlSllcos y a los aman. .
ano, sm ac;es racionales
1
1·
con su!1c1encia científica. Platón PI t'
,
que o exp iquen
.
•
.
•
o mo o an Agustín em l
1
,
de 1a mtu1c16n y sus filosofías h . fl 'd
.
P earon e metodo
d d •
an m lll o obre millones de h
b
.
u a mvocarlos y considerarlos como filósofo en
.
.
om res y nadie
Por el contrario Arist6teles Kant H
I
la Histona del pensamiento.
·6
. ~
,
o cge emplearon el ét d d 1
z n, con sufic1enc1a metodológica
. íf
. m o o e a ralosóficos.
y cient tea para explicar us sistemas (j.

~=

sofía nos muestra que el método objetivo y subjetivo son empicados por los
fi16sofos para levantar sus sistemas ideológicos. O Arist6teles y Plat6n como

José Vasconcelos está situado en la trad· .,
aportación de ideas originales, tanto en el
del método intuitivo, con la
en la conclusión de su si tema. Puede
, rollo'. como ~n el contenido y
¿ qué filósofo no las tiene?
n encontrarsele mfluencias en la filosofía,

padres originarios de toda filosofía.
La objetividad tiene una mayor apariencia de verdad. Pero la subjetividad
tiene otra apariencia de verdad. o siempre como afinnaba Descartes podemos fiarnos de nuestra razón o en la fuente de conocimientos que nos pro•

Pensemos que la Filosofía. es una Historia de 1 .
,
ciencia en una Historia de la e· .
a F1losofia, lo mismo que la
1eneta.

porcionan los objetos de la naturaleza.
Raz6n e intuición constituyen las dos fuentes fundamentales de todo conocimiento. La raz6n a la luz psicológica es sensibilidad y entendimiento antes
que raz6n, al menos en el concepto kantiano. Y la intuición abarca tres clases
de intuiciones: a) la intuición sensible, que es la visión corp6rea, objetiva, del
mundo y de todos los seres; b) la intuición intelectual, que nos ayuda a la
sistematizaci6n de las reglas o leyes de la naturaleza; e) la intuici6n espiritual,

48

¿ PUEDEN ESTABLECERSE LAS FRONTERA

ENTRE

LA FILOSOFÍA Y LA UTERA.TURA.?

Podcmo afirmar que no cxi ten unas fronte
la filosofía }' la literatura E .· t
1·
ras claramente establecidas entre
•
XJS en iteratos filósofos y filósofos literatos. A

49

�José Vasconcelos se le objeta como filósofo, aseg~rando qu_e _su filosofía es literatura, un poema del espíritu, sin las bases raaonales exigibles a todo conocimiento filosófico o científico.
¿ Acaso 00 hay una filosofía en la obra de Shakespeare o de Cervantes, de
Proust o de James Joyce?
¿No existen filosofías como la de Federico Nietzsche o Miguel de Unamuno,
expuestas con lenguaje imaginativo de literatos o de poetas? Y de cuyo torrente de ideas se nutren las generaciones.
El drama existencial de Martín Heidegger ¿ no es acaso llegar a ~~ conclusión de la insuficiencia de la razón para conocer la verdad, refug1andose
en la literatura, con renuncia de la razón y levantando entonces un sistema
literario de la filosofía?
Nos afirmamos en la originalidad filosófica de José ~asconcelos _con estas
menciones de otros filósofos que hicieron filosofía, lo mismo que s1 construra literaria. La obra de José Vasconcelos es una catedral del esyeran una ob
.
.
.
.,
píritu humano, levantada con materiales hteranos y q~e en otra ocas1on comparé con Hendel en la composición de su famoso Mestas.

APORTACIONES ORIGINALES DE PENSAMIENTO EN LA FILOSOFÍA
ESTÉTICA DE

JosÉ

VASCONCELOS

La Estética para José Vasconcelos es una Teoría del Co_~ oc~ent~ .º un~
Ontología. No concebimos al ser por medio de la abstr~coon ar~stotelic_a, m
por la captación de esencias husserlianas, ni por la razon cartes1an~, m por
medio de la razón vital; el conocimiento se construye con lo heterogeneo, valiéndonos del apriori estético en unidades homogéneas, que se fund~ en
síntesis de experiencia sensible, de razón y de amor. Y la verdad estética es
una coherencia de pensamiento, obtenida por coordinación de conjuntos de
hechos y de zonas del saber.
La Filosofía se funda en la armonía; todo cuanto existe es u1: ~to de
amor, y la intuición sobre el ritmo pitagórico, nos lleva al descubnrmento de
las leyes del ritmo, como fundamento de la cualidad que en todas las cosas
existe.
La realidad responde cuando se expresa por la cualidad; tenemos la intuición de su presencia y el goce de su conocimiento.
.
. ,,
Vasconcelos escribió una "Estética" y una 'Sinfonía como forma literaria ,
antes de su Filosofía estética, incidiendo en que el cono~imi:°to es 1~ b~sca
de una unidad de tipo annónico. Existe en nuestra conc1enc1a un apr1on es-

50

pecial, que llama el apriori estético y que actúa sobre cualquier realidad según
ritmo, melodía, armonía y contrapunto.
Vasconcelos cita al poeta Elliot en su obra Los cuatro cuartetos, quien al
definir la poesía coincide con la tesis estética de Vasconcelos, o "un esfuerzo
de unificación de los elementos heterogéneos de la intuición".
También cita a Eugenio D'Ors en El secreto de la Filosofía, quien al dialogar sobre la Música, nos dice: "cuya solución suprema no sea la anulación
de lo vario en la identidad, sino su conciliación en la annonía".
Yo he escrito en varias ocasiones que la filosofía racionalista en sus últimas
especulaciones tropieza con un muro infranqueable y vuelve a empezar su
recorrido, buscando nuevas razones que sobrepasen su limitación, y en su
esíuerzo denodado, sólo encuentra réplicas de la misma realidad. Entonces,
la filosofía halla solamente dos caminos: o se hace teologÍa o se hace literatura. Por eso una gran parte de filósofos escriben en lenguaje literario.
Aristóteles llamó a la Filosofía "teologike epis teme". V asconcelos adoptó
la postura del teólogo y su Filosofía estética terminó en Teología.
El filósofo racionalista que construye categorías de pensamiento, como Aristóteles, Kant, Hegel o Heidegger, levanta una entelequia de puros conceptos,
se hace "aséptica" a los problemas del hombre vivo y tropieza en su evolución
de pensamiento con el propio muro que ha creado con sus redes conceptuales,
sin dar solución al hombre integral, que es razón, sentimiento y sociología.
La Filosofía idealista de Hegel encontró una reversión en categorías reales
de economía y política en su discípulo Carlos Marx.
O bien ante la imposibilidad de salvar el muro de la raz6n, nos refugiamos
como Heidegger en la nada y en la angustia. O derivamos en teatro pornográfico como Sartre.
El filósofo racionalista necesita del aire fresco y húmedo de las ciencias
sociales y de la naturaleza, y el hombre de ciencia necesita complementar lo
que sabe con justificaciones filos6ficas .
Vasconcelos adoptó una actitud de aventura del pensamiento; trató de escapar de la Filosofía abstracta, dando una explicación irracional del conocimiento.
Existe un ser de realidad y otro ser de fabulación para explicar la proyección
estética del hombre. Vasconcelos fue un creador de Filosofía poética, lo mismo
que fue Vivekananda o Nietzsche. Por el método de coordinación de conjuntos
imaginamos una síntesis y nuestra intuición con el apriori estético nos la ofrece.
Vasconcelos no se resignaba con el conocimiento abstracto y quiso salvar
el muro, con el que nos encontramos al final de toda especulación. Quería
encontrar una nueva dimensión de realidad y de pensamiento, para crear una
nueva filosofía o una nueva ciencia del espíritu.

51

�Ante la ausencia de una soluci6n racional, nos propuso una intuici6n poética. Y es que el misterio o la limitación nos ronda y nos c~nstituye. ¿ Cuál es
el origen del hombre? ¿Cómo es su constitución e piritual? ¿Cuál es su destino de pués de la muerte? ¿ Cómo llegar a la evidencia del conocimiento?
Las contestaciones de la Filosofía racionalista son conjeturas intelectuales,
pero nada pmeban en un orden científico suficiente. Entone la Filosofía
racionalista se hace irracional, formando la teodicea o pruebas racionales de
lo que por naturaleza no es racional. Y se constituye con la Teología negativa
en una pura argumentación en el mist rio, La palabra "mistor'' en hebr ·o y
"misterium" en latín, significan lo que se esconde o se oculta.
•os acercamos a la intuición \·asconceliana, que no andaba lejos de la
v rdad. Por eso upuso un apriori estético para d cubrirla y en eso consi tió
su originalidad.
Penscmo que nos movcmo y rnmos scre de tre dim n iones de tiempo y
espacio y como nuestra razón es de ltc. dimen iones, todo lo que imaginamo ·
más allá, serán conjf:turas de la mente. 1 u&lt;!!&gt;-tra constitución racional tiene
los mismos límites de su propia natural za. nicamente las creaciones de la
e tética en el . i. tema de las artes, podrían damos otra dim nsi6n espiritual que
fuese superior a las tres dimensiones conocidas. Tal vez podríamos llamarla
como Leonardo da Vinci "el é.xtaSis tetrruiimensional de I figuras".
Lo que llamamos revelación superior del arte tal ve~ sea como un fulgor o
un de-t&lt;'llo de una cuarta dimcn:ión del píritu, expresable con los medios
de los que disponemo . Y que corr ·pondería con la misma idea expr ada por
an Pablo, el apóstol, en u Epi tola a lo Efe ·ios, III., 17-18: "Para que
arraigados y fundado en el amor, podáis comprender con todos los santos,
cuál sea la anchura. y longura, }' altura, y profundidad".
¿Qué sería la cuarta dimensión en lenguaje inteligible para los humano·?
El Unh·crso y 1•1 conocimi~nto humano son de tres dim nsiones. La Geometría de Euclides y la Física de la nergía, con la que andaba preocupado Vasconcelos ) e de tn· dimensione . La cuarta dimensión de Ein tein se llama
tiempo. O la coord nada de la duración. El número y la medida del movimiento, según el concepto de ant y despué 1 como definía el tiempo Aristótelc .
La cuarta dimen ión s ría esta fijación de límites entre antes y después, en
una unidad, que no conocería el primero y el último.
ría tal vez el apriori
estético de José Vasconcelos, coordinando conjuntos en ritmo, melodía, armonía y contrapunto.
La primera condición del movimiento reador e el ritmo y (·ste es un modo
de acci6n y conocimiento. El ritmo y la annonía e manilie tan en la exist ncia como color y sonido. El desarrollo general de todos los fenómenos obedece a combinaciones rítmicas y melódicas.

52

Bcrgson lo señaló también en su estudio sobre la duración: "la suce ió d
nue·tros
estados de conciencia e unifican cuando no e tablee cmos una sepan e
·ó
ract n entre _el e lado presente y los estados anteriores, lo mismo que cuando
recordamos Juntas las notas de una melodía".

La org~ización rítmica del conjunto la que nos advierte de ta pr sencia
deyla .calidad,. que es el .conocer por e:-ccl ocia . en Ja opmt
• '6 n d e V asconcelos.
sigue opmando el ftlósofo mexicano: amar al mundo
acomodars
annonía·
d
.e a su
,
no
se
trata
e
consumar
reglas
universales
co
K
· rea ¡·12ar
.
. .
mo an t , sino
arquctlpos Vl\'Jentcs, como el amante, el héroe o el santo. Y la estética se
logra por composición de los artistas en las diferentes artes.
. La obra stética
logra con el poema del poeta&gt; la tela pintada de un
pintor o. con el secreto. de armonía de la naturaleza, que logra ..presar un
comp~slt~r. ~s. una unidad operante que coordina las partes heterogéneas por
el apnon estetico: Coordinar es, en el fondo, armonizar, y los instrumento del
con~er son el ntmo, la melodía y la armonía, y los fruto son el poema
la pintura y la sinfonía.
'
. La _verdad ~o es ló0 ka de premisas y conclusiones, sino un proceso de coordmación func_ional, vivo e inteligente; la conciencia establece la coherencia y
no el pensanucnto.
, El silencio ~ al sonido lo qu la luz blanca es al color; el ilencio es annonia y coheren_c1a de todos los sonidos; todos los elementos de la naturaleza se
pueden mancJar ordenadamente por I ritmo 1 melodía annon'
t
El
· •
, .
,
1a y con rapunto.
· ~pnon_ estetico nos lle\'a a un modo de pensar por concierto o concurrencia
, de m~encmncs_ Y significaciones, que
organizan en la conciencia. Pensar es
coorchnar conJuntos.

. El cosmos es un contrapunto de contenido universal; el todo no es el con~unto de la~ parte , sino el re ultado de la interacción de partes O elementos
tntemo activos.

El Todo es un orden existencial de armonía y proporción como el de los
co_lo~ Y los sonidos, pero más variado. En la Filosofía de , la coordinación
remc1d Vascoocelos, lo que intentamos es captar la calidad d la
'
'
· d h
e s cosas, ima
smte ~s e eterogéneos, en la que tengan cabida la verdad dialéctica la verdad
e.·~~mental Y una nue\'a síntesis, propia de la conciencia, y la' operación
coo, dinadora es lo que llamamos orden estético.
Vasconcelo parti6 de Empédocles cuando afirmaba que la combinación de
elementos es el secreto del r, no intentando r ducir la calidad.

E~ filósofo ha de interpretar todas las expresiones: conceptual pictórica

muSJcal, cxpr s.i6n sentimental o relaciones del ser con nuestra vicb. y ha d~
lograr una síntesis superior que no puede dárs la la razón, sino la conciencia
con tres categoría : apriori mental racional; apriori ético por los juicios de

53

�valor; a priori estético, que responde a las formas estéticas especificas: ritmo,
melodía, armonía y contrapunto.
La coordinación nos pennite concebir el pasado, el presente y el futuro en
simultaneidad de tiempo y conciencia. Esta definición nos permite pensar en
la cuarta dimensión, que hemos señalado en razonamiento anterior.
El ser en sí es el alma en el gozo de sentirse llena y se sirve de distintos
aparatos para el conocimiento sensitivo, intelectual, ético, estético; todos operan por medio de aprioris estéticos especificos.
Vasconcelos reconoce cuatro categorías del ser:

distintas ~el co~ocimiento para lograr una síntesis, que no logra el Iogos, sino
la armorua propia de la existencia. La verdad es una coordinación de conjuntos.
En el P~ d~l l~g~s a la armonía, la estética da una síntesis más completa
que toda _smtes1s. logica. La verdad no es la reducción de lo particular a lo
general, s~o el sistema de coordinación de valores, que sin reducirse unos
otros• se iiaan
. , dando una e.xistenc1a
.
. como armonía.a
::, . por
. 1a Vl'd a Y 1a acc10n,
En la esencia misma del ser encontramos el acierto de la existencia
drando "úbil
. .
, engenJ O Y sentmuento de vida, que el hombre descubre en la totaJ'd d
de ~us' facultades. Y esas facultades son tres: el himno de la juventud Ja \:_
forna de la madurez y Jas letanías de la vejez.
,

a) Una estructura, dentro de 1a cual opera un impulso, una energía animada de propósito, tendiente a mantener una acción individualizada: el átomo.
b) Una célula orgánica, que posee estructura y fuerza animadora, que
tiende a realizar propósitos, no dispersos, sino encaminados a la integración

INFLUENCIA DE MANUEL KANT CON SUS APRTORIS EN EL
Al'RIORI DE

JosÉ

VASCONCELOS

de un organismo.
c) Una conciencia hecha de diversas estructuras mentales, emocionales,
coorclinativas o estéticas, encaminada de un modo coherente a la integración
de una persona.
d) La Persona Divina, que no es la suma de las partes del Todo, según la
idea panteísta, sino el principio que existe por sí mismo y que opera según
elemento trino, por el cual se comunica con todo lo creado, pero guardando
su aislamiento y su poder, del que dependen los demás seres.
Los entes pueden ser pensados, pero no son realidad existencial; sólo hay
entes encamados en un ser concreto y particular. El ente supremo es innecesario; es una idea ejemplar para sus creaciones.
Vasconcelos cita a sus fuentes inspiradoras. Filolao está citado en la justificación de la armonía. "La única manera de establecer unidad entre los disímiles, los heterogéneos, se encuentra en el orden que nos ofrece la armonía".

LA FILOSOFÍA COMO ARMONÍA Y COORDINACIÓN

José Vasconcelos sintentiza la originalidad de su pensamiento en las siguientes ideas:
La realidad es unificación o la unidad de los heterogéneos o una coordinación mental que une factores heterogéneos y conjuntos de relativa homogeneidad, como fruto de las ciencias particulares.
Pensamos en un objeto y separamos mentalmente lo que nos dice la Física,
la Química, la Literatura. El filósofo relaciona y coordina todas estas esferas

54

_¿Qué entendía Manuel Kant por aprioris? Kant distingue
tr
·
nuent
. .
. .
en e CODOCl·
. º. a pnon, opuesto al empmsmo y conocimiento a posteriori. El Juicio
a pnor~ ha de_~ pensado con carácter de necesidad y universalidad, no derivado, sino valiendose de sí mismo.
Kant
·
lid a d empmca
' · no es mas
' que una ex.te ·'
.
. opinaba que la Wl!Versa
arb1trana de valo
d
nston
.
r, que se correspon e a todos ellos en la mayoría de los
casos. Ejemplo: todos los cuerpos son pesados.
~a experi~cia nos dice lo que una cosa es, pero no que haya de ser necesanam~te asi. Por ~so la experiencia no nos da una verdadera universalidad
Y la razon es más bien excitada que satisfecha.

P?r eso Kant se inclina por los aprioris, que se dan en todas las ciencias
t~óncas de la razón, en los juicios matemáticos, en los principios de la cien~
c1a de la naturaleza. Y son juicios sintéticos a priori.
Kant sos~iene que debe haberlos también en la metafísica: el mundo debe
t~~er un p~m~r principio, etc. La metafísica son proposiciones puramente sintebeas a pnon.
La Crítica ~e la Raz~n pura comienza por una estética trascendental, preguntándose c~mo es po~1b_l~ la matemática, en el espacio y en el tiempo. Elaboramos un &amp;stema de JUICIOS matemáticos.
Sigue con , ~ Ana J'it.lca
· tras_ce_n~ental, donde se pregunta por la posibilidad
de la Metaf1SJca. Elaboramos 1u1c1os y razonamientos trascendentales.
i-¿:anuel ~~t pretende toparse con una ciencia universal y necesaria, es
decir, a pr10n y plantea el problema de la posibilidad de su conocimient
0
como producto de una síntesis trascendental.
'

55

�Los juicios matemáticos se mueven dentro de 1a facultad llamada sen.ibilidad y son síntcsi a priori. Los juicios matemáticos .w n intuitivos, repr sentados en el espacio por 1a geometría y en el tiempo por la aritmética.
Pero estas formas no son cosas en sí, ino como r ultado de la actividad
del sujeto tra endenta!. Kant hace e:,,.-po icioncs trru cendentalc y metafí icas del espacio y el tiempo.
egura que el espacio y el tiempo son fonnas
de los enti&lt;lo internos v c:,,.-tcmos v son fundamento de la posibilidad de la
matemática. La matcmé1tica s con~icrte en una sínt .i a priori, unificando
la experiencia con las foml.aS de la sensibilidad. Esta fom1a.~ ñalan al objeto sus condiciones, para que sean objetos de conocimiento y conocimiento
universal y necesario.
En Ja Analítica trascendental hace lo mi mo con los objetos físicos; trata d
establecer los elemento a priori que inten·ienen en los juicios de la Física. Ya
no
trata de ordenar las ímpr iones por las intuiciones del e pacio y el
tiempo, sino más bien unificar lo dado con las categorías del entendimiento.
La Analítica es la pre..,unta por la posibilidad de la experiencia natural.
Kant justifica las categorías identificando los juicios con los actos de afirmación de la realidad. •o pueden darse otras categorías que las establ ·cida por
las formas lógicas del juicio. El conocimiento es lo que pone a las cosa la •
actividad apriórica del sujeto trascendental.
La síntesis a priori hace po. ible la Fí ica. El resultado de la Analítica es
separar la cosa en sí de e:a sub tancia. qu de existir. no e· conocida por el
sujeto cognoscente.
En la Dialéctica trascendental se pregunta por la posibilidad de la Metafísica. La posibilidad d la matemática y de la fí ica es efccti\'a. La Metafí ica
quiere conseguir por la razón pura, algo que trasciende la experiencia. Son
síntesis con las que la razón unifica los juicios para conseguir conceptos de
totalidad sobre el alma, el mundo y Dios.
Pero el alma no es objeto de experiencia. El mundo oír e~ la contradicción
de las antinomias y Dios no puede ser dcmo trado racionalmente, por la
prueba ontológica de an Anselmo, ni por los argumentos co mológicos y tclcológicos.
¿ Cuál e la función de la raz6n humana como 6rgano de conocimiento
metafísico? Kant afirma que el entendimiento es la facultad de 1 1as reatas y
la razón es la facultad de los principio Si el entendimiento es una facultad
de la unidad de los f en6menos, por medio de reglas, la razón es la facultad de
la unidad de las reglas del entendimiento bajo principios.
La Dialéctica trascendental mostrará la imposibilidad de la Metafísica como
ciencia. Kant establece corno principio que la multiplicidad d las reglas · la
unidad de los principios e una e,ágencia de la ra,,ón, p ro sin que ello con-

56

fi_e~ ley alguna a los objeto ni ha)'a fundamento de la posibilidad de su conoe.1m1ento. Y el principio de que la rie de las condiciones en la síntesis de 1
los fenómenos, se extiende ha~ta lo incondicionado y absoluto no ofrece validez objetiva.
'
Jo_sé Vasconcelo estm·o sin dud in pirado en e te procc o de la int •ligencia
kantiana para conocer la verdad en la sensibilidad, el entendimiento y Ja razón Y c?_mprencli6 el _e.fuerro de Kant para loITT"ar la unidad del pen. amiento
y tamb1~n- comprcnd1~ la perfecta nulidad de su esfuerzo, queriendo captar
la met~fo~ca ~: medio de la ciencia. A Va concclos se le ocurrió la unidad
del apnon estcuco en la energía cósmica del ritmo, melodía, armonía y contrapun~o. Los ~cursos formales de u teoría eitética serían kantiano , pero el
cont mdo doctnnal es rigurosamente vasconceliano.
Kant introduce lo que llama esquemas, como una regla operatoria., ñal~do el método par~ con truir a priori la imagen del objeto en la imaginación. Las rcprescntac10nes unida en la imagen on sub umidas bajo categorías.
El esquema , _un mediador entre la intuición ·nsible y el concepto, bien
_ea ~~ro o empmco. El esquema es una regla universal que organiza nuestra
mtu1ci6n de acuerdo con un concepto.
K~t asegura que ~l ju~cio estético, en su Crítica del Juicio, es apriori no
se dcm·a de la e ·pencnc1a, ni es ~-plicati\'o, ino exten. i\'O, El elemen;o a
P_riori que contiene es la universalidad del placer. quí hay una clara influencia en Va~concelos: el apriori e tético es un deleite musical que se encuentra
penetrando el mundo y su mensaje s universal.
Kant tá dominado por una inclinaci6n ética, haciendo con istir el ideal
humano. el_ único ideal que reconoce en la fuerza expresiva de sus ideas moral ·, que mtcmamente dominan al hombre. Tal vez Vasconcclos hall6 in.
pi ración ~ ~sta parte de la Crítica del Juicio, terminando su ideal estético
o su conoom1ento del apriori estético en la teología de San Pablo.
Vasconcelos se aí!rrna en una Filosofía estética sin método cientifico, igual
que _hace _Kant, ~wen, no acepta una Fí ica e tética cuando no hay un fin
e, tébco, 111 una frlo of ta del arte cuando cl arte no tiene conceptos determinados en que fundarse ni una metafí ica de lo bello, cuando en realidad toda
metafísica es una hipótesis gratuita y laboriosa in rigor científico.
yasconcelo fu_e consecuente con estas conclu iones kantianas y levantó como
sonador de la Filosofía un i tema tético .. ntcs había escrito ''La sinfonía
como forma literaria".
Pero también fue soñador Kant al terminar en postulados morales u Filosofía. Otro camino no era posible para el hombre de ciencia y el filó ofo.
Vasconc los funda la Filo ofía en la armonía; todo cuanto existe es un canto de amor y la intuición brc el ritmo pitagóiico nos ll va al descubrimiento

57

�de las leyes del ritmo, como fundamento de la Cualidad, que en todas las
cosas existe. Y la realidad responde cuando s ex pre a seg(m cualidad: tenemos
entonces la intuición de su presencia y el goce de su conocimiento. Es la busca
de la unidad armónica.
Kant negó la posibilidad de la estética y Vasconcclos la afirm6 en la armonía.

PEDRO CA'BA y LA PERSO, ALIDAD DEL HOMBRE

EN LA FILOSOFÍA

El signo de nuestro tiempo es sociológico. La Historia de la Filosofia nos
muestra que el hombre cambia de signos históricos, aunque siempre se den
los mismos fenómenos ocultos del ser de las cosas, que el pensamiento no descubre o advierte en ese tiempo y lo advierte en otro. La verdad siempre es
verdad y ya está presente, como aseguraba Kant, en el entendimiento puro
del hombre.
La filosofía griega, como madre de la filosofía occidental, es idealista. A
Platón se le considera como el padre del idealismo, y Aristóteles, cuyo sistema
se llama realismo, al fundar el conocimiento en la abstracción formal, está
creando filosofía idealista. Este idealismo culminará en Hegel para quien las
diferentes categorías de la realidad se transforman en Idea: Todo el pensamiento humano está recogido dentro de su sistema idealista y nada de lo que
los filósofos han pensado queda fuera del mismo.
La filosofía de la naturaleza iemprc cOCA;ste junto al pensamiento especulativo de la raz6n, desde los viejos modelos de la cultura helena. Y también la
filosofia del número con la cantidad y la medida.
La Edad media europea es cristiana y es por tanto idealista. Ha aparecido
el cristianismo, dándole un signo nuevo al hombre, diferente a la filosofía de
los griegos. El Pensamiento es en í unción de la vida y el hombre se comprende
por la patética del sentimiento religioso: los santos, las catedrales góticas, el
arte; la filosofía están inspirados en el cristianismo. El paganismo griego tenía
horror de la otra vida, después de la muerte. Por eso dice Uliscs a la maga
Circe: "Más quiero ser esclavo en el mundo que príncipe en el reino de las
sombras''.
El cristianismo dialoga con Dios y crea para el hombre el consuelo y la
e pcranza de la redención y de la inmortalidad. El mal es el cuerpo imperIectible, como asegura San Agustín, y todo bien exi ·te en el alma, que alcanza
su perfección celeste en la ultra•vida.

58

En el Renacimiento, buscan los hombres una razón crítica en oposición al
misticismo especulatÍ\•o y surgen las grandes personaJidades de la ciencia de
la filosofía, del arte o del humanismo, con el signo nuevo de rebeli6n fr~nte
a la actitud medieval.

Las grandes personalidades de la Edad Media pueden parangonarse con
las renacentistas, pero con signo cultural distinto. Gracias a los esfuerzos de
insignes medievalistas, hoy se considera a la Edad Media europea como uno
de los períodos más intcresant y fecundos de la historia humana.
Y llegamos hasta nuestro~ días, donde siempre alternan la raz6n y la intuici~n o ~ inteligencia y el sentimiento. la técnica y el amor. Hemos aprendido

e wvesngado muchos saberes intelectuales, pero no sabemos aún qué es el
hombre desde que Sócrates se pre!!tmta por una ciencia antropológica.
La filosofía ha llegado a sus últimas conclusione . Husserl y Heidegger son
los más grandes filósofos contemporáneos. Centraron su saber en la esencia
Y en la existencia del ser, pero esos fueron los problemas de la filosofía griega
y de toda la filosofía occidental. La razón tiene sus límites y cuando pretend~os pas:31' _esos límites, no hacemos, como decía José Vasconcelos, más que
coptas o replicas de la misma realidad.
Nos falta sin duda otra dimensión de la inteligencia, que hasta ahora no
hemos encontrado. La conclu ión Cinal de la filosofía es la impotencia de Ja
razón. Y filósofos como Bcrgson acuden a la intuición y el impulso vital para
dar razones de la sinrazón. Podemos combatir la razón con los instrumentos de
la razón, pero la realidad encontrada no es suficiente para ser explicad.a en
términos de razón. Bergson quiso salirse del cerco de la razón y sólo manifestó
fenómenos expresivos de lo humano, pero no lo que el hombre ea en sí mismo.
En varias ocasiones he manifestado en conferencias o en escritos que la filosofía no tiene otro camino que aplicarse a la sociología, hacerse literatura o
Lransfonnarse en teología. Pero ninguna de esas tres ciencias son la filosofía,
al menos en el sentido metafísico del pasado o del presente.
La filosofía es gratuidad del saber ) conocimiento universal de categorías
del pensamiento.

Pero signos nuevos hacen cambiar la preocupación del hombre. Desde el
siglo pasado y en esta primera mitad del siglo XX, irrumpen las masas en la
Historia. José Ortega y Gasset publica La rebeli6n de las masas, como el libro
profético de nuestro tiempo.
Ahora bien, el fil6sofo ele raza o de temperamento, no se aviene con señalar
fenómeno~ sociológicos e históricos }' se pregunta que además de ese hombre que forma la sociología o la historia, qué es el hombre en sí mismo.

59

�La pregunta por Dios o por el Universo se la sigue haciendo, pero fundamentalmente el que tanto pregunta por todo, acaba por preguntarse por

sí mismo.
Martín Heidegger asegura, y esta es la paradoja, que ahora, cuando el hombre más se pregunta por él mismo, menos sabemos del hombre. Repetimos
sus mismas palabras: "En ningún tiempo se ha sabido tanto y tan diverso
sobre el hombre como en el nuestro. Ningún tiempo ha sabido exponer sus conocimientos del hombre en forma más penetrante y aguda que en el nuestro.
Ningún tiempo ha logrado ofrecer sus conocimientos con tanta rapidez y facilidad como el nuestro. Pero también ningún tiempo como el nuestro, ha
sabido menos lo que es el hombre. Nunca ha sido el hombre más problema que
ahora".
El filósofo Pedro Caba ha establecido un sistema exhaustivo y original para
conocer al hombre desde el lado masculino y femenino.
,
Lo mismo que en los orígenes bíblicos acudimos al simbolismo espiritual de
Adán y Eva, que tal vez no fueron otra cosa que la cifra dual del hombre
en las dos vertientes de lo masculino y lo femenino. Y con esta explicación dar
una razón y un sentido de la creación renovada del Universo.
Pero esta interpretación del hombre por lo masculino y femenino significa
una interpretación de la Historia, donde predominan el hombre o la mujer.
¿Podemos conocer al hombre si no es por el repertorio de sus signos expresivos?
La expresión nos asegura por los hechos o los fenómenos una mayor verdad.
En el Génesis bíblico o en el mito platónico se nos dice que el hombre es
dual, pero esta dualidad no está nunca bien establecida. ¿En qué medida
0 proporción somos en el orden mental, no fisiológico, masculinos los hombres o femeninas las mujeres?
Pensamos establecer como especulación científica las diferencias de los sexos
humanos en un orden mental y esperamos no se hagan o se busquen aplicaciones morbosas o casuísticas de esta Teoría, que es la médula del sistema filosófico, sociológico e histórico de la Antropología e,~stcncial de Pedro Caba.
Lo masculino y lo femenino se corresponde con el sentido lógico y mágico
de la Historia, de la Cultura y del Hombre.
El sentido lógico y mágico lo podemos encontrar en todas las culturas. Pensemos que cuando hablamos de cultura no nos referimos exclusivamente a la
cultura europea, porque ha habido muchas edades antiguas, muchas edades
medias y muchos renacimientos. Lo mismo que se ha dado el clasicismo o el
romanticismo en diferentes culturas.
Está generalmente establecido que cuando hablamos de Edad Media o de
Renacimiento, nos referimos exclusivamente a esos períodos en la historia
europea. Esas edades son europeas, pero en América se dio un clasicismo pres-

60

tado de Europa, adaptado por los pueblos americanos y un romanticismo, que
fue el siglo XIX, un fraude del romanticismo francés y un romanticismo americano del siglo XX, que tiene raíces europeas y americanas.
Tomemos el modelo de Grecia clásica, como madre de la cultura occidental.
El tiempo de los órficos es mágico. e habla un lenguaje poco comprensible
a la luz de la razón. Pero el tiempo de las grandes epopeyas, la Ilíada y la
Odisea, es una época viril, de fuertes rasgos lógicos, donde los hombres buscan la guerra o la aventura. La destrucción de Troya o las aventuras de Uliscs por el Mediterráneo. En Grecia se rapta a Elena, como claro signo viril, o
Pcnélope espera a Ulises. Una mujer espera sólo a un hombre de claros signos masculinos.
En el siglo de Periclcs decae la varonía por estar entregada a la meditación
y a la vida sedentaria. Al decaer el varón como tal, asciende la mujer en los
pulsos de la Historia. En casa de Pericles se reúnen los sabios de su tiempo,
pero no bajo la dirección de Pericles, sino bajo la dirección de Aspasia, su
mujer. Los hombres son intersexuales y entonces las mujeres toman la dirección del varón o influyen en sus destinos y en el signo de la cultura. Se da
entonces una cultura mágica, por ser femenina. Florecen los arúspices, las pitonisas o las sibilas. Basta con leer la Historia de la cultura griega) de Jacobo
Burhardt, para darse cuenta de esta afirmación poco conocida, pero que Burhardt no señala como fenómeno psicológico, sino sólo como hecho histórico.
Los Diálogos de Platón escandalizan a quienes no conocen el signo de la
historia o de la naturaleza humana. Y Platón señala como nadie, cómo eran
las ideas o las costumbres de los hombres y de las mujeres atenienses.
Este signo mágico se da en todos los romanticismos. Los poetas son llorones,
usan corbatas barrocas y sombreros de ala ancha. Tratan de enamorar a las
mujeres con poesía y ruegos, pero a esas mujeres no les gustan los poetas
románticos y se casan con el hombre de negocios o con el hombre de actitudes prácticas, y el poeta defraudado se suicida. El poeta Goethe tuvo un período de romanticismo en su juventud antes de ascender al clasicismo literario. Tuvo contrariedades amorosas y pensó suicidarse. Cuenta su biógrafo,
Mercnkowski, que tenía siempre un puñal en su mesilla de noche para matarse. o lo hizo y escribió una novela famosa, el Werther, suicidando al personaje, que era su propio suicidio reprimido. Su alma femenina y romántica,
de constitución mágica, le pedía el suicidio. Pasada la juventud) tuvo varias
mujeres, que estuvieron enamoradas de su talento y del hombre y ya nunca
pensó en suicidarse. La marca masculina ascendió en su constitución y las
tendencias femeninas fueron obscurecidas.
El varón toma o arrebata lo que necesita. El varón disminuido de feminidad ruega, suplica o llora y en esa actitud denuncia su constitución mágica.
61

�El sentido lógico es propio del varón y el sentido mágico es propio de la mujer.
Pero hay estados intersexuales, donde los sexos mentales no están bien distribuidos o proporcionados. Así hay mujeres viriloídes y hombres feminoides.
No nos referimos a la constitución morfológica. Puede una mujer ser femenina en el orden morfológico y ser masculina en el orden mental. Y puede un
hombre ser masculino en el orden morfológico y ser femenino mentalmente.
Así podemos explicar las actitudes vitales del hombre y de la mujer en su
comportamiento o en sus creaciones. La poesía lírica, y no hay otra poesía que
no sea lírica, sólo la cultivan las mujeres o los hombres con mentalidad femenina. Y aunque sea poesía épica y dramática, es una poesía lírica sobre esos
temas. El varón está incapacitado para el mundo mágico.
Los hombres o bien son científicos o técnicos, o filósofos racionalistas, misioneros bien equilibrados, que predican el Evangelio con carácter imperturbable. Entienden a Santo Tomás y poco a los místicos. Son más teólogos de
acción que especulativos teóricos.

NATURALEZA DE LA PREGUNTA MASCULINA Y FEMENINA

No pregunta igual el hombre y la mujer, ni es igual la pregunta del hombre mágico que la del hombre lógico. Por la naturaleza de la pregunta se
advierte la constitución mental del que ha preguntado, y por la naturaleza
de la respuesta se adivina la constitución mental del que responde a la interrogación.
El hombre pregunta a las cosas "qué son" y la mujer pregunta "quiénes
son". Por el quién y el qué se sabe la constitución del que pregunta. Unas
veces la humanidad pregunta por el Universo y ou·as veces se pregunta por
el hombre mismo. Cuando el hombre llega a tener muchos saberes intelectua½es,
como en nuestro tiempo, se cansa y tiene entonces ansia de saberes humanos.
Cuando el saber lógico ha sido la preocupación durante bastante tiempo, el
hombre busca entonces un saber mágico. Lo lógico es paterno y 1o mágico es
materno. Entre las dos constituciones se forma la humanidad, lo mismo que
lo masculino y lo femenino determinan la creación de las especies. "Lo mágico
del hombre, asegura Pedro Caba, es creador y la creación es acto de maternidad y amor''.
En toda pregunta hay un saber y un ignorar. Preguntamos por lo que no
sabemos O preguntamos para afirmarnos en lo que ya sabemos. Los hombres
quieren a veces saber, hay un interrogante para todo, porque lo que sabemos
no lo sabemos suficientemente y porque el hombre es por naturaleza un eterno
preguntón. y otras veces no quiere preguntar, como en las Edades medias o

etapas mágicas de la historia de la humanidad, que el saber consiste en
saber. ¿ Qué le importa a los místicos cristianos las ecuaciones lógicas de
aristotélicos o las conquistas de la matemática griega, si su saber consiste
no saber? El Kempis asegura "que no está la cosa en pensar mucho sino
sentir mucho" y "que más desea sentir la contrición que saber defin;la".

no
los
en
en

Pero en todos los renacimientos el hombre se pregunta por todo, tiene hambre de saberes intelectuales, quiere encerrar el mundo en un sistema filosófico
o matemático, inaugura lo que llama el sentido crítico de la razón. O como
los filósofos de la revolución francesa que postulan por los fueros de "la diosa
,,,, cuando por la razon
' es por lo que no conocemos las verdades exisrazon
tenciales.
~a t~rminología cie~tífica ha asignado al hombre la categoría del "horno
sap1ens , pero es que Junto al hombre que sabe, coexiste el hombr.e que no
sabe, lo que llamaríamos el "horno insipiens", cuyo saber consiste precisamente en no saber.
¿ Sabe acaso el amante o el místico Jas razones que le llevan a amar
creer?

O

a

Si preguntamos ¿ qué es el hombre?, consideramos al hombre como una cosa
nos referimos al hombre mineral o al hombre físico. A esa preo-unta contes~
la ciencia que se ocupa del hombre, llámase fisiología o antro;ología. Es Ja
pre~nta lógica del hombre, con afán de saberes intelectuales. Si preguntarnos
¿ qmén es el hombre?, inquirimos por alguien con afectos con sentimientos o
calidades humanas. En este caso inquirimos por el homb:e capaz de arte de
fe o de amor. Es la pregunta mágica, propia de la mujer O del hombre 'con
sentimiento mágico.
Con ambas preguntas se forma la historia de la cultura. Unas veces. nuestra
p,re~1.mta es ,l~gica y atrae;. vec~s nuestra pregunta es mágica. Asl hay épocas
logi~s _Y mag,cas en l_a h1Stona de la humanidad. Lo lógico es lo varonil y
lo mag1co es lo femenino. Las etapas son cambiantes: las edades medias son
mágicas, con predominio de la mentalidad femenina; es una época en que
los hombres no saben y en el no saber consiste su ciencia. Las personalidades
individuales se anulan en el con junto. Las catedrales góticas las construyen legiones de artesanos en el anonimato. No existe el nombre de un gran arquitecto que les dé personalidad. Y de esa actividad cooperativa surge el milagro
de la creación. En la edad media se forman las comunidades cristianas. Es
un esfuerzo colectivo para llegar a Dios, donde cada individuo se engrandece
en la comunidad y no fuera de ella. Los grandes místicos como San Jerónimo
o San Francisco de Asís aspiran a perder su personalidad individual para identificarla con Dios.

63
62

�La fuerza materna de lo femenino o del sentido alienta en las creaciones de
los hombres. Las Cruzadas a Oriente son masas llevadas por la fe hasta el Santo Sepulcro. No les importa perder la Yida, como aquella cruzada de los n'.ños
y de las mujeres. No se preguntan las razones o las contra-~azon_es para ir_ o
no ir los inconvenientes o los obstáculos, sino que van como ilummados, gwa' la magia de lo femenino colectivo.
dos por
Es como la mujer enamorada. No sabe si es malo o bueno !-U amor por el
hombre que le ha hecho sentir la llamada de la especie. Sien:e una sue:te de
endcmoniamiento, de naturaleza mágica, lo mismo que las can_as son agitadas
por un viento tropical o las aguas del mar agita~as por
oleaJe.
El hombre es espíritu y la mujer es un estado mtermedio entre la naturaleza
y el espíritu. La mujer siente más cerca los barros c6smicos, ;stá m_ás cerca
de la naturaleza y si el espíritu alumbra en ella es porque algun varan la ha
iluminado. El varón se agita por todos los caminos del espíritu y a veces se
olvida de la naturaleza o de la realidad. El hombre hace la Historia, pero la
mujer inspira al hombre en sus creaciones. En la vida de todo. homb:e ~ay
siempre una mujer como fondo, porque ese es el destino de la mu1er autentica.
Ser como el eco o la sombra del varón iluminado. Fijémonos bien: esta doctrina es feminista damos a la mnjer su papel e,'Xcelente y al hombre el suyo.
Cuando un varó~ no se ha cruzado en la vida de una mujer, entonces ésta
desarrolla facultades masculinas o bien renuncia a su destino, sumergida en el
silencio de la casa, 0 de actividades que estén acordes con su espíritu femenino.
En los renacimientos, se desarrollan las grandes personalidades individuales;
existe un predominio del hombre o del sentido lógico de la cultura. Hay un
sentido nuevo de rebeldía, donde el hombre se alimenta de razones y de ~erdades cientüicas. Se constituyen las grandes monarquías europeas, con capitanes grandiosos, como Carlos V, o por mentalidades intelectuales, como Leona~do de Vinci O Miguel Angel, por filósofos como Erasmo de Rotterdam o Lws
Vives, por creadores del Derecho Internacional o del Derecho de Gentes, como
Francisco Vitoria o Francisco Suárez, o se lleva a cabo las aventuras de colonización y evangelización del hemisferio americano.

e!

.

La Atenas de Pericles, que es el renacimiento griego, es la que más ha preguntado con la razón o con el sentido 16gico. Por eso se pu~o bajo el si~o de
la lechuza, que era Minerva, símbolo del saber. _Y
la, e?oca homérica ,se
pregunta al hombre por su destino, buscando la c1cnc1a mag1ca de la profec1a,
de la fe, del rito o de 1a canción.
La pregunta es una necesidad metafísica en el hombre, porque en el hombre
ha una capacidad de asombrarse, como origen de la filosofía, como _asegurab~
AJstóteles. Es como el hambre o una "oresis" que llamaban los griegos, casi
una lujuria, que pide satisfacción. Por eso Platón atribuyó a la sabiduría un

:°

64

eros o un deseo amoroso. El eros es integrador de lo femenino y el eros es destructor y no amor y en la mujer es más bien amor que eros.

El alma erótica de Don Juan, no ama a la mujer, sino que la toma como
una cosa y sólo saca de ella un saber científico. En cambio, el alma amorosa
de San Francisco de Asís halla en las cosas más remotas o las más mínimas un
afecto de amor, como si fueran personas; es que San Francisco tiene el alma
femenina, inmerso mágicamente en lo religioso.
Las preguntas del varón son eversoras, occisivas, quiere saber para destruir,
quiere des-entrañar el mundo. El Universo es como una fiera que quiere encadenar a la malla de sus conceptos racionales y se desespera porque el Universo siempre es más que sus razones científicas. Y vuelve a empezar en sus
interrogatorios, tratando de fijar nuevas metas de su saber. Pero a veces el
costado mágico que hay en todo varón, que es la presencia de la mujer en su
destino, le traiciona, como Manuel Kant que en la Crítica de la Razó,1 pura
destruye lo que en la Crítica de la Razón práctica reconstruye, como un postulado moral. Pretendía como cualquier otro mortal ganarse el cielo, en opinión de Miguel de Unamuno.
.
La pregunta femenina es amorosa, integradora, quiere en-trañar al mundo,
matemfaar todo lo que toca. La mujer pregunta ¿quién es Juan? Y en esta
pregunta hay un afán de servirle, de amarle, de hacerlo suyo y sepatarlo de
todos los Juanes posibles y reales. Quiere preguntarle amorosa: ¿qué tienes
que no me miras? Y. es que la mujer está hambrienta de comunidad y de amor,
a diferencia del hombre que quiere soledad o erotismo que no le comprometa.
Este saber de la mujer, que es un saber de personas y no de cosas, no es propiamente un saber intelectual, sino un saber afectiuo, un amar.
En la Historia de la Cultura está bien clara la filiación masculina. Desde el
siglo XIII, en que empieza el racionalismo europeo, hasta el siglo XIX, en que
está terminando, el hombre estuvo haciendo infinitas preguntas, de raíz lógica
o científica: ¿qué es el mundo? ¿qué es el ser? ¿cómo es posible el conocimiento? ¿ cómo son los juicios sintéticos a priori? ¿ hay una Causa primera?
¿es posible demostrar la existencia de Dios? Se pretende tener un conocimiento
de Dios como una cosa o como un concepto. e puede demostrar la existencia
de Dios y no creer en El.
Pero el hombre de hoy, como antes el hombre medieval, se da cuenta que
la pieza más importante es el hombre mismo. Toda filo5ofía es hoy Antropología filosófica. La filosofía y la ciencia se están haciendo religión y arte. Y es
que amanece hoy la marea femenina en los pulsos de la Historia. Y en lugar
de preguntar ¿ qué es el hombre?, haciendo Física o Cosmología, vuelve a preguntarse ¿quién es el hombre?

65

�Pensemos que la filosofía fonomcnol6gica de Husserl se transform6 en sus
mejores discípulos en fenomenología religiosa, como Rodolío Otto o en Otto
Gründler. O el existencialismo de Heidegger que confiesa \'crbalm nte que su
filosofía termina en cristianismo )' que su metodoloo:ía del " er y el tiempo''
no sirve para una metafísica religiosa.
O las investigaciones de Ca sirer entrando en la simbol~gía de las p~lah~s
0 de los mitos. Y su obra momunental lo confirma: The P/11/osophy o/ Simbolzc

forms.
Toda pregunta sobre personas o sobre e sas personifi :adas: má icament
vertidas, es pregunta femenina. Toda pregunta sobre ciencia ele las cosas, unpersonalmente ,·crtidas, es masculina. Platón llamó al ho~brc 'Thereut
o
cazador pero sin di t.inguir el sexo. Y
el tremendo ol\'1clo qu ha padwdo
la cult~a, lo mismo que padcc la filosofía · la antropología. desde Aristótele:.
La feminidad no e ca1adora, salvo en el caso de Diana, la mujer estéril, qu
cambió su actitud erótica por la ,·enatoria: no es guerrera, salvo cuando e
viriliza, como las valquirias gennánicas o las amazona griegas, cuyo nombre

:s''.

significab:1 "las que no tienen pechos",
.
.
A ninguna mujer, aunque sea muy cultivada por la Umvers1dad, le P:·eocupa hondamente, hasta p rder el sueño, qué números sati facen la ecuación de
Fennat, ni cuál es la flexión de las lenguas polin ias, ni el significado del
pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo.
En cambio, el varón, aunque sea analfabeto,
nativamcntc científico; pregunta y e comporta como hombre. Y llama dclicuescencia decadente a las
actitudes del hombre femenino.
El profesor orthrop, de la Universidad de Vale, ao;ombrado por el auge
má~ico de la cultura contemporánea, afinna que hemos de :lfinnamos en el
racionalismo, si no queremos ver la ruina de la cultura occidental. Dice_ que
las doctrinas mágicas de la Filosofía nueva, como el intuicioni mo bel'!!soru~o,
el cxistenciali mo heidc&amp;,o-eriano o el irracionali mo de cualquier clase, es tnfluencia asiática anti-occidental y sólo podemos salvamos oponiéndonos a
todas las formas 'del pensamiento mágico. Este señor orthrop da la impresión
de desconocer la historia de la cultura europea. La Edad Media, que va desde
el siglo I, antes de Cristo, hasta el iglo ~ rny después ~e Cris_to, º.º. estaba
caracterizada por el p •nsamiento lógico. Y como lo máu1co se 1denti.f1ca con
lo femenino del hombre, toda esa enonne porción de la cultura queda anulada
o desconocida.
América ha recogido esta herencia europea y ahora se encuentra en su pubertad histórica con un renacimiento americano de la cultura, cuyos frutos
podrán verse e; cincuenta a sesenta año. La Eda.d ~edia amcric~a Y el romanticismo americano fue uropeo, pero el renacuniento será amencano.

