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Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�DE LO NACIONAL A LO INTERNACIONAL

LIC.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad de Nuevo León

circunstancias prevalecientes en el mundo, se observan ciertas corrientes de pensamiento que necesariamente se reflejan en
la actitud del hombre frente a los problemas que le aquejan, destacándose en
forma clara el importante proceso que va de lo nacional a lo internacional, en
una época que está caracterizada por esa tendencia.
DENTRO DE LAS ACTUALES

Como determinados acontecimientos lo ponen de manifiesto, algunas ideas
inspiradas en doctrinas, cuando no la doctrina misma, ha venido modificando o substituyendo a otras que tuvieron su vigencia en el orden de lo nacional, las que ahora parecen diluirse frente a ese proceso de integración internacionalista,1 y de hecho, no solamente ha operado, tanto el incontenible
avance científico, proyectado a lo tecnológico, como la llamada explosión
demográfica a escala mundial, sino también lo ideológico -cuya naturaleza
habría que estudiar de acuerdo con la forma que modernamente se le utiliza-, la que ha venido colocando a los hombres en grandes zonas diferentes de pensamiento y de acción, advirtiéndose, frente al fenómeno natural
internacionalista, los síntomas de una pretendida nueva forma o tendencia de
internacionalización ideológica, distinta en fines y ser a la primera.
De acuerdo con nuestro punto de vista, cabe aclarar que el tema de nuestro estudio, obedece fundamentalmente a las causas naturales mencionadas, o
sea -para no citar sino a las más importantes-, la explosión demográfica
a escala mundial y el alto nivel del progreso científico con sus naturales influencias y consecuencias, pese a los inconfesables designios de cualquier
ideología carente de ética en su doctrina, que tenga contenido y afanes de
1

Lic. ALBERTO GARCÍA Gó1rnz. Internacionalismo y Universalismo. Humánitas, vol.
V, p. 533. Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, 1964

597

�'I

dominio mundial (libido dominandi) y que se pretenda imponer a través de
una "coexistencia pacífica", en tanto llegan otros acontecimientos, como si
la Humanidad no pudiera encontrar otro camino para dignificarse y cumplir con su destino histórico dentro de ese turbio devenir y no caer en la esclavitud "ideológica" materialista, que lleva al hombre por caminos que no
no son los del amor, la caridad y la comprensión, únicos medios viables para
una posible integración de verdadera convivencia internacional.
Así, es necesario establecer el proceso natural de la internacionalización, el
que no es compatible con cualquier paralelismo de otra índole, ni con los vicios y falacias congénitas de una pretendida internacionalización de carácter
puramente ideológica. En otras palabras, la realidad sociológica internacional que apunta una dinámica hacia la posible integración internacional, encuentra sus causas principales en los citados factores de la explosión demográfica en un aspecto y, por otro, en los adelantos notables de la ciencia.
Claro está, que en el trasfondo se encuentra otra serie de importantes elementos cuya conjugación y precipitación queda sujeta a las presiones que
de todo orden se operan en el seno de las sociedades nacionales, los &lt;fue también coadyuvan en ese proceso, pero que no son estudiados aquí.
Tomando en cuenta el innegable grado de influencia que en los tiempos
modernos ha venido cobrando el hecho de lo ideológico, es consecuente el
que se haya despertado un interés por su estudio, así como el de su influencia en las diferentes comunidades sociales, hecho que es analizado por los
tratadistas a través de materias aplicadas a ese campo, así como en importantes obras y estudios, tomando en cuenta, además, su empleo como anna
de penetración política y de conquista.
Por lo que respecta a lo ideológico, considerado como una corriente de
pensamiento que opera del exterior hacia el interior, ya se ha advertido desde las comienzos de la última Guerra Mundial, la prevención en contra de
ella, en medidas legislativas con un carácter penal proteccionista, no solamente de naturaleza anti-bélica,2 las que, en la mayoría de los casos, no tuvieron la eficacia que hubiera sido de desearse, atentos a los resultados negativos que hubo de contemplarse.
De acuerdo con el aforismo: "Las ideas no tienen fronteras", resulta innegable que lo ideológico ha venido tomando un inusitado incremento, como así fue posible observarlo, por ejemplo, en los graves disturbios reciente• En México, el llamado Delito de Disolución Social, contemplado en los artículos
145 y 145 bis, del Código Penal para el Distrito y Territorios Federales. En Estados
Unidos de Norteamérica, en disposiciones legales, en la existencia de un Comité encargado de contrarrestar las actividades anti-Norteamericanas y en la gran mayoría de

mente acontecidos en diversas partes del mundo, los que tienen una sospechosa sincronización y que aunado a otros motivos e inquietudes características de las juventudes de nuestro tiempo, han producido un debilitamiento
de afirmación nacional al seguirse una línea ideológica y política de repercusión internacional.
Así, pues, este proceso ideológico que se ha venido operando cada vez con
mayor intensidad en un radio siempre creciente, ha arrollado ideas y conceptos que, hoy por hoy, resultan obsoletos para ese proceso, o bien han
caí~o en el_ anacronismo o la ineficacia, o, en última instancia, ese proceso
es. inadvertido por la masa --otro fenómeno moderno--, que es nutrida y
onentada en fuentes extrañas a su propio ser y estilo de vida, dentro del límite
de lo nacional, masa que resulta fácil presa de control en manos de expertos
de agitadores o de políticos, los que para sus propósitos, en algunos de lo:
casos, anteponen su interés personal, al de su nación y utilizan todos los modernos cuanto poderosos medios a su alcance -como profesionales-- para
atacar los puntos débiles de esa masa, alcanzando casi siempre con éxito las
metas propuestas. Además, no es un simple juego de palabras el entender
que no es lo mismo nutrirse que ser nutrido, referido esto a la cuestión intelectual.
Por lo que respecta al hecho social de la masificación, característico de las
modernas sociedades y que aparece como producto inmediato de la explosión
demo~áfica, a su vez ha permitido la ósmosis ideológica con mayor celerid~d, s1 se ~ºn:1ªn. :n cuenta las presiones y la menor resistencia, lo que permite la soc1ahzac1on gradual, encontrándose el hombre atrapado en alguna
de las estructuras que forman la gran red. Esto ha provocado un cambio en
la ubicación y estimación de la persona al ser convertida en individuo con
las trascendentes consecuencias que son de apreciarse.
'
Con razón Peter A. Calver ha escrito: "Dentro de la terminología angloamericana, la formación de las actitudes políticas entre los elementos de un
grupo humano se califica generalmente de socialización política. Este término indica que se trata de una operación entre una serie más vasta de operaciones sociales estudiadas por los sociólogos, gracias a las cuales el individuo puede ser admitido en el seno de la comunidad e instruido acerca de
la manera de comportarse en relación con ella".3 Debemos recordar también
'
la frecuencia con que se utiliza el concepto de "cultura de masas".
La Nación. Por lo que respecta a la Nación, y su derivado, la nacionalidad, se ha afirmado que se originan con la presencia del Estado, sin em. • C. F. Gabriel Almond y James S. Coleman, editores: The Politics of the Deuelopmg Areas. Princeton, N. J., 1960, (pp. 26-31). Citado por Peter A. Calvert. La Formación de las Actitudes Políticas. Aportes No. 7. Enero 1968.

países.

599
598

�bargo, no es posible confundir a la concreción jurídica de lo sociológico cuya
raíz está en la Nación misma, siguiendo el proceso natural de su desarrollo
a través del tiempo.
Así, Recaséns Siches eslima que la Nación, elemento básico de la nacionalidad en el sentido en que hoy empleamos esta palabra, es una sociedad
moderna. Aunque el hombre es conocido desde antiguo, hasta entrada la
Edad Moderna, no se formó ninguna estructura nacional en el sentido que
hoy damos a esta expresión, pero en cambio, antes de que se formaran
las modernas nacionalidades encontramos comunidades, las cuales desempeñan un papel parecido al que hoy le corresponde a la Nación, en los pueblos adelantados, y las cuales, aunque con características diferentes, vienen en
el fondo a significar algo parecido a lo que la Nación hubo de significar
después. Así, por ejemplo, las tribus, las confederaciones de tribus y la CiudadEstado de la antigüedad clásica.4
La Nación, de acuerdo con las concepciones que de ella se tienen, se nutre
de sus propias substancias, o sea de ideas y conceptos que, con mayor o menor
grado de eficacia, con aciertos o con errores, ha hecho suyos, los que a su vez,
han hecho permisible el florecimiento de determinadas instituciones políticas
-en el más alto nivel del concepto de política-, especialmente en aquellos
pueblos que han tenido el acierto de crearlas, adecuándolas a su tradición
histórica y a su peculiar forma de ser, lográndose así su mejor asimilación y
perfeccionamiento. De la inobservancia de esto último, algunas naciones han
lamentado graves consecuencias.
Interesante, pues, resulta el caso observado hasta el presente, de uno de
los conceptos que han tenido mayor arraigo entre las diversas comunidades
del mundo: la Nación. Y es precisamente este concepto, cuya historia se
remonta inicialmente a formas de agrupamiento humano que alcanzaron una
mayor cohesión social, el que ha llegado hasta nuestro tiempo y cuyo valor sobrepasa una mera circunscripción de tipo sociológico, ya que sus raíces han
penetrado profundamente en el alma humana, desde sus primeras manifestaciones, hasta llegar -equivocadamente, por cierto-, a los excesos negativos de un nacionalismo exacerbado, mal entendido y peor practicado.

Mas si el concepto de Nación, que en nuestro tiempo parece -dentro del
proceso mismo de la evolución histórica-, y bajo la influencia del internacionalismo, como próximo a convertirse en inoperante, esto no significa que
haya perdido todavía su plena validez sociológica, jurídica y política. Es también probable que tal eventualidad no acontezca, por más que determinados
hechos permitan registrar la presencia de tendencias hacia ese fin.
• REcASÉNs Sicm:s. Sociología, p. 451.

600

Sobre este último punto resulta interesante observar cómo en el campo
de lo económico se han venido sucediendo determinados hechos en América
Latina que son elocuentes en lo que se refiere a un tipo de internacionalización, que bajo el nombre de integración, y dentro de la estructura internacional, aparece como integración internacional, obedeciendo a la tendencia
que venimos señalando.
Entre los días 8 y 26 del mes de julio de 1968, se llevó a cabo, en La Paz,
en la sede del Instituto Boliviano de Estudios y Acción Social (IBEAS), un
curso sobre "Bolivia y la Integración de América Latina", organizado por el
INTAL (Instituto para la Integración de América Latina), bajo los auspicios
del Banco Central de Bolivia.5
En el discurso de clausura del director del INTAL, señor- Gustavo Lagos, se
advierten en algunos de sus conceptos, ideas sumamente reveladoras de la tendencia internacionalista, que si bien están inspiradas en la integración, en boca
de una autoridad en la materia, resultan de la mayor importancia. He aquí
algunos pasajes: ..."Cabe destacar, en primer término, que el proceso de
integración económica ofrece ventajas indudables a la economía boliviana y
por ello la política del Gobierno de Bolivia de decidido apoyo a la integración
constituye una clara interpretación de los auténticos intereses nacionales y
de la vocación histórica de Bolivia dentro de América Latina. Como si los
fundadores de esta nación hubieran tenido el presentimiento del rol estratégico que el país podía jugar en el proceso de integración económica, le dieron
el nombre que hoy lleva, derivado del propio nombre del gran libertador,
precursor y primer actor del movimiento de unidad latinoamericana. Porque
dentro del proceso general de América Latina, Bolivia aparece como un país
puente colocado por la geografía y por la historia en un lugar de encuentro
de los distintos esquemas de integración que se están desarrollando. Su ingreso
a la ALAC ( Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) le ofrece un
gran mercado para el desarrollo de sus planes en los distintos sectores productivos, y le permite la concertación de acuerdos sectoriales, generales o parciales en el ámbito del Tratado de Montevideo. En su calidad de país de menor
desarrollo económico relativo, Bolivia puede obtener ventajas no extensivas y
además está autorizada por la Resolución 176 para llevar a cabo el programa
de liberación comercial en condiciones más favorables. Ello le permite formular una política de negociaciones que no comprometa el cumplimiento de los
objetivos nacionales, como ya se demostró en la primera negociación de Bo• Boletín de la Integraci6n. Agosto 1968, pp. 462 y 463. Buenos Aires, Argentina.

601

�livia en la ALAC, durante el séptimo período de sesiones ordinarias de la
conferencia.
"Su ingreso al Grupo Andino la vincula a un conjunto de países y a un
esquema de integración destinado a desempeñar un papel estratégico dentro de
la integración general de América Latina. Este ingreso no solamente responde
a imperati~os de s~ geografía sino que también le permitirá gozar de un régimen especial, con1untamente con Ecuador, en el acuerdo andino en o-esta.,
"
b
c1on...
Termina, el señor Lagos con estas palabras: "Cuando se organizaba en
Mendoza el Ejecutivo Libertador que habría de liberar a Chile, alguien pre~tó a San_ Martín por qué siendo él argentino se interesaba tanto por la
mdependenc1a de Chile. Y el gran General respondió: 'mi país es la América
entera Y me importa tanto la independencia de Chile como la independencia
de las Provincias Unidas del Río de la Plata'. Es el espíritu contenido en
:sta gran afi~mación el que podrá hacer posible esta segunda etapa de nuestra
md~~endencia. que es la integración de América Latina. Unidos en una gran
nacton de naciones como sería una América Latina integrada, no diviso tarea
alguna que esté fuera de nuestro alcance. Mas para ello necesitamos compenetramos del espíritu sanmartiniano y considerar que el desarrollo de cada
uno de nuestros países es tan importante como el desarrollo de los demás países
latinoamericanos. Es dentro de este espíritu que hizo posible la primera independencia de América Latina..."
Ciertamente vamos de lo nacional a lo internacional, mas si esta mutación,
hoy por hoy, un tanto prematura, supondría, en principio, un nivel internacional
e~ el que ~ igualdad permitiese tal mutación; una igualdad que comprendiendo los diversos factores operantes en el seno de lo social, de lo económico
de lo religioso, de lo jurídico y de lo político, pero sobre todo de lo cultural'
permitiese tal cambio, lo 9ue, a ojos vistas, por ahora resulta imposible d;
alcanzar de acuerdo con un somero análisis de las diversas situaciones de esos
órdenes nacionales a nivel internacional, máxime que las bipolaridades, riqueza-pobreza, cultura-ignorancia, fuerza-debilidad -que son reflejos vivos del
ser del hombre-, destruyen cualquier intento actual de una factible posibilidad a ese respecto en el plano de lo internacional.
No se ignora, por otra parte, la nobleza de los postulados internacionales
contenidos en el Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas y que resulta
un patétic~ reconocimiento de la infortunada realidad internacional, al proclamar la igualdad de los Estados, como principio, cuando en la parte relativa
se asienta: "reafirmar la fé en los derechos fundamentales del hombre en la
dignidad y el valor de la persona, en la igualdad de derechos de ho:ibres y
mujeres de las naciones grandes y pequeñas. .. Establece también el artículo 2

602

"

de la propia Institución: ( 1). La Organización está basada en el principio de
la igualdad soberana de todos sus miembros.
Esta colocación de desigualdad de las situaciones nacionales en el plano
internacional, permite inferir determinadas consecuencias y de que estamos
también ante la posibilidad -trágica expectativa- de que no solamente se
paralicen los intentos o el proceso mismo de la integración internacionalista,
sino que esa desigualdad que, como fermento, es propicia para que se produzca un conflicto bélico como nunca antes lo padeciera la Humanidad. Posibilidad que nos lleva a la conclusión de que se ha llegado -tomando en cuenta
las características y posibilidades de ese futurible bélico-, a dos situaciones que
en síntesis son definitivas: la guerra -problema central del Derecho Internacional- y la paz.
En el caso de la primera, o sea el empleo de la violencia para la solución
de los conflictos como arma suprema y como ultima ratio, ha determinado
importantes y profundos cambios en las sociedades de todos los tiempos, sólo
que ante la eventualidad de un conflicto bélico, dada la enorme y total potencialidad destructiva de los medios a emplearse, ya que ahora se trata no
de una guerra limitada, sino de una guerra total, colocan a la Humanidad
ante la situación imposible de rehacerse y sí de fenecer ante tal circunstancia.
Lo nacional, como parte de un todo afectado, dados esos medios destructivos,
desaparece, no ya por factores de proceso integrativo de carácter internacionalista, sino por la amenaza o aplicación de la violencia física, cuyas consecuencias serían definitivamente aniquilantes y destructoras, si se toma en cuenta que ahora las causas -cuya conjunción se presenta por primera vez en la
historia- son totalmente distintas a cuantas hayan operado en el pasado.
O bien, cabría la posibilidad de la integración impositiva -ante el temor- de
un solo bloque, que a su vez fundiría lo nacional y lo internacional.
En el otro aspecto de la cuestión, la paz, en última instancia, sería el camino
que permitiera la posibilidad del proceso gradual de integración de tipo internacional por sus propias fuerzas naturales, lo que significaría una serie de
problemas relativos de ese proceso, no solamente difíciles, sino sumamente complejos para ser superados sino con el paso del tiempo. Lo que parece utópico,
si se miden los futuros alcances, tanto de la explosión demográfica mundial,
como de la incontenible marcha del proceso científico, o bien, de la conjunción de ambos, lo que al menos permitiría un intento de integración. Y de aquí,
entre la antítesis guerra-paz, se llegaría, en última instancia, al problema, al
eterno problema del predominio de la razón o de la fuerza. Habría que estudiar las posibilidades de lo ideológico, que sirviendo a los fines de la violencia
dejaría postergada a la propia razón, al convertirse en un fin y no en un medio
603

�para llegar al entendimiento del que tanto necesitan los hombres de nuestro
tiempo.
Por lo que toca al tema de nuestro breve estudio, vemos que la tendencia
internacionalista se puede apreciar en múltiples aspectos. Hemos escogido un
artículo escrito por Jaume Miravitlles en que bajo el título de "Imperios
Verticales", el escritor advierte esa tendencia, cuando afirma: "Ha sonado,
-se dice- la hora de poner las bases de la unidad mundial. Las técnicas industriales de que dispone el hombre, los fabulosos avances tecnológicos en el
transporte y en la comunicación, hacen posible aquel proyecto hasta ahora
quimérico. Tenemos ya satélites artificiales capaces de proyectar a un auditorio mundial, programas de televisión, se está trabajando en sistemas que
podrían llevarnos a cualquier lugar de nuestro planeta en pocos minutos. Teóricamente, es perfectamente posible trabajar en Nueva York y vivir en la Costa
Azul. Es decir, teóricamente, estamos preparados para hacer de toda la Tierra
una unidad económica y social. ¿Lo estamos política y culturalmente? ¡ Ciertamente no!
"Vivimos en una época -agrega el autor- , de significativa contradicción:
a medida que se uniforman las formas materiales de la vida, se exacerban los
particularismos locales, no ya desde el plan de nación, sino desde el más elemental de la región, comarca o tribu. Esta reacción no es necesariamente negativa y constituye una defensa saludable de la originalidad de la persona humana que se resiste a convertirse en un robot sin alma ni corazón".
Así, vemos que el fenómeno de la internacionalización, además de ser observado por el escritor, es un tema que interesa por igual a todos los hombres,
ya que todos los hombres estamos comprometidos en él, y es necesario reconocer
que esa realidad, que a primera vista pudiera parecer fácil de desentrañar
entre la urdimbre de complejos problemas, de interesadas actitudes ideológicas,
así como de la mayor diversificación de opiniones, y en el que, pese a los
esfuerzos realizados, la persona humana, la que debe ser considerada en primer
término como tal, se vé seriamente amenazada por los efectos deshumanizantes
de la masificación y por la penetración ideológica que está caracterizada precisamente por el ataque a su ética y a su dignidad, desconociendo el alto valor que representa, no como símbolo ni como número. De aquí que también sea
digno de alabanza el esfuerzo realizado en el seno de la Organización de las
Naciones Unidas, para rescatar, exaltando, el reconocimiento de los derechos
humanos, esencia y condición natural de la persona humana en momentos en
que tal reconocimiento, especialmente en la órbita de lo nacional, esos valores
de la persona no están debidamente realizados, pese a lo impecable o a la
intencionalidad en la letra y en el espíritu de las diversas legislaciones en el
mundo.

En la nación, el hombre encontró una de las formas más adecuadas para
verificar su propia proyección y la de sus congéneres. Esto así se demuestra
con un estudio comparativo en el plano histórico de las diversas instituciones
políticas de los pueblos y la historia tiene destellos de gran contenido humano
cuando se inicia la gestación de las nacionalidades. Ciertamente, cambian las
circunstancias en el tiempo y en el espacio, pero es bajo el influjo de ellas que
el hombre emerge --&lt;:orno persona-, dotado de los medios que le permitirían
· con el paso de los días, llegar al advenimiento de la democracia y este hecho
es bastante significativo, si se considera que la democracia es una de las más
completas formas políticas que el hombre haya podido alcanzar, y que, además,
habría de permitir el nacimiento, el desarrollo y el progreso de las propias nacionalidades, así como el afianzamiento de los valores morales y cívicos que le
darían un "porqué" más satisfactorio a su espiritualidad, pudiendo llegar así
a grandes expresiones, pese a lo elemental del concepto de lo nacional en sus
formas primarias.
"En efecto -dice Antonio de Luna- se creyó que el nacionalismo y su
aplicación a las naciones que todavía no habían logrado constituirse en Estados
independientes -'principio de las nacionalidades'- era una etapa necesaria
hacia el internacionalismo y no se dieron cuenta de que en lugar de ser el
apogeo del individualismo y la democracia, aplicación a las mismas de los
derechos del hombre y su mejor garantía eran la negación de los mismos. Ello
proviene de la confusión entre 'principio de autodeterminación' y 'principio
de las nacionalidades', que son cosas distintas. Para que ambos coincidieran
haría falta que la nación se definiera. como 'un plebiscito cuotidiano', como
upa asociación voluntaria de hombres que quiere vivir bajo un Estado que
los una; pero precisamente tal definición es una confusión de lo político con
lo nacional. Renán define al Estado, no a la Nación, dejándose llevar de la
sinonimia de ambos términos en francés. Pero lo que hace que la nación sea
problema, lo que explica que a partir de la Revolución francesa se haya convertido en la categoría suprema de integración social y política, es precisamente el que se la considera como algo objetivo -natural o metafísico; y
entonces, si la cualidad nacional es algo independiente de la voluntad, el
principio de las nacionalidades es, como sostiene Lord Acton, incompatible
potencialmente con la democracia, ya que "pone límites al ejercicio de la
voluntad popular y la sustituye por un principio más elevado". Si antropomórficamente se trasladan todos los derechos del hombre a las naciones, éstas conquistan la libertad, pero desaparece la de los individuos".6
• ANTONIO DE LuNA. Fundamentación del Derecho Internacional. Ponencia. Actas del
Primer Congreso Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional. Madrid. MCMLI.

