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                  <text>HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

•
16

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

1975

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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

16

UNIVERSIDAD AUTóNO1'1A DE NUEVO LEÓN
1975

�DeTCchos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEóN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEóN

Presidente y j efe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lm. EnuiAR.OO GUERRA CASTELLANOS
Jefe de la Sección de Historia:
.PROFR. I SRAEL CAVAZOS GARZA

PRIMERA EDICIÓN
Diciembre de 1975.-1,000 ejemplares.

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lio. ALBERTO GARct11. GóMEZ

16
HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Facultad
de Filosofla y Letras de la Urúversidad
de Nuevo Le6n, Ciudad Universitaria. - Monterrey, N. L. - México

19 7 5

�ÍNDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFlA

(A)

Dr.

INVESTIGADORES LOCALES

AcusriN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: V ersión femenina y versión masculina de lo humano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

(B)

13

COLABORADORES FORÁNEOS

Dr. JosÉ R. SANABRIA: W ittgenstein '.V la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. PATRICK RoMANELL: Man and the con/licts of Iife . . . . . . . . . . . . . .
Dr. OCTAVIANO N. DER1st: Nobleza de la persona humana . . . . . . . . . .
Dr. ALAIN Guv: Esperance, raison et temps selon Marla Zambrano . .
Profr. Dr. EvANGHELOS A. MoUTSOPOULOS: On some systems of Aest-

23

hetic categon·es . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

95

La evolución según A.urol,indo y Teilhard . . . .

101

KouRIM: La difícil prognosis para la U11iversidad . . . . . .
Dr. BERNARD P. DAUENRAUER: Finitude, hope, and the human com-

123

munity . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

133

La política de Maurras y. la filosofía cristiana

139

Mtcl!AEL A. WEINSTEIN: The structur.e o/ anti-positivist philosophy in Latín America . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

165

MoÑoz: Epistemología antropol6gka . . . . . . . . . .

185

Dr.

Dr.

Dr.
Dr.
Dr.

IsMAEL QuILES:

ZDENEK

ALn.ERTO C.HURELLI:

SANTIAGO VroAL

45
61
77

7

�SECCIÓN

ToMÁs MENDIRiCHAGA CUEVA: La segunda Uni¡¡ersidad de Nuevo León

SEGUNDA

R. CANTÓ: Don Juan Manuel Muñoz de Villavicencio, gobernador del Nuevo Reino de León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
AURELIANO TAPIA MÉNDEZ, Sac.: Fray Rafael José Verger y Suau,
técnico de misiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

419

Cmo

LETRAS
(A)

Dr.

La razón de amor e11 el Romanceiro Popular Galego de Tradizon Oral ...................... .

217

JuAN JosÉ GARCIAOOMEZ: Pablo de Olavide: Primer novelista en
Hispanoamérica .................................... •. •. • • • •

231

Lle.

4-1-9

INVESTIGADORES LoCALES

(B)
Lic.

439

COLABORADORES FORÁNEOS

EDUARDO GUERRA CASTELLANOS:

Conversación en la Catedral (Téc11ico Literaria) ......................... •. • • • • • • • • • • • • · · · · · • · · · · · · 247
Lic. ISRAEL GUAJARDO G.: La soledad en la obra poética de Rafael Alberti ............................... • . • ... , . • • • • • • · • • · · · · · · 267
Dra. LETICTA ÚANTÚ DE G.: El amor en la obra poética de Luis Cernuda 295
ISABEL CmusTENSEN:

FRANCISCO MoNTERDE:

Caminos de la lengua española

La historiografía potosina ....... . 497
CAR.Los GoNzÁLEZ SALAS: Ensayos de historia regional de Tamaulipas 529
LINO GóMEZ CANEoo: l. Quién era el religioso qt1e Luis de Carvajal
"trujo de la Huasteca"? .................................... . 559
CAIU,tEN CAsTAÑEDA: Los archivos de Guadalajara .. . ............ . 567
RAFAEL MoNTEJANO Y AoUIÑAGA:

SECCIÓN

CUARTA

309
CIENCIAS SOCIALES

(B) CoLABOJW&gt;ORES FORÁNEOS

(A)

Dr. LEÓNIDAS MoscOTTI G.: La evoluci6n poética en la obra de Luis
Cernuda

Dr.

RoBERT

.................................................. 321
G. CoLLM.ER: Los factores anglosajones en las obras de Jor-

ge Luis Borges .................................... , .......•

333

lNVESTIGADOBES LOCALES

Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ: Trascendental celebraci6n del X congreso del instituto hispano-luso-americano de derecho internacional 587

Dr. F.

RUBÉN DELGADO:

El bien, el mal, la guerra, lo bello y la paz

601

GtLBERTO TRMÑos: El distam:iamiento irónico en "Tiempo de .rilen-

341
Profra. T. AVRIL BRYAN: .Alfonso Sastre: Dramaturgo y activista ..... . 359
Lic. LETIClA PÉREZ GuTIÉRREZ M.L.E.: El tema del amor en la poesía
cio", de Luis Martín Santos ................................. .

de Emily Dickinson •........ .................................

SECCIÓN

369

TERCERA

HISTORIA
(A)

INVESTIGADORES LOCALES

GARZA: Cirujano en Nuevo Le6n, en el XVIII ..... .

385

JosÉ P. SALDAÑA: Madero y su época ........................... .

393

ISRAEL CAvAZos

8

(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Profr.

DAVID G. DAVIES: El financiamiento de las elecciones públicas
en las sociedades demócratas. Un análisis de las alternativas y de
.sus efectos .............................. . ................. . 617
Dr. C. A. CANNEOlETER: .Aspectos humanos del problema mundial de
la alimentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .................. . 635
ANTONIO POMPA Y POMPA: El cronista Las Casas, humanista y polltico 657
Dr. EoMUND STEPHEN URBANSKI: Los negros, su idiosincrasia, costumbres y vida en las dos Américas .............................. . 667
Dr. Lucro MENDl'ETA Y NúÑEz: La Academia de Derecho Agrario .. 685
ÁNGELES MENDIETA ALAT?RRE: Integridad molesta ............... . 695
Dr. HÉCTOR GROS EsPIBLL: En el V untenario de Las Casas ..... . 705
ROBERTO LARA VELADO: Una cosmovisión evolutiva - Resumen ... . 717

9

�SECCIÓN

QUINTA

COMENTARIOS Y RESE~AS

B IBLIOGRAFICAS
¿Mono desnudo u homo saJ,itns?, Dr. AousnN BASA\'E FllRNÁNDEZ DEL VALLE, 741.- Una nueva obra dt antropologfa filos6/ica, Dr. AousrlN
l\ASA\'E FE1u,ÁNDEZ DllL VALl..'E., 745.-"/~encia de la hispanidad". Lle.
FERNANDO 'AUNAS, 749.-La hurlga, Lic. Feo. j A\"IER CAu1u.o MORA•
LES, 755.-Comcntarios a "Htrr Puntila ,• su sirviente Matti" de B. Brccht,
Lic. lsllAEL GUAJAJU&gt;O G., 759.-Un comentario a '' El Ruiseñor sobre la
Piedra", Hi:CTOR GuAJARDO G., i67.-LA polur.ión )' las /ranuras internacionales. Probltmas ambiu1tales nortl'americnnos-mexicano.r, Lic. ALBERTO GARCÍA G6MEZ, 771.-Hispanoamérica, sus razas ,• ciuilüaciones,
Er-:RIQUE MARn, 773.-Ptnsamiento y trayectoria dt Pascal, Prnfr. Dr.
F. J. v. RtNTELEN, 777.-ws grupos de presi6,1 en .'11éxico, Lic. ALnf.RTO
GARCÍA Góirnz, 719.-Catálogo y slntesis de los protocolos del archivo
municipal de Monltn't.)', Profr. Hur.tBDTO BuENTELLO CHAPA, 781.

10

Sección Primera
FILOSOFIA

�VERSIÓN FEMENINA Y VERSlóN MASCULINA
DE LO HUMANO
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZUEL VALU

Presidente del Centro de Estudios Humanísticos
de la U.A.N.L.

Lo HUMANO puede realizarse de modo masculino o de manera femenina. El
ser humano se da en situación sexuada. No confundamos lo sexual y lo sexuado.
Mientras lo sexual se ejerce durante una época de la vida, lo sexuado nos
acompaña desde la cuna hasta la tumba. Se nace hombre o se nace mujer.
Desde el punto de vista somático y psicofísico, se trata de dos diversas realidades, sin mengua de la fundamental unidad del ser humano. Tan persona
humana es el hombre como la mujer. No hay dos especies humanas, pero sí
existen dos versiones de lo humano, dos polos que se implican y complican.
Para comprender mejor a la mujer se necesita conocer al hombre y para
conocer mejor al hombre se requiere conocer a la mujer.
Vivir en el mundo es existir instalado en un sexo, desde el cual se proyecta
la existencia y la salvación. Puede haber comportamientos sexuales o ase&gt;,,'11ales. Lo que no cabe es actuar asexuadamente. La Antropología Filosófica no
puede centrarse en el problema del sexo -aunque no lo pueda desconocerporque anda en pos de las primalidades de lo humano. Y una de estas primalidades es la situación sexuada. Más que hablar de una "Metafísica de los
sexos humanos" que parten en dos porciones a la Antropología Filosófica,
habría que intentar construir una óntica de la situación humana sexuada. Ser
hombre o ser mujer es estar en el mundo de un modo radical y originalmente
diverso. Desde ese modo se convive, se interpreta la circunstancia y se busca
la trascendencia.
El varón posee su se.'Xo de manera abrupta, violenta a veces, inadecuada a
menudo. La mujer es su sexo de modo natural, espontáneo, unitario. Gran
parte de su contextura corporal se halla abocada a la maternidad. Pero la

13

�maternidad en la mujer no sólo es cue ti6n fí ka sino p íquica. Tráta.i;e de un
sentimiento profundo, difuso. palpitante tierno. Estamos ante la vocación
primordial, ante el núcleo más íntimo ele la feminidad. La maternidad psíquica
de la mujer se extiende a la humanidad entera. La monjas se apartan de la
maternidad física para acercarse más a la mat midad p íquica. Por algo e
les llama "madres". La maternidad no es tan sólo un hecho fisiológico sino
una suave y protectora compenetración con la realidad de la vida, que actúa
como contrap ~o y complemento de· la drilidad.
Al varón le corre pondc la fortaleza ( andreia), el impulso de invocar, el
gusto por las rrandes ab tracciones... A la muj •r le corresponde la •rracia,
la estabilidad cósmica, la facultad intuitiva ... La mujer -como observa Pedro Caba- es un cr botánico florea 1, ''traspira sensualmente como las hojas,
como los pétalos ..• La mujer tiene s ntido forestal. alma de bo que. Como el
bosque, el alma femenina es unidad múltiple, totalidad numerosa, cuya e ·encia está en su numero idad desordenada ... Todo varón que enamoro a una
mujer tiene la concienda última de que pone orden a un caos, pero tambirn
de que traza senderos y tala un bosque" (¿Qué es el hombre?, págs. 106
y 107). Los~ ta.&lt;; que escriben n prosa apuntan lo telúrico y lo marino rn
la mujer, frente al varón nauta y andariegó. b-negarse e una forma máxima
de s r en lo femenino, su valor más peculiar. E e exquisito sentido de comunidad que tiene la mujer -por su vocación a la maternidad- l lleva a la
comunidad en el valor, a la compasión universal y hasta a la voluntad de
morir por otro, de no ·er para que otro sea (maternidad heroica).

El varón es abrupto y uele ser insolidario. Lo femenino ,;ene para ronsolarle para poblar su soledad. Se habla de la incompletud femenina; se no
dice que la mujer es un ser radicalmente incompleto, que tiene conciencia ele
su lat ralidad fundamental. Yo no creo que la incompletud ea una e.'i:clttsiva
de la mujer. Trátase de una nota esencial a la finitud del ser humano.
El sentimiento del cuerpo en cada sexo es dif rente. La fina y aguda sensibilidad intracorporal de la mujer nunca la akanza el hombre. Mientras el
cuerpo expre~a a la mujer cm perfecta adecuación, al hombre le estorba con
cierta fr uencia. En su morfología corporal más típica, el var6n es agudo y
ari ·tado; la mujer es con éntrica. Por eso gu:¡ta. del e ·pacio recogido - u
casa, su cuarto-, por eso es recatada. El varón · franqueza, apertura, descubrimiento, acción. La mujer e mi. terio, intimidad. encubrimiento, indecisión. Porque vive cníundida de su régimen corporal. mue tra el temperamento
a flor de piel. El varón, en cambio, se distancia más de u cuerpo, se impone
un régim n fi iológico y funda un carácter. La mujer
siente tiempo interior, ritmo vital. El varón siente que no es pero que tiene que ser fuerte, sabio,
poderoso, ·c!rUro. La mujer abe que es débil, curiosa, mcn terosa, insegura.

14

Un hombre se acerca a la mujer en plan protector, retador. posesivo. La mujer deja que se le acerque -si quiere- para mejor envolverle r aquietarle.
A la galanteria corresponde la coquet ría. "Lo propio y peculiar de la coquetería consiste en producir el agrado y el de eo -advierte el filósofo alemán
Georg immcl- por medio de una antítesis y ínt is típicas, ofreciéndose }'
negándose imultánea o suce fram nte, diciendo sí y no 'como desde lejos',
por _imbolos e insinuadone , dándose sin darse, o, para e.xpresamos en término:¡ platónicos, mantcni •ndo contrapu ~tas la po. ión y la no posesi6'1, aunque
haciéndolas sentir ambas en un solo acto" (''Filosofía de la Coqu,.teria", en
el libro Cultura femenina y otros ensayos, pági;. 56-57, Colecci6n Austral). La
moderada coquetería -y esto no lo dice immel- tiene un sentido óntico
final: poner e al servido de un amor que nunra a('aba de agotar su (1ltimo
encc1nto. lgo de la mujer se nos fuga siempre ... r alado, mitad pre ente
roitnd awente, la mujer es -y erá iempre- arcano. La "16 ica pura" no le
preoc:upa. Pero acaso tenga una mayor dosis de ''razón vital", de intuiciones
oncretas. de corazonadas erteras.

i el hombre, o mejor aím, el ser humano no es asexuado, resulta natural
que la cultura tampoco lo sea. uestra cultura -arte, filosofía, ciencia, industria, comercio, E tado )' Derecho-- es ma~ulina, porque la ban hecho los
hombres. Pero nada impide imar.rinamos una futura cultura femenina. Piéne, por ejemplo, en una política fernenjna -intuitiva y concreta- o en un
Derc-rbo con un peculiar sentido femenino de la justicia. En su penetrante
estudio !;obre la cultura femenina, Georg immel nos hace notar que "en la
mujer la periferia tá más estrechamente unida con el centro, y las partes
son solidarias con el todo· que en la naturaleza masculina. Y así resulta que
cada una de las actuaciones de la mujer pone en juego la p rsonalidacl total
y no e epara del yo
sus e ntros ntiment.1le . En cambio en el hombre
e/ ·te esa dif ren iación, que le p nnite recluir ~u trabajo en la región de la
obj tividad. haci ndo ast compatibl rl espccialismo inánime con una e&gt;.-istencia personal colmada de espíritu y vida (aunque no faltan ca,os en que
e ta úliima
marrhita por culpa del primero)" (Cultura fnnenina y otros
tn a •ot, pág. 16). i I mujer s
ofenden más pronto que los hombres rn
igualt·s circun. tandas -observa el mismo filósofo crman~ es porque " icnten en toda !iU per,;ona un ataque qu no iba propiamente dirigido sino a un
punto singular''. , on natumlczas unitaria cerrada robe iva, fieles (a personas, intere es particulares, cm ion ) , piado s.
El cuerpo dcJ hombre, enérgicamente modelado, es más significativo qu~
bello. Bar una fu rza expr ·iva de formas unida. a la angulosidad. Las formas
curvai:. de la mujer, la ílnencia de lineas no interrnmpidas la falta de barba
son rasgos que se acer an más al id al estilístico de unas línea que se deseo-

15

�vuelven en tomo a un centro. La mujer es centrüuga en su cuerpo y en su
hogar. La "casa" es todo un mundo de contenidos vitales ordenados según
pautas femeninas: muebles, cortinas, flores, jardín, comida, régimen familiar ... La vida entera de la mujer se plasma en el valor hogareño. Para el
hombre, la casa es un fragmento -aunque importante- de su vida. Desde
la coexistencia hogareña, la mujer moldea, en buena parte, el alma de su
marido y de sus hijos. Ella transmite valores esenciales. El hombre, escindido
por una violenta dualidad, oriéntase ''hacia la transfonnación, el saber y la
voluntad". La mujer busca "una perfección reclusa en lo mtimo del ser''.
Nos encontramos muy distantes de la tesis del atormentado y trágico pensador
austríaco, Otto Weininger, cuando afirma: "La sexualidad exclusiva y continua de la mujer, tanto en la esfera psiquica, como en la somática tiene aún
más amplias consecuencias. El hecho de que la sexualidad sea para el hombre
tan sólo un apéndice, y no constituya todo el objeto de su vida, le permite
separarla psicológicamente del resto de sus actividades, y con esto su concienciaci6n. Así, el hombre puede enfrentan.e con su sexualidad y separarla de las
otras exigencias de su vida. En la mujer la sexualidad no se puede separar
de la esfera no sexual ni por una limitación cronológica en su aparición ni
por su órgano anatómico. En consecuencia, el hombre conoce su sexualidad,
la mujer, en cambio, no es consciente de ella, y de buena fe puede ponerla
en duda, porque la mujer no es otra cosa que sexualidad, porque es sexualidad misma" (Sexo y carácter, pág. 128, Biblioteca Filosófica Losada). Cuando la mujer realiza cálculos matemáticos o expone la analítica existencial de
Heidegger, no cabe decir que es pura sexualidad. Weininger no distingue el
carácter sexuado de la función sexual. Y en el nivel espiritual, propio de la
persona humana, no interviene la condi.ción sexuada.
Las excelencias varoniles -el talento científico, artístico o filosófico, la destreza política, financiera o deportiva, la heroicidad moral o guerrera- han
florecido sobre la historia de una civilización preponderantemente masculina.
Dentro de este contexto, la mujer aparece en el mundo masculino como la
otreidad inesencial, como la compañía en la privacidad del hogar y la influencia oculta. Me parece que en el próximo viraje de la historia vamos a
tener una cultura dualista -masculina-femenina- más equilibrada. Pero
aun ahora hay un peculiar ser y estar de la mujer que presta tonalidad y estilo.
Con su habitual galanura y ¡ierspicacia, José Ortega y Gasset observa: "Como
al presentan;e la luz, sin que ella se lo proponga y realice ningún esfuerzo,
sunplen1ente porque es luz 1 quedan iluminados los objetos y cantan en sus flancos los colores, todo lo que hace la mujer lo hace sin hacerlo, simplemente
estando, siendo, irradiando. Y es curioso advertir como este carácter, que da
a todo movimiento femenino un aire más bien de emanación que de acto

16

regido por finalidades externas, Juce en cada uno de sus oficios peculiares.
¿ Es, por ventura, trabaja.I' lo que hace la madre al ocuparse de sus hijos, la
solicitud de la esposa o la hermana? ¿ Qué tienen todos esos afanes de increfüle
misterio, que les hace como irse borrando conforme son ejecutados, y no dejar
en el aire acusada una línea de acci6n o faena? Pues esta fluidez del acto
es eminente en el oficio titular de la mujer. La mujer, en efecto, parece no
intervenir en nada; su influjo no tiene el aspecto violento o siquiera afanado
propio a la intervención masculina. El hombre golpea con su brazo en la
batalla, jadea por el planeta en arriesgadas operaciones, coloca piedra sobre
piedra en el monumento, escribe libros, azota el aire con discursos y hasta
cuando no hace sino meditar, recoge los músculos sobre sí mismo en una quietud tan activa, que más parece la contracción preparatoria del brinco audaz,
La mujer, en tanto no hace nada, y si sus manos se mueven, es más bien en
gesto que en acción. Sobre un sepukro de la vetusta romana republicana, donde descansó el cuerpo de una de aquellas matronas genitrices de la raza más
fuerte, se leen junto al nombre estas palabras: domi seda, lanifica; guardó su
casa e hiló. Nada más. Nos parece ver la noble figura quieta en su umbral,
con los largos dedos consulares enredados en el blanco vellocino.
"La influencia de la mujer es poco vfaible precisamente porque es difusa y
se halla dondequiera. No es turbulenta como la del hombre, sino estática,
como la de la atm6sfera. Hay evidentemente en la esencia femenina una mdole atmosférica que opera lentamente, a la manera de un clima. Esto es lo
que quisiera sugerir cuando afirmo que el hombre vale po11 lo que hace, y la
mujer por lo que el' (Estudios sobre el amor, págs. 29-30, Colección Austral). Yo diría que el hacer es una traducción exterior del existir, del ser. Y
que no se puede ser sin hacer, porque la vida es quehacer. Menos aún podría
admitir el aserto de José Ortega y Gasset, en el sentido de que mientras el
progreso del hombre consiste en fabricar cosas cada vez mejores, el progreso
de la mujer estriba en "hacerse a sí misma más perfecta creando en sí un
nuevo tipo de feminidad más delicado y más exigente" (locus cit). El imperativo de autorrealizaci6n rige por jgual en el caso de] varón y en el caso de
la mujer. Cierto que la mujer -madre, novia, amiga- exige perfecci6n al
hombre, le reforma y le depura. "Sin hacer nada, quieta como la rosa en su
rosal, a lo sumo mediante una fluida emanación de leves gestos fugaces, que
actúan como golpes eléctricos de un irreal cincel, la mujer encantadora ha
esculpido en nuestro bloque vital una nueva estatua de varón. Diríase que hay
dentro del alma femenina un imaginario perfil, el cual aplica sobre cada
hombre que se aproxima. Y yo creo que es así: toda mujer lleva en su intimidad preformada una figura de varón, s61o que ella no suele saber que lo
lleva. El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener

17
Hum•2

�sus conceptos y definiciones, y esto es obra de varón. La mujer no sabe, no
se ha definido ese modelo de masculinidad, pero los entusiasmos y n:pulsas
que siente en el trato de los hombres equivalen para ella al descubómiento
práctico de esa carga ideal que insospechada traía en su corazón", apunta
Ortega. (Ibid, pág. 31). Dejemos a un lado la tajante separación entre saber
--que no es faena exclusiva del varón como parece creerlo Ortega- y sentir --que no es una exclusiva de la mujer, aunque sus sentimientos suelan ser
más delicados- y quedémonos con esa maravillosa función modeladora de la
madre y de la novia, de la esposa y de la hermana. Ellas educan, pulen sensibilidades y cosmovisiones mejor que los pedagogos y los político!.
.En un libro ejemplar publicado por la condesa de Campa Alange, cuando
me tocó residir en España realizando estudios y conociendo a un pueblo, se
habló -y ése es el título de la obra- de "La secreta guerra los sexos".
Yo prefiero hablar -y tengo mis motivos para ello- de la ostensible y creciente colaboración de los sexos, sin desconocer las realidades históricas apuntadas por la distinguida autol'a española. Es posible que la humanidad -como
lo apuntó Bachofen- vivió en su principio en un régimen de promiscuidad
sexual. Tras la sublevación femenina vino al matriarcado {linaje, herencia y
poder político pasaron a manos de la mujer). Recieutes estudios muestran que
no es fase obligada de la evolución social, sino fenómeno aislado. Surge cuando
la agricultura -iniciada y cultivada por la mujer- adquiere un valor económico superioI' al de la caza. La alfarería y los tejidos fueron inventos y obras
de mujeres. Pero entre las tendencias matriarcales y las patriarcales, fueron
estas últimas las que predominaron. Se llega a confundir el derecho conyugal
con cualquier otro derecho de propiedad. Se acumulan mujeres, en algunas
tribus, como se acumula ganado. En Atenas, sólo las cortesanas tienen el privilegio de oír las conversaciones de los filósofos. Recuérdese que Sócrates y
Pericles frecuentaban la casa de la cortesana Aspasia. Hoy en día, el padre
ya no ejerce oficio de sacerdote y de juez. Apenas tiene autoridad -de índole
moral y afectiva- sobre sus hijos. La mujer soltera se despide de su pasado
tradicional, siéntese libre y no sabe aun como emplear su libertad . ¿Estamos
seguros de que la mujer ha sido alguna vez lo que ella quiso ser? ¿Pudo ser
en algún momento ella misma?, se pregunta la condesa de Campo Alange.
Dos mil años de historia han marcado la forma psicológica femenina con cicatrices deformativas. Dos mil años de asimilar una cultura de carácter exclusivamente varonil, no se olvidan ni se superan fácilmente. La esencia de lo
femenino, en su más recóndita intimidad aparece velada. Durante muchos
años ]as mujeres se han visto precisadas a disfrazarse exteriormente -y hasta
mentalmente-- de varones para introducirse en las universidades y en la cultura sin despertar desconfianzas. Lastania usaba atuendo varonil para escu18

char las lecciones de Platón. Y Paulina Hortensia de Castro -ilustre dama
portuguesa- tuvo que disfrazarse de varón (en las postrimerías del siglo XVI)
para poder estudiar en la Universidad de Coimbra. Otra tanto hizo Concepción Arenal para ingresar en la Universidad de Madrid y Susana Freeman
para entrar a la Universidad de Cambridge. Siglos y siglos ha vivido la mujer
recluida, atemorizada, .ignorante. No debemos sorprendemos de que en esta
atmósfera histórica todavía no se haya podido producir una gran filósofa o
matemática. Tampoco pueden ser decisivos los tópicos sobre la psicología de
los sexos: la mujer es intuitiva, afectiva, sensitiva, erótica, subjetiva, centr!peta.
Y al hombre se le atribuyen los rasgos opuestos: reflexivo, activo, abstracto,
lógico, objetiuo y centrífugo. Se dice que la mujer es y el hombre va siendo .
"Lo femenino -observa Oswald Spengler- está más próximo al elemento
cósmico, más hondamente adherido a la tierra, más inmediatamente incorporado a los grandes ciclos de la naturaleza. Lo masculino es más libre, más
animal, más movedizo, y en el percibir y comprender, más despierto, más tenso" (La decadencia de Occidente, tomo IV, cap. IV). Por medio de su
,rientre, la mujer establece una unión entre el pasado y el futuro, como si
fuera planta fructífera. El hombre vive en equilibrio inestable, con la preocupación de asirse a la tierra y grabar su nombre en la historia. M. Varting,
profesora de Pedagogía de la Universidad de Jena, ha afirmado categóricamente: "comparar el hombre a la mujer es comparar dos órdenes de grandeza
distintos, pues desde hace más de dos mil años el sexo masculino domina al
sexo femenino. Colocados en condiciones sociales idénticas, el hombre y la
mujer se desarrollarían de manera anóloga" (Die Weiblich Eigenart im Miinnerstaat und die miinliche Eigenart in Frauenstaat, Braun, Karlsruhe1 1923).
Ciertamente habrá que marchar hacia una nueva psicología de los sexos.
Pero esta psicología nunca podrá desconocer este factum radical apuntado
por la condesa de Campo Alange: "El hombre nace y muere solamente; Ja
mujer, además, tiene entre su prinópio y su fin una floración carnal. Intermedio violentamente físico, hondamente humano y trascendente, que es
el de dar uida a o'tra vida" ( LA secreta guerra de los sexos, segunda edición.,
pág. 107, Ed. Revista Occidente) . La potencia espiritual de la maternidad
psíquica --contrapeso y complemento de lo viril- está más allá del hecho
fisiológico. La futura civilización humana deberá contar -si quiere ser más
estable y humana- con formas sociales y políticas que recojan el elemento
femenino. Al crear al ser humano a imagen suya, Dios quiso que hubiese dos
sexos y "criólos varón y hembra''.
A partir del Medioevo y Renacimiento, la mujer empieza a ganar libertades y prestigio. Deja de ser "nodriza del germen sembrado en sus entrañas", como se le llama en la Grecia del juicio de Orestes, y reclama su
19

�participación en la cultura y en la comunicación espiritual con el hombre.
Por este diálogo elevado, que apenas se inicia, podemos entrever una cultura
más integral y armónica en el próximo futuro. "La humanidad ha sido privada de una equitativa y armónica participación de las dos tendencias que
Dios creó en el hombre y en la mujer. Y no cabe posible equilibrio social
dentro de una fórmula unilateral. 'i la primitiva y ocasional ginecocracia
oscura y maternal, conservadora de la especie, biológicamente fecunda y enraizada misteriosamente al cosmos; ni el triunfo absoluto del concepto viril,
abstracto, metafísico, numérico, que nos ha conducido hasta el escalofriante
maquinismo", concluye por decir la condesa de Campo Alegre (lbid., pág.
234).
Me parece demasiado precipitado y simplista atribuir a la diversa morfología y endocrinología genital el carácter activo, creador y penetrante en todos
los sectores de la vida que hasta ahora ha ostentado el varón, y la forma tenaz,
entregada y difusiva que ha mostrado la mujer. Innumerables factores histórico-contingentes intervienen en la plasmación de una cultura eminentemente viril. No se ha apreciado bastante, esa exquisitez femenina para rastrear el relieve de lo existente, esa fina y genial sistematización del detalle. En
cambio se ha hablado, hasta la saciedad, del poder abstractivo del hombre,
de su capacidad para las grandes síntesis. Es preciso crear un clima propicio
para la integración de la versión masculina y de la versión femenina de lo
humano, como dos aspectos complementarios y originales de la Realidad. La
lústoria nos enseña que la mujer, por su sola presencia, difunde valores --o
desvalores- en todos los ámbitos. La atmósfera del hogar, la síntesis vital
radica en la mujer. Su poder de observación y su aptitud intuitiva nos prestan
inestimables servicios. Pero el varón es más objetivo y está más lejos del peligro del subjetivismo. Genitalmente, la mujer no es inferior al hombre. Espirituahnente, tampoco, sólo es diferente. Es hora de que varón y mujer asuman
--consciente y responsablemente- su diversa y original condición sexuada.
Los órganos del amor no deben producir vergüenza, sino respeto. La hondura
y el misterio del sexo no pueden reducirse a pasatiempo, a pornografía o a
pudor mojigato. Los niños requieren una limpia y cristiana formación sexual
que sea orgánica y gradual. El sexo es un don de Dios, una pedección a
partir de la cual tiene su significado toda paternidad o toda maternidad.
¡ Basta de tremendismo moral! Lo sexual no debe ser recluido a la categoría
de lo nefando, inconfesable y prohibido, ni a la región del morbo, la cínica
impudicia, y el exhibicionismo degenerado. En todo caso, el centro de gravedad de la convivencia del hombre y mujer no es -ni siquiera en el matrimonio-- lo sexual, sino lo personal, y más aún lo divino. Por importante
que sea, lo sexual no pasa de complemento y de incremento. La persona in-

20

forma a la sexualidad y no la sexualidad informa a la persona. El cariño y la
unión personal está muy por encima del acoplamiento infrahumano. Por el
sexo participamos en "una fuerza creadora superior, transpersonal y cósmica".
Por lo sexuado realizamos una creatividad espiritual -masculina y femenina- que proviene de nuestro ser religado a Dios y toca los más profundos
e íntimos estratos de lo humano.
La versión masculina y la versión femenina de lo humano posee un elemento dinámico, un factor relacional y un valor propio. Son versiones complementarias que fecundan y enriquecen la vida espiritual. Son itinerarios hacia
Dios. Alrededor de los valores encarn~dos por la mujer y de los valores realizados por el hombre gira el mundo. Y aún hay formas inéditas de ser hombre
y de ser mujer.

21

�WITTGENSTEIN Y LA FILOSOFfA
JosÉ RuBÉN SANABRIA
Universidad Iberoamericana

DR.

1.

INTRODUCCIÓN

el interés por el estudio del lenguaje va en aumento. Sobre
todo a partir de la obra de los estructuralistas. Parte principal tiene el hecho
de la publicación de las obras póstumas de Wittgenstein.

ACTUALMENTE

Ahora se está tratando de dar al filósofo austríaco-inglés el lugar que le
corresponde en la historia del pensamiento filosófico. Muchos de los que opinan de su filosofía, o le tributan alabanzas desmedidas o afirman que sus aportaciones apenas si tienen importancia. Pero está fuera de duda que sus obras
contribuyeron al estudio del lenguaje y que por ello 16 contaron entre los suyos
tanto los partidarios del "Círculo de Viena" como los miembros del "análisis
lingüístico".
Para G. Pitcher, "Wittgenstein es uno de los más grandes filósofos del siglo
XX, tal vez el más grande".1. P.F. Strawson dice que Wittgenstein es "el primer filósofo de nuestra época".1 En cambio para Th. de Laguna el Tractatus
es una reductio ad insanitatem de la teoría del atomismo 16gico. 5 De cualquier
manera, en el mundo de habla inglesa, la influencia de Wittgenstein es de
verdad extraordinaria. Así opinan Gi.lson, Langan y M aurn cuando afirman
que Wittgenstei71 ejerce la influencia más poderosa y persuasiva de la filosofía
inglesa actual".4 Ludwig Josef Johann Wittgenstein nació el 26 de abril de
1889 en Viena (Austria) en el seno de una rica familia de origen judío y fue
1 The philosophy of Wittgenstein, Prentice Hall, Englewood Clills, 1964, p. V.
• "Review oí Philosophical Investigations", Mínd LXIII, p. 34.
1 "Review of the Tractatus", en The philosophical review, v. 23, n. 1, p. 25.
' Ruent philosophy, Ran.don Howe, New York, 1966, p. 521.

23

�bautizado en la iglesia católica. Hasta los 14 años recibe educación en el
hogar paterno. En 1903 pasa tres años en una escuela de Linz. En 1906 ingresa
en la Teclmi.rche Hochschule de Berlín-Charlottenburg para estudiar ingeniería, materia que continúa en Manchestei, a donde se traslada en 1908. Después
de un largo período de búsqueda intelectual se instala en Cambridge con el
fin de estudiar con Russell (que con A.N. Whitehead había publicado el célebre Principia Mathemathica). Era el año 1912. Entre 1913 y el estallido de
la primera guerra mundial vivió en oruega completamente solo. Durante la
guerra sirvió como voluntario en el ejército austríaco. Por este tiempo tiene
ya las ideas centrales del Tractatus y en agosto de 1918 lo termina. En noviembre de ese año cae prisionero de los italianos. El año 1919, en agosto, es
liberado y estudia para maestro de escuela primaria en Viena. Al año siguiente
trabaja de jardinero en un convento de Neuburg, cerca de Viena. En ese
mismo 1920 entra a trabajar como maestro de primaria, para ganarse la vida.
Y en 1921 aparece el Tractatus en el último número de los Annalen der Naturphilosophie, de Ostwald, con el título de Logisch-philosophische Abhandlu11g. Al año siguiente se publicó como libro: Tractatus logico-phiiosophicus,
título propuesto por Moore. Esta primera edición (1922) era bilingüe: el
texto alemán llevaba la traducción inglesa enfrente de cada página. El texto
inglés era de C.K. Ogden con la ayuda de F.P. Ramse,•. Wittgenstein no estuvo muy de acuerdo, ni con la l:l'aducción de Ogden, ni con la larga introducción de Russell, a quien había conocido ese mismo año, 1922, en lnnsbruck.

En 1929 se traslada a Cambridge, en cuya universidad comienza a enseñar
en 1930. La segunda guerra mundial le impidió ocupar la cátedra de filosofía
que. dejó vacante Moore en la Universidad de Cambridge. Por algún tiempo
fue vigilante en el Guy's Hospital de Londres. Después trabaj6 en un laboratorio médico en Newcastle.
En julio de 1929 había recibido el grado de doctor en la Universidad de
Cambridge y publica Sorne Remarks on Logical Forms. Al año siguiente empieza a trabajar en sus Philosophische Bemerkungen y posteriormente {1931)
en Philosophische Grammatik. En 1934 comienza a dictar su Brown Book.
En 1936, en Noruega, trabaja en sus Philosophische Untersuchungen y al año
siguiente, ya en Cambridge, empieza a trabajar en Bemerkungen über die
Grundlagen der Mathematik. Cuando Hitler tom6 posesión de Austria ( 1937)
Wittgenstein adoptó la nacionalidad inglesa. En diciembre de 1947 renuncia
a dar clases y se refugia en la costa Oalway (Irlanda). Ya en 1949, en Irlanda
y en Austria, trabaja en la segunda parte de Plzilosophische Untersuchunge11 y
a veces en Zettel. Va a Estados Unidos. Vuelve a Noruega. Vive algún
tiempo en Oxford. Y el 29 de abril de 1951 muere en Cambridge.

24

Wittgenstein fue, sin duda, una personalidad neurótica. Así lo dicen sus

escasos biógrafos. Qui.so ser director de orquesta

y monje. Sus pensamientos
eran ordinariamente sombríos y constantemente estaba deprimido. 5 Varias veces pensó en el suicidio. Era irritable en demasía y tuvo pocos amigos con
los que era severo y exigente. Vivió solo durante gran parte de su vida. tl
mismo creía que su influencia en sus discípulos era más bien perjudicial. Sin
tener fe, tenía la convicción de estar condenado. "Su modo de ver las cosas era
tenebroso, sin remedio. Los tiempos modernos eran para él una edad oscura." •
Aborrecía la civilización. Sin embargo, de su mente poderosa surgieron obras
como el Tractatus y las Jnvestigations que tan gran influjo han ejercido en la
filosofía anglosajona y en general en el estudio filosófico de la Lógica y del
lenguaje.

2. LA

FILOSOFÍA .EN EL

Tractatus

Se suelen distinguir dos períodos en el pensamiento de Wittgenstein. Al
primero corresponden el Tractatus y Notebooks. Al segundo, las Philosophical
lnvestigations, los Blue and Brown Books y Zettel.
Los especialistas no están de acuerdo en sus juicios acerca de lo que consti tuyen los dos períodos. Algunos, como G. Bergmann, quieren ver dos temáticas completamente distintas. El Tractatus trataría de la naturaleza de la
verdad lógica, las lnvestigations tratarían de la naturaleza humana.1 Pero, en
general, se acepta que, a pesar de la dicotomía, hay ciertas constantes en el
pensamiento del filósofo austríaco-inglés, y que el segundo Wittgen5tein solamente corrige al primero. Sea de ello lo que fuere, lo que todos admiten es
que el Tractatus es un libro muy dificil. En parte se debe a que contiene
proposiciones apodícticas y adialécticas. Las explicaciones pocas veces tienen
relación directa con la proposición que se supone explican y aun en ocasiones
exponen tesis casi contrarias a la proposición.
Lo que sí aparece claramente es la gran oscuridad del te;,..'to: "La biblia del
movimiento del análisis lógico era el Tractatus de Wittgenstein. Como otros
textos sagrados, combinaba fervor profético y obscuridad sibilina de tal modo,
que pedía y recibía interpretaciones en conflicto reciproco. Expresado en afo.
• CCr. N. Malcolm, Recuerdo de Wittgenstein, en "Las filosofüu de Ludwig Witt.genstein", Ed. Oikos-Tau, Vilasa del Mar, 1966, p. 45. Léase todo el artículo.
• G.H. von Wright, Esquema biográfico, ibid., p. 37.
' La gloria e la miseria di Ludwig Wittge11stein, en "Revista di Filo.sofia", 52 ( 1961),
p. 344.

25

�rismos pregnantes, usaba términos familiares en sentidos nuevos, pero inexplicados".ª A este testimonio A. Kenny añade: "Las veinte mil palabras del
Traclatus se pueden leer en una tarde, pero son pocos los que se preciarían
de entenderlas completamente, incluso tras años de estudio". 8 Por ello la
mayor parte de quienes han comentado o manejado el ahora ya clásico libro
se ven obligados a confesar que "el texto del Tractatus es extraordinariamente
difícil" .10
¿ Qué trató de expresar Wittgenstein en las breves -algunas tienen un solo
renglón- y enigmáticas sentencias? La oscuridad del texto ha dado origen
a respuestas diferentes y aun opuestas.

Se ha dicho que el Tractatus es un desarrollo critico del pensamiento de
B. Russell; que es un comentario a los Principia Mathematúa de Whitehead
y Russell; que es fundamentación del positivismo lógico; que es un intento de
construir el lenguaje lógicamente perfecto al que se debe conformar cualquier
lenguaje para ser significante; que es un intento de resolver el problema de la
relación entre un hecho lingüístico significante y un hecho significado; que es
el acto de muerte de la metafisica y de la filosofía en general, o la demostración de que la filosofía es una paradoja porque trata de decir lo que no se
puede decir, etc.U
En consecuencia no hay acuerdo -ni podrá haberlo-- entre los autores
para catalogar a Wittgenstein en alguna de las corrientes de la filosofía contemporánea. Algunos pretenden que fue un metafísico revisionista; otros, que
fue neopositivista. Se le tiene por conductista o nominalista. Hay quien opina
que fue partidario del trascendentalismo kantiano. Otros lo conceptúan partidario de la filosofía hermenéutica. Se dice que fue solipsista, y simplemente
un filósofo del lenguaje. 12 Pienso que lo más acertado es afirmar que Wittgenstein, como filósofo, es inclasificable porque su estilo difícil, ambiguo y oscuro
revela al hombre: inestable, hosco, hermético.
El esquema general del Tractatus se e.~resa en siete proposiciones fundamentales numeradas, a las que siguen otras proposiciones que explican o completan a las anteriores. Las proposiciones complementarias llevan números
• A.M. Quinton, en Wittgenstein. The philasophica/ investigations, New York, 1966,
pág. 3.
• Wittgen.rtein, trad. de A. Deaño, Rev. de Occidente, Madrid, 1974, p. 17.
. 'º D. Pears, Wittgenrtein, trad. de J. Planells, Grijalbo, Barcelona, 1974, p. 78.
u Cfr. E. Riverso, ll pensiero di Ludo11ico Wittgenstein, Libreria Scientifica Editrice,
Napoli, 1970, pp. 49-50.
" Cfr. J.G. Colbert, Aproximación a Wittgenstein, en "Anuario Filo&amp;6fico", v. V
( 1972), pp. 47-52.

26

decimales cuya parte entera repite el número de una de las siete proposiciones
fundamentales a la que se refiere y la parte decimal indica la referencia. El
mismo Wittgenstein aclara: "las proposiciones n. 1, n. 2, n. 3, etc., son observaciones a 1a proposición No. n; las proposiciones n. m 1, n. m 2, etc. son
observaciones a la proposición no. n, m; y así sucesivamente".13
Desde aquí encontramos incongruencias. En efecto, se puede uno preguntar
¿ es posible precisar matemática y unívocamente el valor referencial de las
distintas cifras a las tesis anteriores y posteriores? ¿Es correcto sistematizar
numéricamente proposiciones filosóficas como si fueran fórmulas lógico-matemáticas? En concreto, por ejemplo, la proposición 2.01 tendría que ser un
comentario o aclaración a la proposición 2.0, pero ésta no existe; la proposición 3.001 debería ser comentario a una proposición 3.00 que, a su vez, tendría que comentar a una proposición 3.0, y éstas no existen. Además, no se
puede llamar comentario a la adición de conceptos nuevos. Wittgenstein desarrolla tesis lógicas y ontológicas con ocasión de las proposiciones comentadas.
Por ello la numeración solamente sirve para distinguir, a grandes rasgos, la
importancia lógica que el autor dio a las proposiciones. Entonces, por ejemplo,
la tesis 2 es más importante que la 2.1 y ésta, más importante que la 2.01 y
así sucesivamente. Adviértase también que en el Tractatus no existe deducción
y consiguientemente las proposiciones comentantes jamás se dan como resultado del análisis de las proposiciones comentadas.
He aquí las tesis fundamentales del Tractatus:

"l.
"2.
"3.
"4.
"5.
"6.
"7.

El mundo es todo lo que acaece".
Lo que acaece, el hecho, es la existencia de los hechos at6micos".
La figura lógica de los hechos es el pensamiento".
El pensamiento es la proposición con significado".
La proposición es una función de verdad de la proposición elemental".
La forma general de una función de verdad es: [pJN(!)]".
De lo que no se puede hablar mejor es callarse".

¿Qué finalidades tienen estas tesis? Wittgenstein dice que quizá su libro será
entendido solamente por quienes hayan pensado ya por sí mismos los pensamientos que él expresa.1~ Quiere con esto indicar que los únicos que podrán
entender su doctrina son los que hayan analizado el problema semántico. Pero
para ello es preciso aceptar que la filosofía se reduce a crítica del lenguaje:
u Tractatus, nota a la proposición 1. Uso la edición bilingüe, trad. de Tierno Galván,
Alianza Editorial, 1973, p. 35.
:w Cfr. Tractatus, Prólogo~ ed. cit., p. 31.

27

�"toda la filosofía es 'crítica del lenguaje' ".15 Sin embargo, no se puede negar
que en esta afirmación haya una concepción ontológica del mundo, como
aparece en las proposiciones 1 y 2. De cualquier manera, el Tractatus contiene
una teoría del lenguaje ( una lógica) , una semántica, una ontología y una
mística. Pero es evide:r;i.te que el tema central de la especulación wittgensteiniana es el problema de la forma lógica de las proposiciones científicas. Es decir,
que en el Tractatus se expresa, ante todo, una teoría del lenguaje.

¿ Qué significa definir 1a filosofía como crítica del lenguaje? Para aclararlo conviene tener en cuenta los escrito wittgensteinianos anteriores o contemporáneos a la redacción del Tractatus, es decir, Notes on Logic (septiembre de 1913), Notebooks ( 1914-1916) y Notes Dictated to Moore in Norway
(abril de 1914) donde frecuentemente encontrarnos, de manera más explícita,
los pensamientos del Tractatus.

es común al mundo y a las imágenes. Para captar el pensamiento wittgensteiniano es conveniente analizar los tres elementos indicados anteriormente, sin
olvidar que el autor, al tratar de dichos elementos, oscila entre ellos y nos
desconcierta porque su razonamiento parece no llegar a resultados definitivos.
El mismo Wittgenstein pretende analizar separadamente los tres elementos.
Así estudia temáticamente el mundo en las tesis uno y dos, mientras que en
las tesis del tres al seis aborda el problema de la "imagen" -Bild-. Claro
que esto obedece a pura cuestión de método pues en especial la forma lógica, que tiene que unir al mundo como hecho con la imagen como hecho, no
se puede tratar separadamente.
a) El mundo. Es curioso observar que Wittgenstein pretendía e&gt;..-poner una
teoría del lenguaje y, con todo, al tratar de la realidad mundana habla de

La filosofía -piensa Wittgenstein- tiene por fin enseñarnos la forma lógica de las proposiciones: tal es su misión fundamental.1 6 Por ello el Tractatus,

hecho -Tatsache-, hecho atómico --Sachuerhalt-, cosa -Ding-, sustancia --Substanz-, objeto -Gegestand-, sin fijar sus limites exactos. Tal
vez ello se deba a que usó, en tal caso, el lengua je cotidiano que emplea esas

en gran parte, se ocupa de la naturaleza del lenguaje y de su relación con el
mundo. Y precisamente las proposiciones 1 y 2 se refieren al mundo. Pero la
doctrina principal del Tractatus es la teoría pictórica del significado.

palabras, a veces, como equivalentes, a veces como distintas, pero sin límites
precisos. De cualquier modo el concepto mundo parece incluir a todos los
otros.

Siendo la filosofía "critica del lenguaje" tiene que delimitar lo pensable y
lo impensable y debe significar lo indecible presentando claramente lo decible.17
La filosofía, en consecuencia, es filosofía del lenguaje solamente si es determinación, a priori de los ámbitos de lo pensable y de lo impensable, de lo
decíble y de lo indecible. Se trata de fijar las condiciones lógicas de posibilidad
del lenguaje. Entonces la filosofía, en Wittgenstein, es la investigación del
lenguaje lógicamente posible.

"El mundo es todo lo que acaece".19 "El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas". 2º "La totalidad de los hechos atómicos existentes es el
mundo".21 "La total realidad es el mundo". 2'

El lenguaje es una imagen (Bild, picture) de la realidad; es un modelo
de los hechos. 18 No se entienda, sin embargo, que Wittgenstein quiere decir
que las ideas son como fotografías de la realidad. Más bien parece que cuando habla de ''imagen representativa" o de "representación en imagen" -Abbild, Abbildung- se refiere al isomorfismo que hay entre imagen y mundo.
Hay, pues, que relacionar tres términos: mundo, imagen y la forma lógica que

fáctico sino que es una conexión de objetos. 23 Hay que distinguir, por tanto,
entre hecho y hecho atómico pues un hecho se refiere siempre a algo que realmente acontece, en tanto que un hecho atómico representa solamente algo
que puede acaecer.u Y sin embargo, "el hecho, es la existencia de los hechos
atómicos". 25 De todas maneras, el mundo es la totalidad de los hechos -Tatsachen- y aunque expresamente Wittgenstein dice que el mundo se divide
en hechos ¿ podemos identificar sin más mundo y facticidad? Parece que el

,. Tractatus, 4 0031: ".d.lle philosophie i.Jt 'sprachkritik' ".
,. Cfr. Notebooks 1914-1916, Basil Blackwell, Oxford, 1961, p. 93.
1' Cfr. Trai:tah,s, 4.114 y 115.
u La palabra alemana Bild (imagen) ae ha traducido al inglés por picture y al español por figura, que tienen matices espaciales. Otros, por eso, la han traducido por
pintura, que en lo personal me parece desafortunada. Por tanto creo que la palabra
menos inexacta es imagen. No sé, si la palabra modelo, que man otros como traducción de Bild, sea menos adecuada que pintura.

En estos textos se ve claramente que mundo tiene que ver con facticidad
-Tatsiichlichkeit- y que los hechos se identifican con lo que acaece, con los
hechos atómicos. Por el contraiio, un hecho atómico --Sachuerhalt- no es

" "Die Welt üt aUes was der FaJl irt". Tractatus l.
• "Die Wdt i.st die gesamheít der Tatsachen, nicht der Dinge". 1.10.
u "Die Gesamheit d,r vestehenden Sai:huerhalte ist die Welt". 2.04-.
,. "Die gesamle Wirklichkeít ist die Welt". 2.063.
:, Cfr. Stegmüller W. Hauptstromungen de, Gegenwartphilosophú, Stuttgart, 1965,
p. 529.
"' "Du Tatsai:he, ist das Bestehen von Sachuerhalten". 2.

�mundo no se puede identificar con la pura facticidad: el mundo es universo.
Lo que pretende Wittgenstein es dar la preeminencia a la facticidad sobre la
posibilidad. Por eso todos los enunciados con contenido se fundamentan en el
recurso a los datos fácticos. Las proposiciones que se refieren al dato fáctico
son las proposiciones elementales. Y es que la proposición y la realidad están
estructuradas de la misma manera: la proposición se compone de elementos;
la realidad fáctica se compone de hechos atómicos y, a su vez, éstos se componen ele objetos o cosas. Entonces, una proposici6n elemental es aquélla que
es figura, imagen, de un hecho atómico. Lo cual equivale a decir que el hecho
atómico existe. Por ello toda proposición es susceptible de verdad o de falsedad. Una proposición elemental es verdadera si existe el hecho atómico del
que es imagen. Es falsa si el hecho at6mito no existe. Verdad y falsedad son,
por tanto, constataciones del acuerdo fáctico de la proposición y de lo dado:
"Para conocer si la imagen es verdadera o falsa debemos compararla con la
realidad. No se puede conocer sólo por la imagen si es verdadera o falsa. No
hay imagen verdadera a priori". 25
A veces Wittgenstein habla de una aproximación entre lógica y mundo tan
cercana que llega finalmente a la coincidencia. Así tenemos: "Las proposiciones lógicas describen la armazón del mundo, a mejor, la presentan. No
'tratan' de nada, presuponen que los nombres tienen significado, y las proposiciones elementales, sentido; y ésta es su conexión con el mundo". 26 Por otra
parte afirma que nada en el mundo puede estar en contradicción con la lógica. 27 Y aunque distingue entre la lógica y su aplicación: "la lógica no puede entrar en conflicto con su aplicación. Pero la lógica debe estar en contacto
con su aplicación. La lógica y su aplicación no deben sobreponerse una a la
otra". 28 El contacto entre ambas tiene su respaldo en el lenguaje y precisamente en el lenguaje ordinario porque en él la lógica se realiza completamente: "Todas las proposiciones de nuestro lenguaje corriente están efec•• "Um zu erkennen, ob das Bild wahr oder falsh ist, mii.ssen wir es mit der Wirklich-

ktit 11ergleichen. Aus dem Bild allein ist nicht zu erkennen, ob es iuahr oder falsch ist.
Ein a priori wahres Bild gibt es nicht». Trac.tatus, 2.223, 2.224 y 225. Recuérdese que
traduzco Bild por imagen.
,. "Die logischen Siitze beschreiben das Gerüst der Welt, oder vielmchr, sie strllen es dar.
Sie 'handeln' uon nichts. Sie setzen voraus, dass Namen Bedentung, und Elemtntarsiitze
Sinn haben: Und dies isl ihre Verbindung mit der Welt". 6.124.
71 Cfr. Tractatus, 3.031.
• "Di11 Logik dar/ mit ihrer Ánw1mdung nicht kollidieren. Aber die Logik muss
sich mit ihrer Anwendung btrühren. Also dürfen die Logik und ihre Anwendung einander nicht übergreifen". 5.557.

tivamente, tal y como son, ordenadas de un modo completamente lógico". 29
Por tanto, el lengua je y la lógica van íntimamente unidos entre sí y con el
mundo. De ahí las conocidas frases de Wittgenstein: "Los limites de mi lengttaje significan los límites de mi mundo. La lógica llena el mundo; los lími~
del mundo son también sus límites".ªº
Tenemos, pues, la total coincidencia de lógica y mundo precisamente por la
identificación de lógica y lenguaje. Desaparece, por lo mismo, el problema
de la distinción entre lógica y su aplicación. Por eso es que en la lógica no se
puede decir "en el mundo hay tal y tal cosa, pero no tal cosa" pues para
ello la lógica debería trascender los límites del mundo y verlo desde otra parte.
Pero esto es imposible puesto que mundo y lógica se identifican, de tal manera
que ''yo soy mi mundo". Entonces: "que el mundo es mi mundo, se muestra
en que los límites del lenguaje... significan los funites de mi mundo".n
De lo anterior aparece claro que no se pueden separar tan radicalmente ·
hecho -Tatsache-- y hecho atómico -Sachverhalt-: hecho es el hecho
atómico existente; hecho atómico es )o que puede acaecer. La posibilidad de
Jo que acaece no se reduce al proyecto de una subjetividad que "pone" al
mundo se fundamenta únicamente en la realidad de que la lógica "está" en
los hechos. Hay una "16gica interna de los hechos atómicos" porque la lógica
llena el mundo y los límites del mundo son los límites de la lógica y del lenguaje, de modo que más allá de ellos sólo se da lo "inexpresable1 •

b) La imagen. En el pensamiento de Wittgenstein, mundo, lógica y lenguaje se implican, como acabamos de ver. La identidad entre lógica y lenguaje
es determinante para entender el Tractatus. Pero la identidad mencionada
supone una previa abstracción: despojar totalmente al lenguaje de su forma
exterior. "El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de tal modo que, por la
forma externa del vestido no es posible -concluir acerca de la forma del pensamiento disfrazado; porque la forma externa del vestido está construida con
un fin completamente distinto que el de permitir reconocer la forma del
cuerpo" _3 ::
• "A/le satze unserer Umgangssprache sind tatsiichli.ch, so wie sie sind, logisch
vollkommen geordn,t". 5.5563.
• "Die Grenun meiner Sprache bedeuten die Grente11 Meiner Wele''. "Die Logik
ufi.illt die. Welt; die Grenzen der Welt sind auch ihre Grenzen''. 5.6 y 5.61.
11 "]ch bin meine Welt". 5.63. ''Dass die Welt meine Welt ist, das zeigt ~ich darin,
dass die Grenzen der Sprache. .. &lt;lie Grenzen meiner Welt bedeuten". 5.62.
11 "Die Sprai;he verkleidet den Gedar.ken. Und zwar so, dass man nach der aiim,Ten
Form des Kleides, nich auf die Form des Kleides nach ganz anderen Zwecken gebildet ift als danach, die Form d1s Korpers erkennen zu lassm". 4.002.

�Es decir que para captar la lógica del lenguaje es necesario abstraer totalmente del revestimiento como si fuera una forma externa. Sólo entonces es
posible unir el lenguaje cotidiano con la lógica. Y sólo entonces, también,
es posible la afirmación aventurada de Wittgenstein: "Todas las proposiciones
de nuestro lenguaje corriente están efectivamente, tal y como son, ordenadas
de un modo completamente lógico". 33 Si lenguaje ordinario y lógica se identifican, al menos desde el punto de vista del orden, quiere decir que el lenguaje, en cuanto tal, puede tratar de hechos mundanos y captarlos. ¿Cómo
demuestra Wittgenstein esto? Lo mismo que la identidad de forma lógica y
mundo: de ninguna manera. No demuestra sino muestra. Sólo desde el mostrar es posible resolver la dificultad fundamental: no hay proposiciones con
sentido que expresen la relación entre las proposiciones de contenido empírico
y las proposiciones formales. Y por ello no es posible hablar de la posibilidad
de coincidencia entre lenguaje y realidad. Por eso, en acuerdo con los del
círculo de Viena, Wittgenstein afirma: "La proposición puede representar lo
que debe tener de común con la realidad para poder representar la forma
lógica. Para poder representar la forma lógica debemos poder colocarnos con
la proposición fuera de la lógica, es decir, fuera del mundo. ''La proposición
no puede representar la forma lógica; se refleja en ella. Lo que en el lenguaje
se refleja, el lenguaje no puede representarlo.
Lo que en el lenguaje se expresa, nosotros no podemos expresarlo por el
lenguaje. La proposición muestra la forma lógica de la realidad. La exhibe".a.
Las palabras mostrar, reftejar, exhibir, están indicando algo que no se puede
expresar ni en un lenguaje de contenido empírico, ni en un lenguaje formal,
y, por ello, están indicando lo indecible, lo inexpresable, lo impensable. Con
todo, esta inexpresabilidad corresponde a la relación de concordancia entre
lenguaje empírico y realidad mundana.
11
"Al/e Sátze unserer Ungangssprache sind t11tsáchlich, so wie sie sind, logish wo/1kommen geordnet". 5.5563.

" "Der Satz kann die geramte Wirklichkeit darstellen, aber er kann nicht das darst,llen, was er mit der Wirklichkeit gemein haben muss, um sie darstellen zu l:onnem _
di, logisch Form.
Um die u,gisch, Form dlJJ'st,llen zu konnen, müssten wir uns mit dem Satte ourserhalb
der Logik aufstellen konnen, das heisst aumrhalb der Welt". 4.12.
"Dn- ~atz kann die logisch11 Form nicht dars-tellen, sie spi11gel sich in ihm.
Was s1ch in der Sprache spiegelt, kann sie nicht darstellen.
Was 'sich' in der Sprache ausdrvckt, konnen 'wir' nú:ht durch sie ausdriicken.
Der Satz 'teigt' di4 Iogische Form der Wirklichkeit.
Er weist sie auf". 4.121. Algunos traducen esta frase: "la pone ante los ojos" que
me parce.e más incisiva. y detallada que simplemente "la exhibe".

32

Según esto, por un lado, se da el mundo y por el otro, las proposiciones;
ambos existen en sí y para sí. Pero sobre la relación que existe entre ellos
nada se puede decir. Estamos ante la dimensión de lo inexpresable. En todo
caso, para el filósofo vienés, la proposición, sin lugar a dudas, es imagen de la
realidad; no es que haya analogía entre imagen y propo ición: la proposición
es imagen: "Ja proposición sólo dice algo en cuanto es una imagen.16 Por ello
el sujeto pensante es superfluo -"Das denkende... Subjekt gibt es nicht"-.
Y es que indican la esencia de una prnposición - piensa Wittgenstein- es
indicar la esencia de toda descripción y por lo mismo la esencia del mundo 38
porque la lógica es autárquica. A lo lógico, por tanto, corresponde un rango
absoluto en cuanto tiene una objetividad incondicionada. La lógica es a prióri
porque no se puede pensar ilógicamente. 31 Así, pues el pensamiento del sujeto
es totalmente superfluo. Si insistimos en el doble objeto del Tractatus: la investigación de los fundamentos de la lógica, y la definición de los límites del
lenguaje, advertimos que el lazo de unión entre ambos está en que la lógica
representa todo lo a priori. La experiencia nos puede proporcionar un universo fáctico, pero flota en un espacio de posibilidades ya hecho antes de la
experiencia. Así la lógica revela la estructura del lenguaje fáctico, pero también manifiesta la estructura de la realidad r-eflejada en el lenguaje.
La filosofía es simplemente crítica del lenguaje -Alle Philosophie ist "Sprachkritik"-.ª Por ello se concreta a delimitar lo pensable y lo impensable;
debe delimitar lo impensable desde dentro de lo pensable. Y significará lo
indecible presentando claramente lo decible.ªº Entonces la filosofía es filosofía
del lenguaje en cuanto determinación a priori de los ámbitos de lo decible,
de lo indecible y de lo pensable. El análisis que realiza el Tractatus es un
intento de fijar, sin tener en cuenta los procesos del lenguaje ordinario, las
condiciones lógicas de posibilidad de cualquier lenguaje, las condiciones para
que una propo ición -independientemente de su valor de verdad- tenga
sentido. Por tanto, la filosofía es una investigación sobre el lenguaje l6gicamente posible, sobre el sentido del lenguaje, independientemente de la relaci6n que pueda tener con la realidad.
En Notes on Logic, Wittge11stein afirma que la filosoHa consta de lógica y
metafísica: la primera es la base de la segunda. Consiguientemente, la filo• "Dtr Satz sagt nur insoweit etwas, als tr ein Bild i.st."
• Cfr. Tractatus, 5.4711. y 5631. 4.03. "Der Satz is-t sin Bild der Wirklichkeit". 4.021.
:n Cfr. 5.473. ''Dass die Logik a priori ist, besteht darÍlt, dass nicht u11logisch
gedacht wtrd,n 'kan'". 5.4731.
'" Tractatus, 4.0031.
• "Sie soll das Denkbare abgrenun 11nd damit das Undenkbare. Sie u:ird dns Unsagbare bedeuten, indem sie das Sagbare klttr darstellt". 4-.114 y 4.115.

33
Hum-3

�sofia es la doctrina de la forma lógica de las proposiciones científicas &amp;0 Y
puesto que Die Philosophie ist keine deT NatuTwissenschaften n no intenta
ni sustituirse a ellas ni ponerse al lado de ellas, sino definir la forma lógica de
las proposiciones del lenguaje científico, las condiciones de su posibilidad
lógica, tenemos que la filosofía se reduce a la lógica. Así dice terminantemente
Wittgenstein: "el objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento" .42 Por ello el resultado de la filosofía -continúa- no son "proposiciones
filosóficas" sino tan sólo el esclarecimiento de las proposiciones.º Pero si
advertimos que para el filósofo austríaco-inglés, la lógica no es una doctrina
sino un reflejo del mundo porque ella es trascendental,H llegaremos a la
paradoja de que las proposiciones ontológicas del Tractatus no tienen sentido,
porque además, "la proposición construye un mundo con la ayuda de la propia armadura lógica".' 5 Es lo que dice en el Tractatus: "los hechos en el
espacio lógico son el mundo" -Die T atsachen im logischen Raum sind di6

Welt-. 46
En Notebooks 1914-1916, a propósito de la dificultad de encontrar el nexo
entre los signos y un estado de cosas, dice que la proposición es un modelo
de la realidad como nosotros la pensamos,• 1 y en el Tractatus: "La proposición es un modelo de la realidad tal como lo pensamos" .48 Entonces la realidad, de la que la proposición es un :modelo, no es la "cosa en sí", sino la
realidad pensada, la realidad inserta en las coordenadas 16gicas fuera de las
que es imposible pensar y expresarse con sentido.
Como se ve, la ontología en Wittgenstein es una proyección de la lógica, y
el mWldo es el mWldo lógico lingüístico. Así se entiende lo que dice del
solipsismo y del realismo. Si la realidad es tan sólo una relación -la realidad
de un sujeto- y si "el sujeto no es parte sino presupuesto de la existencia
del mundo",' 9 y si los límites del mundo de un sujeto son los limites de su

" Cír. Notes on logic, trad. de A. Conte. Torino, 1964, p. 201.

