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                  <text>Ana para escaparse del mundo materialista en un mundo espiritual Como
se ha dicho, esta novela "sin ser anticlerical, nos ofrece el espectáculo de
una Iglesia tan entregada a las actividades mundanas que los principios dogmáticos se degradan y sus representantes se muestran en exceso ambiciosos
de poder, prevaricadores o en el mejor de los casos -el obispo Camoiráninoperantes ... " 11 Lo curioso es que la verdadera buena persona en la novela, Frígiles no recibe más atención ni de Ana ni de otras personas. Cuando
toda la Vetusta abandona a Ana, él es el único que no lo hace. En efecto,
él trata de evitar el duelo entre Víctor y Alvaro mientras Fennín hace todo
lo posible para lograrlo. A pesar de esta crítica mordaz de la institución religiosa
de sus clérigos hay que apuntar que es evidente que Alas no critica a la Iglesia
en general, ni es anticlerical. El obispo está pintado de una manera simpática, y los dos curas parroquiales que se menáonan brevemente no reciben este ataque del autor. Así, hay que recapitular que Alas sólo habla
de cierta Iglesia y de cierto clero -el alto clero- que es una verdadera
deformación de lo que deben ser la Iglesia y la religión. Es decir, es una
obra moral aunque el autor no ofrece ninguna solución. Está satisfecho de
apuntar los malos de esta sociedad pero la preocupación moral de Clarín
se disfunde por toda la obra. Por las actitudes de don Pompeyo y del obispo,
Alas nos dice que pueden existir otras formas de la religión u otras fonnas
del amor; desde el amor de la familia y de la humanidad, pueden surgir
otros atributos positivos como la generosidad, la caridad y el respeto por la
humanidad. Con esta crítica Alas ve un vehículo excelente para la reforma
social y religiosa.

Además, hay que apuntar que este tema de la religión tiene un positivo
valor literario en cuanto al tratamiento que le da el autor. Alas empieza
a criticar un aspecto despreciable de fa sociedad vetustense. Su propósito
es moral. Sin embargo, ha escogido un tema q_ue hasta hoy día se trata
por autores porque la religión o má.5 bien su degeneración es un problema
universal que sigue molestando a la sociedad moderna. F.s un tema vital
porque desde los problemas religiosos han surgido los problemas políticos y
sociológicos que han resultado en el estallido de luchas casi eternas en Irlanda, en Asia y en el Oriente-Medio. Aquí se ve claramente hasta qué
punto puede degenerar la cuestión religiosa. Por tener una atracción universal este tema tiene su valor literario.

11

444

SERRANO

PO N Cl!LA,

p. 231.

Sección Tercera

HISTORIA

�•

APUNTES POLfTICOS Y SOCIO-ECONÓMICOS
DE MONTERREY
JosÉ P. SALDAÑA
Sociedad Nuevoleonesa
de Historia, Geograíía y
Estadística
PRIMERA ETAPA

Trato en principio de presentar una perspectiva de Monterrey. Procuraré, a grandes rasgos, de estructurar la acción de los nuevoleoneses, dentro
del marco de nuestra nación, sobre los más sobresalientes sucesos que le
han configurado su imagen.
Nace Monterrey el 20 de septiembre de 1596, al conjuro de un espíritu
visionario, de clara inteligencia y de pajante carácter, don Diego de Mon.temayor.
Doce hombres, con sus familias lo acompañan. La empresa había ocupado
la mente de aquellos hombres en forma significativa: venían a construir
desde sus ciuúentos una población, con la decisión inquebrantable de realizar la empresa o morir en la jornada.
Seguros del triunfo bautizaron la población por hacer con el título ambicioso a la par que profético de "Ciudad Metropolitana ele Nuestra Señora
de Monterrey".
Aquellos audaces conquistadores lucharon con cuerpo y alma contra los
elementos naturales y los aborígenes, guerreros indómitos. Frío, calor sofocante, epidemias~ inundaciones, guerra constante, y con el arado en una
mano y en la otra el arcabuz se prodigaban para hacer realidad sus sueños.
Pasaba el tiempo en permanente afán creador. Hoy sucumbía uno, otro
mañana; pero los que quedaban, con sin igual coraje seguían la ruta
de los pioneros. Los huecos se iban llenando con los hijos y con los que
]legaban de otras partes.

447

�Lentamente, pero con firmeza, crecía la población. La agricultura y la g.anadeáa formaban los pilares de la subsistencia, después fue integrándose la
artesanía: muebles sencillos, zapatos, monturas, frazadas, telas, alfarería ...
La rueda del tiempo giraba con exactitud inalterable. Monterrey crecía,
con parsimonia, que hacía dudar de su destjno de Metrópoli.
Pasaron dos siglos agotadores. Tiempos breves de paz; las acometidas
de los indios se sucedían con frecuencia. Para otros colonizadores, carentes
dcl carácter férreo de los de aquí, la desbandada hubiera sido el curso natural de aquella situación.
La selección de los pobladores se hacía por sí misma: quienes resistían
los rigores de la temperatura, la mezquindad de la tierra, y los ataques
de los indios salvajes, se quedaban, Jos demás emprendían la marcha hacia
lugares más benignos. ,
En este ambiente de lucha y de angustia Monterrey vio expirar el siglo
dieciocho, recibiendo los albores del siguiente con signos de inquietud.
La Revolución Francesa y la Constitución de los Estados Unidos del Norte,
bajo la égida de los principios liberales, habían llevado a los pueblos sometidos a la Corona de España a una espe.ranza de redención. Para la Nueva
España, amplio camp@ colonial, que se extendía desde Nuevo México hasta
Centro América, la inquietud se filtraba mediante libros y folletos que
sigilosamente se introducían al país.
Durante la primera decena del siglo diecinneve las inquietudes políticas
de emancipación fueron awnentando hasta iniciarse, el 15 de septiembre de
1810, la independencia nacional. Eneabezó el movimiento el Cura de Dolores, Guanajuato, don Miguel Hidalgo y Costilla, secundado por los capitanes don Ignacio Allende y don Ignacio Aldama.
Nuevo León jugó un importante papel durante la Revolución de Independencia, que tuvo su epílogo favorable en septiembre de 1821, confonne
al Plan de Iguala firmado por don Vicrnte Guerrero y don Agustín de
lturbide.
Monterrey recibió con regocijo al Gral. don Mariano Jiménez procedente de Saltillo, en donde babia establecido su Cuartel General. Con instrucciones precisas de Hidalgo se le había encomendado dirigir la insurrección en todas las Provincias de Oriente.
Hombre culto, de principios religiosos arraigados, tolerante, enérgico y
valiente, había logrado la sumisión de los contingentes de la Colonia a base
de una actitud respetuosa, honesta y convincente sobre los ideales que encarnaba la independencia.
De antemano había enviado al Coronel Juan 'Bautista Carrasco quien,
siguiendo los lineamientos de conducta sugeridos por Jiménez, había logrado

4-48

que se incorporaran a la insurrección don Manuel Santa María, gobernador
del Nuevo Reyno de León, y el coronel Juan Ignacio Ramón, jefe de las
fue17,as realistas.
Para cuando Jiménez arribó a Monterrey, a fines de enero de 1811 ya
se había jurado la proclamación de la independencia el día 17 del mismo
mes, con asistencia de los jefes mencionados, tropa y funcionarios públicos.
En esa época Nuevo León tenía algo más de 35,000 habitantes y Monterrey solamente 7:,000. Sus elementos vitales consistían en 51,000 cabezas
de ganado vacuno, 55,000 de caballar, 3,000 de asn,ar, de. pele y lana
1.200,000, y de cerdo 3,500. Estos números tienen de base el padrón levantado en 1803.
El entusiasmo que despertó la insurrección fue como una aurora boreal
obscurecida de pronto por las nubes.
Habiendo concentrado Hidalgo las fuerzas de que disponía en Saltillo,
acordó con Allende, Ji.ménez, Aldama y demás jefes, marchar rumbo a
Chihuahua con el propósito de allegarse elementos de combate procedentes
de los Estados Unidos.
En camino la columna fue sorprendida por el coronel Ignacio Elizondo
en Acatita de Baján. La emboscada se realizó pOJque se le creía fiel a la
insurrección, ya que Jiménez le había reconocido el grado de coronel proporcionándole dinero y armas; pero no quedó conforme. Como fruto de
la sorpresa cayeron prisioneros todos los jefes insurrectos y fusilados más
tarde en la ciudad de Chihuahua.
1

La represión de los militares españoles tuvo l\Spectos crueles, en contradicción a la actitud hwnana de los revolucionarios.
Cuando se abusa de la fuerza la reacción siempre es violenta. El pueblo
estaba en condiciones de comparar entre la opresión que sufría y la libertad
de que disfrutó durante el breve gobierno de la insurrección. En tal situación había tomado partido al lado de los que peleaban por la independencia,
manteniendo viva la llama de la libertad.
Siguieron años difíciles para la causa nacionalista; pero los brotes de rebeldía se sueedían con frecuencia, manteniendo en pie los principios pro•
clamados por Hidalgo.
Una de las contribuciones más fecundas del Nuevo Reyno de León a la
independencia. procede del fabuloso Fray Servando Teresa de Mier y Noriega, originario de Monterrey.
En tanto se combatía a través del extenso territorio de la Nueva España
por la independencia, el ya para entonces famoso fraile, por medio de la
prensa, de folletos y libros, luchaba denodadamente por la sublime causa.
Salia de una prisión de España, por la buena o por la mala, y no tardaba

449
H-29

�mucho en volver a las ma7J11orras; pero su espíritu admirablemente lúcido
no se intimidaba.
En el año de 1813 publicó en Londres su famosa obra en dos tomos:
Historia de la Revolución de la N11eva España. Fue tal el impacto que
causó en las principales naciones ew-opeas, que a partir de entonces se tuvo
como un hecho la independencia.
Incansable en sus correiias se alió con el general español Francisco Javier
Mina, a quien convenció para que annara una expedición que invadiera
el territorio de la Nueva España en apoyo de los insurgentes, que a pesar
de su denuedo y acción constante se veía con frecuencia en condiciones

lamentables.
Mina, de ideas libei:ales, pensando en la posibilidad de combatir a Fernando VII, que encamaba el absolutismo, se dispuso a emprender la empresa embarcándose en mayo de 1816 rumbo a los Estarlos Unidos del
Norte.

Después de la travesía, siempre azarosa en aquellos tiempos se incorporó
al grupo de mexicanos que luchaban en los Esta.dos Unidos por la independencia. En estos menesteres desempeñaba importante papel el Padre Mier.
Cuando había reclutado trescientos hombres fletó tres buques y emprendió
la a~entura con los elementos de combate indispensables. Desembarcó en
Soto la Marina, Tamaulipas, el l 5 de abril de 1817, internándose en el

país.
Su actuación fue ]a de un estratega conocedor de todo cuanto interviene
en la guerra. Una sucesión de triunfos que causaron admiración le dieron
renombre al grado de alarmar al Virreynato.
Pronto se hicieron sentir los efectos de aquella deslWiibrante acción.
Por una parte el fortalecimiento del ánimo insurgente, y por la otra la
represión más aguda de las fueras imperiales.Había que combatir al peligroso nuevo enemigo. Se destinaron los mejores contingentes con tal finalidad. Numerosos regimientos perfectamente
equipados salieron a su encuentro. A pesar ·de tratarse de miles de soldados
y de jefes experimentados no fue tarea fácil acabar con aquella fulgurante

figura.
Varios combates, en desiguales proporciones, minaron los contingentes de
Mina, hasta que, perseguido sin tregua por el coronel Orrantia, fue hecho
prisionero, llevado esposado al fuerte de los Remedios, en donde fue fusilado
por órdenes del general Liñán.
En tanto que Mina, a los 29 años de edad, pasaba a la inmortalidad,
el padre Mier, padecía en las mazmorras de la Inquisición otro infernal

Veamos la forma en que el mismo padre Mier, en sus famosas memorias
refiere este suceso. Para el caso recordemos que al desembarcar en Soto
la Marina con Mina, éste sjguió rumbo al interior quedándose el padre
Mi:r en S?to la Marina con un pelotón de soldados al mando del capitán
J~ Larda. El general Arredondo se preseutó al frente de una brigada
bien. armada, con una sección de artillería, frente al fuerte ocupado por
los msurgentes, y como no consiguiera la rendición incondicional, abrió
fuego con tal aparato como si se tratara de un encuentro entre fuerzas
semejantes en número, cuando en realidad significaban cincuenta por uno.
Después de tres días de combates se rindieron los sitiados mediante convenio de respeto a sus personas e intereses, compromiso no cllll1plido por
Arretlondo. He aquí lo que le sucedió al padre Mier:

"A poco me pusieron un par de grillos y a las once de la noche
me sacaron sobre un macho aparejado con una escolta de veinticinco hombres. Dejo a la consideración de ustedes lo que habré suf,rído con semejante equipo y en una edad auanzada, en la fuerza de
los calores y de las lluvias, en bagajes todavía peores, y pasando largo
rato en la plaza de cada lugar expuesto a la vergüenza pública. La
húmanidad suc1tmbió y estuve muy malo de calentura en Huejutfa".

E~tre los perso~ajes de la Nueva España que contribuyeron a la independencia, tal vez runguno reúne las cualidades del padre Mier: intelectual
profundo, de valor indomable, de increíbles recursos para hacerse escuchar
en todo el mundo, inquebrantable en su fe liberatoria, indomable ante los
tormentos a que era sometido, poseedor del secreto de tas evasiones de cár•
celes infranqueables, resistente física, espiritual y moralmente a las angustias
de los ~utiverios hasta lograr, después de 15 años de ardorosa hrcha, que
se consbtuya el país en nación -independiente.

Con la consumación de la independencia recobró et padre Mier la libertad.
Había logrado E¡ue su anhelo mantenido durante largo lapso enmedio de
P:nalidades indescriptibles, significara eJ final de sus inquietudes y un merecido descanso lo mantuviera alejado de la lucha política. Los hechos hablaban de lo contrario. Continuó su ardorosa actividad en el plano ya de la
configuración constitucional de la Nación, en cuyo empeño, lleno de fulgores
de patriotismo y sapiencia, contribuyó en proporción admirable.
Entre tanto en Nuevo León se había seguido con entusiasmo la ruta de
la Independencia, conservando la memoria del ilustre insurgente don Mariano Jiménez, y de sus seguidores don Manuel de Santa María, gobernador
de la Provincia, y de don Juan Ignacio Ramón, jefe de las armas, fusilados en Chihuahua, después de la emboscada de Baján.

cautiverio.

450

451

�Como ejecutor en el campo de batalla del sentimiento de rebeldía de los
nuevoleoneses, figuraba en primer lugar el .iufatigable guerrillero José Herrera. En varias ocasiones atacó Monterrey, manteniendo en constante alarma
a las tropas realistas.
Como jefe de las operaciones en la región ope~ba el brigadier don Joaquín Arredondo. Se trataba de un individuo tan presuntuoso, venal y atraviliario, como desprovisto de todo signo de valer personal. Convertido en
azote del pueblo, en burlador de la ley y en supremo juez, concitó contra
él mismo el odio de todo mundo, aun de las autoridades eclesiásticas.

Es regla general que los déspotas, en los momentos de prueba, dan
muestras de cobardía y de indignidad. El caso de An-edondo no constituye
la excepción. En el momento mismo en que llegaron a Monterrey noticias,
procedentes de México, de que se había proclamado la independencia del
país, doblegó la cerviz disponiéndose a secundar el movimiento, a cuyo efecto
rodeado de su séquito juró en Monterrey la independencia, entre el júbilo
del pueblo gue la proclamaba ruidosamente el 3 de julio de 1821.
Llegamos a una etapa especial de extraordinaria espectacularidad. Pasaba el país de la subordinación a España a la independencia de toda liga
política. ¿ Seña capaz de asentarse con la firmeza necesaria para mantenerse en esa condición? El tiempo sería el que determinara la situación
definitiva.
En cuanto a Monten:ey, que con entusiasmo había asistido al cambio
¿ cuál era entonces su situación económica-social?
No es difícil valorar sus alcances, bien entendido que cuando hablamos
de Monterrey implícitamente estamos haciendo referencia a Nuevo León.
Seria artificial hacer la desasociación de lo que constituía un todo an110nioso.
Agricultura, ganadería, minería, comercio, artesanía, todo se movía obediciendo a un mismo patrón. Monterrey, con ser la capital del estado no se,
diferenciaba de las demás poblaciones en su forma de vida, si acaso por
un ritmo más acelerado por su mayor población.
Como ha quedado asentado, Monterrey había permanecido durante los
primeros dos siglos de su existencia, en una situación de aguda crisis. Las
continuas guerras con los indios de la región, indómitos por atavismo, y las
dificultades para las c.omunicaciones con el resto del país, no permitían el
aprovechamiento debido de los recursos naturales ni la gran reserva de
energía y de capacidad de trabajo de los regiomontanos, hereder0$ de la
vitalidad creadora de los fundadores de la ciudad.
1-L1.cía falta ambiente propicio para el desarrollo de w1a comunidad que
anhelaba marcar con signos positivos el pensamiento visionario de Jos fun-

452

dadores de la ciudad. Parecía que con la independencia había llegado el
momento esperado.
Era justificado este sentimiento. Los siete mil habitantes de Mrnterre:y,
que saludaban el advenimiento de una nueva vida, sabían que había eJ compromiso de mantener con tesón el preciado don que se había &lt;_:onquistado.
No puede hablarse todavía de condiciones sobresalientes de industria y
comercio de esa época. Sin embargo cabe señalar que Ja artesanía había
progresado en forma notable.
Se tenía por costumbre el intercambio o trueque de productos entre las
diversas regiones del país. Por lo que hace -a Nuevo León er.a autosuficiente
en lo tocante a los artículos de primera necesidad: maíz, frijol, trigo, papa,
frutas y verduras.
En cambio le hacían falta café, tabaco, arroz y ciertos productos de telas,
adornos y útile. caseros. Para obtenerlos y conseguir recursos monetarios
los regiomontanos efectuaban trueques y vendían diversas artesanías de buen
gusto y magnífico acabado.
La materia prima se tenía a la mano en abundancia: lana, algodón, madera, mármol, cueros, ixtle, barro. . . que mediante el ingenio y la tenacidad de los regiomontanos se tra11sformaba en numerosos objetos atractivos
y de gran utilidad, como: mesas, sillas, monturas, jorongos, cazuelas, jarros,
tapetes, mecates, sudaderas, manteles, zapatos, huaraches y una variedad
más de artículos para el trabajo y el hogar.
Con signos futuros se apuntaba la c,:aracterística sobresaliente del regiomontano, que lo llevaría a la industrialización.
Dejamos con estos apuntes, a grandes trazos, la imagen de una época de lucha permanente. Entre el gris de la vida atosigada por la inclemencia de
la naturaleza, y por las adversas condiciones prevalecientes, siempre estuvo
ardiendo la flama del carácter recio de los habitantes de estas ti.erras.

SEGUNDA ETAPA

La evolución socio-ecouómica de Monterrey, como hemos visto, fue lenta,
sumamente lenta durante la Colonia, que comprende más de dos siglos. Se
destaca eso sí, la condición insuperable de la calidad humana de sus habitantes, elemento que jugaría un papel preponderante en el futuro.
Califico de segunda etapa en el desenvolvimiento integral de Monterrey,
a contar de la Independencia al triunfo de la República contra el llamado
Imperio de Maximiliano -1821-1867-.

453

�Las características especiales de esa época integran un tocio en el que
prevalece la inestabilidacl política, y por consiguiente la falta de seguridad
para el desarrollo de los negocios.
Al iniciarse la nueva época vuelve a la lucha activa el padre Mier. De
los sucesos más importantes, después de la proclamación de la Independencia
por don Agustín de Iturbide, ocupa un lugar especial la libertad del padre
Mier, cuya estancia en las mazmorras húmedas del Castillo de San Juan
di:' Ulúa había minado su salud.
A pesar de todo, su espíritu combativo continuó al servicio de la causa
con la misma entereza. Primero oponiéndose a las inclinaciones de Iturbíde
y de sus seguidores encaminadas a preservar incólumes las prebendas y
privilegios de los militares, nobles y clero. Después, en su carácter de diputado al Congreso Constituyente 1824, como representante de Nuevo León,
peleando con denuedo por que se le diera legalmente la categoría de Estado
Libre dentro de la Federación.
Gracias a este dinamismo, energía y capacidad del padre Mier, se logró
que, mecliante las operaciones legislativas del ca.so quedara, a partir de entonces constituido el Estado Libre de Nuevo León.
El distinguido profesor don Pedro R. Nava, de grata memoria, por encargo del gobernador del Estado, Lic. Raúl Rangel Frías, fue comisionado
para recopilar la Legislación Nuevoleonesa desde la fundación del Estado
en 1824.
Como resultado del acucioso trabajo ejecutado por el profesor Nava, se
editó, con fecha de septiembre de 1958, un libro que contiene las Leyes expedidas por el Congreso del Estado hasta el año de 1958.
En mérito a tan importante labor, transcribo a continuación los párrafos
preliminares de la explicación del profesor Nava al particular. Con singular
claridad y exacta verdad histórica queda encuadrado el antecedente preciso
correspondiente a la constitución de Nuevo León, como Estado Libre e
Independiente. Veamos:

"Era el año de 1824. Lo que ahora es el Estado de Nuevo León,
formaba parte de las cuatro Provincias Internas de Oriente: Texas,
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En el Congreso General Constituyente, representaba a la Provincia del Nuevo Reyno de León, el preclaro Fray Servando Teresa de Mier y Noriega y Guerra, quien después de contundentes argumentos en la tribuna cameral triunfó en la
defensa, para que, la Provincia de Nuevo León, fuera un Estado Libre
e Independiente."
"Obtenida la victoria, el Congreso Nacional, dictó el 7 de mayo

de 1824, el Decreto No. 45, que instituye el Estado Libre y Soberano de Nuevo León, formando parte de la Confederación de los Estados
del Tertitorio Nacronal."
"El lo. de junio de 1824, la Diputación Provincial lanzó la Convocatoria para las elecciones de los ciudadanos que integrarían el Primer Congreso Constituyente y Constitucional. Las elecciones se verificaron el día 20 y 27 del mismo mes, y los ciudadanos que resultaron
electos, fueron instalados el día 1o. de agosto del histórico año de
1824."
A partir de en~once.s y gracias a la actividad y méritos del padre Mier,
podemos vanaglonamos de este hecho. Precisamente en este año de 1974,
con ceremonias emotivas, se festeja el 150 arúversario de la creación de nuestro
Estado.
Como justa remembranza de acontecimiento de tan alta c.ategoría, procede
anotar los nombres de los diputados que dieron forma a la primera Constitución del Estado, sancionada el 5 de marzo de 1825. A saber:

Dr. José Francisco Arroyo
Dr. José Ma. Gutiérrez de Lara
Lic. Pedro Agustín Ballesteros
José Andrés Sobrevilla
Lic. Juan Bautista de Arizpe
Juan Jore Garza Treviño
Antonio Crespo
José Manuel Pérez
Pedro José de la Garza Valdés
Lic. Rafael de Llano
José Ma. Parás.
Debe s:r recordado. también el noble pensar y sentir de este primer grupo
de Constituyentes qwenes, entre las obligaciones impuestas a los nuevoleo~eses, se establecfa la de: "Amar a la patria, ser veraz, justo, benéfico
y virtuoso". Toda una cátedra significativa de dignidad y convivencia hu.
marústa.
Habían pasado los añ_os borrascosos que siguieron a la Independencia,
cuando los asuntos políbcos de la Nación por organizarse habían pasado
de la Regencia al Imperio y de éste a la República. En todas estas vici.
situdes desempeñó el padre Mier un papel de trascendencia. Apasionado
en favor de su terruño no admitía alusi6n alguna que en su concepto empañara su limpia estirpe, y .no perdía oportunidad para enaltecerlo.

455
454

�Dejamos a esta altura la mención justificada del padre Mier, porque si
la índole de los apWlteS aquí contenidos lo ameritaban nos saldríamos del
objetivo primordial, de seguir la ruta del inquieto cuanto ilustre y patriota
coter.ráneo.
En tanto en la ciudad de México ardían los hornos de las pasiones po•
líticas en Monterrey, una vez integrado el primer Congreso, se pudo ya
pensar con cierta conciencia, en la necesidad de ordenar la propia vida de
la comunidad, sujeta hasta entonces a los caprichos e' intereses personales
del Virrey en turno.
Pronto los resultados confirmaron la ventaja de una vida más indepen•
diente y más de acuerdo con las aspiraciones de progreso y de bienestar.
Contribuyó en gran parte al desarrollo de Monterrey su situación geográfica,
que le permitía la comunicación con los estados vecinos. Fue elemento atractirn también para la inmigración el ambiente de trabajo que aquí se respi•
raba. En breve p~ríodo Monterrey había duplicado su población.
Para mediados deJ siglo XIX la. artesarúa se había fortalecido., y si se
quiere avanzaba hacia la integración a juzgar por los talleres que deman•
daban obra de mano más allá de la familiar.
Duante la Colonia no existía por esta latitud más me,dio marítimo
de comunicación que el Puerto de Veracruz. Controlado el movimiento de
mercancías por el gobierno, su rigor llegaba a extremos increíbles. Toda
mercadería procedente del extranjero sufría un recargo enorme del Virrey·
nato~ y como si esto fuese poco, en tratándose de provincia,; tan lejanas como
la nuestra, había que contar además con las alcabalas impuestas por los
caciques de cada región.

En suma, que el esfuerzo por adquirir tales productos pasaba más allá
de lo razonable, y la prudencia se desbordaba si~ resultados positivos.
Existe un proverbio que dice: "No hay mal que por bien no venga".
En el caso es aplicable en todo su contenido. Si existían tantas dificultades
para obtener objetos de utilidad hogareña, lo indicado e,ra producirlos aquí.
Con signo tan convincente se emprendió la tarea, y a lo ya existente en
materia artesanal se fueron agregando otros productos que con el tiempo
se perfeccionaron: cerillos, velas, jabón, palas, martillos así como los ins.
trumentos de trabajo más esenciales.
Fijemos un dato esencial. Al fundarse Monterrey se le dotó de un terri•
torio que comprendía 15 legu~s de extensión por cada uno de los rumbos
cardinales. A medida que los ranchos o haciendas adquirían la importancia
debida se les otorgaba el título de villas, y cuando su desarrollo In demandaba
se transformaban en municipios.

456

En esta forma fue perdiendo Monterrey espacio y por otra parte ganando
en número de habitantes en franca contradicción.
Pasa el primer siglo de vida de la ciudad sin ningún signo que la distinga de la existencia rutinaria, salvo el coraje, siempre alerta de los vecinos,
para subsistir a toda costa.
Ganando en población y medíos de vida transcurre el siguiente siglo.
A fines de 1796 contaba Monterrey con 3,669 habitantes, españoles y criollos
en su mayoría. Los bienes consistían en: 5,000 cabezas de ganado mayor,
1,100 yeguas; 400 asnos; 1.000,000 de ganado cabrío; y 65,000 de ganado
lanar.
Las casas construidas en su mayoría con sillares, ocupaban un área que
comprendía: a oriente Diego de Montemayor, a poniente, Guerrero, a norte,
Matamoros, a sur, Río Santa Catarina.
Los caminos carreteras se extendían a: Tampico, Matamoros, Linares,
Saltillo, Zacatecas y poblaciones cercanas. Se disponía de 15 diligencias
y de 218 carretas.
Puede resultar redundante este retroc~so cronológico; pero tal vez sin&lt;a de,
enlace a la época que estamos analizando a partir de la independencia.
Podemos así advertir que el cambio significó -un positivo beneficio, a pes.ar
de las convulsione.s revolucionarias sufridas por el país, de las que nuestro
Estado participó ya con la significación de un conglomerado fuerte.
La afirmación de independencia de Nuevo León, cada vez más acentuada, tal vez pueda explicarse como trasunto de la situación prevaleciente
durante siglos de abandono de estas provincias del noreste.
En menos grado existía la situación política de Coahuila y de Tamaulipas. Aquí en Nuevo León se constituyó en baluarte de los intereses locales
don Santiago Vidaurri, que llegó al extremo de anexarse a Coahuila mediante procedimientos amañados, que en el fondo contenían el propósito
de constituir una fuerza capaz de contener la egemonía del Gobierno del
Centro, que a pesar de su constitución federalista, actuaba en plan cen•
tralista.
Hasta el momento en que las fuerzas republicanas obtuvieron el triurúo
definitivo sobre el llamado Imperio de Maximiliano, puede decirse que en
Nuevo León no hubo un momento de tranquilidad.
Primero, -la guerra a muerte entre liberales y conservadores por establecer
el Gobierno Federal o Central, que, según las veleidades de la fortuna se
constituía en una o eJl otra forma. Ello significaba un batallar sin tregua.
Nuevo León participaba activamente inclinado hacia el federalismo, sin
que fuese obstáculo para colaborar con gobernantes centralistas, cuya capacidad y honradez se imponían sobre el interés de las facciones.

457

�Como si fuesen pocas las calamidades que se abañan sobre el país, es
de mencionar la epiaemia del cólera por los años treintas, y la guerra en
los Estados Unidos durante los años de 1846 y 1847, que significó la pérdida
de más de la mitad del territorio nacional. Después flageló al país la
intervención francesa. En ambos casos Nuevo León estuvo a la altura que
demandaba el patriotismo.
Para entonces, es decir para mediados &lt;lel siglo pasado, la lucha armada
entre los indios bárbaros y los habitantes del Estado había terminado con
su expulsión del territorio nuevoleonés. Algunas partidas se fueron a Tamaulipas, otras a Coahuila y algunas :más a Texas. Por supuesto que de
cuando en cuando daban albazos con C&gt;! fin de robar ganado.
Si nos situamos superando eJ año de 1867 podemos advertir el despertar
de un prolongado letargo, que apenas si pudo mantener en pie la artesanía
que de tiempo atrás había dado prestigio a la región.
Había roto la apatía dominante la inauguraci6n, en enero de 1856, de
la fábrica de hilados y tejidos "La Fama", establecida en Santa Catarina.
Era gobernador del estado don Santiago Vidaurri, quien aprovechó la ocasión para darle el mayor lucimiento a la ceremonia.
Presente en el acto inaugural el obispo Rafael José Verger, que gozaba
de gran prestigio, las autoridades municipales, los socios de la empresa y
numeroso público, Vidaurri dispuso que tres piezas de artillería hicieran
varios disparos y la banda militar tocara algunas pieT.aS. Vítores para Vidaurri, entusiasmo auguro de mejores tiempos, y el nombre del caudillo
volando en alas de la fama.
No podemos dar categoría de cambio substancial al sistema imperante df
la artesanía a la fundación poco después de las fábricas de hilados y tejidos
de "La Leona", y de "El Porvenir", porque su influencia no pasó más
allá de su radio de acción.
Queda pues esta etapa, que podemos fijar hasta la consolidación del
gobierno porfirista, como artesanal, preparatoria de un avance hacia la
industrialización.

TERCERA ETAPA

Establecidos de nueva menta los Poderes Ejecutivos eo el Palacio Nacional, por el presidente de la república don Benito Juárez, en ese año de
1867, Nuevo León entró al orden constitucional nombrando en las elecciones

458

al general Jerónimo Tre";ño, quien tomó posesión del puesto el lo. de
diciembre.
Nada puede dedrse en cuanto se refiere a la situación económica, si
no es que se presentaba con caracteres desastrosos. Nada pudo hacer el
general Treviño por mejorar la situación, la que se agravaba por la inquietud reinante provocada como reacción desesperada de los vencidos.
Asaltos a pequeñas poblaciones, rumores alarmistas difíciles de combatir,
a lo que se agregaba el estado de miseria del pueblo, acosado por tan
largos pe1fodos de guerra.
Reelecto dos veces se separa el gobierno por exigencias militares supliéndolo el licenciado Trinidad de la Garza y Melo, primero, y después el licenciado y general Lázaro Gana Ayala, así como el doctor José Eleuterio
González Gonzalitos.
Como corolario de sítuación tan angustiosa, de nueva cuenta Treviño en

e1 poder, secunda el movimiento revolucionario iniciado en Oaxaca por el
general Porfirio Díaz, en contra de la reelección de don Benito Juárez.
¡ Qué de bueno podía esperarse para Nuevo León ante ta1 situación!
Hambre y desesperación. Y Vencidos los rebeldes se hace cargo del gobierno
del Estado el general Lázaro Gana Ayala.
La contienda annada llega a su fin con motivo del fallecimiento de don
Benito Juárez el 18 de julío de 1872. Pero se trata simplemente de 11n
paréntesis. Viene a continuación la rnntienda armada entre el general Díaz
y el licenciado Sebastián Lerdo de Tejada.
En virtud de que Nuevo León se distinguió en la Guerra de Refo1ma,
y posteriormente en la del llamado Imperio de Ma"Ximiliano, se habían formado generales de personalidad nacional y a ellos acudían quienes necesi•
taban en el terreno de las anoas ayuda. Estaban para el caso: Mariano
Escobedo, Jerónimo Treviño, Francisco Naranjo, Pedro Martínez, Lázaro
Garza Ayala, Ignacio Martínez. . . en fin un grupo selecto de caudillos, que
más cerca estaban de los caballos que de las oficinas o sillones de reposo.
Queda con ello dicho que a un grito estaban con la carabina en mano,
listos para todo servicio. Nada podía esperarse en cuestión de producción
alimenticia~ ni de artículos artesanales. Dl!cadencia en todo y a esperar
tiempos mejores.
Largos años de actividades bélicas habían formado un sistema de vida
social y política basada en el militarismo. Las virtudes ciudadanas se me•
dían a través de las batallas ganadas y de las campañas castrenses. Había
más que suficientes hombres de letras, de clara inteligencia y gran ilustración; pero como todo quedaba subordinado a la actividad militar, las más

469

�destacadas personalidades civiles quedaban subordinadas al poder de los
militares. Lo mismo sucedía en el sector conservador que en el liberal.
En esta forma se explica la decadencia en el mundo de la producción
agrícola, minera y ganadera que en la artesanía. Se llegaba al restablecimiento de la República en l867, con la esperanza de una paz acogedora;
pero las cosas se presentaron 1m distinta forma. Vencido el Partido Conservador, dejaba un sedimento de inconformidad, que no significaba fuerza
coherente capaz de trastornar el orden establecido. Las dificultades eran de
otro orden.
El militarismo, como queda dicho, daba muestras de inquietud. Surgían
los caudillos entre las filas de los liberales vencedores. Unidos en las grandes
conmociones de la Refo1ma y de la Intervención France.sa, soltaban las
amarras de la unidad para saciar apetitos pe~onales de poder.
Dos grandes figuras se perfilaban en el panorama nacional: Los generales
Porfirio Díaz y Mariano Escobedo. El primero, ambicioso de poder, no se
limitó a esperar a que la opinión pública lo lleva.Ia a ocupar el primer
puesto, sino que se lanzó de lleno al campo de las armas. El segundo, consciente de su fuerza popular, consideró que debía esperar a que el voto
ciudadano no lo designara.
La fortuna es de los audaces, die~ un adagio latino, que tuvo cabal aplicación en el caso del general Díaz, a quien vemos Ue.gar a la Presidencia
de la República, dejarla durante un periodo para ocuparla ya en plan
pennanente. Su experiencia en defensa de la patria y en las revoluciones,
le permitió avalorar el significado de la paz y de la guerra.
Dispuesto a conseguir la paz a toda costa dedica su inteligencia y su fuerza
política a tal fin. Suaviza el trato ele los eternos enemigos hasta el grado
de utilizar los servicios de algunos de ellos; dicta leyes en protección de la
.industria, el comercio y la banca; acaba con las gavillas de forajidos; garantfaa la tranquilidad en el campo en provecho de la minería, la agricultura

y la ganadería.
Para hacer posible esta línea de conducta cambia los sistemas democráticos
por un centralismo paternal, más agudo que el preconizado por el padre
Mier, que estando por la Federación, recomendaba en principio otorgar las
facultades necesarias al presidente para que estuviera en condiciones de
actuar en el desempeño de sus funciones con libertad.
En esa proyección el general Dlaz logró la paz, al grado de ganar el
título de Apóstol de la Paz.
A medida que la paz SE' afianzaba resurgía la artesanía y se desarrollaban
las labores del campo. Procede consignar una característica de la gente de

460

Monterrey, que subsiste con igual o mayor ímpetu. Me refiero al espíritu
de acometividad de los regiomontanos.
Apenas abiertas las comunicaciones ten-estres y ferroviarias, la acción de
los hombres de :mpresa se _hacía sentir en doudequiera que surgiera un
centro_ de operaciones, lo nmmo en Tampico, Matamoros qne en Saltillo,
Torreon, Durango y San_ ~uis Potosí. Esta constante comunicación permitió
q~: Monterrey se convrrtrera en centro de distribución de bienes y servicios.
~rnpe~1.dos los .empresarios en dar cumplimiento a esta misión pusieron
su 1~teres y ent_usmsm? en awnentar y mejorar los centros de trabajo, fortaleciendo al m1smo t1empo las relaciones comerciales con el resto del país.
Los gobernadores de esa época -1872 a 1855- general Lázaro Garza
Ayala, doctor José Eleuterio GonzáJe-z, licenciado Ramón Treviño licenciado
Viviano :'~!arrea! y licenciado Genaro Garza García, comprom:tidos en el
reto, exp1d1eron decretos favoreciendo las inversiones, que constituían verda~
cleros alardes de desinterés; pues a pesar de la penuria de los recursos públicos, ofrecían hasta 20 at1os de exens.ión de impuestos según la inversión
de que se tratara.
Floreció 1a artesanía y se inició de manera firme la instalación de fábricas, que si 110 eran de grandes propo.rciones servían de estímulo y de
enseñanza
Los productos llenaban las necesidades locales y se distribuían en el noreste y centro del país. Cargamentos importantes salían de Nuevo León
~ándale _crédito:_ muebles bien acabados, camas, cerillos, velas, za.patos, vehces, articulos diversos de cuero, pastas alimenticias, dulce.s, géneros de algodón, sombreros de fieltro, y ya de más altura, se exportaban carretas
carretones y diligencias.
'
Paralelo a este auge, en sentido inverso, vivían los caudillos nuevoleoneses
~ue tan bril~an,tes acciones guerreras habían ganade y que, durante Jarg~
tiempo constitU1an para el gobierno federal una seria preocupación.
Acabar con ese reducto constituía para el general Díaz una necesidad.
La oportunidad para ello se presentó con motivo de la desaparición de los
poderes en el Estado con motivo de la alteraci6n del orden. Se habían efectuado las elecciones para gobernador contendiendo los licenciados Genaro
Garza Garcíay Lázaro Garza Ayala.
'
La pasión en estos casos se desborda. El triunfo electoral había sido de
Garza García; los contrarios no lo reconocieron, trataron de hacer valer sus
derechos con las armas, el orden q uecló roto y el general Díaz, con el pretexto de restablecer la paz, envió al general Bernardo Reyes con el carácter
de jefe de las armas.
'

461

�La elección había sido acertada. El general Reyes, ele prestigio mi.litar,
inteligente, de prendas personales de altura, principió por restablecer el
orden dando plenas garantías a ambas partes.
No habiendo posibilidades de arreglo entre los grupos contencfümtcs y en
atención a. que el Congreso del Estado no se rewúa fue declarado el estado
de sitio. El siguiente paso lo dio la Cámara de Senadores al designar gobernador provisional al general Reyes.
De un golpe cambiaba el panorama en el Estado. Los antes poderosos
e influrentes caudillos quedaron relegados a segundo término. No los persimió el general Reyes; pero tampoco les dio beligerancia para que siguieran
a~ando en la política en las condiciones en que lo venían haciendo.

'

Pronto el general Reyes dio a conocer sus habilidades administrativas Y su
don de gentes. Con 1a misma rapidez se atrajo la simpatía del pueblo y la
colaboración de los hombres de empresa.
Con el carácter de provisional gobernó el Estado de diciembre de 1885
al 3 de octubre de 1887. Durante este lapso logró pacificar el Estado Y
demostrar un dinamismo) espíritu de servicio y honestidad inusitados.
Para acelerar el programa de obras públicas organizó una Jwlta de Mejoras, a cuyo frente quedó nada menos ~ue , ~nzalitos: A pesar de lo
reducido del presupuesto se llevaron a feliz temuno vanas obras de gran
utilidad· entre otras el puente Juárez, para salvar las volwninosas cor:cient6S
del ojo
agua del centro, entre las calles de Allende y Juan Ignacio_ Ramón.
La construcción quedó a cargo del ingeniero Miguel Mayora, pomendo en

de

juego la técnica más avanzada.
También
fierro, y de
las mejoras
del Colegio

fue arreglada la Plaza Zaragoza dotándola de cien bancas de
ocho farolas, cada una de cinco luces. A esto hay que agre~;ir
al Parián, llamado después Mercado Colón; la reconstruccion
Civil; y la construcción del segúndo piso del lado poniente del

Palacio Municipal.
Sin hablar de diversas obras de poco costo realizadas, procede señalar la
iniciación, a fines de 1887 de la Penitenciaría del Estado, que habría de
titularse de grandiosa.
Para cuando entreg6 el general Reyes, el 4 de octubre de 1887·, el gobierno
al general Lázaro Garza Ayala, contaba Nuevo León con líneas telegráficas
que unían los munícipios con Monterrey.
Deja también
plena actividad fabricas de hielo, de azúcar, de almidón,
trigo, aguardiente y de los primeros ensayos de la pr_oducción de cerveza.
La más conocida fue la de don José Calderón establec1cla por las cal!~ hoy
de Zaragoza y de Juan Ignacio Rarn6n. Vale la mención porque seguramente la experiencia adquirida sirvió para la formación en 1891 de la Ger-

en

462

vecerla Cuauhtémoc en la que jugarfan importante papel don José Calderón,
José Schnaider.

y el químico ceJVecero don

La capacidad, diligencia y deseos de significarse del general Reyes dieron
como fruto la integración de más de trescientos talleres, que podían significarse como el primer paso o jalón para superar la categoría de la producción artesanal. Ya comenzaba a cosquillear la palabra industria.

Y puesto que en los umbrales de este amanecer que -vino a dar el perfil
definitivo a Monterrey, como signo de admiración procede mencionar los
nombres de quienes formaron en las avanzadas de las legiones que habían
de darle renombre mundial a Monterrey, como ciudad industrializada:
Valentín Rivero, Luis G. Coindreau, Pedro P. Quintanilla, Rafael Melo,
Carlos Hesselbart, Emilio Zambrano, Pedro MaizJ Francisco Garza Quintanilla, Manuel Bartolomé, Tomás Ortíz, Andrés Hemández, José Calderón,
H. B. Butcber.
Se complementa el cuadro de 1a ciudad, en ese año de 1867, con el funcionanúento imperfecto de los teléfonos, la instalación de la luz eléctrica
en forma rudimentaria, el empedrado de las calles del centro, los tran~as
de mulitas, y los espectáculos teatrales y de circos.
Situación heredada, como queda dicho, al general Garza Aya1a. Para él,
que ya había ocupado ese puesto, significaba una nueva oportunidad de
servir con lealtad, como correspondía a sus principios, al pueblo que lo había
elegido.
Hay que subrayar el hecho de agobio que sufría el Estado en materia económica. Los campos abandonados, la producción en todos los niveles precaria, y la inseguridad en cuanto a1 presente y el porvenir.
A pesar de todo para el general Garza Ayala significaba un reto a su
voluntad de servir. Hombre culto, abogado por capacidad y vocación, pugnó
por implantar un sistema legal de garantías para todos sin distinción de
ideologías. Puso al día los Códigos civiles y penales, designó funcionarios honestos, y abrió las puertas de su despacho a toda idea de progreso, y a toda
queja.
Procuró encauzar en debida forma la educación, impulsó el Colegio Civil
y alentó la iniciación de estudios normales y profesionales de medicina y
leyes.
El clima de tranquilidad que logró establecer Garza Ayala constituyó el
mejor aliciente para el impulso de la agricultura, la ganadeóa y la producción artesanal. Se realizaron varias obras materiales: extensión del servicio
de tranvías, construcción del puente Lerdo, por el doctor Coss, y sobre todo
ello la exposición que tuvo lugar en 1888, con la exhibición de las arte$3.nías
que estaban reclamando por su perfección el título de industriales.

463

�Terminó su gestión el general Garza Ayala con la simpatía y el cariño del
pueblo por su entrega limpia, dejando la impresión de que hizo lo más
que podfa hacer cualquier funcionario dinámico, honesto y patriota.

El cuatro de octubre de 1889 devolvía el bastón de mando aJ general
Bernardo Reyes, que regresaba en carácter de Gobernador Constitucional
electo popularmente. Permanecería en el puesto hasta 1909, año en que
se iniciaba la inquietud política que desembocaria en la Revolución de 1910:
encabezada por don Francisco I. Madero.

CuAR.TA ETAPA

En realidad esta relación es complementaria de la anterior. Merece destac~ por el contenido de todo orden respecto a Nuevo León y particularmente a Monterrey.
Entraba Nuevo León a una etapa trascendental. Había pasado un pe·
ríodo de pesadala El general Díaz, reelecto y vuelto a recibir el poder,
había logrado conquistar de manera firme la ansiada paz. Pesaba sobre el
país un cansancio indescñptible, la paz constituía la máxima ambición. Quedaban los principios bases de las revoluciones en segundo término. La no
reelección sonaba a cascabel roto. Paz, trabajo, bienestar valían más que
cuanto principio había alimentado el espíritu anhelante de libertad.

Posib~e~ente el mism? ~~neral Re'.es no pensó en la posibilidad de que
su com1S1on llegara a s1gruhcar la vmculación estrecha de su vida con )a
de los nuevoleoneses.
En tal _forma penetró en el alma regíomontana, que para él lo más importante rad1ca_ba en que su entrega al servicio del Estado, desafiando los rigores
de una hacienda pobre, tan pobre así que necesitó gestionar se le siguiera
pasando el sueldo de general para poder subsistir.
Pero no le arredraba ni la escasez de elementos pecuniarios, ni el abrumador trabajo que desarrollaba. Su obsesíón era la de convertir al Estado
en industrial, convencido de que la agricultura- y la ganadería y la minería
no serían capaces de producir lo necesario para una administración decorosa, mucho menos para hacer frente a un incremento de la población de
manera de subsistir en condiciones aceptables.
Contaba, así lo expresaba él, con la materia prima el hombre de la
región, leal, trabajador y audaz.
'
Nadie que significase algo en la acción constructiva le era indiferente.
Proc~raba tratar de cerca a todos., descubrir sus alcances y saber así cómo
Y que ayuda debía proporcionarle. Para todos había estímulos además de
los establecidos legalmente. Ello le daba la oportunidad de conocer a fondo
~a cond~cta de los individuos y, cuando las circunstancias lo reclamaban,
mterv;nu para fomentar las buenas inclínaciones o para corregir las que Jo
merec1an.
Por ~upuesto que en no pocas ocasiones, de mutuo propio o por petición de,
parte, intervenía como amigable mediador en diferencias o distanciamientos
surgidos en cuestión de negocios.

No fue para el general Díaz cosa fácil llegar a esta situaóón. Tuvo como
aliados el hastío del pueblo, su experiencia revolucionaria y el conocimiento
personal de los caudillos, que como él, habían peleado por los mismos

Se tra.taba en fin de un hombre inteligente, capacitado en la universidad
de la ;1da, ~ante ~el es~dio y sobre todo honesto consigo mismo, que
no pod1a enganarse m enganar a los demás.

ideales.
Con tales elementos se dedicó a tratar los problemas de cada entidad de
acuerdo con las circunstancias. En algunos casos acercando a su gobierno
a quienes ansiaban figurar; en otros enviándolos como Embajadores a Europa, a Sur América. Y cuando había mayores complicaciones, como en el
caso de Nuevo León, aprovechando la coyuntura más adecuada.

Se disponía de estos recursos humanos en un ambiente preñado de b
.
.
s
~~
mtenc1ones. e había encendido la luz del entendimiento, estaba todo dis~

No existía un caso semejante contra la paz. Media docena de caudillos
prestigiados, valientes y aguerridos -Escobedo, Treviño, Naranjo, Martínez,
Garza Ayala- podían, en cualquier momento, alterar el orden. Con pleno
conocimiento de causa era necesario principiar porque entre sí hubiese algún

distanciamiento.
Creada esa situación, envió al general Reyes, persona de su confianza y
capacitada para el desempeño de una comisión tan delicada.

puesto _para _av~zar y el director, lleno del entusiasmo y de la fe que da
el_ propio valimiento, emprende la jornada que ha de prolongarse por Jaraos
~~
b
La_s puertas pe~anecen abiertas para recibir sin excepción de nacionalidad,
a qU1cnes deseen mvertir, con tal de que sean personas honestas.
Se establece la corriente fertilizante, como las aguas del río que empapa
las tierras promisoras.
• Llegan
,
. me.-&lt;icanos, españoles, alemanes' norteamericanos, franceses, arabes. chinos. . . que prosperan en su mayoría y andando el .:empo d ·
,
_
,
..
e.Jan
aqu1 su fortuna, su ensenanza, sus cuerpos y sus familias, que a su vez se

465

464

H-30

�multiplican aumentando en progresión geométrica el número de los mexicanos.
De aquellos apellidos que llegaron siendo extranjeros ~ora so~ mexi~nos: Hernández, Prieto, Rivero, Be.rardi, Belden, Armendaiz, Maiz, Mendirichaga, Milmo~ Schnaider, Schmid, Buchard, ~~er~ C~, :-'~troth,
Hass, Robertson, Stro22i, Ferriño, Ferrara, Brand1, Pnce. A pnnctpios_ de es•
te siglo llegaron algunos árabes. Descendientes de ell~ pasan re~ta de
·
d" .:~ ·dos entre 0 • ~ · comerciantes industnales y proíes1onales.
mexicanos IS .... ,gw
u=,
Se entrelazan los apellidos: Marcos, Ganero, Canavati, Nader.
Después se agregan los Saide, Giacoman.
Van surgiendo las industrias a partir de 1880, siento que en forma modesta; pero en señal inequívoca del paso de la artesanía a la maqui~arí~.
Sucesivamente salen al mercado nacional, muebles de buena apanenc1a
y magriífico acabado, salas, recámaras, com~dores. L3:&gt; f á~ricas d: ~17..ado
se multiplican, así como las de talabartena, y curnduna, convuuendose
Monterrey en proveedor de numerosos artículos de cuero, entre los que se
cuentan los velices y las sillas de montar.
.
Se distingue también la. fábrica de ladrillo, que habría de propomonar
su producto para la pavimentación de las principales calles de la ciudad,
con resultados notables.
Buen impacto hicieron las fábricas de aguas gaseosas y las de cigaiTos
de hoja de maíz, además de las de dulces de tipo moderno, a las que
se agregaban las panaderias higiénicas.
.
No menos importancia adquirieron las fábricas de artículos de hojalata
y lámina, que variaban desde tinas hasta petac~ y baúl~. _Y ya, que hablamos de láminas ocurre pensar sobre la instalac;1on, en la ulnma decada del
siglo pasado, de más de cuatro fundiciones de fierro. ¿A que obedecía
este fenómeno?
.
las causas Una de ellas radica en la.s disposiciones dictadas
D 1versas
son
•
.
por el gobierno norteamericano en la materia, que dific~ltaba el co~erc10
de lámina. Sin concederle a este hecho gran categona vale co1~s!derar
como más viable que se debiera a dos causas concomitantes:, las facil1dades
dadas por las autoridades a los inversionistas, y lo para m1 ~damen~al,
la abundancia de agua con que se contaba en Monterrey, pues bien sabido
es que las fundiciones por su propia naturaleza, necesitan de mucha agua.
Antes de finalizar el siglo pasado se inicia la gran industri~- Es en 1891
la Cervecería la que pone la muestra. Principia con un cap1ta_l ~odera~o;
pero muy pronto lo aumenta a dos millones de pesos, que eqwval1a a diez
tantos del capital inicial.
Siguen varias fundiciones que llegan a la cumbre a1 finalizar el siglo

con la constitución de la Fundición de Fierro y Acero de Monterrey, con el
enorme capital para esa época de 10 millones de pesos.
Pilares ambos que constituyeron el sostén principal de la verdadera industrialización de Monterrey. Fueron los imanes que trajeron a Monterrey inversionistas, técnicos y hombres dispuestos a trabajar.
Terminaba el siglo XIX dejando la estampa de un Monterrey, que si
ªP«:nas había rebasado los 70 mil habitantes, mostraba una extaordinaria
pUJaJlZa.
Con la industria había florecido el comercio afianzando su posición en
Ja primera línea del noreste del país. Su situación geográfica le daba
gran ventaja sobre las demás poblaciones importantes de Ja región.
Los ferrocarriles de Laredo a México, a Tampico, a Matamoros y a Torreón eran arterias vitales para el intercambio de mercancías para la introducción de materias primas y para la eKportación de productos elaborados.
La alborada descubría un porvenir promisorio.
Y si comercio e industria se complementan en cierto radio, no sería la
unión completa sin la cooperación de las finanzas. No podemos hablar
todavía del poder de las instituciones financieras, sino más adelante, cuando
la importancia económica de las empresas lo reclamaba. Por ah.ora cabe
anotar la existencia de tres Bancos: Milmo, Nuevo León y Mercantil de
Monterrey, que con excepción del primero, siguen operando con ramificaciones que los coJocan en carácter de nacionales.

Se suceden los primeros añoS del siglo actual. El nombre de Monterrey
va cobrando prestigio como centro industrial. Participa en exposiciones nacionales, en Norteamérica y en Europa. Obtienen .sus productos medallas
de oro, pergaminos honrosos y estímulos preciados. Camina de prisa a la
consagraci6n.
Debe subrayarse en justicia que unido al nombre de Monten-ey iba el del
general Bernardo Reyes. Su vinculación a Nuevo León era en forma total.
No existían reservas, la entrega en las faenas sociales y económicas, era igual
en cuanto se refería a la educación, a las garantías individuales y a la
integridad del Estado.
Puede citarse a este particular su empeño decidido y logrado en fijar de
manera precisa los límites con Tamaulipas y Coahuila, causas de largas y
enojosas controversias. En tratándose de Coahulia logró, mediante determinadas concesiones limítrofes que se le reconociera a Nuevo León el título
de fronterizo merced al agregado de una franja de terreno colindante con
el río Bravo, que se bautizó con el nombre de Congregación de Colombia.
Los documentos que obran en los infom1es del general Reyes de los años
de 1891 a 1895, constituyen w1a clara manifestación de su apego a lo

467
466

�nuestro. Son testimonios de lealtad y de amor aJ terruño por él escogido
como propio.
El licenciado Santiago Roel escribió una magnífica obra titulada: Nuevo
León.-Apuntes históncos. Apegado a la verdad, sin que fuese obstáculo
que hubiese actuado en forma brillante en la política en contra del general
Reyes, al hablar de él, expresó:

"El general Reyes fue durante toda su vida lln hombre activo y progresista. Favoreció a su labor gub.ernativa el largo períndo de paz y
tranqHüidad que se inició al llegar el general Díaz a la Presidencia de
la República. Todos los problemas de importancia fueron resolviéndose
paulatinamente y la Nación entró en senda de progreso que jamás antes
había conocido. El sistema autoritario que, por otra parte, el general
Re,oes impuso en su administración, acostumbrado como estaba al mando militar, le alla11ó también numerosos obstáculos. Así es que pudo
dedicarse de lleno a las labores reconstructivas que el Estado, y principalmente su capital, mcr-ecían por la dedicación de todos sus hijos al
trabajo. Fue secundado con entusiasmo en aquella obra por los elemen.tos del garzayalumo y, en gen.eral, por todas las clases sociales, y
aún por muchos destacados corifeos del genarismo, quienes aceptaron
la situa.Gión ya creada y comenzaron a servir en aquella administración."
Cumplida declaración de una persona que en su juventud y ya como
abogado, en unión de otros compañeros hizo por medio de la prensa abierta
oposición al general Reyes. Se destaca la grandeza del gobernante y la nobleza del adversario.
Los primeros años del siglo pasaban entre animoso ajetreo y vigoroso
progreso. Al trabajo que ennoblece se agregaban las representaciones teatrales
continuas: drama, comedia, opereta, ópera, circo ... Una compañía se iba y
otra llegaba. Los éxitos sucedían en el ambiente artístico y en el económico.
A tiempo que se daba impulso a la educación públic~ mediante disposiciones certeras del general Reyes, que alentaban las inscripciones al Colegio
Civil en las Normales, y en las Escuelas de Leyes y de Medicina, en la
Primaria dedicaba la atención más acuciosa, al grado de establecer sanciones a los padres de familia que no enviaran a los niños en edad escolar a las
escuelas. En esa época nacieron los jardines de niños.
Como complemento de este resurgimiento del arte y de la educación, se
formaron en los barrios de la ciudad estudiantinas, que fueron algo así
como el desbordamiento de las tertulias familiares. Daban serenatas y tocaban en fiestas populares.

4{j8

En cuanto a la industria siguió incrementándose sobre todo en lo tocante
a talleres de herrería y cerrajería al contar con la materia prima abundante
de las fundiciones. Aumentó mucho la producción de muebles. Figuraban
en forma de grandes industrias las fábricas "La Mexicana", "Salinas y Rocha" , "La Malinche" y "El Ancora" que ocupaban varios centenares de
obreros.
Llegó el _ambiente industrial al grado de hacer pensar al general Reyes
~n la neceSidad de djctar disposiciones protectoras de los trabajadores. Su
ldea, aceptada por algunas prominentes _personas, se discutía por otras en
forma negativa, aduciendo como razón fundamental que se podía dar luaar
0
a que algunos inversionistas se desanimaran.
, Venciendo oposiciones se 1·ealizó el proyecto del general Reyes, promulgandose en 1906 la Ley sobre Accidentes del Trabajo, la primera disposición
legal en la materia que se conoció en México. El humanismo del general
Reyes triW1faba.
Con signos satisfactorios pasaban los años menos de los que fueran de
dese~, pu~ en 1909 ~ hizo sentir, con cierta fuerza, el movimiento político.
El ano antenor, el preSidente de la república, general Porfirio Díaz, declarab~- al señor Creelman, periodista norteamericano, entre otros conceptos
pohticos, que el pueblo mexicano está capacitado para el ejercicio de la
democracia.
~~as declaraciones, hicier~n el efec~o de una sonora clarinada que repercut'.o en tocio el pais, surgiendo de mmediato Jas actividades políticas contemdas durante treinta años.
En julio de 19l0 debían efectuarse las elecciones de Presidente de la República, de Senadores y Diputados al Congreso de la Unión.
Las corrientes de opinión iban desde el cambio del Vice-Presidente hasta
el del mismo Presidente. Esas corrientes se personificaron, en el caso de
la Presidencia, en la reelección del general Dfaz, y en la designación del
general Reyes.
Rápidamente la candidatura del general Reyes tomó tales proporciones
que alarmó a los llamados "cientüicos" integrantes del círculo de amigos
del general Díaz. Se trataba de los integrantes del gabinete y de los más
altos funcionarios federales. Como contrarios a la personalidad política del
general Reyes, al ver la entusiasta acogida que había despertado su candidatura maniobraron de inmediato para evitar se consolidara esa situación.
Cuando llegó el momento de las resoluciones, a pesar de la presión de los
líderes reyistas y de gran parte del pueblo, al ofrecerse la candidatura al
general Reyes la rechazó de plano. Pesó más en su c,onciencia la amistad
y la le.altad al general Díaz, que el halago de sus partidarios.

469

�Fue así como decidió abandonar el país. El 5 de noviembre de l 909 se
embarcaba para Francia con la nominación de Embajador. Su obra en
Nuevo León se eleva en tal forma, que no podrá ser olvidada.
Coincidíendo su ausencia con una serie de acontecimientos trascendentales,
se cierra esta etapa en la vida política, económica y social de nuestra entidad.

QUINTA ETAPA

La fuerza de las circunstancias obliga a que el período comprendido de
1910 a 1930, signifique un paréntesis en el desenvolvimiento norma1 de la
región.
Se trata de un cambio radical en las instituciones oficiales y privadas que
transformó desde su base la organización política y social, y como consecuencia, las estructuras económicas sufrieron las consecuencias consiguientes.
Principiaron los acontecimientos con una vigorosa acción política. Como
queda dicho al arranque del movimiento la [igura que con mayor atractivo
se dibujó en el panorama político fue la del general Bernardo Reyes. Eliminado por propia voluntad, quedó el tablado nacional libre. ¿ Quién surgiría capaz de arrastrar al pueblo?
Durante el año de 1909 había circulado profusamente un libro titulado
La sucesión Presidencial escrito por don Francisco l. Madero, residente en
Parras, Coah. La obra contenía consideraciones oportunas que merecían
la atención de todos los mexicanos, cualquiera que fuese su posición política
e ideológica.
Con este motivo Madero se puso en comunicación con los ideólogos
políticos a tiempo que les enviaba el libro. Algo se conocía ya de él; pues
había sido Presidente Municipal de Parras, y escribía artículos en periódicos;
pero su contacto principal con quienes se habían significado lo consiguió
mediante su libro.
Es así como entabló correspondencia con los hennanos Flores Magón,
Juan Sarabia, Antonio l. Villarreal, Camilo Arriaga, los hermanos Vázquez
Gómez, Juan Sáncbez Azcona, Aureliano Rivera, Félix F. Palavicini, Roque
Estrada, y algunos más.
Como el campo había quedado libre con la ausencia del general Reyes,
el problema consistia en encontrar un candidato capaz de enfrentarse al
general Díaz.

470

Se barajaron nombres quedando en primer lugar don Francisco l. Madero. La tara de los más radicales consistía en considerarlo un burgués.
Pero la mayoría se impuso y en una convención del partido Antireeleccionista
se lanzó su candidatura.
La opinión pública en un principio acogió aquello con indiferencia, actitud que fue cambiando de manera favorable ante la actitud valerosa de
Madero hasta llegar a la más genuina popularidad.
En cambio en el sector oficial en un principio se le calificó de loco,
y cuando se dieron cuenta de que arrastraba a las multitudes, de la indiferencia se pasó a la persecución sin disfraces. Fue aprendido en Monterrey y enviado a San Luis Potosí poco antes de las elecciones.
Grande fue la conmoción en el país. Las pasiones habían llegado a extremos alarmantes. L-as elecciones se efectuaron en julio de 1910, siendo
declarado triunfante el general Porfirio D.íaz.
Burlada la voluntad popular el ambiente estaba preparado para la revolución. Madero logró evadirse de la prisión de San Luis Potosí, internarse en los Estados Unidos, y desde San Antonio expidió el Plan de San
Luis Potosí llamando a los mexicanos a levantarse en -armas contra el Gobierno, fijando el día 20 de noviembre de ese mismo año de 1910 para
que estallara.
En esa fecha, en la ciudad de Puebla, se dispararon los primeros proyectiles de la insurrección. Aquiles Serdán, sus hermanos y un puñado de
correligionarios &lt;,ombatieron contra el ejército federal. La casa de Serdán se
convirtió en baluarte ; el combate desigual terminó cuando los revolucionarios _habían c~nsumido el parque, haciendo numerosas bajas al enemigo, y
munendo vanos de ellos, agregándose la vida de Aquiles cuando, cesado el
fuego fue descubierto en un escondite, siendo villanamente asesinado.
Había sonado la hora de la acción. A partir de aquella heroica hazaña,
el incendio se extendió a través de todo el territorio nacional.
Surgieron por todas partes los hombres armados dispuestos a jugarse la
vida frente a las bien organizadas fuerzas militares. Todo parecía indicar
que el poder de las armas del gobierno sería decisivo en la contienda. Sin
embargo el poder de la justicia y de la razón contaban de manera notoria
en favor de la causa revoluciona ria.
Las acciones en los campos de batalla favorables o no en los resultados
inmediatos a la insurrección demostraban cuánto significan los ideales. Día
a día aumentaban los contingentes rebeldes y más y más se afianzaba en
la opinión pública la justificación de su actitud.
Bastaron seis meses del fragor de los combates para que el gobierno se
diera cuenta de la inutilidad de prorrogar la contienda armada.

471

�Para Madero, que había pasado al territorio nacional para ponerse al
frente de la Revolución, la lucha sería ardua y el triunfo seguro. Si en 1a
campaña cívica-electoral había demostrado un valor a toda prueba, de no
menos entereza daba pruebas al mantener la disciplina entre los revolucionarios, y en los momentos de los combates.
Cuan.do los funcionarios que rodeaban al presiden te Díaz se percataron
de que no sería posible detener la avalancha, coincidieron en convencer
al general Díaz de la conveniencia de tranzar con los revolucionarios. Para
ellos un arreglo, por radical que fuese, les pemútiría salvar sus intereses
particulares.
En esta dirección se encaminaron las gestiones. Primero tratando de
arreglar mediante concesiones en el plano Ministerial; después proponiendo
la renuncia del Vice-Presidente, don Ramón Corral; y por último aceptando la renuncia del Presidente y del Vice-Presidente.
Por su parte el general Díaz, que se había entregado con pasión a la
causa de la paz, lográndola después de inauditos esfnenos, no era cosa
fácil atizar la hoguera para volver a los tiempos aquellos, en que siendo
actor prominente, había contribuido a destrozar a la patria.
Con profundo dolor, reconociendo la necesidad de su alejamiento de la
vida política de la Nación, expresa en su renuncia;
"No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; (la revolución) pero adm.itie-ndo sin conceder que puedo
ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mí la persona menos
a propósito para raciocinar y decidir sobre mi propia culpabilidad. En
tal concepto, respetando como si.empre he respetado la voluntad del
pueblo, y de conformidad con el artículo !)2 de la Constitución Federal,
vengo ante la Suprema Representacilm de la Nación a dimitir el cargo
de Presidente Constitucional con que me honró el voto nacional; y lo
hago con tanta más razón, cuanto- qu.e para retenerle- sería necesario
seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de la nación,
derrochando mi riqueza, cegando sus fuentes y exponiendo su política
o conflictos internacionales."

Esto sucedía el 25 de mayo de 1911. El día 21 del mismo mes se firmaba
en C. Juárez, ya en poder de los revolucionarios un convenio que daba fin
a la contienda armada. Los puntos claves son los siguientes:
"Unico.-Desde hoy cesarán en todo el territorio de la República las
hostilidades que han existido entre las fuerzas del Gobierno del Gral.

472

Díaz Y las de la Revolución; debiendo éstas ser licenciadas a medida
que en cada Estado se vayan dando los pasos necesarios para restablecer
y garantizar la paz y el 01'den público."
"Tra.nsitorio.-Se procederá desde luego a la reconstrucción o reparación de las vías telegráficas y ferrocarrileras que hoy se encuentran
interrumpidas. Firman el tratado los señores Lic. Francisco S. Carvajal, en representación de! Gobierno del Gral. Diaz, y en nombre de
la Revolución, Doctor Francisco Vázquez Gómez, don Francisco Madero, padre de don Francisco l. Madero y Lic. José Ma. Pino Suárez."
Ante este hecho, don Venustiano Carranza, secretario de guerra en el
gabinete de Madero, e&gt;..l)resÓ estas visionarias palabras: "Revolución que
tranza, revolución que fracasa."

Por su parte el taJentoso y agudo político, licenciado Luis Cabrera envió
una carta pública a Madero en la que le decía, entre otras expresiones de
penetración realista Jo siguiente:

"Las revoluciones son siempre operaciones dolorosí.simas para el cuerpo social; pero el cirujano tiene ante todo el deber de no cerrar la
herida antes de haber limpiado la gangrena. La operaci6n, necesaria
o no, ha comenzado: usted abrió la herida y usted está obligado a
cerrarla; Pero gttoy de usted, si acobardado ante la vista de !a sangre
o conmovido por los gemidos de dolor de nuestra patria cerrara precipitadamente la herida sin haberla desinfectado y sin haber arrancado
el mal que se propuso usted extirpar; el sacrificio habría sido inútil
y la historia maldecirá el nombre de usted, no tanto por haber abierto
lo. herida, sino porque la patria seguiría sufriendo las mismos males
que ya daba por curados y continuaría además expuesta a recaídas
cada vez más peligrosas, y amenazada de nu.evas operaciones cada 1'ez
más agotar¡tes y cada vez más dolorosas."

El tiempo confirmó plenamente los temores de estos dos personajes, que
el destino uniría dos años después en una lucha reivindicadora, don Venustiano como primer jefe de la Revo1uci6n Constitucionalista, y el licenciado
Cabrera como uno de los más cercanos, leales y eficaces colaboradores.
Razones había de sobra para pensar en forma pesimista. Conforme a los tratados de C. Juárez, serían licenciados los revolucionarios, en cambio los
cuadros políticos, sociales, administrativos y militares del teóricamente vencido régimen porfirista quedaban en pie.
Había cambiado la fisonomía del país. Se abrían las puertas de la Ji-

473

�bertad de prensa, y si en un principio la figura de Madero era enaltecida
no pasó mucho tiempo en que se pasara de la libertad al libertinaje.

El más destacado de los jefes revolucionarios maderistas, el general Pas•

cual Orozco, desconoce al presidente Madero al frente de Ja., fuerzas que

El día 7 de junio de 1911, es decir, 15 días después de Los arreglos de
C. Juárez, entró Madero a la ciudad de México. El recibimiento tuvo
características hmsitadas. Hubo derroche de aJegría, de tal manera, que
la tumultuosa. forma de actuar del pueblo daba la impresión de una locura
colectiva. Don Francisco Bulnes, al comentar el acontecimiento, dijo que
la popularidad de Madero era semejante a la de la Virgen de Guadalupe.
En octubre tuvieron lugar las elecciones. participando tres planillas figurando en ellas como candidato a la Presidencia Madero, y como VicePresidente, respectivamente, el licenciado José Ma. Pino Suárez, doctor Francisco Vázquez Gómez. y licenciado Francisco León de la Barra. El triunfo
correspondió a la primera planilla. Como al iniciarse la campaña palítica
el doctor Vázquez Gómez había integrado la planilla con Madero, y tratándose de una persona de alta calidad intelectual, su exclusión provocó
desajustes profundos entre la plana mayor del maderismo.
Al tomar posesión de la Presidencia don Francisco l. Madero, el 6 de
novie-mbre de ese mismo año de 1911, ya su partido mostraba grietas peligro.~as.
Siguieron días de ajustes administrativos, de tanteos políticos, de críticas
acerbas aun dentro de los mismos revolucionarios, y de rebeldías en el campo
entre las que contaba en primer lugar la. de Emilia.no Zapata~ que al grito
de "Tierra y libertad" dominaba Morelos y parte de Puebla y de Guerrero.
Con ser esto suficiente para mantener la intranquilidad, había que agregar la actitud de la prensa, que a medida que transcurría el tiempo avanzaba su agresividad contra el régimen. Con el fin de contrarrestar en lo
posible la agresiva actitud periodística, un grupo de amigos de Madero fundaron el diario Nueva Era, que poco pudo hacer de provecho.
La opinión pública, antes a favor de Madero ciento por ciento. cambiaba
en su contra especialmente en e) Distrito Federal. En provincia seguía manteniéndose el sentimiento madf'rista; pero la confrnión aumentaba con las
noticias y comentarios de la prensa. de México y con los rumores de los
malquerientes que hacían circular.

Se creó una atmósfera pesada, artificial, pero efectiva, en descrédito de
cuanto hacía o dejaba de hacer Madero. Para él todo caminaba bien, su
optimismo, basado en el ideal de libertad le hacía ver que cuanto estaba
pasando era producto precisamente de esa libertad de que se gozaba y que,
como consecuencia el pueblo seguiría estando con él. Desoyó a sus amigos, fio en
sus enemigos francos y solapados hasta que la catástrofe vioo a probarle el
error en que ~e encontraba.

474

comanda en el estado de Chihuahua. Salen fuel"Uls del gobierno a combatirlo, se efectúan sangrientas bataJlas y es al fin vencido. En esa ocasión
el general Victoriano Huerta, en calidad de general en jefe de la columna
gobiernista se adjudica los laureles de la victoria que poco después ha de
arrast.rar por el lodo de la ignominia.

No se apagaban todavía los ecos de la rebelión orozquista cu.ando estalla
la IJamada "Decena Trágica". Inicia el cuartelazo el general Manuel Mondragón. Al frente de dos mil hombres, entre soldados
línea y alumnos de
la Escuela de Aspirantes, marcha de Tlalpan hacia la ciudad de México
en actitud de rebeldía.

de

•

Son liberados de la prisión los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz.
Aumenta el número de sublevados y fonnándose dos columnas marchan,
una sobre el Palacio Nacional, al mando del general Reyes, quien es muerto
al trabarse el combate. La otra columna logra tomar la fortaleza de la
ciudadela y allí se hacen fuertes. Es el 9 de febrero de 1913.
.Madero pone en manos del general Victoriano Huerta la suerte de su
gobierno. Se combate día y noche hasta el momento en que Huerta se
entiende con el enemigo traicionado a quien había confiado en su honor
de soldado.
Apresados Madero y Pino Suárez son villanamente asesinados el 22 del
mismo mes de febrero. La traición de Huerta le valió llegar a la Presidencia
ele la República.

•
Inmediatamente después de estas tragedias ignominíosas renac10 la revolución, en esta vez con caracteres de total reivindicación en los planos políticos y sociales.
En Coahuila se formalizó el movimiento. El gobernador del estado, don
Venustiano Carranza. y la legislatura local desconocieron al presidente usurpador, general Victoriano Huerta y a todas las autoridades federales y
estatales que lo obedecieran. Quedó consignada esta actitud en el Plan
de Guadalupe finnado en la hacienda de ese nombre el 26 de marzo de
J913, siendo desiguado don Venustiano primer jefe del Ejército constitucionalista, título impuesto a la nueva revolución.
El plan se concretaba a la cuestión política .encaminada. a volver al régimen constitucional, pisote-ado por el más abominable militarismo cuartelario. Había que concentrar la atención revolucionaria en este aspecto, sin

475

�perjuicio de ir estudiando las cuestiones SCX:iales del campo y de la ciudad,
para aprovechar aquello que fuese conveniente.
Con rapidez vertiginosa se extendió 1a revolución en la amp~i~d del__territorio nacional. Puede asegurarse que no se sustrajo a la acc1on pumuva
ningún poblado. En pocos meses sumaban centenares de miles los hombres
annados.
Los combates te-11.ían lugar diariamente, unas veces con resultados favo- ,
rabies, otras adversos; lo que contaba en última instancia es el saldo favorable a la insurrección.
Fueron cayendo en poder de los revolucionarios ranch_os, vill~ ~ ciudades.
Ahora una capital de estado, mañana otra, hasta .reduor al e1erc1to federal

a un territorio sumamente limitado.
Llegó el momento en que el general ~uerta ren_unci~ al poder. huyendo
al extranjero. Designado presidente proVlSlonal al hccnc1ad~ F~anclSCO ?ar•
vajal con él se trató de la rendición incondicional. La expenencta a~nse~aba
un proceder enérgico. Después de algunas vacilaciones aceptó el licenciado
Carvajal la exigencia de don Venustiano.
Con la entrada triunfal de los contingentes constitucionalistas a la ciudad
de México, y ]a disolución del ejército federal, la Revolución había triunfado.

•
\.

Los intereses creados durante el porúrismo no perdían las esperanzas de
conquistar posiciones dentro de la Revolución. Movían los hilos de la intriga, como )o hicieron contra Madero al inflar la_ figu~ de Pascual Orozco,
ahora utilizaban el presúgio guerrilero de Francisco Villa, el Centauro del
~orte, para enfrentarlo al primer jefe don Venustiano Carranza.

Tras una serie de incidentes que principiaron con el ataque y to~a de
Zacatecas por Villa, y después con las convenciones militares de_ la ciudad
de México y de Agu~ientes, más la designación de un presidente pro•
visional, que recay6 en el general Eulalio Guti~rrez. Com_o anteced:nte
existía la e,dgencia de Villa para que don Venust.tano renunciara a la Jefatura. de la Revolución.
Maduró la intriga y los que habían luchado unidos contra _la usurpación
lrnertista, se lanzaron a una contienda todavía más encarruzada que la

anterior.
Las fuerzas que se enfrentaban habían quedado más o menos equilibra&lt;l:15
en potencia bélica; pero de parte de Carranza existía la fuerza de la razon
y de la j~ticia, la fuerza del verdadero ideal revolucionario.

Los ejércitos bien equipados y disciplinados, mandados por jefrs valientes
y foguea&lt;los, se enfrascaron en batallas seguramente en las que, en todos
los tiempos, han sido las más sangrientas y en las que han intervenido
mayor n(1mero de soldados.
Quedan en las páginas de la historia~ en mención de estos hechos de
armas Jos nombres de las ciudades de Celaya, Trinidad, León, Aguascalientes,
EJ Ebano, Chihuahua .•.
La historia, cansada de {:rear se repite. Cierto o no este principio, es el
caso de que de esta implacable contienda surgió un nue,·o caudillo, que
causaría después al país nuevos qucbrantos1 el general Alvaro Obregón, a
quien se le atribuyó el triunfo. Cosa esta que está por dilucidarse puesto que
hubo otros que merecen la primacía, como el general Francisco Murguía;
pero no es esta la ocasión de entrar en pormenores.
Vencida la insurrección \-illista convocó don Venustiano, ya en carácter
de Presidente de la República, a un Congreso Constituyente. Se reunieron
los diputados electos en el Teatro lturbide de Querétaro a fines de 1916,
y después de las labon:s correspondientes se promulgó la nueva Constitución
el 5 de febrero de 1917. En ella se contienen los puntos &lt;le carácter social
que demandaba la época. Cuestiones de los campesinos, de ]os obreros, de
la propiedad del subsuelo ...
Había reservado el destino a México más inquietudes, desasosiego, traiciones y dolor .
Terminaría don Venustiano su período de gobierno constitucional el lo.
de diciembre de 1920, y las elecciones serian el primer domingo de julio.
La campaña elec1oral para fines de 1919 estaba ya en su apogeo. Contendían tres candidatos: !os generales Alvaro Obregón y Pablo González y el
ingeniero Tgnacfo Bonillas.
El obregonismo se manifestaba extraordinariament~ activo y agresh•o; el
om.alismo actuaba con mo&lt;lel'ación y bien organizado. Ambos grupos atacaban a don Venustiano asegurando que trataba de imponer al ingeniero
Bonillas. Esta anna, aun cuando carecía de justificación y de lógica hacía
profunda mella en la opinión pública.
Era notorio que la publiddad de los generales Obregón y González, especialmente la del primero, opacaba la del ingeniero Bonillas PoT rompleto.
Faltaban a éste elementos pecuniarios para competir en ese plano con sus
adversarios. La razón radie-aba en el hecho, comprobado en el momento de
la crisis, que quienes podían ayudar con dinero estaban ron Obregón o con

Gonzá)t'7..
En efe.cto, de los gobernadores solamente estaban con Bonillas d11co. y en
cuanto a los generales el ochenta por ciento respaldaban a Obreg6n o a

477
476

�Gonzále:z. Además, como principio imperativo de imparcialidadJ había dispuesto don Venustíano que de la Tesorería de la Nación no se empleara
un solo centavo. Esta línea de conducta siguieron los gobernadores bonillistas.
No se llegó a las elecciones. El 24 de abril de 1920 se ex-pidió el Plan
de Agua Prieta, a pretexto de una supuesta imposición, declarando desaparecidos los Poderes de la Unión. El movimiento lo encabezaban los obregouistas, general Plutarco Elías Calles y don Adolfo de la Huerta, gobernador
de Sonora.

El ambiente estaba admirablemente preparado. A partir de ese momento,
los generales con mando de fuerI.as, fueron adhiriéndose al Plan sin necesidad de combatir. Y como si esto fuese poco el general Gon7..ález se adhirió
también al movimiento, poniéndose al frente de importantes contingentes
de tropas. La suerte del gobierno estaba condenada a la derrota. Gráficamente el licenciado Luis Cabrera calificó esta revolución de huelga de militares.
Cercado el Presidente de la República con elementos fieles abandonó la
ciudad de Méiáco ocupando varios trenes con destino a Veracruz. Perseguido por los rebeldes se combate diariamente hasta llegar a estación de
Apizaco, en donde la superioridad del enemigo convierte la expedkión en
un desastre.

rrero con cualquier pretexto. El cansancio y e] hambre silencian el campamento. El sueño vence a todos.

Es la madrugada, entre los breñales se arrastran como víboras los soldados
de Herrero,_ y cuando se ~cuentran a corta distancia del jacal que ocupa
don Venust1ano hacen vanas descargas cerradas. Sabían el Jugar preciso en
que estaba y no erraron. Las balas traidoras cumplieron su misión. Nacía
apenas el nuevo día, el 21 de mayo. Cuando se había consumado el crimen
Herrero_ levantand~. el campo: el &lt;!!idáver de don Venustiano y la
detenc1on, en cahdad de pJ1.SJoneros de quienes lo acompañaban.

aparee!?

¡ Digno epilogo del Plan de Agua Prieta!

•
Ha?ían transcmTido tres años después de estos acontecimjentos, y de nuevo
el . pa1s se a~ercaba a nueva tragedia. Como producto del Plan de Agua
Pneta, que dio fin aJ Gobierno Constitucional de don Vcnustiano Carranza
fue ~lecto Presidente de la República el general Alvaro Obregón. Su períod~
tenrunaría el lo. de diciembre de 1924.
Para substituirlo se lanzaron las candidaturas de don Adolfo de )a Huerta
Y d:l general . Plutarco E.üas Calles, unidos en el Plan de Agua Prieta y
desligados radicalmente en esta ocasión.

Con un grupo pequeño de militares y civiles se interna Carranza en la
Sierra de Puebla en donde la traición lo espera. Caminata penosa en lo
flsico y en lo moral. Entereza de Carranza, agobio, desesperación y pesimismo en la comiti\·a. El instinto de conservación obliga a seguir adelante,
desafiando el frio, la lluvia pertinaz, y lo abrupto del terreno, que entre
peñascos y matorrales estrechos las veredas fueron trabajosamente salvadas
por los caballos.

En esta ocasión la imposición la realizó él. Pero antes, conocedor de estas
cuestiones hostigó a los delahuertistas hasta obligarlos a fa rebeldía.

En una apertura de la serranía se presenta un individuo que reconoce el
general Mariel como el general Rodolio Herrero. Lo presenta a don Venustiano en calidad de amigo y conocedor de la región. Se muestra amable
y servicial ofreciendo sus seivicios con lealtad.

El 3 de diciembre de 1923 daba principio la Revolución encabe7ada, contra
su voluntad, por el señor de la Huerta. La lucha fue encarnizada. Murieron
en el campo de batalla fusilados centenares de personajes entre los que contaban en mayor número los generales.

Sigue el grupo sierra arriba guiado por Herrero. Se llega a w1 lugar al
parecer deshabitado en donde se hace alto, diciendo Herrero que allí se per•
nocte, con la seguridad de que no había problemas, pues a corta distancia
tiene sus soldados.

Es _de obse~ar que con algunas excepciones, Ja mayoría de los jefes deJahuertistas hab1an formado parte del Plan de Agua Prieta, es decir, habían
sido convencidos obregonistas.

Es el 19 ele mayo de 1920, va cayendo Ja tarde empapada de la lluvia.
En unos cuantos jacalones se acomodan todos. Queda el señor Presidente
con cuatro acompañantes en el que le señaló el general Herrero, como el
rneJor. Sigue lloviendoJ la noche oculta caras y sentimientos. Se retira He-

478

La opiiúón pública se inclinaba francamente hacia el señor de la Huerta.
pero no así el general Obregón. Obraba contrariando su actitud cuand~
él e~a can~idato. En:onc~, so prete..xto de la in1posición que se decía pretend1a realizar don \ enust1ano lo combatió con las armas en la mano.

Hecha la paz se efectuaron las elecciones saliendo avante fa candidatura
del general Calles. Su administración se distinguió por el ímpetu que dio a
las obras de comunicación y a la cuestión bancaria.

Se proyect6 y se adelantó bastante la carretera de México a Laredo y se
c.onstituyó el Banco de México, único capacitado para emitir bíUetes. Trató
479

�de aquietar antagonismos políticos, principiando por crear el Partido Revolucionario de México con la idea de aglutinar a todos los partidos políticos
integrados por revolucionarios.
El 3 de octubre de 1927 ocurrió un acontecimiento que estremeció de
horror a todo el país. Se aprestaban los poüticos a organizarse para participar en las elecciones que se realizarian en julio del año siguiente.

Un grupo, encabezado por el general Francisco Serrano se reunió en un
hotel de Cuemavaca, con el Yin de cambiar impresiones pues el general
Serrano aspiraba a la candidatura presidencial. Sorpresivamente un destacamento del ejército federal aprehendió a las personas allí reunidas. En
forma que puede calificarse de milagrosa se salvaron el general Antonio I.
Villarreal y el licenciado Francisco J. Santarnaria.
Trasladados en automóviles rumbo a la ciudad de México, todos sujetos
de las manos con alambre, al llegar a un lugar llamado Huitzilac fueron acribillados a balazos, sin fonnación de causa. Llegaron a México los cadáveres
hacinados en automóviles como carneros degollados.
Entre si fue Calles u Obregón quien ordenó la muerte infamante de 13
personas de alta categoría social y política, es cuestión que con detalles ha
recogido la historia. Cabe destacar que el general Serrano había ocupado
la Secretaria de Guerra en la administración de Obregón y desempeñó durante varios años el puesto de Jefe de su Estado Mayor.
La versión del daridoso y cáustico escritor Roberto Blanco Moheno, en su
obra Crónica de la Revolución Mexicana, tomo II es la siguiente:

"Sobre la carretera federal a Cuernavaca, ya: cerca de la tierra caliente, en una de las mil curvas del camino, puede el viajero ver, todavía, catorce cruces de hierro. El sitio se llama Huitzilac, donde Obregón realizó su postrera hecatombe .•. He aquí la lista de las víctimas,
de las nuevas víctimas en le empeño de Obregón de &lt;salvar a México de
sus sa.lvadores': Gral. Francisco R. Serrano, Gral. Carlos A. Vidal,
Cnel. Miguel A. Peralta, Daniel Á. Peralta, Gral. Carlos V. Ariza, Lic.
Rafael .Martínez de Escobar, Alfonso Capetillo Robles, Augusto Peña,
Antonio Jáuregui, Ernesto Noricga Méndez, Gral. Octavio Almada, Lic.
José Villa Arce, Lic. Otilio Go11zález y Enrique Monteuerde fr." . ..

De las órdenes correspondientes dice Blanco Moheno, como si en lugar
de pluma usara una daga florentina:

"Es por la tarde, en el Castillo de Chapultepec, residencia del Presidente de la República, Gral. Plutarco Elías Calles. El Jefe del Eje-

480

ctltivo
, da órdenes a dos generales• • • Usted, Gral• Jos'e Al uarez, en su
c~r~~ter de Jefe de Estado Mayor Presidencial, hará después el escrito
d~rzgzdo al Gral. Clau1io Fo:r. .•• Usted Gral. Fox, me responde con su
vida de esas aprehensiones.. , y de esas vidas. Quiero ver vivos aquí
a todos, sobre todo al 'cabezón'.
"Perdone, señoT Presidente _;nterrumpe
r:
·' es el cabe•
c-ox¿quien
zón?
"Pancho Serrano.
''Fox se cuadra. Va a salir ya. Da media vuelta. Y entonces se topa
de manos a. boca, con la muerte. La muerte viene con un brazo d;
menos, Y chupas en los ojos claros. Es Alvaro Obregón grita:
"Nada de eso. ¡Los quiero muertos, a todos!
"Claudio Fox sabe que el jefe nato del Ejército es el Presidente de
la República. ~oltea a ver a Calles. Está consciente de que hace un
papel
desazrad_o, pero consciente también, de que su obediencia a
Obregon e~ n~cesana, 'Y hasta justa si ha de saluarse la Revolución, conserva la dignidad solamente en la imperturbabilidad de fa cara, dura
"/ angulosa, como labrada a golpes de machete:

7:uy

"Ya oyó usted al señor Gral. Obregón: obedézcalo". •.
·
· Descripción
l ·
• tajante la de Blanco Moheno' de sabor tr'agico.
Menos agrestvo e, mgemer~ Vito Alessio Robles, se ocupa de la misma masacre, en
su art1~ulo ~ublicado en la revista Todo el 5 de no\~embre de 1935. En
lo relaovo dice:

"El general Obregón, desde el Castillo de Chapultepec, dictó todas
las
'
, l ·órdenes, con la anuencia y complicidad de Calles, y Oun
cuando este
u timo tema toda la responsabilidad legal, el moralmente responsable
e.n aquellos
momentos trágicos fu.e el Gral• Obre~o'n
Et
·
•
b
•
s e ord ena ba impenosamente
y el encabezado
del Poder E1·ecutiuo callaba 'Y obedecia
,
.
r
..
sm repicar. En mi infecta prisión supe al día siguiente el asesinato
del general Serrano y de trece acompañantes suyos en la carretera de
Cuernavaca.,. Se mascaba el terror, según gráfica frase de Pérez Moreno" . .•
Sin desmerecer
en cuanto. a fidelidad de los hechos narrad os por Blaneo
.
M h
o eno,. lo .dicho por Aless10
. Robles merece completo ere'd"t
1 o, por tratarse
d
e un historiador de amplia ejecutoria , de seriedad.
Días después, por los mismos motivos se levantaba en armas en Veracruz
el general Amulfo G. Gómez, uno de los militare,s de mayor confianza de

�Obregón. Perseguido sin descanso cayó prisionero encontrándose seriamente
enfermo. Mereció se le formara Consejo de Guerra sumario siendo fusilado.
Estas situaciones se originaron en atención a que el general Obregón pretendía reelegin;e, cosa que indignó a muchos de sus más allegados colaboradores.

•
Abortado lo que pudo ser una revolución quedó libre el camino para
la elección, de nueva cuenta, de Obregón. Previamente se reformó la Constitución de manera de quitar la drástica disposición de la no reelección.

Pero antes es preciso hacer referencia al último levantamiento. El día 3
de octubre de 1929 se rebelaban numerosos militares al frente de las tropas
que mandaban.

En Torreón el general José Gonzalo Escobar. En Chihuahua el general
Marcelo Caraveo. En Veracruz el general Jesús Aguirre. En Sonora el
ge?eral ~opete. En Durango el general Domingo Arrieta, y algunos otros
mas en diver.,os lugares del país .
Una rápida movilización de las fuerzas gobiernistas acabaron en tres meses
con el incendio que amenazaba envolver en llamas todo el territorio nacional.
Co~ esta rebelión abortada te1minó el ciclo, ya muy prolongado, de revofociones, asonadas y cuartelazos.

Realizados los comicios triunfó Obregón. Había sufrido la Revolución
serio descalabro en uno de sus básicos principios. No faltaron los agoreros
que predecían la estancia indefinida de Obregón en el Poder, siguiendo
Wl

los mismos pasos de don Porfirio.
El destino no permitió que se comprobara la predicción. Para celebrar
el triunfo del primer domingo de julio de 1928, los amigos íntimos lo agasajaron con un banquete en el restaurante La Bombilla, el día 17· del mismo

SEXTA ETAPA

En ese lapso tan prolongado, que arranca de 1910 y termina en 1930.
¿qué había sucedido en Monterrey, que es decir en Nuevo León?
·

mes.
Cuando el entusiasmo se desbordaba en alabanzas al ''héroe de Celaya",
un individuo, de aspecto inofensivo, se acercó a Obregón con el propósito
según decía, de hacerle un dibujo. En contacto con él, sin que nadie lo
advirtiese, le disparó un balazo en la cabeza.
Confusión indescriptible; Obregón se doblega pausadamente, estaba muerto.
Varios de los comensales sujetaron al homicida, y una voz fuerte, sonora,
dominó el ambiente, era Aurelio Manrique que gritaba ¡ no lo maten, no lo
maten!
El artero homicida, sin inmutarse, a pesar de los golpes recibidos, dijo
llamarse José de León Toral y obrar por cuenta propia. Sometido al juicio
de rigor se le sentenció a muerte, siendo fusilado.

•
La magnitud del acontecimiento impactó seriamente en la vida del país.
Con el fin de arreglar la situación, el general Calle,, Presidente de la República, convocó a junta a los generales con mando de fuerzas. Después
de varias reuniones acordaron designar al licenciado Emilio Portes Gil, Presidente Interino, quien convocarla a elecciones. Llenados los requisitos del
caso se efectuaron )as elecciones triunf anclo el general Pascual Ortiz Rubio.

482

Como en la revolución maderista, estallada el 20 de noviembre de 1910

no p~ici_pó Nuevo León con las armas, prácticamente la situación soci~
y econom1ca se mantuvo en un ritmo de actividad constructiva.
La industria mueblera había alcanzado un rúvel envidiable. En septiembre
de 1~10, con. ~~tiv~ de las festividades organizadas para celebrar el cent~nano de Ja m1c1acJon de la Independencia, entre los números más atractlvos se cuenta la inauguración del Mercado Juárez con una expo · "ó
· d
ial
,
sic1 n
m ustr
en la que se exhibieron los productos locales, siendo entre los de
~~yor atrac_tivo el calzado y los mue?les. También causaron buena impreS1on los artículos de tocador, como Jabones, talcos, agua florida, lociones,
cremas ...
~n suma, se trataba de un espectáculo alentador, estimulante, que hacía
olvidar, aun cuando fuese por momentos, la agitación política llena de resagios sombríos.
p
~n fastuosidad se efectuó en el remozado Teatro Independencia la fiesta
lummosa de los Juegos Floral~, organizada por la Colonia Española, que
el fondo llevaba una especie melancólica de la despedida, como espanoles, de lo que no era ya sino una reminiscencia de su nacionalismo, envuelto en" el m~to, ya con los colores del verde, blanco y colorado, de la
llamada Colonia Española". A poco andar, con el injerto de las nuevas
generaciones, quedó fundida en la mexicanidad.

:º

483

�El programa abarcaba desfile de carruajes adornados, kermeses, bailes
populares, desfile de tropas, funciones teatrales y de circo, corridas de toros,
y todo cuanto, en estas ocasiones. es motivo de diversión.

El comercio y los Bancos operando con éxito. Había que agregar a los
existentes -Nuevo León, Milmo y Mercantil- las sucursales del Banco Nacional de México y del de Londres y México.
Esta situación se .mantuvo inalterable durante los años de 1910, 1911 y
1912, a pesar de los cambios habidos en el Estado en lo político.

Pero llegó el año de 1913 con un cortejo de acontecimíentos que ensombreció el ambiente. Sí antes Nuevo León había sorteado las dificultades,
las cosas habían sufrido transformaciones de tal importancia que eJ cambio
se imponía.

A la campaña de virulentos ataques emprendida, especialmente en la ciudad de México, siguió ]a llamada decena trágica, que culminó con el asesinato del Presidente y el Vice-Presidente de la República, don Francisco l.
Madero y licenciado José Ma. Pino Suárez, todo provocado por la traición
del general Victoriano Huerta. Crimen realizado el 22 de febrero de 1913.
Había llegado el momento de que Nuevo León hiciera acto de presencia
en los campos de batalla, en los que se reivindicarla el respeto a la Constitución y se aplicarían las sanciones correspondientes a los causantes de
dramas tan repugnantes.
No es este relato el apropiado para hacer una descripción circunstanciada de los hechos relativos. Baste con recordar, exclusivamente, a los
generales de nuestro Estado que participaron en las acciones guerreras, por
ser poco menos que imposible mencionar a los jefes de menor graduación.
He a qui a los que retienen mi memoria: Pablo González, Antonio I. Villarreal, Marciano Gonzá1ez, José E. Santos, Teodoro Elizondo, José Elizondo,
Fortunato Zuazua, Pablo Quiroga, Porfirio G. González, licenciado Pablo A.
de la Garza, Gregario Morales Sánchez, licenciado Aarón Sáenz, Anacleto
Guerrero, Bonifacio Salinas Leal, Federico Amaya, Juan F. Azcárrate, José
López Zuazua, Jesús Santos Mend.iola, José Cavazos, Aristeo Canales, Juan
B. Lara, Francisco G. Peña, ReynaJdo Garza, Jesús M. Garza, Jesús Garza
M., Jesús de la Garza, Heliodoro Pérez, Jesús Morales, Armando Garza Linares, Daniel Gutiérrez Santos, Félix Lozano, Absalón Lozano, Ismael
Hernández, Manuel Flores, Lázaro Alauís.
En la medida en que los hombres del Estado participaban en estas actividades, disminuía la vitalídad económiea. Llegó el caso de no quedar en
algunos Municipios un solo hombre capaz de empuñar un arma que no se
fuera a la revoludán. Como se sucedieron las campañas guerreras por diversas causas, del 13 hasta el 30, no cesó la agitación salvo breves períodos

4.84

en los que no había tiempo suficiente de tranquilidad para regularizar los
negocios.
A pesar de todo: pésimas comunicaciones, cambios bruscos de autoridades,
falta de garantías, carencia. de materias primas, y cuantas trabas se presentan
en estos casos, el ritmo de trabajo siguió aquí aun cuando en fonna irregular.
De las industrias que con más
fábricas de muebles, de zapatos y
lidad de la fabricación de sillas
Por supuesto que para traer la

eficacia trabajaron, es de mendonar a 1as
de ropa. "La Malinche" hizo uoa especiade encino, resistentes y de buen aspecto.
materia prima había que hacer prodigios.

Las incomunicaciones ·e sucedían, primero en la lucha contra el usurpador Huerta -1913-1914-; después en la contienda entre Carranza y
Villa -1915-1917-; más adelante con motivo de] Plan de Agua Prieta
1920; y posteriormente con la revolución encabezada por don Adolfo de la
Huerta -1923-1924-; a la que siguieron los movimientos de los generales
Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez_, para cerrar el ciclo de pronunciamientos -1929- ron Ja revuelta que dirigió el general José Gonzalo
Escobar.
Sin entrar en detalle$ sobre la materia económica-social, cabe decir que
en este lapso se detuvo la expansión ele los negocios. De 1910 a 1920 la
población de Monterrey pennaneció estática, y con pocas alternativas favorables, puede decirse lo mismo sobre producción, comercio y movimiento
financiero.
En lo que respecta a diversiones, rara vez se careció de espectáculos teatrales. Cabe asegurar que hubo un notaple auge, especialmente en la comedia, así como en lo que respecta a la operela y a la zarzuela, que mantenían el interés del público por tiempo indefinido. Las estadías de las
compafüas se contaban por meses.
A fuerza de escuchar día a día, durante años, las peripecias de los combates, y de percibir el estruendo de los fusiles y de los cañones, se llegó a
considerar todo ello como parte de la vi&lt;la mdinaria.
Transcurría el curso de los sucesos marginando la tragedia para dar lugar
a la distracció11, como válvula de escape. De otra manera podía convertirse la ciudad en un manicomio o en un cementerio.

485

�SÉPTIMA ETAPA

Se inicia la corriente finne ea el munclo complicado de los negocios a
partir de 1930. Había pasado la pesadilla de los cuartelazos y todo hacia
suponer que :;e entraba a una nueva perspectiva llena de promisiones.
No era cosa fácil sacudir el marasmo que había causado la suresión de
acontecinúentos bélicos, que dejaba un remanente emocional propicio a la
desconfianza. Algunos hombres de empresa decían que convenía ~perar
a que se aclarara la situación. Si bien el t'strucndo de las anuas había cesa.do.
ocupaba su lugar la demagogia, agraria y religiosa.
Urgía tomar una decisión, se había perdido demasiado tiempo y las vacilaciones a nada conducirían. Se decidió la cuestión por el la.do positivo,
había c¡uc trabajar.
Ante la inercia de la mayor parte de los hombres de empresa del país&gt;
se hizo sentir el impuL'iO que aquí se daba a la producción en todos los
órdenes. Las industrfas ya establecidas robraron su posición correcta: mejorar instalaciones, administración y calidad. El comercio a dar señales de
actividad a través de toda,; las líneas de comunicación. Las instituciones
crediticias a operar en la forma más dinámica posible. En marcha toda
acción.
Nacen nuevas fuentes de trabajo, aumentan los Bancos y se instala el líl
de julio de 1933 la primera financiera, "Sociedad General de Crédito". Con
este alarde de optimismo despiertan quienes no querían creer en las posibilidades de paz.

construcción caminó velozmente a su integraci6n, teniendo como base abundanria de cemento, de fierro estmctural y de piedra arrancada al ceJTO de
las Mil.ras y del Topo Chico.
Grande impul'&gt;O recibió la elaboración &lt;le hilados y tejidos, y con elJo se
multipliraron las fabrkas de camisas, de pantalones y de ropa interior.