En esta etapa nueva de América, el protagonismo no erá de E tados Uni~os, ahoga~os por el ~~sarrollo de la t 'mica )' por la dispersión de sus orígenes,
smo por J-fapanoamenca, cuya unidad se presiente por encima de nacionalismos histéricos del pasado. Voces inteligentes y responsables han abogado por
e ta unidad, _Para evitar _ser desbordados por lo· dos grandes bandos políticos
de la_ h~~arudad, cuyos mterescs y cultura, su sentido de la vida y su d sarrollo h1stonco no es el mismo que el de Hispanoamérica.

EL

SENTWO M,\ClCO Y LÓCICO
DE LA CULTURA

La _mujer_ nació de ~n costado del hombre, como asegura la Biblia, y busca
su Ull.ldad siempre, remtcgrándo a ese sueño que es el varón. Los términos
"macho Y hembra" son zoológicos; más bien llamamos "varón" ,.. "m · "
f ., d
;
UJer ,
re m n ose a un concepto superior, como integrante de lo humano.
i el ~-arón ni la muj r son por sí solos el hombre. Uno y otro se edifican
con porciones &lt;lcl otro y que varían de individuo a individuo y en cada •tapa
hi t6rica.
Hay épocas masculinas y épocas femeninas, pero no en términos absolutos
c~mo no s~ dan en las realidades individuales; es más bien un tipo de huma~
n1d~d dominante'. donde_~ ~eiiala más lo masculino y lo femcruno. Varón y
mu1er son las vanables h1stoncas, donde se integra la constante "hombre". os
referimos a conceptos puros y no a realidades imperfectas.
Podriamos señalar algunos caracteres humanos, no biol6gicos. La mujer tiene un sentido botánico y el varón lo tiene de jardinero y de talador. La
mujer tiene inclinación a radicarse en un sitio, en un ubi metafísico. desde
donde irradia sus perfumes
nc.iales. Y dentro de lo botánico es ílo~al. La
mu jcr es como una flor y la flor aparece en la Historia como símbolo de Jo
femenino. Y asegura Pedro Caba, con su lenguaje insustituible: "El alma de
la mujer transpira voluptuosidad, como las hojas, como los pétalos. La voluptuosa sensación con que recibe su piel la lluvia, el viento, el copo de nieve,
denuncia su sensibilidad vegetal. Mucho bav de tallo en el fino contorno de
columna y la gracia elástica del cuerpo femenino, pero hay más de sentido
florea! en su alma fragante y sensitiva. • fucho de flor debe haber en ella
cuando así lo vienen repidendo a lo lar&lt;Yo de la Historia, los más lúcidos y
delicados jardineros de la mujer: los amantes y los poetas".
La mujer tiene el sentido de lo telúrico y de lo maóno frente al varón nauta
y andariego. La mujer~ un estar y el varón un ser. Está más cerca la mujer

67
66

�1 alientos de la tierra, y el agua es el símbolo de 1~ m~j~r y de ~ made os
.
fi1 fi s El ser de la mujer se identifica o se integra
ternidad de las anoguas oso ª ·
d'd &lt;l
danzas
con el hombre, pero el hombre se queda quieto, co~~ pe~ t osie: s~: : a muen la atracci6n de la mujer; en todo hombre autennco ay .. p

d:

jer, que le h~o dete: ::0 ::~!:/d~a:~:u:u~:~s;:~~::: v~:J~ro~rca
Ja
En la mu1er hay
ti .
de lo femenino lo mismo que s1 lo
especie donde todos los seres par c1pan
.
. .
' di t E la mu. o bañara el Universo en su substancia ongmal y al'í en e. º. .
femerun
.
ti'aradi eal , una aptitud para con-sentir los acontecimientos
·e se da una Sim-pa
"dad d
J ,:micos· es el sentimiento de comunidad c6smica y una comum
e
co
, , en' ·ca que la del género. La mujer enamorada y madre, y to
gre,_ mas+:.. ergienamorada y siente la maternidad como su propio ser, ama al
mu1er es....
amad Otra forma del senvarón en el hijo y a éste en la persona del var6n
o. .
..
1
timiento femenino es la comunidad con las cosas o comumd~d con e scrvt~o.
L
.
sumerge en las cosas donde quiere servir a algwen por amo_r.. n
e1\r;;;:,r mujer enamorada es una cosa
en servicio, una cosa alus1ma,
• · 11
Jas cimas del espmtu.
que por el erv1c10, ega a .
.
1 h anidad y al sentido de la
ulin
lo femenino mtegran a a um
.
o hay
y culturas masco1·mas y Íº"""'eninas
alternantes en los. signos
ulLo mase
.......,
P
e tura.
.
.
I'ogico
. }, máoico
de la Histona. pero
His or. esodonde predomman
e1 signo
o·
de la.
tona,
.
sin
posible
separac16n,
pues 1o mascu rmo_ y lo femenino en mayor o menor
proporc1-6n ·mtegran al hombre y a la mu1er.

~

1:

~~s

VASCO CELOS Y GA VIDIA

DR.

JosÉ SALvAOOR GuANDIQUE
Universidad de El Salvador

UNA DE LAS FACETAS menos estudiadas en aquella vigorosa personalidad que
fue y sigue siendo José Vasconcelos son sus viajes. El mismo al bautizarse cual
Ulises Criollo sentó cátedra en el ir y venir, en ese deambular por países y ciudades no sólo por reveses políticos sino a consecuencia de confesa vocación casi
sino. Supo-¡ oh Barba Jacob!- de ese temblor extraño que dejan los caminos y su vida podría avizorarse desde renovado ángulo mediante su irrequíeto
afán viajero, pues calzara la sandalia del impenitente viajero, si bien usando
los trimotores ya que no conociera las maravillas de los "ets.
Podríase intentar el análisis del ámbito para el filósofo, acerca del pensador.
Aquél apenas sale de su región, aunque sea la más transparente del aire cual
sucedi6le a Antonio Caso con su Valle de México y todavía resuenan en mis
oídos aquclJa negativa para ir a Monterrey a dictar un ciclo de conferencias,
atento al reclamo telúrico de los volcanes circundantes: El Popo y el lzta,
mientras VasconceJos aprovechaba, sedientamente, toda la oportunidad de
poder salirse de su contorno, como Jo comprobamos al acompañarlo al Congreso Internacional de Filosofía, celebrado en Mendoza, Argentina, allá por
los ya infaustamente lejanos 1949. El Ulises Criollo hizo honor al título de su
primer volumen en aquella tormentosa autobiografía, libros de barricada cual
califiqué en Ja Universidad de Cuyo, al presentarlo en la Primera Exposición
del Libro Filosófico Argentino. Y hago sitio a esas referencias personales porque logran iluminar por qué sostengo la urgencia de un V asconcelos viajero,
no s61o por nutrir su fecundo y pintoresco anecdotario, sino por algo más entrañable, capaz de develamos módulos mentales en el sistema del irredento
oaxaqueño ... 1

~ Ver Proyecciones por JosÉ SAr.vADOa GoANDfQUE, p, 75, Dpto. Ed. del Ministerio de Cultura, San Salvador, El Salvador, C.A.
68
69

-

�A veces hay libros de menor cuantía que alumbran el panorama mucho
mejor que los tratados, así pasajes humanos de incalculable significación, los
cuales deben aprovecharse tanto por los cronistas e historiadores como por los
biógrafos y, sobre todo, por quienes nos preocupamos de la exégesis en el más
genuino sentido del término. Jamás será posible desvincular artificialmente al
autor de su medio. Así, el Maestro de América -todavía lo rememoro en
Mendoza evocando a Varona- nos dejó suficientes claves:
«Viajar es ir repartiendo pedazos del corazón. Éste crece después y se renueva, pero de pronto tenemos la sensación del agotamiento sentimental. Es
muy difícil conocer un pueblo y no amarlo. La gente también, si nos asomamos
a su intimidad, se nos hace entrañable".
Tal al principio de Temas Co11temJ10ráneos -Ed. Novaro, México, D. F.,
1955- su manera de entender los tránsitos más o menos frecuentes, cuando
en verdad dejan huella, pues no es igual desplazarse, así tw'ista preguntón y
con cámara que ir a la médula de los lugares no visitados, sino sentidos, como
Vasconcelos hizo en Rorna, que consideró un tanto fría o Asís, donde, chestertonianamente, hallara el fervor cristiano auténtico. Y el contacto del Ulises
Criollo ante esta América nuestra -por repetir al inesquivable Darí&lt;r- provocó resultados a la vista: Raza C6smica e Indología.
Vamos a concretar las inquietudes vasconcelianas de arrgonauta incansable
al Istmo Centroamericano y mejor aún, a El Salvador, este pulgarcito dinámico que quiso mucho el Maestro, quizá porque se encontrara nada menos
que con Francisco Gavidia, exponente ilustre del pensamiento continental, aunque su valía sea ignorada por numerosos sectores, no digamos mayoritarios,
dado que las mismas élites culturales han pasado con inexplicable indiferencia
por sobre la obra de tan egregio cuzcatleco. 2
Se comenta ::rlgo al Gavidia poeta, al innovador de metros que diera a Rubén la magia del neoalejandrino y el prodigio del supraexámetro, pero hay
poquísimo sobre el humanista, el historiador, el lingüista, el dramaturgo, el
cuentista, o el inquieto por la filosofia, siendo esto último lo más sugerente en
el ángulo que nos proponemos, porque la multifacética labor del leonardista
salvadoreño ha sido objeto de otros desarrollos. 3
Merece especial mención la tarea gavidiana en la disciplina que nos llega
-según los adoradores del milagro helénico- desde aquellos denodados elementistas y sus mensajes: tierra, fuego, agua y aire hasta una substancia sutil

°

e imponderable
anim an d 1os espac10s
. .mterestelare
.
,
Agngento lanzarn su doctr·n
1
.
. s, antes que Empcdocles de
"di
1 a causa cuatnpartita P'tá
1
v1 a por Vasconcclos-- descubrió 1 .
b .
. I goras - o supo Gaménides, menos extático de tant e ntino ªJº _la corteza del número. Paro creen comentansta
t tifi. d
ser exhaustivo y uno Sócrates fund 1 , .
s es ra ca os, bucea un
·
a a enea ba j ¡ · ¡ d
menta a sus interlocutores mediante e]
rfi d o e c1e o e Atenas, y ator.
ga o e sus prerruntas p¡ t'
y sus arquetipos provienen no d 1 C
.
b
•
3. on suena
. ,
e osmos smo de un ant
cente. Anstoteles -glosado a través d 1,
, •
ro oscuro y evanesdia i _ bajó el problema del cielo a la :ie os escol~stlco~ po~ el Maestro Gavidose de la lóoica. Demócrit
d rra -ast lo pmtana Rafael- valién,
"
o supo a elantarse al at .
poraneo y por ello su ,.,i·nam
.,
om1smo a-causal con tem'
.,
en anuncio m ch
· ¡
Broglie o Eistein, éste comentado
os s1g os antes, a Heisenberg,
tono con la descripción hech
plor av1 ia en su cuarto-casa, dónde, a
, di , .
a por e poeta Cardona Pe mas símiles artefactos en
di d
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na, se acumulaban los
1d
,
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.

.

,

Ver Discursos, Estudios 'Y Conferencias or
nal, San Salvador, 1941.
' p FRJ.111crsco

GAvmtA,

Imprenta Nacio-

: Ver Gavidia, el Amigo de Darlo, por GuANDIQUE, dos tomos, editado por la Dirección General de Publicaciones, Ministerio de Educación, San Salvador, El Salvador,

e Ver "La Personalidad de Rubén Darío"
(ertncias.
' por

C.A., 1965-6.
• Ver la Revista Abside, Francisco Gavidia, por JosÉ

• Ver Itinerario Filos6fico por JosÉ S
concelos, 5a. Edici6n, lmpre:ita Gute b AL;ADOR GuANDlQtra, prólogo de José Vasn erg, anta Ana, El Salvador, 1963.

SALVADOR GuANDIQUE,

mayo,

GAVIDL-\,

en Discursos, Est11dios 'Y Con-

1943.

71
70

�no simples listas enumerativas, o lo que es peor, a robarles espacio, alineándose
en primera fila, con efectos desorientadores, no digamos para la juventud estudiosa sino entre los expertos que pueden caer en el garlito, pues poco, muy
poco nos conocemos a lo largo y a lo ancho del continente que todavía reza
a Jesucristo y aún habla en español.
Por otra vía, la desdeñosa actitud de los investigadores y tratadistas europeos
acaba de empeorar la situación, provocando -con o s.in Adler- creciente
complejo de inferioridad, otro síndrome anunciador de graves dolencias, si
exceptuamos a Keyserling, quien supo situar a Vasconcelos en su justo lugar,
y vencerá la erosión de los lustros, por no ser un literato al uso sino un vidente.
Compruébase semejante tendencia negativa en aquel Prólogo para Españoles
(los latinoamericanos: Vasconcelos, Caso, Gavidia, Ingenieros, Kom no cuentan ... ) de La Filosoi[a, Hoy por Michele Federico Sciacca -L. 11.iracle,
Barcelona, 1955- que, pese a sus excelencias en otros aspectos, apenas trae
un último y reducido capítulo VIII "La Filosofía en la América Latina", P·
513-29, o sea 16 parvas cuartillas en comparación con el riquísimo contenido
de las restantes. ¡ O seguirán creyendo por allá en los vituperios de Papini o
los desahogos barojistas!
Si el Uliscs Criollo da a la estampa su Raza Cósmica en 1925, su Indología
-1927-y Boliuarismo y Monroísmo-1935, tercera edición de Ercilla, 1937puede calcularse lo acertado que andaba Gavidia para apuntarse prioridades
al dedicarle La Formación de una Filoso/ta propia o sea Latínoamericna:,
"Al redactor de la doctrina" -son sus palabras en Discursos, Estudios y
Conferencias, Impr. Nacional, San Salvador, 1941- y cabe ella reseñamos el
nudo de sus esfuerzos para pensar con nuestras cabezas y no seguir la superstición de que la ciencia eidética es químicamente pura, siempre que se le
asimile con esa culttire francesa y su 1'c" dócil y gentil o de aquella Kultur
teutona con su "K", erguida y desafiante. ¿ Cuándo comenzaremos a meditar
desde eÍ hombre latinoamericano, desde nosotros, sin ese amargo y cotidiano
ponemos a1 día de lo producido ultramares, agotando los mejores esfuerzos de
los estérilmente empeñados en atragantarse de cuanto viene de París o Berlín,
sin mengua de Washington o Moscú?
Mas redescubramos -¿ o será legítimo descubrimiento, dado el abandono
reinante?- las raíces de nuestro pensamiento y nos consta cómo apreciaban
a Gavidia, por ejemplo, Antonio Caso, Alfonso Reyes, Gabriel y ~~~nso
Méndez Plancarte -en su Abside escribimos sobre el salvadoreño mentis1mo
en 1942-, Salomón de la Selva y Heliodoro Valle, todos desgraciadamente
desaparecidos para mal de las letras, no de las letrillas, en el continente. Y ha
' Ver Discursos, Estudios y Conferencias por FRANCISCO GAVIDIA, ya cit.

sido conmovedor encontrar en la biblioteca que Gavidia dejó a sus descendientes toda la colección de los clásicos, editados por Vasconcelos al frente de
la UNAM,_que el entonces Rector -así, mayúsculas- enviara a su colega
centroamencano, que si no ostentaría grado académico, lo fue por gracia
de sus conocimientos y prestigio. Aill en los inolvidables volúmenes verdes
que llevaron el saber del Bravo a la Patagonia, hojeamos deleitosamente las
tragedias esquilianas anotadas por Gavidia en sus innumerables lecturas.ª

Señores. . . rehiló el Maestro Gavidia -enemigo acérrimo de untuosidades
Y preámbulos sofisticados- en el Paraninfo de la Universidad de El Salvador:
"De nuevo tengo el honor de dirigiros la palabra, a pesar de los escasos
rec~os oratori~s _con que cuento, y de nuevo invoco la bondad inagotable
del ilustrado publico que llena siempre este recinto. El recuerdo de oradores
como el ilustre huésped cuya palabra arrebatadora obsede aún nuestros oídos
(en orador el Ulises Criollo, aclaramos), hace mi labor más dificil. En desquite, señores, tomaré pie del asunto de un discurso sobre la formación de la
Filosofía propia de nuestra raza que él llama la raza cósmica, que es la indolatina o latino-ameri.cana.i,

. Y contin~, ~ijando ~apsos: "Permitidme recordar, y esto ya toma percepttva en la leJama del tiempo, que sobre esta filosofía se publicó en la revista
La Quincena un ensayo m~desto por ser mío cuando se empezó aquí la prop~ganda de los al~?s estudios.º Fue concomitante la aparición de José Inge~1eros (honr~: d1Jo M~tí, honra, acotamos) aunque en Filosofía adoptó
este la ~voluoon spencenana y el monismo, en cambio, nos dejó una historia
de la Filosofía e11 Hispanoamérica de lo más palpitante, y para mí su obra
maestra".
Después de censurar, con su suavidad característica, al artífice de El Hom bre Mediocre por su psicologismo organicista, mejor exégeta que doctrinario:
"Es también concomitante la fundación de los altos estudios en México
'
aunque con nombres modestos ;10 ya en esto se siente el espíritu de V asconcelos,

- - - --'
• Tal vez algún día escribamos sobre la correspondencia entre Vasconcelos y Gavidia ...

• La Re':'ista ~teneo de El Salvador, dirigida por Gaviclia en 1922, enero, public6
los datos biográficos del maestro Vasconcelos al ser designado Secretario de Educación
Pública en México, tomados de El Universal (México D. F ., octubre 1921). Y José
Romo, socio correspondiente del mismo Ateneo, le dedic6 "Clásicos Griegos y Latinos"
y su poema "Jesucristo" a1 doctor y cminentisimo maestro Gavidia, México, 1917. En
seguida por una de esas coincidencias que en el fondo no lo eran: ''Nuevos Ideales de
la Educación", por JosÉ INGENIEROS, Revista de Filosofía, Buenos Aires.
"' Ignacio Rodríguez Guerrero, en la Revista de la Universidad de Nariño Facultad
de Derecho y Ciencias Sociales, Programa de Sociología Americana, año 1947, le con-

73

72

�que habrá de destacarse en el período de propaganda a que me refiero y que
aún no ha terminado."

Ensayo de una Filosofía Latinoamericana -subtítulo: El Awmso a lo
Desconocido- y la nota "este estudio debe ver e desde el punto de vi ta
puramente filosófico" aparece en el número 7 de la Revista La Quincena
-1903- sincronizado con Ingeniero, también soci6logo. 11
Así le abrió los brazos, como hermano mayor, Gavidia a Vasconcelos y deseamos hacer constar que el Uli es Criollo guardó siempre e pecial afecto por
los salvadoreñosJ y nunca me p rdonaré no haber escrito, a su excitativa cordial -algo que es oro puro para este servidor- un V asco11celos Anecdótico
que él, en su gran generosidad, decía poder convertirse en complemento de
esa serie inolvidable. . . ¡ Cuánto lo recuerdo en su amplio despacho de la
Bi91ioteca Mfa:ico, al borde de La Ciudadela, y cuánto aprendí de aquel formidable insumiso!
Equidistante del ditirambo cual de la invectiva, vale justipreciar los hontanares y la difusión. Gavidia no puede parangonarse en materia divulgativa
con Vasconcclos ni Ingenieros. El primero cubre un sistema, desde los libros
autobiográficos a su Todología, el enigma de la divinidad- y fue ave de tormentas y desastres. y todavía en su vejez -cronol6gica que no espiritualcuando ya parecía mellado el filo de su ardor polémico, liquidara a más de
un prestigioso contendiente, declarando, rotundo, sobre casos y cosas en tal
tono que conmoviera las columnas de los rotati\'o ·, siempre noticia de primera
plana en sus explosivas declaraciones. ¡ Cómo vamos a contrastar al oa."aqueño
incandescente con el cuzcatleco apartado! Porque Gavidia viviera y muri6
inmerso en sus libros, absorto en sus combinaciones métricas, lejano a los avatares políticos de ese caballito corcoveador que, de creer a Asturias, es Centro América. 12
Continentalmente se conoce la carrera política vasconceliana: Rector de la
UNAM, Ministro de Educación en el régimen obregonista y. antes, del efímero
gobierno de Eulalio Gutiérrez; y entonces, rodeado de altfaimos artistas, de
auténticos intelectuales, estimuló el muralismo v.tec.a ( es decir, Diego, su Tolstoi, Orozco, su Dostoyevsky y 'iqueiros, su Leonidas Andreiew); organiz6 memorables misiones culturales y llegaron al Anáhuac, invitados por el Ulises
cede mucho valor n "Gavidia y su Influjo rultural en Centro Amfrica. Sus ideas sociológicas" (Ver ALPRIU&gt;O PovtÑA, Nue11a His,oria de la Sociología Latino Amerrcona).
u Ver Cap. ºEl Saber de lo Concreto" en Gavidw, el Amigo de Darlo, t. I, pp.

283-320.
" Ga,idia firm6, en su carácter de Ministro de Instrucción Pública, la Constitu,i6n
Politica de Centro América. donde se unificaron, en 1898, cual Estados Unidos: Honduras, Nicaragua y El Salvador.

74

Criollo, Gabriela, también de América, y un joven de oratoria fogosa, Haya de
la Torre, y fueron sus colaboradores; Torres Bodet -en la Hemeroteca de la
Secretaría de Educación Pública- lo mismo que Hcliodoro Valle y Salom6n
de la Selva, por recordar con los 2 últimos al Istmo que une Norte y Sudamérica.u

Y tal fulguró, al fin astro de primera magnitud, en las repúblicas subdesarrolladas -económica, no mentalmente- pese al revl-s sufrido en su campaña
presidencial del 29, acompañada por mexicanos que no requieren epítetos:
Adolfo López Mateos, Angel Carvajal, alvador Azuela, Octavio Medellín
Ostos, Manuel Gómez Morin... (hace muy poco -Rev. Siempre, abril
1965- declaró Torres Bodet: "me cauúv6 la genial impaciencia de Vasconcelos").
Somos entusiastas en reconocer lo que implica el Ulises Criollo, pero urge
destacar su aprecio hondo, sentido, más allá de protocolos y etiquetas, como
nos lo e&gt;..-prcsó, sin ambages, con frases encendidas en la Biblioteca México,
poco antes de gastarse su último capricho -pues el grande algo de niño debe
tener- negándose a reposar el sueño eterno en la Rotonda de los Hombres
Ilustres, indiferente ante los homenajes presentes y p6stumos por dedicarse
desde antiguo a coloquios con la gloria.14
Gavidia en su San Salvador, casi y sin el casi finisecular t~n achaques ideológicos, desfigurado por esos pasajes innocuos o simples a que lo sujetan sus
"panegiristas", lejos del río revuelto de la política -fue Ministro de Instrucción Pública de El Salvador a fines del siglo XIX-, sin cargos público que
atraen la atención sobre la obra cultural, pues lo elevados funcionarios se dan
a conocer quizá más, gracias a las interjecciones de sus enemiuos que a ]os prudentes elogios de íntimos. Gavidia, repetimos, estuvo al margen del ajetreo
multitudinario, mientras que Vasconcelos -y le tratamos muchísimo- era
.
'
e~ su minuto, y aun en el crepúsculo cuando los fuegos parecían apagarse,
munado de esa diosa que ya no es la razón sino la publicidad, circundándole
en sus agrias disputas -hombre de garra hasta la muerte-, por sus actitudes
violentas, en el suceso de libros y artículos discutidos, sobre todo Breve Historia de México (muchos dijeron no ser breve, ni historia, ni de íéxico, pero
,. Ver el documentado y valioso libro del doctor Agustín Basave Femándcz del Valle
50bre la filosofía y el pensamiento \'asconcelíanos.
" Desde su tesis profesional, antes de sUJ trabajos en el Al,neo d, la Juv,nlud, Va.sconcclos diera muestras de su originalidad y talento peculiares. En éste prescmt6 un
trabajo sin una sola cita, de,pertando el interés tanto de Antonio Caso como de Henrlqucz Urcña, Pedro, no Max ...

75

�Botas siguió vendiendo edición tras edición) y en sus nitroglicerínicos comentarios dándole continuamente flama aJ periodismo de combate. 15
El 'mises Criollo, no obstante haber sido tildado de antimet6dico por censores que confunden personalidad con desorden, es de los po~os _expo~ente~
de esta América Morena, capaces de ofrecemos una trayectona f1losóf1ca, s1
no un sistema acabado:
El embrujo del ritmo -Pitágoras-; la entrafia de los seres y de_ las propiedades, en suma, de las esencias -Metafísica-; el misterio ~el ?1en _Y. del
mal -Etica-; la luz de la verdad -L6gica Orgánica-; los m1stenos d1vmos
y la coordinación -Todo/ogía- y no olvidemos la Estética, llave de su p~culiar monismo, agregando la visión retrospectiva -y no era su fuerter- His-

toria del Pensamiento Filosófico. 16
Nuestro Gavidia con el variado repertorio de sus tanteos y búsquedas métricas, amante de la historia, creador de una signología, el Idioma Salvador,
dramaturgo inspirado en los Próceres de la insurgencia centroamcri~~a, cuentista de estirpe, colega de Ricardo Palma. en sus afanes por las lradic1ones, d~seoso de unificar a Centro América pero sin salir de San Salvador, su pohs
exclusiva, enciclopédico sin remedio -su fuerza y al par su debilidad-, dejaba la meditación trascendental por el poema - Thomas Mann nos aclar_ó
que Nietzsche era poeta del conocimiento- y viceversa, en el eterno deverur
heraclitiano resonante en Bergson.
Vasconcelos se formó en el siglo XX y Gavidia en la centuria denostada
-estúpida apostrofó alguien sin rodeos ni circunloquios- ahíta del positivismo antifilosófico que confinara a las Humanidades a los seminarios, por
teológicas, ni siquiera metafísicas, provocando el dolido párrafo de don Justo
Sierra.

Pitágoras o una Teoría del Ritmo, escrito en Nueva York (1916) -la cosmópolis: dolor, dolor y dolor, clamara Darfo- cons~tuye uno de los tramos
sólidos del vasconcelismo permanente, no del aleatono, nos conduce a reconocer cómo Vasconcelos, a las horas amargas del exilio, cuando tanto~ vuelven
la cabeza para no ver al apestado, encontró siempre acogida_ y estimulo en
ese inmenso pueblo que mora arriba del río Bravo. . . El Ulis~s ~sten_tó un
cosmopolitismo muy especial, dado su periplo, igualmente sw genens. En
,. Todavía 00 se ha analizado al Vasconcelos periodista, al menos con la amplitud
debida, pues el oaxaqueño colaboró con muchos periódico~, ~ntre ello! Novedades Y los
de la Cadena García Valseca. Y dictaba directamente, casi sm _correg¡~, cual nos co?.st:'al licenciado Stanley Glower Valdivicso, por años su sccretano parucular en la Biblioteca México", y al suscrito.
.
" Durante cJ año lectivo de 1961 dictarnos en la Facultad de Humamdades de la
Universidad de El Salvador un curso sobre Vasconcelos; en 1962, fue sobre Caso.

76

Buenos Aires me hizo el honor de invitarme a comer con el mosquetero del
derecho social que era Alfredo L. Palacios y éste, como Coroliano Alberini
-por citar dos nombres sobresalientes-- lo acogieron cual a uno de ellos. Estoy
por sostener que Raza C6smica e lndología nunca se hubiesen forjado sin sus
andanzas por Centro y Sudamérica. Y representa prenda de orgullo que al
arribar el oa.xaqueño de los arrebatos geniales a San Salvador estuviera para
recibirlo el abrazo fraternal y la cálida sonrisa de Gavidia, uno de sus precursores en la noble tarea de volver autónomo el saber continental.U
Imaginémonos a Francisco dirigiéndose a1 querido hermano menor -en
tiempo, desde pronto- y éste supo entender tan cariñosa jerarquía, y con
aquella exquisita sensibilidad, alentó siempre el mensaje gavidfano, aunque
vegetara, ignorado, en libros y folletos de única y parca edición y, en cambio,
el suyo, entre Robinson y Odiseo, atraviesa fronteras mediante el torrente
circulatorio de miles de ejemplares. Y resulta oportuno insistir en cómo el
Ulises Criollo sigue en pie, ganando batallas después de muerto como el Cid
y en cambio algunos de sus contemporáneos son, apenas, minucias bibliográficas.

H espero -en 4 cuadros y 6 escenas- interpretó los sentimientos de Gavidia al dedicárselo a Vasconcelos, a raíz de su estancia en El Salvador, con
los personajes del protagonista a quien se llama El Peregrino; Flor, diosa; Oztoc, dios antiguo y campestre; un cortesano y séquito. El autor leyó
varios fragmentos de la obra al homenajeado, estableciendo, además, un paralelo entre QuetzaJcoatl y Tutecotzimí. Ya el maestro centroamericano vivía
su etapa postrubeniana, remontándose en la exploración de la filosofía propia,
y dejemos la voz. al Ulises Criollo: "Así cual un poco poeta todo mortal es un
poco filósofo. Padecemos todos la inquietud de lo desconocido; afán de poesía,
necesidad de filosofía" .18
Los exégetas filosof antes que padecemos por estas latitudes -endemia casi
incurable- ni siquiera analizan a los creadores, contentándose con revolotear
en tomo a los epígonos, otras mariposuelas alrededor de la llama. . . De ahí
que muchos se asusten dentro y fuera de los claustros universitarios, al oÍr que
Ortega y Gasset es literato y Zubiri filósofo, levantando los brazos, escandalizados, a la orilla de las opiniones keyserlinguianas,19 en babia sobre el diá~, Faltan libros en torno a nuestros máximos valores: ojalá se hubiera escrito un
cinco por ciento sobre Vasconcclos y Gavidia de toda la piroctenia gastada en Üitega
y Gasset. ¿ Verdad, doctor Basave?
.ia Prólogo a Itinerario Filos6fico del autor de estas líneas.
,. Acabo de sostener una polémica en El Diario de Hoy de San Salvador con Carlos
Sandoval - también egresado de filosofía de Ja U AM- sobre los malabarismos y las
fobias de Ortega. Tal vez publique en un libro esos y otros artículos de disputa ideológica.

77

�logo Husserl-Dilthey, todo ello por no encontrar ni esto ni aquello en sus
infumables manuales que nada enseñan al docto y mucho confunden al profano. ¡ Cómo van a ocuparse de Gavidia, ni de Vasconcelos! 20
Por acá dejará Vasconcelos tema para más de un escorzo, descontadas sus
habituales salidas tan singulares. . . Si bien antes anotaremos que Gavidia
se resistía a salir de su Valle de las Hamacas entre el Volcán de San Salvador
y el Cerro de San Jacinto -loado en su tradición El Encomendero-, y tradujo
el Fedón platónico valiéndose del intermediario, Víctor Cousin, arriesgándose
a un estudio Metafisica Experimental. Alfonso Reyes padeció de una añoranza
ateniense incurable. Caso vivificó a Mcyerson en las conferencias dictadas en
la sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, en México D. F. Nada de ello ponderan maestros y estudiantes que, en esta América temblorosa de huracanes
y viviendo de amor -¿verdad, Rubén?- infravaloran lo propio por malinchismo ante lo ajeno. Está a la mano un Husserl (preferimos el de Caso al de
Gurvitch), un Pitágora.s (más original el vasconceliano que el de RobinL y
las incursiones de Reyes en lo helénico a las de ciertos repetidores ultra-

Vasconcelos, al par, cala en una veta arcaica . b'
1.
sus Estudios Indostánicos, preocup~do más por
~tan;, a través de
Vedas (Gavidia leg6 un poema ue Díaz . ,
,m.s a s ~ue por los
de memoria: "La Ofrenda del iramán" M1ron y Gonzalez Marbnez sabían
cano hizo desfilar el Renac· . t ed' )_ y el tempestuoso pensador mexilllllen o v antico la demo 1 , 1
.
doctrina yoga. El salvadoreño no los discnmu:6 d
n_o og1a, a ,m~gta y la
sus predilectos fueron los mayas puebl
od' . e su onente abscondito, pero
veda de los cielos el conjuro de l~s astro~)&gt;r igtoso que supo leer en la bó-

'1;: ;;

. ~ para t~nar: Héspero fue leído en homenaje al Ulises Criollo
v1dia
. t ras el doctor V1ctonno
~or ~aA ¡ -Revista
p ·a Ateneo de El Salvador ( 1921)- rmen
ya
a,
res1
ente
del
mismo
se
duele
de
que
"El
1·
.
d
d
¡
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'
1ceoc1a o on José Va.9C
ce os, conocido como de fama extensa en la rece ción
.
onrario le hizo nuestro Instituto
u'
,
p
que como socio bono,
, man esto que aunque él no era ar
campo habta aceptado el nombramiento.2s Sería el O'ran
. - p
es~e
de aquel darí.esco "De las Academias, líbranos Senor.
- º ,, mexicano part1dano

~

marinos.21
En la captación latinoamericana Vasconcelos -así el título de su primer
tomo autobiográfico- parte de la síntesis y Gavidia de los orígenes. Este en
Bolivarismo y Monroísmo: "Nosotros no hemos reproducido la sociedad española en el mismo grado que los norteamericanos reproducen las sociedades
sajonas. Desde el principio, al mezclarse con el indio, el español se separa de
su tronco y el indio abandona el suyo. Querer volver a uno u otro temperamento es renegar de los hechos y asustarse con la vida" (Ed. Ercilla, Santiago,

1937, p. 60).
Gavidia se remonta a los jóvenes abuelos de L6pez Velarde: "Qué hará,
pues, nuestra joven América? Qué razón de ser tiene y cómo sería aplicada la
filosofía Latino Americana que hemos procurado antes dejar esbozada? Nosotros necesitamos darle valor a nuestra herencia. Hay una ciencia centroamericana admirable. La ciencia del tiempo: la Cronología. Que son esos meses que
usamos de 28, 29 30 y 31 días. Las doce lunaciones indias son los verdaderos
meses griegos, los meses adoptados por la Iglesia. El sol llega al punto de
partida cinco días después de la luna. Esto hace los 365 días del año. Pero
¿por qué un año de 366 días? Luego, a los anteriores han faltado seis horas"

(Discursos, Estudios y Conferencias, p. 122-23).
"' Comentamos, igualmente en El Diario de Hoy la correspondencia Husserl-Dilthey.
Este, según nosotros, es más soci6logo que filósofo.
11 Hemos olvidado a nuestros exponentes: y nos rendimos, fáciles, ante nombres exóticos ... Así andamos en Latilloamérica.

78

,. Estudios
· ventu d para Vasconcelos. Sin embargo, merece
cabal
exégesis.Indostánicos fue obra de Ju
" Como dato: Vasconcelos estuvo en San J , d
.
en el Congreso de la Sociedad Interamericana d:s~il:so~:sta R~~ 6(20-27 julio 1958)
un artículo en La Prensa Libre ' denomma
. do "Caracteristica
y pu lC en marzo de 1957
d JG
•
podemos considerar autobiográfico' porq ue él IO f ue Y a enorme
s eestilo.
. ran Escntor" que

79

�PLATÓN Y SU ÉPOCA
DR.

ANTONIO

GóMEZ

ROBLEDO

Embajador de M~xico en Italia

nació en el año de 427 antes de nuestra era, en el seno
de una de las más antiguas y linajudas familias. Por su padre, Aristón, ascendía
su árbol genealógico hasta Codro, el último rey del Atica, y a la raza de los
Melántidas, y últimamente a Poseid6n. 2 Por su madre, Perictione, descendía
de Drópides, hermana de Salón, el legislador de Atenas.
Entre los parientes de Perictione hay que mencionar a su hermano Cármides,
uno de los principales políticos atenienses del partido conseivador, y a su
primo hermano Critias, jefe del mismo partido y caudillo de la revolución
oligárquica del año 404. Platón tuvo dos hermanos menores que él: Adimanto y Glaucón, de los cuales hizo los principales interlocutores del Sócrates
de la República, y una hem1ana llamada Potone. De ella nació, con el tiempo,
Espeusipo, el sucesor de Platón en la dirección de la Academia. Su madre
Perictione, por último, viuda de Aristón desde la niñez de sus hijos, contrajo
segundas nupcias con Pirilampo, político importante también, y uno de los
más allegados, a lo que parece, del gran estratego Pericles.
Estos simples datos, pocos pero ciertos, son suficientes para cobrar conciencia, desde este momento, de que por su medio y abolengo, por todos aquellos,
parientes o relaciones, con quienes convivió desde muy niño, Platón vio como
algo que por derecho propio le pertenecía, como su dominio natural, todo
PLATÓN DE ATENAS

1

1

Así se le ha llamado siempre, por haber sido aquella ciudad, desde su infancia,

el teatro de su vida y de su obra, no obstante que Di6genes Laercio afirme que naci6

en Egina, donde se habría establecido su padre en la colonia fundada en aquella isla
por Pericles. Zeller rechaza el testimonio de Di6gcnes; Grotc lo acepta, y otros aún,
como Maurice Croiset entre los más modernos, dejan la cuestión en suspenso.
• Que lo último sea para nosotros una fábula, por supuesto, en nada amengua la
importancia del dato social, único que aquí nos interesa: la creencia en la progenie
divina de Platón, en aquel momento y en aquel medio.

81
eH-6

�cuanto la civilización y la cultura pueden ofrecer de mejor, Y, que .ª tan al:o
extremo habían llegado ya en la sociedad de su tiempo. Poes1a linc~, po~s,1a
dramática filosofía, y junto con todo esto, y como la suprema af U1llac1on
del homb;e en el dominio de la acción, la política, la dirección del Estado.
Nada de esto fue ajeno a Platón, y si de alguno de estos campos, como el de
la política activa, le obligaron las circunstancias a retraerse, podemos est~r
ciertos -y su obra da de ello abundante testimonio-- que fue un~ r~uncia
de gran sacrificio. Tanto más cuanto que, s;gún todas _l~s _apanenc1as, en
Platón se dio, como era el ideal griego, el mas bello eqU1hbno del cuerpo Y
del espíritu. "La mejor cabeza del mundo'' le ha llamado Vasconcelos, y el
nombre de Platón que recibió más tarde (primero se le llamó Aristocles) parece haberle venido por la anchura (n).a1:v,;-) de su frente o de sus hombros. Bello y fuerte (xa'-o,;- xai laxveó,;-) lo describen sus biógrafos más
antiguos. Para lo único que no parece haber estado dotado Platón, fue para
la elocuencia, para las grandes batallas orales del ágora o del Pnyx. Su voz,
a lo que se dice, era tenue, y sobre esto aún, no le ayudaría mucho, _para ~l
arrojo que deben tener los hábiles en estas lides, una cierta verecund1a o ~midez que en él era, por lo demás, un aspecto de su compostur~ o elegancia
espiritual.ª Es bien posible, en fin, que todos estos embarazos pudiera habe:los
vencido si Je hubiera sido necesario; pero otros fueron por lo que haya sido,
los teatros de su acción.
Quisiéramos seguir, como en el discurso de la vida de cualquier otro personaje con la narración de lo que hizo o le avino a Platón conforme fue creciendo; pero el hecho es que, con excepción de los viajes sicilianos, de los
cuales sí tenemos información muy copiosa y de primera mano, en todo lo
demás son bien escasas las noticias sobre su vida. Es curiosa la comprobación,
hecha por Taylor, de que sabemos más de Sócrates, de su vida pública y privada '" que de Platón• lo que acaso pueda deberse tanto a la dramaticidad
extr;ordinaria de la ~uerte de Sócrates, sobre la cual se agolpa toda su vida,
como al hecho concurrente de que Platón no tuvo un evangelista suyo como
él mismo lo fue de Sócrates. Por lo que baya sido, en suma, hemos de resignamos a la penuria documental. Pero una vez constatado el hecho, nada
nos impide, a lo que creemos, aplicar a Platón, una vez que conocemos con
• Asi con todo~ estos caracteres, en Diógenes Laercio, 111, 5 y 7, 21: l&lt;1x11ócpa&gt;t1oi;. • ·

,

ald71¡.iwt1 xal xó&lt;1¡.i,oi;.
• Por noveladas que puedan ser ciertas reconstrucciones de la vida de Sócrates, como
The public and private life of Socrates, de René Kraus, o Barefoot in Athens, de; MaxAnderson tienen incuestionablemente el más sólido apoyo histórico, Y de nada
we ll
,
•
·
semejante sabemos que se haya htcho -con excepción, una vez más, de la exper1enc1a

certeza sus circunstancias sociales y familiares, lo que en creneral sabemos
0
sobre la fo1:113ción intelectual y moral de la juventud de su ticmpo; y aplic~r!e, ademas, todo lo que en sus diálogos tiene el sello de una experiencia
v1v1da.
De este modo, y en lo que se refiere, en primer lugar, a su educación, estamos en terreno firme al suponer que Platón, vástago de una familia acomodada y arist~crática, debe haber recibido la educación más perfecta que era
ent~nces posible dar, o sea la que combinaba, en el más perfecto equilibrio
posible, la cultura del cuerpo y la cultura del alma, o como entonces se decía
música y gimnástica. 5 Por haber sido imbuido desde su infancia en esta educa~
ción, la, p~ideia por antonomasia, es por lo que Platón puede proponerla, en
la Re publica, para la formación de los "guardianes". Pero más aún que a los
text~s de la República, que podrían tomarse, más que como recuerdos de infancia, como fruto de la reflexión madura de Platón, nos parece que en un
p~je del _Pro~ágoras, que se acepta generalmente haber sido un diálogo juverul, ~fleJa clirecta_mente Platón su propia experiencia al describir el proceso
~ucabvo, que empieza en la familia, prosigue en la escuela y termina en la
cmdad, del modo siguiente:
. "Desde la infancia y por toda la vida, se suceden las enseñanzas y exhortaciones. Tan pronto como el niño empieza a comprender el lenguaje la nodriza
1~ madre, el pedagogo .~ el ~mo padre se esfuerzan sin descans; por comu~
mearle _toda la perf~cc1on ~1ble. Con ocasión de todos sus actos O palabras,
le prodigan las lecciones y e1e11:1plos sobre que esto es justo y aquello injusto;
esto be~o ~ aquello feo; es;o ~iadoso y aquel_Io impío: '¡ Haz esto y no hagas
aquello. S1 obedece por s1 mtSmo, nada me3or; y si no, como si lo hicieran
con una vara torcida y encorvada, lo endereza con amenazas y golpes.
''Después de esto se le manda a la escuela; y lo que más se le encarece al
maestro es la decencia del alumno antes que su aprencliza1·e en las letras
1 ,
o en
a cttara. En todo ello pone su cuidado el maestro, y una vez que los alumnos
han aprendido a leer y escribir, y entienden las palabras escritas como antes
las habladas, les hace aquél que, sentados en sus bancos, lean las obras de los
grandes poetas y les obliga a aprenderlas de memoria, por estar llenas de buenos consejos, de episodios y elogios en gloria de los héroes antiguos, a fin de
que el alumno, lleno de emulación, les imite y conciba el deseo de parecérseles.
• En el len~aje d: la época, y en el de Platón desde luego, "música" (µuva,x7Í) tiene
tanto el sentido de lo perteneciente a las Musas", o sea la cultura en general, como
lo ~u~ hoy ente~demos. ~r tal vocablo, es decir el arte musical. El contexto permite
casi siempre la diferenc1ac1ón. Así verbigracia, es evidente que el Sócrates del Fed6ti s
refiere ~I primer sentido cuando dice que la filosofía es la música suprema: µeyl111: e

~~-

'

siciliana en lo tocante a Platón.

83

82

�"Los citaristas, a su vez, haciendo otro tanto en un dominio diferente, se esfuerzan en inspirar la templanza en los jóvenes y en apartarles del mal. A más
de esto, y una vez que han aprendido a tañer la cítara, les dan a con~cer las
obras de otros buenos poetas, de los líricos esta vez, haciendo que las ejecuten
en la cítara, y obligando así a las almas de los educandos a f~liar~ con
los ritmos y las armonias a fin de comunicarles un carácter mas apacLbl_e, y
que, penetrados de ritmo y armonía, puedan más tarde rev~lar su ca~ac1dad
en la palabra y en la acción, porque toda la vida humana nene necesidad de
ritmo y armonía.
''No es todo aún, sino que, después de esto, mandan los padres a sus hijos
con el maestro de gimnasia, a fin de que su inteligencia, una vez formada,
tenga a su servicio un cuerpo en las mejores condiciones, y que su miseria
física no les obligue a buír cobardemente en el combate o en todo otro ~rden
de actividad. . . Cuando, en fin, se han separado de sus maestros, la ciudad
a su vez les obliga a aprender las leyes y a conformar a ellas su VI.d a"e
.
Esta es como allí mismo dice Platón, la educación para la virtud: nat~Ela
la que persigue conjuntamente la formación del ?'e}or homb~e
y del mejor ciudadano. En ella, como se ve, tiene parte tan p~c1p~ la musica, tal como hoy la entendemos, y no ciertamente para el, vutuos1smo del
ejecutante, sino para la formación espiritual en su estrato. mas profund~ .. ~or
algo años más tarde, dejó Platón consignado en la Rcprlblica este gran JU1C10:
"¿N~ es por ventura la música, Glaucón, la educación soberana? Por ella, en
efecto, la armonía y el número se insinúan hasta el fondo del alma, se apoderan de ella y la toman bella por extremo" .7

El~

aee:iJ,,,

Tal fue puntualmente, y así se nos revela en sus obras; bella por extremo,
el alma de Platón; pero juntamente con su formación literaria y musical, no
debemos olvidar el otro importante aspecto del servicio militar que un joven
robusto como él, y miembro además de la nobleza ateniense, debió haber prestado sin la menor duda, durante los años que la ley prescribía. De los dieciocho ~ los veinte de su edad, todo efebo ateniense estaba en servicio constante,
principalmente en las fronteras del Atica, como "de~en~r del país" (~s~~o..toq 1:~~ xweaq) ; pero la milicia se e.'-tend1a de ordmano hasta los vemticmco
años y sobre todo cuando lo demandaban las circunstancias. Ahora bien, los
siete' años: 410-403, que coinciden, para Platón, con el período de los 18 a los
25 de su edad, fueron para Atenas de los más agitados y aflictivos. Entre ellos,
en efecto, se sitúa el final de la guerra del Peloponeso, con las más tremendas
batallas terrestres y navales (Mitilene, las Arginusas, Egospótami), después
' Prot. 325 d -326 c.
' Rep. 401 d.