ª

Tractatus, 4.111: "La filosoiía no ea una de )a, ciencias naturales".
" "Der Zweck der Philosophie ist die logische Klarung du Gedanken". 4.112.
.. "Das Resultat der Philosophie sind nicht 'philosophische Sátze', sondern das
Klarwerden uon Satzen". 4.112.
" "Die Logik ist kline Lehre, sondern ein Spiegelbild der Welt". 6.13.
.. Noteboob, 20. LO. 14, p. 102.

.. 1.13.
., Notebooks, 27. 10. 14. p. 107.
.. "Der Satz ist ein Modell der Wirklichkeit, so wie wir sie uns denken". 4.01.
• Notebook.s, 2.8.16, p. 181. Cfr. Traclatus, 5.632.

34

lenguaje, es decir, los límites dentro de los cuales es posible la representación
como tal, 60 se comprende que solipsismo y realismo coincidan. 51
Recuérdese la tesis tajante: «el su jeto pensante no existe". Por lo que "el
yo del solipsismo se reduce a un punto inextenso y queda la realidad coordinada a él. 5~ El mundo es la única realidad. Y si el Yo -para el solipsistase reduce a un punto inextenso, se puede establecer el Yo filosófico mediante
la negación: no es algo mundano. Por eso "el yo entra en filosofía por el
hecho de que 'el mundo es mi mundo'. El Yo filosófico no es el hombre, ni
el cuerpo humano, ni tampoco el alma humana de la cual trata la psicología,
sino el sujeto metafísico, el límite, no una parte del mundo". 13
Así se ve claramente que el propósito de Wittgenstein es la radical y definitiva separación entre lo expresable y lo inexpresable, o sea, excluir del
pensamiento y del lenguaje todo lo que sea oscuro, según la conocida tesis:
"todo aquello que puede ser pensado, puede ser pensado claramente. Todo
aquello que puede ser expresado, puede ser expresado claramente".e-• A esta
región de lo oscuro pertenecen los enunciados filosóficos y místicos. Y es que
la ciencia es exacta esencialmente y la vida y la metafísica son esencialmente
inexactas y por lo mismo son inexpresables. Por supuesto el prototipo de la
ciencia es la ciencia natural. Por su parte "la filosofía no es una de las ciencias
naturales (La palabra 'filosofía' debe significar algo que esté sobre o bajo,
pero no junto a las ciencias naturales)". 1 :1 Nada hay, pues, en común entre
filosofía y ciencia, porque la "filosofía no es una teoría, sino una actividad" 58 cuyo objeto es "la aclaración lógica del pensamiento",57 la definición
lógica de las condiciones de posibilidad del lenguaje científico. Por eso la
filosofía es inexpresable y, en comparación con la ciencia, carece de sentido:
"la mayor parte de las proposiciones y cuestiones que se han escrito sobre
materias filosóficas no son falsas, sino sin sentido". 88 Wittgenstein lleva a sus
últimas consecuencias este principio y afirma que quien lo comprende tendrá
que reconocer que las proposiciones del Tractatus carecen de sentido. Tales
• Cfr. ibid., 15. lo. 16, p. 188; Tractatus, 5. 64.
n Cfr. ibid., 29. 10. 14.
u Tractatus, 5. 64.
• Ibid., 5.641.
"' ''Alles was überhaupt g1dacht we,den kann, kann klar g11dacht werden. AUes was
sich aussprechen lásst, lásst sich klar aussprechen", 4.116.
• "Die Philosophie ist keine der Naiuf'wiJsenschaften" . .. 4.111.
'" "Die Philosophi, is1 keine Lehre, sondern tine Tátigkeit". 4.112 .
• "Der Zweck d,r Philosophie ist die logische Klarung der Gedanken". 4.112 .
., "Die meisten Sátz, und Fragen wl!lch11 über philosophisch, Dinge geschritJben
worden sind, sind nicht falsch, sondern unsinningñ. 4.003.

35

�I

proposiciones, como elucidaciones, son la escalera que se debe arrojar después
de haber conseguido el fin. La filosofía, pues, se reduce a esto: "El verdadero método de la filosofía seria propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; o sea, las proposiciones de la ciencia natural -algo,
pues, que no tiene nada que ver ron la filosofía-; y siempre que alguien
quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás -pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía-, pero sería el único estrictamente correcto.
"Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera de ellas. (Debe, pues, por así
decirlo, tirar la escalera después de haber subido) ". 59
Haciendo esto -piensa Wittgenstein- se \"e el mundo correctamente, es
decir, sin tener en cuenta para nada la filosofía puesto que las preguntas trascendentales no tienen respuesta. 80 Por eso "Womon van nicht sprechen kann,
darüber muss man schweigen".61 Así termina el Tractatus.

3. LA

FILOSOFÍA EN LAS

Philosophical fouestigations

Generalmente se afirma que Philosophische Untersuchungen (Philosophical
Investigations 1953) marca, de una manera clara, el llamado último Wittgenstein. Untersuchungen es totalmente diferente al Tractatus en contenido y en
estilo. El Tractatus se compone de aforismos numerados; las lnvestigations
contienen párrafos escritos en tono coloquial. El Tractatus es frío, lacónico (a
veces, demasiado) abstracto y difícil; las lnuestigations son concretas, difusa.s,
directas, abundantes en ejemplos y metáforas. En el Tractafus domina la idea
de la relación entre proposición y pintura; en la lnvestigations sobresale la
idea de que el lenguaje es un juego de palabras. Se ve así que el último
Wittgenstein no es totalmente diferente al primero, como algunos dijeron. El
núcleo central del pensamiento wittgen teiniauo es el mismo: examinar la
naturaleza del lenguaje. Pero mientras en el Tractatus domina la idea de que
la proposición -lenguaje- es imagen de la realidad, en las lnvestigations se
habla repetidas veces de que en el lenguaje jugamos con palabras: las pala.. Trac1atus, 6.53.
00 Cfr. Tractatus, 6.54.
" "De lo que no se puede hablar, mejor es callarse". Tractahis, 7.

36

bras, y las conductas correspondientes, constituyen el juego del lenguaje. "En
general, el significado de una palabra no es el objeto que representa sino más
bien su uso en un lenguaje". 82 Con todo, las Untersuchungen son polivalentes
pues tratan, además, temas de psicología, como sensación, pensamiento, sentimiento, volición, comprensión.
En el Tractatus la relación entre lenguaje y realidad depende de la relación
entre elementos del pensamiento y los átomo del mundo. En las Jnvestigations
picn_sa Wittgenstein que es incoherente afirmar que los átomos son simples en
senado absoluto y que, por lo tanto, es imposible establecer una correlación
privada entre elementos del pensamiento y partes de realidad. En el Tractatus
los datos últimos son los átomo que forman la sustancia del mundo -die
Substa,zz der Welt-; en las lnvestigations los datos últimos son las formas
de vida en las que se dan los juegos del lenguaje. De todos modos, la filosofía
es una actividad, no una teoría; es la actividad de clasificar las proposiciones
para evitar que las apariencias del lenguaje ordinario no puedan inducir a
error. Pero ahora no se trata de analizar las proposiciones para mostrar su
estructura oculta sino de hacer ver ("Ómo se aplican en los "juegos del lenguaje".6ª
Los juegos del lenguaje representan sucesos fácticos que, si funcionan correctamente, sólo se pueden aprehender de un modo puramente descriptivo.
Pero ¿ qué son, en realidad, los juegos del lenguaje? Wittgenstein pretende
ir hasta una inmediatez radical que ya no se puede aprehender iilosóficamente. Por lo mismo, la pregunta acerca de la esencia de los juegos del lengua je es improcedente. Tanto que el mismo Wittgenstein dice que el concepto
"juego de lenguaje" es un concepto "de bordes vagos" _&amp;-1. Y antes había expresado: "El término 'juego de lenguaje' debe poner de relieve que el hablar
un lenguaje es una parte de una actividad o de una forma de vida - Lebensform". 65
Los juegos del lenguaje vendrían a consistir en que lo importante en el

ª Philosophical investigalions, Basil Blackwell, 1953, I, págs. 11-12, 24, •13. Desafortunadamente no tengo a la mano la obra original, por lo que me veo obligado a usar
lllla versión.
" La expresión "juegos de lenguaje", "juego lingüístico" --Sprachpielen, language •
gamer- nació, según N. Malcolm, así: un día Wittgenstein y Dyson pasaban cerca
de un campo deportivo donde se jugaba un partido de foot-ball y Wittgen.tein creyó
que en el Lenguaje hacemos juegos con las palabras. Cfr. N. Malcnlm, Ludwig Wittgensteill, trad. ital. Torino, 1964, p. 91.
"' Philosophical investigations, pág. 7 l.
" /bid., I, pár. 23.

37

�lenguaje no es la significación sino el uso. Entonces para en~ender un. lenguaje
hay que saber c6mo funciona. Por eso habrá tantos lenguaJes como Juegos de
lenguaje. Y entender una palabra en determinado lenguaje es saber cómo se
usa dentro de uno de los juegos lingüísticos. De ahí que lo fundamental en el
lenguaje, como juego, es el modo de usarlo -Art des Gebrauchs-."ª El 1~guaje es una trama integrada con la trama de nuestra vida., ~or ~aberse 1lusionado acerca del lenguaje han surgido los "problemas filosof1cos' , pero que
en realidad no son problemas sino ''perplejidades".

-

Así se muestra que la filosofía sale sobrando ya que la filosofía vive de problemas y "un problema filos6fico tiene la forma: 'no sé cómo arreglármel3:5':
La filosofía no puede, de ninguna manera, tocar el uso real del lengua3e,
puede, en última instancia, solamente describirlo. Y ya que tampoco pu~de
darle una fundamentación, deja todo tal como está". 07 Si, pues, la ~edi~a,
el criterio es el lenguaje cotidiano, el filósofo debe destruir su lenguaje f,_1°sófico ya' que dentro del lenguaje cotidiano, el filosófico no tiene sentido
porque prescinde del uso real: "cuando los filósofos usan una palabra ("conocimiento", "ser", "objeto", "yo", "proposición", "nombre") e intentan aprehender la esencia de la cosa, siempre hay que preguntarse: ¿ se usa verdaderamente así esta palabra en el lenguaje en el que tiene su hogar? Nosotros
devolvemos las palabras de su empleo metafísico al cotidiano" -68
Las palabras citadas por Wittgenstein no tienen contenido, no ex_p1:53'°
nada. Por lo mismo hay que darles sentido restituyéndolas al uso cot1d1ano.
El verdadero filósofo, en sentir de Wittgenstein, debe proceder como el hombre normal que se contenta con el uso ocasional de las palabras. Dice: ''la
claridad a la que apuntarnos es ciertamente una claridad completa. Pero esto
solamente quiere decir que los problemas úlosóíicos deben desaparecer completamente". 69
Con esto Wittgenstein no niega la filosofía: le asigna su única funci6n: "La
filosofía se limita simplemente a poner todo delante de nosotros, ni explica ni
deduce nada. Puesto que todo se halla a la vista, nada hay tampoco que explicar. Lo que está escondido, por ejemplo, no nos interesa".ro Esto quiere
" "Cómo funciona una palabra, no se puede adivinar. Se debe mirar el uso de la
palabra y aprender de allí". ]bid., 1, pár. 340.
" !bid., 1, pán. 123 y 124.
• !bid., I, pár. 116.
• lbid., 1, pir. 133.
" !bid., 1, p!r. 126.

38

decir que la filosofía es puramente descriptiva, ya que ni deduce nada ni nada
explica. Debemos -dice- dejar a un lado toda explicación y la sola descripci6n debe tomar su lugar. El fin de la descripción es la resolución de los
problemas filosóficos: se resuelven, no acumulando más conocimiento empírico sino reordenando el conocimiento que ya tenemos.11
La filosofía en las lnvestigations no tiene la función crítico-normativa que
tenia en el Tractatus. Ahora es descripción de los usos efectivos del lenguaje.
Por ello "no dice cómo deba ser construido el lenguaje para cumplir su finafuiad, para actuar sobre los hombres en este modo así y así. La (gramática)
solamente describe, pero no explica, de ninguna manera, el uso de los sig.
. en el uso" ,73
nos".ª 1, pues, "tod o signo,
por s1' solo, parece muerto. . . él V1Ve
la filosofía tiene que ocuparse de la vida del signo. Entonces no se debe entender como actividad de fundación del lenguaje, ni como el intento de definir las condiciones de posibilidad del lenguaje lógico, sino como la descripción
de la multiplicidad de los usos lingüísticos, sea como "gramática superficial",
descripción de los modos en que una palabra se emplea en la construcción
de la proposición, sea como "gramática profunda", descripción de lo que está
en el fundamento de algún juego lingüístico, de lo que se vive auténticamente,
de los significados y de las intenciones que están en la base de las construcciones lingüísticas,ª de las situaciones, de las motivaciones del uso.

s·

No es investigación de nuevos hechos. Se trata de comprender lo que ya está
ante nuestros ojos. 75 Filosofar no es construir teorías o sistemas, dar explicaciones o justificaciones. La filosofía ya no se propone como teología o como
búsqueda de esencias 16 sino como simple descripción de fenómenosJ de las
formas lingüísticas que es donde se pueden expresar las esencias. Hacer filosofía es esforzarse por comprender aquellos aspectos de las cosas, de la vida
vivida en su simplicidad concreta, que, por su obviedad no llaman la atención ni provocan a la reflexión. La filo oíía debe traer a la mente estos aspectos, estos fenómenos, "aquello que se sabe cuando nadie nos lo pregunta,
pero que no se sabe cuando debemos explicarlo". 17 Por eso la filosofía no
debe presumir resolver definitivamente problemas, sino inducir a reflexionar
" Cfr. Philosophical in.11,stigations. 1, piÚ'. 109. "En realidad la filosoíía es puramente descriptiva". Cuad,rno azul, en Los cuadernos azul y marrón, Tecnos, Madrid,
1968. p. 46.
" !bid., I, pár. 496.
11 !bid., I, pár. 432.
" Cfr. ibid., 1, pár. 664.
" Cfr. ibid., I p.m. 89, 126 y 415.
" Cfr. ibid., 1, pár. 373.
" lbid., I, pár. 89.

39

�sobre las cosas de la vida cotidiana, de la experienria, del lenguaje común, Y
estimular a los hombres a pensar.78

Para Wittgenstein la filosofía, como descripción de los usos efec~vos del
lenguaje, es una terapia. 70 Entonces, los métodos de la filosofía son diferentes
· ·
dif' 1 d 80 El fin de la
terapias, diferentes modos de elurunar problemas y 1cu ta es. .
.
filosoüa es ''hacer salir a la mosca de la trampa" .81 En este senudo, la filosofía, como investigación gramatical, debe, ante todo, escombrar "el terreno
de malentendidos. Malentendidos que se refieren al uso de las palabras, producidos, entre otras co as, por ciertas analo~ías entre las formas de cxp~esión,
en diferentes regiones de nuestro lenguaje". 82 En consecuencia, la funa6n de
la terapia filos6fica es radicahnen.te negativa: consiste en hacer caer los "e~ficios de cartón pasta" hechos de teorías, hipótesis, ex-plicaciones del lcngu~Je
y de la realidad, que nos impiden ,·er las cosas co~o son Y el ~so efec_tivo
del lenguaje. La filosofía, por lo mismo, como terapia de\ lengua;e: no nene
que formular teorías del lenguaje, ni construir el len~~je idea~ ~ el que
desvanecerían todos los problemas del simbolismo, ni ÍIJar a prion las condiciones de posibilidad del lenguaje a las que tanto el lenguaje como la realidad
correspondiente tendrían que acomodarse.as La filosofía tiene que "poner
orden en nuestro conocimiento del uso del lenguaje: un orden para un fm
determinado, uno de los muchos órdenes posible , no el orden. A tal fin pondremos continuamente en relieve aquellas distinciones que nuestras comunes
forroáS lingüísticas nos hacen fácilmente descuidar". 84 De hecho -piensa
Wittgenstein- una de las razones principales de las ''enfennedades" fil?s6ficas consiste en el intento de reducir las más diversas formas de lenguaJe Y
de la experiencia cotidiana a categorías preestablecidas, a esquemas, válidos en
detem1inado campo de la experiencia y que por eso se juzgan válidos para

s:

siempre y en cualquier caso.
La función de la filosofía es poner "fuera de juego ' tales teorías Y esquemas para mostrar la multiplicidad e ineductibili~d de los "j~egos ~n~ticos", de las formas de experiencia y de la necesidad de considerar mdlVldualmcnte caso por caso y de escoger cada vez para cada uno de ellos las
categorías más apropiadas. 85
Cfr. ibid., I, Prefacio.
"' Cfr. ibid., I, pár. 255.
" lbid., I, pár. 133.
11 Ibid., I, p. S09.
" lbid., 1, pár. 90.
u Cfr. V. Nor:ieUi, Wittgenstein e la filosofia. Adriatica Bd. Bari, 1969, p. 115.
M Philosophical inuestigations, I, pár. 132.
" lbid., I, pár. 113.

11

Los problemas filosóficos surgen cuando nuestro lenguaje "gira en el vacío", cuando no hace presa en las cosas, es decir, cuando dejando a un lado
el uso efectivo del lenguaje y del sujeto que hace la experiencia y habla,
queremos hablar del lenguaje y de la experiencia, queremos "pensar'' el lenguaje para definir su relación con el pensamiento y -con la realidad. Los
problemas filosóficos ''naturalmente, no son problemas empíricos ~-ino problemas que se resuelven penetrando el actuar de nuestro lenguaje de modo
de reconocerlo: contra una fuerte tendencia a mal interpretarlo. Los problemas se resuelven no ya produciendo nuevas experiencias sino más bien ajustando lo que de tiempo nos es conocido. La filosofía es una batalla contra el
encantamiento de nuestro entendimiento, por medio de nuestro lenguaje".8tl
La filosofía tiene la función de liberarnos de aquellas formas de expresión
de aquellas categorías que esconden o deforman la experiencia. Así el aná~
lisis del lenguaje, la filosofía, es una terapia lingüística de la mente,ª 7 un
análisis, una clasificación no sólo de los usos del lenguaje sino, ante todo, de
las categorías mentales que relacionan el lenguaje y la experiencia. Por eso
la filosofía tiene que "presentamos", hacemos ,-er la experiencia, clasificando,
al mismo tiempo, las categorías mentales que, a sabiendas o no usamos para
interpretar la experiencia. La filosofía es, pues, una terapia y una visión. Su
función consiste precisamente en suspender las teorías, las interpretaciones,
las explicaciones acerca del mundo, no para negarlas en cuanto refleidón sobre el mundo y sobre la experiencia del mundo, sino para llevamos a considerar, de un modo nuevo más consciente, a partir de la experiencia vivida,
nues:1115 relaciones con eI mundo y las modalidades de tal relación, para
ensenamos a ver el mundo de manera auténtica. 89
Se ha clicho que Ja filosofía wittgensteiniana se puede definir como una
investigación acerca del lenguaje significantc. 8° Ciertamente, mientras en el
Tractatus la investigación semántica se desarrolla en el nivel de la denotación
y~ ~cabada, de la que se debe tomar acto si Stl quiere dar lugar a un lenguaje
log1camente correcto. en las obras posteriores, en especial en las I nvestigations
la investigación se mueve en los procesos anteriores a la denotación que constituyen propiamente la génesis del significado.

De Mauro asegura que las Inuestigations señalan el paso de Wittae11stei11
de la ciencia del significado a la ciencia del significar: se va de la "~ontem• lbid., I, pár. 109.
11 A. G. Gargani, linguaggio ed esperienza
Firenze, l 966, p. 191 ; p. 466.
11 Cfr. V. Nouielli, op. cit., p. 120.
111 Idem., op. cit., p. 63.

in

Ludwig Wittgenstein, ü

Monnitr,

'

40

41

�I

placi6n" de los significados ya constituidos a los procesos de significación; 90
ya no se pone la pregunta sobre las condiciones de posibilidad de un lengua je
16gicamente correcto; es necesario partir de la investigación sobre el "juego
lingüístico" entendido como fenómeno origioario,91 sobre el lenguaje cotidiano, sobre los modos ordinarios de expresión. "Nuestro error consiste en buscar
una explicación donde al contrario deberíamos ver este hecho como un fenómeno originario. Es decir, donde deberiamos decir: se juega este juego lingüístico". 82 Así la filosofía de Wittgenstein ería el paso del mundo de la
lógica formal al mundo de la vida cotidiana. Por eso la distinción usual entre
el "primer'' y el "segundo" Wittgenstein no es la negación, por parte del
Wittgenstein de las Investigations, del Wittgenstein del Tractatus, sino la
''fundación" -en sentido fenomenológico-- de las investigaciones lógicas del
Tractatus en el mundo de la vida y de la ex-periencia, en los procesos de significación y de simbolización.83 Si en el Tractatus se enfrentan el "sujeto metafísico" y "la realidad tal como la pensamos'', la realidad constituida ya
según parámetros lógicos, en las lnvestigatioru el sujeto y el mundo, son el
sujeto y el mundo de la experiencia vivida, inmediata, precategorial. Y así
como el Tractatus no pretende ser -aunque de hecho lo sea- una devaluación del lenguaje cotidiano, precientilico, así las lnvestigations no son la devaluación del lenguaje científico, del lenguaje lógico, que es uno de los múltiples juegos lingüisticos posibles, es el horizonte de la má.xima comunicación1
la finalidad de los procesos de la constitución del lenguaje.84

y añade que "no se puede presuponer en él un conocimiento normal de filosofía académica". 85

A pesar de las ex-plicables fluctuaciones y correcciones de su pensamiento
"el rasgo ~ sorprendente de la obra de Wittgenstein es la permanencia de
su conce~16~ general de la filoso{ía". 96 En efecto, Wittgenstein siempre sostuvo los s1gu1entes puntos:
1) La filosofía es puramente descriptiva;
2) la filosofía no es una ciencia natural·
3) la filosofía se compone de l6gica y rr:etafísica.

Por ~e~ica entiende la filosofía descarriada, la filosofía malinterpretada
como ,&lt;:encia natural. La función de Ja filosofía consiste en poner freno a la
metaf1~1ca. Esto se hace mostrando que el metafísico no da significado a sus
expresiones: en ~ Tractatus porque no correlaciona su expresión con un elemento de la realidad; en las Investigations porque no la integra
un J·ueao
de lenguaje; 9t
en
o

4) l~ _filosofía es la doctrina de la forma lógica de las proposiciones cien-

tificas.

I

4.

CONCLUSIÓN

Para entender la complicada filosofía wittgensteiniana es preciso saber1 o
recordar -pienso-1 que Wittgenstein no recibió una verdadera educación
filosófica. Estudió ingeniería. Aunque se matriculó en la universidad no hizo
propiamente la carrera de filosofía. En 1929 cuando Wittgenstein volvió de
Austria a Inglaterra sus amigos Russell y Moore, profesores en la Universidad
de Cambridge, consiguieron que el Tractatus fuera considerado como tesis
doctoral y que una simple conversación de Wittgenstein con ellos dos fuera
la defensa de la tesis. Por ello J. Passmore le llama "aficionado" a la filosofía
,. Cfr. Introduzione alla semantica, Bari, 1965, p. 183.
11 Cfr. PhilosoJ,hieal investigations, I, pár. 654.

La filosofía, pues, para Wittgenstein, se define mediante el análisis de las
formas Y ~e los usos .del lenguaje o como investigación de los fundamentos

del lenguaJe ~ como mstrumento de liberación del hombre de los prejuicios
de las categonas y esquemas mental
.
'
.
,
es que encuentran su expresión en el len~aJe. y en el se concretan. La filosofía es el análisis y la descripción de las
situac1~nes de la vida Y de la experiencia en movimiento en las que el lenguaje
se re~, a las que expresa y hace inteligibles. Por eso la filosofía tiene la
necesidad de comenzar siempre de nuevo.

se criticó al ."p. rllll
· er'' w·ittgenstem
· su concepto de los "hechos at6.Mucho
.,
m1cos y de las propos1Clones como imágenes de la realidad De Sat · ·
Bild der Wirklichkeit-. ti mismo rechazó esta parte d
r . z ist ein
•
.
e su pensamiento· meJOr dicho, la corrige y la c~~leta. Respecto al "segundo" Wittgenstein 'se le
reprocha que hay contradicoon entre "juegos de lenguaje" y la idea-clave

n lbid.

"' Cfr. M. Dufrenne, Wittgenstein et H,merl, en Jalons, Le Haye, 1967, pp. 188-207.
.. Cfr. V. Novielli, op. eit., p. 72.

: A.. Hundred y1ars o/ british philosophy, Duckworth London 1966
354
.A. K~nny, Wíttgenslein, Rev. de Occidente Madrid 1974 ' 201 , p.
.
" Cfr. id., p. 203.
'
'
' p.
·

42
43

�de que Jo esencial de una palabra no es su significación sino su uso. Además,
aunque hay algo de juego en el lenguaje, hay en el j~eg~, ~lgo ~ue no
10
lenguaje. Por otra parte, todo juego, aunque no sea lmgwstico, ~ene a g
de lenguaje. Por ello más que comprender los le~guaj a base de Juegos, 105
juego se pued n comprender a base de lengua1es.

Actualmente c. ha d pertado un gran interés por la obrad:. Wittoerutdn.
y no sólo por la filo ofia de las U1Zter.wchungrn sino _tamb1en_ por la del
Tractatus. En la filoroíía anglo.sajona la influencia de Wtttge,utem ~ dema. d'ceadas. Ahora tal mfluensiado pe1ceptiblc pu lo era dc.,de hace ra vanas
cia se extiende también a la filosofía no anglo ajona. ¿Por qué? La pr gui~tn
queda en el aire. Este artículo es xpositivo. Por ello deja de lado la apren~•
·m em b argo_ podcm · dcnr.
ción y el dar r spucsta a la pregunta antenor.
que WíttgenJtein tuvo una vbi6n demasiado estre~a de ~ f1losofia, ~e~- es
evidente que u obra rebasa · u propios limit . Jrittg~n t in no e . posltl\'ls~
lógico ni analista del lenguaje -al meno· como e entiende }' practica el anali is lingüístico en O.·ford y Cambridge-. i el intento fundamental .?e
Wittgenstein ra negar absolutamente la filosofía, porque filo oía c~n P~ 1º~
y con intcru idad al descubrir y plant ar nuevo problemas no acertó a ehnunar totalmente la fi105o[ía: sólo le trazó nuevas metas. Pero una cosa es su
conc pto de filosofía, y otra muy distinta es el resultado fáctico de u pensamiento.
Termino con un párrafo de JV. Scl,ulz que apruebo en u lotalidad_: "Digamos e,qJresamcnte que nuestro objeti\'o
es hace_r rep~e- a IVittgemtern.
· Ello ría, teni ndo en cuenta la apasionada mten 1dad de su. p nsa-l
miento, inadc uado y ridículo. Se trata tan sólo de poner ~e m~mfiesto e
hecho de que el Tractatus de Wittgenstein no ofrc e a la f1losof1a contemporánea nínguna auténtica posibilidad; como tam~o, por,_otra pa_rt , las
m,-es
·
ti. gac1one.
•
fiiloso'fi as, pue en llas la tendenoa de IJ ,tt 'cn.stnn a la
·
diatez, que se mue ·tra al final del Tractatus, se hace patente como la tenmmc fundamental que le dmg
· · en la total'd
dencia
I a d de u f'I
I oso íar".98

ºº.

En todo caso si la filosofía de Wittgetutein es tan especial que resulta
in •presabl la ~ejor actitud ante ella es callar y reflexionar. ~orque "de lo
que no se puede hablar, se debe guardar ilencio -Wouon man nicht ~prechen,

darüber muss man scliweigcn".

• Wittgenstein, la negación d~ la filoso/la, G. del Toro, M drid, 1970, p. 54.

44

M.

AND THE CONFLICT OF LIFE
PATRICK RoMANEu.
Uni\'crsÍty oí Texas at
El Pa.,o

GE '.ERAL theme of this paper is the complexity of human life as a moral
phcnomcnon.
ev rybody rccognizes to a greater or I
r e. tent, conflicts
of ali orts a.tise in daily conduct, making for or adding to the complexity of
individual and social life. It certainly is non ws to hear that wc live at a time
when wc are so concerned with the recuning problem of national and international ten ions, e peciallr, that it is natural for us to be anxiou about finding
wa} and means of removing theír cau es or at least of rnitignting th ir bad
effccts. ( ctually, ít would be news indeed to hear th opposite for a change.)

TnE

Th re are manr parallel between our nco-Hellenistic times and the Hellenisti Age in the ancient world. Thi is e\"ident from the increasing crop of
Utopian panaceas-- sorne, for tatus rcason carryíng the hi hly pre tigious
la bel of cience and techno!ogy- which are being p cribed lef t and right
to guarantee us eith r instant pcace of mind ( ataraxia, the goal of the ::incient
Epicureans) or in tant effi íency (the goal of pax of the ancient Romans)
in a world rampant Cl)wherc with violence and war, hot and cold. I( men
and nations were cver to Ieam hm · to get along with ach othcr, life doubtle
would be heaven on earth, but in that e,-ent Utopia could be duller than we
contemplate. With all due respects to the great Hebrew prophet Isaiah, it
secm to be getting mor and more difficult to em-ision any milleniurn tomorrow or the next day, when nation and people " hall beat d1eir swords
into plowshares" and "the wolf also hall dwell with the lamb."
Despite, however, our daily concem ¼ith the causes of confficts and our
intense practic-al intere t in getting them resolved som how, it is ironical that,
of all the fundaml'ntal notions in the field of indhidual and social ethic , the
on which i takcn most for granted, and hcnce gn· n the leiu t formal ana-

45

�lysis, is evidently the moral conception of conflict itself. As a consequence,
the traditional and universally accepted conception of_ mor~l struggle ~ a
constant battle between doing right and wrong ( or therr eqwvalents), beIDg
taken as self-evident, goes unquestioned, on the assumption (ostensibly) that
it exhausts the whole class of moral conflicts, logically. As a further and
graver consequence, no theoretical room is ever left in principle for ~ny other
conception of moral conflict, the net result of which is the reduction of all
problems of conscience to the Problem of Evil and the elimination thus of tbe
most tormenting problem in life from the u.ruverse of ethical discourse, namely,
the Problem of Good. Such understandable but naive reductionism in theory
of moral conflict, implicit in the traditional definition of ethics and explicit
in practically all systems of morality, will be questioned for its eversimplified
picture of the human situation.
Interests (from the Latín, interesse, to be of importance) are the basic
positive stuff o[ which human life is made. Being of importante ~r value to
us, interests are objects that we strive to get or to keep, even if we have
to fight for them, openly or subtly. Long befare Darwin's (essentially economic) view of physical life as a constant "struggle for existence", men were of
course aware tbat conflicts of interest in economic and allied areas were bound
to arise in their midst, due originally in all probability to the limited supply
of material goods on hand and the unlimited demands of human beings for
their acquisition. Sooner or later, practical intelligence taught roen that the
effective rule for handling conflicts of interest is compromise. To be sure, they
also leamed in the course of events that coropromise was only half-hearted
cooperation; but, like the proverbial half loaf of bread, it was better than none
at ali. At any rate, as a result, compromise becaroe the standing legal rule of
political life short of war, and has governed ever since all realistic attempts
00 the part of groups of individuals and nations to achieve a balance of pcwer
between contending factions from within and warring parties from without.
Interestingly enough in this connection, the pre-Socratic "Fire" philosopher
Heraclitus, who lived tb.rough the hectic period of ancient Greece's histoóc
struggle with Persia and who assigned to "strife" in bis literary remains the
fundamental role in the enti.re scheme of things, seems to have possessed such
an acute sense of compromise to offset bis keen sense of conflict that, apparently, he argued from a political analogy, arriving at tbe following metaphysical conclusion: If a balance of power is the precondition oí arder in political
life then by the same token a balance of contrary forces is the precondition
of ~rder in the universe as a whole. If Heraclitus the Ephesian starts f rom a
balance theory of politics and generalizes its implications for a balance theo-

46

ry. of metapbysics, ~ paradoxical fragments, for example, that "Opposition
b~gs men together and that there is "harmony in contrariety" 1 everywhere,
begm to make sense. In any event, like Machlavelli and Hobbes sorne 2000
yea.rs later, _it appears that Heraclitus was an astute observer of the political
scene'. and ~t wou:d be _w~ll for us today to remember him for that at least,
~pec1ally ~mee btS real1~tic ~pproach to the conflicts of life may serve as a
ti.mely anbdotc to any srmphstic way out of thcm.
As everyone in the leamed world knows, Aristotle says explicitly that man
~y nature is a politi~l or social animal, while Hobbes says iroplicitly that he
1s by nature a belhgerent or anti-social animal. Kant, on the other band
says that natural man is both, that is, be is sociable and unsociable at th~
same time. This is the meaning of Kant's paradoxical phrase: "the unsocial
sociability of men." 2 Tbe celebrated philosopher from Koenigsberg is closer
to the truth than eitber Aristotle or Hobbes, but he does not realize the full
implications of his own double-aspect characterizati.on of the natural condition of man. The reason that he does not may be derived froro what moti.vates
his epistemology. Justas Kant J.imjts the cognitive possibiüties of natural science
in arder to make room for morality, so he limits the beha-vioral possibilities of
natur~ man for the ~~ r~n. In fine, Kant consistently gives primacy to
morality, wbether he is thinking of Nature at large in the context of Newtonian
physics, or thlnking of human nature in the context of "universal history''.

All this is understandable, once given the Kantian standpoint with its
artificial dualisro between the natural and tbe moral. But, what 'is not so
~n~ex:5~andable, however, is that Kant's theory of human nature, contrary to
1ts 1mtial double-aspect character, ascribes much more significance to men's
unsociable manifestations in human history tban to their sociable ones. At any
rate, as a true son of the German Enlightenment and the incipient Industrial
Rev~luti~n,
confidcntly asserts that "mutual opposition" among roen,
desp1te h1s candid acknowledgment of its ever present threat to the preservation of society, is the real spur to human progress and the fulfillment of men's
capacities, not "mutual aff ection", which he sardonically associates with • "laziness" and an "Arcadian" or pastoral mode of life.

h¿ .

Nevertheless, if "mutual affection" is worth while in moral life ( as Kant
would have to admit as a believer in Christian lave), why is it of no value at
all "in an Arcadian sbepherd's life" prior to the postulated advent of culture
•. BAKEWELL, Charles M. (ed.) Source book in ancient philosophy (New York:
Scribncr's 1939), p. 31.
1 KANT, lmmanuel, On history ( cd., Lewis White Beck; lndianapolis: Bobbs-Merrill,
1963). p. 15.

47

�and morality? Whether his speculations on the beginnings and course of h~man history make a greater virtue out of the natural factor of "mutu~ o~pos~tion" in society than cven Hobbes, and whether Kant is too sangume m hts
pre- 'ixonian advocacy of "the work ethic", thc point at issue bere is that .bis
cultural bias in favor of "antagoni.sm in societ}~', as Nature's way of effect:mg
''a lawful order among men" in the long run, is not consistent with his doubleaspect conception oí human nature. In short, what is needed is a tho~ughgoing application of the principle of polarity to human nature and s0ctety. If
men are inclined by nature to associate themselves with their fellowmen as
well as to isolate themselves from tbem, any exclusive selection of one aspect
of the matter at the expense of the other •,vill not work, on thcoretical grounds.

Our brief survey of Heraclitus and Kant may seem a digression from our
general subject, but it is not in reality. Heraclitus states that opposition _orin_gs
men together and Kant maintains that it brings human progress. 13ut, rromcally enough, and this is something Kant could hardly imagine in ~e so-calle~
''Age of Reason", progress brings more problems at the same tllne tbat 1t
brings more solutions. As we are bcginning to rcalize more and more each
day, the very solutions to our old problems, spelling scientific and technical
progress, bave turned into new and unexpected problems themselves. To take
an cxample at random, modem medicine has decreased the incidence of death
and increased the expectancy of life only to magnify the problero of overpopulation in the world. As it would be foolish. if not practically impossible,
to declare a moratorium en medica! progress, what should we do in sucb a
demographic situation? Legalize "the pill" for birth control, legalize abortion,
or do what? Whatever we do or even propose to do, we have conflicts on our
hands such as those heated ones betwecn certain scientific and religious
groups' for or against population control. They say that sin is the most natural
thing in the world. But, with apologies to St. Paul, conflict is more basic
than sin, in that sin presupposes conflicts. Aclaro and Eve could not ha,·e
sinned in the Garden o{ Eden. after all, w1less they had experienced a conflict between obeying and disobeying God in thc first place. In a word, tbe
natural condition of man is co11flict.
In order to set the problem oí our daily conflicts - prívate and public,
domestic and foreign, at summitry or below - in a larger perspective, Jet us
first take a quick look at the roots of conflict in human nature so as to understand a little better why man's conflicts of interest are as natural to him as
his breathing, and then take another quick look at how man's c-.onscience
approaches and tries to resolve them morally.
Man is so constituted by nature that two opposite tendencies are constan-

48

tly at work in bis ordinary behavior. On the one hand, he is fumished with
aggressive tendencies which make him act in favor of what he takes to be bis
own inte:ests, but which in tum make others react in tenns of what they take
to be therrs. On the other hand, besides tbis action-reaction cycle of aggressiveness and resistance, man is f umished with gregarious tendencies which make
him act and react in behal{ of what he takes to be in tbe interest of others.
Obviously, ata ver¡ early stage of life, the aggressive and gregarious tendencies
of man are apt to clash, and do in fact, inasmuch as tbey represent natural
impulses working in opposite directions. Thus the rea.son that man can be a
divide~ soul ~orally_ is that he has a built-in divided nature biologically.
Man 1S an ammal, literally, but what distinguishes him from otber animals
is that his natural anima is divided against itself f rom start to finish.
Proof oI tbe potential existence of a natural scbism within man himself is
that, at a certain stage of his relationship to society, tbe rift between his
aggressive and gregarious tendencies comes out in the open. Before the arrival
of that stage, man conforms to group custom and the schism within his animal nature lies dormant. On its arrival, man rebels against group custom and
~s inner conílicts get extemalized in conduct in the shape of conflicting
mt~rests. But, since man's gregaríous impulses are as rooted in his physiological makeup as his aggressive impulses, and since the two tendencies in
their natural state compete with each other for dominance, it follows tbat all
human conflict is ultimately traceable to their mutu~ clash within man bimself, rather than simply to what Kant has in mind, to wit, the "mutual opposition" in society stemming from man's instinctive aggressiveness alone.

If man were by nature either aggressíve or gregarious, period, his life
would be much simpler tban it is. Even to say simply that man is both will
not do, unless we recognize frankly that his two natural tendencies are at
potential or actual war with each other. Man's aggressive tendencies get bim
into overt trouble with others, but his gregarious tendencies get him into inner
conflict witb his own aggressiveness. Now, in view of the fact tbat tbe natural
condition of man is such tb.at it puts him in an uneasy state of conflict with
bimself as well as with others, there is no doubt tbat the tremendous problem
for him throughout hís life is, essentially, how to get out of his natural state
of conflict concretely. This is no easy task.
We bave already said that compromise is the political way out of conflicts
of interest in life, and sometimes this method of settling issues works. But we
have ample evidence frorn past and current history that cornpromises, as those
reached at tbe summit by heads of state (to allude to the ones affecting
millions of people), do not always work, not to mention our moral hesitation

49
Hum-4

�to compromisc en principies. The rcason for our failures in reaching working
compromi e is not due howe,·cr to conílir.t per se, but ultimately to the finite
nature of man, whose po ibilities of sur.ces.! are litnitcd. For the unique thing
about conílict is its two-way character. Like Janus in Roman mytholog)'; conflict Cace in two dire tions, one ignifying succ s, the other ignií}inc, failure.
Couflict is not only the major sourcc of human íailurc, it is also the major
sourre of human succ~. Howcver sobcring thc rebuff to human vanity conveyed by the unflattcring tatcmcnt that hi tory i , "among other things, thc
ccmcntery of human hopes''~ it is cqually true that history is their crndle,
which is one of the other thing that history is. This should not be íorgotten
ven in our somber momcnts, if we are to re pecl the multidimen ional feature
of human hi tory. In any case, without the chaUenging and a onizing element of conílict, men could not u ed or fail in meeting the personal
diffi ultie confronting them in daily life, nor for that m tter could they
succ ed or fail on a brg r scale with their no, 1 e ·periments in intemational
ooperation and repcated attempts a.t global compronúse. They would just
veo-ctate. lo a worcl, conflict i the very /trmtnt of man's liCe, To the extent
that this is so, Kant is .right in bis in i tence on the xnelioristic import of
conflict in human history, but he is wrong in not recognizing sufficientl}' that
the very ph nom non which can make men better than a beast ran make
them worse as well, unfortunately. In addition to the bright ide of the tory
of man, there is a dark ide which makes him ( despite the Psalnw t) , not "a
littl lower than the angels", but much lower tban the beasts.
The beasts have their own problems, of course, but conflicts are lht problems of men. The conflicts of nations are the conflicts of indi\i.duals writ
large and politically. If the politkal conflicts of the former are settlcd by
compromise or balance of power, how are the moral conflicts of the latter
handled? The answer to thi qu ·tion oí qu tions involv , to put it metaphorically, the birth and strategy of conscience in moral life.
However lofty the destiny of moral con cience may be, its appcarance in
human experience ha humble origins. An infant begins by liking some things
and fearing others, but he soon learns from hard cperience that sorne of the
things liked (e.g., touching the attractive ílame) hurt him, and that sorne
of the things feared (e.g., taking a medicin ) benefit him. Out of thc former
sort of sel!-de{eating expcriences men arrive at the proverbial truth, ''The
burnt child dreads the fire", while out of the latter sort of self-correcting
1 CoHE.N,

p. 294.

50

Morri. R., Th, mtanmg o/ human history (La Salle: Open Court, 1947),

expericnces
dis
. " . they learn that things ori . all y fea red may be ''bles .
•
gmse m thc end. Moreover. if the child (sav) lik
~gs in
stay slim at thc same time, he or sh (
·an ·
to eat, but hkes to
e rtain cultures) may find that the \./si:; . y the !attcr as a grown-up in
other: • he can't ha,'C her cake and
~tres
incompatible with each
fi~rther complicated when the child ev;:a,tr 1 igure, too. The. problem is
hun rnay be barmful to others· "On
' ~ ca~ that what is u. ful to
T
k
·
e man · ,ood is another man's
· "
o ma e matters even worse he 1 1
•
.
po1son .
on time ma' become bis
. .ª. o earns to h1 chaí?TID that his food at
. h
own po1.SOn at another Out oí all ch diff'
·
111 erent in natural wants and fe
th .
•.
u
1culties
oí compatibility and unif
. ars e1r unccrtamty as to utility, their lack
f
orrruty - men's conflicts of interest
d u ta.k
orm and bccome in due course transf
d b ref .
gra ua r
e
thcm, hopefully susceptible of reaso
ya
inmg process which rcnders
our conflicting interests ar no lo na e mUanagement. ' ben that happens,
signifaant and subject to critica! nger -r_nor~ y neutral; they becom morally
. .
exanunation and personal ·al .
I .
such refinmg process of transformin
nf. .
.
\ uat1on. t is
which signals the birth of c
.
•g co bctmg mter ts into moral terms
onsc1 •nce m human affairs. Its birth .
.
by a new strategy for judging and tackl'
ti
1. accompan1ed
mg 1e probl ms of men.
To illustrate, suffering (like the roverb'
.
, . . .
th just and the unjust, that is to p h dial ram) md1scnnunatcly falls to
of conscience lies prec' ]y .
~~ a_n every man, but the n w trategy
l s to add the ·trategy f m is~nmmatmg the uffcring of the two. eed,
o con Jl"nce does not ap
to b
human history as the strategy of arrns but it has pear
_e ,;o powerful in
own which should not be u d
. 1
ª tubborn mncr power of its
makes right" would
~ erestunated. The cynical doctrine that ºmight
unchallenged in th world jf its
d1.d not ha ve a panggo f omp etcly
.
xponents
O
. f th
consc1euce about it and iti opponents did
t
.
1t or
e ame rcason. For augh t we know as in th
no
f
. . .re 1. t
person, the clear conscicnce oí
ti
'
e case o an md1v1dual
final analysis.
a na on may be her mo t powerful too! in the

t

trc

º";;t

d'

Prior to the birth of moral
•
.
be polarized wholly on the eco::tcepnl e, . ~nfhthcts of inte t may be said to
úli
ane, m o er word th •
.
co, cts between the useful and th harmful 0n
.' } are m
n ·e
h
e
·
ce co1 ence ªP""~"'
}
uman scene, however, these conflicts
. r-~ on t ,e
(a) conflict.s between good and bad get transforme~ /ormal1ter into either
wrong. Thw the · • 1
íli
. ' or (b) confltc:ts bet\veen right and
.
'
ongma con cts of mterest are m r d d
mto two di tinct moral Jan
ch ·
ora tze an get tran lated
guag s, ea of which h 1·ts
.
.
acc nt. Conflicts stated in good b d t
own prefercnual
· ª erms put the accent on the desuable·
·
those stated · · h
m ng t-wrong terms put the accent on tl d ·r 1
,
the prime function oí conscience as one of refining mo;aJe l utlh1 u . If we v~ew
Y e raw maten Is

51

�.
d · _ then it could be
of human nature its aggressive and greganous ten enc1es .L
_1:--.:on of
. bl
·.
· acy to u1e mori:UJL-4...
said that the accent on the desira e gt'-es pnm th d tiful does the same
man's aggressive tendencies, while t.he accent on ~ u .
. the li ht
thin for the moralization of bis gregarious tendenci~s. V1~wed m
S g
ge history of ethics the accent on the desirable is baste to Jobn Ktuat'rt
f th
0
'
th d tiful is bas1c to an s
Mill's ethics of happiness, while the accent on e u
ethics of duty.

1 liff: (as Kant
•
f thi boils
one and only generic problem of morality íor both theones o . e . es
clown to the Problem of Evil. Whether, formaliter, mora~ conflict ~ ~.~t~
'th Mill . tª...... ~ of "good versus bad", or with Kant in tenns o ng
10 ...... =
w1
{
ality is addressed
,, . ei.'ther case the over-all prob1em o mor
versus wrong , m
·
.
bl
f
coming
exclusively to the problem of evil, that is, to the (e~ic) pro
:er to the
"th
d But this restriction of the theoretical office o e es
e vil WI goo ·
,
d tha th
is only one
moral problem of evil takes completely for grante
t
e~
glects its
roode of moral conscience, namely, the epic, and c~nsequ~ ~ n~ t ·e
ode the tragic Before showing the reason for differentiati.Dg e ragi_
th
o er m
,
·
th
al oblem of evil
mode of conscience from its epic mode, why has e mor pr
'ved so much attention in the literature of the field, and the moral p~blemd
recei
.
th
t' ·s considere
of good so little? The answer i~ not difficult, once e ques ion i

Never the1ess, 1'f "mutual affection" is worth

·

w hil e m mora

eme°

from a purely practical standpomt.

In the first place, quite apart from their naive. theoretica~ quality, ali the
decalogues and catechisms in the world, for obv1ous ~racttcal reasons, are
. an"ly (and rightly) with one problem basically: how to prevent
ed Pnm
concem
di . al orality
. · to the trap o[ evil. In the second place, tra tion m
man fr om fall mgm
. · · h
d tr ditional refürion usually join forces in the conquest of evil. Tbat is w y
:osesª ( or bis cou~terparts in other faiths) ¡~ list~ned to as a moral teacher,
and why the traditional content of moral is onented towards pr~blems of
·i d · (which is ultimate evil to the old theology). In the third place,
eV1an sm
•
·
d
the whole business of morality and religion (in contrast w1th art, sc1ence an
hilosophy) is of a practical nature bearing directly on our weal and ~e:,
p
tb . h ·t deals wi·th momentous matters of conscience and the spint.
even
oug 1
.
bl
f
N w since the strategy of conscience is in principle applicable to pro ems o
0
il ' d not (as we shall see) to problems pf good, it is no mystery that th~
ev ' an
h 'l
d .
·e mode IS
e ic mode of conscience is exalted as worth w t e an its tragi
.
J1egated to oblivion as worthless. In the fourth and last place, moral philosopbers as a rule have been just as concemed as Moses and the Prop~ets
with the Prob1em of Evil, except that their concern has been more theoretical

The net result of all this is, to repeat what we anticipated at the outset, an
unavowed reductionism in the initial and controlling problem of ethics, affecting the very definition oí ethics as a field of inquiry and the very scope of
moral conflicts. The worst consequence of such topical reductionism in ethics
is its failure to come to grips with the comple,'&lt;ity of moral life in all its
bearings, tragic as well as epic. If ethics is defincd in the traditional manner
of the standard works on the subject, that is, as a discipline dealing with
human conduct in terms of conflicts between good and evil, what makes the
moral life so complex is rnissed to a significant degree. Ethics, therefore, needs
to be redefined so as to include within its purview ali types of moral conflict,
if it is to be relevant to life in its entirety.
Our practica} interest in arriving at the causes of conflict in national and
international life will be better served, in my opinion, if scholars in ethics
first take care of the preliminary theoretical job of classifying adequately the
various types of moral conflict which may be analyzed out of strictly human
situations. Etiology of conflicts presupposes their typology. A proper anatomy
of life's conflicts is not only important to moral theory, it is important also
to moral practice itself. Just as in the pursuit of knowledge we are learning
increasingly that the appropriate method to be used in solving a cognitive
problem depends on the particular nature of its subject matter, similarly, in
the sphere of action we must learn that the appropriate strategy to be employed in resolving a conflict problem depends equally on its specific type.
Othe1wise, we are going to continue to find, to our great disappointroent
and frustration, that a strategic plan oí action relevant to one set of conflicts
may be quite irrelevant to another.

Materialiter, moral conflicts are legion, but formaliter they fa11 into three
primary classes: ( a) the epic class (good-versus-bad, or right-versus-wrong),
(b) thc comparative class (better-versus--worse), and (e) the tragic clas.s (goodversus-good, or right-versus-right). The first or "epic" class as already inclicated, comprises what most individuals and most of the literature in the
field regard as the nature of moral conflict, and so needs no further elaboration. ( As to why we describe it with the aesthetic term "epic", this ,vill be
explained shortly.) With respect to the second or "comparative" class o{
moral conflict, the nature of which is more or less self-e."&lt;planatory, the important thing about it is tbis: aJthough such conflicts iovolve situations which
require more reflection and more decision-making on the part oí anyone who
is faced with a choice between better or worse altematives of action, the conllict between them is reducible in principle to the first or "epic" class. Once
a person decides which course of action is better and which is worse, the former becomes accordingly in rus eyes the good or the right, and the latter

than practical.

53
52

�the bad or the wrong. A better-versus-worse fype of conllict is definitely
solvable in principle, no matter how much more difficult in practice than
a conflict between good and bad, right and wrong. In short, both types of
moral conflict are species of the same gcnus; with evil in various guises as
their common enemy and the triumph of good as their common aim.
This leaves the third or "tragic" class of moral conflict, which has to do
with the problem of good in life. As I bave pointed out elsewhere;' probably
the most abused and mi understood words in our mcabulary are "tragedy''
and "tragic". Most meo {including, alas, phílosophers) persist in confusing
thc term "tragi.c" with thc tenn "pathetic". The two terms have nothing in
common except sufforing, but even so there is a world o[ difference between
the uncompromising suffering of a tragic figure {e.g., the Sophoclean Antigone) and thc undeserved suffering of a pathetic figure (e.g., Job in the Old
Testament before his final rescue). And speaking of suffering, therc is likewise a dilference between tbe suffering of cither of these protagonists and the
undaunted suffering of an epic here (e.g., tbe Homeric Odysseus and the Vrrgilian Aeneas).

Restated, a tragic situation is a situation in whícb one good clashes with
another, hence the unavoidability of the conílict between them and the inevitability of failure. Why the unavoidablenes~ oí the first and the inevitableness
of tbe second? Well, one can tell himself or otbers to avoid evil and he or
they may succeed, but one can't tell himself or others to avoid good. For
good by defoútion is something to be sought rather than shunned. But, in a
tragic situation, a person is caught between choosing one good and another
but conílicting good, and the inevitable result is failure because in committing himself to one good he can't help but fail to satisf)• the other. Hence the
peculiar logic of tragedy does not permit the reconciliation of the irrec;ncllable. This, in nuce, is the Problem of Good in the drama of lile as in the life
of drama. Think for a moment, for instance, of Radames in Verdi's Aida,
and of the late Duke of Windsor, who chose to sac-.rifice the British throoe for
the woman he loved, and the predicament of a tragic conscience will become
evident at once.

!t

evil as ccepic" in character, and those between at least hvo goods (rights,
duties, ideals, etc.) as "tragic'', Jet us look more closely as to what makes
them "epic" and "tragic" 1 respectively. This should help to clarify at the
same time the difference betwcen the two modes of conscience, epic and
tragic.

~oul? be clear by now why the strategy of conscienoe is applicable to
epic situations and problems of evil, but not applicable to tragic situations
and problems oí good. The tragic problem of good, in contrast to the epic
problem of eviJ, is the insalvable problem of human life. Whereas conscience
in its epic mocle makes heroes or villains of us ali, in the tragíc mode, however,
it makes supreme failures oí us all. ow, inasmuch as man's moral guide
has no strategy for the tragedy of life, the only answer of conscieoce to the
unanswerable is catharsis of the soul.

An epic situation is one wherc the content of thc conflict is "contravalent"
(po.sitive-versus-negative) in form and appear avoidable in context: the per.
son involved may choose the good and chew the evil, without suffering the
consequences of a fatal choice. If the person chooses the goocl and carries it
out in action, he becomes a hero for having made the right choice. If he
makes the wrong choice, he is guilty o/ evil. An epic situation, therefore, is
morally simple in principie, though not necessarily so in practice. On the
other hand, a tragic situation is ooe where the content of the conflict is "bivalent" (positive-versus-positive) in form and appears unavoidable in context:
the person involved is tom morally between two irreconcilable goods or duties ( not between good and evi1) . and whichever good he chooses makes bim
guilty of good for having chosen that good at the expense of the other. The
tragic figure is stuck, can't win, and has to pay the price for hís fatal choice
through sacriiice, whatever it be, including his or her life.

We wish to close the paper by showiog how the dlfferences we have made
between epic and tragic types of conflict in mora] life manifest them.~elves
culturally in certain contemporary thinkers and philosophers representative of
the two Americas. Man is a cultural animal. Nature is man's general home
to be sure, but culture is bis spccial habítat. What the sea is to fish cultu~
is to ~an .. Students of cultural anthropology refer to the "focu.s" of a' culture,
by which lS meant that particular aspect of it which reccives more extensive
elaboration. than 1?e other aspects. In the füst chapter of my book, Making
of the me.ncan mind, 1 attempted to e&gt;..'Plain that, whi1e the focus of Anglo~cric,a is on the ep_ic side of li!e, the focus of Ibero-America is 00 its tragic
s1de. \\ hat I would like to make clear now is how this focal difference in Iife
styles gets expre sed philosophically in the two Americas, and how the difference it:seJf is oí the utmost bearing on our prescnt discussion of man and
the conflicts of life.

P1u1nsophy fo-

William James is considcred by many tbe most charactC'ristic philosopher
of rny country. In his book, Pragmatism, he declares flatly, to quote his own

In order to understand why we have describcd struggles between good and

• Ro1tANl!.LL, Patrick, "Medlcine and the Precarioumess of Life",

rum, vol. 8, no. 2, December, 1969, p. 10.

54

55

�words, that "the world appears as something more epic than dramatic",
makes reference to its "epic history'', and finds complete satis{action with
living "in this moralistic and epic kind o{ a universe". 6 Such accent on life as
an epic, evident in his clas.sic work, should be no surprise at all. James lived
in a world o{ Pilgrims, conquerors of Plymouth Rock; in a world oí Pioneers,
conquerors of the Frontier¡ and in a world of Puritans, conquerors of Sin.
His descendants now live in a world of Astronauts, conquerors of Space. There
is no doubt that William James, an epic soul par excellence of Anglo-America, is her vox populi on the philosophical plane, !lince he looks at life and
its conflicts in precisely the same terms as the great majority oí her people
so far. Life for them is a constant battle to conquer obstacles, no matter
where ( on earth or on the moon) , and to overcome evil in whatever ugly
shape it appears, the end in view being "the Great Society".
Of all the Anglo-American philosophers, the most influential in academic
circles has been John Dewey. In his masterpiecc, Experience and Nature,
he makes a passing but most telling reference to tragedy in relation to the
precariousness of existence and life. "The problcm of evil", he writes, "is a
well recognized problem, while we rarely or never hear of a problem of
good." e By identifying cootextually tragedy with the problem of evil, Dewey
does not realize that tragedy coincides instead with the problem of good. The
problem of good and the problem of tragedy are one and the same problem.
This mistake on Dewey's part reílects the popular misconception regarding
the nature of tragedy, but in his case the misconception is trange in a way,
because in another work of his, entitled Ethics, he gives a brief but discerning
sketch of a situation in life involving the tragic kind of moral struggle, though
he dóes not call it such. He uses for illustration the pligbt of the genuine
conscientious objector, who, like Antigone of Sophocleao fame, "is tora between two duties": 7 loyalty to his country (patriotism) and loyalty to his
religion (pacifism). Dewey, however, makes use of the case oí the conscientous objector only to demonstrate what specific type of moral conflict seIVes
as "the occasion of moral theory'' and what specific type does not. In other
words, he sees tragic situations in life as of great theoretical import to a
personal and a reflective morality, but he does not pay enough attention to
the fact that they are the occasion of moral agony as much as of moral theory.
If Dewey had put less ernphasis on his epic conception of conflict as an
• JAMES,

William, Pragmatism (London: Longsma.ru, Green, 1907), pp. 144, 294,

296.
1

DEWEY,

• DBW&amp;Y,

56

John, Experience and nature (Chicago: Open Court, 1926), p. 45.
John and Tuns, James H., Ethics ( ew York: Rolt, 1932), p. 174.

indispensable source of intellec~ challenge to problem-solving and ingenuity,
and had he put more emphasts on conflict as an unavoidable source of unresolved perplexity and unmitigated anguish in life, he would have come to
the realization that the tragic problem of good is not such a rare phenomenon
after al]. But the reason that he does not is that he also like his famous
colleague William James, was too imbued with the epic s;irit of his native
land to have much commerce with the agony and tragedy of life. Epic souls
everywhere (not solel!, by the way, in the U.SA) are so busy evercoming
obstacles to the good life that they are bent on e,·en conquering the unconquerable.

As an historical preface to the tragic focus on life in Latín America we
quote ~e pertinent words of the respected Mexican historian, Justo Si~rra,
concerrung the cultural origins of his nation: 'We Mexicans are the sons of
two countries and two races. We were bom of the Conquest; our roots are in
the land where the aborigines lived and in the soil of Spain. This fact rules
our whole lústory; to it me owe our soul". 8
Mutatis mutand~, this historical generalization about Mex:ico applies more
or less to the c~mplicated s~ory_ of all Latin America, Spanish and Portuguese.
Just as the ep1c sense of life m Anglo-A.merica is correlated with he · ¡
B··h h •
.
. .
r smg e
ntis
entage, so the tragic sense of life m Ibero-America is correlated with
her dual h~tage. Sierra does not spell out explicitly the tragic ingredient
of the Me'°:can soul, bu~ it ~s imp~cit in its inheritance of conflicting cultures - Indian an~ ~parush, m particular - both of which are good in their
~wn way ?ut are difficult to ~armonize ~cause they clash .in their respective
1deals of hfe. Apropos of all this, two decis1ve confirmations _ one a· t d
-~
~an
one 10
t - may be obtained from a countryman and admirer of Sierra's
Samue1 Ramos.
'

" As.~. the dire~t confirmation, it is found in Ramos' major work on the
profile of Menean culture and the cultural mestizaje in Latin America as
a whole. Citing Rubén Darío, who once cried that bis soul was torn "between
the C~thedral and the pagan ruins", Ramos then comments with approval on
~e N1caraguan poet's cry as an appropriate ''image of the drama of A.menea". Ramos meaos by "America" {from the context) his own America of
~~e~ and by "drama" he is referring to the intrinsic difficulties of her two
dissimilar cultures ( Christian and Pagan) "on meeting to forro a new synthesis". 9
1

SIEJUtA, Justo, The political evolution of the mexican people (tr. Charles Ramsdc~; Austin: University of ~exas Press, 1969), p. 62.
'
. RAM~s, _Samuel, El perfil del hombre y la cultura en México, 2nd. ed. (Mexico
City: Editonal Pedro Robredo, 1938), pp, 118-119.

57

�Tuming next to the indirect but cven more revcaling co~firma~~n in Ramos of the focus on tragedy in Latín America, it appears m a cntical stu?Y
of his on Giovanni Papini, the contemporary Italian writer and pragma~ist
who eventually became a convert to Roman Catho1icism. Ramos _refers to_him
as ''the tragic philosopher" and offers the following sy7:11~athet1c .ª~alys1s of
Papini's tragic situation as a conscientious aroostic: "Papm1 was religious from
tbe beginni~g of his spiritual adventures. He was a man athirst for faith, but
who could not believe. His tragedy consisted in the clash between a great need
for faith and an enormous critical power which made him sink constantly into
doubt". 1º Clearly, the conscientious agnostic has the same _tragic p~bl~m,
formaliter, as the cooscientious objector, the dilference being matenaliter.
But, what is relevant to our present purposes is the tonal differeoce between
the manner Dewey the Y aokee handles the problem of the latter and Ramos the MexiC'an handles the problem of thc former.

the spirituaJ borizon of the two Americas in order to call attention to the
current need of developing a comprehensive conception of moral conflict, and
in order to appreciate better what human life is ali about. Life on the moral
plane is too complex in nature to be understood, automatically, as either thorof humaoity, his resfreshing attempt at a tragic view of human bistory has no
oughly rational or thoroughly absurd. And yet, the conflicts inherent in life
itse]f are sufficiently heterogeneous to lend themselves to both epic a.nd tragic
elaboration, as evident on comparing the distinct cultures of tbe two Americas.
The value of comparison as an intellectual tool is that it furnishes us ( as Ortega once aid wi th a nice figure of speech) "a pair of tweezers for the capturing of a fine truth".12 The ''fine truth" which we have been trying to recapture
throughout this essay is that tbere is no "perfect solution" to the problems of
moral life. Man's life has its tragic as weU as its epic side, and it takcs the two
put together to give us a sense of its utter complexity.

