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                  <text>Sección Quinta

~
COMENTARIOS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�UNA NUEVA OBRA DE VON Ru.'ITELEN SOBRE LOS VALORES

Fmz joACHIM

VON RtNTELEN: Value.s in European Thought, I, Ediciones
Universidad de Navarra, S. A., Pamplona, Spain, 556 páginas.

Por el

DR. AGUSTÍN

BASAVl!

FERNÁNDEZ DEL VALLE

EL TE,-tA CAPITAL EN LA VIDA DE FRrrz JoACHIM voN RINTELEN ha sido el del valor.
Desde los primeros años que dedicó a la docencia y a la investigación filosófica, empezó por meditar sobre el carácter del valor. Basta ver el Tratado de Filosofía de
Johannes Hessen para cerciorarse de la importancia que tiene la Teoría del Valor
en la fi.losofía temprana de Fritz Joachim von Rintelen.
Las ediciones de la Universidad de Navarra han publicado una obra en inglés -la
última de von Rintelen- intitulada: Values in Europtan Thought.
La temática de esta obra contiene parte histórica y parte sistemática. Está dividida
en un prefacio y seis capítulos. Los títulos principales de la obra --omitamos los sumarios- son ya de por sí bastante elocuentes: I) Análisis del Valor; 11) La Relación
de los Valores con la Histoña en General; III) La Idea del Valor y de la Antigüedad;
IV) La Noción del valor en el Cristianismo Primigenio y en la Edad Media.
Es la segunda obra que el Prof. Frltz J. von Rintelen publica en inglés. En otras
ocasiones habíamos señalado el acierto de utilizar un vehículo universal del pensamiento, como es, en nuestros días, la lengua inglesa. Pero no olvidemos que Fritz J.
von Rintelen piensa en alemán y es medulannente germano.
Para Fritz J. von Rintelen lo axiológico implica en sí un elemento dinámico, porque
porta la exigencia de ser afirmativamente ambicionado. Y la ambici6n tiene su raíz
en el propio contenido de sentido. Distingue el profesor de la Universidad de Maguncia entre un mero valor de relación (Relationswert), e., decir, un valor para mí
o para algún otro, y un valor que. se suele designar valor propio (Eigenwert). En
todo caso el valor nos atrae, nos eleva y se nos presenta, íntimamente, de un modo
tal que tratamos de cumplirlo existencialmente, identificándonos con ello. El valor
propio se nos presenta primariamente y el valor de relación secundariamente. Ante el
valor asumimos una posición afirmativa o negativa, una tendencia hacia la realización. Un contenido cualitativo de sentido es rasgo esencial del valor, Cuanto más
pr6irimos están los valores de la existencia humana, tanto más fuerte se destaca el
valor propio. En palabras de von Rintelen vertidas al inglés:

•

875

�.

"These essential properties a'Te the following. There is required a qualitative
content o/ meaning, which as int1insic value at the same time includes within
itself a relational ualue. The closer values stand to human existence, the stronger
does the element of intrinsic value come to the forefront, making it poHible
to distinguish between personal and impersonal values. All thinking about value,
which only within the individual can attain its actual degree o/ íntensity in
relation to an ideal fulfillment. Intellectual rqlection is able to derive universal
forms and ideas o/ value out of experience. Economic value serves the welfare
of man as tl1e foundation f or the possibility o/ personal development worthy of
human dignity. Political values are conceived as community values, whose role,
as an actually realized pattern o/ arder, is to g11a1antee human existence. The
comprehensive concept of cultural values direoted our attention toward that
spiriiua/ly creative domain whose aim ÍJ to frromote the in/ usion o/ more intensively personal meaning into life, whether it be in the form of e11riching and
unifying objects of the inner world of the soul, or in the form of an objectifíed
spiritual legacy. Belonging to this domain are esthetic values, whose role is to
give sensible expression to the truths of li{e with f ull authenticity and vigor
of form. Ethícal values reaoh all the way into the most intimate interior dimension of man, manifest themselves into the mode oj normative obligation, and
realize themselves in loving activity that is directed toward sorne objectively
valuable meaning to which we aspire as an ideal. In religious values man seeks
afrer a suprasensible transcende11t divine realm, which introduces him into the
de{initive stage o{ value rea[ization and inoludes awe be/ore the ultimate div.ine
value aboue him as a fundamental exigency of his soul." (Fritz Joachim von
Rintelen: Values in European Thoughl, 1, Ediciones Universidad de Navarra,

can hower be extensively incorporated as an axiological image into the total
world piclure. Therefore it is im.portant that an individual should be able to
g~ow as a personality from within the spirit of a whole without ntrglecting any
single on~ of_the moit important axiological spheres. This is of course a requirer:ient wluch imposes an endless task on us." (Fritz Joachim von Rintelen: Values
in European Thought, 1, Ediciones Universidad de Navarra, S. A., PamplonaSpain, página 549).

La Axiología, _que ~ juzgar de algunos filósofos contemporáneos parecía un capítulo
m_uerto de la F~osof1a, se renueva en el pensamiento del Prof. Fritz Joac.him von
Rmtelen y adqmere nuevos y promisorios rumbos.

S. A., Pamplona-Spain, páginas 28,29).
El filósofo de Maguncia analiza la realización de los valores en el todo cultural,
cuestiona el problema de la relatividad de los valores en la historia y el proceso de
revaluación., la idea del progreso y la validez eterna de los valores. Vida y mente,
objetividad-individual y valor-realidad, valor-realidad y temporalidad como prototipos
hist6ricos y el punto de partida del valor, son examinados con ejemplar rigor y pulcritud mental. Hasta aquí la parte sistemática, relativ¡miente breve, condensada en
62 páginas. El resto de la obra está consagrada a la idea del valor en la Antigüedad
Clásica en el cristianismo hasta fines de la Edad Media. No podemo.s entrar en detalles por los límites de este comentario. Pero pocas veces -acaso ninguna vez- un
autor occidental ha entrado más a fondo en el desarrollo hist6rico de los valores en su
:Europa natal. Particularmente rico es el desenvolvimiento de la teoría de los valores
en el Medioevo.

En las últimas páginas de Von Rintelen se abre el camino a Ja modernidad:
".At the beginning of the modern period we do nevertheless find an euer
increasing emphasis on the intention and innermost position of the individual
subject. This was a permanent gain f or the development o/ a;eiolo_gical thought.
The intrinsic conviction of the subject, as the deepesl centre of the penonafüy,

876

877

�JUAN LUIS VIVES VISTO POR ALAIN GUY
Au.IN GUY: Vives

ou l'Humanisme Engage, Editions Seghers, París,

1972, 223 páginas.

DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ Dl!L VALLK

Presidente del Centro de Estudios Humanísticos

v LA CA.LIDAD DB BsTuoros dedicados por Ala.in Guy al pensamiento de
habla española, es verdaderamente impresionante. De su ágil y mesurada pluma, han
salido libros sobre Fray Luis de Le6n, José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno,
los filósofos españoles de ayer y de hoy, sin contar con numerosos artículos, presentaciones y traducciones de autores bispanopadantes. Sus tareas vocacionales las ha
venido cumpliendo, el maestro de la Universidad de Toulouse, con ejemplar pulcritud, rigor y mesura. Su capacidad de simpatía bacia lo español y hacia lo hispanoamericano es verdaderamente notable. Por esa aptitud de vibrar al unísono con fos
filósofos de lengua española, logra el Prof. Ala.in Guy introducirse con la contextura
más intima del modo hispáruco de ser y de pensar.
EL NÚMERO

La obra de Alain Guy está estructurada en la siguiente forma: Introducción (triun•
viro del humanismo), I } La crítica de la Escolástica, JI) La promoción de la Psicología, 111) La Renovación Pedagógica. IV) La Filosofía Política. V) La Doctrina
de la Paz. VI} La Reforma Social. Conclusión: Una sabiduría a la medida de la
modernidad; Selección de Textos. Debo decir que la Selección de Textos abarca las
materias más diversas en que trabajó Luis Vives, y los textos varios de s11
obra multiforme. Todo ello con un magnífico criterio selectivo y pedagógico. La obra
de Alain Guy -no hay que olvidarlo--- va dirigida primordialmente a lectores franceses.
Al contrario de lo que piensa Heidegger, Alain Guy sostiene que el Renacimiento
no fue solamente una renascentia romanitatis, sino, sobre todo, una considerable promoción de la filantropía, gracias a la caridad, aunque aparezca como consagrado enteramente a proclamar y elevar la dignidad infinita del ser humano, en la luz erasmiana de la philosophia chTisti.
Juan Luis Vives, miembro de una familia de judíos conversos, es el valenciano
universal que representa una de las mejores síntesis de la tradición y de la inquietud
religiosa, de la veneración de la antigüedad clásica y de la voluntad radical de
renovación. Luis Vives es -qué duda cabe- un gran europeo y, al mismo tiempo,
un ciudadano del mundo. Sin embargo, no deja de ser profundamente español y
específicamente levantino.

879

�El asalto contra el ignorantismo pedante surge del contacto con profesores -de
varias nacionalidades- que encuentra Juan Luis Vives en aquella ciudadela de la
ignorancia que era la Sorbona. El lenguaje bárbaro, el abuso de la paradoja, la tiranía mental, la inadaptación a la vida, el confusionismo mismo, la escolástica degenerada que se reduce a esgrima verbal son lacras que señala con índice de fuego el
gran humanista valenciano,
Contra el método de autoridad, la tradición de los intelectuales, la sobreestimaci6n
de Aristóteles -torpe monopolio de autoridad-, Vives dirige algunos de sus violentos dardos. La inanidad de los epígonos Je irrita. Deplora que los escolásticos consa•
gren tanto tiempo a la pseudo-dialéctica. Y no se arredra al señalar la culpabilidad
del público. Con mano maestra traza Juan Luis Vives el programa de humanismo. El
retrato del sabio adquiere perfiles luminosos: humanidad intelectual, recurso a Dios;
desinterés pecuniario, servicio del bien público, inquietud por la concordia, proscápción de plagios literarios, conocimiento de sí, y perdón.
Uno de los méritos reconocidos universalmente a Juan Luis Vives es el haber promovido una psicología existencial e introspectiva. El Prof. AJain Guy muestra una
gran capacidad de síntesis al presentar, en apretado resumen, la teoría de la anticipación, la teoría del juicio, la teoría de la razón, el recuerdo y el ingenio, las pasiones en el pensamiento de Luis Vives. Todo ello apegándose a textos esenciales y
en unos cuantos renglones.

constante y semejante a sí mismo, que hace frente serenamente, a todas las circunstancias y a todas las situaciones, que se adapta sin amargura ni resentimiento a cada
uno de sus partidarios o de sus adversa.ríos. Esta bella y delicada silueta que dibuja
Alain Guy, corresponde a la vida y a la obra de uno de los más insignes españoles
de todos los tiempos. Dulce y perfecto caballero que fue un demócrata nato, un
hombre- de corazón y de juicio, un hermano de todos aquellos que sufren y que anhelan una vida mejor. "A l'horizon, comme au principe de toute sa pensée et de son
activité infatigable au scrvice de l'humanité laborieuse et souffrante et de Ja petite
cohorte des érudits, se décele une vie religieuse profonde" (Vives ou l'humanisme
enpagé p. 147, Editions Seghers, París, 1972).
Quienes pensamos en español y vemos en España a la Madre Patria no podemos
leer el libro de un lúcido hispanista francés, sin viva simpatía y profundo reconocimiento. Alain Guy es uno de los nuestros. En México, en Colombia, «:n Argentina
o en España puede sentirse, por derecho de amor y de estudio, como en casa. La
gran casa de una veintena de pueblos hlspanolocuentes que no podrán olvidar su magnüica labor. La bibliografía sobre Luis Vives se engalana con este libro que es algo
más que una presentación una selección de textos, una biografía y una bibliografía
de Juan Luis Vives. Hay una apasionada entrega a la tarea de una nueva y luminosa
visión del español universal.

La renovación pedadógica que propicia el hwnanista español sigu~ dando sus fruto~
en nuestros dfas; no ha sido aún agotada. Llama la atención el sentido tan vivo de
la democratización de la cultura y de las modernas técnicas pedagógicas: educar
para moralizar, examen de aptitudes, lecciones de cosas, juegos, reciclaje, santuario
de la lengua y plan abierto de estudios. La reivindicación en favor de la mujer, la
difusión de los diálogos y los estudios sobre matrin:ionio, celos y deberes de la procreación, encuentran en Vives uno de los más agudos p¡;dagogos. Pero el Prof. de
la Universidad de Toulouse no quiere limitarse a uno o varios aspectos de Juan
Luis Vives. Uno de sus mayores méritos estriba en contemplarlo en su totalidad como
una figura prometeica, polifacética, tornadiza.
El compromiso temporal, la exigencia democrática, el Derecho y la equidad ponen
de relieve la honda preocupación política -en nivel filosófico- del valenciano universal. Y su doctrina de la paz, y su etiología de la guerra, y su terapéutica de los
conflictos armados nos hacen admirar y querer al pacifista integral.
¿Fue Luis Vives un reformador social? Hasta dónde un fi16sofo y humanista -que
no es w1 hombre de acción- puede serlo, Juan Lim Vives fue un apasionado abanderado del p,rogreso social. S.u nostalgia del comunismo original -que nada tiene
que ver con .el materialismo ateo de Marx-, su condena de los pecados de los ricos,
de los acaparadores y de los adoradores de Mammon no ha perdido su vigencia. Pide
una estructura laica de la asistencia para que se combata la miseria, se dé auxilio
a los pobres, se provean empleos y se lleve un plan de financiamiento público. Condena la violencia. Es realista sin caer en utopismos. Yo no diría que profesa un
verdadero "socialismo" -vocablo demasiado ambiguo y gastado por el uso y el abuso-pero sí apuntada que marcha hacia un Estado social de Derecho.
La sabiduría a la medida de la modernidad, es la conclusión que Alain Guy extrae
de su estudio de Juan Luis Vives. Amaba a Dios y a los hombres. Así se incrementaba en la sabiduría. "Hombre de todas las horas", es decir, un hombre siempre

880

881

�LA ESCUELA JUSFILOSóFICA ESPAROLA DE LOS SIGLOS DE ORO
Reseña de Filosofía
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLI!.
Guadalajara (México), 1973. 74 págs.

EL n.USTRE JURISTA AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, bien conocido en Es•
paña por sus estudios jurídico-filosóficos, ha dedicado uno de sus últimos trabajos
a la Escuela Española de Derecho Natural. Se trata de una aportación sumamente
valiosa para el conocimiento y valoración de conjunto de los maestros españoles del
siglo de oro. La profundidad de pensamiento se armoniza con la belleza de la dicción
literaria, pues en ambas es maestro el ilustre autor mexican.o .
Conviene resaltar Ja perfecta trabazón lógica del estudio del profesor Basave. Consta
de dos partes, perfectamente delimitadas. En la primera, después de Ieferi~e a las
características generales de la Escuela Española, estudia las principales aportaciones de
Francisco de Vitoria, Melchor Cano, Domingo de Soto, Juan de Mariana, F. Vázquez
de Menchaca, Gabriel Vázquez y, finalmente, se extiende en la exposición del sistema
filosófico de F. Suárez poniendo de manifiesto la importancia de su doctrina jurídicofilosófica y de su teoría del Estado. Esta primera pane termina con unas consideraciones muy acertadas acerca del tránsito a la Edad Moderna y con un balance positivo de las aportaciones singulares de la Escuela española del Derecho natural y de
gentes. La segunda parte se refiere a la proyección de la Escuela española en eJ
futuro. Aquí las estimaciones del Profesor Basave son de una importancia singular
porque nos indican y advierten lo mucho que queda por descubrir en esa fuente inagotable de pensamiento iusfilosófico que representa la Escuela española.

El trabajo termina con unas notas bibliográficas, muy breves por cierto, ya que
sobre la Escuela española se ha escrito tanto que es imposible recogedo en un trabajo
de esta índole.
Felicitamos muy sinceramente al Profesor Basave Feruández del Valle por haber
tenido la fecunda idea de ofrecernos un trabajo tan completo y enjundioso -Sobre la
Escuela española.
MARcELJNO Rom.iÍGUEZ MOLINERO
Profesor de Filosofía del Derecho
en la Universidad de Salamanca

883

�TEORIA .POL1TICA
Comentario

HÉCTOR GoNzÁLEZ URIBE
México, Editorial Porrúa, S. A.,
1972, 659 páginas
Mag. DDbR. Ivo HoLLHUBBR
Salzburg (Austria)

EL ILUSTRE ERUDITO HÉCTOR GoNZÁLEz URmE -profesor, a la vez, en la Univenidad
Nacional Autónoma y en la Universidad Iberoamericana de México-- ofrece el producto de sus vastos estudíos politológicos y de su larga experiencia pedagógica, en
primer lugar, a los estudiantes de las aulas universitarias. Le da, por este medio, una
extraordinaria oportunidad de realizar profundas meditaciones no sólo sobre Teoría
Polltica --según el título modesto que dio el autor a su obra magistral- sino tam•
bién sobre las plorifacéticas disciplinas que la abarcan. Desde las puras investigaciones fenomenológicas de la Ciencia Política, el lector se ve invitado a interesarse
en los vastos problemas de la historia del pensamiento político, de la Sociología Política, de la Economía Política, de la Psicología Política, élel Derecho Político, y a
llegar ha.sta las más elevadas cuestiones que conmueven al espíritu filosófico, metafísico y ético.

I
En la primera parte, intitu1ada El conocimiento del Estado, González Uribe, formulándose la pregunta "¿ Qué clase de ser es el Estado?" trata de dar, por Jo pronto,
una contestación aproximada: el Estado es una agrupación humana estable y perma•
nente, basada en múltiples lazos de solidaridad, asentada en rm territorio preciso y
delimitado, dotada de un orden jurídico que puede imponerse aun por la coacción
física, regida por una autoridad que supera a todas las que pueden ~tener los grupos
sociales inferiores y unificada en tomo a un fin común, distintó y superior al de cada
uno de los miembros de la misma (p. 15-16).
Múltiples son los aspectos bajo los cuales consideran las disciplinas políticas al
Estado, ya sea bajo un punto de vista del saber filosófico (Filosofía Política), del ~her

885

�hist6rico (Historia Política) o el del saber estrictamente científico (Ciencia Crítica
del Estado), aumentados por las consideracioues ofrecidas por la Antropología Social,
la Demografía, la Estadística y otras más ( p. 30-31).
Con la mira de introducimos en el variado panorama que no:; ofrecen los pensadores más representativos de la metodología epistemológica del conocimient~ po~itico,
el autor pasa revista a Hegel y sus sucesores, tanto de la derecha como de la izqwerda,
y expone los primeros atisbos de una crítica al formalismo jurídico que culmina en
Hans Kelsen jefe de la Escuela de Viena. Comenta las cualidades y deficiencias
de los princi~ales polit61ogos alemanes contemporáneos, y manifiesta su predilección
por las exposiciones hechas por Jean Dabin, Adolfo Posada, Sánchez Agesta, }asa~e
Fernández del Valle, Georg Jellinek y, sobre todo por Hermano Heller, cuya Teona
del Estado" pone constantemente de relieve. Hace -resaltar que el Estado, bien lejos
de ser s6lo un ente de razón o un mero conjunto de normas, es un ser social Y una
creación cultural cuya esencia realizada apunta sin remedio al campo valorativo (p.

38 y

SS.

y 59 y ss.).

La validez crítica del conocimiento político se basa en la evidencia objetiva, que
se alcanza por la concordancia del juicio con el objeto contemplado (p. 70). Se
evita así, por una parte, el idealismo trascendental y el formalismo apriorista (Kant
y los kantianos) y, por otra parte, eJ desbordante naturalismo y positivismo (Augusto
Comte y sus seguidores, p. 73 y ss. y p. 77), De la misma manera, el autor pone en
tela de juicio el intuicionismo sistemático de Henri Bergson (p. 79 y el existencialismo
que desespera de la razón, y en sus principales propugnadores (Martín Heidegger,
Jean Paul Sartre y o eros) se echa en brazos del instinto y . co~~uce fatalment~ al
nihilismo escéptico (p. 80 y ss.). El, en cambo, abram los pnnop10s de un realismo
moderado, provenientes de la filosoffa tradicional, siguiendo las huellas del Estagirita
y del Aquinate (p. 83).

Articulando el co.nocimiento político, Go.nzález Uribe difiere de la clasificación
propuesta por los especialistas en Ciencia Política que se reunieron en la sede de la
UNESCO (p. 95, 96), y distingue como materias de la Teoría del Estado los pro•
blemas de orden filosófico, los de carácter hist6rico y los de índole propiamente científica (p. 100).
Debido a la enorme diferencia entre las corrientes de la Filosofía contemporánea,
también a la metodología política le faltan unidad y coherencia. Sus supuestos se
diferencian muchísimo en el plano metañsico, gnoseológieo y cultural González Uribe
tiene el mérito de haber dado xelieve al primado de lo ontológico, al acentuar que
"es el ser el criterio y la medida del conocer y no viceversa" (p. 110).
Con toda raz6n localiza al Estado, como ente social, en el dominio de la cultura.
Basándose en una pluralidad de individuos humanos, en un fin único y objetivo, Y
en un conjunto de relaciones organizadas en vista de egtos fines, el Estado, como
sociedad perfecta, no es una ficci6n o una creaci6n arbitraria de la mente humana,
sino un ser social (p. 114) y una entidad moral ( p. 115 y ss.). Está bien fundada
la crítica que González Uribe apunta contra el logicismo radical de Kelsen, que injustificadamente identifica el Derecho y el Estado (p. 120 y ss.). El autor se declara
conforme con las conclusiones sacadas por Hennann Heller cuando considera al Estado,
en su naturaleza óntica, como un ente de cultura (p. 128, 130, 135) •
Muy acertadamente dibuja González Uribe un panorama de las denominaciones
del concepto del Estado en los diversos períodos de la Historia. Señala las diferencias

886

entre las definiciones fenomenológicas, deontológicas, sociológicas, jurídicas y políticas
del Estado propuestas por Jellinek, Heller, Del Vecchio y Dabin (p. 143•162) y trata
de la teorfa de la institución explicada detenidamente por Maurice Hauriou (p. 182
y ss.).
En el capítulo "Estado y Derecho" llegan a e¡q&gt;oner sus teoóas, entre otro,;, Johannes Messner1 que ve el origen del Derecho en los fines existenciales del hombre (p.
202), los teóricos del romanticismo alemán y de la filosofía hegeliana (Savigny, Müller
y Stahl), y sociólogos tan importantes como Leopold von Wiese y Max Weber (p.
209 y ss.). Está muy fundada la crítica que hace el autor de la kelseniana "teoría
pura del Derecho", que con su identificación del Derecho y del Estado -considerado
éste como la mera personificación del orden jurídico- destruye la base de su legitimación y lo deja reducido a "un descarnado esqueleto de normas", con lo que le
resta toda posibilidad de justificarse (p. 214 y ss.).