605

604

�11

Pero no es posible soslayar la importancia trascendental del hombre con
sentimiento de nacional. Desde luego no son las formas más altas de su espiritualidad. Así tenemos la expresión de la cultura griega, o bien, el Siglo de
Oro hispánico, dentro de organizaciones humanas en donde la fórmula democrática incipiente empezaba a penetrar, ya fuera gracias a la Ciudad-Estado
o en las conquistas alcanzadas por los comuneros españoles.
Cuando los insurgentes de América luchaban por liberar a sus pueblos,
aspiraban a una democracia, en contra del despotismo, aunque las formas jurídicas no fueran en muchos casos de tal naturaleza.
Y cuando hablamos de esos comienzos de la Nación, no está por demás recordar que en el hoy distante año de 1899 podía decirse que Europa entera
estaba gobernada por solamente dos monarquías, dos Estados secundarios:
los Países Bajos y Suiza y una que otra villa libre de Alemania o de Italia eran
la excepción; dos monarquías, solamente dos: Inglaterra y Suecia, estaban
limitadas por instituciones parlamentarias, las otras no conocían las ventajas
y los inconvenientes del poder absoluto, más o menos temperados por las disposiciones personales de los "Déspotas Esclarecidos".7
He aquí que un nuevo actor, el Pueblo, comenzó a aparecer en la escena
internacional. Es en este punto que se observa una irresistible evolución: la
Filosofía Política de Bossuet no conocía más que el Estado. Montesquieu y
Voltaire mostraban más su simpatía por la Nación, y por su parte Rousseau
y Mably no admitían otra soberanía que la del Pueblo. Ciertamente, los Soberanos de aquel tiempo no reconocieron de buen grado la pretensión de sus
pueblos a disponer de su status político; la Santa Alianza se constituyó expresamente para liberar parcialmente de acuerdo con las manifestaciones, la renovación del espíritu revolucionario, o bien la institución de ese Pacto que
llegó a un resultado que los componentes no proveyeron ni imaginaron: el
evitarles a los pueblos oprimidos el sentimiento de su solidaridad.
Al presente -de ac;uerdo con Royssen-, la importancia de ese hecho es
posible resumirla de la siguiente manera: el problema de las nacionalidades
llegó a ser un "Affaire" internacional; en nombre de la paz, los aliados se
pusieron de acuerdo para constituir en común la policía de Europa; en nombre
de la justicia, las nacionalidades reclamaron la invocación de la conciencia
universal, como así es posible observarlo durante más de medio siglo, en la
prensa, en los debates políticos y en la literatura de toda Europa. El progreso
de las nacionalidades provino, lógicamente, del desenvolvimiento de las instituciones democráticas.8
• THEODORE RuYSEEN. Les Sources Doctrinales de l'ltiternacionalisme. Presses Universitaires. Vol. III, pp. 18 y sigs.
• Ibid., p. 134.

606

Dentro de las diversas teorías que lógicamente se han elaborado en tomo
a la nación, la que por su propia naturaleza ha despertado la atención de esclarecidos pensadores, se ha llegado a una división de ellas en naturalistas y
espiritualistas, siendo, por tanto, necesario buscar los elementos subyacentes en
el concepto, ya que en los tiempos modernos algunas ideas acerca de él, están
superadas, como acontece con la de raza, que ha sido declarada sin fundamento
por muchos autores que con sólidos argumentos han hecho evidente su carencia
de razón. Otros autores sólo se han detenido en algunos de los aspectos o de
los elementos fundamentales del concepto de la nación, olvidándose del todo.
Sin embargo, es posible extraer algunas notas esenciales que son características
y permanentes en la nación con objeto de ver qué posibilidades tiene la internacionalización, en el aspecto de su t;volución natural, que es en síntesis, el
objeto de nuestro apuntamiento.
En Francia -de acuerdo con J. T. Delos 9- y en los países que han seguido
su ejemplo, se ha superado la influencia de sus revoluciones, al despertar de la
conciencia nacional. No se ha hecho ningún llamamiento al sentimiento racial. La nación que se subleva, de 1789, es en realidad el "Pueblo Soberano"
que toma conciencia de sus derechos. Se alza contra un sistema político, contra
el feudalismo y contra la monarquía absoluta; reivindica los derechos del
hombre, y no los de su raza; invoca la razón y no la sangre; y no piensa en la
diversidad de las razas, sino para proclamar su igualdad ante el derecho y su
libertad.
Sin embargo -prosigue este autor- mientras esta forma del sentimiento
nacional ligado más tarde al ideal democrático, gana paso a paso y derrumba
la estructura política, aparece otra que no cesa, que no deja de ganar terreno
a su vez, bajo la influencia del pensamiento germánico principalmente, invoca
a los derechos históricos, la sangre y el suelo; cree en el alma colectiva, en las
fuerzas oscuras e instintivas que prevalecen en la vida de los pueblos y en el
desarrollo de sus instituciones sobre las decisiones de la libertad individual más
próxima a la naturaleza y a las condiciones físicas de la vida, menos política,
menos racial y más voluntariamente mística, esta concepción de la nación se
orienta por sí misma, hacia las diversas formas del racismo.
Pero si la Nación ofrece evidentemente al hombre un medio, conjuga, al
parecer, la acción de los elementos físicos como el territorio, el clima, y la de
los factores institucionales, históricos, políticos y sociales.
Del conjunto de conceptos que sobre la Nación se han elaborado y de entre
la diversidad de notas o elementos que se le atribuyen, destaca, predominantemente, la idea de comunidad, como elemento aglutinante, ya que todos los

• J.

T.

DELOS,

p. 38.

607

�atributos del concepto coinciden en esa característica en la que participan todos
los miembros de una determinada agrupación social. Sin caer en un vitalismo
exagerado, sin embargo, no es posible negar la existencia del ser contenido en
la nación, porque en última instancia, éste requiere de una organización, que
se traduce en vida comunitaria política, religiosa, cultural, social, etc., dentro
de un orden jurídico y social que es precisamente el que la caracteriza, haciéndola diferente de otras, y aunque resulte un tanto discutible la afirmación de
que la nación es un organismo vivo, al cual algunos autores la atribuyen hasta
alma y conciencia nacionales, como hipérboles románticas, es indudable que la
nación tiene en sus atributos esa comunidad que le otorga el sello característico de una personalidad, no solamente de naturaleza jurídica sino también
moral.
En la relación existente en las clásicas instituciones Nación y Estado y entre
los Estados y la Organización Internacional, se han venido observando ciertas
diferencias o bien, siempre bajo el influjo omnipotente de la soberanía -celosamente guardada y defendida en razón natural de la aparición de los pueblos
jóvenes-, como, en nombre de esa soberanía, paradójicamente, el Estado se
ha visto precisado a coordinarse con la soberanía de otros Estados y para
esto ha sido necesario superar muchos escollos para preservar lo inmaculado
de la propia soberanía, si bien en su nombre se han realizado grandes cambios
en el tiempo actual.
El hecho es que en nuestros días todos los Estados se han comprometido
moral y jurídicamente a participar en la resolución de los graves problemas
que aquejan a la Humanidad, no solamente en el ámbito de lo internacional,
sino que han utilizado a la Organización de las Naciones Unidas para recibir
ayuda en lo nacional. Tal es el caso de la preservación de la paz, tal es el
caso cada vez más importante de la participación de los Estados en la creación y fomento de las instituciones de tipo económico, como hubimos de ver,
de organismos para la educación, etc. Se podría preguntar si se llegará a la
situación de si el hombre, como persona, no encuentra ya el debido reconocimiento de protección en su esfera nacional, cuarido organismos internacionales
acuden en su ayuda. Lo ideológico tiene otros caminos y otras metas, atendiendo a que es o debe ser, producto de una doctrina, que tenga un profundo
contenido ético y humano, porque no es la desesperación ni la miseria las que
pueden conducir a la Humanidad a través de una ideología que preconiza la
violencia y el apoderamiento. No sería una ideología, sino una disfrazada actitud política con fines imperialistas la que arrastraría al hombre a su fin. ¿Sería la civilización, contradictoriamente hablando, la forma de conducir al
hombre a su final? Debemos pensar, por hoy, que si el proceso de internacionalización habrá de realizarse, el hombre debe poner su razón para conducirlo,
608

utilizando los frutos alcanzados por el progreso científico aplicado a la erradicación de los problemas que determinan el clima favorable para la proliferación de ideologías negativas y aniquilantes, recordando aquellas palabras
de aquel judío víctima de la persecución nazi, cuando las maldibujara en la
pared de su escondite:
Creo en el sol, aunque no brille,
Creo en Dios, aunque esté en silencio,
Creo en el amor, aunque esté escondido. ..10

'º Citado por IiARoLD

BLAKE WALKER.

Chicago Tribune. 2 de mayo de 1968' p. 2.

609
H39

�LA EDUCACIÓN EN EL MtXICO INDEPENDIENTE
Lrc. JoRGE PEDRAZA
Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística.

EL LICENCIADO Y PROFESOR Germán Cisneros Farías, tiene un interesante estudio sobre el artículo tercero constitucional, en donde señala que "el primer
documento jurídico en materia educativa, de que tenemos noticia, es el que
se refiere a la Constitución Española de 1812".1 Esta Constitución, jurada en
Cádiz el 19 de marzo de 1812, entró en vigor en la Nueva España el 30 de
septiembre de ese mismo año.
Este primer antecedente constitucional del artículo tercero lo encontramos
en los artículos 131, 335, inciso quinto; y 366 al 370 de la Constitución Política
de la Monarquía Española:
Artículo 131. Las facultades de las Cortes son:
Vigésimasegunda: Establecer el plan general de enseñanza pública en toda
la Monarquía, y aprobar el que se formó para la educación del Príncipe de
Asturias.
Artículo 335. Tocará a estas diputaciones (provinciales) :
Quinto: Promover la educación de la juventud conforme a los planes aprobados; y fomentar la agricultura, la industria y el comercio, protegiendo a los
inventores de nuevos descubrimientos en cualquiera de estos ramos.
Artículo 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas
de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar,
y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve
exposición de las obligaciones civiles.
Artículo 367. Asimismo, se arreglará y creará el número competente de
1

GERMÁN CrsNERos FARÍAs. El Artículo Tercero Constitucional. Monterrey, México,

1965, p. 13.

611

�'

'l

universidades y otros establecimientos de instrucción, que se juzguen convenientes para la enseñanza de todas las ciencias, literatura y bellas artes.
Artículo 368. El plan general de enseñanza será uniforme en todo el reino,
debiendo explicarse la Constitución política de la Monarquía en todas las
universidades y establecimientos literarios, donde se enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas.
Artículo 369. Habrá una dirección general de estudios, compuesta de personas de conocida instrucción, a cuyo cargo estará, bajo la autoridad del Gobierno, la inspección de la enseñanza pública.
Artículo 370. Las Cortes por medio de planes y estatutos especiales arreglarán
cuanto pertenezca al importante objeto de la instrucción pública.2
Con la conquista, la Nueva España dependió en su legislación de España.
Privada esta tierra de facultades legisladoras, sus negocios más importantes se
ventilaban en las Cortes Españolas. La vida de España llegaba tiempo después
a América.
En 1812, ante las Cortes de Cádiz, don Miguel Ramos Arizpe presentó una
memoria en la que apuntaba que "la educación pública es uno de los primeros
deberes de todo gobierno ilustrado, y sólo los déspotas y tiranos sostienen la
ignorancia de los pueblos para más fácihnente abusar de s~s derechos. ~a situación de estas cuatro provincias internas de Oriente, su sistema de gobierno
interior y en general de la monarquía tan notoria y prolongadamente aletargada han' influido desgraciadamente en que no se conozca en estas infelices provinci:s un establecimiento ordenado de educación popular. Sólo en la villa de
Saltillo, primera de la provincia de Coahuila, y en Monterrey, capital del Nuevo
Reino·de León, hay una escasa dotación fija para la subsistencia de un maestro
de primeras letras. Los presidios y villas de más numerosa población sostienen,
de los fondos de las c~mpafüas y contribuciones voluntarias de algunos padres
de familia, a algunas personas ineptas o de mala conducta con el nombre de
maestros que regularmente se entretienen en mal enseñar la doctrina cristiana,
siendo p~r lo común incapaces de enseñar principios de una regular educación
pública; en las haciendas que ocupan gran número de sirvientes, suele hab~r
también una u otra escuelilla, habiendo yo observado más de una vez el cuidado que se pone en que los hijos de los sirvientes no aprendan a escribir, por
creer algunos amos que llegando a esa que se llama ilustración, solicitarán.o_tro
modo de vida menos infeliz, rehuyendo la dura servidumbre en que han vivido
sus padres. ¡ Desgraciada juventud americana! ¿ Es posible que se intente re• Derechos del Pueblo Mexicano. Tomo III. XLVI Legislatura. México, 1967, p. 87.

612

primir las más bellas disposiciones de la naturaleza y mantener al hombre en
una brutal ignorancia para más fácilmente esclavizarlo? ..." 3
El panorama que nos muestra Ramos Arizpe es lamentable y habla precisamente de las cuatro provincias internas de Oriente, entre las cuales se encontraba el Nuevo Reino de León, con su capital: Monterrey, y una gran
cantidad de poblados, en donde apenas había un maestro de primeras letras
y en la mayoría de esos lugares ni siquiera eso.
El 22 de octubre de 1814 es sancionado en Apatzingán el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, en cuyo Artículo 39 se
estatuía que "La instrucción, como necesaria a todos los ciudadanos, debe ser
favorecida por la sociedad con todo su poder".4
El movimiento de Independencia, iniciado por Hidalgo, es consumado por
Guerrero e Iturbide y muchos hombres más. Es así como México se quita la
tutela de España y se inicia, en esta forma, una nueva vida: la vida del México Independiente.
"Con el movimiento de Independencia --es Larroyo quien habla- nacen
propósitos político-educativos suficientemente amplios para delimitar una tercera época: la de la enseñanza libre, que se caracteriza por un anhelo de organizar la vida pedagógica del país sobre la base de una política liberal; sin
embargo, aquí y allá se percibe la segunda intención de sustraer la dirección
educativa del influjo del clero para ponerla en manos del Estado (Valentín
Gómez Farías). Dicho ideal nutre la doctrina que sustentan los destacados
políticos de la educación, hasta la época de la Reforma". 5
El cuatro de octubre de 1824 es sancionada por el Congreso General Constituyente la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, en cuyo
Artículo 50, fracción I, señala las facultades exclusivas del Congreso:
1. Promover la ilustración: Asegurando por tiempo limitado derechos exclusivos a los autores por sus respectivas obras, estableciendo colegios de marina, artillería e ingenieros; erigiendo uno o más establecimientos en que se
enseñen las ciencias naturales y exactas, políticas y morales, nobles artes y
lenguas: sin perjudicar la libertad que tienen las legislaturas para el arreglo
de la educación pública en sus respectivos Estados" .6
El Congreso General Constituyente de 1824 tomó como sinónimo de la palabra instrucción el vocablo ilustración, según se puede apreciar en el texto
anterior.
• lbid., p. 88.
• lbid, p. 88.
• FRANCISCO LARROYO. Historia Comparada de la Educación en México. Editorial
Porrúa, S. A. México, 1964, p. 41.
• Derechos del Pueblo Mexicano, p. 89.

613

�Tan pronto como se consumó la Independencia se habló ya de trabajar
por la educación popular. En 1825, el Primer Presidente de la República,
general don Guadalupe Victoria, al cerrar -precisamente el 21 de mayoel período de sesiones ordinarias de la Cámara, expresó:
"El poder ejecutivo no ha perdido ni puede perder de vista la moral y la
ilustración, y por lo que a ésta hace, una Junta está actualmente entendiendo
en un proyecto grandioso de enseñanza pública, a fin de que los mexicanos no
tengan que ir a buscar socorros a otros países". 7
Pero, es ya bien sabido, sólo fueron proyectos. Así vemos, en informes sucesivos, cómo se lamenta Guadalupe Victoria.
Las Escuelas Lancasterianas.

La primera manifestación escolar, fuera de las causas que habían guiado
la educación durante el largo período de la Colonia, la constituyen las Escuelas Lancasterianas ( 1822) que por más de 70 años habían de influenciar
con su estilo peculiar. La Compañía Lancasteriana se fundó el 22 de febrero
de 1822.
Señalaremos aquí que las Escuelas Lancasterianas deben su nombre a José
Lancaster, nacido en Inglaterra en 1778 y quien intentó la transformación de
la sociedad mediante la instrucción de las clases más humildes.
La Compañía Lancasteriana en México recibió desde 1823 subsidio oficial
que fue incrementándose con el tiempo y además le fueron donados varios edificios. Su influencia fue decisiva en 1840 al grado que, el 26 de octubre de
1842 fue erigida en Dirección General de Instrucción Primaria en toda la Nación. Durante los tres años que tuvo ese carácter oficial, la Compañía abrió
escuelas primarias y escuelas normales en varias ciudades de la República.
Algunos autores púntualizan las principales características de este sistema:
1. Utilizar a los monitores, alumnos mayores y adelantados, para instruir a
los pequeños y menos avanzados; los monitores recibían del maestro las instrucciones del caso, se rodeaban de diez o veinte alumnos y repetían las lecciones.
2. Los "ínspectores" vigilaban a los monitores, distribuían el material e indicaban al maestro quiénes de los alumnos debían ser sancionados.
3. La disciplina se mantenía por su severo sistema de castigos y permisos;
7

Innovaciones Pedagógicas de la Enseñanza Primaria.

El deseo de suministrar a todas las clases sociales los rudimentos de la
cultura humana obligaron a descubrir métodos más racionales, prácticos y
eficaces en los dominios de la instrucción elemental. Las primeras innovaciones en la enseñanza primaria, de las cuales fueron autores los religiosos dominicos Matías de Córdova y Víctor María Flores, se orientaron a la enseñanza de 1a lectura y la escritura, y fueron los primeros esfuerzos en el terreno
del método fonético. Gran éxito y significación obtuvieron en las tierras Chiapanecas, sin lograr vencer, sin embargo, el peso de una rutina generalizada
en el país.
La Escuela y el Estado Mexicano.

La educación cívica y política del pueblo fue iniciada con gran energía en
1833 por Valentín Gómez Farías, primer político de la educación en el perío-

La Educación Pública en México a Través de los Mensajes Presidenciales Desde

la Consumación de la Independencia hasta Nuestros Días. Publicaciones de la Secretaría de Educación. México MCMXXVI, p. 3.

614

se llevaba récord disciplinario en cuadros de honor y listas de de!I\érito; se
usaron las orejas de burro.
4. "La escuela lancasteriana introdujo algunos métodos nuevos y más efectivos que los que hasta entonces se usaban como, por ejemplo, el empleo de
mapas y carteles, los areneros y los ejercicios de dictado".
5. El programa se circunscribía a lectura, escritura y operaciones matemáticas elementales.
6. La enseñanza se impartía en una sala espaciosa; había una plataforma
para el maestro, mesabancos para los niños, una especie de telégrafo, consistente en una tablita con un aditamento especial para que por medio de sonidos
convencionales, se pudieran transmitir direcciones y órdenes a monitores inspectores...8
Hacia 1870 decayó rápidamente la escuela lancasteriana por dos razones:
Una intrínseca, derivada del sistema mismo que, de moda por algún tiempo,
llegó un momento en que resultó superado. La razón extrínseca estribó en
que tanto el Gobierno General como los Municipios principiaron a fundar y
sostener mejores escuelas primarias. En 1890 fue disuelta la Compañía Lancasteriana después de 68 años de existencia. Pese a las deficiencias de métodos y resultados desempeñó su papel histórico y representó el primer esfuerzo
para solucionar el g~ave y delicado problema de la enseñanza primaria popular.

8
EMMA MARTÍNEZ DuÉÑEz y CAMILO AluAs
en México. SEP. México, 1962, pp. 109 y 110.

ALMARAZ.