As I see it, the Latin American philosopher who perhaps throws the gr~atest light on the tragedy of life is Carlos Vaz Ferreira of Uruguay. Accord1'.1g
to bis frankly etbical approach to history, the entangled story of humamty
consists of a cumulative series of restless efforts on its part to add more and
more ideals to life, a necessary concomitant of which is their unavoidable
"clash". Tbis very pheoomenon sirnifies for him that the ideals accumulated
by mankind in the course of its long history are "only partly reconcilable" at
best • therefore "it is generally necessary to sacrifice in part sorne or all of
thC0:".11 He gives many historical examples of these "clashes of ideals", -~ut
time does not permit our going into them. Most of tbem are pretty famihar
anvway, and what is important about them is their telling implication for a
tr;gic conception of moral conflict as against its prevailing epic con~eption
presupposed by the popular and technical works on morals and ethics. In
fact Vaz Ferreira comes to the crucial conclusion that, as a result of the many
"cl~hes of ideals" in history, humanity has been working out for itself a corresponding type of morality to fit, whi~h he c~ls "moral confl~ctu~l". Whether
Vaz Ferreira is reading too much of bis conflict type of morality mto the story
of humanity, his refreshing attempt at a tragic view of human history
no
room for Utopia. On the other hand, it does not spell hopeless pessuru~,
either. Fortunately, the Uruguayan philosopher is that kind of moral realist

?~

who is a genuine idealist.
To sum up, let us say in closing tbat we have compared the differcnce in
,. RAMOS,
11

274.

58

\'u

Samuel, Hipótesis (Mexico City: "Ulises", 1928), p. 59.
Carlos, Estudios filosóficos (Buenos Aires: Aguil.ar, 1961), pp. 273,

FERREnv.,

u ÜRTEOA Y GASSET, Jos~, lnv,rtebrat, Spain (tr., Mildred Adams; New York:
Norton, 1937), p. 92.

59

�NOBLEZA DE LA PERSONA HUMANA

I
EL MUNDO DEL SER MATERIAL

MONS. DR. OOTAVIO

N.

DERISI

Pontificia Univer$idad Argentina
Santa Maria de los Buenos Aires
República Argentina.

l. El.

SER MATERIAL Y OBSCURO SIN lNTERJ0RIDAD NI TRASCENDENCIA

Los ENTE.S materiales poseen su realidad propia, son, pero no saben que son.
Están también en relación con los demás entes, pero no saben q11,e tales entes
son, ni mucho menos cuál es el ser de los mismos o el propio ser.
El mundo material carece de interioridad, es un mundo entenebrecido, totalmente obscuro, no presente e inde-velable así mismo.
Los anímales, que poseen un conocimiento sensitivo, aprehenden concretamente el ser del sujeto y de los objetos bajo sus aspectos fenoménicos -"esto
sonoro", "esto coloreado", etc.-, sin lograr des-cubrir ni ver el ser mismo,
que siempre, en su formalidad o realidad propia, es inmaterial y, como tal,
inasible por los sentidos, que actúan siempre con el órgano material. Por eso,
sujeto-objeto en ellos es una dualidad vivida, sin conciencia de la trascendencia ni de la inmanencia del ser. El conocimiento se agota en esta dualidad
inmediatamente dada, sin trascender el objeto y el sujeto fenoménico, sm
aprehender ni distanciar el ser del sujeto frente al ser del objeto.
Sin una aprehensión formal del ser trascendente, los animales carecen tam-

61

�bién de interioridad consciente, no pueden replegarse sobre sí mismos ni pronunciar su yo, porque no llegan a des-cubrir su ser.1
En los demás entes -con excepci6n de los animales con su conciencia crepuscular- sólo hay la obscuridad total de sí y de las cosas. Para estos entes~
e1 ser no c~enta: son como si no fuesen sin saber que son y sin actuar para si
como si fuesen. Su ser no interesa a ellos mismos -para quienes está totalmente oculto-; interesa únicamente al ente capaz. de de-velarlo, ap~ende~lo conscientemente, es decir, a la persona. De que cons~ s~ ser ~atenal, cuales sean las etapas de su formación y de su edad geologica, cuáles sean sus
propiedades, no son problemas para el propio ser material, sino para el hombre único en el mundo capaz de aprehender a interesarse por el ser y de
J

apovecharlo para sus propios fines humanos.

2. EL

Por bueno y ordenado que sea este mundo material, su actividad es uniforme y limitada: es siempre una y la misma, no puede substituirse por otra
ni puede salir de su cauce magnífico, pero inexorable. Los animales y las
plantas y también los seres inorgánicos actúan ordenadamente, pero siempre
del mismo modo.

3. LA

SER MATERIAL, APRISIONADO y EMPOBRECIDO POR EL DETERMINlS MO

En su actividad los entes materiales están dirigidos por leyes necesarias,
físicas, químicas, biol6gicas e instintivas. Tales entes obran siempre de ~uerdo a esas leyes y consiguen así el fin al qu~ están orde~~os. Su actividad
se manifiesta encauzada de un modo indefecbble por su divmo Autor. ~~ son
ellos dueños de sus actos, smo que aparecen sometidos, en toda su actM.dad,

al modo que Dios les ha impuesto.
Esta necesidad se amplia y enriquece con Ja vida biológica, Y más t~vía
con la vida sensitiva, pero sin romper el vínculo de necesida~ que la_ suJet~
a un modo determinado de actuar, que no depende de ellas ru dlas eligen ru
deciden. La dirección de su actividad -por amplia y perfecta que ella se
manifiesta- está impresa en su naturaleza, sin ninguna intervenci6n de ellas
mismas. Estos entes son dirigidos a su propio fin _o bien, no son ellos. ~os q~e
se lo proponen ni tampoco quienes eligen l~s _medios para su ~onsec~cion. Fm
y medios los han recibido y, por eso, su actividad ':stá detennmada mexo~ble
necesariamente por las leyes impresas en las mismas por su Creador. 'La
y
.
1
,,
cadena del determinismo, dice Bergson, se a arga pero no se rompe .
Determinación necesaria no significa violencia. Estos seres obran espontáneamente, es decir, de acuerdo a sus inclinaciones naturales, pero de un modo
necesario.
No hay en ellos iniciativa ni aprehensión ni tampoco elección libre del ~in
y de los medios. Todo está regulado e impuesto, admirable pero necesanamente, por estas leyes. Por esta razón en el mundo materia~ todo está regulado
• Cfr. S.

62

y anda bien, pero también por eso, todo acontece siempre del mismo modo,
sin posibilidades de cambio ni progreso alguno. Las abejas hacen perfectamente su panal y elaboran siempre muy bien su. miel, pero en esa labor no
progresan ni son capaces de modilicarla. La vida de las abejas en la actualidad es la misma que realizaban en tiempo de los--romanos, según consta por
el testimonio de éstos. Si en algo han cambiado, es por la intervención de la
inteligencia y de la libertad del hombre, que encauza su actividad necesaria.

TBOMAS,

S. Th. I, 75, 3;

y

S.C.G., TI, 82.

DURACIÓN TEl\1PORAL DE LOS SERES MATERIALBS

Entes que son pero que no saben que son y menos qué cosa son, que obran
necesariamente y, por eso, de la misma manera, como materiales están sujetos
al tiempo en su duración o permanente en el ser. Nunca son a la vez, no
poseen su ser simultánea. sino sucesivamente, con un pasado, que ya no es,
con un futuro que todavía no es, y con un presente, que nunca permanece
inmutable en el ser. Este ser huidizo, que se diluye continuamente en partes
sucesivas, nunca simultánea, sólo puede recuperarse por el espíritu, que lo
abarca y se posesiona de su totalidad con 1a memoria y la inteligencia y que
lo domina con la libertad. Su duración es enteramente temporal sucesiva sin
la unidad consciente de la historia que únicamente el espíritu es capaz de
conferir. 2

II
EL MUNDO DE LA PERSONA
4,

ILUMINACIÓN Y POSESIÓN DEL SER POR EL CONOCIMIENTO INT.ELEOTIVO

Este mundo obscuro de los seres materiales&gt; que para sí son como si no
fuesen, es iluminado y transformado con la aparición del conocimiento espi1

Idem, In phy;. IV, Lec. 23, n. 5.

63

�ritual de la persona. Por la inteligencia el hombre de-vela el ser oculto de las
cosas al introducirlo en su acto, en cuya luz consciente1 comienza como a
de nuevo, intencionalmente, como distinto del ser del sujeto inteligente,
también consciente o presente a si mismo. En el acto intelectivo el ser de las
cosas está presente de-velado en la luz ele su verdad o inteligibi~dad Y, por eso,
es aprehendido como ser otro o distinto del sujeto, como ~bJet_o. Sólo en la
inteligencia el ser de las co as es aprehendido como ser, es ilummad? Y conocido en su realidad propia de ser, distinto u otro del sujeto, como ob!¿to,. en el
seno del ser del acto del sujeto cogno cente. En la unidad del acto 10teli~nte
están inte11cionalmente presente el ser del objeto frente al ser del su1eto:
una unidad intencional y transparente del acto que significa una dualidad

existh-

ontológica.

La inteligencia, que se apodera así del ser de las cosas, se apodera a la vez
de su propio ser. ólo la persona sabe que las cosas son y que ella es. De este
modo
posesiona conscientemente del ser trascendente y del ser inmanente
en la unidad intencional de su acto, rico ontológicamente por la irunaterialidad o superación del no ser de la materia, y capaz de brindar existencia consciente a un ser distinto del suyo. 3
La verdad del ser
de-velada por la iluminación de la inmaterialidad del
acto espiritual de la inteligencia, la cual confiere actualidad a la inteligibilidad
o verdad del objeto, oculta en los seres corpóreos, precisamente a causa del
no-ser de la materia. Y en la luz de e acto, aprehensivo del ser trascendente
como tal, se ilumina también y es aprehendida la verdad del ser inmanente,
del propio yo.
Sólo el ser espiritual, la persona, es capaz de iluminar o actualizar la verdad
del mundo material, arrancarla de su obscuridad y ponerla en la luz de su acto
inmanent espiritual; sólo a Jos ojos del espíritu se revela o manifiesta el ser
oculto en los entes materiale~; ) sólo la persona es capaz de apoderarse de él
de un modo inmaterial y de conferirle existencia intencional u objetiva en la
rica inmanencia espiritual de su acto. 4
Precisamente por su conocimiento intelectivo, el espíritu finito, que es el
hombre, n otros términos, la persona, logra remediar su finitud, pues sólo
en el niv 1 de la total inmaterialidad se puede poner en la luz del acto y
• S. Th., I, 79, 7; S.C.G., 11, 83; De Ver, 2.
• D, Ver., 2, 2; S. Th., I, 14, 1, y l. 75, 2. Cfr. DER1s1, Octavio ., La ptrro11a, su
esencia, su vida ,. su mundo, cap. II, Univenidad ·acional de La Plata, 1950; y
Idem, La doctrina de la inteligencia. de Arüt611les a Santo Tomás, cap. III, Cursos
de Cultura Católica, Bs. As., 1945.

adueñarse de la verdad o del ser de todas las cosas, ocultas en la materia, y del
mismo Ser de Dios y del propio ser inmanente, no de una manera real, pero
sí inmaterial o intencional. 6

Más aúo, cualquier espíritu es capaz de posesionarse de cualquier ser o
verdad, sin impedir con ello que también otro lo posea: la misma verdad puede ser aprehendida por varias inteligencias a la vez, in menoscabo de aquélla
en éstas.

5. EL

REENCUENTRO DEL S.Ell Y DEL ENTENDER EN LA PERSONA HUMA /1.

El Ser infinito está identificado con el infinito Entender. En el Acto puro
de Dio Ser y Entender son realmente idénticos y, por eso, todo el infinito
Ser o Verdad está entendido y expresado n Acto por el Entender infinito;
y a su vez todo este infinito Entender es Verdad entendida, Expresión infinita
de la infinita Verdad. ada d ser queda sin er entendido, y nada de entender
in su ser o verdad entendida.
Participación de ese infinito Ser y Entender, los seres finitos llevan la impronta de e. a Verdad entendida divina, es decir son verdaderos o inteligibles.
Sin embargo, en los seres corpóreos tal ser o verdad está sumergida en la
obscuridad del no ser o limitación de la materia. El acto de ser -la formaestá entenebrecida en la materia: es verdadero o .inteligible, pero no verdad
que se entiende o es consciente a sí misma.
Únicamente la persona humana, dentro del mundo material, precisamente
por su actividad enteramente inmaterial o espiritual, es capaz de disipar las
tinieblas del ser corp6reo al incorporarlo a la inmaterialidad de su acto, con
la cual logra de-velarse e iluminarse y constituirse en capaz de ser aprehendido
intelectualmente en su ser o verdad.ª

6.

GRANDEZA DE LA PERSO A RU 1ANA POR SU tNTELlOE "CIA

Por el acto espiritual de su inteligencia, la persona humana no sólo es, sino
que ·e adueña del ser: lo des-cubre y aprehende, tiene conciencia de su str
• Di Ver., 2, 2.
• Cfr. D.u.rs1, Octavio 'icol&amp;s, El tss, y ,l int,lligere diuino, fundamento 1J11i.
111rsal , inmediato d, todo ser "I de toda v,rdad ,. enlond11r participados 11n S411to TomtÚ, en la Revista Sapientia., n. 113, julio-setiembre de 1974.

65

�y de que las cosas son y además tiene conocimiento o aprehensión intencional
de lo que las cosas son. Por el conocimiento aprehende y es dueña del ser

po y en su alma, en su inteligencia y en sus sentimientos tambiºé d
d
de u libertad.
'
n epen en

trascendente e inmanente.

Tan pequeño, tan miserable como es, el hombre, sin embargo, lleva en su
espíritu la impronta divina es la imago Dei: finito y miserable, él sabe que es
finito y miserable (Pascal) y, al develar los seres finitos, es capaz de develar,
en alguna medida al menos, el Ser infinito de Dios. Por su espíritu, la persona
trasciende toda la miseria y limitación del mundo material, porque es capaz
de develar y apoderarse del mundo del ser en todo su ámbito creado e increado.
"El hombre es una caña, pero una caña que piensa".'

A diferencia de los ente materiales, que son y obran siempre del mismo
mod_o, _la persona -no desde la nada, como pretende absurdamente el ExistenciaJ.ISillo ateo, sino desde la unidad ustancial material y espiritual del serse hace, se elabora a sí misma, y es actor y artífice de la actuafu.aci6n de su
ser, de su cultura y de su destino temporal y eterno.

8.

7. L~

POSESIÓN DEL SER POR LA LIBERTAD

Plu:SENCJA DE U PERSONA E

LA LIBERTAD

~a _li~d no ~lo es fruto de la inmaterialidad perfecta

O

superación de

la limitac1on material del espíritu, sino que en u ejercicio está presente y se
Frente a los seres materiales, conducidos en su actividad por el det.erminismo causal de leyes necesarias, únicamente la persona -siempre por .m espíritu- tiene el dominio de sus actos por la libertad.'
Los demás seres del mundo sólo poseen un modo -más o menos restringido
o amplio- de actuar y no pueden salirse de él. Por su espiritu, la J&gt;e™)na se
enriquece en su actividad de actuar: consciente y activamente posee el poder
de intervenir en varios sentidos, de poder elegir su acto, de realizarlo o no e
incluso de realizar otro distinto y aún opuesto al primero. Mediante su voluntad, la persona es dueña de su propia actividad, tiene en su poder activo
y consciente la posibilidad de obrar o no y de obrar en un sentido u otro. La
libertad es el fruto del espíritu, que supera el determinismo y la pobreza uniforme de la materia, con la riqueza de una actividad potencialmente múltiple.
Mediante la libertad, la persona puede proponer un fin u otro y elegir los
medios para alcanzarlo; puede así dirigir su propia actividad y, a través de
ésta, dirigir la actividad y el ser de las cosas materiales.
Por la libertad, la persona es dueña de su destino y de su actividad para
alcanzarla y, por eso, toda persona se perfecciona o realiza como tal, por su
voluntad encauzada consciente y libremente a su verdadero Fin, que el del
Bien infinito de Dios. Los demás aspectos de su perfeccionamiento en su cuer' P&gt;.sa.u., Bias, P,nsami,ntos sobre la v,rdod d« út r«ligüJn cristiana, edición dirigida por JACQU!s CHEVAJ..lEll, trad. castellana de JuAN DolaÚNouu BEntJBTA, c. III,
p&amp;g,. 137 y ss., n. 365 (461). 347 (179) Y 348 (399), Aguilar, Madrid (sin fecha).
• S. Th., l, 59, 3 y l, 83, 1.

66

c.,cpre a toda la perso~. En cada acto libre, la persona se elige -para bien 0
, se detenmna y compromete, y en cada actuación libre transitoria

Pai:a mal-

se Juega el porvenir temporal y eterno de la persona, pues en cada acto lib
está presente
. re
.
. el Fin último a que ese acto se dirige, eª, cual o es e1 Bº1en d'1V1no
auténtico Fin, cuya posesión o acercamiento a ~I perfecciona al homb
'
b'
d
re, o es
un . ien c~ o, no ordenado a Dios, y entonces quebranta y frustra e e erfeccionanuento personal.
p

9.