II
En la segunda parte, intitulada Ser y Vída. del Estado, el autor presenta más detenidamente el problema de la "realidad misteriosa" que es el Estado, que se ofreeé
a nuestra consideración como un enigma. Abraza, con una ojeada penetrante, tanto
las teorías materialistas y biológicas del Estado como las concepciones contractualistas
y las de carácter teológico (p. 238 y ss.), y critic:a, una vez más, la personificación
total del Estado elaborada por Kelsen (p. 244). Con toda raz6n, González Uribe da
relieve a la exigencia del Estado, subrayando "la necesidad de una autoridad regulante que brota de la naturaleza misma de seres inteligentes y libres que requieren
de una jerar&lt;¡uia de funciones para alcanzar mejor su fin" (p. 247).
Siguiendo la pauta de Radbruch y Recaséns, el autor pone en tela de juicio el
transpersonalismo, que va más allá de los fines de 1a persona humana, mientras que
él mismo toma partido en favor del Personalismo para el cual el valor del Estado
consiste en ser un instrumento al servicio de la persona humana para alcanzar la
plenitud de su naturaleza y ejercitar toda su responsabilidad moral (p. 255, 256),
puesto que para la auto-,realización ético-espiritual del hombre "se requiere de modo
necesario la sociedad" (p. 263). Además, para una bien equilibrada estructura y función del Estado son de suma importancia los principio¡; de solidaridad y subsidia•
riedad (p. 287).
El autor tiene en cuenta los varios matices del concepto de nacionalidad, según
predominen elementos físico-somáticos o psíquico-espirituales, que se diferencian, ademá$, según las idiosincracias nacionales (p. 292 y ss.).
El fin propio del Estado es el bien común. González Uribe acierta plenamente al

realzar que el concepto del bien común no puede declararse neutral, sino que -ant~
de poder definir justamente ese concepto fundamental- debemos tomar posici6n
frente al problema del sentido de nuestra vida, con base en una concepción del hombre
Y de su vida como tal (p. 304). (Por esta misma razón, el recensionista ha opinado
que también Agustín Basave Fernández del Valle, al anteponer a sus estudios estata•
les ~n su obra magistral Teoria del Estado, México, 1955- un capítulo específico
dedicado al problema ''¿ Cuál es la esencia del hombre?" ha procedido con entera
justifü:aci6n; y estima que el descuido de una precisa antropología filosófica tiene

887

�la culpa de tantos tratados malogrados en varios politólogos europeos y estadouni-

denses).
Haciendo suya la interpretación de Jean Dabin, el autor concibe al Estado como
"una sociedad jerarquizada al servicio del bien público temporal" (p. 311).
En el capítulo "Estado soberano y sumisión al Derecho", González Uribe da una
historia sucinta de los pensadores más representativos en esa línea, entre los cuales
figuran Bodino, Hobbes, Locke, Juan Jacobo Rousseau, 13urke, Duguit y otros.
Con un interés profundo en la problemática dinámica del poder polltico, el autor
pasa fl!Vista a las teorías esbozadas por Montesquieu, Hawiou, Jellinek, Y a las constituciones federales norteamericana y mexicana (p. 359-382). Con ~ero ejemplat
Gon.zález Oribe da un panon.ma histórico de las diferentes estructuraS del poder
polltico. Trata del gobierno y el régimen representativo, de la libertad política Y la
soberanía nacional, del poder de sufragio y el poder ejecutivo, de las varias formas
de referéndum y plebiscito, de los diversos gobiernos de matices aristocráticos, democráticos y mixtos, y de las varias formas de federaciones y confederaciones de Estados
(p. 383-410).
Tratando de las vicisitudes en la vida del poder estatal, el autor discute las grandes
revoluciones de la Historia y el derecho de la resistencia activa y pasiva contra la
opresi6n (p. 4141 y ss.), la fusión y extinción de los Estados (p. 421), el derecho
natural e inalienable de fonnar agrupaciones que persigan fines comunes, los partidos
socio-económicos e ideológicos de cuño personalista o transpe.rsonalista (p. 427 y ss.),
el muy importante fenómeno de la opini6n pública (p. 432) y las organizaciones internacionales, incluso la ONU y sus agencias especializadas (p. 435 y ss.}.

III
En la tercera parte, intitulada El Deber Ser del Estado, el autor trata primeras
mente el problema del origen. del Estado bajo los puntos de vista histórico, sociológico,
teol4gíco y ético-espiritual.
Varias son las etapas que recorre el Estado en su evolución desde la familia hasta
la constitución del grupo gobernante que reclama con exclusividad el monopolio de la
coacción {p. 444) .
Los teólogos, haciendo hincapié en la palabra del Apóstol (San Pablo, Rom. XIII,
l : "No hay potestad que no venga de Dios y todas las que existen son ordenadas por
Dios") reconocen a Dios como la causa eficiente primera del Estado, y al hombre,
con su naturaleza racional y su voluntad libre, como la causa segunda del mismo
(p. 445). Dedica el autor sendos parágrafos a los principales expositores de la doctrina del contractualismo originario, a saber, Hobbes, Locke y Juan Jacobo Rousseau
(p. 446 y ss.), y a los más destacados representantes del iusnaturalismo cristiano,
desde Santo Tomás de Aquino, Fray Francisco de Vitoria y el Padre Francisco Suárez,
hasta nuestros días, con Cathrein, Rommen, Leclerq, Maritain, Nell-Breuning, Verdross, Messner y otros (p. 450 y ss).
La pTegunta "¿Por qué debe existir el Estado?", fue contestada de un modo muy
diverso a lo largo de la historia del pensanúento políticoi bajo un punto de vista
teológico-religioso ---&lt;¡ue en nuestros días ha sido desarrollado ampliamente por las
encíclicas papales en materia civi.copolítica (p. 476 y ss. ) - el origen divino de lá

888

autoridad política constituye también la justificación traset-ndente del Estado (p. 468
Y ss.), mientras que 1a posición naturalista ve al Estado como producto de una necesidad física u orgánica, y la contractualista ---&lt;¡ue se apoya en un plurifacélico con•

tractualismo originario, concebido, las más de las veces, no como un hecho histórico
~o como principio de justificación ideal del Estado aun cuando jamás se haya rea~
liza~o (p. 488)- lo ve como una necesidad jurídica (p. 478 y 481 y ss.). Otras
teonas parten de una base de necesidad ética o psicológica o de una solidaridad social.
Merece una consideración especial el "personalismo moderado -equidistante del individualismo a uJtranza y del exagerado colectivismo"- abrazado por el mismo autor
según el cual el Estado "tiene el valor de un medio para el cumplimiento de los m~
altos fines hwnanos" y, dando al hombre la oportunidad de alcanzar su desarrollo
integral Y hasta su bien supremo, promueve al máximo el bien público temporal sobre
la base de un orden juridico justo que garantiza la primacía de los valores espirituales
(p. 497 y ss.).
Sin turbarse frente al pragmatismo y utilitarismo de las axiologías modernas Gon-

~I~. Unl&gt;e sabe bien que los valores tienen su raíz en el ser (p. 505) y ~ta de
Justificar qu~ el valor supremo de la vida social es el bien total de la persona humana.
Una, vez mas se declara partidario intransigente del "personalismo, que da la pñmacia a la pei:sona y sus valores" y condena inflexiblemente el "transpersonalismo
que va más allá de la_
a la que instrumentaliza, y considera como supremo~
los valores de la colecbv1dad (p. 510). Añade el autor una sumaría ojeada histórica
del ~ro~lema de la ~ona humana desde la Ciudad Antigua basta las ideologías
totahtanas de nu~tro s¡glo1 a saber las del fascismo, nazismo y comunismo (p. 510515), Y más detewdamente en la perspectiva ontológica contemporánea (p. 5l8 y ss.).

~.r:a•

• Es evidente para el autor la necesidad del personalismo, que es un humanismo
mtegral,. al cual considera bajo el ángulo axiol6gico del Estado. Hay una jerarquia
en los bienes y val?res q~e debe respetar la personalidad moral del hombre y que Jo
conduce hasta su vmculación con el ser necesario. Entre esos bíenes íntermedios entre
el bi~n ~artic~;ir del ser humano y su Bien Supremo, está la s:ociedacl, que es, en
esen~ la umon moral de personas humanas para el bien común". Este "no es sino
el. COnJu.nto de bienes Y servicios que la colectividad social pone a disposición de sus
:embros para q_u~ al~cen su desarrollo. pleno, e~ todos los órdenes, material,. ,:,ulral, moral, espmtual (p. 543). La soaedad, ast, es concebida en función de lá
person,t: "es una prolongaci6n de la persónalidad humana, una especie de superestructura personal" (p. 552).
. Go_nzález _1;1ribe dedica el último capitulo de su magistral y voluminosa obra a los
ideanos polittcos y al humanismo político. El víejo ideario liberal eambió muchas veces_ su sembl~te. _Habiendo pugnado por la desaparición de monopolios y reglamen•
taCiones, el ~beralismo abrazó el lema del "Jaissez Iaire, laissez passer", y favoreció
una tendencra netamente individualista y capitalista, para lá cual los individuos no
eran más que átomos sociales {p. 570).
~ secuaces del Estado de Derecho liberal-burgués se guiaron, sobre todo por la
legalidad _d_e ~ ~dministración y la Constitución como ley suprema, con su a~íración
~ un equibbno fundamental de poderes, sin tomar en consideración que la antítesis
mterna _del libe~smo_ radica (según Ruiz del Castillo, citado por el autor) en que
la doctnna ha de msp1rar, a la vez, una soberanía absoluta para el Estado y un derecho absoluto para el individuo, y que dos absolutos no pueden coexistir (p. 573),

889

�Entre las corrientes de neoliberalismo y sus críticos destaca el autor los matices
abrazados por Keynes (Teoría general del empleo), Franklin Roosevelt (New Deal) y
James Bumham (Managcríal Revolution) (p. 578 y ss.).
Sin perjuicio de su intransigente condena de los sistemas totalitarios, González Uribe
no ha pasado por alto el hecho de que existen también regímenes dictatoriales y
cuasí--dict.a toriales de una clara filiaci6n anti-comunista ( el de Portugal y el de España) que ddiendcn los principios de la civilización cristiana y las costumbr~ nacionales (p. 574 Y ~.). Los menciona con objetividad y trata a continuación de los
idearios de la democracia cristiana, que han tenido aplicaci6n en diversos países. Su
fundamento está en las encíclicas y documentos papales, desde la Rerum Nooarum,
de León XIII, hasta la Carta Apostólica Octogesima Adveniens, de Pablo VI, de
1971 (p. 476 y SS. y 596 y SS.).

IV
Aumenta mucho el valor pedagógico de la obra que reseñamos, el Apéndice intitulado Esquema de Historia del Pensamienú&gt; Polltico, que ofrece a los estudiantes de
la politología contemporánea toda una sucinta historia de las ideas poüticas (p. 613659).
V

Séale permitido al recensionista a.ñadir de su cosecha algunas palabras de reconocimiento y suplemento.
La obra magistral de Héctor González Uribe merece sumo agradecimiento sobre
todo de parte de los que cursan los estudios poüticos en la., aulas universitarias, porque
les facilita enormemente la difícil orientación en el laberinto moderno de la desgraciadamente demasiado pragmatizada bibliografía política. El estudiante podrá recurrir
también, con sumo provecho, a otro volumen magistral de un pensador mexicano, a
saber, a la Teoría del Estado (Fundamentos de Filosofía Politica), de Agustín Basave
Femández del Valle, México, Editorial JUS, 1955, al que el mumo autor de la
Teoría Política ha citado algunas veces.

que fue con un propól;ito premeditadísimo que el pensador austríaco vino a ser víctima
de un ostracismo cultlll'lll y político.•

Las razones principales que hacen comprensible ese silencio alrededor del sabio
vienés han sido: a) para los social-demócratas. Spann es el enemigo mortal del
marxismo y uno de sus más terribles críticos; b) para los católicos, Spann es sospechoso de adherirse al panenteísmo, porque en todas sus obras habla de la Ganzheit
( = el "todo" o "entero"} que concibe como idéntico con el ser y valor más alto y
por tanto con Dios mismo (Spann era, sin embargo, un teísta convencido que imprudentemente hi1.0 suya una dicci6n semejante a la del Maestro Eckehart); e) para
los nazis, Spann. no obstante su alta estima de la nación alemana, era un serio adversaño porque defendía intrépidamente la primacía del espíritu mientras ellos abrazaban
la primacía de la sangre.
Inspirándose en el universalismo de Platón y Aristóteles ( cfr. Polit. A, 1, pío. 11 b:
primacía del todo sobre la parte) y en el idealismo alemán, Spann opinaba que la
sociedad era conceptualmente el dato primero, y por lo tanto habría corrido el riesgo
de ser clasificado por González Uribe como partidario del trampersonalismo. Por otra
parte, empero, Spann condenaba intransigentemente el lOtalitarisrno y el colectivismo,
y hacía hincapié en la economía concebida como un medio para fines, y combatía infatigablemente en favor del esplritu humano -que para él sólo es capaz de desarrollarse
cuando se nutre de otro y&lt;&gt;-, de tal modo que quizá bajo estos puntos de vista el
ilu,tre fi16sofo m~cano no babría impedido rigurosamente a Spann el acceso a su personalismo recordando que también el bien &lt;'.onocido teólogo católico K.arl Adam, en su
obra magistral sobre la Esencia del Catolicismo, ha opinado que, respecto al pecado
original y la redención realizada por Cristo, la vida, virtud y pecado de los hombres
constituyen una totalidad y unidad sui-generis como un solo hombre al cual se aplica
el proyecto de la salvación divina, y que la Iglesia ya existe en germen, antes de que
Pedro o Juan se adhieran a ella.• Esta manera de pensar desempeña quizá el papel
de un "transpersonalisrno" personal o de un personalismo elevado a una segunda
potencia.

En lo que atañe a tantos otros teóricos políticos de idioma español, querríamos remitir a los lectores a una joya desgraciadamente casi olvidada, a saber, la Prudencia
Política, escrita por el catedrático de la Universidad de Madrid, Leopoldo Eulogio
Palacio.'
El único gran pensador en materia filos6fica y sociológica que, a pesar de su im•
portancia fundamental para el desarrollo de la Sociología y la Politologfa bajo un
punto de vista metafüico, no trata González Uribe en su Teorla Política, es Othmar
Spann.i Sin embargo, nadie podría culpar de descuido al ilustre autor mexicano por1

Cfr. PALACIOS, LEoPoLDO EuLooro, La Prudencia Pol!tica, 2' ed., Madrid, Instituto de Estudios Poüticos, 1946.
1
Cfr. SPANN, ÜTHMAR, (1878-1950). La edición completa de sus obras abarca XXI
tomos, con aproximadamente 8,800 páginas, y fue publicada en Graz, Austria, por la
Akademisclle Druck- und Verlaganstalt. Entre sus obr.u fundamentales se cuentan:
Geseflschaftslehre, t. IV; Der wahre Staat, t. V; Schopfungsgang des Geisw, t. X.

890

• Hace falta el nombre de ÜTHMAR SPANN también, p, ej., en los dos tomos peda•
gógicamente importantes en el ambiente de la politología alemana: Kla.s$ike, des politischen Denkens, t. I y 11, München (ed. C. H. Beck), 2' ed., 1968.
• Cfr. ADAM, KARL, Das Wesen des Katholizismus, 9' ed., Düsseldorf, Alemania
(Mosella-Verlag), 1940, p. 45, 46. {Existe también una versi6n española).

891

�LA DIFlCIL PROGXOSIS PARA LA U~IVERSJDAD
ZoENEK KoURÍM

"Lo QUE MÁS URO.E A LA Ui-1v.ERSIDAD C5 penetrarse de su condición problemática",
escribió en 1951 J. Marías.' Palabras que se quedaron sin resonancia alguna, como
ocurrió, por lo demás, con muchas otras; el discurso sobre la Univ&lt;&gt;rsidad no fue entendido fuera del cu.adro cerrado de ésta: clasilirado desde su origen bajo el adjetivo
"universitario" no tenía derecho para llegar a ser universal. En el peor caso, relegado
entre los ejercicios estilístico-intelectuales: en el mejor. admitido en una pcrspcetiva
cuya dimensión \'a del voluntarismo a la utopía, no interesaba sino a los universitarios.
Pues ¿no fue concebido por uno de ellos y a ellos destinado?
Se olvidó ( por causa de dicho ostracismo categorial que tiene sus raíces en un
anquilosamiento normal de todo pensamiento autosuficiente) lo esencial: que la Universidad no es una institución equiparable con el conjunto de otras instituciones; que,
para cumplir su misión, necesita siempre ir más allá de su función explírita y programas establecidos.' Sólo este continuo superar ( vencer la contradicción formal del
estatuto) le puede asegurar la supervivencia y el desarrollo.
Hace ya más de cuarenta años, J. Ortega y Gasset, con su habitual claridad, planteó
el problema fundamental, el del binomio Universidad-ci.c ncia que no deben ser ni
fundidas ni separadas. En una visión totalizadora "la Universidad es el intelecto -y.
por lo tanto, la ciencia- como institución"; pero esa identidad espiritual, si engloba
la\ condiciones de eficacia y actualidad, resulta --sigue resultando-, de una hetero•
geneidad de hechos cuyo sentido constituye el contenido de una finalidad, la nuestra.

De aquí la fórmula orteguiana: "la Universidad es, además, ciencia". Y la precisión consecutiva: "no un además cualquiera y a modo de simple añadido y cx~ma
yuxtaposición, sino que - ...- la Universidad (iene que ser antrs que Universidad,
ciencia". La "atmósfera" científica da "el supuesto radical para la existencia de la
Universidad", se puede decir que "la ciencia es la dignidad de la Universidad, más
aún", su r'alma".
La segunda significación del "además". complementaria y no menos importante,
insiste en que la Universidad debe abrirse "a la plcma actualidad", estar en medio
de ella, sumergida en ella. Para que la Universidad vuelva a ser "lo que fue en su
' El intelectual y su mundo, Madrid, Espasa-Calpe, 1968, p. 104-.
: Hecho que fue comprendido --en su forma negativa- por los nazis que cerraban
sistemáticamente las Universidades en los países ocupados.

893

�hora mejor: un pnnc1p10 promotor en la historia europea", Ortega preconiza con
urgencia su intervención en la vida pública.•

•
En los años cincuenta, dedicó al problema de la Universidad unos penetrantes
estudios Gastón Berger, inventor de la "pedagogía prospectiva", según la cual "la
educación tendrá que anticiparse a la enseñanza, lo que supone un cambio radical
de orientación: en lugar de distribuir los conocimientos enciclopédicos, rápidamente
superables -pues perecederos- en el mundo cuya historia va acelerándose, hay que
dotar ante todo a los jóvenes de medios adecuados para afrontar la situación científica y cultural en continua evolución.

Así, en la concepción bergeriana "la Universidad no proporciona el coronamiento
de los estudios sino que es una apertura sobre la vida". Lejos de estar limitada a lo
útil, su tarea humana imprescindible ~ "aprender a ser'', darnos ''el gusto y el amor
de la libertad sin la cual no hay existencia auténtica".•
Prolongando la obra del filósofo francés en la dirección. indicada, sus colaboradores
y discípulos establecieron, antes de estallar la -rebelión estudiantil en 1968, un diagnóstico que la preveía con una certeza casi matemática.

En
papel
marla
en la

efecto, si la Universidad debe desempeñar en la sociedad contemporánea su
de centro "de producción científica y de creación cultural", es necesario refordesde lo interior y, al mismo tiempo, reconsiderar las modalidades de inserción
estructura estatal."

Pero -y los hechos lo mostraron contundentemente-- tampoco el análisis y visión
prospectivístas fueron tomados en serio.• Hoy, cinco años después de la ola de "con•
testaciones" que trastornó el antiguo sistema universitario, el nuevo orden todavía no
está en vigor; la Universidad (al menos la de la Europa occidental) trata de acomodarse, con éxitos bastante desiguales, a un "modus vivendi" pragmático donde la
precariedad concepcional se pone en difícil equilibño con la flexibilidad doctrinal.

• Obras completas, Madrid, Revista de Occidente, 1962, t. IV, pp. 350-353.
' L'homme moderne et son éducation, París, P.U.F., 1967, pp. 131, 111, 93.
' " ...si se adopta un punto de vista prospectivo, las Universidades aparecen como
instituciones, centrales y no marginales, y cierta gestión estática como 1a herencia de
una época acabada, cuando los problemas de la producción y del cambio parecían
menos importantes que los de la igualdad juridica y de la transnúsión de Jo adquirido." (A. ToURAlNE, Crise et transformation de l'Université; PROSPECTIVE, París,
septiembre 1967, núm. 14, p. 50).
• Naturalmente, no podemos aquí dar cuenta de todos los escritos que fueron consagrados en este periodo al tema de la Universidad, escritos que van del radicalismo
(cf. por ej. G. GusooRJ&gt;, La Universidad en cuestión, París, Payot, 1964) hasta las
posiciones más o menos tradicionales (cf. por ej. A. CATURELLJ, La Universidad, su
esencia, su vida, su ambiente, Universidad Nacional de Córdoba, 1963; part. pp. 133134: "Técnica y misión de la Universidad").