~e las cuales vino la rendición de Atenas ( 404), seguida luego, en lo in tenor, de la ~ás ~ra~e- revolu:ión política. En estos años, pues, cuando Atenas
fue, como dice T uc1d1des, mas una fortaleza que una ciudad, y cuando el teat~o de la g~er~a, ad~ás, fue tan vasto y tan disperso, podemos tener por
cierto que nmgun atemense en edad militar habrá dejado ni por un momento
las annas, y que Platón, por tanto, en la infantería en la caballería O en la
armada, ha~r~, toma~o toda la p~rte q~e correspondía a su sentido del honor
Y a su cond1c1on social. Una conI1rmac1ón a posteriori de todo esto podríamos
tenerla en el alto aprecio que Platón tuvo siempre por la educación militar.
~o hay que olvidar, en efecto, que la clase de los guardianes en su Estado
ideal, ~s apenas una selección de la clase dominante de los ~erreros.
Vo~VJendo a l? que de Platón nos interesa más, parece que su irresistible
vocación de escritor se orientó en un principio a la poesía, y más concreta.
mente a la poesía, trágica. Según va la leyenda, habría llegado a componer
hasta una tetralogia con la que pensaba competir en el festival de Corinto
Y. q_~e luego quemó, .con olros_ versos, cuando al encontrarse con Sócrates, de~
cidio consagrar su vida a la filosofía. Cierta o no la anécdota es evidente el
genio dr~átic~ de Platón, que se acusa en tantos diálogos, sobre todo en los
de 1a prunera epoca, siendo el Protágoras, tal vez, la obra maestra.
A~.tes_ del encuentro con Sócrates, parece cierto también que Platón se había
f~hanzado ~astante, a pesar de su extrema juventud, con los escritos de los
filosofos que circulaban por aquel tiempo en los medios intelectuales de Aten:15: ~eráclito, Parménides, Xenófanes, Zenón, Empédocles, Anaxágoras y los
pita~oncos. D~ est~s. pensadores, Parménides y Zenón, el enfant terrible del
clea~smo, habian VlSltado Atenas, medio siglo más o menos antes que naciera
Platon, Y An~xágoras por su parte, años más tarde, había tenido allí mismo
una larga residencia, habiendo sido uno de los más allegados a Pecicles. En
c~a~to a Heráclito, quien nunca estuvo en Atenas, enseñó allí su filosofía su
discipulo Cratilo, de quien sí sabemos, esta vez con toda certeza haber sido
en los e~tudios fil?s~ficos, el primer maestro de Platón. Más tal 'vez que po;
s~s propios merecuruentos, ha pasado a la inmortalidad por el diálogo platómeo que lie~a su nomb~, y en el que encontramos expuesta, como tenía que
ser, la doctnna del moVIhsmo universal.
Haya contribuido o no la convivencia con Sócrates ( quien ostensiblemente
profesaba no saber ni enseñar nada) a profundizar en Platón el conocimient
de la filosofía helénfoa, que por entonces se encontraba ya en tan alto pun~
to de madurez, lo cicrto_es que todos los que hemos nombndo antes influyeron,
~ mayor º, menor ,medida, en su propia filosofía. Heráclito, Parménides y Pitagoras, serian, segun creemos, los nombres que principalmente habría que destacar. Toda su vida la pasó Plat6n en dilucidar, como diría Antonio Caso, el

84

85

�problema Heráclito-Eleático, la movilidad del ente sen ible con la inmovilidad
del ente inteligible. Sus pref rencias habrán estado por Parménide (a quien
unas veces llama ''\'enerable" y otras "terrible·'), en cuanto que el "ser
que verdaderamente es": TO Ó,,Ta&gt;;" ÓY, es, para Plat6n, no el fenómeno sensible, sino la Idea, pero no por esto n g6, como Parm'nides, la realidad del
devenir, y en la conciliación entre uno y otro mundo consumió su vida. Por
último, la doctrina pitagórica del número como principio de ordenación c6smica y la armonía mu ical resultante, es algo tan patente en Plat6n, que no
vale la pena detenerse en discutirlo. Doctrina del movimiento, doctrina del
reposo y doctrina del número, son en suma. y en estos término, para Walter
Pater ª las influencias primordial en la filosofía platónica, y que podemo
con certeza hacer remontar a su. años juveniles.
Sobre todo ellos, empero, se impon • la influencia avasalladora de S6crates,
con quien Platón parece haber convivido, segíin los cálculos más verosímile~,
entre los veinte y los "eintiocho años d su dad, hasta la muerte del maestro.
Parménides, por ejemplo, habrá sido sin duda, y Platón debió de omprcnderlo
así, un genio filosófico, por eJ aspecto puramente intelectual, mucho más alto;
pero por el lado del eticismo no hubo, ni entonces ni después, nadie que superara a 6crates.
Ahora bien, la filosofía de Platón (es una impresión muy personal, pero muy
sincera, y que no podemos dejar de consignar) es una filosofía fundamentalmente eticista, por amplio que sea el lugar que en clla ocupen las especulaciones cosmológicas y metafísicas. Por su propio temperamento o por las circunstancias históricas y sociales que le rodearon, no es Platón, como í lo es,
por el contrario, Aristóteles, el contemplador puro, el 8eroeo;- Tij~ 8eroela~
tYe)(a. Su teoría de las ideas, si bien se mira, es sobre todo teoría de los valores, y más concretamente aún, de aque!Jos que más tienen que ver con la
conducta humana: lo bello y lo bueno, lo justo y lo santo ... La importancia
del mundo inteligible, para Platón, estriba en que de él depende, de la Idea
del Bien en última instancia, la conducta humana, personal y social. A su
percepción, sin duda, no puede llegarse ino por el arduo sendero de la dialéctica, y nada está tan lejos de Platón como el moralismo puro de Antístenes
o Diógenes; pero su preocupación principal, una vez más, es la reforma intelectual y moral del hombre y del Estado. Así en toda su obra, y no !iÓlo
en la cumbre de ella, que son la República y las Leyes. Y cuando se traspasa
e te eticisroo, no e por el lado de la ciencia, sino por el d la religiosjdad: ''en
busca del centro divino", como ha dicho Werner Jaeger.•
• Plato and p/otonúm.
• "Sitivit anima mea, the Athenian philosopher míght say, in Deum, in D111m vivum,
as He was known at Sion". Pater, Plato and Platonism, ew York, 1899, p. 76.

86

~ra ésta ¡~recisamente, en lo sustancial, la tónica espiritual que animaba a
ates, quien contaba entonces más de sesenta años cuando el .
P1 ó
entró
·
,
Joven at n
de. para. siempre en 5:1 esfera de influencia. Hacía ya tiempo que habían
~ado de ~nteresar ~ Socrate_s las especulaciones cosmológicas a que fue tan
adicto, segun su propia confes16nJ en cierta época de su vida. Las había de ·ado
. "6n que, segun
, su Jmás
fdel todo para., consagrarse' del todo también , a la mtst
dumele pelmrsuas1onl, le ~i;mía intimado Apolo, el dios de Delfos: el celo o cuidado
a as ( . n,µe11,eia i:ñ,~ ) en aque 11 a sociedad
•
r as
habe
.,., •11vv
.,. ,.,''1;"
que naufragaba
po
r perdido, por obra sobre todo de la Sofística la orientación moral 10
P
serán tan expresivos
·
·
,ocos
. textos
.
de este celo, como éste de la Apología plat~n;a, e? que Sócrates habla de este modo a su imaginario interlocutor· "¡ Oh
:~~d :eJordde los homb~sl l Cómo es posible que siendo, como eres, a~niense
a ano e la m~yor ciudad y de la más renombrada por su sabiduría s~
~er, no te a,·erguences de no ocuparte sino de tu fortuna r de los m~io
d
5
e incrementarla
lo más pos·b1
.
i e, as1• como d e tu reputación y de tu honra y
que, en cambio, no pienses ni te preocupes de la sabiduría, de la verdad ni 1de
tu alma, procurando hacerla Jo mejor posible?'' u

E5, ru' m ás DI· menos, el Porro unum est nece..rsarium, de Jesús a Marta.
es de creerse que este primado del alma por sobre todas las cosas asent6 ' y
!,undame.nte.,en e_l ~ de Plat6~ en sus años de convivencia socrática.
convemón rec1b10 su sello def mitivo con la muerte de S6crates I d'
q ue el rnaes trO " apu r6 eJ veneno en la prisión". Así lo dice Platón '. e.,..1 ta , en
.,
s
• ~u cpaeµa)(.011 . eme~ e,, T~ deuµooi:1'/eí.cp, con la misma simplicidad con que los
evangeliSlas chrán después de Jesús: Crucifixus esl.u
A la vez que acababa de configurar en él del todo el hombre interior 1

y~:
~

muerte de ócrates fue para Plat6n el elemento polarizador por decirlo '
de otras f e
. . aJ
'
as1,
.
u rzas pintu es que ya trabajaban en él y que entre todas d
termmaro
· ·
'
,
, e, .
n su escept1c1 mo de la política militante, su alejamiento de la cosa
publica. Para comprender!o as1,
' no tenemo smo
. que recapitular sumariamente
• "La misi6n de Sócrates es de orden reli .
• .
hoy a estas palabras· s
g,oso Y m1sllco, en el
• u cnsenanza, tan perfectamente racional está
que parece sobrepasar a la pura
6 " B
'
la r,li¡ion, Paris, 1932, p. 60. raz n . t\ROSON • Les d11ux sourc,s
11

Apol. 29 d - e.
la. interpre1aci6n que d

ª Es

la ronv

1'51-6 n

sentido que darnos
s
did d aJ
wpen a e go

de lo mora le et de

de Plat6n encontramos

la

·

tan egregios como Burnet y Di~s. "His final co.nversion - dice el .
en dp tdonutu
from th · k b d
h' h
pnmcro-- ate only
e SIC • e on w 1c he was then l}ing" (Pl 1 • Ph d
ª os at º• p. XXIX). Y Di~s
po r su p a.rt e.. "O n d'it d e p laton que disciple ·pcndant
huit ans d S
.
'
la m t d s
·
•
e ocrntc VIvant c'est
e ocrate qw en lit un ap6tre ·' du lit ou• iJ guau
· · maJadc pendant que Socrate
'
b or
·1 la . • il
uva1
cigue,
releva un homme nouveau" (A u tour d, Platon, p. 174).

87

�la situación de Atenas en aquellos años que coinciden con la juventud de
Platón o con el principio de su madurez.
En 404_
, según dijimos, terminó la guerra del Peloponeso con la victoria de
Esparta sobre Atenas. No fue, para la noble ciudad vencida, una capitulación
honrosa, sino nna derrota incondicional. Los términos de la paz que .se le
dictó fueron, en efecto. de lo más humillante y aflictivo: destrucción de los
Grandes Muros de Atenas y de las fortificacione del Pireo; pérdida de todas
sus posesiones en el exterior, quedando estrictamente reducida al Atica y SaJamina; pérdida de toda su flota, con excepción de doce trirremes, y por último, alianza forzosa con Es.parta, cuya dirección en la política e:·terior se
comprometía Atenas a seguir. 1 ro bien se hubo ratificado el u-atado de paz,
por no poder hacerse otra cosa, cl gen •ral espartano Lisandro zarpó con destino al Pireo, y al son de las flautas, como para acentuar el júbilo de su país,
dirigió personalmente la destrucción d las fortificaciones y de los Grandes
Muros.
Muy pronto se "io que no ólo en la política exterior, sino en la interior
también, Ate.nas iba a ir a la zaga de Esparta y como su feudatario. En el
mismo año de 404, y en buena parte también por la intetvención de Lisandro,
fue abolida la democracia ateniense, para ser suplantada por el régimen oligárquico que pasó a designarse en la historia con el nombre de los Treinta
Tirano . De ellos formaba parte, y por cierto entre los más prominentes, Critias,
el tío de Platón.
En parte por esta circunstancia, pero sobre todo porque no fue jamás, ni
tenía por qué serlo, partidario de la democracia, podemos estar ciertos de que
no habrá contristado mucho a Platón (e to por lo menos) la caída del régimen
que, además, había llevado a Atenas al dc~a tre final. En la cuenta de la democracia, en efecto, deben cargarse, con otras muchas cosas tales como la
malhadada ex-pedici6n a icilia 1 resultado del mal consejo de demagogo como
Alcibíadcs, y el sacrificio, por otro lado, de sus mejores estrategos, como aquella
ejecución en masa -ejemplo típico de la demencia popular- de los generales
Yictoriosos en las Arginusas.
Pero si Platón pudo acoger, con mayor o menor beneplácito, el advenimiento del régimen autoritario, podemos estar seguros que hubo de Yer luego con
horror el proceso de aquella oligarquía sanguinaria, nuevo flagelo que cayó
sobre Atenas después de los desastres de la guerra. En sangre, literalmente,
ahogaron los Treinta la simple veleidad de oposición, y supñmieron igualmente, como acostumbra hacerlo toda dictadura, la libertad de expresión. Si en
Esparta estaban acostumbrado a esto, no así en Atenas, y menos en aquel siglo, el de Pericles y la Ilustración.

88

Si ya por todo esto y en general debió de haberle sido aborrecible a Platón
1~ conducta de los oligarcas, acabó de confinnarle en esta disposición la ojenz~ que, muy lógicamente por lo demás, tomaron aquéllos contra Sócrates.
Pnmer? le prohib'.c.ron "hablar", es decir conversar con los jóvenes, 0 con
cua_lqu1era que qu1s1era oírle, sobre temas morales o políticos cuya libre discus16n no pod~ con.sentir ~~nea ning{m autócrata. D pués, algo peor aún,
~ataron de ~~ecerle, haetcndole cómplice de sus crímenes, y le mandaron
rr, :11 compania de o~ros, a poner preso a Le6n de Salamina, cuya muerte
?ab_1~ decr~tado lo tiranos, sin que para ello les autorizara ninguna sentencia
JUdiaal debidamente pronunciada. Con toda raron se ufanará dcsp11és Sócrates
en su apología, ?e haber ~esobedecido, él solo, el mandamiento injusto; y s ~
guramcnte habria sucumbido al poco llempo el mismo Sócrates de no hab~r tenido pronto fin, como felizmente lo tuvo, el régimen de los Treinta
Tiranos, ''monstruos de impiedad, que en ocho meses mataron más atenienses
~ue los espartan~ en una guerra de diez años" .11 Así lo dijo uno de los conJ~rados con Tras1bulo, el caudillo de la reacción democrática, al dar la batalla
f mal en que fue muerto Critias.
Lo más e~traño de todo, lo más paradójico, fue Jo que luego tuvo lugar, en
la democracia restaurada, y que fue el juicio, condena y ejecución de Sócrate. .
A ~to no se habían atrevido los oligarcas; y sí lo hicieron, en cambio, los
dci:nocratas, y ~o los del mont6n, sino los principales, movidos por Anito,
qw:° co~ Tras1bulo babia acaudillado la reacción democrática, y que por
su integridad moral fue de todos respetado, aun por el mismo Platón.
. ~o es ést_e segurament~ ~ lugar de proceder a una revisión del proceso judictal d~ Soc_rates, y lo uruco que nos interesa es procurar darnos cuenta del
proceso mtenor de Plat6n; de lo que debió sentir al ver que su ciudad conden~ba a la úl~ima J:&gt;C"ª•. como lo, hacía_ con los peor s criminales, a quien
Platon llama,. sm rel.lcenc1as, el mas sabio y el más justo de los hombr .1-1Hubo de sentir, por lo pronto, el vértigo que nos produce la vfrcncia de lo
absurdo; Y luego, cuando la reflexión se asentó en él, cuando pensó como tuvo
qu~ pensar, que el mi mo fin habría tenido su maestro en el régi~en oligárqm~? o en otro cualquiera, le f uc forzoso llegar a la conclusión de qtte la sal~aoon de Atenas no era, en última instancia, cuestión de formas de gobierno
s~o de algo muc~o más hondo y raclical. No era en la constitución política:
sino en el alma 1:°mna de. sus conciudadanos, que habían perdido tan por completo la percepción del bien y del mal, donde debía aplicarse el remedio tal
Y como Sócrates lo había enseñado en su vida y refrendado con su muert~. y
para una reforma de tal envergadura era menester tiempa, reflexión, y desde
" Bun, A liisto,j' o/ Cruce, London, 1959, p 51 l.
" Ftdó,1, 118 a.

89

�· ·
luego, el retra1m1ento
al menos temporaI, de 1a v1·da .pública, donde el hombre
se consumía sin fruto en la lucha estéril de los partidos.
No porque su vida corriera ningún peligro por su amistad con. S6crates ( no
hay nada que autorice esta conjetura), sino para planear su vida futu:a, 0
simplemente porque quisiera alejarse por algún tiempo. de Atenas, despues ~e
l
había pasado el hecho es que Platón y otros miembros de la pequena
o que
• c1u
· d ad d e Mégara, para entreunidad socrática' se retiraron a la vecma
; : e con más libertad en casa de Euclides, uno de los íntimos ,de Só,crates Y
testigo también de su muerte, a la rememoración del maestro. ~llí habra ª~,re:•
dido Platón, quien se encontraba enfermo el día en que Socrates partto , e
esta vida todos los pormenores de su muerte, para conservarlos en su corazon
hasta escribir, tal vez años más tarde, el maravilloso relato de aquellas horas
inolvidables.
,
Platón decide así, en la quietud de Mégara o en tod~ caso ~o ~espues de
su regreso a Atenas, dar principio a sus viaj~, qu~ seran tamb1é~, Junto ~o~
la visión de otros países y costumbres, una dilatación ~e s~ horizonte es~mtual. Va a descubrir el mundo circundante, el del Medtterraneo, desde ~g~pto
hasta la Magna Grecia, y el mundo interior de las ideas; pero este ultimo
-recalquémoslo aún- en función de lo que es desde entonces, y lo será durante toda su vida, su objetivo principal: la refonna del hombre y del Estado.1~ Sus Wanderjahre van a ser asi la prolongación de sus Lehr¡~hre que
Esta es la interprch ab'1an eulminado en Atenas bajo el magisterio socrático.
d
• ·
· d
tación de los grandes platonistas, como puede verse e1 s1gu1ente pasaJe e
Auguste Dies:
..
.
.
"No sería sino una novela la que haríamos si qwstéramos imaginar l~s _fechas precisas, las etapas diversas, Jo~ aconte,ci~ientos .exteriore~ de. estos v1a1es.
Pero no haremos sino una hipótesis verosrrrul y cas1 necesaria s1 supone~os
que Mégara, Egipto, Cirene, fueron, para Platón, las etapas de una_ reflexión
·
·
mtenor,
concurrentc con los desplazamientos exteriores. La. evolución de . su
pensamiento siguió la curva misma de sus viajes, y no le aleJÓ de Atenas sm~
para hacerle volver a ella con una concepción más clara de la tarea que alb
le esperaba" .16
Una docena de años aproximadamente: de 398 (Sócr~tes había muerto en
399) a 386, fecha de su regreso d_efinitivo, ~e ace~t~ comu~~~te que dur:iron
los viajes de Platón por Egipto, C1rene, !taha mendional y S1cilia, en su primer
,, "He is conscious of having discovered a metap~ysical world, th_e knowledge ~f
not set out m quest of th.is
th e etcrn al Íonn5 and their true being. But Plato did
•
h d·
d th world
world. He set out in quest of the bcst state, and on th1s quest e 1scovere
e
f f nm" PAuL FRIADLANDLEJI., Plato, New York, 1958, I, p. 6.
0
,.
Platon, Les grands coeurs, Flammarion, 1930, p. 72.

ºnms:

90

visita a esta isla. Y subrayamos lo de su "regreso definitivo'', porque es muy
probable la hipótesis, apoyada por Zeller, de que, toda vez que Plat6n no se
alejaba de Atenas como un prófugo ni como un desterrado, sino por su voluntad, bien habrá podido volver a su ciudad natal, y estarse en ella el tiempo
que le acomodare, entre uno y otro desplazamiento a los indicados lugares.
Como quiera que haya sido, acompañémosle con la imaginación (que no excluye, antes bien supone el apoyo en la historia) por esas estaciones de su periplo.
Viajes.

Egipto, en primer lugar, país heredero de una antiquísima sabiduría y fuente legendaria de todas las iniciaciones, tenía que atraerle poderosamente. A todo hombre culto de aquellos tiempos, desde luego, pero más aún a quien, como
Platón, se ufanaba de descender de Solón, del cual se decía que a sus andanzas
por el valle del Nilo, con todo lo que allí pudo ver y oír, debía en gran parte
aquella admirable sabiduría que hizo de él uno de los Siete Sabios de Grecia
y el mayor legislador de Atenas. Del fondo familiar de tradiciones y consejas
que corrían sobre el legendario personaje, debió extraer Platón la deliciosa
anécdota que dejó consignada en el Timeo: la conversación que con Solón
tuvo un "viejísimo" sacerdote egipcio, quien apostrofó así a su interlocutor:
"¡ Oh Solón, Solón! Vosotros los griegos sois unos eternos niños, y no hay
ningún griego que sea viejo ... Jóvenes sois todos vosotros por el alma, porque
no guardáis en ella ningún saber antiguo de tradición remota, ni ciencia alguna que ostente las canas del tiempo". 17
Esto se lo decía el hierofante egipcio al viajero griego cuando éste pretendía,
con juvenil jactancia, revelarle el origen del género humano con la leyenda de
Deucali6o y Pirra, sobrevivientes del Diluvio y protoparentes de la nueva
humanidad. Para el sacerdote de Amón Ra, era este suceso del día de ayer
apenas, como si dijéramos. De cualquier modo, cierta o falsa la anécdota,
hay allí, en aquellas palabras, una admirable descripción de la eterna juventud
espiritual de los griegos, gracias a la cual fueron en todo los renovadores del
mundo.
De cualquier modo también, PJatón acepta por sí gustosamente la lección
que recibió Solón, como se ve por estos pasajes, que ensamblamos libremente,
del Timeo y las Leyes:
"Somos niños en verdad, nosotros los griegos, comparados con este pueblo
de tradiciones diez veces milenarias. En tanto que nosotros no conservamos
por mucho tiempo nada de los preciosos recuerdos del pasado, en Egipto inscriben y preservan eternamente en la piedra la sabiduría de los tiempos an" Timeo, 22 b.

91

�tiguos. Los muros de los templos están cubiertos de inscripciones, y los sacerdotes tienen siempre ante sus ojos esta herencia divina. De generaci6n en generaci6n se trasmiten, sin la menor alteración, las cosas sagradas: cantos, danzas n·unos ritos música pintura desde la edad inmemorial en que los dio'
'
'
,
ses gobernaban el mundo". 18
A más de todo esto, que hasta hoy hiere la vista de quien visita lugares como
Sakara y Luxor, con el templo de Kamak y la necrópolis faraónica del Valle
de los Reyes, hay algo que es tal vez lo sobresaliente, y es la absorción de
aquella cultura y del pueblo que la produjo, en un problema único, en el gran
problema de la muerte. Desde el faraón hasta el último de sus súbditos que
podían hacerlo, toda su preocupación era la habitación definitiva de la tumba,
antes que la morada transitoria al aire y al sol. Ahora bien, y por más que la
cultura helénica haya sido, al contrario de la egipcia, una cultura no de la
muerte sino de la vida, no por esto dejó de inquietarles a los griegos ¡ cuán
lejos de ello! el mismo gran problema del más allá. En mayor grado aún, o
de manera especial, a quien como miembro del círculo socrático más íntimo,
tendría siempre presente la sentencia que Sócrates había pronunciado en su
último día: "Filosofar es aprender a morir". No sólo esto había dicho Sócrates, sino también, y en la misma ocasión, estas palabras que seguramente fueron
para Platón la invitaci6n al viaje en general, y al de Egipto en particular:
"Grande es la Hélade, Cebes, y no faltan en ella los hombres de mérito,
pero muchos son también los países extranjeros. Buscad en ellos, con diligencia,
el encantador incomparable cuyos exorcismos disipen, en el niño que hay aún
en vosotros, el miedo de morir. No ahorréis en esta búsqueda ni trabajo ni
dinero, y tened por cierto que en nada podréis gastar, más a propósito, vues)

tra fortuna" .18
Cuánto tiempo vivió Platón en Egipto y en qué lugares, no lo sabemos con
exactitud; pero la tradición constante en la antigüedad, por lo primero, es
que fueron varios años, y por lo segundo, que su morada más larga y predilecta fue en la ciudad sagrada de Heliópolis. Tres siglos más tarde todavía,
según el testimonio de Estrabón,"º quien afirma haber estado allí, se mostraba
aún a los visitantes, en los edificios destinados al alojamiento de los sacerdotes,
las cámaras que ocuparon Platón y Eudoxio de Cnido~ el gran astrónomo que
fue después su colega en la Academia, y quien parece haberle acompañado
en aquel viaje.
Nada queda hoy desgraciadamente de la antigua Heli6polis (en la actualidad una simple zona residencial del Cairo) , como para damos ciertos eleTim110, 20 d et seq., y Leyu 656 d et seq.
'' Fedón, 77 e - 78 a.
"' XVll, 29.

mentos imaginativos del ambiente que rodeó a Platón; pero este vacío lo
compensa ampliamente la admirable zona arqueológica de Memfis, distante
de Heliópolis a cosa de treinta kilómetros, y que seguramente habrá visitado
Platón. Ahora bien, parece que había una cierta unidad estilística entre ambas ciudades, por haber dirigido la construcción de sus principales pirámides
y templos el mismo personaje: Imhotep, sabio y político, arquitecto y gran
visir del faraón Djeser-Neterkhet. Todo esto se llevó a cabo -y estos personajes florecieron- hacia el año 2800 antes de nuestra era, durante la tercera
dinastía mcmfita, fundada por Djeser. Estas obras grandiosas, de las que nos
han quedado por lo menos la pirámide y el templo funeral de Sakara son
.
'
antenores en más de un siglo a la Gran Esfinge y las tres conocidas pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, obra de la cuarta dinastía.
Todavía veinticinco siglos después, al llegar Platón por allí, podía verse en
todo su esplendor la ciudad a la que Imhotep, que era igualmente el Gran
S~cerdote del Sol ( Amón Ra) impuso por ello el nombre de Heliópolis: la
Cmdad del Sol, encarnación plástica del principio luminoso que los egipcios
adoraban como la divinidad suprema. En ella, según el justo comentario de
Roger Godel, el genio de Imhotep ''supo unir los tres temas mayores de la
muerte, la eternidad y la luz en una sinfonfa única". 21
Una de las lecciones, la primera tal vez, que Platón recibió al meditar en
toda aquella historia, tan lejana ya para él como lo está él mismo de nosotros,
pero seguramente con pormenores que se perdieron luego irrevocablemente
habrá sido la de que sí era posible la realizaci6n del sueño -que desde en~
tonces traería ya en su mente- del filósofo-rey o del rey-filósofo, 0 por lo
menos, cuando no se diera la concurrencia de ambos caracteres en la misma
persona, el poder efectivo del sabio con el beneplácito regio, que era puntualmente lo que se había dado entre lmhotep y su soberano. Antes que Platón conociera personalmente a Arquitas de Tarento, el otro caso ejemplar de
lo mismo, tenía ya en la historia una confümación esplendente de su gran
ilusión.
Sin tener de nuestra parte la pretensión, que sería ridícula, de hacer por
nuestra cuenta el inventario de la riqueza espiritual que Platón llevó consigo,
por toda su vida, después de su permanencia en Egipto, sí podemos permitirnos ciertas observaciones, con fundamento en las alusiones explícitas o
implícitas a aquel país, que encontramos en tantos diálogos platónicos, como
el Fedón, el Fedro, el Gorgias, la República y las Leyes.
De Heliópolis, en primer lugar, si no recibió Platón la idolatría solar -¡ni
cómo podía ser, con la espiritualidad tan alta de su religión más íntima!-,

1&amp;

21

R. GooEL, Platon

a Héliopolis d'Egypte, Paris, l956, p. 22.
93

92

�sí en cambio, con toda probabilidad,2 2 la imaginería correspondiente, las metáforas de la solidaridad, que encontramos en los libros Vl y VII de la Rept'l,blica, en la alegoría de la caverna y en la Idea del Bien, que es, sin duda
alguna, la cumbre de la filosofía platónica. Dios no es, para Plat6n, el sol, a
buen seguro, pero como Je es forzoso acudir a símiles sensibles para. declarar
lo inefable, no se le ocurre nada mejor que llamar a la Idea del Bien ( que
es Dio mismo) el sol del mundo inteligible. Y es también un recuerdo de
los obeliscos que habrá visto en Heliópoli y en Memíis, la verticalidad de la
aseen ión que emprenden lo prisioneros de la Caverna, hacia la luz difu a
en primer término, para poder al fin ver el sol cara a cara, como desde la
punta del obelisco.
.,
.
La más profunda huella tal vez, a nuestro modo de ver, que deJO Egipto
en Platón, fue la contemplación de un orden eterno de justicia, vigente tanto
en el universo como en la ciudad humana y en el alma individual, en este
mundo y en el otro, donde imperaba Osiris, el juez irreprochable de los muertos.23 Por diferente que pueda ser, en sus matices, la concepción de este orden
en la filosofía platónica, nos parece innegable la concordancia radical.
Por otra parte, y en lo que se refiere ya no a su filosofía objetivamente considerada como cuerpo doctrinal, sino a los hábitos de su filosofar, pensamos
igualmente que Platón habrá aprendido de lo acerdotes hielopolitanos -o
que le habrán confirmado en lo que ya le habría enseñado su maestro Sócrates- que el pensamiento es un en imismamicnto, un "diálogo interior y silencioso del alma consigo misma" .24 Y este diálogo, en fin, habrá tenido frecuentemente por materia el gran tema de la muerte. En ninguna parte como
en Egipto le fue posible a Platón entregarse a la meditatio mortis, la cual debta
ser, según el magisterio socrático, el ejercicio predilecto del filósofo. Día por
día a través de los miles de año de la historia egipcia, en cada de puntar
del ' sol y anticipando su declinio, el sacerdote evocaba el análogo curso de la
vida humana y su destino último, con estas palabras:

"El alma -Ba- se encamina al sitio que le es familiar,
Ten , JmesJ cuidado de tu morada de occidente, y
Embel~ce tu lugar en la necr6polis
Por la rectitud y la práctica de la justicia,
En la cual debe apoyarse el coraz6n del hombre."
" Es la hip6tMis, por ejemplo, de Goou., op. cit., p, 48.
n Distribuyendo premios y castigos en la otra vida, según la con~ucla personal de
cada uno en la vida terrestre, vemos a Osiru en las imágenes la~idanas ~e las t~bas
e ·pcias • y no es posible que Platón no las haya recordado al mtroduc1r esta rrusma
ifca de 11a justicia de ultratumba en el mito del infiemo que trazó en el Go,gias.
1, Sofista, 263 e: d ,.,,,, snó~ Ttj, ,pvxfi, neo;- aímj'I' &amp;a .l.oyo;- Cll'tV &lt;pon,íj;-.

94

Muchos himnos como éste había en el Libro de los Muertos; y como no
podemos dejar de imaginar que Platón los habrá oído o recitado no resistimos
.
'
a la tentación de copiar algo del siguiente:

"La muerte está hoy ante mí
como la salud del e11/ermo¡
como la salida al aire libre después del confinamiento.
La muerte está hoy ante mI
como el perfume del incienso;
como el rej1oso al abrigo de la tienda en u,l día de
gran viento.
La muerte está ho,y ante mí
como el perfume de los lirios;
como el reposo en la orilla de un país de embriaguez.
La muerte está hoy ante mí

como el fin de la tempestad;
como el retorno a casa después de. u1ta expedició1t.
La muerte está hoy ante mí

como cuando el ciclo se descubre¡
como cuando se va de ca.za a un país desconocido.
La muerte está hoy ante mí

como el deseo qtu ti,•nc el hombre de volver a su
patria
después de muchos años de cautiverio."
De Egipto pasó Platón a Cirene, atraído esta vez por la fama del msigne
matemático y astrónomo Teodoro, en cuya compañía pasó algún tiempo también, aunque no tan largo, según se cree, como en el Valle del Nilo. De allí,
por último, se trasladó a la Italia meridional y a Sicilia. Reservando, según
dijimos, la narración de estos viajes para un capítulo posterior, nos limitaremos por ahora a decir que lo que buscaba esta vez Platón, en la Magna
Grecia, era un conocimiento a fondo deJ pitagorismo en todos sus múltiples y
complejos aspectos: las matemáticas, tanto como saber formal como en cuanto
mística del número y la armonía, y finalmente en el aspecto político, encarnado todavía en aquella época en la gran figura de Arquitas de Ta.rento.

95

�Por ayunos que estemos hoy de pormcnorc . que tanto nos deleitarían, de
todos estos viajes de Platón, los pocos que de ello tenemos son suficiente para
revelamos las direcciones fundamentales de su espíritu. Místico y filósofo tanto
como matemático y político, todo to fue Platón, tan absorto en la vida de
ultratumba o en la contemplación d •l mundo inteligible, como en esta otra
vida terrestre, activa y ciudadana. En perpetua tensión de todos e tos requerimientos estuvo siempre su alma, y para satisfacei los hizo su periplo mediterráneo, por los lugare o en procura de tos hombres que pudieran darle tan
variado saber. o la amorfa polimatía de lo!i sofistas sino la sabiduría vertebrada y arqtútectónica. Con ella volvió Platón, hacia el año 386 antes de
Cristo, para dar principio, en u ciudad natal, a un magisterio que, interrumpido apenas por sus infortunados viajes a. Sicilia, dur6 apro.·imadamente cuarenta años, hasta el día de su muerte.

LA

ACADEMIA rLATÓNICA

La calle más elegante de Atenas, en aquellos tiempos, e llamaba el Dromos
(el Corso de los italianos o la Carrera de los españoles). y remataba en la
Doble Puerta ( Dip)'lo11), que abría el camino hacia Eleusis. A la vera de él,
una milla más o menos de clistancia de Atenas, en una. propiedad con casa y
jardín, que se encontraba bajo la advocación tutelar del héroe Acadcmo, fundó
Platón la escuela que, por esta circunstancia, recibió el nombre de Academia.
Si con el tiempo, y hasta nuestros día , pasó a designarse con la misma voz
todo centro corporativo de una enseñanza o invrstigación superior, fue debido
tanto a la novedad de la institución como a su dilatada duración, y de una y
otra rosa conviene hacemos cargo.
Si hoy no reparamos ya d ·bidamente en lo primero, es justo en raz6n de
que nuestras instituciones educativa son copia, en té1mino generales, de la
Academia platónica y tomamos el modelo, en fuerza preci, amente de la costumbre, como algo dado de suyo, impuesto por la naturaleza de las cosas. Pero
reflexionemos nada más en que nunca basta entonces había asumido la educaci6n superior (aunque los pedagogos de primeras letras hayan podido tal
vez tener escuelas como las de ahora) esa íonna corporativa, organizada, sedentaria, con distribución de cursos y materias y todo lo demás, que imprimió
Platón en su Academia. Hasta allí, la filosofía se había trasmitido o bien por
e critorcs y poetas solitarios, como Heráclito, Parménides o X nófanes, o por
egregios vagabundos, como lo fu e ron Anaxágoras y los grandes sofistas ( Hipias, Protágoras, Gorgias) , o en comunidades de carácter místico-esotérico,
como los pitagóricos, o ya en Iin - y era •I ejemplo más reciente- en la calle

de ~os gimnasios en ~n vagabundeo ciudadano esta vez y ·in la menor formalidad,.
lo hab~ hecho ócrates. Pero una comunidad laica, por más
que se nnd1era el d b1do culto a los dioses, al héroe tutelar Academo y a
l~ Mu as (y por esto la Academia fue también el primer µovucio'V), organtzada para la conquista met6dica r racional del saber en todo· sus aspecto
de todo esto no había el menor precedente, y en esto fue Platón tanto O mú~
que en su filoso~ía, . ~reador absoluto. Si su genio de organizador pudo frac.as~ en la consl1tuc10~ del Estado ideal, se manifestó en cambio, con absoluta
plerutud, en la fundaCión de la primera Univen.iclad d 1 mundo.
Est~ f~~ e.-.:acta~ente, sin el nombre apcnas/ 5 la Academia platónica: la
orga.111zac1°1:1 m~1t6d1ca, en u doble aspecto de investigación y docencia, del
saber superior. Lo que es el Estado en el orden político -decía Newmanesto es la Universidad en el ~rdcn de la sabiduría y de la ciencia: el poder
soberano que ~rorege y coordina todo saber". En su tiempo lo fue, para Aten_as y la Grecia entera, la institución fundada por Platón, y no sólo en su
t1cm~o, _Yª ~u~ la Academia platónica, aunque con mayor o menor prestigio,
contmuo existiendo como tal hasta el año 54-9 de nuestra era cuando el cmpera~or Ju tiniano orden6 la clausura de las escuelas de Alc;as. Nueve siglos
en numero redondos, desde el año 386 antes de Cristo, o sea una duración
que ~o h~ sido al:anzada a{m por las más antiguas uni ·ersidadcs de Europa.
Su Ju tona, ademas, la conocemos tan bien, o poco menos como la historia
I
de la Sorbona, por ejemplo. Tenemos la lista de todos sus rectores llamados
c:.colarcas, a partir del segundo: Espeusipo, el sobrino de Platón, a 'quien éste
encomend6, antes de morir, la jefatura de la escuela.
Podcmo imaginamos la Academia platónica, según lo hace Friedlandcr 26
como una _com~o--ición de pitagori mo y socrati mo. Es de creerse que Plat6n
habrá podido ,1s1tar algunas comunidades pitagóricas que quedarían aún en
en el sur de Ita!ia de_pués de la tragedia de Crotona, y de cualquier modo, el
hecho es que tuvo siempre 1, mayor admiración por Pitágoras, a quic.-n llama
el "líder de la educación'': f¡ycµéiJ-., -rij~ nawda~. A sus cliscípulos, en efecto, había comunicado Pilágoras no sólo el saber formal, sino una religión y
en todo ca~ u~ "estilo. de vida", el llamado, por sus sucesores, llv8ayóe€:o~
-reóno~ -rov fJ,ov.,.Y st comparamos ahora la e.cuela pitagórica con la e cuela
p_latónica, vemos c6mo en ésta tambi'n, no menos que en aquélla, la formación moral, religiosa y política ocupa un lugar tan importante por Jo menos
como la formación intelectual. En una y otra, además, no se vende el saber
como lo hacían los sofistas, sino que la escuela se so tiene con contribucion~

co?30

El nombre 1UJ.t'umrd1m» (Universidad ) es del griego moderno, y no se encuentra
para nada en la lcnglla clásica
"' Plato, J, 90.

97

96
e ll-7

�voluntarias de us miembros o de extraños, particulares u hombres de Estado.
En ciertas ocasiones llegaron a ser muy cuantío as, pero no por esto dejaron
de aceptarse.
La comunidad platónica, no ob tantc, difería profundament' de la pitagórica
en el hecho fundamcntal de •star pcrmcada del espíritu socrático, de aquella
simplicidad y falta de hinchazón, merced a cu)a.'I cualidades,
'm dice Plu•
tarco, pudo Sócrate "humanizar" la filosofía.2J Sin mengua de la veneración
que en una y otra c munidad se tenía por el maestro, y que en ocasion · podía
confinar con la apoteosis, el / pse dixit ('Avdq lepa) de los pitagóricos no
fue jamás en la
demia la suprema instancia dirimente, sino la razón, 1
l6gos de la videncia int 1·ctual. Así lo habfa mantenido Sócrates basta el
momt•nto supremo: la "ob •di ia a la razón", antes que a nada ni a nadie,
según lo dejó Platón consi1:,rnádo en sus Diálogos, sobre todo en el Crit6t1.
El espíritu socrático únicamente -lo más importante, por lo demás- era
lo que había trascendido a la Academia, y no los hábitos exteriores, en los
cuales Platón, simplemente por su linaje, tenía que ser tao diferente de u
maestro. Al contrario exactamente de lo que hiciera Aristófanes con Sócrates
y su círculo, al exhibirlos en su comedia como mendigos o poco menos, los
poetas cómicos que atirizaron la Academia: Efipo, Ant'úancs y otros, pr'·
sentan a los platónicos como gentes finas y requintadas en su atuendo r en
sus maneras, con elegantes sandalias, manto y bastones. Por último, y como
otra nota diferenciadora del estado llano que fue la comunidad socrática,
señalemo la división de clases, digámoslo nsí, q 1e no tardó en establecerse en
la Academia, entre lo "jóven " (t&gt;ea11ÍO'xo,) y los "ancianos" o " mayores"
(1'(1E&lt;1Pvneo,), y por encima de todos el "cscolarca" ( axoláex11~).
Todo esto sucedió no tanto porque Platón lo hubiera impuesto así desde el
principio en su incipiente escuela, sino por el curso natural de los acontecí•
mientos. La Academia, en efecto, no era un centro de educación profesional,
como las actuales facultades universitarias, a donde se \'a para sacar un
útulo cualquiera con que ganarse la vida; y que era también, más o meno,
lo que buscaba la juventud at niense al ponerse bajo la dirección de un SO·
fista, cuyo título profesional, el que expedían e tos profesores, era la "retó•
rica'', instrumento único. en aquella época, para hacer carr ra y fortuna. La
cademia, por el contrario, ra ante todo una organización del saber por el
sab r como único afán, y como su adquisición no era nunca total, sino siempre
perfectible, bien podía uno quedarse allí indefinidamente, y sobre todo si
con el tiempo pasaba a ser también maestro de las nuevas generaciones y
colaborador, ya no precisamente discípulo, del escolarca. Fue el caso segura·
:, De g1nio SocraJis, 12:

98

~t

mente de miembros tan ilustres de la A d .
Aristóteles de Estagira el cual estuvo
~~a co~o Eudoxio de Cnido y
1 vemte anos, de los J8 a lo 38
de su edad y no es de cr
'
eer que este genio incompar bl
,
maestro fuera otro igual ha)·a 51'd
. a e, por mas que su
o en tan amplto ¡
· 1 . ,
de Platón. sino antes bien' su colabo
d
ás
. apso, si.mp e disc1pulo
;,
ra or m egrecno }' ta b •,
no. su opositor doctrinal T d . d
o· •
m ien ¿ por qué
. o o m u e a pensar en electo
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JIos anos
de com·ivencia
rotid'
1
,
qu
.
rana entr
, dos filó of0 A . 6 e1 e aqucmadurado su propia nn&lt;:ic"ó f
,
,
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to de di. crepancia radical \' que I
b. .
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Platón en diJJogos como ,1 ·Pa . : a_sd o Jt'C1on ~uc a í mi mo se plantea
.
rm,.m es, no son smo
1
.
mur ami tosa tal wz• pero mu.} \.'l.va ClCl"Ulll[ICI](tc.:
.
a polénuca,
gantes de la filosofía. En el u
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re aquellos gi•
~ilidad, habrá lanzado Aristótele:S:1 : n ~ =
USI ncs, con toda probandad como el Amicus Plato
d
g. ~""- lo _que lu go pasó a la po te•

, se magzs a,,..._ lH'ntas. 2s
. Otro ~ pecto muy interesante de la Acade .
.

.
plat6mca, y que ha recibido
,
e u proyección política Ha
.
1
a pensar que, por más que la enseñanza fuer
,
.
. y qu~cn , . 1 egan
comparablemente más alto q
f'
alh de un nivel f1losof1co inue con Ios so ,stas el d . . ¡·
mente el mismo: la capacitación del 1
,
es1gn10 mal era exacta.
tica y a la. conquista del poder D
a umno para lanzarse a la arena polí•
tenerse con tal sim lism
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,¡ impulso fundamental O pnm·
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meno indudable que la Acad, .
.
esta 1Sttnc1ón, no es
vida de Platón de la cosa p, bli~m1a no se desinteresó jamás, sobre todo en
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ca }' que us m · • b
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tre fundador, estuvieron siempre p'ron to
I.J~r~ ros, sm c. cluir a su ilu •
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s a par c1 par en la refo
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n de este o aquel E tado' con d"igni'dad en general
.
·
y más rma u orga•
¡eros qu como actor s' aunqu a veces
'
f ueron gente aventu
como
d consecomo los que acompañaron a Dion d 8 .
rcra o a ocenada,
'
e iracu a n la ex"4rl: '6 d
pues hablaremos. Entre los hechos p . . 1
,,,......c, n e que des. "d
~mc1pa es que reflejan la . fl
.
activ1 ~d, o simplemente el prestigio político de la Acad .
m uenc~ o
bros, citaremos Jo siguientes.
rrua Y de sus m1em.
dl\:ersas mtcrpretadonc

e

~

Id

ª

1 :lat~1~ mi mo: ante todo, fue invitado por los cirenaicos para darle
gi lanon. Dedmó te convite co
.
una
' mo tamb·~
i~n otro cmeJante
que le hi ieron

º'

No se halla
.
. con . estas palabras en 1 escntos
aristotéli
.
aguell a scntenr1a. deb16 tomarse como
I
f
cos , pero gur:m1en1e que
donde dire Aristóteles que se j h una I! os; iel, dt:I pasaje de la Etica nicomaquta
"d
e ace muy cucstn arriba
J cas por S&lt;'r su defensores amigos su vos .
ero
. opon~rse a la teoría de las
verdad Y la ami1tad, considera como un. d •:
qu;, s1éndol!' •lfUalmcnt!' queridas la
dµq,oi11 ytig óno11 q,lAow 1ie110,, n~or:,µil e _r s~1;8 o dar la preferencia a la wrcfad:
" r:7111
€ c1a11 E. ·. !096 a 17.

99

'

�de legalópolis, aunque ta vez envió allí a uno de sus di cípulos, Aristóni~o.
A EH de donde Je hicieron el mismo pedido, despachó a su "colega" Fomuo,
quien 'parece haber modificado la oJiaarquía extrema que en aquella ciudad
imperaba. Al rey Pcrclicas de facedonia, a su \'ez, le envió a Eufrco, quien
exhortó a la corte a "e tudiar geometría y filosofía", sin mayores con cucnias, al parecer, en el régim n político. Otro· dos acad ·micos:
orisco y
Erasto, di cipulos igualmente de Platón, fueron enviados a A o, en Eolia
(Asia fcnor), donde establecieron esucchos \'Ínculos con Ilcnnias, tirano de
Atameo. ohre esta iisión poseemo un intcre ante documento, la Carta VI
de Platón, en qu
autor pondera la \·entaja.~ recíprocas que los tres: Hermias, Erasto y Comoo; derivarán de u asociación; el primero_ la posc.,1ón de
"amigo seguros y de alma sana , Jo que vale "más que la ~-u~lltu~ de caballos
y las alianzas militar '', y los académico a su v:z,_ adquinran, Junto ª. He:mias la ciencia de saber cómo defenderse de los an1ustos y malvados; ciencia
que no pudieron aprender ''en su convivencia con no otros, que so~os gente
tranquila y sin malicia". La epi tola dirigida conjuntamente a H nnias, Erasto
y Corisco, termina con este bello párrafo:
"Esta carta tenéis que leerla los tres juntos iempre que f uerc po ible, o
de do en dos lo más frecuentemente que podáis. Ten dla como una fórmula
de juramento y como una convenci6n con fuerza de ley, por la que podréis
jurar en serio y en broma, por ser la broma hem1ana de la seriedad. Y cuando
lo hiciereis, tomad por testigo a Dios, amo de todas las c . as presentes y futuras, y padre y señor de toda autoridad y toda causa, al cual, si fil060f amo
verdaderamente, conoceremos con toda la claridad que e po·ible a los hombres que han alcanzado la felicidad".~º
La conversión de Hennias a la filosofía fue sincera y efectiva. D roe luego,
mitigó su tiranía en la nueva constitución que dio a su pueblo, y en la cual,
según dice Jaeger,8º pueden reconocerse las ideas de Platón. Con Pitias, la
hija de Hennias, acabó por casarse, anclando el ti 'ropo, Ari tóteles.
Lo principal d la Academi¡i platónica, no obstante, y su mayor ej mplaridad no fue su actividad ad extra, sino ab intra, el filosofar como tal, que
Platón concibió y practicó, con sus discípulos y compaiíero , como la convivencia entre amigos, con el fin de descubrir la verdad como fruto del fuerzo
omún. Es lo que declara Platón en la famosa "digresión filosófica" de la
Carta VU, en la cual, por más que lo diga a propósito de las intemperancias
,. Carta VI, 323 d. Por más que la autoria platónica de cata carta no e té tan sólidamente e tablecida como la de las dos siguiente : VII y VIII, admiten su ntenticidad
filólogos tan re p •tables como Wilamowitz, ouilhé y Howald. El párrafo citado responde, adem.u, a la teología platónica dt las Leyes.
• Aristotl•, p. 114.

100

e!

filosóficas de Dioni io Joven, no hac· el filó ofo sino reflejar su experiencia
per.;onal en la Academia y sus métodos d traba1·0. Después de decir q e J
. . d I b'
u
u a
c1enc1a e º. Jeto verdaderament inteligible • real" no se ·ncuentra ni en
1 nombre, ni en Ja definición, ni en la percepci6n sensible, pero que í hay
que pasar por todas estas tapas, concluye de este modo: " 0 es sino cuando
se han ~rotado penosamente los unos contra los otros: nombres definiciones
p~rcc~1ones ~e ~ vista e impr iones de Jo entidos; cuand~ todo se ~
~cutido en di cusione amistosas. rn que la envidia no dicta ni las preountas
~1 la . re puestas, cuando viene a brillar la luz de la ~abiduría y de la inte~genc1a con toda la intensidad que pueden soportar las fuerzas humanas".31
Y por e.sto -agrega a ~cnglón .cguido- todo hombre . erio se guardará
m~cho de tratar_ ~or escnt~ cue tione serias y de entregar así sus pensamientos a la env1d1a y a la incomprensión de la masa."
Mucho quehacer han dado a lo exégetas e tas palabras
f
·
d 1
.
.
,
, Y ue: por cierto,
uno e O mottrns de que, en cierta epoca, se impugnara la autenticidad de
la Ca~a VII. _c~.'.lDdo se preguntaban aqu 'llo · que c6mo era po ible que d aconsejara escnb1r de filosofía, "cuc tión seria" por c.'scclencia, quien
habí
pasado la vida es,cribiendo sobre estos temas. A esto se han dado much;
r~puc tas, Y la mas obvia parece ser la d c¡u Platón en su vejez harto de
dw_ de desengaño , pudo considerar del todo inútil lo que él mi' mo había
escrito, ya que Ja Carta VII e expr ·ión de su profundo de ncanto d
•
d I trá •
. . . ..
espues
e a
g~ca e.·pencnCJa s1c1liana. Mas por otra parte (y de aquí . ha deri,·ado prec15:men_te un ar~wnento n favor de la autenticidad de la carta),
Platón hab1a depdo consignado mucho años antes en el Fedro el mismo
pensamiento, al decir que todo cuanto se escribe apena por "div:rti.m.iento"
pero que tratar en erío de comunicar la verdad por escrito, es como "escribí;
o. sembra~, en el. ª"ua, e~ ~ agua ne~ra de la tinta". ' 2 Y líneas arriba SP no
dice_ que del ~1scurso v1v1ent y anunado, que se inscribe en el alma, no es
el chs urso escnto sino un imulacro."

r

Es clara la doctrina, a nue tro parecer, }' perfectamente concordante en todos estos tcxt~s. aunque expresada tal vez con mayor acritud, por Ja amargura de la ve!ez, en la"C~ta .v~I. ada impide escribir lo que se quiera y de
qu~ se qUJera por divertumento" o 'pasatiempo" (.n:atcY,á), y con esta
mtenc16n pu~o ~la~ón haber escrito sus diálogos -¿quién se lo impedía?-,
Y de e~~os clivertinu~tos se ha nutrido, durante veinticuatro siglos, para su
educac,on, la humarudad pensadora.33 Por algo e coaió Platón e ta fonna de

!º

n Carta VII, 344 b.