Al ser substituidas las cajas de madera por las de cartón surgieron las
industrias de papel y cartón. Como complentarias se instalaron las impresoras.

Jugando carreras competitivas el comercio ocupó la posición que le correspondía, llegando al extremo de colOC.1rse en primer lugar después del Distrito
Federal.
Por cuanto a las finanzas se llegó a alturas insospechadas. Aumentaron
notablemente los Bancos, las Financieras, las Sociedades Hipotecarias y de
Seguros de toda índole. Cabe aquí mencionar, con Jos honores merecidos
que varias de est.as Instituciones han adc1uirido una categoría nacional, pues
operan en todo el país. (En mi libro Grandeza de Monterrey me ocupo con
pormenores de esta cuestión.)
Puede todavía caber una mención más de la potenria productora de
Monterrey al recordar que numerosas industrias, además de contar con unidades en diversos lugares del pais, han instalado otras plantas en el ex-

tranjero.
Uu índice confiable es seguramente el relativo a la estadística del Seguro
Social. En 194-5. la inscripción de trabajadores sumaba 20,000 y 40,000 los
beneficiarios; los patrones inscritos llegaban apenas a 2,100. Al año siguiente la consu]ta cx1:ema fue en número de 489,627, la hospitalización ele
3,710, partos de 1.532, e intervenciones quirúrgicas de 1,464.

En esa tarea de reconstrucción pasan los primeros diez años para llegar
al de 1940. Duras pruebas habían siclo vencidas. Las pérdidas anticlericales
del general Calles, las actuaciones socialistas clel Presidente ele la República,
general Lázaro Cárdenas, los discursos incendiarios del licenciado Vicente
Lombardo Toledano, los desmanes de líderes obreros que intentaron suplantar el Hímuo Nacional y la Bandera Tricolor por el himno bolchevique
y la bandera rojinegra.
El carro del progreso impulsado por la iniciativa particular estaba en
marcha&gt; no babia que detenerlo, y no tan solo no se le detuvo sino que,
todo lo contrario, con un ímpetu digno de la noble causa, a partir de la
iniciación de los añóS cuarenta, se le dio todavía más impulso.

Las consultas médicas en el año de 197'.J se estiman en 3.000,000; ingresos
a hospitales i2,000; intervenciones quirúrgicas 26,000, partos 37,000.

Por todas partes se levantaron edificios fabriles, ya con la maquinaria
más moderna. empleando los procedimientos técnicos adecuados. La gama
de nuevos artículos fue ganado el mercado nacional.
Nació la industria química en grande escala, formándose- varios grupos
de gran capacidad económica y variedad de productos. La industria de la

Todas las atenciones médicas se .realizan en hospitales y clínicas propiedad
del Seguro Social, en lo que se han ínvertido centenares de- millones de pesos.
En el año de 1973, la inversión en un hospital y 6 clínk.as llega a la cantidad ele $311,530,000.00. Y la programación siguiente abarca un hospüal de
psiquiatría, otro especial, edificio para enfermería, ampliaciones de varias

486

Las atenciones se prestaban en edificios rentados y hospitales subrogados.

La población de fa ciudad consistía en 250,000 habitantes.
El panorama actual -principios de 1974- es como sigue:
Habitantes caku1ados 1.200,000, ele los cuales están asegurados: permanentes, 230,000, correspondiendo 850,000 beneficiarios. A esto hay que agregar 30,000 eventuales fabriles y de Ja construcción, estimándose los beneficios

en 100,000.

487

�clínicas, oficinas administrativas, y dh-ersos edificios complementarios. Esta
segunda etapa suma: $ 240,145,000.00.
Por supuesto que la Delegación de Monterrey recauda, por cuotas obreropatronales, alrededor de novecientos millones de pesos anuales.
Al iniciarse en Monterr.ey la seguridad social presidía la República el
general Manuel Avila Camacho; gobernaba el Estado el licenciado Arturo
B. de la Garza, y era Presidente Municipal de Monterrey don Constancia
Villarreal. Fungía como Presidente de la Cámara de Comercio e Industria,
don Miguel Margáin Z.Ozaya; del Cmtro Patronal, don Antonio L. Ro&lt;lriguez.
La administración general del Seguro Social estaba a cargo del licenciado
Ignacio García TéUez y en la administración local se encontraba el licenciado Pablo Quiroga.

•
Pasemos a otros renglones tan interesantes como este. Me refiero a la
Educación Pública. Su importancia requería de menciones específicas en
multitud de situaciones, que la índole de este estudio no nos lo permite.
Trataré de pre.~entar el panorama a grandes rasgos, procurando dar una idea
más o menos cabal del problema.
Del informe rendido por el general Bonifacio Salinas Leal, Gobernador
del Estado, el 16 de septiembre de 1942 presentamos los sigui~ntes datos:

"La tarea educativa está dividida entre la Dirución de Educación
Primario y Superior del Estado, que tiene a su cargo la Enseñanza Primaria y Secundaria, y el Consejo de Cultura Superior que controla
la Enseñanza Profesional en sus diversos aspectos, incluyendo la que
se imparte en la Escuela Normal para Maestros.
E11 el ciclo escolar 1941-1942 funcionaron 397 escuelas primarias oficiales, atendidas por 1,417 maestros. La matríc-ula alcanzó la cifra de
52~07 alumnos, 27,l 11 varones y 2SJ92 mujeres.
La iniciativa privada sostuvo 18 escuelas, atendida.s por 120 maestros,
matriculándose 7,033 alumnos, siendo 3p03 varo11es y 3,430 mujeres.
Lo que da un total de 86,895 alumnos, frente a la estimación de
105;)40 niños de ambos sexos.
Las cantidades invertidas en la Educación en el año fueron las siguientes: Gobierno del Estado $ 2.831,483.23; Gobierno Federal .••
$ 834,114.80, y particulares $ 439,799.40. En obras materiales, nuevas
aulas y reparaciones, el Estado gastó $ 375,907.13.

Los ingresos ~el_ Estado durante el ejercicio del lo. de agosto de
1941 al 31 de ¡ulto de 1942 sumaron la cantidad de $ 8.079,871.00.
En el lapso de 31 años que dista de esta época -1941-1942- a la de
1973, la distancia. en tiempo no es tanta en relación a la transformación sufrida.
Afg~nos datos sobre los mismos renglones glosados nos darán la
noram,ca de esta gran transformaci6n.

pa-

El día primero de marzo de 1974, el Gobernador del Estado, Dr.
Pedro. Zorrilla Martínez, rindió a11te el Congreso del Estado y representaciones de todos los sectores sociales, locales y nacionales, su Informe
comp~endiendo el año de 1973. El acto tuvo lugar en el amplio salón
del Cinema Río 70.
Se imp~~tió por e_l Gobierno la educación primaria y preescolar a
310,735 mnos, atendidos por 7,022 Profesores, en 722 instituciones. En
~l añ~ ,se construyeron 546 aulas, 29 laboratorios y 3 talleres con una
mversion de $ 76.343,000.00 de lo que aportó la Federación 62 millones
843 mil p~sos; el Gobierno del Estado 7 millones quinientos mil pesos,
y los particulares 6 millones de pesos.
El gasto total en ~a educación pública pasó de 650 millones de pesos,
de los cuales se aplicaron a la Universidad 98 millones. La diferencia
con lo gastado en 1942 es estratosférica.
Debemos agregar e11 materia educativa la existencia de m&lt;ÍS de cincuenta. cole~ios particulares, el Instituto Tecnológico de Monterrey y
las Universidades de Monterrey 'V Regiomontana. Entre todas estas escuelas puede estimarse un alum~ado de 20 mil jóvenes y niños.
La capacidad económica de la región impone sus reglas. Si en 1942 los
ingresos directos del Estado sumaron 8 millones de pesos, en 1973 alc~nzaron la cifra de. 822 millones. A esto hay que agregar las aportaciones de la Federación para educación y obras públicas que pasaron de

1,20() millones de pesos".

•
Muestra política del grado de avance económico conglomerado social
se refleja en el panorama recreativo, que abarca lo familiar, lo social y
lo colectivo.
En todos los órdenes ha podido apreciarse una amplia gama de actos
recreativos, que van desde la famiHa, a los clubes y se manifiestan con
esplendor en las plazas y parquei¡ públicos.

489
488

�Aparte de significar esta actitud ciudadana UO&lt;c"\ magnífica demostración
del poder adquisitivo de la mayoría de la población, es un escape merecido
al espíritu sometido al trabajo creador, que necesita del ambiente reparador.
Las funciones teatrales se suceden ininterrumpidamente, con la presentación de los más destacados artistas y las obras de mayor categoría en la
comedia, la opereta y la revista.
Es de anotar el vigor adquirido por los grupos locales aficionados al
teatro, cuya calidad artística viene afinándose en forma notable. Mantienen
en actividad, con notorio éxito, diversos teatros, corno el del Maestro, d
Grillo, de la República, etc.
De esta.&lt;; meritorias actividades han surgido actrices y actores que forman
parte destacada de Compañías Metropolitanas.
Los circos nos visitan con frecuencia divirtiendo y llenando con público
juvenil sus carpas. En forma permanente actúan los espectáculos de aparatos,
que tienen como eje los caballitos, antiguos y siempre nuevos.
El carnaval popular aparece desterrado definitivamente de nuestra ciudad.
Ha quedado reducido al Casino Monterrey y a algunos otros centros sociales. Tal vez sea lo más apropiado pues la última vez que se llevó a
cabo popularmente, hará de ello unos diez años, resultó desastroso, por las
incalificables tl'Opeñas cometidas por individuos incontrolables.
Por supuesto que estas fiestas rwnbosas en otras partes tienen gran acep-tación, aun cuando, si deja utilidades el turismo se pagan muy caro. Se
estima que en Río de Janeiro, Brasil, hnbo más de trescientas muertes en
este último carnaval. ¿ Cuánto vale una vida humana?
Por fortuna en nuestro medio no hacen falta esas fiestas populares, pro-

picias al desenfreno de las pasiones bajas.
Agregamos a los espectáculos ya mencio1;1ados, las corridas de toros, el
futbol, el beisbol, el basketbol, la natación, el ciclismo, etc, Bien podemos
decir que está saturado el ambiente de diversiones.
Buena llave para cerrar la puerta que nos ha permitido asomamos a la
evolución política, social y económica de Monterrey.

TRES BEN1TEZ GOBERNADORES DE NUEVO LEÓN
GEJtARDO DE LEÓN TORRES

Soc. N uevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística

LAs

que existen actualmente en el Estado de Nuevo León
son, ~asi segurament~, descedientes de las primeras del mismo apellido establecidas, desde el siglo XVIII, en la ciudad de Linares, del mismo estado.
FAMILIAS BENÍTEz

, ~parecen, en documentos antiguos del Archivo Municipal de Monterrey,
umc:_amente _dos personas de apellido Benítez en el siglo XVII: Diego de
Bemtez, ~estigo en un poder fechado en 1642, quien, al parecer era vecino
de esta cmdad, 1 y Juan Benítez, quien solicita una merced el año de 1698
1
vecino del Real ~e San Pedro de Boca de Leones (hoy Villaldama, N. L. )
y uno de sus pnmeros pobladores. 2
El prim:er asiento e~- el archivo parroquial de Linares, con este apellido,
es el bautlSlllo de la nma Juana Antonia Rita Benítez nacida ah' el 11 d
· · d
,
1
e
Jumo e 1773, y lo siguen las partidas de dos hermanos de ella. Sus padres
se_ habían avecindado en el lugar procedentes de la Villa de Revilla (hoy
Cm~ad Guerrero, !amps. ~, de tal manera que podemos considerar al progem_t?r, don Antom~, Dommgo Ilenítez y Palacios, como el genearca de estas
f~lias en esa_ ':gt~n. Algunos. de los hijos mayores declaran en algunas
ocasiones ser ongmanos de la misma Revilla. Como esta población fue fundada el 10 de octubre de 1750, 9 es probable que este don Antonio Domin
·
go
haya s1'do de sus pruneros
pobladores.
T~e.s de sus nietos, don Francisco Benítez Herrera, doña Isabel Benítez
Dávila y don Francisco Benítez Muñoz, vienen a constituir los troncos de
• CAVAZOS G., Israel, Protocolos del archivo municipal de Monterrey 1599-1700
Ramo Civil. Vol. V /626. Monterrey, ITESM, 1966.
·
i CAvAzos G., Israel, Cedulario autobiográfico de P!'bladt&gt;Tts y conquistadores de
Nuevo León. Céd. No. 38. Monterrey, U.N.L., 1964.
1 GARZA, Ciro R. de la, Historio. de Tamaulipas, Anales y efemérides, 1956.

490

491

�otras tantas ramas: los Benítez y Pulillos, los Garza Benitez y los Benítez
Gutiérrez, algunos de cuyos descendientes llegaron a destacar brillantemente
en diversas actividades cívicas de la población y del estado.

Santa Ana de Tampico fuf fundada el 12 de abril de 1823, con 60 familias que llegaron de Alta.mira (Tamps.) y Pueblo Viejo (Veracruz) ,i
y entre ellas fueron ]as de apellidos Segovia y Benítez, de las que sabemos
qut", recién emigradas de la Península, residieron en el Puerto de Veracroz.
Un hijo de don Romualdo Antonio Segovia (quien figura :ntre aquell~s
fundadores), don Wenceslao Segovia Benítez, Hegó a avecmdarse a
nares procedente de Tampico, a mediados del siglo. XIX, y ahí :~tron~o,
por matrimonio, con la familia Garza Benitez, aparec1.endo en sus d1ligenc1as
matrimoniales una dispensa del Gobernador de la Mitra en Monterrey, por
consanguinidad en tercer grado, con lo que nos queda. deníostrado que
éstas eran las mismas familias desparramadas por el antiguo Nuevo San-

L!-

tander, hoy Estq.do de Tamaulipas.
Tomaron parte activa eo la administración pública dt Linares o como
representantes al Congreso Local del Estado, dur_a~te el siglo pasado, don
Francisco Benítez Herrera, &lt;lon Jesús Benítez y Pm11los, don Wenceslao Seg_ovia Benítez, los hermanos Vicente, Manuel, A~toni~ y Juan de D~os Gana
Ben'itez, el doctor Joaquín Benítez Gutiérrez y el hcenciado Pedro ~emtez Leal.
Todos como vimos, emparentados entre sí, y todos grandes entusiastas de las
causa: republicana y nacional, cuando las vicisitudes en que se vio involucrada la patria, así lo hubieron exigido.
Posteriormente, a principios de este siglo, cuando el largo periodo gubernamental &lt;le don Bernardo Reyes había colmado la medida de condescendencia de los nuevoleoneses, como clamor fue levantándose en todo el
Estado un movimiento de inconformidad. En Linares, organizaron don Juan
de Dios Garza Benítez y don Wenceslao Segovia Benítez con otras personas,
el Club Gerónimo Treviño de filiación política antirreyista.

DoN J:t:sús MARÍA B:t:NÍTEz Y PINILLOS

De entre todos los miembros de las familias Benítez que mencionamos,
quien se destacó más notablemente por su entreg~ a las ca~sas civ'.e~s Y
libertarias de México, fue sin duda alguna don Jesus Ma. Berutez y P1mllos.
Originario de la propia ciudad de Linares, donde nació el día_ 23 de feb~ro
de 1828. y creemos que su estirpe, al meno,s por tres generaciones, sea lma-

reuse, pues aunque las partidas de bautismo y la de matrimonio de sus
progenitores, don Francisco Benítez Herrera y doña Tómalos Martínez ele
Pinillos, no se .han encontrado, parece que al menos el padre fue originario
de ahí, pues ahí celebraron su matrimonio, en 1793, los abuelos paternos,
y en esa también falleció su abuelo nueve años después. Ya para 1822 aparece don Francisco como Regidor del Ayuntamiento de Linares, e ininterrumpidamente forma parte del mismo durante muchos años llegando a ocupar
la alcaldía primera el día 6 de enero de 1834.

Al contraer don Jesús María matrimonio coa las hermanas Felipa y Juana
Leal y Tor.rea sucesivamente, estrecha sus vínculos con algunas otras personas que colaboraron también en la forja de los destinos de la patria en
aquellos angustiosos años, como su hermano político, don Andrés Leal y Torrea, Alcalde de Linares,_ y Diputado a la XI Legislatw-a del Estado por
1857-1860. Sus concuños, don Pedro José García, también Alcalde de Linares, Diputado local, Vice-Gobernador electo y Encargado Constitucionalmente del Poder Ejecutivo desde el 18 de febrero de 1850, por muerte
del gobernador don José Ma. Parás; y el doctor José Sotero Noriega, genearca de su apellido en las regiones de Linares y Ciudad Victoria, que aunque originario de Zacatecas, arraigó desde muy joven fuertem[!nte en el
Estado, habiendo llegado a ser diputado local y representante de Nuevo
León al Congreso Constituyente de 1857. Es además autor de la primera
Geografía del Estado de Nuevo León, publicada, en forma de artículo, por
don Manuel Orozco y Berra en su Diccionario Universal de Historia 'V Geografía~ editado en la ciudad de México entre 1853 y 1856. Don Jo,'&gt;é ·sotero
fue padre de otro ilustre nuevoleonés, el doctor Pedro Noriega, legislador,
médico eminente, director del Colegio Civil y maestro de grata memoria
para varias generaciones de preparatorianos y estudiantes de medicina. A él
se refiere el doctor E. "Brondo Whitt en sus memorias, diciendo: "Traduce
a los autores alemane.s, y puede dar clase de mate.mS.ticas a los ingenieros."~
Por la familia Leal y Torrea también emparenta cJn la estirpe, auténticamente nuevoleonesa, del cronista y capitán Alonso de León, en virtud
de que una hija del general Alonso de León, el gobernador, casó con el
capitán Antonio Leal, descendiente de fundadores, quien fue subjefe de la
expedición a Texas contra los franceses el año de 1686; y éste a su vez,
abuelo cfel capitán Anto.nio Leal de León que acompañó a don José Escandón
a la conquista pacifica de la Nueva Santander, y fundador, con 46 familias,
de la Villa de Burgos el 20 de febrero de 1749. 6

'

• BRONDO

• lb.

492

• GARZA,

Wmrr, E., Nuevo León (novela de costumbres), México, 193§.
Ciro R. de la, op. cit,
,, .

493

�.,

Este capitán Leal de León fue abuelo de don José Antonio Leal de León
y Gómez de Castro, quien se casó en Linares con doña Trinidad Torres y
Gó.tne-L de Castro, pertenecientes ambos, por el último apellido a otra
familia de raigambre netamente norteña. Estos señores, pues, fueron los
padres poñticos de don Jesús Ma. Benítez y Pinillos en sus dos matrimonios,
legando así a sus hijos una prosapia que los vincula, con hondas raíces, al
solar nuevoleonés.
Aunque no por lazos familiares, también cultivó relaciones fraternas mien•
tras la vida se lo permitió, con algunos otros linarenses distinguidos, aun•
que algunos lo hayan sido también por adopción, como el doctor Manuel
Z. Doria, diputado federal por Nuevo León e hijo político de nuestra he~
roína de 1846, doña Josefa Zozaya; y con su hermano, e] coronel y !icen•
ciado Juan C. Doria, valiente soldado de Jas huestes republicanas, héroe del
Cimatario cuando el sitio de Querétaro en 1867, también legislador federal
y gobernador de los Estados de Nuevo León e Hidalgo.
Características del señor Benítez y Pinillos durante sus gestiones públicas
fueron su rectitud y su apego a las disposiciones legales establecidas.
Cuando, durante la Guerra de Reforma, después de que don Santiago
Vidaurri y sus huestes norteñas fueron derrotados por Miramón en la batalla
de Ahualulco, y con el pretexto de que don Juan Zuazua, su subordinado,
se había puesto a las órdenes del ministro de la guerra, don Santos Degollado,
con una fuerza de 5,000 hombres, aquél montó en cólera y ordenó a sus
subalternos (Aramberri, Escobedo, Zaragoza y Garza Ayala además de Zuazua) que regresaran al Estado, sin tener en cuenta el peligro que para las
fuerzas liberales entrañaba aquel mandato, mostrándose en franca rebeldía,
obligando por ello una profunda división entre los caudillos nuevoleoneses,
quedando frente a frente Zaragoza, Escobedo, Aramberri, Garza Ayala, Na•
ranjo, Treviño y Pedro Martínez contra Zuazua, Quiroga y el propio gobernador Vidaurri, al desconocer éste la autoridad del ministro de la guerra;
llegando a amenazarlo, mediante un decreto, en considerarlo como enemigo
de la paz del Estado si llegaba a pisar su territorio.7
Cabe hacer la advertencia que por aquel entonces esa rebeldía no creció
al grado de negar la autoridad del jefe de la nación, pero sí mostraba,
aún a los ojos del menos perspicaz, a lo que era posible que llegara aquél
hombre cuando se sentía herido en su amor propio o cuando consideraba
en peligro la autocracia con que manejaba esta extensa zona del territorio
nacional. Degollado desconoce entonces la autoridad de Vidaurri, nombrando
en su lugar, como gobernador y comandante militar del estado de Nuevo
León y Coahuila, al general José Silvestre Aramberri.
' RoEL, Santiago, Nueuo León, apuntes históricos. Monterrey, 1948.

494

Con este motivo llegó a Linares un correo, procedente de Galeana con.
d~dendo ~os pliegos para
akaJde de esta ciudad, que 1o era do~ Trimd~d Gut1errez de Lara, quien se negó a recibirlos y se los turnó al vicepresidente del Ayuntamiento, don Jesús Ma. Berúte-z y Pinillos. Estos pliegos
no eran otros que el Decreto de Degollado, fechado el I l de septiembre
de ~859, por_ el que destituía a Vidaurñ y designaba en su lugar a Arambern, una circular del día 12, con la que Aramberri hacía responsable
al Juzgado Primero de Linares si acataba las órdenes del señor Vidaurri
y un oficio personaJ del propio Aramberri.

:1

Benítez y Pinillos, a la sazón de 31 años de edad, se ve en la necesidad
de convocar al vecindario para participarles el contenido de los documentos
Y ha.cerles saber las razones porqué era él quien estaba haciendo fa con•
vocatoria, en virtud de que el Presidente en funciones se negó a afrontar
la situación prete:,,.1:ando estar enfermo ("aunque no lo estaba" --dice el
acta respectiva).
En la zona sur del Estado siempre simpatizaron con los caudillos oriundos
de la re~ón (~sco~ed? y Aramberri), y fue abierta la antipatía que se le
tuvo a V1daum, pnnapahnente en Linares. Sin embargo, don Jesús María
sorteó con habilidad la situación y la evidencia ha quedado patente en el
acta aludida, levantada el día 17 de septiembre de 1859, que contiene los
párrafos siguientes:

.".Ji_s innegable la _l~gitimidad de autoridad del Sr. Gral. en Jefe para
calzfu:ar los actos militares de todos los generales y jefes del Ejército Cons.
titucional, así es que esta parte del Decreto no ataca en nada la Constitución Federal ni la del Estado. ¿Pero puede legalmente destruír al
Gobernador de tm Estado y/o nombrar, aún provisíonalmente, a la per•
sona que lo sustituya?"
Y citando el Artículo 116 de la Constitución Federal y los Nos. 103 a
105 de la Constitución del Estado de Nuevo León, concluye:
"El actual Gobernador debe ser acusado ante la Legislatura del Estado del deliJo a que se refiere el Decreto del Sr. Gral. en Jefe del
Ejército Federal, más entretanto, sus actos son legales a juicio de los
que suscriben."
Se acuerda contestar los pliegos de Aramberri con las siguientes resolu.
ciones:

"la.-Se reconoce al Gral. Aramberri como Jefe de las Fuerzas de

495

�Nuevo León. y Coahuila en vírtud del nombramiento hecho por el G,al.
en Jefe del Eiército Federal.

Fechada al dfa siguiente, en nueva acta, el Ayuntamiento acuerda:

"Dirigir una comunicación al Sr. Gral. D. J. Silvestre Aramberri
que ocupó el día de ayer esta plaza, suplicándole a nombre de este

2a.-lnterín la H. Legislatura del Estado no declara reo al Gobernador Constitucional del delito que lo acusa el mismo General en Jefe,
esta dudad lo considera legalmente investido de las facultades que le
da dicho cargo."

vecindario que se sirva SU!fJender los movimientos müitares sobre las
fuerzas del Gobierno del Estado, 1 otra al Sr. Quiroga que de dichas fuerzas se halla más inmediato, para que mspcnda las suyas sobre las
del Sr. Aramberri; entretanto que una comisión de este vecindario
ocurre personalmente con instrucciones de él a m,anifestar al Supremo
Gobierno del Estado el profundo sentimiento con que, de desarrollarse
en él la guerra ciuil y cuál sea en su concepto el remedio con que deban
cesar los males consiguientes a esa guerra . .. " 11

y termina:
"4a.-La población de esta ciudad, prescindiendo de la cuestión legal se someterá a la resolución de la mayoría del Estado." 8

¡ Hasta aUá llegaba el celo con que defendía la legalidad el joven Alcalde
de Linares! Su firma encabeza una lista de cuarenta y ocho ciudadanos
más.
Las presiones políticas
que once días más tarde
ahora presidido por una
secuentes; en la primera

deben haberse impuesto por aquél entonces, porestá registrada Ja siguiente acta del Ayuntamiento,
nueva persona, quien firma ésta y las actas subde las cuales quedó asentado:

"Se reconoce como legítmio y emanado de autoridad competente el
Decreto dado en San Luis Potosí el 11 del presente por el Exmo. Sr.
Don Santos Degollado, '.)I en consecuencia se reconoce como Gobernador
Interino y General en Jefe de las fuerzas del Estado al Exmo. Sr. Don
]. Silvestre Aramberri." 9

Diez meses después, tiene ocupada la plaza de Linares el propio Ararnberri, y frente a ella, las tropas vidaurristas de Julián Quiroga se encuentran
amagándola, cuando se levanta una acta del Ayuntamiento, fechada el día
3 de julio de 1860, que en la parte que nos interesa, asienta:
"El pueblo de Linares adopta a la letra los artículos en que concluye
el acta levantada en la Villa de Galeana el 28 de junio pr6ximo ( Acta
levantada por el propio Aramberri y los Jefes de las Guardias Nacionales desconociendo a Vidaurri como Gobernador del Estado), e imJita
a los demás pueblos del Estado para que igualmente la secunden." .1o
• Archivo municipal de Linares, N. L., Actas de Cabildo.
• lb.
'º lb.

496

é$ta se encargará de invitar a las autoridades
políticas de Montemorelos y Cadereyta a que cooperen al restablecimiento
de la paz, mandando comisiones al Supremo Gobierno con el objeto indicado. Calzan el acta veintitrés firmas de dudadanos.
y se nombra la Comisión, y

Pero el día nueve siguiente, Ja plaza está en manos del corone) Quiroga,
y éste convoca de nuevo al Ayuntamiento para que consulte el vecindario
su opinión acerca de las actas levantadas en los días 3 y 4, y éstos resuelven:
"Habiéndose retírado las fuerzas que ocupaban esta población áesde
el 3 del corriente mes, por cuyo acontecimiento se levantaron las acta.s
expresadas, y siendo hoy inuitado el vecindario por el Sr. Corl. Quiroga,
Jefe de las fuerzas que la ocupan, por conducto del Sr. Alcalde I o.
para emitir libremente su opinión respecto de dichas actas, el pueblo,
viendo que ha desaparecido el temor de que sufra la población los
males que entonces la. obligaron a tomar aquella resoluci6n, declaran:
que obedecen al gobierno _y acatan la constitución. En consecuencia,
ha cesado la misión de la comisión nombrada en el Acta del día 4 del
comente para acercarse al Gobierno, por haber quedado sin, efecto
dichas actas." 12

Suscriben esta última, diecinueve firmas, encabezándolas todas la del mismo alcalde. Sin embargo, no volvimos a ver la del Sr. Benítez y Pinillos,
Seguramente que estas tambaleantes resoluciones contrariaban su carácter
hecho para la rectitud y el derecho.
u lb.
"lb.

497
H-32

�Se suceden con rapidez los acontecimientos que dieron una tregua fugaz
a las luchas de nuestra pobre patria, al concluir el conflicto con la derrota
de Jas huestes conservadoras de Miramón en Calpula1pan~ por las tropas
del general González Ortega y la ocupación d~ la capital del país por el
gobierno de don Benito Juárez en enero de 1861. Sobrevienen las intrigas
de los derrotados en las cortes europeas y el corolario de la intervención
francesa, con los episodios de sobra conocidos del triunfo de Zaragoza en
Puebla primero, y el sitio y la caída después de la misma ciudad, con lo
que les quedó a los invasores expedito el camino a la capital, obligando al
presidente Juárez y a su gobierno a su famosa peregrinación rumbo al norte,
al través del territorio nacional.

Establecido el gobierno general en Saltillo, quiso el primer mandatario
trasladarlo a Monterrey, a la sazóu aún bajo la férnla del cacique Vidaurri,
quien se opuso decidida y altaneramente a que el Presidente realizara sus
propósitos. A la férrea voluntad del Indio de Guelatao no bahía quien la
~rredrara, y realizó así su _primer viaje a la capital del entonces Estado de
Nuevo León y Coahuila, para tratar de conciliar los intereses del gobem~dor.
Tuvieron una entrevista de escasos minutos, suficientes para que deJaran
ambos sus cartas abiertas sobre la mesa, viéndose obligado el señor Juárez
a re!!'rcsar a Saltillo. Tras el rompimiento vino la traición definitiva de Vída~i al reconocer al imperio. El presidente de la república, desde Saltillo,
decreta la separación de los Estados de Nuevo León y Coahuila el día 16
de febrero de 1864, a la vez que declaraba el estado de sitio en ambas
entidades. Haciendo concPntración de sus fuerzas, con el propósito de someter al rebelde, hizo de nuevo su entrada a Monterrey el día 3 de abril
siguiente, estableciéndose en ella con su gabinete, mientras los traidores huían
rumbo a Texas.
Por esta época ya aparece ele nuevo el nombre de don Jesús Maria Benítez
y Pinlilos en las actas del Ayuntamiento ele Linares, y es electo _popularmente como Alcalde para el periodo que comienza en 1862. ( Posteriormente
lo sería de nuevo el año de 1867.)
En vista de los a~ontecimientos acaecidos en la capital del Estado que
culminaron con la ruptura de los mandatarios de la república y el local,
el pueblo linarense invade las casas consistoriales a las doce de la noche
del día 10 de marzo de 1864, protest:audo por la infidencia de Vidaurri,
dejando constancia de estos hechos en una acta que, firmada por el vecindario, se levantó a ]a madrugada del día siguiente, y que eo su parte medular
dice:
"En la Ciudad de Linares del Estado de Nuevo León, a los once días
del mes de marzo de 1864, reunida en la Sala Capitular una multitud

498

de pueblo, en la que figura la ma}·or parte de los vecinos de más representaáón, resolvieron: que en virt1td de haberse rebelado el mai ciudadano Santiago Vidaurri contra el Presidente Constitucional de la
República, quien le retira, con sobrada justicia, la autoridad que Ita
representado inmerecidamente '.V lo declara traidor a la Patria, indigno
de llevar el nombre de mejicano, ha acordado lo siguiente:

Jo. No reconocer más autoridad que la que emana del Supremo
Magi5trado de la Nación.
2o. Re prueba con la más alta indignación, los actos de Don Santiago
Vidaurri, a quien se le considera como traidor a la Patria.
3o. Protestamos solemnemente de/ e11der, de cuanta manera sea posible, las instituciones que actualmente nos rigen.
4o. Remítase copia de esta acta. al Presidente Constitucional de la
República, C. Benito Juárez, a los pueblos de nuestro Estado )' al de
Tamaulipas, para que si lo tienen a bien, secunden nuestro movimiento." 13

La autorizan ochenta y siete firmas, entre las que figuran las de don Jesús
Ma. Benítez y Pinillos, don Juan C. Dbria, don Vicente Garza Benít.ez,
don Juan de Dios Garza Benítez, don Manuel Garza Be.nítez y otros.
Es por es-os el.fas cuando es integrado, en la misma ciudad, el Batallón
Juáre:l, para colaborar con las armas a la defensa de la República el que
se convirtió después en el 180. Batallón de Linares y que fue refundido
finalmente en el 60. Batallón "Cazadores de Galeana", organizado por el
intrépido linarense ( asi se consideraba él), licenciado y cornnel Juan C.
Doria. Este grupo de bizarros mexicanos llenó muy hermosas páginas de
nuestra historia, tomando parte en numerosas acciones de guecra, entre las
que se cuentan: la ocupación de San Luis Potosí; la batalla de San Jacinto,
el lo. de febrero de 1867; la batida a las tropas de Márquez desde los llanos
de San Lorenzo hasta Texcoco, etc. Pero su honor más importante fue el
de haber sido designado escolta del general en jefe Mariano Escobedo, ton
cuyo carácter defendieron y ganaron el cerro del Cimatario, durante el
sitio de Querétaro, al general Migue] Mí.ramón el 27 de abril de 1867.
Finahnente ~ presentó este batallón al sitio de la ciudad de México. Y
dice la tradición que la bandera que Uevaban de batalla en batalla estos
" SALCE, Pablo, Linares, la 1a. ciudad nuevoleonesa .:1u te reheló contra el imperialista Vidaurri, Pub. Esp. del del ler. Congreso Nac. de Historia para el Estudio

de la Guerra de Intervención, México, 1963.

499

�. En otra q~e s~ ~adre político, don Antonio Leal de León, le escribe desde
Linares al d1a s1gu1ente, le comunica:

patriotas nuevoleoneses, fue bordada por damas de Linares, entre quienes se
contaba doña Felipa Leal de Benítez.u 15
En oficio del Ministro de Relaciones y Gobernación, don Sebastián Lerdo
de Tejada, dirigido a don Jesús María Ben.ítez y Pinillos, fechado en Monterrey e1 13 de abril de 1864, le dice:

"Mi queridisimo Jesús Ma. Benítez:
Co~ mucha sorpresa leí tu apreciable del 12 del presente, y nadie
ne~ara la honra que el Sr. Presidente de la República te hace nombrandote Gobemador del Estado, pues está al alcance de todos lo crítico
de la si~uación y tu comprenderás los cuidados, ta11to de ;u familia
com~ mws, y puesto que fueron inútiles tus excusas, no queda más remedio que obedecer y después pedirle a Dios acierto en t-us disposiciones.
Busca hombres de buen juicio y toma sus consejos." 18

"Atendiendo al acreditado patriotismo de Ud. y a todas las cualidades que lo recomiertdan, el C. Presidente de la República ha tenido a
bien nombrar a Ud. Gobernador y Comandante Militar del Estado de
Nuevo León, no dudando que desempeñará Ud. ese e11cargo con toda
la decisión que ha demostrado en favor del bien de su Estado y de la
causa 11acional. Tengo la honra de comunicárselo a Ud. por lo relativo
al encargo de Gobernador y transcribo este oficio al Ministro de la
Guerra, para que se sirva comtt1ticarlo al Cargo de Comandante." 16

¡ Así premió don Benito Juáre-t fo. lealtad y el patriotismo de nuestro evo-

cado personaje!
¿ Eran para aquellos próceres codiciadas presas los puestos políticos de altura?
Muchas veces se ha imputado a Juárez como un exceso de ambición la
defensa que hacía del mando a su cargo, cuando trataron de conocérselo
aun los miembros de su mismo partido. Pero la realidad es que a estas
gentes las guiaba exclusivamente el desinterés y el patriotismo. En una
ojeada al archivo de correspondencia de don Jesús Ma. con su familia, durante aquellos días, hemos podido constatarlo, porque en ella se evidencian
sus verdaderos sentimientos, desnudos de cualquier apariencia política o de

falsa modestia.
En una carta de su esposa, dirigida desde Linares el mismo día de su exaltación al poder, le dice:
"Esta niañano, solemnizaron aquí. tu nombramiento de Gobernador.
Desde esa hora que lo supe ha sido para mí como si hubiera sido una
sentencia /atal para los dos, más después me impuse de la carta d e mi
hermano Noriega ( el Dr. José Sotera), y por ella veo que para tí no
ha sido menos sensible el admitir el cargo, pero i71evitable. Sea por
Dios y El te a.,y ude con su infinita misericordia a desempeñarlo con
amor y utilidad a nuestra Patria, pues sólo por servir a ella se puede
hacer tamaño sacrificio." 11
" lb.
1' ToRuA, Juan Manuel, El Cimatario.
1• Archivo Gral. del estado de N. L.
" Fur,daci6n Cultural Pablo Salce, Arch. de Corresp. de D. Jesús Ma. Benftez
Pinillos.

500

ji

Las ~ircunstanc~ era~- por demás difíciles para cualquier gobernante,
e~ rea_hdad, y la m~stabil~da~ de las instituciones, por causa de la guerra
extranJ~r:i, y de las discordias mtemas, se prestaba bien poco para desarrollar
una. ef1c!e_nte labor administrativa. Sin embargo, al recorrer los decretos
y dispos1c1ones del flamante gobernador, nos queda una idea de que el
Pre_sidente no cifraba en vano sus esperanzas al honrarlo con tan alto como
delicado puesto:
El 2,1 d~ a~ril renuncian los :miembros del Superior Tribunal de Justicia,
Y al d1a SJgwente les admite sus renuncias nombrando nuevos titulares.
El mismo día 22 de abril, cesa en sus funciones a la Diputación Perma•
n~nte del Estado que componían Nuevo León y Coahuila y hace nombranueq,to de una nueva.
El 13 de mayo admite la renuncia del secretario de gobierno licenciado
José de Jesús Dávila y Prieto, nombrando en su lugar al patriot~ licenciado
Manuel Z. Gómez.

~l. 6 de junio dirige comunicación al presidente municipal de Monterrev
sugméndole la c~nvenien~ia de nombrar una comisión que reconozca y
cumente las propiedades situadas "al norte del Seminario" y lo que se llamó
el Nuevo ~ep~eblo,_para que se formen expedientes de acuerdo con la ley.
~l 9 de JUnfo enute un decreto disponiendo la organización de la guardia
nacional, con un instructivo a manera de reglamentación.
Ese mismo día aprueba un presupuesto para la construcción de un caño
cond~~tor de a~a de la Plaza de la Purísima a la de Zaragoza, con el
pro~s1to de al1IDentar la fuente de mármol recién construida durante el
gobierno de Vidaurri.

d~:

t• lb.

501

�Ordena que se baga denominación de todas las calles y plazas de Monterrey y una numeración de sus casas.
Y todos estos casos pueden ocupar su atención, gracias al cuidado que
tuvo desde el principio de su gobierno, por la organización del ramo hacendarío, pues para el 30 de mayo decreta sobre la organización de juntas
calificadoras de los impuestos a favor del estado en todos lo~ distritos y
cabeceras municipales.
En fin, atiende con esmero solicitudes diversas del pueblo, como algunas
de jóvenes estudiantes sobre permisos y privilegios en sus estudios, para los
que ordena, en cada caso, se re,abe la información pertinente. 19
También durante su gobierno se conmemoró en Monterrey, por primera
vez, el triunfo de la batalla del 5 de Mayo, en cuyo acto estuvieron presentes
el señor presidente Juárcz y su gabinete, y en esa misma ocasión se impuso
a la antigua Plaza de Annas el nombre del general Zaragoza.
Pero, indudablemente, tras aquel despliegue de actividades, libraba su
espíritu una intensa lucha interna. El abandono de sus negocios particulares y graves problemas de tipo familiar ocupaban buena parte de sus cotidianas preocupaciones. Durante su estancia en Monterrey por su gestión
administrativa, en Linares nacía una hija suya, por cuyo motivo su señora
esposa se acarreó una enfem1edad que finalmente, y en muy poco tiempo,
la llevó a la tumba. Recurrimos de nuevo a su archivo epistolar, y nos
damos cuenta cabal de estos acontecimientos y del predicamento a que lo

gando a Dios que te la admitan, y te puedas ve11i1 mu,, pronto, que estoy
en ansias por verte como también verte libre del cargo que tienes . .. "n
Seis días después, en nueva carla, insiste la señora sobre el ~smo tema,

"Por tu muy grata de fecha 27 veo con gusto que ya presentaste la
renuncia. Dios permita que te la admitan, para que te vengas pronto ... ,, 22

El a su vez le escribe a ella desde Monterrey, el 30 de junio:
"El sábado, como te he dicho, presenté mi renuncia, y desde el lunes
he estado en conferencias diarias con el Sr. Juárez y con el Sr. Lerdo,
pues ellos se resisten a admitirla y yo insisto. Hasta ahora sólo suplican
que desista, por lo qeu tengo esperanzas de lograrlo." 23

Pero e] 4 de julio siguiente, hace ceder las esperanzas de ella, cuando
le escribe:
" ... el 30 del pasado, esto es, el jueves, recibí auiso de Sabinas de que
Quiroga había pasado el rio en Laredo. .. y luego me he ocupado en
mandarlo perseguir con fuerzas del Gobierno General y del Estado . .•
pero entre tanto me ha dado vergüenza insistir en mi renuncia, porque
no lo atribuyan a miedo, pero luego que pase un poco esto, sigo hasta
conseguirla." 24

obligaban:
Carta de su hermano político, don José Antonio Leal y Torrea, fechada
en Linares el 23 de mayo de 1864:
" .. .por mi parte aconsejo que con la prudendo que acostumbras, procures allanar todos los estorbos que puedan presentarse, y conseguido
esto hagas tu renuncia, poniendo por excusa la verdad, esto es, la situación en que te hallas, tus compromisos, tus negocios paralizados, y por
fi11 los achaques inesperados, que a resultas del parto, le han sobrevenido a Felipita (su esposa), demandando tu presencia que servirá
,
idd
,,20
de consuelo a la pobre enferma, y calmaros tus cu a os ...

El 23 de junio le escribe su esposa:
"Recibí tu mwy apreciable de fecha 20 y con ella tuve el gusto de
saber que estás bueno y que ya vas a presentar tu renuncio. Estoy ro-

Por fin, el día 13 de julio del mismo año, entrega su alto encargo de
gobernador y comandante militar de Nuevo León al licenciado don Manuel
Z. Gómez, constituyente del 57 y su coterráneo (éste había nacido en Linares el día 4 de marzo de 1813, siendo hijo de don Salvador Gómez de
Castro y de doña Rosalía Valdés) quien, debido a la proximidad de las
tropas imperialistas y de la resolución del primer magistrado de abandonar
la ciudad de Monterrey, ocupa dichos puestos un mes escaso.
Extraoficialmente hemos sabido que don Jesús María fue también senador
de Ia república, más, desafortunadamente, no hemos encontrado el dato al
cual referirnos.
21

lb.

= lb.
lb .
" lb.
20

.. lb.
i. lb.

502

503

�En el tiempo que le dejan disponible sus deberes oficiales, y para su subsistencia, ya que nunca representó para él la política un medio de vida,
se dedica a los negocios agricolas, y alguna vez incursionó por los industriales, con la instalación de. u.na fábrica de azúcar en Linares, en sociedad
con el general Mariano Escobedo, sin poder contar con un éxito en su empresa. En la agricultura, sujeta como está a los caprichos meteorológicos,
frecuentemente sufria algunos descalabros, pues en la correspondencia que
dirigía a su hijos, cuando eran estudiantes en la ciudad de México, luego
se quejaba de la penuria a que lo obligaban sequías prolongadas o fuertes
heladas en la región.
Sostuvo sincera amistad con varios de los próceres nacionales de aquella
época. Ya apuntamos la que lo ligaba a Juárez y a Lerdo. Además, lo atestigua la correspondencia cruzada con el general Gerónimo Treviño o con
el poeta e historiador Juan de Dios Arias, por ejemplo. Pero con quien
cultivó una más estrecha intimidad durante toda su vida fue con el general
Escobedo. Además de su relación epistolar particular, sus hijos lo tenían
en información constante desde México de la salud y de los movimientos
del héroe de Santa Gertrudis y su familia.
Una carta a su hijo Pedro, fechada en Linares el 14 de julio de 1879,
es elocuente testigo tanto de la sinceridad de dicha amistad como de su
acendrada fidelidad hacia el juarismo, al decir de su opinión sobre la primera
administración del general Porfirio Díaz, otrora contrincante político del
Benemérito:

"Mis ocupaciones agrícolas exiglan mi presencia en la hacienda al
romper el alba, y calculaba no poder voluer a tiempo para escribirte;
pero no pudiendo resistir el deseo de hacerlo por la grande impresión
que en mi ánimo han producido los horribles asesinatos de Veracruz,
no menos del inminente peligro en que por ef desgobierno considero
a mi caro y predilecto amigo, el Sr. Gral. Escobedo, me he esforzado
en volver oportunamente para ponerte al menos cuatro letras. El desquiciamiento socio.( en nuestro pobre país, por falta. de gobierno, no
puede ser más absoluto: quédanos pues el único recurso, en primer
lugar de confiar en el Sup,-emo Regente de las sociedades, para esperar
que vuelva el equilibrio en la nuestra, y eu segundo, de llenar nuestro
deber como ciudadanos para alcanzar aquel fin. Da ésta por suya a
mi siempre querido amigo." 25
Don Jesús Ma. Benítez y Pinillos tuvo dos hijos varones y cinco mujeres.
Aquellos fueron el ingeniero Francisco y el licenciado Pedro Benítez Leal.
:o

504

Fundación Cultural Pablo Salce, Arch. de Cormp. del Lic. Pedro Benlttz.

Fue su único yerno el doctor Joaquín Benítez Gutiérrez, también linarense, y gratamente evocado en su tierra natal, a quien su bonhomfa y desinterés aJ dedicar su profesión en beneficio de las clases menesterosas, sin
el señuelo de ganancias económicas de ninguna especie, dieron por resultado
que, a su muerte, el pueblo entero se congregara a rendir homenaje a su
memoria.
Falleció el señor Benítez y Pinillos en Linares, el día lo. de diciembre
de 1899.

EL LICENCIADO PEDRO BENÍTEZ

LEAL

El segundo hijo de don Jesús Mana Benítez y Pinillos fue don Pedro
Benítez Leal, a quien le tocó también ocupar la primera magistratura del
estado.
Nació en Linares, N. L., el día lo. de julio de 1861, y en su ciudad
natal hizo sus primeros estudios. El día 10 de m¡iyo de 1874, de escasos
13 años de edad, llega a la capital del país, acompañado de su señor padre
y de su hermano Francisco, con el propósito de que ambos jóvenes continúe_n
su educación. Allá se reúnen con sus primos, el futuro ingeniero Andrés
y el después doctor Pedro Noriega. Regresó el licenciado Benítez Leal a
su tierra, ya titulado, a final~ del año de 1883, y al decir de su hijo, el
licenciado Salvador Benítez, en ese lapso de casi diez años no volvió una
sola vez a ver a sus familiares. La distancia y la incomodidad de las comunicaciones en aquellos tiempos, así lo exigían. Recién graduado se dedicó
a actividades propias de su profesión, pero ya para 1887 fue electo diputado
local por el sexto distrito de Nuevo León, a la XXIV Legislatura del Estado,
y fue reelecto en las subsecuentes hasta la XXX Es decir, perteneció al
congreso local durante el último gobierno del general Lázaro Garza Ayala
y a las gestiones de los generales Bernardo Reyes y José Ma. Mier, salvo
su propio interinato de casi tres años. Píies desde la XXXII hasta la
XXXV Legislatura representó al primer djstrjto electora~ hasta 1911.
Cuando el general Reyes fue llamado a ocupar la cartera de guerra y
marina en el gabinete de don Porfirio Díaz, fue designado por el Congreso
para sustituirlo el licenciado Pedro Benítez Leal, quien tomó posesión de
su puesto el día 23 de enero de 1900, y cuando aquél hubo renunciado al
ministerio y regresó a Monterrey, tomó de nuevo el mando de manos de
éste, el día 29 de diciembre de 1902.
Mucho se ha escrito y se ha comentado sobre la poderosa sombra con que
cubría la administración del licenciado Benítez el ministerio de la guerra

505

�desde la capital, y en realidad tuvo la mala fortuna de desarrollar sus fun.
ciones ha jo tan desfavorables circunstancias. Sin embargo, su paso por el
poder dejó una honda huella de honorabilidad y buen gobierno.

y conocedora de nuestro Estado y de sus mandatarios, estuvo desde
luego y siguió siempre bien dispuesto a desentenderse de todo lo que

Dejo a )a pluma del doctor Carlos R. Cantú una de estas opiniones sobre
la personaJidad de este gobernante, tomada de su trabajo "Los- Sucesos
del 2 de Abril de 1903 en Monterrey":

pudo en otro tiempo excitar los ánimos, atendiendo de con.suno sólo
a la justicia y a la equidad com-0 principios; al resultado pronto, económico y satisfactorio para ambas entidades, como fines; y a la armonía,
franqueza, lealtad y mutua con/ianza, como medios.

"Qt,edó al frente del Gobierno en Monterrey, el Lic. Pedro Benítez
Leal: hombre pulcro, enjuto, de habla suave, apenas audible, aristócrata
de abolengo, hechura perfecta del Gral. Reyes, que gobernaría, se lo
había dicho y está entendido, en su 1zombre; a él tenía. que darle cuento
de todo, pormenorizada, no se haría ningún cambio sin su aquiescencia
o por su orden." 26

"El Sr. Ing. Miguel F. Martínez, que, como suplente del Sr. Lic.
Be11ítez, lo sustituyó en el ejercicio de la Comisión de Límites desde el
27 de enero último, fecha en que el primero subió al Poder Ejecuthlo
de aquel Estado; el Sr, Martínez, decía, inspirado en los propios deseos
del Sr. Benítez, ha obseruado la misma conducta prudente y conciliadora de su antecesor, y con él he coneurrúlo a los últimos acuerdos con
que han dado fin los est-udios que hemos hecho para trazar teóricamente la diuisión en los planos." 21

Tuvo la fortuna histórica nuestro biografiado, sin embargo, de que durante su gestión tomara forma y auge el movimiento antirreyista de Nuevo
León. Y decimos esto porque, al inaugurarse el interinato con un hijo del
estado, renacieron las viejas esperanzas de reemplazar al veterano jalisciense
por un nuevoleonés en )as riendas del gobierno. Son de sobra conocidos
los acontecimientos que se sucedieron entonces al respecto, y si no, al trabajo
citado del doctor Cantú nos remitimos, donde están plenamente explicadas
las razones de esas inquietudes que eulminaron, desgraciadamente, en el
atropello gubeni-amentaJ del 2 de abril de 1903.
Pero no todo había de ser apreciado con tintes tan negativos en esta
administración. Fue por iniciativa propia del licenciado Ben:ítez Leal, y
por fidelidad a su carácter de educador de las juventudes nuevoleonesas,
que durante su gobierno se decretó la ley de instrucción pública para la
enseñanza preparatoria, que rigió muchos años en las esferas estudiantiles,
por citar un ejemplo de su responsabilidad como gobernante.
Desde el año de 1890, era don Pedro Benítez parte integrante de la
comisión de Hmites entre Nuevo León y TamauJipas, cargo que desempeñó
ininterrumpidamente por diez años, hasta 1900. Del informe que rinde a
su gobierno el C. Manuel Ma. Hinojosa, delegado del estado vecino, entresacamos los siguientes párrafos:
"Instalado desde a fines de agosto de 1898 en la capital de Nueuo
León, pnncipié las conferencias con el Comisionado de di6ho Estado,
Sr. Lic. Pedro Benítez Leal, quien como persona entendida, honrada
"' ÜANTÚ Y CANTÚ, Carlos R., "Los Sucesos del 2 de abril de 1903 en Monterrey",
publicado por Humanitas 12, U. N. L. 1971.

506

Unos días después de haber entregado el mando, el 7 de enero de 1903,
le escribe a Linares a su madrastra, comentándole el reingreso a sus actividades habituales, y le dice:
" .. .y además tendré otra vez la Comisión de Limites de Nuevo León

con, T amaulipas, en esta vez con sueldo, aunque moderado, pero
gratuitamente como antes . .. "2s

11.0

Además de impartir la cátedra largos años en el Colegio Civil, de gloriosa
memoria, ocupó la dirección del mismo de 1925 a 1934, y fue miembro de
la comisión organizadora de la primera Universr8ad de Nuevo León en
1933.
Una vez alejado de las cuestiones políticas, se dedicó por entero a su
profesión, habiendo sido representante de varias importantes firmas de la
localidad y de la nación.
Murió a los 84 años de edad, en esta Monterrey, N. L., el día 14 de
septiembre de 1945.

11
HINOJOSA, Manuel Ma., Informe Gral. de lor Arreglos de Límites con el Edo.
de N. L., presentado al Gob. de Tamaulipas. Cd. Victoria, 1905.
" Fundación Cultural Pablo Salce. Archivo de la Corresp. del Lic. Pedro Benítez
Leal.

507

�Fue tambiéo nativo de la ciudad de Linares. donde vio la luz primera
el día primero de enero de 1891, y ahí mismo inició su educación primaria.
Pronto, sin embargo, se trasladó la familia a vivir en Monterrey, por lo
que en esta capital concluyó la primaria y la preparatoria. Hizo sus estudios
profesionales en la ciudad de Mé.-cico.

la época-, . fue presentad~ por sus partidarios, el antiguo obregonismo, como precandida~ a la presidencia de Ja república. Con este motivo primero:
Y ~r haber _sido _nombrado después ministro de instrucción pública en el
gabmete del mgemero Pascual Ortiz Rubio, su antiguo contrincante se vio
precisado a dejar varias veces, mediante los permisos conducentes 'otorgados por e] eo~greso local, la gubernatura de Nuevo León. y fueron algunos
de ellos los ID1Smos que cubrió el licenciado José Beníte-z, y que comprenden,
del 27 de mano al 14 de agosto de 1928, primero, del 6 de noviembre de
1928 al 25 de marzo de 1929 después, y finalmente, del 3 de febrero de
1930 al 12 de septiembre del 31. 28 meses en total únicamente en el
período de Sáenz. 30

Recién titulado se dirige a Europa con el propósito de ampliar sus conocimientos en Derecho Comparado, doctorándose en Heidelberg, Alemania,
en los trágicos días de la primera guerra mundial.

fue aqu~, una épo~ de turbulencias políticas nacionales, no tan solo
por la reelecc10n y el asesmato de Obregón, sino porque advino el entronizamiento de la política callista que despertó no pocas inquietudes en el país.

Antes de que terminara este conflicto se encontraba el licenciado Benítez
en Viena, cuando el embajador de México se vio precisado a dejar el país,
y lo dejó a él encargado de la legación nuestra ante el Imperio Austríaco.

Pero, por lo que a nuestro estado respecta, coincidieron los mandatos
del licenciado Benítez con una temporada de grandes realizaciones en b .
'bli
.
.
o ras
pu. ~- En la cmdad de Monterrey, por ejemplo, se ampliaron varias artenas importantes, como las avenidas Morelos, Zaragoza y Venustiano CaTuvo lugar la construcción del Palacio Federal, entonces en primera
lmea en cuanto a los a~elantos técnicos de la ingeniería. Se construyeron
numerosas escuelas de upo monumental, como la industrial técnica Alvaro
Obregón, ahora dependencia universitaria, las primarias Presidente Calles
Fernández de Lizardi y otras más, obras en las que puso especial empeñ~
y dedicación el propio gobernante Benítez.

EL

LICENCL\Do

JosÉ

BENÍTEz

Hijo del ingeniero Francisco Benítez Leal, y por ende nieto de don Jesús
Maria Benítez y Pinillos, fue el señor licenciado José Benítez, gobernador
constitucional interino del estado en varias ocasiones.

A su regreso a México, se vio precisado a presentarse a la Secretaría de
Relaciones Exteriores, y continuó prestando entonces setvicios diplomáticos
con comisiones en diversos países de Sudamérica, obteniendo por esa época
una condecoración del Perú.
Cuando ocupó esta secretaría el licenciado Aarón Sáenz, el licenciado Benitez estuvo encargado de delicados negocios mexicanos en Washington y
en Guatemala.
Posteriormente, cuando el mismo licenciado Sáenz se hizo cargo del gobierno del Distrito Federal, fue su secretario general el licenciado José Benítez.
Los vemos ocupar por primera vez el gobierno interino de Nuevo León,
por el corto lapso de 13 días, el año de 1925,29 durante la gestión de don
Gerónimo Siller. Y una vez ocupada la gubernatura constitucional por el
licenciado Sáenz, él se hace cargo de la secretaría general de este gobierno.
Es por aquel tiempo cuando el general Alvaro Obregón lanza su candidatura para ocupar la presidencia de la república por segunda vez, y ya
siendo electo, tuvo lugar el as-esinato de La Bombilla que todos recordamos.
Fue nombrado para suplirlo, provicionahnente, el licenciado Emilio Portes Gil,
en tanto se convocaba a nuevas elecciones. Y es entonces cuando don Aarón
Sáenz "discípulo predilecto de Obregón" -como lo llamara un orador de
• CovARJ1.UB1As,

508

Ricardo, Gobernantes d1 Nuevo Le6n, 1884-1961.

r,ranza.

Una vez que se hubo retirado de los menesteres políticos el licenciado
Benítez dedicó por entero su tiempo, como abogado, a a~orar con su
~on~!º, y con su experiencia a diversos grupos industriales de Monterrey,
S1gruf1candose mayormente su relación con la Cía. Fundidora de Fierro y
Acero de .Monterrey,. d_e la ~ue fue apoderado general, y miembro de algu~os consejos de Admm1strac1on de negociaciones filiales, con las que trabajó
mcansablemente basta su muerte, ocurrida en esta misma ciudad, el día 2
de octubre de 1954.
:rocó así ~ estos tres señores Benitez -padre, hijo y niet~ ocupar la
pnmera mag1stratura del estado de Nuevo León en tres diversas e importantes etapas de la vida nacional y regional. A don Jesús María en los
días más críticos para la Rept'1blica ante el avance hacia el norte de los invasores franceses; a don Pedro en el momento psicológico apropiado para
desbordar los ánimos y los entusiasmos de los nuevoleoneses contra el con-

'°

lb.

509

�tinuismo del general Reyes, culminantes en crisis de vital importancia par¡¡
nuestra historia provinciana; y a don José, durante el primer gran impulso
del desarrollo urbanístico de la ciudad de Monterrey, que desde entonces
la caracteriza. y los tres, en las medidas de sus posibilidades, ofrendaron
buenas partes de sus vidas en la forja de la historia de la patria y la del
e~tado en particular.
PROBLEMÁTICA DE LA HISTORIA COLONIAL
DE TAMPICO
Lrc. CAALos GoNzÁLEz SALAS
Asociación Mexicana de la Historia
Regional

APRESURADO SERÍA DAR por sentados los datos más conocidos hasta el grado
de dejarse fascinar por la fácil aventura de enumerar fechas y sucesos en
orden cronológico; repetir lo que figura en Jibros y ensayos históricos representaría una tarea simple.

Se ha convocado a este "Segundo Encuentro de Historiadores de Provincia" bajo el signo de la problemática; su enunciado claro lo dice: "Problemática de la Historia Colonial de la Región de Tampico". Siendo como
es la historia. una verdadera ciencia de investigación, esta investigación ha
de ser siempre progresiva y dinámica. Trata de ir al fondo de la verdad y
descubrirb. en toda su complejidad, no en un afán de dudar de todo
sistemáticamente ni de establecer la carlesiana ''&lt;luda metódica". Hay multitud de hechos y fen6menos históricos que se encuentran ya perfectamente
circunscritos en su realidad espaciertemporal, en su génesis y naturaleza, en
su desarrollo y causalidad. Eso ha sido fruto de investigaciones anteriores
concienzudamente llevadas a cabo. Restan otros muchos fenómenos que no
han sido suficientemente aclarados y 'precisan búsqueda y fijación. Y en
esto me adhiero a la opinión manifestada en magníficas aportaciones por
el licenciado Antonio Martínez Leal: "Es tan amplia la problemática de
la historia de Tampico que, sin exageración, hay que revisar con cuidado
las diversas fases de su desarrollo para poner en buena luz algunos puntos
oscuros, y a fin de extirpar errores y supercherías en extremo arraigados".
Y más adelante ex-presa: "La ciencia demanda objetividad y un espíritu
crítico, sin prejuicios ni pasiones de localismo barato. Conviene superar
la etapa de las alegres improvisaciones y del funesto diletantismo, para apoyar
documentalmente las afirmaciones y desembarazar la historia de ligerezas y

511

510

�arbitrariedades." 1 "Toda ciencia es indagación y verificación constante. Y
la Historia -pese a las sofísticas argumentaciones del maestro Antonio
Caso- es una ciencia que organiza y sistematiza objetos de conocimiento
determinados. Por eso- no es algo yerto, sin vida, sino una disciplina dinámica con vocación renovadora. Por eso progresa." 2
Existen otros muchos hechos sobre los cuales la investigación histórica
no ha lanzado todavía el reflector de su luz; esto vale lo mismo para la
historia nacional como para la de toda entidad, lo mismo para la época
prehispánica que para la colonial, para la de Independencia como para la
de Reforma y la Revolución, y vale también extenderlo no sólo a la historia
civil, social y política sino también, y principalmente en nuestro caso, a
la historia eclesiástica y religiosa, a la de las denominaciones envangélicas
y demás organismos de aliento intelectual y filosófico.
La tarea es ardua porque el campo es demasiado ancho e inexplorado.
Justo es rendir homenaje a todos aquellos caballeros e historiadores que en
una u otra fonna han abierto y roturado caminos para la historia de Tamaulipas entre los que debemos enUIDerar a don Alejandro Prieto, Adalberto
J. Argüclles, Lorenzo de la Garza, Blas E. Rodríguez, Joaquín Meade, Carlos
Eduardo Castañeda, Rafael de Alba, Gabriel Saldívar, Ignacio Fuentes, Juan
Manuel Torrea, Arturo González, Candelario Reyes, Luís Velasco y Mendoza, Ignacio Montes de Oca y Obregón, Marte R. Gómez, Leopoldo Ponce
Días, Manuel E. Guajardo, Femando Ocaranza, Manuel Toussaint y más
recientemente a los licenciados Ciro R. de la Garza Treviño, Juan Fidel
Zorrilla, Antonio Martínez Leal y los profesores Renato Gutiérrez Zamora
y Vjdal E. Covián Martínez. En Matamoros, Florentino M. Cuéllar. En
la capital, los estudiosos Ernesto de la Torre Villar, Ernesto Lemoine Villacaña, Jorge Gurría Lacroix y Ma. Elena de Capdevielle. Más allá se asoma
al horizonte histórico de nuestra colonia Fidel J. Lejana y los cronistas
de la colonización religiosa del Nuevo Santander; Fray Vicente de Santamaría y Fray Simón del Yerro y, presidiéndolos a todos, la sombra del frailuco enorme, Andrés de Olmos, políglota, filólogo, fundador de pueblos y
misionero evangelizador, "primer doctrinero" de la Huasteca.
Abocándonos al tema que se nos ha invitado a desarrollar y hecha la
advertencia de la intención problematizadora de esta reunión, creo, pues,
oportuno prevenir que no haré una descripción más o menos amena de los
acontecimientos que pudieran ofrecerse como la historia colonial de nuestra
' MARTÍNEZ LEAL,

Antonio, "Etimología de Tampico", El Sol de Tampico, jueves

22 de marzo de 1973.
1 MARTiN EZ LuL, Antonio, "Ubicaci6n del Tampico Antiguo", El Sol de Tampico, miércoles 11 de abril de 1973.

512

. regton de Tampico, sino trataré de presentar algunos datos y fechas sobre
los que cabe aún ampliar y profundizar para obtener el conocimiento de
la verdad histórica.
¿A qué podemos llamar Tampico colonial?
Sea la primera cuestión la de puntualizar a qué &lt;lebe llamarse Tampíco
colonial, la fecha de su fundación, a quienes se debió ésta y cuáles han
sido los avatares de su peregrinar hacia otros sitios acosada por diversas
calamidades.
El Tampjco indígena fue fundado desde tiempos inmemoriales; en esta
región merodearon los huastecos siglos antes y se aposentaron en diversos
sitios como constan en los asentamientos de Las Flores en Tampico, Miradores, Las Pahnas~ etc. No cabe duda que hubo un asentamiento huasteco
en la margen sur del río Pánuco no sabemos con e:xactitud del horizonte.
Del asentamiento de la colonia Las Flores sabemos que fue en el Horizonte
Pánuco 5 que floreció del año 1000 al 1250 pero que a la llegada de los
españoles había desaparecido. Es de suponerse que el pueblo español se
levantó sobre un poblado indígena anterior.
Andrés de Olmos, el franciscano de los pies alados, penetra en la Huasteca
hacia 1530 llevando la luz del Evangelio y de la Religión Cristiana y cons
truye iglesia y convento que cambiaron varias veces de lugar como acierta
a decir el capitán Pedro Martínez de Loayza en su Descripción de la Villa
de Tampico, entresacada de las re]aciones que acostumbraban redactar los
capitanes y alcaldes mayores de las provincias.
9

"En esta vilJa hay un solo templo, que es de la orden del Señor San Francisco; su advocación es de San Luis; hay en él sólo un fraile con título de
guardián. . . Fundó este convento el P. Fr. Andrés de Ohnos, que fue el
primer doctrinero que vino a esta villa. Fundóse el año de 1532 y se ha
trasladado tres veces a diferentes partes, hasta el lugar en que ahora está.
Su traza es ésta: una iglesia cuyas paredes son de adobes, y la cubierta de
paja, con sus vigas y pilares de madera: tiene cuatro altares, una sacristía,
dos celdas y un refecorio: esto está alto, que se sube á ello por una escalera
de adobes." 3 El capitán Pedro Martínez escribe hacia 1603. Es de suponerse que esta iglesia y monasterio se fundaba para congregar indios; sin
embargo, ambos debieron ser provisionales ya que el 26 de abril de 1554
aparece don Luis de Velase.o, segundo Virrey de la Nueva España conce• MARTÍN EZ DB LoAYZA, Pedro, Descripción de la Villa de Tampico, sacada de las
relaciones hechas por Pedro Martínez, capitán y alcalde, mayor .en aquella provincia_.
Colección de Documentos Inéditos de Indias, Torres de Mendoza y otros, T. IX,
p. 67, apud Manuel Toussaint, La Conquista de Pónuco, Edición de El Colegio Na•
cional, Méx. MCMXLVIII, 1948, p. 291. Apéndice 16.

513
H-3.1

�diendo autorización para que se fundara en Tampico "una casa y monasterio
de la orden de San Francisco"; en este documento se alude a la licencia
para que los españoles puedan poblar y ~vir en ese lugar. Dice _don ~~
de Velasco; ''y otro sí, por cuanto soy mformado que en el dicho s1t10
hay aparejo y comodidad donde puedan poblar y vivir algunos españoles,
y que dándoles el sitio para hacer sus casas y tierras donde labren se irán
a poblar en él, por la presente doy licencia a cualesquier españoles que
quisieran ir a vivir y morar en la parte sobredicha para que lo puedan
hacer y bagan, y mando al que es o fuere Alcalde Mayor o Juez de Residencia en la dicha Provincia de Pánuco, y a los españoles que se quisieren
ir a poblar al dicho sitio de Tampico, que en razón les dé solares en que
puedan hacer sus casas en que puedan vivir y morar, y, asimismo, tierras
y huertas y heredades donde puedan tener sus granjerías, en partes sin perjuicio de los indios ni de otro tercero alguno con que no exceda para
cada vecino y de un solar y, para huertas y heredades de cuatro suertes,
y que cerca de lo suyo dicho les favorezca y haga el favor y ayuda necesario para que con mejor voluntad puedan hacer la dicha p~blaci~n~ los
cuales dichos solares y tierras les dé con cargo de los que as1 se vtmeren
a poblar el dicho sitio que dentro de dos alíos estén ~bligados a labrar
los dichos solares, cultivar las dichas tierras y, dentro de diez, no las puedan
vender, so pena de las perder''. Luis de Velasco. Por mandato de su
Señoría, Antonio de Turcios.~
Pedro Martínez nos dice por su parte: "La villa de Tampico es de
vecindad de españoles, aunque también de· indios naturales que viven en
el pueblo de por sí: llamábase Tampico antes que los españoles le poblaran
y ahora se conserva el mismo nombre: es de la jurisdicción de Pán~co, que
es cabeza de este distrito. Esta villa está veintitrés grados y medio de la
parte norte, fundo.da a la ribera de una laguna salada, en tierra llana Y
muy llena de árboles, de manera que las calles de la villa son muy angostas,
porque de una parte y otra tienen espesura de monte, y la plaza por la
misma razón no se parece que lo sea. Dista de la ciudad de México sententa
y cuatro leguas; confina por la parte del norte con la tierra de guerra
de los chichimecos; y por la del sur con e] pueblo de Oceloama y por la del
oriente con la mar del norte; y por la de occidente con el pueblo de Tamós;
. 1
, "~
tiene un puerto de mar a med1a egua poco mas.
El mismo capitán y alcalde mayor de Pánuco nos proporciona el nombre
de los primeros pobladores venidos por cierto de la villa de Sanriesteban de
• .A.pud MEADE, Joaquín, Documentos inéditos para la historia de Tampico&gt; Siglos
XVI y XVIIJ, México, José Porrúa e Hijos, 1939. p. l M.
• M.ilR.nNEZ, Pedro, op. cit., loe. cit., p. 283.

514

Pánuco que era "población de espaifoles aunque también tiene alguna vecindad de indios naturales que se congregaron en ella de seis años a esta parte.
Los españoles le pusieran el nombre de Pánuco cuando la poblaron, porque
se llamaba así el Señor que poseía aquella tierra", explica Martínez. Los
nombres son: Cristóbal de Frías, Diego Ramírez y Gonzalo de Avila. Por
cierto que en )569, según refiere Joaquín Meade, se inició un proceso de
la Inquisición ante Juan Franco, vicario de la villa de Tampico, contra
Gonzalo de Avila, vecino de esta villa, por haber dicho que eran tantos sus
sus pecados que Dios no le perdonaría e iría derecho al infierno. 6 "La villa
-prosigue Martínez- de Tampico se fundó en eJ tiempo en que gobernaba
la Nueva España Don Luis de Velasco. No se dice en qué año de los que
fue Virrey." 7 La Villa llevó el nombre de San Luis de Tampico en honor
del Virrey don Luis de Velasco. De hecho. la fUDdación real fue el año
ele 1560 como lo confirma el dato de la Descripción Universal de las Indias,
escrita por los años de 1571 a 1574. En ella el cosmógrafo y cronista don
Juan López de Vela$co, dice: "Tampico: La Villa de San Luis de Tampico, setenta leguas de México y nueve de Santiesteban del Puerto, en levante junto a la mar del norte, tiene veintitrés o veinticuatro vecinos españoles y doscientos veintiséis indios tributarios; es la doctrina de un Cura
que hay en él {puesto por el Arzobispo). Fundóse por orden del Virrey
Don Luis de Velasco, año de sesenta". (1560) 8 A éste Tampico es el que
llamamos Tampico colonial.
Sin embargo, surge una interrogante: ¿hubo otro Tampico clistinto del
español, el Tampico indígena, separado de aquel? ¿ Este último quedó fundado en tomo al templo y convento construido provisionalmente por fray
Andrés y más tarde en torno a 1a Custodia del Santo Salvador? Tanto el
capitán Pedro Martínez como fray Agustín de Vetancourt hablan de la
fundación de la custodia, en 1530 (Vetancourt) y en l532 (Martínez), pero,
en realidad, 1a formalización en Custodia parece haberse efectuado eJ año
de 1554, ya que Torquemada decía en su Monarquía Indiana (libro XIX)
en 1606; "ha más de cuarenta años que se fund6", y por cierto, bajo la
advocación de San Luis Obispo de T olosa. La existencia simultánea de dos
Tampicos, uno indígena y otro colonial, parece desprenderse con evidencia
del dato aportado exptesamente por el padre Juan Franco, el viejo, cura
y vicario de la villa de San Luis de Tampico, ele la provincia de Pánuco,
quien en una memoria rendida en 15 70, al arzobispo de México ( de quien
• ME.ADE, Joaquín, La Evangelización de la Huasteca Tamaulipeca y La historia
ecksiástica de la región. Sobretiro Nos. 3 y 4, Tomo XIV, de Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, México, 1955, p. 284.
1 MAllTÍNEZ, Pedro, op. cit., p. 286.
1 VELA.seo y MxNDOZA, Luis, Repoblación de Tampico, México, 1942, pp. 7-8.

515

�dependía en este tiempo eclesiásticamente, la parroquia de Tampico) entre
otras esas decía que la villa era de españoles con diez y seis vecinos casados,
estando situada a una legua del mar, pueblo apá:rte a su cargo era otro
Tampico. . . "pueblo de indios distintos de la villa d~ los españoles, que
tiene treinta vecinos, sin de su Majestad". 9 Esto suscita no pocos problemas
ya que sugiere la coexistencia de dos Tampicos coloniales, uno fundado,
como dijimos, alrededor de la Custodia y otro el fundado para los españoles.
Mearle dice que la ubicación del Tampico indígena de que habla Juan
Franco, cura y vicario de la villa d~ Tampico, bien podría haber estado
"al norte, rumbo a la laguna del Chairel o bien por Andonegui o Arbol
Grande"?º No es extraño, en efecto, encontrar cerámica huasteca en todos
esos sitios y en el mismo Arbol Grande, municipio de la actual Ciudad Madero, vecinos del lugar me aseguran haber recogido abundante copia de
ella, rumbo a la actual calle 16 de Septiembre, a las cercan.ías del rio Pánuco. (Familia Rodríguez Rocha.)
En cuanto a la ubicación del Tampico colonial español, son muy de
tomarse en cuenta los pormenores aducidos por el capitán Pedro Martínez
de Loavza referentes al pequeño manantial de agua .gruesa, situado como
a cien ~etros fuera del poblado, que brotaba de una oquedad que había
en el lugar (y existe todavía). El capitán Martínez escribe lo siguiente:
"ni aun en la villa hay fuente pública, sino fuera de ella, como dos tiros
de arcabuz, está un manantial pequeño que sale de una piedra blanca, _Y
el agua es gruesa y no sana y algunas veces tan poca, que con gran trabajo
se coge"; u por esos y otros pormenores, lo defensores de la ubicación del
Tampico colonial en la ribera sur del Pánuco, o sea, en ]a margen derecha
del mísmo, lo ubican frente al lugar conocido como El Humo m~y cer~a
de la desembocadura del río en la Barra. "Así lo demuestra, d1ce Lms
de Velasco y Mendoza, un documento contemporáneo a Fray Andrés . de
Olmos y a Don Luis de Velasco. Nos referimos a la Relación Geográfica
que figura en la obra que. con el título de Papeles de la. Nueva España,
publicó el sabio poligrafo Don Francisco del Paso y Tronc~so. En ~I ~úmero 637 de esa Relación, se lee: "Tampico: este pueblo nene 150 md10s,
est.á de la Villa de Santiesteban o Pánuco nueve leguas, confina con Chachanal ( debe decir Chachahual) o Tamacuil; está a la boca del río junto

a la mar." 12
• MEwE, Joaquín, La Et•ar.geli.tacwn de la Huasteca Tamaulipeca, etc., op. cit.,
p. 284.
'º MEAD&amp;, Joaquín, ibid., ll· 284.

Pedro, op. cit., p. 287.
v MENDOU,, Luu, op. cit., p. 8.

u MARTÍNEZ,
·~ VE.LASCO

516

Esto de la ubicación de Tampico ha sido motivo de gran controversia

y diferencia entre los historiadores ya que Mea.de y Blas R. Rodríguez lo
colocan en el silio q¡¡e ocupa el Tampico moderno, o sea, el de la repoblación o fundación de 12 de abril &lt;le 1823. Por el dato del "manantial
pequeño" el lugaT parece haber sido el de actual Pueblo Viejo ( Villa Cuauthémoc o sea, en la margen sur, como lo sostiene fundamentado en sólidos
argumentos el licenciado Antonio Martínez Leal. Los argumeutos de este
investigador, cronista de nuestra ciudad y puerto de Tampico, aparte de
numerosos, parecen ser contundentes pues además de los valiosísimos datos
del capitán Martínez, se ha apoyado en el emplazamiento presentado por
varios mapas, como el de Abraham Ortelius en 1579 y la Carta de N. Sansón
D' Abbeville, trazada poco después de la expedición de Alonso de León "a
la Huasteca y Puerto de Tampico, que muestran con toda claridad la ubicación de Tampico en la margen sur del Río Panuco. Aduce también la Crónica
de la Provincia del Santo Evangelio de M é:cico que Fray Agustín de Vetancourt escribió en 1697. Juzga que oí la Geografía y Descripción Universal de las Indias &lt;le Juan López de Velasco que comprende el período
I571-L574 ni la relación del comerciante inglés John Chilton, que visitó
la región en 1572, aportan elementos para dilucidar la cuestión, "-a pesar de
que sus crónicas han sido muy manejadas por los historiadores de la región''.
Nosotros remitimos a los lectores a los bien documentados ensayos históricos
que tanto sobre este punto como en el referente a la Etimología de T ampico
publicó el licenciado Antonio Martíne:i Leal en el diario El Sol de Tampico. 13

Los hechos demuestran que fa iglesia y convento fundado por fray Andrés
de Olmos supusieron población indígena, ya que a los indígenas vi.no a
evangelizar y por tanto justamente es llamado el fundador de Tampico colonial; además de esto, existe su reveladora y luminosa carta al emperador
Carlos V en la cual encarece que haya puerto en Tampico, dicha carta es
de 25 de noviembre de 1556 y constituye un documento de primera fuerza.
En ella el padre Franciscano suplica a la Real Audiencia, "primero, diesen
frailes para cuatro partes 0 pueblos de los dichos cbichim~ y son los
pueblos de Tampico y Tamaholipa y Tamachipa y la Villa de los Valles;
lo segundo, que se poblaren tres ríos de la costa. norte, que son el río de
las Palmas, el Brabo y el Ochuse, que es ya en la Florida, donde todos
desean entre la palabra de Nuestro Señor Jesucristo; porque tanto dicen
por ahl los que vinieron, que parece otro mundo; y para esto y para el
seguro de los dichos chichimecas salvajes y de los navíos, sería gran cosa
"' M.\RTÍNEZ LEAL, Antonio, "Ubicación del Tampico Antiguo", El Sol de Tampico,
jueves 12 de abril 1973 y 13 de abril 1973. En cuanto a "Etimología de Tampico",
loe. cit.

517

�c¡ue en lo mejor de los dichos ríos que de paz están, para mejor atraer
por algún tiempo a los que en ellos confinan de guerra, ayudáodoles a
poblar, y para fundar sus iglesias. Lo 4o. que los corregimientos de la Cuestera y provincia de Pánuco se diesen y proveyesen a los que en Tampico
hiciesen asiento y vivíesen para amparo de aquella costa. . . También parece a algunos que, para el seguro de la dicha costa, hubiese en Isla de
Lobos puerto, que dicen estar cuatro leguas del río Tuehipa, donde seguro
estarán barcas y subirán seis leguas a un muy buen surg;dero seguro; Y que
haya más de un puerto en tierra tan grande, aunque sea este el de la
Villarrica para quien le quisiera, con sus contrapesos, y el camino podrá
salir bueno por Quauhchinanco para México, o haya· puerto en rl río de

Pánuco, junto a Tampico, donde se hallan cuatro brazas y más, con mar
baja, como está jurado '.Y tomado por testimonio estando yo en el dicho
pueblo, y hay mucho lastre, agua y leña, mucha cal '.Y piedra, buenos campos
y tierra más sana ; y afirman pilotos meterán en él navíos de 300 toneles y
más dicen sería mejor moderar los navíos, que no ponerse hacienda y vidas
a tanto riesgo como en San J uao de Ulúa se pasa, donde niño, dicen
apenas se cría". . . "Parece a muchos que poblando buenoo cristianos a trechos, como dicho es, se dará en los dichos ríos, donde hay noticias de mucha
gente. De manera que habiendo religiosos que sean obreros, cierto se servirá
mucho a Dios y V.M. No quiero ser pesado con más particularidades de
notar. Por la limosna para el monasterio de Tampico, que manda hacer,
beso a las manos de V.M.: a su tiempo habrá lugar D.M. Menor Capellán
de V.M. que sus manos reales be¡¡a, Fray Andrés de Olmos." 14
En Tampico muere Andrés de Olmos de olor de multitudes de indios y
de santidad el 8 de octubre de 1571. Aún le debemos al Padre fundador de
Tampko y al infatigable apóstol de las Huastecas el monumento que
merece.
Los piratas ingleses, capitaneados por el cruel Lorenzo Jácome, Lorencillo,
iban a destruir pronto la obra de fray Andrés de Olmos.
Vencido y casi aniquilado Sir John Hawkins en Veracruz, pensó dar golpe
mortal a Tampico. Tras largas y desesperantes vigilias, luego de navegar
por las costas del seno mexicano buscando la entrada de la Barra de Tampico,
un viento huracanado arroja la flotilla de Hawkins como cuarenta leguas
al norte de la Barra de Chavaría o Soto la Marina; viendo todo tan desierto, dispersó el corsario a sus hombres que estaban desesperados y sedientos
enviándolos a tierra. El relato de esta aventura se debe a la pluma de
" .Apud FUF.NTES, lcNACIO y TORREA, Juan Manuel, Tampico ( Apuntes p~ra su
historia), obra escrita por iniciativa y especial encargo del C. D. Jesús Qumtana,
presidente municipal de Tampico, 1942, pp. 46-4 7.

518

Miles Phillips y en ella se describe cómo al encontrarse unos indígenas aquel
grupo de marineros escuálidos y demacrados los dejaron pasar adelante y
señalándoles el sur les decían que podían pasar adelante profiriendo: "Tampico, Tampico, cristiano", o sea, Tampico. A estos los aprehendió el alcalde
ordinario de Tampico en ese tiempo, el capitán Luis Carvajal y de la
Cueva, años más tarde descubridor y conquistador del Nuevo Reino de
León.
De estos filibusteros se escaparon nuestros antepasados tampiqueños. No
asI de las huestes de Lorenzo Jácome "Lorencillo", así apodado por su cuerpo pequeño, ágil como ardilla, activo e inquieto a fuer de ambicioso. Se
duda mucho de cuándo dieron los piratas de Lorencillo el golpe de Tampico, pero en el volumen 21 de las Cédulas Reales del Archivo General
de la Nación encontró un documento el historiador don Joaquín Meade por
el cual queda perfect.amente localizada la fecha de la entrada de Lorencillo
a Tampico en abril de 1684. Varios días duraron los excesos. Las fuerzas
del pequeño baluarte fueron reducidas no sin antes lograr enviar a pedir
refuerzos y auxilios al puerto de Vera.cruz, al general de la annada de
Bar:lovento, la eual pronto hlzo proa hacia Tampico. Al avistarle el vigía
filibnstero en guardia rápidamente dio aviso y se clio la orden de embarque.
Luego de prender fuego a la ciudad, los piratas huyeron en varias naves.
Una de las embarcaciones, cargada de prisioneros, cayó en poder de la armada, no sin una encarnizada resistencia de los piratas. Lorencillo más cmel
que nunca volvió a la carga y volvió a incendiar el pueblo. Todo el r.úmulo
de los esfuerzos ardía en llamas. El documento antes ruendonado otorga
luces al respecto al referirse a los procedimientos que de.ben seguirse contra
Jos piratas aprehendidos y a favor de las fortificaciones que se creen necesarias. Don Melchor Portocarrera Lasso de la Vega, conde de la Monclova,
virrey, gobernador y capitán general de la Nueva España y presidente de
la Real Audiencia es informado sobre el modo de obrar contra los piratas
confirmando la obra por el anterior virrey. "En carta de 12 de Agosto
del año pasado de mil y seíscientos y ochenta y cuatro, refiere que el mucho
desahogo conque el pirata se entra cada día a executar tantas hostilidades
en los puertos de esas Costas, nace de la ninguna resistencia con que se
hallan por los vecinos acosados de sus continuas invasiones desamparan los
pueblos y huyen a los montes y que en la Villa de Tampioo entró en abril
de mil y seiscientos y ochenta y cuatro el enemigo habiéndola robado toda
y hecho prisioneros a sus moradores se dio noticia a la Veracruz al mismo
tiempo que a vuestro antecesor y por la poca clistancia que hay por mar
desde dicho puerto a aquella barra socorrió esta necesidad la Armada de
Barlovento, llegando a tan oportuna ocasión, que apresó ciento y cuatro
piratas y una embarcaci6.n en los que condujo a la Veracruz y que babién-

519

�dole dado cuenta del suceso al General de la Armada, dio traslado de ello
al Fiscal de esa Audiencia, el cual pidió se ejecutase en todos la pena de
muerte condigna a su atrevimiento y que por hallarse con una Cédula de
veinte y dos de febrero de seiscientos y ochenta y cuatro en que se dispone,
que los que se cojieran pirateando se envíen a España, ordenó viese esa
Cédula con los autos. su asesor general de la guerra, el cual fue de parecer
se die.se cumplimiento a lo por ella mandado y que los prisioneros quedasen
aherrojados en parte segura hasta que la Armada los condujese; y que el
General ejecutase en los que hubiere hallado ser capitanes o cabezas, la
pena de horca (como lo hizo y constaba de testimonio de autos que remitió
vuestro antecesor) y que sin embargo de ello, habían vuelto los enemigos
a entrar nuevamente en Tampico con cuatro embarcaciones con designio de
invadir Gua7.aqualco no obstante las prevenciones de gente y armas que
tienen los vecinos; en cuya consideración; dice le representaron los de la
dicha villa de Tampico lo conveniente que sería fabricarse en aquel puerto
un castillo o fortín según la planta que deligneó (sic) el ingeniero militar
remitida al Alcalde Mayor de aquella Provincia que vino con los autos:
en cuyo punto no pasó vuestro antecesor a tomar deliberación hasta darme
cuenta atendiendo a lo apurado que está mi real Patrimonio y que yo
mandase lo que tuviese por más conveniente. Y vista su representáción
en la Junta de Guerra de las Indias con el testimonio y planta referidos;
y lo que sobre todo pidió mi fiscal, he tenido por bien de aprobar como
p0r el presente apruebo lo que en esta materia obró el Conde de Paredes
vuestro antecesor en los cargos de Virrey y el General de la Armada de
Barlovento y ordenaron y mandaron a vos que en la primera ocasión ti_ue
se ofrezca me deis cuenta por mano de mi infrasquito secretario del paradero que han tenido los piratas que se apresaron en Tampico y no se hizo
justicia de ellos y que en caso de estar en ese Reino y Provincias, hagais
se ejecute con ellos lo que está resuelto por las últimas órdenes que están
dadas en esta razón y con los demás que se apresaran, se haga y ejecute
lo que e.stá resuelto y que si se remitieren a España, sea enviado al mismo
tiempa testimonio de los autos de sus causas y sentencias que contra cada
uno se diere, para que en vista de ello se tome la resolución que más conven{ra · y en cuanto a 1a certificación de los vecinos de la Villa de Tampico
propusieron a vuestro antecesor, sería conveniente se hiciese en aquel puerto
os lo remito para que los informeis luego, si conviene que se fabrique el
reíerido castillo o fortín, en qué sitio, de qué calidad ha de ser, y la guarnición que será preciso tenga y con qué cavo, y la costa que tendrá su
fábrica, y el sustento de la infantería, enviándome razón de todo pormenor,
y de qué medios se podrá suplir este gasto que no salga de mi Real Hacienda por Jo sumamente empeñada que se halla y la porción con que para
l:)

520

'

todo podrán contribuir los vecinos y natales de dicha Villa y Puerto de
Tampico, pues se ha de convertir en defensa de sus personas, casas y familias, para que enterado de todo, resuelva lo que fuere más conveniente.
Fecha en Buen Retiro a veinte de noviembre de mil seiscientos ochenta y
siete años. Yo el Rey. Por mandato del Rey Nuestro Señor, Manuel Ortíz
de Otarola, Rúbrica". 16
Destruido por las hordas piratas, Tampico subsistió por algún tiempo pero muchos vecinos empezaron a emigrar unos rumbo a A]tamira, otros rumbo
a un lugar denominado Joya donde condujeron al Cristo, imagen obsequiada
p&lt;&gt;r Carlos V a los habitantes de la Villa en cambio de un donativo de
5.000 pesos en oro. La estancia de muchos vecinos se prolongó durante
algún tiempo en el sitio ocupado por la Villa ya que el año 1684 todavía
la encontró con vida el arzobispo de México, don Francisco de Aguilar y
Seijas en su visita pastoral, de la cual existe una noticia escrita con fecha
de agosto 20 de 1684. Eso y la noticia que proporciona el 31 de octubre de 1748 fray Jacobo de Castro considerando como segunda misión a la de
San Luis Obispo establecida en la Villa de Tampico deja suponer que en
realidad no fue del todo abandonada.
Fray Jacobo de Castro, en su papel de jefe de la custodia del Santo Salvador de Tampico se refería en el documento mencionado a la Villa de
Tampico, "fundada a orillas del Mar Océano". . . "es frontera de indios
bárbaros, sin defensa alguna para los ingleses, quienes la han quemado y
saqueado en dos ocasiones", la última en 1740. Nosotros nos inclinamos a
la opinión de que no quedó despoblada del todo la Villa de San Luis de
Tampico y aducimos como prueba de ellos el que se encuentren documentos -actualmente en el archivo parroquial de la catedral de Tampicoque consta fueron expedidos en dicha ViUa de Tampico. Los documentos
vistos por nosotros datan de 1773 en adelante y claramente se refieren a la
panoquia del Pueblo Viejo de Tampico. Creo existan otros que dan pie
y fundamento a nuestra opinión.
Un misterio todavía por dilucir lo constituye la imagen de Jesús Crucificado recibida con júbilo en la Villa y Puerto de Tampico la mañana del
14 de abril de 1644 a cambio del regalo de 5,000 pesos de oro enviado al
emperador Carlos V a quien las crónicas mencionan como nuestro amo y
señor, siendo que éste había muerto en el Monasterio de Yuste más de un
siglo antes, el 21 de septiembre &lt;le 1558, no sin antes acordar a celebrarse
la fiesta del Señor de Tampico el día 15 de mayo.
La emigración a la Joya está fuera de duda, dado que existen crónicas
11

MP.ADB, Joaquín, Doc!lmentos inéditos para la historia de Tampico, Siglos XVI
op. cit., pp. 81-86.

y XVlI,

521

�que hablan expresamente de las deliberaciones de los vecinos por salir de
ese lugar y la determinación de poblar otro más benigno por su clima y
situación denominado los Barrios o Ranchos, donde se asienta el actual
Tampico Alto.
Las diligencias mencionadas se llevan a cabo ante don José de Escandón
en su breve estancia por estas tierras. En una de ellas se lee: "AJ margen,
Representación de Rvdo. Padre Custodio Fr. Matías Terrón de la regular
observancia de N.P. S. Feo., el Rector y Predicador General custodio de 1a
Custodia del Santo Salvador de Taropico y sus misiones y hallándose V.S.
(Don José de Escandón) en esta Villa y Misión de Tampico en prosecución
de su visita por parte de VS se me ha notificado de ruego y encargo asista
al reconocimiento de los indios de ella, diere noticia de las familias de españoles y demás genfe de razón avecindada en dicha Villa~ de la calidad
del terreno, aguas y temperamento, lo que tengo ejecutado en mi respuesta
y porque la justificaci6n y celo de V.S. provino en mi auto dijera si necesita
alguna providencia para mi aumento y bienestar, sobre cuyo punto respondí
lo haría por escrito en cuya consecuencia comparezco a V.S. en la mayor
, forma que p1iedo y debo y digo que esta población que hoy se llama Tampico,
estaba antiguamente situada en el sitio qtte hoy se nombra Pueblo Viejo,
la que combatida y perseguida de piratas ingleses quedó d esierta, retirándose
de ella sus vecinos, unos para diversos pueblos y otras a la Joya que ha
quedado en el nombre de Tampico, en donde sin más licencia que la que
les dio el Señor, se quedaron poblados y en atención de haberse traído u11
bellísimo simulacro de Jesucristo Crucificado que la liberalidad cesárea de
Carlos Quinto envió al Puerto y Villa de Tampico, se hizo forzoso que los
religiosos misioneros también mudaran, pero como los más de los vecinos
reconocieren lo ardiente del territorio, lo falto de aguas en los meses en
que el cielo las e.scasea, lo abundante de todo género de mosquitos y la copia
de niguas, dejaron la devoción y compañía de la Sagrada Imagen por su
incomodidad temporal y se trasladaron a unas lomos que distan un cuarto
de legua que llaman Los Ranchos en donde hasta el presente se man.tienen,
desde entonces están unos y otros vecinos desunidos y en guerras civiles,
y defendiendo aquellos el que no se intente novedad alguna, alegando éstos
la antigua posesión y aquéllos las grandes incomodidades que tiene el terreno,
así para el bienestar de los vecinos como para el mayor culto de la Sagrada
Imagen; siendo esta discordia, causa de perniciosas consecuencias, que con
el santo motivo de venir a misa, los de Los Ranchos cometen muchas culpas
ocultándose entre la espesura del monte que es forzoso transiten y que
en tiempo de aguas, se valen los mozuelos del pretexto de traer en sus
caba]Io-s a las mujeres para lograr sus dt;!pravados intentos, daños que necesitan el más oportuno y eficaz remedio; aunque ya por convenio -de los

522

v~os e información de los RR.PP. custodios, se han dado justas providencias no se ha logrado el fin, lo que para descargo de mi conciencia y
cump~iento _de mi obligación, hago todo referente notorio a V.S. y pido
y suplico se suva poner fin a este litigio civil, y poner reparo a las ofensas
a Dios, mandando el que los vecinos se junten y vi.van congreg-ados, así
para que tenga e5ta Imagen e1 debido culto, como para que en cualquier
invocación de los enemigos los pueda repeler; mas porque los que están
en esta Joya son 27 familias, el terreno de Los Ranchos es saludable v
' ,
está con las plagas de los mosquitos y niguas, y aquel sin ellas, se ha
d~ seivir V.S. de que estos que viven en la Joya se congreguen y junten
con los que viven en los Ranchos y aunque pudiere servir de estorbo para
esta mutación el tener Iglesia y casas, ya V.S. le consta que la Iglesia fuera
de no estar finalizada, está incapaz de que se acaba, por estar echada a
perder su fábrica y aun se teme que venga al suelo en los nortes que son
muy recios por esta tierra, y que las casas todas están viejas, aiílena7..ando
ruinas y todas de materia pajiza que son de poco costo. Espero en la benignidad de V.S. atenderá, a ésta mi petición y sobre ella determinará lo
que le pareciere que sin duda será lo más justo. Fray Matías Terrón. Villa
de San Luis de Tampico y enero 12 de 1754. (una rúbrica)".16
En seguida se pone a votación la triple opción : o pennanecer en el lugar
la Joya, o regresarse al Pueblo Viejo de Tampico -que no se había des-

poblado del todo según de los documentos se infiere) o poblar los Ranchos"ranchos o barrios, como se le menciona en otra diligencia, que llaman
de Tampico y se halló ser unas lomas altas continuadas de bastante extensión
para cualquier población aunque sea grande ; circumbalada de varios aguajes de buena agua pennanente, se escasea pero nunca llega a faltar, su
temperamento por estar en alto se liace sea el menos caliente y libre de
mosquitos, que toda la comarca tiene muy buena vista, al mar, que se haya
distante como una legua a la parte del oriente, y a tres de la barra queda
el norte, y en dicho paraje se hayan ciento quince casas o jaca.les eo que
viven los soldados y vecinos que las habitan, e incontinente se pasó adonde
al presente se haya la Iglesia" ... 17 allá en la Joya. . . La victoria correspondió a estos Ranchos o barrios o "lomas altas continuadas" con 49 votos
a favor, 13 para el paraje de dicho Pueblo Viejo y 17 para el presente
en que se hallaba la iglesia.
,. Apud, PoNOE DíAz, Leopoldo, Copia de la Cédula Real y título de la Villa de
Tampico Alto, del estado de Veracruz, ordenada el año de 1754-. Denominación
de terrenos, linderos, aguas, etc. Dr. Leopoldo Ponce Díaz, Editor, Tampico, Tamps.

Talleres Linotipográficos "El Comercio", 1931, pp. 13 ss.
11 PoNCE DÍAz, Leopoldo, op. cit., p. 16.

523

�Este fue de hecho el Cuarto Tampico. habida cuenta el que se asentó
en Joya o tercero de haber existido aparte el pueblo indígena Tampico de
que nos habla el cura y vicario Joan Franco.
Deciamos que el Pueblo Viejo de Tampico no se despobló de todo, cosa
que consta por los libros parroquiales que hemos revisado, de modo que
su vitalidad tanto como pueblo como puerto fue aumentando llegando a
tener comercio considerable y a contar i;on numerosas familias de españoles,
de mulatos y de indios huastecos. La iglesia del lugar siguió abierta a los
fieles y el comercio del camarón, del ostión y del pescado se intensificó
con los pueblos cercanos y se extendió hasta la capital del vinseynato. La
re_gión reconocía a TantO)'UCa como capital de la jurisdicción de Pueblo
Viejo o Tampico el Viejo y de Pánuco; aílá residía el corregidor y teniente
capitán generaJ. De vez en v&lt;'Z anclaban barcos procedentes de Campeche
y Veracruz que venían henchidos de sal con la que los moradores se dedicaban a la sala.7,ón del pescado y a la fabricación de la cecina, pero subieron
al doble los precios de la sal y eso ya no fue posible.
Por otra parte, en 1789 el gobernador de la colonia del Nuevo Santander
dispuso se abriera puerto en Pueblo Viejo, el gobernador se llamaba Vicente
Gómez de Santibáñez. St' trataba de impulsar el comercio c.on Veracruz y
Yucatán y que se nombrase un administrador que percibiera las alcabalas.
Así se podrían exportar lanas, sebo, cueros de venado y de res y carne que
se beneficiarían en Veracruz pues acá carecían de valor. Se podrían importar en cambio "ropas de Castilla de que estaban escasos los habitantes",
pues según parece se vestían con pieles de venado y carecían de moneda
al grado que las transacciones comerciales las efectuaban por trueque o
c.ambalaches al modo de los pueblos primitivos.

Quedaron establecidos la aduana y el puerto pero éste no llegó a tener
el auge debido sino hasta los primeros días de la Independencia, pues según
die.e don Pedro Gonzále-.t Paredes, primer diputado por el estado de T amaulipas en el Congreso General, "se mantuvo cerrado hasta la primera insurrección, en que no pudiendo los \'etacruzanos que abastecían de géneros
a casi todas las provincias hacer remisiones por tierra por habérseles obstnúdo los caminos, se dirigían con ellos a él, y desde aquella fecha continuaron haciendo introducciones que motivaron su habilitación en el año
de 1816 para el comercio con Campeche, sin que por eso dejasen de arribar
exJ:&gt;ediciones de La Habana y aun en España".1 8
Mayor auge llegó a tener la ViUa de Altamira fundada bajo la Advocación de Nuestra Señora de las Caldas el 2 de mayo de 1749 por don José
,.. Citado por Lms

VELASCO Y MENOOZA,

Repoblaci6n de Tompíco, Méxko, 1942,

de Escandón. Tenía mejor acceso a muchos pueblos de la Huasteca por
medio de las vías íluviales de los ríos Tamesí y Pánuco y por las lagunas
de Campayán y chairel. Entabló encarnizada competencia con Pueblo Viejo.
El comercio de éste Ja estrangulaba.
Se pensó en la necesidad de un nuevo puerto. Fue entonces cuando surgió
en ambos bandos competidores la idea de poblar un nuevo Tampico.