894

•

En su impresionante libro sobre Ser y quehac11r d11 la Universidad,' Agustín Basave
Femández del Valle, Presidente del Centro de Estudios Humanísticos y catedrático
de la Universidad Autónoma de Nuevo Le6n, nos invíta a reflexionar, hallar con él
un remedio a tal estado de cosas.
Ya en la Introducción, situándose "en posición de universitario comprometido"
-a quien incumbe "una elevada rectoría social, cierta preeminencia personal y una
inocultable función prospectiva"- el autor se pronuncia en pro de "la Universidad
vocacional frente a la Universidad profesional", postulando así la prioridad del "espíritu crítico sobre 1:l sistema concluido de conocimientos actuales".•
El Profesor Basave acomete el problema en metafísica que reconoce la finalidad
del ser de cuya verdad última procede el saber comunicativo, unitario y orgánico. De
aquí, la siguiente definición: "la Universidad es la institución de estudiantes y profesores que por la investigación y 1a docencia se ordena a la contemplación de la
verdad, a la unidad orgánica del conocimiento, al cumplimiento de las vocaciones
personales Y a la preparación de profesiones necesarios para la realización del bien.
común".
Conforme a esta escala axiológica es permisible "conjeturar, para el próximo futuro,
un desplaza.miento del centro de gravedad de la enseñanza. universitaria" hacia "la
clarificación e impulso de las vocaciones" que se efectuará al través de "un continuo
aprendizaje, ...un arte de evaluación, crítica y autocrítica".
Para "hacer de la Universid;d la tonciencia más lúcida de nuestro tiempo" hay
que mantener la presencia viva de "una idea directriz" ("la Facultad de Filosofía
puede servir como eje espiritual de la Universidad") que se concreta atribuyendo un
carácter universal, comunitario e interdisciplinario al trabajo universitario a la vez
educativo y de "investigación abierta, continua, prospectiva", donde el humanismo
se combina indisolublemente con "la invención a todos los niveles" según "una metodología rigurosa"!
Antes de proponer unas medidu específicas para buscar soluciones a la crisis de la
Universidad contemporánea -crisis causada principalmente por la preponderancia
concedida a la enseñanza profesional- y llegar a la meta indicada, el autor nos facilita los resultados de su vasta encuesta sobre la situación universitaria en los principales países europeos (incluso la U.R.S.S.), los Estados Unidos y Ja América Latina;
se desprende de este estudio comparativo que no existe ningún modelo acabado y
transmisible. Tampoco el balance de la rebelión estudiantil (el Profesor Basave habla
de "una nu~va clase social: el estudiantado") aparece como unilateralmente positivo
o negativo. Más que de otra cosa, se trata de un síntoma que señala "una sociedad
defectiva. Los que ostentan el poder social no están a la altura de su misión hist6rica".'º
"La reforma integral de la Universidad" debe tener en cuenta todos los aspectos:
estructural, administrativo, acadénúco y vocacional; sus principales bases expuestas
por el catedrático de Monterrey, son las siguientes:
' El subtítulo: Estructura y misión de la Universidad vocacional; prólogo del Prof.
Dr. F. J. von Rintelcn; Monterrey, Centro de Estudios humanísticos de la Universidad de Nuevo Le6n, 1971, 496 pp.
~ /bid., pp. 16, 17.
0
J bid., pp. 2-13.
10
/bid., p. 347.

895

�1 ) "Reforma de la primera y la segunda enseñanza - ...- , para que el alUlllnO
llegue a la Universidad con una base decorosamente sólida de cultura general.
2) Estudios electivos, al lado de los cursos básicos para desarrollar la personalidad
y la vocación.
3) Asegurar todos los objetos y accesorios necesarios a la enseñanza moderna.
4) "Becas y pensiones para estudiar dentro del país y en el extranjero."
5) Dar una elevada formación pedagógica a los universitarios.
6) Garantizarles una seguridad material
7) "Restaurar la disciplina" en la Universictad no con la ayuda de reglamentaciones, sino requiríeQdo que "el gobierno mantenga el imperio de la norma jurídica, sin
atropellos" y, por otra parte, "preparar un clima de mayor simpatía y comprensión
entre maestros y alumnos".
8) "La educación integral y armónica de los discípulos ocupará el lugar primordial
en la Universidad del porvenir". Se trata de "conjugar en feliz sincretismo" lo mejor
de los estatutos universitarios existentes, eliminando "de la educación todo dogmatismo y aprendi7.aje pasivo", preocupándose "por la vida entera del educando", ...y
"provocar la personalidad del estudiante, guiándola y dirigiéndola, a fin de que des•
cubra personalmente la estructura de la realidad que se le trata de mostrar'.

9) La tarea universitaria es ante todo socrática: despertar al educando y ponerlo
en la v'ia de "contemplación y acción". Además, la Universidad vocacional a) debe
buscar "la unidad orgánica del saber, la implantación de materias comunes verdade·
ramente universales -Antropología Filosófica, Teoría de la Política, Historia de la
Cultura- y abertura a los fundamentos filosóficos; b) Diálogo interdisciplinario~
c) Departamentalización sin abolir las Facultades; d) Simbiosis de Investigación y
docencia; e) Actividad orighµl y creadora en una integración metodológica con el
seminario científico y el practi&lt;:um, el taller y el laboratorio"."
El mensaje contenido en el libro del Profesor Basave es profundamente optimista:
bajo ciertas condiciones, la Universidad puede llegar a ser el más adecuado instrumento para la puesta en práctfoa del ''nuevo humanismo universitario", preparar el
advenimiento del "humanismo integral". De las negativas, la más importante queda
su "independencia de todo control político" que permite un ambiente de "verdadera
libertad dentro del orden"; de las condiciones positivas, la de reconocer en obrar de
la Universidad la primacía "del 'logos' sobre el 'ethos', es decir subordinar su que-

11
]bid., pp.350-3!&gt;6. Al propósito de la "simbiosis de investigación y de docencia"
el autor critica la opinión diferente expresada por J. Ortega y Gasset (cf. pp. L2-3,
163). No podemos detenernos en este punto. Sin embargo, hay que notar al menos
que Ortega se opone a Ja "investigación" y "cientifismo" entre comillas, que invadieron
a la Universidad, dañándola, porque ofrecían al estudiante una falsa imagen ( des•
problematizadora) de la verdadera ciencia, induciendo al joven a error de facilidad
en cuanto a su posible carrera científica.
Y hoy más que ayer la praxis confirma la vigencia de la siguiente proposición orteguiana: "la ciencia, al entrar en la profesión, tiene que desarticularse como ciencia,
para organizarse, según otro centro y principio, como técnica profesional. Y si esto es
así, también debe tenerse en cuenta para la enseñanza de las profesiones". ( Obras
Completas, t. IV, p. 341).

896

hacer a su ser. Ya que la Universidad, ese 'laboratorio cultural', supone y exige el
cultivo de la dimensión axiotrópica del hombre. Y se cumple en la fecunda proyección
socio-política".ª

•
A pesar de terminarse por un punto de interrogación, el título del último estudio
de Jean Fourastié, conocido universitario y futurólogo francés, parece señalar, al contrario, una visión pesimista. Cuando nos planteamos la pregunta: ¿ Quiebra de la
Uniuersidad?,u tenemos en efecto una duda seria que no incita particularmente las
esperanzas para una respuesta no afirmativa.
El autor parte de la comprobación común: "En ningún país del mundo, la institución universitaria está hoy juzgada satisfactoria -y estable"." La urgencia de una
mutación a la cual asistimos resulta ante todo de la creciente presión económica: la
sociedad actual siempre exige más diplomados y mejor calificados para unas tareas
precisas. El primer iupecto es cuantitativo: "la Universidad llega y llegará a ser cada
vez más el único empleo normal de los años de adolescencia y de juventud". La consecuencia de tal "extensión de la Universidad a las masas de hombres" será, según
J. Fourastié, "su estallido entre un número muy grande de medios culturales" u con•
forme a las aptitudes humanas.
El segundo aspecto calitativo (mejorar la calificación) debería hallar su solución
en la "adaptación de la Universidad al empleo"; en vista del aumento irresistible de
informaciones científicas, la única medida adecuada seria prolongar la enseñanza
de "cada ciudadano a lo largo de su vida", instaurar la Universidad vitalicia, incon•
mensurable con la nuestra: "es la nación entera la que persigue tareas universitarias".
El autor francés preconiza el "advenimiento ineluctable" de lo que Uama la "nación
universitaria" como resultado de "la reconversión de la Universidad introvertida" o
"universitante" que está demasiado separada de la parte activa de la nación; vemos
ya los primeros pasos prácticos en la progresiva fusión "del trabajo de los universitarios, ... de los ingenieros y .•. de los administradores", en la puesta "en uso de
las fórmulas harto eficaces de asociación universidad-industria"."

Esta transformación estructural destaca la importancia de otro problema: el de la
búsqueda de una cultura "polivalente" o "pluridisciplinaria" impuesta por la imposibilidad de una previsión rigorosa de empleo. Con lo que abordamos lo esencial de
la reforma del funcionamiento de la Universidad.
Hasta ahora dominaba en sus aulas el residuo de la mentalidad tradicional, la racionalidad, correspondiente mucho más a la transmisión de los resultados científicos
{"almacenar la información") que a la verdadera introducción metodológica en la
ciencia ("el tratamiento novador de la información, la aptitud para la descubierta,
la adquisición de informaciones absolutamente nuevas" ) . A la Universidad de hoy
Y de mañana incumbe promover el espíritu científico experimental, llave de 19s tiem•
pos actuales y próximo." En lugar de aprender, hay que "ap,render a aprendel", es
" Ser y quehacer de la Universidad, pp. 449-477.
u ¿ Fail/ite de l'Université?, París, Gallimard, col. "Idées", 1972, 186 pp.
" lbid., p. 9.
" /bid., pp. 65, 68.

" lbid., pp. 78-83.
tt /bid., pp. 11 O, 165.

897
R-57

�decir ... aprender a tratar la información; en vista de la decisión". En una frase:
"aprender a descubrir".'8
Partiendo de la distinción entre "Los valores científicos", los que "hacen progresar
a la humanidad'', y los valores "que La hacen durar" ( distinción establecida en sus
precedentes trabajos), J. Fou:rastié asigna a la Universidad (y no sólo a ella) el papel
siguiente:

1. Toma de conciencia por los enseñantes de este problema que debe moáificar su actitud pedagógica.
2. Ofrecer una imagen adecuada áe la Síntesis y resultados de la ciencia ex-

perimental.
3. Poner de relieve el espíritu científico, en tanto que "el método experimental es un factor mayor de toda concepción del mundo, y por consiguiente del
equilibrio vital de todo hombre de hoy".
4. Elucidar la idea de la felicidad: no hay que correr tras etla sino hacerla
objeto de "una investigación seria".
5. "La Universidad debe dar a las ciencias humanás lo mejor de s! misma";
es necesario renunciar "a las ideas preconcebidas, a los prejuicios políticos, a
las mentalidades arcaicas y mágicas", vigentes aquí más que en las ciencias
de la naturale'za, para diferenciar "claramente el espíritu racional del espíritu
experimental, sola fuente de descubierta, sólo criterio de la adecuación del pensamiento a la realidad".
6. En las ciencias humanas se impone así "el estudio de la condición huma,ia,
en su amplitud, en su drnma'', y la elaboración (y la enseñanza) de "la teoría
de la decisión" que puede esclarecerla.
7. En "la base de la revolucwn cultural" deberían estar las "cieiicias experimentales de la vida'', a saber "la biología, la zoología, la botánica".
8. Cada profesor "consciente de las lagunas de la ciencia y de la amplitud
de lo incógnito" tendría que poseer el sentido de la humildad, '.Y saber comucarlo a sus estudiantes.
9. Es preciso que "toda la Universidad colabore para volver a dar a la humanidad una concepción del mundo de acuerdo co,1 sus conocimientos y capa.?
11
de renovar de generacwn en generación el ardor de vivir''.

•

No hay duda de que existe un evidente paralelismo entre los libros de A. Basave
y J. Fourastié; es posible incluso llamarlo analogía, la cual va más allá d e lo aparente.
El primer autor, abiertamente filósofo, nos propone una perspectiva cuyo determinante de última instancia es moral (derivado de una fe ontológica), con todas las
implicaciones sociales. Para que el lector adopte la misma visión, más que el concurso
de los hechos, le es necesario estar en disposición espiritual favorable: creer que "antes
de reformar a La Universidad tene¡:nos que reformamos a nosotros mismos", tomar por
segura la tesis según la cual el universo entero tiene una aspiración hacia la unidad
y preguntarse ¿ por qué la Unwersiáad no habrla de constituirse en inst,-u,nento para
restauMr la quebrada 1Jnidad del cosmos?"°
u ]bid., pp. 119-120.
19

]bid., pp. 126-162.
.. Ser y quehacer de la Universidad, pp. 454, 362.

898

. En el segundo ~s,tudio, J. Fourastié escogió, a primera vista, una actitud más objct:Jva, la de UD soc1ologo que no reflexiona sino a partir de los datos estadísticamente
comprobables. Sin embai:go, las ideas que encontramos en Ja conclusión son las de
sagacid~d,_ filosofía, t~ologfa, co11cepcwn del mundo. Por lo demás, la fuente aparente
d_e_l p~rmsm~, o mcJ~r, de la prudente expectación, se apoya en la siguiente constac1on: Trescientos anos después de Galileo, el espíritu cientüico continua raro v
precario"."
'
Urr esclarecimiento su PIemen tano
• pued e ser halla d o en otro libro del mismo autor
donde ~e trata de la relación entre "el espíritu cient'úico experimental"
"la moral
necesana a 1a humanidad científica"; aunque "la moral no puede. . . se; cientüica"
s~ debe "beneficiar del espíritu cien tífico"; más, "la primera regla moral de nuestr~
tJempo es el deber de información científica".
D e aqu:í la concepción de "la moral humana" que comprende "diferentes 'niveles' ,,
desd? los ín_ipe~~vos cuya base es instintiva hasta la conducta influída por las "co,:
cepcione! filosoficar más generales", siendo éstas fuertemente depenwcntes "de la
personalidad &lt;le cada hombre".

. Para {~ Fourastié: ."la :ri~s. actual de la moral tiene"... por causa profunda la
mtcrvencion ~el espmtu cien tilico en la reflexión moral"; la solución se desprende ya
del plant~am1e~to del ~roblema: la renovación de la moral tradicional se efectuará
cuando dicha intervención llegue a ser decisiva, cuando se reconozca comúnmente
como "sola certidumbre" la experimental, cuando funcionen plenamente "los dos
motores" de la renovación moral "el conocimiento de Jo real y la fe e 0
un progreso
colectivo"."
~os autores subrayan la importancia, el papel fundamental del método investigattvo cuya generalización y aprendizaje constituyen la piedra angular de toda reforma
eficaz en la enseñanza universitaria, de la reconstrucción de la Universidad contemporánea .~el fut~?· A. Basave. se,, ~ronuncia en favor del método fenomenológico y
de una mtegracion metodológica , J. Fourastié sostiene el método experimental."'
Pe~o -y ese becho nos parece bastante grave para señalarlo-- uno y otro dan en
sus libros respectivos la impresión de ignorar la tentativa más seria que elaboró en
nuestro
.
. tiempo Fcrdinand Gonseth, La de la metodología de la apertiira a la e~peri.enc,a.
H ay _otro punto sobre el cual quisiéramos llamar la atención de lós dos autores·
10 contJe?e ~I Y~ citado estudio de J. Ortega y Gasset, en el que podemos leer: "eÍ
~cter mstituc1onal compete propiamente a la Universidad ....La ciencia es incoercible e irreglamentable".'"
Es decir, que el problema esencial que tiene que asumir la Universidad de hoy,
para problematizarse hacia el mañana se da en la cuestión: é Cómo institucionalizar
la libertad crtadora?
'

:: ¿Faillite de /'Université?, pp. 162, 166.
i,i J. FoUJlASTJÉ, Essais de morale prospective, París, Gonthier, 1966, pp. 128-189.
Cf. Ser y quehacer de la Universidad, p. 371.
~• Cf· t·Faillite
d e l'Unwemt
·
· ¿J. , pp. 96-7; Esrais de mcrale prosJ&gt;ective, p. l 70.
,.
.
Op. Cit., p. 351.

899

�ECOS Y REFLEJOS LITERARIOS DE LA AMWCA LATINA EN ALEMANIA

Comentario
Prof.

lIENNmG GRAP

Monterrey, N. L.

Es-ra ARTÍCULO-RESEÑA de algunas de las publicaciones más significativas de autores
alemanes sobre asuntos latinoamericanos abarca, en el sentido cronológico, el recién
pasado lustro entre 1968 y 1973. Se ocupa especialmente del creciente impacto que
causa la literatura hispano y luso-americana no sólo en los reducidos círculos de expertos hispanistas universitarios, sino más bien en aquel grupo cada vez más amplio
de lectores alemanes que se interesan vivamente por lo que sucede en la Améri!?'
Latina.
Son tradición fecunda y prometedora los múltiples vínculos tanto comerciales, como
espirituales y humanos con sus numerosos lazos de sangre que unen los países de
lengua alemana con sus amigos y socios latinoamericanos. Son tradición también los
seculares contactos entre los puertos de Hamburgo, o de Dremen con los centros económicos al sur del Río Bravo; son tradición los frecuentes intercambios de técnicos o
de científicos entre ambos socios en el pasado y en la actualidad. Basta con pensar
aquí en Mauricio Rugendas, en Alejandro von Humboldt, en Osear Niemeyer, etc.
Si el secular interés de Alemania en la América Latina se ha basado en estímulos
comerciales, en el afán de investigar y de explorar y basta en él de ciq,lotar (Federmann y otros); si la América ha sido hasta ahora la tierra -promesa para tantos emi•
grantes alemanes perseguidos, inconfo):ll)es o acosados por la más dura miseria, se está
perfilando un verdadero cambio deL interés. Europa-Alemania ya no son el núcleo
cultural-imperialista dentro de un mundo satélite político-econ6mico-cultural. El traslado de los centros políticos a las antiguas zonas marginales del Occidente y la manifiesta debilidad política europea, el constante perfeccionamiento de los medios de
comunicación visual y los frecuentes intercambios humanos, han contribuido a que
el viejo continente reconozca la igualdad de posición y de derechos del mundo latinoamericano. Ha ido desvaneciéndose la conciencia de preceptor-disdpulo en pro de
un trato amistoso de socio a socio. En los centros escolares alemanes, la información
detallada y objetiva sobre los países latinoamericanos ha sido deficiente y escasa hasta
fines de la década sesenta.. Lo que debJa ser realidad se confundía co11 imágenes y
nQCÍones misteriosas, ex6ticas y casi irreales. Fragmentos de informaci6n: el carnaval
de Río, los tantos pronunciamientos militares, los ritmos musicales, Benito J uárez,

901

��esfuerza por definir. Son impresiones pasajeras que no merman en el valor de este
libro y su valioso aporte a la concientizaci6n alemana del mundo latinoamericano.
La tarea de promotor y de preceptor en cuanto al descubrimiento y análisis literarios de la América Latina, la sigue Günter W. Lorenz con Literatura Confem/Joránea
en la J.mlrica Latina (Zeiagenossisohe Literatur in Lateinamerika). El subtítulo:
Cr6nica de una realidad, motivos y estructuras bosqueja los contornos Y perfiles
exclusivamente novelísticos de aquel mundo cuya fabulosa creatividad despierta la
admiraci6n y la fascinaci6n del lector europeo. Sigue Lorenz también esta pasión ma•
nifiesta por el periodismo, actitud que refleja en cierto modo su compromiso intelectual y sus inclinaciones sentimentales; continúa el estilo vivaz y rápido del reportaje
que combina el estudio analítico con el efecto peculiarmente informativo que procede
de la entrevista personal. La concentración del autor en la evolución de la gran
novela latinoamericana que se presta acaso más fácilmente a la definición de lo que
es y de Jo que significa esta América Latina, excluye desgraciadamente muchos aspectos interesantísimos marginales y se limita a destacar los emínentes centros narrativos
en la América del Sur o en México. Excluye el movimiento literario antillano y centroamericano. Lorcnz no intenta, desde luego, escribir una historia minuciosa de la
literatura, sino poner a discusión esta América Latina literaria, afán que la frecuente
inserción de opiniones a veces muy subjetivas y contradictorias de algunos destacados
autores americanos subrayan y apoyan. No es pues una obra que se dirija al científico
universitario, sino a un círculo más amplio de lectores interesados y preparados.
Literatura de un continente entre "el duende y eJ reino de nepantla", la "historia
como anticipación del futuro", aquel extraño pensar entre "sueño y realidad" cuya
magnífica manifestación es fenómeno vital de lo "real maravilloso", vigoroso concepto
más bien existencial que mera moda literaria, el delicado equilibrio mental entre
"desengaño y progreso", la transposicióp y transformación del "cosmos indio hacia un
cosmos interior" que puede ser, acaso, la misión más difícil que tiene que llevar a
cabo el "mestizaje cultural"; la busca afanosa de accesos a los "espacios del alma",
antes de que el avance de la ciencia les prive de sus encantos; todos aquellos problemas y actitudes, programas y corrientes revelan la muy complicada y fecundísima
realidad literaria de la América Latina. Realidad que se desarrolla simultáneamente
en varios niveles de la conciencia, realidad horrorosa y atractiva, confusa y pintoresca,
cuyos resultados asustan y asombran con su ímpetu de enseñar caminos nuevos no· sólo
para la América Latina, sino para la humanidad entera. Realidad de un mundo tosco
y refinado, cruel y sensible, tan cerca y al mismo tiempo tan distante en su manifestación literaria de las esferas de experiencia del lector europeo. Realidad cuyo tema
-central ha sido y será la busca de la "posición del hombre" (Ernesto Sábato), o sea,
la busca de un humanismo nuevo y auténtico.
El lector romántico se inclinaría a llamar a este mundo tierra exótica y virginal,
concepto que abarca tantas ilusiones fáciles. No es un mundo virginal lo que Lorenz
trata de presentar en su libro, es más bien un mundo bicéfalo y dual, ancestral Y ju•
venil, material e inmaterial y la supuesta virginidad existe sólo en el sentido de que
no ha corrompido todavía su esperanza en el hombre, única arma eficaz y creativa
ante el caos y la creciente absorción de Jo humano por la técnica. Nos devuelve aquel
continente la imagen del hombre que lucha, que sufre y que espera ante la tétrica
realidad y pesadil:a del hombre que funciona solo.
No extraña, pues, que el autor, ante una cosmovisión americana tan compl.e ja, re-