POSESIÓN DEL SER INMANENTE y TRASCENDENTE POR LA LmERTAD

Por la actuación libre el hombre es duen-o de u viºd a y de su ser; y es
también capaz de modificar en su acción y en su er a los entes mundanos
para someterlos a su servicio.
Por la acth·idad de la inteligencia y de la libertad, la persona acrecil'nta
o perfecciona la acti\'idad y el ser de las cosas y del propio
· yo.
. Este ~oder_ ~ le ha dado a la pe™&gt;na para que se prepare y encamine a su
Fm o Bien clivmo y pueda de este modo alcanzar su posesi6n plena más allá
de la muerte, en su vida inmortal definitiva.
'
. ~ara ~~render rectamente su camino ascencional hacia el último Fin espmlual divmo, con su voluntad, iluminada y diría-ida por la m· teli
·
.
~
~~~
pasos sucesivos el hombre transfonnó el ser de ,__
l
cosas para someter as a su
ser,.•ioo Y tranforma y enriquece también su propio ser.

..

=

�10.

POR LA CONCIENCIA Y LA LmERTAD LA PERSONA CONSTITUYE LA HISTORIA

El tiempo, duración o permanencia en el ser propio del ente corpóreo, es
subsumida y dominada por el cspiritu en la historia.
Por su inteligencia la persona recobra el ser pasado y futuro, los aúna en el
presente para conferirles la unidad espiritual en la co~ciencia. E~ el acto
presente el hombre posee a la vez toda su vida (San Agustín), es dueno de ella
y la tiene simultáneamente en su acto consciente.

A la vez por la libertad, el hombre asume en su conciencia su pasado Y fu.
turo para decidir, en el acto presente, de toda su vida y para comprometerla
en el destino elegido.'
Sólo la persona tiene historia porque la historia es el resultado del ser
temporal diluido en su pasado, presente y í uturo, y reunificado en el presente
por la conciencia y la libertad. El tiempo es la duración su~,esiva, prop!a del
ser material, mientras la hirtoria es el resultado de la asunC1on de ese tiempo
por el espíritu en la unidad de su acto intelectivo y libre. La historia es ~onjunción de duración material y espiritual, de dispersión temporal y de urudad
espiritual. Sin tiempo no hay historia. Pero con solo tiempo sin es~íritu, ~ poco hay historia: sólo de la conjunción de ambos, de la duract6n sucesiva
)' de la conciencia y libertad, resulta la historia. La multip~ici~d d~ partes
propia del tiempo, es redimida por la unidad del acto de la inteligencia, y de
la decisión libre del espíritu.
Por eso, tínicamente el hombre tiene historia, porque sólo él es unidad sustancial de cuerpo y alma; sometido a la duración temporal por aquél, Y elevada tal duración a historia por ésta. El acontecer y la duración de la persona
humana es temporal por m cuerpo, y es histórica por su espfritu, que imprime
la unidad sobre la multiplicidad y el dominio activo sobre la pasividad del
tiempo.
11. EL MUNDO

DE LA CULTURA O HUMANISMO, PROPIO DE LA PERSONA HUMANA

Por la inteligencia la persona ilumina y se posesiona del ser, lo de-vela como
bien y fin y descubre también los medios para realizarlos o conseguirlos. Con
su voluntad libre logra realizar esos medios para alcanzar ese bien como fin.
• Idem, In phys. IV-Lec. 23, n. 5.

68

Todas las transformaciones del ser de las cosas materiales y del propio ser
o actividad realizadas por la persona, y que constituyen la cultura o humanismo, brotan de esta rafz espiritual de la persona, que es la inteligencia y la
libertad, que le confieren el dominio del mundo y del yo.

Es siempre el espíritu, al incidir sobre las cosas y sobre sí mismo para enriquecerlos y perfeccionarlos, quien crea y elabora este mundo propio de la
persona, que es la cultura.
Por la inteligencia el hombre rescata el ser oculto en las cosas en si mismas,
y por la libertad los transforma y los hace servir así al bien humano, encarnando en ellos los fines propios de la persona, es decir, realizando la cultura
o el humanirmo.
Este mundo creado por la persona bu.mana en su propio ser y en el de las
cosas en relación con él, también está ordenado a la persona humana, a su
perfección o acrecentamiento humano. Este mundo que el hombre crea, mediante la transformación de los seres mundanos y del propio ser, es el mundo
propio y exclusivo de la persona: causado por el espíritu y ordenado, en última instancia, también al bien del espíritu. 10

12. Los

SECTORES DE LA CULTURA

Esta acción transformadora del espiritu sobre la actividad y el ser de las
cosas y sobre el propio ser del hombre que es la cultura puede actuar sobre
las cosas materiales para hacerlas útiles -técnicas--, para hacerlas bellas
-arte-.
La actividad cultural puede recaer también sobre la propia vida espiritual
y libre para hacerla buena -moral-.
Finalmente la acción transformadora de la cultura puede incidir sobre la
vida espiritual de la inteligencia, a fin de ordenarla de un modo estable a
la verdad -ciencia y filosofía-, y , en el orden cristiano teología.
Sin embargo a la cultura pertenece no tanto la obtención de sus bienes
-técnicos, artísticos, morales, científicos y filosóficos-- sino más bien la creación de los hábitos 'Y virtudes, que enriquecen y perfeccionan el espiritu y lo
capacitan a realizar tales bienes de un modo eficaz y permanente. Así la cul11 Cfr. Dia:Ris1,
B,, As., 1963,

Octavio Nicolás, FilotofCa dt la cultura y de los valores, c. I, Emecé,

69

�tura técnica o artística no consiste en hacer bien un artefacto o una obra
bella una vez, sino en capacitar para llevarlas a cabo de una manera eficiente
y constante. Otro tanto acaece con la cultura moral o intelectual, que no
consiste en efectuar un acto bueno o un raciocinio recto en una ocasión, sino
en el enriquecimiento del intelecto y la voluntad con los hábitos Y virtudes
respectivas, que los hagan capaces para realizar tales actos de una manera
estable.
Semejante actividad cultural tiene su medida valorativa en el fin a que está
dirigido: es buena o mala, según que alcance o no su fin de utilidad en la
técnica, de belleza en el arte, de bien humano en la moral y de verdad en
la ciencia y la filosofía.
Sin embargo, la cultura se ordena al bien integral del hombre, al perfeccionamiento de sus diferentes aspectos materiales y espirituales en su unidad
jerárquica, que culmina en su perfeccionamiento especifico espiritual en dirección a la consecución de la Verdad, Bondad y Belleza infinitas, es decir, de su
Bien divino, Dios.
Por consiguiente, el bien de la cultura exige un orden de subordinación
jerárquica entre los tres sectores mencionados : el del hacer -técnico y artístico- se ordenan al servicio del hombre, es decir, de su bien moral y humano;
el del obrar -morai- se subordina al bien del contemplar -teorético-,
cima de la cultura desde la cual el hombre, por su inteligencia -iluminada
por la Fe y el lumen gloriae en el cielo, en la economía sobrenatural cristianaalcanza la verdad en orden a la consecución plena de la misma por la visión
de la Verdad infinita de Dios.
Sin esta subordinación jerárquica de los diversos sectores de la cultura y
de la actividad humana que los engendra, ella perdería su fin esencial, que la
constituye y da sentido: el de servir y perfeccionar al hombre, actualizar su
actividad y su ser en dirección a la consecuci6n de su perfecci6n plena por la
posesión de su Fin o Bien infinito.
Por la cultura el hombre perfecciona o acrecienta el bien de las cosas y el
propio bien y continúa así la obra creadora de Dios. Por eso, la persona, por
su espíritu que la constituye, es la imago-Dei.
Este mundo de la cultura es un ámbito del espíritu, causado por el espíritu
y ordenado al espíritu: la persona es su artífice y su destinatario. Y por eso
mismo es un mundo lúcido, un mundo elaborado consciente y libremente por el
hombre, y un mundo que se de-vela y perfecciona también a la persona por
la comprehensi6n y aprovechamiento de ese enriquecimiento humano de las
cosas y del hombre. Consciente y libre en quien lo realiza, y consciente ,\ libre

70

en quien lo recibe y aprovecha. En todo su ámbito, desde su origen a su
destino, la cultura acontece y existe bajo la luz de la inteligencia y la decisión
de la libertad. u

III
EL FIN DIVINO DE LA PERSONA
13. LA PERSONA CONSTITUIDA POR SU ORDENACIÓN ESENCIAL AL
SER INFINITO DE Dios

Por toda su actividad espiritual la persona se manifiesta esencialmente abierta al Ser infinito de Dios.
a) La inteligencia está hecha para la verdad. Su actividad intencional ni
siquiera sentido tiene sino en cuanto hecha para la verdad trascendente. Sin
esta verdad, que es el ser transubjetivo en cuanto inteligible, la inteligencia
ni actuar podría y su acto se diluirla en lo absurdo.
Pero el punto de mira, la meta definitiva que determina y mueve la actividad de la inteligencia en todos sus pasos, es la verdad sin limites, no ésta o
aquélla verdad determinada, sino la Verdad en sí, por la que toda otra verdad
limitada participa y es. De aquí que en toda investigación de una verdad
finita o participada haya un movimiento esencial de la inteligencia, que, trascendiéndola, se dirige definitivamente a la verdad sin límites, a la Verdad.
De aquí también que e] entendimiento nunca se aquiete en una verdad de-velada y aprehendida, porque el anhelo esencial que la impulsa trasciende esa
verdad y está dirigido a la verdad en sí, que sólo la Verdad infinita de Dios
puede realizar.
La vida de los sabios confirma plenamente esta tesis. Ningún auténtico sabio
se detiene y descansa en la verdad descubierta. Su anhelo de verdad sin limites lo lleva a intentar de-velar nuevas verdades o nuevos aspectos de las ya
descubiertas. Más aún, cuanto más avanza en esa búsqueda, más se aviva en
su espíritu esa sed insaciable de verdad.
b) Otro tanto sucede con la voluntad, orientada esencialmente al bien.
:tste es su objeto necesario, en el sentido de que nada puede querer sino bajo
la noción de bien o felicidad.
u !bid., c. I y 11. En esta obra se encontrará tratado este tema con más amplitud
y profundidad.

71

�La voluntad puede querer cualquier bien o ser trascendente apetecible fi nito, porque él participa del bien -objeto formal especificante- que objetivamente la determina, supera y trasciende todo bien concreto apetecido. Cada
bien puede ser apetecido por la voluntad, porque participa del bien en sí, sin
límites, de la felicidad¡ pero ninguno de ellos lo realiza plenamente, ya que el
bien en sí los trasciende a cada uno de ellos. Por eso, la voluntad no se aquieta
o detiene en ningún bien, y su anhelo de bien renace sin cesar, nunca satisfecho
en los bienes finitos.
Esta insatisfacción en la posesión de los bienes finitos, está en todo hombre,
pero se manifiesta en toda su fuerza y se patentiza dramáticamente sobre todo
en los santos. Ellos que buscan con todas las fuerzas de su alma el Bien infinito
de Dios, nunca están satisfechos por el progreso espiritual alcanzado, por el
contrario, esta ansia de Dios -el Bien infinito- se acentúa en la medida
de su avance en la perfección o acrecentamiento del bien humano, natural y
sobrenatural, que los acerca a Dios.

Más aún, en esta desproporción entre el bien en sí infinito -que sólo el
Bien divino puede realizar- esencial y necesariamente apetecido, en última
instancia, por la voluntad en todo acto de querer, y el bien finito --e incluso
el Bien infinito finitamente aprehendido-, que participa, sin realizarlo plenamente, de ese bien buscado como meta definitiva, se iunda la libertad de
elección: la voluntad puede querer ese bien, porque participa del bien en sí,
pero puede no quererlo o querer otro bien, porque el mismo no es el bien, no
agota la apetibilidad o bondad del bien en sí infinito, único que especifica y
mueve, como fin último a la voluntad.
Pero el bien en sí, sin límites, o felicidad sólo puede ser realizado por el
Bien infinito de Dios.
De aquí que la voluntad esté esencialmente ordenada al Bien trascendente
infinito de Dios, como a su Bien definitivo o último fin.
c) Otro tanto sucede con la belleza. El espíritu, por su inteligencia, busca
la belleza como el goce de la forma splendens o verdad poseída en la integridad y armonía de sus partes; pero su mirada no se detiene en ésta o aquella
belleza, sino que las trasciende, en busca de la belleza en sí. Puede apetecer
cualquier objeto bello para contemplarlo o realizarlo, porque participa de la
belleza en sí; pero ningún ente bello finito, natural o artístico, puede col.mar
el anhelo de belleza esencial del espíritu. Porque el fin definitivo, el goce
en la contemplación de la verdad armónica, en que la belleza consi te, no se
agota en ningún objeto bello finito, sino que lo trasciende infinitamente. La
belleza, que mueve la inteligencia hacia las cosas bellas, no es otra que la
belleza en sí, sin límites, que sólo puede ser la Belleza infinita de Dio .

72

Esta verdad está confinnada también por la vida de los artistas. El ideal de
belleza nunca alcanzado en la realización de sus obras artísticas se exacerba
con más fuerza, a medida que sus facturas artísticas se multiplica~ y se elevan
en hermosura. A cada nueva encarnación bella lograda, se acrecienta en sus
almas, el ansia de alcanzar la Belleza infinita, que sólo se encuentra en Dios.u

14. LA

P'ERSONA, ES ESENCJALl\,fENTE PARA

D10s

El es?~tu se carac~riza por ~u a~ertura a la trascendencia ontológica o
~subJet:J.va. ~or_las difere_ntes direcc10nes de su actividad, el espíritu aparece
1~rto Y constituido esencialmente y en definitiva por su ordenación al Ser
divino, como Verdad, Bondad y BeJJeza.

ª?

, ~I Bien supremo, que mueve y determina toda la vida del espiritu el Fin
últuno que especifica e ilumina y atrae, desde su trascendencia los diversos
sectores de la vida propia de la persona, es Dios, bajo una u otra de las facetas
trascendentales ontológicas de Verdad, Bondad y Belleza infinitas.

P:1'5ººª

La
es el ente finito, que, por su espiritu está esencialmente hecho
para Dios, que se constituye como ente finito espiritual ordenado esencial~ente al_ Bien infinito. La persona es onto 'Y teocéntrica. Tal ordenación esencial a D10s, por todas las aberturas de su espíritu b.,,,.;n la trascend
·
.
, ·encia es
qwe_n precisamente la constituye persona. En esta ordenación fundamental
a Dios -esencial del espíritu- tienen su causa y origen los demás caracteres
de la p~na. La persona en su vida temporal, se encamina y estructura en su
ordenación a la. consecución de este Fin divino, que se logra en )a vida inmo~tal. En ca.mino hacia ese Fin definitivo, eJJa se enriquece y perfecciona en
el tiempo, con la verdad, el bien y la belleza y con la realización de la cultura. u

15. LA

ACTIVIDAD Y EL ORDEN MORAL CONSTlTUIOOS POR LA ORDENACIÓN
DE LA PERSONA DE

D10s

Precisamente porque el hombre ha sido ordenado por Dios a su consecución, el Creador ha constituido el ser de la persona de tal manera que no
" In Sent., Pr61., q, únic-.a, 1, I, 11, 2, 8 y 1, II, 12 l.
11
Admirablemente expresa esta doctrina SAN AOUSTfN en su célebre frase: "Nos hicut, Señor Para tí, 'J c6mo está inquieto nuestro coraz6n hasta descansar en ti" Conf
1, l. Cfr. SANTO Tm.rÁs, S.C.G. III, 128 y Com. Theol., 104. En estos textos el Sant~
Doctor seña.la la contemplaci6n d, Dios como el Fin último O meta suprema de la
pcnona, que encuentra en ella su plenitud ontológica.
•

73

�pueda ella perfeccionarse como hombre, sino mediante el con~ento Y. el
amor de Dios -Verdad, Bondad y Belleza-. De este modo el bien de Dios
-su glorificación por el conocimiento y el amor- y el bien de la persona -su
perfeccionamiento por la consecución o aproximación a la Verdad, Bondad Y
Bellex.a de Dios- son lo mismo. Ni Dios puede ser glorificado por la persona
humana sin el perfeccionamiento de ésta, ni la persona humana puede perfeccionarse integralmente sin glorificar a Dios por el conocimiento de la ve~d~
y el amor del bien, en cuya meta definitiva está la Verdad y la Bondad infinitas de Dios.
La Sabiduría de Dios, por su propia Perfección infinita, no puede dejar de
imponer este Fin divino al hombre, de una manera compatible con su _libertad, es decir, no por leyes fis.icas, sino por la ley moral. Esta ley oblig~ al
hombre a ordenar su actividad libre a este Fin o Bien divino, que es lo IDISIDO
que obligarlo a su propia perfecci6n o enriquecimiento de su ser; el cual únicamente puede acrecentarse en el acceso a la Verdad y Bondad divinas.
Por estar ordenado a Dios como a su Bien o Fin último, aquello es bueno
que lo acerca y malo lo que lo elija a él también lo que es conforme ~ ~conforme con su naturaleza, constituida por el Creador para ese fin d1vmo,

es bueno o malo.

17. LA CONSTlTUCIÓN DE LA SOCIEDAD DE ESTA PERSl'ECTIVA DE LAS
OBUGACIONES Y DERECHOS DE LA PERSONA

Para salvaguardar esos derechos esenciales, indispensables para el cumplimiento de sus obligaciones a fin de ordenarse a su Bien divino, la persona es
conducida por una inclinación natural -y por eso mismo, por Dios, su divino
Autor- a organizarse en sociedad con los demás hombres: en la sociedad
familiar, primeramente, para la promoci6n de los sexos y el cumplimiento de
la obligaci6n de propagar y educar la especie humana, y, en segundo lugar,
en la sociedad política o el Estado.
:tste se establece, pues, no para suprimir, sino para defender los derechas
de las personas y familias y para establecer el bien común, a saber, las condiciones necesarias y convenientes para el desarrollo de la vida de las personas
y sociedades intermedias, las cuales, por sí solas, no podrían brindarse.

Los mismos derechos esenciales de la persona y de la familia, que constituyen el llamado derecho natural, exigen y nutren con su savia obligatoria el
derecho positiva, que el Estado debe establecer para determinar concretament.e aquel derecho natural y darle las sanciones sociales para su cabal cum.plimiento.15

16. Los

DERECHOS ESENCIALES DE LA PERSONA

De esta obligación de la persona de ordenarse a Dios como a su supremo
Bien, que la perfecciona, nacen los derechos propios de la misma para poder
cumplirla. La persona tiene derecha natural a todo lo necesario para poder
dar cumplimiento cabal a las obligaciones que le impone la ley moral: derecho
a la existencia, a la libertad, a los medios de subsistencia y al trabajo, a 1a
propiedad, incluso de los medios de la producción, a formar la familia, a dar
educación a los hijos, etc.
Ningún hombre ni institución -ni siquie~ el Estado- puede impedir o
menoscabar estos derechos, porque nadie puede impedir el cumplimiento de
tales obligaciones de la persona, por Jas que se ordena a su Fin divino y consiguiente perfeccionamiento humano.
En esta relación, esencial y constitutiva de la persona, con Dios, en sus
obligaciones y consiguientes derechos, nadie puede interponerse.u
Ampliamente me he ocupado de este tema en mi obra Los fundamentos metafisicos d,l orden moral, 3a. edición, Instituto Luis Vives de Filosofía del Consejo Su-

18.

CONCLUSIÓN: EL ORDEN HUMANO DE LA PERSONA, FUNDADO EN

Dros,

DESDE LA INTERIORIDAD Y OBLIGACIÓN MORAL

Se ve c6mo todo el orden humano se funda en el Bien o Fin último divino
de la persona: en la obligaci6n de ordenarse a :el por la libertad, y en los
consiguientes derechos, que constituyen el áerecho natural, anterior y fundamento de todo derecho positiuo.
A su vez este orden moral -obligaciones y derechas- establecido en el
interior de la conciencia, fonda y exige el orden social, familiar y político, con
el establecimiento del derecho positivo.
Todo el orden humano se basa y rige, pues, en definitiva, en la ordenaci6n
de la persona humana a Dios, ordenaci6n esencial ,., constitutiva del espíritu
,.,, por eso mismo, de la persona. Desde ~ta ordenación divina de la persona
se esclarece el ser y la vida múltiple del hombre, jerárquicamente establecida

1•

perior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1969.

74

ª

DER1s1, Octavio Nicolás, La persona, su ~stncia, su uida, su mundo, c. VI.

75

�y ordenada por Dios para alcanzar ese Fin divino; y desde esta ordenación

a Dios se establece también el deber-ser moral, las exigencias ontológicas que
la voluntad libre debe realizar para alcanzarlo y, con él, lograr también la
perfección del propio ser humano: exigencias individuales y sociales para
organizar la familia y la sociedad política con sus bienes propios de amparo
de los derechos esenciales y del bien común con el derecho positivo, con la
consecución de "la tranquilidad del orden" que es la paz, para así poder alcanzar adecuadamente, el término de la vida presente, aquel Fin {1ltimo divino
y con tl la plenitud de la persona humana

ESPERANCE, RAISON ET TEMPS SELON MAR1A ZAMBRANO
Da. Al.AtN GUY
Gidy, Francia.

DANS LA préface a l'un de ses livres, María Zambrano écrit: "Pues que de vivir se trata. No basta la vida, ella, hay que vivirla. Es lo real de la vida. Pero
si sólo fuera así, novela y tragedia serían dos fatalidades ineludibles; ineludibles, ciegas fatalidades, si además no existiera la verdad y no en abstracto,
sino la verdad de la vida; la verdad viviente. Y ella es lo que permite y exige
al mismo tiempo salvarse tragedia y novelería; atravesar el infierno, éste" ( La
España de Galdós, p. 10). ("Car il s'agit de vivre. La viene suffit pas, elle; il
faut la vivre. C'est le réel de la vie. Mais s'il en était seulement ainsi► roman
et tragédie seraient dewc fatalités inéluctables: d'inéluctables, d'aveugles fatalités, s'il n'existait pas en outre la vérité et non pas dans l'abstrait mais la
vérité de la vie, la vérité vivante. Et c'est cette dernicre qui ennet et exige
en meme temps de se sauver a la fois de la tragédie et du genre romanesque:
de traverser l'enfer, a savoir: l'e.xistence d'ici-bas.") C'est bien cette conviction brulante, selon laquelle la vérité et la vie ne sont pas uniquement une
affaire de théorie, mais de practique, d'incarnation quotidienne daos le concret
du réel, sous tous ses aspects (fussent-ils douloureux ou démoniaques), qui
anime toute l'oeuvre de la célebre philosophe espagnole, fille de l'illustre écrivain Blas Zambrano, née en 1907 a Vélez-Málaga, sur les pentes enchanteresses
des monts Bétiques, non loin du pélerinage bien andalou de la Virgen de los
.. Cfr. MAIUTA.IN, Jacc¡ues, Principes de politique humanine, Editions de la Maison
Francaise, N. Y., 1944, Jdem, Humanisme integral, Aubier, París, 1950, Idem; El
hombre y el Estado, trad. de N. Gurrca, Kraít, Bs. ~., 1952; KoNINCJt, Charles de,
La primaulé du bien commun contre ús personnalistes, L~ príncipe de L'Ordre
No1wea.u, ediciones de la Univcnidad LavaI. Qucbec, 1943; Y Dsam, Octavio Nicolás,
R,laciones del bien de la persona y del bien dt1 la sociedad en la Revista Sapientia,
XII (1957), p. 169 y ss.; Idem, La persona y la sociedad polltica en Santo Tom4s,
trabajo incluido en el homenaje al Profr. Dr.
Recaséns Siches, México, 1975; Idem,
c. VI del citado libro de la Penona.

Luu

76

Remedios ...
Disciple d'Ortega y Gasset et de Xavier Zubiri, de 1925 a 1930, al'Université
de Madrid, elle y devint bientot "assistante" collaborant a la Revista de Occidente et Cruz y, Raya. Militante républicaine, elle passa la Guerre Civile
Barcelone, écrivant notamment dans Hora de España, comme José Ferrater
Mora, Joaquín Xirau, Antonio Machado, et en 1939, elle gagna México, puis
La Havane, Puerto Rico, et professa a ces divenes universités. A partir de

a

a

77

�1953, elle réintégra l'Europe, se fL"&lt;allt successivement a Paris, a Rome, a
Crozet (pres de Gex, en France), etc.,., et publiant beaucoup d'ouvrages et
d'articles ( que ce soit dans Sur, Luminar, Cuadernos, lnsula, Orígenes, Aso-

mante, La Torre, Revue de Métaphysique et de Jíorale, La Licorne, Les
Cahiers d'.Art, Botteghe Oscure .• .) . Ferventc cathoJique dans la ligne d'Emmanue] Mounier, elle se réclame d'Ortega y Gasset -quoique de fagon assez
indépcndante-- et s'inspire aussi largement d'Unamuno, de Scheler et de
Galdós. Bien que volontiers portée a la retraite solitaire, elle prend part a
certains colloques, tels qui le XIIIe congres des sociétés de philosophie de
langue fran~ise tenu a Geneve en septembre 1966 et le colloque de Royaumont sur l'orientalisme. , pecialiste de la philosophie religieuse, elle a tout particulietement étudié le sacré chez les Grees e son évolution vers le mysticisme,
en meme temps que la nouveauté radicale du christianisme; elle travaille également a une anthropologie existentielJe, qui débouche sur tme curiouse rénovation du spiritualisrne, avec une note sociale tres accentuée.1
J'analyserai ici, d'abord, les deux derniers chapitres de El hombre y lo
divino (México, 1955, pp. 275-294), qui proposent une originale conception
des rapports entre la déité et l'espérance, a travers l'histoire de la philosophie
et l'bistoire des religions. Selon María Zambrano, lorsque saint Paul voulut
enseigner aux Atbéniens "le dieu inconnu'', ils lui toumerent le dos avec un
bel ensemble; c'est qu' ".ils vivaient sans aucun doute un moment de foitigue
extreme, cette fatigue qu'il est si difficile de vaincre parce qu'elle est déja de
l'inertie" (p. 275: "Vivían sin duda un momento de extremada fatiga, ésa
tan difícil de vencer porque es ya inercia"). La loi, a laquelle ne saurait
échapper aucune société, fait que, lorsqu'une société est saturée de recherche
et qu'elle ne peut plus en actualiser les résultats, elle tombe dans l'immobilisme,
"parce qu'il lui manque le moteur de la nécessité de savoir, qui est toujours
alimentée par l'espérance" (ibid., "pues les falta el motor de la necesidad de
• Bibliographie de Maria Zambrano.-Hacia un saber sobre el alma, Buenos Aires,

Losada, 1950; El hombre 'Y lo divino, México, Fondo de Cultura Económica, 1955;
El p,nsami,nto vivo de SAneca, Buenos Aires, Losada, 1944; Pnisami,nto 'Y poesla ,n
la vida ,spañola, México, 1939; La agonfa d, Europa, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1945; D,lirio 'Y destino, Gencve, 1953, Prix littéraire européen; La España d,
Gald6s, Madrid, Tauros, 1959; Persona )' democracia, 195 7¡ El sueño creador, La
Veracruz, 1965; España, sueño 'Y verdad, Barcelone et Buenos Aires, E.D.H.A.S.A.,
1965; La tumba de Andgona, México, Siglo Veintiuno, 1967.-0n peut lire sur elle Alain
Guy, Les philosophes espagnols d'hitr et d'aujourd'hui, Toulouse, Ed. Privat, 1956, pp.
267-273 et Los filósofos españolts de ay,r 'Y de hoy, Buenos Aires, Losada, 1966, pp. 207
a 211 et 303 ; "Espéranoe et divinité selon Maria Zambrano", communication au
X.Veme Congres Mondial de Philosophie, a Vama (Bulgarie), scptembre 1973 (cf.
Résumts, no. 838).

78

saber, que va movida siempre por la esperanza"). Comme l'a bien vu Ortega
y Gasset, la pensée n'est pas une activité de jeu ou de luxe; elle émane des
contraintes de chaque jour, au milieu desquelles la vie de chacun se débat
comme elle le peut, et qui requierent d'elle des réponses et des solutions a une
foule de problemes immédiats et inéluctables. Dans ce naufrage de l'existence,
l'homme cherche a surnager, en s'inventant des raisons de VÍ\Te; une telle
lutte est animée par un facteur sui generis, celui de l'espérance. Car "l'histoire
de la créature humaine, en partant de l'horreur de la naissance (Hacia un saber sobre el alma, p. 88), est une lutte entre la désillusion et l'espérance, entre
les réalités possibles et les songes impossibles, entre la mesure et le délire, mais
parfois c'est la raison qui délire". A ce niveau, l'espérance pourra revetir bien
des formes différentes; soit qu'elle combatte, au sein de la caveme obscure,
pour découvri la face du divin, c'est-a-dire de la physis qui régit l'ordre cos-mique, comme dans la pensée hcllénique; soit qu'elle discute directement avec
Dieu, de personne a personne, dans un dialogue serré avec le supreme responsable de son destin, comme par exemple dans les plaintes Job lui adresse ou
encore dans la joute soutenue par Jacob contre l'Ange mystérieux. "Dans les
doux cas, écrit l'auteur (El hombre y lo divino, p. 274), on arrive a la plus
grande violence, pour qu'une échelle mette en communication l'homme avec
le secret de la divinité. Dans la vie dont l'Ancien Testament porte témoignage,
l'échelle doit etre dresseu par Dieu lui-meme, par sa m;séricorde. Quand la
pensée humaine est, comme en Orees, l'instrument de cette lutte, l'échelle est
I'échelle des idées, par laquelle l'intelligence monte, en ex~ant sa connais
sanee, jusqu'a l'Idée du Bien. Entre l'un et l'autre de ces cas réside toute la
différence qu'il y a entre une révélation ( revelaci.ón) et un dévoilement ( des-

velación)".
Ce dieu inconnu n'est, certes, pas un dieu de plus, un dieu sur numéraire
et supplémentaire, mais plutot "cette ultime résistance que le divin n'avait
pas livrée a la pensée philosophique" (p. 276). En se sentant les jouets et les
victimes de l'.Anankhe, Jes hommes éprouverent, au plus haut degré possible,
leur solitude: expérience propre a la maturité des individus et des peuples,
lorsque la réflexion a fait le vide et que la conscience a remplacé !'ame. La
réalité a cessé d'ctre animée et vivante; il n'est plus possible de dialoguer
avec elle; l'homme so treuve accuJe a se contenter de concepts et d'idées soidisent elaires, qui cnt hélas la puretá et le transparence du vide tandis que la
résistance, qui constitue la marque de la réalité, s'est évaneuie. Cette situation
est l'un des trois moments quo María Zambrano distingue dans le mode d'
appréhension de la résistance de la réalité par l'homme et qui sont les suivents.
Dans un premier moment, il n'y a pas encare de cheses; c'est le stade de
l'enimisme, ou aussi l'époque du sacré, monde confus et arobivalcnt; ici, la

79

�résistance est concentrée dans des situations ou des forces non-limitées. Dans
un second moment les cho.es ent surgi et la réalité se configure en elles. "Une
chese est un X qui a des limites et qui comparait devant le regard humain
avec une certaine unüormité" (ib.); cotte régularité, qui la constitue a pour
conséquence notre prefende surprise quand se presente a nous une epparence
qui le contredit. La réistance s'éprouve alors daos les choses les philosophes,
comme Thales par exemple, se mettent a s'interroger sur ces dernicres et ils
élaborent des concepts valables pour certaines d'entre elles et mcme pour leur
ensemble, c'est-a-dire pour la nature. Dans un troísiéme moment enfin, l'esprit
humain a inventé la dialectique et la logique; ici. en lutte davantage avec les
problemes suscités par la pensée sur les choses -c'est-a-dire par les concepts-,.,que sur les choses elles-memes. Les dieux ne cont plus considérs désormais
comme nous donnant la clef de l'Uni\·ers; l'homme a pris ses distances a leur
Agard; J'éthique, en tant que reglement de notre conduite par la raíson, indépendamment de toute altérité et de tout extrincécieme, s'est constituée. Alors,
s'instaure la solitude definith-e, qui nait de ce que "l'on a déréalisé le monde
qui nous entoure" (p. 78) et que l'homme ne peut plus parler qu'avec luimeme. A ce stade ultime, la résistance invincible de la réalité se condense;
alors, devient présent ce qu'a de positif l'absence de Dieu, les autres dieux
étant déja déchus de leur piédestal. L'homme éprouve le vide comme un espace illimité ou il n'est plus qu'une chose, parmiles autres choses; c'est ce
que traduicent tous les matérialismes. Pour faire obstacle a ce poids écrasant,
"l'homme tend alors a se déifier ou a déifier quelques unes des conditions de
sa vie" (ib.); il se sent le porteur du secret d'un dieu inconnu. Tel fut le cas
de l'Antiquité, parvenue a son extreme déolin, a l'aube meme du christianísme.
D'apres María Zambrano, il en est de meme aujour'hw. D'un coté, les
imrnenses pas en avant accomplis par les sciences de la nature ont procuré
a l'humanité une technique tres puissante, qui l'ont rendu maitresse du Cosmos. D'un autre coté, la philosophie, dans son progres inces.sant d'analyse, a
abouti "a la croissance du sujet" (p. 279), c'est-a-dire a la predigieuse promotion de l'homme comme connaisseur du monde et comme centre de ce
monde. "Et si l'homme en est arrivé a trouver en lui-meme la plus grande
réalité, est-il étonnant qu'il y trouve également la plus grande résistance?"
(ib.).
Au sein de cette déréliction, une note de la condition hurnaine s'affirme
a\•ec insistance; c'est celle du temps. Il présents, en particulier, une "ouverture" qui attire tout spécialement l'espérance: c'est /'avenir ou plus précisément, le futur. Selon María Zambrano, en effet, alors que "l'avenir est le
domaine prévisible", apparenté a la sécurité que la conscience introduit dnns

80

tout ce qu'elle touche, "lé futur est l'inconnu comme tel" (ib.), le domaine
de l'espérance saos limite, qui attoint, pour ainsi clire, de ce fait, l'intemporel
ou meme le supratemporel, on ouvrant par exemple a notre vie la perspective
inoule de se trouver dotéo des caracteres qui lui manquent et qui seraient
pout-etre contradictoires avec sen essence; l'identité, la réalisation totale, la
réalité complete. C'est ainsi que le futur nous procure au moins, l'illusion de
( ... ) notre existence.
Mais alors que Platon abandonnait l'individu sensible et temporel, pour
s'en tenir a l'objectivité et a l'éternel ( car, pour luí, "connaítre, c'est sortir de
lacaverne temporelle") (p. 281) et alors le christianisme opérait "la conversioo
de la caverne temporelle" en transmuant le temp en éternité et en promettant
meme a la chair qu'elle ressuscitera, dans la situation du XXeme sic.ele au
contraire, on retoume dans la caverne temporelle et l'on privilégie le futur.
"Le f utur est pour l'homme le dieu inconnu. Car est Dieu ou fait office de
Dieu ce a quoi l'on se sacrifie. Et il n'y a pas de sacrifice que l'homme d'aujourd'hui ne ces.se ( ... ) frir au futur ... Et memela renonciation que la vie
impose est acceptée au nom du futur, comme si l'on attendait de luí la compensation totale et meme la réssurrection de toutes les espérances mortes ...
Quelle implacable exigence, qui e fait sentir chez chaque homme, que celle
de vivre en vue du futur! Le projet historique, le régime social et politique
qu'on réalisera dans le futur et seulement dans le futur. Et meme la valorisation des ages, l'absolue prééminence de l'enfant qui n'arrive pas encore a
etre un homme, sera la conquete de la meme e..xigence... Le futur se comporte comme une déité qui exige implacablement et sans rassasiement que lw
soit livré le fruit qw va murir, le grain qu'on vient d'obtenir_: cet instant de
calme, la prix d u.ne heure, ce présent qui est le temps propre a la vie en
paix'' (pp. 282-283). Ainsi la lutte contemporaine avec le Dieu inconnu devieot-elle une régression a l'age du acrifice. Sans doute, a toutes les époques,
a-t-on compris le role insigne du sacrifice mais avec certaines limites et dans
un horizon de transcendance et de miséricorde; le propre de nos décennies,
c'est qu' "elle se forgent un clieu qui ne pardonne point, auquel elles pretent
divers masques. comme le futur ou la statolatrie. C'est pourquoi la philosophie
doit reprendre son action libératrice contre ces nouveaux tyrans, véritabl~
dieux inexorables et purpétueUement avides". (p. 283)
elon cette vue, "nostalgie et espérance semblent etre les ressorts ultimes
du cocur humain" ( p. 284) ; ce sont deux directions que notre sentiment originaire de la vie a prises au sein de la dimension temporelle, si b~en que, si
elles se différencient, c'est seu]ement parce que le temps de la con cience les a
séparées l'un de l'autre. Chaeune d'elles nous atteste que, 1~ vie huma~e .est
incomplete, brisée par une faille ou par uno absence. D ou notre asp1ration

81
Hum-6

�a récupérer ce qui nous manque, a retrouver ce passé inconnu

(pasado desco-

nocido) qui nous a été oté. D'ou, a cette fin, l'appel aux mythes, veire aux
utopies. La fonction fabulatrice, dont parle Bergson, s'exerce précisément pour
remplir ce vide; et meme elle ambitionne d'annuler toute carence possible en
l'horome par la suppression du temps et de la contingence, en revant d'un
"homme prirnitif origine!", heureu.x et parfait; telle et la pente naturelle de
la nostaJgie, tandis que celle de l'espérance porte cette dernib-e a rétablir dans
le futur la vie du passé disparu et perdu.
Y a-t-il, a cet égard, priorité de la nostalgie vis-a-vis de l'espérance ou de
l'espérance par rapport a la nostalgie? "Il semble y avoir entre ...e que la
nostalgie dessine et ce que l'espérance propase, une égalité de niveau comme
entre deux vases communicants. Et, entre elles deux, l'abime de la décadence ou
de la "chute", abime d'autant plus profond que plus haute est l'espérance et
plus pedaite l'irnage de la vie perdue" (p. 285). 'Meme si certaines utopies
contemporaines se veulent délibérément athées, elles ne peuvent faire qu'elles
ne baignent daos l'atmosphere diffuse du regret lancinant du Paradie perdu ...
Il reste que la nostaJgi.e ehr itienne - inspirie par la notion de la gloire de
Dieu et par la croyance a notre liberté ( appelée, par son effort de convcrs.ion,
a réaliser déja sur terre la début du Royaune céleste) - difiere beaucoup de
la nostalgíe paienne, revant de l' Age d'Or conune d'une ere ou l'homme était
en pleine possession de ses forces et s'égalait aux dieux:, au sein du Cosmos
qui leur était commun, et se désespérant de son ultérieur délaissement: "l'en
fer du fils qui ne conna1t pas son pere" (p. 288). Au contraire, dans le judéocristianisme, le Paradis terrestre origínel, décrit dans la Genese, est celui d'une
humble créature, filie de Dicu, qui doit obéissance a son Créateur, maís qui,
en échange, peut espérer un bonheur infini et inépuisable, du tout entier a la

Gráce et non

a la

Nature.

Mais, plus profondément encore, dans la nostalgie du Paradis perdu on décele aisément la nostalgie d'etre. "D'etre, non pas comme le résultat d'un
effort et d'un choix; mais d'etre, sur le mode naturel, c'est-a-dire --en termes
humains- d'etre coro.me fils. Etre fils, mais non pas dans la solitude. Le retour
vers Je Pcre est une récuperátion de l'etre origine} et originaire et de la communauté perdue avec toutes les créatw-cs... ; la compréhension parfaite avec
le vivant et avec le non-vivant" (p. 291). L'idéal de l'homme religieux serait
ainsi "l'intimité sans réclusion" (p. 292), l'ubiquité, l'omniscience sans difficulté, la maniere du bonbeur ineffable mais quasi inconscient de J'enfant
encore au berceau ou la fagon de la félicité des Monades leibniziennes, reflétant automatiquement toute la Création. Souveraine liberté et pleine obéissance s'accorderaient alors aisément. Et toutes ces notes de la vie paradisiaque

a

82

a

présupposent, selon María Zambrano, l'abolition de l'hlstoire "de la tache
historique que nous devons réaliser, que nous le voulions ou non' et de l'histoire
déja faite dans laquelle nous trouvons, en vivant: l'histoire née de la liberté
1
et qui vient se constituer en prison comme tout ce que l'homme édifie" (p
293).
.

a

** *

a

y~yons,
~-rinut, de quelle maniere María Zambrano dégage le menage
sto1c1en tel qu i1 émane de Séneque, le penseur cordovan devenu roma.in.
. La, noble figure de _Séneque apparait a María Zambrano slus deux aspects
diametralement opposes; d'une part, c'cst un penseur austere; qui nous réveille
de notre sommeil dogmatique, pour nous former a J'ingrate et virile discipline ~~ la rai~n et de la science_; d'autre part, c'est un incomparable médecin
de 1 ane, qw accommode la raison a notre condition infortunée et meme incurablement malade. . . " éneca pertenece a esta estirpe de antiguos filósofos
que nos trae el amargo despertar de la raz6n que nos sacude de nuestros delirios Y ensueños para hacernos entrar en razón, como el pueblo español dice
todavía. Y sin embargo, si nos acogemos a él es precisamente porque no acaba
de ser como los otros, porque vemos y sentimos en él no sé qué cosa de sua~ Y ~-l~dor" (p. 16). ("Séneque appartient a cette race de philosophes de
I Antiqmté que. nous apporte le réveil amer de la raison: elle-cinous secoue
de nos délires et de. nos songes pour nous faire entrer en raison, comme Je
peuple espagnol le dit encore. Et, cependant, si nous lui réservons bon accueil
c'est pré~ent parce qu'il n'est pas comme les autres, parce que nous voyon:
et nous estrmons en luí un je ne sais quoi de suave et de récbauffant'').
. De !ait, 1'auteur des Lettres a Lucilius n'est ni un pur tbéoricien du cosmos,
msens1ble ~ n~s humbles miseres, ni un savant tacticien de l'action quotidienne
et de la reussite temporelle, a la fa~n de Machiavel. "S'il nous attire c'est
p~rce qu'il appartient a une rare espece d'hommes, a celle des homm~ qui
n ont été fond quelque chose que pour en etre une autre, ces hommes de
nature médiatrice qui, a la fa-;.on d'un pont, se tendent entre notre faiblesse
et quelque chose de bien Join d'elle, quelque chose d'invulnérable dont elle
ressent le b~in" ( "Si nos at~ae, es porque pertenece a una rara especie de
hombres, a esos que no han sido enteramente una cosa sino para ser otra a
ésos de naturaleza mediadora que a manera de un puente se tienden en~re
nuest:a d~~ilidad y algo lejano a ella, algo invulnerable de lo que se siente
neces1~da., p. 17). IJ ne pense pas pour penser ni pour emporter le succes
dans 1'1mp1toyable struggle for life. "Es propiamente un mediador, un mediador por lo pront-o entre la vida y el pensamiento, entre ese alto logos estable-

a

a

83

�cido por la filosofía griega como principio de todas las cosas, y la vida humilde
y menesterosa", ibid. (C'est, a proprement parler, un médiateur; un médiateur, en bref, entre la vie et la pensée, entre ce haut logos établi par la philosophie grecque comme príncipe de toutes choses et la vie humble et nécessiteuse").
Sclon María Zambrano, Rome a l'beure de Séneque se trouvait a la fois a
son apogée et a son pire moment. Les enseignements ascétiques et contemplatifs de Socrate s'avéraient trop éléves pour etre populaires; on les considerait
comme réservés a une petite élite. Au contraire, les rues étaient encombrées de
stoiciens, d'épicuriens, de cyniques et de cyrénaiques, qui avaient préféré imiter la vie frugale de Socrate) plutot que de développer sa dialectique; incitant
les gens au détachement, ils pratiquaient assidument la peche d'ames... Et, a
cet effet, ils s'adressaient a la souffrance humaine, afín de tenter de la guérir
- ou, du moins, de la soulager. On ne pom·ait, en effet, a cette époque¡ rester
sur les sommets vertigineux d'une spéculation glacée et impossible; il fallait
répondre awc innombrables angoisses et a la déréliction de la foule des malheurewc. Ainsi, "Es la filosofía, la razón compadecida de la condición desvalida
de hombre. Es, en cierto modo, la entrada de la misericordia y de la piedad
en la razón antigua'' (p. 21) ("la philosophie est-elle alors la raison compatissant a la condition esseulée de Phomme. Elle est, dans une certaine mesure,
l'entrée de la miséricorde et de la pitié dans la raison antique"). Au su.rplus, il
semble a María Zambrano tout naturel que Séneque, né en Bétique, ait atteint
le lieux, entre tous, dans cet office d'apaisement, toute la maitrise d'un merveilleux thérapeute, qui en arrive meme a faire accepter la mort comme une
échéance fatale et douce ...
A son école, ces philosophes descendus sur la voie publique sur la plaza
mayor, étaient de véritables freres hospitaliers, des guéris ems et thaumaturges
dévoués a la tremblante hwnanité; ils professaient une raison rédemptrice et
curatrice, a l'allure de religion. Meme révisé et enrichi par l'aristotélisme, le
platonisme n'avait putriompher du mal du siecle: la terreur universelle, que
vint encore a faire empirer l'intrusion bien dommageable d'une déconcertante
nouveauté: celle du Pouvoir poli tique et social, qu'incarnait l'Empire; e' est
pourquoi Lucrece exhale alors une mélancolie poignante, en se sentant a la
merci non seulement de la nature, mais encore de l'Etat absolu ¡ coro.me on
était loin des généreuses tentatives de juste République, qu'avait amorcées
sans succes bélas! Platon' en Sicile et ailleurs!
La distinguée philosophe espagnole analyse ce tournant, avec pertinence.
"El alma que se había desprendido de sus religiosas en entrañas y de su ensueño poético para despertar a la realidad, y que transigió con este despertar
84

que le trajo la filosofía a trueque de reducirla a medida, de encauzarla en la
razón, ~e encontrar su orden ... ( .. ) ...Debia ser terriblemente amargo haber
descubierto el orden, la figura de los últimos elementos de la realidad, haberla
hecho transparente, encontrado su medida, su razón, para vivir luego en un
mundo donde el absurdo y el delirio eran 1a realidad diaria. . . (.. ) ...Era el
retoi:no al mundo del rencor y de la venganza" (p. 25). ("L'ame grecque, qui
s•~~t dé~ch~ d~ ,ses en~railles religieuses et de son songe poétique, pour se
re:eiller a ~ re~té, trans1gea avec ce réveil que lui apporta la philosophie au
pnx de sa reduction a la mesure, de sa canalisation dans le lit de la rai.son de
la découverte de son ordre ... ( .. ) .. .11 dut lui etre terriblement amer d'a~oir
trouvé la figure des ultimes éléments de la réalité, d'en avoir trouvé la mesure
c'est a-dire la raison, pour devoir vivre ensuite dans un monde sans raiso~
et sans mesure, ou l'absurde et le délire etainet la réalité quotidienne ... ( .. )
• ..C'etait le retour au monde de la rancoeur et de Ja vengeance").
Beaucoup d'hommes de cette periode de l'Histoire, par un effroyable choc
en retour ( explicable par la loi de double frénésie si lucidement etablie par
Bergson), furent tentés d'abandonner completement la raison et l'équilibre la raison tout court, et pas seulement la haute raison dialectique de Platon et
du Stagirite. Mais, "siendo imposible, tuvieron que acudir a la razón en cierta
medida, a la razón restringida, como mediación y como consuelo" (ibid.)
("comme cela leur fut impossible, ils durent recourir a la raison soumise a une
certaine mesure, a la raison restreinte, comme mediation et comm.e consolation"). Au lieu de la ferme raison aux aretes aigues et nettes de Socrate les
disciples de Séneque se rallierent a une raison plus accommoda.nte celle' des
.
'
avocats; mais cette raison mediatrice elle-meme fut brisée et foulée aux pieds
par les Empereurs de la décadence, totalitaires avant la lettre. "Retronaba el
~tiguo terror, la dependencia absoluta de la suerte humana de otra cosa. La
VIda estaba otra vez más asfixiantemente que nunca, sujeta al temor y a Ja
esperanza" (p. 26) ("L'ancienne terreur revenait, la dépendance absolue du
sort de l'humanité par-rapport a autre chose qu'elle-meme. La vie redevenait,
de fa1,on plus asphyxiante que jamais, sujette a la crainte et a l'espérance").
Comm,ent la raison devait-elle procéder pourd énouer ces nouveaux lieru
qui asservissaient l'homme aux contraintes pesantes du Pouvoir? En nous
amenant, avec doucurr, a !a résignation complete, cette vertu fondamentale
et majeure du Portique. "Mas esta resignación no se nos ofrece dogmáticamente, sino de acuerdo con lo que podríamos llamar su naturaleza, lentaJ
suavemente, por medio de una razón mediadora que apenas se nombra a sí
misma y que si lo hace es para echar de mano del antiguo prestigio. No es una
vida penetrada de razón sino una vida resignada, lo que Séneca nos induce
85

�a seguir. Y sólo en virtud de la resignaci6n la razón llega, pues sólo la raz6n
es quien puede conducirnos a ella. Pues i la razón no nos asistiera, la resignación sería imposible, ceder'ia el lugar a lo que hay en el fondo de antemano,
a lo que fuerza y motiva la resignaci6n, la desesperación" (p. 27). ('-Mais cette
résignation ne s'offre pas a nous dogmatiquement. mais d'accord avec ce que
nous pourrions appeler sa nature, c'est-a-dire lentement: avec douceur, au
moyen d'une relation persuasivc, d'une raison médiatrice, qui se nornme a
peine elle-meme et qui ne le fait qu'afin de rcjeter par avanc son ancien
prestige. Ce n'cst pas ~e vie pénétrée de raison, mais c'est une vie rés.ignée
que Séneque nous induit a sui ~Te. Et c'est seulemcnt par la force de la
résignation que la rai~on arrh·e, car ce n'est que la raion qui peut nous y
conduire. Car si la raion ne nous assistait pas. la résignation serait impossible;
elle cederait la place a ce qu'il y a dans le fond d'avance1 a ce qui force et
motive la résignation, a savoir: Je dés poir").
Une telle résignation n'est d'ailleurs rien d'autre que un retour en arriere,

un mouvemcnt de régression vers une foi ancienne qu'oo avait abandonnée.

0n a renoncé a la grande espérance rationalistc, mais on ne va pas jusqu'a
la désespérance; on reste savammcnt a mi-chemin, en s'accocichant tout simplement la foi d'Héraclite, a l'égard de la stabilité et de la mesure du feu
artiste etdes éléments strictement nombrés par le pythagorisme, qroyance qui
évacuait tout désordre. La raison médiatrice de éneque est cel!e, non d 1un
philosophe promrement dit ni non plus celle d'un mystique, mai celle d'un sage,
c'est - dire d'un intcrmédiaire entre l'intellectuel et le croyant; l'auteur des
Lettres a Lucilus a seulement cherché "el poco de razón necesario para que la
vida pueda sostenel'Se. . . ( ... ) . . . La razón en él tiene un aire como de
viuda que pide lo justo para no morirse de hambre'' (p. 37) ("le peu de
raison indispensable pour que la vic pui se etre supportée. . . ( ... ) ... La
raison, chez lui, a l'air d'une veuve qui demande juste le necesaire pour ne
' pas mourir de faim"). éneque est "un sage sur la défen. ive" ("un sabio a la
defensiva", p. 35) ; il sait que "para cada asunto y circunstancia, existe una
cierta mezcla de raz6n y sinrazón, de ley y desorden. El sabio lo es por el
acierto en parte intrasmisible, por el arte de encontrar este punto de equilibrio,
el punto de la mezcla; como el pueblo español dice todavía, "una de cal y
otra de arena". Es el saber moYerse entre la relatividad sin descanso que es la
vida humana" (p. 38) ("pour chaque entreprise et pour chaque circonstance,
il y a un certain mélaoge de raison et de déraison, de loi et de désordre. Le
sage est sage par l'ádresse qu'il a - en partie, intransmissible - , par l'art
qu'il a de trouver ce otant d'équilibre, le seuil cxactou s'opére le méJauge; comme le peuple espagnol parle encore d'unir 'une parcelle de chaux et une autre
de sable'. Cela consi.sté saYoir se déplacer au sein de la relativité sans repos

a

a

86

qu'est la vie humaine"). Volia ce qu'on appelle "entrer en raison", comme
on entre en chambre, en rcligion, en oraison, en duel, en maticre, etc. ...
"Fidcle a une raison san transcendence, a une raison natureUe" ("fiel a
una razón ,in trascendencia, a una razón natural", p. 61 ) , l'auteur du De
Senectute toumait le dos aux grandes ambitions et aux splendides inquiétudes
des erviteurs du Logos, pour se contenter de "la razón como medida entre
contrarios, la armonía de lo contrarios" (p. 57) ("la raison comme mesure
entre les contra.ires comme hannonie des contrair "); soucieux de réaliser
une vraie musique intérieure, "sabe contar más que con la. fuerza de la razón,
con su armonía" (p. 58) (' il ait compter davantag sur l'harmonie de la
raison que ur la force de cette meme raison"). Ce fut toujours un "oficiante
de la razón mediadora, relativista" (p. 61) ("un offidant de la raison médiatrice, relativiste"), qui cherche diligemment
"mediar entre un irracional
mundo y u puro reino abandonado" ( p. 61) ( "opérer la médiation entre un
monde ifrationnel et le pur royaume d la rnison qui a été délai '"). T'moin
d'un age de tran ition, il ne put sauver grand chose de l'ancienne religion
hellénique, car il manequent da souffie néce aire pour pressentir et accepter
le me sage révolutionnaire t personnaliste du christianisme. Le précepteur de
éron vécut en intellectuel politique, loyal citoyen, mais soucieux de prendre
un peu s distances vis-a-vis d'un Pouvkir oppresseur; il se montra toujours
préoecupé de "someter la hi toria presente a la media raz6n 1 que quiere garantizar a la razón su media vida entre el poder y el estruendo del mundo"
(p. 39) (" oumettre l'histoire présente a la raison moyenne. qui veut garantir
a la raison sa vie moyenne entre Je pouvoir et les íracas du monde"). Et,
fouillant dans l'etiologie 1\faría Zambrano discerne comme cause celte position de repli un "falta de fe en la razón entera" (ibid-) et elle ajoute avec
force: "Porque la razón entera como la ntera verdad, ya no son de este
mundo" (ibid.) ("En effet, la raison entier comme la vérité entirre ne sont
déja plus d ce monde") ... Autrement dit, la raison sénéquiste, placée "entre
une foi qui s'éteint et une autre qui urvient» ("entre una fe que se extingue
a otra qu llega", p. 61), n'a pas u d'autre ressource que de faire retraite
et d'elaborer une sagcsse de compromis; 11 n'a pas eu assez de souffle ni
d'inspiration pour embrass r la cause intéb,rale de l'e prit et du vrai; son méritn'en de demeure pas moins indéniable, puis qu'elle a su aider les hommes
de la fin d'un mond
passer le cap de l'ag nouveau et porter dignement
le poid de leur miscre ontologique ...

a

a

a

a

II vaut également la peine enfin d'etudier maintenant commen María
Zambrano cherche la structur du Temp , au ein de la vie hurnaine · ses dons
d'anlyste 'y révclent bien :(emarquab)es. Le point de départ de cette investi-

87

�a
a

gation est,
ses yeux, l'etude de nos songes, dans une perspective d'ailleurs
étrangere
la psychanalyse et plutót apparentée
la phénoménologie; c'est,
de nouveau, a la réflexion instrospective, de dimensions et d'horizons pleinement métaphysiques, qu'elJe s'adreqse ici, dans le cadre d'une philosophie
axée sur toutes les transcendances, rnais particulierement qur la transcendance
religieuse.

a

Déja ce probleme tourmentait l'auteur, de Hacia un saber sobre el alma (1950), daos un chapitre intitulé "Apuntes sobre el tiempo y la poesía" (pp. 32-35), ou elle observait fort justement: "Y en la vida humana, lo
decisivo es el tiempo. Mas, el tiempo en que vivimos parece ser ya el producto
de una escisión. De ahí el irresistible afán, nacido de la nostalgia de ese tiempo
perdido, que si en algún arte se refleja es en la poesía, pues ella parece
procurar su posible resurrección, dentro de ese tiempo de decadencia" (p. 32)
( "Et clans la vie humaine, ce qu'il y a de décisif, c'est le temps. Bien plus, le
temps, dans lequel nous vivens nous semble etre le produit d'une seission.
D'ou l'irrésistible souci, né de la nostalgie de ce temps perdu, qui, s'il se reflete
dans un art, se reflete par excellence dans la poésie, ear cettc demiere parait
accomplir la résurrection possible de re temps perdu, au sein de ce temps
tombé en décadence"). Au-dela de la durée spatiale quoticlienne, qui s'écoule
tout au long de notre vivre social, rythmé par le battement réguüer et anonyme
des horloges, nous nous reportons, avec un mélancolique regret, vers la durée
pure et essentielle dont parle Bergson, d'étoffe concrete et spirituelle, qui
échappe au phlaaria qu'é..-oquaient lew Grees ce "bavardage journalier" de
1 on ("das Man") que décrit Heidegger.

a

a

La question est reprise et traitée beaucoup plus
fond - queique sans
amiitionner e.icplicitement l'exhaustivité - dans El sueño creador ( 19-65). lci,
le temps est considéré com.me Je médiateur privilégié, qui rapproche le réel
infini et notre petite personne. "El tiempo es la relatividad mediadora entre dos
absolutos: el absoluto del ser cuanto tal, según al hombre se le aparece, y el
absoluto de su propio ser tal como inex.orablemente él lo pretende" (p. 25)
( "Le temps est la relativité médiatrice entre deme absolus: l'absolu de l'etre en
tant que tel, la fa~on dont iJ apparait l'homme, et l'absolu de l'etre propre
de l'homme individue!, tel qu'il le veut iexeorablement") . Entre ces deux
niveaux, la seule communication qui puisse nous etre ménagée, c'est le temps,
unique chemin au travers de l'inaccessible et altier absolu.

a

a

Mais selon María Zambrano, ce chemin comme tout chemin, cmprunte
nécessairement quelque chose au territoire qu'il percourt: "realidad mediadora entre todas conserva algo y evita algo del lugar en que se abre. Su
funci6n es conducir algo o alguien que sin él no hallará posibilidad de existen-

88

cia; algo o alguien que ineludiblemente se encuentra en un lugar donde no
puede instalarse" (ibid.J ("réalité médiatrice entre toutes, il conserve quelque
chose et il évite quelque chose du lieu dans Jaquel il se fraye. Sa fonction est
de conduire quelque chose ou quelqu'un qui, sans luí, retrouverait pas de
possibilité d'existence: quelque chose ou quelq'un qui, de fac~on inéluctable,
se trouve dans un lieu ou il ne peut pas s'installer"). La route originale que
constitue le Temps héritc done de ses rives-ou, si l'on préfere, de ses bas-c6tés
- tout un ensemble de caracteres bien spécifiques, hic et nunc, qui tous se
résument dans le tenne d' "humanité". Le réquisit le plus typique et indispensable de ce concept est la liberté. Alors que, dans l'atemporalité, l'homme
est encare passif et aliéné dans l'atemporalité il accede au plan de l'action et,
des lors, a la liberté et a la responsabilité. "El tiempo, pues, constituye la
posibilidad de vivir humanamente, de vivir. Ya que el vivir no es lo mismo
que la vida. La vida es dada, más es un don que exige de quien la recibe
vivirla, y al hombre en una especial manera" (p. 26) ("Le temps done constitue la possibilité de vivre humaniement, de vivre. En effet, le vivre n'est pas
la meme chose que la vie. La vie est donnée, mais c'est un don qui exige de
celui qui la re~oit de la vivre, et plus spécialement de l'homme").
La philosophe espagnole invoque alors le haut témoignage de José Ortega y
Gasset, montrant comment la vie n'est pas donnée a l'homme toute faite,
tandis qu'elle est donnée toute faite aux végétaux et aux animaux; notre vie
est tout entiere faire; c'est une tache ("quehacer"), une immense aventure
que nous réussirons plus ou moins convenablement. . . "Vivir humanamente
es una acción y no un simple deslizarse en la vida y por ella. Es lo que según
Ortega y Gasset distingue al hombre de los demás seres vivos que conocemos.
El hombre ha de hacerse su propia vida a diferencia de la planta y del animal
que la encuentran ya hecha y que sólo tienen que deslizar.;e por ella, al modo
de como el astro recorre su órbita -dormido- dice" (p. 26) ("Vivre humaiiement est une action et non pas un simple glissement dans la vie et travers
elle. C'est ce qui, selon Ortega y Gasset, distingue l'homme des etres vivants
que nous connaissons. L'homme doit se faire sa propre vie, la dif férence de
la plante et de l'nanimal qui la trouvent déja toute faite et qui ont seulement
a se glisser dans son sein, a la fa~on dont l'astre parcourt son orbite - endormi,
pour ainsi dire").

a

a

a

Le paradoxe consiste, précisémeng, en ce que, alors que l'homme est littéralement condamné choisir et a créer sa vie personnelle, dans l'incertitude et
ses risques et périls, en tra9ant son iter vitae, il éprouve, tout l'inverse, la nostalgie de l'odre im.muable et fixé a priori, seul satisfaisant pour un esprit affamé de raison et d'harmonie; il drajt n'avoir qu'a suivre sagement un périple

a

a

a

89

�bien net un chemin poblement déterm.iné et qui lui serait imposé sans répliq~e.
"La órbita es representación y símbolo del orden perfecto', (ibid.) ("L'orbLte
la rcprésentation et le symbole de l,ordre parfait'').
María Zambrano s'attardde délicatement a considérer cette ambig~ité ~e
notre condition humaine, vouée a l'improvisation perpétuel le ea la dissymetrie ou a la discontinuité, mais aspirant contradic toirement a _eouser le b~llet
iropeccablement réglé du cosmos. "Vivir describiendo un~ 6r~1ta _es una unagen ambivalente: infernal por lo que de movimi~nto sm ~ u~e, ~o~ ~a
falta de lugar propio que significa. Imagen de un tiempo vac10, sm_ pnnc1p1~
ni fin, de un tiempo absolutizado; desprovisto pues de trascen?e~cia. Mas si
la órbita se describe creándola, danzando en corro, que ello sera Siempre dan1.a aunque parezca sólo andar, entonce ~ imagen. de la .~d~ _es es~d~ puro,
de la vida bienaventurada, obediente y hbre a un tiempo (tbid.) ( ¡1vre en
décrivant une orbite est une irnage ambivalente: infemale par ce qu elle a de
mouvement sans fin, par le manque de lieu propre qu'elle ~~ifi~. Im.age d'un
temps vide, sans commencement ni fin, d'un temps absoluuse; depourvu done
de transcendance. Mais si l'orbite se décrit en la créant, en dansant en cercle
car se sera toujours la Wle danse, bien que cela paraisse seulement une marche,
alors cette image sera celle de la vie a l'état pur; de la vie bien heureuse,
obéissante et libre

a la fois").

11 y a en nous, en effet, comme un archétype secret,_ qui nous pousse a
l'imitation de "l'astre endormi" (p. 27) ("el astro donnido"); et1 pourtant,
le propre de la yocation humaine, c'est précisément d; ne p~s :ourner en
rond ou en eJlipse sur nous-meme, fussions-nous plon~es ~ la hm1te ~an~ le
charmant sommeil de La Betle
bois dormant - roais bien de nos re~e_iller
et de nous dress er tout debout, en nous consacrant a notre besogne spécil1que
qui nous est proposée, mais non pas ~posée. ~: ~orp~ si~ér~, la plante et la
bete n'ont qu'a obéir a l'impulsion q~1 le;1r a cte
1h?~e, au_ contraire, est appelé a se commander hu-meme et_ª. s ~v~der _de. etro1t et inh~main nécessitarisme ou détenninisme intégral ou il etatt prumtivemcnt plonge,
pour sortir au grand large et pour poser de véritables act~, po~nt le ~c~au
authentique du libre-arbitre. "Y así aparece que, en la vida, ~entras qmen
quiera que sea, por alejado que esté del astro, solamente se d~sfü:a,. duenne y
sueña al hombre le está exigido despertar. ti, el astro, es solo cnatura que
obed:ce, pensamiento de la creación, manifestación. d~ ser, figura, eidos. Si
viviera O si vive, se soñará a si mismo en el espacio-tiempo que lo alberga.
y la ¿lanta, que tiene ya que hacer algo, pero siempre _en obedien~, se
soñara a sí misma en el cumplimiento de su forma; obedeciendo y aun identificándose con su sueño. Tiene ya, como todo lo vivo, un tiempo propio;

ª"

m:rnmee:

90

!

ese tiempo propio de la vida que en el animal se ha~e más ostensible a causa
del movimiento de traslación. Y se diría, es una simple observación&gt; que algunos animales por momentos estén a punto de ir a romper su sueño, lo que es
tanto como decir de ir a romper su ser recibido. Y en cuanto al hombre, recibe
también su vida, sin duda. Pero recibe con ella un ser. Un ser que se le presenta como absoluto, en un modo extraño. Pu que siendo éste su ser recibido,
y sintiéndolo él como absoluto, se lo encuentra a su cargo." (ibid.) ("Et ainsi
il apparait que, dans la vie, tandis que qui que cesoit, pour éloigné qu'il soit
de l'astre, se borne a se glisser, aadormir et a songer, íl est exige de l'homme de
se réveiller. L'astre, quant a lui, est seulement une créature qui obéit, pensée
de la création, manifestation de l'etre, figure, eidos? S'il vivait ou s'il vit, il se
songerait lui-meme dans l'espace-temps qui l'héberge. Et la plante, qui a déja
a quelque chose, mais toujours dans l'obéissance, se severa elle-meme dansl'accomplissement de sa forme, en obéissant et meme en s&gt;identifiant avec son
reve. Elle a déja, comme tout vivant, un temps propre; ce temps propre de la
vie qui dans "animal se f ait plus ostensible a cause du mouvement de déplacement. Et l'on dirait, c'est simple observation, que certains animaux sont, par
moments, sur le point de se mettre a rompre leur reve; ce qui revient a dire
qu'lcs sont sur le point de se mettre a rompre l'etre qu'ils ont re~u, en ce qui
concerne l'homme, il re~oit aussi sa vie, sans nul doute. Mais il rec;oit avec elle
un ctre. Un ctre qui se présente a lui comme absolu, d'une étrange fac;on.
Car, alors que cet etre est r~u polui et alors qu'il le ressent comme absolu,
ce.t etre se trouve a charge".
En effet, l'homme ne rec;oit pas tout simplement que son existence; selon
María Zambrano, il re~oit encore, enveloppé avec elle, son etre. Ce demier lui
apparait tout d'abord comme quelque chose d'étranger et d'étrange1 dont il
voudrait bien se débarrasser." "al suceder]e así, llega en ocasiones hasta a
negar su ser recibido, tal como se le presenta el modo inmediato" (p. 28).
("Et comme les choses se présentent a lui de cette sorte, il en arrive, a l'occasion, jusqu'a nier son etre rec;u comme tel que le lui presente le mode immécliat
sous lequel il l'appréhende"). Cette négation peul meme, parfois, atteindre un
paroxysme nihiliste extremement destructeur; au nom de ce cadeau empoisonné
que semble etre tro souvent notre liberté! lorsqu'elle est mal comprise et lorsqu'elle nous enivre sottement, sous le coup de l'orgueil. "Llega a negar su
ser de criatura desafiándolo desde la libertad, en tantas formas de suicidio en
que usa de la libertad en tanto que fatalidad" (ibid.). ("L'homme en arrive
1
meme a nier son etre de créature en le défiant a partir de la liberté, sous toutes
les fonnes de suicide dont use la liberté en tant que fatalité"). Quelque fois,
l'homme s'engage dans une autre voie et cherche a annuler, par l'ascétis me,
cet ctre qu'il a r~u; il lui refuse alors ses manifestations les plus immédiates,
91

�"tratándolo como si fuera un sueño que entre todos arrastramos a partir de
un error original. Un sueño del que hay que despertar enteramente." (ibid.)
{"En Je traitant comme si c'était un songe, un songe de l'individu ou un songe que nous trainons panni nous tous,
partir d'une faute originelle. Un
songe dont il nous faut enticrement nous réveiller"). II se produit aussi, dam
certains cas, le phénomene inverse; on s'abandonne au songe, 11en la más completa posible pasividad, renunciando a ser su vía" (ibid.). ("Dans la passivité
la plus complete possib!e, en renon~ant a etre sa voie").

a

La philosopbe espagnole s'interroge surc et etre énigmatique de l'homme,
qui, au lieu de s'imposer, se découvre peu
peu nos regards interdits, de
fa~on discontinue et fragmentaire, par une connaissance qui reste toujoursseulement approchée - et nullement stricte ou exacte. A ses yeux, cette approximation toujours imparfaite, nous permet justement d'agir, c'est-a-dire d'agir
véritablement, en décollant de notre etre propre, en le transcendant et en nous
transcendant nous-meme avec lui ...

a

a

a

Que! est ainsi le contenu de notre songe initial, cette torpea laquelle nous
avons a nous arracher progressivement? C'est celui du pur phénomene, "ausencia de poros, de espacio y de tiempo, y por tanto de movimiento, aunque
el movimiento sea percibido. Porque este movimiento es de un extraño género,
es paradójicamente la inmovilidad de un movimiento. Propiamente el ser de
un movimiento o el movimiento en estado de ser" (p. 37) ("Absence de pares,
d'espace et de temp.s, et pour autant, de mouvement, bien que le mouvement
soit p~u. Ce mouvement, en effet, est d'un genre étrange; c'est pardoxalement
l'immobité d'un mouvcment. A proprernent parler, l'etre d'un mouvemen:t ou
le mouvement en état d'etre"). Dans une telle situation, Achille ne rattrapera
jamais la cortue, et la fleche n'atteindra jamais la cible. C'est "el ser de un
estar" (p. 38) ("Pctre d'un exister''). D'ou l'ex gence métaphysique du mouvement. Precisément, "les songes sont les phantasmes de l'etre et les matérialisations d'un mouvement. N'oublions pas que l'etre de Parménide est, la fois,
idéal et matériel" {"son los sueños, pues, fantasmas del ser y materializaciones
de un movimiento. No se olvide que el ser de Parménides es ideal y material
UD.idamente", ibid.).

a

Toutefois, les songes sont classées par María Zambrano comme relevant
de deux sortes. Il y a 1 d'une part, les sueños de deseo (p. 39) ("songes de
désir'') impersonnels, exprimant seulement la psychée, issu.s de l'o,exis, asservis
la temporalité et nous livrant totalement la passivité; nous ne pouvons en
aucune maniere intervenir dans leur dérbuJement et nous sommes condamnés
a rester d~'llllt eux. comme de misérables spectatcurs impuissants. Mais il y a,
d'autre part, les sueños de la persona (ibid.J ("songes de la personne") ; libé-

a

92

a

a

rateurs, ils nous invitent toujours l'action (cl. ibid.) ; ici, le temps surgit et
nous foumit un levier admirablement adapté pour nos initiatives créatrices
- ou co-créatices, si )'in préfere, dans le cas ou l'on opte pour une perspective
de colJaboration et d'émulation pacifique avec la Déité. Avec de tels songes de la personne la liberté - initialement pouvoir purement abstrait - va
devenir concrete; ce sont des sueños de finalidad (ibid.), des songe de finalité".
Alors que les songes de désir étaient étrangers au sujet, au moi profond, et
se présentaient comme des masques ( d. les sueños de obstáculo, ibid., songes
d'obstacle), les songes de le personne nous découvrent cla.irement des buts
nou.s proposer de réaliser, qui sont susceptibles de transformer et de rénover
notre persono a radice. C'est chez eux que se profile tres distinctement cette
dimensioo inédite qu'est le Temps, qui littéralement procure notre personne
son "argumento" (p. 43) • son "argument'', sa trame. "A tiempo es l.!! a priori
-la forma- de este argumentarse de la vida humana, de sustancializarse más
aún que de su realizarse. La vida sustantiva más que se realiza. La realidad
es como el tiempo y, con él un medio, un paso" (ibid.) ("Le Temps est
l'a priori - la forme - de cette fa~on qu'a la vie de s'argumenter, de se
susbtantialiser plus encore que de se réali.ser. La vie se sustialise, plus qu'elle
ne se réalise. La réalité est comme le temps et avec lui, elle est un mayen, un
passage"). María Zambrano analyse de main de maitre ces songes de la psychée comme ceux de la personne (d. pp. 51-60).

a

a

Avant l'écoulement si caractérisyique du temps, les songes apparaissent comme insolites, comme provenant d'une autre région - plus ou mains .infraterrcstre ou supratrerrestre - et ils semblent ne pas faire partie de la vie. Quand
Je flux du Temps éclate en case.acle a nos prises, aloB le cote périssable et
transitoire de toutes ch.oses se révele a nous; mais avec la mort, prochaine ou
lointaine, se révele aussi l'au-dela, l'idée d'un futur saru fin ni borne, au-dela
du simple avenir. En outre, le Temps nous immerge daos la succession des
événements ()"acontecer") - entre la nais.~ance e't la mort, il ·e passe tant
de choses ! ll s'agit, en l'ocurrence, d'un complexe "argument'', canevas sur
lequel est batie notre vie; il est assurément sous-tendu par l'inconscient collectic (comme l'a vu Jung) et suspendu au Destin, "qui est la contre-épreuve
de la transcendance de la personne" (' la contraprueba de la trascendencia de
la persona", p. 47): d'ou l'aspect tragique de la vie de chaque personne,
dont "la fonction figurative" (función figurativa", p. 47) est la note prédominante.

a

La rapide esquisse que je viens de bros er suffit, je crois,
démontrer le
haut niveau culturel et le sur talent philosophique de Madame María Zam.
brano. Daos les vistes que je lui aifortcs, a Rome ( en 1964) et a Geneve (en
93

�1966), j'ai pu préciser plusieurs point de sa complexe et riche pensée, ainsi
que véifier son ocientation, qui a quelque chose de Simone Weil et de Jean
Baruzi, tout a la fois. Elle me semble incamer le meilleur du génée espagnol,
ceh.ri par exemple de la vieille cité de Ségovia, qu'elle a analysé et célébré avec
tant d'amour et qu'elle a défini par un don tout spécial de parole secrete et
tout intérieure". On serait tenté de croire, écrit-eíle ("Un lugar de la palabra.
Segovia", article paru dans Papeles de Son Armadans, mai 1964, recueilli
dans España, sueño y verdad, 1964, p. 215), que tout langage est une révélation ou une manifestation spécifique de l'etre; et qu'il y a des choses qui ne
peuvent etre dites avec justesse que dans une langue détenninée et dans nulle
autre. Et qu'avec cela, le langage marque le destin d'un peuplenque la langue
soit déja le destin" ("Se estaría tentado de creer que todo lenguaje sea una
específica revelación o manifestación del ser. Y que haya cosas que sólo puedan
decirse con justeza en una determinada lengua y en ninguna otra. Y que con
ello el lenguaje marque el destino de un pueblo; que el lenguaje sea ya el
destino") ... TI me semble, en virétté, que riene saurait mieu.'&lt; s'appliquer
Maria Zambrano que cette observation si valable a propos de l'antique cité
castillane ou elle a vécu sa jeunesse. Les notations de la grande philosopbe
espagnole sont, elles aussi, exprimées dans une langue admirable et clas.5ique,
a la hauteur de leur sagesse intrinseque et de leur pertinence dialectique.
Ecoutons avec attention cette voix inspirée, ce savoir intimiste qui nou instruit
si profondément du mystere de nos ames, comme l'une des ces quías spirituelles de la vieille Espagne, auxquelles Maria Zambrano a consacré des pages
inoubliables...

O

1

SOME SYSTEMS OF AESTHETIC CATEGORIES

Paon.. Da.

EvANOH.&amp;Los

A.

MoUTsOPOULOa

Universidad de Atenas.

If

a

l. an object in general is what constitutcs for the human consciousness
an exterior a.im of reference,

and 2. an aesthetic object, natural or artistic, is wbat may effect an aesthetic
emotion.
and 3. an aesthetic object can receive, beyond any emotional appreciation,
a rational appreciation and the attribution of meaning and of value
such that the intentionality of human consciousness is objcctified,
then,

the elucidation of a whole axiology of the aesthetic object is possible.

Tms ELUCIDATION of aesthetic objects is made through categories, i.e., through
very general classes of appreciative notions. These general classes of notions
are of the type Plato speaks of in the Sophist as the highest genera or kinds

( megista gené).
For Aristotle, categories denote properties of being. Aristotle distinguishes
ten such categories: substance, quantity, quality, place, time, activity, passivity,
etc. Attempts have been made from time to time to reduce these ten categories,
and the most successful attempt seems to have been that of the edecticists of
the 19th century. They condensed the ten Aristotelian categories into five:
substance, form, the relation holding between theme two, and time and space.

In opposition to the categories of Aristotle, which are ontological, those of
Kant are mainly epistemological. Tuey are not attributes of beings any more,
