<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="5370" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/5370?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-17T16:55:55-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="3934">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/305/5370/HUMANITAS._1976._Letras.ocr.pdf</src>
      <authentication>96c76427706a4806ddc3dae275154e42</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="146779">
                  <text>Sección Segunda
LETRAS

�ALGUNAS REFLEXIONES A PROPÓSITO DE UN BIPOLO EN LA
TEORtA DE LA POES1A DE JOHANNES PFEIFFER
Lrc. EouARDo

GUERRA CASTELLANOS,

Centro de Estudios Humanisticos,
Universidad Autónoma de N. L.

EN UNA VISIÓN bipolar enfoca Johannes Pfeiffer toda su teoría poética. Nuestro
propósito es reflexionar en un par pfeifferiano: Lo Plasmado-Lo meramente
Hablado.
Dice Pfeiffer: "una poesía está meramente hablada cuando se queda estancada en la sola afirmación de un sentimiento, por auténtico que sea;
el verboso discurso acerca de una emoción en sí verdadera está todavía a
mil leguas de aquella creación que transforma lo sentido en una forma capaz, 'calladamente', de imbuirle realidad".1 Vayamos a ver cómo "calladamente" la forma verbal imbuye realidad en la creación.
En el poema Estátua Falsa del portugués Mario de Sá-Carneiro,
Só de ouro falso os meus olhos se douram;
Sou esfinge sem mistério no poente.
A tristeza das coisas que niio foram
Na minh' alma desceu veladamente.
Na minha dor quebram-se espadas de ansia,
Gomas de luz em treva se misturam.
As sombras que en dimano niio perduram,
Como H ontem, pero mim, Hoje é distancia.

' PFEIFFER,

Johannes, La Poesía. Brev. F.C.E., México, 1959, p. 82.

299

�Já nao estremefo, em face do segredo;
Nada me aloira já, nada me aterra:
A vida corre sobre mim em guerra,
E nem sequer um arrepio de medo!
Sou estrela ébria que perdeu os céus
Sereia louca que deixou o mar;
Sou templo prestes a ruir sem deus,
Estátua falsa ainda erguida ao ar. ..
analicemos las formas lingüísticas. Es curioso que los predicados del yo
vayan siempre desprovistos del artículo: Sou esfinge, Sou estrela, etc. Si
probamos a usar el artículo notaremos un cambio brusco: Sou templo, ~u
un templo. Con el artículo el yo se convierte en una de esas cosas conocidas
a las que se llama templo, es ya clasificable y tiene forma consistente. Cuando
decimos "esto es un bronce", hablamos de un objeto determinado; pero
al decir: "esto es bronce" se piensa sólo en la sustancia, sin ninguna determinación especial.
El yo que aquí habla de sí mismo no es un yo igual a otro cualquiera,
pero se revela en su sustancia indeterminada, amorfa; tan amorfa que h~ta
los adjetivos se funden con el sustantivo, formando parte de_ la su~tan~ia.
Veamos, ahora, cómo es el mundo para nuestro poeta: en pnmer termino.
se nos habla de los ojos de un yo que sólo se doran de oro falso. Luego se
yergue la tristeza de las cosas que no han sido. Y esta tristeza ha descendido, ha cobrado ser, es concreta como el dolor, en el cual se quiebran espadas. Vienen después Hontem y Hoje que aparecen personificadas, ~cluso
tipográficamente se distinguen como tales, y se transforman en espacio, en
"distancia", como todo lo que se transforma al contacto con ese yo. Apenas
nos impresiona ya el hecho de que la "vida" tenga ser y corra. No es un
mundo familiar el que aquí se construye.

Se nota, al principio oscuramente, que es uniforme, y si se ob5&lt;:rva el _lenguaje, se tropezará de continuo con metáforas que evocan la smgulandad
de este mundo. Estas metáforas no son ningún adorno, ni hacen de la capacidad combinadora del entendimiento, que relaciona lo conocido con otra
cosa más O menos distante. Estas metáforas son, en el fondo "propias", verdaderas, designan este mundo sencillamente como es. Pero este mundo no
es siempre movimiento, sino que hay un orden en lo espacial: por un lado,
la esfera del yo; por otro lado, la del no-yo, la exterior, claramente separada
de aquélla. El hablante mismo conoce esta oposición, y es és~e u~ conocimiento adquirido hace mucho, como se ve, por la forma afirmativa del

300

primer verso y por la forma definidora (sou) del segundo. Y, después, a
todo lo largo de las estrofas segunda y tercera siguen las experiencias de esa
oposición entre el yo y el mundo exterior. El estilo expresa más minuciosamente cuál es la esencia de ambas esferas. En el mundo exterior todo lo
objetivo está imbuido de afectos. En el mundo del yo no responde ningún
sentimiento. En la esfera exterior todo está cargado de dinamismo, de pujante fuerza vital empapada de tiempo. En la esfera del yo, todo movimiento se quiebra; hasta la sucesión temporal se transforma en rigidez espacial. En esta esfera domina no sólo la apatía, la indiferencia, sino también
una gran fuerza paralizadora. No hay transición; el sujeto es "nada". Entre
el yo y el mundo sólo existe una relación espacial, porque ambos constituyen
esferas espaciales.
Hasta aquí sólo hemos observado el estrato de las palabras, pero ocupémonos ahora de su contenido: hay una indiferencia absoluta del sujeto que
habla, ausencia total de emotividad. Pero una frase sigue continuamente
a la otra. Están alineadas y en constante paralelismo. . . Aquí cabría preguntarse si nos encontramos ante una poesía meramente hablada y, necesariamente tendríamos que responder que no, porque el sujeto que habla no
es tan insensible como lo indican los significados de las palabras. El hecho
de que el sujeto haya podido dar forma a las cualidades del mundo exterior,
a su agitación, a su emotividad, a su fuerza vital, demuestra que no es insensible a esas cualidades, que desea vivir sus emociones y que si no lo consigue
es porque no hay punto de intersección entre ambas esferas, pues no se
ajustan una a otra. En el paralelismo que resulta de esa incompatibilidad
se expresa una contorsión, una tortura.
Volvamos atrás donde afirmábamos de hacer que una forma verbal diera
a la oración realidad. . . Decíamos que una poesía meramente hablada lo
era sólo por el establecimiento de un sentimiento único y, sin embargo, a
través de la determinación rápida del estilo de la poesía "Estátua Falsa"
hemos visto volar, por así decirlo, los sentimientos dentro de nosotros mismos. No es un sentimiento único, sino toda una vida de sentimientos -frustrados, tal vez- la que se plasma. No es un grito de una experiencia, sino
lo vivido captado en las palabras de manera · tal que el hecho se nos haga
vivencia!. Y dice Pfeiffer: "tras todo poema logrado es como si hubiera un
movimiento en círculo: primero una vibración total inconsciente (temple
de ánimo, ánimo atemperado, sintonizado) , en seguida una conciencia plasmadora y, finalmente, un retorno a lo inconsciente ( no es posible aclarar del
todo el resultado de la creación sin dejar un rastro decisivo). Una poesía es
meramente hablada cuando este proceso creador circular se vea interrumpido y la expresión verbal de lo vivido sea obra de la propia conciencia;

301

�el "hablar acerca de" usurpa entonces el lugar de la transmutación; la magia
verbal es reemplazada por la mera reflexión" .2

además está el ritmo, la melodía interior que nos comunica ese algo oscuro
que hay dentro del poeta.)

Pero veamos al poeta. . . "algo germina en él -nos dice Eliot-, para
lo cual tiene que hallar palabras, pero no puede saber qué palabras hasta
que las ha hallado; no puede identificar ese embrión mientras no se haya
transformado en una disposición de palabras adecuadas en orden adecuado.
Cuando se tienen ya las palabras, la 'cosa' para la cual tenían que hallarse
ha desaparecido, está reemplazada por un poema. Se parte de algo no tan definido como una emoción, en sentido corriente; menos aún de una idea;
es -para servirnos de dos versos de Beddoes dándoles un significado diferente- algo 'con hijo de vida sin cuerpo en las tinieblas -Gritando con voz
de rana: ¿Qué he de ser?'."

"El concepto de forma interna del lenguaje implica precisamente el hecho de que el espíritu locuente habla su hablar, forma su formar, crea su
creación, sencillamente dicho: Todo lenguaje posee su propia norma, la
cual no es lo religioso, ni lo lógico, ni lo natural, ni lo arbitrario, sino lo
lingüístico. Lo específicamente lingüístico en el lenguaje es su norma lingüística y se llama gramática; lo específicamente hablante en el hablar es
su autocreación y se llama poesía. Sin su carácter poético toda habla sería
una mueca externa y carecería tanto de sentido propio e interno, como de
sentido externo y ajeno." 6 "(El hombre habla en todo momento como el poeta,
puesto que como el poeta expresa, siempre que habla, sus impresiones y sentimientos. Poco importa que tenga lugar en la así llamada forma familiar
o de conversaciones; esta forma, en efecto, no está separada por ninguna
clase de abismos de las otras formas, de la prosaica, prosaico-poética, narrativa, épica, dialogal, dramática, lírica, cantativa, etc. Y del mismo modo
que al hablante en general no le desagradaría ser llamado poeta, lo cual
es él realmente en virtud de su humanidad, así también no deberá desagradarle al poeta el saberse unido con la humanidad ordinaria, puesto que es
esta unión la que explica la influencia que la poesía ejerce sobre el espíritu
humano, entendido esto tanto en sentido estricto como en el solemne. Si
la poesía fuese un lenguaje especial, 'el lenguaje de los dioses', los hombres
no la comprenderían; cuando los eleva no los eleva fuera de sí, sino hasta
sí misma; también en este sector coinciden la verdadera democracia y la
verdadera aristocracia." 6

"En un poema ni didáctico, ni narrativo, ni animado de propósito social
alguno, al poeta puede interesarle sólo expresar en verso, empleando todos
los recursos de las palabras, su historia, sus connotaciones, su música, ese
oscuro impulso. No sabe qué tiene que decir hasta que no lo ha dicho; y
en su esfuerzo para decirlo no le importa lograr que otras gentes comprendan o no algo. En esa etapa, los demás no lo inquietan en absoluto; sólo
le interesa encontrar las palabras justas o, siquiera, las menos desajustadas.
No le importa si alguien llegará o no a oírlos alguna vez, ni si alguien, en
caso de oírlos, los comprenderá alguna vez. Está oprimido por una carga
que debe dar a luz para sentirse aliviado. O, para decirlo de otra forma,
está obsesionado por un demonio contra el cual se siente impotente, porque
en sus primeras manifestaciones no tiene cara, ni nombre, ni nada; y las
palabras, el poema que compone, son una especie de exorcismo contra ese
demonio."3 Al poeta no le importa el juicio a posteriori. El poeta crea, hace,
y hace vivir, a veces, como se veía, sin darse cuenta, sin tomar conciencia
de los demás. Es el demonio interior que lo impulsa ha hacer, crear, vivir ...
"La misión del poeta consiste en apartar las cosas de este mundo de su
realidad práctica, empírica y natural para hacerlas resucitar en el reino del
arte, haciéndolas lingüísticamente activas y reales." ~
Pero tomemos el objeto de materialización para el poeta: El lenguaje.
(Aquí utilizo el término lenguaje porque creo que en poesía, no sólo
son las palabras como tales las que cuentan, ni tampoco los conceptos, pues
• !bid., p. 84.
• EuoT, T. S., Sobre la Poesla y los Poetas. Ed. Sur, Argentina, 1957, pp. 98-99.
' VossLER, Karl, Espíritu y Cultura en el Lenguaje. Ed. Cultura Hispánica. Ma-

drid, 1959, p. 247.

Pero hay algo que hace al poeta ser lo que es. El poeta hace que su sentimiento vibre en las palabras, que esa oscuridad interior, ese demonio creador salga a la luz por el exorcismo mágico -por así decirlo- de su canto
interior.
Y ante nosotros está palpable el problema. El poeta crea. Hace vibrar
sus sentimientos en las palabras, pero en el momento en que ese demonio
interior lo abandona cae el poeta en lo meramente hablado. Es su conciencia, ahora, quien lo dirige. Es la mera relexión.

• !bid., p. 235.
' Ref. VossLER, Karl y CRocE, Benedetto, Grudriss der Aesthetik. Leipzig, 1913,
pp. 41 y SS.

303
302

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL DRAMA:
"DAS HEILIGE EXPERIMENT"

DR.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Presidente del Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad Autónoma de Nuevo Le6n.

del título del original alemán: Das Heilige Experiment,
la traducción al castellano de Juan Jorge Thomas sigue el título -publicitario
tal vez, pero desafortunado- de la adaptación francesa del drama de Fritz
Hochwalder: .. . Sur la Terre comme au Ciel. Tratándose de un argumento
que adopta, adaptando, para el arte teatral, un episodio de carácter histórico
-disolución de la República guaraní en el Paraguay, dirigida y fundada
por los padres jesuitas-, hubiera sido deseable que el traductor se atuviese
al título que el autor ideó, con perfecto derecho y con no menos perfecta
atingencia.
HACIENDO CASO OMISO

Un conjunto de complicados y graves problemas espirituales implicados
en el tema desarrollado, de manera magistral, por Hochwalder, hacen en
extremo difícil la tarea crítica. Se precisa no tan sólo conocer la doctrina
teológica y filosófica-política de la relación entre el poder espiritual y el poder temporal, sino también comprender y valorar, con verdadera sutilidad,
los méritos literarios de la obra hecha con tan fino sentido del matiz y con
tan difícil equidad. No es cosa fácil guardar el equilibrio cuando el arte
se concibe -caso de Hochwalder- a la maniera grande. Su teatro es algo
más que una simple pieza de corte psicológico y de trascendencia social.
Trátase de una verdadera pintura de una conciencia humana, en encrucijada deontológica, buscando la fidelidad a sí misma -fidelidad a Dios,
en última instancia- y el cumplimiento de su compromiso vital. Sin concesiones al sentimentalismo o melodrama, Hochwalder plantea y desarrolla,
con envidiable maestría, el drama de los corazones humanos de unos religiosos de la Compañía de Jesús, enredados en las mallas del poder tem-

305
humanitas.-20

�poral. Asistimos a una hábil e implacable disección del alma humana hasta
en sus más íntimos repliegues.
He aquí sucintamente, el argumento: Después de ciento cincuenta años
de fundado el imperio jesuítico en el Paraguay, un visitador del Rey, don
Pedro de Miura, se presenta ante el Provincial de la Orden que es, a la vez,
la más alta autoridad política en aquellas misiones. Estamos a mediados del
siglo XVIII. La situación de los jesuitas en el mundo es muy delicada.
Han sido expulsados de varios Estados europeos. Don Pedro de Miura,
acompañado de un misterioso personaje, Querini, viene a investigar el comportamiento político de los jesuitas en las reducciones guaraníes. Se les
acusa de que su Estado traiciona al Rey, de que oprimen a los indios y
de que poseen, ocultamente, minas de plata. El padre Alberto Fernández,
provincial de la orden y todo un carácter, no se altera. Ante su temple y
ante sus argumentos se han estrellado ya, varias veces, otros visitadores.
Parece estar convencido de que la justicia está totalmente de su parte. Se
cuida, no obstante, de deshacer, uno por uno, los cargos infundados y de
probar las ruindades y las intrigas que sirven de fondo a las dolosas imputaciones. Con ignaciana energía se apr~sta, seguro de su derecho, a defender
las tierras conquistadas para Dios, el experimento sagrado. El verdadero
motivo de persecución -dícele el Padre Provincial al Padre Oros- es otro
más profundo. "La filosofía moderna está contra nosotros." Es la época del
enciclopedismo. Y sin embargo, le embarga un fuerte optimismo. Sabe que
les quieren poner trabas porque avanzan. Pero nada les detendrá. Después
de ciento cincuenta años de preparativos la Compañía de Jesús en el Paraguay va al ataque. Cierto que su Estado no es eterno y que algún día
también caerá. Pero saldrán airosos de su experimento. Y se repetirá.
Siglo tras siglo. Hasta que reine al fin la paz que la humanidad anhela ...
Miura recuerda al Padre Provincial, en Salamanca, como a una cabeza ardiendo de juventud. Y ahora, helos aquí, el uno frente al otro: el caballero
del hálito y el diplomático. El uno ardiendo siempre por España y por el
Rey, el otro por el servicio y la imitación de Cristo, Nuestro Señor, en
el Paraguay. Me importa destacar, para posteriores dilucidaciones, estas
palabras: "en el Paraguay". El Padre Provincial cuida de todo lo que
sirva para defender sus derechos, en este mundo terrenal. Le advierte a
Miura que su obediencia al Rey es una obediencia racional y condicionada.
Obedecerá al monarca, de manera absoluta, siempre que no le ordene cometer un pecado. Afirma que el Estado propiamente dicho no le interesa
a su orden. Pero ahí en el Paraguay la obra divina no era posible de otra
manera y fue menester dar ese penoso rodeo a fin de ganar las almas para
Cristo. ¿ Por qué no era posible de otra manera? Porque el cristianismo

del- indio
· · se desvanece al contacto con otros cristianos es
1 ' segun' el JCSWta,
pano
es
y
portuguese
Para
. s. E n ese sentl.do, el Provincial osará decir que en el~~: s~nl ello~ irrcmplazables, para la mayor gloria de Dios. No es ésta
1
a~:~:ondet
de_ ~uenos Aires. _Piensa y afirma que los jesuitas han
.
po
espmtual, estableciendo un reino temporal ilimitad
1
o.
0
e pnmen
- 1 a los
h blpobres indios. Llegan hasta proh'b'
I ir es que aprendan el
spano
'
que
a
en
con
españoles.
El
Obispo
no
1
d h be
d
es acusa, como los otros
e a r .crea o un Estado soberano y de haber desobedecido
'
ocultar.romas de plata en las misiones y de obtener ganancias usu~riRey, de
comercio,. en perjuicio
del Reino de Espana-· s·1 no 1es acusa de manten
as de su
.
en er1avitud a los mdios que han sido confiados a su tutela sí llega a d ~r
por odmenos, qu: les oprimen. Pero les lanza cargos má; graves aúnec;~
acusa
e arrogancia y despotismo. Se ruega
.
1a competencia espiritual de' los
.
obispos y del alto clero en aquel territorio Se profana 1
d .
ándolo
1
b' .
.
e sacer oc10 carg
con a responsa ilidad de un gobierno temporal y .
' 1.
suita
·
d'
•
·
s1 no es e Jeqwen pre ica, smo otro servidor de la Iglesia el ind'10
' d 1
palabra
de
· to. L o que verdaderamente les importa
, a los indios
se ne
. .
. C,r~s
d 1 e .a
t1an1~~ 1eswt1co,_ es que les garantice el pan, la carne y el mate. Et
Pro~c1al se _defiende. Hubieran aceptado la visita canónica de su E .
~en~1a, rro~m espías. No están obligados a rendir cuentas al clero seg:e pa
tánred' ros -futuro rebelde- aclara que no amenazan a nad'1e pero.
.
' .
qdue es· 1 Eispuestos a oponerse con las armas a cualqmera
que pretendiere
~trwr e stado de Dios en el Paraguay. El experimento es sagrad Q .
i{_wera que_ lo toque, ofend? a Dios. Invirtiéndose los papeles, el en:iad~1~:i
es q~en qu~da detemdo, a disposición de la autoridad de uell
publica sui generis.
aq a re-

º!~;º

p:;;;~

;Y .

D?n Pedro de Miura no se da aún por vencido. A sus ojos cual uier
medio es bueno cuando se trata del bien de su país. El maqmave
.' lismo
q es
patente.
R
ecurre
a
la
extorsión.
España
dejará
sobrevivir
a
I
d
todo
·
• .
a or en en
impeno,, s1 se retiran libremente del Paraguay· El paraguay o Ia
O d su H
r en.
e aqu1 la tremenda disyuntiva. Alfonso Fernández S J
tal vez hub_i':" ganado la partida si no hubiera en,;.d: .,;; ::,.:
ue_rIDl:
con QuerID1, el voto de obediencia. El legado del General de
los J~~tas presenta s~s credenciales. Manda devolver en seguida el poder
~ _VIS1tador de Espana El Provincial, humano al fin, defiende hasta lo
~~o su obra ten_i~ral., La gente ha engañado al Rey con mentiras e
mtngas. Pero Querlill está decidido a quebrantar su argumentación
f
zarle a Ia obedienc1a.
· Atraídos por el éxito, los jesuitas se han enredado
Y a or:n 1~ mallas del_ poder. Este mundo no está hecho para realizar el Reino
e Dios. No quiere esa clase de pseudocristianos que consideran a nuestra

Q""filª: ~

307
306

�Santa Religión como un seguro. Dios no es un político. Y lo que los jesuitas han hecho en el Paraguay es pura política. El fracaso purifica. ¿ Queréis estar en mi mano "como el báculo en la mano del anciano para servir
al uso que sea"?, pregunta Querini al Provincial. Y entonces emerge, estremecido por la gracia, el verdadero jesuita. "Vuestra orden es buena y
justa. La ejecutaré con todas mis fuerzas. No quiero ser otra cosa que un
instrumento de la orden sin voluntad propia." Va a tropezar con la desilusión de sus súbditos, con la rebeldía del padre Oros. ¡ No importa! La decisión está tomada y la cruz la llevará hasta el fin. Y sin embargo, mando
absuelve, en confesión, al padre Oros, dice: "Yo te perdono, porque yo
también he pecado. Os he ordenado obedecer, pero en el fondo mi corazón
ha permanecido hereje. Sacrifiqué el Reino no de Dios, porque tal fue la
orden, pero lo sacrifiqué a disgusto. Destruí con mis propias manos la obra
común, pero mi corazón no obedecíó. Mi corazón hereje sigue fiel a la idea
de que el Reino de Dios podrá ser realizado. . . en este mundo".
Sacrificar el dominio temporal en aras de la obediencia y de la primacía
de lo espiritual es, en el caso del padre Femández, un supremo sacrificio.
¡ Qué importa que lo haya hecho a disgusto y que su corazón dolorido no
haya podido aun seguir el noble impulso de su voluntad! Lo que verdaderamente cuenta es el consentimiento libre, la decisión plena, el imperado Y
maduro acto de voluntad. Obedeció porque tenía que obedecer, porque lo
mandado, aunque venía a destruir una obra entrañablemente suya, no era
pecaminoso. Sólo que se le hubiese mandado cometer un pecado podría h~berse rehusado, legítimamente, a obedecer. A pesar del dolor de su corazon
- · cómo no iba a dolerle el abandono y la pérdida de lo que él y sus compa~eros de orden forjaron misionalmente !- firma el acta oficial de sumisión,
con el deseo íntimo de donarse a la santa obediencia. Su solución es, en
definitiva, como la de Don Quijote, la solución del desinterés y del sacrificio. Nos enseña -y eso importa mucho decirlo- a pasar sobre el propio yo, que es el hombre rudimentario; a vencer al hombre egoísta que
todo lo calibra por el interés. En la obligación, en el deber, está el centro
y la base de todo el orden moral. Siente muy a lo vivo la necesidad moral
de hacer el bien y evitar el mal, porque conoce que Dios, nuestro Sumo Bien,
nuestro Creador y Señor absoluto, lo exige de él.
Hochwalder dice, en boca de Querini, que "este mundo no está hecho
para realizar el Reino de Dios". ¡ Entendámonos! En este mundo nunca
podrá realizarse, es cierto, la perfección absoluta del Reino del Dios. Pero
la Teología nos enseña, también, que en la historia concreta del Cuerpo
' ya, en germen, e1 "Remo
.
de D'10s" . . No
Místico, aquí en la tierra, actúa
tan sólo se nos invita a contemplar el Reino de luz, de verdad, de gracia y

308

de vida, sino que se nos advierte que el Reino de Jesucristo en la tierra,
es un Reino Militante, un Reino de Justicia. Sopretexto de que no es posible la perfecta realización del Reino de Dios en este mundo, no cabe
abstenerse de luchar en lo temporal, por un mundo mejor. Debemos comprender, no obstante, que toda actividad política, por necesaria que nos
resulte, se conserva en un plano humano y particular, donde la religión puede intervenir con autoridad, para la defensa del bien espiritual, pero en el
que ella no podría nunca enajenar su propia independencia. Es precisamente
por salvaguardar estos principios, pensamos nosotros, que intervino Querini.
No era conveniente seguirse enredando en las mallas del poder. Cierto.
Pero no menos cierto que la tesis tajante del Legado Querini se presta a
una interpretación equívoca. La religión no es tan sólo un asunto de interés
privado. El vínculo religioso trasciende el claustro hogareño e incide en lo
público. Cicerón escribía, con muy buen sentido, esta frase: "Más prudentes
sois cuando ceñís la ciudad con la religión que cuando la rodeais de murallas". Y es que el factor religioso consolida y fortalece, como ningún otro,
las virtudes patrióticas. Ahí donde mengüe el espíritu religioso habrá que
redoblar la coacción estatal. Ahí donde aumente dicho espíritu se podrá
suavizar la sanción jurídica. Y quede claro este juicio: en vano se intentará
unir por fuera (organización jurídica) lo que se desintegre por dentro ( religión).
El ilustre dramaturgo autriaco, buen conocedor de la ortodoxia católica,
parece presuponer, en su drama, la doctrina de la potestad temporal y de
la potestad espiritual en sus mutuas relaciones. Vale la pena detenerse un
momento para exponer, en sus grandes líneas, la llamada "primacía de lo
espiritual".
Iglesia y Estado distínguense en su origen, en su constitución y en su fin.
Mientras que un acto positivo de la voluntad de Jesucristo origina la Iglesia,
el Estado tiene su origen en las inclínaciones de la naturaleza humana. En
tanto que los límites, la forma y el ejercicio del poder eclesiástico han sido
personalmente constituidos por Dios, las determinaciones y la forma de la
soberanía estatal dependen directamente de la comunidad política. El fin
de la Iglesia estriba en procurar a los hombres los bienes celestiales y eternos;
el Estado tiene por objeto el cuidado del bien público terrenal.
El fin especial de cada uno de los dos poderes determina su demarcación
propia: "En las cosas civiles, soberanía del Estado; en las cosas sagradas,
soberanía de la Iglesia; en las cosas mixtas, subordinación natural de la
materia a la forma, del cuerpo al alma, según la recta razón".
La Iglesia es absolutamente independiente del Estado por razón de su

309

�origen, de su autoridad y de su misión. El Estado, en cambio, sólo es relativamente independiente -en la tesis católica- de la Iglesia, puesto que
los intereses materiales están subordinados a los intereses espirituales.
Cinco diversas razones demuestran la independencia absoluta de la Iglesia: 1) La voluntad formal de Jesucristo; 2) la práctica de los apóstoles;
3) el testimonio de la historia eclesiástica; 4) el fin sobrenatural de la
sociedad religiosa; 5) la unidad y universalidad de la Iglesia.
En buena lógica, "la situación de un poder con respecto a otro se determina por el fin: es superior el que tiende a un fin más elevado. Es así
que la felicidad eterna del hombre, procurada por la Iglesia, es superior al
bienestar temporal a que aspira el Estado. Luego, el Estado debe estar subordinado a la Iglesia". El poder civil está directamente en el orden político.
Aunque el bien espiritual sea el objeto propio y directo del poder de la
Iglesia, ésta puede intervenir directamente -por vía de consecuencia- cuando
a los intereses temporales se encuentran mezclados los intereses espirituales.
Iglesia y Estado son, en su orden respectivo, comunidades perfectas y, por
lo mismo, soberanas. "Entonces se dice -explica Suárez en su De/ensio fideique una potestad es suprema cuando no reconoce superior, pues esta palabra
suprema denota la negación de un superior al que tenga que obedecer el
que se dice que tiene el poder supremo." (Defensio fidei, lib. III, cap. V.)
Todavía precisa más: "Porque como la felicidad temporal y civil ha de
referirse a la espiritual y eterna, puede suceder que la materia misma de
la potestad civil sea dirigida y gobernada en orden al bien espiritual de
manera distinta a la que parezca pedir la sola razón civil. En este caso,
aunque el príncipe temporal y su poder no dependen en sus actos propios
de otra potestad del mismo orden y con el mismo fin, puede suceder, sin
embargo, que sea necesario que les dirija, les ayude y les corrija en su materia el poder superior que gobierna a los hombres en orden al fin más
excelente y eterno; a esta dependencia se le llama indirecta, porque el poder
superior que la ejerce versa en ocasiones sobre estas cosas temporales no
po; sí o a causa de sí, sino indirectamente y a causa de otra cosa". (Ibidem.)
La ciudad pagana divinizaba al Estado, absorviendo el poder espiritual
en el temporal. "Los iconoclastas, en Bizancio, destruyen las imágenes de
Cristo y de los santos, pero respetan las del Emperador. El título de Pontifex
M aximus no es abandonado por el emperador Graciano sino en el siglo
IV." Y para distinguir los dos poderes, libertando con ello las almas, fue
preciso el cristianismo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que
es de Dios", ha dicho Jesús Nuestro Señor. Y cabe agregar, siguiendo al
apóstol Pablo, que hasta lo que es del César es de Dios antes de ser del

César. Pues ¿acaso no es el mismo César de Dios? Los dos poderes distintos -soberanos en su orden- no están en el mismo plano. Uno está
por encima del otro. La ciudad terrenal, como un todo moral, tiene también
sus deberes respecto de la ciudad de Dios. ¿Razones? Los teólogos nos
recuerdan que Cristo, en cuanto hombre, ha recibido de Dios "el imperio
sobre las obras de sus manos": "todo ha sido puesto bajo sus pies". "Se
me ha dado -nos dice- toda potestad en el cielo y en la tierra." (Mat.,
XXVIII, 18.) Omni potestas a Deo, toda potestad proviene de Dios. Y no
es que el Estado deje de ser soberano, lo que pasa es que siendo perfectamente soberano en su dominio, su dominio está subordinado.
En materia espiritual, el poder de la Iglesia es directo. Trátase del orden
de la fe y de las costumbres. Como consecuencia de este poder, tiene la
Iglesia, también, un poder indirecto sobre las cosas temporales. Poder indirecto que se ejerce sobre lo temporal no en tanto tal, sino en cuanto concierne a lo espiritual y al orden de la salvación. Es el poder mismo espiritual que alcanza a las cosas del siglo en razón de los intereses eternos que
en ellas se comprometen : denunciar o evitar el pecado, conservación del bien
de las almas, mantenimiento de la libertad de la Iglesia. Basta que se roce
la salvación de las almas y el culto de Dios para que la autoridad de la
Iglesia se extienda a las cosas temporales. Pero, ¿ quién juzgará de esta conexión y de la gravedad de los intereses espirituales comprometidos? "Es
la Iglesia la que debe juzgar de ello no solamente de acuerdo con las reglas
de su jurisprudencia, sino sobre todo, nóteselo bien -observa R. P. Clérissac-,
según lo exige su responsabilidad maternal, la que se extiende indefinidamente ... "
En dos ocasiones -bien diversas por cierto-- Hochwalder echa mano de
la primacía de lo espiritual y de la doctrina de la potestad indirecta. Cuando don Pedro de Miura le pregunta al Padre Provincial: ¿ Por qué os extendéis al dominio temporal?, éste responde: "No nos extendemos al dominio
temporal. El Estado propiamente dicho no nos interesa. Pero aquí en el
Paraguay la obra divina no era posible de otra manera y fue menester dar
ese penoso rodeo a fin de ganar las almas para Cristo". En razón de los
intereses eternos -ganar las almas para Cristo--, los jesuitas intervinieron
en el Estado. Su autoridad espiritual se extendió, por vía de consecuencia,
a las cosas temporales. Pero habiéndose excedido en el ejercicio de su
potestad espiritual y atraídos por un éxito fácil, se enredaron en las mallas
del poder temporal. Por eso Querini, en nombre y represen\3-ción del General de los jesuitas, ordena el retiro de la Compañía de Jesús del Paraguay.
Otra vez se nos muestra, operante, el principio de la primacía de lo espiritual. ¡ Aniquilaremos -arguye el Provincial- la esperanza de pueblos des311

310

�graciados y oprimidos, la esperanza de ver nacer un día el reino de la fe
pura, el reino de la justicia! -"Vanas esperanzas. ¡ Salvemos más bien las
almas!"-, responde Querini. Más tarde comprenderá el padre Fernández la
terrible mixtificación: el Cristo que les han traído a los indios es el Cristo
que les da el país, comidas, ropas, armas y poder; es el Cristo que les protege
contra los negreros, les da seguridad y le edifica casas. Venerándole, ellos
tienen su recompensa. Con ejemplar honradez, el padre Provincial exclama
ante los caciques Candiá y Naguacú: "¡ Ah!, hijos míos, os hemos engañado.
Cristo no da seguridad, no alimenta, no da ropas. ti mismo es pobre y
desamparado ... ".
El acatamiento de la orden dada por Querini, le debe haber costado al
padre Provincial, un indescriptible sufrimiento. Pero este acatamiento no
tiene nada de servil ni de ciego, exige, al contrario, la más grande libertad
de espíritu y el más firme discernimiento. Si su superior, aun legítimo, se
hubiese salido de los límites de sus atribuciones o le hubiese mandado la
comisión de un pecado, no hubiera sido debida la obediencia. No concurriendo ninguna de estas circunstancias, el Provincial no vaciló en hacer el
sacrificio. Sabía que obedeciendo al Legado del General de los jesuitas obedecía, en realidad, a Dios. Comprendió, tal vez, que la orden y las admoniciones recibidas dependían de ese gobierno de la Provincia que hace servir
las debilidades humanas para un mayor bien, por más que todo ello se le
presentarse apenas en penumbra.
Dentro de la libertad de fantasía, el drama de Fritz Hochwalder tiene
un fondo histórico inocultable. Repasemos la historia: Año de 1609. Los
jesuitas en el Paraguay agrupan los indios en Reducciones: "Poblaciones
-las define el Padre Brucker- formadas por transmigración voluntaria de
los salvajes al objeto de facilitar su instrucción por los misioneros". En virtud de las reducciones, los indios sujetos a la Corona quedaron sustraídos
al sistema de la encomienda. La Compañía de Jesús asumió la administración, tanto en lo temporal como en lo espiritual, y aplicó el régimen de
comunidad, estimando que los indios, incapaces de gobernarse y notopamente gregarios y desordenados, sólo podían vivir bajo este régimen. Con
objeto de constituir una reserva substraída a la imprevisión y a la incapacidad
de los naturales, una gran parte de las reducciones permaneció en dominio
común. La propiedad privada subsistía en lo restante. Se aplicaban, en
caso de falta, el castigo corporal y la prisión como las únicas sanciones eficaces. Cuando los cazadores portugueses de esclavos se dedicaron a diezmar
las Reducciones y a llevarse los habitantes, los Padres se decidieron a armar
a los desgraciados indios - apunta Cayetano Bernoville- para que pudiesen ejercer el derecho de legítima defensa. Los jesuitas mostraron siempre,
312

según testimonio fidedigno, una extraordinaria flexibilidad de adaptación a
las circunstancias y al ambiente. A pesar de toda la mansedumbre de los
misioneros; a pesar de todos los cuidados que ponían en ganarse la voluntad
de los. indios -nos refieren los historiadores-, en defenderlos, en elevarlos,
estas Jornadas de sangre no se cumplieron sin el bautismo de sangre consagratorio. El primero que cayó a los golpes de la barbarie fue el reverendo
padre Roque González de Santa Cruz, que murió en olor de santidad. Más
tarde, los padres Alonso Rodríguez y Juan de Castillo. El padre Pedro
Romero fue, años más tarde, martirizado y asesinado en el Paraguay. Recibió
su palma a la edad de sesenta años y a los treinta y ocho de vida religiosa.
Me interesa hacer notar que los jesuitas rubricaron con su sangre el heroísmo de su labor en aquella parte del continente americano. Porque lo
que cuesta sangre, se ama entrañablemente y no se puede olvidar nunca.
En 1660 tenía la Provincia del Paraguay, en el Colegio-Seminario de Córdaba, los colegios de Asunción, Santiago del Estero, Buenos Aires, Santa Fe,
San Miguel de Tucumán, Salta, Rioja y, antes de finalizar el siglo, los de
Corrientes y Tarija. De tiempo en tiempo salían los Padres, de estos Colegios,
a convertir a los indios. En 1690 había 26 reducciones, con 77,646 indios
cristianos. Los jesuitas fomentaron el amor y la veneración de los guaraníes
al Rey de España. "Entretanto, los enemigos de la Compañía de Jesús
propalaban en Madrid y en toda Europa -nos refiere el padre Ricardo C.
Villoslada en su Manual de Historia de la Compañía de Jesús- mil rumores
difamatorios contra los jesuitas del Paraguay, ofensiva violenta que formaba
parte de la gran campaña internacional emprendida en el siglo XVIII contra la Compañía de Jesús; pero el Rey Felipe V, tras un estudio detenido
de la cuestión, aprobó y confirmó en 1743 el régimen jesuítico de las reducciones con palabras de elogio para las mismas." (P. 474, ob. cit., Madrid,
1940.)
El enciclopedista Sebastián José de Carvalho, más conocido por el título
de Marqués de Pombal, Ministro del débil monarca portugués José I ( 1750),
aprovechó los disturbios ocurridos entre los indios del Paraguay con ocasión
del tratado de límites, acusando a los jesuitas de sediciosos, de traficantes
y acaparadores de riquezas. Plumas mercenarias compusieron una "relación
abreviada de que los religiosos jesuitas de las provincias de Portugal y España
han establecido en los dominios de ultramar de ambas monarq-:.iías y de la
guerra que han promovido contra las armas españolas y portuguesas", libelo
que, traducido a diversas lenguas y propagado por toda Europa, causó en
el público la impresión de un descubrimiento sensacional". (García-Villoslada.) Un pariente de Pombal que residía, como agente suyo, en Roma,
regaló ejemplares a los Cardenales y prelados de la curia pontificia y al
313