904

sultado de dos civilizaciones hostiles y ahora for2-0samente inseparables; ante e¡¡ta
síntesis de tendencias, manifestaciones y conceptos, se limíte a destacar los núcleos
de cristalizaci6n -los t1Qvelistas eminentes- y los momentos clave de una larga evolución que sigue en camino. Los siete capítulos manifiestan el lento y cauteloso proceder de Lorenz, su tenaz esfuerzo de interpretar, de definir, para captar una idea
concreta de lo que es la América Latina ob$ervada a través de su literafilra. He aquí
una relecci6n de los capítulos más importantes:
Perfil de un mundo antes del alba, Ariel entre los fuegos, La realidad de
la raza cósmica, La Argentina: modelo de un cosmos especial, Nueva Novela
o La época de la síntesis, y otros.
Sólo el consciente lector latinoamericano podrá juzgar si la VISion lorenziana de la
literatura contemporánea de la América Latina corresponde a la verdad y a la realidad de aquel continente.
La recepción de la actual literatura latinoamericana en los países de habla alemana
es el tema de un estudio muy interesante del hispanista alemán, Prof. Gustav Siebenmann (Universidad de Erlangen). Frente al gran número de títulos sobre aspectos
socio-económicos o políticos latinoamericanos, debido al estrechamiento de los contactos técnico-económicos bilaterales; frente al creciente número de traducciones, el
autor siente la necesidad de averiguar los motivos de este súbito interés y de
investigar la extraña correlación entre editores impulsados por cálculos económicos y lectores desorientados ante la múltiple oferta literaria latinoamericana. El súbito
"boom" editorial de títulos latinoamericanos (autores latinoamericanos o publicaciones
de autores alemanes sobre aquel continente) es la base de un análisis crítico que
reafü.a el Prof. Siebenmann para eliminar ciertos prejuicios muy arraigados. Son los
siguientes prejuicios: desinterés del editor alemán en arriesgarse a editar literatura
desconocida; el interés subdesarrollado del lector alemán para permitir la aceptación
de la literatura latinoamericana en gran escala; el cliché de considerar a la América
Latina como parte integrante del Tercer Mundo; la idea de que la manifestación
literaria americana es apéndice de la vida literaria peninsular. Estudia el autor las
costumbres e inclinaciones del lector mOQemo, su preferencia por libros de divulgación científica, por mini-enciclopedias, por la novela rosa. Acaba Siebenmann con los
prejuicios arraigados en cuanto al desinterés del editor, acaba con aquel cliché del
Tercer Mundo mediante un esbozo bien acertado de la evolución literaria latinoamericana que facilita el acceso a muchos autores americanos. No puede descartar, sin
embargo el prejuicio del lector desir,teresado, prejuicio que es más bien realidad que
se explica por la tradicional política cultural y educacional en la cual el complejo
América Latina ocupaba únicamente una posición marginal. El autor supone que
no babrá profundos cambios en las costumbres del lector alemán medio mientras que no
haya un verdadero cambio en la política. educativa, o sea, mientras el idioma español
no se enseñe en la etapa secundaria, para acercar, al adolescente, el mundo Ja.tinoamericano.
Siebenmann basa su estudio en una encuesta detallada dirigida
alemanas (de la RFA, RDA, Suiza y Austria). El resultado y la
prometedores ya que tanto el editor como el investigador sienten
probar mecanismos hasta ahora desconocidos. Parece que el interés

a 94 editoriales
colaboración son
la necesidad de
principal de con•

905

�sumidores y editores se conce:11ra en la vida literaria de los grandes países latinoamericanos (Brasil, Argentina, Chile. México), países con los cuales existen seculares
contactos oomerciales y humanos-familiares. El índice de los escritores traducidos nos
revela algunos aspectoS asombrosos. Parece que el conocimiento de la literatura brasileña está mucho más divulgado en los países alemanes que en los vecinos países
hispanoamericanos, según el número de autores traducidos.
El libro de Siebenmann, La Literatura Contemporánea en la América Latina y
su Recepción en los Países Alemanes (Die neuere Literatur Lateillamerikas und ihre
Re:teption im deutschen Sprachraum), 1972, interesante no s6lo por su amplio aparato
bibliogr-'"fico y por su resumen en castellano que permite también el acceso y la apreciación de este estudío por parte de lectores de babia española, hace referencia a la
Enciclopedia literaria -Autores Latinoamericanos- editado por Dieter Reichardt.
Abarca aquella enciclopedia (Literaturlexiko11 Lateinamerikanische Autoren), editado
en 1972, todos los autores, poetas, novelistas y dramaturgos latinoamericanos cuyas
obras o parte de ellas habían sido traducidas en alemán. Es de inmenso valor para el
lector alemán, no s6lo por los amplios datos biográficos sobre cada autor, sino, más
aún, por su valorización, breve pero objetiva, 1a cual reúne los elementos esenciales
de la respectiva obra litemria traducida de modo que el lector interesado encuentra
un sinnúmero de datos que le facilita la entrada a aquella literatura. Esta amplia
enciclopedia le comunica al público curioso una idea de la magnitud de la obra latinoamericana, tan s61o en su reducida parte traducida; le ayuda a escoger los temas
de su preferencia; le explica fenómenos insólitos o desconocidos y le invita a segUÍJ
adentrándose en una literatura tan fabulosa como inagotable.
La obra de los mencionados autores pertenece en cierto modo a una fase de iniciación alemana sobre el mundo literario latinoamericano, con sus autores, promotores y
vanguardistas, en una comprensión y un acercamiento mayorC11. Distingue a los promotores su abnegación y su entusiasmo, que valen más que algunos errores y defectos
ocasionales. La segunda generación se dedicará a estudiar con más objetividad tal
vez {ya que díspondrá de más información) fenómenos detallados, pasando así de
la creación de los contornos a un sistema de nexos y correlaciones que se extenderá
como un mosaico completo y delicado haciendo transparente y claro aquel mundo
literario aún poco conocido, misterioso y extraño.
Apoya este afán y necesidad de transparencia el libro editado por Elizabetb Siefer
por encargo de la Central de documentación {ADLAF) en el Instituto de Investigación ibero-americana de Hamburgo. Se trata de la Neuere D~tsche Latein-ÁmerikaForschung (Actual investigaci6n alemana de la América Latina), que oúe&lt;1e por
primera vez un resumen detallado de las instituciones y personas con dedícación científica sobre asuntos latinoamericanos. Es una especie de "¿ Who is Who?" bilateral ale•
mán-iberoamericano. Está dedicado principalmente a los temas socio-económicos; el
ambiente literario o filológico, sólo posee aquí carácter marginal.
La disposición de investigar es una de las necesidades fundamentales del hombre.
En su dedicación a la América Latina, esta disposición encontrará nuevas orientaciones humanas, encontrará un camino lleno de promesas y esperanzas.

906

LIBROS MENCIONADOS

GROSSMANN, RudoU, Geschichte tmd Problenu der lateinamerikanischen Literatur,
Munich, cdítoriaJ Hueber, 1969.
Lorurnz, Günter W., Dialog mit Latemamen
·
·ka, T-b'
n lllga, edítorial Horst Erdmann,
1970.

LouNz, Günter W., Zeitgeniissische Literatur in Lateinamerika, Tübinga, editorial
Horst Erdmann, 197 l.

StEBENMANN, Gustav, Die neuere Literatur Lateinamerikas und ihre Rezeption 1m
deutschen Sprachraum, Berlín, edítorial Colloquium, 1972.

RErc:a:ARDT, Dieter, editor, Literaturlexikon-Lateinamerikanische Autoren, Hamburgo,
Inslitut für lberoamerikakunde, 1972.

Sm~R, Elisabeth, editora, Neuere Deulsche Lateinamerika-Forschung, Dokumentationsleitstclle der ADLAF am Institut für lberoamerikaku11de, Hamburgo, 1971.

907

�EL REYNO: UN LIBRO DE RELATOS

Fms, El Reyno: Un libro
Sistemas y Servicios Técnicos,
S. A., Monterrey, México, 18 de agosto de
1972, 309 pp. P ortada de Federico Canru.

RAÚL R.ANGEL

4e relatos,

LA

PLUMA D.EL MAEsTRo RAÚL RANGEL F!ÚAs ha transitado como reja de arado
prodigioso _por distintos campos, sembrando cosechas que nunca se pierden. No es labrador rutinario que cansa la tierra con un solo cultivo. Año tras año, varía la semilla
y la madre de polvo responde prodigándose en frutos. A los temas universitarios que
maneja con la habilidad de un doctor en ajedrez, porque siente la angustia de sacrificio del peón y el alfil, se suman los razonamientos filosóficos, las cuestiones sociales
y las andanzas con vigor de atleta griego por las rutas de la historia.

Maduro ya como humano y escritor; en paz consigo mismo después de haber dado
al mundo ciudadano y al pueblo estudiantil el rédito de enseñanzas que recibió, se ha
detenido unas horas a la sombra del recuerdo para ver hacia atrás todas las pequeñas
cosas que, ensambladas, forman el todo de nuestra vida. Producto de ese repaso minucioso al pretérito es su nuevo libro: El Reyno, aparecido en los calores de agosto
de este año. El reyno a que aluden todas sus páginas nació en el horno de septiembre
Y por eso la de la fiebre es la temperatura normal de la región y de sus habitantes.
Fiebre para amar tozudamente a una naturaleza madrastra; fiebre para tejer el progreso en una rueca sin hilo; fiebre que engendra delirios vueltos realidad sobre la
marcha.
Una cita del padre de nuestra crónica local abre con aldabonazo solemne la puerta
del libro de relatos: "No tan solamente en los Reynos muy poblados y opulentos suceden prodigios y portentos sino en provincias y poblaciones pequeñas, que son para
mayor admiración".
La obra es eso: una serie de relatos de prodigios y portentos sucedidos en familias
que aportaron al edificio de Monterrey el ladrillo o el adobe de sus hijos; algunas,
conocidas no más allá de las tres puertas de la calle en que vivieron; otras, de fama
saltarina que rebasó límites de muniaipio y de provincia. L a vida de cada uno de
nosotros es tan interesante como la del Rey Sol, pero como el marco no es de madera
de Versalles, nos hundimos con plomo de inferioridad en un pantano de nada. La
obra de Rangel Frías no exige a sus personajes, para entrar a ella, ni casaca floreada,
ni frac adusto de hombre público, ni espada de gala de caudillo victorioso.

909

�Principia el libro con 1a partida de nacimiento del reyno que se disputan en tercia
los lusitanos Carvajal y de la Cueva y Alberto del Canto, así como el posiblemente
extremeño Diego de Montemayor. Las palabras de Rangel Frías asumen aqui el tono
amarillo-pergamino que corresponde al rancio castellano que ya no se habla. Al lado
de los diálogos españoles danzan los indios pintados de rojo. El valle azul mira con
ojos de Santa Lucía la abundancia de mezquites, anacuas y tunas. La religión de
Jehová recién injertada en la tierra virgen de hispanismo, se quiebra como palo
de quiote y la comarca entra en catalepsia esperando un despertador. Otras carretas con
vanguardia de jinetes cristianos arriban después retocando desde el sur las paralelas
de camino que llevan al reyno dormido.
Los relatos brincan con desorden de impala a la época actual. Andrés, cuya vida
de niño pone esmalte de nostalgia a las 309 páginas de la obra, es, en realidad, el
Maestro Rangel Frías. No puede encapucharse de e."Ctraño. Se descubre en el amor
con que mati.7.a los óleos, sin secar nunca, de la madre y el padre médico; de la casona
de los años 20, escondida frente a la estatua de Gonzalitos,, en un recodo de la calle
15 de Mayo; de los vecinos pintados a 1o Franz Hals que yo también conocí. Uno de
los dos hermanos curanderos y santos varones que cita, fue mi padrino de primera
comunión: don Guillermo Gutiérrez. En la botica que ambos regenteaban compré por
dos centavos cada una, las primeras obras literarias que leí, ajenas al libro escolar:
los cuentos de Saturnino Calleja.

La calle del 15 de Mayo se estanca como placa de daguerrotipo en el recuerdo del
Maestro. Bullen en él los contornos distantes de albañiles, aprendices, pilmamas, sirvientas y aseadores de cal:&gt;.ado que nutrían de pobreza el vientre de tejabanes de
aquellos condominios rústicos designados con el nombre fraternal de vecindades: San
Miguel, Santa Lucía, La Jarrita; surtidoras de pies descalws teñidos de chocolate que
subieron a estamparse en los murales de Diego Rivera.

aplastar con fuego porfiriano a los espartacos indígenas de Tomóchic. La estrategia
teórica que triunfa siempre en las aulas del Colegio Militar, sufre grave revés .en el
frente real atrincherado de pinos. Caen oficiales enamorados de Napoleón y ruedan
acémilas que nunca figuran en la orden del día. Ningún revoltoso quedó con vida.
El teniente Frías describe más tarde las escenas de sangre en un libro que hace estremecer de ira las cien medallas del Dictador. Ordena que se le juzgue procurando
matarlo en forma legal. Sin embargo, logra salvarse como en las novelas de aventuras.

La revolución que arrulla a Monterrey con cañonazos es evocada por el Maestro
Rangel Frías en el primer ataque carrancista y la epopeya ridíruJa y vana de José
Gonzalo Escobar. Siguen otros capítulos que no comento para dejar al lector, que los
habrá en gran número, la oportunidad de reflexionar. El libro es un balance de impresiones personales vistas a travé$ del sentimiento y una apología del reyno hoy menos
inoce11t·e y más cargado de la codicia y la violencia de los hombres.
Mis vacaciones escolares de fin de año las pasé siempre en una casa asomada a la
boca del cañón de "La Huasteca". Jesús Scpúlveda, ahijado de mi madre, pizcaba en
agosto la producción generosa de aguacates, higos y duraznos de la heredad. La aprisionaba en cajas que luego traía en guayín al mesón de don Cesáreo Campos. La
despedida era siempre la misma: Mamá, voy pal reyno... La palabra estuvo prensada
muchos años por capas sucesivas de recuerdos. Hoy, el Maestro Rangel Frías tocó
el santo y seña de una época que se fue caminando a1 infinito... agosto.. . el reyno...

Profr.

HuMBERTo BuE'NTELLo CHAPA

En la casa patriarcal, cuyo patio era un bosque doméstico de granados, el alma
de Andrés muda de piel para convertirse en adolescente. El 6rgano de tubo único de
la cigarra, el parloteo gangoso del loro consentido y las notas de los pijaros enjaulados
que se encuentran a medio camino como trapecios de circo, van formándole una
costra de fantasía que barnizan el olor de los perones y la vista de las uvas en racimo.
A sus ojos la eme de la Sierra Madre se vuelve todo un abecedario de sueños.
D e un anuario carcomido por el tiempo extrae la reliquia artística de la~ pastorelas,
dramas que alborotaban de ingenuidad el barrio. Truenan de muerte comida los buñuelos mientras los dedos que debieran deshojar pétalos se ocupan en deshojar tamales. Tazas barrigonas de atole escapan de dos en dos del fondo de las cocinas para
que las bocas ávidas de retar a Lucifer aborrecido, cobren una nueva fortaleza. Quien
hace de Virgen María se ha lavado su pelo negro con raíz de amole y el cuerpo tierno
con jabón "Mariposa". Gila, Bato y los demás pastores de ocasión se pierden entre
tiras onduladas de listones.
Una sola vez contemplé de niño este espectáculo, para mí más imponente que La
guerra de Troya. Fue una noche decembrina de- cielo estrellado y frío que muerde
con dientes de lobo. Los coloquios se alargaron hasta asir el nacimiento de otro día.
Al regresar a casa mi madre me recibió con un aplauso atronador de nalgadas.
Asoma también la cara con bigotes marciales del teniente de la 4a. compañía del
9o. regimiento, Heriberto Frías, cercano antepasado materno que maneja la espada
Y las letras. Marcha coo su corporación por la cresta de la sierra chihuahuense para

910

911

�SOBRE EL FIN INMEDIATO PARA EL QUE CERVANTES
ESCRIBIÓ EL "QUIJOTE"
Comentario

G&amp;EOORJO B. PALACÍN
University oí Miami, Emeritus

Creo que el mejor modo de e3tablecer qué es el Quijote es precisar cuál fue el fin
inmediato para el que su autor Jo escribió. Naturalmente, si determinamos la verdadera situación del pueblo español en los días en que el gran libro se escribía, tendremos una buena base objetiva de conocimiento muy apreciable.
Podemos ver en la composición del Quijote dos propósitos fundamentales, uno inmediato, actual; otro más general y universal El propósito inmediato, actual, dirigido
a los contemporáneos del autor, incluye estos objetivos:
l. Distraer al lector:

"Yo he dado en Don Quijote ( el libro de 1605) pasf}tiempo al peeho melane6lico y m'Ohino / en cualquier saz6n en. todo tiempo",
escribió Cervantes en el terceto 8 del capítulo IV del Viaje del Parnaso. Y en el
capítulo 28 de la primera parte del Quijote se refirió a que los días en que escribía
su libro eran una época "necesitada de alegres entretenimientos...", idea que se reitera en otros lugares de la obra.

2. Censurar vicios y defectos de sus contemporáneos y de la sociedad de su tiempo,
lo cual incluye:
a) Crítica política y social,
b) Crítica literaria,
e) Orientación moral:

"Y quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto
de sus escritos enteramente, como deseaba .. ." dice Ceruantes al final del libro,
o sea, que su deseo al escribirlo no era otro que el de ver publicado sin reparo
de la aprobaci6n todo cuanto en él dice, como he expresado en En torno al
"Quijote", p. 232.

913
H-58

�3 Ob.etivo
nacional que incluye los dos anteriores y se refiere a combatir el des1
.
'
' a ¡·males de1 sigo
. 1
aliento
individual y general
español frente a la situación del pa1s
XVJ y a despertar y estimular el entUJliasmo en otro tiempo tradicional.
El propósito más general y universal incluye estos objetivos:

l. El primero del grupo anterior, siemprt'. vigente.
2. Humanfslica, o estudio de la naturaleza humana )' desarrollo de fuerte sentido
humanizante asociado a un alto sentido del humor.

3, Pedagógico, orientación del lector hacia un mundo de valores ~~ el que ~~re•
salen los más elevados ideales. Don Marcelino Menéndez Pcl,iyo dtJO del Qu1Jote,
en discuno leído en el Paraninfo de la Univenidad de Madrid el 8 de mayo de
J 905 que "Don Quijote se educa a sí mismo, educa a Sancho, Y el libr_" entero es
uná 'pedagogía en acción, la más sorprendente y original de. las pedagog1as~ _la conquista del ideal por un loco y por un rústico, la l~ura aleccionando y comgiendo a
la prudencia mundana, el sentido común ennob!eado por su contacto con el ascua
11iva y sagrada de lo ideal".

·
d o a h•cc•
4. Moralizador, onenta
" , a! hombre me¡·or y a mejorar su organización

social.
· eresa en este trabajo el objetivo que \Jamo nacional, el tercero del primer
M eun
_,
-1
rupo. No dudo que Cervantes escribió el Quijohi para sus contempomneos espano es,
~o que no se opone al hecho incuestionable de que, al mismo tiempo_,_ biro Co? él o~ra
universal y de permanente actualidad. Y opino que, leyendo el Qui¡ott, o bien oyendolo leer, puesto que el número de analfabetos era considerab~e, más del_ no~enta por
ciento,' e! pueblo español pudo recobrar y fortalecer la. confmnza en s1 ffi.lS.IDO .~ue
tan debilitada estaba cuando finalizaba el reinado de Felipe II. ~l valor del_ Qui¡ote
como obra de entretenimiento, "pedagogía en acción" Y orientación a la_ vida ~structiva, aumenta asl a medida que se considera la situación polí~:3, socioecon~mI~
y espiritual del pueblo español en los días en que Cervantes escnb1a su gran libro.
1 En el capítulo 32 de la primera parte del Quijote nos muestra Cervantes un ejemplo, suficientemente ilustrativo. de cómo se entusiasmaban las .gentes _oyend? leer los
.b
d caballería que podemos aplicar a la lectura de su libro. Dice alh el Ven•
liros
e
,
,
]¡·
hsega
tero: "._.cuando es tiempo de la siega se reúnen aqm, en as 1estas, ~uc os
·
dores y ~empre hay alguno que sabe leer, el cual coge uno de estos libros en las
man;s, y rodeámonos dél más de treinta, y estámosle oyendo con tant? gusto, que
•1 m·l "'"''.
(esto,
es no;. com=nsa
de las penalidades de la VI da Y nos da
nosqu1a1
........... ,
,-satisfacción)".
s Aún continuó esa pérdida de confianza en sí mismo del pue~lo español durante
el reinado de Felipe III. Gran parte de éste y durante los de Felipe IV Y Car!~, 11,
00 obstante ser también períodos de decadencia, como sus monarcas no eran belicoso,
pudieron pacificarse un tanto los espíritus y prepararse poco a poco ~a las _reforn;as
·
de Ft: " pe V - - vnrdenación administrativa , planes agrícolas e mdustnales,
oantenor~
•
mento de la educación, etc.- que continuaron con Fernando VI Y culminaron con
Carlos 111,

914

Y tengo para mí que la lectura del Quijote foe un elemento valiosísimo en el
período de 1605 a 1700 para ayudar a los españoles a reponerse espiritual y moral•
mente, a sobreponerse a la dura realidad y a estimular su fe en sí mismos.• Me baso
para llegar a esta conclusión en dos hechos: el conocimiento objetivo de la circunstancia española al salir de prensas el Quijote, y la valoración de tan excelente obra
-por numerosas personalidades en orden a permitir aquella alentadora acción.
Recuerdo en este ensayo la teoría de don Ramiro de Maeztu sobre el fracaso del
sueño de monarquía universal y de que, como consecuencia de ese fracaso, d pueblo
español se encerró en sí mismo. Una exposición a grandes síntesis de los reinados de
Carlos I y de Felipe II me es suficiente para refutar aquella teoría, pues10 que me
muestra una realidad muy diferente.
Me refiero a la decisión de Cervantes de contribuir a devolver a su pueblo la
tranquilidad que no tenía y a que por ello escribió el Quijote. Juicios de grandes figuras y consideraciones al respecto me confirman el valor de la historia de don Quijote
para aquel propósito.
Recuerdo por último la tesis de don Ramiro de Maez1u sobre que la raza t..'Spañola

se recogió a descansar después de illlber realizado su obra en el mundo; la refuto, y
razono que Ce.Nantes comprendió la !iituación de su pueblo y las causas que la deter•
minaron, y que para estimular a sus compatriotas y ayudarks a recuperar su fortaleza
de ánimo escribió eJ Quijote
Escribió don Ramiro de Maeztu en Don Quijote, Don Juan y La Celestina: "He
aquí un pueblo que lle;;a a ser una de las colonias más cultas )' ricas de la Roma
Imperial (era provincia, no colonia). A la caída del Imperio romano es invadido por
los bárbaros (el pals, naturalmente, no el pueblo). Cuando logra que los conquistadores acepten la religión y el lenguaje oficial de los conquistados, welve a ser invadido por los árabes, sin que se escapen a esta invasión más que unos cuantos grupos
montañeses. Durante varios siglos es la península el campo de bata.Ha de Africa y
Europa, sin que se St:pa si quedará al fin incorporada al mundo del Islam o al de
la Cristiandad. Al cabo de ellos empieza a decidirse el porvenir en favor de los reinos
cristianos. Avanzan estos paralelamente, con un punto ideal de confluencia en el
estrecho de Gibraltar. Al fin común de expansión cristiana sigue la fonnación del
medio común; la monarquía católica. Al ultimar la reconquista descubren estos pueblos las rutas marítimas de Oriente y Occidente. Se duplica la superficie de la tierra.
La expansión cristiana encuentra dos mundos nuevos que ganar para el cielo. Entonces
se escinde la Cristiandad de Europa en dos mitades. Se acude al fervor de los pueblos
peninsulares para el restablccirniento de la unidad cristiana. Se intenta la Contrarre•
fonna. Los pueblos hispánicos pelean en todos los ámbitos del orbe. Como es una
• Del éxito con que fue recibido el Quijote da idea el hecho de que habiendo
llegado a Portugal en enero de 1605 la primera edición de Juan de la Cuesta, en
febrero siguiente ya hizo la suya e.! librero de Lisboa Jorge Rodriguez, y en marzci hizo
otra el impresor de la misma ciudad Pedro Craesberck. Patricio May, de Valencia,
hizo dos ediciones en el mismo año, a conúnua_ción de la de Pedro Craesbeeck, de
Lisboa, Durante el reinado de Felipe 111 se public6 el Quijote en España en 1608,
1615 (dos ediciones), 1616 y 1617. Durante el de Felipe lV salió de premas en 1637,
1647, 1655 y 1662 (dos ediciones} . Y en eJ de Carlos II, en 1668 (dos edicionest,
1674 (otras dos) y 1697. El Quijote fue, pues, libro muy leído durante el siglo XVII.