•

ALGUNAS

qttisquicosillas que aún molestan el olfato del investigador e his-

toriador de la historia regional.

1. ¿Dónde estuvo situada la Custodia del Santo Salvador de Tampico?
2. ¿Dónde está el sitio exacto de los restos del gran evangelizador de la
Huasteca, fray Andrés de Olmos muerto aquí en ''su" Tampico?
3. ¿Dónde estuvo situado el hospital de San Sebastián de la Junta de la
Caridad de Tampico cuyo reglamento fue publicado en Tampico en
1857 y por qué razón no se asignó te1Teno para hospital en el repartimiento
de solares de 12 de abril de Hl23?
4. De los diversos asentamientos huastecos que sí consta estuviesen en tierras
de nuestro actual estado de Tamaulipas, ¿ ninguno llevó el nombre df•
Tampico? ¿ Cómo se llamó eJ asentamiento de Las Flores pertenecientes
al Horizonte Pánuco V año 1000-1250?

5. ¿Dehe en definitiva aceptarse que la etimología de Tampico -Tam
lugar de y pikó: perros- prueba la existencia de perros (cánidos) y 110
de perros de agua o nutrias después de las pruebas aportadas por el
licenciado Antonio Martínez Leal?
6. Las cuestiones sobre los diversos significados de ''Tamaulipas" planteadas por el autor del presente ensayo, ¿ derrumban de modo definitivo
la significación etimológica, Tamaulipas, Tam: lugar de -Aulipas: Montes Altos?*
• El licenciado Juan Fidel Zorrilla en un reciente trabajo -Tamaulipai-Tamaholipa,
publicaci6n awpiciada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Univer..idad
Autónoma. de Ta.mauJipas, Ciudad Victoria, Tamps., l 973-, dice lo siguiente: "El
origen del nombre de nuestro .Estado de Tamaulipas dio lugar a cinco artículos que
escribí en junio de 1972 que ahora se presentan en este folleto, corregidos, ampliados
y complementad~ con notas sobre fuentes consultadas para mejor comprensión dd
tema. Dichos artícuJos se publicaron en El Diario de Ciudad Victoria en julio de

1972.
Carlos González Salas promovió esta importante cuestión histórica con el emplaza•
miento público que hizo a los historiadores tamaulipecos y posteriormente la volvió

pp. 20-21.

525
524

�CONCLUSIONES

8a. Que se abra un concurso para una biografía de nuestros grandes colonizadores: fray Andrés de Olmos y don José de Ese andón.

1a. Con el fin de dar a conocer más la Historia de nuestra región, p1·oponer
al gobierno del estado, a la Universidad de Tamaulipas o a los clubes de
servicios, la creación de becas para que los estudiosos de la historia
de nuestro estado se consagren a la investigación sin angustias económicas. Y que ayuden a la publicación de esas investigaciones.

9a. Que se erija un monumento a la memoria del Apóstol de las Huastecas
fray Andrés de Olmos en Taro.pico.

2a. Organizar concurso~ sobre una Historia Breve de Tamaulipas, de Tampico y otra de Ciudad Madero o de otros municipios cuyo premio sea
la publicación a fin de que sirvan como fuentes de información para
escuelas de primera, segunda enseñanza, preparatoria y nivel universitario así como para tesis, estudios socio-económicos, estudios sociológicos,
socio-religiosos, etc.

Tampico, Fiestas de abril y sesquicentenario de la repoblación de
Tampico, 1973.

3a. Que se finne una Sociedad Tamaulipeca de Estudios Históricos y que
funcione con sesiones cerradas y abiertas para intensilicar los estudios
históricos de nuestra región.
4a. Organizar concursos sobre historia regional en los niveles educativos para divulgar su conocimiento.
5a. Que se pida a las autoridades educativas incluir la historia regional
en los estudios primarios y secundarios, a fin de formar conciencia.
6a. Que se pida a las respectivas autoridades el cuidado, la clasificación
y el ordenamiento de los archivos civiles, militares, parroquiales- y de
las curias episcopales para saber con cuál y dónde se encuentra la información histórica.
7a. Que se editen en ediciones económicas y populares al alcance de todo
el pueblo sobre diversos temas relativos a nuestra historia regional y
que se seleccionen a manera de antología trozos de los muchos estupendos que escribieron nuestros cronistas e historiadores para el conocimiento y divulgación de los hechos.
a abordar en cementado artícuJo que se public6 en diversos periódicos dd estado
durante el mes de septiembre de 1972. En el apéndice de esta obra se reproducen
las dos interesantes colaboraciones del intelectual tampiqueño.
Se empieza a percibir un mayor interés por los temas hist6ricos de Tamaulipas y
confío que este breve estudio mooográfico contribuya a difU11dir la cuestión tratada".
Refiérese nue5tro amigo a dos colaboraciones mías tituladas "Tamaulipas, ¿Misterio semántico?" y "Otros significados de Tamaulipas y algunas toponimias huasteeas" (El Sol de Tarnpico y Et Diario áe Ciudad Victoria, sept. 1972) en que
quien esto escribe no hizo m!s que reunir todos los significados circnlantes de "Ta-

526

maulipas" y que en total suman seis en la actualidad: -Lugar de Montes Altos
(Historiadores, Fray Vicente de Santamaría en la Relación Hist61ica áe la Colonia
áel Nuevo Santander); Lugar de los Olivos (Fray Agustín de Vetancourt, Saldívar); Lugar donde se reza mucho (Joaquín Meade); Lugar donde rezan los Lipanes
(Joaquín Meade); Valle Hermoso (Toribio de la Torre y coojutores); y Cuando
llegaron las palmas (Tarn -ulits • apats, el texto está equivocado en el escrito de
Juan Fidel Zorrilla), veni6n que recogimos en unos manuscritos de Toponimias que
puso en nuestra manos doña Glafira Horta. Zorrilla documenta y hace un evtenso
comentario a los cinco primeros inclinándose al significado de "Lugar donde se reza
mucho", lo mismo que el suscitador de esta cuestiúncula histórica que uos atañe tan
de cerca. Remitimos a la obra de Juan Fidel Zorrilla -57 páginas de texto, más
once de ilustraciones- para una mayor noticia de este punto.

527

�OA.XACA ANTES, EN Y DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA
JORGE FERNANDO ITURRIBARRÍA

Universidad

Juárez,

de Oaxaca

LA

PODLACIÓN de la Nueva España durante los fines del siglo XVIII y
principios del siguiente era predominantemente indígena, como es sabido.
Con un total de seis millones y medio de habitantes, después de los indios
ocupaban el segundo y tercer lugar, demográficamcnte hablanclo, los criollos,
que aportaban un millón, y Juego los mestizos, que contribuían con millún
y medio. Al final se colocaban las castas y los negros.

El norte del país estaba poblado por much05 indios :.alvajes, y en el centro
y principalmente en el 'Bajío -Michoacán, Jalisco y Guanajuat0- el mestizaje se hallaba bien equilibrado, condición detern1inantc para que esa
región fuera la cuna de la independencia. En el ~ur y sureste, la población
indígena provenía, en general, o era heredera de una tradición cultural
prehispánica, la de Meso:imérica, y estaba en mejores condicione:; de inc-orporarse a los grupos culturales occ-1dentalcs a medida que se iba evangelizando y alfabetizando.
Desde el punto de vista de la cultura, el siglo XVIII fue en la Nueva
España época de ~plendor, como puede comprobarse en la B1bl1olheca
Mexica11a, de Eguiara y Eguren. Según lo afim1a don Luc-as Alamán,
vivía la Nuern España tiempos de grande-¿a material dentro de sus condiciones de Colonia. Los zapotecas y mixtecas, por su tradición cultural eran
grupos &lt;·on mayor coherencia social; pero. como todos los indígenas, no
partic-iparon en el proceso industrial de la Colonia, ni en el comercio, sino
en labores del campo, en det&lt;'nninadas artesanías y en la servidumbre.
La actividad intelertuaJ dr los C'riollos y la inquietud de los mestizos contrastaba c-on la aparente pasividad de los indios, contraste aún mis marrado si se considera que aquéllos llevaban la dirección de las actividades
intelec-tuales y artísticas, y éstos la dirección política. Por otra partr, los
c-riollos dominaron algunos aspectos importantes de la econ~mía: agricul-

529
H-34

�tura, comercio e industria, según apree1ac1ones de escritores situados en el
desemboque del siglo XVIII al XIX, como el Barón de Humboldt, Mier,
Zavala y Bustamante.
Si Bustamante, valga la digresión, no hubiese dejado su provincia nati va de Antequera en época temprana de estudiante, probablemente Oaxaca
le habría debido algunos de los estudios que nos faltan sobre la sociedad
de su tiempo. Algunos emprendió otro intelectual contemporáneo a Bustamante, don José María Murguía y Galardi,1 pero éste y casi todos los suyos
obedecen a propó.sitos fundamentales estadísticos; en él tenemos al primer
estadígrafo oaxaqueño. Dejó un importante estudio que publicó en el siglo
pasado la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, mismo que, reducido en tamaü.o, formó un librito en octavo" hoy muy escaso.
La explotación de la grana y de la minería dieron riqueza a Oaxaca.
La grana era una industria que podía cultivarse por cualquiera que poseyera una pequeña fracción de terreno para sembrar los nopales y asemillar
el insecto. En 59 años, de 1758 a 1817, se registraron 1.513, 734 ¼ de
arrobas de grana, con un valor de $ 92.356,36 6 rls. Y la minería fu.e origen
de grandes fortunas. Así se concibe que salvo algunas excepciones, el Oa.,.aca
monumental -arquitectónicamente hablando- provenga de la segunda mitad del siglo XVID. Con la expulsión de los español~ en 1828., bajó la
exportación de la grana. Los indíos asemillaban el nopal y cultivaban la
semilla -dice el padre Gay-, pero los españoles la e.xportaban a Europa.

cial!'S y psicológicos -y la pérdidad de vidas-- que los aztecas experimentaron en el Valle de México.

~a~ aclarar aquí que los zapoteC'a.s y sus reyes Cosijoe7.3 y Cosijopü
dernlieron de antemano aceptar la &lt;!onquísta de Hemán Cortés, como lo
hicieron ante las huestes del capitán Francisco de Orozco, indinados a esta
solución por razones políticas, ya que en el momento de aparecer ]as tropas
españolas en el Valle estaban por dirimirse con los rnixtecas la cuestión de
s~~erioridad del poder militar de µnos y otros" y entonces los zapotecas pref meron ser leales a la Corona de España y aceptar la situación que el destino les deparaba, sin poder penetrar en las conllecuencias presentes y futuras.
Los principales núcleos de estos cacicazgos y centros de aculturación esp~ola se encontraban en San Juan Ghapultepec ( 1523), Tlalixtac ( 1543),
Cuilapan (antes de 1550), T omalteµec ( 1551 ) , Mitla y Tlaco Ju la ( 1553) .
Jalatlaco (antes de 1555) y Tlacochahuaya (1564).

Así los caciques zapotecas del Valle de Oaxaca se constituyeron sin coacci_ón en buenos instrumentos del poder colonial español en el a.:,orupamiento
de los pueblos indígenas en congregaciones, las que, por razones obvias, fa.
cilitaron grandemente la implantación del sistema político colonial y la evangelización masiva de la población.

Al bautizarse esto.s caciques adoptaron nombres españoles y trataron de
asemejar sus costumbr~s, atuendo personal y formas sociales a las de los
españoles de la villa de Antequera. La s11misión pacífica de los caciques
zapotecas --diee Taylor- ahorró al Valle de Oaxaca graves desajustes so-

~unque dentro de las formas políticas y sociales implantadas por la C0l~rua, Oaxaca. vivió dentro de un r.Jima general de paz, y aunque con
ciertas alternativas, fue respetuoso del régimen político, y de la Iglesia, por
cuyos representantes sentía afe.cción reverencial; y como, po.r otra parte,
la producción de artículos de primera necesidad, por escasa que fuera, superaba al consumo limitado a 1a corta población, el poder adquisitivo del
peso era enorme, y aun el del real era muy estimable, lo que redundaba en
que la vida resultara increi:blemente barata.
Por lo que toca al nativo, estaba excluido por la legislación de Indias
de prestar el servicio militar, del que, en cambio, no estaban dispensados
los negros. A ello se debió que, cuando a fines del siglo XVIII se organi~aron fue~ en la Costa Clu_ca de Oaxaca para enfrentarlas a la posible
tnvasion filibustera europea, dichas fuerzas estuvieron integradas casi en su
totalidad por soldados negros. Esto explica, a su vez_., como adelante ,·eremos,
por qué militarizado ya como realista el negro, en la segi.uida década del
siglo pasado los negros costeños se enfrentaron a las guerrillas mixtecas de
insurgentes.

' Fue autor de la Estadistica antigua y moderna áe la provincia, hoy estado /wre
)' soberano e independiente de Oajaca.
s TAVLOR, William B., "Cacicazgos coloniales en el Valle de Ouaca", en Historia
Mexieana, Jul-Sept., 1970.

La monotonía de la vida pr,ovinciana sólo se alteraba en Anteque.ra -como sucedía en otras latitudes de la Nueva España- con las celebracione,
religiosas, o con las civiles, cuando ascendía al trono un nuevo monarca
español o se festejaba su onomástico o el de algún miembro de la familia

Sobre un hecho poco conocido, el señor William V. Taylor, de la Universidad de Colorado, nos ha proporcionado infonnación detallada 2 demostrando con estudios documentados la supeivivencia de la propiedad de
la tierra en el Valle de Oaxaca (y en los de Tlacolula y Et.la), así como
principalmente que a la existencia de un alto nivel social en los jefes nativos durante el período colonial se debió a que el régunen erigiera numerosos cacicazgos indios, con reconocimiento de su nobleza original, en favor
de quienes, habiéndose convertido voluntariamente a la religión católica, sirvieron de instrumento en la transmisión pacífica de dichos Valles a la dominación española.

530

531

�reinante, etc, etc. Entre las actividades nos ha Jlamado Ja atenci6n que se
enseñara a los párrocos a practicar la operación cesárea en casos de emergencia. En la ciudad capital de la provincia la estadística de heridos por
lesiones en una población como era la de Antequer~ de 12,000 almas, dio
la cifra de 129 (uno por mil), atendidos en un año en el Hospital Real.
La moralidad social y familiar era proverbial; pero, en cambio, se registraban frecuentes asaltos y robos en Cuajimoloyas, en Tenga, entre Oaxaca
e Ixtlán, y en las famosas cuestas de OcotJán y de San Juan del Rey.
Aseguran m1estros historiadores que el servicio militar era "visto con
horror por el oaxaqueño", cuando, aproximándose las fuerzas de Morelos
a Oaxaca, fue necesario establecerlo. Entonces se dio de alta a muchos
mestizos y continuó la incorporación de negros a las fuerzas reales.
Despuntan músicos religiosos tan inspirados como el zapoteca Juan Matías, y de aseendencia y sangre oaxaqueña proviene un pintor tan proüfico
y afamado como lo fue Miguel Cabrera. Sólo se podía tener acceso a la
música de órgm:10, orquesta y coros, en las solemnidades de la catedral y
templos principales de la. ciudad capital. La 6pera y el teatro en general
fuernn deleites espirituales muy populares en Oaxaca, pero hasta el {1ltimo
cuarto del siglo pasado. La filosofía era impartida como cátedra en el Seminario
Conciliar de la San ta Cruz, de tipo escolástico, sin entrar en aplicaciones
prácticas, y en los colegios de dominicos, agustinos y jesuitas.
Durante Ja niñez de don .Benito Juárez, por 1812, eJ&lt;istían las escuelas
reales, para diferenciarlas de las escuelas religiosas, que funcionaban a la
sombra de conventos y parroquias, y las "amigas", escuelitas estas últimas de
párvulos -que hoy corresponden a la preprimaria- de un solo grupo y
una sola maestra o preceptora, era atendida casi siempre, por una solterona
o una viuda.

La expuJsión de la orden jesuita en Oaxaca, ordenada, como en todas
partes, por Carlos III y cumplida el 25 de junio de 1767, considera el
historiador Gay que causó tan áspera impresión contra 1a Corona, que a este
hecho puede considerársele como de los que más predispusieron al pueblo
en contra de la dominación española, inclinándolo a la idea de la independencia; aunque se ignora que directamente haya conducido a ningún
acto de rebeldía o siquiera de desacato.
Rebeliones sí las hubo en Oaxaca y fueron cuatro: la primera en San
Ilal tasar Chichicapa, zona J;I1Ínera, por la explotación inmisericorde de los
encomenderos; la segunda se produjo dentro del mismo clero, entre el regular y el secular, con escandalosas manífestaciones que coomovieron a la
población de Antequera y que seguramente trascendieron de la ciudad a
la provincia y aun fuera de ella; la tercera ocurre en Tehuantepec, motivada poc abuso de los oficiales reales en el cobro de tributos, y la cuarta,

que fue un caso grave de idolatría sucedido en San Francisco Cajonos, Villa

Alta.

La primera, la de Chichicapan ocurrió en 1530, recién fundada la Villa
de Huaxyacac. Los encomenderos dispusieron entonces de miles de indios
para la explotación minera de San Baltasar, y los obligaban todos los días
de labor a ir desde sus respectivos pueblos de los Coatlanes, trabajar y regresar por solo tomín de paga. Cansados los indios de la rudeza de las
· labores y de Jas grandes caminatas, terminaron por rebelarse dando muerte
a cincuenta europeos y a una cantidad "doblada" de indios zapotecas, según lo refiere el historiador fray Francisco de Burgoa y lo repite don
Lucas Alamán.
Esta rebelión llegó a causar alarma en la villa; los españoles de Huaxyacac tuvieron que armarse y organizar una e,qxxlición sobre los Coatlanes.
Al fin hubo tratados de paz "con que se aquiestaron y aseguraron". pero
antes de ello existió el peligro de un desbordamiento de los rebeldes sobre
la ciudad, para tomar represalias de sus explotadores.

La segunda, llamada "de las Parroquias" se produjo con motivo de que
desde 1627, con motivo de Jas órdenes expedidas para la reivindicación de
todas las parroquias de 1a Nueva Es~ña en favor del clero secular, Jiubo
un enojoso incidente entre el obispo de Oaxaca, Bohórquez, y las órdenes
de dominicos y franciscanos. Ambas órdenes habían llegado a aeeptar el
real patronato, pero no así el sujetarse a la jurisdicción del diocesano. Apelaron a todos los recursos mas sin tener buen éxito, y persistieron en su
negativa, por lo que se inició proceso canónico en su contra.

Por fin, en su defensa nombraron juez conservador aJ guardián de) convento de San Francisco, de la ciudad de México, fray Diego de lbáñez.
Vino éste a Oa..xaca, citó al obispo Bohórquez con apercibimiento de censuras, y como ni así concurrió, lo excomulgó con gran escándalo de 1a
población, pues era inusitado y parecía monstruoso que un prelado pudiera
haber incurrido en excomunión y que ésta se hiciera pública en las "tablillas"
de los templos.

El obispo apeló y le fue negada la apelación. Tuvo entonces que recurrir
a la Real Audiencia que se la concedió. Pero eJ juez Ibáñez, para evitar
ser notificado de la apelación se volvió a México en secreto y de allí se
marchó, del mismo modo, a España. El obispo apeló, a su vez, a la Real
Audiencia, la que respondió que no era asunto que estuvie..se en sus facuJtades. Se echó mano de otros recursos y la excomunión persistió ante el
estupor de la sociedad y de la feligresía y con detrimento del respeto reverencial que inspiraban las inmunidades de los altos dignatarios de la
Iglesia.

532
533

�r

Por fin, desde España nuevo juez conservador vino por pro\'isión rf'a)
y levantó las censura!, el 12 de agosto de 16:31, después de cinco años rn
que- el obispo, dominicos y franciscanos. aquél por el juez ronscrvador y éstos
por el obispo, estuvieron excomulgados.

dición con la que lejos de
en un paraje, en donde ÍU&lt;"r;ump •~ s~s captores, tuvo doloroso desenlace
peñaron :ms cadávert&gt;S.
n ase~ma os, Y en la barra.nea a donde eles.
La justkia española tuvo que intervenir
&lt;l
•
aquellos tiempos El
•
. • poco espues con el rigor de
.
sumario se practico no sin dificultades
tard
porque los pueblos comprometidos en la insurrección era, d" .· \
Q~s,
reos fue-ron sentenciados a morir en la cárcel de S
• ~ec toe o.
umn·
dárseles garrote se les degolló y sus caL-f
, an Francisco. 0&lt;'-Spués de
. .
~,,,as ueron colocadas en
t
los pnncipales
parajl"S del pueblo.
es acas en

].a grave cnfenneda&lt;l que acometió, a resultas, al obispo don Juan Jimeno

Bohórquez, condujo :,. que se par.tara una reconciliación, a base de la c-onclición puesta por el prelado de que se quemara el expe&lt;lic-nte formado.
La reconciliación tuvo lugar en la ermita de San Bernardo, ubicada cen·a
del paraje llamado "La Cascada", al norte de la ciudad, en donde los dominicos poseían una finca campestre. Pocos ffie$.C-S después fallecía el obispo
Bohórquez.
La tercera fue la rebelión de Tehuantcpec, llamada entonces, en mayo
de 1660, Guadalcá.?.ar. Ocurrió, como se dijo, por el abuso de los cobros
de los tributos que hacía el alcalde mayor Juan de A\,ellán, funcionario
que mandaba azotar a los indios que se atra.,.aban en la entrega, en especie.
&lt;lel tributo. Como respuesta se alzó Guadalcá7.ar y la rebelión pronto se
extendió a los Mixcs, Nejapa. lxtepeji y Villa Alta. La noticia llegó al
virrey, el duque de Alburqut'rque, quien echó mano de diversos recursos
para restablecer el orden y, sin lograrlo, acudió para que pacificara la alborotada \·iUa al obispo de Antequera don Alonso Cuevas Dávalos. El
prelado, hombre virtuoso y sabio, cscurhó y pesó las razones de los indios
y, coru;iguientemente, propuso y consiguió del virrey el remedio de los males
que aquejaban a los indios y, con ello, el retomo n la tranquilidad, como
sabrosamente lo relata don Luis Crtlnúlez Obregón.
La cuarta. motivada por idolatría tu,·o lugar en los albores del siglo
XVIII, el 14 de septiembre d&lt;" 1700, cuando los fiS&lt;"ales de la vicaría de
San Francisco Cajonos, Villa Alta, Juan Bautista y Jacinto de los Angeles,
denunciaron actos flagrantt&gt;s de idolatría ante los frailes de la parroquia.
los que. por ser dominicos eran representantes del Santo Oficio.
Conocedores los indios de los durm castigos que les esperaban &lt;"orno idólatras flagrantes, prefüieron abandonar el pueblo y coaligarse con los otros
Cajono.s --San Mateo, San Pedro, San Pablo y San Miguel- y presentarse
todos tumultuosa y agresivamente frente a la casa parroquial y exigir a los
frailrs Gaspar de los Reyes -famo.&lt;;o éste por sus estudios lingüísticos- y
Aloo¡.o de Va11,ras, la f'ntrega de los fiscales o que, de lo contrario, sufrirían
dios y los familiares de los españoles allí refugiados, las más duras represalias.
Luego de largas reflexiones midiendo el ¡x-ligro de los dos polos de la
disyuntiva, y de haber confesado y absuelto a los fiscales. acc('dieron los
frailes a entregarlos, eon la condición de que se respetasen sus vidas; con-

534

Como nota curiosa cabe agr!"gar que d arzobispo G'll
d
..
pastoral a los U&lt;'hlos d C •
' 1 ow, urante su VISJta
y de Ice

I P
e •.ªJonos, tuvo oportunidad de conocer el episodio
r &lt;&gt; p1 oceso canomco, enterándose de la fonna e
.
sucumbieron en holocausto de la ce C
.d
n que los focales
1' •
onvenc1 O de su m ( " • • • ,
Roma su beatificación. Intervino en la l
~ mo m1c10 en
de los restos el doctor e h ·st 'ad
d oc •~c1on y estudio antropológico
i on
or on Nicolás Lt:ón ue
la
•
estaba organizando en Oaxaca nucstr
.
q , a
sazon,

ar .,

.

• o pnmf&gt;r museo.

•
Por nuestra incomuni

·,
·
. canon, \"Jsto e1 terreno sumamente accidentad
fnos separaba _d~. la ciudad de México, capital del Virreinato y d ·~ qule
uerte compos1c1on demográfica india en la
.,
'
a a a
y su c.ondición de an
. .
poblac1on de nuestra provincia
Hidalgo en las ciuda~!a~ta,E!ª n~?CJa de la insurgencia acaudillada por
d .
e
BaJro, desde la proclamación de la inde
pen enc1a en Dolores, fue escasamente rnnocida aqu'
.
•
ma1iosameote dei
d
.
' y, aun en ese c-.aso,
bl f ,
orma a por las autondades CÍ\'Íles y eclesiásticas de los
pue ~s oraneos. y cuando se le conoció por la imposibilidad de oc 1t 1
produjo pesa?umbre y protesta, cuando menos dentro de los
europeos y cn~llos. Por lo que se refiere a los negros, éstos, com~ se ha di~
c.ho. estaban alistados por ley en las filas de los realistas y allá
.
fieles a la corona de España.
pennanec1eron

~ru~tr:•

las p

·

d

ue:1
reocupac1ones e la guerra, aunque todavía remotas par.:i el oaxa~e
llegaron 3 estos !ares con el advenimiento de dos ingt-nuos emisario~
Hidalgo, comprometidos a encender eJ fuego de la Ju h l"be
.
extender!O
t d 1
. .
.
e a I rtana y
d
por O a a provmc,a. Posiblemente nativos los dos de al
e 1~ pueblos de El Bajío ----("Oino lo revelaba su indumentaria, qu;~:
;sulto d~latora por sospechOSOS- se presentaron en la ciudad de Antequera
os mesuzos nombrados Jos~ María Armc-nta y Miguel López d t·

º:

A
e una.
mbos en~~dos, que pretendían hacerse pasar como vendedores de yesca
ueron lo suficientemente cándidos para confiarse a su delator, un tal Fran~

r

535

�cisco Calderón, guardacaminos a qujen se encontraron en San Juan del
Rey con el interés de que los guiara en su ruta hacia la. ciudad capital.
Calderón comunicó este encuentro como sospechoso a dos europeos y éstos
lo hicieron del conocimiento del intendente José María Lazo. Se les hizo
confiar en la disminución de la pena si confesaban, y así lo hicieron, entregando los pliegos de identificación experudos por Hidalgo. Rápida fue
la causa, dada la confesión. La sentencia de muerte por ahorcamiento se
ejecutó en las Canteras de bcotel.
Un año más tarde, el 2 de junio de 1811 se recibió en la comandancia
militar una denuncia hecha por persona cuyo anonimato se conservó en
su protección durante todo el proceso, señalando a José Palacios y a Felipe
Tinoc,o como los promotores de Wla rebelión para sublevar al pueblo contra
el régimen colonial. El plan consistía simplemente en apoderarse del cuartel
de los "Patriotas voluntarios"; y una vez conseguido esto echarse sobre las
cárceles para sacar a los presos e incorporarlos a sus filas y, con su ayuda
y la de los comprometidos en los barrios de Coyula y el Peñasco, penetrar
a la intendencia para apoderarse de la a·rtillería. Una vez conseguido,
marcharían a detener al comandante general Bernardo Booavia y aJ intendente Lazo, para luego entregarse al saqueo, según explicó el desconocido
denunciante.
Se citaba en los careos y averiguaciones como comprometidos a seis
criollos: Miguel Ignacio lturrribarría, doctor José Femández Zorrilla, José
Mariano Pombo, doctor Mota, Pedro Silva y al licenciado Castillejos. lturribarría era, a la sazón, administrador del Correo y se le citaba como el
jefe de la proyectada insurrección . Sin embargo, a ninguno de los criollos
citados se les llamó a declarar en el juicio y menos se les detuvo. A los
cuatro primeros en las declaraciones se les nombraba como "los tapados".
En realidad la cabeza de la conspiración lo fue el diácono Ignacio Ordoño, hombre corrompido y de muchos vicios, de vida disoluta, afecto al
desorden y a la indisciplina. Ordoño negó todos los cargos en sus declaraciones, pero de su contexto se advierte que estaba tan comprometido,
cuando menos, como Tinoco y Palacios, y que si salvó la vida se debió a
su carácter eclesiástico. Reconoció haber sido anteriormente procesado por
causa de una mujer. Era Ordoño de catadura similar a la de los curas
mujeriegos de que habla el arcipreste de Hita en su Libro de buen amor.
A Iturribarrla se le atribuía simpatía en favor del plan porque alguna
vez dijo en el Correo a don José Ignacio Pombo "que no creía en la prisión de Hidalgo y que era mentira la derrota de Morelos". Las sospechas
parecían recaer en Iturribania y en don Jacinto Varela, pero nada se intentó contra ellos "por estar enlazados con lo más visible de aquí .. , "

536

" ... quedando como quedamos, a la mira de cada uno para providenciar
lo que corresponda .•. " ª
Ordoño. inmediatamente que se le denunció, fue detenido y preso en el
convento de Carmelitas Descalzos. De allí, pasado a la cárcel e inoomunicado.
La sentencia contra Palacios y Tinoco no se hizo esperar. Se cumplió
en la Plaza de San Juan de Dios, el 25 de septiembre de 1811.
A los demás que aparecieron inodados en la conjura se les sentenció a

la pena de destierro a Puerto Rico: José Mariano 5-'anchez, por ocho años;
Ignacio Pombo y Manuel Carmona, por seis;
cuatro, y José Vicente Ramírez, por uno.

José

María del Valle, por

•
Fracasadas las empresas insurgentes reseñadas, llegó a Huajuapan a imprimirles nuevo vigor don Valerio Trujano, comisionado para ese fin por el
generalísimo Morelos. Nacido Trujano en Tepecoacuilco -hoy estado de
Guerrero----, tenía vínculos raciales con la mixteca oaxaqueña. Era hombre
_ cabal, valiente y profundamente religioso. Recorrió buena parte de la zona
combatiendo contra los destacamentos realistas. Se unió a los hermanos
Bravo y al padre Mendoza, y juntos fueron a poner sitio a Régules el 11
de mayo de 1811, en Yanhuitlán, fortaleza en donde éste había establecido
su cuartel general. Avanzado estaba el sitio en favor de los sitiadores cuando
los Bravo, llamados por Morelos que estaba poniendo a su vc-l sitio a Cuau•
tia, tuvieron que quebrantarlo.
Entonces Trnjano se decidió a ir a tomar Huajuapan. Logrado, se hizo
fuerte en el conjunto de edificios formado por el templo y el convento.
Para reforzar a Régules Bonavia mandó a Yanh.uitlán una columna de 400
negros bajo el mando de Juan Antonio Caldelas. Ya unida la fuerza marchó,
con Régules a la cabeza, a ponerle ~itio a Trujano. A su paso, Régules
cometió muchas atrocidades contra los indios, como fue desorejar a más de
veinte de ellos.
Es célebre en los anales de la historia insurgente en Oaxaca este sitio,
por la vigorosa y esforzada resistencia de los insurgentes, hasta la llegada
de Morelos, a quien se mandó pedir au.xilio con el famoso indio de Nuyoo,
que pudo violar la vigilancia realista y lanzar en la misma noche un cohete
de aviso. Es célebre también por los quince ataques que sufrió el sitio y los
ciento once días que dur6, sin dejar de combatirse en un solo día.
' Pág. 233, del proceso

537

�Por fin, Jleg.ó Morelos a Huajuapan, con Hennenegildo Galeana, Víctor
Ilravo y don Vicente Guerrero. Las bien combinadas operaciones permitieron a Trujano romperlo y a Morelos consumar la victoria, acción precursora de su campaña formal sobre la capital de la provincia. El botín logrado en Huajuapan fue espléndido.

•
El general don Antonio González Sarabia, que desempeñaba en la capitanía de Guatemala el supremo rnando militar, bahía sido removido por el
rey de España para encargarlo del mando en la Nueva España, pues el virrey Venegas estaba desempeñando los dos, el civil y el militar.
Cumplidas las órdenes por González Sarabia, hecho que tenía molesto
a Venegas, dejándolo sin noticias en Oaxaca por deliberada demora del
Virrey, llegaron las primeras versiones respecto de que Morelos preparaba
en firme su campaña sobre la provincia, plaza que por su alto carácter
militar le correspondía defender a González Sarabia. Estaba en pésima.&lt;;
condiciones, pues la tropa era escasa y el obispo Bergosa y Jordán había
tenido que formar con seminaristas uniformados de morado un batallón, al
que el pueblo conoció como "el batallón de la mermelada''. El mismo Bergosa y Jordán, que desde el púlpito -según lo refiere don Carlos María
de Bustamante-, había lanzado sobre la figura del jefe insurgente diatribas,
aun soeces, llamándole jefe de una horda de bandidos, acababa de lanzar
su pastoral aprestando al pueblo oaxaqueño a las anuas para defender
"al Rey, a 1a Patria y a 1a Santa Religión".
Morelos dirigió a González Sarabia, · desde Etla, la consabida intimación
de rendición, pliego que un indio, su portador, por miedo, dejó al cura
del Matquesado, en las goteras de la ciudad, y que éste entregó al general
realista externporáneamente, cuando ya el ataque se había iniciado. No habiendo respuesta, a las diez de la mañana del 27 de noviembre de 1812
comenzó el asalto a la ciudad, el que terminó tres horas después, a la una
del medio día, con la rendición incondicional de la plaza.
A Morelos lo acompañaron en esta acción jefes insurgentes tan distinguidos como Hermenegildo Galeana, Mariano Matamoros, Guadalupe Victoria -que en la Victoria de Guadalupe, en Oa.xaca, se cambió el nombre
de Félix María Fernández-, Manuel Terán, y Ramón Sesma, Montaño y
Larios.
El primero en escapar con rwnbo a Guatemala fue el obispo Bergosa. Se
le promovió allí anobispo de México, puesto que no aceptó, y fue a morir
a Tarragona, España, su tierra.

538

Infelizmente para González Sarabia, después de la caída de la ciudad,
tratando de escapar rumbo a Guatemala, íue descubierto con pantalones
de uniforme militar y montado en un asno; llevado a la presencia de Morelos el jefe insurgente le negó el indulto y fue fusilado en las Canteras de
Ixcotel, donde antes habían sido sacrificados Annenta y López de Lima .

•
Después de haber dejado organizado el gobierno inswgente de la provincia
salió la fuerza militar de Morelos el 7 de febrero de 1813, con el fin de ir
a atacar el puerto de Acapulco -en cumplimiento, extemporáneo, de la
promesa hecha a Hidalgo--. Y luego, con su arribo a Michoacán y zona
de El Bajío y los sucesos posteriores que lamentablemente determinaron su
captura y muerte, la -situación de Oaxaca se hizo muy confusa. Esto sedebió en gran parte a la falta de unidad de mando. Lo ejercían, don Benito
Rocha, en Tehuacán, con influencia sobre la Mixteca oaxaqueña; don Ramón Rayón en Antequera, lugar en el que carecía de contactos y amistades,
teniendo más tarde que ir a situarse a Huajuapan para evitar la infiltración
de cuerpos realistas dentro de la Alta Mixteca; y lo ejercía también, aunque
menos directamente, pero sin dejar de tener iníluencia, el licenciado Juan
Bautista Rosáins, hombre de carácter violento y de espíritu sanguinario.
Este abogado había estado muy cerca de Morelos, había sido su secretario
y íue e1 que redactó los famosos "Sentimientos de la Nación". Desaparecido
Morelos, Rosáins fue nombrado por el Congreso jefe insurgente de la zona
oriental, con sede en Tehuacán, que comprendía Puebla, Veracruz, Oaxaca
y el norte de México.
Mientras tanto, quedó en Oa,caca como comandante el funesto cw·a de
Zongolica Juan Moctczwna, que se decía brigadier, famoso, como Ordoño,
por su vida disipada y su afición al juego y al alcohol. Por sus vicios y
la indolencia e irresponsabilidad que éstos traen consigo había dejado desaparecer el regimiento de caballería de los Valles, organizado durante la
estancia de Morelos por don Carlos María Bustamante, con su carácter,
entonces, de inspector general del ejército. Dice el propio Bustamante que
Mocteruma era muy afecto a improvisar discursos populacheros, y que concluía éstos aclamando a la Virgen de Guadalupe.
Fue al venir el desastre de Morelos en Valladolid y Puruarán cuando el
Congreso confió el mando de Oaxaca a don Ramón Rayón, en las condiciones anteriormente relatadas; pero en el fondo, para alejarlo de .su sede.
En estas condiciones de elemento desechado poco podía lograr para levantar
la moral de los pocos insurgentes que aún quedaban.

539

�A los escándalos de Moctezuma y Ordoño se agregaban el rechazo del
pueblo y la moneda de cobre mandada fundir por Morelos, que circulaba
forzosamente: tenía el valor nominal de doce reales --o sea un peso--- troquelada en un metal de ínfimo precio. La moneda mafa desplazó a la
colonial de plata produciéndose la inevitable carestía de la vida y gravitando
siempre ésta sobre las clases económicamente débiles.

El 29 de enero de 1814 se situó Rayón en Huajuapan, en donde fue recibido por don Manuel Terán, comisionado allí por órdenes e.le Mo":los.
Entonces comenzó a discutirse la cuestión de jerarquía de mando, pues IIDenlras Terán se amparaba en un nombramiento del generalísimo insurgente,
el Congreso aún no despachaba las órdenes para Rayón. Este jefe se dedicó
a roncentrar recur.;os en esa wna de frontera, a fabricar salitre y a mandar
reparar fusiles. Hizo, además, gran requisa de ca.me salada de "chito'' y,
estando sin fondos mandó fundir cañones para hacer tlacos, moneda de ínfimo valor, fragmentaria, de a centavo. Aun asi tadavía se dividía ésta en
tlacos y medios tlacos, con algún valor adquisitivo.
Dice Gay que, aunque activo Rayón, le fue imposible desarrollar una

acción positiva eo beneficio de la causa insurgente, y que "bajo su iniluencia
los ánimos y los pareceres se pusieron en oposición anos con otros, y las
diferencias que surgieron entonces entre los insurgentes era preciso que debilitaran su fuerza ... " " •.. Estaban en pugna el padre Velase.o y el canónigo
San Martín, ambos insurgentes, y éste con el comandante Moctezuma'', a
la vez que Moctezuma con don Benito Rocha. Por iguales razones también los pueblos se hallaban divididos.
Por fin, al amparo de esta situación de desconcierto y malestar se situó
en Tepeaca, Puebla la brigada realista del general Mekhor Alvarez, enc3:gado de la recaptura de Oaxaca, lo que se realizó sin acción militar y sm
tenerse qui! disparar un tiro.
.
Marchó, pues, Alvarez sobre Oaxaca y Rayón tuvo que retirarse de Huajuapan a Tehuacán. Alvarez siguió fácilmente el camino de la Mixteca,
y el 29 de mano de 1814 fue recibido Alvarez en la garita de El M~quesado por una comisión de vecinos encabezada por el alcalde de la ciudad,
don José María Murguía y Galardi, nombrado para el desempeño de ese
puesto por Morelos cuando reorganizó el gobierno. Iban en la comisión unas
damas oa.xaqueñas que, portando un ramo de flores, según cue.nla Bustamante, lo ofrecieron al soldado español, y Murguía en acatamiento a su
autoridad le alargó el bast6n de man.do, que Alvarcz rehusó, volviéndolo a
su depositario, en cuyas manos, dijo, se encontraba muy bien, con lo que
le restituyó el puesto. Acompañaban a Murguía los ediles del cabildo de la
ciudad, cuyas simpatías por el retorno al régimen colonial eran eYidentes.

540

Como Murguía y Galardi había ac&lt;'ptado, sin presentarse a su desempeño,
el puesto de diputado al Congreso de Chilpancingo, y ejercido el dt&gt; alcalde
de la ciudad, su caso fue llevado a los tribunales de la C,orte, en donde
se le absolvió.

•
Aquíetado el Valle de Oaxaca, prevalerían algunos brotes insurgent~
en la Mixteca, en Teotitlán del Camino y en el Isbno de Tehuantepec, a
base de guerrillas, cuando el capitán Antonio de León, comandante de los
''Patriotas realistas'' y con una fracc·ión de un Batallón de Guanajuato, incitado por Iturbide, proclamó la indt'pendencia en Tezoatlán, Huajuapan,
el 19 de junio de 1821.
Marchó a la cabecera. que se le rindió, y síguió hacia el fuerte de Yanbuítlán. Después de largo tiroteo y continuas escaramtl7.as~ capituló la for.
taleza, el 16 de julio siguiente entregada por su defensor Antonio Aldeco,
sin que el comandante Obeso, que operaba por Huitzo, hubiera podido
cumplir su promesa de llegar a darle apoyo.
Aumentadas las fuerzas del capitán León con las que. se habían incorporado en Huajuapan y las que fueron convergiendo con él a su paso, procedentes de Putla, Tlapa, Teposcolula, Nochixtlán y Las Sedas, decidió
continuar sobre EtJa, plaza que capturó no sin enconada resistencia, después de un combate de tres horas, que cuJminó con Ja victoria insurgente.
Por fin, el 31 de julio las fueras de don Antonio de León entraron
triunfantes, sin oposición, a la cíudad de Antequera. Desfilaron par las
calles de la Concepción -adyacentf's al convento, hoy 2a. c:tlle de Carda
Vígíl-, cuando coincidentalmcntc, prrn causando el hecho una impresión
premonitoria sobre el puC'blo y la sociedad en general, se desprendió dPI
frontis del convento de b Orden Conce¡xionista un gran escudo co!orúal
de la ciudad, a causa de un fuerte sismo que en esos momentos se produjo.

•
Después de la consum.ac1on de la independencia en Oa:liaca por los mismos procedimientos que lturbide usó en el Valle de México. y a imitación
de lo que d('spués del derrocamiento del primer Imperio ocurría en la capital de la □amante república, el primer régimen independiente del estado
fue constituido por un triunvirato intt'grado por don Miguel Ignacio lturribarría, don Irmacio Goytia y don José Joaquín Guc[Fué, A su renum:ia,
a fines de diciembre de 1822, f'l Congreso del Estado nomhró gobernador
541

�a don José María Murguía y Galardi, quien llegó a tener muchos problemas
graves con el ya entonces coronel León, porque valido de su influencia y
de su grado militar trataba de imponer su voluntad en el gobierno civil.
A )a renuncia de Murguía y Galardi, en noviembre de 1823, fue nombrado gobernador el licenciado don José Ignacio Morales, fundador del
Instituto de Ciencias y Artes del Estado.

El Congreso Constituyente de la entidad, al que correspondió discutir y
aprobar la Primera Constitución Local, estuvo integrado por los siguientes
diputados:
l.
2.
3.
4.
5.
6.
7.

Florencio del Castillo
Lic. José Mariano Gonzále--l
Manuel Domínguez
Juan José Unda
Ignacio María Ordoño
Miguel Martínez
José Ortigosa

ca expidió el primer código civil que rigi6 en ]a República, antes que el
del Distrito Federal.
Trascendieron a Oaxaca, como no podía ser contrariamente, las luchas
de los partidos, entre federalistas, principio por el que se pronunció el
~tado tempranamente, y centralistas, liberales y conservadores, aceites y
vinagres, luchas que culminaron en su primera etapa con el holocausto del
general don Vicente Guerrero~ en Cuilapan.
Desde su juventud, los abogados Benito Juárez, Miguel Méndez y Marcos
Pérez fueron rectores del espíritu liberal, acrisolado en el Instituto de Ciencias y Artes del estado.

8. Manuel Enciso
9. Pedro Vega
10. Lic. Joaquín Guerrero
11. Juan Ferra
12. J~é Esperón,
13. Ignacio Goytia.'

El Primer Congreso del Estado, establecido en 1825, revisó la división
territorial, en la que se daba el nombre ele "partidos" a lo que hoy se
designa como distritos judiciales y rentísticos. En Ja actual división la mayor parte de ellos subsisten con el nombre de sus cabeceras, como Oaxaca
(Centro), Zaachila, Ocotlán, Ejutla, lxtlán, Zimatlán, Tehuantepec, Pochutla (o Huamelula), Miahuatlán, Villa Alta, Teotitlán del Camino, Jami1tepec, Nochixtlán, Teposcolula, Huajuapan y Jutlahuaca. Así pues. prevalecen en la actual nomenclatura de Ja época colonial 16 nombres.
Y desaparecieron como "partidos", incorporándose a los anteriores o aglutinándose los pueblos en otras cabeceras de nueva formación, los siguientes:
Tlalixtac, Ayoquesco, Tlacochahuaya, Atatlahuca, Colotepec, El Marquesado, con 93 poblaciones, entre ellas Etla y 38 haciendas; Teococuilco y
Teutila.
Durante el primer decenio del período independiente, el estado de Oaxa• MURGUÍA y GALARDI, José María, Estadística antigua y moderna de la provincia,
hoy estado libre, soberano e independiente de Oajaca. Según los datos . estadísticos
de Murguia, en 25 años, de 1822 a 1857 la población total del estado au~ent6
únicamente en 146,488 habitantes, o sea 5,859 por año. Considérese la mortalidad,
principalmente la .infantil.
En 1854 el impuesto de "Capacitación" (plr cápite) dejaba al erario público la
irrisoria suma de $ 113,483.33, JlllmSualmente, se supone, principal ingreso con que
contaba entonces el gobierno dd estado.

542

543

�CARTA HJSTORIOGRAFICA PARA CARLOS PEREYR.A
1871-197!

Lic. Lurs RusLfo
Academia Nacional de Historia
y~a

r
LAs TERTULIAS DE MA.oRm son famosas fuera de :M adrid. No he visto realmente en ningún i-itio igual animosidad, ni igual ambiente propicio para
la charla. Una ciudad olorosa a flores, a vegetales; anchas sus avenid~
como extensas salas de juntai;: a los lados de la Gran Vía, de la Princesa;
de la calle de Alcalá; en los camellones laterales de la Castellana y de la
Cah-o-Sotclo; en la Plaza Mayor )' en los caf{,s circundantes a la Puerta
del Sol: mesas y sillas suficientes para quienes estén dispuestos a la conversarit1n acerca de todo.

Y el Rastro dominical del antiguo barrio; y Atocha, lindísimas feria.,
entre solemnes y vernáculas, donde el ir y venir de los transeúntes afanosos
d&lt;' lectura fonna como un entreacto de la wmcclia humana que tod~
hacen: aquí un viejo muy mayor de corrugado semblante anali?.a ~ilenrioso
un libro diminuto, al parecer dieciO(·hesca edición de los Nombres di' Cri¡to
de fray Luis de León, )' aquel de excels.-i barriga, usa unos lentes que c:ttiendeu aún más su anchísima cara; correcto en el vestir, revisa papeles
sobre papeles en un pue.~to drsvendjado. ¿ Serán académicos o catedráticos
C5-0s señores? Y continúan los tipos: una mujer, por In!. ademanes debe
ser andaluw., parece reiiir y simplemente pregunta por una novela de
Concha Espina. Entro a un puesto como antes y después de \'arios m5s
y \'eo colocado en una hilera, rnn la portada al frente, un libro de bella
carátula:
Carlos Pereyra / Las Huellas / de los /
Couquistadores / Aiio / MCMXLII /

545
H-35

�Publicaciones/ del / Consejo de la
.Hispanidad.

Y bien: ,ru1dcstos como aan, n&lt;fuellos tscritoru 111mc" obdi,:aron dr

m calidad literaria para dirigirse al. público. Te11úm fe en d espíritu ..." 1

Al centro un escudo en rojo y gualda; y en rojo y gualda son las letras.

¿De cuándo a ~ta fecha había querido tener este libro, justamente en esta
edición? y por sólo cincuenta pesetas, quizá por menos si regateaba, podía
llevarlo. Me animé y junto a azorines, píos barojas, icazas y ortegas, Wl
pereyra de gran valor.
Además no sólo en estas ferias y calles modrileñas se conversa; lambi~n
en )as viejas librerías como la antigua de San Bernardo o la de la calle de
León casi enfrente de la Real Academia de la Historia, y aún en las modemas editoriales apostadas en las calles aledañas a la Puerta de Alaca}A:
Gaya, Velázquez, Murillo, en los barrios de Salamanca y flellavista; &lt;'n fin,
en Madrid interesan todos los problemas humanos y por eso después del
trabajo y del almuerzo buena es la tertulia.
Salamanca palpita nerviosa por el rumor inacabable de voces jóvenes en
derredor de la vitja Univen;idad, por la Clerecía, por la churrigueresn Plaza
Mayor y por las Catedrales; pero son cantos, son refranes estudiantiles
entreverados con pláticas ya erudita&lt;;, ya picaresca~; y es inconfondible Salamanca. Barce1ona toda está repleta de libros: en las Ramblas, t'n los Paseos de Gracia y del Barrio ~tico; en la plaza Cataluña. Todo mundo lec
en Barcelona pero en silencio; y en casa menudean las lecturas y entretenimientos, pero atildados y severos. Solo Madrid está dispuesta a ser la sede
para cotidianos congresos. Esa es su peculiaridad.

Tt'nían fe en el espíritu y por lo mismo viven todos ahora en intensidad perpetua.

II
En el hogar continuaban los libros. Y al ruidado del bibliófilo y de la
biblioteca, otra biuliófila. María Enriqueta Camarillo: mujer {ína y srnc-illa,
de alma generosa y grande. A don Carlos lo amaba romo a su marido,
como a un niiio y como a un ser casi legendario. Ya c'n su e&gt;..irema longevidad, ru su casa de Santa María en la ciudad de México, sentada eu
una silla mecedora contemplaba respetuosa el n-trato de don Carlos y hacía
rccu&lt;'rdos.

Una n?. me dijo:
-Carlos y yo nos quisimos siempre, basta la muerte,

t\l

leía mis ruentos

y yo sus historias; bromeaba y a nuestros amigos les contaba: María Enriqueta y yo no podemos ser m:ís antagónicos; ele ahí nuestra unión: ella
se pasa las horas contando mentiras e inventando sucesos; y yo mt&gt; las pam
averiguando verdades y corrigiendo mentiras.

Pues bien, esa fue por más de tres décadas el mundo de Carlos Pcreyra.
En un ambiente de tanta sociabilidad y frivolidad no menos intelectual pasó
la mitad de su vida, la de su mayor producción, en Madrid. En academia~.
en institutos, en librerías, en calles y en casa; en todo sitio &lt;'I espíritu eterno
de ta cultura lo invadía, y le recordaba su misión profundamente hispanoamcricanista.

Es más, hubo testigos que así lo vieron. Alfonso Reyes recuerda en una
de sus páginas de Cuntiones estéticas, esa,; tertuJias y a nuestro historiador,
nervioso consistente del sistema:

"Si queréis tener una imagen de lo que pudo ser este concuno, a.romaos, por la noche, a la librería del anticuario Ortiz: allí suekn reunirse a charlar don Francisco Riuas, nuestro maestro de Raíces Griegas
en la Preparatorio, don Luis Conzález Obregón, a quien di:bemo.1 tan•
tnr rect1erdos de la antigua México, don Carlos Pereyro, el maestro de
Historia, el polígrafo y catedrático d,m Victoriano Solado Alvarez, etc.

~46

Dcda m{lS }.faría Enrique ta:
-Uno frente a otro en nuestra salita de estudio nos pasábamos a veces
todo el día, to&lt;la la noche sin ad\·ertir el sol, ni la luna; y sin almorzar ni
merendar, porque coordinábamos extrañamente nuestras tareas ele escribir;
y, metidos en la obra de nada no~ acordábamos.

ue

Sólo
vez en niando una exclamación de cualquiera de los dos interrumpía al otro:

-Aquí está, yo lo decía, ¡ Claro, $1 las ideas de don Fulano de Tal no
daban para más; qué documento, qué documento! -Gritaba don Carlos.
' Aciw1mo, Edbcrto Osear, Recuerdo bio-hibliográfico del historiador CaTlos P&lt;'·
reyra, separada dd estudio publicado en Historia americana y argentina, McndQ'l.l,
nos. l I y 12, 1966-1967, pp. 21-56.

547

�Luego Maria Enriqueta solía decir:

anécdota, no para sornetérseie y acatarla, sino precisamente para vulnerarla
y destruirla, con 1as propias armas de su amenidad ... u s

~Sabes Carlos, pondré en pelit:,rro al pobre Mirlitón, pero junto ron Juan.
No obstante se salvarán de los bandoleros; es necesario exaltar el valor de
un sentimiento humano por la vida de los anjmales. Así que ya sabes, te
lo adelanto, sufrirá Mirlit6n.

Martín Quirate, el más apasionado pereyriano, esrribió en su libro sobre
el autor un párrafo verdaderamente justo: "tiene páginas que no hubieran
deshonrado a un Leopold von Ranke, en cambio a veces deja la pluma deJ
historiador, para tomar la annadura del caballero andante y coger entre
las manos el lanzón del combatiente".º

Y seguían t&gt;ntre wrdades y mentiras que para el caso de crear y renear
casi siempre resulta lo mismo.

Tal vez por ese lanzón, a Pereyra no muchos le hacen raso. Menos cuando
lo usó en asuntos concretos y actuale.~; mejor dicho, contemporáneos para
~I y en estos días todavía vigentes. ¡ Habría que leer algunos textos con•
movedores en el final de la Breve historia de América: y qué decir de sus
libros exclusivamente polémicos!

Escribió Unamuno: "Todos los que vivimos principalmr-nte de la lectura
y en la lectura, no podemos separar de Los personajes poéticos o novelescos
a lo.s históricos'?
Agregaría Ortega: '°La novela de aventuras, el cuento, la épica, son aquella manera ingenua de vivir la~ cosas imaginarias y significativas": 3 y diría
más: que la ficción es solo verdadera historia "divinamente corrompida IX&gt;r
el mito''.t Contemplaba así Ortega, la realidad en la ficción del Quijote.

Hombre aguerrido fue Pereyra: tenía ideales y quería conseguir idea1es,
pero no por eso menos ciertos y tangibles para adelantar..e en el progreso
y avanzar por el conocimiento de la experiencia humana. Y mucho hizo
María Enriqueta con su carácter, con su paciencia, con su vocación. Quirarte mismo se pregunta: " ... ¿ cuán las veces el carácter duke de doña
María Enriqueta calmaría los arrebatos de ira de don Carlos? ... " 7

La novela suple a la historia r-n cuanto a los alcances humanos no logrados en su dramática realidad· todo lo soñado entra en la generosidad
amplísima de la ficción siempre junta e irrenunciable lazo con la realiclaú;
de manera que nada ficticio en este afán está lejos de una verdad fuente
de mil elucubraciones justas.

Jamás, aun cuando estuviera en España o en Bélgica, o donde fuera,
olvidó a Méxieo, ni a su continente hispanoamericano. Por el primer caso
sabemos bien como acierto, aquella afirmación &lt;le Paco Morales Padrón:
"Hay unos elementos religiosos, una concepción de la vida, una lengua, unas
costumbres, unos problemas, etc.. que hacen que el hispanoamericano o eJ
e:,;pañol al ir de un país a otro experimente lo mismo que el duciío de una
casa al pasar de una habitación a otra de su maosión''. 8 Con todo, así es.

Pere;Ta fue un historiador veraz, ele lucha incesante, de frente ante los
problemas históricos relacionados con la vida a&lt;·tiva pero muy junto siempre
con toda referencia proíuudarnentc humana; historiador de combateJ esrri.
bió las más hennosas páb'Ína.s serenas. A veces parece ser un novelista:
pero no hay en ninguna de sus labores la menor inconsistencia que pcnnita
una sospecha de que hable con la verdad; y aun supera la \·erdacl de su
juicio. Al frente de la conquista de las rutas oceánicas, expresó su teoría
estética: " ... Para popularizar una materia histórica. sobre todo si es t."ln
rica y compleja, hay que apelar por fuerza a la intervención del episodio
dramático. Alguien dudará de que sea lícito buscar la cooperaC'ÍÓn de la
anécdota -residuo legendario para 1a. exposición de la verdad, que en historia no existe frecuentemente sino cuando lucha y se impone contra el ele•
mento de la fábula. El autor de estas líneas no ha vacilado, y arnde a la
' A. G., "Serpentinas. Un mrxicano en Madrid: Car)c¡s Pere)'Ta", 1.'ll l,a P,rnsa,
M~xico, 2 de julio de 1942.
• Aou1t.vo SrENCER, Rafael, Prólogo, selecci6n y notas a Carlos Pcreyra, antología
publicada por la Secretaría de Educaci6n Pública, México, S.E.P., 139 pp. ilu~.
{Biblioteca Enciclopédica Popular, n. 190.)
• A1.&amp;ss10 Ronus, Miguel, "Carlos P••reyra. y su ciudad natal", en El Unil,ersal,
Mixico, 1 l de octubre de 1929.

548

Por el S&lt;&gt;gundo caso c.le su estadía en países extraños en circunstancia,
Percyra fue siempre un portador de nuestras viejas tradiciones y tuvo el
deseo nunca desfalleticlo para mostrar todas nuestras capacidades.
México tanto como Pen'1; Argentina igual que Costa Rica y España; así
por el pasado indígena de lo.~ pueblos americanos, como en la etapa colo-

•

- - - - . . En la ciudad dil Saltillo, dibujos de Carrillo y Gariel, México,
Editorial Cultura, 1932, I09 pp., ilus. ( Monografías mexicanas). Contiene nume•
rosas referencias a Cario.~ Pen:-yra, su vida y su obra.
• Auss10 Roeu:s, Vito, Oración fúnebre pronunciada por el Ing. Vito Alessio
Robles, en la rcinhumación de los restos del gran historiador, en la ciudad di'
Saltillo, en ExcélriM, Mcxico, 17 de marzo de l 94·8.
' AsÓNIMOS, "Glosario de rada día. Don CarlO!ó Pereyra'', en Ultimas Noticias
dt E:ccélrior, México, lo. de julio ele 1942.
' - - - - , "R.I.P.5 (Curiosa nota inconsistentl' por la cual el autl•r anónimo
se opone a la idea de l.ra!lladar a México los retsos del historiador), en El Universal,
Ml:xico 4 de julio de 194'.?.

519

�nial y en tuanto al presente mismo, t.'stuvieron en Ja conciencia del historiador, quien sabía de la necesidad &lt;le un.i&lt;lad y de conocimiento para
adquirir las ventajas, siquiera indispensables para nuestro decoro.

111
Cuando me han preguntado por una obra historiográfica acerca de
América, bien escrita y bien pe usada; bien intencionada y con base en
fiel documentación -esa huella humana difícil de comprenderse y explicar..e
siempre-, no vacilo la recomendación inmediata en favor de la obra com•
pleta de Carlos Pcreyra.

Y no vacilo a pesar de saber perfectamente de sus detractores. de aquellos
quienes lo llaman reaccionario. conservador e hispani~ta; términos, los primeros dos, tan elásticos y caprichosos como oír de algunos. re\1olucionario,
o socialista: rl desprestigio de muchos redentores nos orilla a sospechar siempre con derecho y antes examinar para juzgar; y aun en d juicio emitido,
desde su altura, éste encontrará una muy natural oposición. En cuanto al
tercer vocablo, ¡ en buena hora existe el hispanismo, como el helenismo y
el hebraísmo! Términos que- sinteti1,a n el esfuel'7o gi~ante de culturas que no
retonorcn tiempo ni espado, el único poder humano perdurable y siempre
bien recibido; ¿ Por qué no aspiramos a un mrxiranism() univc~ y a un
hispanoamericanismo seme jantc? Pereyra como reaccionario llevó simplemente la acción contraria a la opinión y al hecho que jw.g6 equivocados
y como conservador guardó los principios para darlos en oportunidad corno
guía para seguir un camino, el único permitido al homhrc para conservar
su fe en el futuro; romo hispanista, por último, observó nítidamente las
raíces de una cultura que nos honra y anticipa ahora de nuestra condición
como grupo humano.
Puede el más empecinado, tomar libro por libro de Pereyra y con el
juicio más obcecado, antirrcaccionario, anticonscrvador y antíhispanista, arrancar las páginas, borrar las frases que le parezcan más exageradas y eliminar
cuanto más vea de impertinentes; y cuando acabe su labor encomiable por
tenaz, verá con asombro cómo aún le quedará una buena suma ele juióos
e~clarecedores y certeros; muchas páginas salvadoras a las que debemos h3ccr

caso.
Ya Luis Garrido en re icnte libro explica detalladamente el valor revolucionario de Pcrcyra y sus nexos con el movimiento tan auténticamente
popular y socialista de 1910, como el ideal del historiador; y un c-orifeo de
primeras voces en francés. en inglés, o alemán, en portugués, en italiano,

550

en espafiol, en todos los idiomas cultos de la tierra, autoro.adas voces, afirman y agradecen la buena voluntad de un escritor limpio, de buena fe,
honradísimo. si bien existe otro corifeo empeñado en citar palabras, párrafos,
pá!,rinas en las que ('ncuentran contradicciones, amargura y agresividad contra a~untos tabúes. Cuánto daño hace una reiterada manifestación de aprecio por determinados prototipos, sobre todo cntn· quienes nada entienden
y i;ólo imitan.
La obra de Pereyra es obra encidop{,dica. Es el único bast.'l ahora en
c-onccbir el pasado hispanoamericano con una objetividad estructurada. Por
eso lo compararon con Michelet,U con Rankc y con otros ingenios universales, quienes mnteruplan el pasado humano con lógica vertebral. advierten
el alfa y el omega y ganan la capacidad para explicar nuestros fenómenos
y se convierten en profetas. De cada cien historiadores me atrevo a afinnar
que uno sólo se esíuerui por contemplar conjuntos y obtener conclusiones;
los demás suelen hacer monografías.
Basta pasar la vista por la bibliografía personal del historiador mexicano
para t&gt;ntender la magnitud de su esfuerzo y aun su ideología. Sus libros
sirven ahora, nos serán muy útiles mañana, como instrumentos para nuestro
desarroHo: contienen una doctrina sólida para proteger los valores de nuestra cultura y cxpander las ansias de libertad econ61nica y social: y no servirán sólo a :México; ya se los procuran a lo largo y ancho de nu ·tros países
y gana ca&lt;la \"Cz más una popularidad. Muy bien puedo decir cómo es de
los más leídos y comentados escritores d(' habla española, aunque no goce
de glorias concedidas frecuentemente a otros.

La historia de América Española, La conquista de las rutas oceá11icas, La
historia del pueblo rne.tica110, El /fe111á11 Co,tés y la ef!opeya del Análwac,
La breve historia de América, son libros que merecen ,onst."lntes ediciones,
a milla1-es. por casas serias y editoras clandestinas; se publican antologías y
estudios.

Dos razones e.xisten para que Pereyra pcnnane-t:ca vivo en bihliot('('as y
rstuclios: su veracidad y aprovechamiento de fuentes aunque no ten~a que
señalarlas paso a paso, puesto que bien sabía que los eruditos concx'.en dónde
están y aun tienen el deber dr buscarlas; y los lectores sencillo~ no tienen
por qué sufrir notas impertinentes que distraen su atención y fatigan la
condícióu propicia a la Jectura fluida; y por otro lado, la heíleza y diafanidad de su pro..,;a siempre es leída con gusto.

Su primer=i. actitud siempre se apoya c:on frases wmo estas: "Donde _sólo
•
"P,1ra L, historia. Fichas de archivo" (acer~ d&lt;· algunos juicios
de Cario~ Per&lt;'yra y consideracion~ sobre ellos de AHon&lt;;&lt;&gt; Junco), en El Nacional,
México, t:{ d~ julio de 1942.

551

�se concede la leyenda, Ja historia causa estupefacción"; "lo decimos con dolor, pero no debemos callarlo", etc., etc.

IV
Si el autor de un Juárez discutido como dictador y estadista, con suficiente capacidad mostrada por su destreza en el juicio y su probidad reiterada en el uso de una erudición oceánica, fue honrado por el maestro
Justo Sierra quien lo invitó para ser coautor del célebre libro Juárez, su
obra y su tiempo; pienso sin dudarlo cómo si don Marcelino Menéndez y
Pelayo hubiese tenido CO[llpro:misos así administrativos como editoriales, de
igual manera ocurrido a don Justo y bubie.se al mismo tiempo conocido a
Carlos Pereyra, bien pudo invitarlo a colaborar para Ja Historia de la poesía
hispanoamericana_, y aun para la Hisotria de las ideas estéticas, tan sólo por
considerar la calidad de belleza y erudición de la obra hasta entonces hecha
por nuestro escritor: Lecturas históricas mexicanas y la Historia del pueblo

mexicano.
El mismo alcanzó una sorprendente superación a lo largo de su vida.

Obns monumentales por la excelente calidad erudita y hermosura literaria
son La conquista de las rntas oceánicas (1920); La obra de España en
.América (1929); Las huellas de los conquistadores (1929); Soldadesca y
picaresca, obra de aparición póstuma. Aparte dos obras son modelo cada
cual en su género: una de labor arquitectónica: La historia de la América
Española ( 1920-1927), en ocho volúmenes; y un ejemplo de cómo escribir
una biografía con la utilización de d~umentos, páginas de autores clásicos,
notas justas y estilo claro: Hemán Cortés y la. epope,ya de Anáhuac (1921}.
La lectura de páginas pereyrianas deja en el alma la satisfacción plena
y suave, muy semejante a esa deliciosa experiencia que percibe la vista cuan-

do se está ante la tersura gobelín.ica de
sultado natural de una prosa tan limpia
y la fluidez y sin busca de innovación
¡no es que Castilla está presente a cada
del historiador mexicano?

los palacios castellanos. Es el recomo la azoriniana por la llaneza
estilística. No obstante pregunto:
momento en la derrama espiritual

Cuando se pregunta por las anchas llanuras mielosas, doradas, santuarias,
levíticas, según los rotundos calificativos de Machado, de Ortega, de Azorín,
de Marañón, uno se deja y se abandona; se siente una comunión y naturalmente ejerce su poderosa influencia en el espíritu, Castilla, a pesar de los
criterios divergentes, no puede renunciar a su naturalei.a; menos cuando ha
resistido siglos de ventura espiritual. El artista se deja arrebatar por el in-

552

fluj~ de santidad y sobriedad castellanas; el filósofo trabaja por la mística;
Casttlla sólo puede dar filósofos santos o filósofos místicos. El escritor siente
la penetración en sus páginas de un poco de clasicismo cuando menos.
EJ historiador gana por la. experiencia un ardiente amor por el alma del
hombre intemporal; y aunque lo debe precisar en espacio y tiempo, lo advierte eterno; y aunque lo sitúe en un ambiente definitivo por los mismos
conceptos, lo sabe esencial siempre. Y el reswnen de todo está en obtener
la confiama en el futuro. ¡ Cuánto lúzo Castilla en la obra de Carlos Pereyra! Si su predilección por profundizar en el fenómeno histórico de la
conquista, del descubrimiento, de los viajes insistentes que lograron com•
plet:ar al mw1do y al hombre con todos sus matices raciales; desde sn vida
en México, cuando llegó a España todos los poros de su ser se abrieron
para dejar fácil la obranza castellana.
Recuerdo otra vez el hermoso librito Soldadesca y picaresca, corno la
muestra más sencilla y a la vez más encantadora del milagro operado. Con
el espíritu de la mejor etapa española, con la presencia del paisaje extraordinario, los fantasmas elocuentes de Estebanillo González, de Guzmán de
Alfarache, de Lazarillo de Tormes; la presencia del Cid, la de Don Quijote.
La majestad de Salamanca; aquella venerable, única y sagrada de Toledo;
Y la inalterable Avila, y Segovia y Burgos. Los ríos, las serranías más gra.•
ciosas que altivas, todn concurre para explicar no un hispanismo trasnochado
y f3:Iltástico, ni tampoco una grosera y poco elegante manifestación de grito
sanguíneo por la herencia, sino la verdadera estructura mental, la verdadera
originalidad del hombre que salió de Sevilla y fue al Cuzco, del que anduvo
por todas las costas de la tierra promisoria y nueva, nueva esperanza para
expansiones de todo tipo.
La misericordia psíquica y física no estuvieron ausentes, pero tampoco
lo estuvieron las reservas igualmente de riqueza anímica, la explicación del
porqué, para dar un ejemplo de arte universal, la Edad Media a través
de algunos elementos góticos, nace en Europa y muere en América, eJ Renacimiento crece también en México y Perú y todo es un ensamble para
en adelante caminar juntos, los continentes y el mundo en el destino humano.
Pero a ese sabor castizo del lenguaje, manifiestamente español, debe advertirse el ingrediente americano. Fue América, sus complejos, sus riquezas,
sus posibilidades, sus limitaciones; palmo a palmo en la geografía histórica;
Y suceso a suceso, en su. devenir histórico Jo que má~ atrajo la atención de
su mente.
Pereyra supo y bien que el indígena de América es reserva humana lla.
macla a lograr el progreso largamente anhelado por nuestros pueblos; creyó

553

�en el mestizo como la mejor SQlución para erradicar mil vit·isitu&lt;les de todo
tipo y aun vio conn10\·idu aquel fenómeno ocurrido al conquistador quien

multó a la

~,ez

rnnqu.h.taclo.

Para finalizar citaré la última página de su H~·mán Cortés;

Pre(!;Unla don Carlos:
"·Cómo J,ucden 110 ser americanos aquellos hombres? Cortés cumplió&lt; los veirlte años n1 la Jsla Española, y cuando salió de Cuba paro
ir a México, ya 11nda le quedaba de la patria de origen, sino el afecto
de sus padres. P1,Jro Ci::a de León era u,z niño de trece años cuando
1:mpezó los estudios en la U11iversidad Libre del Atlá11tico, que habría
dt? doctorarle c11tre los grandes geógrafos. Lo mirmv Juarz de Castellanos, tan americano que todo el mundo lo creía neogranadino,. Y que
fue 1mn sorpresa histórica el descubrimiento de que liabía nacido en
Alanís. Remando de Soto y Sebastián de Benánca::ar eran adolescentes
cuando se cmbarcaro11 para el Nuevo Mu11do. Berna/ Díaz del Castillo
como Cortés, cumplió los vei11tc años en tierras intutropicalcs... La
fodepcnde11cio. nació con la Conqui.sta».so
La realidad es la de una originalidad como resultado del encuentro. y
no puede ser indígena ni española y sí necesariamente de las dos como
punto de partida. Es indispensable siempre subrarar este concepto porque
mucho hará para nuestra definición.

V
La antología aquí expuesta está formada de paginas, algunas de las m~
brillantes; tanto por el fondo ideológico, como por la pureza del lenguaJe
manejado.
Es opinión casi unánime entre los especialistas como Manuel González
Ramírez, Martín Quirate, Luís Garrido, de México; Eclberto 0s~ar Acevedo.
de Argentina; Rafael Heliodoro VaJle, de Honduras; Angel D_otor y Municio, de España; Robert Ricard, de Francia, etc., la de considerar como
la obra más importante su Historia de América Española y el volumen de
más valor entre los ocbo que la integran, el tercero referente a México. La
'" - - - - , "Serán tr:i.ídos de España lo~ restos del historiador m~cano Carlos Percyra", en Excilsior, México, 22 de abril de 1947.

554

razón precisamente &lt;.'S la mexicanidad del autor. Aquí reprodU7,eo el final
de este tomo, capítulo al que llamó ''Grande--l&lt;l mexicana'' y constituye una
visión casi profética y lle-na de esperanza para et país que lo vio nacer.
Se lrata de un resumen conciliatorio en busca del equilibrio nacional; y
quien hahla mal de los liberales, según dicen algunos ligeramente, los llama
insignes; y quien expresó alabanzas por ciertos conseniaclores, los censura
no menos &lt;le cien veces, Este e:&gt; un lrmm ciertamente n(l de los más bellos,
ni "imlento 1ú agresivo como las páginas del "paralelo imposible", o del
Mé,áco falsifica&lt;lo; pero hay eleh-anda, claridad, rapidez y afán tomprensivo. Junto a Lucas Alamán, Carlos María de Bmtamante, y junto a Ignació Manuel A1ta111irano, Aguilar y Mai-ocho, irreconciliables t•ntre sí cuando vivieron, Pereyra los une en \'Írtud de sus \irtudes y los proyecta romo
forjadores de nuestra nacionalidad en derredor de un mestizaje espiritual
en un esfuerzo por sostener el prindpio de 11uestra naturaleza.
El preliminar y el capítulo primero, "Lineamientos de la acción conquistadora", de Las huellas dr. los conquistadous, también los incorpora: representan sus juicios y labor de investigación; el esfuerzo considerable de
Pereyra por una historia comprensiva. Y finalmente el pequeño ensayo
"Entre Sevilla y el Cuzco'', una de las pa1tes del libro varias veces m('ll•
rionado en esta introducción, Soldadesca y picaresca; es tal ve--,i en esta obra
de conocimiento póstwno, donde el historiador entrega su n,á,,¡:jma capacidad literaria.
Los tres ensayos so11 de los más serenos, de los más precisos y constructivos.
y pm·den servir parn dar una orientación y semblanza de las cualidades

señaladas a lo largo de este trabajo consagrado a indicar el valor más importante de Pereyra como intelectual de habla española: visión, precisión,
comprensión y elegancia expresiva.
Queda el aspecto del Pereyra agresivo, combatiente y apasionado. El que
más atrae y por 1o que más se le juzga po~itiva y negativamente; pero considero para un trabajo como el presente, indicar un c-onocimiento sistemátiro
ele un hombre al que se le puede encontrar sencillo y complicado; pues bien,
tomamos a.l primero como iniriación y la crítica subjetiva hará el resto.
En la selección de textos para situar su personalidad he creído conveniente exponer algunos juicios de diversos escritores, mexiranos y extranjeros,
de su tiempo y posteriores. Así estarnos en aptitud de saber cuál fue la
estatura derta del hombre intelectual. Textos de Robert Ricard, el cé~
lrbre autor de La conquista rspiritual de México, muy conocida en la versión rastcllana de Angel .Macia Garibay; historiador semejante en mucho a
Marre! Bataíllón, por el fervor que siente hacia nuestra ruhura.
De Rafael Hdiodoro Valle contemporáneo, correligionario y colega de

555

�Pereyra, hondureño continental quien mucho dej6 para México, doy aquí
un ensayo breve: "Carlos Pereyra, gran maestro", reproducido en 1a obra
de Angel Dotor y Muncio. De Ja misma fuente un comedido trabajo de
Melchor Fernández Ahnagro.

encar~ado de negocios en Washington, nnrustto en Cuba, subsecretario de
Relaciones Exteriores, embajador en Bélgica; antes en 1907, diputado al
~ongreso
la Unión en México; y en su últimos lustros, profe,'iOr, investigador y dtrector de centros de estudios históricos en España.

De un historiador argentino, Edberto Osear Acevedo, selecciono una valoración nueva de la obra de Pereyra: de su Recuerdo bio-bibliográfico, la
parte critica de la Historia de América Española.

Carlos Pereyra ocupa un lugar importante en la Historia de la historio-grafía n~ci?nal, lati~oamericana y de España. Hasta ahora son muy pocos
los especialistas mexicanos que logran su estatura intelectual. En el balance
de su vida y de su obra se pierde en efecto, cualquier error político, para
un hoi_n?re que no fue político y a quien debemos observar más bien por
sus mentas, muchos y superiore~ a sus deméritos. Seríamos injustos con
un José Fernando Ramírez salvador del Archivo General de la Nación y
~~eador de ~ey~ que hicieron posible nuestra biblioteca Nacional; quien deJ~ obras ~ahos.isunas de notable y utilísima erudición; descubridor y estudmso de cientos de documentos importantes para nuestra rustoria entre ellos
.?ódi~o q.ue lle~a su nombre, nada más porque e.orno políti~o no tuvo
v1s1on ni atmgenc1a oportuna. Y seríamos injustos también con Salvador
D~az ~rón si lo juzgáramos ante todo por haber estado cerca del .general
V~ctonano Huerta en todo caso responsable de las múltiples tragedias ocumdas en una de las más graves etapas de la vida revolucionaria de nuestro
país; sin justipreciar el valor de su producción literaria, Díaz Mirón fue
más grande poeta que político; y como poeta estuvo a la altura del arte
continental de su tiempo y aún sus poemas fueron y siguen siendo instrumentos generosos para los revolucionarios más auténticos, porque se trata
de un poeta popular a quien interesó más que todo la condición social de su
patria. En cambio cuantbs oportunistas supieron hacer los malabarismos
necesarios para que cayeran de pie después de la refriega.

De nuestros autores recojo el texto íntegro de las palabras que Martín
Luis Guzmán escribió desde París en comentario a La conquista de las rnta.r
oceánicas, la versión france.sa, y que también fue recogido por Angel Dotor
y aparece en uno ele los preliminares de las 0b1'as completas, editadas bajo
el cuidado de Manuel Ramí.rez; e1 preámbulo de Luis Garrido a su libro
consagrado a don Carlos, y finalmente las conmovedoras palabras de María
Enriqueta, escritas a raíz de la muerte de su esposo.
Aparte he integrado w1 índice de ilustraciones que explica el origen de
eUas y la gratitud que debo a quienes cooperaron para lograr esta exposición.

VI

'
Para el lector sencillo debo señalar los datos biográficos más indispensables
acerca de la existencia de Carlos Pereyra. Saltillo fue el lugar donde nació
el 3 de noviembre de 1871, y en Madrid falleció el 30 de junio de 1942.
La bibliografía personal da las fechas de su actividad historiográfica desde
1904, cuando apareció su primer libro, Juárez discutido como dictador y
estadista; hasta 1960 en que se publicaron hallazgos reveladores como sus
notas sobre la H'istoria de Coahuíla, trabajo realmente inicial.
Tuvo la fortuna de conocer a una mujer extraordinaria que Jo acompañó
por muchos años y juntos formaron una pareja distinguidísirua, conocida
y respetada en todos los círculos culturales de España e Hispanoamérica;
de Francia y Pa'JSeS Bajos, Don Carlos y María Enriqueta contrajeron nupcias el 7 de mayo de 1898.
El historiador salió a Bruselas como ministro embajador de México, en
agosto de 1913 y después de los amargos días huertistas por los que México
atravesó, el matrimonio Pereyra-Camarillo fue a España a radicar, desde
octubre de 1916. En 1948, por indicación del presidente Alemán, se logró
la repatriación cle la ilustre escritora mexicana y de los restos del historiador quien había dejado la indicación expresa de que, de ser posible, fuera
sepultado en su ciudad natal; y allá fue trasladado. Durante su vida fue

556

d:

e!

Carlos Pereyra como mexicano estuvo interesado siempre en los pi:oblcmas
sociales de México; ante todo fue un historiador social, y más todavía: de
sus escritos se colige una visión hacia el futuro como razón natural de su
carácter científico. Como escritor aspiró a una universalidad en sus estuclios
Y abrazó el hispanismo; no debemos olvidar que el medio es importante
para la vida de los hombres que trabajan cualquier aspecto del pensamiento.
A don Carlos le tocó la plenitud de vida de los célebres autores de la
generación del 98, cuando vivía en España, y durante su juventud recorrió
la saVIa
. provechosa del positivismo que proveyó a escritores y tientíficos "'de
consignas para elaborar estudios de concreción finne; y si bien algunos exageraron Y quisieron llevar a probetas de laboratorio emociones metafísicas
li
.
'
nac e que se precie de ser un comunista sincero y equilibrado ante la realidad social, es culpable de la obra neg-ativa que se empeñan en realizar
los improvisados y los demagogos. Y como positivista Pe.reyra, a quien tocó
estar muy cerca &lt;lel historicismo de Dilthey rde Croce, y más cerca aún del

557

�existencialismo de Unamuno y de Ortega, no tuvo esos errores que hubieran
dcsequilibraclo su labor. Así que los exabruptos. las pasiones y otros desaciertos no privativos &lt;le don Carlos se miran muy pequeños ante su calidad qur sin embargo d('hemos sup0rar.

OBRAS DE CARLOS PEREYRA

l. "Crítica de la~ Lt:ye~ ,obp: vías gt:nerales de cr,munica ·ión (5 de junio dr 1888 l,
y aprovechamiento de aguas de jurisdicción fodcrnl ( 16 de junio de 1894)",
en Anuario de la R,·tiit,1 de J.,cgislal1tra y /1tri1prudnrcia, año XII, Mé.."&lt;íco,
1895.
2. J-li!toria d,. Coaliuifll (fra,:mentos), obra escrita entre 1898 y 1906 de publicación
póstuma f•n el t. J, de las Obras completas.
•
3. /uríre;: discutido con¡o dictndor y e.1tndista, M1:xin1, Tipográfica eco?ó~ca. 190-!.
4. De Barradas a Baudín; un libro de poUmica /iütorial, México, .Ed1tonal Economica, 1904, 232 pp. (Fondo Hilario Medina en la Biblioteca Nacional de Mé-

xico).
. . .
.
5. Traducción de, Historia dr la cfr•iliwción aritigua, de Tadeusz Z1ehnsk1, Madnd
M. Aguilar, 190-1- (i. •. 1894), 421 pp.
_
.
6. Historia del pueblo me:cican.o. México, J. Balle~d (s. a.) 2 vols. 1lus. Existe
edición popular: 1fhdco, Editorial Nacional, 1955-1956, 2 tt. 1-195 pp.; 11231 pp., ilus. (Colección, ns. 559-560).
.
.
7. Capitul~ todavía no identificados en /uórt:., JU obra -¡ su lrt~i!º• col~bora_c16n
con Justo Sierra, Mclxico, J. Ballesrá, 1905-1906; 2a. cd., Mcxtco, Umve~1dad
Nacional Autónoma de Mc~,cico, 1948 (ObrOJ completas dd mantr&lt;&gt; Juno S,n,a).
8. Coautor con Gcnaro García. DocumentoJ ,n¿ditos o muy raros para la Historia
de Mi:tico, México, Editorial de la Lfürería de la Vda. de Ch. Bonn.·t, 19051911, 36 volúmenes.
9. La Doctrina Mnnroe; el destino manifiesto y el únperialismo, México, J. Ballescá y Cía .. 1908.
JO. Lecturas históricas mexicanas. La conquista de Anáhua&lt;, Mtxico, J. Ballescá ')'

Cía., 1900. 272 pp., ilus.
.
.
._
11. Patria; hi.Jtoria de Ml.tico para ni,ios de la ercuela pnmana elemental, México,
Vda. de Ch. Bouret, 1909, 158 pp.. ilw.
, _
_
12. Bolívar y Wasl11ngton. Un paralelo imjJoJible, Madrid, Editorial Am~ri~. 1916.
(3. El mito de Monroe, Madrid, Editorial Amfrica, 1916, 471 pp. (Biblioteca de
Ciencias Poli ticas y Sociales) .
14. El crimtn de Wot,drow Wilson. Su contubernio con Villa. S1u altntado1_ tn
Snnto Domingo. Su rigimen eorrupto en Nicaragua. Los dos polor de ta diplomacia de Rll/ino Blanco Fombona, Imprenta de Juan Pueyo, Madri~, _1917.
15. Humboldt en América, Madrid, Editorial Amfric-a, 1917, 175 pp. (Biblioteca de
la juventud hispanoamericana).
16. El pensamirnto polltico de 1•fbtrdi, Madrid. Editorial _-i\m~rica, 191_8. _
t 7. Prologo y traducción ¡¡., Formación histórira de la nae1onalidod brasilena, de M.
Oliveira Lima, tr. y pr61. poi',,., Madrid. Editorial Amfrica, 1918, 278 PP·
(Biblioteca Ayacucbo, n. 35),•

558

18. Francitco Pi:arro 'Y el teJoro de Atahualpa, Madrid. Editoñal América, 1919,
223 pp. (Biblioteca de la juventud hi~panoamcricana).
19. RosA~ v TmERS, La diplomacia europea rn el Rfo de la Plata. (1838-1850),
Madrid, Editorial Amfrica, 1919.
20. Prancisco Solano L&amp;pez y fa g1.1eT1"a del Paragua}', Madrid, Editorial Am{-rica,
1919, 270 pp. (Biblioteca de la juventud hispanoam,•ricana).
21. TtjaJ; la primera dt:Jmembración de México, Madrid, Editorial Arnfrica, 1919,
252 pr,. (Biblioteca de la juventud hispanoo.nwrkana).
2'.?. El General Sucrr, Madrid, Editorial América, IQ19.

::!3. l,a Comtitución d~ los EjtadoJ Unidos como initrumrnto dt1 dominación plutomflica, Madrid Editorial Amfrica, 1919.
H. Historia de América Española, M:idrid, Editorial de Satuminc, Calleja, l 920J92i, n&lt;·ho volúmenC$, ilus. Existe una roición popular y facsimilar de la antt:rior; México, Editora Nacional. 1959, ocho \•olúm1•nes ilus. El C(IIltcnido de
rada tomo C'S como sigue: 1.-Descubrimiento y exploración del Nue\'o Mundo.
11.-EI Imperio español. IIJ.-Mfxico. IV.-La.~ Repúblicas del Plata. V.Los países antillano:. y la Ami·rica Central VI.-Colomhia, Venezuela y Ecuador.
VII.-Perú y Bolivia. VIJI.-República de Chile.
25. La Tercer-a lntunacional: doctrinas 1 controversias. Madrid, Biblioteca Nueva,
1920.
26. Dncubrimitnto y e:iplornción del Nu.,110 Mundo (folleto), Madrid, 1920.
27. Prólogo y traduccí6n a, Micadina, de lléctor Henri Malot, tr. y próJ. por, ..• , M:iclrid, Editorial Estrella, 1920, 339 pp. (Grandes c,;critorcs modernos).
:!8. "Sol, hi~toria y ruinas", en Ambica Espa,iola, Madrid. n. 5, lo. dl· ju.lío de 19'.!1.
29. Menlnde;; y Pelti)"' como amet~anista, ci1ado corno follctn por Angel Dotor y
Muncio, sin dar n·ferenrias bihliográficas precisas; y en la bibliografía preparada
por el Dr. í:arrido aparece romo artículo puhlkado en lleliq11ias de Ambica
F.-spañola, E,cuela Tipográfica Salesiana, México, 1922.
30. l..a obrn de España en .fo1irica, Madrid, Biblio1rca Nueva, 1920, 292 pp. Otra
edición: Santiago de Chile, Editorial Difu,ión Chilena, 1944, 291 pp. ( Bibliografías y not:is al pie de páginas.)
31. Hcrnán Cortls y la epoprya del Antlhuac, Madrid, Editora Americana, 1921,
328 pp. ( Biblioteca de la ju\'entud hispa.noamericana.) Existen r.!.tas otras ediciones: !.-Madrid, M. Aguilar, 1931. 437 pp., ilus. 2.-Buen~ Aires, Espas3Calpe Argentina, 19+2: oua ed. en 1959, 283 pp. (Colección Austral, n. 2:16.)
3.-Con prólogo de Martín Quirarte, México, Editorial Pomía, 1970, XLUI194 pp. (Colcrci6n "Sepan Cuántos ... " n. 165.)
32. "Del calor estival en Sevilla y de cómo lo han discutido ilusires prr.1ona~ de
antaño y hogaño", en Revista de A.mlrica Española, n. 10, Madrid, 15 de septiembre de 1921.
33 "Los viernes y las justicias de d1,ña Isahel en el Aki:w&gt;', en Ret·Üla dt América
Española, n. 13, Madrid, 1o. de noviembre de 192 l.
34. "La popular España de Martín }-lume", en ReviJla de Ambica Eipañola, n. 27,
Madrid, lo. de junio de 1922.
35. "El haulizo del príncipr don Juan", en Re1,ista de América Española, n. 16.
Madrid, 15 de diciembre de 1922.
36. La conquista de las rutas oceánicas, Madrid, Ju3D de Pueyo. 1923 pp. (En la
Biblioteca Nacional de México ex.bten tres ejrmphues: uno en el fondo general
de consultas y dos en 1•1 Departamento de Manuscritos y Libros Raros y Cu-

559

�riCl!IOSj de éstos, wio dedicado por el autor al poeta Luis G. Urbina, y el otro
del Fondo Hilario Medina, s6lo autografiado.) Existe edición popular: México,
Editora Nacional, 287 pp., iJIU.
37. Prólogo a, Picaresca stntimental. La vida en los Estados Unidos, de William
Sidney Poter (trata de los aña&amp; de 1862 a 1910), Madrid, 1923.
38. Prólogo y tradut·ción a, ¿ Ha mwerto Shalmpeare? Sátira.r dt Mari: Twain,
trad. y pról. por ... , Madrid, Bibliotoca Nueva, 1923, 225 pp.
39. IJispanoamlrica e /beroamérica, pról. de Ciriaco Pérez Bustamante, Santiago de
Compostela, Editorial El Eco Franciscano, 1927, 15 pp. (Uni\'eraidad de San•
tiago de la Provincia de Galici.a., Facultad de Filosoíía y Letras).
40. Prólogo a, Los orlgenes del gobierno virrtynal en las Indias EspaiiolOJ. Don Antonio de Mmdoza, Primer Virrey de la Nueva España, 1535-1550, pr61. de .••
y notas prcliminare1 de Luis Blanco Rivero, Santiago de Compostela, El Eco
Franci.,;cano 1928, XV-230 pp. ilus (Anales de la Universidad de Santiago de
Galicia.)
41. la huella de los conqvistado,es, Madrid, M. Aguilar, 1929, 404 pp. Otra t'dición
corregida y aumentada, de aparición póstuma: Madrid, Publicacion~ del Consejo de la Hispanidad, 1942, 317 pp.
42. Bm•e Histo,ia de AmJrira, Madrid, M. Aguilar, la. ed. 1930, 2a. ed. t 94 t.
887 pp. ilus. Otras ediciones: 1.--Santi:i.go de Chile, Editorial Zig Zig, 1938,
685 pp. (Bilioteca Cultura.) 2.-México, Editorial Patria, 5a. e&lt;!., 1969, 681 pp.
43. La juventud legendaria de Bolívar, Madrid, M. Aguilar, 1932, 532 pp. ílus.
H. Prólogo a, La l'ida azarosa 'Y romántica de don Carlos Marin de Bu.stamnntc ,
de Victoriano Salado Alvarez, Bilbao, Editorial Espasa Cal pe. 1933. Otra edirión:
México, Editori.-ll Jus, 19681 265 pp. (Colección Méxic:.&gt; heroico, u. 91.)
45. Pr6logo a, Historia verdadera de la conquisla de la Nueva España, de !!cmal
Díaz del Castillo, Buenos Aire-México, Editorial Espasa Cal pe, l 933, 716 pp. :
recdición en 1955 denl:ro de la Colección Austral, n. 1274.
46. "Las noticias secretas de Am~rica y el enigma de su publicación··, en Recista de
lndúts, año 1, Sc\'illa, 1!HO.
47. Las dos supe,eheríns diplomáticas norteamericanas, (Afonroe y el panamericanismo), folldo, Madrid, (s. a.) 1941?
48. La discusión. Cues1io11es ¡,ríhlicas europeas y anuricana1, Madrid, (5. a., 19·11 ?) .
49. El panamericanismo y ti momento aclual, Madrid, (s. a.).
50. La ¡,oblaci611 de El Salvador, Madrid, Publicaciones del Consejo Superior de
lnvt'Stigaciones Científicas, Instituto Gonzalo Femándc1 de Ovieoo, (s. a .).

ach•ertine que fue escrito en España), publicación pos· t
campleta.s, I t., en 19S 9.
uma dentro de las Obras
58. Soldadesca 1 picartsco, obra de publicación póstuma integrad
I bo .
period.ísti~ denU'O del t. 11 de las Obras comptet:S . en 196~ por coa raciones
60. Et Docto, Monardes, sus libros 1 sat museo obra d~ pubr ·., ..J.
d
tro del t. II de las Obras completas en 1960
,cac1on .l",stuma en61. El monasterio de Guadalupe, notas de publicación ...(
las Obras cornpleta.s de 1960.
.,..,stuma dentro del t. II de
62. El Mbaut_izo d_ e la Cali/ornia, citado como folleto en el libro de Angel Dolor
~
u~c10, s1n dar referencias bibliográ!iC.1.S.
63. Estudios_ ~e Derecho. Internacional" ( co-autor con Celio A('osta) folleto
en la Biblioteca Nacional de Mexico se encuentra clasificado d~ la . s_. a.,
manera: D341,57 ACO.e.
s1gu1ente

6-1-. Poinsett y socios (Obra inédita citada por e) Dr. Luis Garrido en
de Carlos Pereyra).

su libro acerca

65. Tra~ucción
66

·

7
6 ·
68 ·
69.

y prólogo a, Socialismo gremial; el sistema jornal y los medios de
obolzrlo, Madrid, Biblioteca Nueva (s. a.) 359
Pr6logo
B · l
·
'
pp.
• a, a10 llJ ctnuas del tedio -y otras nozielas, de Fidelino de fi ercido
Madnd .. ~spa~ ?alpe, 19?? (_Co!ecci6n Awtral, n. 74 J).
gu
'
T-':'du~ion Y_ ~rologo a, La ilusión yanqui, de Eduardo Pando Prado Mad 'd
Ed1tonal Amenca (s. a.), 264 PP· (Bfülioteca Andrés Be!Jo n 49 ) •
n '
Traducci'un d e L as lrtºb ulacrones
·
' . de .Robrrt L ·
de un jovtn indolente novela
Stevenson, Madrid, Biblioteca Nueva (s. a.) 235 pp. ,
ou1s
Prólogo . a, El
d
·
·
d
E
d
M
'
. iarro t va e
ark Twain ( citado en la obra de An ¡ D
Y Munc10, :nn fecha).
ge
otor

70. Prólogo a, El Centouro del Ybicui, por Juan E. O Leary citado en 1~ h"bl'
al'
preparad
I D L •
•
,
~ 1 1ogr 1a
3 por e
•
r. UIS Gamdo, dentro de su libro acerca de Carlos Pere ra.
70 Bu. Obras cumpletas, pr61. y notas de Manuel González Ram:-. "{' •
YL_

bro5 U 'd
M ·
""z, " ex,co, 1"d d ni os_
CXJcanos, 1~59-1_960, dos volúmenes (Colección Laurel). Con te·
O
m
el primer romo: H1stor1a de Coahuila· México sus pai~a·es
¡
d
su vida;
Juárez discutido como dictador y ~tad=•ta·
god'lil.e
His
.
~
, 'ne Ba~,.1
uouas aY 8 au
tona de!, pueblo °:~cano; I...ecturas hist6ricas mexicanas; Tejas, la primen:
desmemb~1on de Meneo, México falsificado. Contenido del segundo tomo·
La conqUista de las rutas oceánicas; LM huell~ de los conquisl.3.dores. La b ·
de España en América; Ilemán. Cortés: Soldade.,¡ca y picarcxa; Godo/ Estu~i:
breves (Monardes, El monasteno de Guadalupe, etc.); .España rstá despierta..

ª

51. la disob.Ación de Rusia, Madrid, (s. a.).
52. El feti,ht. conslitucional americano, Madrid, M. Aguilar, 19-l2.
53. QuimeraJ )' t•erdadcs en la historia, Madrid, M. Aguilar, 19·15 (Coll'ccibn Crisol).
54. Vcnión pr6loso y notas a, La linterna fant4stica, de Rudyard Kipling, 2a. ed.
(Madrid, M. Aguilar 1958, 392 pp., reir. [Colección Crisol, n. 321].)
55. Berna! Díaz dl'l Castillo -, su obra, estudio al frente de una scfección de rapltulos de la Historia verdadera dtl soldado eronuta, con el tfolo de: Dtsc"bri•
mitnto y conquista de México, Narraci6n Integra de tsta epopeya f ormcda con
los más brillanter capitulas dtl Prlncipe de las cronista.s, México, Eoitora. Nacional, 1959, 49 pp. ( 455 pp. del libro e ilus.) .
5b. Mhtico falsificado, publicaci6n póstuma, Méiáco, Editorial Polis, 1949, 2 vols.
57. Müico, sus paisaje1 )' algo de su vida (a la importancia de este libro, debe

560

561
H-96

�LA SO.M.BRA DE LERDO
XAVIER TAVERA ALPARO

Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo

habfa desaparecido del escenario polítiro, la atención tanto de Díaz como de L'l opinión pública se fijaba en Guanajuato en donde
estaba el foco del movimiento encabezado por el licenciado Iglesias, las
fuerzas se concentran hacia este lugar y se preparan a asestar el golpe de
muerte. En tanto, en la capital de la república, el general Juan N. Méndf'?
dispone que se lleven a cabo las elecciones municipalt&gt;s.
LERDO DE TEJADA

Drspués de la derrota del general Antillón ocurrida en Unión de Adobes.
se ronsidera que militarmente el iglesismo ha quedado vencido y sólo re
espera aniquilarlo polític.1mente.
No tarda en hacerse sentir eJ rápido debilitamiento político del iglesismo.
y como síntoma grave desaparece de la circulación, al dejar de salir a
pública luz, el periódico La Legalidad órgano del grupo i~lesista residentt·
en la ciudad de Méx:ico. 1

Se decía que "El Presidente Constitucional de la República C. José María Igelsias'' declaraba que cualquiera que fuera "el orJcn de cosas que
se [estableciera] en el país en virtud de la Revolución [que encabezaba} el
general Dí:iz'' sería recha1,ado por él "como at&lt;'ntatorio a la Constitución"
y que "cualesquiera que fueran las vicisitudes no abandonaría ui por un
solo instante la bandera de la legalidad"; 2 empero, a pesar de todos t&gt;Stos
deseos el partido de José María Iglesias rarecc de fuerz.as para sostener la
situación y sucumbe ante el aplastante movimiento tu.'{tepecauo.

Mas, en cambio, se mantiene viva la chispa del lerdismo. A todas horciS
parece acechar el momento oportuno para convertirse en incendio. El go' Lg., 8 de enero 7i.
~

Lg., 8 de enero 77.

' 563

�biemo de Tuxtepec desconfía, los tuxtepecanos se sienten vigilados por la
sombra de Lerdo que parece estar presente en todas partes.
A tal grado se hace sentir la amenaza del lerdismo que aquello que
era una petición de los tuxtepecanos en el mes de diciembre, a partir de
enero se convierte en una exigencia insistente y molesta. Nos referimos al
proyecto que habían concebido los amigos de Díaz de destituir de sus puestos a los lerdistas. Posiblemente e.ste proyecto tenga dos aspectos; uno el
tendiente a buscar, a manera de recompensa, un puesto dentro de la administración, y el otro tendiente a disminuir la fuerza con la que, en las
filas del gobierno, pudiera contar el lerdismo. También, a partir de enero,
El Federalista, periódico que como sus mismos editores confesaban se trataba de una publicación partidaria de Lerdo de Tejada, se convierte en
un ariete contra el porfirismo.