�mismo Papa Benedicto XIV, llamando la atención del Pontífice sobre la gravedad de los hechos ahí relatados y pidiéndole, en nombre de su Rey, que
fuese visitada y reformada la Compañía de Jesús en Portugal y sus colonias.
El anciano Benedicto XIV -tenía entonces 83 años- tuvo la debilidad de
acceder, nombrando Visitador al Cardenal Saldanha, pero condicionando sus
poderes. Tal vez el octagenario pontífice, presagiando ya las fatales consecuencias de esta medida, dictó la instrucción secreta con intención de neutralizar los efectos. Aun así, Saldanha se puso al servicio de Pombal, y a
los pocos días publicó un edicto declarando a los jesuitas portugueses de
Europa y de América reos de negociación, vedada por el Derecho Canónico. Esto sucedía un día 15 de mayo de 1758, cuando ya había muerto
el Papa que le había otorgado el poder. El edicto fue dictado sin abrir la
vista y sin examinar ni oír a nadie de la ompañía. La locura antijesuítica
se apoderó también de España, patria de San Ignacio de Loyola y de los
más ilustres hijos de la Compañía de Jesús. El 27 de marzo de 1767 Carlos
III firmó el extrañamiento de todos los jesuitas, incluso los novicios. La
trama urdida en buena parte por el Conde de Aranda, hizo que la voz del
Papa Clemente XIII lanzase su viril protesta en el Breve lnter acerbissima.
Solamente al cabo de un año se atrevió el Gobierno español a expulsar a
los jesuitas de las misiones del Paraguay, quizás por temor a un levantamiento de los indios. "¿ Qué causa movió, pues, a nuestros gobernantes -se
pregunta Menéndez y Pelayo- a hacerse solidarios de las venganzas de Port
Royal? Una sola: el enciclopedismo, que ocultamente germinaba en las regiones oficiales, y que para desacatolizar a las naciones latinas quería ante
todo exterminar esa legión sagrada, en cuyas manos estaba la enseñanza,
que era preciso arrancarles a toda costa, para infiltrar el espíritu laico en
las generaciones nuevas. El pretexto no importaba; por fútil que pareciese,
era bueno; si los pueblos no querían ni solicitaban tal expulsión, para eso
tenían los Reyes la espada del poder absoluto, y la lengua asalariada de
1

,

escritores sin conciencia."
Hasta aquí la historia del establecimiento y disolución de las Reducciones
del Paraguay. Juzguen mis lectores, por su cuenta~ el manejo de la base
histórica innegable del drama en cinco actos de Fritz Hochwalder.
Por boca de Comelis, Hochwiilder da entrada en su obra a la leyenda
negra urdida por los enemigos de España: ''De levante a poniente habéis
vencido ... con la espada". "Olas de sangre han marcado por doquier vuestra llegada. Aquí también os habéis impuesto por un acto de violencia. Este
será el último. Pues este continente se os escapará. Está a punto de hacerlo.
Vuestras posesiones en las Indias Occidentales, ¿dónde están? Nosotros, los
holandeses, somos ahora los amos. Nosotros a quienes habéis quemado vivos

por millares. Nosotros a quienes habéis
.
.
tima. Nosotros hemos heredad
persebegwd? como el diablo a su víco vuestra so rama El estrech0 d M
llanes, las Filipinas, Calicut Goa El Cabo d B ·
e
agaFortuna, ¿ dónde están? y' nun: h bé"
e du~na Esperanza, la Isla de la
ª ª 15 apren ido nada, nada."
La leyenda negra, caracterizada por el odio a todo
deformación sistemática de la historia de Es lo es~anol y por la
manifesta todav'
d d
. pana, se ha manifestado -y se
ia- e os maneras. onntiendo tod I
d
a España y abultando cuanto pued~ perjudicarla op o que y.ue e Ifavorecer
de la leyenda negra, no recurriremos al testimoni~ deara exp icar _as cau_sas
al juicio de autores extranjeros. Como ind"
L . autores espanoles smo
.t · u ·
ican aVIsse Y Rambaud en
. .
su
H is ona mversal, las causas de tal leyend f
hecho de que España combati,
.,
a ueron: en pruner lugar, el
pública en Europa: Francia, oI~g;:::: a ::1:n:blos
cr~ban la opinión
lugar, España fue siem re . .
' .
a y emama. En segundo
del catolicismo, lo que 1~ at!J:omec1lpodal. endem1lga del protestantismo y paladín
10 e as sectas En te
t' .
espanoles descuidaron investigar como hub·
.d· d
rcer ermmo, los
España en la ci· ·¡· . , b '
iera s1 o eseable, la obra de
VI izac10n
uscando e 1
hº
1
los personajes combatidos.'
n os are ivos os datos referentes a

1t

Con el "Manifiesto" o "Apología" lanzado or G ·n
los príncipes y potentados de Europa' en 1581 p
enno de Orange a
y Francia, tiene su origen histórico la leyend~ yn;;: e
,dedln?laterra
~cusaciones lanzadas contra Felipe II y contra los e~pañ I mas emgrant~
f1esto, fueron recogidas y difundidas -como otras tantas a:~ e¡ este
p~r los protestantes franceses, ingleses y alemanes que la
de com atepharo
1 Ph ·r .
,
s secun aron y am'Hn e?aIs i ippiques y en las Antiespagnoles, de Clairy Amauld Huraul
'
'
de l op1ta y otros.

~

t:yo

;aru-

Al decir de los enemigos de E - d
.
que tenía su acción: la codicia y ;~a;~eld~d.son esencialmente los defectos
. ~a ley de la guerra es --evidentemente- una le de san .
bien ~s ci:rto ~ue nadie usó de ella con más mesura\ue los
:st~d10 _mmuc1oso de las leyes de emigración, de la selección pde ca~itanes
e as ~stas de, ~mbarque y de las licencias para pasar a Indias nos revela d~
un mo o clanslIIlo el exquisito cuidado que E hubiera ocasión de ue n.
.'
spana puso para que no
. f1
. q
m~o que pud1eramos hoy llamar 'maleante' se
m 1 trara en las filas conqwstadoras." Hombres crueles los hubo· corrió 1
y hubo también muertes. Negado equivaldria a quere,c da,'po, buen:
e isparate de que los españoles no pertenecían a la raza h
Pe:o, da la casualidad que los españoles no se limitaron a la con::ª .d.
y 1upanares
pais Y a la extracción de sus riquezas o a fundar en e'l gantos
·
e

;;eltií~~:: ~~

'7"f

i

315
314

�-como tres siglos más tarde ocurriría en San Francisco California, co:1 los
modernos adelantos del industrialismo-, sino que se sirvieron de la milicia
para fundar escuelas y universidades y para lograr que los que antes adoraban ídolos o se entregaban a sangrientos sacrificios, adoraran al Dios único
y verdadero, revelado y eterno, al que están presentes todas las cosas y Creador de todas ellas.
Don Pedro de Miura pudo muy bien contestar a Mynheer Cornelis que
de levante a poniente llevaron no solamente la espada, sino también la
cruz. En verdad que la codicia -de existir- a buen precio se p::igó, porque lo que Francisco Pizarro dijera al Emperador Carlos I , en histórica
entrevista, pudo muy bien haberlo dicho cualquier otro de los conquistadores: "Hemos ido sin vestido ni calzado, los pies corriendo san!;fe, sin ver
el sol, sino las lluvias, truenos y relámpagos, entre pantanos, sujetos a la
persecución de los mosquitos que, sin tener con qué defender nuestras carnes, nos martirizaban, expuestos a las flechas emponzoñadas de los indios . . .
por serviros, Majestad, por engrandecer vuestra corona, por honra de nuestra nación y de la religión católica. . . " .
Aunque no debe dejar nunca de ser espectáculo, el teatro es, ante todo
y sobre todo, literatura. Es menester, en consecuencia, emprender el análisis
literario de Así en la tierra como en el cielo.
Por de pronto la obra de Hochwalder, con todas las dificultades de escenificación que se quiera, no es de impracticable realización. Su forma dialogada es perfectamente susceptible de adquirir relieve plástico, animada en
boca de los actores. Me importaba decir esto, porque un simple teatro para
leer -que se ha pretendido llamar teatro irrepresentable- no es teatro.
No hace muchos años estuvo en boga el llamado teatro teatral ---desvarío
italiano de los autores independientes (Antón Julio Bragaglia)-, que se afanaba por limitarse a lo que el espectáculo tiene de plástico, de visual y de
auditivo. So pretexto de valores pintorescos y musicales, se prescindía de la
calidad literaria e ideológica, para quedarse en una sensación simple. Fritz
Hochwalder no intenta, por fortuna, caer en el desvarío de un teatro antiliterario. Si su teatro es difícilmente representable -no imposible, ni mucho
menos-, es porque su drama escueto, sin distracciones de frases o escenas
extradramáticas, está concebido con una seriedad espiritual que no admite
artificios. Es el suyo un teatro filosófico-moral y un teatro de caracteres,
que no pierde nunca de vista el hecho animado y concreto, el suceso entre
seres vivos, con sus caracteres y sus pasiones. Una vez más comprobamos
que en el teatro, "que sólo puede vivir caliente y sangrante de humanidad"
(Sassone), no cabe hablar de la deshumanización del arte.

316

Das H_e~lige ~xpe,~ment no es un calco grosero y perfecto de lo que pasó
en las rms10nes Jesuitlcas del Paraguay. Es una obra imaginaria, una ficción,
que recoge con verosimilitud la vida de los jesuitas en las Reducciones !nlaraníes. Sacerdotes, Obispos, comerciantes, caciques y visitadores se nos ;frecen ~on sus cualid~des morales, virtudes y vicios. La lucha, oposición y
conflictos que ocasiona el choque de ideas, pasiones e intereses entre la
Compañía de Jesús con sus Reducciones de indios guaraníes y el gobierno
del Rey con los colonos españoles y las autoridades eclesiásticas, muestra un
trozo de vida humana en acción y en espectáculo. El conflicto puramente
interno y psicológico del padre Provincial se traduce al exterior en diáloaos
o
y sucesos que reproducen el hervor de la vida. Un buen número de situaciones propicias hace que los personajes puedan revelar sus caracteres -a
la española- y ejercer sus actividades. En la encarnizada lucha del padre
Fernández, Fritz Hochwalder ha imaginado sus mejores y más inspirados
elementos dramáticos.

La acción dramática de Así en la tierra como en el .cielo no tiene episodios
que retarden su curso y que oscurezcan el conjunto de la trama. La variada
lucha de las pasiones e intereses, los contrastes de situaciones y caracteres,
y los cambios imprevistos de la acción misma, dan testimonio de la riqueza
dramática de la obra comentada.
En el primer acto se realiza la exposición a medida que la acción se empieza a desarrollar. Los espectadores nos colocamos desde luego en medio
del problema que se avecina; y, sin darnos cuenta, al correr del diálogo,
nos vamos enterando de cuanto necesitamos saber.
Del segundo al cuarto acto transcurre el nudo de la acción. La trama,
sabiamente complicada, va creciendo paulatinamente hasta llegar a un punto
en que es necesario el desenlace. Los obstáculos nacen más que de acontecimientos exteriores -cargos contra la Compañía de Jesús y orden del Legado tras la intriga del visitador- del carácter y pasiones de los personajes
-Padre Provincial, padre Oros, Querini y don Pedro de Miura-. Ning(m
suceso parásito interfiere en la obra. El desenlace, natural y lógico, nace
del fondo mismo del argumento y como resultado definitivo del comportamiento de los personajes. Pero a la vez es rápido e inesperado, decisivo y
completo.
El interés de los elementos dramáticos que excitan el ánimo del espectador, reside, sobre todo, en la verdad profundamente humana de los caracteres, en el choque y conflicto de las pasiones, en el colorido de los sucesos
Y en la importancia del pensamiento. El movimiento de la acción conmueve
nuestra sensibilidad y cautiva nuestra fantasía con una sencilla, pero difícil
317

�trama. Cuando Querini se identifica, mostrando sus credenciales, y da la
orden al padre Provincial, la acción alcanza un interés c_ulminante. .Es el
momento decisivo en que el personaje central, con la reciedumbre hispana
que le caracteriza y con las circunstancias conocidas? debe tomar una resolución. Sólo que en la situación dramática ha aparecido un nuevo elemento:
la obediencia a un superior. Una mezcla singular de emoción y de so~r~a
se produce en el público, merced al estremecimiento del padr~ Provmc1al,
por el toque de gracia' cuando deja de argüir para responder. simplemente:
f
,,
"Vuestra orden es buena y justa. La ejecutaré con todas m1S uerzas • • . •
Consideradas las circunstancias de época y lugar, la dramática de
Hochwalder presenta una gran verosimilitud. Los sucesos_ desarrollados .en
la escena parecen reales, porque son u.n trasunto fiel y animado de la vida
con sus contrastes de luz y sombra.
El padre Fernández, Miura, Querini, el padre Oros y Andrés Cornelis
son personajes ricos, enérgicos, dotados de una individualidad Y de. una
plenitud de vida, como los que pres;nta la r~lidad mis~a. Por deba30 de
toda la variedad de sentimientos están las pasiones domman~es. ª. 1~ cu~les
todo se subordina. Los hombres obran y se mueven de un pnncip10 mte~ior:
el padre Fernández por la mayor gloria de Dios en el Paraguay y, al f11:al,_
por la más pura obediencia; Miura por el poder de~ R~y y por E_spana,
Querini por la primacía de lo espiritual sin con~m~ciones de ninguna
especie; el padre Oros por la obsesión del Estado Jesuita en el Para~ay,
hasta llegar a la rebeldía; Cornelis actúa, como bu_en n:iercader holandes Y
calvinista, en pos del éxito económico. Los persona3es dicen y obran lo que
les dicta su odio, su envidia, su amor o su nobleza; no lo que les ª?unta,
desde fuera el autor. Se manifiestan en la acción, con notable relieve Y
trazos enér;cos. Comparados entre sí, los person~je~ dramátic?~ ofrecen contrastes -piénsese, por ejemplo, en el padre Provincial y el V1s1tador-, pero
sin llegar a antítesis fríamente simétricas.
La expresión dramática es vigorosa, sin ser enfática e hiperbólica;_ verdadera, sin llegar a lo brutal y salvaje; sentida, pero s~ afecta~os senttmentalismos y falsas retóricas. La naturalidad y la sencillez nacidas de los caracteres mismos de los personajes, tomando en cuenta su estado moral Y
su situación actual, es uno de los mejores méritos de la obra. El teatro es
una representación directa de la vida. Por eso acierta Hochwalder con la
expresión verdadera, natural y humana de las emociones. Obsérven~e sus
diálogos: rápidos, animados, expresivos de la psicología de_ los per~naJ~S ...
A veces, en momentos de gran lucha -recuérdese el cambio de afumac1ones
y negaciones entre el padre Provincial en el Visitador, primero, Y con Que-

318

rini, después-, el diálogo picado, de frases cortas, da la impresión de que
los dialogantes se usurpan recíprocamente la palabra. El espectador tiene
la sensación de estar asistiendo a una especie de magnífico juego de esgrima.
La tesis es una resultante de la acción misma, sin que el autor se preocupe
de desarrollarla. Reconocemos a los personajes, porque son ellos mismos
quienes hablan.
Pero hay algo, a más de la destreza dramática, que nos asombra en
Hochwalder: en esos personajes centrales que aparecen en el escenario como
seres vivientes, queda siempre algo inexplicable y como enigmático a nuestros
ojos humanos. Alguna vez, cuando el padre Provincial se entrega a sus propios prisioneros, aferrándose a su crucifijo, y exclamando: "¡ Oh! Dios mío,
¿ por qué abandonas siempre a este mundo? ¿ Por qué? ¿ Por qué?", hemos
evocado aquellas palabras de Jesucristo clavado en la cruz: "Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has desamparado?". Nadie acertará a descubrir este
misterio de que el Hijo de Dios pueda estar abandonado de Dios.
Cuando los propios rebeldes de las reducciones guaraníes acaudilladas por
el padre Oros, hieren de muerte al padre Provincial, éste se limita a contestar a Miura: ¡ He ahí al culpable! Mi obra ... Ese Estado ... ¡ El Anticristo! Las frases tienen, evidentemente, un sabor expiatorio. Aún le quedan fuerzas al padre Fernández para echarse sobre el mapa y arrancarlo.
Cae con el mapa en las manos -simb61ica caída de los jesuitas en el
Paraguay que él desea precipitar- y no dará signo alguno de vida hasta el
final del acto. Después de haberle dado la absolución al padre Oros, sentenciado a muerte por el Visitador del Rey, pide que les dejen hablar un
instante más. Se incorpora a medias y extiende su brazo apuntando hacia
un retrato colgado aún en la pared: "¡ Francisco Javier ha quedado entre
nosotros! ¡ El santo con el corazón en llamas nos ha quedado! No pueden
quitárnoslo ... ". ¡ He aquí el verdadero patrimonio de los jesuitas! ¡ Qué
importa que hayan perdido el Paraguay si tienen entre ellos el espíritu de
aquel hidalgo de Navarra con su hábito raído! Y con ese espíritu, el ejemplo, el camino a recorrer ... No más espejismos de Estados temporales -penosos y peligrosos rodeos- que les enreden en las mallas del poder mundanal.
Ahora, libre por fin de los engaños del mundo, sólo quiere que sus compañeros de orden sean como aquel hombre débil, aquel hombre solo que convirtió a los paganos, conquistando el Japón, atravesando mil islas y aún
queriendo ir a la China. . . Helo ahí, "en una isla, bajo las borrascas del
otoño, aguardando la barca. Espera, cree y reza, mientras la fiebre lo agobia.
Ningún barquero viene a buscarlo. Ningún médico lo visita. Sobre paja
podrida está tendido, y nadie lo consuela. Pero está lleno de júbilo, porque
319

�sabe que todos los hombres han de salvarse. . . ¡ Resucitará con su llameante
corazón! Ved, ved, con su gran corazón ardiente resucitará". Calló el jesuita para no volver a hablar más. Sobre el ambiente queda flotando, podemos imaginamos, una atmósfera cargada de afanes y de esperanzas. Pero
queda, también, un fondo inaccesible a las miradas de la crítica. Es el misterio del hombre y es la hora de Dios.
ALGUNOS CONCEPTOS BÁSICOS DEL ESPAAOL MODERNO
Lrc.

RAMIRO RoDRÍGUEZ

R.

ITESM

INTRODUCCIÓN

Fijación de la lengua española:
YA DESDE LA EDAD DE 0Ro la lengua española fue tomando su forma definitiva, pero, sin embargo, los conceptos gramaticales no ofrecían ninguna
actitud reguladora.
La fijación definitiva, por así detirlo, viene con la fundación de la Real
Academia de la Lengua el año de 1713. "En sus primeros tiempos, la Academia realizó una eficacísima labor, que le ganó merecido crédito. Publicó
entonces el excelente Diccionario de Autoridades ( 1726-39), llamado así
porque cada acepción va respaldada con citas de pasajes en que la utilizan
buenos escritores. Dio también a luz la Ortografía ( 1741) y la Gramática
(1771), editó el Quijote y el Fuero Juzgo. Su lema: 'limpia, fija y da
esplendor' quedó cumplido en cuanto se refiere a la tarea de criba y desbroce." 1
Nunca, parece ser, estuvo más justificada la preocupación por la lengua.
En los primeros tercios del siglo XVIII se prolongaba una serie de elementos barrocos de mal gusto y además los escritores de este período, salvo algunos cuantos, eran una serie de personajes ficticios -por así decirlodentro del campo literario.
1

LAPESA,

Rafael, Historia de la Lengua Española, 4a. edic., Edit. Escelicer, Madrid,

1959, p. 270.

320

321
humanitas.-21

�CARACTERÍSTICAS DEL ESPAÑOL MODERNO:

Situación actual:

"Las diferencias gramaticales no bastan para caracterizar un idioma. Hay
también, aunque no suele hacerse referencia de ellas, una economía y una
política lingüísticas, que enlazan la expansión y los intereses del idioma con
los del pueblo que lo habla. A la Unidad Política suelen acompañar la consolidación y el apogeo del idioma, así como al dominio material corresponden
la expansión y el dominio lingüísticos.
Lenguas colonizadoras e internacionales. La diferencia entre la situación
de los varios idiomas europeos es, por este motivo, una de las características
que más los separan y que más obligan a su estudio individual. El español,
el inglés y el portugués son, ante todo, lenguas colonizadoras; el francés,
aparte de su función nacional es, junto con el inglés, lenguaje internacional.
Lenguas nacionales. Las lenguas nacionales no han llegado al mismo tiempo
ni al mismo grado de madurez en todos los países europeos.

En España, la unificación en torno al Castellano de Burgos y Castilla la
Vieja traslada su centro en época moderna al habla de Madrid.
Como zonas bilingües persisten Cataluña, las Vascongadas y, en menor proporción, Galicia. Muy característico del español es el fácil acomodo en los
dialectismos dentro del idioma oficial, sin que haya en él clara diferenciación que en otras lenguas existe.
El español en América. En América el español no ha variado en ningún
aspecto importante, ni en su evolución actual se advierten tendencias contrarias a las del habla peninsular. El español de América es fuertemente
conservador y mantiene varios rasgos característicos de la época de coloniza-

ción." 2
Habla vulgar y rústica. "Aparte de las modalidades más llanas del lenguaje correcto, existen usos cuyo radio de acción está hoy muy limitado a
las gentes iletradas de las aldeas y a las capas más populares de las ciudades.
Muchos de estos vulgarismos se extienden con intensidad por todas o casi
todas las regiones de la lengua española.

:el las ;ocdales, i~acen~a~es, al margen de la fijación operada desde fines
e peno o clas1co; asumlación y desasimilación actu'an con plena libertad.
Los grupos de consonantes prosiguen simplificándose en los I t' .
.
menudo se vocaliza la .
.
a imsmos' a
.
.
pnmera consonante, se mcurre en ultracorrecciones
que por mcuna llegan hasta los medios universitarios.
'
I La
l relajación
.
.de los sonidos 'd'' 'g' y 'r' afecta' en mayor o menor grado
a enguaJe comente, pero está muy incrementada en el vulgar.
'

~~ babi~ vulgar O popular de Castilla tiende a retraer las bases de la articu1ac1on hacia la parte posterior de la boca Este fe ,
la Ed d M di
.
nomeno ya se notaba desde
ª. , e a' Y su man1·festacion
·' u ltenor
· mas
, importante
•
fue la transformac1on de las palatales 'g', ,1-, (dz)
· Y 'Y! (s) en nuestra 'J'. moderna.
vulgar hay arcaísmos como los prete'r1·tos 'truje', 'vide' y
¡ En la morfología
,
et ~resente semos'. Abundan las formaciones analóiñcas
o·
que en otra época
uv1eron . ~cceso, al habla normal, como los subjuntivos 'haiga' 'vaio-a'
La
0
acentuac1on
'hayamos'
'háyais'
'váyam
,
t
f
'
•
r d
.
'
'
os ' e c. ue en general muy utiiza a. en el s1g!o pasado, y hasta llegó a figurar en las gramáticas En la
actuahdad subsiste el vulgarismo sobre todo muY difundºd
. , .
I o en Amenca.
E~ :uanto a 'le', 'la', 'lo' Y sus plurales, el Norte y Centro, leístas y laístas,
c~n~n~:"11 e~rentándose con Aragón y Andalucía, mejores guardianes de la
d1stmc1on etrmológica entre 'le', dativo, y 'lo', 'Ia ', acusativos.
·

:¡

En siglo XVIII la' p~janza del 'leísmo' fue tal que en 1796 la Academia
decret~ que :l. uso de le era el único correcto para el acusativo masculino;
despu:s: r_ecnfican~o, este exclusivismo, fue haciendo sucesivas concesiones a
la leg1tlfilldad de lo , hasta recomendarlo como preferible.
En la Edad Media y en el Siglo de Oro suele aparecer 'le' para el dati
del plural: hoy es corriente en el habla, pero sólo como descuido trascien~:
en la escntura.
,
, Totalmente inculta es la anteposición de 'me' y 'te' a ,se,,
aunque te, se cuenta con cierta indulgencia en algunas regiones.
Es r_nuy general entre el vulgo la trasposición o duplicación de Ja 'n' verbal
despues del nombre enclítico.
En las partículas quedan formas y empleos arcaicos." a

En la fonética vulgar perviven las antiguas indecisiones respecto al timbre
• CRIADO DE VAL,

M., Fisonomla del Idioma Español, la. edic., Edit. Aguilar, Ma-

1

LAPESA,

Rafael, opus cit., pp. 298-306.

drid, 1954, pp. 231-232.

322

323

�El español de América:

Cuando se dice español de América se piensa inmediatamente en una
modalidad distinta a la del español peninsular. Sin embargo -dice Lapesa-,
esa expresión global agrupa matices muy diversos. Pero aunque no exista
uniformidad lingüística en Hispanoamérica, la impresión de comunidad general no está injustificada. Mientras las diferencias lingüísticas de dentro
de España han tenido en ella su cuna y ulterior desarrollo, el español de
América es una lengua extendida por la colonización; y ésta se inició cuando
el idioma había consolidado sus caracteres esenciales y se hallaba próximo
a su madurez.
Las lenguas indígenas y su influencia. "El español como el latín en el
Occidente de Europa, se sobrepuso en América a multitud de lenguas primitivas. La variedad de éstas era extraordinaria, calculándose en 123 familias de idiomas que han existido en los núcleos de población india." '

Es muy probable que se mantengan caracteres prehispánicos en la entonación hispanoamericana, tan distinta de la española. La entonación americana es rica en variantes, extrema subidas y descensos melodiosos, mientras
la castellana tiende a moderar sus inflexiones, manteniéndose alrededor de
una nota sostenida y equilibrada.
La contribución más importante de las lenguas indígenas está en el léxico.
Los españoles al llegar a América se encontraron ante una variedad de plantas y animales y aun toponimias desconocidos para ellos, así tuvieron que
utilizar terminología indígena.
El andalucismo del habla americana:

"El español que pasó a América en los primeros tiempos de la colonización tenía que diferir poco del que llevaron a Oriente los 'sefardíes'. Pero
mientras que el judeo-español quedó inmovilizado por el aislamiento y bajo
la presión de culturas extrañas, el español de América no perdió nunca la
comunicación con la metrópoli y experimentó la mayoría de los cambios ocu-

El voseo:

"En la España de 1500 'tú' era el tratamiento que se daba a los inferiores
o entre iguales con máxima intimidad en otros casos, aun en confianza se
empleaba 'vos'. Cuando se generalizó el trato 'vuestra merced', 'tú' recobro
terreno en el trato familiar.
No toda América siguió esta innovac10n. En Argentina, Uruguay, Paraguay, América Central y el estado de Chiapas domina el 'vos' en la conservación familiar con intensa y espontánea vitalidad; en Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile, sur de Perú y Bolivia alternan
el 'tú' y 'vos'. En México, la vida social, más en contacto con las costumbres
españolas, adoptó el uso de 'tú' y eliminó el 'vos'. La segunda de plural es,
en casi toda América, 'ustedes', con absoluto abandono de 'vosotros', como en
el habla andaluza, pero sin la mezcla 'ustedes os', tan frecuente en Andalucía."
Otros fenómenos morfológicos
y sintácticos

"En la morfología y sintaxis el español de América mantiene arcaísmos,
lleva adelante innovaciones que están en germen dentro del peninsular, o
inicia otras especies.
Una tendencia natural del idioma crea terminaciones femeninas para los
nombres y adjetivos que, por su forma, se escapan a la distinción genérica,
y saca masculinos de femeninos, o al contrario. El diminutivo y el aumentativo se usan con profusión.
En América, 'recién' se emplea sin participio, con el significado temporal
de 'ahora mismo', etc. En México y Colombia 'desde y hasta' se emplean
en indicaciones de tiempo sin sus respectivas referencias originales al momento
inicial de una acción o al término de ella." 6

rridos en la Península.
Las coincidencias del español de América con el de la España meridional
han hecho suponer una fuerte influencia andaluza." 5
' LAPESA,
• LAPESA,

Rafael, opus cit., p. 343.
Rafael, opus cit., p. 348.

' LAPESA,

Rafael, opus cit., pp. 358-360.

325
324

�CARACTERÍSTICAS ESTIÚSTICAS Y LITERARIAS DEL ESPAÑOL:

veza al coloquio entre sus personajes. El gusto por el color regional dio
entrada a la literatura de muchas voces y giros regionales.

Literatura neoclásica:

La exposición didáctica venía adoleciendo de ampulosidad grandilocuente;
poco a poco va tornando un gusto más severo.

Con la "poética" de Luzán (1737) se inaugura la tendencia neoclásica y
extranjerizante. Toda la literatura de este período se atiene, pues, a las
normas establecidas en el clasicismo griego y latino.

El modernismo y la generación del 98

En la poesía, la ruptura de los procedimientos estilísticos del siglo anterior
no fue tan completa como harían creer las críticas contra el gongorismo.
No se buscaba la expresión llana, sino solemne.
En la prosa fue más radical la transformación. Debido a que la novela
y la historia artística no tuvieron desarrollo, la prosa se limitó a las obras

didácticas que exigían un estilo severo y preciso. Se sacrificó la pompa a
la claridad. Se adquirió una sencillez de tono moderno, etc.

El siglo XIX:
La violenta conmoción espiritual del siglo XIX trajo consigo el florecimiento de la oratoria pública. El influjo de la oratoria es patente en la
prosa doctrinal de buena parte de siglo.
En la prosa nuevas apetencias expresivas pugnaban por romper el corazón
neoclásico. El ritmo de la vida, cada vez más rápido, la agitación ideológica,
el auge del periodismo y la ampliación del campo literario con géneros
desconocidos, pedían lenguaje variado y flexible.
La poesía del romanticismo fue llevada a un nuevo espíritu, pero no sin
conservar muchos hábitos del siglo XVIII. Es cierto que en los románticos
hay alardes de crudeza realista, desenfreno imaginativo, cambios bruscos de
la altisonancia a la vulgaridad, libertades expresivas inusitadas. Sin embargo,
mantuvieron, por lo general, el empaque solemne, y usaron elegancias tan
mantenidas como el hipérbaton o la reiteración de copulaciones.

Las tendencias que aparecen en los albores de nuestro siglo coinciden
en su afán renovador y preocupación por la forma. El modernismo engalana -¿ engalana?- la poesía española con ritmos y estrofas nuevos u olvidados, e introduce en ella motivos poéticos y procedimientos estilísticos nacidos poco antes en otras literaturas. Se busca el atractivo de lo exótico
echando mano de voces extranjeras; pero también se percibe el sabor venerabl~
y ritual de los giros arcaicos; o se fragua neologismos. Se goza en correspondencias de sensaciones, sobre todo visuales y auditivas y se toma de los simbolistas la vaguedad evocadora, las metáforas de sentido impreciso.
La poesía contraria al Modernismo, iniciada en España, como el Modernismo en América, toma otros derroteros. Se prefiere menor lujo de atavíos
y más raigambre nacional.
Los prosistas de la generación del 98, dentro de una gran disparidad,
ofrecen entre sí coincidencias fundamentales que los separan de la literatura
anterior. Cada escritor pone en su habla huellas impersonales inconfundibles,
mucho más señaladas que las apreciables en los novelistas del realismo.
Por caminos muy diversos se crea un estilo nuevo en la prosa. Azorín dice:
"Lo que se busca al escribir es la claridad, la precisión y la concisión".
Se toma una nueva orientación. Se busca exaltar la esencia hispánica en
el alma del pueblo; se utilizan palabras tradicionales, etc.
La estilística así, en pocas palabras, ha evolucionado.

ASIMILACIÓN DE PRÉSTAMOS EXTRANJEROS

El realismo:
Pasada la moda de la novela histórica del romanticismo, la novela realista
encontró en España afortunados cultivadores. Hubieron éstos de crear un lenguaje adecuado. Lograron exactitud y fuerza pictórica en las descripciones,
sondearon con profundidad el corazón humano y a veces dieron sencilla vi-

326

Galicismos:
"Desde que la vida española empezó a transformarse a imitación de la
extranjera, han sido muchas las palabras ultrapirenáicas que se han introducido en nuestra lengua.

327

�La infiltraci6n de voces galas o francesas aumenta en el reinado de Carlos
11; pero desde el siglo XVIII se intensifica extraordinariamente.
En la sociedad española del siglo XIX empiezan a introducirse factores
que venían actuando desde antes en otros países. Al incrementarse las actividades comerciales y bancarias y desarrollarse el sistema capitalista, su terminología se nutri6 de galicismos o voces venidas a través de Francia.
Los galicismos sintácticos son los más perniciosos. La incuria con que se
redactan noticiarios y documentos oficiales acoge sin reparos el uso del gerundio como adjetivo, al modo del participio de presente del francés.

EL RITMO Y LA MELODlA EN POES1A

LIC. BERTHA

Extranjerismos de otras procedencias:
El número de neologismos tomados de otras lenguas es más limitado.
En relación con el Siglo de Oro, decae la importación del italiano, reducida
casi a términos de arte y música.
·
La lengua inglesa, que había permanecido ignorada -y que debía permanecer así- en el continente durante el siglo XVII, empezó después a
ejercer influencia primero con su literatura, más tarde por su prestigio social.
El anglicismo ha resurgido mucho en hispanoamérica, sobre todo en los países
afectados por la e&gt;..-pansión política y económica de los Estados Unidos.
La influencia del alemán es menos perceptible; mas que préstamos de
vocablos, se manifiesta en la creaci6n, con elementos latinos o españoles,
de términos que reproducen compuestos y derivados germánicos.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

Loe. cit.,
LA.PESA,

LAPESA, Rafael, opus cit., pp. 288-291.
Rafael, Historia de la Lengua Española, 4a. edic., Edit. Escelicer, Madrid,

1959.
CRIADO DE VAL,

G1u

M., Fisonomía del Idioma Español, la. edic., Edit. Aguilar, Madrid,

1954.
v GAYA, Samuel, Curso Superior de Sintaxis Española, 5a. edic., Edit. Spes,
Barcelona, 1955.
Amado y HENRÍQUEZ UREÑA, Pedro, Gramática Castellana, 16a. edic.,
Edit. Losada, fü. As., Argentina, 1953.