915

�lucha supe.rior a aus fuerias, no triunfan sino a medias. Fracasa el rueño de la monar•
qui universal. Y entonces nuestros pueblos re encierarn en sí mismos."•
Todas las ideas son respetables y no lo es menos la ~uesta por don Ramiro de
Maei:tu. Peru a mí se me ocurre seguir otro proceso, más político-social, para llegar
a precisar el estado del pueblo español en la, d1a.s en que Cervantes comenzó a escribir
el Quijote:, o sea, hacia 1598, cuando Felipe II moría y !e sucedía su hijo Felipe 111.

.1

Las aspiraciones de Carlos I a la corona imperial, con nue= demandas de rervicios
a las cortes, y luego las guerras con Franci,co I de Francia, con los protestante,
alemanes y con los turcos y berberiscos, ocasionaron a España tan cuantiosos gastos
que de verdad la empobrecieron. La política de expansión de don Carlos, en fin, y
su intervención en todos los asuntos de Europa l!evaron a la hacienda española a un
lamentable estado de pobreza. Esto sin contar los grandes gastos que ocasionaban las
exploraciones y conquistas en América. Podría objetarse que España recibía oro del
Nuevo Mundo; pero en gran parte iba a otrm países de Europa para pagar las mercancías que de ellos se recibían y que España no produda, por falta de brazos -la

• M.u.zTU, RAMIRO DE, Don Quijote, Don Juan )' La Cdestino, 1926. Cito por la
octava edición de Espasa-Calpe., Col. Austral, 1957, p. 26. El sueño de monarquia
universal, que jamás tuvo el pueblo e.1pañol, lo que es de verdad España, era de
Carlos I y ele su para él complaciente corte. Tan imposible sueño en el Renacimiento
de "un monarca, un imperio y una espada", al que se lleg6 en un exaltado anhelo de
grandeza al recuerdo de Augusto por el que se llamó al monarca e.spañol el César, lo
sintetizó Remando de Acuña en su

SONITO AL REY NUESTRO SEfWR
Ya se acerca, señor,

o

es ya lfogada

la edad gloriosa en que promete el Cielo
una grey y un pastor sólo en el .suelo

por suerte a vuestros tiempos useruada.
Ya tan airo principio en tal jornada
os muestra el fin de uueslra santo celo,
y anunaia al mundo para más consuelo,
un monarca, un imperio y una espada.
Ya el orbe de la tierra siente en parte
y espera en todo vuestra Monarquía

población había disminuido sensiblemente, hasta quedar en poco más de cuauo millo•
ne.1 de habiranres-: y por otr;u circunstancias político-sociale4.
También los sucei;os en el interior de España contribuyeron a aquella pobreza. Sometidas las Comunidades de Castilla y las Germanía&amp; de Valencia, así como los
moriscos de diversas regiones, a quienes se oblig6 a abrazar el Cristianismo, tenemos
Wl panorama. nacional de aquel reinado que fue en definitiva un periodo de guerras
exteriores y de problemas interiores.
Cierto que España se cubrió de gloria en aquel tiempo con las exploraciones y
conquistas en Centroamfrica, con el viaje de Magallanes y Ele.ano, y con las conquistas,
en fin, ele México, el Perú y Chile. Pero la injusticia social, la pobreza, cada día
má.s acusada -ya desde los días deJ Descubrimiento de América el alza de los precios
había sido extraordinariamente grande y la producción habla disminuido mucho-produjeron lamentable:¡ efectos en el pueblo espaiiol, degenerando sus costumbres ;
debilitando su fortaleza de ánimo, tradicionalmente tan elevada.
Felipe II no foe menos absolutista que su padre. Lo prueba el que todos los asuntos
pasasen por sus manos y los consejos quedasen bajo su omnímodo poder. Incluso los
derechos de la religión católica se identificaron con los del monarca en la mente del
segundo de los Austrias españoles. Y si mereció de muchos aquel rey el dictado de
prudente, no faltaron en él pruebas de irresoluto e indeciso.
Felipe II heredó de su padre extensos estados, un ejército numeroso, aunque insuficiente para conservar y defender tantos territorios, en los que, como se decía, nunca
se pon.ía el sol; y, con todo eso, la enemistad no sólo de los protestantes de toda
Europa, sino también la de príncipes católicos, y aun la del propio papa Paulo IV
quien lleg6 a excomulgarle y le• increpó diciéndole: "Engendro de iniquidad, Feli~
de Austria, hijo del llamado emperador Carlos, el cuaJ, haciéndose pasar por rey de
España, compite con él en infamia y aun procura aventajarle".º
Entró Felipe II en guerra con .Enrique II de Francia y con el Papa; y luchó en
los Países Bajos. Y, por si fuera poco, envió contra Inglaterra la desgraciada expedición
de la llamada Armada Invencible.' Toda esa política de expansión y guerras empobreció todavía más la hacienda nacional. Y si Carlos I ahogó en sangre las libertades
de Castilla y de Valencia, Felipe Il tennin6 de manera incalificable con las libertades aragonesas. La muerte de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, de incidente
al que no son ajenos los amores del propio rey con doña Ana Mendoza de la Cerda,
princesa de Éboli, le sirvió de pretexto inicial. Se acusó de haber instigado la muerte
de Escobedo a Antonio Pére:i.:, secretario de despacho del monarca, y éste, temeroso de
que se divulgasen en la corle sus amores, mandó prender y procesar a su sec.retario.
La intención de don Felipe en este desgraciado incidente queda bien clara con el final
del mismo. Antonio Péttz fue encerrado en la fortaleza de Turégano; pero pasado!
cinco añoo pudo huir a Aragón, donde se acogió a los fueros del reino aragonés y a
la protecci6n de su Justicia Mayor don Juan de Lanuza. Luego pasó a Francia.

conquistada por vos en justa guerra,
1

que a quien ha dado Cristo su estandarte
dará el segundo más dichoso día
en que, vencido el mar, venza la tierra.
Hemando de Acuña (1520-1580), de Valladolid, fue poeta cortesano, que no popular, y capitán de los ejércitos reales de España. En su soneto resalta la lisonja, opuesta
al sentimiento noble y sincero.

916

A mediados del siglo XVU la poblaci6n total de España era de 4,5 millones; en

1723 se había elcvado a 6 millones. De 7,4 miUone, era en 1747;- de 9,7 en 1768 y
de 10,4 en el censo de 1787.
• Bú.z~uEz FAArLE, AousTÍ.N, Hisloria de &amp;paña, ~egunda edici6n, Barcelona Editorial Ramón Sopena, 1933, p. 420.
'
' Intervino también Felipe II en las luchas civiles de Francia. Todo desencadenó
fuera d1.1 España un odio general contra aquel monarca.

917

�Como ZaragO'UI había prntegido a Antonio Pérez, Felipe II ordenó que penetrasl!
en ella un ejército al mando de Alonso de Vargas. Y aunque el Justicia Mayor y muchos caballeros se opusieron a aquel acto de fuerza, no Je fue diücil a aquellas tropas
adueñarse de la ciudad. Alonso de Vargas aconsejó a Felipe 11 el perdón general;
pero el monarca te escribió: "En reeibiendo ésta, prenderéis a don Juan de Lanuza,
Justicia Mayor de Aragón y tan pronto sepa yo de su muerte como Oe su prisión"."
"El Justicia -ha escrito el bistoriador Blá7.C¡uez: Fraile- fue preso cuando iba a
misa a la Seo. En la plaza del mercad◊ ahóse el cadá!so, y la cabeia de don Juan
de Lanuza rodó bajo el filo del hacha del verdugo, y su casa fue derribada hasta
los cimientos. Algunos nobles aragoneses que se habían distinguido por su adhesión a
Lanma, murieron en prisión aquel año. En las Canes de Tarazana de 1592 se modificaron los fueros de Aragón, y el cargo de Justicia pasó a ser nombramiento del rey,
quien, adem;(is, podría poner en el reino de Arag6n virrey extranjero."•
En el siglo XV las Cortes comenzaron a decaer y decayeron cada \'CZ mis. A mediados de aquel siglo los reyes comenzaron a usar la fórmula legislativa "quiero que
haya fuerza e vigor de ley, bien como si fuese hecha o promulgada en Cortes", sufi-

cp. Úf,, p. 4J6.
Para comprender bien la falla de respeto de Felipe II a las institucion~ de la
naci6n española, no está de más recordar el proceso de la institución del Justicia Mayor de Aragón. En su origen debió ser el justicia un funcionario público que entendia
en los casos de agravio del rey o de los ricoshombres. Probablemente comenzó siendo
un hombre algo versado en leyes a quien el rey elegía libremente para que le asesorara en !a administración de la justicia. Le encargaría luego administrarla en su nombre y por delegación suya. Es probable que existiese ya el justicia en el siglo XII.
Desde luego se sabe que en el XIII seguía a la curia real, que oía las causas ante
el monarca, y que por su orden ·promulgaba la sentencia que la curia dietaba. En un
pergamino existente en el Archivo de la Corona de Aragón se contiene una sentencia
del justicia Martín Pérez, del año 1248, en la que se lee: "de mandato spuiali dic/1
domini Petri Corpel/i dicimur judicando .. .", donde la expresión "demandato rpecia/i"
da a entender que el justicia no fallaba por s.í, independientemente.
Por ser Zaragoza la ciudad más importante de Aragón, su justicia pasó pronto a
ser el principal, y se le atribuyó competencia sobre los demás lugares donde había
justicia local, hasta constituirse en verdadero Justicia de Aragón.
La Concordia de Egea (1265) elevó mucho la dignidad deJ Justicia de Aragón.
Aquella transaeción entre Jaime I y lóS nobles, o el convenio que estos arrancaron al
monarca, 1:!Stableció en su ley quinta que en los pleitos o causas entre el rey y los
ricoshombrcs, hijosdalgo e infan-zones fu~ juez (lompetente el Justicia Ma}·or, pre•
vio consejo de los ricoshombres y caballeros que asisten a las Cortes y no fuesen
parte interesada, y que en todos los negocios de los ricos hombres, hijosdalgo e infanzones entre sí, fuese juez competente el Justicia, previo consejo del rey. La ley décima
de las Cortes de Egea estableció adem55 que el Justicia Mayor fuese siempre caballero. De este modo, como Je nombraba el rey, quedaba capacitado para juzgar las
diferencias entre ambos poderes.
En 1266 Jaime I dio jurisdicción al Justicia Pedro Sá.nchez para oír en cualquier
parte del reino en primera instancia. Mandó también que las sentencias de los justicias de las ciudades, villas y lugares pudiesen ser apeladas en primera instancia ante
~ BLÁZQUEZ FRAILE, AGUSTÍN,

cientemente expresiva de la suplantación de las Cortes, ant= ..,._
""' pod•,
. . osas, por e1
rey. Juan 11 hab'ia mandado que las dietas y gastos de los procuradores fuesen pagados
por el erario público; pero el número de ciudades con voto en Cortes fue reducido.
Para tomar juramento a Enrique IV se convocaron tan sólo doce ciudades, bacifodose
saber~ las demh que podrlan hacerse representar por cualquiera de aquéllas. Durante
los rema~os de Carlos I y Felipe II las Cones fueron convocadas muy pocas ve~."
La coacción Y el. soborno, a un tiempo, pesaban sobre los procuradores con frl'cuencia
'
nombrados por el rey.

Los Con~jos (de G.astilla, de Estado, de Hacienda y de Guerra) lejos de ser órga•
nos de gobierno eran meros cuerpos consultivos sometidos en absoluto a la autoridad
omnímoda del rey.
La administraciÓn municipal era realmente escandalosa ya desde los Reyes Católicos.
En los pueblos de realengo todos los nombramientos correspondían a la corona, y
bita, para allegar fondos, concedía los cargos mediante ciertas sumas. De ese modo el
cargo municipal se perpetuaba en el comprador y sus herederos. Con los Reyes Católioos, Carlos l y Felipe II se hiz.o normal la venta de carg:os concejiles ( regidores
pe~petuos, etc.). Los alcaldes ordinarios los elegían los ayuntamientos; pero quedaban
ba10 la autoridad del corregidor, quien era nombrado por el rey. En lo~ pueblos de
~ñorio los nombramientos de cargos municipales los hacía el respectivo señor; mas

1

i

918

el Justicia Mayor, pudiendo, los que lo quisieran, apelar de él ante el rey. Las causas
en segunda apelación eran de incumbencia del monarca; pero las resolvia eJ Justicia
Mayor por comisión especial, hasta gue por costumbre pasó a ser atribución suya.
E~ la ley ten:e.ra del Privilegio General dado en las Cortes de Zaragoza de 1283,
se dispuso qu_e et Justicia Mayor "iudge todos los pleitos que viniesen a la Corte con
consello de los ricos-hombres, mesnaderos, caballeros, fofanzones, ciudadanos, y hombres buenos de las villas segunt fuero y segunt fue acostumbrado".
En las Cortes de Zaragoza de 1348 fue reconocido el Justicia de Aragón como único
jue:i: competente para entender en todas las 1Iausas de oficiales y jueces delincuentes.
sin que nadie, ni el mismo rey, pudiese desvirtuar su sentencia. Impuso además aque~
!la ley á los oficiales públicos la obligación de consultar al Justicia de Arag6n sobre
las dudas que tuviesen acerca de fueros, privilegios~ libertad o uso del reino.
Por acuerdo de las Cortes de Alcañiz de 1435 el Justicia sólo podía ser preso o
vejado por acuerdo de las Cortes con el rey; y por decisión de las Cortes de 1441, de
la misma ciudad, el Justicia no p()dria ser removido de su cargo por el rey sin la
conformidad de las Cortes.
Esos prjyilegios y esa autoridad tenía don Juan de Lanuza. Con su arbitraria e
inhumana orden a don Alonso de Vargas, por la que .se ejecutó a aquel Justicia, Felipe
II infringió toda la tradici6n foral de Aragón y en especial las decisiones de las
Cortes de 1435 y 1441. Puede verse también proyectada la voluntad real sobre
las Cortes de Tarazona de 1592, al disponer estas que el cargo de Justicia Mayor
fuera amovible a voluntad del rey.
11
En los reinados de. Carlos I, Felipe II, Felipe III y Felipe IV, esto es, durante
149 años, tan sólo se convocaron cortes un total de 44 veces. Se daba el caso, además,
de que procuradores elegidos por los pueblos vendían sus puestos a personas que con
f~uencia carecían de todo interés de servir a sus representados.

919

�todos quedaban bajo la autoridad de los corregidores. De elle modo el pueblo nada
tenía que hacer en e1 gobierno municipal.u
Escribi6 Fr. Luis de León que muchos súbditos de Felipe II eran "vasallos viles 'P
afl'Clltados, ... vasallos ruines y viles, ... generaciones de afrenta que nunca se acaba, ... va.salios apocados y viles, ... un cuerpo social deforme y Yil, ..• un ganado

- •..
ronoso

[,

....

Grande era la corrupción de las costumbres en Ll época de Felipe U, tanlo enlre
las clases populares como entre las elevadas. Cabrera de Córdoba, historiador de aquel
monarca, se hace. eco de tal corrupción con verdadera elocuencia. Abundaban los
vagos y la.,; mujeres de mal vivir, y eran frecuentes los amancebamientos. El jur,go
estaba muy generalizado y menudeaban los desafíos. Las disposiciones oficiales para
corregir ~ejante situación eran muy severas. Recordemos el Pregón que se hiro
público en Madrid el 4 de diciembre de 1585 por sus rigurosas prohibiciones y seveI'a('I sanciones.u Y tambiin que por acuerdo de 6 de junio de 1586 la Sala de Alcaldes
de Casa y Corte prohibió que las compañías de represenlantes llevasen mujer alguna
para representar, bajo pena de cinco añoo de destierro del reino y de cada cien mil
maravedíes para la Cámara de Su Majestad."
En una sociedad así, en que tanto abundaban los hijos fuera de Jlllltrimonio,"" no
es extraño que Cervantes tuviera una hija natural con Ana Franca de Rojas, como
tuvo otra con Marta de Nevareii el otro príncipe de las letras españolas, Lope de
Vega, después de varios amores adúlteros. Y recordemos que una tla de Cervantes,
doña Maria, siendo soltera tuvo a au bija doña María de Mcndoza, que llegó a ser
dama principal en Alcalá de Henares, con don Martín de Mendwa, ar1,edi.ano e hijo
bastardo del tercer duque del Infantado; que doña Andrea, la hermana, tuvo su hija
doña Constanza de relaciones con Nicolás de Ovando; y que la propia Isabel de
Saavedra se habría de ballar en 1608 con una niña de ocho meses de edad poco
más o menos, sin que conste que se hubiese casado con anterioridad. Disculpo, claro
está, aquellos deslices de las mujeres de Cervantes, víctimas sin duda de la sociedad
de su tiempo; pero sus casos son muestra&amp; evidentes de la corrupción de las costumbres en aquel tiempo.
Como ha recordado Américo Castro: "Situándonos a fines del siglo XVI, observamos que d erpañol no encontraba dentro de si nada fi= i, indiscutible sobre qué
u Muy tardíamente se trató de coTTegir tan desgraciada situación, creándose en
1766 por Carlos III nuevos magistrados de carácter popular llamados diputados del
común y síndicos personeros, los cuales fiscalizaban los servicios de aprovisionamiento
e intervenían en la hacienda municipal, con v02 y voto en las juntas de propios y
arbitrios.
u Citado por Américo Castro en Cervantes y las casticismos e.pañoles, Madrid-Bar•
celona, Alfaguara, 1966, p. 27 n.
n Pregón / general, para la / buena goveniación desta / Corte. / Madrid. / Por
la viuda de Alonso Gómez. Año de 1585. 8 hojas sin foliar.
" PÉREZ PASTOR, ÜRisTÓBAL, Nueuos dalos ...• segunda serie.-ASTRANA MMúN,
Luis, Vido ejemplar &gt;' heroica de Miguel de Cm1antes SMutdra, III, pp. 505-506.Arthivo Histórico Nacional. Actas de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte.
" Numerosos son loa caso., de bastardos iluures que nos ofme la Historia de &amp;-paña. RecordemOl! como ejemplo el rey Enrique II de Trastarnara y a don Juan de
Austria, hijo éste de Carlos I y la plebeya Bárbara Blomberg.

920

apo}'arse fuera de las ntimacia,us tristia.110-uiejas. La conciencia del ser y valer íntimos por sí sola valía poco; ni nada exterior (riqueza, tareas inteligentt:5) protegía
contra la condición asignada al individuo por !a soi::iedad, por la 'opinión'".'"
Tal era la situación de España en los días en que Cervantes comell7.Ó a escribir el
Quijote. Pero aún se agravaría m.U. aquella situación con Felipe III, de quien su padre
había dicho al morir: ''Dios, que me ha dado tantos reinos, me ha negado un hijo
capaz de gobernarlos. Temo que me lo gobiernen"." Y, en efecto, se lo gobernaron.
Felipe II, como su padre, en rigurosa Ulterpretaci6n de la idea de la época, según
la cual la soberanía estaba en el rey, habÚl seguido una política estrictamen1e personal. Felipe III, en cambio, abandonó esa poHtica y la reemplazó por otra más fácil
y cómoda, y, sobre todo, muy compatible con su afición a fiestas y placeres. Así dej6
el gobierno en manos de un privado, favorito o valido.
En 1604, cuando Cervantes ya había terminado el Quijote de ]605, gobernaba a
España don Francisco de Sandoval, duque de Lerma. Era un hombre de escasa moralidad, corto de juicio, engreído e hipócrita, quien estaba aconsejado por el no menos
ambicioso don Rodrigo Calderón, marqués de Siete lglesias. Anibo5 tuvieron al cabo
muy mal fin, pues el primero, si salvó la vida por milagro, fue destel'l'ado a sus estados,
y el otro acabó sus días en la horca.
Frente a gobiernos capaces de otros países, como el de Clemente VIII en los Estados
Pontificios, el de Enrique IV en Francia, el de Isabel I en Iaglatcrra, el de Rodolfo I
en Alemania y el de Mohamet III en Turquía, España estaba regida por un ambicioso, hipócrita y menguado valido, con el respaldo de un monarca irresponsable, débil,
incapaz y amigo de diversiones.
Don Francisco NavaTTO Ledesma nos pinta este retrato del hijo de Felipe II: "Felipe 111 era un pobre ser linfático, clorótico, de colgante labio, de swnidos aladares,
de claros, in~rcsi.vos ojos, de planta neciamente fanfarrona; gran jinete, corto
lector y tan pobre de inteligencia que su ayo y preceptor e! arzobispo toledano don
Carda de Loaysa apenas pudo imbuirle cuatro devotos conceptos en el angosto
cráneo...""'
Don Francisco Navarro Ledesma nos ha dejado también este cuadro de los tiempos
del reinado de Felipe III: "Aunque Le.rma tuviese, más de águila, de urraca guardadora, bien conoció que a semejantes seres (don Felipe y su mujer doña Margarita
de All!lt.ria) convenía divertirles y los llev6 por España de fiesta en fiesla, les procuró
remuneradas ovaciones, la.s hizo creer en esa felicidad universal cuya ostentación tan
propicios baila los ánimos de los tantos. Una espesa atmósfera de bobería comenzaba
a formarse en los alrededores de Palacio. De fl iban huyendo los caballeros de las
barbas agudas y de las mejillas maceradas y de los ojos soñadores que Theotocópulos
pintó. De la remilla echada en las casas de la grandeza por los primeros místicos y
ascéticos .iban recogiendo el fruto aquellos escurridizos e insidiosos eclesiásticos que
las gobernaban a su talante y voluntad, absolviendo lm deslices de las señoras y compagin!ndolos habilidosamente con los de los señores. A la seguridad y firmeza con
que se pensaba y se procedía en tiempo de Felipe II, había reemplau.do uoa voluble
•• ÜAST11.o, AM'IDUco, op. ál., p. 29.
" Bl..ÁZQUE.Z, AGUSTÍN,

p.

420.