Hay pues, un fantasma, una sombra que se cierne amenazante sobre el
régímen aún inestable del general Díaz. A tal grado es esto notorio para
el mes de julio de 1877 que cuando llega a México Lancaster Jones, comisionado pot don José María Iglesias para .reorganizar el movimiento de
la "Legalidad", ha de escribir al expresidente de la Suprema Corte que,
a su juicio, es inestable la situación politiea, y agreg.a, "yo creo que el
desencadenamiento de todas las furias de la guerra civil no tarda largo
tiempo; pero hasta hoy no se ven más que amenazas", y asegura que el
ejército se abrazaría al Ierdismo por ser "la única bandera que hay'', pues
por lo tocante al principio de la "legalidad" no quedan ya señales de vida.
La inestabilidad del régimen de Díaz, la falta de haberes para las tropas
y los comentarios de la prensa a raíz de los primeros fraudes electorales,
dirá Lancaster Jones, es lo que, desde los primeros meses del año, empezó
a animar a los lerdist.as cobrando con ello cada vez mayor brío. 3
En efecto, como hemos dicho más arriba,
y luego la de otros periódicos que en un
patía y confianza al régimen tuxtepecano
y opiniones, esa situación de inestabilidad
por el licenciado Iglesias.

primero la labor del Federalista
principio habían visto con simcrean a éste, con sus artículos
que veía el observador enviado

Desde los últimos d.ías del mes de diciembre de 1876, al comentarse la
"convocatoria para los poderes federales" que había hecho el gobierno presidido por el general Juan N. Méndez, se inician los ataques, diciéndose de
ella que es una "pieza en la que queda de manifiesto el exclusivismo de los
tuxtepecanos".' O bien se considera que "en cualesquiera otras circunss Lancastcr Jones a J. M. Iglesias, México-Nueva York, 9 de julio 1877. A.
L. 15, C. a, fs. 73-75.
• Lg., 27 diciembre 76.

564

J.

M l.,

tancias, desp~és de la caída de una administración como la del Sr. Lerdo
la_ ~onvocato:;ia a elecciones... habría venido a ser el término de una
CTISlS !:&gt;enosa , mas en la convocatoria del general Méndez no podrían
advertirse ?uenos augu~os sino, los gérmenes de nuevas discordias políticas
que acabanan por hundir al pats. 5 Tal ocurrirá puesto que la convocatoria
no hace sin~ falsif~car los a~elos democráticos, "ya que de un tuxtepecano º?. quiere, ru acepta, ru admite de ninguna manera más que su
predomm10 absoluto". 6 Pues, asegura otro periódico, Jo único que al parecer
quieren J~s caudillos de Tuxtepec, son los puestos públicos y para eso no
hay necesidad que se demuestre con la convocatoria sino que lo aprueba
el artículo 3o. del famoso Plan de Tuxtepec. 1
'
También se empieza a señalar qu_e todos los procedimientos anormales
de , los que se acusó al gobierno
de Lerdo de Te1·ada·. "Pris'o
b"tr '
•
•
1 nes ar 1 a nas;
prestamos forzosos; contnbuc1ones extraordinarias; violación de la soberanía
de los Estados; el poco o ningún res~to a la opinión pública. en fin tod
0
anuell
·, anatemizó se está poniendo en práctica
'
•
,., o que 1a revo1uc1on
nuevamente" por la restauradora revolución. Mas, se comenta, de todos e.sos hechos que fueron atacados, el que con más dureza se censuró "fue el de
sostener que -cosa falsa- el gobierno protegía determinada candidatura
para los puestos oficiales''. Lo curioso es que todos aquellos vicios que el
~~ tu.x-tepecano ~hacó al gobierno de don Sebastián y que sirvieron para
JUStifi~ la revolución., se e-Stuviera.11 llevando a cabo y, el de la imposición
de c:md1datos lo hagan con dinero del erario con el que, además, se "van
a, a~entar algunas publicaciones que usurparán sus t-ítulos a Ja opinión
publica y propagarán las ideas oficiales".s

, Y, lo más c~rioso es que aun algunos periódicos que aparecían como
organ~s del parttdo conservador que llegaron a atacar rabiosamente a Lerdo
de Te3ada y ~ llenar de loas al caudillo de Tuxtepec, invirtieran Ja fónnula
al ll~ar a D1az detractor de la Constitución, y al referirse a don Sebastián
lo senalaran como un hombre que "aunque abusó de ella para sus fines
sin embargo la tuvo con miramientos y respetos",9
'

Engaños ,, desengaños
Al parecer, a Porfirio Díaz y los suyos solamente les mueve la avidez r
eL poder. Al grupo tuxtepecano se le califica como una pandilla ebria ~e
• Lg., 28 diciembre 76.
• Lg., 30 diciembre 76.
' P., 4 enero 77.
• F., 3 enero 77.
• f'., 26 diciembre 76.

565

�ambición que quiere derribar el orden legal "para erigirse en los escombros
de nuestras leyes protectoras...10
Díaz y los suyos han transformado apenas "en una hora toda la elaboración del tiempo en su marcha social". Han ido corrompiendo toda la administración, suplantando ''empleados dignos y llenos de mérito con el primero que ha gritado en la plaza ¡ Viva el Plan de Tuxteped" .11 Se ha
aliado con los conservadores, "con los hombres del pasado", y cuenta entre
sus miembros al secretario del sanguinario 00 Tigre de Tacubaya".ll En
efecto la prensa conservadora se I't'gocija porque su partido había logrado
una alianza con el tuxtepecanismo lo que les hace mantener un optimismo
efímero acerca de la participación de este partido en la vida política que
se inaugura en el país. El pa,rtido católico confiaba en Díaz porque con él
militaban "muchos católicos y conservadores'',1 3 ya que el plan de Tuxtepec
llevaba en su bandera "el simpático lema de la libertad del sufragio". Estas
son las razones por las que creen los conservadores en Podirio Díaz y lo
apoyan candidato a la presidencia de la república, y ésta también la razón
por la que el partido conse1vador presentaría candidatos para las elecciones
de 1877.u De esta manera los miembros de la prensa conservadora han de
desatar una campaña eufórica en favor del tuxtepecanismo pues están seguros de la legalidad "de las próximas elecciones", afi:rmando que ahora
sí "todos los trabajos electorales deben ser públicos y enteramente libres,
nada de intrigas, nada de influencias oficiales. Que alguna vez siquiera
triunfe la voluntad naeional". 15 Se asegura también que el general Díaz
tenía en sus manos el remedio de la situación católica de la nación, y ya
que en sus filas habían militado muchísimos católicos él podia acabar con
todas "las leyes inmorales, con las persecuciones al culto dominante", acabar
definitivamente con los principios impíos y antisociales que han vertido el
tósigo de la inmoralidad en las masas del vulgo ignorante, no menos en las
clases que se tienen por ilustradas". Por estas razones se está con Porfirio
Díaz, por esto se lanzan candidatos- conservadores para que ayuden al gobierno del caudillo de Tuxtepec a poner el remedio a la situación del país,
puesto que el ascenso del partido católico a los puestos públicos "lejos de ser
una calamidad, como dicen los declamadores reformistas, será sin duda el
restablecimiento del orden, de la justicia, de la libertad y de la paz".18
'º F., 6 enero 77.
u F., 10
11

,.
••

"
'"

566

F., 6
VM.,
VM.,
VM.,
JlM.,

enero 77.
enero 77.
29 diciembre 76.
28 diciembre 76.
5 enero 77.
26 ene~o 77.

Empero; este optimismo es de muy corta duración, y el amor que los conservadores profesaban a Porfirio a raíz del triunfo de la revuelta de Tuxtepec se transforma en desamor y en manifiesta aversión.
Se empieza por desconfiar en la sinceridad e imparcialidad del sufragio,
aun cuando de todas maneras piensan los conservadores participar en las
elecciones.U Así, ya para el día 14 de enero advierten q_ue, al parecer, no
se respetará el sufragio puesto que se están siguiendo procedimientos previos
a las elecciones que hacen sospechar que ha de caerse en una situación
electoral viciada que conducirá a una política "como la de la época de
Lerdo".111 Y días después, en una editorial en la que se hablaba de la po-pularidad del movimiento de Tuxtepec originada por provocar la caída de
Lerdo de Tejada y por declarar el respeto al sufragio, se denuncia al partido
liberal como el que falsea la "regeneración" al constreñir a Jos ciudadanos
del Partido Católico y al tratar de desvirtuar el sufragio,~9 Y~ posteriormente,
analizando la historia política dt'lSde "la dictadura lógica de Alvarez hasta
la dictadura irregular de Díaz'', se hace ver que hay una serie de caudillos:
"próceres liberales", que han llegado al poder alegando "su amor a la pa•
tria". Ahora bien, se argumenta, Díaz no está en la circunstancia de lo~
eaudillos que Je han antecedido, puesto que "está colocado entre un partido caído y audaz que lo hostiliza y un gran partido influente que lo recela". Naturalmente el partido "influente" era el conservador. La política
que sigue Díaz es embarazosa y le estorba tener buenos resultados, se afirma;
debe hacer caso omiso del partido que lo hostiliza y cumplir con el programa
que señala el Plan de Tuxtepec.20 Todavía hay un tir6n más al optimismo
del partido conservador; éste se da cuando el Ministro de Gobernación de•
clara que "el gobierno no permitirá que el desacuerdo en las opiniones religiosas sirva de pretexto para destmir 1a igualdad de derechos entre IOti
ciudadanos". 21
Empero, bien pronto este optimismo decae y se desbarranca; primero
por la pendiente de la desconfianza hacia el régimen tuxtepecano y después
por la de la aversión; todo ello originado por los resultados de las elec•
dones de 1877. Se aseguraba que "el gobierno existente ha tenido el talento de descontentar a todos, de dividir a SUS- mismos parciales, de no engañar más que a sí mismo y ser objeto de lástima universa)". Este gobierno
que ha perdido el apoyo de los liberales, se afirma, quiere echarse en brazos
" V.M., 12
" VM., 14
" VM., 16
"" VM., 19

enero
enero
enero
enero
" VM., 23 enero

77.
77.
77.

77.
77.

567

�de los católicos, pero éstos no pueden confiar en un gobierno en el que
los mísmos liberales confían. 22

ni

Y ante todas las violaciones electorales que han ido cometiendo los funcionarios tlL'ctepecanos, el gobierno emanado de la revuelta de Tuxtepec sufre
terribles ataques de parte de los conservadores, quienes argumentan que por
· )as constantes violaciones a la Constitudón ha resultado peor que el gobierno de don Sebastián Lerdo de Tejada.:?3
Poco a poco, a través de las editoriales, artículos y gacetillas, el partido
con.servador va tejiendo una urdimbre de ataques al régimen de Tw..1:epec
hasta que, violentamente, se le achaca su ilegitimidad. El régimen de Díaz,
aseguraban los conservadores, es un régimen espurio, ilegítimo, que ha traicionado lo.~ principios deÍ Plan de Tuxlepec, que ha vuelto la espalda a los
anhelos populares, pues el pueblo lucha, quiere un orden tal de cosas que
no sea como el que 11a auspiciado el grupo porfirista, "el pueblo quiere que
ya no se mantenga sobre leyes anl:icristianas". 2• Es ilegítimo; y, cosa curiosa
que hasta ese momento lo reconozca el partido conservador, porque e] Plan
de Tuxtepec reformado en Palo Blanco sostiene que son leyes supremas de
la República: "La Constitución de 1857, el Acta de Reformas promulgadas
el 25 de septiembre de 1853 y la Ley de 14 de Diciembre 18641' , mas no
dice nada sobre la Ley del 6 de noviembre de 1874 que instituyó el Senado.
Por lo tanto, y este es un argumento más de ataque, el gobierno sin Senado
no es gobierno, pllesto que el poder legislativo no existe. De esta manera
coinciden los conservadores con la oposición que El Federalista, órgano del
lerdi.smo, y el M01iitor Republicar10, órgano liberal, venían hadendo a Díaz;
,¡ se agrega que una vez que el gobierno de facto tennine, nadie podrá
~ncionar a Dfaz como presidente de la República, puesto que falta uno de
' 10'5 Poderes de la Unión: Y, por otra parte, se agrega, como este Poder
existe constitucionalmente, repre.~entado en la legi~latura lerdista, no podrá
. tener validez el gobierno de Porfirio Díaz. 25
De esta manera) ante la realidad política que ha puesto en juego sobre
el tapete el gobierno de Tuxtepec, aquellos- organismos de opinión que en
un tiempo fueron sus parciales vuélvense en su contra. Tales ejemplos los
dan La Vo.z de México y el Monitor Republica110.
.,. Así pues, cuando ya se anunciaba que pronto la dictadura militar seria
proclamada en el país, y con ella se aca.b::irían las libertades y las cárceles
quedarían abiertas para los inocentes, llenándose el país de c.rímenes ho•

rrendos,2 6 existía ya una pesada y densa atmósfera rodeando a Díaz y a
Tuxtepec. Al tenninar el mes de marzo, la tirantez con que algunos órganos
de 1n opinión juzgaban el régimen de Tuxtepec, no deja de ser sintomática. Se consideraba que después de tanto sacrifido para alcanzar el sufragio libre, se estaba "como al principio, o peor que antes", que todo
esto se traducía en la "pesca milagrosa de las grandes realidades" y que
todos los esfuerzos por alcanzar un mejorarrúento político y social hal&gt;ían
quedado olvidados, pues parecía ser, tal era la opinión, qur el único objeto
era el de convertir "en bandera, en supremo legislador" al "héroe de toda
esta tremolina". La revolución de Tuxtepec, que meses atrás se veía como
la salvación del pueblo mexicano, es considerada como una burla más que
lo único que produce es el ''escepticismo social" y viene a confirmar "que ya
no tenemos hombres íntegros y sinceros que trabajan por el bien de la patria,
sino por su engrandecimiento personal".~'

Cada vez los dardos son más directos, rada día que pasa parece robustecerse el escepticismo que va creando una tensión muy especial y que hace
ver, por otra parte, la proximidad de una revuelta más.
Como lo advertía Lancaster Jones, esta revolución c¡ue se entrevé en el
nublado panorama político, sólo podía ser, a esas alturas, un movimiento de
carácter lerdista.
Aquel tambaleante gobierno toxtepecano que trataba de consolidarse, no
dejaba de manifestar su inseguridad y su temor a través de persecuciones,
encarrelamientos y destietTos y no dejó de perlurbarlo el conocimiento de
un Manifiesto firmado por Lerdo de Tejada en Nueva York y fechado el
24 de febrero. Este dorumento venía a agravar la situación política desper.
tando temores y produciendo comen.tarios en los que se traslucía la creciente
inseguridad.28 También la prensa subvencionada por el régimen tuxtepecano
no dejó de atacar nuevamente a Lerdo y de tratar ele disimular la alarma

del gobiemo. 29
En su Ma11ifies-to el licenciado Lerdo de Tejada hacía una exposición de
los hechos que se habían seguido a partir del día 20 de noviembre de 1876.
EJplicaba cómo las dos facciones revolucionarias le imputa.ron que llevaba
el propósito ele abandonar su cau$a y de haber dejado instrucciones a la
fuerza existente en México para someterse a la revolución .

Esto era inexacto, declaraba Ler&lt;lo de Tej:1da, pues aun cuando hubo
la intención de presentar su renuncia ante el Congreso no era de ningún modo

'' VM., 11 marzo 77.

,. F., 10 marzo 77.
" fJT., 25 marzo 77.
" S., 27 marzo 77.

°" VM., 9

'" MT., 27 marzo 77.

"' VM., 22 febrero 77.
"' VM., 23 febrero 77.

568

marzo

77.

569

�posible que con ella "se verificase la ttanmusmn legal del poder, en vi~tud
de que faltaba el funcionario que pudiera substituirlc, porque había dejado
voluntariamente su carácter legal, para ir a encabezar en Guanajuato su
segunda facción revolucionaria". En esta forma, Lerdo apoya una . ~¿mera
premisa que Je servirá para afinnar que, puesto que no hubo trasm1s1on del
poder y puesto que él se encontraba investido "por el voto_ ~el puebl~ Y. la
declaración del Congreso, en observancia de todos los reqws1tos const1tuc10nales", él seguía siendo el presidente constitucional de la república. Por
lo ranto, quedaba por su parte totalmente desconocida la revolución y el
gobierno emanado de ella. De tal manera que, aun cuando Lerdo de Tejada afirmara que nada valía su pe~na y ~ue ningún af~. per.;onal_ lo
movía, sin embargo por no haber podido venficar la transm1S1on. consbtudonal de la autoridad, fa1taria a sus más sagrados deberes haciendo un
abandono voluntario de ellos &lt;&lt;ante los más altos intereses de la nación)
única que puede dispnner libremente de sus destinos".ªº
Con esas declaraciones de Lerdo, hechas precisamente en aquel caldero en
ebullición se volvía a pnner de actualidad el problema de la legitimidad del
gobierno 1tu.xtepecano. Ahora bien, ante los fracasos que el _gobierno. ~e la
"i·evolución'' había tenido, ante la pérdida de simpatías que iba adqwnendo
y ante la falta de consolidación, no dejaba de ser amenazante para los por•
firistas el Manifiesto de don Sebastián. Al mismo tiempo, todos aquellos
descontentos ante la política seguida por Tuxtepec encontraban una fácil
bandera en esta pretendida constitucionalidad de Lerdo de Tejada, y veían
en el Manifiesto un "documento importantísimo. . . que ... por sí solo,
marca un período nuevo en nuestra vida independiente".
Este docwnento llega a ser considerado como "obra maestra. . . por la
sobriedad en el estilo que forma contraste con la abundosa e inútil fraseología de su antagonista". Mas con esto, Lerdo de Tejada, a quien sí se le
da la categoría de presidente de la república, está dando pruebas de cuánta
es su energía y "cuán férrea es su voluntad para realizar a~uello .ª que el
deber le inclina".31 Es decir, se está, de manera muy sutil, excitando al
pueblo a seguir los pasos del presidente constitucional y . a derrocar, en defensa de las instituciones y de la constitucionalidad, al régimen que ha bro•
tado de la revuelta tuxtepecana.
De esta manera volvía a :aparecer el fantasma amenazante sobre el entonces frágil régimen tuxtepecano.
Mas la teoría de unirse a la acción. El lerdismo, como cáncer lacerante
para la administracíón del general Díaz, se va propagando nústeriosa y rá• F., 25 marzo 77.
11 F., 25 marzo 77 ,

570

pidamente. Se conspira en la frontera Norte, en San Luis Potosí, en Cam•
peche, en Veracruz, en Puebla y en la misma capital de la república a medida que el descontento aumenta en el país a1 ver esfumarse las halagüeñas
ofertas hechas por el Plan de Tuxtepec refonnado en Palo Blanco.
Activamente trabajaba en la frontera un grupo de lerdistas encabezados
por el general Escobedo, quien dirigía, desde los Estados Unidos, tales acti•
vidades. En enero de 1877 había sido fusilado en Monterrey el general Ju•
lián Quiroga a quien le habían encontrado papeles comprometedores. En
junio de 1877, un mes después de haber tomado posesión de la presidencia
de la repúbUr.a el general Porfirio Díaz, el coronel José Machorro se apoderó
por unos días de Paso del Norte y el capitán Pedro Valdés atravesó el río
Bravo con francas intenciones de apodeum;e de Matamoros. Uno y otro
fueron rerha7.ados y obligados a regresar a los Estados Unidos. Entre tanto,
de julio a noviembre de ese año se le instruía a F.scobedo en los Estados
Unidos un proceso por el delito de violación a las leyes de neutralidad.32
Al siguiente año la actividad fue mayor aun cuando con resultados ne•
gativos fundamentalmente pnr una falta de sincronía. En efecto, 1lll imlividuo, G. Monroy, escribía a Escobedo desde Reynosa que desde el día 5
de marzo en adelante se había dedicado, con otras personas, a recorrer al•
gunos ranchos y a visitar amigos de los pueblos pr6ximos a la frontera. Sin
embargo, el gobierno cada día más suspicaz vigilaba constantemente pues.
dice el propio Monroy que después de hablar coo "Don Pancho Gómez".
citaron "a Lozano y a. Pepe Ardínes pero éstos no vinieron diciendo que estaban vigilados". Por la misma carta sabemos que "el cáncer de la conspira.
cíón tenía ronchas metástasis, pues dando noticias acerca de Pancho Gómez, dice Monroy que "tiene más miedo que nunca y dice que no se levanta
hasta lo que paga P. Martínez y que esto será cuando esta11e una combinación que hay en San Luis y otros Estados". Concluye Monroy asegurando
al general Escobedo que todos están "bien listos":93
"Hoy o mañana", se ruce en otra carta, "desp~haré para San Luis a un
Jefe de empuje que va animado de las mejores intenciones y resuelto a levantarse luego con más o menos elementos''. También se afirma que por
las noticias que dan los peri6dicos "estos señores de Tuxtepec ya están vol•
viéndose bola", y que muy pronto "será esto un campo de Agramante, si•
tu.ación que podremos aprovechar perfectamente".:u
Revueltas y Fuero habían estado hasta el quince de mayo, más o menos.
,. BRAVO UoARTE, José, Historia d·e Mixico, Tomo Tercero, p. 376.
,. A.J.M.I., L. 15, C. h. Carta de Y.G. Monrroy a Escobedo de Reynosa a donde se
halla el 21 de m;mo de U178. fs. 11-12 .
.. A.J.M.I., L. 15, C. h. Carta de M. Torres a. M. Escobedo S/l el 2 de roano
de 78. fs. 13.

571

�en el estado de Veracruz, mas habían abandonado luego este lugar lo cual
no dejaba de alannar a algunos lerdistas que veían que en aquellos momentos en los que podía ocurrir algo importante en la frontera Norte, el
abandono que estos hombres hacían en Veracruz fuera a hacer un mal efecto
y a desalentar a los partidarios de aquel puerto clave.35
Para el 19 de mayo se anUL1cia que de Matamoros han salido fuerzas porfiristas al mando de Cuéllar, mas éstas piden refuerzos porque los Jerdistas
cuentan en esa región con cerca do 400 hombres, se advierte que "Canales
no podrá mandar ningún refuerzo porque se encuentra con poca gente,
tanto que ha pedido tropas a México, de donde le dicen que le mandarán
pronto por el Vapor Independencia".86 Este último dato coincide con el
proceso seguido en Veracruz por el Juzgado de Distrito contra el marino
Capmany a partir del 27 de junio a quien se acusaba de pretender apoderarse del vapor de guerra Independencia. Este marino estaba, por los cargos
presentados en ese proceso, inodado en la conspiración lerdista ª7 y un año
después formaría parte de las víctimas ~crificadas en Veracruz por el gobernador Mier y Terán.
Pedro Martínez, encargado de insun-eccionar el estado de San Luis Potosí,
explicaría que el día dos de junio había tenido en el puerto de la Manzana,
una cscaramuw. con una columna de ciento cuarenta hombres al mando de
Nuncio, que había salido de Piedras Negras, "de la que no salió muy airoso
el enemigo pues mis guerrías (sic) pararon la marcha de toda la columna
y ésta tomó rumbo a la Hacienda de Guadalupe".38

Jalapa Y Xavier Espino en Tlapacoyan; sin embargo, estos revolucionarios,
como los anteriores, son también reducidos al orden.
Lerdo de Tejada no era ajeno a esa intentona revolucionaria. El, a través de un señor Morales se comunicaba con el general Escobedo y con otros
jefes usando "palabras convenidas para sustituir los nombres de personas, lugares y hechos".39
Un año después vuelven nuevamente a adquirir bríos los conspiradores.

Será la última vez. En esta ocasión Escobedo, Romero Rubio y Baranda,
entre otros, encabezan en la ciudad de México la conspiración. El gobierno
cada vez más alarmado obra violentamente y la noche del 24 de junio son
api:ehendidos en el puerto de Veracruz varias personas y, sin previo juicio,
fusiladas nueve de ellas en la madrugada del 25 de junio. Con esta represión brutal en Ja que solamente algunas de las víctimas eran probados exlerdistas terminaron los enredos subver..ivos y pudo avanzar, ya sin la amenaza del fantasma de Lerdo de Tejada, el gobierno de Díaz, premiando
a algunos de los antiguos dirigentes lerdistas con cargos públicos de primera
línea, taJ es el caso de Romero Rubio y del general Escobe.do.
Con el atronante ruido de la fusiJata en Veracruz terminaban, no los
ataques a Díaz y los elogios a Lerdo, mas sí la amenaza que el gobierno
de Tuxtepec había sentido pesar sobre sus hombros desde el día mismo de
la victoria de Tecoac.

•

Sin embargo, a pesar de estos intentos por lograr el éxito de la empresa
revolucionaria, ésta, por carecer de una más o menos perfecta unidad, de
falta de sincronía, y quizá también por falta de eco entre el pueblo, ya
cansado de tantas revueltas, tiene que fracasar y terminar con la prisión del
propio general Escobedo, a quien aprehendieron en Cuatro Ciénegas, Coahuila, el 20 de julio de 1878.
Desde el 28 de abril, el general Lázaro Garza Ayala había sido derrotado
en Matamoros, y en junio, Pedro Martínez en el mineral de Catorce en
San Luis Potosi es también derrotado.
Desde diciembre del año anterior se conspiraba en Veracruz y la denuncia
se presenta e.o enero, Lorenzo Hemández se levanta en agosto de 78 en
"" A.J.M.I., L. 15, C. h. Carta de ? a Escobedo S/1 s/f. fs. 15.
• A.J.M.I., L. 15, C. h. Carta de C, Castro a Escobedo de Brownsville. Tex. a
donde se halle, 19 de mayo 78. fs. 7-8.
" A.J.D., Proceso incoado contra.
11 A.J.M.I., L. 15, C. h.
P. Martínez a Escobedo. Arroyo de Peñitas a donde se
halle el 6 de junio de 78. fs. L6.

572

Explicación de las siglas:
A.J.D.

A.J.M.I.

. ........... Archivo

del Juzga.do lo. de Distrito de Veracruz.

.......... Archivo de José María Iglesias, L. equivale a legajo
y C. a carpeta.

F •............•.. El Federalista, periódico mexicano.
Y.T •..........•.. El Hijo del Trabajo, periódico mexicano.

Lg •.............. La Legalidad, periódico mexicano.
MT .............. El Monitor Tuxtepecano, periódico mexicano.
S •.......•....... El Siglo XIX, periódico mexicano.
VM ...........•.. La Voz de México, periódico mexicano.

• A.J.M.I., L. 15, C. h. Lerdo de Tejada a Escobedo de Nueva York a •.. el 25
de mayo de 78. fs. 1-2. Carta de ? a Escobedo s/1 s/f., fs. 15.

573

�FRANCISCO ZA1'1BRANO Y SU DICCIONARIO BIO-.BIBLIOGRAFICO
DE LA COMPAN'fA DE JESÚS
MIGUEL

ÜIVEIRA

T ABO;\DA

Academia Nacional de Historia
y Geografía

Vm.Mos UNA ÉPOCA en que las grandes obras editadas están escritas por
grupos de personas: equipos les llaman. Inclusive, Jas planas que algunos
periodistas llenan semanalmente tienen la colaboración de informantes que
entregan su material escrito. Pasaron los tiempos en que un Guillermo Prieto,
Ignacio Manuel Altaroirano y otros distinguidos escritores del siglo XIX,
cubrían la redacción de una o dos planas de los diarios informativos.
Por eso, es de suma importancia escribir de un sacerdote que se dedicó
-cuando cumplió treinta y un años- a elaborar un diccionario&gt; y que
cuando el Señor lo llamó a su lado le mut&gt;stra las pruebas finales del tomo
XII. Es decir, que lo que se propuso hacer, lo realizó, pues vio publicados
o-r,.ce tomos y dejó listo todo el material del siglo XVII y XVIII y avanzados el XIX y el XX, que proseguiría publicando el padre José Gutiérre-1.
Casillas.
Este portento de investigación lo fue el sacerdote jesuita Francisco Zambrano, que nació en Monterrey, N. L., el 2 de junio de 1888.
Al iniciar el Tomo I, dice: "La vocación a la vida religiosa y a la vida
sacerdotal es siempre un llamado en que interviene directamente la divina
gracia. Recordar a los que han Lrabajado en esta Provincia llamada primero
de Nueva España, y ahora de México, es el objeto de este Diccionario".
Esa fue la meta, que comienza a escalar cuando publica en la Editorial
Jus, S. A., el tomo I, en el año de lg61, corespondiente a los jesuitas mexicanos de los años de 1566-1600 (siglo XVI).
La obra queda bajo el patrocinio del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana.
El primer tomo contiene 683 pp., incluyendo el índice de personar, lu,'!ares
~I

t6picos más notables.

575

�El método investigativo que siguió fue "lo. La biografía de cada uno.
(Breve esquema de sus datos personales); 2o. Las fuentes biográficas por
orden alfabético de autores; 3o. La bibliografía de cada sujeto, si la hay;
y 4o. Las referencias bibliográficas.

segundo volumen, comenzando por el padre Anlonio de Mendma y continuando con los demás, del mismo siglo XVI, tratando de dar a conocer
lo que cada uno hiw, por establecer el reinado de Jesucristo en nuestra querida patria".

En el primer tomo estudia sesenta y cinco personas. Doy como ejemplo
la acuciosidad del padre Zarnbrano, al hablar de José de Acosta. Primero
da su biografía abreviada de 1538 -nacimiento- a 1600 en que fallece en
Salamanca. En la segunda parte escribe la biografía extensa -&lt;latos aportados por diversos escritores, fichas geográficas, etcétera --estudios--, obras
escritas, cuándo y dónde, apostolado. Tercera parte: Bibliografía, reimpresiones y traducciones. Notas de diversos autores sobre esta obra. Referencias bibliográficas.

Por cierto que en este prólogo refiriéndose a una carta del doctor Ed~
mundo O'Gonuan, lo designa encargado del Archivo General de 1a Nación,
cuando en realidad, el qu~ desde aquellos anos ocupaba esa dirección lo
era el doctor J. lgnado Rubio Mañé.

Es decir, sólo el estudio que hace del padre Acosta -uno de los más
notables jesuitas-- ocupa 62 páginas. Con este ejemplo decimos en pocas
lineas, cómo trabajó durante su investigación el padre Zambrano.

Con el tomo III, comienza el padre Zarnbrano el estudio del siglo XVII.
Dice: "En este siglo XVII gobernaron la Iglesia, 13 Papas; en el gobierno
español 3 reyes; rigieron la Compañía 10 geuerales; y la provincia 35 p.rcr
vinciales. Tuvieron lugar 16 congregaciones de provincia''. Estudia en este
tomo 126 jesuitas.

La editorial Jus entregó listo e1 tomo ID, el 31 de mayo de 1963, y el
tomo IV, lo terminó el 30 de enero de 1965.

Cuando un ser pensante proyecta una obra de tal magnitud su mirada
es al infinito y la del jesuita en esta obra la dibuja en las siguientes
líneas:

De este último escribe el padre Zambrano: "Pretende abarcar este tomo
todos los sujetos cuyo apeUido comienza con la letra B, y parte de los que
empiezan por C".

"Por eso, e:¡ta obra de rehacer los datos bio-bibliográficos de todos los
hijos de San Ignacio que trabajaron en México, no tiene límites, y la esperanza del que comienza esta obra, es que haya otros muchos que la sigan.
Se encontrará que de algunos sujetos, no hemos encontrado más datos que
los del día de su muerte; faltan, pues, muchas investig.'.lciones que hacer
e ir llenando con el tiempo, ya no los huecos, sino las enormes lagunas,
que en sus vidas existen.

En noviembre de ese mismo año le entregan el Tomo V, en el cual estudia
105 miembros de la Compañía de Jesús, correspondientes a los apellidos que
comienzan con C y algunos de la D.

Los historiógrafos de la Provincia han tenido mala suerte en sus escritos:
basta 1945 se publicó la Relación breve de la venida de los de la Compañía
de Jesús a. Nueva España, bajo el anónimo, siendo su autor el P. Gaspar
de Villerías y cuyas páginas nos llevan a la fecha inicial de 1572. La fundación de la Compañía de Jesús e11 Nueva E.rpaña del P. Juan Sánchez
Baquero, escrita desde 1572 a 1581, vio la luz pública (¡nadie se asombre!)
hasta 1945. La Crónica, tan llena de datos del P. Andrés Pérez de Rivas,
escrita a mediados del siglo 17, no se publicó sino hasta 1896. La del padre
Alegre, trabajaba hasta 1767 en que la concluyó, fue publicada hasta mediados del siglo 19. Y la del padre Rodrigo de Vivero, ni siquiera se ha
publicado".
El Tomo JI contiene el estudio de 65 jesuitas y en el primer párrafo del
prólogo dice el padre Zambrano: "Animado por la benevolencia y bondad
con que ha sido recibido en los círculos de historia el primer tomo de esta
obra, todo el referente a los jesuitas del siglo XVI en México, sale este

576

Es interesante conocer el prólogo de este tomo por los datos que propor•
ciona de cómo se fonna a un jesuita.
"Aunque lentamente, hemos ido pasando revista sobre cada uno de aquellos seres que consideramos privilegiados con el llamamiento de Dios a las
filas de la milicia de la Compañía de Jesús.
El U.amamiento fue divino, la correspondencia a este llamado, fue humana. Muchos de ellos sobresalen, en medio de una vida muy ardua, muy
monótona y ruuy abnegada; ante la cual, no todos perseveran, ni todos e~
rresponden a la magnitud del sacrificio; pero sí la mayor parte merece
una citación y un llamado al mérito.
Desde los tiempos de su fundador, San Ignacio de Loyola, hasta los
presentes días, todos los miembros ele la Compañía de Jes6s, tienen forzosamente que pasar por el mismo molde, por las mismas pruebas e idéntica
fonnación: a los que piden ingresar a la Compruiía, se les hace esperar,
más o menos, según son, o las manifiestas cualidades o la madurez de sus
deseos, sin compromiso alguno, ni de parte de la orden, ni de · parte de los
sujetos. Cada uno ha de ser examinado por cuatro sacerdotes jesuitas (sin
ponerse de acuerdo entre ellos) y cada uno envía aparte su parecer al provincial, en sobre cerrado.

577
H-37

�Los penc1onarios desde entonces, st: llaman postulantes, si son para hermanos coadjutores; candidatos, sí son para escolares; pueden entrar en este
último rango, algunos sacerdotes seculares, que después de sus cinco años
de servicio en la diócesis, pretenden ingresar a la Compañía de Jesús, con
la autorización y venia de sus respectivos prelados. Ya admitidos por el
provincial para ingresar, siendo la c:;dacl tope por uno y otro lado, desde los
15 años hasta los 50, se llaman novicios ya escolares, ya coadjutores. Los
cuales dentro de ese período, han de someterse a las pruebas ignacianas,
que son seis:
la. Los ejercicios espirituales, durante todo un mes, bajo la dirección ele)
experto maestro de novicios.
2a. El servir en los hospitales por espacio de otro mes.
3a. El mes de peregrinación que consiste en salir de la casa de probación,
_pidiendo alojarrúento (generalmente en los curatos) y sus alimentos, de li-

mosna.

Han transcurrido de diez a catorce años, cuando el estudiante de la
Compañía se acerca a1 ihmúnado umbral del sacerdocio, momento tanto más
risueño cuanto más esperado. Sus familiáres en ese venturoso día, le forman
una merecida corona de satisfacción purísima. Ya ordenado, estudia el cuarto
año de teología.
Falta todavía un paso para salir al apostolado, 1a tercera probación o
terecer año de noviciado, en donde se repiten los experimentos ignacianos,
antes dichos, bajo la dirección de un paclre muy experimentado, que se
llama el instructor.

Los hermanos coadjutores, después de unos diez años de servicio, pasan
también a su tercer año de probación y se disponen para su incoIJ)Oración.
final.
Se impone un minuto de reflexión: todos los jesuitas deben de pasar por
este ~emidor y tamiz; todos deben de haber caminado por esta carrera; todos deben de haber sido sometidos a esta medida y a esta talla, para ser
coronados con la incorporación definitiva.

Otra idea: muy del espíritu de San Ignacio es el pensamiento de que

4a. El mes de oficios humildes, ocupándose en asear la casa, en fregar

el hombre se multiplka conforme a las lenguas que sabe; y por esta razón

la vajilla, en servir en los oficios más bajos, a las órdenes de la obediencia.

la provincia mexicana en los tiempos colcmiales exigía el aprendiza je de
las lenguas indígenas; y en la moderna, envían los superiores a sus súbditos,
ora en tiempo de los estudios, ora desde sus probaciones, a países extranjeros,
para que ensanchen su vi~ualidad y al mismo tiempo adquieran otros idiomas.
Y ca,¡i no hay sacerdote jesuita que, a] fin de S\L carrera, no hable de dos
a cuatro lenguas, sobre todo, aquellos que se han querido especializar en algnna ciencia. Así, fácilmente, hay personas entre los miembros de la Compañía, que saben el inglés, el francés, el alemán y el italiano; fuera de latín
Y del griego, lenguas con que se han familiarizado desde los estudios de
humanidades.

5a. Enseñar por treinta días la doctrina cristiana a los niños y gente
ruda.
6a. Salir a ayudar a dar misiones por los pueblos, preparando a , la gente
humilde, e instruyéndola para la confesión y comunión. (Examen, cap. 4.)

Es el tiempo del noviciado ( por dos años) el tiempo del aprendizaje y
del amoldamiento, en donde el novicio debe de tomar la forma inicial de
jesuita, siempre con los grandes ideales de ofrendar toda su vida al servicio
de Dios y de la iglesia.
Una vez hechos los votos del bienio, pasan, tanto los hermanos coadjutores
como ]os escolares, al juníorado, en donde los escolares empiezan los estudios
de letras humanas, que duran más o menos tiempo, según las disposiciones
de cada sujeto. Los hermanos coadjutores, se emplean en aprender el mayor número posible de oficios, convencidos de que serán tanto más útiles
a la corporación, cuanto multipliquen sus habilidades.
El estudio de las ciencias dura un año; tres los de filosofía, después de
los cuales, como es costumbre antiquísima, interrumpen los e.'itudios y pasan
a enseñar en los colegios durante el tiempo que se les señalare.
De vuelta, por cuatro años se entregan al estudio de la teología, bajo
la enseñanza de los más selectos profesores.

578

~o deja_mos de_ advertir que durante el tiempo de la colonia hispánica,
sohan venir de diversas partes de Europa, expediciones selectas de jesuitas,
pues el número exiguo de jóvenes mexicanos que los padres generales admitían, no era sino de 5 a 10 cada año; número qoe no bastaba para
cubrir las naturales bajas que hacían o la muerte o la claudicación de algunos. Y como los extranjeros no podían venir sin el pase regio, adquirido
por medio del presidente del consejo real de Indias en España, eran muy
lentas las expediciones de los jesuitas que llegaban a la Nueva España.
EJ asunto de la longevidad de los su jetos de entonces, en comparación con
la de las provincias modernas, es muy notable, y averiguar las causas es
cuestión de suma importancia. ¿Por qué los jesuitas de antaño (eon 'sus
debidas excepciones, aunque muy contadas) vivían menos años que los je-

579

�suitas modernos? El porcentaje en favor de la actualidad es admirable.
Creemos que la diferencia se debe a dos causas principales: a ~ alimentación y a la exageración en las penitencias: sabemos , que en los_ tt':111pos coloniales, por regla general, no había sino una comida a~ _i_nediod1a y una
colación por la noche; lo cual trajo forzosamente la pemnsmn del ch~late
por la mañana, que cada uno preparaba e~ su ~posento, ~?~n su necesidad.
También creemos que las exageradas mortificac1one.s de cilicios, chalecos de
pú¡u, apretados cordeles a la cintura, cruces de rayos al ~echo y disciplinas
de sangre (mortificaciones tan canonizadas en los varones ilustres de aquella
época), debieron de surtir efecto en la longevidad. Anciano se llamaba
entonces al jesuita que alcanzaba la edad de 60 años; y estamos seguros que
si se verificara una minuciosa encuesta acerca de este vital punto, obtendríamos que la experiencia y la histori~ han hecho a los jesuitas modernos
más prudentes, cautelosos y acertados.

y Romana fundada por el Maestro Divino, como la única sociedad infalible
e~ cuanto al dogma y la moral, y perpetua en cuanto al tiempo, acostumbrada está desde sus inicios. a ver venir las tempestades y pe.rsecuciones y
a verlas pasar ron rostro sereno: "alios vidi ventos aliasque procellas" ... quedando ella siempre con la absoluta seguridad del triunfo, debida nada.
menos que a la promesa divina. Esto se palpa mucho más ahora en el
mundo entero después del Concilio Vaticano Segundo".

El 28 de junio de 1968 se acabó de imprimir el Tomo VIII con las biografías de 99 jesuita&lt;;.
En el prólogo habla el padre Zambrano de dos aspectos fundamentales
de Ja conquista espiritual de la Compruíía en Nueva España: bautismo de
sangre de sus hijos y apostolado educativo. De sU111a importancia son estos
párrafos para la Historia de México.

No mencionamos aquí, la hora del sueño o descanso, porque pensa~os
que en aquel tiempo, y en el presente, son las mismas siete horas reglamentanas
las que regían oficialmente a las comunidades jesuíticas de la a~ti~a colonia y de la actual república. Aunque quedan los casos extraordmar10s de
varios varones seíialados, quienes, según nos cuentan sus biógrafos, se contentaban con dormir de tres a cinco horas".

"Hace un poco más de cuatro siglos, que el año de 1566 puso el pie
en territorio perteneciente entonces a Nueva España, el primer evangelizador jesu.íta, P. Pedro Maitín~.t, quien poF cierto, murió allí victima de
su deber, de su valor y de su apostolicidad ( véanse su historia documentada,
en el tomo I de esta obra, pp. 646.666)".

El Tomo VI se terminó de imprimir el 20 de julio de 1966 y en él se
dan 122 biografías correspondientes a la C, D, E y F.

y establecida con la llegada del P. Pedro Sánchez y sus catorce compañeros

En el prólogo escribe el padre Zambrano una srntesis histórica de todos
los que han escrito libros relativos a la Compañía de Jesús en México.

Trabajo de suma importancia para conocer -hasta nuestros días- a los
que investigan en el arduo campo de la vida apostólica de los jesuitas en
México.
La editorial entregó el Tomo VII el 12 de agosto de 1967, que contiene
121 biografías, correspondientes a la F, G y H. Tomo que dedica "A la~ 6~8
jesuitas de la Provincia de México, que fueron desterrados el 25 de JUOIO
de 1767".
En el prólogo da el padre Zambrano una reseña de la expulsión de los
jesuitas en Nueva España. "Ahora, a dos siglos de distancia, en que se
ha levantado la bruma de ,tquellos tiempos; y la historia nos muestra la
caída de las monarquías, y el restablecimiento papal de la perseguida Compañía de Jesús, brilla la luz de la verdad, acerca de las causas de aquella
persecución".

La Compañía de Jesá~ estorbaba a los planes de las sociedades secretas
para acabat' con la Iglesia Católica en el mundo entero. "Sed portae fofcri
non praevalebunt adversus eam". Y la Santa Iglefila, Católica, Apostólica

580

"Fundada de hecho por un santo canonizado, F. Francisco de Borja (1572),
a México (siete padres, tres escolares y cuatro a;,adjutores), el 28 de septiembre de 1572. Recibiendo al año siguiente ( 1573) a los ocho primeros
estudiantes, entre ellos (nótese bien), a Antonio del Rincón (fl601), descendiente de los reyes de Texcoco, y a Bernard.ino de Albornoz, hijo del
regidor de México ( t1615) uniendo de esta manera en una, las dos razas,
mexicana y española, teniendo por ideal y base la apostolicidad de la patria,
cimentada, nada menos, que por la Virgen Santísima de Guadalupe. Así
comenzó la Compañía de Jesús en México, revestida de un manto rojo
y blanco: el martirio y la pureza de costumbres. Y así permaneció en las
dos centurias (1572-1767) en que trabajó en nuestra patria, y así fem!&lt;'.ió
t.ambién el año de la más injusta expatriación de todos con la túnica roja
de) dolor y la cándida de la inocencia",
El tomo IX acabóse de imprimir el 28 de febrero de 1969 y trae 113
biografías.
"En este tomo IX en que entran los jesuítas del siglo XVII, cuyo apellido
comienza con letra M, se ha de tener en cuenta, 1a grande abundancia de
personas que pidieron ingresar a la Compañía, y se les t&gt;xigieron los informes y fe de bautismo y los llegaron a presentar; y muchos de los cuales
o no fueron recibidos, o no hemos tenido la fortuna de encontrar otros datos de eUos".
581

�Inicia el prólogo de la jmportancia que tuvieron los Padres CeneralC$
de la Compañía para que todos los sacerdotes aprendieran Jas lenguas indígenas. Como ejemplos pone varias certificaciones y órdenes al respecto.
El 15 de febrero de 1970 se terminó la impresión del tomo X, con 136
biografías, y el tomo XI, lo terminaron de imprimir el 16 de noviembre de
1972 con 89 biografías.
El padre Zambrano fallece el 18 de marzo de 197B después de haber
vi.c;to impreso once tomos, en 12 años, en los que prescnt6: mil ciento
dos estudios de jesuitas.
¡ Obra monumental! dijeron en cartas que le enviaron los mejores historiadores de América y Europa.
No requiere de adjetivos superlativos esta obra, porque fue escrita pen•
sando en Dios y en los que por El trabajaron en sus mieses. No fue escrita
para alcanzar mérito ante la vanidad del mundo; pero podemos decir,
que el padre Zambrano deja para el futuro, una investigación que será
obligatorio consultar cuando se quiera escribir de la vida religiosa del pueblo
de México, desde la conquista hasta nuestros días. Y digo nuestros días,
porque así la planeó y sus apuntes por publicar llegan hasta el año de 1950.
Monterrey, N. L., cuna donde vio la luz primera, tiene en el padre jesuita
Francisco Zambrano, a uno de sus hijos ilustres, que vino a enriquecer, una
vez más, el catálogo de sus intelectuales que han esorito obras de arte,
ciencia y literatura.

2

M

jul.

jul.

1888

1888

1914

1915

Filosofía ( lcr. año). Colegio de Tepotzotlán. Cuautitlán,
Edo. de México.

1915

1917

Filosofía (2o. y 3er. años). Woodstock College, Wodstock,
Maryland, U.S.A.

1917

1921

Magisterio. Escuelas y Academias del Sagrado Corazón
de la Residencia de Granada. República de Nicaragua,
Centroamérica.
1917-1918. Profesor del 2o. grado, profesor también de
inglés y castelJano en la Escuela de Obreros, encargado de
los acólitos, colaborador en el economato, prefecto de
disciplina.

1954 -

1956

Seminario de Montezuma, New Mexico, U.S.A. Padre
espiritual de casa y de los teólogos. Profesor de Teología
Pastoral, Ascética y Mística. Moderador del Apostolado
de la Oración. Explica el catecismo a los hermanos ,::oacljutores.

1956 -

1959

Nace en Monterrey, Nuevo León, México.
Sus padres: Adolfo Zambrano y Margarita Berarcli de
Zambrano.

Superior de la Residencia Mayor de Guadalajara, .Jal.,
San Felipe, desde el 2 de julio de 1956. Prefecto de la
Iglesia. Moderador del Apostolado de la Oración y de la
Cong. Mariana de Ntra. Sra. de Guadalupe y de Sari
Francisco de Borja para señores, y de Ntra. Sra. de Guadalupe y de San Ignacio para señoras. Director de Ejercicios y Retiros. Consultor de Ja Religión de Ejercicios
y Retiros. Consultor de la Región Septentrional de la
Provincia de México.

1959

1960

Escritor. Residencia del Colegio de Guadalajara, Jal.

Bautizado en la parroquia de San Francisco, Monterrey,

1960

1961

Escritor. Residencia de la Universidad Iberoamericana..
México, D. F.

Confirmado en Monterrey, N. L.

1961

1962

Escritor. Instituto de Literatura. Puente Grande, Jal.

N. L.
3

oct.

8

sep. 1902

4

oct.

1907

1909

Realiza sus estudios hasta el segundo año de Preparatoria.

1962

1967

Ingresa al Noviciado en "EJ Llano", cerca de Zamora,
Mich. Al iniciar e.l 4o. semestre es enviado a España,
según la costumbre.

Residencia de Monterrey, N. L. Padre espiritual y confesor de casa. Confesor del clero. Director de ejercicios
y retiros. Escritor. Consultor del economato. Admonitor.

L967

1968

Votos del Bit:"nio. Los pronuncia en Loyola, Azpeitia,
Guipúzcoa, España. Recibido por el P. Mi1lán.

Colegio de Tampico, Tamps. Padre espiritual y confesor
de casa. Escritor. Consultor del economato. Admonitor.

1968

1973

Escritor. Noviciado y juniorado de Puente Grande, Jal.

9

ene. 1973

Licencia del P. provincial para editar el tomo XII de
su obra Diccionario· bio-bibliográ/íco de la Compañía de
Jesús en. México.

18

mar. 1973

Muere en la pa,z del Señor, en Guadalajara, Jal.

1909

1910

Media Gramática. Loyola.

1910

1911

Suprema Gramática. Loyola.

1911

1912

Retórica ( 1er. año) . Loyola.

1912

1913

Retórica (2o. año). La Merced, Burgos, España.

582

583·

�1918 -

1920 -

1922
20

1920

1921

1924
jul. 1923

1923
1924

1924

1925

1928

2

1925

Tercera probación. St. Andrew on Hudson~ Poughkeepsie,
N. Y., U.S.A.
Colegio de San José. (Instituto de Ciencias de Jalisco.)
Guadalajara, Jal. Prefecto del colegio. Ministro de casa.
Profesor de inglés en 3o. y 4o. años de preparatoria. Consultor de casa.

1926

Incorporación definitiva a la Compañía de Jesús por los
últimos votos.

1928 -

1929

Padre ayudante del padre maestro de novicios. Ministro
de juniores. Profesor de latín en ruda gramática. Examinador de candidatos a la Compañía de Jesús. Da cate•
cismo en "San José". Consultor de casa. Ysleta Col1ege~
El Paso, Texas, U.S.A.

1929 -

1936

Maestro de novicios. Padre espiritual de juniores. Confesor de casa. Examinador de los candidatos a la Compañía. Adrnonitor. Ysleta College.

1936

-

1938

Superior de la residencia de San Felipe, Guadalajara, Jal.,
desde e1 21 de febrero de 1936. Prefecto de la Iglesia.
Moderador diocesano del Apostolado de la Oración. Moderador de la Congregación Mariana de Ntra. Sra. de
Guadalupe y San Francisco de Borja para señores. Promotor de la Propaganda Fide y de la Obra Pontificia de la
Santa Infancia. Profesor de la Acción Católica. Moderador de las Escuelar "Hogar", Confesor en el templo.

1938 -

1948

Superior y pátroc~ de la residencia e iglesia de la Sagrada Familia, México, D. F., desde el 22 de diciembre
de 1938. Prefecto de la Iglesia. .Asistente eclesiástico de

584

feb.

Profesor en el 3er. grado. Profesor de inglés en la Escuela
de Obreros. Encargado de los acólitos. Prefecto de disciplina. Enseña el catecismo en ''Ntra. Sra. del Perpetuo
Socorro".
Profesor en la primera sección del 4o. grado. Prefecto de
disciplina. Enseña el catecismo en el Perpetuo Socorro.
Bedel de hh. maestros.
Teolo~ía ( lo. a 3er. año). Colegio de San Ignacio, Sarriá,
Barcelona, España.
Ordenación sacerdotal conferida por el Excmo. Francisco
Muñoz. Sarriá, España.
Teología ( 4a. año} . Woodstock College.

1948 -

1951

1951 -

1954

la Acción Católica. Moderador de la Conferencia de San
Vicente de Paul, de la Propaganda Fide y de Ja Escuela
Parroquial. E..xaminador de los candidatos a la Compañía.
Procurador de la provincia. Padre espiritual de la residencia del Colegio "Patria" e Instituto "Bachilleratos".
Admonitor.
Superior y párraco de Ja residencia e iglesia de Ntra.
Sra. del Carmen, Torreón, Coah., desde el 27 de septiembre de 1951. Procurador. Moderador de las Congregaciones Marianas de la Inmaculada Concepción y de
San Lnis Gonzaga para señoritas, de la Purificación v Santa
Te,resit.a para niñas. Moderador de la Tercera, Orden
de Ntra. Sra. del Carmen y de la Confraternidad de San
Vicente de Paul. Asistente Eclesiástico de la Acción Católica.

585

�BREVES APUNTES DEL TERRITORIO DE LA BAJA CALIFORNIA
Gun.LERMO ARRAMBÍDEZ ARELL\No

Seminario de Cultura Mexicana, La Paz
LOCALIZACIÓN

En la porc1on noroccidental de nuestra república mexicana, se extiende
de norte a sureste, un largo brazo derecho de feraces tierras, ricas montañas,
desiertos extensos, oasis deliciosos, que remata al sur, muy al sur en la zona
semitropical de la región del Cabo de San Lucas. Los profundos mares del
Pacífico con su riqueza inagotable, circundan el occidente, aunado, el Golfo
de Cortés o Mar .Bermejo, cubre los litorales al oriente, rodeando la península con hermosas playas y primorosas bahías. Al norte los E. U. de norteamérica, limitan la codiciada California sur. La localiz.ación aproximada,
geográficamente hablando, es la siguiente: Comprendida la Baja California
entre los 109° 30' a 117° 10' Long. W. de G. y los 22° 45' a 32° 30' Lat. N.
CLIMA

El clima de la Baja California, como debe de comprenderse, es sumamente variable, debido a su extensión territorial, principalmente contribuyen
a la variación del clima los factores siguientes:
lo. La longitud de aproximadamente 1300 kmts. desde Cabo San Lucas
a Tijuana.
2o. Sus montañas.
3o. La influencia de las corrientes del Pacífico o sean las del Kuro-Siwo
que bordean las costas de la península, provenientes de los m ares del
Japón pasando por las islas Aleutinas, costas de Alaska y los E. U.

En el primer punto o sea la longitud de la península, se toman como
factor principal la latitud geográfica, la altitud y la naturaleza de la base

587

�sobre la cual descansa la atmó.,;fera, objeto de nuestro estudio, cubierto ele
capas de veget.ación, o sencillamente desértico.
Partiendo de estos puntos tenemos pues; que la península de Baja California, cuenta con un clima variado, pues en la región de Cabo San
Lucas tenemos un clima semitropical y mayor precipit.ación pluvial, característica ést.a que se nota hasta la proximidad del paralelo 24.
A partir del paralelo 24 por la zona costera al Pacífico hasta los límites
con los E. U. de norteamérica, encontramos un clima fresco durante el
verano y frío en e1 invierno, influenciado por las corrientes marinas del
Kuro-Siwo, los vientos alisios soplan del Océano Pacífico, favoreciendo las
costas con un clima ideal en el verano, adentrándose en tierra en las
planicies muchas veces hasta 80 o más kilómetros como en el caso del Valle
de Santo Domingo, los llanos de Iray y el desierto del Vizcaíno, decreciendo
en est.a última zona, la precipitación pluvial.
Viene después la parte montañosa en la cual los picos más altos registran
temperaturas bajo cero en invierno, principiando en Cabo San Lucas, tenemos la Sierra de la Victoria, Sierra de San Bernardo, Sierra de San Venancio, la de La Laguna, las diversas alturas de la Sierra de La Giganta
en el territorio de San Borja, Calamajué y San Luis, Sierra de San Pedro
Mártir y la Rumorosa, en el estado de Baja California.
No es e,¡;traño que en invierno en las partes más altas de algunas de
estas montañas se registren nevadas, la vegetación ele pino, abeto~ madroño,
encino y roble es común.
La región costera al Golfo de Cortés casi en su totalidad es calurosa en
verano y ligeramente fría en invierno. Finalmente tenemos la estepa y el
desierto con clima extremoso.
Puede conside.rarse a la península esencialmente montañosa; existiendo
pequeños valles al sur, San Jooé del Cabo, Santiago, Caduaño, La Ribera
y Las Cuevas.
En la costa del golfo frente a la isla de Cerralvo la región ele los P1ane-.s
y la planicie de La Paz, que se prolonga rumbo al suroeste hasta encQntrarse con los pequeños valles de Todos Santos y Pescadero en la vertiente
del Pacífico.
Al norte, por la misma costa del Pacífico, encontramos médanos y dunas
por la costa, frente a las islas Margarita y Magdalena los estériles llanos de
lray, y después el Valle de Santo Domingo de magníficas condiciones agrícolas. La gran llanura del Vizcaíno que se extiende desde las Salinas del 40
al sur de la Laguna de San Ignacio, hasta un poco más al norte del paralelo
28, al este desde las faldas de la prolongación norte de la Sierra de La
Gigant.a y Sierra de Santa Lucía, al oeste la Sierra de San Andrés y Picachos

588

de Santa Clara. Una extensión llana con grandes salitrales, médanos y
arenales, la vegetación es de cactáceas y lechuguillas en la parte más poblada, sigue después el chamizo y finalmente la parte central del desierto.
El valle de Vizcaíno en su mayor parte no es más que un desierto carente
de agua aflorante. Cuenta con aguas subterráneas que naturalmente tienen
su limitación y que deberán de ser aprovechadas según técnicas modernas,
de las que más adelante se habla. Explicado lo anterior, se puede dividir
el territorio en las siguientes zonas:

lo. Zona. semitropical desde un poco más al sur del paralelo 23 al 24.
2o. Zona semidesértica del paralelo 24 al 26.
3o. Zona desértica, la comprendida entre los paralelos 26 y 28; principalmente 1a región noroccidental o sea Vizcaíno.
LITORALES

Los litorales son accidentados con prolongadas playas, principalmente en
las costas del Pacífico, ias profundidades medias por la costa del Pacífico
forman una plat.afomia casi regular.
De Cabo Falso rumbo al norte y con una longitud de 65 kilómetros y
una anchura de 5 kilómetros mar adentro, con una profundidad media de
200 metros. Se prolonga después hasta Cabo San Lázaro una plataforma de
mayor anchura con profundidades fluctuantes entre los 11 a los 185 metros,
localizando en este trayecto la Bahía Magdalena, fonnada por la isla del
mismo nombre, la Isla Margarita y la prolongación al sueste de Cabo San
Lázaro. Encontramos después la plataforma comprendida entre 10 a 150
metros y que en su anchura mayor .registra aproximadamente 80 kmts. A lo
largo de este litoral se localizan Punta San Juanico, Punta Santo Domingo,
Laguna de San Ignacio, Punta Abreojos, Bahía Asunción y Punta Eugenia.
Se forma la gran Balúa de Vizcaíno dentro de la cual se localiza la Laguna
de Ojo de Liebre y las Salinas del mismo nombre ~í como las de Guerrero

Negro.
Los litorales del Golfo de Cortés son swnamente accidentados; las mona! sur a través del desierto ele Vizcaíno hast.a juntarse con los salitrales de
la Laguna de San Ignacio. En las mareas altas se not.a la invasión del mar
en estas zonas casi hasta junt.ar una y otra laguna lo cual nos hace suponer
que en épocas pasadas, no muy remotas, las agnas del Pacífico srparaban
las sierras ele San Andrés y Santa Clara del resto de la península fo1mándose
así islas de grandes dimensiones.
Los litorales del Golfo de Cortés son sumamente accidentados; las mon589

�tañas Ucgan hasta el mar, formando acantilados profundos y de vez en
cuando pequeñas playas. Distinguese por su hermosura y tranquilidad las
bahías de La Paz y Concepción, así como numerosas más, de menor importancia pero de incomparable belle-za.

Dentro de estas bahías se encierran playas de hermosura poco común,
las aguas son cf'istalinas y debido a las diversas profundidades de primoroSQs
colores, encuéntrase ahí la del azul, del verde, violeta, etc.
El clima cálido dominante en estas costas hace de él un lugar ideal para
los centros turísticos poco explotados hasta la fecha y por desgracia los ya
inslatados, usando de una política indebida al cobrar precios exhorbitantes
en los hoteles y bmchas de pesca, han ido a1ejando los turistas a tal grs1do
que en la actualidad es raro ver a los veraneantes y pescadores deportivos.
El Mar Bcm1ejo o Golfo de Cortés frente a las costas de Baja California
está poblado de islas, en su mayoría son escarpados salientes montañosos de
poca o ninguna vegetación. La principal riqueza de estas islas consiste en
la pesca y la explotación de las salinas como son las de San José y del
Carmen, el yeso en Isla San Marcos.
Durante siglos los mares de Baja California, han sido ricos en perlas,
siendo éstas el origen de muchas de las actuales fortunas californianas. Desgraciada.mente debido a una epidemia murieron millones de ostras agotándose e.asi la especie de madre-perla motivando esto el que nuestro gobierno
dictaminara la veda de la pesc;:a del molusco.
Tanto en la costa del Golfo como en la del Pacífico florecen las poblaciones tranquilamente, poblaciones qne en su mayoría fueron fundadas por
los diversos misioneros, que con la conquista vinieron a la Baja Cali(ornia.
ÜROGRAFÍA

Las montañas del territorio como se dijo anteriormente, cubreu la mayor
extensión del macizo. La cadena montañosa proveniente del norte y denominada Sietn de San Carlos, Santa Lucía y Sierra de La Giganta, forma
el espinazo de la península, naciendo de éstas, numerosas ramificaciones
que se prolongan a los lados, fórmanse así las serranías de San Ignacio;
Las vírgenes, con recientes vestigios de erupción volcánica (más de un mi~
llón de años), las sierras que forman Bahía Concepción, la de Comondú y
la Purísima, Loreto y San Pedro, Soledad, etc. Los fenómeno.,; geológicos
hacen que las montañas vayan decreciendo en su altura hasta llegar a lo
que hoy conocemos como los Filos, siguiéndo!fe después una serie de lomeríos
de escasa altura, localizándose después, la depresión que forma el Valle ele
La Paz, que se prolonga al sur hasta casi llegar a T odo_s Santos. La serie
590

de montañas al sur, parten del Picacho en la Sierra de la Laguna remontándose hasta la región del Cabo, San José del Cabo.
l-IroROGRAFÍA

A continuación, hipótesis del autor de este trabajo, basada en sus observaciones persónalcs, que nos dice lo siguiente:
"Debido a su posición geográfica. la precipitación pluvial de la Península

es escasa. Teniendo de por medio el Golfo de Cortés, las corrientes &lt;le! aire
caliente que se forman en las costas de Sinaloa y Sonora impelidas por las
corrientes frías provenientes de la sierra Madre Occidental, soplan baria
la parte costera de .Baja California sin llegar a ellas debido a ese fenómeno
físico que todos conocemos, el aire caliente tiende a subir siendo desplazado
por el frío, esas corrientes de aire de Sinaloa y Sonora, hacen que mientras
en aquellas regiones llueva mucho, al arrastrar las capas superiores de aire
los cúmulos potentes o cúmulos congestus hacia la Baja California el aire
c:aliente desplazado del Golfo de Cortés rechace las masas de nubes, evitando
así la precipitación frecuente en esta zona.
"En cambio, tenemos la formación de nubes del Pacifico, que los vientos
alisios arroja.o sobre tierra, pero presentándose estas formaciones en espacios
tan cortos, solamente se registran fuertes neblinas a lo largo de la región
costera. Llegándose a registrar en los higrógrafos, aparatos especw.les para
medir la humedad ambiente, hasta 100% de humedad. Necesitándose condiciones muy especiales para que la precipitación pluvial nos favorezca,
siendo éstas principalmente las ocasionadas por las perturbaciones ciclónicas
fo1madas al sur de Cabo San Lucas".
Cubriendo las montañas la mayor extensión de la península, la proxtmidad
de dichas montañas al mar es muy corta fonna.ndo numerosas c:u"iadas,
arroyos secos la mayor parte del año y muchas veces por varios años. Cua~do
llueve dichos arroyos son verdaderos torrentes, las aguas corren con rapidez
hacia las dos vertientes; la del Golfo y la del Pacífico. Debido a los grandes declives montru1osos y las estrechas llanuras, pronto se pierden las ~uuas
en el mar. Las vertientes internas o de lagos son escasas, más bien dicho,
no las hay de verdadero interés; se forman grandes charcas en El Cardonoso,
en las sierras de Bahía Concepción, frente al Coyote, en las mesas de Comondú, los llanos &lt;le San Julio sobre las sierras de San Javier, contándose
algunas más al sur de Loreto cerca de los Dolores, los llanos de Kaquibue
y del Venado que en tiempo de lluvias se llenan de agua formando pequeños
lagos sin mayor importancia.
Tenemos también arroyos que en la mayor parte del año tienen gasto

591

�es decir, corrientes de agua. t:ntre éstas contamos como el principal en el
Territorio el arroyo de la Purísima que tiene su origen en el Ojo de Agua,
al principio del cañón de la Purísima, al cual convergen innumerables arroyos
vertientes de las sienas que circundan Bahía Con~epción, San José de
Gracia, así como las de prolongación de La Giganta, por Loreto y Comondú.

Más al sureste y al pie de las Sierras de San Venancio, están San Venancio, El Refugio y San Jacinto, corrien1es de agua estas últimas que no se
aprovechan en su máximo, primero por falta de tierras cercanas y segundo
por Ja falta de obras de irrigación. Después encontramos la colonia Calles,
también con un pequeño caudal prominente del arroyo de San Jacinto.

El arroyo de La Purísima constantemente tiene gasto aproximadamente de
150 litros por segundo en tiempo de estiaje o de secas. En cambio en las
avenidas que se registran una o dos veces al año pudiéramos calcular hasta
3,000 m 8 • regándose con estas aguas pequeñas zonas agrícolas, San Isidro
y La Purísima, en la que se cultivan principalmente viñedos, olivos, dátiles,
un poco de caña de azúcar, naranja y algunos otros cultivos.

Por la costa del Golfo encontramos los manantiales de San José del Cabo
con abundante agua, pero que desgraciadamente no se aprovecha pues las
tierras fueron invadidas por las arenas arrastradas por los arroyos en las
precipitaciones registradas en los últimos años, necesitándose un sistema de
canalización y bombeo para aprovechar nuevas tierras laborales. Recursos
Hidráulicos ha estado trabajando en la perforación de pozos.

Después de un recorrido de aproximadamente 60 kilómetros a lo largo
del cual con numerosos aOuentes desemboca en d Océano Pacífico, en el
lugar denominado La Bocana de San Gregorio.
Sigue después Gomondú que también tiene su 01igen en Ojos de Agua.
Considerando que dichos ojos de agua sean el producto de las acumulaciones
de agua pluvial en los Llanos de San Julio y los de la Mesa de Comondú,
lugares éstos eo los que se fonnan pequeñas lagunas. El gasto o corriente de
agua con que cuenta Comondú es pequeño, siendo por lo consiguiente el
área de cultivo menor que la de La Purísima. Los cultivos también son similares, es decir, dátiles, viñedos, olivos y legumbres en pequeña escala.

Caduaño, Santiago, Las Cuevas y San Bartolo tienen también antiguos
sistemas de riego de los que se han venido sirviendo. Fuera de los mencionados, sólo encontramos contados pequeños manantiales localizados la mayoría en las cañadas de las distintas serranías, siendo así como pndiéramos

San If1acio, al noroeste de Santa Rosalía una pequeña población agrícola
con escasos recursos acuíferos. Canales de una presa de construcción burda,
riegan pequeños viñedos y árboles de olivos, los datilares crecen sin cultivo
alguno, sólo la feracidad de las tierras propias para estas plantas, pernúte
su abundante desarrollo. El principal sustento de esta población es la pesca.
Aun cuando se encuentra lejos del mar, los moradores ocurren a la costa
del Pacifico en las grandes temporadas de pesca de langosta y abulón.
En la parte sur y por el Pac'úico, encontramos los manantiales de Todos
Santos de una regular consideración. Se aprovechan por medio de la Presa
Juárez, la cual deriva sus aguas a los canales de riego, los que se ramifican
a las tierras de cultivo. Además, la Secretaría de Recursos Hidráulicos, ha
perforado y dotado de equipos de bombeo a la unidad de San Juan que
riega las tierras altas que no se pueden regar con la prt'.sa. Los cultivos
en esta zona son principalmente de caña de azúcar, maíz, frijol, legumbres
y árboles f rutalcs como el mango, aguacate, naranja, guayaba, etc.
Pescadero, localizado a1 sureste de Todos Santos también cuenta con un
pequeño caudal de aguas escasamente aprovechado, más bien dicho ma.l distribuido, siendo hasta hace poco cuando Recursos Hidráulicos ha hecho algunas obras pa.ra el mejor aprovechamiento de las aguas.

592

citar los siguientes de mayor importancia:
Por la costa del Pacífico y de norte a sur: San José de Castro, en la porción occidental del Vizcaíno con aguas termales, Patrocinio en las sierras del
mismo nombre y al noroeste de las salinas del 40, San José de Gracia, localizado en las serranías del mismo nombre. Cadegé al norte de Punta San
Juanico, ranchería ésta que ha logrado gran adelanto debido a la influencia
de la instalación de un internado de primarias que la Secretaría de Educación ha instalado en el lugar.
Volvemos a encontrar manantiales hasta Todos Santos que como la anterior ya fue tratada. Quedando una vasta zona costera de más de 350 kilómetros completamente desierta y sin agua aflorante. Sobre las sierras de
Las Vírgenes en la costa del Golfo existen pequeñas rancherías que tienen
ojos de agua. Más al sur encontramos a Santa Agueda que surte de agua
al poblado de Santa Rosal.ía, después San Bruno que cuenta con abundante
agua pero pocas tierras de cultivo. Internándose un poco en las sierras,
San José de Magdalena con un gasto aproximado de 50 litros por segundo.
Agua dedicada a pequeñas huertas de naranja y algunos árboles de fruta.
Escasos cultivos de tierras laborales.
Mulagé, también en el Golfo tiene agua abundante que se aprovecha por
medio de una presa derivadora y un sistema de canales en el riego de huertas
de mango, higo, dátil. La mayor parte del agua se pierde en el cercano mar.
Esta corriente se ve notablemente afectada aguas abajo de 1a presa por el
flujo y reflujo del mar.
Nos volvemos a encontrar afloraciones hasta en el cañ6n de San Javier
en el poblado del mismo nombre vertiendo hacia e) Pacífico y dando origen
593
H-38

�a la formación del arroyo ele Santo Domingo al norte. de este _v~lle. Aproximadamente a quince kilómetros al noreste de San Javier se ongma ,el arroyo
de las Panitas o Loreto que vierte sus aguas en el Golfo de Cortes.
Sobre la cadena montañosa al sur de San Javier encontramos los orígenes
del arroyo de las Bramonas ocasionado por numero~ afluentes q~e pa~ten
de las sie1Tas de San Isidro, Santa Marta, Tembab1che, San Fehpe, Juntándose éstas con las que se originan en El Plátano y San Luis Gonzaga,
desembocando finalmente en el Pacífico no sin antes alimentar los mantos
acuíferos del Valle de Sa..,to Domingo.
Tenemos después San Pedro y La Presa. manantiales que al juntarse
fonnan el Arroyo de Paso de Iritú cambi:llldo más adelante al nombre de
Sauta Rita, siendo su cuenca la vertiente del Pacífico.
En la Soledad y la Purificación se origina el Arroyo_ de la Sole?ad ~ue
con numerosos afluentes toma después el nombre de El Pilar y despucs uruendose al de San Venancio, siendo también la vertiente del Pacífico.
En la vertiente del Golfo al sur de Loreto hasta La Paz, no encootramos
arroyos de mayor importancia, dada la p~oximidad de _las montañas al mar,
solamente impetuosos torrentes que en tiempo de lluvias vierten sus aguas
en el cercano mar de Cortés.

.PRIME.ROS MORADORES

Los vestigios de Jas viejas civilizaciones anteriores a los indios encontrados por los españoles en la península son muy escasos, tanto así que ~lo
se han hallado leves huellas en cuevas labradas o naturales, escasas rumas
y utensilios diseminados a todo lo largo de la misma.
Los fósiles de restos humanos encontrados en distintas partes nos dicen
que existió una raza de gigantescas proporciones, considerándose que. estos
individuos pudieron alcanzar altura basta de tres metros.
Las consideraciones que Clavijero hace a este respecto son las siguientes:
"Observando los pocos antiguos vestigios que existen aquí, es ra~io~a~ llegar
a la conclusión que esta Península estuvo habitada en sus pnnc1p1os por
una gente menos bárbara que la encontrada por los españoles.
"Los jesuítas en los últimos años (deberá entenderse_ de su es~cia en
esta región y aquella época) descubrieron en las montanas que esta~ entre
los paralelos 27 y 28, varias cuevas artificiale_s labradas en b ~ca viva, ~n
las cua]es se notan pinturas de hombres y mu1eres con decente mdumentana,
así como distintas especies de animales. Estas pinturas, aun cuando sean
burdas, representan claramente el objeto, no perteneciendo a las tribus

594

salvajes que los españoles encontraron a su llegada. Estas pinturas sin duda
pertenecen a un pueb]o m:ís antiguo".
"Hay una tradición en el País que se refiere a u~a raza de gigantes
que vino del norte. No pretendemos que se dé crédito a estas tradiciones,
pero de varias exhumaciones que se han verificado, no cabe duda que esta
región estuvo habitada por gente &lt;le bmaño desproporcionado".

Clavijero continúa así: "Vestigios de restos humanos encontrados en el
rancho de San Joaquín, más allá de la Mir,ión de San Ignacio ( supone el
que esto escribe que se trata del San Joaquín localizado a 14.5 kmts. al Sur
de San Ignacio), por el Padre José Ma. Roben en el año de 1765, nos hace
suponer lo siguiente: Tomando en consideración el tamaño del cráneo, el
lugar que ocupaba el esqueleto y comparando la columna vertebral con la
de un esqueleto ordinario, se calcula que la persona a que pertenecía tenía
once píes de altura".
Otro cronista antiguo se expresa así: "En toda la región de California
de Norte a SUT y especialmente en las cuevas y rocas lisas existen pinturas
burdas, los colores que dominan en ellas son cuatro; amarillo, verde, negro
y rojizo". La mayor parte de ellas están locaJizadas en lugares altos y de esto
se deduce, que la vieja tradición tenga fundamentos y que una ra7.a de
gigantes habitó estas tieras de Baja California.
Algunas de estas pinturas tienen inscripciones parecidas a caracteres góticos, mezdados con trazos al parecer hebreos y caldeos o de lenguas muertas e indescifrables. Indudablemente estas pinturas y caracteres son signos que
dejaron a la posteridad los ignotos moradores de aquellas tempranas edades
de la Baja California.
En la misma forma que se explica lo anterior, encontramos petroglificos
en San Ignacio, en la Bahía de la Concepción, así como en distintas partes
de la Giganta.
En el sur, se encuentran pintura,; en el Carrizalito, en las sierras cercana•
a Santiago, en la Sierra de la Victoria y lugares inmediatos a Caduaño.
Estos petroglíficos están escritos en rocas lisas con el frente hacia el este,
a una altura de 10 a 15 pies del nivel del suelo y cercano a lugares en que
hay agua.
Las pinturas de San Pedro Mártir, San Ignacio, Mulagé, a~í como fas
cercanas a Caduaño representan figuras htllllanas y algunos animales como
venados, león del país, etc., etc. Otro grupo de pinturas representa sólo
signos y caracteres que se parecen a los usados por los antignos caldeos y
etíopes.
En la Giganta, internándose por las serranías al noroeste de Tepentú se
encuentran en las proximidades de las pozas en los arroyos, roe.as con signos

595

�dispuestos horizontal y verticalmente, son de una longitud de 10 a 15 centímetros en grupos de 4 ó 5 lineas, al verlos piensa uno en el tejido de un
petate.

Los mismos autores norteamericanos aceptan el que dichos indios carecían
de la más rudimentaria cultura y vivían completamente desnudos, sin abrigo,
en la llanura, como vulgarmente se dice: al cielo raso.

A la altura de El Paso de lritú y cercano al Aguajito volvemos a encontrar
signos de la misma naturaleza. Asimismo en la región que existen algunas
cuevas que cuidadosamente fueron tapadas en su entrada con material bien
dispuesto cual obra de albañilería.

Siendo así, no podemos considerar que fuesen aquellos los que habitaron
y pintaron las cavernas hasta hoy descubiertas, ni los autores de jerogüficos
que denotan cierta cultura, cierto adelanto.

Más al sur en las mesetas que se localizan a Ja altura ele los "Higueritas
de los Polo" por el camino a la Soledad, a la vera del camino se encuentra
una piedra de aproximadamente Yá de metro cúbico en Ja cual en una de
sus caras aparecen signo.s semejando cenefa, grabados y no pintados.
Cercano a Santiago, un poco antes de llegar al Carrizalito, se desvía un
camino a la derecha, aproximadamente a un kilómetro se encuentra una
gran roca con innumerables signos y rayas cortas verticales y horizontales,
jeroglíficos algunos que simulan figuras humanas y diversos signos indescifrables, por lo menos hasta hoy.
La ma~·or parte de estas pinturas fueron hechas con un líquido rojo que
penetró e-n la roca, pues al desprender con un pico parte de éstas, se nota
en su corte transversal que la pintura penetró de tres a cinco milímetros.
Probablemente se utilizó como pintura el líquido lechoso del arbusto conocido como "Lomboy''.
Constatando lo relativo a la raza de gigantes, el que esto escribe ha escuchado de labios de personas dignas de todo crédito el que en algunos
lugares cercanos a San Pedro de la Presa y el Paso de lritú para mayor
precisión en Karatel se han encontrado restos humanos entre los cuales existe
una tibia de 0.65 sesenta y cinco centímetros de longitud. Digo que existe,
porque las personas que la encontraron la volvieron a sepultar en el mismo
lugar.
Según Peter Gerhard y Howard E. Gulick, autores de Lower California
Guidebook, con excepción de los habitantes de la Tierra del Fuego, los
primeros habitantes de Baja California son los más primitivos de América.
De ser cierto lo anterior se deduce que trátase de los indios prehispánicos.
pues no hablan estos autores de esa raza de gigantes que hablamos an.teriormente. Además deberá considerarse el que si estos indios fueron tan primitivos como se dice, debieron de quedar aislados del resto del continente.
Aislados posiblemente por uno de tantos movimientos de inmersión y emersión de la península.
Ese aislamiento pudiera e:,,."J)licar el estado de ignorancia y falta de cultura
de estos indios que perdieron todo contacto con las civilizaciones mayas, az.
tecas y resto del continente más cercano.

596

El hecho de que los indios prehispánicos vivieron desnudos y carecieron
de vestido es significativo, ya que en las pinturas rupestres aparecen con
vestido, si bien es cierto, primitivo, era vestido al fin.

La carencia de monumentos grandiosos, como por ejemplo monolitos y
y pirámides, pueden tambifo ser debido a que efectivamente, los moradores
indios o gigantes de esta región, fueran de los más primitivos en América
y que al quedar aislados del resto del mundo, como se dice antes; debido
a las inmersiones de la Península, quedaron también aislados de toda civilización, de toda cultura, sncediéndose por siglos, de padres a hijos, los
más rudimentarios conocimientos adquiridos en sus principios en las consecuencias lógicas del vivir.
Lo anterior en realidad es la "X" por despejar. Los restos humanos
mfü; antiguos de que se tiene noticia son los ele la Isla de Java, el Pithecantropus Erectus. Se calcula que existió en el Pleistoceno, asignándose-le una
antigüedad que, según diversas opiniones varía entre el medio millón a un
millón de años. Por lo que se acepta la posibilidad de qne el hombre haya
aparecido en la última parte de] Pliocenio, es decir, inmediatamente antes
del Coartemario y por lo tanto hace un millón de años.
Considerando que la última vez que- la Baja California encontró casi en
su totalidad unida al macizo del Continente, fue en el Plioceno y que c;on
posterioridad en el Pleitoceno volvió a sumergirse, según los mapas tectónicos
y paleográficos del ingeniero Federico Mina U., publicados en el Iloletin de
la Asociación Mexicana de Geólogos de Petróleos, pudiera e&gt;..istir Ja remota
posibilidad de que efectivamente, los primeros habitantes de la Baja California, fueran de los más primitivos pobladores de la Amé.rica.

Los indios prehispánicos, según la cronología prehispánica, posiblemente
pertenecieron a la etapa superior del Paleolítico, iniciada hace unos 50,000
años, en la que se formaron pequeñas comunidades de cawdores nómadas,
que usaban lanzas, arcos y flechas, realizaban trabajos en piedra y pedernal.
Pese a que posteriormente vinieron las edades del Mesolítico, en que el
hombre construyó canoas, herramientas de piedra, arpones d.: hueso y algunas cerámicas. Así como el Neolítico en que la cultura del hombre llegó
hasta el cultivo de la tierra y la alfarería. Nuestros indios siguieron estancados en su eivilización debido a su aislamiento.

597

�Los abundantes hallazgos de puntas de flecha labradas en pedernal, obsidiana y piedra común, así como piedras planas, es decir, lajas y manos de
piedra para moler las semillas de plautas silvestres que les servían de alimento, nos dicen que su adelanto en este aspecto hasta este grado estaba
limitado. Si acaso se han encontrado obras de cerámica, al igual que muchas pinturas rupestres, no pertenecieron a los indios prehispánicos, más
bien es de suponerse, como se dijo antes: que pertene-Lcan a una civilización
diferente.
La posibilidad de su emigración de) norte es aceptable, considerando que
se fueron adentrando en la península y que por razones desconocidas o las
ya expuestas, quedaron aislados del resto de las tribus pobladoras de la Alta
California, Arizona y Sonora.
También e:xiste la teoría de que los moradores de la parte sur, es decir,
de Cabo San Lucas, San José del Cabo y toda esa porción de emigrantes
que llegaron a la península por mar, procedentes de las islas de los mares
del sur.
Bien conocido es por la generalidad las diversas historia" que de la Baja
California se han escrito, todas con sus variantes según el temperamento
de cada escritor. Así es que se ha hablado roncho del asunto, más no dejamos de tener delante de nosotros la interrogante, la incógnita la cual no
podrá despejarse por completo, sino hasta cuando se puedan descifrar los
jeroglíficos e interpretar las pinturas rupestres debidamente, así como obtener mayor abundancia de datos arqueológicos, fósiles, cerámicas, etc., etc.
que arrojen más luz en el hasta hoy obscuro pasado de los primeros moradores de la península.
A continuación me permito agregar a lo que he venido escribiendo, un
arreglo con los datos que me fueron proporcionados por el señor don Francisco Jerez, en los cuales he encontrado muchos de sumo interés y que el
lector podrá apreciar. Se observará que datos similares a estos, han visto
la luz de la publicidad en diversas obras. No obstante esto, no se le resta
mérito a la obta del señor Jerez, ya que su trabajo ha sido obtenido de la
consulta de viejos archivos y observaciones hechas durante sus largos años
de estudio.

En la región cercana a la Poza Honda, Tihuana y Tepentú, habitaban los
cahuias. Todas estas tribus sin formar poblados bien definidos, sí daban
nombre a determinados lugares en que moraban. Siendo así como aún en
la actualidad conocemos los que hoy son rancherías, las que llevaban por
nombres los de Iraky, Iritú, Merecuaco, Humí, Aguí, Tepentú, Atipategui,
etc., etc.

Al norte de Loreto se encontraban los cochi.míes, que poblaban la mayor
parte del tenitorío hasta las serranías en el extremo norte. Al parecer esta
tribu descendía de ]os }'lll.llas.
Todas las tribus juntas se calcula que sumaban entre 25,000 a 40,000
almas, hablando distintos dialectos. De padres a hijos se trasmitía la leyenda de que habían vivido hacia el norte, pero que fueron arrojados por
otras tribus. El idioma era pobre. Para expresar el día empleaban una
palabra que equivalía al sol. No tenían nombres numerales que pasaran
de cuatro. C"mco lo expresaban tanto como una mano y diez como dos
manos, veinte tanto como dos manos y dos pies. Lo que pasaba de 20
era la inmensidad.
Su constitución física era sana, de buena estatura, pelo negro, lacio e
hirsuto, dentadura blanca y bien proporcionada, en general un individuo
normal. No fue sino hasta después de la llegada de los españoles, que trajeron consigo enfermedades y epidemias desconocidas, cuando las tribus de
los indios californianos fueron diezmadas y finalmente extinguidas o absorbidas totalmente, por el cada vez creciente número de extranjeros que se
arraigaron. De aquellas ra7.as de guaycuras, pericúes, cochimíes y cahuias
sólo quedan los diluidos vestigios manifestados en la raza de mestizos que
aquí y aHá, aisladamente pueblan la Baja California. Mestizos que casi en
su totalidad han perdido hasta su nombre indio original, llevando como
suyo: el de Rodríguez, Domínguez, Sánchez, González de origen español
o Geraldo, Gerardo Drew, Moller de origen inglés y así franceses, italianos
que poco a poco se han ido mezclando constituyendo la actual población
de la península de la Baja California.
DATOS HISTÓRICOS DE LA CONQUISTA DE LA

Tamus

QUE POBLARON LA BAJA CALIFORNIA

Las principales tribus de la región sur, eran los pericúes, que poblaban
desde Cabo San Lucas, hasta las cercanías de 1a Bahía de La Paz. Después poblaban la región de Todos Santos, La Paz y hasta las cercanías de
Loreto, los pericúes y guaycuras, ]os cuales se encontraban en frecuente lucha
por la posesión de la zona que habitaban en común.
598

BAJA

CALIFORNIA

(1532). Habiendo llegado la conquista hasta las costas occidentales de 1a
Nueva España, Cortés decidió enviar una armada al mand0 de Hurtado de Mendoza, con el objeto de recorrer los litorales del Pacífico,
en busca de una isla de la ruaJ decian los dignatarios de la corte
de Moctezuma, adquirirían mucho de sus tesoros.

599

�Dicha armada salió de Acapulco, habiendo descubierto las hoy
islas Marías, mas el propósito era llegar hasta la fabulosa isla que
según la conseja deberían encontrar a la mano derecha de las
Indias y que los indios nombraban "Cihuatán".
Mendcrza nunca volvió, pues a1 parecer tropezó con dificultades
y sublevaciones de su tripulación, sucumbiendo en las revueltas,
sobreviviendo solamente tres marineros de aquella infortunada expedición. ,
( 1533) . Cortés volvió a enviar otra e"-pedición. En esta vez dos barcos se
lúcicron a la vela; uno al mando de Diego de Becerra, con Fortún
Jiménez como piloto y el otro al mando de Remando de Grijalva.
Dieoo
de Becerra fue asesinado por Fortún Jiménez en un motín.
o
.
Dueño Jiméne-L del navío desertó de la expedición y con la tnpulación que le siguió navegó a través del golfo, haciendo tierra en
el Jugar que hoy conocemos como Punta Santa Cruz. En este lugar
la mayoría fueron asesinados por los indios, pereciendo entre ellos
Fortún Jiménez.

( 1535). Ante estos fracasos, Cortés consideró nece5ario hacerse cargo de la
empresa personalmente, por lo que se hizo a la vela con tres naves
y numeroso contingente. Habiendo llegado a las costas orientales
de la California, navegó a lo largo de las mismas por la parte sur.
Descubrió en su viaje una hennosa bahía, haciendo tierra en un
lugar al cua1 puso por nombre Santa Cruz (hoy La Paz), por haber
desembarcado precisamente el día tres de mayo, día de la Santa
Cruz. Tomó posesión de la pretendida isla a nombre del rey de
España, Carlos I de Asturias.
( 1539). Cortés envió su última expedición a la Baja California siendo Francisco de Ulloa el encargado de dicha expedición. Ulloa llegó a
las costas californianas en el otoño de 1539, desembarcando en
La Santa Cruz, partiendo de ahí por tierra hacia el Pacífico. Llegó
hasta Cabo San Lucas. En su exploración por el territorio no
le fue posible encontrar todas aquellas fabulosas riquezas qoe se
deda de la Ilaja California.
En este mismo viaje descubrió Ulloa, Bahía Magdalena en las
costas del golfo, levantando cartas geográficas de todo su litoral,
hasta la. desembocadura del río Colorado.
Finalmente esta expedición corno las anteriores, tuvo trágico fin,
pues de tres embarcaciones que habían zarpado solamente regresó
una al puerto de Acapulco.

600

{1539). En este mismo año, fray Marcos de Niza mmonero italiano de
la orden de los franciscanos, acompañado del negro Estebanico
se aventuró en busca del reino de Quivira y las siete ciudades de
Cíbola, la más importante de las cuales se decía~ estaba formada
por casas de piedra, de varios pisos, rematadas por azoteas adornadas con turquesas. Estebanico murió en una emboscada de los
indios, escapando milagrosamente el religioso. Las fantásticac; narraciones de fray Niza dieron origen a la expedición de Francisco
Vázquez Coronado, gobernador de Nueva Galicia. Vázquez Coronado hizo una búsqueda infructuosa, habiendo encontrado solamente siete miserables aldeas. a estas alde.as las llamaban los indios
Cíbola, derivado del nombre del bisonte que pastaba en las praderas y que los indios llamaban Cíbolo.
( 1540). Vázquez Coronado en su expedición descubrió los e&gt;,_1ensos valles
de Sinaloa y Sonora, prolongándose su e"-"J)loración basta el río
Colorado y parte de su cañón, así como tierras de Arizona y Nuevo
México.
( 1540). Se efectuaron e&gt;..-pediciones a lo largo de la península; entre los
expedicionarios más connotados podemos considerar a Vázquez Co,..
ronado, Pedro Alvarado, gobernador de Guatemala, Femando de
Alarcón y el capitán Domingo del Castillo.
( 1542). Juan Cabrilla notable marino portugués dobló el Cabo San Lucas,
navegando al norte, visitó Bahía Magdalena, Isla de Cedros, la
bahía que hoy conocemos como de Vizcaíno, Punta Canoas, sobre
el para1elo 29 y Puerto de Posesión que se presume sea Bahía
de San Quintín, cerca del paralelo 30. Al parecer este marino navegó más al norte, pues anotó en sn bitácora la Bahía de Todos
Santos, habiendo sobrepasado el paralelo 32.
(1579). El pirata Francisco Drakc efectuó incursiones en las costas de la
California, cometiendo depredaciones y asolando los mares de California. El sanguinario pirata efectuó repetidos viajes a estas costas
a las cuales llamó Nueva Inglaterra.
( 1587). Sebastián Vizcaíno realiza su primer viaje a la Baja California.
(1587). Sir Thomas Cavendish célebre pirata inglés, autorimdo por 1a corona de Inglaterra, en una de sus correrías por la Baja California.
capturó en aguas cercanas a la península, el galeón español "Santa
Ana", que conducía grandes rique7.a5, valuadas en más de tres miUones de d61ares en joyas, oro y plata. Cavendish después de su
601

�saqueoi ancló su armada en la Bahía de San Bemabé a unas cuantas millas al este de Cabo San Lucas. Partiendo de este punto rumbo
a las Filipinas, pero un ten-ible temporal hizo que el "Contentns"
una de las naves de Cavendish, tratara de regresar a la costa de
California frente a las cuales se supone que neufragó, pues jamás
se volvió a saber de esta nave, sin duda que el cargamento de oro,
plata y piedras preciosas se encuentran perdidas a lo largo de las

costas californianas.
( 1589). A su arribo a Plymouth, Cavendish informó a la corona inglesa lo
siguiente: He navegado por las costas de Chile, Perú y Nueva España, donde he consumado grandes saqueos, he quemado diez
y nueve embarcaciones chicas y grandes, he saqueado y quemado
todas las poblaciones a mi paso.
A principios del siglo XVI Inglaterra y Holanda, países qne entre otros, veían la piratería como algo legal, enviaban frecuentemente expediciones de filibusteros, en busca de los galeones españoles, los cuales iban siempre cargados de riquezas. Estas expediciones de piratas se llegaban hasta las costas de Baja California,
fondeando en lugares cercanos a Pichilingue y Puerto Ventana en
donde encontraban seguro abrigo. En estos lugares establecían contacto con los indios ralifomianos, haciendo trueque con ellos, dándoles mercancías y baratijas a cambio de pedas.
De Piehilingue y Puerto Ventana se desprendían los pjratas para cometer sus pillajes, asolando a los galeones españoles. Ante
esto, la corona de España que principiaba la conquista de la parte
sur de estas tierras, decidió explorar hacia el norte en busca de
lugares seguros y habitables.

(1596). Ante la constante amenaza de piratas y la necesidad de nuevos
lugares de seguro refugio, salió de Acapulco Sebastián V12caíno
quien ya en 1587 había realizado otro viaje a estas tierras. Tres
navíos perfectamente equipados numerosa tripulación y gente para
colonizar era el contingente.
Llegó a la Bahía de la Santa Cruz, lugar el cual bautizó con el
nombre de La Paz, por lo pacífico de sus aguas y sus habitantes.
Intentó colonizar La Paz y estableció una guarnición habiendo
fracasado en su intento de repoblar el lugar. Se hiw a la mar el
año de 1602. Durante su estancia en Baja California visitó Bahía
Magdalena, Las Vírgenes, la Ilahía que lleva su nombre, San Quintín y Bahía Todos Santos. Además realizó grandes exploraciones
en tierra firme.

602

Transcurrieron algunos años sin que se lle,•ara a cabo otra expedición por las costas occidentales de California.
( 1605). En el mes de enero de este año Juan de Oñate.s, explorando la
costa de la península llegó hasta la desembocadura del río Colorado.

(1616). Juan de Itu1:b~ navegó por las aguas del sur de la Baja California;
en sus expedicmnes por el golfo, encontró valiosas perlas principalmente en la Dahía de La Paz.
( 1683). Isidro
Antillán , almirante de la la flota espano
~ )a,
. , de Atondo v
1
partio de Nueva España acompañado de los padres jesuitas Juan
Copaut,, ~usehio Francisco .Klno y el padre Gomí; que venían con
el propos1to de colon.izar la California.
Tras de vano intento de establecer una misión en Ja Santa Cruz
º. sea La _Paz, fracasó nuevamente, teniendo que regresaT a México, no sm antes haber realizado nuevas exploraciones en el territorio.
Los fracasos de todas estas expediciones fueron debidas a la inadecu,ada preparac_ión, la escasez de buenos sitios para la agricultura,
ast como la dificultad para obtener alimentos y medios de vi.da
a través del golfo.

M~ _de cient~ cincuenta años transcurrieron desde las primeras
expediciones enviadas por Cortés, hasta la última en que almirante
Isidro de Atondo junto con el padre Kino, fracasaron en su intento de conquista de estas agrestes tierras californianas.
(1697}. T~as de _innum~rabl~~ sacrificios y continuas luchas, los padres je.
swtas baJo la drrecc1on del padre Juan Ma. Salvatierra nativo de
~jj~ y de noble estirpe, fundaron la primer misión d; Ilaja Cahfonua en Loreto. San Bruno localizado un poco al norte de Loreto, fue el primer lugar que tocaron los jestútas, habiendo fundado aquí un fuerte, siendo éste el primer presidio formal del
virreinato en la California.
.Para S~vatierra fue ,de s ~ utilidad la experiencia que el padre
Kmo . tenia de este pa1s, as1 como el esfuerzo y sacrificio del padre, Juan de U~1:e. Estos tres sacerdotes con tenacidad y gran
espmtu de sacrificio de que estaba dotada aquella gente, dieron
principio _la colonización y catequización de la península, para Jo
cual el virrey conde de Moctezuma concedió la licencia de colonización el día 5 de febrero.
El día 15 de octubre del mismo año con una escolta de seis

603

�soldados y compañeros de sacerdocio, Juan María Salvatierra dio
principio a la magna obra qoe habría de extenderse a lo largo
de toda la California, la Baja California y la Alta. Magna obra
de la cual a 263 años de distancia vemos aún florecientes la mayor parte de las misiones fundadas. Obra misma que r-n la .ac~~lidad, aun contando con los medíos de transporte y comumcacion
moderna, sería dificil realizar.

(1718).

E) padre Juan de Ugarte deseando explorar la cos~ al norte de
Loreto, se dio a la búsqueda de madera para construir una emb~rcación ya que carecía de ella, logrando encontrarla ~n l_as montanas
al noreste de Loreto, construyó auxiliado por los mdms, una pequeña nave, la cual llamó "El Triunfo de la Cr,uz"., Se hi~~ a la
vela, navegando hacía el norte, explorando Bah1a Concepc1~n, l~
costas actuales de Santa Rosalía, Isla San Marcos y la de Sal si
puedes", sobre el paralelo 28º. Navegando hacia el este,, pasó la
Isla de Tiburón, llegando hasta la desembocadura del Río Colorado.
En la ausencia de Ugarte el pirata inglés George Sehrolck's merodeaba las costas de California, efectuando intentos de ataque a
las fundaciones de los jesuitas.

( I 748). Se estalece el campo minero del Real de San Antonio.
( 1768). Debido a las intrigas y envidias, los jesuitas perdieron el favor
de la corona, pues se les acusó de enriquecerse y tratar mal a los
indios, por Jo que en este año se les ordenó entrega.~en las m.is1on_es
fundadas a los misioneros franciscanos encabewdos por el franciscano Junípero Serra.
Duró la gestión de los jesuitas sesenta ~os, dura~te los cuales
levantaron cartas de la costa oriental y occ1dental as1 como de las
islas de California. Exploraron su interior hasta el paralelo 31 °•
Establecieron el fondo piadoso. Fundaron pueblos a1 par de sus
misiones. Instruyeron a los indios en pequeñas industrias, como
el cardado de lana, la curtiduría, sistema que aún se ~sa en el
territorio, conservar las frutas, carpintería, elaboración d~ :"mos, queso y mantequilla. Así mismo fueron ellos lo que hmeron fructificar la vid el olivo, el higo y d dátil, frutas éstas que vemos a.e,
, l
tualmentc producirse en abundancia en toda la penmsu a.
En las artes, )os indios aprendieron a tocar instrumentos musicales como la guitarra, el violín, el arpa, la flau~, etc.,, e~c. Fundaron veintitrés misiones de las cuales catorce tuvieron ex1to. Le-

604

van taron y hermosearon los lugares con estructuras de piedra labrada delicadamente, siendo de esto mudos vestigios los que en
cada misión se encuentran a lo largo del territorio.
Al ritmo de la fundación de misiones, construyeron una basta
red de comunicaciones de veredas y caminos. Tomaron datos científicos y geográficos de la región, reunieron datos etnológicos de
las razas antiguas. Abrieron tierras de cultivos con sistemas de
riego, por medio de las cuales si hubiesen permanecido más tiempo
en la región, hubieran impulsado notablemente la agricultura, tomando en cuenta las extensiones de sus llanuras y recursos acuíferos de la época.
Al establecimiento de veintiún misiones en la Alta California
por los franciscanos durante cincuenta y cuatro años precedentes
a la Ley de Secularización no desmerece un á.pice el trabajo peninsular de los jesuitas. Los que vinieron en esa época, eran hombres de vasta ilustración, muchos de ellos de noble estirpe. Acerca
de su labor en la pen1nsula justificadamente se ha dicho que siendo
tan remoto el sitio y djfícil su con_quista, hay pocos capí.tuJos en
la historia del mundo, que sean acreedores a tan justa y sincera
admiración, como la que se tributa a esos Salvatierra, Kino, Ugarte,
etc., etc., que han dejado indeleblemente grabados sus nombres en
la historia de la Baja California.

El número de estos nobles jesuitas que forjaron durante sesenta
años esta patria, ascendía a diez y seis, siendo ocho alemanes, seis
españoles y dos mexicanos. Con lágrimas en los ojos abandonaron
las amadas playas de la Cálida Fornax, como la llamara aquel intrépido conquistador don Hernando de Cortés.
Embarcáronse en Loreto en un navío real que los condujo a
tierra firme. De sus posesiones fueron despojados, permitiéndose
a cada padre llevar consigo solamente su hábito, sus libros de
teología y algunas otras pequeñas pertenencias.
(Según Clavijero: en las distintas misiones había 70,000 indios,
pero las epidemias que diezmaron la población indígena hicieron bajar este número a 25,000 finalmente poco a poco se fue extinguiendo esta raza como antes se dice absorbida por el cada vez creciente
número de emigrantes).
Tanto dominicos como franciscanos continuaron la obra catequizante, Siendo una figura notable la de fray Junípero Serra,
c.uyo verdadero nombre era el de Miguel José siendo profesor en
la orden de los franciscanos en 173 l adoptó e I de Junípero.
Su labor fue similar a la de Salvatierra, pero Serra se dedicó es-

605

�peeíalmente a la Alta California, donde fundó las actuales misiones
de aquella parte. Realizó penosisimas ex-pediciones, su labor evangeli7.adora es adrrrirable.
El límite de la Alta CaJjfomia según acuerdo tornado por el
virreinato el año de 1772, debería de ser a los 32º 15' 00'' latitud
norte. Los franciscanos tras innumerables intrigas, al igual que los
jesuitas cayeron de la gracia de la real corona y fueron reemplazados por la orden de los dominicos, los cuales a la postre fueron
acusados de mala conducta.
Los padres superiores de las misiones de los dominicos fueron
padre Vicente Bolda, padre Rafael Rovina, padre Plácido Sáenz,
padre Ramón López y padre Tomás Ahumada, siendo este último
eJ que por un corto período cambió la capital a San José del Cabo
en lugar de Loreto.