ª

Ftdra, 276 c.

u En el idioma en que escribió Pintón, hay apenas una ligcr[sima variante verbal
entr• "divertimiento" y "educación": na,J,á.muiJda.

101

�.
f
l
l
refleja cuando es un diádiálogo que rehuye el aire pro csora ' pues o que
'
.
. d l
'
d" f ad d diálo"o no es el mag1steno e
logo auténtico y no un tratado 1s raz o e
o '
. . t
.
t' b"
para poner en movuru.en o
sino su investigación. Lo escnto es a ien
.
saber,
•ta1
conJunto de textos es¡
, ·tu ero la sabiduría es un fruto v1
y no un
:u;;;~s;o pes el platonismo, y así debió entenderse e~ la Academia! no
..
d ctrina esotérica distinta de la exoténca que aparcc1a. en os
se tuviera una o
fil f'
asunto de trabaJO perdiáloe:os escritos, sino simplemente que la oso ia es
d
.
t
sonai° y en común, y la palabra hablada ~osa_ que ya no enten emos en es a
d d lib ca
más eficaz que la escrita.
nuestra e a
res - ,
. , 1 vida de Platón hasta su muerte, que llegó
En la Academia transcurno ª
~
47 ) D "ó • . terminar su
apaciblemente para él cuando condt.abaC~O :os"~urió .escdbie:o" -scribe11s
,l .
b las Leyes pues como ice ice '
u trma o ra,
. '
l
d
ino intelech1al: con la pluma en
est mortuus- como cump e a to o genu

q;e

la mano.

ABSTRACCIÓN Y GOCE ESTtTICO
Lic. Auousro CÉSAR CÁRDENAS G.
Universidad Jaime 13almes,
Saltillo, Coahuila, Méjico

I
Es IMPOSIBLE QUE EXISTA UNA ESTÉTICA, formalmente una, que trate a la vez
de la belleza y del arte. Es imposible porque lo que le da unidad a una ciencia
es el objeto formal, el "inspecto" especifico que de la realidad tal disciplina
nos permite contemplar. Es evidente que el arte es un hábito operativo o más
estrictamente una virtud que como tal es estudiado, ya por aquella parte de
la filosofía de la natw'aleza a la que llamamos p:;icología especulativa, ya
por la psicología como ciencia positiva. La belleza, en tanto que es convertible
con el ser, en tanto que es un trascendental o "abarcador" según la terminología
de Jaspers es motivo de estudio de una disciplina que los antiguos llamaban
sencillamente De Pulchro y que está más próxima a la metafísica en cuanto
que ambas operan en el mismo plano de abstracción, pero que no obstante
difiere de ella en cuanto que la metafísica se preocupa de entender al ser en
cuanto que es ser, a diferencia de la ahora innominada filosofía de la belleza
que se preocupa del ser en cuanto que es fuente de deleite espiritual.

II
Recordemos que el entendimiento necesita abstraer para conocer y que tal
abstracción puede ser de dos tipos o especies: Total o Extensiva, a la que
pademos llamar también generalización, y Formal o Intensiva, a la que podemos llamar también explicitación o más sencillamente "explicación". Por la
primera borramos las diferencias ya específicas, ya genéricas y nos vamos que-

103

102

�dando con géneros cada vez más amplios pero más indeterminados, más pobres
en inteligibilidad y más obscuros, pues en ella vamos obteniendo los concept~s
a base de privaciones, de manera negativa; de este modo obtenemos un universal de sus partes subjetivas, por ejemplo el concepto de animal del de
buey, le6n y hombre.
, .
Las diferencias específicas operan como formas o actos de sus géneros proximos el uénero es actuado o informado por la diferencia específica, de donde
resulta q:e al borrar tales diferencias nos acercamos cada vez más a la_ absoluta
incognoscibilidad de la materia indeterminada o amorfa. L~ matena no~, es
cognoscible por el acto que la informa. Por la segund~ especie. de abstracc1on,
extraemos la forma de la materia, penetrando en el nudeo racionalmente cognoscible de las cosas, como cuando abstraemos la cantidad de la materia sensible, captando en las cosas ese foco original de inteligibilidad, indagand~ ~n
qué consiste y manifestándonoslo a nosotros mi.sroos de una manera expbe1ta
y actual.
, .
.,
Por la abstracción total determinamos los lurutes de la extens1on de un
concepto dejando vagos e implícitos los contornos de la compr:h~nsió~,. en
tanto que en la abstracción fom1al obtenemos lo que hay de mas mtehg1ble
en las cosas, el tipo de ser o esencia, el objeto de ciencia realizado por los individuos de los que hacemos la abstracción.
La doctrina de la potencia y el acto viene aquí a darnos la distinción es~cial entre ambos tipos de abstracción, pues mientras que en la abstracc1on
formal dejamos de lado la materialidad o patencialidad quedándonos con lo
que conforma o actúa a los seres y que es por ello más inteligible, en la abstracci6n total prescindimos de estas formalidades o actualidades, ya que 1os
géneros por ella obtenidos contienen sólo en patencia a sus inferiores'. esto eB,
a las esencias por él abarcadas, de donde resulta que a mayor generalidad menor conocimiento de estos inferiores, pues la abstracción total tiende sobre
todo a delimitar la extensión del concepto. La abstracción formal explicita o
actuiliza todas las virtualidades de la comprehensión. Comprehensión en su
sentido más estricto es la esencia misma de las cosas vivida intencionalmente
por el entendimiento.
De lo anterior fluye que los instrumentos de la ciencia que llamamos definición y división, tienden a estar, respectivamente, más cerca de la abstracción
formal el primero y más cerca de la abstracción total el segu~do, ya q~e.
aleza la definición es la explicitación de la comprehens1on y la d1v1s1on
natur
.
clasificación
es la delimitación del ';territorio" dentro del cual un detemu0

~?r

nado concepto se predica.
De abstracción formal hay tres géneros impropiamente llamados grados por
algunos filósofos. Hay diferencia de grado entre cosas de la misma especie como

entre la temperatura de Monterrey y la del Polo Norte, pero no puede haberla
entre cosas específicamente diferentes como el animal y el hombre, por más
que ambos pertenezcan al mismo género y aunque, según la lógica y bajo
o_tro aspecto, haya una subordinación de la especie hombre al género animal,
siendo hombre un "inferior" de animal.
L~ abstr_ac~ón formal es análoga y no unívoca en sus tres géneros, por ello
explica Anstoteles que en metafísica no podemos tomar ni a los sentidos ni a
la imaginaci6n para verificar nuestros juicios y que en los juicios que emitimos
acerca de los objetos matemáticos podemos obtener una verificación en la
i~ag~™:ión y no en los sentidos ( esta verificación es análoga ya que a veces
solo mdirectamente nos imaginamos ciertas entidades geométricas como el
punto o como las de las geometrías no euclidianas), en tanto que los juicios
del científico que tienen por término lo sensible, la verificación ha de realizarse,
necesariamente, en los sentidos. Por ello es un error proceder de la misma
manera en estos tres ámbitos del conocimiento especulativo y aun es realmente
imposible hacerlo ya que los "conocimientos" que se obtuviesen procediendo
así, serían necesariamente erróneos.

. En el primer_plano de abstracción formal el entendimiento queda muy sometido a la matena, pues, aunque abstrae de la materia individual, se queda con
toda la materia común. La anatomía humana describe al cuerpo del hombre
sin importarle si es tal cuerpo o tal otro cuerpo. Entender en este plano de
abstracci6n implica siempre- una referencia a lo sensible, las definiciones que
e~~leamos nos lle~an siempre a un dato, parecería que el entendimiento queda
pns1onero del sentido pues no le es licito juzgar más allá de lo dado al sentido
que somete tanto a científicos como a filósofos de la naturaleza. Aquí captamos
al ser bajo la determinación típica de la sensibilidad: "ignorar el movimiento
es ignorar a la naturaleza".
En este primer grado de abstracción trabajan tanto la filosofía de la naturaleza como las ciencias físicas o empiriológicas, pero ciencias y filosofía de
la naturaleza son esencialmente distintasJ ya que la primera es una ciencia del
propter q~id que se refiere a las causas primeras del ser mismo, pero no de
todo ser smo del que tiene realización material y que es por ello sensible, en
tanto que las segundas son ciencias del quia est que explican sólo los fen6menos
o manifestaciones sensibles de los seres materiales y las relaciones entre éstas•
tales explicaciones son sostenidas por comprobaciones de hecho. Lo anterio;
se ve más claro si al ejemplificar decimos que la biología es una ciencia empiriol6gica que estudia cómo se desarrolla, nutre, crece y se reproduce un viviente, en tanto que a la filosofía de la naturaleza le corresponde definir la vida.
. ~ .una expresión sintética diremos que la primera realiza un análisis empinologico y la segunda un análisis ontológico de lo real sensible.

105
104

�Tanto la filodia de la naturaleza como Jas ciencias empiriológicas operan
en el primer plano de abstracción, pem entre ellas hay diferencial esenciales
que les permite 1er especies del mismo gmero. Los objetos de que tratan tanto
las ciencias empiriológicas como la filosofia de la naturaleza dependen de la
materia secundum esse el inteUectum, según la existencia y según la noci6n,
en sus definiciones interviene la materia temible y no pueden ser entendidas
sin la materia i,ennble. En la definición del hombre han de entrar, necesariamente, su carne y aus huesos.
En un segundo tipo de abstracción tenemos el conocimiento matemático. En
~l abstraemos no a6lo de la materia individual aino de lo sensible común, esto
es, de la materia en cuanto empapada de cualidades activas que quedan bajo
el dominio de los 1entidos y nos quedamos con aquello único que inteligible
de la materia prima en cuanto materia prima, independiente de la forma substancial que la actuam.a y que ea su camidad. Abstracta de la materia, la cantidad no puede existir sin ella pero puede concebirse sin ella pues la noción
de cantidad no Cdltiene a la de materia sensible. Depende de la materia
secundum eue, pero no secundum inuluctum.
Por la abstracción formal del tercer género, en la que abstraemoS no .Slo
de la materia individual, de la materia aensible común y de la matemáticamente inteligible, aino aún de toda materialidad, llegamos a aquellas realidades
que no dependen de la materia suundum esse, bien porque su realizaci6n no
dependa nunca de la materia como en el caso de Dios, bien porque tales
nociones se realicen tanto en los seres materiales como en loa inmateriales, es
este el ca10 de los obj tos de pensamiento que llamamos: esencia, substancia,
acto, sujeto, etc., de ellos trata la metafísica.
Hechas las anteriores aclaraciones se ve claro por qué la estética, como tratado a la vez del arte y de la belleza no es una ciencia con objeto formal
propio. 6tae que decimos que no es una ciencia, no que éstos conocimientos
no 10D científlCOI. Evidentemente que lo l0Il pero pertenecen cuando menos
a dos ciencias diferentes. Las anteriores diatinciones IObre la abstracción nos
servirán también para esclarecer la diferencia existente entre el arduo conocimiento ciendfico que abstrae las fonnas para conocerlas y el gratuito deleite
del espiritu que intuye, sin discurso, la perfección de las fonnas.

111
Una meditación sobre el arte
Lo que 1e ha dicho de la abstracci6n ha de complementarse con una distinci6n aobre los fines del conocimiento mismo. Hay conocimientos que de auyo
no dicen ninguna relación, pr6xima o remota, al obrar o al hacer, este es el
caso de decir en matemáticas que "el cuadrado de un binomio es igual al
cuadrado del primer término, más el doble producto del primero por el segundo, más el cuadrado del segundo" o que dos y dos hacen cuatro. Estos
conocimientoe no dicen en si mismos relaci6n a alguna operaci6n, aunque
esto no impide que el hombre derive de hecho algunas operaciones de tales
conocimientos, asi el tendero calcula sus ganancias y el ingeniero calcula la
resistencia de los materiales que emplea en una construcci6n. Hay verdades
que de suyo, por ai mismas, dicen relación inmediata y directa al obrar o al
hacer, tal es el caso del Artículo 790 del C6digo Civil del Estado de Coahuila
que defme al poseedor de una cosa como "el que ejerce aobre ella un poder
de hecho". Eate último es un conocimiento práctico. Práctico no es sinónimo
de utilitarista. Cuán equivocados andan los abogados cuando entre ellos ae
clasifican de "te6ricos" o "especulativos" y de "prácticos", estos últimos llamados asi cuando son activos y utilitarios, pues ambos grupos de la clasificación quedan dentro del grupo de penonas con conocimientos prácticos por
oposición a los conocimientos especulativos que fueron descritos en primer
término. En rigor podemos jerarquizar loa conocimientos prácticos en especulativamente prácticoa, prácticament práctiCOI y prudenciales, pero esta distinción es muy sutil y no viene al caso para nuestro prop6sito.
El orden práctico está dividido en dos dominios, el del obrar o agibile y el
del hacer o factibile. El primero lo constituye el uso libre, en tanto que libre
de nuestras facultades, no en cuanto que éstas ae aplican al mundo material
para tranSfonnarlo sino s6lo en cuanto al uso que de tal libertad hacemos
pues en la medida en que somos libres somos responsables de nuestros actos.
De esta suerte nuestras obras nos hacen buenos o malos según que éstas nos
engrandezcan o nos mengüen y nos engrandecerán o menguarán en la medida
en que racionalmente usemos nuestra libertad. Para ser buenos hay que ser
fieles a la naturaleza humana, la naturaleza humana es conocida por el entendimiento: de ahí que su papel en la obra sea el de ordenar, no el de imperar.
En la medida en que somos fieles al orden somos buenos, el mal es un desorden.
En el orden del hacer, que es el que formalmente interesa a este estudio, no
nos preocupa, como en el del obrar, el bien del que obra sino el bien de la obra
que hacemos, la que es producto de nuestra industria y que como tal nos es
107

106

�extr'mseca ya que su bien no es el nuestro. En

,

te orden opera el arte que
es una virtud, la virtud que dirige racionalmente el hacer.
El arte es una virtud. esto s, un hábito opcrati,·o bueno. El hábito es una
cualidad de género propio que perfecciona, en la línea de su naturaleza, al
sujeto en que inhierc. E'. una cualidad, es decir, una modilicaci6n inherente
a una forma accidental de la que fluye una determinada tendencia. La modificación que el hábito opera sobre la tendencia consi te en vivificarla, fortalecerla y desarrollarla. El hábito es algo que fluye desde dentro de la misma
facultad habituada. o es el condicionamiento mecánico de un reflejo al que
los antiguos llamaban habitudo y los modernos llamamo atttomatismo.
Los hábito operativos son los que inhieren en la voluntad y en el entendimiento, de ellos son e pecies las virtudes ya intelectuales, ya morales. Aunque
los adquirimos con el ejercicio_, los hábitos no constituyen rutinas, verbigracia;
el entendimiento que está naturalmente de. tinado a conocer, pero no a conocer
mejor esto que aquello, e demue tra una verdad, disponiendo de su propia
acti\'idad de tal manera que la adecúa y proporciona a tal o cual objeto de
especulación, que la eleva y fija respecto de ese objeto, adquiriendo así una
ciencia que es una ,~rtud. El hábito, escribe Juan de Santo Tomás, ''hinche el
alma de una savia nueva", pues ólo el alma es capaz de elevar el nivel de
su propio ser por su propia actividad.
Al enriquecer la facuJtad natural, el hábito nos pcrmiie hacer fácil y agradablemente lo que de suyo es arduo y produce dolor· acaso se llame hábito
porque acoraza la facultad dándole firmeza. Debido a que el hábito arraiga
en un objeto inmutable, tal como la demostración en la ciencia, la evidencia
racional en la filosofía, la am1onía en la ejecución cuando se trata de un intérprete musical, el hábito se hace rígido, pero no con la rigidez de la muerte
sino con la rigidez que es propia del robu tecimicnto vital. Los hombres de
hábitos se hacen intransigentes y a veces ásperos e hirientes .on todo lo contrario de los hombre de mundo: pulid?s, tran.igente~ sin a1istas.
los hábitos lo~ llamamos virtudes cuando llevan al perfeccionamiento o
bien de la facultad en que radican y que consiste en la realización del fin
al que naturalmente está dispuesta tal facultad. Si el mal es una carencia,
ninguna irtud lleva al mal. El vicio es la habitual frustración del fin natural de una facultad, ya por cohibición, ya por desvío de su fin. Cuán lejos
están de ser buenos quienes se abstienen sistemáticamente de obrar en algún
orden, por no querer afrontar 1~ rieSCTOS que el obrar lleva consigo.
El hábito hace connatural al que obra, la obra que realiza; la 16gica, la
música y la arquitectura, arraigan en el operario, el silogi mo, la armonía de
sonidos y el equilibrio de masas. Antes de realizarse, la obra radica ya en

el alma del virtuoso. El art • es una virtud intelectual pues consiste en ordenar
1 hacer, como la prudencia con iste en ordenar el obrar.
El arte como toda virtud, jamás se equivoca, no desde luego en el sentido
de. que ~lcance la ~erd~ pues no es una virtud del entendimiento especulauvo, smo en la d1recc1on de la facultad a la que pcriccciona y que está
determinada por la obra que ha d hacer.
Si distinguimos entre entendimiento e.sJ,eculativo rnya actividad consi te
en conocer conforme a lo que es, dando lu~ar a la ciencia que es conocimiento
de lo necesario y &lt;'ntendimiento práctico que consiste en dirigir conforme a
lo que debe ser según la regla y medida de lo que , va a hacer y que se
~u ve en el mundo de lo contingente., entendemos por qué ]a ciencia es fa.
l~ble en tanto que la prudencia y el arte son infalibles, pues u \'Crdad conlSte en orde_nar o di~~ir, no en ejecutar; por eso si la materia sobre Ja que
opera el artista es deb1l o .u mano está endurecida o temblorosa, su virtud
no sufre.

IV
Comparemo. la prndencia que bu ca el bien total del hombre y el arte
q_ue bu a ~I b1~n d~ la cos~ por el hombre producida. La prudencia perfecciona a la mtch~enc1a previa una disposjci6n de la voluntad a lograr el bien
del hombre, ella sólo regula. rectifica, da la medida adecuada del acto bueno
por hacer. La prudencia es la virtud reguladora de las virtudes moralc . El
a~te pcrfec~ion~ a la in_teligencía in suponer la recta voluntad de perfeccionarse a si mismo, su fm es extra-humano; la perfección de la obra. El arte
es una virtud intelectual }' como tal nos da sólo el poder de usar la facultades para realizar la obra1 pero no nos da su uso, pues consi te formalmente
en orde11ar, no en imperar, de ahí que si un artista realiza una obra mala
v_olunta~am~tc, no peca contra su arte, en tanto que la pn1dencia qu co~~
s1ste mas en imperar que en ordenar, aunque el orden no está excluído si
peca queriendo, ~ontra la virtud que deb ría rectificar, deja de ser prudencia
y hace al opera.no moralmente mal; por I conlrario si peca sin querer realmente queda inmaculada.
La prud&lt;:°cia. no obra por vías ciertas y determinadas pues no supone una
obra a realizar como el arle, de la obra que el arte realiza se desprende un
camino cierto. La prudencia sólo supone la libre voluntad de hacer el bien
al que se dirigen las virtudes morales que ésta rectifica, dándoles su ~ acta
~edida d 'ntro del ca5? concreto. La infalibilidad del juicio prudencial con.
siste en que éste se refiere a la recta voluntad y no a la circunstancias den-

109
108

�tro de las que se ejercita que son siempre contingentes, de ahí que el concilium, el consejo o la reflexión sea necesario para ser prudente.
El arte procede por vfas ciertas y determinadas, dado que tiene un fin
invariablemente determinado por la razón. El arte de fabricar navíos busca
que el hombre se desplace por las aguas, el de la relojería la medición _del
movimiento. A tal medición llamamos tiempo. Por ello la cosa que el artista
ha de hacer será siempre navío o reloj y las vías que conduzcan a realizarla
brotarán de la naturaleza del navío o del reloj.
La cosa por realizar es individual pero el fin que el arte se propone realizar es universal. Por esta necesidad de infundir en una mate1ia individual
una forma universal necesitamos la adaptación de las reglas universales a
los casos individuales, para ello necesitamos cierta participación &lt;le la prudencia en el arte. Aclaremos que se trata de una adaptación de normas universales a lo concreto, pero que se trata de una adaptación inteligente y vital,
no de una manera mecánica y "taylorizada''.
El arte coincide formalmente con la ciencia y materialmente con la prudencia. Con la ciencia en cuanto que está ligada a un objeto, pero mientrns
la ciencia busca contemplarlo, el arte busca producirlo, coincide con la prudencia en cuanto que ha de obrar dentro de lo contingente de los casos individuales y por eso necesita de cierto concejo.
El arte da, no s6lo a Fidias y a Pra.xítcles, sino también al carpintero y al
herrero un desarrollo intrínseco de la razón, una nobleza intelectual que no
radica en la destreza mecánica o en la agilidad manual, por esta razón parecen superficiales las razones que aducen los sociólogos al considerar que los
obreros modernos "cronometrados", viven en condiciones más humanas que
los artesanos mcdioevales.
Como el arte busca el bien de una cosa e:&gt;..1:rínseca al artifex, ésta ejerce
sobre él una acci6n tiránica, de tal suerte que el artista suele olvidarse de sí
mismo; c:l tedio se queda a las puertas de cualquier taller de art'.sta. Nunca
he oído cantar a los obreros mientras trabajan, en tanto que siempre que
entro a un taller de artesanía veo sonrisa'&gt; y escucho cantos, es que la inteligencia está produciendo su labor.
A esta altura del discurso se ve cuán extrínseco es clasificar a las artes de
bellas y útiles, pues lo que puede ser bello o útil es la cosa producida por el
arte, no el arte que como tal radica en la inteligencia humana y de la inteligencia humana fluye. Más conveniente es la clasificación de las artes en liberales y serviles. Las artes serviles serán aquellas que sólo puedan ejercerse
sobre la materia y con el concurso de la fuerza física, no sólo quedan dentro
de tal grupo la carpintería y la alfarería sino aún la escultura y la arquitec-

tura. Si las artes no se ejercen sobre la materia ni requieren el concurso de
la fuerza física son liberales; tal es la lógica en tanto que arte, tal es la poesta.

V

Otra meditaci6n; ahora sobre la belleza
. La mejor def~ición de la belleza puede parecernos prosaica a primera
vista: Id quo~ v1su placet; aquello que agrada a la vista. Sin embargo tiene
todo lo esencial para que haya goce estético: Un conocimiento intuitivo y
un goce.
La belleza es fundamentalmente un objeto de la inteligencia, pues sólo ella
conoce plenamente ya que sólo ella está abierta a la universalidad del ser
pero es ~.bién un objeto de los ~ntidos en la medida en que éstos son objet~
de conocuruento y goce y ellos mismos gozan en la medida en que son vehículos adec~ados. Su ~arti~pación en la captación de la belleza es enorme, pero
sólo la vista y el 01do uenen franca relación con lo bello pues son estos sentidos los más dotados para conocer.
Si la belleza deleita a la inteligencia es porque ella encuentra una excelencia o pedecci6n en las cosas que le son proporcionadas, ele ahí que para
qu~ se ~é el goce estético sea necesaria la integridad de la obra, pues la inteligenCJa .ama el ser y éste es convertible con el uno. El concepto de integridad debe entenderse relativamente, integridad no es sinónimo de detallismo
hay belleza a veces hasta en los bocetos, pero éstos son íntearos en su orden'
O
tien~ la sufi~!ente complet~d para ser bellos. Para que haya belleza s~
re~were tamb1en .la proporci6n porque la inteligencia ama el o'rden y la
Ulltdad y se requiere el brillo o la claridad porque la inteligencia ama la
inteligibilidad.
El brillo es muy importante. San Agustín al hablar de la belleza habla de
un esplendor del orden y Santo Tomás alude a un sj)lendor formae, al esplendor de la forma que es el principio de perfección de todo cuanto existe
lo que constituye y acaba a las cosas en su esencia. Es la forma, en el homb~
un ca-principio de su substancia, de naturaleza espiritual y es la forma, en
las cosas muertas un preludio de lo que es en el hombre el espíritu. Es la
fo~a la fuente de claridad de los seres pues es ella quien los organiza y proporciona y por la proporción y el orden se hacen inteligibles. En la forma
se recrea la inteligencia, pues en ella se reencuentra y conoce tomando con~
tacto con su luz propia.
111

110

�Sin duda que en el goce estético ha)' también una delect:tción de los .sentidos, pero el sentido goza de lo bello en cuanto que es penetrado y saturado
por la inteli«encia, d animali1ándolo en cierta manera y elevándolo hasta
hacerlo instrumento adecuado del goce estético.
La belleza que el hombre puede contemplar y amar se da al sentido . ublimado en una intuición imple de la formas. que es todo lo contrario a una
ah tracción. Es muy ju ta la observación de Kant al decir que el goce e tético es la captación de un "universal sin concepto", pues en la intuición estética e goza de las formas sin trabajo ni discurso, bebiendo en las cosa
bellas, como el ciervo en las f uent s el agua, la claiidad del ser.
Aunque la belleza se -.•incula a la verdad en el sentido de que todo esplendor de lo inteligible dice relación a la intcligt·ncia, no es la belie7.a, empero, una especie de verdad sino de bien, pues e ella, esencialmente, deleitable. La belleza como el bien despierta el deseo y produce el amor, mientras
que la verdad, en cuanto tal, sólo ilumina. El amor produce un é."&lt;tasi , una
salida de nosotros mismos, este éxtasis
un rcllejo tenue de aquel otro del
perf cto amante, del bienaventurado que contempla "cara a cara", goza y
ama a la Belleza subsistente.
Las condiciones para que la belleza se dé, han d tomarse en un sentido
fonnal. o hay una sola m:inera como una cosa puede ser íntegra, perfecta
en su acabamiento. La falta de brazos es una carencia demasiado grande
para que un mujer sea bella, prro no para que sea bella la Venus de Milo.
El menor boceto de Rafael o de Leonardo tendrán más completud que el

más acabado de Mont negro o de TJUTIªYº·
La proporción debe ser, también, adecuada en cada caso, no son las mismas proporciones de un efebo que la de un atleta, las de un niño que las
de un adulto, las de un hombre nonn:\l que las de un en:ino. Ambas: proporción y compl~tud, deben tomarse en relación con el fin de la obra producida
y que es el esplendor d

la forma sobre las partes proporcionadas de la

materia.
Añadamos sólo que la belleza es r ,tativa, tanto en el sentido d
ral 'za y \ fin de la obra bella, como de las condiciones bajo las
toma, por eso una música puede ser bella para unos y para otros
cosa puede lucir b lla en un lugar y en otro fea y todas ,on bella
determinados aspectos.
La belleza es análoga y proporcional, por eso no - dice
que de otra, pero por lo mi mo que hay una fuente de ser
sí mismo subsistente hay también una fuente de belleza,
misma subsistente que arrebata por la embriaguez dcl goce

112

la natucuales
no y una
sólo bajo

igual de una cosa
que es el Ser por
la Belleza pot sí
y mueve al amor.

PLURAL!

10 CULTURAL y

ABIDUR!A CRISTIANA

Emayo de Filosofía d la Cultura

Da.

ALBERTO CATURELLI

Univ rsidad de Córdoba

I

u,

ExlsTENCIA, CULTURA

1. Examen previo del problema
Es I-"RECUEN
•
~ HABLAR, en nuestro tiempo, de "plurali. mo".
h bl d
pluralismo social de ¡ ra1i
Y se a a e
religioso E tod' l p u sm~ po illco, de plurali mo cultural, de pluralismo
.d· n . os os casos, s1 nos queremos entender de veras v encontra
unb senu
, efl "6 r
1 o prec1SO a . semeJºante expres1.6 n, es m •nester una sostenida
~ re o que se quiere significar con el término "pluralismo". r x1 n
SI mpre connot
1
"d d
' pero como
. .
a ;. seno o e aquello que se declara "plural'' (la cultura
la rehg~6n, lo pohtaco) se hace necesario, simultáneamente, un esclarecimien'
to previo. no dde la pluralidad sino de lo plural · e parte, genera1m me de unab
6
o servac1 . n e .hecho ' extrín ca • y "pluralidad" viene
.
. . 1car
.
a s1gruf
lo' mismo

r.

,

~ue multitud, m que esta ro ra comprobación implique un juicio valorativo .

sunplemente ~ di~e qu . algo e plural o que hay pluralidad de tales cos~
o de tal espe~1c de cosa sm decir que tal cosa es la mejor, o la más verdadera
o algo semeJante. Por tanto, esta mera descripción extrín. ca de un hecho
(que ~ cosa es plural) parece adecuada y carente de supuestos como punto
de part.ida para mediLar sobre el tema de la pluralidad cultural. En efecto
no. puede negarse que, en cuanto volvemos la mirada reflexiva sob l h. '
tona del hombre y sobre nuestro mundo, que hay cierta
.
re a d1 multi ücidad
culturas·' pe ro est a comprob ac.aon
., s1• bien parece muy exacta, es Ppuramentee

113
e H-8

�extrínseca; y este carácter de la primera descripción del problema ~e~a consigo la afirmación implícita de que hay algo (Ja cultura) que se man~lesta en
un pluralidad• pero entonces alguien podría decimos que nada uenen en
co:ún cultura; muy distantes, tanto físicamente como por _su des_arroll~ histórico y su contenido intrínseco y que, por tanto, la pl~hdad sigue sie~do
puramente extrínseca. Pero esto sería un engaño porque, s1 observamos bi:n:
predicamos la "pluralidad" de una realidad: la cultura; y, por tanto, qu1za
podamos encontrar alguna identidad esencial como fundamento de la p~uralidad. Por eso es necesario reflexionar sobre la cultura (a la cual descnptivamente señalamos como plural) para que se haga evidente, en lo posible,
el carácter propio de su pluralidad.
Si afinamos el análisis, la descripción elemental y extrínseca no parece
descaminada desde el momento que indica hacia una cierta idea de la cultuta
y la simultánea posibilidad de su pluralidad; respecto de l~ primero, tendremos que repetir, una vez más, ciertas implicaciones consabidas apenas encubiertas en la palabra "cultura", las cuales nos conducirán, como d~ la
mano a vislumbrar los motivos profundos de la existencia de una pluralidad
de culturas. En efecto, cuando mentamos la cultura, el hombre común ~ien~a
en aquello que, siendo obra del hombre, tiene algú~ valor o extraordinano
valor· y este mismo hombre no piensa, al menos directamente, que un artefac;o técnico ( un aparato de radar o un cañón antiaéreo) sea lo que él
designa vagamente como cultural. Piensa, más bien: . en algo creado por ~l
hombre ( desde una novela hasta un libro de Metaf1s1ca o un cua~ro de P1casso). y esta actitud básica, primera, corresponde ( como es sabido) a la
significación misma de "cultura" en cuanto proviene de colo, a su vez de
colam cuya raíz es kol, de donde boukólos que es el boyero o el que apacien~a
bueyes; pero, en esta línea de significación es tambié~ ~ultivar y, en los clasicos, habitar. y la sabiduría de la lengua parece indicar ento~ces que la
cultura implica la idea de cultivo del hombre o ~) acto de"cul~v~:-se (que
es lo que luego debe cuidarse) ; el hombre, preclS3.0lente, habita en . este
ámbito creado par él como expresión de cultivar-se. El se pone, en cierto
modo, en lo que crea y cuida y se ve en ello. Y el hombre c~mún, aunque
no piense críticamente estas implicaciones más profundas, .en cierto modo lo
· d'
do se·n~ala como "cultura" las obras valiosas creadas por el homm 1ca cuan
.
bre que constituyen cierto mundo donde él habita como en lo propio. En
y
"
. d"
.
t
l
verdad, llama "hombre culto" a aquel que ennen e , que vive conna ura mente, que enriquece y se enriquece, en un determinado mundo cultural; y
llama "inculto" al que no distingue ni entiende y "choca" con la obra cultural ( el salvaje O primitivo absoluto); lo cual prueba que la cultura no es
simplemente un conjunto de obras que forman la traroa del mundo "cultu-

ral", sino, principalmente, un acto propio del hombre, acto que implica la
totalidad de la persona.
Naturalmente que esta primera descripción, elemental ciertamente al nivel del hombre _cotidi~o, pone en evidencia que sólo el hombre es c~paz de
cul1,11ra. y neceSita cultivar-se; una Persona infinita trascendería totalmente
el ~bito de la cultura y los entes subhumaoos ( que nada saben de si)
5?n mcapaces de cultura. Por tanto, el ámbito de la cultura no puede darse
smo d~tro del _mundo de la persona humana. Si es así, es claro que )a cultur~, vista extenorrncnte todavía, debe ser común y propia de )as personas, es
decir, del hombre, de todo hombre, al menos como posibilidad abierta; 0 sea
~ue todo hom_bre es o puede ser sujeto de la cultura, aun el más primitivo
tiene, la_ c~pacidad _para ello. Desde este punto de vista ( todavla descriptivo)
podna msmuarse cierta unidad de toda cultura, es decir, cierta unidad fund~en~l y fundamentante e~ -~uanto propia y exclusiva del hombre; y, a1
ffilsmo tiempo, en cuanto poSib1hdad suya abierta a la más ampliad'
'dad
d
liza .
IVersl
e rea oones, (culturales) parece insinuar una natural multiplicidad que
al hombre comun le permite hablar de "esta" cultura", de "aquella" cultura
o de culturas "e.xtrañas" o cosa semejante. Un hombre europeo O un rioplatense, reconocerá como auténtica cultura, la cultura de la India, pero la verá
como
"otra"
- " a su mun d o eul tural propio. Y, por eso, al
.
.
, como "e x trana
llll.SDlO tiempo parece haberse insinuado la unidad fundamental y fundamentantc de la cultura, se ha insinuado también la multiplicidad de la cultw·a en el modo de su expresión histórica. Por eso, siempre es verdad hablar
de la cultura, tanto como de las culturas. Y, simultáneamente, llegados a este
punto de la descripción, se hace necesario reflexionar sobre el fundamento
de esta distinción apenas insinuada.

2. Fundamento ontológico y momento de la mediaci6n
Si, como se ha insinuado, solamente el hombre es capaz de cultura se
sigue que la cultura le pertenece constitutivamente; pero si le es constitutiva,
la pregunta por la cultura revierte sobre el hombre como tal que es el sujeto
de la cultura y sobre él mismo habrá que meditar para una determinación
del concepto de cultura. Pues bien, así como el hombre es el único ente capaz de cultura, sólo el hombre tiene conciencia de sí; en la base de toda
obra cultural, preexiste anteriormente la autoconciencia como posibilidad
última de la creación cultural desde que sólo un ente autoconsciente puede
crear cultura. Pero, si es así, lo que se hace evidente es que el ser como tal
por así decir tiene en el hombre el momento de autoconciencia; lo cual
115

114

�equivale a decir que se hace consciente en él. En o~ras palabras, el ent~ en
quien el ser se muestra, es decir, en el cual se hace evidente, es el hombre, por
tanto, no hay distinción esencial entre el mismo aparec:r ~el ser ~ la conciencia y la conciencia de la conciencia que es la conc1enc1a de si, lograda
por primera vez en el hombre que es el ente que s~e del ser. Entonces se
puede decir que el ser aparece en el ente (autoconsciente); pero se debe decir también : el ente autoconsciente se constituye en el aparecer del ser a la
conciencia. Es verdad que no es lo mismo el ser como tal (el Todo) Y el ente
autoconsciente; pero es el mismo el acto por el cual el ente finito tiene_ conciencia de sí y descubre el ser (que en él se muestra). _Por tanto, .es, d~verso
( como es obvio) el Todo del ser, del ente que sabe d~ el'. pero es identico el
acto por el cual el ente tiene autoconciencia y. conciencia ~el ser. P~r :~•
tener conciencia de sí y conciencia del ser constituyen ~n onsm? a~to ~divisible. Al mismo tiempo, este acto, hasta cierto punto, phega en s1 o implica el
todo en el sentido que en el hombre ( que sabe de sí) se mu:stra el ser del ~odo
re-presente en él; el hombre re-presencia el_~er y _lo intclig~; Y no_~iay Jll~elección sin el ser que constituye la intelecc1on IlllSina. La mtelecc1on es mtelección del ser, y sin éste, no es; y el ser es inteligido en el ente (el ho:13b~)
en quien se muestra y su mostrarse ca-incide con el acto de la autoconciencia.
Por eso, hablar de la cultura (sin haber todavía indicado qué sea en sí

misma) es implicar en ella al hombre (sujeto de la cultura) y (en cuanto
en él se muestra el ser) es ya haber puesto el problema fundamental que es el
problema del ser, tal como aparece "presenciado" en el h~mbre: Por tanto,
el solo hecho de poner el tema de la cultura, es ponerlo,, al ~~smo ttem~, en el
plano metafísico donde debe ser resuelto. El ser, segun diJe antes, uene en
el hombre el lugar de su primera epifanía y, por eso, no se puede poner el
tema de la cultura, sin poner el problema del ser y, poner el problema del ser,
es ya haberlo puesto en la persona (que es el sujeto de_ la ~ultura ).' Per~ la
primera epifanía del ser (participación del ser en el yo) .11Dplica el S1IDu_ltáneo
descubrimiento de lo "otro" del yo autoconsciente: "lo otro" en el sentid~. de
¡0 no-tocado por el hombre. Lo que me es exterior y, en_ cierto senti~~• ~e
hace frente". Pero solamente en cierto sentido porque s1 lo que, ongmanamente (relación ontológica originaria) se me hace presente, es el Todo del
"fuera" un "otro" en sentido absoluto; pero sí lo
ser, no hay, en verdad, un
,
hay en sentido relativo porque lo no-tocado ~or e~ hombre y qu~ le. hace
frente aparece después como cierta segunda ev1denc1a o segunda epifama del
'
~
,e
ral "
ser. y a esta segunda epifanía del ser llamamos comunmente natu
( q e tiene diverso sentido al estrictamente griego) . Pero, como se vera, la
na~uraleza, en cuanto aparece como lo que me hace frente ( exte~ori~ad)
implica un estadio anterior y más originario en el cual no hay conciencia de

?ª

ella sino sólo indistinción. Puedo yo estar "fundido" con la naturaleza y este
mi estar confundido con ella aparecería como previo y, por tanto, anterior
a la conciencia de su hacerme frente como segunda epifanía del ser. Si afinamos más el análisis, se ve que mi cuerpo, desde cierto punto de vista subjetivo, al mismo tiempo que aparece con el mismo aparecer del ser a la conciencia, es el "límite." (nunca claramente visible) entre lo de "dentro" y lo
de "fuera". Lo que me es exterior encuentra en mi cuerpo su límite (respecto de mí) y lo que me es interior encuentra en el cuerpo su límite; por eso,
el cuerpo ( que implica a todo el hombre donde se muestra el ser) se comporta como el "puente" del existente con lo "otro''. Y, fundamentalmente, lo
"otro" (expresamente no digo "el tú" pues éste es constitutivo del '.),'o y aparece en el mismo acto por el cual aparece el yo) es la naturaleza. Si es así,
para tener conciencia de la naturaleza es menester una "distinción", una
ruptura con ella. El niño vive ( aun desde antes y sobre todo desde antes de
nacer) en estado de inmediatez con la naturaleza, como, hasta cierto punto,
el hombre plenamente primitivo, "natural\ por así decir; en este estadio
anterior a toda ruptura, a toda distinción o mediación, no es posible al hombre, por ejemplo, crear una obra cultural en sentido estricto; para ello es
menester, antes de nada, tener conciencia de lo que me hace frente en cuanto
tal, es decir, debe advenir el momento de la mediación que es posterior a la
indistinción o inmediatez con la naturaleza. Es cierto que este estadio primitivo de inmediatez o indistinción con la naturaleza se expresa de diversos
modos (sobre todo mágicos en el primitivo) y aun suelen lograr manifestaciones muy bellas de folklore que, justamente, indica (ingenuamente) aquella
inmediatez o indistinción. Cuanto más, esta expresión anterior a la "separación" crítica, es pre-cultural o, si se quiere, para-cultural en cuanto expresa
el fondo (a veces riquísimo) desde el cual debe emerger el momento de la
cultura. En verdad, no hay cultura sin este transfondo de lo pre-cultural pero
aun sumido en la indistinción existencia-naturaleza. Por tanto, el estadio de
la inmediatez implica algo así como el "humus" de la cultura, el secreto conjunto de posibilidades soterradas en la anterioridad de la indistinción; el
hombre primitivo que imita la voz de las aves, que pone su oído en el suelo
para conocer el número de un rebaño, que quiere captar los sonidos de la
naturaleza sin mirarla como "lo otro", que trata de expresarla en un dibujo,
que duerme en pleno campo gozando con la inmediatez de la tierra ( de "su"
tierra) no hace otra cosa que mostrar su estado de inmediatez con ta naturaleza, con todo el intransferible encanto de su fresca virginidad cultural. Por
eso, es menester el momento de la mediación (que es mediación del espíritu del
hombre) para que la naturaleza, al aparecer como "lo otro" ( segunda epifanía del ser) simultáneamente permita al hombre (y en cierto modo le exija)

117
116

�la sínt is de Ja naturale'la con su propia a tividad creadora. En otras palabras, el hombre solamente puede ''crear'' una obra ( como el Partenón por
ejemplo) si es capaz de unir, en la creación, los elementos intrínsecos de "lo
otro", con la actividad creadora de su espíritu; la naturaleza, en cuanto transfondo del cual ahora se ha mediatizado el hombre, le dona el "material" de
la obra y el existente pone su "forma". Pero, para llo, s menester el momento
de la mediación. Por tanto, no se trata aquí de una mediación del pensamiento que, al mismo tiempo que descubre el obj 'to lo pone ( como e el caso
del idealismo hegeliano) sino de la mediaci6n del pensamiento que descubr
el er en su momento de e.xterioridad (o segunda epifanía del ser) y con el
cual permanece siempre inadecuado.
Así pues, en este ámbito de la mediación -como si dijéramo en este
"espacio'- puede aparecer (y aparece) la cultura. Solamente en ese ámbito
el bombre' puedc "cultivar" la tierra y "habitar'' en ella porque, previamente,
la ha visto "en frente".

3. El acto, la obra y el valor cultural

I

Supuesto entonces que la sinte is entre naturaleza y actividad creadora depende del previo acto de la mediación del espíritu, e también claro que la
creación de una obra de cultura depende del existente que quiere realizarla;
pero esto significa, a la vez, que es menester que el ser total se haya escindido
de la relación ontológica originaria (sujeto-objeto) y semejante momento
implica, él mismo, ya la conciencia de sí ( acto de participación del yo en el
ser) ya la conci ncia del ser en cuanto d,scubierto (verdad) y en cuanto
querido (bien). Así pues, en la obras creadas por el hombre o en lo artefactos fabricados por 'l a.&lt;Í como el e.xi tente es el lugar de participaci6n
del ser, asi el existente participa algo (ya veremos qué es este algo) en la
obra o en el arte.facto; es d cir participa ( y se participa) en cuanto la eici.stencia implica (profundamente) el bien que es el ser en cuanto querido;
pero, siendo así, el bien, por el acto del existente, . participa en la obra o
en un artefacto. El bien participado necesita pues del concurso de la voluntad
del existente. Es necesario querer cierto bien en tal cosa que yo hago para
que el bien ( que es el ser en cuanto querido) se participe en ella; luego, el
bien participado en la obra es el valor de la obra; pero, al mismo tiempo,
implica el valor del existente que la hace; por eso, por un lado, es objetivo
(como lo que conlleva la obra mima) y, por otro, e ubjetivo (interior) por
referencia al existente que crea la obra valiosa. Entonces, el valor de una cosa
es el bien participado en ella y, como este valor siempr e relativo, remite al

118

Absoluto que, en cuanto e~ uno con el bien, sería el Valor absoluto (y d 1
cual no hablamos aquí).
Era necesaria e ta previa clarificación de la idea de "valor" porque apare e
inmediatamente que fijamos nuestra reflexión sobre lo que comúnmente denominamos "cultura". En \·erdad, a una obra cultural cualquiera, la den0minamos "cultural" pr'cisamentc porque le asignamos un valor; pero un
valor e pedal. En efecto, si nos fijamos bien se ,·e que toda obra de cultura
(desde la más modesta a la más grandiosa) conlleva un detenninado valor
que, en cuanto depende de la voluntad (el querer el ser el existent ) naturalmente reconoce infinidad de posibilidades y de grados de realización ( nunca
plena). Por lo tanto, para poder discernirlo, es roen ter que distingamos,
supuesto ya el momento d la mediación, los elementos que de hecho se presentan cuando mentamos la cultura. Y lo primero que se nos aparece es lo
que espontáneamente dcnominamo la obra cultural· pero, al mi. mo tiempo,
caemos en la cuenta que no bay obra in el acto cultural, es decir, sin el acto
del existente qu pone la obra como tal despué5 del descubrimiento de la
naturaleza (mediación). Entone podremos dar una respuesta a la interrogación por la esencia de la cultura. Un cuadro de Rafael, el cuadro en sí
mismo es la obra; la acúvidad viva y creadora de Rafael, es decir, su propio
hacer emergente (que tiene su raíces en aquel querer originario) la obra
misma participando en ella un valor, es el aclo cultural; este acto de participar el valor es, como se ve, interior y exterior, subjetivo y objetivo y cuando
hablamos de una obra de cultura sabernos que es inseparable del acto subjrtivo que pone el valor en diversos grados posibl s.