Historia de la Educación

615

�•

do independiente. Lucas Alamán y el doctor José María Luis Mora, fueron los
primeros ideólogos de un programa educativo del Gobierno. Alamán, en su
Memoria del siete de noviembre de 1823 pregonaba que sin instrucción no
podría haber libertad y que la base de la igualdad política y social era la enseñanza elemental. Para ello propuso un plan que fue aceptado y en el que
se trabajó hasta 1832. En 1833 trataron de implantarse sus reformas.
Por su parte, el doctor Mora apoyó esta renovación de la enseñanza en un
plano político, lanzando la idea de que habría de ser la base de la política
escolar, de hacer que las orientaciones y tendencias de la educación estuvieran
acordes con la política general del Estado Mexicano.
Todo ello coincidía con la conciencia de una urgente generalización de la
enseñanza elemental. Se trataba de una necesidad política; la educación de la
nueva nación debía de estar de acuerdo con las nuevas instituciones políticas,
sí éstas habían de perdurar. Tal fue el sentido de la Memoria de Alamán y de
toda la obra posterior realizada por el doctor Mora.
Considera el licenciado Carlos Alvear Acevedo que "Lo grave era el pretender que se estableciese por parte del Estado, un sistema educativo que reflejase las ideas y principios de ese mismo Estado. Lo grave era que se pretendiese una cabal identificación entre los dos términos: El jurídico-político,
y el educacional, sin tolerar discrepancias de criterio. Y esto podría ser todo
lo estatista y efectivo que se quisiese, pero en modo alguno podía titularse
democrático, porque si en un sistema democrático el Estado debe respetar los
valores nacionales -y no imponer los suyos coercitivamente-, el pensamiento del doctor Mora llevaba implícito, en ello, no sólo la lucha enérgica contra
el Catolicismo de México, sino también el embrión del absorcismo por parte
del Estado en materia educativa, con la consiguiente exclusión, gradual, pero
firme, del derecho propio de los padres de familia..." 9
Después de dar a conocer la opinión anterior, señalaremos que ambos partidos -el liberal y ~l conservador- comulgaban con la idea de orientar la
educación hacia la libertad; pero discrepaban en el modo como el país debía
evolucionar políticamente y ello motivó muy pronto conclusiones opuestas
respecto a la orientación de la educación.
Los conservadores consideraban la unidad r~Iigiosa del pueblo mexicano
como un valor nacional y no concebían que la libertad democrática exigiese
la 'aceptación de una libertad en la orientación ideológica de la enseñanza,
extraña a la tradición del país, y sobre todo, a la realidad escolar que estaba
casi totalmente en manos de la Iglesia. Los liberales, en cambio, pugnando
por la transformación radical del país, reclamaban el control de la educación
• CARLOS ALVEAR ACEVEDO.

616

La Educ(lción y la Ley. Ed.

Jus.

México, 1963, p. 57.

por el Estado, como único medio para asegurar la educación democrática de
los ciudadanos, y exigían que se sustrajera la enseñanza de las manos del Clero.
Las Leyes de 1833 de Valentín Gómez Farías, constituyeron el primer paso decisivo en esta dirección, si bien frustrado en sus resultados inmediatos.
Por estas Leyes, se suprimió la Real y Pontificia Universidad de México y
se creó la Dirección General de Instrucción Pública para el Distrito y Territorios Federales. Estableció que la enseñanza sería libre, en el sentido de
que todo ciudadano tenía derecho a abrir escuelas. Pero a la Dirección General que creó, atribuyó el control de todos los establecimientos públicos de
enseñanza, la facultad de expedir reglamentos, la designación de maestros, la
determinación de los libros de texto, y, en general, la dirección y orientación
de la educación en el país.
He aquí los artículos, del primero al cuarto, del Decreto que clausuró la
Real y Pontificia Universidad de México, fechado en la ciudad de México
el 21 de octubre de 1833 :
Artículo lo. Se suprime la Universidad de México, y se establece una dirección general de instrucción pública, para el Distrito y Territorios de la
Federación.
Artículo 2o. Esta dirección se compondrá del vicepresidente de la República y seis directores nombrados por el gobierno. La dirección elegirá un
vicepresidente de su seno, para que sustituya en él al de la República, siempre que se encargue del gobierno supremo o no asistiere a las sesiones.
Artículo 3o. La dirección tendrá a su cargo todos los establecimientos públicos de enseñanza, los depósitos de los monumentos de artes, antigüedades e
historia natural, los fondos públicos consignados a la enseñanza, y todo lo
perteneciente a la instrucción pública pagada por el gobierno.
Artículo 4o. La dirección nombrará todos los profesores de los ramos de
enseñanza.10
Concluiremos este breve trabajo, diciendo que con esta medida estatista
hizo su aparición la libertad de enseñanza en la legislación mexicana. Se trató
de hacer intervenir al Estado en la educación nacional como en un terreno
propio y de arrancarla de las manos de la Iglesia.

'º

Derechos del Pueblo Mexicano, pp. 89 y 90.

617

�FERDINANDO GALIANI: ECONOMISTA DESCONOCIDO
( 1728-1787)
DR. GIORGIO BERNI
Jefe del Departamento de Economía
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey

INTRODUCCIÓN
ESTAS RESUMIDAS NOTAS que aparecen por vez primera, representan el inicio
de un estudio más completo que el autor quiere realizar sobre este economista
que ha tenido el destino de ser desconocido a la mayoría de sus contemporáneos, de los economistas que siguieron y aún de los actuales. Son pocos los autores que reconocen a Galiani, el lugar prominente que tiene en la historia de
la Economía, entre ellos cabe citar: Loria, Marx, Einaudi, Gonnard, Gide y
Rist, Bousquet, Heimann, Schumpeter, Graziani, etc.
La American Economic Association acaba de darle su justo reconocimiento
traduciendo su obra más interesante, desde el punto de vista económico, Della
Moneta; obra aparecida anónima en Nápoles en 1751, y que el autor escribió
entre 1745 y la fecha de su publicación.
En estas cortas notas examinaremos en forma muy resumida algunos de los
problemas más interesantes considerados por el autor. Sus obras tienen un
sabor de modernidad por la manera realista con la cual están escritas y por
no tener ninguna objeción de perjuicios.
Schumpeter afirma que si el Galiani metodólogo es sorprendente, el Galiani teórico puro no lo es menos.
Galiani nació en Chieti, que entonces pertenecía al reino de Nápoles, murió en Nápoles. Religioso y diplomático, logró fama de economista con la
obra: Della Maneta (primera edición 1751) y de polemista antifisiocrático
con los Dialogues sur le Commerce des Blés ( 1770) .
Desde su juventud mostró una inteligencia aguda y llegó a ser un alto fun-

619

�cionario público, como miembro de la Suprema Mesa Directiva de Comercio de Nápoles. En 1759 fue designado secretario de la embajada napolitana
en París y viajó por muchos países de Europa. Publicó sus Dialogues sur le
commerce des Blés ( 1770), obra que lo hizo conocido a través de toda Europa.
En 1773 fue llamado otra vez a Nápoles y empleado en un alto puesto
público, el cual cubrió a satisfacción del rey.
Los escritos de Galiani fueron muy importantes y abarcaron varios campos, recordamos su trabajo Sui Doveri dei principi Belligeranti, publicado durante la guerra de los siete años, durante la cual el reino de Nápoles permaneció neutral. Investigó con mucha originalidad los problemas fundamentales de la ciencia económica, abriendo el camino a sus progresos futuros. En
su notable trabajo Della Moneta, analizó los fenómenos del valor elaborando una teoría que puede tener algo en común en los detalles con los otros
sistemas conocidos en su tiempo, pero diferenciándose esencialmente de las
otras.
Galiani colocó esto en la concreta utilidad de solas cantidades de riqueza;
la utilidad, de acuerdo con él, está determinada por diferentes grados de
demanda; hace observaciones acerca de la influencia del tiempo y la influencia recíproca de la demanda sobre el valor que a su vez influencia al
anterior, esta teoría de las limitaciones de la utilidad forma un sistema completo en el cual los varios elementos son primeramente investigados y luego
reducidos a uno solo. Este último no es ni el trabajo ni la rareza, separadamente considerados, ni siquiera la riqueza en sí misma. De acuerdo con Galiani, debe considerarse el valor normal, como una mezcla de varios elementos, todos tendientes a dar la idea de utilidad en su sentido más amplio y diferentemente distinguido en grado y demanda. Además de los modernos conceptos de la utilidad Galiani discutió la paradoja del valor y la resolvió con
base en los principios de la utilidad rara. -:-Es suya la famosa paradoja del
ejemplo del becerro de oro que está evaluado más que un becerro de carne.
La base teórica de Galiani no tiene nada en común con los que Locke y Cantillion generalmente aceptaban, anticipa las teóricas de Jevons y Menger. En su
obra: Della Moneta defiende el interés. El capítulo relativo al curso de cambio está impregnado de opiniones mercantilistas y muestra algunas inconsistencias en las observaciones del comercio internacional.
Sus ocho diálogos (Dialoghi sul Commercio dei grani) tienen grandes méritos, ya que son los más brillantes escritos publicados hasta esa fecha en
apoyo a la economía práctica.
En esta obra el autor declara que no es partidario de ninguna escuela; y
de acuerdo con el comercio de trigo el único sistema a seguirse, no es seguir
ninguno y llega a la conclusión de que algunos fenómenos económicos obedecen
620

ª. tendencias frente a las cuales es más conveniente que el hombre político se
nnda, secundando así las manifestaciones que derivan. Como él escribió subsecuentemente en su ''Corrispondenza", los diálogos nunca fueron completados y trató de añadir otro capítulo más, el IX, que nunca fue publicado.
En los Dialoghi Galiani no habla de la agricultura como la única base de
la riqueza, como lo hacen los fisiócratas: algunos países tienen territorios
bastante insuficientes para todas sus necesidades. Elogia el edicto de 1764
que establece el libre comercio de trigo en Francia porque no lo hace esto ~
trav~s de ~a convicción de corrección de la teoría. Cada nación, cada época
reqmere diferentes leyes; por esto es. absurdo para resolver los problemas de
la legislación económica con referencia a los abstractos principios absolutos
como quieren los fisiócratas, porque la consideración deberá hacerse desd~
una cantidad indefinida, la cual no podrá ser determinada, este es el hombre, quien podrá ser completamente modificado por los hábitos. Muchas objeciones estuvieron en contra de estas opiniones y todos los economistas de la
época se opusieron a Galiani.
En la historia de las doctrinas económicas, Galiani ha tenido el gran mé~ito de ha~er observado en la segunda edición de Della M oneta ( 1780) la gran
unportancia de Antonio Serra y de su obra: Breve Trattato delle Cause che
possono /are abbondare i reini d'oro e d'argento dove non sano miniere (Nápoles, 1613), que había sido injustamente olvidado por todos. Con su obra se
anticipó a dos importantes escuelas de pensamiento económico: la neo-clásica
y la histórica.

CONCEPTOS DEL VALOR, DE LA MONEDA, DEL INTERÉS

. Galiani fue uno de los primeros escritores italianos que han largamente analizado la naturaleza del valor de los bienes, demostrando que es producto de
muc~as circunstancias distintas, es decir, de la rareza, de la utilidad, de la
cano.dad, de la fatiga, del tiempo, etc.
Este análisis es muy notable para su tiempo; un adelanto en el que más
tarde desembocaría en la moderna temía del valor, siendo el valor, una idea
de proporción entre la posesión de una cosa y la posesión de otra en opinión
de un hombre o sea un juicio que se hace acerca de la utilidad que proporciona un bien dado y la rareza existente del mismo.
La utilidad que posee un bien consiste en la aptitud inherente del mismo
para hacer feliz al usuario, o bien sea, para satisfacer necesidades y pasiones.
La rareza viene dada por la proporción entre la cantidad existente del bien
621

�,

en cuestión y el uso que se hace del mismo, impidiendo con ello la satisfacción
de deseos que tengan otros sujetos. La cantidad que deriva de la rareza del
bien es producto de la tercera circunstancia que Galiani señala como componente del valor, es decir una cierta producción: producto directo del trabajo
sóbre el que se basa fundamentalmente el valor o sea que es la fuente o razón
de la rareza que junto con la utilidad es el elemento autónomo que forma el
valor.
La combinación de la rareza y la utilidad permite explicar por qué cosas de
poca utilidad tienen mayor valor que otras, que brindan mayor utilidad. Galiani claramente distingue dos clases de bienes según la posibilidad de un suyo
aumento cuantitativo: aquellos cuya c:ntidad depende de la naturaleza, y
aquellos que aumentan con el trabajo.
El trabajo como única fuente del valor de las cosas, consta de tres elementos: del volumen de la demanda necesaria de alimentos que permite mantener al trabajador en la eficiencia necesaria lo que influye en el precio de los
mismos, el tiempo requerido para el trabajo junto con el de reposo durante el
cual el consumo de alimentos se mantiene, y, como tercer elemento el salario
que depende del talento humano. Aquí Galiani profundiza su análisis hasta el
valor de la inteligencia de los hombres, afirmando que esta se aprecia en la
misma forma usada para los bienes inanimados, apoyandose sobre los mismos
principios de la rareza yío utilidad, juntos: sin embargo el valor de la capacidad depende no del ingenio que posee cada uno, sino, que del mismo que
cada uno madura o desarrolla.
De lo anterior puede notarse que se distingue las nociones del valor objetivo y del valor subjetivo, y que da al valor en general como origen, la rareza
y la utilidad.
Galiani desarrolló el concepto del valor-utilidad opuesto al concepto de
valor-costo de producción, y más específicamente de valor-trabajo. Acepta la
teoría de que el valor depende de la utilidad y de la rareza, y esta última está
causada o por condiciones naturales o por el trabajo necesario.
Del encuentro de la utilidad y la rareza en que fundamenta Galiani la teoría del valor, resulta la tentativa de mostrar la influencia concomitante de la
demanda y de la oferta sobre el valor de los bienes y de señalar cómo de esta concatenación nace el grande y utilísimo efecto del equilibrio del todo.
Galiani aun antes que los clásicos había vislumbrado la importancia de la
utilidad en la explicación de los fenómenos económicos relativos al valor de
los bienes.
Por lo que ahora nos ocupa respecto al valor, ya que adelantó no sólo en
tiempo sino también en profundidad a muchos escritores posteriores y sólo
hasta más tarde logró ser superado con la actual teoría del valor. A este res-

622

pecto Schumpeter, en su obra póstuma History of Economic Analysis, afirma
que si los clásicos ingleses hubiesen conocido al que Caterina de Rusia llamaba "mon petit cousin le napolitain" la ciencia económica se hubiera anticipado de por lo menos 100 años.
Respecto al valor de los metales, éste es intrínseco y depende del uso que
se hace de ellos con respecto al desgaste y se usan como moneda porque valen y no valen por su uso como moneda.
La utilidad de la moneda viene dada por el servicio que presta al comerciar, ya que con ello se permite eliminar el trueque y además garantiza el interés privado, y porque representa el crédito que uno tiene contr2. la sociedad,
que precisamente está representado y medido por la moneda.
Lo anterior es una indicación, que hace notar la obra de Galiani como algo más que un buen tratado.
Galiani hace una diferenciación de la moneda en real, ideal e imaginaria. La
ideal es una medida común para conocer el precio de las cosas, o sea que sirve
para valorar, o bien conocer el valor proporcional que existe entre una cosa
y otra; en el sentido real, la moneda consiste en piezas de metal, divididas
por la autoridad pública en partes iguales o proporcionales entre sí y aquí el
uso de la moneda consiste en comprar los bienes, además se recibe a cambio
de los mismos y se tiene como una seguridad y una prenda de poseer el equivalente de lo que fuese dado o de adquirir lo mismo por lo cual se recibió;
cuando la moneda se emplea sin que exista, para medir la proporción en que
están todas las cosas, es imaginaria, o bien se llama moneda de cuenta y se
usa como una referencia.
Galiani tiene una visión muy clara, ya que advierte que se trata de una
relación entre tres variables: la unidad monetaria imaginaria, la unidad monetaria corriente y la unidad del bien económico. Haciendo esto, procede en
la misma manera en la cual el economista de hoy se orienta en la relación
entre dos unidades de medición como, por ejemplo, el dólar y la tonelada de
trigo, o también, se pudiera añadir, entre estas dos unidades y una tercera
que pudiera ser el oro y cualesquiera otras mercancías que nos interese evaluar.
La moneda real además de su uso --comprar los bienes--- debe tener otras
cualidades: como el valor intrínseco que consiste en el valor del trozo de metal
fino que contiene, el sentido de valor dentro de la moneda, que no es fruto de
una convención humana, sino producto de la escasez (rareza) del metal con que
está hecha. La segunda cualidad es la facilidad de identificación, dificultad para hacerla sujeto de fraude y por último, larga duración. El valor extrínseco de
la moneda está otorgado por la autoridad pública y debe comprender el costo
de acuñación.
Galiani no da preferencia definida a ningún metal para usarse como mo-

623

�neda, sólo hace notar que si la proporción entre el oro, la plata y el cobre,
con respecto a la cantidad del metal que contenga y el valor de la moneda, es
fijado con exactitud, equiparan a las cosas indiferentemente en cada una de
las monedas, evitando así la huida o atesoramiento de las monedas del metal
que no guarda la debida relación.
El autor dedica mucha atención al problema de las alteraciones monetarias que tan frecuentemente se daban en su época para cubrir las deudas de
los gobernantes o de las necesidades públicas. Esto, para Galiani, consiste en
alterar por ley el valor extrínseco sin que lo mismo pase con el intrínseco y
dentro de estos movimientos reconoce los particulares y los generales. El alza
particular consiste en una desproporción de la relación del valor entre las dos
clases de monedas, y esto causa variedad de precios, congela una parte de la
moneda, y produce una ventaja para el extranjero, lo que provoca que la
buena moneda sea exportada. El alza general es menos perjudicial ya que, según Galiani, no causa huida de moneda al igual que la otra y distribuye el daño a la generalidad de la población: consiste en una disparidad entre la mercancía y la moneda en cuanto a sus precios, lo que se remedia por sí mismo
con un alza de éstos. A este respecto Galiani sostiene la tesis ya expuesta por
Malestroict en Francia, que en el alza general de todos los bienes los precios
aumentan nominalmente y no de hecho, ya que realmente nada aumenta como valor.
La sobrevalorización ( revaluación) o el debilitamiento (devaluación) , son
el resultado, en parte, dice Galiani, de las guerras, señala que el lujo de las
monarquías es la guerra, consecuencia de ella son aquellos movimientos que
sirven pata cubrir los gastos. La moneda representativa (papel moneda), requiere para representar la moneda real, la certeza de la deuda, la puntualidad
del deudor y la autenticidad de la pieza que se tiene a la mano. Así, la moneda
representativa es una deuda que llega a ser igual a lo que representa, cuando
existe un tenedor que la acepte. Los atributos del papel-moneda no son intrínsecos, sino que nacen de la aceptación.
La cantidad de moneda no influye, en el caso de la representativa, en el
valor de la misma, como sucede con la metálica.
La riqueza se acrecienta pero no es aumentada por la cantidad de dinero,
éste sólo ayuda a agilizar los cambios; lo que importa no es la cantidad de
oro sino la de los bienes que puedan adquirirse por lo que aquella cantidad
debe corresponder a las necesidades de mercado, ya que la abundancia exagerada del circulante, causa alzas en los precios y provoca la emigración de
la moneda. El alza de los precios no sólo puede significar carestía, sino todo
lo contrario, prosperidad y es posible debido a una aceleración de los cambios y a un curso del dinero que es señal de abundancia y bienestar económi-

624

c_o. Galiani enfoca la riqueza hacia el hombre u
, .
tituye, ya que ésta está implícita en 1 1 . , q e es lo uruco que la consal desear uno lo que otro posee en a re acion que s~ da entre dos hombres
Galiani es precursor de la te~ría :::::~::~ el p1:mero q~e el segundo.
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que este vana de acuerdo
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dinero.
el monopolio del
Para Galiani e 1 mteres
·
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un complemento destinado a equilibrar la r g.,
' sino simplemente
Desde el punto de vista de 1 . . .
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a Justicia ambas debe t
1 .
como el valor" es la proporción entre
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. 1 _sas y nuestras necesidades, sería commero de cosas o de su formaeqwtv~ encial en la igualdad del peso, del núex enor·· 0 que m
· teresa es que aparezca su
utilidad.

la;

D'
IALOGOS

SOBRE EL COMERCIO DEL TRIGO

Esta obra fue publicada en 1770 e
.
? n ella, considera el edicto Francés de
e comercio y exporta · , d 1 •
alcance un cierto precio llega a
1•
cion e trigo hasta que éste
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por tanto pobres en trigo debe d .
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según las necesidades que e'se y , dº
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Analiza los países agrícolas c 1
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es donde puede radie la .
comerc10 e1 mar, ya que ahí
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En esta obra
Galiani critica a "Lo1· d e 1a nature" dici d
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no debe CUidarse de nosotros s·
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, mo que nosotros de ella
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bate más contra la naturale
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1764 que da la libertad d

En esta obra llega a conclusiones sobre aranceles y provIS·iºo'n d e viveres
,
o ma-

625
H40

�teria anonaria, al considerar las causas de la carestía que afligieron a Italia
entre 1764 y 1765.

CONCLUSIONES

No se intenta llegar a un sintético resumen de la obra de Galiani o destacar la importancia real que representa en el campo económico, sino tan sólo
de constatar aspectos generales que desde luego lo hacen importante.
La aportación mayor de Galiani se encuentra en el terreno del valor en
que lo profundiza y se adelanta a sus contemporáneos y a algunos de sus
antecesores proporcionando los que ahora son los fundamentos de la teoría
en una forma muy clara, que como ha sido señalado, aún más tarde, no dieron ni Condillac, ni Smith.
De la misma forma señala la mutua dependencia existente entre el precio
y la demanda por lo que se puede considerar precursor de la escuela moderna
del equilibrio de W alras y Pareto.
En el terreno del interés y el cambio es también precursor de la teoría moderna, ya que plantea en términos muy peculiares lo referente a la naturaleza y justicia del interés en los préstamos que no es una verdadera ganancia
sino el equilibrio de la prestación y contraprestación.
En cuanto a la moneda, llega a la conclusión de que el papel moneda se
presta a abusos e inconvenientes, pero no investiga las condiciones teóricas
que pudiesen hacer posible que esto subsistiera y substituyera con ventaja a la

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Sons, Inc. New York, 1952.
'

moneda metálica.
Galiani puede ser considerado un maestro de teoría y al mismo tiempo un
combatiente en contra de la excesiva simplificación teórica y las demasiadas
rápidas conclusiones derivantes por la política práctica. Realizó un benéfico
equilibrio entre abstracción teórica y análisis histórico que ni la teoría ortodoxa ni la escuela histórica se demostraron capaces de mantener.
No podemos situarlo fácihnente dentro de una corriente económica o quizá
no tenga lugar en alguna de ellas, puede señalarse como un ecléctico de las
doctrinas fisiócratas y mercantilistas, como señalan entre otros Toniolo, Schumpeter, Niccolini, etc.