MISIONES FUNDADAS POR LOS DIFERENTES MISIONEROS
EN LA BAJA CALIFORNIA

( 1718). La Purísima a los 26° 02' 54" latitud norte y 111 ° 48' 20'' longitud oeste de Grenwhich, altitud 260 metros. Fundada por el padre Nicolás Faramal.
( 1720) . Nuestra Señora del Pilar de la Paz, hoy La Paz, a los 24º 09' 41"
latitud norte y 110° 20' 44'' longitud oeste de Grenwhich, altitud
26 metros. Fundada por el padre Jaime Bravo.
(1720). Misión de Guadalupe a los 26° 55' 00'' latitud norte y 112º 11' 00"
longitud oeste de Grenwhich, altitud 215 metros.
( 1721). Misión de los Dolores a los 25º 04' 00" latitud norte y 110º 52' 00"
longitud oeste de Grenwhich, altitud 40.00 metros, quedó a cargo
del padre Guillén.
( 1723). Misi~n de Santiago, a los 23º 28' 24" latitud norte y 109º 43' 21"
longitud oeste de Grenwhich, altitud 125.00 metros. Fundada por
el padre Ignacio Ma. Nápoli.
( 1728). San Ignacio Kadamán o Kadacamán a los 27° 16' 50'' latitud
norte Y 112° 51' 00" longitud oeste de Grenwhich, altitud 95 metros. Fundada por el padre Juan Bautista Lujando.

(1697). San Juan de Londo a los 26° 07' latitud norte y 111° 30' longitud
oeste de Grenwhich, altitud 60 metros, fundada por el padre Juan
Ma. Salvatierra,

(1730). San José del Cabo a los 23° 04' 08" latitud norte y 109º 40' 35"
longitud oeste de Grenwhich, altitud 35 metros. Fundada por el
padre Nicolás Fa.ramal

( 1698). Nuestra Señora de Loreto a los 26° 01' 10" y 111 ° 20' 20" y 5
metros sobre el nivel del mar, fundada por el padre Juan Ma. Salvatierra.

( 1735). Todos Santos a los 23° 26' 50" latitud norte y 110º 14' 10" longitud oeste de Grenwhich, altitud 23 metros. Fundada por el padre Segismundo Faraval.

( 1699). San Francisco Javier a los 25° 54' 00" y 111 ° 33' 00'' altitud 435
metros. Fundada por el padre Piccolo con asistencia del padre
Salvatierra.

( l 740). San Luis Gonzaga a los 24° 55' 15" latitud norte y 111 ° 18' 00''
longitud oeste de Grenwhích, altitud 160 metros. Fundada por
el padre Francisco Magner.

( 1705). M'ulagé a los 26º 53' 48" latitud norte y 111 ° 58' 34" longitud oeste
de Greowhich altitud 35 metros. Fundada por el padre Manuel
Basaldúa.

(1751). Misión de Santa Gertrurus a los 28º 06' 00" latiud norte y 113º
08' 00" longitud oeste de Grenwhich1 quedando a cargo del padre
Jorge Retz.

( 1705) . San Juan Malibat o Ljgüig a los 25° 55' 00" latitud norte y 111 °
20' 00" longitud oeste de Grenwhich altitud 15 metros. Fundada
por el padre Pedro Ugarte, hermano de el padre Juan de Ugarte
del mismo apellido.

( 1762). San Francisco de Borja a los 28° 48' 00" latitud norte y 113º 52' 00"
longitud oeste de Grenwhich, altitud 75 metros, encomendada al
padre Wenceslao Link.

( I 708) . Comondú a los 26º 02' 54'' latitud n01te y 111 ° 48' 20'' longitud
oeste de Grenwhich, altitud 260 metros. Fundada por los padres
Ugarte y Salvatierra.

( 1766). Misión de Sanm María o Calamajué a los 29º 25' 00" latitud norte
y 114° 15' 00" longitud oeste de Grenwhich, fundada por los padres Victoriano Amés y Juan José Díaz.

606

607

�( 1778). Misión del Descanso a los 32º 13' latitud norte y 116° 15' longitud
oeste de Grenwhich.
(1781). Misión de San Vicente Ferrer a los 31° 19' latitud norte y 116° 15'
longitud oestt' de Grenwhich.
( 1784) . Misión de San Miguel el Fronterizo a los 32° 06' latitud norte y
116º 07' longitud oeste de Grenwhich.
( 1791 ) . Misión de Santo Tomás de Aquino a los 31 ° 45' latitud norte y
116° 30' longitud oeste de Grenwhich.
( 1797·). Misión de Santa Catalina de los Yumas a los 31 ° 35' latitud norte
y 115° 45' longitud oeste de Grenwhich. Fundada por el padre
José Llorente.

Asolaron en_ esa época las costas californianas grandes partidas
de contrabandistas de Inglaterra, Francia y Rusia quienes traficaban con perlas.
( 1836). El gobiernó mexicano decreta una ley para establecer un obispado
para las dos Californias.
( 1840) • ~n este año Francisco García Diego, último presidente de las mis10nes. fue designado obispo, con sede en San Diego cambiando
postenormente a Santa Bárbara; la Baja California desde 1774 estaba bajo el obispado de Sonora.
( 1842). Se anuló el decreto de 1836.

(1842) - Según Jos censos de aquel entonces. la población de Baja California
era la siguiente:

DATOS POSTERIORES A LA FUNDACIÓN DE MISIONES

( 1804) . V uélvese a delimitar la California por un decreto fechado en el
mes de marzo de este año. Quedando la parte norte bajo el mando
de un señor de apellido Arilliga. La parte sur quedó bajo el mando de Felipe Goycochea.
Por esta época el Viejo Continente se vio envuelto en las guerras
napoleónicas postergándose en el olvido por largo tiempo a la Baja
California.
(1814). Remando de la Toba asume el poder del territorio sur substituyendo a Goycochea que venía gobernando desde 1804.
( 1815). José Darío Argüello sucedió a De Ja Toba. En este año contingente
de Mulagé, San Ignacio y La Purísima se lama a la revolución.

( 1822). Los barcos corsarios "Independencia" y ''Aranciano" saquean la
Misión de Loreto, despojando los altares de la misión de valiosos
hilos de perlas y ricos ornamentos. Regístranse por esta época
fuertes temblores y tempestades que alarmaron la población considerando los fenómenos como algo extraordinario y enojo divino
para con los sacrüegos.
(1829). Se nombra capital del territorio a La Paz en la Bahía de la Santa
Cruz de Cortés.
El último gobernador colonial fue el señor José Argüello en
1815. El primer jefe político o comandante territorial fue José
Manuel Ruiz quien entregó al coronel José Echeandía.

608

La Paz

4-0()

Loreto
San Javier

200

MuJagé
Comondú
Magdalena
Guadalupe
San Ignacio
San José del Cabo
Todos Santos
San Antonio Real
Santa Gertrudis
San Borja
San Fernando
Rosario
Santo Domingo Nte.
San Vicente
Santo Tomás
Sta. Catarina

55
74

Habitantes

"

"

240

"
"
"

19
320

"

81
35

260
717
53

71
45

75

"

"
"
"

"
"
",,

159

,,

261

,,

430
48
3,776

"
"
Habitantes

( 1842) . Se nombra subjefe a Luis Negrete a la caída del Sistema Federal
Mexicano.
( 1847). El ~ronel Stevenson ocupó las playas inmediatas al notte de la
Bah1a de La Paz, desembarcando en esta capital el coronel H.

s.

609
H-39

�Burton con pretensiones de invadir la plaza, siendo recibidos a
balazos por los escasos habitantes. En San Antonio los señores
Hidalgo también hicieron frente al invasor. Por ese entonces el
presidente de los Estados Unidos era Mr. Polk quien tenía grandes deseos de adueñ:irse de la península..
Los escasos recursos h Uinanos del territorio se organizaron al
mando del capitán Pineda, registrándose algunos encuentros entre los mexicanos y los invasores, en La Paz, San José del Cabo,
Todos Santos. Registrándose los combates más importantes en San
Vicente y San José del Cabo. Fue notoria la heroicidad del capitán Pineda, de Mijares, Moreno, Mejía y Gon1,ález.
( 1848). Al terminar la guerra, los tratados de Guadalupe Hidalgo en febrero del año citado, fue devuelta una parte de la California
invadida, perdiénd0-se para siempre la Alta California.
Muchos fueron los mexicanos que en su ambición traicionaron
a la patria afiliándose con las huestes invasoras al finnarse el tratado de Guadalupe Hidalgo, 300 traidores salen en los barcos norteamericanos "Warren" y South "Anton'' para la Alta California y
protegidos por los Estados Unidos de América.
( 1850). El padre José S. Alemany fue nombrado para suceder al obispo Francisco García Diego, quien 10 años antes había sido nombrado para ocupar ese puesto.

fue~s se preparaban al ataque, huyó con dirección a la frontera.
No sm antes destruir las valiosas notas y manuscritos del archivo
d~ L~ Paz, en el norte Walker estuvo posesionado de aquel temton_o durante el resto del año. Los numerosos ataques de gente
organizada
en Santo Tomás y al mando de Franosco
·
Javier
· d e1
.
Castillo Negrete, lo obligaron a inteman;e en el desierto de Sonora
donde su gente lo abandonó. Obligándolo fas circunstancias a regresar a su país.
( 1856). El 12 de octubre de este año se dicta una nueva ley de colonización.

( 185i) • AJ finalizar el siglo ~VII vivi~n en_ el territorio 10,126 indios según
~a5;5epus, pero en 18J7 se babia extmguido a taJ grado la población
md1gena que solamente se contaban 1,938 indios.
(1863).

J.

L. Hapkins edita un periódico Ham:ido El Mex;,.
.... ano.

( 1864) • En San Francisco, California, se organiza una compañía la cual bajo
la promesa de_ ,colonizar la península consiguió del presidente Juárez ~a conces1on de 47,000 mitas cuadradas localizado este latifundio :ntre los paralelos 24° al 31 °. AJ parecer esta compañía no
encontro
costeable 1a explotación
,
. . o por convenir a sus m· tereses, traspaso sus derechos a un smdicato de capitalistas norteamericanos
del
·, este,l los l'uales a .la larga
. fracasaron en su intento d e expIotacion a a vez que de;ando mcwnplida la promesa de colonización.

( 1852) . Ros.set Boublón soldado de fortuna, invade el estado de Sonora.

(1853). William Walker organiza una expedición filibustera en contra de
Rosset llevándose a cabo este hecho el 16 de octubre del citado

año.
( 1853). El filibustero Walker toma La Paz, haciéndose pasar por hombre
de negocios, desembarcó en este puerto el 6 de noviembre de
1853, con un contingente armado, apresó al jefe político de apellido
Espinosa así como al coronel Juan Clímaco Rebolledo, los cuales
se rindieron tras de un breve tiroteo.

Dueño de la plaza el pirata se proclamó presidente de una nueva república constituida por él. Izó una extraña bandera con
dos estrellas, es decir Baja California y Sonora que consideraba sus
dominios.
El teniente coronel Manuel Márquez de León en Todos Santos
al enterarse de la situación imperante en La Paz, organizó fuerzas
para arrojar ali nvasor. El cual a1 enterarse de que numerosas

610

( 1870). El gobierno de los E.U. de norteamérica adquiere la concesión de
Bahía Pichilingue.
( 1870). Descúbrense en el Real del Castillo terrenos auríferos y minas de
plata.
( 1873} . ( 1875). Se efectúan sondeos y planificación de ]a costa peninsular.

( 1880) . r·
Descúbrese oro ea Bahía de los Angeles asimismo plata • seeneb
1cian ~etales en _San Juan y las Flores, encuéntrase oro en Sta.
Gertrud1~, Calmallí, Los Tres Pinos y Juárez.

'

( 1880). En este año se registra la última revolución en el territon· n· ha
f ·, f
O.
IC
revo uc1on ue encabezada por el general Márquez de León.
( 1885) . La compañia francesa "El Boleo" compra los feudos mineros de
Santa Rosalia a Moller y Cía. de E.U.A.

( 1884). (Un año antes) siendo presidente de la república el general Gon611

�.

•,

1

al dio oportunidad

decretó una ley de colomz.ac1011, a cu
.
.
.
rse de grandes lanfund1os.
bos extranjeros para posesiona
l
a mue
,
unos de estos laúíundistas fueron Flores H. a.~1_:
En esta epoca
d ·
comprendicll:l:&gt;
e tierras.,
. na
e,1a. A esta Cía · se le hizo la concesión
de una extens1on aproxu desde el paralelo 23 al 29 que compren
~
,

zález, se

damente de 4,000.000 acres.
1 . The Cbartered Cornpany of
Flores Hale traspa.,;a sus derec lOS a
lower Calif.
a·, d · do así co. es fueron suce icn ose sien
Posteriormente las C(\ncesion
,
l Luis Muller quien trasmo tuvieron concesiones en la penmsu a
. , d 15 miJlones
, ·
con extenston e
pasó a la Intematioual d e M ex1co
de acres en la zona norte.
inglesa compró sus
1891 - La Mexican Lan&lt;l of Colonización compama
.
derechos a \a lnternational Company.
. 1
la Baja California un terrible
1891.- Se viene la crisis mund1a y para
período de se&lt;¡uía.
.
.
des ierta el entusiasmo romero por El
1890.- A fines ele\ siglo xyu1 se
p I
l la actividad y explotación
Real de San Antonio, lugar _en &lt;&gt; - cua
"d' , dose desde el año
.,
, d cien anos cons1 eran
tuvo una durac1on mas e , bl "ó :1 campa mint"ro del Real de
de 1748, focha en que se esta ec1
San Antonio.
ha•
arte de los
A uí llegan los apuntes históricos de rste ~ Jº, p
fesor
q
ados de los apuntes extra1dos por el ~ro .
cuales fueron tom
l
d
con diferentes datos históncos
Francisco Jerez y romp cmenta os
lta d.. 11·b1·os sobre el mismo
.
-f ·
• como consu
"
de la Ba.Ja Ca11 orrua, as1
•
ñar a\ final de este
tema. Bibliografía que me peronto acompa
trabajo.

ASPECTO ECONúMICO DE LA PEN1NSULA
•
DE LA RAJA CALIFORNIA
ista de la Baja Califomia, los misioneros
Durante . la época de la colnq~ di
on la búsqueda de medi05 de sus~
'ón de os m os c
aunaron la cateqmzaci
•
.
·¡¡ bestias reses y aves d o,
't
tra1eron
ronstgo
semi
as,
'
tento. Para t al proposi 0
mésticas.
.
d. •ersos de la agn·cultura aprod'
a los cu1t1vos 1, •
Raquíticarnente se ieron
. .
labo bles y más escasos aún rerecursos de tierras
ra
,
vechando los escasos
.
de labor Siendo así y encontran·r
""
con
que
,_.,ar
las
tierras
·
CUn!OS 3CU1 erv.,
• -"

&lt;lose en una país esencialmente montañoso, las únicas aguas aprovechables fueron y siguen siendo, las que escurren en las innumerables cañadas de la
enorme cadena montañosa peninsular. Con las grandes excepciones de los
grandes Valles de Santo Domingo y parte del Vizcaíno.
Es así como vemos poblada la península de pequeñas rancherías escondidas en los más recónditos e insospechables lugares. Volando a lo largo del
territorio surgen aquí y aJlá el verde de los palmares y el diminuto campo
de cu.ltivo moteando el árido paisaje de las sierras desnudas de vegetación.
Esta incipiente demostración de la explotación agrícola se ha venido robusteciendo más y más a medida que se ha ido poblando la península, y a
través también del adelanto y civilizac.i6n del país.
Nuevos sistemas de aprovechamiento de aguas tanto superficiales como
subterráneas han hecho posible eJ que se apro\•echen vastas zonas de magníficas tierras antes desiertas. Tierras que si no han rendido aún todo el
beneficio apetecido, encuéntranse en proceso de estudio para enc.'Ontrar el
cultivo adecuado, considerando que la frutkultura, así romo sus derivados
podrán figurar como renglones de mucha importanda principalmente en el
Valle de Santo Domingo.
Mas, si bien es cierto que el aspe&lt;·to agrícola es un renglón de importancia, en lá Baja California no se puede considerar que sea éste la futura
base económica del territorio, purs son diversas y variadas las causas qne
impiden el que la agricultura llegue a figurar romo base principal dd
sustento económico de los habitantes de esta pa1te del país.
Me permito a continuación 11acer un breve análisis de los motivos que
impiden a la agricultura como se dijo antes, ser la base econ6mica de esta
entidad.
En primer lugar, se ha querido hacer de este territorio una zona eminentemente agrícola. El VaUe de Santo Domingo, esa vasta extensión de tierra
al norte de La Paz, ha hecho "!l que se despe,rtara el vivo interés de colonizar
esa parte, al localizar.;e magníficos mantos acuíferos en el subsuelo. La inmejorable calidad de su tierra, compuesta de alubión acumulado durante
siglos demostró en sus primeros cultivos, ser una tierra fértil y capaz de
rendir magnificas cosechas. Ante esto no cabía más que abrir de lleno
al cultivo esa enom1e extensión de feraces tierras.
Se recurrió al expediente de traer colonos y por medio de la prensa invitar
al campesino mexicano, para que vieniese a poblar el territorio y principalmente el Valle de Santo Domingo, y en la actualidad una nueva wna, la
del Vizcaíno.
El resultado de esta iniciativa, fue el que en breve ,riésemos llegar barcos
con familias. Muchas de ellas integradas por auténticos campesinos y también mucha:; de improvisados agricultores. Animados éstos con los mejores

6l3
612

�propósitos d&lt;' trabajar y contribuir al desarrollo y c-olonizaóón de lo~ vaJles.
Había también UJl contado grupo de logreros, los buscafortunas, polític~
y demagogos.
~e repartieron tierras, todo el que quería tenia su lote, aquí y allá afano~ se veía a los colonos desmontar, barbechar, quemar y preparar las
tie-rras. Después las solicitudl.'!i de perforación y dotación de equipos de

bombeo.
Se perloró a los primeros y después a los que fueron llegando y así sucesivamente sin medida llegándose a la cantidad de quhúentos veintitrt-s perforaciones de las cualt!S actualmente ( 1960) trabajan trescientos ochenta
y cu:1.tro pozos; por fin, se pensó en vedar las perforaciones, ya que se llegó
a la conclusión al aforar algunas, de que los mantos acuíferos se cslán abatiendo, es &lt;lec ir las aguas subterránea:. están bajando de nivel debido a la
sobre-{'xplotaci6n a ciue han estado sujet~. Imaginémonos trescientas ocheny cuatro chorros de agua de odio pul"adas extraídos día y noche de aquel
depósito subterráneo. Un río, un verdadt&gt;ro río de grandes dimensiones formaría aquellos chorros de agua. Si consideramos que el promedio anual
de lluvia en cliez años es de ciento d.Íl'Z mm. en la Sierra de la Giganta que
es donde se originan los arroyos que aliment-'ln al Valle de Santo Domingo.
llegamos a la conclusión que el gasto diario que se hace en el Valle es muchas veces superior a la precipitación en aquella zona, por lo tanto no hay
reposición del liquido extraído. .Esa agua que abundantemente se bombea
en su mayor parte es agua depositada en el subsuelo durante miles de años
y que se había acumulado en grandes masas formando el actual depósito.
Resumiendo: si se sigue bombea.ndo agua en la pro)JOrción actual. llegaremos a ver en corto tiempo el que se aproxima la fecha de que las aguas
se agoten, sufriendo después la invasión de aguas marinas, al terminai;se la
presión de los mantos acuíferos actuales. Será entonces el acabóse de lo
que actualmente es un vergel. Se convertirá aquello en un desierto ya que
las tierras abandonadas y sin vegetación ninguna, quedarán en peores r,ondiciones que antes de la colonú-.arión, pues antes cuando menos, cardones,
gobemadora y me.zquitales, poblaban el Valle tle Santo Domingo.
Dicho lo anterior ¿ qué es lo que cabe por hacer?
Primero: Limitar la cxtracci6n de agua por bombeo. Para llegar a esta
detenninación hacer un estudio concienzudo de las condjciones geohidrológicas del Valle de Santo Domingo y que la explotación de sus aguas se
balancee rigurosamente dejando un margen para los años en que escaseen
las lluvias.
Actualmente la Secretaria de Recursos Hidráulicos ha delimitado La zona
del Valle de Santo Domingo, dividiéndolo en áreas mejores, aceptables, dudooas, malas y muy malas. Dentro de esas zonas, únicamente en las ·•me614

jores', Sé tiene el propósito de efectuar nuevas perforaciones ( anterionnente
se perforaba indistintamente en wnas buenas y malas).
En las áreas aceptables se permitirá la explotación de los pozos que nunca
habían trabajado. Estas dos zonas servirán ante todo para que aquellos
agricultores que se encuentran en zonas desfavorables desde el punto de vista
geohidrológico para la. explotación de sus pozos, se les permite ("atnbiarse a
esta 7ona.

Segundo: Efectuar un estudio para que 1.as aguas se aprovechen en los
riegos a su máximo, por medio de canalt"S de material impermeable y no por
el sistema de canales de tierra, los cuales tienen grandes pérdidas por absorción.
Las pérdidas por infiltraci611 durante el riego, han contribuido en forma
directa a la sobre-explotación de los mantos acuíferos, el material limoso
que constituye estas áreas. tiene un índice de absorción muy grande, alterando así los coeficientes de riego y reduciendo ademá~ las áreas por regar.
La canalizac_i6n de esas aguas traería corno consecuencia el que las pér.
diclas por infiltración se eliminaran y además se lograría un awnento en
la zom de riego de un 25 a 30% naturalmente en beneficio de la economía
del agricultor. Existe además el expediente moderno del riego por aspersión
y más moderno aún el del sistema por goteo que principió a ser aplicado
en estas zonas de cultivo.
Tercero: Es indispensable que s:e Jleve a cabo un estudio agrológico con
el objeto de poder dctenninar los tipos de cultivo que puC'dan adaptarse
a estas tierras y que para su desarrollo exijan una mínima cantidad de agua.
Que se haga un estudio formal de Jas plantas que se deban cultivar en esa
zona y no se siga como hasta ahora haciendo siembras de tanteo, como ha
sucedido con el algodón, el olivo, el cártamo, el abono verde.. etc., etc.
cultivos que no han traído más que pérdidas de las fuertes inversiones tanto
de particulares como del gobit&gt;mo.
Aparte de lo antes dicho y como segundo término contrario a la agri&lt;"ultura tenemos lo siguiente:
E) riego J.K&gt;r bombeo con equipo de combustión interna, es decir, con
diese! es sumamente costoso, parliendo d~e su acarreo de es.ta ciudad de
La Paz, hasta el Valle de Santo Domingo es decir un promedio de 250
kilómetros. Vienen después los cultivos de la planta (la planta que sea, suponiendo que sea trigo), los fertilizantes, insecticidas, ent.omólogos, etc., etc.
Después la co!eC'ha, la triU~ y el acarreo nuevamente a La Paz. para su
embarque al interio.- de la república, Jos fletes marítimos de feITocarril y
tren. El caso es que cuando suponemos a México, Guadalajara, o algún otro
centro de consumo, el producto lleva una serie de cargos que lo han hecho

615

�tener un valor elevadísimo y así tienen que competir con productos levan•
tados o cosechados en condiciones muchas veces más ventajosas que el trigo
de la Baja California.
.
Al actualizar este trabajo el año de 1970, tenemos qe se ha abierto un
puerto para el embarque dt, 1a produc;ción agrícola del Valle de S-aRto Domingo, en la costa oriental de Bahía Magdalena; el pu~rto de San ?arlo.~
dotado con grandes y modernas instalaciones para el obJ~to, absorbera para
su embarque las cosechas de trigo, cártamo~ etc., del citado valle.
Ante Jo anterior ¿Qué es lo conducente?
Primero: Hacer que el bombeo sea más económico, ya ~ que se, ado~te
el bombeo de electricidad o que los combustibles sean adqwndos a mas bajos
precios tener el gravamen del acarreo, inclinándose por el bombeo por
electricidad.

y segundo: Es de suma importancia, e1 que los productos tengan me,rcado,
dentro de lo posible~ en la misma península; para lo cual, ~na ~ecesario crear fuentes de consumo siendo estas fuentes las que a co~tin.uac1on
se detallan, pasando en. esta forma al análisis de otro aspecto econom1co del
territorio.
La Península de Baja California se encuentra rodeada casi en su totalidad de mar, entonces es éste el principal y más rico recurso con qu_e
cuenta. Indiscutiblemente pues, que es la industria pesquera en sus diversas fonnas la que debe de constituir la base fundamental de la economía territorial. Países en peores condiciones geográficas que las nuestras
y con litorales varias veces menores que los del territorio de Baja California,
tienen cimentada su economía en el mar, contamos entre estos a Noruega,
Suecia, Finlandia, Dinamarca, etc., etc.
Débese entonces pensar en la explotaci6n de nuestras costas, pero explotarlas no como se hace hasta hoy, rudiru'1ntariamente o dejar que ~
ploten otros llevando el beneficio al extranjero, no, explotar la pesca técruca
y científicamente.
,
• Qué no sabemos hacerlo?, pues a traer técnicos de aquellos países q~e mas
ad~lantados estén en este aspecto y a -enseñar a los nuest~; deJar esa
apatía y esa indólencia pastoril y abrir nuestros. senderos ha~1a el .mar Y
su inagotable riqueza. He aquí la base, la creación de una md~tna pes· orgauu.c,,
~:~.,da, traeria el florecimiento
de nuevas
poblaciones a, lo
quera b•ien
.
.
largo de ambos litorales, poblaciones que co~ la ~cultúra, la ganadena Y
la minería, complementarían nuestra econorrua. Creando~ a la vez los _centros de consumo para la producción agrícola que antenonnente se senala.

:X·

616

•
El aspecto ganadero es un renglón que por siglos ha sido el principal
en el territorio y no tiene por qué ser relegado al último término, pero para
que su importancia no venga a menos es necesario el que se deje ese sistema
implantado por los primeros colonos de la Baja California hace doscientos
sesent,a y tres o más años. Es en realidad mínima la transformación que
ha tenido la 4ldustría ganadera en el territorio. Aún vemos al .ranchero alimentar su ganado con cardón pirado o choya medio chamuscada, abrevar
el ganado con aguas contaminadas1 dejar el ganado sin atención veterinaria
y por último elaborar eJ producto en pésimas condiciones de asepsia,
vemos a la mujer o al hombre ordeñando con manos que hace tiempo
no ven el agua. Asimismo se bate 1a leche para cu:ajarla en un lugar cercano
aJ ooo-al y en medio de nubes de moscas. Se prensa la cuajada en prensas
de madera expuestas a la tierra y a bichos distintos, se pone el queso en el
"zarzo" de carrizo, donde se le deja para que escuna y por último se amontona en un rincón cualquiera en espera del comprador. Pregunto, ¿no será
posible mejorar este sistema?
Principiando desde la selección de ganado para mejorar la raza.
Sembrar plantas forrajeras en la.,; zonas donde se cuenta con agua y
en las que no, zacate propio para las regiones esteparias y resistente a las
sequías.
Observar un régimen veterinario con el ganado, que permita el sano desarrollo del mismo.
Y por último, educar al ganadero para que elabore sus productos con la
mayor limpieza posible. En el aspecto de la explotación ganadera, tenemos
que considerar la elaboración de queso, mantequilla, cremas y demás de~
rivados de la leche, aspecto este del cual se desconoce en el territorio la
explotaci6n adecuada y que mayores beneficios puede rendir al productor.
Para esto es necesario que técnicos en esta materia, ya sean extranjeros o
del país, eduquen al ganadero.
Tenemos también la explotación de la carne, no para el abasto, para el
rastro. no, para explotar1a por medio de la instalación de empacadoras de
carne que agregarían un guion más en esta industria ganadera de que se
viene hablando.

•
El aspecto minero es un punto menos que muerto en el territorio, pues
salvo Santa Ro.salía, y uno que otro pequeño mineral que en una raquítir.a
forma siguen trabajandoJ no encontramos feudos mineros que trabajen de.
bidamente, más bien dicho no los hay, pese a que el territorio es sumamente

617

�rico en minerales que casi pudiéramos decir, afloran a la superficie de la
tierra.
Necesario es el que se realicen exploraciones minuciosas en todo el territorio para localizar y explotar esas riquezas que sólo esperan la mano del
hombre para rendir sus frutos.
Se localizan en el territorio depósitos de carbonato de calcio propios para
la fabricación del cemento.
Depósito de yeso, cuarzos y cantera, arenas con sílice propias para vidrio.
Enormes cantidades de granito, etc., etc.
Existen asimismo en los campos y a lo largo de toda la península plantas
fibrosas que pueden originar una .industria cordelera. Tales plantas son
principalmente de la especie de la yuca, comúnmente conocida en la región
como datilillo, la lechuguilla o mezcalillo como se le conoce en Baja Califomia.
La candeJilla es una planta de tallos largos y jugosos desprovista de hojas
y que se desarrolla en grandes matorros en casi todo el territorio. De esta
planta se obtiene la cera de candelilla, que como es bien sabido tiene grandes
aplicaciones P.n la química y los plásticos. El precio de la palma de candelilla es de aproximadamente $ 1,400.00 la tonelada.

~eter and E. GuucK Howard, Lower California guide book, Gleanda1e,
Califorrua, U.S.A. 1956.

GERR.~

U., Federico, Boletín de la Asociación Mexicana de Ge-0logos de Petr6leos,
México 1956.
Editorial Cumbre, Enciclopedia ilu.1trada cumbre, México 1958.
CuVtJERo, Historia de la Baja California.
MINA

La candelilla siendo una planta que no requiere ningún cultivo, ya que
crece espontáneamente en casi todo el territorio nacional, en esta península
de Baja California, no ha sido explotada por lo que abunda en todas partes
en grandes cantidades, encontrándose un campo virgen para la explotación
lo que reduce el costo de producción y promete pingües ganancias. U na
nueva fuente de vida se abriría en los campos a un bajo precio de inversión.
He aquí expuestos a grandes rasgc;&gt;s los diferentes aspectos que presentan
la~ actividades que pudieran llevarse a cabo para mejotar económicamente.
al territorio. Unidas estas actividades, se forjarla una base sólida sobre la
cual descansara la economía territorial.
En esta forma doy término a este modesto trabajo, con el ferviente deseo
de que no esté lejano el día en que se convierta en realidad el surgimiento de esta patria chica como la llamara el profesor Jesús Castro Agundes; y
que potencialmente rico se destaque ante el panorama nacional.

8tBUOOR.AFÍA

Manuel, Historia del territorio sur de la Ba)a California, México 1956.
Pablo L., Lecciones de historia de Baja California, México 1958.

ToR.R.E loLESIA,

MARTÍNEZ,

618

619

�EL CINE COMO INSTRUMENTO DE LA LEYENDA NEGRA
NOTAS PROFANAS DE UN ESPECTADOR
PRoFR. ANÍBAL ABADIE AtCARDI
Instituto Portugués, Lisboa

EN EL ÚLTmo medio siglo, la leyenda negra hispanoamericana se ha visto
profusamente ilustrada, en especial, por las suntuosas candilejas de Hollywood,
que conforme a sus propios líbretistas o g110ines basados más o menos
fielmente en obras literarias de varia nacionalidad y calibre, han venido
haciendo circular, con enorme impunidad y éxito, imágenes familiarmente
peyorativas o abiertamente denigrantes de diversos pueblos. Entre éstos no
sólo se cuentan muchos subdesarrollados, sino incluso pueblos meridionales
europeos de rica tradición cultural, pero menor desarrollo material en la
actualidad, tales como España1 Portugal, Italia ( fundamentalmente la meridional) o Grecia. Ha contribuido a este empeño -nada casual- la mayor
receptividad natural del lector o espectador dominguero u ocioso, al que la
filosofía y la tecnología masificantes, con el concurso hasta cierto punto responsable de numerosos creadores y artistas, ha ayudado no ya a elevar, sino
a convertir en "consumidor ruedio'' y manso, gracias a tácticas tan arrocinantes como eficaces.

De tal modo, el mundo más "típico", "meridional", "latino", "de color",
"folclórico", "tropical" ( triste o no ... ) , "natural" o "bárbaro" del
subdesarrollo o del menor desarrollo, se reveló cinematográficamente apto
para brindar horas de esparcimiento y evasión, al socaire de las cuales se
filtraron, insídiosame-nte, mensajes de desprestigio universal de pueblos, culturas y personalidades respetables o dignas de la natural consideración humana, o por lo menos, de una atención revestida de un mínimo de decencia que no es excusable infringir.
Así, Tarzán, superhombre blanco aterrizado en su tierna infancia en la
selva africana, pudo, gracias a su genotipo y a sus músculos, reinar sin
corona entre negros voraces y guturales y fieras traicioneras; y merced a una

621

�red efic·iente de lianas y a la [iddidad de la mona Chita {chimpancé de
estirpe quasi rousseauniana y en estadio de despegue desarrollista) , cn~ama~
para varias generaciones el amor británico por la madre naturaleza m3:5 alla
y una idea muv somera de su contacto con d ronhnente
d e .suS J·--1=~cs
.uuw ,
.
• lin
africano. O Grmga Din ( 1939), basada en la novela de Rudyard K1p ~•
llegó a representar al joven lúndú, que encamado. en abruatero de uu regimiento victoriano, supo morir abnegadamente bajo las balas de sus sanguinarios compatriotas, fundamentalmente Siks (presentados c?mo -~t~nguladores) a quienes no logró contagiar su devoción al lmpeno Bntaruc~.
y en tos ardientes arenales del norte africano, pudo Beau Geste en su. pnmcra versión, popularizar la silueta de d(l!; aristócratas ingleses y un panente
de &amp;tados Unidos enrolados en la Legión y acosados por los moros, conforme a la atractiva novela de P. C. Wren.
No menos memorables que estas andan?.aS africanas, fueron las proezas
asiáticas, 0 confinantes, de los Tres la,iceros de Bengala (Gary Gooper,
Franchot Tone, etc.) o La carga de la brigada ligera (Errol Flynn), cuyos
románticos y pundonor~os héroes han cabalgado todas las pantallas del
mundo, destarnndo sus estampas de oíiriales coloniales p~gnando por ~
meter a mares de abyectos nativos; o sucumbiendo impenalmente en Cn•
en, la loca
mea, ante rusos subdesarrollados y pomposos, pero. con
, cañones,
.
triunfal carga de Balaclavu ( 185+). Se necesita na tiempo, aun, para
~ue este episodio, sublimado en una balada de Lord Tennyson, vi~~a fi1trad~,
tasada y opacada su gloria por la historia militar (C'est r1U1gmfique, mars
ce n'est par /a guerre!, según la glosa contemporánea d~ jefe de las tropas
xpedicionarias de Francia, potencia aliada ele Gran Bretana en aquella guerra
~protectora" de Turquía, "el país del hombre enfermo'', al decir d~ Zar,
cuya terapéutica querían ambas suplantar). Mayor aún ~e~ía ser el ~empo
requerido para dar paso a un enjuiciamiento más obJetlvo ~ amplio de
,.: ....unstancias históricas; y, desde luego, para hacer posible bastante
aque llas -..,,.,
r·1
·
tardía revisión épico-satírica del suceso en cuestión por un I m reciente,
británico esta vez.

•
A e.aballo ya por tierra norteamericana en busca del subdesarr~llo, imposible no recordar a Los siete jinetes de la victoria, en que vanas genera•
dones de espectadores --captados por la belleza de la realización y por
la simpatía de sus personajes ''favoritos": el ranger texano Gary Cooper, la
flamante Real Policía Montada del Canadá ( con Robert Presto~, P~ton
Foster y Ronald Reagan, cuando aún no era gobernador de Ca1Jfom1~} Y
la improvisada pero devota enfermera Madeleine Carrol- no pudieron

622

menos que despreciar, con los protagonistas, a los bárbaros mestizos católicos francocanadienses de Manitoba, alzados en 1884-1885 contl'a el dominio inglés Y protestante. al mando de Louis Riel (18-14-1885), cuya figura,
hoy en madura revisión, es presentada de fonna sumamente menguada.

No n:ien?s minim~dos y caprkhosamente pintados quedan, por otra parte, los md1os crees aliados de Riel, cuyo cacique, Oso Grande, termina por
amansarlos ganándose la solemne restitución por Prr.ston Foster de su hermosa condecoración victoriana, una de esas que se pueden aún ver en Jo.&lt;,
museos canadienses ...
Campeando ya en tierras de los Estados Unidos, eJ gran tema de las
gu~rras f~anco-brit..-ínicas, con la di\'isión de las aliall7.aS indias, que sigmendo b1cn o mal a Fenimore Cooper, inspiraron más de una versión de
El último mohicano; o m,ís tarde, la conquista y colonización del oeste,
con las. aventura&lt;; de Fuffalo Bill vencedor en combate singular de Mano
Amarilla. y veni?o luego presupuestalmente a más como Coronel Cody y
empresa.no de cm.o; o la breve y fulgurante epopeya del general G. A.
Custer {1839-1876) y su 7o. de CílbaJlería, recogida en Murieron con las
bo~~ puestas ~They die&lt;l with their boots on, 1942) (con Errol flynn y
OhVIa de H~villand), hasta su exterminio por los indios sioux, cheyennes y
arapahoes, aliados ~ s~blevados para defender sus últimas tierras de pastoreo) ,
encabezados por S1ttmg Bull en la sangrienta ratonera de Little Bja Horn
0
( 1876).

En todo este panorama, muy sugestiva parece la observación de la tendenda revisionista pro-india, que asoma en varias producciones notables de
los últimos años, desde La flecha rota (Broken Arrow, 1950) (con James
Stewart y Jeff Chandler) a Ja maguífica obra narrativa y documental que
es Un lzombre llamado Caballo, (Man caUed Horse, 1970).

Y en escala menor, Soldado Azul (So/áier Blue, 1970) por ejemplo. Esta
corriente, intermitente pero notoria, procede atacando a cliversos mitos. Así,
el mito de Custcr, cuya integridad estuvo amenazada ya contemporáneamente por el proceso a su malogrado subalterno el mayor Reno, se vio
defendida no sólo por el prestigio épico del general, sino por el respeto que
inspiraba su fiel y avasailante viuda, cuyas sabrosas memorias y vigilante
actitud demoraron largamente la erosión crítica.
No menos curioso resulta observar que, si bien parece ya lanzada la re\isión de figuras de caciques apaches como Cochise, ella no alcanza aún
a triunfar a nivel de las grandes figuras de la rebeldía piel roja, tales como
Sitting Bull (c. 1831-1890), reducido aun a cazador exitoso de cabdlerru:-.
o a Jer6nimo (c. 1829-1909), el gran caudillo apache Chizicauha, present.."l.do todavía de lejos o como díscolo jefezuelo ladrón de caballos {cf. La

623

�flecha rota y su contraposición de Cochi.se y Jerónimo: ¿el manso y el rebelde?).

•
.
. ifícativas para nuestro tema, puede ser
Otro rubro de observaoon&lt;; 51.gn bl
. . . , d I s heroes no ancos en la epopeya cinematográfica
el de la partic1pa'70~ e o
ser la de los chinos, con Charlie Chang, dede Hol1ywood. T1JDJ?a parece; dif
esor amarillo de Ironside, el buen
tective de San Francisco, 0 ~lgun
uso as
•ates aparece asisrido a titulo
. , d S F cisco que en sus sen
jefe de poliCJa e an r ran
'. b'
da de oficiaJes blancos y por. un
d pareJa 1-sexua
pennanente por una m a
d a veces por técnicos de ongen
.
bastante eficaz. y asesora o
.. .
estudiante. negro
'
. d'
"I t' o" Parece
evt'd ente, en gen'"ral
--. , que el rev1siomsmo
,
vagamente m 10d o a's mdel · pro-serruta
. (o, mas' propiamente, pro-jud10, por
pro-negro sea, esp~e.
, rabes) el más agraciado por el momento.
no haber a(in benef,cia~o a los a , . , d los bl~cos reservan interesantes
Pero también l~ destmos protago;ic~ e/l mado Caballo recoge el hecho
experiencias. Recordemos que Un o~ re l a ti'ven'o entre los pieles rojas
. I'
. t 'ano a quien e cnu
verídico de un mg es vic on . .
a las tradiciones y sociabilidad de éstos.
termina por transculturar Y asmular
.
. , f rzosa inicial del héroe
d
el de la me1us1on o
El proceso opera o es, pues,
sociedad primitiva, que le
. . . d
a alta cultura europea- en una
. . . .,
-ongmano e un .
. llevarlo cumplidos diversos ritos de m1C1ac1on,
va captando hasta ~1 punto de
'bres ideas y creencias, hasta la asuna adoptar voluntanamentc sus costum . ,
'falo cuando la comunidad
c10n con el consenso ge neraJ , del cacicazgohisace
' . ,
' .
cl
eores coyunturas
toncas.
.
se halla en una e sus P
eal. la de un europeo indiaru, u1
ta ues una aventura r •
La pehc
' P cierto,
. '
zado;
y no ela presen
único, por
en 1a 1arga y univenal historia de los contactos culturaJes.
.
Horizo1lte perdido ( 1937,
1
Muv otro es el caso planteado, por eJ~mp o, e 0
1
) film ins.
. , nueva reciente y peor en co ores '
Ronald Colman; con vers'.o~
. J
Hilton (1933), el fino creador
1
la borooruma de ames
·
, ·
pirado en a no~
.
. d' h fihn se exalta a Schangri-La (epommo
1
15
O
del inolvidable M ter Chips,- En , ic
b' t hispanoamericanas), oasis esch I d las oligarqu1as esno IS as
de tantos
a ets e
'd'd por una especie de bonzo,
piritual de corte budista, fundado y pdresialli1, º1a plitnitud. y que, a la hora
f
' que ha alcanza o
'
.
otrora sarerdote rances,
. I'
•,
ta por un mg
es - anb'guo novelista, s1 maJ no
de pensar en su suces1on, op
..:-" 1 as' apto para continuar
. ' ' ) - a] que esuma. e m
recordamos (¿el autor, qwza.
11
mm11·dad asiática feliz, a la que
, d él a aque a co
d
representando, . espues e ,
a· , n ella • como tránsfugas de la
,
. ·¡ do alcanzan o as1 e
ambos se hab1an asmu a ' d . . . redención por vías orientales.
'd tal una suerte e evasiva
Europa occ1 en '
. . .,
e "ida en la Europa de entreguerro:s,
Resulta significativo que esta Ílcc1on, t J

cavilosa por momentos a&lt;'erca de las bondades últimas y duraderas de su
ensimismamiento hegemónico y de su pervivencia imperial. si bien llega
a convenir con una vía de espiritualidad ajena, de linaje lejanoriental y a
supeditarse a ellas, no renuncia a su actitud sutilmente eminencial y rectora, ni a un pase de antorcha estremecido de cierto nepotismo europeísta.
El ab uno disse omnes, aquí, no comporta la elección de un igual más benemérito dentro del contexto humano mayor y más auténtico o "típico", sino
que un recóndito mesianismo europeísta hace que sea, también, precisamente
otro dépaysé o blasé de occidente, el más indicado
encarnar a una comunidad oriental o neoriental, que les ha rescatado, espiritual y vitalmente
a ambos. En un fondo de Edad de Oro ultramarina, pervive, casi arcádica.
mente, la mentalidad europeísta y para-colonial, urdiendo este sueño i.ntercultural paternalista y simpático.

para

Estas notas marginales y profanas se harían interminables, si quisiéramos
abarcar más ejemplos. Detengamos nuestra evoc-ación en una ya lejana tarde
Jluviosa de sábado, en que nos alcan1.ó, en un cine de barrio montevideano,
como a tantos desprevenidos, aquella proyección en tecnicolor de título olvidado -pero identificable por un investigador sufrido- sobre una isla de
Oceanía. En eUa se describía la idílica vida insular anterior y contemporánea al advenimiento de un occidental bueno y enamorado, gauguinescamente feliz, hasta la aparición en escena de los eiq&gt;lotadores blancos, que,
al promove1·, f'Jltre otros puntos de desarrollo, la multiplicaóón comercial
del tótem de piedra de 1a isla, desataban una inflación lícito-litúrgica que
sólo la furia integrista de aquellos suhdesarrolliidos, r, ciertos oportunos &lt;'ataclismos, lograban poner a raya.
Tal es el fresco: simpáticamente imperialista, patemalista y racista, de
solvencia y matices varios; y cuyo valor cinematográfico, literario y documental es a menudo valioso, en que se insertan las películas de tema hispano-

amencano.

•
Cronológicamente, el prúner contacto sobreviene en el área del Caribe.
Allí, en tomo a la Isla Tortuga, reinan los piratas, de filiación byroniana

(grata también a Espronceda), que luchan por la libertad contra malvados
españo]e-5, más o menos truculentamente emparentados con Felipe I1 y Ja
Inquisición. El barroco meridional de éstos es detonante: ron hidalgos
decadentes, afeminados incluso, aunque --como los "judíos" para muchas versiones "arias"; o los "negros", para muchos "blancos", son típfr.'.lJllente libidinoso~ Jlenos de brocados, golas y pomposas tizonas. Llevan nombres interminablesj híbridos con frecuencia de español y portugués; y son g('~lte inepta,

624
625

�cobarde y fanfarrona. Por lo general, sus modales son antiíeministas; y retienen en virtual prisión a alguna hermosa dama \'Ítgen o virginiana, cu&gt;·a
liberación sobreviene con el aborda je por las hordas de Drake, Hawkins o
Morgan, desgreñadas, pero llenas de virtudes quasi democr.íticas y parlamentarias, que, pasteurizando la sangre y la pólvora, y las violaciones con
besos. conducen a los protagonistas al happ,y end.
El espectador de estas producciones (v. gr. El capitán Blood, o El cinte
negro, con Erro) Flynn), casi inexcusablemente puede ver en ellas la pervivencia actual de la leyenda blanca pirática, de raíz inglesa, francesa y holandesa, cuya versión negra dejó arnpJia huella en la literatura española
del Siglo de Oro, en que inglés y holandés fueron a menudo sinónimos de
pirata.
El período nacional hispanoamericano se vincula en general, en estas
películas, con los acontecimientos de la incorporación de Texas, Nuevo México o California, tal como en Remember the Alamo ( 1960) ; y abundan,
entonces, las galerías "mexicanas" de personajes de penosa catadura y esquemática perversidad, bien subrayada por siniestros bigotes y sombreros de
ala ancha; pintura negra sólo atenuada por la inexplicable belleza, aislada
de paisajes y canciones.
Existen, sin embargo, algunas honrosas excepciones; o algunas idealizaciones de figuras corno la de Juárez (interpretada por Paul Muni), en las
que el indio oaxaqueño es visto a la luz de un guión derivado de Franz
Werlel, y admirado como admirador de Lincoln.
No mucho más podríamos hablar en las filmotecas que pu&lt;liera dar cuenta
con un mínimo de buen sentido y dignidad de la historia hispanoamericana,
salvo esas visiones fronterizas y mostrencas en las que cabe inscribir las
producciones referentes a la Revolución Me:&lt;icana, que, salvo ¡ Viva Zapata!
{ 1952) ( con el divismo personalísimo de Marlon Orando) y alguna que
otra, no alcanzan el plano de la decencia o del mérito.
No faltan, por supuesto, las cintas de " ambiente" ttlspanoamericano global, estereotipado y nacionalmente indefinible, que permite a Ja imaginación calenturienta, ya que no tropical, de directores y libretistas, deslindar
más didácticamente su horizonte del "subdesarrollado", diluir más impunemente sus nebulosas culturales y escudarse en apariencias menos compro-

metedoras.

.'

Parece innecesario subrayar la importancia de este tipo de documentación,
sobre todo en estos tiempos de aceleración de la audiovisualidad, ya que su
naturaleza "no propiamente histórica", amena o ÍrÍ\'ola, ba hecho que
626

fue':1 ignorad~ . por una historiografía intelectualista poco permeable a las
realidades cot1d1an35i o demasiado implicada en eJ contexto SOCÍCH:ultu aJ
u·
, .
r y
po tJ.co-econo!Illco de los responsables de estos testimonios cinematográficos
como para poder juzgados críticamente.
•
Un estudio reuospectivo de tipo cualitativo y cuantitativo de estos docu~entos sería provechosísimo, siempre que el investigador lo efectuara minuc.1~ent~ y con inteligencia, sometiéndose corno espectador a las mismas
dosJS m~1vas de buenas y malas películas que han desbordado sobre el
~un~o . lDlágenes de Hispanoamérica desde el auge deJ séptimo arte. Su
mteres ?ªra el conocimiento actualizado de la leyenda negra y de la historia
de las ~deas, de las mentalidad~ y de las relaciones internacionales, podría
ser capital.

. Parece indudable que exploración semejante ayudaría a comprender meJor muchos de l~s . resentimientos e indignaciones de pueblos larga e impunem~nte ~lumn1ados .y despreciados por estas turb~ creaciones; y a de.
nunc1ar
..---.:nnalidad d
·
1
, . mas constructJvamente
,
.e) .espíritu y la r--·~
e qwenes . as
msplr.lron, as1 ~orno sus procedinucntos de captación de la opinión pública
de todos los paISeS.
. E!. estudio de e_stos kilómetros de celuloide, de sus ideas, estilos y financ1ac10n, .de sus directores, guionistas y asesores, permitiría, además, ilustrar
facetas 1D1po~tes de la trayectoria del impe.riaJismo y del racismo en el
mun~o;. ~ exphcar ~uchas de las razones y de los intereses parapetados tras
la d1fwaon de. es~ idea ~e Hispanoamérica y del mundo subdesarrollado,
con. todas sus mevJtables implicaciones políticas.

, Sm embargo, a~en~iendo a Holl}'Wood y a esta fuente de referencia, din.ase que . la conbnu1dacl de exteriorizaci6n de esa visión peyorativa y altanera,. h~b1era comenzado a resquebrajarse algo.
Qwza pued~ ello deberse a la complejidad de los problemas y compromisos
de la af1rrnac16n y de las vicisitudes de los propios Estados Unidos en la
~rena, ?e la beg~onia mund!a~, y a l_a n~esidad de revisar los esquemas
1deofog1_c?s Y 1~ ali~n~; o qmza a la vivencia en carne propia del problema
de la d1S1denc1a racial mterna, y de la agudización de las reivindicacion d
. ,
(
•
es e
sus ~monas negros, mdios, "latinos"), conforme al conetxto de Ja forac1on de una conciencia mundial de tendencia antirracista y antiimperialm.
tsta.
:• podría no ser ajeno a e)lo, el hecho de que la violencia y la sangre
~eJando de ser el pretendido privilegio del mundo subdesarrollad h , '
'd ! T ·
o, ª)ªn
1rrwnp1 o , ami iannente en la vida política y social del país y de otros
grandes pruses de Ckcidente.
Pero, el hecho es que éstos y otros factores, con su gravitación impond •
rabie sobre una opinión más crítica, parecen haber comenzado a minar ~"l

627

�normalidad de ciertos arrestos publicitarios demasiado visibles de la "arro-

gancia del poder" ,2
Por razones tales, nos parece muy pertinente. que W. S. Maltby 3 al aludir,
de paso, a la sostenida veta antihispánica relevable en las novelas populares
(v. gr.: C. S. Forester y su Hornblower, o H. R.ider Haggard), películas,
textos didácticos e ideas del cuerpo docente angloamericano de sus tiempos
de estudiante, observe:

"Por lJarios conceptos. lo continuidad de la existencia de este eJteYeotipo en el mun.do de habla i1lgleta, es itn anacronismo".

curso de_ser mplantado por el anti.anzt-rita.nismo, hecho que no lo hace
menos digno de nuestra atención."
. Ta~ sensatas palabras podrían también ser suscritas con igual acierto por
lustonadore~ d~ otr~s países, a los que el estudio en sí, y la meditación de
la decadenc1a 1~penal propia, parecen llevar creciente.mente 3 experimentar
en carne también
la realidad de la unidad de la histona
· y a m· '
,
, propia,
.
teres.use mas ecuammemente por la historia de Espa-a
d
·
·
n , e su rmpeno y
de su Leyenda N~gra, ~~entras el creciente clamor del mundo subdesarollado
en. general y, .la d1vulgac10n de sus razones contribuyen a la revela c10n
·' de una
HJspanoamenca menos "típica" y más verdadera.

Y reflexione :
"La lcyPnda Negra ha tenido, ínntgoblem,·nte, una parte cónsideroblt&gt; en las turbule11ta.s reladones de los Estados Unidos con ms
vecinos de habla hispana,· y ella continúa influyendo sobre la política
española de Inglaterra. Por más dificultoso que Ien aislarlo, es factor
que sigue pesando en los (ljtmtos internacio11ales.
Para lo.f americanos, el estudio de u11 prejuicio nacional posee un
interés aún más hondo. La pruición de los Estado5 Unidos en el sielo
XX se acerca en más de un respecto a la España en el XV. Esgrimiendo un e11ormR poder en de/ ensa de un ideal esencialmente conservador, se 6ncuentra, como ella, abocada al odio y a los celos de
amigos y .'Ulversarios. Nadie, al leer los periódicos, puede dudar qu~
la.s naciones del muritlo estén compilando una nueva Leyendo Negra y
que América sea la víctima que les está destinadr,. Como España entonces~ los Estados Unidos han disfrutado del poder mundial; como
España, también, se han entregado -sin rest.,icciones a m p((swn por la
autocrítica; y, al final, puede el Izada de ambas llegar a ser el mismo.
También a América puede tocarle vivir para ver .1·1t1 glorias olvidadas
y sus más orgul/osa.5 realizacioner desacreditadas por e{ talento polé•
mico de sus enemigos," •
Y concluya:

"En estos momentos, puede

tnU)'

bien que el antihisponismo. esté en

• MALTBY, W. S., The Black Legend in Engfond. The Dwe/opmtnt o/ Anti-Spanish
Sentime11t, 1558-1660, Durham, North Carolina, Duke University Press, 180 pp.,

p. 6.
• Ibid., p. 10.
' lbid., p. 139.

628

629

�EL SIGNIFICADO DE ICAMOLE
EL PAPEL DEL NORESTE EN LA INSURRECCION DE TUXTEPEC
LAURENS BALLARD

PERR.v

Universidad de las Américas.

o GUERRA CIVIL (no fue "revolución") de Tuxtepec en 1876
puso fin al gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada y lanzó el porfiriato. El
general Porfirio Díaz personalmente acaudilló tres campañas militares durante
aquella guerra civil. Díaz fue general en jefe de la campaña iniciada con el
asalto de Matamoros en el estado de Tamaulipas el 2 de abril y finalizada
en Icamole, estado de Nuevo León el 20 de mayo. Acaudilló la campaña que
se inició en Oaxaca y terminó en Tecoac, Estado de Puebla, el 16 de noviembre del mismo año. La última campaña al mando de Díaz fue la del
oeste contra el "gobierno de la legitimidad" de José María Iglesias, que
comenzó en México cl 6 de diciembre y sin batalla alguna finalizó en Guadalajara el 9 de enero de 1877.
LA INSURRECCIÓN

El liderazgo de Díaz ha sido criticado. Parece ser que Díaz figuró en tres
batallas en aquel año: las de Matamoros, Icamole y Tecoac. El asalto de
Matamoros, sin embargo, en las palabras de Daniel Cosío Villegas, '~no era.
precísamente, una batalla'' sino l.llla traición de Ja plaza por el general Jesús
Toledo y otros. 1 Díaz aparentemente fue derrotado en Icamole, y generalmente
se considera que la campaña del noreste fue un completo fracaso. En tanto
a la batalJa de Tecoac hay tendencia en la historia de ese período de dar el
mayor crédito por la victoria tuxtepecana al general Manuel González. En
todo parece ser que al general Díaz le tocó un papel de poca importancia
como líder en la insurrección de Tuxtepec. De esto se desprende que el
gobierno de Lerdo cayó porque él no supo aprovechar sus mudias ventajas
o José María Iglesias, por su defección del gobierno, fue la causa de la de~ DANtEL Cosfo VILLEGAS (ed.), La historia moderna de México (10 tomos, México:
Editorial Hennes, 1955-197 l), La república reslaurada, uida política, p. 869.

631

�rrota del gobierno o en alguna manera otra persona sacaba las castañas

ele Díaz del fuego.
El propósito de este ensayo es poner en tela de juicio este tipo de interpretación. No es su propósito, sin t'mbargo, cubrir toda la guerra civil sino
simplemente el papel del oore~te en la victoria porfiriana en 1876. La hipótesis
es que la campaña del noreste fue esencial para el desenlace final de la
victoria de Tuxtepec, y ciue d liderazgo de Díaz fue realista y capaz. El método
de seguir para demostrar estos conceptos será relacionar la c.ampaña del noreste
con la estrategia nacional clr la insurrección y c~ta con la dinámica general de 1as insurrecciones mexicanas del sigro XIX. Será dentro de este marco
ele referencia donde se tratará de explicar el significado de la batalla de
Icam(llc. Desde luego será obvio por qué se comienza con Icamole.

LA

BATALLA DE lCAMOLF,

En Jos días posteriores a fa batalla de Iramole los periódicos pro-gubernamentales imprimieron boletines tan pronto como llegaron los partes del campo
de batalla, y los periódicos de la oposici6n dudaban de la ,·cracidad de los
informes ofic-iales. 2 El gobierno atribuía una gran victoria y profetizaban pronto
fin a la rebelión. Eslo pareda una apreciación realista en la capital. Habían
llegado noticias de la recaptura de Matamoros por el general Mariano Esrobedo el 19 de mayo y de la derrota de Díaz y sus partidarios al día
siguiente en Icamole. Finalmmte, el 9 de junio el Diario Oficial publicó el
largamente esperado infomlC de la batalla finnado por el general Carlos
Fuero, comandante en jefr de la fuerza gubernamental en Icamole.
El infonne del general Fuero pretendía que las fuerzas del gobierno ascendían a 1.040 hombres y que las conducidas por "don Porfirio Díaz, Naranjo. Charles y Vara" llegaban a "nn número de más de 1,500 hombres''.
Las fuerzas rebeldes ocupaban "una verdadera posición militar ventajosa".
Sin embargo, después de hora y media de lucha, el enemigo retrocedió en
desorden y sufrió ''su completa derrota y dispersión". 3
Desde el principio la prensa apodó a Díaz "El llorón" y ''El huyón" de
• Diario Ofi,ial, 21 de mayo de 1876 • 9 de junio de 1876. Varios están impresos en
ALBERTO MARÍA CAR.Rf.ÑO (ed.), Archiuo del Gtntral Porfirio Díaz, memorias )' do.
,umentos (30 tomos, Méltico: Editorial Elede, 1949-1961), Xll, 7-17. Esta colecci6n
de documentos se citará. de aquí en adelante como APD. La batalla de la prensa está
descrita en Cosfo VtLLEGAs, op. cit., pp. 874-875.
• Diario Oficial, 9 de juuio de 1876. El informe de Fuero está reimpreso en FIUN•
cisco G. Cosmes, Historia general de Ml:cito, continuruión a la de Niceto de Zamacois,
parte conltntpordnta, los (dt1mos treinla y trts años, (4 tomos, XIX-XXII. Barceloua:
Araluce, 1901-1902), XX.U, 792; y en APD, XII, 9-17.

632

kamolc, el prímel'O basado, seg{m rumort&gt;s, que Díaz había llorado delante
de sus oficiales después de la derrota, y el segundo por haber huido del campo ele batalla.
~as descripdones de esos acontt&gt;cimientos son pocas, breves y ~eneralmentc
erroneas. La muy conocida y semioficial biografía de Porfirio Díaz dt! Ht&gt;rbert
Howe Bancroft narra que D.íaz acometió a las fuerzas del general Fuero
Y aisló a 200 soldados y parte del tren, pero que Díaz se dio cuenta de
q~e s~s fuerzas, compuestas sólo de caballería, no podían esperar ganar una
vtc~rm total _c~ntra un ejército superior de caballería, infantería y .artillería.
Tenwndo nol!c1as de la insurrección en Oaxaca, Díaz abandonó el "vasto y
despoblado norte", y dejó a Trevit"io y a Naranjo para que siguieran avan.
2ando.i
En 1900 Francisco Cosmcs escribió la continuación de la Historia General
de J~éjico de Niceto Zamacois. El rt"lato que nos da Cosmes de la batalla usa
el ~1s~no esc¡uema general pero sostiene que eJ ejército del general Fuero

hab1a. mterceplado el paso ele le-amole, y que Díaz únicamente decidió abrirse
camino a tr~vé~ del en~migo, Habiendo logrado esto, Díaz dispersó sus fuerzas,
las puso haJo d1ven;os Jefes y fue a "ponerse al frente de fuen.as considerables
que los insurrectos de Oa~ca y de Puebla habían unido..." s
El siguiente paso en Ja evolución de la interpretación en pro de Díaz fue
dado por Salvador Quevedo y Zubieta c-n 1909. Según fste el general Fuero
Uegó a lcamole con 2,000 hombres contra 600 de Díaz. Diaz inició la batalla,
de su inferio1·idad numérica se reti1·ó del encuentro en orden e
.pero a cau.~a
,
.
mcorporo a sus propias filas los prisioneros tomados del gobierno. Díaz
sufrió '10 bajas en tanto que las de Fuero pasaron de 100.6
José López-Portillo y Rojas en 1920 regresó a la tradición antiporfírista
iniciada por Fuero. Díaz, dice él, tenía 2.500 hombres al salir de Matamoros
y entre cuatro y cinco mil en Icamole. "Sólo así se concibe que ha}-a marchad~
sobre Monterrey..." Sin embargo, Díaz fue tan gra\'emente vencido en lea.
mole que apenas escapó solo, y renunció después de ello a toda Ja campaña
del norte." Esta versión señaló el camino a seguir para interpretaciones posteriores. ª

.

)

4
HusRRT HowE BA!'-IOROFT, Vida de Porfirio Día:: uu;ia históri,a y social dtl
pasado r preuntt de México (San Francisco: Tbc Ristory Company, 1887), p. SOL
• CosMEs, loe. ,it.
• SALVADOR QUEVEDO Y ZUDIBTA, El Ca11,dillo, conti11uadó11 de Porfirio Día:, ensayo
de .PJicología histórica (México: Llbrerfa de la viuda de C. Bouret, 1909), p. '.!40.
' José Lóru PoRTILLO Y RoJAs, Ele11ació1i y cfJÍda de Porfirio Dla!. (Mrxico:

Libmía Española, 1921), pp. l t,t..115.
• Véase por ejemplo, JosÉ G. VALDÉs, El Porfiristno: Historia de u11 ,¿gimtn, el
nacimie11to (México: Antigua Librería Robredo, de José Porrúa e llijos, 1941), p. 151 ¡

633

�Carleton Beals, para citar una biografía de Díaz que apareci6 en inglés,
afuma que Díaz estaba ganando la batalla de Icamole cuando el gen,eral
Julián Quiroga desertó a los porfí.ristas y ayudó a Fuero a derrotar a D1az. 9
En realidad Quiroga desde un comienzo estaba con los federales en toda la
campaña.to
. .
•
Con la aparición del tomo doce del Archivo del Gene~al Porfm~. Dwz,
editado por Alberto María Carreño, es posible una nueva mterpretac1on. La
correspondencia en el archivo del general Díaz demuestra , q~e ~t~, de 1a
batalla de Icamole los rebeldes del centro y del sur de Mexico msistia.n rn
que Díaz se pusiera al frente de ellos. Carreña parece sugerir que la batalla
de lcamole no fue el factor que hizo a Díaz dejar eJ norte aun antes dl'
la batalla. Más adelante se mostrará que tal afirmación es posible aunque
Carreña no expone dicha condusión.
La mayor contribución de Carreña al conocimiento de la "Batalla de
Icarnole"' es que el comhat,e no tuvo lugar en le.amole. Aún más importante
es la mención de que la lucha no se libró entre el general Fuero Y sus
fuerzas por un lado y los generales Díaz, Treviño, Naranjo, Charles Y V~ra
con sus hombres por el otro. El general Fuero encontr6 la columna conduoda
por Francisco Naranjo en un sitio llamado Puerto del Indio. ¡ Los generales
Díaz Gerónimo Trcviño e Hip6lito Charles, con sus fuerzas, no estaban
preS:ntes allí! Ellos estaban en realidad en )a hacienda de_ "Hicamole", más
0 rnenos a tres kilómetros de distancia &lt;le Puerto del Indio cuando ocurrió
el encuentro.
La prueba de este sorprendente descubrimiento es un documento pnblica~o
por Carreño. El día de la batalla el general Treviño envió un infonne esc:nto
a Díaz el cual incluye un parte del encuentro dado por Naranjo a su

superior Trevíño. Dicho parte describe toda la acción sin mencionar a pe_rson~
unidad que no estuviera bajo el solo e inmediato mando de Nar.mJO. S1
~reviño hubiera estado presente como comandante en jefe él hubiera rendido
JlistMia de Mbcico (4 tomos, 3a. ed:, re~sada, México: Editorial
Jus, 1962) III, 364; JoROE FER1'ANDO lTUllRIDARRÍA, Hrstona de OaJCaca ~4 tomos,
Oaxaca: Publicaciones del Gobienio del Estado, 1950-1956), La Restauracú5n de la
República '/ las revueltas de la Noria '1 Tu.xtepec, 1867-18?7 (19~6), IV, 1~7 ..
• CA.llLETON Buu, Porfirio Díaz: Dictator of Mtxíco (Ph1ladelph1a: J. B. L1ppmcott
José: BRAVO UoAJITE,

Cornpany, 1932), p. '.!02.
•.
.
•• La relaci6n del general Quiroga con Porfirio Díaz &lt;e discute ~ adc:l;3-11te. Se
contaba una historia en es tiempo de que Díaz aboro6 a NaranJo despucs de la
batalla con el reto de "Creía yo que los de Nuevo León eran valientes''. Se dice que
Naunjo contestó: "¿Cree usted que Julián Quiroga (oriundo de Nuevo Le6n) e,
de Oax.aca?'' SANTL'GO RoEL,, Apuntes paro la hütorio de Nuevo León ( 2 tomos,
Monterrey: sin nombre de editor, 1938), 11, 78.

634

el informe a Díaz. Si Díaz, en el contrario, hubiera conducido las tropas en
ese encuentro el informe habría sido superfluo en tanto no había nadie a
quien él estuviera obligado a informar. Naranjo se encontró solo en eJ campo
de batalla, pues, como el mismo Tre"iño infom1ó a Díaz " ...si el general
[Naranjo] no fue auxiliado oportunamente por t&gt;I grueso de la columna, fue
pot"quc no llevaba orden de empeñar combate decisivo, simplemente de reconocer y tirotear al enemigo" .u
Icamole fue entonces un encuentro donde un subalterno porfiriano tuvo
órdenes de no entrar en eombate. Comparando Ja lista de bajas de Naranjo
y Fuero, Carreño concluye que "es imposible declarar que el resultado de
aquel combate fue un completo triunfo para eJ defensor del gobierno del
presidente Lerdo, aunque menos para Naranjo". 12

Hay dos motivos par que los historiadores han creído que Díaz estuvo pre~ente en la Batalla de Icamole. Primero, el informe de Fuero, que atribuía
a sí mismo una victoria sobre Díaz, se hizo público y fue ampliamt'nle conocido antes de que Díaz estuviera en situación de modificar esta interpretación.
Segundo, Díaz nunca negó su presencia en lcamole. Las oportunidades que
tuvo para negar una derrota personal fueron muchas, principalmente en las
varias historias de la época y en las biografías que le fueron presentadas para
su corrección personal antes de ser publicadas. La obra de .Bancroft fue
una de esas.13 La de Hemindez, Un pueblo, un siglo y un hombre, publicada
.-a 1909 y dedicada a Días fue otra. 14 Sus pretensiones de haber estado al
mando en Icamole se hallan solamente en su hoja oficial de servicios, que
muchas veces fue impresa durante su administración. 15 Más importante que
t'stas es un ejemplar de la misma corregida con eJ puño y letra del general
Díaz. Sin corregir queda la penúltima anotación, que rei.a así: "la batalln

n Gerónimo Treviño a Porfirio Díaz, 20 de mayo de 1876, APD, XII, 331. Sí
existe el documento en manuscrito en El Archivo General del Estado de Nuevo León,
Sección Histórica, Ramo .Militar, Caja 1876, expediente Naranjo.
u CARREÑo, APD. XII (notas), 17-18.
1ll Cfüío Villegas dice que una traducción al español de la biografía de Díaz por
Bancroít "fue sometida a la aprobación de Porfirio Díaz; quien envió una lista de
correcciones", que se conserva t•n la Librería Bancrof1. DANIEL Cosfo VrLLEOAs, "Se·
b.utián Lerdo de Tejada, mártir de la república restaurada''. Historia Mexicana, xvn,
2 (octubre-&lt;fü:iembre 1967), 186.
" Carleton Beals desnibe a Hernández como a "elogia dar a sueldo", autor de
un libro "entre los enviados alrededor del mundo en todos los idioma., para formar
la opini6n en el extranjero de Díaz y de México". Op. cit., p. 272.
,. FoRTUN1,To Hus,bou, Un P1ieb/o, un siglo y 11n hombre (México: Imprenta
de Ignacio EscaJante, l909), pp. 359-365.

635

�de Icamole, Porfirio Díaz al mando, 20 de mayo de 1876, contra el General
Carlos Fuero" .1 6
;_ Por qué Porfirio Díaz prrrnitió que una derrota se registrara contl"a su
no~bre por una bacalla en qur él no estaba al mando, y ni siquiera prese~_te?
Es sencilla su respuesta. Una vez tjue Díaz llegó al poder nunca volv10 a
rd('rme a su carrera de rebelde. Procuró sanar las heridas de la lucha
f rarcionaria. Se situó por encima ele las organizaciones de partido que habían
mantenido los trastornos internos de México y alabó el patriotismo dondequiera que lo hallaba.17 Esa parte de su propia carrera_ tocante a la resist:ncia
rc:-publicana contra b Intervt&gt;oción Francesa la publicó ru su_s memorias _Y
raras ve-ces hizo mención al perío&lt;lo entre 1867 y 1876. Dcsmenhr su prcst'neta
en Icamole habria dado origen a investigariones y a discusiones. Estas tenían
que evitarse con miras a la unidad y a la estabi!i~ad ~lítica: d_cspués de
1876 Díaz no se interesó en dar lecciones sobre ehnentes msurrecciones.
Esta reseña de la evolución de la historiografía de kamole se completa con
dos rdatos importantes: el de Daniel Cosío Vílkgas y el de Angel Taracena,
únicos historiadores que han usado las pub.lkal'iones de Carrcño para la
campafia del nore~le.
Cosío Villegas describe la batalla de kamole es&lt;"ncialmente como lo hizo
Fuero, a excepción de 4uc el encu&lt;"ntro es colocado correctamente entre Fuero
y Naranjo en Puerto del Indio. Pero Cosío Vilkgas confunde los acontc•
cimientos al decir que las fuer7.as porfiristas llegaban a 1,500, cuando no
sabemos de cómo esas fuerzas estaban divididas entre Naranjo. Treviñn Y
Oiaz.1" El general Fuero &lt;"n realidad sólo luchó contra una pe&lt;1ucña partida
de los l,500 porfiristas, los directamente bajo el mando del general Naranjo.
Luego de rsta versión es cuando Cosío Villegas introduce el infonne de
Naranjo: "Francisco Naranjo. quien mandaba en jefr las fuerzas rebeldes,
intentó dar una versión distinta ..• Naranjo no quedó satisfecho de la modestia de su comisión [reconofer y tirotear al enemigo], cumplida al desplegar
a Fuero todas sus fuerzas." Notando que "los adversarios apenas ll~aban a

1,000 hombres y que los suyos eran más" ( que ~o era cierto ni d'~jo eso~ Y
que tenía la ventaja de que aún no eran descubiertas sus tropas, no resiste
1• Este docum&lt;'nto pertenece a la K•ñora María Thércse Gatouillat De Diai Raigosa,
la esposa del nieto del general Día.z, quien hondadosamcnte pc~itió a este investi~a?~r
leerlo ron detenimiento. Es similar al que está en la Colecc10n General de Porímo
Díaz en el archivo documental de la Universidad de las Américas ( 1, 333), salv,,

que c-stá corregido a mano.
11 Uno puede notar sus elogios públicos de Benito Juárei y los bo~ores colmados
sobre Scba.sóán Lerdo de Tejada en sus funerales. para los cuales D1az orden6 los
arreglos.
11 ¿ Tomado del informe de Fuero? De

636

treS a

seiscientos es más probable.

la tentación", de ordenarles que se levantaran y dirigieran nutrido fuego sobre
Fuero. Fue entonces cuando Fuero cambió su frentl', "razón por la cual
fNaranjoJ decidió retirarse". En el relato de Olsio Villegas la batalla fue
decididamente una derrota porfirista.
Cosío Ville~as también afirma que "Naranjo no í'chaba de menos el
apoyo que debían haherlc prestado las fuerzas muy próximas de Treviño y
las de Porfirio, apenas algo más distantes". El autor no explica por qué las
fuerzas de Treviño y Dbz debían apoyar a fa.e¡ de Naranjo, por qué Díaz
tenía que resistir en Puerto del Indio, o en cualquier otra parte del norte.
El que Díaz no lo haya hecho y el que sus subordinados se retiraran de 1ma
fuerte escaramuza. y partirnJannf'nte el que Díaz después de eso dejara el
leatro de operaciones norteño, son las pruebas de que Díaz perdió )a batalla
y la campaña. Fue entonres, insiste Cosío Villegas, "solamente después del
fracaso de Icamole'' cuanJo Día1. se con\'enció de la necesidad de regresar
al sur.1 11
La versión de Ano-el Taracena es un tanto mejor y también peor que la
de Cosío Villcgas. Tara.cena reconoce que Naranjo pe~eó solo contra Ftwro
en Puerto deJ Indio, pero ag¡-ega erróneamente que la batalla tuvo lugar
porque la brigada de Naranjo fue sorprendida por los de Fuero. 2º El parte
de Naranjo claramente dedara que envió al coronel Hinojosa con una pa.
trulla para "cscaramtt7..ar con el enemigo" y atraerlos a un lugar para ser
observados. Naranjo declara que la fuena de Fuero estaba atraída directamente ''sin saberlo a diez pasos de la mía". De esa forma Naranjo quiere
decir que fueron las tropas gubernamentales, no las porfiristas, Jas que fueron
sorprendidas. Comparando los documentos podemos conjeturar que ninguna
cie las fuerlaS fue sorprendida.21
El relato de Taracena, aparte de este error, deja otra mala impresión.
Señala que después de la batalla "don Porfirio considera que su presencia en
Oa.xaca y Puebla sería más necesaria; por lo que deja en Monclova a los
generales Treviño, Naranjo, Charles, y otros más y confía al generaJ Manuel
González la tarea de dirigir los elementos reunidos en el norte y llevarlos hacia
el centro del país''. 22
,. Cosio

La república restaurada, pp. 874-877, 892.
Porfirio Díaz (México: Editorial J-w. de la ierie Figuras )'
,pisodios de la historia de },léxico, núm. 88, 1960), p. l05.
:n Informe de Naranjo, Gerónimo Tmiiio a Porfirio Díaz, 20 de mayo de
1876. APD, XII, 329-331. Cf., informe de Fuero, loe. cil.
:s TARACENA, ú,c, cit. Quevedo y Zubieta usa la misma frase, of,. cit., p. 241.
Los dos parecen haber sido tomados al pie de la letra de CoSiiles, op. cil., XXII,
781-782.
VtLLEGAS,

:. A:-IGF.L TA.RACRNA,

637

�En realidad Díaz antes de dirigirse al sur dividíó sus fuerzas entre Treviño,
Naranjo, Charles y Vara pai:a una continuada guerra de guerrillas. en el norte.
Por su parte el general González que estaba guarneciendo Matamoros dejó
esa ciudad el 18 de mayo, el día anterior a que las fuerzas federales de
avanzada del general Escobedo retomaron dicha ciudad. Luego de dejar
Matamoros, González condujo sus fuerzas haci¡¡ el sur, por la serranía huasteca,
sin incorporar a su mando ninguna de las tropas que habían estado con Díaz
en los alrededores de Monterrey.
Este e:,tudio se concluye que las fuerzas impresas poco aportan al significado
de Jcamole en la campaña del noreste, y nada al entendimiento de la campaña
del noreste dentro de 1a Insurrección de Tuxtepec. La evaluación de la
batalla de Icamole oepende de por qué estaba Díaz en Icamole el 20 de
mayo. Para ello, es necesario considerar toda la estrategia de la campaña
del noreste y cómo ella se relaciona con la estrategia nacional.

LA

TRAGEDIA DEL NORESTE

Implícito en todo relato de 1876 es que 1a estrategia tuxtepecana fue a armar

las fuenas porfiristas wn lla riqueza de Matamoros y luego convergir sobre
Monterrey, seguido de Saltillo, San Luis Potosí y finalmente 111, capital. Tanto
como la campaña de Matamoros a Icamole terminó en dispersión y que
Díaz entonces abando,nó el norte para acaudillar las fuerzas del sureste, los
historiadores uniformemente han concluido que la estrategia de marchar a la
capital por la meseta central se fracasó. Y por eso, se fracasó también
la campaña noreste poñuiana.
Es claro por qué los autores de estos relatos suponen que la estrategia
porfiriana era de marchar sobre la capital, capturando las ciudades mayores
al pasar. No sólo era esta estrategia aparentemente obvia, sino que Díaz
mismo estaba diciendo a mucha gente que pensaba hacer exactamente eso.
Dfaz en 1&amp;76 estaba diciendo, a mucha gente, que después de adquirir materiales de guerra en Matamoros pensaba "comenzar una seria campaña contra
las guarniciones de Monterrey, Saltillo, San Luis- y la capital", e historiadores
subsecuentes le han tomado la palabra.
Las primeras declaraciones de Díaz uo son explícitas respecto a la dirección de sus movimientos pendientes. A los cinco días de haber capturado
Matamoros, Díaz escribió al principal general porfirista de su estado natal
Oa.'Xaca, que babia ocupado Matamoros "eon pocas pérdidas. de mi parte y
también pocas del enemigo. Desde luego me ocupé en organizar con mis

638

elementos propios y los conquistados, una rolumna que llevaré hacia el
interior compuesta de dos mil quinientos a tres mil hombres" .2ª
Exceptuando el temor de que el correo pudiera ser interceptado, Díaz
pudo haber sido más franco con un partidario militante que tenía necesidad
de saber sus planes. El 11 de abril Diaz escribió a Emiliano Martínez en
Nueva Orleans la misma informaci6n, otra vez omitiendo la dirección precisa
de la marcha pensada?' Luego el 14 de abril Díaz informó a Romero
Ancona no solamente que marcharía tierra adentro, sino también que unirla
las fuerzas en Nuevo León, "abriendo ya una campaña formal sobre las
plazas que ocupa el enemigo entre ésta y la capital".u Cualquiera que haya
sido el grado de confianza, el riesgo de intercepción también se hallaba
presente.
Por la segunda mitad de abril no hizo caso de precaución alguna. El 20
de abril un comerciante en Matamoros escribi6 aJ general Díaz objetando los
términos de pago ofrecidos a su establecimiento por mulas y caballos entre.
gados a Jas fuerzas porfiristas. Dia2 ordenó a la tesorería que pagara al
interesado en cuatro abonos mensuales de la renta de la aduana en La.redo
"después de ocupada Ja plaza de Monterrey". 28 Uno quisiera saber si al
comerciante se le había dado información acerca de Monterrey. Entretanto
Estanislao Hernández, empresario de Monterrey, buscó por correo un certificado de Díaz que protegiera de otros porfiristas -sus artículos en embarque.
Díaz le contestó el 22 de abril que no era necesario protección contra los
porfiristas, pero que de todas maneras "para tranquilizarlo, le manifiesto que
dentro de breves días emprenderé mí marcha hacia esa ciudad, y que mi presencia en ella es la mejor garantía que puedo ofrecerle sobre que su casa y
persona serán respetadas".27 Un modo casi certero de hacer que se diera
cuenta de sus planes el gobierno era revelarlos a los comerciantes descontentos.
A amigos y a agentes se les proporcionó la misma información. Díaz- escribiósu agente confidencial, P14cido Vega, eJ 22 de abril, que "dentro de dos
días a más tardar emprenderé mi marcha para Monterrey". 28 A un amigo
en Veracruz una semana después Díaz escribió que había dejado Matamoros
''con dos mil hombres y voy sobre Monterrey". 2 º Eso fue escrito el día antes
de que Díaz cambiara todo su plan de campaija.

ª

» Porfirio Díaz a Fidencío Hernández, 7 de abril de 1876, APD, XII, 160.
u Porfirio Dí.u: a Emiliano Martínez, 11 de abril de 1876, APD, XII, 183-184.

u Porfirio
,. Antonio
223-224.
n Porfirio
'" Porfirio
'" Porfirio

Díaz a Romero Ancon:a, 14 de abril de 1876, APD, XII, 202-21}3.
Guerra a Porfirio Díaz y contestaci6n, 20 de abril de 1876, APD, XII,
Díaz a E~tanislao Hem!ndei, 22 de abril de 1876, APD, XII, 240.
Díaz a Plácido Vega, 22 de abril de 1876, APD, XII, 239.
Díaz a Donaciano Lara, 30 de abril de 1876, APD, XII, 262-263.

639

�¿ Pensaba Díaz marchar sobre Monterrey? Enigmático es el caso del vicegobernador Ant.oine de Luisiana, a quien está dirigida una &lt;'arta que aparece
en los documentos de Díaz, fechada el 11 de abril. En esa carta Díaz declaraba
que bahía tomado Matamoros, y señaló que "dentro de breves días emprenderé mi marcha para el interior del país con una columna de tres mil hombres,
aproximadamente, con la que unidos a las fuerzas de los generales Treviño
y Naranjo, de Nuevo León, en número de mil hombres, estaré en aptitud
de emprender ya una campaña seria sobre las plazas de Monten-ey, Saltillo,
San Luis y la capital"?º
Francisco Cosmes cita una carta escrita desde Matamoros por Díaz, la
cual dice Cosmes que circuló en la prensa mexicana en mayo y que llevaba
fecha de 11 de mayo. Esa carta estaba también dirigida :i Antoíne. Conteniendo tasi la misma información, las cartas emplean, sin embargo, palabras
diferentes. Además, las tropas de Díaz se ajustan a 800, como lo sabría el
general Escobedo el 11 de mayo. El mensaje es el mismo: Díaz se uniría
con Treviño y Naranjo, asegurándole usuficiente fuerza para abrir una ver•
dadera campaña y avanzar contra Monterrey, Saltillo, San Luis y finalmente
contra la capital" .3 1
Es posible que la primera carta haya sido enviada con una honrada refle.
xión de las expectaciones de Díaz, y que la carta de 11 de mayo fuera la
misma, posfechada e impresa después de haber sido traducida al inglés y
retraducida. Las cifras pueden haber sido redactadas por periodistas guber•
namentales a fin de dar la impresión a los lectores capitalinos de que el
reclutamiento por Díaz no había tenido buen resultado. Sin embargo, en
ese caso, extrañamente escogieron la cifra indicada. Una mejor explicación
sería que Díaz escribió amhas cartas, la primera al vicegobernador norteamericano el 11 de abril y que reflejaba una temprana esperall7.a., y una segunda
un mes más tarde intencionada a caer en manos del gobierno. La evolución
de las cartas existentes y puede que haya habido otras -sugiere una reva•
!uación entre el 11 y el 20 de abril. Las cartas dicen demasiado: la estrategia
de la mesa central parece haber sido un engaño para despistar al gobierno.
Prueba de que el gobierno esperaba l:i estrategia central porfiriana se ve en
el refuerm de las guarniciones de San Luis, Saltmo y Monterrey en abril.3 2
Más directamente, Escobedo telegrafió a Servando Canales, gobernador de
Tamaulipas, desde el 11 de abril que Díaz "se dfrige de Matamoros sobTe
• Porfirio Diaz a C. Antoine, Esq., 11 de abril de 1876, APD, XII, 185.
11 CosMEs, op. cit., XXII, 779-780.
e Diario Oficial, 6 de mayo de 1876.

640

Monterrey con 1,500 hombres". 3~ Mientras tanto la prensa del gobierno
parndiaba Ja estrategia porfiriana: "[Todo el mundo] ... ahora contempla
a Porfüio Díaz, al general Treviño y a los otros prominentes jefes de la
revolución derramándose por estos estados y barriendo con sus victoriosas
falanges las 'insignificantes' unidades federales que guameccn las plazas de
Monterrey, Saltillo, Zacatecas y San Luis Potosí." 31
Aun hasta una tardía fecha como el 7 de mayo Escobedo telegrafió un
mensaje al ministro de guerra de que Díaz pensaba ocupar Monterrey en
tres días. 35 No hay duda de que el gobierno creía que la mira porfiriana
inmediata era el sitio de Monterrey.
Una con~rleración de la dinámica insurrecciona) del siglo XIX, de los
cuales se supone aquí que Díaz era maestro, confirmará que la estrategia de
la meseta central no era un plan viable ni realista después de mediados de abril
di:- 1876.

LA

ESTRA'l'EGlA NACIONAL

Hay dos fases en las venturosas insurrecciones deJ siglo XIX. La primera
consistía en la llamada propagandística a los jefes locales por sostener eJ
pronunciamieoto y su plan anexo, con el objeto de obtener un estado como
base de operaciones. La segunda fase de la venturosa insurrección implicaba
la concentración de fuer.t.as rebekles para proteger su base y confrontar la
fuerza gubernamental en wrn bataUa perentoria
Durante la primera fase los rebeldes eluden un choque frontal con fuerzas
gubernamentales. El prop6sito fue extender la conflagradón a todas las partes
del país )' desacreditar al gobierno con sólo continuar existiendo en oposición
obstinada. La actividad militar fue generalmente la de la guerra de guerrillas,
cuya función i:-ra demostrar que el gobierno no podía aplastar el movimiento.
Esto se usó entonces al hacer un llamamiento por más apoyo como prueha
de que el gobierno era menos popular que los que lo retaban.
Otro fenómeno que se podía reconocer transcurre concwTentemente con el
anterior. Mientras más contil1uaban su desafío al gobierno los rebeldes 1 y
esparcían más la insurrección, más represiva se volvía la política gubernamental. El gobierno de Lerdo en 1876 declaró la ley marcial en estado
xi El telegrama fue inmediatamente enviado a Díaz. Santos de la Garza y Gutiérrei
a Porfirio Díaz, 11 de abril de 18i6, APD, XII, 184-185.
11
~oruer1ir de Catorce (Tamauli~~! ' 26 de abril de 1876, tomado de un ejemplar
anterior del Boldln de la 3a. Dw1S1ón (del genera! Escobedo) y reimpreso en el
Diario Oficial, 6 de mayo de 1876.
~ Mariano Escobcdo a Ignacio Meji:i, 7 de mayo de 1876, reimp~o en el Diario
Oficial, JO de mayo de 1876.

6.J.J
H-41

�tras estado, decretó empréstitos forzosos, reclutó tropas mediante leva y finalmente recurrió a la censura de la prensa. Inteligentemente Edmundo Burke
observó que cuando los súbditos son rebeldes por principio, los reyes se
vuelven tiranos por política. Con cada medida los rebeldes convertían en
propaganda las restricciones gubernamentales. Las insurrecciones triunfantes
del siglo XIX en México siempre tuvieron organizaciones eficaces de .P:1"?·
paganda que hacían hincapié en el tema de la tiranía. La prensa de opos1c1on
al pr.esident.e Lerdo sirvió esta función.

"La existencia en la oposición obstinada,, era Wla táctica insu1Teccional
efectiva en cl siglo XIX y durante los años iniciales del XX, porque el
tesoro nacional nunca podía sufragar los gastos de la acción militar contra la
resistencia prolongada. Este fue sin duda el caso en la rebelión de Tuxtepec.
La incapacidad de pagar por más provisiones, sin decir nada de cu~rir la
no'mina militar, fue uno de los motivos principales por el cual el presidente
,
Lerao de Tejada no intentó levantar otro ejército más tarde en 1876, despues
de que el general Alatorte perdió el ejército del gobierno de Tecoac el. 16 _de
noviembre. Cuando el tesoro no pudo hacer frente a los gastos ordinanos
del gobierno, como pensiones y nóminas, sufrió aún una pérdida mayor de
prestigio y de apoyo.
En último análisis una insurrección victoriosa necesitaría ocupar la capital
de un estado para q~e el gobierno pudiera destinar dinero y milicias estatales
al movimien!O. Sin embargo, estaban guarnecidas las capitales de los estados.
Además cuando las fuer¿as gubernamentales estaban en zonas adyacentes, las
ciudades guarnecidas formaban el bloque sobre el cual podían se~ aplasta?:15
las fuerzas rebeldes. Por lo mismo, durante la primera fase de la msurrecc1on
los rebeldes se esforzaron mucho por enajenar la lealtad de los gobernadores
de los estados y de las unidades de las guarniciones a] gobierno. Esto era lo
que Díaz trataba de conseguir en Brownsvi11e y en Matamoros.
.
Cuando los rebeldes controlaban la capital de un estado y a un gobierno
estatal, empezaba la segunda etapa de la venturosa ins~ección. Entonces se
hacía necesario concentrar las fuerzas rebeldes de la region para proteger esa
ciudad de las fuerzas federales que se aproximaban. Los rebeldes podían
Juchar contra esas fuerzas en la ciudad que poseían, o usar esa ciudad
como base de operaciones y marcharse a otra parte para batirse con l~
fuena.s federales. Sin emhaigo, una batalla "perentoria" tenía que ocµrnr
antes de que los rebeldes pudieran marchar sobre la capital. En un período
tardío de la segunda fase, la insun-ección experimentó e! "irse a ~a cargada"
cuando los jefes locales y hasta personajes nacionales vieron_ ,el signo de los
tiempos y clamaron unirse a los triunfadores. En la losurrecc1on de Tuxtepe:
Oaxaca se convirtió en la base de los rebeldes; el
a la cargada" empezo

"me

a principios de noviembre, y la batalla "perentoria" tuvo lugar en Tecoac
el 16 de novíembre. Todo esto era lejos del noreste y mucho después de
abril y mayo cuando tuvo lugar la campaña del noreste.
A mediados de abril Je fue evidente a Díaz que Mata.moros era muy
pobre para servir de base de operaciones y mucho más importante, que ninguna capital de estado podía ser ocupada antes de la llegada de fuerzas
federales. Díaz sabia que era imposible, en esas condiciones, un enfrentamiento exitoso: la campaña del noreste no había entrado en la segunda
fase. Porfirio Díaz, que conocía estos patrones insurreccionales, no habría
planeado enfrentarse con Jas fuerzas gubernamentales en Matamoros, Monterrey, lcamole ni otro lugar del norte. El no habría iniciado una campaña
en }a meseta abierta, en un ataque violento sobre Ja capital, con las pocas
tropas a su disposición a fines de abril, sin una fuerte base de operaciones y
con la gran fue12a del general Escobedo concentrándose en su contra.
Para mediados de abril, sin embargo, se habían desarrollado dos condiciones
que forzaron a Díaz a tomar medidas. Primero, la campaña del sur había
llegado a fa .segunda fase mientras que 1a campaña del norte estaba aún
en la primera fase. Alguna decisión tenía que tomarse porque la situación en el sur estaba rápidamente desintegrándose en una anárquica serie de
rebeliones locales como las que caracterizaban el sur de México entre 1815
y 1820, y de nuevo entre 1913 y 1916. Segundo, para mediados de abriJ
una significativa fuerza federal se acercaba a la zona noreste de México,
donde Díaz estaba tratando de provocar 1a insurrección. Es dentro de estos
perímeu·os teóricos y estas condiciones que ha de colocarse la campaña por~
firiana del norte.

Si e] objeto de la estrategia del norte no era una marcha a la ciudad de
México a través de la meseta central, capturando las ciudades mayores de
paso, entonces ¿ cuál fue su objeto? Cosío Villegas escribió un excelente y
pequeño libro sobre la rebelión de la Noria, en el cual sostiene que la estrategia de esa insurrección había de causar wia desviación en el norte para
el gobierno, mientras que la rebelión Puebla-Oaxaca-Veracruz podía desarrollarse y con eJ tiempo marchar sobre la capital desde esa dirección. Las
razones de los infelices resultados, desde un punto de vista porliriano, son
complejas. Pero con respecto a Ja rebelión en el norte, su fracaso se basó,
según Cosío Villegas, en la carencia del liderazgo porfiriano --o la falta de
diversos jefes p~a sobreponerse a sus rivalidades--, en 1a incapacidad para
reponer armas y municiones y en 1a negativa del gobierno a dejarse desviar
del verdadero centro de la insurrección, que estaba en Oaxaca.36 Díaz sí fue

ª DANIEL Cosío VrLL&amp;GAS, PoT/irio Díaz en la Teuuelta de la Noria (México:
Editorial Hermes, 1953), pp. 168 - passim.

642
643

�al norte durante la rebelión de la Noria, pero sólo después de que la rebelión
en Oaxaca había sido aplastada por la concentrada reacción gubernamental
contra ella. Aunque Cosío Villegas no aplicó la lección de la Noria a la
insurrección de Tuxtepec, se presume aquí que Díaz sí lo hizo.
Porfirio Díaz eu la Insurrección de Tu.xtepec llevaba consigo diversas cartas
para jugar, dándole a él estrategias alternativas a seguir. Hermenegildo Ca.
rrillo había de pronunciarse en Puebla, y Donato Guerra en Durango. El
general Luis Mier y Terán estaba listo para apoyar la rebelión del sudeste
desde Veracrnz y Justo Benítez, secretario personal y gerente de negocios de
Díaz, haría lo que fuera posible en Oaxaca, Podía contal'se con Guerra
para que usara su influencia cerca de los jefes en el noreste. Se esperaba sin
duda que pudiera influir al genera] Sóstenes Rocha, el general más audaz
y temido en México y ahora enemigo poHtico de Lerdo desde su exilio a
Celaya en 1875, para que efectuara la defección de la guarnición clave de
San Luis Potosí. El general Vicente Riva Palacio había de provocar la
rebelión en Morelos. Ya se hallaban en rebelión los "cristeros" de Michoacán,
no por inspiración porfirista, pero no obstante ah.sorbiendo energías gubernamentales. Entretanto existía un partido porfirista bien desarrollado en la
capital de la narión compuesto de políticos, periodistas y abogados. El "directorio'' insurrecciona} en la cjudad de México, identificado por el periodista
porfirista Ireneo Paz, constaba del general Pedro Ogazón, Ignacio VaUarta
y Protasio Tagle, todos los cuales figuraron en el primer gabinete de Díaz.
Tempranamente en el año 1876 los generales porfiristas salieron de la ciudad
de México asignados a zonas donde gozaban adhesiones personales: .Juan N.
Mirafuentes, Vicente Riva Palacio, Hermenegildo Carrillo, Feliciano Chavarría, José Cosía Pont-ones, Aureliano Rivera, Isidro Montiel, Antonio Rodr\,auez
Bocarda, "y muchos otros". 31 Díaz pudo haber razonado que como el reclutamiento y el suministro eran en gran manera función de las cualidades de
mando y habían fallado en el norte durante la anterior rebelión de la Noria,
guiaría él mismo ese desarrollo en la rebelión de Tuxtepec. Los generales
Manuel Gonzáleb y Francisco Z. Mena acompañaron a Díaz a Brownsville.
La primera etapa de la estrategia nacional era arreglar cuantas insurrecciones
fuera posible.
La estrategia nacional global de la rebelión puede ser reconstruida. Probablemente ]as zonas de mayores ex.pec:ta.ciones a cuyo alrededor se había
formado una estrategia, eran las de Puebla, Durango-Zacatecas y TamaulipasNuevo León. Allí habrían de desarrollarse simultáneamente rebeliones, cap•
turar a los gobiernos de los estados y crear concentraciones de fuerzas sufílR.&amp;NEo PAZ, Algunas campai1as: memorias (3 tomos; 2a. ed.; Méxi-co : Imprenta
y Litografía de lreneo Paz, 1884.1885), 111, 359.
01

644

LA

ESTRATEGIA
.NACIONAL

una construcción
te6rica del plan
primaria de las
fuerzas porfirlstas
.rutas primarias~
rutas alternativas==~

l. Guade.lajara
2. San Luis Potosí
3. México

Matamoro
Monte"I"rey ,• - - •
Saltillo;
1

San Luis 1
'Potosi;
&gt;
Querétaro
\
'
México~.

La ruta. que ge.nerallllente

se cree que era el plan
de ataque del
General P-0r!irio Díaz

�cientes para enfren~e con divisiones federales. La parte norte de la estrategia
era que Matamoros había de servir de arsenal y depósito al norte para
abastecer a varios ejércitos que hostigarían a las ciudades grandes en esa región,
las aislaría de sus comunicaciones y las ocuparían de ser posible. Si las
unidades federales reaccionaban primero al núcleo rebelde del sureste y en
regundo término al núcleo del noroeste, entonces darla tiempo a los rebeldes
del noreste para establecer gobiernos estatales que pudieran sostener a los
ejércitos que marcharían a la ayuda de )as rebeliones en el sur. Podían
proveerse confrontaciones finales con los ejércitos gubernamentales más grandes
cerca del centro de la república.
Puesto que. nadie registró la estrategia cabal de la insurrección de Tmct:cpec,
puede haber errores de detalle en el esquema mencionado. El esquema, sin
embargo, sí concuerda con las habilidades de los porfiristas declarados, con
las lecciones de la Noria, con las oportunidades que se presentaron por las
circunstancias de 1876 y con la geografía. De aquí en adelante se hatá
referencia a este esquema, como la "primera estrategia nacional".
Varias personas estaban avisando a Díaz de que regresara al sur. Desde
marzo, Protasio Tagle, identificado por Paz como miembro &lt;le! "directorio
revolucionario", apremió a Díaz a que fuera al sur: "La falta de usted es
irunensa, la situación es inmejorable; no pierda un momento. Si hubiera
estado en Oaxaca todo se hubiera ganado." 38 Díaz contestó a una exhortación
similar de est.e modo: ". , .las indicaciones que usted me hace sobre lo importante que es el que yo esté en Oaxaca o Jalisco me satisfacen poco, en
primer Jugar porque, haciéndolo, reconcentraría la atención del gobiemo en el
lugar en que me encontrara, como porque si falto de aquí, la frontera sigue
impasible indefinidamente. Lo que se necesita e.s que la atención deJ gobierno
se divida lo más posible..." 39
Dos días antes de que se pronunciara Díaz el 20 de marzo escribió estas
líneas a Donato Guerra: ". _ .antes de una semana habré dado mucho que~
hacer al gobierno, llamando sobre mí a una gran parte de su atención y
esto, por lo mismo, dejará un poco desahogados a los amigos que operan en
los distintos puntos que están ya en lucha." •0
La estrategia del norte era claramente parte de la estrategia nacional en
1876, no una marcha sobre la capital desde el norte o un desacierto.
Si ésta era la estrategia nacional, había sorpresas reservadas para los que
hacían planes. Carrillo, Guerra y Rocha fracasaron en todas sus misioues. 41
• Protasio Tagle a Porfirio Díaz, 9 de marro de 1876, APD, XII, 48.
,... Porfirio Díaz a "El Gordo" (?), 19 de marzo de 1876. APD, XII, 90.
• Porfirio Díaz a Donato Guerra, 18 de marzo de 1876, APD, XII, 84.
41 Aunque Donato Guerra creía que era segura la adhesión de Rocha ("Creo que

646

ES~ADO

DE

t ESTADO
..,., •..
J.J/!,

V-.1.L::MC RüZ

ESTADO

DE PUEBLA

• Epatlán

1fi

R

EST,U)()

DE
GUEBaERO

ESTA.DO
DE

OAXAC!