El valor cultural, para que s a cultural precisamente, para que ca r,•conocido como tal, es menester que, en su propia participación, e mu tre como
$endo cierto fin rn sí mismo (aunque relativo); más aún, qu se muestre
para ser visto (con lo ojos del e pír-itu en lo ojos de la carne). Por eso, l
valor cultural participado en la obra (y como la obra en su totalidad e
participación en el ser el valor es toda la obra también)- ha sido "puesto" para
ser contemplado. Pero esto se dice, naturalmente, de la obra y no del acto
personal, pero como el acto creador es el acto de un
·st nte concreto, en
toda obra cultural su valor es siempre valor personal; y emejaDlc valor, en
cuanto valor de contempJaci6n, es esencialmente diverso al \'alor útil, es decir, al valor que sitve para algo; cuando uno dice que "sirve para" algo quiere indicar que implica una finalidad que va allende sí mismo, a otra cosa
a la cual se subordina; por eso, un valor es útil (el de una máquina, por
ej mplo) cuando, n u misma acción, 'sirve para,, y, sobre todo, cuando lo
hecho por él, a su vez, implica ( es de su e rncia) su rviclumbrc a una acción concreta (por ejemplo&gt; atomillar una cosa). Por eso, en 1 quehacer

119

�técnico, el artefacto conlleva un valor útil que ''sirve para"; y si no sirviera
para, o no sería técnico o, por defectuoso, no cumplir'ia. su fin de objeto técnico. Pero, cuando hablamos de valor cultural decimos algo muy diverso,
porque la obra creada misma (momento objetivo) implica un valor de contemplació11.1 (in-útil) y el acto cultural ( momento subjetivo) es la misma actividad participante del existente humano. Por lo tanto, en cierto modo, la
cultura es la participación de la persona en una obra de contemplación. En
otros términos, el valor cultural adviene a la existencia (personal) y adviene
por el acto de la persona que es la forma constitutiva de la cultura. Este acto
constituyente de la cultura ( en la cual se participa un valor in-útil) se produce siempre después de la mediación del espíritu respecto de la naturaleza,
la cual es~ en cierta medida, re-creada por el hombre; por eso, la pura naturaleza se comporta como la "materia" de la cultura, si emplearnos el término
"naturaleza" en un sentido bien amplio; en esa perspectiva, la naturaleza,
respecto del acto cultural (y en la obra cultural en sí misma) es mediata
como aquello "de lo cuaP'; pero es inmediata como presencia recreada en la
obra por el acto de Ja persona.
Este momento necesario de la mediación que despliega el acto cultural y
la obra, es un momento del espíritu; es decir, es un momento espiritual sin
el cual no existiría ni mediación ni cultura. Aun dentro de una concepción
materialista del mundo y de la vida, la sola admisión de la existencia de la
cultura como producto de la actividad del hombre "separada" de la naturaleza (lo no tocado por el hombre) implica la mediación, el extrañamiento; pero
la mediación no puede afectuarse dentro de un pleno de materia pues entonces toda mediación en el seno de la materia resulta ilusoria; por eso, desde
que hay mediación hay espíritu; desde que hay mediación es posible la cultura. Luego, Ja cultura es obra del espíritu. Y entonces, la cultura nace, aparece, allende toda posible confusión con una actividad todavía en cierto modo
indistinta con la naturaleza, cuando la persona es c-.apaz ( previo el acto de
la mediación) de participar (y participarse) al ser en una obra de valor contemplativo. En este mismo sentido, en cuanto la persona es sujeto de la cultura y autor de la cultura, se comprende por qué la cultura es esencialmente
personal; pero, en cuanto participa en la obra un valor contemplativo que
siempre trasciende al acto mismo del "creador" de la obra (pues debe ser
co-participado universalmente por todas las personas) deviene un valor tra11.spersonat universal. Y así, en toda auténtica obra cultural, se implica (y toda
ella en su entera realidad) un valor a la vez personal y transpersonal, existencial y universal. Por eso, los grandes tipos humanos creados por el novelista,
por ejemplo, como don Quijote, son intensamente personales y plenamente
"locales" y, a la vez y por eso mismo, universales. Y, en verdad, no podría ser

120

de otra manera, pues la búsqueda ( artificiosa y falsa) de una "originalidad"
a priori, por así decir, quita el acto cultural desde que los disfraza y desnaturaliza y, por eso, no participa el ser en la obra y el resultado de tales intentos no pasan de efímeras fabricaciones pseudoculturales. Esto es completamente diverso al estadio de] hombre anterior a una plena mediación respecto
de la naturaleza, en cuyo caso, ciertas "creaciones", como por ejemplo, ciertas transcripciones rupestres, ciertas melodías arrancadas a la naturaleza indistintamente o al hombre mismo, todas las formas primitivas de "cultura", como
se dice, en realidad no son formas acabadas de cultura (aunque hayan ocupado
siglos) sino pre-culturas o, cuanto más, para-culturas, por bellas que fueren.
En verdad que no sería nunca posible trazar una línea clara y definitiva
entre la pre-cultura y la cultura propiamente tal y muchas veces nos encontraremos con formas culturales muy próximas a lo pre-cultural o con ciertos
estadios preculturales que no sabremos decir a ciencia cierta si no son ya
propiamente culturales. Pero la persona no es geométrica ni mecánica y ese
margen gris debe subsistir siempre.

4. Unidad y pluralidad de la cultura
A esta altura de mi reflexión, se pueden extraer algunas conclusiones: En
cuanto al acto (que es acto de la persona e implicante de toda la persona)
es evidente que la cultura como acto emerge de la misma constitución ontológica del hombre y, aunque sería una definición incompleta o parcial en
grado extremo, no sería erróneo decir que el hombre es un ente cultural. Si
es así, es decir, si la cultura como acto es un constitutivo del hombre, se sigue
que la cultura es una en cuanto atributo de la persona; hay pues una anterior
unidad de la cultura, común a todas las culturas posibles. Así pues, cuando se
nos pregunta por la unidad y 'la pluralidad de la cultura, parece que hay que
responder que, primordialmente, hay unidad de la cultura en cuanto acto
de la persona.
Pero esta misma unidad de la cultura (que preexiste como posibilidad ante,.
riorrnente a la mediación del espíritu en la naturaleza) no implica necesariamente (salvo la negación de la libertad del hombre) que el acto debe ejercerse
del mismo modo; en tal caso toda manifestación cultural debería ser idéntica
a cualquier otra y tener sus mismas características; lo cual es absurdo y contrario a la experiencia más corriente. Por eso, la unidad de la cultura (preexistente a todos los actos culturales de la persona) implica diversidad en cuanto
a los modos de ser ejercido el acto; es decir que todo acto cultural (aun el
que va de individuo a individuo) en cuanto compromete a la persona total

121

�con todo su complejo intransferible de misterio personal, emplea, al ejercerse,
un modo intransferible. Por tanto, en cuanto al modo, hay pluralidad y hay
unidad en cuanto al acto.
Por Io tanto, siempre supuesta la unidad ontológica del acto y la diversidad
personal e individual en cuanto al modo de ejercerlo, se sigue naturalmente
que cuando hablamos (y está bien) de las culturas, mentamos la pluralidad de
culturas que emergen de la diversidad del ejercicio del acto cultural. De modo que desde el acto individual hasta lo que suele llamarse "las grandes culturas", todas, tienen sus raíces en el modo de ejercicio del acto; entonces,
~das ciertas modalidades étnicas, ciertas circunstancias históricas, y divcrsíSJ.mos factores que escapan a una reflexión como la presente, ciertos nC1cleos
sociales expresan un modo general de ser ejercido el acto cultural; y digo
"general" solamente en el sentido concreto de ser com-partido por todos los
que pertenecen a ese núcleo social y, por eso, estamos entonces frente a una
determinada cultura diversa (a veces profundamente diversa) de otra (de la
nuestra por ejemplo); pero esa (ni la nuestra) no podría haberse producido
sin la previa y f undante unidad de la cultura. Así pues, debemos hablar de
unidad y de pluralidad de las culturas; o más exactamente de unidad de la
cultura y pluralidad de las culturas.
Entonces, un determinado "mundo cultural", sin negar la originalidad cultural individual de cada persona ( que crea cultura), recepta al menos un
común denominador, una línea de sentido del modo de ejercicio del acto cultural y, por eso, configura una cultura determinada o determinado "mundo
cultural". Y, si es así, cultura, al cabo, expresa la totalidad del modo de ser
de un pueblo o de un grupo cultural, porque el ejercicio del acto cultural
( en cuanto surge de la misma constitución ontológica del hombre que Jo
cumple) es signo de lo que es la persona que lo ejerce o el pueblo o grupo que
de él co-participa y, en cierta medida, también lo ejerce.
Por esa razón, conocer la cultura de un pueblo es conocer o al menos conocer hasta cierto punto a ese pueblo desde que la cultura lo expresa. Naturalmente que semejante conocimiento de la cultura se adecúa al momento
histórico del cual es inseparable. Y también se comprende que aun culturas
tan distantes y profundamente diversas a la nuestra ( y por nuestra entiendo
la cultura occidental, europea, hispanoamericana) como podría ser la cultura
china, reconocen, en el fondo, un hilo conductor que debemos perseguir y que
radica en la misma estructura ontológica del hombre: la unidad de la cultura
como acto de la persona.

122

ll

LA

CULTURA Y EL HOMBRE

l. Culturas legítimas y cultura verdadera
Si toda manifestación cultural implica siempre (por necesidad intrínseca a
la naturaleza del hombre) la previa y fundante unidad de la cultura como
ac_to de toda la persona una cultura que expresara, que fuese signo, de la
misma persona en su integral desarrollo, sería y tendrá que ser la verdadera
cultura. Porque en la verdadera cultura, el acto cultural y el modo de ·ser
ejercido deben lograr cierta coincidencia ( y hasta cierta identidad en los
mejores casos) donde, por lo general, no existe. Pero esto no debe significar
al mismo tiempo ( si tal cultura existe) una descalificación de las cultur~
restantes; porque si bien no expresan plenamente el integral desarrollo de la
persona, sí expresan ( y a veces de un modo sublime) una parcialidad o una
determinada línea de sentido siempre radicada en la constitución ontológica
de la persona; desde ese punto de vista, toda cultura es conforme a la persona, a las "leyes" de la persona; es pues, genuina en sí misma, cierta y, en una
palabra, legítima, aunque no sea plenamente verdadera. Por tanto, ya parece
que se puede afirmar la e,dstencia de una unidad de la cultura fundante de la
pluralidad de las culturas; y también se puede afirmar que es posible plantear el tema de la cultura verdadera en relación con las culturas legitimas. Y,
de hecho, según veremos luego, toda cultura auténtica es ya cultura legítima,
aunque no toda cultura legítima logra ser la verdadera.

2. La cultura verdadera
Esta consecuencia conduce nuevamente a una cuestión ya ineludible y que
ha sido señalada de hecho en el transcurso de esta meditación. Si la cultura,
ya como acto, ya en cuanto al modo de ejercerlo es manifestación de la mism:i
constitución ontológica de la persona, se sigue que la cuestión ineludible que
está en el fondo, no es otra que la cuesti6n del hombre mismo.
En realidad, no ha si.do otro el objeto de esta reflexi6n porque ya se ha
dicho que la raíz de la cultura ( como acto y como modo de ser ejercido)
aparece en el momento de la mediación (hombre-naturaleza) que implica a
su vez la originaria relacióo ontológica que es presencia de la conciencia al
ser y presencia del ser ( como un todo) a la conciencia. Por eso, siempre, en
el fondo, se implica el hombre. Y ya he dicho que la cultura (como acto y

123

�como obra valiosa) es signo de todo el hombre y de todo su mundo circundante; en cuanto signo de todo el hombre, dice lo que hombre es. Pero de lo
que se trata aquí es, nada menos, que de preguntarse si la cultura alguna vez
es signo, verdaderamente, de todo el hombre integralmente; en otras palabras, si existe alguna cultura que tenga aquellos caracteres que realmente corresponden a los atributos o dimensiones esenciales del hombre que hagan de
semejante cultura la cultura verdadera; es decir que será verdadera en cuanto
y en tanto manifieste los caracteres esenciales y constitutivos del hombre. Por
cierto que todas las culturas expresan constitutivos del hombre, manifiestan
dimensiones del hombre; pero la pregunta se refiere a aquella (si existe)
que exprese ( como un coherente signo suyo) no esta o aquella dimensión, sino
la integralidad del hombre. Esa sería la cultura que pretendemos señalar como la cultura verdadera.
También estoy pronto a comprender que aquí se desliza, precisamente, lo
más discutible y, por eso, lo más difícilmente aceptable por todos porque se
trata de la idea del hombre implicada en la cultura; también no escapa a
esta consideración la posible acusación de una petición de principio porque
se podría pensar que mi idea de cultura ya se ha ordenado previamente a
un supuesto concepto del hombre que le sirve de fundamento. Sin eludir estos
posibles escollos (por otra parte siempre 'presentes en toda reflexión filosófica)
es preciso tener en cuenta: a) que sea o no compartido por todos (cosa siempre muy difícil) el filósofo debe indjcar, en este caso, una concreta idea del
hombre so pena de dejarlo todo sin base; b) que es ineludible la interdependencia de idea de cultura e idea del hombre se comience la reflexión por una
u otro. Pero ya quedó dicho que el hombre se participa en la obra cultural
y que, por eso, la obra es signo de todo el hombre. Por eso, cuando queremos conocer al hombre que edificó una determinada forma de vida en el
pasado, debemos intentar una penetración comprensiva en su cultura. Entonces, si retrocedemos en el análisis hacia su origen, la obra cultul'al implica
el acto cultural que es dimensión ontológica del hombre; simultáneamente, el
acto cultural no es posible (según quedó dicho antes) sino cuando adviene
el instante de la mediaci6n del espíritu y la naturaleza, que escinde la indistinción sujeto-naturaleza anterior a la conciencia crítica. Pero, a su vez, la
mediación es posible solamente como acto del espíritu personal ( acto espiritual) que haría inexplicable a la cultura en un plenum de materia; por eso,
cuando un verdadero creador de cultura es, teóricamente, materialista, es
capaz de crear a despecho de su materialismo y en contradicción con él porque la mediación es de carácter espiritual. Si retrocedemos aun hacia el
origen de estos caracteres ya indicados anteriormente, es claro que la mediación es determinación del momento originario, primero, de la conciencia del

124

ser. Y ya dije que la evidencia o presencia al ser, coincide con la conciencia
de sí (autoconciencia) ; por tanto, el ser, a la vez que es interior pues interiormente se me muestra, siempre va mds allá del sujeto que lo intuye, es decir, es trascendente. Pero si es interioridad y trascendencia, manifiesta el momento de la participación del yo al ser ( el presente de mi conciencia) ; y si la
existencia consiste en esta participación al ser (interior y trascendente) el
ser de la existencia ( en cuanto participado) es pura gratuidad y si es pw·a
gratuidad es pura contingencia. Pero un ente contingente en quien se muestra el ser interior y trascendente, pone el momento teológico ( en sentido natural) porque es pura posibilidad de no-ser y si consiste en posibilidad de
no-ser es pura donatividad (puro recibido) constitutivamente temporal; por
eso dije que ponía el momento teol6gico porque, desde sí, ab intrinseco, postula la existencia de una causa y principio absoluto (sin el cual nada sería)
no contingente sino necesario, increado y creante, eterno e infinito. Y, en
cuanto el ente en quien el ser se muestra es estrictamente personal, también
postula desde sí mismo que aquel principio absoluto, es un Tú eterno, Dios
personal. Esta persona infinita que hace ser a la persona finita es transtemporal, no trascendente como el ser re:ipecto del ente, sino absolutamente trascendente y, por eso, tran~cultural. Por eso Dios no crea cultura ni es, en sí
mismo (no sernndum quid) "objeto" cultural, aunque la cultura tienda siempre a expresarlo. Entonces, la cultura verdadera en el plano natural tiene tres
caracteres esenciales en cuanto le son constitutivos, intrínsecos a su propio
desarrollo: l} Es trascendentista en cuanto expresa, de hecho, el doble momento de la trascendencia del ser al ente y Ja trascendencia absoluta de Dios.
Una cultura ( o una obra cultural determinada) que se desarrolle negando o
intentando ignorar esta dimensión del hombre es una cultura manca y, como
veremos, destinada a la muerte. 2) Es personalista en cuanto en la obra y en
el acto se participa todo el hombre como persona y, a la vez, en la actividad
cultural el hombre se personaliza progresivamente. 3) Es religiosa en cuanto
e»'}lresa el ser re-ligado del hombre a la Persona infinita; en este sentido, la
historia de 1a cultura muestra, objetivamente, que toda manifestación cultural
implica el ser religioso del hombre explícita o implicitamente; y aun las actuales formas de cultura (sin dejar de ser cultura) pero que intentan una
expresión atea del mundo y de la vida personal, adquieren formas religiosas,
inmanentistas o, en el último extremo, una cultura atea ( como veremos luego)
nunca logra ir más allá de la manifestación del ateísmo paradójicamente religioso. Una cultura rnilitantemente atea es una cultura negativamente religiosa.

125

�3. La cultura inmanentista
Pero ¿ hasta qué punto le es posible a una cultura inmanentista subsistir a
su propia clausura? ¿ Le es posible a una cultura alimentarse de sí misma poniendo los límites en el ámbito de sí misma? Porque esto es lo que, en el fondo,
ha ocurrido en Occidente produciendo, por un lado, una crisis (negativa)
de la cultura como tal y, por otro, una culturolatría que ha concluido en
cierta superstición de la cultura que, al cabo, es también la negación de la
cultura. Quizá lo mejor sea tener presente la especulación hegeliana sobre
la cultura donde el proceso del inmancntismo alcanza su momento de mayor
rigor. En efecto, supuesta la disolución e identidad de lo real y lo racional,
las peripecias seguidas por el Espíritu, como es sabido, para lograrse a sí
mismo, son descriptas por Hegel en La Fenomenología del Esplritu. Precisamente dentro de la dialéctica de la adecuación o identidad de ser y pensar,
el Espíritu debe luchar para conquistarse a sí mismo en su plena claridad
racional; entonces, debe admitirse (y esta es una idea fecunda) un estado
primitivo, es decir, inmediato, anterior a la reflexión. De modo que la cultura aparece en el ''proceso de la liberación fuera de la inmediatez de la
vida substancial"; pero, para esto, es menester elevarse, por su propio esfueri.o, "al pensamiento de la cosa en general". 1 El proceso de la cultura,
por tanto, aparece como el conducir al individuo desde su estado inculto al
saber, a la plena formación; pero se ve así, para Hegel, desde el punto de
vista del individuo; pues, ''considerado desde el punto de vista del espíritu universal, en tanto que este espíritu es la substancia, esta cultura consiste únicamente en que la substancia se da la conciencia de sí y produce en sí misma su
propio devenir y su propia reflc.xión". 2 Así, por un lado, es menester "purificar el individuo del mundo de la inmediatez sensible" ( como ha pasado en
la antigüedad) ; pero, ahora, por otro lado, es preciso "actualizar el universal
e infundirle el espíritu gracias a la supresión de pensamientos determinados y
solidiíicados". 3 Esta superación del yo natural es, pues, enajenación, alienación; y si tenemos presente la dialéctica señor•Sicrvo, la cultura ( Das Bilden)
llega a sí misma por la mediación del trabajo ;4 pero, ya en la esfera del Espíritu, la cultura alcanza su plena justificación y explicación en cuanto es el
Espíritu que deviene extraño a sí mismo ;5 primero, como extrañamiento del
' La Phénoménologie de l'Esprit, Lrad. de
Paris, 1939).
2 Op. cit., l, p. 26.
• Op. cit., 1, p. 30.
' Op. cit., I, p. 164.
• Op. cit., 11, pp. 50 y ss. •

126

J.

Ilyppolite, 1, p. 7 (11 vols., Aubier,

ser natural y, luego, como efectividad de la cultura (del extrañamiento) en el
lenguaje que es, al cabo, la realidad de la cultura. Pero hasta aquí se ve que
la cultura, primero, aparece como la enajenación de la inmediatez natural
anterior a la reflexión y, después, como el extrañamiento o enajenación de Sí
(del Espíritu) en lo que me atrevería a denominar (en el contexto hegeliano)
el mundo de la cultura. Pero entonces, el mundo de la cultura es mundo del
extrañamiento del Espíritu y es momento interno de la marcha del Espíritu
hacia el Saber absoluto donde alcanza su absolutidad. Por otra parte, es evi•
dente que si la plena implicación de finito e Infinito solamente se logra en el
mundo cristiano germánico, la cultura absoluta, por a. í decir (y en su orden
en cuanto subordinada al saber absoluto) es la cultura germánica e inmanentista, término de la evolución de la cultura.
En cuanto no hay un allende el Espíritu, aunque la cultura sea un momento
hacia la plena clarificación de Sí, se mantiene y debe desarrollarse inmanentemente a sí misma; pero, en cuanto inmanente a sí misma y en su orden, la
cultura se transforma en fin de sí misma, al menos en el ámbito del Espíritu.
En ese sentido, por un lado, la cultura inmanentista aparece pues como fin
de sí misma y, por otro, como la alienación del Espíritu. Más aún, la cultura
no representa entonces, en sentido estricto, la estructura ontológica del hombre
concreto (por cuyo momento subjetivo debe pasar) sino una peripecia del
Espíritu hacia su absolutidad racional. Si contemplamos históricamente el problema, las culturas representan momentos de este avance según la conciencia
que de sí tengan los pueblos, avance progresivo, en el fondo, hacia el Saber
absoluto. Por lo tanto, en el begclismo se encuentran las raíces de la idea de
la cultura como autosuficiente, como autofundada y como fin de sí misma.
Toda la especulación posterior que, en el fondo, tiende a subrayar este inmanentismo germánico de la cultura (y que concluye en el suicidio de la auténtica cultura) implica siempre la autosuficiencia de la cultura y, desde que se
subraya la distinción (por otra parte justa) entre ciencias de la naturaleza y
ciencias de la cultura, ya se supone la autonomía absoluta de la cultura. Más
aún, cuando se piensa a la cultura como manifestación de una determinada
figura histórica destinada a desaparecer para conservarse (y a la vez ser otra)
en una nueva forma histórica, en cada momento suyo en el curso del tiempo,
se la piensa como autosuficiencia y siendo fin de sí misma. Pero, en cuanto se
autofunda, en su propio seno ha puesto la propia fuerza de su destrucción
porque nada contingente puede autofundarse; en realidad, de esta situación
surge la crisis de la cultura moderna, la explosión de todos sus momentos integrantes que luego buscan su unidad perdida. Al mismo tiempo, asumida la
cultura en una dialéctica de la adecuación de ser y pensamiento, el acto cultural personal es apenas el momento subjeti"o por donde pasa el Espíritu y que

127

�debe devenir nada en la obra; a su vez, la obra cultural, en cuanto objetivada,
es la alienación del Espíritu y, en cuanto aJienación deJ Espíritu, lo que importa no es ya la participación en ella de la persona concreta sino del Universal. Si, como he dicho antes, participa algún valor, éste no puede ser sino el
del Espíritu en su tránsito por la aHcnación de sí. El hombre se ha perdido
por la absolutización de la cultura y, si se ha perdido, en verdad la cultura
carece de sentido al mismo tiempo que ha p~esto el dispositivo de su suicidio.
Ya es cuestión de tiempo. Por eso, cuando voces agoreras anuncian la "decadencia de Occidente'', la mina de la cultura, no hablan (aunque así lo crean)
de la auténtica cultura de occidente sino de la desnaturalizada Kultur auto.
suficiente. La Kultur, en cuanto absolutización de una dimensión concreta del
hombre concreto tiende a la negación del hombre concreto; es su misma alienación. Pero, por otro lado, en cuanto se transforma en fin de si misma, la
Kultur se corrompe en "culturalismo" autocontcmplativo e incomunicado. Por
eso la Kultur alemana tiende a la mitificación de la cultura y alimenta un
'
nacionaHsmo
"cultural" egolátrico que, a su vez, implica autoexaltación y la
autodestrucción. En verdad, una "cultura" que pone en la inmanencia de si
misma (negándolas en clla) a la trascendencia, al personalismo y a la religatio
en que consiste el hombre, ha dejado de tener sentido. Esta reflexión trae a la
memoria la afirmación de Rosmini: "E1 ingenio germánico es, en verdad, naturalmente robusto, pero su cultura es demasiado prematura: está aún envuelta en sus pañales: un par de siglos de estudio no son suficientes para volver analítica a una nación. La preciosa dote, agregaba, de la mente italiana,
sumamente clara, porque es sumamente analítica, es el fruto de tres mil años:
cada siglo ha contribuido a fonnarla, ha introducido del mismo modo algún
nuevo elemento: la civifüación de esta nación es un hábito, ¡ ay, tantas veces
descuidado! no es un esfuerzo momentáneo y contra natura que después de
un momento de excesiva energía recae sobre sí mismo" .8 En realidad, para no
ser injustos con el indudable genio alemán, la indicación de Rosmini puede
encontrar aplicación exacta en aquel aspecto (ciertamente el más importante)
del pensamiento germánico, que ha hecho de la cultura un fin inmanente a
sí mismo y que ha conquistado para sí ( y desgraciadamente para buena parte
del mundo que sufrió sus consecuencias) un par de terribles desastres.
En esta perspectiva, tienden a diluirse las distinciones necesarias entre unidad y pluralidad de las culturas. En el inmanentismo hegeliano hay un predominio de la unidad de la cultura como movimiento del Espíritu que es uno;
y, vistas históricamente las diversas culturas, no son más que momentos del
proceso de autoconciencia (en los diversos pueblos históricos) que, en el
• Saggio storico-crilico suite cateporie e la dialettica, p. 34'~, Torino, 1883.

128

fondo, es el único proceso donde mueren los singulares históricos; la cultura
de la India, por ejemplo, no tiene sentido sino en cuanto subsumida en el movimiento de la substancia universal. Por tanto, no es concebible una pluralidad
de culturas legítimas por sí mismas sino en tanto y en cuanto mostraciones
finitas del Espúitu uno.
Al mismo tiempo, en la perspectiva historicista hay un predominio de la
mera pluralidad de las culturas relativas a la circunstancia histórica; porque
cada cultura depende de una determinada visión del mundo y como es imposibJc que una sea la totalidad de todas las visiones posibles, jamás podrá concebirse otra cosa que la mera pluralidad de las culturas; 1si las eHminamos por
un momento, sólo nos queda la conciencia histórica la cual, por sí misma, no
es la cultura ni puede constitutivamente serlo; en cada caso, en cada cosmovisión, será la raíz de una cultura, pero nunca podrá ser la cultura. Por eso,
en los historicismos inmancntistas solamente es concebible una pluralidad de
las culturas, todas igualmente relativas. Uno se pregunta entonces, para qué
y por qué defender la "cultura de Occidente" si cada cultura (y una de ellas
es la nuestra) apenas si existe en cuanto dependiente de una circunstancia
condenada de antemano a la muerte.
No existe una contradicción demasiado profunda entre semejante conclusión
y la del marxismo, para el cuaJ la cultura es un contenido de la conciencia

social; pero esta conciencia social es una superestructura de las condiciones
económico-sociales. De donde se sigue que las condiciones económico-sociales
determina,1 una determinada forma de cultura. Es decir que si hay una pluralidad de culturas, esa pluralidad depende, en cada caso, de la estructura social y económica que le sirve de fondo. Por eso, si lo vemos dialécticamenteJ
los "productos" del trabajo intelectual -en definitiva, la cultura- se vincula
íntimamente con el desarrollo de los medios materiales de producción. Por tanto, la cultura es solidaria con cada momento histórico-dialéctico y, en cada
caso, manifiesta la alienación del hombre. Así, una determinada forma de producción material, determinando una determinada manera de la división del
trabajo, codetermioa cierta forma de la división del trabajo intelectual, es
decir, de la cultura. Por eso, la cultura de la Edad Meria, por ejemplo (feudalismo), manifiesta (como superestructura) las condiciones económico-sociales
de la sociedad feudal. Actualmente, luego del despojo cultural de las masas
por la burguesía, el capitalismo pone los fundamentos de nuevas formas de
cultura para la explotación, en servicio propio, de las masas trabajadoras. Esta
idea de la cultura que implica una pluralidad de culturas en la unidad del
proceso dialéctico hacia la sociedad homogénea, puede significar: O que en
la futura sociedad sin clases no habrá más cultura (conclusión absurda) 0 que
en la sociedad comunista se alcanza la cultura verdadera. Pero pensar que la

129
e H-9

�esencia de la cultura depende de las estructuras económico-sociales reduciéndola
a la pura manifestación de una "superestructura", es negar_ la cultura, no ya
la cultura "burguesa" sino toda cultura. El hombre no consiste_ e_~ una e~tructura económico-social y, por eso, el marxismo se abre a dos pos1b11idades 1gu~mcnte negativas: O absolutiza una parcial dimensión del hombre (lo economico-social) en cuyo caso no es la cultura expresión de todo el hombre y entonces la cultura tiene los caracteres de un mito; o la cultura verdadera solamente se edificará en la sociedad sin clases, en cuyo caso se trata de una cultura utópica e imposible como e&gt;.--presión del hombre desalienado; porque aquella sociedad, en cuanto síntes.is, si es final, no tiene antítesis y se transforma en
algo abstracto; o no es final y debe admitirse su antítesis, en cu~o. caso la cultura seguirá siendo siempre una mera superestructura de cond1c1ones económico-sociales, expresión de la alienación del hombre. En ambos casos, me parece
que el marxismo, en el fondo, es la negación de la cultura. Por ~o, en s~ forma
actual y provisoria de dictadura del proletariado, la "cultura' a~qULere los
caracteres de una unidad monolítica para la autoridad del Partido que la
dirige y es esclavizadora en lugar de liberadora del hombre. Pero c~mo e~to
es contra natura pues violenta la naturaleza de la persona, las manifestaciones culturales de los países soviéticos ( donde hay novelistas, músicos, que tratan de expresarse a través de las mallas del sistema) aparecen a pesar de la
estructura marxista que los oprime.
Así pues, una "cultura" inroanentista, n~-pers?~sta y a~ea (o.una cultura
fundada en la relatividad plena o en la drmens10n económ1co-soCJal del hombre) es, inmediatamente, la corrupción de la cultura Y: mediatamente, está
destinada a su propia ruina. No en vano desde su propio seno se ha proclamado la "decadencia de Occidente''. Asimismo, ya se exalte la unidad de la
cultura ( excluyendo la pluralidad), ya se exalte la pluralidad de las cultur~s
( excluyendo la unidad), nunca la cultura ( y ya es por eso cultura corrompida) expresa la totalidad del hombre; es decir, su misma estructura ontológica
que es trascendencia, personalización y religación. Bn Occidente, est_a cultura
inmanentista es, en el fondo, la misma cultura trascenden.tista (en realidad ~a
parte de ella) corrompida y en ci·isis. Por eso, sobre todo entre nosotros~ tiene
plena vigencia plantearse el problema de la cultura verdadera.

4. La cultura verdadera

La misma crisis y desfondamiento de la cultura inmanentista (en realidad
cultura O inmanencia son contradictorias) hace evidente críticamente ( cosa
que 00 podía acontecer anteriormente al proceso de inmanent~ación) que una

130

cultura no ya auténtica como cultura sino que se presente como la cultura verdadera, será cultura de todo el hombre y, si lo es, será cultura de la persona,
de la trascendencia y de la religación del hombre. Una cultura pues, personalista-trascendentista-religiosa
en la cultura del hombre totalJ absolutamente de.
·sal1enado; es la cultura de la mismidad del hombre. En cuanto personalista
reconoce la presencia, en la persona, del ser como tal y de su verdad, de s~
bondad y belleza; y reconoce en su totalidad y en cada obra cultural la libertad
de la persona (que se participa en 1a obra por su acto) y la temporal,idad de
la existencia participada en la cultura. En cuanto trascendentista, reconoce
tanto en el acto como en la obra (poniendo su signo en todo el mundo de la
cultura) ya la trascendencia siempre desbordante del ser al ente, del ser a
la obra y al acto, ya la trascendencia absoluta del Ser absoluto que pone a los
entes en el ser; porque el acto cultural (y consiguientemente la obra) de-pende
de esta Trascendencia, es posible, en el fondo, el mundo de la cultura. En
cuanto religiosa, reconoce, en todo acto y en toda obra, el estado de re-ligación
del ho~br_~ al Tú eterno (Persona infinita) y, en el hombre y por el hombre,
la re-ligac1on de todo y su versión a Dios. Por eso, la cultura es constitutivamente religiosa. Como dije antes, aun la "cultura" atea adquiere las formas
de la religiosidad.
":~ _ve el lector que estamos, en este punto, obligados a una opción, a una
d.eCISlon franca y comprometedora reconociendo, al mismo tiempo, las limitac10nes de la filosofía. En efecto, si las culturas legítimas (y lo son todas en
cuanto tales) lograran la plena mismidad del hombre ( que es personalistatrascendentista-religiosa) entonces, además, serían no ya las sino la cultura verdadera, serían todas re-fundidas en ella. Pero esto parece imposible; y si la
cultura verdadera ( en el sentido de pleno desarrollo del hombre concreto)
ha de ser personaUsta, trascendentista y religiosa, nuestra opción debe tomar
francamente la dirección hacia la cual apunta: La cultura verdadera es la
c~tura cristiana, porque el Cristianismo -allende todos los defectos y misenas de los cristianos- es la única concepción del hombre y del mundo a la
vez persona lista, trascendentista y religiosa. El Cristianismo y con él la' vieJ· a
· trad.1ción hebrea, no es monista como el mundo de Oriente •cuya maravillosa
'
cultura es, sin embargo, un proceso de despersonalización del existente; no es
dualista como la cultura griega, ni puede ser inroanentista como la culturacristiana-corrompida que proviene de una alteración del espíritu cristiano pero
que, al cabo, de él depende, como todo el pensamiento inmanentista germánico hasta nuestros días. Pero este cuadro, tao esquemático, apenas si me sirve
para indicar el camino de una decisión en cierto modo exigida por el análisis
teórico y los supuestos históricos evidentes de estas reflexiones· y en verdad
' '
'
queda pendiente. una investigación detallada en ese sentido. Por ahora, me li-

131

1

�mitaré a indicar someramente que si la cultura verdadera es personalista-trascendentista-religiosa, la cultura verdadera es la cultura cristiana.
Para un filósofo, el reconocimiento de que la cultura cristiana es la cultura
verdadera, no significa negar que todas las demás culturas (en cuanto emergidas de la misma estructura ontológica del hombre) sean verdaderas culturas.
Por eso mismo, la cultura cristiana dice referencia directa a la unidad de la
cultura en cuanto la unidad de la cultura se fundamenta en el acto cultural y
personal participado en la obra y, en el caso del Cristianismo, el modo de participación implica las dimensiones de la persona, de la trascendencia y de la
religación con Dios. Por eso, parece que en la cultura cristiana, el acto y el
modo se armonizan. Todo lo cual, naturalmente supone la distinción elemental
entre Cristianismo y cultura pues el Cristianismo no es una cultura, aunque
sostengamos que la cultura vivificada por el Cristianismo y sus principios sea
la cultura verdadera.
5. Las grandes culturas históricas

Llegados a este punto, dejo pendiente una exposición mayor sobre el desarrollo de las grandes culturas históricas (la pluralidad de las culturas) pero no
puedo pasar por alto una indicación general sobre los principios y direcciones
de ese desarrollo. En efecto, si el acto cultural (y consiguientemente la obra)
emerge o puede emerger cuando se abre la mediación entre cl espíritu y la
naturaleza (ruptura de la inmediatez) es evidente que no podemos denominar
"culturas", sin más, a todo tipo de "civilización" y a todo tipo de manifestación telúrica que significan, precisamente, el momento previo de la inmediatez.
Ya dije antes que una especificación fundamental y originaria de la primera
patencia del ser a la conciencia (que coincide con e1 acto de la autoconciencia)
es, precisamente, el momento de la mediación; en el momento de la mediación,
la naturaleza y lo otro del yo, aparece como objeto o como posibilidad de ser
objeto; lo cual no significa, en modo alguno, un dualismo entre naturaleza y
espíritu sino, solamente, la dualidad y distancia cognoscitiva necesaria para
que el acto cultural sea posible. Sin la mediación, la naturaleza no adviene a
ser "materia" de la cultura. Por eso, una pura (aunque puede ser bellísima
para el hombre culto por su misma virginidad y frescura) manifestación (musical por ejemplo) de la inmediatez hombre-naturaleza, no constituye propiamente cultura. En ese sentido, las manifestaciones telúricas no son cultura
en sentido estricto y muchas llamadas "culturas primitivas", sobre las cuales
se escriben muchos y eruditos estudios, en realidad no constituyen verdaderas
culturas desde el momento mismo en que son "primilivas". Sobre todo si por

132

primitivas se entiende la inmediatez del hombre con el medj.o. En cuyo caso
preferiría llamarlas pre-culturas. Cuando un indio de la Puna de AtacaJDa en
Bolivia, hacía una flauta de caña (incluso muy complicada) y hacía pasar 'por
ella la melodía melancólica del silbo del viento sobre el desierto de piedra, o
cuando con ella e,·ocaba y quería fundirse con la Madre Tierra, no había en
él momento alguno de mediación (como en Praxiteles creando Venus o José
Hernández escribiendo el Martí Fierro) sino la inmediatez misma con la tierra mostrada en el silbo de 1a quena, o el largo aliento del bombo. La cultura
suele elaborar, posteriormente a la mediación del pensamiento, esta fresca inmediatez natural.
Sin entrar, por ahora, en detalles y tratando de lograr una visión panorámica, podría, eliminando todos los caracteres secundarios, elegir un criterio
último para señalar las grandes líneas esenciales de las culturas históricas. Y
si la cultura emerge en el momento de la mediación del pensamiento y la
mediación del pensamiento es especificación del acto primero de autoconciencia y la autoconciencia coincide con la presencia del ser al espíritu, se sigue
que la cultura, en su dimensión esencial, seguirá el sentido que se le dé al
mismo descubrimiento del ser. Y, por eso, quizá no sea muy audaz pensar que
las grandes culturas reconocen, en lo que tienen de más íntimo (sin considerar las innumerables modalidades parciales que diferencian culturalmente un
pueblo de otro dentro de una misma cultura general) una determinada y generalísima concepción (subyacente) del ser, originariamente presente. Así pues,
pese a sus infinitas diferencias y matices, pese incluso a muchas oposiciones
internas, las grandes culturas de Asia (China, India, Corea, Japón) parecen
implicar un sentido monista y naturalista del ser; aun las diferencias, en el
seno del ser, aparecen como fcnoménicas, como diferencias fenoménicas que
deben ser superadas. Por ese motivo, la cultura (como acto y como obra) no
tiende a ser, en general, personalista y hasta puede ser un signo digno de ser
tenido en cuenta que tanto la filosofía, como el arte, oculta el nombre de sus
autores, de las personas en las cuales e1 ser se participa y desde las cuales, en
cada caso, en cada obra, se participa el ser (y la persona concreta) en la
cultura. Y como debe resolverse en el seno del ser (o de la naturaleza, o de
Braman, o de Buda) no puede decirse que la cultura implique la dimensión
de la trascendencia; y como el todo es divino, la vida entera de la cultura
oriental se nos muestra como esencialmente religiosa, aunque no en el sentido
personalista judeo-cristiano. Monismo y naturalismo que implican una cultura profundamente religiosa pero impersonalista y sin el sentido de la trascendencia absoluta. Y si hoy, el marxismo ha dominado principalmente a China
y si este hecho (que ha sido asumido por el antiguo nacionalismo chino) trans-

133

�formara su cultura ( siempre muy difícil) ya se trataría de una invasión de una
corriente ( corrompida) de la cultura occidental.,
El sentido del descubrimiento del ser, implkito en los primeros momentos
de la cultura griega ( explícito después en la filosofía) igue siendo impersonalista, pero siempre comprehende un radical dualismo explicativo de lo real,
presente aun en el supremo ideal de la paideia. Por eso, la cultura helena, a
diferencia del monismo oriental, es dualista ( como también lo fueron las culturas del Asia Menor) y ya sea dioni íaca, ya apolínea, siempre fue esencialmente religio a y naturalista. De donde se sigue que el principio que introdujo
la radical diferencia entre la cultura del lejano Oriente y la cultura helena
(y sub idiariamcnt la romana) fue el sentido del descubrimiento del ser, monista en Oriente, dualista en Occidente. ro importa, para el caso, lo ejemplos aislados que de monismo pueden citarse en Occidente pues, cuando no
son re ultado de influencia oriental (Plotino, chopenhauer) constituyen la
e.xcepción y no configuran la línea esencial que persigo en esta inve tigación.
Pero, de hecho, toda la cultura occidental no es propiamente griega (aunque la suponga hasta tal punto que es impensable sin ella) sino hebreocristiana. Para el hombre hebreo-cristiano; todo lo que es ( todo el ser finito)
es gratuidad pura pues procede de un acto creati\'O libre; Dios creador es la
Persona infinita manifestada en la interioridad de la persona finita que es el
hombre donde es oí.da su Palabra; el mundo es la manifestación de esa Palabra que puede ser leída por el hombre. A su vez, en cuanto todo proviene
por creación, el tiempo es un tiempo lineal que crece, que madura y se enriquece hasta ser asumido por el Vt'rbo Encarnado y que, en su virtud, sigue
madurando hasta que sea consumado. El hombre y el mundo excluyen absolutamente todo dualismo (carácter ~riego) y, por cierto, el monismo del ser
(carácter oriental) y, como es lógico, lodo naturalismo. La cultura cri tiana
que surgirá de esta visión de la realidad será pues, religiosa, pero no ya como
impersonal religión que quiere confundir lo límites, ni como la impersonal religión que nada tiene que ver con la interioridad del hombre desde que el
Absoluto no es una persona (Grecia) sino como personal re-ligación a una
Persona trascendente y a la vez histórica. De este trasfondo surgirá una cultura con los caracteres de la trascendencia, del personalismo y de la religiosidad personal. Adquirirá diversas formas (ya que las formas diversas de la
cultura y la cultura misma no se identifican con el Cristianismo) pero abarcará
toda la cullura de Occidente. Cultura de la persona, de la donatividad del ser,
de la trascendencia no naturalista (sin ignorar la naturaleza) y qu comprende
la cultura itálica, la cultura / ranccsa y su radio de influencia, la cultura
. hispánica (compr ndida la lu itaoa) la que a su vez comprehende la latinoamericana y la filipina. Con sus caracteres propios, debe mencionarse la cultura

134

eslava qu~ comprehend~ varios países y modalidades, la anglosa;ona (inglesa,
nortcamencana, awtrahana, etc.) }' la germá,iica (Alemania, Escandinavia)
que es ~na cultura tardía en el conjunto de la cultura occidental con los probl~~as mtemos ya señalados por Rosmini; a esta cultura tardia pueden adscnb1rse, pues, la de aquellas zonas nórdicas no plenamente latinizadas de Europa. Sus dimensiones propias, profundas y de gran importancia hi t6rica tiene la c.ul~ur~ islámica que une, en í misma, tendencias básicas del judaísmo
Y el crist1a~smo y que comprchende la totalidad del mundo árabe y buena
parte del oriental. Como puede comprobarse, si esquematizamos las cosas hasta
1as grandes líneas (siempre un poco difusas por el mismo esfuerzo por verlas
panorámkamente) nos qu dan en las mano los caracterc del monismo del
dualismo, de la donatividad, sobre los cuales se teje la rica }' complicada ~alla
de las culturas del hombre, más allá de las para-culturas ( quizá más numerosas
que las culturas propiamente tales) y de las agrupaciones culturales muertas
( y de las cuales no puedo ocuparme aquí).
o hace falta, pues, hacer una historia de las culturas, para comprender
que de estos caracteres básicos y de otros menos fundamentalc pero siempre
pre entes y operantes, depende la pluralidad de la culturas; pero también se
comprende que esta multiplicidad es posible en cuanto expresiones de la unid~d fundamental y f undante del acto cultural ( que es participación y develac1on del hombre en una obra). Ahora, luego de la opci6n que acabo de tomar
en favor de la cultura cristiana como la cultura verdadera, habrá que meditar
(su~uesta esta multiplicidad de las culturas en la unidad de la cultura) sobre
el tipo profundo de relación dinámica de la cultura cristiana con las culturas
no-cristianas. Y habrá que ver si ntonces es posible descubrir algún tjpo de
ordenamiento, de ley, que rija esla relación ineludible.

III
PLURALIS [O CULTURAL \' SABIDURÍA CRISTIANA

1. Ley de la fe implícita
ostener que la cultura cristiana es la cultura verdadera, implica haber puesto, en el mismo acto, dos problemas capitales: Por qué esta afirmación no
significa una actitud negativa ( todo lo contrario) para las otras culturas y
cuál es la relación profunda que existe ntrc el Cristianismo y las culturas. Por
cierto' que el tema nos obliga a reflexionar sobre el Cristianismo como tal y

135

�a tener en cuenta una distinción obvia: que el Cristianismo no es ni una ni
la cultura; pero hace poco he sostenido que una cultura, en cuanto en su
mismo desarrollo asume las instancias esenciales de lo cristiano es ya cristiana
y que, desde ese punto de vista, en cuanto asume los momentos constitutivos
del hombre total, es la cultura verdadera. Esto nos obliga -ya que el mismo
desarrollo del tema conduce a una opción- a ciertas reflexiones teológicas
que deben ser conducidas hasta sus últimas consecuencias.
En efecto, Dios, en cuanto revelante, cuando dice su Palabra a los hombres
(desde el principio y anteriormente a Cristo y posteriormente a El hasta hoy)
no lo hace fuera de su situación histórica y cultural; cuando Dios revela o,
simplemente. cuando mueve interiormente, lo hace desde dentro de una determinada cultura (si la hay); los tipos de cultura que caracterizan a los diversos
pueblos (y cuyas lineas generallsimas be intentado mostrar) son los canales
de la Palabra. Por tanto, no solamente Dios no niega las culturas cuando revela, sino que las culturas son los vehículos de su Palabra. En verdad, resulta incomprensible pensar que Dios quiera, primero y como condición previa, anular una cultura (no-cristiana) para poder dirigir a un pueblo su Palabra;
equivaldría a una necesidad de destrucción de la naturaleza, previa a la revelación, lo cual es manifiestamente imposible y absurdo tanto natural como
teol6gicamente. Cuando Moisés describe la creación y sus "días", lo hace
dentro de la imagen mítica de la época ( el cielo, la tierra, el agua) y con
ciertos supuestos culturales y literarios ineludibles. El error grave consistiría
en incurrir en la miopía de identificar la Palabra con esa situación y con ese
tipo cultural, con lo cual, en el fondo, se negaría la Palabra, siempre trascendente a toda situación histórica.
Pero esto mismo requiere una explicación más profunda. Porque Dios babia
a la esencia del hombre (si puedo expresarme así) y no a una cultura; el
Verbo asume toda la naturaleza humana en la Encarnación y toda la historia
anterior, para la economía cristiana de la existencia, es respectiva a la Encarnación. Más aún: esto es así porque toda la humanidad (y con ella todo
el cosmos) crece, madura, hacia el Verbo; y si la cultura es acto y obra del
hombre, está implicada en este crecimiento erístico. Y la razón es más honda
todavía, pues implica la presencia viva del Cuerpo Místico en este proceso;
porque Cristo, al re-crearlo (como nueva crcatura) al 11ombre, constituyó a
los humanos en Cuerpo suyo animándolo con su Espíritu. Luego, todos los
hombres son sus miembros y cada hombre es miembro del otro (Rom., 12, 5).
Como ha dicho Santo Tomás ( S. Th., 3, q.8, a3) los miembros (que Jo son
en la Capitalidad de Cristo) son aquellos que están en gloria; luego, aquellos
que lo son actualmente por estar vivamente unidos a El por la gracia y por
la fe; también son miembros actuales los que lo son por la fe solamente y, por

136

último, miembros suyos son, al menos potencialmente (y recuérdese que para
Santo Tomás la potencia es algo real) todos los hombres redimidos por Cristo.
De donde se sigue que más allá de sus miembros ai:tuales (en gloria o in uia)
t~dos los hombres son miembros de Cristo, todos los hombres son Iglesia y,
s1 se salvan, por Ella se salvan aun sin un conocimiento actual no-culpable de
Cristo y su Mensaje evangélico.
Si es_ así, desde el más estricto punto de vista teológico, todo hombre ( antes
Y después de la Encarnación, antes como inevitable tendencia hacia ella después en cuanto asumidor por el Verbo) busca a Dios (aun cuando lo ~ega
pues_ al negarlo supone su búsqueda) y nadie le busca sin el influjo de alguna
gracia; El les da la inspiración, aun entre tinieblas y oscuras y remotas imágenes de religiones primitivas o de incipientes para-culturas por donde "se filtra" la Palabra; porque Dios "quiere que todos los hombres sean salvos y
vengan al conocimiento de la verdad" (I Tim., 2, 4). Y, tratándose de la
Persona infinita, este "querer" no es un accidente que le acontece alguna vez,
sino un infinito querer idéntico a su esencia. Y, en cuanto infinito querer
infinito amor.
•
Desde este punto de vista, todos los hombres pertenecen al orden sobrenatural cristiano, aunque no sean miembros "actuales" de Cristo. Pero todos se
encuentran injertados en El y cada hombre tiene su gracia hacia la gracia
santificante, gracia real que se sigue de la voluntad salv'úica de Dios y que
es suficiente (aunque fuere remotamente suficiente) para salvarse. Vistas así
las cosas, todo el que busca la verdad busca a Dios y todo el que busca "bajo
el influjo de la gracia" como indica la Constitución sobre Ja Iglesia, del Vaticano II (cap. 11, 16). O sea que esta gracia es ,·erdadero principio de vida
sobrenatural en todo hombre y es una gracia cristiana. Por tanto, podemos
sostener que en todo hombre, que en toda cultura, que en toda obra humana,
hay una fe implícita en Jr-sucristo no conocida actualmente y como tal; en
consecuencia, de esto se desprende el carácter misional de la Iglesia que consiste no en "conquistar" ni dominar, sino en el humilde acto de servicio por
el cual se trata de hacer explícito lo implfcito, como ha sostenido Karl Rahner
en una reunión teológica, en el Seminario de Goregaon, Bombay, con ocasión
del Congreso Eucarístico de la India. 7
Asi pues, las culturas no-cristianas ( por ejemplo, la cultura de la China) ha
sido siempre implícitamente cristiana en cuanto desarrollo y manifestación de
algunas dimensiones del hombre en tensión hacia la perlecta armonía con el
' Cf. Informaciones cat6licas foternacionales, o. 230 / 22 de diciembre / 1964,
pp. 11-13. Ampliada luego en el • o. 233 / 7 de febrero, 1965, / pp. 27-28. Véase
también la segunda parte del Esquema XlII de La Iglesia y el 11mndo moderno, Concilio Vaticano II, cap. 11 sobre El progreso de la cultura.