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626

627

�ESTRUCTURA DE LA SOCIEDAD COAHUILENSE EN LA
SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX Y PRIMERA DEL SIGLO XX
PROFR. ANTONIO POMPA

y

POMPA

Instituto Nacional de Antropología e Historia
México, D. F.

EL PRESENTE ENSAYO ES una colaboración al estudio integral de la estructura de la sociedad coahuilense en la segunda mitad del siglo XIX y primera
del siglo XX, tema importante si se quiere interpretar la evolución de ideas
y circunstancias que contribuyeron a la conformación de ese estadio histórico
nacional en que se delineó la Reforma y sus efectos, en esta porción de las
provincias internas de Oriente, más tarde de la Intendencia de San Luis Potosí; provincia de Coahuila y Texas y finalmente estado de Coahuila, tras la
desmembración de la referida provincia de Texas.
Importante es tener una visión del paisaje de la región de Coahuila, variado y variable, que es atravesada por la Sierra Madre Oriental en forma
diagonal, entrando por su extremidad sureste para salir por su extremo noroeste, dividiéndolo en dos zonas de características diversas con variadas altitudes
y distintas condiciones de clima; la primera zona que constituye el grupo de mesetas boreales de la altiplanicie central; la segunda toda ubicada en el declive
levantino de la Sierra Madre Oriental. La primera forma casi toda una
cuenca interior y la segunda pertenece en su totalidad a la vertiente del Golfo de México.
En consecuencia, el paisaje que ofrece el medio geográfico encierra la sensación de la belleza que dan las zonas áridas o semiáridas del norte del país,
con su flora y su fauna peculiar, con sus sugerencias de desierto y sugerencias
también de pequeños oasis, valgan los términos; con un potencial económico
al que haremos referencia con mayor amplitud en 1a secuencia de este ensayo;
valga pues hacer notar que hay valle y montaña y que su territorio se presta
para la ganadería por sus pastizales y para una agricultura selecta y algunos
barruntos de industria minera en ép9ca avanzada.
629

�Al referir Alessio Robles las actividades de Balcárcel y Juan Larios en
esta región, afirma que toda la provincia de Coahuila permaneció completamente abandonada hasta fines del año 167·3 en que el citado Juan Larios
hizo su primera entrada partiendo de Saltillo. Así afirma que fundó varias poblaciones al norte del río Sabinas, río hasta el que llegó D. Francisco de Urdiñola en 1607 con su expedición y después, Juan Larios, acompañó a don Antonio Balcárcel de Rivadeneyra y Sotomayor, nombrado gobernador de Coahuila, fundando el día 8 de diciembre de 1674 la población de Nuestra Señora
de Guadalupe de Nueva Extremadura sobre las ruinas del nuevo Almaden
fundada en 1585 por don Luis de Carvajal y de la Cueva; casi diez años
después, o sea en 1684, la movilidad obligada por las circunstancias hizo que
fuera abandonada y algunos escasos pobladores españoles se refugiaron en el
aledaño pueblo tlaxcalteca de San Miguel de Luna, y en 1689 el general
Alonso de León volvió a repoblar Guadalupe de Nueva Extremadura y la historia de esta población a la que León le nombró Santiago de la Monclova, es
más o menos la misma en las demás poblaciones de la época en la zona coahuilense.
En el mismo siglo XVII la corona española activa su política de frontera
a base de misiones y presidios que como se ve en otras porciones del norte
de Nueva España, se desarrollan en Coahuila, dentro de múltiples vicisitudes,
ya que las misiones congregaban no a hombres de tribus sedentarias que labraran la tierra, sino a nómadas cazadores recolectores que hacían la permanencia transitoria, tan sólo mientras lograban aprovisionarse; agréguese a esto
la carencia de caminos y la movilidad de indígenas en busca de elementos que
les convertía en una continua amenaza sobre las pequeñas poblaciones o congregaciones de sedentarios; a pesar de ello la energía de los que llamaremos
pioneros de la región, quizás vascos en buena parte, hicieron que se fueran
sentando las bases de una economía agrícola y ganadera, dentro de una región
accidentada, con pequeñas mesetas y escasa agua, empezándose a formar una
sociedad ganadera que poco a poco tendió a una burguesía, y a un grupo extenso
dedicado al pastoreo y estas bases semejantes en su estructura a las antiguas
estancias ganaderas, dio base y fundamento a uno de los renglones de mayor
productividad en la zona coahuilense.
Si consultamos el Informe del virrey Revillagigedo en la parte que nos interesa para este ensayo, encontraremos que ya en el siglo XVIII no se amplía
la política de misiones, más sí se fundan algunos pueblos. El informe que Revillagigedo fecha el 27 de diciembre de 1793 señala para Coahuila ocho misiones que son: San Miguel de Aguayo, San Francisco de Tlaxcala, Santa Rosa
de Nadadores, San Bernardino, San Francisco Vizarrón, Dulcísimo Nombre
de Jesús de Peyotes, San Juan Bautista y San Bernardo, con una población
630

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total de un mil seiscientos cuarenta y un individuos, muchos de ellos descendientes de los admirables colonizadores tlaxcaltecas, misiones que ocupaban una
enorme extensión territorial. Mas esta política de reducción y educación estaba en continua lucha, muchos de los individuos permanecían poco tiempo
y desertaban, y epidemias como la de la viruela diezmaban la población; política que fue tremendamente dura económicamente para la corona española,
pues según el mismo Revillagigedo "la corta población de indios reducidos en
la provincia de Coahui½, ha causado el erario del Rey el dispendio de millones
de pesos en el discurso de ciento diecisiete años desde el de 1676, en que fue el
establecimiento de la primera misión, para mantener, sosegar inquietudes de
los mismos indios con tropas volantes y conservar el dominio de un dilatado
país, que aunque cubierto de numerosa gentilidad, nunca ha sido posible atraerla a la religión y al vasallaje"; ello hizo que no pudiera hacerse reparto de
tierras ni que se asignara ejidos a padres de familia, y sólo en cuatro misiones
intentaron siembras de comunidad, dentro de un sistema en demasía precario.
El virrey Revillagigedo asignó a Coahuila según los padrones de 1780 una
población total de ocho mil trescientos diecinueve individuos, haciendo notar
como destacadas las jurisdicciones de Saltillo y Parras. Población que se modifica para 1803 según el censo de Humbolt a treinta y dos mil ciento setenta
y dos habitantes.
Estos factores nos están dando con relativa claridad los prolegómenos de la
estructura de esa sociedad que se va conformando poco a poco para dar una
fisonomía de mayores perfiles en la segunda mitad del siglo XIX, aunque con
la tónica que le va dando el desenvolvimiento económico de la región, por la
formación de los extensos latifundios como el del marquesado de San Miguel
de Aguayo, que comprendía aproximadamente la mitad austral de la provincia de Coahuila; el latifundio del Colegio de los JesUÍÜJ.S deSanta María de
las Parras, en la región de Hornos, en la Laguna, y el del canónigo Miguel
Sánchez Navarro en la región central; no es este el momento de explicar la
significación de estos latifundios en la estructuración de la sociedad coahuilense, pero si, nos va diciendo oómo se van creando las estructuras sociales
que van a determinar las circunstancias peculiares de más adelante.
Para entender la posición común de diferentes niveles de clase, es suscepbble de profundizar para implicar valores, creencias y modos de actuar semejantes, aunque con diferencias, muy particularmente entre personas nacidas
dentro de una misma clase y aquellas que llegan a ella por su propio esfuerzo.
Estas características comunes pueden generar, y generan, una idea de corporación, o conciencia de clase que vincula a los miembros todos dentro de una
unidad social, y conduce probablemente a una acción colectiva. Problema para
los sociólogos es identificar las condiciones bajo las cuales ocurren los cambios
632

....

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.."'

�de una categoría social a un grupo, y entender sus consecuencias; ello nos
indica la actitud de lo que podremos llamar castas sociales frente a un problema
que atañe en común y así encontramos en la historia de Coahuila, cómo hacían
causa común en defensa de intereses comunes, aún cuando en otras situaciones
se perfilaba una crisis de conciencia común. Ello obliga y presiona cada vez
más en forma imperativa al estudio profundo de la ecología humana de esa
región, tanto en la vida campesina como en la urbana, ambas correlacionadas
en múltiples aspectos. Es indispensable, y qué diré, imprescindible obligación,
el estudio ecológico que contemple la potencialidad del medio y a su vez las
interrelaciones humanas, y aún los enfoques culturales en relación con los medios humanos; además, como lo hacen ver Anderson y Evans deben tenerse
presentes las herencias de las tradiciones desde las primeras faces. Es necesaria
información histórica lo más veraz posible de lengua y costumbre, alimentación,
vestido, oficios, tradición oral, folklore y música popular; como también profundizar en estudios antropológicos e históricos en general; en una palabra,
conocer al hombre y al medio para tener una visión más clara de su ecología,
base y fundamento para entender al hombre en el espacio y en el tiempo y
así podernos explicar el porqué de sus actitudes y frecuente movilidad, explotación de su medio y dominio de su territorio; como los equilibrios y desequilibrios por el aumento de población y lento desarrollo tecnológico y como una
consecuencia, escasa productividad o lo contrario. Así también esta base económica cómo hace el cambio social y cultural de la colectividad.
Hemos considerado someramente el ámbito en que se ha desarrollado una
comunidad, la comunidad propiamente coahuilense; hemos considerado a grandes rasgos su estudio ecológico; hemos dejado traslucir que existe y existió
urbanización y por consiguiente civilidad, así como también colegimos un sistema rural de tipo agrícola ganadero y por consiguiente una estructura social
con dos particulan$ matices: una pequeña burguesía que fue estructurándose
a gran burguesía y un mundo proletario formado por agricultores y pastores
de ganado, y esto se viene manifestando desde los inicios de la colonización
por decir así estanciera-ganadera y esto lo encontramos con perfiles de una
mayor conformación y a fines del siglo XVIII, cuando ya se podía hablar de
latifundios, pues ya hemos hecho referencia a esas tres grandes porciones que
abarcaron el territorio coahuilense.
En consecuencia, perfilase una comunidad humana inmigrante en su mayor parte, la que es raíz y fundamento de la sociedad coahuilense, mestiza de
europeo, en su mayoría absoluta español-vascuence, e indígenas del sur muy
particularmente tlaxcaltecas, llevados a colonizar por sus peculiares cualidades
y como ejemplo a los nómadas, como sedentarios que se sugiere en buen número, pues poco, muy poco mestizaje hubo con grupos nómadas del norte, de
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Mapa de la Provinci~ _d e Coahuila o Nueva Extremadura, por Don Juan Ignacio de Castilla
Y R101a i 1743? Original en el Archivo de Indias, en Sevilla.

�una extraordinaria movilidad, pues recuérdese de las movilizaciones continuas
de los llamados "comanches" que fueron el azote de la colonización del norte
del país y que los Presidios y las Misiones que en algunos otros lugares como
en la California y quizás en la Sierra Gorda dieron resultado, en esta zona
coahuilense prácticamente dieron poco fruto por la irreductibilidad de esos
cazadores recolectores, nómadas increibles que eran los "comanches".
Así, en este ambiente de frontera, puesto que desde el antemural del ~
tunal de San Luis Potosí hasta las tierras del norte, fue frontera, tuvo Coahuila
además la gran reservación indígena natural del Bolsón de Mapimí que mantuvo en jaque continuo a los pioneros de la colonización del norte.
En estas circunstancias con este potencial humano débese pensar un poco
más en el panorama de la estructura económico social, en un territorio desértico O semidesértico formado por materiales del mesosoico (cretásicos y jurásicos) ; en el este la Sierra Madre Oriental con estribaciones que penetr~n
hasta el centro del Estado que en algunos sitios se presentan como escape hacia
la planicie costera, careciendo de vertiente interior; el Occidente de origen
sedimentario y en buena parte reciente, es plano, árido y forma cuencas endorreicas que alimentan vasos en proceso de extincion. La cuenca sudoeste, forma
y conforma la región llamada la Laguna donde se pie~den los ríos Nazas, y
Aguanaval en las lagunas de Mayrán y Viesca, respectivamente; ambos nos
se aprovechan y se han aprovechado para el riego, en la actualidad con una
mayor utilidad. Los ríos del oriente son afluentes del Salado ~ del San Juan,
que alimentan al río Bravo, y así, planificando t~n:mos van~dad ahora ~e
producción agrícola, ganadera y minera que modifica la antlgua econom1a
del ixtle y de la candelilla; Nueva Rosita zona carbonífera; San P~dro de las ~olonias con productividad agrícola decreciente; en el suroeste tngo y algodon,
vid en Saltillo y Cuatro Ciénegas; algodón en las riberas del Bravo; carbón,
como uno de los grandes productores del país, Piedras Negras, algo Progreso,
San Juan de Sabinas y otros lugares de menor importancia; plomo )'. cob~e
tampoco son ajenos a la región. La producción considerable de matenas pnmas ha dado últimamente un grande y definitivo auxilio a la industria de
transformación, como se advierte en Monclova, con planta siderúrgica, además
de toda esa gama de productos como: algodón, aceite, jabón, molinos de harina y la muy destacada industria vinícola, todo lo que nos da a grandes rasgos
una panorámica de elementos fundamentales para entender la estructura económica de esa comunidad que p6r razón natural aplicándole una escala de
valores nos enseña situaciones interrelacionadas que forman una conciencia en
común con matices particulares que perfilan su devenir, así como diferencias,
algunas fundamentales, habiendo dentro de todo ello una organización y una

636

política con manifestaciones propiamente regionales, que dan al individuo en
particular y a la colectividad en general una muy especial personalidad.
Hemos considerado pues que desde antiguo se fue formando una burocracia
cuya naturaleza le fue imponiendo la circunstancia imperativa del medio, del
paisaje, de su forma obligada de vivir, nació y se fue estructurando dentro de
los imperativos de frontera, con todas las vicisitudes propias del tiempo, mas
esta sociedad creado ya su statu económico y su vivencia, pensó en su conformación cultural, en la preparación de las generaciones por venir, desechando
en mucho la crisis de conciencia que le imponía el devenir del medio, y así
hubo de luchar seguramente.
La transformación que creó la doctrina de la Ilustración en la Nueva España, seguramente introducida en esta región por aquellos jesuitas que fundaron
el colegio de la Compañía de Jesús en Santa María de las Parras, aledaño a su
residencia, que parece desapareció en 1745, despertó ese deseo de saber, tan
manifiesto en la Coah1úla de fines del siglo XVIII y principios del XIX.
Esta doctrina de la Modernidad, germen y alimento de las ideas que gestaron
la evolución que transformó la conciencia de los hombres de fines del siglo
XVIII y principios del XIX en el México todo, es la preparación para ese
cambio radical que se operó en la segunda mitad del siglo XIX y principios
del XX, es la manifestación en México de la gran revolución filosófica, preparada por los pensadores italianos y españoles del siglo XVI, que estalló en
el siglo XVII con inusitado brío, llevando su influencia a todos los órdenes
del conocimiento humano, que consolidó en el siglo XVIII en su segunda mitad una fisonomía, que cuajó en el siglo XIX y proyectó al XX.
Roto por Renato Descartes el cetro de la autoridad tradicional, y erigida
la afirmación de propia conciencia en base y fundamento de toda filosofía,
cambió de pronto bruscamente el punto de partida y con él cambiaron los procedimientos todavía más que la solución. He ahí la raíz y la razón de la nueva
doctrina que empezó a estructurar el nuevo pensamiento en la Nueva España,
en México, pues si bien es cierto que desde el siglo XVIII se manifestó muy
particularmente en los colegios jesuitas, que trataron de canalizar las corrientes modernas del pensamiento, hasta el siglo XIX en su primera mitad empezó
a tomar fuerza, que en su segunda aparece con franqueza enérgica en el
partido rojo que, nos dice Francisco Bulnes, era un grupo marcadamente demagógico tendiendo a socialista. "Por eso Ignacio Ramírez -afirma Ignacio
Manuel Altamirano-- estaba solo e iba a luchar contra aquellos que podía
suponerse eran sus correligionarios. Los avanzados iban a creerlo un soñador;
los moderados iban a ser tan enemigos suyos como los mismos clericales".
Es que el liberalismo radical aún no tenía carta de naturalización, la conciencia del mexicano estaba indecisa como se advierte en los mismos postu-

637

�lados del partido Republicano, el más avanzado de la época, y esta doctrina que
va evolucionando de la Ilustración a desembocar en los prolegómenos del Positivismo, es la que alimenta los primeros barruntos de ilustración superior en
la docencia coahuilense; este espíritu es el que forma y conforma a los primeros liberales de la región, y en consecuencia la estructura de la sociedad coahuilense de la segunda mitad del siglo XVIII y todo el XIX hace entrar a los
cauces de una nueva estructura y deja la semilla de la idea liberal que va
a poner las bases de la nueva era en la segunda mitad del siglo XIX y a
crear una nueva estructura política, jurídica, económica, y dentro de este espíritu se crea la constitución de una "nueva" colectividad que estableció modalidades especiales para una tipología nueva de sociedad.
Son, como he dicho, los prolegómenos de un franco positivismo, de una
doctrina para discutir no sólo en círculos culturale\ sino en la plaza pública;
y esta doctrina la utiliza una elite como instrumento de determinado grupo
de mexicanos, de ahí que como asegura Leopoldo Zea, no sea posible desligar
al positivismo de una determinada forma de política y de un determinado grupo social. Los positivistas mexicanos eran muy concientes de este carácter instrumental de su filosofía. Cuando afirmaban el valor universal de su filosofía
estaban afirmando en forma bien conciente el derecho a la preeminencia social de la clase que representaban. Quizá es este uno de los pocos ejemplos en
que la filosofía se presenta menos enmascarada, diciendo más abiertamente lo
que quiere.
Este carácter del positivismo en México -asevera Zea-, abiertamente ligado a un grupo social y con pretensiones políticas precisas, ha determinado
las interpretaciones políticas que casi siempre se le han dado. Las interpretaciones que se han dado al positivismo en México han estado determinadas por
la posición social, política o religiosa de sus intérpretes.
W. J. H. Sprott en su introducción a la sociología, nos trasmite el concepto
que sobre esta ciencia sustenta Guinsberg y que define a esta disciplina como
el estudio de la urdimbre o tejido de las interacciones e interrelaciones humanas; materia sugestiva, basta y aparentemente compleja que los sociólogos como Durkheim diseña en tres encabezamientos: Morfología Social, que se ocupa del medio geográfico; la densidad de población y otros datos preliminares
análogos, Fisiología Social, que estudia procesos dinámicos tales como la religión, la moral, el derecho, la vida económica, etc., cada una de las cuales pueden ser objeto de una disciplina especial y Sociología General, que es el intento
de descubrir las leyes sociales generales manifiestas en los procesos sociales más
específicos, y dentro de esta tónica y de esta metodología hemos apreciado,
ayudados por la Historia, una interpretación sociológica de la evolución de la
sociedad coahuilense en la forma que lo hemos enunciado, y hemos hecho tam638

~ién pres;~te esa sociología del conflicto por interculturación y todo ello nos
eva a a mar ~uestros conceptos, aún no satisfactoriamente a entender esa
estructura m u'ltJpIe d e 1a. socre
· d~d coahuilense en su segunda' mitad del si lo
XVIII, _como tomada baJo la dirección de la doctrina de la Ilustración degl
Moderrudad' q ue provoco, el advenuruento,
· .
por propia evolución a 1 , ta ª
prolegómena del positivismo en la primera mitad del s·gl
~a
1 0 XIX Y' quea ese raIZ
' d 1
·
y ~azo~ ,e. as cor~ente~ ~ue germinaron no sólo en el aspecto político-econórmco: 3und1co y aun religioso en la siguiente etapa o sea en la prim
·tad
del siglo XX
,
•
'
era fil
' que procuro, qui'! propició, que fundamentó que hizo realidad 1
~tapa franca del mo~ento que preconizó la Reforma, 'en que se lle ó a 1~
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639

�•

MORAL, DERECHO Y TÉCNICA
PRoF. GIORGIO DEL VECCHIO

EsTÁ FUERA DE DUDA que el derecho se funda en la naturaleza humana, de la
cual irradia con necesidad categórica; y sus caracteres lógicos, si bien se mira,
son constantes y perfectamente discernibles a través de la variedad de sus manifestaciones. Pero en la naturaleza humana tiene raíz también otra legislación, la moral, la cual no es menos categórica, ni menos imperativa de la jurídica, y tiene incluso caracteres propios bien distintos. A ella podemos y debemos pedir la solución de muchas dudas y cuestiones que se proponen continuamente a nuestra conciencia. A nosotros nos basta en efecto conocer cuáles son
los confines de nuestro derecho con respecto a los demás; si bien es necesario
saber también cuáles directivas debemos seguir dentro de tales confines, en
cuáles criterios y principios debemos inspirar nuestras acciones, en todas las
contingencias de la vida.
La moral pues puede y debe integrar el derecho, como a su vez el derecho
es un complemento paritético y necesario de la moral. Entre las dos distintas
categorías éticas no hay contraste, sino congruencia, como ha sido muchas
veces demostrado, aún bajo el aspecto puramente teorético o lógico. Si luego
observamos de hecho un sistema que rija la vida de un pueblo, descubrimos
que los preceptos de una y otra especie están ahí, generalmente entre sí en una
cierta correspondencia; y al desenvolverse de una de las dos series se acompaña
o sigue constantemente una análoga evolución de la otra.
Es cierto que en momentos de graves perturbaciones políticas, cuando los
poderes públicos se salen de sus propias funciones, pueden ser emanadas leyes
en contraste con la conciencia moral, y también jurídica, del pueblo al cual
se imponen. Pero esto significa justo una crisis, que se resuelve, de regla, con
la abolición de aquellas leyes, y a menudo también con el abatimiento de los
poderes que las emanaron. Las monstra legum (la experiencia histórica lo demuestra) no pueden p ermanecer mucho tiempo en vigor; porque el espíritu de