but the very tools of the mind which enable it to organize in its way the
world whicb is initially presented to the understanding as completely disorganized. For Kant, a category is a general, fundamental notion of the under94

95

�standing which is independent of language, innate to the mind, and !O general
that it cannot be generalized further through submission under another notion. We then say that such categories are non-reducible.
However, Kant thinks that it is possible to divide the twelve categories of
the mind into four classes: that of quantity, quality, relation and modality.
In this he more or less follows Aristotle. But the connection between the two
philosophers stops here. Space and time are, for Kant, no longer attributes of
being, but a priori forros of sensibility. Through them, as well as through the
main categories, we are able to organize the world which othen'\'ise appears
to us as confused reality.
Aesthetic categories have the following characteristics:
a) Thcy have a double nature. They are if not ontological, at least existential, because they are parts of the nature of the aesthetic beings they
qualify. And they are epístemological, because it is through them that the
aesthetic reason appreciates and evaluates the aesthetical objects. In other words,

tegories, for instance. Jsonomic tendencies are evident in conceptions in which
no general cla$e5 of categories are considered and where all categories claim
the same equal axiological prerogatives.
One may on a qualitative basis distinguish binary, ternary and polymeric,
or man-yfold systems of categories. Again, one may, on a qualitative basis,
distinguish polarized or centralized systems of categories. Besides, other mixed
systems are eventually possible.

Kant, after Burke, elaborates a rather naive polarized system whose two
constituent notions are the beautiful and the sublime. Like Kant, Schopenhauer
proposes another binary systems, based upon the opposition between the beautiful and the pretty, and Victor Hugo a similar system based upon the opposition between the sublime and the grotesque.
Charles Lalo has tried to work out a temary system by combining nine
categories, each of which exhibits certain dynamic tendencies. In effect, the
nine categories mentioned are grouped in three classes and at the same time
fonn three dynamic curves:

aesthetic categories denote the aestheticity of the object, as well as the noetic
and aesthetic disposition of understanding.

/

b) In spite of their generality, they are indefinite in number. One may even
say that their combination leads to a variety of aspects which are as numerous
as the aesthetic objects themse)ves.

beautiful

Aesthetic categories are numerous nuances which, because of their number,
tend to lose their categorical importance when they become mere splinters of
the evaluative effort. This is why philosophers have tried to formulate secure
systems of aesthetic categories. Such systems are attempts to concíliate the
hierarchic and isonomic demands at a certain leve1 of aesthetic consideration.
Hierarchic tendencies are evident in Kant's distinct:ion of four classes of ca-

96

tragic
dramatic

e) They may be so arranged as to form axiological levels. This does not
mean to say that sorne of them are more general than others, but only that the
aesthetic objets to which they are applied occur more frequently. Their importance is, so to say, an empirical one.
d) All ae thetic categories refer to the bcautifu1, not because they can be
subsumed under it, but because the beautiful is, in a war, present in every
aesthetic object, even negatively. In aesthetics, every appreciative effort presupposes the evaluation of beauty. In effect, the beautiful undedies every
particular aesthetic category. One may even assert that it emerges .itroboscopically from the mixture of all the other categories. The beautiful becomes
the criterion par excellence in aesthetics, a critcrion of aesthetic satisfaction.

~//

/

sublime

magnificent ~

witty

gracious
comic
bumorous
The first goup comprizes "possessed" categories. The second, "sought" categories. And the third, ''lost" categories. Such an "axial" system admits some
critical observations:

l. lt
2. It
of
3. lt

has an intensely moral character.
is exclusive and schematic. How can categories as those of idyllic,
poetic, of satiric, etc., be incorporated into it?
is a closed system.

Unlike Lalo's system, the liberal aesthetic of Etienne Souriau pretends to
Iead to 1) a conception of isonomy between aesthetic categories, and 2) to a

97
Hwn-7

�centered conception of categories. Souriau distinguishes two scales of categories, one descending and one ascending whicb he arranges circulary in what
he calls "the wheel of aesthetic categories". One will observe again the existence
oí dynamic curve , as in Lalo's S}' tem, even if these curves suggest a different
aspect These dynamic cun·e have nothing to do with the circular shape
Souriau . eems to attribute to hi system. They do not procced f rom its graphic
figure, but they are inherent to its very conception:
a) beautiiul, noble, magnificent, sublime, pathetic, lyric, heroic, tragic,
dramatic, melodramatic, cal'icatural, grotesque.
b) Grotesque, satiric, ironic, comí gay, strange, picturesque, pretty, gracious, poetic, idyllic, elegiac, beautiful.
These categorics are supposed to be the most írcquently used in aesth tic.
Souriau' scheme eem to present the ad\'antage oí permitting, tbeoretically
at least, any other category to be incorporated into it. lts structure is claimed
to be circular but it is f undamentally axial, underlined by the existence of tbe
two special curves denoting a polarity between the beautiful and tbe grotesque.
In fact, Souriau's scheme necessaríly takes the shape of a convex lens not that
of a wheel. It is basically a binary system, similar to those of Kant (beautifulsublime) and of Victor Hugo (sublime-grotesque), or, more precisely, it is a
combination of these two ystems, and suggests a variation of an elcment of
La)o's temary S)'Stem ( e.g. beautiful-sublime-witty) , since it retains the characteristic of dynamic cun:es (in fact, one cannot even exclude that it retains
to a certain extent the moral aspect of Lalo's conception, prccisely because of
the opposition of its two curves) . These dynamic curves make impossible any
real isonomy between categori , contrary to what Souriau clairos. The negative
replica of the curve "beautiful-sublime-grotesque" is the curve "grotesquepretty-beautiíul" which rcunites the axial scheme "beautiful-pretty'' of Scho-

t Tl~e c~~thus defi~c~ are mcrely interpolated by means o{ the other ca~nes .. u cnnore, it is not clcar from ouriau's thesis whethe
t
.,
like gracious
· 1 •
r ca egon
. .
' poeuc, ync, etc. belong only to one curve or to both Th
d1fficulty
mak it . O . ary to reconSlder
•
•
e
.
whether the whole conception
of
ounau can be mamtamed on a very different basi .
· · 1e oí isonomy, a sy tem of
, To
th be
. cirrular'. and above ali to save tb e pnnc1p
abea ebc
categones
has
to
be
nec~ily
cent--..1
d th e category of the
if ¡ h'
•
,;u:u aroun
ut u w ic.h IS supposed to fil) the whole shape tbus defined
d .
way, to ~ e as its foundation. Therefore the . hape has to be '
,
asl to cons1st
of
concentric
circles
which.
define
circul"r
.
cliso
~n
erst_
f
,
.. zones m catmg vanous

~

:t::

i::

\ ass~ 0 d c::~nes. A great number of categori belong to more that onc
15 ~
\~arrant of their i~nomy) will overlap with other zones
1
, e asses. n this way, a more sabsfactory topological rcpartition of the
~tegothnes. can be constructed which would be more accurat to the natur
o aes ettc categori and their mutual rclations.1

ª

penhauer.
TABLE OP CONCORDANCE AND COM.BlNATIO

,,
Kant

sublime
beautiful

Schopenhauer

V. Hugo
sublime

beautifu1
pretty

Ch. Lalo

sublime
beautiíul

E. Souriau
sublime
beautiiul
pretty

witty
grotesque

98

OF SY nMS OF CATF.OORlE

grotesque

• Cf. MouTsOPovi.os, E., A11sthe1ic categories An
the arsthttic objeet, thens, 1971.
.
introdvction to th, oxioloty Qf

99

�LA EVOLUCIÓN SEGÚN AUROBINDO Y TEILHARD
ls.11.UL QUIU11, s. l.
Director del Centro Latinoamericano de
Investigaciones Comparadas sobre Oñente
7 Occidente.
Univen:idad del Salvador
(Humos Aires).

l. Dos

PENSADORES DESCONECTADOS Y COINCIDENTES

AuaoBINDO Y TEILB'ARD 1 fueron ciertamente contemporáneos en ru vida

y
escritos, pues llenaron la primera mitad del siglo XX: Aurobindo ( 1872 a
1950); Teilhard (1833-1955). Sin embargo, vivieron y trabajaron en ambientes tan diferentes que no parecían llamados a coincidir en una visión del hombre y del universo.
1) En primer lugar, no hubo ningún contacto personal entre ellos. Tampoco encontramos referencia alguna en los escritos del uno sobre otro.

t to no es de maravillar. Teilhard no parece haber conocidos los escritos de
Aurobindo. Es cierto que Teilhard sintió poca inclinación hacia las culturas
orientales. Nunca estudió en serio las fuentes y sólo poseía una cultura general
sobre el Oriente. Además, miraba siempre con cierta desconfianza las religiones
• Entre la abundante bibliografía sobre Aurobindo y Tcilhard citemos a titulo de
ejemplos: R. Sailley, Sri A.u,obindo ph,1osophe du yoga integral, Ed. Maisonneuve,
Parls 1970, H. de Lu.bac, El pensamiineo rtligioso d, Teilhard de Chardin, Ed. Taurus,
Madrid, 1967; E. Oolomer, Hombre y Dios al nrcuentro. Antropología y Teología en
Tcilhard de Chardin, Ed. Herder, Barcelona, 1974. l. Quilea, El pensamientop de Teilhard de Chardin (El Cosmos, tl Hombre y Dios), Ed. TEA, BuenoJ Aitt.s, 1975. Como
estudios comparativos: A. Monestier, T,ilhard tt Sri .Aurobindo (Camets Teilhard),
Ed. Univenitai.res, París, 1963; R. C. Zaehner, Euolution in rtligion (A study in Sri
Aurobindo and Pierre Teilhard de Chardin}, Clarendon Press, Oxiord, 1971.

101

�y místicas orientales. Las referencias a ellas en sus escritos son relativamente
pocas y en general negativas. e Y eso que tuvo oportunidad de conocerlas y
estuvo en contacto vital con ellas en los muchos años que pas6 en Asia. Pero
nunca le interes6 a fondo la cultura oriental.

Aurobindo, por su parte, tampoco conoció a Teilhard ni leyó sus escritos.s
Entre otras razones, porque las obras de Teilhard se publicaron casi todas
después de la muerte de éste. Como es sabido, tanto los superiores de la Compañía de Jesús, como la Curia romana, fueron poniendo dificultades a Teilhard para la publicación de sus ese.ritos, porque algunas de sus ideas y muchas
de sus fórmulas eran, por lo menos, ambiguas para la ortodoxia cat6Iica.11

2) Aurobindo pasó su niñez y juventud en Inglaterra, pero el resto de su
vida, desde los veinte años, lo pasó en la India y casi siempre encerrado en su
Ashram de Pondichery.
Teilhard viajó por varios continentes en misiones científicas: Europa, Asia,
África, América; pasó muchos años en China y trabajó en Asia e Indonesia.
También realizó algunos trabajos en el norte y centro de la India, pero su
contacto con la cultura india fue muy escaso.
3) Aurobindo concibió y realizó su vida y u obra, su acción y sus escritos
dentro de la tradición del hinduismo que le sirvió de inspiración y fundamento.

Teilhard fue un científico y un pensador típicamente occidental, europeo y
francés; y siempre se matuvo dentro de la tradición del cristianismo, que trató
de e:i...-presar en su pensamiento.
• Son notables Las criticas que Tei!haid ha hecho al pensamiento y a la mística
oriental, especialmente por su pasividad y panteísmo. Frente al Oriente él señala como
superior y más fecunda "la ruta de Occidente". Ver, por ej., El cristianismo en el
mundo en "Ciencia y Cristo". Taurus, 1968, pp. 128-129. También su respuesta a
algunas observaciones del P. de Lubac en Carras Intimas de Teilhard de Chardin, Carta
64, texto y nota 8. Ed. DDB, Bilbao, 1974, pp. 298-300.
Entre muchas referencias negativas, hemos hallado hasta ahora un trabajo positivo
sobre el Extremo Oriente. L'Apport spirituel de l'Extrem&lt;J-Orienl. "Journal for Jcwish
Thought", October, 1950, París. Reproducido por ''Monumcnta _'iponica", vol. XII,
1956, pp. 1-11. Ver la breve referencia a esta importante comun.icaci6n en G. MagloireH. Cuypers, Teilhard de Chardin, Ed. Universitaires, París, 1964, p. 59.
1 Las tentativu infructuosas de algunos amigos comunCJ para dar a conocer a
Aurobindo los escritos de Teilhard y a éste los de aquél pueden verse en la obra
citada de A. Monestier, Teilhard d Sri Aurobindo, p. 51-52.
• Una información y e\.-aluación precisa de este delicado problema nos la ofrece un
autorizado teólogo y amigo wnfidentc de Tcilhard, Mgr. B. de Solage , en su obra
Teilhard de Chardin, E. Privat, París. 1967, pp. 41-57.

102

Nada pues parecía favorecer la ooincidencia de pensamiento de ambos
autores.
A pesar de estas circunstancias tan desfavorables, puede decirse que existió
entre Aurobindo y Teilhard un paralelismo sorprendente de pensamiento,
como tal vez no se en.cuentre entre dos autores en toda la primera mitad del
siglo XX.
1) En primer lugar, los escritos fundamentales de ambos coincidieron en
las cuatro décadas que van de 1910 a 1950. Ambos siguieron en todo las
alternativas de la cultura y la técnica en su tiempo, las dos guerras mundiales
y los nuevos regímenes políticos y sociales que surgieron de la primera guerra
mundial: comunismo, fascismo, nacional socialismo. Ambos tuvieron reacciones bastante coincidentes respecto de estos regímenes.
2) Uno y otro quiso mantenerse fiel a sus tradiciones respectivas de Oriente
y Occidente, del hinduismo y del cristianismo. Ambos fueron tachados como
heterodoxos por las autoridades y sabios de sus respectivas religiones.

3) Los dos recurrieron a los escritos sagrados de su tradición religiosa, procurando justificar sus novedades que, según ellos, se insertaban en lo más auténtico y originario de sus propias religiones. Aurobindo se esforzó por ofrecer
una nueva reinterpretación de los Vedas y de los Upanishads, especialmente
de los últimos, y del Bhagavad Gita; Teilhard recurrió principalmente a los
textos de San Pablo, que habrían sido su mayor fuente de inspiración.
4) Ambos desconfiaron de la excesiva rigidez jurídica de sus propias religiones: Teilhard criticó el demasiado formulismo y legalismo de la iglesia
católica que, para él, debía estar más abierta y avanzando siempre a nuevos
horizontes; Aurobindo hizo severas críticas a la mentalidad unilateral del monismo vedanta, que es la tradición más autorizada y clásica de la India. No
fue menos riguroso frente al budismo nihilista. En general lamentó cierta estrechez de la tradición hindú: desYalorización de la materia, de la acción y
de la técnica y de las realidades temporales.
5) Ambos tienen a la vez un temperamento místico, profundamente místico,
pero integran los valores de la razón, la lógica, la ciencia y la técnica. Es
cierto que Aurobindo tuvo algunas reticencias respecto de la razón y de la
ciencia, al paso que Teilhard sentía una profunda admiración por la misma
que para él indudablemente, debía llevar a la religión y a la mística. Pero,
por cierto, uno y otro se esforzó por integrar el conocimiento racional y técnico
armoniosamente dentro de la actividad cognoscitiva total de la mente humana.
6) Ambos fueron, sin duda, sujetos privilegiados de una extraordinaria experiencia mística que les dio una visión global transcendente de 1a unidad del

103

�universo y de su sentido último; y ambos
periencia mística de la totalidad cósmica,
temporal. Porque, aunque como mí ticos
temporal, sin embargo sus periencia.5 la

pudieron insertar en su misma exsu cosmovisión racional, científica y
miraban lo eterno inmaterial e invivian en la materia y en el tiempo

con sus leyes propias.
7) Por eso tal vez, encontraron en la idea de la evolución el cauce n que
volcar todas las demás intuiciones y \'Ívencias místicas y todas sus elaboraciones
cienúficas.
Esto se cwnple en mayor grado tratándose de Teilhard, quien cultivó las
ciencias positivas más que Aurobindo y fue una autoridad científica en su
campo, la paleontología.
Pero uno y otro apoyaron us conclusiones fundamentales, tanto mí ticas
como racionales, tanto religiosa como científicas, en el principio de la evolución.
8) Así Aurobindo como Teilhard tuvieron perfecta conciencia de I serias
dificultades que desde el punto de vista. ci ntüico, como desde el filos6firo y

religioso presentaba la teoría del evolucionismo absoluto como interpretación
del hombre y del cosmos, Pero creyeron que la evolución
imponía como un
hecho innegable y trataron de dar satisfacción a las obj cciones, sin renunciar

al principio evolucionista.
Por eso creemos que la evolución es el hilo conductor para e.'l(plicarno la
coincidencia de las intuí ·one fundamentales d • urobindo y Teilhar&lt;l. ·mguna mejor introducción a un estudio comparativo de ambos que mostrar
cómo el principio de la voluci6n decidi6 o confirmó us ideas y conclusiones,
y fue un factor deci ivo del paralelismo entre autores que nacieron y vivieron
en climas tan extraños entre sí. eñalemos, entre otras intuiciones fundamentales: la de la unidad del cosmos y de la historia; la revalorización de la
materia y del tiempo; la ituación prh-ilegiada del hombre como centro y meta
de la evolución; la aspiración al superhombre; el ideal de una realización
ideal colectiva de la humanidad; la evoluci6n como int gradora de todo los
grados del ser, materia y espiritu, hombre y Dio , tiempo y et midad, mutación e inmutabilidad, unidad y pluralidad cte., etc.
Aquí vamos a p · ntar dos aspectos básicos de la concepción de la evalucióo en Aurobindo y Teilhard, y que son el fundamento en qu se apo •an
los ulteriores desarrollos del proceso evolucionista: La evoluci6n como le):
cósmica y La conciencia de la unidad cósmica. Esta (1ltima, sobre todo,
particulannente propia de ambo pensado s, tan distantes por otra parte

11. LA

EVOLUCIÓN COMO LEY CÓ

!ICA

La oincideocia entre Aurobindo y Teilhard respecto de la evolución no
sólo consiste en afirmarla como un hecho indiscutible y una ley cósmica qu
explica todas las {unciones del universo en perpetuo cambio, ino que, de una
manera sorprendente, esti.mulant e inspiradora está en la base de todo su
pensamiento, penetra toda su obra y está pres nte n cada una de sus páginas.
Tal vez no sea fácil hallar otros dos autores en los que la idea y el principio
de la evolución guarde tanto paralelismo como es el caso coincidente de Aurobindo y Teilhard. La evolución es el modelo y el eje de todo su pensamiento,
de toda su concepción del universo de todo su sistema de ideas científicas,
filosóficas, sociale , religiosas, h.i t6ricas. . .
En particular, la idea del hombre, de u sentido y u destino se halla estrecha e integralmente basada en el principio de la evolución y recibe de éste su
luz y explicación última. Sin dicho principio toda la obra de Aurobindo y
Teilhard

desplomaría como un castillo de naipes sin base, sin fucrza de

cohesi6n, sin razón de ser.
1)

AUROBINDO

o podía faltar en la vasta producción de Aurobindo una obra dedicada
especialmente a analizar y fundamentar la concepción evolucionista del cosmos.• En ella recoge la tendencia que aparee en la ciencia mod roa en favor
de la teoría de la evolución y la defi nde de las negaciones que ienen del
simple materialismo, según el cual aún la vida y la mente serían resultado de
la evolución de la materia.' eñala urobindo las ley y las etapas fundamentales del proceso de la evoludón cósmica, · br todo, la "secreta" naturaleza de la evolución misma. Es decir, que ésta no
c;ino la manifestación
de un proc o de involución del espíritu hasta con trcñirs en una manüestaci6n puramente material, para luego irse xp~ndo en formas cada vez más
complejas y superiores en el proceso de e olución has las manil taciones
más elevadas y puras del píritu. 7 La idea de involuci6n y evolución preside
• Euoltdion. Sri Aurobindo Birth Centenial Library, vol. 16, Pondichery, India 1967,
pp. 225-297.
• L. C. pp. 245-256, especi:ilmente pp. 254-255.
' " Force inherent in the Infinite brings out of il cternally the atructurc oí iu
action in a univerae of which thc last dcscending scalc is based upon an involution
oí ali tha powen of the Spirit into an inconscient abtorption in her self-oblivious
passion of íorm and structural worlring. Tht&gt;nte comes en ascent and progrcssive libera•

entre 1.

105

�to da la concenc:i6n evolucionista de Aurobindo y de hecho todos ~us _es~~os
rd" · ·d
su insprraoon
y todas sus páginas están impregnadas de ella Y mgi as por
·
La obra central de Aurobindo, La vida divina a que viene a ser como una
·, d 1 hombre del cosmos
"Summa" de todo su pensamiento, de su concepc1on e
,
. .
.
·
tá dedicada a descnb1r
y de Dios, y contiene la esencia de todos sus escntos, es
el proceso de la evolución en todas las etapas del ser.

·
al o d e Aurob"md o, que viene .a ser su obra
La concepci6n del Yoga integr
.
damental sobre la realizaci6n y liberación del hombre en la berra, no nene
Ountro obJ"eto que descubrir al hombre el secreto de su evolución y la maneravéde
, . la V'd
n·,vma,
· alcancen, a tra s
:n. rtarse en ella para dejar que el espmtu.
1 a
..,.,e
'
"6
del hombre, las etapas supremas de su autoexpres1 n.

f

Lo mismo se diga de los escritos sociales y políticos de Aurobindo, _que ~o
hacen sino aplicar a la sociedad como tal, el principio, las leyes y las exigencias
lógicas de la evoluci6n.10
En la misma línea están los tratados menores, cartas Y poe~s ~e Am;obin~o.
Toda la concepción del hombre y de su actividad Y toda la mISbca eSla regi~~
e inspirada por el impulso de la evolución, que .desde la_ nanu:a~eza materia
hasta el hombre y el superhombre tiende a realizar la Vida Divma.

2) TEILHARD
Tratándose de Teilhard de Chardin, resulta asmnsmo superfluo afinn:1"
que la idea mística de la evoluci6n inspira y penetra toda su obra, más aun
tal vez que en el caso de Aurobindo.11
•
-{
ower till the Spirit self-disclosed and set free by knowledge and
=teo{
repossesses the eternal íullnes of its being_ which e~vel~fes then
ry · · · ,. grasp the manifold and unified splendours of 1ts naturc . - T
. he upd
an carnes in i...
•
.
•
.,.1_
d 1~""" and
d
of the sw:cessive births of things is a r1se mto w=g an -.,-r .
~;er ~~;~ a consciousness shut into the first hermetic cell of sleep of the eternal

i:rw: :::~/

Energy''. L. C. pp. 237-238.
.
.
dich
• Th ¡·¡
d' ·ne sn· Aurobindo Birth Centen1al L1hrary, vols. 18 Y 19, Pon
ery,
tJ I tJ
IVI
•
•
• •
1 Ed' Ki
India, 1970. No!otros ciuremos la edición española La vida divina, 3 vos.,
1t.
er,
Buenos Aires, 1971.
.
•
l 20 21 Pon
• The synthesis of yoga. Sri Aurobindo Birth C~t_erual L1brary, vos .. , y
'
dichery, India, 1971. También para esta ob':3 utilizaremos la traducoon al esp
Slntesis del yoga, 3 vols., Edit. Kier, Buenos Aires, _1972.
.
en el
:11 Ver especialmente The human cycle y The ideal
human umly, ambos
vol 15 de Sri Auxobindo Birth Centenial Library, Pondichery, 1971.
~ Para una información sobre el tema de la evolución de Teilhard, s~ valor Y las
. ·
b
o 1eaones
a que se p-.._
,.,., ..., nos permitimos remitir al lector a nuestra reciente obra ya

añoi

º!

106

Teilhard ( a diferencia de Aurobindo quien en su medio cultural hmdú no
halló oposición a su concepción evolucionista) tuvo que defender pennanentemente su adhesión a la evoluci6n frente a las duras objeciones que desde el
campo religioso y aún científico le opusieron sus adversarios. Por eso con
frecuencia adquiere Teilhard un carácter polémico. Esta contradicción permanente no hizo sino acentuar las convicciones de Teilhard, quien, por temperamento, una vez lograda una intuici6n, la mantenía con una confianza
absoluta en su evidencia y hacia una cuestión de sinceridad y fidelidad a la
,·erdad el mantener su punto de vista.

Sus mejores confidentes y amigos notan que en este sentido Teilhard se
manterúa solitario e irreductible en su propio esquema. Esto hay que decirlo
principalmente en orden a su mística por la evolución y por la aplicación
de ésta a ciertos temas filosóficos y teológicos.1 ~
Lo cierto es que desde un principio, desde sus primeros escritos, había
cristalizado ya en Teilhard, no s6lo la convicción cíentüica, sino la mística
religiosa de la evolución como clave de explicaci6n del proceso cósmico, del
hombre, de su historia y de su perspectiva futura, y aun del mismo cristianismo.
Todas las páginas de Teilhard respiran esta mística evolucionista. Bastará
que citemos el primero de los escritos teilharclianos, redactado como un "testamento espiritual" en el ambiente trágico de las trincheras durante la primera
guerra mundial, La vida cósmica. Ya en la Introducción misma profesa Teilhard la tesis, que lo va a inspirar siempre y cuyo desarrollo va a ser el ideal
de toda su vida: "la 'santa Evoluci6n ...'" 18
citada, El pensamiento áe Teilhard de Chardin (El Cosmos, el Hombre y Dios). Ed.
TEA, Buenos Aires, 1975.
12 Sirvan como ejemplo las reflexiones que con gran espíritu de comprensi6n Je hizo
Mgr. de Solages. En el cap. XI de la citada obra, Mgr. de Solages sintetiza rus conversaciones con Teilhard sobre ciertos temas teol6gicos. Teilhard no cambia y casi ni
mitiga sus puntos de vista. Mgr. de Solages concluye el capitulo con estas reflexiones:
"ll serait profondément inju,te de lui reprocher de n'avoir pas résolu d'une maniere
parfaite tous les problcmes qu'il soulevait. Ce qui e.s t regrettable, c'est un certain
durcissement de ses vues avec l'ige. Mais c'est la un pbénomene bioloquement assez
naturel, que a été accentué par l'isolement. On sent tres bien que l'influence de son
ami le Pcre Charles lui manque. Les échanges avec le Pcre Valensin se rarélient. Les
communications étaient lentes avec un homme toujours errant eur le Globe, et puis
les lettres ne remplacent pas une discussion orale. Les objections des théologieru plus
jeunes, comme le Pere de Lubac et moi-meme, ne pouvaient pas avoir sur lui la meme
influence que celles de ses vieux amis. Est-ce &amp;a faute s'il a été trop souvent laissé a
lui-meme ?", p. 338.
11 La uida cósmica en "Escritos de Tiempo de Guerra", Taurus, Madrid. 1966,
pp. 22-95. Ver especialmente p. 79.

107

�Esta confesión de 1916 se repite a través de su vida hasta su muerte. En
1934, escribe en Pekín su profesión de fe científico-cristiana y la encabeza con
sus conocidas palabras: "Creo que la Evolución se dirige hacia el Espíritu,
creo que el Universo es m1a Evolución"; u y año y medio antes de morir
escribe su estudio El dios de la evolución 16 y las Letanúu que terminan así:
"Corazón de Jesús, Corazón de la Evolución, unidme a Vos (etc.)". 18

III. LA

"UNIDAD CÓSMlCA", BASE DE LA EVOLUCIÓN

Pero lo que más importa para una comparación entre Aurobindo y Teilhard no es el hecho de su fe en la evolución, fe que recibieron de los evolucionistas del siglo XIX y que les confirmó Bergson,17 sino la base intuitiva y
mística de la "unidad cósmica", que acerca notablemente entre sí a los dos
pensadores. Creemos que muchas de las coincidencias entre Aurobindo y Teilhard tienen su fundamento en esta común intuición y experiencia mística de
la "unidad cósmica", uno en el horizonte hindú y otro en el cristiano. Esta
unidad consiste en que más allá de la multiplicidad casi infinita de los seres,
más allá de la pluralidad y diversidad de las especies que captan nuestros
sentidos y que nuestra razón trata de ordenar y explicar, se descubre un principio común, para todos los seres y sus diferencias, una ley armónica universal,
merced a la cual, el cosmos va evolucionado hacia formas cada vez más perfectas y con wi sentido final.
En realidad esta intuición de la unidad cósmica, común a Aurobindo y
Tcilhard, es un aspecto del conocimiento científico y racional, el cual trata
siempre de hallar una e&gt;..-plicaci6n coherente de los diversos hechos. La ciencia
busca instintivamente el principio de una explicación unitaria y universal de
,. Como yo creo, en "Como yo Creo", Taurus, Madrid, 1970, p. 105.
21 En "Como yo Creo", pp. 263-270.
11 lbid., p. 172.
11 Es evidente que ambos leyeron a Bergson y recibieron una fuerte influencia. del
mismo, aunque rara vez lo citan. Sin duda que la influencia es más bien de una orientación general evolucionista que de aspectos particulares. Además tanto Aurobindo
como Teilhard dieron un giro distinto a la evolución de acuerdo a su cosmovúi.6n hindú
o cristiana. En relación con Aurobindo cita R. Sailley una tesis preparada en la Soborna
por una estudiante india, Aster Patel (En Sri Áurobindo philosophe du yoga integral,
p. 191; ver también p. 193). En cuanto a Teilhard debe citarse la tesis, También en
la Sorbonne, de Madeleine Barthélemy-Madaule, Bergson et Theilhard de Chardin. Ed.
du Seuil. Paris, 1963. 686 págs. Ver breves referencia, en Mgr. de Solages, o.e., p. 36
y E. Colomer, o.e., pp. 439-441.

108

la realidad múltiple. Pero esta actitud del científico, que no puede contentarse
con la simple catalogación de los hechos o de los entes desconexos entre sí,
sino que busca siempre las relaciones que los unen y las explicaciones de la
situación de cada uno dentro del conjunto cósmico, reviste en Aurobindo y
Teilhard un relieve y una profundidad característica.
El punto de partida de nuestros autores es, tal vez, una intuición de tipo
místico, una especie de "experiencia" profunda de las relaciones que entretejen toda la trama del cosmos y una captación de cierto principio de unidad
wiiversal por debajo de la aparente multiplicidad de los fenómenos. Uno y
otro, por medio de esa intuición, adquirieron esa especie de "conciencia cósmica", que abarca, en una visión total e integradora, la multiplicidad de los
entes, y los intuye unidos por un mismo principio profundo, por una misma
ley universal, por una misma energía interior. Esta intuición, adquiere, sin
duda, en ellos un carácter místico, en el sentido estricto, en cuanto implica
una experiencia interior de presencia y con~to con un principio absoluto
universal, que sostiene y anima la esencia de todos los seres, dentro de un plan
inteligentemente trazado y que se va cumpliendo por diversas etapas evolutivas hacia un final ideal del cosmos y de la humanidad. 18
La experiencia nústica siempre proporciona una visión integradora del universo, pues el místico, se levanta por encima de la multiplicidad y variedad
de los seres contingentes y de los acontecimientos, para contemplarlos desde
un punto absoluto de referencias, del cual todos dependen y en el cual todos,
en alguna forma, se resuelven.
Sin duda ninguna que tanto Aurobindo como Teilhard tuvieron realmente
la pasión de la unidad. Pero uno y otro trataron de racionalizar esta visión
integradora, esta "conciencia cósmica" de unidad, recurriendo a los fundamentos científicos de la visión unitaria del cosmos. En tal sentido, juntan ambos la vivencia mística y la inquietud científica. Aurobindo insiste más en los
fundamentos filosóficos; Teilhard recurre más sistemáticamente a las pruebas
científicas, a las comprobaciones de la paleontología y a las exigencias de las
leyes físicas de la materia misma.
Pero, lo curioso es, que uno y otro, invocan el principio de la evoluci6n,
como el hilo de Ariadna, que según ellos, es la única forma de explicar satisfactoriamente la misma trama íntima que constituye todos los seres, y el divino
11 La coincidencia de la mística de Aurobindo y Teilhard en "la experieacia de la
coaciencia c6smica y en una profunda fe en la evolución" la notó muy bien R.O. Zachner, Evolulion in religion. A Study in Sri Au.robindo and P. Teilhard de Chardin.
Clarendon Pre!s, Oxford, 1971, p. 7.

109

�principio que dirige la actividad del cosmos en su proceso de desarrollo a través
de la multiplicidad de las especies, desde la materia basta las manífestaciones superiores del espíritu humano.
La evolución, para Aurobindo y Teilhard, es inseparable de la idea de la
unidad cósmica, y ésta se basa en un principio divino: de ahl su actitud
religiosa y mística.

El problema de la unidad cósmica se reduce al eterno problema metaüsico
de la oposición entre lo uno y lo múltiple. Resol\'er los opuestos de una unidad
superior, ha sido un ideal de la mente humana, con el objeto de hallar una
ex.plicación racional a las aparentes contradicciones de la realidad. ¿ Cómo lo
múltiple y lo uno, la materia y el espíritu, la libertad y la necesidad, el tiempo
y la eternidad, el ser y el devenir, pueden llegar a resolverse en una unidad
real que los abarque sin anularlos? ¿El hombre tiene posibilidad de adquirir
un conocimiento o una intuición superior que pueda integrar ambos opuestos,
sin negar ninguno de ellos?
Tanto Aurobindo corno Teilhard se plantean en términos parecidos el problema y desembocan en una solución que en e1 fondo \&gt;iene a ser la misma.

AUROBINDO
Abramos, casi al azar, a1guno de los textos de Aurobindo.

1) Punto de partida: la Mate ria
Aurobindo reconoce que el punto de partida, en cierta manera, de toda
investigación sobre la unidad cósmica debe ser la tierra misma. uTocar tierra"
es su consigna, repitiendo nna frase del Upanishad. "Tocar la tierra es siempre
revigorimnte para el hijo de la Tierra, aun cuando busque un conocimiento
supraflsico. Asimismo puede decirse que lo suprafísico ha de denominarse
realmente en su plenitud - basta las cimas que siempre podemos alcanzarsi mantenemos firmemente los pies en lo físico. "La Tierra es su base", dice
el U panirhad cuando representa el Atinan que se manifiesta en el universo.
Y ciertamente es un hecho que cuanto más ampliamos y aseguramos nuestro
conocimiento del mundo físico, más ampliamos y aseguramos nuestro fundamento para el conocimiento superior, incluso el supremo, el del Brahmavid-

ya". ª
ª La

110

uida difJina, l, p. 17.

2) La ciencia y la unidad cósmica
Aurobindo ve en la tendencia de la ciencia moderna, cada vez más acentuada hacia la unidad, una coincidencia con el gran sentido de unidad cósmica de la tradición de la India. Pero esta tradición la recoge Aurobindo no
en la interpretación Vedanta que salva la unidad negando la realidad de los
seres múltiples y de los fenómenos materiales, es decir, del mundo cósmico
como tal, sino en la verdad profunda que él encuentra en los Upanishads,
según la cual se llega a la unidad de los contrarios: El mundo múltiple tiene
su realidad y e1 absoluto tiene también su realidad propia, pero ambos constituyen una ulterior y más profunda unidad.
De esta forma llega Aurobindo a una síntesis entre la ciencia moderna y la
tradición Vedanta original, es decir de los U panishads apartándose de la interpretación clásica de la filosofía Vedanta. •· ro sólo en su única concepción
final, sino también en el gran lineamiento de sus resultados generales, el Conocimiento, por cualquier camino que se siga, tiende a convertirse en uno solo.
Nada puede ser más notable y sugestivo que la extensión hacia la cual la
Ciencia moderna confirma en el dominio de la Mateóa las concepciones e
incluso las fórmulas mismas del lenguaje a las que se llegó, por un método
muy diferente, en el Vedanta, el Vedanta original, no de las escuelas de
filosofía metafísica, sino de los Upanisliads. Y éstos, por otra parte, a menudo
revelan su pleno significado, su más rico contenido, cuando se los aprecia bajo
la nueva luz esparcida por los descubrimientos de la Ciencia moderna, por
ejemplo, esa expresión Vedántica que descripe a las cosas del Cosmos como
una sola semilla dispuesta por la Energía universal en forma multitudinaria.
El rumbo de la Ciencia hacia un Monismo que coincide con la multiplicidad,
hacia la idea Védica de una sola esencia con sus múltiples devenires, es significativo en especial''. 2º

3) Tensión materialismo-espiritualismo
Aurobindo se plantea la dualidad existente, o mejor dicho la antítesis permanente, entre el materia1ismo y el espiritualismo. Ambos, dice parecen tener
su fundamento. "Si el materialista está justificado en su punto de vista de
insistir en la Materia como realidad en el mundo relativo como única cosa
de la que, en cierto sentido, podemos estar seguros y en el Más Allá como
totalmente incogno cibJe, si no inexistente, un sueño de la mente, una abstracción del Pensamiento dh·orciado de la realidad, de igual manera lo está el
•• I bid., pp. l 9-20; IIl, pp. 39-41.

111

�Sannyasin, enamorado de ese Más Allá, justificando en su punto de vista de
insistir en el puro Espíritu crono realidad, en la cosa única libre de mutación,
nacimiento y muerte, y lo relativo como creación de la mente y los sentidos,
un sueño, una abstracción, en sentido contrario de la mentalidad que sea parte del Conocimiento puro y eterno". :n
La solución a esta antinomia entre los dos opuestos no está en rechazar la
realidad de uno o de otro, sino en elevarlos a un plano superior en el cual
ambos se unen. Ese plano superior es el reconocimiento de "una Energía Consciente única", la cual, coincide "con el Ser mismo que la crea". 22
Lo característico de Aurobindo es que quiere mantener la realidad de la
materia por un lado y la realidad del espíritu por otro. Vuelve a criticar repetidas eces la interpretación clásica del budismo y del vedanta, que resolvían
el problema negando la realidad de la materia. "En esta rebelión del Espfritu
contra la Materia la que durante 2000 años -desde que el budismo altero
el equilibrio del antiguo mundo ario-, d(?minó cada vez más la mente hindú".:' Este "rechazo del asceta" lo considera Aurobindo tan unilateral como
el "rechazo del materialismo". El primero rechaza la materia y el segundo
rechaza el espíritu. Para Aurobindo cada uno ha cumplido su función necesaria. "Así como hemos visto en cuán gran proporción el materialismo ha servido a los fines de lo divino, de igual manera debemos reconocer el servicio
mayor aún prestado por el ascetismo a la vida".~• Según Aurobindo, pues,
materia y espíritu no son más que expresiones de una misma existencia cósmica, que es a la vez voluntad consciente, y que es una "Entidad única",25 que
va presidiendo, y, más aún, realliando desde dentro las diversas etapas de la
evolución. 26 Esta "Realidad omnipresente" nos descubre el secreto de la unidad cósmica y de la comprensión de la multiplicidad. Pero no por ello la
multiplicidad deja de tener su valor y su realidad propia, ya que es, como
tal, una expresión de la "Realidad omnipresente". 27 Veamos cómo Aurobindo
explica la realidad de esta "Entidad única".

:11 lbid.,
:, lbid.,
:.a lbid.,
" lbid.,
'" lbid.,
• /bid.,
" Ibid.,

112

pp. 23-24.
p. 28.
p. 29; III, p. 40.
p. 30.
p. 37.
p. 38.
p. 39.

4) Materia, Energía, Conciencia, Dios

E ahora fácil de comprender que Aurobindo concibe la materia primera
no como una simple materia bruta. sino dotada de una energía que es a la
vez voluntad y conciencia. Gracias a ello, urobindo está en posibilidad de ir
e..~licando la evolución c6smica a partir de la materia primigenia, dando los
saltos nec arios para subir al plano de la vida. al plano de la mente y al
plano del espíritu. En este punto tiene un extraordinario parecido con Teilh.ard
para justificar los "saltos críticos" que la volución \'a dando desde la materia
bruta a la vida, desde ésta a la . ensaci6n y do de ésta al conocimiento reflexivo. "La Materia se expresa ventualmente como formulación de alguna
Fuerza desconocida. La Vida, asimismo, e misteño insondable, empieza a
revelarse como una osc-ura energía d ensibilidad aprisionada en su formulación material; y cuando la divisora i~o~cia se cure de lo que nos produce
la sensación de un abismo entre la Vida y la fateria es difícil suponer que
Mente, Vida y Materia se presenten como al o más que w1a sola Energía
formulada triplemente, el mundo tripl de lo videntes védicos. Y tampoco
durará la concepción de una Fuerza bruta material como madre de la Mente.
La Energía que crea al mundo no puede ser otra cosa que Voluntad y la
Voluntad es s6lo Conciencia que se aplica a un trabajo y a un resultado".78
Pero, i miramos, sigue Aurobindo, la realidad, "más en profundidad",
veremos que esa ,·oluntad consciente, que está ]atente como energía, como el
"vasto impulso c6smico", en la materia y en todas sus manifestacion , incluso
en el hombre y en la sociedad, no es otra cosa qÜe " Dios en d hombre, la
Identidad Infinita, la Unidad multitudinaria, 1 Omnisciente, el Omnipotente,
que habiendo creado al hombre a su semejanza, ...busca expresar en él alguna
imagen de la unidad, omnisciencia, omnipotencia, que son la autoconcepción
de lo Divino". 29
Como se ve, tanto la materia como el píritu, la energía material o la
e;piritual, son diversas manifestaciones de una misma y única energía, que es
consciente, porque es la misma "Vida Divina", el mismo impulso infinito del
Absoluto, que involucionó hasta la materia para evolucionar hasta la expreión espiritual pura de Dios.
Por eso dice Aurobindo que la "Energía única' coincide "con el
que la

r mismo

crea''.ªº

'" /bid., p. 20.
" lbid., p. 21.
ª Ibid., p. 28.

113
Rum-8

1

�La "unidad c6smica" es entonces perfecta, aunque la pluralidad de los seres
y la materia y el espíritu sean reales, porque se unifica todo por su Realidad

última que es el Absoluto. Tampoco hay dificultades para los avances de la
evolución desde los planos inferiores del ser basta los superiores, porque es el
mismo impulso divino omnipotente el que produce el despliegue ascencional
de la evolución c6smica.
Es difícil sustraerse a las dificultades filosóficas que ofrece esta concepción
de la evolución, pues parece caer en un ''panteísmo" de confusión de el cosmos
material ron Dios.
Teilhard coincide en dos pasos fundamentales con Aurobindo, como vamos
a ver: sólo se apartará en esta interpretación final, marcadamente panteísta.

TEILHARD
La intuición de la "unidad cósmica" en Teilhard no es menos viva que en
Aurobindo. Y, por cierto, tiene características muy parecidas a las de éste.
Puede decirse que una de las pasiones fundamentales de Teilhard era la pasión de la unidad cósmica. Y por ésta entendía no sólo la unidad en el
mundo material, sino en todas las manifestaciones observables, aun cuando
tengan características superiores a la materia. Pero, sin duda ninguna, el gran
principio de unidad comienza a aparecer para Teilhard a partir de la materia misma.

1) Punto de partida: la Materia
Ante todo, para él la unidad cósmica, era un fenómeno captado directa,.
mente como un hecho, que es patente, como él decía, para la mirada del
"naturalista".u
En su primera obra Teilhard parte del hecho de la visión fundamental de
la pluralidad y de la multitud, confirmada por la teoría de la constitución
atómica del universo.u Pero inmediatamente, en medio de la pluralidad y de
la multitud aparece que las mónadas no son independientes entre sí, sino que
están "en su reposo y en su acción, en su textura y en su devenir, bajo los
vínculos que las unen o las jerarquizan y las corrientes que las arrastran", y
11

ª
114

El /enómerro humano, p. 54.
Escritos del tiempo de guerra, p. 29.

por eso, siguen siendo ~se es el misterio del cosmos y el secreto de la materia- una misma cosa. 88
Este mismo proceso de la experiencia, es decir, de un primer golpe deslumbrante de la pluralidad de los seres y una segunda experiencia más ptof unda
de la unidad que los une indisolublemente en una inmensa "mónada cósmica",
es eJ proceso del pensamiento de Teilhard. En El fenóme110 humano, al hablar de la materia, ante todo señala primero la pluralidad, para luego afirmar:
"Cuanto más fisuramos y pulverizamos artificialmente la materia, tanto más
deja ver ante nosotros su fundamental unidad"." "Como si la trama de toda
trama se resolviera en una simple y única forma de sustancia" (!bid.).
El mismo proceso se observa más adelante: "El Cosmos en el que el Hombre se halla comprometido constituye, de acuerdo con la integridad indiscutible de su conjunto, un Sistema, un Tot1tm y un Quantum: un Sistema, por
su Multiplicidad; un Totum, por su Unidad; un Quantum, por su Energía;
los tres, por lo demás, situados en el interior de una esfera limitada".35
Teilhard no duda en vincular la materia en su expresión más primitiva,
es decir, la trama del universo, con todo el conjunto del cosmos: "La Trama
del Universo es el Universo mismo". 9º

Es fácil de ver que, según Teilhard, el punto de partida de la evolución,
la trama del universo es la materia primitiva. Recordemos que para Teilhard
el descubrimiento fundamental es "que todos los cuerpos derivan por ordenación de un solo tipo inicial cotpuscular".87 Ahora bien, "históricamente, Ja
trama del universo va concentrándose en formas de materia cada vez más
organizadas. Y la evolución de la materia dio ciertamente origen al gran
macrocosmos de las nebulosas y soles: "Los astros son los laboratorios en
donde se prosigue, en la dirección de la grandes moléculas, la Evolución de la
materia". 39 Pero también "tiene sus consecuencias hasta en la génesis del
espíritu". No es de cxtrafiar que Teilhard llegara a ser también un místico
de la materia y que ya en 1919 escribiese sus célebres páginas exultantes sobre
La potencia espiritual de la materia, que culminan con un Himno a la materia, en que se funden el científico y el místico cristiano. 30
• !bid., p. 30.
" El f en6meno humano, p. 55.
• Ibid., p. 58.
• !bid., p. 59.
" El fen6meno humano, p. 63.
• Jbid., p. 70.
• Euritos de tiempo de guerra, pp. 449-459.

115

�2) La ciencia y la unidad cósmica

inmensidad del universo en evolución como una totalidad cuyas partes están
íntimamente entrelazadas entre sí y con una interdependencia total.

La unidad cósmica es para Teilhard un objeto de intuición a la vez científica y mística. El científico no desaparece nunca en la cosmovisión de Teilhard. !l tiene de una manera especial, cuidado de apoyarse en comprobaciones científicas cuando habla de la unidad cósmica. Así, para demostrar su
afirmación unitaria fundada en que "todos los cuerpos derivan por ordenación de un solo tipo inicial",'º trata de llegar hasta los elementos más simples
del universo. "Recorridas tan lejos como sea posible en la dirección de sus
orígenes, las últimas fibras del compuesto humano van a confunclirse ante
nuestros ojos con la trama misma del Universo".

Citemos, aunque sólo sea a título de muestra, otra de sus confesiones sobre
la experiencia místico. de la unidad del cosmos. Teilhard hace una descripción de los pensamientos y sentimientos que surgen en esa experiencia de una
manera que parece autobiográfica: "Cada día estaban más perfumados, más
llenos de color, eran más patéticos debido a una Cosa indefinible, siempre la
misma Cosa. Después, la Nota, la Fragancia, la Luz vagas empezaron a precisarse. Y entonces empecé a sentir, contra toda convenci6n y toda verosimilitud, lo que había de inefablemente común en todas las cosas. La Unidad se
me comunicaba, infundiéndome el don de aprehenderla. En verdad, había
adquirido, un sentido nuevo, el sentido de una cualidad o de una dimensión
nueva. Todavía más profunda: era la transformación que en mí se había
operado en la percepción misma del ser".º

"La trama del universo: este residuo último de los análisis cada día más
profundos de la ciencia.. .''.41
Ahora bim, en la trama del universo, la energía cumple Ja función decisiva
de constitución y es el elemento a la vez de desarrollo de la materia. La
energía es el impulso que va a originar y mantener la evolución, es la que
coordina entre sí los átomos, los interrelaciona y a la vez los constituye. ''Desde
el punto de vista energético, renovado por los fenómenos de radioactividad,
los corpúsculos materiales pueden ahora ser tratados como los depósitos pasajeros de una potencia en concentración. La Energía, nunca aprehendida de
hecho en su estado puro, sino siempre en un estado más o menos granuloso
(¡incluso en la Luz!), representa actualmente para la Ciencia la forma más
primitiva de la trama universal. De ahí esa tendencia instintiva de nuestra
imaginación a considerarla 'COmo una especie de flujo homogéneo, primordial,
en el cual todo cuanto existe en el mundo que posea una figura no sería más
que un conjunto de "torbellinos" fugitivos. El Universo, desde este punto de
vista. hallaría su consistencia y su unidad definitiva en el extremo de su descomposici611. (Es decir en la homogeneidad de sus últimos elementos interrelacionados entre sí por la energía, por una misma energía). "De esta manera
se sostendría desde abajo" P
Este aspecto científico en el que TeiJhard funda rigurosamente su intuición
de la unidad cósmica y de la evolución, no impide, antes bien fundamentar,
una verdadera intuición mística, una especie de visión sentida y experiencia
directa de la unidad c6smica. Teilhard vibra frecuentemente ante la emoción
de esta intuición, de esta conciencia cósmica, en la cual se le prerenta la
El fen6meno humano, p. 63.
" !bid., p. 53.
.a !bid., pp. 56-57.

3) Tensión, materialismo-espiritualismo

El punto de partida de toda la evolución es, para Tcilhard, sin duda, la
materia. Pero él, lo mismo que Aurobindo, nos habla de una permanente
tensión entre la materia y el espíritu. ¿ Qué justificación de Teilhard, desde
el punto de vista científico y de la evolucil6n, de la realidad del espíritu y de
sus relaciones con la materia?
El problema es, ante todo, patente en el cru:o del hombre. En é~ dice
Teilhard, se da un doble esfuerzo, un doble trabajo, una doble actividad, que,
fenoménicamente, aparece como dos planos distintos y como procediendo de
dos fuentes de energía distintas: la energía espiritual y la energía material.
"En ningún otro lugar se nos presentan más crudamente las dificultades en
las que aún nos hallamos para agrupar, dentro de una misma perspectiva
racional, espíritu y materia".º Teilhard, naturalmente, está empeñado en coordinar estas "dos facetas, espiritual y material, de nuestra actividad". Como
Aurobindo, señala el peligro de un materialismo o un espiritualismo unilaterales, que quieren reducirlo todo a la materia o al espíritu, lo que supone
ignorar 1a verdadera realidad de alguna de las dos facetas. "La ciencia, dice
Teilhard, ha decidido ignorar provisionalmente la cuestión de entrelazar de
una manera coherente las dos energías del cuerpo y del alma. Sería muy có-

10

116

., El medio divino, Ed. Talll"Ull, Madrid, 1967, pp. 138-139.
.. El fenómeno humano, p. 79 .

117

�modo obrar como ella".' 5 Teilhard no está dispuesto ni a desconocer la realidad de la materia, ni a desconocer la realidad del espíritu, ni tampoco a
admitirlas como paralelas y desconectadas.

"En el plano científico, prosigue la controversia entre materialistas y espiritualistas, entre deterministas y finalistas. Después de un ciclo de disputas,
cada partido se queda acantonado en sus posiciones, presentando al adversario
razones sólidas que lo justifiquen".46
Esta situaci6n insoluble se debe a la actitud parcial de cada uno de los
bandos y la solución debe hallarse en "la dificultad experimentada por los dos
grupos de mentalidades para situarse en un terreno común". Por eso él sos.tiene que debe llegarse a una "especie de fenomenología de física generalizada,
en la que la cara interna de las cosas sea considerada tanto como la cara
externa del mundo" y que ésta es la única explicaci6n coherente, tal como
la ciencia debe tender a lograrla, para "la totalidad del Fenómeno cósmico".' 1

permitía dar señales exteriores. Recogiendo afirmaciones de otros científicos
continúa Teilhard: "lo que yo digo, no es pues, absurdo. Ello sin contar, que
t~o metafísi~~ debe~ alegrarse al com~robar que, incluso desde el punto de
vista de la fmca, la idea de una matena absolutamente bruta ( es decir, de
un puro "transiente") no es más que una primera y burda aproximación de
nuestra C&gt;-.'Periencia".49
Teilhard, para salvar la unidad de la ciencia, quiere proponer una soluci6n
que salve a la vez la realidad de las dos energías física y psíquica, e integre
los fenómenos propios de cada una, dentro de una realidad unitaria del
universo.
"Para escapar a un dualismo de fondo imposible y anticientífico dice Teilhard y para salvaguardar no obstante, la natural complicación de la trama del
universo, yo propondría, pues, la siguiente representación que va a servir de
fondo a todo el resto de nuestros desarrollos". ~0
La representación de Teilhard tiene dos afirmaciones centrales:

4) Mate ria, energía, conciencia, Dios
Teilhard sostiene que si la conciencia se muestra con plena evidencia en el
hombre, por aparecer en él la interioridad, también con absoluta evidencia, lo
mismo debe suceder proporcionalmente en los estratos más inferiores de las
cosas: "En e) fondo de nosotros mismos sin discusión posible se nos presenta,
a través de una especie de desgarre, un interior en el corazón mismo de los
seres. Ello es suficiente para que en uno u otro grado, este 'interior' se nos
imponga como existente en todas partes y desde siempre en la naturaleza".
De
la conclusión, importante decisiva en Teilhard, de que la conciencia
es "coextensiva" a toda la naturaleza: "La conciencia aparece con evidencia
en el hombre [...], y, por tanto, entrevista en este último relámpago, tiene
una extensi6n cósmica y, como tal, se aureola de prolongaciones espaciales y
temporales indefinidas". ''Esta conclusi6n resulta grávida en consecuencias. Y,
sin embargo, me siento incapaz de ver cómo, en buena analogía con todo el
resto de la ciencia, podríamos sustraernos a ella" ...

aru

y

Así ha llegado Teilhard, a la conclusi6n, coincidente con Aurobindo, de que
la materia primitiva, la trama del Universo, estaba ya en su interior dotada
del principio de la "consciencia", aunque en una mínima expresión que no le
'"
..
"
•

118

Jbid.,
lbid.,
Ibid.,
lbid.,

p. 79.
p. 69.
p. 70.

l. Hay una energía que es común y la misma en todas las manifestaciones
de la energía, y es "de naturaleza psíquica". A esta energía la llama Teilhard
"energía fundamental".

2. Esta energía fundarruntal "se divide en dos componentes distintos: una
energía tangencial. .. y una energía radial".n La primera correspondería a la
energía física o material y la segunda a la psíquica o espiritual.
"Las dos energías, física y psíquica, distribuidas respectivamente sobre las
dos caras, externa e interna, del mundo, tienen en su conjunto el mismo aspecto".52
"Energía material y energía espiritual, sin duda alguna, se sostienen y se
prolongan una a otra por medio de algo".

"En el fondo, de alguna manera, no debe haber actuado en el mundo más
que una Energía única".°'
Esta "energía única" o "energía fundamental"

114

es la "energía cósmica"

• lbid., p. 74.
• lbid., p. 82.
11 !bid., p. 82.
• lbid., p. 81 .
11 lbid., p. 80.
• Ibid., p. 82.

p. 72.

119

�que "la ci ncia reconoce" y que nos permite comprender, más allá de las tensiones entre la energía material y la energía espiritual, ya que las abarca, la
totalidad del fenómeno cósmi o, en una explicación coherente, ''tal como la
ciencia debe tender a realizarlo. u

"fusión e inconciencia" propio de "la filosofías o las religion s monistas" .61
Por el contraúo, nuestro Dios lleva hasta el e.·tremo la diferenciación de las
criaturas que en él concentra [. • .] nu stro medio divino no se halla ino en
los antípodas del falso pant ísmo. El cri tiano puede lanzarse a él con toda
su alma, . in temer que un día pu da encontrarse moni ta".~•

Ella es la fu rza motora o 1 impulso de la evolud6n.
Al reducir la energía cósmica a la unidad, a una energía única Teilhard
tiene que plantea
necesaria.nnente la relación de esa en r0 fa con el Absoluto. Se le presenta entonces un problema parecido al de Aurobindo. ¿Es esa
energía distinta del bsoluto como una creación del mismo, una "cxp i6n''
o una "manif ·taci6n" como diría Aurobindo; o bien ella es, en realidad, el
mismo Ah. oluto, interno y presente en toda la realidad, actuando desde el
interior dl· ell ? urobindo nos ha hablado de la materia única y del "alma
única". 'os ha dicho también que hay un ''alma común", la misma en todos,
aunque con distinta expresión en Lodo .
Teilhard e pecialmente en las primeras páginas de u estudio El medw
divino, señala la presencia de lo divino en la creación de manera que podría
pensarse que es el s r mismo de Dios la energía que todo lo mu ,-e, algo asi
como la energía c6smica única. qu a la ,·cz da origen a las actividades materiales y c;pirituales. Tocamos de esta manera el punto "ultravivo" y "ultraactivo'' del universo. Aquí paree qu e tamos aproximando entre í el m dio divino y la energía única c6 mica como identificados.11
Pao Teilhard tiene buen cuidado de distinguir esta realidad, inmanente en
todas las creaturas, en toda la realidad mundanal material y espiritual, de la
multiplicidad en que se balla presente. Explícitamente sostiene la trascendencia del medio del medio divino y la falla fundamental que significaría una
concepción panteísta. Por de pronto "el {edio Divino" es trascendente re5"
pecto de la multiplicidad. "lnnum rabie y vasto como la onda centelleante
de 1, criaturas que sostiene y sobrcanima su océano, el leclio Di"ino conserva
al mi.mo tiempo la trascendencia concreta que le pennite reunir, sin confusión, a su unidad triunfante y personal los elem ntcs del mundo".'' E ta unión
sin con fu ión o sta reunión sin confusión es la f órrnula que habitualmcnt
emplea T ilhard para distinguir el pan ísmo o mejor dicho el "falso panteísmo, de un panteísmo aceptable". Pero él clarament señala que "el huésped
del medio divino, en primer lugar, no es panteí ta,,. ería un panteísmo d
• lbid., p. 70.
• El m6dio diuino, p. 121.
lbid., p. 118.

IV.

REFLEXIONE

1) 'o hemos h cho sino una pequeña introducd6n al tema de la evolución en Aurobindo y Teilhard. 610 hcmo dado una sucinta presentación de
dos aspectos, que on sin duda bá icos, y. por así decirlo, presupuest para
todo ulterior estudio de los muchos temas que Aurobindo y Teilhard han
desarrollado en su compleja cosmo i. ión evolurionista.
2) E. peramos seguir en otros trabajos el estudio comparado de ambos.
3) Pero creemos qu
ta primera introducci6n es suficiente para comprobar la coincidencia del pensamiento d Teilhard y Aurobindo, debida ante
todo a su enfoque de la evolución. Por to mismo. hay otros muchos puntos
particulares de coincidencia, a veres en aspectos fundamentales.
4) Por supuesto, también hay divergencias importantes que dan al · tema
un espíritu distinto y personal en cada caso; Aurobindo es Aurobindo y Teilhard es Teilhard. H mos señalado una que
de gran importancia antropo16gica, metafísica r religiosa. al llamar la atención de que Aurobindo se
mueve en una co mo,i.ión evolucionista de ambiente panteísta, el paso que
Teilhard enfatiza su rechazo de todo "panteímio de confusión" y afirma la
primacía de la persona en el hombre y en Dio.• aunque a vec , en ru pasión
por la unidad, usa fórmula ambigüas.

5) Pero ta diferencia fundamental, no invalida la sorprendente coincidencia de ambos en la {enomenol~ del proceso de la evolución y en la
mística con que viven u e.xpcriencia de la unidad cósmica.
6) Habrán observado los lectores que nuestro método ha sido simplemente
"e..'q)()Sítivo". H mos tratado de presentar una visión lo más objetiva J)Oliible.
o hemos querido in ert.ir apreciaciones valorati\' o re rvas a algunas ideas
de uno y otro, que o bien no compartimos o al m nos d herían ser obj to de
cuidadosas precisione por
ambigüas. Es muy difícil evit."U' en medio del
• !bid., p. 122.
• lbid. \'cr t mbién El fenómeno humano, p. 374.

121
120

�entusiasmo científico o místico, las fórmulas unilaterales o demasiado simplistas, que no siempre respetan íntegramente la realidad de los hechos, o deducen
consecuencias que los mismos hechos no avalen necesariamente.ºº
7) Pero no podemos terminar sin hacer una referencia al principio mismo
de la "evolución", en que se inspiran Aurobindo y Teilhard. No cabe duda
de que los hechos comprobados por la ciencia lleven a la conclusión de que
el cosmos se ha ido desarrollando en virtud de un proceso de evolución. ¿ Pero
esta evolución es absoluta o se ha cumplido dentro de ciertos límites? He aquí
el interrogante que los científicos, los filósofos y los teólogos deben todavía
replantearse. Aurobindo y Teilhard parecen suponer siempre una evolución
absoluta: el primero sin excepciones, segundo con la sola "posible" excepción
de la aparición del alma humana, es decir, del fenómeno de la "reflexión".•1
Uno y otro extienden el campo de la evolución con demasiada seguridad y
con excesiva universalidad. Pero ¿ es la e,·olución la explicación total de los
hechos? ¿ Qué precisiones y qué imitaciones imponen los hechos mismos a la
"teoóa" evolutiva del cosmos y del hombre? 82

LA DIFtCJL PROG OSIS PARA LA UNIVERSIDAD
DR.

ZoENCX. Ko1TNK
Gidy, Francia.

"Lo QUE M.Ás urge a la Universidad es penetrarse de su condición problemática", escribió en 1951 J. Mar1as.1 Palabras que se quedaron sin resonancia
alguna como ocurrió, por lo demás, con muchas otras; el discurso sobre la
Universidad no fue entendido fuera del cuadro cerrado de ésta: clasificado
desde su origen bajo el adjetivo "universitario" no tenía derecho para llegar
a ser universal. En el peor caso relegado entre los ejercicios estilistico-intelectuales, en el mejor admitido en una perspectiva cuya dimensión va del voluntarismo a la utopía, no interesaba sino a los universitarios. Pues ¿no fue
concebido por uno de ellos y a ellos destinado?
Se olvidó (por causa de dicho ostracismo categorial que tiene sus raíces
en un anquilosamiento normal de todo pensamiento autosuficiente) lo esencial: que la universidad no es una instituci6n equiparable con el conjunto de
otras instituciones, que, para cumplir con su misión, necesita ir más allá de su
{unción explicita y programas establecidos.ª S6lo este continuo superar ( vencer la contradicción formal del estatuto) le puede asegurar la supervivencia
y el desarrollo.

• Respecto de Tcilhard nos permitimos remitir a los lectores a la evaluación que
hacemos de los aspectos positivos y negativos de su pensamiento en nuestra obra El
f,en.sami.ento d• Teilhr.zrd dti Chr.zrdin: El Cosmos, tl Hombre '1 Dios. Ed. TEA, Buenos
Aires, 1975.
11 Sobre el tema de la evoluci6n seg6_n Tcilhard, puede vene nuestra obra citada en
la nota anterior, Cap. II, El hombre 1 la evoluei6n.
.. Ver aJ respecto el bien documentado estudio de R. J. Nogar, La 11voluci6n y lll
filoso/la cristiana. Traducción del inglés. Edit. Herder, Barcelona, 1966.

122

Hace ya más de cuarenta años, J. Ortega y Gasset, con su habitual claridad, planteó el problema fundamental, el del binomio universidad-ciencia
que no deben ser ni fundidas ni separadas. En una visión totalizadora "la
universidad es el intelecto -y, por lo tanto, la ciencia- como institución";
pero esa identidad espiritual, si engloba las condiciones de eficacia y actualidad, resulta sigue resultando, de una heterogeneidad de hechos cuyo sentido constituye el contenido de una finalidad, la nuestra.
El inttleei,,aJ y n1 mundo, Madrid, Elpasa-Calpe, 1968, p. 104.
• Hecho que fue comprendido --en su form.i negativa- por los nazis que cerraban ailtemáticamente 13.11 univenidadet en los pwes ocupados.
1

123

�De aquí la fórmula orteguiana: "la universidad es, además, ci,mcia". Y
la precisión consecutiva: "no un además cualquiera y a modo de simple
añadido y externa yuxtaposición, sino que - ...- la universidad tiene que
ser antes que universidad, ciencia". La "atmó fera" científica da "el supuesto
radical para la e.xistencia de la universidad", se puede decir que "la ciencia
es la dignidad de la universidad, más aún", su "alma".
La segunda significación del "además", complementaria y no menos importante, insiste en que la universidad debe abrirse "a la plena actualidad",
estar en medio de ella, sumergida en ella. Para que la universidad vuelva a
ser "lo que fue en su hora mejor: un principio promotor en la historia europea", Ortega preconiza con urgencia su intervención en la vida pública.ª

•
En los años cincuenta, dedicó al problema de la universidad unos penetrantes estudios Gaston Berger, inventor de la "pedagogía prospectiva" según
la cual "la educación tendrá que anticiparse a la enseñanza, lo que supone
un cambio radical de orientación: en lugar de distribuir los conocimientos
enciclopédicos, rápidamente superables -pues perecedores- en el mundo
cuya historia va acelerándose, hay que dotar ante todo a los jóvenes de medios
adecuados para afrontar la situación científica y cultural en continua evolución".

Así, en la concepción bergeriana "la universidad no proporciona el coronamiento de los estudios sino que es una apertura sobre la vida". Lejos de estar
limitada a lo útil, su tarea humana imprescindible es "aprender a ser", darnos
"el gusto y el amor de la libertad sin Ja cual no hay existencia auténtica".'
Prolongando la obra del filósofo francés en la direcci6n indicada, sus colaboradores y discípulos establecieron, antes de que estalle la rebelión estudiantil en 1968, un diagnóstico que la prevía con una certeza casi matemática.
En efecto, si la universidad debe desempeñar en la sociedad contemporánea
su papel de centro "de producción científica y de creación cultural", es necesario reformarla desde lo interior, y, al mismo tiempo recon iderar las modalidades de inserción en la estructura estataP
• Obras completas, Madrid, Revista de Occidenle, 1962, t. IV, pp. 350-35-3.
• L'homme moderne et son éducatio11, Paris, P.U.F., 1967, pp. 131, Ul, 93.
• " ...si se adopta un punto de vista prospectivo, las univenidades aparecen como
instituciones, centrales y no marginales, y cierta gestión etá.tica como la herencia de
una época acabada, cuando los problemas de la producción y del cambio parecían
menos importantes que los de la igualdad jurídica y de la transmisión de lo adquirido". (A. Toura.ine: Cri.s, et transformatwn de l'univmit, in: PROSPECTIVE, París, septiembre, 1967, núm. 14, p. 50).

124-

Pero -y los hechos lo mostraron contundentemente- tampoco el análisis
y visión prospectivistas fueron tomados en serio. 8 Hoy, cinco años después de
la ola de •·contestaciones" que trastornó el antiguo sistema universitario, el
nuevo orden todavía no está en vigor; la universidad (al menos la. de la
Europa occidental) trata de acomodarse, con éxitos bastante desiguales, a un
"modus vivendi" pragmático donde la precaridad concepcional se pone en
difícil equilibrio con la flexibilidad doctrina l.

•
En su impresionante libre obre Ser y quehacer de la universidad,' Agustín
Basa.ve Fernández del Valle, presidente del Centro de Estudios Humanísticos
y catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León, nos invita a refle.xionar hallar con él un remedio a tal estado de cosas.
Ya en la introducción, situándose "en posición de universitario comprometido" -a quien incumbe "una elevada rectoría social, cierta preeminencia personal y una inocultable función prospectiva"- el autor se pronuncia en pro
de "la universidad vocacional frente a la universidad profesional", postulando así la prioridad del "espíritu crítico sobre el sistema concluido de conocimiento actuales".8
El profe.sor Basave acomete el problema en metafísico que reconoce la finalidad del ser de cuya verdad última procede el saber comunicativo, unitario
y orgánico. De aquí, la siguiente definición: "la. universidad es la institución
de estudiantes y profesores que por la investigación y la docencia se ordena a
la contemplación de la verdad, a la unidad orgánica del conocimiento, al
cumplimiento de las vocaciones personales y a la preparación de profesiones
necesarios para la realización del bien común".
Conforme a esta escala axio16gica es permisible "conjeturar, para el próximo futuro, un desplazamiento del centro de gravedad de la enseñanza universitaria" hacia "la clarificación e impulso de las yocaciones" que se efec• amralmente, no podemos aquí dar cuenta de todos los escritos que fueron consagrados en este período al tema de la universidad, escrito que van del radicalismo
( cf. por ej. G. Gu.sdorf: La universidad en cuestión, Paris, Payot, 1964) hasta las
posiciones más o menos tradicionales (d. por ej. A. Caturclli: La universidad, su
esencia, su vida, su ambiente, Univenidad Nacional de Córdoba, 1963; part. las pp.
133-134; "Técnica y mwón de la Universidad").
r El subtítulo: Eestructura y mirión de la universidad vocacional; prólogo del Profr.
Dr. F. J. von Rintelen; Monterrey, Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León, 1971, 496 págs.
• Ibid., pp. 16-17.

125

�tuará al través de "un continuo aprendizaje, ... un arte de evaluación, crítica
y autocrítica".
Para "hacer de la universidad la conciencia más lúcida de nuestro tiempo"
hay que mantener la presencia viva de "una idea directriz'' ("la Facultad de
Filosofía puede servir como eje espiritual de la universidad"} que se concreta
atribuyendo un carácter universal, comunitario e intcrdisciplinario al trabajo
universitario a la vez educativo y de "investigaci6n abierta, continua, prospectiva'', donde el humanismo se combina indisolublemente con "la invenci6n a todos los niveles" según "una metodología rigurosa".'
Antes de proponer unas medidas específicas para buscar soluciones a la
crisis de la universidad contemporánea -crisis causada principalmente por
la preponderancia concedida a la enseñanza profesional- y llegar a la meta
.indicada, el autor nos facilita los resultados de su vasta encuesta sobre la
situación universitaria en los principales países europeos (incluso la U.R.S.S.),
los Estados Unidos y la América Latina; se desprende de este estudio comparativo que no existe ningún modelo acabado y transmisible. Tampoco el
balance de la rebelión estudiantil ( el profesor Basave habla de "una nueva
clase social: el estudiantado") aparece como unilateralmente positivo o negativo. Más que de otra cosa, se trata de un síntoma que señala ''una sociedad
defectiva. Los que ostentan el poder social no están a la altura de su misi6n
hist6rica1' •10
"La reforma integral de la universidad" debe tener en cuenta todos los

aspectos: estructural, administrativo, académico y vocacional; sus principales
bases expuestas por el catedrático de Monterrey, son las siguientes:
1) Reforma de la primera y la segunda enseñanza - ...- , para que el

alumno llegue a la universidad con una base decorosamente sólida de cultura
general.
2) Estudios electivos, al lado de los cursos básicos para desarrollar la personalidad y 1a vocación.
3) Asegurar todos los objetos y accesorios necesarios a la enseñanza moderna.
4) Becas y pensiones para estudiar dentro del país y en el extranjero.
5) Dar una elevada formación pedagógica a los universitarios.
6) Garantimrles una seguridad material.
7) "Restaurar la disciplina" en 1a universidad no con la ayuda de regla• /bid., pp. 2-13.
.,. Ibid., p. 347.

126

mentaciones1 sino requiriendo que "el gobierno mantenga el imperio de la
norma jurídica, sin atropellos" y, por otra parte, "preparar un clima de
mayor simpatía y comprensi6n entre maestros y alumnos".
8) La educación integral y armónica de los discípulos ocupará el lugar
primordial en la universidad del porvenir. Se trata de ''conjugar en feliz
sincretismo" Jo mejor de los estatutos universitarios existentes y, eliminando
"de la educaci6n todo dogmatismo y aprendizaje pasivo", preocupándose "por
la vida entera del educando, . . . provocar la personalidad del estudiante,
guiándola y dirigiéndola a fin de que descubra personalmente la estructlll'a
de la realidad que se le trata de mostrar''.
9) La tarea universitaria es ante todo socrática: despertar al educando y
ponerlo en la vía de "contemplaci6n y acción". Además, la universidad vacacional; a) debe buscar "la unidad orgánica del saber, la implantación de
materias comunes verdaderamente universales -Antropologia Filosófica, Teoría de la Política, Historia de la Cultura- y abertura a los fundamentos
filosóficos; b) Diólogo interdisciplinario· c) Departamentalización sin abolir
las facultades; d) Simbiosis de .investigación y docencia; e) Actividad original
y creadora en una integración metodológica con el seminario científico y el
practicum, el taller y el laboratorio" .1'1

El mensaje contenido en el libro del profesor Basave es profundamente
optimista: bajo ciertas condiciones, la universidad puede llegar a ser el más
adecuado instrumento para la puesta en práctica del "nuevo humanismo universitario", preparar el advenimiento del "humanismo integral". De las negagativas la más importante queda su ".independencia de todo control político"
que permite un ambiente de "verdadera libertad dentro del orden"; de las
condiciones positivas, la de reconocer en el obrar de la universidad la primacía "del 'logos, sobre el 'ethos"', es decir subordinar su quehacer a su ser.
Ya que la universidad, ese "laboratorio cultural", "supone y exige el cultivo
11 lbid., pp. 305-356. Al propósito de la "wnbiosis de investigación y de docencia"
el autor critica la opinión diferente expresada por J. Ortega y Gasset ( cf. pp. 12-13,
163). No podemos detenemos en este punto, sin embargo hay que notar al menos que
Ortega se opone a la "investigaci6n" y "cientifismo" entre comillas que invadieron a
la Universidad, dañándola, porque ofn:clan al estudiante una falia. imagen (de1problematizadora) de la verdadera ciencia, induciendo al joven en error de facilidad en
cuanto a su posible carrera científica.
Y hoy más que ayer la pra.'Üs confirma la vigencia de la siguiente proposición orteguiana: "la ciencia, al entrar en la profesión, tiene que desarticularse com.o ciencia,
para organiz.arse, según otro centro y principio, como técnica profesional. Y si esto es
asi, también debe tenerse en cuenta para la. em.eñanza de las profesiones". ( Obras
completas, t. IV, p. 341) .

127

�de la dimensión axiotrópica del hombre. Y se cumple en la fecunda proyección socio-política" .12

ta por la imposibilidad de una previsión rigorosa de empleo. Con lo que
abordamos lo esencial de la reforma del funcionamiento de la universidad .

•
A pesar de terminarse por un punto de interrogaci6n, el título del último
estudio de Jean Fourastié, conocido universitario y futurólogo francés, parece