Ji' • Jaz!llÍn
• Y8!lhuitlán

Ixtlán
•

~
G Oaxaca

------------.....:.~~\--------t
EL SURESTE DE MEXICO

en la 1nsurreeci6n de Tuxtepec

�Una docena de las rebeliones menores de distracción sí estallaron, pero ninguna, ni la. de González, Mena y Dfaz, bastó para ganar una capital de
estado. Sin embarg-0, por curiosas circunstancias, Ü.Lxaca. volvió a ser la base
rebelde en 1876, como lo había sido en 1871 cuando Félix Díaz, entonces
gobernador de Oaxaca, se pronunció contra e1 presidente Benito Juárez. Se
realizó la concentración de fuen.as en e1 sureste, y sí. ocurrieron confrontaciones
de las fuerzas federales y rebeldes en la batalla de Jazmín en Oaxaca y en
Epatlán en Puebla. Sin embargo, la fuerza federal no fue aniquilada en la
campaña del sudeste, y ]as fuerzas tuxtepecanas tuvieron que dividirse otra
-vez y volver a una etapa anterior del conflicto.
Brevemente }os sucesos en el sureste fueron estos: un desconocido coronel
Sarmiento se pronunció el 10 de enero por Díaz en Ojitlán, distrito de Tuxtepec en el estado de Oaxaca. El procedió a haéer marchar su pequeña
fuerza de guardias nacionales al estado de Veracruz. El intento fue un fracaso, como lo había sido el pfaneado levantamiento de Hennenegildo Carrillo
en Puebla. Sin embargo, en esos días un levantamiento puramente local en
]a sierra de Oaxaca contra el jefe municipal de Ixtlán se extt&gt;ndió en una
rebelión contra el gobernador del estado. José Esperón, que había enviado
tmidades de milicias a Ixtlán. El caudillo de la sierra, Fidencio Hernández,
que había combatido al lado del general Alatorre por Juárez en 1871 contra
Díaz ahora en 1876 aceptaba el Plan de Tuxtepec el 25 de enero y ocupaba
la ci~dad de Oaxaca dos días después. En una semana había extendido su
riña con un funcionario local a un reto directo al presidente de la nación.
Habiendo nombrado gobemadQr a Francisco Meijuero, Hemández tomó las
armas contra el general del gobierno de la Segunda División, Ignacio Alatorre. 42
)

En Ja batalla de Jazmín del 17 de febrero al general Alatorre se le hiw
retroceder con pérdida de la mitad de su ejército, pero con una pérdida
menor en llÚmeros absolutos que la sufrida por los rebeldes. Las batallas en
San Cristóbal y en el convento de Yanhuitlán entre Fídencio Hernández y
Diódoro Corella, recién enviado a reforzar a AJatorre, alternaron con negociaciones entre Alatorre y los rebeldes. Los rebeldes oaxaqueños buscaban la
defección de Alatorre. Rehusando eso, Alatorre ofreció presentar al gobierno
un convenio por el cual Esperón sería removido de la gubernatura de Oaxaca
a cambio del rechazo rebelde del Plan de Tuxtepec y el reconocimiento de
las autoridades federa.le.5. Se suspendieron las negociaciones. Parece haber
Rocha siempre nos ayudará de buena fe y sus i;ervicios nos serán de importancia".
Don:ito Guerra a Porfirio Diaz, 10 de febrero de 18i6, APD, XI, 310), su aliama
con el porfirismo era tenue.
.,. huRRJBARRL\., op. cit., pp. 150-163; Cosío V1u.EOAS, Ltt República restaurada,
pp. 809, 829-831.

648

querido el gobierno que Alatorre derrotara a la fuerza rebelde numéricamente
superior Y que im~usiera a Esperón al estado. Puede ser, sin embargo, que
fue Hemández qmen ~e negó a retirar su apoyo a la rebelión tuxtepecana.¼3
S~ lo que sea, el gobierno ordenó la terminación de la campaña o&lt;Lxaqueña
a fm de afrontar nuevos acaecimientos en Puebla y Veracruz. Alatorre retiró
la ~ d a Divisió~ de Oaxaca eJ 27 de mano. Los múJtiples puntos de rebelio~, que caracterizaban la insurrección de Tuxtc_pec aseguraban la continuacmn de la base oaxaqueña para el porfirismo.
Las sublevaciones que requirieron que Alatorre se retirara de Oaxaca fueron
las de Luis Mier y Terán en Veracruz y de José María Coutollenc en los
llanos de Puebla, Irónicamente, Mier y Terán, general porfirista declarado
de muchos años, se pasó la mayor parte de la guerra civíl sentado en
una prisión federal después de su captura en la batalla de Epatlán, en tanto
que el general Coutolfenc, cuya rebelión había empezado como una riña
local con eJ gobernador de Puebla, Ignacio Romero Vargas, se volvió un
tuxtepecano importante y leal. Las fue1:Z1S de estos dos generales aumentaron
en_ tamaño e importancia durante febrero, marzo y abril. El 24 de mayo se
umeron con las fuerzas de Fidencio Hernández y se batieron con la división
de Alatorre en San Juan Epatlán el 28 de mayo. Después de varias horas de
lucha los dos lados se retiraron con pérdidas terribles. Diódoro Corella.
el segundo general en el mando para eJ gQb.iemo, murió poco despué:i de
heridas sufridas ahí y Luis Mier y Terán, de las fuenas rebeldes fue hecho
prisiónero. La batalla significó desgaste a ambos lados dentro de la guerra
civil de 1876. El efecto inmediato fue la división de las fuerzas rebeldes.
Dentro de la estructura de los patrones insurreccionales establecidos aqui, Ja
bataJJa de Epatlán lanzó a la rebelión otra vez a la primera fase de la it1surrección, así como aseguró que Alato.rre no podía despojar a la rebelión de
su base en Oaxaca.
Puede mencionarse aquí otro encuentro entre las fuerzas rebeldes y las
federales, de los muchos que caracterizaron el sureste de México en la pri"El punto es dudoso. Compaxese Iturribarrl~, op. cit., pp. 164-171, y Cío Villegas,
La república restaurada, pp. 838-839. Iturribarría investiga alternativas, hasta considerando con particular cuidado la posibilidad de una conexión de partidos entre Ignacio
Mejía Y Fidencio Hemández, por la cual Alatorre podía ser perruadido a que sostuviera a Mejía para la presidencia en 1876 en contra de Lerdo. La teoría encaja
con el uso por Mejía de las fuerzas federales en Oa:xaca, que parecía favorable a
Hernández más que al lerdista Esperón. Cosío Villeg:u rechaza esto y ( con la
autoridad del peri6dico antilerdista el Siglo XIX) culpa del d~lome de las negocia.
ciones a Hernández, quien, sostiene Cosío, insistía en hacer honor a la promesa a.1
porfirismo. Las apariencias y la propaganda porfirista contemporánea favorecen a
Iturribarría, pero faltan pruebas.

649

�mera mitad de 1876. La batalla de Tulancingo en el estado de Hidalgo
ocurrió en junio, mientras que Porfirio Díaz t'l&gt;taba en camino al sur P~
tomar el mando. Después de la batalla de Epat1án y de la vuelta a m~v1mientos tácticos menores, otra concentración de fuerzas rebeldes comenzo a
jWltarse en el estado de Hidalgo. L~ generales Miguel Negre~e Y -~a~acl
Cravioto se habían pronunciado por el Plan de Tuxtcpec Y, teruan CJe~c1tos
desarrollándose en Hidalgo. Los generales Coutollenc y Hemande-z se unieron
a ellos, todos bajo el mando del caudillo de la sierra de Puebla, gener~I, J~n
N. Méndcz, recién nombrado por Díaz comandante supremo de los e1erc1tos
tuxtepecanos del este. La concentración es significativa en que aún cuando las
fucnas rebeldes ascC'ndíao a 4,000 hombres, to&lt;lavía eran incapaces de tomar
wia posición en Tulancingo, sostenida por 400 milicianos del estado_. El
problema era de Jirección, como lo bahía sido en el norte durante la msurrección de Ja Noria: ese grupo de hombres que se habían formado solos no
podían subordinar sus voluntades a un solo prop~ito. Mu~has ele esas tr~pas
re convirtieron en el núcleo slel ejército que Díaz condujo a Tecoac cinco
meses más tarde.H
Siete meses antes de Tccoac la posición de Díaz era menos pr?mete~ora.
Ixsdc el comienzo de la N'belic',n el buen resultado de la estrateg1a naaonal
primaria dependía de dos factores. El primer facto~ era ~ naturale-La de la
fue 17.a insurgente en el norte. Aún ante~ de que D1az sa.l.ie~::i d:- Ma~oros
el 25 d&lt;' abril, habría subido que la estrategia norteña pnman~ habia fracasado. Aún carecía de un gobierno estatal como base de o~rac1~nes. Nece·1 b
la adhesión de Canales en Tamaulipas, que habna dictado una
s1 a a, O •
d f .,
cone,clón con tos ejércitos del sur a través de Hidalgo, o una e ecc1on_ en
Monterrey, para una eone.xión con la rebelión occidental. Para cual~,w~a
de esos acontecimientos Díaz necesitaba fonnar rápidamente un fuerte e1erc1to
en Matamoros. Díaz probablemente pensaba pronunciarse en e) n_orte al
mismo tiempo que sus correligionarios en el sudeste, o poco dcspues. Que
110 se haya pronunciado antes del 20 de mano indica el grado de su fracaso;
El ejército tuxtepecano norteño se desarrolló l~tament:, y n,unca ~lcanzo
dimensiones suficientes para una lograda estrategia nortena. Diaz sabia esto
ya cuando salió de Matamoros el 25 de abril.
El segundo factor para la estrategia norteña primaria estuvo entcramen!e
en manos del presidente Lerdo y su ministro de Guerra, general Ignacio
.. Fidencio Hemández sLn embargo, salió de Tulancingo con 1,500 hombres Y gran
cantidad de armamento 'sólo para perder todo unos pocos días después. en la batalla
de El fortín al general Sánc-hez Rivera. E~tos aspectos de la campana ,del este Y
ta del sudeste son tratadaJ en lturribarría, op. cit., pp. 177-180, y en Cosio Villegas,

Mejía. Si hubiera decidido ,olocar la mayor parte de sus recursos a disposición
de los generales federales que oprraban en l'I sudeste, entonces habría sido
viable la campaña norteña. Decidieron, sin embargo, operar inicialmente
contra los rebeldes norteños. Retirando fuerzas de Michoarán, qur- presentaban una continua hostilidad y depredaciones sin amenazar directamente al
gobierno -ya que esa rebelión católica no había logrado atraer el apoyo
narional- tres columnas separadas se dirigieron al norte a principios de abril
bajo el mando del general Mariano &amp;cobedo. Día:, sabía de esa decisión
gubernamental antes dl" salir de Matamoros el 25 de abril, y por lo tanto
no era viable la estrategia nortciia primaria
Por estas dos ra2ones, la incapacidad para formar un gran ejército en el
norte' y la decisión gubemamental de operar primero en el norte, las cuales
eran del conocimiento de Díaz antt'S del 25 de abril, puede concluirse que no
fue la batalla de kamole la que destrnyó la estrategia norteña o la que
influyó en Díaz para unirse a las fuerzas del sur.

Díaz habría reflexionado sobre la posibilidad de- estos nuevos acontecimientos. pues esa había sido fa. lc&lt;:dón de la Noria. Su plan de mediados de
abril estaha por lo tanto predeterminado. Pondría en operación una estrategia
riorteña secundaria. Continuaría formando nuevos puntos de rebelión haciendo
tanto ruido, atrayendo haria sí &lt;·uantos soldados federales como pudiera.
Entonces Dí::iz iría a dirigir las insurrec&lt;·iones y operando en otros teatros.
Hasta mediados de abril esos teatros podían haber i,ido o su regi6n natal
en d sudeste o l.1. región de Zacatecas-Durango, donde operaban Donato
Guerra y Pedro Ga1ván.
Podría pcnnitirse en este punto una digresión. Puesto que el gobierno
eligió tratar primero con la rebelión del norte y Díaz de hecho sí unió !as
fuerzas en el sudeste y después de destruir Ja Segunda División del gobierno
en Tecoac, ocupó la capital, cabría preguntar si era S..'lbia la estrategia LerdoMejía-Escobedo. Como parecía la situación a mediados de abril la decisión
fue buena. Díaz había hecho mucho ruido en el norte. Los comandantes del
gobierno en esa región estaban pidiendo refuerzos. Un fuerte golpe contra
el ejército del caudillo en jefe podía quebrar el espíritu de la rebelión. Ningún
gran general se había unido a Ja rebelión en el sudeste. No podía esperar.;c
que causara problemas serios en fecha próxima y el genera] Alatorre, aún
en cortas raciones, prost'gnía con gran vigor en ese teatro la guerra. Si los
historiadores han tratado con dureza a Lerdo por mala distribución de recu~os enviando tanta fuena al norte y permitiendo que se desarrollara una
insurrección de las fuerzas del sudeste, puede uno imaginar que el juicio histórico sería aún más duro si se hubiera concentrado en el sudeste y hubiera
tenido buen éxito la estrategia norteña primaria de Díaz.

l..a rt pública rtslaurada, pp. 839-84 7.

650

651

�La estrategia ,iorteiía secundaria.
Cuando Díaz salió de Matamoros el 25 de abril, sabiendo que hab'ia fracasado la estrategia norteña primaria, era para poner en práctica la estrategia
norteña secundaria. Si la estrategia norteña primaria puede haber incluido
el asalto de Monterrey la estrategia secundaria sí que no. Como se ha señalado, semejante campaña habría requerido una concentración de fuer7as
que no estaban listas ni eran bastante grandes para afrontar las fuerzas
conducidas po, Escobedo. Díaz tenía otras b.-es disyuntivas y oti·a vez la
elección dependía de lo que hiciera Escobedo. Si Escobedo hubiera optado
por usar sus fuerzas para refo17..ar las diversas guarniciones del norte en
un intento de aislar a Díaz en Matamoros y de sofocar ]as rebeliones norteñas
menores con fuerzas tácticas, Díaz saldría a combatir esas fuerzas. Si Escobedo
había de conducir o enviar una sola columna contra él, podría esperar
destruirla en una operación defensiva en Matamoros. Si Escobedo había de
dirigir una campaña mayor contra Díaz, entonces la mejor defensa táctica
en la estrategia norteña secundarfa era dividir fuer.ias, evitar un combate y
no librar más que escaramuzas. Esa táctica obligaría al gobierno a dividir sus
fuerzas y a reforzar todo puesto y a defender toda población, mientras que
los tw..--repecanos hostilizarían las comunicaciones y lineas de abastecimiento
del gobierno. Esto es, era la estrategia norteña secundaria crear en el norte
tantas guemts de guerrillas diversionarias en una escaJa tan grande como
fuera posible.
No era inmediatamente claro desde Matamoros lo que haría Escobedo. La
peor contingencia para Díaz ha de haber sido que Escobedo guarneciera
Monterrey, convirtiéndola en aduana y aislando a Dfaz en Matamoros.~ 5 Así
Díaz dividió su fuerza en columnas y marchó de Matamoros hacia :Monterrey.
Escobedo pudo haber optado por esperar a Díaz en Monterrey. Sin embargo,
había disensión en el cuerpo de oficiales federales: era mejor que se les
enviara a campaña. Lerdo necesitaba un pronto triunfo en el norte para
concentrar un golpe final sobre los rebeldes del sur antes de )as elecciones
&lt;lf'J verano. Y era militarmente deseable enfrentarse con Díaz antes de que
dividiera sus fueT1.as para dispersarlas. Por todas estas razones Escobedo salió
a batirlo.
Que Díaz no quería entrar en batalla con toda la fuerza federal está tan
cJaro en el registro de esos acontecimientos como en la teoría antes mencionada .
.. El cónsul norteamericano en Matamoros infonnó a Washington que "todo el
mundo tenía entendido que el plan de Escobedo era esperar el ataque de Díaz en
Monterrey. RICHARD BLAIN McCoRNACX, "Porfirio Díaz en la Frontera Tejana, 18751876", Hutoria ~exicana, V (enero-mano, de 1956), III, p. 397.

652

:La\ CAMPARA. DEL NORESTE
La Ruta del General Día&amp;
l. Brownsville
2. llataaoros
3. Ch.arco- Az;ul
4. Be;ynosa
5. Caaargo
6 • .IUer-

7. Los Aldaiaas
8. !t!ojarras

9. Charco Escond.id~

10. China
11. Linares

COABUIL&amp;.

12. General Terán
Lr1 Ruta del General

Escobedo (- - -)

llonclove

llonterre;r
13. Carral'9'014-. General i'revirI
6. Mier
por el rio a

.Vatuoroe

l

I

e- --

Montel'1'87

'

--•13

�1

1

11

La opini6n de Naranjo el 26 de abril fue que Díaz debía atacar Monterrey
inmediatamente; si Escobedo hubiera llegado, las fuerzas federales sa1drían
de la ciudad para .librar batalla, la cual ganarían los tuxtepecanos, o si
Escobedo no bahía llegado aún, la guarnición huiría a Saltillo, dejando la
ciudad a los tuxtepe.canos.¼ll El general González esperaba batalla y victoria.
Desde Matamoros escribió el primero de mayo a Díaz, entonces en marcha:
"si usted tiene, como yo espero, un triunfo en Nuevo León, me bastará con
400 hombres para las atenciones del se1vicio en el distrito del norte" ... El 3
de mayo Naranjo comunicó que tenía información de que Escobedo estaba
casi listo para salir de Monterrey con 3,000 hombres que no podian resistir un
ataque tuxtepecano durante media hora. iS Estas no eran, sin embargo, las
opiniones de Díaz.

1
1I
1

En el pueblo de Mier en el Río Bravo, Díaz celebró consejo de guerra
el 19 y el 2 de mayo. Ahí dijo a sus subordinados que habría un cambio
de estrategia. No está claro en los documentos de Díaz C'Uá1 sería la nue-va estrategia. Treviño, que había estado en Mier y por ello estaba enterado secretamente del nuevo plan, recomendó a Díaz el 3 de mayo que
Díaz se situara en el pueblo del general Terán, que estaba entonces ocupado
por Pedro Martínez, general federal con una fuerza estimada en 400 hombres.
No está claro el objt"to de] movimiento; pero Treviño esperaba que ''el golpe
decisivo" se diera a las fuerzas federales en unos cuantos días, y aseguró a
Díaz de que las móviles fuerzas porfiristas podían intervenir si Díaz fuera
perseguido. Al mismo tiempo recomendaba hombres que ayudarían a Díaz
tanto en Linares, más al sur ( ! ) como en Matamoros al este ( !!) . Agregaba
que ''todo lo demás que como consecuencia de un movimiento de retroceso
ayuda a la penetración de usted". ( ! ! !) • 9
Los tres lugares indican tres planes diferentes: un ataque contra Monterrey
desde Terán, es decir, una "penetración a la meseta central; una penetración
desde Linares a la sierra huasteca, o una 'retirada' a Matamoros. Díaz mismo
escribió el 3 de mayo que estaba en camino a. Terán y que Treviño sabría
a la hora de la llegada de la carta si Escobedo marchaba al norte al Río Bravo
o en la dirección que llevaba Díaz: " ...si lo primero, debe usted hostilizarlo
enérgicamente por vanguardia para hacer pesada su marcha e impedir que
me alcance; y si lo segundo, protegerme con caballería para situarse en Terán
o sea La Mota para llamarlo a dicho lugar y allí decidir". 50
1
1

1

1
1 ¡1

1

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1

1

1
\

••
"
'"
'"
..

Francisco Naranjo a Porfirio Díaz, 26 de abril de 1876, APD, XII, 256.
Manuel González a Porfirio Dlaz, lo. de mayo de 1876, APD, XII , 271.
Francisco Naranjo a Po.ñ.trio Díaz, 3 de mayo de 1876, APD, XII, 280.
Gerónimo Treviño a Porfirio Díaz, 3 de mayo de 1876, APD, XII, 276-278.
Porfirio Díaz a Gcrónimo Treviño, 3 de mayo de 1876, APD, XII, 278.

en ~:m.:~as !untasd, lasD
. ~ ,indican que 1a batalla no había de evitarse pero
erzrunos e raz mas que en I d E be
,
h b"
fi
d
os e seo do y después de que
es~a~e;
o da Escobedo a perseguir por las secas llanuras. Además Terán
• • SJ a •a
e manera de brindar a Díaz alternativas entre 1a: cuales
deodir: . podJa huir al sur, retroceder a Matamoros o atacar Monterre Ha
probabilidades de que la naturaleza del avance de Escobedo deternunY: ,Y
el plan.
ana

-~rz:

El general Mariano Escobedo salió de Monterrey entre 2 500
3 000
hombres el 3 de mayo, dejando como 1,500 hombres de aqueU; ciud~d bajo
el mand? de Carlos Fu:ro. Escobedo marchó al noreste por Cerralvo a Mier sobre. el Río Bravo y de no allí abajo hacia Matamoros. Los generales Martínez
Quiroga con 900 de caballería habían arroiado a Tre ·N
.
y
C rraJ
I
J
vino y a aranJo de
_e
vo ,e 4. de m~yo. s1 Mientras tanto Díaz no había ido al sur a China
m a Teran, s1~0 mas bien en Tecometes (4 de mayo) se había de viad
1
este retr°&lt;:edido a Mojarras (6 de mayo)
a Charco Escondido
es~da
0
de Tamaulipas (8 de
)
·
d
'
·.,
mayo , cammo e Matamoros. Pronto Naran·o
Trevino tamb1en se movían hacia el este por la ribera rumbo M
J y
y ·
E
a
atamoros
d n;;~ntras scobedo ocupaba Mier el l O de mayo, la artillería y Ja infanterí;
e Jaz entraban a Matamoros_s2 Habían cambiado de Janes otra vez los
tuxtepecanos.
p

y

y

a:1

El nuevo plan era encontrarse con Escobedo en Matamoros. E1 7 d
.
el general Naranjo escribió que correspondencia capturad • dicab e maEyo
bd
b'
.
a m
a que s-

chan do. En e f ecto
Esc~bedo -~egrafi~ ~l ministro de guerra el 7 de mayo que aqueJla mañan:
hab1a recrb1do notic1a de sus exploradores de que los porfiristas habían regresado a Matamoros. 53
eo e o sa 1a de la retirada a Matamoros y si&gt;m,,,-&lt;&gt;

~o- mar

Narai_ijo esperaba que Escobedo avanzara río ahajo desde Mier, pero tal
vez hacia el este de Gerralvo ~ Los Aldamos, con otra columna marchando
paralela desde_ Cadereyta y el general Martinez desde T erán. Le entusiasmaba
u_n enfrentamiento completo en Matamoros, y añadía que "necesitamos no
solo recha7.ar a Escobedo, necesitamos derrotarlo..." :;4

El general Jes~ Toledo cl mismo día escribió que Matamoros "es donde
[Escobedo] perdera por completo".55 No sueo sino hasta el 6 de mayo el
"' Mariano Escobedo a I
· MeJ1a,
., 7 de mayo de 1876, Diario Oficial, lO de
gnaCJo
mayo de 1876.
.. Mariano Escobedo a I
· M ., 10· d
gnacio
eJ1a,
e mayo de 1876, Diario Oficial. J 5
de mayo de 1876.
•
.. Mari.ano Escobedo a Ignacio Mejía, 7 de mayo de 1876 Diario o¡· ·
de mayo de 1876.
'
tcial, 11

" Francisco Naranjo a Porfirio D.í.az, 7 de mayo de 1876 APD XII 302 303
., Jesús Toledo a Porfirio Díaz, 7 de mayo de 1876, APD,
303~
•
·

XJi,

!

654
1

655

1

1

1

il:
1

LI

�general Gow.ález de la nueva estrategia. En su carta a Díaz el 7 de mayo
informó a su jele que "hoy a las siete de la mañana han comen1:a&lt;lo los
trabajos de reparadón en la fortificación:\11 Si Oí~ se hubiera dec~~ido m~s
temprano sobre la defensa, a González se Je habna ordenado fortificar mas
temprano. Y si Díaz hubiera solamente decidido inducir a Escobedo a que
se aJejara otra vez de Monterrey antes de que Díaz fraccionara otra vez su,;
fuerzas. no habría necesitado emplear tiempo y recursos preciosos fortificando,
labor qur; procedió a toda prisa hasta por lo menos el 16 de mayo.
Había buenas razones para que Díaz retrocediera a Matamoros para una
batalla defensiva. La ciudad reprcsentaha una buena posición defensiva contra
fuenas superiores, y la marcha allí era más corta para Díaz que para Escobedo,
el cual cansaría a sus fuel"l.as y alargaría sus líneas de abastecimiento. Uno
imagina, sin embargo, qu&lt;' fue la adversidad, no la estrategia, lo que dominó
la decisión: las fue17..as porfiristas a fines de abril y principios de mayo
experimentaron una gran disminución por la deserción. Desde el 20 de abril
Carlos Fuero tele¡.,rrafió al ministro de guerra que los soldados en Matamoros
reclutados por Díai el 2 de abril estaban desertando y uniéndose al oficial
dd gobierno teniente coronel Arroyo en Mier, quien entonces tenía 200
hombres. 1·• El 10 de mayo cl siguiente artículo apareció en El Federalista,
enviado dt'Sdt' Matamoros: ''El 25 del próximo pasado abril salió de aquí
el ~reneral Porfirio Díaz, con 1,500 hombres poco más o roen~, de las tres
armas, con rumbo a las villas del nort&lt;' y según se deda. para 1r hasta Monterrey; desde el momento qne pensó salir de esta plaza comenzó a dispersárscle la gente al grado de quedar su ejército reducido a 800 hombres, cuando
Jh..-gó a Camargo distante 40 leguas desde esta ciudad.
''De allí pasó a Mier, donde se le incorporaron Treviño y Naranjo, quienes
tenían 400 hombres, pero al salir de
rumbo a los Aldamos se le pronunriaron o dispetsaron 150 homhrcs c¡ue pasaron el río en el Alamo, cerca

am

de Roma, Texas.
u ••. En el momento que escribo a usted ha entrado en ésta la poca gente
de artillería que le quedó a dicho generaJ Díaz." 58
Un observador norteamericano de las maniobras también apuntaba gran
deserción a causa de "la sed y la falta de provisiones'', y relacionaba esto
con la decisión de retroceder de Díaz. 59 Deserciones similares ocurrieron antes

en Matamoros. González escribió el primero de mayo que "las guardias nacionales que en gran número se pasaron para el otro lado [del río] por temor de
que se les ohligara a marchar, eslán volviendo a sus casas y muy pocos son
los que aún permanecen en Brownsville". 08
Deserciones similares tuvieron lugar días después: informes de Washington
indicaban que "ciertos" mexk:mos cruzaron el río al accrcaise Escobedo
porque GonzáJez estaba tratando de obligar a todo hombre sano a dcfende;
la ciuclad.r.t Estas obser\"ac-iones claramente establecían la frecuencia de ]a
deserción, y pueden haber influido en Díaz para decidir no enfrentarse a
Escobcclo en el campo &lt;le batalla.
Díaz debe haber rrc-onociclo pronto las pocas esperanzas de drfender Ma-

tamoros. Ninguna furnte contemporánea indica que personalmente haya regresado a aquella ciudad. En efecto, un informe a Waslúngton declara que
el general Rerneltas, a. quien Escobedo ordenó que se adelantara, gan6 Ja
ciudad a marchas fonauas antes de que Díaz pudiera llegar allí.G 2 Sin
embargo, Diaz ya había dado órdenes incongruentes con un ellfrentamiento
completo en Matamoros. El 6 de mayo cJ coronel Cuéllar porfirista salió
' con Díaz
' en
de Matamoros con 100 hombres y 25 mulas para encontrarse
3
Charro Esc1mdido." El mismo día Díaz ordenó al coronel Amador avanzar al
sur: a China y a Linares, Ja mta que Díaz mismo tom6 una semana despuf.s. 8 •
El 8 de mayo Díaz envió al coronel Haro con 300 hombres a unirse con
el general Ignacio .Martíncz para auxiliar a Carlos Díez Gutiérrez a acosar
San Luis Potosíss Unos cuantos días después e) propio Díaz marchó al sur
con Treviño, Naranjo, Charles y Vara. Los movimientos de dispersión prueban
que la estrategia secundaría de Díaz no era una confrontación.

Qui1.á Día-t creyó c¡ur su dispersión induciría a Escobedo a dividir sus
fuerzas para perseguir a los destacamentos de Díaz y así tener menos hombres

con quienes marchar sobre Matamoros. En todo caso, González permaneció
en Matamoros continuando las fortificaciones. Todavía el 14 de mayo, cuatro
días antes de que entró a Matamoros la vanguardia de Escobedo, Gonzále:z
escribió a Díaz lo siguiente:
• Manuel Gonz:ílez a Poifirío Día1., Jo. de mayo de 1876, APD, XII, 270.
op. &amp;it., p. 398.

.. McCoRMC1t,

ª lbid.
,. Manuel González a Porfirio Díaz, 7 de mayo de 1876. APD, Xll, 301.
., Carlos Fuero a. Ignacio Mejía, 20 de abril de 1876, Diario Oficial, 3 de
mayo de 1876.
• Reimpreso en Ciro B. Ceballos, Aumra y oc11,So (2 tomos, México: lmpP.nta
Central, 1907 y Talleres Tipográficos, 1912), II, 500-501.
• McCoRNACK, op. cit., p. 397.

ª Manurl Goruáfe, a Porfirio Díaz, 6 de mayo de 1876, APD, XII, 298.
" Porfirio Díaz a Jv~ h-farb Amador, 6 de mayo de 1876, Colección General
Porfirio Díaz, Unive~idad de las Améric:i.s, Cholula, Puebla, legajo I, documento 128
(de aquí en adelante "CPD'').
"' Porfirio Dí.az a. Juan de Baro, 8 de mayo de 1876, APD, XII. 31»; Porfirio
Díaz a Ignacio Marúnez, 8 de mayo de 1876, APD, XII, 308.

,

656

657
H-42

�'Todas las fuerzas que tengo para sostener esta ciudad son 500 hombres.
Según la autorización de Ud ... [tengo] estas altemativás: o dividir las fuerzas
en bando de guerrilleros o defenderme en la ciudad. Escojo lo segundo."
G-Onzálcz aclaró sus motivos: "Ud. bien sabe que para los 600 [sicJ hombres
no tengo más que cien caballos. También estoy seguro de que en la defensa
de la ciudad ellos sabrán conservar los elementos que adquirimos el 2 de abril.
Y, sobre todo, juzgo que la guardia nacional será más útiJ defendiendo sus

hogares,"

66

Cuatro días después González también abandonó la ciudad.
Las alternativas que se dieron a González probablemente dependían de 1a
naturaleza del avance de Escobedo. Si Escobe.do hubiera dividido sus fuerzas
como Díaz había ilividido las suyas entonces González pudo haber elegido
la defensa. Sin embargo, si Escobedo hubiera avanzado con todas sus fuerzas
sobre Matamorps, entonces González debía mover todas las fuerzas a su mando al sur a la Huasteca. Tal vez podamos interpretar en la anterior orden
de Díaz ~u esperanza de este desarrollo de los hechos: cl 24 de abril Díaz
nombraba al general González "Comandante encargado de. . . abrir la campaña hacia el interior". 67 Escobedo sí ordenó al coronel Ordóñez que persiguiera a Díaz, pero continuó avanzando sobre Matamoros con casi toda
i;u fuerza y ocupó la ciudad el J9 de mayo. 68 Además, González si abrió la
campaña hacia el interior con consecuencia sumamente importante; la reunión
' meses después en el campo de Tecoac llevo, a D'1.az
de González y de Díaz seis

al Palacio Nacional.
El general Escobedo creyó que el objeto de la marcha porfiriana hacía el
sur e.ra el cerco de Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas, y envió órdenes
al gobernador Canales para impedir el avance porfiriano. Díaz, sin embargo,
se desvió hacia el oeste a la meseta central. Haciéndolo otra vez tenía
alternativas abiertas para él. Seguramente · que habría querido ocupar Monterrey por los pertrechos militares, los recursos económicos, la opor~idad
de reclutar y el importante efecto psicológico que necesitan para su tnunfo
\as insurrecciones. Con el general Carlos Fuero en aquella ciudad, recién
refor.tada, no eran posibles ni el sitio ni el asalto. El primer ob~etivo . ~e
Díaz era, por tanto, adquirir el control de Monterrey por la mampulac1on
política de la defección.
Al salir de Mabmoros Díaz había estado en contacto con el general Julián
Quiroga en la guarnición de Monterrey más de un m:5. A fines de m~
el general Díaz envió una autorización al general Qmroga para orgamzar
.. M,anuel González a Porfirio Díaz, 14 de mayo de 18i6, CPD, 1, 21.
~' Porfirio Díaz a Manuel González, 24 de abril de 1876, CPD, I, 450.
"" CisnALLos, op. cit., p. 498 ; McC011.NACX, op. cit., p. 400.

658

fuerzas en Nuevo León para los tuxtepecanos. La carta es similar a otras
mandadas a oficiales militares en un intento de reclutar jefes.6 u Sin embargo,
a Quiroga, comisionado por Lerdo para recJutar una fuer7,.a gubernamental
para la pacificación de la frontera, personalmente le antipatizaban Naranjo y
Treviiio.· 0 Sin embargo, según pru·ece, tentado a unirse a los rebeldes, Quiroga
mantuvo relaciones con Díaz por conducto de un partidario porfiriano, durante
las siguientes semanas. El agente era antiguo amigo personal de Quiroga,
Plácido Vega, quien informó a Díaz el 29 de marzo que Quiroga, aún
cuando conducía tropas gubernamentales en ese tiempo llevaba una política
favorable a los rebeldes y que "espero que hasta mcjore".11 Vega, llamándose
a sí mismo "Pedro Soto" y refiriéndose a Quiroga como ''Sr. Quia", creía
que Quiroga acabaría inclinándose por los rebeldes. 72 Entretanto, siu em.
bargo, no debían intervenir Naranjo ni Treviño. 73 Naranjo y Treviño tuvieron
menos paciencia y le advirtieron a Díaz en abril que Quiroga no era de
fiarse.ª
Sin embargo, Díaz mantuvo el contacto, y la disensión entre los oficiales
de la guarnición de Monterrey se veía prometedora. "Ordóñez y Aguilar
han dicho que una vez S\ljetándolos a las órdenes de Quiroga pedía [sicJ
su pasaporte", escribió un agente porfiriano en Monterrey a D.íaz el 2 de
mayo, "a presentarse a ese cuartel general". 75 Jesús Toledo tenía la información diferentemente: º ... están en una completa anarquía Quiroga, Ordófiez
y Aguilar, unidos en contraposición con los demás. . . Creo conveniente se
mandara un propio a casa de Quiroga." 711
Treviiio mandó un agente el 3 de mayo a Quiroga, y envió esto a Díaz:
"Tengo a Quiroga a una distancia de nueve leguas, pero nada nos hará
mientras tanto arreglo con éJ." 11
Era menos optimista el gener:al Naranjo: "Quiroga parece que está bien,
y aunque asegura que el enemigo no se moverá en dos días, no podemos
"' Porfirio Díaz a Julián Quiroga, 20 de marzo de 18i6, APD, XII, 94
'° Plácido Vega a Porfirio Díaz, 29 de marzo de 1876, APD, Xll, 126 y 21 de
abril de 1876, APD, XII, 228.
11 Plácido Vega a Porfirio Díaz, 29 de marro de 18i6, APD, XII. 126.
11 Plácido Vega a Porfirio Díaz, 18 de enero de 1876, APD, XI, 29i.
" "Pedro Soto" a Poñuio Díaz, 4 de abril d~ 1876, APD, XII, 141-142.
" Hay esperanza en la carta de Treviño de 5 de abril, pero ninguna una semana
más tarde: Gerónimo Treviño a Porfirio Díaz, 5 de abril de 1876, APD, XII, 148 y
12 de abril de 1876, APD, Xll, 186. Naranjo habla a Díaz de la perfidia de Quiroga
el 17 de abTil, APD, XH, 215.
,. Juan Vargas Durán a Porfirio Díaz, 2 de mayo de 1876, APD, XII, 274.
•• Jesús Toledo a Porfirio Díaz, 3 de mayo de 1876, APD, XII, 2i9.
" Gerónimo Treviño a Porfirio Díaz, 3 de mayo de 1876, APD, XII, 277-278.

659

�responder de la autt&gt;nticidad de esta noticia. Ya veremos; esto nos scivirá de
norma respecto de las pláticas que se han entablado con él" 16
Por desgracia no existe más comunicación rcladónada con el asunto que
ha de haber estado por encima de los demás en la mente de Díaz conforme
marchaba al oei;te. Por alguna razón Escobedo no se llevó a Quiroga consigo
a Matamoros. Sirvió con distinción bajo el general Carlos Fuero en Puerto
del Indio.
La defocción de Monterrey habría sido la primera elección de Díaz entre
las posibilidades a mediados de mayo de 1876. Sin embargo, no marchó
hacia Monterrey sin alternativas. En segundo lugar habría escogido rebasar
aquella ciudad, dejando en la zona a las fuerzas de Treviño para hostilizar
las guamicioncs y líneas &lt;le comunicación gubemamentales, mientras lle\'aba
un cuerpo de hombres a Durango o a Zacatecas. Allí podía haberse unido a
Donato Guerra o a Pedro Galván, animando la actividad insurreccional en
Durango. Zacatecas, Jalisco y Guanajuato, coordinándose con las fuenas de
Puebla Qaxaca y Veracruz para un movimiento de pinzas sobre la capital
de la ~ación. La lógica de la combinación era mu bo más prometedora ~ue
el avance contra las guarnecidas ciudades de la meseta, de Monterrey, Saltillo
y San Luis Potosí, parque cn el oeste la población era más densa, más
asequibks los recursos y el escarpado terreno más adecuado para operaciones

insurrcccionales.
Donato Guerra había siJo miembro interior del círculo porfirista durante
años. El y Díaz íueron los últimos en recoger amnistía ~n 1872 a L~rdo.
Mantenían correspondencia con reularidad durante los anos de ad\rerndad
entre 1872 v 1876· ambos estaban ocupados en la agricultura, en la política
y en la con;piraci6n.19 Guerra era uno de los promotores de la insurrección
de Tuxtepec y con certidumbre esperaba que hiciera la rebelión en los
estados centrooccidentales, donde terúa amplia influencia. Hablaba e~ sus
cartas de sus actividades en Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Guana1uato
y Jalisco, así como de los rstados noroccidentales de Sinaloa y Chihuahua.
Díaz nombró a Guerra segundo en t:l mando de la rebelión en caso de su
propia incapacitación. Oíaz nunca tuvo la costu_mb_rc &lt;le po~e~ por escrito
sus pensamientos confidenciales, así es que el s1gu1ente sentun1ento es tan
revelador de sus relaciones con Guerra como de su política futura:
"Es de todo punto importante que en los lugares que usted vaya ocupando,
deje la situación en manos absolutamente amigas y que el mando de fuen.as
tenga personas de confianza reconocida, porque en el momento de la ren

Franci5Co Naranjo a Porfirio Díaz, 4 de niayo de 1876, APD, Xll, 290.

construcción amos a tener difirultadcs que sólo dominaremos imporúendo
nucs~ volu~tad. l!d., por_ su parte, resuma el mando de cuantas tropas
o~aiuzen baJo su influencia o existan a su alcance, sin desprenderse. clr
nmguna por un principio ele modestia o de abnegación que más tarde
tendríamos que lamentar/, 80
'
Podría uno suponer que, si Guerra no hubiera sido muerto más tarde
ese año, habría desempeñado un papel cerca del de Díaz en los años siguientes.
. Es . cliiícil saher lo que pasó en los estados centrooccid&lt;'ntalrs. Ningún
h1stonaclor ha reconstruído adecuadamente esos sucesos, y los periódicos contem1&gt;&lt;&gt;ráneos ele propósito dcspistaban. 81 Es aún más difícil saber lo que
Díaz creía que pasaba allí; y en esencia los planes de Díaz a m('{)iadClS de
mayo se basaban en lo que pensaba. Díaz recibía noticias de sus agentes
los periódicos y la correspondencia. De lós agentes y los periódicos nad~
sabemos; de la correspondencia no po&lt;lemos saber si tenemos tocio. Si fas
e.arlas que existen son representativas de lo que sabía Díaz tenía motivo
para confiar en que la región centrooccidcntal haría bien su 'papel. Dona to
Guerra se pronunci1í en Lagos, Jalisco, a principios ele febrero e invitó a
otros a hacer lo mismo. Con trescientos de caballería marchó a Guadalajara,
Pnr:1 ponerse a la cabe-a &lt;le fucr.t.as ya reunidas contra el gobernador lerdista,
Jo.se Ceballos.s: En fe?rero escribió a Díaz que todo estaba listo en Durango,
Zac:itecas y Agu.ascahentes y que sus arreglos en Guanajuato "muy pronto
da':'n sus resultados".83 En unos cuantos días ocupó la ,iuclad de Aguascalientes ron 800 hombres y continuó a Zacatecas.8 ' En un mes había derrotado
al general del gobierno Angel Martínez. "Guerra queda ahora f'll posición
de organizarse'', escribió un porfirísta a Día.z, "pues no lo volverán a molestar
~ podr~ dentro de pocos días tomar la ofensiva" .8 r. A principios de mar,m se
informo q~c ?uerra mandaba mil hombrcs. 86 Hasta el encuentro. que la
prensa capitalina pretendía que era ~an victoria del gobirmo sobre Guerra
fue comunicada a Díaz de este modo:
"En cuanto a las derrotas ele Guen-a y don Rosc11do Márquez no lit·nen
las dimensiones que [Manuel Sánchez) Rivera [el general del gobierno} les da
"" Porfirio Dfa.z a Donato Cuerra, 18 d1· muzo &lt;le 18i6. APD, Xll. 8-l-H5.
De boletines de prensa en grneral un pt:"rplejo observador cnmentó que nada
puede confirmarse, "pues es un mentidero espantoso y se necc.,ila dar cuarentena a
to~()". P. de León a Porliriu Diaz, 19 de maT7o dt• 18i6, APD, XH, 91.
~ J. N. (?} a Anónimo, 10 de fehre.r&lt;l de 1876, APD, XI, 308.
•• Dona'.º Gurr.ra a Porfirio Diaz, JO de Febrero de 1876, APD, .XI, 3!0.
.. Anóm_mu a P1,rfirio Día1., 14 de febrero de 1876, APD, XI, 313 .
.. Franc~sco M Prida ( ?) a Porfirio Díaz, 25 de febrero de 1876. APD, XI, 323.
lgnac10 Martine.z (?) a Porfirio Díaz, 4 de mano de 18i6. APD. XII. 36.
11

"' Diversos documentos, APD, X-XI.

661

660

�y me atrevo a a.segurar a usted que son embustes propios de un traidor,
que no habiendo cumplido con sus compromisos quiere acreditarse con el
gobierno" .81
Efectivamente, a principios de mar.w Taglc informó que Guerra estaba
en camino a Durango donde había prometido apoderarse de la capital, y
otro observador, que estaba en Jalisco, donde Guerra "se organÍZA sin ~
sistencia". s Entretanto, otro general porfirisaa de confianza, Pedro Galvan,
se había pronunciado en Jalisl·o. T~le informó a Díaz que Gal,;án y Florentino
Cuervo mandaban dos mil hombres a principios de mar-.r.o.89 En unos cuantos
días se dijo que Guerra y Gah•án se habían unido. 90 ¡He aquí la fom1ación
de un ejérdto significativo! Al mismo tiempo Porfirio Díaz apenas po~
contar con 200 hombres. Nada más aparece en los documentos de D1az
acerca de Donato Guerra o de Pedro Galván hasta el informe en septiembre
de que Guerra había sido derrota.do por e) coronel Cristerna cerca de Culiacán, en el estado de Sinaloa ( !) .91
Puede ser que Díaz haya sabido de paJabra mit&gt;ntras cruzaba la meseta
central a mediados de mayo que Galván había sido vencido separadamente
y capturado y que Guerra había sido derrotado a fines de abril en Tam~a
por el general Angel Martínei, obligando a Guerra a retroc&lt;'der a Col'.1°~'
luego a Tepie y finalmente a Sinaloa. 92 Durante el mes de mayo ~l Diario
Ofidal informó de una victoria del gobierno tras otra contra una ,cintena de
gnipos rebeldes en los estados centroocciclentales, incluyendo ~ captura y
muerte de varios jefes.9, Mientras que Díaz cruzaba la meseta hacia _Monterrey
existían pocas esperanzas de rebelión triunfante en Durango, Jalisco o Zacatecas.
La tercera alternativa que tenía Díaz a mediados de mayo cuando salió
de Tamaulipas por segunda vez si fracasaban las dos primeras, era dividir
sus fucr,.as para la actividad de guerrillas en el norte y regresar solo a su
estado natal para tomar el mando de las fuerlélS ya desarrolladas allí. Tan
superior &lt;'ra la segunda alternativa, sin embargo, que podía p.resumirse que
aun ('liando se hubiera realizado la defección de Monterrey habría sido
Anónimo a Porfirio Díaz, 8 de marzo de 1876, APD, XII, 43.
Anónimo a Geronimo Treviño, 10 de man.o de 1876, APD, Xll, 54 .
Protasio Tagle a Porfirio Dlaz, 9 de mano de 1876, APD, XII, 48.
"El Gordo" (?) a Porfirio Dí.az, s/fecha (principim de man.o) 1876, APD, XII, 89.
Francisco O. Arce a Anónimo, 4 de septiembre de 1876, APD, XII[, 47.
11 Cosfo ViLLF.OAs, La repúbli,a restaurada, p. 882. La peregrinación de Guerra
íue una de constante desgaste ha ta que vagó a pie, casi solo, a Chihuahua en septiembre, donde fue detenido y muerto.
•• Diario Oficial, 3-20 de mayo de 1876.
"
•
..
'"
••

662

entonce~ combin~da ~on la estrategia occidental. Sin embargo, las dos primeras
alternativas se dts0lv1eron en condiciones adversas a los tuxtcpecanos.
Una, alternativa más ~raba su decisión. Treviño y Naranjo se moverí::m
c01_1 Dtaz hasta que hubieran pasaclo Monterrey. Si Fuero no hacía ur1a
sal~da Pª:ª cortar el paso tuxteperano, Naranjo y Trevíño permanecerían
alli, Y Diaz Y Charles podían moverse al sur, a Saltillo. Si Fuero había
de ~cneguir, entonces podían moverse al norte hacia Monclova. El paso a
travcs de las montañas al oeste de Monterrey, que .se abre hacia el canuno
tanto a Saltillo como a Monclova es a través del rnstrito de García al
noreste de Monterrey, en el cual est."l ubicada la "Hacienda de Hica '1 ,,
F
• .,
mo e .
uero pers1gtno. No sería buena táctica conducir la columna de Fuero detrás
de ellos a la zona donde a Charles y a Vara ya se les había asíanado opera
¡:,
T.
El b"
o Jeto entonces era llevar a Fuero lo más al norte que quisiera ir, lejos
de la meseta central-norte. Díaz entonces dividiría las fuerzas en cuatro
cjé_rci_tos sepa~~dos para conducir operaciones de guerrillas, mientras que él
deJana la region para ir al sudeste, que a fines de mayo era la única zona
donde los ejércitos estaban listos para su lidera¡.go. Por esto estaba Díaz en
Icamole. Mie11tras tanto el combate de enfrentamiento había de evitarse·
•
l ,
no se pe eana con Fuero. A Naranjo se ordenó sólo practicar reconocimientos
} _cs;~uzar .. ~ciadamente para la reputación de Díaz y para eJ registro
histonco, la d1v1S1on de ese pequeño ejército y la separación de Díaz de él
fueron precedidas por un encuentro en Puerto del Indio.

El 11orte despuh de lcamole.
Dcsp~és de la campafia del noreste acauclilla&lt;la personalmente por el ge.
neral D,az, los rebeldes de esta región siguieron sus actividades guerrilleras
durante d resto del año, esfor.t.ando al gobierno de Lerdo de mantener las
b'Uarnicioncs y perseguir a numerosas fucri.as de guerrilleros. Fueron estas
fuerzas rebeldes que más tarde en el año ocuparon las ciudades del norte
para el nuevo gobierno tuxtepecano. En la última semana de noviembre los
generales Servando Canales, Jesús Toledo, Cuéllar y Julio Hemández ocuparon
la zona al norte de San Luis y Carlos Díaz Gutiérrcz la del este. 9• El 2 de
diciembre los generales lerdistas en San Luis escribieron al general Díaz
que aceptaban el PJan de Tuxtepec y que entregarían la guarnición y la ciudad
a los generales Ignacio Marttnez y Servando Canales.9 $ El mismo día Jos
"' Benigno Arri.aga a Porfirio Díaz, 27 de noviembn: de 1876, APD, XIV, 50·
Se,:vando Canales a Porfirio Día.z. 24 de noviembre de 1876, APD. XIV, 12-13.
'
Andrés Martínez a Porfirio Dlaz, 2 de diciembre de 1876, APD, XI, 151-152.

663

�generales Hipólito Charles y Gerónimo Treviño ocuparon Saltillo.90 Las hostilidades en TamJ&gt;_ico fueron terminadas por negociaciones por las cuales
el general Jesús A. Flores, después de ser aislado todo el año en el puerto
por guerrilleros rebeldes, conservó su grado y su puesto y los prb.tamos que
le hirieron los comerciantes del puerto fueron asumidos por el gobierno. 97 Para
el 22 de diciembre el general Treviño, como gobcmador porfiri!&gt;ta de Nuevo
León ocupó la largamente deseada capital del estado, Monterrey, drspués de
que eJ general Fuero la había abandonado, para seguir la batalla en Durango
bajo la bandera de José María Iglesias en conl.ra de los tuxteperano5, 98 Desde
Monterrey Treviño mvió tropas a ocupar Piedra~ Negras y Laredo.9~ En
La frontera Baltazar Fuentes y el general Juan N. Cortina, ambos porfiristas,
ocuparon Camargo, incorporando a aquellos 300 defensores que quisieron unirse
a su fuena y dando de baja a los demás. Para mP&lt;iiados de diciembre esta.han
operando contra Matamoros,'º" donde el general José Revueltas había comandado por el gobierno dcsd&lt;" que los porfiristas habían abandonado la
ciudad puerto en mayo. Dentro del mes el gcnrraJ Re\·ueltas l'slaba en
contacto con Treviño por reconocer al gobierno de Porfirio Díaz. 1º1
El servicio fillal de los ejércitos rebeldes ti&lt;") noreste, clcspu{,s de ~anar el
control de esa región, fue ayudar al ejérdto que el general Porfirio DÍ:lz
condujo de M1~xico al oeste en contra del ''gobierno de la lrgitirnicla&lt;l" de
José María Iglesias. Las ÍUt'rL.aS &lt;lel norestP conducidas o cn\'ia&lt;las por
Servando Canales, Jesús Toledo, Ignacio M.utínez, Gerónimo Trcvii10, Hipólito Charles y Carlos Diez Gutiérrez ayudaron a la orupadún y a b pacilicac-ión de los estados centrales. El general Trcviiío p&lt;':-siguió al gen&lt;'ral
Fuero a Durango, donde éste capituló a Díaz en t·ncro de 1877. 1 º~ Otros
jrfr-s del noreste ocuparon Zaratccas, Querétaro y Guanajuato durante diriem-

.. Hipólito Charles a P&lt;.trfirio Díaz, 3 de diciembre de 1876, APD. X\'. lú9-l 711.
., Aurt·lio Melgare jo a Porfirio Diaz, 21 de diciembre de l8i6. ( no llli5; }t'na
Cam:ño), APD. XI, 280-283; APD, XV, 107-110. Vcime también las i111erMantes
comunicaciones respcctn a quién dl·bía mandar en Tampiui, APD. X\', 22H, 230, 258260. 338-339.
., Francisco Naranjo a Porfirio DÍ3.7., 22 de dirirmbr&lt;' dt• IR76, APD. XV. 120;
Angel Cancino a L1ús Curie), 20 de 110,~embre de 1876, .-\PO. XIV, 109.
"' Ger6nimo Treviño a Porfirio Díaz, 5 de enero de 1877, APD, X\'I. 61.
100 Baltazar Fuentes a Porfirio Díaz, 14 de diciembre &lt;le 1876, APD, XI\'. 311-313
'ª' Benigno Aniaga a Porfirio Di.u, 27 de diciembre dt&gt; 1876, APD, XV, 290 y 216:
Poríirio Díaz a Juan N. Méndez, 28 de diciembre de 1876, APD, X\', 283.
,.. Benigno Arriaga a P rfirio Díaz, 15 de enern de 1877, APD, XVI. 190: Grnaro
Raigosa a Porfirio Díaz, 17 de enero de 1877, APD, XVI, 239.

bre Y enero. 10 ~ Desde el
t d
·
pun o e vista tuxtepccano el noreste había desempeñado bien su papeJ.

~as cod~clusioncs ele este ensayo son breves pues la importancia de lo an
tenor ra 1ca en el modelo · t
•
b
.
m erpretabvo, en el cual los detalles históricos
~rue an smo caos y desorden. El objeto de presenL1r detallPS lus· t . .
l
sido par i
tr
oncos 1a

1• .ª e emos ar que los pocos hechos usualmente enfatizados drben tener
una I ogi~a. dentro de un modelo maror y no una vida propia El problema
c-_~n a b~bliograCía sobre el tema es que los pocos bien conocid~s hechos han
SJ o usa os para crear modelos que son incompatibles con los hechos de
detalle menos c-onodúos. Ejemplificando esta situación está e1 f--n1 ·1· · t
rf ·
d
"' 1 1ar m cnlo
Pº m~o e marchar por la meseta central capturando ciudades a lo J u
del cammo L
·
·
¡
arºo
.
• ~ casi_ universa conclusión h..1. sido que el plan porfiriano menc~onado fracaso. As1 se ha concluido que la causa de la caída del gobierno
solo pudo ser el resultado de la pro1&gt;ia incapacidad de L"rdo
la d
1
•
.
,
, res n o por
o tanto, 11nportanc1a al Jidcrazgo de Díaz.
'

La insurrección de Tuxtepec siguió el modrlo d.. las ·
·
·
d1 •
,
rnsurrecc1oncs tnun~ntes e siglo XIX: un gobierno estatal se consiguió corno base d ,
cmnes
bel'
.
~
e opera1 ., numerosas
,
f' . re tones locales fueron promovidas para a·,straer y r1·1v¡'d'ir
as energ1as o 1C1ale$, y concentraciones de fuerzas rebeldes se formaron para
derr~~ ~ las tropas. federales. Aunque se alteró la "estrategia nacional primal'la D1a2 rrspond16 a los hechos dentro de un marco de rerc
•
· ·• 1
1 rencta que
1-1gu10 as pautas del modelo insurrecciona! del siglo XIX.
f

1

La insunección del norte, a pesar de opiniones contrarias · g'
., .
, JU O SU pape1
tamente. E1 &lt;'Jcrcito
rebelde no se desarrollo' "'n ta ·
•
en
.
. .•
...
mano m tan aprisa
mo se esperaba Y pronto se rnnnrho en el obJ.etivo central del contr"'"'t
f d J p d ·
•
,.... ac¡ue
:, cr_a · 10 UJO, sm embargo, dos resultados fundamentales. Primero el
eJerc1to rebelde absorbió de hecho recursos significativos del gobierno c1·
yendo e ta8 f 17 d J b
•
.
·
is ra
_. . s
ue as e a ase pruna.ria de operaciones, de donde saldría el
t'J~rcllo rebddc de enfrentamiento: el ejército del norte atrajo al &lt;-jército federal
COITCC

:l _

m~s p~croso, el . ~e~ general ~a~iano Escobcdo, hacia eJ norte del país
mientras que el eJerctto que dembó al gobierno de Lerdo quedó disponible
en el sur para su intento de marchar sobre la capital.
Segundo, de hecho una fuer,.a salió del norte y se unió a otras ÍU&lt;"rla.~ de

~~ "base rehel~c par~. luchar la batalla perentoria: el ejército del genPral
• 1..nuel GonzalC7 salto de Matamoros en mayo, sig-ui6 por el borde de la si&lt;'rra
"" Numerosas cartas en APD, XV y XVI describen e~tos movimientos.

664

665

�huasteca y se unió en Puebla con la fuern que Porfirio Díaz bahía forrn.'\do
en Oaxaca, en el mismo momento de la batalla de Tecoac.
Tres factores han distraído la vista de este modelo. 1) La base rebelde en
Oa.'Oca no íue parte &lt;le un plan porfiriano sino un resultado circunstancial
que Diaz utilizó a su fa\'or. 2) Díaz condujo una fuerza a través del norte que terminó en su disper.;ión en vc-L de comandar el ejército que comenzó
en el norte y emergió en el campo de Tccoac. 3) Luego de su dispersión
el ejército &lt;ld norte no hizo nada espectacular aunque su actividad guerrillera

NOTAS PARA LA HISTORJA DEL TllABAJO Y DE LAS
COMUNICACIONES EN MÉXICO. LA COMPA~JA DE
TRANV1AS Y LAS LliCHAS OBRERAS 1900-19-15

íuc significante.
Para \ oh-cr al punto de partida w, comentario es necesario acerca de
kamole. El significado histórico de lcamok es el mismo que c1 de varias
veintenas de otros encuentros similares. Fue simplemente una escaramuza
rntre &lt;los fuerzas opuestas. Una era una agrupación rebelde que no tenia ni
órdenes ni intención ele entrar en rombatc sino de "pegar y correr" en cir-

ERNt:STO DI, LA TORRE VILLAR

La situación gt11eral

cunstancias típicas de guerra de guerrillas. Las fuer,.as de la oposición era
una unidad militar cuyo objetÍ\'O fue bloquear las actividades rebeldes. El
parte oficial dio la victoria a las tropas federales: los gobiernos dondequiera
Jo hacen profetizando un pronto fin a la rebelión. Si el general Porfirio Díaz
no hubiera estado en las proximidades de Puerto del Indio, la ·'Batalla de
Icamole" no se conocería ni tendría más imporLancia que el encuentro del
17 de marzo en Lampazos o el del 4 de mayo de Cerralvo, o Jas otras cien
o más escaramuzas que tuvieron lugar durante la. guerra civil del año 1876.

Los problemas sus&lt; itados entre los trabajadores y las empresas tran\'iarias,
origináronsc a raíz del establecimiento de éstas. No puede pensarse que desde
sus inicios no hayan surgido dificultades entre los que prestaban sus servicios y aquellos que les pagaban por ello. Desgraciadamente poco es lo que
se sabe de los problemas entre patrones y obreros en el si~lo pa:,ado. Sin
tribunales de competencia específica a quienes correspondiera ventilar ese
tipo de casos, sin l&lt;'yes que se ocuparan de proporcionar soluciones a los
conflictos aparecidos, estos dejaron poca traza Je su existencia y fueron en
su mayor parte resueltos mediante la imposición de la voluntad del más
fuerte. El castigo para el trabajador indisciplinado, su despido del taller,
el encarcelamiento si alguna deuda había dejado pendiente, fueron las fonnas
unidas o separadas con que se acostumbró resoh-er las dificultades laborales. No
existe obra en que se hayan recogido, paciente y cuidadosamente, los testimonios
de esos problemas. Hay algunas en las que fragmentariamente se estudian
esos casos, mas ninguna hay que analice ya no digamos toda nuestra historia,
sino ni siquiera el siglo XIX en su totalidad. Esto explica también por qué
resulta extremadamente difícil generalizar sobre esos problemas en los primeros años de vida de las instituciones de transportes públicos, y concretamente los tranvías.
Debemos por otra parte señalar que no se deben confundir hechos aislados
de dificultades obrero-patronales, con la presencia clara de un fenómeno
nacido de una circunstancia econ6mica-social y política de caracterí.sticas bien
precisas. Conflictos aislados de particulares o aun de grupos, los hubo en
todas las épocas y aun bastante graves, (orno el de los mineros del Real

666

•

667

�del Monte en el siglo XVIII, mas la presencia de una situación específica
que origina la repetición incesante de esos problemas, no se opera sino hasta
el momento en que comienza a haber brotes de capitalismo que por muy
incipiente c¡ue sea trae siempre aparejada una inestabilidad social.
En Méx;co se produce esa situación en el último tercio del siglo XIX,
cuando el régimen de Porfirio Diaz se instauró y el cual para mantener
una paz y un orden que aparecían como lemas de su gobierno, aplacó duramente todo movimiento de protesta contra el estado de cosas imperante.
Así ocurrió que en virtud de esa paz y de r.,;e orden, creció la red de comunicaciones entre los centros productores y los consumidore$, y el capital
e.1tt.ranjero invirtió grur.sas sumas en lurratirns negocios dentro de nuestro
territorio.
Fue entonces, al iniciarse la industrinlización del pais y aparecer t0&lt;.las las
múltiples facetas que presenta el cnntacto de )a máquina con el hombre,
que las dificultades de los obr&lt;'ros con sus patrones se multiplicaron. Un
intcHgente escrutador del pasado de MP,-ico, Daniel Cosín Villegas al encararse rnn los problemas sociales d~l porfiriato y en especial con los que
nos preocupan rn estos momentos, señala las causas de ese frnómeno al
escribir: "Los bajos salarios, las jamadas intenninabl~, el trabajo dominical
y nocturno, la insalubridad e inseguridad de los talleres y ciertos abusos
flagrantes como las deducdones a las ray:is h&lt;&gt;chas a ~isa de multas, fueron asociando a los obreros basta hacerlos sentirse fu ·rtes para desafiar al
patrón, al g-0bierno y al país." 1
Efectivamente, durante el r{·gimen del general Díaz "la cuestión social",
tal como re llamó a t'!;e fenómeno adquirió una gran extensión y comenzó
a preocupar a las autoridades que no estaban preparadas "para pensar seriamente en estos problrmas y mcnoo para resolverlos". Ante la insufic-ienda
de salarios, las prolongadas horas de trabajo, los despidos injustificados, el
abuso de administradores, el agio en los préstamos y pagos adf'-lantaúos, las
inicuas condiciones de trabajo de hombres, mujc-res y niños, los operarios
mexicanos comenzaron a adquirir, dirigidos p&lt;&gt;r ciertos líderes enterados de
la situación obrera en Europa, conciencia de su clase, de sus derechos y
obligaciones. Las fonnas o medios más comúnmente utifüados para hacer
fJ"('nte a su situación, fueron las SÍ!,'llientes: las huelgas, el mutualismo y el

nonnas sostenidas en el Código Penal del D F y
I d
.
los cuales las
· .,
.
· · en e e vanos estados,
,
prohtbtan y sa.nttonaban 5everamente. A partir de 1881 el
numero de hue!gas habidas en la República es bastante crecido. Los años
en ~ue hubo lllJ.S ~sos fueron .'os &lt;l&lt;" 1881, J884, 1889, 1890, 1891 y 1895. A
partir de 1905 ascienden, y baJan después de 1907 En 5
•
U
e J
u mayona esta aron
n e
tst~to Federal, mas hubo también bueu número en Puebla Ve
Nue~o Lcon, San ~uis P~tosí y Oaxaca, es decir en las zonas más ~dela:~::
íabnlmentc.
textil ' los ferrocarriles, la m
· d us tna
· ngarrera
• , 1 La mdustna
•
fa
nunena, os tranv1as y las panaderías fueron los mayonnentc afcctados.2' •

n· •

·

~ _las razones proporcionadas anterionnente hay que sumar más tarde
pnncipalmc~te cuando ~ est.'lblecen negociaciones extranjeras que ocu ·
ele preferencia a ,.,,..rsonaJ de .
·
,
d. . . .
pan
1
b .
r
.
.su propio pa,s, 1a 1SCnmma&lt;·1ón que se hace de
os tra aJaclon-s meXICanos. bien pagándoles sueldos meno,...., n , d 1
toe!
"bTd
. ,
... .,, egan o ei;
a pos1 11 acl de mcJnna o asignándoles los trabaJ·os mas'
d
d'
, pesa os
pe igrosos Y aun andoles 1111 trato indigno. Esta situación llegó a tal
extremo, que . numerosos diarios salieron en defensa d..... los opera 110s
· mex1·
canos Y se ~meron en su protesta. El Imparcial, en el año de 1900 a raíz
d: haberse maugurado los ITenrs eléctricos, cuenta, amplificando los hechos
como se trataba a un obrero mexicano y a uno extranJ·ero.
'
" -¿ T'u eres americano?
.
-Sí,
señor.
-Pase
usted
y
si'én...._N,
Q
,
ed ?
,e-.,._. -¿ ue son
ru as. -~nas c-05:,.._ redond:is. -¿Dónde va la lumbre? -En el fo ón
-¿ Para donde canunan las med:is? -Para adelante.
g ·

r

y

-Es bastante, usted puede ser maquinista.

l~:

_ ~~é : 5 _u 5

-Mexica~o. - ¡ Oh, tí1 molestar mucho todo ('l tiempo!
tu mgles. -No, senor. -¿Qué cantidad de combusa·bl
·'
1
e consumma una ocmnolora con-iendo a doce leguas por h
b. d
d·
.
ora v su 1en o una
pcn tente de 3 por ciento con presión de cien libras? ·C :¡· • ¡ ,
d
1 ,
· t ua sena e numern
e ca onas desarrolladas? ¿ Cuál es el consumo de agu
·t ? • áJ
J Í · ·,
.
a y ace1 e. é ,U'
a nccmn sobre los ncles? ¿ Cuál el trabajo de los émbolos
¡ , · d
vuelta.~ de I
d ? C ,
y e numero e
.
as rue as. ¿ ual es la cantidad ele vapor que se consume en una
subida de &lt;:uatro por ciento y dos leguas ele lono-itud:i
Senor,
o·
-..• no se,
porque me
pregunta
muchas
cosas
y
de
una
vez
-Ah
t'
·
•
"
, u mexrrano no saber•
d
na . a.• Tu, ,muy animal, necesitar muchas patadas , T'u no servtr
· para maqwmsta. Tu no servir m{lS que para garrotero, en un tren de carga. Tú no
a-;cendcr por no contestar."
t

e

cooperativismo.
Teñidos con las doctrinac; soc.ialistas que empezaron a estar de boga en
M6xico los tr.i.bajadores recurrieron a los paros y a las huelgas como medio
d&lt;' prcitestar contra la injusticia de que se les hacía víctimas, pese a las

Ante esa situaci_ón desfavorable, el obrero mexicano ulifüa el p:iro y la
huelga como
medios de defensa,
.
. . no obstante que la• le•n-islaa'6
o·
n pena l entonces vigente tanto en el D1stnto como en diversos estados las prohibían

Cosio V1LLEOAs, Daniel, Cuarta llamada partiwlat, 1•n Hístoriti Modrrna de
Méricn. El Porfiríato. Vida Social. Mtlxiro, F.ditori.il HennL-s, 1947, IV-XX 11-XXIU

1 GoNZÁL2Z NAVARRO, Moisés, Hi1tnria Mod~-a d• •
~,..
~ 1tU1tico. El Porfíriato, Vida
Social. México, Editorial H€'nnes, 1947, IV-298-299.

1

668

669

�y señalaban di\'ers:15 sanrionts p:ira quienes las cfeduaban. Las penas iban
de los ocho clías a los u·es o más meses de arr&lt;'sto y variadas multas. En
algunas entidades estas penas se r-xtremaron a un año o dos de prisión y
aun destierro. Los p&lt;&gt;ntífices del régimen, tales como Pablo y Miguel Maredo,
Telésforo García y Rosendo Pineda condenaron las huelgas y los paros. Su
liberalismo que afínuaba que la rompetenda y el "laisser faire"' eran b
base del progreso y de la industria, hacía el juego a la filosofía capitalista
sobre la que se sustentaba el gobierno &lt;le Diaz. Los grupos socialistas la defendían y consideraban que na el únko medio &lt;·on el que llegarían a la
grandiosa revolución social.ª
La actitud de los &lt;lirigcntes del país hacia las a1mas con que contaban
los trabajadores para defenderse, habría de prolongar..e aún por varios años.
El propio general Salvador Alvarado, uno de los hombres más destacados
por sus ten&lt;lencias sociales y por su :irción obrerista llegú a considerarla como medio de ''perptuar el antagonismo entr~ las clases y a mantener una
guerra inte~lina, sin que a la postre resultaran vencedores ni vencidos, pues
qt1e el dcS?stre de cualquiera de las dos implicaba la ruina. material de la
otra", aceptándola sólo cuando los obreros que no fonnaban una unión industrial y que no Podían acudir ni ante }3$ Juntas de Conciliación. ni antr
el tribunal de arbitraje, tenían alguna diferencia con su patrono.'

El mutualismo y la confraternidad que recordaban la antigua asociarión
• I bidem, pp. 290, 298-302. En d año de 1900 ,-.1 derecho de 1o~ obrcroo a la huelga
era discutido en El Imparcial, quien en su editorial del 4 de diciembre decb refiriéndooc a las huelgas quf" habían estallado en esos días, tales como la de panaderos, la
de las trabajadoras de la Cigarrera Me:o&lt;lcana y otras: ''Estamos de acuerdo con un
diario de la capital, en que es necesario combatir esa monomanfa huelguista qur, de
poco tiempo a e1ta pa.rte, se ha dl'5J)Crtado cntr&lt;' algunos de los grupos menesterosos
dl' la nación.
Los hechos qul' hemos presentado en esta rnlumna ( c&lt;litorial) demuestran abundantemente que los 1rahajadores mexicanos no están pttparados para aíronb.r una situación que los tenga fuer;i. de su lugar habitual, puesto que no tienen recursos para vivir
sin jornal. En esto no hay de:1precio hacia los jorna!eros como asienta el periódico a
que aludimo~.
En cuanto a la precisión de demostrar la oolidaridad que ,me a todos los diversos
socios, hemos sido lo5 más atroecs propagadore.,; de t•sta vrrdad científica y no hay

sino recorrer nuesu-as últimas notas editoriales para convencernos.
Volviendo a los huelguistas, diremos que en las luchas entre el capital y el 1.rabajo,
t~rnto puede uno como otro, y acaso éste más que aqnél, ya que los patrones :.e encuentran en condiciones de poder esperar con mucha mayor tranquilidad el resultado
de cualquier cñsis que los otros, quiene:ii no poseen los mismos elementos de vida".
• A1.,vARAOO, Salvador, La Rtconstn1cción de Mlxico. V61.se también CuE.vA, Mario
de la DeYteho Me%icano dil Trabaio, Méirico, librería de Porrúa Hnos. y Cía.,

en l\remios r que t&gt;ra11 form..s ele unión er ºf 1 .
.
1857, también sirvieron a los b
. d P '_lll ll as por la Constitución de
.
o reros e medios de d t
g-am.zarioncs mutualistas se crearo
.
e ensa. Nwncrosas or'blº
n 3 partir de la res•
·, d J
pu ira, con miras a protege
·1·
.
auracJon e a R&lt;',
,
r y auxi iar a dl\'ersos grru
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b .
•M as aun, se tuvo la idea de ro ·u't .
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.
' pos e Ira a,adorcs.
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para a tocios los asalañados.
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rern que agruLa central obrera que se creó
ue lle • l
cional de Obreros que dicho
ydq • vo e . ~om~re de Gran Círculo Na« 1
.
sea e paso sufoo vanas
..
,
.
e amparo au.rusto" d 1 1
.
escisiones, nana baJo
...,
e ª cv. m:i.s dejaban a s •
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insurrección únkam"nle ¡)ara' 1
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. us agremia os el drrecho de
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• • e ra.'iO e que "
rechos naturale!&gt; del hombre'' T.'
•
•
se atentara contra los &lt;le...
. r..ntre sus fmahdades s ~ al· b 1
. .
llnpulsar la im,trurrión de lo b
1 . d
. en a a as s1gme--ntes:
s o reros. a m u t ·
·
1
favorecer a las agrupaciones de t ba. d
s na ~anona y el comercio
con un fondo para sost
I
ra Jª ores, patronnar las huelgas justa~.
• . cner as }' procurar el aument d I . .
l '
ron autores ele este pro}'CCto I d
d
o e os Joma et . Fueos estaca os precursor"s B· bº
l"J'
.
que Im e y Juan O. Arellano.ts
.
. ...
.1r 1er. ·e ix R1~ pesar de la.~ adversas críticas que se les di i .
.
sustttuyeron en gi·;:m mcd" d
1
. . r gie_ron, la,; mutualidades que
.
l a a os antiguos !!Tcnuos
.
1
anugos cl&lt;.&gt;I país realizab"n
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I
::&gt;
Y a as sociedades de
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, ..,, una nena abor d
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Pra crecido E11 189 ' .
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e au_,¡¡ 10 soc1 . Su nfonero
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r mscntas en e Co
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Federal y 24 en los estados . l , ngredso
rero hubo 54- en el Distrito
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. y e numero e i&gt;US socios -los cual
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benef mos reales en momentos cl'f' iJ
' ic es taIe1, como cnferm d d es. rcc1
alíe]1an

muerteno era nada reduc·te1o. s·m embargo esa ayud
e a ' mv
ez.
.
mfortunío tenía un carácter m, d
.
a para compensar d
,
'
•
as e remedio que de
·
.
hab1a más de 428 mutualidades . d
. , prevenbvo. Ifacw. 1906
Frente a l
. .
' s!en o sus af Jhados superiores a 80 000 ,:
.
as asoc1aaones mutualistas surgieron 1
.
,
.
c1edadcs lk obreros las ca1·as I ah
,
.
~ cooperativas y las so'
&lt;e orros y empres..'1s nd . .al
manera u otra trataban de hacer más efectiva 1~
i
es que. de una
los ~alariados. Diferenciábanse ele las mutualisu:rotecnon ,.Y segund~d de
cubrir todas las ner.esidades d
. c·1· d
.
en que estas tendran a
, .
e sus a • ta os, cstunulaban el aho
un e~pintu de JJrevisión entre e JI os,. sien
. d o a d.emás m'
• rro
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mutualidades. Varias cooperaLi
,
as cqmtatlvas qut&gt; las
vas crearonse desde 1870· 1
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ayudaron, la opinión 'bl"
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' as auton a es les
.
.
. pu ica estuvo e su parte, mas a la I a f
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debido
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racasaron
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. e recursos e sus promotores.1

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E s111d1calismo, con ma~ sentido trat'0 d e

reso1ver los p

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Po1·
los años noventa del siglo pasad
. .
1
.
ro emas o reros.
tr 1
1
o, su1g1eron
os pnmcros
sindic-ttos en
e os cua es se cuenta el Círculo de Obreros de Jala1,....., que a41 mismo
'. .
• GONZAUtz
,
NAVAARO, M., op. cit., pp. 346-3-17.
• lbidcm, pp. 349-350.
RoJAS Económica,
Co11.1A, Ros1tNoo.
de ' Cultura
1952. T ratado d~ Cooperativümo Me~icano. Méxiro, fondo

1938, pp. 104-106.

671

6i0

�tiempo que formaba una conciencia entre sus agremiados, desp~rtó los temores de los patrones al grado de dejar sin empleo a los trabapdores asociados al círculo. Pocos años después surgieron poderosos los sindicatos
de ferrocanileros y para principios de esta centuria tres grandes grupos luchaban en favor de los trabajadores, uno encabezado por el anarquista José
Zaldívar, con se.de en Mérida, el que dirigía José María Pino Suárez, tam·
bién en el sureste~ y el que en México tenía como inspiradores a los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón. Los sindicatos, mejor que las
agrupaciones anteriores tuvieron, ~a más cl~ra visión d~l proble~a obrero
y una acción más fecunda y energrca. Sus lideres estuvieron me3or compenetrados de las dificultades que tenían que superar frente a los patrones y
al Estado, que no veía con buenos ojos la fuerza que iban adquiriendo las
agrupaciones obreras y los métodos de lucha por ellas em_pleados. La experiencia anterior, el consejo de luchadores obreros extran1eros procedentes
de diversas escuelas ideológicas y políticas, los viajes y el contacto con personas y países más adelantados en la defensa de Jos trabajadores y además
la presencia cada vez más fuerte del capitalismo exierior en México que traía
aparejado un desarrollo industrial mayor y un. más am~lio aument~ del
proletariado, todo ello coadyuvó a que los sindi~tos pudie~n orgamzarse
mejor, atraer a sus filas a mayor núme~ de agremiados y re~ar una labor
de defensa efectiva y tenaz. Cabe dec1r que al lado de los lideres y de las
agrupaciones impregnados de ideas socialistas, surgieron otros que de_sde
punto de vista católico trataron de resolver el problema. Esta conJunc1on
de esfuerzos muestra no sólo la gravedad del problema que se trataba de
resolver, sin~ la conciencia que entre los diversos sectores de la sociedad
mexicana que se veía afectada por dicho problema, se había despertado, c-0nciencia que no quedó pasiva e inerte, sino que conmovió a nuestra extructura social como nunca otra ninguna al encontrar en los ideales de renovación política -que se presentaron en los primeros años de este siglo Y que dieron al traste con la dictadura porfírica- un aglutinante y un crisol que
los fundió hasta convertirlos en un todo inseparable. Ese todo inseparable
de carácter político, social y económico no fue otra cosa que la Revolución

-~º

Mexicana.
Los problemas de los trabajadores tranviarios

Los trabajadores que prestaban sus servicios en las empresas de tranvías
del Distrito Federal y que constituían un buen número, no podían dejar de tener dificultades con sus patrones, por cuestiones de salarios, jornadas de
trabajo, accidentes y enfermedades profesionales, despido~ injustificados, sanciones y otras causas más. Cuando las empresas se fusionaron hasta cons-

672

~tuir, una sol_a, poderosa y fuerte en manos del capital extranjero, esas dificultades
_, tuvieron que aumentar. No resultaba igual servir a una peq uena
compania que a ~a po~~nte. ,Esta tenía mayor avidez económica por cuanto
representaba una mvers1on mas crecida y por tanto sus exigencias frente a
sus empleados eran mayores.
. Entre las disposiciones legales que encontramos en las últimas décadas del
s1gl~ pasado, para aliviar la situación de los trabajadores en general y en
parbcular de los que prestaban sus servicios a compañías extranjeras, tenemos una dada por el ministro de fomento, Pacheco, de fecha 15 de diciemb~ ~e 1881, la ~ual recoge Maza en su Colección (N-1144) y la que
transcnbunos por el mterés que contiene:
"Habiendo llegado a conocimiento de esta Secretaría las dificultadeJ
con que tropiezan los trabajadores empleados en la construcción de las
líneas férreas, por no comprender las órdenes dadas en idioma extraño
al del país por los jefes o sobrestantes de cuadrilla, dificultades que
muchas veces se resuelven en malos tratamientos a los trabajadores. y
tanto para evitar los conflictos a que esto pueda dar lugar, como
que lo 11atur~l. es que las pers&lt;&gt;nas que vengan a la República procuren
apre~der el t~toma que se habla en ella; el Presidente de la Repiíblica,
a quie_n se dió cuenta. del asunto, ha tenido a bien disponer que se
recomzen~e muy especialmente a los Representantes de las Empresas
Ferrocamleras, que hagan jorque el nombramiento de empleados que
tengan a su cargo una o más cuadrillas de trabajadores, recaigan en
personas qu~ conozcan el idioma del poEs, para que las órdenes que
d~n ~ trasrr:1tan, sean perfectamente entendidas, previniendo que por
ningun m~tivo se maltrate a los trabajadores, pues en ca.ro de que éstos
no cumplieren con los compromisos que hubieren contraído las Empresas podrán ejercitar su derecho ante quien corresponda. '

por-

Lo que comunico a tl.Sted para los fines que se expres&lt;Tn, esperando
acuse el recibo correspondiente."

. :º~

otra parte, al au~entar las Com~añías el servicio y al regularse éste
Jundicamente, las condiciones del trabajo eran más fijas, más estrictas. No
siempre la legislación tuvo un sentido humanitario. A menudo su aplicación a los trabajadores les perjudicó en lugar de favorecerlos. Por otra
parte hay que tomar _en cuenta que las leyes obreras que son las que van
a a(;arrear a los trabajadores un real beneficio, no se promulgan en México
sino hasta ya entrado este siglo. La ley de José Vicente Villada no se vota si~
no el 30 de abril de 1904, en el estado de Méxilo y la de Bernardo R~yes
en Monterrey el 9 de noviembre de 1906. A partir de entonces arrancan

673
8-43

�los intentos de parte &lt;lel ~tado dt! proteger Jos dt'rcc.hos de las clases laborales, intentos que pudieron habc-rse recogido en los preceptos de la Constitución de 185j de acuerdo con una proposición del señor Vallarta, y que
no lo fueron debido al erróneo plantean1if'11to (¡uc el mismo Vallarta hizo
del problema. 8
1

Estas circunstancias fueron las que movieron a los trabajadores de las
cmpresas tranviarias a unirse y enfrentar3e con rntera decisión a los problemas que imli1.·idual ('I colectivamente les afecu,ban y tratar de obte.nrr
a0lucioncs justas y equitativas. La lucha que ellos emprendieron, al igua 1
que los trabajadol'es de otras ramas, no tuvieron en rigor más objeto sino
el obtener una legi::.lación laboral ele parte dd Estado que les rnncedicra un
mínimum de garantías sociales co11 las cuales poder vivir mís humanamente y en forma más digna. Esa lucha no fue corta ni íál'il. Durante
largos años las asociaciones obreras bregaron por que el Estado les reconociera determinados derechos y los impusif'ra a los patrones. A menudo
contaron con el apoyo y la simpatía de la,; autoridades, mas otras ,:e&lt;·es por
mzoncs determinadas, éstas se hicieron sordas a los damore!- de los trabajador&lt;'s y más aún e.stuvieron en su contra. Los intereses que tuvieron que
vencer fueron demasiado fuertes. México en muchos aspectos pasaba deuna situación casi feudal a una moderna. E.xistía d desconorimiento, la
incomprensión y el egoísmo frt'nte a los conflictos planteados entre capital
y trabajo. La or~anización capitalista de la sociedad mexicana rn la época
de don Porfirio, estaba muy lejos de ('omprcnclcr que una renovación social
y económica se operaba en el mundo. Sólo algunos hombres advirtieron
en el panorama signos de cambio y se apresuraron a propugnar por una
renovación en M(-xico. ~~graciadament~ fueron pocos y su voces si bien
lograron conmover a diversos grupos, no tuvieron la fuer:-1.a necesaria. Fuf'
indispensable que una conjunción de cirmnstanci.as se presentara y c·on
su fuer.ta incontenible hiciera saltar la chispa revolucionaria, para que al
calor de las armas y de los enardec.idos debates parlamentarios fuera surgiendo no sólo una legislación protectora sino un C'ambio radical en la
estructura de nuestro país.

Los primeros conflictos
Uno ele los primeros conflictos que conocemos entr&lt;' ]as Empresas Tranviarias y sus opt&gt;rarios, se dio en el año de 1889. Desde el afio antt&gt;rior,
esto es, eu 1888, se había ya manifestado eJ descontento entre los tranviarios,
a consecuencia de los bajos sueldos, de la separación arbitraria de los ~m-

pleados por parte de 1a empresa, el mal tratanúento &lt;le parte de los su[&gt;l'rÍores y el deseo de que el boleLaje estudera ajustado al sistema decimal,
drsajuste que originaba confusión y responsabilidades en los conductores y
cobradores. E-:e descont&lt;'nto se fue incubando )' estuvo a punto de convertirse en un movimiento de huelga, a no ser por la aprehensión de los
dirigentes d!"] mismo, que fueron objeto ele observación y pe~uisa por paitc
de los patrones y del estado, hasta lograr su detcnrión. Al ser inten·oga•
dos por la pnlida, confesaron abiertamente los tres arrestados haber mani•
festado a la empresa sus razones, sin que hubieran sido tomadas &lt;'11 cuenta,
por lo cuaJ pensaban recurrir a la huelga. .En el arta levantada en el mo•
mento de su detención d lo. de enero de 1889, dejaron asentado c¡uc el
sueldo que pretendían era de dos pesos para los inspectorrs y para los
jefes de corrida, a los empicados uu peso cincuenta ccnlaws y a los &lt;'o-

d1eros un peso. D
De la fecha anlt&gt;riormente ciada al mes dr noviPmbre Je 1898, no st·
piense 4ue las relaciones obrero-patronales, en d sistema tran\'Í;u-io furrun
romo mid sobre hojuelas. Si bien durante cierto tiempo los trabajadores
fueron cautos, 110 por eso cesaron de bregar por un mejor trnt~unicnto social
y t&gt;ronómico. Algunas ventajas bien reducidas lograron, roas insuficientes y
desequilibradas frente al costo general de la vida en México. Por eso en
1898 estalló una hue-lga en la que los tranviarios manifestaron no estar
de aC'uerdo en que los conductores ganasen solamente la misl-rrima suma de
diez C'entavos por hora de trabajo, lo mismo de día que de noche, )' en que
la empresa les descontara de 16 a 25 renta.vos, esto es, el importe de hora
y media a dos horas y media de trabajo, cuando dejaban de recoger a uno
de los innumerables pasajFros que \~ajaban, su correspondiente boleto. La
justicia que asistí~ a los trabajadores fue bien comprendida por la prens.1
de la época.10
En vísperas &lt;.le la inaugurnción de los trenes eléctricos. la Junta Directiva
de los Ferrocarriles del Distrito Federal, e~tableció una nueva tarifa de sa•
!arios a base de las aptitudes y comportaJTliento de los trabajadores. Los
sueldos señalados f ucron de ,$ 1.50, $ 1.60 y $ 1.80 por jornada diaria de
1-l a 16 horas de trahajo. Los empleados a quienell se fijaba ese sueldo eran
justamente los que deberían encargarse de manejar los trenes dt&gt; tracción
eléctrica, quienes no consideraron justo que ante mayor responsabilidad y
conocimientos, se les equiparara con los cocl1eros de Jos trenes ele mulitas
que ganaban $ 1.50 diario. Esgrimiendo esas rawnes, el 10 de enero de
1900 solicitaron de la Junta Directiva que reconsiderara el e-aso y les con1

• CUEVA,

674

M. de la, op. eit, pp. 84-90.

GoNZ.ÁLEz NAVARRO,

M., op. cit., p. 314.

'" lbidtm,

675

�cediera un sueldo de tres pesos. El País, diario católico de aquellos días
estuvo del lado de los obreros en este conflicto, lo que indica que la opinión general se sentia conmovida ante la escasa recompewa dada a un
obrero por un trabajo difícil y de responsabilidad. 11 Como muchas veces
el sueldo ganado por jornada diaria estaba calculado a razón de una cantidad determinada por hora de trabajo, los pperarios con el fin de obtener
una mayor entrada, que les alcanzara a medio satisfacer sus exigencias familiares, realizaban jornadas extras de trabajo agobiante. El uso inmoderado de sus fuerz.as, no sólo ocasionaba un desgaste y la enfermedad del
individuo, si110 accidentes en los que terceros salían perjudicados. Esto lo
comprendió bien el gobernador del Distrito Federal quien en el primer
lustro de este siglo aconsejaba que la jornada máxima de trabajo de los
motoristas no debería exceder de ocho horas, duración que va a incorporar
en su programa eJ Partido Liberal el año de 1906.u Que los accidentes
provocados por los trenes eléctricos fueron numerosos, tenemos pruebas suficientes ya aducidas. Una de las razones de ellos, la acabamos de exponer, otra la
proporciona el periódico El Pals, quien indicaba que los motoristas no se
preocupaban de la vida de su prójimo, debido a la ninguna responsabilidad que les salia de ello, no así cuando atropellaban a wi :mimal, a
cuyo dueño tenían que indemnizar y afirmaba que "si los empresarios tuvieran que pagar de 15 a 20,000 pesos por operario muerto, como en Estados
U.nidos, buen cuidado tendrían de evitar los accidentes." 13
Surgida en los talleres de la Compañía de Tranvías, una huelga estalló
en el otoño de 1901, originada por la severidad de su reglamento y por
el hecho de que no se había otorgado a los obreros cl aumento que los
patrones les habían ofrecido, en cambio de su trabajo que se iniciaba a las
cinco de la mañana y terminaba a la media noche. Varios operarios fueron
detenidos por la policía por llevar consigo hojas en las que constaban
11 Presentaci6n en sintesis de los principales conflictos existentes entre los e,abajadores tranviarios 'J la extinta Compañia de Tranvias el-e Mlxfoo, S. A. (Apuntes fornados por los dirigentes sindicales, a base de sus archivos.) México, 1952, pp. 1-2.
11 GoNZÁ.LEZ NAVARllO, op. cit., p. 289. El 21 de diciembre de ese mismo año de
1900 los cocheros de los ferrocarriles del Distrito -según El Impar"Cial- negabánse
a trabajar, alegando que las continuas lluvias habían mojado sw ropas y que ca.r ecían
de otras para presentirse a su trabajo. Ayer no se presentaron más que las dos terceras
partes de los cocheros, lo que dio por resultado que en el servicio había tranvías parados por no haber podido salir todos los coches de las diferentes lineas de la ciudad.
En las líneas de Santa María, San Cosme, San Rafael y Reforma no circularon más
que escaso número de coches, así como en la de A.zcapntzalco y Tacuba. La linea de
don Toribio y Santiago también tuvo sus trastornos, así como algunas otras de las
de tracci6n animal.
11 Ibídem., p. 291.

676

sus peticiones. Entre ese año y el de 1906 se provocaron varios movimientos
por ~on~s semejantes. A ellas se sumó poco a poco otra causa, surgida de
la eXIgenc1a de la empresa para que sus empleados, principalmente los con~u~~res de ~vías, se ~rescntaran debidamtmte uniformados. Esta dispos1?on de caracter suntuano, no fue costeada por la Compañía, sino que se
hizo recaer sobre los trabajadores que tenían sueldos muy cortos, y a los
cuales resultaba sumamente oneroso tener que desembolsar veintiún pesos
por un uniforme que. tenía que ser confeccionado en determinad.a sastrería,
de un mal casimir y sin medidas y el cual no podín siquiera ser ordenado
si no era pagado previamente para lo cual se descontaba a los empleados
un peso semanal. Esta medida asi como el hecho de que la Compañía no les
devolvía al sep~ del servicio la fianza que habían depositado al ingresar,
l~- escasos salarios y la costumbre de pagarles en cheques, cuyo cobro se
dificultaba, motivaron la huelga ocurrida en el año de 1906. El 12 de
diciembre de ese año, candentes los ánimos entre trabajadores y empresa,
un fuerte núdeo de aquéllos resolvió impedir que los tranvías fuesen guiados
por esquiroles. Apostáronse para ese efecto en Peralvillo, mas la intervención
de la policía impidió el movimiento, habiendo apresado a trece y dispersado a más de cien. Disgustados por esta represión violenta, veinte tranviarios lapidaron en el Río del Consulado a un tren. A principios de 1907
fueron cesados 200 conductores y motoristas que se negaron a uniformarse
Y portar las insignias de rigor. En el propio año diversos grupos de trenistas
~ueron disper.;ados y detenidos por las fuerzas policiacas. Algunos diarios
mformaban que el origen de tantos conflictos se debía a instigadores profesionales.u
Mas no eran .instigadores profesionales en el sentido vulgar del término
los que inquietaban a los trabajadores tranviarios en la primera década de
este siglo, sino hombres conscientes de la necesidad de un cambio en las
condiciones sociales y económicas en que vivía el pueblo mexicano. Los
empleados de la Compañía de Tranvías que poco a poco habían formado
~o núcleo que osaba enfrentarse con los patrones, no eran ajenos a los
mtentos de renovación precisados en el Primer Congreso Obrero celebrado
en julio de 1905 ni tampoco dejaron de hacer suyos los postulados del programa del Partido Liberal y Manifiesto a la Nación, suscrito el lo. de julio
de 1906 t'JJ San Luis Missouri por Ricardo y Enrique Flores Magón, Juan
Sarabia, Antonio J. Villarreal, Librado Rivera, Manuel Sarabia y Rosalio
Bustamante, el cual en uno de sus párrafos hace mención de los problemas
de los trabajadores en la siguiente forma: "Gracias a la dictadura de Porfirio Díaz, que pone el poder al servicio de todos los explotadores del
" Ibidtm, pp. 340-343.

677

�Pueblo, el trabajador mexicano ha sido reducido a )a condición má.'&gt; miserable; en donde quiera que presta sus servicios es obligado a desempeñar
una dura labor de muchas horas por un jornal de unos cuantos centavos.
El capitalista soberano impone sin apelación las condiciones del trabajo,
que siempre son desastrosas para el obrero, y éste tiene que aceptarlas por
dos razones: porque la miseria lo hace trabajar a cualquier precio o porque, si se rebela contra el abuso del rico, las bayonetas de la dictadura se
encargan de ~meterlo. . . Lo que ahora se pretende -agrega como solución- es cortar de raíz los abusos de que ha venido siendo víctima el
trabajador y ponerlo en condiciones de luchar contra el c.apital sin que su
posición sea en absoluto desventajosa; si se dejara al obrero en las condiciones en que hoy está, difil'ilmente lograría mejorar, pues la negra miseria
en que vive continuaría obligándole a aceptar todas las condiciones del explotador . .. Cuando, los millones de parias que hoy vegetan en el hambre
y la desnudez coman menos mal, usen ropa y calzado y dejen de tener
petate por todo ajuar, la demanda de mil géneros y objetos que hoy es
insignificante, aumentará en proporciones colosales, y la industria, la agricultura, el comercio, todo será materialmente empujado a desarrollarse en
una escala que jamás alcan7.aría mientras subsistan las actuales condiciones
de miseria general." 15
Fueron esas ideas las que impulsaron a los tranviarios a luchar por la
defensa de sus derechos más elementales y por conseguirlos se sacrificaron
durante varios años.
Los fragores de las batallas que los obreros mexicanos emprendieron contra el estado de cosas imperante en las postrimerias del régimen porlírico,
no fueron ajenas a los trabajadores de los trenes urbanos. Los dolorosos
sucesos de Cananea y Río Blanco que preludiaron el advenimiento de una
situación mejor, marcaron honda huella eo los obreros de la Compañía de
Tranvías, quienes aJ irrumpir el movimiento revolucionario supieron tomar
el puesto que les correspondía.
Uno de los movimientos más significativos de los trabajadores de la Compañía de Tranvías fue el que hizo crisis en .el mes de julio de 191 l. Tiempo
atrás los obreros habían presentado a la empresa cuyo gerente era entonces
el señor Harro Harrsen, diversas peticiones que no fueron atendidas. Ante la actitud de los patrones, y después de varias reuniones tenidas por )os
afectados, éstos decidieron el dos de julio presentar a la Compañía un pliego
•• Para esta etapa consúltense las obras siguientes: CRÁvEz 01tozco, Luis, Prehistoria del Soáalis-mo en México. México, D. F., 1936. RAMOS PEDRURZA, Rafael, La
lucha de clases a traQ/s de la ltistoria de México. México, 1934 y Mouus JoáNEZ,
Alberto, Historia de ta Revolución M eúcana. México, 1951, p. 49 y ss. y concre•
tamentc Manuel González Ramírez.

678

de peticiones cuyos puntos esenciales eran los siguientes: lo. Que el sueldo de·
que disfrutaban los motoristas que f'ra de diecisiete centavos por hora
se aumenlara a veinticinco centavos. 2o. Que el sueldo de los conductores
que era de quince centavos por hora, ascendiera a veinte cenlavos. 3o. Que
los inspectores ganaran treinta centa\'OS por hora en vez de los veinticinco
de que di frutaban. 4o. Que se acabara el monopolio de los uniformes.
dejando en libertad a los empleados para comprarlos, o que se les ven-·
dieran a su justo precio. 5o. Que las separaciones o suspensiones obedecieran
siempre a causas perfectamente justificadas, y no al capricho del superintendente o del je{e de línea. 5o. Que los desperfectos de los carros y en
general de todos los materiales, sólo se cobraran a los empleados en caso
de culpa debidamente comprobada. 7o. Que se fijara por la Compañía
la correspondiente indemnización para los empleados que se inutilizaran
en el trabajo. Los trabajadores señalaron a la empresa tres días para contestar sus peticiones y le amenazaron con ir a la huelga en caso de rechazo
de las mismas. 16
Harro Hansen como respuesta ordenó el cese de cien de los obJer~ ftrmantes del pliego de peticiones, medida que provocó la ira de los trabajadores quienes el día 3 de julio lanzáronse a la huelga que se prolongó
durante cuatro días. Los empresarios ante la decisión de sus empleados,
utilizaron los medios clásicos de acallar tan justas protestas, esto es, dividirlos
para debilitarlos, lo cual fue no muy difícil dado que el espíritu de cuerpo,
de clase, aún oo se precisaba definitiva y enérgicamente, y en seguida, utilizar contra los oponentes de convicción, la fuerza aimada para que les
acallara. Al efecto solitaron de algunos obreros, que representaron e) triste
papel de esquiroles, sus servicios para romper la huelga y reiniciar el servicio.
Estos rompehuelgas fueron custodiados por miembros de la polieía montada y rurales. No obstante, los huelguistas persistieron en sus demandas
y cuando trataron de evitar que los trenes salieran a ]as calles, ocurrieron
entre ellos, los policías y los esquiroles violentos choques. El gerente de la
empresa en diversas ocasiones manifestó que "el servicio se reanuda.ría tan
pronto la policía reprimiera los desórdenes que se estaban cometiendo".
Como éstos continuaran, la empresa ofreció a los trabajadores uo aumento
de dos centavos por hora a cada trabajador, proposición que fue aceptada
por varios grupos, no así por los que estaban conscientes de sus derechos
y nece.sidades quienes persistieron en la huelga, lo cual produjo graves
escándalos.17 Al reanudarse el servicio. los dirigentes del movimiento fue" Presentaci6n rn s[ntesif. .• , pp. 2-3.
" Al ser inh'rrogado Harrscn sobre el aumento de salarios, éste de,pcctivament.e
resp,mdi6: "Los empleados para nada necesitan el aumento de sueldo, pues son unos

679

�ron separados paulatinamente de sus empleos, con el fin de cortar todo
germen de inquietud entre los tranviarios.
El comité de huelga de este movimiento estuvo integrado por Antonio
González, como presidente y Enrique Pujol, Everardo Sánchez, José A. López, Dionisia Luna, Sacramento Gonzále:i, José Pérez y Emilio Franco como
vocales. Sus asesores jurídicos fueron los licenciados Carlos Salinas y Trinidad Meza y Salinas en un principio y posteriormente José Peón del Valle
y el doctor Samue) Espinosa de los Monteros. 18

Uno de los postulados más salientes de la Revolución Mexicana fue sin
duda el mejoramienlo de las condiciones generales de los trabajadores. E]
movimiento constitucionalista encabezado por don Venustiano Carranza, al
hacerse cargo del gobierno de la Nación trató de ayudar a los asalariados
para lo cual dictó diversas medidas, una de las cuales fue fijar en el mes
de septiembre de 1914, en nueve horas, la joma.da de trabajo que hasta
entonces había estado al arbitrio de los patrones. El apoyo que los obreros
encontraron en el gobierno revolucionario, la influencia que muchos de los
dirigentes de las clases proletarias tuvieron dentro de ese régimen, y las
circunstancias todas que eran favorables, movieroµ a los asalariados mexicanos en general a lanzarse a una lucha tenaz y efectiva encaminada a
la obtención de mejores condiciones de vida. Los tranviarios no dejaron
pasar desapercibida esta oportunidad que se les presentaba. Con el apoyo
de la Casa del Obrero Mundial, la organización de lucha obrera y de
progreso revolucionario más fuerte por aquel entonces y uno de cuyos inspiradores era el famoso doctor Atl, la Unión Central de Mecánicos solicitó
un aumento de salarios para los elementos de1 Departamento de Tráfico.
Para poder ejercitar sus dereehos a través de una dirección única y eficaz,
los servidores de la Compañía de Tranvías constituyeron el Sindicato de
Empleados y Obreros de la Compañía de Tranvías de Mé:,,.-ico y designaron
a su mesa directiva el 71 de octubre de aquel mismo año, la cual estuvo
integrada por las personas que a continuación mencionamos: Manuel Mora
como secretario general; Hilarión Muñiz como secretario del interior; Leobardo P. Castro, secretario del exterior y en los puestos de secretario y sub•
secretario tesorero, Ignacio Mauleon y Artemio Vega 19
Constituido el sindicato, éste reunió en un pliego las diversas peticiones
de agremiados ·que eran diversas y las presentó a la empresa. Estas eran las
siguientes:
pobres... que están acostumbrados a comer tortillas con chile o frijoles y a beber un
jarro de pulque como alimento". Frases que motivaron una protesta periodística.
-13 P1ese111aci&amp;n en sfntesis, p. J.
st lbidem, p. 4.