641
H41

�justicia, que está siempre vivo en las conciencias aunque esté oprimido o desviado, debe al fin resurgir, y reestablecer un cierto equilibrio, al menos relativo,
con las leyes que son deliberadas de las autoridades públicas. Una cierta discordancia entre moral y derecho se verifica todavía, cada vez que se descuida
su integración recíproca. El mayor peligro en tal propósito se da al prevalecer
un sórdido espíritu legalista en detrimento de aquel más sano y general espíritu ético, en el cual las exigencias del derecho se moderan con el de la
moralidad.
El hecho de que en toda sociedad exista una "clase de juristas", y más especialmente de jueces (sin duda necesaria para la función específica del derecho
en la vida común), mientras no hay ni podría haber una "clase de moralistas",
induce a los observadores superficiales a pensar que sólo en el respeto del
derecho consista el cumplimiento de todos los deberes; y esto si bien los mismos
juristas, que componen aquella clase, sean personalmente inmunes a tal error.
Está también muy difundido otro prejuicio, que se conecta con aquél: que
cada uno pueda, en cada caso, valerse hasta el extremo del propio dere~ho, sin
faltar a ningún deber; ahí donde la Ética enseña en vez que la renuncia total
0 parcial y hasta el perdón, son en muchos casos preferibles a lo~ medios, c~rcitivos, aunque consentidos por el derecho; el cual, por lo demas, en maxnna
no se opone a esas mitigaciones.
Siempre en consecuencia de la naturaleza y función específica del derecho,
hay necesariamente, para la preparación técnica de los jueces y de los abogados, una compleja organización didáctica, que no tiene cotejo ~n el campo
de la moral. Este permanece así, si se parangona al jurídico, casi abandonado
e inculto.
A los extraordinarios progresos técnicos ocurridos en los últimos tiempos no
ha correspondido, sin embargo, un igual progreso moral; algunas especies de
delincuencia han tal vez disminuido, pero otras ciertamente han aumentado,
y aún en el campo de las costumbres se han notado peligrosas formas de extravío. El problema es sumamente complejo y no se puede esperar resolverlo con
solas reformas escolásticas. Pero cada esfuerzo debe hacerse también en la
escuela, para encaminar a los jóvenes al bien y desviarlos del mal.
Disociar la moral del derecho es ciertamente un error, como fue demostrado
por Romagnoli, Rosmini y otros. Un autorizado jurista inglés, F. Pollock, ha
observado: "The theory of legislation must take its most general data from
the most general facts of civilised human society. It must equally take its first
principies, avoivedly or tacitly, from Ethichs. Ethical Jurisprude~ce: therefor;,
is to a certain extent not only legitimate, but neccesary''. Un JUUSta frances
igualmente autorizado, G. Ripert, en ~a obra muy co~ocida se ha pr?p~esto
demostrar 'que le droit dans sa part1e la plus techmque reste domme par
642

la loi morale". Y es superfluo citar otras obras, en las cuales los vínculos, ideales y reales, entre las dos ramas de la Ética han tenido amplias demostraciones.
La opinión, ya sostenida por algunos filósofos, de que derecho imponga solamente obligaciones negativas (abstenciones), reduciéndose a la máxima del
neminem laedere, es ciertamente inexacta, porque no son solamente morales,
sino también jurídicas cíertas obligaciones de asistencia y socorro como por
.
'
eJemplo,
las sancionadas por el artículo 593 del Código Penal y por 'los artículos
463 y 467 del Código de la Navegación. Y nadie ignora que el vínculo familiar, y el que liga al ciudadano al Estado, implican obligaciones no meramente
negativas.
. No obstante la coherencia fundamental entre la moral y el derecho, es posible que en las complejas vicisitudes de la fenomenología moral y jurídica se
manifieste alguna desarmonía. Así sucede a veces que las persuasiones morales
prece~~ en su desen~olvimiento a las correspondientes normas jurídicas; lo
que fac1lmente se explica, porque aquellas persuasiones no están ligadas a los
rigores de formas propias de la legislación jurídica; mientras ya pueden ejercer una cierta eficacia en la interpretación de las leyes vigentes. Un ejemplo de
esto se nos ofrece en la gradual penetración de elementos de la moral cristiana
e~ el derecho romano, antes de la codificación justiniana; y otros análogos
e1emplos pueden sacarse de la historia de sistemas modernos. No sin funda~e~to, pues, se dijo que la caridad de hoy es la justicia de mañana, como la
Justicia de hoy fue la caridad de ayer.
De las normas éticas (morales y jurídicas) deben mantenerse bien distintas
las normas de la técnica. La diferencia resulta evidente de esto, que en ningún
caso es suficiente la simple transgresión de normas técnicas para justificar una
condena moral, debiéndose para esta segunda especie de juicio, tener cálculo
de todos los elementos que- constituyen la personalidad del sujeto, sus posibilidades y sus intenciones en las circunstancias concretas en las cuales se encuentre. Así, por ejemplo, nadie pensaría en censurar al que, poco experto en natación e incapaz de seguir bien las reglas, se arroje a pesar de todo al agua para
salvar a los demás en peligro de ahogarse; ni en general a ninguno que contravenga las reglas técnicas, cuando este sea el único medio de manifestar aunque imperfectamente, una intención que puede a veces ser nobilísima.' Sólo
cuando las circunstancias lo permitan, la moral aconseia, en máxima, obrar
con diligencia, observando entonces las normas técnicas propias de las diversas
materias.
Pero es de notar que la observancia de las normas técnicas está habitualmente
presupuesta en las relaciones contractuales. Así, por ejemplo, quien confía a
un escultor la ejecución de una estatua, o a un abogado la gestión de una causa,
o a un ingeniero la construcción de un puente presupone que aquel a quien
643

�se confía el trabajo, y que acepta ejecutarlo, se obliga con esto mismo a respetar las reglas propias del arte respectivo o profesión. -~sto llega a ser, ~ues,
un elemento integrante del contrato de orden o de locac1on de la obra; y s1 las
respectivas reglas técnicas fueran violadas por culpa del profesionista o artist~,
de esto él hubiera sido justamente responsable del otro contratante. Hay aqm,
en tales casos un encuentro real entre normas técnicas y jurídicas. Pero en
sí, las norma: técnicas, no son jurídicamente obligatorias. La obligatoriedad
se confiere a estas normas solamente cuando su observancia llegue a ser el
contenido de una relación contractual.

DILTHEY, SOCIÓLOGO
(Capítulo de un libro en preparación)

Traducción: DR. JoRGE RANGEL GUERRA
DR. JosÉ SALVADOR GuANDIQUE

ENTENDEMOS POR historicismo no la mera reminiscencia, ni el culto al pretérito, ni el argumentar mediante especiales procediinientos criteriológicos, sino
aquella tendencia que introduce, dentro del problema cognoscitivo, una constante temporal. Se trata de problema y soluciones, jamás meros antecedentes
o consecuentes. Dicho a la llana: ser y deber ser, naturaleza y cultura, ciencia
y técnica radican, para decirlo con el glorioso Wilhelm, en un mundo histórico,
y no al revés.
Filosóficamente el historicismo desemboca no en "tener en cuenta la etapa",
al modo un tanto superficial de las generaciones, que Ortega tomó de Dilthey;
va más allá, caló a lo hondo. Toynbee señalaba al estudio de la historia como
una de las importantes tareas sociológicas, pero ese papel auxiliar nunca
podrá satisfacer a quienes pretenden captar estructuras socio-históricas, no ilustrar la historia con la sociología o viceversa. Historia - al viso moderno-equivale a Sociología, es decir, que al presente, se hace una historia sociológica. De lo contrario tenemos esos catálogos aburridísimos, con fechas y nombres, en los cuales la "&lt;latería" abruma al lector y aún al especialista. Sociología e Historia sostienen duelo manifiesto, que se está resolviendo a favor de la
primera.1
1

Al aparecer mi libro "Presbítero y Doctor José Matías Delgado" (Ministerio de
Educación, San Salvador, 1962 ) quien, en su alta estirpe de Prócer, puede parangonarse con Hidalgo, sólo que aquél logró forjar la Independencia de Centro América,
al aparecer dicha obra -repetimos-- algún comentarista dijo ser sociológico y no histórico, agregando, incluso, que la historia a lo siglo XX se hace sociológicamente, tesis
que de una manera tácita sostuve allá. Ello nos introduce en preámbulos indispensables
para examinar desde otro enfoque las tesis historicistas, cuyos autores muchas veces han
transitado atajos, abandonando las vías correctas, según sus propios principios.

644

645

�Marc Bloch, en su pequeño gran libro: "La palabra historia es muy vieja,
tan vieja que a veces llega a cansar. Cierto que muy rara vez se ha llegado
a querer eliminarla del vocabulario. Incluso los sociólog~ d: la escuel~ d~rkheimiana la admiten. Pero sólo para relegarla al último nncon de las ciencias
del hombre; especie de mazmorras, donde arrojan los hechos humanos, considerados a la vez los más superficiales y los más fortuitos, al tiempo que reservan a la sociología todo aquello que les parece susceptible de análisis racional" (Introducción a la Historia, FCE, México, 1957, p. 21). Dic~o.t~timonio ilumina la pugna entre la ciencia de Herodoto frente a la disciplina
bautizada por Gomte.
Algunos se entusiasman, declamando: "Una de las revoluciones espirituales
más grandes acaecidas en el pensar de los pueblos de Occidente". O con fraseología menos ampulosa: "La médula del historicismo descansa en. la, ~ustitución de una consideración generalizadora de las fuerzas humanas histoncas
por una consideración individualizadora". Y, por si algo faltase, el mismo
Meinecke, en giro nacionalista: "Ante todo el historicismo no es más que la
aplicación a la vida histórica de los ~ue_vos principios descubiert~s por el_ gr~
movimiento alemán que va desde Leibmz a la muerte de Goethe (El Historicismo y su Génesis, FCE, México, 1943, pp.11-2). Tal entusiasmo, desembocando en germánica propaganda, poco ayuda a esclarecer el meollo del asunto... 2
Para nosotros -más allá y más acá de aspectos filosóficos, historiográficos o
olíticos- el historicismo no se agota en la simple o detallista crítica del con~epto de la historia o en renovarlo, mediante recu~os m~tófic~s ~pecíficos,
representando, por sobre esas posiciones conocidas, mgrediente mdisp~nsable
en el qué y en el cómo del saber, porque el sujeto comparte con el ~b3eto su
-proceso vital, contrar~tándose la neta distinción e~tre ambos términos, llevada al extremo por Husserl. De ahí la controversia entre el padre de la
Fenomenología y Dilthey, cual tendremos ocasión de indicar luego,. en uno
de los encuentros intelectuales de mayor envergadura en el presente siglo, tan
importante cuan desconocido, sobre todo para Latinoamérica, dónde, a veces,
nos llegan minucias al instante y las cosas trascendentales tardan lustros en
atravesar el gran charco.

,
• Los calificativos de F. Meinecke resaltan bastante extremosos: "revolución esp~tu I" hasta "movimiento alemán" sin que pueda captarse bien el nexo entre aquella
y :st;. Y, por muchos esfuerzos q~e se hagan, Lei~niz fue más filós~fo-matemático ~ue
historiador no digamos historicista, y a Goethe le mteresaron en primer lugar las cien-

cias natur~les más atento a los descubrimientos de Cuvier, que a la llamada maestra
de la vida, a~que Meinecke le dedique lo mejor de su obra, pp. j79-495.

AYER Y

Hov

El contraste entre dimensión pasada y momento actual llevará a Dilthey a
aleccionantes respuestas, no atendiendo a propósitos aislados, ni por afanes investigativos, sino para estructurar otra ciencia: "Las líneas fundamentales de
su pensamiento están logradas con igual maestría arquitectónica, pero el cará,cter concreto e irúinito de su filosofía -elevar a conciencia la vida mismahace de él la figura atormentada que ha adivinado en el retrato de Miguel
Ángel por Vasari". (Prólogo, Eugenio Imaz, Introducción a las Ciencias del
Espíritu FCE, 1949). Y en otra ocasión, afrontando la alternativa: "La historiografía aplica el patrón metódico más riguroso para la comprobación de
cada hecho, mientras que por lo que se refiere a las relaciones causales, las
que en definitiva nos patentizan la Historia, se suele satisfacer con una gran
libertad artística para trabar los hechos y redondear cuadros históricos sobre
la base de una interna verosimilitud. En este punto la Historia necesita urgentemente un reforzamiento de su conciencia lógica". (Prólogo a El Mundo Histórico, FCE, 1944), también de aquel especialista en Dilthey, a quien tratamos mucho en México, por la década 1940-50.
Por referirnos directamente a lo historiográfico que no a lo filosófico, cabe
inquirir por ese causalismo en quien comienza reconociendo cuánto se debe
a Dilthey, no a Husserl. Nada hay más acausalista que la Fenomenología. La
intuición diltheyeana es comparable a la de Husserl apenas en paralelos, diríamos pedagógicos, tal l¡s de García Morente en sus conocidas y equivocadas
Lecciones. La correspondencia entre ambos exponentes aclaró, al máximo, sus
discrepancias.
Tampoco caracterizó esa manera "de fundamentar el estudio de la sociedad
y de la naturaleza y de la historia" -subtítulo a Introducción a las Ciencias del
Espíritu- el rpero antipositivismo (muchos tildan antisociologismo, erróneamente por cierto, inferido de las censuras de Dilthey a ciertos iniciadores, a
saber: "Las respuestas que Comte y los positivistas, Stuart Mill y los empiristas dieron a estas cuestiones me parecían mutilar la realidad histórica para
acomodarla a los conceptos y métodos de las ciencias de la naturaleza" (obr.
cit., p. 5).
Aquéllos, en especial, los seguidores de Comte, pretenden unificar las disciplinas, a tono con su complejidad y extensión, de las Matemáticas a la Sociología, paralelamente al ideal kantiano de una Razón, así con mayúscula,
cabal y completa, desde la pura a la práctica pasando por la del juicio, puente
entre las dos primeras en nuestro criterio. En cambio, Dilthey se propone abrir
el camino a procedimientos que conduzcan a un mundo histórico, espiritual.

647

646

�Ante un fenómeno, el rayo, por ejemplo, nuestro Yo recurre a los expedientes de la ciencia natural para obtener conocimiento indirecto, causa~. Por el
contrario, la vivencia capta en forma directa, fundiéndose objeto y sujeto. Las
ciencias del espíritu proceden así, mientras las causales apelan a la representación. Aquéllas explican, identifican (Meyerson); éstas com?ren~en. Max Weber
· t tara armonizarlas en su colosal edificio socioeconónnco, sm lograrlo, pese
men
'
T Kuf
a las numerosas opiniones en contrario. La exposición de Fe IX a mann en
"Metodologia de las Ciencias Sociales" (FCE, México, 1946), muy ~lecdonadora al respecto, no obstante a sus elogios a quien supo aunar Sociedad y
Econoroía.3
.
Nada tiene entonces de extraño que la sensibilidad sociológica de Dilthey
proteste, pues Comte, profesor de matemáticas en el Politécnico _de Pa¿s, no
en la Sorbona, subordina la materia que designara con un neolog1Smo. comodo
( ráJZ latina y desinencia griega) , a 1~ cienci~ _del número. Para ~ilthey l,a
Sociología debía construirse cual ciencia del espmtu, c~ltural graba1:a despues
el neokantiano de Baden, Rickert, simplificando a Wmdelb~n~, rruentr~ _sus
émulos de Marburgo, Cohen y Natopor se dedicaban a la logica-matemab~
Hay más: la razón his/iórica quiere enl~:rr. a la. razón p~a c~n la razon
práctica no mediante razón estética (del JUICIO) , smo con viven~:as que denoten una realidad socio-histórica. Dilthey fue, en verdad, soc10logo _e~forzándose por la filosofía; así se demuestra en su Prólogo a E: Mundo Espiritual
_ Introducción a la filosofía de la vida, escrito en 1911, ano de su deceso,_ ~o
·
rmsmo
que en El ueno de Dilthey, tal rubró Ima.z, antepuesto a Introduccion
.
a las Ciencias del Espíritu, cit., p. XVII: "Cuando daba yo los primeros pasos
en la filosofía, el monismo idealista de Hegel había sido desplazado po~
señorío de la ciencia natural. Cuando el espíritu científico-natural se co~vrrtio
en filosofía como ocurrió con los enciclopedistas y Comte, Y en Alemama, con
los investi¡adores de la naturaleza, trató al espíritu. coro~ un producto de la
naturaleza y de este modo lo mutiló. Los grandes mvestigadores. de la naturaleza intentaron abarcar el problema con más hondura. Esto, ~o volver la
· d
Kant" Aquel kantismo sin crítica, ejercido mayestaticamente por
rmra a a
•
•
· 4
·
·
Comte, 1mtaba a D.lth
1
ey. En el fondo, era la lucha de causa contra vivencia.

s -

~!

• Allí Kaufmann: ¿ Existen junto a las ciencias naturales, ciencias del espíritt~ inde.
di · · ' un síntoma nada más de la etapa poco evolucionada
pendientes O es esta vis1on
en que se encuentran todavía las llamadas ciencias del espíritu, una etapa a 1a que
caracteriza que los conocimientos exactos ausentes son. reemplazados por construcciones especulativas? La tesis última es la del naturalismo, que se presenta :mora
, d
d
"fisicismo" al tener en cuenta los resultados de la mvesen forma mas epura a como
tigación natural más reciente" (obr. cit., p. 168).
• Desarrollamos ampliamente este punto en Datos de Sociología, prólogo por Reca-

¿ETAPAS

O

ENFOQUE?

Saltó arriesgada la disputa en torno a psicología descriptiva o hermenéutica,
considerándolas 2 etapas en el desarrollo diltheyeano e insistir en lo epistemológico como correspondiente a la primera y lo sistemático a la segunda. El
proceso no admite diferencia tan tajante. Muchos defienden opuestas opiniones sobre el particular, dado el enlace interior de la obra toda, sin faltar quienes afirmen que ella constituye neta introducción a las ciencias del espíritu,
calificada por su autor mero ensayo. Y de su carácter fragmentario quedan pocas dudas... Dilthey era más problemático que sistemático.
En la estructuración del mundo histórico por las ciencias del espíritu, valga
la fórmula, surge aquella hermenéutica, clave del misterio. Desde el estudio a
Scheleiermacher su énfasis impide restringirla al método. No se trata de interpretar lo escrito, al modo ordinario, ni siquiera jurídico, pues integra el conjunto de vivencias, capaz de descifrar los signos. No se trata de otra exégesis
documental, sino de ir al contenido psicohistórico o sociohistórico, palpitante
' en la inmanencia de estar en el mundo. Heidegger declara deber mucho a
Dilthey. 5
Dilthey reaccionó en contra_ del empirismo imperante a su hora, haciendo
lo propio frente al sistema; positivista no por psicologismo, a la manera spenceriana, porque formuló una tesis objetiva en cuanto su psicología descriptiva
no era introspección ni introyección sino camino para forjar un mundo que,
si se le examina bien, resulta más sociológico que histórico; sociológico, no
a la luz comtista o spenceriana desde luego. Un admirador, y lo veremos,
de las Investigaciones Lógicas no podría ser psicologista de segundo orden,
escuela castigada por Husserl en el primer tomo de su creación monumental.
Las Meditaciones Cartesianas no se entienden sin la labor demoledora de
aquélla.
Esa hermenéutica repudia las tesis relativistas: una vivencia constituye su
FUNDAMENTO. El prurito clasificador compara teoría e historia, separándolas
artificialmente, y desnaturaliza, no interpreta, pese a la laboriosidad en la
séns Siches, San Salvador, 1947, Cap. III, "Iniciadores de la Sociología": Comte, en
Francia; Spencer en Inglaterra; y Hegel, en Alemania. Aunque éste murió sin que
la Sociología tuviese rubro y cuerpo, su influencia sobre los autores germanos amerita
el rango, si bien muchos lo reservan, de acuerdo con sus tendencias, a Tonnies o Marx.
• lmaz opina: "Sí, queremos advertir que la declaración de Heidegger de que su
obra está al servicio de la de Dilthey, se nos antoja un poco irónica cuando no deliberadamente socarrona. Lo que ha hecho Heidegger, con perfecto derecho, es poner
la obra de Dilthey al servicio de la suya. Como ha puesto también la de Bergson y la
de Husserl". ( Pr6logo a Introducción a las Ciencias del Espíritu, cit., p. XI ) .