El lngtnioso Hidalgo Migud de Oervanter Saavedra, Col. Austral, No. 401. Espasa-Calpe, Argentina, S. A., Buenos Aires-México, 1944,
p. 251.
" N,WARRO LEDESWA, FRANCISCO,

921

�intrnnquilidad, una inco11sistencia casi gelatino!!a de las voluntade:oi. El miedo reina_ba
en los palacios reales y en los de la nobleza; un miedo inexplicable, absurdo. Dios
sabe de qué1 del pecado, de la contaminación, de la herejía"...
•
.Agregaba Navarro Ledesma; "La Inquisici6n velaba, pero la heterodoxia. andaba
no menos despierta y si no contó con varones tan preclaros intelectualmente como
¡03 protestantes españoles del tiempo del emperador, si pro:iiguió haciendo su propa•
ganda en la obscuridad, trabajando el pensamiento de, ést': y de aq~él, no ~¡ de la
masa. Andaba la Inquisici6n persiguiendo a 1elapsos e ilullllna~os, a ilusos e ilu~en~es
de menor cuantía y mientras tanto dejaba pasar conceptos e ideas que en el pulp1to
y en el libro moldeaban las almas e influían en ellas".•
.
.
y estableció el mismo escritor: "Hay toda una parte secreta de la Histooa de
España en e;tos años en que parecía todo el mundo suspendido Y embobado, la cual
está por escribir. Recelos, sospechas y desconfianzas increíbles dominaban ~ la gene~
debilidad de \os espíritus. Unos a otros se miraban de reojo ~os los espanoles. N.ecm
sería no darse cuenta de cómo esta intranquilidad, esta insegundad, esta mal :-aaada
hambre del alma y del cuerpo, se reflejan en todas las obras de nuestro siglo de

,,..

oro~í: pues, comenzado el reinado de Felipe 111, con una ad:i3Ulis~6n en plena
corrupción, empobrecida la. hacienda nacional, recargado el pa_ts de tributos. ~ . cl
favoritismo y el cohecho siempre operantes, como normas casi de C&lt;lnducta _oficial,
dilapidándose en fiestas cortesanas y públicas buena parte de los fondos nacionales,
degeneradas cada ve2 más las costumbres, con una injwticia. soc!al imposible d~ soportar y una marcada inseguridad de pensamiento y de conciencia, era necesan~ h_acer
algo para devolver a aquel pueblo, siempre heroico y noble, la confianza en SI mLSmo
que malos gobierno¡ y sufrimientos le habían hecho perder."
"' lbid., pp. 251-252.
"' /bid., p. 252.
" lbid.
"' Con plausible moderaci6n, pero marcando un avance sobre la critica anterior, el
Dr. Basave Fernández del Valle ha escrito en su Filosofía del Quijote, Col. Austral
No. 1289, Espasa-Calpe Mexicana, S. A., México, 1959, p. 70, que "en medio de 1111
estado polhico y social en declive, aporta (CeJ"Vantes) nuevos elementos de cultura
y lucha por la recuperación de los valores espiritualeii postergados"•
.
También con marcada moderación, don José Cam6n Aznar parece acercarse a nu
tema en su articulo "El tercer personaje", ABO del 2 de julio de 1972, p. 1, cuando
escribe: "¿Qué había pasado en la sociedad española de la segunda mitad del siglo
XVI para verla asentada sobre los desengaños del sentido común Y tan lejos . de la
cn[ebrecida atmósfera caballeresca de un siglo antes? Se habla de la decadencia del
siglo XVII como adscrita a ese siglo y desgajada de la époea anterior. Y es _lo cierto
que el pesimismo nacional -que quizá arranque de la guerra d~ las Comum~ades-lo vemos atravesar a veces con fulgores trágicos, durante el remado de Felipe 11.
Es la de este reinado una grandeza enlutada, con la conciencia del poder más grande
de la tierra, pero congelado eternamente en una piedra en la que lo más eficaz, esté-

ticamente, son las aristas".
.
Agrega el señor Camón Aznar: "No pódemos ocuparnos ahora de es~e decliv~ {'e.stado político y social en declive' llamó antes el Dr. Basave, en su cita antenor,_ al
mismo fe 11 ómeno hist6ñco, político-social y espiritual) . Pero ~í proclamar que la p1eia

922

Y Cervantes hizo el milagro. Su fuerte espíritu de solidaridad humana; su profunda
visión de la vida; su visión artística de la realidad, le llevaron a forjar una obra en
la que la locura, el humor y la aventura dieron a sus contemporáneos la oportunidad
de escapar de aquella ingrata realidad en que vivían, de compensarla viviendo las
locuras de un genial visionario, y de recobrar sobre esa lectura la fortaleza de ánimo
que tanto necesitaba.
En cierto modo el Quijote, ya la primera parte, neutralizó en el ánimo del pueblo
español el efecto negativo que en este pueblo proyectó aquella lamentable situación
Interna a que le habían llevado por lb menos dos siglos de! malos gobiernos. Y fueron
tantos los lectores, u oyentes de la lectura, del libro más grande y más beneficioso
para España, que en el mismo año de su aparición, el de 1605, se hicieron de él seis
ediciones conocidas, más dos o tres que podemos suponer por indicios razonables, y
tan pronto, que ya desde ese primer año figuraban en fiestas populares tipos dW"razados de Don Quijote y Sancho. Y no sólo en España, si.no también en América.ti
Cervantes, un español excepcional de su tiempo, alentado por su ideal caballeresco
frente a la vida, acertó a ver en ese ideal y en su acritud heroica y humorística el
medio idóneo de promover en sus con1emporáneos -y en el hombre de cualquier
tiempo y lugar- los más altos valores de bondad, justicia y caridad, junto a la alegría de vivir."
Del Quijot6 dijo Washington lrving que es como la Biblia, en lo profano, lo que
coníinnó Sainte-Beuve llamándole "la Biblia de la Humanidad ... " Y si el Jíbro es
así, ¡ qué decir del héroe!
En su arúculo "Hamlet y Don Quijote" decía lvan Turguenev que el Ingenioso
Hidalgo simboliza la fe en algo eterno, en la verdad superior al Uldividuo1 en la verdad
que elOge culto y sacrificio y que no se alcanza sino después de larga lucha y de abnegación ilimitada."
clave del Quijote es esa sociedad, que, como un plinto de risa, lo levanta sobre los
tiempos. Es el tercer personaje que los otros dos (Don Quijote y Sanchol necesitan
para que su silueta se destaque e:¡tricta y melanc61íca, a compás del sol que se deshace".
Y termina don José Camón Amar su interesante trabajo refiriéndo~e a dos figuras
excelsas que, como los héroes cervantinos, se salvan en aquel "declive" del siglo XVI;
"Pero Don Quijote --dice-- no está 110!0. A su lado, en sus mismos días, hay otros
héroes, también altos, también f=s, con10 blandones sobre el duro campo castellano.
Solos y altos. Así el 'Greco' en perpetua ascensión cenital. .Así San Juan de la Cruz
(y yo diria también su compañera de religión, Santa Teresa, y aun un poco antes el
Santo de Loyola) levantado sobre la tierra, en angélica sumersión eo la divinidad. En
el mismo tiempo, en el mismo lugar, ya son tres los Quijotes".
:s El Quijote pasó pronto a las Indias, ya en 1605. No tardó en hacerse popular en
diversos lugares dél Nuevo Mundo. Hay una relación de 1607 según la cual en los
Carnavales de aquel año y en la ciudad peruana de Pausa hicieron la alegría del público tipos ',!estidos como Don Quijote, Sancho, el cura y el barbero.
,. También con acierto y moderación ha _escrito el Dr. Basave (!bid., p. 69} que
"Cervantes, como eipañol de su tiempo, suste.nta su idea] caballeresco ante la vida.
Pero un buen día le nace el designio ya no sólo de concebir ese ideal ante la circunstancia, sino de realizarlo novelesca.mente en ella. He aquí la génesis del Quijote".
"' TUJtGUENl!.V, IVAN, Hamlet )' Don Quijote, Revista Contemporánea, Madrid, 23,
1879, pp. 453-71.

923

�En carta a su sobrina Ivanova decía Fedor Dostoiewski: "Sólo hubo un hombre
reahnente bueno en el mwido: Cristo... De todas las figuras de hombres buenos en
la literatura cristiana, sin duda la más perfecta es Don Quijote..."
En :ru breve ensayo El Cristo a la Jineta escribió José Enrique Rodó: ''Despul:s del
Cristo de paz, hubo menester la humana historia del Cristo guerrero, y entonces
naciste tú, Don Quijote, Cristo militante, Cristo con armas, implica contradicción,
de donde nace, en parte, lo cómico de tu figura, )' también lo que de !ublime hay
en ella ... Dos naturalezas habfa en ti, como en el Redentor: la humana y la divina;
la divina de Don Quijote, la humana de Alonso Quijano el Bueno. Muri6 Aloruo
Quijano, y para otros quedaron su hacienda y las armas tuyas, y el rocln flaco y
el galgo corredor; pero tú, Don Quijote, tú, si moriste, resucitaste al tercer dia: no
para subir al ciclo, sino para proseguir y consumar tus aventuras gloriosas; y aún
deshaces agravios, y enderezas entuertos, y tienes guerrn con encantadores, y favoreces
a los débiles, los necesitados y los humildes, ¡ oh sublime Don Quijote, Cristo eje&lt;:u•
tivo, Cristo León, Cristo a la Jineta!"."'
Rubén Dado, ea un soneto de 1905, dijo, refiriéndose a Cervantes, entre otras cosas:
"bl (Ceruantes) es la vida y la naturaleza,
regala un yelmo de oros y diamantes
a mis .rueños errantes.
Es para mi: .suspira, ríe y reta." n

En ~u "Letanía de nuestro

señor Don Quijote", dijo el mismo Darío:

"¡Ora por nosotros, señor de los tristu,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de aúreo yelmo de il,uión,
que nadie ha podido vencer todavla,
por la adarga al brazo, toda /antas/a,
y la lanza en ristre, toda coraz6n!""'

Y el poeta lilipino Jesús Bahnori, en sus verso, A Nuestro Señor Don Quijate de
la Mancha, escribió:
'" Rooó, JosÉ ENRl~UE, El mirador de Pr6spero, 1906. Como dije en conferencia
del 1 de abril de 1955 en la University of Miami, "tanto para el cristiano como para
el que no cree en el Crucificado., la figura de Cristo debe simbolizar por lo menos el
.mhimo de perfección humana. No pecaron de irreverentes Dostoiewski, Rubén Daría,
Rodó y cuantos han comparado en alguna manera a Don Quijote con Jesús, o han
Jantificado al Caballero, pues al hacerlo s6lo han exaltado el valor de la genial figura,
símbolo del ideal de plenitud humana". (Puede vene en el libro: En el 350 aniversario
de la. primera publicación del "Quijole", Coral Gabli:s, 1956,)
" Soneto de Darlo en Canto de vida y esperanza, 1905.
:s Poema de Darío, tambil:n en Canto de vida y esperanza.

924

Señor de los poetas, de lot desventurador,
de los que han hambre y sed de justicia en la lierra!

Aún seguimos soiil:mdo castillos los t,osadas,
ejirátos de príncipes altivos las mernadlJS,
jardines encantados los páramos ,in d11eño,
y en todos los instantes )' e,i todos los cominos,
todos vamos cayendo por focha, con molinos,
y a todos nos destrozan las aspas del ensueño

Oh, señor, ve que es cosa de gran desesperanza
salir po, esos campos empuñando la lanw
a desfacer enluertos en sin igual empresa!
L11chw con la quimera hasta rendir los brazos,
y azolarse las carnes hasta hacerltJS pedazos,
por romper el encanto que duernu a 11na princesa.
Pero todos lo hacemos, con erfuer.zo y al trote,
no hay un hijo de Espaiía q11e no sea Quijote,
y aunque vaya soñando haga el bien por doqui~,a. . .111
Aún hoy, a.l cabo de tantos años (más de tres siglos y medio) todo el que vive
en wt ambiente hostil, adverso, o sencillamente no grato, mira a Don Quijote, reformador y rebelde, como un héroe de su mayor simpatía. El Q11ijote libro ha sido
siempre compañero del que sufre y busca compas.i6n a su dolor. En 1921, Sir Herbert
Grieson hizo un elogio del gran libro y expuso lo significativo y valioso que ha sido
para muchos su compañia en tiempos de guerra.•
Thomas Mann, en su viaje a loo Estados Unidos, libre de los nazis, en 1933, leyó
el Quijot~, único libro de lectura que llevaba "para", como escribió su discípulo Leo
Spitze, "afirmar los valores cristianos y humanisticos de la civifüación europea frente
a la irracionalidad desenfrenada, la fe mítica y la violencia bárbara"."'Y Albert Einstein tenia un ejemplar del Quijote sobre su mesa de noche.
En otro lugar he escrito esto que es oportuno recordar: "Hay en el Quiiote un
s.evero examen crítico de la sociedad de su tiempo, en el que resalta el sentimiento
de perfección y de justicia social del escritor, sanamente orientado a la depuración de
todas W clases, desde la más humilde a la más poderosa; porque tener O.efectos Y
vicios y cometer errores es .inherente a la condición humana. La defensa del humilde
es tan evidente en el gran libro, que resultaría ocioso ponerla en duda. Y no va desen-

'"'El poeta Jesús Balmori (1886-1948), oació en Bacolor. Su obra lirica re contiene
en sus libros Rimas malayas y Mi casa de Nipa. El paema "A Nuestro Señor Don Quijote de la Mancha" lo publicó el diario madrileño ABO en su cdici6n del 13 de octubre
de 1970.
"" Sir GRIESON, HERBERT, Don Quixote, Some Wartime ReflectiDns on lts Character
and lnflv.ence (English Assodation, Pamphlet No. 48, 1921 ).
11
SPITZER, LEo, Thomas Mann y la muerte de Don Quijote, Revista de Filología
Hispánica, t. II, 1940, p. 40.

925

�caminado en algün modo el juicio que en la Universidad Fu Tan de Shangai se ha
hecho de la historia del Ingenioso H.idalgo, en el sentido de que en ésta el autar
"doble las campanas por la muerte del feudali:iIII.O y la explot.ación del campesino".""
Dándose cuenta de la verdadera situación del pueblo español al comienzo del siglo
XVII, esto es, al aparecer el Quijote, es fácil imaginarse el efecto en él de la lectura
del gran libro.
Tomó Cervantes muy en serio la fantasía, y con ella y el mejor sentido del humor,
enseñó a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores a elevarse sob~ la
realidad. Como ha escñto .el Dr. Basave Fem:indez del Valle, Cervantes "nos enseñó
-y esto importa mucho decirlo-- a pasar sobre el propio yo, que es el hombre rudimentario· a vencer al hombre egoísta que todo lo calibra por el interés. Y aunque
su quere; va siempre más allá de su poder, nunca pierde el impuls;i, y la dirección
hacia el ideal. La vida 2ª'-fª Don Quijote es quehacer altruista, faena redentora. Su
caridad como la de todos los santos, es una caridad militante" .111.
Escri~ió don Ramiro de Macztu en 1926: "No comprendo que se pueda leer el
Quijote sin s.aturane de la melancolía que un hombre y un pueblo sienten al desengañarse de su ideal; y si se añade que Cervantes la padecía. al tiempo de escribirlo,
y que también España, lo mismo que su poeta, necesitaba reírse de si misma para
no echarse a llorar, ¿ qué ceguera ha sido ésta, por la que nos hemos negado a ver
en la obra cervantina la voz de una raza fatigada, que se recoge a descansar después de haber realizado su obra en el mundo?"."'
En mi libro En torno al "Quijote" me he ocupado de la teoría de la decadencia
de España y del Quijote obra decadente, que expuso don Ramiro de Maeztu, Y la
be refutado ... Me interesa, no obsta,nte, hacer constar aquí lo siguiente:
l. Que España y su pueblo defendieron con arrojo y heroísmo su fe católica, Y no
fracasaron ciertamente en aquella empresa. Lo atestiguan cuando menos Trento Y los

misioneros.

2. El sueño de monarquía universal nunca fue sueño del pueblo español. Lo fue
de los Reyes Católicos y de Carlos I, y si hubo fracaso en reafüarlo, ni fue de España
ni de los españoles, sino de aquellos monarcas.
3. Que el lector del Quijote no se satura de la melancolía que un hombre y un
pueblo sienten al desengañarse de ~u ideal. Fue precisamente la exaltación de su ~e~l
cabaJleresco, que implica el de hacer bien a los demás, lo que llevó a Cervantes n escnbu
su gran libro, en el que, como ha dicho el P. David Rubio, "está la filosofía de la fe
en el ideal, en el valor del esfuerxo, en el triunfo de la justicia, en el mérito del
sacrificio"... Antes, como he citado ya, Ivan Turguenev decía que Don Quijote simboliza la fe en lo eterno, en la verdad superior al indi\/lduo, en la verdad que eúge
111.

Puede verse mi libro Ahondando en el "Quijote", Madrid, Ediciones Lcira, 1968,

p. 47.

op. cit., p. 15.
op. cit., p. 22.
• Puede verse mi libro En torno al "Quiiote", Madrid, Ediciones Leira, 1965, pp.
"' BASAVE FERNÁNDEZ

Df.L VALU!, AGUSTÍN,

., :MAEZTU, RAMlRO Da,

129 y siguientes.
" RUBIO, P. DAVID, La Filosofla del Quijote, Buenos Aires, 19-i-3.

926

culto y sacrificio y que no se a l = sino después de larga lucha y de abnegación
ilimitada.
En el Quijote hay tragedia, cotno en la \/lda mimia, de !a que es maravilloso reflejo; pero también hay optimismo, y estimulo, y aliento al vivir constructivo. La
melancolía a. que se referla De Maeztu se la ha puesto cierta crítica desde el siglo
XIX. Pero contra ella reaccionaron algunos, y ya en 1864 escribía pluma tan valiosa
como la de C. A. ele Sainte-Bel.lve: "Si queremos obrar coa verdad al juzgar eJ
Quijote es preciso secar esta lágrima que se le ha querido un.ir en la sonrisa, o cuando
menos es menester decir, para que el mundo lo sepa: 'Esta lágrima se la hemos
puesto nosotros, porque creemos que le sienta mejor'.""'

4. Que no puede verse en el Quijote "la voz de una raza fatigada que se recoge a
descansar dllSpués de haber realizado su obra en el mundo". ¿Qué obra es esa realizada por el pueblo español en el mundo, por la que quedó fatigado y se retiró a
descansar? No la defensa de la fe católica, como he dicho. No tampoco la del Descubrimiento de América y la colonización de tantos territorios en el Nuevo Mundo y
en Oceanía. Ambas obras las realizó con cariño y nobleza:'" ¿ De qué obra se trata,
pues? Acaso la más trascendental sea la cultural, y ésta la realiza España en diversas
naciones de manera continuada, año tras año, desde hace varios siglos, y habri de
continuarla.•
5. Que nada tiene que ver el Quijote con la delibitaci6n de la unidad de! Imperio.
Don Manuel de Montolíu escribió en 1939 que "el Caballero de la Triste Figura,
encamación de la filosofía del desengaño, es el heraldo de la inminente debilitación
de la unidad del espúitu del Imperio''."' Pero el Imperio, excepto el colonial, fue
sólo un proyecto, un sueño, y ninguna relación puede establecerse válidamente entre
él y el libro de Cervantes. Y en cuanto a que Don Quijote sea encarnación de la
filosofía del desengaño, recordemos las palabras de Turguenev citadas, y las del P.
David Rubio, quien considera que en la historia del logenioso H.idalgo está la filosofía del ideal.
Tenemos que reconocer, en cambio, que Cervantes y España tenían que reírse
hasta de sí mismos para no echarse a llorar. Pero, ¿no nos sucede esto a todos? La
vida tiene con frecuencia mucho de adversidad y contratiempo y si, a veces, no somos
capaces de imponernos y de reímos iocluso de nosotros mismos, y aun de hacemos
"un poco el loco", mal podremos salir adelante. El buen sentido del humor es con

.,. Les nouueau.x- lundir, París, 1864, Vol. VIII, p. 40.
"' He escrito en la p. 140 de En torno al "Quijote": "Las dos obras más grandes que
España ha reafuado, dos obras que ninguna otra nación ha tenido el privilegio de
llevar a efecto, son, en mi opinión, la producción del Quijote y el descubrimiento y
colonización del Nuevo Mu,11do; ambas obras valiosas, dignas de la admiración universal; pero aquélla positiva y útil en todos sus aspectos, en su totalidad, y la otra con el
aspecto negativo del sufrimiento de los aborígenes".
'" Yo he colaborado modestamente durante muchos años en esta labor, como técnico
pedagógico, catedrático, escritor y conferenciante, en varios países de América, como
han colaborado muchos otros.
" Mot-1Toúu, MANUEL DE, En busca del poeta nacional de España, La Prensa, Buenos Afrcs, 23 de octubre 1939.