137

�cosmos; toda situación pre-cultural, toda cultura en de arrollo, comprehende
en sus mismas estructuras constitutivas, un interior crecimiento, una interior
maduración (que puede ser frustrada) que es la gracia de una fe implícita
donada por la voluntad salvífica de Dios. Pues a esta interna presencia de
una oscura y a veces irreconocible fe no-consciente en cada una de las culturas de la humanidad, llamo ley de la fídes impllcita.
Entonces, la cultura cristiana es la cultura verdadera en cuanto cultura. real
y explícitam,mte asumida e inspirada por lo cristiano; dicho de otro modo,
una cultura es cristiana o llega a serlo explícitamente cuando su crecimiento
interior es alimentado y vivificado por el Cristianismo que, a su vez, es crecimiento interior de la semilla de vida sobrenatural que existe en todo hombre y, por eso, en toda cultura. Precisamente por este motivo, el hecho de que
una cultura (por ejemplo la cultura española) sea cristiana, no agota ni puede agotar jamás las indefinidas posibilidades de advenir cristianas de tocias las
demás. Y si advienen cristianas será desde dentro de sí mismas y no por una
especie de yuxtaposición extrínseca. La pluralidad de las culturas (legítimas
como culturas) reconoce un modo plural de movimiento interior implícitamente cristiano (ley de la fides implícita) en cuyo hacerse explícito convierte a esas
culturas en culturas cristianas; luego, puede existir, más allá de la pluralidad
de las culturas en la unidad de la cultura (como acto fundamental) una pluralidad de culturas cristianas que supongan la unidad interna de lo cristiano.

2. Ley de la "cristificaci6n" de las culturas
El primer momento de la fides implicita, que corresponde a toda cultura
tal como se actúa para mostrarse en las obras que constituyen un mundo
cultural, es tcnsi6n de lo implícito a lo explícito. Esta tensión hacia la e&gt;.'J)licitación de la Palabra escondida significa inmediatamente que toda cultura,
aun las aparentemente más alejadas del Cristianismo, sólo pueden lograrse
plenamente como tales culturas (y como culturas) explicitando la interna
"presión" del misterio cristiano. Al mismo tiempo, es lo mismo que decir que
la cultura china no puede lograrse plenamente como tal cultura chirta sino
explicitando la gracia suficiente escondida en los hombres chinos que la crean;
sólo llegando a ser e.xplícitamente cristiana puede lograrse plenamente como
cultura chi11a. Por eso, sería un error gravísimo creer que la cultura china
como tal debe desaparecer para que el pueblo chino llegue a ser cristiano;
además de ser un imposible metafísico es contradictorio con la esencia misma
de lo cristiano.
Por tanto, toda cultura legítima (y, por cierto, todas las formas primitivas
o pre-culturales) tienen parte, aunque fuese embrionaria, en la revelación

138

cristiana y sería contradictorio no desarrollarla. Los Padre$ Griegos y muy e pecialmente Clemente de Alejandría y Orígenes vieron muy claramente este
problema, es decir, el de la relación profunda entre el Cri tianismo y las culturas paganas. Por otra parte, si se piensa que el Cristianismo no es la cultura,
si se piensa que el Cuerpo Místico no es la cultura, se comprende al mismo
tiempo que lo cristiano pueda "fecundar" a toda cultura. Este proceso de
e&gt;..'J)licitaci6n de la fe implícita no es otra cosa, en el fondo, que la explicitación de la ese11cia escondida de lo cristiano; y la esencia de lo cristiano es
Cristo en persona en Quien se encuentran injertados todos los hombres por
el mfaterio de la Encarnación. Por eso, la "tensión" hacia la explicitación de
la fe implícita, es "tensión" hacia el Verbo (escondido) y, también por eso
mismo, toda cultura, en cuanto acto y obra del hombre, en cuanto acto y
obra de un pueblo concreto, es proceso de "cristificación" ab intrínseco de
los mismos momentos constitutivos de esa cultura. Y a este proceso llamo ley

de la cristificaci6n de las culturas.
Históricamente visto, la cultura llamada "occidental" es la que más claramente ha vuelto explícito el contenido cristiano y es, por eso, cultura cristiana.
Dentro del ámbito de la cultura occidental (como se ha visto anteriormente)
caben aún numerosas distinciones importantes, obre todo respecto de caracteres muy peculiares que distinguen una cultura de otra (por ejemplo, la
cultura eslava de la cultura anglosajona); simultáneamente, es evidente que
los hombres, vistos como Miembros del Cuerpo Místico, actuales o potenciales, en cuanto hombres son libres, no sólo en el orden natural sino sobrenatural; en ese sentido, ellos pueden recha1ar, resistir, la interna pre encía de
la gracia suficiente y alejar cada vez más (jamás irremisiblemente) la cultura que crean de lo cristiano escondido. Pero un desarrollo normal, que siga
los cauces naturales de la estructura ontológica de la persona, es ya proce~o
de "cristificación" de la cultura. Pero siempre es posible un movimiento de
involución o reversión de la cultura, lo cual es, por eso mismo, proceso paradójicamente anticultural de la cultura. De cualquier modo, cuando este proceso es negativo, así como ningún hombre puede borrar absolutamente la interna presencia del misterio cristiano ( al menos como una simple y oscura
vocatio Dei) así ningún proceso negativo de una cultura logra aniquilar el
interno conato erístico que anida en sus entrañas. Y siempre, por tanto, está
abierta a la posibilidad de su desarrollo.
Por eso, creer que "cristiiicar" una cultura {la hindú por ejemplo, tan rica
y profunda) es simplemente "occidentalizarla", es no haber comprendido no ya
la cultura como tal, sino el Cristianismo; sólo una incomprensión radical de
lo cristiano puede conducirnos a creer que hay que "conquistar" occidentalizando las culturas orientales; por el contrario, sólo nos cabe servirlas, asu-

139

�que más se acerca a lo que deseo expresar no es tampoco "tramutación"
( empleado por Nietzsche respecto de la relación CristianÍ$mo-cultura clásica)
sino "transfiguración". Utilizando una analogía -nada más que una analogía- como 1a Transfiguración del Señor, el término "transfiguración" ( metamorphosi.s en el texto griego) (Mat., 17, 2) significa trans-formación; implica la idea de mudar de figura o forma y, en la expresión latina, significa
figurar, disponer, transformar; pero si bien se mira, trans-formar no incluye
la idea de destrucción de aquello que se transforma, dispone o figura; si no
se mantiene lo transformado, no hay transformación; si lo que muda de
figura no es siempre, durante todo el proceso, no hay trans-figuración. Cuando
acontece la Transfiguración de Jesús (para seguir con la analogía) los discípulos "cayeron sobre su rostro"; luego, Jesús los tocó diciéndoles: "Levantaos, no temáis. Alzando ellos los ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús".
¿ Qué significa esto? El anterior personaje resplandeciente ¿no era Jesús? Sí,
lo era, pero, ahora, era como nadie comparado con el momento de su transfiguración. Era el mismo, pero como si no fuera el mismo. Igualmente, la idea
de transfiguración implica que lo que se transfigura, antes de su transfiguración es como nada, como lo otro, tan grande es el cambio; pero, al mismo
tiempo, es lo mismo, sigue siendo el mismo aunque como si ya no fuera el
mismo. No es pues una tramulación, un cambio de uno en otro, sino una
radical transfiguración donde lo transfigurado se mantiene el mismo, pero
como internamente re-creado y llevado a una plenitud inalcanzable por otro
camino.

miendo todos sus auténticos valores y amar humildemente el misterio implícito
en ellas. No es otra la actitud del Papa Paulo VI cuando su visita a la India.
En su mensaje comenzó diciendo: "Este viaje a la India es la realización de
un deseo largamente acariciado. Vuestro país es un país de antigua cultura,
cuna de grandes religiones, hogar de una nación que ha buscado a Dios con
insaciable deseo en los cánticos de una plegaria ferviente. Rara vez se ha
expresado esa espera de Dios con palabras tan llenas del espíritu del Adviento,
como las que se escribieron en vuestros libros sagrados, muchos siglos antes de
Cristo: "De lo irreal condúceme a lo real: de la oscuridad condúceme a la
luz; de la muerte condúceme a la inmortalidad".ª

Así se logra la síntesis de la ley de la fides implícita y la ley de la "cristificación" de las culturas; al mismo tiempo, se mantiene la pluralidad y la
unidad de las culturas y la distinción entre culturas legítimas (pluralidad)
y la cultura verdadera, hacia la cual deben convertirse las demás. Pero simultáneamente se ve que, si hipotéticamente suponemos un mundo todo cristiano, es evidente que se mantendría siempre una pluralidad de culturas cristianas ( occidentales, orientales, africanas) fundadas en la unidad erística de
la cultura humana.
3. Ley de la "transfiguración" de las culturas
La síntesis del desarrollo de la fe implícita y la cdstificación de las culturas
( que es el mismo proceso de develación de lo cristiano) no destruye la cultura, pero introduce en ella un cambio profundo. Pero no es la expresión
"cambio" la más adecuada para lo que deseo expresar, porque la explicitación de lo implícito (por la actividad misionera de la Iglesia, que predica
la Palabra puesta al humilde servicio de los hombres) produce una verdadera
revolución en todos los supuestos culturales desde los cuales parte. En otras
palabras, cuando lo implícito se hace explícito y se toma actual el proceso
de cristificación de una cultura, entonces aquella cultura, lejos de morir adquiere una nueva vida; en verdad, re-nace, es como re-creada y todos sus
momentos, todas sus exigencias más profundas, encuentran un cauce nuevo,
sin duda, pero el único capaz de coníerir sentido último y plenitud a esa cultura. Es lo que pasó con la cultura greco-latina que no fue negada por el
Cristianismo sino asumida y conducida a su plenitud. Pero este proceso implicaba este fenómeno de re-creación que mantiene todos los elementos fundamentales de la cultura pero elevados a un nuevo estado. Por eso, el ténnino
1 PAULO VI, Mensaje a los no crislianos, en Informaciones Cat61icas Internacionales,
No. 230 / 22 de diciembre de 1964, / p. 13.

140

.,

Pues bien, cuando el proceso de cristificación de una cultura alcanza su
plenitud, esta cultura, siendo rigurosamente la misma, ha sido transfigurada;
mantiene los hitos fundamentales aunque sea rectificada en muchas direcciones, pero sigue presenle como la misma. Y eso es lo que lo cristiano hace con
la cultura que asume explícitamente: la transfigura. Luego, a esta singuJarí•
sima asunción de la cultura por el misterio del Cristianismo, llamo ley de la
"transfiguración" de las culturas, que vuelve plena y totalmente cristiana a una
cultura. Y esto, como es lógico, puede acontecer a todas las culturas. El caso
típico es la cultura greco-latina "transfigurada" en su síntesis con lo cristiano
explícito y que es, precisamente, la cultura cristiana. Pero cuando digo que es
la cultura cristiana, esto no excluye la real posibilidad (por no decir exigencia) de la transfiguración de la cultura hindú, de la cultura musulmana,
de la cultura china; que ocurra o no en la historia alguna vez, nada puedo
decir, pero ese es el impulso esencial. Si eso ocurriera, existiría otra u otras
culturas cristianas, fru.tos de la transfiguración de esas culturas como plenitud
de la fides implícita, desarrollada en el proceso interno de cristificación y lograda en la transfiguración cristiana de la cultura. Por supuesto que una cul-

14-1

�tura ya cristiana reconoce grados correspondientes a los grados, al aumento o
disminución de la Caridad en el Cuerpo Místico; por eso mismo, es siempre
posible a una cultura cristiana, un proceso de autocorrupción como ha acontecido en Occidente, como proceso de inmanentizaci6n de la cultura y que
ya puse de relieve anteriormente. En ese caso, la cultura seguirá siendo relativamente cristiana, aunque sea una cultura cristiana corrompida y abierta a
la posibilidad misma de su suicidio. Pero esa es la posibilidad y el riesgo propio
de Ja existencia humana. También es posibilidad una nueva recreación y florecimiento de una auténtica cultura cristiana.

4. Actitud cristiana ante la pluralidad de culturas
Por último, cabe preguntarse, desde la perspecti\'a cristiana, cuál debe ser
la actitud congruente con los principios constitutivos de las culturas; en este
caso, respecto de las culturas no-cristianas. En el fondo, esto es una insistencia
en lo ya dicho, pero desde otro punto de vista. De acuerdo a lo e.'Cpresado en
la primera parte de esta meditación, si dejamos de lado lo que se ha dado en
Hamar las "culturas muertas", la actitud cristiana respecto de la pluralidad de
culturas puede indicarse de modo generalísimo: En efecto, ante todo, las llamadas (quizá mal llamadas) "culturas primitivas" y que he preferido denominar "pre-culturas"; Juego, habrá que tener presentes las exigencias propias
de las grandes culturas históricas; después, tendremos que intentar una respuesta a las exigencias de las formas culturales inmanentistas.
A) Exigencias de las pre-culturas o culturas primitioas. Los pueblos que aún
no han salido del estado de inmediatez ( anterior a la mediación del pensamiento crítico) manifiestan de modo directo su estado de comunión con la
naturaleza; de ahí que (como ya lo indiqué anteriormente) manifiesten la
misma frescura de su estado telúrico y ejerzan cierta fascinante atracción sobre
el hombre culto. Es verdad que generalmente no es posible determinar, en
concreto, si este estado pre-cultural ha dejado de serlo o hasta donde es precultural; una línea divisoria neta no es posible. Precisamente en este estadio,
si uno se toma el trabajo de interrogar a un hombre primitivo acerca de una
melodía que él ejecuta en su flauta de caña, pocas o ninguna explicación nos
podrá proporcionar; es como si dijéramos que toca la flauta porque sí; y
en esta actividad, siente un gozo completamente inexplicado críticamente, manifestando sus vivencias religiosas, amorosas o simplemente telúricas. Es el momento de la inmediatez.
Este estadio, desde el punto de vista cristiano, ex:ige la pura y simple evangelización en el fresco y sencillo nivel ( que no excluye la más grande profun-

142

didad espiritual) del hombre primitivo. Pero como la fides impücita (que
implica la gracia suficiente) ejerce su presencia, el movimiento de evangelización debe asumir estas sencillas manifestaciones preculturales; debe hacerlas suyas y elevarlas en el movimiento erístico que e.xplicíta Jo implícito.
Cuando San Francisco Solano evangelizaba los indios, les hacía escuchar la
melodía de su violin, asumía el ritmo de sus bailes y el secreto interior de su
lengua. Y cuando por debajo de estos hombres hay una cultura muerta, entonces es necesario no descuidar la asunción humilde de las exigencias que
pudieran estar vivas de un pasado arcaico. Ya se ve, cuán diversa es la actividad misional de la Iglesia entre las tribus americanas (evangelización) de
la actividad misionera dentro de una alta cultura como la griega o la hindú,
la china o la japonesa.
B) Exigencias de las citlllltas ltist6ricas. Una cultura plenamente desarrollada, exige el re-conocimiento, el constante tener presente aquella fides implícita, aquel conato de cristificación de la cultura que, aunque a veces muy
trabajosamente, es posible detectar desde dentro de la búsqueda de Brahman,
desde dentro de las exigencias de la cultura budista o en el monismo cósmico
del pensamiento taoísta, o en el dualismo naturalista de los griegos. La Iglesia
en su actividad misionera (y nosotros somos Iglesia) en lugar de yuxtaponer
sin más la cultura occidental y menos aun el Cristianismo tal como se muestra en este tipo cultural-occidental ( que no puede agotar a lo cristiano) debe
servir desde dentro a las culturas no-cristianas para que, volviendo explícito
lo implícito, se actualice el proceso de cristificación basta la plenitud de su
transfiguración cristiana. Raymundo Panikker lo dice muy bien hablando de
la India: "Se trata de transformar el orden sacro hindú, de purificarlo, de
hacerlo llegar a la -es decir, su (no otra)-verdadera plenitud. Se trata de hacer desembocar a la sociedad hindú en el Cristianismo, de unificar y cristianizar sus mismas estructuras, de hacer llegar al induismo a aquella culminación que él mismo no sospecha, pero que se oculta en la existencia de la
misma sacra sociedad hindú; de hacerle comprender que adorando de buena
fue a Siva su adoración iba más lejos y llegaba hasta el verdadero Dios, y
que rogando al Krisna tal vez rogaba sin saberlo a Cristo como en un presentimiento, y que era Dios quien le oía, quien la escuchaba y quien -¡ tantas
veces!- le concedía lo que pedía. No, para que continúen satisfechos adorando
a Brahma o a Visnu, sino para que "adorando a Aquel a quien desconocen '
le amen y le sirvan después de haber superado todo lo que para ellos tal vez
fueron símbolos y formas provisionales".º Pero esta explicitación trans-figu• La India. Gente, cu/tu1a, creencias, pp. 92-3, Ediciones Rialp, Madrid, 1960.

143

�ra11te de la cultura hindú (o de cualquier otra cultura no-cristiana) sería ya
el nacimiento de una nueva cultura cristiana; es decir, explicitamente cristiana.
Esta transfiguración (plenitud de la fides implícita y la tensión crlstica del
hombre) se ha operado con la cultura greco-romana; y se operó también
(aunque en ella la espera fue completamente explicita) con la cultura hebrea
asumida por el Cristianismo y ciertas formas de la cultura griega-oriental (no
estrictamente latina) o la cultura eslava. La transfigurnci6n de la cultura
griega es sumamente evidente. Cuando San Pablo hablaba a los hebreos (típicamente el discurso en la sinagoga de Antioquía de Pisidia) (Act. 1 13, 16
y ss.} recordaba a los judios la larga historia de la Alianza, la espera del
Mesías y les anunciaba todo aquello que no era justificado por la ley de
Moisés. Y esto porque la fe de los hebreos, rectamente asumida, era la fe
anticipada en el Mediador Jesucristo. Por eso él se los señalaba desde dentro
de la antigua Alianza; en cambio, cuando se dirige a los griegos (discurso del
Areópago), aunque, como buen judío, "se consumía su espíritu viendo la ciudad llena de ídolos (Act., 17, 16 y ss.) y aunque los filósofos estoicos y epicúreos pensasen de él que era un "charlatán", San Pablo, lejos de intentar
yuxtaponer a la cultura griega su mensaje y, sobre todo, lejos de intentar introducir ab extrinseco a lo cristiano, comienza por re-conocer a lo cristiano dentro
de la cultura griega· por eso les dice: "Atenienses, veo que sois sobremanera
religiosos; porque al pasar y contemplar los objetos de vuestro culto, he hallado un altar en el cual está escrito: 'Al dios desconocido'. Pues ese que sin
conocerle ueneráis es el que yo os anuncio". Es cierto (y hasta cierto punto
muy lógico) que luego del discurso teológico y la referencia a la resurrección
de los muertos, unos se echaron a reÍr y otros le mandaron a paseo, pues
aquello era "locura" para los gentiles; pero también es verdad que "algunos
se adhirieron a él y creyeron", aunque fuesen pocos.

de ella cultura cristiana. Así también, la transfiguración de la cultura hindú
haría de ella cultura cristiana hindú en la cual la cultura hindú alcanzad~
(como cultura hindú) su plenitud.
Por todo ello, si la cultura cristiana de Occidente, ha sufrido (al menos en
parte) la crisis del siglo XIX que es la crisis del ínmanentismo, corresponde
ahora retomar, re-unir, desde dentro de sus mismas instancias, todas las exigencias dispersas y lanzarla hacia adelante pues e1 momento de cristificación
progresiva de la cultura, no tiene fin. Esta es misió11 del pensamiento cristiano
occidental.

Así pues, hay cierta inevitabilidad (ontológica) de la pluralidad cultural
que supone una originaria unidad de Ja cultura como tal· y al mismo tiempo
J
'
hay un movimiento interno de todas las culturas hacia la unidad superior de
lo cristiano. En este sentido, toda cultura debe ser (y ya lo está siendo desde
siempre) fecundada por el Cristianismo, pero teniendo conciencia que lo cristiano como tal es transcultural. En efecto, el Señor (que es la esencia de Jo
c_ristiano y su ~smo Misterio) nació y vivió en una cultura (la cultura palestmense de ese uempo) ; a1 asumirla (en la pequeña grey de primeros cristianos
de 1Jerusa1én) esa cultura se transfiguró en cultura cristiana (y fue por eso la
más plenamente judía) ; y eso era posible porque el Señor que nació y vivió
en el seno de una cultura, trascendía también infinitamente toda cultura. Esta
no era la única posibilidad y todas las posibilidades de advenir cristianas
las culturas, están abiertas, ontológicamente abiertas. Todas las demás culturas no-cristianas, esperan desde dentro de sus entrañas la explicitación de la
gracia que las lleve a su propia plenitud cultural. Como la levadura desde
,
.
'
s1 n:usmas, esperan ser fomentadas por la Palabra.
6

'

Pero sin estos pocos que creyeron, la cultura griega hubiese sido una gran
cultura meramente histórica; en cambio vivió y vive basta hoy porque quienes creyeron y en quienes creyeron, vivió tra,zsfigurada la cultura griega. La
fe implícita, el deseo de Dios que latía vivamente en toda la cultura griega
que, en cuanto proceso de desarrollo es proceso erístico (hacia Cristo) aunque
los griegos lo ignorasen (pues Dios había disimulado "los tiempos de la ignorancia") eclosiona en la transfiguración de la cultura griega que se hace
cristiana; no muere, no es otra y es otra; porque desde las raíces ontológicas
de ella misma, la Palabra había sido explicitada transformando, transfigurando
toda su estructura. Jamás la cultura greco-latina hubiese sido la cultura cristiana de Occidente, si los Apóstoles se hubiesen limitado a "exportar'' su
mensaje y querido "yuxtaponer'' la Palabra previa negación de todo lo que
significaba la cultura griega. La transfiguración de la cultura griega, hizo
144

145
• S-10

�NOTAS PARA UNA FILOSOFÍA DE LO SOCIAL
DR. PEDRO FÉLIX HERNÁNDEZ 0RNELAS

U n.iversidad Iberoamericana

OuR PROBLEM is not truth as su.ch; it is our thinking as we find it in its rootedness in action in the social situation, in unconscious motivations. Show us how
we can adva,ice from our concrete perceptions to your absolute definitions.
Do not speak of truth as much but show us the way in which our statemetits,
stemming f rom our social existence, can be translated into a sphere in which
the partisanship, the fragmentariness of human vision, can be tranrcended, in
which the social origine and the dominance of the unconscious in thinking will
lead to controlled observations rather than to chaos.

KARL

MANNlIEThí

Es difícil contradecir a un pensador de la talla de K. Mannheim; sin embargo, estas llneas, aunque han sido trabajadas bajo la inspiradora lectura de
ese soc.i6logo, tienen la pretensi6n de contradecirlo y contradecirlo válidamente.
El drama de la sociología es su nostalgia por la verdad, la verdad sobre lo
sociat Y esa verdad es valor y es entidad y no podrá descubrirse sin una base
metafísica. Ha sido el mismo Mannheim quien ha dicho que "El desarrollo
de la ciencia modema nos ha conducido al crecimiento de una técnica de
pensamiento que excluye aquello que sólo es inteligible por su sentido -o
significaci6n-" (!bid.); ¡esto equivale a decir que la técnica nos deja sólo con
la cuantidad! La técnica sola tiene las imperfecciones del formalismo.
La Pregunta sobre la defi12ici6n de la Sociología y su objeto formal, sirve
de punto de partida y punto de referencia a estas Natas.
PEDRO

F.

HERNÁNDEZ

147

•

�cial monotonía s6Jo se oculta a ratos por el tono, por la personal experiencia
o por Ja ingenuidad de los Autores,

INTRODUCCIÓN

l. La hipótesis de este estudio puede definirse con estas cuatro posiciones,

3. Según Ja ordinaria acepción del vocablo, la Sociología nació como cien.
cia con A. Comte y H. Spencer.ª La razón de su carácter orgánico-positivista
se debe a que la Sociología, en la mente de sus fundadores, no tuvo infancia:
nació ya grande y naci6 con pretensiones de ser simplemente LA cmNCIA.

a) La génesis de la teoría social, así como los elem~tos propuesto~ para
definj'ci6n de lo social manifiestan que el obJeto de la Soc1ología
Wla
'
· , d I b. t
es algo que por sus mismas exigencias trasciende la concepc1on . : .º Je o
formal de esta ciencia tal como le ha sido asignado por el posit1V1smo Y
el organicismo desde su nacimiento.
,
.
.
b) Esto significa que todo desarrollo ulterior de la Sociolog1a, si ella aspira
l "'"plicaci6n interrral de lo social, debe contar con una base trascen0
a a~
laºtif
dental, en cuanto sus conceptos elementales se arraiguer:i en_ Jus 1cación O verificación de los juicios inmediatos de la conciencia.
c) Tal Filosofía de lo Social debe ser parte de la Sociolog~ Y a 1~ _vez
también parte de una Antropología Filosófica de bases ep1s_temologicas
y metafísicas coherentes, al menos en sus postulados esenciales o elementales. El término trascendentaJ en este traba jo implica y supera el
sentido kantiano que ordinariamente tiene en filosofía m~eroa.
d) Al mismo tiempo, La Filosofía de lo social ha de ser un s1st~a. de pensamiento esencialmente abierto y fecundado por la expenencia de lo
social.

Lo que era una filosofía de las ciencias naturales, el organicismo, se conjugó con la ideología científica del momento, el positivismo, que es fundamentalmente una ideología del método científico.' Como la Sociología fue
definida también como ideología (al menos parcial, en el sentido que K. Mannheim da al vocablo), de reforma de estructuras sociales y mejoramiento de las
clases inferiores o pobres, sin dejar de ser también una ciencia de todos los
fenómenos de la cultura,&amp; la raz6n última de sus postulados fue desde los orígenes una simbiosis de positivismo y organicismo con pretensiones filosóficas:
el positivismo organicista.
En las vicisitudes de su dialéctica, o en la dialéctica de sus principales elementos, este positivismo organicista ha seguido sirviendo de base filosófica
a las principales corrientes de teoría social. Una comprobación luminosa de
este fenómeno la ha dado D. MartindaJe en una de sus más recientes obras. 5

4. A partir del período clásico del positivismo orgánico, representado especialmente por F. Tonnies y E. Dur.khcim, la historia de la teoría social o de
las teorías sociales se caracteriza por la alternancia de movimientos o tendencias que tratan de separar o de unificar de nuevo los elementos del primer
germen, pero sin salir, en el fondo, de los postulados del positivismo:

SOBRE LA GÉNESIS DE LOS ELEMENTOS QUE DEFINEN LO SOCIAL

2. Una revisión completa de todas las definiciones de _Sociología es hoy un
a) ¡ Emancipación de toda metafísica como ajena a la ciencia!:

asunto que tal vez exige los tamañ~s.?e un~ t~s~. 1 Hay sm ,emb~r?o un h~cho
,.;--!; haga innecesaria esa reV1s10n: a Jwc10 de los mas calif 1cados histoque qu.u.u
·
b ·
riadores de la teoría social, 2 todas las definiciones refleJan º. iVtamente una
postura I·1
1 oso'f'1ca que no ha tenido en realidad muchas variantes desde el
nacimiento de la Sociología. Esta postura filosófica determina en parte º. en
conjunto los elementos de las diversas definiciones. Tales elen_ientos se repiten
y se completan, muchas veces, en una especie de ciclos o espirales cuya esen• Cfr. v.gr. IiERDEa's Staatslexikon, vol. IV (Sa. Ed.), 1931; Herder and Co.,
Freiburg i. B., Germany.
u.
nence,
- BAl!.NES, fll\RR
Y EUo! Ell and BECKER , HowARD , Social Thought from Lore to
New York, D . C. Heath and Co., 1938, vol. I, ~pee: cap~. l_-3.
,,.._ ,u.
A ºFR"" (Eo)
Worterbuch der Soz10/og1e, Le1p21g, 1923. f S • l • l
V IBllK!u,u,,
_,
•
s Véase
or ejemplo, DoN MARTINDAl.E, The NaJure an~ Tyf)es o ocio og1ca
Theory, Bos~on, Mass., Houghton Mifflin and Co., 1960, especialmente su capitulo 20.

s·

148

b) La ciencia ha de ser entenclida como demostración de lo cuantificable:
ella representa el valor supremo de los conocimientos humanos.
c) Abstención de toda noción estricta de causalidad.

• Cfr. DoN MART?NDALE, e.e. p. 77.

• Véase RECASÉNs S., Luis, Sociologla (3a. Edic. ), México, D. F., Porrúa Hnos.,
1960; en particular, el capítulo 3o.: Los principios de la Sociologia.
• DON MART1NDALE, en la obra arriba citada {especialmente en los caps. 2o. y 3o.
explica la génesis de estas pretensiones universales de la Sociología incipiente). Para
un estudio más a fondo, cfr.
-

DE LUBAC, S. J., HENRY, El Drama del Humanismo A.t,o (trad. de C. Castro Cubels),
Epesa, Bs. Aires, 1949, particularmente los capítulos dedicados a A., Comte.

• Cfr. DoN

MARTINDAU,

e.e. cap. 20.

149

�A éstos se une frecuentemente un cuarto postulado: el del materialismo

racionalista. Es decir, que todo conocimiento objetivo y real debe ser racional 7 : el conocimiento científico debe resolverse en proposiciones de valor
cuantificable y debe pertenecer totalmente a la esfera de la razón. Todo lo
que se refiere a la esfera religiosa, a la intención última de obrar humano o
a la intervención de fuerzas no-naturales nunca alcanza el valor de la ciencia
mientras no se resuelve en lógica racional y en medidas aceptadas por las
ciencias físicas.
Parece claro que para muchos hombres, la mente moderna no logra aún superar la preocupación de cientificismo que inspiró a Kant sus investigaciones
sobre la Crítica de la Razón Pura 8 : el escepticismo de Locke y el deslumbramiento por los progresos de la ciencia física (¡ambas cosas nunca han demostrado su valor absoluto como criterios científicos!), siguen ejerciendo influjo
dominante, operando, sin querer, contra la misma razón humana cuya primacía defienden. Progresando en la mecánica y en la técnica, parece que
retrocedemos en la investigación racional.
5. Así nacieron en el terreno de la Sociología, las escuelas que acentúan particularmente uno de los dos elementos del primer gennen; v.gr.,

1) El Organicismo Voluntarista de Schopenhauer, Nietzsche, Pareto y Freud;
2) El Organicismo más o menos puro de Spengler, Toynbee y Sorokin ( en

su primera etapa) ;
3) O el Positivismo renovado (v.gr. con Dodd y Lundberg en América).
Asi también aparece el elemento del conflicto como principio fecundo de
solidaridad y antítesis de la exageración organicista, precisamente en el momento en que la Sociologia alcanza su reconocimiento institucional ( el reconocimiento académico como disciplina aparte) .9
6. Por reacción alterna aparecen en la escena el formalismo y el behaviorismo en sus múltiples formas y peculiaridades. Ellos volverán a insistir sobre
las bases de una concepción sociológica preferentemente organicista (formalismo), o preferentemente positiva en cuanto su preocupación por el individuo,
su contribución y su adaptación al medio social -lo que D. Martindale llama

atinadamente "liberalismo" o imagen liberal de la sociedad- 10 Otr
co
h ·
.
·
as veces
d m~ en ~~c as ~s~nc1as dentro del funcionalismo contemporáneo, la ten~
_encra positiva se melina al conservatismo (para seguir la metáfora de Martm~al~)_, o sea a acentuar el punto de vista del grupo (n:ún.imo o grande)
b
el md1vtduo.U
, so re
de la última reacción positivista, es el í unc10na
. 1·1smo
e Un hecho
, característico
· d
n sus 1:1as vana as formas: desde la teoría pluralísta hasta la moderna te ,
de la Dmámi d G
ona
modalidad ca e ru~~s, pa~do por la Interacción Simbólica, las diversas
es de La Acc1on Social y del Funcionalismo Se in . te
h
la metodolo ia
· ]' ·
,
.
·
sis
mue o en
g ~oo ogica. Mas que la Slillple aceptación y explotación de los
tres ~rancies -~todos ahora aceptados (la tipología, la "case history"
1
expcr1IDentac1on)
. • y a sugerir
. maduramente algoY deª
.
.se ha llegad o a presentir
enorme importancia: en Sociología, como en Metafísica el métod
.
·
d
. .
,
o es mseParable del obJeto
e 1a c1enc1a, porque ésta no puede definir
b' t .
un método válido.12
su o Je o sm
7. Viniendo, pues, aunque sea brevemente a las definiciones de Sociolo , a
encontramos que sus elementos pueden distribuirse en cuatro grandes ugto:
de valo~s c~n los cuales se pretende fijar el OBJETO (material y fo~!)
d
e esta oenc1a.
,
d DBando por supuesto ahora (cfr. el siguiente capítulo, sobre los Conceptos
Ge ase)' el ~pleo _co~ún de ciertos elementos substanciales como Persona
rupo, ~elacion, Objetivo, Motivo, etc., pudiera decirse que los valores pecu~
tares asignados a la Sociología se clasifican (al menos inicialm t )
,
que sean:
en e , segun

r

a) Valor:s ?:culiares al organicismo: carácter universal y estructural d
b) la sooab1hdad. humana•· su CJ.'J)resi·6n unifarme en estructuras y procesos•e
Valores propios del Formalismo: Ejemplaridad o "tipoloofa" d I '
formas soc'al
' · · 1
°
e as
l es; genes1s mte ectual de las estructuras social .
e) V alares propios de las teorías del conflicto• Génesis d 1 es'
ciales
lid . ,
·
e os procesos so"ano "conso aoon de estructuras a partir de la oposición y la

'!

rrue .

d) Y, en fin, valores peculiares del funcionalismo ( en sus múltiples ramas) :
Op. cit., pp. 61-62.
p araMevi~
.
Ia acumulación
. de citas, cfr. una vez más el luminoso cap 20 de la
obra de artmdale.
·
u Cfr. CoRETR, E., op. cit., pp. 55-62 Y también:
- ÜOR~TH, Mucx, ScBASCHlNG, A.ufgaben deT Philosophie, Jnrubruck, F. Rauch 1958 ·
particularmente la 3a. Parte del libro: Soziologje aJs Auígabe pp 207
'
·
de la t:{jple relación entre la Sociología y la Filosofía.
,
.
y ss. acerca
10

n

' Cfr. v.gr. RuoGIERo, Gumo DE, Art. Positivismo, en la Enciclopedia of the Social
Science-S, New York, Mac Millao, 1931, vol. XII.
' Cfr. CoRETH, EMERICH, Metophysik, lnnsbruck, F. Rauch, 1961, pp. 34-40.
• Cfr. Cosu, LBWlS A., The Functions of Social Conflict, Glencoe, IU., The Free

Press, 1956: espec. el cap. lo.

150

151

�importancia del grupo en los procesos de formación de la personalidad,
de aprendizaje, de lenguaje y conocimiento de toda especie. Asimismo,
en la dirección propia de la llamada Acción Social, acentuación y primacía del acto personal com~ origen de la sociedad o como elemento de
base en la constitución del grupo. El Funcionalismo, como se indicó
antes, No. 6), insistirá más bien en el valor decisivo del grupo como
última causa de todas las manifestaciones de sociabilidad.

SOBRE- LOS ELEMENTOS EN SÍ

8. Al revisar estos cuatro grupos de valores arriba apuntados, vemos que
se trasluce en ellos
- una aspiración
- y una exigencia.

Una aspiración a hacer de la Sociología (como de las otras ciencias ~ue
se llaman de la conducta humana), una ciencia normativa, pero en senudo
especial: no ciencia normativa en sentido de prescribir valores, sino en el sentido de dar cuenta o explicar los valores que implica la complejidad de lo
social. Es decir, aspiración que nace del "Valor-en-la ciencia" (no del "Valor-para") .18
Al hablar aquí de "aspiración" de la Sociología no se trata de ninguna
ideología ni de un dinamismo (ambas cosas las hubo y las hay en muchos sociólogos) que puedan ser la razón última o la explicación de ser la Sociología
una ciencia. Más bien se habla aquí de valores de la ciencia sociológica como
tal: hay, en efecto, valores que han originado alguna ciencia (piénsese, por
ejemplo, en la arqueología). Pero también hay valores en el objeto de es~dio
de todas las ciencias, sea que ellas prescriban o no (como puede serlo la Enea),
la realización del valor. Ciencia es fundamentalmente el conocimiento y la
afirmación de la verdad a partir de la estricta estructuración de sus causas, y
la verdad es siempre un valor, el valor por excelencia.
9. Hay también una exigencia en esos grupos de valores propios de las
diversas escuelas sociológicas: esa e.'&lt;igencia viene de la posición que se adopte
sobre el objeto fonnal de la Sociología, esto es, del punto de \l'ista desde el

cual la sociología debe considerar el hecho de la sociabilidad humana y sus
implicaciones.
Muchas ciencias se ocupan de lo social:
- la Etica de la moral de las relaciones humanas y los actos personales;
- la Psicología (racional y experimental) se ocupa de la estructuración del
individuo, su desarrollo, su ambiente, su motivación;
- la Historia registra factual y causalmente los hechos decisivos para todas
las comunidades humanas, cualquiera que sea su naturaleza;
- la Economía explica las operaciones de la conducta humana y sus deci~
siones (y sus instituciones), en el uso y distribución de los recursos escasos;
- y así podríamos seguir indicando los puntos de vista de la Política, la Geopolítica, la Antropología, etc., etc.
¿Cuál es, pues, el punto de vista específicamente propio de la Sociología?
Para responder a esta pregunta, o para indicar algunos aspectos fundamentales para una respuesta apropiada, es preciso dar un nuevo paso en el estudio
de los elementos que se han propuesto para definir lo social.
10. De todos los valores apuntados, la siguiente síntesis parece descubrir los
últimos elementos de Jo social:
Su

SER POTENCIAL:

La Sociabilidad - Proyección al GRUPO
Sus factores y raigambre en la Persona
La Interacci6n humana
MO~OS
El Cambio y las regularidades
}
Las estructuras
VALORES
El conflicto y lo indeterminable

HACIA LA DETERMINACIÓN DEL OBJETO FORMAL:
TRASCENDENCIA DE LOS ELEMENTOS DADOS

11. El por qué de la raíz trascendental de los elementos que sirven de base
a la Sociología es un problema metafísico, quiérase o no. Al aceptar el hecho
de la sociabilidad humana en cualquiera de sus formas,1' sean estas fonnas

,

Cír. voN NELL BREUNtNO, OsWALD, en Herder, Worterbuch der Politik, Heft I,
Frciburg. i.B., Herder Verlag, 1954, p. 66.
1.i

152

" Cfr. MERTON, RoBERT K., Social Theory and Social Structur!!., (2 Ed.), Glencoe,
DI., Free Press: Capítulo lo.

153

�1

de proyección y entrega o formas de repulsión y aislamiento,15 y lo mismo se
diga al "operacionalizar" las manifestaciones de esa sociabilidad, no hemos
dicho aún nada sobre las últimas causas ni sobre las peculiaridades en las que
el individuo y los diversos grupos de individuos viven íntimamente esa experiencia elemental (¡o, para decirlo con la Gestalt-Psychologie, la manera como
realizan la percepción integral de su ser!) .
Más aún, el desprecio práctico o el desinterés por escudriñar las raíces de
la sociabilidad humana, lejos de resolver el problema lo va haciendo cada día
más difícil al ahondar la separación entre la filosofía o la antropología filosófica y los avances de la investigación social.
En el fondo, según lo apunta O. von Nell Breuning,16 la trascendencia de
los elementos de lo social se puede establecer por dos razones:
a) Por el deseo incoercible de ser sociables (deseo innato, elemento fundamental entre los componentes de la personalidad o del grupo) , de hacernos o no solidarios de otros en la acción, en la pasión de multitud de
objetos;
b) y porque la capacidad de sociabilidad consciente -una vez que el hombre ha llegado al completo desarrollo de su entendimiento-, se opera
solamente en la auto-reflexión, y ésta es espiritual y libre.

12. En efecto, volviendo al esquema de síntesis de elementos que definen lo
social, vemos que un análisis de sus principales conceptos (por más que las
dimensiones de este trabajo no permitan un análisis detallado y profundo) , nos
obliga a aceptar su trascendencia y la de los elementos de los cuales dichos
conceptos forman la estructura esencial. Entendemos aquí por trascendencia
de elementos y trascendencia de conceptos la realidad de su significación ob"' En una de las tentativas más originales y completas de clasificaci6n de procesos
asociativos L. von Wiese inspira a Recaséns (cfr. ce. cap. 19). El siguiente esquema:
Procesos de Aproximación
'ajuste'
asimilación y
amalgama.
Los procesos disociativos se reducen a dos: competencia y oposición ( cfr. ib. c. 20).
,. Cfr. VON NELL BREUNING, OswALD, e.e., pp. 49 y SS.
Quizá la parte más interesante del presente estudio de VON NELL BREUNING es el
"Versuch einer Systcmatik der Sozialprin.zipien", junto con la consideraoi6n y el análisis insinuado de los Seis Pasos sobre los Primeros Principios Antropológicos (AnthropoJogische Urprinzipien).
- El por qué de la trascendencia de los conceptos dados, queda sub:.tancialmente explicada en las primeras lineas del citado arúculo de O, voN NI!LL BJIEUNING, (o.e. p. 2).

154

jetiva -la realidad de su contenido, aunque no siempre sea realidad substantiva, ni menos realidad de formas puras en sentido platónico-, más allá de
los límites de los sentidos )' lo cuantificable.

13. Piénsese así, por ejemplo:
1) ~ue la _Sociabilidad aparece experimentalmente, es cierto, sólo en la
mteracc1ón humana ( aunque sea elemental), v.gr. en la busca de resp~est~, en la solicitud, la simpatía, o el rechazo, etc. u Sin embargo, nadie ruega el ser potencial de esa sociabilidad en el infante. Toca, pues,
a la Filosofía de lo social el determinar la esencia de dicho ser su necesidad )' su importancia en la persona, y en la personalidad ( que ha
de entenderse como expresi6n completa de la estructura de la persona
y de su ambiente) .
2) Piénsese también en la interacción humana: ella nace con el símbolo
pero en ciertos momentos lo antecede y lo prepara. Con ella nace la fe
(humana, mezcla de elementos racionalizables y de entrega de la voluntad, no siempre ni lógicamente explicable)¡ símbolo y fe están en la
base del proceso de aprendizaje propio del hombre; símbolo y fe implican muchas veces la auto-reflexión, que supera esencialmente todo dato
sensible, en cuanto el "Verstehen" o entender está condicionado y acompañado del Yo y del SER.
3) Asimismo, al venir al análisis de las estructuras hemos de pensar cómo
todas ellas, sean o no institucionalizadas, se basan en la relaci6n. Es esta
una entidad o modo de ser que nunca se podrá predicar substantivamente, porque siempre es un ser-así: estar-en o estar-con, etc. Ninguna relación es, porque siempre será al menos entre dos, y modificará al menos dos se~es con algo nuevo que es-a-dos y es-para-dos (¡al menos!).
¡ En cambio el hombre todo hombre, no-es, sin esa relación!
4) En cuanto al cambio y las regularidades, tienen por base íntima el devenir. Condicionados por espacio y tiempo participan de su intimidad
sin identificarse con ellos: el tiempo es necesariamente irreversible y
el espacio es, al menos conceptualmente, divisible. Condicionada por
ellos, la realidad de los procesos sociales puede ser única ( y así también
nunca más repetible) , pero no será necesariamente divisible. Además,
puede repetirse a sí misma en tiempos absolutamente diversos y en diversos espacios. Su esencia está más allá del tiempo y del espacio puesto
que muchas veces los cambios no dependen del uno ni del otro.
" Cfr. voN WrnsE, ap. RECASÉNs, c. c. capítulo 19.

155

�5) En fin, los conflictos y lo imprevisible tienen entre sus causas fundamentales la libertad y el conocimiento estrictamente independiente de los
sentidos. Dicho quizá más exactamente, la libre e imprevisible determinación de la persona humana (auto-determinación), así como sus razonamientos rigurosamente metafísicos, pueden originar conflicto y mantenerlo. Una reflexión sencilla puede dar más pe50 a estas consideraciones: hay sin duda muchos Sociólogos que no aceptan mis puntos de
vista. Yo creo que las viejas razones socráticas acerca de la espiritualidad del conocimiento humano siguen siendo válidas después de tres mil
años. Y si no, ¿ por qué mecánica cerebral aceptamos pasar de esta página a la siguiente? ¿ Y por qué proceso glandular unimos un predicado
a un sujeto o lo separamos de él? ¡ La clisensión sobre lo dicho tal vez
sea una prueba sociológica y metafísica de su validez!

Crnoo

CONCEPTOS ESENCIALES

14. La pregunta que ha ido sirviendo de leit-motiv a estas notas se refiere
al objeto formal, o sea al punto de vista peculiar desde el cual la Sociología
considera o debe considerar Jo social en contraposición a otras disciplinas que
se ocupan del estudio del hombre y sus actos. Hemos visto cómo las diversas
escuelas de teoría social han ido preparando elementos cuyo contenido y exigencia trasciende muchos de los postulados filosóficos de las escuelas que primero lo usaron. El análisis, según parece, se completa por la consideración
de los principales conceptos implicados en esos elementos.
Procediendo por ciclos o movimientos concéntricos, nuestra reflexión alcanza
ahora un nivel en el cual parecen perfilarse ya claramente los conceptos estrictamente específicos de lo que ha de ser el objeto fo1mal de la Sociología.
Como podrá observarse a lo largo de este último análisis (o esbozo de análisis), cualquier estructuración de estos conceptos exige, para su explicación,
una filosofía de lo social que resulta ser parte integrante de la Sociología (puesto que le proporciona la determinación y precisión de su objeto formal), y
no menos de la antropología filosófica (puesto que se trata de conceptos que
trascienden los dominios de las ciencias naturales o físicas) .

15. Estos cinco conceptos son, a mi modo de ver:
-la relaci6n (potencial o real, virtud o estructura o consecuencia);
- el devenir (que es base del cambio, del proceso y de la función dinámica);
156

- el valor (que es ser y es a la vez motivo de ser o de obrar) ;
- la persona humana (factor, miembro, parte, agente, paciente, etc. del
acto social; su actividad, responsable o no, resulta la única actividad
substantiva en el obrar colectivo) ; y
- por último, la agrupaci6n humana (en sus varias formas, la esencia
de la sociedad se manifiesta siempre como ser-con-otro, aunque no se
agote allí).

16. Como antes dejarnos apuntado (cfr. No. 13-3, y sigts.), la relaci6n
ha sido siempre considerada como el concepto-eje de lo social. El solo hecho
de que toda interacción determine por sí misma, aunque sea inconsciente o
involuntariamente una relación (tratándose de la interacción humana), es
prueba de la calidad esencial y de la trascendencia del concepto.
Et devenir ha sido objeto de la preocupación de los mayores pensadores,
desde Aristóteles hasta Heidgger. Notemos sólo que en el dominio de la sociología falta aún investigar si acaso el devenir y el cambio poseen especiales
cualidades y una entidad esencialmente distinta en-sí, o bien, si acaso implican
un cambio esencial en la entidad que deviene.

El valor puede implicar en sí muchas maneras de ser: maneras que se digan
de otros o que existan en-sí: maneras que estén esencialmente ligadas a la
materia y a la cuantidad y maneras de ser que'se desligan íntimamente de los
sentidos y lo mensurable. Y lo social abarca todas esas maneras, puesto que la
experiencia elemental de los valores empieza cuando el hombre entra en contacto con otros hombres.
En la base de la personalidad está la persona, que se define elementalmente
(en metafísica y en toda fenomenología realista), como el individuo de naturaleza espiritual. A partir de Kierkegaard y especialmente por obra de M.
Scheler, la persona ha vuelto a ser el objeto preferente de la investigación filosófica del momento, sobre todo en las diversas manifestaciones de la filosofía
existencial. 18 La persona, caminando a la libre determinación y decisión sobre
su propio ser para llegar a la dimensión de la personalidad, es el origen y la
parte de base para la constitución de la sociedad en cualquiera de sus formas.
La
cepto
de lo
sonas

agrupaci6n humana o sociedad e.s como los anteriores, también un contrascendente, es decir un concepto preñado de significación por encima
que los sentidos pueden registrar o medir. Su constitución implica pere implica valores: estos últimos como base, como medio y como fin,

11 Cfr. LoTZ, JoHANNEs B., ap. BltuoGER, Philosophisches Worterbuch (9aº Edr.),
Freiburg i.B., Herder Verlag, 1962: art. Person.