680

la. Que se reconociese la personalidad social del sindicato, para que la
empresa de tranvías se entendiese directamente con él.

2a. ~I sindicato se comprometía a establecer un jurado que garanti7.ase
la~ ~pbtudes para el desempeño de Ja profesión y el buen comportamiento,
exi~endo la pertenencia al sindicato, a efecto de prestar las debidas garantias.
3a, Supresión, en lo absoluto, de los descuentos, onerosos y arbitrarios, por
desperfectos en los carros, causados en el servicio.

.~ª:, Establec~ento

de la siguiente tarüa de pagos por hora: Jefes de
d1vmon $ 0.60, Jefes de Ymea, $ 0.55, inspectores y despachadores, $ 0.50,
motoristas, $ 0.45, conductores, $ O. 40, y troleros, cambiadores, etc., $ 0.25.
5a. Que para dar cumplimiento al decreto del gobierno del Distrito
referente a la reglamentación de las horas de trabajo, se estableciesen las
oeho horas continuas o nueve discontinuas, entendiéndose que serán empleadas dos horas para comer.
6a. Que se indemnizase debidamente a los empleados de cualquier categoría, que sufriesen alguna inutilidad. física en el cumplimiento de las
labores, y

7~. Que se impidiese a la compañía dictar órdenes o reglamentos que contranasen lo contenido en estas peticiones.
A más de esta petición de orden general, los obreros de taUeres que tenían problemas concretos, precisaron éstos en un pliego entregado al gerente de la negociación señor C. B. Greaves por los trabajadores Ausencia
TJalpan, Ascensión Treja, Gabriel Hidalgo, Simón Pimentel, Eurique Esqueda y Ed:mundo Fabela. Las cláusulas principales de ese pliego eran
ocho, a saber, lo. Que la Compañía de Tranvías de México, S. A., reconociera al Comité de la Unión Central de Mecánicos para tratar con él,
todos los asuntos que se suscitasen entre la compañía y sus obreros. 2o. Que
se destituyese del cargo de maestro mecánico al señor J. W. Michaud, quien
por su carácter despótico y mal educado se había captado la antipatía de
todos los obreros y empleados que estaban a sus órdenes. Al pedir su separación de €'.ste departamento, los obreros lo hacemos por evitar consecuencias
de mayor magnitud que redundasen en perjuicio de los obreros y sus familias. 3o. Que los maestros mexicanos no fuesen separados de sus puestos
ni se les rebajase el sueldo que se había dispue.sto. 4o. Que se hiciese un
aumento general de un veinticinco por ciento sobre los sueldos actuales.
5o. Que la compañía, cuando necesitase por urgencia del trabajo el servicio

68)

�de los obreros en días festivos y por la noche, éstos fucsen pagados con
tiempo doble por dichos servicios. 7o. Que se establetiese a la mayor brevedad posible, un puesto de socorros en el interior de cada una de las dependencias en que trabajasen obreros. 80. Que en caso de accidente en el
trabajo, la compañía continuase pagando al individuo lesionado su sueldo
íntegro hasta su completo restablecímiento. 20
El plazo que los empleados otorgaban a la empresa para responder a su
demanda general fue de cuatro horas, pues de lo contrario estallaría la huelga. Lo perentorio del plazo señalado en ese pliego, no permitió al gerente
Greaves responder satisfactoriamente la demanda de los trabajadores, alegando no poder resolver petición alguna sin autorización de la Junta Directiva de la Compañía radicada en Londres. Tomada como un simple
pretexto la respuesta de la gerencia, la huelga estalló el día 8 de octubre
de 1914 a las seis de la mañana en los talleres y a las doce del día en el
tráfico, paralizándose totalmente las labores a partir de esa fecha.
La fue17,a de ese movimiento que dejaba sin servicio de transportes a
la ciudad de México y las consecuencias de ese mismo hecho, alarmaron al
primer jefe, don Venustiano Carranza y al general Heriberto Jara, gobernador del Distrito Federal, quienes intervinieron en este conflicto. Las autoridades pidieron a los trabajadores reanudar sus labores en tanto la Junta
Directiva estudiaba y resolvía su demanda, comprometiéndose por su parte
a mediar en ese conflicto y garantizando en forma enérgica su intervención,
la cual consistió en la incautación de los bienes de la empresa. Una vez
incautados, el gobierno elaboró un pacto que firmaron la gerencia de la
Compañía de Tranvías, designada por el gobierno de la Revolución, y el
Sindicato de Empleados y Obreros de la misma compañía establecido en la
Casa del Obrero Mundial. Dicho pacto era el siguiente:

"fo. Celebramos este contrato de ttna parte la gerencia de la Compañia, designada por el Gobiemo de la Revolución, y de otra el Comité
representativo del Sindicnto de Empleados y Obreros de la citada Compañía, reco11ociéndo11os m.utuamcnte nuestra respectiva personalidad social. 2o. El tiempo de duración de este contrato ha de ser de quince
días, contados desde las siete de mañana trece de octubre, luista las sei{
cincuenta y nueue minutos de la mañana del día veintiocho del mismo
mes de octubre de Mil Novecientos Catorce. 3o. En este Mríodo de qui11ce días, el Sindicato presentará a la gerencia de la Compañía de
Tranvías, su reglamento definitivo con las cláumlas concretas referentes
"' lbidem, pp. 4-5.
21 lbidem.

682

a las r~lacion_es qtte deben mediar entre fa Compañía )' el Sindicato,
su functon~mtento y designació11 de asuntos que deben ser tratados por
ambas entzdades. 4o. Durante el mismo período de tumpo In gerencia
de la Compañía estudiará la manera de hacer e/ectiuas las t~rifas de
pago de servicio, presentadas por el Sindicato de la misma, con fecha
o~ho de octubre, a la gerencia de la Compañía que en dicho día funcionaba. So. En el caso de que la gereucia del Go.biemo no aceptara de
plano las die/zas tarifas, e hiciera proposicioues distintas, tendrá la obligación dicha gerencia de presentarlas al Comité del Sindicato o lo sumo
tres
a1Ztes ~le expirar el p~aw de quince, con el objeto de que el
CQmite tenga tiempo de estudiarlas y de someterlas a la aprobación 0
desaprobación de la asamblea ge11CTal del Sindicato. 60. El Comité representativo del Sindicato expresado, estará establecido e11 la Casa
del Obrero Mundial, con carácter permanente, durante Los quince dí.as del
plazo indicado, y sólo se retirará de la citada institución, de diez de la
noche a ~as diez de ~ mañana, en que empezará Stt labor ele estudio para
las cuestiones pendten(es entre ambas entidades, y que han de quedar
resueltas de manera definitiva, en el plazo indicado de quince días. lo.
La genmcio de la Compañía se obliga a pagar a los miembros componentes del Comité, durante los quince días del f1lazo indicado, el mismo
.n_ieldo q~e. si estuviera trabaja_ndo nueve horas diarias, en los respectivos servicios a que cada uno pertenece. 80. Para facilitar la labor de
los miembros del Comité en .ru..r gestiones en.caminadas a solucionar el
co11~licto /1endiente entre la Compañía y el Sindicato, la gere11cia expedirá a su fnuor pases de libre circulación jJara los mismos. 9o. Igual
Jrattqufria concederá a la Administración y la Secretaria de la Casa del
Obrero 11,f un.dial, que auxiliará al Comité en todos los traba.jos encaminados a hallar la solución del conflicto expresado. T0o. Si a las siete
de la mañana del día. veintiocho de octubre de 1914~ no se Iza firmado
entre las representaciones de La Compañía y del Sindicato el Contrata
definitivo, por el cual el Sindicato de Empleados y Obreros de la Compañía de Tranvías halle total satis/ acción a sus demandas, en el acto
será declarada la lzuelga general y mantenida firmemente, hasta hallar
la sofación que en dicha fecha, en caso tal, no se httbiera e7lcontrado.

1í~

México, Octubre 12 de 1914."

Así pues, la incautación de los bienes de la empresa y el manejo dr►I servicio de tranvías por una administración nombrada por el gobierno m,exicano, fue la consecuencia de la actitud intolerable asumida por la Compañía
de Tranvías ante las justas peticiones de los obreros. La incautación de
esos bienes, hecha como medida temporal, se prolongó a causa del vaivén

683

�revolucionario hasta el mes de mayo de 1919 en que fueron deweltos sus
bienes a la empresa. Durante la administración gubernamental, los trabajadores no dejaron de plantear a aquella diversos problemas, algunos de
los cuales fueron resueltos, no así otros que tuvieron que posponerse dado
el carácter transitorio de la ocupación.
Este lapso de tiempo si bien no resolvió todas Jas dificultades, sí sirvió a
los obreros y principalmente a sus líderes para forjarse una mayor con•
ciencia de sus problemas y de sus necesidades. Las prédicas revolucionarias,
la agitación social y principalmente la participación activa. de l&lt;:&gt;5 obreros
en la política nacional y en las luchas aunadas fueron ~n mcenti~o extraordinario que les fortaleció y les adiestró. El compromiso contra1do entre
la Casa del Obrero Mundial y el gobierno revolucionario, mediante el c.ual
aquélla contribuía al triunfo revolucionario, mediante la participación activa en la lucha de batallones de obreros denominados "batallones rojos"
fue un gran estímulo para los trabajadores. Los tranviarios constituye~n
el Segundo Batallón Rojo y tomaron parte activa en los sucesos revolucionarios. Un grupo de ellos al abandonar las fuerzas constitucionalistas la ciudad de México, y con el fin de evitar cayeran los tranvías en manos d~l
enemigo, lleváronse consigo los controles .d~ los vagones, he_cho que _dio
origen a la suspensión temporal del seMc10 como hemos visto antenormente. 22

Los obreros )' la devolución de sus bienes
a la Compañía
Cuando en el mes de mayo de 1919 fueron entregados a la empresa sus
bienes era director gerente de la misma el señor G. R. G. Conway, quien
en un~ forma política trató de ganarse la voluntad ~e los obreros, haci~ndoles automáticamente un aumento de diez por ciento en sus salanos.
Desgraciadamente las conwciones de vida en aquel momento eran bast~,te
difíciles y, ese aumento no correspondía en fonna alguna a la desproporc.1on
que alcanzaba el aumento del costo de la vida. Así a fines de 1920, los
Los batallones rojos que se constituyeron fueron seis en virtud del convenio firmado el 17 de febrero de 1915 entre el gobierno Constitucionalista y la Casa ~el
Obrero Mundial cuyos representantes fueron Rafael Zubarán Capmany, Rafael, Qwntero, Carlos M. Rivera, Rosendo Salazar, Juan Tud6, Sa~vador Gonzal~ G:11"~1a, RodoUo Aguirre, Roberto Valdez y Celestino Gasea. El primero estuvo mshtwdo por
obreros de la Maestranza Nacional de Artillería; el segundo por obreros Y emplea~~
de la Compañia de Tranvías, y otros gremios, estuvo a las órdenes del general Enuho
Salinas y actu6 en la Hua.steca Veracruzana, habiéndose disuelto después de un &lt;:&lt;&gt;m•
bate tenido en Coatepec. El tercero y cuarto denominados "Supremos Poderes'' mte1:1

684

trabajadores plantearon a la Compañía otro conflicto de carácter económico, el cual rehusó resolver, así como también rehusó reconocer a la Federación de Obreros y Empleados de la Compañia de Tranvías de México,
S. A. Obligados a ir a la huelga, los trabajadores suspendieron el servicio
durante varios días, reanudando finalmente sus actividades cuando hubieron obtenido un aumento de veinticinco por ciento sobre los salarios anteriores y el reconocimiento de la Federación. Con este aumento, los tranvarios alcanzaron en aquel entonces un sueldo muy superior a la mayor
parte de los trabajadores mexicanos. 23
Entre el año de 1920 y el de 1922 ocurrieron pequeñas desavenencias
entre empresarios y asalariados, los cuales sin llegar a presentar carácter
alguno de gravedad, sí preludiaron el difícil serio conflicto de 1922-1923.

A fines del año de 1922, la compañía después de haber tratado de regular el servicio tranviario, reparando las unidades dañadas durante la revolución y sustituyendo a las inservibles por otras nuevas, para lo cual
utilizó un grueso núcleo de trabajadores, comenzó a separar a varios de ellos,
justificando su despido con decir que los trabajos de reconstrucción habían
concluido y que de los 1300 empleados que tenía en ese momento, sólo
le eran necesarios 650 que eran los que tenía anteriormente. La empresa
consideraba se trataba de un caso de fuerza mayor y por tanto solicitaba
se le autorizara para hacer ese reajuste, indemnizando con tres meses de
sueldo a todos los despewdos. La Federación de Tranvías reclamó ante
ese hecho y pidió a la empresa reconsiderara su acuerdo, a lo cual ésta no
accedió. La inconformidad patronal originó que el Sinwcato de Talleres,
junto con la Federación decidieran lanzarse a la huelga si la erupresa no
satisfacía sus demandas que eran: lo. Que la Compañía de Tranvías aparte
de los tres meses que marcaba la ley como indemnización por despidos injustificados, concediera un mes de sueldo por año de servicios prestados a
la empresa, y 2o. Que la compañía reconociera la personalidad jurídica de la
Federación de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías de México, S. A., para tratar con ella todos los asuntos relacionados con los trabajadores.
grados por ~lementos de los sindicatos de hilados y tejidos, ebanistas, canteros, pintores,
sastres, conductores de carruajes actuaron corno brigada de infantería del Cuerpo del
Ejército del Noroeste a1 mando de los jefes Juan Jasé Ríos y José J. Mé.ndez. El
quinto y el sexto a las 6rdenes del Coronel Ignacio C. Entíq uez. El 31 de enero
de 1916 comen:r.6 el licenciamiento de los batallones en virtud de la agitación obrera
que se había producido y con la cual el señor Carranza no estaba muy de acuerdo
SALA.ZAR, Vid. Rosendo y G. Esco11BDO, José, Las pugnas de la Gleba 1907-1922,
México, D. F. Editorial Avante, 1923.
11 Pr,s1ntaci6n en sl11tem . •. , pp. 8-9.

685

�Como la empresa se negarn a acceder a tales pehc10nes, el 2 de enero,
los tranviarios reunidos en la sede de la Confederación General de Trabajadores, designaron su Comité Pro-Huelga que se compuso por las personas
que siguen: Adolfo Guadarrama, Agustín García, Bernabé Cortés, Antonio
M. Domí'nguez, Leopoldo Palacio y Porfirio Vargas. EsfI&gt; comité estaba auxiliado por los siguientes miembros del Consejo General de la Federación: Isidoro
González, José de Jesús Márquez, Juan Mendoza y Pedro Muñiz. Al día
siguiente, presentaron los obreros su emplazamiento de huelga dando a la
empresa diez días para responder. Dive1'Sas pláticas auspiciadas por e] gobemad01· del Dist1ito, Celestino Gasea, fueron infructuosas, por Jo cual el
día trece, los trabajadores de talleres hicieron estallar la huelga escalonada
a media noche. Para el día 17 varios carros se encontraban fuera de servicio. La empresa amenazó a los motoostas y conductores por las descomposturas que sufriesen los trenes. Los empleados de tallere,s declararon se
adherían al movimiento el día 19 y el día 18 para justificar su conducta
lanzaron un manifiesto que aclaró ru situación frente a declaraciones de la
compañía.2~ Finalmente, cl 21 de enero estalló la huelga general de
traiwiarios en el D. F. El día 25 los obreros .invitaron al Presidente de la
República a intervenir en el conflicto. Dos- días después, varios descontentos de la Federación incitaron a los trabajadores a desconocer el Comité
de Huelga y celebraron una teunión en el Teatro Pr.incipal, en la cual
originóse un documento finnado por los descontentos José Velázquez, Dionisio Alcántara, Arnulfo Llmón, Justino Z. Valladares, Urbano Muñoz y
otros más en el cual se lee:

,rE,z vista de que el conflicto con la Compañia de Tram1Úl$ de México, S. A., permanece si.n solución, a pesar del tÜ!mpo tran.rc1mido y
de que el Comité de H1'elga, nombrado por una mi,wría 110 responde
a la mgencia del momento, comprobado como está que la inmensa mayoría de los que trabajamos en dicha Empresa no estamos de acuerdo
con la actuación del Comité Ejecutivo de ntteftra agrupación, en defensa
de nuestros intereses, tanto de carácter social como de carácter económico, hemos resuelto llamar a nuestros compañeros a una asamblea general extraordinaria que tendrá lugar el día de hoy, a las JO horas, en
el teatro 'Principal', de acuerdo con la siguiente Orden del Día:

''111. Elección de Comité Ejecutivo 'J' designación de Comité de
Huelga.

«JV. Estudio de las peticiones que deben formularse a la Compañía
de Tranvías y /acttltade.s al Comité para resolver la h11elga en forma
honrosa pard la Institución"/~
En una nueva asamblea tenida por los tranviarios en el Teatro Principal,
fueron depuestos el Comité de Huelga y e-1 Ejecutivo de la Federación
Tranviaria, todo ello en medio de fuerte escándalo. Los comentaristas de
estos acontecimientos los achacaban a elementos laboristas enviados por la
CROM, quienes luchaban abiertamente contra los llamados obreros o dirigente.'! rojos. Los esquiroles al servicio de la Compañía inducían por su
parte a los huelguistas a abandonar su aetitud de lucha, haciéndoles ver
que no contaban con recunos para sostener largo tiempo su situación. La
empresa a través de ellos, de agentes destacados entre los huelguistas y por
la compra de diversos órganos periodísticos realizaba una campaña de socavamiento de la resistencia obrera. Fruto de esa labor fue el nacimiento de
una nueva corporación sindical que ahondó más la división. Su nombre
fue el de Unión Sindical de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías de México, S. A.
La cohesión de los trabajadores que ante todas esa'&gt; agresiones se había
roto, fue Ja que originó que un grupo de ellos, de acuerdo con la Compañía
celebrara con ésta un convenio el cual fue firmado en la madrugada del 28
de enero en las oficinas del general Celestino Gasea, gobernador del Dis' - trito. Este convenio que hacía nugatorias todas las peticiones de los obreros,
en sus once cláusulas, otorgaba a la empresa cuanto había deseado. La
lectura de la misma revela hasta que punto mediante ese convenio, se burlaban las exigencias de los auténticos asalariados. Ella dice:

"Púmera. Con relación al Departamento de Talleres, la Empresa
reconoce derecho de antigüedad; en caso de reducción del personal y
tratándose de obreros que tengan menos de ocho años de servicio, se
apreciara teniendo en cuenta el tiempo de servicios y aptitudes, éstas
se apreciauín por medio de peritos nombrados por cada una de las
partes, es decir, dos por parte de la Empresa, y dos por parte del
personal del Departamento correspondiente. En el caso de desacuerdo
la decisión será dada por el director gerente de la Compañía.
"Segttnda. Quedan cancelados los contratos individuales escritos por
el personal de planta en general.

"l. Exposición de motivos, por no más de cuatro compañeros.
''ll. Proposiciones para remover al actual Comité Ejectttivo.
.,. S.u.AZAR, Rosendo, Historia de las luchas Proletarias de Mü.ico. México, Edito•
rial Avante, 1938, p. 22 y ss.

686

u

Ibidem, p. 25.

687

�.
los cinco obreros separados del Departa"Tercera. Con re/eren~ a
.
l mesente conflicto, la Empresa
y que dieron origen a r
. .,
á, T ~n
mento e ,meres
es de indemnizacum.
les entregará confof7TU! a la ley dtresl m.es_ co obreros separados dos que
"Cuarta. Existiendo dentro e os cm
. del trabajo serán somos a consecuencia
'
manifiestan encontrarse enle~ .
__ 1. d s uno por el Gobierno del
de dos medicas nr.mwra o '
. l
metidos a examen
_, d T
'as para determinar si a
1
mpania e ranvi ~
Distrito y otro por a o
d l t ba¡·o En caso de desacuer.
no por causa e ra
·
.
enfermedad proviene o .
,die o en discordia, para que
'd.
brarán un tercer me
do ambos me icos nom
., p
, la indemnización corresdedda en el asunto. La Compama lata~aorapresentado por la Empresa
re w
pondiente con forme con el proyecto
.
ejemplar a este Cona sus oburos y empleados y del cual se agrega un

tos de Reparación, Inspección y Armadura, que se presente a trabajar
el domingo 28 del adual, a las 14 horas, percibirá tiempo doble por
este día. Los que se presenten al turno de lm 22 percibirán tiempo dobk solamente por las dos horas, de las 22 a las 24 horas, y tiempo
sencillo por las horas restantes que trabajen hasta las 6 de la mañana.
"Undécima. El personal que no se presente en los días y a las horas
señaladas en las cláusulas novena y décima de este conuenio, no percibirá los beneficios a qy,e se refieren las cláusulas séptima y décima inclusives.

e

"De acuerdo ambas partes en todo fo antes manifestado, firman. juntamente con el representante del Gobierno en con/liaos obreros, el presente c-0n.venio.
"Nota. Teniendo la Compañía en consideración la situación económica del personal declarado en huelga, anticipará en préstamo a aquellos que habiendo vuelto a su trabajo lo soliciten, hasta ·una semana
de sueldo., que será reembolsado a la Empresa por medio de descuentos
en las cuatro semanas siguientes a aquella en que se reanudaron los
servicios.

venio.
t a que antes se ha hecho rcfe"Quinta. De acuerdo con ~l P;oyec o
pleados y obreros en casos
. Ia Compañía indemnizara. a sus em
rencia,
de accidentes del t,rabajo.
l d tr 'fico tiempo y me-·
11-ude al persona e a,,
"Sexta. La Compama co
l . , del personal en vez de los
· al a~~ad
• a e euwn
· '
di.o en sus días de ftesta
A quellos de los empleados de
cuatro días anteriorme11te sen d os.
a cualquiera de esos seis días
d' áe escanso en
tráfico que les tocar:~ ; : del servicio tuvieren que trabajar, la Com'.Y que po-r las necesz a e
pañÍll les pagará tiempo doble. d
t los días anteriores a aquél en
"Séptima. En tJirtud de que
de tráfico uarios de éstos no
que comenzó la huelga de los emp e ºd.s b ·¿ a la huelga de talleres,
· p falta de carros, e 1 0
pudieren traba1ar
or
.
l do ¡
itad del salario que 1es
' dichos emp ea s m
la Compa.ñía les pagar_a a
. d l horas- reglamentarias durante
correspondería si hubiere11 traba1a o as d como promedio para éstos
, ,·nclu=ndo
a los extras, toman
esos dtas,
r
. o
b . á en fo semana a11terwr.
29
el tiempo tra oJa o
,
d t 'f' . que se presente el lunes
"Octaua. A todo el personal e. ra ,col
iderará como habiendo
p dir traba¡o se e cons
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hasta las 12 de .i a ª e ll
p'l dos que no se presenten e ud .
Aque os em ea ,
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trabajado el ommgo: .
l d
h a que se les conceda e ia
nes 29 a pedir traba10 pierden e erec o

México, D. F., a 27 de enero de 1923.-Por la Compañía de Tranvías, S. A., el director gerente, H. G. Conway.-Por los empleados J'
obreros de los departame11tos de Tráfico y Talleres de la Compañía de
Tranvías de México, S. A., la Comisión, Urbano Muñoz, Justino Valla-

U~(l1la:

dares, Salvador Camarena, Amulfo Limón, F. Ramírez, Rafael Tovar, M.
Martínez Bello, J. Velázquez.-Por el Gobernador, el representante de!
Gobierno en conflictos obreros, José D. Rodríguez". 26

ª

de descanso.
"d
. , , que por la ¡alta del Departa~
. ndo en const eracwr.
fal
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"Novena. T enie ·
b
'mero Je carros
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mento de T eres, se ene . .
presente a pedir servicio asta
reparación, el personal de tráfico ~ se 'b ·r, su sueldo íntegro correslar 12 horas del lunes 29 del actu Í pe;~ is:bsecuentes que estuvieren
. te al dominuo
pon d ,en
,, 28 del actua y tas
sin trabajo por falta de carros.U
rrespondiente a los departamen"Décima. El personal de ta eres co

688

Los obreros que seguían en pie de lucha, reunidos en tomo de la Federación Tranviaria de México, D. F., no estuviemn de acuerdo en las burdas
maniobras de los falsos líderes y así procedieron a protestar en contra de
las cláusulas anteriores y a refonar las guardias que habían establecido en
los talleres y almacenes de IndianilJa, San Antonio Abad y Valle y a decretar el paro general en todas las dependencias de la Compañía. z7
Los agremiados en la Unión Sindicalista, crecidos por su supuesto triunfo,
mas temerosos de las reacciones naturales de sus compaiieros, apresuráronse
a declarar el mismo día 28 que habían sido amenazados de secuestro por
2~

lbidem, pp. 26-28.

El día 29, la Federación en un manifiesto que publicó declaró entre otras cosas
que el convenio firmado en las oficinas de Celestino García era nulo y que sólo ella
estaba capacitada para entrar en arreglos con la Compañía, a 1o cual no se rehusaba.
lbidem, pp. 30-31.
r.

689
H-44

�sus compañeros, que de~·olverían agresión por agresión y que sin guardar
rencor para nadie exhortaban a todos a sumarse a sus filas.
Para ese mismo día 28, la situación de ambos bandos era ya insostenible.
Los auténticos afiliados a la Federación eran :iuxiliados por agremiados a
diversos sindicatos tales como a la Federación General Obrera del Ramo
Textil, el Sindicato de Obreros y Obre.ras del Palado de Hierro, y el Sindicato de Trabajadores de la .Empresa de Teléfonos Erioon. Los esquiroles
por su parte, con el apoyo que les prestaba Salvador Alvarez de la CROM
y con la fuerza armada, estaban decididos a romper la huelga y a reanudar
el servicio. Pa.ra ello se presentaron ante las dependencias tranviarias, en
donde fueron recibidos con disgusto por los huelguistas. Al intentar por fuerza
romper las guardias, varios de ellos fueron golpeados y arrojados a1 vecino
canal de desfogue. Gracias al auxilio de la policía algunos consiguieron en~
trar a los depósitos y trataron de sacar los tranvías, mas una terrible pedriza
que moslr6 la indígnación y la decisión de los obreros de defender sus derechos, les causó graves daños y les impidió continuar sus intentos, Jo que
obligó a la Compafúa a no reanudar el servicio ese día, sino al siguiente
y medjante el auxilio vigoroso de la fuer¿a armada. E.n San Antonio Abad
el choque entre ambos grupos fue tan violento que Iue nert".sario que la
policía montada interviniera y desbandara a los contendientes r.on fuert~
balacera que preludió graves acontecimientos.
El día 29 la situación presentóse muy tensa. Las autoridades alarmadas
por el desorden y los continuos choques entre obreros, ordenaron L1 vigilancia de los bienes de la empresa y destacaron 85 policías montados y a los
batallones de líneas números 6 y 22 así como numerosos agentes de las Comisiones de Seguridad. Los huelguistas contaban para ese momento con
el apoyo decidido de los trabajadores textiles, lo que originaba fuertes protestas de la Unión Sindícalista auxiliada por la policía.. Mas aún la Unión,
gracias al apoyo laborista con que contaba había logrado hacer llegar su voz
hasta el presidente Obregón quien les concedió en cierto sentido, su apoyo.
Jefe de la guarnición de la plaza era por entonces el general Amulfo Gómez, quien como buen militar, era amante de mantener a todo trance la
tranquilidad, aun mediante el empleo de Ja fuerza. Temeroso de que los
choques de los trabajadores degeneraran en verdaderas batallas, ordenó el
acuartelanúcnto de sus tropas. Górnez pensó que con los ocbocíentos hombres a su disposición, era suficiente para aplacar los ánimos. Para evitar
cualquier ataque a los tranvías, dispuso que cinco soldados armados custodiaran a cada uno de los que se ponían en servicio, colocando a dos de
ellos en la platafoana delantera y tres en la posterior. Mediante estas disposiciones creyó Gómez nadie osaria atacar a los trenes.
En tanto estas precauciones se tomaban por Jos militrues, los trabajadores

690

se ~reparaban para la huelga general. Varias comisiones de obreros fueron
cles1gnadas para ir a los estados de la república, a fin de ganarlos para su
causa Y la CGT fue comisionada para que en el Distrito Federal organi?..ara
la huelga: la cua~ a~yaron con entero entusiasmo los trabajadores textiles.
Este movimiento, si bum no alcanzó a tener las características y a producir
1~ resultados generales que de él se 1,&gt;spnaban, sí mostr6 Ja fuerza ya con•
s1derable de buen ?úmero de obreros wüficados a través de la Confederación
General de TrabaJadores y fue una clarinada del poder que- alcanzaban las
d_a.o;es laborales. Mostró igualmente cuán justa era )a causa peneguida "
como ante e!Ja. los gremios tnás opuestos fonnaban un solo cuerpo que lu~
chab~ . por hacer. realidad los anhelos de( proletariado de alcanzar rnejoTes
con?iciones de ,_,da. Muestra de esa solidaridad la dieron Jos empleados
textiles, ferrocarrileros y de otros gremios. La federación Camionera en un
r~go de comprensión fraterna~ aportó a los tranviarios huelguistas, la can•
hdad de doce mil doscientos noventa y nueve pesos destinados a hacer frente
a los gastos del movimiento y al prolongado paro.,a

ª.

EJ 31 cl~ enero de ese año de 1922, organizada _por la Federación tuvo
lugar una unponente manifestación de los trabajadores desafectos a la' Compañí~ de T~vías, en la que éstos protestaron en contra de las autoridades
labo~ta.s _qmen:s cm lugar de protegerlos los combatían. Un periodista, José
Guati RoJ 0 ,_~men prest.a~ sus servicios en El Demócrata y que era adicto
a la C(l~p~ma de Tranv1as, ante las peticiones de los obreros, fue despedido
de
d1ano por su director don Vito Alessio Robles, quien manifestó lo
hacia a causa de "haber tomado aquél una activa participación en el fallido
~esmemb~ento de b Federación de Tranviarios y cuya actuación }ie
~ido e! pnmero en reprobar, porque eUa abate los firmes ideales por el meJorarmento humano, ha'la.do en la acción de las organizaciones obreras".211

:5e

Los miembros de la Unión, ante el espectáculo que ofrecía la tenacidad
Y resistencia de los huelguista.s, sin más recUTSOs que esgrimir y mn el deseo
de c~n~aciarse con las autoridades, trataron de desbaratarla, denunciando a
los d":1gentes o~~os Sebastián Sanvicente y a Alejandro Montoya corno
extranJeros pem1c1osos, los cuales se decía sólo movían a cien tranviarios
in transigen tes.
• _S.-U.AZo\lt, Ro~nd_o Y C. Escoaf'.DO, Josl:. ÚJJ Pugnas de la Gleba 1907-1922,
Mhu:o: D. F., Ed1~onal. Avante, I 823 ll-1 i6-179. Véase para comprender el cspirih,
d~I ~nodo revoluc1onano la obra de LtsT ARZUBIDE, Annand, Apuntes sobu la prehis~ona de l.a Reoolui;ión. México, 1958 y la de Bf..RRERA Fur.NTES, Florencio Historia de lo Ruoluci&amp;n Mexicana. Ln etapa f,recuraSora. Mtxico, 1955, 3·JO pp. (Biblioteca. del Jnstituto Nacional de Estudios His1óric011 de la Revolución Mexicana.)
• Vfase Aui.ss10 ROBLES, Vito, Dtsfile Sangritnto. México, Imprenta del Bosque
1936. Tnmbién SALA2o\R, R., Hitto,ia de las luchas., : pp. 36-37.
•

691

�?

no se solucionará mientras la Compañía no lo resuelva de co11/ormidad
con los rBprnse11tantes de esta Federación.

Como mentís a esta afirmación, el Comité Pro Huelga Y el 0 mité Ejecutivo de la Federación de Obreros y Empleados de la Compama de T~, d e M'exico,
·
S. A-, lanzaron un manifiesto general
mas
V1as
. en el cual a arlas
de exponer la situación en que se encontraban, exho~ban a s~ e.amar
. ·
la lucha. En. e'l arremetían contra los dmgentes trrudores, Juan
a continuar
,
y Margarita Míranda, Alfonso Rodríguez, José Veláz~uez, Samuel O. Yu. ee1esuno
· Gasca. Los mismos grupos. mtegrados , por Adolfo
dico y el propio
tín
García
Bemabé Cortés, Antoruo M. Dommguez, AnG ua d amuna, Agus
•
.
rfi · v
gel Ayala Víctor Enciso, José Rod.rígue-z, Leopoldo Palacio, Po mo argas, Pe~ Núñez, Isidoro Gonzru.ez, José de J~s Márquez ,Y J_uan Mendot.a,
en otro manifiesto dirigido a sus puros ~areJlllados, les decran .
"Compañeros: Cumple a nuestro deber informar a Íos trabajador~s
que constituyen esta organización y especialmente a los que por no ~slS•
tir a las asambleas lo ignoran, el estado que guarda nuestro conflicto.
"Esta organización de carácter social formada de trabajadores h~nrados para defender sus derechos a cada ín~tant~, pisot,e'!'1os, ha sido
víctima de una traición infame, de una combmacum polittca~ en la _que
la Compañía de Tranvías ha tomado activa part~,. dándole pe~sonalídad
al grupo de políti'cos que trabaja bajo los auspicios del Partido Labo-

~-"Los directores de la Empresa, como lo dijimos antes, en cembi~~.
ción con el grupo de políticos y traidores que encabez~ la llamada Unwn
Sindicalfrta. reunió a un número reducido de campaneros logrando descarriar a u~os cuantos de ellos para formar su Comité, mu~~os. de los
cuales '.)-'ª se han arrepentido, volviendo, o cuando menos, ~td1endo que
se les vuelva O admitir en esta, organización de hombres ~1bres y honrados como son Urbano Muñoz, Manuel Bello, Rafael Gil, etc.
Compañía acogió desde luego al nuevo pseudocomité, en el q~e
constituyó mayoría la borregada de maestros de los talleres Y gra~ numero de policías y empleados del Gobierno, firmando un co-nuemo por
el que, según. ella y los políticos apoyados pur la fuerz_a bruta, queda~a
terminado el conflicto. Mas esto no es cierto, campaneros: la mayona,
la inmensa mayoría de obreros y empleados de la Co~pañía de Tranvías
de México, apoyados por más de veintisiete agrupaciones fuertes 'f aguerridas 1¡o permitirán que se les desconozca y se les burle en forma tan

"L:

,-uin y tan infame.
.
"El conflicto está en pie y aunque algunos compa~eros d~scamados
(pásmense los cmnaradas), obligados por la fuerza, estan traba¡ando, esto
., SALAZAR,

692

R.., op. cit., pp. 39-40.

"No os dejéis engañar, camaradas, 110 entréis al trabajo mientras no
se os dé aviso de que lo podéis hacer con honor por parte de esta organizació11.

"Recurrid por notit;ias a nuestro local, en la Avenida Uruguay, mímero 25.
"Sa1ud y comunismo libertario.-México, D. F., enero de 1923.-El
Comité de Huelga.-El Consejo Federal.
El derra,namiento de sangre

Las primeras horas del día primero de febrero, dieron a la avenida Unaguay un mo"l:ímienco inusitado. Desde hacia varios días se había observado
que la razón de tanta agitación en esa calle se debía a la presencia en ella
del local de la Confederación General de Trabajadores, utilizado como centro de reunión de los obreros tranviarios y de todos aquellos que les apoyaban. Esa mañana la situación se hizo más difícil. Diversos problemas conmovían el espíritu de los trabajadores y uno de ellos consistió en el auxilio
que las autoridades prestaban a los rompe huelgas y a la empresa. La insolente actitud de los esquiroles envalentonados con el apoyo de las fuerzas
atmadas, provocó que los dirigentes del movimiento de huelga nombraran
una comisión que entrevistó al presidente Obregón para mostrarle la justicia
que les amparaba, al mismo tiempo que acordó que por "todos los medios
posibles se evitara siguieran corriendo los trenes y en caso contrario salga•
mos a la calle y por la persuasión o por la fuerza, hagamos se retiren del
servicio los camaradas descarri:.irlos" .81 Esta proposición tomada al calor de
la lucha fue aprobada por los huelguistas qujenes al observar que el tranvla
número 799 de la línea. de Tacubaya, que remolcaba al carro de segunda
263, pretendía reanudar el servicio; trataron e.le detenerlo y dirigirlo hacia el
depósito. El motorista resuelto a continuar su trabajo, desoyó las peticiones
de sus compañeros, rechazó sus propuestas y pretendió por la fuerza abrirse
paso. Decididos 1os obreros a no permitir el sabotaje en su movimiento, forzaron al motorista a obedecer. Los soldados que custodiaban el tranvía
inteivinieron y las annas fueron pue.stas en juego. Ante ]a represión un trabajador atacó a un soldado hiriéndole, lo que prov9tó el inicio de una ba~
lacera entre obreros y soldados que acudieron al lugar de los hechos. Dt1rante treinta minutos se eombatió entre ambas partes habiendo resultado
cerca de una docena de heridos y cuatro muertos. Las tropas montadas y
n

lbidem, p. 41.

693

�las federales tomaron el edificio de la Confederación General de Trabaja•
dores a viva fuerza, destrozaron sus archivos y sus pertenencias, desarmaron
a los obreros ahí reunidos y detuvieron a cerca de doscientos. Varios bata•
llones y fuerzas de caballería intervinieron en este hecho que ensangrentó
y llenó de luto a la ciudad.
Después de la refriega, varios huelguistas intentaron hablar con el presidente, quien les indicó no tenía nada que arreglar .con ellos, toda ~ez
que habían acudido a la fuerza para resolver sus ~o~lictos. Plu_ta_r;o Ehas
Cal1es, Ministro de Cobernación, al dar a los periodistas su opm1on sobre
ese asunto que tanto le afectaba, declaró:

"La huelga de tranviarios debe con.fiderarse como total y definitiva•
mente termina9 y la sociedad 110 de~e abrigar_ te~ores de qu.e se
registren nuevos atentados. Los huelguistas han indicado al G~bier~o
el camino de solucionar el conflicto, pues recurriendo a los medios violentos obligaron al Gobierno a usar de iguales medios. Pero esto no f1u
sino después de haber agotado todos los medíos conciliatorios que .rugería la razón. Fueron inútiles todas las tentativas para solucionar _l~
huelgo por los procedimientos legales. Se lzizo uso de la fuerza ~ segmra
empleándose el mismo procedimiento, a fin ~e otorgar a la _s~c:edad las
garantías que justamente reclama. El Gob:erno no permittra ~ue los
tranviarios lleven a cabo manifestaciones públicas y se han dado mstruc•
ciones a la Jnspección General de Policía para que prohiba la portación
de armas, para lo cual quedan sin efecto, interinamente, todos lo~ permisos concedidos. Los responsables serán consignados a las autondades
competentes y sufrirán las consecuencias de sus actos, pues es indudable
que los huelguistas sabían muy bien ~uáles iba11 ~ ~e~ los resu~tad~s
del programa de ataque a que pretendieron dar pnncipto al medio dza
de hoy." 32
Los dirigentes del Partido Laborista, ante ese hecho que muchos habían
auspiciado, circularon ambiguas declaraciones en las que se lavaban las
manos de toda culpa.
El Poder Legislativo por su parte y ante la gravedad de los acontecimientos, designó una comisión compuesta de varios diputa~os co~ el fin de
que entrevistara al general Obregón, recomendándole ~ª. mmed1ata ~ adecuada solución al conflicto. El presidente nombró al mm1Stro de hac1enda1
dnn Adolfo de la Huerta para tratar ese asunto y gracias a su intervención
y gestiones, no sólo se ordenó la libertad de todos los obreros aprehendidos

= Presentací6n en síntesis. . .

por las fuerzas federales, sino que se recomendó a la compañia que había
sido duramente atacada en el Congreso, a que reinstalara a todos los
emp!eados. Don Vito Alessio Robles colaboró con De la Huerta para dar
a los trabajadores una solución justa.
No obstante las honestas y desinteresadas gestiones de varios diputados,
del Ministro de Hacienda, de Alessio Robles y ele los esfuerzos de los trabajadores y más aún del derram:i.miento de sangre, la huelga estuvo perdida
para ellos. Las autoridades devolviéronles más tarde el local de la CGT,
mas la justicia que ellos pedían y que hubiera sido fácil acordarles en principio, quedó vulnerada. Como consecuencia de ello, se hizo patente a la
clase trabajadora la necesidad de una mayor cohesión. El apoyo prestado
por los trabajadores textiles a los empleados no pudo ser más franco y desinteresado y ese ejemplo debería servir más adelante.
La prensa extranjera, The Tribune, The World, The American, completamente ajena a los verdaderos intfreses de los trabajadores condenó el
movimiento y apoy6 al gobierno en su conducta de represión.
Las autoridades meKicanas decretaron la expulsión del país de Sebastián
Sanvicente, Alejandro Montoya, J. Pérez Gil y Urbano Legaspi dirigentes
obreros que estorbaban la acción del Partido Laborista, de la CROM. El
general Gómez y el presidente Obregón condenaron la violencia empleada
por los trabajadores y manifestaron obrarían con rigor en casos semejantes.
La compañía por su parte rechazó a los dirigentes de la huelga pese a
la mediación de De la Huerta.
Tales fueron los resultados de la acción de los trabajadores para defender
sus derechos. Más tristes no pudieron ser ciado que no trajeron ni la unión
ni la concordia. La división provocada por la Compañía de Tranvías agrió
más los ánimos y ocasionó que en el mes de marzo siguiente Manuel Ruiz,
de la Federación de Empleados y Obreros de la Compañía de Tranvías,
fuera agredido por Justino Valladares de la Unión Sindicalista quien le
causó la muerte. Un paro de los trabajadores y una manifestación luctuosa
condenada por las autoridades se realizaron en señal de protesta.
Para mediados de mano, los tranviarios despedidos por la Compañía de
Tranvías aún no habían sido repue-Stos, pese a las gestiones de Alessio Robles ante el gerente de aquélla, señor Gonway.

Creación de la Alia11za de Tranviarios
La Unión Sindicalista auspiciada por la empresa y apoyada por la CROM,
llevó tan adelante sus propósitos de servir más a la empresa que a los obreros,
que al poco tiempo tuvo que ser censurada por su misma madrina, la
CROM. Disgustada por una censura que ésta le impuso, hacia el mes de

p. 11.

695
694

�junio de 1924 optó por separarse de la Confederación Regional de Obreros
Mexicanos. Su separación decidió a numerosos luchadores obreros, cansados de sus arbitrariedades y de no contar con un órgano auténtico de defensa, a crear una asociación en tomo de la cual agruparse. La idea recibida
con beneplácito, cuajó en la formación de la Alianza de Obreros y Empleados de la Compañía de Omnibus y T.ranvías de Mé.xico, S. A., que se
fundó en diciembre de 1924, auspiciada por la propia CROM. Fueron
nombrados como secretario general Rodrigo Abreu y como secretario del
interior Gonzalo S. Guillén.
La censurada Unión Sindicalista, al ver cómo frente a ella surgía un
grupo de trabajadores dispuestos a luchar por sus intereses, trató de dividirlo. C¿menzó a atacarlo y en sus ataques envolvió a la propia Confederación, acusándola de dividir al gremio al propiciar la formación de la
Alianza de Obreros y Empleados de Omnibus y Tranvías de México. Los
ataques de la Unión fueron estériles y más aún, sólo sirvieron para poner
en claro sus verdaderas intenciones, contrarias a los derechos de los trabajadores y para apresurar su desaparición, UIJO de cuyos dolorosos efectos,
consistió en los trágicos sucesos ocurridos el día primero de febrero de
1923.3~

La AJianza de Obreros y Empleados de la Compañía de Omnibus y
Tranvías de México, S. A., al poco tiempo de haberse constituido, en el
mes de febrero de 1925, en vista de la situación real de sus agremiados,
confeccionó un pliego de peticiones, que presentó el día 5 de ese mismo
mes a la empresa, y cuyos puntos esenciales eran los siguientes: la firma
de un contrato colectivo de trabajo con aumento de salarios, y el reconocimiento oficial por parte de la Compañía, de la personalidad jurídica
de la AJ.ianza1 a lo cual rehusó aquélla. Habiéndose fijado para el mes de
marzo 1a huelga, ésta se verificó, pese a la labor de la Compañía y a la
obstrucción de la Unión Sindicalista. Las declaraciones hechas por el Comité de Huelga en esta ocasión, muestran el sentido nacionalista del movimiento, sentido que se precisará día tras día en movimientos semejantes.ª'
R., Historia de las luchas, p. 173.
En su parte esencial dicen: "lo. No querer reconocer como agrupac1on social
a esta Alianza tal como nos lo brinda la _fracci6n XVI del artículo 123 constitucional.
2o. No querer aceptar el contrato de trabajo como garantía a sus trabajadores. 3o. Estar
apoyando a elementos extranjeros que en connivencia con la empresa esquilman a
los obreros y empleados de la misma. 4o. Por querer implantar modalidades a los
mexicanos por orden de magnates de Toronto, Canadá, incompatibles con nuestro
carácter de pueblo libre y soberano. Estas razones deben ser motivo suficieote para
que propios y extraños a nuestras luchas sociales, protesten y nos presten su apoyo
moral como mexicanos conscientes, pues nuestra dignidad y nuestra racza se deben.
.. SALAZAR,
M

696

La em?resa, representada. por el señor G. R. Conway, ante las peticiones
de la Alianza, trató de nul1ficar su acción, alegando que ella trataría con
Jos repr~se?,tantes de los obreros, sin importarle si pertenecían a esa O aquella .asocrnc1011. La Junta Central de Conciliación y Arbitraje ante la neg~1va de 1a Compañía declaró que ésta: "quedaría sujeta a las responsabilidades que le resultasen por su negativa a reconocer a los obreros de la
~ el derecho que la Constitución les otorga para coaligarse en defensa
del mismo derecho". 35 El cuatro de marzo, el presidente Calles reconoció a la
Alianza, con lo cual los trabajadores se sintieron apoyados frente a la renuncia
de. la empresa. En una manifestación de entusiasmo, los obreros pidieron a
las autoridades la expulsión de Jos señores Conway, W. T. Fraser y E. R.
Hircheld. El dfa 12 de marzoJ el general Calles, presidente de la república,
en una declaración pública originada por el conflicto tranviario que no
daba trazas de resolverse, dijo en uno de sus párrafos esenciales:

"En e~ actual c-0nflicto entre !a Alianza de Obreros y E111-pleados
de _Ommbus y Tranvías de México., S. A., y dicha institución, el Ejecutwo Federal, tomando en cuenta que la rínica causa determinante
del conflicto Iza. sido la injustificada negativa de la Compañía para
reconocer el sindicato formado por los obreros, tenúi la convicción de
que el co1iflicto sería resuelto en forma inmediata por parte de la empresa, otorgando este reconocimiento., si no por consideraciones especiales para sus trabajadores, sí por la obligación imperiosa que tiene
de respetar y cumplir las leyes de la República; pero dada la circunstancia de que han tr,mscurrido ya casi dos semanas sin que los representantes de la Compañía se avengan a dar cumplimiento a este
deber primordial de todo extranjero, el Ejecutivo de la U11ión estima
pertinente declarar: que si en un término de tres días no cumplen con
la obligación constitucional a que se ha hecho -referencia, declara que
se ejecutarán los acuerdos que procedan". 36
Ante el apoyo presidencial, la Compañía tuvo que ceder en sus pretensiones y el conflicto quedó solucionado, pagando a los huelguistas salarios
caídos por la mitad del tiempo que duró la huelga. No se concedió
a'Wllento de sueldos, pero sí en cambio la Empresa reconoció la personalidad
jurídica de la Alianza, para tratar en lo futuro todos los asW1tos relaciorevelar ante esta intromisi6n de extraños a nuestra independencia. Que la sociedad
nos juzgue y la historia nos lo demande. Febrero 28 de 1925". En SALAZ.u, R.,
Historia de las lvchas .• , pp. 178-179.
• Ibídem, p. J80.
• Ibidem, pp. 181-182.

697

�nados con el trabajo, y desapareciendo automáticamente la Unión Sindicalista de origen netamente patronal. 31
Si ~ien la Alianza obtuvo el triunfo de su reconocimiento, eso no significó
que pudiera amparar del todo a sus agremiad~. La C~m~añía pudo en
ese mismo año valerse del recurso de un conflicto econom1ro y separar a
numerosos obreros.'ª

Obtenci6n de tmeuas prestaciones
En el año de 1925 ante la presión de los obreros, la Compañía se avino
a firmar un convenio que signaron por la empresa, los señores W. H. Fraser
y Jean Bemier y por los trabajadores G. S. Guillén, Juan J. Ríos, Díaz ~López, Carlos L. Díaz, Enrique Esqueda, Crisóforo Pért"Z. En ese converuo
se reguló todo lo relativo a practicantes, extras, cambios de empleo de pl3;11ta,
escalafones, permisos de corta duración, permisos anuales~ días festivos,
duración del trabajo, separación de empleados y obreros, acctden~es ~e. trabajo, sueldos y jubilaciones, además de todo lo contenido en las d.is~s1c10?~
generales. Con este convenio ya se marca un adelanto sobre la s1tuac1on
anterior?ª
Los años posteriores a éste, en el que los trabajadores tuviero~ serios golpes económicos se caracterizaron por una lucha tenaz de la Alianza con~
la Empresa, la que en todo momento esgrimió el argume~to de que no pod~o.
hacer frente a las demandas económicas de sus asalanados. Para el ano
de 1928, Ja Alianza dirigida por Carlos L. Díaz, como s~cretario ge_neral;
Jesus· Agw'lar M., secretario del interior·1 Clemente MeJ1a, secretano del
•
exterior y con el apayo ele Benjamín Sánchez y ~edro Reynoso _po~ el Sm. t o de Tráfico, José Ruíz y Guillermo Palacios por. el Smd1cato
de
d1ca
,
Talleres Fidel Elizalde y Marcelino Herrera por los trahaJadores de V1a Permanent~, solicitó de la Empresa la revisión del Contrato Colectivo de tra., Presentación en slntesis. . . pp. 11-12.
13 s.4 LAZAR, R., Hi.storia de las luchas.,. pp. 192 y 195. Hacia el ~~ de mayo l~
Compañía anunci6 un reajuste de 500 obreros, alegando ?1alas conclic1ones econ6D11•
cas. El primero de julio quedaron, en virtud de ese. co_nflicto, .~ados 300 obreros. Y
empleados tranviarios, contándose entre ellos a los pnnc1~ales dirigentea obreros, pnn•
cipalmente de los que se hablan caracterizado. como enemigos de Morones. Todos ellos
fueron indemnizados con tres meses de salano.
.
• Convenio que celebran, por una parte, /a Compañía de Tranv!as de Mlxtto, S. A.,
· s;e desi·=arL
"La Compañia"
que en l o sucenvo
,. •• a
·
, "~ por otra • la Alianza de Obreros '1
Empleados d, la Compañía de Omnibu! )' Tranvias de Mix1co, S. _A.,_ que en lo su•
· se á es1gnara
·
• por la « .a•¡;anza"
en Tra•
ce.nva
,
, áe acuerdo con las cláusulas siguientes:
• •
bajo y Previsión Social. La Industria, el Comercio y el Trabajo en Mw~o. Tomo III.
Mayo 1928, pp. 351-380.

698

bajo, después de haberle demostradti que su situación era bonancible. La
Compañía ante las razones y resistencia obrera, accedió a celebrar con la
Alianza un convenio el 2 de julio de 1928, en el cual si bien no concedía
aumento de salarios, sí consagraba diversos principios que desde entonces
sirvieron para normar acuerdos semejantes. Estos eran los siguientes: en
caso de que el personal dejara por cualquier causa de prestar sus servicios
a la empresa, recibirla un pago de antigüedad con la distribución siguiente:
para trabajadores con antigüedad de dos a seis años, medio mes de sueldo
por cada dos años; con antigüedad de más de seis pero menos de die-t, por
los primeros seis la compensación anterior y por los restantes un mes
de sueldo por cada dos años; de diez a dieciséis años de antigüedad, se
les pagaría por los diez años primeros la compensación de medio mes de
sueldo ~or cada dos años y por los restantes medio mes por año; y a los
que tuvieran más de dieciséis años de trabajo, medio mes de sueldo por
cada año. En caso de fallecimiento del trabajador, las compensaciones anteriores se oto~garían a sus herederos. Para el caso de accidentes de trabajo,
recompensas Justas fueron señaladas mejorando a las de 1925. En otras
ramas sucedió lo propio, con lo cual los trabajadores obtuvieron una si~
tuación mejor.• 0

Nueva lucha, nueva división
A partir de estos años, obsérvase de parte de la Compañía de Tranvías
el deseo de plantear conflictos económicos, alegando incosteabilidad en sus
opei-aciones a partir del año de 1919 en qne le fueron devueltos sus bienes,
y por tanto incapacid:id para hacer frente a cualquier petici6n de aumento
de sueldos de sus trabaj:idores. El aumento de su red había llegado al
máximo de desarrollo que era de alrededor 330 kilómetros de vías y en
esa cantidad se había estacionado. En el año de 1924 recibió 35 nuevas
unidades de la serie 600. En 1927 aumentó ese número a 75. En el año
de 1928 adquirió la Empresa 30 vagones más de la serie 500 que eran más
ligeros, con lo cual el número de nuevos vagones llegó a 105. El total con
que contaba para ese momento era de 371 carros motores y 42 remolques,
lo que hacía un total de 413 carros en servicio. Posteriormente sólo adquiere
en los Estados Unidos otras unidades de segunda mano en !os años de
1947 y 1948, destinadas a cubrir las más apremiantes necesidades.
De acuerdo con un comunicado oficial del año de 1926, los ingresos de
explotación libres eran de $ 1,479.24 pesos por kilómetro. Según un informe de L'lnformateur de Bruxelles, de 24 de septiembre de 1929, que
., Presentación en síntesis... pp. 13-14.

699

�extracta al Au.tilíaire de la Presse, de llruxelles, el capital de la Compañía
de Tranvías ele México era de 20.000,000 de dólares) de los cuales le quedaba un beneficio neto de 4% en relación al capital, cantidad mueho mayor
que lo que producía al Trust, Ja Compañía de Tranvías de Bruselas que era
tan sólo de 3%. Todos estos informes nos indican que pese a sus reiteradas
declaraciones la Compañía no estaba en situación deficitaria, muy por el
contrario, mas lo que trataba era liquidar el negocio de los tranvías que
se daba c1,J.enta requería gruesas inversiones, a cambio de si ne despredables
ganancias, sí menores de las que obtenía la Compañía Mexicana ele Luz y
Fuerza Motriz de la cual era subsidiaria, para consagrar todos sus esfuerws
a ésta y obtener mayores ventajas. La realidad era que la Compañía de
Tranvías no deseaba ya ampliar sus servicios, sino liquidar poco a poco el
negocio. Toda la política futura seguida por ella va a demostrar esta afir•
mación. Al aplicar esta política, choca con los intereses obreros quienes
se van a enfrentar dura y resueltamente a los deseos de la empresa.
Es así como en el año de 1930 la Compañía plantea un nuevo conflicto
de carácter económico~ mediante el cual trataba de reformar el contrato
colectivo de trabajo firmado dos años antes; limitando los permisos por enfermedades no profesionales, pagando doble tiempo sólo en los días reconocidos
por el gnbierno como obligatorios, y no cubriendo el día de descanso a los
trabajadores de nuevo ingreso. La alianza que estaba dirigida entonces por Car•
los L. Díaz, secretarjo general; Rafael Gómez Puente, secretario del interior;
como secretario del exterior, Arturo de la Fuente; secretario tesorero y subtesorero eran Jesús M. Moreno y Filiberto Campos; de secretario de actas
fungía Enrique Muñoz y de educación y cultura Alejandro Lambert, la
Alianza, repetimos, planteó en una asamblea general de trabajadores como
única solución, la huelga. Desgraciadamente no todos los obreros estuvieron
de acuerdo en optar por esa medida pues algunps consideraban lesionaría su
economía, ya de por sí mala. La opinión de los renuentes fue auspiciada por
la Compañía quien no perdía oportunidad para dividir a los trabajadorc~.
Planteado el conflicto, la Junta Central de Conciliación y Arbitraje el Vier.
nes de Dolores, 27 de marzo de 1931, dio un fallo por el cual el contrato
colectivo de tr~bajo quedaba mutilado en perjuicio de los trabajadores. Los
dirigentes auténticos de éstos no quedaron conformes, con lo que la pugna
y la división obrera apareció de nuevo, y duró largo tiempo. Llevando el
caso ante la Suprema Corte, ésta declaró el contrato de trabajo inexistente,
en virtud de que ya había sido proclamada la Ley Federal de Trabajo y
por tanto los tranviarios quedaban en pleno derecho de exigir la finna de
otro nuevo.
La Alianza aprovechó tal opinión de nuestro Supremo Tribunal y planteó nuevamente a la Compañía la huelga, la cual estalló el 25 de junio

700

prolongándose 25 días. Ante la división de los trabajadores, procedióse a
un recuento de los mismos, habiendo obtenido la Alianza una mayoría.
Pese a esto, .la huelga se perdió. 41
Para 1934 los dos grupos en que se habían escindido los obreros, la Alianza
de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías de México, S. A. y
la Federación de Sindicatos de Obreros y Empleados de la Compafüa de
Tranvías de México, S. A., a través de un esfuerzo noble y provechoso unié.
ronse y nuevamente en un solo haz recibieron el fallo de la Junta Federal
de Conciliación y Arbitraje, de fecha 3 de agosto, mediante el cual auto-rizaba a la Empresa a hacer reducciones en su personal y en los sueldos
establecidos. Los afectados lucharon en todos los campos con la Compañía
habiendo finalmente logrado el 28 de enero de 1935 que la Compañía fir.
mase un acuerdo en el que se estipulaban los puntos siguientes:

I. Nulificación del laudo del 3 de agosto dado por la Junta Federal de
Conciliación y Arbitraje por el rual se reducía sueldo y personal.
Il. Discusión y firma del Proyecto de Contrato Colectivo de Trabajo;

III. Pago de salatio íntegro por el día de descanso semanal para todos
los trabajadores y
IV. Que la Compañía de Tranvías de México, S. A., garantice las can•
tidades a que tienen derecho los trabajadores por concepto de antigüedad,
de acuerdo con el Contrato Colectivo de Trabajo.
El 31 del mismo mes, la empresa excusábase con la Alianza, alegando
no podía fijar fecha alguna para discutir el proyecto del nuevo contrato,
sin antes estudiar detenidamente la propuesta de los obreros y de hacer de.
tenidos cálculos financieros. Como no aceptara entrar en arreglos con los
trabajadores, éstos el 16 de marzo emplazaron a la Empresa con un movi.
miento de huelga, el cual se notificó también a las autoridades competentes,
habiendo señalado el 28 de marzo para que estallara. El comité de huelga
lo formaron Alejandro Vega, trabajador distinguido ya en las luchas sindicales, quien representaba a la Alianza, y Rafael Ledezma representante de
la Federación.
El 28 de ruano, día fijado por la Alianza, estalló la huelga. El primero
de abril, la Junta Federal de Conciliación declaró la licitud de la huelo-a
v
y su existencia legal. Treinta y siete días duró este movimiento, que ha
sido uno de los más largos en toda la historia de las luchas obrero patronales
en el gremio tranviario.
., lbidem . . . pp. 15•16.

701

�Ocupaba para entonces la presidencia de la repúb~ca, el señor ~e~eral

Lázaro Cárdenas y éste fue uno de los primeros conllictos que su regi~en
tuvo que abordar. Como el movimiento se alargaba tanto, dado el espmtu
combativo de los obreros y la unidad que habían alcanzado, así como la
negativa de la Empresa, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje tuvo
que dar un dictamen pericial, emitido p?r. una comisi~? nomb_rada al efecto;
constituida por Enrique González Aparicio y Ascensmn A~e, Y la cua.
debería declararse sobre la solvencia de la Compañía. El dictamen se entregó el 26 de abril y el fallo arbitral se dio el 4 de mayo, habi~ndo favorecido a los trabajadores, imputado la huelga a la Empresa a qwen s~ condenó a reanudar el servicio, pagar los salarios caídos durante los 37· días de
huelga y a célebrar un nuevo contrato con los trabajadores, de acuerdo
con lo que prescribía la Ley Federal del Trabajo. La C?~p~a ante e~a
decisión, recurrió al amparo ante el Juzgado Primero Adimrustrabv~ d~ Distrito, quien se lo negó. Dirigióse en seguida ante el J~z~ado de DIStnto _~e
Toluca Edo. de México y esta autoridad otorg6selo, picliendo fa, suspens1on
,
definitiva de los mandatos del laudo arbicral de la Junta. •
Carlos Zapata Vela, asesor juxídico de los trabajadores de1ttácase en este
movimiento al igual que los dirigentes obreros. A él débese el que éstos
hubieran solicitado el embargo de los fondos de la Empresa, con el objeto
de garantizar el fallo arbitraJ de la Junta, lo cual se les concedió~ habiéndos_e
nombrado un interventor por parte del gobierno para que diera cumpli~~

miento a lo fallado.
Con este movimiento, coincidente con otros de gremios de trabajadores
de empresas básicas, tales como los de la Telefónica y otros más, la situación de los asalariados mejoró y se consolidó. La fuerza con que estos brotes
huelguísticos estallaban, la proteeción justa de que go_zaban por parte del
Estado, la oposición de las empresas afectadas y ~ri~c1palmente ?e las que
representaban fuertes intereses capitalistas e impenalistas, prov&lt;&gt;&lt;:o de parte
de elementos que no podían o no querían comprender
,neces1da~ de ~~
reacomodo de las clases laborantes, una reacción de oposic1on que hizo cnsIS
y se tradujo en las declaraciones imprudentes e _inop~.rtunas del general Calles, en las cuales condenaba las huelgas y la s1tuacion o~rero-patron~ q~e
prevalecía. El bienestar social, el progreso general del pa1s y la conc1enc1a
del cargo que se cumplía en bien de todo el pueblo y no de una sol~,dase,
detenninaron que el presidente Cárdenas, adoptara fre~te a la _reacc1on de
los oponentes de su recia política una actitud f~e e mdepe~d1ente.
Como resultado de la lucha reseñada, los trabajadores obtuVJeron el afian-

~ª.

º

Jbi dem .•. pp. 18-22. Véa&amp;e el diario La Prensa de México de 22 de agosto

de 1941.

702

zamiento del séptimo día de salario, objetivo por el que tanto se había
lu~ado. A m:1s de este beneficio y del cumplimiento de las peticiones ya
senala~, logrosc nuevamente la unidad de los obreros de Ja Compañía de

Tranvias.
Reducciones 'Y ventajas a partir de 1937

Después del contrato colectivo celebrado en 1935, dos años transcurrieron
durante los cuales la Compañía continuó haciendo efectiva su decisión de
desman~elar por completo el servicio de tranvías que le resultaba poco
productivo Y consagrar toda Ja fuerza eléctrica en él empleado en aumentar
la línea de distribuci6n de energía eléctrica que la Compañía Mexicana de
L~ Y Fuerza Motriz tenía establecida en México y que resultaba ya insuficiente por ~a parte y altamente remunerativa por otra. Los tranvías le
causaban
senos dolores
de
·
La reorga. .,
. .
. .cabeza y no demasiadas ganaocias.
~ac1~n del seiv1c10 le significaba muchos millones de pesos que no queáa
mvert1r a causa de la atmósfera de reivindicación obrera y de Ja n ti
d I bº
d
l
ega va
e. go 1emo apoya o por os trabajadores para no permitirle aumentar las.
tanfas.
Para el mes de septiembre de 1937•, después de amplias discusiones tenida11
por l~s obreros, ~ten:ru-naron presentar a la empresa nuevas peticiones que
debenan quedar mclu1das en el contrato colectivo a firmar. Entre ellas tenemos las siguientes: compensación por antigüedad, vacaciones anuales días.
festivos, jubi!aciones, indemnizaciones por accidentes de trabajo y enf;rmedades profeSionales, pago de tiempo médico por enfermedades no profesio~ales, fianzas de mo~ristas p~das por la empresa, salario íntegro por el
tiempo que un trabaJador estuviese preso a consecuencia de accidentes detránsito, etc.
Esta petición, coincidió con un comunicado de ]a Compañía a )a Alianza
mediante el cual Je hacía saber que de acuerdo con la autorización del
partamento Central, suprimía la línea de Santiago y el "servicio rápido'"
que había establec~d~ en diversas lineas en beneficio de los trabajadores que
prestaban sus serv1C1os tanto al Estado, como a los particulares en horas
discontinuas. Los trabajadores opusiéronse a estas dos medidas que lesionaban tanto los intereses de la colecúvidad como los suyos. El "servicio rápido" tuvo que desaparecer después de minucioso estudio, mas la línea de
Santiago, cuya desaparición significaba aceptar la policía de supresión paulatina de vías por parte de la Empresa, no fue aceptada. Los trabajadores.
por su cuenta tomaron el cuidado de cubrir el servicio de la línea de Santiago, evitando mediante la obtención de un amparo que la vía fuese levantada.

n/

70,

�Temían muy justificada, aunque tardíamente los trabajadores, que se aceptase la petición de los empresarios para levantar las vías de Santiago, se
continuara la reducción de la línea general y de ahí la disminución de operarios empleados. El levantamiento de esa vía no era aislado, poco a poco
con un pretexto u otro se habían ido levantando las vías de Angela Peralta,
calle de Dolores, Avenida Juárez, Palacio Legislativo, Lafragua, Las Artes, Avenida Insurgentes, Live:rpool, Roma, San Angel lnn y Tlanepantla. Muchas de
estas vías all evantarse se prometió serían colocadas en otros sitios, promesa
incumplida. A más de eso se había pedido penniso para levantar la linea
de Ixtapalapa. También había dispuesto la Compañía que todo vagón que
requiriera una reparación general, fuera desmantelado sin reponérselo y lo
propio sucedía con la maquinaria de los talleres.
Debe aclararse que el levantamiento de algunos tramos no obedeció siempre al deseo de la Empresa de reducir la extensión general de la línea,
sino que algunas veces -fue ordenada por las autoridades del Distrito Federal
por razones de transformación y embellecimiento de las avenidas. Tales eran
los antecedentes que los trabajadores tuvieron en mente para no permitir
el levantamiento de la vía de la línea Santiago, y para evitar en lo futw-o,
en la medida de lo posible la desaparición de otros tramos de vía.
Un descuido de parte de los obreros y de varios de sus representantes sindicales, motivó que el nuevo contrato colectivo de trabajo que debería ha•
ber entrado en vigor el 2 de noviembre de 1937, en ve-z de beneficiarlos,
les fuera lesivo. El Comité Central de la Alianza a quien se otorgaron plenos
poderes para que obtU\.-iera las mayores ventajas con la firma del nuevo
contrato, fue manejado hábil e interesadamente por Emilio Moreno, secretario del exterior y secretario general del Sindicato de Tráfico, quien se avino
con la empresa a firmar un contrato que no incluía las prestaciones solicitadas por sus compañeros. El 21 de och1bre fue firmado este contrato,
el que una vez conocido por los restantes representantes sindicales, fue por
ellos desautorizado. Estos recun-ieron ante la justicia por la vía del amparo
y ante la Junta a fin de solicitar la nulidad de ese contrato al cual consideraron lesivo. Las peticiones obreras no alcanzaron esta vez completa justicia.
Para comienzos de 1939, dos acontecimientos provocaron la inquietud de
los tranviarios, y originaron un paro y mitin de protesta. Esos hechos eran:
lo. el proyecto del Jefe del Departamento de Tránsito del D. F., coronel
Francisco Cortés Figueroa, consistente en suprimir el servicio de tranvías
en el primer cuadro de la ciudad, por considerar según los peritos consultados -"técnicos en materia de tránsito, inteligentes y conocedores"- que
éstos eran estorbosos, anticuados y antiestéticos; 2o. las declara7iones de

704

la Compañía en las que afirmaba no estar disp~esta a invertir un solo peso
en el sistema tranviario. 43
Coincidieron esos acontecimientos con el fin del anterior contrato de tra~
bajo y la elaboración de uno nuevo. Para formular éste se nombró una
comisión inte~da por los trabajadores José María Solís, Salustio Carba•
Heda, Alberto Mondragón y Antonio L. Espino. De mayo a julio trabajaron
diversas comisiones en puntualizar las nuevas prestaciones que en sustancia
fueron: a) aumento de salarios, b) pago de jubilaciones, e) servicio eficiente del servicio médico, d) detención de la demanda de carácter económico interpuesta por la empresa, con el fin de nulificar el mejoramiento
de los trabajadores.
. El proyecto de contrato fue presentado a la empresa el 19 de agosto, habiendo declarado no estaba en situación ni siquiera de sostener las prestaciones e~onómicas del contrato de 1937, mucho menos otras mayores. Dada
su negativa, el mes de octubre, después de romperse las pláticas, se notificó
la huelga. la cual estalló el día 31, habiendo sido declarada existente y legal.
Salvador Ochoa Rentería, diputado por Michoacán, como muestra de solidaridad con los trabajadores, propuso al Bloque del Ala Izquierda de la
Cámara de Diputados la expropiación de los bienes de la Compañía.
La huelga terminó el 14 de noviembre, mediante la intervención del
presidente Cárdenas. La empresa pagó a los trabajadores los salarios caídos,
gastos de huelga y se obligó con ellos a aceptar el arbitraje privado del
señor licenciado Antorúo Villalobos, Jefe del Departamento de Trabajo. Para fundamentar el arbitraje, se creó una comisión mixta investigadora, integrada por cuatro peritos de cada una de las partes y cuatro del árbitro,
con el fin de que estudiara la situación técnica, contable y financiera de
la Compañía de Tranvías de México, S. A., para buscar Jas formas de reorga~izació~ y las medidas adecuadas, a e~ecto de satisfacer ~n la mayor
medida posible, las demandas de los trabaJadores. La comisión mixta investigadora se compuso de las siguientes personas: Por el árbitro arbitrador:
licenciado Mario Sousa, director de Ja Escuela Nacional de Economía:
licenciado E. Martínez Adame, jefe del departamento de crédito del Dan~
de Crédito Ejidal; licenciado E. Salazar Aree, del Departamento de Tráns.ito de los FerrocarriJes Nacionales y el contador Quintín Botas, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Por la Alianza: ingeniero Fernando
Portilla, del departamento de ingenieros civiles de la Compañía de Tranvías, ingeniero A. Méndez Armendáriz, del departamento central y herman~ del secretario general del Consejo de Administración de la Compañía
Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S. A.; ingeniero Florencio Palomo Va'"Ibídem ... pp. 23-24.

705
H-45

�lencia, ex-senador por Yucatán y quien por causas de trabajo fue sustituido
posteriormente por el licenciado Mario Pavón Flores, asesor jurídico de la
Alianza y el contador Alfonso Sotomayor, &lt;le la Secretarla de Hacienda y Crédito Público. Por la Empresa: licenciado Carlos Duclaudi jefe de su departamento legal; Gabino García, jefe de su departamento de tránsito; el
Sr. Rowley, tesorero general de la empresa, el señor Mac Nei), jefe del departamento de talleres. 44
Habiendo desistido el señor licenciado Villalobos como árbitro, fue designado para sustituirlo el señor licenciado Julio Serram; Castro, auxiliado
por el señor licenciado Paulino Preciado. Después de tres meses de trabajo,
la comisión emitió su dictamen general en el que quedaron resumidos los
de .las subcomisiones técnicas, administrativas, conta.ble y financiera.

La subsección administrativa recomendó: una reorganización administrativa de la compañía, con el fin de evitar la dispersión y duplicidad de
funciones; la necesidad de emplear a técnicos mexicanos en condiciones iguales que los extranjeI'Oll~ prefiriendo a aquéllos; uniformar los horarios de
todos los trabajadores. Ocupóse igualmente esta subcomisión del Reglamento interior de trabajo y reglamentos técnicos; de los cQntratos celebrados
entre la Compañía de Tranvías y la de Luz y Fuena en 1905, 1925 y 1934
para consumo de energía eléctrica. En este renglón la subcomisión mostró
que la Compañía de Tranvías pagaba a la de Luz tarifas más altas que
las cubiertas por otras compañías, a pesar de que aquella era la principal
consumidora de energía eléctrica, y que desde el año de 1920 los tranvías.
habían aumentado su consumo en kilowatts hora de la cantidad de 45.953.081
cuyo importe era de 713,574.54, hasta la cifra de 79.267.439 kilowatts hora&gt;
en el año de 1939, los cuales habian costado 1.623,888.05. La subcomisión
recomendaba ante esa situación: 1) Que se aplique a la Compañía de Tranvías una tarifa semejante a la que venía pagando hasta 1924, o sea de.
$ 0.016 por kilowatt hora, lo que pennitirá. una gran economía por lo q:ue
se refiere al renglón de gastos de consumo de energía eléctrica. 2) Que se
gestione ante las autoridades competentes se haga un estudio minucioso y
detenid0 con el propó.sito de determinar si la tarifa señalada en la recomendación anterior podría ser reducida, debiendo tenerse en cuenta. los
siguientes hechos impo,r tantes: a) Que la Compañía de Tranv1as es, si no
el mayor, uno de los principales consumidores de energía eléctrica. b) Que
otras empresas privadas disfrutan de tarifas muy reducidas, no obstante que
su consumo de energía es mucho menor que el de la Compañía dé Tranvías. e) Que la Empresa de Tranvías presta un servicio de carácter público
.. La. rit11ació1t económica de la Cía . de Tranvlas de México, S, A. Dictamen Pericial de la Comisión Mi.:cta Investiga.dora . M6xico, D. F., 1940, pp. 4-7.

i06

y que por eso debe estar sujeta a tarifas aplicables a servicios que tengan
esa oaturaleza,"' 5
La subcomisión técnica ocupóse de los accidentes, del equipo de la
empresa, cuya falta de uniformidad originaba a más de erogaciones extraordinarias, graves molestias y trastornos para el buen desempeño del servicio
que le estaba confiado; de los ingresos y egresos de operación de la Compañía, los que eran muy variados pues a partir de 1921 se presenta un descenso en los ingresos que se detiene en 1925, aumenta en 192'6 y se mantiene
así hasta 1928. En 1929 se inicia un nuevo descenso hasta el año de 1933,
fecha en
,cual s: ~~cía una recuperación. En el campo de los egresos
la subcomiS1on advirbo un aumento en el concepto de prestaciones a los
funcionarios de la empresa, disminución en los gastos de mantenimiento
de vías y equipo, los cuales no aumentaron sino a partir de 1935-36 en
que tanto las autoridades como la Alianza presionaron a )a empresa• para que pusiera más atención en ese sentido. Los salarios a partir de 1928 descendieron en comparación con los aumentos concedidos a los altos funcionarios. Estudió igualmente la ya mencionada subcomisión clhrersos proyectos
formulados por la empresa para mejorar su administración y sus ingresos;
los problemas de tráfico a que tenía que enfrentarse el servicio dado lo
irre,~lar y atrasado del sistemai el aumento de densidad demogrifica y la
pohttc~ de la empresa para no mejorar el sistema; las tarifas; la competencia creada con los autotransportes.
La subcomisión de contabilidad realizó un estudio detenido de la situación económica de la empresa a partir de la.s últimas décadas del siglo
pasado y en las primeras de éste, en las cuales se fusionaron las empresas,
después de haber vencido serios obstáculos por la falta de elementos para
su dictamen ya que los libros contables se encontraban en su mayoría fuera
del país, en las oficinas de Toronto. Las conclusiones de la primera parte
de su trabajo son las sigui.entes:

~ª-

1. La Cía. de Tranvías de México registra parte de sus operaciones en
México y parte en Toronto, Canadá.
2. Cen respecto a la información contable de Toronto, la empresa se
negó a proporcionar la comprobación requerida para determinar su situa~
ción.
3. Por la razón anterior la mayor parte de las operaciones financieras de
1907 en adelante quedaron fue:ra del conocimiento de esta subcomisión.
4. En el período de 1896 a ' 1909 las utilidades en especulaciones finan.. Ibidem, pp. 9-15.

707

�cieras son de $ 25,894,495.50 y las utilidades en la eKplotación del sistema
importan $ 12,963,458.00 según libros.

3. La importancia económica de la Cía. de Tranvías de México es
menor en 1938 que cuando inició sus operacio11es en 1907.

5. Las utilidades en especulaciones financieras fueron provocadas por

a) Un reparto de dividendos superior a las utilidades obtenidas y

4. El Balance Consolidado formulado por la Oficina de Toronto, tiene
tres enores fundamentales y puede afirmarse que no representa la situación de la Cía. de Tra,wías de Méxíco y sus subsidiarias.

b) Aportaciones y ventas de títulos entre personas y empresas que en
la mayor parte de las veces constituían la misma organización o represen-

5. La contabilidad en el caso concreto de la Depreciación )' Amortización es errónea.

dos causas:

taban los mismos intereses.

6. Dentro de un sistema de registro adecuado esta empresa debió te-

6. Las utilidades de 1896 a 1920 se inflaron en contabilidad mediante
el procedimiento de no calcular la amortización y depreciación.

ner casi todo su activo fijo totalmente redimido.

7. Este aumento de utilidades acrecentó la demanda de títulos haciendo
subir su valor favoreciendo su especulación.

virtud de hacer un cálculo erróneo en la Depreciación.

8. En los contratos de arrendamiento relativos al traspaso de la explotación del sistema ( 1896-1900 y 1907) las dos partes contratantes consti~yen
una misma unidad económica, por lo que las condiciones pactadas no se
sujetan a condiciones económicas de oferta y demanda sino a W1a decisión
previa de una misma entidad.

7. Se ha exagerado la Pérdida acumulada en Diciembre de 1938 en

8. Se han repartido $ 17.483,183.92 de Capital en la forma de dividendos obligando al Sirtema a restringir su desarrollo econ6mico." 47
Después de hacer diversos considerandos sobre cada uno de los aspectos
estudiados por las diversas sub~comisiones y principalmente la financiera,
el dictamen en su parte final y antes de las conclusiones definitivas asentaba:

9. Cada nuevo contrato celebrado en las condiciones antes dichas creó
una carga financiera más para el Sistema de Tranvías.

"La Sub~Comisión Financiera estima que la actual administraú6u debería estar integrada por persoiuJ.S que, contando con la confianza de
los accionistas y de la "SO FIN A', tuvieran la capacidad necesaria para
dirigir eficientemente la Empresa y para seguir la política de buen entendimiento eón la Alianza. Esta administración debería seguir una
amplia política de nuevas inversiones, estimular a los trabajadores mediante una actitud comprensiva de sus ,iecesidades y respetar la independencia de su organización sindical. En caso de q1le una medida
d;; esta naturaleza no pueda ser adoptada desde luego, cree que debe
recomendarse a la actual administración un cambio radical en sus procedimientos técnicos y administrativos y en su política para con los
trabajadores.
En el concepto de la Sub-Comisi6n Financiera, la forma de resolver los problemas que se derivan de la aplicación del proyecto de
contrato colectivo de trabajo, c011siste en aplicar lealmente, todas )'
cada una de las recomendaciones formuladas por la misma y por las
Sub-Comisiones Técnica, Administrativa y Contable. Como a pesar del
compromiso adqufrido por la Compa1íúi en el sentido de que cumplirá
las disposiciones arbitrales sobre su mejor funcionamiento técnico, ad-

10. Las utilidades financieras tuvieron como consecuencia aumentar el
Activo y como en su oportunidad no fueron amortizadas estas partidas,
esto ha contribuido a gravar en forma indebida los resultados de los últimos
a.fi.os y ha restado a la empresa recursos económicos que hoy le son necesarios.'6
En el aspecto financiero general y tornando t&gt;n vista los balances p~entados por la compañía, principalmente el último dt; 1938 que reproduc11T10s,
la subcomisión estimó:

"I. El Balance de Diciembre de 1938 no se obtuvo de los libros de
Contabilidad en México, aunque la mayor parte de sus partidas están
registradas en éllos.
2. El año de 1934 hubo una variació11, de importancia reduciéndose
el actiuo de la empresa de $ 62.778,430.40 que ttnía en 1933, a
$ 36.377,079.81 que aparece en 1934. En los libros de México no existe
ninguna información sobre estas operaciones.
• Ibidem, pp. 44-45.

708

11

lbidem, p. 50.

709

�ministrativo 'Y contable, hay la experiencia de promesas semejantes qt1e
no han sido cumplidas, esta Sub-Comisión considera indispe11-Sable
que la Alianza sea facultada para uigilar la marcha de la negociación
tal como ha sido recomendada por la Sub-Comisión Administrativa.
Esta vigilancia -no significa en manera alguna la intervención de la
Alianza en las funciones directivas del negocio, sino únicame11te el
derecho de conocer sus diversas operacio11es con lo cual no se le coarta
a la Administración ninguna de sus facultades. La Sub-Comisión Fitzanciera, al igual que las otras Sub-Comisiones, ha tratado de resolver
los problemas financieros de la Compañía derivados de su mala administración y de su política contraria a las inversiones; sin embargo
seria verdo.de.ramente imposible que la Comisión Mi.da Investigadora
pudiera dar a la Empresa la solución definitiua de -sus problemas,
si la misma no se decule a cambiar de métodos y de política. Si la
Compnñía. aplica las recomendaciones propuestas por la Comisión Mi.da,
podrá dejar de sufrir las pérdidas que afirma tener, podrá obtener
algunas utilidades y en consecuencia, estará e11 tma situación favornble
para obtener nuevo capital o para que le sea autorizada la venta de
una parte de las acciones o bonos hipotecarios de la Compañía Mexicana de Ltlz y Fuerza Motriz, S. A. En efecto, en la parte final de!
estudio de la Sub-Comisión Co,itable, se afirma que la Compañía puede
obtener economías por valor de $ 4.319,000.00 en números redondos.
Ahora bien, como e11 las recomendaciones finales de esta Sub-comisión
se propone que se conceda a las trabajadores el cincuenta por ciento
de dicha cantidad, la Compañía de Tranuías de México, S. A. dejará de perder los dos millones de pesos a que tantas veces he hecho referencia. Si tomamos en consideración que la Empresa dice gastar
anual~nte eri efectiuo, la suma de $ 200,()()().00, los cuales dejará de
erogar, y si a esta cantidad sumamos $ 150,000.00 que exceden de los
$ 2.0001)00.00, tendremos que la Compañía de Tranvías de México,
S. A. tendrá una utilidad anual de $ 350,000.00. Esta cantidad aumentará seguramente porque el cálculo sobre el mayor volumen de
ingresos en el año de 1940, ha sido muy conservador y podrá aumentar más aún si como ya se dijo, la Compañía se decide a realizar
nuevas inversiones.
Por todo lo expuesto, y de acuerdo con su leal saber y entender, los
peritos que suscriben, proponen al C. Arbitro Arbitrador las siguientes
conclüsiones que deberán servir para la resolución definitiva del conflicto.
.. Ibidem, pp. 95-98.

Conclusiones y recomendaciones finales
Primero. De acue~do con la demanda presentada por la Compañia
ce~ fe:ha 6 de septiembre del aiío próximo pasado, y con lo que se
estipul~ e~ el convenio de 14 de noviembre del mismo año que dió fin
al mo~imumto de huelga, la Compañía de Tranvías de México, S. A.,
acepto mantener íntegramente todas las prestaciones establecidas en el
contrato colectivo de trabajo firmado el día 21 de octttbre del año de
1~37, lo cual signi(ica que es_tuvo conforme en que su situación financiera Y s1LS erogaciones continuaran siendo las mismas. Sin embaroo
la Comisi6n Mixta Investigadora propone medidas que permitirán a:.l;
Empresa 110 solamente satisfacer las demandas de sus trabajadores sino
obte.ner utilidade~ por valor de $ 35(}1)()().00 anuales, para que pueda
dedicar esta cantidad al mejoramiento de stl sistema de operación.
Segundo. D_el estudio practicado por la Sub-Comisión Contable, en el
cual se r~s~murr&lt;m las recomendaciones de los informes del resto de las
Sub-Comm.ones, se desprende que la Empresa puede economizar en sus
ga~tos la cantidad de $ 4.319,0()().00 cuatro millones trescientos diecinueve
mil pesos. De esta suma, son economías en e/ecti'uo y ntievos inoresos
en efectivo también, $ 1.357,000.00. A esta cantidad hay que S:marl:
la de $ 790,()()().()() que importa la reducción en los gastos por concepto
de e~er~a e.léctrica, reducci6n completamente segura, tanto por lo que
rr:amfesto el C. ]efe del Departamento de Trabajo, como el stiñor Presidente de la ~epública, así como por el hecho de que esta reduccíón
puede ser realrzada por el señor G. R. G. Conway, Presidente de la Cía.
de Tranvías de México, S. A.
~ercero. Las petidones de los trabajadores, de acuerdo, con la valorizactón hecha por los mismos, importan la cantidad de $ 3.549,102.84.
. Esta c~ntidad resultaría aumentada muy considerablemente, si hubiera
sido posible valuar las cláusulas 19-A, 20, 24, 26, 41, 43, 47, 53, 54,
88, 93, 10?,, 108, ~37, 24(), 248, 252, 253 y parte de la 259, cosa que
TJO ~e realiza por cmtud de las bases técnicas adecuadas. Esta Comisión
aplicando un criterio de máxima imparcialidad, considera que en las
actuales co.ndicion~s,. debe concederse a los trabajadores una parte de
las P:estaczones exigidas, cuya valuación importa la cantidad de .....
$ 2.fa9,S0O.00, la cual deberá ser repartida en las cláusulas más importantes del proyecto de contratd colectivo de trabajo correspondiente.
~uarto. Después de analizar concienzudamente las peticiones de los traba¡adores, por las consideraciones que no escaparán al ilustrado criterio del

• Presentación en síntesis . . . pp. 25-26.

710

711

�C. Arbitro Arbitrador, la Comisión Mixta lnue;tigadora considera que la
cantidad de$ 2.159.,500.00 debe aplicarse a las siguientes cláusulas:

mento no se logre la reducción, y que la Compañia deberá continuar
reportando una parte de las pérdidas que dice tener.

Cláusula la. Aumento diario de $ 1.00 por trabajador Y
$ J .04 por cada trabajador Motorista y Conductor .. , .•.. , ...... • , , • • • • • · · · • • • • · · $ 1.405,887 .93
C1áuruJas 51 y 52. Jubilación a solicitud de los trabaja. dores que tengan 25 años o más de servicios,
tomando como base el salario total más alto
que hayan percibido .•...........•.. , , ., 505,081.88

Sexto. En virtud de que el convenio de 14 de noviembre del año
próximo pasado, estipula que todas las prestaciones económicas se aplicarán retroactivament11, a partir del día 21 de octubre del mismo año;
cuyo cumplimiento importa en números redondos, la cantidad de ...•..
$ 900.,000.00. esta Comisión considera prudente que el C. Arbitro Arbitrador conceda a la Empresa un plazo de seis meses a partir de la
fecha, para cubrir a sus trabajadores esa cantidad, en la inteligencia que
podrá hacerlo en exhibiciones mensuales.

Capítulo VIIl. Importe del servicio médico para_ los
trabajad-ores y familiares. En la actualidad

la Compañía gasta ya ..••..• , • • • .. • • •

$ 35.,000.00 ..................

t

•••

-

..... •

•

•

''

Cláusulas 27 y 71. Pago de tiempo triple cuand? se l~bore en los dí.as de descanso obligatorio,
incluyendo pago y tiempo doble cuando
se trabaje el día Jo. de enero . . . . . . • . ,,
Cláusula 37. Aumento en la compensaci.ón por antigüedad importa. anualmente según datos de la
Compañía .•.••... , ....•...•.. • , • • • • ,,
Cláusula 69. Pago de salarios a los miembros de los Comités, a los comisionados sindicales, según
cálculo de la Compañía ........••... , , ,,

111,520.00

42,000.00

36,000.00

21,000.00

30,000.00

7,280.00

TOTAL ...... $ 2.159,669.81
Quinto. Para obtener inmediatamente la dismin~ción en las tarifas de

!ª:

energía eléctrica, el señor G. R. G. Conway, Presw,ente de
Compañías Mexicana de Luz '.Y Fuerza Motriz y de Tranvias de Mexico, S. A.,
debe concertar el contrato correspondiente entre ambas Empresas, de
acuerdo con las recomendaciones de las Sub-Comisiones Contable y Administrativa y gestionar su aprobación por las Secretarías c~rrespondientes. En todo caso, esta Comisió-n estima que deben cubrirse a los
trabajadores las nuevas prestaciones establecidas aun cuando de mo-

712

México, D. F., a 28 de febrero de 194-0.
Los peritos de las Sub-Comisiones Administrativa, Técnica, Contable

Cláusula 97-A. Pago de tiempo extra a los .Motoristas Y
Conductores durante la "Media hora de to-

ler an.cia'1 . . . . . . . • • .. • .. • • • • • .. • •• • • • • • • • • • )'
Cláusula 235. Pago de 20 minutos de tiempo a los Conductores para recabar sus e1untas .•.. , , . ,,

Séptimo. Todo el estudio practicado y las recomendaciones que se
han formulado, se encontrarán en graue peligro de no ser eficaces si, comq,
en ocasiones anteriores, se dejara al arbitrio de la Empresa, el cumplimiento de lar mismas, Por esta razón, la Sub-Comisión considera absolutamerzte indispensohle que se establezca la vigiláncia de la Alianza sobre
todos los manejos de la Compañía, en los términos propuestos por la
Sub-Comisión Administrativa, a cuyo efecto recomienda al C. Arbitro
Arbitrador formular el reglamento correspondiente, en el cual se especifiquen con todo detalle, las funciones de vigilancia, la forma de realizar/ar, etc., etc.

y Financiera.-Ing. Fernando Portilla, Alfonso Sotomayor, C.P.T.; lng.

Alejandro Méndez Armendáriz; Lic. Mario Pa:vón Flores; Lic. Mario
Souza; Lic. Emigáio Martfnez Adame; Jng. Miguel Solazar Arce; Quintín Botas, C.P.T.,· Lic. Ca;los Duclaud; Gabino García; S. Rowley-; K.
S. Mcneil.
Nota: Los peritos de 1a empresa, todos empleados de confiama de la misma, se reservaron el derecho de emitir un voto particuJar.
El dictamen de la comisión mixta investigadora, sometido al estudio y consideración del árbitro, dio origen al fallo que este pronunciara ei 22 de
agosto de 1940, condenando a la empresa a firmar el nuevo contrato colectivo, concediéndole cinc.o días para ello, a lo que no se avino 1a Compafüa,
Y sin ratificar el laudo recurrió al amparo que le fue concedido. La Alianza ante esa actitud resolvió utilizar como medida la protesta, diversos paros
que efectuó a partir del 28 de noviembre, sin resultado alguno, lo que
obligóla a tener que recurrir a la huelga que se emplazó para el 23 de
diciembre y posteriormente el 11 de enero de 1941. Los puntos esenciales

713

�&lt;lel pliego de peticiones presentado eran los siguientes: lo. Cumplimiento del
contrato colectivo de trabajo depositado el 23 de diciembre de 1940
en la Junta Federa] de Conciliación y Arbitraje, firmado por el presidente
~e ese tribunal, licenciado Manuel R. Palacios, ante la rebeldía de la empresa para someterse al laudo arbitral dictado en el mes de agosto. 2o.
Reparación de las violaciones cometidas por la Compañía de Tranvías de
},{éxico, S. A., en perjuicio del citado contrato de trabajo durante la semana
del 23 al 30 de ese mes de diciembre. 3o. Aplicación retroactiva del contrato colectivo del 23 de diciembre de 1940, al 21 de octubre de 1938, y
consecuencias legales de la misma retroactividad.
La huelga estalló el 11 de enero de 1941 y fue declarada existente el día
16. El 21 de ese mismo mes, y dada la firmeza de los trabajadores, la
Compañía accedió a un arreglo por el cual se levantó la huelga. Dicho arreglo comprendía las bases que siguen:

Primero: La empresa cede $ 1.240,000.00 para aumento de salarios por
persona y a ellos se agrega el pago de los obreros en una proporción de
ochenta centavos diarios por persona y a ello se agrega pago de los servicios
médicos.

diarios por cada trabajador, en los términos de la cláusula primera del contrato:

Segundo: Pago de tiempo extraordinario correspondiente a la media hora
llamada de tolerancia, en los términos de la cláusula 63 y demás relativas.
Tercero: Aumento en 1a compensación por antigüedad, en la ionna y
términos establecidos en la cláusula 37 condicional establecido por el C.
Arbitro en su laudo :
Cuarto: Ochenta mil pesos anuales que deberían ser entregados a la Alianza para el servicio médico. ~0
La distribución del dinero correspondiente al aumento de salarios, que
la Empresa dejó que la Alianza hiciera, suscitó algunas pequeñas dificultades, Jas cuales fueron afortunadamente vencidas, debido al buen sentido
de los trabajadores, con lo cual no se perturbó en fonna alguna la unidad de los mismos tan penosamente lograda.
Para que pudiera hacer frente a las peticiones obreras, el Estado intervino ante la ·compañía de Tranvías en la siguiente forma~

Segundo: Un millón de pesos destinado al pago de sueldos devengados,
suma calificada como retroactiva, aplicada al contrato de octubre de 1939
y entrará a formar parte del fondo de antigüedad.

lo.) Mediante oficio No. 00204 de 10 de enero de 1941, girado por la
Secret.aría de Economía Nacional a la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza
Motriz, S. A., se le ordenó a ésta redujera la tarifa de energía eléctrica
proporcionada a la Compañía de Tranvía5, reducción que signific6 anualmente la cantidad de 400,000 pesos.

Tercero: Pago íntegro de salarios por los días que duró la huelga; la
empresa. se compromete a cubrir $ 60,000.00 en esta semana y el resto en
diez mensualidades.

2o.) El Gobierno del Distrito Federal dispuso el 18 de enero de ese año,
que la Empresa red ujera las erogaciones por concepto de mantenimiento
de sus propiedades en cerca de 450,000 pesos anuales.

Cuarto: Desde hoy comenzará a regir el contrato colectivo de 1940 y
será firmado por la Junta Federal de Conciliación esta misma noche. El
servicio será reanudado por la tarde, sin saberse aquí la hora. porque hay
que revisar las vías, los conductos de alta tensión y los trenes de transporte.

3o.) En la misma fecha, el Gobierno del D. F. autorizó a la empresa a
aumentar en veinticinco centavos el precio de los abonos semanales.
Posteriormente, en septiembre de ese mismo año, la Compañía sometióse
a una auditoría ordenada por el Departamento del D. F., la cual fue realizada por los contadores públicos Alfonso P. Vélez y José Oseguera He-

Quinto: Los trabajadores hacen constar que siempre se han opuesto al
aumento de los abonos semanales, y cualquier acuerdo adoptado por las
autoridades DO será de la responsabilidad de ellos. Esta aclaración fue necesaria por motivo a que se le concedió a la empresa que aumentara la
cantidad de veinticinco centavos e1 precio de los abonos semanales para
poder cubrir, según elJa, los aumentos concedidos. El convenio fue firmado
a las tres de la mañana del día 21 de enero y se elevó a la categoría de
laudo por el grupo No. siete de la Junta General de Conciliación y Arbitraje. En síntesis se obtuvo:
Primero: Aumento de salarios de ochenta y dos y ochenta y cinco centavos

714

n-era.
Las luchas de los aifos 1942 )' 1943
En los últimos meses de 1942, los trabajadores de la Compañía de Tranvías, por medio de sus representantes sindicales que integraban la Alianza:
Julián Vera, secretario general; Manuel Bezares, secretario del interior; Francisco Gallegos, secretario del exterior; Luis Lago, secretario de hacienda;
"' lbidem, pp. 26-27.
., Ibídem, pp. 29-30.

715

�Daniel Gómez, secretario de actas y empleos y Juan Aceves, secretario de
propaganda y educación, organizaron su asamblea general permanente que debería avocarse el estudio del nuevo contrato colectivo de trabajo que debería sustituir al finnac:lo el año de 1941, y el cual vendare el 20 de enero
de 1943. El 21 de noviembre de 1942, los dirigentes obreros entregaron a
la empresa su proyecto de contrato, y ella manjfestó que por su parte remitiría el suyo para que ambos fueran puestos a discusión.
Como la parte patronal pese a sus ofrecimientos no enviaba el suyo y el
tiempo coma, los obreros pidieron a la Secretaría del Trabajo y a la Junta
Federal de Conciliación y Arbitraje citara a la Compañía a comparecer
ante los tribunales laborales con el propósito de que se pudiera entablar
la discusión. Esta no pudo efectuarse puesto que la empresa continuó sin
presentarse, lo que. determinó a los obreros a pensar en la utilización de
la huelga como medio de conminar a aquélla. La Secretaría del Trabajo
en actitud conciliadora dispuso por medía de un. convenio elevado a la
categoría de laudo, que la validez del contrato se extendiera hasta el día 5
de febrero, obligando a la empresa a aplicar retroactividad a las prestaciones
económicas que se consiguieran con la firma del nuevo contrato.
Más aún, el gobierno deseoso de que no se alteraran las relaciones obreropatronales, creó la Comisión Técnica de Costeabilidad integrada por los
ingenieros Manuel Moreno Torres, Juan Bringas de la Torre, Fernando Ríos
Venegas y licenciado Alfonso Corona del Rosal, la cual después de diversos estudios, emitió el 11 de enero de 1943 un dictameo, cuyos puntos concretos fueron :
lo.) Es costeable, mediante una buena administración, el actual sistema
de transportes que ~lota Ja Compañía de Tranvías de México, S. A.;
2o.) Medíante la inversión de once miJlones de pesos que la propia compañía ha revelado desea realizar para mejorar radicalmente sus servicios,
se obtienen cuatro millones de utilidades líquidas al año y aún puede 1·cducirse el valor del pasaje.
La intervención conciliatoria de parte de las autoridades aplazó la huelga durante varias semanas; así transcurrió el mes de febrero y el de m;u-zo
en diversas pláticas, mas el estallido de la huelga quedaba en pie, y fue
finalmente fijado para el 13 de abril al medio día. Las peticiones de los
obreros fueron :
la.: La aceptación en los ténnínos del contrato de trabajo, que fue presentado por la Alianza con fecha 21 de noviembre y que deberá regir las
relaciones entre la empresa y sus trabajadores a partir del 21 de enero de
19'43, hasta el día 20 de enero de 1945.
2a.: La aplicación re~oactiva de las prestaciones económicas en el proyecto de contrato de trabajo, a partir del día 21 de enero de 1943, especial-

716

mente de los aumentos ele salarios, pago de nueva cuota para el serv1c10
médico y creación de puestos que .se consignan en los tabuladores.
3a.; Pago de los gastos que la Alianza viene haciendo con motivo ele
la contratación y, en particular~ debido al retardo en la presentación del
contraproyecto de la Compañía.