927

�frecuencia el mejor anüdoto contra el veneno de la vida. Que ya dice el rdrán:

ª

mal tiempo buena cara.
..
ed · tif
las difeEI fin inmediato para el que Cervantes escribió el Qu11ote pu _e 1us 1car
rencirui esenciales entre el libro de 1605 y el de 1615, sobre todo s1 tenemos en cue~ta
conjunto de la obraI y su detalle, fueron meditados y pia.D~dos muy se~1a•
que el
Q ..
con él Cervantes-- mua con atenCl 6n
mente. En e! libro de 1605, Don lllJOte -y
d
E I d 1615
el mundo que le rodea, y nos re~ta com_o narrador, é~uenloo~~; : :
~n~ento
se hunde en el mundo en que vive, se integra
y
dor y descriptor aquel
bumaniunte bienhechor. Al presentamos ese mun o, como narra
, .
• •
· 1 .:cM y DJt"tiende como nota característica del héroe y de su libro.
•
·
1 ·a eaJ, omo
senbmlento se m en:w,,._ ....
Es como si con el volumen de 1605 tratara Cervantes de refle)a.i: ª vi ª r al e d
al tiem
que aportando ta sana ironía correctora y el b~~ humor enta" or,
e~
pob
'
¡
Por eso en 1614 escribió en el V1a¡e del Parnaso: Yo
-·
615
ás f
esomulante, uscarn conso ar.
he dado en Don Quijote pasatiempo..." Y luego, oon el Qu;1ote d~ 1 _d , : . ~r.
más educador buscara corregir vicios y defectos y onentar
VI a
acia 05
m~Uv~,tos valores de 'bondad, justicia y caridad, hacia el ideal de plenitud humana,
m
¡ b las ¡ dulce a Jo provechoso y lo moral a lo faceto,
"mezclando las veras a as ur &gt; 0
•
»
'bíó
disimulando en el cebo del donaire el anzudo de la reprehensión ... ' .c~mo e:scn
A b ., del 17 de marzo de 1615 el Mae!ltro Joseph de Val.d1Vleso.
en su pro ac1on
rendi6 bien la situación de SI.la
Concluyo, pues, asegurando que Cervanles cornp •
.
.
d
_,
añoles y las causas pcliticas y soc10econ6m1cas de1ermmantes e
contempo,«neos esp
,
·
e habían
·
··
estimular en ellos la confianza en s1 llllSmos, qu
:t:::n
Y
a
';:to
de perder, escribió el Quijote. A este primer objetivo en
1 0
percomposic1
. .6
&lt;rr&lt;1n libro se une el de hacer de H la obra universal Y de permala
n d e¡ .,--

;r1

aqu;~

nente actualidad que es.

s:

FRAY PEDRO DE GANTE: MAESTRO Y CIVILIZADOR DE AM.tRICA
Seminario de Cultura Mexicana.
México, 1973, 143 piginas.
ER.N!!STO DE LA TOP.RE V!LLAR

HTST01u1, OP!CIA.L DE Mbaco -la que se enseña en las escuelas de Gobierno
y la que se saca a relucir en discurros de funcionarios públicos- no ha hecho justicia
aún a la pléyade de misioneros que vinierqn con los conquistadores españoles. Gracia!
a la obra in.signe de estos maestros y civilizadores de nuestro Continente puede hablarse de !a conquista espiritual de América por fupaña. Ninguna otra naci6n ha discutido desde la atalaya de una ilustre Universidad -la de Salamanca- los títulos
de legitimidad para conquistar tierras de indígenas.
LA

Ernesto de la Torre ViUar, Director de la Biblioteca Nacional de México, y uno
de los historiadores mexicanos más penetrantes y agudos ha escrito una elegante Semblanza de Fray Pedro dt Gante, seguida de il1.1Straciones, notas, apéndice d(ICwnental
y bibliografía. El apéndice documental contiene cinco cartas de Fray Pedro de Gante y
una biograf'ia de este egregio misionero de sangre real, escrita por Fray Jerónimo de
Mendieta.
Fray Pedro de Gante ( Pedro de Mura, Peter van der Moere, de Moor o de Muer)
había nacido en Ayghem-Saint Pierre (una parte de la ciudad de Gante) probablemente entre los años 1476 a 1485. Muere en México, rodeado de sus hijos espirituales, los ind.ioo, en la pascua de 1572. Ernesto de !a Torre ViUar no vacila en decir
que Vasco de Q □ iroga y Fray Pedro de Gante "fueron quienes, con su ejemplo, ideas
renovadoras y labores permanentes, pusieron las bases de nuestra civilizaci6n" (pág.
10) . Pariente cercano de Carlos V, Fray Pedro de Gante recibio educación en
la Universidad de Lovaina, conoció las inquietudes humanistas de Erasmo y Vives, la
incitante utopía de Tomás Moro y la naturaleza de España y de los españoles. En
1522 llegó a México y consagró saber, esfuerzo y amor a la enseñanza de esos indios
de "bonisima complexión y natural, aptos para todo, y más para recibir nuestra santa
fe". Sin embargo no deja de advertir: "pero tienen de malo el ser de condición servil,
porque nada hacen sino forzados, y cosa ninguna por amor o buen trato; aunque en
esto no parecen seguir su propia naturaleza, sino la costumbre, porque nunca aprcn.
dieron a obrar por amor a la Yirtud, sino por temor y miedo". Este texto -me
parece- explica en buena parte los rasgos psicológicos del mexicano. Fray Pedro, franciscano lego, aprendi6 el nihuatl y catequizó a los niños para que practicasen la reli-

929

�·•
tóf'ca y la enseíiar.m a sus mayores. La mayor parte de su vida, F1:y P~ro
g1on ca 1
,
•
· pillas a bauuzar miles
la dedicó a la conversión de !os indios, a levantar 1g1esias Y ca
, .
_
y miles de indígenas y a establecer talle1es artesanales y centros de adiest.ra1111ento en
las artes plástiCáS y en la música. Enseñaba a cantar y ~~ñer; inv:nth ~ método para
enseñar rápidamente a los indios usando sigo~ gerogltfi~ Y figurauvos.
t smitir religión y cultura. Rehusó la mitra de México, que le ofrecio
para :ran
•
-b· ,__
d ' d
para las cuales
ador en varias ocasiones y nunca quiso rea ir I&gt;LS sagra as or enes ,
P"
'd raba indigno El humilde lego Fray Pedro de Gante se doha de la falta
se cons1 e
·
1¡ b
ta tierras Y
de frailes para catequizar a los muchos indígenas que pu u a an ~r es s
·
cierto que le pedía al Emperador español algunos frailes que ~uescn
aunque es
. .
[alta
do munese llego
Flandes
de Gante para que los indios no smb.esen su
cuan
,
y
·¡
d'
castellano }' en náhuatl. Me
a olvidar el idioma flalllcnco y so o po ia expresarse en
d I T
arece -y este sería el único reproche que le podría formular a Ernesto e a orre
~iHar- que la huella de España en la vida y en la obra de Fray Pedro de G~:e
da un tanto silenciada. Todos los antecedentes flamencos de Fray Pedr~. de
que .
.
rancia ante su incorporaci6n existencial a la obra mts1oncra de
te palidecen en 1Il1por
- d
din ~· de des.,_ - También Carlos V era flamenco de sangre, pero espano1 e cora
,
d
alma mis que se
,:,,;pana.
•
El César había dicho que "cada lengua que se apren a, es un
_
t..lno.
·
nvertirse en cspanol Y
adquiere". Carlos V, al aprender nuestro romance, qwso 00
'
en español oraba desde el monasterio de Yuste,
.
bre de Pedro de Gante está indisolublemente uwdo a los nombres de ,1os
El nom
d
á
Fray Jul1án
grandes misioneros y civiliz.ldores españoles: Fray Juan e um rraga,
M li ,
Garcés, Vasco de Quiroga, Fray Bemardlno dé Sahagún, Diego Valadez,
oto ma,

!od; :~

el;

z

Olmos y Fray Alonso de la Veracruz.
La historiografía mexicana :re engalana con la brillan!~ semblanra de
Cante, escrita por el licenciado En:c~to de la Torre V1llar, con pluma
Jada, con nobles y generosos propoS1.tos.

F:

::dro ;~
P Y

HISTORIA DEL NUEVO REYNO DE LEÓN {1577-1723)
Eumrn10 DEL Hoyo
Volumen l. Publicaciones del Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey. Serie: Historia, 13, Monterrey, 1972, 662 pp.

EL MAESTRO DON EucENlo DEL Hoyo encierra en su perrona dos características esenciales: una formidable y auténtica vocación por las investigaciones históricas que
realiza con material de primera mano y un desprecio por la notoriedad que lo posterga
al nivel de desconocido. La primera desemboca en seis obras publicadas por el Instituto Tecnol6gico y de Estudios Superiores de Monterrey, en su serie: His.toría, dos
de ella, Tedactadas en colaboración con M. D. McLean y el resto de su eJ1c!lllliva
cosecha. La segunda es relativamente criticable, porque en estos tiempos de audacia
Y simulación intelectuales la postura de modestia no merece reconocimiento. Suben a
la superficie valores dudosos que acaparan distinciones y prestigio, mientras el legílimo
acreedor a ellos es sólo espectador impotente del torcimiento del mérito.

El Tecnológico es la única institución de alta cultura, en Monterrey, que sin interrupi:loncs lleva a cabo una valiosa labor editorial. Por desgracia, solamente tira 500
ejemplares de cada obra publicada. Podrá ser 6té un factor decisivo para que el libro
se convierta en es&lt;;:aso tiempo en gema bibliográfica; pero el reducido número trae
consigo anémica difusión del mismo y el desconocimiento del autor fuera de los muros
de una pequeña élíte.
Apenas el 20 de febrero de este año nos alegró don Eugenio con :m Historia del
N11evo Reino de León (1577-1723) presentada en dos volúmenes con un total de 662
páginas, que divide en ocho capítulos. Aclara en el prólogo que no es una historia
en el sentido tradicional, Slllo una colección de ensayos ordenados cronológicamente,
que llevan como finalidad única despejar el camino y señalar rutas a los investigadores que deberán venir después. La bibliografía proporcionada al fin de fa obra abarca
127 páginas. A este material caudaloso y al contenido riquísimo de los capítulQs IOil
comidera el autor "u1\a sencilla aportación".
Como apasionado que soy de la toponimia me atrae de inmediato el capítulo 11:
''Los Primeros Avances de la Colonización Española en el Noroeste de la Nueva
España". En él despliega don Eugenio un ml:todo de investigación muy suyo: expo~
diferentes versiones ajustándose al texto de quienes las sustentaron, la desmenili:a

•

951

930

�cuidadosamente para comprobar o rectificar datos, hace desp11é., conjeturaJ lógicas sobre temmo ya más firme y arriba a 11na realidad que si no e, la definitiva, se aproxima
mucho a ella. Desdeña el cauce de la repetición para establecer, cuando es necesario,
una cosa nueva. Rebatirlo mpone, por lo tanto, una labor de paciente cotejo, iuperior a la que ~I desarrolla.
En este capítulo identifica, sin lugar a duda, la precisa ubicación de lo que las
crónicas Uamaron Río de las Palmas, descubierto y navegado en Wl trecho por Alonso
Alvarez de Pineda, en 1519; para WlOS, el Pánuco; para otros, el S010 la Marina;
para 1erceros, el arroyo del Chama!; para un mínimo, el Bravo. Las vagas referencias
geográficas sobre la corriente son motivo para que se enfrasquen en sup(mcion« erróneas los relatores de la conquista Berna! Díaz del Ca.~tillo, Lópei: de Gómara y Torquemada. En el siglo pasado lo discutieron Manuel 0roz.co y Berra Y Antonio García
Cubas; en el prc;ente, Vito Alessio Robles. Tercian asimismo los norteamericanos
Bam:roft, Hodge y Lowery. Ninguno de ellos acepta el B~vo. Lo afirman Carlos E.
Castañeda y Paul Horpn con argumentos no muy convincentes.
Trabaja don Eugenio sobre la vasta cartografía levantada de 1501 a 1680 y se
apoya en infinidad de notas de la ~poca, hasta llegar a la conclusión de que el Río
de las Palmas de la primera mitad del siglo XVI, el punto más remoto entonee!
hacia el norte, el límite austral de los enormes rebaño.s de bisontes, no pudo ser más
que el Bravo, llamado así en su curso alto desde 1598 por la expedición de Juan de
Oñate que tropezó con sus aguas en la marcha a Nuevo México. A fines del siglo
XVH, el S·oto la Marina se adueiíB del discutido nombre y el Bravo adopta éste y
el de Grande del Norte.
Eil el capítulo III, "Las Tres Fundaciones de Monterrey, principia por exhibir el
mito de dos fantasmones: Unliñola el Viejo y fray Cebrián de la Nada, que vivieron
algunos siglos gracias a la reencarnación sucesiva que les infundieron historiadore,
copistas. Viene después Alberto del Canto, viejo conocido nuestro a partir de la
enjundiosa intervenció~ de don Eugenio en el Congreso de Historia de septiembre
pasado y la sigue don Luis de Carvajal y de la Cueva. Después de no pocos análisis
concluye por afirmar; "Las entradas de Carvajal al Nuevo Reino de León en realidad
no fueron de colonización, ni de evangelización, ni tan siquiera de pacificac:i6n. El
fondo de la empresa era esclavista".
"Las Gentes de Carvajal" es uno de los temas en los que don Eugenio abate con
denuedo todas las consejas bordadas de antihistoria que se escribieron y se repiten
con ánimo de zaherir, en torno al supuesto predominio de población judaizante en
el Monterrey del siglo XVI. Inició la pastorela de cuentos en 1870 don Vicente Riva
Palacio; la continúan algunos norteamericanos que levantan un pedC$tal de mártir
a Carvajal y la remacha. con tintes dramáticos don Vito Alessio Robles. El maestro
Del Hoyo quita las prendas falsas que visten a la leyenda y la obliga a mostrarse
en cueros de verdad. Cierra el primer torno Diego de Montemayor -y, al comentar las
razones de tipo geográfico que lo llevaron a poblar el valle de Extrema.dura, critica
el abuso del término "desierto", enderezado más como halago a los habitantes de
Monterrey, que como realidad.
En el segundo tomo figuran los capítulos VI, VII y VIII: "Consolidación del
Nuevo Reino (1626-1664)", "Medio Siglo de Inercia (1664-1715)" e "Intentos fallidos de Reforma (1715-1723 )" todos ellos enfocados desde ángulos muy distintos a
los tradicionalmente explotados.

A pesar de que la obra no se dirige al público común, su lectura atrae y despierta
inquietud. Episodios ya conocidos se representan en otro foro y con distinta decoraci6n. Si a veces los galanes asumen rasgos de villanos, es porgue ahora los ,·emos actuar con naturalidad. Podrá o .no gtJstamos, pero la historia real no se escribe para
que sea éxito de taquilla, ni para que culmine en un desenlace. feliz oomo las películas
de Hollywood.
El libro reciente de don Eugenio del Hoyo merece el respeto de quienes admiramos
el valor, el conocimiento y la constancia que se requieren para llevar a cabo una
labor de ~ naturaleza. Por ser yo un amaltur de la Historia quizá sea el menos
indicado para hacer este comentario; pero he creído un deber referirme a la obra
ante la epidemia de silencio que circunda casi siempre a !os que valen de verdad.

,932
933

�LA RELACIÓN HISTÓRICA DE J.A COLONIA DEL Nl'F.VO S.\NTANOER
Y FRAY VICENTE DE SAN1 A MARIA•
MARÍA

m:L

C,\RMEN \11\IÁZ(!UEZ

El Colr.1¡10 de México

F.sTA E.S V, PRIMBRA vez qul' la Relación de íra)' Virrnte de Santa M.ufa w la lu1
públic.i, hbre e indcpcnrlienic de la c.omp ifa d • otros ncritos. Al C'mpe-,.ar MIi' •1glo.
según V.11(,L~ ootidas de- Nicolis León, R:bJ,,.,:ra/ía rneir•cana dtl n,./1&gt; XVIII, Méxíoo,
Imprcnt.l de l.1 \iuda de Jlrancl._&lt;.eo Dfaz de L&lt;-on, 1907, p. 389, l.1 Rtlación había
sido ya publicad.1 (mando d virrey Mi~cl José de A,:anza comisio116 .i Ju:m Antonio
del C:utillo )' J.hu, octubre -t de 1799 para que a\crigu.u,1 los li1111M c¡ue debía
tener un nuC\1&gt; obi,¡padu rn la Sil'rra Gord.i,, del C:Utrllo ) l.hu pidi6 .ti v;ITC'\ que
lo acomp.nial':I ,•I Revt&gt;rendo Padre juh1l11dn írav Vict·ntc- de S.mta M:irb, "por
haber rcrorrido en ptnona toda l.1 Colonb del Nuc,.o Sanundcr. y lo nús dt"I trmtorio que he de inspt•crionar y fonnado de él urn l"o:npleta dcsnipnón, por t·ner.ir~o
)' súp!íc-l lle mis hrmunos poliuros, Conde de Sierra Gorda, gobernador de dieh.1
coloni.l y Don Mariano dr r:.mmdón, M.wmc f..scuela de J., S;lnL1 liilc-ñ.1 de Vall.1dolid · cu}O lr:lbajo lo redujo 3 \"arios tom , ~· :1 cam:i de J.1 ~erra. no 1tt h •n rrm1•
1ido ,1 K~;iña para su impri:,i6n...", Rrnesto d L1 Tc-rrc V1llar, f"s1udw1 dr lmtoria
no:;.,/iupana 111, Méxiw, UNAM. Instituto de lnH•sti~aci&lt;-':-iM Hblri 1 , 1970, 173234, p 195 J. Debido .i que él no pudo localizar ninsún «'Jl'WJ&gt;lar d1• e-: a primera
edid6n y f.ictlit.ír.dost'lc mtonccs su "reimpresion", l.l dio 3 l'.onoccr romo ".'\pfodice a 1.1 1 tra S" de Lt Scc&lt;'i6n Primera. Cuarta Partc A • Z, pp. 389-515 de su
Biblio~•afla En l9l9-30 ..-olvi6 a dane 3 las prensa.\, t'lmhiitn como 1\pfndice :i Jix
doc-um,.ntffl que tratan de b cmprl'S3 de colonÍ2.1ción de J &gt;Sé F.=ndón en b Colonfa
del Nuevo Santander. :reunidos en lo~ tomos XIV y XV de h ~erie de Puhlicadon~ del
Arrhivo General dr l.1 Nación, por Rafat'l Lópt"Z.
F.n nurstros días a dos Ernesto, histori.1dort1 les ha intcr~do tanto la Rrlación
como ~u .iutor. E. de la Torre es el editor y autor del e5tudio que acompaii:l a e,;u
edi(i6n dr l.i r.olrcdón Nue\".1 Biblioteca Mcxi1·ana 28 del Instituto de lnvcstigndon~

• S.\~,.... MuÍA, V1c1.:-•;·n; DE, Rtlación hut6raca de la Cobnia drl NutDO Santan•
de,. lntroduoc,6n y not.is de Ernt&gt;sto de la Tortt· Villar, México. U;-:t\M, Direrción
Gcner.il dl' Publicaciones, 1973 (NuC\-a Bíbl.oteca Mcllion:i 27).

935

�JSibGowdlicu de la UNAM. E. Lemoine Vdlica.h ha drdicado su atención al eatlldio
de la participación de Santa Maria en d movimieoto emancipador.
Vicenk! de Santa María (1735-1813), fraile íranciJcano, pertenece al grupo de
hombres que se ubican "montados eo dos 1igloa", aquéllos que vivieron en las úllimu
dttadas de la dominaci6n española y en los primeros a!ÍOJ de la, guerru de indrpendencia de México. Hombres de idea.s y de acdoo, en una época de cambio violento
que, por 1an10, rtsuh.an cgntradictorios y difíciles de ea-plicar.
LuC3.!I Alam!n, en iu HiJtoria J, Mlrito, México, Jus, 1942, menciona a fray
Vicente en el tomo 1, «mo participan1c en la conspiración de Valladolid (diciembtt
1809); en el 111, en relación con las negociaciones diplomiticas de Ignacio L6pez
Ray6n en 1813¡ Ja, co111ultu que éstt huo al franciscano sobrr las facultades que
lw&gt;ian de recaer en el individoo de la Junia que fuer:a nombr.1do Generalisimo y
tambibl tn rclaci6n ron la redacción de una nueva constitución, que habla dr con•
1ul1ane con los Gu:ida.lupes de b ciucbd de México; y, por último, en el XII, tn
una aclanción de Mucio Valdovinos, que n!cibió don Lucas en 1848, en b que, entre
otras cosas, se refiere Valdo\'inos a los que compooian la Junta de Valladolid: Jo.
hermanos Michelena, García Obeso, Ab.1rca, Soto Saldaña, Luis Correa "y algunos
otros como el padre, Santa Mari:l; pr.ro que no coocurrian con frecuencia". Al.amán
no hace :ilusión a la Rdacióri. L.u menciones en la lli&lt;toria dt Mlxico señalan claramente la 11rese11cia de Santa Maria entre. los primeros iruurgentts; pero ninguna es
indic:uiva de que el franciscano 1uvicra decisiva. influencia en los acontecimirn1os.
En esta pracnte ~poca, De la Torre y Lcmoinc consideran que Santa María llK'recc,
tanto por su Rtlar;ión como por inrurgente, un recuerdo má1 pruim y dt!ltacado.

La participación de Sanu Maria tn IOII primeros años de la lucha por la independtncia no se olvid6 del todo en la sei;iunda mitad del siglo XIX. Los dist.ioguidos
eruditos, Juan Eusebio Hemández y D3valos y Geuaro Gnrda, rcrogi&lt;'rOn, en sus
coleccionea de documentos, algun011 de y sobre Santa Maria, ya con fmcs de "utra&lt;'r
del olvido" al "fog0:50 fraile criollo". Nicolh Rangel publicó, en este Mglo, tn el
Bolttlri dtl A.uhirJO Gtntrol dt la Noción, II • 5 (MExico, !1Cpt.-oct. 1931) 707-769.
la '"Relación de la causa criininal de fe y de cst.ado que se sigue tn eite Santo Oficio
contr.1. Vi~nte Santa María, observante de la Provincia de San PNlro y San Pablo,
lector jubilado, ministro de Tercer011 en su convento de Valladolid, natural dt la
mi.mu ciud.1d y de edad de cincut"nta y cinco años"', Liter.uur:a h.i.uórfra qui" para
rus estudios han manejado tanto De la Torre como Lemoine.
Por diversas circunslanci:u, en la rcconstru«ión histórica, ron frccucnria Je, pre•
sen ta el pt'ligro de J.&gt; qut el hutoriador can:idifose J. Monet llama la elaboraci6n
&lt;k "héroe, sintét.icm'' ("Marquette, Jacques", Dictio'lla)' of CanadUm biog,o¡,hy l.
University o[ Toronto Pfffl, 1966, p. 492) . Los escrilM de Santa María se n-duc('n
a la Rtlatión y a unas carta! que Lcmoine ha localiudo en ti ramo de lnfidtncüu
del Archivo Genera.] de la N::ici6n, amEn de l:u not.ici;u: rec;:c,gidas en las colecciooca
doc:umenL1lcs mtncionadas. Pocas y parcas son las referencia, de !lis comcmpodnoo1
al fraile insurgente. ¿ Pueden aer CS!os testimooios y los que d intms y la Jl"'BI'•
\·tnncia de De la Torre y Lemoine han cncon1rado suficientes par,;i sacar a fray Vi.
tente de Santa Maria de la media luz en que AJamtí.n lo dejó?
Empecemos por el insurgente franciscano que Lemoinc ha ~ludiado en 1u articulo
"Fray Vicente Santa María. Boceto de un insurgente olvidado", Estudios dt hiJ10,ia

modmu 'Y ,onkmJlo74rua d, MIJtwo 1, Mbico, UNAM.. Instituto de lrrveatipciooa
Históricas, 1965, 63-124.