señalar, al contrario, una visión pesimista. Cuando nos planteamos la pregunta: ¿Quiebra de la uniuer.sidad?,1 3 tenemos en efecto una duda seria que no
incita particularmente las esperanzas para una respuesta no afinnativa.

El autor parte de la comprobación común: "En ningún país del mundo,
la institución universitaria está hoy juzgada satisfactoria y estable"." La urgencia de una mutación a la cual asistimos resulta ante todo de la creciente
presión económica: la sociedad actual siempre ex.ige más diplomados y mejor
calificados para unas tareas precisas. El primer aspecto es cuantitativo: "la
universidad llega y llegará a ser cada vez más el solo empleo normal de los
años de adolescencia y de juventud". La consecuencia de tal ''extensión de
la universidad a las masas de nombres" será, según J. Fourastié, "su estallido entre un número muy grande de medios culturales" 16 conforme a las
aptitudes humanas.
El segundo aspecto cualitativo (mejorar la calificaci6n) debería hallar su
solución en la "adaptación de la universidad al empleo"; en vista del aumento irresistible de infonnaciones científicas la única medida adecuada sería
prolongar la enseñanza de "cada ciudadano a lo largo de su vida", instaurar
la universidad "vitalicia", inconmensurable con la nuestra: "es la nación entera la que persigue tareas universitarias".

EJ autor francés preconiza el "advenimiento ineluctable" de lo que llama
la "naci6n universitaria" romo resultado de
dad introvertida" o "universitante" que está
activa de la nación; vemos ya los primeros
fusi6n "del trabajo de los universitarios, . . .
administradores", en la puesta "en uso de
asociación universidad-industria" .18

"la reconversi6n de la universidemasiado separada de la parte
pasos prácticos en la progresiva
de los ingenieros y . . . y de los
las fórmulas harto eficaces de

~• Ser y quehacer de la unfoersidad, pp. 449-477.
n FailliLe de l'universiU? París, GaUimard, col. '1idées", 1972, 186 págs.
;, !bid., p. 9.
" /bid., pp. 65-68.
" /bid., pp. 78-83.

128

Esta transformación estructural destaca la importancia de otro problema:

el de la búsqueda de una cultura "polivalente" o "pluridisciplinaria" impues-

Hasta ahora dominaba en sus aulas el residuo de la "mentalidad tradicional", la racionalidad, correspondiente mucho más a la transmisión de los
resultados científicos ("almacenar la información") que a la verdadera introducción metodológica en la ciencia ("el tratamiento novador de la información, la aptitud para la descubierta, la adquisición de informaciones absolutamente nuevas"). A la universidad de hoy y de mañana incumbe promover
"el esplritu cient!fico experimental, llave de los tiempos actuales y próximos" .11

En lugar de aprender, hay que "aprender a aprender, es decir . . . aprender
a tratar la información; en vista de la decisi6n". En una frase: "aprender
a descubrír". 18
Partiendo de la distinción entre "los valores científicos", los que "hacen
progresar a la humanidad", y los valores "que la hacen durar" ( distinción
establecida en sus precedentes trabajos), J. Fourastié asigna a la universidad
( y no sólo a ella) el papel siguiente:
1. "Toma de conciencia" por los enseñantes de este problema que debe
modificar su actitud pedagógica.
2. Ofrecer una i.m~gen adecuada de la "Síntesis y resultados de la ciencia

experimental".
3. Poner de relieve "el espíritu científico", en tanto gue "el método experimental es un factor mayor de toda concepción del mundo, y por consiguiente del equilibrio vital de todo hombre de hoy".
4. Elucidar la idea de la "felicidad": no hay que correr tras ella sino
hacerla objeto de "una investigación seria".
5. "La universidad debe dar a las ciencias humanas lo mejor de sí misma";
es necesario renunciar "a las ideas preconcebidas, a los prejuicios políticos, a
las mentalidades arcaicas y mágicas", vigentes aquí más que en las ciencias
de la naturaleza, para diferenciar "claramente el espíritu racional del espíritu
experimental, sola fuente de descubierta, solo criterio de la adecuación del
pensamiento a la realidad".
6. En las ciencias humanas se impone asi "el estudio de la condición humana, en su amplitud, en su drama", y la elaboración (y la enseñanza) de
"la teoría de la decisión" que puede esclarecerla.
" !bid., pp. 110-165.
11 lbid., pp. 119-120.

129
Hum--9

�7. En "la base de la revolución cultural" deberían estar las "ciencias experimentales de la vida", a saber "la biología, la zoología, la botánica".
8. Cada profesor "consciente de las lagunas de la ciencia y de la amplitud
de lo incógnito" tendría que poseer el sentido de la "humildad", y saber
comunicarlos a sus estudiantes.
9. Es preciso que "toda la universidad colabore para volver a dar a la
humanidad una concepción del mundo en acuerdo con sus conocimientos y
capaz de renovar de generación en generación el ardor de vivir''.19

•
No hay duda de que existe un evidente paralelismo entre los libros de A.
Basave y J. Fourastié; es posible incluso llamarlo analogía, la cual va más
allá de lo aparente.

El primer autor, abiertamente filósofo, nos propone una perspectiva cuyo
determinante de última instancia es moral (derivado de una / e ontol6gica),
con todas las implicaciones sociales. Para que el lector adopte la misma visión,
más que el concurso de los hechos, le es necesario estar en disposición espiritual favorable: creer que "antes de reformar a la universidad tenemos que
reformarnos a nosotros mismos", tomar por segura la tesis según la cual "el
universo entero tiene una aspiración hacia la unidad" y preguntarse "¿ por
qué la universidad no habría de constituirse en instrumento para restaurar
la quebrada unidad del cosmos?" 2º
En el segundo estudio, J. Fourastié escogio, a primera vista, una actitud
más objetiva, la de un sociólogo que no reflexiona sino a partir ele los datos
estadísticamente comprobables. Sin embargo, las ideas que encontramos en la
conclusión son las de "sagacidad, filosofía, teología, concepción del mundo".
Por lo demás, la fuente aparente del pesimismo, o mejor, de la prudente
expectación, se apoya en la siguiente constatación: "Trescientos años después
de Galileo, el espíritu científico se queda raro y precario". 21

' _De ~.~í la concepc~ón de "la moral humana" que comprende "diferentes
desde los unperativos cuya base es lllStmtiva
. . .
.ruveles
fl "d
hasta la conducta
m u1 a por las "concepciones filos6ficas más generales" i'end , ta fu
mente d
d'
"
,
o es s erteepen ientes de la personaJidad de cada hombre".

~ara J. Fourastié, "la crisis actual de la moral tiene
o
la intervención del espíritu científico en Ja reflexión
r~!unda
desp_r~nde ya del planteamiento del problema: la renovaci6n ad sotCl n se
tradicional se efectuará cuando dicha intervención llegue a se d ~ . a moral
do se
,
r ec1S1va, cuanreconozca comunmente como "sola certidumb ,, l
.
funcionen plenamente "los dos motores" de la re a ~óxperllilental, cuando
cimiento d ]
renovac1 n moral "el conoe O real Y la fe en un progreso colectivo".~

~~!1•~. c7usa

Ambos autores subrayan la importancia el

1

~::::ru

:dgulo;v:etigtadativo efcuya ge~eralización y ;pren!:;e
lad~ie~!
o r orma eficaz en la ense •
.
. .
trucción de la universidad conte
,
nanza uruvers1tana, de Ja reconsen favor del método fono
~~oranea del futuro. A. Basave se pronuncia
1:3enologico _Y de una "integración metodolómca" 2s
J. Fourasti'e sos t·1ene e1 metodo
experunental.u
o~
'
Pero -y e~ hecho nos parece bastante grave para señalarlo-- un
dan en sus libros respectivos la impresión de i2norar l t
.
º, y ºU:º
que elaboró en nuestro tiempo Ferdin d G o
a entativa mas sena
la apertura a la experiencia.
an
onseth, la de la metodología de

Hay otro punto sobre el cual quisiéramos 11
Jo contiene el ya citado estudio de J Ort

am;

1
.,
a atcncron los dos autores;
"el carácter inst'tu · aJ
· . ega Y assct, en que podemos leer:
.
.
. i Clon compete propiamente a la universidad
L .
cia es mcoerctble e irreglamentable"lG
. . . . a cien-

Es decir que el problema esencial que tiene que asumir la
. 'd d d
hoy, para probJematizarse hacia el mañan se da
~~ern a
e
institucionalizar la libertad creadora?
a,
en la cuestion: {C6mo

Un esclarecimiento suplementario puede ser hallado en otro libro del mismo autor donde se trata de la relación entre "el espiritu científico experimental" y "la moral necesaria a la humanidad científica"; aunque "la moral no
puede .. , ser científica", debe "beneficiar del espíritu científico"; más "la
primera regla moral de nuestro tiempo es el deber de información científica".
u lbid., pp. 126-162.

• Ser y quehacer de la universidad, pp. 454, 362.
"' Faillite da l'université?, pp. 162-166.

130

: CFofuSR.ASTIÉ, J., Essais de mora:e prosJ11ctive, París, Gonthier, 1966
"
. e~ ~ quehacer de la Universidad, p. 37l.
' pp. 128-189.
CC. Fa1llite dtJ l'universitl pp 96-97. E · d
.
., Op. cit., p. 351.
,
.
, ssar.s e moral, prospect,ve, p. 170.

131

�FINITUDE, HOPE, AND THE HUMAN COMMUNITY
P. DAUENBAUEII.
University of Georgia.

BUNARD

I HAVE OFFERED reasons elsewhere for maintaining 1) that every expression
of human f inite,.historical individulity ineluctably issues in both good and
evil; 2) that every expression of finite-historical individuality is consented
to in sorne mode, namely in hope, in presumption or in despair; and 3) that
every expression of finite-historical individuality which is consented to in
hope that it will contribute to establisbing or maintaining the solidarity of the
human community is, as so modalized unequivocally good, i.e., js that to
which unqualified rational approval can be given. 1 I should now like first
to say something further about this hope and then to indicate a few of the
ways in which this element of hope shapes the sense of the envisaged solidary
bu.man community and the sort of education called for to sustain such a
community.
I take it for granted that there is no human comnnmity of any sort without
sorne expression of finite-historical individuality. Now every expression of
finite-historical individuality is addressed to some other finite-historical individual. A finite-bistorial individual may be a single person or sorne concrete
group of persons. A single person may express his individuality to another
single person or to a group of persons. Likewise a group may express its
individuality to another group or to a single person.
But the differences between these various combinations, important though
they are in other contexts, are not relevant here. What matters here is that
every expression of finite-historical individuality, as address, is double faceted
and can be appropriately interpreted in terms of "appeal" and "claim". Ex1 See my "Good, Evil, and Human Finitude", Proceeding, o/ the xvlh world Co11,gress of philosophy, Vama, Bulgaria, 1973, vol. I, pp. 143-145.

133

�pression as appeal is directed toward acceptance by others into community
with them. Expression as claim insists that others acknowledge that he who
expresses individuality is not definitively absorbed by them. In concrete experience these two facets of expression "infect" one another. Appeal makes a
claim and claim appeals for acknowledgement.
Now if I am correct, every expression of finite-historical individuality ineluctably issues in both goocl and evil. That is, no concrete expression of
finite-hist'orical individuality, simply by virtue of the content expressed, unequivocally contributes to establishing or maintaining a genuinely solidary
human community. What is, then, the character of that hope which I claim
so modalizes an expression of individuality that the modalized expression as a
totality is unqualifiedly goocl?
First, as Gabriel Marce! has clearly seen, in its fully developed character
hope has no detenninate object. Hope is without definitivcly specifiable content. To hope, then, is not to perlorm an act like seeing, choosing, or making.
Hoping does not, at bottom, give expression to sorne well defined content.
Though it does make sense to say "l hope that x", this must be understood, if
germine hope is in question, as only a conditional longing for x, a longing
for x only insofar as x is indeed compatible with that ultimate state of affairs
which defies definitive specification. Or, from another perspective, hope is
radically unconditional. Its legitimacy does not depend upon the fulfillment
of stipulable prerequisites.2
But even though Marcel has seen that hope establishes persons in a .relationship which he calls "communion", he has not sufficiently clarified the character
of this relationship. I propose that the relationship established by hope should
be conceived along the lines of the relation holding bctween a class, in the
logical sense, and its complement, rather than in tenllS of the relations of
sameness or similarity. Even the point at which the analogy between the relation between individuals estabfuhed by hope and the relation between a class
and its complement breaks down is instructive.

can be unequivocally good is one which acknowledge finite-historical individuality and preserves the possibility of its continued expression. An expression
so modalized that the relationship arising from it is appropriately conceived
in terms of similarity or sameness cannot satisfy this condition.
A movement of two groups toward similarity or sameness could only win
unqualified racional approval if at least one of the groups so moved does not
have, at its terminus a qua, an inalienable, abindig, but not necessarily unmodifiable, contribution to make to the complex relationshlp as a whole.
Thus, the movement toward similarity or sameness tends either to the subordination of one group to another or to the subordination of that which indiYidualizes each group to that which is cornmon to them. If this movement
reaches its ultimate term, then sorne possibilities oí e&gt;.-pressions of finite-bistorical individuality are, by emplicit des.ign, eliminated. And along with them
are eliminated those possible concrete goods for which they were necessary
conditions.
An expression of finite-historical individuality so modalized that it is consented to with a view toward the reduction of the groups to sameness or
similarity and the concomitant abrogation of the possibility of subsequent
expressions of finite-historical individuality is one which is consented to not
in hope, but rather in presumption or in despair. 3

On the other hand, an expression so modalized that the relationship arising
from it is appropriately conceived along the Jines of tbe relation between a
class and its complement is one which does preserve both finite-histocical
individuality and the possibility of its continued expression. Thus an expression
so modalized is one to which unqualified rational approval can be given. I
therefore contend that the relationship established by hope is appropriately
conceived along the lines of the relation between a class and its complement.

For present purposes 1 will develop my proposal in terms oí the relationship betvveen two groups. Given 1) that each of the groups in question is
indeed a finite-historical individual, 2) that an e.xpression of that individuality
is required for cornmunity between these individuals, and 3) that a necessary
condition for the occurrence of concrete good is sorne cxpression of finitehistorical individuality, then the only modalization oí that expression which

This contention gains strength from the following considerations. First, a
class and its complement mutually determine each other precisely by virtuc
of the fact that each of them maintains its own identity. Ana)ogously, one
group is able to help another in the latter's self-realization precisely by virtue
of the fact that the former gives expression to its own individuality. Second,
a class and its compleme.nt are mutually dependent on each other for their
integral sense. Neither without the other makes complete sense. Anatogously,
no rrroup can express its frnite-historical individuality in the absence of sorne
other individual, whether group or single person. Indeed, no group can be

' See Marce! Gabrie~ Hamo Viator, tr. by Emrna Crawfurd (London: Victor
Gollancz, Ltd., 1951) , pp. 29-67.

For the sensc of the notions of presumption and despair in this cootext, see my
paper cited in footnote 1.

134

1

135

�cogni7.ant of its own finite-bistorical individuality in the absence of a. complement. Third, a class and its complement constitute one unified universe
of discourse analogously, the individual groups in question conjuintly constitute what can be called the "circle of expression". This circle of expression
can be described as a sating whicb is required for a hearing to be po.sible as a
hearing, wbicb bearing is required for a saying to be possible as a saying.
Tiús third consideration brings into focus the fact that the modalization
of the expression of individuality by hope is precisely that modalization wbicb
tends to preserve expressi6n of finite-historical individuality in its fullness.
Given the interpretation of this expression in terms of appeal and claim, then
it can be seen that the relation among groups, or among individuals for that
matter, whicb is established by a consent to the expression of finite-historical
individuality in hope does, if the relation of hope is conceivcd in a manner
analogous to the relation between a class and its complement, preserve thc
full force of both facets of such expressión, namely appeal and claim. Thcse
two facets are not preserved in ful! force by modali7.ations of exp.ression wbich
I have called presumption or despair. Presumption sligbts the facet of appeal
in trivializing the necessity of hearing for saying. Despair slights both facets in
trivializing the entire circle of expression.
But the analogy bet:ween on the one hand, the relation between a class and
its complement and on the other hand, the relation bet:ween groups established
by a consent in hope to an expression of finite-historical individuality does
not, as I have indicated, hold in ali respects. For example, the co.mposition
of a class or its complement does not develop or change. Obviously the composition of a group of persons does develop and cbange. Likewise the example
of the relation between a class and its complement is too simple to cover the
complexity of tbe network of groups brought into contact with one another
in sorne expressions of finite-historical individuality. Nonetheless even when
the analogy collapses, it is instructive concerning the sense of hope. The
consent in hope which modalizes expression of finite-historical individualit:y
gives full weight to both the finitude and the historicality of the expression
of individuality. Presumption denies the expression's finitude and despair
trivializes its historicality.
On the basis of this elucidation of the cbaracter of that: hope whicb can so
modalize an expres.5ion of finite-historical individuality that the modalized
expression talcen as a whole is unequivocally good, I should like to sketch
briefly sorne implications following from t:his elucidation -concerning thc sense
of the envisaged solidary human community and the education called for to
sustain such a community. Basically, the envisaged solidary human communit:y

136

must be a variegated community. Variegation is not a sign of defective
community. Rather it is an essential trait of community. Further, this variegation must extend throughout the entire range of a.reas in which expression of
finite-historical individuality can occur.
Concretely, this means that the solidary human community must be marked
by political, economic, artistic, and religious diYersity. The specific shape and
content of the diversity of course need not and indeed should not, rema.in
fixed. For example, there is no optima! quantity of diversity to be established
or maintained. And fi.xity of the shape or content of the diversity is just as
incompatible with the finitude and historicality of the expression of individuality as is unifonnit:y.
Further, and paradoxically the variegation of the solidary human communit:y
requisite for continued expres.5ion of individuality will insure the continued
presence of evil in the solidary human community. The modalization of expressions of individuality by consent in hope does not belong to a quest for the
absolute abolition of ed.l in the human community. 0n the contrary, inasmuch
as t:his modalization tends to insure further expressions of individuality, it
likewise insures the continued presence of evil in the solidary human communit:y. This is so beca.use every expression of finite-historical individuality ineluctably issues in both good and evil.

I should like to conclude this paper with sorne brief remarks concerning
the sort of education called for to sustain a solidary human community of the
kind described here. Primarily, the requisite education wil1 explicitly distinguish between what is claimed or even sought in the natural sciences and
what is claimed or sought in the humanities. Otto Friedrich Bollnow's work
is instructive here. Without this distinction, calls for "planetary humanities"
contain seeds of disaster!
Requisite education in the bumanities will seek an objective t:ruth which
makes no daim to generalized validity. Rather, as embodying accounts of the
expression of finite-historical individuality, the humanities will be recognized
as interpretations which are thenselves expressions of individualit:y. Inasmuch
as individua.Is and groups are definitively both finite and historical, these
characteristics will be acknowledged and respected. Such respect is not skepticism. On the contrary, it is clear sighted recognition both of the kind of
reality belonging to expressions of individuality and of the kind of sense which
an interpretation of these expressions embodies.
• For an example of a call for. "planetary humanities" see Michel -ovak, "Planetary
Humanities", Commonweal, vol. O, No. 11, May 17, 1974, p. 254.

137

�Only an education in the bumanities which is rooted in these considerations
provides the intellectual foundatioo for the single person or gro~p \O c~nseot
·
f · di "d ality in hope For only this sortof education culbvates
to expressions o m v1 u
.
. .
.
ntinued
the diversity oecessary for a solidary human commun1ty m which co
.
expression of finite-historical individuality is pos.c;ible and thus a commumty
in which people, groups, and their deeds rnatter.
Admittedly this position is far from utopian. lndeed, it is paradoxical a_nd
l · g But I believe that the proposals and interpretations from ':"hich
perp exm .
d d . h
xpeneoce
this position and its consequences flow are well foun e m ~man e
·
Further, the history of human community fo~tion_ ~d ~tenaoce hardly
disconfirms thero. And in the final analysis, while e~atmg the shallowness
of optimism and pessimism, this position doe provide grounds for steadfast

LA POL1TICA DE MAURRAS Y LA FILOSOF1A CRISTIANA
Da. ALBERTO CATuu.LLI
Universidad de Córdoba

C6rdoba, Argentina.

endeavor.

l
EL REALISMO MAURRASIANO
l. EL

ORDEN ONTOLÓGICO Y EL MÉTODO

QurzÁ DlSPONOAMOS ya de una suficiente perspectiva para meditar seriamente la implícita o explícita filosofía política de Charles Maurras, desde el punto
de vista del pensamiento cat6lico en cuyo seno produjo polémicas y discusiones, no siempre mantenidas con la serenidad necesaria. Inmediatamente se
nos hace evidente que será menester exponer, desde dentro, las líneas esenciales de la filosofía política maurrasiana y, a partir de ellas, ejercitar la
reflexión crítica respecto de la filosofía cristiana. Válido principalmente de
la antología de Pierre Chardon y los textos paralelos de diversos libros de Maurras * que permiten soslayar la casi insuperable montaña de todas !-US obras,

* Cito por las siguientes siglas: EsM, Ent;Uesta sobre la monarquia, Prólogo de
Lui5 María Anson, trad. de F. Bertrán, Editorial Círculo Zaragoza, 1958 (trad. e[ectuada sobre En quite sur la monarchie, .L.N., París, 1925); PI, El porvenir de la
inteligencia, trad. de Julio Irazusta, Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires, 1965 (trad.
parcial de L'Ave11ir de l'inteligence, N.L.N., Parí5, 1909); IP, Mis ideas políticas,
texto ordenado por Pierre Chardon, trad. de Julio lrazusta, Editorial Huemul, Buenos
Aires, 1962. Contiene La pol!tica natural (trad. de Mes idüs politiques, textes ordonnés
par Pierre Chardon, L. Artheme Fayard, París, 1937); OyD, El orden y el desorden,
trad. de J. L. 'Muñoz Azpiri, Ed. Huemul, Buenos Aires, 1964 (L'ordre et le désordr,,
Lea Iles d'Or, Parú, 1947); he tenido en cuenta: MD, Mi defensa, pr61. de G. Uaca.tescu,
Epesa, Madrid, 1946; y Ré/lexions sur la révolution de 1789, Les Iles d'Or, Patls, 1948.
138

139

�no es difícil perseguir la línea central de su reflexión. En efecto, siempre se
tiene la impresión de un supuesto, muy clásico, que circula bajo todos los
textos maurrasianos. Ese supuesto, a veces, se hace explicito en los pasajes
dedicados a la idea de orden como inseparable del ser y después, de la
realidad humana y social: "Como no podía existir la figura sin el rasgo que
la ciñe y la línea que la contiene, desde que el Ser empieza a alejarse de su
contrario, desde que el Ser es, tiene su forma, su orden, y es aquello mismo
que lo limita, lo que lo constituye". 1 En otras palabras, Maurras quiere
de,,
cir que el Ser, en cuanto es (pues el no-ser es una no-presencia ) tiene su
orden; más técnicamente dicho es el orden. Con lo cual recuerda a san Agustín cuando, preguntándose por lo contrario del orden dice que es la nada
porque "lo que es contrario al orden debe hallarse fuera del orden". 2 Es, pues,
lo que es. El orden funda así todo Jo ordenado y la naturaleza de las cosas.
Es fundamento último pero, a la vez, lo que permite comprender la realidad.
En ese sentido es un medio, como dice Maurras, pero es también "un punto
de partida".• Es lo justo, aquello que corresponde a cada cosa y quizá por eso
Maurras no trepide en afirmar que "es una justicia superior''. 4 Notable sentido del orden que recorre las páginas de Maurras y que, por analogía, permite
hablar de orden natural, de orden social, de orden político. Precisamente podemos hablar de orden en todos los grados de la realidad, por comparación
al ser o, si se quiere, como dice santo Tomás, el orden se entiende por relación
a un principio. 5 En este hijo del positivismo comtiano que es Maurras, hay,
pues, un redescubrimiento o retomo a la realidad y de allí, como cuenta
Massis, su aprecio por Aristóteles y santo Tomás O hasta donde le era posible
en su agnosticismo religioso. Es claro que a esta pasión por el orden (que
implica un reconocimiento de un orden ontológico supuesto a todo) debia
corresponderle, por un lado, un repudio de todo idealismo subjetivo y, por
otro, una necesidad metodológica de adhesión a la realidad concreta. Pero
su agnosticismo le impide ver que la idea de orden por relaci6n a un principio (como dice santo Tomás) exige a Dios como último principio de todo
Jo ordenado; por eso Maurras solamente se refiere al orden del mundo biológico, del mundo humano e histórico y social. Sin embargo, veamos hasta donde le condujo su fidelidad al orden, mantenida sin desfallecimientos
hasta el fin.

.

' IP., 92.

• De ordine, I, 6, 15.
' IP., 92.
' IP., 93.

• STh., I, 42, 3; lla IIac, 26, 1.
• La vida 'intelectual de Francia tn tiempo de Maurra.1, pp. 24-25, trad. de Juan
Segura. Ediciones Rialp, Mad.rid, 1956.

140

Desde esta perspectiva puede entenderse a fondo su método de interpretación de la realidad social. En efecto, en este orden insoslayable se funda
todo criterio de verdad desde que ésta establece "lo que hay que saber y
pensar antes de obrarº y así esclarecido "el hombre está lejos de haber resuelto los problemas de su vida práctica, pero tiene con qué resolverlos". 7
Con lo cual afirma la primacía de la contemplación obre la acción, de
la teoría sobre la práctica, muy dentro del espíritu del pensamiento clásico. Por consiguiente, supuesto el ser como orden y la primacía de la teoría, será menester leer, descifrar ese orden tal como se nos da en Ja realidad
humana en la experiencia totaJ. El método, pues, no puede ser otro que un
empirismo organizador teniendo en cuenta que "organización" en uno de los
nombres del orden. 8 Pero es claro que la experiencia se refiere a lo sensible
inmediato, al orden social y al pasado hist6rico; en consecuencia es posible
"leer" los hecho y descifrar su sentido hasta de cubrir sus leyes: "El examen
de los hechos sociales naturales y el análisis de la historia política conducen a
determinado número de verdades ciertas, el pasado las e tablece, la psicología
las explica y el curso ulterior de los acontecimientos contemporáneos las confirma y las reconoce". 9 Luego se trata de deducir a partir de inducciones
correctas desalojando toda posibilidad de un puro obstractismo y de un fatalismo negador de la libertad. Aunque ~faurras haya dicho que él no es un
metafísico, es evidente que hay aquí una metafísica implícita que postula la
experiencia (como Comte pero también como Aristóteles) como necesario
punto de partida. Al eliminar el abstractismo elimina hasta la posibilidad
de las ideologías y al exigir la adhesión a la experiencia, pone las base de un
realismo político. Dados los hechos e preciso observarlos tal como se muestran
a la experiencia hi tórica: "En el laboratorio de la Historia Universal el
'
hombre se halla como sujeto y objeto de la experiencia"; 1º por eso, "nuestra
maestra en política es la experiencia".11 Podría enunciarse sintéticamente su
método diciendo que se trata de considerar objetivamente la experiencia
social e histórica y deducir las leyes que rigen ese mismo orden social, histórico y político. o se trata entonces de aplicar una "norma11 sino de descubrir
una ley que existe objetivamente a,ites de toda consideración de la inteli-

gencia.
Pero este realismo radical implica, para Maurras, una constante apelación
a la naturaleza a la que es preciso interrogar. aturaleza tiene aquí cierta
' IP., 88.
IP., 147.
' IP., 149.
"' IP., 146.
" IP., 151.

141

�connotación biológica y es desde ella desde donde surgen los trabajos, las
artes las naciones, las civilizaciones. 12 La ex-periencia es pues experiencia de
la n~turaleza cuyas leyes deben ser voluntariamente formuladas: "es particularmente indispensable que dirijan una mirada firme obre aquel punto ~ cial de la relación existente entre lo voluntario y natttral, lo moral y lo fts1co
. "conocer
en )a trama social del ser humano" ; por eso se hace tan necesano
las verdades de la naturaleza", considerar las leyes suyas "según las cuales
los hechos reales se encadenan". Esta apelación a la naturaleza preferentemente en sentido biológico, implica, como ya dije, la anterior y fundante
presencia de un orden al cual es preciso, metodológicamente, expresar con
total fidelidad.

2. 1A

ANTR01'0LOGÍA MAURRASIANA

Maurras tiene conciencia que todo orden social supone un determinado
concepto del hombre; pero, prudentemente, no escribe una antropología, aunque en sus textos se pueden encontrar los elementos esenciales de su idea
del hombre. o obstante, la investigación acerca del hombre no pasa del
plano empírico, por lo menos en su intención primera: en efecto, se trata,
simplemente, de moverse en el orden de las causas segundas que corre~ponden
a las "primeras leyes naturales". 18 Inmediatamente surge la diferenoa esencial del hombre respecto de los irracionales: "el hombre es un anbnal que
razona"; 14 no son propios del hombre ni el sentimiento, ni la soc_iabilid,ad, ~
la moralidad; sólo en propio suyo la razón aunque todo lo anterior a el esta
presente en su cuerpo. De lo cual se sigue que la razón está "condicionada
por toda la naturaleza" (no determinada). Pero el ho~b~e ~o es solame~te
raz6n ya que, precisamente por lo ya dicho, tanto lo mstmtivo como lo inconsciente existen en la misma base de la naturaleza humana; pues el hombre
es ese todo: cuerpo y alma, supuestos irracionales y razÓn y entre la corriente
de las cosas naturales y nuestro espíritu existe una "correspondencia misteriosa".
Más aún: aquí mismo, en el punto de partida, venimos a descubrir la
imposibilidad que el hombre sea un solitario porque desde el momento que el
hombre es hombre, constitutivamente, consiste en amistad por el otro hombre,
que es el motivo profundo por el cual para el viejo Aristóteles es el hombre
IP., 26; 17, 23, 28, 29, 44, 46, 61, 11 O, 232 , 233.
IP., 63.
" IP., 82.

11

IJ

142

"un anima] político",1 5 hasta el punto que, para él, la ciudad es anterior a
cada uno de nosotros puesto que el todo es anterior a la parte.18 La amistad
del hombre por el hombre no es algo, para. Maurras, que le sobrevenga al
hombre además de su propia naturaleza; el hombre consiste en esta amistad
originaria y, por eso, 'es la amistad quien preside la fundación de la ciudad" .11 Esto no impide a Maurras a proponer una interpretación positiva
del pensamiento de Hobbes pues, para él, no debe interpretarse con pesimismo su máxima de que 'el hombre es un lobo para el hombre"· en efecto
' decirse'
el hombre es aún más que un lobo para el hombre pues hasta podría
que la antropofagia se ha transformado solamente ya que el hombre suele
devorar trabajo humano; sin ernbarg-0, es menester corregir este aforismo
agregándole otro tan verdadero o más que el anterior: "cl hombre es un dios
para el hombre": 18 "la industria explica la concurrencia y la rivalidad feroces desarrolladas entre los hombres. Pero la industria explica igualmente
sus concordancias y sus amistades". Si Maurras hubiese tenido fe cuando escribió estos textos podría haber sostenido que el pecado original es la causa
de que el hombre sea lobo para el hombre pero que lo es porque, previamente,
no puede prescindir de su prójimo al cual está constitutivamente abierto. La
tendencia más profunda es pues la sociabilidad que Maurras llama amistad
del hombre por el hombre. Lo cierto es que sostener cierta pureza natural en
el hombre, tendencia típica de la democracia liberal, es sostener una imagen
utópica del hombre, o hablar de un hombre que no exi~te. Y sobre esa noexistencia levanta toda su construcción el liberalismo. Lo importante entonces
es no menospreciar el dato inicial de la naturaleza, so pretexto, como observa
Massis,1 9 de cierta elevación religiosa o moral.
Por consiguiente, esta fidelidad a la naturaleza (que Maurras escribe con
mayúscula) muestra inmediatamente que desde que el hombre es consciente
de sí, desde que es hombre, un yo autoconsciente, es social; si lo es, entonces,
el yo es ya el nosotros: "El verdadero yo, el yo espontáneo, es un nosotros,
o no tiene sentido. 20 Verdaderamente, el individualismo es contra-natura pues
nosotros somos nuestros antepasados, nuestros libros, nuestros paisajes, nuestros cuerpos, en fin, todo lo nuestro.
Este "nosotros" que coincide con el yo manifiesta, simultáneamente, cierta
originaria desigualdad de cada hombre respecto de cada hombre, cierta sin,. JP., 67; cf. Aristóteles, Poi., I. 1253al.
• Poi., I, 1253 a 20.
" IP., 75.
11 IP., 71.
,. Op. cit., p. 93.
• IP., 157.

143

�gularidad intransferible. Si así no fuera, la observación empírica del yo coincidiendo con el nosotros, no tendría sentido pues no podría hab~ de un
yo personal en una pseudo-sociedad de seres iguales: ''Observad, dice ~a~rras que es entre seres de condición desigual donde siempre parece constltwrse 1~ sociedad primitiva. Rousseau creía que esta desigualda_d_ res_ultaba d_e las
· ·1· ·
Es todo lo contrario'• La sociedad, la ciV1hzae16n, nacieron
CIVl JZaClODeS. j
de Ja desigualdad. Ninguna civilización, ninguna rociedad podría salir de seres
"d . al
iguales entre sí''.iu En la Politique naturelle, Maurras llama a esta es1gu •
dad" la desigualdad protectora que ampara al hombre desde que nace desprovisto del ejercicio de la libertad y del poder. ~posible contrato ~guno.
El hombre recibe mucho, muchísimo más, de la soe1edad que lo que e~ ~~rsonalmente aporta al nacer. Recibe lo indebido y es, por eso, desde el m1c10,
un deudor. De ahí que sean indefinidas las diferencias humanas que hacen
estallar la falsedad del "mito de un igualitarismo imposible". Y así como
cada hombre es diferente y des-igual, también lo son los grupos reacios a toda
posible igualación numérica: "El número democrático tiende de ese m~do a
destruir la sociedad formada en grupas desiguales, únicos capaces de V1da Y
únicos que existen". Tal es, pues, la desigualdad inagotable que Maurras no
se cansa de señalar a ,ca.da paso. ~z Esta doctrina tiene, en Maurras, una base
biológica pues si estudiamos la evolución de los seres vivos, "en biología la
igualdad no está, más que en el cementerio"; en efecto, pronto apa.i_-ece
la "desigualdad de funciones" que va diferenciando los órganos cu~lqmera
haya sido la igualdad originaria: ''la igualdad puede estar en lo baJO de_ la
escala al comienzo de la vida: ella es destruida por los progresos de la V1da
El progreso es aristócrata".'ª Con esta afirmación Maurras no quiere
significar que las leyes biológicas sean idénticas_ en _la ~erenciación humana;
hace una analogía para poner de relieve la mev1tabihdad de los grados Y
desigualdades entre los hombres: " o temamos, sostiene, otorgar demasiado
a la analogía en este orden de cosas. Ella es la reina de la, investigación _para
todas las disciplinas del saber". ~t Y no se piense que habria ~~e concl~ e?
una negación de la libertad ( cosa inevitable aunque subreptJCJa e_n el m~vidualismo igualitarista) puesto que "la libertad no es~ e~ ~l com1enz?, sino
en el fin" del proceso. Maurras prefiere sostener el pnncip10 de la libertad
metafísica de la persona y rechazar las "libertades" que postula el liberalismo
como "suma" de voluntades individuales. 25 Sociabilidad radical, el yo como

mism;.

1 ' '
IP., 72.
.. IP., 15/18, 19/22, 29, 30, 31, 34, 42, 72, 123, 125, 141, 154/5, 166, 181, 183,
189, 197, 208, 244.
.. IP., 141.
.. IP., 142.
" IP., 102.
:i

ineludible nosotros, la desigualdad protectora y la libertad personal, son las
lineas esenciales de la antropología implícita que fundamenta todo el edificio
de la filosofía política de Maurras.

3. Ex.

ORDEN SOCIAL E HISTÓRICO

a) La asociación originaria. La sociabilidad del hombre es, pues, una necesidad natural. La asociación es ineludible. Luego, el "individuo" es abstracto, no existe, puesto que solamente existen las personas asociadas. Si contemplamos esta tesis en la vida biológica, es evidente que es la sociedad quien
determina a los individuos en las especies superiores; de modo que el nuevo
ser "ni siquiera (nace) de dos generadores, sino más exactamente de la sociedad de (sus) generadores. La asociación es distinta de la suma de los
asociados". 2 º En lenguaje escolástico, podríamos decir que la sociedad no es
uo todo integral que no es más que la suma de individuos que lo componen
(liberalismo) sino un todo potestativo que es, en cuanto todo, algo nuevo y
diverso de los singulares sumados; cierto todo de orden real y concreto que
Maurras redescubre con su idea de "asociación". El recién nacido es débil y
necesita en todos sus momentos del auxilio de la sociedad. La sociedad "nos
es impuesta", no ha sido elegida por nosotros y así acontece con los grupos
sociales naturales (familia principalmente). tsta es la ley de la especie;
"la asociación merece considerarse como la maravilla de las químicas sintéticas de la naturaleza humana"· el contrato viene a sellar esta realidad natural y no a la inversa. 27 Me animaría a sostener que la sociedad, para Maurras, aparece como una asociación necesaria de desigualdades personales.
b) Herencia y tradición. En el dinamismo de la naturaleza manifestada
en la asociación se cumple la ley de imitación y repetición; de ahí que la
sociedad humana implica, por su propia esencia, el poder de legar, la herencia. En tal caso, la herencia no es una mera transmisión fría y sin sentido
sino nada menos que el "medio de acción hacia el porvenir''. 28 La herencia
funda y abre el porvenir. Si los pueblos cristianos fueron cuidadosos de la
herencia terrena del padre al hijo, cuanto más deberían serlo los pueblos
menos creyentes pues en la herencia encontrarán "su única defensa contra
el tiempo; no tienen más que esta ancla para echar al abismo del porvenir''.
Esto le permite concluir a Maurras, con gran agudeza, que los incrédulos ( ¡ y
" IP., 156.
" IP., 23 .
11 IP., 113.

145

144

Hwn-10

�Así como no existe sociedad sin tradición ni hombre sin sociedad, el trabajo,

. l dice') están más expuestos a la "erosión del tiempo y a
es Maurras qIDen
b
·
futuro
erte" Obsérvese la relación directa entre erencia y
1 d 1
los go pes e. a _mu
.
h
.
fundación de la historia. Más aún,
h rob
por cons1gu1ente entre erenc1a y
y, ,
.
' la escala de los seres vivos, solamente el o re es

°

·

la creación, la vida, han formado un "capital" que se transmite; cuando se
trata del hombre salvaje ese capital es magro y frágil aunque no está ausente
la tradición; pero cuando se trata del hombre civilizado, "tiene obligaciones
mucho mayores hacia la sociedad de las que ésta podría jamás tener para
con él". Así, el hombre ingresa en una atmósfera y recibe desde todos lados
el aporte de sus antepasados y el saber del hombre más sabio no es nada
comparado con el de una sola generación ni él podría igualarla jamás. Una
simple herramienta conlleva un inconmensurable saber que siempre se afina y
es capaz de crecer: "Un orden está preparado de antemano para recibirlo
y responder a las necesidades inscriptas, sea en su carne, sea en su alma";
es por ello, un deudor; pero como no puede saldar la deuda, es un deudor

:::,:e;:p!u~e~egar. La mera transm~ión biológi:~d:e 1: i::i::1:.
no es la herencia en el sentido empleado aqui, pues se tr
.
.
lib
consciente de abrir el futuro. Por consiguiente, la pr~piedad adqmere,
rely
. t maurrasiano un sentido histórico ineludible pues aparece
en e pensanuen
d
' di poner de sí
"la natural salvaguarda del hombre ' que pue e, as1, s_
1
co~o . "La propiedad libera la existencia y confiere una autonda~ pordi o
m1SII10 .
d
b · " n Se ve mm.e asobre los bienes de la tierra y los frutos e1 tra aJo . .
mtamen:te que este poder de legar y la propiedad misma, con~tituyen u~a v~~:
· · ' que leJOS de .ser mer
dad
transmisión que es, precisamente, 1a tra dzcton
. ......
.
~ra
dinámica y crítica, si es verdadera tradición.ªº y así Maurras co~es s1Cm1pre
d' '6
había forjado Donoso Cortes
cide bastante con la idea que de la tra ici n se
. to. 31
como fuerza motora d e la h is na.

°

'

insolvente.u

) La historia y la civilizaci6n occidental. La historia entonces, ~r- un
c
. .
tro cada hecho es innegablemente onginal.
lado, ~uestra repeuoones y ; i : : c~n el transfondo de un modelo biológico
Es deor, Maurras observa,_
pue los fenómenos históricos "son originales,
heredado de Comte Y Tame, q
•
· · · lidad abroluta ni
, .
serie no lo es" ; u es decir' ru ongma
,
son un~c~s, perotalsu p
h
a "ley de conjunto" que no ha sido todavía
determ1.msmo to · ero ay un
b l mo
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. embargo parece supuesta en la Encuesta so re a
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descubierta Y que, ~
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di .6 y ésta a su vez, como resultado
narqu!a como cmerg¡_endo e a tra c1 n
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natural
de
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0 1"0'&lt;\ni?Ación
d e 1a m1SIDa
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La idea de tradición está internamente presen~ en 1~ idea de_ civiliza~ón
l 'vilización implica por un lado, cierta nqueza, c1erta cap1tapuesto que a CI
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el capital Por eso Maulización de valores y, por otro, la transnus1 n e aqu
.
.
...
l . deas de "capitalización y tradición" como pilares de la ovilizarras une as i
l i..-b'an hecho los grandes tradicionalistas franceses.
c'ón u al modo como o u.&lt;1. 1
.
1
•
resados cada individuo, cuando nace, mgresa a una

!:~:::º:::

La civilización impone, pues, al hombre, el sentimiento de la deuda que le
mueve a una carrera infinita y absurda pues no la podrá pagar jamás. Grecia
no quiso que esta carrera fuese infinita y le puso un término afirmando que
"el bien no estaba en las cosas, sino en un orden", introduciendo la equilibrada noción del límite, perfección y madurez equilibrada que Maurras tanto
admiro siempre. Pero dejaré la palabra a Maurras: "Esta civilización, toda
en calidad, llamóse únicamente en sus bellos días, la Grecia. Roma fue quien
la dispersó en el universo, primero con las legiones de sus soldados y de sus
colonos, en seguida con los mísioneros de la fe cristiana. Las dos Romas
conquistaron de este modo casi todo el mundo conocido y, por el Renacimiento, se reencontraban y completaban a sí mismas, cuando la Reforma
interrumpió su magnifico desarrollo". 38 Esencial ha sido el papel de los
romanos que dieron a la Galia su unidad primera 37 volviéndose Francia la
heredera del mundo griego y romano. En cambio, le cabe a la reforma protestante la negativa responsabilidad no solamente de haber interrumpido este
proceso sino de haber abierto la puerta a la revolución. Véase cómo, en el
pensamiento de Maurras, están internamente necesitadas la asociación originaria, la herencia y la tradición generadoras de la historia y la civilización
greco-la tina-cristiana.
4. LA

=l encue~tra inconmensurablemente más de lo que aporta.

a) El mito igualitario. Era ya inevitable la crítica al mito de la igualdad,
salvada la igualdad esencial de las personas, a la cual he de referirme más

., 1P ., 111, 245, 246.

•
Ob
completas II, p. 343, ed.
Discurso sobre la situación de Espana, en
ras
•
tianos Madrid, 195'-.
Juretschke, llihlioteca de Autores ns
•
ª IP., 151.
• EM., p. 105 Y n .
.. JP., 120.
"' IP., 115.
n

146

CRÍTICA AL lGUALlTAlUSMO UTÓPICO

J.

e·

'

• IP., 124, 125.
• IP., 127/8.
" OyD., 74.

147

�adelante. Si el dato de la mera experiencia y el de la ciencia bio16gica mu~tran la desigualdad constitutiva del hombre, proclamar una igualdad numerica es ya hablar de lo que en modo alguno existe. Por eso, la "igualdad"
roclamada en 1789 es, para Maurras, un "igualitarisroo contra na~"·
;osteriormente ha venido a coíncidir con él Gabriel Marcel al denunciar el
"espíritu de abstracci6n" proveniente del inmanentismo alemán; _este abstractismo ha proclamado como meta la igualaci6n niveladora subordmando ~ ella
todas las técnicas sociales de envilecimiento. 38 Al menos en esto (es deetr en
lo esencial) han venido a coincidir liberalismo, socialismo y comunismo, que
es la tendencia a la nivelación o el mito de la igualdad.39 Afírmase así la
creencia que ninguna vida puede vivirse honorablemente sino por la igu~da~
inaugurando "una batalla sin salida"; la gran culpable es l~ ~emocraoa liberal cuyo mito igualitarista heredan coherentemente el sooalismo Y el comunismo; la prueba ya está hecha en Rusia (y en China podríase ~gar) .
Pero lo más grave es que el hombre, este deudor insolvente de la sociedad, en
el individualismo se cree acreedor, un acreedor envidioso y resentido por las
diferencias naturales: "Ahí reside la verdadera locura del individualismo revolucionario, sea político, social o moral. Es imposible que un animal tan
sensible, tan triste, tan vulnerable como el hombre, una vez colocado_ en el
altar interior que le erige la dogmática liberal, no se crea, nueve de diez veces, el ac1aeedor de sus semejantes y del universo, cuando el más miserable, es
por el contrario su deudor al infinito". 4 º El igualitarismo pretende hablar de
un "contrato" que jamás ha e._,¿stido. El espíritu liberal es envidioso y ha exacervado la envidia social, destruido la concordia civil y la paz entre los hombres. y, en el mancismo, viene a sustituir la colaboración entre los "órdenes"
naru'rales por la lucha de "clases". En el plano biológic-0, "a medida que se su~e
en la escala animal, tales desigualdades vuélvense más numerosas"; es deetr,
"están en razón directa de su perfección orgánica". Es por eso que para
Maurras, "la supuesta igualdad democrática hace el simple papel de ~a
atractiva y perturbadora mentira" ! 1 Es notable cómo un hombre qu~ aun
no tenia la fe, pudo ver claramente que el mito igualitario (fruto del uunanentismo) adquiere los caracteres de una falsa religión y hace imposible el
orden sub.renatural: "Si basta cierto punto la negación de lo metafísico y de
lo revelado, de lo sobrenatural y de lo rnila.,rrroso podía prevalerse de ciert~
progreso general en el conocimiento del m'":1do físico, éste nad~ aportaba ru
podía aportar a aquella critica de las autondades y de las desigualdades en
• Los hombres contra lo humano, pp. 26-27, trad. de B. Guido, Hachette, Bs.As., 1956.

• IP., 47.
• IP., 108.
11 IP., 200; 31, 35/6, 44, 45, 46, 47, 108, 147, 151, 154, 186, 189, 190.

148

que se apoya esencialmente la democracia. La crítica democrática no es física,
sino metafísica. No nació de la ciencia, sino de una religión, y de una religión
falsa". 42
b) Crítica a la democracia liberal. Supuesta la crítica a todo igualitarismo
humano, se sigue de ella una crítica negativa a la mitología del "número",
propio de la democracia individualista. Para Maurras se pretende un imposible que es construir una sociedad de "unidades iguales" que no podría lograr
otra cosa que la atomización y destrucción de la sociedad. Esta "utopía de la
igualdad" es un pecado contra natura cuya 16gica interna ha de llevar al
liberalismo cada vez más a la izquierda, salvo que la naturaleza vuelva por
sus derechos. A esto debe agregarse que la democracia liberal "hizo abandonar
el único instrumento de progreso, que es la tradición, y Ja única semilla de
porvenir, que es el pasado".º Tiranizada por la "opinión corriente" invierte
la misión del gobernante que se convierte en la creatura de la opinión, pues
en lugar de dirigirla y esclarecerla, debe seguirla servilmente aun a costa de
su misi6n de salvación pública. Por consiguiente, Maurras rechaza el mismo
principio de la democracia liberal que es la soberanía popular porque simplemente no existe ni ha existido jamás.u Desde el punto de vista de la
historia de Francia, la democracia individualista no ha hecho otra. cosa que
mostrar sus incapacidades; incapaz de defender las fronteras de la patria, ha
sido "el más grande artífice de la unidad alemana"; 0 por eso, para Maurras, la liquidación del liberalismo es un problema francés de supervivencia.411
Como se ha visto desde 1789, "todas las democracias son hijas de xcvoluciones violentas" 67 y constituyen principio de desuni6n 48 y, sobre todo, de una
centralización forjada, paradójicamente, sobre esa atomización de la sociedad.
Por eso, el primer resultado del invidualisrno liberal es el "desorden revolucionario"; de ahí que Maurras repita constantemente que organizar la democracia liberal es destruirla. Por ese camino, la 16gica interna del liberalismo
debe conducir a la anarquía; pero, por otro lado y con la misma lógica, al
fundar lo social en el egoísmo individualista, termina por instaurar el dominio del dinero que concluye en la corrupción del espíritu, denunciado por
Maurras en El porvenir de la inteligencia.49 Paradójicamente, sobre todo para
" IP., 183.
0 IP., 99.
.. IP., 171.

.. MD., 25,
" EsM., 22/24 .
., EsM., 91.
'"EsM., 105.
• PI., 51 y ss.¡ 64/67; IP., 41/2, 44, 52/57, 58, 99, 145/6, 157, 172/3, 171, 182,
184, 188, 190, 191, 243/4, 274.

149

�una consideración superficial, "el sufragio universal es conservador" •11 pues
tiende a conservar todo lo que existe; como si dijéramos que tiende a ser
radical si el poder es radical, socialista si es socialista: "La multitud asiente... Se necesitan inauditos descontentos para quebrar su munnullo de aprobación. La multitud se asemeja a la masa: es inerte como ella''. En cambio,
"la facultad de reaccionar... no llega a su plenitud sino en un pequeño número de seres e.scocidos".11 Es decir, la capacidad de decisiones pertenece
siempre a las minorías.

e) Marxismo y lucha de clases. o existe pues diferencia esencial entre el
espiritu de la República liberal y el comunismo. Pasa que el comunismo representa la "estricta observancia" del mito igualitario, acelera primero el desorden, rechaza toda componenda con la democracia burguesa y es auloritario
creando una forma de jerarquía, pero instaura absolutamente el viejo vicio
de la envidia. En pocas palabras: "El comunismo diluido se llama ocialismo.
El socialismo diluido se llama radicalismo, democratismo, republicanismo" .12
Pero la crítica maurrasiana apWlta principalmente al mito de la lucha de
clases con una agudeza de obseivación que, quizá, ha ido inadvertida: Fiel
a su método del "empirismo organizador'', Maurras descubre que "ninguna.
ley de la historia universal consagra las clases a combatirse sin cesar. Ello ha
ocurrido. A veces. A menudo. En ciertas épocas. • • El combate de los ricos
y de los pobres es un episodio final de los regímenes democráticos. Pero no
siendo ese régimen ni perpetuo ni universal el conflicto de las clases no es
bastante extenso ni bastante importante para explicar en el presente, en el
pasado, y en el futuro, toda la marcha del gé!}ero humano, ni siquiera para
dar la clave de sus principales tendencias. Aquella ley es imaginaria". Lo que,
en el fondo es más verdadero y más inadvertido es la lucha interna dentro
de cada clase: "Pues mucho más grave y extenso fu el otro antagonismo
muy diferente, que se produce de modo inminente, no de clase a clase, sino
en el inttrior de una cfase -siempre la mi. ma-, la que dirige o domina,
aristocracia. o burguesía" .11 Así como los patricios utilizaban las sublevacion
de la plebe contra fracciones de su propia da , de análogo modo, la lucha de clase no es tan pontánca. como parece y, por lo común, la iniciativa
proviene de Cuera. Ignorando la naturaleza, este pobre mito ( como le llama
Maurras) pretende explicar la historia universal. La revolución d truyó la
colaboraci6n jerárquica. entre los "órdenes" para sustituirla por la guerra de
•
"
•
•

150

IP.,
IP.,
IP.,
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195.
196.
224/228.
43.

las "clases". o hemos de negar la existencia de clases ni el cambio o movimientos de clase, pero con dos condiciones: Ante todo el cambio de clase no
debe efectuarse pagando el precio del desarraigo y la antigua monarquía no
negó ese cambio de familias enteras. Pero la admitía, no lo provocaba permitiendo el descalabro social del desarraigo. Por consiguiente, la naturaleza
exige {anulando así toda posibilidad al marxismo) no la clasificación por
clases antagónicas, sino 'por profesiones, por objeto trabajado, pue cada
categoría tiene sus pobres y sus ricos" unos ayudados por otros." En cambio,
el actual d alabro no es más que el resultado de la fe religiosa (o pseudoreligiosa) en el progreso (de raiz iluminista) y del consiguiente mesianismo
igualitarista. La utopía que pretende explicar la historia, concluye siempre
por vaciar al hombre mismo.
d) El inmanenti.smo alemán. Avanzando más al fondo todavía, el gran
responsable es el inmanentismo alemán que ha desatado el proc o de secularización en Occidente llevando lo inconsciente a la conciencia.u El desfondam.iento y luego la corrupción del alma de Europa ha sido obra del ideali mo
alemán¡ ) mientras el spíritu clásico francés e enriquece "por intususcepción
de todos los grandes descubrimi ntos de la humanidad", el espíritu germánico
"se encierra... en la estrecha prisión de un espíritu nacionaJ que no tiene de
humano más que sus pretensiones".ªº Para Maurras no cabe duda: "los alemanes son bárbaro , y los mejores d entre ellos lo saben". 17 El talento alemán,
bárbaro en el s ntido más clásico del término, ha inspirado siempre a Maurras
lo que él mi mo llamó "mi instinto antigermano"; 68 filosóficamente y miradas
la.,; cosas con espíritu metafísico. no andaba Maurras descaminado al con iderar que son más graves los males que se igueo del idealismo inmanenti ta
que del materialismo. Este último por lo menos reconoce un hecho cierto: la
experiencia ensible. Según el testimonio de M is, Maurras solía citar f recuentemente esta frase de un prelado francés: "-Joven, usted cree que el materiali roo es el mayor error del momento. ¡ Falso! ¡ Es el idealismo! -¿ Por
qué? -Porque es el que mi nte má " ...

.. IP., 242, 45, 186, 136, 240, 241/2, 246/251.
• IP., 95.
" IP , 272• IP., 128.

• MD., 13/15.
'" Op. cit., p. 90.

151

�5. DE

LA AUTORIDAD NATURAL AL CORPORATMSMO SOCIAL

a) Origen de la autoridad y el Estado. Retornando pues a la e.,rperiencia
histórica y a la observación fiel del orden social, al agnóstico Maurras se le
hace evidente que la sociedad no puede existir sin aquel principio formal
suyo que es la autoridad. Luego, la autoridad no tiene nada que ver con la
voluntad de los hombres: "es un don", sostiene, que prueba la veracidad de
la teología católica: ''La observación más vulgar está aquí enteramente de
acuerdo con el texto católico omnispotestas a Deo". 60 Por tanto, cuando se habla de consenso, suele entenderse mal al pensar en consentimiento expreso;
se trata de entender, simplemente, al consenso como "adhesión de hecho"
que consiste "en no oponer ninguna contradicción importante, de compre~der, y de ejecutar''; 61 que, en el fondo, viene a coincidir con el consentí•
miento implícito de los escolásticos.
Del mismo modo, es preciso distinguir entre sociedad (que implica la autoridad necesaria) y Estado; éste no puede no ser sino el órgano de la sociedad,
como su "funcionario"; pero significa que la sociedad es anterior al Estado.
Por eso, "la familia funda el Estado" ya que la población existe por ella
hasta el punto que el Estado es "familia de familias" (familia, comuna,
asociación profesional, confesional, grupos, corporaciones, compañías, comunidades). Maurras es esencialmente antitotalitario pues el Estado deja obrar
a las "organizaciones espontáneas". 62 Claro está que son necesarias algunas
precisiones que haré en la segunda parte de este estudio.
b) La ley, la naturaleza y la organizaci6n corporativa. Dentro del "nam•
ralismo" maurrasiano, la ley, ante todo, emerge de la misma organización
(biol6gica) de la naturaleza: "No se la crea, se la deduce y descubre en el
secreto de la ~aturaleza, según los lugares, los tiempos y los estados"; en otras
palabras, "la ley. . . apareció como una relación que fluye de la naturaleza
de las cosas". 6 ª Por eso, la ley que verdaderamente expresa a la naturaleza de
un país surge de sus entrañas naturales; de lo contrario manifestaría un país
ficticio; de ahí la distinción maurrasiana entre "país real" y ficticio que vemos
utilizada por escritores argentinos. De todos modos, sí es así, entonces la
crítica al mito de la lucha de clases, conlleva la postulación de la necesidad
de organiz.ar la sociedad según las e.xigencias de la namraleza que pi~e desde
sí misma que a las organizaciones horizontales agreguemos las verticales de
• IP.,
• 1 IP.,
ª IP.,
• IP.,

152

94.
109 ; 96, 97, 98/ 102, 101.
100, 160/2, 168/ 9, 170, 209.
106/110, 144, 147.

comunicación entre los hombres. Este papel lo cumple la corporación. Mientras el marxismo mantiene (y necesita) la lucha de clases, la corporación
mira hacia la paz social rechazando el principio democratista de la igualdad
numérica. Se trata, ni más ni menos, que de un "socialismo liberado de la
democracia" uniendo los sindicatos por su objeto común. La comunidad subsiste si los motivos de amistad y concordia son más poderosos que los de enemistad y entonces quedan fuera los agitadores de oficio. Ni proletariado pues,
ni capitalismo, antinomia que tiene su origen en el famoso decreto de Le Chapelier, contrario al interés y libertad de las personas y, sobre todo, de los
obreros.H

6. "PoLITIQU.E o' ABORD"
a) El arte política. De acuerdo a lo dicho, Maurras sigue valorando la
opinión de Comte que la politica es hija de la biología. Pero ahora como
una analogía con la biología. En efecto, "Las ideas biológicas obraron por
sugestión al poner la ciencia política en condiciones de percibir bien, por sus
medios, la esencia de la hereditariedad política, de la selección política, de
la continuidad polí.tica"; aunque sean distintas herencia biológica y herencia
política, sigue siendo válido que "el hombre, como ser social es también un
ser viviente, sometido a las leyes de la vida". 85 En este sentido, la sociedad
busca una vida próspera; por eso, la política es "la ciencia y las condiciones
de la vida pr6spera de las comunidades".06 Ahora se ve con mayor claridad
por qué, para Maurras, la experiencia es la maestra de la política y en qué
sentido debe interpretarse su célebre afirmación "politique d'abord!". Ante
todo no quiere decir que todo sea política y menos aún que no exista nada
aliende la política; ''Cuando decimos 'ante todo, política', queremos decir:
la politica primero, primera en el orden del tiempo, de ninguna manera en
el orden de la dignidad". 87 Esto está bien, pero inmediatamente el lector de
Maurras se ve obligado a preguntarse por las relaciones entre política y
moral, sobre todo si la política depende, al menos hasta cierto punto, de la
biologia.
b) Política y moral. Como consecuencia de lo dicho se sigue que la política
no es la moral. En efecto es así, pero Maurras desemboca en cierto maquia..
..
•
"

IP.,
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IP.,
IP.,

37 / 8, 40, 41, 45, 48/9, 76, 242, 252/5.
140.
148.
139.

153

�velismo al afirmar que "el ordtn político y el orden de la conciencia son distintos" ee y, por lo tanto, "la ciencia y el arte de la conducta del Estado no
es la ciencia ni el arte de la conducta del hombre". Entonces, mientras la conciencia moral persigue fines espirituales en procura de la salvación persona~ la
política viene a trazar "la conducta de los políticos, aproximadamente como
la fisiología, la patología y la teraupéutica inspiran y dirigen la conduc~. de
los médicos". Naturalmente que, con esta perspectiva amoral de la política,
la invocación de la moralidad para dirigir la actividad política es medio infalible de extravío. La razón por la cual Maurras asume esta doctrina parece
no ser otra que la convicción que la conducció11 del Estado y todos los hechos concomitantes "escapan por esencia a la categoría del derecho y del deber, desde que no se refieren a nuestras voluntades" ; por consigu1ente, "no
hay relación directa entre la perfección moral y la perfección de las formas
políticas".ªª Tal es, también, el espíritu que atravi~e El orden y ~l ~es_orde~
y en La política natural se encuentra una afirmación muy clara: 'D1Stmgwr
no es poner en conflicto: no es siquiera dividir, ni separar. La moral es la
regla de la acción voluntaria. La política natural tiene por objeto profundizar
un orden impersonal". 69 Volveré sobre este punto.
c) Hacia la monarquía. Si ahora, por fin, reunimos en un solo haz las
líneas esenciales del pensamiento político de Maurras, el ser como orden y el
método empírico. la concepción del hombre como un "nosotros" constitutivamente social, la asociaci6s asentada sobre la herencia y la tradición, el rechazo del mito del igualitarismo inmanentista, el corporativismo social y la
primacía temporal de la política, nos veremos conduci~os ~omo ~e la mano
a la monarquía como el sistema que representa el nacionalismo mtegral. En
efecto, por lo mismo que el orden social debe afirmarse en la herencia, el
. " .10 El cua_,
l
régimen más progresista y eficaz debe tener un "pod
. e: h eredi tano
por otra parte, es ratificado por los datos de la ciencia que demuestra la pnmacía del principio monárquico 71 pues es mejor el gobierno de uno que el
de muchos (como gustaba decir Maurras repitiendo a Homero). Mientras
la democracia liberal está condenada a la progresiva centralización, la monarquía tiende a la descentralización, con el beneficio que su autoridad y poder
no emanan del dinero corruptor de la inteligencia. 12 La democracia liberal
no puede descentralizar sin autodestruirse porque sus paderes son electivos;
la monarquía puede descentralizar precisamente porque su poder no es elec'" IP., 164.
• IP., 63.
,. JP., 32.
n IP., 143
n PI., 65.

154

tivo sino concentratlo en el alma de un solo hombre. Por eso Maurras insistió
tanto, para Francia, en una "monarquía tradicional, hereditaria, antiparlamentaria y descentralizada'' .7ª Relativamente a Francia, ser patriota es ser
monárquico pues, históricamente, los reyes han sido los padres de la patria y
aunque (cosa hu.mana) la monarquía no está exenta de error "confiere a la
política las ventaJ'as de la personalidad humana: conciencia ' memoria , razón '
voluntad"; en otras palabras, así "como la monarquía representa naturalmente la capacidad del mayor bien y del menor mal, la república significa la
posibilidad permanente del peor mal y del menor bien".74 Absolutismo no es
despotismo. Maurras piensa que es limitado por las instituciones sociales y
políticas y, en cuanto al rey, "corruptible en cuanto hombre, el rey tiene como
rey la ventaja de no estar corrompido". Así pues, este realismo político integral "corresponde a todos los diversos postulados del nacionalismo: por eso se
llamó a sí mismo el nacionalirmo integral". 10 Y hasta se puede ir más lejos,
pues si la monarquía (para Francia) es el nacionalismo integral, ha sido
también "el internacionalismo integral, pues al defendernos como pueblo, al
mantenemos como Estado, cumplía también el grande, generoso y pacífico
papel de federador del mundo" .7 6 El monarquismo maurrasiano, como se ha
dicho entre nosotros muchas veces, ha sido pensado principalmente para Francia y, como tal, no es exportable; es cierto, pero también en el pensamiento
de Maurras se postula, en general, a la monarquía como el régimen preferible. Precisamente por eso y desde el punto de vista del pensamiento católico,
conviene ahora una reflexión crítica.
'

11
FILOSOF1A CRISTIANA Y REFLEXIÓN CR1TICA

l.

ÜBSTÁCULOS EN EL CA.MINO

a) Hombre y naturaleza. Lo que más impresiona en la enorme tarea intelectual cumplida por Maurras ( al margen de todos los desacuerdos o acuerdos doctrinales que pudiere haber) no es tanto el volumen de su obra sino el
tenaz, tozudo, casi diría despiadado espíritu de verdad que le anima. Sin
" EsM., 185; cf. pp. 171-185. Naturalmente, es conveniente la lectura de todo el
libro para deducir la doctrina maurrasiana sobre la monarquía.

" IP., 287.
'" IP., 284.
'" O. y P., 37.

155

�embargo, el pensamiento cristiano, haciendo ºabstracción por ahora de su conversión final, tiene la necesidad tanto de valorar cuanto de formular algunas
criticas a su obra doctrinal. Surgen así algunos obstó.culos en su camino hacia la verdad; pero, al mismo tiempo, como se verá enseguida, todo su pensamiento es un ascenso hacia la verdad muy sincero y, sobre todo, decidido.
El primer obstáculo lo encontramos, quizá, en el subyacente concepto del
hombre: En efecto, el fondo biológico de su afirmación que el hombre es "un
animal que razona", le confiere a su tesis un sabor naturalista, robre todo
para un cristiano que percibe la ausencia de la noción sobrenatural de pecado.
Para construir una filosofía política cristiana ( que no podía ser la intención
primera de Maurras) es necesario poseer una concepción integral del hombre, tanto natural como sobrenaturalmente. Desde el punto de vista natural,
en cuanto unidad sustancial de alma y cuerpo el hombre es, como dice santo
Tomás, un "minor mundusº en cuanto compuesto de todos los elementos
creados del mundo.11 Esta unidad que supone la unión del principio intelectivo al cuerpo como forma,1 8 supone también la inmaterialidad del objeto
aprehendido por la inteligencia; de donde se deduce la inmaterialidad y, por
consiguiente, la inmortalidad del alma. Así, el hombre está abierto a la trascendencia y, por eso, ningún bien terreno puede agotar a su apetencia de
bien. Sobrenaturalmente, el hombre es mucho más puesto que es imagen y
semejanza de Dios, injertado en Cristo y templo del Espíritu Santo. Por consiguiente, naturalmente, en cuanto esencialmente social, necesita de la sociedad civil para lograr su fin; sobrenaturalmente necesita de la sociedad sobrenatural para lograr su fin último sobrenatural que es la beatitud en Dios.
Luego, simultáneamente, el hombre está implantado vitalmente (para el hom•
bre cristiano) en una sociedad política natural y en una sociedad sobrenatural
que es el cuerpo místico o íglesia. Por consiguiente, el realismo político de
Maurras, apunta bien en cuanto se afirma en la sociabilidad del hombre re.
chazando por fantástico todo contrato; pero ignora la causa de las tendencias
antisociales (que reconoce en la tesis de Hobbes) del mismo hombre y que
radican en la primitiva herida del pecado. Al mismo tiempo, carece por ahora
aunque la busque sinceramente, de la luz de la fe que le hubiese hecho descubrir la sociedad sobrenatural perfecta sin la cual no hay ni hombre integralmente concebido, ni política integral.

b) Naturaleza ,y ley. Las mismas razones antedichas y la proximidad doctrinal de Maurras a Comte y a Taine, le han hecho concebir la ley como
deducida y descubierta "en el secreto de la naturaleza según los lugares, los
" STh., I, 91, 1; la Ilae, 17, 8, ad 2.
,. STh., I, 76, 1; De anima, 2, let. 4.

156

tiempos y los Estados"; es decir, primero, ínsita en la naturaleza de las cosas;
segundo, en la historia. Al primer contacto con el texto, no hay discrepancia
aparente; pero falta la acentuación que todo cristiano pone en el aspecto racional, es decir, en la "ordenación racional" de la realidad por quien tiene a
su cargo la comunidad en orden al bien común. 19 Absolutamente dicho, la
"oro.inatio nationis" es la misma mente divina que porque conoce las cosas
las ha creado ordenándolas hacia eJ bien común natural y sobrenatural. Esto
es esencial para edificar una política cristiana. Y Maurras, nuevamente, dirige bien su reflexión en cuanto, para él, la ley aparece como "relación que
fluye de la naturaleza de las cosas"; pero es insuficiente para el filósofo cristiano pues Mau.rras descubre, correctamente, la inscripción (por así decir)
de la ley en la nat:utale7.a o esencia de las cosas pero sin remontarse a su
causa que volvería completamente claro el camino de una política a la vez
realista y cristiana. Por otra parte, como agudamente observó Le6n XIII, en
una concepción excesivamente naturalista de la realidad, puede naufragar la
libertad pues la ley como ordenación racional es condición de la libertad; sin
esta norma, "la libertad habría sido gravemente perjudicial para el hombre".'º
c) Política y. moral. El camino de lo puramente natural debe conducir,
a la corta o a la larga, a una separación total entre lo natural y Jo sobrenatural cuando no a la negación de este último y, por consiguiente, a la sepa.
radón total entre religión y E tado, entre conciencia privada y conciencia
ci-.il o pública. De ese modo Maurras podría haber caído en el liberalismo
y hasta en el inmanentismo que tanto detestaba. Sé perfectamente que éstos
eran los objetivos máximos de su combate pero quiero insinuar que el arma
del realismo natural por él esgrimida, con ser tan poderosa y efectiva, podría
haberlo sido inmensamente más, de no haber ignorado la dimensión sobrenatural del hombre. Por eso también la separación completa entre moral y política inaceptable para un filósofo cristiano: En efecto, Maurras ha dicho
claramente que la moral "es la re~Ja de la acción voluntaria" ( ciencia de la
conducta del hombre) y que la política «tiene por objeto profundizar un orden impersonal" ( ciencia de la conducta del Estado). Pero, para no caer en
abstractismos ( detestados tanto por Maurras como por todo fil6sofo cat6lico)
debemos admitar que el Estado es una sociedad política perfecta, independientE', soberano, autónomo; en cuanto "sociedad política perfecta" no es impersonal puesto que implica a las per.;onas que debe ordenar al bien común
temporal; por otro lado, si bien es cierto que la política es ciencia diversa
de la moral individual, no está fuera de la moralidad puesto que la sociedad
"STh., la Ilae, 90, 4; De Ver., 17, 3.
• Libertas praesiantusimus, 6. Cito por Doctrina pontificia, II (Documentos Pollticos), Biblioteca de Autores Crutianos, Madrid, 1958.

157

�no está tampoco fuera de la humanidad, es decir, de los hombres concretos.
Luego, siempre la política implica la moraüdad y todo acto específicamente
político debe estar subordinado a las exigencias de la ley moral. Epistemológicamente visto, desde que la política es ciencia práctica, está subalternada
a la máxima ciencia que rige la actividad práctica del hombre, es decir, a la
moral. Por consiguiente, manteniendo la distinción entre moral y política, debe
rechazarse su separación total, afirmándose la subordinación de esta última a
la primera. De lo contrario deberíamos aceptar un tipo de maquiavelismo
que al hacer caso omiso de la moralidad intrínseca de cada acto político,
tendería incoherciblemente y hasta sin notarlo a la negación de la persona
sin ]a cual dejaría de tener sentido el bien comúri que es, precisamente, el
fin que el Estado debe procurar.

2.

AsoENso A LA VERDAD

a) El ",-o" como un "nosotroi''. Pero ya dije que el camino de Maurras
muestra no solamente obstáculos (que todo filósofo católico tiene el deber de
indicar) sino que todo él es un ascenso tenaz hacia la verdad. En la medida
que su empirismo organizador, como método, es fiel a lo dado y a su descripción posterior, le permite hacer descubrimientos tales que no podían no conducirle a una disponibilidad plena para la recepción de la gracia. Quizá uno
de los momentos más importantes es aquél en el cual, a raíz de la comprobación empírica de la asociación originaria del hombre, Maurras afirma que
"el verdadero yo, el yo espontáneo, es un nosotros, o no tiene sentido". Esta
afirmación contiene una riqueza metafísica y antropol6gica que en los escritos