ALONSO,

A.

SÁNCHEZ

ITESM

VAMOS A TRATAR de exponer algunos datos que nos aclaren los conceptos
de Ritmo y Melodía.
Como introducción al trabajo teórico es indispensable el conocimiento de
los conceptos que atañen a las cualidades formales de las obras literarias.
Pero hay que saber que estos conceptos sólo tendrán significación cuando
hayan sido subordinados a un punto de vista sintético.
Si vemos alguna historia de la literatura, nos encontraremos con una forma
del_ l~n.guaje a la que se llama "verso". Pero, ¿qué es el verso? Hay varias
def1IDc1ones aceptables, pero no se puede tomar la definición de un verso
castellano y decir: éste es el verso griego. No ajusta, no se puede aplicar
t:in fácilmente esa definición de un idioma a otro distinto, puesto que sus
sistemas de verso son distintos.
Como definici6n general de verso se puede decir: el verso hace de un
grupo de unidades menores de articulaci6n ( las sílabas) una unidad ordenada
que trasciende a sí misma, que exige una continuación. La representaci6n
formal del verso resulta de sus componentes métricos y gramaticales. Un
verso contiene en sí diferentes unidades menores, compuestas a su vez de
modo determinado por largas y breves. El verso es una serie ordenada de sílabas acentuadas y no acentuadas; y las sílabas según su grado de acentuación
son incluidas en categorías de sílabas t6nicas y átonas. No todos los acentos
prosódicos que se juntan en el mismo verso participan propiamente en Ja
composici6n del ritmo. Aunque sin relación de orden lingüístico con )a
naturaleza silábica, la cañtidad sigue siendo una parte esencial en el ritmo
del verso. Los períodos con sus tiempos marcados y su duración semejante
determinan el compás.
329

328

�Ya se sabe que las sílabas según su grado de acentuación son incluidas
en categorías de sílabas tónicas y átonas. Así, dentro del verso surgen pequeñas unidades que designamos con el nombre de pies. No tienen que
ser iguales ni perceptibles como tales. Principales clases de pies son: el yambo, de una sílaba breve y otra larga; el troqueo, que consta de una larga y
otra breve; el dáctilo, de una larga y dos breves; y el anapesto, de dos
breves y una ·1arga. Esto es en la métrica clásica.
En las lenguas románicas se cuenta el verso según las sílabas que tenga,
pero en todas las lenguas se da esta regla: cuanto más largo sea el verso,
tanto menor será su eficacia como unidad; se necesitan pausas o cesuras, barreras naturales que se opongan a la expansión del verso. Respecto a su
continuidad, sabemos que un verso aislado despierta en nosotros una vivencia
rítmica, pero para tener un verdadero carácter de verso necesita repetición,
continuidad. Esta puede darse mediante la repetición continua del mismo
tipo de verso. La repetición regular de unidades idénticas acaba por cansar
y produce sensación de monotonía.
La cuestión presenta otro aspecto si el verso se integra como parte de
una estructura superior. El caso más sencillo es la ligazón de dos versos en
un grupo. Es aún más clara la integración del verso en una unidad superior
dentro de la estrofa. Hay diferentes clases de estrofas; muchas de ellas preferidas de ciertas lenguas o épocas. Algunas son : estrofas de canción popular, de Chavy chase, el terceto, la octava real, y el zéjel.
Hay pocos sistemas estróficos de forma fija que establezcan, anticipadamente, la construcción de toda la poesía. El trieleto, el rendó, el ronde!,
el madrigal, el girase!, la sextina, la glosa, y la más importante de todas, el
soneto. El papel del verso como parte de la expresión rítmica del pensamiento se completa en la armonía de la estrofa.
a) Vamos a ver una de las partes de mayor importancia en el ritmo: la
Rima. La rima no pertenece esencialmente al verso, pues también se presenta en la prosa. Por otra parte, hay poesía sin rima. Aunque no es más
que un ornamento sonoro, la rima no se conocía en la antigüedad. Cuando
se dice rima y no se añade nada, se trata de rima final. Hay que recordar
que existe la rima perfecta o consonante y la rima imperfecta o asonante,
también está la rima interior. Si el sonido es idéntico a partir del penúltimo
acento del verso, se habla de rima rica. Aquí, vale explicar que en el siglo
XVIII hubo una lucha contra rima, lucha que no dio resultado; pero
en esa época se creó la forma del ritmo libre, que se caracteriza por la
ausencia de preceptos métricos; no hay rima ni estrofas fijas, ni versos deter-

330

minados, ni un número fijo de acentos. Se distingue de la prosa únicamente
por la repetición de acentos a intervalos aproximadamente iguales.
Según la posición de la rima, se habla de:
1 ) Rima Pareada, cuando riman dos versos seguidos.
2) Rima Alternante, cuando un grupo de cuatro versos, el primero rima
con el tercero; y el segundo con el cuarto.

3) Rima Cruzada, cuando en un grupo de cuatro versos, el primero rima
con el cuarto; y el segundo con el tercero.
4) Rima Interpolada, cuando en un grupo de seis versos, el tercero rima
con el sexto, mientras que el primero lo hace con el segundo y el cuarto
con el quinto.
5) Rima Encadenada, cuando en una serie indeterminada de versos, el
primero rima con el tercero; el segundo con el cuarto y el sexto;
el quinto con el séptimo y noveno, y así sucesivamente.
6) Rima Interior, cuando una de las palabras que riman (o las dos)
está en el interior del verso. ,
b) Aliteración. Aliteración es la identidad en el sonido inicial de dos
o más sílabas o palabras. Repetición de un sonido o de una serie de sonidos
acústicamente semejantes en una palabra o en un enunciado.
c) Asonancia. Asonancia es la coincidencia sólo de las vocales a partir
del último acento.
Los conceptos que hemos visto pertenecen a la métrica. El esquema métrico de una poesía existe independientemente de su realización mediante la
palabra; indica casi completamente el número de sílabas de c_ada verso; el
número y la clase de los pies; la posición de los acentos y cesuras; la construcción de la estrofa; la posición de la rima y, a veces, la estructura de
todo el poema. Este esquema indica que los mismos fenómenos métricos
que señala se pueden repetir en muchos poemas. También indica que se
dice muy poco de una obra si sólo señalamos su métrica. En cambio, el
carácter general de los fenómenos métricos lleva nuestra atención desde la
obra aislada hasta la pluralidad de obras que tienen las mismas características. Un estudio de obras, una historia de la literatura y junto a ésta, en
un campo más restringido, la historia del verso. Aquí pertenecen las investigaciones sobre la construcción de cualquier tipo de verso, lo mismo que

331

�las observaciones sobre la rima y la técnica de la rima en obras y poetas
diversos.
Otra cosa de gran importancia es el análisis del sonido. El análisis dt&gt;l
sonido fue desarrollado por Edward Sievers como una rama especial de la
ciencia, teniendo como campo de observación el sonido de todo lenguaje
hablado; y por lo tanto, además del ritmo, la melodía, la articulación, etc.
El estudio no se limita a textos literarios. Antes de Sievers se comprobó que
cada persona tenía un tipo de voz, y el número de voces era relativamente
pequeño. El tipo de voz es, pues, una consonante personal en todas las
manifestaciones del hombre. Es lógico que estudiando ese tono que se le
da a la obra, se puede llegar a saber a quién pertenecía esa obra. Un ejemplo de esto lo tenemos en los escritores clásicos.
La melodía, algo más interno que el ritmo, se apoya en sonidos de det~rminada coloración, de cierta altura y profundidad. Cada palabra, segun
su altura y tonalidad, lleva consigo un efecto propio. La melodía de vocales
altas y luminosas nos da la impresión de una atmósfera clara, ligera. En
cambio, un ambiente oscuro y triste se puede manifestar por medio de sonidos profundos.

Ya sabemos que toda obra literaria es, antes que nada, un conjunto de
sonidos de los cuales emana un sentido. El estrato fonético provoca la atención, constituyendo así parte integrante del efecto estético. ~i qu~~emos_ analizar estos efectos fonéticos, tenemos que distinguir entre e1ecuc1on e interpretación y estructura del sonido. Al leer una obra literaria en voz ª!ta
estamos logrando una estructura como algo individual y personal, el líneo
interpretando, pero esta ejecución personal propicia ignorar la estructura del
sonido. Por eso, un verdadero estudio de la métrica no puede basarse en
recitaciones individuales. Ahora, es falso que el sonido debe analizarse completamente separado del significado, ya que el sonido por sí solo ~o puede
tener efecto estético o si lo tiene, es muy escaso. Todo verso musical lleva
la descripción gene:al de su significado o al menos, de su tono emocional.
Hemos de ver dos aspectos distintos del problema: los elementos indiferentes y los elementos de relación del sonido.
Con los primeros, nos referimos a la individualidad del sonido, independientemente de la cantidad. Los distinciones inherentes a la calidad constituyen la base de los efectos que suele llamarse "e~fonía". Las dis~ciones
de relación en cambio, son las que pueden convertirse en base del ntmo Y
del metro.
El tono, la duración de los sonidos, el acento, la frecuencia de repetición,

332

todos elementos que permiten distinciones cuantitativas. Esta distinción es
importante por aislar un grupo de fenómenos lingüísticos, lo que se ha llamado "orquestación", para recalcar que la cualidad métrica es el elemento
que el escritor maneja y explota. Entonces, el término "musicalidad" debería
de desaparecer, lo mismo que "Eufonía", ya que por ser insuficientes conducen a errores.
Ya que la poesía no puede competir con la música en la variedad, estructuración y claridad de los sonidos puros, hacen falta significados, contextos
y tonos para convertir los sonidos lingüísticos en hechos artísticos. Esto puede
demostrarse mediante el estudio de la rima, sílabas, acentos, tonos, etc.
El ritmo y el metro presentan problemas distintos de los de orquestación.
El problema del ritmo no es en modo alguno específico de la literatura o
del lenguaje, pues hay varias clases de ritmos, ejemplo: el de la naturaleza,
el del trabajo, el de las señales luminosas, el de la música, etc. Pero el
ritmo también es un fenómeno lingüístico general.
Para estudiar el ritmo hay que distinguir entre teorías que exigen periodicidad como condición del ritmo (identifica el ritmo con el metro) y
teorías que, concibiendo más ampliamente el ritmo, llegan a incluir en él
hasta configuraciones no recurrentes del movimiento. Esto último está respaldado por investigaciones sobre ritmo de hablas individuales y sobre fenómenos musicales aun carentes de periodicidad.
Viendo así el ritmo, permite estudiar el habla individual y el ritmo de
cualquier prosa. Puede demostrarse que toda clase de prosa tiene ritmo y
que incluso la frase más simple puede ser subdividida en grupos de largas
y breves y de sílabas tónicas y átonas.
El ritmo está íntimamente relacionado con la línea de entonación determinada por la secuencia de tonos.
Al explicar la naturaleza del ritmo en la prosa y la peculiaridad y utiliza-.
ción de la prosa rítmica, entramos en dominios de estudios literarios. La
naturaleza exacta del ritmo en la prosa artística ha planteado dificultades
muy considerables. Se ha tratado de explicar mediante un sistema de sincopación y también se ha dicho que el ritmo de la prosa se basa en la
variedad, pero sin definir su verdadera naturaleza. Si esto fuera cierto,
no habría ritmo en absoluto, pero Gaintehury, sutentador de esta teoría, deseaba recalcar el peligro de que el ritmo de la prosa cayera en escalas métricas exactas.
Algunos investigadores del ritmo de la prosa estudian la cadencia ya que

333

�también es cuesti6n de melodía. En general, la mejor manera para estudiar
el ritmo artístico en la prosa, es distinguirlo del ritmo general de la prosa
y del verso. El ritmo artístico de la prosa puede definirse como una organización de ritmos del habla usual, supeditado al ritmo de las unidades
artísticas.
Sigue siendo discutido y discutible el valor artístico de la prosa rítmica;
parece considerarse como una forma mixta: ni prosa, ni _verso, . ?osa que
probablemente es un prejuicio crítico de nuestra época. Bien utilizada,_ la
prosa rítmica nos obliga a tomar mayor conciencia del t~xto, subraya,. vmcula, construye gradaciones, insinúa paralelismos, organiza el lenguaje, Y
organización es arte.
La unidad fundamental del ritmo es todo el verso y no solamente el pie
como se creía, pues cada acento tiene sus peculiaridades propias :ºn arre?lo
a su posición en el verso. La unidad organizadora del verso vana en diferentes lenguas y en diferentes sistemas de métrica.
Dijimos que para que exista poesía, es menester que además ~e conceptos
se nos comuniquen por medios verbales, sentimientos o percepciones sensóreas. Uno de los procedimientos para lograrlo es hacer que la sintaxis, el
ritmo o la materia fónica de las expresiones se adapten a la representación
lírica correspondiente. Porque es esa materia fónica, ese ritmo o esa sintaxis,
las que nos obligan a una percepción sensorial. La sintaxis puede actuar expresivamente y ser un instrumento muy directo de la poesía. Es un sentimiento
que nos sirve para reflejar, casi siempre, la velocidad del p~a,. lo que
nos transmite ciertos aspectos del sentimiento del autor. Una smta.'Os retardaría, morosa, nos da la impresión de lentitud psíquica, lo que casi sie~pre
significa tristeza o melancolía deseosa de ser comunicada por el es~ntor.
Un ejemplo claro lo tenemos en Antonio Machado con sus estados dolientes
reflejados en pasajes quietos, silentes. Si el sentimiento fuera lo opuesto, la
sintaxis en vez de ser quieta sería movida para dar sentido rápido y alegre.
Si la sintaxis es expresiva, aún lo puede ser más el ritmo y la materia
fónica de las expresiones. Una parte de este fenómeno es la onomatopeya,
muy conocida. Como un ejemplo pode1:11os poner_: Quadrupedante !utrem
sonitu quatit ungula campum. En este ejemplo latmo se puede apreciar una
combinación maravillosa de las vocales u y a, además de la combinación
de consonantes labiales y dentales. Otro ejemplo en español podría ser:
"galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo". Al pronunciar la oración se
siente el galope del que se habla.
Pero también hay imágenes del significarite. Veamos un ejemplo más:

334

"allí, el limonero que sorbe al sol su jugo agraz en la mañana virgen".
Para producir sensaci6n de agriedad, el poeta usa combinaciones de sonidos
consonánticos; grupos s-rb (sorbe), gr-z (agraz), etc.
Dentro del mismo hecho se ve el caso de reiteración y encabalgamiento.
A veces sirve para expresar la simple repetición de un fen6meno: llovía,
llovía, llovía. O el progresivo desarrollo de un acontecimiento: se puso blanca,
blanca, blanca.
Hay casos en que no es una palabra la que se repite para expresar un
movimiento, sino una categoría gramatical o un sonido.
Lo mismo ocurre en los encabalgamientos. Juan Ramón Jiménez nos da
en un poema la impresión del ir y venir de una muchacha meciéndose:
"Tú te mecías blanca y blanca".
Sin embargo, para que la expresividad de esta clase se haga visible, no
basta una voz onomatopéyica, sino un conjunto de esas voces encadenadas.
Sólo así se le dará sentido suficiente.
Entonces, ¿ son la sintaxis, el ritmo y la materia fónica resultado de una
sustitución lingüística? Veamos.
Desde Saussure sabemos que la característica fundamental del signo es
su arbitrariedad. Además de arbitrario, el signo de lengua es inmotivado,
nada hay en el significante que nos sugiera el objeto a que se refiere el
significado. En cambio, los instantes poéticos que hemos analizado nos muestran motivación, ya que están íntimamente ligados con la representación correspondiente. Entonces ha habido una sustitución: los signos motivados
de la poesía reemplazan a los signos inmotivados de la lengua. O más claramente: signos que arrastran representaciones sensóreas reemplazan a signos
puramente conceptuales.
La reiteración ayuda enormemente a dar expresividad, puesto que con la
repetici6n de algo se puede rebasar el superlativo de aquello. Veamos un
ejemplo: era pobrísimo; era pobre, pobre, pobre. Ya en estrofa o en verso
siempre hay repetición al principio y al final, lo que se repite por último
lleva más expresividad.

CONCLUSIONES

A pesar de los efectos intrínsecos que produce, el ritmo es un medio para
un fin. Ayuda a crear esas imágenes expresivas, esa intensificación de los

335

�liza . , esencial del lenguaje en verso. Es la
significados que es la rea c1on .
. , . transferible e inconmensurable.
.
nf'
·da es la anunac1on in
.
vibración que co iere vi '
t' . , ordenada, interior o extenor,
R' tmo en su forma elemental, es repe icion
i d'a en la rima acentos, cesuras, sílabas, etc.
apoya
'
.
, .
e el n'tmo Es la tonalidad persona'
ás
intimo
qu
·
Melodía es algo aun ro
E l
resividad misma que se da a
lísima del individuo ante la obra. s a e~p do sus sentimientos internos
trasmitirá más tarde, comumcan
esa obra Y que .
implemente hacer pensar.
ya sea para entristecer, a1egrar, o s

IMAGEN, COMPARACIÓN Y METAFORA
PRoFR. JosÉ GóMEZ GARCÍA

ITESM

TRATAREMOS
táfora.

DE LLEGAR

a las definiciones de Imagen, Comparación y Me-

Imagen no pretende ser copia de nada, sino señal de un estado interior.
Para señalar el carácter de movimiento que tiene la imagen vamos a
contraponer imagen pictórica con imagen poética. Esta imagen pintada la
podemos captar de un solo golpe y ocupa un espacio. La figuración poética
está construida en una sucesión temporal. Y aquí cabe decir su carácter
lineal. No se puede dar todo en un solo golpe sino una cosa detrás de la
otra, sucesivamente. Lo que importa en la poesía no es sólo la plasticidad,
y por plasticidad entendemos que una situación humana se ha reflejado con
tal densidad y realidad que puede tocarse con su hechizo, sino también lo
que importa es la imagen, plena de acaeceres, henchida de vibraciones. En
la poesía lo esencial es vivir las palabras plenas de sentido y plasticidad. Esta
poesía no se trata de una figuración estática, sino en movimiento, importa
su dinamismo.
· La poesía en cuanto masa de sentido, lo que importa es su virtud proteica.
Pero ahora bien. Hay diferentes tipos de poesía. Pero ¿ qué es lo que hace
de unos versos que son unas reflexiones, como las de Baurner, poesía? Se
puede saber si es poesía según su forma, ya sea una sola cobertura o ya
por el contenido. Así por ejemplo, a los versos de Baumer, bien se podrían
hacer unos retoques y no perderían su sentido si se expresaran de otra forma.
En cambio, los versos de Claudius nos dicen algo que no poseeríamos si no
estuviese unido de esa manera. (La Poesía, p. 33.)

337
336

humanitas.-22

�·f sta par la palabra,
Ya habíamos dicho que poesía es el arte que se mam ie
pero expresando el estado interior de una persona.
. , .
.
.,
d
ue la poesía es dinam1ca, falta
Para completar la afl.l'IIlac1on e ~
los de Claudius y Vierte\. En
añadir algo importante. To~emos dosl eJelmpb Ahora bien en Viertel, es
os una 1IDagen a a co a.
'
ambas estrofas te nem
'
E Viertel sólo hay la imaCl
dius
es
una
de
la
muerte.
n
una rea1; en au
'
.
d bl fondo En Viertel es una imagen
hay un o e
f., .
Allí f;M lmente tegen' mientras que en Claudius
d'
imagen meta onca.
u""
'
simbólica pero en Clau ms es una
tado interior reflejado, pero en la
nemos a los dos poetas ex?r~sa~do u; _es elve a reflejarse, el doble fondo;
estrofa de Caludius este ob1et1va o re e!o vu
táf
(La Poesía p. 35.)
el símbolo se potencializa hasta convertirse en me ora.
,
,
de ima en tomemos el ejemplo de Hofroann.
Para aclarar este concepto
1 gt '
que esta correlación es arbitraria
na imagen a a o ra aun
En él se contrapone u ,
d ºbl
stituible. o sea, que las ideas que
d
E ta poes1a es tra uc1 e, su
'
. .,
en e1 fon o. s
t
y así tenemos la defimc1on
nos da, no las fundimos en nuedstrasd mien_ es. gen "Es" dice Dámaso, "la
'
Al nso ha expresa o e a ima .
'
,
que D amaso o
al
. ales cuando unos y otros están
relación poética entre elementos re es e rrre '
expresos". ( Análisis Literario, p. 180.) •
. ' "elementos irreales"' prefiere camDíaz Plaja, advirtiendo la expres1on
.
·sta de que
, · " Mas el autor Castagmno, en vi
biarla por "realidad poebca ·
1 d mina "realidad imaexisten en nuestra imaginación estos elementos, os eno
ginada".
·
r ser unidad y autóser al definir imagen, nos dice: "se caracteriza po
.
Kay '
.
1 de Bécquer en que nos senala la imagen
noma". Así tenemos un e1emp o
de un arpa:
Del salón en el ángulo obscuro,
de su sueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.

.
d abarcar mucho más, pues no es raro que
Claro que una unagen pue e d
poesía La verdadera eficacia de
,.
entre que forma to a una
.
1
la 1inca se encu
.
. 'b'lid d Tenemos par ejemplo en a
las imágenes radica en la relabva vi_si i a .
cto a éste se ha planteado
oesía de Bécquer sólo un elemento vi~ual. : respe
ue uedó re~ problema de los límites entre poes1a y pintura, problema q q
suelto desde un principio.
.
. . s que se ocupa del estudio de las imágenes es la ps1coU na de 1as ciencia

logía. Y las imágenes, clasificadas por los psicólogos son numerosas. No
sólo hay imágenes "gustativas" y "olfativas", sino también "térmicas" y "presivas". (Teoría Literaria, p. 320. )
Ivor Richards llegó a la conclusión de que "siempre se ha concedido demasiada importancia a las cualidades sensoriales de las imágenes. Lo que
a una imagen le presta eficacia no es tanto su condición vívida como imagen,
como su carácter de acaecimiento mental peculiarmente relacionado con la
sensación". (Teoría Literaria, p. 321.)
Las imágenes se nos acercan dando un rodeo: como comparaciones. Sin
embargo, la comparación puede llegar a ser un rasgo estilístico importante.
Las comparaciones pueden referirse a cualidades aisladas: de estado (grande
como una torre, pesado como el plomo) , acontecimiento (corría como una
gacela, luchaba como un tigre) . Pero también pueden referirse a discursos y
situaciones completas. (Kayser, p. 196.)
Importante es también destacar la comparación épica que relata detalladamente un acontecimiento. En Homero se ve claramente este tipo de
comparación. También se habla de parábolas que son comparaciones llevadas
al extremo y no es sino hasta el final que se hace la comparación. (Kayser.)
Ahora bien, comparación es el modo de cómo las imágenes se nos presentan
dando un rodeo. (Imagen es la comparación con los elementos reales e irreales.)
Finalmente tendremos la metáfora cuyo significado más vasto sería: "es
una imagen a la que le falta el nexo gramatical". Pero hay que evitar el
pensar que la metáfora procede de una transposición consciente, esto es relacionar dos objetos distintos pero que están en cierto modo emparentados.
Así por ejemplo, la poesía de Claudius, la de "la alcoba de la muerte". Uno
lo relaciona a la alcoba invisible de la postrera soledad y aislamiento que
aguarda al moribundo. Cierto es que esto es lo que se recibe al primer golpe
de interpretación. Pero esta relación termina siendo una idea única, indestructible que se ha fundido de las ideas anteriores. Y de lo que se trata es
que no haya esta comparación, esta yuxtaposición de dos contenidos, sino
de que un contenido exista en, con y por medio del otro. La auténtica metáfora no surge de una mera comparación consciente.
Hay muchos tipos de metáforas y uno de ellos es la metáfora poética.
Daré dos ejemplos para distinguir entre lo que no es metáfora poética y
lo que es. Primero tendríamos las estrofas de Hofmann. Aquí las ideas no
se nos funden en nuestra mania. En cambio, en la poesía de Pedro Salinas
al leerla, esa armonía indestructible entre dos elementos hace que pensemos

339
338

�en una sola idea, una sola unidad de lo que en la experiencia están separadas. Y ésta es metáfora poética, el fundir en unidad convincente imágenes
que en la experiencia están separadas. Y así, la poesía ha logrado abarcar
de un golpe la totalidad de lo existente, unir lo más lejano a lo más cercano.
(La Poesía, p. 39.)
Arist6teles al hacer un estudio de comparaci6n, imagen y metáfora, afirm6 que cuando carecía de nexo gramatical comparativo ( como, cual, tal
como, parecido, así como, igual a, igual que, etc.) o este nexo estaba substituido
por otro de distinto valor, cambiaba de comparaci6n a metáfora. Así por
ejemplo tendríamos de la comparaci6n:
"El sueño cay6 sobre mí, era una parva sobre un chingolo."
esta metáfora:
"El sueño cayó sobre mí. Era una parva sobre un chingolo."
( Análisis Literario, p. 178.)

Ya en ambos casos se conserva la imagen. Arist6teles identificaba la imagen
y comparaci6n pero señalaba una diferencia entre metáfora y comparaci6n y
metáfora e imagen. Dice Arist6teles: "La imagen es igualmente una metáfora; no hay entre ellas sino una pequeña diferencia. Cuando Homero
dice de Aquiles que 'se abalanz6 como un león' es una imagen; pero cuando
dice 'este le6n se abalanzó', es una metáfora. Como el héroe y el león son
valerosos, por una transposición Homero ha calificado a Aquiles de le6n".
( Análisis Literario, p. 179.)
Entonces Arist6teles diría que metáfora es una imagen a la que s6lo le
faltaba una palabra, el nexo gramatical.
Más tarde se hace una separación de los diferentes tipos de metáfora. Se
ha dicho que metáfora era la imagen sin los nexos gramaticales. Ahora bien,
esto implicaría el tener elementos reales e imaginarios de la imagen. Y a
eso se le llamaría Metáfora Impura. La Metáfora Pura conserva s6lo los
elementos imaginarios de una primitiva comparaci6n y se sobreentienden los
reales. Un ejemplo de esto es:
Comparación: "Las muchachas eran tentadoras como las frutas maduras".
Metáfora Impura: ''Las muchachas eran tentadoras frutas maduras", y final-

Metáfora Pura: "Tentadoras frutas maduras del árbol de la belleza".

O bien:
"Tus labios eran como corales."
"Tus labios eran corales."
"Tus corales."
U na divisi6n más de la metáfora:
1) Alegoría, una metáfora a lo largo de una composici6n.
11) Sinécdoque, es la relación de dependencia al decir una cosa con el
nombre de otra.
111) Metanoia, es la relaci6n de coexistencia que hay entre dos conceptos.
Ya Arist6teles decía que no había nadie que no se sirviera en la conversaci6n corriente de las metáforas, pues es lo que contribuye en mayor
grado a dar al pensamiento claridad y agrado. Así, en la lengua literaria
se dice_: "tener sed de independencia", o "la flor de la inocencia", y en el
lenguaJe popular tendríamos: "el sol pega fuerte" o "la cola del asunto".
(Análisis Literario, p. 181.)
Indudablemente la magia de la poesía radica en las metáforas. "Toda
metáfora es un mito en pequeño", decía Vico. ( Análisis Literario, p. 182.)
Por eso el estudio de los tropos ha preocupado tanto a no s6lo la ret6rica
sino también a la filosofía, l6gica, psicología, religión, lingüística, estétic~
(retórica) y preceptiva.
Cicer6n explicaba la existencia de la metáfora a la necesidad y pobreza del
lenguaje para dar mayor elegancia y deleite.
Bally, en el Análisis Literario, acorde con su idea de la interferencia 8e
lo afectivo en el mundo de la expresión, intenta una diferenciación de las
metáforas según sean concretas, aprehendidas por la imaginación; afectivas,
captadas por el sentimiento; y muertas o provenientes del intelecto.
. F~almente queda por agregar que hay metáforas de tipo estético-impreSJomsta, tal como "el lago cristalino de sus ojos", "el velo de la bruma" o
"la autora de dedos de rosa". Y el tipo expresivo, tal como "miradas de
fuego", "morir de miedo", "quemarse de envidia". ( Análisis Literario, p.
184.)

mente,

341
340

�La metáfora vista por la generalidad, tiende en efecto a aparecer como
adorno. Ya desde Aristóteles se ha sostenido que la literatura de más alta
calidad se distingue por el dominio de la metáfora. Pero este dominio no
implica una comparación, pues ya aparece en Shakespeare, un gran maestro
de la metáfora, la superación gradual del acto de comparación. La metáfora
se convierte casi en un modo de aprehensión. Es inconcebible el ver en una
metáfora un adorno, pues es un elemento expresivo y necesario del lenguaje.
La metáfora es la expresión única de la visión individual de un escritor.
(El Estilo Literario, pp. 17-18.)
Metáfora es la búsqueda del epíteto exacto. (El Estilo Literario, p. 81.)
Pero aun el uso de esos epítetos no es fácil, pues es difícil encontrar uno
para cada cosa que el poeta quiera expresar. La Metáfora es esencial para
la precisión del lenguaje; pero si no va a dar una visión más clara o no dé
más exactitud poética a lo que se expresa, hay que evitarla, pues es innecesaria. (El Estilo Literario, p. 82.)
El lenguaje está lleno de metáforas en todas las etapas de su evolución,
desde su plena fuerza hasta que se va apagando. Pero a pesar de que a
veces desaparecen como tales por completo, muchas de las percepciones sensoriales expresadas por Shakespeare, por ejemplo, se han seguido usando.
Un ejemplo de esto es una metáfora que aparece en Troilo y Crésida forthulght
o recta senda, ha pasado al uso cotidiano. (El Estilo Literario p. 113.)
Kayser en su libro, dice de la metáfora: "quiere decir traslación: el significado de una palabra se emplea en un sentido que no le corresponde
inicialmente". (Kayser, p. 197.)
Muchas metáforas son el resultado de una comparación, así como el ejemplo
de "los labios son corales". Todavía se pueden reconstruir las dos ideas
que constituyeran la metáfora. Se admite que ésta tenga como base la dualidad, pero en la actualidad han aparecido metáforas que no han tenido
nada que ver con una comparación anterior. Un ejemplo de este estilo
"impropio", o sea que rompe los moldes ordinarios de la lengua y da un
estilo particular, es la poesía de Rubén Darío donde se dificulta la comprehensión. (Kayser, p. 199.)

Por último, el autor, Kayser, cita a dos autores: Vasconcelos y Mallarmé,
para poder observar la diferente actuación de las metáforas. Y de esta observación se dan a conocer dos características de la metáfora: la. la expresión propia que busca la palabra adecuada, y la otra ea el rasgo estilístico
del lenguaje impropio, donde las palabras no se encuentran firmes, pero que
representan el estilo del autor. (Kayser, p. 203.)
Y ya finalmente, un ejemplo de Georg Trakl, que señala una figuración
impregnada de temple de ánimo, o sea, la influencia que tiene el estado de
ánimo al interpretar algo el autor.

CoNCLUSIONES

I) Metáfora: es fundir en unidad conveniente imágenes que en la experiencia están separadas. Es intraducible.
II) Imagen: la imagen es igualmente una metáfora; no hay entre ellas
más que una pequeña diferencia, el nexo gramatical. Es traducible.
III) Comparación: es el modo de cómo la imagen se nos presenta dando
un rodeo. Es la contraposición, yuxtaposición de dos contenidos.

BIBLIOGRAFÍA

PFEJFFER, Johannes, La Poesía, Breviario del Fondo de Cultura Económica, No. 41,
3a. Edición.
CASTAGNINo, Raúl H., El Análisis Literario, Editorial Nova, 2a. Edición.
WELLEK, René y WARREN, Austin, Teoria Literaria, Editorial Gredos (Madrid).
MIDDLETON MuRRY, F., El Estilo Literario, Breviario del Fondo de Cultura Económica, No. 46.
KAYSER, Wolfgang, Interpretaci6n y Análisis Literario, Editorial Gredos, 2a. Edición.

La metáfora es uno de los medios más activos para ampliar el ámbito
del significado. Por medio de esto se aclara que las palabras no sólo poseen
su respectivo significado, sino que tienen otros valores, tales como sociales
o ideas secundarias. La metáfora es difícil de entender, pues se tiene que
analizar ¿qué es lo que el poeta quiere decir con ello? Y también se tiene
que estudiar cómo influye una metáfora en otra.

343
342

�LA IMAGEN DEL EXTRANJERO EN LA NOVELA PICARESECA

PR.oFa. HENNING

GRAF

ITESM

EN EL AGITADO transcurso de su historia, España ha convivido -no siempre
voluntariamente- con extranjeros oriundos del Occidente y del Oriente.
En menor escala que Italia, la península ibérica ha sido el lugar de encuentro, de aventuras, de comercio, de estudio y hasta una especie de Tierra
Prometida de extranjeros des_de la polifacética y multinacional España musulmana -moros, cristianos, mercenarios eslavos, comerciantes francos, frisones,
etc.- hasta las oleadas de turistas que inundan las zonas costeras de la
España contemporánea. Debido a los rasgos conservadores, tradicionalista.'!,
individualistas, regionalistas y herméticos -en cuanto a cierta rigidez hispanocatólica poco flexible- que caracterizan la sociedad española, el tema del
extranjero como elemento propulsor del progreso o como obstáculo para la
formación mental de la hispanidad adquiere una relevancia muy especial.
El temprano proceso de la estructuración y definición de la sociedad española explica en cierto modo el papel negativo desde el punto de vista
emocional que el extranjero ha desempeñado en la península. Antes de que
se formaran los moldes emotivos de la conciencia nacional alemana o italiana,
la monarquía asturleonesa-castellana manifestaba ya cierto carácter y conciencia nacionales.
Hasta fines de la Edad Media, el extranjero cumplía con una función
-diálogo en general positivo y favorable- que fomentaba la hispanización
castellana mediante un proceso de aprendizaje, de adaptación y de fecunda
reacción como resultado de haber integrado totalmente las sugerencias extranjeras. Mencionemos aquí únicamente la influencia de los peregrinos
franceses del camino de Santiago de Compostela sobre la lengua castellanapréstamos socio-culturales, como "mesón", "manjar", etc. y el influjo fran-

345

�cés sobre la evoluci6n de la época hispánica medieval. Desde entonces va
naciendo cierta actitud xen6faba paralela a la calurosa hospitalidad que
ofrece el español al extranjero individual capaz y deseoso de adaptarse al
ambiente hispánico. A partir del reino de Felipe II observamos un ensimismamiento y rechazo de influencias extranjeras. El diálogo abierto cede al
temor de intervenci6n física y espiritual. Todas las clases sociales comparten
entonces la idea del extranjero siniestro (por ser en general luterano, moro
o judío), peligroso (desde el punto de vista ideol6gico) y perturbador posible
de las frágiles estructuras hispánicas. La coexistencia hispano-extranjera a
veces penosa vislúmbrase en los versos tan a,certados del Duque de Rivas
cuando comentaba la lucha fratricida entre los Reyes Pedro y Enrique IV:

... en nuestros debates propios
siempre ha de haber extranjeros
Que deciden a su antojo.1
La centuria del apogeo político hispánico desde los Reyes Cat6Iicos hasta
comienzos del reino de Felipe II, constituye simultáneamente el momento de
apertura hacia el exterior. Consciente de su posici6n hegemonial y de su
relativa madurez nacional, España buscaba el diálogo cultural con Europa
(Erasmo e Italia). Coincide este afán de aprendizaje con el vigor dinámico
de su "mesianismo político", a la vez fundamento y resultado ideol6gico de
su 'imperialismo expansivo"; conceptos que usa don Américo Castro para
definir aspectos de lo hispánico.2 Pero incluso en aquella época de múltiples
intercambios y contactos, la rebelión comunera en contra del extranjerismo
administrativo de Carlos V y la expulsi6n y persecuci6n de judíos, moriscos
y luteranos demuestran cierta incompatibilidad hispánica de convivir con
formas religiosas ajenas al catolicismo tradicional y el latente recelo contra
todo lo extranjero. No olvidemos el severo control que ejercían las autoridades españolas ( Consejo de Indias, Inquisición, el propio monarca) para
reducir a un mínimo el acceso de extranjeros a los territorios de ultramar
hasta muy entrado el siglo XVIII.
Aquella España medieval-renacentista y barroca de soldados, clérigos y
letrados humanistas ofrece el marco histórico-social y cultural a las grandes
novelas picarescas. Si la España de 1500 poseía acaso un grado de unidad
nacional y de autoconciencia superior al de sus vecinos, lo que demuestra la
idea hispánica de un solo imperio (español), de una sola religión (la católica
' SAAVEDRA, Angel de, Duque de Rivas, Romances Históricos, Romance IV, 1840.
• AMÉRICO CASTRO,. Aspectos del vivir hispánico, p. 20, Alianza Editorial, 1970.