649
648

�documentación y citas. Dilthey bucea la vida a través de dicha autognosis y ve
a la historia mediante la hermenéutica, valga el lugar común, cara y cruz de
la misma medalla. Autognosis implica organizar las ciencias del espíritu desde
la vida, muy sui géneris psicología descriptiva que no puede aparearse ni con
los empiristas ingleses, menos con Brentano. La hermenéutica opera sobre dicho material hasta volverlo historia. Ambas radican en la vivencia: La moral el derecho la economía el Estado, forman un todo, la vida práctica de la
'
' en Max Weber, en Freyer...
Sociedad.
Hay' algo de Dilthey
De otro modo, la intuición diltheyeana sería simple modalidad volitiva, y su
vertiente que nutrió a los sociólogos culturalistas, inexplicable. Basta confrontar, sociológicamente, a Dilthey con Husserl, para captar que ni Vierkandt, con
su fina técnica, ha logrado crear una sociología fenomenológica
Ya reseñamos el ataque de Dilthey a los iniciadores de la Sociología, pero
ello no le impide admitir una disciplina de la convivencia social que comprendería también, como objeto suyo, el derecho, la moral y la religión, Y
que tendría su paralelo, igualmente admirable, en una "ciencia natural general. Semejarían párrafos de Tonnies en Comunidad y Sociedad, mas el planteamiento sociológico no deja lugar a dudas. Dilthey fue, sin percatarse, un
precursor de la Sociología Alemana, categóricamente un sociólogo cabe la mira
6
filosófica, cual hay tantos en la patria de Nietz.sche.
Y guardamos expresa probanza: "Yo mismo, antes que Simmel, he caracterizado en mi Introducción, la organización exterior de la Sociedad como un
campo especial en que, desde un punto de vista psicológico, operan relaciones
de señorío y dependencia, y relaciones de comunidad". Dilthey conectó con
Tonnies, aunque pasa lo propio también con Simmel, superando el formalismo
de éste que, al fin, resultó el Kant de la Sociología. Tales conceptos del Prólogo a El Mundo Histórico, justifican el título de estas líneas que pareciera
sorpresivo, cuando se lós expresé, de palabra, a un grupo de ex-alumnos.. •
Por tanto, la psicología-descriptiva diltheyeana no admite parangón con otras
de tipo, dijéramos, "individualista" o aún de tipo social, pero distintísimas. Bien
aclaró Imaz, comentando lo transcrito: "No hay psicologismo en el sentido
habitual y funesto ( tan combatido por Husserl, entrecortamos) y sí una mejor
• Como es sabido los tratadistas franceses utilizan una ciencia al formular sus doctrinas: Comte, a la física; Tarde, a la psicologia; y algo similar pasa con los ingleses,
así Spencer, con la biología. En cambio, los alemanes, basan filosóficamente sus respe~tivas posiciones: Tonnies sigue a Nietzsche, el extraordinario de Sils-Marías Y al
misógino magistral, Arturo Schopenbauer, capaz de refutar a Kant en su fundamentación de la moral ante la Real Academia sueca; Simmel a Kant, para decirlo con una
palabra. Wiese, por su relacionismo inter-relacionismo, a Ross. De ahí que no puedan
entenderse bien los germanos sin cierta preparación filosófica.

650

constitución de la vida total para comprender mejor la vivencia poética 0
metafísica que ha brotado de ella".
~n--el contr~te con el tercer iniciador de la Sociología, Hegel, el espíritu
objetivo de Gwllermo Federico no es la organización exterior de la Sociedad
si bien o~tentó bastante semejanza. Hegel estatiza, mientras dice Dilthey: "l~
fo~as diversas en las que se ha objetivado en el mundo sensible la comunidad
existen entre los individuos". Tal objetivización -y recuerda mucho a Hans
Freyer- surge en el inmanentismo de la vivencia, que sitúa al hombre dentro
de lo col_ectivo. Ese criterio sociológico eliminó cualquier tesis subjetivista.
Es la realid~d de los históricos (patentizada por la autognosis) , no causalidad
(Comte), m valores (Scheler), ni dialéctica (Hegel), ni crisis (Alfred Weber).
Al~os aleg~n pr~venir Hans Freyer de Hegel, no de Dilthey, interpretando
s~, reali~ad, s~cial, d~ecto trasunto del espíritu objetivo, es decir, una concepc10n soc10log1ca denvada del logos. Mas la descendencia no es tan sencilla
.
.
.
'
com~,a pr~era vista pudiera creerse, si bien Francisco Ayala, en su Introduccion al hbro de Freyer, destaque en él más a Hegel que a Dilthey.
F~eyer re~udió las disciplinas lógicas al elaborar su sociología, ciencia de la
realidad social. No quiere repetir a Simmel con sus formas sociales de ra'
ide~lista. Pero tampoco tal postura desemboca en el hegelianismo. La realida~
social encadena con la objetivación diltheyeana, según las formas exteriores
de la Sociedad, algo que se ha escapado a la avizora pupila de los comentaristas
freyerianos. Allí preexiste nítida hermenéutica temporal, pariente de la de
Wilhe~, quien nos confía: "La cultura es, antes que nada, un tejido de
nexos fmales. Cada uno de ellos, lenguaje, derecho mito relio-iosidad poesía
fil f
,
'
o,
'
o~ 1a, posee una legalidad interna que condiciona su estructura y ésta determina su desarrollo. Por entonces se comprendió la índole hisoorica de los
~mos (era el año cincuenta del pasado siglo, puntúa). Esta fue la aportacion de Hegel y Schleiermacher, pues impregnaron la sistemática abstracta de
esos nexos con la conciencia de la historicidad de su ser. Se aplicaron a ellos
el método comparado, la idea de desarrollo. Y ¡ qué personajes a la obra!
¡ Un Humboldt, un Savigny, un Grimm!" (El Sueño de Dilthey -Documentos
Autobiográficos, Introducción, ya cit., p. XV).
Lo expresado: Freyer está más cerca de Dilthey que de Hegel, no cronológica sino ideológicamente. E historiza debido a que sus formaciones colectivas
correlacionan: "Nuestro conocimiento tiene que habérselas con una realidad
que somos nosotros mismos; con un acontecer en el que nos encontramos activamente insertados, lo cual aleja toda asimilación a un historicismo ordinario
yendo aún más lejos de la realidad social como una individualidad histórica~
mente_ cambiante" (La Sociología como Ciencia de la R ealidad, Losada, Buenos Aires, p. 112) . Freyer recibe a Hegel por intermedio de Dilthey...
651

�Y tal vez por eso permanece, tal vez sin imaginárselo, en una actitud a
kilómetros de otras objetivizaciones, verbigracia, los valores sociales de Scheler,
las esencias colectivas de Vierkandt, y doctrinas por el estilo.7
Dilthey comenzó, en El Mundo Histórico, a develar su cardinal noción de
estructura (de nuevo Tonnies aflora casi aquí): "un orden con arreglo al cual
los hechos psíquicos se hallan enlazados entre sí mediante una relación interna:
cada uno de los hechos referidos así recíprocamente constituye una parte de la
relación estructural".
Freyer desarrolló esto: "Hago observar todavía ( aun cuando es cosa obvia)
que esa separación de la Sociología respecto de la Historia pretende una significación puramente lógica y debe extenderse tan sólo a la diferencia de la
formación conceptual, pero no a los límites del trabajo científico práctico. La
mayor parte de las formaciones sociológicas de conceptos con una impregnación
histórica máxima ( como la Roma de los Césares, el capitalismo alemán del
cuarto decenio del siglo pasado) serán ejecutadas prácticamente por los historiadores" (obr. cit., p. 227).
Resurge la antinomia Sociología-Historia en giro diverso; pero Freyer confunde: ¿Qué es eso de ejecutar prácticamente? Y las ambigüedades persisten:
"Tanto sin pretenderlo como deliberadamente la ciencia histórica ha elaborado conceptos de estructura llenos de valor. En las obras de nuestros grandes
historiadores (para los alemanes, apenas, Gregorovius, Ranke y Mommsen:
Ludwig, biógrafo y Zweig, cronista, interrumpimos), se encuentra sin duda
más visión sociológica que en muchos sistemas abstractos de Sociología. La meditación teorético-científica acerca de lo que sea Historia o lo que sea Sociología, no es ni desvirtuada ni hecha superflua por esta fecunda interpretación
de las cuestiones en la investigación práctica. La teoría de la ciencia no pretende establecer qué puntos de vista están bien colocados en la Historia de
Roma, de Mommsen; eso tan sólo al propio Mommsen le correspondió fijarlo.
Pregunta tan sólo qué puntos de vista son Sociología para una consideración
lógica". (Obr. cit., p. 228).
Examinar lo anterior, en detalle, nos llevaría demasiado lejos, y sólo interesa
por su orientación hacia Dilthey. Los historiadores clásicos, abundan en usuales
juicios valorativos; poco sirven al sociólogo que de verdad lo es. Y respecto a
1
Allers, al referirse a Freyer: "Cuando hablamos de espíritu objetivo no nos referimos, naturalmente, a la desafortunada tricotomía cuerpo-alma-espíritu que tiene su
origen en los gnósticos y desempeña un papel tan importante en todas las filosofías
y teorías seudofilosóficas imaginables. Para nosotros, espíritu objetivo quiere decir
únicamente el conjunto de valores que se han realizado ya en el mundo real del
espacio y del tiempo, sin que se haya de suponer, por ello, una metafísica determinada
del mundo de los valores" (Naturaleza y Educación del Carácter).

652

las aseveraciones de Freyer basta preguntarse: ¿ por qué la teoría de la ciencia
no va a juzgar la distribución de Mommsen... ? Separar artificialmente, meditación teórica y objeto sociohistórico será siempre absurdo, con o sin realidad
social freyeriana. Pero retornemos a Dilthey, abandonado por Freyer en un
giro valorativista que nos recuerda mucho a Max Scheler, quien alguna vez
dijo a Nicolai Hartmann, un tanto achispado: "con mi cerebro y tu orden
podríamos hacer ética".
La estructura diltheyeana no emerge vacía, formal, a priori sino exhaustiva
y fecunda: "De esa insondabilidad de la vida procede que la misma no pueda
ser expresada sino en un lenguaje figurado. Reconocer esto, ponerlo en claro
por sus razones, desarrollar las consecuencias, he aquí el comienw de una
filosofía que dé razón real de los grandes fenómenos de la poesía, de la religión y de la metafísica, concibiendo su unidad en su último núcleo. Todos
estos fenómenos expresan la misma vida, unos en imágenes, otros en dogmas,
otros en conceptos, pues ni los mismos dogmas bien entendidos, hablan de un
más allá". Al leer el legendario Wilhelm queda bastante inoriginal Ortega,
tal lo señalaremos luego. Y Dilthey formula una sociología vital, salvadora,
optimista, muy lejos de Schopenhauer que tanto influyó a Tonnies. Y en
pocas confrontaciones campea Dilthey, sociólogo, cual en memorable correspondencia con Husserl.8

DILTHEY ANTE HUSSERL

Cuando ocurrió aquel intercambio epistolar, trascendente, Dilthey hacía lustros estaba consagrado, pero Husserl no le iba tan a la zaga. Tomamos las citas
de Dilthey-Husserl -En torno a la Filosofía Idealista como Ciencia estricta y
al alcance del historicismo. Correspondencia entre Dilthey y Husserl de 29-junio, 5 /6 julio y 10-julio de 1911, Edición, Introducción y Notas por Ernesto
José Wender, Traducción de la carta de Husserl por Julio Heise, Revisión del
8

Walter Biemel, en 1a introducción a dicha correspondencia, cuyos perfiles damos en
el texto: "La idea fundamental de Husserl es que la Filosofía desde su comienzo pretendió ser una ciencia estricta, pero no puedo satisfacer esta pretensión. La Fenomenología
debe por fin llevar a la Filosofía a convertirse en ciencia estricta. Para alcanzar esa
meta, para exponer con claridad la particularidad del método de investigación fenomenológica y ante todo para explicar su necesidad, Husserl la destaca de dos tendencias predominantes según él hacia fines del siglo: por un lado, el materialismo y, por
otro, la Filosofía de la concepción del mundo. Husserl mantiene una guerra de dos
frentes, por un lado contra el naturalismo y por otro contra el historicismo". Aquí era
donde enfrentaría a Dilthey, tildado de mero historicista, sin mayores distingos.

653

�texto alemán por Ernesto J. Wender, todo en la Revista de Filosofía de la
Universidad de Costa Rica, San José, julio-diciembre 1957, pp.103-13, dirigida
por Constantino Láscaris Comneno, una verdadera primicia, al menos en
castellano. Y por ello incluimos lo anterior aquí.
Husserl comienza por declarar: "Fue el mismo Dilthey quien inició nuestra relación, pues, desgraciadamente, bajo la influencia de la brillante crítica
de Ebbinghaus (el mago de la nemotecnia teutona, intercalamos) yo no había
creído necesario leer el gran trabajo de Dilthey; en suma, sentí además en
aquellos años poca predisposición para captar la importancia de los escritos
de Dilthey".9
Husserl calibraba a Dilthey relativista y aún positivista, algo incompatible
con su afanosa brega por las esencias puras, fenomenológicas, capaces de llevar a su último grado la revolución coperniquiana de la filosofía iniciada por
Descartes, así se desprende expresamente de las Meditaciones Cartesianas. El
artífice de la Fenomenología -la husserliana, no la del espíritu, a lo Hegelse sorprendió al comunicarle el orfebre del Mundo Histórico, que la segunda
parte de Investigaciones Lógicas estaba en armonía con las Ideas sobre una
Psicología Descriptiva y Analítica. Entonces llegó el lapso del desafío, muy
ilustrativo por cierto. . .
Fue el relativismo historicista que se achacaba a Dilthey motivo directo del
ataque husserliano, no por cortés menos virulento. Reconocido está cómo en
el fundador de la fenomenología coexisten los psicologistas. (Dilthey lo era, al
menos en apariencias). Y otra, constructiva, Meditaciones Cartesianas, con la
ambición de erigir una ciencia sin supuestos, dotada de radical autenticidad.
Para Husserl pareciera Dilthey, en sus forcejeos con la historia, otro positivista

más.
Edmundo sentiría el afán de llegar a un cartesianismo definitivo, porque el
del cogito se quedara en medio camino y lo que hizo en El Discurso del Método,
lo deshizo con las Meditaciones Metafísicas. La ciencia husserliana serfa invencible, absoluta, sin permitir ni de lejos los avatares historizantes, tal la enhiesta
roca vence al mar embravecido. La universalidad radiosa de sus normas lógicas no se contaminaría con las alternativas de quienes dependen de un pasado tenebroso y de un incierto futuro. La Fenomenología era una gran señora
que no podía mezclarse con plebeyas.
• Biemel explica: "Expresamos finalmente al Prof. P. von Breda, Director del Archivo Husserl de Lovaina, nuestro más cordial agradecimiento por haber permitido publicar este desconocido intercambio epistolar, por el cual nos desplazamos, dentro del
suceder de la Filosofía, a principios de nuestro siglo (Revista cit., p. 107). De Ebbinghaus hablamos mucho con Werner Woolf cuando estuvo en México, allá por 1953-4.
Woolf lo comenta en su Introducción a la Filosofía editada por el FCE.

654

En ,~bio, Yª, lo ano~os, D~~e! se lanza al torrente de la vida, pues su
metafrsrca abrazo la realidad histórico-social, dejando las alturas esenciales
~ara penetrar en las anfractuosidades de esa arena movediza que es lo pretérito y lo presente, con miras al porvenir.1 º
Biem_el ~racterizó mu_y bien: "Husserl antepone a la Ciencia Natural de
1~ concrenc1a, la nueva ciencia (otro Vico, aunque con ruta opuesta, interrump~o~), la ~e~om~nología de la conciencia, que no tiene que ver con la conciencia empmca smo con la conciencia pura". Y más adelante: "Si Husserl
pues, ataca a Dilthey, lo hace por considerar que en estos análisis estructural~
morfológicos
, . se ,encuentra precisamente el germen de un relativismo" . y , aclarando ge,nes1s: ~~~rl parte en el fondo de la validez de las formas lógicas
que, ~egun su oprruon, son a-históricas. El punto de partida de Dilthey, en
cambr~, lo forman las obras de arte y las creaciones espirituales que sólo son
concebidas como históricamente hechas, pertenecientes a
determinad
,
di
a
epo~, me ante un estilo determinado, a saber, como expresión de la vida,
mediante las cuales ella se comprende a sí misma" (Revista cit., pp. 195-6).
: en la desc:ndencia se acusa el contraste, dentro del terreno sociológico,
cuanto va de V1erkandt a Freyer, del esencialismo a la historicidad de lo arquetípico a lo trasmutante, de lo hierático a lo cotidiano, de lo esta~ario a lo
sugerente, de lo estático a lo dinámico. Mas sigamos el hilo de aquellas cartas
memorables:

un:

Dil~ey se dirige a Husserl -29 de junio de 1911-: "Muy estimado colega:
No qmero que apare~ca la pequeña disertación sobre Niebuhr, que nació de •
una ~ueva ~onferenc1a en la Academia, sin dar por fin mi parecer sobre su
~;°d10 publi~do en Logos. Tengo que confesar que, bajo la primera impresmn, me era difícil formular tal parecer, porque su caracterización de mi punto
10

Para ciertos filósofos, a la alemana, lo mismo que para sociólogos estilo Vierkandt
la fe~om;~ología resulta imposible de confundirse con la psicología descriptiva ni co~
Ta ~sicof~ca, dadas sus_características distintivas. Lessing afirma que la prun'era "no
explica smo esclarece", indaga lo que pueden significar en último término todos los res~lta~os de la ciencia. Por consiguiente, eo ipso reconoce las determinaciones de las
crencras, ~~a ~ de l~s cuales posee sus objetos específicos así como sus métodos y
leyes específicas (F:stuá10 Acerca de la Axiomática del Valor, UNAM, 1959, p. 13). y
en otro lu~r de dicho ~púsculo, Theodor Lessing insiste en que Edmundo ejerce poder.ª tra:es de las esenaas... En suma, la Fenomenología constituye una superciencia,
no mvestiga pero controla, no explica pero esclarece, en una ambición aún más des~orda~te que la ~e los, sociólogos en_cicl~pédicos, quienes, al modo de Worms, declaraban,
si~ m'.'5, a ~ Soaolog1a como la C1enaa General de las Sociedades o la Filosofía de Jas
C~enaas Sociales, en su libro pequeño más altivo La Sociología, Su Naturaleza, su Contenido. Sus Agregados, Madrid, 1925, cuya primera edición francesa data de 1921
donde, paradójicamente, aconseja modestia a los sociólogos ... Cap. IV, p. 24 y Cap'.
V, p. 29.

655

�de vista como historicismo, cuya consecuencia legítima sería el escepticismo,
debía asombrarme justamente. Gran parte del trabajo de mi vida está dedicado a formular una! Ciencia de validez general que debe dar a las ciencias
del Espíritu una base firme y una relación interna para con un todo. Era ésta
la concepción original de la tarea de mi vida en el primer tomo de las Ciencias
del Espíritu. (O sea Introducción a las Ciencias del Espíritu -Ensayo de una
Fundamentación para el Estudio de la Sociedad y de la Historia, 1883).
Y continúa argumentando Dilthey, patéticamente, defendiendo la labor de
toda una vida: "Este punto de vista, si entiendo bien su definición del historicismo, no es susceptible de ser calificado como historicismo. Y si, según el
uso general del idioma, el escéptico niega la posibilidad del conocimiento en
general, es imposible que se me considere a mí como escéptico o en cualquier
relación con el escepticismo". Y párrafos después: "De la disertación se desprende claramente que mi punto de vista no conduce al escepticismo; excluye
su interpretación de mis frases. Pues me refiero allí, para demostrar la imposibilidad de una Metafísica de validez general a 'los argumentos de Voltaire,
Hume y Kant'. Mas bien concluyo (su imposibilidad) de la relación general
entre su tarea y nuestros medios de solución que no del fracaso hasta ahora
en la Metafísica" .11
En su concepción del mundo, Dilthey concluyó:· "No soy, según eso, ni un
filósofo intuitivo, ni un historicista, ni un escéptico, y considero también que
la argumentación de su tesis no prueba que la consecuencia de aquellas frases
conduzca al escepticismo. Usted ve que verdaderamente no estamos tan alejados el uno del otro como usted supone y como aliados en puntos esenciales
muy discutidos". (Revista cit., pp. 109-13).
Husserl respondió por misiva -5/6 julio de 1911- que obra en el archivo
suyo, de Lovaina, empleando tono bien distinto, con aquel retintín de los
dogmáticos: "Le agradezco, señor Consejero Privado, todas sus aclaraciones,
muy estimables y valiosas para mí como expresión decisiva y aguda de su
espíritu. (Nótese el juego de palabras con las Ciencias del Espíritu, tan amadas
por Dilthey). Pero usted debe convencerse de que el supuesto de que usted
parte no es adecuado; a saber, como si mis argumentaciones estuviesen dirigidas
11 Dilthey es explícito, no sibilino como Husserl: "Al análisis de la sociedad humana se le ofrece al hombre mismo como unidad viva y el análisis de esta unidad de
vida constituye, por consiguiente, su problema fundamental. En este dominio empieza
a posponerse el tipo de consideración de la vieja metafísica porque tras el agrupamiento teleológico de formas generales de la vida espiritual se buscan las leyes explicativas". (Introducci6n... cit., p. 355). Tanto él, cual Edmundo, rechazan la antigua
metafísica, refutada a partir de Kant con su metafísica del futuro, pero difieren en la

contra usted. De inmediato publicaré también
.
malentendidos". y entrando a fondo· "Tod
e;d Logo~ ~a nota para evitar
sus principios en el a priori. (Aq , Edm da va e~ obJetlva_ a posteriori tiene
K
UI
un o sale mas formalista que 1
.
ant, acotamos) . Análogamente
li . ,
e propio
su "verdad"
"
' una re gion puede ser "verdadera relioión"
relativa"' a saber, en relación con una "humao·
Y
nidad"
. ser meramente
.,
que vive en relac10n con una "naturalez "
estado de desenvolvimiento" L
d
a ' que se encuentra en cierto
depende en este caso de la . uego e esas frases cabalísticas: "La verdad
determinada ''Hum "d d" manera de captar sus presupuestos (Idea de una
de una naturaleza ;:~:da : : :_les :u~ales caract:rísticas específicas; idea
manera tá
.
. .y
manera, idea que, de tal o cual
s~arnos :od~==~:d;r::;:::~:n: in!~:::~:do social:s, etc.~. Si pennmguna religión la "verdadera" p ta
l
o esencial, sena otra o
algo relativo y no obstante c . otrd nto a verdad de una religión sería
.
'
' orno o a verdad, un ideal est
f .d
relac10nes que, por ser su contenido esencial determinan '
re en .o ~
como condiciones de la posibilidad de seme¡ante
.
p c1p10sl" a Hpnon,
verdad en
respetado comillas y subrayados. Husserl obseso or eri .
gen:ra . . . emos
puestos, deriva la verdad d
'll
'
p,
gir una cienc1a sm su- dento, frío y distante de la ~:~:ere:iiJa;~o:~~ev;s, como t~do id~alista irrenada, y a veces se hunde, Dilthey.12
' e esa cornente VJtal en que

r: .~'

y Edmundo pontifica. "Cuand
ted h b
Ciencia del Es íri
.
o us
a la de un análisis propio de la
ºbilid d d l p tu ~ ~or el cual usted conduce la demostración de la imposi
alimitado
e a Metafisica), esto coincide grandemente con lo que yo -solamente
1' .
. y conformad? _d_e acuerdo con ciertos puntos de vista metodoogicosconsidero
como
. y naturalmente: la imposibilidad de una
, . anahsis fenomenol'og1co.
1
d
~etaflSlca -en aquel sentido especialmente ontológico falson~ o ~ue e manifestar tal "análisis propio de la Ciencia del Espíritu". (Revi~ta cit., ~P: 115-19). ~ recuérdese aquella pasión de Husserl que lo hacía
re acer multiples veces, Cien veces el mism t b .
El
. .
'
o ra ªJº· ..
gran vieJo contrarreplica con una comprensión desusada en figuras de su
u Hay pasajes diltheyeanos tangenciales a Husserl
,
. ,
o si se quiere pasajes husserli
ró .
' aunque este Jamas lo reconoció,
ción de creer ~ue Husserl hab:~anlo~d p XlIIlObs. a Dil~ey, pues no escapó a la ten ta= e1 o muy ien a Wilhelm {as' O t ) . bº
bos lo negaron. "Pero el iro
,
•
1 r ega , s1 1en amse da de mod~ inmediat . pu1so que guia rms trabajos exigía algo más. La vida no
samiento Para ue
o s1~? que es ~clarecida mediante le objetivización del penque es eiaborad¡ po~ :P:::nd;e lad~da no se_ convierta en dudosa por el hecho de
objetiva del pensar Se puede
r s el pen~ento, es menester mostrar la validez
génesis {aquí difie;e de los
e pensarmento y su logi~mo._ No se trata de su
sencia de actividades que lo p I
gi tas 1[anotamo~~)' de su h1stona, sino de la pretroducci6n, cit., p. XlX). en azan con a percepc1on: se trata de su fundación" (In-

::¡~za-:

ciencia que debe substituirla.