de Maurras está implícita pero no por eso menos presente. Desde el punto de
vista natural, líe sostenido en otro lugar que la conciencia del yo ( autoconciencia) viene a coincidir ( en el mismo acto) con la conciencia del ser;
pero esto distingue al yo de lo otro de sí mismo (la naturaleza) y del otro
sujeto como yo que comúnmente llamamos el tú o el prójimo. Con lo cual
venimos a descubrir que por lo mismo que se distinguen son inescindibles el
yo y el tú~ yoidad y projimidad. No es pensable el hombre sin su prójimo.
Pero, simultáneamente, la contingencia del ser del yo y del ser del prójimo,
abre el momento teológico pues no es pensable la relación yo-tú sin el Tú
absoluto o Persona infinita que es Dios. Por eso la negación de uno de estos
tres momentos (yo, tú, apertura a Dios) implica la negación de los otros
dos. 81 Pues bien, Maurras ha descubierto la primera y esencial dimensión del

ª Cf. mi obra La filosofía, p. 130 y ss., Ed. Gredos, Madrid, 1966; ~ el tema
desarrollado en mi libro T4-ntalo, Ed. Aisandri, Córdoba, 1961.
158

hombre como constitutiva apertura al prójimo, es decir, el nosotros esencial.
Como él dice, "el verdadero yo. . . es un nosotros" intuyendo de ese modo
una verdad esencial; si así no fuera el mismo yo carecería de sentido. Pero
haberlo descubierto significa haber descubierto simultáneamente la sociabilidad radical y originaria anterior a todo contrato y al mismo ejercicio de
la libertad en el tiempo. Faltábale a Maurras ahondar esta misma dimensión para haber descubierto la constitutiva religación del hombre con Dios.
Pero, para una inmediata (no mediata) fundamentación del orden social y
político, era suficiente. Desde el punto de vista sobrenatural hubiese visto
confirmada plenamente esta verdad desde que no es concebible el hombre del
evangelio sin el prójimo asumido totalmente por Cristo hasta el punto que se
hace imposible el amor a Dios sin el amor al prójimo. También por aquí
hubiese descubierto la sociedad sobrenatural perfecta que es la iglesia.
b) Igualdad esencial y desigualdad constitutiva. Otro aporte verdaderamente importante del pensamiento de Maurras es su tesis de la "desigualdad
protectora" situada en el origen mismo de la constitución de la sociedad. Pero
quizá es necesario formular algunas precisiones: Maurras, cuando habla de
las ineludibles y protectoras desigualdades, no hace ni pretende hacer ni una
cuestión metafísica ni una cuestión teológica pues bien sabía que, en ese plano, los hombres son esencialmente iguales. Repitámoslo una vez más: En el
orden metafísico y natural podemos hacer una distinción: En cuanto personas, compuesto sustancial de alma espiritual in-corporada y cuerpo animado, supuesto dotado de alma intelectiva. todos los hombres son sustancialmente iguales. Pero si dejamos de lado el orden de la sustancia (primer género
supremo del ser) los accidentes constituyen los géneros en los cuales se divide
lo real finito determinándolo intrínseca ( cantidad, cualidad) o extrínsecamente; los accidentes expresan modos diversos de ser. De modo que la inhesión
en acto del accidente (in-esse) afecta al todo compuesto; es decir, es verdaderamente constitutivo del ser finito. En ese sentido, cada hombre es igual al
otro hombre (sea cual fuere su condición social, su raza, su educación, etc.),
en el orden de la sustancia. Los hombres son, pues, esencialmente iguales.
Pero son desiguales en todo lo demás. Es decir, accidentalmente desiguales;
pero como el accidente afecta al todo del ser finito (su sujeto entero de inhesión) se puede decir que los hombres son constitutivamente desiguales. Si
trasladamos el problema al orden teológico, habida cuenta de la igualdad
esencial, los hombres, como enseña León XUI, "están llamados todos a la
misma eminente dignidad de hijos de Dios"; pero el mismo Pontífice agrega
precaviéndose de las deformaciones formuladas por liberales y socialistas, que,
empero, "existe una desigualdad de derecho y de autoridad, que deriva del
mismo Autor de la naturaleza, 'de quien procede toda familia en !os cielos y

159

�en la tierra'•• (Epb., 3, 15) ." Es exactamente lo mismo que repite el Concilio
Vaticano II cuando proclama la "igualdad fundamental" de los hombres, en
cuanto "dotados de alma racional (igualdad esencial) y creados a imagen
de Dios" y poseedores de la misma vocación; aunque "es evidente que no
todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las
cualidades intelectuale o morales'' (desigualdad constitutiva o accidental).'ª
Charles Maurras no ha puesto es discusión la igualdad esencial ni M&gt;brenatural sino que ha destacado la desigualdad accidental que es intrírueca e ineludible para que el orden social tenga sentido. El igualitarismo liberal es un
mito y, además atentatorio contra la penona al pretender igualar los singulares destruyendo la riqueza inconmensurable de las d igualdad . En este
sentido, Maurras ha puesto de relieve una verdad fundamental del pensamiento tradicional.
c) Asociación, bien común y origen de la autoridad. De análogo modo,
la influencia de Arist6teles se deja ver en la afirmaci6n de la politicidad
natural al hombre y no he de insistir sobre ello; en cambio, supuesta la asociación necesaria ( que he llamado antes la "a.'lOCiación originaria") es notable
c6mo, el método de adhesión total a la realidad ( el "empirismo organizador") le ha conducido a Maurras (un agnóstico cuando escribió el texto) a
coincidir con el pensamiento católico respecto del origen de la autoridad. Dice
teXtualmente y yo subrayo: "La observación más wlgar está aquí enteramente de acuerdo con el texto católico omnis potestas a Deo"." Maurras
intuye, a partir de la sociabilidad del hombre {el nosotros como el yo verdadero) , de la desigualdad protectora y de su propia crítica al mito del
igualitarismo liberal, que siendo la autoridad la "forma" de la sociedad (para
hablar con lenguaje tomista), no puede provenir del mito del número inaugurado por el contrato; me atrevo a indicar que tampoco los supuestos del
naturalismo positivista de los que padece Maurras pueden proporcionar razones sufirientes para sostener el origen dh·ino de la autoridad; para un naturalista, sostener que la autoridad
natural (y necesaria como su forma) a
la sociedad, en modo alguno le debe conducir a poner en Dio ( causa última
de la misma naturaleza) la causa y origen de la autoridad. Creo que Mau.rras,
felizmente, no es ya fi I a los upuestos naturalistas e, influido por el pensamiento católico y partí ularmente por el tomismo, saca la conclusión correcta
aunque las premisas no an suficiente . Y no se trata aquí de señalar sola• Quod apostolici muntris (aobre el socialismo), 5; ed. citada ll, 66.
• C011sti1ución pastoral sobre la igl•sÍ.4 en ,1 mundo actuol, No. 29, en el vol. Concilio Vaticano JI, p. 247, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1965.

mente tma inconsecuencia ( o una feliz contradicción) ino al más
Y c~nm~or: ~- tenaz fidelidad a Jo real y sobre todo el~uen!~~un:
hesi6n SUl preJWClos a los datos ofrecidos por la sociedad tanto
, •
como en
his ·
en s1 IIUSIDa
su
tona, que le Jlevan a intuir que no puede ser .
última trasc d
.
no una causa
.
en ente, e1 ongen de la autoridad. Esta sola afirmación es sufi
ciente para comprender que ya entonces Maurras entra d 11
el
·
6li
e eno n
pensamiento cat . co {aunque no tuviera todavía la gracia de la fe sobrenatural
;•
ese sen~?º• sus textos en lo cuales se refiere al "bienestar general,,
gen:™ ' etc., pueden ser sin esfuerzo identificados con la
"6 'd
bun
comun;
en el caso del laurras agn6sti
I
noet. n e
b"
, .
co, por o menos a la noc16n de
~en comun inmanente. que contiene perfectamente los demás bien .
b.
dice el padre R ·
·
es,
1en,
. . .
anurez, qu tiene una como cara inferior "que mira hacia los
mdivi_duos que componen la sociedad en esta vida terrestre ti
supenor que mira h · D'
ene una
cara
'
aCJ_a ios, b.ien comían trascendente y felicidad
ob 'etiva
1
de
b .6losI hombres
d
. en su .\ltda ultraterrestre" .u Maurras, por 1o menos, redescun a octrina del bien común inmanente.

ª

~
'?ten

l1

d)_ Las formas de gobierno ,, la monarquía. En cuanto a los modos ue
contmgentemente, pued adoptar la autoridad en las diversas soci d d q '
fec~ ( decir qu se bastan a sí mismas para cumplir u fin y
es pedr-

n: ;

de mnguna
otra) d epend en d e Cll'cunstanr.ias
.
epen en
..
históricas y concreta . Además
se
M legitiman en la medida
. que sirven al bien común · Prec.rsamente aquí,'
aurras propone su doctnna sobre la monarquía perfectamente ortodoxa desde el punto de vista de la filosofía cristiana· En efeéto su tesis d la E
acerca d
uía
·
e
ncuesta
.
.
una ~onarq
francesa, tradicional, hereditaria, descentralizada,
implica
propone Ja monarquia
,
- dos actitudes: Por un lado' Maurras
~
omo
so1uc16 n para Francia apelando va
a
la
lar
a
L:.ton·
...
d
•
•
ui:i
·•
e u pais ya a 1os
caracteres d la ~ma sociedad francesa.
. de te punto &lt;le vis~, no trata
de exportar su t i ~ los otro países del mundo }'
libre legítimamente de
proponer
para
Franc1a
una
monarquía
tradicional
Por
otro Iado. es evi·dente
M
.
·
que aun:u pref1e"; ~bién en el orden te6rico a la monarquía como forma de gobierno en s1 m1S111a en razón de la unidad que arant·
·
·6 d 1 ·
iza una meJor
consecuc1 n e bien de la sociedad; pero
opinión de faunas, largamentundada por ~~ no significa que, en su pensamiento,
la monarquía la
um.ca forma legitima
d gobierno. 1 mismo Jo manifi ta ca tcg6ncamente
·
.
cuando, al refcnrse a las regenciai como los males de ]as m narqu'
d. .
"Ah' tá el de!
el
1as, 1cc.
1 es
ecto
e
ese
modo
de
gobierno,
que
no
es
p-'
cto
p
,..._
· ,
b"
.,,,
, u""'..., que
nmgun go iemo lo es, pero que es el m.t'nos imperfecto de todo " ." En re-

t;

• Doctrina polfcica d, Sanio Tomás, p. 35, Instituto Social Le6n XIlI u drid /f
, m.a
, • ,
11 IP., 289.

"IP., 94.

161
160

llam-11

�. Maurras piensa en el orden teórico, que no es la monarquía el único
sumen·
'
l
·
el orden con
sistema legítimo, aunque está convencido que es e me1o~;
.
la monarquía para Francia, por razones histoncas y pohbcas
creto, qwere
estrictamente francesas.
, d A ·
esto que ambos piensan
Coincide Maurras con santo Tomas e qwno pu
b - did
ue la forma de gobierno es algo esencial al Estado y no alg?
o
q
tapuesto Santo Tomás enseña que, teóricamente, el me1or ~obiemo es
~l
uno solo. porque si gobernar es dirigir las cosas a su fin, es evidente que
as' "como todo ser desea el bien, así desea la unidad, sin la cual no pue:e
e~tir ues algo existe en cuanto es uno" .s1 En el mismo, l~gar del trata o
.b
pl .
santo Tomás sostiene que "así como el regimen del rey es
so re e remo,
,,
d · del rey inJ' usto
, .
' también es pésimo el régimen del tirano ' es ecrr,
optimo, asid
1 todo al bien común sino al propio (tirania) . y ya sabeque no or ena e
M
·
mos que la conupción del mejor es lo peor. Pue~ ~poco ' ~urras piensa
d t }erar la tiranía aunque siempre sera me1or el regunen de uno
que se pue a ºral . . u·
los demás remmenes (el gobierno de todos por
solo. No hace
ta lilSlS r en
o.
) .
'""'"OS -aristocracia- y el gobierno de todos por muchos ~emocracida- ,
ª"5....,.,
1 ,·
la medida que or enan
sólo es suficiente recordar que todos son eg1umos en
T ás prela sociedad perfecta al bien común. Pero Ma~s,. com? _santo ~~ ~ Por
fiere la monarquía sin pretender erigirlo en el uruco regnnen leg1nm ;
be que santo Tomás en el orden concreto, prefena un
otra parte, ya se sa
,
d
b'
u En este
.
.
régunen IJ11Xto o comb'ma d o de las formas legítimas e go iemo.
,.
. .
l to el acuerdo de Maurras con la filosofía pohtica cnstiana.
tema es comp e
d al f
es Notre
p,
L , XIII en la carta apostólica a los car en es rances '
El apa eon
'
. .
d b
t
l poder civil "en la forma
consolation, sostiene que el cnsbano e e ~~.: e
ta de la necesidad de
en que de hecho existe" ; por otra parte, a l a cuen
. .
ac
. ·1 "cuando en una sociedad existe un poder constituido y
d
un po er ClVl ,
od
ta razón debe
ante el interés común se halla ligado a este p er, y por es
tu
'
od tal cual e.xiste" es decir, sean cuales fuesen las formas
aceptarse este P er
'
·
día
· · ás
contingentes que reviste.ª&amp; Pero a nin~( Parb se le p:do d ; i ~ : o
condenar la monarquía, o la democracia en e u~n ~
.
, A esto Maurras lo había comprendido bien.
la aristocracia.
.
.
.
.
l
'n Maurras también había comprendido bien
e) El inmanentismo a ema ·
.
1•
que el espíritu corruptor del alma de Occidente había Sldo (y es) e mma-

:º.

,. ·

so re:ma

7e

"

T _,. STh I 103 3· De regno, 1.1, 3, 9.
.
.
Santo ou.-,
., ' Op 'Clf. ' 57 y ss.: ·--L'é
M , Demongeot , El me1or rég,.
R.am1rez
uuuul n
•
Cf. Santiago
'
. ., 158
. trad de J. L. Gutiérrez García, B1men polltico según San~º. Tomás, pdri.'d 1:5;~..Victo~ Bouillon, La polftica de Santo
bli0 teca de Autores Cristi.anos, Ma
'
'
.
965
G
Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires, 1 ,
Tomás trad de J 13 · enta,
·¡·
·
II
315
'
.
1. .
II 1O 11 13 en Documentos pon ti ,cias, ' p.
.
• Naire canso a11on, , , , '

162

nentismo teutónico, sobre todo si pensamos que, la identificación de ser y
pensar (Hegel) hacía imposible 1a existencia de nada que no fuera inmanente
al pensar que se desarrolla y se autoponc como real, Por eso, nada existe
trascendente al pensar y todo es inmanente a él; por consiguiente, la teología
no explica más a la filosofía sino que Ja filosofía (momento del saber absoluto) explica a la teología. Más aún: explica a la religión. Si explica la
filosofía a 1a religión, no existe el misterio puesto que es "explicado" por la
razón. En consecuencia, el inmanentismo esconde, primero, el individualismo
absoluto (pues todo comienza en la conciencia) i el colectivismo absoluto (pues
el singular se resuelve en el todo); el secularismo absoluto (pues nada trasciende el ámbito del mundo) y, por eso, no hay que esperar ni a Marx ni a
Nietzsche para proclamar la muerte de Dios. En e1 idealismo absoluto alemán,
Dios, el dios que es el mismo devenir, está ya muerto. O mejor, disuelto en el
mundo. Maurras había intuido que el inmanentismo alemán pudria el alma
de Europa y del pensamiento cristiano y allí reside la causa profunda de su
antigermanismo, alimentada, además, en la natural tradición histórica de Francia y en su agudísimo sentido de la latinidad y belenidad de Occidente.
f) Entender para creer. Si miramos panorámicamente todo el recorrido
doctrinal de Maurras, inmediatamente nos percatamos que todo su esfuerzo
ha sido una búsqueda, una entrega sincerlsima a la "-erdad no poseída plenamente. Personalmente es lo que más me impresiona. A veces leo autores
católicos que parecen no del todo convencidos de la verdad de su fe; en cambio, leyendo a Maurras (se esté o no de acuerdo con él) siento la impresión
de la búsqueda sin concesiones con la frivolidad o la moda. Hoy, que la frivolidad y la moda, el secularismo y el espíritu mWldano, parecen haber triunfado momentáneamente pudriendo el pensamiento católico, impresiona un
autor no-católico que se presente al lector como lo contrario de la frivolidad
y el mundanismo. En carta a Massis, sostiene Maurras que todas las filosofías
que ha conocido "se distinguen por su extraordinaria frivolidad". Y en otra
carta posterior le dice: "He pasado mi vida combatiendo todas las metafísicas,
excepto una . .. Y si 1a he considerado aparte, no ha sido por complaceros a
vosotros, católicos, ha sido por mí". 90 Y la metafísica que siempre había considerado aparte era la metafísica cristiana. Creo que Maurras estaba convencido de la verdad de la filosofía cristiana y, más aún, que estaba convencido que el catolicismo es la religión verdadera. Pero estar convencido no
• MA.ssts, Henri, Op. cit., p. 94. Véase, sobre la relaci6n de Maurras con la Iglesia,
Mario A. Pinto, "Charles 'Maurns y la Iglesia", Los principios, 5, 12, 52 Córdoba.

163

�significa tener el don sobrenatural de la fe. Su convicción er~ el .término ~e
su búsqueda racional. No le era posible, naturalmente, ir mas leJos. Y Dios
es "débil" en estos casos; no resiste a su creatura y le da la fe. Por eso Maurras
se convirtió.

TilE STRUCTURE OF ANTI-POSITIVIST PHILOSOPHY
IN LATIN AMERICA
PROF. MICHEL

A.

WEINSTEIN

Department of Political Science
Purdue University
West Lafayette, Indiana 47907.

AT THE TURN of th.e twentieth century there was an initiation of independent
philosophical speculation in Latin America which has formed the basis for
succeeding developments in Hispano-American thought. Breaking the stranglehold of positivism on the Ibero-American mind, such thinkers as Antonio
Caso and José Vasconcelos in Mexico, and Alejandro Korn and Carlos Vaz
Ferrcira in Argentina and Uruguay, took thc suggestions of an emerging
European and Anglo-American vitalism and wrought them into a distinctive
pattem of thought that stressed the signilicance of ideals and liberty in human
life. Taken togcther, the philosophers of the Latín American golden age created a specific philosophical mentality tbat has much to offcr contemporary
thought and that has been duplicatecl oowhere else in the history of pbilosophy.
Despite the many commentaries on the philosophers of the golden age therc

has as yet been no serious attempt to show bow the major thinkers in Latín
American philosophy dcveloped a rationally defensible aJtemative to other
twentieth century movements. Leopoldo Zea has argued that Ibero-American
philosophy should be evaluated as "filosofía sin más", but even be has been far
more concerned with the quest for a distinctively Latin American philosophy,
the task of developing a Latin American history of ideas and problems in the
sociology of knowledge than in considering the actual contributions o( Hispano-American thinkers to twentieth century philosophy. Writers who succeeded
the philosophers of the goldcn age, such as Zea, Arturo Ardao, Alberto Zum
Felde, and Francisco Romero, have generally remarked on tbe unsystematic
character, independence, anti-dogmatism and anti-positivism of theír predecessors' works. They have praised the philosophers of the golden age as catalyzers,

164

165

�teachers, initiators and founders of national aod continental traditions, but
they have not seen fit to subject thei.r work to critical, philosophical scrutiny.
There are many reasons for this reluctance to take the thinkers of the golden
age seriously as philosophers, among tbem a lingering Latin American inferiority complex, the status of the initiators as cultural heroes as well as philosophers, the continued search for the peculiarly Latin American character of
Latin American thought and the dominance in Ibero-American philosophy
of the history of ideas, the sociology of knowledge and the philosophy of
culture. Ironically, the attempt to institute philosophy in Latín America as a
respectable profC$ional endeavour has di verted the attention of commentators
away írom the complex structure of thought generated in the golden age and
towards the historical context in wbich this thought appeared. For someone
who is sympathetic to the alternative presented by the initiators, this implicit
depreciation of their actual philosophical mentality is a loss to world culture.

Considered separately, Caso, Vasconcelos, Korn, Vaz Ferreira, Romero and
José Enrique Rodó, among others, differ ín their approaches to philosophy
and in their solutions to important philosophical problems. For examplc, the
Mexicans tend to be more metaphysical than the South Americans, perhaps
because the transjtion from positivism was more po]emkal in Mexico than it
was either in Argentina or Uruguay. Howe"-er, despite these differences, when
the philosophies of the golden age are considered as a unit, they display a
well-defined philosophical mentality, particularly with regard to questions of
philosophical anthropology. Not all of the writers share this philosophical
mentality or "spiritº is all respects, but it con, titut an ideal type against
which the work of particular thinkers can be compared. The basic characteristic of the philosophers of the golden age is their use of vitalism, the philosophy
of lifc and radical empiricism to forge a philosophy of struggle for human
ideals, particularly liberty. Wlu1e the philosophies of experience dcveloped in
Europe and North America tended to be monistic or pluralistic, the emphasis
on ideals by Ibero-American thinkeni tended to make their thought dualistic.
This dualism of struggle is not metaphysical, but empírica!, and reflects les.s
upon the natu.re of the universe than upon the predicaments of human existence. Further, the monistic or pluralistic bias of European vitalism tended
towards irrationalism, culminating in existentialism and pragmatíim, while
Latin American dualism encouraged an attempt to balance the claims of rcason
against those of will and feeling. The following discussion will clarify the
philosophicaJ mentality of the thought of the Latín American golden age with
the aun of showing that this "spirit" is still a vital option for philosophical
commitment in the present age of bureaucratic political and social organization, and of behav:ioristic and other forms of neo-positivistic ideology. While
166

the exposition will be relevant to the understanding of Latin American philosophy pe, se, its overricling aim is to show conclu.si\-ely that Latin American
philosophy is "filosofía sin má.r'.

EXPANDEO EMPIRICISM

Much of twentieth century thought can be usefully interpreted as a continued response to nineteenth ceotury positivism in its Camtian, Marxian,
Spencerian or other variants. Generally, there have been three positions with
regard to the naturalistic and relativistic anthropologies of the past century.
First, positivism has been rejected in favor of a renewed quest for ccrtainty,
whether epistemologícal or metaphysical. Phenomenology and neo-Thomism
are exemplars of this tendency. Second, posit:ivism has been accepted fundamentally and revised to meet criticisms generated by vitalistic philosophies and
new developments in logic and natural science (for example, relativity theory). Exemplars of this tendency are neo-Marxísm, neo-Freudiani.sJll, sociological functionalism, pragmatism, philosophy of scienre, logical positivism
and linguistic analysis, wlúch, despite their important differences, all share in
common a rejection of metaphysics and an affinnation of the idea that philosophy is eithcr a branch oí science or a methodology for clariíying scientific
practice. Third, positivism has been expanded to include all aspects of human
experience, including those which do not seem to be am.enable to the methods
of natural cience. This e~-pansion has involved the abandonmcnt of Jlaturali m
in favor of revised empiricisms, such as Bergson•s vita.lism, Jame's radical
empiricism, Georges Gurvitch's hyper-empirical dialectics, Merleau-Ponty's
phenomenology of perception and the various nontheistic existentialisms, process philosophi and radical pragmatisms. Tbe halJmark o{ tw·entieth ccntury
expandcd empiricism has been a recogn:ition that the metbods of the natural
sciences are inadequate to describe and conceive of many aspects o1 human
experience, and that new methods should be devised for such description and
conception. This general characteristic, of cou.rse, has not meant that the many
philosophcrs and movements sharing a commitment to expanded empiricism
are in accord on their basic description of human experience. For example,
the hard conflict and bitter alienation of Sartrian cxistentialism is at variance
with the easy cooperation and optimistic cammunity of George Herbert Mead's
social behaviorism. The issues dividing expanded empiricists have centered on
how to describe most accurately the major configurations and dynamics of
human experience and on how, within any particular description, the individual's will is and should be exercised. lt is within the context of this third

167

�response to positivism, expanded empiricism, that the Latín American philosophers of the golden age have made their contríbution.
Phenomenology and the various strands of the metaphysical revival _r~ct
against positivism by attempting to find a place to stand beyo11d the shifting
results of the experimental method. Expanded empiricists revalue, or perhaps
even better, transvalue science and scientific methods as phases of a wider
human experience open to philosophical clarification. The initiators of twentieth century Latin American thought are clearly within the tradition of expanded empiricism. In his L6gica Viva Vaz Ferreira remarks that he is a
witness to and participant in the greatest revolution or evolution in human
intellectual history - the acknowledgment that thought is not exhausted by
words. 1 Alejandro Kom resolutely embraces radical empiricism: " ...we know
nothing but the unextended instant between the past and the future; the perpetual and fugitive present. We only know the incessant passage of particular
and relative facts in our intuition, not the absolute or the eternal". 2 Vasconcelos asserts that philosophy should begin with concrete experience, not abstract reasoning: "No modero thmker can escape the consideration of the
concrete as the primary, positive and living reality. The concrete is manifested
to us as indissolubly binding matter and form, and rebellious to abstract
dissociations". 8 Rodó affirms the radical empiricist doctrine of the mutable
self: "Each one of us is, successively, not one, but many".' Romero, continuing the d10ught of a preceding generation, rejects comprehensive ~tionali~:
"In my view, we are befare this dilemma: either we develop a notton of bemg
accordino- to pure rationality and make an account of the world of immediate
reality U:.possible or we admit elements repugnant to strict intelligibility and
make possible the transit to the world given in ex-perience" .6
Squarely within the expanded empiricist response to positivism, charac~ized bv a bias towa.rds the concrete ratber than the abstract, the synthetic
ratber · than the analytic, the spontaneous rather than the habitual, the living
rather than the mechanical, the immediate rather than the mediate, the mutable rather than the fixed, and the skeptical rather than the systematic, the
1

VAz F.EtuumtA, Carlos, "L6gica Viva", in Vaz Ferreira, Estudios Filos6ficos (Bue-

nos Aires: Aguilar, 1961), 94.
~ Kcur Alejandro, "La Libertad Creadora", in Korn, La Libertad Creadora
{Buenos Aires: Editorial Claridad, 1963), 93.
• VAsCoNCELos, José, "Todología", in Vasconcelos, Obras Completas; tomo IV (México: Libreros Mexicanos Unidos, 1961), 824.
• Roo6, José Enrique, "Motivos de Proteo", in Rodó, Obras Selectas (Buenos Aires:
El Ateneo), 269.
'Romao, Francisco, Filosofía de Ay~r y de Hoy {Madrid: Aguilar, 1960), 116.

168

.initiators of twentieth century Latin American philosophy created their specific
mentality. Perhaps the most general and basic observation about the direction
of Latin American philosophy is contained in Vasconcelo's distinction between reductive and constructive philosophies. Reductive philosophers decompose objects into their simplest elements and then, when they cannot rejoin
these elements into the origínal whole, "leap outside of tbe real object disintegrated by reason and replace it with the concept, the entity, that reason
gives us in a false S)'Ilthesis by abstraction." 6 Constructive philosophen;, in
contrast, proceed by coordinating events into concrete wholes through a process of synthesis that can be compared to the creation of a symphony. 7 Constructive philosophy, which avoids both thc naturalism oí scientific philosophy
and the conceptualism and intellectualism of traditiooal metaphysics, is the
rnethod of expanded empiricism - a method bearing striking resemblance to
Sartre's procedure of totalization. This method or approach to philosophy is,
however, highly personal and tentative. Expanded empiricism by itself does
oot give any specific gwdelines for defining the structures, configurations or
dynamics of experience. Negatively, it provides a weapon far those rebelling
against a system. Positively, it opens up the possibility far defining the structure of human experi.ence in accordance with valuc-commitments. There are,
then, as many possible versions of constructive philosophy as there are deeplyheld human concerns, serious predicaments and va.lue-commitments. The initiators of the Latin American golden age were not primarily interested in
clarifying the epistemological issues raised by expanded empiricism for their
own sake. Instead, tbey attempted to use this doctrine of experience to break
the yoke of positivism and to create a disti.nctive prcspective on human experience derived in part from an interpretation of the Hispanic tradition and
in part from the hope of instituting personal liberty and national autonomy in
their public situation.

EMPIRIClAL DUALlSM

The constructive philosophies of the Latin American golden age have a
typical structure that transcends the particular differences between them. In
their descriptions of human experience, the in.itiators set up an irreducible
dualism and then both describe and prescribe a continuous struggle to over• VAscoNCELOS, "Todologia", 833-4.
VASCONCELOS, José, "El Monismo Estético", in Va!conce!os, Obras ComplettJJ;

1

tomo IV, 10.

169

�I

come one side o{ that dualism. Toe substance o{ the dualisms developed by
Latin American ph.ilosophers pits creative liberty, aesthetic synthesis, disinterested commitment to ideals, and the flux of fermentative thought, against
mechanistic determinism, materiaJ entropy, utilitarianism, and fixed and absolute systems. Underlying this content is a deeper philosophical structure that
involves the uncompromising commitment to describe clearly the highest human ideals, joined with the equally intense commitment to describe realistically
the limitations, failings, frustrations and coercions of human existence. lt is
within the tension set up between uncompromising idealism and intense realism
that human beings struggle to realize their victories ovcr physical and spiritual
death; victories that can be no more tban provisional.

In their development of empirical dualism, the philosopbers of the golden
age devise a ctistinctive perspective on philosophy. As expanded empiricists,
they cannot define philosophy either as metaphysic-al speculation, a synthesis
of the natural sciences, or a critique of the rnethods of the natural sciences.
Committed to the principle that there are phases of human experience that
cannot be submitted to scientific analysis, they interpret philosophy as a way
of studying these phases of experience and as a way of relating those experiences that are amenable to scientific study to those that are not. On its face,
such an interpretation of philosophy appears to be equivoca}: Can the same
approach be adequate both to studying a part of experience and to relating
the various aspects of experience to one another? Toe apparent equivocation
is resolved by making the pocesses of creative, coordinative, aesthetic or hyperlogical experience - the non-measurable, relatively indetenninate and nonmechanical experiences - the processcs by which the entire range of human
experiences is coordinated. For example, Korn defines philosophy as axiology
and then shows how the process of valuation, defined as creative liberty, givcs
science its meaning in human existence as a too] for overcoming coercion and
as a quest for knowledge. Similarly, Vasconcelos defines an "organic logic"
that coordinates wholes by analogy rather than analyzing them by identity,
and argues that thís aesthetic )ogic is both the method of human freedom and
the method by which the scientiiic and non-scientific phases of human ex:perience can be related to one another. Vaz Ferreira identilies a hyper-logical
process of "good sense" which is both irreducible to fixed procedures and the
means by which various clairns to knowledge are ultimately adjudicated. To.is
humanization of positivism, a hallmark of the initiators of Latin American
philosophy, is almost rcquired by their empirical dualism. Eschewing meta,.
physics and scientific naturalism they can bridge the rifts they create in experience only by the processes associatcd with one end of the polarity, 'for
example, the exercise of creative liberty, the creation of analogies, ar the
170

~xe~ o~ hyper-~og_ical good sense. This tends to give their thought an
1dealistic bias, but 1t 1s a humanistic, personalistic and eropirical idealism not
an absolute idealism, or an idealism of pure ego, pure consciousness or ~etaphysical sel!.
Three case studies will illustrate how the same dualistic structure and "cons~tive" method appear in the works of superficially diíferent philosophers.
Alejandro Korn,. José V~sconcelos and Carlos Vaz Ferreira are leading figures of tbe Latin Amencan golden age. Kom is often identified as a neoKantian, Vasconcelos as an aesthetic monist and mystic, and Vaz Ferreira as
an ernpirís~t and_ ~keptic. However, these designations are far more :ipplicable
to antological positwns than to philosophies of human exper:ience. Once what
James called the metaphysical "over beliefs" are removed, the descriptions
of human experience are strikingly similar.

ALEJANDRO KoRN

P~rhaps_ more ~an. any of_ ~e other initiators, Alejandro Kom is an CA--plicit
du~st. 1:lis d~lism is empmca] rather than metaphysical or even epistemological, smce Wlth regard to the philosophy of exper:ience he advances doc~ines similar t~ those of William Jame's neutral monism and radical empiriªsrr_1· In La Libertad Creadora, Kom develops an expanded empiricism that
avo1ds the do~a of ru:1 original world of pure and immecliate experience, and
~la~es ~e st~rtm~ pomt for philosophy · in the intuition of experience as it
ts lived m daily life. For Korn, there is no purified standpoint either in the
thinking self, the intuition of essence, the sense datum or even' the stream of
'
consc10usnes~. Inst~d, by intuition Kom means "the evi.dent fact, the spontane~us ~n8d 1~m.edi~t~ ~owledge ~~nstitute~ in ':"1ity by the synthetic apprecepbon. This mtuition J.S not purif1ed of discurs1ve elements "since this ideal
conclition_ is never realized: pure intuition does not exist." 11 Thus, Kom asserts
~~. pr~cisel;, ~cause he _treats of experience he shuns the designation "empiriCt.St &gt; smce th1s sensualist concept supposes a simplicity that does not resist
~e most superficial examination and that tends to convert the act of knowing
. evcnt. "lO I n Esquema Gnoseológico, Kom broadens his notion
10 t0 a pass1ve
of intuitions to encompass the doctrine of radical empiricism: "To know is to
contemplate the content of consciousness - the concrete content that succes-

.

• KoaN, "La Libertad Creadora", 61.

• Ibid.
» Ibid.

171

�sively occupies it, not consciousness itself, which is an inaccesfüle noumenon.
This content 1acks stability - it is a series of states, a process, a beconúng,
or an activity whose knowledge we will call experi.ence." 11
It is from this critique of naive realism and dogmatic metaphysics that Korn
tums to his positive project of developing an empirical dualism. In the essay,
"Bergson", Ko.rn criticizes the French philosopher's intuitionism and substitutes for it his own, more modest, intuition oí dualism: "With a more coarse
psychology I would limit myself to intuiting the opposition of the subject and
object in consciousness and their concurrence in action as two parts oí the
same dynamic process. Dualism appears to me, in effect, as undeniable as its
synthesis in action. And with re2:ard to the mutual rclation of the two principles, it appears to me that the gravest objecion is diminished by eliminating
the Cartesian concepts of thinking and extended substances. There remains
only a polarized activity in which the I and its opposite are reciproca! functions. It is clear that such a position is limited to empirical evidence and avoids
the antological problem." 12
Toe significance of Kom's empirical dualism for a philosophical anthropoJogy is in the way he relates the pales of subject and object. In the essay,
"Introducción al Estudio de Kant'', he argues that Kantian dualisms can be
made empirical by reducing the split between subject and object to the experienced opposition between liberty and necessity. Necessity is objective in
that it comprehends the succession of facts linked by the principle of physical
causality into mathematical laws1 and exdudes personal will. Opposed to
necessity is the subject, defined as action, "or better reaction in accord with
values and finalities that it promulgates as the expression of its will." u Thus,
Kom's empirical dualism is not only a philosophy of experience, but a pbilosophy of life stressing the continuous struggle for liberty in a world subject
in many of its phases to inexorable necessity. In the essay on Kant he notes
that if everything obeys necessity, the subject disappears. In La Libertad
Creadora he asserts that the living conflict of consciousness is not a interplay
of pallid abstractions, but a clash of antagonistic forces?' While Korn acknow ledges a plurality of ideals in human existence - well-being, happiness,
love, power, justice, sanctity, good, truth and beauty presupposing the attain" KonN, Alejandro, "&amp;quema Gnoseol6gico", in Kom, La Libertad Creadora, 109.
1J KonN, Alejandro, "Bergson", in Kom, Filósqfos 'Y Sistemas (Buenos Aires: Colccci6n Claridad, n. d.), 120-1.
" KoRN, Alejandro, "Introducción al estudio de Kant'', in Kom, Filósofos 'Y Si.Itemas, 57.
" KoRN, ''La Libertad Creadora·•, 64.

172

ment of each oí these is the creative freedom of the person.15 The affirmation
of values expresses the protest against coercioo, and is synthesized in the concept of liberty: "This impulse has created human culture: let us call it, then,
creative liberty." ª Through the exercise of creative liberty, the person - defined by Korn as the process of creative liberty - defies necessity in its forms
of economic coercion and the more intimate coercion of the passions. So, in
Kom's philosophy epistemology and axiology are inseparable. The critique of
experience discloses the dualism of subject and object, which is in turn resolved
into the dualism of liberty and necessity. Liberty itself is the presupposition
of all other values, because it is, in one of its aspects, the process of valuation.
Not to affüm liberty is to submit to necessity1 which is to eliminate the subject
and to annul consciousness and experience. Korn does not say that the annihilation of consciousness is impossible, for ü he did there would be no sense
to bis notion that human existence is a continuous struggle to affirm liberty
and the other values that it makes possible. He merely states that the first act
of valuation is the valuation that there be a valuing process, that creative
liberty be sustained in the economic and personal orders of experience. It .is in
this sense that Kom's notion that philosophy is essentially axiology can be
best Wlderstood.
Korn's central notion tbat human existence is a perpetua} struggle against
necessity translates in the ethical and social orders into a commitment to
oppose economic, political, moral and, particularly, intellectual c.oercion. Teodoro Olarte Sáenz del Castillo remarks that in refusing to reco.ncile the dualisms he found in human existence, Korn presented a program far li,ing in
the world of strictly human ~::perience: ''He remains serene inside of thc
limits oí experience; he does not permit himself to flee from consciousness; if
he did, given bis philosophical convictions, he would have fallen into thc
serious failing that the denounced with so much insistence: a lack of intellectual probity." l1 01,u-te notes that intellectual probity is, for Korn, a moral
virtue. It is what sustains the struggle far creative liberty in the social and
ethical orders, and what keeps it from becoming a tragic defiance of "Nothingness or the "absurd". Much as Korn's thought and the philosophies of the
other Latín American initiators may appear similar to existentialism, they are
affirmations of the human rational will seeking ideals rather than declarations of absolute freedom in a cosmos without meaning. Perhaps the bcst
Ko1t.'&lt;, Alejandro, "A.xiología'', in Korn, La Libertad Creadora, 151.
,. Ko1rn, Alejandro, "El Concepto de Ciencia", in Kom, La Libertad Crt.adora, 141.
" ÜLAR'l'E SÁENZ DEL CASTILLO, Teodoro, "Alejandro Kom ante el Problema de la
Met.aflsica", in Unive:~idad Nacional de la Plata, Estudios sobre Alejandro Korn (La
Plata, 1973), 96.
11

173

�evidence for tlús conclusion is that in Kom's philosophy the modest virtue of
intellectual probity becomes the ground for Jeading a fully human life of creative liberty. Korn recognized that metaphysics and naturalism are always live
options in human e,,.-istence, regardless of the century in which one writes.
Intellectual probity, then, is itself a hard won victory of creative Jibcrty.

JosÉ

v. . sooNcELos

Few philosophers are as different temperamentally and metaphvsically as
Alejandro Kom and José Vasconcelos. Kom's prose is direct and classicaJ,
while Vasconcelos's writing is rhapsodic and Baroquc. Above ali else, Kom
rejects mysticism. Vasconcelos resolutely embraces mysticism and founds his
speculation upon it. Kom remained "serene" inside of the limits of cxpcrience.
Ali his life Vasconcelos searched for a spiritual home and eventually found it
in the Catholicism of his youth. Korn leaves experienced dualisms in perpetua!
tension. Vasconcelos develops an elaborate metaphysical system of aesthetic
monism. Yet despite these marked differences, the inner structures of the tho.
ught of Kom and Vasconcelos are remarkably similar.

In Todología Vasconcelos affinns a type of expanded empiricism that he
caJls "living experientialism" and that is aimed at coordinating "sense data,
the rules of reason, the ends of the will" in an harmonious order.18 In L6gica
Orgdnica he identifies experience with consciousness, using the latter category
in a rnanner very similar to Kom: "Consciousness is the super-or~anism. It
does not only connect the mental and the sentimental and give them coherence, but it also subordinates them to ends that are found neither in particular emotions nor in abstract ideas. Consciousness avails itself of everything
witlún its range to realize ends and destinies,, .1 D Within this cxpanded empiricism, or "living experientialism", V asconcelos develops the notion, central to
his epistemology, that the process of knowing is an act of synthetic coordination rather than of analytic decomposition. Presupposing analysis is the synthesis of heterogeneous elements into wholes: " ...what is central and clistinctive about cansciousness is the act coordinating the heterogeneous elements
that forro knowledge". 2º According to Vasconcelos it is a mistake to believe
that human experience is mechanically con tructed out of atomic units. InVAsCONO&amp;Los, "Todología", 818.
'' VAscoNCELos, José, "L6gica Orgánica", in Vasconcelos, Ob,as Completas; tomo
11

IV1 570.
11

174

VASCONC.&amp;LOS, "Todología.", 837.

stea~ analytical reductions occur within a world of relatively structurcd experience constituted by synthetic acts. Agustín Basave Femández del Valle
observes that for Vasconcelos "befare we know by analysis we know by synthesis: by the finalistic coordination of the data apprehended by consciousness". 21 Thus, Vasconcelos, like Korn, eschews the doctrine that there are
pure intuitions. Rather, there are more or less clear intuitions of synthesis that
fonn the basis for philosopbical systems. In El Monismo Estético he remarks
that while nineteenth century critica! philosophy undermined traditional ration~sti_c. doctrines so ~eepl~ that they cannot be revived, "nothing can destroy
the mtuition of S)'nthem, tb1s eternal source of systems incoroplete and equivoca! - but .rystems".'4? The intuition oí synthesis is aesthetic rather than
intellectual: Wholes are coordinated by rhythm, hannony and counterpoint
- Vasconcelos's key analogies - rather than by identity and contradiction.
An "organic logic" is a necessary too) for clarifying the coordination of wholes.
Functioning by setting up analogies bet,.veen dffferent phases of human experience, organic logic is a logic of comprehension rather tban of understanding_: "To understand is to analyze; to comprehend is synthesis, to conceive in
entirety: to conceive the Whole".Z 3

lt is from this critique of conceptualism and rationalism that Vasconcelos
turns to his constructive task of creating a dualistic philosophy of experience.
Parallel and analogous to the acts of analysis and synthesis in tbought are the
processes of dispersion and hannonization in the realm of being. There is a
continuous tension in every being between a driít townrds entropy and an
impulse towards aesthetic synthesis. Metaphysically, this tension is expressed
as an interplay between different energetic processes, while experientiallv it
is felt as a struggle for the attainment of ideals: "Being always exemplifies
an energetic structure. Ali energetic structure is compounded, heterogeneous,
and tends, on the one hand, to retum to homogeneity and dispersion (through
entropy), and, on the other hand, to maintain itself in the irregular equilibrium of life - in harmony".Z-' Thus, while Vasconcelos argues that modem
science affirms a "dynamic monism", because it discovers in the interior of
matter "a movement whose analog is only encountered in the subjectiue order, in the interior of human consciousness", this monism embraces two distinctive clirections in experience.~ 3 As it was for Korn, the interplay between the
"' .BASAVJI! FERJ•¡ÁNDEZ DEL VALLE, Agwitín, La Filoso/la de José Vasconcelos (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1958). 68.
'" VAscoNCELOS, "El Monismo Estético", 10.
" VAscoNCELos, "Lógica Orgánica", 619.
,. VAscoNcELos, "Todología", 886.
" VASCONCELos, "El Monismo Estético", 17.

175

�two directions in experience is not contemplatcd by Vasconcelos with inclifference, but is interpreted as a struggle for self-aífinnation. The self is engaged
in a continua! process of attempting to sunnount the drift towards entropy by
exercising the function of synthetic coordination - Vasconcelos's equivalent
to Kom's creative liberty. Just as for Kom the proc~ of creative liberty
became coextensive with the person. for Vasconcelos the process ilf coordinating wholes becornes coextensive with the self. In Todología Vasconcelos
asks what there is in "the depth of his live and active menad". He finds that
if he attcmpts to answer this query through applying analytical mcthods there
is nothing at the core of the self. He is neither sensation, nor color, nor sound,
nor vibration, nor thought, nor sentirnent. However, applying constructive or
synthetic methods, he finds that ·be is ali o{ these fragments joined together
through coordination. Thus, at the core of his being is the process of coordinating wholes - a respon e to the invasion of consciousness by "the thousand
solicitations of the externa! world". Continuing his meditation he asks: What
is coordination? He responds: "lt is an irregular periodic, at times weak,
at times brilliant act that is produced in my consciou ne and is my consciousness itselí: the coorclinative process" .28 As was Kom's process of creative liberty, Vasconcelos's coordinative process is the presupposition of all values and,
therefore, must be affirmed if any other values are affirmed. The self, or soul,
struggles to achieve its autonomy, to keep from disintegrating: "The essence
of the soul is to coordinate interna! and extemal elements in order to aífin:n
inside oí the Universe the presence of an autonomous quantum of energy, a
fü;ng factor, a unity that operates inside of the physical but belongs to the
spirit". 27 Tims, Vasconcelos' thought is as mucha philosophy of life as it is a
metaphysic.
As in Kom's case, Vasconcelos's philosophy of life is not exi tentialist, but
anti-positivist and humanist. Vasconcelos criticízes Sartre for making sucb statements as "human existence is not what it is, but the contrary" and "the human
being is a being that makes itself'. He argues that these ass-ertions betray a
lack of attention to the results of experimental science. The second law of
thermodynamics shows that in as mucb as things are b ·ng unmadc, tbe human being must struggle perpetually to escape bcing drawn into this process:
"Man .. .is gcrm and factor of creation because thinking engendcrs a new
world that is opposed to the homogeneity of for e in disintegration and contains
this disintegration, saving from it the best in the Universe". 28 Thus, like Korn
0

:, V i\.SC0XCF.LOS , "Todología", 905.
" /bid., 902.
~ Ibid., 829.

1í6

Vasconcelos is less concerned with the problem of Nothin
lh ab
than with vindicatin
. .
gness or e surd
•• •
g human values within the world-view sketched b
os
1tiV1Sm. Kom and Vasconcelos create super-positivisms in response t
y p. and entro
th than .
.
o necess1ty
. py ra er
. existentialisms in response to the death of God Th .
struggle i~ the positive struggle to add to nature, to humanize it, rath~r th:
~ ~egativ~ struggle to survive in a world without certain or absolute meanings
el.l' dualisms are set up to deny the mechanical monisms of science They.
are not absolute idealists' because th ey generally
. accept the ositi . ti · .
pretation of physical nature. They are, then anti-positivists
th~ e m~eragainst m ch ·
al .
m eir reaction
.
.
e amsm, an ysis, necessity and entropy, but the are su e
..
ists m their project of b
..
.
.
y
p rpos1tivemies
. ..
. uma.ntz1Dg nature. Therr prunary philosophical enare SCJentific realists, not believers in absolute faiths Vasco
1 h
this v
clearl in
.
.
·
nce os s ows
"Th
_an observatJ.on m Historia del Pensamiento Filosófico:

~

¡. i

of :e t::ny o ~tions_ and the future of humanity depends on the struggle
h
1
bands. the p1gs of the soul who declare themselves realists and the
i o~ess who demand ~e good even at the cost of consuming reality. Humanty ll retum to the times of the cavemen if the b d f
predominates''.2e
an
accomodators ever

°

CARLOS

VAZ

FERRE IRA

Tbe work of Carlos Vaz Ferreira is more f
than that of 'th Al •
ragmentary and less systematic
ei er
eJandro Korn of José Vasconcelos. Alberto Zum F Id
observes that ''Vaz F erre1ra
· ,s ent1re
. enoque
..
e e
is directed towards combattin
systems; not particular systems, but all systems, or better
.. g
systematization itself" so z
F Id
yet, the spmt of
rreira's favorite bioch~mi um e e_ notes that "Fermental is one of Vaz Fetrinaire chara t
.cal express1ons, referring to ideas that, lacking a doc..
c er, exerase a suggestive action on thought" a1 Vaz F
. '
wnbngs are reflective of bis
.
.
.
.
erreua s
analytical precis'
f K
anti-systemabc mentality, and substitute for the
om and the aestheti
· ·
100 0
tentative skepticism. Yet Emili O 'be b
e mysticism of Vasconcelos a
Kom'
.
.
o n ' w o has compared Vaz Ferreira's and
s thought, finds the basic positions of the two philosop h ers quite
. similar:
. .
• VAscoNCELos, José, "HiJtoria del Pensamien1o .
" .
Compldas; tomo IV, 157.
Fllos6fi.co , m Vasconcelos, Obras
• ZuM FELDE, Alberto, Proceso Jntelectu l d l U
Ularidad,
1941), 379.
ª e ruguay (Montevideo: Editorial

" !bid., 376

177
Ham-12

�"Both concentrated on the clarification and elucidation ~f a pr~~;em of tragic
constancy in philosopby and bistory: the problem of Liberty' .
. 1 d
h ps even ontological beWhile Kom's dualism is epistemologica an • per_ a &gt;
V concelo's du. h
di · ·
between subject and ob1ect, and as
s
cause of 1ts s arp vi ion . 1 V F
. 's dualistic thought is strictly
.
.
li 'tl
etaphys1ca
az erreira
ahsm is exp c1 y m
'. .
. K
d Vasconcelos Vaz Fe. .
d
d by skeptmsm. Like orn an
'
empmca1 an tempere
d
.. .
Thought cannot be exhausted
.
d
· n of expande empmcJ.SID.
rrelia a opts a versta
di d · 'ts fermentative as
d lin . tic s steros, but must be stu e in i
.
by language an
guis
V
el and Vaz Ferreira ea.ch beheved
well as its completed aspect._ orn, . ascon~~s
1 tion and ea.ch one emthat he was participating m a p~1losop . revo u
' the revolution was
. d
diíferent aspect of this revoluuon. For Kom
h
p as1ze a
f hil phy for V asconth . titution of axiology as the central concern o p oso . ' .
th
ht
e ms
.
f anal • ¡ thought by coordmattve oug
celos it was the s~ppl:"°tmg O . -~cathat thought outruns words: "The
d for Vaz Ferre1ra it was the ms1g t
.
.
an
1 .: n or evolution in human intellectual h1story, more unportant
•
f
thing
grea test revo uuo
. tifi or artistic transformation, beca.use it treats o so~e .
than any scten c
th
. th change in humanity's mode of ihmkmg:
even more general than ese, 15 e
" 33
it is making thought independent of words .
.
•
•
•sm
Vaz
Ferreira
sets
up
a
dua\lSll),
,
th b · f this expan. d ed• empinc1
On e asts O
modes of being but between modes of
not between modes of exP:n~ci~g or
ms ~d thinking skeptically
thinking He contrasts thinking 1D terms of syste
.
.. vcl . "There are two ways of making use of an exact obse~at10n
and ~ t l {l y.. . the first is to draw from it, consciously or unconsc1ously&gt;
or a JUSt re ecuon .b
r d to every case. the second is to reserve it, elaba system meant to e app ie
'
thin to take into acorate on it, consciously or unconsciously also, as ;me . g rf ular cases" H
count when one reflects on real and concrete pro e~s m pa ic . .
.
. tes the fennentative anti-systemauc mode of thinking w1

i{

'fu

~::r;;e:.=~ systematlc thinking with intellec~_al_ coer~i~'fbe .cl:e~
.
. .
tem e itomized by dogma.tic pos1t1V1.Sm, IS
eqwv ~n
37dKratl?n~~~" ~dpVasconcelos's "entropy''. Systematization of the illo . om s n ts of human experience is a kind of entropic tendency of the
defmed aspee
f
.
that evince stable patterns should be submind Those phases o exper1ence
. .
h
. .
. tif' analysis but it is a mistake and a restnction on uman
rmtted to Scten ic
'
f
.
. l certainty about the very phases o expenence
freedom to seek metaph ys1ca
..

Al .

dr Kom" in Universidad Naeional de la Plala, Ertudios

Emilio, " e1an o
'
sobre Alejandro Korn, 101.
"' v,.r. FE1ur&amp;11tA, "Lógica Viva"• 94.
e ÜIUBE,

.

"

u VAZ. FE11REIRA, Carlos, "Falacias Verbo-Idco16gicos •

in Vaz Ferreira, Estudios

that are vaguest and most ill-defined. Vaz Ferreira develops a "living logic"
or "psycho-Jogic" similar to VasconceJos&gt;s "organic logic" to counteract the
tendency towards "false systematization". He identifies paralogisms, such as
false opposition and reification, that freeze thought into static pattems, and
argues that the final judgment on questions of cognitive validity is hyperlogical
and personal. "Hyper-logical good sense" is "a type of logical instinct that
above all in questions of grade (of certainty) ... intervenes after or along with
reasoning to balance opposed arguments and to maintain constantly the interplay of multiple ideas, thereby impeding any of them from predominating
illegitimately and tarrying us to false systematization." H This process supervenes over the careful logical consideration of issues and, like Vasconcelos's
coordinative thinking, is a supplement to, not a replacement for, logical analysis. Parallel to hyper-logical good sense in the cognitive realm is the attainment of moral "spirit" in the sphere of ethics. Vaz Ferreira argues in "Moral
Para lntellectuales" that moral problems are too complex to be solvcd by any
rationalistic system and that, therefore, af ter carefully reflecting upan the
particular situation, one should act in accord with one's moral sense: " . .. the
important thing is not to arrive at a school, but at a state of spirit". 00 Thus,
in his concern for freedom Vaz Ferreira anticipates situational ethics. Throughout his description of experience he emphasizes the significance of the concrete
human being with his untransferable hyper-logical good sense and moral spirit
in opposing the determinations of impersonal and transferable systems, whether they be social codes or metaphysical speculations. His skepticism allows
him to avoid any of the dogmatic tendencies in Kom and Vasconcelos, and
reveals the structure of Latin American dualism without the distortions of
ontological or metaphysical over-beliefs.

In his essay "¿Cuál es el Signo Moral de la Inquietud Humana?,, Vaz Ferreira dcvelops the philosophy of Iife implicit in his version of super-positivism.
He speaks- to those who live "without anaesthesia", those who have not been
able to obtain religious security. These people1 similar to the "hopeless" in
Vasconcelos's thought, undertake the most heroic adventure of all: living
without faith, but with a resolute commitment to a{firm and attain ideals.
Vaz Ferreira calls this philosophy of life "superquixotism" and describes it as
a struggle for plenitude, similar to Vasconcelos's struggle to comprehend the
whole and Kom's battle to attain the plurality of human values, economic
and spiritual, grounded in creative liberty. Superquixotism involves a rejec• VA.7. FEllRETilA, Carlos, "Un Libro Futlll'o", in Vaz Ferrei.ra, Edudios Filos&amp;ficos,
197.
• VAz F&amp;RRErRA, Carlos, "Moral para Intelectuales", in Vaz Ferreira, E.rtudios
/lilos&amp;/ icos, 79.

Filosóficos, 160.

179

178

�o
because thís would bind life to a
tion of any single ideal or value the
d of d.iverse ideals, some consystem and an effort to appreclate ~ m btu e th . " the person must not
,
. 's lile "without anaes esra
.
tradictory. In Vas Ferreira
1s
aliz that none of the 1deals
reli .
f "th but must a o re e
. finds
only do with~t
g~ous ai.·u' ever be fully attained. Yet Vaz Ferrerra_ .
to which he is comnutted W1
•
b t . stead reason for a certain JºY
· · this conclUSion, u , m
'
· l
ral
no cause for d espat.r m
. the do not have any particu ar mo
that there are people wbo, ~hile v: all the moral sentiments in some desenti.ment developed to perlect10n, ha
. .
t the single-minded worldv
Ferreira's morality 15 no
d"
f
ri1...:.t" who atteinpts to realize a igree .s1 The hero o az
l b t the "obsc.ure \ftllli&gt;
•
h"
historical mdiVl ua ' u.
h
. ts tbe temptation to systemab2e is
• his life and w o resis
•
1
versity of idea s m
h
ht of Korn the modest vl.rtUe
existence and tbe lives of others. ~sin th~ o~~ life.
in Vasconcelos's

ryi:i.

. . ·a

As

of intellectual 'P~obity is. the b~~ fo~ : ;e response to Nothingn.ess or. ~e
work, human existence is not
mded yl to p"'1"1f"rience In Vaz Ferrerra s
hall ge to a
va ue
~r·
a1
absurd, but by the e
en
b l d fined because it is a ch 1enge
thou!!ht this challenge is all the more s ~ y e th~ught and the social e,c•
~
hanistic aspects of one s own
to e~gage the mee .
rather than to engage physical nat\rre.
press1oss of mecharusm,
CoNcLus10N

Alberto Zum Felde levels a criticism
In Proceso Intelectual del Uruguay clir d t the other thinkcrs of the
. tba
uld just as we11 be ecte a
at Vaz Ferre1ra
t co
" hose who as Va:z. Ferreira, ·wisbed to oppose
Latin American gol den age: T .
•. . .
in the name of a coro-

.
r Spencenan pos1tiVlSIIl . . .
.
thc absolute donunance o
d b 'rtue oi a loaical einpiricism op~
.. al ·udgment an
y v1
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plete {reedom of cntlc J
11 • t a passive eclecticism that move
posed to all systems, . . . fell {ata y i~ o f the professor" se Tbe preceding
naked and lean among the logical _e~uations ho
that the philosophies of the
h
been suff1c1ent to s ow
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.
.
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bil sophies of life. ar ro
•· ·
tbat
contemporary p o
.
, e1l-articu1ated responses to pos1tivism.
v
th
. Latín American thought
P hilosophies of the golden age are
ary thought as ey were in
are as relevant to conteropor
b .
particularly in the United States,
Today hwnao emgs,
íifty or more years ago.
'
f d b the initiators o{ the golden age.
confront similar problems to those ace
y

ª

.

.. VAZ FERREIII.A,

ea.rlos,

.

· tud Humana?", in

" . CuU es el Signo Moral de la Inqwe
é.

Vaz Ferreira, Estudios Filos6/icos, 274. l Uru uay, 203.
u Zuu: FELDB, Proceso Jnteúctual de
g

The dominant mode of thought in the United States, particularly in the social
sciences, psychology and administration is the behavioristic or functiooalist variety of positivism. North Americans wbo have been educated in tb.e social or
psychological sciences, or in analyti.cal philosophy, and who find the behavioristic and functionalist approaches confining, have much to leam from writers
such as Vaz Ferreira, Vasconcelos and Korn, who attempted to enricb positivism at the same time that they preserved its contributions. U p until the
present, reactions against contemporary positivism have taken the forros of
a return to phenomenology or Marxism, or of a commitment to existentialism.
Leaving aside phenomenology or Marxism, which are substitutes for positivism rather than developments out of it, and which do not directly address the
philosophy of life and conduct, the major altemative to the empirical dualism of Latín American thought is existentialism. It would not be an e.xaggeration to say that in the contemporary West existentialism stands alooe as the
only philosophy of life that has gained wide curreocy. Yet existentialism does
not respood fully to the projects of those questioning contemporary positivism, primarily because it was not devised to be relevaot to these projects. The
philosophies of creative liberty, dt¡alism and struggle of the Latín American
initiators do respond to the projects of humanistic social scientists and others
resisting behaviorism and behavioral engineering.
The basic structure of the philosophies of the Latín American initiators is
an experiential dualism overlaid on an expanded empiricism that embraces the
measurable and regularized experiences amenable to natural science methods,
as well as the processes of creative liberty, coordination of wboles and fermentative tbinking that escape experimental and logical analysis. For Kom, the
basic dualism was the split between subject and object, reducible to the interplay between the processes of creative liberty and mechanical necessity. For
Vasconcelos, the basic dualis:m was the split between the tendency towards
eotropy and the impulse to coord:inate heterogeneous experiences into wholes.
In the realm of thought Kom's dualism was mirrored in the polarity between axiology aod science, while Vasconcelos's dualism was reflected in the
polarity between constructive and reductive philosophies. Vaz Ferreira, who
developed neither an ontology of experience nor a metaphysic, set up a dua]ism between feonentative and systematic thinking. In each case the dualisms
pitted creative freedom and personal untransferable experience against determined and impersonal homogeneous experienfe. With regard to philosophy
of life, each thinker both described and prescribed a perpetual struggle to
expand the area of freedom and personality - with freedom and personality
often equated with ene another - against necessity, entropy and systemati •
zation.
181

180

\

�Dualism, even when interpreted empirically, is an unstable position ~at
often masks a covert monism. Neither Kom, Vasconcelos, nor Vaz Ferre1ra
was willing to step outside of experience to bridge the rifts he had discovered
or created. Kom made a virtue of his "intellectual probity". Vasconcelos
mocked philosophers who analyzed concrete wboles into their comp~nents and
then reconstituted these wholes by appealing to abstract concepts Wlth no experiential referents. Vaz Ferreira praised living "witbout anacs~esia,,. Given
this reluctance to cnga~e in traditional metaphysical speculaaon, lhe three
thiokcrs bridged their dualisms by humanizing and idealizing positivism. Each
one made science relativc to a wider human experience, and argued that an
affinnation of freedom is a presupposition for affi.rming all other values, including those oí science. Yet the Latin American initiators did not adopt absolute idealism. They did not argue that physical experience is a producl of
will. Rather, tbey were painfully aware that necessity, entropy and systeroatization are irreducible components of human experience that cannot be explained away by an appeal to the plan of an ab olute mind, but can onl_y
be bumanized through struggle or embraced through surrender. The hurnaruzation of experience meant for these thinkers rcsolutely maintaining their own
freedom of thought, encouraging the freedom of others and creating new
objects of culture. Only through such action, which ultimately d~~nded on
the free commitment of the individual person, could the mechanlst1c phases
of experience be rcdeemed for the free person. An undercurrent of pessimism
runs through the works of tbesc pbilosophers, balancing their general optimism about human po ibility. Positivism taugbt Kom that necessity could
overwbclm liberty, Vasconcclos that the drift towards entropy might prove
overpowering, Vaz Ferreira that systematization was a constant temptation
for the mind. They recognized tbat human experience is equivoca!, that freedom is won through a strugglc that many pcople might choose not to undertake. Yet their skepticism and "intelleclual probity'' prcvented them írom
· ex1stence
.
"d
resorting to the existentialist vocabulary o f ' authent1c
an" b ad
faith". Human beings could be encouraged to be free. They could not be told
that they were free, regardless of what they thought. The Latin American
philosophers of the golden age were not prophets calling their people back to
the true patb, but renewers, opening up {re h possibilities. Rather than exhorting people to recognize the absurdity of their existence, the problem oí
Nothingness or their basic anxiety, the initiators attempted to teach people
to humanize a universe that science had told them was indifíerent to their
ideals. Tbe free person confronted scientifically detcrmined experiences (necessity, entropy, systcmatization), not ontological, metaphysical or "existential"

predicaments. Olarte notes that for Kom "tbe category of anguish in nontranscendent" .11
The empirical dualism of Latin American tbought can be interpreted usefully as a super-positivism that adds ncw dimensions to scientific positivism.
In opposition to the monism of scientific law and the homogeneity of analytic
thought, it sets up the dualistic interplay between íreedom and mechanism,
and affirms the heterogcneity of creative liberty, fermentative thought, coordinative actiYity. It makes additions to a narrow system of tbought and, tbus,
provides opportunitics for human activity. Contcmporary existentialism works
in an opposite direction. It is essentially a subtraction from absolute idealisrn, a critica) idealism. It enjoins the human being to confront all of the
contradictions, alienations and frailties of his existence without hope that these
are resolved or redeemed in the absolute mind. The existentialist is condemned to freedom in a world without God. The empirical dualist is ínvited to
see his possibilities for freedom within experience and then encouraged to
struggle to expand them. Those falling from idealism live in tbe shadow o{
their lost faith. Those emerging out of positivism did not have a faith that
tbe universe was responsive to their deepest hopes, so they are exbilirated
to discover a new freedom. Existentialists are concemed tbat human beings
learn to make choices for themselves without dependence on absolute codes.
Empirical dualists are concemed that bu.man beings rccognize their power
to create to think freely, to coordinate tbcir expericnce. Empirical dualists do 1
of course, defend freedom of choice, just as existentialists often encourage
creative freedom. However, empirical dualism idealizes positivism, while existential.ism materializes idealism. Thus, while these philosophies are very similar in sorne respects, the problems to wbicb they respond and the conduct
of lile that they recommend are radically different.
The empirical dualism developed by Latin American philosophers of the
golden age is a vital altemative to existentialism. lt should be particularly
inte.resting to those who are confronting contemporary positivism, bccausc it
was developed as a revision of positivism, ratber than as a substitute for it.
Empirical dualism is strictly within the Lradition oí empiricism. Its dialcctic
is exper:iental, not metaphysical or ontological. Rather tban authenticity, it
recom:mends intellectual probity and tbe humanization of experience. It is a
rationally defensible philosophy of life - filoso/la sin más.

•

01.ARnt,

"Alejandro Kom ante el Problema de la Metafísica", 95.

183
182

�EPISTEMOLOG!A ANTROPOLóGICA
SANTIAGO VIDAL

MuÑoz

Es NECESARIO contríbuir al esclarecimiento de los motivos que justificarían,
en parte, el retraso en los avances del pensamiento hacia una Epistemología
Antropológica, en armonía con los logros en la reflexión filos6fica y en la
investigación científica y tecnológica de nuestro tiempo. En estas páginas, en
varios contextos, consideraremos estas razones: a) La reducida colaboración
entre filósofos y cientüicos en esta época de deslumbrantes desarrollos de las
matemáticas y de las ciencias de la naturaleza. b) Hay una notoria "resistencia" para relacionar con otros campos la investigación ontológico-fundamental, cuyas contribuciones resultan subyacentes a la teoría de la ciencia, especialmente relativa a las ciencias humanas. c) La despreocupación por investigar
la realidad y los problemas del hombre, instalado al centro de la preocupación
por la revisión crítica de cuestiones fundamentales de la lógica, de la teoría
del conocimiento y de la axiología. d) Existe la necesidad de fundamentar la
"Antropología" -no antropomórficamente- en cuanto saber genérico, racional y objetivo del hombre abierto a la trascendencia y a la experiencia del
valor. e) Surge la consiguiente ausencia de una definida y clara lógica de las
interciencias y de las interdisciplinas. f) Por último, es notoria cierta desorientación y confusión conceptual y lingüística, en cuanto al uso del término
"Antropología" en nuestra era de las antropologías cientüicas, de la antropología filosófica y de otras antropologías no-científicas.

l. ¿ INDIFERENCIA

FRENTE A LAS CIENCIAS HUMANAS?

G. Gusdorf, estima que la falta de interés por las disciplinas antropológicas, se advierte desde Roger Collard y Víctor Coussin hasta Brunschvicg, pa-

185

�sando por Ravaison y Lechalier. Ve la misma actitud, sin distinguir escuelas,
en Gabriel Marcel y en la antología fenomenol6gica de J. P. Sartre.
Hay que destacar cierta desconfianza e indiferencia de parte de gran número de los filósofos y científicos frente a las ciencias humanas actuales. Un _
autor estima "escandalosa" esta. indiferencia. Los notables avances en ~os
campos de la psicología, de la sociología, de la historia, de 1~ antropolo~as
particulares, etc. . . parece no conmover a muchos; es como s1 nada ocurnese
en el mundo del pensamiento. Los hechos humanos hoy resultan más rebeldes
y diliciles de explorar desde distintos ángulos, si no hay acuerd~s respect? ~ las
teorías interpretativas utilizadas, si ellas están fundadas en diferentes unagenes teoáas del hombre y concepciones del mundo. También se habla de obstin~ción de los metafísicos -sin que necesariamente esto implique una postura
radicalmente antimetafísica. Pareciera que se tratara de "conservar rigur~samente la actitud tomada por sus antecesores a pCb3.r de la transformación
radical del mundo y del hombre" .1 La fidelidad a los clásicos o a tal o cual
escuela O doctrina filosóficas, puede onnubilar al investigador, para salvar
muchas veces obstáculos epistemológicos arraigados en problemas o en Y pseudo-problemas o en prejuicios.
Los especialistas en determinadas ciencias humanas, por cierto r~c~onan
frente a la indiferencia del filósofo -acaso más de alguna vez, no bien informados y al día en cuanto a los avances de las cien~~ en general Y de ~as
ciencias del hombre en particular. "tste no reconocuruento _mutuo ~s ~~JU·
dicial a ambos campos''. La obsecación, la indiferencia y la ignoran::ª m3ustificada, no pueden ser motivos para un ignorarse mutuamente filosofos Y
especialistas en ciencias del hombre.
Ha existido desinterés por las ciencias humanas en un gran número de filósofos. Los profcsores de filosofía pueden liberarse de ese ~go, pues en la
excelencia de su actividad docente cumplen planes de estudio y desarrollan
programas de los cuales no siempre son individu~ente responsables. E~ tema
del hombre importante en la historia del pensanuento, no ha mantenido un
predominio' constante. Basta examinar la historia.

El desinterés no confesado o la indiferencia de muchos filósofos se aprecia
al comprobar en el frecuente enfrentar, sistemáticamente, la cuestión antropológica que presupone, entre otras discip~inas, una ?ntologí~ hwnana, una
t ' del obJ"eto de conocimiento y del sujeto. Ademas faltaría ahondar, con
eona
. .
1 los
renovadas inquietudes filosóficas, la relación entre conocumento y va or,
.1

GusOORP, Georges, Jntroduction au.t sciences humaines, Societé d'Edition: Les

Belles Lettrc!:s, París, 1960, p. 28.

186

planteamientos previos en cuestiones tan delicadas como la teoda de la conciencia, la teoría de la experiencia, y los problemas de la objetividad y la
trascendencia. Es decir, quiérase o no, en la investigación antrofi106Ófica, está
envuelta y comprometida 1a filosofía toda, incluyendo las cuestiones últimas
de la metafísica y de la ética.

Las ciencias del hombre se han desenvuelto dispersamente. Ello ha determinado un evidente retraso para un avance paralelo a las otras ciencias) correspondiente a un conocimiento más hondo del hombre y de lo humano en el