4a.: La obligación ele invertir la cantidad de $ 4.000,000.00 durante la
vigencia del nuevo contrato, para cubrir el mantenimiento diferido de las
vías y del equipo del sistema de tranvías.
5a.; La obligación de invertir las cantidades que nonnalmente ha venido
erogando en el mantenimiento ordinario de las vías y del equipo rodante,
durante el tiempo que dure la guerra.
6a.: La obligación de que la empresa amplie sus vías_, en una extensión
de 20 kilórrietros como mínimo, para llevarlas a las colonias densamente
pobladas de la capital.
7a.: La obligación de construir, durante la vigencia del contrato, 50 carros en los propios talleres de la empresa. Para hacer posible el cumplimiento de esta petición y de la anterior, la Alianza se compromete a luchar
porque la Compañía obtenga las prioridades necesarias para conseguir los
materiales.

8a. : El otorgamiento de las garantías indispensables, a juicio de la Alian-

za, de que la Compañía cumplirá con todas las obligaciones antes formuladas, y el consentimiento para la creación de una comisión tripartita, en
la que e~tén representados el gobierno, Ja compañía y los trabajadores, para
vigilar Ja reafu.ación del programa de mantenimiento y de inversiones.
9a.: Pago de los salarios caídos, gasto., de prehuelga y de huelga.

Sin haber llegado a ningún acuerdo, la huelga estalló el día fijado, mas
sólo duró noventa minutos, pues ambas partes convinieron en aceptar los
siguientes puntos como forma de conciliar sus intereses:
lo.) Aumento de salarios en un trece por ciento global para los trabajadores de planta afiliados a la Alianza. Este aumento asciende a un millón
veinte mil pesos anuales y se aplicará con retroactividad desde el 21 de
enero ele este año. 62 Por concepto de diferencias, la empresa pagará desde
esa fecha hasta el día de ayer, 12 de abril, más o menos doscientos mil pesos
que cubrirá en un plazo no mayor de quince días.
., Al hacer la distribución, en vista de que al personal en su mayoría se le wm•
pensaba su trabajo por horas, apareció una diferencia de $72,000.00 anuales. En ~
virtud, la Empresa se comprometió a entregar a la Alianza esa diferencia en partidas
de $6,000.00 anuales. Dicha cantidad la recibió la Alianza hasta el momento en que
la Compañía fue intervenida en el año de 1945 en que la renunció como cooperación
al mejoramiento económico del sistema.

717

�2o. La garantía del gobierno, transmitida por conducto del Departamento
del Distrito Federal y de la Secretaría del Trabajo, de que el conflicto
de fondo -mantenimiento del servicio mediante refacci6n económica necesaria para mejorar el servicio en equipo, vías, etc.- se resolverá en un
período de tiempo no mayor de tres meses.
3o.) La empresa no podrá aumentar las tarifas del pasaje.

Con el fin de que la empresa pudiera hacer frente a las peticiones de
los obreros y tomando en consideración el parecer contable ordenado por
la Secretaría del Trabajo a los señores Manrera hermanos, el cual habían
rendido el 31 de marzo de ese año, la propia Secretaria del Trabajo y el
Departamento del Distrito Federal. comunicaron al señor Jean Bemier, consejero de ta empresa, que el estado otorgaba a la Compañía de Tranvías,
subsidios por un monto equivalente al de los impuestos federales y locales. 53
113 El acuerdo mediante el cual se otorgó a la Compañía el subsidio mencionado, señaló Jos puntos principales en que radicaban los problemas. Una vez dictadoJ la C~mpañía promeúó aumentar anualmente tres y medio millones de _pe~s para la rl'paraCJón
de vías y equipo bajo la vigilancia del Departamento del D1stnto Federal. Los •• • •
$65,000.00 que la Secretaría de Hacienda y el Departamento entregaba a la Compañía
para aumento de salarios, serían empleados en el mejoramiento d~ sistema, ~r lstar
a la Empresa capacitada para sufragar por sí ne aumento. El acuer o en cues1mn ce:
y "CONSIDERANDO. Que eJ 13 de abril próximo pasado, la Federación y el Departamento del Distrito Federal convinieron en facilitar a la Compañía de Tranvías
de México, S. A., las cantidades que hubieren pagado, ':2-8~º a la Secretaría de Hacienda como a la Tesorería del Departamento del DJStnto Federal, por concepto
de impuestos y derechos correspondientes a los meses transcurridos de en_~º ~ a_briJ
próximo pasado; que asimismo se convino en que la mencionada C-ompama. sigwera
disponiendo durante el presente aúo de las cantidades que en adelante tuviere que
pagar por los mismos conceptos basta que el Gobierno detenninara si aquéll~ estaba
postoilidad de cumplir con sus compromisos derivados del Contrato Colecttvo cele~
· exp1"d"ó
brado con sus trabajadores; que para la legalización de ese convenio el suscnto
1
el acuerdo número 736 de 29 del mismo abril autorizando al Departamento para
que en los términos del mismo procediera a facilitar a la Compañia l,a cantidad de
$J1I,102.42, importe de los impuestos y derechos pagados a la Tesoren.a del Distrito
Federal, desde el 1/o. de eoero hasta el 15 de abril del año en ~uno, por co~cepto
de predi.al. operaciones mercantiles, cooperaciún, agua y otros diversos, autoniando
ígualniente :i.l Departamentb para entregar, en calidad de s~bsiclio a la Co~pañía de
Tranvías las cantidades que está obligada a pagar, a partir del 16 de abnl por los
expresad~s impuestos y derechos, hasta en tanto .se resolviera acerca de la capacidad
económica de la Empresa, para satisfacer las reclamaciones formuladas por sus ~abajadores y que asimismo se facultó a la Secretaría de Hacienda para que también
entregara a la Compañía el importe de los ímpuestos que a ella está obligada a cubrir

la Empresa de referencia:
"CONSIDERANDO. Que de conformidad con lo establecido por el ai·úculo 4o.,
inciso A de la Ley que fija las bases generales a que deberán sujetarse el tránsito Y

il8

La empresa hubiera deseado en lugar de esos subsidios a los que consideraba
como paliativos, &lt;1ue se le permitiera hacer uso del derecho de aplicar la
los transportes en el Dislrito Federal, está facultado eJ Departamento para proveer
a la necesaria conservación de las vía.s locales de comunicación dentro de su territorio,
y de acuerdo con lo que establece el artículo 16, fracción octava del Reglamento de
dicha Ley, es obligaci6n de las concesionarias de la explotación del servicio de transportes conservar las instalaciones y el equipo en condiciones de dar un servicio eficiente:
''CONSIDERANDO que es indudable que el sistema de trnnvias en e) Distrito
Federal ha venido desmereciendo constantementeJ al punto de que se corre el peligro
de que por el estado de ellos llegue el momento en que no pueda pres"lane el servicio
que tiene encomendado con grave perjuicio de los intereses del público, cosa que ef
Gobierno debe evitar por todos los medios de que disponga;
"CONSlDERANDO que la Compañia de Tranvías de México, S. A., ha venido
sosteniendo que no puede conservar ni mejorar su equipo por carecer de los elementos
necesarios ya que, según ella misma lo expuso, está operando a base de pérdidas y
propone, como punto de solución, el aumento de las tarifas en los pasajes, cosa que
el Gobierno no puede aceptar, en atención, en primer lugar, a que esto significaría
un.a agravación de la situación económica, por la que vienen atravesando las clases
pobres del Distrito Federal, que son quienes principalmente utilizan esos medios de
transportes -y, en consideraciones qul' más adelante se exponen;
"CONSIDERANDO que al revisarse el contrato de trabajo en el mes de abril de
este año hubo un aumento en los salarios de los trabajadores y otras prestaciones que
imp&lt;'rtan $1.140.000.000, hecho que fue señalado por la Empresa como de imposible
ejecución y que determinó que el Gobierno tomando en consideración la capacidad
económica de la susodicha Empresa;
''CONSIDERANDO que hecha una revisí6n de los ingresos que ba venido obte•
nicndo la. Compañía de Tranvías, aparece un ascenso invañable de,sde 1939, puesasí se nota que en este año de 1939 se obtuvieron e11tra&lt;las por la canúdad de
$ l0.736.047.75, en 1940 de $11.760,221.71, en 1941 de $12.068,300.81, en 1942
de $ 12.845,225.83 y en 1943 u.na previsión de $14,400.00 si se toma en cuenta lo
que ha ingresado en les primeros cuatro meses de este año subsecuentes;
"CONSIDERANDO que en esa virtud puede preverse un aumento en 1943 equivalente a más de $ 1.500,000.00 en relación al de 1942, y sí se toma en cuenta que
el aumento que importaron los salarios y prestaciones concedidas en la revisión der
Contrato, ascenclieron, como ya se ha dicho, a $1.140,000.00, resulta que todavía
habrá un sobrante de $ 360,000.00 despu~s de cubrir el au.mento que importó la revisión del Contrato;
"CONSIDERANDO que a mayor abundamiento se ha venido señalando a Ja Empresa vicios de organización y gastos que sin grave perjuicio para su buen funcionamiento. puede suprimirse o por lo menos reducirse, tales como importe de sueldos altos
a sus funcionarios, gastos de oficinas foránea.,, reserva para depreciación y gastos de
polida secreta y sin que el Gobicn10 trate de obligar a la tmpresa a que imprima
tal o cual modalidad a su organuación, se consídera que atnvesando, como sí atra•
viesa por condiciones difíciles, bien puede dictar medidas que e,conomicen sus gastos
en beneficio del servicio del sistema y de la costeabilidad del negocio;
"COXSIDER.'\}J:DO que no obstante que de acuerdo con la exposición que antecede,
a.parece que la Empresa está en condiciones de sufragar todos los gastos que se deri-

719'

�van de sus contratos y concesiones, pero tomando en cuenta que es de urgente necesidad
no sólo conservar el mtema de transporte de paaajeros que regentea, sino sí es posible
mejorarlo, el Gobierno está de acuerdo en segu.ír ministrando el subsid.io que se. contiene en los acuerdos del mes de abril de e.ste año, pero condicionado a que su importe se invierta. precisamente en la conservación y mejoría del sistema para que queden
a cargo exclmivo de la Compañía todos los demás gastos que le corresponden;
"CONSIDERANDO que al celebrarse el convenio de 13 de abril entre la Compañía y sus trabajadores, el Gobierno, por conducto de sus representantes que intervinieron en él, ofreció estudiar las condiciones econ6micas de la Compañía de Tranv1as y
dictar en un plazo de tres meses que vence en esta fecha, la resolución que procediera,
a fin de estabilizar las operaciones del sistema y atender a su conservación y mejoramiento, y cumpliendo con esta obligación y en virtud de lo anteriormente expuesto,
be tenido a bien expedir el sigu.íentc
ACUERDO:

PRIMERO: La Secretaria de Hacienda y el Departamento del Distrito Federal
continuarán otorgando a la Compañía de Tranvfas de México, S. A., a título de
subsidio, las prestaciones autorizadas por los acuerdos números 736 de 29 de abril
del corriente año, dirigido al Departamento del Distritu Federal y el de fecha 9 de
los corrientes, correspondiente a la Secretarla de Hacienda y Crédito Público.
SEGUNDO: El importe de dichos subsidios se destinan exclusivamente a la conservación y mejoramiento del sistema de vías y equipo de la mencionada Empresa. En
efecto, la Tesorería de la Federación concentrará en la del Departamento del Distrito
Federal, el importe de los impuestos y derechos federales y el Departamento a su vez,
con el importe de dichos impuestos y derechos, y lot de su propio erario, en los
limites de los impuestos que paga la Compañía, abrirá una cuenta especial con cai:go
a la cual se harán los gastos que se indican en el punto siguiente.
TERCERO; Para girar a cargo de dicha cuenta el Jefe del Departamento del
Distrito Federal, escuchando previamente la opinión de la Compañía de Tranvías y
de la Alianza de Obreros y Empleados de la propia Empresa, aprobará el programa de
ero$3-ciones para el mejoramiento de vías y equipo que deberá reafuarse, con cargo
a dicha cuenta, en cada año fiscal.
CUARTÓ: La Compañía de Tranvías deberá seguir erogando de su propio peculio
como mínimo, la cantidad que gastó en el año de 1942 para los gast011 de mantenimiento del sistema.
QUINTO: Quedan sin efecto todas las disposiciones anteriores que se opongan al
presente ACUERDO.
Dado en la residencia oficial del Poder Ejecutivo, en la ciudad de México, Distrito
Federal, a los catorce días del mes de julio de mil novecíentos cuarenta y tres.
.El Presidente de la República.-Ma.nuel Avila Camacho."
Ante la insistencia de los empresarios para suprimir !u planillas, la Alianza de
tranviarios prestmtó una proposición, con el fin de que durante el tiempo que subsistiese al estado de emergencia decretado por cl Ejecutivo, se constituyera una Comisión
tripartita, integrada por representantes del Gobierno, de la Compañía y de la Alianza,
que manejara el sistema, velando porque se mantuviera on las mismas condiciones y al
término de la. guerra, si la Compañía gar~tizaba un buen manejo, se le dejara y

720

tarifa mínima de 15 centavos fijada en el año de 1940 y la cual no había
podido aplicar.ª
Como la vez anterior, la empresa confió a los obreros distribuir los aumentos de salarios entre elJos, hecho que originó, en esta ocasión, algunas
dificultades entre los que prestaban su trabajo en el departamento de tráfico
y los de otros departamentos, habiéndose finalmente llegado al acuerdo siguiente: para motoristas y conductores el aumento seria de ochenta centavos diarios y para el resto del personal setenta y dos centavos diarios. 55
Este acuerdo aceptado después de algunas discusiones, mas conseguido a
través de una clara conciencia laboral, dio fin a las dificultades que por
ese motivo se habían previsto.
Buena parte de las dificultades existentes, surgían de la situación económica de la empresa. Un examen comparativo de la misma, nada desfavorable hacia la Compañía, fue publicado en la Revista de Economía, México,
julio 31 de 1943, el cuaJ, por aclarar diversos aspectos, lo incorporamos
a continuación:
"Deseamos dar a conocer a niiestros lectores en este número, algunos datos que sobre el remltado de la explotación de los tranvías
en el Distrito Federal, figuran en la memoria estadística sobre ferrocarriles y tranvías publicada recientemente por la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicos.
Los referidos datos utadí.rticos muestran una situación financiera de
la empresa, por demás lamentable. Dura11te los cinco años -19351939- que abarca el periodo que estudia, la Compañía operó a pérdida, como lo vemos en el cuadro que sigue )' que muestra los ingresos, los gastos y los saldos entre ambos.
Años

Ingresos

1935
1936
1937
1938
1939

8 131 822
9 256 697
10 664 262
11 186 383
11 286 339

Gastos
11
10
12
12
13

094
581
053
851
619

513
486
990
920
975

Pérdidas
2
1
1
1
2

962
324
389
665
333

691
789
728
537
636

si no se aplicaran las normas propuestas por los téo.nicos. Esta proposici6n fue aceptada
por la Empreaa.. Vid. Novedades, julio 9 de 1943.
" Defensa que presentan las Compañías de Tranuío.s de México y de Ferrocarriles
del Distrito Federal de México, S. A., en el procedímiento de caducidad de ms con•
.cesiones, incitados por el Gobierno del Distrito Federal el 31 de diciembre de 1945.
México, D. F., marzo de 1946, pp. 28-29 y 81-90.
~ Pusenlación en síntesis . . . p. 32.

721

�Los -ingresos manifiertan un aumento progresivo de un año a otro, pero
en el renglón de gastos, también ha habido aumentos constantes, de tal
manera que éstos, los gastos, sumpre superan a los ingresos. Si los ingresos aumentaron en un 38.79% en 1939 respecto a 1935, los gastos mostraron una elevación, en el mismo período, de 22.76%.
Ahora b-ien, estos constantes déficit en la explotación de los tranv!as de
}..féxico, no deben atribuirse como podría suponerse, a un aumento en el
número de empleados, o a la eleuación en los .rueldos y salarios de éstos.
Como demostración, copiamos en seguida el siguiente cuadro:
Años

Número de
empleados

Emolumentos
sueldos y salarios

1935

3 322

6 259 474

1936

3 428

6 301 758

1937

3 619

6 689 898

1938

3 595

7 101 127·

1939

3 662

7 055 279

El aumento habido en el quinquenio, respecto al número de empleados, apenas significa un 1023%, en tanto que el aumento en sueldos,.
salarios y emolumentos, representa un 12.71%. Como se ve, el aumento
en los sueldos se debió m!Ú que nodo, a la elevación en el número de
empleados, pues si en 1935 el promédio anual de sueldos, por persona,
fue de $ 1 884 00, en 1939 ascendió o $ 1 926 00, lo que sig,iifica un
aumento en el promedio anual, de apenas$ 42.37.
¿Si el mal estado de la empresa no se debió a exceso de personal
ni a atlmentos en los salarios, cuál ha sido entonces la ca.usa de sus
constantes pérdidas? Continuemos el análisis de nuestros datos estodís.
ticos, y veamos si después de él, podemos llegar a una conclusión. Noestudiaremos en detaUe los ingresos en los distintos años, porque, aunque hay ingresos por concepto de fletes, éstos son insignificantes en comparaci6n con lo que obtienen por pasajes, y en la actualidad no existe
ningún otro rengl6n de ingresos. Pasemos pues a la distribución de los
gastos.

722

Concepto

1926

1936

902 422

818 407

1 511 388

1 318 912

Tráfico y transporte ....•........

5 361 592

6 103 045

Gastos de Administración ..........

1 657 374

1 110 053

Conservación de vías

Edificios

'.V

•

~

&amp;•

■

••••••

estructuras:

Conservación de equipo

Diversos

·-

•• •

••••••

■

■

.....

1

-

.....

1 230 069

...................

1937

1938

1939

1 006 000

1 256 053

1 267 143

1 395 096

1 472 691

l 476 902

6 267 219

6 353 691

6 119 091

1 lH 696

1 250 625

1 322 075

2 141 396

2 457 318

3 283 109

Co~~ se verá, hemos suprimido de este cuadro el año de 1935, para
substituirlo por el de 1926, ya que éste fue uno de los últimos en los
que la Compañía consiguió utilidades. No es muy grande la diferencia
entre los gast~s de 1_926 y los registrados diez años después, 1936, o en
1939, Y las diferencias de más que se advierten en 1939, en Tráfico y
Transp~rles por ejemplo, puede atribuirse a 1m incremento en el tráfico,·
pero existe un renglón de gastos que no existía en 1926 y que ya figura
e~ 1935, es el de Diversos. Todos los egrl/sos están perfectamente cubiertos con los renglones detallados en 1926, ¿para qué entonces tse
nuevo concepto de gastos denominado Diversos? ¿Cuáles son los gastos
que se ª"!paran bajo este nombre? En 1936 sumaron $ I 232 069, y
esta cantidad se elevó en más de un ciento por ciento en 1939. Fijémonos. en este detalle y pasemos adelante. Con objeto de conocer pormenonzadamente los resultados de la explotación, damos a continuación
otro cuadro, en el cual substituimos también el año de 1935 por el de
1926.

723

�Concepto

1926

1936

1937

1938

1939

Coeficiente de explotación .. .. .. .

0.9479

1.1468

1.1240

1.1981

1.2602

Kilómetro de vía

337

317

316

311

313

lngreso por Km.

27 990

31172

35.9 72

36 311

36 475

Utilidad por Km.

l 479

4576

4460

7 193

9492

Pérdida por Km.
Pasajeros

trans-

portados 86 934 623 144 300 571 164 924 33 7 176 441 422 174 782 638

Equipo eléctrico:
. .... .

349

379

379

374

376

Carga . . .... . ..

38

31

30

30

24

Pasajeros

Equipo eléctrico: En tanto que en el de pasajeros hay un aume-nto
en 1939 respecto de 1926, de 27 unidades, el equipo de carga se redujo en 14.

Remolques: Tanto los de pasajeros como los de carga disminuyeron
su número, siendo la diferencia de 77 unidades de los primeros y de
43 de los segundos.
Ahora que ya estamos en posesión de datos suficientes, procuraremos
sacar de ellos algunas consecue·ncias. Cómo es que lo que fue negocio
en 1926 y en otros años anteriores y posteriores a éste, dejó de pronto
de serlo, y, {Cómo en estos años de 1935 a 1939, solamente se han
registrado pérdidas? Como habrá notado el lector, en la explotación
por año de 1926 concurren las siguientes circunstancias:
I /a. Los ingresos de la explotación propiamente dicha, los habidos por
el transporte de pasajeros y mercancías, no fueron los únicos que en
dicho año recaudó la Empresa. Hasta el año de 1934 hubo otros conceptos muy importantes de ingresos, que provenían de un activo rico
y saneado. Así, por ejemplo, en 1928 se publica en Bruselas el sigitiente
resultado por el ejercicio de 1928, de la Cía. de Tranvías de México.
Dólares ca11adie11ses

Remolques:
Pasajeros
Carga

..... .

119

58

50

43

42

Beneficio neto de la explotación

339 452

80

41

42

41

37

Ingresos netos sobre inversiones

1079150

Ingresos diversos ...... . ... . ..... . . .

3 446 000

Coeficiente de explotación: Todavía en 1926, el coeficiente de explotación, aunque muy elevado, fue favorable ; pero de 1935 a 1939, el

coeficiente ha sido siempre superior a cien.
Kilómetros de vía: La exte11sión de la vía ha disminuido consta11temente. En diez años, de 1926 a 1936 se levantaron veinte kilómetros
de vía.
Ingresos por kilómetro: A pesar de la fuerte eompetencia que los
camiones urbanos hacen a. la Compañía, el ingreso por kilómetro no
sólo no ha disminuido, sino que manifiesta una tendencia de ascenso.
Utilidad o pérdida por kilómetro: En ningt'tn año del quinqtienio que
se estudia hubo utilidad, por el contrario, las pérdidas han sido fuertes
y mayores cada año.
Pasajeros transportados: En cambio el número de pasajeros se ha
más que duplicado, si se compara el año de 39 con el de 26.
Ingreso medio por pasajeros: Ha sido uniforme en los cinco años:
seis centavos, contra diez centavos que f11e el ingreso medio• en 1926.

724

4 864 602
y agrega el informe: 'hechas las deducciones por grutas de adminis-

tración, gastos generales, intereses a las ollligaciones y para dotación a
los fondos de amortización, el producto neto se eleva a dólares canadienses 995 445.00, contra 601 996 en 1927. El activo que produjo tan
brillantes resultados, estaba integrado de la siguiente manera:
Dólares canadienses
. ... ... .. .... ... ... ...

18 460 840

Cartera . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . .

23 604 848

Mercancías, Caja y diversos . . . . . . . .

2 120 670

Adeudo de la Mexicana Light . . . . .

3 061 424

Propiedades

725

�Dólares canadienses

....

41 287
330 287

Adeudo del Gobierno Mexicano ....

1 915 321

Valores diferidos ..•...............
Inversiones

..................

■

••

■

49 544 677
Dólares canadienses
Contra el siguiente pasivo:

Intereses atrasados •...............

21 f}31 013
9 802 669

Valores diferidos . . ....... ... ..... .

114 135

Deudas consolidadas .....•.........

32 747 817'
V e.mos cómo a la cartera se le daba un valor de Dls. Canadienses de
23 604 848 00; pero en realidad su valor era mayor aún, dada la cotización de los valores que la integraban. A propósito de la cartera que
poseía la Compañía, escribe la publicación de donde extractamos estos
datos denominada Analyses de Bilains et Rapports de Societes: 'Existen
además otras causas, que determinan el alza (de las acciones de la Cía.
de Tranvías), pero la principal consiste en las 87 336 acciones ordinarias de la Mexican Light que posee en cartera. Esta participación es una
verdadera joya para, la Compañía de Tranvías'. Desgraciadamente a la
Empresa de Tranvías se le ocurrió hacer un brillante negocio y canjeó estas
acciones de la Compañía de Luz y Fuerza Motriz, o la mayoría de ellas,
por bonos de la Cía. de T,,-a.nvías y cupones de los intereses insolutos, y
desde entonces, la Cía. de Tranvías solamente ha tenido ingresos por concepto de la operación de sus líneas.
Continuamos exponiendo las causas que, a nuestro modo de ver, han
obrado para determinar pérdidas en la explotación de los tranvías. Queda escrita l~ primera, pasemos a la
2 / a. En 1936 no existe ningún gasto por concepto de diversos, en
cambio, durante el quinquenio que se analiza, los gastos por este concepto sube11 de un añ.o a otro.
3/a. El ingreso medio por pasajeros en 1926 fue de
de 1935 a 1939 se redujo este ingreso a $ 0.06.

$ 0.10, en cambio

4/a. No existe ninguna relación entre los pasajeros transportados, siem,.
pre en aumento, y el equipo empleado para ello. Es cierto que el
número de vehículos en 1935, es superior al de 1926; pera a partir
de 1935, el número de unidades se reduce paulatinamente hasta 1939,
lo cual nos indica la poca atención que se presta al equ.ipo, por más
que, según balances anteriores, las propiedades de la emprésa eran
considerablemente amortizadas caáa aiío, hasta con casi un tercio de
sus ingresos de explotación. Y lo que decimos del equipo, lo decimos
también de la vía. No sólo no se ha incrementado su extensión de
acuerdo con el desarrollo de la ciudaa, sino que se ha reducido e!
número de kilómetros en explotación, y la vía que aún queda, está
en buena parte, en un deplorable estado de abandono.
No se necesita ser un lince para deducir de todo lo ant~rior, el poco
interés que la empresa tiene ya en la explotación de los tranvías. Lo
que más valía de su activo, fue negociado oportunamente; el valor de
las propiedades, si no está ya completamente amortizado, poco faltará
para ello. En cambio, la empresa que había nacido como un complemento de la de trnnsportes y c-0n objeto de ministrarle energía barata -nos referimos a la Cía. de Luz y Fuerza-, se convierte ahora
en la industria principal por su gran productividad. Lo aconsejable,
pues, desde el punto de vista capitalista, era desentenderse del negocio
que dejó de serlo, para dedicarse por entero al otro que promete mucho.
Es cierto que los tranvías urbanos han dejado de ser u11 negocio fácil
y lucrativo, no solamente en México, sino en todo el mundo, muy prin~
cipalmente desde los años que si.guieron a la terminación de la primera
guerra mundial, 'J ello se debe principalmente a dos razones: Al crecimiento tan rápido del volumen de aittomóviles particulares y de servicio público, y a la falta de crédito con que desde entonces tropezaron las empresas: el capital ya no quería correr el riesgo.
De todos modos, la ciudad de México y sw habitantes, no pueden
resignarse a que su principal "medio de transporte desaparezca; tampoco
lo admite nuestro Gobierno que, por ahora parece haber encontrado
una solución al problema. Reconoce el Estado que el incremento habido en los últimos años, en los ingresos de la Compañia, apenas bastará para cubrir el aumento en los salarios de lo.s trabajadores, que se
les concedió en abril de este año. En tal virtud, la Secretaría de H11cienda y el Departamento del Distrito Federal, acordaron otorgar a
la Cía. de Tranvías de México, a título de subsidio, las cantidades que
debe pagar por concepto de impuestos y derechos, con la condición de
que dicho mbsidio se destine exclusivamente a la conservación y mejo~
ramiento del sistema de VÍl7$ y equipo de la mencionada empresa.

727

�De todas maneras, a nosotros nos parece que el problema no se ha
resuelto de una manera total y definitiva, por lo que creernos que es
necesario tomar otras medidas, unas de carácter económico y otras
meramente administrativas.

Medidas de carácter económico
Precio del transporte: Hemos visto, lín-eas arriba, que el producto
medio por pasajero, en los años de 1935 a 1939, fue de $ 0.06, inferior
al de 1926 que fue de $ O.JO, también por pasajero. Como los precios
que se cobran en la actualidad son los mismos que se cobraban en 1939,
podemos decir que el promedio anual por pasajero continúa siendo
el mismo de 39, es decir, seis centavos. Nosotros i,lzgamos que no es
remu1ieratiuo este precio, porque, primef'ó, la energía eléctrica que con•
sume la Compañía, tiene que pagarla en moneda americana o su equi.
valente, a 0.0086 Dls. el K. W. H., y como sus recaudaciones no son
en dólares, el tipo de cambio de nuestra moneda nacioníJL que se pague,
y hay que tener en cuenta que desde marzo de 1938, el tipo de cambio
dejó de ser de 3.60. Segtmdo, el tipo de cambio dej6 de ser de 3.60.
Tanto el material de vía como el de equipo ha subido tambiln de valor,
ya se considere en moneda americana o en la nacional. Tercero. En
los Estados U nidos el precw medio del transporte es de cinco centavos
de dólar por pasajero, y si nuestros tranvías tienen que hacer un gran
núme,ro de pagos en dólares ( energía eléctrica, materiales y equipo)
creemos justo que cuando menos cobren lo que cobran los tranvías ame•
ricanos, al cambio de dos por uno. Las planillas y los abonos se im•
plantaron por razones de competencia, razones que no existen en la
actualidad. La Empresa de Tranvías de El P(l$o a Ciudad Juárez,
cobra $ 0.12 moneda nacional por pasaje de Ciudad Juárez a El Paso
y Dls. 0.06 cuando el viaje se ~ace de El Paso a Ciudad Juárez, y
esta Empresa, en el quinquenio que hemos estudiado, manifiesta un re•
sultado de explotación muy favor.able: $ 48 214.00 como promedio
anual de ingresos por kilómetro (los tranvías de México arrojaron pérdidas). En último análisis, si se juzga que lo que dejamos dic~i~ no
es de aceptarse, conuie11e estudiar la ma11era de vender el servicio al
costo, 'service-at cost' como se ha hecho ya en varias compañías ame•
ricanas. Por supuesto que en este servicio al costo, debe quedar comprendido una compensación justa, para el capital invertido.

728

Medidas de carácter administrativo
1/ o. Aumentar el radio de acción de los servicios, llevándolos a zonas

que actualmente carecen de él, como las Lomas de Chapultepec, Polanco, Anzures, Naruarle, etc.; pero como la Empresa lo más seguro es
que se muestre reacia para hacer inversiones en tendidos de vías, y
como en caso de que se de-cidiese a hacer la inversión, lo más probable
es que no consiguiera créditos, el Gobierno debe permitirle que explote
ómnibus eléctricos o de gasolina.
2/o. Aumentar la velocidad de los tranvías, puesto que el ptí.blicó
-eso es lo que desea, ya que"' a mayor velocidad, mayor eficiencia. Esto
se consegui-ría si se impide que en las calles de mucho tránsito las uías se
vean invadidas por autos y camiones; se consigue también, reduciendo
el ntÍmero de paradas, en fin, estas medidas tendrían que aconsejarlas
los mismos tranviarios, dada su experiencia de tantos años.
. Tal parece, al leer estas conclusiones, que estamos abogando por los
intereses de la Empresa; pero lo único que pretendemos, viendo siempre por el interés de la colectividad y el de los trabajadores, es la
supervivencia de la Empresa. Creemos que si ah01'a bastó para en.
derezar!a un poco que el Gobierno dejase de cobrar los impuestos, ma•
ñana ya esto no será suficient.e, y entonces ho,brá que subvencionarla
o controlar por completo su administración."
El conflicto de /945

El conflicto suscitado en 1945, entre los trabajadores de la Compañía de
Tranvias y ésta, representa la culminación de todos los anteriores y el que
fuerza se aplique una solución que desde hada años deseaban los obreros.
La renovación bianual de los contratos colectivos de trabajo, con los n"a•
turales alegatos de una y otra parte; las molestias que ocasionaban los paros
Y las huelgas provocados en ese mismo lapso de tiempo; la renuencia de la
~mpresa para conceder a los trabajadores cuanto éstos pedían, y la de
estos para amoldarse a lo que aquélla les quería otorgar; la inquietud y
efervescencia política que se originaba y ptincipalmente la dificultad de en•
contrar términos razonables de un arreglo definitivo, dadas las posiciones
que cada una de las partes había tomado, provoc6 en el ánimo de los
dirigentes sindicales el deseo de Juchar denodadamente por conseguir una
solución satisfactoria para sus intereses y para los del público, al cual tra•
taron de defender en su economía. Igual deseo surgió en la mente de las
autoridades mexicanas que inteivenían en los problemas tranviarios, quienes

729

�veían periódicamente aparecer la agitación, las molestias al público Y la
imposibilidad de que esa actitud cesara. Tanto líderes como autoridades
anhelaban encontrar una fórmula satisfactoria, de arreglo definitivo, Y por
lograrla, lucharon tenazmente.
Desde antes del año de 1941, los trabajadores de la Compañía de Tran~
vías de México habían propuesto a los organismos oficiales a quienes competía tratar de' los problemas del transporte metropolitano, una solución,
consistente en que el Estado hiciera de la Compañia de Tranvías una empresa descentralizada, a la cual, para subsistir y ~ejorar, _debía dotar_ el
Departamento del Distrito Federal, por sí o por mtennedio ~e una institución de crédito, la cantidad de diez millones de pesos, destinados para
la adquisición de equipo, compra de material rodante y reparación de vías,
como única manera de corregir las deficiencias del servicio.
La proposición concreta del licenciado Mario Pavón Flores~ asesor jurídico de la Alianza de Tranviarios, fue la siguiente:
Primero: Desplazamíento de la Compañía de Tranvías de México, S. A.,
por considerar su política como absolutamente destructiva del sistema de

tranvías.
Segundo: Trabajar por una empresa de servmo público descentralizado

con características especiales.
Ter&lt;;ero: Subsistencia de las condiciones de trabajo establecido en el
contrato colectivo y, por ende, subsistencia de la compensación por antigüedad, y,
Cuarto: Perduración de la Alianza de Tranviarios, como organismo de
defensa de los derechos de los trabajadores.
Esta proposición tuvo como contrapartida otra, en la cual se . propuso
que con el fin de acabar con la mala situación de la Empresa, el Estado
debería monopolizarla, esto es, adquirirla por compra o incautación y convertirla en una dependencia de] Departamento del Distrito Federal. Esta
proposición, si bien tendía a que el gobierno de la ciudad tomara el lugar
de la empresa, a quien se consideraba incapaz de brindar cualquier solución favorable~ dado el estado de bancarrota en que ésta manifestaba de
manera constante estar, y por tanto imposibilitada para hacer cualquier me•
jora en el sistema, no fue del agrado de los trabajadores, qujenes -dada
la época en la que se temía una excesiva intervención del Estado--, no se
mostraron nada gustosos de aceptar la municipalización del servicio, ya que
ello significaría la pérdida de su carácter de trabajadores sindicalizados,
ajenos a la tutela y dominio gubernamental, para pasar a ser rneros suba!-

730

ternos del estado, un grupo peculiar de su burocracia. Otra- corriente de
opinión, procedente de sectores gubernamentales, se pronunciaba porque
se creara una forma de organización no descentralizada., sino ha jo 1a responsabilidad completa de los trabajadores, pues el &amp;tado no deseaba actuar
como patrón. 56
La posición de la empresa ante esta situación consístió en solicitar nuevamente el permiso para aumentar el precio de los pasajes y suprimir las planillas, medida con la cual pensaba obtener ingresos adicionales por dos
millones doscientos mil pesos anuales, que le servirían para aumentar los
salarios y mejorar su equipo. Alegaba la compañía que dado el aumento
en el costo del material rodante y de salarios de los trabajadores, sólo mediante la supresión de las planillas y el alza de los pasajes podría hacer
frente a ellos.
Posiciones tan opuestas de .las partes en pugna desde hacia varios años,
no podían conciliarse. de una manera fácil. Los obreros empeñábanse con
entera justicia en conseguir una mejoría que les permitiera hacer frente al
aumento del costo de la vida. Habfanse por otra parte, convertido en defensores del mantenimiento del precio de los pasaj!".'i por razones económicas
y políticas. La empresa, cuya conducta desde hacía varios años, consistía
en no querer hacer mejora alguna al sistema, el cual en 1945, en proporción con la población de la capital y la extensión de la misma, era menor
que en 1910, ya que para entonces contaba con dos millones de habitantes
y una superficie urbana de 131.70 kilómetros cuadrados; el mantenimiento
diferido o sean las reparacione-S atrasadas de las vías, importaba más de
cinco millones setecientos mil pesos y mientras en 1938 había 428 carros en
servicio, en 1945 sólo corrian 300,, con un mantenimiento diferido de más
de quinientos mil pesos
La ciudad de México, urbe con más de dos millones de habitantes por
entonces, requería un sistema de trenes rápidos, elevados y subterráneos.
y a falta de éstos, de un buen sistema de tranvías superficiales, en proporción de tres unidades eléctricas por cada ómrubus. Un cálculo moderado
mostraba que para substituir a los 300 tranvías en servicio que durante
1944 habían transportado a doscientos cuarenta millones de pasajeros, deberían utilizarse 1800 camiones más, los cuales agravarían el problema del
tránsito. Por otra parte, cerca de cuatro mil trabajadores tranviarios se
verían privados de su única fuente de sustento y del resultado de su esfuerzo durante largos años, mediante el cual habían logrado reunir su compensación por antigüedad, que representaba la suma de$ 6.500,000 y cuya
garantía única era la propia fuente de trabajo, Los tranviarios con una
'" Vid el diario La Prensa de México, de 22 de ~go~to de 1941.

731

�secretario, Manuel J. Bezares; tesorero, Felipe Gratacós; Benjamín Razo,
sub-tesorero; Gabino Valadez, comisión de prensa y publicidad, auxiliado
por Salustio Carballeda y Filiberto García Briseño, en agitación y propaganda se colocó a Felipe Sánchez.
La compañía, en declaraciones hechas el 11 de enero, manifestó que no
le era posible acceder a las demandas obreras, a no ser que se le permitiera aumentar el precio del pasaje a quince centavos, y suprimir las planillas y los abonos semanales, lo cual, de toda suerte, no le llevaría a
cubrir todas las exigencias de los trabajadores, como eran el aumento de
cinco pesos diarios en sus salarios, con sus repercusiones en otros renglones, y además, el pago de la cuota correspondiente a1 Seguro Social. Ante
la respuesta de la empresa, los tranviarios- actuando políticamente, respondieron que no permitirian el alza de tarifas, ni la supresión de abonos y
planillas, puesto que esa medida era atentatoria de los intereses del pueblo
mexicano. Añadían que la empresa, como ya lo habían demostrado en otras
ocasiones, obtenía a base de las tarifas vigentes, ganancias anuales de seis
millones de pesos comparativamente a los beneficios del año 1942.

. .
f . nal difícilmente podrían encontrar otros medios
larga expenencia pro es10 '
,
,rdida de exuna pe
de que, sub..:c..:~
..,..,._.. y aun hallándolos, eso
. representa.na
57
.
periencia, de conocimientos y de capital h:ruñano.
, difi' ·¡
hecho a1eno por comA más de esta situación ya de por SL
CI , un
,
.
.,
.
mplicar aún mas la SJtuac1on. La
Pleto a las partes en pugna, vmo a co
. d l v . . Be lín Roma Tokio, desataron en wntra
guerra que las potencias
e .s:.Je.
r ,
~
.
,
1
l tuvo repercusiones basta en nuestra propia
de numerosos paises y a cua
, .
. bligado a de. al grado de que el presidente de la republica se vio o
tn
pa a,
·
·canos a los campos

e ·etar el estado de guerra y a enviar connngentes mexi
.
dJ batall esta guerra, la segunda en importancia en lo que va del &amp;glo,
e
a,
M
¡ A il Camacho mandaalteró la situación general del país. Don
anue
v a
,
tario rudente y moderado, para hacer frente a _di~erso_s problemas_ que la
situaJón mundial creaba dentro de México, dicto ~versas me~das_ de
.
L disnnsiciones del Jefe del Estado tuvieron como fmalidad
emergenc1a.
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.
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blemas
"tar que la situación general del país se VJera
ecta a por pro
~
internos que pudieran crear inquietud y &lt;leso enes.

-~

•
El conflicto de 19-t-5 principió en la asamblea general d~l 29 de sep. b de 1944 la cual se convocó para avocarse al estudio, entre otros
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,
.
.
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uJ · ' del
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d la revisión del contrato de trabaJO Vigente y orm acion

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AleA~~ ve~aEs:::

:el nuevo. La asamblea encabezada_ por
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eneral· Federico Bezares., de traba.JO y con ictos, ose .
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. ' del . t . . y tesorero . Bustacio García, secreta.no del
Acosta secretano
m eno1
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.
J ,
. ,
anda. Moisés V aladez, secretario de actas y empleos y ose
e,ctenor y prof~ag ,: __ .',
vigilancia se avocó al estudio del proyecto, el
Alatorre en iscauz.a.cion Y
'
.,
blea reunida
cual se llevó para su discusión y aprobaaon a una nueva asam
tu
el 25 de octubre.5ª Hasta el 21 de noviembre, dicho proyec~o no es vo
listo mas ese día, después de haber sido apro~ado, se, presento a l~ C~~~: d Tranvías y a la Secretarla del Trabajo. Aquell~, en un _pnnc1pro,
panl1a e d', =n 'unportancia, no así el organismo oficial, que vio amenano e conce 10 b·.
zados los intereses del público en caso de estallar el conflicto.
,
. un1"da el 5 de enero de 1945 acordó emplazar el
Una nueva a:;amb!lea .re
E
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.
.
a la empresa a un movimiento de huelga.
n e a
21 de ese nusmo mes
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.•, de huelga íntf&gt;&lt;Yrlldo
por José Ma. Sohs, pres1 ente'
se nomb ro a comi.e ·
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secretario

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.

., Novedades, julio 9 de 1943 .
.
para satüfacer sus nuesidades en
"' U . e
de tranoias del pueblo mexicano )'
.
f
las
Manifiesto del Comité Ejet11tivo CentTlll de la Alianza del 5 de ebrero de 1945. Vid Novedades, 6 de febrero de 1945.

ba;a.rn::,t,;.

La lucha que se operó a partir de ese momento entre ambas partes fue
intensa. Una y otra movieron todos sus resortes e influencias, movilizaron
todas sus fuerzas y acudieron a todos aquellos que podían ayudarles. Sabedores de que la lucha que ent-0nces emprendían podía ser la definitiva, los
trabajadores se aprestaron con todas sus fuerzas a ella. La empresa, a quien
la situaci6n de guerra parecía serle propicia, no desatendió, sin embargo, la defensa de sos intereses y sistemáticamente volvió a negar toda posibilidad de aumento de salarios, si no se Je concedía el aumento de tarifas
solicitado. Ante su renuencia, la alianza, por medio de un boletín circulado el tres de febrero, ordenó que la huelga debería estallar ese mismo
día y que a partir de las 18 horas, quedaran encerrados en sus patios, todos
los carros del sistema y se suspendieran las labores de todas las dependencias
de la empresa. Asimismo convocó a todos los trabajadores a constituir la
Asamblea General Pennanente que debería actuar durante todo el movimiento. 59 Las disposiciones de la alianza fueron obedecidas por todo el personal y la huelga estalló el día fijado por los dirigentes.
Frente a la labor unificadora y de defensa de los intereses de sus agre"' Por una reforma a los Estatutos de la Alianza, el período sindical se babia am•
pliado a dos años, con lo cua1 se tendía a evitar cada año agitaciones sindicales inútiles
y perjudiciales, principalmente cuando &amp;tas coincidían con los períodos en que ~e
debería renovar el contt:ato colectivo. La reforma indicaba que la renovación se verificaría en. dos parte.&lt;1. Para el período 1943-45 se eligió a Alejandro Vega, Secretario
General, Carlos Farjeat, Secretario de Trabajo y Conflictos; José Estrada, Secretario
del Interior y Te!erero; Francisco Vázquez, Secretario del Exterior y Popaganda; lg•

733
732

�miados que la aliatl7.a hacía, la empresa, sabedora de que la división de
los trabjadores les debilitaría y le daría medios de vencerlos, actuó con eficacia, sembrando la cizaña entre ellos. A través de una organización que
se denominó Oposición Sindical Revolucionaria, en la cual se agruparon
pocos obreros carentes de conciencia de clase y de escrúpulos, se trató de
quebran1.ar los verdaderos intereses de Jos tranviarios, atacando sus peticiones y a sus principa1es dirigentes: Alejandro Vega, José Ma. Solís, los
hermanos Va1adez y al asesor jurídico de los tranviarios, licenciado Mario
Pavón Flores.641

El Poder Ejecutivo conocedor de la. inminencia y la gravedad del conflicto, el día dos de febrero, promulgó una ley que tendía a evitar daños
al público en general y un estado de agitación inconveniente dado el estado
de guerra en que el país estaba y la correspondiente suspensión de garantías que existía desde el 22 de junio de 1942. La Ley sobre los Transportes
Urbanos y Suburbanos durante el estado de emergeneia, dada por el Presidente Manuel Avila. Camacho dice:

"CONSIDERANDO:

l. Que el servicio público de todos los transportes urbanos y suburbanos, m el Distrito Federal, es de suma importancia para la vida
de la poblaci6n del mismo, y que, por ende, la paralización parcial o
total de dichos transportes, podría ocasionar graues pe.rjuicios al hogar,
a la escuela, al comercio, a la industria, al abastecimiento de víueres
para la ciudad, abriendo además cauces a. la especulación y efectuando
seri'arrumte el fenómeno de la producción con perjuicio de la economía
general y Je la aportaei6n de nuestro país al esfuerzo bélico;
/l. Que las limitaciones impuestas por el estado de guerra, han
disminuido considerablemente la capacidad que én épocas normales tenían los diversos seruicios de transportes urbanos y sub-urbanos, para
suplir la paralización circunstmu:ial de olgu110 de ellos, haciéndose ahora absolutamente indispensable la concnrrencia de todos para q1u, reforzándose y coordinándose, sean capaces de afrontar, con. los reducidos
elementos de que disponen, las necesidades de transportación en una
nacio Díaz, Secretario de Actas y Empleos y José. Alatorre, Secretario de Fiscalización
y Vigilancia. En agosto de 1944, Carlos Farjeat, Francisco Vhquez e Ignacio Díaz
fue.ron sustituidos por Federico Bagueres, Eustacio García y Moisés Vafadez en sus

respectivos puest&lt;n.
"' Preu11taciót1 tn síntesis• .• pp. 34-35.

734

área urbana tan ex!ensa y de una población tan crecida como la del
Distrito Federal.
Jll. Que en caso de falta parcial o total de los transportes ya mencionados, se agravaría el costo de la vida que el Ejecutivo de mi cargo
se ha empeñado en abatir con diversas disposiciones;
IV. Que, en consecuencia, para proteger a la población del Dütrito Federal y a la economía general contra esas contige11cias, es preciso establecer medios legales que permitan remediar cualquier paralización que ocurra en los sistemas de transportes, incluso el de ocupar
temporalmente los bienes afe.ctos a dichos servicios, si llegare a ser preciso; y.
V. Que sin prejuzgar sobre la razón que asista a empresarios y trabajadores, cuando en /as condiciones de guerra actuales, rm conflicto
de trabajo sea la causa de la suspensi6n del servicio, el Gobierno debe
salvaguardar los derechos de la sociedad sin menoscabo de los que
nuestra legislación obrera otorga l1 los asalariados, y como por otra parte,
tanto la Constitución General de la República, como las leyes del
Trabajo rodean de garantías el ejercicio del derecho de huelga, es necesario que la owpaci-0n se haga sin lesionar, en manera alguno, ese derecho, dejando inalterada la situación jurídica e:ci.stente entre los trabajadores y la.s empresas proputarias de los bienes ocupados; he tenido
a bien expedir la siguiente:

LIW SOBRE LOS TRANSPORTES URB.-\NOS Y SUB--URBA.NOS DEL DISTRITO
FEDERAL, DURANTE EL ESTADO DE EMERGENCL-\:

Artículo primero: La presente Ley tiene por objeto mantener en
condiciones de funcionamiento eficaz, todos los seruicios de transportes
urbatws y sub-urbanos del Distrito Federal, durante el actual estado de
emergencia.
Artículo segundo: El Departamento del Distrito Federal se encargará de dar cumplimiento a la disposición del artículo anterior.
Artículo tercero: El propio Departamento procederá a ocupar temporalmente los bümes muebles e inmuebles relativos, así como todos los
servidos auxiliares 'Y stts áepet1dencias, en los casos que se hayan paralizado esos servicios de transporte.
Artículo cuarlo: La ocupación a que se contra.e el artíwlo anterior,
no afectará los derechos de las partes para resolvt'T el fondo de los
conflictos de trabajo, cuando éstos lmbieren dado motivo a la citada
ocupación.

735

�E11 el manejo de los sistemas de transpMtes que
el Departamento del Distrito Federal flegue a ocupar, de acuerdo con
las disposiciones de esta Ley, nombrará o la persona o personas que
estime convenientes para los puestos directivos.
Artículo sexto: Siempre se utilizará el personal que venía dcsem•
peñando el seruicio antes de la ocupación~ conforme a los contratos de
trabajo en vigor, modificados en el sen tufo_ en que las_, partes liayan
convenido durante la tramitación del conflicto y pud1endose, en su
caso ,mtori.zar transitoriamente nuevas condiciones de trabajo.
A~ículo séptimo: Podrán substituirse empleados de confianza en los
casos en que se considere indispensable.
.
. .,
Artículo octavo: Para el mejor cumplimiento de la dr..spostcion del
artículo primero, el Departamento del Distrito Federal, adopt~ró _l~
medidas pertinentes, respetando siempre y en todo ca.so, la legulacwn

"CONSIDERANDO

Artículo quinto:

~~~.
Artículo noveno: La ocupación decretada en los casos prevutos por
el artículo tercero, cesará cuando así lo disponga el Departamento del

Distrito Federal, por haber desaparecido a su juicitJ las causas que la
motivaron.
Transitorio único: Esta Ley entrará en vigor a partir del día de su
publicación en el Diario Oficial de la Federación.
Dado e11 lo Presidencia del Poder Ejecutivo Federal, a los dos días del
mes de febrcro de mil novecientos ctlarenta y cinco.
Manuel Avila Camacho.-El Secretario de Estado 'Y del Despacho de

Gobernación Lic. Miguel Alemán.-El Jefe del Departamento del Distrito Federal Lic. Javier Rojo Gómez.-El Secretario de Estado 'Y del
Despacho del Trabajo y Previsión Social, Lic. Francisco Trufillo_ Gurría. El Procurador General de la República, Lic. José Aguilar Y

Que el_ Ejecutiv~ Federal ha expedido en esta fecha una Ley de
E-me~ge~c,a, que ti.ende a evitar toda paralización del tra11sporte en
el Distrito
para ¡a u,'d a
, _ Federal .•por las
_ .repercusiones que esto trnería
..
cco 7
del pro~~o Dutrito, para la producción y el detrimento que
su/rm~ la. aportacion de nuestro país al es/uerzo bélico, así como las
molestias inherentes a la població11 que utiliza los medios de transporte.

~º:""ª

"Co~1si~erando. Que la Ley de referencia faculta o.l Departamento
del Dutnto Federal para ocupar las instalaciones y medios de transport~ Y mant:ner el servicio cuando por cualquier circunstancia éste
se vtera ~aral'!;ado, f acuitad . q~e se hace extensiva a la organizacúfo
de una direccion que lo admrnzstre durante el tiempo de la ocupación.
"Considerando. Que los temores del Ejecutivo Federal sobre u 11 a
para:ización ~el transporte y que fueron el motivo de la Ley de Emergencia e.tpedida, se han confirmado en la práctica, en virtud de que
a las 18 lior~ de este día estalló el movimiento de huelga emplazado
por los traba7adores de la Compañía de Tranvías de México, S. A.,
encontrándose el Distrito Federal desde ese momento sujeto a los trastornos y contingencias que la Ley trata de evitar. Por esta circunst~ncia., el Departame1lto de mi cargo, en cumplimiento de las oblieaciones que le han 5ido conferidas, se ve en la necesidad de proceder
a la ocupación del equipo e instalaciones de fa citada Empresa, así
como de sus seruicws auxiliares y de pendencias, medida que se llevará
a cabo, de conformidad con las normas que u contienen ert el riguiente:

Maya."u
Al tenor de la Ley dada por el presidente de la repúblic~ el p~opio d~a
que estalló la huelga, el jefe del departamento centr~, Lic .. Ja,•1er Ro10
Gómez, quien desde el principio del movimiento lo hab1a ~egu1do ~on marcado interés, dictó un acuerdo, mediante el cual proced1a, en V1rtud del
artículo tercero de la ley sobre transportes, a ocupar los bienes m~ebl:-5 e
inmuebles de la Compañía de Tranvías de México, S. A. con la finalidad
de mantener el servicio de tranvías en beneficio del p~blico. ~1 texto del
Decreto de ocupación dado por el gobernador de la ciudad, Jefe del Departamento del Distrito Federal, es como sigue:

ACUERDO!

Primero. El Departamento del Distrito FederQ/ procederá a la ocupación inmediata y temporal de los bienes muebles e inmuebles de los
s~rvicios au:dliares y dependencias de la Compañía de Tranuíns de Mé•
x:co, S. A., con la finalidad de mantener el seroicfu de tra 1uportes que
tiene a su cargo esta Empresa.
_Segundo: El servicio de tranvías urbanos y sub-urbanos en el Distr~to Federal quedar~ a cargo de un Director y un Sub-Director, designandose para el prirruro de los puestos citados al Ingeniero Manuel

"' Diario Oficial del sábado 3 de febrero de 1945.

737
736

�Al día siguiente las autoridades del Departamento del Distrito Federal
ocuparon los bienés de la Compañía y dieron posesión de ellos, corno director y subdirector, respectivamente_, a los señores ingenieros Manuel Moreno Torres y Fernando Portí1Ja.G3 En la madrugada del propio día, las
mismas autoridades congregadas con los dirigentes obreros, llegaron a un
acuerdo proviisonal con éstos, a base de los puntos siguientes: 1) Reanudación del servicio de trenes eléctricos en ese mismo día; 2) Mantenimiento
de la ocupación de los bienes a través del director y sub-director nombrados
por el Departamento, y 3) Concesión de un aumento de dos pesos a cada
trabajador, sin perjuicio de volver en definitiva a reconsiderar las peticiones
de los obreros hechas inicialmente.

Moreno Torres y para el segundo al Ingeniero F~mando Portilla, quie. · ' en esta misma fecha ·
nes tomarán posesión de su comtsUJn
. .
Tercero: El Director designado, queda facultado para_ substituir. al
_, J e con¡·ianza de la Empresa, si lo estima conveniente en bien
personw.
del servicio ,' para hacer las designaciones de este perso~~l; los acuer~os
que dicte en ambos casos se someterán a la aprobacion del sus_crito.
Cuarto: El Director del Servicfo de Tranvías qued~ f~cultad~, igual. t las medidas pertinentes al mantentmtento eficaz del
mente, para dre ar
.
,
. . d los gastos inútiles '11 haciendo lns econom,as
transporte, supnmien o
J
•,
.
ble
.
l
p, 't d evitar que la operacion sea incostea .
11ecesarw.s con e pro 0st O 8
•
•
•
1
Elaborará un programa a ejec1,tar en l~ suce~wo, tendien~e a me7ora1
el servicio actual 'Y a prevenir las conhngenc1as que pudieran afecta
la economía del mismo.
.
Quinto: Se facilita expresamente al Dir~ctor designad~ p~ra . gestionar de las autoridades nacionales 'Y extmn1eras y de las irutzt~cwnes
.
al t d ¡ que fuera necesano para
privadas y particufores en gener , 0 0 0
d
asegurar documentos, fondos y bienes en ge~eral d~ la Empresa e
Tranvías, ya se encuentren en sus edificios o instalaciones, en los Bancos en Tránsito, etc.
. .
,
Sexto: Queda facultada la Dirección del Serv1cr~ de Tro.nv~as para celebrar con los trabajadores huelguistas, el con.venia o co~vemos que
procedan, a efecto de re.anudar, en el menor tiempo posible, el servicio suspendido con motivo de la h1telga.
,
Dado en la cittdad de México, Distrito Feder~l, a los tres dias del
mes del febrero de mil novecien_tos cu_arenta y cmco.-El Jefe del De52
partamento del D. F., Lic. Javier R 0 1° Gómez."
.. El acta de posesi6n de los bie.ncs de la Compañía de Tranvías de México, S. A.,
es ,;:~:i~i:~ad de México, D. F&lt;&gt; a los cuatro días d_el mes ~e 'febrero de mi! _no•
.
siendo la una hora Y media, consutwdos en las oficinas
veoentos cuareJ1ta Y ClDCO,
, •
S A
Dr Lavista número 164 por una
de la Compañia ~e T~ví.as de Mexico, · ·•0;:s · Femando Portilla, Dírector J
parte ~os .señ:c: ;,:ge~~ero~e ~:::!asM~:::o~ Y Sub~irbanos del Distrito Federal, de
Sub-Director e
rv1~10
fe del De artamento del Distrito Federal, de fecba
ac11erdo con la resoluc16n del C. Je
p
d I A ditoría del Departa•
•
F ¡¡ e Amores Jefe de Inspectores e a u
1
de ayer; os senores e p
/\lí , V'
Castaños Inspector General Contador
mento del Distrito Federal, • onso azque-i
'
rd L
D Apode
adscrito a dicha Dependenc.ia; los señores Juan Berndierly ~ua ~, ::u;.~vías
S
t . General y Sub-Gerente e a . mpan1a
rada General y ecre ~no Al . d V
José María Solá Jcú Alatorre Y Silvano
Mé ·
s A • y los senores e1an
ro ega,
'
Co ·
XICO, • . ,
·¿
d 1 Comité de Huelga, Presidente de la
mi·
Avena, Se~re~rio º6GenerVal_,gilaPr::iaen;resi~ente de la Comisi6n Especial de Vigilaocia,
si6n de F1scalizac1 n Y 1
,
•
M , s
ta · d
Lic Mario Pavón Flores; y Francisco J. acm, ecre no e
asesoradoTs ~r. el sdcenlorCorm.-té Nacional de la Confederación de Trabajadores de Mé•
Asuntos eCDJCOS

o:

La obtención de estas bases, representó un triunfo para los trabajadores,
no sólo por razón del aumento concedido a los tranviarios, mayor que los
anteriores, sino porque mediante la ayuda de las autoridades mexicanas
compenetradas de la verdadera sustancia del conflicto, salvaron, en beneficio de la colectividad, una rama básica de la industria de los transportes.
La Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, en horas extraordinarias
de trabajo, se avocó al conocimiento de la huelga tranviaria, y el mismo día
tres de febrero a las veinte y treinta horas, declaró, por medio del presidente del grupo dos, licencia.do Julio Serrano Castro, existente la huelga,
por considerar que procedía 1a revisión del contrato de trabajo, al cwnplirse el término de dos años de vigencia del anterior.
La Alianza, percatada, por otra parte, de que era necesario, en situaciones
semejantes, contener la labor divisionista de la empresa y de los esquiroles
a ella obedientes, procedió, de acuerdo con una política hábil de su secretario general Alejandro Vega, a designar una llamada "Comisión Asesora",
xico; con el objeto de dar cumplimiento al primer punto del acuerdo del C. Jefe del
Departamento del Distrito, dictado con fecha de ayer, donde se ordena la ocupaci6n
inmediata y temporal de los bienes muttbles e inmuebles, de los servicios auxiliare5 y
de las dependencias de la Compañía de Tranvías de México, S. A. En este acto, los
señores Beroier y Luque, con la representación que ostentan, hacen entrega global
de los bienes de referencia, ele acuerdo con las términos de 1a resolución del C. Jefe del
Depa.rtamento del Distrito, y en este m.ismo acto, los señores Moreno Torres y Portilla
reciben dichos bienes, en fonna global y en la inteligencia de que, pc&gt;steriocmente,
r,on ínteIVención de los representantes de la Compañía, procederán a levantar los
inventarios pc&gt;rmenorizados, así como a verificar arqueo de caja y las operaciones
subsecuentes relacionadas con sus existencias. Los señores Bernier y Luque expresan en
este acto, que hacen la entrega, reservándose todos los derechos que las leyes les conceden. Con lo que se di6 por terminada esta acta, firmáudola los que en ella intervinieron."
"' PAVÓN FLORES, Mario. . . Tranvlas para el Pueblo de MJ:rico. México, D. F.,
Editado por la Alianza de Tranviarios de México, 1945, pp. 55-59.

739

738

�en la que incorporaron intencionalmente a los principales desleales y traidores a la causa. El objeto perseguido con esta maniobra del Comité Cen•
tral de la Alianza, consistía en que esa comisión asesorara a los dírigentes
y también para poder vigilar de cerca a los llamados "judas tranviarios", y
ejercer en algunos de ellos una labor de convencimiento. Aun cuando no
logró del todo cumplir con sus finalidades, la "Comisión Asesora'' dictó algunos acuerdos importantes, entre otros los que siguen : A} Que la Compruiía de Tranvías no debería volver a manejar sus menes en razón de la
polltica destructora de esa misma fuente de trabajo; B) Que los traba.jadores
unidos deberían luchar por cuanto medio tuviesen, con el fin de que el
gobierno aceptara la creación de una empresa de servicio público descentralizado, como la única fórmula que garantiza plenamente la consolidación
de la fuente de trabajo y de los derechos de los trabajadores y C) Los trabajadores no aceptarían que la compañía se transformara en una especie
de cooperativa o en otra organización que disfrazara o encubriera a la
misma empresa.64
El último acuerdo tuvo como origen, el rumor que insistentemente circuló
de que el negocio de tranvías se manejaría por una cooperativa de participación estatal, rumor nacido de una afinnación del licenciado Rojo Gómez. Esta forma de organua.ci6n poco deseada por los trabajadores fue
motivo para que los divisionistas encabezados por Antonio L. Espino, de las
oficinas y Alberto Mondragón, de talleres, recrudecieran sus ataques contra los dirigentes de la Aliama. Estos, en una entrevista tenida con el
presidente Avila Camacho, le expusieron deseaban la pronta resolución del
conflicto y para ello propusieron dos puntos concretos: El primero consistía
en que el gobierno debería responsabilizarse con los trabajadores, creando
una empresa de servicio público de.scentralizada y segundo, que el propio
gobierno invirtiera once millones de pesos en la compra de carros nuevos,
reparación de vías, y otros renglones de urgencia. El presidente prometióles
estudiar su petición y resolver lo más adecuado.65
Manuel Moreno Torres, técnico capaz y dinámico al frente de la empresa,
comenzó a hacer sentir en ella muy pronto su acdón. De la ex-cooperativa
.. Para contrarrestar la labor de Espino, Mondragón y socios, escudados tras un
grupo denominado Oposición Revolucionaria de Tranviarios, los dirigentes leales crearon el Frente Unificador de Tranviarios, encargado de hacer una labor de orientación.
A fines de mayo de 1945 la Oposici6n Revolucionaria de Tranviarios con algunos refuerzos, se transforman en Bloque Tranviario De/ensor ¡Je la Fuente de Trabajo. La
obra divisionista de Espino, Mondragón y sus asociados, llevada hasta el seno de las
grandes centrales obreras, la CTM y la Federaeión de Trabajadores del Distrito Federal, hizo que la Alianza tuviera que separarse de ellas.
'" Prtsentaci6n en síntesis. . . pp. 38-40.

de tranviarios de Guadalajara adquirió varios carros que después de reparados comenzaron a prestar un buen servicio; amplió la red existente con
la construcción de nuevos tramos de vía y reconstruyó otros muchos; compró
maquinaria para los talleres y con los pocos elementos con que contab~
demostró la posibilidad de reorganizar el servicio.

El 29 de mayo de 1945, con el fin de promover la solución al problema
tranviario que se alargaba, ordenó se efectuara un paro, que motivó que el
presidente de la república recibiera el primero de junio a los representantes
de los trabajadores y a su asesor jurldico, conviniendo con ellos, en principio, en crear una empresa descentralizada. La acción de la Alianza en
este tiempo fue eficaz, rápida y bien concertada. Sabedores sus dirigentes
de que el fin de la guerra mundial estaba próximo y que con ello se dero~
garían las leyes de emerg.encia y por otta parte que se acercaba un cambio
de régimen y que por tanto era necesario reafirmar las conquistas hechas,
hicieron saber a sus agremiados que, en caso de que se derogaran las leyes
de emergencia, la empresa podría volver. Recordáronles también que al
ocuparse el sistema de tranvías, firmarón con la compañía un convenio
que contenía dos condiciones: a) el movimiento de la huelga quedaría en
suspenso y b) quedaría en vigor el contrato de traba jo anterior, con las
modificaciones administrativas que con acuerdo mutuo se hicieron. En
caso de vuelta de la empresa, recordaban, su conducta debería ser la siguiente: a) vuelta automática al est.ado de huelga, b) sootenimíento del
pliego de peticiones original; c) aumento a cada trabajador de cinco pesos
en su salario, pudiendo aceptar hasta tres y d) no se permitiría por ningún
motivo el aJza de los pasajes. En el caso de que estas condiciones no fueran
aceptadas por los patrones, los obreros lucharían por de.salojarlos de la dirección del negocio en definitiva.
Como habían pensado los obreros, a fines de septiembre, divenas leyes
de emergencia fueron derogadas, entre otras la que afectaba el sistema tranviario. El gobierno en una comunicaci6n dirigida a la Compañía de Tranvías, le señalaba el 30 de ese mes a las 18 horas para que recibiera de la
dirección por él nombrada sus bienes. La Alianza convocó para ese mismo
día a las 16 horas a una asamblea general, con el fin de que la compañía
recibiera sus bienes, y forzara a concluir el estado de huelga y además desconociera los acuerdos tomados con la dirección a cargo del Ing. Moreno
T~rre.s. En dicha asamblea, apostáronse los elementos oposicionistas- y trataron de clistraer la atención de los obreros, lanzando cargos infundados
contra sus dirigentes, tencüendo con ello, a que no se presentaran en las
oljcinas de la compañía y ésta pudiera ocuparlas sin oposición alguna. Pese
a las amenazas de ellos, Alejandro Vega, Solís, Alatorre y otros más, así
como el licenciado Pavón Flores, salieron de la asamblea que les secundó

74-0

741

�valientemente y fueron a las oficinas de la compañía para impedir que sus
directores tomaran posesión de sus bienes. Estos, detenidos por grupos de
obreros apostados a las puertas, no pudieron sino entrar a la sala de la
gerencia a tomar simbólicamente posesión de sus bienes, pero no a las oficinas de la tesorería. Cerca de las ocho de la noche, los empresarios abandonaron Jas oficinas y a las e.ero horas de ese mismo día, se plantó de nuevo
la bandera de huelga.
Cuatro días después, en el zócalo, se efectuó un ímponente mitin de masas
obreras solidarias con los tranviarios, los cuales solicitaban la eliminación
definitiva de la Compañfa de Tramr'ias.
Ante e.sos hechos que no sólo perjudicaban a las partes en pugna, sino
que afectaban a la población toda de la capital de la república, el presidente
Avila Camacho, en un decreto expedido el 5 de octubre de 1945, en el que
hizo diversas consideraciones de orden moral, social, ecouómico y político,
volvió a ordenar la ocupación administrativa de los bienes de la compañía
en una forma transitoria, y durante el tiempo indispensable para resolver
el problema de fondo. Un comité de transportes, constituido por representantes del Departamento del Distrito Federal, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, la propia Compañía de Tranvías, las Organizaciones camioneras del Distrito Federal y las organizaci.ones de trabajadores de
tranvías y camiones, debería avocarse al estudio del problema de los transportes, "tanto por lo que toca a la mejoría del equipo, a 1a coordinación
que debe haber entre todos los sistemas de transportación existentes, a las
reglas de tránsito, a las ta.rilas, como a todas las demás cuestiones que se
1-elacionan con este serviGio póblico, para que se propongan los puntos de
solución adecuada." 60

. . . . r,rr.,
" El Decreto aparecido en el Tomo CLH, No. 31, del Diario Oficial del sábado
6 de octubre de 1945, dice como sigue:
"MANUEL AVILA CAMACHO, Presidente Constitucional de los Estados Unidos
Mexicanos, a sus habitantes, sabed:
Que con fuudamcnto en los artículos 5o., 23, fracción I de la Ley Orgánica del
Distrito Federal, y 7o. de la Ley Reglamentaria de dicha fracción; y
CONSIDERANDO:
Que es atributo propio de la autoridad la prestación de los scrvmos públicos, cuya
naturaleza por esencia es s ucontinuidad; consecuentemente, el Estado tiene la ob!iga.ción de vigilar y promover las medidas que sean necesarias para asegurar dicha con•
tinuidad en bien de los intereses colectivos.
Que la reanudación del movimiento de huelga en el secvicio de transportes eléctri•
cos ha colocado en grave situación a la población del Distrito Federal, no sólo por la
falta del servicio que presta, sino por la sobrecarga e insuficiencia de los autotranspor·

742

La Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, calificó la huelga existente,
por considerarla como continuación de la iniciada el tres de febrero, pese
a las protestas del apoderado de la Compañía, licenciado Carlos Declaud.
Manuel Moreno Torres volvió a encargarse de la dirección de fa comtes, que se ven en peligro de desaparecer sí continúa la interrupción de los transportes
eléctricos.
Que sin perjuicio del estado de huelga existente, dados los intereses de la sociedad,
cuya salvaguardia corresponde al Esta.do, y atendiendo a la suma gravedad del problema, que se ha tratado de soluciona? por todos los medios posibles por la Secretaria
del Trabajo y por el Gobierno del Distrito Federal, y ante la perspectiva de que la
paralización del servicio se prolongue por tiempo indefinido, el Gobierno estima ne.
cesario proceder a tomar las medida! que el caso amerite eu orden a procurar la
inmediata reanudación del servicio de tranvía~, en tanto se resuelve en definitiva e]
problema en su fondo bajo un régimen que garantice y proteja los intereses del público.
Que el problema de transportes de pa5ajeros eu el Distrito Federal ha. venido adoleciendo de graves deficiencias que el Gobierno no había podido afrontar con motivo
de las consecuencias de la guerra, pero al terminar ésta procede dictar medidas enér•
gicas que tiendan a renovar e1 equipo, a mejorar eJ servicio, a _revisar los sistemas
de tarifas, a armonizar los- diversos sistemas de transportación y a resolver en resumen
todos los problemas que directa o indirectamente se relacionen con este servicio
público.
Que ha sido norma ca-racterística del Gobierno de mi cargo no sólo respetar, sino
proteger vigorosamente la propiedad privada, razón por la cual se considera como
una anormalidad intervenir en ella, pero cuando ésta se encuentra frente a los intereses del público y agrava la situación, el Estado no puede permanecer indiferente y
se ve obligado a ocupar con carácter e.sencialmente transitorio, la propiedad de los
parliculares para proteger los intereses de la comunídad.
Que esta facultad está establecida en el artículo 7o. de la ley que reglamenta la
fracción I del artículo 23, capítulo 3o. de la Ley Orgánica del Gobierno del Distrito
Federal, cuando lo autoriza para dictar Jas medidas necesarias que impidan Ja suspensión o interrupción de los servicios públicos, inclusive la medida de OC1Ipar o in•
tervenir administrativamente su explotaci6n por lo que con fundamento en tal dispo•
sición, he tenido a bien dictar el siguiente

DECRETO
ARTICULO lo.-se decreta la ocupación administrativa de todos los bienes muebles e inmuebles, se.rvicios awciliares, accesorios y dependencias del Servicio de Autotran,portes Eléctricos en el Distrito Federal, destinados directa e indirectamente a la
prestación de dieho servicio.
ARTICULO 2o.-La ocupación a que se refiere el artículo anterior, la llevará a
cabo el Gobierno del Distrito Federal) a cuyo efecto nombrará -uu interventor con todll
las facultades de ad.minístrador general, a fin de que preste el servicio público de
transportes eléctricos, de acuerdo coo las normas reglamentarias establecidas, procurando la mayor sausfaccióo de las necesidades colectivas.
ART]CULO 3o.-La niedida de ocupación no afecta de manera alguna el conflicto

743

�pañía. Más tarde se hablarla de una labor de planificación del sistema tranviario que respondiera a lns exigencias de la Metrópoli, y de la compra
de equipo modemo. 67
ohrcro-pattanal, planteado entre los trabajadores y la Empresa de Tranvías, por lo
que se dejan a salvo los derechos, acciones y excepciones de ambas partes.
ARTICULO 4o.-La ocupación que se ordena en esle dc~to es transitoria y durará. el tiempo indispensable para resolver el problema de fondo que ha motivado la
situación anormal que actuahnrnte prevalece.
ARTICULO 5o.-Se constituye un Comité de Tramportes para el D~trito Federal,
con las siguientes rcpresentacionecs unj\arias: Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, Compañía de Tranvías de México, S. A.,
Organizaciones Camioneras del Distrito Federal, Trab~jadorcs de ~ Compañía de
Tranvías de México, S. A., y Trabajado.res de los Camiones de México.
ARTICULO 60.-El Comité a que se refiere el articulo anterior, y que deberá estar
integrado por técnicos en la materia, bará en el plazo más breve posible, un estudio
del problema de los traosportes, tanto por lo que toca a la mejoría .~el e~uipo a la
coordinación que debe baber entre todos los !istcmas de transpo~ac1on cnstentes,. a
las reglas de tránsito, a las tarifa!. corno a todas las demás cuestiones ~~e se relacionen con este servicio público, para que se propongan los puntos de soluaon adecuada.
TRANSITORIOS

I. El presente Decreto entrará en vigor el día de su publicación. en ~). 'Diario Oficial' de la Federación, y dejará de surtir sus efect0s todas las dispos1oones, que se
hayan expedido con anterioridad, relativas a esta m.aLeria.
II. Continúan en vigor los acuerdoo dictados por el propio Ejecutivo, concediendo
subsidios a 1a Dirección de Transportes Urbanos y Suburbanos del Distrito Federal,
que actuó durante el pedodo de emergencia.
. .•
En cumplimiento de lo dispuesto en la fracción l dtd ~rtkulo ~9 ~-e la Consutuci?n
Política de los Estados Unidos Mexicanos y para su debida publicac1on y observancta,
expido el presente Dc.ereto er1 la residencia del P~er Ejecutivo Fede~, ~~ México,
a los cinco dias del mes de octubre de mil noveeientos cuarenta y CIOCO. -Manuel
Avila Camacho.-Rúbrica.-Cúmplase: El Gobernador del Distrito Federal. Javier
Rojo Gómcz.-Rúhrica.-AI C. Lic. Primo Villa Michel.- Secretario de Gobernación.
-Presente.

n Vid. El Na~onal, enero 3 de 1946.-En un Bol.e tín girado a.l final de esta fase
del conflicto el Comité Central de l,i Alianza, declaraba: 1/o. Nuestra huelga que
hoy volvemo; a suspender, está perfectamente consolidada; la d~Ia_ración de. ~ Junta
dos de la Federal de Conciliación y Arbitraje, recoooce que el ultJmo moV1J111ento es
continuación del que ya estaba clasificado de legal, poco después del 3 de febrero
de este año. 2/o. La primera co.nsecuencia es que se pague a los trabajadores los
salarios caídos corres:xmdientes a los dw primero al seis de octubre de este año
(Punto concedido por el Ing. Moreno Tones). 3/o. En el artículo cuarto
Decreto
de ocupación que transcribimos se dice que la ocupaci6o es traruitoria, "que durará el
tiempo indispensable para resolver el problema de fon~o" c?ruistente en el ~esenvol•
vimiento de la fuente de trabajo a través de fuertes mvemones que consoliden los

dd

744

Diversas concentraciones de trabajadores realizadas en la Plaza Mayor
y aJgunos paros efectuados en el mes de noviembre, sirvieron a los dirigentes
tranviarios para hacer conocer sus pwitos de vista, respecto a la solución
del problema que t.anto les afectaba. En uno de ellos, el licenciado Mario
Pavón Flores planteó, ante la negativa de la compañía para llegar a un
arreglo satisfactorio, que las vías que se tenían aute ella eran: o expropiar
a la compañía por entero sus bienes, o declarar caducas sus concesiones,
ingresos actuales ante los problemas de la post-guerra, implantación de la Empresa
descentralizada y lograr posteriores aumentos de salarios".
En El Economista, de enero 11 de 1946, la Compañia de Traosportes publicó unas
declaraciones que muestran su punto de vista ante el conflicto. Ellas dicen:
"La Compañía de Tranvías de México es una emp~ canadiense constitu1da de
acuerdo con las leyes del Canadá y que viene operando en México desde 1907, después de haber cumplido, para ese fin, con todos los requisitos de la! leyes de la
República Mexicana y desde esa fecha el mejor servicio posible, en condiciones a veces
sumamente difíciles.
Esta Compañia no ha repartido dividendos a sus acciones desde 1913 y debido al
insuficiente producto de las tarifas, las cuales no han sido aumentadas de.sde hace máa
de 25 años, no ha obtenido un rendimiento razonable robre el valor de sus propie•
dades, puestas al servicio del público, y no ha podido ni aun cubrir durante muchos
años la cantidad mínima de depredación que oniinariamente inclúyen en sus gastos
de operación Empresas similares, con excepción del año de 1944, en que sus· ingresos
fueron suficientes para este fin y por rawnes que a continuación se indican. Sin embargo, esta Compañía no ha economizado esfuerzo alguno y ha empleado todos sus
recursos disponibles con objeto de mantener el equipo en el mejor estado posible de
conservación.
El Gobierno, en diferentes ocasiones, ha reconocido la difícil situacíón econom1ca
de es.ta Empresa. Por ejemplo, en 1941, con el fin de obligar a la Compañía a au•
me.utar los .alarios de los trabajadores en más de un millón de pesos, se tuvieron que
tomar las siguientes medidas:
1.-Una reducci6n del costo de la energía eléctrica en cantidad aproximada de
$400,000.00 al aiio.
2.-Una orden que recibió del Gobierno del Distrito Federal para reducir los gastos
de manteniniiento de las propiedades de la Empresa, en $ 450,000.00 al año.
3.-Un aument.o de $ 0.25 en el precio de 105 abonos.
Sub.~ccuentemente, en 1943, con el fín de obligar a la Compañía otra vez a aumentar
los salarios en $ 1.150,000.00 al a.iío, aproximadamente, el Gobierno tuvo que otor•
garle un subsidio igual a la cantidad de impuetsos que la Compañía pagaba al Gobierno del Distrito Federal y al Gobierno Federal.
Esta difícil situación económica se debe a que la Secretaría de Comunicaciones
durante much05, y en los últimos añ~ d entonces Departamento del Distrito Federal,
se negaron sistemáticamente a, permitir a la Compañía que aplicara la tarifa minima
de 15 centavos a que tiene derecho, de acut¡rdo con su concesión, y se debe ta.mbién al
aumento de los gastos por concepto de salarios, materiales y otra5 prestadone-s.
Por lo tanto, ~ta Compañía no puede .iceptar ser la resporu.able de la situación en
que el mismo Gobierno del Distrito Federal la ha colocado, al rehusarse constante•

145

�fundando esta última en diversas fracciones de la Ley Orgánica del Distrito
Federal.
La alternativa planteada a1 estado era grave; o devolvía los bienes a la
compafüa y por tanto hacía cesar la ocupación, en cuyo caso la alianza
reanudaría la huelga como era de ley, o el gobierno aplicaba las medidas
mente a permitir que la Compañía ponga en vigor las tarifas que está ptoriza.da a
cobrar, de acuerdo con sus concesiones.
Otra consecuencia de la difícil situación económica en que el Gobierno del Distrito
la ha colocado, es la de no haber podido restablecer su crédito, con objeto de ohtener
los fondos que desde hace tiempo hubiera deseado invertir para hacer mejoras y ampliaciones dd equipo. Aun en el supuesto, de que la Compañía hubiera tenido el
crédito necesario o los fondos disponibles, no hubiera podido adquirir carros nuevos
y cierta clase de equipo en los Estados Unidos o en el Canadá, durante los seis años
que ha durado la guerra.
Pero no obsrante la difícil situación de la Empresa, cuando el contrato oolectivo
tenninó en enero de 1945 los trabajadores pidieron urt aumento de salarios de $ 5.00
diarios cada uno, representando un gasto anual de $ 7.500.000 más otros beneficios
y prestaciones que en total hubieran aumentado los gastos de la Empresa en 12 millones de pesos, siendo que entonces los iogresos brutos de la Compañía sumaban 18
millones de pesos.
Cierto es que los ingre505 han aumenLado durante los últimos 3 ó 4 años, esto debido
a la escasez de camiones de pasajeros, a la falta de refacciones y al .constante aumento
de la población en el Distrito Federal; pero cSta Compañía no ha considerado gue
ese aumento fuese una base segura para incurñt en nuevas obligadon~. sabiendo de
antemano que cuando los nuevos autobuses comiencen a operar, sus intereses gradualmente decrecerán.
Las propiedades de la Empresa han sido intervenidas con el pretexto de dar fin
a las huelgas que estallaron en tres diversas ocasiones: a principios del mes de fe•
brero, a principios del mes de octubre y a fines del mes de diciembre, todos ellos
del aiío próximo pasado. La última de las iotervenciones mencionadas se hizo sin que
tomaTa parte alguna en eUa la Compañía y se orden6 por el tiempo que requiriera
la tramitación administrativa de caducidad de las concesiones (arlÍculo 4/o. del decreto publicado en el Diario Oficial de fecha 2 de enero del año en curso).
La Compañía anticipándose a la difícil situación que se le iba a preseota.r al expirar
el contrato colectivo de trabajo en enero de 1945, desde fines del año de 1944, solicitó
del entonces Departamento del Distrito Federal el que se le autorizara aplicar la
tarifa mínima de 15 centavos, a que tiene derecho, de acuerdo con su concesión ( autorización gue le fue negada) y eo la inteligevcia de que sobre dicha base poclrra aumentar los salarios de sus trabajado~ en una forma razonable.
El Secretario General de Gobierno del Distrito convocó a una conferencia de los
rep(esen-tantes de la Compañía y de los trabajadores para el domingo 30 de diciembre
de 1945. El mismo día la Compañía hízo un ofrecimiento sobre la hase de que se le
permitiera cobrar los quince centavos por pasaje a que está autorizada, de acuerdo
con su concesión, pero renunciando a toda utilidad para sus accionistas durante dOS"
aóos, comprometiéndose a lo siguiente:
1.-A aceptar el aumento de salarios de $ 2.00 por día otorgado por el Interventor

que le aconsejaban los técnicos que él mismo había puesto al frente del
servicio. La huelga, con sus funestas consecuencias para )a tranquilidad
y servicios de la capital, así como para la economía de cuatro mil familias
tranviarias, fue un argumento de fuerza esgrimido con habilidad por los
líderes tranviarios. No obstante ello, por Decreto de 27' de diciembre, el
gobierno ordenó se levantara la ocupación administrativa y se devolvieran
a la compañía sus bienes. 68
La consecuencia de esa. disposición fue la reanudación de la huelga que
se efectuó por disposición de la alianza el 29 de diciembre a Jas 18 horas.
Ante esa situación, el presidente de la república dictó con fecha 31 de
diciembre un Decreto que fue el inicio de la caducidad de Jas concesiones
y el cual dice:
"Manuel Avila Camacho, Presidente Constitucional de los Estados
Unidos Mexicanos, a sus habitantes, sabed:

Que con fundamento en los Artículos 5o. y 23 de la Ley Orgánica
del Gobierno del Distrito Federal y 7o. de la Ley que reglamenta la
fracción I del artículo 23, capítulo JI[ de la mencfoada Ley Orgánica, y reforma y adiciona el capítulo VI sobre Servicios Públicos de
la propia Ley, y
que tomó posesión de las propiedades de la Compañía en febrero de 1945, aceptando
también todas las repercusiones del awnento y los beneficios sociales, que en total
representaban un gasto anual de $ 3.300,000.00 o sea un aumento en los aalarios del
33 por ciento.
2.-,o\ firmar un contrato colectivo sobre esa base y sin modificación alguna durante
el período de dos años.
3.-A invertir en mejoras del equipo, dentro del período de dos años, todo el dinero
~obrante, después de pagar los gastos ordinarios de operación, en la inteligencia &lt;le
que se igualaba el precio del pasaje en los dos medios de transporte, o sea en el
de tranvias y en el de autobuses o cauñones de pasajeros, entonces la cantidad
que estaría en condiciónes de inverlir, sería mayor de 10 miUooes de pesos y -probablemente podría llegar hasta 15 millones de pesos.
Este ofrecimiento fue rechazado sin ninguna discusión; y al día siguiente, o sea
el 31 de diciembre último, la Compañía recibió un oficio del Gobernador del Distrito
Federal en cl que se le decía que habiendo incurrido esta Empresa en ciertas causas
de caducidad de las concesiones, se le concedía un plazo de 30 días hábiles para que
presentara las pruebas y defensas que a sus derechos conviniere. No puede considerarse,
por lo tanto, que se haya declarado la caducidad.
A este respecto debemos decir que la Compañía ha cumplido con todo lo estipulado
en S115 concesiones y que no ha violado ley alguna, por lo que aprovechará todos los
recursos legales de defensa de que dispone, de acuerdo con las leyes d.e la República;
y ya está preparando su defensa, confiada en .gue se le hará justicia."
.. Diario Oficial de 28 de diciembre de 1945.

�CONSIDERANDO:

I: Qu~ el Servicio de transportes eléctricos en el Distrito Federal ha
sufrido, durante el año de 1945, tres interrupciotzes con grande perjuicio
para la población del Distrito Federal, dos de CU)VlS suspenño11es el Go-bierno ha tenido que remediar medwnte la ocupación administrativa del
si.suma, con ti doble objeto de permitir la continuidad del servicio para
proteger lo.s irituescs del público y al mimw tiempo para dar oportu11idad
a las partes en conflicto para dirimir .si.u dificultades;
JI. Que no obstante las medidas tomadas e,, el tit!mpo tra11.scurrido
se ha realizado 1m,·irameritr: una tercera suspemiún del serz,icio con amenaza de que nta situación prevalezca por tiempo indefinido ograuando
las circunstancia.s del problema, }"ª que independientemente de afectar
los intereses del público se merma en forma considerable la capacidad
económica de la empresa )' laJ condiciones de eficiencia del equipo que
está destinado a la prestaci6n de un servicio público;
III: Que ante situación tan gravt·, el Estado no puede pcrmaneur en
situación de indiferencia J' tiene la obligación de adoptar la.s medidas necesarias paro resolver e11 su fondo uno situación tan perjudicial para la
colectividad, aun cuando con ello se afecterl intereses particulares que contrarian su política general de protección a los mismos por la que d Gobierno ha venido propugnando;
IV: Qu1i por las razones indicada.s )', además, por las que en el caso
concurren, se considera que deben iniciarse medidas tendientes a resolver
en el fondo las a/ectacio11es exiffe11te.s que la comunidad sufre con las
frecuentes interrupciones del servicio y para lo cual ya se ha notificado
a la Empresa que a juicio del Gobierno existen causas que dan motivo a
declarar la caducidad de las concesiones de que go;;a para prestar el
servicio de tran.sportes eléctricos en el Distrito Federal;
V: Que el procedimiento que la Ley establece para la tramitaciún
de la declaraci6n de caducidad de las concesionn requiere el transcurso de
u11 lapso durante el cual el Gobierno no puede permitir que continríe
interrumpido el servicio, por lo que, sin prejuzgar los resultado.s de la
tramitación administrativa de caducidad, T1e tenido a bien expedir el
siguiente

Servicio de Autotransportcs Eléctricos en el Distrito Federal drstina.Jos
directamente e i11directamente a la preJtación de dicho ser~icio.
Artículo 2/o. La ocu/1adón a que se refiere el articulo anterior, !n
llev~rá a cabo rl Gobierno del Distrito Federal, a cuyo efecto nombrará
un mteruentor con todas las fm;ultades de odmini.strador general, a fin
de que preste el servicio público de transportes eléctricos de acuerdo
con _l?s norma.s regl~nta,ia.s establecidas, proci.rando /a mayor .sotisfaccwn de las necesidades colectivaJ.
Artíc~o 3/o. La medida de ocupación no afecta de manera alguna
el conflicto obrero-patronal planteado entre los trabajadores y la Empresa de Tranvías, por lo qtte se dejan a salvo los derechos, acciones
y excepciones de ambM partes.
Artículo 4/o. La ocupación qru se ordena en este Decreto durará
por el tiempo que rcquitra la tramitació,1 admfoistrativa de caducidad
de las concesiones del servicio de transportes eléctricos del Distrito Federal,, cualquúra que sea el sentido en qru se resuelva.

TRANSITORIOS

l . .El_ prese~te Decreto entrará en vigor el día de su publicación en
el D~o .~fiCJal de la Federación, y dejarán de surtir sus efectos todas
las du!oncwnes que se hayan expedido con anterioridad, relativas a esta
materia.

l!·

Continúan rn vigor los acuerdos dictados por el p,opio Ejecutwo, concedi.endo s1tb.Jidios a las administraciones Estatales que actuaron durante las dos últimaJ ocupaciones adminutrativa.r.
Dado en la residencia del Poder Ejecutivo Federal, en México , a
los treinta 'Y un días del mes dtt diciembre de mil novecientos cuarenta
Y cinco. Manuel Avila Camacho. Rúbrica.-Cúmplase: El Gobernador
del Distrito Federal. Javier Rojo Gómez. Rúbrica.-Al C. Lic. Primo
Villa Miche/, Secretario de Gobernación. Presente." 60

.

En la misma fecha, el Gobierno del Distrito Federal envió la siguiente

comunicación a la Compañía de Tranvías de México, S. A.
No. 875
México, D. F., a 31 de diciembre de 1945.

Artículo 1/o. Se decreta la ocupació1l administrativa de todos los bienes
muebles e inmuebles, servicios auxiliares, accesorios y dependencias del

H8

• Dia,io Oficial de 2 de enero de 1946.

749

�ducidad que se han mencionado y se le concede un plazo de treinta
días hábiles a partir de la fecha en que reciba la prese11te 1totificación,
para que presente las pruebas y defensas que a sus deréehos conl.lengan.
Cuando el Gobiemo ha tomado la determinación que se contiene
en este oficio, lo ha hecho obligado por las circunstancias que en este
caso existen. La política gubernamental ha sido uniforme en el sentido de respetar y proteger la propiedad de los particulares, pero también es su obligación ineludible amparar los intereses del público.
Ahora bien, en tres distintas ocasiones se ha prouocado el conflicto
de trabajo entre esa Empresa y sus trabajadores que ha tenido como
resultado otras tantos paralizaciones del seruicio que prestan a la población. En ellas, el Gobierno se vio precisado a intervenir el sistema
con el doble objeto de no paralizar la transportación del público y
de dar oportunidad a las partes que dirimieran sus dificultades, que
con/orme a la Ley tienen competencia para resolver esta clase de conflictos. A pesar de ello, no solamente no se ha logrado nado en este
sentido, sino que la situación se ha agravado por el hecho de que
la paralización independientemente de aceptar los intereses del público,
merma en forma considerable la capacidad económica de la empresa
.'Y las condiciones de eficiencia del equipo }', finalme11te también existe
la amenaza de que esta situación prevalezca por mayor tiempo agravando todavía más los hechos a que se hace re/erencia. .Á.nte esta si•
tuación de gravedad indudable, el Gobierno se ue obligado a tomar
una determinaci6n que, aunque contraria a sus propósitos de que los
particulares manejen libremente y con garantías debidas sus intereses,
está amparada por la le,y 'Y justi/icaáa por una necesidaá inaplazable.
Atte.-El Gobernador del D. F. Lic. Javier Rojo Gómez. 10

C. Carlos Duclaudo,

apoderado de la Cía. de FF.CC. del
Distrito Federal de México, S. A. y
Compañía de Tranvías de México, S. A.
(Cía. Ltdn. de Tranvías Eléctricos
de México, S. A.)
Ciudad.
De conformidad con lo que dispone el artículo 17 de la Ley que
reglamenta la fracción 1 del artículo 23, Capítulo 111 de la Ley Orgánica del Gobierno del Distrito Federal y reforma y adiciona el Capítulo VI sobre Servicios Públicos de la misma Ley, notifico a usted que
su representada y las Compañías cuyas concesione.s explota, han focurrido en las siguientes causas de caducidad de las concesi011es que les
fueron otorgadas para explotar el servicio de transportes eléct-ricos en
el Distrito Federal:
1/a. Por no haber ejecutado las obras ordenadas por este Gobierno,
que se detallan en el anexo número uno.
2/a. Por no prestar el servicio de manera uniforme, regular y continuo, según se detallan en el anexo riúmero dos.
3/a. Por no reemplazar tcdos los bienes necesarios para la prestación
del servicio, ni haber ejecutado las obras de reparación, conservación
'Y reconstrucción indispensables para. la regularidad del servicio, según
anexo No. dos.
4/a. Por haber i11terrumpido el servicio sin causa justificada y sin
previa autorizacíón del Gobierno, como se comprueba con las copias
certificadas expedidas por las Autoridades del Trabajo declarando lícitas las huelgas llevadas a cabo en un período de cinco años a la fecha.
5/a. Por pertenecer las Compañías que usted representa al trust extranjero conocido con el nombre de "Sofina" y "Amitos", como podrá
verse por las copias que se adjuntan.
De conformidad con el artículo 14 de la Ley al principio mencionada,
las causas de caducidad que antes se han enumerado se encuentran
comprendidas de la primera a la tercera, fracción I de dicho artículo
14; la cuarta en la fracción VI del mismo articulo }' la quinta en la
fracción V[]] de la misma disposición. En con.secuencia, este Gobierno estima que es llegado el caso de declarar la caducidad de las
concesiones otorgadas para la explotación del servicio de transportes
eléctricos m el Distrito Federal, y al efecta, de conformidad con la
fracción I del citado artículo 17 del ordenamiento invocado, se le hace
a usted formal notificación por haber incurrido en las causas de ca-

750

Ante ese Decreto, que satisfacía sus exigencias, los trabajadores acordaron

levantar la huelga, después de convenir con la Administración General del
Servicio de Transportes Eléctricos, en varios puntos que normarían sus
relaciones. Esos puntos fueron los que siguen:

1/o. La Alianza de Tranviarios de México convie11e co11 el AdminiJtrador General del Servicio de Transportes Eléctricos del D. F., en
reanudar a la mayor brevedad posible dicho servicio, dejando suspenso
el movimiento de huelga. que estalló a las dieciocho horas del día tres
de febrero del aii,o próximo pasado y que se ha reanudado en dos oca111

Defensa. que presentan . • , pp. 9-11.

751

�sienes, con fecha primero de octubre y veintinueve de diciembre del
año pasado, cuya suspensión durará el tiempo indispensable para que
el Gobierno del Distrito Federal concluya la tramitación del expediente
administrativo de cancelación de concesiones a la Compañía de Tranvías de México; S. A.., sin que tanto dicha suspensión como las condicio-nes aquí convenidas afecten en manera alguna las acciones que la
Alianza tiene pendientes o que pudiera tener en contra de la Compañia
mencionada, por lo que se refiere a la revisió11 del contrato de trabajo
y el movimiento de huelga a que se viene haciendo referencia.
2/o. La Alianza de Tranviarios de México conuiene en que sus relaciones de trabajo con el Administrador del Servicio de Transportes
Eléctricos del D. F,; se rijan por las estipulacwnes contenidas en esteconvenw. Sin lesionar los derechos de los trabajadores, las partes se
pondrán de acuerdo sobre las medidas administrativas necesarias para
mejorar la prestación del servicio y elevar la eficiencia de los trabajadores.
3/o. Sin que se trate de un nuevo contrato colectivo o del contrato
colectivo en revisión, la Alianza y el Administrador regirán sus relacio11es de trabajo por las disposiciones contenidas en las cláusulas del
contra.to colectivo de fecha veintiuno de enero de mil novecientos cuarenta y tres, con las modificaciones que la propia Alianza 'Y la Compañía de Tranvías de México, S. A. aprobaron ante la Secretaría del
Trabajo y Previsión Social, cuyas cláusulas y cuyo contrato colectiuo sólo
se mencionan para facilitar la re/erencia y no tra.ncribir las disposiciones
que contiene.
4/o. Las partes están de acuerdo en que continúen en vigor los convenios especiales firmados durante las dos ocupaciones administrativas
anteriores.
5/o. El Administrador del Servicio de Transportes Eléctricos del
D. F. conviene en conceder un aumento en los salarios de los trabajadores de sesenta pesos mensuales a cada uno y de treinta pesos mensuales a los aprendices. Dichos aumentos se harán sobre los salarios
que percibían los trabajadores antes de la primera ocupación de
emergencia. Queda convenido expreJamente que dic/iQ Qumento de salarios no tendrá repeTcusión de ninguna naturaleza por lo que se
refiere a las prestaciones derivadas de las disposiciones contractualel
que re/iere la cláusula tercera, tales como horas extras, jubilaciones,
seguro social, salarios de emergencia, compensación por antigüedad,
etc., a excepción del pago de vacaciones y permisos por enfermedades
profesionales y no pro/esionales. Este aumento tampoco podrá ser motivo para reducir las compensaciones de emergencia al salario iusu-

752

ficiente que goza,i en la actualidad los trabajadores, agregadas a sus
salarios.
6/o. El aumento de salarios a que se refiere la clátuula anterior,
comenzará a regir a partir de las dieciocho horas del día veintinueve
de diciembre del año próximo pasado.
7 fo. El Administrador del sistema de Transportes Eléctricos del D. F.
pagará a los trabajadores huelguistas -una cantidad igual al importe de
los salarios que ha11 dejado de percibir durante la segunda reanudación
de su huelga. Asimismo pagará o los trabajadores las cantidades a
que tengan derecho, que hayan quedado pendie11tes de liquidación
durante la ocupación anterior.

8/o. La Alianza se obliga a continuar dando su más amplia colaboración para que todos sus agremiados presten sus s~rvicios en las mejores condiciones de eficiencia y dis-ciplina, con el propósito de conservar y mejorar la fuente de trabajo, y de prestar un buen servicio al
p-úblico.
9 fo. Este convenio estará en vigor por setenta y cinco días hábiles
contados a partir de la fecha del mismo y será prorrogable por mutuo
consentimiento de las partes. Leído este documento lo ratificaron los
que en él intervi1lieron, en la inteligenda de que deberá ser ratificado
ante la Junta Federal de Conciliació11 y Arb-itraje para que, a petición
de las partes, sea elevado a la categoría de laudo y surta todos sus
efectos legales.

Alejandro Vega.
(Rúbrica).

José Alatorre.
(Rúbrica).

José María Solis.
(Rúbrica).

Silvano Avena.ª
(Rúbrica).

La empresa, ante esa decisión, interpuso el 16 de enero de 1946 amparo
ante el Juzgado Primero de Distrito en materia administrativa, a eargo
del licen~iado Ponciano Hernández Ortega, contra actos del H. Congreso
de la Unión, del C. Presidente de la República y del C. Gobernador del
Distrito Federal, recurso que se le concedió a la compañía el día 18 a reserva de ventilar dicho amparo en su fondo. El 12 de abril el juez Hernández Ortega, concedió a la compañía de tranvías la suspensión definitiva
de los actos reclamados para el efecto de que no se continuara la tramitación del expediente de caducidad, mientras no se resolviera en definitiva
sobre el fondo del amparo. Otro amparo fue solicitado por la empresa
ante el mismo funcionario el 22 de abril, y el 29 el presidente de la República pidió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación la revisión de la
" Prestntación en síntesis, pp. 51-53.

753
ll•ffl

�sentencia del Juez Primero de Distrito. El 13 de mayo, nuestro Supremo
Tribuna\ revoc9 el fallo del juez Hemández Ortega, con lo cual las cosas
volvieron al estado en que se encontraban, pudiendo por lo tanto, el Departamento del D. F. continuar el procedimiento de cancelación de concesiones, en tanto se entraba en el fondo del amparo.
Dado que se consideró que el servicio de tranvías de la ciudad de México era indispensable para la colectividad, el gobierno finalmente canceló
las concesiones y creó una entidad denominada Servicio de Transportes Eléctricos del D. F., entidad descentralizada encargada de administrar y organizar debidamente esos servicios. El desarrollo del Servicio de Transportes
Eléctricos queda ya fuera de estas notas y constituye de por sí capítulo
aparte.

Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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