656

657
H42

�estirpe -10 de julio de 1911-: "Estimado amigo: Muchas gracias por_ su
bienhechora y detenida carta y por el esclarecimiento de mi malentendido.
Ante todo, puede usted estar seguro de que sus bondadosas ma~estacio~es _no
me inducirán nunca a estimar falsamente la relación del trabaJO de rm vida
con su fresco laborar. Admiro en usted un genio del análisis filosófico. Me
alegra el deducir de sus palabras que mi trabajo no ha sido sin utilidad para
usted; que usted siente, como yo, y yo incluso en una época en que se necesitaba algo de coraje para luchar desde distintos lados de mancomún contra
el dominio de las Ciencias Naturales sobre la Filosofía, que estamos de acuerdo
acerca del esfuerzo por lograr una fundamentación de validez general de las
Ciencias reales, en oposición a la Metafísica constructiva y a todo suponer un
En-sí tras de la realidad dada a nosotros". Y se despide: "Con fiel sentimiento,
suyo. Wilhelm Dilthey". (Revista cit., p. 121). Estas líneas aclaran más que
volúmenes de exégesis...
Husserl, deseoso de superar a Descartes, añoró una ciencia
. sin. supuestos,
.,
a priori, perfecta, pura. Así combate denodadamente al psicologismo, ~wza
por haber tributado en ese altar, porque, finalizando el prólogo a la prunei;1
edición de Investigaciones Lógicas, cita a Goethe: "contra nada somos mas
severos que contra los errores abandonados". Y no es inoportuno rememorar
su primer principio, tan conocido: "No hay teoría concebible que pueda h~cemos apartar del principio de todos los principios: toda intuición que dé originariamente algo, es una fuente legítima de conocimie~to; todo lo que se
nos ofrece en la intuición originariamente debe tomarse simplemente como se
da". O sea: la visión directa e inmediata de las cosas constituye el primer
principio de todos los principios, siempre que dé algo. De ahí el certero flechazo de Dilthey cuando le escribe, cual transcribimos "No soy, según eso,
ni un filósofo intuitivo, ni un historicista, ni un escéptico", viniendo lo de
intuitivo al principio, lo que era Husserl, con su supercartesianismo fenomenológico, pues oigamos esto: "Al llegar aquí damos, siguiendo a Desc~r~~' el
gran giro que, llevado a cabo de la manera justa, conduce,ª ~a subJet1~dad
trascendental• el giro hacia el ego cogito, como la base apodícttcamente cierta
y última de ;odo juicio en que hay que fundamentar toda filosofía radical".
Por algo esos textos son de las Meditaciones Cartesianas. 13
Wilhelm no ha tenido nunca los elogios de Edmundo, quizá por menos estudiado,
privilegio que este servidor alcanzó desde que iniciara estudios filosóficos en la UNAM,
por su trato con Eugenio Imaz. Así Gaos, La Lebenswelt de _Hu~serl: "L~ fe~ome~ología sería, en suma, ciencia por ser aquello por lo que las aenaas son ciencia segun
Husserl: abstracta, general y objetiva" (Revista Mexicana de Filosofía, XIII Congreso Internacional de Filosofía, septiembre 1963, p. 27). E igualmente en su Prólogo Y
Traducción a Meditaciones Cartesianas: "No obstante las seductoras novedades pos13

658

En Dilthey no hay más que un Yo, el avizor a las' formaciones del Espíritu.
En Husserl, dos: uno, el ego psíquico, opuesto al mundo exterior, mientras el
ego trascendental o cogitans aparece luego de poner entre paréntesis el mundo
objetivo, mediante la reducción fenomenológica o epojé, o sea "el método
radical y universal por medio del cual me aprehendo como un yo puro". Husserl
declaró: "Todo esto designa Descartes, como es sabido, con el término cogito".
Nos atreveríamos a resumir, husserlianamente: Todo existe, inmanente, en
el ego cogitans, dado que: "Limitaremos desde luego los conjuntos coherentes
de intencionaJidad en los cuales el Ego se constituye en su SER PROPIO y constituye las unidades sintéticas inseparables de sí mismo, que es menester, por
consiguiente, atribuir al ser propio del Ego".
Dígase cuanto se quiera, la Fenomenología ejemplifica un idealismo, tan
trascendental como fuese, pero idealismo. Contra lo expresado por Teodoro
Celms creemos implicarse, correlativamente, método fenomenológico y sistema
idealista. La reducción fenomenológica sólo es posible dentro del ego cogitans
y la intuición eidética, por esencial, si la colocamos fuera de los lineamientos
del idealismo, conduce -lo afirmó el Maestro Caso- a la hipóstasis de las
esencias, a lo Platón.14
Y cabe inferir por lo expuesto que, del abstraccionismo husserliana a la comteriores a él, a Husserl habrá que volver, de él habrá que partir durante bastante tiempo aún, hasta que haya advenido definitivamente el de tratarle como un gran clásico
más". Pero, sociológicamente, y también filosóficamente, el mensaje de Dilthey representa una cantera, esperando, todavía, la piqueta de los que estamos al lado de la
vida, pese a sus desvíos y emboscadas, y no por el hieratismo dogmático, ni las inalcanzables esencias.
" Sin embargo, Kaufmann, en su Metodología de las Ciencias Sociales: "La crítica
que Husserl ha hecho del psicologismo en sus Investigaciones Lógicas ha subrayado
que la validez de los principios lógicos no es "tener que", como el de las leyes naturales, sino un deber ser y esta distinción ha cobrado gran importancia en la teoría de
las ciencias sociales, puesto que ha conducido a oponer a las ciencias del ser las ciencias normativas". p. 54. No estamos de acuerdo: los principios lógicos ostentan una
validez de certeza distinta al deber ser, que es normativo, algo sabido desde que Kant
planteara las reglas técnicas o principios problemático-prácticos, no normativos, con o
sin Laun, que sólo a éstas censura, cuando nosotros hemos hecho Jo propio con los
segundos, los principios asertico-prácticos o reglas de la felicidad, cual aquéllos son
de la habilidad. El auténtico deber ser viene en el imperativo categórico, según la fórmula de la Fundamentación para una Metafísica de las Costumbres o de la Crítica de
la Razón Práctica: obra de manera que la máxima de tu conducta pueda volverse regla de aceptación universal. Por ejemplo, en la ciencia jurídica, una de las sociales,
lo que torna a la proposición lógica en precepto jurídico es el poder del Estado, tal
lo de$arrolló, refutando la Teoría Egológica del argentino Carlos Cossío, en estudio
publicado por la Revista JUS - julio 1951- siendo profesor del Tecnológico de Monterrey.

659

�.
. , .
ente hablando no puede plantearse paraprensión de D1l~ey, soc10logi~d
l desce~dencia mejor, con el método
lelo. Esto lo examinaremos ense~1 a ~n a
'
fenomenológico aplicado a la soc10log1a.

DE HussERL

A VIERKANDT

,
ntecedentes son Brentano, con su Psicología
La Fenomenolog1a, cuyos a ~
d "El Origen del Conocimiento
Descriptiva (Viena, 1874) 15 anos antes enf
cia dada por mí el 23 de
"d
1"
p, blico es una co eren
Moral", ofrec1 o...a gran u
d v·
lle aba por título· "De la
enero de 1889 en la Sociedad Jurídical" e ;ena~en:a el prólogo del autor
lO ru·sto y lo mora ; as1 co
sanción natural de
d Ga , Morente) . y Bolzano, con su
,
p la M' . o Trad e
rc1a
'
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(Ed. Angel o '
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. 1 , aho- ce'lebre ha prnvocado su apli.
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Fenomeno
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Teoría de la ciencta, esa
, '
timo de Husserl sino por
I
sociológico no solo por e1 pres t&gt;'
' •
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cación a terreno
.
1'investigador de lo colectivo. La intencionali a
ofrecer un nuevo canuno_ ª
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do or Husserl.
, ·ca de Brentano revive en V1erkandt, pasan
p
. . .
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1953 etnólogo 3/ etnógrafo, se m1C1a com
Alfred Vierkandt, muerto ~n
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pli do el método fenomenoló.
1 para contmuar su o ra a can
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seguidor e imme
. .
edista por formación y escuela, pre.
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sociales Ant1enc1c1op
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gico a 1os pro emas
·
, de la interacción colectiva cua1
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lismo que remata en una teona
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here e orma
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f damentales de sociología filoso ica .
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b t ta -Simmel- m coactiva - u
Esa interacc1on no es a s rae
l' . Resulta indispensable, para
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· profunda fenomeno ogica.
externa -Tar e- smo
' ,
. 1 acias a la metódica husserVierkandt, precisar el meollo_del _fenomenodsoc:l ~onde únicamente la Fenoli
Al como una expenencia trascen en '
ana. ,go
.
o El discí ulo persigue, como su mentor, meras
menologia puede abnrse pas .
1 p 1 , de los demás y sufrir con su
descripciones puras. Alegrar~e con a a egr1a
d
tn'steza sin egoísmo ni mezqumdades.
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Gestalt, que ahon e
A la manera de una psicología configurativa, e una
• tas Bases para una Fundamentación de
,. Manuel Cabrera Maciá ha. intendtado. Clb~r , te no aparece en la Bibliografía ni
la lín de V1erkan t S1 ien es
la Sociología, en
ea
d ' tr b .0 enuncia las tesis constitutivas de una
1
en el texto. y dice:. "la_ tercera
\un:a:e~tación filosófica de la sociología, sin
metafísica de la solidaridad qu
d 11 " p 2 y luego a p. 67' se pre. d
llar los fundamentos e e as
. .
'
lid . d d
desarrollarlas, ru esarro .
~ . de la solidaridad? El principio de so an a. '
gunta: "¿Cuál es el senado metaf1S1co .
. le raíz metafisica: a) la esencia
la conciencia de la especie. lo nuestro,. nene una :~encía de la universalidad". Ello
del individuo, b) la esencia de 1~ ~OC1edad;u~tiones de sociología, que para nosotros
ejemplifica el proceder feno~enologico en
d . &lt;leales. de realidad, no de esencias.
. . fáca·ca, no normativa; de hechos no e J
,
es c1enc1a

:~:~a

660

mucho más allá de los hábitos yeístas, la colectividad, aparentemente mudable
( oh, Heráclito), permanece idéntica en sus rasgos esenciales. Vierkandt concluye en un universalismo fenomenológico que mucho alcanza de platónico,
lastre de Husserl; no cabe duda que, en medio de sus fallas, la introspección es
más segura que la introyección, con sólo percatarse de que la segunda encierra
la primera, y, por tanto, multiplica sus puntos débiles. De ahí que Vierkandt
reacomode la polaridad de Tonnies, Comunidad-Sociedad, en modalidades
no muy afortunadas, debido al sincretismo inicial que designaríamos con el
binomio Simmel-Husserl.16
Vierkandt, sobre todo en sus últimos escritos, se empeña en conformar una
tipología esencialista, en contraposición a la de Comte o Spencer, pues al principio la etnografía y la etnología lo tuvieron tangencial a éstos. El grupo es
una totalidad, valga la comparación, una gestalt -Kofka o Kohler- apenas
cognoscible a través del método fenomenológico.
Husserl, para quien el filósofo merece, un tanto burocráticamente, el epíteto
de "funcionario de la Humanidad", encontró en Vierkandt "su" sociólogo,
si bien nos parece más filósofo de lo social, mejor, lógico de lo colectivo, con
una lógica muy cerca de ciertos neo-kantianos para quienes la sociología viene
a ser una lógica de las ciencias sociales. Y en los desarrollos del discípulo, se
se palpan los zig-zag del maestro, ya la fenomenología es, a veces, psicología
descriptiva -y Dilthey se lo hizo ver a Husserl en la correspondencia comentada-, y otras, un adentrarse en las cosas, sin mengua de calar en las
esencias. Esto, en la Sociología, complica demasiado el objeto de estudio,
si escuchamos al fundador en la Introducción a sus Meditaciones Cartesianas:
"En primer lugar, el que quiera hacerse filósofo deberá una vez en su vida
replegarse sobre sí mismo dentro de sí; intentar vencer todas las ciencias hasta
aquí admitidas, reconstruirlas. La filosofía -la sabiduría- es en cierto modo
un asunto personal del filósofo. Debe constituirse en tanto que es suya, ser su
sabiduría, su saber que, bien tendiendo a lo universal, sea adquirido por él, y
justificado desde el origen en cada una de sus etapas, apoyándose en intuiciones absolutas".17
•• Husserl es un neo o ultra-cartesiano: dentro de la misma neoescolástica francesa,
con Jolivet, Maréchal y Gilson, hay una corriente desde hace lustros por interpretar,
realista y no idealistamente, al cogito cartesiano. De acuerdo con estos autores el idealismo del Cartesio vino del método matemático, no del cogito ... (pienso luego existo).
Régis Jolivet llama a esto "La Querella del Cogito" en su libro, Le Thomisme et la
Critique de la Connaissance. (Ed. Desclée de Brouwer, Paris, 1933, p. 19).
" El viraje de Husserl en Investigaciones L6gicas con respecto a sus primeros escritos de tendencias más realistas hizo que Scheler lo refutara. . . En los medios académicos alemanes de la época se relata una anécdota: Husserl le dijo a Scheler que
tenía rango de pensador pero que no entendía nada de Fenomenologia; y éste res-

�Semejante metódica personal, a tono con las declaraciones del fundador,
no puede rendir mucho en Sociología, y así lo sufriera Vierkandt en carne
propia. Tanto él como Husserl bien pudieron atender a Naphta, el implacable jesuita de La Montaña Mágica por Thomas Mann, quien le concede mucho a Dilthey:
"Vuestra ciencia sin premisas es un mito. Hay siempre una fe, una concepción del mundo, una idea; en una palabra una voluntad, y atañe a la Razón
el interpretar y demostrar, siempre y en todos los casos. Se trata de llegar al
quod erat demostrandum. Ya la concepción de la prueba contiene, psicológicamente hablando, un elemento voluntario muy claro". Y esa dialéctica de
Naphta que paralizaba el humanismo siglo XIX de Settembrini, ante el estupor de Hans Castopr y su primo Joachim, en Davos, bien pudo esgrimirla
Dilthey en sus cartas a Husserl, si su finura y su caballerosidad no se lo hubieran impedido, tal constatamos.
Vierkandt incurre en las ceguedades de los fenomenólogos, inmersos en sus
esencias que, con frecuencia, ni ellos captan. Atendamos las redundancias de
Merleau-Ponty, miembro del trío en la Escuela de París, junto a Sartre y
Simone de Beauvoir:
"Las ciencias del hombre ( la psicología, la sociología, la historia) y la filosofía se encontraban en una situación crítica. Las investigaciones psicológicas, sociológicas e históricas, a medida que se desarrollaban tendían a presentarnos todo pensamiento, toda opinión y, en particular, toda filosofía, como el resultado de la acción combinada de las condiciones psicológicas, sociales e históricas exteriores. La psicología tendía hacia lo que Husserl llama el psicologismo, la sociología hacia el sociologismo y la historia al historicismo. Al hacerlo ellas mismas venían a desarraigar sus propios fundamentos. (Las Ciencias del Hombre y la Fenomenología, Revista de la Facultad
de Humanidades, Universidad de El Salvador, mayo-diciembre 1961, p. 10).
La simple lectura delata las arbitrarias "tesis", comunes en muchos fenomenólogos ortodoxos: No señala de quiénes habla; si cada uno de los especialistas diviniza su ciencia, los herederos de Husserl, imitando al progenitor, han
llegado en ello a múltiples aberraciones; nadie podrá negar el clima, la
p ondió: "lo sabía, y por eso he venido a verlo, aunque hoy entiendo menos que
antes..." No garantizamos la veracidad, mas resulta bastante ilustrativa: Husserl defendió uná intuición lógica; Scheler una emotiva, mejor, humana. Llambías de Azevedo afirma: "Efectivamente, Scheler aprendía en lo vivenciado inmediatamente más y algo más significativo que otros hombres. 'A su lado, Husserl parecía un pedante', me
dijo un filósofo que había sido discípulo de ambos" (MAx ScIIELER, Exposición Sistemática y Evolutiva de su Filosofía, Ed. Nova, Buenos Aires, 1966, p. 14). Biográficaroente, Husserl es poco explorado, quizá por su hermetismo personal. Y escasean hasta sus

t-0pografía
' e1 patsaJe
· · con factores sociológicos de influencia indis u
bl
. , ' y aun
e, qmeranlo o no los continuadores de Descartes
1
. p tapracticando las dos e o·é o al
' .
.: con aque ego cogitans y

Mon:esqWt antes d: \. geo;:':ra":'c':u::~:~p!;~i:::":D: ;;:'~°!

r~a !, yen o a lo ~uestro, contraprobamos ya como el mismo Husserl. "d
grac1ad:iment:, baJO la influencia de la brillante crítica de Ebbin h.
esno hab1a cre1do necesario leer el gran trabajo de D'lth
"
l
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aus,
yo
1
para que le m
·
ey , o que no obstó
l
enosprec1ase tomo relativista, escéptico e historicista . V,
; ~o por lo otro! Algo parecido practica el alumno, Merleau-Ponty. 'tiray~e
ec as a rumbos desconocidos a fin d
' an o
nomenología.. _1s
e que resalten las bondades de la Fe-

El intento de Vierkandt fallara deb'd
punto de origen a priori p
~ I ; a su punto de partida, ese erróneo
ego cogita..11s en' mo' d ' . uro, aseen ental, cambiando a los hombres en
,
na as sm puertas ni
tan
solipsismo si no es mediante 1 . . . ' ven as, que no pueden salir del
,
a mtmc1on analóo-ica
t
aquel, mas se derrumba la om o
. . . &lt;&gt;· ' y, en onces, se supera
p p sa c1enc1a sm supuestos trabaJ·osam t 1
vantada por Husserl.
,
en e ePor sobre las objeciones de A ala tr d
1ntroducción, desde pronto vale : ,
a. ul~t~r de Freyer en la mencionada
.
as, socio og1camente que y- ka dt
to media de Dilthey a Husserl:
'
ier n ' cuan"Mas,
habiendo reconocido -y no podía haber deJa
. dO de reconocerloque
en cad
presente,
.
das no una 1í
, . en dcada complejo estructura1, se encuentran contem'
nea umca e evolución sino una 1 lid d d
abiertas a la voluntad
. d
'.
P ura a
e alternativas
tiem
'
' ese eJe e 1a actitud cognoscitiva deberá ser al mismo
. . po, y mas resueltamente, el eje de la decís·,
. 1 l
.
c1c1O de la libertad creadora De do d
1 ~o~ vi~ , e punto del e1ernoc· .
. ' .
.
n e resu tara mevitablemente que el co. lnn:ento soc10_Iogico queda supeditado a la voluntad práctica. que la So
se convierte en una pura tecruca
, • al servicio de la Política"
'
CI't0 ogia11)
(Obr•

ª

Cl .,

p.

.

.

segund

r esu~; D'lth
• que Hegel, tal hemos distinguído·Primero en1Freyer
.
I
ey, meJor
'
o, a mterpretac1on de Ayala es corta, miope: esa decisión vital
esa voluntad en la vida, constituye lo medular del sistema dilthe
'
como fuere_ de fragmentario, pero creativo. Dejemos al traductor p:r7i;ut:;
,. Vamos a repetir lo escrito en uno de mi lib. . "E
.,
realizar una ciencia sin supuestos auténti~ent;°s~ . . n ~elac1on ,con el anhelo por
puesta negativa. El fenomenólogo, 'para salir de la ,ngmana, podn~ darse una ressuperar el solipsismo, tiene que recurrir a las , dcarcel de su prof10 pensamiento y
a la intuición analógica salvándose ,
mona as _Y a la annorua preestablecida o
,
as1, pero ya no eJGste la c'e · •
gonada por Husserl" (Itinerario Filosófico Prólogo de J , V 1 nc1a
supuestos pretenberg, tercera edición, San Salvador, 1963, p. 152). ose asconce os, Imprenta Gu-

tm

retratos.