346

romana) , de un solo monarca (el "César'' y rey de España) , sus estructuras interiores, sin embargo, eran menos firmes que las de Francia o de
Inglaterra. La aparente unidad "nacional" de los reinos de Castilla y de
Aragón basada únicamente en la uni6n personal dinástica. La existencia
de cierta hispanidad emocional en los elogios de las bellezas nacionales sin
distinguir entre Sevilla, Barcelona, Valencia, ni Toledo, no hace desapa~cer
el hecho de que los respectivos "reinos" seguían administrándose según sus
propios fueros y privilegios.
Esta España de regiones autoconscientes era al mismo tiempo centro y
motor de un imperio hispano-europeo, de carácter heterogéneo, contradictorio
y hasta antagónico en sus convicciones y manifestaciones regionales, s6lo
unido por una idea y por la dinastía común. El imperio español está continuamente presente en la novela picaresca; se mueve el pícaro igual que
su antí?odo el caballero con familiaridad asombrosa a través de Portugal,
de Italia, de Flandes y Alemania (Estebanillo González). Socio, víctima o
señor, convive con extranjeros que intervienen como figuras marginales o como promotores en sus andanzas y martingalas. Recordemos aquel episodio
del Estebanillo González cuando viajando de Viena a Italia fue simultáneamente compañero, mozo y superior de un capitán alemán "genízaro", "mal
contentadizo y no poco presumido".ª
Inadvertidos por muchos historiadores españoles, los círculos extranjeros
en la península desempeñaron un papel económico de esencial importancia
para el fundamento técnico-financiero del auge imperial hispánico, entre
1500 y 1600. Al afán de gloria, de honor social, de virtudes militares, misioneras y literarias opusieron una mentalidad de producción lo que establecía
un equilibrio poco estable entre el utopismo de la idea imperial y las necesidades económicas indispensables para asegurar la realidad, o sea el mantenimiento diario, del Imperio español. Mientras que las energías nacionales
se empleaban para convertir a España en "la yema del mundo", en "la cabeza
de las armas", en "el compendio de las letras", en "la fuerza de los ingenios"
( ¡ no los ingenieros!)/ los comercientes extranjeros, italianos, franceses, ingleses, los técnicos alemanes (imprenta, instrumentos de precisi6n, minas)
y los artesanos y agricultores moros y moriscos contribuían en posici6n responsable a mantener la circulación y el reparto de la producción nacional
y extranjera. Conviene citar aquí dos opiniones que ilustran ciertas actitudes
• La Novela Picaresca: Vida y Hechos de Estebanillo González, t. II, p. 922,
Aguilar, 1974.
• LuJÁN DF. SAYAVEDRA, Mateo, La Novela Picaresca. "Segunda Parte de la Vida
de Guzmán de Alfarache", 1602, p. 735, Aguilar, 1974.

347

�económicas hispánicas. Dijo don Miguel de Unamuno en alguna ocasión:
"Que inventen los demás" (los extranjeros). El diplómata florentino Francesco Guicciardini, embajador de los Médici en España, nos ofrece uno de
los testimonios más interesantes de la época:
"No se distinguen en ningún arte mecánico o liberal: casi todos los
artífices que hay en la corte del Rey ron franceses o de otras naciones." 5

EL PADRE:

au_nq~e pobre, me acuerdo que por mis venas y por las de
mi h,70 -~orre la ilustre sangre de los Ponces, Tagles, Pintos . ..
Pero, h,7a, ¿qué tiene que ver la sangre ilustre de los Ponces
Tagles, Pintos ... , con que tu hijo aprenda un oficio par~
q~e se manten?ª honradamente, puesto que no tiene ningún
vinculo que afiance su subsistencia?" . .. 7

El propio pícaro, plenamente partícipe de las tradiciones hispánicas a
pesar de su precaria posición socio-económica defiende esta hispanidad ajena
a todo mercantilismo utilitario, ajena a toda investigación tecnológica:

, .comp~ende~os, t~l vez la extraordinaria fuerza normativa de los rasgos
~tico:SOClale~ hispan1cos de origen aristocrático-caballeresco si reconocemos su
influ10 continuo en la novela picaresca, cuyo evidente realismo no excluye los
rasgos de una hispanidad idealista, ilusionista y a la vez tan real.

"El no ser inventores no viene sino de no tener los entendimientos
mecánicos, sino liberales; más aplicados a las armas que a ser ingenieros;
y es tanto su valor y fuerza, que no valen con él ingenios ni máquinas
de ninguna nación; y así no tienen necesidad de inventar cosa algu-

. Antes de juntar los mosaicos de la visión del extranjero en la España
p~caresca nos permitirnos anteponer algunas notas explicativas sobre el género
picaresco y su presencia en este estudio.

na . .. "

6

El repudio y desprecio por orientaciones profesionales de índole técnicomanual caracterizaban a la sociedad española hasta fines del siglo diecinueve.
Hasta los miembros de los bajos estratos sociales (la actual pequeña clase
media) se esforzaron por dar a sus hijos una formación académica, pese a
que ciertos oficios solían ofrecer condiciones de vida más holgada. En la
tardía manifestación del género picaresco en las provincias de ultramar, en
el Periquillo Sarniento de J. Joaquín Fernández de Lizardi se encuentran
en lucha reñida las dos actitudes antagónicas: el tradicional deseo de formación académica del hijo y la idea ya burguesa de la Ilustración francoinglesa con respecto a la utilidad fundamental de oficios manuales y actividades mecánico-técnicas para una sociedad de tendencias egalitarias. Reproducimos aquí algunos pasajes de la acalorada discusión paternal acerca
de la mejor formación profesional del aburguesado "señorito-pícaro":
LA MADRE:

"¿Mi hijo a oficio? ¿Qué dijera la gente al ver al hijo de
don Manuel Sarmiento aprendiendo a sastre, pintor, platero
u otra cosa? ... No, señor, si usted quiere dar a Pedro algún
oficio mecánico, atropellando con su nacimiento, yo no, pues,

• Gu1cc1ARDINI, Francesco, Viaje, en Libros de Antaño, t. VIII, p. 199, citado
en: AMÉRICO CASTRO, D., Aspectos de vivir hispánico, p. 138, Alianza, 1970.
• LuJÁN DE SAAVEDRA, Mateo, La Novela Picaresca. "Segunda Parte de la Vida
de Guzmán de Alfarache", 1602, p. 737, Aguilar, 1974.

348

L~ novela picaresca es una de las manifestaciones más genuinas e inconfundibles de la creación literaria española. Su asombrosa riqueza de tipos
humanos, su gran capacidad imaginativa y su amplia escala de variaciones
temáticas conviert~n este género en uno de los aportes más notables y fecundos que una literatura de perfiles "nacionales" ha podido ofrecer al mmenso caudal literario del Occidente.
P~se a ac~tudes y ambientes protopicarescos en la Europa cristiana del
medioevo e ~cluso en la remota época grecorromana, el área vital y los
contorno~ socio-culturales propios a la evolución del "antihéroe" más repr:5entativo de las letras occidentales, son auténticamente hispanos. Ni siquiera el "antihéroe" pícaro puede sustraerse a la condición muy española
de vivir "de extremo a extremo, de polo a polo".8 Como el "enamorado"
ca~~llero co~esano y aventurero de las novelas idealistas, como el pensador
rrustico, el p1caro sufre esta poderosa tensión antitética, tan española como
barroca, e~~ la acepta~~ón-ilu_sión y el rechazo-huida del mundo en que le
toca de v1vrr. El tamb1en oscila entre la tentaci6n del afán del oro y el
profundo desengaño.
A pe~r de la pre!erencia casi exclusiva por los bajos estratos sociales, por
el p_ecubar costumbnsmo que ofrecen sus ambientes populares, a pesar de su
realismo rayano -a veces- en un naturalismo despiadado, la novela picaresca no puede negar el influjo, ni la convivencia con la segunda gran tra'. ~ERNÁNDEZ DE LrzARDI, José Joaquín, El Periquillo Sarniento, México, 1816, 13a
Eclic16n, Porrúa, 1972, p . 28.
1
AMÉRICO CASTRO, Aspectos del vivir hispánico; p. 20, Alianza Editorial, 1970.

349

�dición española: el idealismo. El crudo materialismo del protagonista-pícaro
no es obstáculo alguno para que exista el tan hispánico concepto del pundonor hasta en las bajas esferas del hampa. Vislumbra hasta aquí algo de
9
lo que don Américo Castro llamó el "concepto aristocrático de la vida" .
La depravación moral, las orientaciones hasta criminales del pícaro no excluyen tampoco su fuerte apego a la tradicional religión católica sin la menor
desviación de la ortodoxia oficial, apego que se manifiesta finalmente en las
aspiraciones ascéticas del viejo pícaro-ermitaño:
" .. . viniendo a parar en esta santa ermita, adonde, siendo Dios servido,
10
será donde pienso acabar mi corta vida sirviéndole . .. "

Si las primeras novelas picarescas reflejan aún la gran lección del Renacimiento: optimismo vital, sencillez, claridad y equilibrio, su apogeo se sitúa
en el Barroco con su polarización existencial entre goce de la vida y temor
metafísico. La similitud de sensaciones, sentimientos y experiencias en la
Europa del siglo XVII y el simultáneo prestigio político-cultural de España
facilitaron la rápida divulgación de la novela picaresca en los países vecinos.
Surgieron traducciones, imitaciones y finalmente adaptaciones del tema picaresco a las específicas condiciones sociales y culturales que había en Francia,
Inglaterra o en Alemania. De ahí que el género picaresco fuera de España
ofrece orientaciones y resultados muy distintos, conforme a los intereses y
peculiaridades nacionales. En el Francion o en el Roman Comique de Sorel
se amalgaman las sugestiones picarescas hispánicas con las propias experiencias francesas. Pero la obra picaresca más conocida de pluma francesa, el
Gil Blas de Santillane (Lesage) sólo capta de su modelo hispánico el colorido local dándole un sentido de crítica política muy en boga en la Francia
del siglo XVIII. En la admirable novela picaresca M oll Flanders (Daniel
Defoe) , las martingalas de la protagonista femenina visten intenso carácter
lascivo; los elementos picarescos se adaptan perfectamente al ambiente inglés con sus premisas especiales. La obra maestra de la novela barroca
alemana, Der Abentheuerliche Simplizissimus ( 1669), es acaso la aproximación más fiel y completa al original hispánico. Si encontramos elementos
picarescos afines a la tradición española como la visión de un mundo caótico,
el pesimismo profundo, la soledad del hombre, su corrupción en esta vida
y su única posibilidad de salvación mediante la huida del mundo, el ascetismo del ermitaño, etc., posee la obra, sin embargo, un sentido muy distinto,
Aspectos del vivir hispánico, p. 20, Alianza Editorial, 1970.
y R.lvERA, Jerónimo de, El Donado Hablador Alonso, 1632, p.
320 en La Novela Picaresca, Editorial Aguilar, 1974.
• AMÉRICO CASTRO,

u ALCALÁ YÁÑEZ

un propósito casi metafísico en la actuaci'ón del pi'caro
pecie de "Perceval" picaresco.

s·unplizissimus,

es-

. Constituyen el fundamento-fuente del presente esty.dio las veinte novelas
picaresca seleccionadas por Ángel Valbuena Prat en la edición d A ·1
I 1.
. alm
e gm ar.
~c uunos .1gu ente la obra prepicaresca La Lozana Andaluza y la princ~p~ manife_stación del género picaresco en el Nuevo Mundo, 0 sea El Pen_quilo Sarmento ( 1816). En los doscientos años del florecimiento de temas
pi~arescos entre la Vida de Lazarillo de Tormes (1554) y La Vida de Torres
Vtllaroel ( 1742-58), ocurrieron una serie de cambios incisivos en las estructuras políticas, culturales y en menor grado en las sociales de la penín 1
L
1 .
fl .
su a.
a nove a picaresca re eJa los momentos cenitales del esplendor hispán"
. 1
- d 1 h d
ico,
vive os anos e a on a crisis nacional, del desmembramiento del Imperio
en Europa y llega_ hasta l~s _albores de la Ilustración francesa que tiene libre
acceso ~ la Espana. ~orboruc~. Cambia desde luego la imagen del pícaro
Y c~b1an su~ condiciones eX1Stenciales. Presenciamos la continua transformacion del ge~er~ y el paulatino debilitamiento del tema picaresco. Con
r~specto al Penquillo el de las Gallineras (1663), el editor formula los · ·,.
"
JW
cios muy cnticos una sombra picaresca" y "la liquidación del género picarescos•:.11 El pícaro. deja de ser caricatura, deja de ser el gracioso y CllllCO
ganapan,, para ~nurse_ más y más víctima de su ambiente. Su principal
meta se~a una existencia burguesa. La gracia y el desparpajo de este artista
de la vida ceden frecuentemente a tonos sentimentalistas y plañideros v
aumentan los elementos didáctico-moralistas.
·
Las primeras nove~s p i ~ se mueven dentro del ambiente peninsular;
escasean las referencias a paisajes y personas extranjeras. Desde el Guzmán
de Alfarache hasta el Estebanillo González predomina en cierto modo el
pícar? viajero. a ~av~s de las provincias del Imperio español. El pícaro
ad~were expe:i~ncias y s~~~es internacionales en sus andanzas entre Europa,
Afnca Y Amenca. Su JUICIO de lo extranjero oscila entre ]a admiración
la, ~omplaciente o burlo~a _aceptación de aspectos y costumbres distintos y 1~
cnti_ca severa. En las últunas obras picarescas, la limitación a ambientes
pe~sulares y casi exclusivamente hispánicos corresponde a la pérdida de
pos1~ones europe_as (~landes, Italia, Borgoña se desprenden de la monarquía
espa~ola) y al aislamiento contra el extranjero. Pero a pesar de estas diferencias profundas entre la picaresca de 1550 y la de 1750, conviene, por falta
de mayor espacio, considerar todas estas novelas como una unidad superior
que no merma lo individual, lo regional, lo contradictorio.
; ~ALBUENA_
19 4

PRAT,

Ángel, La Novela Picaresca, t. I, p. 92 y t. II, p. 961, Aguilai

351

350

�delengaño que aubraya las paJabns paimistu del ícaro
a fines de la Guerra de los Treinta Añoa:
p
Enebanillo C..noález

La imagen del extranjero varia de autor en autor. Conviene diferenciar
entre 101 con larga experiencia extranjera, entre b desterrados por razones
ideol6gico-religiosas y entre 101 que sin salir del terruño ofrecen una visión
borrosa de realidad extranjera, llena de errores, prejuicios y malentendidos.

ª

"~~jando
Alemania en un eterno caos y a
tiniebla." H
España ,n• una confusa

La valoración de lo hispánico

?

Para el estudio de las prineipales facetas de la autoconciencia hispánica
de dos Siglos de Oro la novela picaresca significa una de las fuentes
informativas de mayor relevancia. Proyecta las creencias, las esperanzas y
los temores del pueblo español. En las actitudes picarescas se perfilan convertidas en caricaturas, la vida y las hazañas de la aristocracia. Causa cierto
-asombro en el lector extranjero el caluroso patriotismo del pícaro por aquella
España que apenas le pennite llevar una vida misera al margen de la ley.
Ea más que un afecto sentimental por el terruño. Su amor patrio abarca
la alusi6n y simultánea realidad de España como Tierra Prometida. Incansable admirador de la belleza de paisajes y ciudades hispánicas, su entusiasmo
patri6tico raya a veces en la altivez y en cierta jactancia siempre y cuando
el picaro ae siente provocado por extranjeros. Su defensa de los valores nacimales hace suponer que deben existir profundas congruencias emotivas entre
los dos antípodas de lo hispánico: el caballero dinámico e idealista y el pícaro
realista, materialista pero muy consciente de su dignidad humana. En los dos
elogios siguientes observamos actitudes diferentes:

"¡ Ah, ah, España! ¡ Amada patria,. custodia verdadera de la fe!

i:on

GUZMÁN:

EL AMO ITALIANO:

" ... y en Espana
- hay gran copia de ladrones 1 holgazanes ...
Pues, l qué respond erás a los vicios de tw ,sp - l '
Son s b b' hº h
ano es.
o er aos, anc ados " comúnmente ignorantes . .. ,, u

Uno de los valores del realismo picaresco es
.
las deformaciones de hechos y aco tec' •
111 veracidad; eacasean aquí
literatura idealista.
n umentos reales tan frecuentes en la

11

Aprecio sobrio que corresponde al carácter severo y desilusionado de Mateo Alemán. El segundo elogio del Guzmán ap6crifo es una exaltación elocuente del Imperio español en momento de su incipiente decaimiento político; el orgullo comprensible se convierte en grandilocuencia fanfarrona:

"¿ Adónde hay nación ni lugar que no reverencie el nombre de España,
no se espante de sus hechos, no alabe su monarquía, no envidie sus triunfos?. . . ¿Y quién no envidia la felicidad de España, pues della es digno
11
intitularse tan supremo señor, rey monarca?"
La breve alusi6n a la verdadera situaci6n del Imperio muestra un creciente
La Not•ela Picar11ta, ALEMÁN, Mateo, "Guzmin de Alfarache", t. I, p. 435.
• lbidnn, Lu¡Ás DI!. SAAVl!.DRA, Mateo, "Segunda Parte de Guzmin de Alfarache",

,s

Al . lado de la exaltada y apasionada valorizaci6n de
.
1 .
especialmente de lo castellano y andaluz se haI
. . . todo_
hispúuco,
críticos que se refieren a ciertos vicios y desvirtu;n Jw~ objetivos y hasta
bres nacionales. Citemos aqw' un'.
1 f es e
cter y de oostum1camente a amosa conf taci6n d
lores flamencos y españoles y la réplica ir6nica del
.
e vade Alfarache. Este pícaro hasta la m
amo italiano de Guzmán
ciertas debilidades del carácter his áni~ula,l no ~ued~ menos ~ue admitir
"amada atria" Deb'd
p
Y a existencia del cnmen en 111
.
p
.
1 o a su condici6n inferior de "antihéroe"
casagar con las armas la afrenta de su amo que hiere su orgullo no
puede
nacional:

Juicios, actitudes y prejuicios generales
acerca del extranjero
Observamos dos posiciones principales: el rechazo de lo extranJºero
cuanto a costumbres, creencias
· Y pretensiones
.
en
no hispánicos
convivencia con el extranjero. El segundo caso se da
. Y la pasajera
llos pícaros que pasan largos anos
- fuera d e Espana.
_ se especialmente
en
mene·
, ,aque•
mente a Guzmán de Alfarach
'
tonan aqw wuca. .
.
e, a Marcos Obregón, a Estebanillo Gonzál
S1 bien domman las preferencias e m
. clinaci'ones bispánicas
ez.
ningun' , __
en fran""- inglés,
.
.
.
pn;aiv
llega a convertirse
.
d
~
Y ru Siqwera en italiano a pesar de
las eondic1ones e vida especialment e atractivas
.
que ofrece Italia a los pí" Ibídem, "Estebanillo Gonzilez" t. II
955
,. La N l p·
,
' p.
.
ove a acoresca, Lu¡ÁN DI!. SAAVEI&gt;aA Mateo "G··--'- d Alf
PP. 926 y 737.
'
'
IUIWIU
e
arache", t. I,

t. I, p. 735.

353
humanitaa.-25

�caroe-, hay, sin embargo, indicios de una capacidad de asimilación y adaptación excepcionales a ambientes extranjeros:

"Pues te certifico que con el alemán soy alemán; con el flamenco, flamenco; y con el armenio, armenio, y con quien voy voy, y con quien
vengo, vengo . .. siendo español en lo fanfarr6n, y romano en calabaza,
y gallego con los gallegos, e italiano con los italianos, tomando de cada
11
naci6n algo, y de entrambas no nada.

costumbres nacionales, debido al impacto victori010 de influencias extranjeras. Desde los primeros decenios del siglo XVII comienza en forma sensible~ l a ~ la influencia cultural francesa. Bajo su influjo se realizan ,
paulatinos cambios en la moda masculina y femenina hasta manifestarse en
todos los sectores de la vida española del siglo XVIII. El tradicionalismo
naci~nal, la ~ disposición hispánica a aceptar innovaciones ( ¡ recordemos el
sentido más bien negativo del concepto "novedad" en las zonas hispanas!)
y el temor a una enajenación cultural explican acaso esta fuerte reacción:

" ... uso que se deriv6 del reino de Francia, y está ya tan válido y acostumvrado en toda España, que s6lo falta hablar la lengua francesa y
llamar a las mujeres madamas para ser del todo francesas . .. " 1a

Flexibilidad asombrosa que manifiesta al mismo tiempo el peligro del
desarraigo definitivo de Estebanillo González.

El español tan pundonoroso y quisquilloso en cuanto a costumbres y convicciones de su tierra se da cuenta de que ha de respetar las ajenas para
evitar cualquier atropello inferior a su concepto de honor y dignidad personales. Encomiable lección nos enseña a hispanos y a extranjeros el pícaro-

Este recelo contra la moda francesa termina con un concepto general:

"mas acogerse al extranjero es desnaturalizarse el suyo." 11

escudero Marcos Obregón:

"Quien va a tierras ajenas, tiene obligaci6n de entrar en ellas con
grande tiento, que ni las leyes son las mismas, ni las costumbres semejantes, ni las amistades se guardan donde no hay conocimiento. .. Tiene
el forastero necesidad de ser muy afable y comedido, con crianza, y ha
de perder de su derecho en las cosas que donde está no sabe si son buenas o malas . .."

El privilegiado tratamiento de una minoría extranjera en los centros romerciales, debido a su poderío económico garante de cierta impunidad, manifiesta el profundo malestar de la presente queja:

" .. . pero nunca los llevaban a la cárcel, a causa que los extranjeros
siempre redimían la vejaci6n con dineros . .. " 20

17

Marcos recomienda a sus contemporáneos paciencia, alegría y el control
absoluto de sus reacciones negativas en el trato con el extranjero, reglas de
comportamiento válido en todas las épocas y entre todos los pueblos civilizados. Trasluce en este texto la influencia del humanismo propulsor de
la idea de la igualdad de naciones, pueblos e individuos, idea del todo incompatible con los modernos conceptos pseudo-cieníficos de la superioridad
de razas dominantes.
No está ausente, desde luego, en el género picaresco una actitud negativa

y hostil al extranjero, actitud que se endurece a menudo hasta llegar a ser
mero prejuicio. Debemos admitir aquí ~ causas diferentes: , ~ mal~
experiencias personales del pícaro en el extranjero -el papel de v1ctuna pnvada de libertad- o cierta intransigencia de posiciones hispánicas o como
reacción dura, pero comprensible contra la transfonnación y destrucción de

A medida que faltan los contactos directos, la imagen del extranjero ae

~elve borrosa. Elementos de leyenda, repetición irreflexiva de tópicos triviales, metáforas brillantes que disimulan apenas la ignorancia del autor,
todo esto suele componer la imagen del extranjero inaccesible al pícaro.
Comparemos las precisas indicaciones topográficas de las regiones españolas,
Flandes, Italia, Francia, Argel e incluso de Alemania (Estebanillo González), con aquellos datos sobre países lejanos donde la precisión geográfica
cede a la fábula literaria: Citemos unos ejemplos como "todo el oro de Arabia:' (El donado hablador Alonso), "la más oscura Noruega" (El Diablo
Co1uelo) o aquella información
,, inverosímil:
11

lbidem, CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, "Aventuras del Bachiller Trapaza",

t. II, p. 503.

• lbidem, CASTILLO SoLÓRZANO

DE,

Alonso, "Aventuras del Bachiller Trapaza",

t. II, p. 504.

•• lbidem "Estebanillo González, t. II, p. 802.
" Jbidem: "La Vida de Marcos de Obregón", por ESPINEL, Vicente, t. I, p. 1293.

• lbid1m, CuvANTES, Miguel de, ''Novela y coloquio que pas6 entre Cipi6n y Berganza", t. I, p. 256.

355
354

�"diciéndoks que no ,stábamos ,n la China, adonde se come carne humana!' 21

En comparación a la relativa frecuencia de citas de italianos, franceses,
moros, etc., encontramos s6lo un número reducido de juicios globales sobre el
extranjero. El pícaro español, individualista convencido y enemigo de cualquier compulsión colectiva, posee un concepto personalista, concreto del mundo. Las relaciones con su medio ambiente obedecen a la eficiencia de sus
contactos personales con otros individuos, de ahí que se siente poco propicio
para formular juicios generalizadores y abstractos.
Los extranjeros del Imperio:
Portugal, Italia y Flandes

Desde la Alta Edad Media, la sociedad del Occidente se distingue por la
tensión peculiar entre la extrema mobilidad de una parte de la población
(caballero-aventurero, bachiller con estudios internacionales, artesano en _busca de trabajo, comerciante promotor de nuevos mercados) y el sedentammo
provincialista de la otra parte (campesinos, etc.) . El Impe?~ español establece el orden en amplias zonas europeas. Fomenta los v1aJes culturales
a Italia cuyas discordias interiores habían disminuido gracias a la Pax Hispanica.
La integración de Italia en el orbe político hispánico condiciona en cierto
modo la fase europea de la historia de España. En el plan político-económicosocial, la presencia de España en los territ~rios italianos significa ~a fuente
de trabajo de gran atracción e interés para todas las clases perunsulares.
Los continuos esfuerzos para consolidar el poderío hispánico entre Milán Y
Sicilia piden la constante afluencia de soldados, de funcionarios y jefes militares nobles, de artistas, de letrados y de parásitos. El pícaro encuentra
allí con mayor facilidad un puesto como peón, soldado, (Estebanillo González), comerciante. La distancia de su tierra natal, el alejamiento de las
rígidas costumbres hispánicas hacen a menudo que el pícaro lleve una vida
casi regalada. Si no medra en el extranjero como suelen medrar los tenderos españoles (los indianos en América), es que su inestabilidad, su inquietud, su falta de espíritu mercantil se oponen a una existencia burguesa.

Es Italia en cierto modo la Tierra Prometida del pícaro. Conoce un mundo del lujo, de cierta abundancia, de formas civilizadas dentro de un
n Ibidem, "El donado hablador Alonso", t. II, p. 152.

356

ambiente vital de alegria, de optimismo con la facilidad placeatera de la dolce
vita lo que contrasta notablemente con la sencillez, austeridad y relativa pobreza de la campiña castellana. Hasta el pícaro saca provecho de pertenecer
al pueblo que ejerce la señoría sobre Italia, lo que le confiere cierto sentimiento de superioridad, cierto aire de gran señor. Comprendemos la burlona alusión italiana a este afán de grandeza en el alma hispánica sin reales
fundamentos:
" .. .El zapatero de viejo, en llegando a Italia, todo es tono, y hacerse
tu pariente de la casa de Guzmán, don Juan, don Diego, o don Francisco y así les decimos: se tutti siete cavalieri, chi guarda la pecora? ... " ::

A pesar de estas ligeras ventajas sobre el "autóctono", el pícaro no i;ale
siempre airoso de sus encuentros con italianos. Le confunden las costumbres extrañas, cierta malicia y frivolidad en los contactos interhumanos le
desconciertan la ocasional reacci6n antiespañola de la servidumbre itali~na
(los _grandes señores tenían a su servicio a gente de diferentes pueblos) y el
ambiente general de comercializaci6n de todos los valores. Echa de menos
aquel deje de honradez que distingue hasta el pícaro español:
" .. .los tratantes de Génova, que traen las conciencias en faltriqueras descosidas, de donde se les pierde y ninguno la tiene . .. ,, 21

Se siente a veces engañado, estafado y explotado y él que es tan experto
en este campo, se convierte en víctima de más vivos.
Italia es incluso para muchos pícaros (Estebanillo González) la tierra de
la civilización clásica y el hogar de la Iglesia. Hasta el pícaro siente el
influjo del arte italiano y la codicia por sus manufacturas de lujo. La despierta pícara Rufina sabe apreciar los valores de arte en la casa del comerciante genovés, su próxima víctima :
"teníala bien aliñada de cuadros de pintura de valientes pinceles, de colgaduras de Italia muy lucidas. . . aquí había muchas láminas de Roma
curiosísimas y de precio . . .'' u

Si en las primeras novelas y bosquejos picarescos, Italia s6lo sirve de
marco geográfico sin que el pícaro muestre mayor interés en su nuevo ambiente
"' Ibidem, LuJÁN DE SAAVEDRA, Mateo, "Guzmán de Alfarache", t. I, p. 737.
'" Ibidem, ALEMÁN, Mateo, "Guzmán de Alfarache", t. 1, p. 435.
11 Ibidem, CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, "La Garduña de Sevilla", t. 11, p. 604.

357

�más allá de sus travesuras y andanzas, en las novelas picarescas del siglo
XVII hay un cambio de tono notable. Tono que se marca por un afán
de diferenciación de regiones y ciudades -las más visitadas eran Génova,
Roma, Milán, Florencia, Nápoles y Venecia- con juicios generalmente elogiosos:
-"Vuelto a Milán, como aquella república es tan abundante de todas
las cosas, es lo también de hombres muy doctos en las buenas letras y
en el ejercicio de la Música . .. " 25

Aquella Italia humanista está presente en múltiples formas y aspectos. Elementos lingüísticos, refranes, préstamos socioculturales aparecen en la novela picaresca y hay autores que redactan el prefacio o la dedicatoria en
italiano (Salas Barbadillo, La Hija de Celestina).
Portugal son aún más íntimos. La lenta separación lingüística, los tantos
lazos dinásticos, el vaivén de poetas, aventureros, comerciantes, la relativa
semejanza de costumbres constituyen un lazo de familiaridad especial entre
ambos países. Las diferencias nacionales no sé disimulan, pero está ausente
el antagonismo político hispano-portugués. El rico centro comercial de Lisboa significa, además, un lugar de encuentro, de mayor atracción material
para mercaderes, aristocráticos ávidos de aventura y de gloria, y pícaros ansiosos de masas opulentas. Lisboa no se había convertido únicamente en
el puerto principal de entrada de especies y de mercancías exóticas y altamente cotizadas, sino este encuentro de razas y de rumores era al mismo
tiempo esencial punto de partida de cuantas informaciones aun borrosas y
legendarias que llegaban de la misteriosa cotonia portuguesa en la América
del Sur. En la Vida de Marcos Obregón encontramos un relato interesantísimo sobre el contacto de unos marineros hispano-portugueses con la población
indígena de la costa brasileña:
"Estuvimos allí algún espacio, admirándonos de ver aquellos indios
desnudos y tanta abundancia dellos que bastaba para poblar otro mundo . .. "2s

Al lado de datos de cierto interés que demuestran la difícil tarea del descubrimiento del Nuevo Mundo y sus riesgos y peligros, especialmente en
aquellas partes donde no existían Estados indígenas bien organizados, los cua.. Ibídem, ESPINEL, Vicente, "La Vida de Marcos de Obregón", t. I, p. 1301.
,. Ibídem, ESPINEL, Vicente, "Vida de Marcos de Obregón", t. I, p. 341.

358

les despu~s de una resistencia violenta pero breve sucumbieron y admitieron
al conqu1Stador europeo, hay gran cantidad de elementos inverosímiles. Lo
desconocido se convierte bajo el influjo de la imaginaci6n en fábula monstruosa, ¡ de ahí la existencia de gigantes y de monstruos marítimos en aquel
texto!
Dada la familiaridad del español con el portugués -recordemos el éxito
literario de Gil Vicente con sus farsas hispanolusitanas- los elementos lin.. , .
'
guisticos portugueses en la novela picaresca no causaron la menor extrañeza.
La co~vivencia de cru:tellanos y lusitanos bajo la misma dinastía le quitaba
el caracter de extran1ero al portugués, aunque el pícaro español distingue
enn:e los morad~res del sur y del norte del Miño. No encontramos juicios
demgrantes. El hispano admira la flexibilidad mental, la gracia y el trato afectuso del lusitano:
"trabé amistad con algunos dellos (portugueses), y como tienen tanta
presteza en las agudezas del ingenio, pasé con ellos bonísimos ratos . .. " 27

Y más adelante las palabras elogiosas del Donado hablador Alonso:
" . . . demas
' que son los portugueses afables, amorosos, tratables, bien acondicionados, animosos y de grande ingenio, entendidos y, por armas y
letras, insignes . .. " 28

Cervantes nos ofrece un interesante dato lingüístico acerca de los métodos
portugueses para entablar contactos comerciales con la población africana,
dato que nos demuestra el origen de ciertas lenguas mezcladas en aquella
época:
"porque no anduviesen engañando al mundo con el oropel de sus gregüescos rotos y sus latines falsos, como hacen los portugueses con los
negros de Guinea." 29
Pica en Flandes, una de las supuestas etimologías del término "pícaro"
se refiere a las provincias septentrionales del Imperio español de Flandes
y de Picardía. Zona de intensa actividad comercial y agraria, zona de deci,., Ibídem, ESPINEL, Vicente, t. I, p. 1261.
" Ibídem, ALCALÁ YAÑEz Y RIBERA, Jerónimo de, "El Donado Hablador Alonso",
t. II, p. 276.
'" Ibídem, CERVANTES, Miguel de, "Novela y Coloquio que pasó entre 'Cipión, y
Berganza',", t. I, p 260.

359

�sivos choques bélicos entre España por una parte y Francia y sus aliados
rebeldes holandeses por otra parte, zona donde chocaron en forma violenta
e irreconciliable los antagonismos político-religiosos de la época, Flandes,
pese a su aspecto apacible, era tierra para soldados intrépidos. A pesar de
que el propio pícaro no pudo sustraerse a la atracción material que ofrecía
Flandes, aquella provincia no era lugar propicio para él, ya que estaba ajeno
a cualquier afán de honor y gloria militares. Mientras que la nobleza hispánica sacrific6 en los campos de batalla del norte la élite de España, mientras que la monarquía agotaba allí sus reservas en una resistencia tenaz pero
estéril con muchas victorias aisladas y con la derrota final, el pícaro formulaba, en el apogeo de la confrontación militar, un juicio muy certero:

"Camarada del alma, toma mi consejo, y haga lo que quisiere, pero
a Flandes, ni aun por lumbre, porque no es tierra para vagamundos,
pues hacen trabajar los perros como aquí los caballos, y tan helada y
fría." so
El pícaro queda asombrado por las costumbres, el carácter y la solidez
económica de las ciudades flamencas y valonas. El viajero y cronista-pícaro
Estebanillo González describe a Bruselas en un lenguaje casi turístico:

hombre que hurte un maravedí, y se puede ir con el dinero en la mano . .. ,, a2
Aunque el condad~ de Cataluña convivía aún más estrecha e íntimamente
con el resto de Espana, el pícaro se da perfectamente cuenta de que cata!anes y castellanos_ se di~tinguen no sólo en la lengua, sino lo que casi más
1m~rta son las d1ferenc1as mentales. Si canta "la rica Barcelona" 0 se
a t '.~rras catalanas "por h aber oído decir del reino de Cataluña grandes
'
va
bienes . (El dona~o hablador Alonso), el pícaro siente que se está alejando del
ambiente emocional de su terruño castellano-andaluz. Le parece extraño el
carácter pr~cti:o-comercial del catalán y de sus experiencias personales resultan los s1gu1entes juicios impregnados por la mentalidad entre alegre y
severa del respectivo pícaro:

" .. .el catalán~ el cual era la criatura más triste y miserable que Dios
' ' " I S "E
cno.
•so es ped'ir peras al olmo, caridad a los avarientos fidelidad
en alarbes, sufrimiento en catalanes . . ." "
'
No excluyamos alguna opinión más favorable que recuerda e1 e1ogio de
Cervantes:

" .. .desembarcando en Barcelona, ciudad hermosa en tierra y en mar
abun!ante de _mante~imientos y regalos, que con oír hablar en lengu;
espanola parec,an mas suaues y sustanciosos; y aunque los uecinos tienen
nombre de ser un poco ásperos, vi que a quien procede bien le son
apacibles, liberales . .. " •~

"llegué aquel mismo día a Bruselas, adonde hallé ser excusada toda alabanza para tan grandiosa población. Contempléla por plaza de armas,
de la Europa, por escuela de la milicia, por freno de rebeldes, por espanto de enemigos, por esmalte de lealtad, y por pasmo de hermosura . .. ,, 31
El Guzmán de Alfarache, menos amargo, de la novela apócrifa de Mateo
Luján de Saavedra si bien no se cansa de pregonar las ''hazañas heroicas"
de los tercios españoles contra el doble enemigo franco-nerlandés, confronta
con mucha objetividad las virtudes y los valores flamencos-ibéricos:

" .. .la diligencia de los flamencos en guardar su hacienda es grande,
y como son hombres de ingenio, y en razón de los grandes fríos del
país, están los inviernos recogidos en casa, o son pintores o cerrajeros:
... lo que se dice de Flandes, que tiene dos grandes contrariedades a la
costumbre de España, porqu, ellos de su natural no son ladrones ni hay
• lbidem, "Estebanillo González", t. 11, p. 829.
11 Jbidem, "Estebanillo González", t. 11, p. 871.