157

/

�pues aun en las turbas y en las agrupaciones ocasionales e involuntarias vemos
que surge un objelivo. 19

17. ¿ C6mo, pues, definir la Sociología, o expresar definitivamente su objeto
formal a base de esos cinco conceptos? Aceptados por casi todos los Sociólogos
contemporáneos, todos ellos tienen diverso sentido en la mente de muchos pensadores, puesto que no siempre se les reconoce su carácter trascendental Quizá pudiéramos añadir que para el Scholar pragmatista, todos esos conceptos
valen lo que vale la medida que podemos ohlener de ellos siguiendo sus manifestaciones sensibles: v.gr., la personalidad vale tanto cuanto valen los índices de conducta peculiar externa de un sujeto, ¡ así como sería el índice de
fumar cigarrillos con filtro ·o sin filtro! Sin embargo, y dicho sea de paso, hay
también índices de optimismo en el pensamiento contemporáneo: la mayoóa
de los hombres estamos de acuerdo en que ha sido duro para la bum.anidad
caminar desde las cavernas hasta los reactores atómicos, y quedan pocos hombres que piensen que Mozart, o el Greco, ... o el amor humano se resuelven
en procesos graduales de secreción glandular. Y es un hecho que la mente
humana, desde S6crates basta Einstein, no dejará de seguir investigando y
preguntándose por las causas últimas, aunque tenga sus archivo llenos de cifras y porcentajes y fórmulas ele probabilidad para ayudar a las decisiones de
la voluntad libre.
18. La dificultad de estructurar una definici6n a base de esos cinco conceptos no viene tanto de su trasccndentalidad como de otras razones:
a) La primera es que el elemento central: sociedad puede conjugarse con
los otros cuatro al menos en dieciséis diferentes maneras, y así. habrá pensadores que acentúen el elemento relación mientras otro acentuarán el elemento persona o personalidad y otros el cambio o devenir social, etc.

paso a paso por el contacto con la realidad y por la investigación descriptiva:
la fundamentación filosófica de lo social no va en modo alguno contra la cuantificación, la experimentación, la aplicación de técnicas matemáticas y estadísticas que nos ayuden a conocer mejor la realidad social y sus regularidades.
Lo que es importante, desde el punto de vista de ]a ciencia, es que es.as investigaciones y esa cuantificación no traten de decir la última palabra sobre la
esencia de los fenómenos. La ciencia, una vez más, es una explicación estructural de los hechos por sus causas (¡no por sus medidas solamente!).

19. Siendo difícil y objctable, en parte al menos, el tratar de fijar "a priori''
una sola definición del objeto formal de la Sociología, parece mis indita.do seguir el camino que nos permitió descubrir los elementos de base para la definición: el análisis fenomenológico realista.
Como una sugerencia o punto de partida para ulteriores reflexiones que no
caben ya en las dimensiones de este estudio, apunto aquí la estructura de definición de Sociología que me parece coherente con las relaciones entre los
cinco conceptos fundamentales.
Dada la experiencia necesaria y universal de lo social como relaci6n entre
personas (en diversos niveles y grados), que nace y cambia y se orienta por
determinados valores hacia constituci6n del grupo que prevalece sobre los individuos, parece posible delimitar el objeto formal de la Sociología (que es lo
mismo que definirla) de la siguiente manera:
"Ciencia de la sociabilidad humana y sus valores ( constitutivos y finales) 1
en su ser potencial y en sus manifestaciones estables o cambiantes a partir de
la penona humana cuyo ser se c.ompleta y perfecciona esencialmente en el
grupo que a su vez depende esencialmente de personas ... "
Definir con más precisión la esencia del grupo o de la sociedad: ¡ esto quizá
siga siempre abierto a la curiosidad, a nuesta capacidad de admirarnos y conocemos!

b) La segunda es que en Sociología, la metodología es parte de la misma
ciencia: lo social que es el objeto de la Sociología no se descubre sino empezando a estudiarlo, y no se sabrá plenamente su esencia sino cuando la mente
humana no tenga nada que preguntarse sobre él. De ahí que la Sociología deba
ser un sistema de pensamiento esencialmente abierto y capaz de ser fecundado
10 Cfr. VON Ne:w. BREUNJNG O., ap. BRUOOER, c:.c.; art. Ges,llschaft. tn general,
acerca de las exigencias y las aspiracione:; por una Filosofía de lo Social, o, podemos
llamarla también, por una Antropología Social, conviene ver:
- OAIR.Ns, HUN'l'lNGTON, Sociology 1:md the Social Scuricu, ap.
- GuRTVITCB , ÜEORGES and MooR.E W!LBERT E., Twentidh Century Sociology (Ch. 1),
New York, The Philosophical Libra.ry, 1954; y también:
- voN NELL B"Rl!.UN1No, OswALD, ap. Hl!RDeR, Worterbu.ch d,r Politik, I, p. 38.

158

159

�EL DEMONIO DE LO ABSURDO: IRRACIONALISMO
EN LAS ARTES CONTEMPORÁNEAS

DR.

JOHN

L.

BROWN

Es PARA MÍ UN PLACER y un honor presentarme ante ustedes y tener la oportunidad de tratar un tema de sumo interés para los intelectuales: el irracionalismo en las artes contemporáneas.
Una gran alienación que aparta al hombre del mundo y aun de sí mismo,
caracteriza la vida espiritual de nuestro prodigiosamente interesante y atormentado siglo. En nuestra charla de esta noche quisiera someter a la consideración de ustedes algunas observaciones relativas a una de las fuentes de
esta alienación: -la gran ola de irracionalismo que ha ido en ascenso constante desde el fin del siglo XIX- y que actualmente amenaza el pensamiento
y la expresión artística occidentales. Parece que hemos perdido la fe en la
razón humana como instrumento para conocer qué somos y dónde estamos,
para conocer la realidad del universo en que vivimos. Tal vez, como indicaré más adelante, paradójicamente, ha sido el extraordinario desarrollo de
las ciencias físicas, en particular la física y la astronomía teóricas, lo que más
ha minado nuestra confianza en la razón. Se hace más y más difícil, a medida que se abre ante nosotros el espacio infinito interestelar, creer que "el
Hombre es la medida de todas las cosas''. La física y la astronomía modernas
nos hacen dolorosamente sentir la insuficiencia del hombre como medida, la
ineptitud de la razón humana como instrumento del saber, en el frío e inmensurable universo dentro del cual nuestro mundo, inclusive nuestro sistema
solar, no es más que una brizna de polvo. Pienso en Pascal, quien, hace tres
siglos, dijo: "Le silence éternel de ces espaces infinis m'effraie". El hombre
occidental se ha e.xpulsado de un paraíso acogedor de humanismo racional
que sus antepasados habían creado para sí mismos sobre las tibias playas
del Mediterráneo. Ha comido del árbol del saber y ha sido lanzado al espacio
interestelar. El hombre no aparece más como el centro y el héroe del um161
e H-11

�verso sino más bien como una especie de accidente absurdo: Como escribió
Pierr~ Emmanuel, el poeta contemporáneo francés:

"Nous avons trap mangé du fruit de connaissance,
Nous les nouveaux Colomb d'une horreur infinie."

El racionalismo tradicional ha sido amenazado no sólo por el desarrollo de
las ciencias físicas, sino también por el clima de la relatividad cultural, que
se hizo sentir desde el final del Siglo XIX. Las investigaciones de los. antropólogos y sociólogos en regiones no occidentales han revelado que eXJSte una
infinita variedad de pautas de conducta y costumbres humanas que no concuerdan en absoluto con nuestros conceptos de lo que es racional. El arte no
occidental ha hecho su entrada triunfal en nuestros museos. Es precisamente
el tipo de obras que hubieran parecido "barbáricas" o "primitivas" ante los
ojos de nuestros antepasados -la escultura arcaica, el arte de las estepas, las
primeras obras del arte cristiano, las máscaras de los negros, etc.- lo que
más le habla al espíritu contemporáneo.
Por supuesto que el conflicto entre la razón y el irracionalismo, entre la
inteligencia y el instinto, entre Apolo y Dionisio, entre el ord~ y
caos, entre el cerebro y las glándulas ha seguido su curso a través de la histona humana.
Pero no puede haber duda de que en el siglo XX re~a triunfante la ép~~a
de las glándulas. Estamos viviendo, quizá, las fases postruneras de la. revolucio~
contra •1a razón del "Age des Lumieres" iniciada por los Romántico~, contlnuada por los Simbolistas, empuñada hasta, su máximo_ por los DadaIStas, los
Futuristas los Surrealistas. Como lo e&gt;.'Preso Arthur Runbaud, el gran poeta
simbolista' francés, hace casi cien años: "fai fini par trouver sacré le désordre
de mon esprit" (He acabado por creer que mi desorden intelectual es cosa

:1

sagrada) .
Esta frase, que se ha convertido en grito de guerra del artista moderno, es
significativa cuando se trata de comprender el sentido del sin senti~o. de_ ~as
artes de nuestro tiempo. Muchas personas insisten en preguntar que signtfu:a
tal pintura de Jackson Pollack, o Franz Klein, o Mark Rotbko, o Rausc~enberg, 0 cierta novela de Williaxn Burroughs, o Samuel Beckett, o Rob~e-F~~t.
En efecto, no "significan" nada en un sentido racional y no hubo la mtenc1on
de comunicar ningún contenido intelectual preciso. Estas obras van "más
allá" del idioma .racional y lógico, de la misma manera que los más nuevos
conceptos de la física teórica van "más allá" del lenguaje humano y sólo se
logra expresarlos mediante fórmulas matemáticas, las cuales no pueden ser
significativamente "retraducidas" al lenguaje humano.

162

Ha llegado a ser evidentemente imposible apreciar los más notables ejemplos de las artes de nuestro tiempo en términos de la razón, la tradición, o el
análisis
, formal. Jean Cassou, director del Museo de Arte Moderno de París,
acerto al comentar acerca de un aspecto de este fenómeno en un paisaje de
su Panorama des .Arts Plastiques (p. 714) : "De toute fai;on, nous en venons
a soup~onner, a reconnaitre, dans l'art abstrait, quelque chose de l'expérience
mystique et comme un substitut du sentiment religieux".
Ciertamente el gran número de espectadores que frecuentan los museos no
acuden allí por mero jnterés en la pintura como pitura. Muchos, tal vez la
mayoría, van en busca de una emoción religiosa, una exaltación mística que
no pueden encontrar ya en las religiones formales y que tanta falta hace en
el mundo moderno, con su prosaica precisión de máquinas IBM. Por consiguiente, muchas personas que compran pinturas modernas no están adquiriendo un artefacto, un objeto de arte, como antaño. Más bien, tienen esperanzas de estar obteniendo un fetiche, un amuleto mágico que, de alguna
manera misteriosa, pueda dar significado a vidas vacías. El artista, en nuestra
época de irracionalismo, a menudo tiene que desempeñar el poco envidiable
papel del médico brujo alucinante.
. C~mo ?e dicho, siempre ha habido, gracias a Dios, elementos de ilógica e
rrrac1onalismo, de locura y magia negra en la organización de las sociedades
humanas, de lo contrario serían insoportables. Y este elemento de lo irracional, de la furia dionisiaca, es sin duda necesario también en la magna
obra de arte. Pero de los griegos en adelante, la gran tradición occidental, como ha sido expresada en la filosofía griega, o el derecho romano, o las catedrales, ha insistido en que, a pesar de sus pasajeras y frecuentemente saludables locuras, el hombre es esencialmente un animal racional. ''Domina omnium
et regina ratio" (la razón es la dueña y soberana de todas las cosas), proclamó
Cicerón en sus Tusculae disputationes. Y también sostuvo esa tradición que,
aunque la obra de arte deriva una parte de su sustancia -y muchas veces
una parte considerable- de las fuerzas oscuras del inconsciente y de lo irracional, siempre debe ajustarse a las leyes racionales de la forma y la expresi6n.
Debe subordinarse el universo privado del artista, al universo público de su
auditorio. Desde luego, las artes de los pueblos primitivos -tan estrechamente
aliadas a la magia y los rituales- nunca fueron productos de tal disciplina
racional. Su magia negra tiene un atractivo irresistible para la sensibilidad
moderna. Todos nosotros estamos bien enterados de la popularidad de que
goza el arte primitivo en nuestra época, y de la influencia que ha ejercido
sobre la pintura y la escultura contemporáneas. Sólo necesito citar el patente
ejemplo de Picasso. En una de sus primeras obras cubistas ( 1904) , la históricamente importante Demoiselles d'Avignon, imit6 las distorsiones de la "forma

163

J

�racional" que admiraba en las máscaras de los negros de Africa (las había
admirado en la colección de Paul Guillaume) y se convirtieron en uno de los
rasgos distintivos de la pintura moderna durante el tiempo que lograron sobre-

vivir algunos vestigios de la "forma".
Después de su dominio durante los siglos XVII y XVIII, la tradición racional de Occidente empezó a mostrar señales de quebranto, a mediados del
siglo XIX, precisamente en los momentos en que la ciencia positivista hacía
ruidosa gala de sus triunfos. Como era de esperarse, fueron los poetas y los
artistas, perennes antenas de la sociedad, quienes advirtieron primero las grietas que se abrían en la orgullosa estructura. En la literatura, pienso en figuras
como Nietzsche, Kierkegaard, Holderlin, Dostoyevski, Baudelaire, Rimbaud.
Dos de ellos, Holderlin y Nietzsche, murieron completamente locos. Los otros
fueron hostigados por las Furias, perseguidos por los Demonios del Absurdo
y se sintieron fatalmente transladados a una época cuya realidad eludiría sus
poderes de comprensión. Fue una época, como dijo Nietzsche, "Jenseits von
gute und Bose" (más allá del bien y del mal), en la cual los viejos instrumentos de la lógica y la razón humanas parecían inadecuados para captar el
nuevo universo de la ciencia. De pronto, todas las viejas certidumbres fueron
barridas y el hombre se encontró parado a la orilla del abismo• de lo desconocido. Baudelaire, por ejemplo, escribió en su soneto "Le Gouífre'':
"Pascal auait son gouffre, avec lui se mouuant,
Hélas -tout est abímc- action, désir, réve"

Y nuestra Emily Dickinson también experimentó el mismo terror:
"I felt a uleavage in my mind
As if my Brain had split;
1 tried to match it, seam by seam,
But could not make them fit.
The thought behind 1 stroue to join
Unto the thought be/ore)
But sequence raveled out o/ reach
Like balls upan a floor."

En el campo de la pintura, las obras de los Impresionistas, especialmente
Manet y Monet -que fueron contemporáneos de Baudelaire-- marcaron un
cambio revolucionario, una verdadera crisis del concepto de lo que es ''la
realidad". Para los críticos y el público de su tiempo, sus lienzos se oponían a
todas las nociones racionales de "lo real", con sus sombras verdes, sus árboles

164

morados, y su transformación de los firmes contornos en espejismos movedizos, creados por la magia de la luz.
La primera guerra mundial minó en forma definitiva los cimientos racio~ales sobre los cuales había descansado el pensamiento occidental durante
siglos. L~s mo~~entos estéticos que surgieron, especialmente el dadaísmo y
el surrealismo, mdican este derrumbamiento con claridad dramática. En 1918
Tristán Tzara, uno de los fundadores del movimiento surrealista exclamó·'
"!e suis PºW: l'a;tion? pour l'étem~le contradiction aussi. Je ne s~is ni po~
01 contre et Je n explique pas, car Je hais le bon seos". En el Manifiesto Surrealista, André Breton exhortaba al escritor a librarse completamente de las
~ad':1as de la raz6n: "L'écriture automatique, la description des reves, l'utihsatton de toutes les formes de délire, d'automatisme, d'hallucmation deviennent les instruments nouveaux de l'écrivain.1,
" En lnglate~, D. H. Lawrence, castigando a la enfermiza razón, predicaba
the dark rehg:to~ of the blood'' (la oscura religión de la sangre), exhortaba
~ sus contemporaneos ,ª _pensar con sus_ vísceras o con sus órganos sexuales, y
finalmente huy6 al Mexico de La Serpiente Emplumada a librarse completamente de la intelectualidad.
Thomas ~~• esc~biendo inmediatamente después del fin de la primera
guerra, convui:16 al tnunfo de la sin razón en el tema dominante de su novela Der Zauberberg. En el ambiente de un sanatorio en los Alpes Suizos (súnbolo del mundo enfermizo de la postguerra), dos autonombrados preceptores
lu~ por e~ ~a del protagonista, una especie de antihéroe, Hans Castorp,
un JOven ordmano de la clase media de Hamburgo; uno de ellos es Settimbrini
h~~st~ y r~tórico italiano quien defiende los valores del siglo XVIII; ra~
zon, mteli~en~a, orden, l~cidez, humanitarismo. Su contrincante es Leo Napht~, padre Jeswta convertido del judaísmo. En las extensas batallas dialécticas
libradas ~ la. Montaña Mágica entre estos dos adversarios, es Naphta quien
parece salir tnunfante al principio. Habla con la voz del irracionalismo militante y en sus victoriosas afirmaciones sobre las virtudes de lo ilómco las
enf~rmedades, la anormalidad y el terror, parece epitomizar lo que J~g había
designado "El l~do sombrío (the shadow side) de la sicología del Siglo XX"
-el lado, por CJerto, que ha encontrado expresión en las principales obras de
~rte de nuestro tiempo. Pero tanto Settimbrini como Naphta pierden la paran~e ~ynheer Peeperkom, el corpulento y estúpido holandés de mcontenible vitalidad animal, todo glándulas y nada de cerebro. Peeperkorn representa la energía elemental y sensual, divorciada de todo sentido de valoreshombre esencialmente místico-glandular sin mezcla de intelecto ni moralidad
el ideal de los escritores Beatnick y de muchos pintores modernos. Tant '
Settimbrini como Napbta vieron derrumbar su brillante razonamiento ant:

ª?ª

165

�este "dinámico" y esencialmente estúpido personaje, para quien las palabras
eran simplemente sonidos de fuerza viva, que carecían en absoluto de sentido,
y quien simboliza los aspectos del arte contemporáneo, el arte del gesto puro
(Queneau "Tu causes, tu causes pour ríen dire''. Ionesco, Beckett).
En Peeperkorn (Pecperkorn quiere decir "grano de pimienta", un estimulante sin valor nutritivo), Mann revela una etapa del irracionalismo que va
más allá del nihilismo intelectual consciente de Naphta. (Era un tema al que
habría de regresar en forma más específica en su cuento Mario und der Zauberer (Mario y el Mago), una clara alegoría del fascismo italiano). La implicación, naturalmente, es clara: los Naphtas, pese a toda la inhumanidad de
sus doctrinas (como un Sorel, o un Spengler, o un Nietzsche), cuando menos
se mantuvieron dentro de los límites de la comunicación, de la discusi6n, del
sentido. El hilo de la razón del siglo XVIII había sido estirado hasta un máximo, pero aún no se había roto totalmente. Mynheer Peeperkorn fue un
predecesor de los protagonistas de Hemingway, del héroe beatnick, de los
antihéroes del nouveau roman que no hacen más que existir, señal de que una
ruptura fundamental había ocurrido en nuestra sociedad.
En los años posteriores a la primera Guerra Mundial, las producciones literarias de Occidente se han ido entregando más y más al irraciooalismo. La
gran popularidad de la novela norteamericana moderna en Europa se debe
principalmente a su calidad instintiva, al hecho de que proclama la supremacía de los sentidos. La obra de Emest Hemingway es un ejemplo evidente
de la exaltación lírica de las sensaciones, de la vida física, del conocimiento
visceral más bien que cerebral. Se trata, sobre todo, de no pensar. En todas
partes, en el mundo de Hemingway, el pensamiento se considera como una
enfermedad, como una amenaza . El héroe típico nos dice constantemente que
"no piensa en nada". Para él, la sabiduría es siempre una iluminación intuitiva, nunca una conquista de la razón.
También Faulkner, otro gran novelista norteamericano del período entre
las dos guerras, ha insistido siempre en que él no es un intelectual, sino más
bien un ''campesino" que cree en la "religión oscura de la sangre", ''dark
religion of the blood''. En este momento los novelistas del tipo beatnik en los
Estados Unidos, como Kerouac o Burroughs, de los que Henry Miller es el
padre espiritual, insisten frenéticamente en el repudio del intelecto, a favor de
la sensualidad, de la droga y de las filosofías irracionales como el Zen.
En realidad, después de la guerra, las tendencias anticerebrales en la literatura cobraron mayor fuerza, tanto en los Estados Unidos como en Europa, y
de ello son testimonio no .sólo los beatniks, sino también el nouveau roman en
Francia. La obra de Samuel Beckett representa la renuncia total al intelecto.
El tiempo, como el espacio, no existen en su universo. Sus personajes no saben

166

dónde ni cuándo existen, ni siquiera saben si existen. Caemos aquí, como en
tantas obras de nuestro tiempo, en el silencio absoluto, en ese mismo silencio
que alaba el crítico Roland Barthes en su Degré zéro de l'écriture. Beckett alcanza con su genio del negativismo el abolicionismo artístico casi completo, el
bed rock existencialista, la abdicación total de la voluntad de entender. Como
escribe en Malone, uno de sus más recientes libros, "por otra parte, poco importa si soy o no soy, si haya o no haya vivido, si ya esté muerto o sólo moribundo; haré lo que siempre he hecho, ignorando lo que hago, lo que soy, de
dónde vengo y si existo."
Otras obras de Beckett. Su jnmensamente popular obra teatral En Attendant ,Godot.
Krapp's Last Tape -un hombre que escucha una grabadora de cinta. Después se eliminarán en absoluto los personajes humanos: sólo habrá una grabadora en el escenario. (El teatro de Cherry Lane anuncia una obra cuyos personajes son tres pelotas de ping pong).
Finalmente, habrá únicamente un escenario vacío para tres actos. La Nada
en toda su pureza, como los cuadros blancos sobre blancos y los negros sobre
negros de Ad Reinharot.
Escribe !talo Calvino, uno de los más brillantes novelistas italianos de hoy
día, en su ensayo Il mido/lo del leone: ''No es que el Yo no aparezca entre
n~estros jóvenes escritores, pero es un yo que se abstiene de formular pensarmentos, de mostrar otros intereses que no sean los elementales, muy poco por
arriba de los fisiológicos, que no participa en lo que sucede bajo sus mismos
ojos ni ofrece nada que parezca ser un juicio moral; el punto de vista del
escritor quiere ser lo más lejano posible del punto de vista intelectual."
Raffaele La Capria, autor de un reciente bcst-seller italiano, Ferito a marte,
nos ofrece un testimonio de la misma crisis epistemol6gica que se manifiesta
en el nouveau roman de Robbe Grillet, de Nathalie Sarraute, de Michel Butor
y de Beckett. "Actualmente", escribe "si no quieres cometer un 'fraude esto es
si no quieres fingir que crees en una realidad en la que de hecho
crees,
representándola como si creyeras en ella, el escribir una novela es una empresa un poco molesta. Una a una se van apagando todas las luces, luces falsas, que con diversos colores e intensidad iluminaron esta realidad. Nos encontramos ahora como ciegos dentro de un cuarto oscuro, sin poder reconocer las
cosas.,. La Capria también se da cuenta de que la pobreza del intelecto implica la pobreza del lenguaje; instrumento del pensamiento. El lenguaje de la
novela tradicional -de Manzoni, de Stendhal, de Balzac- era el lenguaje
de la razón, pero el lenguaje del nouveau roman es esencialmente irracional.
Y La Capria continúa: "Ahora parece que las palabras ya no sirven para
señalar las cosas, sino solamente para señalar.,,

;o

167

,,

�Estas formas nuevas d literatura también pueden ser significativas al tratar
de comprender d desarrollo contemporáneo de las art s plásticas. Por ejemplo, el nouvcau romart en Franda, en su deseo de concentrarse en la reproducción sin ~cntido de las cosas y la eliminación del hombre que piensa, tiene
e trc ha reta ión con el "pop art". Para mí, el "pop art''
n las obras de
personas como Warhol ( que pinta cajas de jugo de manzana Motts y cajas
Brillo). o Alex Kats, o Frank tcUa- s61o indica una absoluta abdicaci6n del
cerebro humano. Son cuadros que reproducen fielmente unas latas de sopas
C~pbell o una hamburguesas, como diciéndonos con insi tencia que el artista moderno no puede comunicarnos idea ni emociones. En su tediosa repetición de los más banale objetos, estos artistas tratan de expresar el aburrimiento que según ellos invade nuestra ci\'ilización. ( Em1ui, noia, aburrimiento,
boredom como único tema unh•crsal del arte contemporáneo).
Como los pintore · del "pop art", Robbe Grillet y ·u colega del nouvcau
roman están convencidos de que han . ido agotadas las posibilidades de hacer
algún comentario válido, ya sea intelectual o icol6gico, sobre la exi tencia
humana; de rib n únicamente la superficie de las cosas,
niegan a conferirles sentido alguno. Robbe Grillet ha escrito:
"En tomo nu tro, d safiando todos nuestro adjetivos anirotsticos y protectores. existen las cosas. Sus superficies son claras y tersas, abolutamente
intactas·, absolutamente invulnerables. Toda nuestra literatura no ha logrado
aún penetrar su más pequeño rincón."
Así podemo apreciar mejor la dese perada búsqueda que realizan los pintores cuyos lienzos se parecen a los paisajes lunares, los escritores que han ido
más allá de la comunicaci6n y están empeñados en inventar lenguajes que no
sean "meramente humanos" y que puedan expresar esta nueva visión d un
univer·o, que es, a la vez, infinito y completamente privado.
E ta significativa tendencia se hace evidente al hojear las historias ilustradas
de la pintura occidental y advertir cómo ha sido eliminada gradualmente la
figura humana. En la Edad Media, Dios Padre, majestuoso n u fonna humana reinaba en todo el mundo. Los retratos del Renacimiento afirmaban
la creencia en la omnipotencia y la majestad del hombre, divino en su propio
derecho divino en su humanidad. En el arte burnués del siglo XVII, sin
' empezaron a cobrar importancia por si mismos los obj to y las
embargo,
coas, y fue posible dedicar lienzos enteros s6lo a ellos. Ya no ocupaban la
esquina de un cuadro como un simple plato de fruta, o como un ramo de flores colocado frente a una Madonna, o un adorno incidental para un sujeto
e:;enciaJmente humano. La pintura del siglo XIX iba . i ndo invadida en forma
creciente por las cosas. Los paisajes se pintaban desprovi tos de figuras; Van
Gogh dedicaba a la pintura de un par de zapatos viejos, o a una col, el mismo
168

cuidado y respeto que ant · concedía a las personas. Pero la pintura más significativa de nuestro tiempo parece haberle volteado la espalda no s6Io a la
figura humana, sino hasta a los objetos identificables y al paü,aje terrestre.
Cuando se llega a repr • entar la figura hwnana, se convierte en obj to de burla
y desprecio, como en la obra de Jean Dubuffct o William de Ko ning. Con
Jackson Pollock y otro· pintor de u generación, el artista aparentemente
se ha escapado totalmente de su vínculo tradicional con el hombre v con las
cosas de este mundo, con tal de realizar mucho antes que los ho~bres de
ciencia, un viaje por el espacio interestelar }' una peligrosa llegada a la Luna.
¿ Podrán ellos sobrevivir allí? Al contemplar tas distancias infinitas, ¿ cederán
a la nostalgia por los colores y las contextura de la vieja y familiar Tierra,
tan conmovedora en estos momentos por u misma falta de importancia, tan
atrayente en su provincionalisrno?
Es evidente que la historia de ]a pintura moderna desde Manet y Monet en
adelante, · · una historia de la abolición de todas las formas de contenido intelectual, ya sean narrativas, morale o, en último término, hasta téticas. ¿ Qué
ha sucedido con las manzanas de Cezanne? En los mil ochocientos noventas
cuando Cezanne pintaba fruta, simplemente un plat6n de fruta en lugar de
una retirada de Moscú o una escena de la historia romana, el p(1blico empez6
a protestar que un platón de manzanas no era bastante, que la pintura debía
relatar una historia o representar objetos de suficiente interés como para que
merecieran ser representado - una mujer desnuda, por ejemplo. Pero Cezanne ya no se interesaba en el sujeto ni en el objeto: se interesaba en las manzanas únicamente porque le daban un pr,•texto para experimentar con ciertas
relaciones "abstractas" de fonna y color. Sus suc or , los Cubista. , barrieron
totalmente con las manzanas que estaban sobre la mesa, abolieron el objeto
como objeto para exaltar la pintura como pintura - una norma absoluta que
trataba exclusivamente de relaciones abstractas formales y nada tenía que ver
con lo narrable, ni con la representación de objetos, ni con la comunicaci6n de
ideas. (Podría seguir el desarrollo de este movimiento en la poesía, en los esfuenos de los Surrealistas después de las experiencias audaces de Mallarmé por
producir une pobic J1ure - música pura, sin tema, sin sentido, un discurso
como el de M ynheer Peeperkorn) .
Pero desde la guerra, la escuela de pintura que se Uama "los exprcsionistas
abstractos" ha abolido el "pintar" como "obra de arte" a cambio de pintar
como "acción del pintor'' - gusto existencial. De allí proviene el término
'action painters".
No es posible describir ni defender ni juzgar la pintura abstracta de la última
postguerra en términos del arte del pasado, cuyo propósito, como he dicho, era
la producción de obras d arte, de objetos de valor intrínseco, moral o esté169

�,

•
tico. El arte c.ontemporáneo e:iralta la "acción de pintura" y considera que
pintar es un "evento'', un fin en sí mismo. (Pero no puede colgarse un "evento"
en 1a pared). Si esto es verdad, entonces los action painters, los-expresíonistas,
los artistas "pop", no pueden ser juzgados con un criterio estético ni intelectual. Nadie puede decir cuál es un buen cuadro de Pollack y cuál es uno malo
-además, no tendría caso tratar de hacer semejantes apreciaciones. Harold
Rosemberg es e1 crítico que más ha esc1ito sobre los action painters norteamericanos. Por cierto, él .inventó ese término en un ensayo que escribió en 1953
acerca de dicho movimiento, el -cual, con su técnica de "manchismo" se ha
convertido en el movimiento mundial de la pintura contemporánea. En todas
partes se practica, y el resultado es siempre casi igual, así se trate de un pintor
lituanio o libanés, un francés o un mexicano. Rosemberg escribe (The Tradi~
tion of the New, p. 25):
"En determinado momento, un pjntor tras otro empezaron a considerar el
lienzo como una arena para actuar - más bien que un espacio sobre el cual
reproducir, rediseñar, analizar o 'expresar' un objeto, real o im~ado. Lo
que iba a realizarse sobre el lienzo no era una pintura, sino un evento".
Más adelante dice (p. 26): "La nueva pintura no es arte 'puro', puesto
que la expulsión del objeto no se hizo por razones de estética. Las manzanas
de Cezanne no fueron eliminadas de la mesa para dar lugar a una relación
perfecta de espacio y color (¿ qué es perfecto o menos perfecto si no quedan
valores fuera de la 'acción' de pintar?). Fue necesario hacer desaparecer las
manzanas para que nada estorbara la acción de pintar. En esta gesticulación
con materiales, la estética también ha sido subordinada. Lo que importa siempre es la revelación contenida en el acto".
Naturalmente, mucho de esto es necedad, una peligrosa y rotunda necedad.
Pero lo que resulta inquietante es que mucha gente repite la insensatez en otros
términos y otros terrenos. Como he dicho, tomemos a los Beatnicks por ejemplo, o el nouveau roman,, o a Oage, Berio, Nono en la música. Y es aún más
inquietante que la sociedad en general, es decir personas como nosotros que
se supone tienen buen cnterio. se traguen todas estas sandeces con la inocencia
y la pasividad de un niño que bebe ácido prúsico. El público acepta todo hoy
día -los ruidos de Jobn Cage o el aburrimiento de Beckett- porque no quedan convicciones, salvo la del esnobismo que dicta pertenecer a los "entendidos''.
Y el desorden del arte moderno, queridos amigos, es sencillamente el reflejo
superficial de otro desorden más profundo y más peligroso que existe dentro
de nosotros mismos.
·
Ciertamente el artista contemporáneo, sea escritor o músico o pintor, se ha
librado --se ha librado totalmente- de las exigencias de la razón, de la disciplina, o moral, o estética, o intelectual; se ha "salvado" del peso de la cultura

170

y de la historia; y se yergue orgulloso como un bárbaro sin cerebro, mientras
nosotros, en nuestra confusión, 1o admiramos. Con mucha rapidez y poco esfuerzo ha logrado el estado de inocencia que Paul Klee anhelaba hace medio
siglo. "Je veux etre comme un nouveau-né, ne sachant cien, absolumment ríen".
(Quisiera ser como un recién nacido, sin saber nada, absolutamente nada).
Pero no debemos olvidar, queridos amigos, que la clase de liberación absoluta
de que hemos estado hablando es también la aniquilación absoluta. Hace ya
un siglo que el arte se ocupa de una gigantesca tarea de demolición. Las ruinas
se extienden en todo nuestro alrededor y nosotros nos regocijamos en estas
ruinas como si se tratara de una gran realización. Personalmente, tengo más interés en las nuevas estructuras que han de alcanzarse ahora que ya no queda
nada que·demoler. Es claro que no podemos vivir indefinidamente entre los
despojos., los residuos y el desmoronamiento que nos rodea.
Y puede s~ceder que fas nuevas estructuras, los nuevos instrumentos de 1a
percepción humana no sean obra en absoluto de los artistas. Puede ser que el
arte esté muerto, como tantos artistas lo han estado proclamando alegremente
mientras bailan sobre tablas de masonite, chorreando duco de una. lata, tan
satisfechos consigo mismos, como niños traviesos que juegan en el lodo.
Pero tengo el optimismo de pensar que quv.á estemos en vísperas de descubrimientt&gt;s que nos permitan comprender la naturaleza del hombre y del universo de una manera más profunda, de lo que se ha logrado en el pasado. Sin
embargo, al tratar de comunicar estas nuevas percepciones, tal vez sean las
personas que laboran en el terreno experimental de la electrónica, la cibernética o la lingüística, quienes reemplacen a los artistas -si es que los artistas siguen empeñados en practicar los trucos de Dada como si fuera algo
nuevo e importante, exhibiendo urinarios como esculturas, chorreando manchas de tinta sobre lienzos, perforando agujeros en las superficies, colocando
cepillos de dientes en las cuerdas del piano. Ya nada de esto sorprende, ni tiene
significado alguno. Es, en verdad, la expresión de un aburrimiento profundo,
pero ante tal situación, nadie debe permanecer indiferente, ninguno de nosotros. Pues todos estamos involucrados en este asunto. Todos somos culpables,
si es que existe culpa. No basta con decir tch, tch, ante este desorden, y querer
que con dlo retornen las manzanas de nuestra realidad al sitio conocido y
reconfortante que ocuparon antes. Yeats lo expresó muy bien: "Things fall
apart, the center cannot hold" (Las cosas se desmoronan, el centro no resiste)
y nos advirtió hace años acerca de "the descent into the mad and mindless
dark" ( el descenso hacia la oscuridad loca y sin cerebro) . Y todos estamos en
esa oscuridad juntos. Espero que podamos encontrar la salida, y retomar al
mundo visible, finito, y contemplarlo bajo la luz de la razón humana -una
pob1·e luz, por cierto, pero es la única que nos ha sido dada.

171

.

�LOS PRELIMINARES TEILHARDIANOS DE LA VIDA
DR.

AooLFo MuÑoz

ALONSO

Universidad Central de Madrid

TEILHARD DA coMmNzo a su obra sobre El Fenómeno humano advirtiendo
que la comprensión de su libro exige una lectura acomodada a una memoria
científica. Unica y exclusivamente su libro es eso. No comprenderá correctamente el libro el que lo considere una obra metafísica. Menos todavía si
alguien lo lee como si se tratara de un ensayo teológico o algo semejante.
EJ título del libro no ofrece lugar a dudas, nos dice Teilhard. Solamente trata
de "El Fenómeno". Pero, eso sí, de "el Fenómeno en toda su amplitud:
Ríen que le Phénomene. Mais aussi tout le Phénomene".
Lo que Teilbard entiende por "Fenómeno" aparece claro al fundar en esa
palabra la razón del carácter de su libro. Fenómeno es lo que aparece, tal
como aparece y en tanto en cuanto aparece. Sobre lo que aparece, tal como
aparece y en tanto en cuanto aparece, sólo cabe, manteniéndonos en la superficie del aparecer, una descripci6n. Esta descripción no alcanza, ni puede
alcanzar por sí misma, otro nivel que el de la presentación pura. Con todo
lo que exija -eso sí- el hecho de la presentación; con todo lo que sea
imprescindible para que el fenómeno aparezca como tal. La descripción de
un fenómeno no es todavía una explicación. En la explicación, se saca de la
plica al fenómeno, en un intento de interpretación del mismo, o por lo menos
de esclarecimiento más luminoso que el que ofrece el fenómeno en su aparición, en su presentación o en su descripción.
Teilhard afirma expresamente que las páginas de su libro no permiten una
explicación, sino más bien una Introducción a la explicación del Mundo. La
frase de Teilhard no supone una conclusión, sino que refrenda la toma de
posición inicial. Es evidente que toda descripción, por pura que sea, es una
introducción a una explicación. Yo dirfa que la descripción es un presupuesto
para la explicación; y que la explicación supone siempre la descripción.

173

�Teilhard no afirma que su descripción aboque en la explicación del Mundo;
sino que ofrece una Introducción a "una" explicación del Mundo. A una
entre otras posibles, por lo tanto, sin que esta posibilidad de explicaciones
invalide la descripción que nos presente Teilhard.
La tarea descriptiva de Teilhard tiene un punto de preocupación y referencia: el Hombre. Que Teilhard apunte al hombre como a centro de su
preocupación, que sea el hombre lo que en definitiva le importe, parece
evidente.
Esta preocupación no altera la óptica de Teilhard. Porque no es una idea
del hombre la que trata de reconstruir, ni una visión antropológica determinada la que pretenda restaurar, imponer o elirmnar, sino que se limita a
escoger uno •de los fenómenos, el fenómeno humano, el fenómeno llamado
Hombre, como centro. La licitud de esta toma de posición es clara, siempre
que al Hombre no se le otorgue ninguna otra prerrogativa que la que presenta en cuanto fenómeno; siempre que el mero hecho de tomarle como
centro no signifique una "explicación". La elección del Hombre como centro no supone, pues, dotarle de ningún resorte en relación con los demás fenómenos, como tampoco preconcebir en los fenómenos una dirección determinada.
El ensayo de Teilhard es pura, sencilla y simplemente esto: ''establecer"
un orden coherente entre fenómenos antecedentes y fenómenos consecuentes,
tomando el "fenómeno hombre" como centro de referencia, en tomo al cual
se establece ese orden entre fenómenos; y, a la vez, o en segundo lugar,
"descubrir" una ley e&gt;..-perimental de recurrencia entre los elementos del Universo, que exprese la aparición sucesiva de esos elementos en el curso del
Tiempo. La ley de recurrencia que trata de descubrir Teilhard nada dice,
ni nada predice, de suyo, acerca de un posible sistema de relaciones ontológicas y causales de los elementos del Universo.
Se acomete, pues, una doble tarea; una, la de "establecer" un orden entre
antecedentes y consecuentes, con el Hombre como centro. Es una tarea de
lógica científica; segundo, la de "descubrir" --descubrir, no ya establecer-,
una ley experimental, que exprese la aparición sucesiva de los elementos del
U ni verso. Más que descubrir una ley de la aparición de los elementos, lo que
se busca es una ley experimental que exprese la sucesión de aparición. Es
importante medir el alcance de las palabras, sin dejarse llevar de fáciles, pero
engañosas, sinonimias del lenguaje. ''Se establece" el orden entre los antecedentes y consecuentes, sin que el centro que se elige para establecer ese orden,
determine, de suyo, el fundamento de ese orden, aunque no se niegue. La ley
que se pretende "descubrir" es una ley n-perimental, y concretamente la

174

ley de recurrencia, que exprese -que exprese, no que "explique"- la aparición sucesiva entre los elementos del Universo.
Esta es la doble tarea de Teilhard en esta obra. El filósofo, y el teólogo,
habrán de meditar, reflexionar y penetrar en esa descripción para obtener
conclusiones o esclarecimientos de índole filosófica o de carácter teológico.
La descripción, realizada con el único valimiento de la reflexión "científica"
deja el campo abierto, esencial y despejado, para que filósofos y teólogos ahon~
den con sus métodos específicos. El área barrida por la luz de la filosofía es
la del ser. Teilhard dice que es la del "ser profundo". En ella no entra ni
sale. La ha evitado con cuidado y pulcritud, en todo momento. Pero la ha
evitado percatándose de que podía y debía hacerlo, manteniendo su propósito de restringir sus reflexiones al campo meramente científico, y conduciéndolas con los métodos que la ciencia le autoriza. Tan claramente ha visto el
problema de la delimitación de los campos, que Teilhard reconoce que no
sólo no les ha invadido con sus reflexiones, sino que ha tenido muy presente,
en el plano de la experiencia, lo que el pensamiento filosófico y el teológico
podrán con justicia exigir. Esas exigencias son, según Teilhard, el movimiento
en su conjunto o totalidad que tiende a Ja unidad -le mouvement d'ensemble
(vers l'unité)- y los altos en el desarrollo, sin prejuzgar y sobre todo sin negar
la posible acción de causas más profundas, qué no aparecen en la mera consideración de los fenómenos, tal como se presentan. Teilhard no discute la
existencia y el reconocimiento de planos diferentes. Sabe que el pensamiento
cristiano los asegura. Pero sabe también que la descripción de los fenómenos
en su ' evolución o sucesión no los pone de manifiesto, por la sencilla razón de
que no entran en el campo exprimental en el que se mueve. Pero el hecho de
que no entren en ese campo, no quiere decir que no sean posibles; e incluso que
puedan ser exigidos por la reilexión filosófica o por la Revelación. Lo que
aparece claro es que la descripción fenomenológica ni los contradice ni los
prejuzga. El rigor científico exige delimitar los campos. Teilhard, al hacer
estas reservas, tiene presentes tres cuestiones: la aparición de la Conciencia, o,
si se prefiere, del alma espiritual; la del monogenismo y la gratuidad de lo
sobrenatural.
·
Si es fácil convencer de que cabe una reflexión puramente científica, sin intromisiones de índole filosófica, cuando se estudian los fenómenos' y sólo ellos,
desde un punto de vista experimental, no resulta tan sencillo si la pretensión
investigadora se amplia a todo el Fenómeno. Cuando es el Fenómeno en su
totalidad lo que se intenta describir, la apariencia de una filosofía es inevitable.
Con todo, no cabe hablar en rigor de Filosofía o de reflexión filosófica, siempre
que la cuestión se delimite con exactitud.
Es una conquista de la crítica de las Ciencias el asegurar que no se puede

175

�hablar ya de hecho puro. La Epistemología considera esta imposibilidad como
un postulado. E1 intento de formular una hipótesis sobre la experiencia, desborda el hecho puro de experiencia, y queda en algún modo vinculado a la
subjetividad. La objetividad de la experiencia es una objetividad subjetivizada por el científico que la describe. Por mucho que sea el esfuerzo de limpia espejación de la experiencia. La mirada crea, podríamos repetir, para entendemos. Ver es interpretar, con mayor o menor alcance.
Si esto acontece en la descripción de un fenómeno, con más verdad habrá
que decirlo cuando el propósito del científico es nada menos que lograr la
descripción de todo el Fenómeno, cuando lo que pretende es ofrecer una visión ampliada al todo -une uision étendue au Tout-. O se niegan desconsideradamente y a priori los derechos de la Filosofía y de la Religión -negación a todas luces injustificada- o hay que reconocer que, como acontece
a los meridianos en vecindad con el polo -y la alegoría es de Teilhard- Filosofía, Religión y Ciencia convergen, cuando la cuestión es el todo. Sólo
que esta convergencia no implica confusión de planos, ni identificación de
puntos de vista, ni ángulos iguales. Cada pensamiento o reflexión se enfrenta
con lo Real y lo aborda desde el ángulo de visión que le es propio, desde la
altura que le compete y con el método peculiar. Es cierto de toda certeza
que cuando el intento científico tiene como meta y propósito una cosmovisión, una descripción de lo Real, una interpretación científica del Universo,
esa interpretaci6n, aunque sea puramente descriptiva, y por más que sea
conducida por procedimientos o reflexión meramente científicos, siempre podrá ser tachada de Metafísica, más o menos encubierta o fraudulenta.
T'eilhard reconoce que resulta imposible intentar una interpretación científica general del Universo, sin que tenga el aire de querer explicarla hasta
el fin. Sin embargo, esta "Hiperfísica", dice Teilhard, no llega a ser lo que
se dice 1ma Metafísica. No le falta razón. Sin embargo, algunos científicos
no han sido tan cautos como Teilhard, y han rebajado toda metafísica posible, reduciéndola a la Hiperfisica, o han hecho Metafísica -metafísica fraudulenta- con reflexiones que no pasaban de físicas o de hiperfísicas. Buen
ejemplo de ello son Desiderio Papp y Max Planck. De Papp es la. opinión
de que las leyes naturales, más que leyes de la naturaleza cabe considerarlas
como traducci6n científica de postulados metafísicos; y Max Planck negó,
en definitiva, la posibilidad de la Metafísica, en una célebre conferencia de
1935. Poincaré, Einstein, Jeans, que son los científicos citados expresamente
por Teilhard, dan la impresión de que sus reflexiones sobre el Mundo son
algo más que una mera descripción hiperfísica.
Teilhard lo supone implícitamente, pero no se deja arrastrar por su ejemplo.
No tanto porque no se sienta movido a ello, cuanto porque su preparación
176

filosófica y teológica es de más alto nivel, con relación a los sabios citados. EJ
mismo dice que es natural que la estructura entera de un sistema de este
género y amplitud dependa, en gran medida, de los presupuestos iniciales, o
por lo menos que se realice bajo su influencia. Teilhard descubre desde el
•
•
•
•
J
pnnop10, con toda clandad y sencillez, los dos presupuestos -él las llama
dos opciones primordiales- que orientan y coordenan el desarrollo de sus
investigaciones y de sus reflexiones. La primera es el primado de lo psíquico
y del Pensamiento, en el entramado -dans l'Etoffe- del Universo. La segunda es el valor "biológico", atribuído al Hecho Social, que se desarrolla
en tomo nuestro. La primera opción es un postulado metafísico tradicional
'
s1. cabe hablar así; la segunda es una opción revolucionaria, aventurada,
de'
alcance insospechado. La primera está en la base de sus investigaciones, Ja seg'.111?~ en la cúspide. Por la primera, Teilhard se mantiene en un principio
lustonco; con la segunda, aparece como un visionario, dando a este vocablo
su mejor sentido posible.
~a asepsia filosófica y teológica de Teilhard es tan pulcra, que llega a
decir que estos dos presupuestos u opciones pueden muy bien darse de lado
como punto de partida; pero que él no acierta a ofrecer una representación coherente y total del Fenómeno humano si se descartan. En resumen,
todo gira y se organiza si se tiene en cuenta la preeminente significación del
Hombre en la Naturaleza, y la naturaleza orgánica de la Humanidad. Apresurémonos a señalar que estas dos hipótesis adquieren en la obra de Teilhard
una significación original, que
va desarrollando y esclareciendo a lo largo
de toda _su obra de cient'iíico, de filósofo, de teólogo y de místico.

se

EL

HOMBRE COMO VISIÓN ESFORZADA

Ya está situado el hombre como un fenómeno en el marco de las apariencias, en el orden de los fenómenos. Esta situación del hombre como un
fenómeno, nos exige el esfuerzo de uer y hacer ver la plenitud que alcanzará,
lo que representa y exige el Hombre, considerado en su integridad y estudiado en su despliegue final. ¿ Qué ha sido el Hombre y qué será? ¿ Cómo
se relaciona y entronca con los demás fenómenos y cómo evolucionará entre
ellos y con ellos? Esto es lo que TeiJhard quiere ver y lo que quiere hacer ver.
No es ocioso subrayar este segundo aspecto de la cuestión, porque nos descubre una clara intencionalidad personal de Teilhard. No sólo quiere ver,
Y se esfuerza en ello, sino que aspira y pretende que los demás vean. Es una
especie de ciencia apologética la suya.
¿Qué es lo que nos mueve a ver? ¿Por qué dirigir la atención y volver

177
e H-12

�Ja mirada hacia el objeto o fenómeno humano? La r •spuesta es sencilla. Toda
la \ida es eso, la vida en su esencia entrañable: ver, ver. o dice Tcilhard
que la última aspiración se reduzca a ver y querer ver lo que es el Fenómeno humano, pero sí que, en su más entrañable aspiración, la vida e e o:
ver y hacer ver Jo que } fue y será ese lcnómeno que llamamos Hombre.
Ver tratar de ver, esfor;,A'lrsc por ver má y mejor no r ponde a una curiosidad, no es un lujo, no es tampoco una fantasía. in visión no hay vida.
Ver O perecer, dice Teilharcl. Unir cada vez más equivale a ser 1~ás_; ser
más es unirse m:\S. E ta unión crece si está basada en un csclar~rnruento
de la vi ión, en una clarificación y acrecentamiento de Ja conciencia. La
conciencia e \'Cr, y el perfeccionamiento de la conciencia es una perfección de la visión. El \'er es discurrir y saber discurrir, y sabido es que la historia del Mundo vivi •nte se reduce a la elaboración de ojos, cada vez más
perfectos, y miradas, cada vez más agudas, en el seno de ~ _Cosmos que
e ofrece a los ojo y a las miradas entregándose a llas. La vJS16n, la penetración óptica, el poder sintético de la mirada, es lo que d:scubre la perfección de que goza un animal, es la que revela la supremac.ra del ser pensante. El elemento del Universo que no ve o no alcanza la poS\hilidad de
ver, acaba por perecer. Esta es la situación impuesta por el don misterioso
de la e.xi tencia. E ta es la condición humana, siquiera s a en un grado
superior al de los demás elementos. Ver, romo sinónimo ~e conocer, de ~netrar, de saber. La vida está representada -pooríamos decir- en el mendigo
-los mendigos, según an {ateo- del camino de Jericó a Jerusal~n: Señor,
q ue vea·s Señors que sean abiertos nuestros ojos.
, ;,
Ver y hacer ver: éste es el lema de Teilhard de Chardin. Pero ver ¿que.
•Ver? 0 • verse el hombre a sí mismo? ¿ Es que el hombre no ha ensayado
~e mil m~neras y con mil medios la autognosia? ¿ o será lo correcto icntíficamente centrar la mirada en los objetos o fenómenos cxtrahumanos?
Teilhard dedica unas frases -las suficientes-- para despejar el equívoco
posible. El hombre se ve no sólo cuando se mira, sino también cuando el
objeto de u visión se presenta como algo distinto del hombre. La conciencia penetra y se hunde en el Mundo sufriéndolo al mirar Y. 1~oclificándolo. 0 sólo en virtud de la visión misma, sino porque la descnpc16n de lo
,·isto y las observaciones están matizadas y penneabilizadas por la subjetividad. Por muy objetivas que sean la. descripciones, siempre estarán obedeciendo a hábitos o {onnas de pen.amicnto nacidas muchas veces en el
decurso de la investigación. ¿Es la esencia de la fateria lo descrito? ¿o esa
esencia no es otra coa que reflejo de nu ·tro propio pemamiento? El hombre queda como enredado en las relaciones formuladas sobre las cosas; esas
relaciones están trabadas con hilos de pen amientos y no con los filamentos
de las cosas.
n acto &lt;le conocimiento es una combinación, u.na transfor178

r

mación mutua de objeto sujeto. El hombre se mira a si mismo en todo Jo
qu~ ve -:L'llomme se relrouvc el se regarde lui-meme-dans tout ce qu'il
vo1t-, dice ~ la_ letra Teilhard. Y esto sucede siempre, le guste O no al
hombre de ciencia. Es lo que un ge6logo llamaría metamorfismo y endomorfismo.
Puede acontecer algo sorprendente, prodigioso y privilegiado. A saber
que el paisaje que se mira tenga ojos, por así decirlo. Que lo que mireinos sea'
como d(•cía. el poeta, el ojo que nos ve. Y que sea ojo no como rosultant~
de nuestra mirada sobre él, sino como pe uliaridad suya. Que -como canta

Machado-:
El ojo que ves no es
ojo porque ltí lo veas:
es ojo porque te ve. Y quepa añadir:

Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo.
. Es ~ percepci6n en u plenitud, ya que, en ese caso, e} punto de vista,
ineludiblemente subjetivo, aparece en coincidencia con una distribución objetiva de las cosas.
Es~o, claro está, sólo acontece en el Hombre. Teilhard se lo apunta como
propio, logrado por los azares de su existencia y de su caminar en la tierra.
Los seres vivientes sin Pen amiento, perciben objetos y sienten las fuerLas
~e la natw-aleza como una presión que los circunda. El animal pensante está
situado ~-n Ja a~leza en una posició~ de pri\'iJegio, que le permite regir
la fracc1on del Cosmos actualmente abierta a nuestra experiencia. El Pensamiento go2.a de unas propiedades biológicas que convierten su actividad
contemplativa en función estructural. Teilhard no cita aquí a. Carlos Marx
ni a Federico Engels, ni a Feuerbach (Luis), pero1 despojando a la frase de
intencionalidad antiintelectualística, bien cabe decir que el conocimiento es
~3;nsfonnaci~n. Tam~co cita a Ortega y Ga et, pero el alcance que en e]
~1lo~Co espano~ a~qmere la frase "Yo soy yo y mi circunstancia", queda
mscnto en la orb1ta de las reflexiones de Teilhard de Cha.rdin. La ciencia
es, en definitiva, un saber sobre el hombre, una visión del hombre. un verse
el hombre. Pero un ver, un saber, un verse y un sab rse para \'er ,más. Y ,1
ser más equivale a compartir el vivir más. Ver es vi\ir, vi"ir es ver. El hombre a] \ er se constituye en centro de perspectiva, pero la peculiaridad del
ver le con útuye en centro de construcción del Universo. EJ hombre viendo
edifica y se edifica, construye y se construye. Importa, pues, mucho saber
mirar y acertar a v~r. Es de todo punto necesario acomodar nue·tros ojos.
os va en ello la. vida nuestra y la existencia de} Cosmo .