En aportaciones anteriores ("Zitk-uaro, Clñlpanringo y ApatringAn. Tres grandes
momentos de la insurgencia meicicana", Bolttín d,t drehi110 Gtn,ral tU 111 NW11,
JV - 3 México, julio-agosto«ptiembn: 1963 385-710 y "Fray Vicenre Sanb. María_
COIIUIOr de la Const.itudón de ApaU:i.ngán, (octubn: 19641", M1moria dtl Sym¡,osi,mt
Nuional dt Hidorilf sobr, la Co,utituúó,a tlt A;otririgán, México, Sociedad Mexicana de- ~ i a y Estadística, 1965, 353-368), Lemoi.nc k'iialaba ya la cootrihución
de Sania Maria a la obra política de los primeros insurgi:ntes. En ru articulo de
1965 va más allá y .uienia que "hay ruones para pensar que Santa Maria foe
dimtor psicológico e inteJ«1uaI de la. co1Upiraci6n de 1809", en Valladolid, hoy
Mordia. Asimismo, que en 1813 redactó un PfO)"Ceto de Co,a1ti11uión uc-io11lfl, qvt"
desgr:iciadamentc hasta ahora se drsconoec, pero que (.emoine supone, por refrrencia.,
que mvi6 de "fuentr dr inspiraci6n para la Con1titución defin.itiv:i [ck ApatzinPl!f'.
Ana Macias, en su arúculo "Los autores de la Constitufi6n de Apattin,.::áll", HisWria m,rieana, XX · 4 (80). (México, abril.junio 1971) 511•521. nos previene para
no dejn.m09. llevar por la simpatla o in1er6: que nos pueda impirar alguno de Jo.
personajes de la Epoca de la iruurgenó:i. Ella asienta que los principios det"larados
en la Comititución de Apatziog.in eran propiedad común de todos los liber:alt'5 de
los siglos XVIII y XIX. Lemoine mismo menciona "la fübre constitucional'" que se
apoderó de 1-0S inrurgentes en los primeros años dr lucha por la emandp..-ición. Dado
d ambiente polltico y de renovnci6n qur rcin::iba en Michoacin a fines del siglo
XVII( y principios del XIX, es fácil convenir en que Vicente Santa ~farí.l estaba
preparado intelcctualmcn1c pMa elaborar una oon1tituci6n; que 1e11ía e~ricncfa en
la pll'SCntaci6n de sus idea., por tsai10 y que le gustaba participar en actos de carácter público.

Agtt51in García Alcaraz, al hacer la historia del Pontificio y Real Colegio ~minario
del Príncipe de los Apóstoles el Señor San Pedro, erigido en Valladolid por d obispo
Anltlmo Sá.nchez de T;1gle, en 1771, en su libro La cuna idtolófico dt fa lndtptneia, Mon:lia, Fímax Publicista,, 1971, dice: "Podemos llegar pues a la conclu~6n de
que el Tridcnt.ino era una institución abicru a la, divenas e$'uela5 y corrientes y qur
C:$0 influyó para fomentar la idea de independencia en los alumnos, en algunos, la
viokncU (p. 77)". En el Seminario Tridentino, " ... la cl1t-dra de filosoHa
se
huo c-co eo muchas oca1iones del movimiento n:novador de la esc:olásrictt. A,í 1e nos
babia en mucba.s ocasioms de 'fiJ050fia peripatético-moderna', como en el arto público
que sobre el ltma replicó Vicente SanL1. María i:n srptiembrc de 1787 (p. 70)".
En Valladolid, en donde oació y vivió por largas tempor.idas Saou Maria, pudo
b.abt'r conocido y llevado buena amistad con muchos de ru• oorrelil!ionarios de despuk, Sin embargo, al estudiar la compiración de Valladolid (pp. 83.92), Garda
Alcaraz menciona a Santa M.uía .sólo como uno de Jo, conspiradores y 110 como el
autor intelectual de elb. Ese mErito $C lo adjudica, como Al:imá.n, a Michelena. Quizá
cnientra.s no apatezc3.n los escri1os de Santa Maria que se neen perdidos, ti juicio
de J~ Maria Moreloa, que Lemoioe cilil, sea el mejor y único tribulo qoe hasta
ahor.1 ac: pueda hacer al padn: Santa Maña como iosurrntc: estuvo dispuesto a
"influir en cuanto estuviese de su parte ro beneficio de la patria".
Para E. de la Torre, Santa Maria es un viejo conocido, algo elusivo hasta que

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�encontró documentos que le pcnnitier.m reconstruir la ,ida del frarn:isl'.llnO con se•
guridad. En d libro l.a Con--&lt;tituci&amp;n de .dpat:ingán )' fos crcaJom del criado mexicano, M6:ico, UNAM, 1964. p 32, ya lo menciona como destacado insuigentc:
"iba a la cabeza" de la conspiraci6n de Valladolid: autor de un proyecto di' constitución (p. 72, nota 55). En gl'neral, su admiración por el frauc.iscano insurgente
corre parrjas a la lle Ll'ntoínc. Pero, adem;u, De la Torre lo ha estudiado comn
autor de la Relación.
En su Introducción a esta tercera edición apunta al adeL,nto y progreso que se
advertía m l'I obispado de Michoacin en el último tercio del siglo ~'VIII y :i 13
actitud renovadora r moderna del alto clero de Valladolid, hoy mejor conocida por
el estudio do Grrmán Cardow G.,luf, Michoacán en el siglo de las luas, México,
El Colegio de México, 1973.
Santa María tuvo vario, c:argos en los convento, dc su Orden en la diócesis.. Era
hombre inquieto, mac,tro de novicios y orador y, por lo que clr.clarn en su Relación,
leyó tanto a los autores permitidos c.01110 a los "ilustrados'' prohibídQS. Lr interesaron
las lt.-nguas indígenas y, como muchos otros rcno..-adores de su tiempo, quiro encontrar en su estudio y comp:irnción alguna luz pa.ra entender a los indios.
Santa María llevó amistad en Qul•rétaro ron la familia Escandón y, ruando las
"particularl'S ha7.añas" del primer condf' de Sierra Gord3 foeron puestas en dud3
por Jo, funcionarios metropolitaJ10s y del ,irrein.:ito, en la segunda mitad del siglo
XVIII, los hijos del conquistador del Nuevo Sintander confiaron a Santa Maria la
defensa de la obra de su padre Este parece ser el origen de la Rclació,1.

E. de l.1 To!TI' analiz.1 el método empleado par S.mta María para escribir su obra,
los libros y documentos que le sirvieron de fucntrs de infonn.Ir;6n }' el e1tilo sencillo,
íluido y gu!lOSO, earatterístico de estr texto. Es objeio tambifo de amplio eomrntario
de De la Torre l.i. ,,s16n de la tierra de b Colonia y del hombre "americano" que
Santa María tenía.
Tanto De la Torre como kmoine han considerado ::t Santa María un patriota
com-eneido, crítico del gobierno csp:iño~ un criollo mexicano "ilustrado", racionalista,
de espíritu modernista, renovador y rcvolu~onario. ¿ Se revelan estas característica.~
del autor en \U obra?
Del plan de la Rtlación que Santa :Maria compuso ~6lo ha llegado hasta nosotros
cl Tomo Primero, en d que el fraile se proponb. tr.ltar "el estado natural y antiguo
de la costa desde el tiempo de -i;u gentilidad, ::t lo que ~e puede conj!'lur:ir, hasta la
primera entrada de los csp.1iioles en ella''. ,\sí que sólo por est.1 parte podemos juzgar
su obra histórica.
Es toda ella beligerante y eclEctica y se ad\·icrte, en su dr.urrollo, el tránsito del
c-rudito, un ¡&gt;OCo pedante, que describe la naturaleza con entusiasmo rowseauniano,
al narrador que ha ,i\'ido cerca de h vida de la frontera. J-:1 tema explícito e implícito en !'$le Tomo Primero son los indios y más t-.spccíficamt•ntc los de las pro,incias
internas, indios de guerra, a los que la Corona española combatió duramente a lo largo
del siglo X\'UJ.
Queriendo razonar la aversión que le causan, menciona su origen -venidos de
Asia, por donde son más vecinos los polos- y quizá dejándose llevar por b huella
que dejaron en su ánimo las lecturas de De Pauw y Buffon, explica y concluye, de
muchas maneras, cómo y por qué degeneraron en el Kucvo Mundo. No acepta ni

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:iprucba la idea dcl "buen sakaji:", "digan lo que quieran los filósofos de nuestro
siglo (p. 120)", " .. es, digo absolutamente neCCS.lrio, que estos hijos de Li natura•
leza, l.111 decantado; y pintados en el capricho d.- algunos con coloridos t.,n quimfricos
St' prcl"ipitcn sin tino, sin luz y sin rienda hast.1 el último abismo de s11 miseria (p.
1:!O)". No admite explicaciones de tipo sodo-cconón1ico para disculpar, por ejemplo,
la desnudcz de los indios: "La !"••ms.11 que 5uele produdrse por algunos encaprichado~
en las espec-ics de América, de que la pohreza swna, b inopia de rt"('Ul"50S y lo linútado de los jornales del bajo pu&lt;'blo americano, los obliga a Clil.l cl;,sc de desdic:ba
cscandalo!&lt;:l; esta c.1u$.1l, digo, es tan vana y ha.~ta frívola, cuando e~ público y cierto
••. (97-98)". Y sin t'lllhargo, cuando él \'Ísitó la Sierra Gorda y trató de cerca a algunos
de esos "miserables" encomró en sus explicaciones ''bastante sentido y no poca ~T.l•
cia (p. 123)''.
Aprcndi6 la historia de 10$ indios de guerra chichimeco.~ y de los soldados frontcriws en loo escritos dc Al(,nso de l..í'Ón r Juan B.1utisl,1 Ch.:1pa, para quiC'llCS las atro•
cidade,, la \ iolenci.i y la muerte r.ran cosa de todos los días. Pero obviamentt: no
)luede aswuir la .1&lt;'titud realista e histórica por ejemplo de Alonso de León, quien
sin m5.s comentario escribe: ",\ Pcrcyra lo comil'fon en k1rbacoa, y quedó deyoblad.1
la labor", Jlis1011a de Nuwo l.(6n co,1 noiicia.r sobre Coahurla, Tamaulipm y Nuevo
León, trcritn en el si,:fo Xí'JJ por el Cap Alonso de Ldm, Juan Baututa Chapa y
el Gral. Fernando Sénchrz de Zamora E~tudio preliminar y now dc Israel C:iva;:0$
Carza, Monterrey, México, 0-ntro dr E~tudios Humanísticos de la l'nhersidad de
Nuevo León, 1961 (Bihlioteca de Nuc,·o León 1), p. 71. Todo lo contrario, escribiendo
liit'ntc la uccesidad de condenar la barbarie de los gentiles y Uc¡;.1 a los mayore., extremos par.i justific.1r su "racionar• actitud, por l'jemplo, cuando describe los mitotes
de comanches y apacl,es, que riuy po,ib)l'mentl' había oído menrion,ir ... n cuentos )'
decírcs. contrarios a de~cripcioucs de individuos que convivit•rm1 con esos indios. Y, par.1
no dejar dud.1 en el l,·c1or, refuer,.1 la descripción con un.-is ilu~tr.tdoncs

El editor había dado )'a notici.i de la Rrlaci6n manuscriu qur guarda l.i Bibliotec.a
Nacional, en su artículo "La 'Relación histórica de fa colonia del Nucvo S.1n1.1.nder'
en un manuscñto original", Estudios de historia nounhispana JI, México, UNA.\f.
Instituto de lnvestig.1duncs Hist6rkas, 1967, 203-'.! 12, al mal acompañan dl('z lánún.15, reproduc.idas d,·1 dicho manuscrito, y sr pn-gunta De 1.i Torre quic'n pudo haber
sido el dibujJ.Dte quc las hizo. Tre~ de e5.iS ilustraciones fueron reproducidas en la
¡1resenw edición. Los indios allí dibujados se parecen más a los que pint6 Jacqucs l.e
Moyne, dado.~ a conoct'r por Johann Theodor de Bry en su obra Ambica, Franclfurt
am Mayn, Durcli Nicoltium lloffman, 1617, o a los de la, ilu;tracionc~ de la 1,!m1
de John Smith, Tht Generall Historu o/ J'irginia, London, Printcd b)' l D . .ind 1, H
Ior Michal'I Sparkcs 16.!·l, que a lm apaches dibujados hacia 1803 en el "Map.i de
B.1ja Cahfomia, Sonor.1 y Nue\·a Vizcaya" de Juan de Pagazaurtundia, qul' se ron•
serva en el British Mus1·um. o a los que t•stán dibujados en el ".Mapa de la Sierra
Gorda y Costa del Seno Mexicano, desde la Ciudad de Querét.-uo, situ.1da serca de
21 grados hasL1 los 28½ en que e.stá la Bahía drl Esp[ritu Santo, sus Ríos, Emenadas
y Provincias que circumbalan la Costa dcl Seno Mexicano, reoonozid;i, pazificada y
Poblada, en la mayor parle. por Don Joseph d1· Escand6n, Conde de la Sierra gorda,
Cavalloro del Orden de Santiago, Coronel del Rerimiento de Querét.,ro, Thenicnte
de Capn. General de la Sierra gorda sus ~foiones, Presidios y Fronteras, y lugar Thenientl! del Excmo. Sr, Virrey de e3ta nueva España, en dha. Co!ta, de cuyo orden

939

�hilo la reft-ricb expedición", que ae ,i:uarda en la Sew York Public Libr:uy. _Una
reproducción, posiblemente de una copia, poco cuida~ de este.~~' acampan~ el
estudio de Ma. Elena Galavíz de Capdeviellc, "Descripción y paahcaaón dr la S1cn:a,
Gorda", Eitudios d~ historia novohis¡,n1t.a IV, Mi!:xico, UNAM. lmtituto de Jnvcsugationcs HUt6ricas, 1971, 113-H9.
" -•-ta te ta inconformidad de Santa Marta con la vida nómada y birbara que
.~o """ n
del~
llevaban Jos indios de bs provincias internas, cuando describe las. congrega.
_uevo
Reino de León critica los CJlCCSOS de los justicias que las penn~tfan Y las con11dera
la raíz del mal que padecía el Reino por "el abuso que te SC!fll13 de cllu contra la

libertad de los indios (p. 159)'",
S:inta Mari.a se lamenta de los vicios y abusos de las autoridades, de su ind~e~ncia
a Jo que él considera la conservación y progTeSO de la n.1ci~n, el poco mérito q~c
hacían de las empresas a.inrrica~, como la de E.sc.mdón. C1crtamcn1c, 5;lllta M3:11a
dio pruebas auficicnt~ de sentir ese "amor que todo hombre debe tener 3 su. nac1~n
......,_
"criollo ilustrado" no quería en na patria ni a los íunc1onanot
1. p. 63)"• .,-v
como
.
.
U
bl&lt;v
- ¡
nin.sufan:s ni a los indios los enemigos dom6iucos, t oJ que 5C su
an
e.spanoe:!I J&gt;C
'
'
•
'ó (
175)
y no quieren docilitane y nosotJos que permanecemos eo la. lIUCCI o P•

s·1 tambi&amp;i se hubiera perdido este Tomo Primero de la Rd1ui6n de Santa Maria,
,__ nono.as
• •
no se pasarían apuros para obtener, de otros auto.res, .....,
que él d a; pi:ro
_ serta
bmentable cancer dr este tenimonio, un de !!poca, pam conocer el pcmam1ento _de
un intelectual provinciano del noresle del viininato, que ~vió alerta a los rambm1
en J.as úhimus dfradu del dominio español en Nueva Espana.
Facilita.ria d manejo de la presente edición el que las ?-;ow a la lntroduoción 5t'
refirieran a las págin:u de la Rtlocidn que la siguen y no a las de la ~ir.ión df' 1929•
1930 deJ Archi,.,o General de la Nación.

SANTIAGO \'lDAURRI Y LA COSFEDERACIO!"-, DEL SUR

RosH11&gt; C. T1"I.U.
Santiago Vidaurri and thc S0111hm1
Conftdcraey, Texas Sta.te lfutorica!
Auociation, 1973

"V1DAt1ur P111tTEstc1ó A trHA generación de jóvenes norteños que amaban el nont,
pero estaba menos dispuesto que los otrot a sacrificar esa dc,,·oción a la causa nacional. Se convirtió con el tiempo, m U110 de los principales defensores de los derechos
d,: to. estados en Mb:ico y su de-seo de autonomía l«al lo hiw alejarse del nacionalimio mexicano. El partido, el estado y la nación estaban tod01 subordinados a SIU
internr.s penonale:s. En eno siempre fue muy contistente, y aunque en ocas;ioncs alguna derrota militar o amenau extrrna lo obligaron a cambiar sus planes, siempre
protegi6 primero su propia J)Q!ición y en aegundo lugar la d1• la ~nte dt Nuev,i
León. Si había que considt"rarlos, la nación o t&gt;I gobierno federal, quedaban cuando
mucho en tercer lugar." Es la opinión que sobre e.str interesante penonaje expresa
Ronnie C. Tyler en su libro S11ntiago Vidaimi )' la Conftdr:,atión dtf St11.

Aunque Tyler hace un ucdente resumen de la vida política de Vidnurri, dedica
la mayor parle de su libro al tema fU11damental enunciado en cl tÍl\1!0 de SUJ rela,
cienes ton 1~, estados surianos durante la Guerra de SettSión en los Estados Unidos.
Los eHados surianos, bloqueados por la marina del none, R" dieron cuenta inmt•
diatamrnte que Méxi...o era 111 fuente mh importante de abastttimiemos y ti camino
p.ua :i.,rar su producci6n de algodón a 101 mcrc.ldos mundiales. Los contact~ de los
confederados con el gobierno de JWru fallaron. Por lo unto, 5e vi~ron prr&lt;:isadO"
a a«:rcal'Je a Vidaurri quien era el hombre íuerte de la frontera nor1e. El princip;•I
agente ('Uviado para establecer relaciones con es1c pcnonajc fue J&lt;»i Agustin QuinlCro, un cubano IIIUY hábil, educado rn la Universidad de H.uvanl, quitn era un
apasionado ,eguidor dr la c.1!Wl nui3na. Las inuruccion,:-s de Quintero eran con,eguir
de Vidaurri, el que se impidif'ra que las tropa., unionistas Cru1..3.f.ln a tra~·ú de 1erri1orio me.icano para 3t:icar 3 los coníederados, Mt'gurar una s.,lida para ~u producción
de algod6n y ver si era J)(nible les proporcionara abaitecímientos, incluyendo armas.
Con rdación a este último punto, las gestiones de Quintero no tuvieron bito, puts
Vidauni le informó que no oontaki. más que con dit2 u once c.aíionrs y menos dr
10,000 rifle.s, material ,¡ue podría vr necesario para la defensa local. Pero la.1 pU.ticaJ
tuvieron un &amp;ito mucho mayor que ('! que Quintero esperaba, pues Vidaurri !e dijo

940

�"que era bien conocído de todos en fa frontera .•. que por vanrn. años había esta.do
ansioso de establecer la República de la Sierra Madre. formada por los estados del
norte de M6rico. Sin embargo, ton el advenimiento de 13 Guerra Civil Americana,
una anexión de esos e5udos por la Confederación -podri.i. ser uro mejor solución.
Vidaurñ mencionó varias razones pam opinar co esta foan.a. liada algunos años que
.idmiraba a los americanos y consideraba que d norte de México tenía más !ieil1ejanza, tanto geográíica como sicológica, con la parte sur de los Estados Unidos, que
con el sur de México con su clima tropical e indios iletrados". Es muy probable
que Vidaurri peusara que, al incorporarse a la Confederación, se oolucionaría su pro•
b!ema fundamental que era el de mantencr.,e en el poder. De hecho, uno de los
principios b.isicos: estabJeddo al organiz.arn: los est.ados surianos fue la garantía de la
soberanía y derechos de los estados. Por Jo tanto, una Confederación fu~rte babrb
protegido a Vidaurri de Juirn y sus aliados cent.ralislas.

mit,nto de Vidaurri con Juárez, su apoyo al imperio de Maximiliano y ~u trlgico fin
en julio de 1867. Pero el comercio del algodón tuvo efectos permanentes en ambo,lado, de la Ú-Ontera, ya que fue el origen de forw= considerables. En Monterrey,
algunos comerciantes acumularon bienei; que se convertirían en el origen de una
prosperidad más permanente.
El libro de Tyler, no sólo es una contribución muy importante para la his101i:,
regional del norte de México, si.no que está hien ~ri10 y su lectura rerulta muy
agradable.

lsmao

V1zc,,.y,1. CANALES

Pero a Oavis, presidente de la Confederación, le pareció que sería un error anexan.e
al norte de México, pues esperaba "que varias potencias europeas intervinieron en
México. Francia probablemente trataría de establecer un gobierno tltere. En este caao
los Estado., Unidos seguramente n:tarían a lo., intervencionistas y posiblemente se llegara a una guerra en que las potencias europeas se vcrian obligadas a recollocer a
fa Confederación suriana. Pero si el sur se anexaba territorio mexicano, tal oonflicto
podría no sargir y cl mismo sur scrb víctima de las potencias imperiali~tas". Además,
la anexión baria que los puertos de México quedamu sujetos al bloqueo de la marina
del norte.
Uno de los aspectos má.ll interesantes del libro de Ty!er es la descripción de la complicada vida de la frontera en e$ln época y las múltiples friccione1 provocadas por
el choque de divcr.,os interese5: los surianos y los norteños de }05 Estados Unidos,
Juárez, Vidaurri, las facciones políticas de. Tamaulip3.s, filibusteros y 5imples bandidO!.
Pero el :ispecto má., novedoso del libro es eJ relativo a la prosperidad extraordinarfo.
que el comercio del algodón trajo, por un breve período, a las poblaciones dd norte
de Mbico. "El algodón es ~y"' se decía entonces. Ciemos de carretones moviéndose
en ambas direcciones enu-e Goliad 'f Brownsville y también de San Amonio a Laredo
y a Eagle Pau, 5etenta barcos esperando ser cargados frente al puerto de fugdad,
varios kilómetros de pacas de algodón tiradas a fo largo de la costa y tres lineas de
diligencia, operando entre Mat..'l.lDOI'OS y Bagdad. A Monterrey; Vidaurri lo había
hecho un depósito libre para el algodón, lo que significaba que sólo se pagaban los
derechos cuando salía para Matamoros o el interior del país. A cambio del algod6n,
México enviaba a los surianos, ademi!i de lo que veiúa de Europa, produc1os alimcn•
ticios como café, azúcar, trigo, mafa y harina y algunas materias primas importantes
en la guerra: azufre, salitre y plomo. Pero lo que es más interesante es que tambifo
se mandaban productos manufacturados: frazadas, zapatos, telas y pólvora. Dos fábricas de pólvora t.rabajaban para surtir a los suria.oos y en Nuevo León y Coahuila
había ocho industria.1: textiles que tenían 14,500 husos y 451 tcfares, procesando
1,500.000 libras de algodón anualmente y surtiendo de manta a los confederados.
Ocasionalmente también se les proporcionaban algunas annas, como en diciembre de
l86J, que Je ofrecieron a Quintero 370 rifles en 2,000 dólares.
Tyler ha llamado muy apmpiadameote a su último capítulo "El Fin de una Era'',
pues, uno tras ouo, se suceden una serie de acontecimientos que determinarán el fin
de esta momentánea prosperidad de la frontera ; el fin de la Guerra Civil, el rompi•

942

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              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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