Los extranjeros fuera del Imperio:
franceses, ingleses, etc.
L_as r~lacio_nes franco-españolas tienen un carácter muy especial. Siglos
d~ _mtercamb10 y _de mutuo ~prendizaje fecundos, de cooperación políticom1htar entre Castill~ y Francia, d~ enemistad entre Francia y Arag6n crearon unos lazos emotivos muy peculiares entre ambas naciones. Al constituirse la unidad dinástica-nacional de España y al ocupar el trono español los
" lb
Ibidem,
,.
'd
QLu¡Ás DE SAAVEDRA, Mateo, "Guzmán de Alfarache" , t . ¡ , p. 726.
,. em, UEVEDO, Francisco de' "La Vida del Buscón" , t . II , p. 69.
lb,dem, ALCALÁ YAÑEZ Y RlBERA, Jerónimo de, "El donado Hablador .\lonso",
t. II, p. 232.
• lbidem, EsPINEL, Vicente, "Vida de Marcos de Obregón", t. I, pp. 13 y 19.

..

361
360

�habsburgos, España hereda el conflicto dinástico entre Valois/Borb6n y Habsburgo. El Imperio hispánico perturba el equilibrio muy sensible e inestable
entre los principales pueblos del Occidente, su universalismo imperial choca
contra la idea de la independencia nacional. Mientras que España se abría
al humanismo italiano, Francia además de ser humanista se convirti6 en
campo de batalla de la reforma protestante. Ambos países estaban dispuestos
a luchar por la victoria decisiva de sus ideas hasta el agotamiento total del
adversario.
Desde sus comienzos astur-leoneses, marca la historia de España cierto
espíritu de intransigencia que se manifiesta en la frecuente práctica política
del destierro de inconformes. Problema crucial entre tradicionalismo y liberalismo revolucionario y base de la existencia de una leyenda negra de
España. El destierro por motivos político-feudales del Cid tiene una larga
descendencia. En los Siglos de Oro, la Inquisici6n ejerce un control minucioso sobre el pensamiento y la literatura españolas. No s61o se dedicaba a
rechazar el influjo protestante, a combatir los restos de la fe mahometana
en la península, sino su sombra inquisitorial alcanzaba especialmente a los
recién conversos de origen judío o morisco. De ahí que algunos autores,
por ser conversos o muy liberales, debían emigrar a Francia, país de amplia
tolerancia religiosa y de actitudes más liberales antes de la revocaci6n del
Edicto de Nantes. El doctor Carlos García (La Desordenada Codicia)
y Antonio Enríquez G6mez ( La vida de don Gregorio Guadaña) tuvieron
que trasladarse a Francia donde publicaron las ya mencionadas novelas picarescas. El hecho de poder publicar una obra española en Francia demuestra
que debían de haber suficientes exiliados en tierras galas. Demuestra también la radicaci6n del castellano y de la literatura hispánica fuera de la
península en aquellos momentos del esplendor hispánico. Los autores españoles se convierten especialmente en Francia en promotores del intercambio cultural, como revela el famoso libro de la ... Antipatía de los Franceses
y Españoles, cuyo autor fue el doctor Carlos García. En la Desordenada
Codicia, Francia forma el principal escenario geográfico de las andanzas del
pícaro Andrés.
La influencia cultural francesa, en pleno ascenso a comienzos del siglo
XVII, se nota en préstamos y f6rmulas galas que usan algunos pícaros. Ya
hemos visto que las innovaciones francesas encontraron resistencia entre los
tradicionalistas que rechazan los galicismos y las modas nuevas:

"Uso nuevo de los diablos
embuste que Lucifer

ALUSIÓN AL GUARDAINFANTE
FRANCÉS

trujo a España, porque tenga
el segundo mal francés!" u

LO QUE LOS FRANCESES LLAMAN
"MAL DE NAPLES".

El problema de Jas ·mvas1ones
·
francesas en la
, ul
de la unidad nacional hisp, .
.
penms a, amenaza constante
resca de Luis Vélez d G amca, se men_c1ona en la españolísima novela picae uevara (El Diablo Cojuelo):
"·' Ay, senor.
- 1 - d""
IJO la Rufina
A 'l
España~ Dios le gua d
h
-: ¿ que nos ech6 los franceses de
·
r e mue os anos." a1

El poderío francés y la riqueza de sus ciudades
. .
chos pícaros de Ja penínsul Al .
Y provmcias atraen a mudan con las ganas:
a.
gunos, como Guzmán de Alfarache se que"Realmente JO quisiera pasar a Fr
.
tad que siempre oí de aquel reino.-~:'::, por las grandezas y majes-

El "europeo" Estebanillo González nos ofrece un
. .,
las provincias francesas N" . .
ª descnpc1on
somera de
•
1
s1qu1era
e
1
pícar
tá
0
tensiones poi'..:
.
es exento de las peripecias
Iucas entre 1as naoones
1 ·
Y
espía
de los ingleses Lo q
, . ' ya que o Juzgaron en Normandía por
.
ue mas mteresa es el . d 1
.
exiliados españoles en Francia:
aviso e a eXIStencia de
" .• .y ,•en
, d ome a posar al burgo de San G
,
de los expelidos de España que s ll
b German, a la posada de uno
e ama a ranados. se

A Estebanillo no le agrada París "
del gran Cairo"' pero en sus an~~rcorte o. confusa Babilonia, olvido
que muestran la influencia del pa'
_P Francia, adopta unos galicismos
is vecmo en este pícaro , tal
cordemos aquí el "haciendo buena h "
,1 o-espanol. Re"mid""
c era ' el comer op1paramente en el
1 •

La Inglaterra protestante se había convertido en el enemigo
. mas
, decidido
• lbid,m,

t. 11, p. 504.

CASTILLO

SoLÓRZANO

.
' Alonso de' "Aven turas d e1 Bachiller
Trapaza'',

lbidem, VÉuz DE GUEVARA Luis "El n·1 bl0 e . 1
• lbid,m Ar. '
M
· '
'
ª
OJue o", t. 11 p 728.
• lb.d , " EKAN, _ ateo, "Guzmán de Alfarache", t. I, p. 52; .
' em, Estebanillo Gonzálcz", t. II, p. 851.
.

lt

363
362

�.
- 1 Si las relaciones franco-españolas conocían altiy tenaz del Impeno espano ·
,.
Ed d
ba.os entre Castilla e Inglaterra hubo tensión y roces bélicos desde, la . ª,
A pesar de la creciente amenaza inglesa para la hegemoma hd1spbaM
•
.
1' no man'timo- apenas se a a
.
1 ,caro -vagamundo contmenta
mea, e P1
· , d l trotamundos Estecuenta de estos actos de piratería. Con 1a excepc1on e
l E - d l
banill G nzález ningún pícaro toca tierras inglesas. Como a spana e
Siglo ode ~ro, ei pícaro seguía :nfocado hacia el Mediterráneo pese a los

!dia

territorios americanos del lmpeno.

· resca. su imagen es más
El in lés está menos presente en la nove1a pica
'
.,
g 1 . o ti'empo más concreta. Faltan los rasgos de comprens1on
borrosa y a nusm
.
.f t
. siro atía humanos, el inglés es casi símbolo negativo con sus mam. es ay
p
.
.
elemento que está fuera de la sociedad
ciones de hereJe y pirata, o sea,
cristiana católica:

d ,, •o

"saqueado como inglés las cosas sagra as.

. , i'nglesa de poner obstáculos al Imperio español, sus b_reves
La pretens1on
d I d
1
de piratería contra las flotas e_ n i,as, . e
incursiones marítimas, sus. actos
.
, •
tr'b e al mayor mve1 tecmco
parecían al pícaro actos ilc1tos cuyo exito a i uy
" . , .
del equipo británico. Opone el v_alor de "pechos esforzados hispamcos contra la maquinaria bélica anglosa1ona:
"los esa ue se hayan inventado muchas cosas para la guerra, que no
d . p
q se muestre el valor de pechos esforzados, como son t~ntas
e~a:i;:;e de fuego después de la invención de la artillería q~e Ir~ igua~~~ al más cobarde con el más valiente. _Dígal~ la nación ingle~ª"
ue tiene puesta toda su esperanza en estas invenciones, con las cua es
q
.
- l
,,u
se atreve a mirar ba¡eles espano es . ..

D'
China nombres más bien metafóricos
Casi como Noruega, mamarca,
'
.
'da banal del
que realidad consciente, Inglaterra estaba muy le1os ~e la v1
,f
d
, ro Si Estebanillo González alcanza el mayor horizonte geogra ico e
pica ·
d'
·
' minúsculos en
todos los pícaros españoles (horizonte de imens1ones aun
. , a la experiencia cosmopolita del Simplizissimus), los países de
comparaoon
· A t·
la Europa Central y Oriental que él llega a conocer -Alemama- u~ ~1a. L'
. R . etc - no son más que nombres abstractos y debt!es
Poloma- 1tuama- us1a,
•

coordenadas de orientación fabulista. Formas únicamente un marco sin causar impacto verdadero en su conciencia. De estos largos viajes nos trae
muy pocos datos costumbristas y casi ningún extranjerismo lingüístico como
aquel "brandevinero", o sea fabricante de aguardiente conforme al origen
alemán de "Branntwei~.
El mundo mahometano: moros, turcos, moriscos

"Hay moros en la costa", este grito de alarma de la población costanera
de Andalucía, de Murcia y de Valencia no había perdido aún su secular significado de espanto. Pese a la e,qmlsión árabe-mora de sus últimos baluartes
peninsulares, pese a las hazañas africanas de Carlos V, pese al brillante éxito
militar de Lepanto, el moro seguía siendo una amenaza seria para las costas
y rutas marítimas del Mediterráneo occidental. Sus súbitas incursiones casi
siempre impunes y sus actos de piratería pusieron a costaneros y a navegantes
en continua zozobra, creando una especie de pesadilla que sólo dejó de existir
con la ocupación francesa de Argel en 1830. El rapto de cristianos por
comandos moro-bereberes se había convertido en negocio altamente lucrativo para los reyes de Tunes y de Argel. El rescate inicialmente en manos
de órdenes religiosas, implicaba además de . altos tributos -incluso las ciudades hanseáticas de Brema y de Hamburgo solían pagar tributos anuales
para el rescate de ciudadanos suyos- un sistema de trámites complicados;
sólo una minoría de los cautivos pudo regresar a sus patrias. Cervantes y Vicente Espinel sufrieron cautiverio en Argel; su destino repercute en la vida
de los pícaros Marcos de Obregón y El donado hablador Alonso. Una idea de
los sufrimientos y privaciones del cautiverio argelino, doblemente doloroso
por la larga ausencia de España, las condiciones de la esclavitud y por las
vejaciones denigrantes para impedir el culto católico de los esclavos cristianos,
nos ofrece el relato de Marcos de Obregón:
"Ay de mí, más infelice y sola que cuantas padecen cautiverio y servidumbre en las mazmorras de crueles e inclementes moros." 42

La palabra "Argel" se había transformado en sinónimo de desgracia, privación, pesadilla. Hasta el gracioso Diablo Cojuelo la usa para liberarse de
su cárcel:
"Sácame deste Ar_{Zel de vidrio que yo te pagaré el rescate con muchos gustos . .. " 43

,
S
M teo "Segunda Parte de Guzmán de Alfarache"'
.. Ibídem, LuJAN DE AAVEDRA, a ,
t. I, p. 852.
M
"S gunda Parte de Guzmán de Aliarachc",
" Ibídem, LuJÁN DE SAAVEDRA, ateo,
e

" Ibídem, ESPINEL, Vicente, "Vida de Marcos de Obregón", t. I, p. 1199.
., Ibídem, VÉLEZ DE GuEVARA, Luis, "El Diablo Cojuelo", t. II, p. 698.

t. I, p. 737.

365

364

�La relativa frecuencia de secuestros de españoles en su travesía hacia Italia
fue pronto motivo literario. Hasta el pícaro descubrió el provecho que se
podía sacar de su especial situación emotiva, presentándose a los afligidos
padres como víctima del moro. Teresa de Manzanares, La niña de los embustes, una de las acertadísimas novelas picarescas de Castillo de Solórzano,
usa este tema emocionalmente de la niña raptada por los moros en edad
tierna para sacar prófito material de la emoción y alegría de los supuestos
padres ancianos.
El moro es como el luterano; el inglés una especie de bárbaro para el
español. Se ha convertido en enemigo, odiado por su crueldad, por sus
costumbres, por su fe islámica incompatible con las convicciones cristianas.
Si el moro aparece en la novela picaresca como una especie de underdog
peligrosísimo, el juicio sobre el turco ofrece más matices diferentes. La nueva
gran potencia islámica, cuya influencia alcanza hasta los centros de la piratería norteafricana, produce en el pícaro un sentimiento ambiguo de respeto
y de antipatía hostil:
" . .. con la secta bestial del sucio Afahorna . .. "

sustr~erse a la, creciente presión por parte de la mayoría hispano-católica.
Presentase aqu1 de nuevo el problema hispánico del destierro de minorías política o ideológicamente sospechosas. A pesar de ser conversos la
español~~ª ~feren~~ión entre. cristianos antiguos y nuevos " y fac~res
de_ pres1on ~c10econom1ca conduJeron a la expulsión de una parte econórmcamente llllportante de la población peninsular. El capitán del barco turco
que tomó preso a Ma~c~s de Obregón se queja del trato injusto y discriminador de los nuevos cnsbanos en España. Como él, muchos moriscos buscan
fo~~ en los territo~i~s turcos. El problema de los renegados no se reconoe10 en el lado cristiano, no se dieron cuenta que fueron precisamente
aquellos renegados los que dieron tanto empuje militar al Imperio Osmánico.
"nací c?n ánimo y espíritu de español y no pude sufrir los agravios que
cada dia recebía d_e gente muy inferior a mi persona, las supercherías
que usaban_ con mi persona, con mi hacienda, que no era poca siendo
yo descendiente de muy antiguos cristianos, como los demás que también
se han pasado y pasan cada día. . . Lastimábame mucho, como los demás, de no ser recebido a las dignidades y oficios de magistrados ,,, de
honras superiores . .. " 41

H

Esta intransigencia altiva del· Guzmán apócrifo demuestra que no hubo
el menor diálogo posible entre las dos potencias hegemoniales del Mediterráneo. Al lado de esta ceguera fanática por motivos religiosos, encontramos
una opinión más objetiva que toma las virtudes militares del turco:
"El turco es muy poderoso, es señor. de muchos reinos, tiene grandes
riquezas, muchísima gente muy dada a la guerra; porque como entre
ellos no hay religiosos, sino que todos se casan, y el que más mujeres
puede tener y sustentar las sustenta y tiene, multiplícase en ellos la generación . .. " ' 5

En mometitos de lucidez objetiva, el pícaro reconoce los méritos extranjeros y presiente los problemas nacionales (en este caso el de la población
hispánica) .
La atracción político-material y la relativa libertad espiritual en los territorios del Imperio Osmánico (respecto de cultos no islámicos) significaba que
muchos moriscos abandonaran voluntariamente a su patria hispánica para
.. Ibídem, LuJÁN DE SAAVEDRA, Mateo, "Guzmán de Alfarache", t. 1, p. 832.
'" Ibídem, ALCALÁ YÁÑEZ Y RtvERO, Jerónimo de, "El donado hablador Alonso",

. La experie~cia de_ 1~ secular convivencia tan fecunda entre moros hispám~s y ~~anoles cnstianos, el recuerdo de sus diálogos e intercambios se
hab1an disipado, el paralelismo evolutivo tan prometedor de la naciente sociedad mora-hispánica quedó truncado. El grupo cristiano-español, una vez
dueño de la mayoría aritmética, iba cerrándose herméticamente contra cualquier intento de convivencia pluralista. En oposición a los moros-extranjeros
en el sentido nacional, cultural y religioso en la España cristiana, los moriscos
no eran sólo residentes, sino también ciudadanos españoles. Se sentían hispánicos, se habían convertido en forma más o menos convincente al cristianismo. A pesar de todas las garantías reales, pronto empezaron las discriminaciones por parte de la mayoría cristiana. Bajo esta presión de más
Y más agobiante iban perfilándose dos actitudes de protesta morisca: El levantamiento militar y la emigración de los más dinámicos con el posterior
problema de los renegados al servicio osmánico. Hasta la definitiva expulsión
de los moriscos, tan celebrada por los españoles :
"Hízonos Dios merced de que en este tiempo saliese la cédula real
del católico rey don Felipe III, nuestro señor, en que mandaba desterrar
.. lbidem, Axfuuco CAsTao, "Aspectos de vivir hispánico" Alianza Editorial 1970.
., Ibidem, ESPINEL, Vicente, "Vida de Marcos de Obreg6n", t. I, p. 1267.'

t. II, p. 308.

366

367

�los moriscos de España, arrancando de nuestra tierra tan perniciosa semilla.""

hubo un siglo de coexistencia difícil entre cristianos y moriscos. Con desdén,
recelo y odio, la mayoría cristiana mira a esta minoría desdichada y los juicios
muestran la intransigencia hostil de la posición cristiana:
'' .. . considerando que España cría y tiene en su seno tantas víboras
como moriscos . .. " "

No se mencionan los aspectos socioeconómicos de la aversión hispánica
en la novela picaresca, su fundamento parece ser aquí exclusivamente la incompatibilidad religiosa. Sólo en la Pícara Justina hallamos una actitud
comprensiva de cierta solidaridad entre la pícara desamparada y la vieja
morisca pobre:
"No niego que pueda haber y haya muchos moriscos buenos ~r~tianos; más cosa notable es que los más no quieren casarse con cnstianas

España, don Américo Castro subraya el papel económico y cultural fundamental del aporte judío a la España medieval. Defensores de una monarquía fuerte y ~paz de superar la crisis caótica hispánica y el vaclo del poder
estatal de los S1gl01 XIV y XV, fueron los judíos las primeras víctimas de
las tendencias de uniformidad nacional bajo los Reyes Católicos. Como
a los moriscos. no les q~ed~ba otra atlernativa que emigrar o convertirle, y
co~~ lo~ morucos, los Jud1os conversos seguian sufriendo vejaciones y discnmmaciones por parte de las autoridades y la población cristiana. El afmi
social de la pureza. de la sangre, o sea una descendencia ininterrumpida
desde ~os godos, domina la sociedad hispánica de los siglos XV al XVIII.
Afán nguroso que redujo a un mínimo los contactos biológicos y sociales con
las minorías no hispánicas. La opinión asignaba un puesto social muy bajo
a t~os los que no podían comprobar su abolengo hispano-godo de cristiano
anbguo.
La crueldad mostrada contra el judío se manifiesta especialmente en un epimio carnavalesco del Estebanillo González. A las protestas contra el tratamiento cruel de un miembro de su grupo contesta el pícaro:

• •
VUJaS
..• " 60

La propia Justina con tan buenas disposiciones, para la realización de las
cuales necesita bastante disimulo y ardides, no está libre de ideas erróneas
acerca de su compañera, lo que pone en evidencia cuán poco sabía la una
de la otra. La hostilidad general contra judíos conversos y moriscos no excluye la popularidad de temas arábigos en la literatura española del siglo XVI.
De índole idealista-caballeresca, estos elementos orientales llegan hasta la
novela picaresca como el episodio de "Osmín y Daraja" en el Guzmán de, Al-

farache.
La época de la secular convivencia mora-hispánica había terminado apenas hacía un siglo. En la literatura del seiscientos existe aún gran cantidad
de arabismos que luego se perdieron en la lengua castellana. Recordemos
aquí únicamente dayfa, alnafe, albéitar, alcatife, etc.
En mayor grado que el morisco, el judío era miembro casi milenario de
la sociedad española desde su formación inicial en la remota época hispanovisigoda. En el libro discutido, pero interesantísimo La realidad histórica de
• Ibidem, ALCALÁ Yí.ÑEz

Y

R1vERA, Jerónimo, "El donado hablador Alonso",

t. II, p. 177.
• Ibidem, CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de, "Novela y Coloquio que pasó entre
•Cipi6n' y 'Berganza' ," t. I, p. 279.
,. Jbidem, LÓPEZ DE UBEDA, Francisco, "La pícara Justina", t. I, p. 1073.

:368

"Adviertan vuesas mercedes que el doliente es judío y sus camaradas
hebreos, )' que he hecho aposta lo que se ha visto, y no por ignorar mi
oficio . .. " 51

Un juicio relevante acerca de la hispanización profunda del judío peninsular y de su alto ni\'el rnltural nos lo suministra la Lozana Andaluza:
"ésta es sinagoga de catalanes... )' ésta de romanescos é italianos, que
son los más ,necios judíos que todas las otras naciones. . . más saben
los nuestros españoles que todos, porque hay entre ellos letrados y ricos,
y son muy resabidos . .. "

52

Africa y el negro

Los contactos con Africa se limitaron a su franja mora-islámica del norte.
El interior del continente negro seguia siendo misterio hasta fines del siglo
XIX; apenas portugueses y españoles habían entablado contactos comerciales
con el litoral atlántico de Africa. Existían conocimientos muy imprecilos
" Jbidem, "Estebanillo González", t. II, p. 888.
• lbidem, ~ELICADO, Francisco, "La Lozana Andaluza", Venecia 1528 en Tau u
1967, p. 78.
' ,
'
' s,

369
humanitas.-2♦

�acerca de las costumbres y convicciones religiosas de Guinea calificadas como supersticiones y brujerías:
" ... y a tí sí, por ser hombre con el privilegio del baptismo y libre del
poder de los conjuros, con quien han hecho pacto los príncipes de la

Guinea infernal." 58

En la sociedad pluralista-multicultural mora-hispánica de la Edad Media
el negro-esclavo de algún señor árabe, ya convivía con la población blanca.
El descubrimiento de las costas africanas y la colonización de América fomentaron el transporte de esclavos negros en gran escala. Comenzaron entonces la mercantilización y la enajenación del africano; durante siglos, el
negro se convirtió en objeto de la explotación europea:
" .. .para los negocios que tocaban a la labranza del campo tenía con
su heredad algunos esclavos, y entre ellos un mulato, mozo robusto de
hasta veinte y seis años, gentil hombre y de buen rostro . .. " H

En una radiografía socioliteraria de El nicaragüense Pablo Antonio Cuadra
subrayaba "la larga educación y capacitación del pueblo español para el
mestizaje" .55 La simbiosis biológica-cultural de grecorromanos, íberos, godos,
árabes, moros con aportes vascuenses, franceses, esclavos, etc.; el original catolicismo plurirracial no fue propicio para el desarrollo de un racismo ideológico. No hubo aversión racial, pues los moros de tez morena (especialmente los de las dinastías de los Almorávides y Almohadas) que los romanohispanos se mezclaron con la población autóctona; su expulsión se explica
casi exclusivamente por razones religiosas.
Con los indianos ricos llegaban más negros a España, negros o mulatos
del servicio doméstico. Tal como el bufón de los grandes señores, el paje
negro era muy popular en las clases dirigentes. La opinión acerca del negro
oscila entre recelo, condescendencia y cierta burla:
"Era la negra muy devota del dios Baco, como todas las de su naci6n." 58
• Jbidem VÉLEZ DE GuEvARA, Luis, "El Diablo Cojuelo", t. II, p. 698.
.. Ibidem,' ALCALÁ YÁÑEZ Y R.IvERA, Jerónimo de, "El donado hablador Alonso" ,
t.

n. P· 210.
• CuADRA Pablo Antonio, El Nicaragüense, Managua, 1967.
• Ibidem,' CASTILLO SotÓRZANO, Alonso de, "Aventuras del Bachiller Trapaza",

. Los juicios destacan su buen aspecto físico, su carácter ingenuo, su actuación, un tanto torpecillo, su sensualidad y especialmente la atracción erótica
de la mulata. No todos los afrohispanos eran esclavos, algunos podían libertarse y ascender hasta la baja clase media:
"A este mismo tiempo subía a su terrado Rufina María, que así se
llamaba la huéspeda, dama entre nogal y granadillo, por no llamarla
mulata, gran piloto de los rumbos más secretos de Sevilla . .. " 57

A pesar de la hispánica disposición al mestizaje:
"Dos padres virtuosos me engendraron -gente de poco gasto en la
conciencia- padre gallego y africana madre." 5ª

el negro no era considerado como ciudadano integrado con los mismos de~;11os del español. ~n .el trágico episodio de la viuda valenciana, la agreSlon se~u~ y el subS1gwente acto criminal del mulato provocaron en seguida
un senturuento de superioridad hispánico-cristiana en la mente del pícaro
Alonso.
. Entrado ya en el siglo XVIII, baja la influencia de la Ilustración y la
idea del Bon Sauvage, los juicios sobre el negro en la novela picaresca son
ya más equitativos; para el pícaro Torres Villaroel, el negro es casi un
compañero:
"El que anda más cerca de mí era un negro sencillo, cándido, de buena
ley y de inocentes costumbres . .. " 59

Un episodio interesante en cuanto a las dimensiones sociales y sicológicas
del problema de la convivencia entre diferentes grupos étnicos, nos ofrece el
El Periquillo Sarniento. Durante su estancia en Manila, el protagonistapícaro presencia el altercado y subsiguiente duelo entre un oficial inglés y
un negro. Se trata de uno de los muy pocos casos en la literatura occidental
de antes de fines del siglo XIX (Machado de Assis y otros) que no presenta
al negro en su humilde condición de esclavo-objeto. El oponente del inglés
es un comerciante rico y culto, aparentemente integrado en la sociedad de
Manila. En la discusión, el inglés, embuído, arrogante y lleno de prejuicios
" Ibídem, VÉLEZ DE GuEvARA, Luis "El Diablo Cojuelo", t. II, p. 727.
• Ibídem, SALAS BARBADILLO, Alonso J. de, "La hija de Celestina", t. I, p. 1147.
• Ibidem, "Vida de Torres Villaroel", t. II, p. 1077.

t. II, p. 516.

371
370
,/

�. l
destaca negativamente del negro con sus altos conceptos humanirac~a es, se 'libn'o mental su bondad comprensiva. Se muestra aquí el negro
tanos, su eqw
,
muy por encima de su contricante blanco:
EL INGLÉS:

EL NEGRO:

"Pues bien despachemos, que aunque no me es lícito ni decente el rr:edir mi valor con un negro, sin em~argo;, seguro
de castigar a un villano osado, acepto el desafio . ..
"está bien, sepa usted que el que ayer no trató de ~fe~derl~~
tampoco Jia vemºdo hoy a este lugar con tal designio . ...
( Cuando la suerte se decide en favor d~l. ne~ro) - : - El tirar
no tirar pende de mi arbitrio; pero si ¡amas quise ofender
0
a usted, ¿cómo he de querer ahora viéndolo desarmado? •• •)

EL INGLÉS:

" ... Nunca creí que los negros fueran capaces de tener almas
tan gran des ... "GO

, de la discriminación de los antiguos cristianos
Cuánto nos separa aqw
.
ue
his ánicos de sus minorías judío-moriscas. Pero no olvidemos, ~P_Oco, q
el ~utor mexicano actúa bajo el influjo y los conceptos _humarutanos de la
. , L un·agen positiva del negro en esta obra uene muy poco que
11ustrac1on. a
ver con la realidad social de los afroamericanos de entonces.

En las primeras novelas picarescas, América está ausente todavía. E incluso cuando aumentan las alusiones y referencias al Nuevo Mundo -desde
comienzos del siglo XVII- el pícaro prefiere ir a Italia o a Flandes antes
de trasladarse a las Indias. La tradicional realidad mediterránea triunfa todavía sobre la nueva y tan lejana posibilidad americana. Mateo Alemán tuvo
su "jornada a Indias", pero sus experiencias mexicanas no se reflejan en el
Guzmán de Alfarache, sino en los Sucesos de don Fray García Guerra, Arzobispo de Méjico, a cuyo cargo estuvo el gobierno de Nueva España. Cervantes no pudo realizar su propósito del viaje a las Indias; el pícaro don Pablo
logra partir, pero no nos enteramos de sus aventuras americanas. Sólo El
Donado Hablador Alonso nos suministra datos interesantes de su prolongada
estancia en el continente americano. Por otra parte, observamos en el Periquillo Sarniento una especie de "apertura hacia el Pacífico" -con su viaje
a Manila- y falta aquí una experiencia directa, vivida de la situación metropolitana a comienzos del siglo XIX.
Más que los datos exótico-entusiastas como aquel "dichosísimo viaje a las
Indias del Cielo",61 metáforas constantes de la abundancia, de lo fabuloso
como las "Islas de la Fortuna" que menciona el Periquillo el de las Gallineras,
nos interesan las observaciones y refl~ones de pícaro Alonso. Estamos ya
en el siglo XVII y los españoles que parten para las Indias ya no viajan en
plan de gloria, diferenciamos entre los funcionarios -el amo de Alonso-y los que piensan medrar pronto:

La imagen de América

L América Hispánica a la cual nos referimos, desde Juego, no es propiapresebnltan, y~ _eli~
men:e dicho extranjera. Pero las provincias de , ultramar
f una pue os y c1vi ll 'poca tantos elementos nuevos (geografia, ª
'
aq~e a edis•:~tas numerosos aportes a la vida material como chocolate, tazac1ones
u.u
,
• . • d
ó ·
y final"
d Ind1'as" etc enormes pos1b1hda es econ micas,
baco, e1 catre e
,
-,
.
.
d' L
.
'al del indiano) que conviene mcluirlos en este estu io. a
mente e1 bpo soc1
fama de sus inagotables riquezas que ostentan los indianos que regr~san a
E ~ a el esplendor exótico de América rayano en la leyenda fantásuca de
sp_an '
,
1
'b . , de las "Flotas de Indias" a mantener la
vanos Potos1es a contn uc1on
,
d
d ~spaña en la primera mitad del siglo XVII, todo esto está
gran eza e
1 .
Podemos afirmar qqe la múltiple realidad
presente en la nove a picaresca.
.
.
de la América Hispánica ensancha los confines de la hispanidad por una
nueva dimensión material y es~iritual.

,
Jose, Joaqum,

"El Periquillo Sarniento", Mé345
xico, 1816, 'Editorial Porrúa, Col. Sepan Cuántos, No. 1, pp. 344 y
.

'° Ibidem

FERNÁNDEZ DE L1zARD1,

"Y yo, que tanto deseaba ver el Nuevo Mundo, dándome el parabien de las riquezas que en él había, teniéndolas ya aplicadas para mi
regalo y vejez . .. " 62

El continente de "las ilimitadas posibilidades" ejerce su influjo favorable
sobre Alonso. En la rápida mejora de su situación financiera y social se manifiestan dos "axiomas" americanos: el extranjero medra muy pronto y el
europeo sube de categoría social; de don nadie en sus tierras natales se convierte en poderoso y respetado caballero. Narra el pícaro Alonso:
"de modo que en breve tiempo, aunque entré en Méjico sin un cuarto,
me vine a hallar con quinientos ducados, ganados en buena guerra, de
pura industria y diligencia mía. ..
Ibidem, SANTOS, Francisco, "Periquillo el de las Gallineras", t. 11, p. 963.
Ibidem, ALcALÁ YÁÑEZ v RIVERA, Jerónimo de, "El donado hablador Alonso",
t. II, p. 214.
11

ª

373
372

�... Yo, ya era el ejemplo de la buena suerte y ventura, el señalado con
el dedo de los nobles de Méjico por la gran mudanza en tan pocos días,
el estimado por la riqueza. .. tenía quien me sirviese, y mi señor acudía
a mi posada, tratándome con respeto . .. " "

Nos fijamos aquí en otros dos aspectos relevantes: el español medra en el
comercio, no le interesan industria, ni artesanato. Y la jerarquía peninsular
de carácter feudal-aristocrático cede en América a la magnitud de riquezas
materiales: de ahí una mezcla de elementos sociales separados en la Metrópoli con su orientación distinta en cuanto a la diferenciación social.
El propio Alonso experimenta la inestabilidad de las estructuras económicas del Nuevo Mundo y los altibajos de la suerte comercial. A pesar de
su efímera pertenencia a la burguesía mexicana, Alonso no logra escapar a
su condición picaresca. Se da cuenta de que América no es país de Jauja
que pide privación inicial y doble esfuerzo para subir y que los que fracasan
pasan desapercibidos:
"No son las Indias para todos: tantos perdularios andan por allá como
por España, quizá fiados en que la comida no cuesta dinero y a ninguno falta ... A muchos, padre, he visto ir a Indias, y volver tan rotos
como cuando salieron de su patria . .." "

México y el Perú son los dos puntos de fijación geográfica en la visión
del mundo picaresco. E incluso en la novela picaresca surge la diferencia
entre ambos países: el Perú aristocrático y minero; México el centro comercial, el intercambio humano:
·
" .. . entre los cuales estaban dos de Méjico, cuyos padres gustaron de
85
que viniesen a España a estudiar en Salamanca ... "

elementos de índole económico-social nuevos: la familiarización con nuevos
artículos de consumo, tales como el chocolate el tabaco el catre de Indias
.
'
'
'
etc.. (obJetos_ que f~~ aún en las obras picarescas del siglo anterior) y
la figura SOCJal del md1ano. Regresa éste a España después de medrar durante largos años en las Indias para casarse con alguna joven de la península
y para ostentar su gran riqueza en ciertos momentos de conveniencia social.
Le caracterizan al indiano ciertos rasgos nuevos, burgueses y en cierto modo
opuestos a la actitud noble del hispánico peninsular. Son rasgos como su
cautela, su desconfianza, su reserva y poca comunicabilidad, su ostentación
económica sin ser liberal, sus celos exagerados hasta en aquella España pundonorosa, rasgos que provocan en general una actitud negativa del pícaro,
ya que siente que aquellos indianos son cum grano salís españoles deformados:
"Tenía sus puntas de indiano en lo guardoso." 81

A pesar de su prudencia, el indiano deseoso de casarse es botín y víctima
fácil de las pícaras avispadas. No les une a su marido un sentimiento de
amor, sino con ayuda de algún compañero logran quitarle sus bienes. El
indiano es así víctima de su pasión ciega y de su desconfianza extremada
que provoca reacción de su joven esposa. Confiesa la pícara Teresa de Manzanares:
"No quise dejar pasar tan buen lance y perderle ( al indiano Don
Alvaro), y así mis bodas se hicieron con mucha solemnidad, hallándose
a ellas muchos amigos del indiano. En cuanto a galas y joyas, gast6
liberalmente con no lo ser, porque era la misma miseria, plaga que traen
todos los que pasan de España a ganar hacienda a las Indias, que como
1
allá les cuesta trabajo el adquirirla, así la guardan . .. "•

Esta imagen del indiano sigue aún válida -con muy pocos cambios- en
El siglo XVII muestra hasta en la sociedad española ciertas tendencias ·
de aburguesamiento. El afán de aventuras gloriosas cede poco a poco al
único afán de riqueza. El ritmo de la llegada de las flotas de Indias, el
aumento de los contactos comerciales con el Nuevo Mundo significan dos
• Ibid,m, ALCALÁ. Ylliz

Y

RrvuA, Jerónimo de, "El donado hablador Alonso",

t. II, p. 216.
" Ibid1m, ALCALÁ YJJizz

Y

RrvuA, Jerónimo de, "El donado hablador Alonso",

t. II, p. 216.