663
662

�Freyer asienta lo ya dicho: "Contra esa Sociología y sólo contra ésta (la de
Comte, Spencer, Schaffle, Lilienfelde, los últimos organicistas sin remedio al
par que Bluntschli, interrumpimos) se dirige la recusación de Dilthey. Su ~rea es insoluble. Su método, falso. No reconoce la posición de la ciencia histórica respecto de las ciencias especiales de la sociedad. "El único camino
posible para una investigación de la conexión histórica: escisión de ésta en
conexiones especiales, se encuentra contenido en las teorías especiales de la
cultura y de la organización exterior". Y, por si fuese poco, Dilthey adelantó:
"Como se ve la Sociología, en el sentido de una ciencia especial, no queda rechazada, sino que, por el contrario, se le asigna una posición muy señalada en el sistema del trabajo en las ciencias del espíritu. Su campo especial
es: la organización exterior de la sociedad'." (obr. cit., p. 58).
Esa voluntad nada tiene que ver con la técnica ni con la política: representa el motor capaz de organizar derecho, moral, arte y Estado al servicio
de la Sociedad, magna tarea que compete a la verdadera Sociología, no a
aquellas desviaciones de Bluntschli preguntándose si era superior el Estado a
la Iglesia, siendo el primero masculino y la segunda femenina. En esto, Freyer resulta diltheyano ortodoxo, por haber recibido a Hegel, a través d_e
Wilhelm: "El carácter no anímico de los sistemas de la cultura es caracterizado por Dilthey con el concepto hegeliano del espíritu objetivo" ( Obr. cit.,
p. 63) . y así nos ilustra con muchos pasajes de su realidad social cuestiones
fundamentales en el estudio del forjador del Mundo Histórico, especialmente cuando lo minimiza:
"• Cuál es la estructura lógica propia de esa ciencia? ¿Cómo se comporta
e
d
respecto
de las ciencias del Logos? En la respuesta a esa cuest·'
10~ pone
e
relieve que la sistemática de Dilthey está cortada con arreglo al ideal cognoscitivo de las ciencias del Logos, y que en el fondo sólo concede espacio a
aquellas ciencias particulares que satisfacen ese ideal. Por muy claramente
que ha.ya separado Dilthey las ciencias de la organización exterior de las
ciencias de los sistemas de cultura, resultan construidas también de hecho
como ciencias del Logos" ( Obr. cit., p. 62).
Dilthey escribió incansable, agónicamente; atendamos a Imaz, autoridad
en esta lucha titánica frente a su propio demonio interior: "En el invierno
de 1895-96 pensaba Dilthey poner en pie los materiales acumulados desde la
aparición del primer volumen de la Introducción ( 1883) y acabar la obra
definitiva con la publicación del libro tercero, histórico, y del cuarto, gnoseológico y sistemático. No abandonó, no pudo abandonar la idea hasta poco
antes de morir, pues fue en el verano de 1911 cuando redactó el prólogo que
había de presidir a todos los materiales acumulados para la parte ~istemática y de los que él se desprendía envolviéndolos con un título común: El Mun664

do espiritual. Introducción a la Filosofía de la vida (lo~ volúmenes V y VI
de la colección publicada por sus discípulos), por considerar, luego de un intento fallido en 1907, que sus ideas habían logrado una etapa superior con 'La
estructuración del mundo histórico por las ciencias del espíritu' ( 1910) que
sus discípulos han publicado en el volumen VII de la colección. ¿ Se me permitirá repetir a propósito de Dilthey lo que ya dije una vez, un poco tímidamente, con respecto a Kant: que Dilthey murió, a los 78 años, prematuramente?"
Tal Imaz ( Introducción, p. VII), pero, acariciando esas fechas, cabe establecer abcisas y coordenadas temporales: Dilthey, hombre del siglo XIX, es
aún hoy, actual. Los reparos de Freyer lo evidencian de plano. En esta segunda mitad de la centuria, con años y años de elaboración sociológica, bien
puede criticársele a Wilhelm, cierto apego a las ciencias del Logos, caras a
Hegel. En su Sueño relató: "Y ¡ espectáculo admirable! de la mano, como
en sus años de juventud, marchaban los dos grandes pensadores suabos, Schelling y Hegel''. (Introducción ... , p. XXII) . ¿ Cómo iba Dilthey a eludir el
panlogismo hegeliano?
Esa estrechez criteriológica, achacada por Freyer, hay que medirla en su
minuto, no desde nuestras perspectivas. Desde lustros, vengo insistiendo en que
la Sociología constituye una disciplina fáctica, no normativa, real no ideal,
de hechos no de preceptos, y por ello, los autores formados en las disciplinas
jurídicas o morales, si no prescinden de sus criterios, salen sociólogos dogmáticos, no auténticos. El logos, el derecho, la moral son materia de cánones,
directrices mentales, no descripciones explicativas de los hechos. La Sociología es ciencia de la realidad, no del sentido. Por ello, salta innegable el
aporte diltheyeano en el desarrollo de nuestra ciencia.1 9
No queremos terminar estas lineas sin referirnos a un punto de importancia
que nos ha traído más de una polémica, bien venidas por cierto. Y pasamos
a exponerlo.

DILTHEY Y ÜRTEGA

Para asombro de muchos apresurados lectores de solapas que padecemos,
el pontífice de la Escuela Madrileña emerge harto inoriginal. Esto lo sabíamos,
Esto exponemos, con respecto a lo político-jurídico, en Realidad y Sentido del
Estado (Primera Edición, Excélsior, México, D. F., 1945; segunda, Editorial Universitaria, San Salvador, 1962), cual cuestión previa para enfocar los hechos-índices de la
crisis estatal y sus posibles soluciones.
1
•

665

�a partir de 1940, alternando con Imaz -también traductor y comentarista
de Kant (recuerdo su versión de La Paz Perpetua)-, experto de muchos meandros filosóficos. Pero en estos últimos años, he publicado radiografías de la
obra orteguiana, que provocaron elogios, réplicas veladas y hasta alguna polémica,2º sobre todo porque pusimos en circulación el rubro de orteguitis, signando así esa endemia casi incurable por estas latitudes, donde cualquiera pretende presumir de pensador con citar algún pasaje del brillante escritor, del
hábil literato, nunca filósofo y menos sociólogo Ortega. Y no faltaron quienes
se quejaron, dolidos, de esos análisis, conformándose, en sus vanos lloriqueos,
con telefonear a los periódicos en los cuales salieron las publicaciones de este
servidor, extremo fácil para los adoradores, porque sí.
El asunto tiene su miga..• Escuchemos a Imaz (en el Epílogo de Introducción a las Ciencias del Espíritu, Primera edición alemana, 1883; tercera,
1933; y primera en castellano, 1944), algo sin desperdicio: "Esta idea de que
la historia de la evolución filosófica ha de servir de propedéutica al sistema de
la filosofía la recoge Ortega y Gasset de un borrador de Dilthey que lleva
el título de ¿Qué es Filosofía? y que corresponde a los años 1896-7. En el
apartado 3 de ese borrador dice Dilthey: "La filosofía tiene como tarea primera y parte preparatoria la elevación de la disposición y de la necesidad filosófica que radican en el sujeto, a través de las etapas de la historia, hasta la
conciencia actual históricamente llana. Esta historia constituye la propedéutica
indispensable de la filosofía sistemática. Porque la conciencia plena, de la
que ningún pensamiento puede prescindir sino que, más bien, puede analizar,
es histórica". En otro trabajo de fecha indeterminada pero que Dilthey respeta cuando en 1904 proyecta su continuación, el que lleva el título: El hombre moderno y la pugna de las concepciones del mundo (Volumen VIII de
20 A raíz de algunos artículos de este servidor: "Ortega contra Unamuno" ( I y II),
El Diario de Hoy, 22 y 29 mayo 1966. Y en el mismo, "De Nuevo Ortega contra Unamuno" -12 julio 1966-, el profesor Carlos Sandoval, también egresado de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, alumno de Gaos, ripostó con "A la Orilla de Ortega", lo. julio y 3 del propio (habiéndole contestado el suscrito con "La Orteguitis,
¿endemia incurable? -12 julio- y "Los Malabarismos de Ortega". A su vez Sandoval, con "Ortega ¿Literato o Filósofo?" -14 agosto-- y nosotros, "Las Fobias de Ortega" mientras Sandoval "La Filosofía de la Razón Vital". Proseguimos con ''La Inoriginalidad de Ortega", La Prensa Gráfica -30 noviembre-, "Navarrete corrige a
Ortega", Diario Latino, 24 septiembre. Sin mengua de "Los malabarismos de Ortega",
El Diario de Hoy -7 septiembre, "Los Desvaríos de Ortega", Diario Latino -21
septiembre-, "Testimonios Españoles acerca de la Orteguitis", Diario Latino -22 septiembre-, "La Escuela de Madrid, La Prensa Gráfica -31 octubre- y ''Dilthey y
Ortega", Diario Latino -14 diciembre. Todos periódicos de San Salvador, Centro
América. Tenemos en preparación un estudio con todo este material.

los Gesammelte), precisa ese pensamiento de la propedéutica histórica en los
siguientes términos: "El cuchillo del relativismo histórico que ha disecado
como si dijéramos, toda metafísica y religión, debe procurar también la salud'.
Pero te~em~s que ir a fondo. Tenemos que convertir a la filosofía en objeto
de la f1losof1a. (Ello nos ilustra sobre esa "novedad" (?): la filosofía de la
filosofía, con que lectores de alemanes pretendieron sentar cátedra en nuestras
latitudes, acotarnos).
. Y, ~ilthey c?ntinúa: "Es necesaria una ciencia que, mediante conceptos
histonco-evolutivos y métodos comparados, tenga por objeto los sistemas mismos. (Recuérdese La Historia como Sistema por Ortega, enfatizamos). Se
compo:ta con la historia de la filosofía lo mismo que la ciencia comparada del
lenguaje con la historia del lenguaje y si alguien quiere superar la separación
de las. dos, seré yo el último que se oponga a ello. Siempre es lo mismo: en
cada sistema cultural no hay más que etapas de la misma ciencia" (p. 413).
Hasta aquí el germano: las coincidencias con el hispánico no son como las
leyendas cinematográficas sino casi literales, y podríamos eliminar el casi, pues
el título es el mismo, que tomara éste de aquél: ¿ Qué es Filosofía?, demuestra
lo asentado. Ese recurso corrobora, no inoriginalidad, sino plagio. Y le sirviera
a Ortega, en su minuto, para blasonar de creador, entre el coro de sus discípulos y seguidores, anhelantes por ganar siquiera un poco de gloria O del
estruendo...
Ortega, I de España y V de Alemania, provisto de una carta que Unamuno
e~~ó a uno de sus amigos en la patria de Goethe, en donde constaba que era
hijo de Ortega y Munilla, el respetado periodista español. De retomo, Ortega
comenzó su labor, cuidándose mucho de traducir las obras fundamentales de
los :°desc?s, por ejemplo, las Éticas de Scheler o Hartmann, porque así no
corna peligro. En cambio, los opúsculos de Scheler: El Saber y la Cultura,
El puesto del Hombre en el Cosmos, El resentimiento en la Moral, etc., salían
constantemente en las ediciones de la Revista de Occidente, bajo el ojo avizor del maestro en su orquesta. Párrafos, verbigracia, de "La querella del Hombre y del Mono" están "trasladados" de Scheler, así aquello de que el horno
sapiens constituye un "callejón sin salida, biológico, de la naturaleza". Y si
espigamos en los dos tomos de las Obras Completas encontraríamos mu_chos
más...
Ortega volvió de Alemania declarando no conocer el magisterio de Dilthey, lo cual, toda proporción guardada, sería cómo si este servidor, al retornar a su tierra, allá por 1945, ya rematados los estudios de Leyes y Filosofía
en la UNAM, hubiese salido aquí con la peregrina ocurrencia de que no
sa~ía nada de don Antonio Caso. Ni le creemos a Husserl que, debido a la
brillante crítica de Ebbinghaus, no se preocupó de leer a Dilthey, y menos a
667

666

�Ortega, ex-alumno de Marburgo, ávid~ por entonces y siempre, de novedades
filosóficas teutonas...
Atendamos a Sciacca: "El pensamiento de Ortega está estrechamente ligado al alemán (Fichte y Nietzsche por un lado y Dilthey y Simmel por otro),
aunque también revela influencias bergsonianas y pragmatismo. Después de
doctorarse en Madrid, Ortega estudia en las Universidades de Berlín donde
tenía cátedra Simmel; de Leipzig y de Marburgo, donde oyó a Cohen. La influencia de Simmel es directa; la de Dilthey, indirecta" (La Filosofía, Hoy, Ed.
L. Miracle, Barcelona, 1956, p. 117). Es preciso llevarle la contraria en lo
último -que haya sido alumno de Cohen o Natorp, le conserva marburgiano),
porque fue al revés: la influencia de Dilthey es directa, e indirecta, la de
Simmel. Bien supo Ortega ocultar sus verdaderas fuentes:
"¡ Ah, no faltaba más! ¡ Buen siglo XIX, nuestro padre! ¡ Siglo triste, agrio,
incómodo! ¡ Frígida edad de vidrio que han divinizado las retortas de la
química industrial y las urnas electorales! Kant o Stuart Mill, Hegel o Comte,
todos los hombres representativos de ese clima moral bajo cero, se han olvidado de que la felicidad es una dimensión de la cultura" (El Espectador, ~iblioteca Nueva, Madrid, 1950, p. 117). Independientemente de tantas fobias
en un solo párrafo, repleto de admiraciones e interjeccionismo, surge claro
que Ortega heredó a Kant por los de Marburgo; y Hegel es un~ de sus guías.
Así desoriente el madrileño a los estudiosos, disfrazando de odiosos a sus favoritos.21
y en otra ocasión, contradiciéndose, algo peculiar en él, sediento de la
palabra bonita, no del concepto, menos del sistema: "El siglo XIX fue esencialmente revolucionario (y los epítetos denigrantes que le cuelga en El Espectador hablando de Baroja, inquirimos). Lo que tuvo de tal no ha de buscarse en el espectác_ulo de sus barricadas que, sin más ni más, no consti~yen
una revolución sino en que colocó al hombre medio -a la gran masa socialen condiciones' de vida radicalmente opuestas a las que siempre le habían
rodeado" (La R ebelión de las Masas, Colección Austral, Buenos Ai~, 1955,
p. 77). ¿ En qué quedamos por fin? Era frígido y bajo. cero el s~g:o XIX
revolucionario... situando a la gran masa social en meJores cond1e1ones de
0

vida. ¡ Malabarismos orteguianos! ¡ Trucos de retórica!
La orteguitis, fiebre española y latinoamericana, especie de end_einia casi
incurable, no repara en estas antinomias palpables. Ortega ha servido a mun En mi libro En la Ruta del Estado, Ministerio de Educación, San Salvador, t. II,
1965, San Salvador, Capítulos "Crisis Politica" y "Conflicto Social", desarrollo más
ampliamente estos recursos orteguianos. Demás está decir que esa obra, laureada por
cierto, corrió serio peligro de no serlo, dados esos análisis en tomo al timonel de la

chos aficionados de la Filosofía y de la Sociología para presumir de entendidos,
cuando ~ta los rubros los toma de los germanos. Así del Diagnóstico de
Nuestro Tiempo por Karl Mannheim, salió El Tema de Nuestro Tiempo y
hay otros casos.22
'
Mas volvamos a la ~ophía: "Nos parece que Ortega ve claramente algunos
problemas del pensamiento contemporáneo, pero que no los resuelve filosóficamen~e; Y esto s!~ica p~seer una sensibilidad, incluso fina, para la filosofía
(especia~e?~e, s1 esta es vista desde el aspecto histórico y cultural que es el
menos filosoÍlco), pero no una mente propia para hacer verdaderamente filos_ofía. (Obr. cit., p. 118). ¡ A buen entendedor, pocas palabras! y el mismo
Sciac~a: "es un_ ensayista, no un sistemático (tampoco un problemático de altura, mterrumpunos). La metafísica de la razón vital no existe en sus libros
Y no puede existir, porque la razón vital, tal -como es concebida por él y~
ha negado la metafísica al plantearse" (p. 121).
'
Jamás Ortega examinó, a fondo, a un autor, menos a un sistema, conformandose ~on revolotear capric~osamente en torno de ellos, entre parábolas y
comparaciones restallantes, valido del repertorio teutón traducido a cuenta
gotas,
sus discípulos y adláteres. Pero era un prodigi~ mezcland~ imágenes
Y_parad~Jas ~ue s_educían ~ españoles y latinoamericanos, no muy preparados
ni en F1los0Íla
m en Soc1olo&lt;11a
·
de
•
i:,• • Léanse, verbi1ITac1·a
o
, Kant, R eflexwnes
Cent~narto, donde aparece más Ortega que el cfo las Críticas, en contraste con
Menendez y Pelayo, quien en sus Jdeas Estéticas, sin dárselas de filósofo nos
ofrece una nítida exposición del viejo de Koenisberg.2a
'

Pº:

•z Véase cuánto ~esfi~ Ortega sus propias fuentes: "Y, en efecto, nada acont~e que no haya sido prevtsto cien años antes. 'Las masas avanzan' decía apocalípllco, Hegel (no señaló dónde y la terminología no es muy de aquel ti.e:Upo ) "Sin un
nuev
· · 1 nuestra época, que es una época revolucionaria, producirá
···
, 0 Poder esp1:1tua
una
ca~Sttofe, anunciaba Augusto Comte. (Tampoco indica el lugar añadimos) • Veo
su_brr la ple~r del nihilismo! gritaba desde un risco de la Engadi.na el mos~chudo
Nie~che. (i~em) ,~s falso de~r que la historia no es previsible. Innumerables veces
ha
· y d e 1a ma¡a: pre. sido profettzada (La Rebelion de las Masas, cit., p . 75) . Reto'nea
cisamente ~egel, Comte. y Ni:tzsche, si bien afecte menospreciarlos, son sus mentores.
¡ Truculenoas, bastante mfannles de Ortega! Desde luego absurdas en quien blasona
de filósofo...
. "' García Morente_ ~eredó de Ortega ese afán de expresarse metafóricamente sin ton
ru son, aunque no V1IUesen al caso. Bien le tilda Constantino Láscaris: "La lite tu
'b"1en un estorbo para el decir filosófico. La filosofía ha rde
aser
~
en cu~nto ~1, es mas
~ura f1los~f1a; hay que saber llegar al tercer grado de abstracción y mantenerse en él
sm recumr a imágenes. La filosofía ha de hacerse con ideas con términos p=r•
táf
" (E d.
.
'
,~sos,
no con me oras
stu 10s de Filosofía Moderna, Ministerio de Educación, San Sal;-tdor, 196, p. 264). Eso de García Morente vale también para Ortega "metaforista"
mcurabl~ tanto en filosofía como en sociología, pues no faltan quienes cr:an que La Re-

Escuela Madrileña.

669
668

�•
Y Baroja, cáusticamente: "En muchas afirmaciones Ortega no ha acertado
porque creo que es hombre de más cultura que intuición. Yo lo siento, porque
como he dicho en otra parte, lo consideraba como la única posibilidad de filósofo que había en España en nuestro tiempo (flechazo al Tema, sentimos),
y me parece que esa posibilidad de filósofo no se ha realizado y creo que va
quedando en escritor brillante". (El Escritor según Él y según los Críticos, Ed.
Biblioteca Nueva, Madrid, 1952, p. 152).
Ortega pasará cual literato, no filósofo, ni siquiera pensador de alguna
originalidad, pese a los ditirambos de sus partidarios. Y le preocupa "la pelusidad" mientras Zubiri se encuentra anhelante de esencias. "A Zubiri sólo
le preocupa la verdad y de ahí que no repare en el brillo de las imágenes ni
en la belleza de la expresión del pensamiento". (Julián Izquierdo Ortega,
La Filosofía Española en los últimos años, "Cuadernos Americanos", México,
enero-febrero, 1963, p. 147).
Pocos quieren reconocer lo indudable, y los años se encargarán de probarlo :
Zubiri es un filósofo, mejor, el filósofo español de nuestra etapa, perteneciendo
al pensamiento y no a las letras cual "su" maestro... Ese "discípulo", a diferencia de los demás (Gaos, Recaséns, García Morente) , expone su doctrina
rigurosamente y nunca desciende a divulgador o propagandista, tal Sobre la
Esencia, habiendo allí más meollo que en muchos de los tomos y folletos
orteguianos: "es, quizá, el mejor filósofo, en el sentido canónico del término
que tiene hoy España" (Sciacca, obr. cit., p. 508).
En otra oportunidad hemos practicado con amplitud ese contraste, pero
basta lo anterior para captar cuánto debe Ortega a Dilthey, hasta títulos y
planteamiento. Lo mismo a Scheler, a Hegel. .. en fin. Apenas resta darle
término a estas conexiones mentales con algo de Dilthey, al concluir su Sueño:
"La melodía de nuestra vida lleva el acompañamiento pesado. El hombre se
libera del tormento del momento y de la fugacidad de toda alegría sólo
mediante la entrega a los grandes poderes objetivos que ha engendrado la
historia. Entrega a ellos, y no subjetividad del arbitrio y del goce; sólo así
procuraremos la reconciliación de la personalidad soberana con el curso cósmico".24
belión de las Masas, muestra de microensayismo interjeccionista, cabe en la segunda,
cuando naufragó en meras exclamaciones: ¡ ah, el hombre-masa! ( el bárbaro tecnificado de Keyserling); ¡ oh, el hombre sin la nobleza que obliga!, y por el estilo.
•• Estupendamente expresó Vasconcelos, en el Prólogo a mi Itinerario Filos6fico,
cit.: "Y ya se sabe que, así como un poeta, todo mortal es un poco filósofo. Padecemos todos la inquietud de lo desconocido: afán de poesía, necesidad de filosofia". Dilthey, desde su altura, no representa la excepción, por más que muchos no hayan reparado en el afán por quedarse en la necesidad.

670

Sección Quinta

COMENTARIOS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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