179

�EL HOMBRE COMO PROGRESO CIENTÍFICO

La actualidad de lo que significa el Hombre en la Física del Mundo es
una conquista de la ciencia. Teilhard no entra aquí a discutir si otra índole
de reflexiones puede revelar el sentido de la excelsitud del hombre y de su
destino. Lo que señala es que ha sido necesaria una sucesión progresiva de
siglos, para que la ciencia baya llegado a alcanzar una perspectiva del Hombre en su significación total e integral en el orden de los fenómenos. El
hombre, en su evoluci6n, ha ido adquiriendo una serie de "sentidos" que le
penniten hoy una visi6n de lo que es, de lo que representa y de lo que puede
representar en el Universo. El hombre ha ido adquiriendo gradualmente esos
"sentidos", y al usarlos y ejercitarlos obtiene la conciencia de sí mismo. Esta
adquisición de "sentidos" constituye la historia penosa y gloriosa del Espíritu. Le han sido necesarios para alcanzar este nivel actual. Desde que el
Hombre aparece, el hombre es un espectáculo· para sí mismo. Pero el espectáculo ha sido presenciado sin alcanzar la significación de su calidad de
actor y autor. Es como un crecimiento desde la niñez a la madurez. No se
trata, pues, de asignar a nuestra época más virtudes singulares, sino de reconocer la evolución natural y el despliegue normal del fenómeno. Es como
un paso de la sombra y el sueño a la luz y a la vigilia. Si esos "sentidos"
faltan, o si no se hace uso de ellos, el Hombre no dejará de ser un fen6meno
sin sentido: "objet erratique dans un Monde disjoint.". Y esto por lllUchos
que sean los esfuerzos para presentárnoslo de manera más excelsa. Si nuestra
visión no incorpora esos "sentidos", el Hombre oculta su peculiaridad; si
nuestra óptica sigue empañada en la triple ilusión de la pequeñez, de lo
plural y de lo irunóvil, el Hombre queda desplazado de su Centro, que es
la cumbre actual de una Antropogénesis con la que se ha coronado una
Cosmogénesis.
Teilhard enumera siete "sentidos", adquiridos gradualmente en la evoluci6n del fenómeno humano.
a) Sentido de la inmensidad espacial en todo. Gracias a él desarticula y
espacia, dentro de una esfera de radio indefinido, los círculos de objetos que
nos circundan.
b) Sentido de la profundidad. Este sentido nos hace repousser laboriosamente, a lo largo de series sin límite, y con distancias de tiempo desmesuradas, los acontecimientos que una especie de pesantez y lentitud tiende continuamente a presentárnoslos como una hoja tenue perdida en el Pasado.
c) Sentido del número. El nos permite descubrir y apreciar sin pestañear

la muchedumbre enloquecedora de elementos maten·alcs o vivos, integrados
1 ás
en a m mínima transformación del Universo.

la 1f Senti~o dde la prop~~ción. Con él se realiza, en la medida de lo posible
erenc1a e escala f1SJca que separa en las di
•
.
'
el átomo de la nebulosa, lo ínfim" d 1 ' .
mens1ones y en los ntmos,
o e o inmenso.

lid:~

SUensban.ddo ded laélcualidad.. Cualidad entendida como novedad u orir:nna.
o e
consegurmos di ti
.
l
b.
peldaños absolutos de perlecci6n y :re:Fr
naturaleza !ºs niv~les o
barate la unidad física del Mundo.
m1en o, sm que se qwebre ru des-

:n

~

in:ln~::ª;:eels;::~e;t~nE:: se?ti d o nb?s permite_ percibir los desarrollos
•
. .,
mas ago iantes lentitudes. Gracias a 'l d
vertunos la agitac1on constante, disimulada por esa especie de velo d e a qdue la cubre; y por gracia de ese sentido descubrimos lo que ha de r=o
eramente nuevo en el fondo de la repe t·icion
. , monotona
,
v ade ylas e mismas
cosas.
~~) Senl tido d.e lo org-ánico. Descubre las ligazones físicas y la unidad e.

n·

ctura que nge en la yuxtapoSlCion
. . , supe 1c1'al de las sucesiones y de las
s
colectividad
es.
Estos son los siete "sentidos" que enriquecen la óptica del Hombre e

::::•~:~~! :,;.::,"'

cita~º- casi a la _Jet,a Ellos ponen de maruf::.~
de la Humanidad. le a su p ~1tante realidad actual, si se ve al margen
sino dentro de ella~ue la Hum~dad no está ~10ntada al margen de la Vida
.
, y que la Vida se falsea s1 no se concibe entran-ada
e1 U ruverso.
en

q ue sena
- lemos positivamente
••
.Convendrá
.
que Teilhard no ha .
. d la
existencia de
·
.d
imagina o
.
esos siete senb os al estilo de unas formas . t'ti
. .

;:,!u~:; ellos

fa• exigencias cientificas

:vi:..:i:,n~::

ha resumido_
y ;:';
ensarmento, del viviente pensante en la actualidad de su exis~cia. Son los que se ofrec~n en la actual curva de nivel del Fenómeno
~ o . En esta curva de ruvel se descubre la Previda la Vida, el p
nuento, como tres fenómenos que están dibujados en '1 p d
e~nados al porvenir d
S b .
e asa o Y ,encarrue una o revida, en una única trayectoria. la del Fen6
h
meno umano.
·
•
Teilhard descarga su responsabilidad metafísica y teológica al enf t
con el tema del Hombre en El Fe nomeno
,
humano. No puede negars
ren arse
b

•

~ ver queh7°' hombre es un hecho, un fenómeno en la Natur:i:: •
ue co~o . ec o o fenómeno en la Naturaleza se entrega a las exi en~
:~ti
C,enc,~ y a su: ;todos. Siemp&lt;e, claro está, que no se ciegu.,'; otros
es cammos, meto os o exigencias, si ese fenómeno de la Naturaleza

181
180

�que es el Hombre las reclamara para ser e&gt;..-plicado. Pero e,~ta explicación,
metafísica, supondrá siempre la descripción fenomenológica. Entre toclos los
fenómenos de la Naturaleza, el fenómeno humano es el que se presenta como
el más extraordinario, el más esclarecedor y con más destellos. Nada hay que
se ofrezca a nuestro conocimiento con mayor atracción. Con todo, este intento por ver el fenómeno humano, no supone un recorte en el campo de
nuestro deseo de saber, sino que representa cabalmente la prolongación lógica en el desarrollo de una perspectiva "homogénea" y "coherente" de nuestra experiencia general. Supone un ensayo de conjunto y del conjunto que
se desenvuelve hasta el hombre.
Como el Hombre no fue espectador de las fases anteriores a su aparición,
es evidente que nuestras reflexiones parten de un observador que no ha asistido personalmente, ni ha estado representado por ningún semejante, en esas
etapas de la evolución de la aturaleza. El método que sigue Teilhard se
basa en acertar con una representación que deje las cosas como desde fuera,
como pasado, vistas desde una cumbre de la evolución misma que es el
Pensamiento o el viviente pensante. Un método que nos permita ser lo que
hemos llegado a ser, y como somos, mediante la observación de lo que, habiendo sido, de alguna manera es. Lo que realmente fue el Mundo, antes
de que la Vida apareciera, o lo que la Vida fue en el Paleozoico, antes de
que el Pensamiento apareciera, es cuestión que no tiene sentido, si empleamos con rigor y profundidad las palabras; porque ser en realidad es algo
que supone la intencionalidad espiritual. Es una categoría intelectual. Este
método y consideraciones vertidas sobre el Pasado nos autorizan, si reflexionamos con prudencia, con rigor y con cuidado, para percibir, o PoT lo
menos columbrar, el porvenir. La ley de la simetría permite este intento.
Teilhard ofrece en su obra una manera peculiar de estudiar al Hombre.
Entiende que su elaboración está abonada y sostenida por investigaciones personales, y confirmada, en su base, por los hallazgos de la Ciencia. Cierto
que el Hombre, tal como aparece en la obra de Teilhard, es un ser que
queda situado en la cumbre del Universo, pero en posición bien diferente
de como lo asientan la Antropología, o el Derecho, por ejemplo. El Hombre
de Teilhard está enraizado en el universo, ~urge en la tierra y se levanta de
ella y en ella como una floración iluminada, que atesora todo el proceso
evolutivo seguido hasta su aparición. El antropocentrismo de Teilhard es de
signo bien distinto del proclamado por la cultura o la ciencia antropológicas.
La Naturaleza no se desprende de sí misma aJ evolucionar hasta el Hombre,
ni el Hombre se desprende de la Naturaleza ni rompe sus conexiones entrañables y entrañadas en ella. Teilhard ha ahondado en la naturaleza, ha penetrado en sus entrañas, y ha descubierto en elJas una virtualidad insospechada y unos horizontes desmesurados. El hombre es un viviente pensante en

co~erenc~ íntima y entrañable con el mundo y en él. La interpretación
satisfactoria
del Universo, la Física verdadera e integral , ha d e mos trar Ios
f ,
~nomenos _en la re~_idad ~e su ser superficial y profundo, Materia y Espíritu, Materia o Espintu, Vida o Pensamiento, Cuerpo y Conciencia.
El Universo se hominiza en el Hombre. El Hombre no es un elemento
extraño al mundo, aislado o perdido, Rey con cetro o destronado en las
soledades cós1~i~as. La vida del Hombre es como una elevada as;iración,
como una telunca voluntad de vivir, entrañada en el Universo. y el Universo, la Tierra, despliega virtualidades cósmicas que convergen en el Hombre. Pocos pensamient?~ tan hermosos como el de considerar al Hombre eje
Y_ flecha de la Evolucion; y no, como se ha venido repitiendo, centro estático del Mundo.
:eilhard confía en que su tentativa científica gane la voluntad de los que
qweren Y saben penetrar hasta el fondo de las cosas, pues esto supondría
conservar en nosotros el gozo y la elevación de ánimo para obrar.
T~lh~d actúa como un naturalista, no preci amente como un físico. Las
e&gt;..-phcac~o~cs _Y descripciones de la Física representan valiosas teorías O aceptabl:s ~;potes1s que cambian con el hallazgo de nuevos efectos o con la contrad1cc1on c~tre ellos. Son arquitecturas complicadas y frágiles. y esto lo
s~ben los físicos. Las teorías físicas y más aún las hipótesis físicas son un
srmple medio_ gráfico y transitorio de formación de grupos de f:nómenos
Y de ordenac1ón de sus relaciones, para explicar inteligiblemente los efectos
que produ:e la Materia o que se dan en ella. A Teilhard lo que le importa.
es descubrir las fibras del Hombre, los orígenes en los que el Hombre ha encontrado su formación; o mejor, dar con los elementos más simples de los
que ha brotado el compuesto humano. Estas fibras o elementos simples no
ofrecen de suyo y en sí mismos una punta o una prolongación humana; el
hombre no se presenta tampoco, a una mirada superficial como una dependencia evolutiva de la Materia. Sin embargo, en todas Ías explicaciones,
teorías o hipótesis de la ciencia -física o naturalista- cabe rastrear unos
caracteres que se repiten obsesivamente. Estos caracteres, estos hallazgos 0
supuestos~ qu~ podemos llamar definitivos y necesarios, son de los que hay
que parttr, siempre que expresen las condiciones inherentes a toda transformación natural sin abandonarla nunca, sea cual fuere la etapa alcanzada.
Es claro que esta actitud y toma de posición es la idónea en un hombre de
ciencia, que quiere ir hasta el fondo de las cosas en un estudio general del
Fenómeno humano.

183

182

�EL u

[VERSO ANIMAOO

La Materia, en su estado mi clcm ntal, presenta tr caracteres: pluralidad, unidad r energía. Ll~•gar a ta conclmión es tarea fácil. hoy. i se toma
un trow cualquit'ra de materia en su estado más elemental, pronto e nos
ofrece como una pluralidad. Lo que a simple \'ÍSta parecía un tr01.o indh·isiblc y uno, se desmorona,
pluraliza,
divide o multiplica. De. cubre su
estado de condensación, de agrupación o de multiplicación. Los granos de
polvo que encuentra la ien ia • {oclema en un grano d • polvo, rompe el
sistema cardinal de num ración. La acuidad del ojo construído por la Ciencia penetra más hondamente que la genialidad de Pascal ' que las adivinaciones agudas de Epicuro. En cada elemento de la Materia alienta y habita un mundo elemental, de cuy-.i. varirdad. prqueñez y multiplicidad no
e posible dar cuenta exacta. Lo qm· llamamos e:-.-pericncia en~ibl , !le man•
tiene en un grado d superficialidad debajo de la cual flota un enjambre
indefinible.
medida que se ahonda en 'I, las que teníamos, y tenemos,
como cualidades propias de la Materia, apenas si consef'\·an su sentido y la
peculiaridad que las atribuímos. Su mundo interior no es el que vemo ni
el que podemos ver. Y sin embargo, es mundo es el de la mat ria, y de
mundo es del que hay que parúr y con el que hemos de contari si a piramo.
a saber y a conocer lo que verdaderamente es y lo que en \'erdad pasa y ruccde. Cuando contamos ya con él, nu tra confi uración habitual del mundo
se difumina.
Esta inmensa pluralidad incontable d la materia l'lemcntal, no sólo no
revela una diversidad, ino que manifiesta una fundamental unidad. nidad en su doble entido y cxprrsión: unidad de hom reneidad y unidad
colecth•a o de solidaridad. En efecto, los elementos d . ubil'rlos -molfcula •
{ltomos. clectron
, las entidades minúsculas: no aparecen como idéntica~,
tanto en su masa como en su comportami nto. Revelan una estructura cansadamente monótona. Parece como si el entramado de la trama del Unh· rso
no fuera otra cosa que una reuni6n o enlace de una única ustancia, mil
vec&lt;'s repetida, como si la variedad y rncanto de las cosas se fuera borrando, ·
a medida que penetramos en la profundidad de su con titución lemcntal.
Pero la unidad fundamental de los elemento no re ide s61o en la identidad
de su simplicidad, sino en la fom1aci6n homogénea que realizan en su pura
y el •mental entidad. Su pequcñrz y miniatura les permite integrar e y actuar
~bre todo lo que e tá a su alrededor. Cada elemento ilumina 1 volumen
total, en el que está in rto o d 1 que forma parte. Es como i el elemento
fuera una e pecie de coraz6n, que moviera con su latido incesante y d ·
acompasado, el dominio del e pacio en que está inte. rado. Es como una

18--t-

de integ~ción intcgra_da la que realiza, sin salir del centro de sí mismo que
le cons11tuyl', ¡ Extrana propiedad ~sta, exclama Tcilhard, ~que encontraremos incluso en la mol' cula humana!
_ E ta unidad funcion~I d~ homogmcidad de los hnentos t::í acompanada d otra, la de sohdandad entre ello . Su acción -esto es ya clarose descubre como una interacción. o cst{m yuxtapuestos o adicionados tampoco entrela1.ados, sino intraaccionados. El espacio que cubren, y I voium n
que llevan, ~orma con ellos una unidad de acción. La pluralidad no romi
nunca la unidad, I?°rqu
una pluralidad surgida desde la unidad, por ella
Y con ella. La esfera los cu unda. lo em·uelv · lo residencia sin alterarlos.
i e olvidan estas con idcraciones, la naturaleza de la materia elemental
queda desconocida o fal ada. Quizás el nombre c¡ue cuadre a estas característit·as de la materia elemental sea el de energía. j
acepta el vocablo y su
a.lcance, habríamo. de d cir que el principio común inicial de la materia el .
mental t la En •rgía. Siempre que e ta pc-culiaridad no invalide II oscurezca
la pluralidad y la unidad sino c¡ue sin•a para englobarlas. La ciencia física
moderna ha señalado la exprc ión, qu ha tomado, l'n pr' tido, de la p icología.

:5

La energía que
advierte en I átcmo vi ne a er la m dida de la actividad que trammitc; lo que pierde r lo que gana, en virtud de la actividad
que cons~ituye o rcv la su «'ntidad. Lo que gana, al transformar5e actuando;
lo que r•e~ , al transformar con su actuación. Por u energía difica, pero
se agota. Viene a ser la energía algo a~í como el núcleo potencial concentrado
ele los, corpúsculo materiales. En definitiva el corpúsculo es eso: su en rgía.
~ncrgta que no puede captarse en u tado puro, porque no son compatibles el estado puro del corpúsculo y su captaci6n. Porque captar el tado
puro ~: un c?rp&lt;i~u.lo, resuelto en energía pura, no tiene sentido. Ya que la
captac1011 lo 1mp~mf1ca, y el estado puro re ·iste a la captación. Lo que llamamos cuerpos \'I nen a ser, pue,, como una especi de "torbellin " fo~tivo~.
En un Íntl•nto de descubrir el proceso de e,·olución o Tramformaci6n dd
Uni:erso, _atrndiendo a la peculiaridad de . u formación, caben dos po iblrs
cons1derac1one . La que entiende que el Universo encuentra .su con i tencia
y su unidad final en una descomposición cósmica, que podríam~ d nominar
con cierto aire retórico cata trófica: y la que entiende que el Universo n~
curntra u consistencia y su unidad final en una e\"olncion cll' composición
c~ mira, por complejidad •n la Tran&lt;&gt;fonnación y que bi n puede llama . ,
sin retórica al una, deificante o parúsica. Los sabios que proc den del campo·
de ~a Fí ica prop nden a ~a primera per pectiva. Teilhard se muestra partidano fervoroso y convencido de la resolución optimista. {ás aún, toda 5 u
obra apunta .a ella y esa perspectiva es la dominante y el moti\'o fundamental
de u inspiración.

185

�No estaría del todo entendido, o estaría todo mal entendido, si nue!Jtras
reflexiones y observaciones se restringieran a un fragmento, entre muchos,
de la Materia. La restricción a un fragmento, o lo que es igual, el estudio
de la Materia por fragmentos, es un procedimiento artificial rectificable.
La verdad es que el Uni\.·erso exige una consideración en su totalidad material, en la trama total que lo forma o constituye. L'Etoffe de l'Univers
-dice a la letra Teilhard- ne peut se dechirer. El Universo, la Materia
total, es algo así. como un "átomo" gigantesco. Si se prescinde del Pensamiento,
en el que la Materia se centra y se concentra, la Materia, tomada en su totalidad, es la que forma lo verdaderamente real, que no es posible seccionar,
"leseul réel Insecable" dice Teilhard. La comprehensión de la historia, la
inteligibilidad del lugar que ocupa la Conciencia en el Mundo, sólo se descubre a quienes aciertan a comprender que el Cosmos, en el que el Hombre
se encuentra inscrito y entrañado, está constituído como un Sistema, un
Totum y Quantum. Sistema, Totum y Quantum que responden a las tres
peculiaridades de la Materia: pluralidad, unidad y energía. El circuito, en
el que el cosmos está comprendido, es por lo demás ilimitado, constituyendo
una integridad irrompible. Integridad inviolable, podríamos decir, en un campo asombroso.
El Universo se ofrece como un Sistema, en el que unas partes se integran
en otras o con otras. La ciencia no ha desmentido esta peculiaridad de la Materia, sino que la reafirma cuanto más finos son sus métodos y sus instrumentos. El Universo es como un inmenso bloque unitario.
Una mirada atenta se percata de que esta integración o coordinación es
muy singular. La Materia está compuesta de círculos envolventes, heterogéneos unos respecto de los otros. En sus combinaciones la Materia no se
repite jamás. Las razones del Cosmos se engloban -dice Teilhard- sin
imitarse. La trama o la malla del Universo es el Universo mismo. Pueden
establecerce círculos cada vez más indefinidos o, por vía contraria, cada vez
mejor definibles, pero no cabe pasar de unos a otros por simples cambios de
coeficientes. La trama del universo forma estructuralmente un Todo. La
malla es una y única, tejida siempre siguiendo la "ley de la conciencia y de
la complejidad", a la que dedicará Teilhard cuidadosa atención. Es un tejido
de una sola pieza. O, si se entiende bien, una pieza de un solo tejido.
El Universo es el área de acción de todos y de cada uno de los átomos. El
átomo, no el mundo microscópico y cerrado, sino el centro infinitesimal del
Mundo. Cosa que no puede extrañamos, si se recuerda que la unidad natural del espacio concreto se confunde con la totalidad del Espacio. La
acción de un elemento penetra al mundo entero y le penetra hasta el último
límite. El todo se exprime o expresa en una capacidad global de acción.
Nosotros, cada uno de nosotros, es un resultante de la acción. El Mundo

186

admite ciertamente diversas representaciones e imágenes. No es el caso de
hablar de ellas. Lo cierto es que la Física admite un Quantum de energía,
y que llega incluso a establecer la medida. Habrá que definir este Quantum,
refiriéndolo a un movimiento natural concreto: la Duración.
Teilhard arranca; para sus reflexiones, desde la plataforma de la ciencia
novísima. Tiene muy presente la concepción actual de la Física, que ha logrado establecer ese nuevo concepto fundamental: la Duración. La conciencia humana ha experimentado con el hallazgo de esta idea una tremenda
impresión. Ha revolucionado la ciencia y la conciencia. A este descubrimiento
se ha llegado gracias a la fecundidad científica de un proceso metodológico
en el estudio de lo real, investigándolo en su desarrollo y evolución. Desde
esta perspectiva lo que antes aparecía como puntos, aparece ahora como
"sección" instantánea de fibrns temporales indefinidas. Es lo que Teilhard
denominará la Cosmogénesis, es decir, la peculiaridad de que gozan los elementos de las cosas, y la inmensidad espacial, de retrotraerse hasta un pasado
abismal, y de proseguir hasta un porvenir indefinido, aunque no, por indefinido, indefinible. El espacio: tiempo como categoría principal de lo real;
el espacio hoy -y así fue ayer, y lo será mañana- es un corte en un
"tiempo t" de un tronco enrai1.ado en el pasado más profundo y alargado,
elevándose hacia un porvenir luminoso y sorprendente. El Mundo aparece así
-dice a la letra Teilhard- "commc une masse en cours de transformation".
La materia obedece a la ley biológica de la complejidad o complejificación. La escala atómica, del hidrógeno al uranio, se forma particmdo de una
simplicidad indefinible e inexplicable en términos de naturaleza luminosa.
No tienen figura definible. El proceso evolutivo prosigue avanzando y organizándose por complejidades, apreciable en la composición de núcleos y
electrones. El origen primero, sean cuales fueren las diversas teorías o hipótesis físicas acerca de momentos determinados de la evolución, resulta
siempre un solo tipo corpuscular. El hecho de que no conozcamos el estado
jnicial, no enturbia la ley de la complejificación. Este desconocimiento es
el que nos veda aventurar hipótesis confirmables sobre algunas preguntas que
se formulan los físicos. Las figuras, tiempos y lugares, periodicidad, orden,
etc. de la evolución de los elementos primigenios es '¾lgo que escapa todavía
a la ciencia actual. Lo único cierto es que la Materia. se muestra en estado de
génesis como explicación necesaria y suficiente. Cabe pensar la evolución
como fase de granulaci6n por la que queda constituído el átomo, prosiguiendo por adición, que es como se observa a partir de las moléculas, en que
se aprecia la ley de la complejidad creciente. La transformación de la ma•
teria, la metamorfosis del espacio cósmico, no se origina en cualquier lugar
de él, sino en el centro sideral. Podríamos decir, traduciendo a frases nuestras las expresiones de Teilhard1 que las estrellas son los átomos de hoy, y

187

�que una posible y previsible "estratigrafía" y "química" de los cielos, puede traer la sorpresa científica del comportamiento inicial de los átomos. Aun
dando de mano las posibilidades efectivas de estos descubrimientos, siempre quedará como aproximación el acierto que supone la asociación del átomo
con la estrella, cuando se estudia el límite de la génesis en que aparece el
Espíritu. La Antropogénesis encuentra en esta asociación luz y explicaciones.
Los astros son, en e.xpresión de Teilhard, les laboratoires ou se poursuit, dans
la direction des grosses molécules, l'Euolution de la Matierc.
Esta evolución puede ser mensurada, y estas mediciones permiten el cálculo
de la transformación de la Materia, de su potencia y de sus condiciones.
Nos revelan la micro y la macro estructura del Universo. Son las leyes de la
energía, que Teilhard, para avanzar en su investigación, resume en dos Principios. El primer principio es el de la descompensación, digámoslo así, de la
energía. El Univei;so es un Quantum cerrado que edifica, progresa, evoluciona y se realiza a costa de una destrucción interna equivalente a la inicial.
El segundo es el de la entropía, en virtud de la cual el Quantum energético
del mundo se desgasta en valor equivalente a la potencia que desarrolla.
Aunque esta pérdida se conserve en forma de calor, esta forma de calor no
es capaz de servir para una nueva síntesis, por lo que bien cabe decir, sí lo
que nos interesa es la evolución real, que se pierde. Son, pues, estos dos
principios, los de Conservación y Degradación de la Energía, algo así como
la dramatización del Universo, y los que c.xplican la duración de la realidad
y sus límites adivinables. El impulso original de la Materia se va agotando
en la evolución a medida que asciende y progresa; pero este agotamiento progresivo va unido a una síntesis de combinaciones de los átomos que se eleva
gradualmente. Visto en esta perspectiva cuantitatiua y por fuera -"au
dehors''- la figura del Mundo sería como un cohete que se eleva en las
alas del tiempo, adquiriendo forma más perfecta a medida que se descorteza
y estiliza, "un remous montant au s in d'un courant qui descend".
La verdad es que una culminación de la smtesis de la materia es la vida,
el hombre, cl pensamiento. Esto nos obliga a adentrarnos en la Materia,
tratando de descubrir las relaciones cualitativas -y no sólo las cuantitativasde las cosas en su evQlución. Esta energía cósmica atesora en su interior
una potencialidad capaz de organizar la reaJidad hasta la complejidad y altura a que ha llegado. Es preciso, en una palabra, lograr una explicación
coherente de la totalidad del fenómeno cósmico.

188

LA

MATERIA DESENVUELTA

Una explicación coherente de la totalidad del fenómeno físico requiere
que el original impulso de la materia o del universo sea considerado y atendido como previda. El vocablo que cuadra a esta peculiaridad intrínseca y
fundamental de las cosas es el de existencia. Las determinaciones externas
de los objetos que bastan a la Físico-química para medirlos y conocerlos
son quizás necesarias, pero no son suficientes para dar razón de la interioridad de los objetos, de las cosas o de la materia.
Teilhard no llega a esta afirmación desde un apriorismo metafísico, ni
desde un conceptualismo abstracto, sino que se ha sentido .forzado a esta
afirmación en virtud del proceso lógico de la ciencia. Cuanto más fina y
"científica" es la observación y Ja experimentación, más claramente aparece
el "interior" de la materia como una existencia, como una energía profunda
y anímica, imperceptible bajo la corteza, pero que la duración permite intuir
como explicación satisfactoria desde el momento que se llega al Mundo de
las plantas. El "interior del hombre" depone, descendiendo en la evolución,
en favor de un "interior de la materia". El psiquismo, la conciencia, el animismo, es la base de la construcción del U ni verso.
Teilhard hace una enumeración rapícw irna, pero esclarecedora, de los progresos de la ciencia en sus descubcimientos, que le autorizan a formular sus
principios. El gran descubrimiento son las sustancias radioactivas. En el más
hondo y tenebroso salón de la naturaleza la velocidad, la irradiación, el
mo\·iluiento alientan, aunque Jos ojos o los microscopios no penetren en él
hasta esas profundidades. Es la misma materia la que se encarga de manifestarlo en etapas sucesivas y lentísimas de su evolución. El Universo no se
explica, y sobre todo no se construye, sin la conciencia inmanente. El caso
del hombre no es lo e.xcepcional, sino la manifestación evolutiva de lo universal en el tiempo. El hombre no es un caso aislado y aislante en la naturaleza, sino el caso de extensión cósmica que arranca desde las iniciales de
la materia y se prolonga evolutivamente. Estas conclusiones, lejos de ser un
fruto de la imaginación, son las que invalidan las imaginaciones que elabora
la ciencia, cuando sólo atiende y considera la cara externa de las cosas o el
anverso de la materia. El reverso del mundo es biológico, por más que ese
núcleo biológico sea mmimo y punto menos que inapresable intelectualmente.
La controversia entre espiritualistas y materialistas carece ya de sentido -en
la concepción teilhardiana- no porque se destruya uno de los términos, sino
porque queda superada en el reconocimiento de las dos caras que presenta la
Materia. El interior de las cosas se rige y crece por leyes cualitativas que no
entorpecen las leyes cuantitativas con las que se mide el exterior de ellas.

189

�La explicación mecanicista de la naturaleza no queda comprometida con el
reconocimiento de un fondo viviente o previviente de la Materia; pero tampoco la previda de todo cuerpo, de toda masa, de todo movimiento de la
materia compromete la e&gt;..-plicación mecanicista de la ciencia física actual. La
vida, en forma rudimentaria, invisible e imperceptible, se esconde en las
profundidades de la materia, a las que no tiene acceso directo la bioquímica
hoy; pero la bioquímica de hoy, si usa de lógica elemental científica al afirmar lo que sabe, entiende fácilmente que la vida no es una excepcionalidad
de la materia o en ella, sino lo apreciable en las plantas de lo que es invisible en los minerales.
Si nos adentramos de la mano de Teilbard, en el interior de los objetos,
sin pretensiones metafísicas ni ontológicas de ningún género, sino únicamente
para observar las sucesiones ~-perimentales en cadena, pronto nos percatamos de que: a) el interior y el exterior de las cosas -lo que llaman el
Dentro y el Fuera de ellas-- gozan de una propiedad común que es el atomismo; b) la conciencia desaparece en la noche de que parte la evolución., a
la vez que se hace necesario contar con ella para explicar los grados de la
evolución misma; c) la centreidad consciente, o perfección espiritual, y la
complejidad externa, o síntesis material, son dos caras conexas de un mismo
fenómeno, o como si dijéramos el anverso y reverso del fenómeno. En una
palabra, el Universo obedece a una "Ley de complejidad y de Conciencia"
que es la que impone la estructura y la curvatura, psíquicamente conveJ'.gentes, del Mundo. Es una especie de lucha entre lo múltiple unificado (algo
así como la Conciencia consciente) y la Multitud no organizada ( que podriamos denominar conciencia preconsciente) . Serían como las conexiones cualitativas del crecimiento o desanollo del Universo. En su estado inicial la
previda se manifiesta como un polvo de partículas, que parecen iguales entre
sí, coextensivas unas a otras y a la totalidad del Universo, ligadas por una
energía. Cierto que no se puede pasar de la cara externa del Mundo a la
interna, sin que la conciencia o el psiquismo elemental aparezca, pero no
menos cierto que las dos caras se corresponden en las profundidades iniciales
de la materia. Esta condición es la llamada por Teilhard el atomismo de
las Cosas.
Los elementos de la Materia van diferenciando su naturaleza y complicándola. Esta característica es la que permite hablar de la Conciencia como
propiedad cósmica de magnitud variable, sometida a una transformación global. En los estados iniciales, vagos, distendidos, primarios, no se observa; en
los superiores, concentrados, diferenciados y complejos, sí. A la conciencia
más desarrollada corresponde un armazón más rico, más complejo y mejor
ordenado. Podemos distinguir ya en il la posición, cara externa, y el movimiento, cara interna, del Mundo. La conciencia se manifiesta en las cons-

190

trucciones materiales más perfectas, y son los armazones mejor organizados
y complejos los que manifiestan la conciencia más perfecta y fina, sin que
elJo desvirtúe el hecho de la inmensa complejidad del más simple protoplasma.
El proceso es, pues, el siguiente: invisibilidad (-no indivisibilidad, que
dice la desdichada versión española de "Revista de Occidente"-) del centro de
la materia cósmica, aparición "del dentro" de la materia, manifestación "del
dentro" de la materia como conciencia, dominio de la conciencia en los universos parciales y en el Universo global, enseñoreándose del fuera de las
cosas. La razón de este proceso se explica teniendo en cuenta la pobreza, debilidad y simplicidad de los centros de conciencia en los estados alfa de la
evolución, y la indiyjdualidad, fuerza, riqueza y complejidad de Jos estados
x, y, y omega de los estados o esferas sucesivas de la evolución. Los estados
primeros están regulados matemáticamente por las leyes estadísticas, y no
escapan a la física y química; los estados superiores entran en el dominio
de la biología. El Universo es un inmenso mecanismo de concentraciones
psíquicas, ocultas a causa de la división e imperfección de su estado primario,
pero que se libera a medida que se desata la energía que late en su construcción.

LA

ANIMACIÓN DE LA MATERIA

De la naturaleza forma parte el hombre. Sobre ello no parece que quepa
discusión razonable. La discrepancia podrá comenzar cuando se estudia el
cómo, en qué grado y hasta qué punto. Pero este estudio habrá que basado
en lo que la naturaleza permita, y no en abstracciones apriorísticas o en
conceptualizaciones vanas.
La "energía espiritual" es una noción familiar, inesquivable, pero científicamente oscura. Tan oscura que ha sido eliminada de la cara material de
la natura1eza y ha sido considerada como la fuerza de la existencia psíquica.
La división entre cuerpo y alma se ha fundamentado cabalmente en la ausencia y presencia de la energía espiritual. Teilhard de Chardin estima que una
ciencia integral de la NaturaJeza ha de insistir de nuevo en la originalidad
de la energía espiritual de la Naturaleza, por si desde ella se explicara suficientemente la realidad en sus dos m2nifestacionesl la interior y la exterior&gt;
la de dentro y la de fuera.
Teilhard recuITe a un aforismo muy significativo y sugerente, de estructura literaria cartesiana: Pour penser, il faut manger; para pensar hay que
comer. Es una fórmula, si se quiere, brutal, pero exacta, deprimente y magnífica. Por un lado el pensamiento depende de la materia; por otro la ma-

191

�teria permite y consiente la actividad espiritual del pensanúento. Pero, por
muy seductora que aparezca la idea, no puede adnútirse sin más que las dos
energías, la espiritual y la material, la psíquica y la mecánica, surjan por
un cambio de forma o por una transformación directa. El hecho de que para
pensar haya que comer, no puede llevarnos a ,la c,o~clusión, de ,que ,los valores espirituales se correspondan con las energias f1sicas. Mas aun, solo una
fracción ínfima de Enerofa física se utiliza para los más excelsos desarrollos
de la Ene-rgía espiritual. 0 Y esta utilización y su orientación es _independiente
0 inesperada. No se da un equivalente mecánico del Pensarrue~to o ~e la
Voluntad, dice Teilhard. Las dependencias observables no autonzan ru una
diversidad infranqueable, ni una unidad física o mecánica.
El problema de las dos energías lo resuelve Teilhard con la admisión de
una única energía de natúraleza psíquica. Lo que acontece es que ésta única
energía goza de dos componentes diversos en cada elemento particular: u~o,
al que llama energía tangencial, y otro energía radial. La en~~ía tangenc1~l
es la que localiza a cada elemento en el cosmos, la que le s1rua en el Uruverso, la que le especifica en su orden; la radial es la que desplie~a desde
sí mismo, la que le centrífuga hacia un estado de mayor comple11dad, de
más elevada progresión y más profunda interiori1,ación. La energía tangencial se somete a la física, sus efec.tos son mecánicos, su centralización es más
material· su radialidad es tanto menos fuerte cuanto más poderosa sea su
'
, .
energía tangencial. Cuando la energía radial es podero~a, cuanto mas mt~riorización presente el elemento en sus pattículas, tanto mas fuerte es la energ1a
radial, y menos visible se manifiesta la energía ~gencia1. El á_tom~, ~?r
ejemplo, presenta una especie de energía tangencral d~ .gran madiao~n
-pero escasamente radial-; el hombre, en cambio, manif1esta otra ~~ae
de energía tangencial, llamada por Teilhard d'arrangemenl, pero de maxuno
val01· radial.
La energía tangencial libre permite la asociación de cada partícul~ con las
de otros elementos, contribuyendo a la evolución y al acrecentamiento del
valor de la energía radial. El valor de la energía radial no sólo no depende
del valor de la energía tangencial, sino que el máximo radial puede estar
ligado a un mínimo tangencial. La razón es sencilla, si se átiende a que es
la ordenación -l'arrangement- la que opera la variación progresiva de la
intercomunicación de las energías. Las energías tangenciales de irradiación,
no radiales, pueden permanecer estadísticamente invariables, pero ell~ no
obsta para que las energías de interiorización --de arrangement- radiales,
no queden sometidas a la Ley de Conservación de ~a Energía del, Mun~o.
Lo que sucede es que a la Física la escapa el estudio de 1~ energ1a ~e rnteriorización radial, y se contenta con el estudio de la energ1a tangencial de
irradiación O exteriorización. El "quantum" de energía tangencial libre, que

192

es el que permite y consiente el despliegue progresivo de la interiorización
de la Naturaleza, de acuerdo con la ord®ación originaria cósmica, se encuentra sometido a la entropía, agotándose gradualmente, en los varios estudios de concentración de energía radial.
Aún siendo así, la cuestión no está por eso resuelta, sino simplemente
enunciada. Teilhard entiende que habrá que responder a tres problemas, por
lo menos:
1) ¿ Qué energía especial es la que hace que el Universo se propague, girando sobre un eje principal, en la dirección menos probable de formas
más elevadas de complejidad y de entrañamicnto?
2) ¿Habrá un límite y un término correspondiente al valor elemental y a
la suma total de las energías radiales desarrolladas en el curso de la
transformaci6n?
3) Si se _llegara a ese !~te, en forma última resultante ¿se desintegraría
revers1blemente un d1a, como exige la Entropía, hasta retrotraerse indefiniblemcnte a los centros previvientes y primarios materiales cediendo a la nivelación de la energía libre tangencial contenida en
sucesivos desarrollos del Universo de donde ha surgido, terminando por
agotarse?

ios

A estas preguntas sólo se podrá responder cuando el hombre haya alcanzado su grado más excelso y profundo, su punto omega.
El planeta Tierra en el que vivimos, y el único que, hoy por hoy, nos es
dado conocer más directamente y con ciertas seguridades y certidumbre
es un astro desgajad~ de la superficie del sol. Lo único que parece que pued~
afi~marse es. que la tierra no es un planeta que tomara su figura y su singul~ndad en vrrtud de una evo~ución estelar, en un proceso regular de desarrollo,
smo por obra de un rozarmento de estrellas, de una ruptura interna O de
esos nudos y vientres que nacen en el seno de una nebulosa de polvo cósmico
fl?tant~ alrededor de cada estrella. El planeta Tierra queda situado a una
distancia del sol que le permite sentir la radiación de intensidad media.
La temperatura de la tierra recién nacida permite la existencia de elementos
o sustancias complejos; cosa no posible en las temperaturas extremas de las
est~ellas o astros incandescentes. La tierra es un planeta que admite )a sínteSIS de sus elementos. Teilhard reduce las zonas de la Tiena a cinco: Barisfera, Litósfera, Hidrósfera, Atmósfera, Estratósfera. La Geoquímica se ha
desarrollado sobre la base de estas cinco zonas fundamentales.
El llamado Mundo Universal, en su variedad, es el resultado de la exhalación y liberación primaria de la energía terrestre. Los óxidos fundamentales (sílice, agua, gas carbónico) se forman quemando y neutralizando Jas

193

�afinidades de sus elementos, bien pobres por cierto. Las especies minerales
se reúnen y encadenan sin fusión interna ni transformación real, reduciendo
su "biología" a lo que la estructura original permite a sus moléculas: permanecer en sí mismas sin romper su arquitectura formal nativa, sin capacidad
de aumentar. La ti~rra cristaliza -y no toda-; mosaico indefinido de pequeños elementos, que nos ha sido revelado por los rayos X. Mientras tanto~
una energía quedaba libre, la desprendida de los elementos terrestres en su
cristalización, aumentada por la que proporcionaba la descomposición atómica de las sustancias radioactivas y por la facilitada por los rayos solares.
Esta energía disponible de la Tierra se repliega sobre sí misma en una obra
de síntesis, edificando compuestos carbónicos, bidrogenados o hidratos, nitrogenados. Es una especie de polimerización, en sentido amplio, y no restrictivamente químico, en virtud de la cual las moléculas se agrupan en
asociaciones unitarias, cada vez mayores y más complejas.
Quimismo mineral y quinúsmo orgánico no son dos funciones de una misma operación telúrica total. Son dos aspectos inseparables, no dos funciones
distintas y diversas separables o independientes. Todo lo que la Evolución
presenta como distinto o distinguible ha existido en unidad primaria y elemental, originaria, en el Mundo. En la Primavera de la Tierra latían las
cuatro estaciones, podríamos decir, interpretando a Teilhard. También la vida;
también el Hombre. La frase de Teilhard es taxativa: Si, des le premier instant ou il etait possible, l'organique ne s'etait pas mis a exister su-r Terre, jamais plus tard il n'aurait commencé. Sobre la Batísfera metálica, la Litósfera
de silicatos, la Hi.drósfera y la Atmósfera, se alineaba y flotaba, como una antítesis de esas cuatro zonas, la zona templada de la polimerización bañada
por los rayos solares: Agua, Amoniaco, Acido carbónico.
Esta descripción hay que completarla con las consideraciones surgidas por
la reflexión. La Tierra, en su origen, en su estructura qwmica primordial,
en su entraña, en su totalidad sideral aislada, atesora el quantum primitivo,
esencialmente elástico, para que de él surgiera, en cantidad definida, todo
lo que la evolución ha puesto de maniliesto. También, como es obvio, la
previda y la Vida. Dos le)'es, complementarias entre sí, nos lo aclaran. Una:
la Energía espiritual, que crece en valor radial en el grado en que se acrecienta la complejidad química de los elementos. Segunda: la complejidad
química de la Tierra, que se acrecienta en la zona en que los elementos se
polimerizan. La Previda surge cuando despiertan las fuerzas de síntesis incluídas en la Materia, creciendo y ascendiendo la tensión de libertad internas.
En la inmensa muchedumbre de partículas, con un polvo ultramicroscópico de proteínas que se va depositando sobre la superficie de la Tierra, alienta como sustrato íntimo y profundo de su sustancia el germen prevital y el
primordial de las conciencias. Es una dinámica de doble efecto conjugado:

el aumento en síntesis de las moléculas que permite el acrecentamiento de
las libertades elementales, y el enrollamiento de la sustancia de 1a Tierra
sobre sí misma. Es como el entrañamiento de ]a molécula en sí misma, y
el del planeta también sobre sí mismo. El quanturo inicial de conciencia, contenido en nuestro Mundo terrestre, no obedece a un agregado de parcelas,
como advierte oportunamente Teilhard, sino que representa una masa solidaria de centros infinitesimales, ligados entre sí por sus condiciones de origen
y desarrollo.
La Tierra, que no ha nacido por una evolución lógica o natural, queda, una
vez nacida, sometida a una evolución dirigida desde dentro, formando un
todo orgánico que se organiza, sin que sea posible disociar los elementos que
se integran. La unidad Tierra se descubre como una Pre-biósfera. Y un día,
al cabo de millones de días, resplandece la Vida. Eso maravilloso, terrible y
sublime que es la vida.

,,

194
195

�</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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