• Ibid,m, CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, "Aventuras del Bachiller Trapaza",

t.

u,

374

p. 437.

las novelas burguesas de Benito Pérez Galdós, o sea, imagen de un elemento
humano que no encuadra perfec~ente en el sistema austero y rígido de la

sociedad hispánica en la península.

La novela picaresca no ofrece de América aquella visión brillante, idealizada y "nacional" que encontramos en la épica de La Araucana. El género
• Ibidem, CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, "La Garduña de Sevilla", t. II, p. 561.
• Ibidem, CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, "La Garduña de Sevilla", t. II.
p. 561.

375

�picaresco constituye, sin embargo, un panorama realista, completo y global
de la manifestaci6n de lo hispánico entre Flandes, Italia, Africa y América.

BIBLIOGRAFÍA

VALBUENA PRAT, ÁNGEL, La Novela Picaresca Española, 2 tomos, 7a. edici6n, Aguilar,
Madrid, 1974. Fueron consultadas las siguientes obras de esta edici6n:
La vida de Lazarillo de Tormes, 1554.
CERVANTES SAAvEDRA, Miguel de, La ilustre fregona. Novelas Ejemplares, 1613.
CERVAXTES SAAVEDRA, Miguel de, Novela y Coloquio que pas6 entre "Cipi6n y "Ber•

LOS FACTORES ANGLOSAJONES EN LAS OBRAS DE
JORGE LUIS BORGES
DR. RoBERT G. CoLMER

ganza". Novelas Ejemplares, 1613.
ALEMÁN, Mateo, Guzmán de Alfarache, 1599, segunda parte, 1604.
LuJÁN DE SAAVBDRA, Mateo, Segunda Parte de la vida del plcaro Guzmán de Alfa•
rache, 1602.
LÓPEZ DE UBEDA, Francisco, La picara Justina, 1605.
SALAS BARBADILLo, Alonso J. de, La Hija de Celestina, 1612.
ESPINEL, Vicente, La vida del escudero Marcos de Obreg6n, 1618.
QUEVEDO, Francisco de, La vida del Busc6n, llamado don Pablos, 1626.
CARLOS GARCÍA, El Dr., La desordenada codicia de los bienes ajenos, 1619.
Ai.cALÁ YÁÑEZ y RIVERA, Jer6nimo de, El Donado Hablador Alonso, mozo de muchos
amos, 1624/26.
CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, La Niña de los Embustes, 1632.
CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, Aventuras del Bachiller Trapaza, 1637.
CASTILLO SoLÓRZANO, Alonso de, La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas, 1642.
VÉLEZ DE GuEVARA, Luis, El Diablo Cojuelo, 1641.
ENRÍQUEZ GóMEZ, Antonio, Vida de Don Gregorio Guadaña, 1644.
Vida y Hechos de Estebanillo González, 1646.
SANTOS, Francisco, Periquillo el de las Gallineras, 1688.
ToRRES VILLAROEL, Diego de, Visa de Torres Villaroel, 1742/58.
FERNÁNDEZ DE L1zARDI, José Joaquín, El Periquillo Sarniento, México, 1816, Editorial Porrúa. Col. Sepan Cuántos, No. 1, México, 1972.
DELICADO, Franci~co, La Lozana Andaluza, Venecia, 1528, Tauros, Tema de España,
No . 62.
AMÉRICO CASTRO, La realidad hist6rica de España, 1954.
AMÉRICO CASTRO, Aspectos de vivir hispánico, Alianza Editorial, Madrid, 1970.
DÍAz•PLAJ A, Guillermo y MoNTERDE, Francisco, Historia de la literatura española e
historia de la literatura mexicana, 1 la. edici6n, Porrúa, México, 1974.
MExÉNDEZ PIDAL, R am6n, España, Eslab6n entre la Cristiandad y el Islam, Col. Autral, la. edición, Espasa-Calpe, Madrid, 1956.
SAAVEDRA, Angel de, Duque de Rivas, Romances Hist6ricos, 1840, Clas. Cast., 1912.
CUADRA, Pablo Antonio, El Nicaragüense, Managua, 1967.
BoNILLA, Luis, Las revoluciones españolas en el siglo XVI, Editorial Guadarrama,
Punto Omega 148, Madrid, 1973.

376

Bayler University

JoRGE L~rs BoRGES es un enigma. Nacido en Argentina ("Las calles de
Buenos Arres / Ya son la entraña de mi alma"), ha tenido más influencia
fuei:a, ~e su país y fuera de su lenguaje que en el mundo hispanoamericano.
Casi ciego ~a mitad de su vida y ahora medio sordo, ha desempeñado el
cargo de director de la Biblioteca Nacional de Argentina. Sin inmiscuirse
en sus asuntos políticos, fue humillado por Perón y forzado a servir como
"Inspector de aves de corral" en Buenos Aires. Bien documentado acerca
de con~e?tos fil?sóficos y teol6gicos, utiliza su "inteligencia siempre alerta ...
a_l serv~c~o del Juego y no de la convicci6n" ( como nos informa su a.miga
fiel Ahc1a Jurado) .1 Pequeño, débil, modesto, le gusta narrar cuentos del
gaucho, e~ . hé~,oe ~tar argentino y el gangster norteamericano. Aunque
una vez d110, Yo pienso en Inglaterra como se piensa en una persona querida",2 antes de los sesenta años no había visitado ni Inglaterra ni los Estados
Unidos. Apenas conocido fuera de un grupo de amistades en Buenos Aires
~ace ~ez ~~s, ahora b~lla su n~mbre en todo el mundo como personaje
literano, exotico y atractivo, especialmente entre los jóvenes de letras. Casi
t?do estudiante universitario conoce los libros Ficciones y Obra poética o,
s1 no, lee tales cuentos como Las ruinas circulares o El jardín de senderos
que se bifurcan o El sur en las antologías que se utilizan en el primer año
de estudios literarios universitarios. Secreto y aislado, admite: "mi vida
es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido", pero sus declaraciones
1

Genio Y figura de Jorge Luis Borges (Editorial Universitaria de Buenos Aires
Buenos Aires, 1964), p. 60.
'
.• Citado por James E. Irby, The structure of the stories of Jorge Luis Borges,
tesis doc,oral no publicada (Universidad de Michigan, Ann Arbor, Michigan), p. 96.

\

377

�.
las , .
de diarios mundiales y sus conferencias en Caroson citadas en
paginas
México son numerosas.
bridge, Massachusetts, Nueva York, Londres y
,
d
te mi estancia de dos años académicos, como proConoci a Borges uran
.
p
de 1966,
la Universidad Nacional de Asunci6n, araguay.'
.
fesor huesped.en
S ti
Dávalos ( cuya memona conservo
1967. Un amigo paraguayo, Juan an ~go d mi interés en el poeta inglés
con afecto ya que ha fallecido)' conocien~a esta misma curiosidad. Hice
John _D_onne, me inf=-6 q~e1:;~::~farlar con él, habiendo en~ntrado
dos vtaJCS a Buenos
es e
ás m·gular en toda mi expe·
, á ·1 y la persona m s
una de las mentes mas gi es . . 1 Hablamos en inglés, intercalando
ciencia. Mostr6 ser un bo~bre sm igua .
ue contaba entonces con más

~:: ~Ío

algunas pala~ras en e~ie~::~ d!~u
~uidaba y lo llamaba "Geo~~,,,
de noventa anos, no se
J
. 1,
pan·ol Le presenté una edición
.
b"'
mezcla de mg es Y es
·
utilizando taro ien una . .
. del Dr Samuel Johnson, el padre de la
del siglo XVIII, del diccionano b
.6· a copia de su libro más reciente.
. graf' . 1
su vez me o sequt un
lexico
ia mg esa y a
T
s acompañado de su esposa con
En 1968 nos visit6 en nuestra casa en exa, d"
. d
.
había casado en 1967, siendo ahora ivorcia o.
quien se
• l'
.
idi6 ue le leyera unos trozos en mg es
En nuestro pnmer encuentro me p
!tros mismos es como una lengua
moderno del inglés ~tiguo (que_ ~ar: nMe informó que durante los últimos
extranjera) Y, él los. cit6 en e~;~~ d~l noruego antiguo. En la ciudad de
meses se babia dedicado al
d h bla inglesa vivía este hombre que
Aires le.os de las masas e a
,
.
Buenos
, J
, d las personas de habla inglesa.
leía autores olvidados por la mayona e
d Bo
se nota que conoce profundaAl investigar la vida y las obr_as 1 e ..."r5o.'6 en Buenos Aires en 1899, de
la literatura mg esa. 1~ª
•
1
mente la engua -Y
h ab'an
habitado en Argentina por
portugueses
que
i
1
antepasados espano es y
rna1'
"6 en Inglaterra. Su padre era
•
su abuela pate
naci
•
E
generaciones, pero
secundarias
de Buenos Aires. n
• 1 ,
inglés en escue1as
,
profesor de ps1co ogia _e
·- la familia hablaba inglés y mantema la
la casa y durante los ~os de su run~, a Lector voraz, Borges había leído
biblioteca repleta de libros e~ esa e:gu ~
a la edad de nueve dominaba
Don Quijote antes de c~~lir los oc ohaanos y primera traducción de este
1
. lesa lo suficiente para
cer su
•
la engua mg
d O r Wilde El príncipe feliz. Siendo muy Joven,
idioma: el cuento corto e sea
d , .. , d 1914 a 1921. En Ginebra
dres Europa don e vivio e
lo llevaron sus Pª .
ª
. ' d ahí as6 a España. Frecuentaba un
completó sus estudios secundanos y . e b ~ 1 . fluencia del movimiento
.
tas vanguard1Stas a JO a m
grupo de Jóvenes poeaf 1 C . s Assens denominado ultraísmo, llegando
literario forjado por R ae ansmo
1 'N
Mundo proclamando en
d
vimiento en e
uevo
,
a ser portavoz e ~t~ mo . ad
J , Enrique Rod6 y Rubén Darío,
oposición a los moVUillentos lig os con ose

378

la necesidad de escribir en un estilo aproximado al que Baudelaire y Mallarmé habían recomendado para el francés y que Ezra Pound había practicado
en el idioma inglés. Se abogaba por la reducci6n del poema a su elemento
primordial, la imagen, la supresión de adjetivos inútiles, la abolición del
adorno y la compresión de símbolos para ampliar el poder de sugestión.
Parece ser que Borges piensa en inglés; habiendo publicado dos poemas
en este idioma y además encabeza ensayos con títulos en inglés, por ejemplo Dreamtigers. Ha desempeñado el cargo de profesor de literatura inglesa
en la Universidad de Buenos Aires durante varios años. El tema de este
trabajo es precisamente "¿Qué forma toman las literaturas inglesa y norteamericano en las obras de Borges ?".
Antes de procurar resolver este problema, debemos definir la relación de
Borges con la lengua extranjera predominante en los círculos literarios de
América Latina: el francés. Desde fines del siglo XVIII, la lengua francesa
y los admiradores de Francia han sido la fuente intelectual de los escritores
hispanoamericanos. Voltaire, Diderot, Hugo, Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud,
Sartre, Camus, han influido en la vida intelectual de Hispanoamérica. A
la vez, los autores ingleses laureados por los franceses, eran casi los únicos
también ahí honrados. Por ejemplo, Byron, Poe y Whitman s6lo fueron
admirados después de ser reconocidos en Francia. En este punto Borges se
separa de los otros pensadores castellanos, porque no es seguidor de guías
franceses. Pero hay una paradoja en esta relación. Borges dice: "Le debo
muchísimo a Francia". La primera traducción de una de sus obras, por
ejemplo, fue al francés. Continúa: "Creo que incluso en España se me
considera con más seriedad ahora, quizá por encima de mis méritos, a causa
de mi consagración en Francia. Y lo mismo aquí, en Argentina". La primera revista que dedic6 un número entero a Borges fue l'Herne en 1964.
Sin embargo, insiste: "Tengo la impresión que hemos pasado del francés al
inglés y del inglés a la ignorancia. Hubo una especie de cambio. Admiro
a la literatura inglesa más que a ninguna, pero tengo la impresión que hemos
pasado del francés literario al inglés de Hollywood".

Borges se considera un precursor del movimiento hacia la literatura inglesa.
Pero ¿ cuáles son los escritores significativos de esta literatura? En cierto
sentido existe una ortodoxia en el estudio literario. Hay en todas las literaturas una jerarquía de escritores, y las personas que enseñan literatura ponen
énfasis en los right (autores) . Por ejemplo, en la literatura británica designamos entre los grandes a Chaucer, Shakespeare, Milton, Wordswortb, Tennyson; y en la literatura norteamericana a Emerson, Hawtorne, Melville,
Whitman, Eliot. Nosotros los profesores, repetimos el catecismo de los au-

379

�tores calificados como buenos. Pero Borges no tuvo la oportunidad -o no
llev6 la cadena- de haber estudiado la literatura inglesa con profesores del

e::

establishment.

La clave para el pensamiento de Borges es la que ~os P~:sen~ el
~ de un hombre que no madur6. En una entrevista d110: Me P
extrano
Sh
A Ch terton le leo
la vida leyendo a Stevenson, Kipling, Wells,
aw · · ·
esd
.
·
nal
lo releo y lo considero como a un amigo perso . .. Cuan o era 1oven,
y,
Whitman" s Una y otra vez en las obras y conversale1a enormemente
d
chacho aislado
ciones de Borges, encontramos el patron de lectura : un mu .
.
'blioteca
recaudada
por
un
aficionado
a
los
libros,
de
fmes
del
siglo
en una b1
,
· ··
mpletamente
XIX que escogi6 los volúmenes que le atraían segun su 1u1c10 co
. .,
'
.
1·zan las obras de Borges notan la repetic1on
personal. Los pentos que ana 1
.
.
.
de símbolos por ejemplo: el laberinto, el espeJo, el tigre, el h?ro qu\c~~.
, 't dos los demás libros.' Alicia Jurado comenta como le a ia
tiene en si O
•
h" Borges cuando
fascinado el tigre y tenemos un dibujo de un tigre que izo
.
era niño. En el libro El hacedor ( título traducido al inglés como Dreamtigers)

ª

·

,

leemos:
Pienso en un tigre. La penumbra exalta
La vasta Biblioteca laboriosa
y parece alejar los anaqueles;
Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
El irá por su selva y su mañana
y marcará su rastro en la limosa
Margen de un río cuyo no'fT!bre ignora
( En su mundo no hay nombres ni pasado
Ni porvenir, sólo un instante cierto).

Cunde la tarde en mi alma y reflexiono
Que el tigre vocativo de mi verso
Es un tigre de símbolos y sombras,
Una serie de tropos literarios
y de memorias de la enciclopedia
Y no el tigre fatal . ..
"
Enc••entro con Borges (Editorial Galerna,
• "Entrevista con Napoleón Murat en
~
Buenos Aires, 1968), PP· 87-92 ·
d University Press, Cambridge,
• M
L A The cyclical night (Harvar
k
Massa;:~~t~: 1968):• pp. 119-242; CHRIST, Ronald, The narrow act (New Yor
University Press, Nueva York, 1969)' pp. 163-189.

380

Ha mantenido el entusiasmo de un niño en su primer encuentro con el
objeto ajeno o personaje nuevo. El mundo estaba animado o en estado de
fluidez, no sujeto a formulaciones fijas y prejuicios concretos. La literatura
no toma forma según la mano muerta de profesores que muchas veces repiten sin comprender, las interpretaciones ya vacías y sin vida.
Podemos tomar como ejemplo de la actitud de Borges hacia la literatura
inglesa, la manera c6mo descubri6 a Donne. El lector moderno confronta
a Donne a través de T . S. Eliot. 5 En cambio Borges, quien cita a Eliot pero
no simpatiza con él, halla a Donne por medio de la prosa romántica de
Thomas de Quincey. Hoy en día casi nadie lee a De Quincey, autor de
Las confesiones de un epiófago inglés, pero a fines del siglo XIX era muy
leído. Un libro en prosa de John Donne, una defensa del suicidio Biathanatos,
fue comentado por De Quincey. El libro de Donne es la primera apología
del suicidio en tiempos modernos. Con vasta documentaci6n, citando a casi
ciento sententa y cinco autoridades, Donne en más de doscientas páginas
procura insistir en que ninguna ley, ni la de Dios, ni de la naturaleza, ni de
la raz6n, se viola si la persona, bajo ciertas condiciones, se suicida. Es un
libro de teología casuística, y Borges incluye a Donne entre los heresiarcas
hist6ricos. Una de las ficciones mejor conocidas, "Tres versiones de Judas"
según un crítico, toma como punto de partida a Biathanatos. El ensayo sobre Biathanatos escrito por Borges se incluye en Otras inquisiciones. Lo
que le atrae a Borges en la literatura inglesa, es la idea aislada o el detalle
olvidado, o el autor rec6ndito.
Podemos trazar los elementos anglosajones en las obras de Borges con
la ayuda de dos breves libros que contienen los apuntes para sus conferencias
dictadas en la Universidad de Buenos Aires, en su cátedra como profesor
de literatura inglesa. Estos libros son Una introducción a la literatura inglesa
y Una introducci6n a la literatura norteamericana. Comenta Borges sobre
De Quincey: "su obra entera, que abarca catorce volúmenes, está hecha
de artículos que en aquel tiempo equivalían, en extensión y profundidad,
a lo que hoy llamaríamos libros. Intent6, y muchas veces logró, como Sir
Thomas Browne, una prosa tan poética como el verso. . . Buscó un placer
intelectual en el opio; éste aumentaba su sensibilidad para la música y le
permitía entender o creer que entendía las páginas más abstrusas de Kant ...
Pequeño, frágil y singularmente cortés, su imagen perdura en la memoria
• Vea mi "John Donne, la llave de la poesía inglesa moderna", Hu manitas, V
( 1964), pp. 297-307.

381

�de los hombres como la de un personaje de ficción, no de la realidad.8 Esta
última descripci6n de De Quincey cumple bien con la de Borges mismo.

la religión hebraica y la búsqueda de "un puro razonador'', el detective Erik
Lonnrot, así como también el asesinato fabricado de Emma Zunz.

Al mencionar a Sir Thomas Browne, encontramos otro elemento inglés.
Borges alega en su lntroducci6n a la literatura inglesa, que éste "ha sido
juzgado el mejor prosista de las letras inglesas"/ y un crítico del estilo de
escribir de Borges encuentra en éste la intenci6n precisa de adaptar el estilo
de Browne al castellano.8 Pero hay muy pocas personas, salvo los especialistas
en la literatura inglesa, que ahora leen a Browne, quien es un autor casi olvidado. Pero Borges revivifica a autores muertos y vuelve a utilizar ideas que el
resto del mundo califica como agotadas. El estilo de Browne se distingue
por la mezcla de palabras de etimología latina y griega con palabras teutónicas, "latinismos y neologismos" (según Borges). El pensamiento de
Browne, dice Borges, en su primer libro Religio Medici (la religi6n de un
médico), "encierra una paradoja: los médicos eran tenidos por ateos".
Y sigue: "En su obra capital, Urnas sepulcrales, el sujeto es apenas un
pretexto para sabios y dilatados párrafos musicales, donde lo que se dice
es harto menos importante que lo que se sugiere".9 No por casualidad, el
amigo más cercano de Borges, Adolfo Bioy Casares, tradujo al castellano
este libro. Los profesores de inglés consideran Religio M edici su mejor obra.

H. G. Wells, considerado por algunos historiadores como el padre de la
ficción científica, procuraba unir la ciencia, a veces fantástica -por ejemplo en La máquina del tiempo-, con la ideología. Sin educación universitaria, pobre y enfermo, Wells muestra rasgos parecidos a los de Borges.
La ciencia de éste, en contraste con la de Wells, con sus investigadores
de planetas lejanos y el mundo futuro, regresa al pasado en La lotería en
Babilonia, a la obscuridad de la literatura en La busca de Averroes, o raras
veces se adentra en el futuro como en Tlon, Uqbar, Orbis Terlius. Wells
se opuso al cristianismo de Inglaterra, como Borges también examina con
admiración la herejía en Tres versiones de Judas.

Aunque "el horror de los espejos" (mencionado en el poema "Los Espejos") es, como dice el crítico Miguel Enguídanos, "tema recurrente en
toda la obra de Borges",1 º sin embargo Borges busca su propio reflejo en
los autores a quienes él imita. O quizás podríamos decir que Borges busca
a los autores que lo dupliquen a él.
Regresemos a otros escritores que influyer.on en él. Son como dije, autores
que ley6 en sus primeros años. Eran los escritores populares a fines del siglo
XIX y principios del presente: G. K. Chesterton, H. G. Wells y Rudyard
Kipling. Chesterton utilizaba el cuento policial para promover ideas filos6ficas, especialmente en los cuentos del Padre Brown, el detective sacerdote.
Con su amigo Bioy Casares, Borges hizo una edición de Los mejores cuentos
policiales, e incluyó un cuento de Chesterton.
Recordemos La muerte y la brújula con la integración de elementos de
• Una introducci6n... (Editorial Columba, Buenos Aires, 1965), p. 36.
• Ibid., p. 24.
• IRBY, op. cit., p. 133.
• Una introducci6n, p. 24.
,,, Borges: Sus mejores páginas (Prentice-Hall, lnc., Englewood Clifs, Nueva Jersey,
1970), p. 226.

382

Después de Wells Borges se acerca a otro autor que utilizó la ciencia como
vehículo para exponer su filosofía, C. S. Lewis. En una entrevista Borges
explicó c6mo había abandonado la poesía para dedicarse al género narrativo:
"En el año 1939 caí muy enfermo de una septicemia, como Dahlmann
en El Sur. La fiebre y el delirio fueron tales que creí enloquecer y temí
que ya no podría volver a escribir. No quería ni siquiera que mi madre me
leyera libros porque tenía miedo de no poder entenderlos. Una noche en
el sanatorio, ya un poco mejorado, ella me empez6 a leer un libro de C. S.
Lewis, Out of the silent planet, que acababa de llegar de Londres. De
pronto, descubrí que estaba llorando de alegría, porque sí entendía lo que
mi madre me leía. Entonces decidí escribir algo, pero algo nuevo y diferente para mí, para poder echarle la culpa a la novedad del empeño si
fracasaba. Me puse a escribir ese cuento que se llama Pierre Menard, autor
del Quijote." 11 Basta decir que durante los últimos diez años Lewis ha sido
descubierto como autor significativo, pero Borges lo había notado ya hace
más de treinta años.
En cuanto a la literatura norteamericana, el caso es paralelo. Borges expresa admiración anticipada a los grandes (en la literatura inglesa, Shakespeare y Milton: en la literatura norteamericana, Poe y Whitman), pero
le atraen aquellos factores que lo duplican a él mismo.
Como ya lo he mencionado, tenemos la ventaja de poder examinar el
esquema de la literatura en un pequeño libro de texto. Obra de no más
de sesenta y dos páginas, está dividida en catorce capítulos. Hay capítulos
u

"Entrevista con James E. Irby" en Encuentro con Borges, pp. 36-37.

383

,

�típicos, por ejemplo: "Hawthrone y Poe", "El Trascendentalismo", "Whitman
y Herman Melville". Pero hay otros, los últimos, "La Novela Policial",
"Science-fiction", "El Lejano Oeste" y "La Poesía Oral de los Pieles Rojas".
Cautelosamente los críticos norteamericanos han admitido la influencia del
oeste lejano, pero para Borges la vida de los cowboys y las novelas que la
reflejan, son verdaderamente dignas de ser estudiadas. Y Borges todavía
se anticipa a un futuro reconocimiento, al insistir en la importancia de la
poesía oral de los habitantes primitivos de América del Norte. Así como
entran en su literatura los gauchos y los indios de Argentina, de la misma
manera quiere que también se estudien personajes semejantes en la literatura
norteamericana.
Hemos notado su interés en la teología y la herejía. Podríamos comentar
también cómo introduce factores y nombres y mitos de los judíos y los árabes.
(Borges mismo tiene un poco de sangre judía.) Le interesan dos autores
puritanos, ahora recordados por los especialistas en historia y teología, Cotton
Mather y Jonathan Edwards. Creo que los puritanos son en ciertos aspectos,
probablemente los descendientes intelectuales de los judíos. Uno de sus
mejores poemas se titula "Jonathan Edwards".

EowARDS
( 1703-1758)

JoNATI-IAN

Este poema en parte justifica el juicio de Carlos Fuentes sobre la prosa
de Borges:
"Borges confunde todos los géneros, rescata todas las tradiciones mata
todos los malos hábitos, crea un orden nuevo de exigencia y rigo: sobre
el cual pueden levant~rse la iron~, el humor, el juego, sí, pero también
una profunda re~oluci6n que equipara la libertad con la imaginaci6n y
con ambas constituye un nuevo lenguaje latinoamericano ... ,, 12

Siempre hay la ironía, el humor, el juego. Siempre hay Borges.
En resumen, a~que Borges según su propia palabra se crió "en un jardín,
detr~, de una verJa con lanzas, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses , h~ llegado a ser la voz más poderosa de América Latina en la literatura uruversal.
A pesar de algunos rasgos en las literaturas exóticas las había adaptado
y las había convertido en una cosa nueva. Borges mu:Stra q
la ·
·
~
~
~~·
Cl n crea el mundo, el poeta es hacedor, el hombre es creador. Como dijo
en su poema "Mi vida entera":
"Creo que mis jornadas y mis noches se igualan en
pobreza y en riqueza a las de Dios y a las de
todos los hombres."

Borges no es inglés, ni es argentino, es hombre universal.
Lejos de la ciudad, lejos del foro
Clamoroso y del tiempo,_ que es mudanza,
Edwards, eterno ya, sueña y avanza
A la sombra de árboles de oro.
Hoy es mañana y es ayer. No hay una
Cosa de Dios en el sereno ambiente
Que no lo exalte misteriosamente,
El oro de la tarde o de la luna.
Piensa feliz que el mundo es un eterno
Instrumento de ira y que el ansiado
Cielo para unos pocos fue creado
Y casi para todos el infierno.
En el centro puntual de la maraña
Hay otro prisionero, Dios, la Araña.

384

:u La nueva novela hispanoamericana (Editorial Joaquín Mortiz Méxic
D F
1969), p. 26.
'
o,
· .,

385
humanitas.-25

�JORGE LUIS BORGES: LA LITERATURA
FILOSóFICA

DR.

HUMBERTO PrÑERA LLERA

Univenidad

de New York en
Madrid.

¿Es BoRGEs UN Pn.6soPo? Desde el punto de vista profesional, claro que
no lo es. Sin embargo, la literatura de ficción y el ensayo, que son las contribuciones suyas a la prosa, tienen en común una especie de trasfondo constituido por lo que me atrevería a calificar de "metafísico", aun a sabiendas
de cuán comprometido es este concepto. Metafísico porque, en efecto, en
un caso como en el otro, el escritor busca siempre lo mismo esencialmente,
es decir, esa realidad profunda adonde acuden todos los enigmas, que es
como decir todas las complicaciones a las cuales no alcanza del todo el intelecto. Cuestiones como las de la "eternidad", el "conocimiento", el "tiempo", el "espacio", el "movimiento", etc., aparecen constantemente en sus
escritos y dejan en el lector un vago sentimiento de imprecisión, de lo indefinible y a veces inexpresable, en una palabra, de todo eso que el filósofo
enfrenta por modo inevitable. Borges, que no es filósofo profesional, no ha
hecho un "sistema" -algo, por demás, anacrónico en nuestra época-, pero
es indudable que su obra sugiere una especie de sistematización de lo asistemático, totum reuolutum del que, sin embargo, cabe la posibilidad de
extraer una "estructura" constituida por esas nociones de "laberinto", "circularidad", "repetición" y alguna otra que, por no conducir a nada en particular, llevan, por lo mismo, a todas partes: pues la realidad es precisamente
para Borges inagotable repertorio de "salidas" sin salida precisa y definitiva.
No es un azar (otras de las nociones favoritas de Borges) que haya combinado tan acertadamente la ficción con el ensayo. Pues contemporáneamente
el pensamiento sigue esa curiosa dirección -digamos así- de una abstracci6n concreta, tal como podemos verlo, sobre todo, en el existencialismo, sea

387

�filos6fico o sea literario. Señor de su tiempo, Borges parece instalado c6modamente en el nuevo orden de cosas e intuye con admirable tino cuáles
han de ser ahora las directivas de esa toma de contacto con lo real, en que
siempre, de un modo o de otro, consiste el arte de pensar. Pues, por ejemplo,
aquello que inicia un tanto furtivamente el surrealismo en la literatura, es
lo mismo que, mutatis mutandis, lleva a cabo Husserl con la fenomenología.
En suma, que el conocimiento es, tiene que ser, a la vez intelecci6n e intuición.
En épocas de crisis -como sucede ahora- la filosofía es un poco de todo:
ciencia, arte, literatura y, además, por supuesto, filosofía. Tal cosa sucede
en el período helenístico (desde 323 a. C. hasta 565 d. C.) , como igualmente durante el Renacimiento y ahora en nuestros días. En esas épocas,
caracterizadas por una extraordinaria fluidez, en que, por lo mismo, nada
cristaliza de modo definitivo y particular, la cultura cobra un marcado aspecto "ensayístico", porque el pensamiento es siempre un pensamiento titubeante, en perpetua duda de todo. Se diría que después de varios siglos de
estabilidad, en que el orbe cultural queda repartido en distintos sectores y
dominado totalmente por las ideas típicas de cada sector, el espíritu humano
ya no es capaz de seguir tolerando las mismas ideas y, en consecuencia, se
siente desorientado, pues ha perdido la fe en dichas f6rmulas de pensamiento:
he ahí, pues, la tendencia a la "hipercrítica", que ocurre más que nada
porque todo se desintegra, se disuelve, y al faltar la indispensable "relación"
entre las cosas, el espíritu también se desintegra. La curiosidad del intelectual se dirige entonces hacia la pluralidad de las cosas, pues cada una
de ellas lleva consigo la posibilidad de una respuesta orientadora. Éste es,
en fin de cuentas, el Aleph en que consiste.la obra de Borges.

La vida parece dar weltas en tomo nuestro, o somos tal vez nosotros
los que damos weltas alrededor de ella, o quizás ocurre una cosa tanto
como la otra. Esto parece ser el pensamiento constante de Borges, es decir,
que nada se detiene, sino que, por el contrario, todo cuanto existe se mueve
vertiginosamente. De ahí su insistencia en ciertos elementos configurativos
como, por ejemplo, el "espejo", el "sendero", algunas figuras geométricas como el ''hexágono", etc. En consecuencia, la realidad es constante repetición de un mismo suceso, aun en el caso de que éstos parezcan producirse
por primera vez. Así, en el prólogo a la Historia de la eternidad, nos dice
lo siguiente:
No sé c6mo pude comparar a "inmóviles piezas de museo" las formas de
Platón y cómo no sentí, leyendo a Escoto Erígena y a Schopenhauer, que
éstas son vivas, poderosas y orgánicas. Entendí que sin tiempo no hay roo388

vimiento ( ocupación de lugares distintos en momentos distintos .
,
que tampoco puede haber
d (ocupac1on
. , de un ·) , no1 entendí
0vil'd
1 a
momentos distintos). (Historia de la eternidad, Alianza Eme:s~~7lugar
9en)
'
' p. .
mm·

\!~~::r: J&gt;?:

He ahí la cuestión por
tid d bl
de l~s ciclos: lo., aÍ ente~:r :ueºla
Borges en La d_octr~na
de tiempo y movimiento de m
ns1s e en una combmaci6n
,
anera que uno y otro se
•
reciprocidad• mas s· h
• . bl
.
suponen con necesana
'
1 ay, mevita emente ne
· •
la realidad es un continuo f1 .
d ' . mpo Y moVlilliento, entonces
u JO o suce er magotabl
2
1
que la inmovilidad es ·
'bl
e. o., a no entender
mism ]
rmpo~1 .e, pues no puede haber ''ocupación de un
0 ugar en momentos d1stmtos".
Tratemos ahora de relacionar ambas tesis H
..
porque existen el t1'empo y el
. .
.
ay movilidad (permanente)
movnruento pero
.
'['d
I
que, entonces el tiem
· á
. . ., '
no mmovi ad, debido a
. '
po Jam s comc1dma con el movimiento Pero Bo
no renuncia del todo a esta última posibilidad
r
.
rges
cado constantemente _
di
d .
. Y po eso lo vemos enfraspu era ec1rse que sm tr
la d
cuestiones de toda su vasta obra de
.
egua- en s os grandes
nida en el Aleph, o sea la posibilida!e~:a.r;:1e=o~:t'd la que está cont~la forma de repetición ahora d 1
,
a ' aunque sea baJO
re~uzca a la contempiación de ~o ºsu~~~~:. p;:~ a~~1~e esa lrepebotición se
qwen lo ve de n
.
.'
'
m Y ª ca , para
de
.
J uevo, es como s1 se produ1ese el fenómeno de la ocupación
~ mismo . ugar en momentos distintos. La otra cuestión remite a
Eternidad
considerada como "retorno" 0 "repetic',
la
100,, d e 1as cosas, sucesos,
etc.
VamosLaa idea
referirnos
Borges.
fund ahora al pr~blema de~ Eterno Retorno según lo ve
sólo es posible sino ..::;~,~e dicha doctnnla ~ que la "repetición" no
li )
' o sea que a realidad (en su sentido más
ampl do no es alg~ ca~az de avanzar inexorablemente hacia un vacío en el
cua .esaparece.
S1 as1 fuese' é. en q ue, se convertiría
• , todo eso que aparece?
d .
es
s1
ecrmos
que
pasa
al
V
ac'
h
b
,
d
. . entonces que éste será.
Pu
1
,
'
w, a ra que a rmtir
a go as1 como una 'segunda realidad" Por
.
.
"cancelación" de realidad
·
o~ra parte, la Histona es una
es tanto como, en cierto modo una "
ti '6 ,,
y esto es Jo que lleva a Hegel a formular con toda sole~nidad rep~ Cl n .