todo. La desconfianza y la indiferencia frente a las ciencias humanas, coadyuvan a la frecuente in.comprensión respecto a estas materias entre los filósofos, entre los científicos y entre filósofos y científicos. Esto justifica, en parte,
el retraso epistemológico que nos preocupa.
La utilizaci6n de conceptos generales por los fil6sofos y especialmente por
los metafísico , aleja del hombre real y concreto aquél con que tratan los
especialistas en c.iencias humanas, incluyendo a los médicos, sacerdotes, juristas, educadores. El vuelo filosófico por los mundos de lo general y de lo abstracto, en verdad aleja de los mundos pr6ximos de lo singular y de lo concreto, manifestados en forma de un hecho, de un dato, de la biografía de una
personalidad significativa o común. E tas últimas, se dan en 1a vida social y
cultural del hombre en la concretez de su vida psicosomática y espiritual. Desde este punto de vista, el problema de trascender de lo singular a lo universal,
no es solamente una cuestión que plantea el ''hecho histórico", sino, todo hecho humano, considerado en toda su complejidad y su infinita riqueza de
significados y valores.
Al pensar en la comunicación efectiva entre filósofos y especialistas en
ciencias del hombre, se habla d diálogo entre sordos. Parece que ni unos ni
otros han cedido por razones no bien claras; cada uno pareciera estar encerrado en su predio, confortable y rutinariamente establecido, desconfiando del
vecino. La adhesión a las ideas y esquemas de pensamiento, tradicionales de
unos, y la resistencia a la revisión crítica de otros (inevitablemente ante los
avances del conocimiento y de los cambios en la vida humana) , han determinado, también, un retraso epistemológico en las ciencias humanas. Ello se
advierte en las investigaciones y obras publicadas y en cierta actitud hostil a
esas ciencias; actitud que debe ser estudiada seriamente para abrir paso a la
colaboración auténtica entre filósofos y científicos y, en consecuencia, entre
los diversos especialistas científicos en ciencias con especificación antropológica, psicólogos, biólogos, geógrafos, sociólogos, etc.
Quienes sustentan una "ideología cientificista" y que hacen un valor de toda
investigación, se maniliestan como eruditos puros" en un dominio limitado y

187

�parcial, y "se creen antropólogos, historiadores, lingüístas, filósofos, etc": .sus
actitudes se justifican y esto no significa desconocer el valor de la erudición,
sobre todo cuando es desconocido de antemano el interés científico y pragmático de hechos insuficientemente investigados. 2
La vacilación ante las ciencias humanas de los filósofos y -aún de especialistas en ciencias hipotético--deductivas y natural~, es un hecho innegable.
Se las ha llamado las "parientes pobres". Falta mayor investigación y reflexión
sobre sus fundamentos y sobre la determinación del objeto y sus límites. Además, es débil el interés por su metodología. Brunschvic duda en reconocerles
'la calidad de ciencias. Aún en nuestra época, se cita el caso de Piaget, quien
piensa que la metodología de las ciencias de la materia y de la naturale:,a,
sería «apta para procurar indicaciones", para "el buen uso del pensamiento".
"Las ciencias humanas, ciencias inexactas, no poddan dar a la meditación
más que los malos ejemplos". Charles Seignobos, con su espíritu positivo,
estudia la metodología de la historia y, sin aventurar en la metafísica, cree
que los hechos históricos que figuran en los documentos, sirven a la investigación de la misma manera que los fenómenos materiales sirven al físico o al
químico. Estos son algunos ejemplos de vacilación del pensamiento, de confusión de ideas. Se trata de enfoques unilaterales y aislados, con diversas y aún
opuestas teorías interpretativas, en tomo a un mu.ltiproblema que no es más
que uno: el hombre.ª

2.

INTERROGANTES EN UNA PROPEDÉUTICA

a) Hay incontables maneras de encarar el tema ''Filosofía y Ciencias Humanas", como acontece con todo enfoque filosófico que remite a cuestiones
últimas. Siempre serán problemas de la filosofía, los de su esencia y relaciones
que posee con cada territorio de la cultura; en nuestro caso, con la ciencia.
Aqui no se trata de una relaci6n -imprescindible- entre filosofía y ciencia,
sino de una relación con un bloque de ciencias nominado "ciencias sociales"
por unos y "ciencias humanas" por otros.
En tal hontanar aparece el hombre y lo humano, configurando cuestiones
fundamentales de la ontología y de la antropolog'ia filosófica contemporáneas
y de una constelación de disciplinas filosóficas. ¿ Qué otra cosa es filosofía sino
• GotMAN,

Lucien, Las ciencias humanas 1 la filosofla, Edic. Nueva Vuión, Bue-

nos Aires, 1970, p. 11.
• Introducción a la epi.rtemologfa, Piaget, Gusdorf, op. cit., pp. 10-11.

188

una actitud en el filosofar del hombre en busca de la verdad1 desde el hombre
y para el hombre?
La historia del pensamiento ha sido un constante preguntar y saber más
acerca del mundo y del hombre; de su esencia~ de sus ideas y creencias, de sus
ideales, fines y valores. Es la historia con sentido, que arranca desde las decisiones en el pasado, siempre pensadas en un presente y con perspectivas en el
futuro. Este saber acrecentado en esta aventura sin término de la ciencia y de
una reflexión sobre ella involucra, en verdad, al "hombre entero".
Una noción, una idea de filosofía forma parte de la experiencia personal
en el punto de partida de la investigación y reflexión del tema propuesto.
Ahí están ínsitos los supuestos y el concepto de ciencia, sus problemas y limites; su valor. No obstante, subsiste el interrogante: ¿Qué son las ciencias
ctt)'º objeto y valor es el hombre y lo humano? b ) Demos una mirada a tres
aspectos del despliegue 16gico e histórico del pensamiento. A) Si, por ejemplo,
se arranca de una postulación semejante a la del "saber unificado de las ciencias", conforme al ideal avivado por el positivismo lógico, el problema de la
determinación de cualquier bloque de ciencias ( entre ellas las ciencias humanas) podda no existir, prácticamente. Pero nunca tal ideal fue eficaz para
satisfacer las necesidades intelectuales ni los propósitos epistemológicos de las
ciencias propiamente del hombre. Ello por el fuerte tonw físico-matemático
y aun analítico-lingüístico, filtrado en algunos esquemas de pensamiento vigente y promovido, favorablemente, en el ambiente científico naturalistico y
neopositivista.
De hecho, las ciencias físico-matemáticas, las "ciencias de la naturaleza"
sin connotación humana ( y las tecnologías correspondientes) , se han desarro~
llado espectacularmente en el presente siglo. En cambio, las ciencias sociales,
las ciencias humanas, a pesar de todos sus avances en el conocimiento y en las
metodologías y en la solución de problemas acusan aún insuficiencias en lo
que concierne al conocimiento del universo humano y desde éste, como atalaya, en Jo que concierne al todo en sus otras dimensiones no-humanas, naturales y espirituales. En el dominio de la existencia humana, en lo psico-moral y
lo socio-moral, el retraso (si se acepta la palabra) que existe en un crecimiento espiritual y ético significatiYo, es simplemente escalofriante y decepcionante. Grandes multitudes de seres humanos han perdido la fe en lo que
ellos han creado y aun en lo que les ha llegado como un don. Lo ins6lito es
que muchos han perdido la fe en la ciencia y en la técnica, a pesar de todo lo
que éstas les brindan en la vida ordinaria. Un avance desmesurado de las
ciencias no-humanas está en desarmonía con los ideales de unificación del
saber y con la posibilidad de "humanizar'' todas las ciencias.

189

�B) Por ventura, ¿ existen ciencias cuyo objeto sea independie~~ de esas
ciencias "hUJJ1anas", absolutamente ajeno a ellas? En el cas? de existir, ¿c6~o
explicar el hecho contemporáneo del auxilio creci~te _Y. directo que se ~~
prestando entre sí las diversas ciencias, cuand~ los cien~1cos
d~~ pr?positos
comunes en la investigación, y se establecen interconexiones s1gnif1cabvas en-

5':

tre sus conocimientos y sus problemas particulares?
Desde un ángulo al cual hemos aludido, todo esto conlleva a mostrar la
postura del hombre ante sí mismo, ante el prójimo, ante el "mun~o'.' llamado
''natural", que forma parte constitutiva del hombre en cuanto vivi~te. Naturale-La que, además, pasa a integrar el mundo circunda.:1te ecológi~o Y_ el
mundo cósmico físico remoto. ¿ Está por ahí 'la naturaleza en unas ciencias,
cuyo objeto está constituido y es nítido para muchos; y, por .ª~á, lo que llamamos "hombres" y "lo humano", también objeto de conocmuento y de reflexión?
C) En último término, se distingue el caso de la interdependencia en_tre las
ciencias, que supone implicación de conocimi~to~. El problema crucial del
contenido y de los limites objetivos de las ciencias humanas Y de aigun:15
otras ciencias, 0 de todas aquéllas cuyo objeto no es el _hombre, no. se_ planteana
o, si se plantea, habría que hacerlo de manera raclicalment; distinta,. pu~s:
la inter-dependencia se da fácticamente paro. todo caso, tratese de Clencias

Si el hombre "entero" es en parte comprensible y aun explicable en una o
más totalidades en el Todo, ¿ tendrá algún sentido continuar preguntando, si
~ ?uede, en definitiva, lograr un saber sobre si mismo, de su intimidad -purificado de lo que no es él- incontaminado de aquelJa alteridad que le trasciende? ¿Sería razonable continuar formulando hipótesis de unas ciencias
sociales o ciencias humanas, estrictamente ceñidas a sectores recortados rígi~~nte delimitados por abstracción de la realidad empírica, o admith- la
poSibilidad de un horizonte epistemológico, con sentido antropológico, apto
para estas escurridizas ciencias humanas en la totalidad, lo cual conduce al
espíritu más alJá de los orbes de lo real?
D) Cualquiera respuesta que pretenda responder a la pregunta "qué son
las ciencias humanas.. , ha de responder primero, o tener presente, a qué idea
o concepción del hombre adhiere en el horizonte de una concepción del mundo. Así responderá qué es el hombre y lo humano en cuanto objeto de una
ciencia o de un complejo de ciencias, comprendido en una red interdisciplinaria del sistema abierto del saber científico y de todo lo que éste planteará
a la filosofía de hoy y de siempre.

3.

SUPUESTOS E IDEALES DEL CONOCIMIENTO

con especificación antropológica o sin ella.
La pregunta: "¿qué son las ciencias h~s?, al ser di~~n~i?as en sus
fundamentos de las que habitualmente se dice que no lo son angina, por lo
menos estos alcances. a) No todas las ciencias admiten el calificativo de "humana;,' 0 un nombre equivalente o análogo; b) las ciencias cuyo objeto es
"el hombre" 0 "el hombre y lo humano", o se les considera "humanas" (han
de poseer en el nombre mismo la indicación de s~ carácter), o _se. les~~ de
atribuir expresamente la espccificaci6n antropológica que las distm~a de
otras, tanto en su realidad como en su concepto. En este punto, e.."Oste. un
engarce con el criterio antropológico que nos preocupa, fµndado, co~prens1ble
y útil. Lo que el hombre y lo humano ES en alguna o algunas tot_ahd~de~ en
el todo y 1o que NO LO ES, es una cuestión tal en que la expenenc1a cie~tífica con sus objetos científicos abstractos, rebalsa al camp~, de la antropol~g1a
filosófica y sólo resta la metafísica como tabla de salvac1on con sus ob1etos
filosóficos concretos.
p último al comprobar que el hombre hace ciencia, ¿ logra éste un sa~
cre~~te sob:.e lo que no es él mismo y sobre sí mismo?. Si lo logra. hay posibilidad de a-clarar dudas y confusiones. Si no logra y bene dudas sólo caben

Las ciencias de más antiguo origen aparecen, con frecuencia, fundadas en
spuestos hoy invalidados. La repetida necesidad de la revisión crítica de los
supuestos de las ciencias humanas, orienta hacia nuevas reflexiones que pudieren ir más allá de la distinción entre antropologías no-socráticas y nocartesianas... Sigue en juego -entre otras cuestiones- la especificidad de
las ciencias humanas, lo que supone, desde ya, salvar los escollos antinómicos
entre mundo natural y mundo espiritual, entre naturaleza y cultura, y todos
los intentos del reduccionismo del pensamiento.
George Gusdorf, habla hoy del punto de partida de una antropología nosocrática y no-cartesiana necesaria. "El filósofo no quiere que las ciencias
humanas le provean una investigación socrática del hombre de hoy". En tal
aserto no hay una expresión peyorativa frente a los humanistas griegos, ni
tampoco se trata de oponer las ciencias de la naturaleza. a las ciencias del
espíritu, "perpetuando así la alternativa clásica de sustancia pensante y de
s~s.tancia extensa''. Completa su pensamiento, con una afirmación que posibilita salvar la valla antinómica con fines epistemológicos: "toda ciencia de
la naturaleza es también una ciencia del espíritu, toda ciencia particular

otras preguntas en busca de otras respuestas.
191

190

�aporta su contribución a esta ciencia del hombre, pues la unidad puede sólo
· todos los aspectos dl
reagrupar en una misma perspecuva
e sabe"'
r -

c'Qué ciencias son ciencias humanas? La discusión a~er~ del ~om~re de
estas ciencias llamadas ''ciencias del espíritu" ora ''ciencias sociales , , ora
"ciencias humanas", es centra ble en la dilucidación de lo que es o sena el
objeto de las ciencias humanas o ciencias del hombre _Y de lo h~?· Es
decir, hay en juego cuestiones ontológicas y lógicas_ refe.ndas a tal ~IScundo Y
escurridizo objeto; pero, inevitablemente, surgen unp~cadas cue~no~~ gnoseológicas y metodológicas. En verdad, no se trata _de sunple noIIDna_c1_on, aun
cuando la cuesti6n del objeto derive de una doctnna o de una pos1C1Ón filosófica y científica. Para Dilthey, son ciencias del espíritu "frente a las ciencias
de Ia naturaleza"·, Rickert trata de "ciencias culturales" enfrentadasf a dlas
"ciencias naturales" • los epistem6logos norteamericanos utilizan y de 1en en
h
. .,
ld «·
la nominación de "ciencias sociales" y los franceses a e sc1ences umames .
Existe toda una búsqueda, aguijoneada por los ideales del conocimiento

histórico, del conocimiento de lo social, del conocimiento de lo psiquico '.Y de
lo antropológico (un tanto esfumado éste por las preocupaciones modernas_ en
torno al conocimiento) . El naturalismo y el mecanicismo y las sequemas físicomatemáticos, tratan de penetrarlo todo y de explicarlo todo. Las ciencias propiamente del hombre resisten y no se adaptan f ác~ente al esqu~ma ~eshumanizante y despersonalizan te, que dominó en el diecinueve. Las. filosofa~ de
la naturaleza del Renacimiento a Schelling y Hegel "tratan de mtroduc1r el
espíritu y la conciencia en el universo físico". En el desarrollo de las ciencias
físicas, la ciencia positiva adquiere dominio en el conocimiento, "en la medida de que se libera de toda ingerencia filosófica' . El cientificismo así, extien~e
esa afirmación a las ciencias biológicas y humanas, para lograr: a) una bmlogía mecanicista; b) una psicología objetivista; c) historia empírica; d) una
sociología cosista y descriptiva. Pero, "si la filosofía afronta realmente verdades acerca de la naturaleza del hombre, entonces toda tentativa de eliminarla

altera necesariamente la comprensión de los hechos h-umanol'.

6

L. Goldmann, trata el pensamiento histórico y su objeto, y afirma que
"todo hecho social es un hecho histórico y a la inversa". Sociología e historia
introducen los mismos fenómenos. Si tales ciencias captan un aspecto real, la
imagen será "parcial y abstracta". Un conocimiento real de los hechos humanos, no puede estar fundado en parcialidades y deformaciones de una "socio• Op. cil., l, pp. 17 y 29.
• lb., pp. 7 y 8.

lo~- c?sista" o psicologista, con resultados agregados de una historia política,
poSlbVISta.

''El conocimiento concreto, es una síntesis de abstracciones justificadas" (no
una suma). El autor habla de lograr una ciencia concreta de los hechos
humanos: una sociología histórica o una historia sociológica, lo cual supone
u_na cuestión epistemológica previa: el objeto de la historia, es conocimiento
nguroso ... de los acontecimientos en "lo que tengan de específico y particular".8
En cuanto a la elección de los acontecimientos históricos en el conjunto de
la realidad, se sostienen dos tesis: Eduardo Meyes dice que "los hechos son
históricos por la influencia que han ejercido en el curso de los acontecimientos". Max Weber, piensa: "por ejercer todo acontecimiento una influencia
más o menos grande sobre los demás, no hay elección posible entre los acontecimientos hist6ricos y los que no lo son".
Quienes examinan críticamente éstas y otras semejantes expresiones necesariamente revelarán los supuestos y conceptos primorcliales en el territ~rio del
ideal mismo del conocimiento en la historia. Cassirer lo logra por ejemplo
parcialmente, en su obra ''El Problema del Conocimiento". En esa línea ro~
tódica, consecuencialmente, sería posible determinar los ideales particulares
de todas las ciencias, sin excepciones. Entre otras, C$a obra de Cassirer constituye una rigurosa y promisoria apertura a las investigaciones en torno a las
ciencias, y a las ciencias del hombre en particular. Ello contribuye a superar
cierta desorientación en cuanto al cuadro contemporáneo de las ciencias en
relación con la filosofía, desorientación manifestada en la ineficacia creciente
de las tradicionales clasificaciones de las ciencias, por la aparición de ciencias
nuevas, la reíusi6n de algunas, y la situación, de !techo, del surgimiento fecundo de las inter-riencias e interdisciplinas que han posibilitado, indiscutiblemente, un avance enorme del conocimiento científico y tecnológico.
Determinar, en cuaJquiera época, qué son las ciencias relativas al hombre
( ciencias humanas, ciencias sociales... ) implica reexaminar qué son las ciencias en el horiwnte del saber y de la vida, cuál es el ideal de conocimiento de
cada una de ellas, de sus formas, tendencias de desenvolvimiento y vicisitudes
~ta el p:esente. Un cambio de enfoque óptico, provoca diferentes perspecb.vas al mirar el cuadro de las ciencias contemporáneas, en las que tanta significación tiene o debe tener el hombre, sus obras y sus problemas interrelacionados. Ello afecta a la consideración peculiar de su objeto, distinto a todo
' lb., pp. 9 y 10.

193
192

BIIID•lS

�otro objeto pensable, y afecta a la determinación de los limi~es ~ métodos de
cada ciencia particular como, asimismo, al método en las c1enc1as humanas.
Se ha expresado una proposición muy ilustrativa: la histori~ como otr~
ciencias humanas, parece "tener el centro en todas partes ~- su cm:~ns_ferencia
en ninguna". Extrapolando se advierte la djfic~ltad ?ara fipr l?s ~tes precisos desde el lado de la sociología, de la ps1colog1a, de la filosofia, de la
antropología cultural, de la geografía. . . Las ci~cias humanas, en ~er~~d,
tienep todas el mismo objeto, que es el hombre vwo y todo lo que él significa
en su ser natural y espiritual pleno. De esta manera, se comprueba que la
"pluralidad de perspectivas epistemológicas estimula afanes para la búsqueda
del individuo humano personal, en su sociedad y mundo natural Y cultural
concretos: 'es el hombre del psicólogo, el hombre del sociólogo, cl hombre
del historiador, el hombre del filósofo', el hombre del médico, el hombre de
los especialistas en las diversas antropologías" ... 1

4.

LA tNVESTIGAClÓN DEL FENÓMENO HUMANO

La filosofía intenta develar el fenómeno humano en plenitud Y con ello
tr::i.scender la observación empírica. Las ciencias humanas en el aislamiento,
sólo logran investigar parcialidades de ese fenómeno hun_ian~ en cu_anto totalidad. Su objeto no es un abstracto idéntico al de una ciencia particular que
parcela, por abstracción, el todo concreto el cual, en este caso, es "el ho~bre
entero": en cuanto ser natural y espiritual; ser personal y con personalidad
concreta, en su realidad bio-psíquica, psico-social e histórico-cultural.
Los ideales del saber biol6gico, del saber psicológico, del saber histórico, del
saber político, etc., en la historia del conocimiento científico, iluminan los
supuestos básicos de cada una de las ciencias correspondientes, en una etapa
determinada. Aquellos supuestos de las varias y diferentes ciencias humanas,
han de investigarse en su génesis y su evolución histórica, social y cultural
Esa tarea mostrarla parte del historial del pensamiento humano, salvando
toda suerte de vallas epistemológicas en el momento en que se hace frente a
los nuevos descubrimientos, a las nuevas teorías y evaluaciones, propias de la
realización científica y de los juicios filosóficos sobre ella.

La investigación científica contemporánea, y en ella la particular de las
ciencias humanas, va abriendo nuevos caminos a la exploración interdisciplinaria. Indudablemente, este progreso procura temas a la investigación filo-

sófica actual, con una cultura deslumbrante en C.'q)ansión y desconcertantes
problemas de la sociedad. Vivimos una época en que estas ciencias humanas
existen y acrecientan sin cesar sus conocimientos, influyendo en la vida social
econó~ca, política, jurídica, educativa ... "Sería absurdo cerrar los ojos ant;
un fenomcno tan general, pues las repercusiones, próximas y lejanas, introducen nuevas determinaciones en las estructuras mismas de la civilización". 8
Una ciencia _del hombre, con toda la complejidad que cabe suponer, e,d.ge
ro~per deterrrunadas barreras del conocimiento que impiden esta visi6n totahzadora del hombre, a causa de la formación especializada unilateral de
mu~h_o~ profesio~les, de las actitudes, por efectos de una poderosa presión
preJu1c10sa atozruzadora del saber, que da óptimos frutos en física nuclear
pero no en ciencias humanas. Se refuerza lo anterior, por el aislamiento d;
~u~os especialistas en sus ínsulas de la realidad, olvidando que, directa 0
mdrrectamente, todas y cada una de ellas tienen referencias al conocimiento
del hombre y de sus mundos reales y concretos. No obstante, la posibilidad
de nuevos planteamientos para la antropología epistemológica con sentido de
conversión antropológica, es clara y prometedora, en la medida en que se
alcance un notorio incremento de los conocimientos ajustados en una coherente integración en el anchísimo espectro del saber y del quehacer humano
loral.
La consideración del hombre en cuanto objeto de conocimiento, posibilita
un mayor crecimiento espiritual del ser humano, siempre que trascienda la
experiencia en cuanto sujeto en el fenómeno del conocer, del pensar y del
v_a~orar .. N~~vos horizontes del pensamiento, revelados por filósofos y cientificos, s1gnif1can un ensanche del saber y de la acción con sentido, a la vez
que surgen aperturas a nuevos descubrimientos en los mundos de la interioridad, de mismo, y del prójimo y, a la vez, se descubren nuevas perspectivas
para la busqueda de la verdad en los mundos propiamente no-humanos.

:í

En el trasfondo, hay un ideal de un conocimiento ínte.grado del hombre y
en torno a ál: del hombre en cuanto objeto de conocimiento. Cada ciencia
adquiere sentido dentro de un complejo de ínter-ciencias e ínter-disciplinas
en que puede jugar libremente el método analítico-sintético, el inductivo-deductivo y otros. Ninguna ciencia implicada pierde su especificidad; al cootrario alcanza pleno sentido en el sistema de las ciencias, afirmando lo propio,
según el criterio antropológico integrador y no-desintegrador del saber, con
todas las consecuencias que acarrea est::i. inevitable "conversión epistemológica".
' lb., p. 10

1

lb., p. 477.

195
194

�al fil' f
al científico como un centro
El todo antropol6gico, se m~es~ f i oso ~ yd manifestaciones de diversas
• d confluenoa e mter erencia e
de convergencia, e
trata de una realidad no
.
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.
.
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·no de un comp JO
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1
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asegura la convergencia de
todo específico. "El hombre es el punto oc que
todas las disciplinas"·

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.
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e
.
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.
.
. , lito que se conoce a Sl nusmo como
. . dos , como conviene a un su1eto mso
ciona
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5.

¿EsPBCTFICIDAD EN LAS

GIE~OIAS DEL HOMBRE?

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.
cifi .d d de estas ciencias
Se d&amp;ute la es~ ~ -~
d la división del trabajo epistemoló. . . una previa revision comp1eta e
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ex1gma. . .
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la racionalidad y a a irraciona
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con la reducción e pensa.unen · ·
' V
M Santiago La naw.raleza y la cultura e11 la vida del
lDAL
.,
,
Co
. 'ón 'al Congreso Filos6fico, Bras·ilia,' 1972 .
t,oraruo,
mumcao
,. GusDORF,

196

op. cit., p. 17.

rechaza el imperio del espíritu matemático. Tampoco acepta los intentos de
lograr una unidad científica, reduciendo los fenómenos: física reducida a ]as
matemáticas; química a {isica; biología a la química, sociología a la bistoria.11
Algimas posiciones antimetafísicas contemporáneas, mantienen una tradición
reduccionista del pensamiento, reafirmada por los seguidores del Círculo de
Viena positivismo lógico y de las tendencias analistas. (Unificación de la Ciencia, 1929).
El fisicalismo y el paradigma de las ciencias físico-matemáticas a que nos
hemos referido, estimularon esta actitud reduccionista, difícil de defender frente a las relaciones significativas, día a día fortalecidas, entre las diferentes
ciencias y disciplinas del cuadro contemporáneo de las ciencias, al colocar el
investigador científico y el filósofo ante sí, al hombre concreto pleno, en cuanto objeto de conocimiento. Esto sin duda, es un paso import~nte para la revisión crítica de varios planeamientos epistemológicos opuestos al reconocimiento de la especificidad de las ciencias del hombre. Decimos un paso, entre
muchos otros, pues debe ser esclarecido el problema del objeto mismo (y los
límites) de cada ciencia de este complejo que donominamos "ciencias humanas", cuyo objeto es el hombre todo, real y concreto, en su mundo natural
y espiritual y todo lo que esto supone y significa para la investigación científica y para el pensamiento antropológico contemporáneo.
La conversión epistemológica que significa la incorporación coherente de
las ciencias humanas en el cuadro total de las ciencias, debe comprenderse
en lo que se ha llamado la crisis actual de las ciencias. Lo sugerente es que,
tanto las ciencias están en crisis de supuestos y conceptos fundamentales, como
lo e.stá el hombre total, su vida social y cultural, el hombre mismo en su
mundo contemporáneo natw-al, social y espiritual.
Con frecuencia se olvida que tanto la ciencia como la filosofía y todo ese
universo de la cultura es obra del hombre, por el hombre y para el hombre.
El hombre y su creación con sentido, pesarían más en sus quehaceres contingentes, si por lo menos hubiera unanimidad de pensamiento frente a la vida
y al destino humano mismo; para unos con fines inmanentes a la vida y para
otros, con fines trascendentes a ella. A pesar de esta falta de unanimidad
de pensamiento en esto y en otras co as, el hombre debe constituirse como
centro de preocupación, de interés y de investigación.
"Insistimos en esto de la especificidad de las diversas ,, distintas ciencias humanas y las análogas, atendiendo a que los límites de cada una no son cerrados

mundo contem11

lb., pp. 25 y 26.

197

�ni bloquean las conectivas lógicas. El objeto propio de una ciencia, no es aniquilado con la apertura de sus campos objetivos hacia las ciencias colindantes
u otras con relación indirecta, ni tampoco provoca menoscabo en sus métodos.
Los "límites", se entienden establecidos por abstracción y didáctica.

6.

CONOCIMIENTO ATOJ.llZADQ Y CONOCIMIENTO INTEGRADO

La alternativa entre saber atomizado y saber integrado, está en relación
con la posibilidad de constitución de las inter-ciencias y con los fundamentos
mismos del método interdisciplinarios.1 1?
La concepción del "hombre entero" real y concreto en las totalidades
necesita afrontar el desafío metafísico de la oposición antitética espíritu-naturaleza. La discusión secular continúa y revierte en los planteamientos filosófico-antropológicos relacionados con la posibilidad de constitución de las "ciencias humanas". Además, afecta a la secuela de cuestiones epistemológicas, en
particular de orden taxonómico y de la metodología de las ciencias y de las
ínter-ciencias. Provisionalmente, son admisibles las ciencias hipotético-deductivas, las llamadas "ciencias naturales" y aquellas otras con nominaciones distintas, pero con significaciones semejantes y con su objeto imprecisamente
determinado. Pero es primordial tratar del campo objetivo difusamente delimitado de estas llamacla.i¡ "ciencias del espíritu", "ciencias de la cultura", "ciencias humanas", "ciencias sociales,, o, simplemente con horizontes en las totalidades y el todo, ciencias del hombre y de lo humano. Una postura filosófica,
centra la discusión en esta alternativa para investigar:
1} Se continúa considerando al hombre real y concreto, un ser parcelado
ontológicamente, y atomizado desde el ángulo gnoseol6gico. Si es así, adquieren validez las determinaciones del objeto y límites de las diversas ciencias
particulares y cualquiera clasificación para ella, será útil de acuerdo con los
criterios clasificatorios y los propósitos de los científicos.
2) O bien, se considera el pensamiento filosófico-antropológico omnicomprensivo que ve al hombre y lo humano, real y concreto en una totalidad.
Si es así, se requiere una rigurosa investigación y reflexión crítica acerca de
esa concepción omniabarcadora. Así, es factible que el hombre, en cuanto
sujeto y actor de la vida humana total, y objeto de conocimiento científico
11 VIDAL M., Santiago, Dos concepcwnes del hombre y las ciencias humanas, Comunicación al Congreso Internacional de Filosofía, XIII, México, 192.

198

y de reflexión filosófica, sea insertable significativamente en el contexto del
saber humano total relacionado el ser, con lo existente y la realidad toda. En
este caso, surge la posibilidad de una conversión epistemológica al instalar al
hombre al centro de nuestras preocupaciones, con resonancias en delicadas
cuestiones no resueltas del tocio aún, como ser: a) el problema del objeto de
las "ciencias humanas» o ciencias del hombre y lo humano; b) los límites
de esas ciencias y su problemática general y especial; e) el conocimiento del
hombre en cuanto éste se ha constituido objeto de conocimiento; d) las repercusiones de las ideas integradoras en el método, con apertura efectiva al trabajo interdisciplinario.

Enfocar las dos alternativas precedentes que relacionan el pensamiento filosófico-antropol6gico y científico y el atomizador e integrador, lleva a un
fondo ontológico-formal inevitable. Primero, la realidad total aparece fragmentada en "mundo natural" y "mundo del espiritual" y emerge la posibilidad del conocimiento para determinadas ciencias correspondientes. Esta división algunos autores no la aceptan. El espíritu humano es movido hacia un
conocer fragmentario ( e insuficiente por no mirar el Todo) del todo antropológico, del hombre y de lo humano en su realidad y su verdad, en su inmanencia y su trascendencia, en sus posibilidades de concretez y de abstracción. Esta línea de pensamiento se relaciona con la concepción atomista
concerniente al todo y las partes.
Opuesta a la dirección trizadora y francurante de la totalidad y de la realidad, con pérdida del sentido que da el saber integrado e integral, aparecen
las concepciones integradoras del hombre, unitarias y omnicomprensívas. Aquí
ajustan las concepciones "organicistas" o, mejor, integradoras de todo y parte.
El ser humano tiene aptitud para pensar en el ser y el valor y para aproximarse al ser e intuir valores y cumplirlos. A la vez él es apto para aspirar al
conocimiento de "los todos" y "las totalidades'' de todo orden. Son inevitables
estos alcances que desbordan las cuestiones investigatorias del hombre de orden empírico. del hombre y lo humano, real y concreto, pues hay cuestiones
ontológico-formales de antigua exploración. El ser humano real al conocer
discrimina, intuitiva o racionalmente, "partes" (que pueden ser "todos") en
los todos y las totalidades. Así es apto para buscar y lograr un conocimiento
de sí mismo y del "hombre entero", unificado, integrado y con sentido.
La vocación humana y el ideal de conocimiento de aquel "hombre entero",
presupone un conocer en que el sujeto discrimina ''partesu distintas en los
todos y las totalidades. Inicialmente el 'todo" se presenta como una síntesis
en cuanto complejidad de contenidos difusos y confusos. Se discriminan analíticamente las "partes" entre los seres y valores interrelacionados significativa

199

�o no significativamente, pero no ignorados entre sí. Esta distinción real y /o
16gica es posible en el seno de la realidad empírica o en ámbito metafísico
cimentado en la experiencia humana. De alguna manera, percibir, pensar y
valorar, es distinguir instancias y relacionar perceptos, pensamientos y valores.
La distinción es de objetos percibidos en la experiencia interior y en la del
"mundo externo". En el campo l6gico, la distinci6n conduce a Ja conceptualización y esclarece las notas diferenciales de las "partes" en el "todo". En el
territorio de la axiologia, ayuda a esclarecer cuestiones de la objetividad y
subjetividad de la absolutez y relatividad de los valores; del género y de las
especies del valor. Son inevitables las investigaciones en tomo al ser y al valor
en relación con el conocimiento.
Aclarar el problematismo señalado, ayuda a configurar una concepci6n
integrada y con sentido del hombre, válida para las ciencias1 en cuanto ella
procure un saber total y, en particular, también sobre ese hombre en el mundo. Ello serviría al fundamento de una lógica de las ciencias y de las intcrciencias en sus bases lógicas y gnoseol6gicas, a fin de constituir las ciencias
humanas y fundamentar los métodos interdisciplinarios. Las síntesis logradas
en el campo epistemológico, en verdad pueden aspirar a ser últimas; pero,
frente a las ciencias contemporáneas, es preferible hablar de síntesis provisorias del hombre y en torno al hombre, con fines epistemológicos. La filosofía
continuará asumiendo su tarea de buscar la verdad, la verdad última.
Al retomar las alternativas: saber atomizado o saber integrado, se podría
ahondar esto, recurriendo a la historia del pensamiento. a) En la antigüedad
griega y hasta en los inicios de la modernidad, filosofía fue lo mismo que
ciencia, digamos la "madre de las ciencias". Gnoseológicamente, aquello fue
expresión del ideal de unidad del saber y, a su v,,:z, manifestación ontológica
de la unidad del ser. No tiene sentido en esta etapa del desenvolvimiento del
pensamiento hablar aún de métodos de las ciencias, no descubiertos en aquella era propiamente pre-científica.
b) La situación anterior es histórica y lógicamente superada, al establecerse
un saber filosófico distinto del saber científico y al constituirse, paulatinamente, las varias y diversas ciencias. Se habla de la filosofía como "reina de
las ciencias". Gnoseológicamente, va manifestándose la atomización creciente
y )a especialización del saber científico que, de alguna manera permitiría
suponer al ser sin unidad primigenia en el orbe de la experiencia metafísica.
En este caso, se afianza el ideal de autonomía e independencia de las ciencias y el primado de sus métodos particulares y específicos, salvándose la metodología, como disciplina general de la filosofía.

200

e) En tercer término, la filosofía y sus disciplinas mantienen relaciones significativas con las ciencias particulares y otras disciplinas. Ontológicamente,
la unidad del ser y del valor preside la distinci6n de diversas zonas ónticas,
Las ciencias no postulan ni una dependencia total de la filosofía, identificándose unas con otras (indiferenciadas); ni tampoco postulan una independencia y autonomía absoluta. Las ciencias conservan su especificidad o se esfuerzan
por conservarla, sin decaer en una multiplicidad de ciencias con objeto análogo o semejante, ni tampoco en la constitución de ciencias hJbridas.
Desde el punto de vista metodológico, la filosofía tiene sus métodos y conexiones con los propios de las ciencias. Es en esta etapa del desarrollo del
pensamiento y del conocimiento científico, en que tiene significado la idea de
"inter-ciencias" y de "ínter-disciplinas". "lnter", significa "entre" o mejor
"entre más de una" instancia, entidad o término. Las ínter-ciencias e ínterdisciplinas no atentan contra la especificidad de cada ciencia (ontológica y
lógicamente bien constituidas) con un contenido y método propio. Pero aceptan una in ter-relación en sus contenidos, una conexión en las zonas limítrofes
de sus campos temáticos y problemáticos. De tal manera, el método interdisciplinario o de las ínter-ciencias puede tener sentido. A este método, esencialmente repugna la idea de ci.encias islas, ignoradas unas de otras. Se busca la
unidad e integración con sentido del saber (sobre todo del hombre y ae lo
que le concierne), a partir de la diversidad de saberes del hombre, entre ellos
del saber que procuran las ciencias conocidas y las nuevas ciencias que van
naciendo.

7.

EL CRITERIO ANTROPOL6crco v LA APERTURA A u

LÓCICA DE

LAS INTER-CIENOIAS

El signo antropológico -fluyente de la filosofía- lo humaniza tocio a través del hombre que trasciende su realidaf, psicosomática y su actualidad, en
cuanto individuo personal y social; humaniza el arte, la técnica, etc. Humaniza las ciencias y, es capaz aún de poner al servicio suyo todas las ciencias
sin excepción. Nada de extraño tiene que pueda humanizar la historia y la
geografía, la etnología y la sociología, la economía, la política, la biología y
la medicina. . . y todas las antropologías constituidas en ciencias particulares.
Desde el hombre y lo humano, todo lo demás toma sentido; todo se humaniza, es humanizante y se hace funcional en relación con el ser humano, con
sus necesidades, ideales, aspiraciones, grandes fines y valores. El hombre, en
cuanto tal, puede ser tomado como punto de partida para explorar el um-

201

�verso fís.ico y el espiritual Por lo demás, en nuestra experiencia múltiple, no
tenemos otro recurso. Desde nosotros mismos podemos dibujar un amplio horizonte antropológico para nuestm pensar y nuestro actuar con sentido, y
podemos borrarlo o sustituirlo por otro. En aquel amplio horizonte tiene
cabida la investigación científica del hombre y de lo humano y también de lo
no-humano, de lo posible y de lo real. George Gusdorf, dice que "en el pensamiento contemporáneo, la imagen del hombre está enturbiada, y esta turbación se manifiesta de lleno en cada ciencia del hombre, que es también, quiéranlo o no, una ciencia para el hombre. . . entonces no sirve de nada al
especialista invocar la coartada en su especialidad: como todos los caminos
particulares llevan al hombre, está de antemano asegurado de no llegar a
ninguna parte si es incapaz de tomar una posición antropológica".18
Si el hombre es situado al centro mismo de la reflexión y de la investigación, lo antropológi.co constituye de inmediato: punto de vista, horiwnte, eje
de coordenadas referenciales para lodo efecto filosófico o de la teoría y del
trabajo científico. Un criterio antropológieo exige consistencia, a fin de que
sea capaz de especificar un dato, una experiencia, una reflexión, y a la vez
ser útil para fines taxonómicos en los dominios complejos de una concepción
integradora del hombre. Toda int~graci6n supone parcialidades integradas en
"todos" unitarios y con sentido, si trasciende a 1as partes.
La inmanencia limita y encarcela al espíritu en la finitud del mundo que
habitan los hombres de esos mundos contingentes que él crea y que destruye,
no obstante ser significativos en una historia social y cultural con sentido.
Se podría hablar con propiedad de apertura actual a la lógica de las ciencias
humanas. Los capítulos que sobre ella se escriban -inscótos en la lógica de
las ciencias- presuponen cuestiones ontol6gico-fundamentales y esclarecimientos de los orbes del conocimiento del llamado "mundo natural", material,
físico-qtÚrnÍco y de los mundos humanos implicados: psíquico, psico-espiritual,
social e histórico-cultural Pero se tratará de conocin:riento no fraccionado, con
sentido por ser unitario e integrado. El hombre en cuanto tal, también exige
comprensión y explicación en lo que de natural tiene y, comprensión en tanto
ser psíquico, social y espiritual. La lógica de las ciencias trata de la lógica
del sistema abierto de las ciencias y de sistemas menos abarcadores, tal vez
sub-sistemas, con designios de sistematización. En los tratados aparecen: lógica
de las matemáticas, lógica de la física lógica de la química, lógica de la
biología, lógica de la psicología, lógica de la lústoria, lógica de las ciencias
u

202

GusooJUI', op. cit., p. 19.

juridicas y, también, lógica de las "ciencias sociales". La atomización extiende
su manto a las l6gicas de las ciencias. En este caso, urge avanzar en los estudios
de. la l6gica de las ciencias humanas en relación con todas ]as demás ciencias
y disciplinas.
Si el hombre forma parte de totalidades acabadas y concretas en el todo,
los conocimientos parciales sobre ese objeto de conocimiento, necesariamente
presuponen relaciones entre sí, capaces de permitir la constitución de "complejos de ciencias implicadas".
La alternativa entre conocimiento atomizado y conocJJD1ento integrado es
relevante, sobre todo, en la investigaci6n en torno al hombre y la reflexión
sobre él. Ella posibilita la intelecci6n de las relaciones entre la que podría
denominarse "L6gica de las Ciencias" (independientes entre sí.) y la "Lógica
de las In ter-Ciencias" ( ciencias interdepenclientes).

A) L6gica de las Ciencias independientes entre sí, con áreas tradicionales
del conocimiento científico: 1) ciencias particulares; física, química, biología,
psicología, etc. 2) A la vez, esas mismas ciencias admiten el conocimiento de
determinadas zonas de la realidad, propias del ser humano. Así hay física ( del
cuerpo del hombre), química y bio-quí.mica humanas; biología humana y las
varias ciencias que ésta abarca (genética humana, endocrinología humana,
etc.) . De esta manera, existe una biología general, de todo viviente, que admite las divisiones del contenido y las metodologías necesarias. Pero, en esa biología hay un apartado importantísimo: la Biología Humana, con su objeto
específico, sus límites, sus temas, sus problemas y sus método . Es diferente
de las demás biologías particulares (biología animal no-humana, biología vegeta~ etc.) .
B) L6gic.a de las in ter-ciencias (ciencias~in ter-dependientes), que presuponen las ciencias particulares. La posibilidad y efectividad de las inter-ciencias,
subentiende límites convencionales, sometidos a definiciones del objeto y a la
detenninación rigurosa de un campo investigatorio o didáctico, circunscrito,
claro y concreto. Pero, esa convencionalidad, ahora en favor de la visión integrada e integral y con sentido del ser humano, necesariamente ha de partir
de la implicación ontológica, gnoscológica y lógica. Así, acaso la convención
relativa a los límites, obligada ante la atomización del saber científico pudiera
tener otro significado, si tomamos al hombre en las totalidades que se quiera,
en el Todo ( el "hombre entero"). En la interdisciplinariedad la convención
necesaria por exigencias intelectuales y metas de trabajo, siempre será convención cómoda y eficaz.

203

I

�Al responder a la pregunta por el objeto y límites de dichas ciencias, será
posible resolver entre otros el problema mencionado del "hibridismo" de las
ciencias semejantes, con contenidos confusamente determinados.

8. Dos

IMPLICAOIONES ONTOLÓGICAS Y GNOSEOLÓGICAS

A) Biología y psicología: lo psico-somático.-Si llegase a existir consenso,
para los efectos de la investigación y docencia, acerca de esta realidad bidimensional en el concreto "ser humano", correspondiente al conocimiento,
en las interciencias o interdisciplinas psico-biol6gicas o psicosomáticas, podría
agregarse otra complicación, sería consecuencia del desarrollo de hecho de
]as diversas ínterciencias e interdisciplinas y los progresos de los métodos consiguientes, intedisciplinarios, fuertemente resistidos aún por algunos. Hay varias y diversas ramas de la psicología muy conocidas. Algunas de ellas con
deslindes imprecisos; otras aún aparecen yu.xtapu~tas y con problemas repetidos; otras invaden el campo de la zona vecina. O, si no lo hacen, existen o
pueden establecerse conexiones interciencias que determinan un cierto objeto
impreciso de cada ciencia.
Lo anterior afecta a algo vital: salc:ar la especificidad de estas ciencias
colindantes. Es lo que acontece con la psicología encarada a otras ciencias.
Basta pensar en las relaciones posibles y reales (y también en los límites) de la
psicología y de sus diversas ramas, incluyendo a la psicología del arte, de las
religiones... y aquellas relaciones con la psiquiatría, la parapsicología, la antropología social, la antropología psicológica, la psicología social. ~oréguense
las conexiones con la lingüística, la genética humana ... Si se examina. a fondo
un mismo problema, concerniente a la psicología contemporánea, acaso aparezca inevitablemente relacionado temática o problemáticamente, con cuestiones de la sociología o de sus varias ramas especiales. De manera relevante
surgirá el conocimiento psicológico relacionado con las cuestiones del comportamiento implicado con los inmensos territorios de la cultura y Je la vida
humana total; arte, religión, mito, hechicería, técnica, poütica, derecho, moral,
recreación, urbanismo, usos y costumbres tradicionales y transitorias, educación, etc. Probablemente, en instancia última esa misma psicología y su problematismo, real o aparente, general o espeéúico, aparecerá como gran posibilidad de realizaci6n del hombre en cuanto subjetiuidad personal y en tanto

intersubjetividad de los hombres interdependientes que conviven, realizando
sw vidas y sus culturas. Esto sin más, significa extender la mirada con óptica
antropológica, a fin de calar en profundidad en el conocimiento de sí mismo,

204

del prójimo y de la alteridad total y acabada. Es la mirada y el pensamiento del hombre, humanizando el wriverso y sus mundos y los ajenos.
Lo anterior, pennite conjeturar que la tarea científica en tomo al hombre,
puede partir desde el saber y del campo de cualquiera ciencia, sea psicología,
sociología, historia, psicología humana. La tesis sobre los conocimientos implicados que corresponden a la concepci6n del hombre "entero" en las totalidades y el todo, abarcan a los planteamientos ontológicos, lógicos y a las
derivaciones de una metodología interd:isciplinaria.
La experiencia personal, aquélla de la propia y personal realidad psicosomática y de su actividad espiritual (mundo de pensamientos, valores... ) es
innúble como algo esencial y significativo del hombre todo, psíquico y social,
tanto en el mundo cultural, específicamente humano como en el mundo transhumano; natural propiamente, y transnatural. La Psique deja de ser una hipóstasis metafísica o una abstracción más o una representación imaginativa
de alguien para convertirse en algo real, y esencial del ser humano en cuanto

realidad psico-espiritual abierta a la intersubjetiuidad y, con ello, como posibilidad para lo psico-socio-espiritual concreto.

La psicología, en nuestro tiempo, acusa serias discrepancias concernientes a
su objeto y a sus métodos. Diferentes sistemas difunden sus ideas y cada uno
trata de imponer "su orden de hechos", buscando consenso. Edna Heidbreder
afirma que "ningún sistema, ni aún el más agresivo puede pretender ni pre~
tende estar ampliamente establecido por hechos.u
Y a pesar de los logros de las doctrinas psicológicas, ninguna de ellas hasta
ahora puede dar cuenta y razón de todos los aspectos de la vida psíquica. 15
Hay evidentes actitudes pesimistas respecto a la psicología, no obstante sus
avances en el presente siglo. Esto al punto que se piense, "todo intento de
hacer de la psicología una ciencia es, en definitiva, vano". Influye en esto 1a
índole de su objeto "complejo y esquivo que resiste todo tratamiento científico". Ello debería llevar a reconocer la posibilidad del fracaso de la psicología, no obstante sus progresos y perspectivas. F. Larroyo a su vez, estima que
"muchos han dudado de la unidad de la psicología y, con ello, de su carácter
científico".
Pero hay actitudes favorables y resueltamente optimistas, de investigadores
" HEmiuumu, Eda, Psicologfas del siglo XX, Ed. Paidos, Buenos Aires, 1967, p. 311.
,. LAAlloYo, Francisco y CEBALLOS, M. A., La l6gica de las ciencias, Edit. Porrúa,
México, 1958, p. 319.

205

�últimos cincuenta años; pertenecen a diferentes corrientes y escuelas Y provienen, también, de trabajos de investigadores independientes. Desde este punto
de vista, se advierten líneas convergentes de trabajo que han alcanzado iguales
0 análogas conclusiones. No es fácil negar la contribuciones de la psicología
a la educación a la psiquiatría y a la medicina en general, al campo del
trabajo y al de las profesiones, etc.

La discusión acerca de las conexiones posibles y reales entre biología y psicología, han de ser investigadas en el marco de las teorias y tendencias aún
contrapuestas. En nuestros afanes en fayor de los planteamientos integradores
del saber sobre el hombre, lo psíquico y lo biológico, aparecen fácticame11te
en tma realidad concreta bifrontal, conceptualmente expresada en los términos
de uso frecuente: lo "psico-biológico" o "lo psico-somático".

Una oposición ecléctica al respecto es desestimada, por conducir a una "deformada sistematización de los hechos" .1 º

Aun cuando el ímpetu naturalista del XIX clasificó un dia la psicología de
"ciencia de la naturaleza" (para Comte era "rama" de la fisiología), hoy la
psicología humana es una ciencia del hombre, con todo aquello que el hombre
supone y significa en el contexto de la totalidad natural y e.~piritual psíquica
social, histórica y cultural. No por ello es menos discutible la cuestión. Aún
hay quienes piensan en "fenómenos psíquicos" puros, casi incontaminados &lt;le
todo lo que brinda la vida real y el universo.

Finalmente, entre las diver..as perspectivas contemporáneas se ha señalado
la posibilidad de una suerte de psicología intética-integrativa1 con unidad
conceptual y metódica. Se habla de reconstruir la ex"})eriencia, a partir de la
comprensión del sujeto humano de su "integridad real y viviente", del sujeto
expresado en formas de vida concreta.17 A las perspectivas tradicionales que
pudieren atribuirse a la psicología y a otras ciencias huma~as'. hay _qu_e ~ña~ir
las enormes posibilidades que tendrán en el futuro trabaJO mterd1sc1plinano,
como forma habitual de trabajo en una colaboración científica.
Las diferencias radicales entre la realidad física y biológica y la realidad
psíquica, tienen su itinerario rustórico desde los griegos y está ~rto ~~ el
pensamiento cristiano. La filosofía moderna, al acentuar el es_pmm cri_nco,
estimuló las preocupaciones psicológicas. El racionalismo cartesiano reaf1rm6
la posición dualista y el problematismo variado y de la interacción entre _cu~po y alma. Él influye en la psicología hasta destacar los hechos de concumcia
con explicaciones mecanicistas dentro de los fenómenos vitales. A esto se agrega una derivada dificultad para la antropología cartesiana, al reducir al hombre a razón en un mecanismo controvertido y un geometrismo físico.
Aun cuando la delimitación del campo objetivo de las matemáticas hubiese
sido determinado definitivamente, esto no autorizaría para extrapolar, sin
más, tal logrq a los dominios de las ciencias naturales en general, y de la
ciencias humanas er. particular. En las diversas líneas contemporáneas concernientes al ideal del conocimiento de lo psico-somático -aunque repugne el
término- se agregará el paralelismo psico-físico del estructuralismo, la reducción de lo psíquico a lo físico del conductismo y las tesi finalistas que ligan
teoría y praxis, en annonía con varias interpretaciones metafísicas. 18

ª lb., p. 329.
.
. .
n lb., p. 332. Esti demás decir que de manera alguna existe hoy unamm1dad sobre
estas apreciaciones críticas. No ha.y "última palabra".
.
,
a Buena tarea para filósofos y psicólogos y para docentes de la pS1colog1a Y de la
biología, Ref.

206

op. tit.,

en (14), p. 315.

Se discute todavía sobre "deslindes" entre la psicología filosófica y la psicología científica, que avanzan como ocurre con la investigación y la reflex-i.6n
en sociología y filosofía de la sociedad. Estas aperturas interdisciplinarias,
ayudan a esclarecer y no a oscurecer los fenómenos psicosomáticos y psicosociales en un dominio más amplio del saber y del actuar. Ellos presuponen
sus tentáculos ontológicos implicados e interrelacionados de lo biológico, lo
psicológico y lo sociológico: por razones teóricas }' metodológicas, se pone el
énfasis en un aspecto u otro de lo real implicado. Conservar uno, con menos•
precio por sectores de la realidad, es caer en la visión unilateral del saber,
perniciosa para los fines de una comprensión del "hombre entero", con su
significación en la metafísica, la antropología filosófica, la epistemología antropológica y todas las ciencias, y no solamente aquéllas con especificación
humana. El unilateralismo cientificista se opone a los propósitos de una epis.
temología antropológica.
B) Psicología y Sociología: lo psico-social.-El estudio del objeto de estas
ciencias, en las cuales es el hombre el que está en juego, conduce al problema
crucial de las relaciones en general, y de las relaciones interbumanas, en
particular.

La relación que especialmente nos interesa tiene aspectos, mencionados en
este trabajo, que no pueden ser profundizados aquí: la independencia entre
las diferentes ciencias (autonomía y aun autarquía) ; la dependencia total entre ellas, y la interdependencia entre las diversas ciencias y disciplinas.
Francisco Larroyo se pregunta, si en definitiva, existí.ria algún territorio o
manifestación objetivada de la cultura, que escaparía al designio de Jo social
a la interacción entre los hombres que no afectare a la "cuestión fundamental

207

�de los vínculos interhumanos y personales" .11' Esto puede inteligirse mejor, al
tener presente la postura neokantiana de Larroyo, en sus afanes por tipificar
la filosofía en un análisis de las formas culturales y en una teoría crítica de
los valores.
Respecto a la sociología, apuntaremos a las tres relaciones mentadas. Un
primer enfoque correspondería a la relaci6n de la dependencia total de las
diversas ciencias entre sí. La sociología de esta manera, es una síntesis, una
ciencia generalizadora de otras disciplinas culturales; una suerte de "enciclopedia del saber social" ("prehistoria de la sociología"). Estudia factores y
formas sociales; pero hay que recordar que si una ciencia rigurosa tiene un
objeto y un método, resulta objetable una ciencia, real por un lado (estudia
fen6menos) y ciencia ideal, por otro ( estudia formas ideales) .2-0

Un segundo enfoque, muestra a la sociología como ciencia independiente
entre las otras "ciencias sociales". Ella investiga "una especie de realidad diversa de Ja que estudian las demás ciencias de la cultura" (economía, políti"l.
) •
ca, etc..
Larroyo en el capítulo de "Lógica de las Ciencias Sociales", se empeña en
esclarecer la confusión existente al definir lo social y la determinación del
objeto de Ja sociología. Tumasheff, comprueba una suerte de círculo vicioso
al pensar en las diferentes teorías sociol6gicas: "se define la sociología como
ciencia de Ja sociedad, y la sociedad debe ser definida por la sociología". La
solución preliminar dada, "define la sociedad como un conjunto de seres humanos en interdependencia''. Aparecen los "hechos en interdependencia que
pueden tomarse como materia de la sociología".
Be aquí un límite propuesto entre sociología y "las demás ciencias que
estudian al hombre como individuos o como agregados de individuos, sin tener en cuenta su interdependencia".
Este mismo autor, además distingue la sociología de las "ciencias sociales
concretas", citando entre ellas la economía, Ja política y la etnología. Estas
últimas estudian al hombre en nivel empírico y no filosófico. ¿ Cuál es la diferencia entre esas ciencias concretas y la sociología? Cuatro respuestas sugiere
el autor. En esto está implícito el problema de los límites de la sociología.
a) Augusto Comte: la sociología debería apropiarse de todos los datos estuu Op. cit., en ( 15), p. 292.
• lb., p. 298.
11 lb., pp. 296 y 299.

208

diados por las ciencias concretas y unificarl06, privándoles así de su raz6n de
ser.

b) Herbert Spencer, piensa que la sociología "unificaba las obsen·aciones
y generalizaciones hechas por otras ciencias". 22
e) George Simmel, al finalizar el siglo anterior, estima que la sociología no
contiene objeto alguno no examinado por las restantes ciencias," aunque la
sociedad sustenta todo acontecer histórico. Pero ¿ tiene hoy algún sentido, una
sociedad "químicamente pura", sin la basamenta ecológica, geográfica y cósmica ineludibles y sin el mundo de las concreciones culturales? Tal limitación,
acaso ayuda a comprender su formalismo al intentar reservar el orbe de la
"sociología formal" y al considerar "cJ estudio del contenido de las acciones
humanas por sus fines", lo que constituiría "la materia de las ciencias sociales".
Pero, ni las ciencias políticas, ni Ja ciencia económica ni otras semejantes,
investigan ' 1la forma de ]as acciones humanas de la sociedad", forma común
a todos los tipos de actividad.
d) Finalmente, viene la r puesta de Pitirim Sokorin, al examinar la tesis
de Leo Petrazhitsky. En un intento de demarcación, afirma que "debe existir
una ciencia particular para cada una de las numerosas clases de fenómenos
sociales" (politicos, económicos, religiosos, etc.) . Además de tales ciencias, es
necesaria otra ciencia la sociología, ''para estudiar las características comunes
a todas las clases de fen6menos sociales y las relaciones entre esas clases".24
Son indudables los avances. desde que Tumasheff escribió su libro. Sirva de
ilustración valiosa citar a Alain Touraine, al analizar la ilusión de lo concreto, en donde subraya que "toda conducta humana manifiesta el efecto de
determinaciones sociales". Las posibles conexiones psico-sociaJes, se traslucen
no s6lo a partir del conductismo, sino a partir de otras tendencias psicológicas
contemporáneas y antropológicas, que destacan la acción y el valor: "solo es
posible -dice- estudiar a los hombres, a través de sus actos, es decir, de
sistemas de valores que orientan su acción". 2 ~ La acción, los acontecimientos
singulares, expresan actos sociales concretos y poseen carácter histórico. El método "accionalista" sugerido, se opone al historicismo y al naturalismo sociológico del siglo XIX. La inserci6n del valor en la acción es clara. No existe más
"' S. TlMASHl!PF , Nicholas, Lo. teoría sociológico., F. C. E., Buenos Aires, 1961,
pp. 16 y 20.
21 LARRovo, op. cit., p. 298.
,. Op. cit. (22) , p. 21.
.. ToURAIN, Alain, Sotiologla de la Acción, Edit. Ariel, Barcelona, 1969, p. 42.

209
Hum-14

�, 't
formas sociales y
acción social que la orientada hacia unos valores ~1 os .en . ., !e
.. 'n y utilizando "modos de expresión simbólica .
campos d e d CClSlO
.
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dríase examinar la cuesDesde el ángulo del neokant.1smo de . assU'er, ~
.
nf
.
.
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las i rmas s101b6licas. Esto, co orme
tión de la acción soaal, relaciona con
o
.
l b. ti .d d
-de aspecto idealista- de ese autor quien acepta a o J~ vi a
l.
l
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· · d l espíntu, nede 1as ciencias e
de 1as f onnas simbólicas en la conceptuación
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la fundamentación de los obJetos cultur es.
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.
.
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.. ,
diar el ob ·eto de la histona,
lógica) concerniente a la d~C1s10~ humana ~ es~ d l ho~bre directamente
. 1 , de la soc10logia y otras oenoas e
de la psico ogia,
.,
1 b. ti .dad de las ciencias y de los juicios de
implicadas. La cuestion de a o Je vi •
be encarar la episteroovalor, es uno de los problemas más delicados ~ue de d l 16 ·ca de las inlogía antropológica, en especial los nuevos cap1tulos e a gt

terciencias.
.
.h
lianas que apuntan a dos verdaderamente importantes para
Hay id~ usser.
ref'
la relación posible psico-somática (Psieste trabaJo. La pnmera, se
i~e ª. . ti'
. 'n en profundidad, enfocando
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B' 1 , ) l cual reqwere mves gac10
colnvia
y
10
ogl.3,
ª
.
-ol , di tino,ndas pero en1azadas • ''La psi'cología
la niñcología y la fenomeno ogia, s o- '.
1
l" "la fenomer-•
·
, ·ca adscrita a o natura
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f .J:_.__
toma a su cargo la conoenci.a empin
·
•
" $' entrar a pro UDUUo&lt;U
lo , se ro one como objeto la conciencia pura . m
. .
no gi.a
p ~ tra al debate sólo deseamos subra)'ar la conc1enc1a en cuanestos aserto~dam en r ámb1'to d'e legalidades físicas". Husserl sustenta que "lo
to "subSUllll en un
d ·
, . está adscrito a un cuerpo, de tal modo que existe una depen ~~
ps1qwco
d d
ectarse" 21 Se habla de "dependencia ,
&gt;!'al de la que no pue e escon
.
d
corpo
introduzca la relación de interdependencia, tal vez fun apero no se ve que
.
, ·
El enf e pro' al intelección de lo psico-somatlco.
oqu
mental para una even.u
.
f' . " cu
P iamcnt.e psicológico conlleva "la incorporación de una na~raleza ~ .' d~
.
d
segun' un orden causal. Así se autonza. una ciencU1
yas relaoones se an
· · · l d
. .
.ci6n "a una ciencia natural de la concumcia vmcu a a
la conciencia, en oposi
. .
.6 ., 2a
baJ· 0 un signo de distmta formulac1 n •
a un cuerPo, Pero
La segunda idea compleja que fluye del pen~~t~ de Husserl, s~ refiere
al
blema de la subjetividad y de la intersubJeti.vidad¡ esta últuna nos
pro
to a una posible relación con la idea de seres humanos en
interesa en cuan
.
.
interdependencia ( campo de lo social y de lo psiCOSOClal) .
• lb., p. 448.
• Op. eie. en ( 14), p. 489.
• lb., pp. 489 y 490.

En Wla referencia de Enzo Pacci ( Función de las Ciencias y significado del
Hombre), sobre psicología f enomeno16gica, se mientan las cuestiones de fondo
implicadas: la unidad de las ciencias y la unidad del hombre con su ambiente,
con el mundo.2 9 Es una manera de ver al hombre en la totalidad fracturada.
Pudiera constituir una manera de expresar el ideal de reconstrucción de la
totalidad dividida en naturaleza-espíritu, naturaleza-hombre, acaso como uno
de los puntos de arranque para alcanzar la unidad de las ciencias al amparo de la filosofía y de las concepciones del mundo. Se comprende esto, en
cuanto sentido de relación en la unidad del saber y unidad del ser. Husserl
trató estos temas en su "Crisis de las Ciencias Europeas". (Conferencia de
Praga). Incluye, por cierto, la crisis de la psicología, con su enigma de la
subjetividad. El trat6 de comprender al hombre y su mundo en el ámbito
científico-naturalista del XIX.
Un problema crucial emerge -entre otros- al enfocar "la reducción de
lo subjetivo en factual", intento secular, sobre todo durante el ímpetu reduccionista-naturalista del diecinueve. Si aceptamos tal reducción en los territorios de las ciencias humanas, confundidas o disueltas en "ciencias de la naturaleza", significa que nos quedamos con un "hombre de hechos". De esta
suerte, la psicología sería simplemente ciencia de hechos: un paso para "destruir la subjetividad del hombre" y tocio lo que metafísica y epistemológicamente esto significa, muy especialmente en lo que concierne a la libertad del
espíritu humano.ªº
Cada sujeto humano descubre en su propia subjetividad originaria, "la vida
de aquéllos que viven en comunidad con él; y toda la vida de los demás, y
todos -agrega Husserl- de diversos modos, cercanos y lejanos, están trenzados en la comunidad de la vida.". La psicología, de esta manera, se mueve
en el estudio de la subjetividad y en el plano intersubjetivo: el mundo de las
relaciones interpersonales, del vínculo intersubjetivo de verdadera signüicación
en los escritos de Martin Buber ( 1939), y en diversos contemporáneos. Intersubjetividad: puede que sea ésta una raíz -y no la única- de aquello que
podemos identificar y denominar la realidad de lo psico-social, en donde adquieren algún significado cientffico las relaciones íntimas entre psicología y
otras ciencias humanas y aun no-humanas. Intersubjetividad del hombre en
cuanto actor o espectador personal, individual o colectivo, de la cultura, de la
historia y de la vida huma.na plena.
• Investigaciones de Hunserl, Ref. Eru:o Paci, Función dt1 las Ciencias y Sicni/ieado
d1l Hombr1, F. C. E., M6tico, 1968, p. 149.
• lb., p. 13.

211

210

�. , d la um'dad del hombre en tanto individuo personal en
L a comprens1on
e
'
dri
sociedad -que nos distingue de otros vivientes Y de ~ cosas:-_ Pº
ser
lograda a partir de esa conexi6n originaria del ví~culo mters~b¡etwo que po'bilita 1 realidad de una comunidad de sujetos mterdependientes en ~l pen51
ª
.
·d y otros que trascienden
samiento y en la acción, con fines UlIDanentes a 1a v1 a "
.
.

ª

el mundo empírico. Esa comunidad sería inseparable del telos mteDC1onal de

la razón".
No nos referiremos a todo lo que significa ahondar en el conocimie;toRde
la complejidad creciente que supone investigar lo que algun~s, ~omo · todo.
.
•
, ·
tal vez al psiqu1Smo de
o
ro llaman psiqmsmo pnmano -muy proXllllO
.
.
~e. •
hasta alcanzar la cí,=ide en el psiquismo supenor, sede del pstviviente-.
· · ·d d d 1
uismo intencional y de las más profunda cisterna de la subJetlv1 a
e. a
¿b.etividad y de la intersubjetividad. La anterioridad perso~al ~s el ~bito
~ io de lo que denominamos realidad de lo ~e~sonal e~ el _ambtto ~1o~i? de
fo
denominamos realidad de lo psico-espintual,_ pnvatlvo del mdiv1!~º
SOledad de sí mismo pero abierto a lo otro y, en o,
personal h umano, en la
. .'
•
l
. 1
1 róJ'imo mediante el vínculo intersubJetivo, sm el cual no surge ~ soc~
'
• divi'duos personales. En un ruvel smni Pse constituye
una sociedad real de m
gular del ser del hombre, se da la apertura a los trascendentes de la más pura

:ue

ª

espiritualidad.
·
Gabne
· l M arce1, al decir, · ·. descubriendo
. .
R ecordamos un pensarmento de
d .
artJ.apa
primero al otro hombre, que se me enseña, que me esp1erta, que me p
b
su vida y en ese sentir despierto lo que somos y ya no soy solo, somos el boro re.
· "los
rdial que endereza h acia
P úl timo habría que subrayar la idea primo
or
,
,
b · to ' · amente
humanos en interdependencia". ¿Por qué ellos serian o Je umc
sociología? ¿ Por qué no de 1a historia, en "configur~o~~s pa~das de
esa misma interdependencia"? 3 1 ¿ Es por acaso que, en defimtiva, existe al. · contemporánea que no posea o no admita relaci6n alguna con
!rulla cienc.ia
d ·
, lo
conocimiento del hombre real y concreto en interdepen enaa, y no so
entre los pr6jimos, sino entre hombre y mundo cul~ y m~d~ natural Y
específicamente no-humano? En verdad, hay re~aciones intersub3et1v~s, pe~o:
nales y relaciones con seres impersonales, relaciones que son matena d~ m
egwre·mos agrandando el abismo secular entre soma mdevestigaoon. ¿
s
1
d en
ndiente de una psique dados en el mismo individuo persona , ~,uan o, .
peerd d l · · estudia un hombre real en que se capta la relacion esenaal
v a , a ciencia
c1ill •1 al
al
de interdependencia de lo psico-somático? Además,_ 1:5ulta
&lt;:1 5 • var .
hombre real y concreto, natural y espiritual, margmandolo arb1tranamente

~e;e:
:1

· .,

o

;, Ref., op. cil. de N. S. Timasheff, p. 18.

212

de una realidad ecológico-geográfica, interdependiente a su vez, de una realidad biológica humana, antropológica física, y de esa compleja realidad que

nominamos psico-,somático-social.
¿Podrá alguien recomendar, íundadamente, que es necesario perseverar en
los afanes científicos, utilizando una extemporánea atomi7.aci6n del conocimiento del hombre y de lo humano en el universo, hasta que surja una cabal
concepción integral e integradora del hombre que logre, por fin, ubicar y legitimar a las ciencias humanas? Mientras no se logre esa meta que satisfaga a
filósofos y científicos, cabe aceptar para fines de investigación aunque sea
prouisionalmente, alguna modalidad de co-detenninaci6n, en que puedan jugar factores reales e ideales y valóricos -que supongan la relación de interdependencia- entre lo que es el hombre y lo que no lo es, entre el hombre
y la «naturaleza", entre lo humano y lo no-humano.

¿ O, por que etimológicamente, para fines teóricos "sociología" significa estudio de la sociedad en un nivel muy alto de generalización de abstracción,
los científicos, filósofos, educadores, médicos. . . dejarán escapar definjtivamente, al hombre real y concreto? Aquí, reaparece siempre vigente la misma
cuestión de intuir, de conocer lo universal en lo singular y la conciliaci6n
entre teoría y praxis. Praxis que no es dato empírico, sino hipótesis teórica (A.
Tourain). Nada nuevo, pero siempre actual e ineludible a la razón.
El tema de la epistemología antropológica es discutible desde la partid.a,
por referirse al lema filosófico por excelencia: el hombre. De ahí que el criterio antropológico, indispensable para las distinciones conceptuales, se comprenda desde una cierta actitud antropol6gica existencial, y desde una concepción del "hombre en tero" en relaci6n con las ciencias humanas y otras
disciplinas conexas. Sobre esto, sabemos que el hombre dejó huellas en testimonios del pasado y los está dejando en su estar-viviendo-ahora frente a un
futuro irreal y esperado. Siempre estará presente el interrogante: ¿ una teoría
de las ciencias humanas, remite necesariamente a una experiencia antropoló.
gica singular o se transfiere la cuestión a toda e"'Periencia del hombre sobre sí
mismo y sobre lo que no es él?
Los esclarecimientos etimológicos y semánticos, servirán a los fines de un
análisis fenomenol6gico de tal radical experiencia antropológica. Una aproximación intuitiva y racional al "hombre entero", es posible solamente si es
trascendido el fenómeno humano, con la infonnaci6n empírica y factual del
hombre real en su actualidad. Esto es algo como una condición para la comprensi6n, con un transfondo y un hontanar metafísico.
La palabra "antropología", saturada de tradición y de significaciones nuevas, en el presente posee un perturbador uso multívoco. Son varias las ciencias

213

�taxativamente calificadas de "antropológicas" y varias otras, con referencia
antropológica. Alguna de ellas se disputan aquelln denominación utilizándola
aún sin fundamntaci6n visible.

En todo esto, uscintamente tratado, está en juego el objeto mismo de lo
que pudiera constituir la "Antropologí.a" incualiiicada en los marcos de un
saber genérico. Volvemos a la idea de que ese concepto -en u mayor extensión lógica y u más cabal comprensión- es filosófico por excelencia. Por Jo
menos así tiene sentido una antropología filosófica. Pero la "Antropología''
en su significación científica o disciplinaria, está referida también al saber
acerca d, ,se mismo hombre y lo que le concierne. Tal incidencia justificaría
hablar con propiedad de un predominio antropológico en el seno de un complejo interdi.sciplinario, con fines epistemológicos, si ello es útil como referencia teórica y para distinguir los objeto ab tractos -que exige la ciencia- del
concreto peculiar que es el "hombre entero". De tal suerte, las ciencias humana permiten una apertura al ser '.Y al saber humano total, sin arbitrarias
delimitaciones y énfasis propios de un conocimiento unilateral y parcelario:
las antropologías científicas adquieren un " tatu " significativo entre las cien-

cias contemporáneas.
El mito de las ciencias "intocables" en su olimpo, deja de tener sentido a
esta altura del despegue vigoroso de las matemáticas y de las ciencias de la
naturaleza. Tampoco podría tenerlo, refiriéndonos a la psicología, la sociología y a las demás ciencias con alguna especificación antropo16gica, pues
han superado 13$ dificultades de un siglo o más de desenvolvimiento inicial. Es
de importancia una auténtica actitud antropológica, a fin de orientar al espiritu, en cuanto capaz de ser libre para zafarse del mito atom'1Stico y aún
de la postura servil a un autor o a una tendencia excluyente. La sorda y exagerada influencia de los "ismos" es determinant de una dei astrosa formación
profesional unilateral, que aletarga la capacidad cntico-valorativa del científico y del filósofo que no sea una simple voz de la excelencia de un epígono
repitente.
Bien podría la epistemología antropológica contribuir, alguna vez, a una
efeclh·a colaboración entre científicos y fil6 ofos, al punto de que el metafísico
que "ha pre{erido la e pecialidad de la no especialidad" -según la expresión
de Georges Gu dorl- sea el ' pecialista de todas las especialidades" u en
beneficio de la verdad, al ser tendido un más visible "puente" entre nuestro
mundo de lo entes y el reino del ser en cuanto ser.
• Gusoou, G., op. cit., p. 21.

214

Sección Segunda
LETRAS

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              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Epistemología antropológica</name>
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      <name>Filosofía cristiana</name>
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      <name>Nobleza</name>
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      <name>Persona humana</name>
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