:, ~~~6,% =~~~"':,;,,~A';'.';:t:n~t sinreW,

y la

canc,l:.,~6~: d;

Borges lucha afanosamente contra una idea que, en el fondo arece ado
tar. Mas para entender bien lo que quiero decir ahora s 'áp
.
pantes d
,
.
' er meJor que
1
emos una smtesis de la famosa doctrina del Eterno Retorno tal como
o expone nuestro autor: lo., El mundo se compone de átomos 2 S
,
mero
I •
· o., u nu' en e universo, es finito. 3o., Sin embargo, es desmesurado, o sea
\

389

�que existen en proporciones cuantiosas. 4o., En un tiempo infinito deben
producirse todas las permutaciones posibles. So., Por lo mismo, el universo
debe repetirse. Ahora bien, notemos que se trata de un "tiempo infinito":
en este caso, ¿c6mo pueden alcanzarse todos los cambios posibles si el tiempo en que se efectúan no termina nunca? Pero, además, tal como ha conseguido
probar el matemático ruso-alemán Georg Cantor, hay una "perfecta infinitud
del número de puntos del universo" (]bid., p. 77) . Así, por ejemplo, "hay
tantos múltiplos de tres mil dieciocho como números hay" (]bid., p. 78) , y
si la serie de los números es infinita, entonces no hay término posible, porque
al 1 correspondería el 3018
6036
2
"
" 9054
"3
"
" 12072, etc. (!bid.)
"4

"

"

"

En consecuencia, Borges se burla-¿ de veras?- de la doctrina del Eterno
Retorno y nos dice:
Si el universo consta de un número infinito de términos, es rigurosamente
capaz de un número infinito de combinaciones -y la necesidad de un Regreso
queda vencida. Queda su mera posibilidad computable en cero. (lbid.,
p. 80.)
Mas antes de seguir adelante con este problema, es conveniente hacer la
siguiente observaci6n: en su crítica de la doctrina del Eterno Retorno Borges
se refiere a las cosas, pero no a los sucesos. Por eso debemos preguntar si
acaso están compuestos igualmente de át~mos. Claro está que si se piensa,
o se cree que, por ejemplo, la Revoluci6n Francesa es la suma de los seres
humanos que en ella actuaron; el papel donde redactaron las leyes, los decretos, las disposiciones o lo que fuese; las armas usadas y sus respectivos
proyectiles, y así sucesivamente, entonces puede hablarse de un Eterno Retorno como de algo compuesto por átomos. Pero, con todo, ¿ acaso no hubo
otra cosa que son los sentimientos, los pensamientos, el heroísmo de unos
actos y la vileza de otros, etc., que no cabe imaginar compuesta por átomos?
Creo que este reparo haría a Borges detenerse un poco en su mencionada
crítica.
Por otra parte, Borges no simpatiza con la idea de "haber vivido ya ese
momento" (!bid., p. 90). Sin embargo, al hacerlo olvida aquello que Proust
ha dejado en su obra como comprobación de que lo vivido puede reproducirse (el caso de las "magdalenas" y la taza de tilo) . Además, ¿ es posible
ponerle límite al recuerdo? ¿Cómo saber que lo recordado remonta a diez
390

años atrás o a un siglo? Desde luego que lo descubierto por Proust pertenece
al "recuerdo involuntario", pero no deja de ser un modo inmediato, automático, de "revivir" el pasado. Se dirá que, de todas maneras, el que experimenta ese momento sabe que se trata de un "recuerdo". ¡ Ah!, pero es
que la experiencia proustiana (en este caso) , puesto que se efectúa en forma
involuntaria, traslada aunque sea fugazmente, a la persona a un estado ya
vivido, en cuya fugacidad se anula la conciencia del recuerdo (por eso es
"memoria involuntaria").
Borges no comprende cómo es que "dos procesos idénticos dejan de aglomerarse en uno'' (!bid., p. 93), pero se debe a que pasa por alto el detalle
de la interposición del tiempo, gracias a lo que podría haber dos procesos
idénticos, aunque se piense en la imposibilidad de tal suceso. Pero si vamos
a afinar la especulaci6n a este respecto, es decir, sobre la posibilidad, primero, de la identidad, y luego de su efectuación temporal, llegaremos a
cierta certidumbre, como, por ejemplo, la identidad de la repetici6n de la
existencia del hombre, o sea que el hecho de esa repetición -como tal hecho- es de una rigurosa identidad con los anteriores y los siguientes. Borges,
entonces, parece olvidar este importante detalle y es así como llega finalmente -según creemos- a la conclusi6n de que si no hay identidad es imposible toda reiteración, mucho menos esa de carácter global como sería la
del Eterno Retorno, y dice:
A falta de un arcángel especial que lleve la cuenta, ¿qué significa el

hecho de que atravesamos el ciclo trece mil quinientos catorce, y no el primero
de la serie o el número trescientos veintidós con el exponente dos mil?
(!bid., pp. 93-94.)

Y agrega entonces:
Nada para la práctica -lo cual no daña al pensador. Nada para la inteligencia- lo cual ya es grave. (!bid., p. 94.)
No sé si el mismo Borges, cuarenta años después de escritas estas últimas
palabras, podría explicar su verdadero significado, quiero decir: por qué
es grave para la inteligencia. Pues en pocas palabras ha establecido una
especie de contradicci6n que consiste en afirmar que, en la práctica, al pensador le da lo mismo estar en un momento que en otro del tiempo, pero,
en cambio, a ese mismo pensador ha de afectarle la imposibilidad de encontrar un significado para el universo. Entonces, ese "en la práctica" ¿ acaso
no alcanza también al pensador? Pues aunque éste no pueda evadirse de
la cotidiana circunstancia de ese "en la práctica", su mundo real y eficaz
es el del pensamiento, de manera que la cuesti6n planteada sí le afecta
391

�-"prácticamente"- al pensador. Aunque, por supuesto, bien puede ser toda
esta disquisici6n algo tras lo cual se esconde -fina y deliberadamente- la
ironía borgesiana.

de vencerlo en la discusión, lo denuncia y lo lleva al quemadero; para, más
tarde, descubrir en el Cielo que "para Dios el heresiarca y él forman una
sola persona" (Historia de la Eternidad, op. cit., p. 102).

Por otra parte, si el mundo, la realidad en que vivimos, no fuese, de cierto
modo, una constante repetición de todo, ¿qué sería de la realidad? En ese
caso, como el mismo Borges lo admite, habría que suponer esa segunda realidad del Vacío, la cual estaría repitiéndose intermitentemente entre cada
dos "realidades" que desaparecen en dicho Vacío. De no ser así, ¿por qué
la rotación de la Tierra alrededor del Sol en veinticuatro horas ( ni más ni
menos) ? ¿Por qué el ciclo de las estaciones, o el volver a ser "niños" a
medida que la vejez tiende a hacerse provecta? En la Historia -como ya
hemos dicher- hay cierta reiteración de problemas que responden a la condición misma del hombre; de ahí que muchas veces nos asombra ver -con
distinto ropaje- la repetición de sucesos muy lejanos ya de nosotros. Y si
no podemos explicarnos completamente estos fenómenos es debido a nuestra condición de seres finitos, incapaces de "ver" en la infinidad del tiempo
y el espacio.

¿Está, pues, todo en todo? ¿Es acaso el mundo la panspermía de que
nos habla Anaxágoras? Conforme con el criterio de Marco Aurelio, con
el libro de los Salmos, con Schopenhauer, resulta que la doctrina del Eterno
Retorno está ya en cada uno de nosotros. Tal vez es Marco Aurelio quien
lo declara del modo más impresionante: "Quien ha mirado lo presente ha
mirado todas las cosas: las que ocurrieron en el insondable pasado, las que
ocurrirán en el porvenir". (Soliloquios, libro VI.) ¿ Qué podemos inferir de
estas solemnes palabras del emperador filósofo? Desde un punto de vista
muy relativo, es indudable que el presente lleva consigo, a causa de su histórica inevitabilidad, todo eso a lo cual se llama "pasado", y -aunque con
rigurosas precauciones-- es posible admitir que, en efecto, si todo presente
es el pasado virtual de otro presente al cual llamamos "futuro", éste, de algún modo, ya está prefigurado en aquél. Reduciendo, pues, la cuesti6n al
ámbito estricto de la técnica historiográfica contemporánea, se puede decir
que Marco Aurelio tiene razón, pues su "intuitivo" hallazgo se ve confirmado,
hasta cierto punto, en nuestros días. Ahora bien, la orgánica relación de
pasado-presente-futuro, según nos la ofrece la ciencia historiográfica, no quiere
decir que podemos tener clarísima conciencia de todo cuanto ya pasó, ni
muchísimo menos de lo que vaya a ocurrir, sino simplemente que nuestra
"sabiduría" -si hemos de poseer alguna- está dada en esa serena y grave
reflexión que, como hijos del tiempo, podemos hacer, ya que está condicionada en nuestro presente lo mismo por lo que, siéndonos anterior, nos
domina y conforma, como por eso otro de lo que se alimenta nuestra vida
(nuestro presente), es decir, el futuro. Marco Aurelio tiene razón: el presente atesora pasado y futuro porque somos hijos del tiempo, y si el presente
puede enseñamos todo es porque, en definitiva, fuera de él, no es posible
aprender nada.

Pero Borges no renuncia a habérselas con el tema. "Yo suelo regresar
eternamente al Eterno Regreso" (Ibid., p. 97), nos dice graciosamente en
otro de sus ensayos sobre El tiempo circular. Comienza refiriéndose a los tres
modos fundamentales de este tiempo: lo., Platón, quien asevera en el párrafo
39 del Timeo que "los siete planetas, equilibradas sus diversas velocidades,
regresarán al punto inicial de partida" (]bid.). 2o., Nietzsche, quien se funda en "la observación de que un número n de objetos [ ... ] es incapaz
de un número infinito de variaciones" (Ibi~., p. 98). 3o., El de la "concepción de ciclos similares, no idénticos" (]bid., p. 100). Según Borges, este
último es "el menos pavoroso y melodramático, pero también el único imaginable". ( ]bid.) Tercer modo, propuesto de muchas maneras ( desde Brahma,
pasando por Hesíodo, hasta Poe), que se reduce a lo siguiente: ~o hay pasado ni futuro sino sólo presente. En lo que concuerdan el estoico Marco
Aurelio y el filósofo alemán Schopenhauer. De acuerdo con el primero,
"nadie pierde el pasado ni el porvenir, pues a nadie pueden quitarle lo que
no tiene" (Soliloquios, 14); mientras que el segundo afirma que "nadie ha
vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro; el presente es la forma de
toda vida" (El mundo como voluntad y representación, I, 54) . De esta manera, la vida, la existencia, eso que llamamos Historia, reside lo mismo en
el instante que en la eternidad. Se trata, pues, de una analogía, nunca de
una identidad, puesto que todo está en cada uno de nosotros, en cada instante,
por infinitesimal que sea. De ahí la posibilidad de ese teólogo, imaginado
por Borges, que se pasa la vida tratando de confutar a un heresiarca; luego
392

¿ Será esto el Aleph borgesiano? ¿ Será esa piedra la que lleva consigo
"sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos?"
(El Aleph, editorial "Emecé", B. A., 1957, p. 161). ¿Y por qué no igualmente todos los tiempos? ¿Acaso no nos dice en El Aleph, al ver "la pequeña
esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor" ( El Aleph): "vi en Inverness
a una mujer que no olvidaré" ( ]bid., p. 164), y piensa uno que pudo haber
estado allí desde hace siglos? Tal vez no sea sólo el presente lo que El Aleph
revela ...
Hay otro detalle que tal vez permita probar, o al menos esperar, que
393

�Borges no desecha del todo la posibilidad del Eterno Retomo. En el cuento
El Zahir nos dice lo siguiente:

En los velorios el progreso de la corrupción hace que el muerto recupere
sus caras anterio:es. En alguna etapa de la confusa noche del seis, Teodelina
Villar fue mágicamente la que fue hace veinte años [ ... ] Más o menos,
pensé, ninguna versión de esa cara que tanto me inquietó será tan_ memorable
como ésta; conviene que sea la última, ya que pudo ser la pnmera [ • • •]

(!bid., p. 105.)
Pero Borges, por lo que se ve, vuelve con frecuencia sobre_ la cuestión de
la eternidad con distintos pretextos, unas veces en forma directa, otras en
forma indir:cta, y si lo hace es porque le atrae el tema, diríamos q~e con
la atracción del abismo, porque, en fin de cuentas, este de la eterni,dad es
un tema abismal. Tal vez concuerda con Unamuno -lectura en el muy
preferida- en aquello que en una ocasi?n dice ~l gran vasco: "Es una
meditación que sacude las raíces del alma esta del tiempo d:sc~san~o en la
eternidad, de nuestra vida fluyendo sobre la eterna vida de Dios . (Nicodemo
el fariseo, ed. Afrodisio Aguado, t. III, p. 1~7.) De tal manera concuer~a,
que por vía cordial acaba admitiendo la realidad de lo _eterno, aunque, ~1alécticamente, no lo acepte. Esto se ve claramente al fm~l ~el ensayo _titulado Historia de la eternidad, donde, tras oponerse a vanas interpretaciones
de dicha eternidad -desde los griegos hasta ahora-, concluy~ ~n su propia experiencia sobre ¿1cha cuestión, y confiesa que el sentimiento de la
misma se le dio en una ocasión, de esta manera: según Borg~s, se tra~ d~
"una pobre eternidad sin Dios, y aun sin otro poseedor y . sin arq~etipos
(Historia de la eternidad, op. cit., p. 39) .. El autor se enco~traba accidentalmente en la localidad de Barracas, próxima a Buenos Aires, y esa noche
la contemplación del lugar le trajo estas reflexiones:
"Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz alta: _Esto
es lo mismo de hace treinta años [ ... ] Conjeturé esa fecha: época reciente
otros países pero ya remota en este cambiadizo lado del mundo [ .. -1
en
'
El fácil pensamiento
Estoy en mil ochocientos y tanto d''d
eJo e ser, unas cuantas
aproximativas palabras y se profundizó a realidad.
sen_ti muert~, ~e
sentí percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbU1do de ciencia
·
lanºdad de la metafísica No creí, no, haber remontado las
que es 1a meJor c
·
ºd
presuntivas aguas del Tiempo; más bien me sospech~ posee~or del se,nti o
reticente O ausente de la inconcebible palabra eternidad. Solo despues al-

M:

cancé a definir esa imaginación."
"La escribo, ahora así: Esa pura representación de hechos homogéneos
-noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva,

barro fundamental -no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina
hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma [ ... ] (]bid.,
p. 41.)"

Y concluye de esta manera:
"[ ... ] la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal. Pero ni
siquiera tenernos la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de cuya
esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede, pues, en anécdota
emocional la vislumbrada idea y en la confesa irresolución de esta hoja el
momento verdadero de éxtasis y la insinuación posible de eternidad de que
esa noche no me fue avara. (!bid., p. 42.)"
Vemos que Borges nos presenta el caso de su "experiencia" (por vía emotiva) de la eternidad. Se trata de un "sentimiento", pero en forma alguna
de una "idea", pues el ensayo a que nos referin?,os en este caso es probada
decisión suya de rechazar cualquier forma de "especulación" sobre tema tan
evanescente como el de la eternidad. Mas Borges sabe que no hay manera
de librarse no ya de la tentación, sino de la necesidad de "pensar'' en la
eternidad. Por eso al final de ese preciso y profundo libro que es la 2tica,
su autor, Spinoza, nos dice: Sentimur, experimur que nos esse aeternus, no
obstante ser una de ésas muy trabajadas obras a golpes de puro razonamiento.
Y eso es lo que deben haber sentido y experimentado los hombres de todos
los tiempos. La Hélade culta y civilizada frecuentó la cuestión de la eternidad dejándonos una herencia "intelectual" que todavía aprovechamos. Todo sobreviene en este respecto porque la realidad es mudable, así que nada
deja de ser cambiante y transitorio. El acaecer es sinónimo de finitud y,
por lo mismo, está regido por la ley inexorable del comienzo y el fm. Dramático quid pro quo del cual queda, como única salida, "pensar'' o "imaginar" otra realidad que ni nace ni muere y, en consecuencia, allí concurren
todas las cosas en inmutable simultaneidad desprovista de "antes" y "después", es decir de tiempo. Pero al enfrentar esa contradicción de lo factual
(temporal) y lo pensado (intemporal) se empieza explicablemente por considerar esto último como si fuese la duraci6n infinita del tiempo. Tal es la
creencia popular, sustituida, en el caso del filósofo, por la idea de la eternidad
como realidad supratemporal. Así, por ejemplo, Platón sostiene (Fed6n,
103 E) que la eternidad consiste en la "eterna duración de las cosas", desde
su mismo comienzo. Y algo parecido dice Aristóteles (Física, VIII, 263 y ss.) :
que las cosas son eternas desde el principio de ellas. Deseoso de dejar claramente sentadas la distinción y separación de tiempo y eternidad, Platón precisa en su cosmología (Timeo, 37 D) que no hay relación entitativa entre

395

394

�ambos, 0 sea que la eternidad no es el tiempo proyectado al in~inito. Sin
embargo, admite que el tiempo es la "imagen móvil" de la eternidad. Mas
el heleno se quedó siempre en la idea de que el tiempo se mueve en la
eternidad, como si éste lo antecediera sirviéndole de respaldo. Vemos así
que Plotino (Enéadas, III, 7o.) afirma que la eternidad es el fundam_ento
de la temporalidad. Cierto es que hay todo un mundo donde mora lo inteligible -es decir los arquetipos-, el cual carece de pasado y futuro, por lo
que es puro presente; mas, como vemos, la relación de la eter_nidad con _el
tiempo queda en pie, y así continúa hasta nuestros días. De ~1 que el Cnstianismo adopte, con las necesarias variaciones, esta misma tes1~. Tanto San
Agustín como Boecio distinguen curiosamente entre sempitermdad (lo que
º d ( o sea 1o eterno que "tá"
transcurre sin jamás detenerse) y etermda
es
Y,
además, "permanece"). De esta manera, mientras lo sempiterno se mueve
sine dio lo eterno es inmóvil. Pero esta relación de tiempo y eternidad no
cesa de' atraer a los pensadores, y así vemos que para Hegel la eternidad
es la "absoluta intemporalidad ( absolute Zeitlegsikeit), en tanto que Bergson
afirma que la eternidad es movible, pues ella --eom~ sucede con la d~raci6ncarece de la capacidad de anticipar el futuro. Mientras que Louis La:elle
niega que la eternidad se encuentre "más allá" del tiempo Y como s1 los
separase un abismo insalvable.
Hemos traído a colación esta sumarísima "historia" del problema de ese
conflicto insoluble de eternidad y tiempo, porque, en el fondo, todo se reduce desde su comienzo, a que el hombre no se resigna a aceptar eso que
dice 'el Eclesiastés (II, 16): ''No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del
necio; al correr de los días, todos son _olvidados". Es cierto, quizás,alpero
nos resistimos a creerlo. Por eso vemos a Parménides defender la tot ausencia de cambios mientras Heráclito los concibe como un dejar de ser para
volver a ser ad i~finitum. En suma: la reacción a fa:or de una úl~a Y
definitiva permanencia. Así también Borges, a cuyo estrrnulante ?ensamiento
acerca de cómo se ha concebido la eternidad pasamos a refenrnos ahor~.
"El tiempo [nos dice} es un problema para nosotros, un tembloroso Y_ exigente problema, acaso el más vital de la metafísica; la eternidad, un ¡uego
una fatigada esperanza." (Historia de la eternidad, op. cit., p. 15. El sub0
rayado es mío.) Para nuestro autor "la eternidad es una imagen _hecha c~n
sustancia de tiempo" (!bid., p. 16), y es indiscutible que en esto tiene ~azon,
pues no hay lugar a refutar esa otra convicción borgiana d_e que el bem~o
es "misterio metafísico, natural, que debe preceder a la eternidad, que es hiJa
de los hombres'' (!bid.). En efecto, una cosa es tan cierta como la ?tra,
pues ya San Agustín, quince siglos antes, había dicho en las Conf~swnes
(libro XI): "¿El tiempo? Pues cuando me lo preguntan, no lo se; mas

cuando no me lo preguntan, ya lo sé". Es, pues, un misterio, algo de lo
que sólo cabe conjeturar, aunque, a diferencia de la eternidad, lo sentimos
constantemente, pues "duramos", es decir pasamos; en tanto que la eternidad la "concebimos", o sea que es hija de nuestro pensamiento.
Otro punto sobre el que se detiene la atención de Borges es el de la simultaneidad de los tres tiempos (pasado, presente, porvenir) en el caso de la
eternidad según Platón, San Ireneo y el nominalismo, y cita libremente a
Plotino -seguidor, como sabemos, de Platón-: "Los objetos del alma son
sucesivos, ahora Sócrates y después un caballo [ ... }; pero la Inteligencia Divina abarca juntamente todas las cosas. El pasado está en su presente, así
como también el porvenir [ ...] (Historia de la eternidad, op. cit., p. 18.)
Y añade: ''En una sola eternidad las cosas son suyas: esa eternidad que el
tiempo remeda al girar en tomo del alma, siempre desertor de un pasado,
siempre codicioso de un porvenir". (!bid., pp. 19-20.) Mas Borges no se
siente convencido ante esa mansa y multitudinaria realidad de los arquetipos
propuesta por Plotino a los hombres, sin duda, el "inmóvil y terrible museo
de los arquetipos platónicos" (!bid., p. 20). En la necesidad de escoger entre
materia y forma, el autor se decide por la primera: "Para nosotros, la última y firme realidad de las cosas es la materia -los electrones giratorios
que recorren distancias estelares en la soledad de los átomos [ . .. ]." (!bid.)
Nada, en consecuencia, para él de esa llevada y traída imagen de dos realidades, una la que graba y otra la grabada. Y, sin embargo, ¿ cómo negarse
a admitir que "los individuos y las cosas existen en cuanto participan de la
especie que los incluye, que es su realidad permanente?" (!bid., pp. 21-22.)
Pues no es fácil refutar esa venerable noción de las "formas" que sirven de
modelo a la multitudinaria individualidad: "Por ejemplo, la Mesidad, o
Mesa Inteligible que está en los cielos: arquetipo cuadrúpedo que persiguen,
condenados a ensueño y frustración, todos los ebanistas del mundo". (!bid.,
p. 23.)
Borges, por supuesto, no descuida el detalle de las varias dificultades con
las que tropezó Platón al construir su "mundo ideal". Cualquier estudiante
aprovechado de filosofía las recuerda fácilmente, pero no está de más que
dejemos ver cómo las presenta Borges:
"Ignoro si mi lector precisa argumentos para descreer de la doctrina platónica. Puedo suministrarle muchos: uno, la incompatible agregación de voces genéricas y de voces abstractas que cohabitan sans gene en la dotación
del mundo arquetipo; otro, la reserva de su inventor sobre el procedimiento
que usan las cosas para participar de las formas universales; otro, la conjetura de que esos mismos arquetipos asépticos adolecen de mezcla y de va-

397
396

�riedad. No son irresolubles: son tan confusos como las criaturas del tiempo[ ...]." (lbid., p. 24.)
Pasamos ahora a la segunda de las grandes concepciones de la eternidad
comentadas por Borges. Acude, en primer término, el libro XI de las Con!esiones de San Agustín, tesis cristiana que arranca del "misterio profesional
de la Trinidad" (Ibid., p. 26). A Ireneo, obispo de Lyon en el siglo II y
enérgico opositor del gnosticismo, debemos el comienzo de la misma. Para
entender por qué actuó como lo hizo, acudamos a este esquema de Borges:
"El Verbo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo es producido por
el Padre y el Verbo. Los gnósticos solían inferir de esas dos innegables operaciones que el Padre era anterior al Verbo, y los dos al Espíritu Santo. Esa
inferencia disolvía la Trinidad. Ireneo aclaró que el doble proceso -generación del Hijo por el Padre, emisión del Espíritu Santo por los dos- no
aconteció en el tiempo, sino que agota de una vez al pasado, el presente
y el porvenir. La aclaración prevaleció y ahora es dogma [ ... ]." (!bid.,
p. 27.)
Lo que ha dado que hacer esta famosa concepción de la eternidad al modo
cristiano, es algo cuyo conocimiento requiere de una infinita paciencia. "La
buena conexión y distinción de las tres hipótesis del Señor [dice Borges] es
un problema inverosímil ahora, y esa futilidad parece contaminar la respuesta [ ...]" (]bid.), aunque si ·la consideramos relacionada con el misterio
de la "redención" se hace mucho más explicable, pues así es como queda
Cristo a la altura del Padre:
"Entendemos que renunciar a la Trinidad -a la Dualidad, por lo menos-es hacer de Jesús un delegado ocasional del Señor, un incidente de la historia, no el auditor imperecedero, continuo, de nuestra devoción. Si el Hijo
no es también el Padre, la redención no es obra directa divina; si no es eterno, tampoco lo será el mcrificio de haberse denigrado a hombre y haber
muerto en la cruz[ ... ]." (]bid., p. 28.)
Y remata lo que se acaba de decir con este pensamiento:
"Generación eterna del Hijo, procesión eterna del Espíritu, es la soberbia
decisión de Ireneo; invent:ión de un acto sin tiempo, de un mutilado zeitloses
Zeitwort, que podemos tirar a venerar, pero no discutir [ ... ]." ( Ibid., p. 29.)
Mas hay que tener en cuenta la absoluta simultaneidad del primer instante del tiempo con el primero de la Creación, pues, de otra manera, habría que suponer una eternidad anterior a la Creación, con un Dios desocupado, especie de "primer motor inmóvil" aristotélico.

He ahí el quid de la cosa, aunque Borges se limita sólo a mencionarlo.
La eternidad griega nada tiene que ver con el tiempo desde el punto de vista
estricto de la Creación; pues -asevera Platón- el Demiurgo trabaja con lo
que ya existe, el Dios cristiano, en cambio, opera desde la Nada que es
simultánea con el Creador y con el acto de la Creación. Por eso mismo,
aunque Borges no penetra en su verdadero significado, la definición que da
Boecio de la eternidad: .A.eternitas est interminabilis vitae tota, simul, et
perfecta possesio ("La eternidad es la completa posesión entera, pedecta y
simultánea de una vida interminable") (De Consolatione, V), esta definición, repito, se hace teniendo en cuenta esa vida creada que, sin embargo,
puede hacerse tan eterna como la eternidad, gracias a la indudable relación
existente entre la eternidad de la que ha surgido el hombre y a la que regresa, para su bien o su mal, después del mundo. Dios es, entonces, la simultánea concurrencia de todo, porque la eternidad "cósmica" de los griegos
se transforma en esa otra de la mente divina, porque --como dice Borges"su eternidad registra de una vez (uno intelligendi actu) no solamente todos
los instantes de este repleto mundo sino los que tendrían lugar si el más evanescente de ellos cambiara -y los imposibles, también. Su eternidad combinatoria y puntual es mucho más copiosa que el universo". (Historia de la
eternidad, op. cit., p. 34.) Y concluye con estas palabras &lt;letras de las cuales
se percibe el dejo de ese fino humor borgiano:
"El universo requiere la eternidad. Los teólogos no ignoran que si la
atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que
escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Por
eso afirman que la conservación de este mundo es una perpetua creación
y que los verbos conservar y crear, tan enemistados aquí, son sin6nimos en
el Cielo." (lbid., p. 35.)
Hemos pasado revista a dos formas diferentes de eternidad: "una, la plat6nico-plotiniana (el realismo basado en los arquetipos) ; otra, la que quiere
congregar en un segundo los detalles del universo" (Ibid.), es decir el nominalismo. Mientras la primera defiende la primacía del género, la segurn..la
reivindica. para sí la del individuo. Mas Borges admite que la eternidad
"arquetípica" permite soñar al menos con un mundo más estable y, por lo
mismo, menos desalentador. "Lo cierto [dice} es que la sucesión es una intolerable miseria y que los apetitos magnánimos codician todos los minutos
del tiempo y toda la variedad del espacio." (!bid., p. 37.) Y como si todo
el excursus efectuado a lo largo de esta "historia" hubiera de servirle para
reconciliarse con la esperanza de la eternidad, agrega:
Es sabido que la identidad personal reside en la memoria y que la anula-

399
398

�ción de esa facultad comporta la idiotez. Cabe pensar lo mismo del universo. Si una eternidad, sin un espejo delicado y secreto de lo que pasó por
las almas la historia universal es tiempo perdido, y en ella nuestra historia
personal '.__la cual nos afantasma incómodamente. No basta con. el disco
gramofónico de Berliner o con el perspicuo _cinematógrafo,, mer~ ~enes
de imágenes, ídolos de otros ídolos. La eterrudad es una mas copiosa mvención. Es verdad que no es concebible, pero el humilde tiempo sucesivo lo es.
Negar la eternidad, suponer la vasta aniquilación de los años cargados de
ciudades, de ríos y de júbilos, no es menos increíble que imaginar su total
salvamento. (Ibid.)
Sí, en efecto, Borges avanza hacia esa reconciliación al cerrar este ensayo.
Veámoslo, para también terminar nosotros:
"[ ...] El hombre enternecido y desterrado que rememora JJ?sibi~dades
felices, las ve sub specie aeternitatis, con olvido total de que la ejecución de
una de ellas excluía o postergaba las otras. En la pasión, el recuerdo se inclina a lo intemporal. Congregamos las dichas de un pasado en una sola
imagen; los ponientes diversamente rojos que miro cada tarde, ser~ en el
recuerdo un solo poniente. Con la previsión pasa igual: las más mcompatibles esperanzas pueden convivir sin estorbo. Dicho sea con otras palabras:
el estilo del deseo es la eternidad [ ... ]." ( ]bid., p. 38.)
A Borges, controversia! y paradójico, frecuentador consuetudinario del
"misterio" y dotado de ese humor venido de la convicción de ~ue nada_ hay
sin el contrario que nivela y corrige; Jorge Luis Borges, repito, se siente
igualmente atraído por la filosofía, ese arte de la resp~esta siemp~e buscada
y siempre diferida. Sabemos, por ejemplo, que se piensa con ideas, ~ero
a lo largo del tiempo transcurrido desde Platón a nuestros ~ías, seguim?s
sin saber qué es ese duendecillo que teje la tela del pensamiento: ¿:stan
"dentro" 0 "fuera" de nosotros? Y su origen, ¿ cuál puede ser? De igual
manera sucede con el movimiento, uno de los fenómenos más familiares al
hombre. Mas si remontamos toda la espesa maraña de teorías, hipótesis, leyes, experimentos, etc., a los que se pretende reducir dicho fenómeno, llegamos a la conclusión de que no sabemos si, en realidad, las cosa~ se mue".'~n
no. Cuestión de la cual se apropian los griegos, con su habitual pas10n
0
dialéctica, con el único resultado seguro e indiscutible de agruparse en dos
bandos a favor y en contra, respectivamente, del movimiento. Y Borges,
apasio~ado de la contradicción, se siente atraído por la del susodicho .fenómeno y welve sus ojos a la ya venerable cuestión parmenídea de la imposibilidad de afirmar la existencia del movimiento. Por lo mismo, en La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga replantea, una vez más, la consabida

400

disputa acerca del movimiento. Mas para entrar en la participación de
Borges en tan delicado asunto, bueno será que ~amos un breve preámbulo
1
acerca del mismo.
El panorama de la filosofía griega se divide en el siglo VI a. de C. en dos
grandes criterios, uno de los cuales reconoce como jefe a Perménides de Elea,
mientras que el otro alínea junto a Heráclito de Efeso, llamado a veces el
Oscuro a causa de su cegadora claridad. Pues bien, mientras Parménides
niega la posibilidad del movimiento, Heráclito sostiene lo contrario, o sea
que sólo hay movimiento. Según su opositor, la realidad es eterna por ser
increada, imperecedera, inmutable, indivisible e inmóvil. Ahora bien, movimiento no quería decir en Grecia solamente el cambio de lugar, sino, además, cualquier alteración (cambio) experimentada por las cosas. Si la realidad es como lo predica Parménides, el movimiento es completamente imposible, ya sea en sentido espacial, ya lo sea como alteración o desplazamiento
de un modo de ser a otro, etc. En consecuencia, como dice Parménides, "el
ser, es; el no ser, no es". De manera que ni siquiera se puede pensar en lo
inmóvil como la total carencia de movimiento. Y en cuanto a Heráclito,
éste sostiene que la realidad es cambio continuo, de tal modo incesante, que
no hay inmovilidad alguna. Mas si se piensa en la intransigente posición respectiva de un filósofo y el otro, pronto se advierte que hay cierta conciliación
entre ambas tesis, porque un movimiento total y permanente podría muy
bien equivaler a un idéntico reposo, ya que si todo se mueve, ¿ cómo advertir que algo se mueve? Mas sigamos adelante con la cuestión que nos ocupa,
que de Parménides pasa a su discípulo Zenón, quien la sostiene y defiende
aún más radicalmente. Pero antes hemos de hacer una advertencia sobre
la cual volveremos más adelante, y es que si Parménides y Zenón pueden sostener tal cosa es porque todo ello tiene lugar en el ámbito del pensamiento,
donde preside la inmovilidad, pues el movimiento es un hecho del que no
cabe dudar. Pero como "movimiento" significaba a la vez cambio cualitativo, es decir de naturaleza o de modo de ser, para encontrar algo subsistente detrás de lo cambiante se imponía "inferirlo", o sea "pensarlo", pues
los sentidos son incapaces de trascender las variaciones en que consiste el
movimiento, sea cual sea. La hazaña parmenídea consiste, entonces, no en
encontrarse con el mundo inmediato que se nos viene encima constantemente, sino en buscar otro que pueda imaginarse como el verdadero. Ahora
bien, si tras todo lo que cambia hay -debe haber- algo que sea inmutable
e inmóvil, de ahí se concluye que la verdadera realidad es esa increada,
imperecedera, inmutable e inmóvil. Y de esta tranquilizadora suposición se
ha servido el alma occidental hasta nuestros días. ¿Acaso puede ser móvil

401
bumanitas.-26

�y cambiante la ley que explica éste o aquel fenómeno? He ahí la decisiva
consecuencia del pensamiento de Pannénides.
Mas Zen6n, quien, como su compañero Meliso, parece haber sido uno de
esos "niños terribles" que no faltan en ninguna cultura, se atreve a nada
menos que a trasladar al mundo fenoménico del espacio y el tiempo el es•
quema ontol6gico-metafísico de su maestro, con la consecuencia de que dicha
duplicidad se convierte, como no podía menos de ser, en una paradoja, fa.
lacia o aporía, que de estas tres maneras es posible llamarla. Cuestión que,
en principio, podría plantearse en estos términos: ¿Está todo detenido, a pre•
sado, en la inmovilidad inagotable de lo eterno, aunque en apariencia todo
se mueve? ¿Será posible que el tiempo descan,e en la eternidad? Pues bien,
Zen6n da otro paso con respecto a su maestro y afirma que el tiempo no
existe y, en consecuencia, el movimiento tampoco. Y como se trata ahora
de probarlo en la misma realidad, donde tiempo y movimiento se dan cita,
él se dispone a refutarlo apelando precisamente al tiempo y al movimiento.
Atraído por el "misterio" de esta aporía o paradoja Borges comienza por
llamar joya a la paradoja de Aquiles y la tortuga, "tan indiferente a las decisivas refutaciones que desde más de veintitrés siglos la derogan, que ya
podemos saludarla inmortal" (Discusi6n, "Emecé", 1970, p. 113). Es joya,
porque, en efecto, reúne todos los atributos de ésta, de los cuales, entre otros
que cita Borges, los más destacables son la pequeñez y la perdurabilidad. En
realidad, la mencionada paradoja no puede ser más breve y esquemática:
Aquiles (símbolo de rapidez; aquel a quien llama Homero "el de los pies
alados") entabla una carrera con la tortuga (símbolo de morosidad), dándole -digamos- diez metros de ventaja. Pero aqu\ viene el problema -según
Zen6n-: Aquiles corre diez metros y la tortuga corre uno; Aquiles corre un
metro, la tortuga corre un decímetro; Aquiles corre un decímetro y la tor•
tuga corre un centímetro; Aquiles corre un centímetro, la tortuga un milímetro; Aquiles un milimetro, la tortuga un décimo de milímetro, y asl hasta
el infinito. El veloz corredor jamás da alcance a la tortuga. Ahora bien,
nadie ha resuelto hasta ahora el problema cuyo fondo consiste en que, puesto
que nada se mueve, lo que consideramos "movimiento" de algo o de alguien es sólo infinita subdivisión del puesto o lugar donde se halla situado.
( Prescindo ahora de los autores a quienes recurre Borges, lista que pudiera
aumentarse fácilmente si así lo desearnos.) Pero no es cierto, como dice Bor•
ges siguiendo en esto a Stuart Mill, "que atravesar ese espacio infinito requiere un tiempo infinitamente divisible, pero no infinito" ( !bid., p. 115),
porque no se comprende que si el tiempo -o lo que sea- es susceptible
de devisi6n hasta el infinito, no sea él mismo infinito. Pues de no serlo,
entonces la subdivisión, o no requiere tiempo, o éste no es susceptible de ser

infinito·, pero ¿ como
,
se puede afirmar esto últim ? M
.
resulta la conclusión a la ue lle
. o. " enos comprensible
Aquiles será inf ·to és q
ga Borges, al decir: el trayecto del héroe
101
Y te correrá para siemp
nuará antes de doce metros
.
re, pero su derrotero se extesegundos". (lb1"d) p
b" , ytalsu eterrudad no verá la terminación de doce
.
ues ,en
cosa es
"bl .
términos de comparación un~ el d I
e SI nos movemos entre dos
y otro el del héroe en el 'mundo re:! ~mies_ ;n elbdmundo ideal (pensado)
espacio es infinita, Aquiles jamás se. mo :r~ ; s~ ~isi6n de tiempo y de
sólo en el campo del pensamiento- . v
e on e está -cosa posible
po ni espacio son inf .t
, nuentras en el plano de lo real ni tiemllli os, porque están ocupad
a1·
tortuga, etc.) que se mueven El
. .
os por re idades (hombre,
.
.
movuruento tal vez es la bd" . "6
espacio, mas no necesariamente hasta I . f .
su lVlSI n del
desahogo un tanto líri"
d
e m rmto, por lo que sólo como un
co pue e aceptar,e eso
di Bo
pre~picios eslabonados [es decir la subdivisi6nq: ce
rges de que "esos
pacio y con mayor vértigo el f
.
cesante] corrompen el es-ci6n de la inm vilid d
I "'':1po vivo, en su doble deseperada persecu0
a Y e éxtas1S" (!bid.).

!'°"

Pero es claro que, en la práctica
Bergson en su tesis claram t
, no ocurre tal cosa, como lo ha demostrado
superficial de la misma) e;a:.. (a~7~; ~rgfes la desdeña tras un examen
la f
. .
e , oso o rancés la dificultad a
. d
por
amosa paradop consiste en atribuir "al
. .
I
pare¡a a
misma del e a ·
.
movlilllento a divisibilidad
sp cio que recurre, olvidando que puede d" "d"
b"
.
pero no un acto" (Essai sur le d
, . , .
iv1 ll'Se ien un objeto,
Félix Alean"
.
s onnees inmedtates de la conscience, "Libraire
a Borges.
1,:36, p. 73). _Observación certera e incontestable, pese

Die:=.
O

~~n

cio, pero niega que Jo
ti::~:. q~;=u~!~i~:::}i~~~e el espaMas sucede que no se trata del tiem
.
d I
.. ,
, p. 117.)
contra de lo ue afirm
po, ~mo e movuruento. Además, en
ti
q
a Borges, el espacio de Bergson es una función del
empo, nace de éste. Como lo ha señalado ést
b.
.
derar el movimiento
•
.
e muy ten, solemos cons1-&lt;¡ue siempre bene lugar en el es ·
.
constituido por las ·
vilid d d
pac,o- como SI estuviese
el movimiento
mn;o
a es e esos puntos de la trayectoria que sigue
, que es o que sucede en el caso de la parado]· a de A ·¡
qm es y
1a tortuga.
"Zen6n quiere que me desplace desde .1
ese otro ocupado r la t
.
punto en que me encuentro a
,e sitúa etc H
I trtuga, después, desde éste al siguiente donde ella
de otra, ~ e e l 1ª orma en que él me hace correr. Pero yo procedo
ra, pues o que hago es dar el primer
I
y así sucesivamente. al final tra .
paso, uego el segundo,
·
,
s cierto número de
bo
canzar a la tortuga D
pasos, aca
por alsibles y mi reco .
e ¡"'te modo he efectuado una serie de actos indivim o es a sene de esos actos' por lo que se compone de

i;:;:,

d

403

402

�tantas partes como pasos he dado." (La pensie et le mouvant, "Libraire Félix Alean", Paris, 1934, p. 182.)

Así hablaría, sin dudas, el mítico héroe, porque el razonamiento de Zenón
coincide con el de la vida práctica, pues como entre dos posiciones de un
movimiento hay un pasaje que permite franquear ese intervalo, tendemos a
establecer más y más subdivisiones en el mismo pasaje, porque no comprendemos que se pueda pasar de una posición a otra sin el concurso de puntos
intermedios. Todo, como vemos, por la razón de haber sustituido el movi-

LA "MORADA VITAL" Y LO HISTORIABLE EN
LA OBRA DE AMÉRICO CASTRO

miento por su trayectoria.
Concluye Borges diciendo: "Zenón es incontestable, salvo que confesamos
la idealidad del espacio y del tiempo" . (Discusi6n, op. cit., p. 120.) Por mi
parte, voy a permitirme esta observación: si la paradoja logra sostenerse

JosÉ L.

GóMEZ-MARTÍNEZ

Dept. of Romance Languages
The U niversity of Georgia
Athens, Georgia 30602.

en sí misma, pese a cuantas refutaciones se le han hecho, es porque se mue•

ve en el plano ideal. La idealidad es la que hace posible la admirable aventura
dialéctica del discipulo de Parménides, porque el espacio y el tiempo son
capaces de una infinita división siempre que se les "piense", en cuyo caso

podemos hacer con ambos lo que se nos antoje. Pero el movimiento, que
es inevitable conjunción de espacio y tiempo, no admite subdivisión alguna: es
simplemente un ir "desde aquí hasta allí", a lo largo del espacio y en el ~empo.
Se dirá que toda dimensión es siempre relativa, de manera que los diez metros interpuestos entre la tortuga y Aquiles bien puede ser el agregado de
un inagotable número de partes. Pero en el mundo real no es así'. aunqu_e
"teóricamente" pueda y hasta deba ser. Pues un metro, o cualqmer equivalente suyo, es y sólo puede ser un metro. Porque el mundo espacio-te';'poral
es de magnitudes discontinuas, por tanto, finitas. Como vemos, también en

lo que de "eternidad" se esconde en la sutil argumentación del discipulo de
Parménides halla Borges un atrayente motivo de reflexión. Con su humor
habitual, concluye diciendo: "¿Tocar a nuestro concepto del universo, por
ese pedacito de tiniebla griega[ ... ]?". (!bid.)

LA BÚSQUEDA

sistemática del "señor español" que había de caracterizar a )os

hombres del 98 y a las generaciones subsiguientes, entró en una fase decisiva
con la publicación, en 1948, de España en su historia de Américo Castro.
Sus originales teorías fueron a la vez aplaudidas y tenazmente criticadas.
La c~ncepción historiográfica de Castro, cuyos principios teóricos provienen
de Dilthey,'
enfre~tó, ~n sus comienzos, con la oposición general de los
h1Stona~ores. Ello dio ongen a una polémica, la más incitante y por sus
proporc10nes la más notable del siglo XX hispánico, que si bien polarizó
~uch~s de l"..s investigaciones, enriqueció de tal modo la comprensión de la
h1Stona espanola, que en la actualidad parecería absurda una historia de
España que no tomara en consideración algunos de los postulados enunciados
por Américo Castro.

:e

l. Los supuestos te6ricos

El edificio de su concepción historiográfica se asienta fundamentalmente
en dos aspectos básicos : la determinación de lo ''historiable" y de la "morada
1

Véase a este prop6$ito mi estudio, "Dilthey en la obra de Américo Castro"
Abside, 37 (1973): 461-471.
'
2
La crítica más contundente fue la llevada a cabo por Claudio SánchezMAlbomoz
en su monumental obra, España, un enigma hist6rico, 2 vols. (Buenos Aires: Editorial
Sudamericana, 1956). Véase sobre el particular mi estudio, "Américo Castro y Sánchez~
Albornoz: Dos posiciones ante el origen de los españoles, "Nueva Revista de Filología

Hispánica, 21 (1972): 301-320.

404

405

�vital". Américo Castro reaccionó desde un comienzo contra las historias tradicionales, contra el deseo desmesurado de objetividad que las hacía meras
narraciones de sucesos, más o menos importantes, dispuestos en cierto orden
cronológico, ya que para él, "la ingenua urgencia de narrar o averiguar sin
más, lo que pasó, hace olvidar a veces la auténtica realidad de los hechos
y de las obras de la historia humana, una realidad sólo historiable cuando
es puesta en correlación con la estructura humana en que existe, y con los
valores en los cuales se hace significante".' De ahi que no todo lo sucedido
y hecho por la humanidad sea digno de ser historiado. Castro agrupa el
pasado en tres categorías: lo cronicable, lo narrable y lo historiable, que él
mismo nos define como sigue:

a) El nivel más bajo corresponde a los grupos llamados primitivos:
son vias muertas de lo humano, marcan el paso indefinidamente. Una
descripción de cómo existen basta para expresar la realidad de su vivir;
sus comportamientos son fácilmente referibles a sus motivaciones: fisiol6gicas, psíquicas, econ6micas. Sus acciones duran por su reiteración.•

b) Por encima de lo que llamo espacio vital describible, aparece la
vida de tipo narrable. La de ciertos pueblos -total, o parcialmente,
o a trechos- es tema para la narración y nada más. . . Cabe dentro
de la vida narrable mucho de lo denominado hoy progreso y civilización ... A este tipo de vida le aplicaría el calificativo de "importante",
y su forma expresiva seria la crónica o la "eventografia", no la historiografía" propiamente dicha (Dos ensayos, pp. 23-24).
c) · Lo historiable, sea fenómeno individual o colectivo, expresa vida
total que se afirma como vida abierta y problemática -sea como conciencia de estar existiendo, sea como respuesta clara y pensada a problemas que el existir plantea (Dos ensayos, p. 25).

De estas

categorías del pasado, sólo la más elemental, "lo describible",
por formar ya parte -si no en nombre sí en la práctica- de los estudios
históricos, fue aceptada sin crítica. La distinción, sin embargo, entre "lo
narrable" y "lo historiable" es más vaga, y sólo podremos llegar a ella a
través de una comprensión de los métodos empleados por Américo Castro,
para quien "la especial y suprema forma de vida humana -historiable a
la vez que narrable--- no cabe en los limites de la crónica. Los aconteci1

tres

CAsn.o, Américo,

11

La tarea de historiar", Cuadernos del Congreso, 4 (1954),

21.
• CAsno1 Américo. Dos ensayos: l. Descripci6n, narraci6n, historiografía.
Discrepancias y mal entender (México: PoITÚa, 1956), p. 23.

2.

mientos en las vidas dignas de historia, aparte de que en sí mismos sean
importantes, resaltan en ellas como condición o fondo de la creación propiamente historiable" (Dos ensayos, p. 26).
Ahora bien, los conceptos "especial y suprema forma de vida" y "vidas
dignas de historia" sólo pueden ser captados en su estrecha relación con el
lugar y la época en que tuvieron lugar. Castro ya nos indica que "los hechos humanos necesitan ser referidos a la vida en donde acontecen y existen.
Esa vida es, a su vez, algo, concreto y especificado, que se destaca sobre el
fondo genérico y universal de lo humano".• Por ello la "primera obligación
del historiador es intuir y tener presente el área interior en donde la historia
acontece" (!bid., p. 22). O con otras palabras: "La realidad de 'lo histórico'
consiste en un 'estar en algo' eso que empieza por ser. Al cen' dónde 'está'
lo histórico de la vida humana lo llamo 'morada vital'" (Ibid., p. 21). Es
aquí donde Américo Castro se aparta de las concepciones historiográficas
tradicionales, pues según él "la historia descansa sobre saberes de experiencia, empíricos, cuya dimensión más importante -su valiosidad- es inde•
mostrable, aunque sí intuible".' y por ello "la historiografía no puede cobijarse bajo una ciencia que Je sirva de cúpula, rica de conceptos fijos y
unívocos, al menos cuando se aspira a hacer ver el pasado como una estruc•
tura y en una perspectiva de valor".' Reflexiones que le llevan a concluir
que el historiador "ha de habérselas con objetos expresivos del vivir de otros
hombres, y ha de participar, en alguna forma, del movimiento vital de
quienes lucharon, creyeron, pensaron, sintieron y crearon, ya que actividades
de esa clase se dan dentro de la experiencia personal de cada uno".' Lo que
Castro nos ·está diciendo es que "historiar requiere entrar en la conciencia
del vivir de otros a través de la conciencia del historiador, es decir, sirviéndose de su vivencia del vivir de otros".•

Las alas de la intuición en la obra de Castro, sin embargo, se neutralizan
al encontrarse ésta encerrada en la jaula de la "morada vital" que la condiciona y, en cierto modo, determina: "Todo ser humano se nos aparece
viviendo, en cuanto hombre, en y desde una vividura. ll.sta se hace presente
en un modo y en un curso de vida, condicionados. . . por ciertas tendencias
• CAsn.o, Américo, "La tarea de historiar", p. 21.
• CAsno, Américo, La realidad hist6rica de España, 4a. ed. (México: Porrúa,
1971), p. 108.
' CAsno, Américo, "Ser y valer: dos dimensiones del pasado historiable", Cuadernos del Con¡¡reso, 24 (1957), 3.
• lbid.
' CASTRO, Américo, Dos ensayo.s, p. 34.

4-07
406

�posibilitantes y por ciertas tendencias excluyentes, es decir, por un cierto
modo de hacer y de no hacer, por acciones y por omisiones" .io Por ello él
mismo nos previene de que "no cabe hablar plenamente de historia cuando
falta la referencia a una 'morada' interior (vital) en dónde situar los fragmentos inconexos de realidad humana". 11 Con lo que se deduce que la realidad de "lo histórico" está precisamente en la conexión que existe entre
los hechos y las vivencias humanas que los motivaron, sólo relacionables a
través de una umorada vital". Veamos lo que dicho término significa p:ua
su autor:
Parto de la conv,ccion de haberse formado el pueblo español y de

haber surgido a la vida historiable en enlace con situaciones casi siempre
muy apretadas y desapacibles. Tuve así que construir una figura historiable en la cual cupiesen tanto los desarrollos valiosos como los opuestos
a ellos. He tomado como centro y agente de esta historia el taller de
vida en que la españolidad fue fraguándose, y no parciales rasgos psico-

l6gicos, siempre genéricos e inconexos; no he pensado tampoco en que
las circunstancias exteriores fueran algo aislable del curso mismo de la
vida, como si ésta fuese una realidad ya previamente dada sobre la cual
cayeran causas o motivos. La vida historiable consiste en un curso o

proceso interior" dentro del cual las motivaciones exteriores adquieren
forma y realidad; es decirJ se convierten en hechos y acontecimientos
dotados de sentido. Estos últimos dibujan la peculiar fisonomía de un
pueblo, y hacen patente el "dentro" de su vida, nunca igual al de otras
comunidades humanas. Mas este "dentro" no es una realidad estática
y acabada, _análoga a la sustancia clásica; es una realidad dinámica.
análoga a una función oJ como indicaré luego, a una invariante. Pero
el término "dentron es ambiguo: puede desi.gnar "el hecho de" vivir
ante un cierto horizonte de posibilidades y de obstáculos (Intimas y exteriores), y entonces lo llamaré "morada de la vida"; o puede referirse
"al modo como" los hombres manejan su vida dentro de esta morada;
toman conciencia de existir en ella, y entonces lo llamo ªvividura" . Esta
sería el modo "vivencia[", el aspecto consciente del funcionar subconsciente de la "morada". 12

rada vital". Una comparación con aquellos pensadores que trataron el particular, nos servirá para mejor delimitar y concretar la posición de Américo
Castro. El concepto de la "morada vital" nace por la necesidad de considerar al hombre no como un ser individual, sino como un miembro de
la sociedad en que vive. Un paralelo a este principio había sido ya establecido por Dilthey, para quien, nos señala Holborn, "The individual is a
member of society; by its civilization he is moulded, white most of his
actions and reactions are determined by social habits and values"." Dilthey,
sin embargo, no se detiene ahí. Si la sociedad determina en cierto modo
a los individuos, éstos son los que la forman. Por ello puede concluir que
la nación es capaz de ilimitadas posibilidades. Por otra parte, cada generación olvida las experiencias de las anteriores. Castro, que arranca de Dilthey,
al meditar sobre la historia de España, llega a la conclusión de que la morada
vital limita de algún modo las posibilidades de la nación. Al mismo tiempo
se ve forzado a reconocer cierta continuidad entre las sucesivas generaciones:
"Dilthey, que ha hecho posible nuestra idea de la historia, nos cierra ahora
el camino que lleva a su intelección. Cada generación 'olvidará las experiencias de las anteriores'; la historia de un pueblo sería entonces una super~
posición de segmentos humanos horizontales, unidos no sabemos cómo; o, tal
vez, por la continuidad de la 'cultura'. Más aún así seguiría en pie el
problema: qué es lo que hace que llamemos 'alemanas' a las generaciones
del siglo XII y a las del siglo XX"."
A pesar de su oposición a las conclusiones de Dilthey, la vida para Castro
es dinamismo: "Me interesa la vida como movimiento, curso y dirección,
como algo variable, conjugado con una 'invariante' que haga captable lo
que persiste a lo largo de las mutaciones temporales; 'invariante', porque
de otro modo no podriamos llamar 'francés' al parisiense del siglo XI y al
de hoy"." Tanto en su oposición a Dilthey como en la creencia en una
"invariante" que enlace las distintas épocas de un pueblo, Américo Castro
se acerca a la escuela de Menéndez Pida!. Claudia Sánchez-Albornoz, cuyo
concepto de la "contextura vital" es tan similar al de la "morada vital"
de Castro, señala igualmente: "Dilthey cree que los pueblos son capaces de
ilimitadas posibilidades, y lo son en verdad en el perpetuo avanzar del tiempo.
Pero, como apunté hace casi diez años, creo ahora -y Castro me acoro-

La creación más original de Castro es, sin duda, ésta expresada en la "mo•
is HoLBORN,

Hajo, 'C-Wilhelm Dilthey and the Critique of Historical Reason", /ournal

o/ the History o/ Ideas, 11 (1950), p. 110.
Américo, Ensayo de Historiología . Analogías y diferencias entre hispanos
)' musulmanes (New York: Feger, 1950), p. 10.
u CAsTRo, Américo, ºLa tarea de historiar'', pp. 21-22.
12 CASTRO, Américo, La realidad hist6ri,a de España, pp. 109-110.
19

408

CASTRO,

14
' CASTRO, Américo, "El enfoque histórico y la no hispanidad de los visigodos" 1
Nueva Revista de Filología Hispánica, 3 (1949), p. 227. Má.s información sobre
el particular encontrará el lector en mi estudio "Dilthey en la obra de Américo Castro".
11
CASTRO, Américo, La realidad hist6rica de España, p. 110.

409

�paña hoy en la creencia- que ante toda nueva volici6n hist6rica las comunidades nacionales no pueden elegir sino uno de los varios caminos que su
estilo de vida presenta a su libre decisi6n".18
Tanto Castro como Sánchez-Albomoz consideran al hombre parte integrante de la sociedad. tsta moderará y limitará, en cierto modo, las posibilidades de aquél. De ahí la necesidad de una unidad que considere al
hombre "dentro" de la sociedad, viviendo "en" la sociedad. La "morada
vital" o "contextura vital" sería la respuesta ideal. Una vez establecida la
necesidad, ambos historiadores discrepan en cuanto a su origen y aproximaci6n filosófica. Américo Castro nos señala que a "este respecto merece recordarse lo dicho por Oswald Spengler, en cuya obra (1918-1922) sigue
habiendo aciertos parciales . . . He aqui dos de esos aciertos: 'Las razas de
Occidente no son las creadoras de las grandes naciones, sino su consecuencia ... Hacia el año 1000, los hombres más importantes se sienten ya dondequiera alemanes, italianos, españoles o franceses. Seis generaciones antes,
sus abuelos se sentian, en lo profundo de sus almas, francos, longobardos o
visigodos'." 17 Castro también considerará el origen de los españoles cchacia
el año 1000". Rechaza, no obstante, la concepci6n determinista de Spengler,
quien, en palabras de Maravall, "ve la Historia como la pululaci6n inconexa
de una variedad de unidades aisladas a las que llama culturas. . . pero
Spengler supone, incluso, que nacen sin necesidad de semilla que transmita
la vida de unos individuos a otros. Las culturas de Spengler, hacia dentro,
no son más que 'grupos de afinidades morfológicas', y hacia afuera, sistemas
tan cerrados que nada se hereda de unos a otros" .18 Castro rechaza igualmente la imagen biol6gica que Spengler da a la historia de una civilización,
según la cual cada cultura posee sus propias posibilidades de expansión, que
germinan, maduran, se marchitan y no reviven jamás.
El sistema rigido que nos proporciona la imagen biológica de Spengler
hubiera predestinado un fin cierto y determinable a la morada vital. Castro,
al igual que Toynbce, rechaza este determinismo positivista y considera que
si bien la morada vital de lo que 11amamos hoy español puede 1legar a desaparecer, no es algo que tenga necesariamente que suceder. Es ésta, en definitiva, la diferencia más notable entre la "morada vital" y la "contextura
SÁNCBEZ•ALBORNDZ, Claudio, España, un enigma histórico! 2 vols., 3a. ed.
(Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1971), t. !, p. 56.
1' CASTRO, Américo, Los españoles, cómo llegaron a serlo (Madrid: Taurus, 1965),
p. 151.
11 MAJt.AVALL, José Antonio, Teorla del saber histórico, 3a. ed. (Madrid: Revista
de Occidente, 1967), pp. 260-261.

vital". Para Sánchez-Albornoz existe una continuidad esencial a través del
tiempo, que permite, a pesar de las obvias diferencias entre los iberos y los
españoles del siglo XX, trazar una línea de uni6n entre las sucesivas contexturas vitales. Por otra parte, si bien Castro y Toynbee coinciden en el establecer un principio concreto a la morada vital, y librar a ésta del carácter
determinista que le proporciona Spengler, la obra de Castro supone una de
las reacciones más formidables contra el autor de A Study of History. Recordemos aquellas palabras de Toynbee en su ensayo "My view of History",
donde afirma: "One of my own cardinal points was that the smallest intelligible fields of historical study were whole societies and not arbitrarily insulated
fragments of them like the nation-states of the modero West" ." Américo
Castro es de la opinión de "que el curso de la vida española ha sido muy
diferente de la del resto de los pueblos europeos".'°
Marce! Bataillon, en cierto modo coincidiendo con Toynbee, opone a la
obra de Castro su concepción de la "historia horizontal", o la historia de

una época de una civilización: "Cette histoire d'époque étant &lt;lite horizontale.
il faut appeler verticale votre histoire a vous, qui traverse de nombreaux
étages de siecles pour ressaisir dans son unité l'histoire hispanique"." De
ahí que la historia horizontal de Batai11on lo sea también de Europa, o
con más precisi6n de la cristiandad occidental, mientras que la historia vertical de Castro lo es solamente de España. La diferencia entre ambos métodos de aproximación a la realidad histórica 11eva implícito, como ya se
indicó, algo más, que oportunamente destaca Batai1lon: "Votre these, tres
forte, est que l'histoire hispanique ne peut s'inclure sans plus dans l'histoire
de l'Occident". ( [bid., p. 9.) Afirmación que le parece inadmisible: "Mais
je ne suis gu,:re disposé a croire que l'histoire 'verticale' puissc arriver a
définir des structures nationales formulables de maniere univoque et simple".
([bid., p. 11.) Con e11o Bataillon no pretende, de ningún modo, negar el
valor de la historia vertical, sino hacer notar la íntima relación entre ésta
y la historia horizontal. Relaci6n que desarro11aría después más ampliamente Sánchez-Albomoz al comentar la obra de Castro, para finalizar afirmando: "La historia vertical de cualquier comunidad vital o cultural sólo
es concebible en permanente conexi6n con la historia horizontal de las co-

11

410

u ToYNBEE, Arnold J.J Civilizaticm on Trial (New York: Oxford Univenity Press,
1948), p. 9.
• CASTRO, Américo, Dos ensayos, pp. 48-49.
• BATAILLoN, Marce!, "L'Espagne religieuse dans son histoire", Bulletin Hirpanique,
52 (1950), p. 7.

411

�munidades culturales y vitales de que ha ido formando parte activa al correr
de los tiempos"."
La historia horizontal, precisamente por ser historia de época, posee un
carácter más objetivo que la historia vertical. Bataillon, no obstante, reconoce que, en definitiva, toda historia es una interpretaci6n personal: "fai
pris de plus en plus conscience que roa vision de ce passé était commandée
23
par 'notre' présent et par 'ma' position dans ce présent". Por ello señala
que en ningún momento "je n'entends pas disqualifier par ces considérations
votre histoire verticale et nationale, au nom d'une objectivité impossible".
(Ibi.d., p. 13.) A lo que Bataillon se opone es a la interpretaci6n de la
historia a través de nuestra experiencia vital. Esto que Bataillon pretende
reprochar es, no obstante, según Castro, una primera etapa necesaria a
todo historiador, puesto que éste "ha de habérselas con objetos expresivos
del movimiento vital de quienes lucharon, creyeron, pemaron, sintieron y
crearon, ya que actividades de esa clase se dan dentro de la experiencia
personal de cada uno".H La historia así concebida se hace muy personal
y corre el peligro de perder la perspectiva de la época en consideraci6n,
al mismo tiempo que gana en valores actuales. Así cuando Bataillon nos
indica: "Nous sommcs logés a la meme enseigne, que nous fassions de l'bistoire
verticale ou horizontale, nationale ou générale. Nous travaillons selon notre
temps et pour notre temps. Et refuser de voir le passé avec les lunettes
de notre temps, n'est-ce pas accepter inconsciemment de la voir avec celles
de nos peres ou de nos grands-peres?".25 Lo que nos está proponiendo e.e;
una historia de una época desde la época, mientras que el resultado de la
posici6n de Castro sería una interpretaci6n d~ la historia a través de los
valores vigentes en la actualidad: "La historia auténtica de un pueblo, lo
que en su vida haya de 'historiable', ha de construirse desde un presente
,. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, España, un enif111a hist6rico, t. I, p. 35.
,. BATAILLON, Marce!, "L'Espagne religicuse", p. 13.
" CASTRO, Américo, "Ser y valer", p. 3.
• BATAILLON, Marce!, "L'Espagne religieuse", p. 14. Estas diferencias no impiden
que Bataillon acepte el concepto de "morada vital" como una creación fecunda:
"Castro aspire ainsi l définir quelque chose de plus réel que la fuyant 'Volksgeist',
cctte vague constante raciale ou cette vague conscience collective. Pour qui suit le
progrcs de sa pensée depuis six ou sept ans, il est émouvant de le voir renouveler
son vocabulaire pour dépasscr la "vivencia' déja banalisée en espagnol comme décalque
de 'l'Erlebnis' de Dilthey. Employant 'vividura' pour ~voquer une roodalité définie
d'expérience vécue, il a appelé demeures vitales, 'moradas vitales', ces formes hospitaliues
de pensée et de sentiment que l'homme hérite et qu'il habite comme sa langue maternelle". Reseña de "Le Sultan Saladin et les littératures romanes", de Américo Castro,
Revue de Liltíratur, Comparé, 29 (1955), p. 272.

retrospectivo, porque sólo así se revelan la trascendencia y la valía de lo que
el tiempo no se llev6, y también de lo que meramente servía para hacer
perceptible el curso temporal de los días y las noches"."
En resumen: Américo Castro nos proporciona, por primera vez, un método
capaz de concretar y establecer la realidad histórica de un pueblo. Su concepción de la "morada vital" se diferencia básicamente de la "contextura
vital" de Sánchez-Albomoz en el poseer un principio concreto hacia el año
1000; pues para Castro s6lo entonces el español adquiere conciencia de serlo,
ya que ser español y habitante de la Península Ibérica son dos cosas distintas.
Contra el pensamiento de Dilthey, cree que un pueblo no es capaz de posibilidades ilimitadas, y que lejos de olvidar cada generaci6n las experiencias
de la anterior, existe una "invariante" en la evolución de la "morada vital"
que hace a los habitantes del siglo XX ser tan españoles como a los del siglo
XII. Se aparta de Spengler en lo referente al carácter determinista que éste
daba a la historia, ya que, según Castro, la "morada vital" no tiene necesariamente que desaparecer. En oposici6n a Toynbee y Bataillon, cree que sólo
la historia nacional puede llegar a establecer la verdadera realidad histórica
de un pueblo. Para la determinaci6n de la "morada vital" emplea un mé21
todo, nos dice Gaos, que responde a "una filosofía existencial" . Gilman
nos describe del siguiente modo el proceso que sigue Castro en el historiar:
"He doesn't begin with observation of facts but with what is called 'intuition'
and what used to be called 'appreciation'. Or to use an even older and
21
truer word about man's relation to values, Castro '!oves' before he observes" .

11. Algunas reflexiones en tomo a la
"morada vital española"

Se considera arbitraria o sin s6lido fundamento la afirmaci6n de Castro
de que los "españoles" comienzan a serlo hacia el año 1000. Se le enfrenta
a su posici6n el obvio impacto que lo visigodo tiene en la España medieval,
y se pretende con ello demostrar una continuidad esencial en el ser hist6rico
español. Como prueba se da énfasis a la escasa islamizaci6n de la España
cristiana, a pesar de los ocho siglos de presencia árabe en la Península.
• CASTRO, Américo, "Claridad y precisión historiográfica", Cuadernos del Congreso, 33 (1958), p. 6.
., GAos, José, "España en su Historia", Cuad,rnos Americanos, 47, No. 5 (1949),

p. 213. .
• GILMAN, Stephen y HARVEY PEARCE, Roy, "The Structure of Spanish History",
Explorations, 6 ( 1956), p. 33.

413
412

�Si se analiza el problema en el amplio conjunto de la realidad de la época,
se observa que el cristiano de la España medieval no "sigue" viviendo en
la morada vital visigoda de un modo inconsciente, no es arrastrado por
ella, sino que se agarra a ella como a una tabla de salvación. O sea, el ser
"godo" es una de las posibilidades abiertas a su libertad en el hacerse. Pero
ocurre que el mismo hecho de que "el ser godo" sea una posibilidad, indica
que también tenía abierta a su opci6n electiva la posibilidad opuesta el "no
ser godo". Si el "español" medieval hubiera vivido dentro de una "morada
vital goda", el mismo "estar en" ella le hubiera abierto, en efecto, multitud
de posibilidades, pero estaría fuera de los límites de su "libertad" el no ser
godo. Visto desde este ángulo, el problema queda, en cierto modo, transformado. No será tan importante el establecer hasta qué punto el hombre
medieval de la España cristiana se sentía ser godo, como el determinar qué
proporción de este sentimiento constituía una reacción, un no querer ser
moro o judío.
"Yo soy yo y mi circunstancia", decía Ortega y Gasset. Con ello no quería
establecer una dualidad, fijando la atenci6n en el yo en las entidades que nos
rodean. Se proponía más bien establecer una relaci6n dinámica entre el "yo"
y las "circunstancias". Una relación activa y actual. Un quehacer. El tradicionalismo histórico -Sánchez-Albomoz y Menéndez Pidal-, al establecer
desde el principio un sujeto que se desarrollaba en el espacio y en el tiempo,
supervaloraba el pasado. :este se erigía como determinante. El pasado decidía, en cierto modo, de entre las posibilidades del presente, el destino del
futuro. Bajo estos principios se podía hablar del "carácter de los españoles",
de la "psicología del pueblo español", no s6lo con referencia al pasado, sino
como una fuerza operante en el presente y profetizadora del futuro. El
historicismo, sin embargo, viene a abrir un nuevo horizonte de posibilidades.
No es el "ser" lo importante, sino el "estar en", el hacerse. El hombre tiene
que hacerse a sí mismo. En cada momento de su vida se enfrenta con la
necesidad de elegir entre un haz de posibilidades. Pero esta elección está
condicionada por sus creencias. Por supuesto, las creen,ias, en su mayor
parte, provienen del pasado. Este pasado opera, sin embargo, no en cuanto
pasado, sino en relación a su "estar en" un presente vivo. Así, las creencias
actuales de la sociedad son las que forman las "circunstancias'' del individuo
en cualquier época determinada y se presentan en forma de posibilidades
y dificultades en el quehacerse. No quiere esto decir que tenga el individuo,
como ser único en su identidad, que seguir o aceptar las creencias de la
sociedad. Puede muy bien oponerse o rebelarse. En todo caso, por oposición

o por adopción, sus creencias estarán influidas por aquellas de la sociedad.20
Visto de este modo el funcionar del pasado no como pasado, sino como
algo operante en el P.resente, la realidad de éste -traducida en las posibilidades y dificultades que ofrece a la libertad del quehacerse individualestará sólo secundariamente subordinada al pasado. Cuando decimos que
no puede conocerse el "ayer'' sin el "anteayer", no pretendemos afirmar que
el conocimiento del "ayer" sea de por sí bastante para la comprensión del
"hoy'' . El " ayer" , so'1o en la proporc1on
. ' en que actua
' en e1 presente, es,
sin duda, un ingrediente esencial, pero no único, del quehacerse del individuo
y por proyección de la sociedad.
Pero volvamos a nuestro problema. Al decir: yo soy español, no pretendo
tanto afirmarme en la idea de "ser español" como indicar que no soy francés
o inglés. Del mismo modo el cristiano de la España medieval al afirmarse
en su querer ser godo, nos está indicando que vivía en una morada vital
que no era la estrictamente goda. En efecto, la morada vital de la España
medieval incluía también las posibilidades de ser moro o judío. El cristiano
medía su autenticidad con la vara de lo moro o judío. Es decir, era cristiano en la medida que no era ni moro ni judío.
La España medieval, por lo tanto, supone un verdadero cambio; un comienzo de algo que no ha sido interrumpido hasta nuestros dí~ A este
"lg"
.
"espano
~l" . No se pretende con ello negar
a o es a lo que denommamos
valor operante a lo godo, a lo romano o a lo ibérico, sino, más bien, invertir
el orden al establecer las relaciones. La morada vital de la España medieval
no se encuentra subordinada, en la forma de una proyección, a la morada
vital de la España ibérica, romana o goda.

•Elté.
.,, es en nuestro caso ambiguo. Así, se habla de la "innruno ""fl
m uenc1a
fluencia" goda, como queriendo indicar una oposición a la "influencia" mora o judía.
Pero la "influencia" que en la formación de la morada vital pueda existir no depende de su contenido. La verdadera "influencia" es aquella que motiva la elección
de una posibilidad entre las muchas opciones abiertas al hacerse de la vida (tanto
social como individual). De ahí que, paradójicamente, pueda hablarse de una fuerte
influencia islámica o judía en la formación de la morada vital española aun cuando
el contenido de ésta no sea ni moro ni judío.
'

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="305">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3234">
                <text>Humánitas : Anuario del Centro de Estudios Humanísticos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479096">
                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144052">
            <text>Humanitas</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144054">
            <text>1976</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144055">
            <text>17</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144056">
            <text>Enero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144057">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144058">
            <text>Anual</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="144076">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144053">
              <text>Humanitas, Sección Letras, 1976, No 17, Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144059">
              <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144060">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144061">
              <text>Filosofía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144062">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144063">
              <text>Letras</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144064">
              <text>Humanidades</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144065">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144066">
              <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144067">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144068">
              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="144069">
              <text>García Gómez, Alberto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144070">
              <text>01/01/1976</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144071">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144072">
              <text>tex/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144073">
              <text>2017305</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144074">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144075">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144077">
              <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144078">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="144079">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="14090">
      <name>Comparación Metáfora</name>
    </tag>
    <tag tagId="14087">
      <name>Español moderno</name>
    </tag>
    <tag tagId="14085">
      <name>Estructura del drama</name>
    </tag>
    <tag tagId="13736">
      <name>Imagen</name>
    </tag>
    <tag tagId="14089">
      <name>Melodía</name>
    </tag>
    <tag tagId="14088">
      <name>Ritmo</name>
    </tag>
    <tag tagId="14086">
      <name>Sentido del drama</name>
    </tag>
    <tag tagId="14084">
      <name>Teoría de la poesía</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
